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+The Project Gutenberg eBook, Los argonautas, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Los argonautas
+
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
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+
+Release Date: May 30, 2008 [eBook #25640]
+[Last updated: May 17, 2015]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS ARGONAUTAS***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif and the Project Gutenberg Online
+Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net)
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+LOS ARGONAUTAS
+
+VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
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+I
+
+
+Al sentir un roce en el cuello, Fernando de Ojeda soltó la pluma y
+levantó la cabeza. Una palmera enana movía detrás de él con balanceo
+repentino sus anchas manos de múltiples y puntiagudos dedos. Para
+evitarse este contacto avanzó el sillón de junco, pero no pudo seguir
+escribiendo. Algo nuevo había ocurrido en torno de él mientras con el
+pecho en el filo de la mesa y los ojos sobre los papeles huía lejos, muy
+lejos, acompañado en esta fuga ideal por el leve crujido de la pluma.
+
+Vio con el mismo aspecto exterior cosas y personas al salir de su
+abstracción; pero una vida interna, ruidosa y móvil parecía haber nacido
+en las cosas hasta entonces inanimadas, mientras la vida ordinaria
+callaba y se encogía en las personas, como poseída de súbita timidez.
+
+Sus ojos, fatigados por la escritura, huían de las ampollas eléctricas
+del techo, inflamadas en plena tarde, para reposarse en los rectángulos
+de las ventanas que encuadraban el azul grisáceo de un día de invierno.
+La blancura de la madera laqueada temblaba con cierto reflejo húmedo que
+parecía venir del exterior. Dos salones agrandados por la escasez de su
+altura eran el campo visual de Ojeda. En el primero, donde estaba él,
+mezclábase a la blancura uniforme de la decoración el verde charolado de
+las palmeras de invernáculo, el verde pictórico de los enrejados de
+madera tendidos de pilastra a pilastra y el verde amarillento y velludo
+de unas parras artificiales, cuyas hojas parecían retazos de terciopelo.
+Sillones de floreada cretona en torno de las mesas de bambú formaban
+islas, a las que se acogían grupos de personas para embadurnar con
+manteca y mermeladas el pan tostado, husmear el perfume del té o seguir
+el burbujeo de las aguas minerales teñidas de jarabes y licores.
+
+Camareros rubios de corta chaqueta azul y botones dorados pasaban con
+la bandeja en alto por los canalizos de este archipiélago humano
+sorteando los promontorios de los respaldos, los golfos y penínsulas
+formados por las rodillas. Una vidriera, de pared a pared, formada de
+pequeños cristales biselados, dejaba ver el salón inmediato, blanco
+también, pero con adornos de oro. Los asientos tapizados de seda rosa,
+igual a la que adornaba los planos de las paredes, estaban ocupados por
+señoras. El ambiente era más limpio que en el jardín de invierno, donde
+una atmósfera de humo de habano y tabaco oriental con perfume de opio
+flotaba sobre las plantas. Más allá de estos corros femeninos en torno
+de las mesas de té, media docena de músicos, uniformados lo mismo que
+los camareros, agrupábanse sobre una tarima, alrededor de un piano de
+cola. Sus cabezas rubias de germanos y los arcos de sus violines
+destacábanse sobre los rectángulos luminosos de cuatro ventanas que
+cerraban la perspectiva. Al otro lado de los cristales, ligeramente
+turbios por la humedad exterior, movíase, pasando de una a otra ventana,
+con lento balanceo, una especie de columna, esbelta, amarilla, de
+invisible término, acompañándola fieles en este cambio de situación,
+regular y acompasado como el de un péndulo, unas líneas negras y
+oblicuas semejantes a cuerdas.
+
+Todo estaba lo mismo que una hora antes, cuando el té humeaba en la taza
+de Ojeda, ahora vacía, y blanqueaban sobre la mesa los pliegos,
+cubiertos al presente de compactas líneas. Las personas cercanas a él
+fumaban silenciosas o seguían sus conversaciones con lentitud
+soñolienta. Del fondo del segundo salón llegaban, confundidos con risas
+de mujeres y choque de bandejas, los tecleos del piano y los gemidos de
+los violines; del techo, coloreado a la vez por el reflejo azul de la
+tarde y el frío resplandor de las ampollas eléctricas, descendían
+gorjeos de pájaros, como una evocación campestre que parecía animar la
+artificial rigidez del jardín contrahecho. Por la parte exterior se
+deslizaban de ventana en ventana los bustos de unos paseantes, siempre
+los mismos, ocultándose para volver a aparecer con regularidad casi
+mecánica; como si se moviesen en un espacio reducido, con los pasos
+contados. Niños rubios, sostenidos por criadas cobrizas, adherían a los
+cristales las rosadas ventosas de sus labios, empañándolos con círculos
+de vaho, y agitaban las manecitas para saludar a las madres y hermanas
+que estaban en los salones.
+
+Algo nuevo había sobrevenido, sin embargo, mientras Ojeda escribía. Su
+sillón, antes inmóvil, con sólida estabilidad, parecía agitado por
+estremecimientos nerviosos, lo mismo que una bestia que jadea afirmada
+sobre sus patas. La raza, como si la animase de pronto un alma
+traviesa, iba a pequeños saltos, repiqueteando en su plato, de un
+extremo a otro del velador. Unas jaulas de bronce pendientes del techo
+empezaban a balancearse, y dentro de ellas saltaban los canarios, sin
+dejar de cantar, buscando en el vaivén de su prisión un punto inmóvil.
+Las cortinillas de las ventanas, sujetas por sus abrazaderas, agitábanse
+bajo un soplo invisible. El suelo de mosaico, liso, unido, inerte a la
+vista, parecía ondular como si por debajo de él mugiese un huracán. Al
+sordo zumbido de la gente que ocupaba los dos salones uníase un retintín
+continuo de platos, vidrios y maderas. Todo cantaba de pronto, como si
+una vida extraña resucitase los objetos inanimados, haciéndolos
+conversar con voces y golpeteos: el cuchillo contra el vaso, la cuchara
+contra la botella, el sillón contra la mesa, la fosforera de loza contra
+el búcaro de flores.
+
+En un rincón del invernáculo, alineadas sobre un aparador, las cafeteras
+y teteras parecían deliberar con la solemnidad de un consejo de
+ancianos, chocando gravemente sus barrigas metálicas. Un cesto de lilas
+blancas colocado en el centro de la pieza estremecíase como un montón de
+nieve tocado por un remolino. Las paredes inmóviles, firmes, de un
+espesor considerable a juzgar por los profundos quicios de puertas y
+ventanas, estaban prontas a animarse igualmente a impulsos de esta vida
+misteriosa. Permanecían en silencio, con la calma de las construcciones
+que desafían a los siglos; pero Ojeda, viéndolas, se acordaba de ciertas
+personas que aun estando calladas inspiran la certeza, no se sabe por
+qué, de que tienen buena voz y aman el canto. Estas paredes blancas, que
+parecían de una sola pieza, podían crujir también con internos roces,
+uniendo sus crepitaciones y quejidos al concierto de los objetos.
+
+Una puerta sin cerrar se movió por unos instantes como un abanico loco,
+hasta que con un golpe igual a un pistoletazo avisó a los domésticos,
+que corrieron a asegurarla. Y este estremecimiento de huracán invisible
+parecía más extraño en el ambiente cerrado y bien calafateado de los
+salones, cada vez más denso y tibio por la respiración de las gentes, el
+humo de los cigarros y el vaho de las tazas. Los niños rubios habían
+desaparecido de las ventanas; los paseantes, cada vez más escasos,
+transitaban por el exterior con el busto inclinado, llevándose una mano
+a la gorra y ladeando la cara para defender los ojos y las narices de
+algo molesto; los velos femeniles crujían lo mismo que banderas o se
+elevaban en espirales de color, manteniéndose rebeldes a las manos
+enguantadas que pretendían aprisionarlos. Algunos que avanzaban
+abombando el pecho con aire de reto y la cabeza descubierta sentían en
+torno de su frente el trágico despeinamiento de Medusa: un llamear de
+cabellos echados atrás, como si una fuerza invisible intentase
+arrancarlos.
+
+Transcurrían ahora largos espacios de tiempo sin que los vidrios
+reflejasen el paso de una persona. Pero algo nuevo vino a asomarse a la
+vez a todos ellos. Era una faja de color azul, mate y opaca, que
+empezaba por marcarse levemente en el filo interior de las ventanas.
+Luego subía y subía lentamente con la ascensión del agua que hierve,
+hasta llenar la mitad del rectángulo de cristal; permanecía inmóvil un
+momento, temblando en ella lejanos redondeles de espuma, ojos curiosos
+que intentaban contemplar el interior de los salones, y poco después se
+iniciaba su descenso con gran lentitud, cediendo el paso a la triste
+claridad de una tarde sin sol. Y cuando las ventanas de un lado quedaban
+libres de este testigo azul, las del lado opuesto estaban
+invariablemente ocupadas por él.
+
+Ojeda vio correr ante su mesa, con angustiosa premura, a una señora
+pálida que se llevaba un pañuelo a la boca. Luego pasó tras ella,
+apoyada en el brazo de un doméstico, una dama sexagenaria que hablaba en
+portugués con voz doliente. Algunos de sus vecinos se levantaron,
+deslizándose por la gran escalera con balaustres de tallada caoba, que
+venía a terminar en la puerta del jardín de invierno. Abríanse grandes
+claros en la concurrencia. Desaparecían las gentes con discreción, en
+suave retirada, sin que se enterasen los demás de por dónde habían
+escapado. La pequeña orquesta pareció adquirir mayor sonoridad al quedar
+vacíos los salones: los instrumentos de cuerda lloraban como si
+anunciasen una desgracia en la melancolía azul de la tarde. En torno de
+las mesas languidecían las conversaciones. Muchos cerraban los ojos como
+si les preocupasen tristes recuerdos. Dos puertas abiertas al mismo
+tiempo dieron entrada por un instante a una manga de aire frío,
+arrollador, cargado de humedad y emanaciones salitrosas, que hizo
+arremolinarse flores y plantas y volar algunos papeles sobre las mesas.
+
+Defendió Fernando los suyos entre ambas manos, y al restablecerse la
+calma, se arrellanó en el sillón con un regodeo voluptuoso. Sentía el
+orgullo de su salud, la certeza de que ésta no podía turbarse en medio
+de la zozobra creciente que se revelaba en la tristeza de muchos ojos y
+la palidez de muchos rostros. Era el placer egoísta del que contempla el
+peligro ajeno desde un lugar seguro. Además, experimentaba una
+satisfacción animal al apreciar su asiento mullido, el ambiente tibio,
+las plantas y flores que le rodeaban. Así debían ser las grandes
+alegrías de los esquimales, encogidos en su vivienda apestosa durante
+el invierno, mientras afuera sopla el huracán y cae la nieve.
+
+Aspiró el humo de su cigarro, llamó a un camarero para que se llevase el
+servicio de té, que le molestaba con sus incesantes tintineos, y buscó
+en los papeles el pliego interrumpido.
+
+--¿Qué estaba yo escribiendo?...
+
+Al murmurar acariciábase el bigote con el cabo del estilógrafo, mientras
+sus ojos recorrían las páginas emborronadas para restablecer la ilación
+de sus ideas. Olvidóse instantáneamente del lugar dónde estaba; pasó de
+golpe a un mundo distinto, un mundo sólo de él, que parecía latir en los
+pliegos ennegrecidos por su escritura. A impulsos del deseo avanzaba por
+éstos, releyendo su pensamiento como si fuese de otro, encontrando una
+deleitación melancólica y dolorosa al unirse de nuevo con sus recuerdos.
+
+ En Lisboa sólo pude escribirte unas líneas en una postal. Me faltó
+ el tiempo. El tren llegó con retraso; luego el registro de los
+ equipajes en la Aduana y el trasatlántico que estaba ya fondeado en
+ el río, mugiendo a cada instante como el que no quiere esperar. ¡Y
+ yo que soy tan torpe para los menesteres vulgares de la vida!...
+ Recuerda cuántas veces te has reído de mi inutilidad en nuestros
+ viajes... Nuestros viajes ¡ay! tan lejanos, ¡tan lejanos! que no sé
+ cuándo volverán a repetirse... Por fortuna, encontré en el tren a
+ un compañero: un tal Isidro Maltrana, tipo curioso, al que conocí
+ vagamente en mis tiempos de bohemia heroica, y que va, como yo, a
+ Buenos Aires. La identidad de nuestros destinos nos ha hecho
+ intimar rápidamente. Hace unas sesenta horas que estamos juntos, y
+ no parece sino que hemos andado apareados toda la vida. Él dice que
+ quiere ser mi secretario, o más bien, mi escudero, en esta aventura
+ estupenda que acabo de emprender. En Lisboa entró en funciones,
+ encargándose de las tareas enojosas del embarque... Pero ¿por qué
+ te cuento esto? Tal vez por distraerme, por engañarme, por miedo a
+ evocar los recuerdos de nuestro último día, que aún parecen
+ envolverme como esos perfumes intensos y tenaces que nos siguen a
+ todas partes. ¡El domingo pasado! ¿Te acuerdas?, ¿te acuerdas?...
+ Sólo han transcurrido tres días: aún me parece sentir en mis manos
+ el contacto de tus cabellos; aún escucho tu voz; aún veo tus ojos.
+ Te respiro en esta soledad. Llevo en el bolsillo, sobre mi pecho,
+ tu último pañuelo. Vienes conmigo... ¡Y estamos ya tan lejos el uno
+ del otro!...
+
+Ojeda cesó de leer unos momentos, conmovido por sus propias palabras.
+Frases vulgares, de una frivolidad antigua como el mundo: todos los
+enamorados dicen lo mismo. Tal vez aquellos camareros de chaqueta azul
+escribían en su idioma los mismos conceptos a las _fraulein_ rubias de
+Hamburgo y de Brema. Pero el amor es como la muerte y como todos los
+grandes accidentes de la existencia. En otros parece regular, ordinario,
+sin que merezca atención; pero cuando se experimenta en la propia
+persona adquiere las proporciones inauditas de uno de esos
+acontecimientos que deben influir en la suerte del mundo.
+
+Para él había ocurrido tres días antes en Madrid, al anochecer de un
+domingo, un suceso enorme, igual a los que cambian el curso de la
+humanidad o el aspecto del planeta. Y convencido de esto, quería abarcar
+con la pluma la grandeza infinita de su desolación.
+
+ Aparentábamos serenidad, confianza en el porvenir, certeza de
+ volver a vernos; pero de pronto nos fue imposible fingir por más
+ tiempo, y había lágrimas en nuestros ojos y en nuestra voz... Y sin
+ embargo, este dolor casi no era nada; había en él más preocupación
+ que realidad. Aún podíamos vernos; aún podíamos hablarnos.
+ Llorábamos como se llora en la casa de un muerto cuando está
+ todavía de cuerpo presente. El dolor parece anestesiado por el
+ aturdimiento de la catástrofe; hay todavía una realidad que sirve
+ de consuelo; queda aún el cuerpo ante la vista: se llora más por el
+ futuro que por el presente. Lo terrible es cuando se lo llevan, y
+ no queda nada y hay que abrazarse para siempre al recuerdo... Yo me
+ consideraba el otro día, al separarme de ti, el más infeliz de los
+ hombres, y ahora pienso con envidia en aquellos instantes. ¡Te veía
+ aún!... Y ahora cada momento que transcurre me aleja más de ti;
+ cada vuelta de las hélices establece una separación mayor entre
+ nosotros; un minuto representa centenares de metros; una hora una
+ distancia enorme, que no podríamos salvarla en un día aunque
+ marchásemos apoyados el uno en el otro, mirándonos en los ojos,
+ olvidados del mundo. Nuestros cielos van a ser distintos; nuestras
+ estrellas serán otras: cuando tú vivas en los esplendores de la
+ primavera, yo sentiré los fríos del invierno; cuando tú despiertes
+ como una alondra, con el sol que entrará por tus balcones, yo
+ gemiré en medio de la noche murmurando tu nombre... ¡Y será en
+ vano! La desesperante extensión de una mitad del planeta va a
+ interponerse entre nosotros... ¡Ay! ¡quién me devolverá tus ojos
+ amados de reflejos de oro, tus brazos suaves de blancura de hostia,
+ tu voz ceceante de infantil arrullo, tu boca de lacre, tu pecho
+ neumático, cojín de ensueños y de olvido!...
+
+Evocaba en su memoria, con el relieve de las cosas vivientes, su último
+día en Madrid... Una gran mancha roja temblaba sobre el empapelado de
+una pared: era el reflejo de incendio del carbón amontonado en la
+chimenea, única luz del dormitorio. Y sobre el fondo rojo, parpadeante,
+una sombra horizontal, de contornos humanos. Ojeda conocía bien las
+líneas de este cuerpo: era ella, pegada a él, bajo las cubiertas de la
+cama, empequeñecida, humilde por el dolor de una desesperación
+silenciosa. Él también permanecía callado, con la nuca en las almohadas;
+percibiendo entre sus brazos el dulce contacto de unas espaldas sedosas
+revueltas en blondas; sintiendo en un hombro la leve pesadumbre de su
+cabeza, que parecía querer ocultarse, hundirse. Una caricia húmeda
+refrescaba su cuello: tal vez era el contacto de su boca abandonada; tal
+vez eran lágrimas. Y los dos permanecían en dolorosa inmovilidad,
+temiendo que sus ojos se encontrasen, evitando una palabra que hiciese
+estallar la callada pena; pero los dos, al fingir esta indiferencia
+heroica, se adivinaban mutuamente.
+
+Sus caricias habían sido tristes, desesperadas; algo semejante--pensaba
+Ojeda--a los amores de un condenado a muerte en vísperas del suplicio.
+El goce animal les había hecho olvidar la realidad por algún tiempo;
+pero al sobrevenir el cansancio y la hartura, los dos experimentaban la
+misma decepción del enfermo que ve reaparecer sus dolores luego de un
+paliativo con el que creía sanar para siempre... ¡Y no había más! ¡Y la
+hora terrible estaba más próxima que antes!...
+
+Al través de los balcones cerrados llegaban los ruidos de la estrecha
+calle popular. Un vendedor pregonaba patatas asadas, llamándolas
+"chuletas de huerta", con melancólico quejido, como si cantase una
+desgracia. Ojeda le saludó mentalmente, con cierta emoción, y pensó que
+tal vez hacía ella lo mismo. Nunca le habían visto; no sabían
+ciertamente si era un hombre, un niño o una vieja, pero durante cuatro
+años le oían todas las tardes de cita amorosa, siempre a la misma hora,
+sirviéndoles su grito de aviso cronométrico. Seguramente eran las seis y
+media. ¡Adiós!, ¡adiós! ¡Cuándo volverían a oírle!... Luego pasó un
+tropel de chicuelos voceando los periódicos de la tarde, con la reseña
+de la corrida de toros. Un piano de manubrio rompió a tocar, en medio de
+la calle, un vals de opereta vienesa, con apresurado tecleo y
+acompañamiento de timbres. Se oía la voz del organillero pidiendo a
+gritos que «le echasen algo» de los balcones. Cuando callaba el piano
+venía de lejos un runruneo de guitarra con choque de castañuelas y
+férreo retintín de triángulo. Una voz bravía de cantor nómada entonaba
+una jota, venerable música del terruño, miedosa de aventurarse en el
+centro de Madrid y que se extingue lentamente en el refugio de los
+barrios populares. Igualmente les había visitado muchas tardes este
+canto medieval, evocando en el cerrado dormitorio un recuerdo de
+excursiones en automóvil por las altiplanicies de Castilla: una visión
+de llanuras de rastrojo con hilos de agua bordeados de álamos; cubos de
+fortaleza sosteniéndose erguidos entre montones de ruinas; pueblos de
+color pardo; torres de iglesia con nidos de cigüeñas en el remate.
+¡Adiós! ¡También adiós!
+
+De pronto, un sonido metálico, de mística vibración, suave como la voz
+de una mujer, cortó el aire, envolviendo los ruidos de la calle. Era
+para Ojeda la más amada de todas las visitas invisibles que venían a
+buscarles en su encierro amoroso.
+
+--La campana de don Miguel--murmuró tristemente una boca junto a su
+cuello.
+
+Sí; la campana de don Miguel, la que todas las tardes les avisaba el
+momento de sacudir la dulce pereza, de levantarse y comenzar los
+preparativos de partida... «Don Miguel» era Cervantes, y la campana la
+de un convento inmediato donde aquél había sido enterrado. Nadie conocía
+su tumba. Sus huesos se pulverizaban revueltos con los de los
+sacristanes y antiguos vecinos del barrio; pero era indiscutible que
+allí habían dado tierra a su cadáver, y esto bastaba para Fernando. Y
+desconociendo la personalidad del convento y de sus habitantes
+femeninos, la campana de las pobres monjas era siempre para los dos
+amantes «la campana de don Miguel».
+
+Sentían gran satisfacción y hasta orgullo ingiriendo en sus ocultos
+amores el recuerdo del famoso hidalgo. Ojeda, que era poeta, había
+decidido tomar aquella casa, para sus encuentros amorosos, sólo por la
+vecindad del convento. Además, este barrio popular y sucio había sido el
+de los grandes autores del Siglo de Oro, el llamado «barrio de los
+poetas». En el espacio ocupado por tres calles pequeñas habían vivido
+casi a un tiempo los hombres más célebres de la literatura castellana.
+
+Cuando al cerrar la noche salía Fernando, sintiendo en su brazo el brazo
+de la amante y en la muñeca el dulce cosquilleo de sus dedos juguetones,
+deteníase algunas veces en la angosta acera antes de ganar las calles
+amplias del centro de la ciudad. «Ésta era la casa de Lope de Vega...»
+Ésta no; era otra que ocupaba el mismo sitio y tenía un huerto, y en
+él, a la sombra de contados árboles, escribía aquel trabajador
+portentoso comedias a centenares y versos a millones... Vestía la
+sotana; pero llevaba bajo de ella, por la noche, su buena espada de
+Toledo para poner en fuga a los enemigos que le salían al encuentro.
+Galante y desalmado en su juventud, como don Juan, habíase acogido,
+viendo próxima la vejez, al seguro de la Iglesia para decir su misa
+entre un acto terminado de escribir y otro que empezaba a versificar.
+Las hojas secas de su huerto crujían bajo las amplias sayas de
+pizpiretas comediantas que venían en busca de madrigales improvisados
+por el maestro a puerta cerrada. Y en una casa próxima había vivido
+Quevedo, y más allá otros poetas de menos renombre...
+
+El respeto del viajero por las ruinas «donde ha ocurrido algo» sentíalo
+Ojeda al pasar por estas calles angostas, con el pavimento desigual
+cubierto de suciedades, grupos de chicuelos jugando «al toro» en las
+esquinas, comadres sentadas ante las puertas, por las que se esparcían
+vahos de puchero pobre, y balcones que goteaban una humedad de ropa
+vieja puesta a secar. Por estos mismos lugares había pasado también,
+siglos antes, un sacerdote de alta frente remangándose la sotana en los
+charcos y llevándose la otra mano a los bigotes y la perilla con gesto
+de antiguo soldado. Era don Pedro Calderón. Las procesiones del barrio
+habían visto formar muchas veces en ellas a un anciano enjuto, de
+barbillas blancas, tartamudo, con una mano mutilada, el hidalgo
+Cervantes, veterano de guerras famosas, que aguardaba la hora de la
+muerte con melancólica resignación sin otro título que el de «Esclavo de
+la Hermandad del Santo Sacramento».
+
+--¡La campana de don Miguel!--repitió una voz junto a Ojeda--.Hay que
+tener resolución... ¡Arriba!
+
+Y entre el revoloteo de las cubiertas repelidas, pasó sobre él un cuerpo
+de satinados y firmes contactos. La vio de pie ante la chimenea,
+envuelta en fulgores de horno que inflamaban con tono arrebolado las
+nacaradas blancuras de su desnudez. Protestó, como siempre, al notar que
+el amante, incorporándose en la cama, buscaba el conmutador eléctrico.
+Nada de luz: ella gustaba de comenzar sus arreglos al fulgor de la
+chimenea. Más adelante podría encender. Y vagó por la habitación,
+buscando de mueble en mueble las piezas de ropa esparcidas al azar en la
+locura pasional del primer momento. Pasaba del resplandor de la chimenea
+a los rincones de sombra, preocupada con estas rebuscas, mostrando, en
+su impúdica distracción, al agacharse y erguirse, las más recónditas
+intimidades. Cada vez que tornaba al círculo de luz, una nueva prenda
+cubría su cuerpo.
+
+Fernando la seguía con su vista desde el fondo del lecho, iluminada
+inferiormente de rojo y con el busto perdido en la penumbra. Bregaba
+jadeante y frunciendo el ceño con la angostura del corsé, que se
+resistía a encerrarla en su molde. Siempre ocurría lo mismo: su cuerpo,
+después de los supremos espasmos, parecía dilatarse en el reposo de la
+más noble de las fatigas. La veía encerrada en un medallón de seda,
+vestido interior impuesto por la estrechez de los trajes de moda, con
+cierto aire masculino y gracioso de doncel medieval, agitando sus
+crenchas cortas de gruesos bucles negros, su pelo verdadero, libre de
+los postizos del peinado, que esperaban sobre el mármol de la chimenea
+el momento del acople. La dama elegante, de gesto altivo e irónico,
+tomaba en la intimidad un aspecto de paje.
+
+Después él se veía de pie, yendo hacia ella, con la voz ronca y temblona
+de emoción. «¡Paje adorado!... ¡Y no verte más! ¡Perderte dentro de
+poco!...»
+
+Pero la amante, arreglándose el pelo ante el espejo, hablaba con una
+frialdad fingida, temblándole la voz. «Vístete... Vámonos pronto. ¡Y
+pensar que una noche como ésta tengo que ir con tía al Real!... ¡Qué
+rabia!»
+
+Un estrépito de metales golpeados arrancó a Ojeda de su ensimismamiento.
+Esta impresión le hizo temblar, mientras su memoria retrogradaba al
+presente.
+
+De nuevo se encontró en el invernáculo, ante los pliegos de la carta
+empezada. Los camareros recogían del suelo las teteras y bandejas,
+inmóviles poco antes sobre un aparador. El movimiento de las cosas era
+cada vez más violento. Casi toda la gente había desaparecido mientras
+soñaba Fernando con los ojos entornados. Algunos sillones mecíanse
+solos, como si quisieran juguetear entre ellos al verse sin ocupación;
+las mesas, abandonadas, crujían ladeándose lo mismo que en las
+evocaciones de espíritus. Sólo quedaba en las ventanas un débil
+resplandor lívido: la luz eléctrica descendía conquistadora de los
+techos, invadiendo hasta los últimos rincones. En el salón de lujo,
+algunas señoras pelirrubias, de mejillas rojas, hacían labores, o con
+las gafas caladas leían periódicos ilustrados. La música continuaba
+sonando imperturbable para ellas y los camareros.
+
+Quiso arrancarse Fernando este paladeo de recuerdos melancólicos. «¡A
+escribir!» Necesitaba terminar la carta, pues al amanecer del día
+siguiente llegarían a puerto... Pero la música le retuvo, paralizando su
+voluntad con la vibración de algo conocido. ¿Qué cantaba el
+violoncelo?... Vio de pronto, como trazada en el aire por los sones
+graves de dicho instrumento, la varonil figura de Wolfram de Eschembach,
+el noble trovador consejero de Tannhauser el maldito, y su imaginación
+puso palabras al canto melancólico de las cuerdas. «¡Oh tú, mi dulce
+estrella de la tarde, que lanzas desde el fondo del cielo tu suave
+resplandor!...» El wagneriano canto le hizo recordar otra estrella
+aparecida en un momento doloroso de su existencia, y de nuevo olvidó el
+presente y quedó inmóvil en su asiento, como un cuerpo sin alma, como un
+fakir en rígida meditación, en torno del cual crecen las lianas y se
+enroscan las serpientes mientras su espíritu vive a miles de leguas.
+
+Se vio en una calle mal alumbrada, levantándose el cuello del gabán
+mientras ella se estremecía en su abrigo de pieles. Les hacía temblar el
+brusco tránsito del dormitorio caldeado al vientecillo glacial del
+anochecer. Salieron de la casa con cierto encogimiento, sin atreverse a
+mirar los muebles y los cuadros, modesta decoración reunida al azar
+cuatro años antes. Guardaban demasiados recuerdos para ser contemplados
+con indiferencia, y ellos se habían propuesto mantener hasta el último
+momento su fingida serenidad. Ojeda dio unos duros a la portera, que les
+salía al paso arrebujada en un mantón para abrir los cristales del
+zaguán. La adelantaba la propina del próximo mes.
+
+--¡Que Dios se lo pague, señoritos! Tápense bien, que hace mucho frío...
+¡Hasta mañana, señoritos!
+
+Fernando se conmovió con las palabras de la buena mujer. ¡Cuándo sería
+ese mañana!... Mañana vendría su viejo criado a levantar la casa, a
+llevarse aquellos muebles que él le regalaba para evitar la profanación
+de una venta.
+
+Ella, al dar algunos pasos en la calle, se detuvo y ordenó
+imperiosamente:
+
+--¡Escupe!...
+
+¿Por qué?... Pasada la sorpresa, él obedeció. Recordaba que en todos sus
+viajes, cada vez que se creían felices en un lugar, formulaba su amante
+el mismo deseo. «Escupe para que volvamos.» Equivalía a dejar algo de
+sus personas que alguna vez había de atraerlos irresistiblemente. Hizo
+lo mismo ella, y súbitamente tranquilizada se agarró de su brazo. Los
+menudos pies, montados en altos tacones, vacilaban doloridos cada vez
+que descendían de la acera al arroyo empedrado con guijarros desiguales.
+Por esto se apoyaba con fuerza en Ojeda, haciéndole sentir del hombro a
+la rodilla el adorable y firme contacto de su cuerpo.
+
+--Volverás, Fernando--murmuraba--. Se lo he pedido... a quién tú sabes,
+y así será. Tú te ríes de estas cosas, tú eres un impío, pero para eso
+estoy yo: para pedir por ti y que salgas en bien de esta aventura que se
+te ha metido en la cabeza.
+
+¿Volver a Madrid?... Ojeda recordaba las palabras de su amante cuando al
+empezar la tarde se habían juntado. Ya que él se iba en la misma noche,
+ella saldría para París dos días después.
+
+--¡Y así lo haré!--afirmaba la mujer--. ¡Oh, Madrid! ¡cómo lo odio! ¡qué
+horror quedarme aquí para siempre!... Y bien mirado, lo que temo es
+vivir en él... sin ti... ¡Pobrecito Madrid! ¡Yo que lo quiero tanto! ¡yo
+que te he conocido viviendo en él!... Pero no, no podría estar aquí una
+semana más. Te vería por todos lados; cada calle nos guarda un recuerdo.
+No; decididamente... lo detesto. Pero tú volverás, dime que volverás
+pronto. Piensa que has escupido para volver, y eso es importante. No
+vendrás aquí mismo... conforme... Pero volverás a Europa. ¡Y esto es
+Europa, Fernando!... Nos juntaremos en París, y si no en Suiza... o si
+te parece mejor en Italia, o tal vez en Atenas o El Cairo. Todo lo
+conocemos. ¡Hemos sido felices en tantos lugares!... Pero dime cuándo
+vas a volver. ¡Dímelo cierto!... ¡no me engañes!
+
+El rostro de Fernando se crispó con una risa dolorosa. ¡Volver! Aún no
+había emprendido el viaje y al término de él le aguardaba lo
+desconocido, con sus aventuras y misterios. Volvería pronto; cuando más,
+tardaría un año. ¡Palabra!
+
+--¡Un año!...--murmuró ella--. ¡Maldito dinero!
+
+Pasaban ante el convento y tuvieron que bajar de la acera cediendo el
+paso a unas devotas enmantilladas de negro que se dirigían a la iglesia.
+Ojeda inclinó la cabeza. «¡Adiós, don Miguel!» Se despedía mentalmente
+del ilustre vecino. Aquél había sido un hombre completo, un hombre
+representativo de su época: soldado de mar y tierra, cautivo rebelde,
+héroe ignorado, creyente y mujeriego, adulador sin éxito de nobles y
+ricos. Sólo había faltado en la vida intensa del gran hidalgo el
+embarque para las Indias.
+
+En las calles en cuesta que descendían a la Carrera de San Jerónimo,
+unos terrenos sin edificar dejaban abierto un ancho espacio de cielo
+entre las casas. Los ojos de los dos se fijaron al mismo tiempo en una
+estrella que resaltaba sobre las otras con brillo extraordinario. Él,
+volviendo la mirada hacia su compañera, creyó ver el reflejo del astro,
+como un punto de luz, en el temblor de una lágrima. A través del velillo
+del sombrero columbraba su pálido perfil, empequeñecido por un gesto de
+dolorosa timidez, los labios apretados, las alillas de la nariz
+dilatadas por la angustia, una raya profunda entre las cejas: la arruga
+vertical que anunciaba siempre sus preocupaciones y sus enfados.
+
+--Oye, y no te burles--dijo ella rompiendo el silencio--. Quería pedirte
+que cuando estés allá y te acuerdes un poco de mí contemples a esta
+misma hora esa estrella. Lo pensé anoche... lo he pensado todas estas
+noches. Tú la mirarás acordándote de mí, y yo la miraré al mismo tiempo.
+Será como en las novelas... ¡y quien sabe si algo de nosotros llegará a
+encontrarse! ¡Hay en el mundo cosas tan misteriosas!...
+
+Lo decía con acento de desesperada humildad, como un condenado a muerte
+que se acoge a la más absurda esperanza, y Ojeda, después de
+contestarle, se arrepintió de su franqueza ¡Pobre María Teresa! Cuando
+ella contemplase la estrella al anochecer, él estaría viendo el sol de
+las primeras horas de la tarde. Y aunque para los dos fuese de noche al
+mismo tiempo, ¡quién sabe si luciría sobre sus cabezas el mismo
+astro!... Cada hemisferio de la tierra tiene su cielo y sus
+constelaciones.
+
+Ella bajó la frente, anonadada. «¡Tan lejos! ¡tan lejos!...» Con voz
+queda siguió haciendo preguntas, curiosa por conocer la distancia que
+iba a separarlos y atemorizada al mismo tiempo por su magnitud. ¿Y era
+cierto que una carta tardaría cerca de un mes en establecer la
+comunicación entre sus pensamientos? ¿Y transcurriría un espacio de
+tiempo igual para obtener la respuesta?... Ellos que se habían creído
+infelices cuando en sus cortas separaciones, viviendo el uno en Madrid y
+el otro en París, pasaban dos días sin noticias.
+
+--Óyeme bien--dijo acortando el paso y fijando sus ojos en los de
+Fernando con imperiosa resolución--. No quiero que te vayas. ¡No te
+irás, no debes irte!... Me dice el corazón que va a ocurrir algo malo.
+
+Golpeaba el suelo con un pie; apretaba convulsivamente con su garrita
+enguantada una muñeca de Ojeda, como si temiese verlo desaparecer.
+
+Él tuvo un movimiento de impaciencia. ¡Quedarse!... Era imposible, le
+aguardaban allá. ¿Cómo podía ocurrírsele esto en el último momento?...
+Además, nada adelantarían con tal resolución. Unas horas de felicidad
+con la esperanza de que no iban a separarse, y luego, al día siguiente,
+las mismas exigencias que le obligarían a partir, la misma necesidad de
+rehacer su vida.
+
+--No, Teri; tú sabes que debo marcharme. Tú misma me lo aconsejaste; te
+pareció bien que fuese como un valiente a la conquista de la fortuna.
+Hace un mes que hablamos del viaje con relativa tranquilidad, y ahora...
+ahora te opones como una niña. Valor; mírame a mí. ¿Crees que no sufro
+como tú?...
+
+Pero ella bajaba la cabeza con obstinación. Habían hablado del viaje
+durante un mes tranquilamente porque todavía estaba lejos. Confiaba...
+sin saber en qué: no quería pensar. Era algo como la muerte, que todos
+sabemos que vendrá a su hora; pero la vemos tan lejos... ¡tan lejos!...
+Guardaba cierta calma cuando el viaje era sólo un motivo de
+conversación; pero ahora era una realidad, un hecho que iba a ocurrir
+dentro de unas horas, y no podía resignarse.
+
+--Y no te veré, Fernando; ¡piénsalo bien! No te veré, y pasarán días,
+semanas, meses, ¡quién sabe si años!... Y tú tampoco me verás, y sólo
+habrá entre nosotros pedazos de papel en los que intentaremos poner el
+alma y sólo pondremos letras. ¡Señor! ¡Terminar así... tal vez para
+siempre, cuando hemos pasado cuatro años juntos, creyendo morir si
+transcurrían unas semanas sin vernos!...
+
+Estaban en la Carrera de San Jerónimo, marchando en dirección contraria
+a la gran corriente de gentío que remontaba la calle hacia el interior
+de la ciudad. Las familias burguesas, endomingadas, llevaban blanqueados
+los zapatos por el polvo de los paseos. Grupos de hombres comentaban con
+enérgica gesticulación los incidentes de la corrida de novillos de
+aquella tarde. Mujeres del pueblo, tirando de la mano de sus pequeños,
+seguían al marido, que iba con la capa caída, la gorra ladeada y los
+ojos brillantes, canturreando todos algún coro de la zarzuela de moda.
+Venían de merendar en las Ventas y paladeaban la última alegría del vino
+barato, la tortilla de escabeche y la contemplación del mísero paisaje
+de las afueras, más abundante en techos de cinc, polvo y pianos de
+manubrio que en aguas y árboles.
+
+--¡Qué rabia me da esta gente!--decía Teri mirándolos con hostilidad y
+evitando su contacto--. No, rabia no; ¡pobrecitos! Tal vez envidia...
+¡Pensar que ellos se quedan y que tú te vas!... Son más dichosos que
+nosotros: vivirán aquí, donde tan felices hemos sido.
+
+Luego añadió, con un acento de infantil ligereza que contrastaba con su
+máscara trágica y el brillo lunar de sus ojos:
+
+--Mira, en vez de irte a América, de escribir versos y todas esas
+ambiciones de judío que te vienen de pronto por ganar dinero debías ser
+uno de éstos; albañil, por ejemplo: no, albañil no; podías caerte de un
+andamio, ¡pobrecito mío!... Carpintero; eso es; o ebanista... Ebanista
+mejor. Y estarías de lo más guapo con tu capa y tu gorra; y yo con
+mantón y moño alto, lleno de peinetas. Y ahora nos iríamos a nuestro
+barrio cogiditos del brazo; no como vamos, sino más alegres, y mañana de
+buena mañana, tú al taller y yo a buscar a mi hombre a mediodía con la
+cestita llena, y comeríamos juntos en un banco de paseo o al borde de
+una acera... Y mi hombre, como es buen mozo, seguramente que gustaría a
+otras, y yo me pelearía con ellas y les arrancaría el moño... Di, ¿no me
+crees capaz de reñir por ti, para que no se te lleve otra?... Pero el
+mundo está mal arreglado. ¡Y pensar que estas pobres gentes tal vez nos
+envidien a nosotros!... ¡A ti, que te vas sin saber por qué ni para qué!
+¡A mí, que seguramente voy a morir!... No hay justicia, Señor, ni pizca
+de justicia.
+
+Este deseo de vida popular transformó repentinamente sus ademanes y su
+lenguaje.
+
+--¡Dinero cochino!... ¡dinero indecente! El tiene la culpa de todo lo
+que nos pasa. Por él te vas tú y me quedo yo muerta de pena. ¡Pero
+Señor! ¿no podría ser ese dinero canalla como el sol, como el aire, que
+es de todos y para todos? Las mujeres no entendemos de muchas cosas,
+pero yo creo que así debía arreglarse el mundo para que las gentes
+fuesen felices... Y si no puede ser así, que lo supriman al muy
+ladrón... No, no hables; no me irrites con tus palabrotas de sabio; no
+me hagas la contra, mira que estoy muy nerviosa. Di conmigo: «¡Muera el
+dinero!».
+
+Y como si con estas palabras hubiese desahogado toda su indignación,
+añadió mansamente:
+
+--El caso es que hago mal en insultar a ese bandido. Huye de nosotros,
+pero él volverá; volverá pronto y seremos felices. Deja que se termine
+mi pleito con los hijos de mi marido; va a ser de un momento a otro y
+acabará bien, todos me lo dicen. Entonces no llevaré esta vida de
+pobreza disimulada, de bohemia elegante; no tendré que ceñirme a mi
+viudedad y a los regalos de mi tía; y seré rica y tú no sufrirás más, no
+trabajarás, pues te mantendré yo... ¡yo!, ¡tu María Teresa, que será tu
+mujercita!
+
+Sintió cómo el brazo de Ojeda se estremecía bajo su mano; cómo su
+cuerpo, pegado a ella en el ritmo de la marcha, parecía repelerla con
+sobresalto.
+
+--No vayas a empezar como siempre, Fernando. Mira que no lo sufro... Sí
+señor, te mantendré; será mi mayor gloria. Tú te marchas por mí, por
+hacerte rico, por rodearme de lujos y comodidades, y vas ¡pobrecito mío!
+como un soldado va a la guerra, a sufrir, a matarte de fatiga. ¿Y no
+quieres que si yo llego a ser rica te dé lo mío?... ¡A callar! Ya sabes
+que no te aguanto cuando te pones tonto con tus caballerías... Sí señor,
+te mantendré, te guardaré como un pájaro en su jaula, y harás versos o
+no harás nada. Cumplirás conmigo sólo con quererme mucho. Y yo me daré
+el gusto de sostener a mi hombre, de regalarlo y mimarlo, de preocuparme
+con sus cosas y llevarlo hecho siempre un brazo de mar. Serás mi chulo;
+serás mi «socio», como dicen las de los barrios bajos... A veces me
+acuerdo de algunas vendedoras que he visto en la plaza de la Cebada, con
+sus enaguas muy almidonadas y sus buenos pendientes de oro. Ellas
+venden, trabajan, manejan el dinero, y el hombrecito está a sus espaldas
+sin hacer otra cosa que proporcionar a la razón social su autoridad de
+macho o guardar el puesto cuando la socia se ausenta. ¡Qué delicia! Así
+te quisiera yo. ¡Todo lo mío para ti!... Mi chulo rico, déjame soñar.
+Déjame forjarme ilusiones. No me contradigas. No me gustas cuando te
+pones tan digno, tan caballeresco. Más te querría si fueses ladrón; me
+parecerías más interesante... ¡Ay!, ¡me siento tan triste!... ¡tan
+triste!
+
+Estaban ahora en el Salón del Prado, alejados del movimiento de la gran
+calle, caminando entre macizos de verdura, por una avenida solitaria en
+cuyo suelo trazaban los focos de luz grandes redondeles blancos.
+
+Callaba María Teresa, como si la excitación de su falsa alegría hubiese
+cesado de golpe al ponerse en contacto con esta soledad. Apretó más
+fuertemente el brazo de Fernando, y rozándole el rostro con el ala de su
+sombrero, murmuró:
+
+--Di, ¿y si me fuese contigo?...
+
+Era una súplica, un murmullo tímido, la petición que se considera
+imposible, pero se formula como última esperanza.
+
+Ojeda sonrió tristemente. ¡Partir juntos!... Una felicidad que había
+pensado muchas veces; pero él ignoraba cuál iba a ser su vida allá.
+Seguramente de penalidades y miserias sin cuento. ¡Y ella, criatura de
+lujo, acostumbrada a las comodidades del dinero, quería seguirle en su
+incierta aventura!... No; estas resoluciones extremas únicamente son
+aceptables en el teatro. La vida tiene otras exigencias. Es posible el
+sacrificio como algo momentáneo, heroico, que sólo puede durar poco
+tiempo: ¡pero el sacrificio por toda una existencia!...
+
+--Recuerda, Teri, tu frase habitual: «La vida es la vida». Hay que darla
+lo que es suyo. Vendrías conmigo valerosamente, y a los primeros pasos
+la escasez de dinero, la falta de consideración de las gentes, el
+escándalo que dejaríamos a nuestras espaldas, la pérdida de los
+intereses que estás defendiendo, se encargarían de demostrarnos nuestra
+locura. Y tú callarías porque me quieres, y lo soportarías todo con
+resignación; lo creo; te conozco bien... ¡Pero el remordimiento de haber
+accedido yo a tu locura! ¡La tristeza de no haberme opuesto con mi
+experiencia de hombre! ¡El miedo de adivinar en una palabra tuya, en una
+mirada, la lamentación del pasado! Entonces sería cuando nos
+perderíamos para siempre. No; mejor es separarnos ahora. Yo volveré
+pronto, te lo juro. ¡Y quién sabe!... Tú vendrás allá... más adelante:
+cuando yo sepa cuál puede ser mi suerte.
+
+Ella se soltó bruscamente de su brazo, anduvo algunos pasos titubeante,
+y casi se desplomó sobre un banco. Su diestra, oprimiendo un minúsculo
+pañuelo, pasó entre el velillo y el rostro para cubrirse los ojos.
+Lloraba; lloraba silenciosamente, sin estremecimientos ni hipos de
+dolor, como si su llanto fuese una función natural largamente
+contrariada. Por fin se abría paso la desesperación, adormecida toda la
+tarde, engañada por los momentos de olvido voluptuoso. Y las lágrimas
+sucedían a las lágrimas, trazando luminosas tortuosidades sobre el fondo
+mate de su cutis. Al alzarse el velo para enjugarlas, Ojeda vio un
+triángulo de arrugas en las comisuras de sus ojos, un cerco de negrura
+cadavérica en torno de ellos. La nariz parecía más afilada, a boca más
+profunda: era una mujer distinta a la que media hora antes buscaba sus
+ropas a la luz de la chimenea. Diez años habían caído de golpe sobre su
+cabeza. Su faz parecía arañada por el cansancio y la pena.
+
+Fernando suplicó como un niño atemorizado. ¡Valor! Debía sobreponerse a
+sus emociones. Teri era valiente cuando quería.
+
+--Te vas--gimió ella, sin escucharle--. Ahora me convenzo. Hasta este
+instante no había visto claro. Es cierto que te vas. ¡Y no hay
+remedio!... ¡Qué cosa tan horrible!
+
+Así permanecieron mucho tiempo: María Teresa, apoyada en el respaldo del
+banco, con una mano en el rostro y la otra perdida en el manguito;
+Fernando de pie, intentando infundirla valor con palabras incoherentes.
+Los dos temblaban de frío sin darse cuenta de ello, estremecidos por el
+viento glacial que hacía oscilar los focos de luz. El dolor los mantenía
+como alejados de sus cuerpos, sordos a sus sensaciones, insensibles a
+toda impresión externa.
+
+Avanzaban lentamente, por una calle inmediata al paseo, las rojas
+linternas de un coche de alquiler.
+
+--Llámalo--dijo ella con resolución, incorporándose--. Acabemos pronto;
+esto no puede durar más tiempo... Mejor que nos separemos aquí.
+
+Él asintió con la cabeza. Sí; mejor sería. ¡Para qué prolongar este
+martirio!...
+
+Y cuando el coche se detuvo, María Teresa marchó hacia él, irguiendo el
+busto, pero con paso vacilante, torciendo el rostro para no ver a Ojeda.
+Titubeó un momento al poner el pie en el estribo, y acabó por
+retroceder.
+
+--Págale y que se vaya... Iremos a pie hasta la Cibeles. Nos veremos un
+momento más.
+
+Fernando aprobó otra vez. El dolor anulaba su voluntad, y por esto
+aceptó como una dicha la prolongación de su tormento.
+
+Volvieron a tomarse del brazo y caminaron silenciosos, lentamente. Sus
+ojos se rehuían. Evitaban hablarse, temiendo despertar con las palabras
+su desesperación. Les bastaba sentirse el uno junto al otro, percibir
+las vibraciones de sus dos vidas con el roce de sus cuerpos puestos en
+contacto. Teri parecía obsesionada por sus recuerdos y murmuró unas
+palabras, como si se hablase a ella misma, con una voz monótona y
+vagorosa, igual a la de los que sueñan:
+
+--La semana que viene... ¿te acuerdas? La semana que viene hará cuatro
+años que nos conocimos.
+
+Ojeda sintió disiparse su torpeza con este recuerdo, pero continuó
+marchando en silencio. ¡Cuatro años... sólo cuatro años! Y habían sido
+tan largos y nutridos como todo el resto de su vida... ¡Más, mucho más!
+Su existencia anterior apenas contaba para él; era como un limbo de
+sucesos incoloros. Su verdadera vida había empezado junto a María
+Teresa.
+
+Pensaba con irónica conmiseración en su existencia antes de conocerla.
+Creía entonces haber paladeado todas las variedades y complicaciones del
+amor, y hasta se consideraba hastiado de ellas. Había tenido por suyas
+mujeres de alto precio, arrebatándolas en una puja de generosidad a los
+amigos más íntimos con quebranto de su fortuna. ¡Lo que había malgastado
+años antes, cuando al morir su madre se vio en posesión de una fortuna
+algo mermada por sus prodigalidades de hijo de familia!... Sus amores en
+la buena sociedad habían alcanzado igualmente cierta resonancia. Aún
+guardaba en el pecho una ligera cicatriz, un puntazo recibido en un
+duelo con cierto señor que, después de tolerar ciegamente todos los
+amigos anteriores de su esposa, se había sentido de pronto terriblemente
+celoso de Ojeda. El amor le hacía encogerse de hombros en aquella época
+de su vida: un pasatiempo como la ambición o como el juego; un dulce
+engaño para entretenerse. Él estaba de vuelta, a los treinta y dos años,
+de esta mentira que llena el mundo, mantiene la vida y es la principal
+ocupación de la humanidad.
+
+Todo le había sido fácil en los primeros tiempos. Recordaba a su madre,
+una señora pálida y cortés, de personalidad algo borrosa, que parecía
+encogerse como oprimida por la majestad del esposo. Su amor a Fernando,
+el hijo primogénito, era el único sentimiento vehemente que desdoblaba
+y hacía vibrar con energía su dulce pasividad. Recordaba también a su
+padre, imponente personaje triunfador en el Parlamento durante veinte
+años por la corrección con que sabía llevar la levita así como por sus
+discursos solemnes, que duraban tardes enteras ante los escaños vacíos.
+Hablaba inglés y alemán, lo que le proporcionaba cierto prestigio
+misterioso, indiscutible, y cada vez que su partido era llamado al
+poder, su nombre figuraba el primero en la lista de ministros. Nadie
+osaba disputarle la dirección de las relaciones diplomáticas. Jamás se
+había sorprendido la más pequeña mota en su levita ni el más leve rastro
+de idea propia en sus palabras. Y junto con todo esto, una corrección
+hidalga, que le acompañaba hasta en los menores actos de su vida, una
+rectitud señoril y bondadosa que parecía ennoblecer su rimbombante
+mediocridad intelectual.
+
+Ojeda le había admirado hasta los veinte años, dándole preferencia en
+sus afectos sobre la madre buena, dulce e insignificante. Había
+paladeado en las tribunas del Congreso tardes de orgullo y de gloria,
+pensando que aquel señor que desde el banco azul hacía resonar la cúpula
+con su voz grave y movía los brazos con tanta elegancia, era el autor de
+su existencia. Luego, cuando la afición a los versos le sacó del círculo
+solemne y entonado en que se movía su familia y vivió en el Ateneo y en
+las redacciones de los periódicos, su facultad admirativa fue
+achicándose, y sin dejar de sentir cierta veneración por la personalidad
+moral de su padre, creyó menos en la valía de su inteligencia.
+
+Al morir este personaje, en vísperas de ser ministro por séptima vez,
+Fernando acababa de ingresar en el cuerpo diplomático, como si con esto
+siguiese una tradición de familia. Apenas cesaron de hablar los
+periódicos «de la irreparable pérdida que había sufrido el país» con la
+muerte del hombre ilustre, hízose el silencio en torno de su recuerdo,
+con esa facilidad de olvido que acompaña a los hombres del teatro y de
+la política. Siempre que Fernando encontraba al jefe del partido o algún
+otro personaje ilustre amigo de su padre, era objeto de presentaciones.
+«Éste es el chico de Ojeda... ¡Pobre Ojeda! Un hombre que valía mucho.»
+Y tras este responso continuaba su plática sobre accidentes de la
+política. Mientras tanto, la madre vivía encerrada en la estupefacción
+dolorosa que le había producido aquella muerte, considerándola algo
+inaudito, inexplicable, como si los personajes del calibre de su esposo
+no pudiesen morir, y se imaginaba a todo el país en el mismo estado de
+ánimo.
+
+Quiso avanzar Fernando en su carrera, ir destinado a una Legación, y la
+buena señora no se atrevió a oponerse a sus deseos. Ella quedaría en
+Madrid con su hija, mientras el primogénito daba en el extranjero nuevo
+lustre al apellido del padre. Los graves señores volvieron a evocar por
+unos momentos a su olvidado compañero. «Hay que hacer algo por el chico
+de Ojeda.» Y Fernando pasó diez años fuera de España como secretario de
+Legación, con frecuentes traslados que le hicieron viajar desde las
+naciones del Norte de Europa a las repúblicas de la América del Sur,
+siempre acompañado por la protección de los amigos del «malogrado
+personaje». Pero esta protección se mostraba cada vez más lejana, más
+tenue, como el recuerdo ya esfumado del grande hombre. El hijo del
+eterno ministro, habituado a la adulación y a la influencia social desde
+los tiempos en que era estudiante, iba notando el vacío de la
+indiferencia en torno de su personalidad diplomática. Nada significaba
+ya ser «el chico de Ojeda». Ahora eran «los chicos» de otros personajes
+de gloria más reciente los que merecían los empujones del favor. Además,
+una falta absoluta de adaptación le hacía chocar con los superiores, que
+le consideraban intolerable por su independencia. Empezaba a hablar con
+desprecio de «la carrera». En una Legación, el ministro, que había
+alcanzado sus ascensos, antes de que se inventasen las máquinas de
+escribir, por el primor caligráfico con que copiaba los protocolos,
+decía a Ojeda con irónica superioridad: «¡Qué letra tan pésima la
+suya!... ¿Y usted hace versos? ¿Y usted presume de literato?». Otros
+jefes le echaban en cara sus aficiones «ordinarias», su marcada
+intención de evitar las reuniones entonadas del mundo diplomático para
+juntarse con la bohemia del país, juventud melenuda que recitaba versos
+y discutía a gritos, en torno de los ajenjos, bajo nubes de tabaco. Un
+ministro había escrito durante un año entero a Madrid para que sacasen
+de su Legación al secretario Ojeda, individuo peligroso que muchos
+tenían por socialista. En realidad, sólo deseaba alejarlo para que la
+señora ministra recobrase su calma de buen tono y no se comprometiese
+con un inferior cantando romanzas y recitando poesías en la penumbra del
+anochecer.
+
+Su fama llegó hasta el Ministerio de Estado. «¡Lástima de chico! ¡La
+maldita literatura! ¡Si el grande hombre levantase la cabeza!» Y todos,
+jefes de sección, ministros de diversas categorías, secretarios y hasta
+agregados, repetían lo mismo: «Tiene talento, es un original; pero le
+falta _el pliegue_». El tal pliegue significaba su falta de adaptación a
+«la carrera», su rebeldía a moldearse en las tradiciones y frivolidades
+de la vida diplomática... ¡Para lo que valía la dichosa carrera! Su
+madre le enviaba todos los meses una cantidad tres o cuatro veces
+superior al sueldo que él percibía. Su hermana Lola, a pesar de que veía
+en él un conjunto de todas las gallardías y seducciones varoniles,
+protestaba contra las maternales larguezas. Todo para el hijo que andaba
+por el extranjero paseando su casaca dorada, y para ella, que había de
+buscar un marido, los regateos y estrecheces. ¡Armonías de familia!...
+En algunos países de América, él y sus compañeros se lamentaban de que
+un conductor de automóvil o un encargado de hotel ganase mayor sueldo
+que un diplomático. Por esto las ilusiones de su vida de miseria
+esplendorosa giraban siempre en torno del matrimonio, ambicionando todos
+una novia rica para hacer buena figura en «la carrera».
+
+El deseo de no contrariar a su madre, que veía en la diplomacia la única
+ocupación digna, fue lo que mantuvo a Fernando en su puesto; pero al
+morir la pobre señora, presentó la renuncia. Habituado a recibir ayudas
+pecuniarias sin ocuparse directamente del manejo de sus intereses, Ojeda
+se creyó rico, muy rico, viéndose propietario de una casa en Madrid y
+muchas tierras en Andalucía. Su hermana estaba casada con un ingeniero,
+hombre formal, que había hecho su fortuna en la América del Sur, ayudado
+por algunos parientes. Era el talento administrativo de la familia, y
+Fernando se burlaba de su honrada simplicidad, sin dejar por eso de
+admirarle. Dominábalo su mujer con el prestigio del nacimiento: estaba
+orgulloso de ser el yerno póstumo del «ilustre señor Ojeda», y recordaba
+sus glorias con más frecuencia que los hijos. La familia de la suegra
+proporcionaba igualmente grandes satisfacciones a su vanidad. Aunque
+aquélla no había disfrutado otro título honorífico que el de esposa de
+un grande hombre, estaba emparentada con varias condesas, marquesas y
+grandes de España, de cuyos honores y distinciones llevaba cuenta exacta
+el ingeniero. Su orgullo bonachón creía haber perdido lamentablemente el
+tiempo cuando terminaba el año sin haber hecho noventa visitas a estas
+ilustres damas, a las que llamaba por antonomasia «nuestras tías».
+
+Ojeda le confió sus bienes para seguir sin preocupaciones una vida doble
+de placeres. Pasaba sin transición del mundo en que le había colocado su
+nacimiento a otro más humilde, hacia el cual le empujaban sus aficiones
+artísticas. En un mismo día charlaba de mujeres, juego y caballos con la
+juventud desocupada y elegante de los clubs aristocráticos; luego pasaba
+la tarde en el pobre estudio de algún artista «independiente y
+desconocido», tuteándose con melenudos de botas destrozadas que tal vez
+no habían almorzado; asistía después a un té, donde flirteaba con damas
+de fama contradictoria, y comía en un palacio o en una taberna de
+bohemios, puesto de frac, para ir luego al Teatro Real.
+
+El amanecer le sorprendía en los gabinetes de Fornos con camaradas de
+infancia y hembras de alto precio, y otras veces en los camarotes de un
+colmado con guitarristas, toreros, «socias» de mantón y «fraternales
+amigos» que le tuteaban y cuyos apellidos no conocía bien: hombres con
+brillantes enormes, rumbosos, dicharacheros, que habían estado algunas
+veces en la cárcel o bordeaban con frecuencia sus puertas.
+
+Tenía cierta reputación entre la gente literaria de escalera abajo, que
+grita y pugna por subir. «Un muchacho simpático y de talento... ¡Lástima
+que sea rico!» Y los que se compadecían de su riqueza le llamaban al
+mismo tiempo simpático por la facilidad con que se prestaba a un
+donativo de cinco duros. Reunió en un volumen impreso sus poesías...
+¡Magnífico! Era Musset. Lanzó otro tomo... ¡Soberbio! Era Baudelaire.
+Publicó un tercer libro... ¡Colosal! Era... el mismísimo Espíritu Santo
+hecho poesía. Los versos no estorban a nadie y son ocupación de gran
+señor, por lo mismo que no dan dinero. Escribió un drama heroico, un
+drama caballeresco, la epopeya de los conquistadores en las Indias
+vírgenes, con estrofas sonoras en las que vibraba un tintineo de espadas
+y corazas, y los profesionales recibieron sonriendo como hienas a este
+niño de buena familia que venía a quitarles el pan de la mesa. Muy
+bonitos los versos, pero «aquello no era teatro». Resultaba demasiado
+poeta para la escena.
+
+En ese tiempo encontró a María Teresa. Fue en casa de una de las
+parientas de su madre; en el té de una condesa que figuraba entre las
+veneradas «tías» del marido de Lola. Iba a estas reuniones Fernando
+cuando de cinco a siete de la tarde no encontraba mejor distracción a su
+aburrimiento. Sabía de antemano lo que le preguntarían sus ilustres
+parientas, viejas pretenciosas de pelo teñido y dentadura semejante a un
+juego de dominó. «Pero grandísimo perdido, ¿cuándo te casas?...» Y si él
+se resignaba a asistir a estas reuniones, era justamente para no
+casarse, para aprovechar el tedio de alguna señora que se trasladaba
+humillada de un salón a otro sin encontrar compañía, iniciando con ella
+pláticas sentimentales que terminaban a veces en algo más positivo.
+
+En la pieza donde estaba instalado el _buffet_ encontró a María Teresa.
+Acababa de llegar de París, donde vivía largas temporadas. Una rápida
+aparición en Madrid, y luego a huir otra vez. La molestaban y la hacían
+reír a un tiempo la curiosidad malsana y la altivez miedosa de sus
+amigas. Fingían sorpresa al verla, la abrazaban, admiraban su traje,
+hacían elogios de su hermosura, le pedían datos sobre las últimas modas,
+y escapaban, procurando no tropezarse con ella otra vez.
+
+Ojeda la conocía vagamente. Su marido había sido de «la carrera», un
+antiguo plenipotenciario que actualmente vegetaba retirado en una ciudad
+de provincia. Años antes la había visto en una comida en la Embajada de
+España en París, cuando ella estaba recién casada e iba con su marido a
+ocupar la Legación española en una corte de la Europa septentrional.
+Fernando la había deseado con su ávida admiración juvenil. ¡Qué
+mujer!... Pero ella, orgullosa de su belleza y de su nuevo rango, apenas
+se fijó en el modesto secretario de una Legación americana, de paso en
+París. Sólo tenía sonrisas para los personajes importantes que la
+rodeaban, y un gesto de agradecimiento para aquel viudo rico y viejo
+que, contrariando a sus hijos, la había hecho su esposa. Procedente de
+una familia de militares pobres y gloriosos, veíase convertida de
+pronto, por el entusiasmo casi senil de su marido, en una gran señora
+diplomática, rodeada de todas las comodidades de la riqueza, sin tener
+ya que sufrir el tormento de una mediocridad con la que habían pugnado
+desde la niñez sus gustos de mujer elegante.
+
+Luego, Fernando no la vio más. ¡Pero había oído tantas cosas de ella!...
+Los hijos del marido se encargaban de propalarlas, y todas las amigas de
+María Teresa las repetían con la secreta fruición de demoler a una
+compañera que inspira envidia. ¡Quién podría conocer la verdad! Lo
+cierto fue que el viejo marido, dimitiendo de pronto su plenipotencia,
+se vino a vivir a España, unas veces en Madrid, evitando el contacto con
+sus hijos, a los que guardaba cierto rencor, otras en provincias,
+dedicándose, según decían, a grandes empresas agrícolas. Ella permaneció
+en París, y de tarde en tarde escapaba a la Península para ver a su
+marido, restableciéndose entre los dos por breves días cierto simulacro
+de reconciliación; pero en realidad--según las amigas--, estos viajes
+eran únicamente para procurarse dinero.
+
+Los ojos de María Teresa parecieron atraerle, y los dos se saludaron
+como antiguos conocidos. Ella le felicitó sonriente y maternal por sus
+versos, que indudablemente no había leído, y por su drama, que no
+conocería nunca. Casi era un grande hombre. ¡Cómo podía imaginárselo así
+cuando le había visto por primera vez en París!...
+
+--Además, me han dicho que es usted un grandísimo «golfo».
+
+Ojeda se inclinó sonriente, con exagerada cortesía.
+
+--Y usted también, según dicen, parece un poco «golfa».
+
+Dudó ella un momento con el ceño fruncido, no sabiendo si enfadarse por
+estas palabras, y al fin acabó por lanzar el gorjeo de su risa.
+
+--Venga usted y nos sentaremos en aquel rincón. Con usted es imposible
+enfadarse. ¡Qué tipo tan interesante! Vamos a burlarnos un poco de toda
+esta gente... Nosotros hemos visto otras cosas.
+
+Pasaron la tarde hablando de los países que llevaban visitados, de las
+gentes de «la carrera» que habían conocido, interrumpiendo estos
+recuerdos para reír a dúo de los que pasaban por el comedor y
+comunicarse sus maledicencias. Al hablar se miraban de frente con una
+fijeza curiosa, como extrañados de no haberse conocido antes, adivinando
+cada uno con rápida clarividencia lo que pensaba el otro; pensamientos
+que se desarrollaban fuera del curso de sus palabras. Al día siguiente
+sintieron la necesidad de verse... y al otro... y al otro. Ella se
+preocupaba de la vida de su vida; le acosaba con preguntas para
+conocerla con todos sus detalles; la hacían reír mucho sus relatos de
+aventuras en los bajos fondos de Madrid.
+
+--Quisiera ver eso; conocer sus bohemios, sus cantaoras. Lléveme con
+usted, Fernandito; sea usted bueno. Yo conozco algo de París, pero lo de
+aquí es indudablemente más interesante, más típico... Debe oler a
+puchero.
+
+Estos deseos caprichosos desaparecieron de golpe después de la caída...
+si es que hubo caída. Fueron el uno del otro casi sin saber cómo, por
+impulso natural y fácil, sin enterarse ciertamente de cuál de los dos
+apuntó el primer intento y cuándo se inició la realización. Ella no se
+tomó el trabajo de fingir la más leve resistencia, de coquetear con
+negativas sonrientes acompañadas de ojos aprobadores.
+
+--Desde que te vi, adiviné que esto iba a ser... y ha sido. Tú pensarás
+lo que quieras; tal vez me crees más fácil de lo que soy. Pero contigo,
+¡para qué fingimientos!...
+
+Como Teri se marchaba a París, él se fue también, y empezó lo que
+llamaba Fernando la mejor época de su existencia: una vida de
+concentración egoísta, una vida a dos, de ceguera y olvido para todo lo
+que estaba más allá de ellos, cortada por frecuentes viajes emprendidos
+al azar de una lectura o de un recuerdo histórico. «¡Qué hermoso
+besarnos entre las columnas del Partenón!» Y emprendían un viaje a
+Grecia. «¡Qué delicia ver el desierto, los dos juntitos, desde lo alto
+de las Pirámides!» Y salían para Egipto. Y así fueron a contemplar,
+tomados del talle y con las cabezas juntas, el sol de media noche en
+Noruega, el Kremlin cubierto de nieve, las palmeras del oasis de Biskra
+y las azules corrientes del Bósforo, sin contar otras excursiones más
+vulgares en busca del canal veneciano la colina toscana o el lago suizo
+como fondo decorativo de un amor que ansiaba abarcar todo el viejo mundo
+en su insolente felicidad. Pronto notó Ojeda una transformación en el
+carácter de Teri. Perdía por momentos su alegre inconsciencia de pájaro
+loco. Era más grave en sus palabras; mostraba una mesura conservadora en
+sus juicios sobre el amor. Ella, que al principio le incitaba a narrar
+las aventuras de su pasado, riendo gozosa cuanto más incontables eran,
+palidecía ahora con un gesto de protesta.
+
+--No quiero oírte--decía tapándose los oídos--. ¡Calla, por Dios! Me
+repugnas cuando recuerdo esas cosas... Acabaré por no quererte.
+
+En sus viajes la acometían repentinos celos cada vez que Fernando miraba
+a una viajera de buena presencia. Luego fue él quien se sorprendió,
+preguntando con sorda irritación para desentrañar los misterios del
+pasado. ¿Qué existencia había sido la de Teri antes de que ellos se
+conociesen? ¿Por qué murmuraban tanto de su vida en aquella corte
+septentrional? ¿Por qué se había separado de su marido?... Debía hablar
+sin miedo; él lo aceptaba todo por adelantado: no había sido en su
+tiempo.
+
+Pero Teri movía la cabeza negativamente, con una tenacidad reflexiva en
+el gesto y unos ojos de misterio, como mujer que sabe que en amor las
+confesiones francas no se olvidan ni se perdonan.
+
+--Todo mentiras... calumnias. Nada tengo que contarte. Olvida eso; no te
+atormentes... No hubo nada; y aunque algo hubiese... ¡yo no te conocía
+entonces, no te conocía!
+
+Y con esta exclamación cerraba y justificaba todo su pasado.
+
+Ella miraba a Fernando como algo propio que le pertenecía para siempre.
+Más de una vez había protestado en los hoteles de la facilidad con que
+daban alojamiento a ciertas aventureras, con grave peligro de la paz
+matrimonial. A fuerza de titularse «Madame Ojeda» había olvidado su
+verdadera situación, y se indignaba, con todo el fervor que inspira el
+derecho de propiedad, sólo al pensar que alguna mujer pudiera
+arrebatarle «su marido».
+
+Cuando fatigados de tantos viajes recalaban en Madrid y vivían separados
+por algún tiempo, él en casa de su hermana, ella con una tía a la que
+consideraba como una segunda madre, esta separación parecía enardecer
+sus celos. Al verse Teri por las tardes en el cerrado dormitorio, adonde
+llegaba suave y quejumbroso el sonido de «la campana de don Miguel»,
+tenía de pronto exabruptos coléricos.
+
+--Ya vives en tu Madrid, donde has hecho tantas picardías... ¡A saber si
+estarás engañándome con alguna, grandísimo ladrón!
+
+Después de estas explosiones de ira se apelotonaba contra él, humilde y
+tímida.
+
+--Es porque tengo miedo de perderte, de que otra me quite a mi hombre.
+Quisiera asegurarte para siempre, tenerte atado de una patita como un
+jilguero. Di: si nos casáramos, ¡qué tranquilidad!... Tú que sabes
+tanto, contesta: ¿llegaremos a casarnos alguna vez?...
+
+También Fernando, que durante los primeros meses sólo veía en María
+Teresa una conquista más, una mujer elegante y hermosa que halagaba su
+masculina vanidad, sufría de pronto iguales cóleras. Él, que al
+principio no deseaba saber y olvidaba voluntariamente el pasado con
+todas las vaguedades calumniosas que había oído acerca de Teri, sentíase
+poseído de pronto por una curiosidad dolorosa y malsana, un deseo de
+gozar cruelmente haciéndose daño, y aprovechaba los momentos de abandono
+para hacerla hablar, queriendo conocer sus amores antiguos.
+
+--¡Cuando te digo que no he tenido ninguno!...--protestaba ella--.
+Créeme: tú has sido el primero y serás el último.
+
+Ponía en sus ojos el asombro ingenuo y en su voz la infantil humildad de
+la mujer que necesita ser creída... Ojeda también necesitaba creer.
+¡Para qué fatigarse en esta cacería del pasado! Y con repentina
+confianza, deseaba lo mismo que su amante, un casamiento que
+consolidaría su felicidad.
+
+El egoísmo del amor estallaba en María Teresa con deseos crueles.
+
+--¡Ay, cuándo se morirá Joaquín!... ¡Para lo que sirve en el mundo!
+
+Joaquín era el marido, y ella, por informes de sus amigos o por las
+cortas entrevistas que tenía con el viejo al volver a España, calculaba
+las probabilidades de su muerte.
+
+--Está peor; casi chochea. Esto va a terminar de un momento a otro.
+
+La sensible María Teresa, que se apiadaba de los perros abandonados en
+la calle y reñía con los cocheros cuando levantaban el látigo sobre las
+bestias, hablaba fríamente de la muerte, como si únicamente tuviera
+entrañas para su amor y el resto del mundo careciese de interés. Ojeda
+la escuchaba con cierto remordimiento. ¡Desear la muerte de un pobre
+señor que no les había hecho daño alguno y al que inferían desde lejos
+diariamente un sinnúmero de misteriosas ofensas! ¡Qué cobardía!... Pero
+el egoísmo amoroso acabó por despertar en él igualmente, con una
+crueldad implacable. Aquel viejo estúpido, por el privilegio de su
+riqueza, la había poseído el primero, había paladeado las mismas dichas
+que él pero con el encanto de la novedad. Bien podía morirse... ¡Que se
+muera!
+
+Y se murió de pronto, mientras ellos estaban muy lejos; y al regresar a
+Madrid a toda prisa, aturdidos por la feliz noticia, les salió al
+encuentro algo que no habían conocido hasta entonces: el valor del
+dinero, lo difícil que es echarle la mano encima cuando se empeña en
+huir, la necesidad material y prosaica sobre la que descansan todas las
+ilusiones y deseos de la vida.
+
+Don Joaquín se había ido del mundo sin dejar a su mujer otra renta que
+una pensión del gobierno como viuda de ministro plenipotenciario: un
+poco más de lo que ella pagaba a su doncella en París. Una parte de su
+fortuna procedía de la primera esposa y pasaba a los hijos; la otra
+parte, que era considerable, aparecía donada en vida a los mismos hijos,
+que habían vuelto a su gracia en los últimos años.
+
+La primera idea de la impetuosa María Teresa fue comprar un revólver e
+ir matando por turno a los hijos y las hijas de su marido, a más de
+yernos y nueras, sin perdonar a los nietos. ¡Raza maldita! ¡Ladrones! ¿Y
+para esto había sacrificado los primeros años de su juventud a un viejo
+tonto, renunciando al amor?... Pero no; él era bueno y la quería. Muchas
+veces le había asegurado que dejaba las cosas bien arregladas para
+después de su muerte. Eran los otros, que intentaban robarla... Y
+desistiendo de la compra del revólver, se lanzó en las aventuras de un
+pleito con el fervor apasionado que despiertan en algunas mujeres los
+incidentes, embrollos y peleas de todo litigio. Ella demostraría que la
+familia de su marido había abusado de la flojedad mental de éste en los
+últimos meses, para despojarla con documentos falsos.
+
+Fernando acogió el contratiempo con frialdad. En el fondo de su ánimo le
+había repugnado siempre que el dinero del viejo entrase en su casa al
+unirse él legalmente con María Teresa.
+
+--No te apures; tal vez sea mejor así. Cuenta sólo conmigo. Yo trabajaré
+si es preciso.
+
+Pero también a él le aguardaba otra sorpresa por boca de su cuñado,
+hombre de orden que hacía algún tiempo deseaba rendirle cuentas. Varias
+hipotecas pesaban sobre sus bienes desde la época en que Fernando
+llevaba una vida alegre, y a esto había que añadir las fuertes
+cantidades que adeudaba a la familia. Los viajes con Teri habían
+devorado mucho dinero. Ojeda quedó perplejo, como si despertase ante el
+montón de papeles que le presentaba el ingeniero, y lo repelió con
+gesto de gran señor. Nada adelantaba con examinarlos; lo que decía su
+cuñado debía ser cierto. El pobre hombre se excusó con humildad. Había
+tardado en hablar, por miedo a que Fernando se disgustase; él estaba
+dispuesto a todos los sacrificios; pero tenía dos hijos, Lola andaba en
+trámites para darle el tercero, y temía sus protestas de mujer ordenada
+y económica que no quiere dejarse arruinar por un hermano. El ingeniero
+tenía un proyecto... ¿Por qué no se casaba con una mujer rica? ¡Con su
+figura y su nombre! ¡Un Ojeda!... Él sabía mejor que nadie lo que
+representaba este apellido.
+
+--No; prefiero trabajar. Yo saldré adelante.
+
+Y vendiendo bienes para reunir fondos, Fernando se lanzó en los negocios
+con una ceguera que no admitía consejos. Además, jugó fuerte en el club
+hasta la madrugada, en busca de fugitivas ganancias. ¡Ay, su amor!, ¡su
+pobre amor humillado y envilecido por las preocupaciones del dinero!...
+¡Adiós las inconsciencias del pájaro errante, el desprecio por las
+previsiones del mañana!... Sus besos tenían muchas veces el crispamiento
+de caricias desesperadas; quedábanse de pronto absortos los dos y tenían
+miedo de preguntarse en qué pensaban. Algunas tardes, en el desorden del
+lecho, el tañido de «la campana de don Miguel» sorprendía a Ojeda
+hablando seriamente de un gran negocio, de una combinación con amigos
+del club, indiferente y frío ante la carne adorada que no podía
+contemplar en otros tiempos sin cubrirla de fogosas caricias.
+
+Ella, por su parte, hablaba del pleito, la gran empresa de su vida, con
+todas las vehemencias del interés material y del odio. Pasaban por su
+boca adorable palabras curialescas, términos del procedimiento,
+aprendidos con pronta asimilación en sus conferencias con los abogados.
+El triunfo era seguro, pero habría que esperar un poco. Y mientras
+tanto, su exterior señoril iba sufriendo una transformación, que no se
+escapaba a los ojos de Fernando. Transcurrían meses y meses sin que algo
+fresco viniera a adornar su belleza, ávida en otra época de costosas
+novedades. Al sucederse las estaciones reaparecían los mismos vestidos
+del año anterior, hábilmente retocados. Su guardarropa de París podía
+sacarla de apuros por mucho tiempo. Hablaba con entusiasmo de pobres
+costurerillas de Madrid que, bajo sus indicaciones, hacían prodigios en
+el arreglo de ropas y sombreros. Las joyas vistosas, primeros regalos
+con que el marido había domado sus esquiveces de jovenzuela, sólo se
+mostraban de tarde en tarde, después de misteriosos cautiverios en poder
+de prestamistas. Algunas habían desaparecido para siempre.
+
+María Teresa hacía elogios de la generosidad de su tía. Ella se ocupaba
+de su mantenimiento y sus diversiones, orgullosa de ostentarla a su lado
+en teatros y fiestas. Era capaz de darle toda su fortuna: pero tenía
+hijas, y éstas batallaban a todas horas contra la influencia de su
+prima.
+
+A veces, con una timidez ruborosa y huyendo la vista, preguntaba a Ojeda
+por el estado de sus negocios. «¡Si tuvieras un dinero que necesito!»...
+
+Y cuando él, con apresuramiento, satisfacía su demanda, María Teresa
+parecía arrepentirse.
+
+--¡Qué vergüenza! ¡Yo pidiéndote dinero!... Es para algo importante; ya
+sabes... el pleito. Pero en fin, como hemos de casarnos, todo lo nuestro
+debe ser común. Cuando yo salga con la mía, ya no tendrás que trabajar,
+¡pobrecito mío!, ya no penarás con tus negocios.
+
+Los tales negocios no podían marchar peor. En menos de un año había
+sufrido Fernando dos pérdidas considerables en empresas ilusorias a las
+que le arrastraron ciertos amigos del club tan inexpertos como él. El
+juego contribuía igualmente a disminuir su fortuna. De tarde en tarde
+una ganancia le inspiraba gran fe en el porvenir, y traía como
+consecuencia regalos y generosidades para Teri. Después de estos breves
+períodos de optimismo, reaparecía la silenciosa cólera al ver
+desmoronarse lentamente sus esperanzas.
+
+En esta situación, cuando no sabía qué hacer y se sentía dominado por un
+desaliento mortal, pasó por Madrid un español rico, residente en Buenos
+Aires, tío de su cuñado. Aquel hombre, que había huido de su tierra
+acosado por la pobreza treinta años antes, hablaba de millones con
+asombrosa familiaridad y se burlaba de la mediocridad de los negocios
+peninsulares. Las conversaciones con este señor, que comía muchas veces
+en casa de su sobrino, escuchado y admirado por toda la familia cual un
+héroe triunfante, fueron para Ojeda como otros tantos latigazos
+aplicados a su voluntad dormida. La ascensión realizada por este antiguo
+rústico y otros muchos de su clase, ¿por qué no intentarla él?... Y con
+esfuerzo corajudo, temblando como si confesase una infidelidad amorosa,
+expuso sus propósitos a María Teresa. Quería partir; necesitaba ser rico
+para ella, sólo para ella. Aquel pariente de su cuñado prometía
+ayudarle, y él, con los restos de su fortuna, podía intentar en América
+algo fructuoso y de rápido éxito.
+
+Fernando insistía especialmente en la rapidez de su viaje. Asunto de un
+año, o dos cuando más; y aún así, podría ir y volver algunas veces.
+Ella debía hacerse la ilusión de que amaba a un militar que salía para
+la guerra, pero una guerra sin peligro de muerte.
+
+Teri le escuchaba pálida, con los ojos lacrimosos, pero acabó por
+aprobar su resolución. Sí, debía partir; era mejor que trabajase en un
+ambiente más propicio y favorable que el del viejo mundo.
+
+Para amortiguar su pena intentaron embellecer el próximo viaje con
+reminiscencias románticas y optimismos tradicionales. Él iba a ser como
+los paladines de los viejos romances, que salían a correr luengas
+tierras para hacer presentes a su dama. Volvería trayendo millones, y
+otra vez conocerían la existencia opulenta, con viajes de lujo por todo
+el mundo, grandes hoteles, automóvil a perpetuidad, y podrían sacar del
+cautiverio de la usura los collares de perlas y las joyas luminosas. Un
+sacrificio de dos años: ni uno más. Todos saben que en América basta
+este tiempo para que un hombre inteligente conquiste riquezas. ¡Las
+consiguen allá tantos imbéciles!... Recordaban algunas comedias en las
+que el protagonista enamorado sale al final del primer acto camino del
+Nuevo Mundo para hacer fortuna, y al empezar el segundo ya es millonario
+y está de vuelta. Se notan en él algunas transformaciones que no le van
+mal: unas cuantas canas prematuras, la faz tostada, las facciones más
+enérgicas y angulosas; pero sólo han transcurrido quince minutos desde
+que bajó el telón hasta que vuelve a subir. En la realidad, no serían
+quince minutos, serían quince meses: tal vez dos años; pero bien podía
+hacerse el sacrificio de este tiempo a cambio de afirmar la felicidad.
+
+Así habían pasado las últimas semanas, hablando del viaje, discutiendo
+sus preparativos, forjándose ilusiones sobre los resultados, pero
+viéndolo siempre en lontananza; hasta que, de pronto, les avisaba el
+zarpazo de lo inmediato, de lo inevitable. Y Ojeda, al despertar de esta
+vertiginosa evocación de recuerdos que sólo había durado algunos
+segundos y abarcaba todo un período de su existencia, se vio caminando
+por el Salón del Prado, en una noche fría, al lado de una mujer que
+marchaba con desmayo, como si al término del paseo la esperase la
+muerte, evitando las palabras de él, evitando su mirada.
+
+--Hasta aquí nada más--dijo Teri al llegar cerca de la fuente de
+Cibeles--.No, no me beses: me haría mucho daño; no tendría fuerzas para
+irme... La mano tampoco... No; ¡adiós!, ¡adiós!
+
+Lo apartó de ella como si fuese un extraño; volvía la cabeza por no
+verle. De pronto, llamando a un coche para que la aguardase, huyó.
+
+Fernando quedó inmóvil largo rato viendo cómo se alejaba con lento
+traqueteo el vehículo de alquiler hacia la Puerta de Alcalá. Dentro de
+la caja vetusta y crujiente se alejaban sus esperanzas, la razón de ser
+de su vida. ¡Y así eran en realidad las grandes separaciones, los hondos
+dolores: sin palabras sonoras, sin frases elocuentes; completamente
+distintas de como se ven en los teatros y en los libros!...
+
+Las horas anteriores a la partida, transcurridas en el hotelito de su
+cuñado, allá en lo alto de la Castellana, se le aparecían ahora como un
+tormento de la intimidad familiar. En su habitación el equipaje en
+desorden y su viejo sirviente ocupado con los últimos preparativos; en
+el comedor los hijos de Lola, que no querían acostarse sin despedirse de
+él. «Tío, tráenos un loro... Tío, una mona... Cuando vuelvas, acuérdate,
+tío, de traer un negrito...» Y su hermana, que había tomado un aire
+protector con la emoción de la partida, le sermoneaba maternalmente. A
+ver si hacía allá una vida más seria y remediaba sus locuras. El marido
+aprobaba la cordura conyugal con afirmaciones optimistas. Tenía la
+certeza de que Fernando iba a triunfar: su tío le aguardaba allá, y era
+hombre que podía ayudarle mucho. Y llevado de su exactitud en los
+negocios, aburríale una vez más con el relato de las gestiones que
+estaba haciendo para liquidar en efectivo los restos de su fortuna, y
+los plazos y forma en que iría remitiéndole las cantidades.
+
+A las once de la noche se vio Ojeda dentro de un automóvil camino de la
+estación del Norte, pasando por calles solitarias y dormidas, en las que
+empezaban a estacionarse los serenos. No había querido que le
+acompañasen su hermana y su cuñado, evitándose así las últimas
+expansiones familiares. Cerca de la estación vio, al doblar una esquina,
+el Teatro Real. ¡Adiós, recuerdos! ¡Adiós, María Teresa! Ella estaría
+allí en un palco, rodeada de luz, con su tía y sus amigas, tal vez bajo
+las hambrientas miradas de codicia varonil fijas en las tersas blancuras
+de su escote. ¡Y él, lejos!, ¡cada vez más lejos!...
+
+Al bajar del automóvil encontró desiertos los alrededores de la
+estación. Era un tren el suyo de escasos viajeros: un simple
+coche-dormitorio que por la línea de cintura iba a unirse con el expreso
+de Portugal en la estación de las Delicias. Cerca de la entrada vio
+algunos mozos que venían hacia él para apoderarse de sus maletas, y un
+coche de alquiler inmóvil, con el cochero soñoliento y el caballo
+husmeando el suelo. Algo blanco, encuadrado por una ventanilla, se
+agitaba en su obscuro interior. La luz de un farol de gas arrancó de
+este bulto un reflejo irisado, un fulgor de piedras preciosas. Ojeda,
+sin darse cuenta de su avance, se vio junto a la portezuela del
+carruaje... Era ella, envuelta en una capa de seda y pieles, con las
+plumas de su peinado dobladas por la exigua altura del techo; ella,
+empolvada, pintada para disimular su palidez, con gruesos brillantes en
+los lóbulos de sus orejas y una fijeza trágica en los ojos
+desmesuradamente abiertos.
+
+--Quería verte sin que tú me vieras--murmuró con voz quejumbrosa--.Verte
+una vez más. Me he escapado del Real... No podía vivir pensando que aún
+estabas aquí. Y ahora, ¡adiós!... No; besos, no. ¡Adiós!
+
+El cochero, obedeciendo sin duda a una orden anterior, dio un latigazo
+al caballo, y Fernando tuvo que apartarse. Una rueda pasó junto a sus
+pies. Al borrarse instantáneamente la visión blanca, columbró la
+agitación de un pañuelo y creyó oír un gemido.
+
+Los andenes de la estación estaban desiertos, lóbregos. Sólo brillaban
+las estrellas rojas de unos cuantos faroles, astros perdidos en las
+tinieblas, bajo el enorme caparazón de hierro de la techumbre. En la vía
+central una locomotora y un vagón, que, aislados, parecían un juguete.
+
+Fernando vio que sólo iba a tener por compañeros de viaje a los
+individuos de una familia. ¡Pero qué familia!... Llenaba casi todos los
+compartimientos del vagón, y en torno de ella y de una montaña de
+equipajes agitábanse más de doce servidores: porteros de hotel,
+camareros movilizados, mozos de carga, automovilistas.
+
+Sintióse contento de esta vecindad: empezaba a estar entre los suyos.
+Aquella familia necesariamente debía ser argentina; una de esas familias
+que ocupa todo el piso de un gran hotel, llena un vagón entero, alquila
+el costado de un buque, y estrechamente unida se desplaza de un
+hemisferio a otro sin abandonar otra cosa que los muebles. El jefe de la
+tribu daba órdenes y propinas; la señora, alta, carnuda, majestuosa, con
+el talle algo deformado por la maternidad, leía la guía de ferrocarriles
+a través de sus lentes de oro. Cerca de ella tres jóvenes elegantes, las
+hijas, y dos igualmente adornadas, pero de mayor edad: las cuñadas del
+señor. Un poco más lejos la suegra, venerable matrona vestida de negro,
+de aire aseñorado y resuelto, que cuidaba de las niñas más pequeñas.
+Luego los hijos varones, que eran muchos, y a Ojeda le producían el
+efecto visual de una tubería de órgano cuando por casualidad se
+colocaban en fila, de mayor a menor. El más grande con la cara afeitada,
+fumando, y un aire resuelto de hombre que lo sabe todo y nada le queda
+por ver. Pensó Fernando al examinarle que tal vez llevaba en sus maletas
+algunas fotografías de bellezas profesionales de París con dedicatorias
+de pasión: «_À mon cher coco de Buenos Aires_». Los hermanos pequeños
+exhibían regocijados varias panderetas adquiridas recientemente, con
+suertes de toreo pintadas en el parche, y algunas banderillas
+ensangrentadas procedentes de la corrida de la tarde.
+
+Después venía el personal auxiliar de la familia: un ayuda de cámara
+andaluz, que lanzaba un _che_ a cada dos palabras para que no le
+confundiesen con los de la tierra; una institutriz británica, roja y
+malhumorada; una doncella gallega, con vestido negro y cuello y puños
+masculinos; otra de pelo cerdoso, achocolatada de tez, los ojos
+achinados, oblicuos. Y la familia entera con un aspecto de audacia
+tranquila, de inmutable atrevimiento; robustos, duros y grandes por la
+alimentación carnívora desde el momento del destete; mirándolo todo con
+descaro, llamándose a gritos, introduciéndose por las puertas en
+irrupción arrolladora, como si todo fuese suyo.
+
+Se consideró Ojeda empequeñecido por el número y el esplendor de sus
+compañeros de viaje. ¡El dinero que costaría mover esta tribu,
+acostumbrada a vivir siempre en un cuadro de abundancia y comodidades!
+¡Lo que tendría detrás de él aquel caballero puesto de chaqué y sombrero
+de media copa, jefe de la caravana, al que los sirvientes llamaban
+«doctor»!... ¡A lo que se presta el trigo! ¡Lo que puede dar el vientre
+de las vacas!...
+
+Pero una confianza repentina se apoderó de él pensando en los
+ascendientes de esta gente lujosa, toda ella uniformada con arreglo a
+las últimas novedades de París. Los abuelos, o quién sabe si los padres,
+habían salido, como él, camino de las tierras nuevas, en busca de
+fortuna. Como él no, indudablemente peor: en un buque de vela, llevando
+bajo el brazo los zapatos para prolongar su uso, aceptando los ranchos
+de a bordo como un regalo desconocido... Tal vez llegaba él un poco
+tarde, pero raro sería que no le hubiesen dejado alguna migaja. Y
+mirando a la banda feliz, cual si una simpatía de oculto parentesco le
+uniese de pronto a todos ellos, murmuró alegremente, con la primera
+alegría que había experimentado en mucho tiempo: «Allá vamos todos,
+queridos amigos».
+
+El recuerdo de la noche pasada en el tren, noche de insomnio en compañía
+de la imagen de Teri envuelta en su capa blanca, con las plumas
+ondulantes sobre el peinado y dos astros en las orejas, le hizo recordar
+que tenía ante él una carta sin concluir; y otra vez concentrando su
+mirada, se vio en el jardín de invierno del trasatlántico.
+
+Estaba solo. No quedaba en el salón ninguna de las extranjeras
+rubicundas que hacían labores y hojeaban revistas. Los músicos habían
+desaparecido. El silencio nocturno sólo era cortado por leves crujidos
+de la madera y el balanceo de los objetos.
+
+Ojeda se decidió a escribir.
+
+ Ten fe en nuestro destino. No desesperes: tal vez nuestro amor
+ necesitaba de esta prueba para fortalecerse. Lo importante es que
+ me ames, pues si tú me amas, no hay potencia adversa en el mundo
+ que pueda separarnos... ¿Te acuerdas de aquella tarde en el Real,
+ cuando escuchamos juntos el primer acto de _El ocaso de los
+ dioses_? Nuestras cabezas, casi unidas, parecían beber la música
+ del mago, y con la música las palabras: palabras de poeta, de uno
+ de los más grandes poetas de amor que han existido, grandiosas y
+ fuertes, dignas de héroes. La walkyria, convertida en mujer,
+ estremecida aún por la sorpresa de la iniciación carnal, se despide
+ de Sigfrido, el héroe virgen que acaba igualmente de conocer el
+ amor. El afán de aventuras, de nuevas empresas, le impulsa a correr
+ el mundo. El hombre no debe permanecer en estéril contemplación a
+ los pies de su amada eternamente. Debe hacer grandes cosas por
+ ella; debe aprovechar la fe y la energía que vierte el amor en el
+ vaso de su alma. Al separarse conocen, lo mismo que nosotros, las
+ primeras amarguras del alejamiento, pero son inconmovibles como
+ semidioses.
+
+»--¡Oh si Brunilda fuese tu alma para acompañarte en tus
+ correrías!--dice ella, ansiosa de seguirle.
+
+»--Es siempre por ella que se inflama mi coraje--contesta el héroe.
+
+»--Entonces, ¿serás tú Sigfrido y Brunilda juntos?
+
+»--Allá dónde yo me halle, los dos estarán presentes.
+
+»--¿La roca donde yo te aguardo quedará entonces desierta?
+
+»--¡No! Porque no haciendo más que uno, allí dónde estés tú
+ estaremos los dos.
+
+»--¡Oh dioses augustos, seres sublimes, venid a saciar vuestras
+ miradas en nosotros!... Alejados el uno del otro, ¿quién nos
+ separará?... Separados el uno del otro, ¿quién podrá alejarnos?...
+
+»--¡Salud a ti, Brunilda, resplandeciente estrella! ¡Salud,
+ valiente amor!
+
+»--¡Salud a ti, Sigfrido, lumbrera victoriosa! ¡Salud, vida
+ triunfante!
+
+»Ellos no lloran, Teri, y se muestran grandes y serenos en su
+ despedida, no porque son hijos de dioses, sino porque tienen una
+ confianza de niños, una fe ingenua y sana en la eternidad de su
+ amor. Seamos como ellos; enjuguemos nuestra lágrimas y miremos de
+ frente las sombras del porvenir sin miedo alguno, con la certeza
+ de que hemos de ser más poderosos que el destino. Digamos
+ igualmente: «Alejados el uno del otro, ¿quién nos separará?...
+ Separados el uno del otro, ¿quién podrá alejarnos?». Allí dónde yo
+ me halle, estaremos los dos; porque los dos no somos más que uno, y
+ dónde tú te encuentres, mi alma irá contigo. ¡Salud, oh Teri,
+ resplandeciente estrella! ¡Salud, radiante amor!...
+
+Cuando hubo cerrado la carta, salió del jardín de invierno con paso algo
+inseguro por lo movedizo del suelo. Abrió una puerta de gran espesor,
+semejante a un portón de muralla, y tuvo que llevarse una mano a la
+gorra al mismo tiempo que le envolvía una tromba glacial. Se vio en uno
+de los paseos del buque. A un lado, paredes blancas y charoladas
+reflejando la luz de los faros eléctricos del techo, y sillones
+abandonados en larga fila; al lado opuesto, una barandilla forrada de
+lona, ostentando entre columna y columna, como adorno decorativo, unos
+rollos salvavidas de color rojo con el nombre del buque pintado en
+blanco: _Goethe_. Más allá de la baranda, el misterio: una intensa
+negrura que devoraba el resplandor eléctrico, no dejándole avanzar más
+que algunas pulgadas en sus entrañas sombrías; espumarajos
+fosforescentes, rumor sordo de fuerzas invisibles que avisaban su
+presencia con choques y rebullimientos.
+
+Ojeda vio venir hacia él con paso vacilante a un hombre vestido de
+_smoking_ que le saludó desde lejos.
+
+--¡Cómo se mueve el amigo _Goethe_! Ni que acabase de beber en la
+taberna de Auerbach con los alegres compadres de su poema.
+
+Era Maltrana, que se había preparado para la comida, satisfecho de esta
+ordenanza suntuaria del buque, de gran novedad para él. Confesaba a
+Fernando que tenía hambre y se había vestido con anticipación, creyendo
+adelantar de este modo la llamada al comedor. El aire del mar--según
+él--convertía su estómago en una jaula de fieras.
+
+--Esta noche va a bailar un poco el vapor, pero al amanecer fondearemos
+en Tenerife. Fíjese en mí, noble amigo: creo que para un hombre que se
+embarca por vez primera, no lo hago del todo mal.
+
+De espaldas al mar, abarcaba en una mirada de satisfacción la nítida
+brillantez del buque, la limpieza del suelo, la prodigalidad del
+alumbrado, los fragmentos de salón que se veían a través de las
+ventanas.
+
+--Qué vida, ¿eh, amigo Ojeda?... La comida a sus horas, a toque de
+trompeta; la mesa puesta cuatro veces al día; un ejército de camareros
+y doncellas, la mayor parte de los cuales me entienden con dificultad,
+lo que es una ventaja para prolongar la conversación y conocerse mejor.
+Cada uno revestido con sus mejores ropas, como si el _smoking_ fuese la
+casulla del culto del estómago; cerveza fresca como el hielo, música
+gratis a cada instante, y una adorable sociedad: una sociedad condenada
+a vivir junta, así se enfade o esté alegre, a mostrarse cada uno con su
+verdadera fisonomía, pues no hay comediante que sostenga sus
+fingimientos en una representación tan larga y continua... Y nadie puede
+huir; y nadie está obligado a pensar ni a hacer nada; y todos nos
+ofrecemos en espectáculo tales como somos. Comer bien y... lo otro, si
+es que se presenta una buena ocasión; he aquí el programa... ¡Lástima
+que nuestra vida no haya sido así siempre!... ¡lástima que no lo sea
+cuando lleguemos a la otra acera de esta calle azul!
+
+
+
+
+II
+
+
+Una marcha militar despertó a Ojeda sonando sobre su cabeza con gran
+estrépito de marciales cobres. Por la ventana del camarote entraba un
+rayo de sol, trazando sobre la pared temblonas y cristalinas
+ondulaciones, reflejo de las aguas invisibles. El buque avanzaba
+lentamente, y al fin quedó inmóvil, mientras arriba continuaba rugiendo
+la música su marcha triunfal, que parecía evocar un desfile de águilas
+bicéfalas con las alas extendidas sobre masas de cascos puntiagudos.
+
+Tenerife. Miró Fernando por entre las cortinillas, y sólo vio un mar
+azul y tranquilo: las aguas unidas y luminosas de una bahía en calma. La
+tierra estaba al otro costado del buque. Y como conocía la isla, por
+haber bajado a ella en anteriores navegaciones, volvió a acostarse para
+gozar despierto del regodeo de la pereza, mientras en los camarotes
+inmediatos chocaban puertas, se cruzaban llamamientos en distintos
+idiomas, y sonaba en los corredores un trote de gentes apresuradas,
+atraídas por el encanto de la tierra nueva.
+
+Una hora después subió Ojeda a las cubiertas superiores. El buque, al
+inmovilizarse, parecía otro. Había perdido el aspecto de mansión cerrada
+y bien calafateada que tenía en los días anteriores. Puertas y ventanas
+estaban abiertas, dejando entrar a chorros, junto con el sol, un aire
+cargado de efluvios de vegetación caliente. Los pájaros cantaban en sus
+jaulas con repentina confianza al sentirlas inmóviles. Las plantas del
+invernáculo parecían expandirse moviendo acompasadamente sus manos
+verdes, como si saludasen a las hermanas de la orilla próxima. Flores
+frescas, que aún mantenían en sus pétalos el rocío de los campos,
+agrupábanse sobre las mesas del comedor. Los pasajeros asentaban sus
+pies con extrañeza y satisfacción en el suelo inmóvil y firme como el de
+una isla, después de la inestabilidad ruidosa de la noche anterior.
+
+Al salir Fernando a la cubierta de paseo, sintió enredarse sus piernas
+en un montón de telas vistosas extendidas junto a la puerta, al mismo
+tiempo que zumbaba en sus oídos el griterío de una muchedumbre. Le
+pareció estar en una feria de las que se celebran semanalmente al aire
+libre en los pueblos de España. Había que abrirse paso con los codos
+entre los grupos compactos. Bancos y sillas estaban convertidos en
+mostradores.
+
+Invadía el suelo un oleaje multicolor de cálidas tintas, remontándose
+hasta lo alto de las barandillas y los huecos de las ventanas. Eran
+mantelerías con calados sutiles semejantes a telas de araña; pañuelos de
+seda de tonos feroces que daban a los ojos una sensación de calor;
+kimonos con aves y ramajes de oro; leves pijamas que parecían
+confeccionados con papel de fumar; almohadones multicolores como
+mosaicos; velos blancos o negros recamados de plata que traían a la
+memoria las viudas trágicas de la India subiendo al son de una marcha
+fúnebre a la hoguera conyugal. Los productos de aguja de las isleñas
+canarias mezclábanse con la pacotilla chillona venida de Asia.
+Vendedores andaluces o indostánicos gesticulaban entre los grupos de
+pasajeros, alabando sus mercaderías con sonora hipérbole española o con
+un balbuceo mezcla de todas las lenguas.
+
+Ojeda se vio asaltado por unos hombres cobrizos y pequeños, de cara
+ancha y corta, mostachos de brocha, ojos ardientes con manchas de tabaco
+en las córneas. Tenían el aspecto de perros de presa chatos y bigotudos;
+pero buenos perros, humildes, que agarrados a él ladraban con suavidad:
+«Señor, compra la mía colcha bonita para la tuya madama». «Señor, una
+echarpa: todo barato.»
+
+Los vendedores de la tierra pasaban ofreciendo cajas de cigarros
+empapelados de plata, con las marcas más famosas de Cuba, a pesar de que
+procedían de las fábricas de Tenerife. A cada momento abordaban nuevas
+barcas al trasatlántico cargadas de fardos. Sus conductores subían la
+escala con agilidad simiesca, y tendiendo una cuerda izaban las
+mercancías, estableciendo a continuación un nuevo puesto. Las frutas de
+la isla esparcían en el paseo su perfume tropical: la banana impregnaba
+el ambiente con la esencia de su pulpa de miel. Algunos vendedores iban
+de un lado a otro ofreciendo hamacas de hilo o grandes sillones de junco
+trenzado, enormes y majestuosos como tronos. No se podía caminar por el
+buque sin recibir empellones de la gente, golpes de sillas cambiadas de
+lugar, o enredarse los pies en los montones de telas. Fernando se
+refugió en el final del paseo que daba sobre la proa, acodándose en la
+barandilla, junto al bombo y los instrumentos de cobre abandonados por
+los músicos.
+
+Alzaba la isla en el fondo su escalonamiento de montañas volcánicas, con
+cuadriláteros de tierra cultivada moteados de blancas casitas. En la
+parte inferior, junto a la masa azul del mar, extendían las
+fortificaciones españolas sus viejos baluartes, rematados los ángulos
+por garitas salientes de piedra. La ciudad era de color rosa, v sobre
+ella se erguían los campanarios de varias iglesias con cúpulas de
+azulejos. Cuatro torres radiográficas marcaban en el espacio las líneas
+de su cuerpo casi inmaterial, dejando ver el cielo a través del férreo
+tramaje.
+
+Más arriba de la ciudad, en una arruga de la montaña, ondeaba la bandera
+de un castillo moderno: un hotel elegante al que venían a respirar los
+tísicos septentrionales. Entre el muelle y el trasatlántico, un
+anchuroso espacio de bahía con gabarras chatas para el transporte del
+carbón abandonadas sobre su amarre y cabeceando en la soledad; vapores
+de diversas banderas, en torno de cuyos flancos agitábase el movimiento
+de la carga con chirridos de grúas y hormigueo de embarcaciones menores;
+veleros de carena verde, que parecían muertos, sin un hombre en la
+cubierta, tendiendo en el espacio los brazos esqueléticos de sus
+arboladuras; rugidos de sirenas anunciaban una partida próxima y otros
+rugidos avisaban desde el fondo del horizonte la inmediata llegada;
+banderas belgas que en lo alto de un mástil iban a las desembocaduras
+del Congo; proas inglesas que venían del Cabo o torcían el rumbo hacia
+las Antillas y el golfo de Méjico; buques de todas las nacionalidades
+que marchaban en línea recta hacia el Sur, en busca de las costas del
+Brasil y las repúblicas del Plata; cascos de cinco palos descansando en
+espera de órdenes, de vuelta de la China, el Indostán o Australia;
+vapores de pabellón tricolor en ruta hacia los puertos africanos de la
+Francia colonial; goletas españolas dedicadas al cabotaje del
+archipiélago canario y las escalas de Marruecos.
+
+La isla, risueña e indolente en mitad de la encrucijada de los grandes
+caminos que llevan a África y América, parecían contemplar impasible
+este movimiento de la navegación mundial, mientras proporcionaba por
+unas horas el alimento negro del carbón a los organismos humeantes, que
+llegaban y partían sin conocerla; festoneada en su costa por una áspera
+flota de chumberas y pitas; guardando tras las volcánicas montañas de su
+litoral el secreto de sus ocultos valles tropicales; escalando el cielo
+con una sucesión de cumbres sobre las cuales flotaban las blancas
+vedijas de las nubes, y ostentando sobre esta masa de vellones el pico
+del Teide, un casquete cónico estriado de nieves, que era como la borla
+o botón de este inmenso solideo de tierra emergido del Océano.
+
+Alrededor del _Goethe_ habíase establecido un pueblo flotante y movible
+que se deslizaba por sus flancos con acompañamiento de choques de proas,
+enredos de palas y continuos llamamientos a las filas de cabezas
+curiosas que orlaban los diversos pisos del trasatlántico. Eran lanchas
+de remo, barcas de vela, pequeños vaporcitos, robustas gabarras con
+montones de carbón.
+
+Filas de hombres blancos que parecían disfrazados de negros penetraban
+en el buque por las portas abiertas en sus dos costados llevando al
+hombro grandes cestos que esparcían polvo de hulla. En las embarcaciones
+menores había mercaderes que, puestos de pie y agitados como
+polichinelas por las ondulaciones de la bahía, regateaban sus telas
+exóticas con la muchedumbre de tercera clase amontonada en las bordas a
+proa y a popa. De otras barcas cargadas con pirámides de frutas partían
+al vuelo en ruda trayectoria naranjas y racimos de bananas hacia las
+manos ávidas de los emigrantes, que retornaban monedas envueltas en
+papeles. La nacionalidad del buque influía en las transacciones
+comerciales, y los mercaderes de acento andaluz lo vendían todo por
+_marcos_ y por _pfenings_.
+
+Canoas poco más grandes que artesas iban tripuladas por muchachos
+desnudos, de color de chocolate, relucientes con el agua que se escurría
+de sus miembros. Mientras uno bogaba moviendo unos remos cortos como
+palas, otro, acurrucado en la popa por el frío de las continuas
+inmersiones, rugía a todo pulmón: «¡Caballero, eche dos marcos, y los
+alcanzo!». «¡Caballero, cinco marcos, y paso por debajo del buque!»
+«¡Caballero... caballero!» Era un griterío que emergía incesantemente a
+ras del agua; una continua apelación al «caballero» para que pusiese a
+prueba la agilidad natatoria de la pillería del puerto. Y cuando la
+pieza blanca caía en el abismo, el nadador iba a su alcance con la
+cabeza baja y las manos juntas en forma de proa, dejando la piragua
+balanceante detrás de sus pies con el impulso del salto. El cuerpo
+bronceado tomaba una claridad de marfil en el cristal verde de las aguas
+removidas. Se le veía agitar los miembros junto al casco de la nave,
+como unas tijeras blancas que se abrían y cerraban acompasadamente;
+hasta que, volviendo a la superficie con la moneda en la boca y
+echándose atrás el mechón húmedo que caía sobre su frente, ganaba la
+canoa con una agilidad de mono y volvía a temblar de frío, implorando a
+todo pulmón la generosidad del «caballero».
+
+Ojeda, ocupado en seguir las evoluciones de los pequeños buzos, sintió
+de pronto que le tocaban en un hombro y alguien venía a acodarse en la
+baranda junto a él.
+
+--Pero ¿usted no ha querido bajar a tierra?...
+
+Maltrana levantó los hombros. ¿Para qué?... Habían salido a primera hora
+algunos vaporcitos llenos de pasajeros: familias mareadas aún por el
+balanceo de la noche y ávidas de asentar el pie en suelo firme; damas
+rubias que soñaban con excursiones al interior, olvidando que el buque
+sólo iba a detenerse el tiempo necesario hacer carbón: unas cuatro
+horas. Hasta un señor alemán que todos llamaban «doktor», sin saber
+ciertamente el porqué del título le había preguntado, al enterarse de
+que Tenerife era isla española, si tendría tiempo para presenciar una
+corrida de toros. Y Maltrana reía pensando en la posibilidad de una
+corrida imaginaria a las siete de la mañana, organizada a toda prisa
+para dar gusto al «doktor». Nadie le había invitado a bajar a tierra, y
+él deseaba evitarse gastos. El amigo Fernando estaba enterado del poco
+dinero con que emprendía su viaje. En fuerza de importunar a los amigos
+que tenía en los periódicos de Madrid, había podido conseguir un billete
+de favor, un pasaje de primera clase pagando lo que pagaban los de
+tercera.
+
+--En justicia yo debía ir abajo comiendo rancho con ese rebaño de judíos
+y cristianos, rusos, alemanes, turcos, españoles y... ¡demonios
+coronados!, pues aquí vienen gentes de todos los países. Pero soy lo que
+llaman un pobre de levita, y alguna vez había de servir para algo bueno
+la santa desigualdad social, base, según dicen, del orden y las buenas
+costumbres.
+
+De contar con más tiempo para la visita del interior de la isla, no se
+habría quedado en el buque. ¿Pero para ver la ciudad y sus vecinos?...
+Bastantes españoles llevaba conocidos en España y sobradas veces había
+tenido que escribir de asuntos de las Canarias sin haberlas visto nunca.
+Ahora sólo le interesaban los países nuevos.
+
+Y Maltrana añadió, mirando la isla:
+
+--Esto es la portería de Europa. Le hallo cierta semejanza con los
+perros caseros que surgen al paso de los que salen y los que entran.
+Cuando creemos estar en el Océano sin límites, aparece la isla ante el
+buque y lo detiene para husmearlo. Al que se va, le dice: «Anda con
+Dios, hijo, y no vuelvas por aquí si no traes dinero. Antes que te parta
+un rayo». Y al americano que viene, lo saluda con amabilidad de portera:
+«Bien venido sea usted a la casa de su abuelita si trae plata que
+gastar...». No me interesa esta tierra, que es como el rabo de un mundo
+que dejamos atrás. Deseo verme cuanto antes en el otro hemisferio, a ver
+cómo pinta por allá la suerte. Soy lo mismo que esos enfermos que van de
+balneario en balneario, siempre con la esperanza de que en el próximo
+les espera la salud.
+
+Todos en el buque deseaban llegar al término del viaje, Maltrana veía un
+signo de impaciencia en la rapidez con que los pasajeros cambiaban de
+vestido, creyendo haber avanzado considerablemente, cuando aún estaban
+cerca de Europa. Todavía era invierno; pero muchos, ilusionados por la
+marcha hacia el Sur, habían creído oportuno, al tocar en Tenerife, subir
+a cubierta con trajes de verano, gorras blancas o sombreros de paja. Las
+señoras, que en los días anteriores iban por el buque con gruesos
+paletós hombrunos y envueltas en velos como odaliscas, mostraban ahora
+la rosada pulpa de su carne a través de los encajes de las blusas.
+
+--Empieza para nosotros el verano--dijo Maltrana--, y con el verano las
+ilusiones. Los que venimos por vez primera camino de América, sentimos
+el mismo prejuicio de los sabios del tiempo de Colón, que afirmaban que
+sólo podía encontrarse oro allí donde hubiese negros e hiciera mucho
+calor... Al sentir que el sol nos quema con más fuerza que en Europa,
+creemos estar menos alejados de la fortuna.
+
+Permanecieron los dos amigos largo rato en silencio. Llegaban hasta
+ellos las ondulaciones del gentío al abrir círculo en torno de los
+vendedores que exhibían nuevas mercaderías. Ojeda se sintió molestado
+por esta confusión de gritos y empellones. «¿Si nos fuésemos arriba?...»
+Y por una de las escaleras que arrancaban de la cubierta de paseo,
+subieron al último piso del buque, llamado en el lenguaje de a bordo
+«cubierta de botes».
+
+Nadie. Los ojos, habituados a la suavidad de los tabiques blancos del
+piso inferior, a su penumbra ligeramente azul, que le daba el aspecto de
+un paseo conventual, parpadeaban por exceso de luz en esta cubierta de
+arriba, donde vastos espacios quedaban a cielo libre, caldeándose las
+tablas bajo el fulgor solar. Algunos toldos extendían sombras
+rectangulares y negruzcas sobre el suelo amarillento.
+
+Por primera vez subía Ojeda a esta cubierta. El frío los había retenido
+a todos abajo en los días anteriores. Sólo Maltrana, inquieto y curioso
+por las novedades de la navegación, había ido de un lado a otro, desde
+el puente del capitán a los profundos sollados, iniciando
+conversaciones, lo mismo en las salas de los pasajeros de primera clase
+que en los departamentos de proa y popa donde se hacinaban los
+emigrantes.
+
+--Me gusta esta cubierta--dijo con entusiasmo--porque es el único lugar
+donde uno se entera de que va en un buque. Abajo, salones, comedores,
+majestuosas escaleras, camareros de corbata blanca, pasillos con
+habitaciones numeradas: un verdadero hotel. A no ser porque el piso se
+mueve de vez en cuando, creería uno vivir en un balneario de moda. Hay
+que levantarse del asiento dar un paseo y asomarse a la barandilla para
+convencerse de que se está en el mar. Aquí, no: aquí se siente uno
+marino; puede abarcarse por entero el redondel del Océano, que no
+termina nunca, y en el que siempre ocupamos el centro, por más que
+avancemos. Mire usted, Ojeda, qué cosas tan majestuosas lleva en su
+cabeza el amigo _Goethe_.
+
+Y con el orgullo de un descubridor, fue mostrando las maravillas de esta
+cubierta, por la que había paseado en los días anteriores, cuando el mar
+era de un tono lívido, el cielo plomizo y un viento cortante soplaba de
+proa a popa.
+
+--Fíjese usted en la chimenea: esa torre amarilla y enorme, que vista de
+cerca casi da miedo. ¡El dinero que expele convertido en humo! Tiene
+algo de campanario y abajo, en lo más profundo del buque, está el
+templo, el santuario del fuego, con sus altares inflamados que producen
+el vapor. ¿Eh?, ¿qué le parece la imagen? Se la brindo para unos
+versos... Y con ser tan robusta la chimenea, mire cómo está aprisionada
+y sostenida por varios tirantes, para que no la tumbe el viento. Vea
+usted esos cuatro ventiladores que la rodean como si fuesen su pollada:
+cuatro trombones amarillos, con la boca pintada de rojo, por los que
+podríamos colarnos los dos a la vez. Llevan el aire a las profundidades
+de las máquinas y los hornos. Digamos que son las ojivas que ventilan
+esta catedral de acero y hulla.
+
+Luego, echando la cabeza atrás, remontaba su mirada hasta lo alto de los
+dos mástiles del buque.
+
+--¿Distingue usted cuatro hilos que, sujetos a dos trastes, van de un
+palo a otro? Parecen un cordaje de guitarra y son la red de la
+telegrafía radiográfica. Los hilos bajan a la casilla del telegrafista,
+y si se acerca usted oirá un chirrido semejante al de los huevos en
+aceite: algo así como si el empleado friese los despachos antes de
+servirlos al público... Y todas esas cajas enormes de cristales
+deslustrados, esas cúpulas alambradas, son claraboyas que dan luz a
+salones y escaleras. Vistas de abajo, brillan con dibujos de mosaicos
+complicados, escudos de naciones, y aquí arriba Parecen estufas opacas
+como las de los invernáculos... Esta cubierta tiene sus habitantes; es
+un pueblo aparte, el barrio alto, la Acrópolis donde viven los Arcontes
+que dirigen nuestra república movible. Mire usted a proa esa manzana de
+camarotes, con paredes blancas y zócalos grises. Allí están las
+viviendas del soberano comandante y sus ministros los oficiales. En
+torno de ellos, los camarotes de la gente rica, la aristocracia, que
+busca siempre la sombra de la autoridad. Sobre el techo, un pequeño
+paseo, la última toldilla del buque; en la parte delantera, el puente,
+algo así como el Ministerio del Interior, donde se vigila día y noche
+por el mantenimiento del orden; cerca de él, la oficina telegráfica, o
+sea el Ministerio de Relaciones Exteriores. Insubordínese usted, y
+sonará un pito en el puente que hará surgir por una escotilla, como
+diablos de teatro, cuatro rubios forzudos, con anclas azules tatuadas en
+los bíceps, que le llevarán a dormir en la barra... Que un peligro
+amenace la estabilidad de nuestro pequeño Estado, y el Poder Ejecutivo
+lanzará una circular eléctrica a las otras potencias que navegan
+invisibles, reclamando su pronta intervención.
+
+Maltrana volvió los ojos hacia la popa, más allá de la chimenea y los
+ventiladores de las máquinas.
+
+--Allí tiene la Acrópolis otra manzana de viviendas, pero sólo la
+habitan gentes ordinarias: algo así como las chozas villanescas que se
+alzaban lo mismo que verrugas ante las puertas de los castillos. Es
+nuestra Dirección General de Higiene: los lavaderos, el taller de
+planchado y el gimnasio, con un sinnúmero de aparatos movidos por la
+electricidad, invenciones diabólicas que le estiran a usted, le encogen,
+le rascan la espalda y le cosquillean como un rosario de hormigas.
+
+--¡Cosa de ver el lavadero, amigo Ojeda!--continuó tras una pausa--.
+¡Lástima que esté ahora cerrado! Hay unas máquinas con cilindros, lo
+mismo que rotativas de periódicos; sólo que en vez de largar pliegos
+impresos, sueltan camisas, sueltan pantalones, sueltan sábanas, montañas
+de ropa blanca, como sólo se verían si desalojasen de golpe toda una
+calle de tiendas... El planchado aún es más interesante. Imagínese tres
+mozas rubias y metidas en carnes, la falda corta, y sobre ella una blusa
+larga rayada que deja al descubierto unos brazos de blancura germánica y
+una pechuga a lo Rubens. Ayer pasé con ellas la tarde, viendo cómo
+sudaban las pobrecitas dándole a las planchas eléctricas y cómo reían al
+oírme hablar horas enteras sin entender una palabra. Les largaba
+dicharachos de los nuestros, con algún que otro pellizco para apreciar
+la dureza de sus blusas. ¡Cuestión de pasar el rato! Y ellas abrían los
+ojos y se sonrojaban diciendo: «_Ia... Ia..._». Le he de llevar a usted
+mañana, cuando no nos vean. Yo le presentaré: no tenga usted miedo. ¡Si
+soy lo más amigo!...
+
+Luego, Isidro se fijó en los costados de la cubierta, donde estaban
+pendientes de sus pescantes de acero dos filas de botes.
+
+--Hermosas balleneras de madera pulida y lustrosa como el piso de un
+salón. En cada una de ellas podemos meternos cincuenta personas; y el
+mástil, la vela, los remos, todo lo necesario, esta guardado en su
+vientre, bajo la caperuza de lona que lo cubre. Cuando nos acerquemos al
+término del viaje descansarán dentro del buque, amarradas entre esas
+cuñas que hay en el suelo; pero durante la navegación van suspendidas
+afuera, prontas a ser echadas al agua en caso de peligro... ¿Y ese
+bosque de trombones amarillos con boca roja que surge por todos lados,
+como gargantas de dragón? Son tentáculos que el vientre del buque echa
+en el espacio para cazar oxígeno, trompas de acero que con el impulso de
+la marcha van chupando vida... No extrañe, Ojeda, que me ponga lírico.
+Yo no he viajado como usted. Todo es nuevo para este pobrete que pasó su
+vida rodando por casas de huéspedes de las más baratas, y en cuanto a
+buques, no ha visto otros que las barquillas del estanque del Retiro...
+Y esto es grande, ¡muy grande!
+
+Calló un instante, como si concentrase su pensamiento para apreciar
+mejor tanta grandeza, y luego continuó:
+
+--Lo que nos rodea aún es más enorme. Se sabe por los libros que el mar
+es inmenso; pero la inmensidad en la lectura no es más que una palabra.
+Hay que colocarse en ella, sentir el extravío de la imaginación ante el
+espacio sin límites, hacer comparaciones... Ayer me paseaba yo por el
+buque. Para recorrer la cubierta de abajo, que sólo ocupa el centro,
+necesitaba doscientos pasos: unas cuantas vueltas, y se siente uno
+fatigado como después de una marcha. Grandes salones, un café igual a
+los de las ciudades, comedores en los que caben cientos de personas,
+largos y complicados pasillos, lo mismo que en los hoteles, dormitorios
+de alta numeración, almacenes, músicas, y la gente formando clases
+separadas, estableciendo divisiones sociales, lo mismo que si
+estuviéramos en tierra. ¡Qué enorme!, ¡todo qué enorme!... Y esto
+mirando solamente los barrios privilegiados, el castillo central del
+buque, con sus recovecos, escaleras, baños, gabinetes de aseo y tubos de
+calor y de frío. La blancura de la luz eléctrica surge en todo rincón
+donde puede aglomerarse un poco de sombra; el agua manando de los grifos
+cada tres metros para una minuciosa limpieza; las alfombras mullidas
+amortiguando los pasos; un olor higiénico de droguería esparciendo
+perfumes desinfectantes allí donde las tristes necesidades humanas se
+desembarazan de su suciedad. Esto es un palacio encantado.
+
+Siguió Isidro la descripción del buque. Había que contar además los
+barrios populares de proa y de popa: las aglomeraciones de emigrantes,
+que comen y beben con más abundancia tal vez que en su tierra, y cantan
+y sueñan porque van hacia la esperanza. Y bajo de ellos, máquinas que
+encadenan y obligan a trabajar a las fuerzas misteriosas y malignas;
+almacenes de víveres como los de una ciudad que se prepara a ser
+sitiada; depósitos de mercaderías, fardos de telas, maquinarias
+agrícolas, artículos de construcción, riquezas de la moda; todo lo que
+necesitan los pueblos jóvenes para el desarrollo de su adelanto
+vertiginoso. Y esta grandeza de hotel monstruo, de caravanserrallo, de
+pueblo flotante, infundía a todos los pasajeros un sentimiento de
+seguridad, como si estuviesen en tierra firme. ¿Quién podría destruir
+los gruesos muros de acero, las ventanas sólidas, los muebles pesados,
+las maquinarias de arrolladores latidos? Nada importaba que el suelo se
+moviese; esto no podía disminuir su confianza: era un incidente nada
+más. Vivían de espaldas al Océano y sólo tenían ojos para los grandes
+inventos de los hombres. Todos acababan por olvidar el abismo que estaba
+debajo de sus pies y hacían la misma vida que en tierra. Únicamente
+cuando en sus paseos llegaban a la proa o la popa y se encontraban con
+el mar inmenso, sentían la impresión del que despierta tendido junto a
+un precipicio. ¡Nada! Nada más que un azul intenso hasta la raya del
+horizonte y un azul más claro en el cielo. Algunas veces, allá en el
+fondo, un punto negro casi imperceptible, un jironcito tenue de vapor,
+un buque igual al otro, tal vez más grande...
+
+--Y sin embargo--continuó Maltrana--, con menos valor que una hormiga en
+medio de las llanuras de la Mancha... Las máquinas, los salones, las
+murallas de acero, nada, absolutamente nada ante la inmensidad del
+majestuoso azul. Un simple bufido suyo, y se nos sorbe... Y para
+evitarnos esta mala impresión, cesamos de mirar el Océano y nos metemos
+buque adentro a oír música en los salones, a tomar cerveza en el café, a
+escuchar chismorreos de los que parece que depende la suerte del mundo.
+¡Qué animal tan interesante el hombre, amigo Ojeda!... Como bestia de
+razón, conoce la enormidad del peligro mejor que las otras bestias; pero
+vive alegre, porque dispone del olvido, y tiene además la certeza de que
+existe una Providencia sin otra ocupación que velar por él.
+
+Contemplando otra vez las enormes proporciones del buque, pareció
+arrepentirse de sus palabras.
+
+--A pesar de la grandeza del mar, esto también es grande. Nuestras
+apreciaciones son siempre relativas; nunca nos falta un motivo de
+comparación con algo mayor para humillar nuestra soberbia. La tierra es
+grande, y los hombres, para perpetuar su recuerdo en ella, llevan miles
+de años degollándose, inventando nuevas maneras de entenderse con los
+dioses o escribiendo en tablas, pergaminos y papeles para que su nombre
+quede con unas cuantas líneas en el libraco que llaman Historia... Y la
+tal tierra es en el mar del espacio menos, mucho menos que el _Goethe_
+en medio del Océano; menos que un grano de carbón perdido en las tres
+mil toneladas de hulla que pasan por sus carboneras. Más allá del forro
+de la atmósfera nos ignoran, no existimos. Y planetas cien veces, mil
+veces más grandes que la tierra, son ante la inmensidad una porquería
+como nosotros; y el padre sol que nos mantiene tirantes de su rienda, y
+al que bastaría un leve avance de su _coram-vobis_ de fuego para
+hacernos cenizas, no es más que un pobre diablo, uno de tantos bohemios
+de la inmensidad, que a su vez contempla otro planeta reconociéndolo por
+su señor... Y así hasta no acabar nunca.
+
+Calló Isidro unos instantes, como si reflexionase, y luego añadió:
+
+--Pero todo es igualmente relativo si miramos hacia abajo. A este
+_Goethe_ se lo puede tragar una tempestad, conforme; pero con su panza
+de acero y su triple quilla, es como una isla en medio de estos mares
+que hace menos de un siglo se llevaban lo mismo que plumas a las
+fragatas y bergantines en que fueron a América los ascendientes de los
+millonarios actuales. El buen Pinzón, arreglador de las famosas
+carabelas, se santiguaría con un asombro de marino devoto si resucitase
+en este buque y viese sus brujerías. Y él y los grandes navegantes de su
+tiempo, que avanzaron con los ojos en la brújula, podían reírse a su vez
+de los nautas fenicios, griegos y cartagineses, que no osaban perder de
+vista las montañas. Y éstos, a su vez, debieron mirar con lástima a los
+hombres desnudos y negros que en las costas africanas salían al
+encuentro de sus trirremes sobre canoas de cueros o de cortezas. Y el
+primero que a fuerza de hacha y de fuego vació el tronco de un árbol y
+se echó al agua en él, fue un semidiós para los infelices que habían de
+pasar ríos y estuarios nadando como anguilas... Miremos siempre abajo,
+amigo Ojeda, para tranquilidad nuestra, y digamos que el _Goethe_ es un
+gran buque y que en él se vive perfectamente. Entendamos la existencia
+como una respetable señora que anoche, cuando más se movía el buque y en
+esta última cubierta había una obscuridad que metía miedo, chillando el
+viento como mil legiones de demonios, se escandalizaba de que muchos
+hombres fuesen al comedor sin _smoking_ y las artistas alemanas fumasen
+cigarrillos en el invernáculo.
+
+Ojeda se complacía en escuchar la facundia exuberante de su amigo. Las
+novedades de aquella vida marítima le infundían una movilidad
+infatigable.
+
+--Es usted el duende del buque--dijo--. En pocos días lo ha corrido por
+completo, y no hay rincón que no conozca ni secreto que se le escape.
+
+Maltrana se excusó modestamente. Aún le faltaba ver mucho, pero acabaría
+por enterarse de todo: luengos días de navegación quedaban por delante.
+En cuanto a los pasajeros, pocos había que él no conociese. Luchaba en
+algunos con la falta de medios de expresión; ciertas mujeres sólo
+hablaban alemán, pero en fuerza de sonrisas y manoteos, él acabaría por
+hacerse comprender. De los que podían entenderle en español o
+francés--que eran la mayor parte--se tenía por amigo, pero amigo íntimo.
+Y Ojeda sonrió al oírle hablar con entusiasmo de esta intimidad que
+databa de tres días.
+
+--Conozco el buque mejor que la casa de doña Margarita, mi patrona,
+donde he vivido ocho años. Puedo describirlo sin miedo a equivocarme.
+Este hotel movible tiene diez pisos. Los tres últimos, los más
+profundos, están cerrados. Son las bodegas de transporte, donde se
+amontonan fardos voluminosos, pedazos de maquinaria metidos en cajones
+que bajan las grúas por las escotillas y se alinean como los libros de
+una biblioteca. Todas estas mercaderías ocupan dos secciones del buque a
+proa y a popa, y en medio se halla el departamento de máquinas. La luz
+eléctrica se encarga de iluminar este mundo, que puede llamarse
+submarino, pues se halla más abajo de la línea de flotación: los
+ventiladores que remontan sus bocas hasta aquí son sus pulmones... Luego
+viene lo que llaman cubierta principal, con los dormitorios de la gente
+de tercera: a proa unos cuatrocientos, a popa muchos más; y entre ellos
+los almacenes de ropa del servicio del buque y los depósitos de
+equipajes, la cámara fuerte para guardar paquetes y muestras, los
+camarotes del bajo personal, las cámaras frigoríficas, que son enormes y
+guardan gran parte de nuestra alimentación, y el depósito de la
+correspondencia, un almacén repleto de sacos que contienen... ¡quién
+puede saberlo! noticias de vida y de muerte (como diría usted en sus
+versos), riquezas, juramentos de amor, el alma de todo un continente que
+va al encuentro de otro continente...
+
+Se detuvo un momento para añadir con expresión de misterio:
+
+--Y además hay el cuarto del tesoro. Ahí no he entrado yo, amigo Ojeda.
+Es un cuarto blindado, en el que no penetra ni el comandante. Un oficial
+responsable guarda la llave. Pero he estado en la puerta, y le confieso
+que sentí cierta emoción. ¿Sabe usted cuánto dinero llevamos bajo de
+nuestros pies? Quince millones; pero no en papelotes, sino en oro
+acuñado y reluciente, en libras esterlinas y monedas de veinte marcos.
+Los embarcaron en dos remesas en Hamburgo y Southampton: es dinero que
+los Bancos de Europa envían a los de la Argentina para hacer préstamos a
+los agricultores, ahora que se preparan a recoger las cosechas. Y en
+todos los viajes de ida o vuelta nunca va de vacío el tal tesoro. Me han
+contado que los millones están en cajas de acero forradas de madera y
+con precintos, de lo más monas: quince kilos cada una; ochenta mil
+libras apiladitas en el interior... Diga, Fernando, ¿no le tienta a
+usted esta vecindad? ¿No le conmueve?...
+
+Ojeda hizo un movimiento de hombros, como para indicar la inutilidad de
+una respuesta.
+
+--Con mucho menos que tuviéramos--continuó Maltrana--, usted no se vería
+obligado a meterse en aventuras de colonización y yo viviría hecho un
+personaje. ¡Lástima que no estemos en los tiempos heroicos y románticos,
+cuando Lord Byron y Espronceda cantaban el pirata! Sublevábamos usted y
+yo a la gente de tercera, echábamos al mar al capital y a todos los
+tripulantes, desembarcábamos en una isla a los pasajeros serios,
+destapábamos los miles de botellas y toneles que hay en los almacenes, y
+nos íbamos... ya se vería adonde, con todas las mozas rubias, polacas y
+vienesas de la compañía de opereta que viene abajo. Por supuesto que
+usted y yo dormiríamos en el cuarto del tesoro, sobre esas cajas
+interesantes. ¿Qué le parece la idea?
+
+--Hombre, me gusta--dijo Fernando riendo--. Es todo un programa;
+reflexionaré sobre ello.
+
+--Pero los tiempos presentes no son de acciones grandes--añadió
+Maltrana--, y los héroes tienen que expatriarse, para remover terrones o
+lustrar zapatos, al otro lado del Océano... No pensemos en ser
+superhombres gloriosos; seamos mediocres y continuemos nuestra
+descripción... Sobre la cubierta principal está la que llaman cubierta
+superior. En la proa y la popa alojamientos de marineros, hospitales,
+almacenes de útiles de navegación, cocinas para los emigrantes, y entre
+ambos extremos, camarotes y más camarotes para la gente de primera
+clase, peluquerías, baños y gabinetes de aseo por todos lados. Y aquí
+termina el verdadero caso del buque, lo que puede llamarse el vaso
+navegante, la construcción igual y uniforme de una punta a otra, sin
+desigualdades en la cubierta.
+
+Quedó perplejo Isidro, como si le ocurriese un pensamiento nuevo.
+
+--No sé si habrá notado lo que yo, amigo Ojeda; pero apenas subí a este
+trasatlántico me fijé en una particularidad, tal vez por mi
+desconocimiento de la navegación actual y por la costumbre de ver barcos
+antiguos en los libros. En otros tiempos, cuando se navegaba batallando,
+el hombre colocó torres en los dos extremos de la nave y quedaron
+establecidos los castillos de proa y de popa. En el de delante iban los
+combatientes; en el centro, bajo e indefenso, la chusma; en la popa, el
+jefe y su séquito. Al venir tiempos de paz y seguridad, los progresos de
+la arquitectura naval fueron rebajando los castillos esculpidos como
+altares, con mascarones, tritones y ondinas; pero la popa continuó
+siendo el lugar de honor, el aposento de los privilegiados. Y tal es la
+fuerza de la rutina, que, hasta hace pocos años, en los buques de vapor
+el sitio de preferencia era la popa, sobre la hélice que lo hace temblar
+todo y donde es más violento el balanceo. Sólo ayer, como quien dice, se
+han enterado de que en una nave en movimiento el punto medio es el que
+menos oscila, y los antiguos castillos de proa y de popa se han corrido
+uno hacia otro, juntándose en el centro, que es para el pasajero el
+lugar de mayor estabilidad. Ahora los buques parecen montañas vistos
+desde lejos; antes eran monstruos de dos cabezas unidas por un cuerpo
+casi a flor de agua... Desde lo alto de esta cubierta central no
+adivinamos siquiera la existencia de la popa y de la proa, que están
+tres pisos por debajo de nosotros. El castillo central es un mundo
+aparte. Las gentes viven en sus compartimientos sin enterarse de lo que
+pasa en el resto de la embarcación. Tal vez sea yo el único que salga de
+él en todo el viaje. Los privilegiados encuentran satisfechas sus
+necesidades sin abandonar este barrio lujoso, y ni por curiosidad bajan
+las escaleras que conducen a los barrios pobres... Pero hay que
+reconocer que en éstos el vecindario es sucio y hay en ellos un hedor de
+rancho agrio.
+
+Maltrana hizo un movimiento de hombros, como indicando que iba a
+terminar su descripción.
+
+--Lo demás ya lo conoce usted, pues pertenece al radio en que nos
+movemos. La cubierta llamada de salón, porque en el lado de proa tiene
+el salón-comedor, y después de el los camarotes de lujo, y las cocinas
+de las gentes de primera, con la repostería, la panadería, las bodegas y
+frigoríficos para el servicio diario. Yo voy siempre después de media
+noche a echar una ojeada a la cocina. Espectáculo interesante ver cómo
+sacan el pan de los hornos: ¡un perfume suculento! Una noche vendrá
+usted conmigo... Sobre esta cubierta está la que llaman de paseo, con el
+salón de música y el jardín de invierno; más allá, el comedor de los
+niños y los domésticos particulares de los pasajeros; y en la parte que
+mira a popa, el _fumoir_, o mejor para nosotros, el «café», que parece
+uno de los establecimientos de su clase en tierra firme. Sobre la
+cubierta de paseo, la de los botes, en la que estamos ahora; y más por
+encima, esta toldilla que sirve de techumbre a los camarotes del alto
+personal del buque y tiene en la parte delantera el puente, con su
+cuarto de derrota para el oficial de guardia y su depósito de cartas de
+navegación.
+
+Calló Isidro, como si ya no encontrase nada qué contar; pero luego
+añadió sonriente:
+
+--Y todavía hay alguien que vive más arriba de esta montaña de pisos: el
+muecín del buque, el vigía o serviola que va de noche en lo que llaman
+el «nido». El tal nido es esa especie de púlpito de acero en el que sólo
+cabe una persona y que está adosado al palo trinquete. De noche, cuando
+la campana del puente marca el paso de cada media hora, el vigía
+contesta allá arriba con otra campana y grita a través de la bocina unas
+palabras que, en la obscuridad, parece que vienen de las nubes. Es un
+bramido en alemán como los que suelta el dragón que mata Sigfrido en la
+selva. Anoche me explicaron lo que dice el serviola al oficial del
+puente. «Sin novedad; todas las luces van encendidas.» Las luces son las
+de posición del buque. Y si calla, porque se duerme, va a terminar el
+sueño amarrado a la barra.
+
+--Todo eso lo sé; yo he navegado algo...--dijo Ojeda--. Pero más que el
+buque me interesa los que van en él. Usted, en su calidad de duende,
+debe conocerlos a todos.
+
+Isidro levantó la cabeza con orgullo. ¡A todos, sí señor! No había en el
+barco pasajero mejor relacionado que él. Por las mañanas abordaba a los
+primeros que subían a la cubierta. «Buenos días, señor. ¿Qué tal la
+noche?» Había gentes afectuosas que le contestaban con agradecimiento,
+entablando amistosa conversación, como si se conociesen de larga fecha;
+otros, recelosos y huraños, respondían con gruñidos o continuaban su
+paseo. Las familias argentinas habían acogido al principio su
+desbordante familiaridad con una extrañeza altiva. ¡Viajan tantos
+aventureros hacia su país!... Pero al notar que no era _gringo_, sino
+_gallego_ puro, se ablandaban, mostrándose más comunicativas, como si
+encontrasen algo en él que les hacía recordar a sus ascendientes.
+Algunas niñas hasta le habían preguntado si era amigo del rey y en qué
+época del año se daban los bailes de corte... Con los que no podían
+entenderles se expresaba en fuerza de cortesías y guiños, que provocaban
+risas comunicativas. Las artistas de opereta prorrumpían, al verlo, en
+carcajadas y frases incomprensibles.
+
+--Aunque parezca inmodestia, debo declarar que aquí he caído de pie.
+Soy de lo más simpático a estas gentes; si presentase mi candidatura
+para algo, ni uno sólo me negaría el voto. Todos amigos... ¡Y qué
+mezcla! Vienen ricos de fortuna indiscutible, como ese doctor y su
+inmensa tribu que hicieron el viaje con nosotros desde Madrid; la viuda
+de Moruzaga, otra argentina, con sus cinco hijas, unas niñas modositas y
+simpáticas que recitan monólogos en francés, se entienden entre ellas en
+inglés, y a veces, por condescendencia, hablan conmigo en castellano; y
+con ellos otros propietarios de menos brillo, pero igualmente sólidos,
+que vuelven a sus estancias del interior. ¡Gentes interesantes y buenas!
+Yo las venero. Si pusieran de dos en dos sus vacas y ovejas, de seguro
+que llegarían de aquí a Buenos Aires; si colocasen en fila las gavillas
+de trigo que cosechan al año, podría formarse con ellas un cinturón que
+abarcase el globo terráqueo.
+
+Ojeda acogía con sonrisas estas hipérboles, y su amigo pareció
+amoscarse.
+
+--Sí señor; así es, y no rebajo nada. Da orgullo tener amigos como
+éstos... Viene también un archimillonario, un _gringo_, que es rey de no
+sé qué; creo que del carbón en el puerto de Buenos Aires, o del lino, o
+del maíz; no lo recuerdo. Los demás ricos se alejan de él porque no es
+de su clase, porque aún queda memoria de cuando iba con zapatones de
+clavos y comía, _polenta_ en las tabernas del muelle. Es un fundador de
+dinastía; un Bonaparte que lucha por hacerse reconocer de las otras
+familias reales, ennoblecidas por la tradición. Sus nietos serán gentes
+distinguidas, pero él paga su triunfo aguantando murmuraciones y
+desprecios. Me alegro de que lo traten mal. ¡Hombre más orgulloso!
+Apenas me contesta cuando lo saludo; parece que tenga miedo de que le
+pida algo. Su mujer, más joven que él, es una especie de cocinera
+frescachona, en la que usted seguramente se habrá fijado. Yo creo que no
+se despoja ni para dormir del uniforme de su riqueza: a las siete de la
+mañana ya está en la cubierta con un collar de perlas, tamañas como
+huevos de gorrión, y tan escandalosamente llamativas que cualquiera, a
+no conocer su fortuna, las creería falsas... Y para completar la
+cuadrilla de los ricos, vienen tres compatriotas nuestros, dos de Buenos
+Aires y uno de Montevideo, antiguos tenderos que llevan cuarenta años en
+América... Excelentes personas; honradotes, campechanos y un poco
+burdos. Me regalan buenos consejos, no me prestarían cinco duros si se
+los pidiese, y dejan que pague yo cuando tomamos algo. Se los presentaré
+un día de éstos. Empiezan invariablemente sus sermones morales de un
+modo que inspira entusiasmo. «Ustedes los periodistas, que son medio
+locos...» «Usted, que no hará nada en América porque es hombre de
+pluma...» Y todos ellos convienen en que para hacer camino hay que
+haberse educado detrás de un mostrador, iniciándose en el sublime arte
+de vender por cincuenta lo que vale diez, gastando sólo dos de los
+cuarenta de ganancia.
+
+Reflexionó Maltrana un buen rato para reunir sus recuerdos.
+
+--Y de los ricos de América creo haber terminado la lista. Pero aún
+viene gente más interesante. Un obispo italiano que viaja a expensas de
+una familia acomodada. Son gentes establecidas de antiguo en un barrio
+de allá que llaman la Boca. Lo traen a todo gasto, para enseñarlo a sus
+amigos y conocidos y decirles: «No crean que somos cualquiera cosa en
+nuestro país. Miren este Monseñor, que es pariente nuestro». Y lo rodean
+con veneración, como si fuese la bandera de la familia; lo llevan del
+brazo, «Monseñor, por aquí», «Monseñor, por allá»; y el pobre jornalero
+eclesiástico llegado a obispo parece un sonámbulo, aturdido por tantos
+cuidados y honores. Yo creo que le obligan todas las noches a que se
+ponga la cruz de oro sobre el pecho para entrar en el comedor, y si se
+olvida le riñen... Viene otro cura, un abate francés de barbas luengas,
+con aire de marino, que ha sido contratado para dar conferencias
+católicas en un teatro de Buenos Aires. Iniciativa de las señoras
+argentinas residentes en París, que desean borrar el sabor de impiedad
+que han dejado otros oradores viajeros. Y también tenemos un
+conferencista de temas sociológicos, que creo es italiano. Hay para
+todos los gustos... Y cinco o seis cocotas francesas, que van allá por
+sexta vez porque han recibido buenas noticias de la cosecha, las
+personas más tranquilas, calladas y modositas de a bordo; y todo el
+rebaño de cabras rubias y locas de la compañía de opereta; y un
+sinnúmero de comisionistas de modas y joyería, machos y hembras; y unas
+dos docenas de comerciantes alemanes establecidos en América, cuadrados,
+bonachones, calmosos, pero que sacan unas uñas de tigre cuando hablan de
+negocios... y judíos, muchos judíos. Según he leído, en el primer viaje
+de Colón ya se embarcaron dos en las carabelas, y desde entonces no han
+cesado de ir. En el Nuevo Mundo sólo hay preocupaciones de raza para el
+negro, y como nadie se fija en los judíos, éstos pierde el rencor que
+inspira la persecución y acaban por confundirse con los demás... A
+propósito; también viene un barquero de París, un señor condecorado, de
+barbas rojas y largas, que usted habrá visto por las mañanas en el paseo
+con las piernas envueltas en una piel y estudiando mamotretos llenos de
+cifras. Va al Brasil por sus negocios. Su mujer ostenta a todas horas un
+collar enorme de perlas; pero son menores que las de la esposa del
+_gringo_, y esto hace que las dos se miren con el rabillo del ojo
+apretando los labios...
+
+Vaciló un momento para reconstituir en su memoria la lista de los
+ausentes.
+
+--Hay también unos americanos del Norte, en los que habrá usted reparado
+por el ruido que mueven. Van afeitados, con pantalones anchos y un botón
+en la solapa, insignia de no sé que Sociedad de su país. A todas horas
+destapan champaña en el fumadero; piden la caja de cigarros, y meten la
+mano para abarcar muchos de una vez, cantan a gritos y son el tormento
+de los músicos, pues siempre están exigiendo que toquen: _¡Miusic!
+¡Miusic!_... Viene también sola una dama yanqui, alta, buena moza. Su
+marido la espera en Río Janeiro; tiene no sé qué negocios en el interior
+del Brasil... Y varias muchachas alemanas que van a casarse a América
+sin conocer a sus novios. El matrimonio, según parece, se arregla por
+cartas y retratos. El colono o el mecánico que llega a establecerse en
+los pueblos de la Argentina o las selvas brasileñas, envía una carta a
+su pueblo: «Remítanme una muchacha de éstas y las otras condiciones. Ahí
+van tres mil marcos para ropa y el pasaje. Y la muchacha se embarca sin
+conocer al futuro esposo más que en un busto fotográfico, y su única
+preocupación es que al verle resulte de buena estatura... Hay también...
+Pero aquí, amigo Ojeda, no sé qué decir...
+
+Pareció dudar Maltrana, y al fin añadió:
+
+--Hay una señorita que va con sus padres, la gentil Nélida, mezcla de
+caracteres y sangres que desorienta al más listo, y le confieso que me
+da mucho que pensar. Su padre es alemán, su madre de una de las
+repúblicas del Pacífico; ella nació en la Argentina, pero desde los
+nueve años ha vivido en Berlín. Es esa muchacha que usted habrá visto en
+el paseo, acompañada siempre de hombres; muy alta, esbelta, con la falda
+corta, tan ceñida, que no puede dar un paso sin que la tela moldee todo
+su cuerpo. Lleva el pelo cortado como una melena de paje, lo mismo que
+las cupletistas... Yo no he conocido hasta ahora pájaros de esta
+especie. Allá en Madrid la gente es de menos complicaciones... Tenemos
+también unos cuantos muchachos bien trajeados, de vaga nacionalidad, que
+hablan con soltura diversos idiomas. No los he calado bien. Pueden ser
+comisionistas de comercio que fingen aires de personaje, barones
+arruinados en busca de una americana rica, o ladrones elegantes como los
+de las novelas. ¡Vaya usted a saber!... Pero aquí termina mi relato por
+ahora. Ya vuelve la gente de tierra. Vamos abajo a oír sus impresiones
+de Tenerife.
+
+En la cubierta de paseo continuaba la bulliciosa feria. Los pasajeros
+habían terminado sus compras, y eran ahora las camareras del buque y los
+_stewards_ los que aprovechaban los últimos momentos para hacer sus
+adquisiciones con mayor baratura. En el viaje de regreso el _Goethe_ no
+tocaba en Tenerife para hacer carbón, y ellos, con el pensamiento puesto
+en Hamburgo, compraban vistosas telas, pañuelos y manteles, para hacer
+regalos a los que les esperaban allá.
+
+Maltrana se detuvo junto a un indostánico que regateaba con una joven.
+Estaba ella en el quicio de una puerta, temerosa de dejarse ver a la luz
+del sol y mostrando al mismo tiempo su casi desnudez, cubierta con un
+simple kimono rosa que transparentaba el contorno de su cuerpo. Los
+brazos y parte del pecho delataban la frescura de un baño reciente. Se
+había levantado tarde y acababa de subir a toda prisa a la cubierta para
+hacer sus compras antes de que se marchasen los vendedores. El hombre
+cobrizo ensalzaba la riqueza de una túnica azul con ramajes y pájaros
+blancos que ella tenía entre sus manos.
+
+--Me pide dos libras, ¿qué le parece?--dijo la joven sonriendo a
+Maltrana, mientras éste daba con el codo a su compañero.
+
+Ojeda adivinó por esta señal que era Nélida. Ella le miró sonriente, con
+la misma sonrisa que dedicaba a todos los hombres. Por primera vez se
+fijaba en él. Fernando la vio más alta, más joven que Teri, pero con un
+aspecto vulgar y atrevido que le fue antipático. Sólo sus ojos de
+pupilas de ámbar, que tomaban con la luz un reflejo de oro, le
+recordaron ¡ay! los otros. Tal vez no eran iguales; pero él los llevaba
+abiertos y brillantes en su imaginación, y la más leve semejanza le
+hacía creer en una identidad completa.
+
+--Me quedo con esto--dijo Nélida mirando amorosamente la asiática
+vestidura--. Pero no tengo dinero: habrá que pedir las dos libras a
+mamá... ¿No han visto ustedes a mamá?
+
+Y sin aguardar respuesta, desapareció escalera abajo entre el revoloteo
+de la tela rosa, semejante a tenue nube, que transparentaba la firme
+silueta de su cuerpo desnudo.
+
+Aparecieron en el paseo los excursionistas llegados de tierra. Pegábanse
+a los flancos del trasatlántico las lanchas de vapor para devolverle su
+cargamento humano. Las mujeres, llevando grandes ramos de flores,
+corrían hacia sus camarotes o charlaban con las amigas que se habían
+quedado en el buque, lo mismo que si regresasen de una larga expedición.
+¡Venían de España!, ¡ya conocían España! Un país más que añadir a sus
+relatos de viajes.
+
+Los hombres, con sus anchos sombreros empolvados, los gemelos
+pendientes de un hombro y empuñando todavía el bastón de paseo, hablaban
+solemnemente de su viaje. Para muchos, era el primer suelo que habían
+pisado después de su salida de Hamburgo o de París. El buque se había
+detenido muy poco en Vigo y en Lisboa. Comentaban a coro el atraso y la
+pereza de aquella tierra. Todas las lecturas antiguas sobre España,
+todos los prejuicios y errores tradicionales reaparecían de golpe con
+sólo un paseo de dos horas por una isla de África. El «doktor» alemán
+que pedía una corrida de toros a las siete de la mañana, alardeaba de
+sus conocimientos hispánicos llamando «cuadrilleros» a todos los que
+había encontrado en tierra vistiendo uniforme militar. También hablaba
+de familiares de la Inquisición, recordando a los curas gordos y morenos
+que salían de la iglesia, en busca del casero chocolate, luego de decir
+su misa.
+
+Se lamentaba un joven belga, al que muchos llamaban «barón», de las
+calles en cuesta y de los coches. ¡Ni un solo automóvil!... Las mujeres,
+asomadas a las ventanas como odaliscas.
+
+--Y pensar--dijo Ojeda a su amigo--que tal vez alguno de éstos escribirá
+un artículo titulado «Mi viaje a España».
+
+Un hombre subido de color, con vistosa corbata y pantalones recogidos a
+la inglesa, esforzaba su acento lento y meloso para expresar
+indignación.
+
+--¡No me diga!... ¡Valiente zoquete fui en bajar! Cuatro veces he ido a
+Europa, y nunca he querido conoser la España. Ahí no hay adelantos: ahí
+no hay nada. A mí déme usted la Inglaterra... Ojalá nos hubiesen
+descubierto los ingleses. Yo estoy por la sivilisasión, ¿sabe, amigo?...
+Mucha sivilisasión.
+
+Maltrana sonrió, al mismo tiempo que lo mostraba a su amigo.
+
+Ese que habla es Pérez... Pérez de no sé qué republiquita de las que dan
+cara al Pacífico. Me han dicho que en su país para ser algo hay que
+probar que se desciende de ocho abuelos indios y media docena de negros.
+El blanco queda abajo. Desde la bendita independencia no han podido
+rascarse con tranquilidad. Todos los años corren a un presidente, y de
+vez en cuando fusilan al que alcanzan y queman el cadáver para que no
+deje semilla. «Y yo estoy por la sivilisasión, ¿sabe, amigo?...» Vámonos
+allá para no oírle.
+
+Se sentaron en el extremo del paseo que daba sobre la proa, entre las
+ventanas del salón y una gran vidriera desde la cual se abarcaba toda la
+parte anterior del navío. En el castillo de proa algunos marineros
+empezaban los preparativos para levar el ancla. Oficiales y
+contramaestres recorrían la cubierta empujando a los vendedores
+haciéndoles cerrar a toda prisa sus fardos, cortando bruscamente la
+tenacidad de los últimos regateos. Deslizábanse los paquetes colgando de
+cuerdas desde las bordas a los botes que cabeceaban en torno de la
+escala. Los nadadores lanzaron sus últimos gritos: «Caballero, un marco.
+Eche un marco, caballero, que va el vapor».
+
+--Confieso, amigo Ojeda--dijo Maltrana--, que siento la emoción del que
+ve ante la boca negra de una caverna y se pregunta: «¿Qué habrá
+dentro?...». Aquí, la caverna es azul y luminosa, pero la inquietud no
+por esto resulta menor... ¿Qué voy a encontrar más allá de esta isla?
+¿Cuándo volveremos por aquí? Afortunadamente, contamos con el apoyo de
+la esperanza... la esperanza buena y equitativa para todos, pues a todos
+los que vamos en este cascarón nos asiste por igual... Yo hago este
+viaje por ganar dinero, por el ansia de saber qué es eso de la riqueza;
+y no lo hago sólo por mí. Tengo un hijo, y aunque uno se ría de ciertos
+burgueses que justifican sus malas acciones y sus latrocinios con la
+cualidad de padres de familia, crea usted que esto de la paternidad nos
+impulsa a grandes cosas y nos hace valerosos como héroes... Usted
+también va allá por el ansia de dinero. Un hombre de su clase, que tiene
+lo que usted tenía en Madrid (¡yo lo sé todo!), no cambia de vida sin un
+motivo poderoso.
+
+--Yo...--dijo Fernando con perplejidad--sí... por el dinero, como
+usted... Y ¡quién sabe! Tal vez por algo que no es la riqueza; por otros
+deseos menos explicables.
+
+Había reflexionado mucho durante la noche anterior, y ahondando en sus
+decisiones, encontraba en ellas motivos inconscientes, no sospechados
+hasta entonces, que le hacían avanzar con un empujón tan rudo como el
+deseo de riqueza. Parecía cantar en sus oídos la poética romanza de
+Heine, en la que describe cómo el caballero Tannhauser se arrancó de los
+brazos de Venus por sólo el gusto de conocer de nuevo del dolor humano.
+«¡Oh Venus, mi bella dama! Los vinos exquisitos y los tiernos besos
+tienen ahíto mi corazón. Siento sed de sufrimientos. Hemos bromeado
+mucho, hemos reído demasiado: las lágrimas me dan ahora envidia, y es de
+espinas y no de rosas que quiero ver coronada mi cabeza...» El hombre
+vive en eterno descontento. Tal vez huya él también, como el poeta
+amante de la diosa, por hartura de felicidad y sed de dolores.
+
+De pronto, junto a ellos, rompió a tocar la banda de música una marcha
+triunfal. El techo del paseo y los gruesos cristales del mirador
+temblaron con el rugido armonioso de los cobres.
+
+--Ya zarpa el buque--dijo Maltrana levantándose de un salto--. Mire
+usted cómo se va moviendo la isla. ¡Nos vamos!, ¡nos vamos!... Eso que
+toca la música es magnífico; jamás he oído nada tan solemne; es el
+saludo a la esperanza, la gran marcha triunfal de la ilusión.
+
+Y como poseído de un irresistible deseo de movilidad, huyó de su amigo.
+
+¡La esperanza!... Ojeda, sin abandonar su asiento tornó a verse lejos,
+muy lejos, como en la tarde anterior. Estaba en París, y María Teresa
+volvía de una excursión a las tiendas de modas. Esta vez era un libro su
+única compra. Lo había adquirido en los almacenes del Louvre,
+entusiasmada por su baratura y hermosa encuadernación. ¡Adorable Teri!
+¡Siempre mujer! Ella, a la que concedía Fernando más talento que a
+muchas hembras literarias, compraba sus libros en las tiendas de modas
+entre una pieza de encajes y una docena de guantes.
+
+Era una traducción francesa de las tragedias de Esquilo. En días
+sucesivos leyeron con las cabezas juntas, como los amantes adúlteros del
+poema dantesco. «¡Qué hermoso!--exclamaba ella--. ¿Y dices que esto
+tiene miles de años? ¡Si es de lo más moderno! ¡Si parece de ahora!...»
+Llevada de su caprichosa imaginación, lamentaba que las palabras nobles
+y melancólicas de Prometeo no fuesen acompañadas de música. «Una música
+de Wagner, ¿me entiendes?, de nuestro amado don Ricardo... O mejor de
+Beethoven: algo así como la _Novena sinfonía_». Fernando recordaba la
+escena que los había hecho comulgar a los dos en el estremecimiento de
+la admiración. Prometeo está encadenado a la roca, y en torno de él,
+chapoteando las olas, las clementes oceánidas, las ninfas del mar, se
+apiadan del suplicio del héroe. «¿Qué has hecho, desgraciado, para que
+así te castiguen los dioses?» «He enseñado a los mortales a que no
+piensen en la muerte» contesta Prometeo. «¿Y cómo lo conseguiste?» «Les
+he hecho conocer la ciega esperanza».
+
+Y durante miles y miles de años reinaba sobre el mundo la divinidad
+benéfica y consoladora que el héroe sombrío había dado a los humanos,
+pagando esta generosidad con el tormento de sus entrañas rasgadas por el
+águila, «perro alado de Zeus». Ella conducía los rebaños de hombres en
+armas; ella había aleteado ante las proas de los descubridores; ella
+conmovía con su paso quedo el silencio cerrado donde meditan sabios y
+artistas; ella guiaba las muchedumbres ansiosas de bienestar y amplio
+emplazamiento que se descuajan de un hemisferio para ir a replantarse en
+el otro.
+
+Fernando la vio; la vio venir, con sus ojos entornados, por encima del
+azul del mar, como una burbuja de oro desprendida del sol, como un
+harapo de luz que acabó por detenerse sobre el filo de la proa, lo mismo
+que las imágenes divinas que adornaban las naves de los primeros
+argonautas.
+
+Sus alas se tendían majestuosas en el éter como velas cóncavas; su
+túnica arremolinábase atrás, en pliegues armoniosos, impelida por el
+viento. Era igual a la Victoria de Samotracia, y lo mismo que a ella, le
+faltaba la cabeza.
+
+Por esto acabó de conocerla Ojeda. Ella no piensa, ella no tiene ojos...
+
+Era la esperanza, la ciega esperanza que con el avance de su torso
+señalaba al Sur.
+
+
+
+
+III
+
+
+Después del almuerzo, los pasajeros del _Goethe_ oyeron sonar a proa la
+banda de música, con la lejanía soñolienta que infunde la inmensidad del
+Océano a todas las vibraciones.
+
+--Van a vacunar a los de tercera--dijo Maltrana, siempre enterado de lo
+que ocurría en el buque.
+
+Estaban aún frente a la isla, costeando sus rugosas montañas, pétreo
+oleaje de antiguas erupciones llegadas hasta el mar. Bajaban por las
+laderas, como ovejas en tropel, blancas viviendas, medio ocultas algunas
+de ellas en los repliegues sombreados de verde. Por encima de las
+cumbres iba pasando la caperuza nevada del Teide como una cabeza
+curiosa, ocultándose o apareciendo, según el buque marchaba cerca o
+lejos de la costa.
+
+Maltrana no podía mantenerse tranquilo en el jardín de invierno mientras
+tomaba el café con Fernando. Ocurría a bordo algo extraordinario sin que
+él lo presenciase.
+
+--¿Le parece que vayamos a ver la gente de tercera?... Debe ser
+interesante.
+
+Descendieron las escaleras de dos pisos, y saliendo del castillo central
+viéronse en la explanada de proa, al pie del palo trinquete. Bajo el
+gran toldo que sombreaba este espacio aglomerábase el hedor sudoroso de
+una muchedumbre. El médico del buque y varios ayudantes, todos con
+blusas blancas, ocupaban el centro junto a una mesa cargada de
+botiquines. Y al son de la música pasaban los emigrantes en interminable
+fila, todos con un brazo descubierto que presentaba a la lancera del
+vacunador. El primer oficial, secundado por los ayudantes de la
+comisaría, organizaba el desfile, cuidando de que todos, después de
+arremangarse el brazo, presentasen con la otra mano el papel de su
+pasaje.
+
+El acto de la vacunación era a la vez un recuento. Al partir de
+Tenerife, última escala del viejo mundo, empezaba el gran viaje; nadie
+había de entrar en el buque hasta América, y la comisaría necesitaba
+conocer el número de las gentes que iban a bordo. Los marineros
+recorrían los sollados, los obscuros pasadizos, las bodegas, hasta los
+más apartados rincones, en busca de viajeros ocultos empujando a los
+fugitivos que pretendían evitarse esta operación.
+
+Los oficiales alemanes llamaban a cada momento para dar sus órdenes a un
+empleado de la comisaría, hombre grueso y de bigotes canos que se
+expresaba en distintos idiomas, pasando de uno a otro con asombrosa
+facilidad. Maltrana y él se saludaron afectuosamente.
+
+--Ése es don Carmelo--dijo Ojeda--, un compatriota nuestro. Habla todas
+las lenguas de Europa; además el árabe, y creo que un poco de japonés. Y
+con toda su sabiduría aquí le tiene usted ganando unos cuantos marcos,
+sin otra satisfacción que ostentar una gorra de uniforme y que los
+emigrantes le llamen oficial. Le busco todos los días en su despacho,
+que está abajo, siempre con la luz encendida, y charlamos de lo que
+ocurre en el buque. ¡Qué hombre! Ahí donde le ve, hizo sus estudios en
+Málaga, él solito, yendo por el puerto de barco en barco y diciendo a
+todo marino que encontraba aburrido: «Vamos a echar un párrafo en su
+idioma, compañero».
+
+Mientras hablaba Isidro de la mujer y los hijos de su amigo, andaluces
+trasplantados a Hamburgo, y de las escaseces pecuniarias de éste, que le
+obligaban a buscar entre los pasajeros ricos uno que quisiera entretener
+los ocios de la travesía estudiando idiomas, don Carmelo gritó con el
+acento de su tierra:
+
+--¡Too Dios con er papé en la mano!, ¡que se vea bien!
+
+Y repetía la orden en italiano, en francés, en portugués y en árabe.
+
+Habían desfilado los hombres, y eran ahora las mujeres, con una escolta
+de chiquillos, las que se iban presentando a recibir la vacunación.
+Pasaban ante el médico brazos membrudos con la blancura y la firmeza de
+la carne septentrional; brazos grasosos en los que se hundían los dedos
+de los operadores; brazos de redondez ambarina, semejantes a los de las
+mujeres de Tiziano, pero que ostentaban en su parte alta un obscuro
+triángulo de roñosa suciedad.
+
+Luchaban al destaparse las mujeres con las mangas de la camisola o de la
+gruesa elástica, y en este forcejeo se les abría el pecho, mostrando
+escapularios y medallas sobre las flacideces de la maternidad. Las
+hembras árabes, morenas y huesosas, iban casi desnudas bajo sus barones
+rayados; las gruesas napolitanas, de cabello revuelto y ojos de brasa,
+devolvían al corpiño con tranquilo impudor las saltonas exuberancias
+surgidas al desabrocharse; las castellanas angulosas de pelo aceitoso y
+retinto, peinadas como vírgenes prerrafaelistas, cubrían prontamente su
+brazo con triples forros y se alejaban ruborizadas, moviendo la corta y
+bailarinesca balumba de sus zagalejos trasudados. Unos chiquillos
+berreaban agarrándose a sus madres, trémulos de pavor al ver las blusas
+blancas de los operadores; otros, con el sombrero en el cogote y
+mostrando la sonrisa marfileña de sus dientes de lobo, se disputaban por
+quién avanzaría primero el brazo, como si aquello fuese una fiesta.
+
+Maltrana explicaba a su amigo el orden en que iban divididos los
+emigrantes. La proa era para «los latinos»: españoles, italianos,
+portugueses, franceses, árabes, judíos del Mediodía y hasta egipcios.
+Nadie podía adivinar el latinismo de estas últimas gentes; pero así los
+había encasillado la comisaría. En la parte de popa se aglomeraban otras
+naciones: alemanes, rusos y judíos, muchos judíos de diversas
+procedencias, polacos, galitzianos, rutenos, moscovitas y balcánicos,
+cocinando aparte, según las preocupaciones y ritos de su religión. Los
+israelitas llevaban carne sacrificada por los rabinos de Hamburgo. La
+bulliciosa latinidad gozaba el privilegio sobre las otras castas de
+beber vino en las comidas dos veces por semana y tomar chocolate al
+amanecer otras dos veces, en vez del café habitual.
+
+Las lamentaciones de don Carmelo, que juraba para él solo con grandes
+aspavientos, interrumpieron a Maltrana.
+
+--¡Mardita sea mi arma! Ya me extrañaba yo que hisiésemos er viaje sin
+sorpresas. ¡Pero camará, que no haya medio de librarse de esa gente!...
+
+Cambió algunas palabras en alemán con el primer oficial y luego gritó a
+unos camareros españoles que estaban al servicio de «los latinos»:
+
+--A ve esos güenos mozos; ¡tráiganlos pa acá!
+
+Avanzaron seis jóvenes, con la cabeza descubierta, las ropas haraposas y
+los pies metidos en zapatos rotos o alpargatas deshilachadas.
+
+--¿De moo que no tenéis pasaje y os habéis metió aquí de polisones sin
+má ni má, como si esto juese la casa e toos? ¿Y creéis que esto va a
+quear ansí?... Tú, ¿de ónde eres?
+
+Y los seis _polisones_ fueron contestando al interrogatorio de don
+Carmelo. Uno era de Tenerife y los restantes procedían de Andalucía y
+Galicia. Se habían introducido ocultamente en varios buques, que los
+echaron en tierra al llegar a Canarias. ¡Y a buscar de nuevo un
+escondrijo en la bodega de otro barco!... Así pensaban llegar, fuese
+como fuese, adonde se habían propuesto. Los seis querían ir a Buenos
+Aires; y como bestias humildes, resignadas de antemano a los golpes que
+creían merecer, bajaban la cabeza contentos con su desgracia si lograban
+alcanzar el término del viaje.
+
+Don Carmelo habló en voz baja con el primer oficial.
+
+--Está bien--dijo solemnemente--. Pero como aquí nadie viene sin pasaje
+y el buque no pué retroceer por vosotros, vais a golveros nadando a
+Tenerife. La isla está allí cerquita.
+
+Y señalaba la costa que se veía en lontananza, entre la borda del buque
+y el filo del toldo. El oficial se acariciaba impasible la barba rubia
+mientras el intérprete traducía sus órdenes. Las mujeres abrían los ojos
+con asombro y terror.
+
+--Que pongan una escaleriya pa que sartén con más fasiliá--ordenó don
+Carmelo.
+
+Los camareros le obedecieron, colocando una pequeña escalera contra la
+borda, mientras el intérprete repetía la orden. «¡Al agua, muchachos! E
+un remojonsito na más.»
+
+Los _polisones_ de más edad seguían con la cabeza baja, entre incrédulos
+y aterrados, dudando de que esta orden pudiese ser cierta pero dudando
+igualmente de que todo fuese una burla, habituados a durezas y castigos
+en los buques que les habían servido de refugio. Uno que era casi un
+niño se atrevió a mirar por encima de la borda, apreciando con ojos de
+espanto la distancia enorme que se extendía entre el buque y la costa.
+
+--¡Yo no quiero!... ¡No quiero morir!... ¡Yo quiero ir a Buenos Aires!
+¡Madre!... ¡Mamita!...
+
+Y se echó al suelo gimiendo, agitando las piernas para repeler a los que
+se acercasen. Comenzaron a partir suspiros y exclamaciones de los grupos
+de mujeres. Don Carmelo miró al primer oficial que seguía acariciándose
+la barba.
+
+--Güeno, niños; será pá más tarde. A la noche os iréis nadando. Mientras
+tanto, que os vacunen, y luego comeréis... A ver unos pantalones viejos
+pa estos güenos mozos; no es caso de que vayan enseñando las vergüensas
+al pasaje... Pero queda convenido ¿eh, niños? a la noche os marcharéis
+nadando.
+
+Súbitamente tranquilizados, los _polisones_ se dejaron llevar por los
+marineros, que los empujaban rudamente, acogiendo este trato con
+humildad y agradecimiento.
+
+--Hay que ser enérgico--dijo don Carmelo a los dos amigos poniendo un
+gesto feroz--. Si no fuese así, too er buque se llenaria de gente sin
+pasaje. Cuatro van a ir a las máquinas; siempre hasen farta fogoneros; y
+los dos más pequeños ayudarán a la limpiesa de las cubiertas. Podíamos
+desembarcarlos en Río Janeiro. Pero er comandante es güeno, y de seguro
+que los yevaremos hasta Buenos Aires. Los tunantes van a salirse con la
+suya.
+
+La música continuaba sonando y se reanudó el desfile de los brazos
+arremangados ante el grupo de blusas blancas.
+
+Ojeda estaba impresionado por la escena anterior. Creía oír aún los
+gemidos del mozuelo pataleando en la cubierta: «¡Yo no quiero morir! ¡Yo
+quiero ir a Buenos Aires!...». El vagabundo de los puertos tenía la
+misma ilusión que él y casi todos los que habitaban las cubiertas
+superiores. Dormitando entre los fardos y barricas de un muelle, había
+visto también a la diosa alada y sin cabeza; había sentido la caricia de
+la esperanza. Y allá marchaban todos, afrontando la nostalgia del
+recuerdo o las necesidades del presente; revueltos, confundidos,
+igualados por la ilusión común... ¡Buenos Aires! ¡Qué magia poderosa la
+de este nombre, que hacía correr a los miserables, como ratones
+hambrientos, para ocultarse en las entrañas de los buques!...
+
+Se impacientó Maltrana ante la monotonía del desfile.
+
+--Después de éstos vacunarán a los de popa: gente menos limpia y
+presentable que «los latinos», con largas melenas y gabanes de piel de
+carnero. Arriba estaremos mejor.
+
+Y subieron a lo más alto del buque, a la cubierta de los botes, buscando
+la sombra de un toldo y dos sillones libres para descansar en la soledad
+azul impregnada de luz. La mayoría del pasaje prefería quedarse abajo,
+refugiada en la suave penumbra de la cubierta de paseo.
+
+Maltrana saludó a una señora que leía tendida en un largo sillón, la
+espalda sobre un cojín, mostrando entre la flor nívea y rizada de su
+faldamenta el arranque de unas piernas enfundadas en seda blanca y los
+altos tacones de los zapatos. Fernando, advertido por el codo del
+compañero, se fijó en sus cabellos, de un rubio obscuro, recogidos en
+forma de casco; en sus ojos claros y temblones como gotas de agua
+marina, que se elevaron unos instantes del libro para mirarle con
+tranquila fijeza; en el color blanco de su cuello, una blancura de miga
+de pan ligeramente dorada por el sol y la brisa del mar.
+
+--Es la yanqui, la señora que come cerca de nuestra mesa--murmuró
+Isidro--. Habla con poca gente; apenas se saluda con algunas viejas de a
+bordo; rehúye el trato de los demás... Yo soy el único hombre con quien
+cambia el saludo, pero cuando intento hablarla finge que no me
+entiende... Y sin embargo, adivino en ella un carácter alegre y varonil:
+debe ser un agradable compañero; no hay más que ver con qué gracia
+sonríe. ¡Qué hoyuelos tan cucos se le forman junto a la boca!, ¡cómo se
+le aterciopelan los ojos!... Pero no hay confianza todavía entre las
+gentes de a bordo; parece que estamos todos de visita.
+
+Sentáronse a alguna distancia de la norteamericana y ésta volvió a bajar
+los ojos sobre el libro, ladeándose en su sillón para ignorar la
+presencia de los recién llegados.
+
+Tenían ante ellos el azul del Océano, liso, denso, sin una arruga y en
+el fondo, por la parte de popa, un triángulo de sombra que empañaba el
+horizonte, una especie de nube gris y piramidal, que era la isla...
+Calma absoluta... Sentados en mitad de la cubierta, no alcanzaban a ver
+las espumas que la velocidad de la marcha arremolinaba contra los
+flancos del buque. Desde esta altura sus ojos abarcaban únicamente el
+segundo término, o sea el mar inmóvil, que parecía cubierto de una
+costra diáfana y transparente, una costra de vidrio reflejando el azul
+denso y pastoso de la profundidad. A no ser por las vedijas negras que
+se escapaban de la chimenea, para quedar flotando en la calma bochornosa
+de la tarde, se hubiese podido creer que el buque no marchaba... Y la
+isla siempre a la vista, como los países encantados de las leyendas, que
+parecen avanzar detrás de los pasos del que huye.
+
+Un silencio de sesteo extendía su paz abrumadora sobre la cubierta
+inundada de luz. Bajo los toldos se percibían leves ronquidos,
+acompasadas respiraciones, dorsos vueltos al exterior sobre las sillas
+largas, cabezas incrustadas en almohadas o descansando sobre el
+respaldo, con los ojos entornados y la boca abierta a la frescura de la
+sombra. Crujía el piso en los lugares caldeados, bajo el paso tardo de
+algún transeúnte. Subían los ecos de la música, lejanos, adormecidos,
+como si surgiesen de las profundidades del mar. Venían del otro lado de
+la chimenea gritos de niños y choques de maderas, revelando los diversos
+incidentes de un juego deportivo. El sol de la tarde incendiaba todo el
+Poniente con su lluvia cegadora.
+
+--¿Por qué llamarían a esto el «Mar Tenebroso»?--dijo Maltrana, que no
+podía permanecer callado largo tiempo.
+
+Estas palabras despertaron en los dos el recuerdo de antiguas lecturas.
+Ojeda pensó en su drama poético de los conquistadores cuya preparación
+le había obligado a estudiar la epopeya de los navegantes que
+descubrieron las tierras vírgenes. Isidro se acordó de los trabajos
+realizados en su época de mercenario de la literatura, cuando andaba a
+caza de notas en bibliotecas y archivos para la confección de un libro
+que firmaría luego cierto personaje ansioso de entrar en una Academia.
+
+--Siempre es tenebroso lo que ignoramos--contestó Ojeda--. Una nube en
+el horizonte o varios días sin sol bastaron para llamar Tenebroso un mar
+en el que se avanzaba con indecisión, temiendo las sorpresas del
+misterio y el perder de vista las costas. Yo confieso que la geografía
+del Mar Tenebroso antes de que la brújula hiciera posibles las largas
+exploraciones, es una geografía que me encanta y rejuvenece: algo así
+como esos cuentos de hadas que nos deleitan como un perfume de flores
+marchitas al evocar las primeras impresiones de la niñez.
+
+Y los dos enumeraron en su animada conversación todos los intentos de
+los hombres, desde remotos siglos, por romper el misterio del Mar
+Tenebroso.
+
+Los nautas cartagineses bajaban hacia el Sur por las costas de África,
+trayendo, después de un periplo de varios años, colmillos de elefantes
+que suspendían de los templos, adornos vistosos, pellejos de hombres
+peludos y con rabo que debieron ser envolturas de grandes orangutanes. Y
+tal valor concedía el Senado a tales descubrimientos, que guardaba como
+un secreto de Estado la ruta de los navegantes, viendo en las tierras
+lejanas un seguro refugio para su pueblo si una guerra infortunada hacía
+necesaria la expatriación.
+
+En este mar de tinieblas, más allá de las columnas de Hércules, habían
+colocado Homero y Hesiodo el Eliseo, morada de los bienaventurados, las
+Gorgonas, tierra de eterna primavera, y las Hespérides, con sus manzanas
+de oro, guardadas por un dragón de fuego. Luego eran los navegantes
+árabes los que se lanzaban en el mar de las tinieblas, y sus geógrafos
+poblaban el misterio de las soledades marinas con poéticas invenciones,
+aderezando los descubrimientos lo mismo que un cuento de _Las mil y una
+noches_. El emir Edrisi hablaba de las islas de Uac-uac, último término
+del mundo en el siglo XII por la parte de Oriente: islas tan abundantes
+en riquezas, que los monos y los perros llevaban collares de oro. Un
+árbol, del que había grandes bosques, daba su nombre a las islas; el
+_uac-uac_, llamado así porque gritaba o ladraba con iguales sonidos a
+todo el que ponía por vez primera el pie en el archipiélago. Y este
+árbol tenía en la extremidad de sus ramas, primero, abundantes flores, y
+luego en vez de frutas, hermosas muchachas, beldades vírgenes, que
+podían ser objeto de exportación para los harenes.
+
+Por el Occidente habían avanzado los hermanos Almagrurinos, ocho moros
+vecinos de Lisboa, que mucho antes de 1147--año en que los musulmanes
+fueron expulsados de la ciudad--juntaron las provisiones necesarias para
+un largo viaje, «no queriendo volver sin penetrar hasta el extremo del
+Mar Tenebroso». Así descubrían la isla de «los carneros amargos» y la
+isla de «los hombres rojos», pero se vieron obligados a tornar a Lisboa
+faltos de víveres, ya que no podían comer por su mal sabor los carneros
+de las tierras descubiertas. En cuanto a los hombres rojos, eran de gran
+estatura, piel rojiza y «cabellera no espesa, pero larga hasta los
+hombros»; rasgos que hicieron pensar a muchos si los hermanos
+Almagrurinos habrían llegado a tocar efectivamente en alguna isla
+oriental de América.
+
+Al mismo tiempo que la geografía árabe hacía surgir tierras del Mar
+Tenebroso, la leyenda cristiana lo poblaba con islas no menos
+maravillosas. Cuando los moros invadían la Península derrotando al rey
+Roderico, una muchedumbre de cristianos, llevando a su frente a siete
+obispos, se había embarcado, para huir Océano adentro hasta dar con una
+isla en la que fundaba siete ciudades. Muchos navegantes portugueses,
+arrebatados por la tempestad, habían ido a parar a esta isla, donde eran
+magníficamente tratados por gentes que hablaban su mismo idioma y tenían
+iglesias. Pero así que intentaban volver a su tierra, se oponían los
+habitantes, deseosos de que se guardase secreta la existencia de la
+«Isla de las Siete Ciudades». Unos que habían logrado regresar enseñaban
+arenas de aquellas playas, que eran de oro casi puro. Pero al armarse
+nuevas expediciones para ir a su descubrimiento, jamás acertaban éstas
+con el camino.
+
+Otra isla, la de San Brandán, o San Borombón, ocupaba a las gentes de
+mar durante varios siglos; isla fantasma que todos veían y en la que
+nadie llegaba a poner el pie. San Brandán, abad escocés del siglo VI,
+que llegó a dirigir tres mil monjes, se embarcaba con su discípulo San
+Maclovio para explorar el Océano en busca de unas islas que poseían las
+delicias del Paraíso y estaban habitadas por infieles. Durante la
+navegación, un día de Navidad, el santo ruega a Dios que le permita
+descubrir tierra donde desembarcar para decir su misa con la debida
+pompa, e inmediatamente surge una isla ante las espumas que levanta su
+galera. Terminados los oficios divinos, cuando San Borombón vuelve al
+barco con sus acólitos, la tierra se sumerge instantáneamente en las
+aguas. Era una ballena monstruosa que por mandato del Señor se había
+prestado a este servicio.
+
+Después de vagar años enteros por el Océano desembarcan en una isla, y
+encuentran, tendido en un sepulcro, el cadáver de un gigante. Los dos
+santos monjes lo resucitan, tienen con él pláticas interesantes, y tan
+razonable y bien educado se muestra, que acaba por convertirse al
+cristianismo y lo bautizan. Pero a los quince días el gigante se cansa
+de la vida, desea la muerte para gozar de las ventajas de su conversión
+entrando en el cielo, y solicita permiso cortésmente para morirse otra
+vez, petición razonable a la que acceden los santos. Y desde entonces
+ningún mortal logra penetrar en la isla de San Borombón. Algunos
+marineros de las Canarias la ven de muy cerca en sus navegaciones; los
+hay que llegan a amarrar sus bateles en los árboles de la orilla, entre
+restos de buques cubiertos de arena; pero siempre surge una tempestad
+inesperada, un temblor de tierra, y el mar los arroja lejos. Y pasan
+siglos y siglos sin que nadie ponga el pie en sus playas. Los habitantes
+de Tenerife la veían claramente en ciertas épocas del año y se
+presentaban a las autoridades cientos de testigos declarando su
+configuración: dos grandes montañas con un valle verde en el centro.
+
+--América estaba descubierta por entero--dijo Ojeda--cuando todavía
+enviaban los vecinos de Tenerife expediciones a su costa, por estas
+aguas, en busca de la famosa tierra de San Borombón. Y la isla, que se
+dejaba ver perfectamente desde lo alto de las montañas, difuminábase en
+el horizonte y acababa por perderse cuando alguien iba a su encuentro en
+un buque. Hubo muchas expediciones, unas pagadas por los regidores de la
+isla, otras de particulares, pero todas sin éxito; y la gente, cada vez
+más convencida de la existencia de San Borombón, achacaba estos fracasos
+a la impericia de los expedicionarios antes que renunciar al encanto de
+lo maravilloso. Casi todos los mapas de la época situaban esta isla en
+las inmediaciones de las Canarias, y ochenta años antes de a
+independencia de las colonias, cuando la América española iba ya
+pensando en declararse mayor de edad, todavía salió de Tenerife una
+expedición mandada por un caballero respetable, y como se trataba de una
+empresa misteriosa, iban dos frailes en su buque. Algunos creían que
+esta isla fantasma era el lugar del Paraíso terrenal donde viven en
+bienaventuranza eterna Elías y Enoch... La santa poesía se aprovecha
+siempre de las ficciones populares, y por esto el Tasso, al encantar al
+caballero Rinaldo en los mágicos jardines de Armida, los coloca en una
+isla de las Canarias, recordando sin duda la tradición de la de San
+Borombón.
+
+Luego los dos amigos hablaron de la Atlántida, tierra sorbida por las
+convulsiones del lecho del Océano y que sólo había dejado como recuerdo
+de su existencia una tradición de poderosos gigantes en diversas
+teogonías: Hércules batiendo sus columnas entre España y África y
+juntando dos mares; Dhoulcarnain (_El de los dos cuernos_) y Chidr (_El
+personaje verde_), héroes de la fábula árabe inspirada en las
+tradiciones fenicias, abriendo un canal entre el Mar Tenebroso, o sea el
+Atlántico, y el Mar Damasceno, el Mediterráneo.
+
+La ciencia helénica había adivinado a través de las poéticas ficciones
+la verdadera forma del planeta. En los primeros tiempos era la tierra un
+disco que flotaba sobre las aguas del río Océano, ligeramente inclinado
+hacia el Sur por el peso de la abundante vegetación del trópico. Pero
+los pitagóricos sustituían esta hipótesis con la afirmación de la
+esfericidad del planeta, y después de esto no había que hacer grandes
+esfuerzos para imaginarse la posibilidad de navegar desde el extremo de
+Europa, o sea desde España, a las costas orientales de Asia, siguiendo
+el rumbo de Occidente. Aristóteles y Estrabón hablaban de un «solo mar
+que bañaba a la vez las costas opuestas de los dos continentes»,
+añadiendo que en muy pocos días podía ir un buque desde las columnas de
+Hércules a la parte más oriental de Asia.
+
+Estas ideas se conservaban y propagaban a través de la Edad Media entre
+los hombres de estudio. Muchos Padres de la Iglesia siguieron
+considerando la tierra como una superficie plana, con arreglo a la
+fantástica geografía del monje bizantino Cosmas Indicopleustes, pero en
+conventos y universidades se transmitían pequeños grupos las tradiciones
+de la antigüedad, las doctrinas de Aristóteles, comentadas y difundidas
+por los árabes de España, los rabinos arabizantes, Alberto el Grande y
+otros sabios cristianos. La geografía de Ptolomeo era admitida por los
+hombres cultos.
+
+Preocupaba el continente asiático a la Europa medieval, puesta en
+contacto con él por las invasiones de los musulmanes y las expediciones
+de los cruzados. Se conocían por relatos antiguos las conquistas de
+Alejandro hasta el Ganges y las correrías de algunos procónsules
+romanos, pero quedaba una parte del continente misteriosa y desconocida:
+el Asia ultra-Ganges, la más grande y la más rica. El lujo de las cortes
+europeas hacía cada vez más necesarios los productos de la India,
+traídos por las caravanas a través de las áridas mesetas asiáticas: las
+especierías, el marfil y la seda. Los sacerdotes budistas y cristianos,
+por religioso proselitismo, realizaban atrevidos viajes que iban
+ensanchando el horizonte geográfico y el de las ideas. Con la llegada de
+las caravanas se difundían las asombrosas noticias del reino del Preste
+Juan y las maravillas de las ciudades de mármol y oro, enormes como
+naciones, que se levantaban junto a los ríos del Catay o en las islas de
+Cipango. Pisanos, venecianos y genoveses, aprovechadores de la brújula
+inventada por los árabes, iban en busca de los productos del Asia
+siguiendo el mar Rojo o cruzando el mar Caspio. Osados aventureros
+escribían con espíritu romanesco el relato de sus largos años de
+aventuras, y los viajes de Marco Polo y Nicolás Conti interesaban como
+un libro de caballerías.
+
+El entusiasmo religioso hablaba de embajadas dirigidas a los papas por
+el Preste Juan o el Gran Kan de la Tartaria, poderosos señores que desde
+el fondo de sus palacios querían entrar en relación con la cristiandad y
+convertirse a la verdadera fe. Pero las embajadas quedábanse siempre en
+el camino, y únicamente llegaba como disperso algún europeo renegado que
+iba describiendo las maravillas de las ciudades asiáticas con una
+exuberancia que enardecía las imaginaciones. La lectura de los libros
+santos hacía revivir en los doctores cristianos la memoria de las ricas
+tierras del Asia oriental. Se recordaban las flotas enviadas por Salomón
+al monte Sopora, que otros llamaban Ofir y algunos creían ser la isla de
+Trapobana. Las naos del sabio rey, después de tres años, volvían
+cargadas de oro, plata, piedras preciosas, pavones y colmillos de
+elefantes. San Isidoro afirmaba que la isla Trapobana «hervía de perlas
+y elefantes, y que en ella el oro era más fino, los elefantes más
+grandes y las margaritas y perlas más preciosas que en la India». Junto
+a la Trapobana había dos islas, la de Chrise, que era toda de oro, y la
+de Argyra, toda de plata. Estas islas de montañas preciosas estaban
+pobladas de hormigas grandes como perros y venenosas como grifos, que
+sacaban con sus patas el oro de la tierra y hacían bolas, abandonándolas
+en la playa. Los marinos de Salomón aguardaban mar afuera a que las
+bestias se alejasen en busca de comida, y entonces desembarcaban, y con
+gran prisa iban cargando las bolas de oro, para hacer al día siguiente
+la misma operación.
+
+Llegar a la India, ponerse en contacto con sus riquezas, apoderarse de
+sus pedrerías y sus especias de exótico perfume, entrar en la ciudad de
+Quinsay, urbe monstruosa de treinta y cinco leguas de ámbito con
+«doscientos puentes de mármol, sobre gruesas columnas de extraña
+magnificencia», fue el ensueño con que empezó su vida el siglo XV, para
+no finalizar hasta haberlo realizado.
+
+La parte de Europa más avanzada en el Océano, la península Ibérica, era
+el lugar de partida de todas las intentonas para descubrir la ruta
+misteriosa de la India por Oriente y por Occidente. El contacto con los
+árabes españoles había acostumbrado a sus navegantes al uso de la
+brújula, impulsándolos a apartarse de las costas. Los marinos
+portugueses, gallegos y cántabros comerciaban con las Islas Británicas y
+las repúblicas anseáticas del Báltico; los marinos catalanes y
+mallorquines, rivales de los italianos en el comercio de Oriente, usaban
+cartas de navegar desde mediados del siglo XIII. Las Ordenanzas de
+Aragón disponían que cada galera llevase dos cartas marinas, cuando los
+demás buques de la cristiandad navegaban sin otros rumbos que el
+instinto y la costumbre. Raimundo Lulio hablaba de la fabricación en
+Mallorca de instrumentos náuticos, groseros sin duda, pero asombrosos
+para aquella época, los cuales servían para determinar el tiempo y la
+altura del Polo a bordo de las naves. Un marino catalán, Jaime Ferrer,
+avanzando en el Mar Tenebroso, llegó a Río de Oro, cinco grados más al
+Sur del cabo Non, que los portugueses, ochenta y seis años después,
+creyeron ser los primeros en haberlo doblado.
+
+El infante don Enrique de Portugal, gran protector de descubrimientos,
+fundaba en el Algarbe la Academia de Sagres para los estudios
+geográficos, y los individuos de ella, viejos navegantes y médicos
+hebreos aficionados a la cosmografía, elegían como presidente a un
+piloto catalán, maese Jacobo de Mallorca. Españoles y portugueses, al
+explorar las costas de África o arriesgarse Océano adentro, se
+establecían en las islas, que eran como puestos avanzados en esta guerra
+tenaz con el misterio del Mar Tenebroso. El Archipiélago de las
+Canarias, las islas, de los Azores, Madera y Cabo Verde, convertíanse en
+lugares de parada y descanso para los nautas atrevidos y al mismo tiempo
+en lugares de observación para los que soñaban con nuevas expediciones.
+El misterio del Océano los retenía allí, y se casaban con isleñas hijas
+de europeos, constituyendo nuevas familias de marinos.
+
+Eran los pobladores de aquellas islas a modo de los ejércitos destacados
+largos años en una frontera, que acaban por crear ciudades y producir
+generaciones aparte. El Mar Tenebroso, violado por estos intrusos en su
+huraña soledad, iba librándoles a regañadientes, poco a poco, el secreto
+de sus lejanos horizontes inexplorados. En los hogares isleños se
+hablaba de los hallazgos que hacía todo navegante que por tomar vientos
+mejores se alejaba de las islas conocidas. Martín Vicente recogía en su
+navío un «madero labrado por artificio y a lo que juzgaba no con hierro»
+luego de haber venteado durante muchos días el poniente. Pero Correa
+casado con una cuñada de Colón, encontraba en la isla de Puerto Santo un
+madero labrado en la misma forma, además de varias cañas tan gruesas,
+«que en un cañuto de ellas podían caber tres azumbres de agua o de
+vino».
+
+Los vecinos de la islas de los Azores, siempre que soplaban recios
+vientos de Poniente o Noroeste encontraban en sus playas grandes pinos
+arrastrados por las olas. En la isla de las Flores, una de este
+archipiélago, «había echado la mar dos cuerpos de hombres muertos que
+parecían tener las caras muy anchas y de otro gesto que tienen los
+cristianos». También se hablaba de que en las cercanías de la isla
+habían aparecido ciertas almadías con casas movedizas, embarcaciones
+extrañas que no podían hundirse y que al ser arrastradas por una
+tempestad habían perdido tal vez sus tripulantes.
+
+Un Antonio Leme, habitante de Madera, corriendo con su barco un mal
+tiempo hacia Poniente, juraba haber divisado tres islas; otro vecino de
+Madera enviaba peticiones al rey de Portugal para que le diese una nave,
+con la que descubriría una isla que afirmaba haber visto todos los años
+en determinadas épocas. Y en las Canarias, así como en las Azores,
+también veían los habitantes tierras nuevas que surgían en el horizonte
+al llegar ciertos meses, y que para el vulgo eran las de las tradiciones
+marítimas: la isla de las Siete Ciudades y la de San Borombón, pintadas
+por algunos cartógrafos en sus mapas con los títulos de «Antilla» y
+«Mano de Satán». Los de mayores conocimientos explicaban con arreglo a
+los escritores antiguos, la naturaleza de estas tierras tan pronto
+visibles como ocultas y que frecuentemente cambiaban de lugar. Plinio
+había hablado de enormes arboledas del Septentrión que el mar socava, y
+como son de grandes raíces, flotan sobre las olas y de lejos parecen
+islas. Séneca había descrito la naturaleza de ciertas tierras de la
+India, que por ser de piedra liviana y esponjosa van sobrenadando en el
+Océano.
+
+La Antilla salía al encuentro de los marinos extraviados por la
+tempestad, dando lugar con su rápida aparición a nuevas expediciones.
+Diego Detiene, patrón de carabela, que llevaba como piloto a un Pedro de
+Velasco, vecino de Palos, salía de la isla de Fayal cuarenta años antes
+de los descubrimientos de Colón, y avanzando cientos de leguas mar
+adentro, encontraba indicios de tierra; pero a fines de agosto había de
+retroceder, temiendo la proximidad del invierno. Vicente Díaz, piloto de
+Tavira, realizaba otra expedición hacia Poniente, pero había de volverse
+por la escasez de sus provisiones. Otros navegantes salían a la
+descubierta de estas islas ocultas, y nadie volvía a saber de ellos.
+
+Se hablaba mucho de un piloto que había conseguido pisar las tierras
+ignotas. Unos le consideraban vizcaíno, de los que hacían comercio con
+Francia e Inglaterra; otros portugués, que navega de Lisboa a la Mina;
+los más le tenían por andaluz y le llamaban Alonso Sánchez de Huelva.
+Una tempestad había sorprendido barco entre Canarias y Madera,
+llevándolo hasta una gran isla, que se creyó luego fuese la de Santo
+Domingo. Desembarcó Sánchez tomó la altura, hizo agua y leña, y volvió
+hacia las tierras conocidas; pero tan penoso fue el viaje, que murieron
+de hambre y cansancio doce hombres de los diez y siete que formaban su
+tripulación, y los cinco restantes llegaron en tal estado a las Azores,
+que fallecieron al poco tiempo. Esto ocurría en 1484, ocho años antes
+del descubrimiento de las Indias. Cuando las primeras expediciones
+españolas desembarcaron en las costas de Cuba, sus naturales, en
+frecuente comunicación con los de la isla Española o Santo Domingo, les
+hablaron de otros hombres blancos y barbudos que algún tiempo antes
+habían llegado sobre una nave.
+
+--Gente interesante la que se reunía en estas islas avanzadas del Mar
+Tenebroso--dijo Maltrana--. Navegantes ávidos de novedad, hombres de
+estudio que a la vez eran hombres de acción, sentíanse atraídos todos
+ellos por el misterio del Océano. Luego de navegar desde los hielos de
+la isla de Thule al puerto de San Jorge de la Mina (donde los lusitanos
+hacían acopio de negros para venderlos en Lisboa), acababan por
+establecerse en los archipiélagos portugueses o españoles, sin que nadie
+supiese gran cosa de su existencia anterior. Se parecían a los
+aventureros de vida novelesca y obscura que en nuestros tiempos viven en
+las minas del África del Sur, en las praderas de Australia, en el Oeste
+de los Estados Unidos o en las pampas de la Argentina, vagabundos cuya
+verdadera nacionalidad se ignora, que llevan con ellos un ensueño, una
+energía latente, y se introducen por medio del matrimonio en familias
+poderosas que les ayudan, acabando por triunfar. Después de la victoria
+ocultan aún con más cuidado su origen, amontonando sobre él testimonios
+contradictorios e inverosímiles.
+
+--En las Azores--dijo Ojeda--vivió durante diez y seis años, casado con
+una hija del gobernador de Fayal, el cosmógrafo Martín Behaín,
+constructor del primer globo terrestre que se conoce, y el cual es
+considerado por unos caballero bohemio de raza eslava, por otros noble
+portugués dado a las aventuras, y por los más, simple mercader de paños
+nacido en Nuremberg. Y al mismo tiempo, casado con una hija de Muñiz de
+Pelestrelo, antiguo gobernador de la isla de Puerto Santo, vivía otro
+aventurero, navegante en diversos mares y de obscuro pasado, un tal
+Cristóbal Colón...
+
+--Usted que ha estudiado las cosas de aquella época, amigo
+Ojeda--preguntó Maltrana--, ¿cómo ve al famoso Almirante?...
+
+--Le advierto que yo tengo una opinión muy personal. Siento por él una
+simpatía de clase: era un poeta. En su libro de _Las Profecías_ se han
+encontrado versos mediocres, pero ingenuos, que indudablemente son de
+él. Adoro su imaginación, que infunde a muchos de sus actos cierto
+carácter poético; su amor a lo maravilloso, su religiosidad extremada de
+marinero metido en teologías, que le hace decir cosas heréticas sin
+saberlo y le impulsa a escoger libros religiosos poco aceptados...
+Admiro su coraje, su tenacidad para realizar un ensueño. Y lo que en él
+me inspira más afecto es que no fue un verdadero hombre de ciencia, frío
+y lógico, de los que usan la razón como único instrumento y desdeñan las
+otras facultades, sino un intuitivo, de más fantasía que estudios,
+semejante a Edison y a otros inventores de nuestra época, que tampoco
+son verdaderos hombres de ciencia y saltan del absurdo a la verdad,
+produciendo sus obras por adivinación, lo mismo que los artistas... Este
+hombre extraordinario y misterioso lo veo lleno de contradicciones y
+complejidades como un héroe de novela moderna; y lo prueba el hecho de
+que, transcurridos cuatro siglos, todavía se discute sobre su persona y
+no se sabe con certeza su origen.
+
+--Yo odio el Colón convencional fabricado por el vulgo--dijo Isidro--.
+Ese Colón que ven todos, lo mismo que en las estatuas y los cuadros, con
+el capotillo forrado de pieles, una mano en la esfera terrestre (que
+conocía menos que cualquier escolar de nuestra época) y con la otra
+señalando a Poniente, como quien dice: «Allá está _América_; la veo y
+voy a ir por ella...». Y Colón murió sin enterarse de que las tierras
+descubiertas eran un mundo nuevo y desconocido; diciendo en su carta al
+Papa que había explorado trescientas leguas de la costa de Asia y la
+isla de Cipango, con otras muchas a su alrededor... Las trescientas
+leguas asiáticas eran las costas atlánticas de la América Central, y
+Cipango (o sea el Japón) la isla de Santo Domingo. Él fue quien menos
+valor científico dio al descubrimiento, viendo en sus viajes una simple
+empresa política y comercial. De la novedad de las tierras encontradas
+no tuvo la menor sospecha: eran para él las costas orientales de Asia,
+la India ultra-Ganges, y por esto las bautizó con el nombre de Indias. Y
+en la carta en que daba cuenta del primer descubrimiento a su amigo y
+protector Luis Santángel, ministro de Hacienda de la corona de Aragón y
+judío converso, declaraba que de las tierras descubiertas «habían
+hablado otros muchos antes que él, pero por conjetura y sin alegar de
+vista», refiriéndose a los viajeros que habían hablado y escrito sobre
+los misterios de Asia.
+
+La contemplación del mar y la calma de la tarde incitaron a los dos
+amigos a seguir allí, continuando su plática, en la que evocaban pasadas
+lecturas, interrumpiéndose muchas veces el uno al otro para añadir un
+nuevo dato.
+
+Colón había encontrado el resumen de toda la ciencia de su época en el
+tratado _De imagine mundi_, del cardenal Pedro de Aliaco, teólogo,
+matemático, cosmógrafo, astrólogo, y uno de los que asistieron al
+Concilio de Constanza, donde fue quemado Juan Huss. El ejemplar _De
+imagine mundi_ le acompañaba en todos sus viajes. Las Casas había visto
+este libro, ya ajado y cubierto de anotaciones en los últimos años de
+Colón. Éste encontraba reunido en la obra de Aliaco todo lo que podía
+animarle en su propósito de pasar al Asia por breve camino navegando
+hacia Occidente. Las afirmaciones de Aristóteles y su comentador
+Averroes, y las de Séneca daban todas ellas por segura la posibilidad de
+llegar en pocos días con viento favorable desde el extremo más avanzado
+de España a la India. La escasa distancia entre los dos extremos del
+mundo conocido afirmábala igualmente el cardenal con el testimonio de
+Plinio, que da a la India una grandeza desmesurada, la tercera parte del
+mundo habitado, con ciento diez y ocho naciones; de modo que Asia
+ocupaba todo el mar Pacífico, todo el Atlántico, y avanzaba hacia
+Europa, llenando parte de la América.
+
+Oponíanse a esto otras doctrinas, afirmando que en el planeta era más el
+espacio ocupado por el mar que el de la tierra firme; pero Colón, como
+todos los que se sienten poseídos de una idea fija desechaba lo que no
+parecía de acuerdo con su opinión, rebuscando nuevos y extraños
+argumentos para afirmarla. Él desenterró--dándole el valor de un libro
+santo--el _Apocalipsis_ de Esdras, judío visionario del siglo primero
+que vivía fuera de Palestina. Y apoyándose en Esdras, que afirmaba que
+seis partes del mundo están en seco y sólo la séptima la ocupan los
+mares, todavía, poco antes de morir, cuando llevaba hechos tres viajes
+de descubrimiento, escribía Colón a los Reyes Católicos: «Digo que el
+mundo no es tan grande como dice el vulgo, y el conjunto de ello es seis
+partes y la séptima solamente cubierta de agua».
+
+También en los libros sagrados y en la literatura clásica encontraba
+argumentos en su apoyo. Unos versos de la tragedia _Medea_, de Séneca,
+eran para él profecía indiscutible. «Vendrán los días--dice el coro--en
+que el Océano aflojará sus lazos y surgirá una nueva tierra, y un
+marinero semejante a Tifis, el que guió a Jasón, será el descubridor, y
+ya no aparecerá la isla de Thule como la última de las tierras.» Buscaba
+apoyo igualmente en el Antiguo Testamento, interpretando obscuras
+palabras de Isaías; y al dar cuenta de su descubierta, decía que con
+ella se habían cumplido simplemente las predicciones de aquel profeta.
+
+Su misticismo fantaseador y la convicción de que las tierras nuevas
+encontradas por él tocaban con el Oriente asiático le impulsaban a dar
+por realizados los más bizarros descubrimientos. En la costa de
+Venezuela, al notar en el Océano la gran extensión de agua dulce de la
+desembocadura del Orinoco, declaraba este río «uno de los cuatro que
+bañan el Paraíso terrenal». Y para dar emplazamiento al Paraíso, que,
+según sus autores favoritos, está situado en la cumbre de una gran
+montaña, escribía a los Reyes Católicos afirmando que «el mundo no es
+redondo en la forma que dicen los antiguos, sino en la forma de una
+pera, que es toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón, que es
+lo más alto; o como quien tiene una pelota muy redonda y encima de ella
+coloca una teta de mujer, y esta parte del pezón es la más alta y más
+propincua al cielo». El pezón del mundo estaba en la costa de Paria,
+cerca del Orinoco, y en esta altura inaccesible vivían Elías y Enoch
+esperando el Juicio final.
+
+Las arenas de oro encontradas en La Española le hacían adivinar el
+verdadero nombre de esta isla. Era la Cipango de Marco Polo y de los
+viajeros asiáticos; pero antes había sido la tierra de Ofir, adonde
+Salomón enviaba sus navíos.
+
+En todas sus cartas, el deseo de riquezas y la esperanza de encontrarlas
+mezclábanse con un entusiasmo religioso por sus viajes, que iban a
+proporcionar a la Iglesia la conquista de millones de almas perdidas en
+la idolatría. «El oro es bueno, Señora--escribía a la reina--; y tal es
+su poder, que saca las almas del Purgatorio y las lleva al Paraíso.» Y a
+la vez que ingenuamente exponía esta impiedad, deseaba reunir mucho oro
+para armar un ejército a su costa de cien mil infantes y diez mil
+caballos, con el cual prometía al Papa rescatar el Santo Sepulcro del
+poder de los infieles y contener el avance de los turcos. Cuando al
+final se convencía de que el oro no era abundante y costaba mucho de
+acopiar, proponía, para la obra santa de la conquista de Jerusalén,
+establecer un comercio de esclavos indios en la Península, tráfico que
+podía dar una ganancia anual de cuarenta millones de maravedíes. Y a
+continuación enviaba las primeras muestras de indígenas al mercado de
+Sevilla.
+
+--Todo era extraordinario y contradictorio en aquel hombre--dijo
+Ojeda--. Se nota en él ese desequilibrio que, según parece, es condición
+de los genios.
+
+--Aún es más misterioso su origen--contestó Maltrana--, biógrafos e
+historiadores llevan cuatro siglos disputando sobre los diversos lugares
+de su nacimiento en el señorío de Génova. Algunos hasta le creen
+gallego, nacido en Pontevedra, y se fundan en que en la época de su
+nacimiento existían familias de marineros en aquella costa llamados unos
+Colón y otros Fonterrosa (los dos apellidos del Almirante), y todos
+ellos, según parece, de origen judío. Yo doy poca importancia en la vida
+de un hombre al lugar de su nacimiento. Cada uno nace donde puede, donde
+le dejan nacer, y esto nada significa en la formación de nuestro
+carácter.
+
+--Así es. Nuestra patria verdadera está allí donde esbozamos el alma,
+donde aprendemos a hablar, a coordinar las ideas por medio del lenguaje
+y nos moldeamos en una tradición.
+
+--Recuerde, amigo Ojeda, los documentos que nos quedan del Almirante. No
+hay un solo escrito en italiano; ni la más insignificante palabra de su
+idioma natal se escapa en ellos; siempre usa el latín o el castellano, y
+al castellano le llama «nuestro romance». Él, tan aficionado a las citas
+literarias y los versos, nunca menciona un autor de la rica literatura
+italiana, que parece ignorar. Américo Vespucio, que era de Italia, saca
+a colación, en sus relaciones geográficas, al Dante y a Petrarca. Colón
+cita únicamente a los autores de la antigüedad: «el Aristóteles»,
+Plinio, Séneca, etc., y con ellos los árabes españoles, San Isidoro, el
+rey Alfonso y muchos rabinos hispanos, en cuyas doctrinas parece muy
+versado. Este genovés ilustre, cuando escribe a Micer Nicolao Oderigo,
+embajador de Génova en España, le escribe en castellano, como escribía a
+todos, cuando no usaba el latín. Muchos años antes, al planear en Lisboa
+su empresa de descubierta, se dirige a Toscanelli, el anciano cosmógrafo
+florentino, para conocer nuevos datos de la ciencia de entonces que le
+afirmasen en sus propósitos. No se sabe qué dijo en la carta de
+petición; lo natural era recomendarse a su benevolencia como
+compatriota, y sin embargo, Toscanelli, el famoso «Paulo físico», cuando
+le contesta desde su tierra enviándole el plano geográfico que tanto le
+valió para los descubrimientos, da a entender que lo cree portugués y le
+habla del esforzado valor de los navegantes de su país... Alegan muchos,
+para justificar ese desconocimiento del italiano, tan extraordinario en
+un genovés, que Colón salió de su patria a los catorce años para no
+volver más. ¿Pero el idioma natal puede olvidarse tan por completo
+cuando se le ha hablado hasta los catorce años?...
+
+--A mí tampoco me apasiona el lugar de su nacimiento--dijo Ojeda--. Ya
+he dicho que el hombre es del país donde se forma y cuya lengua habla.
+Me interesa la persona más que la cuna... Pero tenemos el testimonio del
+mismo Colón, que no deja lugar a dudas. En sus cartas, en la institución
+del mayorazgo para su descendencia, en su testamento, en todo papel que
+escribe en los últimos años, muestra cierto interés en hacer saber que
+es de Génova, como si adivinase las objeciones de la posteridad sobre su
+origen.
+
+--Lo dice hartas veces--interrumpió Isidro maliciosamente--, lo repite
+con sobrada insistencia, para creer en su sinceridad. Exhibe la
+condición de ligur, pero no añade lo más mínimo sobre sus ascendientes o
+la parentela que indudablemente le quedaría en Italia. La única vez que
+menciona familia, es para dar a entender de un modo velado que bien
+pudiera ser pariente de los Colombos, famosos almirantes de Génova. En
+esta declaración ven algunos el secreto de su genovesismo. El vagabundo
+Colón y Fonterrosa, marino gallego, portugués, judío o lo que fuese,
+pudo ver grandes ventajas en este parentesco por la semejanza de
+apellido, y más aún si deseaba ocultar su origen en una época en que el
+cristianismo pegaba duro sobre los de raza hebraica y preparaba su
+expulsión de muchas naciones. Se ha demostrado que es puramente ilusorio
+este parentesco con los Colombos almirantes, y falsos también los
+relatos de los combates de su mocedad en las galeras genovesas frente al
+puerto de Lisboa, así como su milagrosa salvación sobre un madero. ¿Por
+qué no podría serlo igualmente el genovesismo de ese italiano que ignora
+su lengua y no se acuerda de cómo es su país, pues jamás lo alude para
+compararlo con las tierras descubiertas?...
+
+--Ciertamente, fue un hombre enigmático. Su vida se asemeja a esas
+montañas altísimas que reciben en la cumbre los rayos del sol, mientras
+abajo los valles y laderas están en la sombra. Sabemos de él con certeza
+a partir de sus cincuenta y seis años, cuando emprende el primer viaje:
+los ocho años anteriores pasados en la Corte de España solicitando apoyo
+están en la penumbra; los de su vida en Portugal aún son más inciertos,
+y todo el resto, hasta el nacimiento, queda envuelto en una obscuridad
+absoluta, que se ha prestado y se prestará a las hipótesis más diversas.
+Su existencia en España es un misterio. ¿Desde cuándo vivió en ella?...
+Los biógrafos lo hacen pasar únicamente por Andalucía y Castilla en sus
+tiempos de solicitante; y sin embargo, Colón, siendo viejo, contaba a
+Las Casas cómo le habían servido de apoyo en sus planes ciertas pláticas
+con Pedro Velasco, un marinero que había hecho grandes navegaciones, y
+al que conoció en Murcia.
+
+--Hay que tener en cuenta, amigo Ojeda, que en ciertos países la calidad
+de extranjero da gran prestigio a todo el que ofrece una idea nueva. En
+aquellos tiempos, los marinos genoveses eran los de más fama, los que
+habían llegado más lejos en sus exploraciones. Entonces no había
+telégrafo, ni periódicos de información, y un hombre movedizo y viajero
+podía cambiar fácilmente de personalidad y vivir largos años sin que
+nadie le reconociese. Mientras estaba abajo, no corría peligro de que la
+superchería fuese descubierta; y si llegaba el éxito para él, la patria
+que se había atribuido era la primera en enorgullecerse de este
+ciudadano hasta entonces ignorado... Yo no tengo empeño en sostener que
+Colón fuese genovés o no lo fuese: me es igual. A mí, como a usted, lo
+que me interesa es el hombre que por su misticismo extraño y su carácter
+contradictorio es como un resumen de la fusión de razas en la España
+medieval: un conjunto de fanatismos, ambiciones de gloria y codicias de
+mercader. Veo en él una mezcla de rabino avaro, moro fantaseador y
+guerrero romántico, ansioso de rescatar los Santos Lugares para devolver
+millones de almas a su Dios. Pero reconozco que, de ser cierta la
+hipótesis del cambio de nacionalidad, fue éste uno de los mayores
+aciertos de su vida.
+
+Isidro hacía memoria de la existencia en España de aquel aventurero,
+Colombo para unos, Colome para otros, pero que siempre se apellidó Colón
+en sus propios escritos. Conseguía alojamiento y mesa en la casa de un
+personaje como el contador Quitanilla, favorito de los reyes; le
+protegían los priores de ricos conventos; tenía pláticas con la gente de
+la corte, y al fin le escuchaban los monarcas, mientras España andaba
+revuelta en las últimas guerras con los moros, había de atender a los
+choques políticos en Francia e Italia, tenía poco dinero y necesitaba
+tiempo y reflexión para cosas más urgentes e inmediatas que buscar un
+nuevo camino que llevase a la «tierra de las especierías»... ¡Si se
+hubiese presentado como español! El mismo Almirante contaba a sus amigos
+cómo en los puertos de la Península había encontrado viejos marineros
+que navegando hacia Poniente columbraron señales indudables de nuevas
+tierras. En Puerto de Santa María había hablado con un «marinero tuerto»
+que, cuarenta años antes, en un viaje a Irlanda, alejado de esta isla
+por el mal tiempo, vio una gran tierra que imaginaba fuese la Tartaria.
+En Cádiz y en el puerto de Palos hablábase de los países desconocidos
+como de algo indiscutible; pero los navegantes andaluces, gallegos o
+levantinos, gentes rudas y humildes, se hubieran asustado ante la idea
+de ir a la corte para exponer su opinión. Los mismos Pinzones, que eran
+en su tierra notabilídades de campanario por haberse hecho ricos con
+los viajes a Oriente y al Norte de Europa y se mostraban tan convencidos
+como Colón de la posibilidad de los descubrimientos, no habrían
+conseguido ser escuchados al proponer la gran empresa sin profecías
+bíblicas y textos clásicos, basándose únicamente en su experiencia de
+pilotos.
+
+--Pienso yo ahora--interrumpió Ojeda--en la _Vida del Almirante_,
+escrita por su hijo don Fernando, el hijo bastardo, el hijo del amor,
+habido con una señora cordobesa cuando Colón era casi anciano, y que tal
+vez por eso fue mirado siempre por éste con especial predilección... A
+la edad de catorce años acompañó a su padre en el último viaje de
+descubrimiento, el más penoso de todos. Estuvo a su lado en las largas
+navegaciones, cuya monotonía incita a hablar; pasó con él horas de
+peligro, que son horas de confesión; pudo conocer mejor que nadie las
+obscuridades de su primera vida, antes de la celebridad, y sin embargo,
+al escribir los orígenes del Almirante muestra una visible
+incertidumbre, como si poseyese un secreto que teme hacer público. El
+mismo don Fernando afirma que su padre, así como fue ascendiendo en
+fama, tuvo empeño en «que fuese menos conocido y cierto su origen y su
+patria»... Reconoce que el Almirante era genovés, porque así lo afirmaba
+él; pero se nota en sus palabras cierto misterio.
+
+--Cuando don Cristóbal dispone de sus bienes--continuó Maltrana--ordena
+que se destine cierta cantidad al mantenimiento de uno de la familia
+para que se establezca en Génova y tome allá mujer, con el fin de que
+existan siempre Colones en la ciudad. ¿No le quedaban parientes en
+Liguria?... Parece que él y sus hermanos sean producto de una generación
+espontánea, sin ascendientes ni colaterales, lo que le obliga a este
+trasplante de una rama de la familia para dejar bien demostrado que
+Génova fue su nación... En el testamento reparte sus bienes entre hijos
+y hermanos y deja varias mandas para genoveses o personas de origen
+genovés... pero todos residentes en Portugal y alejados muchos años de
+su país de origen, mercaderes que conoció y trató durante su permanencia
+en Lisboa cuando estaba casado con la hija de otro genovés,
+circunstancia que bien pudiera haber influido en la decisión de su
+nacionalidad. Estas mandas se adivina que son restituciones por
+préstamos que le hicieron en sus años de miseria. Hasta ordena que se le
+entregue cierto dinero «a un judío que moraba a la puerta de la judería
+de Lisboa», el único en todo el testamento que figura sin nombre.
+Parientes de Génova no menciona uno siquiera, ni deja nada para
+residentes en Italia. Sus recuerdos de genovés no van más allá de la
+colonia genovesa establecida en Portugal... A mí me inspiran poca
+confianza las afirmaciones del Almirante en lo de su nacionalidad... y
+en otras muchas cosas.
+
+Ojeda acogió estas palabras con un gesto de asombro.
+
+--No quiero decir--continuó Isidro--que el grande hombre fuese embustero
+a sabiendas, pero tenía el defecto o la cualidad de todos los que,
+viniendo de abajo, llegan a una altura gloriosa. Arreglaba a su gusto
+los sucesos de la vida anterior, desfiguraba el pasado de acuerdo con sus
+conveniencias. Era como algunos millonarios del presente, que en sus
+primeros tiempos de riqueza confiesan con orgullo las miserias de los
+años juveniles; pero luego, cuando crecen sus hijos y forman dinastía
+empiezan a avergonzarse de su origen e inventan parientes opulentos y
+capitales ilusorios con los que iniciaron sus primeras empresas. El
+Almirante, al dictar su testamento, habla con amargura de que los reyes
+sólo dedicaron a su obra un millón o cuento de maravedíes, y que «él
+tuvo que gastar el resto»... Y eso lo decía a la hora de su muerte, en
+un país donde todos le habían conocido yendo tras de la corte como
+parásito solicitante, sin dinero y sin hogar, alojado en conventos,
+implorando pequeños subsidios para poder moverse de una ciudad a otra...
+Habían bastado catorce años para una falta de memoria tan estupenda.
+
+--A mí me sorprende el poco caso que hicieron de él durante su vida los
+que llamaba compatriotas suyos. En la colección de sus cartas hay
+algunas quejándose al embajador genovés Oderigo porque no le contestan
+de allá. Envía al Banco de San Jorge de la ciudad de Génova todos sus
+papeles en depósito, y los señores del Banco, sólo después de algún
+tiempo, le dan una respuesta por indicación de Oderigo; y esta
+respuesta, aunque amable, no prueba que el gobierno genovés se
+entusiasmase mucho con sus hazañas. Parece natural que, tratándose de un
+hijo del país que había descubierto un nuevo camino para el Oriente
+asiático, la Señoría genovesa celebrase esto de algún modo. Y sin
+embargo, la gran República comercial permanece callada, ignora a Colón,
+y solo uno de sus funcionarios le escribe para darle las gracias cuando
+hace un regalo valioso a la ciudad que llama su patria... Que Colón era
+extranjero lo tengo por indudable; lo prueba, además, la carta de
+naturalización que dieron los Reyes Católicos a su hermano menor, don
+Diego, que era sacerdote, para que pudiese gozar en Castilla de
+beneficios y rentas. Pero en ese documento hay algo también que se
+presta al misterio. Se naturaliza español a Colón el menor por haber
+nacido fuera de España y ser extranjero, pero no se dice una palabra de
+su nacionalidad primitiva, del lugar de su cuna; no se menciona a Génova
+para nada... ¿Qué había de raro en el origen de estos Colones, todo lo
+referente a sus personas tendiese siempre a la confusión?...
+
+--En los últimos años--dijo Maltrana--tenía el Almirante visible empeño
+en aparecer como extranjero, y por esto insiste tanto en su origen
+ligur. Adivinaba próximo el pleito que tuvieron después sus
+descendientes con la Corona. Hombre astuto y precavido, daba por cierto
+el incumplimiento de los derechos exorbitantes que a cambio de sus
+descubiertas le había reconocido la buena reina Isabel, generosa e
+imprevisora como todas las mujeres de alta idealidad cuando se meten en
+negocios... Ya sabe usted que a Colón, por el compromiso que firmaron
+los reyes, le correspondía la décima parte de todo lo que descubriese y
+de lo que tras él pudieran descubrir los que siguiesen su camino. Es
+absurdo imaginarse una familia, la familia de los Colones, propietaria
+absoluta de la décima parte de todo el continente americano, y a más de
+esto, la décima parte de las islas de Oceanía, cuyo hallazgo fue
+consecuencia del de América... Por esto el rey Fernando, experto hombre
+de negocios, miró siempre con recelo los tratos entre el Almirante y la
+reina. No fue enemigo de la empresa, como dicen algunos, pero le pareció
+insensata la facilidad con que su esposa había accedido a todas las
+peticiones del navegante... Y Colón, en los últimos años, adivinando las
+dificultades en que se verían sus descendientes para sostener la absurda
+herencia, repetía en todos los documentos que era de Génova, aconsejaba
+a sus hijos que se pusiesen en contacto con el gobierno de la República,
+y se valía de halagos y súplicas para conquistar su favor y el de los
+poderosos mercaderes del Banco de San Jorge.
+
+--¿Y usted, Maltrana, es también de los que le creen judío?
+
+--Yo no creo nada cuando faltan pruebas y sólo hay inducciones. Pero los
+que opinan así no se apoyan en el vacío. Aquel hombre extraordinario
+tenía todos los caracteres del antiguo hebreo: fervor religioso hasta el
+fanatismo; aficiones proféticas; facilidad de mezclar a Dios en los
+asuntos de dinero. Para descubrir la India, según él dijo en sus cartas
+a los reyes, «no me valió razón ni matemática; llanamente se cumplió que
+dijo Isaías...».
+
+Y lo que había dicho Isaías en uno de sus salmos era, según Colón, que
+antes de acabarse el mundo se habían de convertir todos los hombres, y
+que de España saldría quien les enseñase la verdadera religión. Además
+de Isaías, apelaba a la autoridad de Esdras, judío olvidado, y en varios
+de sus escritos figuraban cartas de rabinos conversos. Viejo ya,
+redactaba su famoso libro de _Las Profecías_, desvarío místico en el que
+hizo cálculos sobre la duración de la tierra, tomando como base los
+profetas bíblicos. Y el resultado de sus reflexiones fue anunciar que
+sólo le quedaban al mundo ciento cincuenta años de vida, pues había de
+perecer seguramente en 1656.
+
+--Se nota en él--dijo Ojeda--algo de la exaltación feroz a los antiguos
+hebreos, que siempre que constituían nacionalidad, perseguían y
+degollaban por querellas religiosas. En nuestra historia, los
+inquisidores más temibles fueron de origen judío, y ¡quién sabe si una
+gran parte del fanatismo español no se debe a la sangre hebrea que se
+ingirió en la formación definitiva de nuestro pueblo!... El judío de
+aquellas épocas no perdía jamás de vista el negocio en medio de sus
+ensueños místicos, y apreciaba el oro como a algo divino. Así fue Colón.
+
+Tenía visiones divinas, como la de Jamaica, en la que le habló Dios en
+persona, y al mismo tiempo afirmaba: «El oro es excelentísimo, y con él,
+quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo; tal es su poder que echa
+las almas al Paraíso». Emprendía sus viajes en nombre de la Santísima
+Trinidad, afirmando que su obra era «lumbre del Espíritu Santo», pues lo
+enviaba a la India para que esparciese el Evangelio y salvase las almas,
+y luego proponía la venta de indígenas hasta que diesen una renta de
+cuarenta millones anuales. Cargaba dos navíos de esclavos para venderlos
+en España y recomendaba a su hermano don Bartolomé que tuviese gran
+cuidado con la mercancía y llevase justa cuenta en lo que correspondiese
+a cada uno, «pues hay que mirar en todo la conciencia porque no hay otro
+bien mejor, salvo servir a Dios, y todas las cosas de este mundo son
+nada, y Dios es para siempre».
+
+--Además--interrumpió Maltrana--, basta leer la descripción que hacen
+Las Casas y otros historiadores del tipo físico del Almirante: bermejo,
+cariluengo, la nariz aguileña, pecoso, enojadizo, elocuente y muy duro
+para los trabajos.
+
+--La codicia es notoria en él; pero codiciosos fueron igualmente todos
+los que intervinieron en sus descubrimientos. Es verdad que los otros
+iban francamente por el oro, y Colón, además del oro, deseaba servir a
+su religión conquistando millones de almas. En realidad, nadie pensó que
+estas expediciones pudiesen tener un resultado científico. Iban a la
+India porque era rica; iban en busca de la tierra del Gran Kan, soberano
+de la China, preocupados únicamente con sus tesoros. Colón se embarcó
+llevando una carta de los reyes para el Gran Kan, escrita en latín,
+carta que le acreditaba como embajador extraordinario, y apenas en las
+costas de Cuba (que él creía tierra firme) pudo entender por la mímica
+de los indígenas que en el interior vivía un gran monarca, mostróse
+regocijado, adivinando en este cacique humilde al rico emperador de
+Catay.
+
+Enviaba tierra adentro con sus papeles diplomáticos a un judío converso
+en Murcia, que por conocer algunas lenguas orientales iba con él de
+intérprete, y este mensajero, después de larga marcha, sólo encontraba
+un jefe de tribu a la sombra de su techumbre de hojas, rodeado de
+concubinas bronceadas.
+
+--Yo admiro--continuó Ojeda--la ilusión casi infantil que acompaña a
+Colón hasta la muerte, haciéndole encontrar en todas partes riquezas y
+recuerdos bíblicos. La isla Española es el Ofir de Salomón con sus
+áureas minas; un gran río forzosamente debe venir del Paraíso; una
+montaña es una pera, centro del mundo, y en el pezón está la cuna del
+género humano; la costa de Veragua es el Áurea de donde sacó el rey
+David tres mil quintales de oro, dejándolos en testamento a su hijo. No
+ve una tierra nueva sin cantar _Salve Regina_ «y otras prosas», como él
+dice en su lenguaje... Y este mismo soñador piadoso da lecciones de
+astucia y traición a su teniente el caballero aragonés Mosén Pedro
+Marguerit para que prenda a Caonabo, belicoso cacique, y le recomienda
+que le envíe emisarios con buenas palabras hasta que éste venga a
+visitarle. «Y como por ser indio anda desnudo--le dice poco más o
+menos--, y si huyese sería difícil haberlo a las manos, regaladle una
+camisa y vestídsela luego, y un capuz, y un cinto por donde le podáis
+tener e que no se os suelte.»
+
+Pasó ante los dos amigos, muy erguida, con el libro bajo el brazo, la
+dama norteamericana, que hasta entonces había estado leyendo en su
+sillón. Varias veces sorprendió Fernando, por encima del volumen, unos
+ojos claros fijos en él, y que al encontrarse con los suyos volvían
+hacia las páginas.
+
+--La hora del té--dijo Maltrana--. Estas inglesas la adivinan con una
+exactitud cronométrica... Si le parece, no bajaremos hasta luego. Debe
+estar repleto el jardín de invierno.
+
+Encendieron cigarrillos y quedaron los dos con los ojos entornados
+contemplando las espirales de humo que se desarrollaban sobre el fondo
+azul.
+
+--Otra mentira que me irrita--dijo Isidro a los pocos momentos--es la de
+las persecuciones que la ignorancia de la Iglesia hizo sufrir al
+Almirante. Yo no tengo nada que ver con la Iglesia, pero reconozco que
+esta invención es una de las necedades más grandes, si no la mayor, que
+podemos apuntarnos en nuestra cuenta los que figuramos en el gremio de
+los impíos. El vulgar extranjero, que tiene un patrón hecho, siempre el
+mismo para las cosas de España, pensó que al haber descubierto Colón un
+nuevo mundo del que no tenía noticia el Dios de la Biblia, forzosamente
+debieron perseguirle las gentes de Iglesia con mortales odios. Hasta hay
+cuadros célebres que representan el llamado «Congreso de Salamanca», con
+obispos muy puestos de mitra y báculo (algo así como el coro episcopal
+de _La Africana_) que discuten geografía y gritan anatema contra el
+impío, apartándose de él. Y Colón se muestra arrogante y sereno, como un
+tenor que sabe de antemano que triunfará en el último acto...
+
+Ojeda rio de las palabras de Maltrana.
+
+--Imagínese--continuó éste--el salto que hubiese dado el autor de _Las
+Profecías_, el amigo de Isaías y de Esdras, al ocurrírsele la idea de
+que podía existir un nuevo mundo desconocido por el Dios del Génesis, y
+cuyos habitantes no procedían de Adán y Eva, ni de la dispersión de los
+hijos de Noé. Cuando menos, se habrá creído objeto de una alucinación
+diabólica, y de atreverse a enunciar su pensamiento, no hubiera sufrido
+pena mayor que la de encierro por demencia... Pero Colón sólo hablaba de
+ir al antiguo mundo conocido por el camino de Occidente, y esto nada
+tenía de herético, fundamentándolo además en autores clásicos y Padres
+de la Iglesia. No hubo otro congreso que una controversia por encargo
+real, con los profesores de la Universidad de Salamanca, y en esta
+disputa científica, celebrada en el convento de San Esteban, el
+profesorado se mostró contrario al descubridor, mientras los monjes
+dominicos y otros religiosos aceptaban sus planes como verosímiles. Esto
+se comprende. Los frailes miraban al mismo Colón como un allegado suyo,
+y además eran sacerdotes de vida popular, habituados al contacto con las
+poblaciones de la costa que hablaban frecuentemente de tierras nuevas.
+La ciencia fue la única que se opuso a los proyectos del descubridor,
+como tantas veces la hemos visto oponerse a toda innovación...
+
+Calló Maltrana, como para reflexionar mejor, y luego añadió:
+
+--Yo no me burlo por eso de los catedráticos de Salamanca ni los
+considero ignorantes. Sabían lo que podía saberse en su época y
+defendían sus conocimientos. Un niño de hoy sabe más que ellos y puede
+reírse de su ciencia; pero falta saber cómo reirán los escolares del
+siglo XXV de los sabios que ahora veneramos. Nadie ha guardado un
+extracto de esta disputa de Salamanca; únicamente se sabe que los
+catedráticos negaban a Colón que en unos años pudiese ir y volver, como
+afirmaba, desde España a la costa oriental de Asia. Y en esto tenían
+razón: ellos estaban en lo cierto. Poseían una idea más exacta del
+tamaño de Asia y del tamaño de la tierra; daban al Océano desconocido un
+espacio semejante al que ocupan el Atlántico y el Pacífico juntos, y lo
+tenían por inmenso e infranqueable para los medios de navegación de
+entonces. Pero los pobres sabios de Salamanca, lo mismo que Colón,
+ignoraban la existencia de América, y América, cansada de vivir en el
+misterio, salió al paso del navegante, el cual murió ignorándola. Y
+resultó que los que tenían una noción de la tierra más aproximada a la
+verdad quedaron ante la Historia como unos borricos, y el visionario que
+basaba sus planes en que «el mundo es más chico que dicen, y seis partes
+de él están enjutas y una sola con agua», aparece como un sabio
+consagrado por el triunfo...
+
+--Así es--dijo Ojeda--. Hay que imaginar por un momento que no hubiese
+existido América; suprimir en hipótesis el Nuevo Mundo, y ver a Colón,
+que creía la tierra una tercera parte más pequeña y las costas de Asia a
+unas setecientas leguas de las Canarias, lanzándose con sus barquitos
+Océano adelante, teniendo que navegar por todo el Atlántico y todo el
+Pacífico hasta encontrarse con las islas del Japón o las costas de la
+China.
+
+--¡Un absurdo!--interrumpió Maltrana--. Una cosa imposible, teniendo en
+cuenta lo que eran las carabelas, su escaso repuesto de víveres y la
+necesidad de descansar en oportunas escalas. Hubiesen perecido al
+insistir en la empresa, o lo que es casi seguro, se habrían vuelto. Para
+llegar solamente a las Antillas, el mismo Colón sintió desmayar su
+voluntad en el primer viaje más de una vez, lo que no es raro, pues la
+fe más sólida flaquea al verse sumida en lo desconocido. Cuando llevaba
+navegadas setecientas leguas, comenzó a pensar con inquietud si el Asia
+estaría más lejos de lo que él creía, y fue entonces cuando Pinzón el
+mayor, el férreo Martín Alonso, con la testarudez de los hombres
+enérgicos, que esperan salir de un mal paso atropellándolo todo, le
+gritaba desde su carabela: «¡Adelante, adelante!».
+
+--Ahí tiene usted otra patraña, amigo Isidro: la pretendida mala fe de
+Pinzón con el descubridor; sus manejos para sublevarle la gente; el
+intento de las tripulaciones españolas de echar al agua al Almirante,
+volviéndose luego a su país; el plazo de tres días que concedieton para
+morir si no encontraba tierra...
+
+--¡Qué leyenda estúpida!--exclamó Maltrana--. Al vulgo le place ver los
+personajes históricos a su gusto, como héroes de novela folletinesca que
+arrostran toda clase de asechanzas para que al fin triunfe su inocencia
+en el último capítulo. La actuación de un traidor, de un personaje
+sombrío y fatal, es necesaria para que por un efecto de contraste
+resalte con mayor relieve la grandeza magnánima del protagonista. Y en
+esta novela colombiana, el traidor es el honrado Martín Alonso, que lo
+puso todo en la empresa del descubrimiento para no sacar nada y perder
+encima la vida. Usted conoce la verdadera historia. Cuando Colón,
+vagabundo de incierta nacionalidad, andaba por Palos no sabiendo qué
+hacer, Pinzón le escuchó y le animó con sus informes de viejo navegante
+del Océano convencido de la existencia de nuevas tierras.
+
+Los reyes concedían su licencia al aventurero para el primer viaje, pero
+con esto no se adelantaba su realización. La Tesorería real había
+librado con gran esfuerzo un millón de maravedíes, procedente de unos
+censos de Valencia, pero la cantidad era insuficiente. Colón llevaba una
+orden para que en el puerto de Palos le facilitasen embarcaciones, pero
+nadie le obedecía. En aquellos tiempos de nacionalidad apenas formada y
+comunicaciones difíciles, el poderío de los monarcas sólo era verdadero
+allí donde ellos estaban presentes. Las órdenes reales, cuando iban
+lejos, se acababan y no se cumplían. Colón, con el mandato de los
+monarcas, intentó alistar gente, pero los marineros reclutados a la
+fuerza se desbandaban y huían. Tal fue su desesperación, que hasta pensó
+en tripular las naves con hombres sacados de las cárceles.
+
+Y en este apuro, cuando veía su empresa próxima al fracaso, Martín
+Alonso Pinzón, el rico de Palos, el armador, que podía descansar para
+siempre de las penalidades del Océano, se ofreció con gallardo arranque
+a interesarse en la expedición y aventurar en ella parte de sus bienes,
+la mitad de lo que habían dado los monarcas. Él buscó y preparó buenas
+embarcaciones y «puso mesa», según el lenguaje de la época, para alistar
+marineros, ofreciéndose confianza a los que quisieran hacer el viaje y
+anunciando que él iría también. Esto bastaba para que acudiera la mejor
+gente de toda la costa y todos los preparativos se efectuasen con
+rapidez...
+
+--Tenemos el relato del primer viaje escrito por el mismo Almirante, su
+Diario de navegación, que no puede ser más monótono. Viento favorable,
+buena mar, indicios de tierra, maderas que flotan, pájaros que cantan en
+los mástiles de las carabelas como anunciando la proximidad de costas
+invisibles. Pero esto era un fondo poco interesante para la figura del
+héroe, y muchos años después de su muerte, ciertos historiadores ganosos
+de dar emoción trágica a sus relatos, inventaron lo de la sublevación de
+las tripulaciones que, asustadas, querían retroceder, y la amenaza al
+Almirante de echarlo al agua si no descubría tierra en el plazo de tres
+días. Y Pinzón juega en todo esto el papel de un traidor cauteloso, que
+fomenta los miedos ridículos de una marinería acostumbrada a
+navegaciones más azarosas... En el relato de su viaje, el Almirante, que
+era de carácter receloso y muy dado a ver traiciones y asechanzas en
+todas partes, no dice una palabra de intentos de revuelta, y varias
+veces, durante la navegación, aproxima su nave a la de Martín Alonso, le
+llama, entablan amistosa plática desde el puente, y se envían con una
+cuerda la famosa carta de Toscanelli para esclarecer sus dudas.
+
+--Colón--dijo Ojeda--era de mayores conocimientos científicos que su
+consocio el marino de Palos; pero reconocía en éste más pericia en el
+arte de navegar, en el manejo de los buques y de los hombres... Hubo,
+efectivamente, un plazo de tres días; pero este plazo no se lo dieron al
+Almirante sus marineros, sino que fue él quien se lo concedió a Pinzón,
+que solicitaba cambiar de rumbo. Notábase a ambos lados de los buques
+señales de tierra, pero el Almirante continuaba siempre en la misma
+dirección, creyendo estar entre las islas de Cipango, o sea en el
+archipiélago japonés. «Todo aquello se vería a la vuelta.» Él deseaba
+llegar cuanto antes a tierra firme, al Imperio de Catay, a la China,
+para visitar al Gran Kan, entregarle sus credenciales y hacer acopio de
+oro. Pero Martín Alonso, menos iluso, consideraba necesario tocar cuanto
+antes en alguna tierra, y don Cristóbal acabó por acceder a que cambiase
+de rumbo, con la condición de que si en tres días no encontraban costa
+volverían al primitivo...
+
+Y apenas se sigue la ruta de Pinzón, surge la pequeña isla antillana,
+etapa primera del gran descubrimiento, que dura luego más de un siglo...
+Tal vez nadie hizo tanto por la gloria de Colón como su consocio al
+cambiar de rumbo. Imagínese usted si el Almirante, en su prisa de ver al
+Gran Kan, sigue la primera dirección y va a dar en las costas actuales
+de los Estados Unidos. De seguro que no vuelve, y el mundo se queda sin
+tener noticia de su descubrimiento.
+
+--Sí; no vuelve--dijo Ojeda--. Es muy probable, es casi seguro. Para la
+pequeña expedición, que sumaba en conjunto unos noventa hombres, y no
+había hecho verdaderos preparativos de guerra, fue una suerte abordar en
+los archipiélagos paradisíacos del mar de las Antillas, con sus
+poblaciones mansas, tímidos rebaños humanos en los que cazaban su
+alimento los caníbales de las otras islas. Si los tres barquitos con su
+puñado de tripulantes se encuentran, al tocar tierra, con los indios
+feroces de la América del Norte o los belicosos aztecas de Méjico, de
+seguro que no vuelven... ¡y se acabó Colón!
+
+--Sólo al final del viaje--continuó Maltrana--habla el Almirante de su
+compañero, con cierto encono. Al navegar por las costas de Cuba tuvieron
+mal tiempo, y Colón se refugió con su carabela en un abrigo de la costa,
+mientras el otro, marinero más atrevido y confiado en su habilidad,
+seguía adelante. Estuvieron separados unos días, y esto bastó para que
+Colón sospechase que Martín Alonso había tenido de los indios noticias
+de mucho oro e iba a buscarlo por su cuenta, como un amigo infiel.
+¡Disputa de consocios que se temen y se vigilan!... Y el caso fue que
+iguales riquezas encontraron el uno y el otro... ¡nada! A su vuelta, el
+Almirante, que montaba una carabela, por haber perdido su nave mayor en
+un bajo, tiene que refugiarse en las Azores (donde intentan prenderle
+los portugueses), y luego en Lisboa, donde otra vez corre el peligro de
+verse preso. Mientras tanto, Martín Alonso afronta la tormenta sin hacer
+escala alguna y llega directamente a España, pero tan derrotado y
+enfermo, que muere inmediatamente. Y nadie le devuelve el medio cuento
+de maravedíes que puso en la empresa (cantidad que fue sin duda la que
+se atribuyó a Colón en su testamento como gasto hecho por él); se
+esparce el silencio en torno de su nombre; luego, cuando reaparece, es
+para que algunos autores le atribuyan intentos poco leales; y el vulgo
+se ha imaginado, durante siglos, al honrado Martín Alonso como una
+especie de barítono de ópera barbudo, sombrío, envidioso que intriga,
+rodeado de un coro de marineros, contra la gloria y la vida del tenor.
+
+--Pero usted no negará, Maltrana, que el Almirante fue perseguido y
+maltratado de resultas de su gobernación en Santo Domingo. Acuérdese de
+Bobadilla, el comisionado de los reyes, acuérdese de cómo lo envió con
+grillos a España.
+
+--Sí; reconozco que lo trataron «con descortesía», éstas fueron las
+palabras de la reina Isabel, su decidida protectora. Lo trataron sin
+respeto a su edad y sus méritos; con arreglo a los duros procedimientos
+judiciales de aquella época; procedimientos que el mismo Colón empleaba
+igualmente con sus inferiores. Pero que fuese una injusticia caprichosa,
+como quiere la leyenda, esto es discutible. Se puede ser un gran
+argonauta descubridor de tierras y un pésimo gobernante.
+
+--Hay, además, que tener en cuenta las ilusiones que había fomentado en
+todos los que le siguieron en el segundo viaje, gente aventurera,
+levantisca y ansiosa de enriquecerse. Iban a las minas del rey Salomón,
+a Ofir, a Cipango; no había más que agacharse para recoger bolas de oro.
+Y se encontraron allá con que todo faltaba, y para recolectar un poco de
+oro había que sufrir horriblemente. El gobernador, con el ansia de
+amontonar riquezas y contrariado por los obstáculos, mostrábase huraño,
+atribuyendo la falta de éxito a la pereza de los individuos de la
+colonia. Y hubo rebeliones, batallas entre los conquistadores; y Colón,
+que tenía la mano pesada y el carácter autoritario, castigó duramente a
+sus inferiores.
+
+--Los castigaba como si quisiera vengarse en ellos de persecuciones
+sufridas por sus ascendientes... Cuando Bobadilla llegó a la isla,
+enviado por los reyes en vista de las súplicas y quejas de los colonos,
+el Almirante había ahorcado en la semana anterior siete españoles, cinco
+más estaban en la fortaleza de Santo Domingo esperando el instante de
+morir con la cuerda al cuello, y su hermano el Adelantado tenía otros
+diez y siete metidos en un pozo, para enviarlos igualmente a la horca.
+Bobadilla no fue, en sus procedimientos, más que un justiciero
+expeditivo a estilo de la época. El mismo Las Casas, amigo del
+Almirante, reconoce que era «persona de rectitud». Al ser enviado Colón
+a España preso y con grillos, la reina lamentó mucho tal «descortesía»,
+pero no lo repuso en el gobierno de la isla, prohibiéndole además que
+volviese a ella. Se echó tierra al asunto, porque doña Isabel deseaba,
+según un autor de la época, «que las verdaderas causas de lo ocurrido
+quedasen ocultas, pues más quería ver a Colón _enmendado_ que
+maltratado». Y el mismo Colón, en una carta, confesaba haber cometido
+faltas que necesitaban el perdón de los reyes, «porque mis
+yerros--decía--no han sido con el fin de hacer mal».
+
+Maltrana añadió, después de una breve pausa:
+
+--También existe otro embuste legendario: la muerte de Colón en
+Valladolid, en plena miseria, pobre víctima de la ingratitud del rey
+Fernando. ¿Qué más podía hacer éste por él? El antiguo vagabundo era
+Almirante, cargo el más honorífico de la nación, pues lo había creado un
+monarca para uno de sus tíos. Su hijo, de obscuro origen e incierta
+sangre, lo había casado el rey Fernando con una sobrina suya. Gozaba,
+además, Colón, por capitulaciones públicas, la décima parte de todo lo
+que se ganase en la India. Pero como de allá no venía nada, según
+confesión del mismo don Cristóbal, de aquí que no poseyese riquezas. En
+cuanto a morir en la miseria, como supone el vulgo, basta decir que el
+testamento de Colón lo firman siete criados suyos, y este lujo de
+servidumbre no significa indigencia.
+
+--Tiempos eran aquéllos de pobreza--dijo Ojeda--. Los mismos reyes
+andaban siempre apurados de dinero, la Hacienda pública era menos
+regular que ahora, y la nación, esquilmada por las guerras con los moros
+y la de Nápoles, no podía ayudar mucho a unos descubrimientos que sólo
+habían dado como resultado el hallazgo de islas improductivas en las que
+morían los hombres. Algo olvidado murió el Almirante. La gente, en
+España y fuera ella, no prestó atención al suceso: el descubridor se
+había sobrevivido a su fama. En los ocho años que siguieron al primer
+descubrimiento se habló mucho de él; luego, en los cinco últimos, el
+silencio y la indiferencia. Había ido a conquistar las riquezas de
+Oriente, y nadie veía las tales riquezas: era simplemente el descubridor
+de unas islas de la extrema Asia. Él también lo creía así; y sólo años
+después, cuando Núñez de Balboa encontró el Pacífico llamado mar del
+Sur, fue cuando Europa pudo enterarse de el Asia de Colón era un mundo
+nuevo que tenía otro Océano a espaldas.
+
+--La facilidad con que Europa entera acogió los relatos de un obscuro
+piloto italiano, Américo Vespucio, el cual, atribuyéndose glorias
+ajenas, bautizó con su nombre el nuevo continente, demuestra cuán
+olvidado estaba Colón, no en España, sino fuera de ella. Este bautizo de
+América es injusto, pero no carece de lógica. Colón sólo había
+descubierto el Asia, y en esta fe murió. Américo Vespucio fue el primero
+que hizo saber al mundo (gracias a las sucesivas exploraciones de los
+marinos españoles) que esta mentida Asia era un continente nuevo, y los
+editores franceses, alemanes; italianos de sus escritos dieron su nombre
+a las lejanas tierras. Un cínico atrevimiento de librería que ha
+triunfado para siempre... Pero el vulgo, amigo Ojeda, quiere que sus
+héroes sean desgraciados, para amarlos con la simpatía de la
+conmiseración. Vea usted a Goethe el más grande tal vez de los poetas de
+nuestra época. Lo admiramos pero no nos inspira una simpatía familiar,
+porque fue dichoso en su existencia; tuvo amores con grandes damas,
+desempeñó altos cargos palaciegos, gobernó un país, vivió en la hartura.
+Nos gusta más Homero, ciego y vagabundo; Cervantes, que, según la gente,
+no tuvo qué cenar cuando terminó el _Quijote_; Shakespeare, cómico de
+lengua y empinando el codo en las cervecerías; Beethoven, pobre sordo...
+y Colón, muriendo de hambre sobre unas pajas, sin haber recibido blanca
+por sus descubrimientos.
+
+--Mucho hay de eso--dijo Ojeda con exaltación--pero yo admiro al
+Almirante, fuese de donde fuese y tuviera la sangre que tuviera, como un
+soñador enérgico, que no descansó hasta levantar una punta del misterio
+que envolvía al mundo. Admiro en él sus errores estupendos y las teorías
+bizarras que por caminos tortuosos le llevaron hasta la verdad. Es el
+último grande hombre de la Edad Media, el nieto de los alquimistas, de
+los viajeros maravillosos, de los sabios rabínicos, de los navegantes
+árabes, de los iluminados cristianos, que abre a la vida moderna la
+mitad del planeta para que se ensanche. A mí me conmueven sus candideces
+y sus ignorancias cuando va por el mundo nuevo viendo en todas partes
+los vestigios del mundo antiguo. Me causan deleite las descripciones que
+hace en sus cartas de la tierras que descubre: los suelos «follados» por
+las patas de misteriosas «animalías»; la caza en las selvas a los «gatos
+paúles», nombre que en su tiempo se daba a los monos; la visita que
+recibe a bordo, en el último viaje, de «dos muchachas muy ataviadas, la
+más vieja de once años, que traían _polvos de hechizos_ escondidos», y
+ambas, según dice el viejo Almirante a los reyes, «con tanta
+desenvoltura que no harían más unas p...». ¡Y qué energía la del hombre!
+
+Ojeda hablaba con cierta emoción del último viaje del nauta, siempre en
+busca del oro que huía ante él; viaje de trágico dolor, en plena
+ancianidad, con una pierna ulcerada, los ojos casi ciegos, teniendo a su
+lado al hijo pequeño, pobre infante que cree haber arrastrado a la
+muerte. Los buques están encallados, las tripulaciones hambrientas y
+sublevadas, los indios de Jamaica se muestran hostiles; nada puede
+esperar ya de los hombres, pero se consuela con visiones celestes que se
+le aparecen de noche sobre el alcázar de popa y le hablan... También lo
+admiraba en los peligros del regreso de su primer viaje; peligros en los
+que le iba algo más que la existencia: la pérdida de la gloria que
+consideraba entre sus manos. Una tempestad que volcaba muchos navíos
+dentro del río de Lisboa alcanzábale en pleno Océano montando una
+carabela maltratada por la navegación en los mares de la India y que
+hacía agua por todas partes.
+
+--Cree que Pinzón se ha perdido en el otro buque y que sólo queda él
+para dar al mundo la gran noticia: la gran noticia que todos ignorarán
+si él perece. Tal vez otros descubridores del Mar Tenebroso sufrieron
+este revés del destino luego de reconocer las tierras nuevas. ¡Morir con
+el secreto!...
+
+Y Colón escribe en varios pergaminos la reseña de su descubrimiento, los
+mete en toneles y arroja éstos a las olas, sin que los marineros
+sospechen lo que encierran, pues creen que se trata de un acto de
+devoción para apaciguar a los elementos. La tempestad arrecia, y el
+Almirante hace traer tantos garbanzos como personas van en la carabela;
+señala uno con un cuchillo, y revolviéndolos en su bonete, invita a la
+chusma a meter la mano. El que saque el garbanzo marcado con una cruz
+irá de romero a Santa María de Guadalupe llevando un cirio de cinco
+libras... Y es el Almirante el que saca el garbanzo. Luego echan las
+mismas suertes para ir en romería a Santa María de Loreto, «en la Marca
+de Ancona, tierra del Papa», y como le toca a un simple proel, Colón le
+promete ayudarle con sus dineros para el viaje. La borrasca va en
+aumento; al día siguiente vuelven a echar suertes para velar toda la
+noche en Santa Clara de Moguer, y otra vez designa el garbanzo al
+Almirante.
+
+Pero como estas promesas no logran domar a las potencias hostiles del
+Océano y la carabela se tumba, falta de lastre--una imprevisión del
+Almirante--, y los bastimentos de comida están casi agotados, hacen el
+voto de ir todos, apenas lleguen a tierra, en procesión y en camisa
+hasta la primera iglesia que encuentren bajo la advocación de la Virgen.
+
+--Y cuando el temporal los echa al fin en Lisboa, llevaba Colón más de
+doce días de inmovilidad en su banco de popa, dormitando a ratos, con
+las piernas mojadas por la lluvia y las olas. Esa prueba fue la más
+tremenda de su vida. ¡Poseer una verdad que iba a conmover al mundo y
+morir con ella!... Pero basta de Colón amigo Maltrana. Ya hemos hablado
+bastante; vamos a tomar el te.
+
+Abandonaron sus asientos, y al dirigirse a una de las escalerillas para
+descender al paseo, notaron en el mar varias curvas negras y veloces que
+asomaban un instante sobre el agua, sumiéndose y reapareciendo más lejos
+entre burbujeo de espumas.
+
+--Son atunes--dijo Maltrana--. O tal vez sean delfines... ¡Quién sabe!
+
+--De seguro que no son sirenas--repuso Ojeda.
+
+Caminaron algunos pasos, y añadió:
+
+--Es lástima que no queden sirenas. Y sin embargo, aún las había en
+tiempos de Colón... ¿No sabe usted eso? Él vio salir tres «muy altas
+sobre el mar», cerca de la embocadura de un río de Santo Domingo. Y dice
+Las Casas que al Almirante no le llamaron la atención, porque había
+visto otras muchas en sus navegaciones de mozo, por las costas de Guinea
+y la Manegueta, y que las sirenas no son tan hermosas como las pintan,
+«pues en cierto modo tienen forma de hombre en la cara».
+
+
+
+
+IV
+
+
+Erguidos ante sus atriles con militar rigidez, entonaban los músicos una
+marcha solemne, que servía de acompañamiento a los pasajeros en su
+entrada al comedor. Los hombres vestían de frac o de _smoking_,
+guardando en una mano la gorra de viaje. Algunos se detenían en las
+puertas formando grupos para ver a las señoras que iban saliendo de los
+camarotes de preferencia o venían de los de abajo por la gran escalera
+de doble rampa, con un roce de finas ropas interiores.
+
+Deslizábanse rápidas todas ellas, entre saludos y sonrisas, para
+sumirse, más allá de las mamparas de cristales, en un mar de luz en el
+que nadaban los colores de inquietas banderas. Una estela de polvos de
+tocador y vagas esencias de jardín artificial seguía el aleteo de las
+faldas desmayadas y flácidas, con brillantes pajuelas de oro o plata; el
+crujiente arrastre de los tejidos sedosos; el brillo de las espaldas
+desnudas suavizadas con una capa de blanquete; la tersura de las nucas,
+sobre las que se elevaba el edificio de un peinado extraordinario, el
+primero de una navegación que únicamente se había prestado hasta
+entonces a exhibir sombreros de paseo y velos de odalisca.
+
+En el antecomedor lucía un gran cartel pintarrajeado con una pareja
+danzante y una inscripción gótica en alemán y en español: «Esta noche
+baile.» Y el anuncio parecía esparcir por todo el buque un regocijo de
+colegio en libertad. «Esta noche baile», repetían las personas de grave
+aspecto, como si se prometiesen un sinnúmero de misteriosas
+satisfacciones.
+
+Saludábanse por vez primera con espontáneos movimientos de cabeza gentes
+que ignoraban todavía sus respectivos nombres. Durante la tarde habíanse
+contraído grandes amistades en la cubierta de paseo. Muchachas de
+diversa nacionalidad, que no se habían visto nunca y tal vez no
+volverían a verse al salir del buque agrupándose atraídas por la
+simpatía que les inspiraba el género de belleza de la nueva amiga o la
+distinción de sus vestidos. Empezaban hablando en varios idiomas, para
+expresarse al fin en castellano. Caminaban tomadas del talle, lo mismo
+que si fuesen compañeras de pensión, y antes de que terminase la noche
+iban a tutearse, entusiasmadas por una amistad que consideraban eterna y
+databa de unas cuantas horas. Las madres se sonreían unas a otras sin
+conocerse--arrastradas por las afinidades de sus hijas--con una
+complicidad de compañeras de profesión, y acababan igualmente formando
+grupos, para hablar de los dolores y satisfacciones que proporciona la
+familia, de las brillantes cualidades de sus retoños, de los desengaños
+e ingratitudes que tal vez les reservaba el porvenir a las pobrecitas...
+como si las compadeciesen y envidiasen al mismo tiempo. Algunas,
+vestidas de negro con una austeridad monjil, acometían desde las
+primeras frases el elogio o el lamento de sus difuntos maridos.
+
+Verificábase una aproximación general, como si todos en el buque
+despertasen de pronto, reconociéndose antiguos parientes. Hasta
+entonces, los que habían salido de Hamburgo fingían ignorar a los
+embarcados en Boulogne, navegando juntos sin saludarse por el mar de
+Gascuña y de Cantabria, extensión de lívido azul bajo un cielo gris. La
+vista de pequeñas ballenas chapoteando en el golfo entre surtidores de
+espuma les había hecho cruzar algunas palabras nada más, replegándose a
+continuación en su huraño aislamiento. Juntos habían acogido con un
+mutismo de altivez a los que subieron en Lisboa, sospechosos intrusos
+para la tranquilidad de los primeros ocupantes; y así habían navegado
+hasta Tenerife. Pero ahora empezaba el verdadero viaje: la vida común
+lejos de toda tierra, sin que un nuevo chorro de extraños pudiese turbar
+la paz del convento flotante, y todos se sentían unidos por repentina
+fraternidad.
+
+Hasta el Océano parecía reflejar bondadosamente la alegre camaradería de
+los pasajeros. El tapiz tenía bajo el pie la consistencia de la tierra
+firme; los objetos manteníanse en grave inmovilidad y penetraba por las
+ventanas la brisa oceánica en suaves ráfagas; una brisa discreta que no
+hacía saltar la velutina de la epidermis ni ponía en desorden los
+peinados; una brisa regulada, domesticada como la que refresca los
+salones en las playas de moda. Los estómagos, encogidos hasta entonces
+por la ruda novedad de la navegación, se dilataban con voluptuoso
+desperezo, admirando en el comedor las prodigalidades del servicio.
+Crujían en los camarotes las cerrajas de las maletas; desatábanse
+correas y paquetes, abandonaban las ropas sus encierros, y las manos
+diligentes sacudían pliegues y ordenaban piezas con toda calma, sin
+miedo al vahído del cansancio y a la movilidad que arroja personas y
+objetos de un ángulo a otro de la inquieta habitación.
+
+Todos pasaban el contenido de los equipajes a los armarios y las
+perchas, cuidando después del arreglo de sus personas. Diez días para
+llegar a Río Janeiro, la escala más próxima: ¡diez días de vida común!
+¡Toda una existencia cuyo vacío había que poblar con diversiones y
+nuevas amistades!... Y la fiesta del cumpleaños del Emperador, la
+primera del viaje, difundía por el buque un regocijo de escolares que
+empiezan sus vacaciones.
+
+Entre las pilastras del comedor ondulaban abullonadas las banderas de
+diversos pueblos. Guirnaldas de rosas contrahechas y bombillas
+eléctricas de varios matices tendíanse de capitel a capitel. Al final
+del salón, sobre una columna rodeada de plantas y teniendo como fondo el
+pabellón alemán, erguíase un gran busto de yeso, el del héroe de la
+fiesta, con fieros y majestuosos bigotes. Sobre las mesas aleteaban
+pequeñas banderas, una por cada comensal: la de su respectiva
+nacionalidad.
+
+El culto a los trapos de colores--religión de última hora, adorada con
+fanatismo por el público de hoteles cosmopolitas, trasatlánticos y
+trenes internacionales, gente que vive gustosa fuera de su
+patria--extendía por todo el comedor, como una primavera de percalina,
+la floración de sus diversos tonos. La bandera germánica, sombreada por
+su faja negra, mezclábase con el bullicioso tricolor de la francesa, la
+púrpura británica, el verde de la italiana, que parece un reflejo de mar
+latino, la cruz blanca suiza, las barras y enrejados de las escandinavas
+y el reventón de cohete rojo y dorado de la española. Sobre las otras
+mesas, como hijas vistosas que en la frescura de su juventud no temen la
+bizarría de lo llamativo, lucían el verde y ámbar brasileños, de un tono
+igual al de los frutos tropicales; el sol majestuoso y las barras de la
+ribera uruguaya; el aleteo primaveral albo y celeste del pabellón
+argentino; la blanca estrella chilena sobre un cielo de intenso azul, y
+la gran constelación de la América del Norte amontonando en el arranque
+del rojo septagrama su rebaño de asteroides.
+
+Antes de servirse el primer plato surgieron protestas. Se negaban
+algunos pasajeros a sentarse, mirando iracundos la bandera que cubría
+con intrusos colores el montón de platos de su cubierto. Querían la
+suya, la de su país. Ellos pagaban lo mismo que los demás: a bordo todos
+eran iguales, y su república valía tanto como cualquiera otra de
+América... Los camareros, azorados cual si fuese a estallar una
+conflagración internacional, salían a toda prisa al comedor y regresaban
+trayendo con ellos al mayordomo, sonriente y confuso a la vez, como un
+gerente de restorán de moda que implora perdón por olvidos en el
+servicio.
+
+--No tenemos su bandera, señor: desolado, completamente desolado... Yo
+le prometo que en el próximo viaje cuidaré de tenerla... Por el momento,
+si el señor quiere, hágame el honor de contentarse con esta otra... Al
+fin todos vamos a Buenos Aires.
+
+Y sustituía la bandera de la protesta con otra argentina, que era la más
+abundante, la que adornaba los cubiertos de todas las personas de
+problemática nacionalidad. El hombre acababa por conformarse, vencido
+tal vez por el perfume de la sopa que humeaba en los platos, pero
+atacaba su comida con un mohín de pena, como un señor a quien le han
+amargado la noche.
+
+Pasaban los camareros sosteniendo con ambas manos vasijas de metal, de
+cuyas bocas surgían golletes de botellas entre pedazos de hielo. Sonaban
+incesantemente los estampidos del vino espumoso. Muchos se creían en una
+posición equívoca si no acompañaban su comida con champaña en esta noche
+de fiesta.
+
+La nutrición era la misma para todos, como si se hubiesen trastornado
+las bases sociales y vivieran sometidos a un régimen igualitario. Pero
+el afán de singularizarse asombrando al vecino tomaba su desquite en los
+líquidos, y equivalían a títulos de suprema distinción las botellas que
+figuraban en las mesas: unas, blancas y puntiagudas como agujas góticas,
+cuyas etiquetas evocaban la imagen del padre Rhin pasando entre
+castillos y peinando sus barbas de espuma en los puentes medievales;
+otras, negras, con la cabezota de corcho afirmada en un casco de
+alambres y de láminas metálicas, llevando sobre los hombros, cual regio
+toisón, el collar obscuro y las letras de oro de su champañesco origen.
+
+Ojeda y Maltrana ocupaban una mesa en el centro del comedor con otros
+dos pasajeros: un señor de patillas blancas, parco en el hablar, que
+siempre llegaba con retraso a las comidas y pasaba el resto del tiempo
+encerrado en su camarote. Era el doctor Rubau, viejo médico residente en
+Montevideo. El otro, con la cabeza gris y el bigote extrañamente rubio,
+pequeño de cuerpo y de un perfil aquilino, se decía francés y vivía en
+París; pero hablaba el alemán con tanta soltura y estaba tan habituado a
+los usos germánicos, que los del buque, creyéndolo compatriota, habían
+colocado ante su cubierto la bandera del Imperio. Todos los años iba a
+América para visitar las joyerías de varios países, de las que era
+proveedor, y al mismo tiempo importaba en Europa pieles y plumas.
+Mostrábase preocupado desde que entró en el vapor con la busca de
+compañeros para una partida de _bridge_, y su tristeza era grande al ver
+que en el fumadero sólo jugaban al _poker_. Todos los días, al sentarse
+a la mesa, el señor Munster quedaba pensativo, sin dejar por esto de
+mover las mandíbulas, y acababa por formular la misma pregunta, en un
+castellano gangoso:
+
+--Pero ¿de veras que ninguno de ustedes conoce el _bridge_?... ¡Un juego
+tan distinguido!
+
+Maltrana, que se había familiarizado con él atrevidamente desde los
+primeros momentos, creyendo encontrar en su vaga nacionalidad cierto
+perfume de sinagoga, le invitaba a monstruosas partidas de _poker_, en
+las que debían arriesgarse miles y miles de francos. Y lo decía con un
+aplomo desdeñoso, como si tuviese a su disposición todos los millones
+encerrados en el fondo del buque.
+
+Aprovechó Isidro esta comida extraordinaria para ir mostrando a Ojeda
+las gentes mencionadas por él en conversaciones anteriores. Por encima
+de las banderas, las cabezas inclinadas ante los platos y las guirnaldas
+de verdura, pasaba revista a todos los que titulaba pomposamente «mis
+amigos».
+
+--Hoy no falta nadie; sala llena. Bien se ve que tenemos buen tiempo...
+Los buques son como los muebles viejos, que, después de una sacudida,
+sueltan, al quedar inmóviles, un rosario de bichos cuya existencia nadie
+sospechaba. ¡Qué de caras desconocidas!... Han estado ocultos como
+cucarachas en el agujero de sus camarotes, aguantando el mareo, y hoy es
+la primera vez que suben al comedor. Mire usted el abate de las
+conferencias; hermosa cabeza de corsario con sus barbazas negras. Nadie
+adivinaría su sotana, que desde aquí no puede verse. Mire también a las
+señoras viejas sentadas junto a él; ¡con qué arrobamiento le contemplan
+mientras come!... Fíjese en la mesa del centro, la más grande del salón;
+es para catorce pasajeros, y la ocupa el doctor Zurita con su familia.
+¡Hombre generoso y campechano! ¡Como si nos conociésemos toda la vida!
+Siempre que hablo con él, me ofrece un puro magnífico: «_Che_, Maltrana,
+oiga, galleguito simpático...». Y crea usted que es un hombre de gran
+sentido, que sabe ver las cosas como pocos... Eche una mirada al obispo,
+con toda su familia de admiradores tiránicos. Le han obligado a ponerse
+la sotana de seda con faja carmesí. ¡Y cómo le brilla la cruz! Sin duda
+la han limpiado en común para quitarle el vaho del mar...
+
+Maltrana continuó, después de una breve pausa:
+
+--Esa señora que entra retrasada, tan alta y buena moza, es una chilena,
+¡Qué mujer!, ¿eh, Ojeda? ¡Qué cuello, qué andares de reina, qué
+brillantes!... Pero no hay ilusiones posibles. El barbudo hermosote que
+avanza pisándole la cola del vestido es el esposo: dos metros de talla;
+se ruboriza cuando tiene que hablar con un extraño, pero se le adivinan
+unos músculos de boxeador y una gran facilidad para dar «puñete», como
+él dice... Los que ocupan la mesa con ellos son todos del mismo país:
+muchachos grandotes y buenazos, que vuelven de Alemania; gente simpática
+y franca que me quiere y distingue. Siempre que me encuentran en los
+alrededores del café, me saludan del mismo modo: «Vamos a tomar una
+copa». Y dos noches seguidas les oigo hablar de «curarse» antes de ir a
+dormir: ellos tan sanotes, que parecen desafiar a las enfermedades. Me
+gustaría saber qué demonio de cura es ésa.
+
+Calló por unos instantes, mientras sus ojos seguían explorando el salón
+entre el boscaje de adornos multicolores. El viejo médico comía
+lentamente, preocupado con el funcionamiento de su dentadura, de una
+regularidad y una brillantez equívocas. El joyero, entre plato y plato,
+calábase los lentes para examinar a las señoras, como si inventariase el
+valor de sus diamantes. Maltrana continuó, en voz más tenue:
+
+--Aquellas tres damas guapetonas, de perfil majestuoso, con los ojos
+negros y grandes, son de la República Oriental. Fíjese en los brazos,
+amigo Ojeda; ¡qué blancura!, ¡qué armónica carnosidad! Son Tizianos de
+pelo negro. ¡Y pensar que en Montevideo los hombres se divierten armando
+una guerra cada dos años como si les aburriese vivir en tan buena
+compañía!... Allá en las mesas del fondo se mantienen las argentinas en
+grupo aparte. Parecen haberse escapado de las láminas de un periódico
+_chic_; esbeltas y elegantes como las artistas de los teatros de París
+que lanzan la última moda; pero menos... etéreas, más sólidas, mejor
+nutridas, sin trampantojos ni mentiras en su construcción como hijas de
+un pueblo joven que tiene su suerte confiada a los flancos de la
+mujer... Y en las demás mesas, ¡qué de cabezas rubias!... Las grandes
+damas de la opereta han sacado lo mejor de su vestuario teatral. Sus
+trajes podrían cantar solos _La viuda alegre_ y todas las obras en las
+que figura un baile del gran mundo. Y en las otras mesas, rubias y más
+rubias, pero hinchadas de grasa, con el talle cuadrado, las manos
+cuadradas y la cara barnizada por el sol. Después las verá usted arriba.
+Trajes de gala que datan de un matrimonio remoto; medias blancas con
+zapatos negros; collares de nodriza entre joyas valiosas... Son las
+compañeras de los germanos esparcidos por América; valerosas señoras que
+después de un viaje por Europa vuelven a fregar los platos de la
+estancia o de la tienda. Unas se quedan en el almacén de Buenos Aires.
+Otras irán a las costas del Pacífico, al Paraguay o al corazón de Brasil
+a continuar su vida de ahorro.
+
+Sonrió después maliciosamente, designando una mesa junto a la entrada.
+
+--Es la mesa de «la cuarentena»; y la llamo así porque en ella encorrala
+el mayordomo a todo el pasaje sospechoso. Ahí están las cocotas
+francesas, tan dignas, tan modositas, tan bien criadas. Van vestidas
+como siempre, para que conste que no desean llamar la atención. Algunas
+no se han peinado siquiera y llevan la cabeza oculta en un turbante de
+velos. Además, guardan lo mejor del equipaje para sus empresas de tierra
+firme... Con ellas está Conchita, una paisana nuestra, una madrileña,
+que come estirada y seria, pues la pobre sólo puede entender por señas a
+sus compañeras. Algunas veces, volviendo la cara, habla con don José, un
+cura español que ocupa la mesa inmediata. Y mezclados con este rebaño
+femenino comen varios muchachos alemanes, rubios, orejudos y de
+mandíbula fuerte, niños tímidos que al hablar se cuadran como reclutas,
+lo que no les impide meterse América adentro a difundir valerosamente la
+quincalla de Hamburgo y de Berlín, en mula, en piragua o a pie, llevando
+el muestrario a la espalda lo mismo que una mochila.
+
+--¡Qué interesante el comisionista alemán!--dijo Ojeda--. Tal vez con el
+tiempo haya quien lo cante lo mismo que a los paladines medievales que
+corrían el mundo por difundir la gloria de su dama. Hoy la dama es la
+industria, y la gloria la nota de pedidos. Allí donde existe, en todo el
+globo, un grupo de hombres recién instalado que lucha con la selva, los
+pantanos, las fiebres y las bestias, allí se presenta inmediatamente el
+comisionista rubio con su muestrario; y para no perder el tiempo,
+aprende durante el camino a balbucear el idioma del país.
+
+--¡Las latas que me dan estos muchachos--exclamó Maltrana--y las que me
+darán, para evitarse el pago de un maestro!... Han bajado en Tenerife
+únicamente para comprar libros españoles, y pasan las horas con ellos,
+rumiando las breves lecciones tomadas en Berlín. Cuando tienen una duda,
+me buscan por todo el barco o consultan la sabiduría gramatical de
+_fraulein_ Conchita, su compañera de mesa... ¡Gente tenaz, que no conoce
+el cansancio ni el ridículo! Sus triunfos obscuros van a ser más
+positivos que las victorias de los feldmariscales de su ejército. A la
+larga, resultará que descubrimos y colonizamos nosotros un mundo nuevo
+para gloria y provecho del libro mayor de Hamburgo y de Brema.
+
+Interrumpió Isidro su charla para examinar un nuevo plan que el camarero
+acababa de colocar ante él. Pero a los pocos momentos volvió la cabeza
+hacia el gran busto blanco.
+
+--¡Qué cambio el de nuestros tiempos, amigo Ojeda! ¡Qué transformación
+de valores!... El oro y el comercio, que en otras épocas sólo eran para
+la gente despreciable acorralada en las juderías, reinan ahora como
+fuerzas directoras del mundo... Y si lo duda usted, ahí tiene al amigo
+de los bigotes tiesos que nos preside, místico y guerrero como
+Lohengrin, músico y genial como Nerón, siempre con coraza y casco de
+aletas, y que, sin embargo pasará a la Historia con el título de primer
+viajante de comercio de nuestra época.
+
+Ojeda escuchaba con ojos distraídos la charla de su compañero.
+
+En los largos intermedios que dejaba el servicio, bebía el champán de su
+copa, sin percatarse de su insistencia. Isidro cuidaba de la botella
+amorosamente, haciéndola girar en el cubo de hielo para su enfriamiento.
+Llenaba luego apresuradamente las copas, como si su vacío le infundiese
+horror, y apenas sentía disminuir el peso de la botella, reclamaba con
+vigilante previsión el envío de otra. Dirigía equitativamente este gasto
+extraordinario: las buenas cuentas mantienen las amistades. Una botella
+la pagaría el doctor Rubau, que apenas había tomado algunas gotas
+mezcladas con agua mineral; otra, su gran amigo Munster; otra, Ojeda...
+y él se reservaba modestamente para el banquete siguiente. Sus ojos,
+cada da vez más animados y saltones, acompañaron la mirada distraída de
+su amigo hasta la próxima mesa, ocupada por una mujer sola.
+
+--¡Mire usted a nuestra vecina la yanqui! Una real moza: tal vez la más
+elegante de todas. No parece la misma que vemos arriba puesta siempre de
+gran sombrero y gabán largo... ¡Qué escote! ¡Y qué hermosa torre de
+pelo, entre rubio y ceniciento!... Le advierto camarada, que ella
+también le ha mirado muchas veces, así como la que no quiere mirar, con
+el rabillo del ojo... Usted le interesa, amigo Ojeda, me consta. Esta
+tarde, después del té, he hablado con ella, si es que nuestra
+conversación puede llamarse hablar. Sabe un poquito de francés y otro
+poquito de español. Yo no conozco una palabra de inglés; pero al fin nos
+hemos entendido por adivinación. Y mansamente, como quien no quiere
+saber nada, me ha preguntado por mi amigo; y yo, ¡figúrese!... le he
+dicho que era usted un gran poeta, un notable personaje; he hablado de
+su familia, de su gran fortuna, de que va a América por el solo gusto de
+pasear, y de las muchas señoras que se deja en Madrid muertas de
+pena...
+
+Fernando hizo un movimiento de protesta.
+
+--No se enfade, Ojeda; no se queje. Estas cosas no hacen daño y dan
+prestigio. Déjeme a mí, que conozco la vida... ¿Que no le interesa a
+usted esa señora? No importa; siempre es bueno adquirir importancia a
+los ojos de una mujer... Está bien; no se irrite. Beba un poco.
+
+Y llenó la copa de Ojeda, después de una rápida discusión en la que no
+parecieron fijarse sus compañeros de mesa. Un zumbido de conversaciones
+cada vez más fuerte diluía los sonidos de la música llegados del
+antecomedor. El vaho de los platos, las respiraciones humanas, la
+radiación de las luces, iban densificando el ambiente. Maltrana, para
+desvanecer la contrariedad de su amigo, siguió hablando:
+
+--Ese matrimonio que come dos mesas más allá, es también norteamericano:
+los esposos Lowe. Él ha vivido en el Japón, en China, en Australia, en
+El Cabo; aquí en el buque vive en el gimnasio, y cuando sale de él, se
+pasea con unas chaquetas a rayas de colores, de lo más extrañas: unas
+chaquetas de _clown_, que son, a lo que parece, los uniformes de famosos
+clubs esportivos. Ella canta romanzas italianas, y sólo espera que la
+inviten para hacernos oír su voz. Mistress Power (porque le advierto que
+ése es el nombre de nuestra vecina) sólo se trata en el buque con esta
+pareja de compatriotas. Se mantiene en un aislamiento sonriente; algunos
+saludos con las señoras más respetables, y nada más... Y sin embargo,
+sabe mejor que yo los nombres y la categoría social de casi todos los
+pasajeros. ¡Mujer más hábil!... Tal vez por esto mantiene a distancia a
+los otros americanos.
+
+Y designaba con los ojos a los ocupantes de la mesa inmediata.
+
+--Gente buena, pero escandalosa--continuó--; _cow-boys_ en traje de
+domingo, que van a estudiar la ganadería de las Pampas; comisionistas de
+Nueva York, que sacan a puñados los billetes de Banco de los bolsillos
+del pantalón y necesitan cantar a cada momento para que se fijen en
+ellos... Ya se han bebido seis botellas y roto dos. Ahora, con el
+entusiasmo del champán, se llevan a los labios las banderitas que tienen
+ante los platos y ponen los ojos en blanco gritando: «_Americain!
+Americain!..._» En la mesa siguiente está Martorell, aquel muchacho con
+lentes y bigote rubio: un catalán, del que creo haberle hablado. También
+es poeta: lleva ganadas no sé cuántas rosas naturales y englantinas de
+oro en Juegos Florales; pero siempre en catalán, porque este ruiseñor es
+mudo cuando se sale del jardín de su tierra. En Castilla (cómo él llama
+a todos los países que hablan español), el poeta se dedica a la banca.
+Una fiera, amigo mío, para asuntos de dinero. Le aconsejo que no se meta
+a luchar con este camarada poético en un certamen de tanto por ciento,
+porque de seguro que le roba hasta la lira. En Madrid nos hablaba mucho
+de Buenos Aires, donde ha estado dos veces. Parece que hay grandes
+reformas que hacer en eso de los Bancos, ideas nuevas que implantar para
+que el dinero se multiplique; y allá va Martorell, como un Mesías del
+descuento... También se lo presentaré: es buen muchacho. ¡Quién sabe a
+lo que puede llegar!...
+
+Luego, Maltrana hizo un gesto exagerado de horror, una mueca que fue
+como la caricatura del miedo.
+
+--Y junto al catalán... el hombre misterioso; ese vecino mío de
+camarote, del que le he hablado algunas veces. Es el que va con traje de
+luto, todo afeitado. No habla con sus vecinos y come con una gravedad
+sacerdotal, lo mismo que si estuviese celebrando un rito. ¿Quién cree
+usted que puede ser?... Huye de la gente, y cuando yo le hablo en
+francés, que parece ser su idioma, me contesta con mucha cortesía, con
+demasiada cortesía, y de repente se aleja muy estirado, como si
+existiese entre nosotros una diferencia social que no permite la
+familiaridad... ¡Y vaya usted a adivinar, con esa cara afeitada que lo
+mismo puede ser de magistrado que de cómico, sacerdote o mayordomo de
+casa grande!... Yo lo encuentro lúgubre como un doctor de los cuentos de
+Hoffmann. Además, me preocupa el camarote misterioso, ese camarote entre
+el suyo y el mío, siempre cerrado, y cuya llave guarda él
+cuidadosamente. Una vez al día abre la puerta, entra, inspecciona unos
+minutos, vuelve a salir, y hasta el día siguiente... Ni una palabra, ni
+un grito, ni el más leve ruido; y eso que yo muchas noches aplico la
+oreja a la madera del tabique, o miro en el corredor por el ojo de la
+cerradura. ¡Nada!... ¿Quién cree usted que podrá ser?
+
+Calló Isidro, frunciendo el ceño bajo la preocupación de este misterio.
+
+--Tal vez un diplomático que va en misión secreta, y por eso huye de la
+gente; algún financiero que viaja para comprar de golpe todas las vías
+férreas de América y teme que le pillen el secreto; un empleado infiel
+que se lleva la caja y tiene el camarote abarrotado de sacos de oro.
+¡Lástima no saberlo con certeza!... Aquí hay misterio, un misterio
+gordo, a lo Sherlock Holmes; y lo más extraño es que cuando le pregunto
+al mayordomo del buque, él, tan amigacho mío, se hace el tonto, como si
+no me comprendiese... Verá usted, Ojeda, cómo algo ocurre con este
+hombre antes de que termine el viaje. En cualquier puerto lo reciben con
+músicas, discursos y banderas, o sube la policía y le asegura las manos
+con esposas... Parece orgulloso, y al mismo tiempo revela una timidez
+incompatible con el mucho dinero. ¿Quien será?...
+
+Maltrana llenó su copa y bebió, como si con esto quisiese acelerar sus
+averiguaciones sobre el «hombre misterioso». Después, el champán y la
+buena comida parecieron ejercer sobre él una influencia benévola.
+
+--Confieso a usted, Ojeda, que nunca me he sentido mejor, y por mi
+voluntad podía prolongarse este viaje hasta el fin del mundo. ¡Ojalá
+fuese el _Goethe_ vagando por el Océano, como el «Holandés errante»,
+siempre que no se agotasen sus repuestos de víveres y bebida!... ¿Qué
+falta aquí?... Mujerío elegante y hermoso que puede verse de cerca y le
+dirige a uno la palabra como a un amigo antiguo; buena mesa, fiestas,
+bailes y ausencia total de moneda. Todo se paga con bonos, o se arreglan
+cuentas en el despacho del mayordomo al final del viaje. ¡Y este tiempo
+de primavera! ¡Y este buque que es una isla!... Nunca me he visto en
+otra: ni en Madrid, cuando me convidaban a comer los políticos de
+segunda clase para que escribiese bien de ellos; ni en París, cuando
+hacía traducciones españolas para las casas editoriales y engañaba el
+hambre en los bodegones del Barrio Latino... ¡Y pensar que doña
+Margarita mi patrona, con un cariño que data de ocho años, rezará por el
+pobre don Isidro que va navegando por los mares! ¡Y pensar que a estas
+horas, en nuestro café de la Puerta del Sol, se preguntarán aquellos
+chicos melenudos que lo saben todo y no han visto el mundo por un
+agujero: «¿Qué será del sinvergüenza de Maltrana?». Y el más gracioso
+contestará seguramente: «Debe estar en la panza de un tiburón...».
+¡Pobrecitos!
+
+Servían los camareros el helado, cuando sonó el fuerte repiqueteo de un
+cuchillo contra una copa. Quedó inmóvil la servidumbre, circularon
+siseos imponiendo silencio, y todas las cabezas se volvieron hacia un
+mismo punto del comedor.
+
+--El amigo Neptuno va a hablar--dijo Isidro.
+
+Este Neptuno era el comandante del buque; enorme como un gigante cuando
+estaba sentado, e igual a los demás si se ponía en pie, irguiendo el
+hercúleo tronco sobre unas piernas cortas. La barba dorada y canosa
+invadía, arrolladura, una parte de su rostro rubicundo, esparciéndose
+luego sobre el pecho; y en medio de esta cascada fluvial abríase una
+sonrisa de bondad casi infantil. Cuando pasaba por las cubiertas le
+rodeaban los niños, colgándose de su levita, danzando ante sus rodillas,
+pidiendo que los levantase lo mismo que una pluma entre sus brazos
+membrudos. Al encontrarse con Isidro extremaba su sonrisa, como si
+adivinase en él un ingenio gracioso, a pesar de que no podían entenderse
+bien, pues en sus pláticas no iban más allá de unas cuantas palabras de
+italiano mezcladas con otras tantas de español.
+
+Vistiendo un _smoking_ azul con galones de oro, brillándole la calvicie
+sudorosa y acariciándose las barbas, iba desenredando lentamente su
+madeja oratoria. Una gran parte del auditorio no le comprendía, pero
+todos conservaban la mirada puesta en él, con la fijeza de la
+incomprensión, aumentándose con esto los titubeos verbales del marino.
+
+--No parece que se explica mal Neptuno--dijo Maltrana en voz baja--.
+Ahora está hablando de su emperador. Ha dicho _kaiser_ dos veces; eso lo
+entiendo... ¡Raza notable! Creo que a los capitanes alemanes les dan
+lecciones de oratoria en Hamburgo y además les enseñan a bailar. Sin
+tales requisitos, la Compañía no entrega un buque a uno de estos padres
+de familia... Lo mismo son los músicos de a bordo. Por la mañana
+preparan los baños y limpian las escupideras; antes del almuerzo tocan
+instrumentos de metal; por la noche instrumentos de cuerda; y todo lo
+hacen gratis, pues no cuentan con otra remuneración que las propinas de
+los pasajeros. ¡Cualquiera se mete en concurrencia con estas gentes!...
+Pero ¿por que se entusiasman tanto los alemanes, Fernando? ¿Qué dice
+ahora el amigo Neptuno?
+
+--_Deutschland, Deutschland über alles, über alles in der Welt._
+
+--¿Y qué es eso?
+
+--«Alemania sobre todo, sobre todo lo del mundo.»
+
+El capitán elevó su copa, dando por terminado el discurso y los que le
+comprendían pusiéronse de pie, hombres y mujeres, instantáneamente,
+alzando también sus copas. «_¡Hoch!_», gritó Neptuno; y todos
+contestaron lo mismo, con una regularidad mecánica, como el grito de un
+regimiento que responde a la voz de su coronel. «_¡Hoch!_», volvió a
+decir; pero esta vez, amaestrados por el ejemplo, contestaron los
+pasajeros en masa con un alborozo discordante; y el tercer «_¡Hoch!_»
+fue un cacareo general, repitiendo muchos con delectación la palabra,
+por lo mismo que ignoraban su significado.
+
+Un rugido de trompetería guerrera saludó desde el antecomedor el final
+del brindis, y los criados reanudaron apresuradamente el servicio.
+
+--Aquí ya no dan más--dijo Maltrana después de los postres--. Subamos al
+jardín de invierno a tomar el café.
+
+Ocuparon los dos amigos una mesita inmediata a una de las puertas.
+Desde allí veían la ascensión por la amplia escalera de todos los que
+abandonaban el comedor. Pasaron ante ellos los hijos mayores del doctor
+Zurita con otros jóvenes argentinos que regresaban de París. Todos
+saludaron a Maltrana con amigable familiaridad. Sonreían al verle,
+recordando tal vez los cuentos con que amenizaba sus tertulias en el
+fumadero a altas horas de la noche, cuando finalizaban por cansancio las
+partidas de _poker_.
+
+--Hermosa juventud--dijo a Ojeda su compañero--. Fíjese en los tipos:
+altos, musculosos, esbeltos y con una gran agilidad en los miembros.
+Deben ser famosos bailarines de tango. ¡Excelentes muchachos, todos
+amigos míos!... Vea sus dientes sanos de lobo joven; su pelo, tan
+abundante, que necesitan aplastarlo con pomada hasta formar dos
+almohadillas lustrosas. No queda en sus cabezas dónde plantar un cabello
+más. Son hermosos ejemplares del cultivo intensivo de la pilosidad... Y
+las manos finas, aunque estén deformadas por los ejercicios de fuerza; y
+los pies pequeños, reducidos, altos de empeine, cuidados con
+meticulosidad; de día siempre encerrados en charol con cañas de colores,
+de noche con forro de seda calada y escarpines que martirizarían a
+muchas señoras. Son pies que parecen tener una vida aparte, pies sabios
+que pueden seguir sin error las más difíciles combinaciones del baile...
+Y ellas igualmente ¡qué finura de extremidades!... En esta Arca de Noé,
+amigo Fernando, se reconoce el origen étnico de cada uno sólo con mirar
+al suelo... Mire esos otros que suben.
+
+Y sonrieron los dos viendo ascender por los peldaños algunos pies de
+masculina dimensión, a pesar de que asomaban bajo una corola de faldas
+recogidas. Tras ellos subían enormes zapatos de hombre, embetunados y de
+fuerte morro, que dejaban en la alfombra una huella de pesadez. Muchos
+comerciantes que se habían endosado el frac en honor del soberano,
+guardaban sobre su abdomen la gruesa cadena de oro, cargada, como un
+relicario, de medallones, dijes, lápices y fetiches, y en los pies los
+fuertes botines de uso diario.
+
+Ojeda acogió con incrédula sonrisa las consideraciones de su amigo
+acerca de la superioridad de una raza sobre otra por la finura de las
+extremidades.
+
+--Los «latinos», como usted dice, Maltrana, somos bellamente ligeros,
+más «alados» que estas gentes del Norte. Se ve la influencia
+aristocrática de los conquistadores andaluces en los pies breves y
+graciosos de las sudamericanas. El indio también tiene el pie pequeño...
+Pero ¡quién sabe si el mundo no está destinado a ser una presa de los
+pies grandes! Fíjese con qué autoridad insolente y ruidosa van
+avanzando esos navíos de cuero y cartón. Allí donde se detienen se
+incrustan, y la pesada voluntad que los habita tiene que hacer un
+esfuerzo para cambiarlos de lugar. Marchan sin gracia y con lentitud,
+pero lo que ellos cubren es suyo y no lo abandonan. Nuestros pies son
+más graciosos, tienen algo del salto del pájaro, pero dejan poca huella.
+
+Sonó una risa femenil, ruidosa, petulante, en la que se adivinaba un
+deseo de hacer volver las cabezas. Ascendió por la escalera un vestido
+de color de sangre, y detrás de su cola, majestuosamente suelta, varios
+fracs parecían correr para alcanzarlo y dominarlo.
+
+--Nélida, nuestra amiga Nélida, con su escolta de admiradores--dijo
+Maltrana--. Todas las naciones de a bordo están representadas en este
+séquito amoroso. Sólo faltamos nosotros; pero tengo la certeza de que si
+usted no va a ella, ella le buscará.
+
+Admiraba su boca de «tigresa en celo», según él decía; boca de húmedo
+carmesí, en la que brillaba luminoso el nácar de una dentadura voraz. Al
+abrirse con el desperezo de la risa, sus dientes, un tanto agudos,
+parecían surgir de este estuche rojo, como salen las uñas de la zarpa de
+un felino.
+
+Ocupó una mesa ella sola, e inmediatamente la rodearon sus acompañantes.
+Hablaba en alemán, inglés, francés y español con todos ellos, llevándose
+a los labios un cigarrillo sin encender. Uno de los adoradores se
+inclinó ofreciéndole la llama de un fósforo.
+
+--Ése es el que llaman «el barón»--dijo Maltrana--: un belga que nos
+abruma con su hermosura de Antinoo, petulante e insufrible lo mismo que
+esas muchachas que alcanzan en un concurso el premio de belleza... Por
+el momento, es el preferido.
+
+--¡Nélida!... ¡Nélida!--gritó una voz de mujer.
+
+Era la mamá, que, desde una mesa cercana, pretendía corregir con este
+llamamiento la audacia de su hija. Podía tolerarse que fumasen las
+artistas, pero no una señorita que viaja con sus padres. Bastaba ver la
+actitud de las damas que estaban en el jardín de invierno: fingían no
+reparar en ella, pero se adivinaba en sus ojos una impresión de
+escándalo... Todo esto pareció decirlo la madre con su mirada y su breve
+llamamiento. Pero Nélida se limitó a contestar fríamente: «¡Mamá!», y
+encogiéndose de hombros siguió fumando. La madre se replegó vencida,
+cruzó los brazos sobre el vientre y quedó en la inmovilidad de una
+esfinge cobriza al lado de su esposo, que hablaba con un vecino.
+
+--Ese padre es admirable--dijo Isidro--, tan admirable como la niña. Vea
+su aire de patriarca, sus barbas y sus melenas canas, la mansedumbre con
+que habla y la deferencia con que escucha. Por dos veces se declaró en
+quiebra hace años; pero en América se olvidan pronto estas cosas, y
+según parece, vuelve ahora para reanudar sus antiguos trabajos.
+
+Había perdido en Europa gran parte de su fortuna, pues lo que obtiene
+éxito a un lado del Océano no lo obtiene en el otro, y regresaba,
+después de catorce años de ausencia, con el propósito de explotar varios
+negocios estupendos, según él, que aún le quedaban por allá.
+
+--Creo que es una mina--continuó--en el Norte de la república, cerca de
+Bolivia, no sé si de petróleo, de diamantes o de libras esterlinas
+recién acuñadas. Ha olido que soy pobre, y no se digna exponerme sus
+planes; pero ya verá cómo se le aproxima así que se percate de que usted
+desea trabajar en América y lleva dinero para eso. Le va a proponer
+algún negocio, como se lo está proponiendo en este momento a Pérez, el
+que se sienta a su lado; Pérez el anglómano, que se indignaba esta
+mañana en Tenerife; el «amigo de la civilización»... Y si el señor
+Kasper se digna interesar a usted en sus asuntos, inútil es decirle que
+su fortuna está hecha. ¡Padre extraordinario!...
+
+Y Maltrana contempló al bondadoso patriarca con una admiración irónica.
+
+--De vez en cuando se da cuenta de que existe su hija, y la acaricia
+bondadosamente. La madre, con el buen sentido que ha podido salvar de la
+oleada de grasa que invade su cuerpo, llama la atención de su marido
+sobre la conducta de Nélida. Los escrúpulos y preocupaciones de una
+educación recibida en una república del Pacífico la hacen protestar de
+los escándalos de esta muchacha, que nada tiene suyo, que física y
+moralmente pertenece al padre, y que mira con cierta superioridad, cual
+si fuese una nodriza o una criada vieja, a la mulatona que la llevó en
+el vientre... Y el padre se conmueve y abraza a Nélida. «¡Pobrecita! Las
+personas atrasadas no saben cómo debe educarse una joven moderna. Es la
+ignorancia, el fanatismo de la gente que habla español...» Y Nélida, que
+a su vez se acuerda de que tiene un padre, le acaricia las melenas con
+manoseos de gata amorosa y suspira agradecida: «Papá... papá...». La
+familia más interesante de todo el buque. Y aún falta el otro, el
+«guardia de corps».
+
+Y señalaba un jovencito moreno, subido de color, sentado entre los
+adoradores de Nélida.
+
+--Es el hermano pequeño, el único que se asemeja a la madre. Acompaña a
+Nélida por todo el buque, y ella lo acepta como una prolongación de la
+familia, porque esta vigilancia honorable le permite ir sola entre los
+hombres. El muchacho es medio imbécil, le dan ataques epilépticos, habla
+con incoherencia. Cuando ella tiene interés en quedarse sola lo envía al
+camarote para que busque cualquier cosa, y el chico se resiste
+recordando que debe obedecer a mamá. Pero intervienen los adoradores de
+la hermana, amigos que le dan champán y buenos cigarros, y acaba por
+ausentarse, hasta que se tropieza con la madre, que le riñe por haber
+olvidado sus deberes...
+
+Ojeda, sintiendo un interés repentino por este relato, miraba a Nélida.
+
+--Los dos hermanos--continuó Maltrana--se odian con un odio de raza, y
+por la noche disputan y se pegan. Ella enseña a sus amigos las marcas de
+los golpes; él oculta los arañazos bajo una capa de polvos, pero afirma
+con un rencor balbuciente que se lo contará todo a su hermano el mayor,
+el único equilibrado de la familia, un centauro de la Pampa, un
+estanciero, al que respeta el padre, adora la madre y tiene un miedo
+horrible la hermosa Nélida. Cuando habla de él se pone pálida. Se ve que
+este mozo del campo no cree en «la educación de una joven a la moderna»,
+y arregla a palos los problemas de honor. La niña tiembla al pensar en
+la futura entrevista y en lo que pueda decir el hermanito, que la
+amenaza con sus revelaciones; por ella no llegaríamos nunca a Buenos
+Aires... Pero sus terrores pasan pronto: los olvida apenas se ve rodeada
+de hombres. Cuando se acaricia los labios con su lengua de gata, es
+capaz de saltar por encima del vengador de la Pampa que tanto miedo le
+infunde.
+
+Otra vez los ojos negros de la madre, ojos abultados y dulces, que
+recordaban la mirada lacrimosa de los llamados andinos, se fijaron en la
+hija con una severidad titubeante. «¡Nélida!», volvió a gritar. Pero
+Nélida no se dignó responder, y bebiendo el resto de su taza púsose de
+pie, encendiendo otro cigarrillo. El grupo de fieles se levantó tras
+ella. Iban a pasear por la cubierta hasta la hora del baile. Salieron en
+tropel, y el hermano quiso reunirse con su madre, pero ésta se indignó:
+
+--Anda vos con Nélida, grandísimo zonzo. ¿A qué venís acá?... No la
+perdás de vista.
+
+Con éste, que era de su color y su sangre, mostrábase autoritaria la
+buena señora, obligándolo a correr detrás de Nélida.
+
+El doctor Zurita, arrellanado en un sillón, seguía con los ojos
+entornados las espirales de humo de su gran cigarro. Las damas de su
+familia hablaban con otras argentinas de las mesas inmediatas.
+
+--Le hago falta a mi buen doctor--dijo Maltrana--. Se está aburriendo
+con la charla de las señoras... Yo también siento la falta del magnífico
+cigarro que seguramente me guarda... ¿Usted sale a la cubierta,
+Ojeda?... Voy en busca del tributo.
+
+Al aproximarse al doctor, éste pareció despertar, al mismo tiempo que
+rebuscaba en los bolsillos de su _smoking_.
+
+--_Che_, Maltrana; venga para acá, galleguito simpático... Tome uno de
+hoja.
+
+Y le entregó un cigarro enorme, al mismo tiempo que añadía en voz baja:
+
+--Siéntese, amigo, y conversemos... Diga qué le pareció esta fiesta de
+los gringos. ¡Qué pavada! ¿no?...
+
+Ojeda salió a la cubierta. La luz de los reverberos incrustados en el
+techo de las dos calles iluminaba de alto a abajo a los paseantes, sin
+que sus cuerpos proyectasen sombra en el suelo. Caminaban
+apresuradamente, con una movilidad de bestias enjauladas, lo mismo que
+se camina en los colegios, los conventos y los presidios, buscando
+suplir con la rapidez de la locomoción lo limitado del espacio. Las
+mujeres desfilaban masculinamente, a grandes zancadas, temiendo la
+exuberancia adiposa de una digestión inmóvil. Desafiábanse los grupos a
+quién daría los pasos más largos, y circulaban con una rapidez de fuga
+entre las ventanas de los salones y los grupos acodados en las barandas.
+
+Más allá del nimbo de luz láctea en que iba envuelto el buque, extendían
+el mar y la noche el misterio de su obscuro azul punteado de
+fosforescencias de agua y fulgores siderales. Algunos miraban las
+estrellas, discutiendo sus nombres. Gentes del otro hemisferio ojeaban
+impacientes el horizonte, creyendo ver asomar a ras del agua la famosa
+Cruz del Sur... No se distinguía aún; pero dentro de cuatro o cinco días
+la verían elevarse majestuosa en el firmamento. Y muchos parecían
+entusiasmados con esta esperanza, como si al contemplar la constelación
+admirada desde su niñez se creyesen ya en sus casas.
+
+La noche era calurosa. Muchas gorras habían quedado abandonadas en las
+perchas del antecomedor. Las cabezas erguíanse descubiertas sobre el
+albo triángulo de las pecheras, brillando al pasar junto a los
+reverberos con reflejos de laca negra. Ni el más leve soplo de brisa
+desordenaba la armonía de los peinados femeninos. Al cruzarse los grupos
+en su apresurada marcha, se saludaban, como si no se hubiesen visto en
+mucho tiempo. Cambiaban sonrisas y guiños, lo mismo que en el paseo de
+una ciudad. Todas las mesas del fumadero estaban ocupadas. Algunos
+grupos tenían ante ellos un pequeño mantel verde y paquetes de naipes.
+Ojeda, en una de sus vueltas, vio al señor Munster a la puerta del
+café. Al fin iba a realizar sus deseos; ya tenía medio formada su
+partida de _bridge_. Había conquistado en el salón a la madre de Nélida,
+y creía poder contar igualmente con Mrs. Power. A pesar de esto, volvió
+a repetir, con una tenacidad de maniático:
+
+--¡Qué extraño que usted no sepa, señor! ¡Un juego tan distinguido!...
+
+Fernando, cansado de circular entre los grupos, que al encontrarse en
+sus vueltas se inmovilizaban obstruyendo el paso, se detuvo en la parte
+de proa, apoyándose en la barandilla. Sus ojos experimentaron la
+voluptuosidad del descanso al sumirse en el obscuro azul poblado de
+suaves luces. Circulaba a su espalda el movimiento humano acompañado de
+vivos resplandores; ante él la silenciosa calma del mar tropical,
+dormido como un lago sin riberas.
+
+Estaba triste. La alegría del champán que le había acompañado al
+levantarse de la mesa, convertíase ahora, al quedar solo, en una
+melancolía inexplicable. Ojeda se comparaba a ciertas vasijas en cuyo
+interior los líquidos más dulces se agrían, perdiendo su perfume. ¡Ay,
+el doloroso recuerdo de lo que dejaba atrás!...
+
+Un sentimiento confuso de despecho y envidia uníase a su tristeza. Así
+como el buque iba entrando en los mares tranquilos de inmóvil esmeralda,
+en las noches cálidas pobladas de titilaciones de espuma y de luz,
+parecía transformarse. Un ambiente de dulce complicidad, de bondadosa
+protección, extendíase desde los salones lujosos a los más profundos
+camarotes. Hombres y mujeres de idiomas diferentes, que habían subido al
+trasatlántico en distintos puertos y lo abandonarían en diversas
+tierras, se buscaban, se saludaban, se sonreían, para acabar paseando
+juntos, hablando en alta voz palabras sin interés, y mirándose al mismo
+tiempo fijamente en las pupilas, inclinando la cabeza el uno hacia el
+otro como impulsados por una atracción irresistible. Obscuros instintos
+servían de guía a la gran masa para seleccionar sus afectos,
+fraccionándose en grupos de dos seres, según las afinidades de sus
+gustos o las ocultas atracciones reflejadas en los ojos. Se modelaba
+aquella noche el boceto de lo que iba a ser esta sociedad lejos del
+resto de la tierra, vagabunda sobre una cáscara de acero en el desierto
+de los mares. Este mundo efímero, que sólo podía durar diez o doce días,
+ofrecería los mismos incidentes de un mundo que durase siglos. Los diez
+días iban a representar en la vida de muchos tanto como diez años.
+
+Alguien había saltado al buque en las últimas escalas. No era la
+esperanza sin cabeza y con alas la única intrusa. Venía oculto en los
+profundos sollados--como aquellos vagabundos descubiertos a la salida de
+Tenerife--, y al verse en pleno mar de romanza, tranquilo y luminoso,
+deslizábase furtivamente de su escondrijo, iba examinando las caras de
+sus compañeros de viaje, los aparejaba según sus gustos, e invisible y
+benévolo, empujábalos unos hacia otros. Una atmósfera nueva se esparcía
+por las entrañas del buque. Respiraban los pechos otro aire, provocador
+de inexplicables suspiros. Los que hasta entonces habían dormitado
+tranquilamente, arrullados por las ondulaciones del Océano, se
+revolverían en adelante inquietos durante las noches tranquilas y
+estrelladas, no pudiendo conciliar el sueño.
+
+Los ojos femeniles iban a descubrir inesperadas atracciones en el mismo
+hombre contemplado con aversión o indiferencia durante los primeros días
+del viaje. Las mujeres se transformaban con una valorización creciente,
+apareciendo más seductoras a cada puesta de sol, como si el trópico
+comunicase nueva savia a las hermosuras decaídas, como si la proa del
+navío, al partir las olas buscando las soledades del Ecuador, se
+aproximase a la legendaria Fontana de Juventud soñada por los
+conquistadores.
+
+Ojeda conocía a este intruso invisible y juguetón que revolucionaba el
+trasatlántico, y el intruso lo conocía igualmente a él desde algunos
+años antes. Tal vez le rozase, como a los otros, con sus alas de
+mariposa inquieta, pero al reconocerle, seguiría su camino. Nada tenía
+qué hacer con él... Y esta certeza de permanecer al margen de la vida
+pasional que iba a desarrollarse en medio del Océano amargaba a
+Fernando. Viajero por amor, tendría que contemplar la felicidad ajena
+como los eremitas del desierto contemplaban las rosadas y fantásticas
+desnudeces evocadas por el Maligno. ¡Ay, quién podría darle en viviente
+realidad la imagen algo esfumada que latía en su recuerdo!... ¡Pasear
+sintiendo el dulce brazo en su brazo; soñar arriba, en la última
+cubierta, ocultos los dos detrás de un bote, las bocas juntas, la mirada
+perdida en el infinito; vivir toda una vida en tres metros de espacio,
+entre los tabiques de un camarote, despertando del amoroso anonadamiento
+con la campana del puente, que sonaba, en la inmensidad oceánica,
+discreta y tímida, como la otra campana monjil!... Y sumiendo Fernando
+su mirada en los borbotones de espuma moteados de puntos de luz que
+resbalaban por el flanco del navío, gimió mentalmente, con un
+llamamiento angustioso:
+
+--¡Oh, Teri!... ¡Alegría de mi existencia!
+
+Una ligera tos le hizo volver la cabeza, y vio junto a él, apoyada en la
+baranda, a Mrs. Power, su vecina del comedor. Un tul verde cubría la
+desnudez de su escote. Llevábase a la boca el cabo dorado de un
+cigarrillo, y un surtidor de humo partía de sus labios, tomando reflejos
+de iris bajo el resplandor eléctrico antes de perderse en la obscuridad.
+
+El primer movimiento de Ojeda fue de molestia y de cólera, como el que
+en mitad de un ensueño dulce se ve despertado. Aborrecía a esta mujer
+hermosa, por su tiesura varonil; no podía soportar la mirada de sus ojos
+claros, de fijeza insolente, que parecían retar a un duelo a muerte.
+
+Quiso volver la cabeza hacia el Océano, pero ella no le dio tiempo.
+
+--¿Es la luna?--preguntó en inglés señalando una leve mancha láctea a
+ras del horizonte.
+
+--Tal vez--respondió Fernando en el mismo idioma--. Pero no... Creo que
+la luna sale más tarde.
+
+Y tras este cambio breve de palabras, que recordaba los diálogos
+incoherentes de un método para aprender lenguas, los dos se vieron
+súbitamente aproximados. Ojeda no supo si fue él quien avanzó por
+instinto, o ella con la varonil intrepidez de su raza; pero sus codos se
+tocaron en la barandilla y sus cabezas quedaron separadas únicamente por
+una pequeña lámina de atmósfera.
+
+Mrs. Power preguntó a Fernando por su amigo, sonriendo al recordar su
+movilidad y el lenguaje híbrido y pintoresco con que la saludaba todas
+las mañanas. Un tipo interesante míster Maltrana; ¡lástima que ella no
+pudiese entender muchas de sus palabras!... Y el recuerdo de las
+dificultades de lenguaje que se sufrían a bordo le sirvió para
+justificar su aproximación a Ojeda. Necesitaba un amigo que conociese su
+idioma. Conversaba de vez en cuando con los Lowe, aquel matrimonio de
+compatriotas suyos; pero... Y hacía un gesto de altivez para indicar que
+no eran de su clase.
+
+A la tropa de americanos ruidosos la mantenía alejada. Eran viajantes de
+comercio, ganaderos de las praderas, gente ordinaria. Se aburría con las
+señoras de otras nacionalidades que hablaban inglés. Ella había gustado
+siempre de la sociedad de los hombres... Luego interrumpió el curso de
+la conversación para preguntar a Ojeda cuánto tiempo había vivido en los
+Estados Unidos; y al enterarse de que nunca había estado allá,
+prorrumpió en una exclamación de asombro: «_¡Ahó!_». Se echaba atrás,
+como si la acabase de ofender una falta imperdonable de respeto. Pero se
+repuso inmediatamente de esta impresión de desagrado.
+
+--_All right!_ Usted me enseñará el español y yo le perfeccionaré en el
+inglés. Se adivina que lo aprendió en Londres. Los americanos lo
+hablamos mejor; eso lo sabe todo el mundo.
+
+Y convencida de la superioridad de su país sobre todo lo existente,
+propuso a Fernando que fuese su amigo con igual gesto que si contratase
+un buen servidor para su casa. A impulsos de su franqueza dominadora, no
+ocultaba que se había enterado de la historia de él, así como de la de
+todos los que en el buque atraían su atención.
+
+--Usted es poeta, lo sé, y yo nada tengo de _poetical_: se lo
+advierto... Mi padre sí; mi padre era alemán y muy dado a las cosas del
+sentimentalismo. Yo he nacido para los negocios, y ayudo a mi marido.
+¡Si no fuese por mí!...
+
+Un paseante interrumpió la conversación. Era el señor Munster, que,
+llevándose una mano al casquete, suplicaba humildemente:
+
+--Señora, acuérdese de su promesa... La aguardamos en el salón para
+nuestra partida de _bridge_. Usted sólo falta para que empecemos.
+
+Mrs. Power sonrió con una amabilidad feroz. «Luego iré.»
+
+Y Munster, comprendiendo lo enojoso de su presencia, se retiró
+discretamente antes de que la dama le volviese la espalda.
+
+Ella siguió hablando de su carácter; un carácter práctico, incompatible
+con la ilusión _poetical_. Atacaba ferozmente el odiado fantasma de la
+poesía, como si viese en él un motivo de errores y desgracias. Luego
+habló de su marido con un entusiasmo tenaz, molesto para Ojeda. Era más
+alto que él y de una distinción que conquistaba el respeto de todos.
+Había nacido en la Quinta Avenida de Nueva York, hijo de un famoso
+banquero; pero la familia estaba arruinada.
+
+--Usted, señor, es de los más distinguidos de a bordo, y por esto hablo
+con usted... Pero no llega ni con mucho a míster Power. Le falta algo.
+Usted lleva la corbata de un color y el pañuelo de otro. Mi país es el
+único dónde el hombre puede llamarse elegante. Míster Power no saldrá a
+la calle si no lleva del mismo tono la corbata, el pañuelo y los
+calcetines. Es lo menos que puede hacer un _gentleman_ que se respeta.
+
+Pero Fernando apenas escuchaba estas lecciones, expuestas con gravedad
+científica. Sentíase perturbado por una embriaguez ascendente, como si
+el vino que poco antes parecía contraerse con tristeza en su interior
+hiciese explosión de nuevo, avasallando sus sentidos. Fijábase en los
+ojos de la norteamericana, en sus pupilas líquidas y temblonas, que se
+destacaban del nácar de las córneas con el brillo de una luz cambiante,
+reflejo mixto de malicia y candidez.
+
+Acariciábale un perfume que venía de ella como una música lejana y
+conocida. Tal vez fuese ilusión de sus sentidos, excitados por el
+recuerdo; tal vez una errónea semejanza al encontrarse por vez primera,
+luego de su embarque, al lado de una mujer elegante. Aquella americana
+olía lo mismo que la otra; esparcía uno de esos perfumes indefinibles
+que no pueden adquirirse, pues carecen de nombre; un perfume irreal, que
+es como el uniforme impalpable que envuelve a las mujeres de todos los
+países acostumbradas a una vida de comodidades y refinamientos; perfume
+de carne cuidada con amor, de epidermis pulida por el frote higiénico;
+«olor de agua», según decía Ojeda.
+
+«¡Oh, Teri!... ¡Teri!» Sus ojos encontraban también una semejanza
+fraternal en el cuello esbelto y ligeramente inclinado, lo mismo que el
+vástago de una flor que se ladea graciosamente bajo su peso; en las
+manos de blancura de hostia, con uñas abombadas y brillantes, parecidas
+a pétalos de rosa.
+
+Era Mrs. Power; bastaba ver sus ojos de agua conmovida, escuchar su
+palabra glacial de mujer de negocios, para convencerse de su identidad;
+pero al mismo tiempo era la otra, por la línea majestuosa de su cuerpo,
+por el ademán suelto y despreocupado de hembra elegante segura de su
+poder de seducción, por el halo de perfume luminoso que parecía
+envolverla. Ojeda escuchaba su voz sin saber qué decía, pensando en
+Teri, viéndola junto a él bajo una nueva forma. Miraba a Mrs. Power como
+si fuera una máscara que acabase de encontrar en un baile y de la cual
+conocía el secreto a pesar de la voz fingida y el rostro desfigurado.
+
+Llevaba varios días poblando la vida solitaria de a bordo con la imagen
+de Teri. Se había paseado con ella por el desierto de la última
+cubierta, oprimiendo su brazo aéreo, oyendo el leve crujido de sus pasos
+invisibles, murmurando dulces palabras que sólo obtenían una respuesta
+mental. Ella ocupaba un sillón vacío junto a sus libros en las largas
+tardes de lectura, y por la noche, al abrir el camarote, deslizábase
+detrás de sus huellas, misteriosa y sonriente, para no abandonarle en
+las horas de insomnio y ser lo último que veían sus ojos, esfumándose
+como una visión que se aleja cuando al fin le rozaba la mano del sueño.
+
+Ahora, la mujer impalpable y luminosa que le seguía a todas partes había
+desaparecido, pero era para ocultarse indudablemente dentro de aquella
+otra real y tangible que tenía a su lado. Esta reencarnación se hacía
+sentir con un contacto menos ilusorio; pero en el misterio de su
+encierro la delataba su perfume. «¡Oh, Teri!... ¡Teri!» Su única
+preocupación por el momento era que la americana no dejase de hablar,
+que no huyese, llevándose con ella su oloroso nimbo.
+
+Quiso Ojeda conocer su nombre de nacimiento, libre del apellido marital;
+y al oír que se llamada Maud, experimentó cierto descontento. Estaba
+esperando, no sabía por qué, otro nombre, una revelación que justificase
+sus ilusiones.
+
+Maud siguió hablando de su marido, haciendo elogios de sus condiciones
+físicas y compadeciendo al mismo tiempo su simpleza de niño grande,
+versado únicamente en elegancias y juegos atléticos. Ella era el varón
+fuerte, la cabeza directora de la asociación matrimonial. Había ido a
+Nueva York en busca de nuevos capitales para un negocio de caucho que
+tenían en el Brasil. Su marido sólo servía para admirarla y obedecerla,
+y ella había de hacer frente a los accidentes del comercio, empleando la
+palabra melosa, la sonrisa enigmática y el gesto de enojo en esta pelea
+por el dólar.
+
+Los quince días pasados en París al regreso de los Estados Unidos habían
+sido los mejores de su viaje. Una vida de muchacho aturdido con varias
+compatriotas libres como ella de las viejas ataduras del sexo; una
+existencia de estudiante; teatros, cenas hasta altas horas de la noche,
+sin más hombres que algún _gentleman_ viejo, que acompañaba a esta tropa
+de emancipadas lo mismo que un guardián de harén sigue a las odaliscas
+en vacaciones. Y nada de visitas a los Bancos o de conferencias feroces
+como las que había tenido dentro de un escritorio inmediato a las nubes,
+en el piso treinta y cuatro de un rascacielos neoyorkino. ¡Lo que cuesta
+cazar el dólar, tan necesario para la vida!... Pero regresaba satisfecha
+de su viaje, pensando en el suspiro de alivio que exhalaría míster Power
+cuando en el muelle de Río Janeiro le explicase que el peligro de ruina
+quedaba conjurado gracias a ella. ¡Adorable niño grande! ¿Qué haría el
+pobre en el mundo sin su mujer?...
+
+Y en esta charla surgía a cada momento el elogio del marido, el tierno
+entusiasmo por su vistosa inutilidad, lo que producía en Fernando cierta
+irritación... ¿Y para esto se le había acercado con aire de _flirt_
+aquella señora?...
+
+Una trompeta lanzó a guisa de llamada el toque arrogante y provocador
+del héroe Sigfrido. Corrieron los paseantes con el alborozo que
+despierta todo suceso extraordinario en la vida tranquila de a bordo.
+Era la señal para el baile. Mrs. Power y Ojeda fueron también hacia el
+fumadero, en cuyos alrededores se aglomeraba la gente.
+
+Formábanse los músicos de dos en dos, y tras ellos se agitó el
+comandante dando órdenes en varias lenguas, acariciándose la amplia
+barba y saludando a las señoras. Rogaba a todos que se agrupasen en
+parejas. Iba a empezar la fiesta con la polonesa tradicional, solemne
+paseo por las cubiertas antes de llegar al comedor convertido en salón
+de baile.
+
+El «amigo Neptuno»--cómo le llamaba Maltrana--pareció dudar algunos
+segundos antes de escoger su acompañante. Quería dedicar este honor a la
+más alta dama del buque, y sus ojos iban indecisos del collar de perlas
+de la esposa del millonario gringo a los lentes y la majestuosa
+corpulencia de la señora del doctor Zurita. Pero el santo respeto a la
+autoridad y las categorías sociales le sacó de dudas. El doctor había
+sido ministro en su país, y esto bastó para que el hombre de mar,
+inclinándose sobre sus piernas cortas con una galantería versallesca,
+ofreciese su brazo a la matrona argentina.
+
+Tras de ellos se formó la fila de parejas, escogiéndose unos a otros
+según anteriores preferencias o al azar de la proximidad con bizarros
+contrastes que provocaban risas y gritos. Las señoras viejas, los niños
+y los domésticos presenciaban el arreglo de esta procesión agolpados en
+puertas y ventanas. Isidro daba el brazo a la tiple noble de la compañía
+de opereta, dueña voluminosa, de cara herpética, que ostentaba sobre la
+pechuga una condecoración turca.
+
+Maud contempló la formación con mirada irónica, pero de pronto sintióse
+arrastrada por la alegría general: «Nosotros también». Y tomando el
+brazo de Ojeda, se introdujo en la fila.
+
+Rompió a tocar la música una marcha solemne, una de tantas «Marcha de
+las antorchas» escritas para natalicios y matrimonios de pequeños
+príncipes alemanes, y la procesión se puso en movimiento, contoneándose
+las parejas al compás del ritmo.
+
+Corrían del interior del buque las camareras con gorrito de blondas y
+los _stewards_ de corbata blanca para presenciar este desfile, riendo
+con una buena fe germánica al ver a los señores agarrados del brazo y
+marchando con las caderas balanceantes. La cabeza de desfile desapareció
+de pronto, y el ruido de cobres fue debilitándose. La «polonesa»,
+saliendo del paseo al aire libre, se introducía en los salones,
+serpenteando entre mesas y sillas hasta desembocar en el paseo de la
+banda opuesta, donde los instrumentos recobraban su primitiva sonoridad.
+Otras veces la música se perdía gradualmente, como si la absorbiesen las
+entrañas del buque, y el desfile iba descendiendo por las amplias
+escaleras a los pisos inferiores.
+
+Delante de Mrs. Power iba Nélida, la única que se apoyaba al mismo
+tiempo en los brazos de dos hombres. Un joven alemán que se hacía pasar
+por pariente suyo, y el «barón», el belga hermosote, la escoltaban,
+hablándose afectuosamente como amigos que beben juntos y juegan al
+_poker_, pero con un rencor en la mirada de hombres bien educados que
+consideran la mayor de las distinciones saber ocultar sus sentimientos.
+Y ella mostrábase contenta por este doble deseo que tiraba de sus brazos
+y la envolvía en un ambiente de sorda pelea; se dejaba llevar casi a
+rastras, encorvada su esbelta figura, riendo sin saber de qué, con la
+boca seca, abarcando a los dos varones en la mirada de sus ojos húmedos
+y ávidos, que parecían englobarlos en una predilección idéntica, sin
+poder distinguir el uno del otro.
+
+La compañera de Fernando fue transformándose al marchar entre los gritos
+y risas de este alborozo general. Percibía él ahora con mayor intensidad
+el perfume misterioso escapándose de las profundidades del escote. Hasta
+creyó sentir en el puño una ligera crispación de la mano de Maud, un
+movimiento tal vez inconsciente, un leve roce despertador que se
+ensanchaba en ondas de emoción hasta los extremos de su organismo, y
+unas veces le hacía caminar como si volase y otras parecía clavarle en
+el suelo. Era tal vez una caricia irreal, imaginada más bien que
+sentida, pero idéntica a otras que perduraban en su recuerdo... Además,
+el mismo roce de curvas armoniosas al marchar; igual encontrón con unas
+durezas de contacto fulminante. La pesadumbre del brazo femenil se hacía
+por momentos más sensible. Un hombro desnudo se apoyaba en él, dejando
+sobre el paño negro del _smoking_ tenues manchas de velutina.
+
+Al volver hacia ella una mirada ávida y encontrarse con sus ojos no
+sentía extrañeza, como si los conociera desde mucho antes. Eran grises;
+los que él llevaba en su recuerdo eran negros, con reflejos de ámbar;
+pero unos y otros le miraban de igual modo, con una expresión
+invitadora. Fernando sintió el temblor que avisa la llegada de la
+fortuna, la emoción que precede a los grandes triunfos... ¡La vida es
+hermosa!... Y un estremecimiento del brazo adorable pareció responderle
+ensalzando mudamente la belleza de una existencia que puede elevarse,
+gracias al amor, por encima de todas las realidades.
+
+Se vieron de pronto debajo de las banderas y las guirnaldas eléctricas.
+La música, apelotonada en un extremo del comedor, había cambiado de
+ritmo, y las parejas, así como iban entrando, giraban enlazadas
+siguiendo las caricias de un vals.
+
+Instintivamente se recogió Maud la cola del vestido, apoyó Ojeda un
+brazo en su talle, y experimentaron cierta sorpresa al verse entre los
+danzarines demasiado numerosos, que chocaban con rudos encuentros de
+codos y de grupas. La ilusión, el champán y el deseo, fermentando
+sordamente en él, parecieron explotar de pronto, removidos por las
+vueltas de la danza. Su brazo retenía enérgicamente el talle de Maud,
+como temeroso de que pudiese huir; mirábanse en las pupilas con una
+fijeza agresiva, lo mismo que los luchadores que quieren reconocerse
+bien en el último instante, antes de caer el uno en brazos del otro.
+
+Balbuceaba Ojeda sin saber ciertamente lo que decía. Hablaba ahora en
+castellano, y su súplica incoherente era una especie de música sin
+palabras, cuya vaguedad producía en él cierta emoción.
+
+--Di que sí... di que quieres... Sería yo tan dichoso... ¡tanto!...
+
+Ella sonrió, agradeciendo tal vez que hablase en su idioma, lo que le
+evitaba la obligación de entenderle y de ruborizarse. Al mismo tiempo,
+sus ojos se entornaban para mirarlo con una expresión de caricia
+anticipada.
+
+Cesó la música; las parejas se retiraron dándose el brazo. Maud se
+inclinó un momento para corregir un desorden de su falda, y al
+incorporarse mostró un gesto de altivez, como si hubiese recordado algo
+que le devolvía a su glacial serenidad.
+
+Se dirigió a la puerta seguida de él, que en su exaltación no se daba
+cuenta de este cambio repentino. Continuaba hablando en español,
+repitiendo la misma súplica con un tuteo pasional. Y ella, por dos
+veces, sonriendo de las dificultades de su pronunciación, le dio la
+respuesta en el mismo idioma:
+
+--No compregndo... no compregndo.
+
+En el antecomedor le tendió una mano para despedirse. Se retiraba a su
+camarote: gustaba de acostarse temprano; esta noche había sido
+extraordinaria. Ojeda se ladeó como si intentase cortarla el paso, al
+mismo tiempo que su voz se hacía más suplicante. ¿Irse? ¿Dejarlo en la
+soledad de aquella fiesta, donde todo le era extraño y antipático?... Se
+sentía enfermo.
+
+Pero ella le atajó con su ironía helada.
+
+--Debe ser el estómago. Vea al médico... A mí no me impresionan esas
+quejas; ya sabe que no soy _poetical_.
+
+Fernando insistió. Le esperaba una noche horrible: no podría dormir.
+
+--Yo le enviaré con la doncella unos sellos que dan sueño.
+
+¡Oh, si ella quisiera!... ¡Si le permitiese ir detrás de sus pasos al
+encuentro de la felicidad!
+
+--No compregndo... no compregndo.
+
+Repitió su súplica en inglés, y ella lo miró entonces de abajo arriba,
+sin odio, sin escándalo, con extrañeza, como en presencia de un atentado
+a las buenas formas sociales, asombrada de la rapidez con que aquel
+hombre pretendía suprimir de golpe todas las esperas prudentes
+establecidas por la costumbre.
+
+--_Good night_--dijo fríamente.
+
+Y le volvió la espalda, alejándose por el corredor que conducía a los
+camarotes de preferencia, erguida y majestuosa.
+
+Desconcertado por esta escena que nadie había visto, sintió Ojeda un
+deseo de huir, como si fuese a estallar en torno de él una explosión de
+carcajadas. Arriba, en la cubierta, sólo quedaban los paseantes tenaces,
+y en el café los jugadores de _poker_, para los cuáles no había músicas
+ni bailes que pudiesen alejarlos del tapete verde. La familia italiana
+rodeaba a su prelado, empujándolo cariñosamente. ¡Ánimo, ilustrísima!
+Debía descender al salón para echar un vistazo a la fiesta y lucir la
+cruz de oro. Aquí no estaban en tierra, y la vida de a bordo permite
+mayores libertades. Hasta el abate de las conferencias andaba por las
+cercanías del baile, asomando su cara barbuda. «El mar... es el mar,
+Monseñor.»
+
+Persistió en Fernando la misma sensación de desconcierto y de miedo al
+tropezarse con los paseantes, cual si éstos pudiesen adivinar lo que
+había ocurrido abajo. Le molestaba la música, por creerla igual a una
+risa burlona. Otra vez necesitaba huir en busca de obscuridad y
+silencio. Y tomó una de las escaleras que conducían a la cubierta de los
+botes.
+
+Arriba creyó despertar con el fresco de la noche, como los ebrios que
+reciben de pronto una corriente de aire. Hasta allí le había acompañado
+un sentimiento de despecho; la cólera de su orgullo varonil herido por
+el fracaso; el escozor de una situación ridícula. Pero ahora le
+atormentaba el remordimiento; sentía vergüenza de él mismo, deseaba
+empequeñecerse, desaparecer, como si una mirada iracunda le espiase en
+la sombra.
+
+--Muy bien, señor Ojeda--murmuró irónicamente--; se está usted portando
+como un caballero.
+
+Y dejándose caer en un banco, añadió con rabia:
+
+--¡Eres un canalla; un canalla que merece la muerte!
+
+Sólo habían transcurrido unos minutos, y se preguntaba con extrañeza si
+era él mismo el que danzaba abajo, enloquecido por el perfume de una
+señora a la que sólo conocía desde unas horas antes, balbuceando como un
+mozuelo atrevidas proposiciones. ¡Ah, miserable sin voluntad!...
+Abandonaba con rudo tirón su vida anterior, marchaba aventuradamente al
+otro hemisferio, todo por una mujer, y a las primeras jornadas, cuando
+aún brillaban sobre sus cabezas las mismas estrellas, arrastrábase con
+súplicas viles ante una desconocida a impulsos de un deseo fulminante
+que hacía reír.
+
+Sentía vergüenza al recordar las palabras que había escrito en la tarde
+anterior, imitando la firmeza de los héroes wagnerianos. «Y cuando
+estemos alejados, ¿quién podrá separarnos?...» Un solo día había bastado
+para que olvidase sus juramentos. Aún no habría salido a aquellas horas
+su carta de Tenerife, y ya estaba lo mismo que Sigfrido, olvidado de
+Brunilda, humillándose amoroso a los pies de una Gotunda que se burlaba
+de él. Y esto lo había hecho por voluntad espontánea, sin necesitar
+filtros de olvido.
+
+Cerraba los puños amenazándose a sí mismo; pero un sentimiento de
+tristeza y desaliento sucedía a esta indignación. Deseaba ocultarse,
+como si en su vergüenza necesitase más sombra, más silencio, y huyó otra
+vez, siempre hacia lo alto, remontando la escalera de la última
+toldilla, cerca del puente.
+
+Aquí, calma absoluta; la escasez de luz hacía más visible el azul
+profundo del cielo, más intenso el fulgor de los astros. La torre de la
+chimenea destacaba su obscura masa sobre el espacio punteado de
+resplandores; las vedijas de humo, al escaparse de su boca, empañaban
+por unos instantes el brillo de las constelaciones. El balanceo del
+barco hacía pasar las estrellas de un lado a otro de los mástiles, como
+luciérnagas juguetonas que saltasen entre palos y cordajes.
+
+Ojeda experimentó la sensación de paz que desciende del cielo nocturno
+sobre los grandes dolores. Había momentos en que deseaba llorar, lo
+mismo que un niño que implora perdón. «¡Teri!... ¡Teri!» Ella viviría a
+aquellas horas seguramente pensando en él. Tal vez estaba ya en París, y
+en medio de los ruidos del bulevar, en un teatro o en una fiesta, su
+imaginación se apartaba de lo inmediato para seguir con angustia la
+marcha de un buque que sólo conocía de nombre. ¡Ay, si ella supiese! ¡Si
+ella pudiese ver!...
+
+Se analizaba Ojeda con una minuciosidad cruel. No era digno de la dicha
+que había acompañado los mejores años de su existencia. Y sin embargo,
+él no se creía responsable; era su alma, el sexo de su alma,
+completamente distinto y divergente de su sexo material. Hombre como los
+otros, agitado y dominado por una virilidad rápida en sus impulsos,
+bestia de presa capaz de atropellar y matar, lo mismo que los varones
+prehistóricos, cuando le perturbaba la embriaguez del deseo, reconocía
+sin embargo que su alma era femenil, como las de la mayor parte de los
+humanos. Bastaba la visión de una carne desconocida, una sonrisa, una
+ojeada, para que diese al olvido juramentos y compromisos.
+
+Se insultaba fríamente, y para aminorar su culpa, incluía en esta
+vergüenza a todos sus semejantes. «Nos consideramos muy hombres, y
+tenemos un alma de cortesana. Estamos a la espera de lo que llega,
+crédulos y fatuos para aceptar como una fortuna la primera hembra que
+nos mire, ágiles y prontos para nuevos deseos, olvidando el ayer con la
+inconsciencia de una profesional...»
+
+De nuevo el recuerdo de la carta con los juramentos de Sigfrido volvió a
+su memoria. Aquel héroe membrudo, que con la espada partía yunques y
+mataba dragones, tenía igualmente un alma de mujer. Apenas separado de
+Brunilda, la olvidaba, fijando sus ojos en otra. En cambio, ella, la
+femenina walkyria, era el hombre en esta asociación amorosa. Su alma
+varonil y fuerte pertenecía a la aristocracia de los que prolongan un
+amor único hasta el más alto idealismo, ennobleciendo de este modo los
+instintos de la carne. Era el andrógino de las remotas leyendas, hombre
+y mujer a un tiempo; la personificación del verdadero amor, que domina
+la sed de nuevos deseos, desconoce la curiosidad que inspira lo extraño
+y anhela confundirse con el ser que ama, hasta suprimir toda dualidad y
+que los dos sean eternamente uno solo.
+
+Y Teri era así. Con su charla de pájaro y su carácter en apariencia
+frívolo, era el varón fuerte e inconmovible. Expuesta a las tentaciones
+de otros hombres que la deseaban, no había vacilado jamás. Y él era la
+mujer sin voluntad, el alma débil y vulnerable a todo deseo, el instinto
+caprichoso que había que vigilar de cerca y tener siempre de la mano
+como a un niño enfermo.
+
+Cuando juraba ser fiel con los más solemnes juramentos, poniendo por
+testigos el amor y la vida, nunca estaba seguro de decir verdad. Sentía
+la sospecha de que al día siguiente una blancura entrevista, un
+revoloteo de faldas, lo armonioso de una línea, el ritmo de un paso, la
+simple novedad de lo ignorado, podían hacerle correr fuera de su camino
+lo mismo que una bestia en celo. Y así era él: así la mayoría de sus
+semejantes. Y este animal, que, enloquecido por lo que considera amor,
+tiene en el momento supremo de su dicha movimientos simiescos,
+gesticulaciones demoníacas, zarpazos de fiera, es el más noble de la
+creación, el único depositario de la verdad. ¡Qué dirían de los hombres
+las tranquilas estrellas si alguna vez habían seguido sus actos con sus
+guiños luminosos!... ¡Ah, miseria!
+
+Pasaba el tiempo sin que tuviese fuerzas para abandonar aquel banco
+lejos de la luz. Temía volver al ruido de abajo. Retardaba el instante
+de entrar en su camarote, como si de los tabiques pudieran desprenderse,
+saliendo a su encuentro, los recuerdos que había clavado con la fijeza
+de sus ojos en las horas nocturnas de melancolía.
+
+Tres veces sonó la campana mientras él estaba allí, inmovilizado por el
+abatimiento, y otras tantas contestó desde lo alto del trinquete el
+baladro del serviola anunciando que las luces de posición seguían
+encendidas. Un oficial paseaba por el puente con la espalda algo
+encorvada y las manos en los bolsillos, deteniéndose a cada vuelta para
+sondear con sus ojos la obscuridad. Fernando le encontró cierto aire de
+monje yendo y volviendo con igual número de pasos por su claustro de
+acero. Junto a una luz oculta, que esparcía una tenue mancha rojiza--el
+resplandor de la bitácora--, estaba otro hombre, con los brazos en cruz,
+abarcando la rueda reguladora de la dirección del buque. Y acurrucado en
+su minarete, en medio de las tinieblas perforadas por luminosos
+parpadeos, existía el centinela invisible, el ronco cantor de las horas,
+espía avanzado que escrutaba los hostiles misterios de la noche y del
+mar.
+
+Contemplábalos Ojeda con respeto y envidia, sumidos en su gravedad
+silenciosa que tenía algo de sacerdotal; insensibles a la música y los
+rumores de fiesta que venían de abajo; huyendo de los reflejos luminosos
+que esparcía el buque sobre sus costados como un halo de gloria;
+avanzando la cabeza en la noche para husmearla mejor; indiferentes al
+mundo alegre y variado que invadía las entrañas de la nave en cada
+viaje; sólidamente adheridos al testuz del monstruo cuya marcha guiaban,
+como el cornac guía al elefante montado en su frente. Eran hombres
+ocupados en algo más importante que balbucear deseos al paso de una
+hembra. La vida les había impuesto una obligación y la cumplían
+severamente, sin conocer arrepentimientos ni vergüenzas.
+
+El trabajo disciplinado por la responsabilidad se le apareció como la
+función más noble y envidiable. Estos ermitaños del puente y de la cofa
+tendrían, a no dudar, su vida de pasión lo mismo que todo el mundo;
+conocerían el amor, que es algo indispensable para la existencia;
+llevarían en su alma la flor del recuerdo. Tal vez el oficial iba
+acompañado en sus paseos por la imagen de alguna _fraulein_ rubia y
+sensible que contaba los días en un puerto anseático aguardando la
+vuelta del buque; tal vez los marineros contemplaban en el espejo de su
+rudimentaria imaginación a la compañera ventruda y mal calzada con su
+grupo de pequeñuelos carillenos y peliblancos.
+
+Desde su asiento, a través del marco de una ventana, veía también al
+telegrafista escribiendo con la cabeza baja e interrumpiendo su
+escritura para escuchar el lenguaje chirriante de los aparatos. Atendía
+mecánicamente a otros pensamientos perdidos en la noche a una distancia
+de centenares de millas, y apenas terminada la conversación recuperaba
+su pluma. Bien podía ser que escribiese a su amada llenando el papel con
+versos ingenuos y simples, como la florecilla azul que apunta en el alma
+de toda pasión germánica.
+
+Y al adivinar el amor en estos esclavos de la responsabilidad que
+velaban por la suerte del pueblo flotante, lo veía único, noble,
+rectilíneo, lo mismo que el deber y la disciplina que mantenían a todos
+en sus puestos.
+
+Oyó pisadas en la toldilla. Una silueta avanzaba titubeante, explorando
+los rincones. Era Maltrana, que al reconocerlo se dirigió hacia él,
+lamentando su desaparición... ¿Qué hacía allí? ¿Por qué no estaba
+abajo?... Y acompañaba sus palabras con grandes risas y cariñosos
+palmoteos. Fernando vio en sus ojos el brillo de una extraordinaria
+agitación. Al hablar esparcía su boca un vaho alcohólico.
+
+--La gran noche, amigo Ojeda; y eso que aún estamos, como quien dice, al
+principio. Esos muchachos son encantadores. Tenemos concertada una
+pequeña reunión con varias chicas de la opereta para cuando termine el
+baile y se acueste la gente seria. ¿Y Nélida? Una valiente. Se ha
+deslizado fuera del salón, mientras emborrachaban a su hermanito los
+amigos de la banda. Su primer _flirt_, el alemán que se titula pariente
+y viene con ella desde Hamburgo, anda loco por todo el buque sin poder
+encontrarla. Yo soy el único que sabe dónde está: ¡yo lo sé todo! La he
+visto entrar cautelosamente en su camarote, como una gata estremecida, y
+llegar después de ella al barón belga... Y el otro busca que busca. ¡Lo
+más divertido!... Pero ¿qué tiene usted? ¿Por qué esta triste?...
+
+Fernando experimentó un deseo egoísta de comunicar su desaliento y su
+amargura a este amigo regocijado.
+
+--Soy un miserable que siente asco de sí mismo. Un verdadero miserable.
+
+Quedó Maltrana indeciso, no sabiendo qué gesto adoptar ante una
+afirmación tan inesperada... Luego se encogió de hombros y volvió a
+reír, como si leyese en el pensamiento de Ojeda.
+
+¡Un miserable!... ¿Y qué? Él también lo era; y todos en el buque lo eran
+igualmente. Y así como el viaje fuera haciéndose más largo y avanzase el
+_Goethe_ la proa en los mares luminosos y cálidos, todos iban a sentirse
+poseídos por esta miseria que avergonzaba a Fernando... ¡Quién sabe si
+alguno llegaría a rugir y a andar a cuatro patas, como los libertinos de
+las leyendas convertidos en bestias!...
+
+--Ya nos limpiaremos de pecados al llegar a tierra, amigo mío. Aquí
+debemos vivir con arreglo al ambiente. La responsabilidad no es nuestra.
+El culpable es ése... el gran impuro, el eterno fecundador que aún
+guarda en sus entrañas el secreto genésico de los primeros latidos de la
+vida.
+
+Y Maltrana, borracho, señalaba el mar obscuro, increpándolo con una
+furia cómica... Pasaban sobre su lomo, lo arañaban cruelmente con la
+quilla, bien comidos, el pensamiento en reposo, los miembros en huelga,
+y él se vengaba de este rudo despertar enviándoles un hálito excitante
+que esparcía el deseo y la locura.
+
+--¡Ah, grandísimo tentador!... ¡Galeoto con mostachos de algas!...
+¡Celestina de arrugas verdes!
+
+Por algo habían florecido en las islas mediterráneas los pueblos
+adoradores de Afrodita, que hicieron vibrar todas las cuerdas del arpa
+de la voluptuosidad; por algo se habían elevado en las costas las
+blancas columnatas de los santuarios de amor, con sus rebaños de
+cortesanas sagradas; por algo los poetas sacerdotales habían hecho nacer
+a Venus de la espuma de las olas.
+
+
+
+
+V
+
+
+A las diez de la mañana iban colocando los músicos sus atriles al final
+de la cubierta, entre el fumadero y una barandilla, sobre la explanada
+de popa. Ensanchábase el paseo en este lugar, ofreciendo el aspecto de
+una terraza de café con mesas al aire libre y arbolillos redondos
+plantados en cajones verdes.
+
+Rompía a tocar la banda una «Marcha granadera» del tiempo de Federico el
+Grande, con estruendosos alaridos de trompetería, y poco a poco la gente
+iba poblando el paseo.
+
+El buque, húmedo, sombreado, limpio, parecía sonreír como un dormilón
+que se despabila con las frías abluciones matinales. Desde mucho antes
+caminaban los madrugadores por la azulada penumbra de la cubierta,
+saludándose al paso y comunicándose noticias de la noche anterior.
+Algunos, vestidos con pijamas o medio desnudos bajo un largo gabán,
+descendían del gimnasio y se deslizaban rápidamente en busca de sus
+camarotes.
+
+Aparecían las primeras señoras, yendo tras breve paseo a arrellanarse en
+los sillones. Bandas de muchachos aprovechaban la ausencia de los
+mayores para hacer suya toda la cubierta. Niñeras de diversa
+nacionalidad, con una criatura al brazo, formaban amigables grupos,
+mirándose sonrientes sin entenderse. Otras empujaban cunas con ruedas,
+en cuyo interior una cabeza abultada, de suaves cabellos, aparecía medio
+dormida entre puntillas y lazos. Una tropa de niños con fusiles de latón
+daba la vuelta al buque, golpeando el húmedo entarimado con marciales
+patadas. Eran rubios, morenos o bronceados, mostrando en la variedad de
+sus tipos la amalgama étnica del continente americano, en el que sus
+padres les habían hecho nacer. Un hijo de doctor Zurita, que iba al
+frente sable en alto marcando el paso, gritaba con el imperio de una
+casa triunfadora: «A ver gringo, avanza un poco... Un... dos. Un... dos.
+Tú, gallego, hazte pa atrás».
+
+Fernando, apoyado en la barandilla a corta distancia de los músicos,
+seguía con los ojos el lento balanceo del castillo de popa, sobre el
+cual aleteaba una ronda de gaviotas. Eran aves enormes repletas de
+pescado y desperdicios de los buques, con alas poderosas, blancas y
+combadas, semejantes a velas.
+
+Seguían al trasatlántico desde Canarias, habituadas a esta soledad azul,
+inmensa para los ojos del hombre, y en la que su instinto husmeaba la
+vecindad invisible de la costa de África y del archipiélago de Cabo
+Verde. Volaban en espiral sobre la popa, abanicando algunas veces con
+sus alas a los pasajeros de tercera clase. Otras se tendían en fila
+sobre el camino blancuzco y espumoso que dejaban abierto las hélices en
+la llanura del Océano. Parecían inmóviles sobre el vapor, que marchaba y
+marchaba con el jadeante ímpetu de sus pulmones de acero, y cuando
+quedaban atrás bastábales un par de aletazos para volver a colocarse
+verticalmente sobre él. Sonaba el chapoteo de un objeto en el mar: una
+espuerta de residuos de cocina, un madero, un bote de conservas vacío, e
+inmediatamente se desplomaban, con las plumas encogidas, balanceándose
+sobre las ondulaciones oceánicas lo mismo que los cisnes de un lago. Y
+así que terminaban la exploración del objeto flotante o engullían los
+residuos, retornaban al buque impetuosas como proyectiles.
+
+Un murmullo de gente invisible subía hasta el paseo en las breves pausas
+de la música. Ojeda, al inclinarse sobre la baranda, recibió en su
+olfato un hedor de comida agria. La vasta explanada de popa, libre a
+aquella hora de toldos, aparecía ocupada por los emigrantes
+septentrionales. Formaban cuadros sentados en los camarancheles de las
+escotillas. Otros, por encima de ellos, ocupaban, como si fuesen bancos,
+los mástiles de las grúas colocados horizontalmente. Algunos, con aire
+señoril, dormían arrellanados en sillones plegadizos de lona vieja,
+recuerdo de anteriores viajes.
+
+Correteaban bandas de muchachos medio desnudos, yendo a refugiarse entre
+las rodillas femeninas en los azares de su persecución. Viejos con
+luengas barbas, gorros de piel de cordero y peludos gabanes, permanecían
+en cuclillas mirando el mar, como fakires en éxtasis. Unos jóvenes
+tendidos sobre el vientre, con la quijada entre las manos, escuchaban la
+lectura en alta voz de un camarada. Junto a la borda, otros hombres
+barbudos fumaban en largas pipas, y de vez en cuando sus manos rojas y
+escamosas se hundían bajo las sotanas forradas de pieles para agitar con
+fuertes rascuñones los harapos invisibles.
+
+Tenían que abrirse paso los marineros en esta muchedumbre compacta e
+inmóvil que bebía sol y aire fuera del encierro de los sollados. Sobre
+un montón de cables, un emigrante de cabeza rapada movía el arco de su
+violín, sin que el más leve sonido llegase hasta el paseo donde rugían
+los cobres. En la plataforma del castillo de popa, entre botes, maromas
+y salvavidas, pululaban los pasajeros de tercera clase que gozaban de
+preferencia: tenderos ambulantes; rusas y alemanas con grandes sombreros
+de paja, que, agarradas del talle, hablaban de sus diplomas académicos y
+de la posibilidad de entrar en el seno de una familia del Nuevo Mundo
+para enseñar idiomas a los niños; jóvenes melenudos con trajes de buen
+corte, pero de raída tela, siempre con un libro en la mano. Eran los
+aristócratas de esta parte del buque, que, aislados en su altura,
+miraban con desdeñosa conmiseración al rebaño de abajo y con envidia
+revolucionaria a los del castillo central.
+
+Filas de ropas puestas a secar se balanceaban en la explanada sobre los
+grupos de cabezas. El suelo, regado a plena manga poco antes, estaba
+cubierto de cáscaras de frutas, secreciones de garganta y residuos de
+alimentos. Cabelleras femeniles tendidas al sol recibían la exploración
+venatoria de los peines. De la blancura incierta de algunas camisas,
+rígidas y acartonadas por el líquido seco, emergían ubres como harapos,
+adaptando su arrugada flacidez a las bocas lloronas de los pequeños.
+Otras madres, con el hijo en las rodillas, desenvolvían tranquilamente
+sus fajas y pañales, dando a la luz los olvidos hediondos de la
+inconsciencia infantil.
+
+No tenía Fernando más que ladear un poco la cabeza, volviendo los ojos
+al interior de la cubierta, y recibía en su olfato inmediatamente la
+esencia de los licores que burbujeaban con mezcla de soda en las mesas
+del café, el perfume de agua de Colonia que iban esparciendo las
+mujeres, como un recuerdo de su baño matinal. Parecía ser de un planeta
+distinto la vida que se desarrollaba cuatro metros por encima de la
+muchedumbre emigrante. Los camareros iban de grupo en grupo ofreciendo
+grandes bandejas cargadas de emparedados y tazas de caldo: el segundo
+refrigerio de la mañana. Las señoras exhibían con afectada modestia sus
+trajes de verano recién extraídos de los cofres y cambiaban mutuos
+cumplimientos. Muchos pasajeros iban vestidos de blanco de pies a
+cabeza, e igualmente de blanco los domésticos del buque, los músicos y
+los oficiales. Había momentos en que el castillo central parecía
+invadido por una tripulación de Pierrots.
+
+Pasó Mrs. Power, sola como siempre en sus matinales paseos, erguida y
+sin mirar a nadie, con un sombrero de tul elegante y vistoso. Fernando
+sintió al verla indecisión y timidez; pero ella, deteniéndose un
+momento, vino en su auxilio. Le saludó, preguntando con un retintín
+irónico cómo había pasado la noche. Sonreía protectoramente, dando a
+entender que perdonaba a Ojeda su travesura de niño grande. Todo estaba
+olvidado... Y le tendió una mano antes de alejarse, continuando su
+marcha de ritmo varonil.
+
+Transcurría el tiempo sin que la cubierta se viese tan poblada como en
+otras mañanas. Muchos sillones permanecían vacíos. Las graves señoras
+alejaban a sus hijas para conversar entre ellas con voz de misterio y
+gestos de indignación, como si comentasen algo escandaloso. No había
+aparecido aún ninguno de aquellos jóvenes de cuya amistad hablaba
+Maltrana con entusiasmo. También él permanecía invisible, y lo mismo
+Nélida con su escolta de adoradores.
+
+El doctor Zurita pasó junto a Ojeda aspirando el humo de su tercer
+cigarro matinal.
+
+--Poca gente--dijo--. Anoche, según parece, hubo _farra_ larga. Debe
+haber abajo un tendal de muertos y heridos... ¡Qué muchachada tan viva!
+¡Cosas de la edad!...
+
+Y siguió adelante, sonriendo con una tolerancia de veterano al pensar en
+las locuras de la «muchachada». Estaba tranquilo por haberle dicho su
+ayuda de cámara andaluz que los hijos mayores roncaban en sus camarotes
+con la fatiga de una noche pasada en claro, pero sin desperfectos
+visibles.
+
+La música siguió desarrollando su programa matinal como si sonase en el
+vacío. Pasaban las señoritas formando grupos, lo mismo que en las plazas
+de las pequeñas ciudades alrededor del kiosco de los conciertos; pero
+les faltaba en este continuo girar el encuentro con los jóvenes, el
+acompañamiento de un amigo, miradas curiosas y simpáticas que las
+persiguiesen.
+
+Sólo quedaban ellas en la cubierta. Los hombres graves eran buscados por
+el mayordomo, que a fuerza de invitaciones y ruegos conseguía meterlos
+en el fumadero. Se iba a formar allí por aclamación el comité
+organizador de las fiestas con que se celebraría el paso de la línea
+equinoccial.
+
+Terminó el concierto, retirándose los músicos con atriles e
+instrumentos, y entonces fue cuando Maltrana hizo su aparición. Lo vio
+Fernando asomar la cabeza por la puerta de una escalera tímidamente.
+Después de largos titubeos avanzó al fin con cierto encogimiento. Vestía
+un traje blanco, rutilante, majestuoso, sobre el cual parecía destacarse
+con mayor relieve la fealdad grandiosa de su cara, a la que encontraban
+algunos cierta semejanza con la de Beethoven viejo.
+
+En su marcha cautelosa, torcía el rostro hacia el lado del mar, bajando
+los ojos como si temiese ser visto. Ante los grupos de nobles matronas,
+su cortesía pudo más que el miedo. «Buenos días...» Pero las damas
+contestaron su saludo a flor de labios, siguiéndole con ojos severos y
+mirándose después entre ellas... «También éste era de los culpables.» Y
+todo el peso de su indignación se descargó mudamente sobre Maltrana, el
+primero que osaba presentarse ante ellas.
+
+Ojeda, al estrecharle la mano, se fijó en su tendencia a volver la cara
+hacia el mar, rehuyendo el lado izquierdo, y con súbito movimiento le
+hizo ponerse de frente.
+
+--Pero criatura ¿qué tiene usted ahí?...
+
+Señalaba, riendo, una hinchazón lívida de la sien que se extendía hasta
+un ojo.
+
+--No es nada--balbuceó Isidro--; poca cosa... Ya le explicaré.
+
+Y para desviar la conversación, se miró de los pies al pecho con gesto
+de orgullo.
+
+--¿Eh?... ¿qué me dice del trajecito? Tengo otro a más de éste...
+¡Cualquiera adivina que es obra de doña Margarita, mi patrona!
+
+Pero Ojeda no se dejó desorientar por tales palabras, y siguió riendo
+con los ojos puestos en la contusión que desfiguraba a su amigo.
+
+--Cuando se canse de reír, avise--dijo Maltrana, algo amostazado--. Pero
+¿no ve usted que nos están mirando esas dignas señoras?... Las conozco,
+y no quiero perder su amistad. Hablan con mucha soltura de los
+escándalos de Europa; tienen el propósito decidido de no asustarse de
+nada, para que no las tomen por unas atrasadas; pero todo es puro
+exterior, y cuando se despojan de los trajes y los añadidos de París,
+resultan idénticas a nuestras damas de provincias... Al pasar frente a
+sus camarotes miro algunas veces por la puerta entreabierta: en el
+lavabo, marquitos portátiles con imágenes milagrosas nacionales o de
+importación; en un boliche de la cama, un rosario y más estampas...
+Tengo miedo de que me echen la culpa a mí, que soy el más infeliz. Me
+temo que por dejar en buen lugar a sus niños y a los amigos de sus
+niños, digan que fui yo quien organizó lo de anoche... Y yo tengo
+interés en estar bien con todo el mundo, en conservar mis amistades.
+
+Fernando no pudo contener su impaciencia. «Pero ¿qué era lo de
+anoche?...» Maltrana sonrió, como si recordase algo, y dijo, remedando a
+su amigo, con entonación dramática:
+
+--Soy un miserable... Un miserable que siente asco de sí mismo.
+
+Pero antes de que Fernando pudiera enojarse por este recuerdo, se
+apresuró a añadir:
+
+--Lo de anoche fue una lección; una lección de cosas y de nombres: una
+«farra», una «remolienda», como dicen mis amigos de varias repúblicas.
+Anoche supe también lo que es «curarse», y me curé tan prolijamente, que
+aquí me tiene con una sed infernal y este adorno junto a un ojo... Pero
+no me arrepiento: ¡qué muchachos simpáticos! Da gloria tener amigos tan
+cariñosos. Unos me llamaban _gallego_, otros me apellidaban _godo_. ¿Ha
+notado usted qué variedad de motes amorosos gozamos los españoles en la
+América que habla español?
+
+--Sí; y en otras repúblicas nos llaman _gachupines_, _patones_,
+_sarracenos_ y no sé qué más. Podría escribirse un tratado
+geográfico-apodesco para mayor claridad en las relaciones
+hispanoamericanas... Pero son bromas de familia que no merecen atención:
+adelante.
+
+Y Maltrana describió la fiesta íntima en el fumadero después del baile,
+cuando las graves damas con sus hijas se habían retirado a los camarotes
+y sólo quedaba en la cubierta algún que otro señor entregado a su paseo
+habitual antes de irse a la cama. Los jugadores de _poker_ habían
+terminado sus partidas, prudentemente, al ver invadido el salón por una
+banda de locos que gritaban discursos subiéndose a las mesas, ensayaban
+suertes de gimnasia con las sillas o se tendían en los divanes colocando
+los pies entre las copas.
+
+--El pobre mozo del bar, amigo Ojeda, ese rubio con bigotes a lo
+_kaiser_, se movía incesantemente de una mesa a otra, descorchando
+botellas de champán, llenando copas, recogiendo del suelo vidrios rotos.
+Al principio estaban por grupos: a un lado los sudamericanos, al otro
+los yanquis y los ingleses, más allá los alemanes, pretendiendo cada uno
+sobrepujar al vecino en generosidad. Una mesa pedía dos botellas, la
+otra tres, la otra cuatro; y todos cantaban, intercalando en su música
+gritos de animales conocidos o fantásticos... Esperábamos la llegada de
+las damas: unas cuantas coristas que habían prometido no sé a quién, tal
+vez a nadie, su interesante presencia. Pasaba el tiempo y no venían.
+Unos amigos hablaron seriamente de ir al camarote de Nélida para traerla
+a la fiesta y darle una paliza al hermano, proposición que puso foscos
+al belga y al alemán, como si cada uno por su parte se creyese el
+depositario del honor de la muchacha.
+
+Calló Maltrana, cual si temiera decir demasiado; pero ante la curiosidad
+de su amigo siguió adelante.
+
+--Un chileno forzudo, gran amigo mío, se levantó con resolución. «Oiga,
+_godito_: vamos a ver si nos traemos a algunas de esas damas.» Abajo, en
+un corredor, cazamos a dos coristas polacas que iban tranquilamente
+desde cierto lugar a su camarote, y mi amigo el atleta las subió casi en
+volandas sin entender sus palabras. ¡Gran éxito! Las dos son negruzcas,
+flacas, con aire de gitanas, pero jamás se verán en toda su vida tan
+admiradas y obsequiadas. Y cuando las pobrecitas llevaban bebidas no sé
+cuántas copas, mirándonos a todos con la superioridad que proporciona la
+escasez del artículo, y se debatían entre los señores aglomerados en
+torno de ellas, chillando y contrayéndose en el asiento como si por
+debajo de la mesa las cosquillease una tropa de ratas, entra el
+mayordomo, el _oversteward_, mirándolas fijamente, sin vernos a
+nosotros, como si no existiésemos; y bastaron unas cuantas palabras
+suyas en alemán para que saliesen cabizbajas y temerosas, lo mismo que
+unas niñas ante la reprimenda del maestro... Bien dicen que la sociedad
+del mujerío dulcifica la rudeza de los hombres. Apenas nos quedamos
+solos... batalla. Unos increparon a otros por haber sido demasiado
+audaces, haciéndolos responsables del susto y los aleteos de las dos
+palomas inocentes. De pronto, un puñetazo... y el fumadero fue la venta
+del _Don Quijote_. Todos sentían la necesidad de pegar sin saber a
+quién: dos hermanos se aporrearon sin conocerse; los _bocks_ y las copas
+iban por el aire. Yo dudaba entre huir o poner paz, y en medio de mis
+vacilaciones me alcanzó esta caricia... Crea usted que me duele, pero el
+espectáculo valía la pena de ser visto. Lástima que usted no lo
+presenciase.
+
+Ojeda se inclinó con irónico agradecimiento. «Muchas gracias.»
+
+--La tranquilidad se restableció gracias a la intervención de algunos
+marineros que limpiaban la cubierta y a la amenaza del mayordomo de
+introducir por las ventanas las mangueras del riego... Con la calma
+renació el buen acuerdo; todos pedían lo mismo: más champán. Y como era
+la hora en que se cierra el bar, muchos hacían provisiones, guardando
+las botellas debajo de las mesas. Una ternura conmovedora se apoderó de
+la asistencia. Cada uno se rascaba los chichones o se arreglaba los
+rasguños del traje, mirando amorosamente al vecino. Argentinos y
+chilenos cruzaban as copas con ruidosa fraternidad. ¡No más Andes!
+¡Ellos solos se bastaban para comerse el mundo! Y súbitamente coligados,
+miraban a los demás fieramente.
+
+--¿Y qué decían los demás?--preguntó Ojeda.
+
+--El amigo Pérez y otros de diversas repúblicas exigieron copa en mano
+entrar en la confederación. ¡Hermanos, todos hermanos! Y se abrazaron
+con lágrimas de ternura, dando vivas a las tierras hispanoamericanas. Un
+brasileño insinuó dulcemente con lenguaje mesurado y cortés: «_Se os
+senhores dâo licença..._». Y el Brasil entraba igualmente en la gran
+alianza. ¡Viva la América latina!... Alguien se fijó en mi humilde
+persona y en el adorno que llevo junto a un ojo. «¡Ah, pobre galleguito
+simpático!» Y prorrumpieron en vivas a la «madre patria», a la vieja
+España, ensalzándola melancólicamente, como si hablasen de una abuela
+que se les hubiese muerto hace años. Las copas me venían a la boca por
+docenas, como si quisieran ahogarme. Algunos se abrazaron a mí,
+mojándome el cuello con lágrimas de embriaguez. Tienen en la Península
+no sé cuántos parientes duques y marqueses; aún guardan en su casa
+papelotes antiguos de nobleza, y me pedían mis señas en Buenos Aires
+para enviármelos, como si esto pudiese interesarme... Luego, no sé cómo,
+los yanquis vinieron a chocar igualmente sus copas. ¡Hurra a los Estados
+Unidos! ¡América sobre el resto del mundo!...
+
+Pero este huracán de fraternidad había sido demasiado impetuoso para
+mantenerse en los límites de un continente, y pasando los mares se
+difundía por Europa entera. Al final, ingleses, alemanes, franceses y
+belgas entraban en la gran alianza. ¡Viva la confederación universal!
+
+--Y un inglés pequeñito--continuó Maltrana--, que usted habrá visto con
+su traje a cuadros y su pipa, derramaba lágrimas en la copa, repitiendo
+con una incoherencia obstinada de beodo: «Yo he entrado en el buque con
+el corazón puro, y puro quiero sacarlo de él...». El mayordomo entraba a
+cada rato para decirnos que eran las dos, que eran las tres, que eran
+las cuatro, y había que cerrar el fumadero; pero nadie le entendía.
+Algunos roncaban tirados en las banquetas; otros se alejaban titubeando,
+para volver poco después pálidos, con la pechera de la camisa manchada.
+De pronto se apagaron las luces y salimos empujándonos, entre un
+griterío de protesta. Se habló un poco de matar al mayordomo, pero había
+desaparecido.
+
+--¿Y se fueron ustedes a dormir?--preguntó Ojeda.
+
+--No, señor; una fiesta de esta clase no termina tan pronto. Yo me vi,
+no sé cómo, en un corredor de abajo con dos botellas en las manos y un
+amigo a cada lado. Al marchar, con las piernas blandas como si fuesen de
+algodón, nos llevábamos por delante todos los zapatos depositados a la
+entrada de los camarotes... Vimos unos cuantos amigos que golpeaban
+unas puertas, encorvándose para hablar por el ojo de la cerradura. Eran
+los camarotes de las francesas, señoritas ordenadas y de buenas
+costumbres, que se acostaron sin presenciar el baile y estaban durmiendo
+con la honrada tranquilidad de un industrial en vacaciones. «Cien
+marcos», proponía uno. «Quinientos cincuenta», insinuaba otro,
+enfurecido por el silencio. «Mil... Dos mil...» Los dejamos soltando
+cifras ante las puertas obscuras e inmóviles. Era lo mismo que si
+hicieran proposiciones a un panteón.
+
+Isidro hablaba cada vez con más lentitud, como si se aproximase a la
+mayor dificultad de su relato y pensase en el medio de sortearla.
+
+--Luego encontramos a un amigo alemán que iba a despertar al médico, con
+la cabeza chorreando sangre. Se había caído de una escalera, golpeándose
+en los filos de los peldaños, que son de bronce... También yo me sentí
+atraído por las puertas y empecé a golpear la de mi vecino, el hombre
+misterioso, el personaje de Hoffmann. Necesitaba hablar con él: le
+invitaba a levantarse, para que bebiésemos una copa juntos y presentarle
+a mis amigos. «Sal, no tengas miedo: te conozco. Tú eres Sherlock
+Holmes...» Una manía de borracho que a última hora se apoderó de mí. Y
+luego empecé a aporrear la puerta vecina, la del misterio, pugnando por
+abrirla. Se me había metido en la cabeza que el amigo Holmes llevaba
+oculta en este camarote a una princesa rusa que viaja de incógnito y va
+a casarse con un jefe de tribu del Gran Chaco. Fantasías del alcohol,
+querido Ojeda. Y los dos acompañantes, menos ebrios que yo, pretendían
+disuadirme arrancándome de allí. «Mi amigo, no haga leseras...»
+«Compañero, no sea empecinado.» Y al fin pudieron meterme en mi camarote
+y acostarme, y allí he estado hasta que me despertó la música... Un baño
+a toda prisa, y a enfundarme en este traje de marinerito amoroso que
+guardaba con impaciencia desde que nos embarcamos, ¡Pocas ganas que
+tenía yo de lucirlo!... ¿Eh? ¿qué le parece el trajecito de mi
+patrona?...
+
+Ojeda le miró con fingida severidad.
+
+--Muy bien, Isidro. Bonito modo de ir en busca de una vida nueva. Se
+está usted amaestrando para el trabajo.
+
+--¡Bah! Es el mar, la influencia desmoralizadora del mar. Ya me oyó
+usted anoche. Aquí somos otros que en tierra; tal vez más espontáneos,
+más verdaderos. El aislamiento, la vida en común, nos despojan de
+nuestros envoltorios y la bella bestia aparece tal como es, excitada por
+el fastidio, ansiosa de entretenerse en algo. Y así como se prolongue
+la navegación, nos sentiremos más iguales, más hermanos, con mayor
+cantidad de «animalía»... El hombre siempre ha sido lo mismo en el mar.
+Acuérdese de los antiguos viajes a las Indias y la Oceanía. Los maestres
+de las naos recogían las espadas de los hidalgos, para no devolvérselas
+hasta el final del viaje. Todo desafío concertado durante la navegación
+no tenía validez al saltar a tierra. Aquellos viajes eran de meses y los
+nuestros son de días; pero representan lo mismo, pues nosotros vivimos y
+sentimos con mayor velocidad que nuestros abuelos... No pase usted
+cuidado: recobraré mi cordura al llegar al último puerto, y todos harán
+lo mismo. Tal vez por eso dice usted que las amistades hechas en un
+buque rara vez se prolongan en tierra. Se ven las gentes con demasiada
+intimidad, y luego, cuando se encuentran, se saludan de lejos con la
+sonrisa de un buen recuerdo; pero se evitan a la vez, como si se
+hubiesen conocido en una aventura poco honorable.
+
+Un bramido monstruoso sobresaltó a muchas señoras en sus asientos. Era
+el silbato del buque, que daba la señal del mediodía.
+
+--La hora del almuerzo--dijo Maltrana alegremente--. ¡Tengo un
+hambre!... ¿Ha notado usted cómo abre el apetito la mala conducta?
+
+En el antecomedor agolpábanse los viajeros frente a una larga mesa
+cubierta de platos diversos: vasijas con ensaladas; jamones y piezas de
+embutido exhibiendo en sus caras rojizas el negro mosaico de las trufas;
+anguilas enormes enterradas en gelatina; salchichas alemanas de color de
+rosa y leve perfume de droguería; anchoas flotantes en sal líquida;
+botes que mostraban entre los dientes del latón recién cortado el
+granulento verde del caviar. La mano de un cocinero iba de un extremo a
+otro de la mesa, armada de un tenedor, colocando en los platos estos
+entremeses del almuerzo a gusto de los pasajeros.
+
+Muchos curiosos se detenían frente a un gran reloj regulado desde el
+puente por una corriente eléctrica, y modificaban sus cronómetros con
+arreglo al salto atrás que acababan de dar las agujas. Todos los días,
+al llegar el sol a su altura máxima, había que retrasar la marcha del
+tiempo diez minutos. Otros pasajeros discutían ante un tabloncillo en el
+que estaba la carta de navegación, examinando la mancha azul del Océano
+punteada de alfileres con banderitas germánicas. Cada alfiler era
+colocado a las doce del día, y el espacio abierto entre dos de ellos
+representaba una singladura, veinticuatro horas de navegación. Las
+banderitas salían del mar del Norte, e iban alineándose a lo largo de la
+costa de Europa hasta avanzar en pleno Atlántico. La última recién
+clavada erguíase: entre Canarias y Cabo Verde. Más abajo, el mar limpio,
+el mar inmenso, la mancha azul no más grande que la palma de la mano,
+pero cruzada por las líneas negras de los grados, que representaban días
+y días. ¡Faltaban tantos para que cada uno llegase a su destino!... Y
+dominados por la preocupación de la velocidad, criticaban la marcha del
+buque, acusando a la Compañía de avaricia en el gasto de carbón,
+disputando el número de millas que debía correr, haciendo apuestas sobre
+la singladura del día siguiente.
+
+Al entrar en el comedor, Maltrana se vio saludado por sus compañeros de
+mesa con guiños maliciosos. El viejo doctor Rubau, siempre de negro,
+parecía compadecerse, con un gesto de cansancio, de las falsas ilusiones
+de la vida. «¡Ah, juventud, juventud!...» No le habían dejado dormir
+tranquilamente gran parte de la noche. También habían llamado a su
+camarote, equivocándose de puerta, para proponerle por el ojo de la
+cerradura algo monstruoso, que no acabó de entender en la torpeza de su
+sueño interrumpido.
+
+Munster ocultaba su cólera con una sonrisa de resignación. Había
+renunciado al _bridge_ en la noche anterior por falta de compañeros,
+refugiándose en el _poker_ forzosamente, y cuando después de perder cien
+marcos empezaba a recobrar su dinero, la invasión de una tropa de locos
+le expulsaba del café como a las demás «personas serias».
+
+--Y usted, señor Maltrana, no es un niño, y debía dejar para los
+muchachos estas hazañas impropias de su edad.
+
+El joyero, sordamente irritado contra su cabeza blanca y sus arrugas,
+gustaba de envejecer a los demás, creyendo remozarse de tal modo, y por
+esto insistió en aumentar los años de Isidro, sin hacer caso de sus
+protestas.
+
+Entraban en el comedor poco a poco todos los jóvenes que se habían
+mantenido ocultos hasta entonces en sus camarotes. Unos avanzaban a toda
+prisa, fingiéndose preocupados con algún pensamiento de importancia.
+Otros desafiaban la curiosidad, ostentando arrogantemente las erosiones
+mal disimuladas por el peluquero con polvos de arroz. Los
+norteamericanos destapaban champán en el almuerzo y gritaban lo mismo
+que en la noche anterior, insensibles al cansancio y al trasiego de
+líquidos. En las mesas de familia, las mamás acogían a sus hijos con
+ojos de severidad y labios apretados; pero aquéllos salían del paso
+saludando a «sus viejos» con aire indiferente, como si los hubiesen
+visto momentos antes.
+
+Al terminar el almuerzo, Fernando se encontró con Mrs. Power en la
+escalera del jardín de invierno, y juntos fueron a sentarse en el sitio
+que ocupaba ella habitualmente con la pareja de compatriotas. Ojeda,
+después de ser presentado a los esposos Lowe, permaneció allí como si
+estuviese en familia.
+
+«Ya lo acapararon los yanquis--pensó Maltrana--. Ahora la señora le
+muestra un abanico y le invita a escribir en él... Desea versos; tal vez
+versos de amor. Dejemos al amigo Ojeda que siga su destino.»
+
+Y cuando dudaba entre ocupar una mesa libre o irse al fumadero en busca
+de sus amigos los comerciantes españoles, se vio llamado por el doctor
+Zurita que, repantingado en un sillón, le mostraba un papel.
+
+--_Che_, Maltrana, venga para acá. Pero ¿ha visto qué graciosos son
+estos gringos?...
+
+Le mostraba la lista del comité organizador de las fiestas ecuatoriales,
+constituido una hora antes bajo las indicaciones del mayordomo. Una
+ocasión para éste de vender a buen precio, en clase de premios, todos
+los objetos de pacotilla adquiridos previsoramente en Hamburgo.
+
+--Fíjese, _che_, en los presidentes de honor. ¡Qué abundancia!
+
+Eran el doctor Zurita, el obispo, el abate francés, el conferencista
+italiano y Ojeda. ¡Y qué de títulos!... El obispo era Su Grandeza,
+Zurita Su Excelencia, y Ojeda, por ser algo, aparecía con el título de
+doctor.
+
+--Pero ¡qué graciosos estos gringos!
+
+Reía Zurita con una mezcla de burla democrática y satisfacción infantil.
+
+--Vea, Maltrana: yo fui ministro, ¿sabe?... ministro de la provincia, en
+mis tiempos de muchacho, cuando andaba mezclado en los batifondos de la
+política. Además, he sido diputado nacional. Ahora no me meto en nada;
+mis negocios no más, y a vivir tranquilo. Pero tal vez por esto me
+tratan de Su Excelencia. ¡Qué demonios de alemanes! Todo lo averiguan...
+Bueno, señor; esto va a costarme algunas libras más.
+
+Y volvía a reír, contemplando con una mirada entre irónica y amorosa
+«aquella diablura de los _gringos_» tan aficionados a categorías y
+honores.
+
+Maltrana, en su inquieta movilidad, salió del jardín de invierno para
+dirigirse al café. En torno de una mesa vio sentados a sus tres
+compatriotas, los graves y honrados comerciantes que le regalaban buenos
+consejos.
+
+--Saludo a sus respetables firmas sociales--dijo tomando asiento junto a
+ellos.
+
+Pero como interrumpía una conversación interesante, sólo mereció varios
+gruñidos a guisa de saludo. Estaba hablando el señor Goycochea, un vasco
+de ojos claros, membrudo, bajo de estatura, la cabeza cana y el bigote y
+la barbilla teñidos de rubio con cierto descuido que dejaba visible el
+blanco de las raíces capilares. Maltrana le tenía por el más rico de los
+tres. Bastaba ver el respeto de sus compañeros, que callaban apenas
+tosía él indicando su deseo de hablar.
+
+Aparte del prestigio que debía a su fortuna, gozaba entre los amigos de
+cierta consideración social por su matrimonio y su género de vida. La
+esposa era una dama imponente, con triple mentón y quevedos de oro, que
+antes de acomodarse en la cubierta de paseo se hacía buscar por la
+doncella su asiento propio, una poltrona comprada en París, la única de
+a bordo que podía contener las amplitudes de su respetable maternidad.
+Nacida en la Argentina, su origen y su apellido parecían irradiar un
+halo de gloria sobre la prole, borrando la insignificancia del origen
+paterno. La familia residía en París, y cada dos o tres años regresaba a
+América para que el jefe viese de cerca la marcha de sus negocios.
+Habitaban un hotelito propio en las inmediaciones de los Campos Elíseos,
+y poseían dos estancias en la provincia de Buenos Aires, a más de la
+gran casa de comercio en la capital, que dirigía un antiguo dependiente
+convertido en socio. Un personaje importante el tal vasco... La señora
+infundía respeto a los dos compatriotas del esposo, siempre con la
+cabeza alta, parca en palabras, llamando a Goycochea por su apellido,
+como si fuese un amigo en visita, mirándolo todo insolentemente con sus
+ojos de miope. Las tres niñas hablaban inglés y alemán e iban escoltadas
+por una institutriz roja y pecosa que miraba con tanto desprecio como la
+señora a los amigos del señor. De toda la familia, encerrada en su
+altivez triunfante, él era el único comunicativo y simple de carácter...
+cuando los suyos no estaban presentes.
+
+Tenía yo entonces diecinueve años--continuó diciendo Goycochea luego de
+la interrupción de Maltrana--, y me fui a pie con otro muchacho desde mi
+pueblo a Bayona, donde tomamos pasaje en un bergantín francés. Nos
+faltaban papeles para embarcarnos en España: teníamos miedo a lo de la
+quinta... Un viaje de sesenta y cinco días. ¡Y pensar que ahora nos
+quejamos por si el vapor se atrasa un par de horas!
+
+Yo vine en una fragata de Barcelona cargada de vino, hace cuarenta
+años, y echamos dos meses y medio en el viaje--dijo Montaner, el
+residente en Montevideo.
+
+--A mí me trajeron en una goleta de Cádiz con cargamento de sal--declaró
+Manzanares, antiguo amigo de Goycochea--. No sé cuánto tiempo estuvimos
+quietos en la línea por las malditas calmas. ¡Y qué alimentación!... El
+mejor librado era yo, que por ser muchacho ayudaba a los de la cocina y
+podía rebañar las sobras de los calderos... Y ahora, señores, nos damos
+el gusto de venir aquí. Nosotros hemos conocido los malos tiempos; nos
+ha costado sudar la plata. No como otros, que llegan con toda clase de
+comodidades y quieren de golpe conquistar una fortuna; como si la
+fortuna estuviese ahí, esperándoles en el muelle.
+
+Y miraba a Maltrana con súbito rencor, cual si le irritase verlo rodeado
+de los lujos de un gran trasatlántico, mientras ellos, hombres ricos,
+habían ido a América sufriendo hambre en buques de vela.
+
+Un señor malhumorado el tal Manzanares, de esquelética delgadez y el
+bigote gris caído sobre las mandíbulas salientes. Sus ojos turbios sólo
+se animaban con los fulgores de la rabia. Una dolencia del estómago
+agriaba aún más su carácter y le hacía emprender frecuentes viajes a
+Europa, siempre en busca de nuevas aguas curativas. Era un erudito en
+anuncios de específicos y catálogos de farmacia: conocía todos los
+remedios, y siempre tenía uno, el último lanzado a la circulación, que
+le merecía hiperbólicas alabanzas, al mismo tiempo que abrumaba con sus
+ferocidades verbales a los «ladrones» inventores de los otros. Este
+enfermo crónico comía con una voracidad pantagruélica, y para vencer la
+torpeza de sus digestiones caminaba a todas horas por el buque,
+ensalzando las ventajas de la marcha. Únicamente en el café se le veía
+sentado: el resto del día lo pasaba dando vueltas en la cubierta; y
+cuando la afluencia de gentes dificultaba su tenaz ambulación, circulaba
+abajo por los pasillos de los camarotes. Al encontrar a Maltrana
+saludábalo invariablemente con el mismo ofrecimiento: «Le invito a que
+demos un paseo...». «Muchas gracias--contestaba aquél--; es a lo único
+que usted convida.»
+
+Sentía Isidro contra este señor una hostilidad irresistible. Era el que
+más le ofendía cada vez que intentaba darle buenos consejos. «Ustedes
+los periodistas, que son medio locos...» «Usted, que no hará nada en
+América porque es escritor...» Manzanares admiraba la brutalidad como la
+más grande de las facultades, y se hacía lenguas de un gobernante cuando
+amenazaba con perseguir a «la canalla popular».
+
+--Con ése no se juega--decía entusiasmado--; ése tiene la mano dura...
+Pega fuerte...
+
+Y pedía el fusilamiento inmediato a un lado y otro del Océano de todos
+los que escriben en los papeles, oficio que sólo sirve para que los
+obreros pidan menos horas de trabajo y aumento de jornal.
+
+--Cuando pagué mi pasaje--continuó Goycochea--no me quedaba nada,
+absolutamente nada, ni dos reales. ¡Para lo que me hubiese servido el
+dinero en aquel barco!... La comida era poca y pésima; la galleta tenía
+gusanos y había que tragarla sin verla; en el rancho nadaban al
+principio unas piltrafas de tocino; luego, alubias solas. Yo no tenía
+otro equipaje que dos camisas y un pantalón, además del que llevaba
+puesto; un pantalón nuevo, azul, con muchos botones: la única prenda que
+pudo hacerme mi madre... ¡Aún lo estoy viendo!...
+
+Y al mismo tiempo que Goycochea parecía admirar imaginativamente con la
+ternura del recuerdo este pantalón, único lujo de su pobreza,
+contemplaba en una de sus manos el centelleo de un brillante límpido y
+tembloroso como una gota de luz.
+
+--Tenía yo un gran amigo en el barco, un chico de Aragón, compañero de
+cama y caldero, listo, muy listo, y eso que no sabía leer... ¡Pobre!
+Murió hace dos años, luego de haber hecho una buena fortuna y educar a
+la familia como Dios manda. Un hijo suyo es doctor y dicta clases en la
+Universidad. Muchas veces he leído su nombre allá en París, cuando doy
+un paseo hasta la Avenida de la Ópera y echo un vistazo a los diarios
+argentinos en el Banco Español. Creo que es diputado o que va a serlo:
+tal vez algún día lo veamos ministro... El padre parecía bruto porque no
+tenía letras, pero guardaba algo en la mollera. Dormíamos bajo la misma
+lona, al pie del palo mayor; nos ayudábamos al lavar lo que teníamos
+puesto; éramos como hermanos... Y un día, él se enamora de mi pantalón.
+«Que te lo compro... Que te doy tres pesetas por él...» Y vinimos
+regateando desde Cabo Verde al río de la Plata.
+
+El millonario sonreía al recordar su testarudez.
+
+--El era de Aragón, baturro de verdad, ¡figúrense ustedes!, pero yo soy
+vasco. «Que te doy tres y cuartillo... Que te doy tres y un real... Tres
+y media...» Los amigos intervenían en la venta del pantalón. De proa a
+popa mediaban expertos, examinando el cosido de la prenda, la solidez de
+los botones, la duración de la tela. Y con las alabanzas de los
+inteligentes crecían los deseos de mi amigo. «¡Remoño, no seas
+cabezota!... Dámelo por cuatro, que es lo que vale.» Deseaba ponerse
+majo al bajar a tierra; hablaba de cierta chica de su pueblo que estaba
+sirviendo en Buenos Aires... Al embocar el río de la Plata casi lloraba
+de rabia. «Me alargo hasta cinco. Mira, maño, que no tengo más.» Y el
+trato quedó cerrado en un duro, un «napoleón», como se decía entonces,
+el único dinero con que llegué a Buenos Aires. ¡Y gracias que hubiese
+entrado con él!... Ustedes se acuerdan de cómo se desembarcaba en
+aquellos tiempos. No había muelle; del barco a una lancha, y de la
+lancha a una carreta hundida en el agua hasta el eje, que le arrastraba
+a uno a las costas de la orilla. Catorce reales me llevaron por
+desembarcar, y entré en Buenos Aires con peseta y media y un pantalón
+viejo que no lo hubiese querido un pobre... Luego pasaron muchos años
+sin que nos viésemos mi amigo y yo. Un día nos encontramos en una junta
+patriótica de comerciantes españoles.
+
+Goycochea se entristecía recordando a su compañero.
+
+--Cuando por sus negocios pasaba cerca de mi tienda, entraba a
+saludarme. Tenía un modo suyo de anunciarse: un garrotazo sobre el
+mostrador. «¿Quién está aquí?» Y al salir yo del escritorio, la misma
+pregunta: «¿Cómo estás, maño? ¿Cómo tienes a la maña y tus
+cachorricos?...» La última vez que le vi, fue antes de retirarme yo a
+París. Éramos los dos del Directorio de un Banco. Llegaba don Mateo
+apoyado en su bastón, renqueando una pierna por el reuma. Los empleados
+y mozos del Banco lo adoraban, y eso que al menor enfado los trataba de
+«sarnosos» levantando el garrote. Pero en el Directorio pedía siempre
+aumento de sueldo para ellos y disminuciones en el amueblado. Se
+irritaba con las poltronas de los directores, las mesas de Consejo, las
+lámparas eléctricas. Decía que eran _punterías_ indignas de hombres. Él
+tenía un buen pasar y no necesitaba de estas cosas en su casa. Mejor era
+distribuir la plata a los que abrían las puertas: badulaques cargados de
+hijos. Se sentía morir. «Maño, esto va mal; dentro de poco, al pocico.»
+Pero se consolaba pronto. «La verdá es, maño, que hemos hecho camino.
+Hemos educao a nuestras familicas, las dejamos un cuscurro de pan, y
+podemos irnos en paz. ¡Quién nos hubiera dicho en el barco que nos
+veríamos aquí! ¿Te acuerdas del pantalón? ¿Te acuerdas del duro que me
+sacaste, vasco del moño?...» Y ya no le vi más.
+
+Manzanares, que escuchaba con un orgullo de clase el relato de su amigo,
+miró luego a Maltrana.
+
+--Aprenda usted, joven. En el mundo existen hombres de mérito aunque no
+hayan escrito en los papeles. Ahí tiene el ejemplo en don Antonio
+Goycochea. Entró en Buenos Aires con peseta y media, y hoy tiene ocho
+millones de pesos... tal vez diez... tal vez doce.
+
+Goycochea le interrumpió modestamente. Un mediano pasar nada más: una
+situación decente para la familia.
+
+--La casa sí que es fuerte: la firma Goycochea y Mazpule tiene algún
+crédito. Giramos al año unos veinte millones. Pero nos deben mucho...
+¡Hay tantas quiebras!
+
+Y los tres prorrumpieron en exclamaciones, elevando las miradas al techo
+para expresar los riesgos y aventuras del comercio en América,
+únicamente compensados por las enormes ganancias, muy superiores a las
+del viejo mundo.
+
+Sintióse humillado Maltrana por el aislamiento en que le dejaban
+aquellos señores. Acalorados por la comunidad de sus intereses, no le
+veían, se habían olvidado de él. Era un profano que osaba injerirse en
+la francmasonería del negocio. Quiso levantarse, pero se detuvo al notar
+que Manzanares sentía la emulación de hablar igualmente de sus
+esfuerzos.
+
+Había empezado la vida comercial en el desierto argentino, cuando los
+indios ocupaban los territorios cruzados ahora por el ferrocarril, y el
+_malón_, con su reguero de saqueos, incendios y rapto de personas,
+asolaba los pequeños campamentos, transformados actualmente en ciudades
+de importancia. El blanco centauro de las llanuras, con su poncho, su
+facón y sus grandes espuelas, resultaba tan peligroso como el jinete
+cobrizo de larga lanza. Manzanares había sido dependiente en un boliche
+aislado sirviendo vasos de caña a través de una fuerte reja que
+resguardaba el mostrador de las manos ávidas y los golpes de cuchillo de
+los parroquianos. A lo mejor pasaban corriendo, con la celeridad del
+espanto, mujeres, niños y rebaños, y tras ellos los hombres, que
+preparaban sus armas mirando inquietos el horizonte. Poco después
+asomaba en el último término de la Pampa una nube de polvo. Dentro de
+ella cabalgaban sobre caballos en pelo los guerreros de la horda
+indígena en insolente avance sobre los núcleos de civilización pastoril
+enclavados audazmente en el desierto. Eran demonios cobrizos, de lacias
+y aceitosas melenas sujetas por una cinta, ávidos de aumentar con nuevas
+vacas y hembras blancas la fortuna de bestias y esclavas que guardaban
+en sus tolderías.
+
+Cerrábase el establecimiento lo mismo que una fortaleza, y se armaban el
+patrón y sus dependientes con trabucos y fusiles viejos guardados debajo
+del mostrador como herramientas profesionales. A esta guarnición uníanse
+los parroquianos de los ranchos inmediatos, que corrían a refugiarse con
+sus familias en el boliche, único edificio de ladrillo en muchas leguas
+a la redonda. Con ellos entraban los tripulantes de los rosarios de
+carretas sorprendidos por el _malón_ en su marcha lenta, chirriante, que
+duraba semanas y semanas.
+
+Unas veces pasaba de largo la tromba cobriza, atraída por el ganado de
+lejanas estancias; otras ponía sitio al almacén, codiciando más que el
+dinero los barriles de caña. Hervía la horda en torno del boliche, que
+por sus aberturas barriqueadas lanzaba relámpagos de plomo. Los
+asaltantes, arrastrándose, intentaban poner fuego a sus puertas. En los
+momentos de descanso mataban las yeguas robadas en las inmediaciones y
+se bebían la sangre entre el griterío de una borrachera feroz. Y esta
+situación duraba días y días, hasta que llegaba la noticia a los
+fortines y otra tropa se señalaba en el horizonte, compuesta de jinetes
+con viejos uniformes, peor armados y montados que el enjambre de indios,
+los cuales solamente huían por hartura, deseosos de poner en salvo su
+botín.
+
+Y así había reunido Manzanares sus primeros centenares de pesos,
+aguantando golpes y hurtando el cuerpo al facón de los parroquianos
+ebrios, más temibles que los indios. Al volver a Buenos Aires, por uno
+de esos desvíos de profesión tan comunes en las tierras nuevas, el
+servidor de vasos de caña y pedazos de _charqui_ había entrado en una
+tienda de ropas de lujo. Su patrón lo enviaba en viaje por todo el país,
+y así había conocido, yendo en diligencia, los asaltos en los caminos,
+unas veces por las bandas de indígenas, otras por «montoneras» de
+guerrilleros que robaban a las gentes en nombre de un caudillo de
+provincia o de un partido político. La nación hervía entonces en
+revueltas civiles, antes de cristalizarse definitivamente. Había dormido
+a la intemperie, sin más cama que el «recado» de su caballo, bajo el
+frío de las tierras del Sur, o rodeado de nubes de mosquitos en los
+campos del Norte. Había ayudado muchas veces, con los compañeros de
+viaje, a tirar de la diligencia atascada en un barrizal al que llamaban
+carretera. En otras ocasiones le había sorprendido una creciente de
+aguas, que ahogaba a las bestias de tiro.
+
+--Yo creo, señores, que entonces pillé para el resto de mis días esta
+enfermedad del estómago, que terminará conmigo... Acabé por
+establecerme, y poseo mi depósito en la calle Alsina, ya saben ustedes
+dónde; uno de los mejores depósitos al por mayor de ropa fina para
+señoras; y tengo clientes en toda la República y trescientas muchachas
+trabajando en los talleres. Nosotros no giramos lo que usted, amigo
+Goycochea: seis millones por año nada más, pero la ropa blanca es
+artículo que deja más que otros. Yo voy a Europa con frecuencia, visito
+a nuestros proveedores de Hamburgo, Milán y París, me entero de las
+novedades, y cada cinco o seis años me asomo a España y vivo en mi
+pueblo por unos días. El cura me saca unas pesetas con pretexto de
+reparaciones en la iglesia; el alcalde me pide para la escuela, para el
+lavadero, para un camino; los gaiteros se están toda la noche ante la
+casa, toca que toca, esperando la sidra. Las sobrinas, que son no sé
+cuántas, siempre tienen a punto un chiquillo que soltar al mundo cuando
+yo llego, y quieren que el tío de América lo apadrine. Todos parecen
+encantados de que mi señora no haya tenido hijos. Cuando estuve allá la
+última vez, hablaba el alcalde de ponerle mi nombre a una calle y una
+lápida al casucho donde nací... Yo no tengo su posición, señor
+Goycochea, pero he hecho la mía y me ha costado sudarla como a usted.
+Puedo retirarme cuando quiera; ¡para los hijos que he de mantener!...
+Pero le tengo ley a mi establecimiento, que empezó siendo una miseria y
+hoy ocupa un cuarto de manzana. Además, cuento con el socio, que corre
+con todo el trabajo: un antiguo dependiente al que di participación. Ya
+conocen ustedes la firma: Manzanares y Mendizábal.
+
+La falta de hijos parecía amargar su triunfo, colocándole en rencorosa
+inferioridad ante el prolífico vasco. Pero como una compensación, hizo
+el elogio de su esposa, valerosa compañera de los primeros años de
+pobreza y ahorro. No podía compararse con la señora de Goycochea, que él
+veía como una gran dama de majestad imponente--otro motivo de envidioso
+rencor--. Era una muchacha de la tierra, que había gobernado la casa con
+economía feroz, cuidando de que cada dependiente comiese lo
+estrictamente necesario para mantenerse en pie, sin hartazgos que
+perjudican a la salud. El hábito del ahorro persistía en ella al vivir
+en plena fortuna, con una afición a mezclar sus brazos arremangados en
+las más bajas tareas de la casa. Y Manzanares, que había «corrido
+mundo», y todos los años, en su viaje a París, conocía el Montmartre de
+noche, porque «el hombre debe verlo todo», empezaba a creer que esta
+compañera no estaba a nivel de sus triunfos comerciales, y por esto
+había de privarse de exhibirla--como Goycochea ostentaba la suya--,
+temiendo ciertos descuidos de su lenguaje. Pero un viejo sentimiento de
+gratitud y los propios gustos estéticos le hacían prorrumpir en elogios
+de su personalidad física. Además de ser muy buena, todavía se conserva
+hecha una real moza.
+
+--Es algo parecida a su señora, amigo Goycochea. La mía pesa cien kilos.
+¿Y la de usted?
+
+Goycochea hizo un gesto de tristeza. Había llegado a pesar algo más,
+pero en París se había puesto a régimen. Ahora estaba de moda la
+delgadez.
+
+--La mía pesa ciento seis--declaró Montaner, el comerciante de
+Montevideo.
+
+--¡Buena!--afirmó Manzanares con autoridad--. ¡Buena debe ser!
+
+Este hombre esquelético admiraba con un entusiasmo concentrado, casi
+religioso, la desbordante exuberancia femenina como signo de salud, buen
+honor y virtudes domésticas... Pero Montaner, que se consideraba
+humillado por el silencio en que le dejaban sus compañeros, interrumpió
+a Manzanares.
+
+Él también «había hecho lo suyo». La República Oriental se prestaba
+menos que la Argentina a los vaivenes de fortuna y los rápidos triunfos.
+El dinero era más lento en sus avances, y tal vez por esto de paso más
+sólido: la gente pensaba en retener más que en adquirir. No podía hablar
+de millones como los compañeros, pero gozaba de un buen pasar, y a su
+muerte, los hijos, si no eran unos ingratos, se acordarían de que «el
+viejo» había trabajado...
+
+--Aquél es un gran país, más pequeño que la Argentina, pero rico, muy
+rico. ¡Lástima que sea la tierra de las revoluciones!... El uruguayo es
+bueno, caballeresco, aficionado a las cosas de pensamiento, pero
+demasiado valiente, demasiado guapo, convencido de que falta a su deber
+cuando se mantiene unos cuantos años sin salir al campo a matarse. Todos
+somos allá «blancos» o «colorados»; y no sé qué demonios hay en el
+ambiente, que los que llegan, sean de donde sean, apenas aprenden a
+hablar toman partido por unos o por otros. Yo mismo, señores, soy
+«blanco», más blanco que el papel, más blanco... que la leche; y mis
+hijos lo son también. Dos de ellos se me fueron al campo en la última
+revolución. Y si ustedes me preguntan qué es eso de ser «blanco», les
+diré que luego de tantos años no estoy todavía bien enterado... Tal vez
+me hicieron «blanco» a la fuerza.
+
+Y relató su llegada a Montevideo, cuarenta años antes, sin más fortuna
+que una carta de presentación para un catalán establecido en el
+interior. El país estaba en revuelta, pero la ciudad presentaba su
+aspecto normal. Las gentes se abordaban en la calle sonriendo: «¿Qué
+noticias hay de la revolución?» lo mismo que si hablasen de la lluvia o
+del buen tiempo. Y Montaner salió en una diligencia, como único
+pasajero, hacia el pueblo dónde estaba su compatriota.
+
+--A las pocas horas, unos hombres a caballo, armados de lanzas, con
+pañuelos rojos al cuello, rodearon la diligencia. Era una patrulla de
+«colorados». El jefe habló con el mayoral. «¿Qué llevas ahí?» Y al saber
+que no llevaba otro pasajero que un pobre muchacho español, algunos
+jinetes avanzaron su cabeza por las ventanillas. «¡Ah, galleguito;
+«blanco» de mier... coles! ¡Déjate crecer el pelo para que te cortemos
+mejor la cabeza cuando seas grande!...» Lo decían riendo; pero yo, que
+sólo tenía trece años, me acurruqué en un rincón y deseaba meterme
+debajo del asiento. Se fueron, y dos horas después, cerca de un rancho,
+encontramos otra partida de jinetes, con lanzas también, y con esos
+caragüelles bombachos que parecen enaguas recogidas en las botas; pero
+éstos llevaban al cuello pañuelos blancos. Y la misma pregunta: «¿Qué
+llevas ahí?» Y al saber que era yo español, sonrisas en la portezuela lo
+mismo que si me conociesen toda la vida. «Baje, jovencito, baje y
+descanse, que está entre amigos. Tómese una copa de caña...» Desde
+entonces no tuve duda: sabía lo que me tocaba ser en aquella tierra:
+blanco, siempre blanco. Ahora, los años han traído cierta confusión, y
+gentes de todos los orígenes figuran en los dos bandos. Pero en mis
+tiempos, los gringos eran todos «colorados», y los gallegos y vascos
+«blancos», tal vez porque en las filas de éstos habían combatido muchos
+españoles procedentes de la primera guerra carlista... ¡La sangre que se
+ha derramado! ¡Los combates sin cuartel, en los que no se admitían
+prisioneros!... Yo he visto degollar docenas de hombres lo mismo que
+ovejas.
+
+Montaner quedó silencioso, como si le obsesionasen sus recuerdos.
+
+--Ahora han cambiado las cosas--añadió--. Los antiguos escuadrones con
+lanzas son ejércitos provistos de artillería; se respetan los
+prisioneros, se hace la guerra con más «civilización»; pero la guerra
+sigue, y la gente se mata creo yo que por pasar el rato... El país se ha
+acostumbrado a esta vida, y se desarrolla y progresa a pesar de las
+revoluciones. Es como algunos enfermos, que acaban por entenderse con su
+enfermedad y viven con ella de lo más ricamente. ¡Pero al que le tocan
+de cerca las consecuencias de estas luchas!...
+
+Hablaba con resignación de los retrasos sufridos en su fortuna por culpa
+de las guerras. «Blancos» y «colorados», en sus correrías, se le habían
+comido los mejores animales de su estancia. Muchos iban a la guerra por
+el placer de mandar sable en mano, como si fuesen dueños, en las mismas
+tierras donde trabajaban de peones en tiempos de paz, por el gusto
+señorial de matar un novillo y comerse la lengua, abandonando el resto
+a los cuervos. Él llevaba largos años formando en su estancia una cabaña
+de caballos finos, con reproductores costosos adquiridos en Europa.
+Cuando descansaba, satisfecho de su obra, surgía una de tantas
+revoluciones, y un grupo de partidarios vivaqueaba en sus tierras,
+cambiando los extenuados caballejos de la partida por los mejores
+ejemplares de la cabaña. Y los animales de pura sangre morían en la
+guerra o quedaban abandonados en los caminos, lo mismo que si fuesen
+bestias rústicas de exiguo precio.
+
+--Total, algunos centenares de miles de pesos perdidos en unas
+horas--dijo con tristeza--. Muchos se entusiasman con las hazañas de
+ambos bandos, y ven en ellas una continuación del valor español. «Es la
+herencia de España», dicen «blancos» y «colorados» para justificar esa
+necesidad que sienten de revoluciones y de golpes. Y yo me digo: «Señor,
+otras repúblicas de América descienden igualmente de españoles, y viven
+sin considerar necesaria una revolución cada dos años...». ¿Se han
+fijado ustedes que en la América de origen español todas las cosas malas
+son siempre «¡cosas de España!», y rara vez se les ocurre atribuir a la
+pobre vieja alguna de las buenas?...
+
+--Así es--interrumpió Maltrana--. Yo he tratado en París americanos de
+origen español de todas alturas y latitudes, y salvo una minoría que ha
+hecho estudios, todos discurren de idéntico modo; como si les inculcasen
+esta manera de pensar en la escuela de primeras letras. España es la
+culpable de todos sus defectos, la responsable de todas sus faltas. Ella
+es la autora de sus revoluciones; de la pereza propia de los climas
+cálidos; de la embriaguez a que incitan los climas fríos; de la afición
+desmedida al juego en gentes que nunca gustaron del placer de la
+lectura; de la imprevisión y falta de ahorro en países acostumbrados a
+la abundancia. Algunos hasta la increpan porque su república tiene pocos
+ferrocarriles...
+
+Los tres oyentes asintieron, reconciliados de pronto con él. ¡Estos
+hombres de pluma!... ¡Qué simpáticos cuando no se metían en negocios!...
+
+--En cambio--continuó--, si alaban una buena cualidad de su raza la
+atribuyen a los indios, y los que tal dicen son nietos o biznietos por
+padre y madre de gallegos y vascos que llegaron a América a fines del
+siglo XVIII... Y si los indios no son los autores de lo bueno, le
+cuelgan el milagro a la «raza latina», que no es más que una ficción
+histórica. La «raza española», algo positivo cuya realidad perciben
+todos en el idioma y las costumbres apenas ponen el pie en América,
+sólo existe y merece recuerdo cuando hay que anatematizar lo malo del
+pasado. La gloria se la lleva la «raza latina» que nadie sabe qué es y
+en qué consiste. Yo conozco una civilización latina; ¿pero raza latina?
+¿en dónde está fuera de Italia?... En fin, señores, no hay que
+irritarse. Tal vez estas injusticias no pasan de ser una manifestación
+instintiva de viejo cariño... desorientado, de amor filial vuelto del
+revés.
+
+Se interrumpió Isidro, saltando de su asiento al ver que pasaba ante las
+ventanas la gorra blanca del médico de a bordo. La contusión de la sien
+le hizo recordar de pronto con una picazón dolorosa su propósito de
+consultarle. Salió del café despidiéndose de sus compatriotas con rápido
+saludo, y alcanzó al doctor, para mostrarle el lívido chichón. Rio
+bondadosamente el alemán al examinarlo. ¿También él había sacado su
+parte de la fiesta de la noche? Llevaba curados a algunos pasajeros que
+se mantenían invisibles en sus camarotes. Lo de Maltrana era
+insignificante. Después de la hora del té le esperaba en la botica.
+
+Al quedar solo se aproximó al jardín de invierno, mirando al interior
+por una de las ventanas. Todos seguían ocupando los mismos sitios: Ojeda
+con Mrs. Power y el matrimonio Lowe; el doctor Zurita hablando con dos
+compatriotas suyos «de las cosas del país». El padre de Nélida sonreía a
+través de sus barbas de patriarca, dando explicaciones a un grupo de
+amigos con insinuantes y suaves manoteos. Tal vez exponía los grandes
+negocios que le aguardaban en Buenos Aires, y de los cuales quería dar
+participación a los demás, generosamente. Algunos pasajeros se
+retiraban, con los ojos entornados por el exceso de luz, en busca de sus
+camarotes para dormir la siesta.
+
+Maltrana sintióse atraído por el rumor de avispero que zumbaba bajo el
+gran toldo del combés, entre el castillo central y la proa. Veíanse por
+los intersticios de las lonas gentes tendidas sobre el vientre,
+dormitando con la cabeza entre los brazos; mujeres que recosían ropas
+viejas, chicuelos persiguiéndose. Sonaba a lo lejos una gaita con dulce
+sordina, semejante a un lamento pastoril que lagrimease la melancolía de
+su destierro lejos de las praderas verdes.
+
+--Hagamos una visita a nuestros amigos «los latinos».
+
+Salió a la explanada de proa por un corredor de la cubierta baja. Al
+abrir la reja tuvo que apartar a un grupo de emigrantes que se agolpaban
+contra los hierros. Era gente moza, muchachos que se sentían atraídos
+por este obstáculo, símbolo visible de la separación de clases.
+
+Pasaban gran parte del día pegados a ella, explorando el largo corredor
+alfombrado de rojo, con grandes intervalos de sombra y manchas
+blanquecinas de eléctrica luz. Las puertas de los camarotes de primera
+clase se abrían a ambos lados de este pasadizo, que a ellos les parecía
+interminable y magnífico, como un bulevar habitado por millonarios.
+Espiaban desde allí las entradas y salidas de los pasajeros. Seguían con
+mirada de admiración la marcha rítmica de las señoras que surgían de las
+pequeñas viviendas para perderse en un dédalo de calles alfombradas,
+ascendiendo a los pisos altos del buque, que ninguno de ellos había
+alcanzado a ver, y de los que llegaban rumores de músicas y fiestas. El
+respeto a la jerarquía social les impulsaba a amontonarse contra la
+reja, como si por ella se columbrara un mundo superior, manteniéndose en
+envidioso silencio cada vez que una señora pasaba por cerca de ellos sin
+mirarlos. Cuando las necesidades del servicio hacían transcurrir junto a
+esta barrera a las camareras rubias, de limpio delantal y albo gorro,
+los mozos contemplativos parecían desesperarse y un rumor de palabra
+mascadas y de relinchos contenidos agitaba su cuerpo.
+
+Aparecía con frecuencia cerca de la verja una niñera alemana cuidando de
+un chiquitín peliblanco y cabezudo, que jugueteaba a gatas sobre la
+alfombra con un osezno de peluche. Al verla, los muchachos sonreían con
+repentina confianza. Era de su misma clase social, y esto bastaba para
+desatar las lenguas e iluminar los ojos con el fulgor del deseo.
+
+«¡Rica!... ¡Monísima!... ¡Acércate, prenda, que tengo que decirte una
+cosa!...» «_¡Oh carina tanto bella!_»
+
+Cada mocetón usaba de su idioma para exteriorizar el entusiasmo. Algunos
+árabes de bronceada y nerviosa delgadez permanecían silenciosos, pero
+avanzaban el cuello lo mismo que los caballos de carreras, brillando sus
+ojos de brasa con un fulgor homicida, mostrando sus dientes ansiosos de
+morder. La _fraulein_, de un rubio pajizo, regordeta, blanca y apretada
+de carnes, sonreía con ingenuidad, manteniéndose a distancia de la reja,
+a través de cuyos hierros manoteaban las fieras. Pero no por esto se
+decidía a huir, prefiriendo a los paseos superiores, abiertos al aire y
+la luz, la permanencia en este pasillo medio obscuro, donde recibía el
+homenaje tembloroso y exacerbado del deseo viril. Sus ojos grises y su
+rostro de una blancura tierna, semejante a la de un merengue, acogían
+con visible complacencia estas palabras de brutal homenaje en idiomas
+que no podía entender.
+
+Algunos de los muchachos, que eran españoles, trataban con respetuosa
+familiaridad a Maltrana, que por algo se creía «el hombre más popular
+del buque».
+
+--Don Isidro, tráiganos pa aquí a esa güena moza... ¡Retrechera!...
+¡Cachonda!
+
+Otros, que habían vivido en la Argentina, se unían a este coro de
+entusiasmo murmurando con arrobamiento:
+
+--¡Preciosura! ¡Lindura!
+
+Un napolitano suplicaba a Maltrana, con humildad, como si fuese el dueño
+del buque:
+
+--¡Siñor, que nos la echen!... ¡Mande que nos la echen!
+
+Isidro volvió a cerrar la verja y fue avanzando entre los jóvenes.
+
+--¡Orden, muchachos!... Orden y formalidad. A ver si viene un alemanote
+de ésos y os larga un par de mamporros por sinvergüenzas.
+
+Las fieras enardecidas volvieron a agolparse en la verja, mientras la
+ingenua _fraulein_ les volvía la espalda y se arrodillaba en la alfombra
+para juguetear con el pequeñuelo, mostrando la blancura de sus medias
+repletas de carne firme, la curva pecadora de su falda abombada por
+ocultas esfericidades.
+
+El avance de Maltrana produjo entre los emigrantes un movimiento de
+curiosidad simpática y obsequiosos saludos: algo parecido a lo que
+despierta la entrada de un orador político en una reunión popular. «Don
+Isidro, buenas tardes... Venga por aquí, don Isidro.» Y todas las
+miradas, aun las de «los latinos» de Asia, que no podían entenderle, le
+acariciaban con la suavidad del agradecimiento. ¡Aquél era un hombre! Un
+rico que gustaba de mezclarse con la gente pobre; no como los otros
+señores, que sólo se dejaban ver en los balconajes de los puentes para
+echar una mirada de lástima, huyendo apenas se volvían hacia ellos
+algunas cabezas, cual si no quisieran concederles ni el goce de la
+curiosidad.
+
+Recosían unas mujeres sus ropas; otras, patiabiertas dentro de sus
+batones sucios y repantingadas en pobres sillones de lona, se agarraban
+con las manos a lo más alto del respaldo. Algunas se quejaban de dolores
+en el brazo que había recibido la vacunación. Los árabes permanecían
+acurrucados en el caramanchel de las escotillas, mirando el mar con
+expresión pensativa... sin pensar en nada.
+
+Un grupo de hombres jugaba a los naipes. Varios italianos, con fuertes
+manoteos y gritos, lo mismo que si mandasen un ejército militar,
+amaestraban a otros españoles en el juego de _la morra_. Fogoneros
+libres de servicio, rubios muchachotes vestidos de blanco, permanecían
+erguidos en medio de esta muchedumbre, contemplando de lejos, tímidos y
+sonrientes, a ciertas beldades morenas, como si esperasen hacerse
+entender con su inmovilidad silenciosa. En el fondo, junto al castillo
+de proa, continuaba sonando la gaita invisible su gangueo pastoril.
+
+Salió una mujer al paso de don Isidro, saludándolo con familiaridad. Era
+grande y obesa, con el amplio rostro sombreado por una pátina rojiza. La
+gran abundancia de zagalejos y faldas hacía aún más imponente su
+volumen. Tenía cierto aire de resolución y miraba siempre de frente,
+acompañando sus palabras con un movimiento de brazos autoritario, como
+hembra acostumbrada a mandar la primera en su casa.
+
+--Usted es la de Astorga ¿verdad?--dijo Maltrana, que pretendía recordar
+los nombres y el origen de todos los del buque--. Espere... Usted es la
+_señá_ Eufrasia.
+
+--Justo--dijo la mujer, satisfecha y orgullosa de la buena memoria de
+aquel personaje--. Yo soy la Ufrasia, y éste es mi marido.
+
+Y señalaba a un hombre sentado cerca de ella, grande también, con el
+abdomen mantenido por las complicadas vueltas de una faja negra. Su cara
+llena, de mejillas colgantes, asomaba majestuosa, como la de un prelado,
+bajo las alas del sombrerón.
+
+La _señá_ Eufrasia, cuarentona de incansable verbosidad, hablaba con
+aire protector de sus compañeros de viaje. Los compatriotas, «los de la
+tierra», le inspiraban lástima.
+
+--¡Probes! Tenemos aquí gentes de mucha necesiá, don Isidro. Hay que ver
+cómo van esas mujeres y cómo llevan a sus críos... Nosotros, aunque me
+esté mal el decirlo, no vamos a las Américas por hambre. Teníamos allá
+en el pueblo nuestro buen pasar; pero a nadie le amarga subir, y éste
+(señalando al marido) me dijo un día: «Ufrasia, ¿por qué no nos vamos a
+ver eso del Buenos Aires de que hablan tanto?». Y como no tenemos hijos,
+yo dije: «¡Hala, amos en seguía!». Y éste vendió los cuatro terrones y
+la casa, y, gracias a Dios, llevamos algo, por si un por si acaso
+aquello no nos gusta y queremos volvernos. De este modo, en el barco
+puede una darse mejor vida que las otras y dormir aparte, y comprar en
+la cantina lo que se le apetece, y hasta hacer una cariá, que crea usted
+que viene aquí gente bien necesitá de que la ayuden. ¡Y allá vamos toos,
+don Isidro!... Dicen que aquello del Buenos Aires es muy hermoso, y que
+no hay más que agacharse en las calles pa dar con una onza de oro.
+
+Lo decía sonriendo, pero a través de su incredulidad adivinábase cierto
+respeto por la ciudad lejana y misteriosa, urbe de maravillas y tesoros
+de la que hablaban continuamente los emigrantes.
+
+El marido movió la cabeza con autoridad, y sus ojos parecían decirle:
+«Mujer, que estás cansando al señor... Vosotras no entendéis nada de
+nada».
+
+--Usted que sabe tantas cosas, don Isidro--siguió la Eufrasia--: éste y
+yo tuvimos esta mañana una porfía. Dice que en Buenos Aires no hay monea
+de oro, ni de plata, ni otra cosa que unos papelicos con figuras, a modo
+de estampas, con lo que se compra too... Y eso no pue ser, ¿verdá que
+no, don Isidro? ¡Una tierra tan rica y no tener dinero!... Vamos, que no
+pue ser.
+
+--Pues así es, _señá_ Eufrasia--dijo Maltrana.
+
+Y el marido, saliendo de su mutismo por este triunfo extraordinario
+sobre la esposa siempre dominadora, dijo solemnemente:
+
+--¡Lo ves, mujer!... Las hembras no sabéis na de na y queréis meteros en
+too.
+
+Pero la Eufrasia, sin prestar atención al marido, bajaba la cabeza como
+para seguir mejor el curso de sus pensamientos.
+
+--¿De manera que no hay pesetas... ni duros... ni siquiera perras
+gordas?... Malo; eso no me gusta. Tal vez tenga razón éste, y las
+mujeres no sepamos na de na; pero yo digo que esto no me gusta. La monea
+es siempre monea, y los papelicos, papelicos.
+
+Y tras esta afirmación indiscutible, suspiraba resignadamente.
+
+--En fin; veremos cómo pinta aquello, y si no nos gusta, la puerta la
+tenemos abierta... Peor están los demás, que van tan a ciegas como
+nosotros y a la fuerza han de quearse allá, pues no tien pa volverse.
+
+Hacía el elogio de las pobres gentes que ocupaban la proa. Los «moros»,
+como ella llamaba a los sirios, eran buenos muchachos y sus compañeras
+unas pobres que infundían lástima. Los italianos le merecían no menos
+simpatía, porque acataban en ella cierta superioridad, viéndola gastar y
+vivir mejor que los otros, y la llamaban «señora». Sus cariños
+malogrados de hembra infecunda iban hacia todos los niños de diversas
+nacionalidades que vivían cerca de ella, tratándolos con varonil dureza
+de palabra al mismo tiempo que los cuidaba y acariciaba.
+
+--¿Aónde vas tú, cabezota?--gritó deteniendo a un pequeño que correteaba
+perseguido por otros--. Fíjese, don Isidro, qué guapo: paece el niñico
+Jesús. Su madre es una italiana con ocho hijos, y anda malucha, tendida
+por los rincones, sin poer la probe ocuparse de ellos. ¡Si no fuese por
+mí!... ¡Ah, ladrón! Ya tienes otro siete en los calzones que te remendé
+ayer. ¿Qué has hecho de la perra gorda? ¿Te has comprado más caramelos
+en la cantina?... Pero mire usted, don Isidro, ¡qué sucio y qué hermoso!
+¡Guarro!... ¡Cochinote!... ¡Ham!... ¡ham! Deja que te muerda esos
+hocicos de cerdo de leche.
+
+Y teniéndolo en alto con sus brazos poderosos, lo besuqueaba, lo
+apretaba contra la pechuga ingente, mientras el niño se defendía de esta
+avalancha de caricias y palabras ininteligibles pata él, gritando:
+«_Mama... mama_» y golpeando con los pies el abdomen que le servía de
+ménsula. El marido, inmóvil en su asiento, miraba a Maltrana como
+implorando disculpa por estas ruidosas expansiones.
+
+--¡Lo robaría!--clamó la _señá_ Eufrasia--. Si éste quisiera, lo
+tomaríamos como nuestro... Me llevaría todos los chicos que veo.
+
+Las voces de la mujerona hicieron volver la cabeza a otros grupos
+lejanos, despegándose de ellos algunos hombres al reconocer a don
+Isidro. Se aproximaron a él, en espera de los cigarrillos con que
+acompañaba sus apariciones, y poco a poco lo fueron llevando hacia el
+castillo de proa. Un hombretón se levantó del suelo, tendiéndole la mano
+con ese aire protector de ciertos jaques que hablan y accionan lo mismo
+que si perdonasen la vida al que los escucha.
+
+--Salú, don Isidro--dijo con acento andaluz--. Ya nos extrañábamos un
+poquiyo de no verle esta tarde por aquí.
+
+Volvió a sentarse entre un grupo de jóvenes españoles, unos con boina,
+otros con amplio sombrero, que le escuchaban, sonriendo,
+admirativamente. Era malagueño, según decía, y bastaba sostener con él
+un breve diálogo para enterarse a las primeras palabras de su nombre,
+lugar de nacimiento y apodo. Todas sus afirmaciones, aun las más
+insignificantes, las rubricaba con la misma declaración: «Y esto se lo
+ice a osté su seguro servior Antonio Díaz, natural de Málaga, por otro
+nombre el señó Antonio el _Morenito_». Y acompañaba esta firma verbal
+con una mirada de superioridad y conmiseración que parecía decir: «Al
+que sostenga lo contrario le rebano e pescuezo».
+
+El _Morenito_, que ya pasaba de los cuarenta, sentía cierto respeto por
+don Isidro, «un señorito como Dios manda, y no como los otros
+fantasiosos que huían de tratarse con los pobres».
+
+A impulsos de esta simpatía había llegado a considerar a Maltrana hombre
+de grandes arrestos, tan corajudo casi como él, y cada vez que pensaba
+en la posibilidad de hacer un disparate para vengarse de la gente del
+barco o de los pasajeros orgullosos, exponía de idéntico modo su
+discurso: «Entre don Isidro y yo...». Y don Isidro escuchaba y aprobaba
+con su sonrisa estos planes destructivos, halagado en el fondo de su
+ánimo de que aquella fiera le considerase digno de su colaboración.
+Tenía aterrados a muchos de los emigrantes con sus amenazas y
+explosiones de mal humor. Otros admirábanle por la insolencia con que
+protestaba a gritos de la calidad del rancho y de todos los servicios
+del buque, atreviéndose a insultar a los oficiales, que no podían
+entenderle. No obstante tanta bravura, Maltrana notaba en él cierto
+encogimiento al llevarse la mano a la gorra para saludar cierta timidez
+felina en los ojos cuando algún superior le dirigía la palabra.
+
+--Este tío saluda de mal modo--pensaba Isidro--. Es el mismo
+encogimiento medroso y vengativo con que los presidiarios saludan a sus
+jefes.
+
+El trato con los árabes del buque hacía acordarse al _Morenito_ de los
+moros de Marruecos, contando algunas de sus correrías por las costas de
+África. Por las mañanas, cuando se lavaba al aire libre, desnudo de
+cintura arriba, producían admiración los costurones y profundas
+cicatrices que constelaban su cuerpo, recuerdos, según él, de heroicos
+combates por mar y tierra contra la tiranía de las aduanas. Otro motivo
+de respeto era el saberle poseedor de una gran navaja a pesar de los
+registros que hacían los tripulantes del buque en la gente peligrosa;
+navaja que nadie había visto, pero que mencionaba con frecuencia en sus
+bravatas. Maltrana, conocedor de las costumbres del presidio,
+imaginábase en qué lugar indeclarable podría guardar el valentón esta
+arma, que era como el cetro de su amenazadora majestad.
+
+--Siéntese un poquiyo, don Isidro, y descanse... Tú, dale un asiento ar
+cabayero... Les estaba proponiendo a estos chicos un negosio; un modo
+seguro de haserse ricos.
+
+Maltrana, desde su sillón de lona, vio acurrucados a la redonda, con la
+mandíbula entre las manos, a todos los admiradores del _Morenito_, lo
+mismo que una tribu de guerreros en Consejo. El malagueño hablaba con la
+boca torcida, expeliendo las palabras por una de sus comisuras, para
+hacer sentir al auditorio toda la grandeza de su bondad de maestro.
+
+--Estos mozos son unos palominos, don Isidro, que van a América a rabiar
+y haser ricos a los demás... lo mismo que en su tierra. Pero vení acá,
+arrastraos, ¡peleles! ¿Pa eso os habéis embarcao ustedes?... Fíjese, don
+Isidro: unos piensan dir ar campo a sudar camisas trabajando; otros
+quieen meterse a criaos de casa grande... Y yo les propongo a estas
+güenas personas que hagamos una partía: una partía como las que había
+endenantes. Allá no habrán visto eso nunca; cosa nueva. ¿Qué le
+paese?...
+
+Y exponía su plan con entusiasmo.
+
+--Una partía, y agarramos a un richachón de allá y lo secuestramos; le
+peímos a la familia unos cuantos millones, con la amenasa de que le
+vamos a cortá las orejas; nos dan los millones, nos los repartimos como
+güenos hermanos, y antes de seis meses estamos de güerta y ricos. Una
+partía que tendría mucho que ver. Usté, don Isidro, sería er capitán.
+(Aquí Maltrana saludó agradeciendo, excusándose con un gesto de
+modestia.) No; no se nos jaga er chiquito. Yo sé que tié usté lo suyo mu
+bien puesto... y crea que yo entiendo de esas cosas. Además, tié talento
+pa too, y yo soy hombre que respeta la sabiduría... El _Morenito_,
+Antonio Díaz, un servior, sería er teniente, toos estos mozos ya se
+despabilarían con tan güenos directores. ¿Eh? ¿qué le paese? ¿No es un
+verdaero negosio?
+
+Isidro asintió con imperturbable gravedad. Sí; un buen negocio que valía
+la pena de ser estudiado detenidamente; la explotación de una nueva
+industria. Casi habría que pedir patente de invención, para evitar las
+imitaciones. Y los crédulos muchachos, que oían al _Morenito_ en
+silencio porque estaban en el mar, lejos de toda posibilidad de acción,
+pero abominaban interiormente de estos planes que pugnaban con las
+preocupaciones de su honradez, mirábanse indecisos al ver que un señor
+como don Isidro no se escandalizaba.
+
+--¿Lo oís, panolis?--exclamó el valentón--. Mirá cómo un cabayero que lo
+sabe too encuentra que mi idea es güena... Pero si es que os fartan
+riñones pa sacarle el dinero a un rico, poemos hacer la partía pa
+perseguir a los indios. Allá hay muchos, ¡muchos! En América atacan los
+ferrocarriles y las diligencias y hasta los tranvías en las afueras de
+las poblasiones; yo lo he visto muchas veces en los sinematógrafos. Y
+Buenos Aires está en América, y allí hasen farta hombres de resolusión
+que les digan a esos gachós de color de chocolate con plumas en la
+cabesa: «Ea, se acabó; ya no molestáis ustedes más a la reunión, porque
+no nos da la gana». Y los cazamos como conejos, y el gobierno,
+agradesío, nos paga a tanto la cabesa, y en unos cuantos años nos
+jasemos ca uno con una fortunita pa golver a la tierra. No será uno rico
+tan aprisa como con el secuestro, pero argo es argo, y siempre es mejor
+que destripar terrones o servirles er chocolate en la cama a los
+señores. ¿No le paese, don Isidro?
+
+Y don Isidro aprobó otra vez. Una idea tan buena como la anterior;
+también habría que pedir privilegio, para que el gobierno no permitiese
+matar indios más que a la partida del señor Antonio el _Morenito_.
+
+Admiraba los heroicos expedientes discurridos por este hombre hacerse
+rico sin apelar a la vulgaridad del trabajo ordinario, reservado a los
+otros mortales. Y así permaneció Isidro algún tiempo, escuchando los
+planes del aventurero desorientado que iba a América con cuatro siglos
+de retraso. La honradez en alarma de sus oyentes formulaba tímidas
+observaciones.
+
+--Pero allá hay presidios--dijo uno--. Allá hay policías.
+
+--No serán más bravos que los seviles y los carabineros de nuestra
+tierra--contestó el _Morenito_ con arrogancia--. Yo sé lo que es eso...
+¡Bah! ¡Me los como!
+
+--Pero los indios no se dejarán zurrar así como así--arguyó otro. Deben
+ser gente brava... gente salvaje.
+
+--A ésos--dijo el matón despectivamente--, a ésos también me los como.
+
+Se aproximó al grupo un nuevo oyente, saludando a Maltrana, con fina
+sonrisa, en la que había algo de burla para el valentón.
+
+--Aquí tenemos a don Juan--dijo Isidro--. Éste no entra en nuestra
+partida: no es hombre que sirva para el caso.
+
+--No señó, no entra--contestó el _Morenito_--. A don Juan, en sacale de
+sus librotes no sirve pa mardita la cosa... Mu güena persona, mu
+cabayero, pero no va a ganá en su vida dos pesetas.
+
+Era alto y enjuto de carnes, con luengas barbas que a pesar de su
+juventud le daban un aspecto venerable. Hablaba con voz dulce y ademanes
+reposados, interpolando en sus palabras una risa discreta, que era el
+eterno acompañamiento de su conversación. Según Maltrana, este amigo
+respiraba optimismo y confianza en la vida, esparciendo en torno de su
+persona un ambiente de contento. Y sin embargo, vivía en el entrepuente,
+mezclado con el rebaño inmigrante, sin otras consideraciones que las que
+le concedían sus compañeros de viaje, cautivados por la dulzura de su
+carácter y la superioridad de educación. Sus trajes, viejos y raídos,
+eran de buen corte; se notaban en su persona los vestigios de una
+situación más próspera. En sus manos finas quedaba como recuerdo
+familiar una antigua sortija, salvada de los apremios de la pobreza.
+
+El curioso Maltrana conocía algo de su vida. Juan Castillo era un
+agrónomo que había intentado en las tierras de panllevar heredadas de
+sus padres la realización de todos los adelantos aprendidos en una gran
+escuela de Bélgica; ensueños de poeta agrícola realizados con el ímpetu
+de una voluntad entusiástica y crédula. La usura le había proporcionado
+un pequeño capital para su empresa, y luego de batallar algunos años con
+la rutina de los campesinos, de habituarlos a vivir en paz con las
+máquinas y de extraer de las profundidades del subsuelo las venas
+líquidas para esparcirlas en redes de irrigación, cuando la tierra
+empezaba a responder a estos esfuerzos con sus primeros productos, los
+acreedores habían caído sobre él, ejecutándolo con glacial ferocidad.
+
+--Conozco el procedimiento--había dicho Maltrana al oírle por vez
+primera--. Es el mismo de las tribus antropófagas. Le dieron a usted
+alimento, le dejaron tranquilo para que echase caries, y cuando estuvo a
+punto, ¡zas! el degüello y banquete canibalesco.
+
+Huía de la ruina, perdida la herencia de sus padres, perdido el crédito,
+deshonrado por deudas a las que daban sus acreedores un carácter
+delictuoso; todo ello por querer innovar con arreglo a sus estudios una
+agricultura estacionaria casi igual a la de los primeros tiempos de la
+humanidad. Y en su fuga había mirado al Sur, como todos los que
+navegaban en aquella cáscara de acero, presintiendo más allá del círculo
+oceánico renovado diariamente una tierra remozadora de existencias,
+donde las vidas destrozadas se contraían virginalmente lo mismo que
+capullos para empezar el curso de una nueva evolución. La esperanza le
+había rozado también con su aleteo ilusorio. Casi celebraba esta ruina
+que le había desarraigado de la tierra paterna. ¿Quién podía saber lo
+que le esperaba al otro lado del Océano?...
+
+Abandonando el grupo del _Morenito_, avanzaron hacia la proa Maltrana y
+Castillo. Una voz quejumbrosa les hizo detenerse.
+
+--¡Don Isidro!... ¡Buenas tardes, don Isidro y la compaña!
+
+Un hombre sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la borda,
+avanzaba su rostro pálido entre los pliegues de una manta.
+
+--¿Eres tú, enfermo?--dijo Maltrana--. ¿Cómo va ese ánimo?
+
+Con voz doliente murmuró una queja interminable contra el mar. Desde su
+entrada en el buque, la salud parecía haber huido de su cuerpo. Otros
+cantaban a todas horas, como si el aire salino y la inmensidad azul les
+diesen nuevas fuerzas, excitando su apetito. Él se había embarcado
+sintiéndose fuerte, y de pronto todas sus energías le abandonaban.
+
+--Estoy muy enfermo, don Isidro. Ayer aún pude subir solo a la cubierta;
+hoy han tenido que empujarme escalera arriba unos amigos. Debo estar
+blanco como un papel, ¿verdad, señor?... No tengo fuerzas para andar, ni
+deseos de comer. Esto no marcha... Los demás se quejan de calor; dicen
+que cada vez pica más el sol, y yo tiemblo si me quito la manta... Y lo
+que me da más rabia es que el médico, don Carmelo el oficial y otros me
+miran como si les hubiese engañado, y dicen que si llegan a saber esto
+no me dejan embarcar, porque allá en Buenos Aires no quieren enfermos...
+Pero señor, ¡si yo me embarqué sano y bueno!, ¡si es este maldito mar
+que no me prueba!...
+
+Creyendo ver en Maltrana el mismo gesto de duda de los empleados del
+buque, se apresuró a añadir:
+
+--Yo he sido un roble, don Isidro. Reumatismos nada más, según decía el
+médico de mi pueblo, por haber dormido al raso en el campo muchas
+noches. Pero fuera de esto... nada. Lo juro por mi nombre: Pachín
+Muiños. Y ahora, de pronto, me veo hecho un trapo, y me ahogo, señor,
+las piernas no pueden tenerme y me faltan fuerzas para ir de un rincón a
+otro. ¡Qué ganas tengo de salir de aquí!... Estoy seguro de que apenas
+salte a tierra seré otro, volveré a sentirme fuerte como en mi pueblo...
+Diga, señor: ¿cuándo llegamos a Buenos Aires?
+
+Hacía la pregunta ávidamente; se incorporaba para mirar más allá de la
+borda. Al esparcir su vista por la inmensidad, esperaba encontrar en el
+horizonte el negro perfil de la tierra ansiada.
+
+--¿Tardaremos dos días?--siguió preguntando.
+
+--Más, un poquito más--dijo Maltrana suavemente para engañar su
+impaciencia.
+
+--¿Como cuántos más?--continuó con tenacidad el enfermo.
+
+Y al adivinar en las palabras evasivas de Maltrana que aún quedaban
+muchos días de viaje, el pobre Muiños volvió a sumirse en la
+desesperación... ¡Buenos Aires! Deseaba llegar cuanto antes al término
+del viaje, y repetía el nombre de la ciudad, como si encontrara en él un
+poder milagroso igual al de las antiguas palabras cabalísticas.
+
+Isidro, luego de consolarle con engañosas afirmaciones, asegurando que
+antes de una semana verían la tierra ansiada, retrocedió con Castillo
+hacia la reja de salida.
+
+--¡La esperanza!--dijo con tristeza--. Ese pobre está muy enfermo, le
+faltan fuerzas para tenerse en pie, y se traslada, sin embargo, de un
+hemisferio a otro en busca de salud y dinero. ¡Qué de ensueños van en
+este cascarón con todos nosotros!...
+
+--¡Y si fuese solo!--contestó Castillo--. Pero le acompañan su mujer y
+tres hijos.
+
+La ilusión de la salud le había hecho desarraigarse de su pueblo. Allá
+en Galicia no podía trabajar una semana entera sin que el esfuerzo
+atrajese la enfermedad. La imagen de América había pasado por su miseria
+como un resplandor de esperanza. En aquella tierra de fortuna, donde
+todos se transformaban, él sería otro hombre. Y repuesto por unos meses
+de descanso y holgura, a causa de haber vendido su casucho y unas vacas,
+Muiños entró en el buque con un aspecto engañador de hombre sano. El
+ambiente del mar y la vida de a bordo habían sido fatales para él: cada
+día transcurrido marcaba un descenso de su salud.
+
+--Lo que él cree reumatismo--añadió Castillo--es, según el médico del
+buque, una insuficiencia cardíaca, que empieza a complicarse con una
+bronquitis alarmante. ¡A saber en lo que parará! La mujer y los chicos,
+acostumbrados a sus enfermedades, no se fijan en él. Ella comadrea con
+las otras mujeres, y los muchachos juegan o aguardan con impaciencia la
+hora del rancho. Y el pobre Muiños, cuando se ahoga en el entrepuente,
+sube a la cubierta envuelto en su abrigo para tenderse al sol, y
+pregunta cuántos días faltan para llegar, cuando aún estamos al
+principio del viaje... Inútil decirle la verdad. Su ilusión, que se ha
+concentrado en Buenos Aires, le hace olvidar el tiempo y la distancia.
+Cree que le engañan cuando le dicen que aún faltan muchos días. Al
+avistar Tenerife preguntó con emoción si ya estábamos en Buenos Aires.
+Mañana, al ver de lejos las islas de Cabo Verde, volverá a creer que
+hemos llegado... ¡Infeliz! De todos los que vamos en el buque es el que
+más piensa en Buenos Aires, y bien podría ocurrir que fuese el único que
+no llegase a verlo.
+
+Maltrana se despidió de Castillo junto a la verja divisoria de clases,
+frontera inviolable que partía en dos Estados diversos el microcosmos
+flotante.
+
+Arriba, en la cubierta de paseo, encontró a Fernando junto a una de las
+ventanas del salón que daban luz a la plataforma interior, ocupada por
+el piano.
+
+Quiso hablarle Isidro, pero su amigo se llevó un dedo a los labios
+imponiendo silencio. Miró entonces por la ventana y vio a una mujer
+sentada al piano. Llegó a sus oídos al mismo tiempo una música en
+sordina y el susurro de un canto a media voz.
+
+--Es de _Tristán_--murmuró quedamente Ojeda en su oído--. El lamento
+desesperado de Iseo.
+
+Los dos permanecieron en silencio a ambos lados de la ventana,
+escuchando el canto que venía del interior con lejanías de ensueño.
+Maltrana, menos sensible a la emoción musical, examinaba de espaldas a
+esta mujer, fijándose en su nuca blanca, ligeramente sombrecida como el
+marfil antiguo. El casco de su cabellera tenía junto a las raíces un
+dorado tierno, que iba coloreándose hasta tomar en la superficie el tono
+rojizo del cobre fregoteado. Su cuello se inclinaba hacia delante con
+una esbeltez anémica, una fragilidad que marcaba bajo la piel los
+tendones y arterias, dilatados por la tenue emisión de la voz.
+
+De pronto, la cara invisible se volvió hacia ellos, como si acabase de
+notar su presencia. Vieron unos ojos cuyas pupilas de color de ceniza
+estaban dilatadas por la sorpresa; un rostro de palidez verdosa, algo
+descarnado, que se coloreó instantáneamente con un acceso de rubor.
+Parecía asustada de que alguien pudiese oírla. Con un gesto de timidez y
+contrariedad cerró el instrumento, púsose de pie y marchó hacia la
+puerta del salón para huir de los dos importunos.
+
+Ojeda la siguió con la vista. Era alta, y su enfermiza delgadez estaba
+disimulada en parte por lo recio del esqueleto. Las caderas marcaban su
+ósea firmeza bajo una falta de dril claro. La cabellera amontonada con
+gracioso descuido, los zapatos blancos algo usados, la blusa modesta de
+confección casera, la falta total de alhajas, daban a su figura un
+aspecto de pobreza sufrida animosamente, de incertidumbre bohemia
+sobrellevada con resignación.
+
+--Usted que conoce aquí a todo el mundo--preguntó Ojeda--: ¿quién es?
+
+--Hace rato que lo sabría usted si me hubiese dejado hablar... Es la
+mujer del director de orquesta de la compañía de opereta: un rubio de
+cara granujienta, que se pasa día y noche en el café tomando _bocks_ con
+los de su tropa. Buen colador; hay veces que los redondeles de fieltro
+se amontonan en su mesa como una columna... Y cuando no toma cerveza,
+admite _whisky_ o lo que caiga. No tiene otra ocupación en el buque que
+empinar el codo.
+
+--Es una mujer interesante--murmuró Ojeda--. ¡Y tan tímida!...
+
+Aguardaba todas las tardes a que el salón quedase desierto. Descendían
+las familias a sus camarotes para dormir la siesta; otros pasajeros se
+acostaban en las sillas largas del paseo; sólo permanecían algunos en el
+jardín de invierno. Entonces, casi de puntillas, iba hacia el piano, y
+apenas colocaba los dedos en el teclado, parecía olvidar su timidez,
+aislándose del mundo exterior, con los ojos vagos y sin luz, como si su
+mirada se concentrase interiormente y su canto fuese un débil escape, un
+lejano eco de otra música de recuerdos que sonaba dentro de ella.
+
+Al verla Fernando en el piano, había sentido curiosidad por conocer su
+música. ¡Tal vez una romanza dulzona y sensiblera de opereta!... Y aún
+le duraba la sorpresa que había experimentado al escuchar las grandiosas
+frases del dolor de Iseo.
+
+--Debe tener una voz magnífica, ¿no lo cree usted, Isidro?... Quisiera
+ser su amigo... Usted debe conocerla.
+
+Maltrana se excusaba, algo contrariado de que por esta vez no le fuese
+posible alardear de una amistad. Apenas se había fijado en ella: ¡pchs!
+¡la mujer de aquel borrachín director de orquesta!... Era algo arisca;
+huía de la gente; apenas se trataba con las otras damas de la compañía.
+Vivía para su hijo, un pequeñín de cabeza enorme, siempre agarrado de su
+mano. A los saludos de Maltrana respondía siempre con una inclinación de
+cabeza y un manifiesto deseo de huir. Además, como mujer no valía gran
+cosa: parecía enferma. La primera vez que se fijó en ella fue por las
+burlas de unas niñas elegantes que comentaban su palidez verdosa: «Ahí
+va esa de la opereta. Se le ha reventado la hiel y la tiene revuelta por
+todo el cuerpo».
+
+--Pero esto no importa, Ojeda; ya que la señora le interesa por lo del
+canto wagneriano, yo se la presentaré. Conozco algo al marido; hemos
+bebido juntos. Él se llama Hans... Hans Eichelberger, eso es; el maestro
+Hans. Y ella... aguarde usted, ella se llama Mina. Ahora recuerdo que el
+marido la llama así, y según me dijo, es un diminutivo de Guillermina.
+El maestro habla algo el español: ha andado por la Argentina y Chile en
+otras correrías musicales. Ella creo que muy poco.
+
+Avanzaron los dos amigos hacia la popa, deteniéndose en la baranda
+cercana al café, sobre la cubierta de los de tercera clase. Habían
+levantado los marineros una parte del toldo y se veía abajo el rebullir
+de la emigración septentrional, gentes melenudas que a pesar del calor
+conservaban sus abrigos de pieles. Sonaba el gangueo de un acordeón con
+el apresurado ritmo de la danza rusa. Una muchacha de falda corta, botas
+polonesas y pañuelo verde, por cuya punta asomaba una trenza de pelos
+rojos, daba vueltas al compás de la música. En torno de ella, un mocetón
+de camisa purpúrea danzaba de rodillas o se sostenía en portentoso
+equilibrio con las piernas casi horizontales y las posaderas junto al
+suelo. Los gritos y palmadas de los otros rusos acompañaban estas
+agilidades de loca danza gimnástica. Los judíos polacos y galitzianos,
+envueltos en sus hopalandas de carácter sacerdotal, contemplaban el
+espectáculo rascándose las barbas luengas, contrayendo los matorrales de
+sus cejas casi unidas.
+
+--¡Las gentes que venimos aquí!--dijo Fernando--¡Y pensar que es el
+nombre de una ciudad desconocida, el vago prestigio de una tierra
+lejana, lo que nos ha juntado a personas de tan diverso nacimiento!...
+
+--Veintiocho pueblos, según afirma don Carmelo el de la comisaría,
+venimos en el buque; y lo mismo ocurre en otros trasatlánticos. ¿No es
+verdad, Ojeda, que esto se parece al avance en masa de los pueblos de
+Europa cuando las Cruzadas?... Hace poco, me acordaba yo, abajo, de las
+muchedumbres que siguieron a Pedro el Ermitaño. Marchaban enfermas,
+desfallecidas de hambre, y cada vez que avistaban una pequeña ciudad
+prorrumpían en alaridos de gozo: «¡Jerusalén! ¡Es Jerusalén!». Y estaban
+aún en el centro de Europa: en Alemania o en Hungría. Abajo, en la proa,
+tiene usted a un heredero de aquellos héroes de la esperanza. Va enfermo
+de cuidado, es posible que no llegue al término del viaje, y cada vez
+que vemos una isla, una costa, se galvaniza y pregunta si es Buenos
+Aires.
+
+--La humanidad vive de ilusión, Maltrana. Necesitamos poner nuestro
+deseo lejos, en tierras desconocidas, pues la distancia borra la duda y
+da certeza a lo más inverisímil. Para los europeos, el lugar de
+maravillas fue Bagdad, la de _Las mil noches y una noches_; en cambio,
+en mis viajes por Oriente, he visto a judíos y mahometanos suponer
+tesoros y magias en la antigua Toledo. Cuando los poetas del Sur
+imaginan algo prodigioso, sitúan el escenario en las fortalezas del Rhin
+o los fiordos escandinavos. Al soñar Wagner el castillo de Monsalvat,
+coloca la mansión del Santo Grial en los Pirineos españoles y da un
+palacio árabe a Klingsor el encantador. El ambiente que nos rodea es
+demasiado real para que podamos cultivar en el nuestras ilusiones.
+
+--Así es, Fernando. Pero la esperanza humana, que en otras épocas fue
+puramente mística y por eso tal vez miraba a Oriente, es ahora positiva,
+cifra sus anhelos en el bienestar material y se dirige hacia Occidente.
+Todos queremos ser ricos, necesitamos serlo, y esta esperanza comunica a
+las tierras lejanas el prestigio de la ilusión. Hace siglos, la gente de
+empuje iba al Perú; ayer soñaba la humanidad con los tesoros de
+California, y allá corrían en masa los hombres de aventura; hoy empieza
+a mezclarse con el esplendor de los Estados Unidos la irradiación que
+surge de una nueva ciudad-esperanza: Buenos Aires.
+
+Mañana--interrumpió Ojeda--, los peregrinos de la riqueza, torciendo su
+camino, se derramarán por las islas de la Oceanía, y tal vez la
+Jerusalén del porvenir estará dentro de millares de años en algún lugar
+del Pacífico donde en este momento colean los tiburones y se hinchan y
+deshinchan las olas solitarias.
+
+El deseo humano colocaría la ciudad de la esperanza sobre alguna tierra
+sacada del fondo de las aguas por una convulsión del planeta; tal vez
+sobre atolones que los infusorios madrepóricos estaban petrificando en
+aquel momento con lenta y paciente labor multimilenaria... Nunca
+faltaría en el globo un lugar que atrajese a los hombres inquietos y
+enérgicos, descontentos con su destino, ansiosos de cambiar de postura.
+
+--Cada vez será más grande esta peregrinación--dijo Maltrana--. Sentimos
+la imperiosa necesidad del dinero como no la sintieron nuestros abuelos;
+y los que vengan detrás la experimentarán con mayor ímpetu que nosotros.
+Yo deseo ser rico: no tengo rubor en confesarlo; es lo único que me
+preocupa. Necesito saber qué es eso de la riqueza, y a conseguirlo
+voy... sea como sea. ¿Y usted, Fernando?...
+
+Sonrió éste levemente. También quería ser rico, y su deseo imperioso le
+había desarraigado del viejo mundo, lanzándolo en plena aventura, como
+los miserables que se aglomeraban en los sollados de la emigración.
+Necesitaba una gran fortuna para creerse feliz. Y sin embargo... ¡quién
+sabe!, la riqueza no es la dicha, no lo ha sido nunca; cuando más, puede
+aceptarse como un medio para afirmarla... Tal vez ni aun esto era
+cierto. Recordaba la wagneriana leyenda del anillo del Nibelungo, el
+milagroso oro del Rhin, símbolo del poder mundial. Quien lo poseía era
+señor del universo, dueño absoluto de todas las riquezas; pero para
+conquistarlo había que maldecir el amor, renunciar a él eternamente.
+
+--Y el amor, Maltrana, y otros sentimientos, valen más que un tesoro. Yo
+soy pobre y marcho en busca del dinero porque veo en él una garantía de
+seguridad y de reposo para ocuparme tranquilamente en otras empresas de
+mi gusto. Pero si alguien me hiciese ver que la riqueza debía pagarla
+con la renuncia del amor, le juro que saltaba a tierra en el primer
+puerto para volverme a Europa.
+
+Isidro levantó los hombros desdeñosamente. ¡Fantasías de artista!
+¡Cavilaciones de poeta! ¿Qué tenían que ver el amor y la riqueza para
+que los colocasen juntos, como antitéticos e inconfundibles?... Él
+quería ser rico por serlo, por conocer las dulzuras del más irresistible
+de los poderes, las satisfacciones orgullosas y egoístas que proporciona
+la llamada «potencia de dominación». Y si para ello había de renunciar a
+las gratas tonterías del amor y a otros sentimientos que el mundo
+considera con un respeto tradicional, pronto estaba al sacrificio. Le
+irritaba el menosprecio con que durante siglos y siglos religiones y
+pueblos habían tratado a la riqueza, como si ésta fuese algo diabólico y
+vil, incompatible con la elevación de alma y la nobleza de la vida.
+
+--Usted dice que es pobre, Fernando, y otros como usted lo dicen
+igualmente. Todo el que no es millonario se cree en la pobreza, y habla
+de ella como de algo agradable y hermoso que debe proporcionarle una
+aureola de simpatía. No; usted no ha sido pobre jamás, ni sabe lo que es
+eso. Usted necesita ser rico, conforme; pero no tiene una idea de lo que
+es la miseria. Le habrán hecho falta miles de duros, pero jamás al
+llevarse una mano al bolsillo ha dejado de sentir el contacto de las
+rodajas de plata... Pobre lo he sido yo, lo soy aún, lo he sido toda mi
+vida. Y como he visto de cerca la verdadera pobreza, fea y calva como la
+muerte, la detesto, y deseo que no me siga tenazmente, como hasta ahora,
+fuera del alcance de mi odio. Quiero que algún día se me aproxime, se
+coloque a mi lado, para acogotarla, para romperle a puñetazos los
+costillares, para convertir en polvo el andamiaje de su esqueleto.
+
+Comenzó a reír Fernando con estas palabras, pero se contuvo al notar la
+sincera vehemencia con que hablaba Isidro y el vaho de lágrimas que
+empañaba sus ojos repentinamente.
+
+--Yo sé mejor que nadie lo que es la pobreza, y por eso me irrito cuando
+en España y otros países que llaman, no sé por qué, «caballerescos» e
+«idealistas», oigo decir a las gentes con orgullo: «Yo que soy pobre,
+pero muy honrado». Y tal prestigio debe tener la frase, que muchos que
+no son pobres se jactan de serlo, como si esto fuese un testimonio de
+honradez... ¡Mentira! Ningún pobre puede considerarse honrado, ya que la
+pobreza es una deshonra, un certificado de incapacidad. Cierto que habrá
+siempre pobres, como hay en el mundo feos, contrahechos o imbéciles.
+Pero el que tiene un defecto físico o intelectual no hace gala de él,
+antes procura remediarlo; y el pobre que se resigna con su suerte y no
+busca hacerse rico, sea como sea, a las buenas o las malas, es un
+cobarde o un inútil, y no puede convertir su vileza en un mérito.
+
+Ojeda acogió con aspavientos de cómico terror estas palabras.
+
+--Repita usted, Isidro, tales cosas a los de tercera clase, y
+seguramente que no llegamos a Buenos Aires. Se van a sublevar, a hacerse
+dueños del buque.
+
+Pero Maltrana, dominado por su emoción, no le escuchaba y siguió
+hablando:
+
+--¡La miseria!... Sé lo que es, y quiero evitar que la conozcan aquellos
+que yo amo. Usted, Fernando, ignora mi vida.[1] Tal vez le hayan dicho
+que una parte de ella anda por ahí en relatos novelescos... Pero la
+verdad es siempre más cruda, más intragable que los pequeños trozos
+realistas de los libros, aderezados con salsas de fantasía... La mujer
+que me trajo al mundo pereció como un animal, cansada de trabajar. Un
+pobre hombre que me servía de padre murió asesinado, por la imprevisión
+de unos contratistas, en una catástrofe del trabajo, y su cadáver fue
+bandera revolucionaria para otros tan desdichados como él. Yo he comido
+las bazofias que comen los perros. Mis nobles ascendientes eran traperos
+y se mantenían con las sobras de las cocinas de Madrid. He crecido
+sabiendo con qué punzadas y retortijones avisa el estómago el dolor de
+su vacío... He sufrido privaciones y vergüenzas, hasta que un día...
+
+[Nota [1] _Véase La horda_]
+
+Calló un momento. Temblaba su voz, súbitamente enronquecida. Se llevó
+una mano a los ojos como si le molestase la luz.
+
+--Un día, cuando fui hombre, una infeliz me escuchó: una compañera de
+miseria, ansiosa de ideal a su modo. La pobre creía encontrarlo en mí,
+señorito hambriento que hablaba de cosas que ella no podía entender. Mi
+vida floreció por vez primera; conocí la alegría, la verdadera alegría,
+durante unos meses; luego, el idilio acabó en el hospital. Y aquel
+cuerpo gracioso, cuerpo de pobre, en el que luchaba la juventud con un
+raquitismo hereditario, bajó a la tierra despedazado: lo hicieron
+cuartos, como una res de matadero, sobre el mármol de la sala de
+disección... Usted, Ojeda, debe amar a alguien como amé yo. Todos
+encontramos una posada de amor en el camino de la vida: hasta los más
+infelices. Imagínese el cuerpo que usted adora, con el orgullo de la
+posesión, desnudo sobre una mesa; las blancas intimidades, sólo por
+usted conocidas, expuestas ante la insolencia juvenil; la epidermis
+arrancada de los músculos como el forro de un libro; las manos pasando
+de mesa en mesa; los pechos como unas piltrafas, nadando en un cubo; la
+cabeza a un lado, las piernas a otro... ¡No puedo, no puedo pensarlo! Es
+un recuerdo que me amarga muchas noches... Pero ¿por qué hablo de esto?
+
+Frunció Ojeda el ceño, emocionado por las palabras de Maltrana. Hacía
+mal en acordarse del pasado; era mejor ir adelante sin volver la cabeza.
+
+--Así terminó nuestro amor--dijo Isidro después de larga pausa,
+levantando la frente de entre las manos--. Así terminó, porque éramos
+pobres... Me quedó un hijo, y la primera vez que lo tuve entre mis
+brazos, en una casucha de las afueras de Madrid, creí nacer de nuevo,
+pero más fuerte, con una voluntad que nunca había sospechado... El pobre
+rollo de manteca, con sus ojitos como dos punzadas, me hizo sentir la
+impresión de una fuerza misteriosa que me insensibilizaba
+interiormente. Desde entonces estoy fabricado con algo muy duro: soy de
+acero, soy de bronce. «Sólo puedes contar conmigo, pobrecito--le dije al
+pequeño--. No tienes a nadie más en el mundo, pero yo trabajaré por ti».
+Fui tímido y flojo para defender a la madre; pero el chiquitín me dio
+una fiereza de tigre... Esta segunda parte de mi vida la conoce usted
+mejor que la otra. No es ningún secreto. «Isidro Maltrana: un canallita
+simpático, un sinvergüenza que conoce la manera de vivir...»
+
+Ojeda intentó protestar.
+
+--No mueva la cabeza, Fernando; no diga que no, por amabilidad: déjeme
+la gloria de mi mala fama, que es muy justa y me enorgullece. Pensé en
+ser ladrón, pues contaba con buenas relaciones para emprender la
+carrera; pero soy cobarde; tampoco podía alquilar mis brazos como
+matachín, porque son débiles. Pero alquilé mi pluma y mi bilis, y tal
+fue mi desvergüenza, que hasta tengo admiradores. He fabricado libros
+para que los firmasen graves personajes y estudios laudatorios de esos
+mismos autores, sobre cuyas nobles cabezas escupiría de buena gana. He
+insultado a hombres que respeto y admiro, amontonando contra ellos
+infamias y mentiras, cuando, de seguir mis deseos, me hubiese
+arrodillado para implorar su perdón. He recibido golpes y me los he
+guardado tranquilamente cuando el ofendido era más fuerte que yo. Otras
+veces, acorralado como un gato que no encuentra salida, he hecho el
+papel de tigre, batiéndome como un caballero de la Tabla Redonda en
+defensa de cosas que no me interesaban. He vivido en la cárcel por
+artículos de periódicos que no tuve la curiosidad de leer. Cuando había
+que atajar alguna opinión justa con una nota insolente y discordante,
+Maltranita se encargaba de ello, siempre «por cuanto vos
+contribuísteis». ¿Qué no he hecho yo para ganar dinero?... Hasta me he
+prestado a ser intermediario en los amores secretos de ciertos
+personajes y he servido de honorable acompañante a sus queridas... No se
+asombre, Ojeda; convénzase de que lleva por compañero a uno de los
+canallas más notables que ha tenido Madrid.
+
+A pesar del tono de esta afirmación, que hizo sonreír otra vez a
+Fernando, el bohemio continuó, con gesto fosco y ojos enternecidos:
+
+--Y no crea que me arrepiento de mi pasado. Desconozco el rubor y la
+vergüenza: son lujos que sólo pueden permitirse los felices... Cada vez
+que cometí una mala acción, me bastó para olvidarla hacer una visita al
+colegio de ricos donde se educa mi Feliciano gracias a los esfuerzos de
+su padre, tan nobles y tan heroicos como los de cualquier duque antiguo
+que salía lanza en mano a robar en las encrucijadas. Mi hijo me cree un
+gran personaje porque ve que mi nombre figura en los periódicos; sus
+maestros no me admiran menos y permiten que algunas veces me retrase en
+el pago de mis obligaciones. Soy para ellos un señor de cierto poder,
+que trata familiarmente a los ministros y pasea todas las tardes por los
+pasillos del Congreso. Y esta devoción de mi hijo y sus allegados me
+compensa de todas mis vilezas: hasta de las numerosas bofetadas que
+llevo recibidas por mis atrevimientos... Yo quiero que mi Feliciano, el
+hijo del bohemio y de la gorrera despedazada en el hospital, sea rico,
+muy rico; y por esto, sólo por esto, me he alistado en la cruzada al
+Nuevo Mundo. En mí se han contraído y achicado todos los afectos, para
+dejar espacio únicamente al de la paternidad, que me ocupa por entero...
+Usted, Fernando, no sabe lo que es el sentimiento paternal y hasta dónde
+llega su santa ferocidad. «Perezca el mundo y sálvese la carne de mi
+carne.»
+
+--No tanto--dijo Ojeda--; no exagere usted.
+
+--Sí: «Robemos a los hijos de los demás para que nuestro hijo sea
+rico...». Y yo soy un padre. Sé bien que esta paternidad no es más que
+un sentimiento egoísta, como el amor, como el patriotismo, como tantas
+ideas respetables e indiscutibles que traen revuelto al mundo... Pero la
+vida no es más que una urdimbre de egoísmos, y yo carezco de fuerzas
+para reformarla. Voy a trabajar por el pequeño, y en nombre de mis
+sacrosantas ternuras de padre de familia, reventaré si me es posible a
+otros padres de familia que se me pongan por delante, dispuestos como yo
+a toda clase de porquerías para asegurar el bienestar de su prole.
+Quiero hacer rico a mi hijo... ¡y caiga el que caiga!
+
+--Cuando llegue usted a enriquecerse--interrumpió Ojeda--, es muy
+probable que su hijo sea como los hijos de casi todos los ricos: un ser
+inútil para la sociedad, un ente de lujo que gaste sin tino lo que el
+padre amontonó en fuerza de sacrificios.
+
+--Lo he pensado muchas veces; ¿y qué?... Yo tengo tanto derecho como
+cualquier burgués a producir un hijo inservible y decorativo. No todo en
+el mundo debe ser útil. Es una satisfacción para el egoísmo paternal
+haberse matado trabajando en un extremo del mundo para que el hijo vaya
+al otro hemisferio a mantener cocotas de precio y sostener el juego en
+los clubs elegantes. Un orgullo tan legítimo como el de los criadores de
+caballos de carreras, hermosos e inútiles, que no sirven para arar un
+campo ni pueden tirar de un carretón, pero corren y corren sin objeto
+entre los entusiasmados epilépticos de la multitud... Además, Fernando,
+amo el dinero por ser dinero con un respeto casi religioso. Yo, que no
+he creído en nada, creo en su majestad irresistible, en su poder
+benéfico, que revoluciona nuestra existencia, haciéndola más cómoda y
+fácil... El dinero es también poesía, una poesía sobria, enérgica,
+intensa, más humana y conmovedora que la insincera y manida que ustedes
+vienen repitiendo hace siglos en sus versos.
+
+Esta afirmación provocó en Ojeda una risa franca.
+
+--A ver, siga usted: eso me interesa; suelte su bagaje de paradojas. Es
+divertido, y le hará olvidar el recuerdo de sus tristezas pasadas.
+
+Pero Maltrana, insensible al regocijo de su amigo, siguió hablando. Un
+movimiento universal, semejante al nacimiento de una religión poderosa,
+se estaba apoderando de los destinos del mundo. Pero muy pocos se daban
+cuenta de este suceso, que iba a abrir en la Historia una era nueva.
+
+--Siempre ha ocurrido así. Los hombres tardan siglos en conocer las
+fuerzas recientes que los mueven; han de transcurrir varias generaciones
+para que un día lleguen a enterarse de que son completamente distintos
+de como fueron sus abuelos... Si resucitase un romano de los dos
+primeros siglos de nuestra era y le preguntásemos qué se hablaba en su
+tiempo de los cristianos, nos miraría con extrañeza. Nada sabría de
+ellos; su época fijaba la atención en otros asuntos más importantes. Y
+sin embargo, bajo de sus pies, en la sombra, latía una fuerza ignorada
+por él, que iba a transformar el mundo... Desde hace ochenta años ha
+venido a la tierra un nuevo dios: el dinero. Y ese dios tiene sus
+apóstoles: el centenar de grandes millonarios y capitanes de industria
+esparcidos por el mundo, ministros de un poder misterioso, que
+permanecen en la sombra, como si la grandeza de su misión les impusiese
+el incógnito; hombres cuyos apellidos conoce la tierra entera, igual que
+los de los reyes, pero a los cuales muy pocos han visto en persona, pues
+rehuyen la publicidad.
+
+Ojeda escuchaba con interés creciente estas palabras de su amigo.
+
+--Los Césares modernos los visitan a bordo de sus yates y los sientan a
+sus mesas; poco falta para que los emperadores, al escribirles, les
+llamen «querido primo» como es de uso entre testas coronadas. Se
+necesita ser ciego para no ver el poderío de estos monarcas mundiales,
+cuyos abuelos fueron leñadores, barqueros o míseros prestamistas. Antes,
+los conductores de pueblos hacían la guerra a su capricho o por
+desavenencias de familia, siempre que les daba la gana. Ahora disponen
+de más soldados que nunca, de prodigiosas herramientas de destrucción, y
+sin embargo se mantienen en forzado quietismo, armados hasta los
+dientes. Para tirar de la espada tienen que consultar antes a estos
+nuevos «primos» de la mano izquierda, cuyo auxilio les es indispensable.
+«No nos conviene la operación», dicen los apóstoles modernos en el
+misterio de su retiro bancario, donde fraguan los dramas mundiales. Y la
+espada tiene que volver a su vaina, o cuando más, se emplea en alguna
+expedición colonial, apaleando negros o amarillos, todo para mayor
+gloria del dios que somete de este modo nuevos pueblos a su culto...
+
+Continuó Maltrana ensalzando la grandeza de estos magos modernos.
+
+La actividad de los hombres corría canalizada sobre la costra del globo
+en el punto que se dignaban señalar ellos con un dedo. Soberanos de
+miles y miles de kilómetros de vías férreas o de flotas como jamás las
+tuvo Imperio alguno, les bastaba una orden telefónica para cambiar el
+curso del progreso humano. Islas del Pacífico en las que hace cincuenta
+años los naturales asaban todavía para su consumo la carne humana,
+habían realizado en tan corto lapso de tiempo una evolución de siglos y
+hasta ensayaban el régimen socialista. Un país desierto lo transformaban
+en un lustro. Hacían surgir ciudades con paseos, estatuas y tranvías
+eléctricos, sobre una tierra habitada poco antes por avestruces. Les
+bastaba para realizar este milagro con tender una línea de ferrocarril.
+Costas inhospitalarias y desiertas brillaban de pronto con los focos
+eléctricos de sus puertos. Establecían una nueva línea de navegación, y
+el gran rebaño emigrante, los aventureros inquietos que todo lo
+transforman, llegaban hasta donde era la voluntad de los taumaturgos
+ocultos en la sombra...
+
+Miró Isidro la multitud que bailaba abajo en la explanada de popa, y
+añadió:
+
+--Nosotros mismos vamos adonde vamos porque los apóstoles de la nueva
+religión nos han abierto un camino y nos empujan por él sin que nos
+demos cuenta... Usted que es poeta, acuérdese, Ojeda, de lo que dio la
+vieja España a estos países americanos... Les dio el conquistador un
+héroe grande como los de la _Ilíada_, un superhombre, que en menos de un
+siglo exploró medio globo, labrando su vivienda en las alturas andinas a
+cuatro mil metros, junto a los nidos de los cóndores, o en valles
+ecuatoriales que son ollas de fuego. Él engendró los actuales pueblos de
+América, legándoles una predisposición al heroísmo y un alto concepto
+del honor. Dio también el sacerdote, el misionero, que con la difusión
+del cristianismo fue dulcificando las costumbres y suprimió una
+idolatría que necesitaba de sacrificios humanos... ¡Qué regalo tan
+hermoso para ser cantado por los poetas! ¡La espada y la cruz, el
+heroísmo y la piedad!... Y sin embargo, los pueblos hispanoamericanos
+dormitan en la época colonial, produciendo lo estrictamente necesario
+para su mantenimiento, y luego de su independencia dormitan igualmente
+bajo el pie de valerosos déspotas que reemplazan con una tiranía
+inmediata y tangible la mansurrona y perezosa de la metrópoli. Y todo
+sigue así, hasta que aparece el nuevo dios... El dinero, el vil dinero,
+maldecido por los poetas, arriba a sus costas, y entonces únicamente es
+cuando se transforma todo en unas docenas de años.
+
+La locomotora avanzaba sobre el suelo virgen antes que el arado; las
+estaciones surgían en el desierto como postes indicadores de futuros
+pueblos; el buque de vapor estaba pronto en la rada para llevarse el
+sobrante de las cosechas a otro lugar del globo; el exiguo mercado
+consumidor tímido y mísero se agrandaba hasta ser un productor
+gigantesco; los grupitos de emigrantes que cada dos meses llegaban en un
+bergantín, como gota suelta de vida, eran reemplazados por pueblos
+enteros que volcaban los trasatlánticos diariamente en la tierra
+nueva...
+
+--Y toda esa revolución--continuó Maltrana--la han hecho y la siguen
+haciendo los apóstoles misteriosos de mi dios; esos magos que se ocultan
+en un despacho austero de la City de Londres, en un piso vigésimo de
+Nueva York o en cualquier avenida elegante de París o Berlín.
+
+--¡El dinero!--exclamó Ojeda con despectiva expresión--. El dinero no es
+más que un medio, y ha existido siempre. La actividad humana, el
+progreso de la ciencia, el afán de bienestar, son los que han realizado
+juntos esas transformaciones maravillosas. Justamente, esa América
+colonial y dormitante de la que usted habla fue una gran productora de
+dinero. Acuérdese del Potosí y otras minas célebres que cargaron los
+galeones españoles de barras preciosas durante siglos. ¿Y de qué nos
+sirvió tanto dinero?... Fue nuestra muerte.
+
+Maltrana protestó: su dinero no era ése. Él hablaba del dinero moderno,
+del dinero animado por la vida, alado e inteligente, incapaz de sufrir
+encierro alguno, dando sin cesar la vuelta a la tierra, penetrando en
+todas partes en forma de papel, irresistible y triunfador bajo el
+misterio de los caracteres impresos, lo mismo que el pensamiento
+humano.
+
+Este dinero omnipotente aún no contaba un siglo de existencia. Su vida
+no iba más allá de la de un hombre octogenario. Cierto era que había
+existido siempre; pero antes del avatar victorioso que le hizo señor del
+mundo, su vida se arrastraba vergonzosa entre desprecios y vilezas.
+Pluto era un dios sombrío y cobarde, amarillo y macilento como el oro
+enterrado. Las religiones lo emparentaban con el diablo, viendo en la
+riqueza una tentación. El hombre perfecto era en todos los pueblos el
+asceta roído por la miseria, insensible a las grandezas terrenales.
+Multiplicar el oro se tenía por empresa de mercaderes, relegados a las
+últimas capas de la sociedad. La manera noble de conquistarlo era lanza
+en ristre en medio de un camino, desvalijando a las caravanas, o
+entrando a saco en las ciudades tomadas por asalto. El precioso metal,
+buscado en secreto y despreciado en público, no tenía otro empleo que el
+préstamo y la usura; atrayendo crímenes y maldiciones.
+
+Ocultábase en escondrijos subterráneos, temeroso de la luz, como los
+réprobos de una religión vergonzosa. Era pesado y voluminoso en el
+encierro de sus bolsas, y no podía moverse más allá del grupo urbano
+donde lo había amasado el ahorro. Los que se dedicaban a su manejo
+parecían afligidos de una enfermedad moral: amarilleaban con la zozobra,
+temblando a cada paso, como si el aire se poblase de enemigos. Las
+muchedumbres famélicas creían remediar sus males entrando a degüello en
+los barrios poblados por los sórdidos devotos del dios amarillo; los
+grandes señores, en sus apuros monetarios, ahorcaban a los negociantes
+para reunir fondos. Y al dulcificarse las costumbres, no por esto
+llegaba a borrarse el estigma con que estaban marcados los sacerdores
+del oro. Se les adulaba en momentos de angustia, y se les repelía luego
+con el pie en nombre de la caballerosidad y la nobleza de alma.
+
+--Pero un día, el aprovechamiento del vapor cambió la faz del mundo.
+Casi ha sido en nuestra época: hemos conocido personas que presenciaron
+esta gran revolución, la más trascendental y positiva de todas. Existía
+la locomotora y hubo que fabricar miles y miles, abriéndola caminos por
+todo el planeta. La máquina industrial no podía caber en los pequeños
+talleres de familia, y fue preciso construir monstruosos edificios, más
+grandes que las catedrales y los templos del paganismo. Ningún monarca
+ni potentado era capaz de acometer individualmente esta empresa
+gigantesca... Entonces, el dios amarillo cambió de forma, saliendo
+majestuoso y triunfador, como el sol, de la hopalanda del usurero que le
+había tenido oculto. En su glorioso despertar ya no fue metálico,
+pesado e individual; no vivió más en su escondrijo de terror, y reunió a
+las muchedumbres para la obra común por medio de esos documentos que
+llaman acciones y obligaciones. El papel, que es el ala del pensamiento
+moderno, fue el signo de su poder. Hombres que no habían salido más allá
+de las afueras de su pueblo entregaron sus ahorros para trabajos
+titánicos que se realizaban al otro lado del planeta. Valerosos
+capitanes de escritorio, poetas de la aritmética, con el atrevimiento de
+los conquistadores, pusiéronse al frente de estos ejércitos de soldados
+anónimos a los que no conocerán nunca... Y en ochenta años han hecho
+suyo el mundo, como no lo dominó ningún ambicioso ilustre.
+
+Maltrana hablaba con tono oratorio del gran milagro del dinero moderno.
+El globo estaba erizado de chimeneas; las inmensidades del Océano
+ofrecían siempre en el horizonte un punto negro y una nubecilla de humo;
+cascadas y ríos creaban al rodar fuerza y luz; las grandes barreras de
+piedra que llegan con su cumbre hasta las nubes sentían perforadas sus
+entrañas por un rosario de hormigas férreas resbalando sobre cintas de
+acero; en las obscuridades submarinas vibraban como bordones
+inteligentes los cables conductores del pensamiento; fuerzas misteriosas
+y hostiles trabajaban esclavizadas para el bienestar común; las antiguas
+hambres habían desaparecido gracias a las flotas inmensas que surcaban a
+todas horas el Océano, compensando con el sobrante de unos pueblos la
+carestía de otros; el hombre, hastiado de su reciente señorío sobre la
+costra terráquea, se lanzaba en el espacio, aprendiendo a volar.
+
+--Y todo esto, amigo Ojeda, es el milagro de mi dios. Dirá usted que es
+obra del hombre; pero el hombre, sin la esperanza del dinero, haría muy
+poco en el presente régimen social. Nadie realiza trabajos penosos por
+gusto, nadie expone su vida gratuitamente en empresas sin gloria. Si
+usted le dice al que perfora un túnel o levanta un terraplén sobre un
+pantano que está sirviendo a sus semejantes y merece por esto gratitud,
+se encogerá de hombros. Él sufre y pena para que mi dios le recompense
+inmediatamente. Y si mi dios le falta, abandona la labor, sin importarle
+gran cosa lo sublime de su trabajo... Abra los ojos, Fernando, y no sea
+impío con la gran divinidad de nuestra época. Los antiguos dioses se
+declaran vencidos por él, y le adulan y temen. El despreciado Pluto,
+cornudo y triste en otros tiempos como un macho cabrío, ocupa ahora el
+trono del noble Zeus, declarado inútil. Apolo y Marte hablan mal de él,
+lamentando la pérdida de su antigua majestad; pero esta murmuración es
+a espaldas suyas, pues apenas mi dios fija en ellos sus ojos de oro, el
+uno le ofrece la espada para sostenimiento del santo orden, sin el cual
+no hay buenos negocios, y el otro preludia en el arpa un himno en su
+honor a tanto la estrofa.
+
+Ojeda rio francamente de estas palabras.
+
+--Hércules y Vulcano--continuó Isidro--, dos brutos bonachones, le
+siguen como perros fieles. El héroe forzudo lleva bajo sus bíceps los
+cartuchos de dinamita con los que hacer volar istmos y montañas, y el
+herrero tuerto martillea día y noche para servir los incesantes pedidos
+de su señor... Mercurio el trapacero, que robó descansadamente durante
+siglos detrás de los mostradores, hace ahora antesala en los Bancos y se
+quita con humildad el capacete con alas para suplicar al gerente el
+descuento de un pagaré... Hasta la caprichosa Venus hace salir de su
+alcoba por la puerta de escape, como entretenidos vergonzosos, a sus
+antiguos amantes olímpicos y abre luego de par en par la puerta de honor
+para que entre por ella el dios despreciado.
+
+--Pero a usted le ha tratado mal ese dios--dijo Ojeda burlonamente--.
+Usted ha vivido siempre en la pobreza.
+
+--Mi dios no me conoce, no conoce a nadie. Es ciego y sordo para los
+humanos, como lo son las fuerzas de la Naturaleza. El volcán erupta su
+fuego sin importarle que los hombres hayan levantado un pueblo en su
+falda; ríos y mares se desbordan sin enterarse de que unos seres ínfimos
+han creado sus hormigueros en las arrugas que les sirven de vallas; la
+tierra, cuando desea temblar, no pide permiso a los parásitos que anidan
+en su epidermis... El dios ignora nuestra existencia: la humanidad sólo
+figura como los ceros en sus altas combinaciones aritméticas. Por eso,
+cuando se le ocurre a mi dios echar bendiciones, caen éstas casi siempre
+sobre los brutos con suerte o los maliciosos que las agarran al paso. Y
+cuando reparte golpes, son verdaderos palos de ciego que llueven
+irremisiblemente sobre los inocentes... Pero este dios, como todas las
+divinidades, tiene una iglesia que piensa por él y administra sus
+intereses: la iglesia de los grandes millonarios, directores del mundo.
+Y yo me he embarcado para cambiar de vida, para intentar la conquista de
+la riqueza, para entrar en esa iglesia aunque sea de simple monaguillo,
+y ver de cerca los misterios de la sacristía.
+
+Fernando se encogió de hombros al hablar de la riqueza. Para ser feliz,
+le bastaba al hombre con tener asegurada la satisfacción de sus
+necesidades. Él, por desgracia, necesitaba más que otros para una
+existencia tranquila, pero apenas hubiese conquistado lo que juzgaba
+indispensable, pensaba huir de esta pelea por el dinero. La vida ofrece
+ocupaciones más nobles.
+
+--Es que usted, poeta--dijo Maltrana--, no conoce la poesía grandiosa
+que emana del dinero manejado por un hombre de genio. Todas las
+fantasías poéticas, por bellas que parezcan, resultan frías e
+infecundas, como los placeres solitarios. Es más hermosa la acción, el
+abrazo de los hechos, el estrujón carnal de la realidad. Yo admiro a
+esos demiurgos modernos del capitalismo que cuando fijan su atención en
+un desierto del mapa lo transforman desde su escritorio en unos cuantos
+años, y si alguna vez se dignan ir a él, encuentran ferrocarriles,
+ciudades, muchedumbres bien vestidas, y pueden decir: «Esto lo he hecho
+yo, esto es mi obra». Una satisfacción que envidio; un motivo de orgullo
+más verdadero que el haber imaginado un gran poema.
+
+--Maltrana, no diga disparates--interrumpió Ojeda, algo amoscado--.
+Aunque, en verdad, no sé por qué hago caso de sus afirmaciones. Mañana
+dirá usted todo lo contrario. Cada vez que hemos hablado en Madrid
+defendía usted una opinión diversa... Conozco esta enfermedad de la
+gente pensante. Usted, a quien he visto casi anarquista, rompe ahora en
+himnos de la riqueza, sólo porque cree ir camino de conquistarla en un
+país nuevo... Se engaña usted, Isidro. Cuando lleguemos allá se
+convencerá de que el trabajo representa tanto o más que el capital. Sus
+paradojas pueden tener algo de verosímil en la vieja Europa, donde
+abundan los brazos. Pero en las llanuras americanas, que están casi
+despobladas, se enterará de lo que vale el hombre y de cómo el dinero no
+puede nada cuando le falta su auxilio... Además, yo desprecio el dinero,
+¿se entera usted? Lo busco porque lo necesito; pero de ahí a rendirle un
+culto religioso hay mucha distancia. Es algo que nos envilece y achica,
+y si fuese posible suprimirlo, la humanidad viviría mejor. ¡Los crímenes
+que comete ese capital, tan adorado por usted, para agrandarse y
+triunfar en sus empeños!
+
+Ahora fue Maltrana el que rompió a reír.
+
+--¡Poeta sensible y de vista corta!... Esperaba de un momento a otro su
+objeción. «¡Los crímenes que comete el capital en sus grandes empresas
+mundiales!...» Sí, los reconozco: son los mismos crímenes de los grandes
+conquistadores que han trastornado el curso de la Historia; los crímenes
+de las revoluciones que nos dieron la libertad. El hombre pasa y la obra
+queda. Poco importa que caigan algunos si su muerte beneficia a todos
+los humanos... Además, lo que hoy aparece como un crimen es mañana un
+sacrificio heroico...
+
+Quedó silencioso unos instantes, como si buscase un ejemplo, y luego
+añadió:
+
+--Hace poco han terminado en el interior de la América ecuatorial un
+ferrocarril a través de tierras inexploradas, pantanos en los que duerme
+la muerte, bosques inhospitalarios. Los trabajadores han caído a miles
+en esta obra: cada kilómetro tiene al lado un cementerio; las fiebres de
+la tierra removida, los reptiles venenosos, los caimanes de las
+ciénagas, han matado más hombres que en una batalla. Las familias de los
+muertos y las almas sensibles prorrumpieron en alaridos de indignación
+contra la Compañía constructora. «Explotadores sin conciencia, que por
+hacer un buen negocio y aumentar sus dividendos llevan los hombres como
+bestias al matadero.» Y tenían razón; su protesta era justa. Decían la
+verdad. Pero los capitalistas, que viven lejos y tal vez no se
+molestarán nunca yendo a contemplar esta obra suya, pueden responder
+desde sus escritorios: «Gracias a nuestra audacia fría y dura, los
+hombres tienen un camino para llegar a países nuevos que guardan enormes
+riquezas. Hemos puesto en comunicación con el resto del mundo las
+entrañas olvidadas de todo un continente». Y también ellos tienen razón;
+también dicen la verdad... Porque ya sabe usted, Ojeda, que eso de la
+verdad única e indiscutible es una ilusión humana. Cada uno tiene la
+suya. Existen en nosotros tantas verdades como intereses.
+
+Ojeda permaneció silencioso como si no le interesase contradecir a su
+amigo, y éste continuó:
+
+--La literatura es la culpable de ese desprecio que muestran por el
+dinero todos los que son incapaces de conquistarlo. Quiere educar al
+vulgo, y emplea para ello ideas viejas, patrones que se cortaron hace
+siglos. Todo novelista que se respeta, todo dramaturgo que posee el
+secreto de hacer patalear de entusiasmo al público, no conoce
+vacilaciones al graduar la simpatía atractiva de sus personajes. El
+hombre funesto, el «traidor» de la obra, ya se sabe que debe ser un
+rico, un manipulador de caudales; y si ostenta el título de banquero,
+mejor que mejor. Los banqueros tienen asegurado en las obras literarias
+un éxito de odio y de rechifla. Los personajes simpáticos son pobres, y
+dicen cosas muy hermosas sobre las infamias del «vil metal» y la
+necesidad de idealizar la vida.
+
+El arte literario sólo había dispuesto, según Maltrana, de cuatro
+resortes para mover sus criaturas: el amor, el odio, el hambre y el
+miedo. El dinero se mostraba alguna vez en ciertos autores, pero como un
+accesorio, como un telón negro para que se destacasen mejor las figuras
+de los personajes simpáticos. El amor, con sus combinaciones y
+conflictos innumerables y siempre iguales, era el que llenaba por entero
+libros y comedias.
+
+--Y así llevamos siglos sin enterarnos de que en el mundo hay algo más
+que el amor; y hasta los más bobos empiezan a cansarse de tanto papel
+impreso y tantas salas iluminadas para hacernos conocer las angustias y
+conflictos de dos seres que quieren acostarse juntos y no encuentran el
+medio, o las crisis de alma de una señora que desea faltarle a su marido
+y no sabe cómo empezar... No; en el mundo, el amor no lo es todo. Le
+dedicamos algunas horas de nuestra existencia (que por cierto no
+resultan las más despreciables), pero más tiempo nos lleva la
+preocupación del dinero y la lucha titánica por conquistarlo. Si la
+literatura fuese un reflejo de nuestra existencia y no un
+entretenimiento halagador para los ociosos, hace años que figuraría en
+ella como elemento principal el dinero moderno, que ha creado una
+aristocracia de la voluntad, unos héroes más nobles e interesantes que
+esos galanes pobres que lloriquean de amor, dicen palabras bonitas y son
+incapaces de ganar un poco de plata para que la señora de sus
+pensamientos viva con mayores comodidades.
+
+--Siga usted--dijo Fernando--. Creo estar en Madrid en un estudio de
+pintor, en un saloncillo del Ateneo, en una tertulia de café... Esto me
+rejuvenece.
+
+--Ríase, pero sepa que me da rabia la hipocresía de los «sacerdotes del
+ideal», que maldicen el dinero en público y luego corren tras él como un
+cobrador de Banco. Aún quedan algunos solitarios que escriben como
+cantan los pájaros, sin importarles lo que ello pueda valerles. Pero
+éstos no cuentan para nada, y poco a poco caen en el olvido. Hoy la fama
+literaria se aprecia por el número de representaciones y la cantidad de
+volúmenes; o lo que es lo mismo, por el dinero que percibe el autor.
+Antes de escribir se consulta el gusto del vulgo, para que la tirada del
+libro sea grande o la sala de espectáculos esté repleta muchas noches. Y
+luego, estos inventores de sonoras maldiciones al dios amarillo, cuando
+llega el ajuste de cuentas con el editor o el empresario, son capaces de
+andar a cachetes por peseta más o menos... No, Ojeda; yo prefiero la
+franqueza brutal. El dinero es vil, pero solamente para aquellos que no
+lo poseen. A mí, pobre siervo de la pluma, me ha hecho cometer grandes
+bajezas. Un día he escrito una cosa, y meses después, por unas pesetas
+más, he pasado a la casa de enfrente para escribir todo lo contrario.
+Por eso quiero hacerlo mío: para sentirme digno y libre por primera vez
+en mi existencia. Mi dios se venga de los que le llaman vil
+sometiéndolos a la humillación, que es el mayor de los envilecimientos.
+
+Miró a Ojeda largamente con extrañeza, y luego continuó:
+
+--¡Y que un hombre de su talento no crea que el dinero es el móvil de
+las más grandes acciones!... Acuérdese de los primeros navegantes que
+rasgaron los misterios del mar: de nuestros respetables abuelos los
+argonautas. Ellos realizaron hace docenas de siglos lo que usted y yo
+buscamos ahora. Iban a la conquista del Vellocino de Oro, lo mismo que
+nosotros, argonautas con pantalones, al meternos en este buque... Y
+cuando el navío _Argos_ estaba a punto de zarpar, el primero que saltó
+en él con la lira a cuestas fue Orfeo, el divino cantor, el primero de
+los poetas conocidos. Usted me dirá que iba para ver cosas maravillosas,
+tentado por la novedad heroica de la aventura; y yo, que conozco la
+vida, le diré que iba por todo eso y además por tocar su parte cuando
+llegase el momento de distribuir las ganancias de la expedición... Y lo
+mismo pensaron los románticos caballeros vestidos de hierro que
+cabalgaban en las Cruzadas huyendo de sus castillejos hipotecados a los
+usureros germánicos y francos. «¡Jerusalén! ¡Vamos a libertar el
+sepulcro de Cristo!» Pero una vez realizada la conquista, por no
+separarse más del dichoso sepulcro ampliaron el círculo de sus
+correrías, cortando el terreno de los vencidos en condados y reinos, y
+se dieron una vida de sátrapas orientales como no la habían podido soñar
+en sus magras tierrecillas de Europa.
+
+El recuerdo de Colón surgió en la memoria de Maltrana.
+
+--Ya sabe usted--continuó--cuál era el ensueño de nuestro amigo don
+Cristóbal al ir como solicitante detrás de la corte de los Reyes
+Católicos. Figúrese las decepciones y desalientos que sufriría durante
+ocho años, cuando monarcas y ministros, ocupados en guerras inmediatas,
+no podían escucharle. Al volver a su alojamiento veía el oro del Gran
+Kan, las flotas de Salomón, las riquezas de Marco Polo, tesoros
+maravillosos en los que algún día hincaría el diente, y esto bastaba
+para que su ánimo se reconfortase, insistiendo en la demanda... Créame,
+Ojeda: el dinero es el móvil de las grandes acciones, el compañero de
+los ensueños sublimes, la última finalidad de los mayores idealismos.
+Mire a esas gentes que tenemos a nuestros pies. Van en busca del dinero
+de un extremo a otro del globo. ¿Y cree usted que no sueñan? ¿Se imagina
+usted que en su peregrinación hacia el pan no hay mucho de ilusión, de
+idealismo?...
+
+Ojeda movió la cabeza afirmativamente.
+
+--En eso dice usted verdad. Algunas noches, al asomarme a esta baranda,
+me fijo en los emigrantes que duermen al aire libre huyendo del calor
+de los sollados. Ofrecen el aspecto de un campamento, y por esto tal vez
+viene a mi memoria el recuerdo de los granaderos de Napoleón, que no
+eran más que simples soldados, pero al dormir sobre la tierra dura veían
+desfilar en sus ensueños toda clase de grandezas. Cada uno creía llevar
+en su mochila el bastón de mariscal, y esto bastaba para que corrieran
+sin cansancio toda Europa de combate en combate. Éstos son lo mismo: la
+santa ilusión borra en ellos la duda y el desaliento. Todos guardan en
+su hato de ropa el título de millonario futuro... Si el granadero sentía
+vacilante su fe, le bastaba mirar al mariscal cubierto de oro, que había
+sido soldado lo mismo que él. Cuando los emigrantes dudan, no tienen más
+que acordarse de tantos y tantos ricos que hicieron su primer viaje
+igual o peor que ellos. En este mismo buque pueden ver ejemplos que
+reanimen su energía...
+
+¡Los milagros de la ilusión! Muchos de aquellos hombres habían trabajado
+otra vez en América, huyendo luego desalentados. Preferían la miseria en
+la patria a la vida vagabunda del peón en el Nuevo Mundo, y al volver a
+su país besaban el suelo con transportes de entusiasmo, jurando morir en
+él. «América para los americanos. No nos engañarán más...» Pero al poco
+tiempo, los mismos relatos que los habían enardecido antes del primer
+viaje volvían a morder con profunda mella sus imaginaciones simples. La
+América odiosa se transformaba e iluminaba, recobrando los dulces
+colores de la prístina visión. Tal vez habían huido demasiado pronto;
+tal vez atribuían injustamente al país culpas que sólo eran de ellos. La
+prosperidad de los que se habían quedado allá les irritaba como un
+error.
+
+--Olvidan pronto lo que sufrieron--continuó Fernando--, para recordar
+únicamente las contadas horas de felicidad. Sucesos insignificantes y
+casi olvidados reaparecen en su memoria como ocasiones de fortuna
+torpemente despreciadas. «Yo pude ser rico--dicen en su pueblo--, pero
+tuve mucha prisa en volver.» Y acaban por creerlo a ojos cerrados, y el
+deseo de regresar a la tierra de la esperanza es cada vez más imperioso,
+hasta que al fin se embarcan con iguales o mayores ilusiones que la
+primera vez... Y allá van, revueltos con los neófitos de la emigración;
+y ellos, los desengañados y maldicientes de poco antes, son ahora lo
+mismo que los veteranos que reaniman a los reclutas en las veladas del
+vivac con hiperbólicas historias.
+
+--Yo creo--dijo Maltrana--que si el curioso Diablo Cojuelo, que
+levantaba los tejados de los edificios, pudiera mostrarnos lo que
+encubren las tapas de esos cráneos, leeríamos en todos ellos lo mismo:
+«Buenos Aires... Buenos Aires».
+
+--Así es... ¡Qué poder de ilusión tiene este nombre!... Todos, al
+repetirlo, ven la ciudad-esperanza, la tierra del bienestar, la Sión
+moderna.
+
+Ojeda, con su lírico entusiasmo, reconstruía los pensamientos de la
+muchedumbre cosmopolita que iba hacia el Sur tendiendo las manos tras el
+aleteo de la diosa sin cabeza.
+
+Este nombre circulaba como una música por el mundo viejo, despertando
+las almas adormecidas. Las razas sin patria y los pueblos cansados de
+tenerla sentían un instantáneo rejuvenecimiento al pensar en aquel país
+de maravillas, donde se realizaban asombrosas transmutaciones. El
+holgazán sentíase activo; el apático se agitaba con entusiasmos
+optimistas; el oprimido por la estrechez del ambiente natal rompía su
+quiste de rutinas con súbito enardecimiento. Muchos iban allá llamados y
+aconsejados por otros compatriotas que les habían precedido... Pero ¿y
+los que marchaban a la ventura, faltos de amistades, sin conocer el
+idioma, sabiendo únicamente repetir con enfermiza tenacidad: «Buenos
+Aires... Buenos Aires...»? ¿Quién les había enseñado el nombre? ¿Qué
+encanto el de estas sílabas, que hacían avanzar a las lejanas
+muchedumbres, confiándose al gesto bueno o malo del destino?...
+
+Admiraba Ojeda el fuerte tirón con que este conjuro de esperanza había
+arrancado a los grupos humanos enraizados por la historia en lugares
+distintos del planeta. «¡Buenos Aires!», murmuraba el viento de las
+noches invernales al colarse por el cañón de la chimenea en el hogar
+campestre, donde la familia española o italiana maldecía el embargo de
+sus campichuelos y la escasez del pan; «¡Buenos Aires!», mugía el
+vendaval cargado de copos de nieve al filtrarse por entre los maderos de
+la isba rusa; «¡Buenos Aires!» escribía el sol con arabescos de luz en
+los calizos muros de la callejuela oriental, para el árabe en medrosa
+servidumbre; «¡Buenos Aires!», crujían las alas de oro de la ilusión al
+volar de reverbero en reverbero por los desiertos bulevares de una
+metrópoli dormida, ante los pasos del señorito arruinado y el bachiller
+sin hogar que piensan en matarse a la mañana siguiente.
+
+Y todos, sin distinción de razas y clases, fuertes y humildes,
+ignorantes e inteligentes, al eco de este nombre veían alzarse en el
+paisaje de su fantasía, bañada por el resplandor de la esperanza, una
+mujer de porte majestuoso, blanca y azul como las vírgenes de Murillo,
+con el purpúreo gorro símbolo de libertad sobre la suelta cabellera;
+una matrona que sonreía, abriendo los brazos fuertes, dejando caer de
+sus labios palabras amorosas:
+
+--Venid a mí los que tenéis hambre de pan y sed de tranquilidad; venid a
+mí los que llegasteis tarde a un mundo viejo y repleto. Mi hogar es
+grande y no lo construyó el egoísmo; mi casa está abierta a todas las
+razas de la tierra, a todos los hombres de buena voluntad.
+
+Maltrana interrumpió la lírica evocación de su amigo con irónico
+entusiasmo:
+
+--¡Muy bien dicho, poeta! ¡Muy hermoso! Que la matrona azul y blanca no
+nos haga concebir falsas ilusiones... que de cerca nos parezca tan
+hermosa como de lejos... Que así sea. Amén.
+
+
+
+
+VI
+
+
+--¿Qué día es hoy? ¿viernes?... ¿sábado? He perdido la cuenta del tiempo
+que llevo en el buque. Los días son dobles... dobles no, triples. Desde
+que despertamos hasta el almuerzo, un día; del almuerzo a la comida,
+otro; y de la comida a la hora de dormir, el día más largo para algunos,
+pues lo prolongan hasta que sale el sol... ¡Y siempre las mismas caras!
+Vemos las mismas personas cien veces al día. Parece que nos conocemos
+desde que nacimos... Dígame, Manzanares: ¿en qué día estamos?
+
+Era Maltrana el que hacía la pregunta, en las primeras horas de la
+mañana, caminando por la cubierta de paseo con el comerciante español.
+La calle de estribor estaba inundada de luz; la de babor guardaba la
+humedad del mangueo reciente, con una fresca penumbra de galería
+subterránea.
+
+Corría la sombra del buque sobre las aguas unidas y tranquilas, como una
+silueta chinesca. En su lomo se marcaban los perfiles de botes y
+pescantes y la masa cuadrangular de la chimenea. Tendíase el Océano en
+calma hasta lo infinito, sin una ondulación, con el verde esmeralda de
+los mares tropicales, denso y adormecido. No había en él otras espumas
+que las dos láminas burbujeantes que levantaba la proa al arar su
+superficie. De vez en cuando, de las aguas removidas surgía un enjambre
+de peces voladores. Aleteaban lo mismo que enormes libélulas; abríase su
+tropa en varias direcciones formando abanico, y así volaban a gran
+distancia a ras del Océano, trazando sobre él restos y sutiles surcos,
+hasta que el cansancio de la fuga los obligaba a sumergirse otra vez.
+
+Junto a los tabiques de la cubierta de paseo alineábanse los sillones de
+los pasajeros, pero con una alineación caprichosa, mostrando en lo alto
+de los respaldos los nombres de sus dueños escritos en tarjetas. Esta
+rotulación parecía darles una personalidad, un alma. Permanecían
+agrupados o solos, tal como los habían dejado sus poseedores el día
+anterior. Unos parecían seguir mudamente las conversaciones
+interrumpidas de sus amos; otros se mantenían apartados con timidez o
+con orgullo.
+
+Maltrana pensaba en las altas horas de la noche, horas de misterio y de
+silencio, cuando todos estos armatostes de madera o junco, ventrudos,
+echados atrás con orgullo y ostentando la fe de bautismo en lo alto de
+la testa, se quedaban solos bajo la fría luz de las ampollas eléctricas,
+teniendo enfrente las tinieblas del mar. Descansaban de crujir y
+dilatarse con el peso de sus señores; se emancipaban durante media noche
+de la gravitante servidumbre; llegaba para ellos la hora de la libertad;
+pero semejantes a los hombres que al creerse salvados por una revolución
+no hacen más que parodiar a sus antiguos opresores, los sillones
+repetían en su descanso los actos y gestos de sus dueños.
+
+Uno alto, de madera robusta, con una manta escocesa olvidada en su
+regazo, rozábase con otro de junco, esbelto y elegante, que tenía un
+cojín lujoso en el asiento. Parecían requebrarse, continuando
+silenciosamente las conversaciones a media voz cruzadas durante el día.
+Los asientos sueltos insistían tal vez en las meditaciones de cifras y
+negocios que los habían impregnado espiritualmente durante las horas de
+luz, o miraban con lástima a sus compañeros reunidos con arreglo a las
+tertulias maldicientes o las atracciones del amor. «Vanidad de
+vanidades...» Maltrana se fijó en algunos más anchos y profundos, que
+parecían tener las entrañas quebrantadas, inseguros sobre sus pies, con
+cierto aire de despanzurramiento. Eran de la señora de Goycochea y otras
+nobles matronas de una majestad paquidérmica. «¡Pobrecitos!» Creyó ver
+en ellos gañanes tendidos, con los remos abiertos, respirando jadeantes
+después de la dura labor; cargadores en mangas de camisa que se
+limpiaban, renegando, la humedad de la frente luego de haber llevado un
+piano a cuestas.
+
+--Hoy es viernes--contestó Manzanares--; anteayer salimos de Tenerife...
+También a mí me parecen dobles o triples los días que llevamos aquí. ¡Y
+los que nos faltan aún para llegar!... Esta tarde, según dice el
+capitán, veremos de lejos las islas Cabo Verde... El lunes pasaremos la
+línea. El viaje no puede presentarse mejor: una lindura... Mire usted
+qué mar.
+
+Se detuvieron un instante para seguir con ojos regocijados el aleteo de
+los peces voladores.
+
+--Un mar de romanza--dijo Maltrana--. Da gusto vivir. ¡Qué color! ¡qué
+luz!... Parece una luz de teatro; el resplandor dorado de una
+«apoteosis final». ¡Y qué aire! (Respiraba, entornando los ojos, con
+ansiosa delectación.) Algo nos aburrimos, pero hay que reconocer que
+esta vida es hermosa. Siento deseos de cantar; me vienen a la memoria
+todas las cancioncillas dulzonas del golfo de Nápoles.
+
+Y con gran escándalo de Manzanares comenzó a entonar a todo pulmón una
+romanza. Unos marineros que pintaban de blanco las tuberías para el
+riego de la cubierta volvieron la cabeza, riendo con simplicidad
+infantil.
+
+--Pero hombre, ¡cállese!--protestó el comerciante--. ¿Y usted va a
+Buenos Aires a hacer fortuna?... Lo primero es ser hombre serio, para
+inspirar confianza. Nadie da crédito a la firma de un cantor. ¡No sea
+loco!... ¡Todas las gentes de pluma son lo mismo!
+
+--Manzanares, estoy contento de vivir. Me siento más joven... Usted
+también parece que se remoza. Ayer le pillé en conversación con una de
+esas francesas. Estaba apoyado en la baranda, mirando al mar, pero
+hablaba con ella al mismo tiempo en voz baja, como quien no hace nada.
+
+--Hombre, yo soy casado--protestó Manzanares--. No haga malas
+suposiciones: yo no pienso ya en esas cosas.
+
+Pero Maltrana insistió. Le gustaba la francesa y tampoco le parecía mal
+Conchita, aquella compatriota que iba sola a Buenos Aires.
+
+--¡Un hombre de mi edad!--exclamó Manzanares--. ¡Y con el estómago
+perdido!... Esa Conchita es una muchacha decente; no hay más que verla:
+una señorita. No sea loco, Maltrana. Todos ustedes los de pluma son unos
+perdidos y creen iguales a los demás.
+
+--¿Y París? ¿Y sus idas de noche a Montmartre?... Acuérdese cómo
+entretenía la otra tarde a Goycochea y Montaner contándoles sus buenas
+fortunas... Apuesto cualquier cosa a que si me deja entrar en su
+camarote encuentro un paquete de fotografías comprometedoras y de cartas
+de amor.
+
+--No sea loco; no haga juicios temerarios. Deje en paz a las personas
+tranquilas.
+
+Pero Manzanares decía esto con un tono de mansa protesta, brillando al
+mismo tiempo en sus ojos cierta satisfacción.
+
+--¡Ah, calavera hipócrita!--prosiguió Isidro--. Cuando estemos en Buenos
+Aires iré un día a su establecimiento de la calle de Alsina, para
+decirle a la señora de Manzanares quién es su marido... Así lo haré, a
+menos que no me soborne con un par de botellas de champán.
+
+Una oleada verdosa se extendió por el rostro del comerciante. Brillaron
+hostilmente sus ojos, no sabiendo Isidro ciertamente si este furor era
+por su insolente amenaza o por el convite propuesto. «Buenos días.» La
+culpa era de él, que hablaba con locos. Y le volvió la espalda,
+alejándose.
+
+Maltrana se dejó caer en un sillón. Sentíase cansado: este «querido
+amigo» sólo era generoso para caminar. Así estuvo mucho tiempo, frente
+al Océano, que titilaba bajo el resplandor del sol, gozando de la sombra
+de la cubierta, incorporándose y llevando una mano a su gorra cada vez
+que aparecía un nuevo paseante. Todos eran hombres y caminaban
+apresuradamente, dando la vuelta al castillo central, con la
+preocupación de combatir el engruesamiento de la vida sedentaria.
+
+A estas horas las damas permanecían abajo todavía, en los camarotes y
+las salas de baño. Maltrana había sorprendido algunas veces las
+intimidades del arreglo matinal al transitar por los pasillos de las
+cubiertas inferiores, tropezándose con mujeres envueltas en kimonos y
+batones viejos que apresuraban el paso para refugiarse en sus camarotes,
+ocultando la cara como si temiesen ser reconocidas. Eran completamente
+diferentes de las que aparecían una hora después en el paseo. A veces,
+Isidro sentía ciertas dudas antes de identificarlas. Todas se mostraban
+considerablemente empequeñecidas y de pesados movimientos al caminar sin
+el montaje de los tacones. Los pies ligeros, recogidos y saltones lo
+mismo que pájaros en su encierro diurno de tafilete o de raso, eran
+ahora planos y deformes dentro de las claqueantes babuchas. Las carnes
+temblaban al moverse, conservando todavía la blandura y el suelto
+descuido de las horas de sueño. Las cabezas empequeñecidas y pobres de
+pelo mostraban unas mechas apelmazadas por la humedad reciente. Las
+caras tenían un tinte verdoso o sanguinolento; las narices estaban
+enrojecidas en su vértice.
+
+Después de tales encuentros, evitaba Isidro el tránsito por los
+corredores a esta hora matinal, temiendo el enojo de las señoras. Al
+verle luego en el paseo rehuían su saludo o lo contestaban con sequedad,
+como si le hiciesen responsable de una falta de consideración... Pero el
+recuerdo de estas sorpresas le hacía sonreír con cierto orgullo. Él
+había visto; podía juzgar; estaba en el secreto. Y encontraba
+interesante la vida de a bordo con este contacto promiscuo que impone
+una existencia común desarrollada en limitado espacio.
+
+Abandonó Maltrana su sillón al reconocer a dos señoras que venían hacia
+él: las primeras que se mostraban en el paseo. «Conchita y doña
+Zobeida...» Y las saludó gorra en mano sonriendo obsequiosamente, pues
+doña Zobeida, a pesar de su modesto exterior, le inspiraba una gran
+simpatía no exenta de lástima. Según él esta señora ya entrada en años
+era más niña que todas las pequeñuelas rubias que corrían por el paseo
+con una muñeca en los brazos.
+
+El mayordomo, poco atento para su aspecto encogido y la pobreza de su
+traje negro, la había colocado en un camarote de dos personas, dándole
+por compañera a Concha, la muchacha de Madrid, «esta buena señorita»,
+como la llamaba ella aun en los momentos de mayor intimidad. Regresaba a
+la tierra natal después de haber pasado unos meses en Holanda cerca de
+sus nietos. El marido de su hija era cónsul argentino y hacía años que
+vivía fuera del país. Por primera vez había salido la buena señora de su
+amada ciudad de Salta para ir en osada peregrinación más allá de los
+límites de la República, más allá del mar, a una tierra de la que
+regresaba con el ánimo desorientado, no atreviéndose a formular sus
+opiniones. «¡Y aquello era Europa!...» Ella, en su asombro, no osaba
+hablar mal; todo le infundía respeto; únicamente se quejaba de sus
+privaciones espirituales. «Esas tierras, señor, no son para nosotros;
+las gentes tienen otras creencias. Hay que buscar dónde oír una misa. No
+se encuentra un sacerdote que entienda nuestra lengua para confesarse
+con él.» Y el contento de regresar a su tierra de altas mesetas y
+vegetación tropical aminoraba la tristeza de dejar a sus espaldas a la
+hija única y los nietos. La habían rogado que se quedase con ellos. ¡Ay,
+no! Quien la sacase de Salta, la mataba. Hablando con Isidro por vez
+primera, le había hecho el elogio de su ciudad.
+
+--Cuando Buenos Aires no era más que Buenos Aires a secas, una aldea
+mísera, nosotros éramos el reino del Tucumán. Los porteños, ahora tan
+orgullosos, datan de ayer, son en su mayor parte hijos de gringos
+emigrantes. Nosotros somos nobles. Usted, que es español, conocerá sin
+duda nuestro apellido: Vargas del Solar. Tenemos en España muchos
+parientes condes y duques; un tío mío que se ocupaba de estas cosas
+mantenía correspondencia con ellos. Había reunido papeles antiguos de la
+familia; pero con las revoluciones y el haber venido a menos, se olvidan
+estas cosas. Allá todavía nos llaman «los marqueses». Cuando usted venga
+a Salta, verá en la puerta de nuestra casa un escudo de piedra. Otras
+casas también lo tienen... Pero usted, que es hombre que sabe mucho,
+según dice esta buena señorita (y señalaba a Concha), habrá leído lo que
+era Salta; sus ferias, a las que venían a comprar mulas desde Chile,
+Bolivia y el Perú... Nadie mentaba entonces a los porteños: todo nos lo
+llevábamos nosotros. Mi finado el doctor, que tenía muchos libros,
+hablaba de todas estas cosas pasadas cuando le ponderaban el crecimiento
+de Buenos Aires.
+
+«Mi finado el doctor» era su marido, al que designaba por antonomasia
+con este título. Todo cuanto en el mundo puede decirse de verdad y de
+justa observación lo había dicho el grave abogado de provincia, que a
+través de treinta años de viudez se le aparecía ahora cada vez más
+grande, como la personificación de la sabiduría reposada y el buen
+sentido ecuánime.
+
+Sentíase atraído Maltrana por la sencillez de palabras y pensamientos de
+doña Zobeida y el aire señorial con que acompañaba su modestia. Fijábase
+en su color un tanto cobrizo; en el brillo de sus ojos abultados, de
+córneas húmedas y dulce humildad en las pupilas, ojos semejantes a los
+de los huanacos de las altiplanicies andinescas; en el negro intenso de
+sus pelos fuertes y duros, que los años no podían manchar de blanco.
+
+No obstante el remoto cruzamiento indígena que emergía en esta Vargas
+del Solar, encontraba Isidro en toda su persona una rancia distinción
+española, un aire de dama acostumbrada al respeto desde su nacimiento, y
+que, segura de su valía, puede atreverse a ser familiar en el trato y
+sencilla en sus gustos. «Esta doña Zobeida, medio india--pensaba
+Maltrana--, es una señora de Burgos que luego de vigilar las compras de
+su criada en el mercado entra en una librería para pedir un devocionario
+"bien cumplido"; una gran dama de Cuenca o de Teruel que por la tarde
+recibe su tertulia de canónigos y abogados viejos y toman juntos el
+chocolate, hablando de la corrupción del mundo.» Estos recuerdos
+evocaban en su memoria a la vieja España, que había dejado huellas
+imborrables allí donde había descansado sus pies, esparciendo las
+características de la personalidad nacional por todo el planeta, en las
+más diversas y apartadas regiones.
+
+La credulidad de la buena señora expandíase en ingenuos asombros ante
+los embustes y exageraciones que se permitía Maltrana para estremecer su
+alma inocente. «¡No diga!--exclamaba doña Zobeida--. ¡Vea!... ¡Qué
+cosas!» Y cuando ella no estaba presente, Isidro prorrumpía en elogios
+de su candor. Era para él la mejor persona de a bordo. Aquella mujer con
+nietos guardaba el alma de sus ocho años, incapaz de crecimiento y de
+evolución; y esta alma permanecía inmóvil y dormida en el envoltorio de
+su inocencia crédula, lo mismo que los embriones humanos dignos de
+estudio que se conservan sumergidos en un bocal.
+
+Separada, por su timidez, de las compatriotas elegantes que venían en el
+buque, habíase unido con un afecto familiar a su compañera de camarote,
+«esta buena señorita», «esta pobre niña», que marchaba a un país
+desconocido sin más apoyo que vagas recomendaciones. Isidro, que conocía
+a Conchita de Madrid, se alarmó un tanto al verla en continuo trato con
+la inocente señora. Había vivido aquélla maritalmente durante algunos
+meses con un amigo suyo, «compañero de la prensa»; luego la había
+encontrado de corista en un teatro por horas y en varias fiestas
+nocturnas o matinales en los entresuelos de Fornos y en las Ventas.
+
+--Cuidado, niña, con doña Zobeida--había dicho al verse a solas con
+Concha--. Esa buena señora es un alma de Dios... A ver si metes la pata
+y la asustas con alguna de las tuyas.
+
+Pero la madrileña sentía también por la buena dama un cariño respetuoso.
+
+--La quiero mucho: ¡si es de lo más buena!... Algunas noches, antes de
+dormir, la acompaño a pasar el rosario en el camarote. Mira, chico, la
+quiero como si fuese mi madre... Y eso que yo no he conocido a mi madre.
+
+Esta mañana, doña Zobeida saludó a Isidro con sonrisa tímida y miradas
+suplicantes. No se atrevía a formular un pensamiento que la había
+empujado hacia él, y anticipadamente imploraba perdón con sus ojos.
+
+--Hable usted de lo de anoche, _Misiá_ Zobeida--dijo Concha
+interrumpiendo a la buena señora en sus alabanzas al mar y a la
+hermosura de la mañana, tópicos con cuyo desarrollo entretenía su
+timidez--. Isidro es un buen amigo... de lo más servicial. Yo le conozco
+desde que me llevaban al colegio.
+
+Mentía Concha con aplomo dando a sus amistades con Maltrana este remoto
+y puro origen, lo que proporcionó a la buena señora una repentina
+confianza. Su joven compañera la llamaba _Misiá_, sabiendo que este
+título honorífico, de origen criollo, le gustaba más, por su sabor
+patriarcal y rancio, que el _Doña_, de origen peninsular.
+
+--Yo no me atrevía--balbuceó la señora--. No me gusta molestar a nadie
+con mis cosas. Pero esta buena señorita me ha dicho quién es usted; que
+usted fue grande amigo de su papá y que sabe mucho... y las personas que
+saben mucho son siempre atentas con las que nada saben. Así era mi
+finado el doctor.
+
+Y a continuación de este exordio empezó su discurso por el final,
+mencionando la conversación de la noche anterior con «la buena
+señorita», de litera a litera, después de haber rezado el rosario. Ya
+que aquel señor Maltrana era tan bueno, podía ayudarla en su pleito, la
+magna empresa de su vida y de la de todos los Vargas del Solar, el
+objetivo de sus ilusiones en las horas de recogimiento, la única
+petición que ingería en sus rezos por la felicidad de su hija y los
+nietecitos.
+
+--Vea, señor: se trata de cuatrocientas leguas; unas cuatrocientas
+leguas cuadradas que son nuestras y nunca acaban de entregárnoslas.
+
+Isidro abrió desmesuradamente los ojos con expresión de asombro y
+escándalo. ¿Sería una maniática aquella doña Zobeida?...
+
+--¡Cuatrocientas leguas!... Pero eso es un Estado. Es casi una nación.
+
+La señora insistió tranquilamente en la cifra. Cuatrocientas leguas... o
+tal vez eran más. No se habían mensurado, pero se extendían desde los
+Andes hasta cerca de Salta. Todos allá conocían el pleito de los Vargas
+del Solar: hasta los papeles de Buenos Aires habían hablado de él en
+varias ocasiones. Si alguna vez iba don Isidro al Norte de la República,
+no tenía más que preguntar: el último arriero de los que pasan a Chile
+recuas de mulas por la Cordillera le daría razón. Las arrias caminaban
+semanas enteras por parajes desiertos, en los cuales todavía se
+aparecían, rodeados de las fragosas tempestades de los Andes, la
+Pachamama y el Tatacoquena, las dos divinidades indígenas anteriores a
+la conquista española. Semejantes en todo a las simples imaginaciones
+humanas que los crearon, estos dioses son arrieros también y llevan tras
+de ellos recuas silenciosas de llamas cargadas con ricos fardos de coca,
+la ambrosía del paladar indiano. Y los trajinantes de la Cordillera, al
+navegar por este océano de tierra roja, peñascos metálicos y dormidos
+lagos de borato, discernían con su justiciero espíritu la verdadera
+propiedad del largo camino. «Todo esto es de los marqueses que viven en
+Salta.» Y los marqueses eran los Vargas del Solar.
+
+--Es nuestro y muy nuestro--continuó Misiá Zobeida--. Allá en nuestra
+casa guardamos los papeles. El pleito lo empezó mi finado tío, aquel que
+se carteaba con nuestros parientes de España, condes y duques, como ya
+le dije; y luego, mi finado el doctor, que sabía mucho, consiguió una
+sentencia favorable. El campo es nuestro (aquí Maltrana sonreía oyendo
+llamar campo simplemente a cuatrocientas leguas); el gobierno de Salta
+ha reconocido que nos pertenece, pero los años pasan y no nos lo
+entregan. Vea, señor, la cosa no puede ser más seria: una donación del
+rey... del rey de las Españas; un regalo que le hizo a uno de nuestros
+abuelos, el alférez Vargas del Solar.
+
+Se interrumpió doña Zobeida, mirando con timidez a Maltrana, como si
+temiese ofenderlo con sus aclaraciones.
+
+--Usted que sabe tanto habrá comprendido que este alférez era un gran
+personaje, y que le llamaban así no porque fuese de milicia, sino porque
+siempre que había nacimiento o casamiento de reyes, él era el que sacaba
+el pendón del monarca como alférez real y daba el primer viva. Mi finado
+tío explicaba todo esto con tanta claridad, que daba gusto oírle.
+También nos leía los papeles del rey, unos pliegos amarillentos, con
+agujeritos, como si los hubiesen mordido las lauchas, y escritos con una
+tinta que debió ser negra y ahora es roja como el hierro viejo... El
+campo no nos lo dieron de regalo: fue donación por ciertos dineros que
+el alférez envió a España una vez que el rey tenía sus apuros. Y como
+persona bien nacida y cristiana, el rey correspondió a este favor
+dándole el campo y el marquesado. Debían ser amigos, ¿no le parece?...
+El alférez era un gran personaje; y su señora la peruana, ¡no digamos!
+Todavía allá en mi tierra, cuando ven a una gringa emperifollada o a una
+china que se da aires de señorío, dice la gente, por burla: «Ni que
+fuese Misiá Rosa la marquesa».
+
+La buena señora perdía su habitual timidez al recordar a esta abuela,
+más célebre aún y digna de memoria que el ilustre alférez amigo de los
+reyes. La contemplaba tal como se la había descrito muchas veces el
+«finado tío», en el estrado de su caserón de Salta, con ricas medias de
+seda, de las cuales cambiaba tres pares por día, mirándose con un
+orgullo de raza sus breves pies estrechamente calzados. Vestía los
+huecos y floreados guardainfantes que le enviaban de las mejores tiendas
+de Lima, con perlas en el pecho, perlas en las orejas, perlas esparcidas
+por todo el traje. Más allá del estrado, sentadas en el suelo y con las
+piernas cruzadas, estaban unas cuantas negras con sayas de blancura
+deslumbradora. Una vigilaba el braserillo en el que hervía el agua, otra
+ofrecía el mate de plata cincelada con boquilla de oro, otra guardaba
+sobre sus rodillas la guitarra señoril de ricas incrustaciones.
+
+Trotaban jinetes calle arriba, calle abajo, con la vaga esperanza de ver
+los ojos de brasa de la peruana al alzarse levemente la cortina de
+alguna reja. A la hora de misa, hidalgos venidos de lejos se hacían los
+distraídos en la puerta de la iglesia para contemplar la mayor
+celebridad del país, que llegaba envuelta en su manto negro de seda, por
+debajo del cual asomaba la recamada falda blanca o o rosa. El alférez
+iba a su lado, con todo el señorío de su rango. Su chambergo con plumas
+contestaba solemnemente a todos los sombreros que se elevaban a su paso.
+Detrás marchaban dos negritos con el parasol y una rica alfombra, sobre
+la que se sentaba cruzando las piernas Misiá Rosa la marquesa para oír
+la misa.
+
+El nobilísimo caserón de los Vargas, con sus ventrudas rejas y su escudo
+de piedra en el portal, sólo admitía las visitas de unos cuantos
+notables del país. En las épocas de feria animábase con la presencia de
+rancios hidalgos venidos del virreinato del Perú o del reino de Chile
+para comprar ganado de tiro; hacendados de la tierra baja llegados de
+las orillas del Plata para vender sus recuas de mulas, y de algún que
+otro asentista de negros de Buenos Aires que arreaba una partida de
+esclavos africanos con destino a las minas del Potosí. Cuando pasaba un
+nuevo gobernador camino de su ínsula, un obispo en gira pastoral, o los
+señores de la Real Chancillería, la casa del alférez era su posada, y
+los viajeros no tenían gran prisa en partir, como si los encantase la
+belleza y el señorío de Misiá Rosa, cuya fama había salido a su
+encuentro a muchas jornadas de camino.
+
+La gente menuda hablaba maravillas del noble edificio y de sus riquezas.
+Una vez por año se cerraban sus puertas un día entero, y los viejos
+servidores de los Vargas, esclavos y libertos, todos gentes de
+confianza, tendían cueros en el patio principal, vaciando sobre ellos
+enormes sacos de monedas. Eran onzas, doblones de a ocho, cruzados
+portugueses, montones de oro que sacaban anualmente de su encierro
+subterráneo para que se airease y solease. Y el alférez y su esposa
+vigilaban impasibles esta operación tradicional, como si su servidumbre
+removiese sacos de trigo para el consumo de la casa.
+
+Enardecíase doña Zobeida al relatar los esplendores pasados, y Conchita
+aprobaba moviendo la cabeza, como si diese fe. Habituada a oír todas las
+noches en su camarote estas grandezas creía haberlas contemplado con sus
+ojos.
+
+--Y ahora, señor--continuó la vieja--, los Vargas del Solar somos pobres
+por culpa del pleito que no termina nunca. Las revoluciones y las
+guerras nos fundieron... Dicen que para que nos den lo que es nuestro es
+preciso mensurar el campo con arreglo a los títulos, y para hacer esa
+mensura se va a necesitar un año, o tal vez más, y muchos hombres, que
+habrán de vivir como se vive en el Polo; y esto costará mucha plata y la
+habremos de pagar nosotros... Hay en el campo mucha tierra que no sirve:
+peñascales, montañas; pero hay minas y hay también buenos pastos. Por
+mí, no me movería a nada: yo necesito poco para mantenerme. Pero están
+mis nietos, mis pobrecitos, condenados a vivir en esa tierra de gringos;
+está mi hija, y quiero verla rica en Buenos Aires con el señorío que
+merece... Además, pienso en mi finado el doctor, que pasó su vida
+penando por sacar adelante el pleito. Seguramente que se alegrará en la
+otra vida si le digo cuando nos encontremos después de mi muerte que el
+campo ya es de la familia y que lo he conseguido yo. ¡Él, que decía que
+las señoras sólo entienden de las cosas de la casa! Figúrese, señor,
+aunque sólo se venda la legua a dos mil pesos una con otra, lo que eso
+representa.
+
+Maltrana la interrogaba con la mirada y el gesto. ¿Y qué tenía que hacer
+él en este asunto?...
+
+--Lo que yo quiero, señor, es que usted le hable al doctor Zurita, ya
+que es su amigo y los veo siempre juntos. A mí me da vergüenza acercarme
+a él sin conocerlo. Creo que ha sido mandón en Buenos Aires. Además, es
+doctor, y usted ya sabe lo que eso representa. Un doctor manda mucha
+fuerza, y más si es doctor porteño, pues ahora ellos se lo guisan y se
+lo comen todo, sin dejar nada para los demás, según decía mi finado...
+Si es tan amable que quiere oírme, yo le explicaré mi pleito, y a él de
+seguro le bastará una palabrita a los que mandan para que todo se
+arregle «sobre el tambor», como decimos allá. Se ve que es un buen
+caballero, cristiano y serio, como mi doctor. Me han buscado muchas
+personas de Buenos Aires para encargarse del asunto: hombres de
+negocios, gente que me daba miedo, y he dicho siempre que no. Mi finado
+les tenía horror a las «aves negras».
+
+Calló un momento doña Zobeida, como si vacilase, pero luego añadió con
+timidez:
+
+--Aquí mismo, en el barco, hay un señor que no sé cómo ha sabido lo de
+mi pleito, y según me dicen, quiere hablarme... Es el papá de esa niña
+que llaman Nélida, la que siempre anda revuelta con los muchachos. A mí
+no me gusta hablar de nadie, cada uno que se arregle con Dios; pero,
+francamente, señor: ¡esa niña que parece una cómica, y fuma, y no
+respeta a su madre! ¡Y ese padre que no la reta y se ríe de sus
+travesuras!... Que viva cada uno a su gusto, pero yo no quiero tratos
+con gringos de tal clase. Prefiero a los míos; y desde que sé que el tal
+señor desea hablarme del negocio, tengo más ganas de pedir al doctor
+Zurita que me dé su consejo.
+
+--Lo verá usted, doña Zobeida. Yo me encargo de la prestación.
+
+Sonrió la vieja dama con una alegría infantil, mostrándose aún más
+locuaz y comunicativa.
+
+--El negocio hubiese llegado a término hace tiempo si mi finado tío
+viviese. Le habría bastado con enviar una carta a nuestros parientes de
+España. Pero ocurre lo que ocurre porque el rey de allá no está
+enterado. Usted, señor, que sabe tanto y que allá en su tierra es doctor
+indudablemente, o ese otro caballero que va con usted, tan buen mozo,
+tan distinguido y serio, y que también será doctor, cuando vean al rey
+díganle lo que nos pasa a los Vargas del Solar, los herederos del
+alférez. Usted verá al rey seguramente. Los doctores tienen siempre gran
+metimiento con los que gobiernan: en mi país, todos los amigos del
+Presidente son doctores... Mi pleito se resolvería «sobre tablas», como
+quien dice, sólo con que el rey enviase una esquelita al gobierno de
+Buenos Aires, o mejor aún, al gobernador de Salta, diciendo: «¿Qué es
+esto, señores? Lo dado, dado está, y entre caballeros no está bien
+faltar a la palabra. Entreguen ustedes a los descendientes del alférez
+Vargas lo que mis abuelos tuvieron a bien darle, y no se hable más del
+asunto». Y tengo la certeza de que así lo escribiría el buen rey si
+alguien le hablase y le enseñase nuestros papeles.
+
+--Se le hablará--dijo Maltrana con acento de resolución, sin el más leve
+asomo de risa--. Se enterará de todo el buen rey, y escribirá la carta
+tan pronto como yo lo vea.
+
+Y como si temiese el contagio risueño de los ojos de Conchita, la cual
+fruncía los labios para conservar su gravedad, Isidro se despidió de
+doña Zobeida, repitiendo la promesa de presentarla al doctor después del
+almuerzo.
+
+Al ir hacia proa, vio apoyados en la barandilla a Ojeda y Mrs. Power,
+mirando el mar, con los codos y los flancos en apretado contacto. La
+brisa retorcía como espirales de fuego algunos rizos de la
+norteamericana que se escapaban de un sombrerillo de tela de oro.
+
+--¡Bien empieza el día para éstos!...--murmuró Isidro--. Y la yanqui
+parece una niña con ese casquete gracioso de paje veneciano. ¡Qué pedazo
+de mujer!... Buenos días, señora.
+
+Saludó sin detener el paso, con una reverencia que juzgaba graciosa, «la
+reverencia de peluca blanca y tacones rojos», según el la titulaba, y
+vio por un instante unos ojos irónicos y una boca bermeja que
+contestaban a su saludo.
+
+--Otro que fuese inmodesto--siguió murmurando Maltrana--llegaría a tener
+sus pretensiones sobre esta señora. No puede verme sin reírse... Así
+empiezan, según opinión general, las grandes pasiones; y el amigo Ojeda,
+si no estuviese ciego, como todos los enamorados, debería mirarme con
+cuidado... Pero dejémonos de pompas y vanidades y atendamos a nuestros
+amigos. Allí viene uno... Buenos días, _monsieur_.
+
+Se cruzó con el hombre «fúnebre y misterioso», su vecino de camarote,
+vestido de luto como siempre y con el rostro cuidadosamente afeitado.
+Apenas dobló su digna tiesura con una ligera inclinación de cabeza.
+Luego envolvió a Maltrana en una ojeada fugaz de sus pupilas azules y
+duras, y siguió adelante, contestando con voz seca: «_Bonjour,
+monsieur_».
+
+Rio Isidro, mientras el otro se alejaba como ofendido por el saludo.
+
+--El amigo Sherlock Holmes está enfadado. Se acuerda todavía de la broma
+de la otra noche. ¡Mal corazón!... ¡Como si todos estuviésemos obligados
+a vivir tristes y vestidos de luto, como él!... ¿Qué hará en este
+momento la princesa que guarda encerrada en el camarote?... ¡Y no haber
+descubierto yo todavía este misterio! ¡Qué vergüenza!
+
+Cesó de pensar en el hombre negro y su incógnita cautiva al volver a la
+banda de estribor. Dos parejas permanecían inmóviles, en íntima
+conversación, entre los pasajeros que caminaban por este lado del buque
+siguiendo su marcha matinal. En último término, hacia la proa, Ojeda y
+Mrs. Power continuaban acodados en la barandilla. En el extremo opuesto,
+o sea cerca de Isidro, estaba de pie Manzanares al lado de un sillón de
+junco con almohadones bordados, en el que aparecía casi tendida una
+mujer rubia, con un brazo caído y un volumen en la mano. Los ojos del
+comerciante fijábanse con avidez en la nuca perfumada por las matinales
+abluciones y todas las blancuras inmediatas revelarlas por la
+entreabierta penumbra de la blusa. De aquí saltaba su mirada a las
+redondeces de las piernas, envueltas en calada seda, emergiendo entre el
+follaje sedoso de las faltas.
+
+Maltrana se acercó a él como si hubiese olvidado la escena de poco
+antes.
+
+--Aquí le quería pillar, calaverón, tenorio de la calle Alsina... De
+seguro que está usted declarando su amor a esta señorita, en estilo de
+factura.
+
+Visiblemente irritado Manzanares por la burlona intervención, se
+apresuró, sin embargo, a contestar, temiendo que Isidro persistiese en
+sus bromas.
+
+--No señor; hablábamos de cosas serias, de cosas de allá. La señorita
+deseaba conocer mi opinión sobre la próxima cosecha.
+
+¡Ah, la cosecha!... Maltrana sonrió al recordar que la próxima cosecha
+en la República Argentina era el principal motivo de conversación para
+una gran parte de los que iban en el buque, y un pretexto de continua
+consulta para aquella francesa rubia, que figuraba en el registro del
+buque como viajante en modas y sombreros, profesión que hacía torcer el
+gesto a muchos maliciosamente.
+
+También a él le había hecho la misma consulta _mademoiselle_ Marcela la
+primera vez que se había aproximado a su sillón, atraído por la novedad
+de su habla castellana incrustada de palabras francesas e italianismos
+del léxico popular de Buenos Aires.
+
+Era este viaje el quinto que emprendía a las riberas del Plata, y
+mostraba una pericia de navegadora trasatlántica en su amabilidad con el
+personal del buque que mejor podía servirla, en la reserva discreta con
+que se mantenía aparte de los pasajeros de una clase social
+superior--especialmente de las señoras, modo seguro de evitarse
+desprecios y malas palabras--, y en su acierto al escoger su lugar en la
+cubierta, colocando el mismo sillón de junco, las almohadas y las mantas
+que le habían acompañado en anteriores viajes. «Yo voy a Buenos Aires
+casi todos los años--había dicho al curioso Maltrana para cortar sus
+preguntas insidiosas--. Es mi negocio; viajo por una gran casa de
+sombreros.» Maltrana, malicioso e incrédulo, pensaba que la hermosa
+viajera comercial no debía llevar con ella otras muestras que los
+propios sombreros, un poco fatigados. Para economizar su uso, defendía
+los postizos de su cabeza rubia con una variedad de gasas de colores
+adquiridas en los montones de los grandes almacenes de París. Al saber
+que Isidro iba como ella a la Argentina, le había preguntado por la
+próxima cosecha, creyéndolo un propietario de aquel país.
+
+Después, con las frecuentes conversaciones, se había establecido entre
+ellos cierta intimidad. ¡El dinero! ¡Lo que costaba de ganar y lo
+necesario que era para la vida!... Y la «bella sombrerera», como la
+llamaba Isidro socarronamente, entornaba los ojos hablando de los
+sacrificios que impone el negocio; de lo triste que era abandonar su
+pisito de la Avenida de Ternes, donde todo estaba en orden y a punto
+para las necesidades de la vida, con el cuidado de una mujer que sabe
+dar valor a los pequeños objetos y colocarlos en su sitio. Hablaba con
+ternura infantil de _Chifón_, un gato obeso y lustroso, y de dos
+canarios que había confiado a la portera. Otras veces recordaba
+melancólicamente al «buen amigo» que vagaría por el bulevar esperando su
+regreso, un joven verdaderamente _chic_, aunque pobre, con el que estaba
+en relaciones hacía algunos años. ¡Y las amigas! ¡Y los teatros! ¡Y
+había que abandonarlo todo por... el negocio! «La vida es triste,
+decididamente triste.»
+
+Cuando Isidro, que no podía aproximarse a una hembra deseable sin
+iniciar un intento de posesión, creyó de su deber mostrarse amoroso de
+Marcela, ésta acogió sus palabras con cierta severidad... ¡Un hombre que
+iba al Nuevo Mundo en busca de fortuna pensar en fruslerías amorosas que
+podían quitarle el tiempo necesario para los negocios! La vida es seria,
+y hay que aprovechar la juventud para asegurarse un porvenir. Luego,
+cuando se cuenta con el apoyo de los ahorros, puede uno permitirse
+alguna locura... ¿No sufría ella igualmente por culpa del negocio,
+teniendo que hacer sus viajes a América siempre que las amigas de allá
+le escribían que la cosecha era buena y el dinero iba a circular en
+abundancia?... En todos los puertos llenaba tarjetas postales con frases
+de intenso amor aprendidas en las comedias. No podía leer seguidamente
+unas cuantas páginas de aquel volumen amarillo de tres francos
+cincuenta, pues se escapaba de su brazo caído o quedaba olvidado sobre
+el sillón. Pensaba en el «buen amigo», el hombre _chic_ y sin recursos,
+que dejaba por algún tiempo. Se había hecho retratar numerosas veces por
+un camarero de a bordo que explotaba la instantánea, y estas hojas de
+papel saldrían camino de París en la primera escala que hiciese el
+buque, representándola de pie y mirando el mar con aspecto melancólico,
+o tendida en el sillón con el rostro apoyado en una mano y ojos «de
+ensueño», haciendo _crochet_, leyendo... pero siempre pensando en él.
+
+--Yo tengo mi _beguin_--continuaba ella, en su lenguaje políglota--.
+Pero hay que ser seria, ¿no? y pensar en la plata para los viejos días.
+¡Si fuese una a hacer caso de todos los que dicen ser enamorados!
+Macanas, _che_, créame a mí... Además, usted es pobre, y yo no comprendo
+a un hombre pobre; no tiene significación para mí; no sé qué pueda ser
+eso. Conozco a muchos que no tienen un _sous_ y resultan simpáticos;
+pero los trato como camaradas nada más. Gastón, mi amigo, se arruinó, y
+aunque ahora está en la _puré_, volverá a tener plata cuando mueran sus
+tías... No ponga esa cara de _cabotin_ enamorado; no me conmoverá
+_niente_. Soy vieja para creer en eso. ¡A _me_ con la _pigolita_!...
+
+Y para amostrar su incredulidad de negocianta de amor sorda a todos los
+gestos, palabras y juramentos de los parroquianos, repetía con
+delectación la frase criolla, final obligado de todos sus discursos: «¡A
+mí con la piolita!».
+
+No era Maltrana el único que se había aproximado queriendo perturbar con
+diabólicas propuestas su tranquilidad de argonauta reflexiva y prudente,
+aquel quietismo monacal de plácidas digestiones y largas siestas, que
+era para ella el encanto más grande de las travesías oceánicas. Sus
+ojos de un azul claro, su cabellera rubia cenicienta, su carne blanca,
+jugosa y de ligeros tonos amarillos semejante a la fresca pulpa de un
+melón, parecían valorizarse con nuevos encantos así como transcurrían
+los días. A cada singladura los paseantes desfilaban con más lentitud
+ante su sillón, echando miradas de través. Aumentaba el número de los
+señores graves que permanecían de pie cerca de ella contemplando el mar
+con aire pensativo, mientras de sus labios fingidamente inmóviles
+dejaban caer proposiciones con acompañamiento de cifras.
+
+Marcela ya no hablaba con Isidro de la gran casa de París que le había
+confiado su representación. Parecía olvidada de los sombreros, pero
+seguía aplicando a su verdadera industria una meticulosa prudencia
+comercial. ¡Los hombres!... Los unificaba en su pensamiento, viéndolos
+con idéntica contracción de espasmo lúgubre y el mismo ronquido de
+agonía, eternos gestos con los que terminaba para ella indefectiblemente
+toda intimidad. Creía de buena fe, con un escepticismo de profesional
+fatigada, que todos habían venido al mundo sólo para esto y eran
+incapaces de experimentar otros deseos.
+
+--En todos los viajes es lo mismo, _mon cher_. Así como nos acercamos al
+Ecuador, los hombres se ponen locos y hay que sacudírselos como moscas.
+Y yo, ¡por nada del mundo!... ¡Aunque me ofrezcan mil! ¡aunque me
+ofrezcan dos mil! Aquí todo se sabe, y aunque no se supiese, es lo
+mismo. Después, cuando llegamos a Buenos Aires, se dan importancia por
+las bondades que una ha podido tener en el buque con ellos, y lo
+cuentan, y es inútil que se traigan buenas _toilettes_ de París y que
+una mujer se presente bien. Se pierde importancia, se desvaloriza, como
+dicen allá, y los amigos que esperan con interés vuelven de pronto la
+espalda... ¡La novedad! ¡El ser de uno nada más, para que pueda darse
+importancia y sus amigos le tengan envidia! Usted no sabe lo que en
+América se paga esto, _mon cher_. Vale tanto como un vestido _chic y _
+mucho más que la hermosura... No; aquí, en el buque, nada. Lo repito:
+aunque me diesen dos mil; aunque me diesen tres mil...
+
+Admiraba Maltrana la facilidad con que esta joven repetía entre muecas
+de desprecio las cifras de miles y miles, ella que, semanas antes, en su
+pisito de la Avenida de Ternes llevaría indudablemente la cuenta del
+gasto diario con el esmero de una mujer ordenada, aunque de mala vida,
+que desea hacer ahorros para la vejez. Era la influencia del medio, la
+marcha hacia el país de la esperanza, que trastornaba diariamente en
+todos los cerebros las tímidas y estrechas apreciaciones del viejo
+mundo.
+
+En el buque se hablaba a todas horas de cientos de miles de pesos, de
+campos de leguas y leguas, de terrenos cuyo valor podía centuplicarse en
+un sólo día. El franco y los céntimos trabajosamente ahorrados quedaban
+atrás de la popa, se perdían en el horizonte como algo vergonzoso que
+convenía olvidar. Eran el ensueño y la miseria de una humanidad anterior
+que afortunadamente no volvería a existir.
+
+--Hay que ser prudente--repitió Marcela--; piense usted en el negocio y
+no pierda el tiempo en amores. Los que nacemos pobres no debemos
+permitirnos estas tonterías. Ya se _ratraperá_ usted cuando sea viejo y
+rico. Entonces se dará el gusto de arruinarse por alguna muchacha que
+pueda ser su nieta... Y si ahora tiene usted verdadera necesidad de
+amor, no pierda el tiempo con nosotras: busque entre las personas «bien»
+que vienen en el buque. Ninguna de nosotras se atrevería a _demostrarse_
+como esa señorita alta, del pelo cortado. Al final del viaje va a
+resultar que somos las más juiciosas de a bordo.
+
+Era notable la ponderación de esta muchacha que administraba su sexo con
+el mismo tino de un comerciante que sabe ofrecer o retirar el género a
+tiempo para mantener su valor.
+
+--La cosecha es magnífica--dijo Isidro aquella mañana, apoyándose en un
+hombro de Manzanares--. No se preocupe, _mademoiselle_. Todas en el
+buque dicen lo mismo. Los Bancos no restringirán los créditos, todo el
+que pida dinero lo tendrá; y marcharán los negocios, y se vivirá bien,
+«en el mejor de los mundos»... Pero aunque un accidente inesperado diese
+al traste con esa cosecha que tanto le interesa, usted no debe
+afligirse. Aquí tiene a _monsieur_ Manzanares, hombre generoso, que,
+según parece, está enamorado de usted y se dará por contento si puede
+hacer su felicidad.
+
+--El señor--dijo Marcela sonriendo--ya sabe que en el buque no acepto
+nada.
+
+--Bueno; pues será en tierra. Y de seguro que está deseando llegar a
+Buenos Aires cuanto antes, para poner a sus pies todas las blondas y
+puntillas de su establecimiento.
+
+Manzanares, con el rostro verdoso y una sonrisa feroz, tartajeaba su
+protesta.
+
+--¡Pero a usted quién le mete!... ¡Usted qué sabe!
+
+Y tomando pretexto de la llegada de otras francesas que se sentaban
+junto a Marcela y la saludaron con un «_¡bonjour!_» malicioso al verla
+tan acompañada, el comerciante intentó retirarse.
+
+--Espérese, amigo--dijo Isidro--; yo también me voy. Estas señoritas
+tendrán que hablar entre ellas de sus asuntos.
+
+Señalaba a dos compañeras de Marcela que arreglaban sus sillones para
+tenderse en ellos, fatigadas sin duda de la ascensión desde los
+camarotes a la cubierta. La de más edad era alta, gruesa, con el pelo
+teñido de un rojo de llama y las carnes algo flácidas. Sus ojos verdes
+tenían un brillo imperioso; sus movimientos eran resueltos y varoniles.
+Ejercía una autoridad indiscutida en aquella parte del buque donde se
+reunían sus compañeras, y que las graves damas de a bordo llamaban en
+voz baja «el rincón de las cocotas». Las amigas la oían como un oráculo
+cuando solicitaban el apoyo de su experiencia. Todas ellas conocían sus
+viajes por gran parte del globo, sus audaces travesías en el corazón de
+América como artista cantante. Su vida era una verdadera novela
+folletinesca, con encuentros de fieras y de bandidos. Y no obstante su
+pasado enérgico, permanecía horas enteras en el sillón, anonadada por
+una fatiga sin causa. Descender al camarote era empresa que le hacía
+reflexionar largamente, acabando por pedir que la sustituyese una de sus
+amigas.
+
+La compañera era una jovencita de ojos claros y virginales, encogida y
+tímida algunas veces y otras con audacias de colegiala revoltosa. En el
+buque llevaba siempre la cabeza al descubierto, libre de velos y
+sombreros, dejando que flotase su tupida cabellera, de un rubio obscuro,
+suavemente ondulada. Mostrábase orgullosa de que «todo fuese suyo».
+Estaba satisfecha de su juventud, que ignoraba el adorno de los falsos
+cabellos, y de su piel sana, que no conocía el arrebol del colorete.
+
+Maltrana las saludó a las dos como amigo antiguo.
+
+--Buenos días, _mademoiselle_ Ernestina. Soy, como siempre, el más
+ferviente admirador de su hermosa cabellera... Mis respetuosos
+homenajes, _madame_ Berta. Saludo el heroísmo majestuoso de la vieja
+guardia.
+
+Y sin prestar atención a la palabra risueña pero un tanto fuerte con que
+la exuberante madama contestaba a su saludo, Isidro se apresuró a huir
+tras de Manzanares, que se había despegado del grupo.
+
+Empezaba el concierto matinal en la terraza del café. Circulaban los
+camareros con grandes bandejas cargadas de sándwichs y tazas de caldo.
+La música parecía extraer racimos humanos de las puertas, escotillas y
+escaleras. Isidro comparaba el buque con un mueble viejo: bastaba que
+las vibraciones de los instrumentos de metal lo conmoviesen, para que al
+momento surgieran las gentes de todos sus poros y orificios como
+rosarios de parásitos. Varias señoras de las más encopetadas pasaron
+ante él sin volver la cabeza, desconociéndolo al verle en tan mala
+compañía.
+
+«Estas matronas tan dignas--pensó él--me van a tomar ojeriza si me
+encuentran mucho aquí. Huyamos; hay que conservar las buenas
+relaciones.»
+
+Junto a la puerta del café detuvo a Manzanares.
+
+--Es inútil su empeño--le dijo--. Pierde usted el tiempo. Sé bien lo que
+le han contestado: «En tierra veremos; aquí, ni por dos mil, ni por tres
+mil...».
+
+--Déjeme tranquilo; no me... jorobe--rugió el comerciante--. No se ocupe
+más de mí.
+
+Y separándose con un rudo tirón, se metió en el café en busca de sus
+amigos.
+
+Maltrana se detuvo en la puerta. No osaba meterse en la penumbra de este
+salón obscuro y humoso durante el día, y que sólo al llegar la noche
+hacía resaltar la gloria de sus dorados, de sus escudos policromos y de
+sus vidrieras de colores bajo guirnaldas de luces eléctricas. Las mesas
+inmediatas a las ventanas ya estaban ocupadas a aquella hora por los
+sempiternos jugadores de _poker_. Isidro los contempló con un desprecio
+admirativo. Empezaban su tarea diaria, que había de concluir pasada
+media noche, sin más intervalos que los de las comidas.
+
+«¡Qué gentes!--pensó--. Hacen el viaje sin saber dónde están, sin haber
+echado una mirada al mar. En el comedor comentan entre bocado y bocado
+los incidentes del juego. Tomaron los naipes a la salida de Boulogne o
+de Lisboa, y cuando lleguemos al río de la Plata habrá que gritarles:
+«Ya hemos llegado; ya estamos en Buenos Aires». Y es posible que aún
+contesten: «Un momento; aguarden para atracar a que concluyamos la
+última partida...». ¡Y eche usted copas! ¡Y traiga usted cigarros! ¡Y
+las más admirables de las señoras, que viven codo con codo entre ellos,
+juntando su rodilla con la del camarada de enfrente, tragando humo y
+mirando las cartas con ojos de bruja hambrienta!...»
+
+Huyó de allí, volviendo al paseo, donde se encontró con Fernando, que
+caminaba solo. Isidro vio reflejarse en sus ojos una alegría interior.
+
+--Marchan bien los negocios, según parece. La conferencia de esta mañana
+ha dado buen resultado... Caminemos un poco... cuénteme usted.
+
+Pero Ojeda, para desviar la conversación, evitando la solicitada
+confidencia, aminoró el paso y dio con el codo a su amigo.
+
+--Contemple usted y admire, Isidro. Ahí tiene a uno de los grandes
+sacerdores del culto amarillo, que se prepara a oficiar.
+
+Señalaba con los ojos al banquero, majestuosamente arrellanado en su
+sillón, con una rica piel junto a los pies a pesar del calor. La amplia
+barba de un rojo obscuro descendía hasta el mamotreto que tenía en sus
+manos, extendiendo el serpenteo de los pelos entre las columnas de
+cifras escritas a máquina. En una silla inmediata estaban apilados con
+irregularidad otros legajos, a los que llevaba la mano de vez en cuando
+para hacer compulsas. Junto a él, su esposa, vestida de blanco con gran
+profusión de blondas de precio, hacía saltar entre los dedos su
+inseparable ristra de perlas con gesto de aburrimiento. Al pasar los dos
+amigos ante ella, sus ojos vagos parecieron concentrarse en Fernando con
+una mirada breve, pero vehemente y curiosa. El banquero daba órdenes a
+su secretario para que buscase un nuevo legajo en las diversas piezas
+que componían su departamento de lujo.
+
+--¿Se ha fijado, Isidro, en los títulos de esos mamotretos?--dijo Ojeda
+al alejarse unos cuantos pasos--. Proyectos de ferrocarriles, obras de
+salubridad para ciudades, desecación de terrenos, aguas corrientes,
+tranvías... Ese señor lleva con él toda una civilización. Y todo es para
+el Brasil: los más de sus negocios están en San Pablo, a juzgar por los
+rótulos.
+
+--Lo que yo he visto--contestó Maltrana--es la mirada de la señora del
+collar. Parece que se aburre al lado de tantos papelotes, y creo que
+mejor preferiría encontrarse al lado de usted charlando como la yanqui.
+¡Ah, las mujeres! ¡su deseo de imitación! ¡su rivalidad instintiva! Esa
+señora no le vio en los primeros días, no existía usted para ella. Pero
+desde que anda con Mrs. Power acodándose en la borda, ella y muchas
+otras, cada día más excitadas por la monotonía de la navegación,
+empiezan a encontrarlo un poco interesante... No es gran cosa, lo
+reconozco: algo jamona y blanducha... y con ese perfil de pájaro... y
+esa nariz que no acaba nunca. Debe ser de Oriente: judía, turca, ¡qué sé
+yo!... Pero una señora que tiene esas perlas merece siempre atención.
+Debía usted hacerme amigo de ellos. No se tratan con nadie en el buque.
+Los dos se mantienen aparte, encastillados en su importancia.
+
+Pero Ojeda sonrió, encogiendo los hombros, y dijo malignamente, para
+irritar a su amigo:
+
+--Si yo fuese brasileño, temblaría sólo al ver los baluartes de legajos
+que trae ese buen señor. Dentro de pocos años, si le dejan, se habrá
+comido San Pablo y todos los otros santos que encuentre a mano, las
+plantaciones de café y hasta el último de los negros. Estos
+conquistadores europeos son de un estómago insaciable.
+
+--Fernando, no barbarice--dijo Maltrana poniéndose serio--. No sea
+reaccionario, no sea poeta. Ese hombre se comerá lo que quiera, y hará
+muy bien si es que le dejan, pues tales son las leyes de la vida; pero
+va a prestar a la civilización un gran servicio. Hombres como él son los
+que han hecho la América que nos atrae y los que la harán todavía más
+grande. Figúrese usted cuando haya convertido en realidades todas las
+grandes obras que lleva en sus papeles... ¡Qué importa que abuse en
+cuanto a la recompensa! Sea él quien sea y salgan de dónde salgan los
+millones que ponga en línea de combate, es un representante del santo
+capital, un sacerdote, como usted dice, de mi religión, y yo lo
+venero... ¡Lástima grande que se muestre tan gran señor y sólo me
+conteste con una mirada fría de sus lentes de concha y un gruñido de
+mala educación cada vez que intento hablar con él del buen tiempo y de
+la felicidad del viaje!...
+
+Acababan de doblar la curva del paseo en la parte de proa, y toda la
+calle de estribor se ofreció ante sus ojos. Maltrana se detuvo, viendo
+los sillones despegados de la pared y esparcidos hasta obstruir el paso.
+Eran señoras las que los ocupaban, sólo señoras, y algunos transeúntes
+retrocedían, no queriendo continuar su marcha a través de estos grupos
+femeniles que tomaban la cubierta como algo propio, sin importarles
+dificultar la circulación.
+
+--Mire usted, Ojeda. Ya se está reuniendo «el banco de los pingüinos».
+
+Y ante el gesto de extrañeza de su acompañante, dio una explicación.
+Este mote de «pingüinos» no era de su cosecha. ¡Que le librase Dios de
+tamaño atrevimiento!... Los «pingüinos» eran las señoras más notables de
+a bordo, matronas argentinas que al no poder ocupar el trasatlántico
+entero, lo mismo que un yate propio, se habían concentrado en esta parte
+del buque como asustadas y ofendidas del contacto con los demás. Era un
+muchacho argentino, que regresaba a su tierra después de varios años de
+vida en París, el inventor de este apodo un día que hablando con
+Maltrana se lamentaba del carácter de sus compatriotas, tachándolas de
+hurañas y poco sociables.
+
+--Mire usted a nuestras mujeres, y aprenda, galleguismo--había dicho--.
+Se han refugiado en un extremo del buque aislándose de las demás gentes.
+Se mantienen con los codos apretados para que nadie pueda entrar en su
+grupo. Recuerdan a los pingüinos del Polo Sur, esos pájaros bobos que
+sólo pueden vivir ala con ala formando filas en las aristas de las
+rocas.
+
+Y desde entonces, la gente joven, en sus tertulias del fumadero, llamaba
+«el rincón de los pingüinos» a esta parte del buque donde pasaban el
+día aisladas del resto del pasaje sus madres, sus hermanas y las
+respetables amigas de sus familias. Este «rincón de los pingüinos» era
+mirado poco a poco con cierto respeto, hasta convertirse, algunos días
+después, en un lugar envidiable. Los paseantes se abstenían de dar la
+vuelta en redondo a la cubierta y volvían sobre sus pasos para no turbar
+las conversaciones de las damas. Sólo algún gringo despreocupado o de
+egoísmo insolente pasaba sobre sus gruesos zapatos por entre los
+sillones, sin darse la pena de entender el significado de las miradas
+furiosas que despertaba su atrevida presencia.
+
+Tácitamente, en virtud de un obscuro instinto de todos los pasajeros, se
+había efectuado en la cubierta una gran división de clases. El costado
+de estribor era el de la plebe sin valía social, el de los viajeros sin
+nombre y las pasajeras de vida sospechosa. En este lado, a partir del
+fumadero, se encontraba «el rincón de las cocotas»; luego, «la sección
+cómica», o sea, los numerosos sillones de los cantantes masculinos y
+femeninos de la compañía de opereta; «la gallegada», donde se juntaban
+los españoles; y el grupo de «la gringada», mucho más numeroso,
+compuesto de comisionistas alemanes que pensaban penetrar con su
+muestrario hasta el corazón de América; relojeros suizos, de aspecto
+bonancible, pero prontos a irritarse con una cólera fría que tardaba
+mucho en disolverse; pequeños negociantes británicos; agricultores
+escandinavos establecidos en el extremo Sur; rubias alemanas que iban en
+busca de sus maridos, y los ganaderos norteamericanos, que al caer la
+tarde estaban ya medio ebrios. El banquero de la barba roja y sus
+voluminosos legajos, la esposa y su collar de perlas y el secretario
+siempre con un cuello de camisa alto y brillante, manteníanse en este
+lado de estribor entre la gente insignificante, para demostrar con su
+indiferencia ostentosa que estaban muy por encima de todas las
+divisiones sociales que se implantasen en el buque.
+
+--Fíjese en el respeto que infunden los «pingüinos»--dijo Maltrana--.
+Las coristas de opereta pasean cogidas del talle por casi toda la
+cubierta, riendo, empujándose, mirando a los hombres; pero al dar la
+vuelta a la parte de proa y llegar adonde estamos, encuentran a nuestras
+damas haciendo labores de gancho con una majestad de reinas, leyendo
+_Fémina_ o conversando sobre los méritos y relaciones de sus respectivas
+familias, e inmediatamente retroceden cerrando el pico. Ninguna tiene
+valor para deslizarse ante el imponente areópago. La otra noche le
+propuse por medio de intérprete a una de esas rubias que pasásemos
+juntos ante los «pingüinos», creyendo enorgullecerla con este sacrificio
+y que me lo gratificase después. Pero la pobrecita casi palideció de
+miedo: «_Nein... nein_», como si le hubiese propuesto echarnos de cabeza
+al mar.
+
+De la sociedad modesta de estribor, las únicas que pasaban por allí eran
+doña Zobeida y Conchita. La buena dama de Salta saludaba a las
+«porteñas» con su aire señoril y bondadoso, a estilo antiguo, y seguía
+adelante sin permitirse mayores intimidades. Ni aquellas grandes señoras
+deseaban su amistad, ni ella necesitaba de su apoyo. Las más viejas
+contestaban a este saludo con cierta simpatía, como si adivinasen en
+ella algo heredado y común que se iba perdiendo en sus propias personas.
+Las jóvenes miraban con extrañeza a «la buena mujer», acogiendo sus
+sonrisas como si fuesen de una antigua criada familiar.
+
+Conchita era menos bondadosa, y pasaba con manifiesta hostilidad entre
+los grupos que obstruían este pedazo de cubierta perteneciente a todos.
+Las damas vestidas por los grandes modistos de París tenían miradas de
+burlona conmiseración para sus trajes de gusto madrileño y manufactura
+casera. Pero ella erguía la pequeña estatura de maja goyesca, unía los
+codos al talle y pasaba adelante moviendo las caderas, mirando con sus
+ojillos punzantes a las favorecidas de la fortuna. Su andar y su gesto
+parecían decir: «¿Y a mí qué?... ¿Y a mí qué?...».
+
+Cerca de este grupo majestuoso, y buscando su contacto, estaban otras
+damas, a las que llamaba Maltrana «aspirantes a pingüinos». Eran la
+esposa y las niñas de Goycochea el español, la señora del millonario
+italiano, cuyo collar de perlas rivalizaba en valor y continuas
+exhibiciones con el de la mujer del banquero, sus hijas, la institutriz
+inglesa y toda la familia de la Boca que traía a su costa a Monseñor.
+
+--Vea, Fernando, con qué aire de sonriente humildad acogen esas señoras
+cualquiera palabra de los «pingüinos». Son más ricas tal vez que las
+otras, pueden permitirse mayores lujos, pero no pasan de ser «gente
+mediana», y las otras son «gente bien», como ellas dicen. Sus maridos,
+gallegos o gringos, han hecho fortuna como la hicieron los padres o los
+abuelos de las otras, procedentes también de Europa. No hay entre ellas
+más diferencia que una generación o dos de vida americana. El origen
+casi es el mismo. ¡Pero lo que representa socialmente esa diferencia!...
+
+Ojeda asintió, recordando la época de su vida pasada en Buenos Aires
+como secretario de Legación.
+
+--Ríase usted, Isidro, de las castas sociales de Europa. Allá, casi
+todos somos unos; la educación y la inteligencia nivelan a las gentes.
+Pero en estos países democráticos, los ricos de ayer necesitan aislarse,
+para que los demás crean en su importancia. Además, la continua
+afluencia de aventureros les obliga a defenderse con un estrecho tacto
+de codos. La «gente bien» son los que tuvieron en Buenos Aires un
+bisabuelo tendero poco antes de la Independencia, que vendía pañuelos
+rojos a los indios, paquetes de mate a los blancos, y compraba esclavos
+negros para revenderlos en el interior. Todas las mejores familias se
+enorgullecían de poseer un tenducho abierto, gran riqueza para aquellos
+tiempos de parvedad. Después, el abuelo se disfrazó de gaucho, sin
+serlo, para dar gusto al dictador Rosas, y tomó su mate teniendo por
+sillón un cráneo de caballo. Otro abuelo copió a los románticos
+franceses en su traje, su peinado y su énfasis, peleando en los muros de
+Montevideo contra el tirano y disparándole odas y folletos en los
+momentos de reposo. Además, tuvo que vivir ojo alerta para que el tal
+déspota no le echase la garra e interrumpiese sus entusiasmos literarios
+haciéndolo degollar con un cuchillo mellado... Luego, el padre fue el
+primero que realmente tuvo plata, y empezó a montar la casa y la familia
+en su rango actual. Creyó en Mitre y peleó por él... Pero la carne ya no
+se abandonaba en la Pampa como una cosa sin precio, y en vez de fabricar
+odas se dedicó a cercar con alambre leguas y leguas de tierra,
+haciéndolas suyas, y a poner la marca propia en los ganados sin dueño...
+
+--Y estas «aspirantes»--interrumpió Maltrana, cuando se haya borrado el
+recuerdo de sus maridos gringos o gallegos (como se ha perdido el de los
+pobres tenderos de hace un siglo) y sus hijos o sus nietos se casen con
+los de las otras, serán a su vez «gente bien», grandes duquesas sin
+título de la aristocracia trasatlántica.
+
+--Cierto. Y por esto mendigan el contacto de los que están más arriba
+con una tenacidad a prueba de humillación. Acaban de llegar de lo más
+bajo con grandes penalidades; ya tienen el dinero: ahora les falta el
+lustre social... Y empujan hacia arriba con su audacia de antiguos
+emigrantes que no conoce la vergüenza ni el ridículo. Como le he dicho
+antes, puede usted reírse de las castas sociales de Europa. Entre una
+comiquita de París y una gran duquesa de las que figuran en el Gotha,
+hay menos distancia que entre una joven millonaria reciente, hija de
+emigrantes, y una señorita cuyo padre tiene tal vez hipotecadas las
+tierras y cuyos abuelos vinieron a América también de emigrantes... pero
+hace ochenta años.
+
+Maltrana siguió explicando el diverso carácter de los otros grupos que
+se sentaban en la banda de babor. En último término, cerca del
+fumadero, los comerciantes germánicos dormitaban en sus sillones con un
+viejo ejemplar del _Simplicissimus_ sobre la cara. Ciertas parejas
+inglesas deleitábanse pacientemente con las aventuras de correctos
+personajes, bien vestidos y de buena renta, relatadas en novelas de
+cuatro volúmenes en las que no ocurría nada, absolutamente nada. Y entre
+esta gente y el bando de los «pingüinos», con sus admiradoras anexas,
+estaba otro grupo, al que daba Isidro el título de «gran coalición de
+potencias hostiles», compuesto de señoras de nacionalidades diversas,
+atraídas por una antipatía común. Maltrana las designaba con hermosos
+sobrenombres, lo mismo que los personajes homéricos. La chilena, «cuello
+de cisne», era a modo del núcleo central de esta célula de la
+sociabilidad trasatlántica, y en torno de ella aglomerábanse varias
+uruguayas, «las de los bellos brazos», y algunas brasileñas, «las de los
+ojos de antílope».
+
+Por la mañana, al subir a cubierta, se saludaban las de uno y otro grupo
+con ceremoniosa sonrisa. «Buen día, señora; ¿cómo amaneció usted,
+señora?...» Y a continuación iba cada uno a ocupar el territorio propio,
+empujando su sillón para que quedase bien marcado el vacío fronterizo,
+la separación insalvable entre unas naciones y otras. Las «potencias
+hostiles» manteníanse alineadas a lo largo de la pared con una
+corrección militar, cuidando de no obstruir el paseo, para que todos
+apreciasen la diferencia entre unas gentes y otras.
+
+De vez en cuando, los «pingüinos», parleros y movedizos en sus
+explosiones de exuberancia, lanzaban una sonrisa amable del lado
+enemigo, pero la sonrisa quedaba perdida en el espacio o era contestada
+con leves movimientos de cabeza. Las «potencias» fingían ignorar esta
+vecindad, procuraban colocarse en sus asientos de tal modo que sólo
+presentasen al lado contrario la punta de un hombro, y cuando más se
+alborotaba el bando de los «pingüinos», riendo de una noticia o
+admirando un objeto raro, ellas miraban obstinadamente al cielo o al mar
+con una indiferencia inconmovible.
+
+Las «aspirantes a pingüinos», colocadas entre los dos grupos, cazaban
+las sonrisas de unas y las palabras de otras, aprovechándolas para
+entablar conversación. Estaban contentas de la vida íntima del buque,
+que no exige presentaciones para que las personas se conozcan.
+
+A pesar de la falta de cordialidad de los dos grupos, casi todos los
+días se establecía entre ellos una momentánea relación. Así lo exigen
+las buenas prácticas diplomáticas; así viven las naciones armadas hasta
+los dientes, prontas a despedazarse, pero enviándose embajadores y
+mensajes afectuosos.
+
+La chilena abandonaba el asiento, desdoblando su soberbia estatura para
+avanzar por la cubierta «con la majestad de la reina de Saba»--según
+Isidro--, seguida de un séquito de confederadas. El bando contrario
+acogía la visita diplomática con gran removimiento de sillones, para
+ofrecer los mejores sitios, y la conversación desarrollábase
+lánguidamente sobre recuerdos de elegancia y de grandes compras. Cada
+vez que las unas exaltaban los méritos de un modisto o un joyero de la
+calle de la Paz o la plaza Vendôme, las otras murmuraban con una voz
+blanca y una modestia agresiva: «Nosotras no podemos permitirnos eso; en
+nuestro país somos muy pobres. Eso ustedes y nadie más». Y miraban al
+mismo tiempo con maliciosa complacencia sus trajes y sus joyas, de igual
+valía que los de sus rivales.
+
+Los «pingüinos», a su vez, enviaban una diputación de matronas al
+territorio hostil, y su presencia parecía excitar la laboriosidad de las
+visitadas, que acometían con nuevos bríos sus labores de gancho y de
+bordado, siguiendo la conversación sin levantar cabeza del trabajo.
+Algunas veces, ninguno de los dos campos se decidía a ir en busca del
+otro, y los encuentros eran en terreno neutral, en el grupo de las
+«aspirantes», donde tomaba asiento la familia italiana de la Boca con su
+obispo.
+
+¡Adorado Monseñor! Las damas del país intermedio lo miraban como una
+gloria propia. Gracias a él, las señoras de ambos lados venían a
+visitarlas, atraídas por el brillo purpúreo de su faja de seda y el
+esplendor de su cruz de oro. Y Monseñor, sonriendo bonachonamente, se
+esforzaba por mostrarse galante y pretendía entretener al femenil
+concurso con chistes aprendidos en el seminario y recuerdos de sus
+estudios clásicos. Virgilio era su mayor adoración: lo recordaba con más
+frecuencia que a los Padres de la Iglesia; todo lo había dicho y
+adivinado. Anécdotas modernas se las atribuía al poeta, como si con esto
+las diese nuevo valor. Y cada vez que abría la boca para hablar en su
+idioma, ya sabían las señoras cuál iba a ser el exordio: «_dice il poeta
+Virgilio_...». Y lo que decía _il poeta_ era una historia leída por el
+obispo meses antes en cualquier periódico católico.
+
+Otra relación de cordialidad se establecía diariamente entre los
+diversos grupos. Por la tarde, antes de la hora del té, cuando los
+pasajeros dormitaban en sus asientos y ardientes cuchillos del sol se
+introducían en la penumbra del paseo por los intersticios de las lonas,
+danzando acompasadamente de una cabeza a otra con el movimiento del
+buque, como si fuesen péndulos de luz, las niñas bajaban a sus camarotes
+para volver a subir con grandes cajas llenas de dulces. Iguales a las
+procesiones de vírgenes que desfilan en los tímpanos de las catedrales
+llevando como ofrenda entre ambas manos un cofre de reliquias, las
+vírgenes americanas de falda trabada, altos tacones y paso airoso iban
+de grupo en grupo regalando dulces: «¿Un bombón, señora? ¿Un chocolate,
+señor?...».
+
+--Es incalculable, amigo Ojeda, la masa de confitería que esas muchachas
+han metido en el vapor. Cada amiga, al despedirlas en París, ha creído
+su deber aportar el correspondiente cofre. No pasan dos días sin que
+cada una de ellas le quite la cubierta a un nuevo embalaje de bombones.
+Cajas Imperio con la Recamier o Josefina tendidas en un sofá; cofres
+forrados de seda con pastorcitos de Wateau, verdaderas maletas de
+terciopelo flordelisado... Y las pobrecitas, ¡tan amables! con el gusto
+de exhibir los regalos de sus relaciones, hacen todas las tardes su
+ronda en el lado distinguido de la cubierta, y la gente pasa el viaje
+mascando caramelos y chocolates con crema.
+
+En el curso de sus ofrendas llegaban hasta el extremo de babor, en las
+cercanías del fumadero, allí donde empezaban a borrarse las severas
+diferencias sociales, y las gentes que se tenían por distinguidas
+confraternizaban con las de la banda opuesta. Las vírgenes portadoras de
+arquillas se encontraban con sus hermanos, primos y futuros novios, que
+pasaban el día en el café o sus inmediaciones.
+
+Esta juventud, con la cabeza descubierta, la cabellera partida en dos
+crenchas negras, abultadas, lustrosas, impermeables, que ningún huracán
+podía alterar ni conmover, y el menudo pie encerrado en botines de
+charol de alto empeine y vistosa caña, siempre que salía del fumadero
+volvía los ojos con cierto temor hacia el «rincón de los pingüinos».
+Allí estaban sus madres y parientas y las respetables amigas de sus
+familias; pero antes la fuga que dejarse atrapar por una cariñosa
+llamada y sufrir media hora de conversación en tan noble compañía.
+«¡Viejas pesadas! ¡Señoras macaneadoras!...» Y esperaban a que pasasen
+las primas o las futuras novias para unirse a ellas y atraerlas
+dulcemente hacia la popa o la banda de estribor, donde reían y saltaban
+como escolares en libertad.
+
+Otras veces permanecían juntos y silenciosos, contemplando el mar,
+teniendo a sus espaldas la mirada irónica de las francesas tendidas en
+sus sillones o la sonrisa de las coristas alemanas a las que hablaban
+ellos por la noche, a última hora, murmurando cifras.
+
+--Yo admiro a esos muchachos--dijo Maltrana--. ¡Qué visión de la
+realidad! ¡Qué concepto de la vida y sus necesidades! Todos vuelven a
+regañadientes a su tierra: llevan París en el corazón. La otra noche, el
+hijo mayor del doctor Zurita me consultaba sobre su porvenir. Apenas
+llegue a Buenos Aires, piensa exigir a «su viejo» que lo envíe a
+Europa... Quiere estudiar en París no sabe qué... pero en fin, quiere
+estudiar, sin aproximarse por esto al Barrio Latino, que encuentra poco
+_chic_ y con mujeres ordinarias. Y me preguntó con adorable sencillez si
+un muchacho puede vivir con cuatro mil francos al mes, que es lo que se
+propone pedir al viejo... «Cuatro mil palos», pensaba yo. Pero al mismo
+tiempo sentí ganas de abrazarlo, por el alto concepto que le merecen las
+necesidades de la juventud.
+
+Para justificar las señoritas este avance hacia los parajes ocupados por
+sus amigos, continuaban su tarea distributiva entre los señores
+adormilados que fingían leer en las inmediaciones del fumadero. «Señor,
+¿un bombón?...» Y el gringo, despertado de su lectura por la voz
+juvenil, levantaba los ojos del volumen alemán o inglés y metía la mano
+en la arquilla murmurando: «Grachias, mochas grachias». Luego, volvía a
+sumirse en el libro adormidera. «Señor, ¿un chocolate?» Y el brasileño
+de tez amarilla y picudas barbillas, enjuto y anguloso, como si el sol
+ecuatorial hubiese absorbido toda su grasa, saltaba del sillón con
+galante apresuramiento, como si le fuese en ello la vida: «_Muito
+obrigado... ¡oh! muito obrigado_». Y sólo al estar lejos la señorita
+osaba devolver la gorra a su cabeza y la cabeza al respaldo del asiento.
+
+Cuando los diferentes grupos de damas que ocupaban la banda de babor se
+reunían, entablando una conversación general, era indefectiblemente para
+prorrumpir en quejas contra las inclemencias del Océano y los atentados
+que se permitía con sus personas. Los cuellos cambiaban de coloración,
+no obstante el cuidado de huir de los rayos del sol. El aire salino los
+obscurecía, dándoles un tono de pan moreno; la piel blanca de las rubias
+amarilleaba con la tonalidad del marfil viejo. La brisa húmeda barría
+los polvos de la cara, conservándolos únicamente en las arrugas y
+oquedades de la piel, formando un barrillo blanco. Alborotábanse los
+peinados en el hueco de una puerta, en una encrucijada de corredores, al
+pasar de una banda a otra, dejando al descubierto los artificios y
+retoques de los añadidos, lo que las obligaba a preservar estos secretos
+capilares bajo un turbante de gasas.
+
+Si algunos caballeros respetables se aproximaban a los grupos de damas
+para conversar con ellas, hasta las más viejas, que parecían ajenas a
+las vanidades mundanales, los repelían con dengues juveniles.
+
+--¡Ay, no se acerquen ustedes! Estamos horribles. Con este maldito mar
+está una impresentable. Todas tenemos algo verde en la cara.
+
+Y los caballeros se creían obligados a ensalzar las grandes ventajas del
+viaje, durante el cual se satura el organismo de sales benéficas. Lo que
+se perdía en distinción se ganaba en saludable rusticidad. De noche,
+todas eran igualmente hermosas en el ambiente cerrado del comedor y los
+salones.
+
+Una solidaridad de sexo borraba de pronto las envidias y antipatías que
+separaban a los grupos femeniles. Señoras de diverso bando se juntaban
+para recorrer la cubierta con ojo avizor. Las inquietaba una ausencia
+larga de los maridos. Y cuando los veían a través de las ventanas del
+fumadero jugando al _poker_, con la mirada fija en los naipes y la
+frente rugosa, preocupada, sonreían satisfechas, lo mismo que si
+acabasen de sorprenderlos practicando una virtud.
+
+Sus inquietudes reaparecían al encontrarlos en plena cubierta, aunque
+estuviesen enfrascados en una conversación de negocios. Andaban por allí
+cerca las rubias de la opereta, las cocotas viajeras, un sinnúmero de
+temibles peligros; y sin una palabra que revelase su inquietud, cada una
+se aproximaba a su marido, se colgaba de su brazo, intervenía en la
+conversación, lo paseaba por toda la cubierta, y únicamente se decidía a
+soltarlo en la entrada del fumadero, con la promesa de que volvía al
+_poker_ o a tomar una copa.
+
+Algunas que aún no habían salido de la primera juventud y llevaban poco
+tiempo de matrimonio, paseaban casi todo el día del brazo del esposo con
+aires de tiple enamorada, inclinando la cabeza sobre el hombro de él,
+como si la cubierta fuese el jardín de «Fausto». Por dignidad de clase,
+gozosas de jugar un rato a «señora mayor», distinguiéndose de las
+solteras, permanecían entre las respetables matronas; pero de pronto
+sentíanse agitadas por un hormigueo irresistible. No veían a su
+maridito. ¡Quién sabe lo que estaría ocurriendo en la otra banda del
+buque o en la cubierta de los botes! ¡Con tantas malas mujeres que
+venían en este viaje! ¡No haber un vapor limpio de tentaciones, sólo
+para personas decentes! Y corrían sin saber adónde, como si hubiese
+sonado de pronto la señal de alarma.
+
+Una actividad extraordinaria hacía ir y venir aquella mañana por la
+cubierta, en grupos parleros, a las jóvenes de diversa nacionalidad.
+Abordaba cada una a sus amigos y conocidos con un papel y un lápiz en
+las manos. Iban recogiendo para las fiestas equinocciales, y antes de
+inscribir el donativo discutían y protestaban, queriendo aumentar la
+cifra.
+
+--Vea, Fernando--dijo Maltrana--, cómo se mueve el abate francés, el
+conferencista de las barbas, entre las señoras, cuya admiración desea
+conservar. Para él no hay divisiones, y salta de un grupo a otro. Los
+«pingüinos» lo consideran suyo porque se lo han recomendado las grandes
+damas de la colonia de París. A las «aspirantes» las deslumbra hablando
+de las princesas y duquesas que lleva tratadas en su vida de predicador
+mundano. Pretende halagar a las «potencias hostiles» hablando de sus
+países con grandes elogios y dando a entender que en Europa todos saben
+a qué atenerse en la apreciación de unos pueblos y otros, distinguiendo
+entre el valor real y el _bluff_. Mírelo cómo distribuye a las señoras
+los libros de que es autor y periódicos con su retrato. ¡Ah,
+comediante!... Lleva en su equipaje colecciones enteras de todas las
+revistas ilustradas que han hablado de sus predicaciones en Canadá,
+Estados Unidos, Australia y no sé cuántos sitios más. Las hace circular
+y las recoge luego cuidadosamente, lo mismo que un tenor... Eso es, un
+tenor: un tenor de sotana.
+
+Y hablaba con irónico asombro de las múltiples y mediocres habilidades
+del abate viajero y verboso: conferencista, pintor, escultor, poeta y
+músico. Maltrana sabía esto por uno de los periódicos que repartía él
+mismo.
+
+--Me lo prestó una señora algo devota que tiene empeño en que yo admire
+al abate. Y como a mí nada me cuesta dar gusto, me mostré asombrado.
+«Pero señora, ese hombre es Leonardo: el gran Leonardo de Vinci». Y mis
+palabras han tenido un éxito loco, pues cuando el doctor Zurita y otros
+argentinos socarrones se burlan del abate y dicen que es un vivo que va
+a Buenos Aires en busca de plata, las damas de su familia se indignan y
+me sacan a colación como argumento decisivo: «Es Leonardo, el que pintó
+_La Cena_: Leonardo de Vinci. Lo dice Maltranita, que es un mozo que
+escribe y ha tratado a muchas eminencias...».
+
+Ojeda rio de la seriedad con que relataba su amigo estos accidentes de
+la vida de a bordo.
+
+--Ahora, las buenas señoras--continuó Isidro--, quieren que una noche dé
+el abate un concierto de piano, sólo para ellas... Ya han desistido de
+oírle una conferencia que estaba en proyecto. «El _Cyrano_ de Rostand y
+el idealismo cristiano...» ¿Qué le parece el tema? ¿Se ríe usted?... Por
+algo lo alaban las buenas matronas, diciendo que es un cura moderno de
+lo más moderno. Pero el abate no quiere oír hablar de conferencias a
+bordo; se niega a desembalar su mercancía gratuitamente antes de la
+llegada al mercado. Se reserva para un teatro de Buenos Aires.
+
+Maltrana buscaba con los ojos al otro conferencista, el profesor
+italiano, que se mantenía lejos de las señoras, en las inmediaciones del
+fumadero, entre los lectores soñolientos, con una columna de volúmenes y
+revistas al lado de su sillón.
+
+--Los «pingüinos» le saludan porque tiene un nombre conocido, y ellas
+respetan instintivamente la celebridad. Le han hecho firmar un sinnúmero
+de tarjetas postales con «pensamientos» filosóficos y galantes para
+ellas y para todas sus amigas coleccionistas; le han sacado retratos con
+autógrafo, y ahora, terminada la explotación, no se acuerdan de él. Es
+un sabio de malas ideas. El abate las acapara a todas.
+
+Quedó Maltrana pensativo, y dijo luego a Fernando:
+
+--Creo que usted y yo podíamos dedicarnos a eso de las conferencias.
+Según parece, gusta mucho en América y proporciona dinero. ¡Qué países
+tan interesantes! ¡Pagar por oír discursos!... ¡Tantos que hablan
+gratuitamente en nuestra tierra, y aun así no encuentran las más de las
+veces quién los escuche!
+
+Recordó Ojeda su vida en Buenos Aires años antes y las conferencias a
+que había asistido. Los pueblos jóvenes sienten el mismo afán de los
+escolares aplicados y curiosos, que, luego de oír las lecciones de los
+maestros, desean conocer las interioridades de su vida. No les bastaban
+los libros y las obras de arte enviados por el viejo mundo; querían ver
+de cerca la personalidad física de sus autores.
+
+--Y todos los años, amigo Isidro, llegan a Buenos Aires hombres ilustres
+con el pretexto de dar conferencias, pero en realidad para satisfacer la
+curiosidad de los argentinos y para orgullo de las numerosas colonias
+europeas, que al exhibir y festejar al compatriota célebre, parecen
+decir: «No todos somos unos ignorantes que aramos la tierra o vendemos
+detrás de un mostrador. Bueno es que estos criollos se enteren de que en
+nuestro país hay "doctores" mejores que los suyos...» Y las gentes, al
+saber que ha llegado el autor de un libro que leyeron hace tiempo por
+casualidad, o el personaje político cuyo nombre encuentran todas las
+mañanas en el periódico, se dicen: «Vamos a ver de qué casta es ese
+pájaro». Gastan unos pesos para encerrarse en un teatro, de cinco a
+siete, y arrullados por la voz del conferencista comparan su rostro con
+los retratos publicados, se fijan en el corte de su levita
+(convenciéndose una vez más de que en la Argentina visten las gentes
+mejor que en Europa), y hasta cuentan las veces que bebe agua. Además,
+se dan el gusto de ponerlo en caricatura y le atribuyen anécdotas en las
+que aparece asombrado al enterarse de que en América ya nadie gasta
+plumas. Porque allá, las gentes tienen empeño en que los europeos se los
+imaginen como indios emplumados, para poder reírse después, con un gozo
+infantil, de la gran ignorancia de los del viejo mundo.
+
+Cesó de hablar Ojeda, sonriendo como si le regocijasen interiormente sus
+recuerdos, y luego continuó:
+
+--Las señoras que por curiosidad llenan los palcos, desaparecen a la
+tercera conferencia, y hacen bien, porque se aburren a morir. Ellas sólo
+gustan de los conferencistas que recitan versos... Pero quedan los
+intelectuales del país, los «doctores», que asisten con una hostilidad
+manifiesta, y al entrar se dicen unos a otros: «Vamos a ver qué nos
+cuenta ese señor». Luego, a la salida, protestan a coro. «No ha dicho
+nada nuevo; no hemos aprendido nada, absolutamente nada...» ¡Como si el
+encontrar algo nuevo fuese cosa de todos los días! ¡Como si un hombre
+que encontrase algo nuevo en su país fuese a decir a sus compatriotas:
+«Tengan ustedes paciencia, aguarden un poquito. Voy a tomar el
+trasatlántico para contar a los señores de América mi descubrimiento, y
+en seguida vuelvo...»! ¡Como si con los medios de comunicación de
+nuestra época y lo difundido que está el libro, fuese posible ir a parte
+alguna con una idea reciente sin que al momento salten treinta o
+cuarenta diciendo: «Eso ya lo sabía yo...»!
+
+--Entonces--interrumpió Maltrana--, en esos viajes de los conferencistas
+la llegada es siempre más gloriosa que el regreso.
+
+--Ciertamente. Cuando nuestro buque fondee en Buenos Aires, verá usted
+banderas, oirá músicas y aclamaciones. Luego, satisfecha la curiosidad
+sobreviene la indiferencia, y los héroes de un día se reembarcan sin
+otro acompañamiento que media docena de amigos que quedan allá como
+cónsules de su renombre y encargados de sus negocios. Los únicos que no
+olvidan son los «doctores», que para convencerse de su propia
+superioridad, repiten: «No ha dicho nada nuevo. Lo sabíamos todo...». Y
+esto ocurre porque nadie en la vida expone la verdad corajudamente;
+porque el conferencista debía decir el primer día a su público: «Todos
+ustedes, que viven batallando por el dinero, deben figurarse por qué he
+hecho yo esta larga travesía, viniendo a una tierra que no tiene el
+Partenón, ni las Pirámides, ni la Alhambra. No sería correcto colocar mi
+sombrero en mitad de una acera, diciendo: "Yo soy Fulano de Tal, que he
+venido a verles. Echen algo para que me lleve un buen recuerdo de este
+país de riquezas". Por eso prefiero exhibirme en un teatro y justificar
+la generosidad del público con dos horas de aburrimiento y
+vulgaridades...». En el fondo, esto y nada más es una serie de
+conferencias. Un pretexto para que el país se muestre generoso con la
+celebridad que lo visita.
+
+--Ya veo claro--dijo Maltrana--. Una especie de premio Nobel que la
+Argentina se permite el lujo de regalar a alguien que es conocido por
+algo, siempre que se tome el trabajo de ir a pedirlo en persona... Con
+la diferencia de que este premio Nobel es por cotización popular.
+
+--Exacto. Y no crea usted que el país pierde nada con ello. Para su
+gloria mundial, jamás dinero tan bien gastado como los cinco pesos que
+cuesta oír una conferencia. El conferencista, al llegar a u país, olvida
+con la distancia los arañazos de los remotos «doctores» y sólo ve el
+cheque que guarda en la cartera. Una cantidad de poca importancia para
+allá; pero que traducida a dinero de Europa representa cincuenta mil o
+cien mil francos: el producto de media docena de libros, el sueldo de
+ocho años de cátedra ganado en un par de meses.
+
+Ojeda se imaginaba las consecuencias del viaje. La esposa del hombre
+ilustre renovaba el mobiliario y el vestuario de la familia; los dos
+cónyuges adquirían una casita de campo para que los niños se criasen
+mejor; todos en el hogar prorrumpían en elogios a la Argentina, y los
+amigos y hasta las más lejanas relaciones fijaban su atención en este
+país maravilloso, donde no hay más que agacharse para encontrar plata.
+Los compañeros del ilustre maestro se mordían los labios de envidia, y
+cuando en los azares de la existencia encontraban a alguien venido de la
+Argentina, aunque fuese un necio, lo adulaban y lo acosaban, dando a
+entender que ellos también irían allá... a la más ligera invitación. El
+conferencista considera como un deber escribir un libro que demuestre su
+agradecimiento, un libro concebido a través de gratos recuerdos, y que
+resulta ampuloso y glorificador como una oda de encargo oficial. Y
+cuando algún malhumorado ruge contra la lejana República, dando a
+entender que las cosas son en ella muy distintas de como las imagina el
+optimismo, el grande hombre salta indignado en defensa de un país cuyo
+nombre mencionan siempre con veneración su mujer y sus hijos.
+
+--Yo que creía--interrumpió Isidro--que estos conferencistas eran unos
+amables burlones, que después de explotar la credulidad americana se
+reían de ella...
+
+--Tal vez hayan pensado así algunos; pero al final los explotados son
+ellos, pues por impulso propio hacen al volver a sus tierras una
+propaganda que de ser obra del gobierno costaría millones. ¡Quién sabe
+cuánta parte tienen ellos en la fama reciente y mundial del país adonde
+vamos! Bien puede ser que alguno haya hecho surgir en nosotros la
+primera idea inicial de este viaje con una lectura que ya no
+recordamos...
+
+Isidro, que al mismo tiempo que escuchaba a su amigo seguía con los ojos
+el curso de los paseantes, le tocó en un codo, interrumpiendo sus
+palabras.
+
+--Mire usted a la sin par Nélida. Acaba de subir a la cubierta, y ya van
+saliendo del fumadero sus adoradores... ¡Saludo a la pasajera más
+hermosa de todo el buque!
+
+Nélida dilató los frescos labios, contestando con su sonrisa felina a la
+genuflexión versallesca de Isidro. Luego pasó ante «el banco de los
+pingüinos» irguiendo su aventajada estatura, desafiando con su mirada
+cándida el enojo de las imponentes señoras. Las más fingieron no verla,
+para no responder a su saludo. Algunas contestaron «Buen día, niña» con
+voz triste y ojos de conmiseración, como si fuese una enferma cuyo fin
+consideraban próximo.
+
+--Esa Nélida es de una audacia estupenda--dijo Maltrana--. Sabe que
+todas las señoras hablan de ella con escándalo, y las saluda como en los
+primeros días, cuando la creían una muchacha juiciosa. Los desprecios y
+los bufidos resbalan sobre su persona sin molestarla.
+
+Habló Isidro de la indignación de las matronas, que consideraban como un
+tormento viajar con sus hijas teniendo que sufrir la compañía de Nélida.
+
+--Prohíben a las niñas que la saluden, cuando en los primeros días de
+navegación era la más agasajada por todas ellas... Pero las niñas fingen
+obedecer, y la buscan en secreto, lejos de las mamás. ¡El encanto de
+rozar lo prohibido! ¡La mágica atracción del pecado!... Por las tardes,
+mientras las señoras dormitan, suben ellas con Nélida a la última
+cubierta para que las enseñe a bailar el tango... pero el tango tal como
+se baila en los cafés nocturnos de Berlín. Piensan como excusa que
+cuando bajen a tierra ya no la verán más, y que aquí en el buque todo
+resulta bien.
+
+Siguió Nélida adelante, hasta llegar al extremo de babor, donde estaba
+sentada su madre, teniendo a un lado al hijo medio imbécil y al otro el
+venerable jefe de la familia, que balanceaba su cabeza de patriarca
+entornando los ojos, cual si acariciase mentalmente un negocio nuevo.
+
+--La pobrecita--continuó Isidro--siente por las mañanas el amor de la
+familia y va en busca de su padre. Lo besa, juguetea con él como una
+gata, y al mismo tiempo se da el placer de seguir con el rabillo del ojo
+la impaciencia de sus admiradores, que se mantienen a distancia,
+ansiosos de juntarse con ella. ¡Criatura ingenua y refinada!... Pero
+fíjese, Fernando: usted, que me cree poca cosa, y no le falta razón,
+mire con qué impaciencia me aguardan mis admiradoras.
+
+Y señaló disimuladamente el grupo de damas en el cual algunas las más
+viejas, volvían sus ojos hacia Maltrana, como invitándole a aproximarse.
+
+--Yo tengo mi público, y como todo hombre notable, tengo también mis
+enemigos y detractores. No puedo aproximarme a las nobles matronas y
+cambiar con ellas un saludo, sin que alguna me diga: «Cuéntenos algo.
+Usted que lo sabe todo, Maltranita, díganos qué ocurre en el buque». Y
+me tienen de pie ante ellas, para que no se borren del todo las
+distancias sociales, hasta que de pronto las hago reír o las cuento algo
+que las interesa vivamente, y entonces alguna, con repentina solicitud,
+me dice: «Pero siéntese usted, siéntese aquí y no sea zonzo». Y encoge
+las piernas para que me siente en el extremo de la silla larga, como un
+paje a los pies de la dama... La viuda de Moruzaga, que tiene millones y
+millones, gusta de hablarme a solas para que me entere de los encantos y
+virtudes de su esposo. ¡Pobre señora! ¡Una verdadera enamorada! Sólo
+vive cuando puede hablar de «su finado». Y si la conversación cambia de
+tema, pierde todo interés para ella y parece dormirse con los ojos
+abiertos.
+
+Una idea repentina hizo abandonar a Maltrana su tono ligero.
+
+--Pero ¿se ha fijado usted, Ojeda, en el modo de ser de estos hermanos
+nuestros? Los primeros días, al oírles, decía yo: «Somos iguales:
+iguales salvo algunas diferencias de acento y sintaxis...». Y no señor;
+no somos iguales. ¿Cómo me explicaré?... Unos y otros tocamos el mismo
+instrumento, pero tenemos distinto oído para apreciar los sones. A lo
+mejor, digo algo que por casualidad me resulta gracioso, algo que en
+España pasaría por un «golpe» de ingenio, y las buenas señoras
+permanecen insensibles, como si no me entendiesen. Luego, en el curso de
+la conversación, suelto una necedad infantil, un chiste de colegio, que
+en Madrid me valdría una rechifla, y mi público ríe esta inocentada y la
+repite como una brillante manifestación de ingenio.
+
+Ojeda, recordando sus viajes por América, asintió a las palabras de su
+amigo. No sólo había divergencia en la apreciación de los sones del
+instrumento común del idioma: se diferenciaban también en la agilidad y
+la fuerza para su manejo.
+
+--En muchos de esos países--dijo Fernando--, las gentes hablan con una
+lentitud penosa, como si la rebusca de las palabras fuese acompañada de
+los dolores de un parto. Las mujeres especialmente sólo tienen cuerda
+verbal para cinco minutos, y luego quedan mudas, mirándose unas a otras.
+Únicamente se animan cuando hay que «pelar» a alguien; pero éste es un
+fenómeno verbal no sólo de América, sino de todos los países del
+planeta.
+
+--Sí; hablan poco--dijo Maltrana--. Gustan de escuchar, pero su
+capacidad auditiva es tal vez tan limitada como su capacidad verbal. A
+la larga se fatigan de oír, aunque la conversación les interese. Parecen
+ofenderse de haber permanecido mucho rato en silencio, y se vengan
+llamando «macaneador» al mismo cuya palabra han solicitado. Lo que no se
+entiende, lo que no gusta, ya se sabe que es «macana».
+
+Isidro empezó a apartarse de su amigo.
+
+--Le dejo, Fernando; me reclama mi público. En los primeros días tenía
+más éxito. Pasaba de un grupo a otro: de los «pingüinos» a las
+«potencias hostiles»; pero no se puede dar gusto a todos a la vez.
+Ahora, con las «potencias», el saludo nada más; frías y corteses
+relaciones de diplomacia. La última vez que me acerqué al grupo, la
+chilena «cuello de cisne» me dijo con una sonrisa de cuchillo: «¿A qué
+viene usted aquí, patero? Déjenos en paz y vaya a hacer la pata a sus
+argentinas». Y aunque esto de que le llamen a uno adulador es un poco
+fuerte, al consejo me atengo, ya que a la Argentina voy.
+
+Intentó tirar del brazo a Ojeda para atraerlo hacia el grupo.
+
+--Venga usted conmigo. Las señoras tendrán mucho gusto en oírle. Usted
+ha sido presentado a todas ellas, y le encuentran muy simpático. ¿No
+quiere?... Sin duda está usted ofendido por lo que le dije, de que las
+niñas le encontraban «muy buen mozo, pero algo viejón»... No haga usted
+caso. Es una consecuencia de la mentalidad simple de estos pueblos que
+aún viven cerca del tronco primitivo, o sea de la Naturaleza sin
+artificios ni refinamientos. Para ellos, una buena moza de treinta y
+cinco años es una vieja, y un hombre digno de ser amado debe tener
+veinte años cuando más. Sólo admiran la existencia en capullo, como en
+tiempos de la vida de tribu... Y eso cuando en Europa cada año que pasa
+hace retroceder hasta los confines de la vejez el límite de la edad
+amorosa. Balzac haría reír hoy con su novela _La mujer de treinta años_.
+Las damas de cuarenta son ahora las conquistadoras más temibles. En el
+teatro, galanes cincuentones disputan sus amantes a los jovencitos y
+acaban por llevárselas... ¡Viejón, y sólo tiene usted treinta y seis
+años! No haga caso de las opiniones de estas gentes recién desbastadas,
+que en punto a refinamientos sólo copian lo exterior y ostensible...
+Decididamente, ¿no quiere usted venir?... Hasta luego.
+
+Fernando permaneció solo algunos minutos, acodado en la borda, siguiendo
+con los ojos el resbalar del agua removida por los flancos del buque.
+Sobre el lomo verde del Océano giraban flores de espuma rematadas por
+una espiral que se perdía en la profundidad. Luego emprendió un paseo
+por la cubierta, y ante el grupo de señoras se llevó una mano a la gorra
+con saludo mudo, sin volver la vista. Rozó, al pasar, a Isidro, que
+hablaba de pie, y oyó una voz femenina que le interrumpía con interés:
+«¡No diga!... Eso es muy curioso. Siéntese, Maltranita, y cuente».
+
+Continuó Ojeda por el lado de babor, saludando a las «potencias
+hostiles» y a un grupo de argentinos y brasileños que hablaban de las
+estancias rioplatenses, de las _fazendas_ de café, del valor de los
+campos, mezclando cantidades de leguas y millones de pesos. El señor
+Oneglia, el millonario italiano, que reposaba, enorme y flácido, en un
+sillón especial, lejos de su familia, ansiosa de rozarse con la «gente
+bien», abrió un ojo al oír los pasos de Fernando y lo protegió con un
+saludo gruñente, volviendo a sumirse en su noche poblada de cálculos. Al
+lado de él, como si la afinidad de gustos les impusiese este contacto,
+se sentaban los tres comerciantes españoles. Más allá, el conferencista
+italiano levantó la cabeza y descansó un libro en las rodillas para
+saludar a Ojeda. Cerca del fumadero, la madre de Nélida pareció
+acariciarle con sus ojos de brasa y el padre le gratificó con una
+sonrisa protectora. La niña, hastiada ya de las expansiones familiares,
+se había despegado de ellos y reía en la puerta del fumadero, escoltada
+por su hermano y todos los admiradores, que parecían desnudarla con los
+ojos.
+
+Llegó Fernando hasta la terraza del café, atraído por el _Canto de la
+Primavera_, de Mendelssohn, que tocaba la música. Apenas se hubo apoyado
+en la baranda para escuchar, vio que un cuerpo se aproximaba a él,
+velando la luz del sol, y oyó una voz enérgica que recortaba duramente
+las palabras.
+
+--Buenos días, señor Ojeda... Usted perdonará la libertad que me tomo,
+pero yo soy amigo de don Isidro, y tal vez le habrá hablado de mi
+persona... Usted dispense que me acerque así como así, ¡pero entre
+compatriotas! ¡somos tan pocos en el buque!... Por eso me he dicho:
+«Aunque no sea correcto, voy a saludar a ese señor».
+
+Era el cura español que Maltrana le había enseñado varias veces de
+lejos: un hombrecito moreno, enjuto, vivo en sus movimietos, al que
+encontraba Fernando cierto aire ágil y garboso de banderillero. Su
+delgadez hacía más visible la exuberancia de un abdomen puntiagudo que
+parecía pertenecer a otro cuerpo. Una cadena algo negruzca, con llaves
+de reloj y medallas, se tendía de la botonadura de la sotana a un
+bolsillo del pecho. Dos dedos enrojecidos por el tabaco sostenían un
+cigarrillo. La cabeza, de pelo duro e intensamente negro rayado de canas
+prematuras, ocultábase en parte bajo un casquete redondo de seda, igual
+al que usan los tenderos.
+
+--José Fernández, sacerdote, para servir a Dios y a usted--dijo el cura
+haciendo la presentación de su persona.
+
+Mostró la fuerte dentadura de hombre de campo, con una sonrisa humilde
+que delataba el deseo de intimar con este compatriota, el personaje más
+eminente de cuantos venían en el buque, según su opinión.
+
+La música había cesado de tocar, y el cura aprovechó este silencio para
+expresarse con la exuberancia de un verboso falto de amistades que busca
+ocasión de esparcir su facundia. La franqueza española le hizo tratar a
+Fernando confianzudamente a las pocas palabras, lo mismo que si fuese un
+antiguo camarada, acompañando cada avance de su intimidad con humildes
+excusas: «Usted perdone; pero aquí no es como en tierra. Pasamos la vida
+juntos; estamos en la soledad del mar, confiados a la voluntad del
+Señor... ¿Conque usted también va a Buenos Aires, don Fernando?...
+¡Vaya, vaya! Allá vamos todos, y quiera el Altísimo que los negocios le
+resulten bien, conforme a sus deseos».
+
+Hablaba el buen clérigo sin interrupción, y Ojeda iba entresacando
+fragmentos de su historia de estos períodos de charla confidencial.
+Tenía a su madre en un pueblecillo de Castilla la Vieja; además, una
+hermana mal casada, con una turba de hijos, y todos confiaban en él, que
+era la gloria de la familia, «el señor cura», el ser excepcional. Último
+descendiente de una línea de míseros jornaleros del campo, había
+conseguido emanciparse de la servidumbre del terruño gracias a cierta
+viveza de ingenio demostrada en la escuela del lugar y a la protección
+de una señora vieja que le había costeado la carrera del sacerdocio.
+
+--Carrera corta, don Fernando. Yo no soy teólogo; no soy doctor en nada.
+Cura de misa y olla nada más; pero ¡lo que he trabajado en esta vida! ¡y
+lo que me queda que penar!... Mi cuñado es infeliz, un buen hombre, que
+no sirve para nada, y yo tengo que mantenerlo, y a la pobre viejecita, y
+a mi hermana, y a todos los sobrinos, que se creen superiores a los
+demás del pueblo porque cuentan con un tío cura. He sido vicario,
+trabajando del alba a la noche por seis reales al día: peseta y media,
+don Fernando. He sido párroco suplente en lugares de mala muerte, y
+después de enviar a mi madre lo que ganaba (menos de lo que gana un
+guardia civil), tenía que mantenerme de los regalos de los feligreses
+pobres. Y todavía el barbero del pueblo y otras malas lenguas murmuraban
+de la vida regalona que llevamos los de la Iglesia... Cuando vivía en
+Madrid, cerca del diputado del distrito, solicitando un puesto mejor, he
+andado hecho un azacán de sacristía en sacristía pidiendo misas como el
+que pide limosna. He pasado mucha hambre; no tengo vergüenza en decirlo:
+mucha hambre por sostener a los míos; y por esto voy allá, a ver si
+cambio de suerte.
+
+Calló un momento don José, como si vacilase, temeroso de exponer sus
+ideas, y al fin continuó en voz baja:
+
+--Dicen que España es un país católico, el más católico de la tierra.
+Así será, pero no hay en él dos pesetas para los clérigos de mi clase,
+para los que trabajamos de veras. Hay dinero para la Iglesia, pero se lo
+llevan otros... otros.
+
+En la vaguedad de su mirada, en la timidez de su voz, había cierta
+protesta contra los que vivían en las alturas.
+
+Fernando quiso saber cómo se le había ocurrido la idea del viaje.
+
+--Tengo allá compañeros de seminario. Un muchacho que estudió conmigo
+vive en Buenos Aires, y me ha escrito maravillas de aquella tierra,
+invitándome a ir con él. Antes era mucho mejor: faltaban gentes de
+nuestra clase; ahora, en cada buque llegan sacerdotes de todos los
+países. Pero no importa: en la capital se puede vivir bien a la sombra
+de una parroquia, y además hay el campo, donde cada semana se funda un
+pueblo y hace falta un cura... También tengo condiscípulos en Chile y
+otras naciones del Pacífico. Allá creo que aún se presenta la cosa mejor
+para nosotros. Me escriben que hay señora que da cien pesos de limosna
+por una misa. ¡Y en España que no pasa nadie de tres pesetas!...
+
+Complacíase Ojeda con esta franqueza de don José al comparar las
+ganancias del sacerdocio en los dos hemisferios. Había hecho bien en
+embarcarse: seguramente le esperaba allá la fortuna.
+
+--No es tan fácil, don Fernando; hay mucha concurrencia. Me dicen que
+los curas italianos trabajan por lo que les dan, y han abaratado los
+precios. Como que muchos se ayudan con un oficio, y cuando vuelven de la
+iglesia a casa, son sastres de viejo o remiendan zapatos... En aquellas
+tierras los hombres se muestran, según mis noticias, algo indiferentes
+con nosotros. Lo mismo que en la nuestra. Hay que buscar el apoyo de las
+mujeres, y para esto me ha prometido don Isidro presentarme a esas
+señoronas ricas que hablan con él y se sientan en la parte de proa.
+Parecen muy entusiasmadas con el obispo italiano: «Monseñor, aquí;
+Monseñor, allí», pero yo soy español, y ¡quién sabe!... Me gustaría
+encontrar una señora rica que me protegiese.
+
+Fernando sonrió, algo asombrado de la naturalidad con que don José hacía
+esta declaración. ¡Qué cinismo tranquilo!... Y quiso acompañar su risa
+tocándole en el pecho con un dedo, pero se detuvo al ver su gesto de
+sorpresa.
+
+--Se equivoca usted, señor Ojeda. Yo soy un indigno pecador en muchas
+cosas... menos en ésa. Tengo mis defectos, como todos los hombres, pero
+lo que usted cree... ¡nunca! Yo no pienso jamás en esas niñerías. ¡Yo
+soy muy hombre!
+
+Golpeábase el pecho con arrogancia al hacer esta viril declaración, y
+Ojeda admiraba la incoherencia del pobre sacerdote, que repetía con
+orgullo su calidad de masculino como prueba de virtud.
+
+--Soy muy hombre, don Fernando, y por eso me deja indiferente ese pecado
+tonto en el que usted piensa y que sólo proporciona escándalos y
+quebraderos de cabeza... Otros pecados, no digo que no...
+
+Una sonrisa de malicia infantil arrugó sus mejillas morenas, en las que
+se marcaba la mancha azul de la recia barba. Quedaron al descubierto sus
+dientes apretados, deslumbradores, que denunciaban una gran fuerza
+triturante. Contemplando su ávido brillo, creyó Ojeda en la pureza de
+aquel hombre. La voluptuosidad había contraído en él todos sus
+tentáculos, para replegarse sórdidamente en el paladar y el estómago.
+
+Maltrana le había hablado algunas veces del apetito insaciable de don
+José, de la prontitud con que acudía al comedor apenas sonaba la
+trompeta, de la profusión con que recolectaban sus manos emparedados y
+galletas en las bandejas a la hora del té, del entusiasmo con que
+elogiaba la abundancia nutritiva a bordo del _Goethe_. Su capacidad de
+alimentación sólo era comparable, según Isidro, a la de un náufrago que
+se salva o a la de un habitante de ciudad sitiada que se rinde después
+de varios años. Cuarenta generaciones de jornaleros hambrientos comían
+por su boca.
+
+En aquel mismo instante, mirando Ojeda hacia el paseo de babor, vio a
+Isidro que acababa de abandonar su conversación con las señoras y venía
+hacia él. Pero se detuvo ante la familia de Nélida. El padre, sin
+moverse de su asiento, hablaba con Martorell, el poeta bancario, y
+Maltrana, después de escucharles unos segundos, se inmiscuyó en la
+conversación.
+
+--Yo necesito, para abrirme paso, una señora que me proteja--continuó
+don José--. Pero eso no es fácil; en nuestro mundo hay modas, como en
+todos los mundos, y vanidades y categorías. Yo soy un pobre cura que
+sólo sabe cumplir como buen trabajador.
+
+--Debía usted imitar--dijo Ojeda--a ese abate francés que tanto
+entusiasma a las señoras.
+
+--¡Cállese, señor!--protestó el cura--. Yo no sirvo para titiritero. Los
+españoles no sabemos hacer comedias: tenemos más seriedad... ¡Yo soy muy
+hombre!
+
+Y resumía su indignación con un fiero golpe en el pecho, afirmando
+varias veces que era muy hombre.
+
+--Tal vez en tierra me sea más fácil abrirme paso. Yo no soy cura a la
+moda, pero soy cura español, y esto algo debe valer entre gentes que son
+de nuestra sangre, hablan nuestra lengua y profesan el catolicismo
+porque España fue la primera en descubrir sus tierras. Ahí está la buena
+señora doña Zobeida, ese ángel de bondad; para ella no hay más sacerdote
+a bordo que yo: el obispo y el abate, como si fuesen zapateros. ¡Ojalá
+se resolviese lo de su pleito y cambiase de fortuna! Ciertamente que no
+me olvidaría... Además, en aquella tierra, según dicen, el exceso de
+dinero y la abundancia de negocios malean a los sacerdotes. Unos se
+dedican a la cría de caballos o de bueyes, otros prestan dinero a los
+feligreses sobre las cosechas. Pero yo llego a trabajar sólo en lo mío,
+para cumplir como bueno, y me contento con poco. Mi felicidad sería un
+curato en esos campos donde la carne va tirada, según dicen, y el pan lo
+mismo. Mi madre no puede venir, porque le tiene miedo al mar; pero
+traeré a mi hermana, que es guisandera fina, y malo será que no coloque
+a mi cuñado y dé carrera a los sobrinos... ¡Señor, que así sea!
+
+Quedó indeciso y silencioso, como si agitasen su cerebro nuevas e
+inesperadas ideas.
+
+--Líbreme el Altísimo de un engaño--dijo--; pero yo pienso, don
+Fernando, que nosotros en América somos algo. Tal vez no sabemos tanto o
+somos menos atrevidos que ese parlanchín de las barbas, pero somos más
+serios, más sencillos. Nuestro catolicismo es para América más... ¿cómo
+me explicaré?... más...
+
+--Más clásico--interrumpió Ojeda, para sacar al cura de su apuro.
+
+--Eso es--dijo don José tras una vacilación, como si pesase la palabra
+no comprendiéndola bien--. Más clásico, más con arreglo al país, y por
+esto las personas buenas y sencillas que no se curan de modas deben
+recibirnos mejor a nosotros que a esos sacerdotes extranjeros que
+parecen gente de teatro.
+
+Permanecieron los dos en silencio, y Ojeda volvió a tener la misma
+visión del día anterior... «¡Buenos Aires!» También este nombre mundial
+había titilado un instante, como parpadeo de mística lámpara, en la
+penumbra de la sacristía, evocando la ilusión de una mesa abundante, una
+mesa de hartura, y en torno de ella una familia robusta y saludable,
+segura del porvenir, rodeando al sacerdote rico... Y allá iban todos,
+siguiendo el revoloteo de la esperanza, hacia un mundo de fértiles
+soledades faltas de hombres, llevando como precio de su entrada fuerzas,
+iniciativas y apetitos: unos sus brazos, otros su inteligencia, otros el
+ávido capital ansioso de copular con la tierra y reproducirse hasta lo
+infinito... y hasta aquel pobre cura llevaba su misa, su catolicismo
+español, más serio, más... clásico.
+
+La llegada de Maltrana interrumpió estas meditaciones.
+
+--¿Qué dice don Pepe?...
+
+Y acompañó el familiar saludo con una suave palmada en el abdomen del
+clérigo. Éste se inclinó sonriendo. «¡Qué don Isidro tan alegre y
+simpático!... Era imposible enfadarse con él...»
+
+Al ver juntos a los dos amigos, el cura pareció contraerse en su
+humildad.
+
+--Ustedes tendrán que hablar--dijo mirando a su reloj--. Va a ser
+mediodía. ¡La hora del almuerzo! Me hace falta un poco de paseo para
+despertar el apetito.
+
+Y se alejó, seguido por la risa de Maltrana, que lamentaba irónicamente
+la inapetencia del cura.
+
+Ojeda quiso saber qué había hablado su amigo con Martorell y el padre de
+Nélida.
+
+--Hablábamos de negocios--dijo Isidro con repentina gravedad y una
+expresión de misterio--, de un gran negocio que llevamos entre manos.
+¡Quién sabe si antes de un año seré rico, muy rico, más que usted, que
+quiere ir al desierto a roturar la tierra!... Las amistades sirven de
+mucho, y yo las tengo buenas.
+
+La mirada interrogante y asombrada de Ojeda le invitó a continuar en sus
+confidencias. Dudó un momento, como si temiese la burla de su amigo, y
+al fin dijo con resolución:
+
+--Vamos a fundar un Banco apenas lleguemos a Buenos Aires... No se ría
+usted, Fernando; me lo esperaba. Es cosa seria. Martorell pone la idea
+y su experiencia de técnico. El señor Kasper, el padre de Nélida, pondrá
+el capital que se necesita para empezar; poca cosa, según el catalán,
+que entiende mucho de esto. Yo... no sé lo que pongo en el negocio, pero
+seguramente pondré algo, pues entro en él, y mis consocios parecen
+contentos de tenerme en su compañía.
+
+Echóse a reír Ojeda con tal fuerza, que su espalda chocó con la
+barandilla, doblándose hacia la parte exterior. «¡Maltrana banquero!
+¡Maltrana fundador de un Banco, cuando apenas tenía unas pesetas para
+desembarcar!...»
+
+--No se burle--dijo éste, algo amoscado--. La cosa no es para tanto.
+¿Vamos o no vamos a una tierra de riquezas y prodigios?... Si usted
+oyese a ese muchacho catalán, la sencillez con que explica las cosas se
+convencería de que lo del Banco es asunto serio. ¿Y qué tiene de
+extraordinario que yo llegue a ser un gran banquero en un país donde
+todos, al llegar, cambian de profesión y cada uno se descubre con
+facultades y aptitudes que no sospechaba en Europa?... Aquí en el buque
+no se oye hablar más que de millones y de negocios estupendos. Todos
+llevamos nuestro plan gigantesco para asombrar al Nuevo Mundo y
+encadenar a la fortuna. Hasta los que se volvieron de América
+desesperados retornan con nuevos bríos. ¿Por qué no ha de tener Maltrana
+su negocio?... Crea usted que los que han fundado Bancos allá no valían
+más que yo ni tenían el talento de Martorell, que es un águila para
+estas cosas.
+
+Pasado el primer acceso de hilaridad, admirábase Ojeda de la convicción
+con que hablaba su amigo del futuro negocio. Sentía, indudablemente, la
+influencia misteriosa que había observado él en anteriores viajes. Un
+ensanchamiento de la ilusión, hasta los confines más absurdos de lo
+irreal, dominaba a los viajeros. El aislamiento en medio del Océano
+empequeñecía o anulaba todos los obstáculos con que se tropieza viviendo
+en tierra firme. La inmensidad del mar parecía dilatar los cerebros y
+los ojos. Todos pensaban en grande y veían sus propias ideas con retinas
+de aumento. Y como la ilusión de los unos no oponía obstáculos a la
+esperanza de los otros, todos se empujaban locamente, dando por
+realizadas las cosas en este galope de optimismo.
+
+Los vecinos de asiento, que durante los primeros días de navegación se
+habían mirado hostilmente en la cubierta de paseo, buscábanse ahora, no
+pudiendo vivir separados, y hablaban horas y horas de los futuros
+negocios ideados en comandita, sin cansarse de manosearlos para apreciar
+mejor su mérito, examinándolos, como una piedra preciosa, faceta por
+faceta. Un hálito de heroísmo despreciador de los obstáculos hacía
+vibrar los cerebros. La vieja Europa, meticulosa, cobarde y
+retardataria, quedaba atrás; las hélices la enviaban los espumarajos de
+las aguas rotas como un salivazo de despectivo adiós. Por la proa
+llegaba el viento del Nuevo Mundo, la respiración de una tierra de
+valerosos sin escrúpulos ni remordimientos, donde el absurdo triunfa,
+siempre que vaya acompañado de la tenacidad y la audacia.
+
+Si para un negocio se necesitaban tierras, las tierras se adquirirían.
+Los futuros triunfadores ignoraban cómo ni por qué medio, pero se
+adquirirían, y... basta. Éste era un detalle de poca importancia. Si se
+necesitaban grandes capitales, se encontrarían igualmente. No había que
+preocuparse de esto. Lo importante era el negocio, el gran negocio de
+estupenda novedad que se les había ocurrido--novedad que consistía en
+trasplantar algo viejo y tradicional de Europa--, y calculaban las
+seguras ganancias: tanto por mes, tanto por año, tantos millones a los
+cinco años, creyéndose, en fuerza de ilusión, casi al final de esta
+rápida carrera de la suerte.
+
+Algunos, con inagotable generosidad, sentían el deseo de hacer
+partícipes de su estupenda fortuna a todos los allegados, y cada mañana
+admitían un nuevo socio, ofrecían graciosamente una parte a un nuevo
+auxiliar, hasta el punto de no saber con certeza qué restaría para
+ellos, los geniales inventores. Otros, más ásperos de alma, empezaban a
+mirarse con recelo y suspicaz vigilancia, temiendo una mutua traición en
+el negocio que aún estaba por venir. La riqueza achica los corazones y
+los endurece. Y lo más extraordinario era que todos abominaban de la
+imaginación como de una facultad deshonrosa y ridícula. «Nada de
+ilusiones: hay que ver las cosas tales como son, y en el caso de
+exagerar colocarse en lo peor. Pongamos que sólo se gana la mitad;
+pongamos que sólo es la mitad de la mitad...» Y tras estos cálculos
+descendentes, que revelaban su odio a toda fantasía, siempre resultaban
+millonarios.
+
+Los más entusiastas y de fe inconmovible eran los que habían estado en
+América y volvían a ella por segunda o tercera vez. Los neófitos, que
+escuchaban con asombro sus profecías de riqueza, parecían dudar de
+repente. Era la timidez europea que resucitaba. «Yo he estado allá, y sé
+lo que es aquello--decía el compañero viejo--. Nada de miedo; esta vez,
+con mi experiencia, estoy seguro del éxito...» Y Maltrana, burlón y
+escéptico, que iba a América sin saber ciertamente para qué, se había
+sentido de pronto arrebatado, lo mismo que los otros, por este huracán
+de optimismo.
+
+--Sí señor; un Banco--repitió mirando a Ojeda con expresión algo
+agresiva--. Vamos a fundar un Banco, y no comprendo que un negocio serio
+le produzca a usted tanta risa. Las cosas están magníficamente ideadas.
+Ese chico catalán, aunque despreciable como poeta, es un gran
+organizador; y el señor Kasper será un pillo, si usted quiere, pero en
+los negocios la picardía es un mérito. El plan no tiene falla por
+ninguna parte.
+
+Y lo exponía con la sequedad de un grande hombre ofendido por la
+ignorancia de su auditorio. Fundar un Banco era cosa corriente en
+aquellos países. Cada semana nacía uno, según le había dicho Martorell.
+No había calle principal de Buenos Aires que no tuviese unos cuantos. Lo
+más importante era encontrar una buena casa y amueblarla con muebles
+ingleses, «serios», «distinguidos», y mostradores de caoba brillante.
+Además, eran necesarios un enorme rótulo dorado, juegos de banderas para
+las fiestas patrióticas, y gran iluminación nocturna en la fachada.
+Capital para empezar: dos o tres millones de pesos.
+
+--Usted creerá haberme aplastado preguntando: «¿Dónde está el
+capital?...». Se hacen figurar todos esos millones y más si se desea en
+los Estatutos, y sobre todo en las vidrieras y el rótulo, con letras de
+a dos palmos. Pero en realidad se empieza con treinta o cuarenta mil
+pesos... Y también me dirá usted: «¿Dónde están?...». El señor Kasper,
+que tiene en gran aprecio a Martorell y cree en el negocio, promete
+traerlos. Además, contamos con los buenos señores que entrarán en el
+Directorio... Siempre se encuentran media docena de tenderos deseosos de
+figurar al frente de un Banco. Gusta mucho poder decir a los amigos:
+«Esta tarde tengo sesión de Directorio». Da importancia escribir a los
+parientes de Europa, a los papanatas de la tierra, en el papel del Banco
+con un membrete que impone respeto, en el que se consignan los millones
+del capital y las operaciones del establecimiento. El catalán, que
+«conoce el corazón humano» y es gran aprovechador de vanidades, tiene
+echado el ojo desde su viaje anterior a unos cuantos compatriotas. Éstos
+aportarán fondos, tomarán acciones para ser del Directorio, y luego que
+funcione el Banco... ¡a vivir! Daremos dinero al 30 por 100 (lo que es
+fácil allá, según dice Martorell), prestaremos con hipoteca, para
+quedarnos con los bienes hipotecados; un sinnúmero de bellas maldades,
+que explica mi consocio con su hermosa sonrisa de hiena poética.
+
+Quedó en silencio Maltrana, como si se examinase interiormente.
+
+--¡País de asombros!--continuó--. ¡Yo banquero, yo que he hecho sufrir
+tanto a los prestamistas de Madrid!... ¡Tierra de transformismos, donde
+los albañiles se hacen agricultores, los curas fugitivos se convierten
+en padres de familia y los señoritos arruinados entran de cajeros de
+confianza en las casas de comercio!...
+
+--¿Ya tienen ustedes título para el Banco?--preguntó Ojeda.
+
+--Ése es el obstáculo, el único escollo con que tropieza hasta ahora
+nuestro negocio. Lo del título es importante. Casi va el éxito en
+encontrar algo que suene bien, que se pegue al oído, inspire confianza y
+tenga un carácter internacional, lo más internacional que sea posible.
+Los consocios no se ponen de acuerdo en lo del título; lo único
+indiscutible es que, sea cual sea su dimensión, deberá añadírsele «y del
+Río de la Plata». Porque allá, según Martorell, todos los Bancos, aunque
+se titulen rusos, chinos o noruegos, llevan como final de rótulo «y del
+Río de la Plata». Sin esto, no hay respetabilidad posible.
+
+Volvió a quedar en silencio Isidro, pero su rostro se animó durante esta
+pausa con su acostumbrada expresión de malicia.
+
+--Yo tengo mi título, un título de lo más universal. Abarca las diversas
+nacionalidades de las gentes que vendrán a nosotros y halaga al mismo
+tiempo el sentimiento regionalista. Hasta he tenido en cuenta el lugar
+de nacimiento de mis dos compañeros. «Banco de Westfalia, de Tarragona y
+del Río de la Plata.» Pero los socios no lo aceptan.
+
+Fernando miró fijamente a su amigo. ¡Famoso Maltrana! En él la gravedad
+era siempre de corta duración. Nunca se sabía ciertamente dónde cesaban
+sus emociones, dando paso a la fría burla.
+
+En lo alto del buque vibró la señal de mediodía, un rugido que hizo
+temblar los pasillos y tabiques del trasatlántico y se dejó absorber sin
+eco alguno por el sordo infinito del Océano.
+
+--Las doce: vamos a almorzar.
+
+Cerca de la proa vieron algunos pasajeros que señalaban la línea del
+horizonte, discutiendo con frases breves. Contraían los ojos para dar
+mayor potencia a su visualidad; pasábanse de mano a mano los gemelos
+prismáticos, explorando el límite del Océano, sobre cuyo lomo se
+abullonaban tenues vapores. «Ya se ve Cabo Verde...» Otros dudaban. No
+eran las islas: eran simples nubes. Y todos, como si despertasen de la
+calma letárgica del mar, mostraban un deseo famélico de ver tierra, de
+distinguir aquellas islas en las que no había de detenerse el buque.
+
+Abajo en el comedor almorzaban muchos con cierta precipitación, como
+gentes que han de ir al teatro y aceleran la comida por miedo de llegar
+tarde. «Tierra: ya se ve tierra», decían de mesa en mesa con una alegría
+infantil. Más impacientes, algunos se levantaban de sus asientos con la
+servilleta en la mano, y alargaban el pescuezo queriendo distinguir por
+las ventanas del comedor aquellas islas ante las cuales iban a pasar de
+largo y de las que hablaban todos como de una tierra de promisión.
+
+Después del almuerzo, la gente tomó el café a toda prisa y los salones
+quedaron abandonados, sonando en el vacío el abejorreo de los
+ventiladores y los trinos de los canarios. Todos se amontonaban hacia la
+proa, en las bordas de la cubierta, ansiosos de ver las islas. Empezaron
+a marcarse en el horizonte las gibas obscuras y borrosas de unas
+montañas emergiendo del mar. Cansados al poco rato de esta contemplación
+monótona, muchos retrocedían. ¿No era más que aquello? Iba a transcurrir
+una hora larga antes de que estuviesen frente a ellas. Además, el buque
+pasaba muy lejos... Volvían al fumadero a continuar sus partidas de
+_poker_, o formaban en la cubierta los corrillos habituales, hablando
+tendidos en el sillón, hasta que el cabeceo de la somnolencia les hacía
+levantarse titubeantes, camino del camarote, para continuar la siesta.
+
+Ojeda y su compañero, acodados en la baranda, miraban con interés las
+siluetas de las islas destacándose como nubes puntiagudas sobre el azul
+sereno del horizonte.
+
+--Hasta aquí llegó Colón--dijo Fernando--. El Almirante, que había
+navegado siempre hacia Poniente, puso en el tercer viaje la proa al Sur,
+buscando descubrir tierras nuevas por la parte del Austro. Pero más allá
+de estas islas tuvo miedo, y torció el rumbo para seguir la ruta de
+siempre. Le espantaron los calores del Ecuador; creyó que de seguir
+hacia el Sur acabarían por arder sus naves. Tal vez influyeron en su
+credulidad de visionario las leyendas de que rodeaba la pobre geografía
+de entonces a la línea equinoccial.
+
+Recordó después los incidentes de su tercer descubrimiento. Los rayos
+del sol eran tan intensos, que el Almirante, según consignaba en sus
+cartas, temió que incendiasen navíos y personas. Caían sobre la
+escuadrilla frecuentes turbonadas, pero estas lluvias de pegajosa
+tibieza sólo servían para hacer tolerable el calor durante unas horas.
+Colón las acogió como un socorro providencial, creyendo que sin ellas
+todos hubiesen perecido. Iba enfermo; le inquietaba la desaparición en
+la línea del horizonte de los astros que guiaban a los navegantes en los
+mares del hemisferio boreal, así como la aparición de otras estrellas
+ignoradas que a cada singladura iban remontándose en el cielo.
+
+Renacían en su memoria las opiniones de la época sobre la línea
+equinoccial y lo que existía detrás de ella, doctrinas aprendidas en su
+vagabundaje por los conventos y los puertos, conversando con hombres de
+ciencia y navegantes.
+
+Para muchos, en el hemisferio del Austro estaba el Paraíso terrenal. El
+Ecuador, con sus calores irresistibles, era «el gladio o cuchillo ígneo
+versátil» que había puesto Dios entre los hombres y el Paraíso para que
+ninguno de los hijos de Adán pudiese volver a él. Los poetas de la
+antigüedad y los Padres de la Iglesia acordábanse maravillosamente al
+fantasear sobre esta parte del mundo absolutamente ignorada. Más allá
+del Ecuador estaba la tierra llamada «Mesa del Sol», por la dulzura de
+su clima y la generosa abundancia de sus productos. En ella vivían seres
+felices que, al no tener que preocuparse de las necesidades de la
+vida--pues la Naturaleza, pródiga, les ofrecía todo con exceso--,
+dedicábanse al estudio de las causas naturales, y especialmente de la
+astrología. Arim, la «ciudad de los filósofos», era el centro de la
+«Mesa del Sol».
+
+En esta parte de la tierra, por ser la más noble, había de estar
+forzosamente el Paraíso. Los astros influían en nuestra existencia
+poderosamente. Todo se desarrollaba en el suelo, no con arreglo a su
+propia bondad, sino por «las nobles y felices influencias de las
+estrellas que están sobre él», causa universal de vida. «A cielo noble
+correspondía tierra nobilísima», y como las constelaciones del ignorado
+hemisferio eran, según la ciencia de la época, «las mayores, más
+resplandecientes, más nobles y perfectas, y por consiguiente de mayor
+virtud, felicidad y eficacia que las de Aquilón», de aquí que bajo su
+resplandor debía estar forzosamente la mejor de las tierras, o sea el
+Paraíso.
+
+La cabeza es la parte más noble de «todas las cosas naturales y
+artificiales, la más adornada y de mejor hechura, de donde procede la
+influencia a los otros miembros del cuerpo». ¿Y dónde estaba la cabeza
+de la tierra?... En el ignorado Austro, en el Sur, como le ocurre al
+árbol, que, aunque tiene la cabeza oculta abajo, no podría extender las
+ramas, con sus frutos y pájaros, si esta cabeza dejase de enviarle su
+nutrición y su fuerza. Y el fuego, fuente de vida, nacía en el Austro,
+se engendraba en él, y una barrera de este fuego tendida circularmente
+en el Ecuador impedía el paso de un hemisferio a otro.
+
+El descubridor, alarmado por los insufribles calores que le salían al
+encuentro, vio en ellos una confirmación indiscutible de las opiniones
+de los hombres doctos de su época, y volvía la proa a Poniente, no
+osando avanzar más en el temido Austro.
+
+Una gran sorpresa le esperaba. El mundo no era redondo, como habían
+creído Ptolomeo y otros. Podía ser esférico en el hemisferio boreal,
+donde aquellos sabios habían hecho solamente sus estudios; pero este
+otro hemisferio por cuyos límites navegaba él tenía la «forma de una
+pera, que es redonda salvo allí donde tiene el pezón, que es más alto, o
+la de una pelota con una teta de mujer puesta encima», y el extremo de
+tal pezón era «la parte del mundo más propincua al cielo».
+
+Los buques, al continuar hacia Poniente, aunque parecía que navegaban
+por un océano llano e igual, subían y subían, siguiendo el lomo
+ascendente de esta protuberancia del planeta. El Almirante reconoció
+esta subida en la frescura del aire, cada vez más sensible según se
+avanzaba al Oeste, aunque las naves siguiesen el mismo grado, y sobre
+todo en las particularidades que ofrecían tierras y gentes. Así como el
+descubridor se había ido aproximando a la línea ígnea del Ecuador, el
+sol quemaba con más fuerza, las tierras estaban más calcinadas y los
+habitantes eran más negros. En Cabo Verde y en Sierra Leona llegaban las
+gentes a la más extrema negrura y las tierras parecían quemadas. Y sin
+embargo, al poner proa al Oeste, siguiendo la misma latitud, refrescaba
+el aire, y el Almirante encontraba en las costas de Venezuela la isla de
+la Trinidad, «de temperancia suavísima--según sus escritos--, con
+tierras y árboles muy verdes y hermosos, como en Abril las huertas de
+Valencia, y la gente de muy linda estatura y casi blancos, más astutos y
+de mayor ingenio que los negros, y no cobardes».
+
+Todo esto era porque las tierras y las personas estaban más en alto, más
+cerca de las buenas regiones del aire, en las laderas de aquel pezón
+gigantesco que alteraba la redondez del hemisferio austral. Y la
+hipótesis del Paraíso, cabeza de la tierra, situado en el noble Austro,
+se convertía en certidumbre para el Almirante. En el vértice del pezón
+estaba el antiguo lugar de delicias; y el Orinoco, que endulzaba el mar,
+asombrando a los navegantes con su sábana inmensa, era uno de los cuatro
+ríos que descendían del Paraíso.
+
+Fernando y su amigo, que hablaban de estas fantasías del Almirante
+paseando por la cubierta, se detuvieron ante las ventanas del gran
+salón. La voz tenue del piano, tocado en sordina, atrajo la curiosidad
+de Isidro.
+
+--Mire usted, Fernando. La alemana, la mujer del director de orquesta,
+que se aprovecha de que no hay gente en el salón. Cerca de ella está su
+niño... ¿Qué toca? ¿Wagner?... No; eso lo conozco; es de Schubert: _El
+rey de los álamos_. Vea cómo mueve la boca. Canta, pero no la oímos
+bien... No; no se acerque: la vamos a espantar como el otro día...
+Bueno; que le vaya a usted bien: mucha suerte.
+
+Esto último lo dijo al ver que Ojeda, repentinamente, como si obedeciese
+a una decisión anterior, se separaba de él. Desapareció por la puerta
+de babor que daba entrada a los salones. Maltrana le vio pasar por entre
+las mesas del jardín de invierno, ocupadas por unos cuantos pasajeros
+dormitantes. Luego entró en el salón y fue a sentarse cerca del piano,
+junto al pequeñuelo cabezudo, que contemplaba los grabados de un gran
+volumen con aire reflexivo de persona mayor, arrullado por la música de
+su madre. Ésta, al notar la presencia de un hombre que la escuchaba
+fijos los ojos en ella, hizo un gesto de sorpresa y contrariedad, se
+respingó, como si fuese a abandonar el piano, pero con súbita resolución
+continuó en su asiento. Un ligero rubor coloreaba su palidez verdosa de
+busto antiguo.
+
+--¡Qué Ojeda!--murmuró Isidro mirando por los cristales--. Veremos en
+qué viene a parar toda esta música.
+
+Sintióse sin fuerzas para seguir paseando por la cubierta. El calor
+había dispersado a las gentes. Todos gozaban la frescura de la siesta,
+ligeros de ropa, en el interior de sus camarotes o en los encontrados
+huracanes de los ventiladores del fumadero.
+
+El buque cabeceaba perezosamente, con largos intervalos de calma, sobre
+las extensas ondulaciones de un mar denso, centellante, enrojecido como
+metal en fusión. Ni el más leve soplo agitaba las lonas de la cubierta,
+tendidas de las barandas hasta el techo como un tabique rígido, obscuro
+y ardiente.
+
+Maltrana se dejó caer en uno de los varios sillones que ostentaban el
+rótulo de «Doctor Zurita y familia», y allí quedó en agradable sopor,
+sin saber ciertamente si estaba dormido o despierto. Oía sonar el piano
+lejos, muy lejos, como una musiquilla de liliputienses. «Ahora es
+Wagner--pensaba--; eso lo conozco: _Parsifal_, "El encanto del Viernes
+Santo"... Ahora es Schubert: el "Quinteto de la Trucha". ¡Cosa
+graciosa!... Ahora... ahora...» Y no pudo reconocer nada más, porque
+dejó de oír la música.
+
+Se hundía, se hundía en un agujero negro, acompañado por la melodía
+tenue, que se iba adelgazando lo mismo que un hilo cada vez más tirante,
+hasta romperse y ser devorada por el silencio.
+
+De pronto volvió a la vida al sentir una mano en un hombro. Abrió los
+ojos, y vio al doctor Zurita de pie ante él, con un puro en la boca
+sonriéndole.
+
+--Levántese, amigo y tome uno de hoja. Hoy no ha venido usted por el
+tributo.
+
+Le ofreció su estuche inagotable lleno de cigarros habanos. Eran las
+tres. El doctor había dormido su corta siesta habitual, y encontrándose
+solo, deseaba charlar con Isidro. Éste se puso de pie para encender el
+cigarro, y su vista buscó a través de las ventanas del salón. Había
+enmudecido el piano, pero la alemana continuaba en la banqueta,
+revolviendo las hojas de las partituras y escuchando a Fernando, que,
+acodado en la tapa del instrumento, la hablaba de cerca. La amistad
+estaba hecha gracias a la música, complaciente mediadora que no necesita
+de presentaciones.
+
+El doctor quiso pasear, y Maltrana le siguió dando chupadas al cigarro
+de bravío perfume.
+
+La proximidad de la línea equinoccial parecía alegrar a Zurita. Estaban
+cerca de su hemisferio, iban a entrar en él antes de dos días.
+
+--Es, como quien dice, volver a casa, mi amigo. Yo soy muy americano y
+tengo unas ganas locas de ver mi cielo. ¡Cuántas noches, en Europa, me
+privé de mirarlo, porque no podía encontrar en él la Cruz del Sur!... Y
+mañana tal vez la contemplemos. Mi muchachada no comprende estas cosas
+del viejo.
+
+Sentía impaciencia por llegar a su tierra, ver a los amigos, enterarse
+de la marcha de los negocios, pisar las calles de Buenos Aires. Las
+capitales de Europa eran dignas de su admiración, ¡pero Buenos Aires!...
+
+--Pronto llegaremos, si Dios nos ayuda--continuó alegremente--. Allí se
+demostrará, galleguismo simpático, lo que usted vale y lo que lleva
+dentro. A ver si algún día llega a ser archimillonario y yo puedo contar
+con orgullo que hizo conmigo su primer viaje... Pero hay que trabajar,
+¿sabe, _che_?... Nada de creer que allí se encuentra plata con sólo
+agacharse a tomarla. Se miente mucho. La gente va allá con la cabeza
+llena de exageraciones. Además, la plata no se hace en un mes ni en un
+año: hay que contar con el tiempo, que vale tanto como el trabajo; hay
+que dedicar a una empresa, sea ésta cual sea, la mayor parte de la vida.
+
+Habían dado la vuelta entera al paseo, y el doctor se detuvo cerca de
+las ventanas del salón. Otra vez sonaba el piano. Isidro vio a su amigo
+de pie junto a la artista, con los ojos fijos en su nuca inclinada,
+esperando una indicación de su cabeza para volver las hojas de la
+partitura.
+
+--Vea, Maltranita. Lo importante en nuestra tierra es comprar algo,
+poseer algo, ser propietario, y luego el país, que va siempre hacia
+adelante, se encarga de enriquecerlo a uno, siempre que tenga paciencia
+y serenidad. ¿Por qué cree usted que somos un pueblo aparte de los demás
+y vienen a fundirse con nosotros gentes de todo el mundo?...
+
+El doctor hacía esta pregunta con una expresión de malicia bonachona en
+los ojos y la boca. Maltrana se apresuró a repetir todos los lugares
+comunes que había oído sobre la tierra argentina. La feracidad del suelo
+virgen, la falta de braceros, la facilidad de crédito para el trabajo...
+
+--Yo he reflexionado mucho, mi amigo, sobre las cosas de mi patria, y
+creo que su poder de atracción consiste en que en ella no hay
+aritmética. ¿Se entera usted?... Más bien dicho, que su aritmética es
+distinta de la que se usa en los demás pueblos. En Europa y fuera de
+ella, dos y dos son cuatro siempre. ¿No es eso?... Pues en la Argentina
+jamás ha sido así.
+
+Guardó silencio, como si se gozase en la estupefacción de Maltrana, y
+luego continuó, con una sonrisa doctoral:
+
+--En los tiempos coloniales, cuando la vieja España nos tenía como niños
+en la escuela, y aun mucho después, en la época de nuestras revueltas,
+dos y dos jamás fueron cuatro. No había quien sumase, quien pusiese los
+dos números uno sobre el otro. Nos vestíamos con tejidos domésticos;
+matábamos los animales para aprovechar únicamente el cuero y el sebo,
+dejando la carne a los caranchos; cultivábamos la tierra para las
+necesidades de casa nada más... Después vinieron los buenos tiempos de
+la exportación y de la inmigración, y dos y dos tampoco fueron cuatro.
+Se valorizó todo de un modo loco, y dos y dos fueron ocho, dos y dos son
+doce, y a lo mejor se levanta uno de la cama, y sin más trabajo que
+haber estado durmiendo se encuentra al despertar con que dos y dos hacen
+veintidós... ¡Qué país, mi amigo!
+
+Maltrana le escuchaba enarcando las cejas con sincero asombro, como si
+esta paradoja del doctor le librase el gran secreto del país adonde él
+iba.
+
+Comprendido; lo importante era tener dos sumandos, por simples que
+fuesen: dos y dos. El país se encargaba después de hacer la adición con
+arreglo a su aritmética maravillosa.
+
+--Pero esa aritmética tiene a veces sus fracasos--continuó el doctor,
+acentuando su sonrisa--. La del viejo mundo, tímida y rutinaria, es
+inconmovible. Dos y dos siempre son cuatro, ni más ni menos. Allá, en
+nuestra tierra, cada diez años tiembla todo, sin que acierte nadie a
+descubrir el por qué del cataclismo. Años de sequía y malas cosechas...
+Algunas veces, ni esto. Guerras que se desarrollan al otro lado del
+planeta, en países que no conocemos ni nos importan un poroto;
+restricción de crédito, falta de dinero, Bancos a los que dan «corrida»,
+como dicen allá, y que ven sus puertas llenas de gente que retira sus
+depósitos; propietarios que desean vender y no encuentra a quién;
+capitalistas extranjeros que no quieren hipotecar... y entonces, dos y
+dos son uno... dos y dos son nada... y el que no tiene aguante para
+esperar que la aritmética recobre su antigua originalidad, queda
+reventado para toda la siega.
+
+Maltrana continuó la paradoja del doctor con una objeción. Día llegaría
+en que dos y dos fuesen eternamente cuatro en aquel país: cuando sus
+campos quedasen divididos en pequeñas fracciones, los desiertos
+estuvieran ocupados por una población densa, y se elevasen las aguas
+hasta las tierras resquebrajadas ahora de sed junto a ríos enormes como
+brazos de mar.
+
+--Así será--dijo el doctor--. Dos y dos serán cuatro en la Argentina
+alguna vez... Indudablemente, dentro de siglos. Pero entonces--añadió
+con tristeza--nadie irá a ella; porque para encontrarse con la misma
+aritmética del país natal, con la novedad de que dos y dos sólo hacen
+cuatro, no hay hombre que sienta deseos de moverse de su casa.
+
+
+
+
+VII
+
+
+--Sí; dice usted bien. El poder demoníaco de la música, que influye en
+nuestra suerte, como en otros tiempos influían los astros... El Maestro
+habla de él al recordar en sus Memorias los años de iniciación... Afina
+nuestra sensibilidad, para que suframos más intensamente las heridas de
+la existencia.
+
+Mina Eichelberger, la mujer del director de orquesta, murmuraba estas
+palabras con el mentón apoyado en el pecho y la mirada fija en Fernando,
+de pie junto a ella.
+
+Hablaban en la cubierta de los botes, bajo la sombra movediza de un
+toldo de lona que dejaba avanzar una faja de sol o la repelía, siguiendo
+el balanceo del buque, largo, suave, apenas perceptible.
+
+Era en la tarde, después del almuerzo, cuando desaparecían muchos
+pasajeros, adormecidos y abrumados por el calor, buscando continuar la
+siesta en el camarote bajo el soplo de los ventiladores. Otros, temiendo
+encerrarse entre los tabiques de acero, permanecían tendidos en los
+sillones de las cubiertas, bajo la azulada sombra de las lonas,
+esperando los leves e intermitentes soplos de la brisa sobre el pescuezo
+sudoroso, en torno del cual se arrugaba el cuello de la camisa como un
+trapo mojado. Sonaban penosos ronquidos, respiraciones jadeantes,
+cortando con su estertor animal el augusto silencio de la tarde.
+
+Parecía recogerse el mar, adormecido igualmente, sin otro rumor que el
+del roce de sus espumas en los flancos del navío. Un crujir de pasos
+sobre la madera hacía entreabrir algunos ojos, que tornaban a cerrarse
+apenas se alejaba el paseante importuno. Los gritos de los niños en la
+cubierta alta, jugando insensibles al sol y al calor, sonaban con
+extraordinario eco, recordando el vocerío de la chiquillería en la plaza
+blanca de un pueblo meridional a la hora de la siesta.
+
+Todos los habitantes del buque sentían después del almuerzo una
+tendencia al sueño, abrumados por el caliginoso ambiente entorpecidos
+por una elaboración pesada, anonadados y felices al mismo tiempo por las
+voluptuosas contracciones del tubo digestivo en plena tarea
+asimilatoria. Era el momento--según Maltrana--de la gran pureza. Los que
+en otras horas del día rondaban por cerca de las faldas, con miradas
+invitadoras y palabras insinuantes, permanecían tendidos en las
+cubiertas. Los que a la caída de la tarde parecían reanimarse con la
+brisa y se estiraban impulsivamente, lo mismo que fieras carnívoras que
+despiertan, quedábanse ahora hundidos en los sillones del fumadero con
+la inconsciencia de la boa enrollada, siguiendo vagamente las
+espirales de humo del cigarro.
+
+Parejas amigas, de cuyas intimidades se ocupaban con deleite los
+murmuradores, permanecían en los asientos de la cubierta, sin verse, sin
+conocerse, volviéndose la espalda, faltos de fuerzas para cambiar una
+palabra, deseando tranquilidad y olvido. El bienestar animal de la
+digestión y la atmósfera ardiente rechazaban el amor a segundo término
+durante unas horas, como algo molesto e intolerable. Las pasiones
+anteriores enmudecían. Nadie osaba insinuar una petición por miedo a
+verla aceptada, teniendo que descender a la asfixiante penumbra del
+camarote removida por el aleteo del ventilador.
+
+Y fue en esta hora cuando Ojeda entabló su cuarta conversación con Mina
+Eichelberger. Habían cruzado la palabra por vez primera en la tarde
+anterior, al avistar el buque las islas de Cabo Verde. Aún no hacía
+veinticuatro horas que se conocían, y Fernando la hablaba con absoluta
+confianza, libre de los retrocesos que inspira la timidez, como si un
+largo trato de años hubiese desgastado entre ellos todas las
+angulosidades de la prudencia y el miedo. La vida sobre el Océano en una
+jaula flotante de algunos centenares de metros, donde era imposible
+moverse sin tropezarse, hacía marchar las amistades vivamente.
+
+Cuando el buque estuvo frente a las islas y los pasajeros contemplaron
+las montañas, tras las cuales se ocultaba el sol ensangrentando el
+horizonte, los dos se hablaban ya con rápida confianza y sus manos
+sentían un estremecimiento simpático al encontrarse entre las hojas de
+las partituras. Veíanse solos en el salón, olvidados de la gente, que
+había afluido a los costados del buque. Mina cantaba a media voz,
+súbitamente ruborosa al pensar que Fernando estaba de pie detrás de
+ella, dejando caer su mirada sobre su nuca y sus espaldas. Se
+avergonzaba tal vez, con súbita coquetería, al verse mal trajeada y sin
+ningún adorno de tocador. Cuando sus manos permanecían inertes sobre el
+piano y cesaba de cantar, hablaban entonces de la música, de los
+célebres maestros, del gran mago, del nigromante--nombres que Ojeda daba
+a Wagner--, insistiendo en estos tópicos que habían servido de pretexto
+para iniciar su conocimiento.
+
+Las primeras palabras habían sido en inglés, luego en francés, y al fin,
+como si buscase ella mayor desahogo para su expresión, habló en
+italiano, un italiano lento, titubeante, recuerdo de una época cercana
+en la cronología de su existencia, pero remota, muy remota, en sus
+recuerdos. Era la época de su gloria, durante la cual había cantado
+fuera de la tierra germánica las obras del más famoso de los maestros
+alemanes.
+
+El pequeño Karl, niño de gravedad hombruna, al ver a su madre en
+conversación con este desconocido, había olvidado el libro de estampas,
+marchando hacia ella para colocarse entre sus rodillas. Abría sus ojos,
+asombrado por el lenguaje incomprensible que se cruzaba entre los dos, y
+de vez en cuando, con la tenacidad vanidosa de los pequeños que no
+toleran verse olvidados, hablaba a su madre en alemán formulando una
+petición, o se frotaba contra sus rodillas para hacer visible su
+presencia.
+
+Jugueteaban las manos de Mina en sus cabellos lacios, de un rubio
+blancuzco, pero distraídamente, con un descuido de madre preocupada, sin
+que ojos descendiesen hasta él. Miraba a Fernando con una franqueza
+varonil, cual si fuese un camarada, sonriendo a todas sus palabras sin
+saber por qué. Fijábanse sus pupilas en las pupilas de él resueltamente,
+como si quisiera sondearlas con su fluido visual. Pero de pronto
+arrepentíase de esta confianza, sentía miedo y vergüenza, y giraba la
+cabeza para escucharle con los ojos perdidos en los pentagramas del
+libro de música.
+
+Él hablaba mientras tanto, más atento a sus pensamientos mudos e
+internos que a lo que decía con su boca. La examinaba audazmente,
+detallando con los ojos toda su persona, sin obtener al final un juicio
+exacto. ¿Era fea?... ¿Era hermosa, con una belleza exangüe de flor
+marchita?... Ojeda recordaba ciertos muebles antiguos, de dorados
+borrosos y nácares opacos, que al abrir sus cajones esparcen un perfume
+sutil de alma olvidada. Pensaba también en los salones viejos y
+polvorientos, que guardan entre las grietas de sus muros jirones de
+ricas tapicerías reveladores de suntuosidades que fueron; en las voces
+débiles, quejumbrosas por la enfermedad, que de pronto se arrastran con
+roce aterciopelado o se elevan con la vibración de una perla sobre el
+cristal, denunciando un pasado de gloria...
+
+Veía su cuello esbelto, de líneas armoniosas y gráciles cuando
+permanecía en reposo, pero que a la menor contracción marcaba la tirante
+madeja de sus tendones. Se fijaba en la cortante arista de las
+clavículas bajo la epidermis mate, de una blancura verdosa que absorbía
+la luz sin reflejarla. La más leve sonrisa abría en sus mejillas dos
+tristes oquedades obscuras, que tal vez habían sido antes graciosos
+hoyuelos. Una consunción interna había devorado las morbideces que
+suavizan con armonioso almohadillado el cuerpo femenil; pero esta
+consunción era irregular, fragmentaria, ensañándose en unas partes del
+organismo y olvidando otras, dejando incólume, con incomprensible
+respeto, lo más prominente: los pechos todavía frescos y victoriosos
+sobre el torso enflaquecido, semejante a un doble blasón de mármol en
+una fachada ruinosa; las caderas de robustez germánica firmes e
+inconmovibles, como si en ellas fuese más el hueso del armazón que la
+carne del revestimiento.
+
+La piel, tersa en unos lugares del cuerpo, se aflojaba en otros, dejando
+dolorosos vacíos entre ella y el óseo andamiaje. Pero la mirada era
+indudablemente igual que en los tiempos de su gloria. Los extremos de la
+boca, los ángulos externos de los ojos, remontábanse a un tiempo con la
+sonrisa, una sonrisa interior, dulce y enigmática como las que pintaba
+Leonardo. La decadencia física se había detenido piadosa ante la bella
+expresión de sus labios, encorvados hacia arriba como una luna en
+creciente. Sus párpados, algo marchitos, filtraban al encontrarse una
+luz transfiguradora semejante a la del sol sobre las ruinas, que dora el
+moho de las piedras negruzcas y da alegrías de jardín a las plantas
+parásitas de los escombros. Un tenue olor de carne perfumada y enferma
+llegaba hasta Ojeda, pero tan leve, tan vagoroso, que no sabía
+ciertamente si era su olfato quien lo percibía o su imaginación. Y otra
+vez pensaba en el ambiente dormido de los antiguos muebles de secreto,
+que huelen a cartas de amor, polvo, ramilletes secos, cintas olvidadas y
+polillas.
+
+Por la noche había vuelto a hablar con ella largamente. En las
+inmediaciones del fumadero, Mina lo presentó a su esposo, aprovechando
+una rápida salida de éste, que iba a su camarote en busca de tabaco,
+abandonando a los compañeros y las altas columnas de redondeles de
+fieltro que denunciaban los _bocks_ consumidos.
+
+El músico se mostró cortés y respetuoso. Era un honor para él estrechar
+la mano de tan gran poeta. No había leído un solo verso de Fernando,
+pero en las averiguaciones y curiosidades de los primeros días de
+navegación, cuando todos desean saber quién es el vecino, Maltrana había
+hablado del talento poético de su compañero, y esto bastó para que lo
+designasen por antonomasia con el título de «el poeta». Algunos
+alemanes, dispuestos a reconocer y acatar todas las diferencias y
+jerarquías sociales, por una irresistible tendencia a la admiración, le
+llamaban «el gran poeta»... «un poeta colosal», con méritos tanto más
+grandes cuanto que vivían perdidos en el misterio de una lengua
+desconocida.
+
+Ojeda experimentó al examinar al maestro Eichelberger la misma sensación
+que ante su esposa. Vio algo que había sido, y al no ser, guardaba en su
+ruina los muertos esplendores del pasado. Los gestos, las palabras, todo
+en su persona era de un hombre superior al medio en que vivía
+actualmente. Rebuscaba sus palabras, se atusaba el bigote, un bigote de
+antiguo germano, con los extremos caídos; se echaba atrás, con aire de
+inspirado, la luenga cabellera rubia, en la que apuntaban las canas.
+Pero sus ojos macilentos, de córneas ligeramente inflamadas, los
+manchurrones rojizos y malsanos de su rostro, cierta timidez al verse en
+presencia de alguien que por su superioridad le hacía recordar el pasado
+como un remordimiento, revelaban los vicios tenaces de su vida
+fracasada. De pronto, para no delatarse en los azares de una larga
+conversación, se apresuró a despedirse del poeta. Fernando creyó
+igualmente que el músico huía de mostrarse ante su mujer en esta forma
+cortés tan contraria a la realidad, temiendo sin duda la muda ironía de
+sus pensamientos.
+
+Quedaron solos hasta cerca de media noche en un rincón de la cubierta,
+teniendo entre los dos al pequeño Karl, que empezaba a familiarizarse
+con Ojeda. Cuando se cansaba de apoyar la cabeza en las rodillas de la
+madre, iba en busca del nuevo amigo, acogiendo como un gatito manso la
+caricia de sus manos en la flácida cabellera. El sueño acabó por
+rendirle, y Mina lo llevó a su camarote, despidiéndose de Fernando con
+visible contrariedad. Pero a los pocos minutos volvió a subir, como si
+tirase de ella algo superior a sus preocupaciones de madre, y tuvo una
+mirada de gratitud para Ojeda al verlo inmóvil en el mismo asiento, cual
+si prolongase mudamente la entrevista anterior.
+
+Volvieron a hablarse, pero completamente solos, en creciente intimidad,
+sin prestar atención a la orquesta, que ejecutaba su concierto nocturno
+de valses sin fijarse en las miradas curiosas de algunos paseantes que
+parecían tomar nota del repentino acercamiento de dos personas que hasta
+entonces nadie había visto juntas. Una tos seca y persistente hizo
+volver la vista a Fernando. Era Mrs. Power con la pareja de compatriotas
+suyos que pasaba por delante de él fingiendo no verle.
+
+A la mañana siguiente se habían encontrado de nuevo. Mina subió a la
+cubierta en las primeras horas, mucho antes que los otros días, llevando
+de la mano a Karl. El pequeñuelo, apenas vio a Fernando, corrió hacia
+él, dejando flotar sus rubias guedejas sobre el cuello azul de su blusa
+marinera. Este vínculo de aproximación hizo que los dos se abordasen
+sonrientes, con la mano tendida, continuando la conversación de la noche
+anterior. Y una vez terminado el almuerzo, Karl se había encaramado por
+una de las escaleras que conducían a la última cubierta, atraído por la
+gritería de los niños en pleno juego. Su madre le siguió, mirando antes
+en torno para ver si Ojeda estaba cerca. Y éste fue tras ella peldaños
+arriba, como si le atrajese su pálida sonrisa.
+
+«Aún no hace veinticuatro horas que nos conocemos--pensaba Fernando--.
+¡Los milagros del encierro común! En tierra, hubiese necesitado meses
+para llegar a esta intimidad.»
+
+Se habían aislado los dos en medio del rebullicio que agitaba al pasaje
+con motivo de las próximas fiestas del paso del Ecuador. Fernando seguía
+a la alemana en la vida de modesto apartamiento que hasta entonces había
+llevado, tímida y orgullosa a la vez. La noche anterior se había
+acercado Isidro a él cuando estaba hablando con Mina. Debía recordarle
+que era uno de los presidentes del comité organizador de las fiestas, y
+los señores de la comisión reclamaban su presencia antes de terminar el
+programa. Pero Ojeda repelió con mal humor el inoportuno llamamiento.
+Maltrana podía representarle: delegaba en él toda la majestad de su
+importante cargo.
+
+A la mañana siguiente le buscaron los señores de la comisión.
+Solicitaban su concurso para la velada literaria y musical, una fiesta
+en la que todos los pasajeros poseedores de alguna habilidad artística
+iban a mostrarla, para el gozo estético de sus compañeros de viaje.
+Sonaba el piano incesantemente en el gran salón bajo los dedos
+entorpecidos de las señoritas que preparaban su «número». Otros pianos
+no menos balbuceantes y expuestos a error contestaban desde los extremos
+de la cubierta, en la sala de los niños y en los camarotes de gran lujo.
+Voces aflautadas y tímidas vocalizaban romanzas sentimentales, canciones
+napolitanas, y se interrumpían para decir: «¡Viniendo artistas a bordo!
+¡qué atrevimiento!...». Algunas jóvenes, bajo la crítica severa de un
+tribunal de padres y de tías, recitaban versos en francés, tapándose con
+un abanico los ojazos ardientes de criolla o la boca carmesí, en la que
+empezaba a diseñarse la seda de un leve bozo, contorsionando con
+reverencias de dama versallesca sus caderas en capullo de futuras
+procreadoras.
+
+Ojeda repelió con terquedad estas invitaciones al «gran poeta» para que
+recitase algunas de sus obras. Él no gustaba de tales fiestas: no sabía
+decir bien dos versos seguidos; además, una gran parte de los oyentes no
+entendían su idioma. Podían dirigirse al conferencista italiano o al
+abate de las barbas, que hacían el viaje para divertir al público. Él se
+había embarcado con otros propósitos... Por cortesía, los invitantes se
+dirigieron también a Mina, recordando que la habían visto sentada al
+piano. Podía «llenar un número». Pero ella se negó ruborizada, alegando
+que no era artista, sino la simple esposa del director de orquesta, y su
+intervención podía molestar a las «estrellas» de opereta que venían en
+el buque. Y los invitantes no creyeron necesario insistir más cerca de
+una mujer pobremente vestida y que se apartaba de todos con huraña
+modestia.
+
+Su trato con Fernando infundía una nueva animación en su existencia.
+Parecía resquebrajarse después de cada entrevista el aislamiento en que
+había vivido hasta entonces, como en un caparazón erizado de púas. Y en
+este resurgimiento contemplábala Ojeda cada día con mayor interés. Iba
+revelando su pasado fragmentariamente, con titubeos de modestia, cual si
+temiese fatigar la curiosidad de su amigo. Ruborizábase con la evocación
+de ciertos infortunios que había deseado olvidar, para mantenerse de
+este modo en la paz de una vida monótona, sin esperanzas ni recuerdos.
+
+¡Su brillante entrada en la vida, mucho antes de conocer al maestro
+Eichelberger, cuando la aplaudían en los teatros de Alemania y
+aprendiendo luego el italiano interpretaba las obras de Wagner en las
+escenas de Europa y América!... Diez y nueve años; su voz no era
+portentosa: justa y precisa nada más; la necesaria para cantar su parte
+sin ahogos. Pero los entusiastas del gran mago la apreciaban porque
+sabía entrar «en la piel de los personajes». Wagner poeta, creador de
+héroes épicos, intérprete de conflictos humanos, le inspiraba tanta
+adoración como Wagner músico. Durante mucho tiempo, por un fenómeno de
+artística adaptación, había creído ser Brunilda. Su verdadera
+personalidad era la de la hija de Wotan. Sólo vivía de noche, a la luz
+de las baterías escénicas, acompañada en sus pasos y lamentos por la
+música misteriosa que surgía del abismo orquestal. El pecho encerrado en
+los mamilares de la coraza de escamas, el metálico casquete rematado por
+dos alas blancas, la lanza vibradora en una mano, el manto purpúreo
+siguiendo con una flotación de bandera su paso vigoroso de virgen
+fuerte: todo esto había sido la realidad. La vida en los hoteles, los
+viajes por mar y por tierra, las míseras rivalidades de profesión, eran
+un ensueño incierto e incoloro, un limbo del que sólo guardaba pálidos
+recuerdos.
+
+El poder demoníaco de la música la había poseído por entero,
+transportándola a las regiones de una vida superior. La grosera
+realidad, cortina engañadora que oculta a nuestros ojos la suprema
+belleza para que nos resignemos a la penumbra de una existencia práctica
+y vivamos como bestias mirando al suelo, rasgábase para ella todas las
+noches así que pisaba las tablas.
+
+Sentía su alma bañada en divina tristeza cuando el padre-dios, iracundo
+y bondadoso a un tiempo, la castigaba por su desobediencia,
+aletargándola sobre el peñasco que había de rodear el fuego con un muro
+rojo de ondeantes almenas. Cantaba con la alegría de un pájaro que
+saluda al día y al amor cuando la despertaba Sigfrido, el gran niño sin
+miedo y sin prudencia, y al despojarla de su armadura le arrebataba la
+virginidad. ¡Adiós, grandeza fría de los dioses! Ella quería ser mujer,
+con todos los dolores y las pobres alegrías de los humanos.
+
+Estremecíase aún al recordar el final de la gran epopeya, ante la pira
+fúnebre rematada por el cadáver del héroe, cuando, tremolando la
+antorcha vengadora que convierte en cenizas el reino de los dioses,
+expresaba su pena y su sabiduría. Era su tristeza la de la mujer
+superior que ha amado a un ser ligero, valeroso e inconstante, y en la
+hora suprema lo plañe y disculpa sus faltas. La gran verdad, resumen de
+todas las experiencias de la vida, la verdad que buscamos a tientas y
+desechamos muchas veces al encontrarla; la que sólo reconocemos en el
+último momento, cuando ya es imposible recomenzar y los errores no
+tienen remedio, salía de su boca llorosa: «Renuncio a mi divina ciencia
+y se la doy al mundo. Sepan los hombres que la felicidad no es la
+riqueza, ni el oro, ni el poder de los dioses. No es tampoco la pompa
+del rango supremo, ni los lazos mentirosos de las convenciones sociales,
+ni las rigurosas reglas de una hipócrita ley. En la alegría como en la
+tristeza, sólo existe para el hombre una fuente de felicidad: ¡el
+amor!».
+
+Y la pasión que ponía Mina en su voz comunicábase a los que la
+escuchaban. En sus peregrinaciones de teatro en teatro, acompañada por
+su madre--viuda de un militar bávaro muerto en la campaña de Francia--,
+la joven se había visto diversas veces solicitada en matrimonio. Un
+millonario de la América del Norte quiso casarse con esta alemana de la
+que hablaban los periódicos y cuyos retratos gozaban el honor de ser
+exhibidos al lado de los presidentes de la gran República y los más
+famosos boxeadores.
+
+Cantantes de porvenir le ofrecieron la asociación matrimonial para hacer
+ahorros en común, amasando una gran fortuna. Pero ella llegó a los
+veinticinco años sin prestar oído a estas proposiciones que atentaban
+contra su gloria, hasta que conoció el amor en la persona del maestro
+Eichelberger. Tal vez no fue amor: tal vez fue lástima. Las mujeres
+sienten desarrollarse en su pecho el sentimiento de la maternidad mucho
+antes de ser madres y lo aplican a todo hombre que les inspira un
+interés de conmiseración, confundiendo el amor con la piedad. Se había
+engañado voluntariamente, interesada por los defectos del músico.
+
+--Fue en Dresde donde nos conocimos--dijo Mina--. Él, a pesar de su
+juventud, tenía cierto renombre de compositor. Todos le creían destinado
+para algo más grande que dirigir una orquesta. Algunas de sus romanzas
+empezaban a ser populares en Alemania; una sinfonía suya había sido
+aplaudida en los conciertos de Berlín. Trabajaba poco, su vida era
+borrascosa, y yo pensé que le faltaba, como a todos los hombres
+superiores en la primera época de su vida, un cariño que lo guiase, el
+amor de una compañera inteligente que lo sostuviera en el buen camino.
+
+Se acordaba de la juventud del gran mago, de su primera mujer, Mina
+Planer, hacendosa y burguesa, que seguía la carrera de cantante como un
+oficio, pero que supo facilitar la producción creadora de su esposo
+defendiéndolo de los acreedores, organizando un hogar modesto que sin
+ella no habría tenido jamás el gran músico.
+
+--Creía encontrar en la semejanza de nuestros nombres una identidad de
+destinos. Yo podía ser la Mina de este nuevo Wagner que empezaba a
+surgir de la obscuridad. Y así se inició lo que no fue nunca amor, sino
+un gran sacrificio por la gloria... ¡Ay! ¡Cómo nos envenena el arte
+cuando lo hacemos consejero de nuestra pobre existencia!
+
+Se buscaban, con una simpatía intelectual, entre los demás artistas,
+vulgares jornaleros de la música. Mina le había recibido frecuentemente
+contra la voluntad de su madre, señora de rígidos principios que no
+podía transigir con los desórdenes del maestro. Hablaban juntos de Él,
+del demiurgo, del nigromante; se extasiaban ante el piano, con los
+nervios estremecidos por el poder demoníaco de su música. Un día,
+Eichelberger llegaba borracho a estas entrevistas, completamente
+borracho. ¡Esta semejanza más!... También Wagner, a los veinte años,
+cuando era simple director de orquesta de Magdeburgo y no tenía otras
+obras que _Las hadas_ y la sinfonía de _Cristóbal Colón_, había llegado
+beodo una noche a la habitación de Mina Planer. Y la consecuencia de
+esta embriaguez de Wagner fue su matrimonio con una mujer que no creía
+mucho en su talento, pero supo cuidar de su cocina y salir adelante de
+los apuros pecuniarios con el sentido práctico de una antigua obrera
+habituada a la miseria. La suerte marcaba su camino a la otra Mina.
+Ésta, más inteligente, sabría «redimir» al joven maestro, que sólo
+necesitaba el apoyo del amor para revelarse como un genio. Y después que
+Eichelberger, beodo, pasó la noche en su cuarto, el matrimonio fue cosa
+decidida y la madre tuvo que resignarse.
+
+Entristecíase Mina al recordar este suceso: el gran error de su
+existencia, el cambio fatal de rumbos. Se llevaba una mano a la frente,
+como si quisiera arrancarse un recuerdo tenaz para arrojarlo al
+Océano... ¡Los crueles engaños del arte! ¡Las intermitencias del
+talento, que en unos apunta como flor seductora con los días contados y
+en otros tiene la inmovilidad grandiosa de la montaña!...
+
+--Usted habrá visto arrastrando una existencia de miseria artistas de
+hermosa voz, que sin embargo cantan en los cafés como mendigos. La gente
+se indigna contra esta injusticia de la suerte. Hay que ayudarlos, hay
+que llevarles a la ópera. Y cuando van a ella, el fracaso más desolador
+acompaña su intento. Saben cantar bien una romanza, pero no pueden con
+una ópera entera. Al final del primer acto se enronquecen; al segundo,
+han perdido la voz; antes del final, tienen que huir... Y lo mismo se
+encuentran talentos frágiles en todas las artes: talentos en capullo que
+no se abren nunca, que carecen de vigor para abrirse y se marchitan y
+mueren.
+
+Ojeda asintió con movimientos de cabeza. Pensaba en los pintores de
+bocetos «geniales» que nunca llegan a terminar un cuadro; en que hacen
+concebir optimistas ilusiones con fragmentos poéticos o cortos relatos y
+jamás pueden escribir un libro. Mina decía bien: no bastaba cantar la
+dulce romancita, breve como un suspiro; había que cantar la ópera
+entera, sin ronqueras ni desfallecimientos. El arte exigía paciencia, y
+sobre todo, fuerza, mucha fuerza. La voluntad era una inspiración.
+
+--Mi marido--continuó ella con desaliento--no pasó de las obras de su
+juventud. Dio con éstas «todo lo que tenía de artista». ¡Y yo que le
+creía un genio!...
+
+Le había visto agitarse como un emparedado, pugnando por levantar la
+enorme losa caída sobre él, interpuesta entre los ojos de su espíritu y
+la luz ansiada. Y Mina no tenía siquiera el consuelo de la ignorancia,
+no podía engañarse como otras mujeres que creen ciegamente hasta el
+último instante en el talento de sus maridos y atribuyen su desgracia a
+injusticias de la suerte. Dábase cuenta de la debilidad artística de
+Eichelberger, seguía con mirada dolorosa su descenso, reconocía la razón
+de aquella indiferencia creciente que rodeaba su nombre.
+
+Por desesperación o por ansia de consuelo, él se entregaba cada vez con
+mayor tenacidad a su vicio predilecto. Bebía sin recato, olvidado ya de
+los miramientos que había tenido con ella en los primeros meses de
+matrimonio. Acompañábale la embriaguez hasta en las funciones más
+difíciles de su profesión. Ocupaba muchas veces estando ebrio el atril
+de director. Los teatros empezaban a rehusar sus ofrecimientos. Su
+nombre no inspiraba confianza: antes bien, era acogido con risas
+ultrajantes. Quejábanse los artistas de sus cambios de humor, de sus
+cóleras alcohólicas, que perturbaban los ensayos con un estrépito de
+batalla. Su desprestigio comenzó a influir en el renombre artístico de
+la esposa. A fuerza de comentar los incidentes de su existencia
+matrimonial, el público la encontraba menos interesante.
+
+Ojeda creyó adivinar en la faz triste de Mina un sinnúmero de miserias
+inconfesables. Se imaginaba la vuelta del teatro de estos dos seres que
+ya no podía entenderse: ella resignada, con mudos gestos de
+desesperación; él embrutecido por la amargura del fracaso. Tal vez sus
+disputas habían terminado con golpes; tal vez al entrar en la casa,
+titubeante y oliendo a alcohol, este falso Wagner, con una pesadez
+brutal, había puesto su puño en la cara de Mina, la criatura de ensueño
+que intentaba «regenerarlo».
+
+Hablaba ella lacónicamente al hacer memoria de esta parte de su vida,
+como si quisiera salir cuanto antes de los dolorosos recuerdos.
+
+--Mi madre murió... y yo tuve a Karl, para mayor desgracia. Quedé
+enferma, creo que para siempre: enferma por ser madre; enferma por haber
+sido esposa... ¡Ah, ese hombre!... Y sin embargo, no es un malvado: es
+un niño grande inconsciente; un niño que se ha vuelto cruel al
+convencerse de su fracaso; un egoísta que se refugia en la bebida y sólo
+a ratos se da cuenta del daño que me ha hecho... Yo perdí la voz, me
+marchité siendo aún joven, y tuve valor para huir del teatro antes de
+alegrar a las compañeras con una ruina total. Él... ya lo ve usted: al
+frente de una compañía de opereta, marcando con la batuta valses
+vieneses. ¡Un hombre que ha dirigido _Tristán y Los maestros
+cantores_!... Sólo para un viaje por América ha podido encontrar quien
+lo contrate. El empresario le riñe como si fuese un corista, y se
+propone vigilarlo en tierra para que no beba antes de las
+representaciones.
+
+El público había olvidado a Mina completamente. Su nombre no era más que
+un vago recuerdo para los entusiastas que guardaban memoria de los
+intérpretes wagnerianos. Las glorias escénicas mueren pronto...
+
+--Hace poco he encontrado mi nombre en una revista. Hablaba de mí como
+de una joven de grandes esperanzas que se perdió prematuramente. Muchos
+me creen muerta; el articulista se lamentaba de mi triste fin... Y a mí
+no se me ocurrió decir una palabra que desvaneciese el error. La
+Schamale (mi nombre de teatro) está bien muerta; muerta para el público
+que tanto la aplaudió, muerta para ella misma, que no quiere acordarse
+de nada... Ahora sólo falta que _Frau_ Eichelberger, la mujer fea y
+enferma de un director de opereta, muera también, pero de verdad, para
+olvidar de una vez los grandes errores de su vida.
+
+Y aquella tarde, al lado de Fernando, en la última cubierta del buque,
+mirando el Océano, repitió con desesperación:
+
+--El poder demoníaco de la música, que influye en nuestra suerte como
+antiguamente influían los astros... A él debo mi desgracia, y sin
+embargo, lo amo.
+
+El mar luminoso, azul, estaba cortado por una ancha faja de reflejos de
+sol, camino de fuego triangular que descansaba su vértice en el
+horizonte y su base incierta y temblona en un costado del buque. Las
+cumbres de las pequeñas ondulaciones palpitaban erizadas de fulgores
+como fragmentos de espejo. Los ojos se contraían, fatigados por el
+excesivo resplandor del cielo y del Océano, que parecía abrasar la
+retina.
+
+Mina y Fernando, para evitarse la molesta refracción, apartaban sus ojos
+del horizonte, mirando debajo de ellos mientras hablaban. Extendíase a
+sus pies un tercio del buque, toda la sección de proa, el hocico férreo
+que iba arando con tenacidad infatigable los campos oceánicos, verdes y
+luminosos de día, obscuros y abullonados de noche con una arista
+fosforescente en cada pliegue como el lomo de una sirena.
+
+Al mirar abajo, experimentaban la sensación del viajero que contempla a
+un pueblo desde la plataforma de una torre..
+
+Las diversas cubiertas del trasatlántico descendían como peldaños, para
+volver a remontarse en el extremo opuesto, donde formaban el castillo de
+proa. A una regular profundidad, veían el principio de la cubierta del
+comedor: un entarimado húmedo, en el que descansaban los brazos de dos
+grúas con sus articulaciones de ruedas dentadas, y del que surgían
+varios trombones de ventilador pintados de blanco con la garganta
+escarlata. Más adelante, la gran plaza del combés estaba oculta bajo un
+toldo de lona, y de esta tienda surgía el palo trinquete, un gran mástil
+de acero amarillo y hueco, semejante a un alminar, en torno del cual se
+alineaban los brazos de descarga, cirios gigantescos atados en haz
+alrededor de la cofa. Y de esta cofa a las bordas, se tendían en ángulo
+los cordajes de acero, las escalas para la marinería, todas las lianas
+férreas que la construcción naval hace crecer en torno de los mástiles
+para asegurar su estabilidad y facilitar su acceso. En último término,
+el castillo de proa, espacio triangular que tenía en su vértice un
+pequeño mástil para la bandera de la Compañía cuando el buque entraba en
+los puertos. Y en este triángulo, ocupado por los cabrestantes a vapor
+que elevaban o descendían las anclas, también abrían los ventiladores
+sus tentáculos respiratorios, sus bocas de serpentón ávido de oxígeno.
+
+Las invisibles palpitaciones del mar en la tarde serena hacían que el
+triángulo de la proa se elevase y descendiese, como una cabra saltadora
+y juguetona, al partir las aguas con su filo. Este movimiento parecía
+circunscrito a aquella parte del buque, pues sus vibraciones se
+amortiguaban al extenderse por los flancos y apenas eran sensibles en el
+resto de la gigantesca construcción. Las espumas, luego de elevarse
+junto a la proa formando dos surtidores de leche pulverizada, resbalaban
+por los costados en grandes redondeles semejantes a los anillos de luz
+sideral. Corrían de proa a popa las aguas removidas, dos ríos verdes,
+agitados, tumultuosos, abiertos en la inmovilidad azul del Océano. Los
+peces voladores saltaban por enjambres, se abrían en grandes abanicos de
+plata y rosa, volando lejos, muy lejos, en vistoso chisporroteo, arando
+la superficie con el arañazo de sus colas, hasta que, fatigados, volvían
+a sumirse en la profundidad.
+
+Cuando la proa quedaba dormida por algunos minutos, el buque parecía
+inmóvil, clavado en el mismo sitio. La velocidad de su marcha hacía ver
+con un engaño óptico que era el Océano el que venía corriendo a su
+encuentro en gigantescos repliegues que se empujaban unos a otros. Los
+ojos abarcaban un anfiteatro azul, inmenso, monótono, que borraba la
+noción de volúmenes y distancias. Luego parpadeaban con una sensación de
+extrañeza al replegarse en esta cáscara férrea perdida en el infinito,
+con su hervidero de hormigas sobre el lomo.
+
+A espaldas de Mina y su compañero sonaban los discos de madera
+resbalando sobre la cubierta, empujados por las palas de los jugadores.
+Cada vez que uno de ellos venía a colocarse sobre un buen número del
+cuadro trazado en el suelo, estallaba el grupo infantil en palmoteos y
+gritos, que hacían revolverse en sus sillones a los pasajeros
+dormitantes.
+
+Karl, con aire pensativo y un dedo en la boca, contemplaba de cerca el
+juego de estos niños mayores que él. De pronto, como si experimentase la
+necesidad de ser protegido, huía y se pegaba a las faldas de su madre,
+que, atenta a la conversación, no hacía caso de sus llamamientos
+insistentes. Cansado de pasar inadvertido, atraíale otra vez la gritería
+de los muchachos, volviendo lentamente hacia ellos.
+
+Hablaba Mina con tristeza del mundo viejo que dejaban a sus espaldas.
+¡Ah, Berlín!... Este nombre hacía revivir los recuerdos más tristes de
+su vida, años de pobreza desesperada, de humillaciones crueles, de
+vergonzosa decadencia. Marchaba hacia las tierras nuevas con la ilusión
+de algo mejor.
+
+Ojeda, al oír esto, sonrió imperceptiblemente. También la esperanza
+guiaba el viaje de la infortunada walkyria. El Nuevo Mundo era el único
+remedio para la gran equivocación que había trastornado su existencia.
+Mina se lanzaba a esta aventura por su hijo, por el porvenir del pequeño
+Karl, único vínculo que la unía a la existencia. ¿Qué podía desear?...
+Más allá de sus esperanzas de madre, no había para ella ninguna ilusión.
+Todo había terminado: ni hermosura, ni gloria, ni siquiera salud le
+guardaba el porvenir.
+
+--Soy vieja a la edad en que otras mujeres empiezan el verano de su
+vida. Los años han caído sobre mí de golpe: llevo el peso de los míos y
+los de las otras que son felices... Las desgraciadas cargamos con
+nuestra edad y las edades de las que siendo dichosas prolongan su
+juventud. Yo creo a veces que tengo mil años... ¡Y enferma! ¡Arrastrando
+para siempre las consecuencias de haber sido madre!...
+
+Deteníase al decir esto con prudente rubor, no osando confesar las
+internas tribulaciones que agitaban su organismo. Sus ojos iban hacia
+Karl con la expresión amorosa y triste de una artista que contempla su
+obra, fruto de penalidades, jirón doloroso de su propia existencia.
+Había salido de sus entrañas, pero era también el hijo de su marido.
+
+Fernando creyó adivinar los pensamientos de la madre en la fijeza con
+que miraba la cabeza voluminosa de Karl. El niño tenía un aspecto
+demasiado grave para sus pocos años, un aire de vejez prematura.
+
+--¡Cómo temo por su destino!--dijo Mina--. Paso las horas mirándolo en
+silencio. ¿Qué será? ¿qué saldrá de él?... A veces creo que puede ser un
+grande hombre, un genio, ¡quién sabe! Las madres nos creemos todas
+predestinadas a dar prodigios al mundo. Dice cosas superiores a su edad.
+¡Y ese gesto grave, como si le bullesen en la cabeza pensamientos que no
+acierta a formular!... Otras veces me asusto. Es muy débil; la
+enfermedad le asalta en toda clase de formas. Le dan ataques cuando lo
+contrarían... Es el hijo de él: un hijo de padre degenerado.
+
+Las lágrimas asomaban a sus párpados, pero una resolución enérgica
+sucedía a este desaliento. ¿Quién podía adivinar qué rehabilitaciones
+morales la esperaban a ella en una vida nueva al otro lado del Océano?
+Tal vez hasta el mismo Eichelberger se regenerase con el trabajo. Y si
+este trasplante de un hemisferio a otro no producía efecto en el músico,
+seguramente influiría en el hijo, que estaba en edad para sentir la
+impresión del cambio de medio. Pensaba quedarse en el nuevo continente:
+sentía horror a la vida de Europa. Cuando terminasen los compromisos con
+el empresario, se establecerían en Buenos Aires o en otra ciudad. Ella y
+su marido darían lecciones de canto. Karl podía emprender una de las
+muchas carreras prácticas que enriquecen a los ciudadanos de los países
+jóvenes. Todo menos volver al país de origen, tierra de lágrimas que le
+hacía recordar las noches frías junto al fuego mortecino, con el hijo en
+los brazos, esperando hasta altas horas el paso titubeante del maestro y
+sus balbuceos de beodo; los embargos afrentosos; las groserías de los
+acreedores; las tristes reflexiones ante una mesa que a veces se cubría
+de abundantes alimentos con los inesperados altibajos de la existencia
+bohemia y se manchaba con la espuma del champán, pero en la que casi
+siempre el pan y las patatas eran lo único valioso. Y a impulsos de la
+esperanza, que pone la dicha más allá de la realidad del momento, en la
+incertidumbre de lo ignoto, veía Mina la salud, la paz y el olvido en
+aquel país de misterio hacia el cual la llevaba el buque, tierra
+maravillosa de la que no conocía ni el idioma.
+
+El pequeño, agarrado a una mano de su madre tiraba de ella con melopea
+quejumbrosa. Había sonado la hora del té; los muchachos, abandonando su
+juego, estaban abajo en el comedor. Mina se despidió de su amigo, y los
+extremos de sus ojos y su boca se contrajeron hacia arriba con una
+sonrisa pálida que parecía iluminar el rostro: «sonrisa de luna», según
+Ojeda.
+
+--Hemos hablado mucho tiempo. Siempre estamos juntos. ¿Qué van a decir
+de nosotros las señoras que usted trata?... ¿Qué dirá esa norteamericana
+tan hermosa y tan elegante al ver que le robo su conversación?... Pero
+conmigo no hay celos posibles. Soy fea, soy pobre; en todo el buque no
+se encuentra una mujer que vaya peor vestida que yo.
+
+Y a pesar de la tristeza con que dijo estas palabras, algo de su antigua
+coquetería de artista festejada y admirada por la muchedumbre se mostró
+a través de su sonrisa, rejuveneciéndola con llamarada fugaz.
+
+«¡Qué gran mujer debe haber sido!--pensó Fernando--¡Y qué desgracia la
+suya!»
+
+Mientras se alejaba, llevando de la mano a su hijo, él la siguió con
+ojos de conmiseración.
+
+Al descender a la cubierta de paseo encontró Fernando al doctor Zurita,
+que hablaba con Maltrana, apoyados los dos en la baranda, frente al mar.
+La soledad del Atlántico traía a su memoria el recuerdo de los
+argonautas de España, que habían sido los primeros en violar el secreto
+de los desiertos azules.
+
+--Venga acá, doctor--dijo Zurita a Ojeda, aplicándole el título
+universitario--. Estábamos conversando de cosas de su país, de los
+primeros navegantes que se lanzaron por estos mares. ¡Qué hombres
+corajudos! ¡Cosa bárbara!... Yo siento orgullo al hablar de ellos. Al
+fin, todos somos de la misma sangre. Mi abuelo era gallego. Es decir,
+gallego no; pero ya sabe usted que en mi tierra nos queda la fea
+costumbre de llamar «gallegos» a todos los españoles. Era de cerca de
+Burgos, y yo he hecho en dos automóviles, con toda mi familia, el viaje
+de París a Madrid sólo por ver el pueblo de donde procedemos. Y les dije
+a los míos: «Miren, niños, y aprendan; de aquí salieron los abuelos de
+ustedes». Me conmoví un poco al ver la pobreza de donde venimos. Pero mi
+muchachada (gente alegre y de poco seso) se reía y lo encontraba todo
+muy feo y miserable... Parece mentira que de esas poblaciones de color
+de yesca, en las que apenas se encuentra agua para lavarse, saliesen
+hace siglos los hombres sin miedo que se lanzaron por estos pagos.
+
+Se generalizó la conversación, y al fin fue Ojeda el único que habló,
+recordando con entusiásticas palabras las hazañas de los argonautas
+oceánicos. Después del primer viaje de Colón, los puertos españoles
+habían sido como palomares abiertos, de cuyas bocas se escapaban con las
+alas tendidas las frágiles y audaces carabelas. Los espejismos del oro y
+el espíritu de aventura desarrollado por siete siglos de guerra con el
+sarraceno empujaban a los audaces. Salían a descubrir pequeñas flotas
+autorizadas por los reyes, pero eran más las expediciones clandestinas,
+muchas de las cuales quedaron en el misterio. Estas expediciones
+secretas, costeadas por los mercaderes de Sevilla y Cádiz, iban
+dirigidas por compañeros del Almirante conocedores de la ruta de las
+Indias o por marinos improvisados. Hasta los sastres--según un autor de
+la época--sentían la ambición de meterse a descubridores.
+
+Duros hidalgos que jamás habían visto el mar lanzábanse en el ignoto
+Océano con una confianza asombrosa. Tomaban el mando de la carabela o de
+la nao, sin otro auxilio y consejo que el de algunos navegantes
+costeros, con la misma tranquilidad que los paladines tantas veces
+admirados en los libros de caballerías se metían en el primer barco
+misterioso que encontraban en una costa desierta. Escribanos de
+Andalucía abandonaban sus protocolos para transformarse en
+descubridores; mercaderes amagados de ruina huían de la lonja para
+comprar un barco con el resto de su fortuna y lanzarse a lo desconocido.
+¡Qué de catástrofes ignoradas en esta lucha con el misterio geográfico,
+sin más guías que la fe y la santa ignorancia! ¡Qué de buques
+descendidos a las simas oceánicas cuando regresaban con noticias de
+tierras nuevas que había que volver a descubrir años después!...
+
+La ansiada riqueza se dejaba entrever un momento y huía medrosa ante las
+proas de los nautas. Los indígenas de las costas hablaban de enormes
+riquezas y de monarcas poderosos, señalando siempre al interior, más
+allá de las montañas que parecían tocar el cielo, y de las ciénagas
+temblorosas, inmensos mares de hierbajos acuáticos. Pero de los rescates
+con estas gentes cobrizas, pródigas en relatos portentosos y míseras en
+realidades, sólo traían los navegantes algunas perlas deformes mal
+perforadas o vistosos _guanines_, joyeles de oro bajo labrados en
+sutiles hojas.
+
+Al volver al puerto español con mágicas noticias y pobre cargamento, los
+acreedores asaltaban al descubridor y embargaban el bajel dándose por
+engañados. Muchos habían preparado sus viajes tornando víveres, armas y
+buques a los usureros con un 80 por 100 de interés. Descubridores de
+pueblos que luego fueron célebres por sus riquezas se veían al regreso
+amenazados de pasar de la carabela a la cárcel. Los reyes tenían que
+intervenir con piadosas cédulas para amansar a los prestamistas,
+proponiendo arreglos. Nautas obscuros, huyendo de los rumbos del
+Almirante, ponían decididos la proa al Sur, sin miedo a las pavorosas
+noticias que circulaban sobre el fuego del Ecuador. Un Pinzón llegaba a
+las costas del Brasil mucho antes de que esta tierra fuese descubierta
+casualmente por una expedición portuguesa que navegaba hacia las Indias
+asiáticas.
+
+En este revuelo de alas blancas que la primera noticia del
+descubrimiento lanzó a las soledades oceánicas, la marcha audaz siempre
+adelante, por mar y por tierra, a través de tempestades, montañas,
+estrechos y lagunas, fue la consigna general. ¡Llegar o morir! Nadie
+regresaba al puerto de partida sin haber visto algo extraordinario y
+traer muestras maravillosas. Y los que no volvían estaban en el fondo
+del Atlántico encerrados en el ataúd de su carabela, que se petrificaba
+lentamente cubriéndose de moluscos, mientras en sus rotos mástiles
+ondeaban como verdes gallardetes las algas de la profundidad. Otros no
+eran ya más que esqueletos en una playa desierta, descarnados por los
+pájaros de presa, mondados hasta el tuétano por los infinitos enjambres
+de la selva tórrida, donde todo se mueve y hierve con vida devoradora,
+blanqueados y secados por el fuego del sol hasta convertirse en frágil
+cal.
+
+Y entre estos aventureros de la primera hora del descubrimiento, la hora
+de los navegantes, de los argonautas, de los héroes de carabela, pobres
+y tristes, que no sacaron el menor provecho de sus empresas y abrieron
+el camino a los conquistadores férreos de a caballo que llegaron poco
+después, se distinguían dos como hombres entre los hombres: Alonso de
+Ojeda y Diego Méndez.
+
+Fernando repetía con entusiasmo su propio apellido al hablar de aquel
+varón fuerte, al que consideraba su ascendiente glorioso.
+
+--Ojeda es en el Nuevo Mundo lo mismo que Aquiles en la _Ilíada_ o el
+Cid en el _Romancero_. ¡Qué hermosa muestra de hombre!...
+
+Los cronistas de la época lo pintaban pequeño de cuerpo, agraciado de
+rostro, con una agilidad y una fuerza sorprendentes. Gran amigo de
+pendencias, salía siempre de ellas «haciendo sangre a sus contrarios,
+sin que jamás se la hiciesen a él». Siendo paje de la corte, cuando los
+reyes estaban en Sevilla, apoyaba un pie en la base de la torre de la
+iglesia Mayor--la famosa Giralda--, y arrojando una naranja a lo alto,
+la hacía llegar hasta las campanas. En otra ocasión, siguiendo a la
+reina Isabel en una visita al último piso de la misma torre, vio un
+madero que avanzaba horizontalmente en el vacío como unos veinte pies.
+De un salto se puso sobre él, corrió hasta su extremo con ligereza y
+seguridad, «como si caminase por una sala», dio la vuelta y regresó por
+el mismo camino, riendo a susto de la buena reina y los gritos de sus
+damas.
+
+Era protegido del obispo Fonseca, encargado por los monarcas de la
+preparación de expediciones y proveeduría de las nuevas tierras: algo
+así como ministro de Marina y de Colonias todo a la vez. El Almirante,
+que conocía las hazañas de este mozo y sus méritos de hombre de espada,
+se lo llevó en el segundo viaje para las peleas de tierra adentro, pues
+él sólo era hombre de mar. Otros capitanes iban en la expedición,
+veteranos de las guerras con el sarraceno; pero el inquieto Ojeda, mozo
+de veinte años, se sobrepuso a todos ellos.
+
+Colón, que deseaba aprisionar en Santo Domingo al cacique Caonabo,
+organizador de la resistencia indígena, vio fracasadas todas las
+malicias y felonías que con arreglo a la mala fe de la época fue
+aconsejando a Mosén Pedro Margarit y sus tenientes. Sólo consiguió su
+propósito al encargar a Ojeda esta captura. El paje de Cuenca, el
+pendenciero de Sevilla, avanzaba tierra adentro con unos pocos hombres,
+hasta llegar al campo del cacique. Allí seducía al salvaje con buenas
+palabras, le engañaba, sacándolo de entre los suyos, y le ponía por
+sorpresa unas esposas en las manos. Luego montaba en el arzón de su
+caballo al indio gigantesco, como un galán que roba a su dama, y en un
+galope de leguas y leguas llevábalo hasta el campo español. Tan
+maravillosamente audaz resultaba este rapto, que el mismo Caonabo, en su
+nobleza de guerrero primitivo, despreciaba al Almirante por haber
+ordenado tal vileza sin atreverse a realizarla personalmente, y sólo
+quería conversar y comer con Ojeda, admirando su atrevimiento al
+arrebatarle de entre sus súbditos. En los combates con los indios
+cargaba el primero, sin mirar si le seguía su gente. Junto a su caballo,
+lleno de cascabeles, saltaba el fiel compañero de todas sus empresas, un
+perro de pastor, llamado _Leoncico_, combatiente feroz, que en las
+distribuciones de víveres gozaba por sus hazañas ración de arcabucero.
+
+Pronto se movió Ojeda por cuenta propia en las inmensidades del mundo
+nuevo mientras Colón realizaba sus últimos viajes. Vuelto a España,
+empezó la serie de sus descubrimientos, apoyado pecuniariamente por los
+mercaderes de Sevilla, que hacían crédito a su valor. Uno de los
+Pinzones, Juan de la Cosa, el más experto de los pilotos, Américo
+Vespucio y otros navegantes de fama, dirigieron sus buques. Los marinos
+gustaban de ir con este capitán, el más valeroso y audaz de la primera
+época de la conquista.
+
+Corrió las costas de Venezuela en busca de perlas, y acabó por
+establecerse en lo que después fue América Central, y que los
+conquistadores llamaban entonces «Castilla del Oro». Una india le
+acompañaba como amante, guía e intérprete. Los aventureros jóvenes
+encontraban casi siempre entre las mancebas cobrizas ofrecidas por los
+azares de su existencia alguna que se apoderaba de su corazón y vivía
+compartiendo sus peligros. El hidalgo cristiano, al unirse con ella,
+había creído necesario purificarla con el bautismo--el mejor regalo,
+según las ideas de la época--, dándola el nombre de Isabel, en recuerdo
+de la buena reina.
+
+La vida de Ojeda en la gobernación de Urabá, sin otros recursos que los
+que él podía agenciarse, lejos de sus compatriotas establecidos en Santo
+Domingo, y olvidado de España, fue un continuo batallar. Su ciudad de
+San Sebastián, mísera ranchería de paja y barro con un fuerte de
+maderos, era la primera que con carácter permanente fundaban los
+conquistadores en la tierra firme.
+
+Tribus de hábiles arqueros la sitiaban a todas horas, lanzando flechas
+empapadas en incurables venenos. Eran las temidas «flechas de hierba»,
+que hinchaban el cuerpo del herido con negruzca y mortal tumefacción.
+Los víveres del país--el pan de cazabe, los frutos de la selva, la carne
+de los roedores--había de conquistarlos diariamente a punta de espada.
+Los combates y las enfermedades diezmaban a los habitantes.
+
+Juan de la Cosa, el sabio piloto autor del primer mapa de las Indias,
+había muerto atado a un poste por los naturales, erizado de «flechas de
+hierba», que convirtieron su cuerpo a las pocas horas en una masa de
+negra putrefacción. En los míseros bohíos del pueblo gemían los
+conquistadores mal heridos, hambrientos, temblando de calentura. Ojeda,
+al frente de unos cuantos, salía diariamente a combatir por la comida.
+
+Encuentro hubo del que surgió llevando en su rodela, según los
+cronistas, las señales de más de trescientos flechazos. Otras veces era
+tanto el peso de los enemigos arremolinados sobre él, que se doblaba y
+seguía combatiendo de rodillas, cubriéndose con el escudo. La pequeñez
+de su cuerpo ágil y escurridizo le servía tanto como la fuerza de sus
+brazos, y de todas las peleas salía incólume, «sin que le sacasen
+sangre». Los indígenas creíanle poseedor de maravillosos amuletos. Ojeda
+también se consideraba protegido por el cielo gracias a un cuadrito
+antiguo de la Virgen, regalo de Fonseca, que llevaba pendiente del
+cinturón de la espada.
+
+Cuatro indios arqueros se apostaron para herir a traición al capitán
+blanco que salía indemne de los combates, y un día que Ojeda avanzaba
+por la selva, extrañando la ausencia de enemigos, recibió un flechazo en
+un muslo. Por primera vez su cuerpo manaba sangre. La herida, que era
+«de hierba», ennegrecióse rápidamente por la acción del tósigo. Entonces
+se mostró con bárbara grandeza el coraje de aquel hombre. Hizo que
+calentasen en una hoguera el peto y el espaldar de una coraza, y cuando
+las dos planchas de acero estuvieron al rojo blanco, ordenó que se las
+aplicasen al mismo herido con unas tenazas. Negábase el cirujano a esta
+horrible curación, pero él le amenazó con la horca para que obedeciese.
+Chirriaron las carnes bajo el bárbaro cauterio, esparciendo un hedor de
+sacrificio humano. Para no desmayarse, hizo Ojeda que le envolviesen con
+sábanas empapadas en vinagre. Una pipa entera se consumió en este
+remedio; y el caudillo, gracias al espeluznante tormento, sufrido sin
+una queja, pudo salvarse.
+
+La pequeña ciudad, falta de subsistencias, estaba próxima a perecer. En
+esto se presentaron inesperadamente unos piratas españoles, mandados por
+un tal Bernardino Talavera, audaz facineroso. Montaban en un buque que
+habían robado a un mercader genovés y se ofrecían para vender víveres a
+los sitiados. Ojeda, convaleciente de su herida, se embarcó con ellos
+para solicitar auxilios del gobernador de Santo Domingo. Pero antes de
+abandonar a su mísera gente quiso darla un capitán, y fijó su elección
+en un mozo extremeño llegado poco antes a las Indias, en el éxodo de
+gente de espada que siguió al de los navegantes: éxodo que llamaba
+Fernando «la segunda hornada de conquistadores». Este soldado, que había
+hecho el aprendizaje de la guerra indiana al lado de Ojeda, llamábase
+Francisco Pizarro.
+
+La accidentada navegación con los piratas fue la última y más penosa
+aventura de don Alonso. Autoritario y duro, quiso tomar el mando apenas
+se vio sobre la cubierta del buque, imponiendo su disciplina a Talavera
+y sus bandidos. Pero éstos se sublevaron contra él y lo metieron en la
+cala cargado de cadenas. A pesar de esto, el prisionero no cesó en su
+brava actitud, asegurando que había de ahorcarlos a todos apenas
+llegasen a tierra. Y tanto era su prestigio, que no se atrevieron a
+hacer nada contra él. Muchas veces le pedían consejo, por la experiencia
+que había adquirido en las cosas de la navegación, y le sacaban de su
+encierro para que dirigiese la nave. Acabaron por abandonar ésta en las
+costas de Cuba, y marcharon después meses y meses por la isla todavía
+inexplorada, deseosos de aproximarse a Santo Domingo, pero sin saber
+ciertamente adónde iban, sumiéndose en ciénagas, combatiendo a los
+indígenas o transigiendo con ellos, atormentados por el hambre, que
+mataba a muchos. En esta marcha desesperada, el cautivo Ojeda se veía
+elevado por sus guardianes al rango de jefe cada vez que había que
+combatir a un grupo indígena, tratar con un cacique benévolo u
+orientarse en el desierto de barrizales temblorosos que se tragaban a
+los hombres. Él solo valía tanto como los otros. Luego, pasado el
+peligro, don Alonso volvía a ser prisionero de estos desalmados, que lo
+aborrecían por ser superior a ellos, y así marchaban juntos, condenados
+a tolerarse por la comunidad del infortunio. «Nunca--dice un
+cronista--se vio a gente pasar tantos trabajos para venir a parar en la
+horca.»
+
+Cuando después de grandes tribulaciones por mar y por tierra llegaron a
+países sometidos a las autoridades castellanas, Talavera y sus hombres
+fueron ahorcados y don Alonso se vio envuelto en procesos que amargaron
+sus últimos tiempos. La gobernación de Urabá, que le había dado el rey,
+ya no existía. La mayor parte de sus soldados habían dejado en ella los
+huesos: otros habían perecido en el mar; sólo Pizarro y unos cuantos
+predestinados como él consiguieron volver a Santo Domingo.
+
+El antiguo paje de doña Isabel arrastró en la ciudad colonial la mísera
+existencia de los conquistadores sin éxito. Fue un veterano malhumorado
+y pronto a reñir entre la bohemia juvenil de capa y espada que llegaba
+de la Península soñando con la conquista de tesoros y reinos. Se
+organizaban nuevas expediciones. Pizarro poníase a sueldo de diversos
+capitanes. Por las calles de Santo Domingo paseaba su garbo otro
+extremeño, enamoradizo, espadachín y algo letrado, que se apellidaba
+Cortés.
+
+El capitán del primer Almirante, el socio de Vicente Pinzón, el
+compañero de Juan de la Cosa, el jefe de Américo Vespucio, veíase cada
+vez más olvidado. Era un desconocido para aquellos mozos que llegaban de
+España, pasando junto a él sin reconocer sus canas y sus méritos. Desde
+la isla metrópoli tomaban vuelo, lanzándose lo mismo que pájaros de
+presa sobre distintas partes de las Indias misteriosas con mayor éxito
+que don Alonso, desgraciado como todo precursor. Los únicos que se
+acordaban de él eran los acreedores, para sus pleitos y procesos, y los
+muchos enemigos, a los que había ofendido con altiveces y pendencias.
+Más de una noche, el pobre conquistador, al volver a su tugurio, hubo de
+tirar de espada contra gentes que le esperaban para matarlo.
+
+--Así acabó, obscuramente--dijo Ojeda--, el primero y más infortunado de
+los héroes de la conquista. Su muerte quedó en el misterio. Unos dicen
+que se metió a fraile en los últimos años y pidió al morir que lo
+enterrasen en la puerta del convento, para que todos hollasen su tumba,
+castigando de este modo su soberbia y demás pecados. Otros niegan que
+fuese fraile, y dicen que la pobreza le hizo refugiarse en el monasterio
+de Santo Domingo, como un parásito, viviendo de la sopa de la
+comunidad... El hambre fue el único miedo del héroe. Le habían predicho
+que moriría de inanición, y en sus expediciones cuidaba siempre de
+llevar alimentos en los bolsillos. La profecía no se realizó al correr
+por selvas y desiertos o al navegar en buques de escasos víveres. Pero
+casi fue un hecho cuando el viejo conquistador tuvo que buscar el amparo
+en un monasterio en aquella ciudad colonial donde nadie le hacía caso.
+
+--¿Y el otro?--interrumpió el doctor Zurita con viva curiosidad--. Ese
+Méndez del que habló usted antes.
+
+--Diego Méndez--continuó Ojeda--fue un héroe de distinta clase; un
+«superhombre del mar», como diría el amigo Maltrana. Su aventura
+portentosa asombra aun en los tiempos presentes. Era un mozo sevillano
+que acompañó a Colón en sus últimos viajes, cuando, viejo, enfermo y sin
+poder encontrar los tesoros portentosos que había prometido, sentía
+crecer la indiferencia en torno de su persona. Méndez fue el discípulo
+fiel que acompaña siempre a los grandes hombres en su agonía. Las
+últimas cartas del Almirante lo elogian y lo recomiendan a la gratitud
+de sus descendientes, que jamás hicieron nada en su favor. Cuando, en el
+último viaje, el más desgraciado de todos, el descubridor se veía en un
+apuro, sus ojos lacrimosos de viejo buscaban a Méndez. «¡Hijo!, ¡hijo!»,
+le decía. Y el «hijo» encontraba en su coraje o en su vivo ingenio de
+andaluz un recurso para salir del mal paso.
+
+Al explorar el Almirante las costas de la América Central, que él tomaba
+por las de Asia, quedábase en sus naves, y era Diego Méndez el que
+bajaba a tierra para adquirir noticias y acopiar víveres. Completamente
+solo, metíase entre las tribus de Veragua, que se estaban juntando para
+caer de improviso sobre los navíos, inmovilizados en una bahía cerrada
+por las arenas.
+
+Méndez era recibido por el más temible de los caciques en una choza que
+tenía por adorno trescientas cabezas de enemigos, y los asombraba
+cortándose en su presencia con unas tijeras pelos y barbas, operación
+mágica para los indígenas. Sus curaciones de llagas y otras enfermedades
+le valían el respeto de un brujo, y gracias a esto pudo vivir entre los
+indios, avisando a Colón de sus proyectos. Él fundó el primer pueblo del
+continente, anterior en algunos años al de Ojeda; pero esta población a
+orillas del río Belén o Yebra, que gobernaba con el título de Factor,
+tenía que defenderse día y noche de los ataques de los indios. Con
+veinte hombres armados de espadas y rodelas y dos pequeños cañones de
+los que llamaban «de fruslera»--metal procedente de las roeduras de
+piezas de azófar--, hizo frente durante mucho tiempo a los naturales,
+que, según decía Méndez en su testamento, «flechaban y garrochaban desde
+lejos como quien agarrocha toro, y eran las flechas y tiradores tantos
+como granizo; e algunos dellos se desmandaban para venirnos a dar con
+las machadsnas o macanas--mazas o porras--, pero ninguno dellos volvía,
+porque quedaban allí cortados brazos y piernas y muertos a espada...».
+
+Al fin, tan inaguantable era esta hostilidad, que el Almirante reembarcó
+a Méndez con su gente e hizo velas sin haber puesto el pie en tierra
+firme.
+
+Luego sobrevenía la más penosa y difícil de las aventuras de Colón. La
+«broma», temida calamidad de los mares tropicales, consumía la madera de
+los navíos. Las chusmas, extenuadas por el manejo continuo de bombas y
+calderos, sentíanse impotentes ante el Océano, que invadía en lenta
+marea ascendente la concavidad de los agrietados cascarones. Así
+navegaron treinta y cinco días, creyendo ir hacia Castilla cuando
+estaban más lejos de ella que al salir de Veragua. Hubo que abandonar un
+navío, que, «agujereado y comido de gusanos, no podía sostenerse sobre
+el agua», y los otros dos, al llegar con grandes trabajos a las playas
+de Jamaica, fueron zabordados a tierra, convirtiéndose en casas o
+fortines de tablas corroídas.
+
+Del castillo de popa, con sus torneados balconajes, a la proa, rematada
+por el esculpido mascarón, se tendieron techos pajizos iguales a los de
+las chozas indianas. Al tocar tierra, Diego Méndez, contador de la
+flota, había repartido el último racionamiento de bizcocho y de vino.
+Nada quedaba en las despanzurradas bodegas. Una población famélica y
+desesperada de doscientos setenta cristianos movíase en torno de los
+cascos en seco.
+
+Ocultábanse los naturales del país, y el hambre, atraída por la soledad,
+se aproximaba a todo correr. No podían esperar auxilio alguno. Santo
+Domingo estaba a muchas leguas de distancia y no les quedaba ni un batel
+para intentar esta travesía audaz. El Almirante, enfermo, debilitado por
+la vejez, afligido por la presencia de su pequeño Fernando, no sabía qué
+hacer. «¡Hijo!, ¡hijo!», exclamaba, implorando el consejo de Méndez. Y
+el mozo, sin miedo y sin pereza, tirando de la espada, metíase tierra
+adentro con sólo tres hombres, yendo de tribu en tribu a la compra de
+víveres, que pagaba con cuentas azules, peines, cuchillos, cascabeles y
+anzuelos. Sus acompañantes volvieron a las naves con la comida, y él
+siguió adelante por las costas de la isla, completamente solo, hasta que
+pudo comprar a un cacique una canoa, dándole por ella una bacineta de
+latón que guardaba en la manga, el sayo y una camisa, de dos que tenía.
+
+En este tronco hueco, ocupado por seis indios remeros y dirigido por él,
+regresó siguiendo la costa, después de muchos días de ausencia, al lugar
+donde estaban encallados los navíos, recibiéndolo el Almirante con besos
+y grandes transportes de alegría. Sólo los dos se daban cuenta de la
+peligrosa situación. Los indios, que cazaban y pescaban por sus tratos
+con Méndez, traían víveres al campamento, pero su presencia era cada vez
+menos regular, y todo hacía temer que desapareciesen para volver luego
+con enemigos. Colón temía que pusieran fuego una noche a los secos y
+resquebrajados cascos.
+
+No había otra esperanza que avisar a Santo Domingo para que un buque
+viniese por ellos. Pero ¿cómo ir allá?... «Señor, yo iré», dijo Méndez.
+En la canoa comprada por él arrostraría los peligros de un golfo
+impetuoso de cuarenta leguas entre dos islas donde tantas naos de
+descubridores se habían perdido, teniendo que luchar además con la furia
+de las corrientes. El Almirante le besó en los carrillos. «Bien sabía yo
+que sólo vos osaríais tomar esta empresa. Dios nuestro Señor os sacará
+de ella con victoria como de las otras.»
+
+Puso Méndez su canoa a monte, le echó una quilla postiza, la dio de brea
+y sebo, clavó en la proa y la popa algunas tablas para que no se entrase
+el mar, como lo haría siendo rasa, montó un mástil con su vela y metió
+los mantenimientos necesarios para él, otro cristiano y seis indios,
+pues la canoa sólo podía cargar ocho personas. Despidióse de Su Señoría
+y empezó a seguir la costa de Jamaica hasta el extremo oriental, o sea
+el más próximo a Santo Domingo, realizando una navegación de treinta y
+cinco leguas.
+
+En el camino le hicieron prisionero ciertos indios salteadores del mar,
+y se libró de ellos milagrosamente. Luego, cuando estaba acampado en el
+extremo de la isla, esperando que el Océano se amansase para emprender
+la travesía audaz, cayeron sobre él otros indios, que determinaron
+matarlo. Pero mientras jugaban su vida a la pelota pudo escaparse, y
+volvió otra vez al campamento, tras una ausencia de quince días, cuando
+Colón le creía muerto o en Santo Domingo. Persistiendo en su propósito,
+pidió una escolta que le acompañase al cabo de la isla, para poder
+esperar con seguridad una ocasión de tiempo bonancible, y el Almirante
+le dio setenta hombres al mando de su hermano el Adelantado don
+Bartolomé. De esta manera volvió al extremo oriental de Jamaica, y allí
+estuvo cuatro días, hasta que, viendo que el mar se amansaba, se
+despidió de todos, encomendándose a Nuestra Señora de la Antigua.
+
+Navegó en alta mar durante cinco días y cuatro noches, sin soltar un
+instante el remo que le servía de gobernalle, sin poder moverse en
+aquella embarcación que al más leve movimiento desordenado podía
+zozobrar. Así llegaron a la isla Española, abordando al cabo Tiburón
+cuando hacía dos días que él y sus compañeros no comían ni bebían, por
+haberse perdido las provisiones con los golpes de mar. Todavía navegó
+ciento treinta leguas por las costas de la Española en la frágil
+embarcación, hasta dar con el Comendador Ovando, que era el gobernador,
+y presentarle las peticiones de auxilio del Almirante. Después hubo de
+esperar varios meses en Santo Domingo a que volviesen naves de España,
+pues en más de un año no se había acercado buque alguno. Al fin llegaron
+tres naos de la Península; Méndez compró una, y cargándola de pan y
+vino, cerdos, carneros y frutas de la isla, la envió a Jamaica, donde
+llevaba Colón siete meses de abandono, animado en su infortunio por
+celestes visiones. Un eclipse de luna, anunciado por él con aires de
+brujo, había servido para que los naturales atendiesen a la manutención
+de sus hombres.
+
+--Méndez se volvió a España--dijo Ojeda--y acompañó al Almirante en sus
+últimos y tristes años. Colón lo recomendó a su familia, y la familia no
+hizo nada por él. El hijo de Colón, segundo virrey de las Indias, le
+había ofrecido el cargo de alguacil mayor de Santo Domingo, pero se lo
+dio a un pariente suyo. El valeroso hidalgo vivió muchos años, muchos;
+llegó a alcanzar el gobierno de don Luis, el nieto de Colón, y su madre
+la virreina gobernadora... A la hora de la muerte, al redactar en
+Valladolid su heroico testamento, declaraba con amargo orgullo que,
+pudiendo ser por sus trabajos el más rico hombre de la isla si los
+descendientes del Almirante hubiesen cumplido sus promesas, era el más
+pobre de ella, pues no tenía ni una casa en que vivir sin pagar
+alquiler.
+
+La gloria de sus hazañas, algo olvidadas, le preocupó en los últimos
+instantes al disponer su sepultura. Quería que lo enterrasen bajo una
+piedra grande, la mejor que encontraran sus herederos, y que sobre ella
+hiciesen grabar: «Aquí yace el honrado caballero Diego Méndez, que
+sirvió mucho a la Corona Real de España en el descubrimiento y conquista
+de las Indias...». Y con la gravedad de un gran señor que dispone los
+cuarteles y demás adornos heráldicos de su tumba, describió el escudo
+que debía encabezar la inscripción: «Ítem: En medio de la dicha piedra
+se haga una canoa, que es un madero cavado en que los indios navegan,
+porque en otra tal navegué yo trescientas leguas, y encima pongan unas
+letras que digan: _Canoa_».
+
+Una disposición extravagante, mezcla de hidalgo orgullo y amarga ironía,
+cerraba el testamento del argonauta. Colón, antes de morir, había
+instituido un mayorazgo con los grandes bienes que poseía en las Indias.
+El pobre Méndez, sin una casa «donde morar sin alquiler», no quiso ser
+menos que su antiguo jefe e instituyó un mayorazgo con todos sus
+bienes. Estos bienes eran un mortero de mármol, que estaba en poder de
+un hijo de Colón y siete libros, que constituían toda su fortuna.
+
+--El testamento cita los libros--añadió Ojeda--. Un tratado en verso
+sobre la venganza de la muerte de Agamenón, otro tratado de las
+Querellas de la Paz, la filosofía moral de Aristóteles y las obras de
+Erasmo, el autor de moda en aquel entonces... Esto prueba que los
+conquistadores no fueron brutos heroicos, incapaces de escribir su
+nombre, como se ha creído después, equiparándolos a todos con el duro e
+iletrado Pizarro.
+
+--¡Qué hombres!... ¡qué hombres!--murmuró con admiración el doctor
+Zurita.
+
+Maltrana, seducido por el entusiasmo de sus compañeros, habló también de
+los conquistadores. Después de la lucha de siete siglos con los moros,
+la empresa de las Indias había sido la más popular, la más española. Las
+guerras en Italia, Flandes y Francia, todas las empresas de Europa, eran
+negocios de reyes, pleitos hereditarios en los que tomaba parte la
+nación por obediencia, sin iniciativa alguna, acompañada muchas veces de
+otros pueblos. El tercio castellano era, como la legión romana, un
+núcleo de combate rodeado de enjambres de tropas auxiliares. En torno de
+los arcabuceros y piqueros españoles de amarillo coleto, marchaban los
+espadachines italianos de capa negra y los lansquenetes alemanes con
+acuchilladas calzas y pesadas alabardas. Las victorias españolas iban
+suscritas muchas veces por generales extranjeros.
+
+--En las Indias no--dijo Maltrana--. En las Indias todo es nuestro: el
+soldado, el caudillo y el navegante. Hasta el dinero de las empresas de
+descubierta fue dinero popular. Los reyes sólo dieron subsidios para los
+primeros viajes. Luego, la iniciativa privada se lanzó a los
+descubrimientos por mar y por tierra, y en menos de un siglo dejó
+contorneado y explorado medio mundo.
+
+Las modernas sociedades comerciales, las empresas por acciones, habían
+hecho su primera aparición en aquella España apenas salida del caos
+medieval. Un capitán con vagas noticias de una tierra nueva encontraba
+siempre un cura poseedor de ahorros, un escribano ávido, un hidalgo
+capaz de vender sus terruños, que se asociaban con él para la aventurera
+empresa, facilitando capitales con los que se adquirirían barcos, armas
+y víveres. El rey sólo daba su licencia, reservándose a cambio de ésta
+el quinto de las ganancias.
+
+Marchaban los soldados a la conquista sin paga alguna. Eran socios
+industriales con una participación variable, según si iban a pie o
+mantenían caballo, si poseían arcabuz o disponían únicamente de espada y
+rodela. Unas veces, al partir la expedición de un gran puerto, se
+consignaban las condiciones de la empresa en solemnes capitulaciones
+notariales; otras, los héroes que no sabían firmar hacían decir una
+misa, y en el momento de la consagración tiraban de sus espadas, y con
+la otra mano sobre la hostia, juraban mantenerse fieles a sus pactos y
+compromisos. Esto no impedía que al llegar la hora del triunfo los
+juramentos se degollasen sacrílegamente por el reparto de unos señoríos
+tan grandes como la Península, con montañas que años después habían de
+vomitar metales preciosos por las gargantas de sus bocaminas.
+
+Algunas expediciones partían apresuradamente, antes de completar sus
+preparativos, por miedo al arrepentimiento de los capitalistas o las
+exigencias de los acreedores. Hernán Cortés, en su viaje para la
+conquista de Méjico, había tenido que hacerse a la vela apresuradamente,
+antes de completar la provisión de víveres, por miedo a un embargo de
+los prestamistas.
+
+Los formulismos legales acompañaban a los aventureros en sus lejanas
+empresas. El escribano era un personaje importante en toda expedición.
+Los Reyes Católicos habían recomendado, al iniciarse los
+descubrimientos, que se procediese con dulzura en el trato de los
+indígenas. Por esto los primeros navegantes, cada vez que al abordar a
+una isla o una costa de tierra firme eran recibidos por los indios con
+flechazos y pedradas, antes de tomar la ofensiva llamaban al escribano
+real, le pedían testimonio de cómo habían sido acogidos en son de
+guerra, viéndose en la imperiosa necesidad de defenderse; y una vez
+cumplida esta formalidad papelesca, disparaban las lombardas y
+arremetían espada en mano.
+
+Los tres hombres, contemplando el Océano desde la borda de aquel
+trasatlántico provisto de las mismas comodidades de un gran hotel,
+recordaban las pobres embarcaciones montadas por los héroes del
+descubrimiento. Las carabelas, buques ligeros de rápido andar y escaso
+calado, que no tenían espacio para la carga ni el pasaje, sólo habían
+servido en las primeras navegaciones de exploración. Al poco tiempo de
+ser descubiertas las Indias, era la nao la que cruzaba el Atlántico, el
+pesado galeón, redondo de casco y de velamen, alto de popa, cuyo vientre
+podía transportar las gentes, bestias y herramientas necesarias para las
+nuevas tierras.
+
+La monotonía abrumadora de estas navegaciones de meses y meses sólo era
+alterada por los peligros del Océano y por los que provocaban la
+imprevisión y la ignorancia propias de la época. Perdíanse muchos
+buques. Las primeras naos del descubrimiento iban montadas sólo por
+hombres. Luego, los galeones de la colonización llevaban mujeres y
+niños, familias en masa que se trasladaban al Nuevo Mundo, y cuando
+creían ver sus costas eran tragadas por la tormenta, bajando para
+siempre a las profundidades del mar. Los marinos expertos, amaestrados
+en anteriores viajes, no eran suficientes en número para las
+expediciones, cada vez más numerosas, a las tierras colonizadas.
+
+Pilotos de los mares de Europa avanzaban a ciegas por el Atlántico,
+siguiendo inciertos derroteros en los portulanos recién dibujados.
+Cuando se consideraban todavía lejos del punto de llegada, surgía de
+pronto la costa ante el morro chato del galeón. Otras veces creían
+hallarse junto a las Indias, y una estima más exacta de las leguas
+corridas les hacía ver con terror que estaban aún en mitad del camino,
+con las provisiones agotadas, y lo que era más horrible, con sólo unos
+barriles de agua. Los hombres querían matar, enloquecidos por la sed;
+las mujeres, de rodillas, enseñaban a sus pequeñuelos, pidiendo por
+caridad unas gotas de líquido.
+
+¡Los dramas ignorados que había presenciado aquel testigo azul mudo e
+inmenso! ¡Los naufragios que no habían dejado como rastro ni una
+tabla!...
+
+Avanzaba la nao bajo la dirección y la autoridad despótica del piloto,
+una especie de brujo que hablaba con los vientos y las olas. El capitán
+era el jefe del combate, el hombre de espada, el primero de todos en
+presencia de una nave hostil o de una costa abordable; pero en pleno mar
+obedecía, lo mismo que los demás, al grave piloto, agorero personaje que
+examinaba el color de las aguas, el vuelo de las gaviotas, la intensidad
+de los vientos, los tintes del alba y las nubes sangrientas de la puesta
+del sol.
+
+Ocupaba un lugar en lo más alto de la popa, llamado «el tabernáculo»,
+sentábase en un sillón de brazos semejante al de los antiguos barberos,
+y desde él gritaba sus órdenes a los proeles, mozos, grumetes y pajes,
+marinería despechugada, medio desnuda y famélica, en antigua relación
+con toda clase de parásitos. Al cerrar la noche se apagaban en el buque
+fuegos y luces, por miedo al incendio. Quedaban fríos hasta la mañana
+siguiente los hornillos de la cocina. No había más resplandor que el de
+la lumbre de la bitácora; y al encenderla, el paje de guardia decía,
+según costumbre: «Amén y Dios nos dé buenas noches; buen viaje, buen
+pasaje haga la nao, señor capitán y maestre y buena compaña».
+
+Quedaban dos pajes cerca de la bitácora velando la ampolleta, un reloj
+de arena que molía--dejaba pasar--su contenido en media hora. Así medían
+el tiempo en la obscuridad de la noche. Y siguiendo una tradición,
+decían los pajes al entrar de guardia:
+
+ Bendita la hora en que Dios nació,
+ Santa María que lo parió,
+ San Juan que lo bautizó.
+ La guarda es tomada;
+ la ampolleta muele,
+ buen viaje haremos, si Dios quiere.
+
+Cuando acababa de pasar la arena de la ampolleta, o sea cada media hora,
+uno de los pajes debía gritar, para que lo oyesen los marineros:
+
+ Buena es la que va,
+ mejor es la que viene;
+ una es pasada y en dos muele,
+ más molerá si Dios quiere.
+ Cuenta y pasa que buen viaje faza.
+ ¡Ah de proa; alerta, buena guardia!
+
+Y los marineros de proa contestaban con un grito o un gruñido para dar a
+entender que no dormían.
+
+Tripulantes y pasajeros formaban corrillos en la obscuridad, hablando de
+los misterios y leyendas del mar, dando nombres y propiedades mágicas a
+los astros que brillaban entre el cordaje y las velas negras. A media
+noche, cuando todos sentían cerrarse sus ojos e iban en busca de las
+hamacas y petates, verificábase el relevo de la guardia, entrando de
+cuarto los que habían de velar hasta que rompiese el día, y los pajes
+gritaban otra vez:
+
+--Al cuarto, al cuarto, señores marineros de buena parte. Al cuarto, al
+cuarto en buena hora de la guardia del señor piloto, que ya es hora.
+Leva, leva, leva.
+
+El sábado, a la caída de la tarde, era la gran fiesta en el navío.
+Rezábase la salve «y otras prosas», como decía Colón en su diario. Se
+improvisaba un altar con imágenes y velas encendidas, reuniéndose ante
+él tripulantes y pasajeros.
+
+--¿Somos aquí todos?--preguntaba el maestre.
+
+--Dios sea con nosotros--respondía a coro la gente.
+
+Quitábase la caperuza el maestre antes de replicar:
+
+ Salve digamos,
+ que buen viaje hagamos.
+ Salve diremos,
+ que buen viaje haremos.
+
+Y todos los del buque, proeles, grumetes, lombarderos, soldados,
+hidalgos, damas, sirvientes y niños, entonaban la salve en la tarde
+moribunda, mientras el sol teñía de anaranjado las velas y el mar
+levantaba con sus choques la pesada cáscara del galeón.
+
+Con la salve y la letanía no terminaban los rezos. Un paje que hacía
+funciones de monacillo al lado del maestre recomendaba después con su
+voz infantil:
+
+ Digamos una Ave María
+ por el navío y la compañía.
+
+--Sea bien venida--contestaba la multitud.
+
+Y cuando se finalizaba este rezo, el maestre saludaba a todos con grave
+compostura.
+
+--Amén, señores, y que Dios nos dé buenas noches.
+
+No todos los navegantes eran piadosos y confiaban su suerte al cielo. En
+el primer siglo del descubrimiento, esparcíase entre la gente marinera
+la leyenda del piloto Carreño, un argonauta osado y blasfemador, enemigo
+de Dios y de los santos. A pesar del ambiente diabólico que rodeaba su
+nombre, las tripulaciones lo recordaban con envidia en las grandes
+calmas, cuando el galeón permanecía inmóvil semanas enteras en un mar
+como un espejo, sin el más leve soplo de brisa.
+
+Este maldito del Océano, que hacía recordar al «Holandés errante» y a
+otros pilotos en pecado mortal, había realizado un viaje desde las
+Indias a Cádiz en sólo tres días. Pero hay que advertir que la nave iba
+tripulada por una legión de demonios disfrazados de marineros, que le
+habían ofrecido sus servicios. La travesía se efectuó en un continuo
+huracán. Pasajeros y soldados no podían tenerse de pie sobre el buque,
+tembloroso por la velocidad y próximo a romperse. El piloto Carreño,
+sentado en el tabernáculo, tenía que agarrarse a su cadira de mando para
+que el loco movimiento de la nave no lo arrojase al mar.
+
+Los demonios, espíritus traviesos, ejecutaban las maniobras al revés de
+las voces náuticas que daba Carreño. Cuando éste ordenaba a la
+tripulación, ágil y maligna como una tropa de monos, «Larga escota», los
+demonios juguetones aferraban las velas del trinquete y de la mesana. Y
+cuando mandaba «Iza», ellos amainaban. Pero los diablos resultan
+inocentes siempre que tienen que vérselas con la malicia del hombre: su
+destino es ser engañados a la larga por el pecador, y el hábil Carreño,
+al comprender la bellaquería de sus revoltosos marineros, ordenó en
+adelante todo lo contrario de lo que en realidad quería que ejecutasen.
+Así se salvó la nao, y Carreño, en tres días, engañando al demonio, pudo
+pasar de un mundo a otro.
+
+La sed era el tormento de los largos viajes interrumpidos por las
+calmas. Corrompíase el agua, y los alimentos, salados en demasía,
+excitaban en todos el ansia de beber. Las familias emigradoras se
+sustentaban con las provisiones que habían hecho antes de embarcar. El
+fogón de la nave era llamado «la isla de las ollas» por su gran número,
+pues cada grupo cuidaba de la suya. Y cuando llegaba la hora de la
+comida, los mismos pajes que acababan de tender para los marineros un
+mantel en el suelo, con platos de madera, daban a gritos la señal.
+
+--Tabla, tabla, señor capitán, piloto, maestre y buena compaña. Tabla
+puesta, vianda presta. Agua usada para el señor capitán y maestre y
+buena compaña. ¡Viva, viva el rey de Castilla por mar y por tierra! Y
+quien le diere guerra, que le corten la cabeza. Y quien no dijera amén,
+que no le den de beber. Tabla en buena hora, quien no viniere que no
+coma.
+
+Y comían los tripulantes al principio de la navegación carne salada de
+vaca; luego, huesos sin tuétano vestidos sólo de algunos nervios; los
+viernes y vigilias, habas guisadas con agua y sal; y en las fiestas
+recias, abadejo, que era plato de gran lujo. Quedaban los más con hambre
+pero dábanse por contentos siempre que el paje encargado de la gaveta
+del vino pasase con frecuencia ante ellos taza en mano.
+
+Olvidaban los pasajeros todos los martirios y miserias de la navegación
+a la vista de las Indias. Abrían las cajas para sacar camisas blancas y
+vestidos nuevos; limpiábanse de los menudos compañeros de viaje
+repugnantes y molestos, que volvían a refugiarse en las rendijas de las
+naos; se ceñían la espada. En cuanto a las pobres damas, macilentas por
+el mareo y las privaciones, transfigurábanse al llegar a las nuevas
+tierras. Deshacían los cadejos de sus greñas abandonadas, animábanse el
+rostro con blanco solimán y roja cochinilla, «saliendo de bajo de
+cubierta--según un viajero de entonces--tan bien tocadas, rizadas,
+engrifadas y repulgadas, que parecían nietas de las que eran en alta
+mar».
+
+La gloria, la riqueza y hasta el gobierno de pueblos estaban al alcance
+de todos al otro lado de los mares. Siguiendo los pífanos y atambores de
+los tercios y el flamear de las banderas con águilas de doble cabeza, el
+pobre hidalgo iba al encuentro de la gloria, pero también de la miseria.
+Después de largas campañas en Flandes o en Italia, tenía asegurada una
+espera no menos luenga en las antesalas de los palacios, con el memorial
+en las rodillas, solicitando una recompensa de criado por los pelotazos
+de hierro y los acuchillamientos recibidos en las batallas contra el
+turco y el herético. Los altos puestos los acaparaban los cortesanos de
+nobleza tradicional, los descendientes de los que habían peleado en la
+Península contra el sarraceno.
+
+Embarcándose para las Indias todo era posible. Bastaba fundar un pueblo
+para ennoblecerse por este hecho, colocando ante su nombre el honorífico
+Don. Mozos de vida airada, acostumbrados a peleas nocturnas con las
+rondas de alguaciles y a largas estancias en la cárcel por deudas,
+convertíanse al otro lado del Océano en magníficos señores que
+destronaban emperadores, colocaban otros en su lugar, o concluían por
+sentarse en el trono. Algunos, a la hora en que sus madres, vistiendo
+zagalejos de roja bayeta, daban de comer a las gallinas en sus corrales
+de Extremadura y Andalucía, se casaban, lo mismo que los caballeros
+andantes, con grandes princesas de tez pálida y ojos oblicuos, criaturas
+de enigma y ensueño que llevaban sobre la frente la borla multicolor de
+la autoridad y en el pecho áureas placas con sagrados jeroglíficos.
+
+Y todos los días, durante un siglo, chirriaban al amanecer las puertas
+del caserío vasco, del tapial pardo de Castilla, del casuchín morisco
+enjalbegado y oprimido en la calleja andaluza, de la corralada extremeña
+envuelta en olor de estiércol cerduno, y los mozos emprendían la marcha,
+ligeros de ropa y ágiles de piernas, cantando como los mancebos que
+encontraba Don Quijote en sus correrías, con una vieja espada al hombro
+a guisa de bordón de peregrino y pendiente de ella el hato de ropa con
+toda su fortuna: unas calzas nuevas, los gregüescos, dos camisas, un
+rosario, unos naipes gastados, lo más preciso para llegar a virrey o a
+marqués de título sonoro y exótico al otro lado del mar. Y de todos los
+extremos de la Península, siguiendo rutas convergentes como las varillas
+de un abanico, estos alegres romeros de la aventura y la ilusión venían
+a unirse con una firme amistad, tal vez por toda la existencia, al pie
+de las carabelas y galeones que se balanceaban pesadamente en la
+desembocadura del Guadalquivir esperando el lombardazo de partida.
+
+Eran «la segunda hornada» de exploradores, los que habían de contornear
+el mundo recién descubierto, a través del naufragio y la muerte.
+Embarcábanse años después los de «la tercera hornada», los
+conquistadores de reinos y fundadores de ciudades, que, mal avenidos con
+la paz del triunfo, acababan por pelearse entre ellos sañudamente en una
+guerra de banderías estúpida y feroz.
+
+Los reyes vivían vueltos de espaldas a estas tierras de misterio, cuyas
+riquezas tan decantadas sólo fueron una realidad algunos años más tarde.
+Preocupados con sus guerras y negocios de Europa, miraban indiferentes
+este éxodo y abrían la mano liberalmente a toda demanda de nuevas
+conquistas y permisos de navegación.
+
+--Un autor de aquella época--dijo Maltrana--escribió un libro titulado
+_Los seis aventureros de España, y cómo el uno va a las Indias, y el
+otro a Italia, y el otro a Flandes, y el otro está preso, y el otro anda
+entre pleitos, y el otro entra en religión. Y cómo en España no hay más
+gente destas seis personas sobredichas..._ Así era: no había más. Éste
+era el estado a que podían aspirar los que tenían voluntad y coraje. Las
+Indias representaban, según Cervantes, «el refugio y el amparo de todos
+los desesperados de España»; y como la desesperación era el estado
+natural de los españoles de entonces, de aquí que el libro debió tener
+una segunda parte, verídica y lógica, relatando cómo el aventurero de
+Indias se quedaba allá para siempre; y los aventureros de Italia y
+Flandes, aburridos de un heroísmo pobre y sin gloria, acababan por irse
+al Nuevo Mundo; y el preso hacía lo mismo al salir de la cárcel; y el
+pleiteante seguía idéntico camino, viéndose sin otra subsistencia que la
+sopa boba; y hasta el fraile acababa sus días en un monasterio colonial
+adoctrinando vírgenes cobrizas y cuidando los naranjos recién traídos de
+la Península...
+
+--En esta fuga hacia las tierras nuevas--dijo Ojeda--, ¿quién podrá
+conocer jamás la cifra exacta de los que salieron y no llegaron?
+¡Cuántas catástrofes ignoradas!... Algunos autores extranjeros afirman
+que en tres siglos le costó a España treinta millones de hombres la
+colonización del Nuevo Mundo. Seguramente exageran; pero hay que pensar
+que esa magna colonización desde la mitad de los actuales Estados Unidos
+al paso de Magallanes la acometió ella sola con sus propios recursos.
+Hoy, el americano ha cambiado mucho de su tipo original. ¡La mezcla que
+esto supone! ¡El enorme envío de virilidad que fue necesario para
+aclarar la sangre india de su cobre nativo!...
+
+Durante el primer siglo de la conquista, embarcábanse los aventureros en
+los primeros buques que encontraban disponibles, vasos antiguos apenas
+recompuestos y guiados por cualquier piloto costero que se prestaba a
+dirigir la expedición. Las administraciones de entonces no conocían la
+estadística. Además, eran frecuentes los viajes clandestinos, sin
+papeles. Nadie se preocupaba de la seguridad de los viajes ajenos: cada
+uno que velase por sí mismo. Se confiaba en Dios y no se tenía miedo a
+nada.
+
+Una expedición al mando de un viejo capitán de Indias salía de Cádiz
+para la isla de las Perlas, en las costas de Venezuela. El día era
+bonancible, el mar liso y tranquilo; pero el galeón estaba tan
+desencuadernado y podrido, que apenas navegó una hora se fue a pique
+instantáneamente a la vista de la ciudad, ahogándose todos sus
+tripulantes.
+
+--Esta catástrofe--dilo Maltrana--metió algún ruido, porque entre los
+aventureros iba el hijo único de Lope de Vega, mozo poeta deseoso de
+seguir una de las seis carreras de los hidalgos de entonces. Pero
+ocurrían con mucha frecuencia estos naufragios por imprevisión o por
+audacia, sin que de ellos quedase noticia alguna... ¡Si este mar pudiese
+contarnos todos los dramas ignorados del descubrimiento!
+
+El doctor Zurita asintió gravemente. Mucho le había costado a España su
+gran empresa de Ultramar. Tal vez su decadencia provenía de esto.
+
+--Así es--contestó Ojeda--. Unos atribuyen esa decadencia a las guerras
+europeas; pero las naciones que peleaban con nosotros experimentaron
+iguales pérdidas, y no por esto decayeron... Otros echan la culpa al
+exceso de religiosidad, que nos metió en empresas absurdas. Tal vez sea
+esto cierto, pero en parte nada más. Naciones hubo entonces tan
+fanáticas como la nuestra, y sin embargo no se vieron en peligro de
+muerte... La causa principal de nuestra decadencia, o más bien dicho, de
+nuestra anemia, debe buscarse en la colonización de las Indias. Un
+organismo sana de las heridas que recibe, por tremendas que sean. Lo
+peligroso, lo mortal, es un desangre que dura años, que dura siglos: un
+flujo inatajable con el que se escapa la vida...
+
+Fernando describió a la vieja España como una de esas madres prolíficas
+en exceso que marchan sobre sus piernas un tanto vacilantes, entre sus
+hijos, grandotes, robustos, sonrientes con la confianza de la salud.
+Sufren todas las enfermedades y no tienen ninguna: su única dolencia
+cierta es la debilidad, la anemia, la escasez de una vida que han ido
+repartiendo y malgastando generosamente. Cada hijo se ha llevado un
+jirón de su existencia.
+
+--Y figúrense ustedes--continuó Ojeda--lo que representa para España
+haber dado a luz cerca de una veintena de cachorros que están al otro
+lado del mar viviendo por cuenta propia, unos adelantados y cultos,
+otros impulsivos y montaraces, pero todos de su sangre y su apellido y
+con las ilusiones de la juventud.
+
+Maltrana asintió a estas palabras, pero añadiendo una opinión suya. El
+mal de España había sido no descansar hasta la vejez.
+
+--Nuestro país es por su historia algo semejante a una olla que hierve
+siglos y siglos sin que nadie la aparte del fuego para que se enfríe su
+contenido. Los grandes pueblos de Europa, después del hervor fundente
+durante el cual se mezclaron sus razas y se borraron sus antagonismos,
+pudieron descansar en la paz. Este reposo les ha servido para
+solidificarse, engrandecerse y adquirir nuevas fuerzas. España no;
+España no conoció el descanso. Durante siete siglos hierve con el
+burbujeo de las luchas de raza y los antagonismos religiosos. Al fin se
+verifica de cualquier modo la fusión de los diversos ingredientes. Ya
+está hecha la mixtura nacional, tal vez de mala manera, pero ya está
+hecha. Hay que retirar la vasija del fuego para que se cristalice el
+contenido y sea algo más que líquido y vapores.
+
+Pero en este momento crítico, España descubría las Indias y por alianzas
+monárquicas se encontraba dueña de media Europa. Y en vez de descansar,
+volvía a hervir con un fuego mayor, se hinchaba con un burbujeo loco,
+absurdo, el más extraordinario, atrevido e insolente que consigna la
+Historia. Una nación relativamente pequeña, mal situada en un extremo
+del mundo viejo, y que además pretendía unificarse expulsando a los
+españoles hebreos y musulmanes por ser de distinta religión, emprendía
+al mismo tiempo la empresa de colonizar medio globo y de mantener bajo
+su autoridad lejanas naciones europeas que no eran de su idioma ni de su
+raza.
+
+Y el líquido, hinchado por el fuego, adquiría fantásticas proporciones,
+pareciendo mucho más grande de lo que realmente fue; esparcíase en
+oleadas fuera de la vasija, para perderse sin utilidad alguna, hasta que
+acabó por apagar la lumbre. Y cuando la olla descansaba al fin,
+enfriándose, sólo tenía en su interior leves residuos. Lo mejor se había
+escapado en vapores gloriosos o quedaba esparcido por el mundo en
+manchas, en pequeños terrones, sin formar una masa homogénea.
+
+--¡Ay, si hubiésemos descansado a tiempo como otros pueblos!--dijo
+Maltrana--. ¡Si hubiese transcurrido un siglo o dos entre la
+constitución nacional y nuestras grandes empresas!... Pero estiramos la
+pierna más allá de la sábana, que era corta. Nunca se ha visto un
+despilfarro de vida y de energías más glorioso e inútil.
+
+El doctor Zurita protestó de esto último.
+
+--Inútil no. En lo que se refiere a las empresas de Europa,
+indudablemente... Pero queda la América, todas las repúblicas que hablan
+español, y que más allá de sus diferencias de constitución nacional son
+iguales por su alma y sus costumbres.
+
+Ojeda asintió. El loco despilfarro de la energía española únicamente
+había sido reproductivo en las Indias. Viajando por diversas repúblicas
+del Nuevo Mundo en sus tiempos de diplomático, había apreciado la
+grandeza histórica de España mejor que con la lectura de los libros
+apologéticos.
+
+En un país americano de clima frío, donde crecían lo mismo que en Europa
+el pino y el abeto y las montañas estaban coronadas de nieve, salía al
+encuentro del viajero el idioma castellano, y con él las viejas casas de
+escudos coloniales en el portón y los entonados señores de solemnes
+maneras semejantes a los hidalgos antiguos. Hasta el presidente de la
+República llevaba un apellido rancio y sonoro, igual al de los galanes
+de capa y espada de las comedias de Calderón. Luego, al saltar a otro
+país de cocoteros y bosques enmarañados, con ríos como mares, llanuras
+de infernal ardor, volcanes de cima humeante y lagos suspendidos entre
+cordilleras vecinas a las nubes, volvía a encontrar vestido de blanco,
+con el sombrero de paja en la mano, el mismo hidalgo cortés y
+ceremonioso; la dama de breve pie y ojos andaluces, discreta, juguetona
+y devota como una tapada de Lope; el antiguo convento colonial con sus
+torres encaperuzadas de azulejos que desgranan el campaneo de las horas
+en las tardes ardorosas o las noches lunares sobre calles de rejas
+ventrudas impregnadas de perfume de naranjo y de jazmín. Y otro
+presidente le recibía en audiencia, ostentando un apellido de vieja
+cepa, y era idéntico a los demás en su porte caballeresco y sus hazañas
+de caudillo voluntarioso y corajudo.
+
+Desde las fronteras de Texas a los hielos de Magallanes, vivía España y
+viviría luengos siglos en el doctor sentencioso, trasatlántico,
+descendiente de Salamanca y Alcalá; en la dama graciosa y devota que
+imita las últimas novedades de la elegancia exterior, pero guarda el
+alma de sus abuelas; en el caudillo aventurero que renueva al otro lado
+del Océano los romances medievales de la Península; en la irresistible
+admiración por el valor y la audacia que sienten hasta los más
+ilustrados, colocando el coraje por encima de todas las virtudes
+humanas.
+
+Podía un cataclismo continental hundir la Península ibérica bajo las
+aguas; y si con esto desaparecía la España nación, no por ello iba a
+morir la España pueblo, la España verbo, el alma española. Al otro lado
+del mar, en las costas del Atlántico y el Pacífico, o acopladas en las
+laderas de los Andes como los nidos de los cóndores, existían miles de
+ciudades unificadas por el idioma, las costumbres y un concepto peculiar
+del honor. Ochenta millones de seres hablaban el castellano y pensaban
+en él. El catolicismo, firme y dominador en unas naciones de América,
+débil y transigente en otras, era también una fuerza tradicional que
+mantenía viviente el pasado, común a todas ellas.
+
+Los europeos aprendían el español para entenderse con los pueblos
+jóvenes de América. El castellano era el tercer idioma mundial gracias a
+su difusión en el Nuevo Mundo. España renacía en el verdor y belleza de
+sus hijas.
+
+--Y esto es algo--dijo Ojeda--. Nuestro loco despilfarro de otros
+tiempos no se ha perdido del todo gracias a América.
+
+Sus amigos asintieron. No, no se había perdido.
+
+--Sólo un país como la Península--continuó Ojeda--, de clima africano y
+al mismo tiempo con mesetas de frío glacial, podía dar una raza
+preparada para la colonización de un mundo tan grande y diverso. Así
+únicamente se comprende que unos mismos hombres llegasen a fundar
+ciudades que están a más de dos mil metros de altura, en las que se
+respira con dificultad, y ciudades al nivel del mar, bajo el Ecuador, en
+un ambiente de infierno. Sólo un pueblo sobrio y de vida dura como el
+español podía acometer la empresa de poblar un mundo con el que la gente
+aún era más sobria y había poco de comer o no había nada absolutamente.
+El peligro para el conquistador no fue la flecha del indio; fueron la
+soledad y las inmensas distancias, y sobre todo, fue el hambre.
+
+Zurita intervino, con la precipitación del que oye hablar de algo que
+conoce mejor que sus interlocutores.
+
+--De eso puedo decir mucho. Yo he colonizado, ¿sabe, amigo?... Yo he
+vivido en el desierto, y allí conocí lo que habían sido los antiguos
+españoles y lo mucho que les debemos... Nosotros hemos sido injustos con
+ellos. Nos educan mal por patriotismo: nos inculcan mentiras desde la
+niñez. Cuando yo iba a la escuela estaban más vivos que ahora los odios
+de la lucha por la Independencia, y eso que había pasado más de medio
+siglo. España era una madrastra cruel y los españoles unos «gallegos»
+brutos, que sólo habían sabido esclavizarnos y explotarnos... Y esto nos
+lo enseñaban en idioma español, y además, el maestro y los discípulos
+llevábamos todos apellidos españoles. Hablábamos de los «gallegos» como
+de un pueblo bárbaro que hubiese conquistado nuestro país cuando ya
+estaba constituido y en plena civilización, retrasando su progreso, por
+lo cual lo habíamos expulsado gloriosamente después de tres siglos de
+tiranía... De hombre continué en la misma ignorancia. Los que nacemos en
+una ciudad ya hecha no nos preguntamos cómo se formó y quiénes pusieron
+sus cimientos. Cuando deseamos salir de ella, es para irnos a Europa y
+rabiar de emulación viendo que hay cosas mejores que las nuestras. Nunca
+miramos atrás ni nos preocupan nuestros orígenes.
+
+Hizo una pausa el doctor, como si le molestase un mal recuerdo.
+
+--Yo mismo--añadió--siento cierto remordimiento al pensar en mi abuelo.
+¡Pobre señor! Cuando de niño me enfadaba con él, le llamaba «gallego» y
+recordaba los grandes hechos de la Independencia, que habían servido,
+según mis ideas, para echar a patadas del país a una banda de
+extranjeros explotadores... Al viajar por el interior de mi tierra, vi
+claro; me di cuenta de los sufrimientos y trabajos de aquellos hombres
+que fueron extendiendo por el desierto la civilización de su época. Sólo
+los que viven en las ciudades y no salen al campo (al campo inculto que
+aún no conoce la mano del hombre) pueden hablar con desprecio de
+nuestros remotos ascendientes.
+
+El doctor recordaba su vida de joven, cuando había colonizado tierras
+vírgenes recientemente abandonadas por el indio.
+
+--Tuve que sufrir toda clase de privaciones: hasta pasé hambre muchas
+veces. Y eso que tenía cerca el ferrocarril, y los ríos podía
+remontarlos en buques de vapor en vez de ir a remo, y el trasatlántico
+me traía en menos de un mes los encargos de Europa... Entonces me di
+cuenta de lo que hicieron los primeros españoles, sin otros medios de
+comunicación que la recua o la carreta, teniendo que echar seis u ocho
+meses para recorrer distancias que hoy salva el ferrocarril en dos o
+tres días. Cuando querían remontar el Paraná, yendo de Buenos Aires a la
+Asunción a remo y a vela por las revueltas del río, les costaba este
+viaje tres veces más tiempo que para ir a España. Naves de la Península
+llegaban muy de tarde en tarde, si es que no naufragaban. Y a pesar de
+tantos obstáculos, nuestros ascendientes fundaron los núcleos de las
+ciudades que ahora tenemos, crearon las primeras ganaderías, adaptaron a
+nuestro suelo los productos del viejo mundo, lo prepararon todo para que
+los europeos que llegasen después no se murieran de hambre... El español
+colocó la mesa en América, fabricó los asientos y puso el pan. Ésta es
+una imagen que se me ocurre. Después, otros pueblos más adelantados han
+traído las salsas refinadas de civilización, los hermosos adornos de
+mesa; pero sin el primero, que preparó lo más necesario, no habría
+banquete.
+
+--Así es--dijo Maltrana--. Pero el que produce en la vida lo preciso y
+vulgar no alcanza nunca la fama del que fabrica lo superfino y
+agradable. Nadie sabe quién inventó el pan y quién tejió la primera
+tela. Ningún pueblo les ha levantado estatuas. Y crean ustedes que los
+inventores del pan, del paño y de la cocción de los alimentos fueron más
+grandes y dignos de gloria que los autores de todas las maquinarias de
+nuestra época.
+
+--En la formación de los países americanos--insistió Zurita--ocurre lo
+que en los grandes edificios que ahora se construyen. Muy pocos ven el
+andamiaje interior de acero; ninguno desea conocer el nombre de los que
+trabajaron en los profundos cimientos. La admiración es toda para los
+adornos y «firuletes» de la fachada... Y quien asentó nuestros cimientos
+y levantó la parte sólida de nuestro palacio, fue España. Los otros
+pueblos han llegado mucho después, a la hora de los adornos y
+balconajes, para dar lo cómodo y lo lindo. Lo más duro, el trabajo
+ingrato y peligroso de albañilería, lo hizo «la vieja».
+
+--Y cuanto más quieran ustedes elevar su edificio--dijo Ojeda--, cuanto
+más grandioso y solemne lo deseen, más tendrán que bajar en busca de los
+cimientos para reforzarlos, so pena de venirse abajo.
+
+--Hay que haber vivido en el desierto--continuó el doctor--para darse
+cuenta de lo que trajeron con ellos los conquistadores y los servicios
+que prestaron a la civilización. Yo sufrí mucho al crear mis estancias,
+y sin embargo, pensaba: «Este caballo que me lleva de un lado a otro lo
+trajeron los españoles. Antes de venir ellos, no existía. Estas vacas y
+estas ovejas que puedo matar y comer las trajeron ellos también. La
+galleta que me llevo a la boca procede del trigo que ellos sembraron los
+primeros». Y no podía moverme en mi pobreza sin encontrar que las pocas
+comodidades que me rodeaban las debía a los atrevidos españoles que
+avanzaron y murieron en el desierto para que un día pudiese yo avanzar a
+mi vez. Y me preguntaba: «Pero ¿qué había aquí antes de que ellos
+llegasen? ¿Qué comía la gente?...». La gente era escasa, y para comer
+solo había maíz, mandioca y carne del huanaco. Esto a juzgar por lo que
+yo he visto en mi tierra. Dicen que en el Perú y en Méjico había mayores
+medios, porque era más numerosa la gente. Así debió ser, pero me temo
+que en los relatos haya mucha exageración de los hombres de pluma,
+cuentos maravillosos... lo que ustedes llaman «literatura».
+
+Ojeda, que escuchaba pensativo, habló a su vez.
+
+--Y hay que pensar, doctor, en los esfuerzos que costaría llevar al
+Nuevo Mundo cada uno de esos productos destinados a la aclimatación, en
+pequeños buques, con la gente hacinada.
+
+Tripulantes y soldados dormían sobre las tablas. Los capitanes y
+personajes tenían por toda comodidad una colchoneta arrollada en el
+castillo de popa. Las provisiones eran saladas o avinagradas, para
+resistir los cambios de temperatura. Las grandes calmas del Océano
+hacían escasear con su larga inmovilidad la provisión de agua. Muchos
+vendían una a una sus prendas de ropa a cambio de algunos vasos de
+líquido terroso y recalentado, y llegaban desnudos al término del viaje.
+Y en medio de esta sed rabiosa, había que economizar líquido para dar de
+beber al caballo, al toro procreador, a la vaca de vientre, al naranjo
+en maceta, al olivo de plantel, a todas las novedades animales y
+vegetales que llevaban allá como tesoros, estimados en más que la vida
+de los hombres... Y como si no bastasen tantas tribulaciones, habían de
+abrirse paso a cañonazos entre los buques enemigos, ingleses, holandeses
+o franceses, que, según las variaciones de la política española, les
+salían al encuentro para impedir sus viajes.
+
+--España--terminó Ojeda--dio a América todo lo que tenía, lo bueno y lo
+malo.
+
+--Y no dio más porque no tenía más--dijo Zurita--. Los otros países no
+creo yo que tuviesen más que dar en aquellos tiempos... Pero nosotros,
+legítimos descendientes de los españoles, hemos heredado de ellos la
+mala lengua, la tendencia a hablar contra España y hacerla responsable
+de todo.
+
+--Ahí tenemos al amigo Pérez--dijo riendo Maltrana, ese buen mozo subido
+de color que admira a Inglaterra hasta en sueños. Ése hace responsable a
+la madre patria de todo lo de América: de la sequedad o del exceso de
+lluvias, de la pereza de los indios, hasta de la escasez de
+ferrocarriles.
+
+--La mala lengua heredada, es cierto--dijo Ojeda--. El individualismo
+orgulloso del español, que se cree defraudado por ser de su país y habla
+contra él a todas horas, convencido de que al nacer en otra tierra
+hubiese sido mucho más grande.
+
+--Una injusticia--dijo Zurita--es también hablar tanto de la crueldad de
+los españoles con el indio. ¿Cómo civilizar una tierra sin barrer antes
+la gente que la ocupa si es que se opone a esa civilización?... En la
+antigua América española, los pueblos más adelantados son ahora aquellos
+que tienen menos indios. En los Estados Unidos quedan tan pocos, que los
+enseñan en los circos como una curiosidad. En mi país sólo se
+encuentran en las fronteras del Norte, y cada vez son menos. Chile ya no
+guarda más que una muestra de los antiguos araucanos.
+
+--Es curioso--dijo Maltrana volviendo a sonreír--. Casi todas las
+repúblicas americanas, en su odio a España, han cantado al indio
+primitivo, que hizo frente a los conquistadores, pintándolo como un
+héroe poseedor de todas las virtudes. Pero muchas de esas repúblicas,
+después de su independencia, se han dedicado a matar al indio, a
+suprimirlo con una crueldad más fría y razonada que la de los virreyes y
+gobernadores, a organizar el exterminio metódico y el reparto de los
+niños, para que no quedase ni simiente... Nietos de gallegos y
+vascongados han cantado los intentos de rebelión de los indios contra la
+metrópoli, viendo en ellos los primeros vagidos de la Independencia,
+cuando no fueron más que revueltas de razas, sublevaciones de color. En
+el caso de triunfar los indios, lo primero que hubieran hecho es dar
+muerte a los criollos blancos, abuelos o padres de los caudillos de la
+emancipación americana.
+
+--Yo no soy de ésos--protestó el doctor--. Yo creo que el principal
+defecto de la colonización española fue su empeño en transformar al
+indio, en hacerlo cristiano: empresa difícil y de escasos resultados.
+Vean el ejemplo de las grandes naciones modernas: cuando les estorba su
+paso un pueblo refractario, lo suprimen... Inglaterra, con su virtud
+protestante y su lagrimeo bíblico, ha borrado del planeta razas enteras.
+España no pudo hacerlo. Tenía que poblar un hemisferio, le faltaba gente
+para tanta extensión, y hubo de transigir con los naturales. Además, hay
+que tener en cuenta el espíritu devoto y la perniciosa facilidad del
+español para engancharse con la primera india que le salía al paso y
+constituir con ella santa familia cargada de hijos. Los pueblos
+modernos, cuando conquistan un país, envían remesas de mujeres blancas
+para que los colonizadores no malgasten la semilla nacional en
+mestizamientos. Y si a pesar de esto surge el mestizo, no lo reconocen.
+
+--El conquistador--dijo Maltrana--, aconsejado por el sacerdote, creyó
+vivir en pecado mortal si no se casaba con la madre de sus hijos, y a
+veces la manceba india, por obra de las hazañas de su marido, llegaba a
+ser doña Inés, doña Luz o doña Violante con escudo nobiliario y
+gobernación de tierras.
+
+--En los Estados Unidos--dijo Ojeda--, la gente europea se mantuvo en su
+pureza blanca, y por eso llegó adonde ha llegado. Cada uno, al emigrar,
+se llevaba su mujer, y los casamientos se hacían siempre dentro de la
+raza. Pero aquella tierra está, como quien dice, a las puertas de su
+antigua metrópoli, los viajes eran más rápidos, más frecuentes, y mayor
+el trasplante de personas. Además, vivieron mucho tiempo concentrados en
+las costas, dejando el resto del país a los salvajes, avanzando
+lentamente, con paso seguro, hasta que, casi en nuestra época, de un
+solo golpe se desbordaron por la enorme extensión, decididos a acabar
+con el indio, refractario a la cultura; y el indio acabó... España,
+desde el primer momento quiso verlo todo, explorarlo todo. Sus primeros
+descubridores estuvieron en sitios a los que luego no ha vuelto ninguna
+persona civilizada. Y este esparcimiento loco de fuerzas disgregadas y
+curiosas tuvo como consecuencia, en muchos lugares, que en vez de
+hacerse el indio español, fue el español el que se hizo indio, sumándose
+por el amor y las relaciones de familia a la raza que intentaba dominar.
+
+--Así les va a los pueblos de tal origen--dijo sonriendo el doctor--.
+Yo, mis amigos, tengo opiniones muy personales en lo que se refiere a
+los países de América. Soy americano, pero no indio. Cuando veo una
+nación donde la gente es blanca en su mayoría, me digo: «Éstos
+trabajarán en paz, y seguramente irán lejos.» Cuando veo por todas
+partes caras cobrizas y pelos de cerda, tuerzo el gesto: «Mal; éstos
+sólo pueden dar de sí enredos, politiqueos, una vanidad ridícula,
+revoluciones para ocupar el Poder, bailes, músicas y versos... muchos
+versos...».
+
+Los dos amigos rieron al oír las últimas palabras del doctor.
+
+--Yo he trabajado en el campo--continuó éste--, y sé por experiencia que
+sólo puede emprenderse un negocio con trabajadores de raza blanca o con
+emigrantes de Europa, que conocen el valor del dinero, ahorran y tienen
+un concepto exacto de los deberes de la vida. ¡Lo que me han hecho
+sufrir indios y mestizos!... Trabajan de un modo loco cuando les acosa
+el hambre, pero apenas cobran una semana, desaparecen para ir a
+emborracharse y le dejan a usted plantado. ¡Cómo llevar adelante una
+empresa con tales auxiliares!... Más de una vez he envidiado a los
+conquistadores, que, con arreglo a las costumbres de su época, podían
+dirigir palo en mano a unas gentes incapaces de un trabajo serio y
+continuo. Sólo el que ha colonizado puede comprender la conducta de
+aquellos españoles. Tuvieron que implantar la civilización de su época
+sin otra ayuda que la de unos niños grandes que únicamente se mueven a
+impulsos del temor. Los doctores, que viven en las ciudades y todo lo
+han encontrado hecho (sin saber ciertamente cómo se hizo), pueden
+permitirse sensiblerías y declamaciones.
+
+Hablaron después de esto de los «grandes crímenes» de los
+conquistadores.
+
+--Eran gente dura, violenta--dijo Ojeda--, y hasta entre ellos mismos
+dirimían con sangre sus cuestiones. Pero no eran mejores ni peores que
+los hombres de espada que en los mismos años hacían la guerra en Europa.
+¡Es curiosa la injusticia del mundo con los conquistadores de
+América!... Algunos los describen como monstruos excepcionales de
+maldad, algo de que no hay ejemplo en la Historia; y un siglo después
+que ellos realizasen su conquista, se desarrollaban en el corazón de
+Europa la guerra de los Treinta Años y otras guerras de religión, con
+degüellos en masa de pacíficos campesinos y quemas de pueblos enteros
+con todos sus habitantes...
+
+--Igualmente son ridículas--dijo Maltrana--las lamentaciones por el
+trabajo de los indios en las minas. Cualquiera creerá que sólo
+trabajaban ellos. El indio servía para el arrastre de los minerales,
+como hoy mismo sirven los hombres libres en las minas que carecen de
+maquinaria. Pero con el indio trabajaban obreros españoles, mineros
+enviados de la Península, que sufrían tanto o más que ellos... Siempre
+tendrá la humanidad que realizar, para vivir, pesados trabajos,
+abrumadoras funciones. Hoy, después de tanta civilización, centenares de
+miles de blancos sufren igualmente en las minas, y es injusta esa
+sensiblería que se calla cuando la víctima es uno de su raza y sólo se
+enternece cuando el que pena es de otro color... Como España estuvo
+gravitando sobre Europa durante siglo y medio y dejó resentidos por su
+dominio a muchos pueblos, no ha habido mentira ni exageración que la
+venganza haya dejado de lanzar después contra ella.
+
+--Gran cantidad de las patrañas que circulan sobre nuestras
+colonias--dijo Ojeda--son obra de un editor. Los libreros tuvieron gran
+influencia en la historia de América. Su mismo título (con menosprecio
+de Colón) se lo dio un librero de la frontera francesa, el editor de las
+cartas de Américo Vespucio. Y muchas de las mentiras que circulan con un
+carácter tradicional contra los españoles coloniales las inventó un
+librero flamenco.
+
+Era Teodoro de Bry, impresor de Lieja, que de 1570 a 1602 estuvo
+publicando libros y estampas para alimentar en Europa la curiosidad por
+los sucesos de las Indias y el odio a España, dominadora del viejo mundo
+en aquel entonces. El buen flamenco hizo obra patriótica desacreditando
+por todos los medios a los españoles les que gobernaban su país. Pero
+esta obra apasionada fue indigna de la credulidad que le dispensó la
+ignorancia general. Las afirmaciones del editor Bry, que jamás estuvo
+en las Indias, que imprimió todo cuanto le ofrecían siempre que fuese
+contra España, y vivió un siglo después del descubrimiento, se aceptaron
+con el mismo respeto que si fuesen documentos de testigos presenciales.
+Inventó retratos de Colón, e inventó igualmente ridículas historias
+sobre la vida del Almirante y la injusticia y crueldad de los españoles.
+
+--El librero Bry--continuó Ojeda--fue el autor de ese cuento soso e
+imbécil sobre «el huevo de Colón»... ¡La suerte de ciertas tonterías!
+Muy pocos conocen lo que fue el descubrimiento ni tienen una idea
+aproximada de Colón; pero todos saben la perogrullada del huevo, fábula
+insulsa digna de un ingenio flamenco.
+
+--Cierto es--dijo Maltrana--que una buena parte de lo que se ha
+propalado contra los españoles de América se inventó en Europa por
+gentes que nunca estuvieron allá. Algunos autores americanos del siglo
+XVIII protestaron de la exageración de esas invenciones, pero su voz no
+tuvo eco. Luego, al iniciarse la Independencia, los revolucionarios
+americanos adoptaron como suyas muchas de las afirmaciones europeas,
+aceptándolas a ojos cerrados con el apasionamiento de la lucha, y aún
+colean los tales embustes en la enseñanza que se da en las escuelas del
+Nuevo Mundo.
+
+--Al empezar la decadencia de nuestra patria--añadió Fernando--, de
+Italia, de Flandes, de Holanda, de Alemania, de Inglaterra y de Francia,
+países que tenían mucho que vengar, pues durante siglo y medio les había
+molestado enormemente la preponderancia española, llovieron volúmenes
+hablando de las grandes crueldades sufridas por los indios. Rousseau
+puso de moda el hombre primitivo, libre en plena Naturaleza, y los
+indígenas americanos fueron el tipo perfecto de la víctima aprisionada y
+desfigurada por la civilización. Abates folicularios, para halagar al
+público, lloraban sobre la desgracia de unos pobres indios que sólo
+habían visto pintados en estampas lo mismo que mascarones de Carnaval.
+
+--El barón de Humboldt--interrumpió Maltrana--, el único extranjero de
+capacidad que vio de cerca la América de entonces viajando por casi toda
+ella, decía que los indios gobernados por la autoridad colonial, torpe y
+formulista, pero a la vez tolerante y floja, bien podían ser envidiados
+por los campesinos de Europa, que vivían con mayor miseria, y
+especialmente por los campesinos de Francia antes de la Revolución...
+Muchos de los crímenes coloniales, que fueron a la misma hora crímenes
+de todo el resto del mundo... ¡literatura, pura literatura!
+
+--No lo tome usted a broma--dijo Ojeda--. La literatura entró por mucho
+en eso. Cuando se inició en América el movimiento de emancipación,
+Chateaubriand reinaba sobre el mundo y _Atala_ era el libro sublime.
+«¡Triste Chactas!», cantaban con voz llorosa acompañadas de arpa o de
+guitarra todas las damas de ambos hemisferios. Y el indio de moda,
+interesante, gallardo y filosofador, era para los revolucionarios un
+argumento más contra la tiranía española.
+
+--Y lo gracioso fue--dijo Maltrana--que el indio, en casi todos los
+países de América, en vez de irse con la revolución, que lo compadecía y
+ensalzaba, se mantuvo aparte de ella o defendió hasta el último momento
+al rey, formando en los ejércitos monárquicos, donde por cada soldado
+peninsular había cuarenta o cincuenta de color. Y terminada la
+revolución, al verse vencedores los enemigos de la tiranía, se dieron
+buena prisa en acabar con el «triste Chactas», pasándolo a cuchillo en
+muchos países de nuestra América, quemando sus tolderías, repartiéndose
+a sus hijos, o mezclándolo en las luchas civiles para que fuese carne de
+cañón.
+
+Otra vez volvieron a hablar de los primeros conquistadores. Al iniciarse
+su éxodo, el pueblo español estaba en el apogeo de su vigor. Siete
+siglos de pelea continua con el moro habían virilizado sus costumbres.
+Hombres de guerra jugaban a detener una muela de molino en plena
+rotación. Otro, con una cortesía de gigante, arrancaba en una iglesia la
+pila de agua bendita para que mojase con más comodidad sus dedos una
+dama de baja estatura. Todo español era soldado. Las continuas
+algaradas, cabalgadas y rebatos en los límites de los reinos musulmanes
+y cristianos obligaban al labriego a arar la tierra con las armas
+prontas. Una operación agrícola costaba muchas veces una batalla. El
+árabe le enseñó a cabalgar en corceles indómitos; la tradición del país,
+que databa de los auxiliares de Aníbal, hacía de él un peón infatigable.
+La lucha de guerrillas, sorpresas y emboscadas, armado a la ligera, le
+preparó para buscar en las selvas de América al enemigo escurridizo,
+invisible y de golpe certero.
+
+Semejantes a los legionarios romanos, que lo mismo peleaban en tierra
+que en el mar, los aventureros de la conquista fueron a la vez
+navegantes, jinetes incansables en las pampas inmensas y duros andarines
+de las selvas vírgenes, sufriendo los rasguños de la espinosa
+vegetación, el acecho de los indios, la acometida de las fieras los
+tormentos del hambre y de la sed. Algunos que desembarcaron en Méjico
+acababan por establecerse en los confines de la Patagonia. Otros,
+abandonando la vida regalada a orillas del Pacífico, lanzáronse a través
+de bosques y desiertos, siguiendo el curso de ríos como mares, para
+salir al Atlántico por las bocas del Amazonas. El pie incansable valía
+tanto en ellos como la mano férrea y el ojo de pájaro de presa.
+
+El hambre, un hambre que sólo podía sufrir el español, habituado a las
+sobriedades de su raza, le acompañó en sus exploraciones por las peladas
+altiplanicies de los Andes y las llanuras pantanosas sin término.
+Aventurábase en desiertos de los que parecía haber huido toda vida
+animal. El cielo de triste azul relampagueaba y temblaba cargado de
+electricidad, sin soltar una lágrima de lluvia; el suelo de bronce no
+permitía que la más leve brizna de hierba adornase sus peñascales; la
+llama y la vicuña torcían su carrera de trote femenil para no internarse
+en esta desolación, glacial unas veces, tórrida otras. Ni una planta ni
+una bestia se encontraban en las soledades de leguas y leguas... Y por
+allí pasó el hombre, por allí caminó sin guía el aventurero español, a
+impulsos de su heroica ignorancia, que le hacía marchar en línea recta,
+siguiendo el revoloteo ilusorio de la Quimera, siempre en busca de las
+montañas de oro.
+
+Unos eran estudiantes mal avenidos con las bayetas escolásticas o mozos
+de labranza que, deslumbrados por el mágico esplendor de las Indias, se
+improvisaban guerreros en las tierras nuevas. Los más eran combatientes
+de las guerras de Europa, segundones de ilustres casas, hidalgos pobres
+que habían hecho su aprendizaje en los tercios de Italia y de Flandes y
+asistido al saco de Roma: soldados orgullosos de sus hazañas y un tanto
+indisciplinados, que consideraban a sus jefes como iguales. Cada uno de
+ellos era capaz de tomar el mando, y en momentos difíciles, obrando por
+cuenta propia, remediaba las faltas de su caudillo y obtenía la
+victoria. Su orgullo estaba acostumbrado al respeto y al miedo del
+capitán. Cuando éste no podía ahorcarlo, lo halagaba cortesanamente. Los
+generales llamaban en España a sus gentes «señores soldados». El duque
+de Alba, acostumbrado a tratar con fiereza a reyes y papas, apellidaba a
+los guerreros de sus tercios «Muy altos y poderosos hijos», ponderando
+«el gran amor y afición que les tenía».
+
+Y de entre estos hombres de guerra altivos, crueles y caballerescos, que
+paseaban su arcabuz como un cetro, su casco abollado como una corona,
+sus harapos como una gloria, surgían Ercilla, Cerotes, Calderón y tantos
+otros ingenios. En pacto eterno con el hambre y la pobreza, condenados
+desde mozos a ver sus hazañas mal recompensadas y sin otro porvenir que
+una vejez de mendicidad, podía sin embargo el más humilde de ellos, si
+le ayudaba la suerte en las Indias, convertirse en señor de luengas
+tierras y virrey de un Imperio.
+
+--La literatura--dijo Ojeda--influyó mucho más de lo que creen en la
+empresa de la conquista. Los años que siguieron al descubrimiento fueron
+de gran difusión para las lecturas heroicas, difusión que duró un siglo,
+hasta que Cervantes escribió su famosa obra.
+
+En 1492 se imprimían por primera vez los libros de caballerías; Nebrija
+publicaba la primera gramática castellana; se representaban en corrales
+y atrios de conventos las primeras farsas; caía Granada y se embarcaba
+Colón. Todo en un año: el descubrimiento de un mundo nuevo, la unidad
+nacional, el nacimiento del teatro, la formación y reglamentación
+definitivas del lenguaje y la popularidad, por medio de la imprenta, de
+los libros de caballerías, que en costosos infolios caligráficos sólo
+habían servido hasta entonces de recreo a opulentos magnates como don
+Alvaro de Luna... El hidalgo pobre, el mozo camorrista, el viandante
+aventurero, conocieron por sus propios ojos las sergas del caballeresco
+Amadís y gritaron de entusiasmo con las hazañas de Palmerín y Tirante el
+Blanco.
+
+--Las almas sensibles y creyentes--continuó Fernando--paladearon las
+gestas del místico guerrero Perceval y los amores del caballero Tristán
+de Leonis con la infortunada reina Iseo, historias de amor y de muerte
+de los trovadores medievales, que en nuestros días ha remozado Wagner
+como argumentos de sus poemas... Las veladas en ventas y mesones
+discurrían ligeras en torno del candilón, que trazaba un círculo rojo
+sobre las páginas de la maravillosa historia impresa. Un estudiante de
+clérigo o un bachiller leía en alta voz, rodeado de un círculo de caras
+cetrinas, con el ceño fruncido y la boca palpitante de emoción... Uno de
+los venteros del _Don Quijote_ declara como la mejor joya de su casa los
+viejos libros de caballerías olvidados por un caminante.
+
+Estas historias disparatadas y heroicas agrandaban los ánimos, quitando
+toda significación a la palabra «imposible». Los más de los lectores y
+auditores llevaban espada al cinto, y al enterarse de las desaforadas
+batallas con gigantes partidos por mitad, dragones despanzurrados, fugas
+de inmensos ejércitos de malandrines, endriagos y salvajes, vencimiento
+de terribles encantadores y liberación de princesas cautivas, pensaban
+con emulación y envidia: «Lo mismo haría yo si se presentase la ocasión.
+Pero... ¿adónde ir?... ¿Cómo empezar?».
+
+Los caballeros aventureros con existencia real conocidos de las gentes,
+el valiente Juan de Merlo, rompedor de lanzas en la corte de Borgoña, o
+los peleadores del «paso honroso» con Suero de Quiñones, habían vagado
+de corte en corte sin mayores hazañas que los torneos. ¿A qué parte del
+mundo caían las ínsulas y tierras de encantamiento para los hombres
+ansiosos de maravillosas aventuras?...
+
+Y mientras toda una generación soñaba con los ojos puestos en el libro y
+una mano en la cruz de la tizona, íbase agrandando el radio de los
+argonautas al otro lado del Océano. Detrás de las islas de recientes
+desengaños extendía la inmensa tierra firme un mundo de misterios. Los
+que volvían de allá, adornado el casco con raros plumajes, hablaban de
+ejércitos de hombres cobrizos y fieros que sacaban el corazón a los
+enemigos para ofrecerlo a sus dioses; de esbeltas y ligeras amazonas con
+sólo un pecho, para tirar mejor del arco; de tritones mostachudos en los
+ríos, sirenas en las desembocaduras, perlas en los golfos y grandes
+bloques de oro nativo, del que enseñaban fragmentos... ¡Las ricas
+ínsulas no eran ficciones de los libros! ¡Había tierras en las que un
+paladín podía crearse un reino a golpes de espada!... Y la juventud
+corrió a llenar con sus armas y sus ilusiones las naos de Sevilla y
+Cádiz; y una vez en el otro mundo, empezaban la epopeya de los
+«navegantes de tierra firme», más dolorosa y más heroica que la de los
+navegantes del mar.
+
+En las selvas de América, nunca exploradas, vieron hipógrifos, licornios
+y grifos iguales a los de los amados libros; las mordeduras de serpiente
+no eran mortales si se les aplicaba una amatista; la piedra bezoar
+sanaba todas las dolencias, y el mismo Carlos V pedía para las suyas
+este remedio encantado de los conquistadores. Árboles misteriosos daban
+la muerte a todo el que descansaba a su sombra, y otros sugerían dulces
+sueños de embriaguez. Grupos de hombres armados, sin más guía que el
+indio mentiroso y fantaseador o el eco de una tradición confusa, iban de
+la Florida a la Patagonia, del Callao a la desembocadura del Orinoco, en
+busca del valle de Jauja, lugar paradisíaco de delicias y harturas, del
+Imperio de las Amazonas, de la «Ciudad de los Césares», áurea metrópoli
+que nadie vio jamás, o de la Fontana de Juventud, suprema esperanza de
+los conquistadores de barba canosa que sentían decaído su vigor. Pedro
+de Alvarado tenía que luchar contra los conjuros de una india gorda,
+temible hechicera igual a las encantadoras de los poemas antiguos. En un
+combate mataba de una lanzada a un águila verde que pretendía sacarle
+los ojos, y al caer, el ave de presa tomaba la forma de un indio muerto.
+Era un cacique que, merced a los encantamientos de la bruja, se había
+convertido en águila para cegar al conquistador.
+
+Hombres razonables y equilibrados no hubieran seguido adelante. Una
+visión ordinaria de la realidad les habría impulsado a retroceder o a
+tenderse en el suelo, desalentados. Pero la ilusión, sirena encantadora,
+coleaba en el aire junto a estos locos heroicos en sus horas de
+desfallecimiento.
+
+Cuando en las altiplanicies estériles marchaban casi arrastrándose, las
+entrañas roídas por el hambre y las piernas petrificadas por el frío, la
+esperanza, como un relámpago, reanimaba su vigor. Tal vez al trasponer
+la próxima altura verían entre las nieves un valle frondoso con palacios
+chapados de oro. ¿Por qué no?... Visiones más portentosas habían salido
+al encuentro de los paladines en tierras de misterio. Y tirando del
+cinturón para correr la hebilla unos cuantos puntos, acallaban de este
+modo el estómago hambriento y seguían adelante con el mosquete al
+hombro, el talle gentil y la ilusión aleteando ante sus ojos.
+
+El oro, que huía de ellos en las cumbres, los aguardaba sin duda en los
+profundos valles de asfixiadora torridez, como rayos de sol petrificados
+por el suelo ardiente. Y en busca del gran rey que todas las mañanas,
+luego de bañarse en el lago sagrado, se revolvía en montones de polvo de
+oro, cubriéndose de pies a cabeza con esta costra deslumbrante,
+avanzaban los aventureros por pantanos infinitos, hundiéndose en el
+légamo con la pesadez de sus armaduras, chapoteando como hipopótamos de
+acero en un fango de siglos.
+
+Marchaban días, semanas, meses, por la llanura casi líquida. Dormían
+sobre troncos caídos, teniendo que espantar en mitad del sueño la
+vecindad de los caimanes. Guisaban su alimento sobre un trípode de
+ramas, devorando con fango hasta el pecho el ave acuática o el lagarto
+mal chamuscados. Un paso en falso les bastaba para desaparecer. La mala
+alimentación y las calenturas hacían de ellos feroces espectros
+enfundados en mortajas de hierro.
+
+La desgracia y el ansia de vivir los convertían en seres crueles, sin
+misericordia. La muerte iba con ellos y para ellos. No sólo habían de
+defenderse de la hondonada invisible, de la mandíbula del saurio y el
+colmillo del reptil: el guía, el indio que marchaba a su lado, era un
+enigma inquietante. Imposible adivinar la verdad en la mueca servil de
+su mascarón cobrizo. Muchas veces, cuando más descuidado caminaba el
+hombre invencible, el hombre de acero con el trueno al hombro, los
+indígenas caían sobre él, lo enlazaban entre las lianas de sus brazos, y
+juntos chapuzábanse en la laguna como racimo de miembros palpitantes,
+contentos de perecer a cambio de ahogar al blanco.
+
+Los que por benevolencia de la muerte desafiaban impávidos el clima, el
+hambre, los hombres y las fieras continuaban su avance, viendo en tanta
+miseria una preparación necesaria para obtener la gloria y la riqueza.
+Les aguardaba al otro lado del pantano o de la selva la ciudad de
+encantamiento, con sus techos deslumbrantes y un monarca poseedor de
+montañas de esmeraldas, que acabaría por darles su hija más hermosa y
+con ella todos sus tesoros. Tal vez en el último momento les cortase el
+paso algún dragón de siete cabezas vomitando llamas; pero ellos se
+encargaban de rajarlo con la buena espada de Toledo y la ayuda de su
+patrón el señor Santiago.
+
+--Tal era la influencia del libro de caballerías--continuó Ojeda--, que
+el emperador Carlos V dio un decreto prohibiendo la importación y
+lectura de tales obras en las Indias. Los aventureros de espíritu
+caballeresco, afligidos por los abusos de los gobernadores, ejercían la
+justicia por su mano, lo mismo que el hidalgo manchego. Tomando ejemplos
+en los libros, formábanse en las nacientes ciudades de las Indias
+corporaciones caballerescas, cuyos individuos, con el título de
+«conjurados», se comprometían a defender con la espada los derechos de
+la viuda y el huérfano y a combatir las injusticias del poderoso.
+
+El conquistador se adaptó a la nueva tierra y a las costumbres del
+indígena con asombrosa prontitud. El individualismo español encontraba
+un encanto irresistible en la vida errabunda del indio, con pocas leyes,
+ninguna autoridad, escaso trabajo, continuo viaje y un solo afecto: la
+familia.
+
+--Así fue--dijo Maltrana--. En todas las historias de la conquista se
+habla de expediciones de españoles que descubrieron compatriotas
+procedentes de una expedición anterior, los cuales llevaban varios años
+viviendo entre los indios. Un naufragio, un retraso en la marcha, un
+combate desgraciado, les hacía caer prisioneros, y si libraban la piel
+en el primer momento, acababan por hacerse de la tribu y constituir
+familia. Los españoles encontraban con asombro al mozo de Sanlúcar, de
+Triana o de un pueblecillo de Extremadura con el pecho pintarrajeado,
+corona de plumas y un anillo en la nariz, apoyado fieramente en su arco
+y barboteando trabajosamente un castellano que casi había olvidado.
+Lloraba al recordar la Virgen de su tierra, pero cuando los compatriotas
+le incitaban a seguirles, sus lágrimas eran de desesperación. «¡Ay, no!
+¿Y la familia?...» Y presentaba a la respetable compañera cobriza, con
+ojos de diablo y mejillas cubiertas de chafarrinones, y tras ella, la
+nidada de mesticillos, ágiles como gamos, con panzas ávidas de sepultar
+todo lo viviente.
+
+Con igual facilidad se adaptó el soldado español a la guerra indígena.
+Los pasos de los ríos, las lagunas infinitas, las lluvias torrenciales,
+la dificultad de conservar la pólvora, hicieron cada vez más escasas las
+armas de fuego. La lanza, la espada y la rodela acompañaron al
+conquistador en sus expediciones de tierra adentro. El combate, para los
+viejos soldados que habían conocido las batallas más famosas de Europa,
+fue en adelante la «guazabara». La táctica, contenida en la _Milicia
+Indiana_, de Vargas Machuca, consistió en dar la «trasnochada» y dar el
+«albazo», o sea sorprender al enemigo astuto y escurridizo en plena
+noche o al romper el día. El aventurero sustituyó las botas guerreras
+por la alpargata o la abarca de piel de potro; la coraza por el peto
+acolchado de algodón, que le servía de almohada durante la noche; el
+casco por el morrión de cuero; la capa por el poncho indiano.
+
+--El indio vino al fin a él--interrumpió Zurita sonriendo--, pero él
+hizo la mitad del camino yendo hacia la hembra india. Y el resultado de
+este encuentro fue una raza nueva, todo un mundo: la América que hoy
+conocemos.
+
+Ojeda había quedado absorto desde mucho antes, sin oír lo que decían
+Isidro y el doctor. Resucitaba en su memoria la conversación que había
+tenido con Mina aquella misma tarde, y el recuerdo de la artista evocaba
+el de Wagner y sus héroes. ¿Por qué pensaba en esto?... «Tal vez--se
+dijo mentalmente--porque esos conquistadores fueron héroes de epopeya,
+héroes en plena Naturaleza, como los del poema nibelúngico...»
+
+Su vaguedad imaginativa fue contrayéndose, hasta dar forma a figuras
+precisas. Vio a Wotan, el dios majestuoso y débil, forzado a castigar
+con momentánea cólera a la hija desobediente. «Padre--implora sollozando
+la walkyria--, ya que me has excluido de la raza de los dioses y como
+débil mujer he de dormir sobre esa roca hasta que el primero que pase se
+apodere de mi virginidad, ¡que no sea yo la esposa de un débil mortal,
+de un cobarde!... Evítame esa afrenta... Si en los brazos de un hombre
+he de caer esclava, haz que la llama surja en torno de mí al eco de tu
+palabra; rodéame de un baluarte de fuego, para que sólo un héroe de
+corazón firme y fuerte, valiente como un dios, pueda despertarme y
+hacerme suya.»
+
+Igual a Brunilda, la virgen morena había dormido, no años, sino siglos,
+guardada en su letargo por la azul extensión de los océanos, más
+insalvable que las barreras de llamas. Sólo un héroe de corazón fuerte
+podía despertarla... Y al oír los pasos férreos del conquistador, los
+ojos de la india virgen parpadearon, extendió los brazos, y sus pechos
+vinieron a aplastarse sobre el peto de una armadura.
+
+Era el héroe prometido; el amor que despierta bajo la caricia del
+guantelete metálico; el abrazo fecundador acompañado en sus temblores
+por un tintineo de armas.
+
+Y para llegar hasta ella, el héroe no había tenido que combatir el
+obstáculo del fuego, que se salva con sólo un impulso de coraje... Su
+firmeza y su paciencia habían sido tan grandes como su valor ante los
+océanos que desalientan por su inmensidad; las montañas que crecen y se
+repiten así como se va avanzando por sus rugosidades; los bosques
+obscuros y laberínticos, en los que se pierden la luz del sol y las
+huellas de los pasos; las llanuras desoladas que no terminan nunca.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+La víspera del paso del Ecuador, al penetrar la luz del alba en las
+entrañas del buque, fue esparciéndose con ella una melodía suave de
+metales discretos, una música con sordina que sólo aspiraba a despertar
+levemente a los pasajeros, para que reanudasen el sueño con mayor
+placer.
+
+Avanzaban los músicos quedamente a lo largo de los corredores todavía
+iluminados por la luz eléctrica, y deteniéndose en un cruce, embocaban
+sus instrumentos, repitiendo la solemne alborada.
+
+Los durmientes se agitaban en sus lechos. Todos sabían lo que
+significaba esta música oída entre sueños. El _Coral_ de Lutero. Era
+domingo, y el buque protestante lo anunciaba a sus gentes con este salmo
+instrumental, que recordaba a muchos una ópera de Meyerbeer.
+
+Se apagó al fin la música, sin otra consecuencia que haber turbado
+durante algunos minutos los ronquidos de los pasajeros, llamados
+inútilmente a la meditación y la plegaria. Pero transcurridas cuatro
+horas, un espectáculo extraordinario hizo salir a muchos de sus
+camarotes antes que de costumbre.
+
+Las señoras sudamericanas, vestidas de negro, con sombreros del mismo
+color y un velo ante los ojos, subían la escalinata de caoba con
+dirección a los salones, pasando entre los camareros agachados y en
+manga de camisa que fregoteaban peldaños y balaustres. Todas marchaban
+con los ojos bajos y cierto encogimiento, como si acabase de ocurrir en
+el buque algo extraordinario y triste que entenebrecía el esplendor de
+la mañana tropical. Entre las manos enguantadas de negro llevaban
+pequeños libros encuadernados en oro y nácar. Tras ellas venían los
+hombres de la familia con aire de burgueses endomingados que asisten a
+una ceremonia fatigosa e ineludible. Los trajes blancos, los cuellos
+flojos, las gorras de viaje, los zapatos de lona, no aparecían esta
+mañana.
+
+Isidro se encontró en un rellano de la escalera con el doctor Zurita,
+que marchaba cual un pastor majestuoso, respetado y jamás obedecido,
+tras el rebaño femenil de su familia: señora, cuñadas, suegra e hijas.
+Un cuello recto y esplendoroso remontábanse en él desde la corbata negra
+a las orejas. Batían sus piernas los faldones de un chaqué, prenda
+incómoda en la región ecuatorial, que gravitaba sobre sus espaldas con
+la pesadumbre de una coraza, moteando sus sienes y bigote de perlas de
+sudor. Al ver a Maltrana le dirigió una sonrisa de resignación,
+señalando al mismo tiempo con los ojos el término de la escalera, los
+salones, hacia los cuales marchaba siguiendo el fru-fru majestuoso de
+las faldas.
+
+Algunos pasajeros alemanes, vestidos de blanco con descuido matinal,
+subían a la cubierta de paseo y miraban un instante por las ventanas de
+los salones. Luego se dirigían hacia la popa discretamente en busca de
+las tertulias que empezaban a juntarse en el fumadero, como hombres que
+sorprenden una reunión de familia y no quieren molestarla con su
+presencia.
+
+El mayordomo permanecía junto a la escalinata, recomendando silencio en
+las tareas de limpieza, evitando el choque de los cubos, las ruidosas
+frotaciones, haciendo hablar a los camareros en voz baja, lo mismo que
+si estuviesen en la habitación de un enfermo.
+
+Un repiqueteo de campanilla surgió del último salón, amortiguado por las
+cerradas vidrieras. Isidro, que había subido al paseo, miró por una
+ventana. «Lo mejor del buque» estaba allí, oprimido, amontonado ante la
+plataforma de los músicos. Las señoras, en primer término, ocupaban las
+sillas, y detrás de ellas los hombres, de pie, codo con codo, llevándose
+el pañuelo a la frente sudorosa. Giraban los ventiladores, y sobre las
+negras filas de pechos femeninos mariposeaban los abanicos con incesante
+aleteo.
+
+Maltrana fijó su mirada entre las dos columnas de la plataforma, allí
+donde ordinariamente había una especie de mostrador encristalado lleno
+de tarjetas postales y «recuerdos de viaje» que vendía el mozo del salón
+encargado de la biblioteca. El tal mostrador había desaparecido bajo un
+mantel lleno de puntillas. Dos candelabros con cirios crepitaban en la
+mañana esplendorosa sus luces incoloras y sin fuego; un crucifijo de
+porcelana ocupaba el centro.
+
+Ante el altar improvisado erguíase el obispo, cubierto con una casulla
+de oro y albas vestiduras que aún guardaban los pliegues del encierro en
+la maleta. Arrodillado a sus pies estaba el abate, con las barbas
+fluviales tendidas sobre el negro delantero de su sotana. Todos los ojos
+iban hacia él: sólo la familia de La Boca seguía con mirada amorosa los
+movimientos de Monseñor al decir la misa.
+
+El conferencista, a pesar de su modesta situación de ayudante, era
+admirado por muchos, como esos grandes actores que, aun permaneciendo
+mudos en un extremo de la escena, consiguen mayor atención que los que
+hablan y gesticulan en primer término. Cuando su voz abaritonada
+respondía a las palabras del obispo, había en ella tal encanto y tanta
+autoridad, que las buenas señoras se lamentaban de que estas
+contestaciones fuesen breves. Y él, convencido de su éxito, se
+empequeñecía, se humillaba ante el oficiante, como un simple acólito,
+mirando algunas veces al público con el rabillo del ojo para que no
+perdiese ni el más pequeño detalle de su religiosa abnegación. No había
+querido dar la conferencia, pero ofrecía algo más interesante: el
+espectáculo de un grande hombre, cuyos retratos figuraban en los
+periódicos, ayudando la misa de aquel obispo obscuro, que parecía
+aturdido por tal honor.
+
+Abandonaba a veces el abate su actitud encogida, para dirigir al
+oficiante como un maestro. Todos los objetos del culto eran suyos: el
+sagrado mantel, la casulla, el cáliz de piezas enroscadas y las divinas
+Formas. Este hombre extraordinario, aleccionado por la experiencia, no
+olvidaba nada en sus viajes. En una maleta, los periódicos ilustrados
+con sus biografías, los libros que había escrito y los retratos que
+debía regalar con dedicatorias; en otra, los artículos de la misa,
+guardados en estuches con forros de terciopelo, bien cuidados,
+desmontables y limpios, como útiles profesionales.
+
+Una cabeza avanzó junto a la de Maltrana, pegándose al vidrio, al mismo
+tiempo que un codo tocaba el suyo. Era Ojeda.
+
+--¿Está usted oyendo misa?...
+
+--No, Fernando. Pensaba en los caprichos de la suerte histórica; en cómo
+la casualidad puede llevar a las gentes por los caminos más diversos...
+Mire usted con qué devoción siguen esas damas el curso de la misa.
+Algunas hasta tienen húmedos los ojos. Una misa en pleno Océano,
+¡figúrese usted!... Y pensar que si América la descubren los ingleses, o
+el gran Carlos y se deja convencer en Worms por el frailecillo Martín,
+toda esa gente estaría a estas horas con una Biblia en la mano cantando
+salmos con acompañamiento de armónium.
+
+En otras ventanas apretábanse contra los vidrios las cabezas rubias de
+varios niños. Con la boca abierta y un pliegue vertical entre las cejas,
+contemplaban ansiosos las genuflexiones y manejos del hombre dorado y
+los gestos del hombre negro que le seguía en todas sus evoluciones. Eran
+pequeños alemanes que por primera vez veían una misa.
+
+Maltrana examinaba el público amasado en el salón.
+
+--Gran concurrencia--dijo--. Ninguna fiesta de a bordo ha reunido a
+tanta mujer. Hasta veo tres coristas que se han vestido de negro con
+ropas prestadas por las amigas. Son polacas... Y más allá, mire usted a
+doña Zobeida envuelta en su manto americano, y a nuestra amiga Conchita
+con mantilla española... En el centro está Nélida, una Nélida que parece
+otra, humildita al lado de su madre, con la cabeza baja, sin nada
+llamativo, húmedos los hermosos ojazos. ¡Pobrecilla! En ella las
+impresiones son tan fugaces como intensas. Está emocionada por el
+espectáculo. Un poco más, y rompe a llorar... Pero vámonos de aquí;
+estamos molestando. Don Carmelo, el de la comisaría, que está al lado
+del abate para ayudarle, nos ha mirado varias veces. Las respetables
+matronas levantan la cabeza, y yo debo velar por mi reputación. No
+quiero que digan que Maltranita es un impío. Esa reputación sirve a
+veces en Europa, pero en América da muy poco.
+
+Se apartaron de la ventana para emprender un paseo por la cubierta,
+solitaria en aquellos momentos.
+
+--Ahí verá usted--dijo Isidro a los pocos pasos, continuando de viva voz
+el curso de sus reflexiones--la gran diferencia de lo imaginado a lo
+real. ¡Cuántas veces he leído yo la descripción de una misa en alta mar!
+Usted mismo, poeta, si se propusiese hacer unos versos sobre esto, ¡qué
+de cosas bonitas diría!... El augusto silencio; el Océano recogiéndose
+para presenciar mejor la divina ceremonia; la mañana esplendorosa, las
+gentes llorando, un hálito celeste descendiendo sobre el buque cual
+música angélica... Y fíjese en la realidad: no hay más música que la de
+los ventiladores y abanicos; los hombres chorrean sudor y miran a las
+puertas deseando huir; abajo suenan los platos y los tenedores de los
+herejes, que toman su primer almuerzo; en la proa y en la popa gritan,
+juran y cantan los emigrantes; los camareros suben y bajan las escaleras
+con sus útiles de limpieza... No; decididamente, no hay poesía religiosa
+en estos buques modernos.
+
+--Procure no repetir tales cosas en presencia de sus amigas--dijo Ojeda
+con el mismo tono zumbón--. Como usted afirmaba antes, la impiedad da
+muy poco en América, y el catolicismo es algo que dejó muy arraigado en
+las mujeres la educación española. Los hombres son indiferentes, son
+incrédulos, pero jamás se atreven a ser impíos. Para eso hay que pensar,
+y su pensamiento lo ocupan por entero los negocios.
+
+Otra vez, como en la tarde anterior, surgió en su conversación el
+recuerdo de los conquistadores, pero por breves momentos. El hombre de
+presa, el navegante de espada, había sido en muchas ocasiones un
+místico. Al sentirse fatigado de aventuras y glorias, desceñíase la
+tizona, abandonaba el corselete y se cubría con el hábito de fraile.
+Otras veces, en plena juventud, bastaba un revés de fortuna, un
+desengaño de amor, para que el capitán fastuoso y cruel se convirtiese
+en ermitaño del desierto, alimentándose de raíces frente a una calavera
+y una cruz de palo.
+
+Estos místicos a la española, de un misticismo orgulloso y dominador, en
+vez de elevar los ojos al cielo para dejarse absorber por su grandeza,
+tiraban del cielo y lo hacían bajar hasta ellos, viendo en cada acto de
+su energía individual una chispa de la voluntad de Dios encarnada en sus
+personas. Eran místicos de acción, como el antiguo soldado Loyola, como
+la andariega Teresa de Jesús, especie de Don Quijote con tocas siempre a
+caballo por los campos de Castilla; y este misticismo vigoroso y
+militante, que salvó a la Iglesia católica cortando el paso a la Reforma
+se había esparcido por el Nuevo Mundo con los conquistadores,
+predispuestos al milagro. Siempre que se veían en un aprieto al pelear
+contra los indios, aparecíaseles el apóstol Santiago en su corcel blanco
+y luminoso, hendiendo las apretadas huestes cobrizas, lo mismo que en
+España había desbaratado a los infieles musulmanes.
+
+--La devoción de aquellos hombres--dijo Ojeda--ha llenado América de
+imágenes prodigiosas, tantas o más que en la Península. No hay allá
+ciudad con tres siglos de existencia que no tenga un santo de
+indiscutibles milagros... Los imagineros de Valencia y de Sevilla
+enviaban remesas de vírgenes y cristos a los conventos de las Indias y a
+los hidalgos retirados de aventuras en sus buenas encomiendas. Pero
+estas imágenes de encargo, al tocar el suelo americano, se agigantaban y
+hacían milagros, lo mismo que los desesperados y hambrientos que al
+llegar allá se convertían en héroes.
+
+Viéronse crucifijos remontando los ríos contra su corriente; vírgenes
+que inmovilizaban la carreta que las conducía para manifestar su
+voluntad de no pasar adelante y que allí mismo las erigiesen un templo;
+imágenes que, ocultas en el suelo, se anunciaban con músicas y luces
+misteriosas. Todos los prodigios divinos de la metrópoli se repitieron
+en las Indias, como la copia repite el original. Las vírgenes negras de
+España, inexplicables para la devoción peninsular, se reprodujeron en
+América, con gran entusiasmo de la gente de color.
+
+--Y todo este pasado vive ennoblecido e indiscutible bajo una pátina de
+siglos que lo hace cada vez más venerable. Créame, Maltrana. Al llegar
+allá, enfunde su burla y procure no hablar de religión, si es que busca
+apoyo en las damas. Deje eso para los comisionistas de comercio
+extranjeros. La impiedad no puede ser para nosotros artículo de
+exportación. Las creencias tradicionales resultan obra de «nuestra
+vieja», y si las atacamos, hágase cuenta que estamos dando con un pico
+en la casa materna.
+
+Después de permanecer sentados algún tiempo en la terraza del fumadero,
+continuaron su marcha, llegando por segunda vez a las ventanas del
+salón. El público era el mismo, nadie se había movido de su lugar, pero
+el oficiante era otro. Monseñor estaba abajo, tomando su almuerzo,
+rodeado de la familia admiradora, que le incitaba a restaurar sus
+fuerzas después de las fatigas recientes. Ahora era el abate francés el
+que, revistiéndose a la vista de los fieles con los mismos ornamentos,
+decía la segunda misa.
+
+En vano desplegaba una majestuosa solemnidad en palabras y gestos: su
+público seguía admirándole, pero estaba fatigado. Corría el sudor por el
+rostro de las damas, arrastrando en sus tortuosos raudales el negro de
+las ojeras, el rojo de las mejillas y el barro blanquecino de los polvos
+de arroz. La conciencia de estas devastaciones del calor las hacía
+moverse nerviosas en sus asientos con el abanico sobre el rostro. Los
+cuellos almidonados de los hombres perdían la acorazada tersura de su
+planchado; se ondulaban como muros de porcelana próximos a
+resquebrajarse. De las orejas velludas colgaban perlas de sudor.
+
+Acostumbrado el sacerdote a adivinar el estado de ánimo de los públicos,
+aceleraba sus gestos, llevaba la ceremonia a todo galope mascullando
+frenéticamente sus latines, reanudándolos antes de que terminase sus
+respuestas el ayudante con sotana negra. Este ayudante era don José, el
+cura español, encogido, humilde, para ganarse las simpatías de las
+señoras que admiraban al abate.
+
+Los dos amigos, acodados en la borda, sintieron de pronto a sus espaldas
+un estrépito de sillas removidas, puertas abiertas de golpe,
+precipitadas carreras, suspiros de pechos comprimidos, algo semejante a
+la fuga pavorosa del público en un local que se incendia. La misa había
+terminado y las señoras corrían a sus camarotes para cambiar de ropas y
+reparar el desorden de sus rostros. Los hombres respiraban unos momentos
+en la cubierta y encendían un cigarro antes de ir a despojarse de las
+prendas negras.
+
+Sonó de nuevo el repiqueteo de la campanilla y corrió Isidro a mirar por
+las ventanas. ¡Otra más!... Era su amigo don José, que, cubriéndose con
+las vestiduras sudorosas de sus antecesores, iba a decir la tercera misa
+ayudado por don Carmelo. El sacerdote se preparaba a oficiar sin más
+pueblo devoto que las sillas esparcidas en el salón con el desorden de
+la fuga. Sólo algunas domésticas, enviadas por sus señoras, entraron
+apresuradamente para no quedarse sin misa. Doña Zobeida y Conchita
+habían avanzado hacia los asientos de primera fila, consolando al
+oficiante con su presencia de esta retirada general.
+
+--¡Mi pobre don Pepe!--exclamó Isidro--. ¡Él que contaba con esta misa
+para hacerse visible ante el señorío del buque y adquirir buenas
+amistades!... ¡Y me lo dejan solo, como un artista sin cartel! Eso no
+está bien. Hay que hacer algo por el paisano, ¿no le parece,
+Fernando?... ¡Si nos lanzásemos! ¡Hace tantos años que no hemos visto
+eso de cerca!...
+
+Y los dos entraron en el salón, colocándose en primera fila. El
+ambiente, cerrado aún y caldeado por tantas respiraciones, era de una
+densidad asfixiante. Conchita los saludó con un gesto de cansancio. Doña
+Zobeida, al reparar en ellos, tuvo miradas de ternura. Muchas gracias,
+en nombre del buen padrecito. Para ella, esta misa era de mayores
+méritos que las anteriores.
+
+Don José, al volverse de cara a los fieles, no pudo reprimir un parpadeo
+de sorpresa viendo la inmovilidad devota de sus dos amigos. Y este
+agradecimiento, así como lo avanzado de la hora, le hizo despachar su
+misa rápidamente.
+
+Al terminar la ceremonia, don Carmelo fue el primero en huir, llevándose
+las manos al rostro, que chorreaba sudor.
+
+--¡Mardita sea mi arma! Serca de dos horas en este horno... Er
+comandante, porque soy español, me da siempre estos encargos. ¡Con lo
+que tengo que escribí en la comisaría!...
+
+Y salió apresuradamente, cruzándose con el abate, que volvía en busca de
+sus ornamentos para colocarlos uno por colocarlos uno por uno, bien
+contados y limpios, en los estuches de viaje.
+
+La banda de música tocaba su concierto matinal. Todos los sillones del
+paseo estaban ocupados. Las damas, vestidas de blanco, gozaban el
+bienestar de una leve frescura después de las angustias sufridas en el
+salón. Circulaba impreso el programa de las fiestas con las que se
+solemnizaba el paso de la línea: cuatro días de banquetes, conciertos y
+juegos atléticos. Muchos reían de los chistes con que el mayordomo había
+salpicado el programa, gracias inocentes, de una pesadez abrumadora, que
+parecían guardadas en el almacén del buque con las flores de trapo, las
+banderas y los escudos de cartón, para resurgir a fecha fija en todos
+los viajes.
+
+Ojeda, al salir a la cubierta, se vio detenido por la sonrisa de Mrs.
+Power y abandonó a su compañero, acodándose al lado de ella en la
+baranda.
+
+«¡Demonio de mujer!--pensó Maltrana--. Parece como que huele a Fernando.
+Cualquiera diría que tiene ojos en la nuca para verle. Está de cara al
+mar y apenas nos aproximamos, vuelve la cabeza sonriendo de antemano,
+segura de que es él quien se acerca.»
+
+Un coro de vociferaciones, grandes risas y aplausos sonó en la terraza
+del fumadero, y Maltrana, ansioso por conocer todo lo que ocurría en el
+buque, corrió hacia este sitio.
+
+Era Nélida, rodeada de sus admiradores y otras gentes que habían sido
+atraídas por el nuevo aspecto que presentaban algunos de aquéllos. El
+barón belga, su rival el alemán y otros más que tenían bigotes,
+aparecían ahora con el labio superior recientemente afeitado, y esta
+novedad provocaba la ovación irónica de los amigos.
+
+Nélida sonreía, bajando los ojos con modestia. Había manifestado el día
+anterior que nunca podría amar a un hombre con bigotes; ella estaba por
+el varón a estilo norteamericano, con la cara limpia de pelos lo mismo
+que los luchadores helénicos. Y esto había bastado para que aquellos
+hombres, roídos por sorda rivalidad corrieran a ponerse en comunicación
+con el barbero, presentándose desfigurados ante la veleidosa joven que
+los abarcaba a todos en un afecto común, sin distinguir a ninguno.
+
+--Esta chica va a volvernos locos--dijo Maltrana a Ojeda, que había
+corrido también para enterarse del motivo del estrépito--. Ahora parece
+que su gusto consiste en que los hombres se afeiten. Yo estoy libre de
+eso: yo he seguido siempre la moda de ahora. Pero usted, Fernando,
+líbrese de que esa chiquilla le eche el ojo. Veo en peligro sus hermosos
+bigotes.
+
+--¡A mí!...--exclamó Fernando levantando los hombros despectivamente y
+mirando a Nélida, que por casualidad fijaba al mismo tiempo sus ojos en
+él--. No hay peligro, Maltrana... Me vuelvo con la yanqui.
+
+Cuando los dos amigos se reunieron en la mesa, a la hora del almuerzo,
+notaron la ausencia del doctor Rubau.
+
+--El pobre señor está muy triste--dijo Munster--. Me comunicó anoche que
+pasaría encerrado todo el día en su camarote. Hoy es el sexto
+aniversario de la muerte de su señora, y todos los años, esté donde
+esté, hace lo mismo. Se aísla, piensa en ella, no come; llora con toda
+libertad.
+
+Maltrana admiró irónicamente la conducta del doctor. ¿Quién podría
+sospechar esta desesperación romántica en aquel viejo médico, con sus
+setenta años, sus patillas teñidas y sus dientes montados en oro?... Y
+en vida de la llorada señora tal vez se habrían peleado los dos
+frecuentemente y él llevaría sobre su conciencia más de una
+infidelidad...
+
+--¡La ilusión, Ojeda! La caprichosa ilusión, que agranda las cosas
+cuando las perdemos y nos las hace amar con nuevos amores, borrando los
+recuerdos ingratos.
+
+Después del almuerzo, Maltrana desapareció con aire misterioso. Había
+hablado a su amigo de cierta expedición a la parte más interesante del
+buque: una visita que muy pocos conseguían hacer. Pero él tenía amigos,
+gozaba de grandes influencias, y acompañando a don Carmelo, el de la
+comisaría, iba a realizar su capricho.
+
+No quiso decir más, y se fue escalera abajo, dejando a Ojeda tendido en
+un sillón de la cubierta.
+
+Un calor pegajoso humedecía las frentes y las espaldas. Los dormitantes
+cambiaban de postura para separarse de la epidermis las ropas adheridas
+por el sudor. Una tenue nubecilla, algo así como una leve pincelada
+blanca, destacábase en el azul del horizonte ante la proa del
+trasatlántico. Era un velero, todavía lejano, que navegaba con el mismo
+rumbo del _Goethe_. Pronto lo alcanzaría éste; el viento era escaso; de
+vez en cuando una ráfaga; luego la calma ecuatorial, densa, anonadadora,
+que parecía gravitar sobre el Océano, conmovido apenas por ligeros
+estremecimientos.
+
+Marcábase de pronto sobre este mar luminoso un gran redondel negro.
+Surgía del horizonte una barra de sombra que iba rodando
+vertiginosamente hacia el navío, como una pieza de tela que se
+desenrolla, obscureciendo al mismo tiempo el cielo y el agua. En esta
+zona de sombra el mar aparecía erizado de pequeñas puntas, como la
+superficie de un cepillo.
+
+El avance sólo duraba unos minutos. Pasaba el buque, con una rapidez
+igual a la de las mutaciones escénicas, del sol ardoroso a una penumbra
+lívida de tempestad. La lluvia lo envolvía con un trágico acompañamiento
+de relámpagos y truenos estentóreos; truenos como sólo se oyen en la
+soledad del Océano. Esta lluvia no era a raudales, sino en grandes
+masas, cual si se desfondase un lago allá en lo alto y todo su volumen
+cayera de golpe. Entraba en forma de cuchillos por los intersticios de
+las lonas, inundando la cubierta por el lado del viento; deslizábase en
+riachuelos ondulosos al pie de las barandas; aglomerábase en las canales
+de desagüe, que borbolleaban, atragantadas por tanto líquido. Los toldos
+y las planchas quejábanse como apaleados.
+
+Y a los cinco minutos, cuando las gentes, asustadas, recogían libros y
+almohadones en las cubiertas para librarlos de la inundación,
+refugiándose con ellos en los salones, surgía de pronto el sol; el
+buque, chorreante, brillaba cual si fuese de oro, y la mancha de sombra
+iba corriéndose en el mar luminoso, cada vez más reducida, más estrecha,
+hasta perderse en el infinito, como si la fuese arrollando una mano
+invisible.
+
+Al poco rato el calor ecuatorial había devorado hasta la más recóndita
+mancha de humedad. Cuando aún se deslizaban en las canales algunas gotas
+retrasadas, las tablas de las cubiertas, ardientes por el sol, crujían
+de nuevo bajo los pasos. Un cuarto de hora después del tempestuoso
+chaparrón no quedaban vestigios de él. Se le recordaba como algo absurdo
+e irreal, en el calor asfixiante de la tarde, bajo un cielo de crudo
+azul, sobre un mar que hervía con los reflejos del sol y daba a la
+retina la impresión de un lago infinito de tibias aguas.
+
+Formábase en el avante de la cubierta un grupo de niños y criadas que
+señalaban al horizonte. Acudían los pasajeros, apuntando sus gemelos en
+la misma dirección. Ojeda abandonó su asiento para unirse al grupo, y
+los dormitantes que estaban cerca se incorporaron igualmente, corriendo
+con la infantil curiosidad que inspiraba el menor suceso en la monótona
+existencía de a bordo...
+
+El velero estaba a corta distancia del trasatlántico, moviéndose ante
+su proa como una montaña de blancos lienzos cuadrangulares ligeramente
+rosados por el sol. Una maniobra del _Goethe_ lo dejó a un lado, y
+entonces apareció visible de proa a popa, con su casco férreo pintado de
+verde, agudo y veloz, y el velamen de sus cinco mástiles, amplio,
+enorme: un bosque de hojas de lona con nervios de acero, que recogía la
+menor brisa, vibrando y encabritándose bajo su soplo.
+
+Algunos pasajeros que bajaban del puente transmitían las noticias del
+telegrafista. Era un velero de Brema y no iba a América. Se aproximaba a
+las costas del Brasil para tomar los vientos, ganando después el cabo de
+Buena Esperanza. Iba a la China a cargar arroz.
+
+El _Goethe_ saludó con un bramido el pabellón enarbolado por el velero.
+Dos docenas de hombrecillos, achicados por la lejanía, agolpábanse en la
+borda, con el torso desnudo, moviendo en alto sus casquetes blancos
+iguales a los de los cocineros. Se adivinaban sus gritos, absorbidos por
+el silencio del Océano, de los que no llegaba el más leve eco hasta el
+vapor. Dos perros enormes, hirsutos, fieros, puestos de patas en la
+borda lo mismo que personas, saludaban igualmente con ladridos
+contorsionantes que convertía la distancia en gestos mudos.
+
+Fue quedándose atrás el buque de vela. Se mantuvo un instante paralelo a
+la proa; luego, para seguirle, tuvo el gentío que correrse por las
+cubiertas. Finalmente, sólo lo vieron los emigrantes amontonados en la
+popa, destacándose la bandera del _Goethe_ sobre la pirámide blanca de
+su velamen. Parecía inmóvil, a pesar de que dos cuchillos de espuma
+rebullían a lo largo de su proa. «¡Adiós! ¡Buen viaje!», gritaba en
+varios idiomas la muchedumbre agrupada en las bordas... Y el velero fue
+empequeñeciéndose, como si marchase hacia atrás, saludando con violentos
+cabeceos las arrugas espumosas que enviaba a su encuentro el invisible
+volteo de las hélices. Al fin pareció quedar inmóvil, sumiéndose en los
+lejanos términos del horizonte solitario, en la llanura sin límites,
+donde le harían dormitar con las velas desmayadas las ardientes calmas
+diurnas; donde avanzaría de noche igual a un fantasma, rodeado de
+espumas fosforescentes, balanceándose la luna enorme y amarillenta entre
+el boscaje de su arboladura.
+
+Ojeda extrañó no ver a su amigo en la cubierta. Algo de mucho interés
+debía preocuparle para que dejase pasar inadvertido este encuentro, que
+equivalía a un gran suceso en la vida monótona de a bordo.
+
+Al deshacerse los grupos, volviendo unos a sus sillones y otros al
+interior del café, Fernando encontró a Conchita que paseaba con gracioso
+contoneo, sacando los codos, montada en altos y ruidosos tacones. Las
+señoras sudamericanas, al verla pasar, la llamaban «la española
+donosita».
+
+Sus ojillos negros y agudos se clavaron en Fernando.
+
+--¡Vaya usted con Dios, mala persona! Usted no quiere nada con las
+paisanas: le parecen poca cosa. Todo para las señoras que hablan en
+extranjero y ni Dios las entiende... No, hijo: ¡si no quiero nada con
+usted! Paseo mejor solita... Ahí tiene a su _yanka_ mirando al mar con
+medio ojo y con el otro medio buscándolo a usted. Acérquese, que le
+espera.
+
+Y Conchita se alejó con ruidoso taconeo, al mismo tiempo que Fernando,
+atraído por los ojos claros de Mrs. Power y su sonrisa entre amable e
+irónica, iba hacia ella, acodándose en la baranda para entablar el
+segundo galanteo del día. Imposible hacer otra cosa en este encierro
+flotante, donde era inútil huir, pues al dar la vuelta al lado opuesto
+de la cubierta encontrábase el fugitivo con las mismas personas.
+
+Las conversaciones con la norteamericana empezaban a fatigar a Ojeda.
+Estos _flirts_ sin resultado parecíanle monótonos, dulzones e
+interminables, como los salmos de una capilla evangélica.
+
+Siempre lo mismo: ojeadas sentimentales, palabras melancólicas
+alternadas con burlas frías y mordientes para los que pasaban junto a
+ellos. Si él manifestaba deseos de alejarse, una mirada maliciosa que
+equivalía a una promesa y ciertas palabras de doble sentido le mantenían
+inmóvil. Cuando, súbitamente entusiasmado, intentaba avanzar, ella
+sonreía con una inocencia maliciosa: «No comprendo... no comprendo». Y
+si al fin confesaba su comprensión, era frunciendo el ceño y protestando
+con frío rubor: «_Shocking_».
+
+Algunas veces se retiraba medio ofendida por las audacias verbales de
+Fernando, y éste respiraba, satisfecho y contrariado al mismo tiempo.
+«¡Anda con Dios y no vuelvas nunca!--se decía con rabia--. La verdad es
+que no sé por qué pierdo el tiempo con esta mujer.»
+
+Pero no transcurrían muchas horas sin que se reanudasen las relaciones
+de buena amistad. Maud le salía al encuentro fingiéndose distraída; le
+esperaba al paso, apoyada en la borda, contemplando el mar en la actitud
+de una actriz que se ve espiada por la máquina fotográfica, y era
+bastante una sonrisa, un movimiento de ojos, una leve tos, para que
+Fernando volviese a juntarse con ella.
+
+«Me está toreando--protestaba él mentalmente--. Se está divirtiendo
+conmigo... ¡Ay, si estuviésemos en tierra pudiera dejar de verte! ¡Qué
+patada te ibas a llevar, hija mía!»
+
+Pero estaban en el Océano, encerrados en un espacio de unos centenares
+de metros. Una cadena irrompible los sujetaba a los dos, y cuando el uno
+se alejaba, el otro forzosamente iba detrás. Había que resignarse a un
+galanteo penoso y contradictorio, a un tira y afloja que parecía muy del
+gusto de aquella mujer y le hacía abrir unos ojos de sonriente crueldad,
+de espasmo sádico, cada vez que él, con los sentidos excitados por
+misteriosas alusiones o miradas prometedoras, se contraía furioso de
+deseo.
+
+Su única preocupación al salir de estos suplicios era que Isidro no se
+enterase de la verdad. ¡Cómo se burlaría de él al conocer la conducta de
+Maud!... Y a impulsos de su orgullo varonil, de esa vanidad jactanciosa
+del macho, que transige con la mentira para conservar su prestigio,
+aceptaba las felicitaciones y la envidia de Maltrana, que se lo
+imaginaba triunfador.
+
+De tarde en tarde, el remordimiento y el miedo se apoderaban de él. ¡Ay,
+si la otra contemplase desde lejos lo que le estaba ocurriendo en el
+buque! ¡Si Teri pudiera verle como se ve por el ojo de una cerradura!...
+
+La vergüenza le hacía permanecer inmóvil en su sillón, leyendo un libro,
+indiferente a cuanto le rodeaba. Otras veces, con el deseo de aislarse
+más aún, trasladaba su asiento a la última cubierta y se ocultaba detrás
+de un bote, gozando el deleite de su voluntad triunfadora, de su
+enérgica resolución al decidirse a ser fiel. Pero la estrechez del
+encierro conspiraba contra su virtud. Imposible mantenerse aislado. Las
+necesidades de la vida, los toques de llamada al comedor, los juntaban a
+todos. Además, aquella mujer parecía dotada de un sentido diabólico para
+adivinar su presencia. Le descubría en sus escondrijos, por apartados
+que fuesen; pasaba ante él orgullosa y atrayente a la vez, lo mismo que
+una reina convencida de su majestad, con un fluido en torno de su
+persona que desarticulaba y abatía los santos propósitos mejor
+construidos.
+
+Reconocía Fernando, aparte de esto, que el enemigo más temible estaba
+dentro de él. Era la bestia adormilada en la soledad, que se encabritaba
+al husmear el perfume de Maud; la pureza forzosa por falta de ocasión,
+que se retorcía fieramente ante la curva tentadora, el largo contacto de
+las manos o las blancas suculencias enfundadas en seda negra o seda
+gris exhibiéndose tentadoras entre las faldas recogidas al remontar una
+escalera con voluntario descuido.
+
+Ojeda dejábase vencer de nuevo con cualquiera de estos incidentes. Al
+llegar a tierra sería otro hombre, recobraría su fidelidad; pero aquí
+estaban en pleno Atlántico, y ¡quién sabría nunca lo que ocurriese!...
+Había que entregarse a su destino; seguir las sugestiones irresistibles
+del «gran impuro». Y Maud la dominadora le veía otra vez sujeto a su
+encanto atormentador. Se agitaba en torno de ella sumiso y suplicante,
+con alternativas de cólera y huidas de despecho que sólo duraban breve
+tiempo.
+
+Se había creído por un instante libertado de tal servidumbre al conocer
+a Mina. Esta mujercita triste y enferma no era un peligro. Podía estar
+junto a ella sin que se alterase el equilibro de su tranquilidad. Mina,
+con su dulzura sentimental, parecía hermosear la existencia monótona de
+a bordo. Era un socorro para terminar sin remordimientos la travesía.
+
+Pero Maud, como si adivinase sus pensamientos y temiese una
+concurrencia, había atacado desde el primer momento a la alemana.
+Felicitaba a Ojeda con una ironía cruel por su magnífica conquista. ¡Qué
+suerte! La mujer más fea y pobremente vestida del buque... Una especie
+de institutriz casada con un musiquillo borracho, del que se reían
+todos, hasta la turba de cómicos que iba con él.
+
+En su burla despiadada no perdonó ni al niño: un gordinflón con pelo de
+cáñamo, el más sucio de toda la chiquillería del buque. Ella esperaba
+ver a Fernando llevándolo en brazos mientras hacía el amor a la mamá.
+Apostaba algo a que por la noche lo dormía en sus rodillas con
+acompañamiento de canciones y se preocupaba de cambiarle las ropas
+interiores.
+
+Con la irritante injusticia de que sólo es capaz el despecho feminil,
+burlábase también de Mina como cantante. Se había tapado los oídos una
+tarde que cautelosamente se acercó a las ventanas del salón, cuando ella
+estaba en el piano y él de pie mirándola lo mismo que un tenor... ¡Y
+decían que esta infeliz, igual a una doncella de servicio, había sido
+una mujer hermosa y una grande artista!... ¡Y todos los éxitos de Ojeda
+en el buque consistían en haber inspirado tal pasión!... Debía
+felicitarlo por su buena suerte. Y para más ironía, Maud hablaba en
+francés con acento nasal: «_Mes compliments, mon cher; tous mes
+compliments_».
+
+¡Pobre Mina!... Algunas veces, mientras hablaba Fernando con Mrs.
+Power, la había visto pasar cerca de ellos llevando de la mano a Karl.
+Fingía no conocerlos, torcía los ojos, pero se adivinaba en su gesto la
+amargura de la decepción. Y cuando Ojeda quedaba solo, ella parecía
+ocultarse, huyendo de reanudar sus conversaciones. Si en sus paseos por
+la cubierta se encontraban frente a frente, después de breves palabras
+Mina pretextaba una ocupación inmediata u obedecía el más leve tirón de
+Karl para seguir adelante.
+
+A los ojos escrutadores de Maud no escapaba cierto hermoseamiento de la
+antigua artista, un mayor cuidado en el adorno de su persona.
+
+--Fíjese, señor: su amada hace grandes gastos. Hoy va de blanco de pies
+a cabeza; un traje de piqué, planchado y almidonado; una verdadera
+coraza. Está elegante como una institutriz de su tierra... Tiene la cara
+menos verde, y deja un reguero de olor barato: habrá comprado polvos y
+perfumes en la peluquería del buque... Y todo por usted, grandísimo
+conquistador... Hasta lleva zapatos nuevos. No le veo los tacones
+gastados de antes.
+
+Y Fernando, en el egoísmo de su deseo, acogía estas burlas con una
+satisfacción cobarde. Eran celos nacientes, que iban a servir para que
+Maud se mostrase al fin menos esquiva.
+
+Aquella tarde, el humor de ella parecía menos irónico. La voz, algo
+velada, sonaba con lentitud melancólica; sus ojos estaban húmedos: le
+brillaban las córneas con una acuosidad excesiva, como si fuesen a
+derramar lágrimas. De vez en cuando estremecíase con violentos
+sobresaltos, lo mismo que si una mano invisible le cosquillease en la
+nuca. Cogida a la baranda, echaba el busto atrás, y luego se aproximaba
+a ella hasta tocarla con el pecho. Con esta gimnasia nerviosa acompañaba
+su charla y disimulaba un deseo de extender los brazos y desperezarse.
+Interesábase mucho por el curso del tiempo, que hasta entonces no la
+había preocupado. Preguntaba con ansiedad cuántos días faltaban para
+llegar a Río Janeiro, como si hubiese permanecido durmiendo y al
+despertar surgiese en su recuerdo la imagen de alguien que la estaba
+esperando.
+
+--¡Faltan más de seis días!--exclamó con desaliento al oír las
+explicaciones de Ojeda--. Hoy es domingo, y no llegaremos hasta el
+sábado próximo. ¡Qué largo!... Casi una semana para ver a mi John...
+
+Y con cierto sobresalto notó Fernando en sus palabras una gran
+sinceridad amorosa, un deseo vehemente de recién casada que vuelve al
+lado de su marido después de la primera ausencia.
+
+En las grandes ciudades de los Estados Unidos, los negocios habían
+ocupado su pensamiento de mujer práctica y calculadora; después, en
+París, se había aturdido con la alegre vida de sus compañeras. Pero
+ahora, en el buque, llevando una existencia de inercia, sin
+preocupaciones, sin amistades, con largos encierros en el camarote para
+evitarse el trato de las gentes, la imagen del esposo resurgía en ella
+con una irresistible novedad, acompañada de estremecimientos largo
+tiempo olvidados. Además... ¡el calor ecuatorial! ¡la asfixia que se
+apoderaba de ella a ciertas horas de la noche, oprimiendo su pecho,
+haciendo zumbar sus oídos, desarrollando ante sus ojos cerrados una
+cinta de visiones inconfesables, interrumpidas al fin por el sueño!...
+¡Ah, John! ¡Pobre grandote, cómo deseaba verlo!...
+
+Torció el gesto Fernando al escucharla decir esto con la mirada perdida
+en el Océano y una voz monótona de sonámbula. ¡Bonito papel el suyo!...
+Y saludando irónicamente, anunció que iba a retirarse para que pensase a
+solas en la próxima entrevista con su esposo.
+
+--No; quédese--ordenó ella--. Tiempo tengo de acordarme de él...
+Hablemos... Dígame esas palabras bonitas que usted sabe decir y que
+parecen de comedia: exageraciones, mentiras, cosas de hidalgo que habla
+de morir si no lo aman.
+
+Después de esto, Ojeda creyó tener a su lado otra mujer, como si se
+hubiese roto la coraza de hielo tras la cual se había mantenido hasta
+entonces, irónica y hostil, y de los fragmentos de la rota defensa
+acabase de surgir algo cálido y vibrante que iba hacia él con la
+humildad de la hembra que anhela ser vencida.
+
+Pasó por cerca de ellos la alemana con su niño de la mano. No los miró,
+pero la mirada de Maud fue a ella: una mirada agresiva, de cólera
+mortal, que pareció clavarse en su espalda. Fernando recordó que así
+miraba la otra; así eran los ojos de Teri cuando en sus viajes le
+inspiraba celos una compañera de hotel.
+
+Los ojos de Mrs. Power, cuando dejaron de ver a Mina, volviéronse hacia
+Fernando con una avidez de posesión. Sonreía escuchando las palabras de
+su acompañante, su angustiosa súplica, como si pidiese algo
+imprescindible para la continuación de la existencia.
+
+--Tal vez mañana... tal vez nunca--dijo ella sonriendo con su coquetería
+cruel, que a Ojeda le pareció forzada esta vez, adivinando más allá de
+las frías palabras un principio de emoción.
+
+Luego, como si temiese perder la serenidad y decir demasiado, se
+apresuró a separarse de Fernando. No se podía hablar con él: siempre
+pidiendo lo mismo. Se retiraba al camarote. Era demasiado atrevido en
+sus palabras, y había que cortar la conversación.
+
+--A la noche hablaremos, si es usted más juicioso... Por allí viene su
+amigo; ya tiene compañía... No ponga usted esa cara tan triste. Tenga
+confianza en la suerte... ¡Quién sabe!...
+
+Y se alejó riendo, burlona y tentadora a la vez, mientras se aproximaba
+Maltrana llevando sobre el traje de hilo una capa impermeable. Se detuvo
+en un espacio de la cubierta bañado por el sol, y allí quedó inmóvil,
+tembloroso y pálido, gozando con visible deleite del ardor ecuatorial.
+
+--De aquí no paso--dijo--. Si quiere usted algo, acérquese.
+
+Ojeda le obedeció, extrañando el bizarro aspecto que ofrecía con aquella
+capa sobre el traje ligero, tembloroso de frío y buscando el calor del
+sol cuando todos en el buque sentíanse angustiados por la temperatura
+asfixiante.
+
+--¿De dónde viene usted?...
+
+--Del Polo--contestó Maltrana.
+
+Tendía sus manos al sol, volvía el rostro para sentir el calor en ambos
+lados, y al fin se despojó del impermeable y lo abandonó en la baranda,
+prefiriendo a la tibieza de su envoltura los rayos directos del astro.
+
+--Deje que me caliente un poco. No me mire así. A usted le extrañará
+verme con este aspecto de gato friolero, buscando el sol cuando todos
+sudan... Pero ¡cuando le digo que vengo del Polo!...
+
+Poco a poco fue Maltrana explicando su misteriosa expedición. Venía de
+lo más hondo del buque, de los frigoríficos, donde eran guardados los
+víveres. Esto únicamente podía verlo él, que gozaba de buenas amistades.
+Para conservar la baja temperatura de dichos almacenes, sólo los abrían
+muy de tarde en tarde, y él había aprovechado la oportunidad de la
+extracción de comestibles destinados a la fiesta del día siguiente,
+bajando a visitarlos con sus amigos de la comisaría.
+
+--¡Lo que viene con nosotros, Ojeda!... ¡Y yo, infeliz, que en otros
+tiempos admiraba las tiendas de la calle Mayor en vísperas de
+Navidad!... ¡Lo que comemos y bebemos durante el viaje! ¿Sabe usted
+cuánta cerveza llevamos con nosotros? Mil doscientos toneles. Eso se
+dice con facilidad, pero hay que verlo... ¿Sabe cuánto vino? Doce mil
+botellas. También se dice esta cifra con facilidad...
+
+--Pero hay que ver las botellas--interrumpió Ojeda burlonamente.
+
+--Eso es: hay que verlas juntas con los toneles; una enorme bodega; lo
+necesario para emborrachar a todo un pueblo... Y resbalando sobre el
+Océano vienen con nosotros toneladas y más toneladas de harina, montañas
+de cajas de conservas y de extractos; aves, pescados, bueyes, ¡qué se
+yo!... Todas las reservas de una ciudad sitiada.
+
+Describía el viaje por las entrañas lóbregas del buque, su descenso al
+infierno... de nieve, llevando como virgiliano guía a su amigo don
+Carmelo. Escaleras mojadas y resbaladizas; paredes que lagrimeaban;
+luces eléctricas veladas y mortecinas bajo el halo irisado de la
+humedad; gruesos caños conductores del frío a lo largo de los muros.
+Primero habían entrado en almacenes donde la frescura todavía resultaba
+tolerable. Isidro había sentido allí una satisfacción egoísta y maligna
+pensando en los buenos amigos que sudaban y jadeaban en la cubierta de
+paseo.
+
+Metíase el frío cosquilleante y travieso por todas las aberturas de las
+ropas, despertando agradables estremecimientos. Los de la comisaría
+llevaban gruesos abrigos y capas impermeables. Él reía petulantemente,
+orgulloso de afrontar con su trajecito blanco estas temperaturas.
+
+Subían y bajaban escaleras; serpenteaban por intrincados corredores
+bajos de techo, angostos, con muros de acero, semejantes a los pasadizos
+de un acorazado. En un departamento las verduras y las flores; en otro
+las frutas: pirámides de manzanas y naranjas, racimos de plátanos,
+regimientos de piñas alineadas en los estantes como soldados barrigudos
+acorazados de cobre y con penachos verdes. Un perfume de gran mercado
+surgía a bocanadas por las puertas: perfume de flores que agonizan
+lentamente, de frutas y verduras detenidas en su fermentación por la
+catalepsia del frío, de vinos y cervezas agitados en sus encierros por
+la continua inestabilidad del buque.
+
+--Llegamos al fin a los frigoríficos--continuó Maltrana--. Unas puertas
+que tienen de grueso casi tanto como de alto, unos dados de acero que
+giran ligerísimos sobre sus goznes y se abren y cierran lo mismo que las
+culatas de los cañones... _Crac_: una vuelta de muñeca y todo queda
+justo, acoplado, sin la menor rendija. Al ser abiertas, entra el aire
+exterior y se condensa instantáneamente, formando un humo blanco junto a
+las lamparillas eléctricas: algo así como si lloviese sal o hielo
+molido. Un espectáculo fantástico, Ojeda... Al principio sólo se siente
+frío en los pies; luego sube y sube el maldito entre el pantalón y la
+pierna, y a los pocos momentos cree uno que va calzado con polainas de
+hielo... ¡Y qué «paisajes» se ven en esas profundidades!
+
+Evocaba Isidro el recuerdo de los enormes cuartos de buey rojos y
+amarillos, con la grasa congelada de su goteo formando estalactitas.
+Tenían estas carnes la densidad de las cosas inanimadas: una dureza de
+piedra. Daban la sensación a la vista y al tacto de enormes mazas
+prehistóricas, con las cuales se podía hendir el cráneo de un elefante.
+
+--La sala del pescado es un paisaje polar. Rocas de hielo amontonadas, y
+en el interior de estas masas de cristal turbio están los peces de mil
+formas. Parecen harapos petrificados, tan adheridos a su encierro, que
+hay que extraerlos a puro hachazo... Las aves, puestas en estantes, las
+creería usted de cartón piedra, como las que se exhíben en las cenas de
+los teatros. Da uno con los nudillos en la pechuga de un pavo, y suena
+lo mismo que un tambor o un cráneo hueco... Y toda esta piedra, este
+cartón, cuando sale de su encierro se convierte en algo apreciable.
+Porque usted reconocerá, Ojeda, que aquí no comemos del todo mal.
+
+Él, que deseaba con tanto ahínco visitar esta sección del buque, se
+había apresurado a huir, tiritando bajo un impermeable facilitado por la
+piedad de don Carmelo. Sentía recrudecerse su frío al recordar los
+tortuosos corredores con baldosas rayadas que chorreaban líquida humedad
+por todas sus ranuras; las puertas de quicio profundo, iguales a
+ventanas, por las que había que pasar agachando la cabeza y levantando
+mucho los pies; las enormes cañerías blancas conductoras del frío
+cubiertas con un forro de hielo, erizadas de agujas de congelación, que
+brillaban lo mismo que diamantes bajo las luces difusas.
+
+--Mejor se está aquí, Fernando... ¡Bendito sea el calor!... Pero hay que
+reconocer la importancia de esa invención, que pone el frío al servicio
+del hombre y permite morir congelado lo mismo que en el Polo estando en
+pleno Ecuador. Abajo me acordaba de los argonautas españoles que en
+estos mares vendían los calzones por un vaso de agua tibia... ¡Y
+nosotros que bebemos fresco a todas horas!... Venga más hacia aquí,
+Ojeda; yo necesito calor y huyo de la sombra.
+
+Le molestaba un bote de la última cubierta suspendido sobre sus cabezas,
+que repelía el sol o le dejaba paso, siguiendo el lento vaivén del
+buque.
+
+Se acodaron los dos amigos en el balcón de la terraza del fumadero,
+viendo a sus pies los emigrantes septentrionales que llenaban la
+explanada de popa. Maltrana había estado entre ellos un buen rato antes
+de bajar a los frigoríficos.
+
+--Crea usted que se necesita valor para permanecer entre esas gentes. A
+pesar de la temperatura, conservan sobre el cuerpo los gabanes de pieles
+de carnero, los gorros de astrakán. Todas estas pelambrerías, así como
+las barbas, parecen hervir bajo el sol. Y añada usted los desperdicios
+de la comida que fermentan; los cuerpos que humean... Dos veces al día,
+los marineros inundan la cubierta; pero a pesar del mangueo, al poco
+rato esa parte del buque huele a demonios.
+
+Un ardor belicoso se había despertado en los emigrantes de popa,
+impulsando a unos contra otros. Los rusos jóvenes, de barbas de oro y
+camisas rojas, boxeaban con los alemanes de brazos nudosos y blancos. Se
+veían narices quebradas exhibiendo los remiendos de unas tirillas
+puestas en la farmacia. Los más forzudos exhibían con orgullo sus bíceps
+adornados con tatuajes azules. Un gigantón paseaba entre los grupos,
+devorando con mordiscos de fiera un mendrugo cubierto de carne
+sanguinolenta y cruda, alimento excelente, según él, para conservar la
+fuerza.
+
+Todas las tardes bajaba a la enfermería algún luchador con el rostro
+entumecido y desfigurado. Ahora, los marineros exentos de servicio
+acudían a la explanada de popa, atraídos por el brutal interés de estas
+peleas. Ya no gustaban de la sociedad de los «latinos» acampados en la
+proa. Encontrábanse desorientados entre los españoles, italianos y
+árabes, demasiado gritadores e ininteligibles para ellos. Preferían los
+hércules silenciosos, las mujeres pelirrojas, con faldas cortas de
+bailarina, botines altos y un pañuelo escarlata en forma de tejadillo
+sobre los ojos pobres de cejas.
+
+Maltrana abandonó a su amigo. Sentía la necesidad de relatar el
+interesante descenso a los frigoríficos «a sus muchas amistades», o sea
+a todos los pasajeros que podían entenderle.
+
+El toque para la comida, que se daba en plena noche al principio del
+viaje, con los focos de luz inflamados, sonaba ahora cuando el sol
+estaba todavía en el horizonte.
+
+Los que esperaban el mágico espectáculo de su puesta reunidos en la
+última toldilla, tenían que renunciar a la diurna apoteosis, corriendo a
+los camarotes para vestirse apresuradamente y no llegar con retraso al
+comedor.
+
+Ojeda, al sentarse a su mesa, vio que estaba sin ocupar la inmediata,
+que era la de Mrs. Power.
+
+--Hoy no come aquí--dijo Maltrana con su autoridad de hombre bien
+enterado de todo lo que ocurría en el buque--. La han invitado sus
+compatriotas, esa yanqui fea que canta, y su marido, el de la chaqueta
+de _clown_... Aquí se invitan unos a otros, como si la comida fuese
+distinta. Una botella extraordinaria de champán es todo el obsequio...
+Levántese un poco y la verá.
+
+Incorporándose, columbró Fernando por entre las cabezas de la mesa
+inmediata la cabellera rubia cenicienta de Maud.
+
+Isidro preguntó a Munster por el doctor Rubau. Nadie le había visto.
+Continuaba metido en su camarote, para solemnizar con este encierro el
+doloroso aniversario.
+
+La música sonaba, como todos los días, a las puertas del comedor; la
+lista de platos era la ordinaria; el salón no tenía adornos, y sin
+embargo las gentes se miraban con aire interrogante. Flotaba en el
+ambiente una promesa misteriosa: seguramente iba a ocurrir algo. Y la
+presunción de un suceso desconocido alegraba las miradas y provocaba las
+sonrisas. Hombres y mujeres parecían haber retrocedido a la infancia en
+esta vida de aislamiento y monotonía azul.
+
+A los postres, las damas saltaron nerviosamente en sus sillas, ahogando
+un grito de susto; muchos hombres se estremecieron, con la nerviosidad
+que despierta un estrépito inesperado. Sonó junto a una ventana del
+comedor un rugido de fiera rabiosa, un baladro amplificado por el tubo
+de una bocina. A continuación, el tableteo de varios rayos imitados con
+choques de latas y las sinuosidades de un trueno repiqueteado sobre el
+parche del bombo.
+
+Todos los ojos se volvieron hacia la entrada del comedor. Alguien iba a
+llegar. Y en el marco de una puerta apareció un espantable y grotesco
+personaje, un mascarón negro y rojo. Su avance entre las mesas fue
+acompañado de grandes risotadas y movimientos de repulsión de las
+señoras, que evitaban su contacto.
+
+Vestía una túnica negra, una especie de sotana con ancha faja de algas
+verdes, de la que pendían numerosos pescados crudos y sanguinolentos,
+procedentes de la cocina. Otro círculo de algas coronaba su peluca
+bermeja, y entre esta peluca y las barbazas de inflamado color
+ensanchábase el rostro rubicundo, carrilludo, granujiento, una cara de
+borracho perseverante y bondadoso como las que se ven en las muestras de
+las cervecerías. Apoyábase al andar en un tridente que tenía varias
+sardinas ensartadas. Colgaban sobre su pecho dos botellas de vino
+unidas en forma de gemelos, y al detenerse entre mesa y mesa, echaba
+mano a este grotesco instrumento, y con los ojos puestos en los golletes
+exploraba el comedor, como si buscase a alguien.
+
+--¡Capitán!... ¿Dónde está el capitán?--preguntaba con voz ronca.
+
+Despojábase de los pescados de su cintura para repartirlos en las mesas,
+y las mujeres chillaban al sentir en sus manos la frialdad blanducha y
+viscosa de estos presentes.
+
+Así avanzó por todo el comedor, seguido de la risa inacabable de los
+buenos germanos, que encontraban este espectáculo de una gracia
+irresistible. Y su hilaridad ganó a los demás, dispuestos de antemano a
+alegrarse con todo lo que alterase la vida uniforme de a bordo.
+
+En fuerza de pasar entre las mesas y mirar con su aparato óptico, dio
+con la que ocupaba el comandante del buque, y apoyándose en el tridente,
+empezó un discurso en alemán, con voz ruda y autoritaria:
+
+--Yo soy Tritón, y me envía mi señor Neptuno...
+
+Los alemanes acogieron con estallidos de regocijo las palabras del
+mascarón, repitiéndolas traducidas a los vecinos que no podían
+entenderlas.
+
+Neptuno, al ver desde sus profundidades que un buque iba a pasar la
+línea ecuatorial, entrando en el otro hemisferio, enviaba a su emisario
+Tritón para que los pasajeros que efectuaban por primera vez la travesía
+le rindiesen pleito homenaje sometiéndose a la ceremonia del bautizo. El
+discurso iba acompañado de alusiones al mareo de los viajeros, al
+tributo que sus estómagos trastornados rendían al inmenso azul, para
+mejor alimento de los peces; y cada chiste que el marinero disfrazado
+iba soltando, como una lección aprendida de memoria, lo saludaba el
+público con carcajadas iguales a las de una escuela en libertad.
+
+El capitán debía entregar la lista de todos los pasajeros que no habían
+sido bautizados. Al día siguiente subiría Neptuno con su corte para la
+gran ceremonia, y mientras tanto, dos representantes de la fuerza armada
+del dios iban a quedar en el buque para que ninguno de los neófitos
+pudiese huir.
+
+Se llevó el emisario una mano al pecho en busca de un pito marinero, lo
+hizo sonar, e inmediatamente entraron en el comedor dos gendarmes
+alemanes de ridícula traza, con el casco abollado y pequeño para sus
+cabezas enormes, levitas angostas, pantalones cortos y un sable
+herrumbroso batiéndoles el flanco. La gente, al verles aparecer, rio
+con más espontaneidad que en la entrada de Tritón. Sus caretas de corto
+perfil y bigotes de cepillo les daban aspecto de dogos enfurruñados y
+una lejana semejanza con Bismarck.
+
+Entregó el capitán a Tritón un sobre sellado que contenía la lista de
+los candidatos al bautizo, bebieron juntos una copa de champán, y luego,
+seguido de los gendarmes, se retiró el enviado neptunesco, otra vez con
+acompañamiento de temblor de latas y estrépitos de bombo.
+
+Muchos pasajeros abandonaron el comedor apresuradamente. Había que ver
+la partida del emisario, su vuelta a los dominios oceánicos para dar
+cuenta al dios de la comisión realizada.
+
+Amontonóse la gente en las bordas del paseo. El Océano estaba iluminado
+con fantásticos reflejos: era blanco, después verde, y al final rojo. De
+la cubierta de los botes goteaba sobre el mar el ígneo azufre de las
+luces de bengala. Las ondulaciones atlánticas tomaban bajo este
+resplandor de incendio que rodeaba al buque el aspecto denso del metal
+en ebullición. Más allá de esta zona de luz temblorosa, que coloreaba
+grotescamente los rostros y hacía palpitar los ojos con desordenadas
+vibraciones, extendíase la noche tropical, solemne, tranquila, con sus
+aguas obscuras pobladas de caracoleantes fosforescencias y su cielo
+límpido, en el que asomaban sonrientes un gran número de astros nuevos
+rodando en el misterio.
+
+Sonó en el mar el ruido de un chapuzón, y una luz balanceante comenzó a
+apartarse del buque. Era Tritón que se marchaba. Un berrido a proa y a
+popa de los emigrantes, que sólo de lejos participaban de la fiesta,
+saludó la fingida retirada del personaje submarino. «¡Adiós, borracho!
+¡Expresiones a Neptuno!...» La boya, con su farol, salió del espacio
+iluminado por las bengalas. Su luz se hizo cada vez más diminuta,
+absorbida por el misterio negruzco del Océano. Parecía huir a impulsos
+de oculto motor; escondíase en las largas curvas de las olas y brillaba
+luego en las cimas, como una estrella caída, para resbalar de nuevo
+hasta el fondo de otro valle. La gente se cansó de seguirla con los
+ojos, y fue esparciéndose por el paseo y el jardín de invierno, donde
+aguardaba el café humeando en las tazas.
+
+Ojeda entabló conversación con míster Lowe antes de volver a su mesa,
+ocupada ya por Maltrana. El atlético mocetón, al despojarse por la noche
+de las chaquetas rayadas y gloriosas, no podía menos de adornar la
+solapa de su _smoking_ con botones y banderitas de los clubs deportivos.
+Al ver a Fernando, rio con expresión maliciosa, mostrando su aguda
+dentadura, abundante en áureos rellenos.
+
+--¡Qué señora Mrs. Power!... Hoy la hemos tenido a nuestra mesa; y ¿sabe
+lo que ha dicho?... Está enferma la pobre: el calor, la soledad, los
+nervios... Le ha preguntado a mi señora si podría prestarle su marido
+por un rato. Un favor entre amigas... Parece que no puede esperar más.
+
+Revelaba con su risa la orgullosa satisfacción que le causaba solamente
+la posibilidad de que una dama como Mrs. Power pudiese ver en su persona
+un remedio.
+
+--Es una broma nada más--continuó--. Esa señora es muy graciosa y nada
+hipócrita... Pero yo creo, señor, que a quien ella desea es a usted...
+Aprovéchese... Hágale ese favor.
+
+Lowe, que no ocultaba el miedo que le infundía su mujer con los
+fruncimientos dominadores de su rostro acaballado, tomaba, al verse sólo
+con Fernando, el gesto malicioso de un hombre para el cual no guarda el
+mundo sorpresa alguna. Daba la buena noticia por compañerismo. Los
+hombres se deben entre sí estos informes. Tenía la obligación Ojeda de
+atender a una dama... Y hablaba del amor como de un servicio higiénico
+indispensable para la vida, y en el que pueden reclamarse las ayudas de
+la amistad.
+
+Aquella noche no había nada extraordinario que alterase la vida de a
+bordo. El concierto atraía únicamente a los niños y criadas, que antes
+de acostarse formaban grupos en torno del círculo de atriles.
+
+Los pasajeros, esparcidos por el paseo, comentaban las fiestas del día
+siguiente. Una repentina fraternidad los aproximaba a todos. Veníanse
+abajo las últimas diferencias sociales y patrióticas que los habían
+mantenido apartados en fracciones indiferentes u hostiles. Se notaba el
+deseo de comunicación y mezcolanza que remueve a todo un pueblo en
+vísperas de un acontecimiento nacional. Los majestuosos «pingüinos» ya
+no formaban grupo aparte y se confundían con «las potencias», que a su
+vez habían roto el círculo de su aislamiento hostil.
+
+¡El baile del paso de la línea!... Las niñas hablaban de sus disfraces
+traídos previsoramente en los baúles o anunciaban improvisaciones
+originales. Las mamás, que hasta entonces se habían saludado con
+ceremonia, recordaban enternecidas a las amigas comunes que vivían en
+París y creían vagamente haberse visto en un té del Hotel Ritz o en una
+recepción-tango en los Campos Elíseos. Una matrona imponente detenía a
+Conchita con súbita amabilidad.
+
+--¿Y usted no se disfraza, hija mía?...
+
+¡Con unos ojos tan lindos! ¡Con su aire donoso de españolita!... Y a
+impulsos de su repentina ternura, ofrecióse a prestarle una rica
+mantilla antigua comprada en Madrid.
+
+Señoras de gesto malhumorado, que se lamentaban de la inmoralidad de sus
+compañeros de viaje, deteníanse curiosas ante las ventanas del fumadero.
+Aquél era el antro del vicio, el lugar donde las mujeronas de la opereta
+fumaban y bebían entre los hombres con los pies en un asiento o sobre el
+borde de la mesa... Y bastaba una ligera invitación de los amigos o
+parientes entregados a interminables partidas de _poker_, para que todas
+ellas se decidiesen a entrar con el mismo aire de encogimiento ruboroso
+y audacia pecaminosa que las había acompañado en sus visitas disimuladas
+a los _cabarets_ y bailes de Montmartre. ¡Bueno es verlo todo!...
+Además, estaban de fiesta, la gran fiesta del viaje.
+
+Ninguna noche se había visto tan lleno el fumadero. Los sirvientes
+corrían azorados, no sabiendo adónde acudir entre tantos y tan
+contradictorios llamamientos. Sonaban frecuentemente estallidos de
+tapones. El champán desbordaba de las copas, corriendo sobre las mesas
+en raudales espumosos. Sonreían las señoras reconociendo los encantos de
+este lugar vedado, y hasta encontraban cierta distinción exótica a
+algunas de aquellas rubias que sólo habían visto de lejos en la cubierta
+y ahora ocupaban las mesas inmediatas. Esta proximidad parecía añadir un
+nuevo placer a su audaz entrada en el fumadero. «El mar es el mar...»
+Cuando llegasen a tierra ni se acordarían de tal promiscuidad.
+
+Ojeda ocupaba una mesa con Mrs. Power y el matrimonio Lowe. No sabía con
+certeza si era él o su amigo el yanqui el autor de la invitación, pero
+ésta había interpretado los deseos de Maud, que pareció transformarse al
+tomar asiento en un diván del café.
+
+Bebieron fuerte los tres compañeros de Ojeda. Mrs. Power tenía los ojos
+levemente lacrimosos. De pronto se agrandaban, como si los dilatase el
+asombro de una visión interna, al mismo tiempo que unas tortuosidades de
+rubor veteaban sus mejillas. Dilatábase su boca buscando aire, a pesar
+de que todas las ventanas estaban abiertas y los ventiladores giraban
+vertiginosamente. «¡Qué calor!...» El ansia de frescura la hacía vaciar
+la copa que tenía delante, ligeramente empañada por el vino helado.
+Sonreía mirando a Fernando con unos ojos acariciadores, que éste creía
+ver por vez primera.
+
+--Déme osté una sigarreta.
+
+El matrimonio Lowe acogió con risas admirativas esta muestra de español
+de Mrs. Power. Y envuelta en el humo del cigarrillo que le dio Ojeda,
+siguió mirándolo con una fijeza audaz, como si concentrase toda su
+voluntad en esta contemplación, sin importarle los comentarios de las
+personas cercanas.
+
+Maltrana, que iba de una mesa a otra para charlar con sus «queridos
+amigos», aceptando una copa aquí y bebiendo media botella más allá, se
+fijó en los ojos de Maud.
+
+--Pero ¡cómo mira esa señora!... ¡Ni que se lo fuese a comer!...
+
+Desde una mesa cercana los espió con cierta envidia. Cerca de media
+noche abandonaron sus asientos. Lowe se levantaba al amanecer, para ir
+al gimnasio, tomar la ducha y seguir otras prescripciones del atletismo.
+Su esposa necesitaba cuidar la voz. Salieron los cuatro, y tras ellos
+Maltrana.
+
+Junto a una escalera se despidieron, marchando el matrimonio hacia su
+camarote. Quedaron solos Ojeda y Maud, mirándose frente a frente. Él
+sentía cierta indecisión, miedo al «buenas noches» glacial y despectivo
+con que ella había cortado otras veces sus palabras ardorosas.
+
+No tuvo necesidad de hablar. Fue ella la que habló, pero sin mover los
+labios, con un parpadeo malicioso que transfiguraba su rostro, dándole
+el rictus de una hembra prehistórica agitada por la pasión. De sus
+labios salió un leve silbido que equivalía a una orden imperiosa; al
+mismo tiempo agitó el índice de su diestra como si le llamase.
+
+Maltrana fue tras ellos escalera abajo, avanzando cautelosamente para no
+ser visto... Pero no necesitó de grandes precauciones. Los dos caminaban
+sin darse cuenta de lo que les rodeaba, sin saber ciertamente adónde
+iban, empujada ella por el instinto hacia su vivienda.
+
+Oyó Isidro, oculto en un ángulo del corredor, el ruido de una puerta
+abierta rudamente. Avanzó, y antes de que se cerrase aquélla con un
+golpe de pie, pudo ver en su fondo luminoso cómo se entrelazaban unos
+brazos con la furia concentrada de los luchadores que ansían derribarse,
+cómo se juntaban dos cabezas lo mismo que si pretendieran morderse.
+
+El crujido de un cerrojo y la soledad del corredor despertaron de pronto
+la cólera de Maltrana. Él quería mucho a Ojeda... pero ¡unos tanto y
+otros tan poco! Sintió el tormento de esa rivalidad masculina que
+respeta en el amigo los triunfos de la inteligencia y de la riqueza,
+los admira y los desea aún mayores, pero se conmueve con sorda envidia
+cuando las victorias son de amor.
+
+Al volver Maltrana al fumadero se sintió inquieto en su ambiente
+ruidoso. Todavía no era su hora: aún quedaban algunas mesas ocupadas por
+gentes respetables. Los amigos jóvenes le habían anunciado que la
+verdadera fiesta sería después de media noche. Esta vez se habían
+comprometido seriamente algunas damas de la opereta a ser de la partida.
+Isidro sentíase de una resolución feroz al pensar en Fernando. Con las
+de la opereta o con otras; era lo mismo. El no podía quedar aplastado
+por la buena suerte de su compañero. Necesitaba a toda costa olvidar su
+humillación, aunque para ello fuese necesario atentar contra el reposo
+nocturno de las camareras del buque o las muchachas del taller de
+planchado.
+
+Huyó del café, como si odiase a las gentes y tuviese necesidad de
+tinieblas y silencio. En la cubierta de los botes ocupó un sillón,
+mojado por la humedad.
+
+Este aislamiento lóbrego aplacó sus nervios... Nadie. Los pasajeros
+estaban ya en sus camarotes o se mantenían en el paseo dando vueltas por
+las inmediaciones del café, como pájaros nocturnos atraídos por un faro.
+El silencio era absoluto en esta cima de la montaña flotante. De tarde
+en tarde, un toque de campana en el puente, un rugido del serviola, que
+contestaba desde el púlpito del trinquete, pasos tenues de marineros
+descalzos que se deslizaban lo mismo que espectros entre los botes y
+ventiladores de la última cubierta. Sobre el cielo obscuro moteado de
+clavitos de luz marcábanse los mástiles y la chimenea como dibujados con
+tinta china.
+
+Pasaban las estrellas de un lado a otro de los palos, cual un
+chisporroteo de insectos juguetones saltando entre el cordaje. Algunas,
+empañadas por el temblor del humo de la chimenea, redoblaban sus
+titilaciones. Eran como lentejuelas, medio desprendidas de un manto y
+próximas a caer. En la obscuridad del horizonte marcábanse unos fulgores
+lejanos, tres pinceladas rojas sobre una línea de puntitos de luz apenas
+perceptibles: los fuegos de un trasatlántico que se cruzaba con el
+_Goethe_ marchando en opuesta dirección.
+
+Maltrana, con su cabeza en el respaldo del asiento y la mirada en alto,
+contemplaba la enorme masa de la chimenea, que cubría una parte del
+cielo. Sintió aflojarse la tirantez de sus nervios en el silencio y la
+soledad. Le parecía ridículo su orgullo masculino; se avergonzaba de su
+envidia. ¡Lo que le importaban a aquella bestia negra que los mantenía
+sobre sus lomos de acero todas las miserias y picardías de que la hacían
+complice...! ¡Lo que podían interesar al Océano obscuro y replegado en
+su misterio, y a los alfilerazos de luz que brillaban a la vez en las
+alturas del cielo y en los repliegues del agua, aquellos apetitos y
+necesidades del hormiguero instalado en la cáscara flotante!...
+
+Venía a su memoria el recuerdo de los primeros argonautas, compañeros de
+Jasón, y con ellos el poema de Apolonio de Rodas, cantor de la fabulosa
+aventura del vellocino de oro. El mástil del navío helénico era una
+encina colocada por Minerva, y este mástil encantado, alma del buque,
+hablaba, dando oráculos salvadores en los momentos de peligro. ¿Por qué
+no podía hablar también aquella chimenea gigantesca, que entre los palos
+completamente inútiles de la navegación moderna era la representación
+del movimiento y la vida, la gran propulsora, como lo había sido el
+mástil antiguo sostenedor del velamen?...
+
+Este animal oceánico de férreo caparazón tenía un alma que se escapaba
+normalmente por aquella torre con una respiración acompasada, o mugía
+con la furia del instinto en las noches de peligro ante el escollo
+cercano o la densa niebla. Sus compartimientos interiores parecían
+sensibles a la influencia del ambiente, como las mucosas de un organismo
+animal. Maltrana creía verle con diverso aspecto en las varias horas del
+día: soñoliento y torpe al amanecer; alegre y risueño después de las
+abluciones matinales; pesado y cabeceador luego de mediodía, al
+adormecerse el Océano bajo el incendio solar; melancólico y rumoroso
+como un jardín antiguo a la caída de la tarde, cuando las cubiertas se
+teñían de un rojo naranja, prolongándose las sombras de las personas con
+la esbeltez de los cipreses; ruidoso y frívolo al cerrar la noche, con
+una alegría semejante al hervor del champán, a la sonrisa de unos labios
+pintados, a la languidez de unos ojos engrandecidos por el kohol.
+
+Su amigo de la comisaría hablaba del buque como si éste fuese un
+organismo viviente y nervioso, sujeto a las influencias exteriores.
+Cambiaba de carácter en todos los viajes, según las gentes que llevaba
+en sus entrañas. Unas veces eran comisiones diplomáticas o personajes
+políticos que iban a gobernar repúblicas, y entonces parecía navegar con
+calmosa majestad, entrando solemnemente en los puertos embanderados,
+entre cañonazos y vítores. Las gentes se hablaban con frío comedimiento,
+mensurando las palabras, no atreviéndose a alzar la voz. Hasta los
+grumetes tenían un estiramiento protocolario. Bastaba que Su Excelencia
+se apartase a leer en un rincón de la cubierta, para que al momento este
+rincón quedase aislado con atadijos de maromas, y junto a ellas un
+marinero de guardia con la consigna de que nadie viniese a turbar un
+estudio del que dependía tal vez la suerte de varios pueblos. Y lo que
+leía Su Excelencia era una novela de folletín.
+
+En ciertos viajes predominaban los comerciantes, y la cubierta de paseo
+era durante veinte días igual a un salón de Bolsa. Rodaban millones de
+la mañana a la noche, y el buque se movía con el aplomo insolente de un
+banquero bien forrado que no teme al destino. Las enormes cantidades,
+compuestas puramente de palabras, parecían gravitar realmente en sus
+entrañas con peso abrumador. Otras veces abundaban las damas elegantes:
+ocupaba el _bridge_ todas las mesas; el aire marino perdía sus sales
+bajo una oleada de perfumes caros, y el buque se rejuvenecía con los
+trajes vistosos que se arremolinaban en sus cubiertas, las guirnaldas
+tendidas en los salones y los polvos de arroz que se llevaba el viento.
+Al cabecear sobre el Océano, parecía tomar el gesto trémulo de un viejo
+galanteador que habla con sus amigas de trapos y escándalos mundanos.
+
+Introducíanse en algunas travesías entre el rebaño viajero mujeres
+hermosas y liberales, pródigas en sus gracias, y la paz monótona del
+Atlántico desaparecía instantáneamente. Los hombres corrían ansiosos
+tras la carnal limosna; surgían conflictos y peleas, todos se agitaban
+como locos, y el trasatlántico, fosco y de mal humor, navegaba con el
+funcionamiento de su vida trastornado, los servicios internos en
+desorden, deseoso de llegar cuanto antes al final del viaje para sanar
+de esta enfermedad.
+
+El buque tenía un alma--Maltrana, soñoliento en un sillón, estaba seguro
+de ello--; un alma que hablaba por su chimenea, como la nave _Argos_
+hablaba por el mástil; una conciencia que percibía el motivo de sus
+acciones, la finalidad de este continuo ir y venir por el Atlántico,
+arándolo con su quilla de acero.
+
+No estaba solo en la oceánica inmensidad. Otros iguales a él avanzaban
+detrás de su estela con intervalos de centenares de millas, o marchaban
+delante con el mismo rumbo. Y desde el opuesto hemisferio, una fila
+semejante emprendía el regreso, moviéndose todos como un rosario de
+diligentes hormigas en la infinita llanura atlántica.
+
+Despegábanse diariamente de la tierra europea algunos de estos
+monstruos, arañando la profundidad con las invisibles zarpas de sus
+hélices, repleto el vientre de carne humana estremecida por los
+espejismos de la esperanza. Partían de los muelles escarchados y
+brumosos del Báltico; de los puertos ingleses negros de hulla, en cuyo
+ambiente grasoso flota un perfume de té y tabaco con opio; de las costas
+de Francia oceánica, que oponen sus bancos vivos de mariscos y los
+pinares de sus landas a los asaltos del fiero golfo de Gascuña; de las
+bahías de España, copas de tranquilo azul, en las que trenzan sus
+aleteos las gaviotas asustadas por el chirrido de una grúa o el mugido
+de una sirena; de las escalas del Mediterráneo, adormecidas bajo el sol;
+ciudades blancas con la alba crudeza de la cal o la suavidad
+aristocrática del mármol; ciudades que huelen en sus embarcaderos a
+hortalizas marchitas y frutos sazonados, y envían hasta los buques, con
+el viento de tierra, la respiración nupcial del naranjo, el incienso del
+almendro, rasgueos briosos de guitarra ibérica, gozoso repiqueteo de
+tamboril provenzal, arpegios lánguidos de mandolina italiana.
+
+Inmóviles en los canales flamencos de aguas negras y burbujeantes, había
+descendido hasta sus dormidas cubiertas la melodía cristalina del
+carillón perdido en el misterio de la noche. Grandes puentes giratorios
+se habían abierto ante ellos, repeliendo las masas de gentío y de
+carretones, para darles paso en los ríos navegables de Holanda.
+
+Al verse en alta mar, sus proas, como hocicos inteligentes, husmeaban el
+horizonte, adivinando el sendero a través del infinito. En torno de sus
+grupas rebullían en jabonosas espumas las olas grises o negras de los
+mares septentrionales, las azules ondulaciones atlánticas, el inmenso
+líquido durmiente bajo la pesadez ecuatorial, el Océano verde con
+escamas de oro de las costas brasileñas, las aguas casi dulces de las
+costas del Sur, teñidas de rojo por las avenidas de los ríos.
+
+Una vez hablaba a Maltrana, una voz sin vibración, que repercutía en su
+cerebro sin haber pasado antes por su oído:
+
+--Y así marchamos a través del misterio azul, en busca de una lejana
+tierra de ensueño para nuestro cargamento de miserias y ambiciones. Hace
+años, seguíamos todos el mismo rumbo con la tenacidad de un rebaño que
+no conoce otro camino. Íbamos al Norte de América, tragadero insaciable
+de hombres, olla hirviente de razas, tierra de prodigios absurdos y
+opulencias insolentes... Pero ahora, el camino se ha bifurcado:
+conocemos nuevos mundos. El rebaño de acero y humo se reparte, y
+mientras unos siguen la antigua senda, nosotros ponemos la proa al Sur,
+llevando sobre nuestro lomo la aventura y la ilusión, en busca de
+pueblos nuevos, pueblos de esperanza, pueblos de aurora, cuyos nombres
+suenan con el retintín del oro.
+
+
+
+
+IX
+
+
+El primer acto de la fiesta ecuatorial fue el paseo de la música a las
+nueve de la mañana por todas las cubiertas, deslizándose luego en los
+pasadizos y recovecos de los camarotes.
+
+Muchos pasajeros estaban aún en la cama, y al apagarse el eco de los
+instrumentos, volvieron a reanudar su sueño. Se habían acostado tarde.
+En la noche anterior, las luces del café permanecieron encendidas hasta
+que el amanecer fue empañando su brillo. La marinería, al limpiar las
+cubiertas, habían salpicado con su mangueo algunos escarpines de charol
+que marchaban titubeantes sin encontrar su camino y _smokings_ cuya
+negrura estaba constelada de manchas de ceniza y de champán.
+
+La gente menuda del pasaje fue la única que corrió bulliciosa al
+escuchar este primer anuncio de la fiesta. Niños y criadas marchaban al
+frente de la banda, admirando los disfraces con que se habían cubierto
+los músicos en honor de la grotesca solemnidad; sus caras con
+chafarrinones de almagre y sus narices de cartón. Un camarero vestido de
+pielroja, con gran abundancia de plumas, iba ante la música haciendo
+molinetes con una cachiporra de tambor mayor.
+
+Saludábanse los pasajeros matinales en el paseo con grandes elogios al
+día. El agua era gris, el cielo estaba encapotado; el Océano ecuatorial
+ofrecía el aspecto de un mar del Septentrión. La brisa fresca que venía
+de proa ahuyentaba el temido calor. Magnífico día para el paso de la
+línea.
+
+A las once circuló una noticia que hizo salir de sus camarotes a los
+perezosos y llenó en poco tiempo las cubiertas. Se veía tierra... Y
+todos corrieron al lado de babor con vehemente curiosidad, como si
+desearan saciar sus ojos en un fenómeno inaudito. ¡Tierra!... Esta
+palabra evocaba algo lejano que había existido en otros tiempos, y que
+la gente, acostumbrada a la soledad oceánica, consideraba ya como
+irreal.
+
+Buscaban muchos esta tierra en la extensión gris con la simple mirada, y
+sólo después de largos titubeos llegaban a distinguir un pequeño borrón
+negro, una línea ondulosa y corta que parecía flotar sobre las aguas
+como un montón de basura. Era la Roca de San Pablo, aglomeración de
+piedras basálticas en mitad de la línea equinoccial; pedazo de tierra
+diminuto olvidado por las convulsiones volcánicas y que seguía
+emergiendo audazmente entre África y América, sin fauna, sin flora,
+yermo y maldito en las soledades del Océano, lejos de todo país
+habitado.
+
+--El único lugar de la tierra que no tiene dueño--dijo el doctor Zurita
+en un grupo--. La única isla que no ha tentado la codicia de nadie...
+Cómo será, que ni a los ingleses se les ha ocurrido plantar en ella su
+bandera.
+
+Apuntábanse las filas de gemelos a lo largo de la borda, y en el
+redondel de sus oculares aparecía un amontonamiento de rocas flanqueado
+por otras sueltas en forma de islotes; pedruscos negros, rugosos, que
+recordaban la piel de los paquidermos, y en torno de los cuales
+levantaba la resaca enormes rociadas de espuma. El mar tranquilo
+alterábase al tropezar con este obstáculo inesperado. Se adivinaba la
+existencia de cavernas submarinas, gargantas y canalizos invisibles, en
+los cuales se retorcía furioso el Océano al perder su calma soñolienta,
+encabritándose con espumarajos de rabia, desplomándose sus cataratas
+gigantescas sobre los negros abismos.
+
+Ni una persona, ni una brizna de hierba, ni un pájaro en la roca pelada,
+que a las horas de sol debía arder y reverberar como un paisaje
+infernal.
+
+--Ahí sólo hay tiburones--dijo un pasajero, como si hubiese vivido en la
+isla--. Procrean en sus cuevas, y luego van a buscarse la comida por los
+mares calientes, hasta las costas del Brasil o las Antillas.
+
+El recuerdo de estos mastines del Océano hacía estremecer a las mujeres.
+Se los imaginaban pululando lo mismo que bancos de sardinas en las
+cavernas y escollos de aquel islote; los veían con el pensamiento
+pasando y repasando por debajo del vientre del navío, traidores,
+cautelosos, con su cabeza más voluminosa que el resto del cuerpo,
+aguardando que alguien cayese para triturarlo entre la triple fila de
+sus dientes.
+
+Los hombres evocaban las tragedias feroces de la profundidad, cuando el
+escualo hambriento, no encontrando en la superficie más que bandas de
+peces voladores, descendía y descendía miles de metros, en busca de los
+calamares enormes que agitan en la sombra la vegetación de sus
+tentáculos. El tiburón, agobiado por la asfixia de la profundidad, había
+de efectuar su cacería con rapidez. Batallaba el diente con la ventosa,
+el coletazo demoledor con el tentáculo que ahoga, la boca que desgarra
+con la boca que sorbe. Y en esta batalla invisible que se desarrollaba
+abajo, a varios kilómetros de distancia vertical, en la penumbra de unas
+aguas obscuras, entenebrecidas aún más por las nubes de tinta que exuda
+el pulpo, unas veces queda el tiburón prisionero de la red viscosa y
+ávida; otras sube vencedor, con el coriáceo pellejo hinchado por la
+succión de las ventosas, y a la luz de las estrellas, dejándose flotar
+en las ondulaciones de la superficie, devoraba los restos de la presa
+arrancada del abismo.
+
+Esta evocación hacía recordar a muchos el lugar donde estaban. Aquel
+hotel lujoso, con su música, sus tropas de sirvientes y sus salones, no
+era más que una caja flotante y bien acondicionada, debajo de la cual
+seguía latiendo la vida feroz y ciega, ignorante de la justicia y de la
+misericordia, lo mismo que en los primeros días del planeta. Avanzaban
+los humanos comiendo, bailando, requebrándose de amor por lugares del
+globo donde aún subsistían las formas crueles y ciegas de la bestialidad
+prehistórica. Vivían lo mismo que en tierra, sin acordarse de que
+marchaban sobre una columna acuática y movible de seis mil metros de
+altura, de la cual era el buque a modo de un capitel.
+
+La Roca de San Pablo fue quedando a la popa del trasatlántico. El islote
+estéril recibió el título de antipático de boca de las señoras, que
+dejaron de mirarlo, falto ya de interés. Visto sin los gemelos, parecía
+algo repugnante que flotaba sobre las aguas: los residuos digestivos de
+un leviatán; un montón de deyecciones del fabuloso pájaro Roc.
+
+Deshiciéronse los grupos para esparcirse por el paseo, y en este
+desbande general, Ojeda y Maltrana se encontraron frente a frente.
+
+Isidro fijó sus ojos con maliciosa expresión en la cara de su amigo.
+
+--¿Qué tal la noche?...
+
+Fernando hizo un gesto de indiferencia. Muy bien.
+
+--Le veo a usted pálido--añadió aquél--, algo ojeroso. Cualquiera diría
+que ha tenido usted malos sueños... o que ha estado la noche entera sin
+dormir.
+
+--¡Cuando le digo que la he pasado muy bien!...
+
+Y Maltrana, ante el tono de impaciencia de su amigo, no quiso insistir
+más.
+
+--Su aspecto no es mejor que el mío--dijo Ojeda sonriendo--. De seguro
+que se acostó tarde... ¿A ver esa cara? Muy bien: no tiene usted señal
+de golpe. Esta fiesta le ha resultado mejor que la otra.
+
+Maltrana se indignó. ¿Creía acaso que sus amigos eran unos bárbaros?...
+La pelea general del otro día había sido algo inesperado. Las gentes
+iban conociéndose mejor; el trato amansa a las fieras. Eran ya como
+hermanos y se perdonaban las injurias. Un insulto se olvidaba ante una
+nueva botella.
+
+Y como Fernando, ganoso de que la conversación no recayese sobre él,
+insistió por conocer los detalles de la fiesta, Maltrana fue hablando
+con cierta reserva.
+
+--Nada; una reunión culta, muy decente. Hasta tuvimos nuestras damas, lo
+más distinguido, lo más _chic_. Esta vez, las señoras de la opereta,
+solemnemente invitadas por mí en nombre de los amigos, se dignaron
+venir... Uno tiene su prestigio y sus éxitos, amigo Fernando; no todo ha
+de ser para los demás.
+
+Para que no insistiese en esto último, le preguntó Ojeda si el mayordomo
+había tenido que intervenir, como la otra vez, para restablecer el
+orden.
+
+--No--dijo Maltrana después de alguna vacilación--. Las cosas se
+desarrollaron en el fumadero en santa paz. Muchas botellas destapadas,
+mucho canto. Las damas encontraron duros los asientos y al final fumaban
+con la cabeza apoyada en un señor y los pies en otro... ¡Orden completo!
+El mayordomo se asomaba a la puerta para sonreír como un maestro
+satisfecho de sus chicos. Uno que hacía suertes de gimnasia con un
+sillón lo dejó caer sobre la cabeza de su compañero. Le limpiamos la
+sangre y luego se dieron la mano los dos. Total, nada. No fue con mala
+intención... Las damas, que no entendían palabra y sólo sabían beber y
+sonreír, se dignaban tomar el brazo de un amigo para dar un paseo
+misterioso y poético por la última cubierta o por los pasillos de los
+camarotes, volviendo algo después para aceptar nuevas invitaciones... Le
+digo que fue una fiesta honrada y distinguida.
+
+Ojeda sonrió incrédulamente. Había oído hablar algo de muebles rotos y
+peleas con el mayordomo.
+
+--Una insignificancia. Una humorada de mis amigos los norteamericanos...
+Pero el conflicto quedó arreglado inmediatamente.
+
+Habían salido todos del fumadero atraídos por la luna, una luna enorme
+que cubría de plata viva el Atlántico y hacía correr por los costados
+del buque arroyos de leche luminosa. La honorable sociedad contemplaba
+el espectáculo con un sentimentalismo alcohólico que agolpó lágrimas en
+los ojos. Las damas apoyaban con desmayo poético sus cabezas rubias en
+el hombro más próximo. Una rompió a llorar con estertores histéricos.
+«La luna... la luna», murmuraba cada uno en su idioma. Y así estuvieron
+inmóviles largo tiempo, como si no la hubiesen visto nunca, hipnotizados
+por aquella cara de mofletes luminosos suspendida en el horizonte.
+
+Un norteamericano arrojó una botella con dirección al astro. Había que
+dar de beber a la gran señora. E inmediatamente, como si esta locura
+fuese contagiosa, una lluvia de botellas vacías o sin destapar fue
+cayendo en el Océano. Pasaban ante el luminoso redondel como una nube de
+proyectiles negros. Al agotarse la provisión, los comisionistas
+musculosos y los pastores de las praderas cogieron las sillas y las
+mesas de la cubierta, y todo comenzó a pasar sobre la borda, cayendo en
+el agua con ruidoso chapoteo.
+
+Palmoteaban unos, retorciéndose de risa por lo inesperado del
+espectáculo; gritaban otros, entusiasmados por el vigor y la rapidez con
+que saltaban los objetos del buque al mar; corrieron los camareros para
+dar aviso de estos desmanes, y apareció el mayordomo lanzando gritos y
+poniéndose con los brazos en cruz entre la borda y los tiradores.
+
+Hubo que hacer esfuerzos para apaciguar a los _cow-boys_, que
+encontraban el juego muy de su gusto. Ellos estaban prontos a pagar
+todos estos desperfectos y los que pudieran hacer los respetables
+_gentlemen_ que estaban en su compañía. «Y un _gentleman_ que paga,
+puede hacer lo que quiera.» Sacaban los billetes a puñados de los
+bolsillos de sus pantalones, indignándose de que por unos _dollars_
+vinieran a perturbar sus placeres, y únicamente se apaciguaron al verse
+de nuevo en el fumadero con toda la honorable sociedad, ante unas
+botellas que un amigo había guardado ocultas debajo de una mesa.
+
+--Y no hubo más--dijo Maltrana.
+
+Pero Ojeda insistió. Cerca del amanecer habían despertado muchos
+pasajeros que vivían en las inmediaciones del camarote de Isidro.
+Gritos, golpes a la puerta, llamamientos desesperados de timbre, llegada
+del mayordomo con su ronda de criados. ¿Qué había sido aquello?
+
+--Fue obra mía--contestó Maltrana bajando los ojos con modestia--. Me
+ocurrió lo de la otra noche. Apenas bebo un poco, me asalta el recuerdo
+de mi vecino el hombre lúgubre y quiero averiguar el misterio que guarda
+en el camarote inmediato.
+
+Había hablado a sus compañeros de esta novelesca vecindad, dando por
+real e indiscutible todo lo que él llevaba en su imaginación. Una gran
+señora, princesa rusa o archiduquesa austriaca--en esto dudaba
+Maltrana--, venía prisionera en el buque. Nadie la había visto, pero su
+hermosura era extraordinaria. Y su raptor y guardián era aquel hombre
+antipático, siempre de negro, con cara adusta...
+
+Le escucharon todos con gran interés: unos, conmovidos egoístamente por
+la hermosura de la dama; otros, noblemente indignados de que junto a
+ellos pudiese un hombre realizar este secuestro. El _cow-boy_ más viejo
+abría los ojos con asombro infantil. «¡Y la _mistress_ vivía encerrada
+contra su voluntad! ¡Y esto era posible!...»
+
+A los pocos minutos veíase Maltrana avanzando cautelosamente por el
+pasillo que conducía a su camarote, seguido de varios compañeros que
+marchaban en fila, conteniendo el aliento como si fuesen a sorprender a
+un enemigo dormido. Golpearon la puerta del hombre misterioso. «Señor:
+abra usted buenamente.» Le convenía evitar el escándalo y que su crimen
+quedase en el misterio. Era Maltrana el que se lo aconsejaba por su
+bien. Debía entregarles la llave del camarote inmediato y seguir
+durmiendo, si tal era su gusto... Inútil resistir, pues llegaba al
+frente de un ejército de héroes... ¿Se hacía el sordo? ¡A la una!... ¡a
+las dos!...
+
+Y los héroes cayeron con todo el empuje de sus cuerpos sobre la puerta
+del camarote vecino, para echarla abajo y libertar a la dama. «No tema
+usted, princesa: no grite. Somos amigos.» La recomendación de Maltrana
+fue inútil, pues la princesa no gritó ni se aproximó a la puerta. Cada
+golpazo del _cow-boy_ viejo conmovía toda la fila de camarotes. Sonó un
+estallido de gritos y maldiciones de gentes súbitamente despertadas.
+Vibró furiosamente a lo lejos el sonido de un timbre. Era el hombre
+misterioso que pedía auxilio.
+
+--Cuando, al presentarse el mayordomo, vio que intentábamos forzar la
+puerta de la princesa, se puso enfurecido como jamás le he visto: con
+una cólera de cordero rabioso. Nos faltó al respeto, amenazándonos con
+llamar al comandante para que nos metiese en la barra. A mí me prometió
+cambiarme de camarote hoy mismo, para que no repita mis intentos. Y todo
+esto me afirma aún más en la creencia de que hay un secreto, un gran
+secreto, en ese camarote cerrado. Había que ver la indignación del
+mayordomo cuando nos pilló en vías de descubrirlo... Y no se descubrirá,
+hay que perder la esperanza.
+
+Ojeda pareció interrogarle con sus ojos al oír esto.
+
+--No se descubrirá--continuó Isidro--, porque acabo de dar al mayordomo
+mi palabra de honor de no ocuparme más de mi vecino ni curiosear en el
+camarote inmediato. Sólo así me deja en el mío y no me obliga a pasar a
+otro menos cómodo... El hombre misterioso triunfa. ¡Cómo ha de ser!...
+Acabo de verlo, y para castigarle, no le he saludado... Y le negaré
+siempre el saludo, aunque él finge que no le importa. Eso le enseñará a
+callarse y a ser persona decente.
+
+Y como si le doliese tener que abandonar la empresa, dijo a Ojeda:
+
+--Usted podía dedicarse a este negocio. Si quiere, le presto mi camarote
+para espiar desde él. Fíjese bien... se trata de una princesa. Y
+seguramente que si es usted el que la busca, ella se dejará ver. Usted
+es de mejor presencia que yo: más guapo, más elegante.
+
+Fernando hizo un gesto de indiferencia y despego que pareció ofender a
+Maltrana, como si fuese dirigido contra una persona de su familia.
+¡Pobre princesa! ¡Verla abandonada así!...
+
+--Lo comprendo. Usted tiene por el momento cosas que considera
+mejores... Pero tal vez se engaña. ¡Quién sabe!... ¡quién sabe!
+
+Siguió escuchando Ojeda a su amigo, pero con cierta distracción,
+volviendo la cabeza siempre que notaba el paso de alguien por detrás de
+él. La cubierta estaba totalmente ocupada por los pasajeros: unos, en
+grupos movibles; otros, sentados a la redonda en los sillones,
+obstruyendo el paso. Todos estaban arriba... menos ella.
+
+Ansiaba verla Fernando y tenía miedo al mismo tiempo. Sentía la zozobra
+de la primera entrevista luego de la posesión, cuando se reflexiona
+fríamente, desvanecidos ya los arrebatos cegadores, y se calculan las
+consecuencias del gesto. ¿Qué expresión sería la suya al encontrarse
+como amigos, obligados al fingimiento después de una oculta
+intimidad?...
+
+Sonó el rugido de la chimenea, que indicaba la hora de mediodía. ¡A
+almorzar!... Abajo, en el comedor, Fernando sintió crecer su inquietud
+al ver que se llenaban todas las mesas y la de Maud seguía desocupada.
+Sucedíanse los platos; el almuerzo tocaba a su fin, y ella sin aparecer.
+
+Maltrana, apiadándose de su impaciencia, preguntó a un camarero por la
+señora norteamericana. ¿Estaba enferma?... Y el doméstico volvió al poco
+rato con noticias. Había pedido que la sirviesen el almuerzo en su
+camarote. Tal vez estaba indispuesta.
+
+Esto hizo que Ojeda comiese de prisa, con un visible deseo de escapar
+cuanto antes... ¡Maud enferma! Avanzó por el pasadizo que conducía a
+los departamentos de lujo en el mismo piso del comedor. Marchó con
+seguridad sobre la mullida alfombra hasta las proximidades de su propio
+camarote, pero al torcer con dirección al de Maud, fue adelantando
+cautelosamente, como el que acude a una cita amorosa y teme ser visto.
+Al final de un breve corredor, junto a un tragaluz, estaba la puerta de
+Mrs. Power, con una tarjeta que ostentaba su nombre. La puerta
+permanecía entreabierta e inmóvil, fija en esta posición por un gancho
+interior para que dejase entrar el fresco del pasillo.
+
+Fernando miró por el espacio abierto, sin ver otra cosa que la mitad de
+una mesa ocupada por artículos de tocador. Entre los cepillos, botes de
+perfume y pulverizadores parecía reinar la fotografía de un hombre
+encerrada en un marco de níquel. Era un buen mozo, de mandíbula
+enérgica, bigote recortado, ojos imperiosos y una gran flor en el ojal
+de la solapa. Indudablemente míster Power... Recordó Ojeda que en la
+noche anterior Maud se había arrancado de sus brazos en el primer
+momento, corriendo a aquella mesa con el ansia de reparar un olvido. Sin
+duda fue para ocultar al simpático _mister_, que otra vez ocupaba el
+sitio de honor, transcurridas las horas de ingratitud y de pecado.
+
+Tocó con los nudillos en la puerta tímidamente, y una voz interrogante,
+la de Maud, contestó con afabilidad: «¿Quién?...». Pero al dar Fernando
+su nombre, hubo cierto movimiento de sorpresa y revoltijo al otro lado
+de la puerta, como si Mrs. Power se incorporase sorprendida e irritada.
+«¡Ah, no! ¡imprudencias, no!...» Su voz temblaba, colérica,
+enronquecida; una voz despojada de pronto de su sedosa feminidad. Y como
+si temiese que el hombre audaz llevara su atrevimiento hasta levantar el
+gancho que fijaba la puerta, fue ella la que se adelantó a su acción,
+cegándola con rudo empuje, que puso en peligro una mano de aquél.
+
+Permaneció Fernando confuso ante la hermética hoja de madera. Balbuceaba
+excusas. Había venido para saber de la salud de la señora: temía que
+estuviese enferma. Pero ella cortó estas palabras humildes que
+imploraban perdón con otras breves y rudas como órdenes. Podía
+retirarse. No se venía sin permiso al camarote de una dama. Era una
+imprudencia comprometedora, indigna de un _gentleman_.
+
+Sintió más estupefacción que vergüenza al retirarse humillado. Pero ¿era
+Maud la que hablaba así?... ¿Sería un sueño lo de la noche anterior?...
+
+Repasaba en su memoria incidentes y palabras con la ansiedad de
+encontrar algo que hubiese podido ofenderla. Porque él estaba seguro de
+que sólo una ofensa involuntaria de su parte podía ser la causa de esta
+conducta. ¡Son tan susceptibles las mujeres!...
+
+No podía achacar este cambio de humor a una decepción sufrida por Maud.
+No; eso no. Lo afirmaba él, orgulloso de su poderío varonil. Recordaba
+satisfecho los suspirantes agradecimientos de la norteamericana, sus
+balbucientes elogios a la incansable vehemencia de una raza que, en
+ciertos extremos, consideraba muy superior a la suya, metódica y
+prudente; la humildad con que al amanecer había pedido misericordia,
+vencida por la fatiga y el sueño.
+
+«Esto pasará--se dijo Fernando--. Un capricho... tal vez cierto rubor;
+miedo de verme otra vez. A la tarde o a la noche hablaremos, y como si
+no hubiese ocurrido nada.»
+
+Arriba, en la cubierta de paseo, vio a la gente agolpada sobre una borda
+de estribor, mirando al mar. Una tromba: una tromba de agua en el
+horizonte. Miró como los otros, pero sin ver nada extraordinario. El
+cielo se había despejado con la mudable rapidez de la atmósfera
+ecuatorial. En su límpido azul sólo quedaba flotante una nube negra
+cerca de la línea del horizonte.
+
+Esta nube, que contemplaban todos, parecía una flor de pétalos
+vaporosos, con un largo vástago que descendía en busca del agua. Pero
+este vástago perdía de pronto su rigidez, tomando la forma de una
+sanguijuela que se estiraba sin llegar con su boca al Océano. Un espacio
+de color violeta quedaba entre la superficie atlántica y el extremo de
+la manga; y sin embargo, no por esto dejaba de verificarse la colosal
+succión. El mar levantábase debajo de la nube en forma de canastillo, y
+este redondel acuático coronado de espumas cambiaba de sitio así como el
+cono nebuloso iba corriéndose por el cielo.
+
+Se deshizo al fin la tromba, restableciéndose la uniforme tersura del
+horizonte. Los pasajeros, terminado el espectáculo, volvieron a formar
+corros en la cubierta o se ocultaron en el fumadero y el jardín de
+invierno. Bromeaban acerca de la ceremonia que iba a verificarse aquella
+misma tarde. Asomábanse al balconaje de proa para ver abajo la gran pila
+del bautizo, improvisada en el combés con maderos y lonas impermeables:
+una piscina de natación que recibía agua continua del mar por una manga
+y derramaba parte de su contenido con el balanceo del buque.
+
+Los sesteantes abandonaron sus camarotes a las cuatro de la tarde y
+subieron a las cubiertas, parpadeando deslumhrados por el ardor del sol.
+La música, acompañada de gritos y gran batahola infantil, recorría el
+buque. Neptuno acababa de subir a bordo. Nadie había visto por dónde,
+pero la presencia del dios con su bizarro cortejo era indiscutible.
+
+Alineábase la gente en el paseo para ver desfilar el cortejo
+carnavalesco. Primero, la banda, precedida del pasaje menudo: niñeras
+empujando los cochecillos infantiles; muchachos inquietos que saltaban y
+se empujaban, coreando a todo gañote la marcha que tocaban los músicos.
+Después, un pielroja con grandes penachos y un hacha enorme, cubiertas
+sus desnudeces con sudoroso almazarrón, y dos negros casi en cueros, sin
+otras superfluidades que unos taparrabos de crin, huecos como
+faldellines de bailarina, y una lanza al hombro. Estos negros
+falsificados, con el cuerpo reluciente de betún, enseñaban por debajo de
+la peluca ensortijada sus ojos azules. A continuación, cuatro gendarmes
+de cascos abollados y sables herrumbrosos; y tras esta escolta de honor,
+Neptuno, el de las blancas barbas, con diadema de latón y cara de
+borracho; un astrónomo y su ayudante, con luengos fracs de percalina y
+sombreros de copa alta pintarrajeados de estrellas; un escribano con
+toga y birrete, seguido de su ayudante, que llevaba los libros; y el
+barbero del dios, favorito y bufón a un tiempo, lo mismo que ciertos
+rapabarbas históricos consejeros de los antiguos reyes.
+
+Luego de recorrer todos los pisos del castillo central, descendió la
+procesión al combés, instalándose junto a la piscina. Los emigrantes,
+acorralados en la proa tras una valla de cuerdas, contemplaban en
+silencio la grotesca ceremonia. Los balconajes del castillo central
+llenábanse de gentío. Desde la explanada de proa abarcábase en conjunto
+su enorme fachada blanca, semejante a la de un palacio en construcción,
+cortada por galerías de un extremo a otro y rematada por un kiosco que
+era el puente. Sobre las filas de curiosos asomados a los diversos
+balconajes aparecían otros subidos en bancos y sillas, avanzando las
+cabezas para ver mejor la fiesta. El puente de derrota también estaba
+invadido por los pasajeros, y entre las gorras blancas de los oficiales
+que allá en lo alto escrutaban el mar y vigilaban la marcha del buque
+brillaba el tono rubio de algunas cabezas femeniles y ondeaban velos de
+colores.
+
+El astrónomo carnavalesco y su ayudante tomaron la altura con ridículos
+instrumentos de náutica, y al hacer la declaración de que estaban
+exactamente en la línea, Neptuno, con un golpe de tridente, dio
+principio a la ceremonia. El escribano leía en un libro sostenido por su
+amanuense. Las palabras alemanas, al surgir rudas y sonoras por entre
+sus barbas de cáñamo rojo, provocaban en los balconajes una explosión de
+carcajadas y rubores femeniles. Era la risa gruesa que acompaña a los
+chistes equívocos. «¿Qué dice? ¿que dice?», preguntaban los más, al no
+entender estas agudezas germánicas. Y aunque no obtuviesen contestación,
+reían igualmente.
+
+Ojeda y Maltrana, que estaban en el combés, cerca de los grotescos
+personajes, avanzaban la cabeza como si pretendiesen entender algo de
+este relato.
+
+--¿Qué dice, Fernando?... Las palabras tienen cierto runrún, como si
+fuesen versos.
+
+--Son aleluyas. No entiendo bien, pero me parecen bobadas para hacer
+reír a esta buena gente.
+
+Terminó la lectura con un sonoro trompeteo de los músicos, y los dos
+negros, abandonando sus azagayas, se lanzaron de cabeza en la piscina,
+haciendo varias suertes de natación y quedando largo rato con los pies
+en alto y la cabeza sumergida, flotando sobre la superficie el faldellín
+de crines. Gritaban las señoras con risueño escándalo; volvían la cabeza
+algunas madres en busca de sus niñas, para recomendarles que no mirasen.
+Pero pronto se restablecieron la calma y la confianza, por tratarse de
+negros civilizados, negros protestantes, que usaban púdicos disimulos
+debajo del taparrabos.
+
+Sus gracias natatorias quedaron casi olvidadas por los preparativos
+grotescos que hacía el barbero. Sacaba a la luz sus aparatos, y cada uno
+de ellos era saludado con grandes risas: una navaja de afeitar del
+tamaño de un hombre; unas tenazas no menos grandes, que servían para
+arrancar muelas, todo de madera pintada; una brocha que era una escoba,
+con la que revolvía el líquido de un tanque, echando puñados de yeso que
+figuraban ser polvos de jabón. Afiló la navaja en una gran pieza de tela
+que sostenían dos grumetes; probó las tenazas intentando cazar con ellas
+la cabeza de uno de los negros, que las esquivó sumergiéndose en la
+piscina; apreció la densidad de la pasta blanca del cubo salpicando con
+un asperges de la escoba a los más vecinos; y las buenas gentes
+celebraban con gran regocijo todas sus travesuras.
+
+Empezó el desfile de neófitos. El escribano leía nombres, y avanzaban
+entre dos gendarmes los que debían recibir el bautizo, descalzos, sin
+más traje que las ropas interiores o un simple pijama. Eran pasajeros de
+primera clase que accedían a tomar parte en la ceremonia, y cuya
+presencia saludaba el público con gritos y aclamaciones. Reían las
+mujeres con maliciosa delectación al contemplar en tal facha a los
+mismos señores que se pavoneaban en el paseo o en el comedor con
+estiramiento ceremonioso.
+
+Sólo desfilaban los alemanes que hacían su primer viaje al otro
+hemisferio, amigos de las tradiciones, que se hubiesen creído
+defraudados en sus intereses y disminuidos en su prestigio al
+proponerles alguien que se ahorrasen esta ceremonia grotesca y penosa.
+
+Era costumbre antigua sufrir el bautizo de la línea, y ellos no
+renunciaban a lo que de derecho les correspondía. Además, era un honor y
+una satisfacción contribuir al regocijo de los compañeros de viaje a
+costa de la propia persona. Al surgir en la lista de los destinados al
+bautizo un nombre que no era alemán, el escribano se abstenía de
+repetirlo y pasaba a otro. Sabían los del buque, por varias
+experiencias, que sólo el buen humor germánico se prestaba con gusto a
+estos juegos. Las gentes morenas, susceptibles en extremo y con gran
+miedo al ridículo, tomaban como ofensas estas bromas inocentes.
+
+Ponían los gendarmes al neófito en manos del barbero, y éste lo hacía
+sentar sobre una escalerilla al borde de la piscina. Los dos negros se
+agitaban detrás de él mojándole las espaldas con furiosas rociadas que
+le hacían estremecer, mientras el rapabarbas procedía a su tocado. Le
+embadurnaba con la pasta blanca, pugnando por sostener al paciente, que
+intentaba librar los ojos y la boca del tormento de la escoba. Fingía
+afeitarle con el horripilante navajón; intentaba introducir entre sus
+labios las enormes tenazas para extraerle una muela, y mientras tanto,
+el escribano pronunciaba la fórmula del bautizo: «Por la gracia de
+nuestro dios Neptuno te llamarás en adelante...». Y le daba un nombre:
+tiburón, cangrejo, bacalao, ballena, según el aspecto caricaturesco de
+su persona, apodos que encontraban eco en la fácil hilaridad del
+público.
+
+Soltaba un rugido la trompetería al terminar su fórmula el escribano;
+apoyaba sus puños el barbero en el pecho del neófito, tiraban de él los
+negros, y caía de espaldas en la piscina con un chapoteo que salpicaba a
+larga distancia. Desaparecía en el líquido turbio cubierto de vedijas de
+yeso. Los negros pesaban sobre él para mantener su inmersión lo más
+posible, y al fin resurgían los tres hechos un racimo, luchando con
+furiosas zarpadas que provocaban risas. Y el bautizado salía chorreando,
+sin otra preocupación que mantener las manos cruzadas sobre el vientre
+para evitar indecorosas transparencias, llevando en sus ropas las
+huellas obscuras de las manos de los negros, mientras éstos ostentaban
+en sus brazos desteñidos las manos blancas marcadas por el neófito
+durante la lucha.
+
+Iba lanzando nombres el escribano, y algunos, al no obtener respuesta,
+provocaban la intervención de la fuerza pública. Obedeciendo a una seña
+del mayordomo, salían los ridículos gendarmes en busca del fugitivo por
+todo el buque. Era alguno que deseaba aumentar la alegría pública con
+este incidente de su invención. Y cuando al fin se dejaba coger,
+aparecía, lo mismo que una tortuga en su caparazón, bajo las vueltas del
+cable con que le habían sujetado sus aprehensores. El barbero se
+ensañaba con él, prolongando las bárbaras operaciones de aseo, y los
+negros libraban un verdadero pugilato para no dejarle salir de la
+piscina.
+
+--_Herr Maltrana._
+
+Apenas dijo esto el escribano, una alegría loca se esparció por el
+combés, ganando los balconajes del castillo central. Hasta los
+emigrantes de la proa salieron de su inmovilidad. Todos los que hasta
+entonces habían permanecido indiferentes ante unos hombres faltos de
+significación, rompieron de pronto a gritar, se agitaron lo mismo que
+una turba que invade una escena. «¡Maltrana! ¡Que salga Maltrana!» Las
+nobles matronas volvían a él sus ojos desde las alturas y agitaban las
+manos para que obedeciese sus deseos. El doctor Zurita y otros
+argentinos abandonaron la tranquilidad zumbona con que habían
+presenciado hasta entonces las «pavadas de los gringos», para hacer
+señas a Isidro, incitándole a que diese gusto a las familias. «¡Ah,
+gaucho valiente!... ¡A ver si hacía una de las suyas!» Hasta los niños
+palmoteaban con entusiasmo. «¡Don Isidro!... ¡Que salga don Isidro!» El
+héroe se levantó, saludando con ironía y orgullo al mismo tiempo.
+
+--¡Qué ovación!... ¡Gracias, amado pueblo!
+
+Pero al volver a encogerse en uno de los mástiles horizontales de carga
+que servía de asiento a él y a Fernando, ocultándose con modestia detrás
+de su amigo, redoblaron furiosas las peticiones del público. Dos
+gendarmes iniciaron un avance hacia él.
+
+--Va usted a ver, Ojeda, como esto termina mal--dijo con rabia--. Yo no
+vengo aquí para hacer reír... Al primer tío de ésas que me toque, le
+suelto un mamporro.
+
+El mayordomo, discreto, adivinando los pensamientos de Maltrana, hizo
+una seña; los gendarmes volvieron sobre sus pasos y el escribano se
+apresuró a dar otro nombre:
+
+--_Herr Doktor Muller._
+
+Un estallido de alegría germánica borró los últimos murmullos de la
+decepción causada por Isidro. La risa fue general al ver entre los
+gendarmes al «doktor»--el mismo del que hablaba Maltrana en Tenerife--,
+enorme de cuerpo, grave de rostro, con sus barbas de un rojo entrecano y
+gruesos cristales de miope. Acogió con una risa infantil la ovación
+burlesca del público y fue a sentarse en la escalerilla de la piscina
+como en lo alto de una cátedra. «El deber es el deber--parecía decir
+con las frías miradas en torno suyo--. La disciplina es la base de la
+sociedad; y hay que amoldarse a lo que pidan los más.»
+
+Se quitó los zapatos, colocándolos meticulosamente, sin que uno
+sobrepasase al otro un milímetro; se despojó de las gafas,
+entregándoselas a un grumete, como si fuesen un objeto de laboratorio, y
+sin perder su noble calma, mirando a todos con ojos vagos
+desmesuradamente abiertos, comenzó a despojarse de las ropas, hasta que
+los gritos femeniles y las risas de los hombres le avisaron que no debía
+seguir adelante.
+
+Ojeda contemplaba al «doktor» con cierto asombro. Iba a América
+contratado por un gobierno para dar lecciones de química en la
+Universidad del país. Gozaba de algún renombre en los laboratorios de su
+patria... Y estaba allí aguantando las enjabonaduras y payasadas del
+barbero, estremeciéndose bajo las rociadas de los negros, sin conocer lo
+grotesco de una situación que hubiese irritado a otros, satisfecho tal
+vez de contribuir al regocijo de esta muchedumbre fatigada por la
+monotonía del Océano. Sonó el trompetazo del bautizo, y el «doktor»
+chapoteó en la piscina, defendiéndose de las manotadas de los negros,
+ridículo en su aturdimiento de miope, majestuoso por la importancia que
+concedía al acto y la seriedad con que se alejó chorreando agua sucia
+por ropas y barbas, luego de recobrar sus anteojos.
+
+Continuó la fiesta con visible decaimiento de la curiosidad. Desfilaron
+gentes del buque: grumetes que hacían su primer viaje, fogoneros de
+larga navegación por los mares septentrionales que no habían estado en
+el hemisferio Sur. Y los encargados del bautizo extremaban sus bromas
+con una brutalidad confianzuda en las cabezas rapadas y los torsos
+desnudos de estos que eran sus compañeros.
+
+Ojeda, durante la larga ceremonia, había mirado muchas veces a los
+balconajes del castillo central, esperando ver a Maud entre las señoras
+asomadas a ellos. Pero la norteamericana permanecía invisible. Al fin,
+cuando no quedaban ya neófitos y los grotescos personajes iban a
+retirarse, precedidos por la música, la vio en un extremo del mirador de
+la cubierta de paseo, oculta detrás de la señora Lowe, asomando sobre un
+hombro de ésta la frente y los ojos, lo necesario para ver. Fernando
+pensó que tal vez hacía horas le miraba Maud, sin que él se percatase de
+ello, y esto le produjo cierta irritación.
+
+Se separó de su amigo para dirigirse corriendo a los pisos altos del
+buque, y antes de llegar a ellos oyó que la música rompía a tocar una
+marcha. El cortejo neptunesco avanzaba hacia la terraza del fumadero,
+donde iban a ser bautizadas las señoras. La gente abandonaba los
+balconajes para correr a este último sitio.
+
+Cerca del jardín de invierno encontróse con Maud, que marchaba entre los
+esposos Lowe. Cruzaron un saludo, y Ojeda experimentó instantáneamente
+una sensación de extrañeza. Mrs. Power parecía otra mujer. Casi sintió
+deseos de pedirla perdón, como el que se equivoca confundiendo a un
+extraño con una persona amiga. Ella inclinó la cabeza con una sonrisa
+insignificante: le saludaba como a cualquier otro pasajero. Sus ojos se
+fijaron en los suyos tranquilamente, sin el más leve asomo de turbación,
+cual si no existiesen entre ambos otras relaciones que las ordinarias en
+la vida común de a bordo.
+
+Hablaron los cuatro del bautizo, y el hercúleo Lowe comentó los
+incidentes. Míster Maltrana no había querido dejarse bautizar. ¿Por
+qué?... Él había pasado la línea varias veces, prestándose siempre a
+esta ceremonia. En el _Goethe_ también se habría ofrecido, a no oponerse
+la señora. Una fiesta divertida. Pero míster Maltrana, tenía miedo...
+¡Oh! ¡oh! ¡oh! Y reía, mostrando la luenga dentadura incrustada de oro.
+
+Caminaron todos hacia la terraza del café para presenciar la ceremonia
+del bautismo femenil. Mrs. Lowe, con el instinto de solidaridad que hace
+adivinar a toda mujer el instante oportuno de ayudar a una amiga,
+permaneció agarrada de un brazo de Maud, interponiéndose entre ella y
+Fernando.
+
+Éste buscó en vano una sonrisa leve, una ojeada de inteligencia.
+Necesitado de consuelo, alababa interiormente la discreción de Maud, la
+facilidad de su raza para dominarse, ocultando sus impresiones. «¡Qué
+bien finge!... Nadie adivinaría lo que hay entre nosotros...» Pero
+tornaba a su memoria el recuerdo de la penosa escena frente a la puerta
+del camarote. Temblaba en sus oídos el eco de aquella voz casi masculina
+enronquecida por la cólera... Y con triste humildad pretendía buscar en
+su conducta algo que explicase esta desgracia. «Pero ¿qué he hecho yo,
+Señor? ¿En qué he podido ofenderla?...»
+
+Neptuno, en mitad de la terraza con todo su séquito, procedió al bautizo
+de las pasajeras. Ocupaban éstas varias filas de bancos, como en un
+colegio, y cada vez que se levantaba una para recibir el agua lustral,
+los músicos lanzaban por sus largos tubos de cobre un rugido de bélica
+trompetería semejante al de las escenas wagnerianas.
+
+El dios había suprimido galantemente las inmersiones en agua del mar.
+Tenía en una mano un gran pulverizador lleno de perfume, y rociaba con
+él las cabezas reverentes: unas, rubias y despeluchadas por el viento;
+otras, negras lustrosas, consteladas por el brillo de las peinetas. Todo
+el regocijo de la ceremonia estribaba en los nombres que iba imponiendo
+la divinidad a sus catecúmenas con murmullos aprobadores o carcajadas
+generales.
+
+La imaginación del mayordomo y de los camareros de algunas letras había
+dado de sí todo su jugo para halagar a las pasajeras con los nombres de
+estrella marina, rosa del Océano, céfiro del Ecuador, etc. Las señoras
+mayores eran ondina, ninfa atlántica, náyade, lo que las hacía volver a
+sus asientos ruborizadas, con el doble mentón tembloroso, entre los
+murmullos aprobadores y un tanto irónicos de la concurrencia. Con sus
+compatriotas se permitían los buenos alemanes inocentes bromas para
+regocijo del público. Una flaca quedaba en su bautismo con la
+designación de «sardina»; otra obesa recibía el nombre de «tritona».
+
+Maud pareció cansarse de esta ceremonia. Miraba a todos lados, pero
+evitando que sus ojos se encontrasen con los de Fernando. Un pasajero se
+acercó a las dos señoras con la gorra en la mano y el aire galante, lo
+mismo que si se ofreciese para una danza.
+
+--Cuando ustedes quieran... La mesa está preparada en el salón.
+
+Era Munster invitándolas a una partida de _bridge_. Al fin triunfaba su
+tenacidad. Había encontrado compañeros de juego en aquellos tres
+norteamericanos, convenciéndolos una hora antes, mientras presenciaban
+la ceremonia del bautizo. Maud acogió la invitación alegremente, como si
+el _bridge_ fuese un buen pretexto para aislarse de importunas
+presencias.
+
+Se alejó con sus amigos después de un saludo indiferente a Fernando, y
+éste la vio caminar sin que volviese la cabeza, sin un indicio de
+vacilación y de arrepentimiento. Otra vez se sintió afligido por una
+falta suya que no sabía cuál fuese, pero que justificaba esta conducta
+inexplicable. «¿Qué le he hecho yo, Señor?... ¿Qué le he hecho?...»
+
+Con la vil humildad de todo enamorado en desgracia, fue al poco rato
+tras de ella, a pesar de las sugestiones de una falsa energía que le
+aconsejaba mostrarse altivo e indiferente.
+
+Sus piernas le llevaron con irresistible impulso a las cercanías del
+salón, y contempló a Maud con los naipes en la mano, el entrecejo
+fruncido y la mirada dura ante sus compañeros de juego.
+
+Al levantar ella sus ojos, vio a Fernando encuadrado por la ventana,
+contemplándola fijamente, y tuvo un gesto de enfado, lo mismo que si se
+encontrase con algo que estremecía sus nervios y quebrantaba su
+paciencia. Fernando huyó, sufriendo la misma sensación que si acabase de
+recibir un golpe en la espalda... Dudaba de la realidad de los hechos y
+aun de su misma persona. ¿Estaría soñando?... ¿Serían invención suya los
+recuerdos de la noche anterior?...
+
+Vagó por el buque, de una cubierta a otra, hasta encontrar a Isidro en
+la terraza del café. No quedaba en ella ningún rastro de la fiesta del
+bautizo: los pasajeros se habían esparcido. Maltrana parecía furioso por
+los excesos y molestias de su popularidad. No podía circular por el
+buque sin que sus numerosos y queridos amigos le saliesen al paso con
+aires de protesta. Las señoras parecían inconsolables. ¿Por qué no se
+había dejado bautizar? ¡Tan interesante que hubiese sido el
+espectáculo!...
+
+--Como si yo fuese un mono, amigo Ojeda... como si me hubiese embarcado
+para hacer reír... Crea usted que siento la tristeza de un grande hombre
+convencido de la ingratitud de su pueblo.
+
+Y tras esta afirmación, acompañada de un gesto cómico, Isidro volvió a
+acodarse en la barandilla, mirando a los emigrantes septentrionales
+amontonados abajo, en la explanada de popa.
+
+--Hace rato que estoy aquí recordando a los marinos de otros siglos y
+sus opiniones sobre las virtudes de la línea equinoccial. ¿No se acuerda
+usted?...
+
+Los primeros navegantes que habían pasado al otro hemisferio daban por
+seguro que en la línea morían todos los parásitos que se albergaban en
+los cuerpos de los marineros y en las rendijas de las naves. Y esta
+creencia no era solamente de los descubridores españoles; franceses e
+ingleses la adoptaban igualmente, llegando a ser durante muchos años una
+verdad universal.
+
+--Pasadas las Azores--dijo Maltrana--, empezaban a despoblarse de
+sanguinarias bestias las cabezas y barbas de los tripulantes, y al
+llegar a la línea no quedaba una para recuerdo. Esta clase de huéspedes
+incómodos no era entonces propiedad exclusiva de un pueblo o de otro.
+Todos los de Europa la poseían por igual, y hasta los reyes gozaban el
+placer del rascuñón y el entretenimiento de la cacería a tientas.
+Figúrese lo que serían aquellos buques pequeños con las tripulaciones
+amontonadas y la madera corroída por toda clase de bichos repugnantes...
+Como al llegar a la línea el calor hacía que los marineros anduviesen
+medio desnudos y aprovechasen las largas calmas dándose baños, esta
+higiene momentánea exterminaba los temibles compañeros, justificando la
+creencia de que morían por falta de aclimatación al pasar de un
+hemisferio a otro.
+
+El sanguinario tigre de las selvas capilares, la bestia carnívora
+saltadora en las cumbres y hondonadas de los pliegues de la ropa, había
+figurado durante siglos como personaje interesante en muchas obras
+literarias. Cervantes reía de él y de su fingida muerte en el límite de
+los dos hemisferios al relatar «la aventura del barco encantado», cuando
+Don Quijote y su escudero flotaban sobre el Ebro en un bote sin remos...
+El iluso paladín creía estar a los pocos minutos de navegación cerca de
+la línea equinoccial; y para convencerse, recomendaba a Sancho que
+buscase en sus ropas para ver si encontraba «algo»... «Algo y aun
+algos», contestaba el escudero socarrón hurgándose el pecho.
+
+--Pensaba yo en esto, amigo Ojeda, mirando a los respetables patriarcas
+que van abajo con sus hopalandas de pieles a pesar del calor. «Algo y
+aun algos». Para ésos, la línea ha perdido su antigua virtud... Mírelos:
+¡rasca que rasca!...
+
+Y señalaba a algunos emigrantes que contemplaban el Océano con aire
+pensativo, como figuras sacerdotales de hierática majestad, envueltos en
+luengas vestiduras, mientras sus dedos ganchudos se paseaban por las
+barbas, se hundían bajo el gorro de piel o avanzaban entre los pliegues
+y repliegues del pecho.
+
+--Vámonos de aquí--dijo Ojeda nerviosamente, como si no le inspirase
+confianza la altura que los separaba de estos personajes.
+
+Notaron al pasear por la cubierta la escasez de señoras. Algunas que se
+mostraban por breves momentos parecían preocupadas con la busca de algo
+importante. Luego desaparecían, como si se les ocurriese una idea nueva
+o hubieran adquirido un dato que modificaba su mal humor.
+
+--Se están preparando para la fiesta de esta noche--dijo Maltrana--.
+Gran baile de disfraces, y durante la comida más mojigangas como la del
+bautizo.
+
+El día se prolongó con una monotonía abrumadora. Brillaban aún en el
+horizonte los últimos fuegos solares, cuando las trompetas anunciaron el
+banquete.
+
+Las banderas, las guirnaldas de rosas, todos los adornos multicolores de
+las grandes fiestas, engalanaban el comedor. Empezó el servicio sin que
+estuviesen ocupadas muchas de las mesas. Numerosos pasajeros permanecían
+en el antecomedor para gozar antes que los otros de las anunciadas
+novedades.
+
+Retardaban su entrada las señoras, con el deseo de que sus disfraces
+alcanzasen mayor éxito. Esperaban, lo mismo que las actrices, a que la
+sala tuviese buen público, y sus doncellas o los hombres de la familia
+iban del camarote al comedor para echar un vistazo y volver con
+noticias. Cada familia quería que las otras fuesen por delante, y así
+dejaban pasar el tiempo sin decidirse.
+
+Estaban los pasajeros en el tercer plato, cuando empezaron a presentarse
+las disfrazadas, todas de golpe. Acogían ruborosas los aplausos y gritos
+de entusiasmo, y así iban hasta sus asientos escoltadas por la familia.
+Pasaban entre las mesas damas rusas de alta diadema y vestiduras
+rígidas; niponas de menudo andar; polonesas con dolmanes ribeteados de
+pieles blancas; marineritos tentadores que enfundaban sus juveniles
+prominencias en un traje blanco cedido por un grumete.
+
+--_¡Ollé! ¡Ollé!... ¡Carmén!_
+
+Era Conchita, con mantilla blanca, falda corta y grandes movimientos de
+abanico, que entraba, protegida por doña Zobeida, sonriente y maternal
+ante este triunfo.
+
+Los hombres también figuraban en la mascarada. Muchos no tenían otro
+disfraz que una nariz de cartón o unos bigotes de crepé, conservándolos
+a pesar de que estorbaban su comida. Algunos aparecían con grandes
+chambergos, poncho en los hombros y espuelas, que hacían resonar
+belicosamente. Eran comisionistas ansiosos de color local, que
+declaraban ir vestidos de gauchos de las Pampas o de rotos chilenos.
+
+--¡Ah, gaucho lindo! ¡Tigre!--exclamaban con burlón entusiasmo los
+muchachos sudamericanos--. ¡Ah, rotito!... ¡Huaso gracioso!...
+
+Y los mascarones, apoyando la diestra en el machete viejo o el cuchillo
+de cocina que llevaban al cinto para «estar más en carácter», sonreían
+agradecidos.
+
+--_Ich danke_... Mochas grasias.
+
+Algunos comían entre sudores de angustias, disfrazados de derviches con
+mantas de cama. Un grave alemán se había puesto el chaleco salvavidas
+que guardaba todo camarote por precaución reglamentaria. Encerrado como
+un crustáceo en este caparazón de corcho, manteníase lejos de la mesa a
+causa del volumen de su envoltura, teniendo que realizar todo un viaje
+cada vez que sus manos iban de los platos a la boca. Un asombro burlesco
+le había saludado con ruidosa ovación, y satisfecho de tal triunfo,
+aguantaba el martirio, siendo el primero en admirar su prodigiosa
+inventiva.
+
+Las doncellas de los camarotes de lujo iban de mesa en mesa, disfrazadas
+de campesinas del Tirol, regalando flores. Otros criados, vestidos de
+buhoneros alemanes, ofrecían las chucherías que llevaban en un cajón
+sobre el pecho. Un grumete pintado de negro descolgábase con ayuda de
+una cuerda por la claraboya que comunicaba el salón de música con el
+comedor, y pregonaba, a estilo de los vendedores de diarios, el
+_Aequator Zeitung_, periodiquito impreso a bordo en la prensa que servía
+para el tiraje de _los menús_ y las listas de pasajeros. La minúscula
+hoja repetía en todos los viajes los mismos chistes y versos dedicados
+al paso de la línea. El mayordomo, de pie en la entrada del comedor,
+puesto de frac con botones dorados, parecía presidir el banquete,
+sonriendo modestamente, como si agradeciese las mudas felicitaciones del
+público por el buen arreglo de la fiesta.
+
+Sobre las mesas elevábanse pirámides multicolores de cucuruchos con
+sorpresas. Tiraban de sus extremos los comensales, produciéndose un
+estallido fulminante, y de las envolturas surgían menudos objetos de
+adorno, mariposas y flores de gasa, minúsculas banderas, gorros de
+papel. Se ornaban los pechos de las señoras con estas chucherías
+brillantes; la solapa de todo _smoking_ lucía como una condecoración la
+banderita nacional del portador. Cubríanse las cabezas con los gorros de
+papel de seda, crestas de aves, mitras asiáticas, sombreros de _clown_,
+que contrastaban grotescamente con el gesto ávido de los comilones.
+
+Después del asado desaparecieron los camareros, y todas las luces se
+apagaron de golpe. Esta obscuridad absoluta provocó, luego de un
+silencio de sorpresa, gritos y silbidos. Los malintencionados imitaban
+en las tinieblas chasquidos de besos; otros lanzaron bramidos de
+animales. Pero el estruendo fue de corta duración.
+
+Sonó a lo lejos la música y brillaron en el antecomedor luces rojas y
+verdes, una línea de faroles llevados en alto por los camareros. Este
+resplandor, amortiguado por los vidrios de colores, iluminaba
+discretamente con luz suave. Era la «marcha de las antorchas» de toda
+fiesta alemana. Los pasajeros, atraídos por el ritmo de la música,
+empezaron a golpear a compás con sus cuchillos los platos y los vasos. Y
+entre este tintineo general, que casi ahogaba los sonidos de los
+instrumentos, desfiló la comitiva: el tambor mayor al frente de la
+banda; toda la servidumbre portadora de faroles; las camareras
+disfrazadas de floristas, y un gran número de animales, osos, perros y
+leones, mozos de buena fe, que sudaban bajo los forros de pieles y
+movían de un lado a otro sus cabezas de cartón rugiendo o ladrando. Dos
+hombres apoyados uno en otro marchaban invisibles bajo un caparazón que
+imitaba el pellejo coriáceo de un elefante, moviendo entre las mesas la
+trompa serpentina del monstruo y sus orejas de abanico. Otros camareros
+venían después, sosteniendo platos luminosos, grandes bandejas, en cuyo
+interior elevábanse los helados en forma de castillos, aves o
+_chalets_, todos bajo campanas de cristal de diversos colores y con una
+bujía en el centro.
+
+Cerraban la marcha varias señoritas de gran sombrero y rubia cabellera
+suelta, que sonreían impúdicamente a los hombres enviándoles besos. Eran
+la escolta de honor de tres matronas de hermosos brazos y majestuoso
+andar, con túnicas blancas y el purpúreo gorro frigio sobre las negras y
+ondulosas crenchas. Se las reconocía por el color y los adornos
+heráldicos de sus mantos: la República del Brasil, la República de
+Uruguay y la República Argentina.
+
+Esta aparición hizo circular entre los pasajeros un movimiento de
+sorpresa, de ansiedad, como si todos sintiesen a la vez el latigazo del
+deseo. ¿Dónde habían estado ocultas hasta entonces aquellas buenas
+mozas?...
+
+Munster requirió sus lentes para apreciar mejor la novedad. Isidro, que
+afirmaba conocer a todos los del buque, se incorporó asombrado... ¿De
+dónde salían estas muchachas?... Eran superiores en su esbeltez fresca y
+dura a todas las camareras flácidas y de talle cuadrado que servían en
+el buque.
+
+Pero la ojeada atrevida de una de aquellas beldades que danzaban ante
+las tres repúblicas y el beso que le envió con la punta de los dedos
+hicieron que Maltrana reconociese de pronto su rostro oculto tras los
+rizos ondulosos y la capa de colorete y polvos de arroz.
+
+--¡Cristo! ¡Si es el _steward_ de mi camarote!...
+
+Admiró a la luz algo difusa de los faroles las formas y contoneos de
+estos efebos rubios de carnes blancas y depiladas, así como su facilidad
+para transformarse.
+
+--Cualquiera reconoce a los mismos que por la mañana limpian los
+camarotes, sacuden las camas y manejan los cacharros de aguas sucias...
+Fíjese, Ojeda: ¿quién no se equivoca?... Ahora lo comprendo todo.
+
+La afeminada comparsa avanzó entre las mesas, seguida del asombro de las
+señoras y los atrevimientos burlescos de los hombres. Algunos de éstos
+saltaban del requiebro a la acción, pellizcando al paso a las revoltosas
+señoritas, que contestaban con chillidos de miedo y pudorosos respingos.
+
+Se inflamaron de pronto las luces del techo, huyeron máscaras y
+animales, como un aquelarre sorprendido por la salida del sol, y
+únicamente quedaron en el comedor los camareros con sus bandejas de
+helados, comenzando el reparto.
+
+Ojeda había mirado varias veces a la mesa cercana, donde comía sola Mrs.
+Power. Estaba vestida con gran elegancia y sobre la carne pálida de su
+escote centelleaban varios brillantes.
+
+--Parece preocupada--había dicho Isidro al principio de la comida--.
+Está sin duda de mal humor. No le mira a usted, Ojeda, como otras veces.
+¿Es que ya no son amigos?...
+
+Transcurrió la comida sin que Fernando consiguiese encontrar sus ojos
+con los de la norteamericana. Miraba ella a todos lados con aire
+distraído, y evitando poner sus ojos en la mesa cercana. Al terminar el
+desfile, cuando la alegría general hacía conversar a unos grupos con
+otros, las obsequiosidades de Munster le hicieron volver el rostro hacia
+los vecinos. El joyero, con una cortesía melosa, elevaba su copa de
+champán en honor de la señora. Maud le contestó con una inclinación de
+cabeza, elevando también su copa; y para no parecer desatenta, repitió
+el movimiento mirando a Isidro y luego a Ojeda. Ni la menor emoción en
+sus ojos claros y fríos. Un gesto de cortesía y nada más.
+
+Munster, orgulloso de la amistad que le unía a aquella señora con motivo
+del _bridge_, la invitó a reanudar el juego. Antes del baile podían
+hacer una nueva partida en el salón de música: los esposos Lowe estaban
+dispuestos... Y ella movió la cabeza con expresión de cansancio. No
+sabía qué decir... Tal vez más tarde se decidiese a aceptar... Estaba
+fatigada.
+
+Fernando miró con odio a su compañero de mesa. Pero ¿este viejo teñido
+por qué se interponía entre él y Maud con su maldito _bridge_?... Creyó
+ver en él cierta expresión de petulancia, el orgullo de su amistad
+naciente con aquella señora que hasta entonces sólo se había fijado en
+Ojeda... No habría _bridge_: lo juraba Fernando en su interior. Maud se
+había vestido elegantemente para asistir al baile, y no terminaría la
+noche sin que los dos tuviesen una explicación. Necesitaba conocer el
+motivo de su conducta inexplicable.
+
+Después de la comida la vio en el jardín de invierno tomando el café con
+los Lowe. El señor Munster fue a su mesa para repetir la invitación, y
+Maud le contestó con movimientos negativos.
+
+Experimentó Ojeda con esto la primera satisfacción de toda la noche.
+¡Muy bien! Así aprendería el viejo importuno a no creerse en plena
+intimidad. Además se imaginó, con un optimismo inexplicable, que esta
+negativa era a causa de él. Tal vez Maud deseaba igualmente una
+entrevista, al desvanecerse su enfado inexplicable. ¡Quién sabe!...
+
+Transcurrió una hora sin que ocurriese en el buque nada extraordinario.
+Abajo en el comedor retiraban los sirvientes las mesas, preparando el
+salón para el baile. Las máscaras paseaban por la cubierta. Sus dos
+calles parecían las de una ciudad en Carnaval. El señor disfrazado con
+el salvavidas tomaba su café tranquilamente, sin abandonar el caparazón
+de corcho. Maltrana predicaba sobriedad y buenas costumbres en un grupo
+de jóvenes. Después de las locuras de la noche anterior, había que
+acostarse temprano: así que terminase la fiesta. No debían abusar del
+pobre cuerpo.
+
+Sonaron varios trompetazos anunciando el baile, y poco después la
+orquesta rompió a tocar un vals en el comedor, todavía desierto.
+
+Corrieron las niñas, impacientes; levantáronse las madres con lentitud,
+como si les costase abandonar su incrustación en los almohadones; sonó
+un fru-fru general de faldas con lentejuelas y adornos metálicos de los
+disfraces.
+
+Mrs. Power se despidió de los Lowe, pasando ante Ojeda sin dirigirle una
+mirada. Esta indiferencia la aceptó él como un signo favorable: era
+disimulo. Abandonaba a sus amigos para facilitarle la ocasión de una
+entrevista a solas. Sin duda iba a esperarle abajo, en el salón de
+baile.
+
+Tardó algunos minutos en seguirla, queriendo imitar esta prudencia, y al
+fin, después de mirar a un lado y a otro, abandonó la mesa, deslizándose
+por la escalera cautelosamente, cual si quisiera pasar inadvertido.
+
+En el salón daban vueltas las primeras parejas y se instalaban las
+familias con gran ruido de sillas desordenadas. Fernando miró a todos
+lados, sin alcanzar a ver la cabellera rubia de Maud. Luego examinó los
+grupos estacionados en el antecomedor. Nada...
+
+Comenzaba a sentir la tristeza del desaliento, cuando de pronto hizo un
+gesto de satisfacción. ¡No habérsele ocurrido antes!... Ella le esperaba
+en su camarote; no había duda posible. Luego de mirar otra vez en torno
+de él para convencerse de que nadie podía espiarle, avanzó por el
+corredor con fingida indiferencia.
+
+A los pocos pasos temblaba interiormente con las vacilaciones del miedo.
+¡Si iría a repetirse la escena de la mañana!... Pero no; el recuerdo de
+la noche anterior le daba confianza. Aún no habían transcurrido
+veinticuatro horas, y noches como aquélla no se olvidan fácilmente. Su
+orgullo varonil le infundió valor. Seguramente ella se había retirado
+para esperarle.
+
+La puerta del camarote estaba cerrada, y otra vez la rozó con tímido
+llamamiento. Veíase luz por el ojo de la cerradura y la pequeña
+claraboya abierta sobre el marco. A la voz interrogante que sonó al
+otro lado de la madera, Fernando repuso, para hacerse conocer, con una
+leve tos y un murmullo discreto. Era él... Hubo en el interior cierto
+rebullicio que indicaba cólera y sorpresa; muebles removidos, palabras
+masculladas en sordina, y hasta creyó percibir Ojeda un principio de
+juramento. ¿Cuándo iba a cesar de molestarla con sus incorrecciones?...
+Esta conducta no era propia de un _gentleman_... No lo era...
+
+Y elevando su tono la irritada voz, dijo junto a la puerta, con acento
+imperativo:
+
+--Váyase... Voy a llamar.
+
+Sonó a lo lejos un timbre eléctrico, y él tuvo que huir, temeroso de que
+le sorprendiesen en su ridícula inmovilidad ante la puerta cerrada. En
+el pasillo se cruzó con una de las doncellas, que acudía al llamamiento
+disfrazada de florista tirolesa.
+
+Marchando con la cabeza baja, sin saber adónde iba, se vio de pronto en
+la cubierta de paseo. Apretaba los puños, murmurando palabras iracundas.
+¡Cómo se había burlado de él aquella mujer! ¡Qué vergüenza!...
+
+Cansado de pasear por la cubierta solitaria, sentóse en un banco lejos
+de la luz, contemplando el Océano por encima de la borda. La negra calma
+de la noche serenó y puso en orden sus atropellados pensamientos.
+
+Vio de pronto con toda claridad la conducta de Mrs. Power, que le había
+parecido hasta entonces inexplicable... No mentía al alabar la frialdad
+de su carácter, que ella llamaba «práctico», dando a tal palabra la
+misma solemnidad que si fuese un título de nobleza. Decía la verdad al
+repetir con sonrisa de orgullo que nada tenía de _poetical_. Era un
+hombre, un verdadero hombre de negocios, de los que sólo conceden a los
+impulsos del afecto unos minutos de su existencia; de los que tratan las
+necesidades de la carne como vulgares y rápidas operaciones de higiene y
+únicamente se acuerdan del amor cuando la abstención los martiriza,
+dedicándole media hora entre dos asuntos financieros, sin recuerdos y
+sin nostalgias. ¿Por qué había venido hasta él aquella mujer, turbando
+su calma?... Era indudable que Maud amaba a su manera a míster Power,
+como se ama a un ser inferior y hermoso, con el doble orgullo de ser
+admirada y ejercer el dominio de la superioridad.
+
+La monótona existencia de a bordo, favorecedora de la tentación, las
+abstenciones de un largo viaje dedicado por entero a los negocios, la
+influencia del ambiente cálido, el hálito afrodisíaco del Océano, habían
+quebrantado y reblandecido la glacial serenidad de aquella mujer.
+Llevaba la cuenta angustiosamente de los días que aún le quedaban de
+navegación, como se cuentan en una plaza sitiada y sin víveres las horas
+que faltan para que llegue el ansiado socorro. Y al flaquear su voluntad
+por las influencias de un ambiente más poderoso que su energía, había
+puesto los ojos en Fernando, porque era el más inmediato, el más
+«distinguido», el hombre que entre todos los del buque tenía cierta
+semejanza con la lejana y seductora imagen de míster Power.
+
+Esta dama varonil lo había tomado a él lo mismo que toman los hombres en
+momento de premura a una mujer de la calle. Y pasada la embriaguez, lo
+repelía furiosa por sus asiduidades, extrañada de su insistencia, igual
+que un señor que se viese perseguido por una compañera de media hora,
+como si el encuentro fortuito y mercenario pudiese conferir derechos.
+¡Ah, miserable! ¡Con qué risa cruel y dolorosa reiría Teri si pudiese
+conocer esta aventura grotesca! ¡El hombre en el que creían ver sus ojos
+de amorosa todas las perfecciones, tratado lo mismo que un objeto que se
+alquila!... Y le dolió más la posibilidad de esta burla desesperada que
+el imaginarse a Teri entre lamentos y lágrimas.
+
+Con una reacción enérgica de su orgullo, salió Fernando de este
+desaliento. Había que ser hombre y aceptar los sucesos, sin exagerar su
+importancia. Una simple aventura de viaje, que iba a quedar ignorada;
+Maud procuraría que lo ocurrido no saliese del misterio. La había
+prestado un buen servicio--Ojeda reía amargamente al pensar en esto--,
+habían sido felices unas horas, y luego se separaban como extraños, sin
+recuerdos y sin melancolías: lo mismo que si se hubiesen conocido a la
+caída de la tarde en un bulevar de París para pasar media hora juntos en
+un hotel y no volver a encontrarse nunca.
+
+El despego de ella era sin duda a causa de un tardo remordimiento que
+había sobrevenido con la saciedad... Remordimiento, no: simple
+prudencia; deseo de conservarse aislada en los días que faltaban para
+llegar al próximo puerto. Su marido subiría al buque, y ella quería
+salir a su encuentro sin miedo a las maliciosas sonrisas de los
+pasajeros. Él había sido el escogido para el remedio en momentos de
+turbación y de prisa... ¿y qué derechos le daba esto? Lo mismo podía
+haber sido el agraciado míster Lowe o Isidro Maltrana. Ojeda, por su
+parte, tenía igualmente un gran amor, y le convenía olvidar lo mismo que
+Maud... Algo le dolía en su orgullo de hombre verse tratado así, pero
+era el dolor de la operación quirúrgica que extirpa el mal... ¡A vivir!
+
+Se levantó del banco, aproximándose a las ventanas de los salones. En
+las barandas de una galería que comunicaba el salón de música con el
+comedor se habían agrupado algunas mujeres, contemplando las parejas que
+danzaban abajo. Eran señoras que no habían querido vestirse para la
+fiesta; doncellas de servicio de las pasajeras ricas, simples criadas de
+a bordo que aprovechaban la ausencia del mayordomo para echar un
+vistazo.
+
+Ojeda vio despegarse de este grupo y atravesar el jardín de invierno,
+saliendo a la cubierta, una mujer vestida de obscuro, sencillamente.
+«¡Ah, señora Eichelberger!...»
+
+Fernando celebraba su encuentro con Mina, como si ésta le trajese la
+felicidad. Estrechó entre sus dos manos la diestra que le tendía la
+alemana, y ella, con cierta emoción por las efusivas palabras, volvía
+sus ojos a todos lados, extrañándose de verle solo, creyendo que iba a
+aparecer repentinamente la esbelta silueta y el cigarrillo encendido de
+la norteamericana.
+
+Balbuceó, como si al darse cuenta de su turbación sintiese cierta
+vergüenza. Daba excusas por su aspecto sencillo, cuando todas las
+mujeres del buque habían sacado aquella noche sus mejores trajes. Ella
+no había de bailar, y tampoco gustaba de permanecer sola en el salón
+mientras su marido jugaba en el fumadero. Por curiosidad y por
+aburrimiento, luego de acostar a Karl, se había asomado a aquella
+galería para ver el baile. ¡Vivía tan aislada!... Y con una contracción
+de su mano, oculta entre las de Fernando, agradeció la bondad de éste al
+ocuparse de ella.
+
+Luego, su rostro fue animándose con una sonrisa pálida que pretendía ser
+maliciosa. Se asombraba otra vez de verle solo. Casi se había decidido a
+renunciar a su amistad. Pero Fernando la interrumpió:
+
+--Todo ha terminado: se lo juro... ¡Terminado para siempre! Yo no tengo
+en el buque otra amiga que usted.
+
+Y lo decía de todo corazón, contento de estar al lado de Mina,
+satisfecho de la ternura con que ella le contemplaba.
+
+¡Excelente compañera!... Fernando, que creía necesario el trato con una
+mujer, lamentábase de no haber permanecido al lado de Mina desde el
+primer momento de su amistad. Ésta no le molestaba haciendo la apología
+de su marido; era dulce y parecía admirarle. Muy al contrario de la
+otra, que hasta en los momentos de mayor efusión guardaba el empaque de
+una dama altiva que desciende a hablar con su criado.
+
+Además, pensaba en Teri, en su firme propósito de no envilecer la
+nobleza de los recuerdos con otro «crimen», pues de tal calificaba con
+vehemente apreciación su aventura reciente. Con Mina no arrostraba
+peligro alguno: la pobre estaba desengañada. El fracaso de su
+existencia la hacía huir de toda complicación pasional, prefiriendo una
+vida vegetativa y humilde. Además, parecía enferma... Era la compañera
+deseada para las monotonías del mar: una amistad femenil de todo reposo;
+y al separarse se dirían ¡adiós! llevándose cada uno el recuerdo
+melancólico de algo desinteresado y puro.
+
+Habían ido a apoyarse en la borda de babor, contemplando la luna.
+
+--Cada noche sale más pronto y es más grande--dijo Mina--. ¡Qué enorme y
+qué blanca!... En Europa nunca la vemos así.
+
+Asomando a ras del Océano, era el astro una cúpula inverosímil por su
+amplitud. Hacía recordar el huevo fabuloso del pájaro Roc de los cuentos
+orientales, grandioso como un palacio. Su luz galoneaba de plata el
+contorno de las nubes y tendía sobre el mar un camino anchísimo e
+inquieto, un camino en triángulo desde el horizonte hasta los costados
+del buque, haciendo hervir las aguas con una ebullición pálida que
+repelía toda idea de calor.
+
+Mina contemplaba la inquietud de este camino irreal cortando la
+obscuridad atlántica, cada vez más ancho, más luminoso, así como
+ascendía el astro en el horizonte.
+
+--Se sienten deseos de marchar por él--dijo en voz baja, emocionada por
+la majestad de la noche--. Quisiera saltar fuera del buque y correr...
+correr por esa calle de plata hasta no sé dónde.
+
+--¿Sola?--preguntó Fernando con tono de reproche.
+
+--No; usted vendría conmigo... Con usted mejor.
+
+Le miró un momento, y luego sus ojos volvieron hacia el mar. Estaban
+húmedos, como si esta contemplación agolpase las lágrimas en sus
+córneas. Brillaban con una luz nacarada semejante a la de la luna. De
+pronto, sus labios empezaron a murmurar algo como un rezo. Eran versos,
+versos alemanes de extremado sentimentalismo, que Ojeda entendió
+vagamente, adivinando el misterio de unas estrofas por el sentido de
+otras mejor comprendidas. La poesía ingenua del _lieder_ pasaba por la
+boca de Mina con la dulzura del arroyo humilde, que parece temblar,
+medroso de que sus murmullos sean demasiado altos y sus estremecimientos
+despierten la inmóvil vegetación que lo encubre.
+
+Se habían unido los dos, hombro con hombro, como intimidados por el
+ambiente religioso de la noche y el aleteo de la poesía que se agitaba
+en torno de ellos... Experimentaba Ojeda una sensación de descanso al
+lado de esta mujer infeliz; una impresión de paz y dulce anonadamiento
+igual a la que buscaban los antiguos libertinos, huyendo de los
+desengaños de la vida para reposarse como eremitas entre las gentes
+humildes.
+
+--Y usted... usted que es poeta...--dijo ella interrumpiendo su
+recitado--. Dígame algo suyo... Debe ser muy hermoso.
+
+Fernando se excusó. Sus versos eran en español, y ella no podía
+entenderlos... Pero como si experimentase la necesidad de esparcir en la
+noche algo que latía en su cerebro, fundiendo el misterio interior con
+el misterio del ambiente, comenzó a recitar versos franceses con una
+lentitud sacerdotal, seguido por la mirada ávida de Mina, que hacía
+esfuerzos para no perder la significación de una sola palabra. A veces
+deteníase el recitante, adivinando las incomprensiones de ella, y
+repetía los versos, explicándolos.
+
+La antigua artista suspiraba con arrobamientos de admiración. La hacía
+estremecer esta música, en la que entraban por igual el encanto de los
+versos y la voz que los recitaba con rítmica melopea.
+
+--Víctor Hugo es mi dios...--dijo de pronto Ojeda interrumpiendo su
+murmullo poético, como si no pudiese contener más tiempo esta
+declaración--. Y Beethoven también lo es.
+
+Ella le miró con ojos suplicantes, implorando una palabra que podía
+unirlos con un nuevo afecto. ¿Y Wagner?... Fernando vaciló. No tenía la
+serenidad olímpica, la majestad simple de los divinos. Más bien parecía
+un taumaturgo de alma atormentada, un mágico prodigioso; pero en él se
+confundían la poesía del uno y la música del otro. Era el arcángel
+rebelde, hermoso como el fuego, que viniendo de abajo reconquistaba su
+divinidad.
+
+--Sí; también es mi dios--dijo tras breve pausa.
+
+Y reanudó el poético murmullo, mirando la inquieta llanura de plata,
+sintiendo en un hombro la suave pesadez de Mina, que parecía ansiosa de
+un apoyo.
+
+La cubierta estaba solitaria. Todos los pasajeros permanecían en el
+salón de fiestas o en el fumadero. De tarde en tarde, risas, gritos y
+correteos en las puertas y escaleras. Eran parejas que abandonaban el
+baile por un momento para respirar en la cubierta. Los jóvenes se
+abanicaban con un papel la faz congestionada, despegándose de la carne
+el cuello de la camisa, reblandecido por el sudor. Ellas respiraban con
+ansiedad, llevándose las manos al escote, pero inmediatamente huían de
+esta frescura para correr al horno del salón, atraídas por un nuevo
+vals.
+
+Vueltos de espaldas a la luz, Mina y Fernando se sumían en la
+contemplación de la noche, sin que sus miradas se buscasen, satisfechos
+del contacto de sus hombros, que parecían unificar en una sola vibración
+sus pensamientos y deseos.
+
+Llegaba hasta sus oídos la música del baile; una música divina:
+vulgares danzas de moda, _two-steps_, o tangos, que, por la influencia
+del ambiente, sonaban en aquella hora de ilusiones como sinfonías de
+infinito idealismo. Sentían la dulce turbación de la embriaguez: una
+embriaguez de luz de luna, de noche serena, de poesía sentimental.
+
+Ojeda, más frío que su compañera, percibió en su interior un cosquilleo
+irónico, un deseo de reírse de sí mismo, de este enternecimiento sin
+causa definida que se apoderaba de él. ¡Mirar la luna y decir versos
+como un estudiante al lado de una pobre mujer que era madre y oyendo una
+musiquilla vulgar a cuyos sones danzaban los seres más frívolos de
+aquella Arca de Noé!... ¡Cómo reiría él si con prodigioso desdoble
+pudiera contemplarse a sí mismo desde lejos!... Pero la emoción
+inexplicable era más fuerte que su rebeldía burlona, y le obligaba a
+permanecer inmóvil, en silencio, sin huir de aquel cuerpo que vibraba
+con su contacto. ¿Por qué reírse de este instante, si era de felicidad y
+le proporcionaba un dulce olvido?...
+
+Al volver sus ojos hacia Mina, creyó encontrar una mujer nueva. Tal vez
+la poesía la había embellecido al tocarla con el ala de sus rimas; tal
+vez era la noche la que la transformaba, agrandando sus ojos con un
+brillo lunar, rellenando de nácar las angulosidades de su rostro
+descarnado, sustituyendo su color verdoso y enfermizo con una palidez
+luminosa. ¡Los ojos de animal humilde, agradecido a la caricia, que fijó
+ella en sus ojos al sentirse contemplada!... ¡La ruborosa confusión con
+que volvía la cabeza, temiendo insistir en una mirada que podía
+traicionarla!... Se convenció de que él no había visto hasta entonces a
+esta mujer, no la había comprendido, limitándose en sus conversaciones a
+sentir lástima de sus infortunios, como si su vida estuviera agotada y
+fuese igual a un árbol caído, incapaz de florecimiento...
+
+De pronto, se vieron paseando cogidos del brazo, sin hablar, sin
+mirarse, pero sabiendo por mutua adivinación que la persona del uno
+ocupaba por entero el pensamiento del otro... Nadie en la cubierta. Sus
+pasos lentos resonaban lo mismo que en un claustro abandonado. Al dar la
+vuelta de proa, entre el salón y el balconaje de avante, donde era menos
+viva la luz y nadie podía verles de lejos Fernando la atrajo a él,
+abandonó su brazo para envolverle el talle con rudo tirón, y la besó
+impulsivamente, al azar, en una mejilla, en la nariz, allí donde
+pudieron posarse sus labios. La alemana gimió de sorpresa, de asombro,
+casi de miedo, como el que ve realizarse de pronto algo inverosímil con
+lo que ha soñado muchas veces sin esperanza alguna. Se mantuvo rígida
+en el brazo de él, no intentó la menor resistencia, y con un suspiro de
+niña que se desmaya, dejó caer la cabeza en su hombro.
+
+Lloraba. Fernando vio los estertores de su pecho y sintió en su cuello
+el contacto de una lágrima. Comenzaba a arrepentirse de su brutalidad.
+¡Pobre Mina!... Pero ella, protestando de esta conmiseración, giró la
+cabeza sobre su hombro hasta apoyar la nuca, y en tal postura, con los
+ojos llenos de lágrimas y sonriendo al mismo tiempo, se elevó en busca
+de su boca, devolviéndole las caricias con un beso largo, interminable.
+
+No era el beso frente a frente que él había saboreado en otras mujeres,
+y que llamaba «beso latino». No era tampoco la caricia arrogante de
+arriba a abajo que había conocido en el camarote de Maud, beso de
+domadora, egoísta y avasallador, oprimiéndole la cabeza entre las manos
+crispadas para mantenerle en amorosa sumisión. Era el beso-suspiro de la
+germánica sentimental paseando entre los tilos, a la caída de la tarde,
+apoyada en el brazo de un estudiante y con un ramo de florecillas azules
+sobre el pecho; un beso de abajo a arriba, caricia suplicante de hembra
+dulzona en la que el amor se presenta acompañado de la humildad y que
+antes de besar desploma su cabeza como signo de servidumbre en el hombro
+de su dueño.
+
+Sintió Ojeda cierto remordimiento ante este llanto. ¿Por qué lloraba?...
+Y ella, como si se avergonzase de su emoción, profería balbucientes
+excusas. No sabía por qué lloraba... Pero era tan feliz, ¡tan feliz!...
+
+Un ruido de pasos despegó sus bocas instantáneamente, y cogiéndose del
+brazo, continuaron su paseo con afectada indiferencia. Alarma inútil:
+era un grumete que descendía por una escalera cercana.
+
+--Volvamos al rincón de los besos--dijo él con impaciencia.
+
+El «rincón de los besos» era la parte de proa que unía con su curva las
+dos calles de la cubierta. Y al volver de nuevo a este refugio, fue ella
+la que sin esperar los avances de Fernando descansó la cabeza en su
+hombro, elevando la cara en busca de su boca.
+
+Intercalaba trémulas palabras entre beso y beso. ¡Verse en sus
+brazos!... Una noche había soñado lo que ahora le estaba ocurriendo. Fue
+a continuación de la primera tarde en que se hablaron junto al piano. Y
+había salido de su ensueño conmovida para siempre, con la convicción de
+que no se realizaría nunca, pero viéndolo a él como un hombre distinto a
+todos los otros del buque, sintiendo una turbación en su pecho y en sus
+ojos, un temblor en las piernas, una música lejana en los oídos cada vez
+que Fernando se aproximaba para hablarla... Luego ¡qué de penas
+viéndole con aquella señora tan elegante, tan altiva, que parecía
+burlarse de ella con los ojos!... El ensueño no se realizaría nunca; una
+ilusión imposible, como tantas otras de su pobre existencia... Y cuando
+había perdido toda esperanza, era él, ¡él! quien avanzaba en la noche
+con palabras de poesía, igual a un príncipe magnífico y clemente, y la
+estrechaba entre sus brazos y buscaba su boca, haciéndola estremecerse
+como una sierva de amor. ¿Qué había en su persona para merecer esta
+dicha, pobre, fea, mal vestida, entre tantas mujeres bellas y felices, y
+arrastrando además cual una cadena su pasado de miseria?...
+
+--¡Te amo!...--dijo Fernando, enardecido por tal humildad.
+
+Y acompañó sus besos con un avance de las atrevidas manos en aquel
+cuerpo sumiso que parecía entregarse. Pero con gran asombro, la alemana
+se revolvió ante las caricias audaces, se despegó de sus brazos con una
+fuerza nerviosa que nada hacía sospechar en su cuerpo enfermizo.
+Parecieron surgir de pronto músculos ocultos, tendones de irresistible
+expansión en todos sus miembros.
+
+--No quiero--gimió tristemente, como en presencia de algo que destruía
+sus ilusiones--. No quiero eso... No querré nunca.
+
+Ojeda, ante la violencia de estos movimientos de protesta, comprendió
+que decía verdad. Su cuerpo se revolvía contra toda caricia que saliese
+de los límites del rostro, y esta repulsión vigorosa era tan brusca, que
+él se sintió empujado, vacilante sobre sus pies, teniendo que esforzarse
+para no caer.
+
+Luego, como arrepentida de su defensa, le echaba los brazos al cuello y
+volvió a su gesto de sumisión, descansando la cabeza en su hombro,
+gimiendo con un abandono de niña enferma.
+
+--Me haría daño... ¡Jamás! Amarnos como ahora, eso es lo que yo quiero.
+Estar así... siempre juntos... ¡siempre!... Seremos... ¿cómo se dice en
+español? Yo lo he oído muchas veces... Seremos...
+
+Y después de largos titubeos y de fruncir las cejas con pensativo
+esfuerzo, encontraba la palabra.
+
+--Seremos... novios. Eso es: novios los dos. La boca... la boca nada
+más... Y el alma también... novio mío.
+
+Y al repetir con fruición la encontrada palabra, sonreía como un jardín
+abandonado bajo el primer sol de la primavera que llega.
+
+Fernando, ensombrecido por esta negativa, hablaba y hablaba, sosteniendo
+las manos de la antigua artista entre las suyas, deseoso de
+inmovilizarla, de domar su resistencia, fijos los ojos en sus pupilas,
+cual si pretendiese vencerla con un poder de sugestión.
+
+Su aventura con Maud había desvanecido todos los propósitos de cordura
+que le acompañaron al subir al buque. Sus nervios guardaban aún el
+recuerdo de recientes vibraciones; su carne, mal dormida, estremecíase
+al sentir el contacto de otra mujer. Aquella calma monacal que había
+reinado en el trasatlántico durante la primera semana de viaje ya no
+existía para él. Sabía lo que era el amor entre los blancos tabiques de
+un camarote, y quería continuar, fuese con quien fuese, los encuentros
+de pasión en una de estas cajas de madera, sonando a sus pies el
+abejorreo de la máquina, oyendo junto al tragaluz el chapoteo de la ola
+perezosa. Esta mujer venía a él, hermoseada por la noche, humilde y
+sumisa como una esclava de guerra... ¡tanto mejor!...
+
+Y como si fuese su dueño, la apremiaba con mandatos, unas veces
+suplicantes, otras imperativos: «Ven... ven». Hablaba de la hermosura de
+su «cabina» en el mismo piso de los camarotes de lujo, de su techo alto,
+de la amplitud de su espacio, con profunda cama y anchuroso diván.
+Pretendía deslumbrar con estas comodidades del tugurio flotante a la
+pobre amiga, que iba instalada en las cámaras más profundas y obscuras,
+cerca de la línea de flotación. «Ven... ven.» Podrían hablarse allí sin
+temor de ser sorprendidos; cruzar sus besos tranquilamente. Él la
+enseñaría libros interesantes; hablarían de sus poetas, de los grandes
+artistas.
+
+Mina le escuchaba con ojos de adoración y una pálida sonrisa de miedosa
+incredulidad. «No... cabina, no.» Por no seguir el curso de sus
+peticiones trémulas de deseo, le interrumpía solicitando que le indicase
+en español la equivalencia de ciertas palabras. Ansiaba hablar la lengua
+de él.
+
+--No, querido--suspiraba respondiendo a sus súplicas--. No, mi novio...
+Cabina, no... Boca... boca nada más.
+
+Y al sentir en su cuerpo el avance atrevido de unas manos huroneantes,
+bastábale un empujón para librarse del encierro en que la tenían los
+brazos de Ojeda.
+
+Se extendió por la cubierta un ruido de pasos y de voces. Acababa de
+terminar el baile y la gente subía al paseo, ansiosa de frescura.
+¿Cuánto tiempo llevaban allí los dos?... Mina quiso marcharse. Ocupaba
+con su hijo un pequeño camarote en la cubierta más honda del castillo
+central. En otro inmediato vivía el maestro Eichelberger, que no se
+retiraba hasta cerca del amanecer.
+
+Ella iba a dormir con sus recuerdos, a soñar con Fernando. Se llevaba a
+su profundo refugio la felicidad de la mejor noche de su vida. Lo
+juraba... «Y ahora, adiós.»
+
+Todavía, aprovechando la ausencia del gentío, que al esparcirse por la
+cubierta no había llegado hasta ellos, se besaron por última vez con un
+beso largo, que la alemana prolongó cerrando los ojos, abandonándose
+cual si fuese a morir.
+
+Luego se salvó de un salto, para detenerse a corta distancia. Sonreía
+con expresión maliciosa; levantaba una mano con el índice erguido, como
+una maestra que lanza su última recomendación.
+
+--Novios, sí... Boca, sí... ¡Cabina, nooo!... ¡Cabina, malo!
+
+Y tras estos balbuceos en español, que revelaban un miedo cómico a la
+«cabina», huyó apresuradamente, volviendo por dos veces la cabeza para
+mirar a Fernando antes de desaparecer.
+
+Éste paseó algún tiempo por la cubierta. Sentíase al principio contento
+de su suerte. ¡Lástima que no estuviese allí Maud, para que se enterase
+de lo poco que le impresionaban sus desdenes!... Veía a la
+norteamericana muy lejos en sus recuerdos, casi sin corporalidad, como
+una imagen indecisa...
+
+Pero al poco rato empezó a experimentar una sensación de inquietud. Su
+conducta reciente le molestaba lo mismo que un remordimiento. «Muy bien,
+don Fernando--se dijo con irónico reproche--. No tenía usted bastante
+con el desengaño ridículo de la otra, no le ha servido de escarmiento
+una aventura tan grotesca, y en el mismo día se lanza a perturbar la
+tranquilidad de una pobre mujer que acepta sus avances con una
+sensiblería de romanza y toma el amor como si estuviese en los quince
+años.» ¡Qué gusto de complicarse la vida!... ¡Qué cordura en un hombre
+que marchaba a la conquista de la riqueza!... ¡Y para meterse en tales
+aventuras había abandonado lo que tenía en Europa!... «Don Fernando, es
+usted un chiquillo; el bigote que lleva en la cara lo usurpa... Acabará
+usted consiguiendo que se rían de su persona todos los del buque...»
+
+A pesar de estas recriminaciones mentales, no llegaba a entristecerse.
+La protesta removíase en su cerebro, avergonzada e iracunda; pero el
+resto del cuerpo parecía satisfecho, con un regodeo de recuerdos y un
+estremecimiento de esperanza... Peor era la nada; pasar los días
+comiendo o dormitando en el sillón con un libro en las rodillas.
+
+Al entrar en su camarote, después de media noche, sus ojos tropezaron
+con la imagen de Teri erguida sobre el tocador en el encierro de un
+marco dorado. ¡Pobre Teri! Por primera vez en todo el día pensaba en
+ella, sólo en ella, sin poner su recuerdo en parangón con la imagen real
+de otras mujeres. Este pensamiento tardío iba acompañado de
+remordimiento y miedo. ¡Qué diría Teri si pudiese verle!... Para evitar
+esta posibilidad, como si temiera que los ojos del retrato fuesen a
+adquirir el sentido visual, intentó volverlo de cara a la pared. ¡Lo
+mismo que Maud con míster Power!... Pero un escrúpulo supersticioso le
+contuvo. Ella estaba lejos... ¡Quién sabe lo que podría ocurrirle como
+un choque reflejo de este acto impío!...
+
+Hizo sus preparativos para acostarse, huyendo la mirada del retrato. Al
+tenderse en el lecho y quedar en la sombra, sus temores y remordimientos
+se fueron aligerando, hasta no ser más que tenues nubes que se llevaba
+el sueño por delante con la escoba del olvido. Veía en la incoherencia
+de su adormilado pensamiento a los parientes del obispo incitándolo a
+que entrase en el baile. «Monseñor: el mar... es el mar.» Veía a
+Maltrana apostrofando al Océano, el gran tentador: «Galeoto de mostachos
+de algas... Celestina de arrugas verdes». Y lo mismo que él, repetía:
+«Seamos miserables. Ya nos purificaremos al bajar a tierra».
+
+Un dulce cinismo acompañó sus últimos pensamientos. La alemana... ¿por
+qué rehusarla?... La otra estaba lejos; nada sabría. El viaje era
+monótono, y había que aprovechar las ocasiones para alegrarlo. Una vez
+en tierra, recobraría su cordura... Había que creer en la filosofía de
+Maltrana. La gran cuestión era... ¡pasar el rato!... Y Fernando se
+durmió.
+
+A la mañana siguiente por la mañana se encontró con Mina en la cubierta
+de los botes. Había dejado a su hijo en el gimnasio y fue hacia Ojeda,
+ruborosa y encogida, vacilando en su saludo, temiendo tal vez un cambio
+de carácter, un arrepentimiento, después de la noche anterior. Pero al
+ver que él sonreía, acariciándola con los ojos, estrechando su mano con
+tierna efusión, el rostro de la alemana se dilató, cual si la savia de
+su cuerpo se descongelase con el ardor de una nueva juventud.
+
+Impulsada por esta alegría, quiso exteriorizar audazmente su
+agradecimiento. Estaban medio ocultos por el cilindro de una boca de
+ventilación. Mina, luego de mirar a un lado y a otro, avanzó sobre
+Fernando con los brazos abiertos. «Novio... novio mío.» Fue un beso
+rápido, pero vehemente, con acometividad, distinto de los prolongados y
+lánguidos de la noche anterior. Luego, como si este saludo matinal los
+hubiera saciado por el momento, buscaron la sombra de un toldo, y
+sentados en dos sillones, contemplaron el Océano en dulce quietismo,
+mirándose sin palabras.
+
+Fernando la examinaba a la luz del sol, gozándose con extraña crueldad
+en su desencanto, cada vez mayor. La luz cruda hacia resaltar todos los
+detalles de una belleza marchita: el rostro con leves arrugas en plena
+juventud, el círculo de palidez amarillenta en torno de los ojos, el
+rosa anémico de los labios, el tinte verdoso de la tez, que no habían
+conseguido borrar los extraordinarios cuidados de tocador de esta
+mañana. Además, el niño que iba a presentarse de un momento a otro; el
+marido, que estaba en su camarote roncando la cerveza de la noche; el
+vestidillo pobre, que ella había intentado realzar con unos encajes
+baratos y un ramo de violetas artificiales fijo en el talle... Todo esto
+daba a su nuevo amor cierto aire ridículo. Seguramente que si pasaba
+Mrs. Power ante ellos, no podría mantenerse en su altivez silenciosa y
+sonreiría irónicamente... Pero un egoísmo optimista protestaba en su
+interior contra tales escrúpulos.
+
+--Podrá ser grotesca, ¿y qué?... Me divierte, y basta. El amor siempre
+es amor, por ridículo que parezca, y esta pobre mujer me quiere. Soy
+para ella la ilusión, el recuerdo de un mundo en el que vivió y al que
+no puede volver... Lo que importa es llevar las cosas adelante: sacar
+algo positivo.
+
+Y con tortuosa astucia iba encaminando la conversación hacia donde era
+su deseo. Ella hablaba con los ojos perdidos en el infinito, queriendo
+prolongar el encanto de la noche anterior. Evitaba el mirarlo, para no
+sufrir una timidez que cortaba sus palabras. Hablaba como si estuviese
+sola, exteriorizando su pensamiento en un monólogo. ¡Dulce noche! ¡Vida
+fantástica de ensueños maravillosos desarrollados en la sombra!... Ella
+se había visto conviviendo con él en uno de aquellos países de América
+hacia los cuales marchaba el buque. Eichelberger no existía; había
+muerto, o tal vez estaba de vuelta en Europa. Y los dos existían unidos
+como esposos, en la libertad de un pueblo nuevo, teniendo con ellos a su
+hijo.
+
+Fernando y Karl eran los dos únicos seres de este mundo que ella podía
+amar. Vivir para siempre entre el hombre adorado y su hijo, ¡qué inmensa
+dicha!... Pero no era más que un ensueño; una ilusión del viaje
+oceánico. Cuando saliesen de la clausura del _Goethe_, cada uno se iría
+por su lado; y aunque por una bondad de la suerte llegasen a vivir
+juntos, Fernando no toleraría la presencia caprichosa y enfermiza de
+aquel niño que no era suyo. Y ella no podía existir sin Karl.
+
+Aceptó Ojeda con sonrisa bondadosa estos ensueños, mientras en su
+interior empezaba a latir la irritación de la protesta. ¿Por qué dar un
+ambiente de hogar burgués a un amor que todavía estaba empezando?...
+Para aquella walkyria de poéticos éxtasis y ojos nostálgicos, la pasión
+tomaba una seriedad vulgar, moldeándose con arreglo a los santos
+principios de la familia y el buen orden. Si continuaba en sus
+ensueños, iba a proponerle el amor en pantuflas al lado del fuego, ella
+mal peinada y con bata, cortando meticulosamente las tostadas, vigilando
+el hervor de la cafetera; él con una pipa enorme, leyendo gacetas y
+acariciando la cabeza estoposa de un niño que no era suyo... ¡Muchas
+gracias!
+
+Pero se cuidó de ocultar estas impresiones internas, encaminando el
+diálogo amoroso hacia sus deseos. ¡Vivir juntos! También había soñado
+con esta felicidad en la noche anterior... Para él, la posesión era un
+compromiso sagrado, que le unía por siempre a una mujer, añadiendo la
+ternura de la gratitud al desinterés del amor. ¡El día que ella, de
+buena voluntad, se decidiese a hacerle feliz con algo más que sus
+besos...!
+
+Mina, adivinando el término de esta fraseología, se ruborizaba,
+echándose atrás con instintiva conservación. No; siempre diría no. En
+otros tiempos, tal vez; cuando ella era joven y hermosa; cuando tenía la
+certeza de que podía dar felicidad y orgullo con la limosna de su
+cuerpo. ¡Pero ahora!...
+
+Se daba cuenta de su ruina. Era una sombra del pasado, y si llegaba a
+ceder en un momento de bondad, se arrepentiría luego, viendo en Ojeda un
+gesto de decepción, lo mismo que si acabase de sufrir un engaño. «No,
+novio mío, no.» Lo importante era amarse. Lo otro habría de ocurrir
+forzosamente cuando viviesen juntos, pero no era de más valor que
+cualquiera de las funciones viles que entristecen nuestra existencia.
+¡Quién sabe si traería como resultado el desvanecimiento de la
+ilusión!... «Vivamos así... Tal vez cuanto más tarde eso que tú deseas,
+más tiempo durará nuestro amor.»
+
+De pronto, su conversación tuvo un testigo. Era Karl, que había
+abandonado el gimnasio y se mantenía de pie entre los dos, mirando a uno
+y a otro sin entender lo que hablaban. En su atenta inmovilidad notábase
+una expresión de niño viejo, un fruncimiento de cejas de persona mayor
+que sospecha y reflexiona. Su frente saliente, de testarudo, parecía
+hincharse y latir. Dejábase acariciar por la mano distraída de Fernando,
+pero de pronto huía de él y se arrojaba de cabeza en el regazo de la
+madre, permaneciendo con los brazos extendidos, cual si pretendiese ser
+para ella un escudo protector.
+
+Creía olfatear un peligro, con ese instinto misterioso de los seres
+simples que ven en el aire cosas y amenazas completamente ocultas para
+las personas de razón; el sentido que hace aullar al perro en la casa
+donde se prepara una desgracia; el impulso que guía el revoloteo de
+ciertas aves sobre la vivienda a cuyas puertas llama la muerte.
+
+Mina acariciaba la nuca de su hijo, y éste acogía la amorosa protección
+con un runruneo sordo, lo mismo que una bestezuela doméstica que siente
+disiparse su pavor. Pero el pensamiento de la madre estaba cada vez más
+lejos de Karl. Todo él era para Ojeda, que la devolvía a su pasado. Sus
+ilusiones de artista, su entusiasmo por la emoción estética, su
+veneración por el genio, habían reaparecido de golpe. En su amor había
+mucho de agradecimiento para aquel hombre, gracias al cual resurgían de
+entre las ruinas y los pesimismos de la decadencia sus antiguos
+entusiasmos de cantante. Aún creía posible la continuación de su vida
+pasada; menos brillante que en otros tiempos, manteniéndose en segundo
+término, pero con iguales satisfacciones. El engaño de su matrimonio con
+un artista mediocre iba a ser un paréntesis de sombra nada más. Tal vez
+se cumpliese el soñado destino, acabando ella por ser la compañera de un
+grande hombre.
+
+Aprendería el castellano para saborear las obras de Ojeda, que
+indudablemente era un genio. Se lo decía su amor. Cuando viviesen
+juntos, entraría de puntillas en su estudio, permaneciendo detrás de él
+en amorosa contemplación, como una esclava. Y cada vez que terminase un
+verso... un beso; a cada estrofa concluida, seis, doce... una lluvia; y
+cuando diese fin a la obra, él la leería con su voz de oro, y ella
+escucharía arrodillada a sus pies adorándolo como un dios: «¡Oh, mi
+novio, mi Tannhauser!... ¡Poeta colosal!».
+
+Así pasaron la mañana, fantaseando sobre el porvenir, sin poder cambiar
+otras caricias que algunos apretones de manos por encima de Karl,
+hundido entre las rodillas de su madre.
+
+El niño sólo abandonó su enfurruñamiento al hablarle Mina en alemán de
+la fiesta de la tarde. Comenzaban los _Olympishe Spiele_ con que chicos
+y grandes iban a celebrar durante cuatro días el paso de la línea. Y
+estos juegos olímpicos consistían en tragar pasteles con rapidez, llenar
+un tanque de patatas, enhebrar agujas, batirse a golpes de almohada,
+correr metidos en sacos, saltar obstáculos, y otras suertes que se
+repetían en todos los viajes al pasar la línea equinoccial con la
+exactitud de ritos religiosos.
+
+Por la tarde iban a ser los juegos de los niños. Ojeda hizo un gesto de
+cansancio: prefería quedarse en su camarote. Pero Mina le miró
+suplicante. «Novio mío... ven». Ella había de asistir para cuidar de
+Karl. ¡Si Fernando estuviese cerca!... No se hablarían, no se mirarían;
+pero ¡sentirlo junto a ella! ¡saber que podía verle con solo volver la
+cabeza!...
+
+Y Fernando fue por la tarde a la terraza del fumadero, adornada con
+banderas y guirnaldas. El capitán, asistido por los «señores de la
+comisión», dirigía los juegos. Maltrana, agregado a ella como
+representante de su amigo, había acabado por usurpar el primer puesto,
+gritando y moviéndose más que todos los otros juntos. Él alineaba a los
+niños, y seguido de un marinero con una cesta, iba repartiendo entre
+ellos manzanas cocidas. ¡Atención! El que se la comiese antes, ganaba el
+premio. ¡Una... dos... tres! Y la gente reía de las grotescas
+contorsiones de los pequeños, abriendo las mandíbulas todo lo posible
+para tragar mayor cantidad de pulpa azucarada, moviendo las orejas
+apresuradamente con la velocidad de su masticación. Un estallido de
+aplausos saludaba al triunfador, mientras algunas madres corrían hacia
+sus hijos, inclinados en arco, para palmearles la nuca, ayudando de este
+modo el deglutido de la materia atragantada.
+
+Luego, niños y niñas, cuchara en mano, corrían de un extremo a otro de
+la terraza para recoger sin rotura unos huevos depositados en el suelo.
+El ganador era el que regresaba más pronto al punto de partida. Después
+corrieron para recoger patatas esparcidas en la cubierta, y el que
+llenaba su tanque con mayor rapidez vencía a los otros.
+
+Retiráronse los pequeños para dejar sitio a los grandes. Una fila de
+damas ocupó un banco, esperando cada una con una caja de fósforos en la
+mano. Venía corriendo hacia ellas otra fila de hombres con cigarrillos
+en la boca y las manos atrás. Crujían los fósforos al inflamarse, y una
+salva de aplausos acompañaba al primero que conseguía volver a su
+asiento con el cigarrillo encendido. Luego, las señoras sostenían en la
+mano una aguja, y los jugadores corrían para arrodillarse a sus pies,
+procurando con angustiosos titubeos enhebrar el hilo que llevaban en su
+diestra.
+
+Comenzó a murmurar el público contra la monotonía de estos juegos.
+
+--¡El chancho!--gritaron muchos--. ¡Que pinten el ojo al chancho!
+
+Maltrana, como si resumiese en su persona a toda la comisión, se inclinó
+con el aire bondadoso de un buen príncipe. ¡Ya que el honorable Senado
+lo reclamaba con tanta insistencia!...
+
+Pidió una tiza el primer oficial, y con la rapidez de una larga
+costumbre, dibujó en el suelo el contorno de un cerdo panzudo. Las
+señoras debían avanzar con los ojos vendados, trazando a tientas el ojo
+que faltaba en la cabeza del animal.
+
+El «digno representante de la comisión», título que se daba a sí mismo
+Maltrana, se apresuró a encargarse de vendar los ojos de las jugadoras y
+dirigir sus pasos, disputando este honor a ciertos intrusos que
+intentaban despojarle del cargo, adivinando sus ventajas. Con una
+servilleta enrollada cubría los ojos de las señoras, indicábalas el
+número de pasos que las separaba del dibujo, y cogiéndolas luego de un
+brazo les hacía dar vueltas para desorientarlas. Avanzaban titubeantes
+las jugadoras, y al agacharse, trazando una cruz en el suelo, que
+equivalía al ojo, un estrépito de carcajadas y aplausos irónicos acogía
+su obra. El tal ojo quedaba a larga distancia de su sitio natural, o,
+cuando más, caía grotescamente en el vientre o el rabo.
+
+Isidro seguía imperturbable, manoseando hermosos brazos con aire
+paternal, guiando los bustos perfumados con protectora suavidad. Al
+sorprender la mirada de Fernando fija en él maliciosamente, le contestó
+con un leve guiño. «Sí; el cargo no era malo... Puramente platónico,
+pero algo es algo.»
+
+Permaneció Ojeda toda la tarde cerca de Mina, contemplando estos juegos
+que parecían volverlos a todos a las alegrías de los primeros años. Ella
+le miraba con el rabillo de un ojo, agradeciendo su permanencia como una
+prueba de amor.
+
+Mrs. Power, al aparecer por breve rato en esta parte del buque, no tardó
+en adivinar la oculta relación entre los dos, a pesar de su afectada
+indiferencia. Este descubrimiento pareció devolverle la tranquilidad. Ya
+no la molestaría su antiguo amigo. Y hasta se atrevió a sonreírle
+irónicamente, cual si le felicitase por su nueva conquista. Luego
+desapareció, siguiendo a los Lowe y a Munster, que la invitaban a
+continuar el _bridge_.
+
+A la caída de la tarde se encontraron Ojeda y Mina en la última
+toldilla, sobre la cubierta de los botes. Ella quería ver a su lado la
+puesta del sol. Desde la línea equinoccial a las costas del Brasil, eran
+los atardeceres más hermosos de todo el viaje.
+
+El cielo límpido tenía el color violeta del crepúsculo. A ras del agua
+aparecían esparcidas algunas nubes blancas de caprichosos perfiles. El
+sol se había hundido tras de ellas, coloreando el horizonte de un rojo
+cegador que poco a poco iba palideciendo. Sobre este fondo de oro se
+recortaban las nubes tomando el contorno de formas humanas.
+
+Mina se extasiaba en su contemplación. Eran ángeles grandes, ángeles
+blancos que marchaban sobre un camino azul por un paisaje de oro. Uno
+llevaba en sus manos una arquilla, otro una copa, otro un lienzo. Los
+reflejos del sol en sus cimas tenían el brillo de luengas cabelleras
+rubias; los sueltos jirones de vapor eran ondulaciones de albas túnicas
+removidas por el solemne paso. Y Ojeda, sugestionado por esta
+interpretación y por las raras formas que engendraba el crepúsculo, veía
+igualmente una teoría angélica sobre un fondo de oro, semejante a los
+desfiles de santos en los mosaicos bizantinos.
+
+Iba extinguiéndose la luz, y con la sombra naciente y la disolución de
+los vapores desleídos en el crepúsculo se borraron poco a poco las
+celestes figuras. Mina, dominada por la emoción del atardecer, sentía el
+pecho oprimido. En sus ojos había lágrimas. «¡Ángeles, adiós!» Sólo se
+habían mostrado por unos instantes, como las visiones de felicidad que
+rasgan el lienzo gris de nuestra vida. Ellos se marchaban, se perdían en
+el infinito, lo mismo que ella desaparecería, tal vez muy pronto,
+tragada por la sombra.
+
+Apoyaba su pecho en el de Fernando, ponía la cabeza en su hombro,
+indiferente a que alguien pudiese sorprenderlos, creyéndose sola con él
+en medio del Océano. Suspiraba lacrimosamente, como si la noche que
+venía pudiese traerle la desgracia... Ojeda se impacientó. Muy hermosa
+la puesta del sol, pero él no podía comprender tanta sensibilidad.
+
+Ella siguió suspirando. «Oh, novio! ¡Siempre!... ¡Vivir siempre juntos;
+más allá de la vida; más allá de la muerte!...» Recordaba el último
+abrazo del caballero Tristán y la hermosa reina Iseo; una caricia
+eterna, infinita, que el gran mago no había envuelto en el misterio de
+su música estremecedora. Luego de beber el filtro de amor, el
+encantamiento de ellos no duraba años, no duraba una existencia entera:
+su poder iba más allá de la muerte... Y cuando después del trágico fin
+quedaban acostados para siempre, cada uno en su tumba de piedra, a la
+sombra de un monasterio, un zarzal nacido de los restos de Tristán
+crecía en una sola noche, cubriéndose de flores y de pájaros, y abarcaba
+las dos sepulturas con abrazo tenaz. Se engrosaba y retorcía como una
+serpiente negra y nudosa, haciendo estallar el mármol, y al fin su
+empuje aproximaba y juntaba a los dos amantes, haciendo que sus
+cadáveres, separados por los crepúsculos de los hombres, se consumiesen
+unidos en un abrazo eterno que proclamaba la majestad del amor, más
+fuerte que la vida... más fuerte que la muerte...
+
+Un grito infantil interrumpió a Mina. Era Karl que la buscaba por la
+cubierta de los botes. Hacía mucho tiempo que el clarín había lanzado la
+llamada al comedor, sin que ellos lo oyesen. El maestro Eichelberger,
+cansado de esperar, se había sentado a la mesa, enviando al niño en
+busca de su madre por todas las cubiertas. Mina huyó. «Hasta la noche...
+novio.»
+
+Pero la entrevista de la noche fue menos cordial. Se mostró Ojeda
+malhumorado por la resistencia de Mina. En vano, aprovechando la escasez
+de paseantes después de terminado el concierto, iban los dos hacia «el
+rincón de los besos». Inútilmente permanecía ella con la cabeza en su
+hombro, prendida de su boca en una caricia prolongada, interminable,
+entornando los ojos. Él deseaba algo más. Creía ridícula esta situación.
+No encontraba sabor a unos transportes amorosos faltos ya de novedad.
+
+Se separaron fríamente: ella cabizbaja, triste, cerrando los ojos,
+haciendo esfuerzos para no llorar; él enfurruñado, sardónico, como un
+hombre que se indigna al verse defraudado en sus esperanzas.
+
+Antes de dormir, Ojeda exhaló toda su cólera.
+
+--¡Si cree esa ilusa que voy a perder el tiempo cerca de ella como un
+enamorado romántico!... «Boca, sí; cabina, no...» ¡Que vaya al diablo si
+no quiere pasar de eso!... De mí no se burla ya nadie a bordo...
+Bastante he dado que reír.
+
+A la mañana siguiente se encontraron otra vez en la cubierta de los
+botes, pero su entrevista no fue de mejores resultados. Mina lloró. Lo
+que deseaba Fernando era imposible. ¿Por qué empeñarse en romper el
+encanto de sus relaciones con algo brutal que traería forzosamente una
+separación? En otros tiempos, ¡tal vez!... cuando era hermosa. Pero
+ahora se daba cuenta de lo lamentable que podía ser la impresión del
+hombre que la poseyese. Desengaño; sorda cólera al ver que la realidad
+era muy distinta de la ilusión; seguramente olvido. «No, novio mío...
+no.»
+
+Después del almuerzo, Fernando no quiso buscarla. En vano pasó Mina
+repetidas veces ante una ventana del jardín de invierno junto a la cual
+tomaban café Ojeda y su amigo. Mostraba él un visible deseo de no
+reparar en los paseantes.
+
+Luego, al reanudarse los juegos en la terraza del fumadero, la alemana
+lo encontró a corta distancia; pero fingía no verla, apartando los ojos
+cada vez que los suyos iban hacia él. «¡Dios mío! ¡y era posible que sus
+amores terminasen así!...» Hubo de hacer esfuerzos para no llorar... ¡Y
+todo por las negativas de ella, por la terquedad infantil de él, que
+ansiaba su posesión como si pidiese un juguete!...
+
+Sopló una brisa helada del lado de popa que hizo estremecer a las damas,
+vestidas ligeramente. Mina tosió, llevándose las manos a los brazos y al
+pecho, casi desnudos, sin otro abrigo que el calado sutil de una blusa
+blanca. La súbita frescura le hizo imitar a algunas señoras que iban a
+sus camarotes en busca de un abrigo.
+
+Cuando estuvo abajo, en el corredor, iluminado en plena tarde como un
+pasillo subterráneo, experimentó la inquietud del que cree percibir a
+sus espaldas unos pasos invisibles.
+
+No había nadie en esta calle profunda del buque, envuelta a todas horas
+en densa penumbra. Adivinábase que todos los camarotes estaban
+desiertos. Hasta los criados debían andar por arriba viendo los juegos.
+¡Si Fernando apareciese de pronto!... Esta idea la hizo temblar con
+estremecimientos de miedo y de dulce inquietud, segura de que si él se
+presentaba su caída era inevitable, convencida de antemano de la
+flojedad de su resistencia.
+
+Y él apareció, sin que ella, avisada por su presentimiento, mostrase
+gran sorpresa. Giraba la llave bajo su mano, abríase la puerta de su
+camarote, cuando le vio avanzar con pasos quedos, que el tapiz del
+corredor hacía aún menos ruidosos.
+
+Mina se detuvo, llevándose una mano al pecho, conmovida de pavor y de
+sorpresa. Pero esta impresión duró poco. Se acordaba de que minutos
+antes había dado por perdido el amor de Fernando. ¡No hablarle más!...
+¡Ver sus ojos fijos en otra!...
+
+--¡Mi novio!... ¡mi poeta!
+
+Había caído en sus brazos, se colgaba de sus labios en un beso largo de
+ruidosa aspiración.
+
+Luego se apartó bruscamente, como si la poseyese otra vez el miedo.
+
+--Márchate... Podrían vernos.
+
+Había entrado en su camarote, estaba al otro lado de la puerta, pero la
+mantenía a medio cerrar para verle un momento más, acariciándolo con su
+sonrisa y sus ojos.
+
+Cuando quiso cerrar, no pudo. Una rodilla de Fernando, un codo, se
+apoyaban en la madera empujándola contra Mina, que oponía el obstáculo
+de todo su cuerpo. Y en esta situación, pugnando él por abrir y ella por
+cerrar, hablaron los dos en voz queda, temblona, cortada por
+estremecimientos de fiebre, como si estuviesen concertando algo penable
+en el obscuro misterio de este pasadizo a flor de agua.
+
+Él suplicaba... «Déjame entrar... déjame entrar.» Con la cobarde mentira
+del deseo llevábase una mano al corazón jurando la nobleza de sus
+intenciones. Podía estar tranquila; no pensaba hacer nada contra su
+voluntad: lo que ella quisiera y nada más... Deseaba penetrar en su
+camarote solamente para estrecharla en sus brazos sin miedo a verse
+sorprendidos por inoportunos transeúntes, para besarla hasta la hartura
+sin la zozobra que despiertan unos pasos que se aproximan. Debía tener
+fe en su palabra.
+
+--No... no--gemía ella pugnando por cerrar, sin que la puerta obedeciese
+a la presión de sus manos y rodillas.
+
+Ojeda insistió. «Déjame que entre...» Nada intentaría contra su
+voluntad. Daba su palabra de honor... Y en la confusión de su excitado
+deseo, sin saber ciertamente lo que decía, sin darse cuenta de lo
+grotesco de sus juramentos, buscó nuevos testigos, nuevos fiadores...
+Prometía respetarla por lo que amara ella más en el mundo, por todo lo
+que venerase él con mayor admiración.
+
+--Te lo juro... ¡por Wagner! Te lo juro... ¡por Víctor Hugo!
+
+Fue cediendo la puerta lentamente, como si estas palabras fuesen de un
+poder mágico. La presión exterior, cada vez más enérgica, la ayudó a
+girar sobre sus goznes, arrollando las últimas resistencias de Mina.
+
+Y luego de quedar abierta se cerró de golpe, dejando en absoluta soledad
+la penumbra del corredor.
+
+¡Pobre Wagner!... ¡Pobre Víctor Hugo!...
+
+
+
+
+X
+
+
+Después de la comida, Fernando se sentó en el paseo lejos de la música,
+que empezaba su concierto nocturno.
+
+Estaba triste, y su tristeza era de engaño y arrepentimiento. Aquella
+pobre mujer había dicho la verdad: las ilusiones de él iban a morir de
+un golpe con la satisfacción del deseo. Mejor hubiese sido creerla. Todo
+el edificio fantástico elevado en el curso de sus diálogos se habían
+venido abajo por un simple encontrón de la realidad. Y Ojeda salía de
+esta aventura con una gran inquietud de conciencia. ¿Qué hacer ahora?...
+
+¡Pobre Mina! Ella había sido la primera en darse cuenta de la tristeza y
+el desaliento que habían seguido a su delirio amoroso. Al despertar y
+serenarse, un gesto suyo de resignación, un adiós humilde, habían dado a
+entender a Fernando que no se hacía ilusiones acerca del porvenir. Todo
+estaba concluido. Y cuanto él dijese por restablecer el pasado sería
+piadosa mentira, falsedad galante para enmascarar su decepción.
+
+En el resto de la tarde habían evitado encontrarse otra vez: ella como
+arrepentida de su debilidad, él con remordimiento. Luego de la comida,
+mientras Fernando quedaba solo en el paseo, con visible propósito de
+aislarse de todos, Mina emprendió con el pequeño Karl el descenso al
+camarote, para no volver a mostrarse hasta el día siguiente. Aquella
+noche ¡ay! no iba a ser de ensueños...
+
+«Muy bien, señor Ojeda... Has hecho infeliz por unos días a una pobre
+mujer que no ha cometido otro delito que el de amarte un poco. Por un
+capricho de tu deseo, la has hecho convencerse una vez más de su miseria
+física, que ella tenía olvidada... Y de todo esto has sacado un
+remordimiento y la vergüenza de tener que mentir, de tener que
+ocultarte. No quisiste hacer caso de sus indicaciones y brusqueaste su
+resistencia. ¡Muy bien!... Te has portado como un caballero.
+
+Cuando estaba más ensimismado, formulando mentalmente estos reproches,
+oyó una voz de mujer junto a él y vio que un bulto se interponía entre
+sus ojos medio cerrados y las estrellas del cielo movible extendido
+sobre el borde de la baranda y el filo del techo.
+
+--¡Siempre solito, siempre pensando!... Tal vez está usted haciendo
+algunos versos lindos.
+
+Fernando se incorporó a impulsos de la sorpresa más aún que de la
+cortesía. Era Nélida la que le hablaba. Lo primero que alcanzó a ver fue
+su boca, de un rosa húmedo, con los dientes agudos, luminosos; la boca
+de tigresa admirada por Isidro, que le sonreía cual si pretendiese
+atraerlo.
+
+Turbado por la inesperada presencia, no supo qué decir. Ella agradeció
+con una sonrisa esta confusión, considerándola como un homenaje a su
+bizarra hermosura, que hacía perder la calma a los hombres más graves.
+
+--¡Siempre solito!...--volvió a repetir--. Usted no quiere ser mi
+amigo... Le he mirado muchas veces, le he hablado... y nada.
+
+Encogíase humildemente, como si esta pretendida indiferencia de
+Fernando--de la que él no se había percatado nunca--le causase gran
+dolor.
+
+--Y el caso es que yo tengo que pedirle una cosa... Deseo que me escriba
+algo; dos versos nada más: su firma. Quiero conservar un recuerdo para
+que mis amigas sepan que he viajado con el señor Ojeda, un poeta de
+España. Todas las niñas tienen algo de usted: una postal, un verso lindo
+en el abanico. Y yo no tengo nada... Diga, señor, ¿es que le soy
+antipática?
+
+Mientras hablaba se había sentado en un sillón al lado de Fernando. Al
+principio mantúvose erguida; pero lentamente se recostó, hasta quedar
+con las piernas horizontales, mostrando su adorable bulto a través de la
+angosta falda.
+
+Ojeda acogió su petición con un apresuramiento galante, balbuceando aún
+por la sorpresa. Escribiría todo un poema, si esto podía darla placer...
+Sentíase muy honrado con su petición. ¿Tenía un álbum?... No; ella no
+había pensado en adquirir este volumen, que mostraban con orgullo muchas
+señoritas de a bordo. Pero le pediría al comisario del buque un
+cuadernillo en blanco de apuntaciones o un simple pedazo de papel. Lo
+que le interesaba era el recuerdo. Y al mismo tiempo daba a entender
+ingenuamente con sus ojos que se había aproximado a él por entablar
+conversación más que por el interés que pudieran inspirarle los versos.
+
+Continuó Fernando sus excusas. Nunca la había mirado con indiferencia.
+Ella era la alegría del buque; la mujer más hermosa e interesante:
+estaba dispuesto a declararlo en verso. Pero ¿cómo acercarse viéndola
+secuestrada por sus adoradores, defendida por aquella escolta feroz, que
+a su vez parecía fraccionada y enemistada por los celos?
+
+--¡Ah, mis adoradores!--exclamó ella riendo--. No me hable de ellos;
+estoy harta... Le advierto, señor, que yo detesto a los muchachos.
+¡Gente egoísta e insufrible! Me gustan más los hombres serios y de
+cierta edad. Saben querer mejor; rodean a una mujer de mayores
+atenciones.
+
+Y miraba audazmente a Fernando con ojos de provocación, para que no
+tuviese dudas sobre la persona a la que iban dirigidos tales elogios.
+
+Se había incorporado Ojeda en su asiento para mirarla también con
+atrevida fijeza. Un perfume de carne joven, de frescura tentadora,
+parecía envolverla. No era la dulzura marchita de la alemana ni el
+esplendor de fruto maduro de Mrs. Power. Hasta la imagen de Teri, que se
+agitaba en su memoria como un remordimiento, perdió algo de su belleza
+al ser comparada con esta muchacha... Era un hermoso animal exuberante
+de vida, de fuerza voluptuosa, que iba derramando generosamente los
+encantos de su primavera. Algunas veces perdía el sonriente aplomo de su
+amoralidad; parecía dudar con cierto miedo, pero después seguía adelante
+con mayor ímpetu, guiada por sus impulsos.
+
+Y esta criatura bella e inconsciente, sin más regla de voluntad que el
+instinto, venía de pronto hacia él por un capricho inexplicable. ¡Dulces
+sorpresas de la existencia!... No era posible dudar. Bastaba ver sus
+ojos fijos en él con un ardor de pasión, dilatándose cual si quisieran
+absorber su imagen; su boca de frescura insolente y esplendorosa
+escarlata estremeciéndose con un bostezo amoroso, sintiendo repentinos
+abrasamientos que hacían salir la lengua de su encierro para pasearse
+por los labios; sus dientes de devoradora que parecían temblar con el
+fulgor de un acero pronto a hundirse en la carne... No podía explicarse
+esta buena fortuna; pero era indiscutible que Nélida, abandonando a su
+tropa de adoradores, se aproximaba a él, que no había hecho esfuerzo
+alguno por atraerla. Y despertaba en Ojeda el orgullo sexual que duerme
+en el fondo de todo hombre; la fatuidad masculina, que se considera
+irresistible con sólo una mirada o una palabra de femenil aprobación; la
+fe ciega en el propio valer, que acepta como naturales y lógicas todas
+las aproximaciones, por inverosímiles que sean.
+
+Recordó Ojeda cuanto había oído contar de las travesuras de Nélida,
+disculpándolas por adelantado. Tal vez habría en ellas mucho de
+exageración. Las gentes de a bordo, siempre desocupadas, mentían
+grandemente. Y aunque todo lo que contaban fuese cierto... ¿qué había de
+censurable en que él marchase sin compromisos por el mismo camino que
+otros habían frecuentado antes? «El mar era... el mar.» Estaban aislados
+del mundo, en medio de la soledad, como si la vida hubiese concluido en
+el resto del planeta, olvidados de sus leyes y preocupaciones. Cuando
+volviese a tierra recobraría el fardo de sus compromisos y antiguos
+afectos. Esta juventud de carne primaveral y firme como la pulpa verde,
+y con un perfume semejante al de los jardines después del rocío, era un
+regalo de la buena suerte para compensarlo de su desilusión de aquella
+tarde. ¡A vivir!...
+
+Se inclinaba hacia ella como si no la oyese bien, y Nélida, por su
+parte, descansó un brazo en el sillón de Fernando, gozosa de sentir su
+epidermis en casual contacto con una de sus manos. Hablábanse sin mirar
+a los que transcurrían junto a ellos, sin reparar en sus ojeadas de
+sorpresa y sus cuchicheos de comentario. Algunas matronas se erguían
+dignas y austeras, volviendo los ojos por no verles, pero al llegar a la
+otra banda del paseo lanzaban la noticia, una gran noticia para la gente
+ansiosa de novedades.
+
+--¿No saben ustedes?... Nélida, esa loca, ha abandonado a su escolta y
+está con el doctor español, el amigo de Maltranita. ¡Pobre hombre!
+
+Las niñas, que admiraban y temían a Nélida como la personificación del
+pecado, se tocaban con el codo al pasar ante ellos.
+
+--Una nueva conquista... Ahora ha caído ese señor tan serio que hace
+versos... y no baila. ¡Qué Nélida!...
+
+Ella, con su fina observación femenil, se daba cuenta del revoloteo de
+los curiosos y sentía orgullo por este escándalo, que pasaba inadvertido
+para Ojeda.
+
+Lo único que notó éste fue la familiaridad cada vez más grande con que
+le trataba Nélida. No se habían cruzado entre ellos verdaderas palabras
+de amor. Sólo había osado él algunas galanterías de las que no
+comprometen, pero la joven le hablaba ya lo mismo que a un amante.
+
+Tenía una confianza absoluta en su poder sobre los hombres. Le bastaba
+colocar la mirada en uno de ellos para considerarlo suyo, sin molestarse
+en consultar su aprobación. Era el centro de la vida en aquel pedazo de
+mundo que flotaba sobre el Océano, y todo el sexo masculino debía girar
+en torno de su persona. Aquel a quien ella hiciese un gesto, un leve
+llamamiento, tenía que venir forzosamente a arrodillarse a sus pies. Y
+satisfecha de este poder de seducción que nadie osaba resistir, seguía
+hablando con Fernando y se justificaba de las ligerezas de su pasado, de
+las cuales no le había pedido él cuenta alguna.
+
+Era muy desgraciada--y al decir esto acentuó con asombrosa facilidad el
+brillo lacrimoso de sus ojos--. Tenía un novio en Berlín que ansiaba
+casarse con ella, pero los negocios de papá habían roto de pronto su
+dicha obligándola a embarcarse. ¡Qué infortunio el suyo! ¡Y ella que
+amaba a este novio con toda su alma!...
+
+Ojeda arriesgó tímidamente algunas observaciones. ¿Y el otro alemán que
+pasaba a bordo por pariente suyo? ¿Y el belga y los demás amigos?...
+Pero Nélida le contestó sin el más leve indicio de cortedad. Éstos le
+servían para divertirse. Era joven: aún no había cumplido diez y ocho
+años. La vida es corta y hay que aprovecharla. Nada le importaban las
+murmuraciones; todo se arreglaría al fin casándose, y ella estaba segura
+de encontrar en América un marido tan pronto como lo creyese necesario.
+Uno de la tierra no, porque todos en aquel país eran a la antigua,
+celosos, feroces, intratables en sus preocupaciones. Algún _gringo_,
+algún extranjero tentado por su belleza y la fortuna de papá. Y al decir
+esto sonreía de un modo cínico.
+
+«Esta muchacha es loca--pensó Ojeda, asombrado por la rapidez con que se
+sucedían en ella las impresiones y la franqueza con que exponía su
+amoralidad--. ¡Una loca adorable!»
+
+Como si repentinamente se arrepintiese de su cinismo, tomó Nélida una
+expresión melancólica. No pensaba hablar más con aquellos jóvenes que la
+asediaban a todas horas. Estaba aburrida de sus peleas y rivalidades; no
+le inspiraban interés. Faltaba algo en su vida, sin que ella se diese
+cuenta de lo que pudiera ser. Tal vez por eso había cometido tantas
+ligerezas y travesuras en el buque. Pero aquella misma noche había
+adivinado de pronto cuál era su deseo, qué es lo que le faltaba para
+sentirse dichosa. Y al decir esto, envolvió a Fernando en una mirada
+hambrienta.
+
+«¡Qué loca!», siguió pensando él, mientras experimentaba la satisfacción
+del orgullo.
+
+Dudaba un poco de la sinceridad de sus palabras y gestos. Tal vez este
+acercamiento no era más que un capricho de su carácter tornadizo. Pero
+aun así, sentía halagada su vanidad, y no dudó un instante en
+aprovecharse de la aproximación.
+
+Nélida continuó explicando el pasado. Desde que vio a Fernando por
+primera vez, frente a Tenerife, no había podido olvidarle... Esperaba
+que se aproximase, pero él se mantenía siempre aparte, y la rutina
+social no permite que la mujer inicie ciertas cosas. Luego había sufrido
+mucho viéndole con ciertas mujeres--y la atrevida muchacha tomaba un
+aire pudibundo al recordar los amoríos de él en el buque--. Odiaba a la
+señora norteamericana, tan estirada y orgullosa, que nunca había
+contestado a sus saludos; odiaba también a aquella fea mal trajeada que
+iba con él en los últimos días. Esta amistad era indudablemente por
+reírse, ¿verdad?... ¡Un hombre como él exhibiéndose al lado de una pobre
+madre de familia!... Y al experimentar tales contrariedades había visto
+Nélida con claridad que era Fernando lo que ella deseaba.
+
+Muchas veces había preguntado por él a su amigo Isidro, queriendo
+conocer detalles de su existencia anterior. Maltrana podía decirle el
+interés que le inspiraban todas sus cosas; cómo ella, que no ponía
+atención en la vida de los demás--pues bastante tenía con los asuntos
+propios--, había sido la primera en enterarse de su intriga con Mrs.
+Power, y cómo había protestado después al verle exhibiéndose junto a
+aquella verdosa mal pergeñada.
+
+En este momento pasó Isidro junto a ellos por cuarta o quinta vez,
+mirando, tosiendo, haciendo esfuerzos para que Ojeda reparase en él y le
+diese motivo de intervenir en la conversación. Nélida le llamó.
+
+--Acérquese, Maltrana. ¿Cómo le va?... Diga si no es cierto que yo le he
+preguntado muchas veces por este señor... diga si no me he quejado
+porque su amigo me miraba con cierta antipatía y parecía huir de mí.
+
+Isidro se inclinó con una gravedad cómica. Exacto. Él lo afirmaba con
+toda clase de juramentos. Y al decir esto, sus ojos iban hacia Fernando,
+gozándose en su asombro por esta aventura inesperada. ¡Ah, varón digno
+de envidia!...
+
+--¡Nélida!... ¡Nélida!
+
+Era un llamamiento imperioso de su madre, asomada a la puerta del
+fumadero. Como de costumbre, dejó que se repitiera muchas veces sin
+prestar atención; hasta que al fin abandonó, refunfuñando, su asiento.
+
+--¡Señora odiosa!... De seguro que no es nada que valga la pena...
+Alguna intriga de ésos para molestarme porque estoy con usted.
+
+«Ésos» eran los adoradores, que vagaban desorientados por la cubierta
+desde que Nélida había huido de su compañía. Les había visto pasar
+repetidas veces ante ella, hablando en alta voz para atraer su atención,
+fingiendo luego que contemplaban el mar mientras aguzaban el oído
+queriendo sorprender algunas palabras de su diálogo... Iba a decirles a
+estos importunos lo que merecían por sus tenaces persecuciones y por
+mezclar a mamá en sus asuntos. ¡Qué atrevimientos se permitían sin
+derecho alguno!...
+
+Cuando empezaba a alejarse con aire belicoso, se detuvo, volviendo sobre
+sus pasos.
+
+--Espéreme aquí, Ojeda... No se vaya; ahora mismo vuelvo... Piense que
+me dará un disgusto si no le encuentro. Ya lo sabe... ¡quietecito!
+
+Y le amenazó sonriente, moviendo el índice de su diestra. Al quedar
+solos Fernando y Maltrana, éste rompió a reír.
+
+--Muy bien, ilustre amigo. Flojo escándalo han dado ustedes esta noche.
+No se habla en el buque de otra cosa.
+
+El aludido hizo un gesto de extrañeza y asombro. Escándalo, ¿por qué?...
+Una simple conversación, como tantas otras que se desarrollaban en la
+cubierta a la hora del concierto.
+
+--Es que la niña tiene su fama muy bien ganada. Y usted también empieza
+a gozar la suya, en vista de ciertos hechos recientes. Por eso al verles
+juntos de pronto, cuando hasta ahora no habían cruzado dos palabras,
+todos suponen un sinnúmero de cosas.
+
+Y Maltrana imitó los gestos de escándalo de las señoras: «Un hombre tan
+serio y distinguido... siempre con sus libros o escribiendo... y de
+pronto se lanzaba a "flirtear" sin recato alguno... ¡Hasta con Nélida,
+que casi podía ser hija suya!... Fíese usted de los hombres. ¡Todos
+iguales!».
+
+Ojeda se excusó. Él no había hecho nada para aproximarse a esta
+muchacha. Era ella la que lo había buscado de pronto, sin motivo
+visible.
+
+--Así es--dijo Isidro--. Hace tiempo le predije lo que iba a ocurrir. Ya
+que usted no iba a ella, ella vendría a usted... Y ha venido: estaba yo
+seguro de ello.
+
+Fernando hizo un gesto interrogante: «¿Y por qué?...».
+
+--Vaya usted a saber... Ante todo, esa muchacha es medio loca: ya se
+habrá usted dado cuenta. Luego, la contrariedad de no verse buscada, su
+orgullo sublevado al notar que no conseguía su atención. A usted lo
+consideran buen mozo las matronas más austeras, y lo que es mejor aún,
+figura como el más «distinguido» entre los hombres serios de a bordo.
+Tiene también su poquito de leyenda misteriosa. Le suponen grandes
+amores en el viejo mundo, relaciones con duquesas, princesas o ¡qué se
+yo más!... En fin, con damas que llevan coronas bordadas hasta en las
+ropas más interiores, lo mismo que las heroínas de ciertas novelas.
+¡Figúrese qué bocado magnífico y tentador para nuestra hermosa tigresa!
+
+Fernando rio de este prestigio novelesco que le suponía su amigo.
+
+--Además, usted ha empezado a distinguirse en los últimos días como un
+rival de Nélida en punto a escandalizar a las buenas gentes. Sus
+«flirteos» casi han llamado tanto la atención como los de esa muchacha.
+Ella y usted son los dos primeros amorosos de a bordo. Y Nélida no puede
+sufrir rivalidad alguna... ¡Un hombre que se distingue por sus amoríos y
+no se digna fijar los ojos en ella, que se considera la mujer más
+hermosa del buque!... No ha necesitado más para correr hacia usted.
+
+Isidro había seguido de cerca la rápida transformación de Nélida. Hacía
+dos días que le hablaba a cada momento de su amigo con gran interés,
+preguntándole por su vida anterior. Aquella noche, después de la comida,
+se había peleado con los jóvenes de su banda en el jardín de invierno,
+sin saber por qué. Luego, en las cercanías del fumadero, nueva
+discusión, terminada con una ruptura insultante.
+
+Los admiradores se habían alejado de ella, puestos de acuerdo con
+maligna solidaridad. Estaban seguros de que al verse sola, en el
+aislamiento en que la habían dejado las mujeres por sus travesuras
+anteriores, volvería a buscarlos forzosamente, por tedio y ansia de
+diversión. Pero Nélida había aprovechado este abandono para ir al
+encuentro de Ojeda, y ahora los adoradores, chasqueados por el fracaso,
+no sabían qué inventar para atraérsela.
+
+--Ellos, sin duda, han sugerido a la madre su reciente llamada. Le
+habrán hablado del escándalo que da Nélida al exhibirse al lado de
+usted, y la mulatona, que desea reducir a su hija, sin saber cómo, les
+ha hecho caso.
+
+Mostrábase optimista Maltrana, felicitando a su amigo por su buena
+suerte. ¡Cosa hecha! Aquella loca podía considerarla como suya. La
+familia no debía inspirarle inquietud; lo peligroso era la banda, todos
+aquellos jóvenes habituados al trato de Nélida, unos como amigos, en
+espera de algo mejor, otros en continua rivalidad, pero satisfechos de
+la parte de posesión que consideraban ahora en peligro.
+
+Iban a indignarse al ver que un hombre serio, de mayor edad que ellos y
+que jamás había intervenido en sus fiestas, se llevaba el objeto de sus
+alegrías. ¡Ojo, Fernando! Había que mirar con cierto cuidado a esta
+juventud insolente, de varias nacionalidades, que no tenía motivo para
+guardarle respeto.
+
+--La niña va a caer sobre usted como un fardo pesado. En tierra se
+resisten mejor estas cosas; aquí tendrá que aguantarla a todas horas. Ha
+perdido su trato con las mujeres; las más atrevidas sólo la saludan con
+un movimiento de labios, y al faltarle la sociedad de su banda, se
+refugiará en usted... ¡Afortunadamente, me tiene a mí, que puedo
+aligerarle de este peso!...
+
+Apareció Nélida en la puerta del fumadero, mirando hacia el lugar donde
+estaban los dos amigos. Al ver a Ojeda inmóvil en su sillón, movió la
+cabeza con gesto aprobativo. Muy bien. Así le quería: obediente.
+
+Mientras ella se aproximaba, Isidro se marchó.
+
+--Hasta luego... Comprendo que estorbo. ¡Buena suerte!
+
+Recobró su asiento Nélida vibrante y nerviosa, golpeando con el abanico
+un brazo del sillón. ¡Ah, su madre! ¡Aquella mulata antipática, a la que
+en nada se parecía! Siempre coartando su libertad, siempre con miedo a
+lo que diría la gente y hablando de virtud. ¡Y si ella repitiese lo que
+había oído a ciertas criadas viejas traídas de América, que servían a su
+madre desde el principio de su matrimonio!... La insufrible señora
+abusaba de su silencio riñéndola en nombre de la moral: una cosa
+excelente para la edad de ella, pero falta de significación y de
+utilidad para los verdes años de Nélida.
+
+Se había peleado con la madre porque pretendía llevarla inmediatamente
+al camarote con el pretexto de que eran las once. Insultó luego en voz
+baja a los antiguos adoradores, que rondaban cerca de las dos para
+gozarse en su obra, y sin aguardar contestación había volado otra vez
+hacia Fernando.
+
+--Si usted lo desea, me retiraré--dijo éste--. Yo no quiero que sufra
+molestias por mi culpa.
+
+Ella se indignó, como si le propusiese algo contra su honor. Debía
+permanecer al lado suyo, ahora más que antes. Bastaba que le ordenasen
+una cosa, para ansiar con irresistible deseo todo lo contrario. ¡Ay, si
+no temiese estorbar a papá, que estaba jugando al _poker_ con unos
+amigos! Sería suficiente una palabra suya para que interviniese con toda
+su autoridad, dejándola triunfante sobre la madre desesperada... Iban a
+tener que separarse dentro de unos instantes.
+
+--Verá usted cómo llega el zonzo de mi hermano con la orden de que me
+vaya a dormir... Y tendré que obedecer a esa señora por no dar un
+escándalo. ¡Qué rabia!
+
+Ojeda pensó con cierta inquietud en las complicaciones y contrariedades
+que iban a alterar su plácida existencia por obra de esta mujer. Habría
+de ganarse la simpatía de aquella señora cobriza, luchando además con la
+mala intención de los de la banda... Y todo ello por un resultado
+problemático, pues no estaba seguro de que en adelante se mostrase del
+mismo humor esta muchacha caprichosa y mudable.
+
+Iba a arriesgar una proposición que significase algo positivo, a
+solicitar una promesa de verse al otro día en lugar menos público que la
+cubierta de paseo, cuando ella le miró imperiosamente y dijo en voz
+queda:
+
+--A las doce... Le espero a las doce.
+
+¿A las doce de qué?... ¿Dónde debía estar a las doce?... Nélida pareció
+impacientarse, al mismo tiempo que sonreía con cierta compasión. ¡Y
+afirmaban todos que Ojeda tenía talento!... A las doce de aquella noche;
+y en cuanto a lugar para verse, su camarote. ¿Cuál otro podía ser? Ella
+le esperaría con la puerta entornada. ¡Qué torpes eran los hombres!...
+
+Así, con sencillez, sin dar importancia alguna a sus indicaciones.
+Cuando él titubeaba antes de formular una proposición, rebuscando
+palabras para hacerla más suave, ella había salido a su encuentro,
+abriéndole el camino rudamente.
+
+Fernando movió la cabeza con gravedad, lo mismo que si se tratase de un
+lance de honor. Muy bien; a las doce llegaría puntualmente. Nélida dio
+detalles de su instalación. Ocupaba sola un pequeño camarote; en otro
+inmediato estaba su hermano; más allá sus padres, en uno más grande.
+Vería luz en la puerta entreabierta. No tenía más que llegar
+cautelosamente, arañar la madera... Pero se detuvo en sus indicaciones.
+
+--¡Ya llega ese imbécil!... ¡La orden para ir a dormir!
+
+El imbécil era el hermano, que se presentó saludando a Ojeda con voz
+balbuciente, mirándolo como a un personaje importante que inspira
+respeto y poca simpatía.
+
+Nélida, al ponerse de pie, se desperezó con voluptuosa expansión.
+Parecía más alta, como si su cuerpo se dilatase de los talones a la nuca
+con el serpenteo nervioso que corría por él.
+
+--Buenas noches, señor... Encantada de las cosas lindas que me ha dicho.
+No olvide los versos.
+
+La vio alejarse al lado del hermano, que trotaba, no pudiendo seguir sus
+pasos largos. La satisfacción de una nueva conquista, la inquietud de
+algo desconocido que iba a revelarse en breve, el orgullo de desobedecer
+a todos imponiendo su capricho, enardecían la briosa juventud de Nélida,
+dando nueva frescura a su animalidad triunfante y majestuosa.
+
+Paseó Ojeda por la cubierta para entretenerse hasta la hora de la cita.
+¿En qué día estaba?... Miércoles nada más. Era el mismo día en que había
+entrado por primera vez en el camarote de la Eichelberger. ¡Y él se
+imaginaba que iba transcurrido mucho tiempo, días y días, semanas,
+meses, desde esta aventura triste!
+
+Las horas se deslizaban a bordo de un modo irregular, con una celeridad
+loca o una monotonía interminable, según eran los sucesos. Sólo habían
+transcurrido unas pocas, y otra vez iba a bajar cautelosamente al
+interior del buque en busca de una mujer en la que no pensaba poco
+antes. Si alguien le hubiese anunciado esto por la mañana, al
+levantarse, habría reído incrédulamente. Contaba con los dedos, para
+reconstituir en su memoria los sucesos de los últimos días. El domingo,
+víspera del paso de la línea, Maud. El lunes, la derrota y la burla que
+le hacían odioso el recuerdo de Mrs. Power. Al otro día, Mina, la
+melancólica, que había prolongado su dulce encantamiento hasta la tarde
+del día presente. Y ahora, Nélida, que venía hacia él contra toda
+lógica, cuando menos podía esperarlo; Nélida, «la de la boca de
+tigresa--como decía Maltrana en su afición a los apodos homéricos--, la
+de los ojos de antílope y la carne primaveral».
+
+En cuatro días tres amores... La vida de a bordo quería borrar con la
+rapidez de los hechos la monótona languidez de su ambiente. En tierra,
+donde las personas, por más que se busquen, pasan al día muchas horas
+sin verse, habría necesitado cuatro meses, o tal vez más, para llegar a
+este resultado. Aquí todo era fácil, gracias al hacinamiento y el tedio
+de tantos seres distintos y contradictorios, obligados a convivir como
+las infinitas especies del arca diluviana.
+
+Cerca de las doce cesó Ojeda en sus paseos. Deseaba bajar a la penúltima
+cubierta sin ser advertido. A estas horas podía llamar la atención verle
+en las profundidades del buque, a él, que tenía su camarote en el mismo
+piso del comedor. Las recomendaciones de Isidro le hicieron pensar con
+cierta inquietud en los jóvenes de la banda. Parecía disuelta esta noche
+al faltarle la presencia de la señorita Kasper, que era en ella el eje
+central, el polo de atracción. Algunos de sus individuos estaban
+diseminados en las mesas del fumadero, siguiendo las partidas de
+_poker_. Dos marchaban por la cubierta, y a Fernando le llamó la
+atención la frecuencia de sus encuentros, como si no le perdiesen de
+vista.
+
+Aprovechó un momento en que estaba desierto el paseo para deslizarse por
+una escalera. Bajó dos pisos sin encontrar a nadie. Luego avanzó por un
+pasadizo, de puntillas sobre la tupida alfombra roja con grandes
+redondeles, en cuyo centro se ostentaba el nombre del buque. De algunas
+puertas surgían furiosos ronquidos. Creyó que sonaban detrás de él leves
+roces, como si alguien le siguiese. Se imaginó ver unas cabezas que le
+atisbaban asomadas a una esquina del corredor y que de pronto se
+ocultaron. Pero ya no podía retroceder, y siguió adelante, mirando los
+números de los camarotes.
+
+La puerta estaba entreabierta, y antes de que él llegase se marcó en su
+estrecho rectángulo de luz la arrogante figura de Nélida. Iba vestida
+simplemente con un kimono azul, el mismo que Fernando le había visto
+comprar en Tenerife. Unos brazos blancos y fuertes, completamente
+desnudos y que esparcían un perfume de carne fresca recién lavada,
+salieron al encuentro de él, agarrándose a su pecho como tentáculos
+irresistibles.
+
+--¡Entra, tonto!--ordenó imperiosamente con voz enronquecida al notar su
+vacilación--. Ésos andan por ahí... pero no importa. ¡Entra, no pierdas
+tiempo!
+
+Y tiró de él rudamente, lo mismo que en las callejuelas de muchos
+puertos tiran de la marinería ebria brazos desnudos con adornos de latón
+surgiendo de ciertas casas.
+
+Poco después de la salida del sol, despertó Ojeda en su lecho. Sonaba la
+música en el inmediato corredor, junto a la puerta del camarote. «Hoy es
+domingo», pensó, en la torpeza del despertar. Pero una extrañeza
+repentina disipó las últimas brumas de su sueño. Hizo un rápido cálculo
+de días. No, no era domingo. Además, la música sonaba alegremente una
+especie de diana de caballería que no podía confundirse con el solemne
+coral luterano. A continuación de esta diana, una polca saltona con
+locas cabriolas de clarinete, y luego se retiraron los músicos. «Debe
+ser una alborada en honor de alguno de los alemanes vecinos míos.
+Cualquiera diría que era para mí.» Y Ojeda volvió a dormirse.
+
+Dos horas después, mientras se vestía, quiso saber el motivo de esta
+música, preguntando al camarero que entraba con un jarro de agua
+caliente. El _steward_ contestó rehuyendo sus ojos. Era un obsequio al
+pasajero de al lado, un alemán que pasaba las noches jugando en el café
+hasta que apagaban las luces. Sin duda, los amigos le habían dedicado
+esta alborada por ser su cumpleaños. Y vagó bajo su recortado bigote una
+sonrisa de servidor discreto que piensa en la hora de la propina y
+miente por no molestar al señor.
+
+Arriba, en el paseo, el primero que le salió al encuentro fue Maltrana.
+
+--¿Ha oído usted la música?--preguntó con cierto misterio.
+
+Ojeda quiso mostrar que estaba bien enterado. Sí; era en honor de un
+vecino suyo que celebraba su cumpleaños.
+
+--No, Fernando; la música era para usted... Cosas de esos chicos, que
+están furiosos por la traición de Nélida. Una ironía pesada y roma como
+sus zapatos.
+
+Había sorprendido a primera hora las conversaciones de algunos de la
+banda, que comentaban con orgullo lo ingenioso de su burla. Al espiar a
+Ojeda en la noche anterior y enterarse de su buena suerte, habían tenido
+un conciliábulo en el fumadero, despertando después al jefe de la música
+para encargarle esta alborada. Era una felicitación que le dirigían los
+antiguos amigos de Nélida.
+
+En el primer momento tuvo Fernando un arrebato de cólera. ¡A él con
+musiquitas!... Sentía deseos de insultar a todos aquellos jóvenes, con
+la temeridad que comunica a todo hombre un amor nuevo. Pero Isidro rio
+de su indignación. ¿Qué había de malo en aquello?... Podían seguir
+dedicándole obsequios de tal clase, si era su gusto, mientras él
+continuaba tranquilamente en el goce de su buena aventura. Con música,
+ciertas cosas resultan mejor... Y Fernando acabó por reír igualmente de
+una broma torpe que ridiculizaba a sus autores.
+
+Maltrana le habló luego de Nélida. Debía sentir impaciencia por
+encontrarse con él. Media hora antes la había visto en el paseo mirando
+a todas partes, como si lo buscase. Ni siquiera había hecho sus arreglos
+matinales.
+
+--Iba como si se hubiese vestido a toda prisa, y con la melena
+alborotada. Debe haber vuelto a su camarote para adecentarse un poco.
+Tiene hambre de verle. Pero ¿qué diabólico secreto es el suyo, Ojeda,
+para obtener tales éxitos? Debía comunicarlo a los amigos...
+
+La proximidad de Nélida le hizo callar. Venía ahora la joven muy
+distinta de como la había visto Isidro poco tiempo antes. Sus crenchas
+cortas aparecían rizadas; acababa de vestirse un traje nuevo; se movía
+con menudos pasos empinada sobre altos tacones; adivinábase en toda ella
+una preocupación por embellecerse y agradar. Su rostro, bajo una capa
+reciente de polvos, parecía alargado, con leves oquedades en las
+mejillas, rastros sin duda de emociones debilitantes. Un círculo de
+sombra orlaba sus ojos, agrandándolos.
+
+Cuando tomó la mano de Fernando la retuvo largo rato, mientras fijaba en
+él una mirada interrogante... ¿Contento? Él sonrió con la gratitud de un
+buen recuerdo, satisfecho a la vez de esta ansiedad de la joven por
+conocer el estado de su ánimo.
+
+Adivinando Isidro lo inoportuno de su presencia, alejóse sin despedirse
+de ellos. Nélida, al verse sola, se aproximó más a su amante con un
+impulso de entusiasmo.
+
+--¡Mi rey! ¡Mi dios!... ¡Mi... hombre!
+
+Y faltó poco para que lo besase en plena cubierta. Él se dejaba adorar
+con un orgullo de varón satisfecho de su persona. Acordábase de Mrs.
+Power, comparándola con Nélida. Ésta, al menos, conocía la gratitud...
+
+Pasearon juntos con imperturbable tranquilidad. Ella mostraba un visible
+deseo de espantar a las gentes con su atrevimiento, de enterar a todos
+de esta nueva aventura, que parecía enorgullecerla. Pasaron ante «el
+banco de los pingüinos» y ante sus vecinas «las potencias hostiles», con
+repentino malestar de Ojeda, que deseaba retroceder, pero no se atrevía
+a decirlo. Afortunadamente, a aquella hora sólo había unas pocas
+señoras, que fingieron no verles, y luego, a sus espaldas, se miraron
+con el ceño fruncido y moviendo la cabeza. «¡Qué escándalo!...»
+
+Luego pasaron ante Isidro, que hablaba con Zurita de espaldas al mar. El
+doctor los siguió con un gesto de cómica admiración.
+
+--Compañero, ¡y qué valiente es su paisano! Cada día con una... ¡y a su
+edad! Porque él no es ningún mocito... ¡Ah, gallego tigre!...
+
+En las inmediaciones del fumadero estaban sentados unos cuantos de la
+banda, y al verles venir cambiaron miradas y toses. Ojeda se irguió
+arrogante, cual si presintiera un peligro. Pasó mirándolos con ojos de
+provocación, pero todos parecieron ocupados de pronto en importantes
+reflexiones que les hacían bajar la frente, y no se fijaron en él.
+Nélida, con un ligero temblor, mezcla de miedo y de placer, se agarraba
+convulsivamente a su brazo.
+
+Fernando sonrió: mejor era así. ¡Si alguien hubiese osado la menor
+burla!... Y ella le escuchaba con asombro y satisfacción. ¿Habría sido
+capaz de pelearse por ella?... ¿Lo mismo que en las novelas o en el
+teatro?
+
+Y como él contestase afirmativamente, sin jactancia, con sencillez,
+Nélida casi le saltó al cuello.
+
+--¡Mi rey!... ¡Mi hombre!... ¡Lástima que estemos aquí! ¡Ay, qué beso te
+pierdes!
+
+Encontráronse con el señor Kasper, que los acogió con toda la bondad de
+su rostro patriarcal. «Papá... papá.» Su hija le besaba las barbas
+venerables, insistiendo en esta caricia con un runruneo de gata amorosa.
+El padre miró a Fernando con ojos dulces y protectores, como si un
+presentimiento le hiciese adivinar la realidad y lo considerase ya de la
+familia. El señor Kasper, que hasta entonces sólo había cambiado con
+Ojeda algunas palabras de cortesía, le habló con familiar confianza,
+haciendo elogios de su niña. «¡Esta Nélida!... Algo traviesa. No quiere
+obedecer a mamá... Pero es un ángel, un verdadero ángel.» Y acariciaba
+sus cortos cabellos con una mano temblona de emoción.
+
+Se habían sentado en un banco, colocándose ella entre los dos. ¡Qué
+felicidad!... Su padre a un lado, y al otro su hombre. Así deseaba
+quedar para siempre, mirándose en los ojos de Fernando, oyendo la voz
+del señor Kasper, una voz de predicador evangélico, que, a impulsos de
+la costumbre, pasó de los afectos de familia a hablar de negocios.
+
+Daba consejos a Ojeda, demostrando gran interés por su porvenir. Bastaba
+que fuese amigo de la niña para que él considerase sus asuntos como
+propios. Debía proceder con mucha cautela en el Nuevo Mundo. Los
+negocios buenos eran abundantes, pero también las gentes sin conciencia
+que estaban a la espera de los recién llegados para abusar de su
+ignorancia. Él sabía que Fernando llevaba capitales para emprender allá
+algo importante. Maltrana le había hablado de esto. Y por afecto nada
+más, le ofrecía la ayuda de sus conocimientos para cuando llegasen a
+Buenos Aires... Porque él esperaba que su amistad no se limitaría a un
+simple conocimiento de viaje: tenía la esperanza de que en tierra aún
+serían más amigos.
+
+--¡Quién sabe, señor, si llegaremos a hacer algo juntos! Yo tengo
+allá...
+
+Y comenzó la exposición de una de las muchas empresas que, según él, le
+habían arrancado de su tranquilo retiro de Europa, no porque necesitase
+trabajar, sino porque era lastimoso permitir que se perdiesen negocios
+tan estupendos.
+
+Nélida, casi de espaldas a su padre, no dejaba que Fernando le oyese con
+atención. Fijos sus ojos en los de él, buscaba al mismo tiempo una de
+sus manos, y llevándola detrás de su talle, la oprimía con invisibles
+apretones. A ella no le interesaban los negocios; podía hablar papá con
+su voz reposada y musical todo lo que quisiera: no le oía; a ella sólo
+le interesaba lo suyo. Y movió los labios sin emitir la voz, indicando
+con marcadas contracciones el mudo silabeo. Ojeda la entendió.
+
+--¡Dueño mío!... ¡Mi dios!... ¡Te amo!
+
+La mano oculta apoyaba estas palabras con fuertes estrujamientos.
+
+Un amigo de Kasper vino a sacarle de la infructuosa predicación,
+libertando a sus distraídos oyentes. Le esperaban en el fumadero para
+empezar la partida matinal de _poker_.
+
+--Hasta luego, señor. Los amigos me reclaman. Tiempo nos queda para
+hablar de estas cosas.
+
+Y sonrió por última vez a Ojeda, como si contemplase en él un socio
+futuro de las grandes empresas ofrecidas generosamente.
+
+Al verse libres los dos amantes de su verbosidad serena e inagotable,
+huyeron del banco, continuando el paseo. Hablaban de subir a la cubierta
+de los botes, cuando una voz los detuvo sonando a sus espaldas.
+«Nélida... Nélida...» Ahora era la madre la que salía a su encuentro
+para hacerla varias recomendaciones sin importancia. Fernando adivinó un
+pretexto para aproximarse a él. «¡Buen día, señor!» Sus ojos brillantes
+y húmedos de llama andino acompañaron el saludo con una mirada de
+atracción. Y sin saber cómo, se vio Ojeda otra vez formando parte de la
+familia Kasper bajo las miradas protectoras de la mestiza.
+
+Se apoyaron en una barandilla frente al mar. Nélida mostrábase inquieta
+y displiciente, como si para ella fuese un tormento permanecer al lado
+de su madre. Por detrás de la cabeza de ésta hacía señas a Fernando; le
+hablaba con el movimiento silencioso de sus labios. «Vámonos: déjala.»
+Pero él no podía obedecer, retenido por las palabras amables y las
+miradas de la señora, que se enfrascaba en un elogio de las cualidades
+de su hija.
+
+--Es un poco loquilla y no hace caso del «qué dirán» de las gentes. Pero
+aparte de esto, muy hacendosa, ¿sabe, señor?... Y el día de mañana,
+cuando se case y siente la cabeza, será una excelente madre de familia.
+Crea que el marido que se la lleve no se arrepentirá.
+
+Y miró a Fernando con ojos interrogantes, cual si le ofreciese esta
+dicha perpetua esperando ver en su rostro una sonrisa de agradecimiento.
+
+Nélida, a espaldas de ella, continuaba su mímica. Estos elogios a sus
+facultades de dueña de casa y el deseo de verla madre de familia la
+hacían encogerse de hombros y contraer el rostro con gestos de
+repugnancia. «Vámonos--siguió diciendo mudamente--. No la oigas más.»
+
+La madre los dejó en libertad, adivinando de pronto lo inoportuno de su
+presencia.
+
+--Sigan ustedes su paseo. Las viejas estorbamos siempre a los jóvenes.
+
+Dijo esto con un aire de madre benévola y cariñosa, como si bendijese
+con los ojos la unión que veía en lontananza.
+
+Al alejarse, Nélida intentó excusarla, avergonzada de sus expansiones
+maternales.
+
+--No hagas caso. Es una señora a la antigua; una india. Todo lo arregla
+con matrimonio: todos sus pensamientos van a parar a lo mismo. Apenas me
+ve con un hombre, cree que debo casarme con él... Casarse, ¡qué
+vulgaridad! ¡qué grosería!... ¿Quién piensa en eso?...
+
+Y su protesta contra el matrimonio era realmente ingenua, como si le
+propusiesen algo que le inspiraba escándalo y horror.
+
+El único de la familia que se mantuvo lejos de ellos en toda la mañana
+fue el hermano. Ojeda le era antipático: prefería a los de la banda. Su
+seriedad y sus años le inspiraban respeto. Además, tenía la convicción
+de que aquel señor jamás le convidaría a champán y cigarros, como los
+otros. Por esto, a pesar del ejemplo de sus padres, se mantuvo apartado
+del intruso que venía de repente a perturbar su vida.
+
+Después del almuerzo, cuando Fernando tomaba café con Maltrana en el
+jardín de invierno, pasó Mrs. Power, saludándolo con un ligero
+movimiento de cabeza, sin la más leve emoción. Ojeda la miró también con
+indiferencia. Su figura arrogante apenas despertaba en él una remota
+vibración. Era como un libro olvidado que se encuentra de pronto y evoca
+la memoria de una lectura que produjo deleite, pero cuyo texto apenas
+puede recordarse.
+
+Vio ascender luego por la escalinata a Mina llevando al pequeño Karl de
+la mano. El niño le miró, extrañándose de que no fuese hacia ellos lo
+mismo que antes. Pero la madre siguió su camino tirando de él, sin
+volver la cabeza, con la mirada perdida para no tropezarse con los ojos
+de Fernando. Un ligero rubor coloreaba su palidez verdosa: rubor de
+timidez, de arrepentimiento, de malos recuerdos.
+
+La noticia de su amistad con la señorita Kasper había circulado por el
+buque con la rapidez que una vida ociosa y murmuradora comunicaba a
+todos las informaciones. Además, ella exhibía con orgullo su nueva
+conquista, y tal alarde tranquilizaba a Mrs. Power, que veía borrarse
+con él definitivamente todos los recuerdos. También alejaba a Mina,
+temerosa de la insolencia de Nélida. Unas cuantas horas de atrevida
+exhibición habían bastado para librar a Fernando de sus amoríos
+anteriores. La muchacha establecía el vacío en torno de ella. Todas las
+mujeres parecían temer la impetuosidad de este hermoso animal humano
+exhuberante de fuerza y juventud.
+
+No tardó Ojeda en verla aparecer. Había hecho poco antes una rápida
+aparición en el jardín de invierno, pero huyó al notar que su titulado
+pariente el alemán y el barón belga ocupaban la misma mesa de sus
+padres, con un visible deseo de aproximarse a ella. Después de breve
+eclipse asomó el rostro a una ventana inmediata al lugar donde estaban
+Fernando y su amigo. El mudo movimiento de sus labios fue para aquél un
+lenguaje claro. «Ven...» Y al salir la encontró en la curva del paseo
+que él llamaba «el rincón de los besos».
+
+Nélida le hablaba con una expresión autoritaria. Él era su dueño... su
+dios; pero debía obedecerla en todo. Aproximábase la hora de la siesta.
+En el jardín de invierno se abrían muchas bocas con bostezos de pereza.
+Las gentes deslizábanse discretamente hacia sus camarotes. Sonaban
+ronquidos en las sillas largas del paseo. Los duros varones, insensibles
+al voluptuoso aniquilamiento tropical, dirigíanse hacia la popa en busca
+de las tertulias del fumadero para reanimar su actividad. Sentíanse
+repelidos por el silencio y la calma que lentamente se iban esparciendo
+por la cubierta del buque, como si ésta fuese un claustro de convento a
+la hora de la siesta.
+
+--Baja, dueño mío, ¿me oyes?... No tienes más que arañar la puerta. Yo
+abriré inmediatamente.
+
+Le miraba con sus ojos enormes y ávidos, que parecían querer devorarle.
+La punta de su lengua asomaba como un pétalo de rosa entre los labios
+súbitamente abrasados. Arremolinadas por la brisa, aleteaban en torno
+de su frente las cortas melenas, dando a su cara un aspecto diablesco.
+
+Ojeda experimentó cierto asombro. ¡Bajar al camarote!... ¡Tan pronto!
+Empezaba a inspirarle miedo esta lozanía esplendorosa y audaz de
+insaciables deseos. Pero tuvo buen cuidado de disimular su inquietud por
+orgullo sexual. «Dentro de media hora--repitió ella--. Mi dios... ya lo
+sabes.» Muy bien; no faltaría. Y ella se fue con la satisfacción de que
+dejaba a sus espaldas un hombre feliz.
+
+Bajó Fernando con las mismas precauciones de la noche anterior, pero
+esta vez no pudo notar detrás de sus pasos el atisbo del espionaje. Y
+cuando llevaba mucho tiempo en el camarote de Nélida sobrevino la más
+penosa de sus aventuras de a bordo: una escena ridícula, de la que se
+acordaba luego con cierto malestar, temiendo que el burlón Maltrana
+llegase a enterarse de ella alguna vez.
+
+Golpes repetidos en la puerta, y la voz gangosa del hermano de Nélida,
+una voz que balbuceaba más que de costumbre por el temblor de la cólera:
+«¡Abre... abre!». Empujaba la puerta como si quisiera echarla abajo. Por
+un resto de prudencia habló a través del ojo de la cerradura: «Abre:
+tienes un hombre en la "cabina"... Se lo voy a decir a papá».
+
+Nélida no se inmutó, como si estuviese habituada a tales escenas. Su
+cólera fue más grande que su miedo. Mascullaba palabras de furia contra
+el hermano imbécil. ¿Y no habría una buena alma que lo matase, para
+quedar ella tranquila?... Adivinó que eran sus antiguos amigos los que
+por despecho enviaban al hermano delator, luego de revelarle la
+presencia de Ojeda en el camarote.
+
+--Métete ahí--ordenó imperiosamente, mientras reparaba el desorden de
+sus ropas ligeras.
+
+Vacilaba él, no pudiendo adivinar el lugar señalado. ¿Dónde quería que
+se escondiese en aquella pieza tan pequeña?... Pero la muchacha le
+empujó rudamente, mientras seguían los repiqueteos en la puerta y las
+voces temblonas y amenazantes.
+
+El doctor Ojeda, como lo llamaban para mayor honor mullos pasajeros,
+tuvo que agacharse y doblarse a impulsos de Nélida, y acabó por
+introducir su respetable personalidad debajo de un diván de exigua
+altura. Luego la joven colocó ante él, formando barricada, una maleta,
+un saco de ropa sucia y una gran caja de sombreros.
+
+Fernando creyó morir entre la alfombra y los muelles del diván
+incrustados en su espalda. El calor era sofocante en este encierro,
+lejos del ventilador y de la brisa que entraba por el tragaluz. Apenas
+quedó acoplado en tal _in pace_, sintió que le dolían todas las
+articulaciones y que su pecho se aplastaba contra el entarimado como si
+fuese a romperse. Una cólera homicida se apoderó de él. ¡Ah, no! ¡No
+seguiría allí! Esto sólo podían resistirlo aquellos muchachos de la
+banda, a los que indudablemente habría escondido ella otras veces de
+igual modo. Iba a salir, aunque tuviese que matar al imbécil.
+
+Pero no fue necesario. ¡Bueno estaba poniendo Nélida al hermanito!... Al
+abrir la puerta, lo agarró de un brazo, haciéndolo entrar a empellones.
+¡Hasta cuándo se proponía molestarla con sus necedades!... Estaba en lo
+mejor de su sueño y venía a interrumpírselo con sus historias
+disparatadas. «Mira bien, zonzo... Abre los ojos, animal... ¿Dónde está
+el hombre, idiota?...» Y lo zarandeaba, iracunda, mientras el muchacho
+abría desmesuradamente sus ojos mirando a todos lados, y especialmente
+al vacío debajo de la cama, como si sólo allí pudiera ocultarse un
+intruso.
+
+La convicción de su derrota le hizo bajar la cabeza tristemente. Los
+amigos se habían burlado de él: era una broma de las suyas. Y cuando,
+confesándose vencido, quiso ganar la puerta, su buena hermana no le dejó
+partir con tanta facilidad. Primeramente, al abandonar su brazo, le
+soltó dos buenos pellizcos retorcidos, y luego, junto a la salida, una
+bofetada sonora: «Para que me molestes otra vez». Quiso el muchacho
+devolver en igual forma este saludo de despedida, pero al bajar la mano
+sólo encontró la puerta que se cerraba de golpe y casi le aplastó los
+dedos.
+
+Nélida deshizo con presteza la barricada de objetos, y otra vez salió a
+luz el doctor Ojeda, pero despeinado, sudoroso, con la faz
+congestionada, parpadeando cual si no pudiese resistir la luz.
+
+Ella rio al verle en esta facha, al mismo tiempo que arreglaba
+amorosamente el desorden de su traje y le sacudía el polvo del encierro.
+
+--¡Mi hombre!... ¡Mi dios! ¡Tan desgraciadito que me lo han de ver!...
+Él, tan buen mozo, metido en ese escondrijo... ¡Y todo por mí!
+
+Fernando tuvo una mala sonrisa.
+
+--Los otros eran más pequeños, ¿verdad?... Podían ocultarse mejor.
+
+Se arrojó Nélida con ímpetu sobre él con los brazos abiertos.
+
+--No digas eso, viejo mío... no lo repitas. ¡Por Dios te lo pido! Me
+hace mucho daño.
+
+Y lo besaba con furia, lo aturdía con sus caricias, para disipar el mal
+recuerdo y recompensar al mismo tiempo la molestia reciente.
+
+Hizo responsable a su hermano de esta cólera de Ojeda, evocadora de
+malos recuerdos. Aquel imbécil sólo había nacido para hacerle daño. Y
+esto la llevó a hablar del otro hermano, «el gaucho», como ella le
+llamaba, que vivía en la Argentina, y era el único hombre capaz de
+inspirarla miedo. La amenazaba el hermano menor frecuentemente con
+revelar al otro todas las aventuras de Berlín y las travesuras del viaje
+apenas hubiesen llegado a Buenos Aires. ¡Y «el gaucho» era temible! Ella
+sabía desde mucho tiempo antes cuál era la venganza con que intentaba
+castigarla.
+
+--Pero no hablemos de esto, mi hombre. Di que no me guardas rencor por
+lo de mi hermano... Repite que me quieres como siempre.
+
+Rencor no podía sentirlo Ojeda; era incompatible con el agradecimiento
+que le inspiraba esta mujer después del regalo de su belleza hecho
+liberalmente. Pero en la hora que todavía pasó allí, le fue imposible
+desechar el mal recuerdo del escondrijo y la torturante posición que
+había sufrido en él... No volvería al camarote de Nélida. Sentíase sin
+fuerzas para arrostrar una nueva sorpresa, desafiando el ridículo,
+considerado por él como el más temible de los peligros.
+
+Ella asintió. Se verían en el camarote de Fernando; lo había pensado
+aquella misma tarde, pero esperaba la proposición. Tenía deseos de
+visitarlo. Era indudablemente mejor que el suyo: un camarote en la
+cubierta de lujo y con ventana grande en vez de tragaluz redondo de los
+de abajo.
+
+--Convenido: esta noche iré, después de las doce. Deja abierta la
+puerta.
+
+Esta vez Ojeda dio a entender claramente su contrariedad. Aquella
+muchacha no aguardaba invitaciones: se convidaba a sí misma, sin
+consultar el humor y los recursos del dueño de la casa. Nélida le miró
+con ojos suplicantes. «¿No quieres que vaya?...» Si era por miedo a que
+la sorprendiesen, no debía tener cuidado. Sabría deslizarse sin que
+nadie la viese. Podía caminar de noche por todo el buque lo mismo que un
+fantasma, sin huella ni ruido.
+
+Fernando no se atrevió a sacarla de su error. Sentía además cierto
+orgullo en arrostrar de nuevo el sacrificio tantas veces repetido. «Ven;
+te esperaré.» Y después de esto procedieron a la minuciosa empresa de
+abandonar el camarote sin que los enemigos pudiesen sorprender su
+salida.
+
+Ella fue la primera en avanzar por el pasadizo, explorando sus ángulos y
+recovecos. Luego silbó suavemente, como un ojeador que indica el
+sendero, y Fernando abandonó el camarote apresuradamente, seguido en su
+fuga por los besos que le enviaba Nélida con las puntas de los dedos.
+
+Más que el miedo a ser sorprendido, le había molestado lo ridículo de
+esta situación. ¡Qué cosas llegaba a hacer un hombre serio influenciado
+por aquella vida de a bordo, que retrogradaba las gentes a la niñez!...
+El miedo al ridículo despertó su conciencia por una acción refleja,
+haciéndole ver la imagen de Teri que le contemplaba con ojos crueles y
+un rictus desesperado...
+
+Pero no había que pensar en esto. Ya purificaría su alma cuando
+estuviese en tierra. Por el momento, su abyección resultaba
+irremediable, y cada vez iría en aumento mientras no abandonase este
+ambiente. Era esclavo del «gran tentador» de que hablaba Isidro. Sólo le
+faltaba arrastrarse como los impuros de las leyendas convertidos en
+bestias.
+
+Durante la comida, el astuto Maltrana, que parecía adivinar sus
+pensamientos más recónditos, le abrumó con muestras de interés
+formuladas inocentemente.
+
+--Tiene usted mala cara, Fernando. ¡Ni que hubiese visto ánimas durante
+la siesta!... ¡Qué color! ¡qué ojeras!... Coma mucho; la navegación es
+larga, y usted necesita tomar fuerzas.
+
+Pero al ver que Ojeda se molestaba por estas amabilidades, adivinando su
+malicia, abandonó todo disimulo, añadiendo con admiración:
+
+--Compañero: le envidio y le tengo lástima. Es usted un valiente, ¡pero
+lo que se ha echado encima!... Antes del término del viaje deseará
+llegar a tierra, lo mismo que un náufrago que se ahoga.
+
+La comida de esta noche era con banderas y guirnaldas. En el fondo del
+comedor brillaban unos transparentes iluminados con dos inscripciones en
+francés y alemán: _Au revoir! Auf Wiedersehen!_ Era el banquete de adiós
+a los viajeros: una comida igual a todas, pero con un discurso del
+comandante y otro del «doktor», que en nombre de los alemanes y
+extranjeros agradeció, con lenta fraseología semejante a un crujido de
+maderas, las grandes bondades que aquél había tenido con el pasaje.
+Cuando la doctoresca lucubración llegó a su término, la gente, puesta de
+pie con la copa en la mano, lanzó los tres _¡hoch!_ de costumbre,
+mientras la música atacaba la marcha de _Lohengrin_.
+
+--No llegamos a Río Janeiro hasta pasado mañana--dijo Isidro, siempre
+bien enterado de la marcha del viaje--. Pero la despedida ha sido hoy,
+para que la gente que se queda en el Brasil pueda dedicar el día de
+mañana al arreglo y cierre de equipajes. Esta noche es la última de gran
+ceremonia, y las señoras van a guardar sus vestidos y joyas. La etiqueta
+del Océano sólo existe entre Lisboa y Río Janeiro. En los dos extremos
+del viaje se puede bajar al comedor con la indumentaria que uno quiera.
+El protocolo neptunesco no se ofende por ello.
+
+Luego de la comida iba a efectuarse en el salón el reparto de premios a
+los triunfadores en los juegos olímpicos y a las señoritas que se habían
+presentado con mejores disfraces en la fiesta del paso de la línea.
+Después de esta ceremonia empezaría el concierto, para el cual venían
+haciéndose tantos preparativos desde una semana antes.
+
+Maltrana hablaba de esta fiesta con orgullo, presentándose como su
+principal organizador. Había vigilado los ensayos durante varios días,
+yendo del piano del salón, junto al cual probaba su voz Mrs. Lowe con
+toda la autoridad que le confería su estatura de dos metros, al piano
+del comedor de los niños, donde la señora viuda de Moruzaga hacía
+memoria de sus habilidades de soltera acompañando con un trémolo
+dramático los versos franceses recitados por una de sus hijas. Además,
+unas niñas brasileñas se preparaban para tocar a cuatro manos una
+sinfonía; las artistas de opereta contribuirían con varias romanzas; uno
+de los norteamericanos pensaba disfrazarse de negro para rugir su música
+con acompañamiento de ruidosos zapateados; y hasta _fraulein_ Conchita,
+cediendo a los ruegos de varias señoras entusiastas de las cosas de
+España, había accedido a ponerse de mantilla blanca, cantando con su
+hilillo de voz algunas canciones de la tierra. El maestro Eichelberger,
+gran pianista, improvisaría para ella un acompañamiento. Y si lo
+reclamaba el público, la muchacha se atrevería a bailar cierto
+«garrotín» de exportación aprendido en una academia de Madrid de las que
+preparan «estrellas danzantes» para el extranjero.
+
+--Pero con recato y decencia, niña--había aconsejado Maltrana--.
+Comprímete aquí: échale agua a tu baile. Cuando llegues a tierra podrás
+lucirlo por entero.
+
+Satisfecho de sus gestiones como organizador, hablaba de otros artistas,
+talentos ignorados que había sabido descubrir entre la masa de los
+pasajeros. Y terminaba por declarar modestamente que él también
+«aportaría su concurso» inaugurando el concierto con un discursito en
+honor de las señoras, hermosa pieza de oratoria meliflua que llevaba
+aprendida de memoria y seguramente iba a afirmar su prestigio ante las
+nobles matronas.
+
+--De ésta--declaró--desbanca Maltranita al abate de las conferencias.
+Usted lo verá, Ojeda.
+
+No; Fernando no pensaba verlo. Sentíase sin energía para arrostrar el
+tormento de tanto y tanto canto de aficionado en el estrecho salón,
+entre un público abaniqueante y sudoroso. Prefería dar un paseo por la
+parte alta del buque, contemplando el espectáculo de la noche.
+
+Así lo hizo. Pero al circular por las dos últimas cubiertas volvía
+siempre a las inmediaciones del salón, confundiéndose con el público
+menudo de criadas y niños que miraba por las ventanas. Antes de
+principiar la velada, Nélida se había aproximado a él, con su vestido
+escotado color de sangre. Tenía que asistir a la fiesta con toda su
+familia: ¡un verdadero tormento! pero esperaba que Fernando ocuparía una
+silla cerca de ella. Y al saber que no entraba en el salón, casi lloró
+de contrariedad. «Al menos no te vayas lejos; asómate de vez en cuando.
+Que yo te vea; que yo sepa que estás cerca de mí...» Durante el
+concierto, los ojos de ella fueron de ventana a ventana, y al reconocer
+entre las cabezas del público exterior la cara de Fernando, enviábale
+por encima de su abanico sonrisas acariciadoras, besos apenas marcados
+con un leve avance de los labios, guiños malignos que comentaban la
+marcha del concierto y los errores de los ejecutantes.
+
+De este modo vio Ojeda cómo se movía su amigo en el salón con aire de
+autoridad, cual si fuese el héroe de aquella fiesta, abriéndose paso
+entre las sillas para ir en busca de las artistas, inclinándose ante
+ellas con su «saludo de tacones rojos», dándolas el brazo para
+conducirlas al estrado y quedándose junto a la pianista o la cantante,
+al cuidado de sus papeles, e iniciando las salvas de aplausos.
+
+Era su noche. El discursito cuidadosamente preparado había obtenido un
+éxito enorme. Las miradas de todas las señoras que podían comprenderle
+iban hacia él con admiración y gratitud. «¡Qué monada el tal
+Maltranita!... ¡Qué hombre tan dije!... ¡Qué habilidoso!...» Y él
+aceptaba con modestia estos elogios formulados por las damas según los
+términos admirativos de cada país. En su declamación dulzona las había
+abarcado a todas, jóvenes y viejas, alcanzando sus elogios hasta a las
+sotanas que figuraban entre ellas, lo que le dio motivo para ensalzar la
+religión, representada allí por sacerdotes de todo el latinismo. El
+obispo italiano dilataba su cara con un gesto de contento infantil; el
+abate francés sonreía inquieto, como si viese nacer un temible rival;
+don José agradecía la alusión, admirándolo con patriótico orgullo. «¡Qué
+don Isidro tan vivo!... ¡Si yo tuviese su labia para las señoras!»
+
+Al terminar el concierto, la gente se esparció por la cubierta, ansiosa
+de respirar aire libre. Era cerca de media noche. Las niñas se quejaban
+del calor, intentando con este pretexto desobedecer a las madres, que
+proponían un descenso inmediato al camarote. Los pasajeros más corteses
+iban saludando a las señoras que habían intervenido en el concierto,
+sonando en su coro de alabanzas los más estupendos embustes. Todas ellas
+aceptaban sin pestañear la afirmación de que en caso de pobreza podían
+ganarse la vida con su talento musical. Mrs. Lowe, escoltada por su
+marido, que llevaba bajo el brazo un rimero de partituras, acogía estos
+elogios con foscas contracciones de su rostro caballuno. Sentíase
+ofendida por la falta de gusto de los oyentes: sólo la habían hecho
+repetir su canto dos veces, cuando ella traía ensayadas una docena de
+romanzas. El público se lo perdía.
+
+Un grupo de señores viejos acosaba a Conchita con sus felicitaciones.
+Algunos, prudentes y calmosos hasta entonces, parecían agitados por un
+cosquilleo eléctrico. Muy bonitas las canciones, aunque ellos no habían
+entendido gran cosa... ¡pero el baile! ¡aquella danza serpenteante, con
+unos brazos que parecían hablar!... Doña Zobeida sonreía, contenta del
+triunfo de «esta buena señorita», haciendo confidente de sus entusiasmos
+a don José el clérigo, que la escoltaba igualmente con toda la autoridad
+de su sotana.
+
+--Pero ¿ha visto qué lindura, padrecito?... Nuestra niña es la que ha
+gustado más a los señores... Ya lo decía mi finado el doctor, que sabía
+de esto como de todo. Para bailar con gracia, las españolas.
+
+Y perdiendo su timidez, ella misma presentaba a Conchita de grupo en
+grupo, aceptando como algo propio los requiebros interesados que los
+hombres dirigían a la bailarina.
+
+Maltrana no se mostraba menos ufano por su triunfo oratorio. Al
+encontrarse con Fernando tuvo el gesto petulante de un cómico que sale
+de la escena... ¿Le había visto? ¿Qué opinión era la suya?...
+
+--Yo creo que me los he metido en el bolsillo... Los amigos me miran
+como si fuese otro hombre. Parecen arrepentidos de haberme tratado hasta
+hace poco como un insignificante... Van a darme una fiesta en el
+fumadero: una fiesta íntima... en mi honor.
+
+Era una despedida de los pasajeros alegres a los amigos que se quedaban
+en Río Janeiro; pero por el éxito reciente de Maltrana, la dedicaban
+también a su persona.
+
+--Va a ser famosa--continuó Isidro con entusiasmo--. Asistirán señoras,
+muchas señoras; todas las coristas de la opereta, que me han oído desde
+puertas y ventanas sin entenderme seguramente, pero ahora me contemplan
+con respeto y cuando paso junto a ellas murmuran algo que debe ser de
+admiración... Venga usted con nosotros.
+
+Fernando se excusó: pensaba retirarse inmediatamente a su camarote.
+Maltrana frunció el entrecejo, como si recordase algo molesto, y aprobó
+su resolución. Hacía bien. Aquella fiesta era igualmente para despedir
+al barón belga y a otros amigos suyos que se quedaban en el Brasil. En
+el aturdimiento de su gloria había olvidado que los de la banda estaban
+furiosos contra Ojeda, y a última hora, con la insolencia que da el
+vino, eran capaces de provocar una escena violenta.
+
+--Hasta mañana; le contaré lo que ocurra... No tema que esta noche vaya,
+como las otras, a golpear el camarote misterioso. Eso se acabó... Por
+cierto que el hombre lúgubre no se ha dejado ver en todo el día. Debe
+estar temblando con la idea de que pasado mañana llegamos a Río. Verá
+usted cómo lo primero que se presenta en el buque es la policía para
+echarle esposas en las manos... Yo no me equivoco.
+
+Al entrar Fernando en su camarote experimentó una gran sorpresa viendo
+el retrato de Teri... Luego se avergonzó de la inconsciencia en que
+vivía, semejante a la del ebrio que recuerda los propios asuntos cual si
+fuesen de otra persona. Los hechos anteriores a su embarque eran para él
+como sucesos de una existencia distinta, ocurridos en otro planeta, y de
+los que sólo guardaba ya una débil memoria. Vivía ahora en un mundo
+nuevo, reducido, aislado, que iba vagando por el infinito azul, y sólo
+le interesaban las inmediatas necesidades de su existencia oceánica...
+
+Nélida iba a llegar: ¡y quién sabe con qué comentarios de juventud
+insolente y triunfadora saludaría la belleza de Teri, de un esplendor
+melancólico, fino y suave, como el de las primeras mañanas de otoño!...
+
+Para evitar un sacrilegio llevó sus manos al retrato, ocultándolo entre
+las ropas del armario. Al hacer esto tembló con una inquietud
+supersticiosa. Temía que un poder inexorable y oculto que él no legaba a
+definir con claridad le castigase por su cobardía... Tal vez perdiera a
+Teri para siempre, después de haber osado ocultar su imagen. ¡En amor
+hay tantas afinidades misteriosas, tantos choques inexplicables a través
+del tiempo y la distancia!... Pero estas preocupaciones de hombre
+imaginativo, trastornado por una vida de encierro, duraron muy poco. Un
+ruido de pasos en el inmediato corredor le hizo volver al presente. Era
+un vecino que se retiraba. Nélida no tardaría en presentarse, y era
+ridículo que él la recibiese vistiendo aún el _smoking_ de la comida.
+
+Luego de desnudarse se cubrió con un pijama, tomó un libro, y esperó
+leyendo y fumando. El interés de la lectura se apoderó de él al poco
+rato. Nélida, con toda su gentileza, carecía del encanto de este libro:
+la novedad.
+
+Transcurrió mucho tiempo, y cuando empezaba a dudar de que ella viniese,
+percibió un leve ruido en el inmediato corredor; menos que un ruido: un
+roce, las ondulaciones del aire por el desplazamiento de un cuerpo
+silencioso. Era ella que avanzaba cautelosamente.
+
+No experimentó sorpresa al ver cómo giraba la puerta del camarote sin
+que apareciese alguien en el espacio recién abierto. Luego, Nélida entró
+de golpe, o más bien, saltó, con la alegría de un gimnasta que llega al
+final de una carrera de obstáculos. Sacudía en torno de la frente el
+manojo de sierpes de su cabellera; dejaba flotante sobre su cuerpo el
+sutil kimono, que había llevado recogido hasta entonces, como si
+quisiera replegarse, disminuirse en su marcha silenciosa.
+
+--¡Cú... cú!--dijo al entrar, con risa triunfante--. ¡Aquí me tienes!
+
+Se arrojó en brazos de Fernando con cierta emoción, como si éste fuese
+su primer abandono; luego se apartó rudamente, a impulsos de su
+movilidad caprichosa. Encendió todas las luces del camarote para
+examinarlo mejor. Tocaba los libros apilados en el diván, en la mesita y
+hasta en el lavabo; revolvía los papeles; mostraba una curiosidad
+infantil ante los objetos de tocador y las ropas de Ojeda. Su deseo de
+verlo todo adquirió un carácter alarmante.
+
+--Tú debes tener retratos, cartas de amor. ¡A saber lo que traes de
+Europa guardado en tus maletas!... Enséñame tus conquistas, viejo mío.
+Muéstramelas... para que me ría.
+
+Luego admiró el camarote. Era más grande que el suyo; el techo más alto,
+y sobre todo, en vez del tragaluz redondo, tenía ventana, una verdadera
+ventana como las de las construcciones terrestres. Saltó sobre el diván
+para sentarse en el alféizar de ella, sacando parte de su cuerpo fuera
+del buque. Un grato escalofrío hizo temblar su espalda: estremecimiento
+de frescura por el viento que levantaba el buque en su marcha y que
+corría sobre su piel, hinchando la tela del suelto kimono;
+estremecimiento de miedo al verse suspendida en el vacío y la noche,
+bastándole un leve movimiento de retroceso para caer en el mar.
+
+Ojeda la sostuvo, agarrando sus piernas. Con esta atolondrada podía
+temerse todo. Y Nélida agradeció su miedo como una manifestación de
+amor, acariciándole la cabeza, hundiendo sus manos en sus cabellos,
+alborotándolos.
+
+--Figúrate, negro, que yo me dejase caer así... ¡Ah... ah... ah!--y al
+lanzar esta exclamación, se echaba atrás, obligando a Ojeda a un
+esfuerzo violento para retenerla--. Por pronto que se enterasen en el
+buque e hicieran alto, pasaría mucho tiempo. Pero tú te echarías al agua
+detrás de mí, ¿no es cierto, mi viejo?... Vendrías a hacerle compañía a
+tu nena en medio del mar, y nadaríamos juntos hasta que nos buscasen...
+Y si no nos buscaban, nos ahogaríamos juntos... ¡así!... ¡bien juntitos!
+
+Con la excitación del peligro se abrazaba a él fuertemente, tirando
+hacia afuera, como si en realidad desease caer de la ventana arrastrando
+a su amante.
+
+Éste se libró con rudeza del abrazo juguetón e imprudente. Estaban en
+medio del Océano, lejos de toda costa. Bastaba una leve falta de
+equilibrio, para que ella se desplomase en aquellas aguas negras que
+pasaban y pasaban junto al flanco de la nave. Sería un chapuzón en el
+misterio y el olvido; una caída sin esperanza. Nadie podía verla; la
+muerte era segura. Y aunque alguien la viese y el buque se detuviera,
+volviendo sobre su marcha, resultaría difícil encontrar un pequeño
+cuerpo flotante en esta lóbrega inmensidad que parecía de tinta.
+
+--Nélida, ¡por Dios! baja de la ventana.
+
+Pero ella reía de su miedo, segura al mismo tiempo de la fuerza con que
+la mantenían sus brazos. «¡Ah... ah... ah!» Y echaba el cuerpo atrás,
+en el vacío, con tal ímpetu, que Ojeda hubo de hacer grandes esfuerzos
+para sostenerla.
+
+--Di que si yo cayese te echarías de cabeza para salvarme... Di que
+morirías por tu nena...
+
+Aprobó Fernando todo cuanto ella quiso pedirle, y sólo así pudo
+conseguir que abandonase la ventana, estrechamente abrazada a él,
+contemplándolo con admiración.
+
+--¿De veras que morirías por mí?... Repítelo viejito rico, que yo lo
+oiga... Dilo otra vez, mi negro.
+
+La gratitud perduró en Nélida gran parte de la noche. En la obscuridad,
+sin más luz que el tenue fulgor sideral que entraba por la ventana,
+volvió a llamar a Ojeda «viejito» y «negro», dos palabras amorosas del
+nuevo hemisferio a las que él no había podido habituarse todavía, y que
+en medio de los transportes pasionales le hacían sonreír.
+
+Cuando brilló de nuevo la electricidad estaban los dos sentados en un
+diván. Nélida, por un brusco cambio de su carácter tornadizo, hablaba
+ahora con tristeza y miedo. Contaba los días que faltaban para la
+llegada a Buenos Aires. ¡Cuán pocos eran!... Recordaba a su hermano
+mayor, el rudo estanciero, que en las últimas cartas enviadas a Berlín
+profería contra ella terribles amenazas, comentando las denuncias que le
+había dirigido el hermano pequeño.
+
+--Y ese zonzo de seguro que apenas lleguemos le va a contar no sólo lo
+de Alemania, sino lo del buque; lo tuyo también. ¡Ay!, ¿qué va a ser de
+mí?
+
+Ella, que en su valerosa inconsciencia no temía a nadie de los que la
+rodeaban, temblaba con sólo el recuerdo de este hermano, al que había
+podido apreciar en un breve viaje a la Argentina realizado tres años
+antes acompañando a su padre.
+
+--Con él nadie bromea. Es un bárbaro... ¡Y si hablase sólo de matarme!
+La muerte no me da miedo; al fin, todos hemos de pasar por ella. Pero me
+amenaza con algo peor. Me quiere cortar la cara, me la quiere quemar con
+vitriolo, para que los hombres huyan de mí y yo me consuma de
+desesperación. ¡Qué horror!...
+
+Temblaba sólo al pensar en este suplicio, más temible para ella que la
+muerte, no dudando un instante de que su hermano era capaz de cumplir
+tales amenazas.
+
+Guardaba un vivo recuerdo de su gesto fosco, de su propensión a la
+violencia, de su mirada lúgubre. Ojeda, escuchándola, se imaginaba el
+tipo. Era un homicida, al que había faltado una ocasión para el
+desarrollo de sus facultades. ¡Interesante la familia Kasper con sus
+variados productos del cruzamiento razas!...
+
+--¡Ay! Si tú me amases de verdad...--continuó ella, implorándole con sus
+ojos--. Tú que eres capaz de echarte al mar por mí, podías hacerme feliz
+con mucho menos... Di, mi viejo, ¿quieres hacer algo que yo te pida?...
+
+Fernando, acosado por sus ruegos, prometió obedecerla. ¿Qué deseaba?...
+Una cosa insignificante, que expuso ella con sencillez. No quería ir a
+América: marchaba hacia Buenos Aires como un animal que va al
+degolladero. Aún estaban a tiempo los dos para ser dichosos. Bajarían en
+Río Janeiro, se esconderían, dejando que partiese el vapor, y tomarían
+pasaje en otro buque de los que volvían a Europa... ¡Ah, el hermoso
+Berlín! En ninguna ciudad de la tierra se vivía con más felicidad.
+
+Casi saltó Fernando de su asiento a impulsos de la sorpresa. ¿Volver a
+Europa, cuando aún no había llegado al término de su viaje? Sólo podía
+admitir esta proposición como una broma. ¿Y sus negocios?... ¿Qué iba a
+hacer él en Berlín?...
+
+Nélida se sintió ofendida por la extrañeza que mostraba su amante.
+
+--No me quieres, bien lo veo. Todos los hombres sois lo mismo. Muchas
+promesas, y luego retrocedéis ante el sacrificio más pequeño...
+¡Egoístas!
+
+Se quejaba como si acabase de descubrir una gran infidelidad, ella, a la
+que había visto Ojeda en trato amoroso con otros hombres y que dejaba a
+sus espaldas, en Europa, un pasado del que iba a pedirle cuentas «el
+gaucho» vengador. Sólo llevaban dos días de amores, y se extrañaba de
+verse desobedecida, como si los hombres no tuviesen otra obligación que
+seguirla en todos sus caprichos y su insolente juventud fuese el centro
+del mundo, en torno del cual debían girar personas y sucesos.
+
+--Me mataré--dijo con energía--. Y si no me mato, me marcharé sola. Yo
+te juro que no llego a aquella tierra... ¡Qué horror!
+
+Acordábase de los meses que había pasado en Argentina tres años antes.
+Era un país para mujeres como su madre. Buenos Aires aún podía
+tolerarse; pero ellos iban a vivir en una ciudad del interior, cerca de
+la estancia que dirigía su hermano.
+
+--Por toda diversión una plaza en la que toca una música algunas noches.
+Las niñas se pasean por un lado, como manadas de pavos, y los hombres
+por otro; sin hablarse, dirigiéndose miradas, lo que allá llaman
+_afilar_, y sin atreverse a un saludo. Luego, el encierro en casa todo
+el día... la conversación con las amigas de mamá. No: ¡primero morir! Yo
+necesito ir a Berlín. ¡Si tu conocieses lo hermoso que es Berlín!...
+
+Intentaba vencer la resistencia de Ojeda con los recuerdos de aquella
+capital, en la que había transcurrido lo mejor de su vida. Ella no
+conocía París. Su padre se había negado siempre a llevar su familia a
+esta ciudad. Se enfurecía el señor Kasper, como un profeta bíblico, al
+hablar de la moderna Babilonia, urbe corrompida, inventora de malas
+costumbres... ¡Ay, Berlín! Tal vez las parisienses fuesen más elegantes,
+más finas que las otras; pero en Berlín todo era grande. Los cafés y los
+teatros, más enormes que los de París. Los establecimientos nocturnos
+copiaban los títulos de Montmartre; pero si en una sala parisién
+danzaban cincuenta parejas, en la de Berlín bailaban doscientas; si en
+una parte se destapaban diez botellas, en la otra eran cien; y si en los
+bulevares había batallones de mujeres sueltas, en la metrópoli germánica
+podían formarse cuerpos de ejército con las hembras en disponibilidad.
+
+Todo era abultado, inmenso, colosal, en aquella urbe disciplinada; hasta
+la alegría y la licencia, que habían sobrevenido como resultados del
+triunfo. Y la mestiza de alemán y de criolla hablaba con nostalgia de la
+vida nocturna de Berlín, de todo lo que había conocido y gozado en su
+absoluta libertad de «señorita educada a la moderna».
+
+--Tú sólo has visto aquello como viajero; además, conoces poco el
+idioma. No sabes lo que es la vida allá. ¡Si la conocieras!... ¡Si
+accedieses a venir conmigo!
+
+Y en la inconsciencia de su entusiasmo, sin darse cuenta de la penosa
+impresión que causaba en Ojeda, empezó a hablarle de sus aventuras. Tema
+una amiga, hija de alemán y de norteamericana, cuyos padres vivían en
+Berlín después de haber hecho fortuna en los Estados Unidos. Las dos se
+escapaban de sus casas por la noche para ir a los cafés más célebres en
+compañía de unos novios con los que nunca habían de casarse. Este
+acompañamiento no las impedía cenar con ricos señores de la industria y
+de la Banca que celebraban un buen negocio. Los dueños de los
+establecimientos las atraían y las halagaban a ellas y a otras de su
+clase. Eran señoritas, con un encanto superior al de las otras mujeres.
+Sabían mantener sus aventuras en un término prudente, con más bullicio y
+atrevimiento que las profesionales, pero sin permitir nunca el atentado
+irreparable. Mostrábanse expertas en la tentación que enardece al
+parroquiano y le hace volver. Y para asegurarse el auxilio de estas
+colaboradoras, los gerentes les daban primas sobre lo que hacían gastar
+a los señores, algunos centenares de marcos al mes, que eran una entrada
+supletoria para vestidos y sombreros, compensando de este modo el
+regateo económico de sus familias.
+
+--Un gran país--continuó Nélida--. Allí únicamente se vive. ¿Y tú no
+quieres llevarme? ¡Tan dichosos que seríamos los dos!... Di, ¿por qué no
+quieres?
+
+Fernando quedó indeciso. No sabía qué contestar a esta loca, de una
+amoralidad desconcertante. Era inútil exponer razones de honor, hablar
+de su dignidad, que no podía adaptarse a este género de existencia.
+Jamás llegaría a entenderle.
+
+Para salir del paso aludió a las dificultades materiales que se oponían
+a su plan. ¿Qué iba a hacer él en Berlín? ¿De qué podían vivir? Para
+estas aventuras se necesita dinero, y él no lo tenía.
+
+Nélida abrió los ojos con asombro. No podía comprender un hombre sin
+dinero. Todos los que ella había conocido hasta entonces lo tenían en
+abundancia, o al menos jamás se preocupaban visiblemente de su carestía.
+¡Un hombre sin dinero!... Le parecía inaudita esta revelación, y miró a
+Ojeda como si acabase de descubrir en él nuevos encantos y perfecciones.
+
+Ella tenía dinero para los dos. Ignoraba cuánto: tal vez mil quinientos
+marcos. Y repitió varias veces la cifra, dándola gran importancia por
+ser dinero suyo: ahorros de la vida en Berlín... Además de esto, tenía
+sus pequeñas alhajas, regalos de amistad, que llevaría con ella. No
+necesitaban de grandes cantidades para llegar a Berlín, y una vez allá,
+todo les sería fácil. Contaba con amigos, muchos amigos; una mujer sale
+fácilmente de apuros. Ojeda sólo tendría que ocuparse de los gastos de
+su persona, y si era necesario, ella ayudaría también a su viejito... a
+su negro.
+
+--¡Nélida!--protestó Fernando.
+
+Pero no quiso decir más. ¿Para qué?... Ni él aceptaba aquel viaje, ni
+ella, con la movilidad de sus fugaces impresiones, se acordaría tal vez
+de esto a la mañana siguiente.
+
+Sonó un gran estrépito en las cubiertas superiores: ruido de voces,
+correteos. Luego las fuertes pisadas se alejaron hacia la popa,
+acompañando una violenta discusión. Debían ser los de la banda, que se
+peleaban entre ellos.
+
+--Márchate--dijo Ojeda--. Son las tres. Esas gentes pasean por todo el
+buque antes de acostarse, y te pueden sorprender.
+
+Aceptó el mandato Nélida, más por despecho que por obediencia amorosa.
+Sus besos de despedida fueron glaciales. Fruncía las cejas; brillaba en
+sus ojos un resplandor hostil.
+
+--No me quieres, bien lo veo... Otro se consideraría feliz si yo le
+permitiese acompañarme en mi fuga, y tú parece que estás arrepentido de
+conocerme... Cualquiera diría que te he propuesto un crimen.
+
+Fernando murmuró algunas excusas... Era un asunto que merecía ser
+pensado. Tal vez se decidiese al día siguiente. Pero ella, adivinando la
+falsedad de sus palabras, no quiso oírle. «¡Adiós!» Le empujó para ganar
+la puerta, cerrándola tras ella ruidosamente, como si ya no le importase
+guardar recato alguno.
+
+«¡Adiós!», contestó Ojeda al quedar solo. Levantaba los hombros, sonreía
+con una expresión de cansancio, le pareció más agradable su camarote sin
+otra presencia que la suya... ¡Muchacha loca, adorable por una hora e
+insufrible por toda una noche!... Reía francamente al recordar las
+extrañas proposiciones de Nélida. ¡A Berlín él!... ¿Qué se le había
+perdido allá?... Y todo porque la niña le tenía miedo al hermano medio
+salvaje. Era una solución digna de su cabeza destornillada.
+
+Con estos comentarios fue desnudándose, y al apagar la luz experimentó
+entre las sábanas la voluptuosidad del que se ve solo después de haber
+sufrido una compañía enojosa. ¡Ah, las mujeres! ¡Lástima grande no poder
+vivir sin ellas! Ojeda, que empezaba a dormirse, dio algunas vueltas en
+su nebuloso pensamiento a la vulgarizada frase del dramaturgo
+escandinavo. Siempre que una contrariedad amorosa le impulsaba a
+separarse de una mujer, se decía lo mismo: «El hombre aislado es el más
+fuerte...». ¡Ay! Fácil era aislarse cuando el organismo parece crujir de
+fatiga y la hartura quita todo encanto a las tentaciones. Pero
+transcurría el tiempo; la mujer despreciada adquiere mayor valorización
+a cada vuelta de sol; y el deseo, al renacer en las entrañas, las araña
+como un demonio implacable, diciendo burlonamente a cada zarpazo: «Toma,
+hombre aislado; toma y aguanta, ya que eres el más fuerte...».
+
+Despertó Ojeda al día siguiente con los sonidos de la música, que daba
+su concierto matinal. Cuando subió a la cubierta era muy tarde. Muchos
+esperaban el toque de mediodía para entrar en el comedor. Adivinó
+Fernando en las miradas de algunos y en el secreto de ciertas
+conversaciones que un suceso extraordinario había ocurrido en el buque.
+
+Vio venir hacia él a Maltrana con la majestad sombría de un hombre
+cargado de secretos. Las miradas de algunos pasajeros tendidos en sus
+sillones le seguían con cierta admiración. Parecía haber crecido en una
+noche. Era otro, con la mirada grave, la frente pesada, los brazos
+cruzados sobre el pecho y un índice apoyado en la boca, lo mismo que si
+adoptase un gesto de pensador viéndose rodeado de máquinas fotográficas.
+
+--Tengo que hablarle.
+
+Dijo esto con tono de misterio, y se llevó a su amigo hacia el extremo
+de proa.
+
+--¿Por casualidad trae usted una caja de pistolas de desafío?...
+
+A pesar de que Ojeda, en vista del aspecto de su compañero, estaba
+preparado para las peticiones más absurdas, no pudo reprimir su
+sorpresa... ¿Pistolas de desafío?... ¿Es que «por casualidad» viajaban
+las gentes con una caja de ellas en el equipaje?... Maltrana se excusó.
+Recordaba que su compañero había tenido varios lances, y esto le hacía
+suponer que bien podría llevar con él esta clase de armas.
+
+--Siento que usted no las tenga, Fernando, y no sé cómo salir del paso.
+Hay un duelo pendiente a bordo, y los adversarios, así como los otros
+testigos, me han hecho el honor de confiarse a mi pericia, encargándome
+la preparación del combate. Una misión difícil.
+
+El desafío iba a realizarse a la mañana siguiente en tierra, con el
+mayor secreto, durante las pocas horas que el buque permanecería
+anclado, y él tenía que establecer las condiciones, para lo cual le era
+necesario, ante todo, encontrar las armas.
+
+No faltaban éstas en el buque. Todos los pasajeros tenían la suya, y
+hasta algunas señoras ocultaban en sus camarotes el arma de fuego
+niquelada, brillante y graciosa como un juguete. Había revólveres de
+todos los calibres, pistoletes automáticos de diversos mecanismos. Un
+argentino hasta le había ofrecido para el caso dos carabinas de
+repetición, con balas blindadas, que llevaba para su estancia. Pero
+todas eran armas vulgares, prosaicas, de última hora; armas sin
+tradición, que no podían servir por falta de títulos para que dos
+caballeros se matasen. Él necesitaba espadas o pistolas antiguas que se
+cargasen por la boca, como ordena el ceremonial del honor, armas
+poéticas consagradas por el teatro y la novela; y toda aquella gente
+sólo podía ofrecerle ferretería moderna, falta de nobleza, que
+funcionaba como un reloj y distribuía la muerte con mecánica exactitud.
+No había podido encontrar a bordo ni siquiera dos sables, arma híbrida,
+arma mestiza, que era como una transición entre las unas y las otras.
+
+Ojeda interrumpió estas lamentaciones. Quería saber el motivo del duelo
+y quiénes eran los combatientes.
+
+Se expresó Maltrana con triste dignidad. Había sido al final de la
+fiesta en su honor, cuando más contentos y fraternales se mostraban los
+amigos. Muchos se habían retirado a sus camarotes. Eran las tres de la
+madrugada. Al cerrarse el fumadero habían subido a la cubierta de los
+botes para terminar el jolgorio en el camarote del belga, que iba a
+separarse al día siguiente de la honorable sociedad. Llevaban a
+prevención algunas botellas, y al quedar vacías éstas, probaron a beber
+cierto alcohol de tocador, agua de Colonia o algo semejante, riendo de
+las muecas y náuseas que el líquido perfumado provocaba en algunos.
+
+--Cuando más contentos estábamos, surgió la pelea entre el belga y ese
+alemán pariente de Nélida, los dos amigos más íntimos, siempre juntos
+desde que entraron en el buque. Yo creo que en el fondo se odiaban sin
+saberlo. Inútil decir a usted quién es el verdadero culpable... ¿Quién
+ha de ser?... Nélida. Y lo más gracioso del caso es que ninguno de los
+dos la nombró, pero ambos la tenían en el pensamiento. Estaban furiosos
+desde hace días, desde que la muchacha se fijó en usted. Fue una suerte
+que no anduviese usted anoche por el buque. Hubiésemos tenido un
+disgusto.
+
+Los dos rivales se hacían responsables del apartamiento de la joven.
+Cada uno de ellos se imaginaba que de haber quedado solo al lado de ella
+habría podido retenerla. Pero se habían estorbado con su mutua
+presencia, acabando por cansar a Nélida en fuerza de rivalidades y
+celos. Y este odio silencioso que los dos llevaban en su pensamiento
+había estallado en la madrugada con la rapidez y la incoherencia de las
+querellas de borrachos. Unas cuantas palabras ofensivas, a las que no
+prestó atención el resto de la banda, y de pronto, botellas por el aire,
+bofetadas, lucha cuerpo a cuerpo.
+
+--Algo muy triste, amigo Ojeda. Por voluntad del alemán, allí mismo
+hubiese terminado el incidente. Él tiene un ojo hinchado y el otro lleva
+en un carrillo algo que parece un tumor. Los dos iguales. No se
+necesitaba más para volver a ser amigos... Pero el belga entiende las
+cosas de otro modo. Saca a colación su baronía, y además creo que ha
+sido subteniente de no sé qué guardia nacional o reserva de su país. En
+fin, que ha arrastrado sable y tiene empeño en batirse con su amigote,
+para después estrecharle la mano con toda tranquilidad. Y los dos se han
+confiado a mí en esto del duelo.
+
+Maltrana se excusó modestamente.
+
+--No extrañe usted esta predilección. Se han enterado de que yo tuve en
+nuestra tierra algunos desafíos (porque con ellos me iba el pan), y me
+miran con tanto respeto como si fuese de la Tabla Redonda... Además, ha
+influido igualmente mi triunfo oratorio de anoche, el nuevo prestigio
+que me rodea. Uno que habla bien es sabido que sirve para todo... hasta
+para gobernar pueblos.
+
+Y como Fernando no podía darle lo que necesitaba, se alejó en busca de
+las armas. Iba a hacer la misma pregunta a otros pasajeros de
+distinción, y si éstos no tenían «por casualidad» una caja de pistolas,
+arreglaría el encuentro a revólver, escogiendo dos completamente iguales
+entre los muchos que le habían ofrecido.
+
+Al pasear Ojeda por la cubierta vio a los adversarios, uno en la terraza
+del fumadero y otro en el balconaje de proa, ostentando ambos en la
+cara, sin recato alguno, las huellas del choque nocturno. La banda se
+había dividido según sus opiniones y afectos, quedando un grupo en torno
+del alemán y otro junto al barón. Los dos se mantenían en actitud
+arrogante, como actores que vigilan sus movimientos sabiendo que todas
+las miradas están fijas en ellos.
+
+De Nélida no se acordaba nadie. Este choque, que podía tener
+consecuencias trágicas, había quitado todo interés a la inquieta
+muchacha y sus insolentes veleidades. Ojeda la vio venir hacia él
+pasando ante el grupo que formaban el barón y sus amigos en la terraza
+del fumadero. Todos la consideraron con indiferencia, y ni siquiera
+volvieron los ojos para seguirla mientras se alejaba. La atención era
+para el héroe, que, con el carrillo hinchado, relataba por cuarta vez
+cierto desafío terrible en el que casi había matado a su rival.
+
+Al reunirse Nélida con Fernando le habló con apresuramiento. Iba
+buscándole desde una hora antes por todo el buque... ¡Lo que le ocurría
+a ella por culpa del hermano!...
+
+--Cuando veas a papá, dile que estuviste acompañándome hasta las tres de
+la mañana en el comedor y que me encontraste a la una. Él te preguntará;
+pero aunque no te pregunte, dile eso de todos modos.
+
+Había cometido una imprudencia la noche anterior al ir en busca de él,
+dejando olvidada la llave en la puerta de su camarote. El «zonzo», o sea
+el hermano, ansioso de venganza por los golpes de la tarde, había
+cerrado la puerta al notar su salida, guardándose la llave. Inútiles
+los ruegos de Nélida cuando, al volver en la madrugada, intentó ablandar
+a su hermano llamando a la puerta de su camarote. Se fingía dormido. Y
+ella había pasado el resto de la noche en una silla del comedor, a
+obscuras, invisible para los de la banda, que andaban divididos de un
+lado a otro con la agitación de la pelea reciente.
+
+Los criados que estaban de guardia podían atestiguar que había pasado la
+noche en el comedor. Simple asunto de cambiar las horas, asegurando que
+estaba allí desde mucho antes. Todos los criados del buque sonreían al
+verla y estaban prontos a afirmar lo que ella les pidiese...
+
+Una escena borrascosa de familia cuando el digno señor Kasper y su mujer
+se levantaron y abrió el hijo la puerta del vacío camarote. «Nélida ha
+pasado la noche fuera.» Pero Nélida sobrevino como una fiera, y hubo que
+arrancar al «zonzo» de entre sus manos. Aquel bandido se había
+aprovechado de una corta salida suya por exigencias higiénicas para
+cerrar la puerta, dejándola fuera del camarote, obligada a vagar por el
+buque, expuesta a peligros y murmuraciones... todo por el deseo de
+calumniarla.
+
+Ella había pasado la noche sentada en el comedor; tenía testigos: los
+criados que estaban de guardia. Aún podía ofrecer un testimonio más
+importante: el doctor Ojeda, que la había encontrado a la una y media,
+cuando él se retiraba a su camarote, acompañándola hasta las tres.
+¿Cuándo iba a terminar de martirizarla este malvado?...
+
+La madre tomaba partido por el hijo, mirándola a ella con ojos
+iracundos. Era la vergüenza de la familia: los iba a matar a disgustos.
+«Papá... papá», imploraba Nélida. Y el señor Kasper reflexionaba como un
+rey justiciero, acariciándose las barbas. ¡Prudencia! Había que pesar
+bien las cosas para ser equitativo. La niña ofrecía pruebas, y el tonto
+únicamente sabía insistir en su acusación, sin añadir testimonio alguno.
+Y casi sentenció por adelantado, intentando dar un repelón al muchacho.
+«¡Raza maliciosa y vengativa! Nada bueno podía esperarse de su sangre.»
+
+Nélida no tenía miedo al enojo de sus padres, pero necesitaba
+convencerlos de su inocencia para que le sirviesen de fiadores ante el
+hermano temible que la esperaba al término del viaje. ¿Y aún se resistía
+Fernando cuando ella le hablaba de huir, como si le propusiese algo
+disparatado? No, no iría a Buenos Aires: estaba resuelta a escaparse al
+día siguiente... Pero la inmediata realidad le hizo insistir en sus
+recomendaciones:
+
+--Cuando papá te pregunte, ya sabes lo que debes decir... Y si no te
+pregunta, háblale tú. Hazlo, mi viejo; sé buenito. Allí lo tienes, cerca
+del fumadero, hablando con el señor Pérez. Él se alegra mucho de verte:
+dice que eres la mejor persona de a bordo.
+
+Y le empujaba dulcemente, extremando los gestos y miradas de seducción.
+Ojeda, con su pasividad habitual ante el mandato de una mujer, siguió
+este impulso, dirigiéndose en busca del señor Kasper. ¡Qué de embustes y
+enredos con esta muchacha!... Afortunadamente, el día de la liberación
+estaba próximo; y una vez en tierra, no la vería más.
+
+Sonrió el patriarca a Fernando, sin interrumpir por esto su conversación
+con Pérez. Hablaban de política, conviniendo los dos en un gran amor por
+los gobiernos fuertes y en la necesidad de fusilar a todos los enemigos
+de la autoridad. El señor Kasper odiaba las repúblicas, gobiernos de
+pelagatos con levita, de parlanchines hambrientos. Los pueblos debían
+ser regidos por hombres a caballo, con deslumbrantes uniformes. Y
+satisfecho de que a él le hubiese tocado esta suerte al nacer en
+Alemania, abrumaba con ironías y sarcasmos a la más célebre de las
+Repúblicas. Nunca había querido vivir en París. ¡Una nación gobernada
+por abogados y periodistas! ¡Un pueblo sin moralidad y casi sin familia!
+Todo el mundo sabía esto...
+
+Ganoso de retener a Fernando, dejó que Pérez se marchase en busca del
+tercer aperitivo de la mañana, y al quedar solos, fue el patriarca el
+que inició la explicación deseada por Nélida.
+
+Ya sabía él que el señor Ojeda había acompañado a la niña gran parte de
+la noche en el comedor. Le daba las gracias por su amabilidad. No podía
+haber encontrado mejor acompañante que él, un caballero distinguido y
+serio. Eran querellas entre muchachos; una genialidad de su hijo menor,
+que le proporcionaba muchos disgustos. La sangre de los abuelos criollos
+despertaba en sus venas... Su hijo mayor era más equilibrado; pero en
+cuanto a carácter, allá se iba con el otro. ¡Gente interesante y
+temible!... Nélida y él eran más tranquilos, más alemanes, de genio
+siempre igual.
+
+Hacía elogios de la hija predilecta, olvidando por completo el incidente
+de la noche anterior, sin pedir nuevas aclaraciones, librando a Ojeda de
+la necesidad de mentir, diciéndolo él todo, como si estuviese mejor
+enterado que nadie por el solo testimonio de Nélida. Y acompañaba sus
+palabras con tales sonrisas, que Fernando acabó por sentirse
+desconcertado. «Este señor es tonto--pensaba--, tonto como su hijo
+menor.» Pero luego parecía dudar. «O tal vez es un fresco. El mayor
+sinvergüenza que he conocido.»
+
+Mientras tanto, el señor Kasper pasaba con suavidad del elogio de su
+hija a hablar de los negocios de América, tema en el que insistió hasta
+el toque de mediodía, que deshizo los grupos, empujando las gentes al
+comedor.
+
+Después del almuerzo, muchos pasajeros, en vez de permanecer
+arrellanados en los asientos del jardín de invierno como gentes faltas
+de ocupación, tomaron rápidamente el café y salieron cual si fueran en
+busca de algo importante. Los pupitres de los salones y del fumadero
+estaban ocupados por hombres y mujeres que escribían y escribían,
+teniendo ante ellos un montón de cartas cerradas con las direcciones
+puestas. Por encima de sus cabezas pasaban manos rapaces, apoderándose
+con profusión de sobres y pliegos. Corrían los criados, no sabiendo cómo
+acudir a tan diversos llamamientos. Todos pedían lo mismo: papel y
+plumas.
+
+Se interpelaban los viajeros para implorar el préstamo de un
+estilógrafo. Improvisábanse escritorios entre las tazas de café, así
+como en las mesas de la cubierta y sobre los pianos. Todos habían
+sentido de pronto la necesidad de escribir. Al día siguiente llegaba el
+_Goethe_ a puerto, y las gentes despertaban de su ensueño azul que había
+durado diez días. Se acordaban de que existía el mundo, de que no
+estaban solos en el planeta, y había una vida más allá de la oceánica
+extensión, con la que iban a ponerse de nuevo en contacto.
+
+Los hombres se apartaban de las señoras, a las que habían cortejado
+hasta entonces. Ceñudos y preocupados, buscaban un rincón y mordían el
+cabo del palillero ante el pliego virgen, no sabiendo cómo reanudar sus
+ideas. Las mujeres parecían más graves y silenciosas, poseídas de súbito
+ascetismo. Rehuían las conversaciones, como si fuesen peligrosas para su
+virtud. Deseaban estar solas, y movían en este aislamiento su pluma
+lentamente, con vacilaciones entre línea y línea, cual si temieran decir
+poco o decir demasiado.
+
+Isidro, que no había de escribir a nadie--pues sólo pensaba enviar a su
+hijo una postal con grupos de negros al bajar a tierra--, contempló
+irónicamente esta fiebre grafománica. ¡Qué de embustes sobre el papel;
+historias fingidas a última hora para llenar pliegos, sin que se
+trasparentase la verdad! ¡Qué de juramentos de eterno recuerdo, cuando
+los pobres recuerdos de tierra no habían salido de los equipajes y en
+ellos permanecían encogidos, cual prendas sin uso, mientras el olvido y
+el afán de placer sin consecuencias se había enseñoreado del buque!...
+Maltrana pensó que si toda esta avalancha de mentiras se solidificase
+repentinamente, el pobre _Goethe_ se iría al fondo no pudiendo resistir
+tan enorme peso.
+
+Entre los que escribían estaba Ojeda. Inclinado sobre un velador del
+jardín de invierno, iba llenando pliegos, lo mismo que en la víspera de
+la llegada a Tenerife. Pero ¡ay! su carta era ahora un trabajo literario
+y reflexivo. Los recuerdos venían a interrumpir su escritura, como la
+otra vez; pero estos recuerdos no evocaban dulce melancolía, sino
+vergüenza y remordimiento.
+
+Once días escasos habían transcurrido entre las dos cartas. ¡Qué de
+sucesos!... ¡Qué de traiciones y vilezas! Sentía dudas sobre su
+personalidad: creía que durante este tiempo se había verificado en él un
+prodigioso desdoble. Ya no era el mismo que de todo corazón lanzaba
+sobre el papel los apasionados juramentos de la pareja wagneriana.
+«Alejados el uno del otro, ¿quién nos separará?...» Estas palabras
+hacían levantarse en su recuerdo, como testimonio de infidelidad, varias
+figuras de mujer: Maud, Mina, aquella Nélida que rondaba por cerca de
+él, que asomaba a la ventana inmediata su rostro insolente y le hacía
+señas con los ojos, con los labios, para que saliese cuanto antes.
+
+Afortunadamente, la proximidad de la tierra iba a desvanecer esta
+embriaguez voluptuosa del Océano que le había mantenido en amable
+inconsciencia.
+
+El recuerdo de Teri, adormecido durante el viaje, resurgía más vigoroso,
+con mayor relieve, abultado por la luz exageradora del remordimiento. Y
+este remordimiento parecía añadir un nuevo incentivo a su amor. Era algo
+semejante al sacrilegio o al parentesco, que sazonan ciertas pasiones
+con el acre y atractivo perfume de lo prohibido y lo monstruoso.
+
+Al sentir intranquila su conciencia, adoraba a Teri mucho más que cuando
+podía contemplarla sin miedo frente a frente. «La quiero--pensó--como no
+la he querido nunca. La traición y la necesidad de hacerse perdonar dan
+un interés nuevo al amor. Son como salsas picantes que renuevan el gusto
+de un plato conocido...» ¡Ah, pobre Teri engañada, que tal vez no se
+enteraría nunca de estas infidelidades! Él iba a expiar sus delitos
+adorándola con mayor vehemencia; iba a vivir en su imaginación una luna
+de miel ideal, rodeándola de todos los esplendores de un culto, como el
+pecador que se prosterna agradecido ante la imagen que perdona y le mira
+con ojos de misericordia.
+
+Fortalecido por tales propósitos, siguió escribiendo con más soltura e
+ingenuidad, como si fuese el mismo hombre de diez días antes y esta
+carta igual a la que había enviado desde Tenerife. Pero no era el mismo;
+veíase obligado a reconocerlo. Sus pecados le ligaban a aquel buque, y
+mientras no saliese de él, serían inútiles sus esfuerzos para volver al
+pasado.
+
+Cada vez que huían sus ojos del papel, encontraban una sombra en la
+ventana. Era Nélida que se aproximaba con su sonrisa audaz, sin miedo a
+la curiosidad de las gentes. Tosía para indicar su impaciencia; movía
+los labios, adivinándose en ellos las mudas palabras de admirativa
+pasión: «¡Dueño mío... viejo... mi negro!».
+
+Inútiles estos llamamientos. El continuaba su carta con la memoria
+ocupada por el recuerdo de Teri, pero esto no le impedía, por costumbre
+o por «honradez profesional», el contestar con sonrisas y movimientos de
+cabeza a las caricias silenciosas de Nélida.
+
+Fatigada ésta de la inmovilidad de Ojeda, acabó por apartarse de la
+ventana, yendo hacia el avante del paseo, donde estaban Isidro y el
+doctor Zurita.
+
+Miraban el horizonte como si esperasen ver tierra. ¡América! ¡Pronto
+verían América!... El doctor hablaba de esto con cierta emoción. Hacía
+días que el buque costeaba su amado continente, pero de muy lejos. Ahora
+se aproximaba a él, pero no se vería tierra hasta muy entrada la
+noche... Y a la mañana siguiente, la bahía de Río Janeiro.
+
+Nélida, que se había aproximado a los dos hombres, saludándolos con un
+leve movimiento de cabeza, miraba al doctor. ¡Muy simpático el viejo!
+Para ella, todos los hombres eran simpáticos. Debía haber sido en su
+juventud un buen mozo. Su hijo mayor también lo era. Lástima grande que
+le gustasen tanto las coristas de la opereta y sólo supiera hablar de
+París, como si en el resto del mundo no existiesen mujeres.
+
+Zurita saludó a la joven con un gesto de antiguo galán y no se ocupó más
+de ella. ¡Interesante la muchacha!... Pero él tenía su familia a bordo,
+sus niñas y cuñadas, y deseaba evitar a todas ellas relaciones de
+amistad que podían ser peligrosas.
+
+Siguió hablando el doctor bajo la mirada vaga de Nélida, que no entendía
+gran cosa de la conversación de los dos hombres.
+
+--Yo me imagino, _che_, lo que debieron sentir aquellos españoles al
+distinguir la primera isla... La alegría con que Rodrigo de Triana, el
+marinero de Colón, debió lanzar el grito de «¡Tierra!».
+
+Maltrana intervino con cierto orgullo al poder lucir sus conocimientos
+delante de Nélida. Además, su triunfo oratorio había desarrollado en él
+un deseo vehemente de hacer sentir a todos la autoridad y el peso de sus
+palabras.
+
+--Hay error en eso que dice usted, doctor, y que es lo que dice
+igualmente casi todo el mundo. Ni el que descubrió primero la tierra de
+América se llamó Rodrigo de Triana, ni fue marinero de Colón.
+
+Con tal nombre no figuraba ningún tripulante en el primer viaje. Quien
+dio el grito del descubrimiento era un tal Rodríguez Bermejo, natural de
+Sevilla, y sin duda el Almirante, al hablar de él, convirtió el
+Rodríguez en Rodrigo, y añadió el Triana por haber vivido en dicho
+barrio. Entre la gente de mar era muy frecuente la desfiguración de
+nombres por apodos y por el lugar de nacimiento. Además, Juan Rodríguez
+Bermejo no fue marinero de la nao _Santa María_, que montaba el
+Almirante, sino de la carabela _Pinta_, mandada por Pinzón, que iba
+siempre a la cabeza de la escuadrilla por ser la más velera.
+
+--Fue la _Pinta_ la que avistó, a las dos de la mañana, la isla de
+Guanahaní, y Rodríguez Bermejo el que dio el grito de «¡Tierra!...».
+Pero Colón, al volver a España, dijo que era él mismo quien a las diez
+de la noche, o sea cuatro horas antes, había visto una luz «como una
+candelica subiendo y bajando», y que esta luz procedía de la isla. Hay
+que tener en cuenta que el Almirante estaba entonces a unas catorce
+leguas de la isla, y ésta es completamente baja, sin una colina.
+Imposible verla a una hora en que la _Pinta_, que iba navegando muy por
+delante, no había alcanzado todavía a distinguir tierra. La luz fue
+indudablemente la de la bitácora de la carabela de Pinzón, que avanzaba
+entre la nao del Almirante y la isla todavía lejana.
+
+Calló un momento Isidro, gozándose en la curiosidad del doctor, que le
+escuchaba muy atento.
+
+--El resultado de todo esto--continuó--fue una gran injusticia. Los
+reyes habían prometido un premio de diez mil maravedíes al primero que
+descubriese tierra, y Colón, que no perdonaba provecho, se atribuyó
+dicha suma, fundándose en lo de «la candelica». Pinzón, que podía
+atestiguar la verdad, acababa de morir; y el pobre Rodríguez Bermejo, al
+verse injustamente despojado por el grande hombre, sin que nadie
+atendiese sus quejas, sintió tal desesperación que se pasó al África y
+renegó de la fe cristiana, haciéndose moro. Éste fue el final del
+primero que con sus ojos vio la tierra americana.
+
+El doctor Zurita estaba pensativo.
+
+--De suerte, _che_--murmuró--, que la vida civilizada de nuestro
+hemisferio empieza por una injusticia, por un acto de favoritismo, por
+el abuso de un mandón.
+
+Maltrana asintió: así era. Y el doctor sonrió maliciosamente, como si
+después de saber esto comprendiese mejor la historia del Nuevo Mundo.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Al detenerse el trasatlántico, después de tantos días de marcha, una
+sensación de extrañeza pareció circular por todo él, desde la quilla a
+lo alto de los mástiles.
+
+Fue poco después de la salida del sol, y todos los pasajeros, aun los
+menos madrugadores, despertaron casi a un tiempo, con el mismo
+sobresalto del que experimenta una dificultad repentina en sus órganos
+respiratorios.
+
+Habituados al suave balanceo de la cama, al movimiento de péndulo de las
+ropas colgantes, al desnivel alternativo del piso, al escurrimiento de
+los objetos sobre mesas y sillas, como algo natural de esta existencia
+oceánica, sintieron todos cierta angustia viendo entrar cuanto les
+rodeaba en rígida inmovilidad. El oído, acostumbrado al roce incesante
+de las espumas en los costados del buque, al estremecimiento de la
+atmósfera cortada por el impulso de la marcha, al lejano zumbido de las
+máquinas extendiendo su vibración por los muros y tabiques del
+gigantesco vaso de acero, acogía ahora con extrañeza este silencio
+repentino, absoluto, abrumador, como si el buque flotase en la nada.
+
+Adivinábase la presencia, más allá de los tragaluces de los camarotes,
+de algo extraordinario. El aire era menos puro, sin emanaciones salinas,
+con bocanadas de agua en reposo que olían a marisco en descomposición, y
+junto con esto un lejano perfume de selva brava.
+
+Corrió la gente a las cubiertas casi a medio vestir, y sus ojos,
+habituados al infinito azul, tropezaron rudamente con la visión de las
+tierras inmediatas, costas negras cubiertas hasta la cima de bosques
+lustrosos, de un verde tierno, como si acabase de lavarlos la lluvia.
+
+A ambos lados del buque alzábanse las montañas que guardan la entrada de
+la bahía de Río Janeiro. A popa, el mar libre quedaba casi oculto
+detrás de unas islas peñascosas con faros en sus cumbres. Frente a la
+proa, la bahía enorme estaba enmascarada por el avance de pequeños cabos
+que parecían cerrar el paso.
+
+Contemplaba la gente el paisaje con la avidez de un descubridor que tras
+larga navegación alcanza una tierra desconocida, admirando la
+frondosidad de los bosques tropicales, la forma original de las
+montañas, todas ellas de bizarros contornos. Parecían bocetos de una
+estatuaria monstruosa derramados junto al Océano, restos del jugueteo de
+unas manos gigantescas que se hubiesen entretenido en amasar tierras y
+rocas. Unas alturas eran cónicas, de regular esbeltez; otras evocaban la
+imagen de una nariz colosal, de una frente con pestañas, de un mentón
+voluntarioso.
+
+Estos perfiles se prestaban a diversas combinaciones imaginativas, como
+las nubes de una puesta de sol. Algunos pasajeros conocedores de la
+bahía enseñaban a los demás «el hombre que duerme»: una sucesión de
+cumbres y mesetas que en su conjunto imitan el contorno de un gigante
+entregado al sueño, con la cara en alto.
+
+Semejantes por sus formas al titubeante ensayo de una Naturaleza en
+estado de infantilidad o a las primeras intentonas artísticas de un
+cerebro primitivo, estas montañas eran de un basalto negruzco, que traía
+a la memoria la corteza rugosa de la higuera o la dura piel del
+elefante. Entre los bloques, allí donde se había amontonado un poco de
+humus, elevábase triunfador el bosque tropical, compacta masa de intensa
+verdura--rayada de blanco por los troncos de los árboles--que invadía
+todas las pendientes, desde las riberas, en cuyas rocas peinaba el mar
+sus espumas, hasta las cumbres, rematadas por torres de vigía y
+baluartes fortificados.
+
+El cocotero y la palmera daban al paisaje un tono de exotismo para la
+mirada de los europeos. Acostumbrados al pino parasol de las bahías
+mediterráneas y a los abetos de los puertos del Norte, saludaban con
+entusiasmo esta vegetación exuberante, que evocaba en su memoria
+antiguas lecturas de viajes, hazañas de aventureros, chozas de bambú,
+saltos de fieras, bailes de negros. Era América tal como la habían
+soñado: al fin iban a sentar el pie en el nuevo continente... Y el
+plátano grácil, coronado por el amplio surtidor de sus hojas barnizadas,
+extendíase por todo el paisaje, formando grupos en torno de las blancas
+construcciones de la playa, remontando los caminos en doble fila,
+tendiéndose sobre las mesetas en apretados bosques, festoneando las
+cumbres con la esbeltez de su tallo, que le hacía destacarse sobre el
+cielo lo mismo que el estallido de un cohete verde.
+
+El vapor permaneció inmóvil algún tiempo, esperando la llegada del
+práctico. Nadie alcanzaba a ver la ciudad, oculta detrás de los
+repliegues del terreno. Una neblina roja flotando a ras del agua
+ensombrecía el último término de la bahía enorme, comparable a un mar
+interior oprimido entre montañas.
+
+Los que habían presenciado poco antes la salida del sol, recordaban
+admirados el espectáculo. Era un astro de monstruosas proporciones,
+hasta parecer distinto al del otro hemisferio, inflamado al rojo blanco
+y que lo incendió todo con su presencia: aguas, tierras y cielo. La
+aparición había sido rápida, fulminante, sin el anuncio de nubecillas
+rosadas ni gradaciones de luz, sin asomar poco a poco su esfera, como en
+los amaneceres del viejo mundo. Se había roto el horizonte en llamas lo
+mismo que en una explosión, surgiendo el astro cielo arriba, cual un
+proyectil inflamado, para no detenerse hasta que su reflejo trazó una
+ancha faja de resplandor sobre las aguas de la bahía. Y de esta faja,
+que ondulaba como el galope de un rebaño luminoso, escapábanse
+fragmentos de oro al encuentro del buque, se deslizaban por sus flancos
+y huían entre las espumas de las hélices, puestas de nuevo en
+movimiento.
+
+Brillaban los peñascos de basalto, semejantes a bloques de metal;
+centelleaban, cual si fuesen proyectores eléctricos, los tejados y los
+vidrios de las casas de la playa; los bosques despedían luz: cada hoja
+era un espejo. Los remates de las torres y los mástiles de los buques
+anclados en la bahía serpenteaban como espadas ígneas por encima de la
+niebla.
+
+Avanzó el _Goethe_ con majestuosa lentitud, partiendo las aguas de
+fuego, deslizándose ante las pendientes boscosas, cuyo verdor estaba
+interrumpido a trechos por unas fortificaciones viejas, de teatral
+inutilidad. Las baterías modernas, ocultas en el suelo, apenas si se
+delataban por las gibas de sus cúpulas movibles.
+
+Las magnificencias interiores de la bahía iban desarrollándose ante la
+muchedumbre agolpada en las bordas del trasatlántico. Aparecían entre
+los cabos de basalto coronados de vegetación extensas playas con
+pueblecitos de color rosa y torres de iglesia blancas, rematadas por una
+cúpula de azulejos. Estas construcciones, que recordaban por sus formas
+la originaria arquitectura portuguesa, adquirían un aspecto criollo con
+el adorno del cocotero, el banano y otras plantas tropicales formando
+bosques en torno de ellas.
+
+Una ciudad flotante pareció surgir del fondo de la bahía según avanzaba
+el _Goethe_, elevando sobre la inmensa copa azul las líneas obscuras de
+sus chimeneas, mástiles y cascos. Eran construcciones monstruosas
+erizadas de cañones, acorazados de color verdoso ligeros avisos, buques
+mercantes de todas las banderas. Por las calles y encrucijadas de esta
+urbe flotante que descansaba sobre sus anclas pasaban y repasaban,
+diminutos y movedizos como insectos acuáticos, botes y lanchas de
+diversos colores, con penachos de humo, velas izadas, o moviéndose
+solos, sin un propulsor visible.
+
+Comenzaron a verse fragmentos de la gran ciudad. El núcleo principal
+ocultábanlo unas colinas, pero por detrás de ellas asomaron, cual
+blancos tentáculos, los bulevares vecinos al mar, las luengas barriadas
+que la ponen en contacto con los pueblos inmediatos. Frente a Río
+Janeiro, en la ribera opuesta de la bahía, alzábase otra ciudad blanca,
+Nictheroy. Enviábanse las dos, por encima de la enorme extensión azul,
+el centelleo de sus techumbres y vidrieras, convertidas por el sol en
+placas de fuego. Unos vapores iguales a casas flotantes iban de una a
+otra orilla, estableciendo la comunicación entre ambas poblaciones.
+
+Así como avanzaba el trasatlántico, parecían despegarse de las costas
+jardines enteros con vistosas construcciones; colinas que sustentaban
+cuarteles y fuertes; pedazos de roca lisa sobre cuyo lomo de elefante se
+redondeaban las cúpulas de una batería. Eran islas separadas de la
+tierra firme por estrechos canales. En otros sitios se introducía el mar
+tierra adentro, formando hermosas ensenadas con paseos frondosos y
+blancos palacios en sus bordes. Desde el buque alcanzábase a ver el paso
+veloz de los automóviles por estas riberas.
+
+Los pasajeros conocedores de la ciudad iban señalando en las montañas
+más abruptas unos rosarios de hormigas que rampaban entre la obscura
+vegetación: tranvías funiculares, de una pendiente casi vertical;
+vagones colgantes que escalaban las cumbres de bizarras formas,
+puntiagudas como agujas, corcovadas cual una joroba gigantesca,
+enhiestas y finas lo mismo que un minarete o un hierro de lanza.
+
+Iba aproximándose el _Goethe_ a la ciudad. Apareció ésta detrás de dos
+islas coronadas de palmeras, avanzando sus primeras casas entre pequeñas
+colinas en forma de panes de azúcar. Las construcciones destacaban sus
+fachadas de un rojo veneciano o amarillas sobre la masa obscura de los
+jardines. Navegaba el trasatlántico en aguas pobladas de reflejos. Los
+buques y los edificios se reproducían invertidos en su profundidad.
+Ondulaban en este espejo los mástiles y las arboledas, como serpientes
+de varios colores. El _Goethe_, al avanzar, rompía en mil pedazos este
+mundo fantástico, y los fragmentos de buques y casas alejábanse en los
+repliegues de las temblonas aguas, sobre las cuales aleteaban las
+gaviotas.
+
+Rompió a tocar la música del trasatlántico una marcha de belicosa
+trompetería. Los pasajeros del castillo central admiraban los
+esplendores de la bahía. La muchedumbre emigrante, amontonada en la proa
+y la popa, gritaba sin saber por qué, deseando exteriorizar su alegría,
+saludando con una explosión de vítores, bramidos y silbidos a los buques
+inmóviles que quedaban atrás del _Goethe_. Y en las cubiertas de estas
+naves, los tripulantes, arremangados, interrumpían las faenas de la
+limpieza para responder al popular saludo con un griterío idéntico. En
+torno al trasatlántico comenzó a evolucionar un enjambre de vaporcitos y
+lanchas automóviles con gentes ansiosas de subir a su cubierta.
+Cruzábanse entre ellas y los de arriba gritos de saludo, agitaciones de
+pañuelos.
+
+Se despedían los compañeros de viaje con generosos ofrecimientos, a
+pesar de que unos y otros tenían la certeza de no verse más. Cambiábanse
+tarjetas con profusión. Los caballeros brasileños besaban las manos de
+las damas, inclinándose por última vez con solemne cortesía. Ofrecían
+sus casas en remotos lugares del interior, y los que continuaban el
+viaje sonreían agradecidos, cual si pensasen hacerles una visita dentro
+de breve plazo.
+
+Todos se habían vestido trajes de calle, lo mismo los que se quedaban en
+Río Janeiro que los que seguían la navegación. Estos últimos eran los
+más impacientes por bajar a tierra. Tenían las horas contadas para
+visitar la ciudad, y el retraso del buque en acercarse al muelle era
+acogido por algunas mujeres con pataleos de impaciencia, como si
+temiesen no desembarcar a tiempo y que la mágica urbe de belleza
+tropical se desvaneciese de pronto.
+
+Así como el trasatlántico avanzaba tierra adentro, cada vez con mayor
+lentitud, hacíase sentir un calor húmedo, asfixiante. Ya no soplaba la
+brisa del Océano libre, aumentada por la velocidad de la marcha. El
+buque, casi inmóvil, caldeábase con la temperatura de aquel pedazo de
+mar encerrado entre montañas. Y todos pensaban en lo que sería este
+calor cuando bajasen a tierra. Los cuellos almidonados y brillantes
+empezaban a reblandecerse; las manos enguantadas sufrían el tormento del
+encierro. Muchos empezaban a arrepentirse de su afán de acicalamiento,
+que les había hecho sustituir los blancos trajes de a bordo con otros
+más elegantes pero calurosos.
+
+Ojeda encontró a Nélida que venía en busca de él; pero una Nélida casi
+desconocida, con gran sombrero cargado de flores y un traje vistoso. Era
+la primera vez que la veía así. Le gustaba más la otra, la de la cabeza
+descubierta, la blusa blanca o el kimono suelto. Encontraba ahora en
+ella un aire torpe de burguesilla endomingada.
+
+Pero la joven, sin adivinar estos pensamientos, aprovechó el desorden de
+la cubierta para repetir una vez más su seducción. Si Fernando quería,
+aún era tiempo. Guardaba ella en un bolso pendiente de la diestra su
+dinero, sus alhajillas, todo lo de algún valor que podía servir para la
+fuga. Él no tenía más que ordenar que echasen su equipaje a tierra:
+Nélida abandonaría gustosa el suyo. Les era fácil escabullirse en la
+confusión del desembarco.
+
+Ojeda, en vez de contestar afirmativamente, parecía compadecerse de
+ella, con la misma conmiseración que si fuese una enferma. ¡Ah, cabeza
+loca!... Bastante la había hablado en la noche anterior para hacerla
+comprender lo absurdo de su proposición. Luego se había marchado
+cabizbaja, sin invitarle a que la siguiese a su camarote y sin mostrar
+deseos de ir al suyo, con visible mal humor, pero convencida en
+apariencia. Y ahora, después de una noche de reflexión, tornaba con las
+mismas proposiciones, como si en su pensamiento movedizo no pudiese
+abrir surco el consejo ajeno.
+
+--Si tú no quieres--insistió ella con enfurruñamiento--, si te niegas a
+acompañarme, huiré sola. No te necesito: empiezo a conocerte. Un
+egoísta... como todos.
+
+Exaltándose con sus propias palabras, le miró hostilmente y aproximó su
+rostro a él, como si le costase trabajo emitir la voz, enronquecida de
+pronto.
+
+--No me quieres. No me has querido nunca. Te has burlado de mí... ¡Y yo
+que te creía distinto a los demás!... ¡Ah, si estuviésemos solos!... ¡Si
+estuviésemos solos!
+
+Oprimió convulsivamente el puño de la sombrilla que le servía de apoyo,
+mientras un fulgor de acometividad pasaba por sus ojos. Resurgió en ella
+la educación de los primeros años. Era la niña de estancia, acostumbrada
+a presenciar las peleas de los peones y las crueles hazañas de su
+hermano.
+
+Pero no tardó en arrepentirse de su cólera. Era demostrar tristeza y
+despecho por la negativa de aquel hombre. Prefirió reír, con una risa
+forzada, insolente, despectiva.
+
+--Adiós. No me hables más; como si nunca nos hubiésemos conocido... La
+culpa la tengo yo, por haberte hecho caso.
+
+El despecho la hizo olvidarse de quién había sido el primero en desear
+la aproximación. Ella sólo podía imaginarse a los hombres marchando
+suplicantes tras de sus pasos y diciendo la palabra inicial. Se apartó
+de Ojeda con gesto pensativo, buscando un insulto que conocía de muchos
+años antes, tal vez desde que aprendió a hablar, pero del cual no podía
+acordarse. De pronto, sonrió con pueril expresión de venganza.
+«¡Gallego!...» Y le volvió la espalda orgullosa de este saludo de
+despedida.
+
+Fernando se encogió de hombros, satisfecho y molesto al mismo tiempo.
+Llegaba la deseada liquidación de su vida oceánica. Había bastado que el
+buque se aproximase a tierra, para que se rompiesen por sí solas todas
+las relaciones establecidas en el curso de la navegación. Nélida huía;
+la pobre Mina se ocultaba, como si experimentase mayor vergüenza que él;
+Maud apenas era un vago recuerdo...
+
+Pasó la norteamericana varias veces junto a él, sin reparar en su
+persona, y hasta lo empujó en una de estas evoluciones. Iba trémula, de
+un costado a otro del buque, erguida dentro de un elegante vestido de
+viaje, flotando sobre su espalda un largo velo y agitando un pañuelito
+en la diestra. Sonreía a un bote automóvil que evolucionaba en torno al
+trasatlántico. En la popa de aquél estaba sentado un buen mozo con
+pantalones de franela blanca, sombrero de paja y una flor en la solapa
+de su americana azul. Ojeda lo reconoció, recordando la fotografía
+entrevista una vez: era míster Power.
+
+Acababa de detenerse el buque, bajando su escala para recibir a los
+empleados del puerto encargados de revisar sus papeles. Aparecieron en
+las cubiertas varios marineros mulatos o blancos, pero todos por igual
+de obscura tez y extremadamente enjutos de carnes. Eran la escolta de
+los funcionarios del puerto. Saludaron éstos a la oficialidad del buque
+con grandes curvas de sus chapeos de paja, y entraron luego en el
+comedor, donde estaban extendidos los documentos entre botellas de
+cerveza hamburguesa.
+
+Con estos brasileños subieron muchos de los que esperaban en los botes.
+Ojeda vio que Maud se abalanzaba hacia la escalera de los salones.
+Míster Power entró al mismo tiempo en la cubierta, con toda la lozanía
+de su atlética belleza, para recibir, conmovido y ruboroso, el abrazo
+violento de la señora, que casi se colgó de su cuello. Llovieron besos
+sobre su bigote recortado, besos ruidosos que a Fernando le pareció que
+iban dedicados a su persona con una intención maligna. Fingía no verle;
+estaba de espaldas a él, pero no por esto ignoraba su presencia.
+
+«¡Esta mujer!...--exclamaba Ojeda mentalmente--. ¿Qué mal le he hecho
+yo? ¿Por qué ese deseo de hacerme rabiar, como si quisiera vengarse de
+algo?...»
+
+Sorprendió una rápida mirada de ella, pero no pudo ver más. Mrs. Power
+tiraba de su marido. ¡Ah, su grandote, su grandote adorado! ¡Las cosas
+que tenía que contarle!... Y desaparecieron en apretado grupo, con
+dirección al camarote, como si a ella faltase el tiempo para dar sus
+noticias al hermoso hombretón que la seguía con ojos admirativos y
+sumisos.
+
+Otra que se marchaba odiándole, pero sin quejas ni reclamaciones. ¡Adiós
+para siempre!... ¡Que fuese muy feliz!
+
+La voz de Maltrana sonó detrás de él respondiendo a su pensamiento.
+
+--No me negará usted que ha sido una escena tiernísima. ¡Que manera de
+dar besos tiene esa señora!... Y el simpático _mister_ tranquilo y
+dichoso, sin ocurrírsele que en uno de estos buques, en mitad del
+Océano, pueden suceder muchas cosas.
+
+Vio iniciarse un gesto de desagrado en la cara de su amigo por la
+imprudencia de tales palabras, y se apresuró a cambiar de conversación,
+fijándose en «el hombre lúgubre», que estaba a pocos pasos de ellos
+contemplando la ciudad.
+
+--Mírelo... tan tranquilo, como quien no teme nada. Pero toda su calma
+debe ser pura comedia; por dentro quisiera yo verle. Debe temer que le
+echen el guante de un momento a otro. Aquel bote de la Aduana con
+marineros y soldados viene seguramente por él... Siento mucho no
+presenciar la escena; resultará interesante la apertura del camarote
+misterioso... Pero el deber es el deber, y apenas toquemos en el muelle
+me lanzo a tierra con los míos.
+
+Se contemplaba de los pies a los hombros, satisfecho de su aspecto,
+enfundado en un traje de lanilla negra, que le hacía sudar, ocultas las
+manos en guantes obscuros y sosteniendo en una de ellas un saquito de
+viaje.
+
+No era este equipo el más cómodo para bajar a la calurosa ciudad de Río
+Janeiro; pero el honor, así como impone sus exigencias, tiene igualmente
+sus uniformes, y el juez supremo de un encuentro estaba obligado a
+presentarse con el ceremonial propio de su grave investidura. En el
+saquito de mano llevaba las dos armas que había podido juntar para el
+combate, después de largas rebuscas y comparaciones entre los revólveres
+de los pasajeros.
+
+Los otros padrinos, que se veían mezclados en un duelo por vez primera,
+no le ayudaban en nada, alegando su ignorancia. Isidro, a última hora,
+dudaba de su trabajo. Tal vez resultase el encuentro algo en desacuerdo
+con las reglas; pero el tiempo apremiaba, sólo podían disponer de unas
+horas, y él había hecho todo lo que creía oportuno. La busca de lugar
+para el combate era lo que más le preocupaba en esta tierra desconocida.
+Unos muchachos argentinos, recordando sus paseos por Río Janeiro al ir a
+Europa, se ofrecían a guiarle a cambio de presenciar el duelo.
+
+Algunos pasajeros, reparando en Maltrana y su fúnebre aspecto, le
+pedían noticias. ¿Pero decididamente iban a llevar adelante aquella
+locura?... La proximidad de la tierra parecía devolver el buen sentido a
+las gentes. Otros, que habían admirado el día anterior estos
+preparativos de muerte, se reían ahora de ellos. La mayoría no se
+acordaba del suceso. Toda su atención se concentraba en el deseo de
+pisar cuanto antes aquella tierra maravillosa, para comprar flores,
+comer frutas frescas y tomar asiento en un café de la Avenida Central,
+viendo caras nuevas.
+
+Uno de los testigos, comerciante alemán, sentíase influenciado de pronto
+por la opinión de los más, y apelaba al buen sentido de aquel señor que
+hablaba en público con tanto éxito. «Señor Maltrana: ¿no era absurdo que
+dos hombres de bien como ellos se prestasen a esta niñada peligrosa?...
+¿No estaban a tiempo para que los adversarios escuchasen una buena
+palabra?...» A él le obedecería su compatriota, representante de una
+casa honorable, que no podía comprometer su prestigio y sus muestrarios
+en locuras impropias de la seriedad comercial. Que el orador, con su
+poderosa labia, se encargase de convencer al belicoso barón.
+
+Debían bajar juntos, pero solamente para almorzar en un buen hotel,
+dándose explicaciones a los postres los dos rivales; y él, por amor a la
+buena amistad y la concordia, iría hasta el sacrificio, pagando el
+champán a toda la compañía... Pero el señor Maltrana cerraba los oídos a
+tales intentos de seducción. Además, el belga no cejaba en su guerrera
+tenacidad.
+
+Un joven argentino iba desde el día anterior detrás de Maltrana,
+participando con cierta admiración en sus preparativos, ayudándole en la
+busca de las armas, consultando a los camaradas que conocían los
+alrededores de Río Janeiro para escoger el lugar del combate. Nunca
+había presenciado duelos, y mostraba gran interés por ver uno de cerca.
+
+Nacido en una provincia del interior, con la tez algo cobriza, las cejas
+en ángulo y el pelo duro y espeso, «el amigo Gómez», como le llamaba
+Isidro con su fraternal exuberancia, mostraba un entusiasmo
+reconcentrado al hablar de armas y peleas. Aunque vestía a la última
+moda, con minuciosa corrección, repitiendo los gestos y frases
+aprendidos durante un año de gran vida europea, este _gentleman_ de tez
+amarillenta se ponía de color de ladrillo y le brillaban los ojos
+siempre que giraba la conversación sobre actos de valor, y escenas de
+muerte, como si resucitase en su sangre la acometividad de los abuelos
+españoles y de los abuelos indígenas, entreverados en luengos siglos de
+peleas.
+
+Había oído muchos tiros y visto caer algunos cadáveres. Por tradiciones
+de familia se mezclaba allá en su provincia en las cosas de la política.
+Cada elección era una batalla. Los peones iban a votar en cuadrilla
+detrás de él con el revólver o el cuchillo al cinto. Insultaban los del
+gobierno: intervenía la policía en favor de éstos; descarga general de
+una parte y de otra; muertos que se desplomaban sobre la urna de la
+elección, balazos curados secretamente en un rancho apartado, sin
+intervención de médicos y de jueces... ¡y hasta la otra!... Él sabía con
+qué gestos mueren los hombres; pero desafío tal como aparece en comedias
+y novelas, no había visto ninguno, y sentía impacientes deseos de
+presenciar esta ceremonia mortal, respetándola de avance como algo
+misterioso, de imponente liturgia, digno de asombro cual todas las cosas
+extraordinarias que había admirado en Europa. Por esto agradecía los
+ademanes protectores de Maltrana, su promesa de llevarle con él para que
+presenciara el encuentro en lugar preferente, sin perder detalle.
+
+Acabó de detenerse el _Goethe_ junto a un amplio muelle lleno de gentío.
+Entre las familias que esperaban a los pasajeros, vestidas todas de
+colores claros y con sombreros de paja, destacábanse algunos grupos de
+cargadores negros, que eran objeto de admiración para los niños y
+criadas de a bordo. El muelle estaba cerrado por una verja, detrás de la
+cual formábanse en filas los automóviles de alquiler esperando a los
+desembarcantes. La Avenida Central abría en último término su amplia
+perspectiva, con edificios de diversos estilos rematados por torres
+puntiagudas, y aceras de pedernales blancos y negros formando mosaico.
+
+Empujáronse los viajeros en las inmediaciones de la escala, que
+descansaba ya sobre el muelle. Todos querían salir a un tiempo, como si
+a sus espaldas se desarrollase un peligro, y apenas pisaban tierra
+llamábanse unos a otros, formando grupos. Caminaban con lentitud, cual
+si extrañasen el suelo firme, aceptando inmediatamente las ofertas de
+los guías y los conductores de automóviles. Sentían un ansia de novedad,
+de verlo todo de una vez, como descubridores que acabasen de abordar a
+una tierra desconocida.
+
+Disponían de poco tiempo. Junto a la escala, el mayordomo y los
+camareros repetían a los fugitivos que el buque iba a partir a las doce
+en punto: ni un minuto de retraso.
+
+Ojeda se vio solo en el muelle. Casi todos los pasajeros estaban ya en
+la Avenida. Isidro había salido de los primeros, con la gravedad de un
+notario, vestido de negro, sin soltar el bolso, volviendo la cabeza para
+recontar su gente: los adversarios, los padrinos, «el amigo Gómez» en
+clase de protegido suyo y dos jóvenes argentinos agregados a la partida
+con el carácter de espectadores. Habían ocupado tres automóviles,
+saliendo en fila a toda velocidad, piloteados por Gómez, que señalaba el
+rumbo desde el pescante del primer vehículo. ¡A morir los caballeros!...
+
+Aceptó Fernando los ofrecimientos de un chófer mulato, y fiado a su
+capricho, emprendió una excursión por Río Janeiro. Casi tendido en el
+automóvil contempló el desfile de calles y paseos, que volvían ahora a
+su memoria como vagas imágenes de viajes anteriores, pero con grandes
+reformas.
+
+Corrió la Avenida, poco concurrida a aquella hora matinal. Sus
+preocupaciones de europeo le hicieron sentir extrañeza al ver junto a
+los negros mal pergeñados y las negras hinchadas, de jeta monstruosa,
+con un pañuelo arrollado sobre la cabeza crespa, otros de la misma raza
+vestidos elegantemente, moviendo con petulancia su bastón y con una flor
+en la solapa. Damas de idéntico color ostentaban las últimas modas de
+París, balanceando con orgullo las caderas y sus enormes vecindades,
+avanzando el belfo desdeñoso bajo el ala de un sombrero floreado.
+
+Luego pasó por las avenidas de Bota Fuogo y Beira-Mar, viendo a un lado
+el terso azul de las ensenadas y al otro palacios y hoteles modernos con
+sus jardines de tropical vegetación, en los que predominaba la hoja
+ancha y abaniqueante. De vez en cuando abríanse en estas masas de
+construcciones recientes calles angostas con una doble fila de palmeras.
+Extendían sus plumajes a una altura tres o cuatro veces mayor que la de
+los edificios, rectas como los fusteles de una columnata, alineadas lo
+mismo que una tropa de soldados viejos, y ofreciendo en el fondo la
+rápida visión de un palacete de láctea blancura.
+
+Otras veces era una iglesia la que aparecía igualmente blanca, de una
+alba intensidad, sólo comparable a la de la espuma, con caperuza de
+tejas verdes y azules, y en torno de ella gráciles palmeras y rosales
+gigantescos.
+
+Fernando, ante estos vestigios de la época del Imperio, evocaba en su
+imaginación el típico caballero del Brasil tradicional, tal como lo
+había visto en libros y grabados: galante en sus maneras, sentimental y
+poético como un lusitano, la cara enjuta y pálida, con ancha perilla,
+sudando bajo la levita negra y el cilindro lustroso del sombrero de
+copa, un quitasol bajo el brazo y unos pantalones blancos de hilo por
+toda concesión al clima de su país esplendoroso.
+
+El automóvil lo llevó hasta una playa a través de desfiladeros y túneles
+perforados en el basalto, después de los cuales reaparecía el caserío.
+Siguió caminos abiertos en cornisa entre la bahía luminosa y unas
+pendientes casi verticales cubiertas de bosques de un verde metálico.
+Atravesó suburbios poblados por gente de raza africana, en los cuales el
+sonido de la trompa hacía asomar a las puertas unas negras enormes,
+tetudas, encorvadas por el volumen de sus vientres colgantes, y hacía
+correr tras de las ruedas un sinnúmero de pequeños diablos desnudos, con
+la cabeza como una bola de estopa aceitosa, y ostentando en mitad de su
+abdomen el ombligo en relieve igual a un botón.
+
+Pasó Ojeda mucho rato en el Jardín Botánico, admirando las gigantescas
+palmeras. Resquebrajadas por una larga vida, sonoras al golpe lo mismo
+que columnas huecas, iban saltando cual escamas de vejez los ramajes
+secos y las cortezas, con un estrépito agrandado por la altura del
+desplome. La proximidad de una montaña, cerrando el paso a toda brisa,
+hacía más intenso el calor.
+
+Huyó sudoroso de este invernáculo, y otra vez le llevó el automóvil a la
+Avenida como si diese por agotadas las novedades de la ciudad. El chófer
+hablaba de los hermosos alrededores, se ofrecía para llevarle a Tijuca,
+ponderando la maravillosa frondosidad de sus bosques.
+
+En la terraza de un café se agitó una sombrilla con movimientos de
+saludo. Luego, dos personas abandonaron una mesa, corriendo hacia el
+automóvil, que se detuvo instantáneamente. Eran Nélida y su hermano.
+
+Sonrió ella a Fernando, como si nada hubiese ocurrido entre los dos,
+acariciándole con sus ojos. El hermano experimentó una rápida simpatía
+por Ojeda a verle en automóvil, y sonrió igualmente, alabando el buen
+aspecto del vehículo. Se contenía para no saltar al pescante tomando
+asiento al lado del conductor.
+
+Nélida se lamentó de la pesadez de sus padres. Imposible ver nada con
+estos viejos. Habían dado un rápido paseo por la ciudad, y allí estaban,
+en la terraza del café, agobiados por el calor, hablando de volverse al
+buque, sin fuerzas para emprender una nueva excursión. Y ella y su
+hermano protestaban, ansiosos de verlo todo.
+
+--Llévanos contigo--murmuró al oído de Fernando.
+
+Y sin esperar su aprobación, dio algunos pasos hacia el café para hablar
+con sus padres, pero sin acercarse a ellos. «Papá, mamá: nos vamos con
+el doctor Ojeda.» Tampoco se tomó el trabajo de escuchar su respuesta.
+Dio un empujón al hermano. «Anda, zonzo; trépate en el automóvil al lado
+del chófer.» Y mientras el «zonzo» la obedecía, ella se sentó junto a su
+amante. Partió el vehículo a toda velocidad, sin que ninguno de ellos
+pudiese oír las recomendaciones que hacía la madre, incorporada en su
+asiento.
+
+Ojeda no sabía adónde ir, y consultó a Nélida. «A un sitio lindo»,
+repitió ésta varias veces. Y el chófer, como si después de tales
+palabras fuese imposible una equivocación, emprendió el camino de
+Tijuca.
+
+Ella tomó una mano del amante entre las suyas, y al recostarse en el
+asiento casi descansó la cabeza en su hombro. Mostrábase arrepentida de
+su escena en el buque pocas horas antes. Fernando conocía su carácter;
+debía perdonarla. Y con este deseo de perdón, faltó poco para que lo
+besase en plena calle.
+
+Pasaban junto a ellos otros automóviles descubiertos con pasajeros del
+_Goethe_. Parecía haberse multiplicado su número prodigiosamente al
+fraccionarse en grupos. Casi todos los vehículos que rodaban a aquella
+hora por la ciudad estaban ocupados por ellos. Se les veía igualmente en
+los tranvías o estacionados en las puertas de tiendas y cafés.
+Saludábanse con espontáneo gozo, manoteando y gritando cual si fuesen
+compatriotas que se tropezaban después de larga ausencia.
+
+Alarmado Fernando por estos encuentros, recomendó a la joven cierta
+prudencia en su actitud. Podían verlos: después serían los comentarios
+en el buque. Además, señalaba al hermano, sentado a dos pasos de ellos,
+mostrándoles la espalda, mientras intentaba asombrar al chófer con su
+vasta erudición en marcas de automóviles. Pero Nélida levantó los
+hombros. ¡Lo que le importaba aquel tonto! ¡Ojalá arreglase Dios las
+cosas de modo que cayese del asiento y las ruedas lo convirtiesen en
+papilla!...
+
+Luego apretaba la mano de Fernando con más fuerza, mirándose en sus
+ojos.
+
+--Viejito mío, di que me perdonas... ¡Ay, si tú quisieras! ¡si tú
+quisieras!
+
+Otra vez despertó en ella el deseo de la fuga. Hablaba de esto sin
+recato, como si el hermano no pudiese oírla. Aquel infeliz no existía
+para ella: lo despreciaba. Y sin embargo, por una contradicción de su
+carácter, sentía a la vez gran miedo pensando en lo que podría decir
+cuando llegase a Buenos Aires.
+
+Aún estaban a tiempo. Ella imploraba la conformidad de Fernando poniendo
+unos ojos suplicantes. Abandonarían al hermano con cualquier pretexto, y
+éste se volvería al buque con sus padres, cansado de esperar.
+
+Pero Ojeda acogió tales proposiciones con una sonrisa de conmiseración.
+Era una loca: inútil todo esfuerzo para disuadirla. Ella apeló entonces
+a las lágrimas, último recurso femenil; y Fernando, para distraerla,
+comenzó a ensalzar la belleza del paisaje. Interrumpía sus desesperadas
+reflexiones con llamamientos para que fijase los ojos en la tupida
+arboleda y la maravillosa vista de la bahía. El remedio fue eficaz.
+
+--¡No me quieres, me has engañado!--gemía Nélida--. Me dejas ir al
+encuentro de mi hermano. Tú serás responsable de lo que ocurra.
+
+Y cuando más afligida parecía, la vista de un arroyuelo entre las peñas,
+de un árbol enorme, o del mar lejano ofreciéndose a través de la
+columnata de troncos, la hacían incorporarse en su asiento a impulsos
+del entusiasmo y sonreír, complacida, mientras unas lágrimas retrasadas
+se desplomaban de sus párpados, enrojeciendo su nariz.
+
+El automóvil había dejado atrás los suburbios de Río Janeiro. Subía por
+un camino tortuoso, entre bosques, hacia el poblado de Boa Vista, y a
+cada revuelta agrandábase el panorama y era más fresco el viento.
+
+A un lado de la pendiente extendía la montaña su rápido declive de rocas
+obscuras, de una rugosidad paquidérmica. El humus fecundo, la
+temperatura tropical, la humedad que manaba por todas partes, habían
+cubierto estas laderas de prodigiosa vegetación.
+
+Surgía de la tierra amontonada entre los bloques negros, de las grietas
+y oquedades de la piedra, como si ésta tuviese en aquel paisaje
+maravilloso un poder de fecundidad. Estos árboles, de un verde obscuro,
+eran de hojas charoladas, sin la más tenue veladura de polvo, cual si
+estuviesen recién lavados. Sus troncos no alcanzaban un diámetro grande,
+más bien parecían gráciles y débiles por su recta esbeltez y su altura
+enorme. La humedad que refrescaba continuamente sus raíces les hacía
+crecer apretados como los tallos de la hierba. El ansia de recibir la
+caricia del sol impulsábalos hacia arriba atropelladamente, pugnando por
+sobrepasarse unos a otros. Eran a modo de hebras de una inmensa
+cabellera verde.
+
+La fuerza vital de cada árbol expandíase en línea recta, sin encontrar
+espacio suficiente para ensancharse en tal aglomeración. Los troncos,
+esbeltos y altísimos, tenían en su remate una copa reducida, pero su
+enorme cantidad formaba una compacta masa verde, una bóveda que mantenía
+al suelo en perpetua sombra. Al filtrarse los rayos de sol por el
+caparazón de hojas, llegaban a la tierra húmeda como varillas de oro
+atravesando oblicuamente la penumbra del subterráneo.
+
+En esta semiobscuridad movíanse insectos de alas vistosas; correteaban
+escarabajos de colores; desarrollaban su serpenteo los hilos de agua
+rezumados por la piedra, uniéndose en arroyos que descendían rumorosos
+por los bordes del camino. Sobre la masa uniforme del bosque elevaban
+las palmeras sus alminares empenachados. Algunos troncos faltos de hojas
+cubríanse de colgantes pabellones de fibras, semejantes a vestiduras que
+cayesen en andrajos.
+
+Al otro lado del camino, por entre la empalizada de los troncos y las
+copas de los árboles crecidos en la pendiente, mostrábanse a cada
+revuelta la ciudad y la bahía. Las masas de techumbres rojas y pardas
+estaban igualadas por la distancia. Avenidas y calles formaban un
+entrecruzamiento regular de blancas cintas. Notábase en ellas el
+movimiento humano como un tenue hormigueo. A trechos lo cortaba el
+rápido deslizamiento de algunos puntos brillantes: automóviles y
+tranvías. Emergían muchas torres sobre este caserío: unas, albas o
+rosadas, con caperuzas de tejas de colores; otras, de férreo y
+puntiagudo casquete, con paredes de cemento. Y sirviendo de fondo al
+panorama, la enorme y tranquila copa de la bahía, con su terso azul
+moteado de buques, orlada de blancos pueblecitos y encerrada entre
+montañas negras de perfiles casi humanos.
+
+El chófer iba mostrando con patriótico orgullo las nuevas bellezas que
+ofrecía el paisaje a cada vuelta de su volante. Daba nombres a las
+aglomeraciones de caseríos y a los picos gibosos de las cumbres. Hablaba
+de las bellezas de Tijuca, que aún estaban por ver: la _Cascatinha_, una
+caída de agua más allá del _Alto de Boa Vista_; la Cascada Grande; la
+_Mesa do Imperador_, las Grutas de Agaziz, la «Gruta de Pablo y
+Virginia».
+
+Nélida palmoteó de entusiasmo al oír el último nombre. Quería ver cuanto
+antes este lugar. Recordaba vagamente un libro que había leído con el
+mismo título. Era una historia de amor, y esto bastaba para excitar su
+curiosidad.
+
+--Vamos a ver en seguida lo de Pablo y Virginia--exigió con su ímpetu de
+niña caprichosa--. Debe ser muy lindo... Yo no sabía que eran de este
+país.
+
+Llegó el automóvil al Alto de Boa Vista, extensa plaza limitada por el
+bosque y unas casas bajas, con jardines en el centro y un kiosco de
+conciertos. Volvió el vehículo a sumirse en la penumbra de la arboleda
+por un camino estrecho y pendiente. La vegetación era más densa, más
+salvaje, aglomerándose en los declives de barrancos y precipicios.
+Pasaba el camino de una altura a otra sobre puentes de un solo arco. El
+ruido del automóvil hacía correr vertiginosamente sobre sus cuatro
+patas a extraños roedores que tomaban el sol junto a la ruta. En la
+maleza adivinábase un misterioso rebullimiento de animales ocultos que
+escapaban despavoridos, tronchando ramas secas y haciendo llover hojas.
+
+Cerca de la Cascatinha, al pasar una revuelta del camino solitario,
+vieron tres automóviles parados, y cerca de ellos un ir y venir de
+hombres. Ojeda presintió inmediatamente quiénes eran éstos, al mismo
+tiempo que el hermano de Nélida creía reconocerlos, llamándolos por sus
+nombres.
+
+Se habían tropezado con Maltrana y su tropa. Iban a caer en pleno
+desafío. Fernando se puso de pie, gritando imperiosamente al chófer para
+que retrocediese. Tuvo que imponer su voluntad a los dos acompañantes,
+que parecían entusiasmados por el encuentro. Los agarró del brazo para
+que no saltasen a tierra mientras el chófer evolucionaba penosamente en
+el estrecho camino dando la vuelta.
+
+El hermano quiso reunirse con sus amigos, como si en esta soledad
+pudiesen hacerle algún obsequio. Nélida miraba ansiosamente, temblándole
+de emoción las alillas de la nariz. ¡Qué interesante!... ¡Ver cómo se
+peleaban los hombres!... ¡Y tal vez alguno de los dos quedase herido!...
+Hablaba de esto como de un hermoso espectáculo que iba a perder por
+culpa de Ojeda. No se le ocurrió por un momento que ella podía ser la
+causa original de este suceso.
+
+Intentó hacer frente a Fernando. Protestaba de sus imposiciones, y le
+habló de usted, para dar mayor dureza a su protesta.
+
+--Quiero ver todo Tijuca; quiero ir adonde vivieron Pablo y Virginia.
+Acuérdese de su promesa: un hombre debe tener palabra.
+
+Él contestó que el buque partía a las doce, y la visita a todo el bosque
+necesitaba muchas horas. En cuanto a Pablo y Virginia, ni eran del
+Brasil ni la gruta tenía de ellos otra cosa que el nombre.
+
+--Yo quiero verlos...--repitió Nélida--. Eso lo dice usted por
+engañarme. No me da la gana de volver a la ciudad.
+
+Pero Ojeda se acordó oportunamente del mercado de Río Janeiro, donde
+estaban a la venta toda especie de animales de los que produce el
+trópico: monos de diverso pelaje, loros parleros, vistosos papagayos. La
+ofreció un regalo para someterla a la obediencia: podía escoger entre
+estas maravillas de la fauna brasileña. Y bastó tal promesa para que,
+olvidando a los que dejaba a su espalda, volviese al amoroso tuteo.
+
+--¿De veras, mi viejo?... ¿Vas a regalarme un monito pequeño... así...
+así?--y achicando la distancia entre ambas manos, se imaginaba un simio
+de inverosímil pequeñez--. ¿No te parece mejor un loro de los que
+hablan?... ¿Dices que me regalarás las dos cosas?... ¡Ah, mi viejito
+rico... mi negro!
+
+Y como estaban en pleno bosque, se fue sobre Ojeda, besándolo a espaldas
+del hermano.
+
+La rápida aparición del automóvil en las inmediaciones de la Cascatinha
+había producido cierta alarma en Maltrana y sus compañeros. El testigo
+pacificador, que tanto había rogado a Isidro para impedir el lance,
+sintió gran miedo y no menor contento al notar la llegada del automóvil.
+Sin duda era la policía, que, avisada por alguien del buque, venía a
+sorprenderlos. Y lo mismo pensaron los demás.
+
+Por esto cuando el automóvil dio la vuelta, alejándose, desearon todos
+finalizar el acto cuanto antes, evitándose una sorpresa que consideraban
+inminente.
+
+Llevaban dos horas de vagar por los alrededores de Río Janeiro. Los
+jóvenes argentinos que guiaban a la comitiva habían indicado varios
+lugares adecuados para el encuentro. Llegaban a ellos, y siempre les
+salían al paso transeúntes molestos, o veían próximas algunas casas que
+parecían vomitar niños y perros atraídos por la presencia de los
+automóviles.
+
+Un chófer, sin adivinar cuál era el propósito de los viajeros, había
+propuesto la excursión a Tijuca. Y después de pasado el Alto de Boa
+Vista, al rodar en pleno bosque, les había seducido el bello panorama de
+la Cascatinha.
+
+--Aquí--ordenó Isidro con su autoridad indiscutible--. Jamás se habrá
+efectuado un desafío con tan hermoso telón de fondo. ¡Lástima que no
+venga con nosotros un operador cinematográfico! ¡Qué cinta pierde el
+mundo!...
+
+Apartábase la ladera de la vecindad del camino, formando un exiguo
+valle. La roca aparecía entre los árboles cortada verticalmente, y desde
+lo más alto de ella desplomábase una masa de agua chocando con las
+puntas salientes del basalto. Hervía esta agua en varias caídas con
+blancos espumarajos. El menudo polvo que levantaban sus burbujeos tomaba
+los reflejos del iris bajo la luz del sol. Ennegrecidas y sudorosas las
+piedras por la humedad, brillaban cual si fuesen bloques metálicos. La
+vegetación tropical movía las anchas manos de sus hojas goteantes.
+
+Hundíase la cascada en una pequeña laguna, corriendo después, espumosa y
+susurrante, por los pendientes canalizos entre las peñas. La vegetación
+enmarañada y las rocas sueltas sólo dejaban descubierto y accesible un
+reducido espacio de suelo desigual.
+
+Maltrana pensó en las dificultades que ofrecía este terreno para el
+combate, pero le sedujo su belleza y no quiso ir más lejos. ¿Dónde
+encontrar decoración más interesante para una muerte posible? Había que
+elevar la voz, pues el choque de las aguas dominaba todos los otros
+ruidos. Era a modo de los trémolos orquestales que dan en el teatro un
+realce conmovedor a palabras y gestos. Isidro se sintió más grande en
+este ambiente húmedo y sonoro. El bosque inmóvil parecía contemplarlo
+con sus mil ojos verdes, entre asombrado y curioso.
+
+Comenzó a dar órdenes a los otros padrinos, que lo seguían como los
+neófitos siguen al gran sacerdote de un culto nuevo. «¡Que se retirasen
+los automóviles un poco más allá de la cascada! No convenía que los
+conductores presenciasen el acto.»
+
+Y Maltrana fue obedecido. Los chóferes hicieron retroceder sus
+carruajes; pero luego, con las manos a la espalda, fingiendo
+distracción, volvieron socarronamente al mismo sitio, ganosos de saber
+en qué iba a parar este misterio.
+
+Con el mismo éxito se libró de otro testigo importuno: un chicuelo
+obscuro de color, desnudo de piernas y con gran sombrero de paja, que al
+ver llegar la comitiva se apresuró a salir de un toldo de cañas,
+limpiando un vaso en un arroyo y ofreciéndolo después lleno de agua
+hasta los bordes.
+
+Era el espíritu guardador de la cascada. Bajo su sombrajo, sobre una
+mesita, tenía varios botes de cristal con azucarillos y otros dulces,
+ennegrecidos y acartonados por el tiempo. Pasaba las horas en absoluta
+soledad, contemplando el revoloteo de los pájaros de colores en las
+frondosidades inmediatas, extrayendo melodías del monótono canturreo de
+las aguas, hablando tal vez con el pensamiento a las náyades de la
+Cascatinha, que le mostraban en su gracioso rebullir sus grupas de
+blanca espuma y aterciopelado iris.
+
+--Toma, «menino», y márchate de aquí.
+
+Maltrana hizo que uno de los testigos le diera unas monedas para que se
+fuese, y además le llamó «menino»--lo único que sabía de portugués--,
+con lo cual creyó halagarlo.
+
+Pero el «menino» se guardó los cuartos, y en vez de marcharse se pegó a
+él, como si adivinase la importancia de su persona. Y ya no pudo moverse
+sin encontrar ante su paso al mulatillo con el sombrero echado atrás,
+elevando sus ojos hasta los de él, bebiendo con la mirada sus palabras y
+sus gestos, como si estuviese en presencia de un prestidigitador y no
+quisiera perder detalle.
+
+Se resignó Isidro a estas desobediencias, vulgares tropiezos de la
+realidad... Pero había que proceder con rapidez. ¡Adelante!
+
+Midió a grandes zancadas un espacio de veinte metros, que era el
+convenido en un papel que llevaba en la mano. Un poco mayor resultaba la
+distancia marcada por sus pasos. Pero era él quien había propuesto los
+veinte metros, y con el mismo derecho podía medir treinta o cuarenta si
+le daba la gana... Un detalle sin importancia. ¡Adelante también!
+
+Después de fijar con una rama el sitio de cada adversario, se hizo
+atrás, contemplando el terreno como un artista que abarca su obra en
+conjunto. Resultaba algo desigual. Uno de los dos iba a quedar muy en
+alto, con el vientre casi al nivel de la cabeza de su contrincante. Pero
+había de conformarse con los defectos del terreno: las circunstancias no
+permitían gran minuciosidad en los preparativos. Un detalle igualmente
+baladí. ¡Adelante otra vez!
+
+Sólo entonces volvió la cabeza, fijándose en sus compañeros. A un lado
+estaban los padrinos, que seguían sus operaciones con respetuoso
+silencio, no osando aportar a ellas su ignorancia perturbadora. Más
+allá, con discreta separación, los dos enemigos, que se volvían la
+espalda, muy ocupados en seguir la caída de las aguas o el revoloteo de
+los pájaros sobre las copas de los árboles.
+
+El amigo Gómez, con su curiosidad ávida de trágicos sucesos, le había
+seguido en estos preparativos. Tras de él iba el mulatillo, abriendo los
+ojos cada vez con mayor asombro al no comprender nada de tales
+brujerías. Los dos jóvenes argentinos agregados a la expedición se
+habían subido a la cumbre de una roca, y allí estaban sentados con las
+piernas colgantes. Abajo podían verlo todo igualmente, pero ellos se
+consideraban simples espectadores, y habían querido ocupar un lugar de
+preferencia, un palco, en vez de permanecer mezclados con los artistas.
+
+Sorteó Maltrana, echando una moneda en alto, el lugar de cada uno de los
+combatientes. Luego los acompañó a sus respectivos sitios con una
+gravedad fúnebre. Él los apreciaba mucho, «¡mis queridos amigos!» pero
+en lances tales desaparece el afecto, y sólo habla el deber, el terrible
+deber.
+
+Al tener a cada uno en su puesto, lo palpaba minuciosamente, extrayendo
+de sus ropas la cartera, el monedero, las llaves, los papeles, todo lo
+que pudiera ser un obstáculo para la bala mortal. A continuación le
+abrochaba la chaqueta, le subía el cuello, para que el blanco de la
+camisa no sirviese de punto de mira, los manoseaba a los dos
+cariñosamente, lo mismo que una madre manosea a sus niños antes de
+enviarlos al paseo. Pero su bondad no iba más allá del tacto. En cambio,
+¡la mirada autoritaria y cruel!... ¡la voz, que parecía un esquilón
+fúnebre al formular sus pavorosas recomendaciones!...
+
+El implacable director iba a poner las armas en sus manos dentro de
+breves momentos, pero antes dictó a uno y a otro los detalles del
+combate, para que no surgiesen errores. Cuando los dos estuvieran
+listos, él daría la voz de «¡Fuego!», añadiendo: «¡Uno... dos... tres!».
+En el espacio comprendido entre estos tres números debían disparar. El
+que hiciese fuego antes o después, «quedaría descalificado... sería un
+felón, un miserable... y el menosprecio de todo el mundo que tiene honor
+caería sobre él, persiguiéndolo durante toda su existencia.
+
+¡Terrible Maltrana! Revolvía los ojos con una expresión anonadadora al
+hablar de felonías y traiciones, como si dispusiera de horrorosos
+castigos para los culpables. Su voz adoptaba un tono pavoroso, y los dos
+contendientes ya no pensaron desde este momento en fijar bien su
+puntería ni en la posibilidad de ser heridos. Su única preocupación fue
+no incurrir en el enojo de aquel hombre que podía marcarlos con un
+estigma eterno ante el mundo del honor; seguir sus lecciones cual
+discípulos obedientes; disparar--fuese la bala adonde fuese--dentro del
+término marcado. «Fuego: uno, dos, tres.
+
+Luego de esto se decidió Maltrana a abrir la maletilla de mano que
+encerraba su arsenal. Extrajo de ella dos revólveres iguales recogidos
+en el buque, y con pausada solemnidad los abrió, para que todos los
+padrinos examinasen su interior. El amigo Gómez, como experto en armas,
+presenciaba la ceremonia.
+
+--¡No hay más que una cápsula!--exclamó escandalizado, cual si acabase
+de descubrir una irregularidad.
+
+Maltrana le miró severamente. Joven: las condiciones del combate habían
+sido establecidas de antemano por las personas serias allá presentes. Se
+cambiarían dos balas nada más.
+
+--Pero en cada revólver no hay más que una--protestó el señorito
+mestizo.
+
+--Joven--volvió a decir Maltrana con una condescendencia protectora--:
+cambiar dos balas significa que cada combatiente sólo dispara una.
+
+Y como sospechase cierto conato de gesto burlón en la faz cobriza y los
+ojos estrechos de Gómez, añadió:
+
+--No se necesita más para matar a un hombre. Todos los que yo he visto
+morir tuvieron bastante con una bala. No lo olvide usted, joven.
+
+El joven se calló, arrepentido de su audacia, sintiendo respeto por
+aquel hombre extraordinario que había presenciado tantos combates y
+muertes.
+
+Para borrar el mal efecto de sus objeciones, se prestó a ser portador de
+la valija de las armas hasta el lugar que ocupaban los adversarios. Los
+tres padrinos, dando por finalizado su trabajo preparatorio, que no
+podía ser más pasivo, se hicieron atrás instintivamente algunos pasos.
+Iba a hablar la pólvora.
+
+Maltrana, extrayendo un revólver de su encierro, montaba la llave y lo
+puso en la mano del barón, alejándose luego hacia el otro combatiente.
+Gómez dio un consejo rápido al belga, que quedaba en guardia con el arma
+en alto.
+
+--Compañero, apunte a los pies. Yo conozco los revólveres; siempre
+envían la bala por arriba. Créame: a los pies... siempre a los pies, y
+hará carne seguramente.
+
+Luego, en el lado opuesto, dio el mismo consejo con voz queda y ojos
+relucientes de entusiasmo. «A los pies, compañero. Tírele a los pies, y
+le mete la bala en la barriga. Yo sé algo de esto...» Los dos le
+agradecieron su bondadosa indicación con un leve saludo. Pero tenían
+aspecto de preocupados; pensaban en otras cosas; aguzaban el oído para
+no sufrir las consecuencias de un retraso fatal: repetían mentalmente lo
+mismo: «Uno, dos, tres...».
+
+Fue a colocarse Maltrana al margen de la línea de fuego, entre los dos
+combatientes algo más cerca del alemán, que era el que ocupaba el lugar
+alto. Sospechó un instante que estaba demasiado cerca y podía alcanzarle
+una bala en su desvío. Pero él era el director, todo lo había organizado
+y todos le debían obediencia. Las armas estaban cargadas por él, y no
+era aceptable ni correcto que un proyectil se permitiese la insolencia
+de ir en su busca.
+
+Gómez dudó también por un instante si se retiraría, pero al ver inmóvil
+al maestro se pegó a él. Donde estaba un hombre, bien podía estar otro.
+Además, creyó perder algo de este espectáculo nuevo, del que esperaba
+grandes emociones, si retrocedía algunos pasos.
+
+Se dispuso Maltrana a dar principio al duelo, pero antes, como un actor
+que prepara la frase decisiva y mira al público, volvió los ojos en
+torno de él. Momento de emoción. Los otros padrinos se habían ido más
+lejos aún; los tres chóferes, enterados al fin del objeto de la
+correría, se agrupaban al pie de un peñasco, avanzando las morenas
+cabezas, abriendo los ojos ávidamente, pero sin que éstos reflejasen
+emoción alguna. Los dos argentinos seguían en lo alto de la roca, con
+las piernas colgantes, silenciosos y atentos como espectadores que ven
+levantarse el telón. El chicuelo de la cascada había huido al ver los
+revólveres, con un trote de perro inquieto, refugiándose bajo el telón.
+Desde allí, cual si temiese por la integridad de aquellos bocales de
+dulces, que eran la fortuna de la familia, abarcándolos en sus brazos,
+avanzaba la jeta, mirándolo todo con ojos de antílope asustado.
+
+Pareció reflejar el paisaje la emoción general. No graznaban los loros
+en las inmediatas espesuras; los monos habían cesado de saltar entre las
+ramas; pasó mucho tiempo sin que sonase la caída de una hoja o de una
+corteza de árbol. Hasta la cascada parecía cantar con sordina, cual si
+estuviesen balbucientes y asustadas las blancas divinidades ocultas en
+sus linfas.
+
+Se acordó Maltrana repentinamente de que era el primer orador a bordo
+del _Goethe_, y consideró oportuno hacer intervenir su elocuencia. Nunca
+encontraría mejor escenario para colocar un discurso. Y el primero en
+conmoverse con lo patético de sus palabras y el temblor de su voz, fue
+él mismo. Recordó la estrecha amistad que había unido a los dos
+adversarios, su viaje «arrostrando los peligros del mar». Un momento de
+olvido o de error había provocado un incidente lamentable; pero los
+buenos caballeros, cuando llegan adonde ellos habían llegado, sin miedo
+y sin reproche, podían darse todavía una explicación leal, evitando el
+lance.
+
+Un padrino aprobaba; otro torcía el gesto, poseído de súbita
+belicosidad. No habían ido hasta allí para oír sermones. Que disparasen
+pronto las armas, y a escapar, antes de que pudieran sorprenderles. Los
+dos argentinos se miraban en lo alto del peñasco.
+
+--¡Pucha! ¡y qué bien habla el gallego!
+
+El amigo Gómez murmuró, como si empezase a perder la fe en el maestro:
+
+--¡Cuánta ceremonia para matarse dos hombres!... ¡Qué macana!...
+
+Isidro estaba conmovido realmente, con una emoción algo parecida al
+miedo. Estos desafíos arreglados a la ligera, por salir del paso,
+resultaban muchas veces los más trágicos. Un pavoroso presentimiento le
+avisaba que los proyectiles no iban a perderse. A alguien iban a tocar.
+
+Y como los adversarios permanecieran callados y era visible la
+impaciencia de los demás, Maltrana dio por fracasada su elocuencia. «Sea
+lo que el destino quiera...» Se quitó el sombrero con solemnidad
+teatral; inclinó la cabeza como si por delante de él pasase la
+fatalidad.
+
+--Saludo a dos caballeros que van a morir.
+
+Dijo esto con verdadera emoción, cual si la muerte de ambos fuese para
+él un suceso inevitable; y afirmando la garganta con largo carraspeo,
+lanzó los gritos de mando.
+
+--¿Listos?... ¡Fuego! Uno... do...
+
+No pudo terminar. Sonaron casi al mismo tiempo dos ruidos semejantes al
+golpe de unas tabletas, dos chasquidos de tralla con dos nubecillas de
+humo.
+
+Ambos contendientes seguían en pie; se miraban como extrañados de que no
+hubiese ocurrido nada. De pronto, el barón echó a correr hacia su
+enemigo, éste avanzó a su encuentro, y chocaron ambos sus pechos,
+mientras los brazos se cruzaban espontáneamente en un estrujón amoroso.
+
+Los argentinos se removieron en su altura con voces de extrañeza y
+protesta. ¿Ya no disparaban más? ¿Y aquello era todo?... Les habían
+robado el dinero.
+
+--¡Tongo... tongo!--gritaron al mismo tiempo.
+
+Uno de ellos, cogiendo un pedazo de roca suelta, quiso arrojarla a guisa
+de felicitación sobre los adversarios reconciliados. El otro fue a
+imitarle; pero ambos se detuvieron, sorprendidos, deslizándose luego
+peñón abajo... Había un herido. Maltrana se encorvaba con un pie entre
+ambas manos. Gómez pretendía sostenerlo; los padrinos corrían hacia él.
+
+A continuación de los disparos había sentido un choque en el pie
+derecho, un choque violentísimo, mucho más doloroso que un pisotón, y
+que agitó con estremecimientos de suplicio toda la sensibilidad de esta
+parte de su cuerpo. Estaba herido, y su inquietud fue en aumento al
+mirarse el pie y no ver en él señal alguna de perforación ni goteo de
+sangre.
+
+Gómez mostrábase indignado por la torpeza de uno de los dos tiradores.
+
+--¡Hijo de una gran pulga!... ¡Si me llega a dar a mí!
+
+Le brillaban los ojos de un modo alarmante sólo al pensar que aquella
+bala perdida hubiese podido tocarle. Llevábase instintivamente una mano
+a su cintura. El amigo Gómez había asistido al desafío llevando su
+revólver, por lo que pudiese ocurrir.
+
+Todos rodearon a Isidro, manoseándolo, buscando en vano la herida que le
+arrancaba hondos suspiros. Ni rastro del proyectil. Sólo una leve
+depresión del cuero del zapato sobre el mismo lugar entumecido por el
+dolor.
+
+Buscaba Gómez, mientras tanto, con la cabeza baja examinando el suelo.
+Su instinto de hombre de campo, habituado a estudiar los más pequeños
+accidentes de la inmensa llanura argentina, su trato con los maravillosos
+«rastreadores», adivinos de la Pampa, le hizo encontrar la explicación
+de este misterio. Señaló a algunos pasos un diminuto orificio abierto en
+el suelo. Allí estaba enterrada la bala. Mostró después un guijarro
+partido recientemente, a juzgar por la blancura interior de sus
+fragmentos. Éste era el causante de todo. El proyectil, antes de
+hundirse en la tierra, había chocado con una piedra junto a los pies de
+Maltrana, y los fragmentos de ésta eran los que le habían golpeado.
+
+Isidro, al enterarse de que no estaba herido, sintió menos dolor. «No es
+nada, señores. Muchas gracias.»
+
+El amigo Gómez, desencantado por el final pacífico del acto, y furioso
+al mismo tiempo por la posibilidad de que una bala le hubiese alcanzado
+a él estando junto al maestro, murmuraba tenazmente:
+
+--¡Pucha!... ¡qué desgraciados son estos gringos! ¡Qué mal tiran!
+
+Y sus dos compatriotas, a pesar de la distracción que les había
+producido el incidente de Maltrana, continuaron gritando con expresión
+burlona: «¡Tongo... tongo!».
+
+Sintióse molestado Isidro por las murmuraciones de estos «queridos
+amigos» que habían asistido al encuentro por benevolencia suya. Ignoraba
+lo que pudiese significar la palabra _tongo_; pero por si equivalía a
+farsa o engaño, se apresuró a decir con toda su autoridad:
+
+--Esto ha sido un hermoso encuentro, ¿oyen ustedes, jóvenes?... Lo digo
+yo, que he presenciado muchos actos de igual clase... Y como nada queda
+por hacer, vámonos a tomar algo.
+
+Los adversarios, con la alegría de su reconciliación, apenas se habían
+fijado en los demás. Se estrechaban las manos, se sonreían como amantes.
+
+Todos experimentaron el regocijo de vivir que se siente después de un
+peligro; todos sufrieron de pronto el hambre que llega irremisiblemente
+a la zaga de la emoción.
+
+Roncaron de nuevo los motores de los automóviles, el niño de la cascada
+abandonó su refugio con la esperanza ilusoria de que se fijasen en él y
+le diesen algo por despedida, y otra vez se vieron Maltrana y su séquito
+pasando a gran velocidad entre las frondosidades de Tijuca. Pero ahora
+no iban silenciosos y preocupados; el sol era más vivo, los árboles más
+verdes. Reparaban todos en la hermosura de los pájaros, que hacían
+vibrar en el aire sus plumajes de colores. La velocidad de los vehículos
+dejaba detrás de su estela de polvo y humo un temblor de árboles
+conmovidos, de hojas que caían, de ramas que se entrechocaban, con
+gritos y saltos de los inquietos simios refugiados en sus copas.
+
+Al llegar a Boa Vista hicieron alto frente a una tienda de comestibles
+que era al mismo tiempo taberna y café: el único establecimiento que
+encontraron abierto.
+
+Su entrada fue en tropel, lo mismo que una invasión famélica. Los
+preparativos del duelo les habían obligado a salir del buque sin
+almorzar. El dueño de la tienda, un español cachazudo, no sabía cómo
+atender tantas y tan diversas peticiones. Querían comer; indicaban
+platos a su gusto, y el tendero contestaba a todos afirmativamente, pero
+aplazando el cumplimiento de sus promesas por una o dos horas, el tiempo
+necesario para ir y volver a Río Janeiro.
+
+Se abalanzaron entonces a los comestibles que estaban a la vista:
+pastelillos y dulces de diversas épocas, artísticamente moteados con
+deyecciones de moscas a pesar de su encierro entre cristales. El dueño,
+detrás del mostrador, atendía al remedio de esta hambre general abriendo
+latas de sardinas y cortando lonchas de salchichón blanducho. Todo
+pasaba en extravagante mezcla por los ávidos esófagos: el salchichón
+revuelto con soda, los pasteles bañados en aceite de sardinas. Y cuando
+su famélica nerviosidad empezó a calmarse, rompieron a hablar del
+desafío como de un suceso remoto, de un hecho histórico envuelto en las
+maravillosas nieblas de la lejanía, que todo lo agiganta. Los burlones
+que habían gritado «¡tongo!» modificaban su opinión al verse lejos del
+lugar del combate. Una bala podía haber tumbado a cualquiera de los dos
+adversarios con la misma facilidad que casi había dejado cojo a
+Maltrana. Y ahora que sentían en el estómago una grata pesadumbre, les
+pareció el asunto muy digno de respeto.
+
+También Gómez empezaba a sentir cierto orgullo por haber presenciado el
+duelo. Un espectáculo interesante que podría relatar a sus amistades. Y
+poseído de súbita consideración por los combatientes, quería deslumbrar
+al alemán con el relato de las batallas políticas allá en su provincia,
+tenaces encuentros revólver en mano, sin otros testigos que los peones,
+que disparaban también; desafíos gauchescos, jamás terminados sin
+sangre.
+
+El belga había acaparado a Maltrana en un rincón. Iban a separarse en
+Río Janeiro, pero él no podía quedar así, con buenas palabras nada más,
+sin un documento que atestiguase su conducta caballeresca. Necesitaba el
+acta del encuentro, para unirla a muchas otras en el archivo de su
+honor.
+
+Otra vez el español de la tienda se vio apremiado por los llamamientos
+de aquellos señores, que pedían toda clase de artículos de escritorio,
+como si estuviesen en una oficina. Sólo pudo ofrecerles una ampolleta
+de tinta clarucha y una pluma roma. En cuanto a papel, Isidro, que
+deseaba hojas de pergamino con cantos dorados para este documento
+destinado a larga vida, tuvo que contentarse con un bloque de hojas
+comerciales llevando en un ángulo el membrete del establecimiento:
+«_Frutos López. Productos do paiz e estrangeiros._» Pero el honor
+ennoblece cuanto toca, y él se aplicó a redactar un documento, con
+pasajes de emoción dramática, ayudado por el barón, que le socorría en
+sus dudas sobre la sintaxis francesa. Porque el acta era en francés,
+para mayor solemnidad; el belga no la tenía por aceptable en otro
+idioma.
+
+Empezó a impacientarse el resto de la comitiva por este trabajo
+laborioso. Nada quedaba en la tienda digno de ser devorado. Gómez y sus
+compatriotas se entretenían saltando los bancos de la plaza. Los
+padrinos pensaban con nostalgia en el comedor del buque. Eran las once
+en el reloj de la tienda, y el _Goethe_ zarpaba a las doce. Tenían miedo
+de quedarse en tierra por culpa del tal documento, y por esto suspiraron
+de satisfacción al poner la firma apresuradamente, corriendo luego a los
+automóviles.
+
+Cerca de mediodía lanzó el trasatlántico un rugido de aviso. Fueron
+acudiendo a esta primera llamada los pasajeros que estaban en los cafés
+de la Avenida, aburridos de la espera y del calor, sin saber qué hacer
+en la ciudad, deseando verse cuanto antes en pleno Océano bajo la brisa
+del mar libre.
+
+Volvían a sus camarotes para recobrar las frescas ropas de viaje,
+despojándose de los vestidos trasudados. Paseaban por las cubiertas con
+la misma satisfacción del que paladea el regalo de la casa propia
+después de un viaje penoso. Entraban en el buque con una emoción de
+gratitud, lo mismo que si volviesen al pueblo natal. Experimentaban el
+bienestar del propietario que recobra las comodidades de su vivienda al
+volver a encontrar colgados y en orden todos los objetos de uso personal
+que les recordaban una vida oceánica de diez días, equivalente a diez
+años.
+
+Rugió por segunda vez la chimenea y se acodaron todos en las barandas
+para presenciar la llegada de los otros compañeros. Desembocaban los
+automóviles en el muelle a toda velocidad, viniendo a detenerse frente
+al buque, al otro lado de la verja. Junto con los pasajeros subían al
+trasatlántico grandes ramos de flores, cestos de frutas tropicales,
+monos y loros que saltaban sobre los hombros de sus nuevos dueños
+pugnando por libertarse de las ataduras que los retenían.
+
+Sonó el tercer rugido y se miraron los pasajeros, consultándose para
+saber cuántos permanecían en tierra. Faltaban muy pocos.
+
+La gente se agolpó en las bordas, saludando con gritos y aplausos
+irónicos a los que llegaban retrasados. En la proa y la popa formaban
+los emigrantes dos masas obscuras, sobre las cuales se agitaban los
+pequeños redondeles blancos de las cabezas. Miraban de lejos aquella
+ciudad a la que no habían podido descender, como miran los presos en
+conducción paisajes y estaciones por las aberturas de un vehículo
+celular. Lo único que conocían de esta tierra eran las frutas que unos
+vendedores negros les arrojaban desde el muelle.
+
+Muchos de aquéllos, fatigados de admirar palmeras y caseríos blancos,
+acababan por volver las espaldas, refugiándose en los sitios más frescos
+y sombreados. Únicamente sentían verdadero interés por el país de su
+destino, la tierra de la esperanza, donde les aguardaba, según sus
+informes, la fortuna impaciente. Ellos iban a Buenos Aires.
+
+Una explosión de gritos y aplausos saludó el automóvil en el que llegaba
+Nélida con su hermano y Ojeda. Los padres, que habían sido de los
+primeros en regresar al buque, aguardaban impacientes. Pero el señor
+Kasper cortó con una acogida cariñosa la belicosidad de su cónyuge,
+irritada por esta tardanza. Juntos admiraron el pajarraco rojo y verde
+que sostenía Nélida en una mano. Lo llevaba con frecuencia a sus
+mejillas, besándole el corvo pico. El afán de novedad le hacía reclamar
+luego un mono que ostentaba su hermano en un hombro, bestiecilla
+inquieta con ojos de demente y una cola doble de larga que su cuerpo. El
+muchacho intentaba resistirse: entre el mono y él se había establecido
+desde el primer momento una dulce simpatía. Pero Nélida se lo arrebató,
+paseando sus labios frescos por la temblona cabecita del simio.
+
+Los esposos Kasper se conmovieron al saber que los dos animales eran
+regalo del doctor Ojeda. Miraron en torno para darle las gracias por sus
+atenciones con la niña, pero hacía rato que se había retirado a su
+camarote, deseando librarse cuanto antes de la sociedad de Nélida.
+
+Habían llegado al buque en franca enemistad. Hasta el último momento
+habló ella de la conveniencia de fugarse. Propuso nuevos paseos por el
+interior de Río Janeiro, se retardó en los cafés y las tiendas, con el
+visible propósito de que pasase el tiempo y el trasatlántico se marchara
+sin ellos. Al final, Ojeda se había irritado, imponiendo
+autoritariamente la vuelta inmediata al _Goethe_. Y Nélida, ofendida,
+sólo había tenido desde entonces palabras tiernas y caricias para los
+dos animales. En cuanto a él, lo detestaba.
+
+Comenzó a zarpar el vapor. Soltáronse los cabos que lo unían a tierra;
+la proa se apartó del muelle. Rugía la música la marcha de partida.
+Algunos pasajeros se mostraron inquietos recordando a los de la comitiva
+del desafío. Se iban a quedar en tierra. Indudablemente había ocurrido
+una desgracia.
+
+Y cuando todos, con un pesimismo contagioso, daban por segura la
+catástrofe, se produjo un movimiento general hacia la borda que
+enfrentaba al muelle. ¡Ya llegaban!... Salieron de la Avenida los tres
+automóviles a toda velocidad, y una vez junto a la verja, saltaron de
+sus asientos los pasajeros, yendo a todo correr hacia el buque. En aquel
+momento su costado se despegaba del muelle con lentitud. Hubo que bajar
+otra vez la escala. Un minuto más, y habrían tenido que alcanzar al
+_Goethe_ en un bote en mitad de la bahía.
+
+Maltrana subió el primero con su valija de mano, no queriendo contestar
+a las preguntas de los curiosos. Tenía prisa de ganar su camarote para
+cambiarse de ropa. La gente, al ver que volvía sólo el alemán con los
+padrinos y acompañantes, dio por cierta la catástrofe, con la afición
+que muestran las masas por los finales trágicos. El barón belga estaba
+herido: tal vez había muerto a aquellas horas. La noticia dio la vuelta
+al paseo, despertando en las señoras un coro de lamentaciones: «¡Un mozo
+tan cumplido! ¡Qué desgracia!...».
+
+Los amigos del alemán, viéndolo sano y triunfador, se lo llevaban al
+fumadero con abrazos y palmadas en la espalda. Sonaron los taponazos del
+champán como prólogo de la descripción del combate. Algunos pasajeros
+volvían la espalda con indignación para no presenciar esta apología del
+homicidio. Mirando al muelle cada vez más lejano, con sus personas
+súbitamente empequeñecidas, fijáronse en un hombre que agitaba el
+sombrero y abría los brazos haciendo locos movimientos de despedida.
+
+--¡Pero si está allí!... ¡Si es el belga, que nos dice adiós!...
+
+La noticia hizo correr al pasaje en masa a un lado del vapor. Sí; era
+él: todos lo reconocían. Y a pesar de la distancia, gritaron los más,
+enviándole un saludo por encima del agua azul, entre el revoloteo de las
+gaviotas y las palmeras de una isla que parecía avanzar poco a poco
+enmascarando el muelle.
+
+En el centro de la ciudad se había despedido el belga de la comitiva
+para quedarse en su hotel. Pero luego se arrepintió. Su deber era ir a
+decir adiós a los demás compañeros de viaje. ¡Quién sabe qué mentiras
+contarían aquellos buenos amigos al relatar el desafío! Había que hacer
+constar que estaba incólume como el otro...
+
+Corrió al puerto, agitándose con desesperación al ver que se alejaba el
+buque sin que nadie reparase en su persona. Y cuando al fin llegó hasta
+sus oídos el bramido de saludo, se creyó recompensado de todos sus
+sinsabores y penalidades de hombre de honor. ¡Adiós, _Goethe_! ¡Adiós
+Nélida!... Tal vez la voz de ella se había unido a esta aclamación de
+despedida.
+
+Se enfrió el entusiasmo de la gente al enterarse de que los dos
+adversarios estaban sanos y enteros. Los mismos que poco antes parecían
+indignados en nombre de la civilización y la dulzura de las costumbres,
+lamentando la muerte del belga, torcían ahora el gesto cual si fuesen
+víctimas de una broma de mal gusto. «¡Farsantes!... ¡Alarmar a personas
+respetables con un desafío de morondanga!...»
+
+Sobre las ruinas de los dos adversarios, súbitamente caídos de la
+gloria, iba elevándose un nuevo héroe. Gómez y sus amigos, deseosos de
+hacer constar que ellos lo habían presenciado todo, hablaban de
+Maltrana, de sus palabras elocuentes, de la serenidad con que se había
+expuesto a la muerte, del balazo en un pie. El afán que siente todo
+cuentista de amplificar y abultar los sucesos, para tener en suspenso a
+sus oyentes, les hizo lanzarse de buena fe en las más absurdas
+exageraciones, ensalzando los méritos del director del combate. «¡Qué
+Maltrana tan corajudo!... ¡Qué tigre!»
+
+Y mientras se formaba y consolidaba en las cubiertas rápidamente un
+prestigio de héroe para Isidro, éste, con toda calma, tomaba un baño y
+se vestía de blanco, luego de repeler aquel traje de lanilla que le
+había atormentado con su peso lo mismo que una armadura.
+
+Al salir del camarote se tropezó con «el hombre fúnebre».
+
+«¡Y yo que me lo imaginaba a estas horas en la cárcel!...--pensó--. No
+habiendo sido aquí, será en Buenos Aires. La policía de allá debe estar
+mejor informada.»
+
+Le produjo alguna sorpresa ver que «el hombre fúnebre» iniciaba un asomo
+de sonrisa y de saludo. «¡Ah, bellaco!» Ahora le miraba como si quisiera
+hacerse amigo suyo. Era sin duda a impulsos del miedo que acababa de
+pasar... Y acogiendo esta muda amabilidad con desdeñosa altivez, siguió
+adelante, sin responder al saludo.
+
+La gloria salió a su encuentro. Le rodearon las gentes en la cubierta,
+mostrando gran interés por su salud. Hasta las damas menos comunicativas
+le pedían noticias. Ahora sí que podía llamarlos a todos de verdad «mis
+queridos amigos». Sonreían algunas señoras, con el dulce reproche
+femenil que lamenta y celebra a un mismo tiempo las temeridades del
+valor, y le amenazaban cariñosamente moviendo una mano con el índice en
+alto. «¡Ah, calaverón!... ¡Mala persona!»
+
+El doctor Zurita, enterado por sus hijos de lo ocurrido, se acercó a
+Maltrana con la irresistible simpatía que inspiran los actos de coraje a
+todos los de su país.
+
+--¡Ah, gallego diablo!... Ya me lo han contado todo. Muy bien... Tome
+uno de hoja.
+
+Y le dio el mejor de sus habanos como un tributo de admiración.
+
+Todos le miraban los pies, fijándose en sus zapatos blancos de lona. Los
+otros los guardaría seguramente abajo como un recuerdo. Muchos querían
+examinarlos para apreciar los destrozos del proyectil. Las mujeres, con
+súbita inquietud, le obligaban a sentarse al lado de ellas.
+
+--No haga locuras, Maltranita; tenga cuidado. Las heridas en los pies,
+por insignificantes que parezcan, traen a veces malos resultados.
+
+Y algunas se lanzaban a recordar heridas sufridas por individuos de su
+familia, accidentes de la vida en la Pampa, con cuyo relato se iban
+olvidando del héroe.
+
+--No pasee, señor; ande lo menos posible. Es un consejo de la
+experiencia.
+
+Esto le dijo en francés una voz tímida y respetuosa; y al levantar los
+ojos, vio Maltrana al «hombre lúgubre». ¡Éste también se unía a la
+general admiración!... ¡Un hombre que se hallaba bajo la amenaza del
+presidio dejaba en olvido su propia suerte para interesarse por su
+salud!... ¡Qué gran cosa el valor!
+
+El último en aproximarse fue Ojeda, cuando ya se habían disuelto los
+grupos de admiradores. A la mirada interrogante de Fernando, que parecía
+asombrado, contestó con un guiño malicioso y un leve encogimiento de
+hombros. No había de qué asustarse.
+
+--Todo mentira--murmuró con voz tenue--; «pura parada», como dicen los
+criollos. Pero deje usted que se hinche el entusiasmo. Con esto no se
+hace mal a nadie... Vamos a almorzar.
+
+El buque había salido de la bahía. Deslizábase entre islotes de tupida
+vegetación y escollos que emergían sus negras cabezas con greñas verdes.
+Las montañas de forma humana parecían alejarse tierra adentro. La ciudad
+se había ocultado, dejando en la memoria de todos una visión de blancas
+construcciones, altas palmeras, ensenadas azules bordeadas de jardines,
+rostros congestionados por el calor, ropas húmedas y sudorosas. La brisa
+del mar libre esparció su hálito vivificante por todo el buque.
+
+Con los preparativos de salida se había retrasado el almuerzo, y esta
+tardanza, así como la variedad de flores sobre las mesas y los víveres
+adquiridos en tierra, dieron nuevo encanto a la general nutrición. Todos
+comían con apetito, celebrando la frescura del comedor luego de la
+pesadez caliginosa de la ciudad. Algunas mesas estaban libres, y los
+pasajeros esforzaban su memoria para recordar a los que se habían
+quedado en Río Janeiro. En otras se agrupaban los brasileños recién
+embarcados. Iban a Montevideo, y allí transbordarían a los vapores
+fluviales que, siguiendo el Paraná y el Paraguay, llegaban, tras
+veinticinco días de viaje, al corazón de su país.
+
+Maltrana había realzado su triunfo manteniéndose en serena modestia,
+fingiendo no ver las miradas curiosas y admirativas. El señor Munster le
+hablaba ahora con respetuosa gravedad, no osando permitirse más bromas
+con un hombre que andaba a tiros y almorzaba luego tranquilamente sin
+acordarse del peligro. El doctor Rubau le contempló con melancólica
+conmiseración. «¡Ah, juventud, loca juventud!... ¡Tan apreciable que es
+la vida!» Lo afirmaba él, vestido siempre de negro, refractario al trato
+de las gentes, con una marcada tendencia al encierro y al llanto.
+
+Después del almuerzo, Ojeda se encontró solo en el jardín de invierno.
+Su célebre amigo estaba acaparado por la atención general y no venía a
+sentarse a su lado cual otras veces. Pasaba de mesa en mesa; lo rodeaban
+los jóvenes, que acabaron por llevárselo al fumadero.
+
+Notábanse grandes claros en la concurrencia. Las gentes no parecían las
+mismas de antes. Había desaparecido la inconsciencia alegre de la vida
+oceánica. Todos, al pisar el muelle, habían sentido que pertenecían al
+suelo firme, recordando de pronto las preocupaciones de su existencia
+anterior. La tierra recobraba sus derechos sobre ellos, y al volver al
+buque eran otros. Ya no vivían la vida del presente, con olvido del
+resto del mundo, como si la humanidad hubiera muerto, los continentes se
+hubiesen hundido y no quedasen sobre el planeta otras personas que este
+puñado de seres flotando sobre un arca de acero, sin tener que
+preocuparse de la comida, que encontraban siempre pronta, sin miedo a
+los compromisos sociales de un mundo lejano, con los apetitos en
+libertad y la conciencia soñolienta.
+
+Los negocios resurgían en la memoria de todos con mayor premura, como
+si en este período de olvido hubiese aumentado su interés. Cada uno
+pensaba en la causa que le había arrastrado a este hemisferio. Los
+residentes en América sentían los primeros asaltos de la inquietud. ¿Qué
+malas noticias saldrían a recibirles? ¿Cómo iban a encontrar los
+negocios después de su ausencia?... Los que iban a las tierras nuevas
+por primera vez sufrían la angustia de la incertidumbre, la duda del que
+va a arrostrar una prueba decisiva. Y todos, obsesionados por sus
+pensamientos, se apartaban y aislaban para reflexionar mejor.
+
+Restablecíanse las distancias sociales, que en mitad del viaje parecían
+haberse suprimido. Las caras ya no sonreían. Todos, con gesto de
+preocupación, evitaban la familiaridad. Parecían tener miedo de que las
+relaciones amistosas de a bordo se prolongasen en tierra. Un intento de
+aproximación y de confidencia se traducía como amenaza de inmediatas
+peticiones.
+
+Los de menos fortuna, que hasta entonces habían gastado pródigamente,
+con la facilidad que proporciona el crédito, comenzaban a restringir sus
+necesidades extraordinarias en el comedor y en el fumadero. Se acordaban
+de pronto de los numerosos vales que llevaban firmados: iba a llegar el
+momento de ajustar cuentas con el mayordomo. Un ambiente de tristeza y
+desasosiego se esparcía por el buque, velando las voces y haciendo
+languidecer las conversaciones. Los sitios vacíos inspiraban el
+melancólico recuerdo de los ausentes. El salón de invierno ofrecía el
+aspecto de una reunión de familia después de una desgracia.
+
+Ojeda también estaba triste. La soledad favorecía el desarrollo de sus
+remordimientos. Pensaba con vergüenza en sus aventuras, y a la vez, por
+una contradicción bizarra, pensaba también en Nélida, extrañando su
+ausencia. Esperaba verla aparecer de un momento a otro en la ventana
+inmediata, lo mismo que en las tardes anteriores. Se habían separado con
+enojo al llegar al buque; pero estos enfados eran siempre en ella de
+corta duración, y horas después se aproximaba, anunciando con maliciosos
+guiños su propósito de bajar al camarote... Pero hoy transcurría el
+tiempo sin que Nélida apareciese.
+
+Cansado de este abandono, salió Fernando a la cubierta, y al dirigirse
+hacia el lado de proa, lo primero que vio en «el rincón de los besos»
+fue a Nélida tendida en una silla larga, con los ojos entornados,
+dejando al descubierto una buena parte de sus piernas, cubriéndose la
+cara con una mano como si quisiera ocultar su rubor, mientras a través
+de los dedos brillaban sus ojos de malicia. Y sentado junto a ella
+estaba Maltrana, el heroico Maltrana, expresándose con vehementes
+gesticulaciones, echando el busto hacia adelante, cual si la muchacha
+tirase de él con magnética fuerza.
+
+Al ver a su amigo, mostró Isidro cierta turbación, se cortó su
+verbosidad, lo mismo que si acabara de sorprenderle en algo vergonzoso.
+Ella, por el contrario, miró a Ojeda con expresión de reto, añadiendo en
+voz fuerte:
+
+--Continúe usted, Isidro. Eso que dice es muy lindo, muy interesante.
+
+Y acompañó sus palabras con un gesto exagerado de voluptuosidad y
+abandono, indicando el gran placer que le causaban las palabras del
+héroe.
+
+Fernando siguió adelante, con más asombro que despecho por esta
+revelación... ¡Maltrana también! Había bastado que las gentes lo
+celebraran por una hora, para que aquella muchacha fuese en su busca a
+impulsos del insaciable y veleidoso deseo. El discurso de la fiesta y la
+aventura del tiro hacían de él un hombre interesante, un héroe
+apetecible, y allí estaba Nélida junto a él, con los ojos húmedos, una
+sonrisa de adoración y la lengua paseándose ávida sobre el rosa de los
+labios. Isidro iba a ser el heredero de todos.
+
+Para evitarse las miradas de ella y su sonrisa vengativa, no quiso pasar
+otra vez por este rincón de la cubierta. Abajo, en la explanada de proa,
+sonaba una música pastoril, y por los intersticios del toldaje veíanse
+saltar las cabezas de varias personas con el ritmo de la danza.
+
+Le había hablado Isidro algunas veces de los bailes de los árabes
+instalados en esta parte del buque, y no sabiendo adónde ir, quiso
+presenciarlos, bajando a la explanada. Aglomerábase la muchedumbre,
+dejando un reducido espacio a los danzarines. La llegada a América
+después del aislamiento en medio del mar había difundido una gran
+alegría en el rebaño ansioso de esperanza. Se aproximaban al término del
+viaje. ¡Buenos Aires!... Ya estaban casi tocándola. Cuatro ranchos y
+cuatro sueños los separaban nada más de la ciudad-ilusión. Iban a llegar
+más pronto de lo que deseaban: cuando ya se habían familiarizado con la
+vida del Océano y su prisa era menos apremiante.
+
+Un sirio, erguido sobre un rollo de cables, tañía una triple flauta
+fabricada con cañas, y al son del gangueo bucólico movíanse sus
+compatriotas. Eran hombres morenos, de luengos bigotes: corpulentos
+unos, hinchados de grasa, con la obesidad amarillenta y blanducha de los
+orientales; enjutos otros, angulosos, alargados y sueltos de miembros,
+lo mismo que los caballos de carrera. En recuerdo de la patria lejana,
+habíanse ceñido pañuelos a guisa de turbantes alrededor de sus
+purpúreos gorros, y otros más vistosos como fajas en torno a los
+riñones. Danzaban puestos en fila, con grandes contoneos de caderas y
+vientres. Sus hembras manteníanse aparte, como hijas de un pueblo en el
+que la mujer vive aislada, sin participación en los regocijos públicos.
+
+A la cabeza de la fila, dirigiendo las evoluciones de la danza y
+acompañándola con patadas y gritos, destacábase un joven altísimo y
+enjuto de carnes, con nariz aguileña, fino bigote y ojos ardientes. Se
+cubría con un caftán sucio y magnífico de seda roja bordada de oro.
+Estos bordados habían tomado con los años un empañamiento verdoso. La
+seda, deshilachada en los sitios de mayor roce, dejaba escapar las
+vedijas de algodón de su acolchado. Pero a pesar de esta ruina y de los
+pantalones y botines de obrero europeo que dejaba ver por debajo de la
+vestidura oriental, el árabe de Siria ofrecía un hermoso aspecto.
+
+Ojeda lo reconoció: era el Emir. Varias veces, al hablarle Isidro de las
+danzas de los árabes, había mencionado a este joven, alabando su postura
+de caballero del desierto, que hacía recordar a los héroes de las
+Orientales cantados por el romanticismo.
+
+El imaginativo Maltrana no había vacilado en darle un nombre y una
+dignidad. Era, según él, un emir en desgracia. Como lo incluía en el
+número de sus «queridos amigos», estaba bien enterado de que marchaba
+por segunda vez a Buenos Aires, donde ejercía pequeñas industrias. Pero
+esta vulgar realidad desechábala Isidro, por no estar de acuerdo con los
+deseos de su imaginación, y el joven árabe era un emir, según él, y
+todos sus compañeros, con mujeres e hijos, fieles súbditos que seguían a
+su príncipe en el destierro.
+
+A la cabeza de la fila formada por sus vasallos, el Emir balanceábase
+sobre las caderas, levantaba un pie y lanzaba relinchos bajo la mirada
+protectora de la _señá_ Eufrasia, que, subida en un caramanchel,
+presidía la fiesta con toda la majestad de su busto corpulento. Al
+reparar la buena mujer en Ojeda, se atrevió a sonreírle. Sabía que era
+español por haberle visto algunas veces con don Isidro.
+
+--¿Ha visto usted, señor, qué moritos graciosos? Y ahí donde usted los
+ve, con esas caras tan feotas, son unos infelices: más buenos que el
+pan. Los mejores de todos.
+
+Su marido, el hombre del sombrerón y la faja abultada, se aproximó al
+escuchar estas palabras. Se adivinaba qué iba a decir, como de
+costumbre, ansioso de fingida autoridad: «Calla, Ufrasia, y no molestes
+a este caballero. Las mujeres no sabís na de na». Pero no pudo decirlo.
+
+El flautista lanzó unas notas en falso y calló después, como si se le
+hubiese atrancado algo en la garganta. Los bailarines quedaron
+inmóviles, agarrados del talle, una pierna en alto, mirando hacia el
+castillo central con ojos súbitamente congestionados.
+
+Fernando miró también, influenciado por este silencio, y vio a Maltrana
+que acababa de descender por una escalerilla de hierro. En mitad de la
+escalera estaba Nélida mirando a la muchedumbre extendida a sus pies,
+orgullosa de la emoción que despertaba su presencia. La falda corta y
+estrecha se había subido impúdicamente con el movimiento de descenso,
+dejando a la vista una pantorrilla larga, de curva armoniosa, enfundada
+en una media de seda gris con rayas caladas. En la parte más alta, entre
+la media y el pantalón, mostrábase un pedazo circular de carne desnuda,
+blanca y ligeramente sonrosada como el nácar húmedo.
+
+Adivinó ella la causa de esta turbación colectiva, de este silencio
+repentino, pero quiso prolongar la situación con una coquetería cruel,
+sonriendo ante el popular homenaje. A Ojeda le pareció oír mentalmente
+un alarido general, un relincho inmenso que subía hasta el cielo; y no
+lo lanzaban las bocas, repentinamente secas: partía de los ojos
+extraviados, de las ropas estremecidas, de las narices palpitantes. La
+miraban lo mismo que los pueblos primitivos debieron mirar la primera
+revelación celeste.
+
+Maltrana, al pie de la escalera, torció el gesto e hizo señas, con el
+enfado de un propietario futuro que ve prodigado sus bienes. Ella, al
+fin, quiso fijarse en sus extremidades, y sin emoción alguna arregló el
+desorden de la falda, borrándose la divina aparición como la luna entre
+nubes.
+
+Sólo entonces volvió la flauta a lanzar sus pastoriles gorjeos y los
+danzarines reanudaron sus evoluciones. Por toda la explanada circuló
+inmediatamente una noticia, con la prontitud colectiva de las
+muchedumbres para inventar y aceptar embustes. Era don Isidro con su
+novia: una novia millonaria. Se iban a casar apenas llegasen a Buenos
+Aires.
+
+La _señá_ Eufrasia se aproximó a ellos con gesto admirativo: «¡Ah, don
+Isidro! ¡Y qué bien ha sabido usted escoger! Los hombres de talento
+tienen magnífico ojo para estas cosas. ¡Que sea para bien! ¡Que dure
+muchos años!...». Y las otras mujeres, árabes, italianas, españolas, se
+agrupaban en torno de Nélida, admirando su hermosura, sorbiendo el aire
+cual si quisieran apropiarse algo de su perfume, empujándose para sentir
+el roce de sus miembros, conmovidas aún, a pesar de la identidad de
+sexos, por lo que habían visto aparecer en mitad de la escalera. Sentían
+cierto orgullo al estar próximas a una de aquellas señoritas que sólo
+habían visto de lejos, asomadas a los balconajes del castillo central.
+
+La gente joven que Maltrana había encontrado algunas veces junto a la
+verja que cerraba el paso a los camarotes, espiando las idas y venidas
+de camareras y criadas, manteníase a cierta distancia, contemplando a
+Nélida con una admiración casi homicida. La devoraban todos con los
+ojos. Parecía que de un momento a otro iban a caer sobre ella,
+despedazándola.
+
+Odiaban de pronto a don Isidro, admirándolo más que antes. Nunca les
+había parecido tan grandioso. ¡Ah, los ricos! Tenían la plata, tenían
+las comodidades, y además se llevaban las mejores mozas. A impulsos de
+la envidia hacían comparaciones, pasando su mirada de la fresca Nélida a
+las pobres hembras despechugadas, sucias y curtidas por el sol. Una
+porquería todas ellas. ¡Ah, miseria!...
+
+El Emir se había despegado de sus compañeros para ejecutar un solo de
+danza. Acompañado por la flauta y agitando entre ambas manos un pañuelo
+rojo, bailó frente a Nélida, como si la dedicase todos sus gestos y
+contorsiones. Movía las caderas con femenil vaivén, lo mismo que las
+almeas, provocando grandes risas por sus estremecimientos lascivos. Las
+nobles facciones del príncipe del desierto caído en la desgracia se
+borraban bajo el temblor de unos gestos simiescos. Sus negras pupilas
+parecían arder con un fuego azulado, mientras las córneas se estriaban
+de sangre. Miró a Nélida con una fijeza desconcertante; pero ella, en
+vez de mostrar turbación, avanzaba el rostro y abría la fresca boca
+riendo con todo el esplendor de sus dientes, como si se burlase de las
+angustias del pobre Emir. Pero su imparcialidad de muchacha experta en
+la apreciación y descubrimiento de los méritos varoniles, por ocultos
+que estuviesen, hizo justicia al árabe.
+
+--¡Qué lindo!--dijo volviéndose a Maltrana, mientras el otro seguía
+bailando--. ¡Qué hermoso pedazo de hombre!... Lástima que esté aquí.
+
+Ojeda, que permanecía cerca de ellos, pensó que era una suerte para su
+amigo que los reglamentos del buque no permitiesen al Emir dar un paso
+fuera de la proa. De poder abandonar a la masa emigrante para ocultarse
+en los recovecos del castillo central, el infortunio de Maltrana era
+seguro.
+
+Cuando el árabe cesó de bailar, jadeante y sudoroso, ella avanzó por la
+explanada con el aire de una princesa que visita a sus vasallos. Se
+reflejaba en su persona la popularidad de Isidro, y éste, por su arte,
+extremaba las sonrisas, las palmadas cariñosas, las palabras de falso
+afecto, lo mismo que un buen rey que desea mostrarse estrechamente unido
+con su pueblo.
+
+Nélida miró varias veces a Fernando gozosa de que presenciase su
+triunfo. A su lado jamás había recibido tales homenajes. Sólo guardaba
+para ella contradicciones y negativas. Era más buen mozo que Maltrana:
+conforme; pero no era un héroe.
+
+Como el baile había terminado, Fernando se volvió al castillo central.
+Quiso dejar a Nélida gozando de su gloria, acogiendo serena como un
+ídolo la curiosidad de las mujeres y el deseo vehemente de muchos
+hombres, que la seguían con pasos de tigre. Tenían el mismo gesto de los
+antiguos corsarios berberiscos rondando sobre la cubierta de la galera
+en torno de una beldad recién conquistada. De estar solos habrían tirado
+de la muchacha todos a la vez, descuartizándola para hacerla suya.
+
+Maltrana, separado de Nélida por unos instantes, hablaba con Juan
+Castillo y don Carmelo. Venía éste de la enfermería de ver a Pachín
+Muiños, el emigrante que preguntaba a todas horas cuándo llegaba el
+buque a Buenos Aires.
+
+--Hombre perdido--dijo el de la comisaría--. El médico lo ha
+desahuciado; pero él sigue entre la vida y la muerte, y cuando habla, es
+para preguntar siempre lo mismo: «¡Buenos Aires!... ¿Cuándo llegamos a
+Buenos Aires?».
+
+Por la mañana, en la bahía de Río Janeiro, habían tenido que hacer
+esfuerzos los enfermeros para sostenerle en la cama. Quiso huir apenas
+notó la inmovilidad del buque. ¡Ya habían llegado a Buenos Aires! Le
+engañaban; querían mantenerle en aquel encierro so pretexto de su salud.
+Y el panorama de la vecina ciudad entrevisto por un tragaluz al
+incorporarse en el lecho, había servido para aumentar su desesperación.
+Aún había sido ésta más grande al ponerse el buque en marcha. Se creía
+de regreso a su tierra, después de haber estado junto a la
+ciudad-esperanza, donde le aguardaban la salud y la riqueza.
+
+--El pobrecito está en pleno delirio--continuó don Carmelo--. En vano le
+dicen que vamos a Buenos Aires y que llegaremos pronto. Cree que
+volvemos a su país; y si al fin duda, pide que lo llamen a usted, señor
+Maltrana. «Que venga don Isidro. Él lo sabe todo: él me dirá la
+verdad...» Podía usted verle. Su presencia le serviría de consuelo.
+
+Pero Maltrana hizo un gesto evasivo. Tal vez más tarde lo visitase.
+Ahora tenía mucho que hacer: no podía dejar sola a esta señorita.
+
+Don Carmelo, acordándose de las obligaciones de su empleo, se lamentó
+de la presencia de Muiños en el buque. Llevaba realizados varios viajes
+sin que ocurriese una defunción a bordo. Examinaban a las gentes antes
+de admitirlas, pero este hombre los había engañado con su aspecto de
+salud en el momento del embarque... La muerte es triste en todos los
+lugares, pero aún más en el mar... ¡Lo que él había visto!
+
+Recordó un viaje que había hecho a Buenos Aires en otro buque
+conduciendo una gran masa de emigrantes del Norte de Europa. A los pocos
+días se declaraba una epidemia entre las gentes de tercera clase.
+
+--Todas las noches echábamos al mar dos o tres. Nuestra preocupación era
+que no se enterasen los pasajeros de primera. Jamás he visto un viaje
+con tantas fiestas. Casi todos los días banquete extraordinario; por las
+noches veladas musicales, bailes. Y mientras tocaba la música arriba y
+bailaba la gente, nosotros metiendo a los muertos en cajones, echándolos
+al mar y conservando a las familias en los sollados para que no
+escandalizaran con sus gritos. Cuando llegamos al término del viaje, la
+mayor parte de los pasajeros de primera ignoraban lo ocurrido, y
+protestaron al ver que los sometían a cuarentena. Treinta y ocho
+cadáveres al agua mientras ellos bailaban... ¡Qué cosa el mar,
+caballeros! ¡Qué secretos los suyos!
+
+Resignado de antemano a toda clase de emociones, hablaba tranquilamente
+del próximo fin de este compatriota. Podía haberse muerto la noche
+anterior, y lo habrían enterrado en Río Janeiro. Podía morirse tres días
+después, y le darían sepultura en Montevideo o Buenos Aires. Pero
+indudablemente iba a fallecer durante la travesía, tal vez en la misma
+noche, y lo echarían al agua. Había que desembarazarse prontamente de
+estos fardos, que únicamente sirven para entristecer a los demás. En los
+buques sólo pueden tolerarse los cadáveres de los ricos, porque van
+convenientemente embalsamados y sus herederos pagan bien. El carpintero
+de a bordo estaba haciendo en aquellos momentos el cajón para Pachín
+Muiños. El mismo don Carmelo acababa de comunicarle la orden.
+
+Isidro no escuchó más. Nélida le hacía señas para marcharse. En medio de
+su entusiasmo por la popular recepción, experimentó la joven un
+sentimiento de menosprecio y asco hacia aquellas gentes. Las vio de
+pronto como si acabaran de rasgarse unos velos sonrosados interpuestos
+entre ellas y sus ojos. Los hombres le parecieron sucios y de una avidez
+amenazante. Las mujeres, con una humildad bestial o francamente
+envidiosas, eran inferiores a las domésticas que la servían. Creyó
+percibir más abajo de su espalda roces insolentes, tocamientos de
+atrevida curiosidad, disimulados por la aglomeración. Hasta se imaginó
+sentir en los más recónditos secretos de su cuerpo un hormigueo de
+sanguinarios invasores, ansiosos de hartarse de carne nueva y rica, que
+tal vez acababan de abandonar el pellejo de aquellas comadres.
+
+--Vámonos--dijo con angustia y miedo.
+
+Y trepó por la escalera, sin importarle esta vez la delectación que
+proporcionaba a una gran parte del público con el divino espectáculo de
+sus faldas recogidas.
+
+A media tarde empezó a acentuarse el movimiento del buque. El cabeceo
+suave de proa a popa, al que se habían acostumbrado todos y que pasaba
+inadvertido, como un movimiento necesario para la vida igual al de la
+respiración, se hizo por instantes más violento. El sol descendente
+estaba velado por una barrera de vapores; la luz era grisácea, lo mismo
+que la de una tarde invernal; el mar, azul obscuro, se plegaba en largas
+ondulaciones. Una brisa fresca y violenta, que parecía anunciar la
+tempestad, hizo correr a los grumetes para recoger los toldos y subir
+los gruesos cristales del balconaje de proa, dejando abrigada esta parte
+del paseo.
+
+Las olas, de larga pendiente, silenciosas, dormidas, uniformes, sin el
+más leve penacho blanco, no eran de gran altura, sin embargo el
+trasatlántico saltaba al encontrarse con ellas, elevándose a ambos lados
+de su proa dos surtidores de espuma. Veíase desde la mitad del paseo
+cómo se remontaba la popa cual si fuese a volar, hundiéndose después con
+una rapidez que angustiaba a muchos, produciendo en su diafragma una
+sensación de vacío.
+
+Corrían las gentes al balconaje para presenciar detrás de los cristales
+los asaltos del mar en cólera, un espectáculo extraordinario después de
+tantos días de bonanza.
+
+Maltrana, invisible hasta entonces, apareció por breves momentos al lado
+de Ojeda.
+
+--Vamos a tener tormenta--dijo frotándose las manos con una expresión de
+contento--. Esto no podía continuar; tanta calma era para aburrir a
+cualquiera. Un viaje sin borrasca es deshonroso. Luego, al bajar a
+tierra, no habríamos tenido nada que decir. Es como si un autor
+escribiese una novela marítima, olvidándose de colocar en ella la
+obligada descripción de una tempestad.
+
+Pero Ojeda movió la cabeza negativamente. No había tal tempestad: un
+poco de movimiento al pasar el golfo de Santa Catalina; un simple
+incidente de viaje.
+
+A pesar de las promesas de seguridad y las sonrisas de los oficiales
+del buque, muchos pasajeros contemplaban con un gesto de indignación el
+Océano, lo mismo que si se quejasen de la infidelidad de un amigo.
+Cuando todos vivían olvidados del mar, éste se hacía presente con una
+cólera insólita. Y las miradas dolorosas, los gestos de desagrado,
+parecían decir con un silencio de protesta: «Esto no es lo convenido».
+
+Los niños se aglomeraban en el balconaje subidos en sillas y bancos para
+ver la llegada de las olas. La superficie triangular del castillo de
+proa subía y bajaba al tropezarse con las arrugas azules e inmensas que
+venían a su encuentro. Descendía como si se la tragase el abismo, y
+luego disparábase hacia lo alto lo mismo que un animal que se encabrita,
+temblando sus flancos con el choque de las fuerzas ocultas. Dos montañas
+de espuma rematadas por sutiles cresterías asaltaban la proa,
+esparciendo una nube de polvo líquido. La espuma, al caer sobre la
+cubierta, convertíase en agua, corriendo en ondulante lámina por las
+pendientes del entarimado y escurriéndose luego por las canaletas. Estas
+rociadas incesantes llegaban hasta el balconaje, empañando los vidrios
+con el goteo de sus lágrimas.
+
+Brillaba como metal la madera del combés y del castillo de proa bajo la
+continua inundación. Los emigrantes estaban ocultos en los sollados. De
+vez en cuando, un marinero con impermeable amarillo y casco encerado
+atravesaba el combés por alguna necesidad del servicio, recibiendo
+impasible las fuertes salpicaduras del Océano, hundiendo sus botas altas
+en el río salado que cada ola hacía rodar de una banda a otra del buque.
+
+Mezclado Ojeda con las gentes que presenciaban este espectáculo, fijó
+más su atención en las explosiones de la alegría infantil que en los
+asaltos del mar. Los niños se agitaban alborotando a la llegada de las
+olas. «¡Otra!... ¡otra!», gritaban con trémula alegría al ver
+desarrollarse ante la proa una nueva colina azul. Quedaban en suspenso,
+conteniendo la respiración, los ojos súbitamente agrandados. Sobrevenía
+el golpe, encabritábase la proa, remontábanse en el espacio los dos
+fantasmas de espuma para desplomarse en cascadas, y un «¡ah!» de
+satisfacción descongestionaba los pechos. A veces, si el choque era
+mayor, la punta del _Goethe_, en gallarda rebeldía, alzábase por encima
+de las olas, sin que éstas llegasen a invadirla. La gente menuda
+pataleaba entonces de entusiasmo, prorrumpía en aclamaciones y saludaba
+la valentía del buque con una salva de aplausos. Algunas personas
+mayores contemplaban este regocijo con ojos lastimeros. «Ciega
+inocencia, desconocedora del peligro... ¡Siempre que aquella marejada no
+fuese en aumento!...» Muchos pasajeros no se atrevían a moverse de sus
+sillones y permanecían con la frente en una mano, pálidos, los ojos
+cerrados, cual si les hubiese acometido de pronto el sueño.
+
+Pasando de un ventanal a otro para ver mejor la llegada de las olas,
+Ojeda se encontró al lado de Mina. La rubia cabeza de Karl, que se
+agitaba con sonoras risas a cada golpe de mar, le hizo fijarse en la
+mujer que estaba detrás sosteniéndolo entre sus brazos. Como si le
+avisase el magnetismo de una mirada fija en sus espaldas, la madre
+volvió la cabeza, palideciendo al reconocer a Fernando. Era la primera
+vez que se encontraban juntos después del paso de la línea. Se adivinó
+en su nerviosa inquietud un deseo de huir, de restablecer la
+indiferencia que los había mantenido apartados.
+
+Intentó hablar Ojeda. Pasó una mano acariciante por la sedosa cabeza de
+Karl, pero apenas si éste se volvió a mirarle, ocupado como estaba en la
+contemplación del mar. Igual suerte tuvieron sus palabras a Mina. Ella
+sólo contestó con leves movimientos de cabeza, con forzados monosílabos,
+mientras su palidez iba tomando un ligero tinte de rubor. No ocultaba su
+vehemente deseo de huir. Parecía tener miedo, no de Fernando, sino de
+ella misma. Y prometiendo a su hijo que desde otro sitio vería mejor la
+llegada de las olas, lo puso en el suelo y le tomó una mano, alejándose
+después. «Buenas tardes, señora.»
+
+Quedó desconcertado por esta fuga y experimentó al mismo tiempo cierta
+satisfacción. Ella no le había mirado con odio al marcharse. Sus ojos
+más bien eran de tristeza. Tenía miedo al recuerdo. Había sentido, al
+verle, la nostalgia del pasado, la melancolía de las antiguas ilusiones.
+
+Paladeó Ojeda la amargura de los poderosos en desgracia, que miden con
+orgullo toda la grandeza de su caída. Días antes podía considerar como
+suyas tres mujeres en aquel mundo flotante. Se habían sucedido junto a
+él proporcionándole la dulce ilusión más o menos verídica que acompaña
+el amor. Ahora se veía solo, completamente solo en este buque, que
+también parecía envejecer al llegar a la última parte de su viaje,
+encabritándose en mares obscuros y violentos después de haberse
+deslizado sobre azules y luminosas extensiones impregnadas de sol... La
+novela trasatlántica de Ojeda llegaba a su fin. Debía decir adiós a las
+ilusiones y refugiarse en la fidelidad de sus recuerdos, lamentablemente
+olvidados durante el viaje.
+
+Este propósito de renunciación alegraba su conciencia, pero molestaba al
+mismo tiempo su orgullo de hombre, estableciendo en su interior una
+violenta dualidad. Le era muy dolorosa la indiferencia de las mujeres
+después de haberlas tenido a su merced, sumisas y adorantes. Y le dolía
+igualmente, a pesar de su afecto amistoso, que fuese un Maltrana el
+heredero de su buena suerte, el que iba a escribir con gestos de héroe
+el epílogo de una de sus novelas vividas.
+
+Su vanidad se rebelaba contra este final. En buena hora si él hubiese
+roto con Nélida después de una escena dramática. Pero habían ocurrido
+las cosas de un modo tan confuso e ilógico, que no sabía Fernando
+ciertamente si era él quien había repelido a la joven o ella la que le
+había abandonado a impulsos de un nuevo deseo.
+
+Pasó el resto de la tarde hablando con unos brasileños que iban a
+transbordar en Montevideo, siguiendo ríos arriba hasta el interior de su
+país. Le distrajo como un libro de aventuras la conversación con
+aquellos hombres enjutos, huesosos, de una palidez enfermiza, cuya
+mirada parecía tener fulgores de fiebre. Eran ingenieros y altos
+empleados de ferrocarriles en construcción. Estas líneas audaces iban
+partiendo el silencio centenario de inmensas selvas que permanecían
+inexploradas desde el primer empuje del descubrimiento.
+
+Habían de luchar con la maraña de la vegetación, la inmensidad del
+pantano, la ponzoña de insectos y reptiles y la maldad de los hombres.
+Con el revólver al cinto presidían el trabajo de centenares de peones de
+todas razas y nacionalidades. Habían de vivir siempre en guardia contra
+las asechanzas del blanco, el más maligno de los bípedos, terrible
+residuo de todas las aventuras y desesperaciones de Europa. El combate
+con el microbio era también un gran peligro en esta guerra por la
+civilización de la tierra virgen. Bien lo indicaba el aspecto de
+aquellos hombres, decrépitos en plena juventud, heridos para siempre por
+la frígida estocada de la fiebre. Y ellos, desconociendo sus propios
+males, hablaban con horror de las dolencias que asaltaban a los hombres
+en la penumbra de la selva al remover el humus secular y las
+vegetaciones dormidas: grandes abscesos de la piel que acababan por
+rebullir lo mismo que un hormiguero, avivándose la carne en gusanos;
+emponzoñamientos de la sangre que mataban en breve tiempo a un hercúleo
+jayán; rápidas consunciones, devoradoras de grasas y de músculos, que
+sólo respetaban el esqueleto, dejándolo flotante dentro de la piel, cual
+si esta fuese un traje demasiado grande. Perecían a docenas los hombres
+junto a los rieles. La conquista de una laguna o de un bosque por las
+cintas de acero era tan mortífera como la toma de un reducto artillado.
+
+A la caída de la tarde vio Ojeda pasar a don Carmelo mirando a todos
+lados. Iba por el buque en busca de Maltrana sin poder encontrarlo.
+
+--Ese pobre se muere--dijo en voz baja--. Está en las últimas. Tal vez
+no exista en estos momentos. Y el infeliz llama a don Isidro; quiere
+verlo para saber si realmente vamos a Buenos Aires. Una manía de
+moribundo... Yo he pensado que nada cuesta darle esta satisfacción, y
+voy en busca de Maltrana hace media hora. Es extraño que no lo
+encuentre. ¿Sabe usted dónde está?
+
+Ojeda hizo una señal negativa... Y sin embargo, de querer él, lo hubiese
+podido encontrar en dos minutos. Nélida e Isidro habían desaparecido
+desde media tarde.
+
+Al anochecer, cuando acababa de sonar el toque preparatorio de la
+comida, volvió a encontrarse con don Carmelo.
+
+--Se acabó. El pobrecillo ha muerto. Voy a ver al carpintero para que lo
+tenga todo listo. Esta noche... ¡al agua!... ¡Pobre galleguito!
+
+Maltrana se presentó en el comedor cuando los camareros servían el
+segundo plato. Tomó asiento junto a su amigo con cierta timidez, a pesar
+de la satisfacción y el contento de sí mismo que respiraba su persona.
+Fernando notó algo extraordinario en su aspecto. Lucía una flor en la
+solapa del _smoking_. De su cabeza surgía un perfume fuerte. Adivinábase
+que había hecho gastos extraordinarios en la peluquería. Emanaba de toda
+su persona un manifiesto deseo de embellecerse, de hacer olvidar el
+Maltrana de antes.
+
+Apartó los ojos de los de su amigo, temiendo ver en éstos una expresión
+de reproche.
+
+--El enfermo de que me habló usted muchas veces ha muerto hace poco
+rato.
+
+«¡Ah!...» La exclamación de Isidro revelaba indiferencia. ¿Qué iba a
+remediar con su dolor? Él tenía cosas más importantes en qué pensar.
+
+--Ha muerto llamándole--continuó Ojeda--. El pobre necesitaba consuelo y
+quería verle. Pero don Carmelo lo ha buscado a usted inútilmente por
+todo el buque.
+
+Otra vez lanzó Maltrana la misma exclamación incolora. Y huyendo los
+ojos, hizo un gesto evasivo. Él tenía mucho que hacer: había estado en
+su camarote hablando con Martorell del futuro Banco... Y no dijo más,
+como si temiera que Fernando le acusase de mentiroso por haber visto al
+catalán en algún otro sitio durante la tarde.
+
+Acabaron de comer los dos silenciosamente. En vano pretendió Maltrana
+animar la conversación con sus palabras; su amigo se mostraba impasible.
+Él también estaba preocupado, mirando a cada instante hacia la mesa
+donde tomaba asiento el señor Kasper con su familia.
+
+Había amainado el oleaje después de cerrar la noche. Unas ondulaciones
+largas e irregulares conmovían el buque de tarde en tarde, pero la proa
+las saltaba con facilidad.
+
+En el comedor era menos numerosa la concurrencia. Muchos habían tomado
+su alimento sobre cubierta, temiendo marearse en el encierro de abajo.
+Luego de comer, la tranquilidad del mar serenó los ánimos y las
+digestiones, restableciéndose cierta alegría en el jardín de invierno.
+Unas pasajeras de Río tecleaban en el piano del salón y buscaban
+romanzas en los montones de partituras, ganosas de lucir sus habilidades
+ante las gentes que venían de Europa. Algunos jóvenes hablaban de
+improvisar un concierto, una fiesta íntima. El cielo se había aclarado;
+lucían las estrellas entre harapos de nubes en fuga; las rugosidades del
+Océano eran cada vez menos sensibles. Todos sentían un deseo de
+exteriorizar el regocijo de la calma.
+
+Ojeda tomó su café solo. Isidro, que acababa de sentarse junto a él,
+huyó al ver asomar una cabeza sonriente en la ventana inmediata. ¡Lo
+mismo que él! La vida en este buque era semejante a las vueltas de una
+rueda.
+
+Cuando salió a la cubierta, se detuvo en aquel lugar que en momentos de
+alegría había llamado «el rincón de los besos». A través de los vidrios
+del balconaje miró la proa, que oscilaba sobre el mar obscuro. Entre
+ella y el castillo central reflejábanse las luces eléctricas en el piso
+del combés, brillante aún por las rociadas de las olas. A aquella hora
+estaba desierto: la muchedumbre emigrante se aglomeraba en los sollados.
+
+Vio Fernando en el rojo cuadro de una puerta del castillo de proa
+agitarse varias siluetas con furiosos manoteos; le pareció escuchar muy
+lejos voces dolorosas, un ruido de disputa. La curiosidad y el deseo de
+entretenerse con algo le impulsaron a descender hasta el combés. Volvió
+a oír allí los lamentos: unos ayes histéricos de mujer llorosa, alaridos
+de muchachos, semejantes al aullar de perrillos abandonados. La familia
+de Pachín gritaba frente a la puerta de la enfermería, defendida por un
+marinero impasible.
+
+Fernando vio a la mujer con los ojos rojizos de lágrimas y el pelo en
+desorden; vio a los hijos que gritaban, pero con los ojos en seco,
+haciendo coro a su madre. No sabían nada, pero el instinto les había
+avisado de repente la proximidad de la desgracia; el mismo instinto
+simple y misterioso que hace aullar a las bestias domésticas, como si
+oliesen la presencia de la muerte.
+
+Querían entrar en la enfermería para ver a Pachín y tranquilizarse.
+Acogían con incredulidad las palabras de un camarero español que,
+obedeciendo la consigna, les juraba por su salud que el enfermo estaba
+mejor. Chocaban sin éxito contra el marinerote rubio que obstruía la
+puerta con su rudeza de roca. El médico había prohibido la entrada y era
+inútil insistir.
+
+Un nuevo personaje se mezcló en esta escena violenta. Era el señor
+Antonio el _Morenito_, apiadado de los lamentos de aquellas gentes y
+furioso de la dureza de los alemanes.
+
+--¡Por vía e Dió! Esto es pior que la Inquisisión... Y esto quien lo
+arregla e un servior, aunque er buque se vaya a pique.
+
+Con la magnanimidad de un caballero andante protector de la viuda y el
+huérfano, tomaba bajo el amparo de su brazo a esta mujer llorosa y sus
+pequeños aulladores.
+
+--¿Qué queréis ustedes? ¿Ver ar enfermo?... Pues lo veréis, aunque tenga
+que echarle las tripas ajuera a ese rubio fachendoso que está en la
+puerta.
+
+Prorrumpía en insultos y amenazas contra el marinero, que no podía
+entenderle. Hablaba con vagas alusiones de la temible navaja, cuyo
+escondrijo nadie lograba encontrar. Iba a salir a luz de un momento a
+otro.
+
+--Y si la saco, se acaba too... ¡too!
+
+Sintió una mano en un hombro y volvió la cabeza. Era don Carmelo el de
+la comisaría: el hombre que le inspiraba más respeto en el buque; todo
+un caballero, y además paisano.
+
+--Tú, _Morenito_, ya has acabado de armar escándalo, porque lo digo yo,
+¡ea! Te vas abajo a dormir en seguía, o te hago bajar de dos patás.
+
+El bravo se encogió. Únicamente de su padre y de aquel señor aguantaba
+verse tratado así. Pero don Carmelo era un ángel, se portaba bien con
+los pobres, y él sabía distinguir a las personas buenas, obedeciéndolas.
+A pesar de esta sumisión, aún masculló protestas.
+
+--¡Mardita sea! Pero lo que yo digo: ¡si esto es pior que la
+Inquisisión! ¡Si esta pobre mujer quié ver a su marío!
+
+Don Carmelo intentó disuadir a la familia. Al día siguiente verían al
+enfermo... si es que estaba mejor. Por el momento era imposible. Les
+infundió tranquilidad y confianza, acostumbrado como estaba al trato de
+la muchedumbre emigrante. Y el _Morenito_, pasándose al lado suyo con
+un repentino cambio de humor, repetía todas sus palabras, apoyándolas
+con la autoridad de su braveza. Lo que dijese aquel caballero, paisano
+suyo, era la verdad. No más llantos ni alborotos; el enfermo estaba
+mejor, ya que don Carmelo lo afirmaba. Debían irse abajo a dormir.
+
+Al desaparecer todos por la escalera del sollado, el de la comisaría
+habló a Ojeda en voz baja. Una hora después, cuando los emigrantes
+estuviesen encerrados, vendría el carpintero para meter el cadáver en el
+cajón. No había que esperar, como otras veces, las horas reglamentarias.
+Cuanto más pronto saliesen de esto, sería mejor.
+
+--El pobresillo está negro como un carbón. ¡Da lástima verle!... A las
+once, ¡al agua! Si usté quiere presensiá esa cosa...
+
+Al volver juntos hacia el castillo central, don Carmelo quedó un
+instante en suspenso, como si se le ocurriese una idea. ¿Por qué no
+llamaban a don José, aquel cura español? En los otros viajes, cuando
+había que echar al agua un muerto, el comandante o el primer oficial
+suplía la falta de sacerdote. Recitaba una plegaria en alemán, con la
+gorra en la mano, ante el pesado féretro, y después la orden de
+costumbre «Désele cristiana sepultura.» Y el cajón caía al mar. Pero en
+este viaje podían disponer de un clérigo, y el muerto era católico.
+Ojeda debía decir algo a don José para que asistiese a la fúnebre
+ceremonia. Y aquél aceptó, yendo en busca del cura.
+
+Estaba ya en su camarote preparándose para dormir, pero al saber lo que
+deseaban de él, se enfundó de nuevo en la sotana. Era un bracero de la
+Iglesia, siempre dispuesto al trabajo. De sermones, poca cosa; de
+problemas teológicos, menos; pero para confesar ocho horas seguidas y
+ayudar a un cristiano a bien morir, allí estaba él, insensible al
+cansancio, sin miedo a los contagios de la enfermedad, habituado a la
+agonía humana con un coraje profesional.
+
+Quiso ir derechamente a la enfermería para recitar junto al cadáver
+todas las oraciones del caso que tenía en sus libros. ¿Por qué no le
+habían llamado antes, cuando aquel pobre vivía aún?... Fernando tuvo que
+contener su celo. No debían bajar hasta el último momento. Los del buque
+querían mantener el suceso en secreto. No convenía llamar la atención de
+los emigrantes.
+
+Sentáronse los dos en el paseo, junto a las ventanas del salón. Había
+empezado en éste la improvisada fiesta. El piano sonaba incesantemente.
+Al principio del viaje nadie sabía tocar: el miedo al ridículo, la falta
+de trato, hacían fingir a todos una absoluta ignorancia musical. Ahora
+todos se mostraban ansiosos de lucir sus habilidades, y apenas se
+retiraban del teclado unas manos, caían otras sobre él vigorizadas por
+el descanso. Voces femeniles entonaban romanzas sentimentales en
+italiano, cancioncillas picarescas en francés y jotas de zarzuela
+española.
+
+El buen don José sintió despertar en su pensamiento algo así como un
+embrión filosófico por la fuerza del contraste.
+
+--Lo que es la vida, señor Ojeda--murmuró gravemente--. Éstos cantando y
+riendo, y nosotros, a cuatro pasos de ellos, esperando la hora para
+echar al agua a un hombre. ¡Mundo de engaño!... ¡Mundo de trampa!
+
+Fumaba incesantemente, aprovechando la generosidad de Ojeda, que le
+ofrecía cigarro tras cigarro. Su cabeza empezó a oscilar. Se entornaban
+sus ojos para abrirse de repente con un azoramiento de sorpresa,
+volviendo a cerrarse poco después. Al fin se durmió, y su respiración
+estuvo próxima a convertirse en sonoro ronquido. Tenía la costumbre de
+acostarse temprano. Además, la música ejercía sobre él una influencia
+letárgica.
+
+Pasó Maltrana junto a ellos. Nélida estaba en el salón y él vagaba por
+la cubierta. Al saber que aguardaban para asistir a la fúnebre
+ceremonia, se le escapó un gesto de contrariedad. Formuló varias excusas
+para justificar su ausencia, pero en vista de que la ceremonia era a las
+once de la noche, se ofreció a ir con ellos. Esta hora no trastornaba
+sus planes.
+
+Aparecieron don Carmelo y el primer oficial con cierto apresuramiento,
+como si deseasen finalizar cuanto antes el lúgubre deber para irse a
+dormir.
+
+--Cuando ustés gusten, cabayeros--dijo el de la comisaría.
+
+Despertó don José con nervioso sobresalto, y bajaron todos a la
+explanada de proa. Cuatro marineros sacaban de la enfermería un cajón de
+madera blanca cepillada recientemente. Sus brazos desnudos lo sostenían
+con visible esfuerzo. El pobre Pachín menudo en vida y debilitado por la
+enfermedad, pesaba mucho en la muerte. A lo grueso del cajón había que
+añadir varios lingotes de hierro depositados por el carpintero junto a
+su cuerpo.
+
+Quedó el féretro sobre una gran tabla apoyada en la borda. El buque
+había aminorado la marcha. Desde lo alto del puente, alguien oculto en
+la obscuridad seguía la ceremonia.
+
+--A usted le toca, padre--dijo don Carmelo.
+
+Se quitó el birrete don José, y todos quedaron igualmente con la cabeza
+descubierta. Habíanse apagado las luces del combés para evitar que algún
+curioso pudiese ver la ceremonia desde las cubiertas del castillo
+central.
+
+Estaban en la obscuridad, silenciosos, encogidos, lo mismo que si
+preparasen un crimen. Eran fantasmas negros en torno de un cajón blanco
+inclinado hacia el mar. No teman más luz que la de las estrellas. Las
+nubes, sólidas como murallas al caer la tarde, se habían esponjado hasta
+convertirse en montones sueltos de transparente plumón, por cuyos
+intersticios asomaban los astros. El mar batía con sus últimos
+estremecimientos los costados del buque. Iba adormeciéndose según
+avanzaba la noche.
+
+El sacerdote comenzó a murmurar sus oraciones entre aquellos hombres
+emocionados, con la cabeza baja, puestos los pies sobre un vaso flotante
+de acero debajo del cual existía una profundidad de varios kilómetros
+verticales de agua, un mundo de misterio que iba a tragarse como
+insignificante molécula el despojo humano.
+
+Rezaba el cura, y a lo lejos parecían contestarle las ventanas del
+salón, bocas de luz que lanzaban arpegios de piano y trinos de romanza.
+Las oraciones fúnebres hablaban de la tierra, materia original, del
+polvo al que retornamos, del gusano compañero miserable de nuestro
+último sueño.
+
+Ojeda se imaginaba el pobre cementerio de aldea donde habría podido
+descansar eternamente el mísero Pachín, bajo lágrimas de escarcha en el
+invierno, entre flores y revoloteos de insectos al llegar el verano.
+Aquí no volvería a la tierra madre. La oceánica aventura había
+trastornado el final de esta existencia. Los crustáceos iban a cubrir su
+último encierro con una capa pétrea; los escualos, lobos de la
+profundidad, golpearían con su morro y sus aletas la envoltura de madera
+husmeando la carne oculta; las algas trenzarían en torno sus verdes y
+ondeantes cabellos, hasta que la fúnebre cáscara se pudriese,
+confundiendo su contenido con la líquida inmensidad.
+
+Calló don José, como si ya no recordase más oraciones. Bendijo el
+féretro, y entonces avanzó el primer oficial con aire militar, lo mismo
+que un jefe que ordena una descarga de fusilería en un entierro de
+soldado.
+
+--Désele cristiana sepultura--dijo en alemán.
+
+Los marineros que sostenían contra la borda el tablón lo levantaron como
+una palanca, y el féretro fue deslizándose, hasta que cayó bruscamente
+en el Océano. Fue un ruido semejante al de una de aquellas olas que
+sordamente venían a chocar con el navío.
+
+¡Adiós, Pachín!... Ojeda creyó oír un lamento lejano, una voz imaginaria
+en este chapoteo de las aguas abiertas por el pesado ataúd y que
+volvieron a cerrarse sobre su remolino de proyectil: «¡Buenos Aires!...
+¿Cuándo llegaremos a Buenos Aires?...».
+
+El buque avanzó con más velocidad, recobrando su marcha normal. Maltrana
+había desaparecido. Ojeda y el cura volvieron a la cubierta de paseo.
+
+Don José lamentaba la suerte de aquel hombre que no conocía y sobre cuyo
+cadáver invisible había hecho descender su bendición. ¡Infeliz!
+¡Sepultado en el mar!...
+
+Pero Fernando no participaba de sus lamentaciones. Todos que muriesen
+así. La vida es el deseo, la ilusión, la certeza de que el próximo
+mañana nos traerá la felicidad: un mañana que nunca llega. «¡Buenos
+Aires!... ¿Cuándo llegaremos a Buenos Aires?...» Y el infeliz había
+muerto sin llegar. Mejor era así: mejor que perecer en la tierra deseada
+poco tiempo después, sin otra visión que la cruda realidad.
+
+Felices los que mueren abrazados a la quimera... Bienaventurados los que
+no ven cumplidos nunca sus deseos y viven en el engaño, alegría de
+nuestra existencia.
+
+Y al subir por una escalerilla de hierro recibieron en la cara el soplo
+musical de las enrojecidas ventanas del salón. Una voz de mujer cantaba
+el amor, la única verdad y la mentira más grande de nuestra vida...
+¡Pobre vida, que no puede marchar por sus propias fuerzas y necesita el
+apoyo de la ilusión!
+
+
+
+
+XII
+
+
+Dos días antes de llegar a Buenos Aires, el _Goethe_ empezó a remozarse.
+Trabajaba la marinería de sol a sol bajo la mirada escrutadora de los
+oficiales. Era una agitación semejante a la de un navío de guerra en
+vísperas de combate.
+
+La última cubierta se empequeñecía. Las balleneras pendientes sobre el
+mar eran retiradas al interior, descansando fijas en sus cuñas. Los
+paseantes veíanse obligados a moverse entre estas embarcaciones, que
+sólo dejaban accesibles estrechos pasadizos.
+
+Una limpieza minuciosa y paciente retocaba el exterior de la nave desde
+la línea de flotación a los topes, dejándola como nueva. Por todas
+partes se encontraban marineros arremangados y despechugados, con un
+cubo de pintura en una mano y una brocha en la otra. Sosteníanse en
+peligroso equilibrio sobre mástiles y barandillas. Sentados en andamios
+y teniendo a sus pies el mar, pintaban los costados del buque
+balanceándose sobre el abismo.
+
+Desaparecían rápidamente todos los ultrajes que las olas, el aire salino
+y los roces en las entradas de los puertos habían inferido al
+trasatlántico. La pintura se esparcía pródigamente, lo mismo que en el
+tocador de una coqueta vieja. El _Goethe_ quería llegar hermoseado al
+término de su viaje, y un blanco de leche refrescaba los tabiques de las
+cubiertas y las cañerías interiores; un amarillo tierno de manteca
+abrillantaba los mástiles, la chimenea y los brazos de las grúas; un
+negro intenso ocultaba las desconchaduras del enorme casco, dando a éste
+un aspecto virginal, cual si acabase de deslizarse por la grada de un
+astillero.
+
+Los empleados de la comisaría se mostraban más atareados aún que los
+oficiales de la navegación. Había subido en el último puerto el médico
+enviado de Buenos Aires para el examen de los emigrantes, y este
+funcionario, acompañado por aquéllos, iba inquiriendo la salud del
+rebaño humano acorralado en los extremos de la nave.
+
+Funcionaba en la explanada de popa una estufa de desinfección, y pasaban
+por ella los trajes de los emigrantes que eran susceptibles aún de
+cierto uso a juicio de los empleados. Las piezas andrajosas, los gabanes
+de pieles de imposible despoblación, los calzados rotos, los arrojaban
+al mar, flotando en la estela del buque un rosario de míseros objetos.
+
+Las personas eran sometidas a ruda limpieza. Desaparecían de golpe las
+hirsutas melenas y las barbas patriarcales. Cráneos redondos con la
+sombra azulada del pelo cortado al rape, mandíbulas salientes ostentando
+aún las erosiones de una afeitada rápida, mostrábanse en el mismo lugar
+ocupado antes por barbudos personajes de trágico aspecto. Desaparecían
+igualmente las altas botas oliendo a sebo, las camisas rojas ceñidas al
+talle por una cuerda, los gorros de piel, las sacerdotales hopalandas.
+Todos se mostraban unificados por el sombrero hongo y el terno de
+lanilla comprado previsoramente en un almacén de Europa.
+
+Mujeres y chiquillos eran empujados casi a viva fuerza al baño
+obligatorio con rudos fregoteos de jabón. Los dos extremos de la nave
+soltaban por sus caños la mugre líquida del populacho. Al chorro de agua
+cargada de cenizas y polvo de carbón que arrojaban en el mar los
+purgadores de las calderas, uníanse dos arroyos de líquido jabonoso y
+negruzco expelidos por la proa y la popa.
+
+Velaban con interés egoísta los de la comisaría por la salud y la
+limpieza del rebaño humano. Temían a las oficinas de inmigración de
+Buenos Aires, prontas a rechazar las gentes enfermas o de contagiosa
+suciedad, obligando al buque a repatriarlas gratuitamente.
+
+En los «latinos» de proa verificábanse iguales transformaciones. Las
+comadres de Nápoles y de Castilla abrían sus arcas para extraer sayas y
+corpiños. La _señá_ Eufrasia tronaba majestuosa con un pañolón de
+encendidas flores, admirado por todos, y que parecía agrandar su
+autoridad.
+
+Los árabes, por el contrario, perdían su aspecto interesante. No más
+casquetes rojos ni pañuelos de colores a guisa de turbantes y fajas. El
+Emir se había despojado de su caftán de seda, e iba vestido como los
+demás, con un terno a cuadros y un sombrero tirolés. ¡Adiós poesía! El
+príncipe de ojos de brasa, que habían perturbado por unas horas a la
+sensible Nélida, era vendedor ambulante en Buenos Aires. Su comercio
+consistía en una larga batea llena de objetos baratos, que paseaba con
+un socio compatriota, alborotando juntos los suburbios de la ciudad con
+el pregón de su industria: «¡A veinte centavos! ¡Todo a veinte!».
+
+Se había transfigurado también la cubierta de paseo. El espacio parecía
+mayor. Al disminuir el número de viajeros eran más escasos los sillones,
+y los paseantes podían caminar sin obstáculos. Además, la gente se
+ocultaba para hacer los preparativos de desembarco.
+
+Permanecían las señoras en sus camarotes la mayor parte del día
+arreglando sus equipajes. Sólo después de las comidas se formaban
+tertulias en el jardín de invierno; tertulias amistosas, sin rivalidades
+en el traje ni en las joyas, vistiendo cada cual a su gusto, como gentes
+preocupadas por una tarea extraordinaria y faltas de tiempo para pensar
+en el propio adorno.
+
+Sólo quedaban horas contadas de viaje: aquel día y parte del siguiente.
+Al anochecer tocarían en Montevideo, y antes de que amaneciese saldrían
+para Buenos Aires.
+
+Mostrábanse las gentes poco comunicativas, con una creciente
+predisposición al aislamiento, agobiadas cada vez más por las
+preocupaciones que parecía sugerirles la proximidad de la tierra. Los
+socios fraternales de empresas ilusorias acariciadas durante el viaje se
+iban distanciando con cierta melancolía. Cosas más inmediatas y
+mediocres, realidades ineludibles, iban a asaltarlos tan pronto como
+descendiesen en el muelle terminal.
+
+--De aquel negocio--se decían con mentida sonrisa--ya hablaremos en
+Buenos Aires. Tiempo nos queda... Habrá que pensarlo bien, porque tiene
+sus dificultades.
+
+Estas dificultades, hasta entonces no sospechadas, surgían de pronto,
+como surgen los escollos al rasgarse la bruma cerca de una costa.
+
+Un ambiente de duda, de timidez y mutismo se extendía por el buque según
+éste iba avanzando. Los emigrantes de popa, esquilados, rapados y
+vestidos de limpio, permanecían silenciosos, con visible indecisión.
+Parecían catecúmenos que luego de las abluciones y de vestir nuevas
+túnicas no saben qué otra ceremonia les aguarda más allá de la puerta
+cerrada. Miraban con inquietud la tierra que iba costeando la nave, una
+barrera amarilla, ondulosa, de cumbres bajas. ¿Qué encontrarían en
+aquella América?... Ya no sonaba el acordeón; los rusos habían olvidado
+su danza gimnástica.
+
+Los bulliciosos «latinos» de la proa también estaban silenciosos y
+preocupados, como los navegantes que avistan una tierra nueva.
+Únicamente el Emir y algunos españoles que llegaban a la Argentina por
+segunda vez parecían contentos. La gaita pastoril sonaba lo mismo que
+las otras tardes en el silencio del mar, pero su dulzura bucólica tenía
+cierto temblor de sonrisa. El tañedor era de los que regresaban a la
+tierra americana, saludándola con su música simple. En el muelle iba a
+encontrar los amigos de su pueblo, su familia, todos los atractivos de
+una nueva patria libremente escogida.
+
+El _Morenito_ callaba, como si se reconociese de pronto sin autoridad y
+sin fuerza para aleccionar a aquellos jóvenes cansados de admirarle. Lo
+que ellos admiraban ahora era la faja amarilla de la costa, que iba
+desarrollando ante el buque sus entrantes y salientes. Veíanse faros, de
+cuyos vidrios arrancaba el sol una flecha roja; pinceladas blancas que
+eran pueblos, y masas obscuras, largas, uniformes, que eran arboledas.
+
+Comenzaba a dudar el valentón, sumido en el silencio. Avisábale un
+obscuro instinto lo quimérico de los planes heroicos concebidos en la
+soledad oceánica. La tierra cercana parecía repeler sus valerosas
+concepciones. Percibía en torno de él un ambiente de restricción y de
+orden más imperioso que el que había dejado a sus espaldas al
+embarcarse. Tenía menos fe en la posibilidad de una partida para hacerse
+rico y en todas las matanzas soñadas de indios bravos a tanto por
+cabeza. Ahora más que antes necesitaba la presencia y el consejo de don
+Isidro para que le infundiese ánimos con su sabiduría. Pero ¿dónde
+estaba don Isidro?...
+
+Muchos, en el castillo central, podían haberse hecho la misma pregunta
+de no estar preocupados con los preparativos del desembarco. Maltrana,
+desde la salida de Río Janeiro, se dejaba ver muy poco, y más bien
+parecía huir de la popularidad que le había proporcionado su heroísmo.
+Esta fuga iba acompañada de un acicalamiento extraordinario de su
+persona. Se hermoseaba por instantes, a impulsos de un firme deseo de
+parecer mejor.
+
+«La juventud no es más que una voluntad--pensaba Ojeda--. Cada hora que
+transcurre parece más joven. Bien se conoce que está enamorado. Nada
+rejuvenece a un hombre como el amor.»
+
+El fugitivo Maltrana evitaba igualmente el encuentro con su amigo. El
+día antes sólo le había visto Fernando dos veces: a las horas de comer.
+Irritado a causa de este apartamiento, acabó por hablarle con
+hostilidad. Era un Maltrana distinto al de los días anteriores. Nélida
+le había influenciado, participaba de sus odios, y tal vez por esto huía
+de él como si fuese un enemigo.
+
+Le felicitó Ojeda agresivamente por su buena fortuna, y Maltrana, con la
+ceguera del hombre amado, aceptó ingenuamente estos plácemes
+venenosos... Sí; estaba contento de la vida. Alguna vez le había de
+tocar a él.
+
+--Bien sé que no soy gran cosa--dijo con falsa modestia; pero así y
+todo, alguien se ha fijado en mí. A veces tiene éxito la fealdad.
+Además, me encuentran una cabeza de carácter; voy afeitado, y esto gusta
+a algunas personas más que los bigotes.
+
+Había desaparecido para los dos amigos todo afecto. Nélida estaba entre
+ellos fomentando un sentimiento irresistible de rivalidad.
+
+Creyó Fernando que debía romper para siempre con su compañero. Fue un
+movimiento del que se arrepintió a los pocos instantes, cuando sus
+palabras ya no tenían remedio.
+
+--Siga usted su buena suerte, Maltrana. Y como puede traerle perjuicios
+y disgustos el ser amigo mío, que cada cual eche por distinto lado... y
+como si no nos conociésemos.
+
+Habían pasado sin hablarse la tarde y la noche del día anterior. Durante
+la comida buscó Isidro con sus ojos la mirada de Fernando, como un perro
+humilde que intenta volver a la gracia de su dueño. Pero un sentimiento
+de dignidad y el egoísmo de no perder sus buenas relaciones con Nélida
+le mantuvieron en silencio. El otro, por su parte, mostrábase fosco,
+huyendo su mirada de la de Isidro, pero compadeciéndole interiormente.
+¡Pobre muchacho! La única culpable era aquella loca, que se había
+propuesto enemistarlos.
+
+A la mañana siguiente, Maltrana no pudo resistir por más tiempo esta
+separación, y abordó a su amigo en la cubierta. Parecía desesperado.
+¡Que unos hombres como ellos, que hacían el viaje lo mismo que hermanos,
+fuesen a pelearse al final!...
+
+--No hay mujer que valga lo que una buena amistad... Es una simpleza
+reñir por esa loquilla, que no sabe ciertamente lo que quiere... Venga
+esa mano, Ojeda. Y si no quiere darme la mano, déme dos puntapiés: es lo
+mismo. Lo importante es que volvamos a ser lo que éramos antes.
+
+Y se unió a él como al principio del viaje, permaneciendo a su lado más
+tiempo que junto a Nélida. Ésta rondaba cerca de ellos, y sólo a fuerza
+de guiños y manoteos conseguía arrastrar a Isidro por algunos instantes.
+En vano lo increpaba viéndole con el otro. Manteníase firme en su
+amistad, y dispuesto a seguir a Ojeda y dejar a Nélida si ésta insistía
+en sus odios.
+
+Acodados en la borda, contemplaban los dos amigos el color del agua.
+Había cambiado de tono. Ya no tenía el azul grisáceo de los mares
+europeos, el azul dorado del trópico ni el azul profundo y luminoso de
+las costas brasileñas. Ahora su coloración era verde, un verde claro con
+reflejos amarillentos. Y así como el buque iba avanzando, sobreponíase
+el amarillo al verde, hasta que las aguas tomaban un color terroso
+semejante al de los ríos desbordados, como si el Océano recibiera la
+avalancha de una enorme inundación.
+
+El doctor Zurita se unió a ellos. Era por la tarde, después del
+almuerzo.
+
+--¿Miran ustedes el agua?--preguntó--. Esa agua ya es nuestra, tiene más
+de dulce que de salada; viene del corazón de América. Es el río de la
+Plata, que, al desembocar, se extiende leguas y leguas mar adentro.
+
+Alegrábase el doctor contemplando el color de las aguas, como si con
+ellas viniese a su encuentro algo de la patria. Aún estaban muy lejos de
+la desembocadura del río, y sin embargo enviaba hasta allí su corriente,
+modificando el sabor y el color del Océano.
+
+--Es enorme nuestro río, ¿no?... ¿Qué le parece, _che_?--preguntaba con
+orgullo patriótico, gozándose de la estupefacción de Maltrana.
+
+Los dos amigos hablaron de la falsedad de su título. Gaboto lo había
+bautizado con el título de río de la Plata por varias planchuelas
+procedentes del alto Perú que le habían trocado las tribus, pero jamás
+en sus riberas se había encontrado una pepita de dicho metal. Era más
+justo su primer nombre de «Mar Dulce»: expresaba mejor su acuática
+inmensidad, sin orillas visibles.
+
+Revivió en la memoria de los dos españoles la tragedia de su
+descubrimiento. Pocos años después de la muerte de Colón, ya navegaban
+por estas latitudes los navíos españoles buscando un estrecho para pasar
+al otro Océano, al llamado mar del Sur, descubierto por Balboa. Deseaban
+llegar a las espaldas de Castilla del Oro, que así se titulaba entonces
+la parte conocida de la América Central.
+
+Díaz de Solís, piloto mayor de Castilla, que mandaba estas naves, al
+avistar la enorme embocadura metíase por ella, creyendo haber encontrado
+el ansiado estrecho, pero la dulzura de las aguas le hacía abandonar su
+ilusión. Aquel mar de agitado y continuo oleaje, sin costas visibles,
+era simplemente un río. ¡Prodigios que reservaban las misteriosas Indias
+occidentales a los nautas del viejo mundo!...
+
+Así quedaba descubierto el «Mar Dulce de Solís», pero el descubridor
+pagaba su hazaña con la vida. Gran marino, pero mediocre hombre de
+pelea, acostumbrado al tranquilo manejo de las cartas de navegar, al
+examen de los pilotos en la «Casa de Contratación» de Sevilla, y sin
+experiencia en los ardides de la guerra indiana, había bajado a tierra
+creyendo en los signos de paz de los indígenas, y éstos lo habían
+asesinado a la vista de sus gentes en las orillas del mismo río que
+acababa de descubrir, asando luego su cuerpo para devorarlo en sagrado
+banquete. Y la pequeña expedición, que sólo iba a la descubierta, sin
+haber hecho preparativos de guerra, huía río abajo despavorida por esta
+tragedia.
+
+El duro Oviedo, historiador y hombre de combate, apenas se apiadaba del
+infortunio de Solís al hacer su relato. Le parecían naturales estas
+catástrofes siempre que se enviasen hombres de mar al descubrimiento de
+las nuevas tierras. Los nautas eran únicamente para el manejo de las
+naos que condujesen a los verdaderos conquistadores. Y éstos debían ser
+hombres de coraza, hombres de a caballo, incapaces de confianzas y
+blanduras.
+
+--¿Saben ustedes--preguntó Maltrana--qué recompensa pidió Solís al rey
+antes de embarcarse para hacer este descubrimiento?
+
+Acordábase de lo que había leído años antes en los documentos del
+archivo de Simancas, cuando tomaba notas para una obra de encargo.
+
+La monarquía andaba escasa de dinero en aquellos tiempos, y sus
+servidores, dando por inútiles las peticiones monetarias, solicitaban
+como premio concesiones y cargos. Solís, que era una autoridad
+científica de su época, el primer sabio oficial en las cosas del mar,
+explotaba su prestigio desde Sevilla, aprovechando todas las ocasiones
+favorables para formular una petición. Don Fernando el Católico, a su
+demanda, le concedía los bienes de un vecino que se había suicidado. En
+aquellos siglos, la fortuna del suicida pasaba a la corona. Luego, a la
+hora de embarcarse para su última expedición, el piloto mayor solicitaba
+un premio más extraordinario y raro como recompensa de sus futuros
+servicios.
+
+--La noble ciudad de Segovia no tenía mancebía--continuó Maltrana--. A
+juzgar por un informe de Solís al rey, las mujeres de partido
+distribuían sus favores en unos corrales de ganado de las afueras, y él
+solicitó para sí y sus descendientes el privilegio de poder establecer
+una mancebía oficial dentro de los muros de la ciudad. Así se lo
+prometió el Rey Católico; pero el gran piloto acabó sus días en estas
+tierras, sin que pudiese montar su industria de Segovia.
+
+Intervino Ojeda al ver el gesto escandalizado del doctor Zurita.
+
+--Cada época tiene su moral y sus preocupaciones. Durante la Edad Media,
+lo mismo en España que en otros países, el monopolio de las mancebías
+fue una de las mejores rentas de muchas casas nobles. Esta merced sólo
+la daban los reyes en pago de grandes servicios. Famosos monasterios
+gozaban de tal concesión, para aplicar sus productos a las necesidades
+del culto. Algunas veces eran conventos de mujeres los que disfrutaban
+dicho privilegio, y sus aristocráticas abadesas recibían sin escrúpulo
+el dinero de las pecadoras de «cinturón dorado».
+
+Zurita hizo gestos afirmativos. Algo de eso lo había leído él, y no le
+causaba escándalo el premio solicitado. Lo que llamaba su atención era
+que en todo el descubrimiento de América únicamente se le hubiese
+ocurrido solicitar tal merced al primer explorador del río en cuyas
+riberas había de nacer años adelante la ciudad de Buenos Aires. Se
+acordó de las innobles industrias establecidas con profusión en la gran
+urbe inmigratoria por extranjeros ávidos de ganancia; de la trata de
+mujeres, que extendía desde allí su reclutamiento a diversos países de
+Europa. La antigua «madre» de la mancebía clásica había sido sustituida
+por hombres de negocios que comerciaban en carne humana.
+
+--¡Qué casualidad!--continuó Zurita--. Cualquiera diría que Solís
+adivinaba el porvenir...
+
+La atención de los tres se sintió atraída por los muchos buques que
+navegaban en dirección contraria al _Goethe_. Hasta entonces, el Océano
+se había mostrado con una soledad majestuosa. Sólo después de varios
+días asomaba en lontananza la nubecilla de un vapor o la pincelada gris
+de un velero. Ahora se poblaba su extensión amarillenta con buques de
+todas clases: fragatas cabeceantes que hundían sus proas en la espuma a
+impulsos de los hinchados trapos; vapores negros que regresaban a Europa
+después de librar su cargamento de carbón; goletas minúsculas
+inclinándose sobre las olas con una inestabilidad que arrancaba gritos
+de miedo a las mujeres agrupadas en las bordas del _Goethe_. Este
+tránsito de buques era semejante al de los vehículos y peatones que en
+pleno campo anuncia la cercanía de una enorme ciudad todavía oculta. Iba
+entrando el trasatlántico en la gran corriente de navegación que hace
+del río de la Plata una de las avenidas más frecuentadas del comercio
+mundial.
+
+Empezó la gente a fijarse en una isla que desde mucho antes había
+aparecido ante la proa. El buque pasaba entre ella y la costa lejana.
+
+--¡Los lobos! ¡los lobos!--gritaron de un extremo a otro del paseo.
+
+Y corrían los niños, sintiendo la emoción de los cuentos maravillosos
+que infunden pavor, y tras ellos las criadas, las madres, todas las
+mujeres, con una curiosidad igual a la de los pequeños.
+
+Pasábanse los anteojos para ver los lobos marinos descansando en filas a
+lo largo de la isla y en torno a un faro. Algunos de estos animales
+parecían figuras yacentes sobre el pedestal de una roca. El sol de la
+tarde se reflejaba en sus húmedas envolturas, dándolas un reflejo de
+oro. Eran a modo de pellejos de aceite rematados por una cabeza de perro
+chato. Permanecían inmóviles, flácidos, torpes, bajo la caricia pálida
+de los rayos solares, rezumando grasa por sus poros. Muchos parecían
+dormir. Algunos más jóvenes, como si presintiesen un peligro al
+aproximarse al buque se arrastraban sobre sus cortas nadaderas,
+arrojándose al agua con el estrepitoso chapoteo de un odre inflado.
+Luego reaparecían, asomando a flor de agua su cabeza semejante a una
+pelota negra con mostachos. Esta isla era el término de su avance desde
+los glaciales mares del Sur. Hasta allí llegaban, viniendo de los bancos
+de hielo, para explorar la amplia boca del estuario del Plata.
+
+Desapareció el sol tras una barrera de nubes. Esfumábase la costa con
+una bruma rojiza. El agua tomó de pronto el tono sombrío de un mar de
+invierno. Muchos se estremecieron de frío en sus trajes veraniegos.
+Maltrana creyó que el lejano Polo les enviaba su respiración antes de
+que lograsen introducirse en el abrigo del estuario.
+
+--¡Con tal que no tengamos bruma!--dijo el doctor--. La niebla en el río
+es de lo más fregado. Hay necesidad de parar a cada momento, de hacer
+señales, para evitar un choque... ¡Cosa pesada!
+
+Luego invitó a los dos amigos a que lo acompañasen en su visita a las
+máquinas del buque. No quería desembarcar sin conocer el alma de este
+hotel flotante en el que había vivido quince días. Deseaba hacer
+partícipes de sus emociones a las señoras de la familia, pero todas se
+habían negado: «¡Las máquinas! ¡Ay, no! ¡Qué suciedad!». Y el buen
+doctor, como si no pudiese realizar la visita sin un compañero que
+recibiese sus impresiones, insistió, hasta conseguir que los dos amigos
+le acompañasen por los tortuosos corredores de la cubierta baja.
+
+El mayordomo hizo girar una puertecilla, y se vieron en una especie de
+patio interior semejante a los que se abren en mitad de los grandes
+edificios para darles aire y luz. Su altura era la del buque, desde la
+quilla a la última cubierta, y en sus cuatro paredes blancas y lisas no
+había otra comunicación con el resto del trasatlántico que la pequeña
+puerta de entrada. Varias galerías de hierro marcaban los diversos pisos
+de este departamento que ocupaba toda la parte central del navío.
+
+Un emparrillado de acero dividía el gran pozo cuadrado y blanco en dos
+secciones. Pasaban a través de él los émbolos de las máquinas, subiendo
+y bajando incesantemente en sus cilindros verticales. Más abajo de esta
+plataforma estaban las máquinas, y los tres visitantes llegaron a ellas
+descendiendo por varias escalerillas de acero. Llevaban en las manos
+pedazos de estopa para defenderse de la grasa que parecía sudar el metal
+de las barandas y paredes. Un calor pegajoso oprimía el pecho, al mismo
+tiempo que pinchaba el olfato con hedores de hulla y aceite mineral.
+
+Al llegar a lo último de este amplio pozo, junto a la quilla, donde
+estaban las máquinas y sus servidores, el calor era menos denso.
+Sentíase un latigazo de aire glacial al pasar junto a las bocas de los
+grandes ventiladores.
+
+Era un panorama de troncos metálicos animados por inquieta nerviosidad;
+una vegetación de acero que movía sus ramas, subía, bajaba y se
+entrechocaba, haciendo penetrar los diversos tentáculos unos en otros.
+El brillante metal lanzaba al moverse un resplandor blanco y viscoso.
+
+Todo este organismo inquieto y vibrador, que parecía fabricado de plata
+y de grasa, no dormía a ninguna hora. Había empezado su movimiento en el
+mar del Norte y lo continuaba a través de medio planeta, indiferente al
+cansancio, lo mismo de día que de noche, a la hora en que los hombres
+viven, a la hora en que los hombres sueñan, bajo el sol y bajo las
+estrellas, como si el tiempo y la distancia careciesen de realidad ante
+su vigor sobrehumano. Las breves inmovilidades en los puertos no
+significaban para él inercia y descanso. Sus miembros férreos quedaban
+en corto reposo, pero el fuego vivificante seguía ardiendo en sus
+entrañas. La sangre blanca del vapor continuaba circulando por el
+sistema arterial de sus válvulas y tuberías.
+
+Precedidos por un hombre rubio y flemático con galones plateados en las
+bocamangas y la gorra, iban los tres visitantes por entre las máquinas
+enclavadas en el fondo de este espacio cuadrangular. Las paredes subían
+lisas, iguales, sin una ventana, sin el menor resquicio, unidas por las
+diversas galerías y la plataforma. Pero estos obstáculos únicos eran
+casi transparentes, con la sutilidad de los enrejados de metal, a través
+de los cuales pasa la mirada. En lo último, a catorce metros de altura,
+estaban alzadas las tapas de cristales sobre la cubierta de los botes,
+dejando ver dos fragmentos de cielo.
+
+El doctor Zurita se enteró minuciosamente de las funciones de las
+diversas máquinas. Las dos más grandes, que ocupaban con sus majestuosas
+dimensiones la mayor parte del espacio, eran las generadoras del
+movimiento del buque, las propulsoras de las hélices. A un lado una
+máquina más pequeña, productora de la luz; a otro lado la del frío, para
+los depósitos de alimentos y las necesidades de la vida a bordo,
+organismo potente y triunfador que en aquella atmósfera cálida, cerca de
+los hornos inflamados, mantenía sus tuberías y cilindros bajo el forro
+lagrimeante de una gruesa costra de hielo.
+
+Avanzaron sobre un piso de placas de metal. En unos lugares percibían
+sus pies la frescura de la humedad; en otros aplastaban como arena
+crujiente el polvo diamantino de la hulla. De pronto, percibían en sus
+cabezas un torbellino glacial, inesperado, que cosquilleaba las narices
+con la picazón del estornudo y parecía querer arrebatarles las gorras.
+Mirando a lo alto, se encontraban con la boca de un tubo enorme que
+subía y subía, pulido y circular como el interior de un telescopio, con
+gran parte de su redondez de intestino sumida en la obscuridad y un
+débil resplandor de tragaluz allá en lo alto, junto a la boca curva e
+invisible. Era un ventilador de los que alzaban sus trombones amarillos
+sobre las diversas cubiertas. Y estos tubos de ventilación, así como
+otros túneles verticales abiertos desde las máquinas a lo alto del
+navío, tenían en sus paredes estribos de acero que servían de peldaños;
+leves escaleras por las que podían trepar las gentes de las máquinas en
+momentos de peligro.
+
+El guía de los galones plateados abrió una puerta de acero pequeña como
+una ventana y del espesor de un muro. Su cierre, instantáneo, hermético,
+absoluto, era semejante al de las piezas de artillería. Iba a
+enseñarles uno de los dos túneles por los que pasaban los árboles de las
+hélices. Entraron agachando la cabeza en una galería angosta de más de
+treinta metros de longitud, ocupada únicamente por una barra de acero
+que giraba y giraba tendida en sus ajustes, brillando como una espiral
+de mercurio. Un rosario de bombillas eléctricas alumbraba día y noche la
+continua rotación en el silencio y la soledad de esta alma metálica,
+señora absoluta del túnel submarino. El lado interior de la galería era
+vertical; el exterior abríase en ángulo hacia arriba, marcando el
+arranque del vientre de la nave. Una lluvia menuda y lubrificadora caía
+sobre el árbol para facilitar y enfriar el frotamiento de su incesante
+rotación.
+
+Zurita quiso saber a qué profundidad estaban en aquel sitio. Hallábanse
+siete metros más abajo de la superficie del Océano.
+
+--¡Lo que nadará en estos momentos sobre nuestras cabezas!--dijo
+Maltrana, ¡Los apreciables vecinos que tal vez colean al otro lado de
+esta pared!
+
+Y daba con los nudillos en el muro de acero, sordo, durísimo, semejante
+a un bloque inmenso, tras el cual era difícil imaginarse la más leve
+oquedad.
+
+El extremo del árbol, que en sus incesantes vueltas se perdía al final
+del túnel, les inspiraba no menos admiración. Ni un ruido, ni el más
+leve roce. Y sin embargo, la espiral de plata, atravesando la popa del
+buque, surgía en pleno Océano para levantar un torbellino espumoso con
+las revoluciones vertiginosas de sus uñas retorcidas. La idea de que
+estaban a siete metros bajo del agua, y que bastaría la más pequeña
+grieta en el túnel para morir instantáneamente, aislados por la puerta
+inconmovible, produjo cierta angustia en Maltrana.
+
+--Esto ya está visto. ¿Si fuésemos a visitar algo más interesante?...
+
+Su pasaje por las calderas fue breve; las hornallas en fila expelían un
+calor infernal. Asomáronse a un departamento negro, en el cual se
+agitaban varios hombres medio desnudos, con un gorrito blanco en la
+cabeza. Eran de pelo rubio, flacos, como si el excesivo calor hubiese
+derretido su grasa, pero con gruesos tendones y robustas coyunturas, que
+al menor esfuerzo se marcaban vigorosamente. Cuando abrían la portezuela
+de un horno para echar en él paletadas de carbón, su resplandor lo
+iluminaba todo con reflejos de incendio, y los hombres blancos de ojos
+azules aparecían grotescos y terribles bajo el hollín que tiznaba sus
+caras y sus miembros. Al cerrar la portezuela volvía el departamento a
+sumirse en una penumbra saturada de polvo de carbón. Los pies se movían
+como en una playa crujiente sobre la hulla desmenuzada. Un sabor de humo
+y de grasa descendía por las gargantas.
+
+Volvieron a las máquinas, y junto a ellas escucharon las explicaciones
+del guía. En las entradas y salidas de los puertos, en todo momento
+difícil, el primer ingeniero se colocaba en una galería alta, lo mismo
+que el comandante del buque tomaba su sitio en el puente. Los dos
+gobernantes de este mundo interoceánico vigilaban sus respectivas
+funciones: uno la dirección; otro el movimiento. Y el telégrafo interno
+de señales unía las dos inteligencias con rápidas comunicaciones.
+
+Junto al primer ingeniero se colocaba el segundo, encargado de recibir
+los avisos del puente y transmitirlos abajo a las máquinas. Dos
+maquinistas--que con la afición germánica a los títulos y jerarquías se
+titulaban ingenieros terceros--cuidaban, cada uno por separado, de los
+dos grandes motores que hacían marchar al buque. Otro ingeniero tercero
+vigilaba las máquinas auxiliares productoras de la luz y el frío.
+
+Al terminar el viaje redondo, cuando el trasatlántico regresaba a
+Hamburgo, sus máquinas eran reparadas minuciosamente. Durante quince
+días recibía los mismos cuidados que un caballo de carreras que se
+prepara para una nueva corrida.
+
+Los tres visitantes admiraron el silencio y la sumisión con que estos
+organismos enormes cumplían sus funciones cual si tuvieran un alma y se
+sometiesen voluntariamente a una disciplina. Ni el más leve ruido
+alteraba el silencio del metal que se movía envuelto en la sordina de la
+grasa. Todos los organismos funcionaban con la suavidad discreta del
+lubrificante.
+
+El acero arrollado en tubos, extendido en placas, alargado en émbolos,
+redondeado en discos, permanecía callado e impasible, sin transpirar el
+misterio ruidoso de las potencias que se agitaban en sus entrañas. Su
+rigidez no dejaba adivinar con palpitaciones materiales el agua
+abrasadora, el vapor asfixiante, el fuego anonadador, a los que bastaba
+el más leve escape para atraer la catástrofe y la muerte. Las fuerzas
+ciegas y crueles estaban domadas, canalizadas, sumisas, dúctiles, se
+transformaban en silencio; realizaban sus transmutaciones de vida con
+religioso quietismo. Únicamente el calor espeso, pegajoso, húmedo, con
+su perfume picante de hulla, denunciaba la presencia del gran misterio
+de los tiempos modernos: la engendración del movimiento en el seno del
+metal.
+
+Isidro se maravillaba de la sencillez con que estas máquinas gigantescas
+cumplían su función.
+
+--¡Quién diría que estamos en un buque!--exclamó--. Usted, Fernando, que
+es poeta, u otro escritor profesional, si hubieran de describir esta
+parte del _Goethe_, ¡qué cosas tan hermosas dirían... y tan falsas! De
+seguro que el lugar donde estamos sería el templo del fuego y las
+máquinas los altares. El viejo dios Baal saldría a colación, y además un
+sinnúmero de imágenes interesantes sobre la lucha del buque, que lleva
+una hoguera en sus entrañas, con el ímpetu de las frías olas: el
+conflicto entre el fuego y el agua...
+
+Tal vez este lugar del trasatlántico ofrecía un interés dramático en
+noches de tempestad, cuando los hombres alimentaban las inquietas
+máquinas, expuestos a quemarse mientras arriba pasaban las olas sobre la
+cubierta, y todo el buque temblaba y se acostaba bajo los fieros golpes.
+¡Pero ahora!...
+
+--Es difícil imaginarse--continuó Maltrana--que estamos en el Océano y
+estas máquinas sirven para remover las aguas marchando sobre ellas. En
+nada se adivina la proximidad del mar. Lo mismo podrían ser las máquinas
+de una fábrica de zapatos o de tejidos. Sólo falta el ruido de los
+talleres para que la ilusión sea completa.
+
+Subieron después las escalerillas, respirando con deleite al llegar a la
+cubierta. La tarde estaba cada vez más obscura, como si en mitad de ella
+fuese a caer la noche. No se veía la costa. Una muralla gris alzábase
+entre ella y el buque, y parecía avanzar con lentitud, devorando el
+verde polvoriento de las aguas.
+
+--¡Pucha! ¡La niebla!--exclamó Zurita--. Tenemos para rato. A saber
+cuándo llegaremos a Montevideo.
+
+Separáronse los tres, como si experimentasen la necesidad de hablar con
+otras personas después del mucho tiempo que llevaban juntos. El doctor
+se fue en busca de las damas de su familia, para contarles lo que había
+visto. Ojeda siguió adelante por la cubierta, en silencioso paseo.
+Maltrana le abandonó al pasar ante «el rincón de las cocotas». Le atrajo
+el verlas a casi todas con los sillones juntos, apretadas en torno de
+Madama Berta, la andariega veterana, cuyos consejos oían religiosamente
+en asuntos de América. La proximidad al término del viaje las hacía
+buscarse y apelotonarse con una solidaridad profesional, como si
+adivinasen peligros cercanos que debían arrostrar en común.
+
+Las que hacían su primer viaje eran miradas por las otras con lástima y
+envidia. ¡Quién tuviese sus ilusiones!... Recordaban las esperanzas
+risueñas, las doradas mentiras que las habían acompañado en su llegada
+al río de la Plata. Y después, ¡habían visto tanto!...
+
+Berta calló al notar que un hombre se había aproximado al grupo. Pero
+era Maltrana, un amigo de confianza, y siguió hablando a la joven
+Ernestina, la de la hermosa cabellera, a la que rodeaban todas con
+cierta predilección, cual si fuese una hermana menor, inocente y mimada.
+Sus gracias decadentes y artificiales parecían avivarse al contacto de
+esta juventud inconsciente y esplendorosa.
+
+--Cuando yo llegué aquí, hace quince años--dijo Berta--, ¡qué cosas
+traía en la cabeza! Iba a poner el pie en el país del oro; tenía miedo
+de llegar tarde, de que otras se me adelantasen pillando lo mejor...
+Creía que el buque no avanzaba con bastante rapidez por el río; contaba
+los números pintados en unas boyas que marcan el canal para los vapores
+grandes. Sesenta y cuatro... sesenta y tres; ya no faltaban más que
+sesenta y tres kilómetros para llegar a Buenos Aires. ¡Bestia de mí!
+Siempre se llega demasiado pronto. ¡Para lo que se encuentra al
+final!...
+
+Y una sonrisa de cansancio dejaba al descubierto su dentadura con
+engastes de oro.
+
+Ernestina expuso sus ilusiones, acompañándolas con un gesto de humildad.
+Ella era artista y ansiaba la gloria. Su porvenir estaba en el teatro.
+Iba a hacer la vida alegre y tarifada en esta América, de la que le
+habían dicho maravillas, pero por escaso tiempo y con pretensiones
+modestas. Sólo aspiraba a reunir cincuenta mil francos. Con esta
+cantidad y su aspecto, que no era del todo malo, pensaba abrirse paso en
+París. Obligaría a un director de teatro a que la contratase,
+interesándose en su empresa con unos cuantos miles de francos; pagaría a
+los críticos. Lo importante era debutar, y luego... ¡luego!... Brillaba
+en sus ojos el resplandor de ilusión y de engaño que inflama a todos los
+visionarios de la gloria. ¡Cincuenta mil francos!... ¿No los encontraría
+en aquel país de ricos una mujercita como ella, amable y joven... y
+artista? Y su fe en el porvenir se apoyaba especialmente en esta última
+cualidad.
+
+Las oyentes la escuchaban con expresiones contradictorias. Unas creían
+realizable su ilusión. Otras, fatalistas y melancólicas, torcían el
+gesto. Sabían lo que podía alcanzarse en aquella tierra. Vivir nada
+más... y gracias. Al principio, una gloria rápida, y luego, la miseria:
+una miseria peor que la de Europa.
+
+--¡Cincuenta mil francos!--dijo Berta--. No es mucho. Todo depende de
+la suerte: del primer amigo que encuentres. Tal vez los hagas en dos
+meses, tal vez tardes años; tal vez no los juntes nunca.
+
+Y le daba consejos inspirados por su larga experiencia. El peligro era
+el hombre americano, el jovencito simpático y moreno, arrogante unas
+veces, como macho dominador, dulzón otras, con una suavidad de manteca,
+gran bailarín, que conquistaba a las mujeres meciéndolas en sus brazos
+al compás del tango, generoso y manirroto hasta el deslumbramiento en
+las primeras semanas de la iniciación, hábil después para recobrar lo
+suyo y llevarse algo más si era posible, con pretexto de pérdidas en el
+juego.
+
+Berta iba indicando los remedios autoritariamente, como un sargento que
+lee a los reclutas los artículos de la Ordenanza.
+
+--Lo primero que debes hacer es dejarte el corazón en el barco y bajar a
+tierra sin él. Aquí no venimos a enamorarnos: venimos a hacer plata. Eso
+es... Luego, cuando recojas dinero no lo guardes contigo, pues te lo
+sacarán. No, no muevas la cabeza: te lo sacarán. Tú no sabes qué gentes
+hay en Buenos Aires; lo mejorcito de cada país. Yo soy yo, y sin embargo
+me han engañado muchas veces. Las mujeres somos bestias cuando nos vemos
+solas en un país extranjero y sentimos la necesidad de un verdadero
+amigo... Todos los sábados irás al Banco Francés para depositar tus
+ahorros. O mejor aún, los giras directamente a Francia. Así no corres el
+peligro de que tu amigo se entere y te los haga sacar del Banco,
+convenciéndote a fuerza de besos o de bofetadas... Toma siempre dinero;
+no aceptes acciones ni papelotes de ninguna clase.
+
+En esto último insistió mucho la veterana, como si aún estuviera latente
+en su memoria algún recuerdo penoso. Señores que pasaban por millonarios
+se dejaban adorar meses y meses sin soltar más que insignificantes
+obsequios, hasta que al fin la pobre mujer creía llegado el momento de
+realizar sus esperanzas formulando una petición. «Mi gringa linda: no te
+puedo dar plata porque los negocios andan mal. Además, la plata la
+gastarías inmediatamente. Voy a darte algo mejor que asegure tu
+porvenir; voy a despojarme de un papel magnífico.» Y le entregaba un
+rimero de acciones correspondientes a una de tantas empresas ilusorias
+que diariamente se iniciaban en el país. La mujer guardaba los papeles,
+creyendo poseer una fortuna. El negocio no daba producto todavía, ¡pero
+más adelante!... Fortalecíase su fe con el ejemplo de empresas salidas
+de la nada en esta tierra de milagros, que habían llegado a realizar
+las más fabulosas ganancias.
+
+--Y la pobre--continuó Berta--sigue adorando al hombre que la ha hecho
+rica, y cuando intenta realizar su resma de títulos, se entera de que
+únicamente pueden servirle para empapelar su dormitorio.
+
+Apiadábase la veterana de la suerte de muchas que habían llegado a
+Buenos Aires con el propósito de hacer dinero en pocos meses, regresando
+inmediatamente a París, y llevaban años y años encadenadas por la
+miseria, sin esperanza de volver.
+
+La prudente Marcela, la que preguntaba a todos por la cosecha, asintió
+con movimientos afirmativos.
+
+--Su esperanza--dijo--es la misma de los hombres, que siempre aguardan
+un buen negocio el día siguiente. Y así se les pasan los años; y como
+están solas, para alegrarse un poco se entregan a la morfina, a la
+cocaína, al opio, al éter.
+
+Ignoraba la policía tales vicios. Como las gentes del país no gustaban
+de ellos, no constituían un peligro nacional. Eso era para las gringas
+nada más. Se vendían en la gran ciudad los venenos consoladores
+profusamente, y las desesperadas, sin fuerzas para volver y sin
+esperanza en el porvenir, entregábanse a ellos, contrayendo horrorosas
+enfermedades.
+
+Las más expertas del grupo convenían en sus apreciaciones. Buenos Aires,
+una buena plaza de negocios para la que supiera guardar franca la
+salida. Una ratonera mortal para la que se quedaba dentro.
+
+--Nosotras somos «golondrinas»--dijo Marcela--, lo mismo que esos
+segadores italianos que llegan todos los años en el momento de la
+cosecha, recogen sus jornales y se vuelven a su país. Es lo mejor.
+
+Maltrana sonrió contemplando a esta banda de cocotas golondrinas que
+anualmente levantaban el vuelo desde París si las noticias de la cosecha
+eran buenas. Durante su permanencia en la ciudad de la esperanza, se
+apiadaban de las compañeras que habían quedado dentro del cerco con las
+alas rotas, sin fuerzas para saltar, ebrias de veneno que reavivaba
+falsamente las ilusiones de su primero y único viaje.
+
+Un movimiento general de las gentes que ocupaban la cubierta interrumpió
+esta conversación, haciendo abandonar sus sillones a las francesas.
+Corrían todos al costado de estribor para ver en la tarde brumosa el
+bulto negro de un barco igual al _Goethe_ que avanzaba sobre él como si
+fuese a embestirlo. Algunos empezaron a sentirse inquietos por esta
+aproximación; pero cuando los dos buques estuvieron próximos, se fue
+abriendo la distancia entre sus cascos. Era un trasatlántico de la misma
+Compañía de navegación, que acababa de salir de Montevideo con rumbo a
+Europa. Venía de los puertos del Pacífico, salvando los grandes oleajes
+de los mares del Sur y los canalizos tortuosos del estrecho de
+Magallanes bordeados de montañas de hielo.
+
+Ambos buques se saludaron con los bramidos de sus chimeneas y pasaron
+muy próximos, pudiendo verse los pasajeros de uno y otro. Las bordas
+estaban ocupadas por figurillas semejantes a muñecos que agitasen
+automáticamente los brazos con un punto blanco en su extremidad: el
+pañuelo o la gorra. Habíase izado la bandera en las dos popas, y los
+alemanes la saludaron con un entusiasmo gritón: «_¡Hoch!... ¡hoch!_». La
+música del _Goethe_ subió a la cubierta de los botes, y en los
+intermedios del bramar de la chimenea oíanse los golpes del bombo y el
+armónico mugido de los instrumentos de metal. En el buque de enfrente
+también se destacaba el brillo de los cobres y las figuritas de los
+músicos, puestos en círculo en la última cubierta. Cuatro trompetas
+larguísimas, cuatro tubos semejantes a los que guiaban la marcha de los
+legionarios romanos, abrían sus bocas doradas por encima de las
+cabecitas, y en los intervalos de silencio llegaba hasta el _Goethe_ su
+lejano rugido.
+
+Los chilenos se entusiasmaron al ver este buque que venía de su patria.
+Algunos habían corrido a la oficina telegráfica para conocer los nombres
+de los compatriotas que iban a Europa en el otro trasatlántico, y los
+repetían entre ellos. Sonaban en su conversación apellidos vascos y
+andaluces de arcaico eufonismo: apellidos de los que sólo se conservaba
+en la Península un recuerdo tradicional en crónicas y comedias de otros
+siglos. Acogían con el interés de un gran suceso la noticia de los que
+marchaban al viejo mundo. Todos eran amigos, todos eran algo parientes
+en aquella República de clases cerradas, donde el gobierno y la riqueza
+se mantienen en posesión de las antiguas familias coloniales, cada vez
+más unidas por los matrimonios dentro de la misma casta.
+
+--¡Viva Chile!--gritaban enérgicamente saludando a las lejanas
+figuritas.
+
+Miraban aquel buque lo mismo que si fuese suyo porque venía de su país;
+aclamaban a las pequeñas personas alineadas en sus bordas creyendo
+reconocerlas; acogían como una respuesta a estos vivas el rugido apagado
+que llegaba hasta ellos por encima del mar. Algunos, con el
+enardecimiento de su entusiasmo, daban el viva extravagante y heroico de
+las grandes batallas, el que acompaña al populacho armado y patriótico de
+los «rotos» en sus empresas hazañescas, la aclamación reveladora de un
+carácter testarudo, capaz de ir adelante por encima de todos los
+obstáculos.
+
+--¡Viva Chile, m...!
+
+El buque se alejó con sus trompetitas brillantes en lo alto y la
+muchedumbre liliputiense alineada en los diversos pisos. Un rayo de sol
+pálido iluminó su popa durante algunos instantes con reflejos de oro
+antiguo. Luego, como si el Océano hubiese despertado únicamente para
+presenciar este encuentro, se restableció la sombra, y algo más denso
+que la sombra asaltó al _Goethe_ a los pocos minutos.
+
+Una muralla gris avanzaba sobre él, devorando el azul del cielo y el
+verde amarillento del mar. La niebla envolvió al buque cuando entraba en
+la embocadura del estuario. Empezó a navegar con lentitud. Algunas veces
+parecía detenerse, como si fluctuase indeciso, no sabiendo qué dirección
+seguir, y poco después reanudaba la marcha. Rasgaba la «sirena» de
+minuto en minuto con un aullido lúgubre esta noche blanca sobrevenida en
+plena tarde. A corta distancia de las bordas cerraba la bruma toda
+visualidad. Los que miraban abajo sólo veían unos cuantos palmos de
+superficie acuática. Más allá, el humo turbio y denso lo devoraba todo.
+El mástil de trinquete y la proa eran débiles sombras, siluetas
+borrosas, pálidos dibujos sobre un fondo gris.
+
+Muchos pasajeros, especialmente las mujeres, mostraban inquietud.
+Excitaban sus nervios los rugidos de la chimenea, que parecían
+llamamientos de socorro. Irritábales no poder ver, marchar a ciegas por
+unos parajes de frecuente navegación. Pensaban en la posibilidad de un
+choque en esta atmósfera formida y traidora. Hubiesen preferido la vida
+estrepitosa de una tempestad.
+
+A los rugidos del trasatlántico contestaban, apagados por la distancia y
+la bruma, los de otros buques. Tal vez estaban próximos. La niebla
+atenúa los sones. Para suplir la intermitencia de los bramidos de la
+chimenea, la campana del vapor tintineaba incesantemente, movida por un
+grumete. Este repiqueteo, semejante a un toque de misa, excitaba aún más
+la nerviosidad de las señoras. Criticaban muchos al capitán porque
+seguía adelante, exponiéndolos a un choque con otro buque o a encallar
+en los bajos del río.
+
+De pronto, un silbido en el puente, un estrépito en la proa de
+cabrestantes sueltos y cadenas escurriéndose. El buque quedó inmóvil;
+acababa de anclar, en espera de que se aclarase la atmósfera.
+
+Y entonces, por una de esas inconsecuencias propias de las muchedumbres,
+se reprodujo la protesta en los mismos que se habían quejado al ver el
+buque en marcha. ¡Estos alemanes cachazudos y prudentes! Un capitán de
+otro país hubiese seguido adelante.
+
+Las mujeres golpeaban el suelo con el pie. ¿Cuándo entrarían en
+Montevideo? Tal vez pasasen la noche en el río; tal vez no llegarían a
+Buenos Aires en todo el día siguiente. El doctor Zurita hablaba de
+nieblas que habían durado tres días.
+
+--Y aquí nos quedaremos, lo mismo que si estuviésemos en una isla...
+¡Qué fregatina!
+
+Pronto se cansaron los pasajeros de contemplar la cortina de bruma.
+Muchos creían ver en su densa superficie bultos negros que surgían de
+pronto y se agrandaban, siluetas de buques viniendo sobre ellos a todo
+vapor. Acabaron por resignarse, mostrando un valor fatalista; lo que
+hubiese de ocurrir era inevitable. Además, el buque seguía lanzando cada
+medio minuto un bramido indicador de su presencia. Y paseaban por la
+cubierta con cierto entorpecimiento, con una sensación de extrañeza en
+los pies, que ya estaban acostumbrados a la movilidad del suelo. Se
+habían encendido todas las luces en el interior del buque; sonaba el
+piano del salón, y pasaban junto a las ventanas parejas de danzantes
+ganosos de aprovechar la inercia de la espera.
+
+El fumadero no tenía un asiento libre. Muchos sentían la necesidad de
+beber, para quitarse el mal sabor que la niebla dejaba en las gargantas.
+Los artistas de opereta aparecían con sus mejores trajes. Se habían
+vestido a media tarde para bajar a tierra, creyendo que antes de una
+hora estarían en Montevideo. La inmovilidad del buque los colocaba en
+una situación algo ridícula: ellas oprimidas en sus vestidos flamantes,
+con grandes sombreros, sin atreverse a tomar asiento por miedo a ajar
+las faldas; ellos con el bastón en la mano, sufriendo el tormento del
+cuello alto entre las demás gentes que conservaban los cómodos trajes de
+viaje. ¡A saber cuándo podrían desembarcar!... Todos se lamentaban con
+gestos teatrales de este contratiempo de última hora.
+
+Ojeda ocupó una mesa en la terraza de fumadero con su compatriota
+Conchita.
+
+--Paisana, vamos a llegar--había dicho al verla--. Permítame que la
+invite a tomar algo. Celebremos el buen viaje.
+
+Ahora que se veía sin amistades femeniles gustábale conversar con la
+graciosa madrileña, a la que apenas había prestado atención en los días
+anteriores. Y ella, adivinando que este acercamiento repentino sólo era
+por el deseo egoísta de no verse solo, burlábase de sus aventuras en el
+buque.
+
+--A usted, paisano, únicamente le interesa lo extranjero. No tiene ni
+una mirada para lo de casa... ¡Claro! Las de la tierra somos poco
+distinguidas, no tenemos _chic_, como dicen esas señoras que hablan con
+Isidro.
+
+Fernando la miró con interés creciente. Conchita estaba libre de la
+virtuosa presencia de doña Zobeida, que andaba por abajo en arreglos de
+equipaje. Los ojitos negros tenían una expresión maliciosa y
+prometedora. A él no le parecía mal la madrileña... ¡Pero en víspera de
+la llegada a Buenos Aires! ¡Cargar con un nuevo compromiso un hombre
+como él, que iba a la ventura!...
+
+Su conversación giró al poco rato sobre el dinero y la nueva vida que
+les esperaba allá. ¿Qué pensaba hacer Concha al desembarcar? ¿Tenía
+algún amigo en aquella tierra?... Pero la muchacha rio con una
+inconsciencia valerosa. Nadie la esperaba, ni ella necesitaba apoyo
+alguno. Entraría en Buenos Aires como en su casa; lo mismo que si
+hubiese nacido allí.
+
+--Y dinero, ¿sabe usted, paisano? ni una peseta, ni una perra gorda.
+Tengo el gusto de desembarcar con el bolsillo limpio. Quiero que conste
+así, para cuando yo vaya en automóvil, tenga collares de perlas y los
+periódicos publiquen mi biografía con retrato. Me quedaba un poco de
+dinero, ¡muy poco! al bajar en Río con doña Zobeida. La pobre señora me
+convidó y yo la convidé; luego volvió a obsequiarme, y yo, por no ser
+menos, le devolví el obsequio. Total, que en automóviles, refrescos,
+frutas del país y demás, se me fue el dinero. A lo último me quedaban
+diez pesetas, y me las gasté en sellos y postales, enviando recuerdos a
+los amigos y amigas de España. No me queda ni una mota. ¡Limpia por
+completo! Así camina una más ligera.
+
+Reía con cierta agresividad, como si desafiase al porvenir. Cuando
+llegara a Buenos Aires, subiría a un coche, el primero que le saliese al
+paso, ordenando al cochero que la llevara a un hotel español. En el
+hotel pagarían el importe de la carrera. Y luego, a vivir, a esperar...
+En peores trances se había visto. Una mujer como ella podía correr el
+mundo sin una peseta. No todos los hombres iban a ser tan adustos y
+distraídos como uno que ella conocía--aquí Ojeda saludó irónicamente,
+no sabiendo qué contestar--. Tenía antiguos amigos en Argentina: señores
+que había conocido durante su paso por Madrid; unos, americanos; otros,
+españoles establecidos en Buenos Aires. Ignoraba sus domicilios, pero
+ella averiguaría.
+
+--Yo soy capaz de descubrir dónde se acuesta el diablo. Además, cuento
+con la suerte, con lo que una no espera. Me da el corazón que se
+presentará algo bueno.
+
+Fernando la habló de las francesas que iban en el buque. Tal vez tuviese
+más suerte que ellas. ¡Quién sabe a lo que llegaría en Buenos Aires!
+Pero la española torció el gesto. Ella no ambicionaba joyas, ni
+pretendía llamar la atención por su elegancia. Vivir bien y nada más.
+
+--Isidro dice que yo soy una mujer para la gente... clásica. No sé lo
+que será eso. A mí me gustan los hombres serios; nada de ruidos. Vivir
+con uno como en familia.
+
+Pretendió Ojeda tentar su codicia de mujer, hablando de los diamantes
+que conquistaban en Argentina y Brasil las cortesanas viajeras. Pero
+Conchita torció otra vez el gesto con expresión de protesta.
+
+--No; yo no quiero diamantes. ¡Para como los ganan muchas!... Yo soy
+clásica, como dice Isidro, y no me presto a ciertas cosas. A mí me gusta
+como Dios manda, ¿se entera usted?... como Dios manda.
+
+Y no pudo dar explicaciones más claras sobre qué es lo que Dios manda,
+pues se presentó doña Zobeida, que, terminados sus quehaceres, iba por
+la cubierta en busca de «la buena señorita». Corrió la gente hacia el
+balconaje de proa, como si la atrajese una gran novedad. El buque se
+movía otra vez; iba avanzando lentamente. Persistía la bruma, pero era
+menos densa. Los ojos alcanzaban a ver a mayor distancia a través de su
+blanco humo.
+
+Esta marcha devolvió el buen humor a los que se preparaban a bajar en
+Montevideo. Era un avance tímido pero continuo a través de la bruma, que
+se presentaba en oleadas densas, como si la atmósfera se solidificase a
+trechos. Deslizábase esta cortina río abajo y resurgía el _Goethe_ a una
+niebla menos espesa, que transparentaba los perfiles lejanos como
+fluidas siluetas. Al poco tiempo, una nueva avalancha cegadora pasaba
+sobre el buque, y así iba avanzando éste, con rápidos tránsitos, de una
+obscuridad absoluta a una penumbra vaporosa y láctea.
+
+La luz macilenta que había podido filtrar el día a través de estos
+cortinajes lóbregos acababa de extinguirse con la llegada de la noche.
+El buque aparecía iluminado desde las cubiertas bajas a los topes. Sus
+costados estaban agujereados como negros panales por los ojos ígneos de
+los tragaluces. Los reverberos de las cubiertas daban a la niebla
+invasora un temblor irisado. En ciertos momentos, el trasatlántico
+parecía inmóvil, y únicamente al avanzar la cabeza fuera de la borda se
+convencían los pasajeros de que marchaba, oyendo el chapoteo invisible
+de sus flancos.
+
+Ojeda vio pasar a Mina junto a él, una Mina distinta en su aspecto
+exterior a la que había conocido hasta entonces, siempre vestida de
+blanco y con la cabeza descubierta. Un gabán obscuro la envolvía del
+cuello a los pies. Su rostro estaba medio oculto por un ancho sombrero y
+un velo tupido. Ella, que en los días anteriores evitaba todo encuentro
+con Fernando, pasó repetidas veces junto a él. Hasta creyó adivinar a
+través del velo que sus ojos le miraban intencionadamente.
+
+Al llegar en sus evoluciones cerca de una escalerilla de la cubierta de
+botes, volvió Mina la cabeza con muda invitación y subió rápidamente.
+Fernando, después de una espera prudente, fue tras de sus pasos.
+
+Se encontraron arriba en una láctea penumbra atravesada por la flecha
+roja de las luces solitarias. Nadie más que ellos. Experimentaron cierta
+cortedad al verse frente a frente, como si se arrepintieran de esta
+entrevista. A los pocos momentos chorreaba la humedad por sus ropas.
+Sentían las manos humedecidas, e instintivamente las guardaron en los
+bolsillos. Toda su vida se concentró en los ojos.
+
+Ella fue la primera en romper el silencio.
+
+No podía resignarse a dejar el buque sin hablar con él por última vez,
+sin decirle adiós. Y Fernando, emocionado por el tono de humildad con
+que hablaba esta mujer, sacó las manos de los bolsillos buscando las
+suyas. ¡Mina!... ¡Brunilda adorada!... De su existencia en medio del
+Océano, ella iba a ser el único recuerdo que permanecería en pie.
+
+La alemana habló al principio con timidez, en tercera persona, evitando
+el tuteo de la pasión; pero luego, con súbita familiaridad, se expresó
+libremente, lo mismo que cuando paseaban por la cubierta a altas horas
+de la noche.
+
+--- Me has hecho mucho daño. ¡Lo que yo he sufrido!... Quise odiarte, y
+no pude... Al verte con otra, huía, huía, detestando a tu compañera;
+pero a ti no. Y ahora no he podido alejarme sin decirte adiós.
+
+¡Ay! Si él no hubiese sentido la fatal curiosidad... Si se hubiera
+limitado a amarla como ella quería... ¡qué felicidad la de los dos!...
+
+--No puedo censurarte. Tú eres hombre y necesitas la posesión; y yo soy
+una pobre enferma, sin otros encantos que los del alma, los que no se
+ven... Y ahora, adiós; tal vez para siempre, tal vez por algún tiempo
+nada más. ¡El mundo es tan pequeño!...
+
+La compañía iba a desembarcar en Montevideo. Trabajaría tres semanas en
+esta ciudad, mientras quedaba libre un teatro de Buenos Aires.
+
+--Pronto iré adonde tú estarás... pero ¡quién sabe! Aunque vivamos en el
+mismo sitio, no nos veremos. Somos de distintos mundos; tú no te
+acordarás de mí. ¿Quién soy yo?... Ni siquiera una buena memoria: una
+decepción, un recuerdo penoso.
+
+Él protestó con toda la vehemencia de su carácter, apasionado y
+elocuente cuando estaba en contacto con una mujer. Guardaría memoria de
+ella mientras viviese. Las otras no habían dejado en su recuerdo más que
+una sensación de penosa hartura.
+
+--No te creo--dijo ella--. Tú sí que serás el mejor recuerdo de mi
+existencia... Me has hecho sufrir mucho. Tu fuga me hizo ver una
+decadencia y una miseria que tenía olvidadas. Pero aun así, ¡gracias,
+muchas gracias! Te debo la única felicidad que he conocido.
+
+Vivía ella embrutecida por el desaliento, resignada a no conocer otra
+vez el amor, encanto de la existencia. Y llegaba él, para fijarse en su
+belleza marchita, inadvertida de los otros, y la despertaba
+misericordiosamente, tomándola en sus brazos, elevándola hasta su boca.
+
+Esta felicidad había durado poco. Un pequeño rayo de sol, una risa de
+oro en el limbo de su existencia: un relámpago de luz alegre, y luego la
+noche otra vez, la desesperación de reconocer su decadencia. Pero a
+pesar de esto, repetía sus palabras de gratitud. ¡Gracias, muchas
+gracias! Se llevaba con ella algo que no le iban a quitar: la dulce
+melancolía del recuerdo, que puede embellecer la penumbra de una
+existencia resignada. Pensaría en él, como en un otoño suave, cuando
+sintiese el frío de la soledad.
+
+--Aunque no me des más, ya has hecho bastante... Tal vez sea mejor que
+no volvamos a encontrarnos. Te veré en mi recuerdo cada vez más grande,
+más atractivo... Y ahora, adiós. Separémonos. Tengo que hacer abajo.
+
+Fernando, que horas antes apenas se acordaba de ella, sintióse triste al
+abandonarla. Experimentó la melancolía del actor que empieza a «entrar
+en su personaje» y ve que le arrebatan de pronto el papel. Había saltado
+atrás con el pensamiento, suprimiendo unos días, y se contemplaba en el
+silencio de la noche equinoccial paseando por «el rincón de los besos»
+sosteniendo con un brazo a la romántica alemana, próxima a desvanecerse
+de sentimentalismo. Las palabras de entonces volvían a sus labios:
+«¡Novia mía!... ¡Mi walkyria!».
+
+Aquella mujer era la única en el buque que le había amado con
+desinterés. ¿Y quería separarse de él así, fríamente, sin añadir algo a
+sus palabras?...
+
+Estaban cogidos de ambas manos, con los dedos entrecruzados. Él tiró sin
+encontrar resistencia, y ella, sumisa, adivinando sus deseos, dejó caer
+la cabeza sobre un hombro de Fernando. Mina no habló, pero él creía
+escuchar su voz infantil y medrosa, tal como había sonado abajo noches
+antes: «Boca, sí... Cabina, no...».
+
+Su beso fue triste, dificultoso. Sus caras, al juntarse, estaban húmedas
+y chorreantes por la niebla. Ella besó como en la primera noche, de
+abajo arriba, entornando los ojos, palpitantes las alillas de la nariz,
+frunciendo los labios, como una flor que cierra sus pétalos. Pero
+Fernando sólo encontró en esta caricia una sensación lejana, semejante a
+la de un perfume desvanecido, a la de una música borrosa. Además, el ala
+del sombrero se clavó en su frente, el velo arremolinado le raspó una
+mejilla, la punta de un alfiler largo, que parecía animado de vida
+maligna, buscó traidoramente uno de sus ojos.
+
+Ella se separó con rudo tirón. ¡Adiós! ¡adiós! Y al estar junto a la
+escalerilla, volvió aún la cara hacia Ojeda para despedirse con voz
+trémula:
+
+--¡Novio mío!... ¡mi poeta! Acuérdate alguna vez.
+
+Al descender Fernando a la cubierta de paseo, vio a Mina hablando en
+alemán con otras de la compañía. Pasó junto a ella, y al encontrarse con
+sus ojos, éstos le miraron indiferentes, sin la más leve emoción, cual
+si fuese un desconocido.
+
+Empezaron a marcarse a través de la niebla, cada vez más clara, varios
+puntos de luz: unos, fijos; otros, intermitentes, parpadeando como ojos
+de cíclope. Una nube rojiza se extendía frente a la proa sobre el perfil
+negro de la costa. Debía ser el reflejo de una ciudad iluminada...
+¡Montevideo!
+
+Y otra vez la inconstancia de la muchedumbre se puso de manifiesto con
+alabanzas al capitán por haber avanzado sin extravíos a pesar de la
+niebla.
+
+Abríanse grandes claros en el cielo al rasgarse la bruma. Eran largos
+colgantes de intenso azul en los que flotaban enjambres de estrellas. Al
+poco rato, una brisa fresca barría los últimos jirones, que se
+amontonaron más allá de la popa, río abajo, formando una barrera blanca.
+
+Quedaron completamente al descubierto, con la limpieza de un cuadro
+recién lavado, la superficie del estuario y la costa negra con sus
+resplandores de faros y de pueblos. El oleaje rompía y entremezclaba los
+reflejos de los astros, haciendo danzar estas luces sin calor, lo mismo
+que fuegos fatuos.
+
+Volvió a lanzar sus bramidos el _Goethe_ en la noche serena, manteniendo
+su marcha lenta, cual si no se atreviese a avanzar solo. Después de la
+comida se agolparon los pasajeros en las bordas, atraídos por una
+novedad. Una luz venía al encuentro del buque al ras de las aguas; una
+luz que se agitaba locamente en continuo balanceo, ocultándose con
+frecuencia al interponerse una ola entre ella y el navío.
+
+Algunos pasajeros reconocieron esta luz. Era el vaporcito del práctico
+de Montevideo. Desde lo alto del _Goethe_, inmóvil como una isla,
+parecían insignificantes las ondulaciones que venían a chocar contra sus
+costados; pero al mirar la luz que se aproximaba titubeante, algunas
+mujeres daban gritos de angustia. El vaporcito, ancho y profundo, de
+robusta chimenea, navegaba, sin embargo, como un pedazo de corcho a
+merced de las olas, sacudido, retorcido, zarandeado por encontradas
+fuerzas. A veces desaparecía su luz, como si se la hubiesen tragado las
+aguas, y tras largo eclipse volvía a aparecer más allá, donde nadie
+esperaba verla.
+
+--¡Qué río el de la Plata!--dijo con orgullo el doctor Zurita a
+Isidro--. Y lo que usted ve no es nada... Hay que pasarlo un día de
+tormenta... Algunos que no se marean yendo a Europa, echan hasta el alma
+en un vapor del río.
+
+El buque del práctico entró en la zona iluminada del _Goethe_. Los
+pasajeros vieron abajo una ancha cubierta mojada por el oleaje, unos
+cuantos hombres con impermeables, la boca de una chimenea que cesó de
+arrojar humo, y las luces de varios faroles. Una escala de cuerda cayó
+desde el trasatlántico y un hombre gateó por sus travesaños. A los pocos
+minutos sonaron en lo alto del buque los timbres de señales para las
+máquinas. Se despegó el vaporcito, alejándose con violento y grotesco
+cabeceo, semejante a los traspiés de un beodo. El _Goethe_, con el
+práctico en el puente, aceleró su marcha, poniendo la proa rectamente a
+Montevideo.
+
+Empezaron a surgir rosarios de luces entre las masas de sombra de la
+costa. Unas eran rojas y mortecinas; otras, blancas y erizadas de
+fulgores: una procesión cada vez más larga y de filas múltiples según el
+vapor iba avanzando. En lo alto del cielo, un astro poderoso centelleaba
+con intermitencias, rasgando la obscuridad. Los uruguayos saludaron esta
+faja parpadeante de luz con patriótico entusiasmo. Era el faro del
+Cerro; el monte que al ser visto por los primeros navegantes españoles
+dio, según la tradición, su nombre a la ciudad.
+
+Las luces se iban extendiendo profusamente. Alineábanse en dobles filas,
+indicando el trazado de los bulevares exteriores; otras más débiles
+punteaban con rangos superpuestos la negra masa de los edificios. Junto
+al agua brillaban los focos eléctricos del muelle y las linternas
+multicolores de los buques.
+
+Rompió a tocar la banda del _Goethe_ la marcha triunfal con que saludaba
+el ingreso en los puertos. A un lado del buque surgió un murallón con
+espumas en su base. Era la escollera. Viéronse muelles con puente
+agolpada en sus bordes; edificios altos; arranques de calles que se
+perdían en lontananza entre una doble fila de árboles y faroles; luces
+movibles de tranvías y automóviles.
+
+Algunos pasajeros se agitaban de un lado a otro de la cubierta, como si
+les faltase el tiempo para desembarcar.
+
+--¡Ya estamos!... ¡Ya hemos llegado!
+
+Pasó el _Goethe_ por entre buques tan enormes como él, trasatlánticos
+que iban con rumbo a Europa o a los puertos del Pacífico, y sólo
+anclaban unas horas, cerca de la embocadura, para salir inmediatamente.
+Sus luces rojas, verdes y blancas reflejábanse con violento serpenteo en
+las aguas removidas por el paso continuo de lanchas y remolcadores.
+
+Cuando la gente del _Goethe_ creía que el buque iba a seguir avanzando,
+hasta pegarse a un muelle, se detuvo en mitad de la dársena, lo mismo
+que los otros trasatlánticos, y sonó en su proa el estrepitoso rodar de
+las cadenas de anclaje. «¡Fondo!...» Quedó inmóvil la nave, e
+inmediatamente la rodearon los pequeños vapores que evolucionaban en
+torno de ella. Aglomerábase el gentío en sus cubiertas agitando
+pañuelos, dando gritos para llamar la atención de los pasajeros del
+trasatlántico alineados en las bordas. Y muchos de éstos, al avanzar sus
+cabezas para ver mejor a la muchedumbre que llenaba los pequeños buques,
+reconocieron caras amigas, saludándolas con gritos de regocijo y
+preguntas sobre los ausentes.
+
+Unos eran de Buenos Aires, y habían bajado el río para dar la bienvenida
+a las familias que regresaban de Europa; otros esperaban el momento de
+subir al trasatlántico, por curiosidad o por exigencias del oficio.
+
+El _Goethe_ había encendido en sus costados poderosos focos de luz
+verde, que daba a los rostros un tono lívido, haciendo palidecer los
+faroles de las embarcaciones inmediatas. Después de larga espera
+quedaron francas las escalas del buque, lanzándose por ellas la
+muchedumbre como si subiera al asalto.
+
+Los primeros en entrar fueron los vendedores de periódicos, pregonando
+los últimos diarios y revistas de Buenos Aires y de Montevideo.
+Arrebatábanse los viajeros el papel impreso, ansiosos de enterarse de
+las noticias de su país, como si temiesen que durante su aislamiento en
+el mar hubieran ocurrido los sucesos más extraordinarios. Después
+subieron corredores de los hoteles de Buenos Aires y agentes de empresas
+de transportes, ofreciendo sus servicios. Todos hablaban de la gran
+ciudad situada al final del estuario, como si ella existiese únicamente
+y la otra que estaba a la vista fuese una simple portería del río.
+Esparcíanse por el trasatlántico los que habían llegado de Buenos Aires
+para saludar a sus amigos. Gritos, llamadas, reconocimientos, abrazos,
+preguntas por los parientes que esperaban allá.
+
+Los pasajeros con destino a Montevideo desfilaban por una escala
+especial hasta un vaporcito de amplia cubierta. Todas las damas de la
+opereta bajaron estos peldaños de madera con el gesto majestuoso de una
+reina de teatro que desciende por una escalinata de cartón. Las
+«estrellas» de la compañía avanzaban entorpecidas por los grandes ramos
+que les había enviado el empresario a guisa de saludo. Hasta las
+coristas parecían otras al descender a tierra. Contestaban a los saludos
+de Maltrana con una discreción de grandes señoras que abandonan su
+incógnito. Ya estaban en América. La fortuna, indudablemente, les
+reservaba gratas sorpresas. Había que hacerse valer, olvidando las
+promiscuidades del buque.
+
+Fernando vio a Mina que bajaba la última, llevando el niño por delante y
+sosteniendo en sus brazos varias ropas y paquetes. Pasó junto a él como
+si no quisiera verle, contestando a su mirada de despedida con un ligero
+movimiento de cabeza.
+
+«¡Adiós, Karl!...» La mano de Ojeda había acariciado al niño, y éste
+movió la cabeza, considerándolo un instante con la expresión del que
+recuerda de pronto a una persona olvidada. Luego se alejó de él sin un
+saludo, sin una sonrisa, con el enfurruñamiento de su gravedad precoz.
+
+Miraba Isidro la ciudad, alabando su hermoso aspecto.
+
+--Ya estamos en nuestra América, Ojeda. Crea usted que bajaría con
+gusto, pero no me place ver una ciudad de noche, y el buque saldrá antes
+del amanecer.
+
+Ojeda había estado en Montevideo años antes, y guardaba un buen
+recuerdo.
+
+--Algún día la veremos--dijo--. Vamos a ser vecinos de ella. Un viaje de
+una noche nada más... ¡Quién sabe cuántas veces tendremos que volver por
+aquí!...
+
+Un estallido de aplausos, acompañado de vibrantes aclamaciones, sonó en
+la cubierta superior. El curioso Maltrana corrió escalera arriba, y
+Fernando tras él. Una muchedumbre llenaba el jardín de invierno y el
+salón. Algunas banderas tricolores desplegábanse sobre las cabezas
+descubiertas.
+
+--¡Los gringos! ¡Vamos a ver a los gringos!--decían los niños en el
+paseo, acudiendo curiosos, atraídos por los aplausos.
+
+Varias comisiones de sociedades italianas de Montevideo habían venido a
+saludar a su compatriota el conferencista ilustre de paso para Buenos
+Aires. Todos se lamentaban de que no descendiese inmediatamente en su
+ciudad; le pedían que volviera cuanto antes a Montevideo. Isidro se fijó
+en los diversos aspectos de los comisionados: unos, bien vestidos,
+revelando en el empaque de sus personas la satisfacción de una fortuna
+recién conquistada; otros, más humildes, con el aspecto de obreros
+endomingados; pero todos rebosando un orgullo patriótico por esta
+visita, que les recordaba la tierra lejana y parecía aumentar su propia
+importancia en el país de adopción.
+
+El conferencista, que había pasado casi inadvertido durante la travesía,
+se agigantaba ahora de golpe con este homenaje popular. Muchas señoras
+que apenas se habían fijado en él, sonreían y lo encontraban «muy
+distinguido de figura».
+
+Un mocetón italiano, representante de una sociedad obrera, saludó al
+_professore_ con un discursito aprendido de memoria. Lo recitó de buena
+fe, con la convicción de que estaba trabajando por la gloria de su país.
+Celebraba la llegada del grande hombre como la aparición del día, con
+enfático lenguaje: «_Egregio professore: Voi siete come la stella del
+mattino..._». Y mientras aplaudían los compatriotas, «la estrella de la
+mañana» acariciábase las barbas y se afirmaba los lentes pensando en su
+contestación.
+
+--¿Y el abate?--dijo Maltrana--, ¿Dónde estará el otro conferencista?
+
+Habían vuelto los dos amigos al paseo, huyendo del sudoroso calor y los
+empellones de la gente aglomerada. Cerca del café vieron al abate
+rodeado de tres jóvenes que habían venido de Buenos Aires para darle la
+bienvenida.
+
+--Poco éxito--dijo Isidro--. El italiano lo aplasta con sus masas.
+Fíjese usted: tres jovencitos nada más, tres niños de buena familia, que
+indudablemente vienen enviados por sus mamás.
+
+Ojeda movió la cabeza negativamente. Los recibimientos eran distintos,
+cierto; pero faltaba ver el final, el resultado positivo de las
+conferencias.
+
+--Los dos vienen a ganar dinero, y eso es lo que en realidad les
+importa. Verá usted cómo el otro, a pesar de tantas aclamaciones,
+músicas y banderas, no se lleva lo que el abate.
+
+Al seguir circulando por la cubierta, vieron nuevas personas que se
+habían agregado a los grupos de viajeros. Todas las familias argentinas
+rodeaban a alguien que había realizado el viaje a Montevideo para
+saludarlas. Y el recién llegado hablaba y hablaba, para satisfacer su
+curiosidad ansiosa de novedades.
+
+En la terraza del fumadero encontraron a todos los Kasper sentados a una
+mesa gravemente, como si celebrasen un consejo de familia. Frente a
+Nélida estaba un mocetón alto, tostado por el sol y de mirada dura.
+
+Maltrana pasó rápidamente mirando a otro lado, cual si quisiera evitarse
+saludos y presentaciones.
+
+--¿Se ha fijado usted?--dijo a Ojeda algunos pasos más allá--. Es el
+hermano, el centauro de la Pampa, que ha venido a esperarlos; el
+vengador que amenaza a su hermana con desfigurarle el rostro... La
+pobrecita está desde esta tarde con un susto mortal. Un radiograma les
+hizo saber que el bárbaro los esperaba en Montevideo, y en seguida me
+rogó que no me acercase a ella. Veremos en qué para esto.
+
+Al otro lado del paseo encontraron al «hombre misterioso». Maltrana, al
+verle, experimentó gran sorpresa. ¡Oh prodigio! El hombre lúgubre no
+estaba solo; tenía un amigo. Hablaba con él un joven que parecía por su
+aspecto un ayuda de cámara.
+
+--Esto va poniéndose claro, Ojeda. Algún cómplice que viene a darle
+aviso. La policía lo espera indudablemente en Buenos Aires... Pero ese
+amigacho parece un criado de casa grande. ¿No estarán preparando juntos
+algún mal golpe?... De todos modos, vamos a saber la verdad mañana. Yo
+no me voy sin averiguar lo que encierra el camarote.
+
+Fatigados de codearse con la gente de tierra que llenaba las cubiertas,
+se refugiaron en el fumadero. También era extraordinaria la concurrencia
+en este salón. Casi todas las mesas estaban ocupadas. Los pasajeros
+obsequiaban a los amigos que habían venido a saludarles.
+
+Miró Fernando con melancolía esta vasta pieza, en la que se había
+deslizado para algunos toda la vida trasatlántica.
+
+--La última noche, Isidro. Puede usted decir adiós al buque. Mañana a
+estas horas, con las nuevas impresiones de tierra, tal vez nos habremos
+olvidado de él.
+
+Acostumbrados los dos a la existencia de a bordo, experimentaron cierta
+tristeza al pensar que no verían más estos lugares, en los que habían
+transcurrido quince días de su vida, equivalentes a quince meses por sus
+largos tedios y sus rápidos sucesos. Ojeda sintió la necesidad de
+solemnizar con algo extraordinario esta última noche, y pidió champán.
+
+--Una botella para los dos, ¿le parece bien, Maltrana? Saludamos al río
+de la Plata; presentémonos alegremente ante la fortuna que nos espera...
+¡Por nuestra suerte!
+
+Y luego de chocar las copas quedaron silenciosos, mirando atentamente
+los adornos de aquel salón, como si lo viesen por vez primera y
+quisieran llevarse impresa su imagen en el recuerdo. No se habían fijado
+hasta entonces en los escudos que adornaban las paredes entre guirnaldas
+doradas de frutas y hojas. Eran los de todas las naciones en cuyos
+puertos tocaba el buque, añadiéndose a ellos los de Paraguay y Chile.
+Una cúpula de cristales de colores elevábase sobre el artesonado de oro
+obscuro. Profundos sillones de cuero se agrupaban en torno de las mesas
+de roble. En éstas, muchos ruedos de fieltro, indicadores de los _bocks_
+consumidos, y grandes fosforeras con receptáculos de níquel llenos de
+colillas de cigarro. Los ventiladores zumbaban a todas horas, limpiando
+el ambiente de humo. El piso de mosaico ofrecía una nitidez propicia al
+resbalón.
+
+En el fondo estaban, como siempre, los devotos del _poker_, ajenos a los
+sucesos exteriores, con los naipes en la mano, espiándose impasibles. Su
+número era menor. Unos se habían quedado en Río Janeiro, otros acababan
+de descender en Montevideo; pero estas deserciones no entibiaban la fe
+de los leales; antes bien, su fervor parecía recrudecerse. Era la última
+partida: al día siguiente iban a separarse. Y jugaban olvidados de
+todo, sin saber con certeza si el buque estaba inmóvil o había
+reanudado su marcha.
+
+Un gran retrato de Goethe adornaba el testero del salón. Presidía el
+poeta con su olímpica sonrisa el manejo de las barajas y el continuo
+beber de una parte del rebaño trasatlántico acorralado en el buque de su
+nombre. Una columna caída le servía de asiento y una campiña desolada de
+melancólico fondo. Sombreaba sus facciones de helénico dios un amplio
+chambergo y cubría sus vestidos con una túnica blanca, a modo de gabán
+de viaje. Con este exterior un tanto grotesco lo había representado el
+artista, soñando sobre las ruinas del agro romano.
+
+Maltrana lo miró con más atención que otras veces, como si se despidiese
+de él.
+
+--Digamos adiós al noble amigo don Wolfgang, que ha visto con paciencia
+tantas necedades nuestras... Este fue un hombre feliz. No se vio
+obligado, como nosotros, a correr el mundo en busca de dinero. La
+fortuna fue pródiga para él, como una de esas viejas apasionadas que
+gustan de proteger a los buenos mozos. Todo lo tuvo: genio, belleza,
+gloria y amor. Hasta conoció el orgullo de gobernar a los hombres...
+Pero a pesar de su egoísta felicidad, supo ver desde sus alturas, como
+nadie, las inquietudes y las ambiciones de los pobres mortales.
+Acuérdese de su héroe, amigo mío; haga memoria de cómo terminó su
+existencia... Fue un colega de usted, un colonizador.
+
+Ojeda sonrió al recordar, por estas indicaciones de su amigo, el final
+del insaciable Fausto. Había gozado dos grandes amores, Margarita y
+Elena, y ni la ingenua burguesilla alemana ni la hija tentadora de los
+dioses le hicieron conocer la verdadera felicidad. La ciencia fue para
+él otro desengaño; y lo mismo el imperio sobre los hombres, la «potencia
+de dominación», con todas las satisfacciones del orgullo... Al final de
+su existencia creía encontrar la verdadera dicha dedicándose al progreso
+de sus semejantes, colonizando una isla, levantando en ella la ciudad
+futura, en la que todos serían iguales, regidos por la santa poesía... Y
+para la realización de esta empresa luchaba con la tierra salvaje y con
+las aguas, abriéndolas un enorme canal.
+
+--Sí--continuó Fernando--; fue un colonizador, después de haber sido
+enamorado, sabio y monarca. Pero cuando consideraba su obra triunfante,
+Mefistófeles, el diabólico compañero, malvado y burlón, reía a sus
+espaldas. «Infeliz: cree estar abriendo un canal, y está abriendo su
+propia tumba.»
+
+--Pero a usted no le ocurrirá eso. Usted es joven, y tiene más ilusiones
+que el famoso doctor.
+
+Fernando hizo un gesto de indiferencia. No le inquietaba el porvenir. La
+muerte llegaría para él lo mismo que llega para los demás,
+inesperadamente, sin consultar las ambiciones y las necesidades de su
+víctima. Si los hombres pensasen en la muerte a todas horas, pocos
+querrían trabajar, convencidos de antemano de la inutilidad de sus
+esfuerzos.
+
+--Creo lo mismo que usted--concluyó animosamente--. Yo removeré la
+tierra y abriré canales, sin abrir por eso mi tumba... Mi sepultura está
+en Europa. Pero ¡quién sabe las cosas que nos aguardan antes de morir en
+este país al que vamos llegando!
+
+Después de media noche, se retiraron los dos amigos a sus camarotes.
+Había disminuido la gente en las cubiertas y salones. Los comisionados
+italianos, con sus banderas y sus vítores, estaban ya en tierra, y lo
+mismo que ellos, los demás habitantes de Montevideo venidos al
+trasatlántico para saludar a los amigos. No quedaba en torno del
+_Goethe_ ningún vaporcillo de pasajeros. Ahora eran fuertes gabarras las
+que flotaban junto a la nave. Movíanse ruidosamente las maquinillas de
+descarga. Sus brazos amarillos pasaban enormes fardos de las bodegas de
+proa y de popa a las chatas embarcaciones. Esta operación iba a
+prolongarse hasta la madrugada. Además de las mercancías, había que
+echar a tierra el enorme bagaje de la compañía de opereta: cofres de
+vestuario, decoraciones, equipajes de los artistas.
+
+Al entrar en su camarote, Ojeda experimentó la sorpresa de la
+inmovilidad. Estaba acostumbrado al zumbido remoto de la máquina, que
+comunicaba un ligero temblor a las paredes. Le hacía falta el crujido de
+las maderas, el ruido continuo de agua corriente debajo de la ventana.
+Creyó estar ahora en una casa de tierra firme. Todo inerte, como si el
+buque fuese de ladrillo con profundas raíces en el suelo. El silencio
+nocturno, cortado por relámpagos de ruido, era igual al de una fábrica.
+Cuando Fernando empezaba a dormirse, reanudábase de pronto el rodar de
+las maquinillas acompañado del griterío de los obreros ocupados en la
+descarga.
+
+El buque no podía zarpar hasta después del amanecer. Aguardaba el
+capitán a que subiese la marea para remontar el río.
+
+Despertó Ojeda, en la mañana siguiente, cuando entraba el sol por la
+ventana de su camarote. Su primera impresión fue de sobresalto. Algo
+extraordinario había retrasado la salida del buque. Éste parecía
+inmóvil, como si aún permaneciese anclado frente a Montevideo. Pero al
+aproximarse a la ventana, no vio la ciudad ni los numerosos buques
+surtos en el puerto. Una extensión infinita de agua se abrió ante sus
+ojos; pero era un agua amarillenta a trechos, más allá rojiza, con el
+leve rizado de un oleaje corto e incesante.
+
+Navegaba el buque como si avanzase entre algodones, sin un choque, sin
+el más leve balanceo. Su profunda quilla parecía resbalar sobre rieles
+invisibles. Las aguas, al partirse ante su vientre, eran sordas y no
+levantaban jaboneo de espumas. Los ojos, habituados al azul intenso del
+Océano, parpadeaban con cierta extrañeza ante la extensión amarilla,
+semejante por su color a una pradera seca.
+
+En la cubierta de paseo encontró Fernando a los pasajeros vestidos con
+trajes de calle, como si les faltase tiempo para saltar a tierra. Muchos
+hombres llevaban ya guantes y bastón. Las señoras iban puestas de
+sombrero, con abrigos recientemente adquiridos en París. Tal vez eran
+demasiado gruesos para la temperatura reinante, pero ellas tenían prisa
+de exhibirlos al saltar a tierra, contando con la admiración o la
+envidia sonriente de las amigas.
+
+Faltaban aún varias horas para llegar a Buenos Aires. Las orillas, sin
+una colina, sin altos bosques, permanecían invisibles y el río
+desarrollábase inmenso y solitario como el mar. De vez en cuando, sobre
+las aguas rojas, que parecían de barro líquido, cabeceaba una boya con
+un farol en la cúspide y un número blanco en el vientre, indicador de
+los kilómetros entre Buenos Aires y Montevideo. El _Goethe_ marchaba
+entre una doble fila de estas balizas, que marcaban el canal para los
+buques de gran calado. A los lados de este canal surgían inmóviles los
+barcos del dragado, como negras ballenas dormidas a flor de agua. Veíase
+el rosario oblicuo de sus enormes tanques entrando en el agua y saliendo
+con un chorreo de fango removido.
+
+El trasatlántico avanzaba lentamente, como si su quilla mordiese en el
+fondo ocultos obstáculos. Estremecíase al remover un légamo secular,
+venciendo ocultas resistencias. En torno de su vientre se obscurecían
+las aguas con una nube negra que subía de la profundidad. Las espumas
+levantadas por las hélices tenían en su hervor manchas de detritus. Un
+viento a ráfagas, más violento que el del Océano, pasaba sobre esta
+superficie, levantando un oleaje encontrado que chocaba imponente en los
+flancos de la nave, sin producir en ella la menor conmoción. Media hora
+después, al cesar el viento, la superficie del río quedaba casi
+inmóvil.
+
+Fuera de las líneas de balizamiento pasaban a todo vapor, o con las
+velas desplegadas, numerosos buques. Eran fragatas que iban a descargar,
+Paraná arriba, en el puerto de Rosario; vapores de tres pisos, sin
+mástiles y de escaso fondo, parecidos a casas flotantes, que hacían el
+servicio diario entre Buenos Aires y Montevideo; reducidos paquebotes,
+iguales en su forma a los grandes trasatlánticos, que remontaban el
+estuario con rumbo al Paraguay y a las escalas fluviales del corazón del
+Brasil, en plena selva virgen.
+
+Ojeda vio a Maltrana venir hacia él sonriente y amistoso como si le
+faltara tiempo para comunicarle gratas noticias.
+
+--Lo de la familia Kasper queda resuelto. Nélida acaba de presentarme a
+su temible hermano... En cuanto al camarote misterioso, ya no tiene
+misterio... Hace un rato he estado hablando con «el hombre lúgubre».
+
+Y como si gozase manteniendo latente la curiosidad de Fernando, empezó
+por hablar de Nélida y su familia. ¡Todos contentos! El hermano pequeño
+atolondrado por las reprimendas de la madre y el enojo patriarcal del
+señor Kasper, parecía haber olvidado sus amenazas, absteniéndose de
+hacer revelaciones al hermano mayor. Nélida le cedía a perpetuidad el
+loro y la mona regalados por Ojeda, y esta merced generosa había acabado
+de extinguir sus antiguos rencores. Ocupado en sus caricias a estos
+compañeros, no se acordaba de nada.
+
+El padre y su montaraz primogénito habían pasado varias horas en la
+noche anterior y en esta mañana hablando de negocios. Y Nélida
+aprovechaba la menor pausa para acariciar con gestos felinos y engañosos
+al sombrío centauro, que también parecía haber olvidado con la emoción
+sus recelos y sus amenazas. Acababa de encontrarse Isidro con ellos en
+el fumadero, y Nélida le había presentado al hermano.
+
+--Un bárbaro; créame, Ojeda. Mirada torva, dificultad en el hablar, como
+si no se acordase de las palabras, y un apretón de manos que aún me
+duele. Pero me dio las gracias como pudo al saber por Nélida que yo y
+otro señor compatriota mío habíamos tenido grandes atenciones con ella.
+Hasta me ha invitado a que vaya a pasar unos días en su estancia. ¡Qué
+vida ésta del Océano! ¡Qué cosas ha visto el buque!...
+
+--¿Y lo del camarote?--preguntó Fernando--. ¿Qué es lo que hay dentro de
+él?
+
+Otra vez lanzó exclamaciones Maltrana ponderando las sorpresas de
+aquella vida sobre el mar, abundante en novedades y contrastes. Venían
+viajando sobre catorce millones en oro apilados en la bodega; y por si
+no bastaba tanta riqueza, él había dormido todas las noches junto a una
+señora millonaria, cuya presencia en el trasatlántico muy pocos
+conocían.
+
+--¿La ha visto usted?--preguntó Ojeda, francamente interesado por esta
+noticia.
+
+--No pienso verla: no me tienta la curiosidad. Ha perdido todo interés
+para mí... Porque le advierto, Fernando, que la tal señora, mi vecina de
+camarote, murió hace un mes en París, y es su cadáver el que viene con
+nosotros a Buenos Aires.
+
+Acababa Isidro de enterarse. El mayordomo del buque le había revelado el
+secreto viendo próximo el término del viaje.
+
+--La pobre señora tenía un nombre poético un tanto raro: doña Matutina
+Flores. Parece que en esta tierra bautizan a las gentes con nombres algo
+originales... ¡Los millones de la noble matrona! No sé cuántos: unos
+dicen treinta, otros cuarenta... En fin, muchas casas en Buenos Aires,
+leguas y leguas de campos, miles y miles de vacas, acciones de todos los
+Bancos serios. Vivía en París, como todo argentino rico que se respeta,
+rodeada de hijas, hijos, yernos, nueras y nietos. Una familia numerosa,
+una verdadera tribu, pero con víveres en abundancia. Y al morir doña
+Matutina la llevan a enterrar a Buenos Aires, según su póstuma voluntad.
+Los hijos y los yernos no han querido hacer el viaje con ella (esto les
+enternecería mucho), pero vienen en otro buque, para repartirse la
+herencia sobre el terreno.
+
+--¿Y el hombre misterioso?...
+
+--Es simplemente el mayordomo que tenía la difunta en su hotel de la
+Avenida del Bosque... Un majestuoso doméstico, que sabe guardar las
+distancias lo mismo que un diplomático, y por eso se mantenía aparte,
+con un digno espíritu de clase. ¡Y yo que tomaba esta tiesura por
+orgullo!
+
+El recuerdo de sus pasadas curiosidades surgió en Maltrana como un
+remordimiento.
+
+--¡Pobre doña Matutina!... Que me perdone desde el cielo los escándalos
+que he dado ante su puerta... Ni la conozco ni me deja nada; pero la
+tengo cierta simpatía. Ya ve usted: ¡medio mes de dormir juntos, sin
+otra separación que un tabique de madera!... ¡Y tantas veces que la han
+recordado las señoras argentinas en sus tertulias de la cubierta, sin
+sospechar que la tenían debajo de sus pies!... Los herederos se han
+portado bien. En vez de meterla en la bodega, la han alquilado un
+camarote, como si fuese una persona viva. ¡Corazones generosos!... ¡Las
+atenciones y finezas que inspiran unas docenas de millones!...
+
+Isidro no podía abandonar el recuerdo de este cadáver acompañándole
+invisible en su viaje.
+
+--Reconocerá usted que han ocurrido muchas cosas en quince días. Las
+sesiones nocturnas en el fumadero, amoríos, golpes, el desafío de Río
+Janeiro, que por poco me cuesta un pie, millones en oro acuñado debajo
+de nuestras plantas, un cadáver de iluso echado al mar, quince noches
+pasadas junto a otro cadáver que también representa millones... ¡qué
+novela! ¡Y yo que he pasado en Madrid meses y meses de casa al café, del
+café a la redacción y de la redacción a otros sitios... sin que me
+ocurriese nada extraordinario!... El único remordimiento que siento
+después de tantos sucesos es el de mis insolencias involuntarias con la
+pobre doña Matutina y los sustos que he dado a su guardián. ¡Que ella me
+perdone! ¡Lástima no habernos conocido un poco antes, para que me
+hubiese dedicado un pequeño recuerdo en su testamento!...
+
+A la hora del almuerzo, los pasajeros comieron apresuradamente, deseando
+volver cuanto antes a la cubierta. Esperaban ver Buenos Aires de un
+momento a otro. Se iba aproximando el trasatlántico a la ribera
+argentina. No alcanzaba a distinguirse ésta por ser muy baja, pero sobre
+la línea del agua extendíanse algunos borrones horizontales, siluetas de
+lejanas arboledas.
+
+El número de buques aumentaba considerablemente. Muchos permanecían
+inmóviles. Los veleros cabeceaban con los trapos caídos a lo largo de
+los mástiles, en espera de las irregulares palpitaciones del viento.
+Cuando éste llegaba, movía como un escalofrío las blancas superficies de
+las arboladuras. Otros, anclados y con los palos desnudos, aguardaban no
+se sabía qué.
+
+Más allá, fue pasando el _Goethe_ entre filas de vapores de diversas
+hechuras y capacidades. Formaban una ciudad flotante, una ciudad muerta,
+sin otro signo de vida que algún bote que se deslizaba de un buque a
+otro. Los cascos parecían envejecer en esta inmovilidad, cual si
+llevasen años y años de espera en medio de las aguas turbias, encallados
+para siempre, sin esperanza de volver a los azules horizontes del
+Océano. Aguardaban su turno para entrar en las dársenas de Buenos Aires,
+repletas por el tráfico mundial, y esta espera en medio del río, a
+algunas millas del puerto, prolongábase en ciertas épocas del año
+semanas y semanas.
+
+Los pasajeros del _Goethe_ se despedían previsoramente antes de avistar
+Buenos Aires. A última hora, la urgencia del desembarco, la necesidad de
+reunir los equipajes, la visita de la aduana, hacían olvidar a los
+amigos. Ofrecíanse unos a otros los respectivos domicilios, cruzábanse
+tarjetas. Las niñas se decían adiós con un conato de lagrimeo.
+
+Iba a disolverse todo el mundo. Su historia no había alcanzado a durar
+un mes, ¡pero con vida tan intensa!... La separación daba mayor relieve
+a los recuerdos. Gentes que se habían mirado al principio de la travesía
+con notoria hostilidad se lamentaban de esta separación. «¡Tanto como
+hemos simpatizado!... ¡Tan buenos ratos que hemos vivido juntos!...» Las
+damas, que en los primeros días del viaje se mantenían por orgullo
+nacional en diversos grupos enemigos, despedíanse ahora con una tristeza
+casi lacrimosa. Nadie se acordaba ya de las diplomáticas tiranteces
+entre los «pingüinos» y las «potencias hostiles».
+
+El doctor Zurita dio tarjetas a Maltrana y Ojeda. Su cortesía era un
+tanto ruda, pero ingenua, verdadera. Él no gustaba de palabras: ya
+sabían que era su amigo.
+
+--Y usted, galleguito simpático--dijo a Isidro--, si necesita algo de
+mí, búsqueme. Buenos Aires es grande, cada uno va a lo suyo, pero alguna
+vez precisará a usted el arrimo de un compañero.
+
+Despidiéronse de Maltrana todos sus «queridos amigos», los jóvenes de
+las fiestas nocturnas en el fumadero. Algunos le daban cita para aquella
+misma noche en restoranes frecuentados por personas alegres. Le
+presentarían a ciertos amigos muy simpáticos: todos «gente bien».
+
+El grupo de chilenos dijo adiós a Isidro con francos ofrecimientos. Su
+tierra no era Buenos Aires; había menos dinero, menos lujo, pero la vida
+era tal vez más alegre.
+
+--Godito: cuando se canse de estar con los «cuyanos», venga a hacernos
+una visita. No hay más que pasar los Andes. Verá mujeres con manto, como
+en su tierra; verá bailar la cueca. ¡Y qué remoliendas!... Véngase y no
+sea leso.
+
+Mientras, Ojeda, desde el mirador de proa, contemplaba la muchedumbre
+aglomerada en las bordas, ansiosa de ver cuanto antes la deseada ciudad.
+
+Una mujer, alborotado el pelo y enrojecidos los ojos, gemía a un lado
+del combés. Cerca de ella, unos chicuelos gritaban lagrimeando también;
+pero de pronto parecían olvidarse de su dolor para mirar, como los
+demás, a la línea del horizonte, esperando la aparición de un prodigio.
+Eran la viuda y los hijos de Muiños. Hasta poco antes no habían conocido
+la noticia de su muerte. Le creían en la enfermería, aceptando los
+piadosos embustes de don Carmelo. «¡Pachín!», aullaba la viuda. Una
+preocupación única volvía continuamente como tema obligado de sus
+lamentaciones. «¡Lo han echado al mar!... ¡No lo veré más!» Y los
+pequeños la hacían coro, como una cría de perritos abandonados.
+«¡Padre!... ¡padre!» ¡Qué sería de ellos!...
+
+La _señá_ Eufrasia era la única que intentaba consolarlos con sus
+palabrotas enérgicas. Los demás, enardecidos y contentos por la
+proximidad de la tierra soñada, volvían la cabeza, huyendo de sus
+lamentaciones.
+
+Subido en un caramanchel, un hombre tocaba la gaita, saludando a Buenos
+Aires con el mugido melancólico del inflado pellejo. En el castillo de
+proa sonaba la flauta pastoril de los árabes. Algunos niños, agarrados
+de la mano, daban vueltas siguiendo el ritmo de la música.
+
+De pronto, un grito compuesto de numerosas exclamaciones, un alarido
+igual a los que debieron surgir de las proas de las primera carabelas:
+
+--¡Allí... allí! ¡Ya se ve!
+
+Iba surgiendo del fondo del río una nube blanca con negros manchurrones;
+algo que subía y subía lenta y continuamente, como una aparición teatral
+por la boca de un escotillón. La parte blanca e irregular de la nube
+eran casas; lo negro, arboledas de jardines.
+
+Alguien en la proa rompió a aplaudir con el irresistible entusiasmo de
+las muchedumbres en las reuniones populares. Esta iniciativa fue
+contagiosa, y todos batieron las manos, extendiéndose sobre el río un
+estrépito semejante al del granizo chocando con el cristal. «¡Buenos
+Aires!... ¡Viva Buenos Aires!» Y cesaban de aplaudir para echar en alto
+gorras y sombreros. Un enjambre de puntos negros subía y bajaba sobre la
+proa del _Goethe_. Al cesar por un momento las aclamaciones, percibíase
+el lloro de la gaita gallega, el gorjeo de las cañas árabes y el trágico
+aullido de la pobre hembra y su cría: «¡Pachín! ¡Lo echaron al agua!...
+¡Padre! ¡padre! ¡Qué será de nosotros!...»
+
+El entusiasmo popular se comunicó a los pasajeros del castillo central.
+La música se había colocado en el avante del paseo y rompió a tocar la
+consabida marcha, aunque el buque estaba lejos de la ciudad. Muchos
+pasajeros caminaban marcando el paso al compás de la música, lo mismo
+que los chicuelos que desfilan delante de un regimiento. Algunas
+parejas bailaban, esforzándose por ajustar sus saltos al ritmo de la
+marcha.
+
+Fernando torcía el gesto ante la desmesurada explosión de entusiasmo.
+
+«Es demasiado--pensó--. ¡Cuánta dicha habría de contener ese país para
+dar gusto a tanta gente!...»
+
+Percibíase con toda claridad sobre el cielo azul la blanca silueta de
+Buenos Aires. Fernando, que la había visto años antes y guardaba el
+recuerdo de una ciudad inmensa, pero chata, casi a ras de tierra, sin
+otros salientes que las torres exiguas de sus iglesias, quedó
+sorprendido al distinguir construcciones altísimas, rascacielos como los
+de las metrópolis norteamericanas, edificios rematados por minaretes y
+cúpulas, que brillaban lo mismo que fanales con el reflejo del sol.
+Comenzaba a ser una ciudad tentacular, distinta exteriormente de la que
+él había conocido.
+
+Un remolcador ancho, corto, profundo, que recordaba por sus formas la
+forzuda robustez del toro, vino al encuentro del trasatlántico,
+pegándose a sus costados para echar a bordo al práctico. Otro remolcador
+del mismo aspecto se colocó junto a la proa, marchando aparejado con el
+_Goethe_, como un perrillo trotador al lado de un elefante.
+
+Los pasajeros olvidaron la ciudad para atender a sus equipajes de mano.
+Los _stewards_ iban sacándolos de los camarotes y los alineaban en
+cubiertas y pasillos.
+
+Crecía Buenos Aires con rapidez prodigiosa. No era su aparición igual a
+la de las ciudades situadas en altas costas, que se dejan ver horas
+antes de llegar a ellas. Situada en una ribera baja, los buques la
+distinguían cuando ya estaban junto a ella. Su presencia era casi
+instantánea y se ensanchaba como una gota de agua en un papel secante,
+cubriendo las riberas con su dilatación, extendiendo sus irradiaciones
+lo mismo que si las casas corriesen, queriendo ocupar cuanto antes los
+terrenos vecinos.
+
+Los emigrantes callaban, con los ojos dilatados por la curiosidad.
+Adivinó Fernando los pensamientos de estas gentes, muchas de las cuales
+venían en derechura de la soledad de los campos.
+
+«¡Qué grande!... ¡qué grande!»
+
+Maltrana buscó con sus ojos al señor Antonio el _Morenito_. De seguro
+que había olvidado por el momento sus planes originales para hacerse
+rico. Tal vez sentía un poco de duda, de miedo, y pensaba como los
+otros: «¡Qué grande!».
+
+--Y sin embargo, esto no tiene nada de grandioso--dijo Isidro--. Es una
+ciudad vulgar. Si no fuese por el río, la fachada resultaría fea... Pero
+se presiente que detrás de la fila de edificios que distinguimos, y que
+es como el testero de la ciudad, existen kilómetros y kilómetros de
+tierra cubiertos de viviendas. No se ve la grandeza, pero se adivina.
+Sentimos lo mismo que en presencia de un muro detrás del cual se mueve
+una muchedumbre invisible.
+
+Los dos amigos volvieron la cabeza al notar que Conchita se apoyaba en
+la baranda junto a ellos. Habíase despedido repetidas veces de doña
+Zobeida, pero ésta iba luego en su busca para hacerle nuevas
+recomendaciones. La buena señora pensaba salir aquella noche para su
+amada Salta. Le daban miedo el ruido y el movimiento de Buenos Aires, a
+pesar de que venía de Europa. Eran las impresiones de la niñez que
+persistían en ella. Se apiadaba de su compañera de viaje; ¡pobre niña!
+¡sola en aquella tierra de perdición llena de extranjeros!...
+
+Miró Conchita la ciudad con el ceño fruncido y apretando los labios.
+
+--Es grande, ¿eh, paisana?--dijo Isidro.
+
+--Sí... grande es. Más de lo que yo creía--contestó la joven.
+
+Se adivinaba en ella cierta desorientación. Tal vez sentía miedo al
+pensar en su entrada audaz, sin una moneda en el bolsillo. Pero no tardó
+en reponerse de estas vacilaciones. Brillaron sus ojos con un fulgor
+hostil, lo mismo que si fuese a entrar en pelea, y tendió una mano hacia
+la ciudad, como invitándola a que la esperase:
+
+--¡Yo te arreglaré... marica!
+
+No le daba miedo con toda su grandeza. Y mientras los dos amigos reían
+de este exabrupto, la muchacha huyó, llamada una vez más por doña
+Zobeida.
+
+Los remolcadores tiraban del _Goethe_, que había quedado con las hélices
+inmóviles, confiándose a su dirección. Estaban ya en la embocadura de
+una de sus múltiples dársenas, gigantescos rectángulos de agua
+encuadrados de muelles y _docks_.
+
+Veíase la orilla cubierta de edificios todos iguales, enormes
+construcciones que ocupaban en fila muchos kilómetros. Arrastrábase el
+ferrocarril a lo largo de este cordón de depósitos, barrera interminable
+a la simple vista entre el río y la ciudad. Los tranvías y automóviles
+brillaban veloces por unos instantes en los intermedios entre unos
+edificios y otros.
+
+Apareció a estribor la arboleda de una punta de muelle, con un edificio
+empavesado de banderas de señales.
+
+El agua tenía la suciedad de los espacios cerrados. Las espumas eran
+negruzcas. La proa del buque partía islotes de basura, que al abrirse
+enviaban sus fragmentos hasta los muelles. Sobre los maderos flotantes
+destacábanse el lomo verdoso y los ojos saltones de unas ranas enormes.
+Algunos pájaros acuáticos nadaban en torno del navío, irguiendo sus
+largos cuellos.
+
+A espaldas del _Goethe_ quedaba el río libre, amarillo, rizado, lo mismo
+que una llanura de hierba seca. Los buques veleros, con sus trapos al
+viento, parecían molinos enclavados en esta falsa pradera. Al pasar el
+trasatlántico entre los buques inmóviles, corrían las tripulaciones a
+las bordas para saludarlo con gritos y agitación de gorras. Flotaban en
+las aguas, como harapos blancos, muchos pescados muertos, tendidos sobre
+el lomo, sacando el hinchado vientre.
+
+Maltrana, acostumbrado a ver anclar los buques en mitad de los puertos o
+amarrarse a un muelle en el espacio anchuroso de una bahía, extrañábase
+ante los poderosos trasatlánticos alineados como bestias en unas
+dársenas cuadradas semejantes a corrales acuáticos, y pasando de una a
+otra, sumisos al tirón de los remolcadores. Al quedar sin movimiento,
+parecían los buques mucho más grandes, oprimidos entre muelles y
+edificios, cual si estuviesen encallados.
+
+El desembarcadero atrajo igualmente su curiosidad. Era a modo de una
+estación de ferrocarril, con férrea cubierta, salones de espera,
+depósitos de equipajes y largas verjas, detrás de las cuales se agolpaba
+la muchedumbre. Venía el trasatlántico a acoplarse al muelle lo mismo
+que un vagón se junta con el andén, y los pasajeros no tenían más que
+avanzar por una corta rampa para verse en tierra.
+
+Llegó el _Goethe_ hasta el desembarcadero, después de varias maniobras
+de los remolcadores. Un vapor italiano acababa de despegarse de aquél y
+se retiraba a otra dársena, luego de soltar su cargamento humano. Más
+allá, un vapor con bandera española echaba también gente a tierra.
+
+En el fondo del desembarcadero, una muchedumbre obscura se apretaba
+contra las verjas. Ondeaban banderas tricolores sobre este mar de
+cabezas. Un estrépito de músicas lejanas contestaba a la banda del
+_Goethe_ cuando ésta hacía una breve pausa en sus marchas incesantes.
+
+--Los italianos que esperan a su grande hombre--dijo Ojeda--. Nos
+conviene salir antes de que organicen su manifestación.
+
+Sobre el andén del muelle, una fila de marineros, llevando machete en el
+cinto, contenía a los grupos que habían penetrado con permiso:
+comisiones que aguardaban a los dos conferencistas, familias ansiosas de
+saludar a sus parientes y amigos que agitaban pañuelos, sombreros y
+bastones, preguntando de lejos con gritos estentóreos cómo les había ido
+por Europa.
+
+Y mientras los marineros procedían diligentemente al amarre del buque,
+continuaban sonando las músicas, los lejanos vivas, y un griterío de
+saludo cruzábase entre las gentes aglomeradas en las bordas y el negro
+hormiguero humano.
+
+--¿A usted le espera alguien?--preguntó Isidro, como si le doliese que
+ellos dos fuesen los únicos que no tuvieran un amigo en el muelle.
+
+Fernando no supo qué contestar. Miró a las gentes de buen aspecto que
+ocupaban el andén, sin alcanzar a ver al tío de su cuñado.
+
+Hubo un empujón general en las cubiertas. ¡A tierra! La salida estaba
+libre. Y los dos amigos, pasando un pequeño puente, sintieron bajo sus
+pies la estabilidad del suelo firme, marchando entre los grupos que
+avanzaban al encuentro de los pasajeros con las manos tendidas o los
+brazos en alto, prontos al estrujón cariñoso.
+
+Un joven con acento español abordó a Fernando. «¿El señor Ojeda?...»
+Venía de parte del tío de su cuñado.
+
+--Mi principal ha tenido que ir a su estancia: negocio urgente; volverá
+mañana. Pero todo está listo... Tiene usted habitación en un hotel de la
+Avenida de Mayo.
+
+Los guió entre los grupos que se abalanzaban hacia el trasatlántico.
+Casi se vieron solos en la sala de equipajes, y el registro de sus
+maletas de mano se efectuó con rapidez. El joven empleado se quedaba
+allí para ocuparse en el pronto despacho del equipaje grande.
+
+Salió con ellos del edificio a una explanada llena de muchedumbre, donde
+estaban las banderas y las músicas. La manifestación italiana voceaba
+con prematuro entusiasmo, creyendo que iba a aparecer de un momento a
+otro el grande hombre esperado «_Eviva il professore! Eviva!_»
+
+Ojeda y Maltrana avanzaron entre el gentío casi tambaleándose, como
+embriagados por la sensación del suelo firme bajo sus plantas y el vaho
+que despedía caldeado por el sol. Un reloj señalaba las cuatro de la
+tarde. Junto a sus ojos revolotearon unas moscas pesadas y pegajosas,
+las primeras que salían a su encuentro en la nueva tierra.
+
+Respiraron con delicia al verse sentados en un automóvil descubierto,
+con sus pequeñas maletas entre los pies, corriendo velozmente a lo largo
+de los muelles. A un lado, la ciudad; al otro, la interminable fila de
+depósitos, cortada por callejones, al extremo de los cuales se veían
+cascos de buque, chimeneas, arboladuras, pabellones ondeantes de todos
+los países.
+
+Las calles de la ciudad que desembocaban en la ancha ribera eran todas
+de breve y pronunciada pendiente.
+
+--Es la antigua barranca--explicó Ojeda--sobre la que construyeron los
+españoles la ciudad. Más allá todo es llanura igual, uniforme. Esta
+pendiente es la única que existe en Buenos Aires. Antes, el agua llegaba
+hasta ella. Las tierras por las que marchamos fueron ganadas al Plata.
+
+Atravesó el automóvil varias líneas de ferrocarril tendidas a lo largo
+del río. Pasaba entre largas filas de carros enormemente cargados, que
+hacían temblar el suelo. De los depósitos surgían los más diversos
+olores, revelando el movimiento y la vida de un gran puerto.
+
+Luego, los vehículos mercantiles fueron más escasos, y aumentó el número
+de automóviles y tranvías. Pasaron a lo largo de un jardín. A un lado,
+frente al río, grandes edificios y aceras con arcadas, bajo las cuales
+hormigueaba la muchedumbre jornalera.
+
+Subieron una cuesta, y en lo alto de ella vieron extenderse un palacio
+con los muros de color de rosa. Más allá se abría una plaza blanca con
+un jardín en el centro.
+
+--Aquí se fundó Buenos Aires--dijo Ojeda--. Ese caserón es el palacio
+del Gobierno, lo que llaman «la Casa Rosada». La plaza es la de Mayo.
+Aquel templo griego, la catedral; ese obelisco blanco, la pirámide de la
+Independencia.
+
+Remontaban la cuesta algunos grupos de hombres de campo llevando a la
+espalda fardos de ropas. Sus mujeres marchaban junto a ellos, mirándolo
+todo con ojos de asombro. Los pequeños trotaban delante, con la boca
+abierta por la misma impresión de sorpresa. Eran emigrantes que acababan
+de desembarcar de los buques llegados antes que el _Goethe_, y se metían
+ciudad adentro, en compañía de los amigos que les habían esperado en el
+puerto.
+
+--Todos somos unos--dijo Ojeda alegremente--. Todos venimos a lo mismo.
+Sólo que ellos entran a pie y nosotros en automóvil.
+
+La Avenida de Mayo abrió ante ellos su larga perspectiva: dos filas de
+altos edificios y dos líneas de aceras orladas de árboles, con grandes
+escaparates y numerosos cafés y hoteles, que esparcían fuera de sus
+puertas mesas y sillas. En mitad de la calle una hilera de candelabros
+eléctricos, y en último término, algo esfumado por la lejanía, un
+palacio blanco, el Congreso, con una cúpula esbelta que ocupaba gran
+parte del cielo visible entre la doble fila de casas.
+
+Maltrana, a impulsos de una alegría pueril, empezó a empujar a su amigo
+juguetonamente.
+
+--¡Buenos Aires!... ¡Ya estamos en Buenos Aires!
+
+Luego miró obstinadamente al fondo de la Avenida, fijándose en la cúpula
+esbelta, que parecía irradiar luz sobre el cielo, teñido de rojo por el
+sol decadente de la tarde.
+
+Volvía a su memoria el recuerdo de los argonautas y sus aventuras por
+alcanzar el Vellocino de oro.
+
+--Nosotros, argonautas modernos y vulgares, no tenemos que esforzarnos
+por ir en su busca. Nos sale al encuentro. Ahí está. ¡Mírelo cómo
+brilla!
+
+Y señaló la cúpula, que reflejaba los rayos solares en sus aristas y en
+los focos de cristal incrustados en sus curvas. El celeste azul que le
+servía de fondo tomaba igualmente un resplandor de oro. ¡Presagio feliz!
+Maltrana no pudo contener su entusiasmo.
+
+--Sonría usted, Fernando. El cielo se viste de gala para recibirnos.
+Cualquiera diría que llueve oro. Fíjese bien. Es un chaparrón de libras
+esterlinas. ¡Tierra prodigiosa!
+
+Ojeda sonrió con dulce lástima ante el entusiasmo de su amigo.
+
+--Sí; sobre esta tierra llueven libras, pero en su pesadez se meten
+hondas... ¡muy hondas! Prepárese, Maltrana; tome fuerzas. Hay que
+agacharse en posturas dolorosas para alcanzarlas... hay que sudar mucho
+para llegar hasta ellas.
+
+
+FIN
+
+Buenos Aires-París
+1913-1914
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS ARGONAUTAS***
+
+
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+
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://www.gutenberg.org/about/contact
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