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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 02:20:02 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El deseo
+
+Author: Hermann Sudermann
+
+Release Date: July 17, 2008 [EBook #26078]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: UTF-8
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
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+
+
+
+
+BIBLIOTECA DE «LA NACION»
+
+H. SUDERMANN
+
+EL DESEO
+
+BUENOS AIRES
+
+1909
+
+Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.--Buenos Aires.
+
+
+Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua
+cristalina, será, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores
+de la Biblioteca de LA NACIÓN.
+
+Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es
+hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que
+desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades
+morales.
+
+En _El Deseo_, una de las mejores obras del novelista germano, la trama
+gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia,
+dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente
+dotada por la Naturaleza, mental y físicamente, pero a quien profundos
+desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de
+pasión, de cariño, de iracundias y de bondades, predominando siempre una
+sensibilidad casi enfermiza, casi mística, para los impulsos y actos
+nobles.
+
+Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente,
+brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad.
+
+
+
+
+EL DESEO
+
+
+
+
+I
+
+
+Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano médico.
+
+Estaba él todavía en el lecho, y embargado por el sentimiento de
+bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando
+se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por día en un
+cabriolé de médico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y
+los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las sábanas alguna
+vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro más
+joven.
+
+Alargó y estiró sus miembros cascados y volvió a hundir en las almohadas
+su rostro gastado y amarillento, salpicado de ásperos vellos blancos,
+cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa
+ama imperiosa que, durante tantos años, fuera indispensable o no, lo
+había sacado de su cama antes del amanecer, no le permitió descansar ni
+aun entonces.
+
+Suspiró, bostezó, se avergonzó de su pereza y tomó la campanilla puesta
+a su cabecera, en la mesa de noche.
+
+Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como él, apareció
+en el umbral.
+
+--¿Qué hora es, señora Liebetreu?--le gritó.
+
+Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la
+cama del doctor, y cuyo despertador estridente había interrumpido más de
+una vez de un modo desagradable sus sueños de la mañana, no se le había
+dado cuerda desde el día en que el joven médico adjunto había llegado a
+Gromowo, «para que yo sepa bien--se complacía en decir el doctor--que en
+lo sucesivo mi vida está en reposo.»
+
+--Las ocho menos cuarto, señor doctor--respondió la anciana, ocupándose
+en arreglar la tapa de la estufa.
+
+--¡Vaya! ¡vaya!--exclamó él, enderezándose.--¡Qué perezoso me he vuelto!
+Y... ¿han llegado cartas?
+
+--Sí, varias por correo y una que trajo personalmente el joven señor
+Hellinger hace dos horas.
+
+--¡Pero, si hace dos horas, era todavía de noche!
+
+--Sí; me dijo que tenía que ir hasta la granja y que no podía esperar
+más. Ya anoche, cuando el señor doctor estaba en _El Águila Negra_,
+vino y se quedó esperando casi dos horas.
+
+--¿Y por qué no me mandó usted llamar?--gritó el doctor con el tono
+gruñón de un anciano bonachón pero bilioso.
+
+--¿Acaso no nos lo prohibió él?--replicó la ama de llaves, exactamente
+en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de
+su parte: era más bien el eco del carácter del anciano.--Estuvo sentado
+en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sentó) iba
+de un lado a otro como una fiera, se reía, hablaba solo; yo desconocía a
+nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llevé cerveza, seis
+botellas; se las bebió todas, y tuve que beber con él... En fin, tenía
+algo de trastornado.
+
+--¡Eh! ¡eh!--murmuró el anciano riéndose por lo bajo.--Me parece que
+allí hay algo de Olga. Al fin, ella se habrá... ¿Y son para hoy esas
+cartas?--exclamó de repente, como si estuviera lleno de furor, aun
+cuando su rostro permanecía sonriente.
+
+Y cuando la ama de llaves, refunfuñando, hubo satisfecho su deseo, sin
+vacilar tomó de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no
+concedió siquiera una mirada a las demás.
+
+Una alegre emoción hacía temblar sus manos, mientras desdoblaba el
+papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, leyó:
+
+* * *
+
+«Querido viejo tío:
+
+»Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si
+pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los
+tuyos, todo lo que siento en el corazón... Todavía no lo creo, la cabeza
+me da vueltas cuando pienso en ello. Tío querido, en los peores días de
+prueba me ayudaste y protegiste. Tú solo tendiste los brazos a Marta
+cuando todos--y hasta mis mismos padres--le volvían la espalda, llenos
+de frialdad y de desconfianza. ¡No pudiste conservármela, tío querido!
+Dios la llamó a sí, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi razón
+amenazaba extraviarse, tú me tomaste la cabeza entre tus brazos y me
+hablaste como habría podido hacerlo un sacerdote.
+
+»Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida,
+que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones
+materiales y mi pasión por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre
+cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres años que
+duró nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la
+vida parece querer darme ahora todo lo que todavía puede tener para mí
+de alegría y de tranquilidad.
+
+»Tú sabes, tío, cómo, en medio de mi dolor, me dejé llevar por un afecto
+sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga.
+Todo te lo confesé, busqué consuelo cerca de ti cuando me atormentaba,
+cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto aún llevaba.
+Y me dijiste entonces:
+
+--»¿Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegiría
+a otra que a esa hermana, que era, después de ti, lo que ella más
+quería en el mundo?
+
+»Me quedé espantado hasta el fondo del alma, pues jamás me habría
+atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero tú no cesaste de exhortarme,
+tanto, que por fin, hace ocho días, armándome de todo mi valor, le pedí
+que compartiera mi suerte. Ella se negó, tú lo sabes.
+
+»Se puso pálida como una muerta; en seguida me tendió la mano y me dijo,
+resistiéndose:
+
+--»Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer.
+
+»Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me decía: ¡esto no es más que lo
+que mereces, presuntuoso!
+
+»Y he aquí que hoy, querido tío... no puedo escribirlo... Mi mano se
+detiene. ¡Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma!
+¡Mañana, tío, mañana te lo contaré todo!
+
+»Por la mañana tengo que ir a la granja. Volveré como a las doce, e
+inmediatamente haré la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada
+sospecha todavía: he aquí sus proyectos trastornados una vez más, por lo
+cual Olga tendrá mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por
+despedirla de la casa. ¡Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes!
+
+»Son las tres de la mañana: basta por hoy.
+
+»Tu muy agradecido y muy feliz, _Roberto Hellinger_.»
+
+* * *
+
+El viejo médico enjugó una lágrima que rodaba por su mejilla. «¡El buen
+muchacho!»--murmuró.--«¡Cómo remolinean los sentimientos en su cerebro
+acalorado, y qué franqueza en todo esto, qué rectitud en la menor
+palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble niña: es
+el único a quien yo te daría con placer. Y ahora voy a ver si tú también
+tienes confianza en el viejo tío. Voy a cerciorarme de ello
+inmediatamente.»
+
+Y riéndose y gruñendo escondió la cabeza entre las almohadas. Luego, de
+repente, gritó con voz que resonó en toda la casa como un trueno:
+
+--¡Mil millones!... ¿Dónde está mi pantalón?
+
+Se lo llevaron, y cinco minutos después, el anciano se hallaba ya listo,
+delante de su espejo; sólo le faltaba su peluca de un gris amarillento.
+
+--Mi sombrero... mi abrigo... mi bastón...--gritó en el corredor.
+
+--¡Pero el café, Dios mío, el café!--gritó la vieja desde la cocina, más
+fuerte aún, si esto era posible.
+
+--¡Bueno, pero pronto entonces!--replicó él, siempre en el mismo
+tono.--Es preciso que esté aquí antes de que yo haya concluido de leer
+mis cartas.
+
+Y, refunfuñando de impaciencia, tomó el montón de cartas que se había
+quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que él le hiciera caso.
+Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,--¡un
+pobre ciego con un hijo recién nacido!--y de repente se estremeció,
+mientras una sonrisa aparecía de nuevo en su rostro.
+
+--¡Diantre! No me esperaba esto--murmuró con satisfacción.--Ella tampoco
+ha podido dormirse sin hacer al viejo tío el confidente de su dicha. Eso
+está bien, hijos míos; os lo tendremos en cuenta.
+
+Y con la misma alegre prisa con que había abierto la carta de Roberto
+Hellinger, rompió el nuevo sobre.
+
+Pero apenas había comenzado a leer, cuando con un grito ahogado
+retrocedió dos pasos, tambaleándose, como un hombre que recibe un golpe
+por sorpresa. Su rostro gris se volvió de una palidez gredosa, sus ojos
+salieron de sus órbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como
+garras el papel que temblaba.
+
+Cuando la ama de llaves entró con el café, encontró a su amo sentado
+como una mole inerte en un ángulo del sofá, con la frente cubierta de
+gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el
+papel que sus manos estrujaban todavía con un apretón casi convulsivo.
+
+--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Señor doctor!--exclamó la anciana dejando caer
+con estrépito la bandeja sobre la mesa.
+
+Estas exclamaciones le hicieron volver en sí. Se hizo dar agua, de la
+cual bebió ávidamente dos grandes tragos, se humedeció la frente y las
+sienes con el resto, e hizo señas a la ama de llaves para que se
+alejara.
+
+Y entonces, después de haber echado el cerrojo a la puerta, recogió la
+carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa:
+
+* * *
+
+«Mi querido amigo, mi segundo padre:
+
+»Cuando lea usted estas líneas, habré cesado de vivir. He reunido y
+conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio,
+cuando después de la muerte de Marta, perdí el sueño; habrá lo
+suficiente, así lo espero, para asegurarme el descanso.
+
+»Usted que me protegió como un segundo padre, será el único en saber por
+qué he tomado esta extrema resolución. En las largas noches de invierno,
+cuando la tempestad sacudía mi ventana y yo no podía dormir, he escrito
+en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo
+que no me dejará un instante de reposo hasta que me haya dormido para
+siempre. En mi estante de libros encontrará usted, escondido detrás de
+los volúmenes de Heine, un cuaderno azul. Guárdeselo usted, sin que los
+demás lo noten; y cuando lo haya usted leído todo, vaya usted a mi tumba
+y rece un Padre Nuestro.
+
+»Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido.
+Ella es quien me arrastra detrás de sí.
+
+»Usted lo comprenderá todo cuando haya leído mi historia: quizá hasta
+sabe usted de mi secreto más de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el
+delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. ¿Por qué si
+no, habría usted alejado de mi lecho a todos mis parientes?
+
+»¿Se horrorizó usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? ¿Me
+compadece usted? ¿Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me
+desprecia; si así fuera, ¿me habría usted podido demostrar tanto afecto?
+Por otra parte, lea usted mi cuaderno, allí está todo.
+
+»Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quería enviarlo,
+después de muchos años, cuando a nuestra vez hubiéramos sido viejos, al
+hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qué lo había
+rechazado.
+
+»Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dejé
+caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no había manera de
+escapármele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte.
+
+»Y todavía tengo que dirigir a usted una súplica. Es la súplica de una
+moribunda y, si está en poder de usted, accederá usted a ella.
+
+»Oculte usted al mundo entero--y ante todo a aquel a quien amo--que me
+he dado la muerte. ¡Ojalá crea que lo que me ha matado es la alegría!
+Destruiré todo lo que pudiera revelar un suicidio: los únicos signos
+aparentes serán los de una muerte de aneurisma o de congestión.
+
+»Se lo suplico a usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted
+todavía esta satisfacción suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo.
+Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.--_Olga
+Bremer._»
+
+* * *
+
+El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se
+bamboleaba, apretaba los puños y se golpeaba la frente; en seguida
+volvió a caer sobre una silla.
+
+--Es una locura, una completa locura--gimió enjugándose las gotas de
+sudor que cubrían su frente.--Hija mía, ¿qué es lo que ha pasado por ti?
+¿Qué te ha obscurecido así la razón? ¡Mi pobre, pobre y querida niña!
+
+Luego se levantó de un salto y buscó con sus manos temblorosas su
+sombrero y su abrigo.
+
+¡Socorrer! ¡socorrer! ¡arrancar su víctima a la muerte! He ahí el
+pensamiento que, por el momento, le llenaba el espíritu. Un instante
+tuvo la idea de que quizá la joven no había puesto seriamente su
+proyecto en ejecución; pero la desechó inmediatamente. Había aprendido a
+conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de
+una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad.
+
+Pero quizá la dosis que había tomado era demasiado débil, quizá el
+tiempo--hacía más de un año que Marta había muerto de parto, y en esa
+época era cuando él había dado a Olga la poción calmante--quizá el
+tiempo había atenuado la fuerza del veneno. Sí, sí, así era; era preciso
+que así fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse
+inofensiva.
+
+¡Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba
+vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qué. Luego tomó de nuevo
+la carta.
+
+--¿Y qué es lo que me pides? Hija, hija mía, ¿te figuras que sea cosa
+tan fácil violar un juramento, renunciar, como se arrojaría un cascarón
+vacío, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio
+siglo? Niña, no sospechas lo que pides a un hombre de honor.
+
+En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvió a leer una vez
+más este pasaje: «Es la súplica de una moribunda... se lo suplico a
+usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted todavía esta
+satisfacción suprema.»
+
+Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas lágrimas.
+
+--Es imposible, hija mía, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y
+aun cuando lo quisiera, me traicionaría yo mismo. No soy ya más que una
+pobre y vieja ruina, y no soy dueño de mis nervios. Lo notarían a la
+primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu
+tío... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es
+necesario ante todo salvarte. ¡Día de Dios! Viejo, sé hombre todavía por
+lo menos una vez en tu vida. ¡Es preciso que la salves, es preciso, es
+preciso, es preciso!
+
+Y tan ligero como sus piernas cascadas podían llevarlo, se
+precipitó--empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la
+puerta--y echó a andar por la escarcha helada y punzante de la mañana de
+invierno.
+
+
+
+
+II
+
+
+La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno,
+presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad más perfectas.
+Del tubo del aparato de cobre para hacer café, cuyo vientre, bruñido y
+lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor
+azulado que volvía a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empañaba el
+azucarero de plata y coronaba con un rocío las tazas de café.
+
+El señor Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la
+nieve; sus facciones regulares y todavía jóvenes, sus mejillas
+sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. Cómodamente
+extendido en su sillón azul floreado, con la bata recogida sobre las
+rodillas, parecía esperar con una resignación apacible lo que el
+destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese día.
+
+Esta acababa de echar un poco de café en el filtro, y se limpiaba
+minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada,
+adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba,
+cuyas cintas estaban sólidamente atadas bajo su carnosa barba, se
+inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y áspero rostro de
+viejo dragón, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las
+mujeres de edad que beben de buen grado un trago de coñac en la copa de
+sus maridos, brillaba lleno de energía y de decisión en su marco de
+encajes. Se veía en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a
+doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su
+ancha boca, demostraba hasta qué punto acostumbraba a perseguir, sin
+dejarse detener, la realización de sus planes.
+
+Y, para no permanecer inactiva hasta que el café hubiera pasado, tomó el
+tejido de gruesa lana que en su condición de «Presidenta de la
+Asociación de las mujeres» y de «Directora de la comisión de los
+pobres,» no se permitía jamás abandonar, y con una rapidez inaudita hizo
+deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al
+trabajo.
+
+--Adalberto, ¿no tienes noticias de Roberto?--preguntó con voz ruda y
+metálica, que debía penetrar hasta en los menores rincones de la casa.
+
+La pregunta pareció desagradar al anciano, quien movió la cabeza como si
+hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal.
+
+--Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo--continuó ella, y su amarga
+sonrisa se acentuó aún más.--Hace ocho días que no se ha dejado ver ni
+ha dado señales de vida. ¡Si habitara en la luna, no vendría con más
+rareza!
+
+El señor Hellinger refunfuñó algo en su barba y se preparó a tomar su
+larga pipa.
+
+--Parece que todavía hay algo que no va bien,--continuó ella.--En estos
+últimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en
+mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener
+encima algún pago que no puede hacer.
+
+--¡Pobre muchacho!--dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin
+duda para desechar ese pensamiento desagradable.
+
+--¡Sí, pobre muchacho!--repuso ella en tono burlón.--¿Todavía lo
+compadeces, quizá? ¿Eres capaz de haberle dado otra vez algo a
+hurtadillas?
+
+Él, en señal de protesta, levantó sus manos blancas y bien cuidadas,
+pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente.
+
+--Adalberto--dijo ella en tono amenazador,--no quiero que eso vuelva a
+suceder. Lo que le das a él nos lo quitas a nosotros y nuestros demás
+hijos. ¡Si todavía fuera digno de ello! Pero «quien no quiere escuchar
+debe padecer.» Si por arrogancia y por obstinación corre a su pérdida...
+
+--Permite, Enriqueta...--insinuó el señor Hellinger tímidamente.
+
+--Yo nada permito, querido Adalberto--replicó ella.--¡Quien no quiere
+escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere
+seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta
+sólo por él, que pasa las noches cavilando y atormentándose...
+
+Y se frotó los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de
+lágrimas.
+
+--¡Pero Enriqueta!--volvió a decir él.
+
+--¡Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras;
+te permito quedarte en _El Águila Negra_ todo el tiempo que quieres; te
+dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes
+soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a
+propósito, bien podrías evitar el volcar tres sillas como lo hiciste
+ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideración por tu
+vieja y fiel esposa; pero ¿qué era lo que quería decir? Sí, en cuanto a
+mis planes, me harás el servicio de no mezclarte en ellos, por que no
+los comprendes. ¿Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por
+ese bribón de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas,
+escribir cartas, y sabe Dios cuántas otras cosas. Lo presenté a cinco o
+seis jóvenes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo
+que no tenía más que extender la mano. ¿Pero qué hizo? Supongo que
+todavía te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro años, nos
+trajo a Marta, ¡a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques
+vienen de allí.
+
+--¡Pero, Enriqueta!
+
+--Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu antífona:
+«Marta era mi carne y mi sangre;» ya lo sabemos. Pero, si quería
+mostrárseme como una sobrina afectuosa y agradecida, ¿por qué no le
+trajo la dote necesaria? ¡Porque nada tenía, naturalmente, nada! Mi
+hermano murió indigente como una rata de iglesia. ¿Es esto decente en un
+miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se
+le antojara, poco me importa; sólo que no tenía necesidad de echarnos a
+su hija en los brazos.
+
+--Pero... ya está muerta--observó el señor Hellinger.
+
+--Sí, ya está muerta--replicó su esposa juntando las manos.--Yo no diré:
+alabado sea Dios, porque eso sería pecado; pero ya que el buen Dios lo
+ha decidido así, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la
+locura de Roberto. Mientras estabas en _El Águila Negra_, bebiendo tu
+vino tinto, me puse nuevamente en campaña, trabajé, tomé nuevas
+informaciones; ya no tiene más que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann,
+con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de
+su padre; tiene a la chica Versen, todavía muy joven, es cierto, pues
+acaba de ser confirmada, pero esa tendrá aún más. Y todavía me quedan
+otras tres o cuatro. ¿Pero qué crees que contesta a mis proposiciones?
+«Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguirás no volver a
+verme.» ¿Hase visto jamás? No faltaría más que una cosa: que, después de
+Marta, tomara todavía a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa
+madre no le quedaría más que morir. A propósito, ¿dónde se ha metido
+hoy la señorita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todavía.
+Puede ser que en la casa de mi señor hermano, que tenía costumbres
+polacas, cultivaran el hábito de quedarse en la cama hasta las
+doce--¡pero en una casa bien manejada como la mía, no habría que pensar
+en eso, Adalberto! Yo sabré poner orden.
+
+--No comprendo, mi querida Enriqueta, por qué me diriges los reproches
+que son para tu sobrina.
+
+--¡Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu protección, Adalberto!
+Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me
+desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco
+voy a poner fin a todo esto. Hace un año entero que la tengo a mi lado,
+y ya comienza a ser perfectamente inútil.
+
+--¿Pero acaso no trabaja de la mañana a la noche en cuidar la casa de
+Roberto? ¿Se pasa un solo día sin que vaya a la granja? ¡No seas tan
+injusta con ella, Enriqueta!
+
+Ella le lanzó una mirada de compasión:
+
+--Si no fueras tan niño, como lo has sido siempre, Adalberto, se podría
+conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso
+¿ves? ¿Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a
+pavonearse todos los días en la granja y darse tonos de ama delante de
+él y de los sirvientes? ¡Oh! ¡Es muy lista, mi sobrina Olga! ¡Ya habrá
+hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a
+ella--sólo a ella--le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es
+eso ¿qué tendría que ir a hacer todos los días a la granja?
+
+--Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta.
+
+--¡Naturalmente! ¡Naturalmente! ¡Cuántas cosas te hacen creer con
+cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qué lo hace y por qué ama a ese
+pobre niño hasta comérselo a caricias: ¡conoce el camino que lleva al
+corazón del padre!
+
+--Pero tal vez no lo quiere--insinuó el viejo Hellinger.
+
+Ella soltó la risa.
+
+--¡Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las
+puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no
+pongo fin a todos estos manejos mostrándole la puerta, podría muy bien
+suceder que un día Roberto la tomara por la mano y nos dijera: «Ahora,
+papá y mamá, tengan ustedes la bondad de darnos su bendición.» Pero,
+antes que ver una cosa semejante, Adalberto...
+
+En el mismo instante, un gran ruido de pasos resonó en el vestíbulo; y
+casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta.
+
+--¡Toma!--dijo la señora Hellinger.--He ahí uno que hace tanto estruendo
+como un alguacil. ¡Todavía no estamos en ese estado, sin embargo!
+
+Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: «¡Adelante!»
+
+El viejo médico penetró en la habitación. Tenía el sombrero echado hacia
+atrás, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como
+después de una carrera desenfrenada. Se olvidó de dar los buenos días y
+no hizo más que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora.
+
+--¡En nombre del Cielo, doctor!--le gritó el señor Hellinger
+precipitándose a su encuentro.--¡Nos embistes como un toro!
+
+La señora Hellinger, al contrario, asumió su aspecto áspero y refunfuñó
+algo como: «modales de fumadero.»
+
+Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que,
+con la cara de todos los días, lo miraban con estupor, se dejó caer en
+una silla con un suspiro de alivio. ¡Así, pues, la terrible cosa no se
+había realizado! Pero, un instante después, la ansiedad volvió a
+apoderarse de él.
+
+--¿Dónde está Olga?--tartamudeó alzando los ojos hacia la puerta, como
+si fuera a verla entrar en ese instante.
+
+--¿Olga?--dijo la señora Hellinger encogiéndose de hombros.--¡Qué sé yo!
+Sin duda va a venir de un momento a otro; ¿es por algo urgente?
+
+--¡Alabado sea Dios!--exclamó el doctor juntando las manos.--¡De modo
+que ya ha bajado!
+
+--No, eso no--dijo la señora Hellinger.--La señora Duquesa se ha dignado
+dormir hoy un poco más.
+
+--¡Dios del Cielo!--exclamó de nuevo él.--¡Y nadie ha ido a verla!
+¿Nadie sabe nada de ella?
+
+--Doctor ¿qué te pasa?--gritó el viejo Hellinger que comenzaba a
+inquietarse.
+
+Sin duda, el doctor se acordó en ese momento de la súplica que terminaba
+la carta de despedida de Olga; comprendió que, de ese modo, su deseo de
+respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto,
+e hizo un último y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto.
+
+--¿Qué me pasa?--balbució con una sonrisa dolorosa.--¡Pues nada! ¿Qué
+había de tener? ¡Mil millones!...
+
+Y, en seguida, abandonando todo fingimiento gritó:
+
+--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Has permitido la espantosa desgracia! ¡La has
+dejado de tu mano!
+
+Y poco le faltó para dejar correr sus lágrimas; pero, reuniendo toda la
+energía que quedaba en su cuerpo gastado, se enderezó recto como una I:
+
+--Venid al cuarto de Olga--dijo,--y no os asustéis, cualquiera que sea
+el estado en que la encontréis.
+
+El viejo Hellinger palideció y su mujer se puso a gritar y sollozar: se
+aferraba al brazo del doctor y quería saber lo que había sucedido, pero
+éste no decía una palabra más.
+
+Así subieron los tres la escalera que conducía al cuarto de Olga,
+mientras que en el vestíbulo los sirvientes se reunían y los
+contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos.
+
+Delante de la puerta de la habitación de Olga, la señora Hellinger tuvo
+un ataque de desesperación.
+
+--Toque usted, doctor--dijo con un sollozo.--Yo no puedo.
+
+El anciano tocó.
+
+Nadie contestó.
+
+Tocó una vez más y puso el oído en el agujero de la cerradura.
+
+Siempre el mismo silencio.
+
+Entonces la señora Hellinger se puso a gritar:
+
+--Olga, querida hija mía, abre; somos nosotros, tu tío, tu tía, y tu
+viejo tío el doctor. Puedes abrir sin temor, querida mía.
+
+El doctor dio vuelta al botón; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por
+el agujero de la cerradura; estaba tapado.
+
+--¡Manda buscar al cerrajero, Adalberto!--dijo.
+
+--¡No!--gritó la señora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su
+pena.--Yo no lo sufriré; no ha de suceder así: la vergüenza sería
+demasiado grande; yo no podría sobrevivirle. ¡Qué vergüenza! ¡qué
+vergüenza!
+
+El doctor le lanzó una mirada en que se leían el asco y el desprecio.
+Pero ella no le hizo caso.
+
+--Tú eres fuerte, Hellinger--dijo.--Apóyate contra la puerta, quizá
+consigas romper la cerradura.
+
+El señor Hellinger era un coloso. Apoyó uno de sus robustos hombros en
+la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir.
+
+--Despacio--le dijo su mujer.--Los sirvientes están en el vestíbulo.
+
+--¡Idos a hacer algo en la cocina, montón de perezosos!--gritó en la
+escalera su voz regañona.
+
+Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empujón, y una de las
+tablas se partió por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtró
+en la semiobscuridad del corredor.
+
+--Déjeme mirar por allí--dijo el doctor, el cual, esperando lo peor,
+había recuperado su serenidad y su sangre fría.
+
+Hellinger arrancó algunas astillas de madera, de manera que, por la
+abertura, se pudiera ver todo el cuarto.
+
+Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La
+sobrecama arrojada a los pies formaba un montón blanco detrás del cual
+brillaba la línea rubia de las trenzas de Olga; también se alcanzaba a
+ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la sábana. Los
+pies estaban descubiertos; parecían haberse estirado en convulsiones
+contra la madera de la cama y después haber vuelto a caer sin fuerza.
+
+A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las
+enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y
+sobre la pequeña alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas
+de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse.
+
+Sobre el mármol de la mesa de noche, medio apoyado contra la lámpara,
+reposaba un libro, todavía abierto, como si se le hubiera dejado allí
+en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello parecía cernerse esa
+paz serena e indefinible que revela el alma pura de una niña. La que
+allí moraba se había dormido la víspera con una plegaria para
+despertarse en la mañana con una sonrisa.
+
+Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apartó de la
+abertura.
+
+--Pasa tu brazo por allí, Adalberto--dijo,--y procura alcanzar la
+cerradura. Ella la ha cerrado por dentro.
+
+Pero la señora Hellinger, apretándose contra la puerta, suplicó a
+grandes gritos a «su querido tesoro» que se despertara y abriera ella
+misma. Al fin, se consiguió apartarla y abrir la puerta.
+
+Los tres se acercaron a la cama.
+
+El rostro blanco como un mármol parecía mirarlos con sus ojos vidriosos,
+medio cerrados, en los labios una sonrisa extática.
+
+La encantadora cabeza, de líneas firmes y nobles, se inclinaba un poco
+sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se
+desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de
+noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El botón de nácar, al cual se
+adhería un jirón de tela y que se había quedado en el ojal, era lo único
+que indicaba que, antes de dormirse, la joven había debido ser presa de
+una violenta agitación.
+
+--Duermes, tesoro mío, dime que duermes,--dijo la señora Hellinger
+sollozando.--Dime que no has hecho semejante afrenta a tu tía, a tu
+querida tía que te ha criado y cuidado como a su propia hija.
+
+Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoderó de la mano lívida que colgaba
+y trató de levantarla.
+
+Su marido, más sensible, se había ocultado el rostro entre las manos y
+lloraba.
+
+El doctor no se dejó llevar por la emoción. Había sacado de su bolsillo
+su estuche, y, rechazando a la señora Hellinger con un ademán apenas
+cortés, se inclinó sobre el pecho que, con un movimiento brusco, había
+descubierto por completo.
+
+Cuando se enderezó su rostro estaba mortalmente pálido.
+
+--¡Una última tentativa!--dijo.
+
+E hizo una rápida incisión horizontal en el brazo, en el sitio en que
+una arteria se dibujaba en línea azulada en la blancura nívea de la
+carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; sólo
+al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente.
+
+Entonces el anciano arrojó lejos de sí el luciente bisturí, y con las
+manos juntas, luchando con las lágrimas, se puso a rezar un _Pater
+Noster_.
+
+
+
+
+III
+
+
+El mismo día, a eso de las doce, a través de los terrenos pantanosos que
+se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de
+un caballo se dirigía hacia la pequeña ciudad.
+
+Tan tupidas y pesadas que parecía que se las pudiera tocar con las
+manos, las nubes se extendían sobre la llanura. De trecho en trecho se
+alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce,
+completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes,
+colgadas en largas filas de las desnudas ramas.
+
+Las ruedas se hundían profundamente, en el barro del camino, que corría
+entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada
+instante hasta la caja del coche. El que lo conducía poco se preocupaba
+del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permanecía
+sumido en su rincón, y sólo se enderezaba a ratos, cuando las riendas
+amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se diseñaba la
+estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba
+como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba
+dentro de sus pliegues.
+
+Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quizá en mayor proporción,
+y el rostro también presentaba una semejanza que no podía engañar; pero
+las facciones, que en el padre habían conservado, hasta bajo los
+cabellos blancos, una amable dulzura, se habían acentuado en él en
+pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez,
+un humor sombrío y siempre inquieto. Una barba rizada y desaliñada
+envolvía las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y
+adquiría en las extremidades de la boca un matiz más claro y caía sobre
+el pecho en dos puntas de un rubio apagado.
+
+Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el
+prometido de Olga.
+
+De la felicidad que le había llegado la víspera, su frente no dejaba
+adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a
+lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era
+que sabía que tendría todavía mucho que hacer antes de poder llevarse a
+su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la
+victoria misma no le llevaría más que inquietudes y tormentos. Volvía a
+ver con el pensamiento los tiempos difíciles que había atravesado, y que
+apenas alumbraron algunos rayos de sol.
+
+Hacía seis años ya que su padre le dejó solemnemente, en su condición de
+hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a
+la pequeña ciudad y llevar en ella una vida apacible y cómoda. Desde ese
+día comenzó su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan
+pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la
+carga: todo lo que conseguía ganar con sus manos encallecidas, todo lo
+que ahorraba en sus gastos personales, desaparecía absorbido por las
+reclamaciones de los suyos. Y no podía quejarse; todo sucedía conforme
+al derecho más estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida
+hasta el último centavo entre él y sus seis hermanos y hermanas--sin
+hablar de la reserva que habían estipulado para ellos los padres.
+
+Cada teja de su techo y cada terrón de sus campos estaba empeñado; sobre
+cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su
+madre, que vigilaba severamente para que los réditos no se atrasaran un
+minuto.
+
+¿Acaso no estaba en su derecho? ¿Podía él exigir que lo quisiera con
+mayor cariño que a sus otros hijos? Sus hermanos tenían que seguir una
+carrera, sus hermanas se habían casado, gracias a la dote; todos y todas
+fijaban en él miradas ansiosas y ávidas como en el autor y el sostén de
+su dicha.
+
+¡Los réditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba
+a toda hora, amenazante, en sus oídos, y por la noche le hacía
+despertarse sobresaltado y llenaba sus sueños de visiones espantosas.
+
+¡Los réditos! ¡Cuántas veces, por causa de ellos, se había golpeado la
+frente con los puños cerrados! ¡Cuántas veces había corrido,
+obsesionado, atontado, a través de los campos fangosos, para escaparse
+de esa tropa de demonios chispeantes; cuántas veces, en un acceso de
+loco furor, rompió con el puño algún utensilio, arado o vara de coche,
+como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero
+ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le seguían con más tenacidad y
+más de cerca, le chupaban más y más ávidamente, hasta la médula, todo el
+vigor de su juventud.
+
+¿Y de qué le servía dominarlos, si alguna vez lo conseguía? A esa hidra
+le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se
+alzaba, más temible, hinchándose más desmesuradamente ante sus ojos
+llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre él, a aplastarlo
+con el peso de su mole gigantesca.
+
+Así se había arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un
+condenado, desde el día solemne que fue alegremente celebrado y rociado
+con vino y con champaña en _El Águila Negra_.
+
+¡Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le
+perdonaba uno solo de los espárragos que se habían reservado en la
+primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la época de la
+cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos.
+
+«Quien no quiere escuchar debe padecer,» era su máxima predilecta, y él
+nada escuchaba ¡oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple
+«sí,» habría podido poner término a todos sus tormentos, habría podido
+vivir hasta el fin de sus días en la abundancia y en la alegría; y que
+no quisiera pronunciarlo, por una obstinación estúpida e inconcebible,
+que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que
+su madre no podía perdonarle.
+
+Dos años transcurrieron así. Entonces sintió que, si continuaba esa
+existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La
+vacilación, el temor, lo enervaban más y más: resolvió, pues, buscar un
+fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le habían
+prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios
+pálidos.
+
+Y llegó el día en que llevó como esposa bajo su techo a la amada de su
+juventud, que hacía poco se había quedado huérfana y sin hogar.
+
+Era un sombrío y triste día de noviembre; las nubes grises corrían en el
+cielo como siniestros pájaros. Temblorosa y muy pálida con su vestido
+negro, la delicada y enfermiza criatura se suspendía de su brazo y se
+estremecía bajo las miradas con que la examinaban los extraños, en las
+cuales se mezclaban la compasión y el desdén.
+
+Su suegra la había acogido con reproches e imprecaciones, y transcurrió
+casi un año antes que entre ellas se establecieran relaciones algo
+tolerables.
+
+Marta se había mostrado valerosa y activa, y había, no obstante su mala
+salud, trabajado de la mañana a la noche para poner en orden todo lo que
+un amo, largo tiempo soltero, había dejado ir a la deriva.
+
+Y cuando, después de tres años de vida común, llena de paz y de
+consuelo, el Cielo prometió bendecir su unión, ella no cesó, aunque su
+estado exigía los mayores cuidados, de ir y venir, arreglándolo y
+dirigiéndolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi parecía
+que hubiera querido ganar así para su marido la dote que no había podido
+llevarle.
+
+En tales circunstancias--dos días después del nacimiento del niño,--Olga
+había llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la había visto desde el
+día de su casamiento; y casi se asustó de su aspecto al verla dirigirse
+hacia él tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se había
+desarrollado su hermosura.
+
+¡Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! ¡Qué mundo de
+sufrimientos, sin embargo; cuántos días de sorda desesperación, y
+cuántas noches de horripilantes fantasmas habían transcurrido entre
+aquel día y el presente!
+
+Roberto se estremecía; no quería pensar más en ello; ahora todo parecía
+arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonreía apaciblemente
+desde arriba y lo bendecía, y, como una flor brotada de su tumba, la
+dicha parecía abrirse de nuevo para él.
+
+Las torres de la pequeña ciudad se acercaban progresivamente; se
+destacaban cada vez más detrás de los bosques de alisos. Un cuarto de
+hora después, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada.
+
+Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, notó que a su paso la
+gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban,
+los otros levantaban su gorra con ademán torpe, y tan pronto como
+podían, decentemente, se alejaban de él. Por el contrario, en todas las
+casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubrían de
+rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por él,
+desaparecían tímidamente detrás de las cortinas.
+
+Movió la cabeza pensativamente; sin embargo, como su espíritu estaba
+ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de
+aquello y ya no miró ni a derecha ni a izquierda.
+
+En la esquina de la plaza del mercado--en el sitio donde estaba antes la
+casilla de impuestos--se hallaba la vieja ama de llaves del doctor:
+tenía las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro.
+
+Cuando el coche se acercó, ella le hizo seña de que se detuviera.
+
+--¡Vamos, señora Liebetreu!--dijo él alegremente.--¡Al fin me encuentro
+con alguien que no huye al verme!
+
+La anciana alzó los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo.
+
+--¡Ah, mi joven señor!--dijo, se le llamaba siempre el joven señor, para
+distinguirlo de su padre, aunque hacía tiempo que había cumplido los
+treinta.--El señor doctor ruega a usted que entre en su casa: querría
+hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle.
+
+--¿Es muy urgente lo que tiene que decirme?
+
+La vieja se asustó; creyó que a ella iba a incumbirle el cuidado de
+darle la penosa noticia.
+
+--¡Ah! ¡Qué sé yo!--exclamó.--No me ha dicho más que eso.
+
+--Bueno, salude usted afectuosamente a mi tío, y dígale que tengo que
+hablar primero con mis padres--él sabe de qué se trata--y que
+inmediatamente después iré a verlo.
+
+La anciana murmuró algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta.
+
+El carruaje continuó su camino hacia la casa del viejo Hellinger,
+situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel.
+Los vidrios de las ventanas le dirigían miradas amistosas; las lustrosas
+tejas del techo brillaban; se sentía, como siempre, que ese techo
+abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. Ató su
+caballo en la verja del jardín y subió con paso pesado y ruidoso la
+pequeña escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los
+ásteres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza.
+
+La campanilla hizo oír su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se
+presentó a recibirlo. Arrojó su capa empapada por la lluvia sobre uno de
+los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la
+ropa maternal. Después entró en la sala, estaba desierta.
+
+--Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la
+siesta--murmuró;--creo que hoy será prudente dejarlos dormir.
+
+Se dejó caer en el rincón de un sofá y miró a la puerta, pues esperaba,
+en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara
+para tenderle la mano.
+
+No tardó en impacientarse. ¿Y si Olga había ido a la granja? Pero no;
+ella sabía que él debía venir para hablar con sus padres.
+
+Por fin se decidió: «Voy a ir a llamar a su puerta,» y se levantó.
+
+Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la
+víspera por la tarde, había aspirado sin tregua a encontrase con ella,
+se sentía invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de
+aprensión singular. Esa timidez, esa confusión que en otros tiempos se
+apoderaban siempre de él en su presencia, volvían a dominarlo. ¿Era
+posible que hubiera tenido la víspera a esa mujer en sus brazos? ¿Y si
+se había arrepentido, si fuera a devolverle su palabra?
+
+Pero en ese instante, toda su audacia se despertó. Abrió los brazos en
+toda su extensión, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo
+inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclamó:
+
+--¡Que haga la prueba! ¡Con estas mis manos la alzo y me la llevo a
+casa! ¡Puesto que Marta ha dicho «sí,» yo querría ver que alguien se
+opusiera!
+
+Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subió la escalera que no
+por eso dejaba de gemir bajo su peso.
+
+Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: veía la
+raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera.
+
+Tocó la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entró.
+
+* * *
+
+Un segundo después, la casa se conmovía hasta sus cimientos, como si el
+techo se desplomara.
+
+Los dos ancianos que se habían retirado a su dormitorio para recuperar
+las fuerzas después de las horas dolorosas de la mañana, se levantaron
+espantados.
+
+Llamaron a los sirvientes; pero éstos habían volado a hacer que la
+ciudad no quedara por más tiempo privada de las últimas noticias del
+triste acontecimiento.
+
+--Sube tú--dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario.
+
+Y, estremeciéndose, extendió la mano hacia el frasco de gotas de
+Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida
+que tenía miedo.
+
+Cuando el viejo Hellinger penetró en la habitación de arriba, el
+espectáculo con que se encontró le heló la sangre en las venas.
+
+El cuerpo de su hijo yacía en el suelo, cuan largo era. Debía, en su
+caída, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual
+habían puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre él,
+entre tablas rotas, el cadáver estaba extendido, en su larga camisa, con
+su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la
+frente de éste.
+
+En ese momento, Roberto recuperó el sentido y se enderezó. La cabeza de
+la muerta se deslizó y golpeó el suelo...
+
+--¡Roberto, hijo mío!--gritó el anciano precipitándose hacia él.
+
+Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada
+vidriosa; parecía no haber vuelto en sí todavía. De repente descubrió
+uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba
+hacia un lado, se había atravesado sobre su pecho. Su mirada recorrió
+aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que
+sonreía fijamente.
+
+Sostenido por los dos brazos de su padre, se levantó. Vacilaba sobre sus
+piernas, como un toro que ha recibido un hachazo.
+
+--¡Por Dios, hijo mío, vuelve en ti!--exclamó el anciano tomándolo por
+los hombros.--La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que
+resignarnos.
+
+Roberto le lanzó una mirada tímida, desesperada, como un niño. Luego se
+inclinó hacia el cadáver, lo levantó y lo puso en la cama rechazando
+con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sentó junto a ella, a
+la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo índice un mechón de la
+suelta cabellera.
+
+El viejo comenzó a temer por la razón de su hijo.
+
+--Roberto--dijo acercándose a él.--Tranquilízate, sal de aquí, con
+quedarte no le devolverás la vida.
+
+El joven prorrumpió en una risa tan estridente y tan siniestra, que su
+padre se estremeció hasta la médula de los huesos.
+
+Su estupor acababa de disiparse de improviso; saltó con los ojos
+brillantes, e hinchadas las venas de las sienes.
+
+--¿Dónde está mi madre?--gritó avanzando hacia el anciano.
+
+Este trató de calmarlo.
+
+--¡Por piedad, tén un poco de paciencia! Todo te lo contaremos.
+
+La señora Hellinger, quien, desde hacía ya un momento, escuchaba en la
+escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por
+delante de su padre, Roberto se precipitó hacia ella con violencia, como
+si fuera a empuñarla por el cuello. Pero tenía todavía suficiente razón
+para comprender lo monstruoso de su conducta. Dejó caer sus brazos,
+inertes; se sentía sofocado, como si la cólera, que trataba de contener,
+fuera a ahogarlo.
+
+--Madre--dijo,--es necesario que me rindas cuentas; quiero una
+respuesta... ¿Por qué ha muerto Olga?
+
+La anciana se le acercó con expresión de tierna compasión, e hizo un
+movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un ademán
+rudo, él la apartó.
+
+--Dejemos eso, madre--dijo.--¡Devuélvemela!...
+
+--Pero, Roberto--gimió ella,--¿es así cómo un hijo trata a su madre?
+¡Adalberto, dile tú cuáles son las consideraciones que un hijo debe a su
+madre!
+
+Roberto se apoderó de las manos de su padre.
+
+--No te mezcles en esto, padre--dijo...--La cuenta que hoy tengo que
+arreglar con mi madre, sólo a nosotros dos concierne. Madre, te lo
+pregunto una vez más: ¿por qué ha muerto Olga?
+
+Se había apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los
+ojos inyectados de sangre.
+
+Mientras tanto, la señora Hellinger se había echado a llorar.
+
+--¿Acaso lo sé?--dijo sollozando.--¿Acaso puede saberlo alguien? La
+hemos encontrado en su cama, nada más. La infeliz criatura ha traído la
+vergüenza a nuestra casa, en señal de agradecimiento...
+
+--No la ultrajes, madre--dijo él con un gruñido feroz.--¡Muy bien sabes
+que era mi novia!
+
+Ella lanzó un grito de sorpresa, y su marido hizo un ademán de
+extrañeza.
+
+--¿Cómo, madre! ¿No lo sabías?--gritó Roberto golpeándose la frente con
+ambos puños.--¿Ella nada te dijo? ¿No fue a buscarte anoche para
+contarte lo que había pasado entre nosotros durante el día?
+
+--¡Nada me dijo!--gimió ella.--Apenas si me dirigió una sílaba, y se
+encerró en su cuarto...
+
+--Madre--dijo él acercándose hasta tocarla,--cuando te hube confesado
+todo, ¿no te dirigiste a su conciencia? ¿No le predicaste que, si me
+amaba verdaderamente, debía renunciar a mí, porque hacía mi desgracia, y
+sabe Dios cuántas otras cosas? Madre ¿no has hecho eso?
+
+--¡Mi propio hijo no me cree! ¡Mi propio hijo me acusa de
+falsedad!--gimió la vieja.--¡He ahí el agradecimiento que obtengo hoy de
+mis hijos!
+
+Él le tomó la mano.
+
+--Madre--dijo,--mucho me has hecho sufrir en todos estos últimos años.
+Los peores dolores, los más amargos que he tenido que padecer, te los
+debo a ti.
+
+--¡Dios de misericordia!--exclamó ella con voz aguda.--¡He ahí el
+agradecimiento! ¡He ahí el agradecimiento!
+
+--Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a mí, te lo perdonaré,
+madre,--continuó Roberto,--sí ¡y aun más! Te pediré perdón de rodillas
+por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es
+necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aquí, sobre
+este cadáver, que nada sabías, que en todo me has dicho la verdad.
+
+Y la acercó al cadáver que parecía contemplarlo con su sonrisa de
+beatitud, como una novia que sonríe a su novio.
+
+--¿Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?--dijo ella en
+tono dolorido dirigiéndole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y
+furiosa.
+
+Pero le dejó hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la
+frente de la muerta; ella la acarició diciendo entre sus sollozos:
+
+--¡Lo juro, mi querida! ¡Bien lo sabes tú, tú, que yo ignoraba todo y
+que jamás te he exigido nada malo!
+
+Entonces exhaló un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso
+lo ventajoso que era para ella y para su familia ese lúgubre
+acontecimiento. En la tierna caricia con que rozó el rostro de la muerta
+había un agradecimiento sincero.
+
+En el mismo instante el viejo médico entró precipitadamente en la
+habitación. Había querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a
+la espantosa noticia, y veía con terror que llegaba demasiado tarde.
+
+El viejo Hellinger se adelantó vivamente a recibirlo y le cuchicheó en
+el oído:
+
+--¡Lléveselo usted, está como un loco! Aquí nada podremos obtener de él.
+
+Roberto se había quedado inmóvil, abrazado a las columnas de la cama; su
+pecho jadeaba; su rostro parecía petrificado por un dolor sombrío, sin
+lágrimas.
+
+El doctor frotó su ruda barba gris contra el hombro del joven y gruñó
+con ese tono de consuelo áspero que, mejor que cualquier otro, llega al
+corazón de los hombres enérgicos:
+
+--Ven, hijo mío. No hagas locuras; ¡no turbes su reposo!
+
+Roberto se estremeció e inclinó dos o tres veces la cabeza.
+
+Y, de repente, como vencido por el dolor, cayó de rodillas delante de la
+cama gritando:
+
+--¿Por qué has muerto?
+
+
+
+
+IV
+
+
+¿Por qué había muerto Olga?
+
+Tal era la cuestión que, en lo sucesivo, preocupó exclusivamente a toda
+la ciudad. En la calle, en las mesas de los cafés, en los bancos de las
+cervecerías, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las más
+extravagantes conjeturas, aventuraban las hipótesis más osadas, pero no
+por eso estaba nadie más adelantado.
+
+Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y
+otros pretendían absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes,
+que Olga concluiría mal, seguramente.
+
+Ya en vida, su actitud altiva, sombría y taciturna, había sido un enigma
+para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un
+enigma aún más difícil. Era imperdonable.
+
+Entretanto, descubrieron que el doctor había sido el primero en recibir
+la noticia del suicidio, y el único a quien ella hubiera confiado su
+proyecto.
+
+La gente se apiñaba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero él se
+obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que él sólo era
+capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo día
+había echado al fuego la carta de Olga, pues temía que la justicia
+viniera a pedírsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan
+evidente, que se había podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de
+prever, la muerta no había logrado hacer desaparecer completamente las
+huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche,
+quedaban adheridas al vidrio, gotas de un líquido cuyo sabor indicaba
+claramente, aun a los profanos, que se trataba de una solución de
+morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardín,
+en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un
+frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto había dejado un
+reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, había sido
+arrojado por la ventana, y tenía aún el rótulo que indicaba, con la
+fecha de la receta, la manera de tomar la poción.
+
+En estas condiciones, habría sido pura locura de parte del viejo médico,
+aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intención del
+suicidio, pues toda suposición de un simple abuso de narcótico quedaba
+descartada.
+
+No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir
+el último deseo de la muerta, y se juraba a sí mismo guardar más
+fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resolución
+desesperada.
+
+¡Si siquiera hubiera podido saberlo él mismo! Pero los días pasaban y
+todavía no había podido entrar en posesión del legado que le había hecho
+Olga.
+
+La señora Hellinger desconfiaba de él, le decía en su cara que siempre
+había maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que,
+si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia
+inconsiderada, la pobre Olga habría vivido en paz mucho tiempo todavía.
+Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la
+responsabilidad de la muerte de su sobrina.
+
+En todo caso, no permitía que se quedara solo, ni siquiera por un
+segundo, en el cuarto de la muerta. Tenía la puerta cuidadosamente
+cerrada: no toleraría--decía ella para explicar su conducta,--que los
+objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas,
+fueran profanados por manos y miradas extrañas.
+
+Y así crecía de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga
+había escrito su confesión, cayese en manos de su tía.
+
+¡Que se le antojara escudriñar entre los volúmenes que guarnecían el
+estante, y sucedía la desgracia!
+
+A esa zozobra, que llevaba todos los días al anciano a casa de los
+Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto
+quien, desde ese día de espanto, había caído en un abatimiento profundo
+y desesperante.
+
+Parecía haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a
+nadie a su lado y evitaba aún a su viejo amigo; huraño y mudo, vagaba
+días enteros por los campos; permanecía noches enteras sentado junto a
+la cuna de su hijo, mirándolo fijamente con sus ojos enrojecidos y
+quemados por el llanto.
+
+Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres
+ocasiones, lo habían encontrado por la mañana en esa actitud.
+
+
+
+
+V
+
+
+En torno del ataúd de Olga los cirios habían concluido de arder. Los
+invitados, que hacía largo rato se mantenían en religioso silencio
+alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la
+cena.
+
+La señora Hellinger, que recibía los pésames y ensalzaba con gran
+refuerzo de lágrimas y de pañuelo las virtudes de la difunta, se reveló
+de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer
+orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del
+comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y
+ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes.
+
+El viejo Hellinger, después de haber alabado al Señor, bebió con algunos
+amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad
+de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de
+Boston lastimaría el dolor general, y resolvieron enviar una diputación
+a la dueña de casa para pedirle su autorización.
+
+Había tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que parecía que
+se celebrara allí una boda.
+
+El doctor, que no llegó sino muy tarde a la alegre reunión, buscó por
+todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo.
+
+Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le preguntó si
+lo había visto. Sí; había venido, había lanzado en su derredor miradas
+extrañas y feroces, luego se había esquivado en silencio cuando se le
+tendía la mano. Minutos más tarde, se notó su desaparición.
+
+El doctor fue al vestíbulo y buscó, entre los abrigos de los convidados,
+el de Roberto: todavía estaba allí.
+
+Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las
+habitaciones de atrás, vacías y silenciosas, pues los criados estaban
+ocupados en servir.
+
+Encontró al joven en un pequeño y obscuro cuarto, donde estaban
+amontonados los muebles que había sido necesario sacar de las otras
+habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la
+cabeza entre las manos.
+
+--Roberto, amigo mío, ¿qué haces ahí?--le gritó.
+
+--Ustedes siempre tan alegres por allá, ¿verdad?
+
+El doctor le puso las manos sobre los hombros:
+
+--Me inquietas, amigo mío. Hace tres días que no nos diriges la
+palabra... si continúas así, vas a perder la razón.
+
+--¿Qué quieres?--replicó Roberto con un suspiro que se escapó de su
+pecho como un grito.--Estoy tranquilo, completamente tranquilo.
+
+Volvió a dejar caer entre las manos su enmarañada cabeza y pareció
+sumergirse de nuevo en su meditación.
+
+El anciano se sentó a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras.
+
+Nada olvidó de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes,
+agregándole, de su parte, más de una enérgica palabra de consuelo.
+
+Roberto permanecía inmóvil; apenas con un signo manifestaba que
+escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpió
+diciéndole:
+
+--Deja eso, tío; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la
+única pregunta, de la cual depende para mí la muerte o la vida, no
+puedes, tú tampoco, darme una respuesta.
+
+--¿Qué pregunta?
+
+--Tío querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente
+tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, ¡y me creerás si te
+digo que no sé cómo podré sobrevivir a esta noche!
+
+--¡En nombre del Cielo! ¿Qué quieres hacer?
+
+El joven sacudió los hombros.
+
+--Lo ignoro--dijo;--lo que el momento me sugiera. Lo único que me apena,
+es ese pobre pequeñuelo que tendrá que crecer sin padre; quizá lo lleve
+conmigo, no sé. No sé más que una cosa y es que no puedo continuar
+viviendo así.
+
+El anciano, temblando de ansiedad, lo llenó de reproches. Eso era una
+cobardía sólo digna de un miserable, de un espíritu debilitado.
+
+--Tendrías razón, tío, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de mí
+y de mi dicha. Pero ¡Dios del Cielo!--lanzó una carcajada penetrante y
+amarga,--hace tiempo que renuncié a toda pretensión a la felicidad. Por
+lo que me atañe, sobrellevaré tranquilamente el dolor de su pérdida;
+conozco eso, sí; ya he puesto a una en la tumba, y continuaré
+amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto
+tiempo, y eso en medio de los más profundos pesares; porque los
+intereses, ¿sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la
+cabeza, ni de si la tristeza y la desesperación le adormecen a uno la
+mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, tío, lo que me trastorna el
+alma, pues la tengo bien trastornada, puedes creérmelo; ante mis ojos
+brotan chispas sin interrupción; los calofríos me estremecen todo el
+cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo
+estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisión las cosas. Sólo hay
+una que no puedo descubrir; que se alza noche y día ante mis ojos como
+un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me
+escapa, y esa cosa es: «¿Por qué ha muerto Olga?»
+
+El anciano se estremeció. Recordaba la carta y la promesa que la muerta
+había exigido de él.
+
+Roberto continuó:
+
+--Una voz me grita sin cesar en los oídos: «¡Tuya es la culpa!» ¿Cómo?
+No lo sé, pues por muy profundamente que escudriñe en mi alma, no
+encuentro que le haya hecho ningún mal, y sin embargo no puedo hacer
+callar la voz. Yo me digo: «Es una idea fija.» «Te forjas tormentos,
+eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu
+hijo.» ¡Pero de nada me sirve todo eso, tío querido! No puedo hacerla
+callar. Y, en fin, ¿acaso no tiene razón? ¿Acaso, sin mí, Olga no
+estaría todavía viva? Si lo que pasó la noche anterior no hubiera...
+
+Se detuvo estremeciéndose y se ocultó el rostro entre las manos. Un
+sollozo sin lágrimas sacudió todo su robusto cuerpo.
+
+En seguida dijo:
+
+--Tío, quisiera--no puedo pensar en ello, me hace perder la razón,--me
+parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me
+rodea, que lo haga pedazos todo.
+
+--Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo mío--dijo el
+doctor,--y que me cuentes todo, punto por punto; sólo de ese modo
+podremos aclarar este enigma.
+
+El silencio reinó en la habitación obscura. El anciano temblaba de pies
+a cabeza; veía la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra
+sobre el fondo claro de la ventana; veía los movimientos del pecho que
+subía y bajaba alternativamente, que silbaba y gemía como un volcán;
+sentía el hálito ardiente de la respiración de Roberto en su rostro.
+
+--Reúne tus ideas, amigo mío--repuso suavemente.
+
+El joven luchaba por tomar una determinación. Al fin, volviendo a
+encontrar su energía, se enderezó y dijo:
+
+--«Pues bien, tío, vas a saberlo todo... Desde el día en que Olga
+rechazó mi pedido tan altiva y fríamente, no me había vuelto a encontrar
+con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para
+ocuparse del niño y de la casa, ya entonces sabía que lo hacía por amor
+a Marta y no por mí, pero había como un acuerdo tácito entre nosotros
+para evitarnos. Ella elegía las horas en que sabía que yo estaba afuera,
+en los campos o en los establos, y yo no volvía a casa antes de haberla
+visto desaparecer detrás del portón.
+
+»El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media
+legua más allá de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje
+se rompe. Como no había llevado cochero y no alcanzaba a ver alma
+viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en
+busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que hacía rato que la
+señorita se había marchado. Comenzaba ya a caer la noche.
+
+--»Muy bien, no hay ningún peligro, pienso, y entro en la casa.
+
+»En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el
+crepúsculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera.
+
+--»¿Quién puede ser?--me digo.
+
+»Y la sigo.
+
+»En el cuarto del niño, ¿a quién encuentro? A ella, muy ocupada en
+correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, está
+siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero
+retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella
+se detiene, y, como sobrecogida de vergüenza, se oculta el rostro entre
+las manos.
+
+»Entonces, tío, me siento atraído, voy a precipitarme hacia ella; pero
+me contengo a tiempo al pensar en quién es ella y quién soy yo.
+
+»Veo que sus manos tiemblan.
+
+--»No tienes por qué enojarte, Olga--le digo balbuciendo,--no he querido
+causarte un desagrado. Si estoy aquí es por casualidad; en lo sucesivo
+tomaré mis medidas para que no vuelvas a encontrarme.
+
+»Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento
+estremecer. Marta nunca me miró así--pienso.--Quiero hablar, pero no
+encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada
+estatura se alza delante de la puerta, como si allí quisiera buscar un
+amparo contra mí. Yo oía su respiración oprimida. Por fin reúno todo mi
+valor.
+
+--»Olga--digo,--ha sido presunción de mi parte el atreverme a tenderte
+la mano: sé muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo
+del corazón, olvídalo, yo nunca te lo recordaré.
+
+»Y en ese instante, tío--¿cómo pintarte lo que pasó?--déjame un
+instante... ¡el recuerdo!... Pero ¿para qué? seré fuerte, querido tío,
+voy a dominarme.
+
+»En ese instante, ella se precipita hacia mí, me rodea con sus brazos y
+me cubre el rostro de besos; después, de improviso, cae con un suspiro,
+y allí se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo,
+como en un sueño, la miro fijamente.
+
+--»No es posible--me grita una voz,--es una locura; ¡tú apenas te
+atrevías a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es
+quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece!
+
+»Tenía miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y
+cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si
+hubiera querido llorar hasta morir.
+
+--»Olga, ¿por qué lloras?--le digo.--Todo queda arreglado ahora.
+
+«Pero he ahí que yo también, gran tonto, me pongo a llorar como un niño.
+
+--»Perdóname, Roberto--dice su voz en mi oído.--Mucho te he hecho
+sufrir, pero nunca más lo haré, nunca más.
+
+--»¿Y ahora me amarás?--pregunto, pues todavía no puedo creerlo.
+
+--»¡Oh, Roberto! ¡Roberto! ¡Te amo! ¡Oh, sí! ¡Te amo más que a todo en
+el mundo!--y oculta su rostro en mi hombro.
+
+»Sí, tío, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus
+rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta
+se me presenta: ¿es ésta la misma Olga que, hace ocho días, se volvía
+tan pálida y tan altiva, mientras que, humilde y tímido, tú implorabas
+su consentimiento?
+
+»Y le digo entonces:
+
+--»Olga, ¿cómo has podido torturarme así? ¿Acaso he cambiado en tan poco
+tiempo?
+
+»La veo ponerse más blanca que el yeso que cubre la pared y su voz
+murmura en mi oído:
+
+--»¡Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes!
+
+»Y una angustia nace en mí; quizás la perderé mañana como la he
+conquistado hoy.
+
+--»Olga--le digo,--si eres tan inconstante en tus resoluciones, quién me
+responderá de que...
+
+»Me interrumpo, pues la expresión de su rostro me impone silencio. Ella
+se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla.
+
+--»Puesto que quieres saber--me dice, fijando los ojos en el suelo, como
+sumida en una meditación sombría,--me ha faltado el valor, he dudado de
+tu amor y creído que me harías sentir que no te llevaba más que mi
+pobreza.
+
+»Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente.
+
+--»¡Olga!--exclamo.--¿Has podido pensar eso de mí? ¿No te acuerdas?...
+
+»Y lo que le recordé fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a
+pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente
+con una negativa, pues Marta quería sacrificarse y sacrificar su dicha,
+para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de
+la noche, había ido a buscarme y me había abierto los ojos, a mí, pobre
+insensato y ciego, diciéndome palabras, palabras llenas de desprecio por
+el dinero y que habían sonado en mis oídos como el canto de triunfo del
+amor. Se las repetí textualmente, pues cada una de ellas se había
+grabado en mi alma, inolvidable: «Así, pues, en otros tiempos te sentías
+llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora
+que se trata de ti...»
+
+»Y al gritarle esto la miraba de frente, tío. Ella se esforzaba en
+sonreír, y sonreía constantemente; pero esa sonrisa se heló en sus
+labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido.
+
+»Mucho trabajo me costó hacerla volver en sí, pues no quería llamar a
+nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneció tendida en el
+suelo, más o menos como está ahora, luego abrió los ojos y me examinó
+por largo rato en silencio con una expresión tan dolorosa, tan cansada y
+desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Después juntó
+las manos y me dijo en voz baja y suplicante:
+
+--»Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es
+necesario que me acostumbre a esta idea.
+
+»Pero me sentía tan embargado por mi reciente dicha, por una alegría tan
+loca, que creía poder obligarla por fuerza a ser ella también dichosa.
+
+--»¡Si nos amamos, Olga--le grito,--y si nuestra querida muerta aprueba
+este amor, yo quisiera ver si alguien podría censurarlo! Alégrate, pues,
+querida niña, recupera tu valor.
+
+»Pero ella no tenía alegría ni valor. Y sólo ahora, ahora que está
+muerta, comprendo claramente hasta qué punto se sentía miserable y
+quebrantada, allí tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se
+mostraba para sí y para los demás tan altiva y estricta. Era como si
+algún prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte íntimo de la
+vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada veía, nada quería ver.
+Y continuaba animándola con todas las palabras consoladoras que podía
+encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra--a veces me aprobaba con
+un movimiento de la cabeza--y una sonrisa que expresaba tristeza y
+cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribuía yo a
+la emoción violenta del momento y a los pesares de los últimos años;
+debían presentarse en su alma con una intensidad tanto más grande,
+cuanto que sentía apuntar para ella una nueva felicidad que iba a
+borrarlos para siempre.
+
+--»Y nuestra primera visita, Olga--le digo,--será al cementerio. Cuando
+hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la
+malevolencia del mundo entero, no tendrán ya por qué inquietarnos.
+
+»Ella dejó caer las manos que cubrían su rostro, y, mirándome con ojos
+dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible:
+
+--»¿Al cementerio... conmigo?
+
+--»Sí, contigo--repliqué,--y en seguida, si lo quieres.
+
+»Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, y, con voz singularmente
+alterada, replicó:
+
+--»Tén paciencia hasta mañana, mañana haré lo que quieras.
+
+--»Sí, mi niña muy amada--le digo entonces,--y de aquí a mañana desecha
+tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no
+la olvidaremos, ciertamente. ¿Y el común dolor que nos causa su pérdida,
+no debe unirnos más estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos
+abandonará, ¿y no crees que ella bendeciría nuestra unión desde el fondo
+de su corazón, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? ¿No nos ha legado
+al niño para que juntos velemos por él y que nunca lo confiemos a gente
+extraña?
+
+»Entonces se dejó caer de rodillas delante de la cuna en que la débil
+criatura dormía con el sueño de los bienaventurados y apoyó la frente
+sobre su cabecita.
+
+»Así permaneció por largo rato sin que yo intentara perturbarla.
+
+»Cuando se levantó, su rostro había vuelto a tomar esa serenidad
+impasible que siempre le habíamos conocido hasta entonces. Me tendió la
+mano diciéndome:
+
+--»Vete, amigo mío, déjame sola.
+
+»Y me alejé, pues quería complacerla en todo; ni siquiera la tomé en mis
+brazos.
+
+»Un cuarto de hora después, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde
+mi ventana, pero ella no volvió la cabeza.
+
+»Al día siguiente por la mañana... tú sabes, querido tío, cómo la
+encontré; y en aquel instante se descargó sobre mí un rayo. Podré
+encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda
+alegría; helará para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo
+menos podría vivir todavía; podría arrastrar todavía esta miserable
+existencia para que el niño no se viera privado de la mezquina parte de
+felicidad a que tiene derecho; pero para eso sería necesario que yo
+supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo
+contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible;
+si no fuera así, me consumiría vivo. Es necesario que alguien venga,
+aunque sea de ultratumba, a decirme por qué ha muerto Olga.»
+
+* * *
+
+Nuevamente el silencio reinó en la habitación obscura; no se oía más que
+la respiración de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que
+había acompañado el relato de Roberto con el ruido monótono de sus
+dientes.
+
+El anciano sostenía una violenta lucha consigo mismo. ¿Debía acaso
+revelar el secreto de la vida de Olga como había ya vendido el de su
+muerte? ¿Pero no se trataba de una buena acción en este caso? ¿No se
+trataba de libertar a aquel a quien ella había amado sobre todo de las
+torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por
+una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor
+divino, según parecía, permitían a la boca cerrada para siempre abrirse
+una vez más para devolver el reposo al muy amado.
+
+El doctor exhaló un profundo suspiro: había tomado su resolución.
+
+--¿Y si ella lo hubiera pensado, Roberto--dijo,--si hubiera pensado en
+contestarte desde el fondo de su tumba?
+
+Roberto lanzó un grito y lo asió por la muñeca.
+
+--¿Qué quieres decir con eso, tío?
+
+--Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si
+no hubieras huido ante todo rostro humano, sabrías desde hace tiempo lo
+que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la mañana de su
+muerte, yo recibí una carta de ella...
+
+--Tú, tío, de ella...
+
+--¡Oh, amigo mío! Me estás rompiendo los huesos. Escúchame primero
+tranquilamente.
+
+Y le contó lo que contenía la carta.
+
+Roberto había dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en
+el anciano, resplandecían en la obscuridad.
+
+--Ese cuaderno, dámelo; ¿dónde está?
+
+El doctor le explicó el peligro que corría el secreto de Olga y la
+inquietud que esto le causaba a él mismo.
+
+--¡Espérate, voy a ir a buscarlo!--exclamó Roberto dirigiéndose hacia la
+puerta.
+
+El anciano lo detuvo.
+
+--Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche.
+
+La puerta está rota a medias; acabaré de romperla...
+
+--Te oirán de abajo...
+
+--¡Están demasiado divertidos!--replicó Roberto con risa aguda.--Ven,
+vamos juntos.
+
+Y por una puerta de atrás, a lo largo del corredor obscuro y de la
+escalera que crujía, los dos se deslizaron como dos ladrones que se
+hubieran introducido en la casa aprovechándose de la ceremonia.
+
+Consiguieron abrir la puerta más fácilmente de lo que esperaban; la
+cerradura, ya floja, cedió como si se abriera sola.
+
+Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emoción, cuando el
+cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las
+estrellas, se abrió ante sus ojos. Toda huella de la muerta había
+desaparecido; sólo la cama vacía, cuyos montantes se dibujaban negros
+sobre la pared gris, hacía ver que la que lo ocupaba había elegido otro
+lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jabón,
+flotaba aún en la habitación. Las mismas toallas de las cuales se había
+servido, todavía colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de
+loza, una mancha blanca de fantástica apariencia.
+
+Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dejó caer en una silla y, a
+grandes bocanadas, ávidamente, como si sollozara, aspiró el perfume que
+llenaba el aire. Se habría dicho que así quería absorber los últimos
+efluvios de su amada.
+
+Un fulgor breve, brillante, vaciló de improviso a través del cuarto,
+bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el
+escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado,
+la mesa de tocador cubierta de blanco.
+
+El doctor había encendido un fósforo y buscaba la pequeña lámpara de
+pantalla verde que iluminó las noches sin sueño de Olga. Todavía estaba
+en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apagó para sumirse en la
+noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todavía lleno de petróleo;
+su dueño se había dado prisa para entregarse al descanso.
+
+Con precaución, levantó el tubo para encender la mecha; la llama,
+atenuada por la pantalla, iluminó con un resplandor apacible y suave el
+espacio silencioso.
+
+Entonces se acercó al estante sobre el cual se alineaban los volúmenes
+de lomos lucientes y dorados. Su mano buscó a tientas durante un momento
+por la pared y sacó algo azul en forma de rollo.
+
+--¡Aquí está, Roberto!--exclamó triunfante.--Vámonos.
+
+El joven meneó silenciosamente la cabeza.
+
+El anciano insistió de nuevo y entonces Roberto dijo:
+
+--Aquí es donde vamos a leerlo, tío; aquí, donde ella lo ha escrito.
+
+--¿Y si alguien nos sorprendiera?--observó el doctor, atemorizado.
+
+Roberto se encogió de hombros y con el dedo señaló el piso. En el
+silencio, un ruido confuso de voces subía hasta ellos, con risas
+moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en
+que hay un muerto.
+
+El doctor cedió de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas
+al círculo luminoso de la lámpara, y ya no se oyó más que el silbido del
+viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz
+monótona y velada del lector acompañada por el coro de invitados al
+velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para
+extinguirse en seguida en un murmullo.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Perdóname, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la
+muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por mí y del
+ardiente afecto que hacía palpitar mi corazón por ti, trate de expiar la
+falta que gravita pesadamente sobre mí y cuya carga tendré sin embargo
+que soportar hasta el fin de mi existencia. Déjame revivir una vez más
+todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo
+el frío de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de
+tu tumba.
+
+¡Qué loca era y qué impía, en sentirme sola mientras tú viviste! Tu amor
+era la atmósfera que me envolvía, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol
+que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa
+voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que
+escuchamos sin comprenderla.
+
+¿Y cómo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una
+extraña para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con
+tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el
+murmurio del viento trae tu nombre a mis oídos. Entre nosotras se alza
+un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez,
+con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia mí sus
+manos armadas de garras para separarme eternamente de ti.
+
+Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo
+que he cometido fuera una falta, un crimen, lucharía contra él, lo
+derribaría con las últimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me
+dejaría ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se
+desvanece en el vacío: es un demonio que se burla de mí, un vapor que me
+rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente.
+
+Es un deseo...
+
+Un simple deseo, ¡nada más!
+
+¿Lo notaste? ¿Se reflejó en tus ojos moribundos? ¿Viste el espectro
+alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el
+último aliento de una existencia que no fue más que amor, a ese espectro
+que habían engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que había
+introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior?
+
+Si tuviera todavía la fe del niño que balbucía, confiaría la angustia de
+mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios--pero a nadie tengo en el
+Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de mí, a nadie más que a tu
+imagen transfigurada.
+
+¡Pobre de mí! Ella también se aparta de mí, ella también se oculta
+llorando cuando este demonio se presenta a mi alma.
+
+Y, sin embargo, no era muy humano lo que sentí. ¿Por qué no somos unos
+seres de luz, sin deseos y puros como el éter? ¿Por qué no somos más que
+polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando
+nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran
+falta de mi vida la que quiero contar aquí, la falta de la cual hemos
+sido víctimas, tú, yo y también un tercero, que es puro y bueno, y que
+sin embargo ha sido la causa de todo.
+
+* * *
+
+Yo era una niña pacífica y predispuesta a la soledad.
+
+Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa
+que el amor, aprende a menudo más fácilmente que nadie, a bastarse a sí
+mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el corazón una inagotable reserva
+de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando
+a los gatos y ahogando a los gansos por cariño. Una de mis pasiones era
+jugar en la caballeriza. Me sentía a mi gusto en la litera elástica y
+flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me
+hacían daño; o bien me trepaba al pesebre donde permanecía horas enteras
+mirándome en los ojos pardos de mis queridos amigos.
+
+Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. Allí me
+encontraba dormida con frecuencia a eso del mediodía, y no era cosa
+fácil sacarme del nicho, pues Nerón, que por lo demás era un perro tan
+bueno y tan cariñoso, enseñaba los dientes a cualquiera que franqueaba
+el círculo que su cadena le permitía recorrer, aun cuando éste fuera su
+amo.
+
+Mi cariño se extendía hasta las plantas. Las rosas me hacían el efecto
+de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los
+girasoles eran sacerdotes revestidos con sus hábitos sacerdotales, y las
+dalias, jóvenes polacas con papalinas rojas. Sabía reunir así en mi
+derredor en el jardín a la humanidad entera, y encontraba la copia más
+bella que el original, pues se mantenía muy quieta cuando yo desempeñaba
+el papel del Destino ante ella.
+
+La propiedad que mi padre había arrendado, antiguo feudo de un magnate
+polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una montaña, uno de
+cuyos lados descendía en suave declive por un parque inculto, hacia unos
+campos desnudos, mientras que el otro caía a pico en una pequeña
+corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea
+polaca.
+
+Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada caía sobre
+los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se
+veía claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los niños
+medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres
+permanecían perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras
+que los hombres cubiertos de harapos se dirigían, con la pala en el
+hombro, hacia el despacho de bebidas.
+
+En verdad, nada tenía de muy seductor aquel pequeño agujero, y la chusma
+de cosacos de fronteras, que trotaban de acá para allá amodorrados sobre
+sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin
+embargo, para mis ojos de niña, aquel lugar estaba cubierto de un
+encanto indecible, cuya sensación experimento aún, cuando me vuelvo a
+ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas
+enteras en la hierba, inmóvil, contemplando de lo alto aquel hormiguero
+cuyas formas no eran más grandes que los hombrecillos de madera de mis
+cajas de juguetes.
+
+Bajar allí me estaba prohibido, y tampoco tenía deseos de ello, desde
+que, en la baraúnda de un día de mercado en que mi padre me había
+llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro.
+
+Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las
+inmundicias y del tumulto, se sumergía la mirada en ese mundo de
+hormigas, que parecía tan ínfimo, que se podía, como el mismo Dios,
+abarcarlo de una ojeada, pero que crecía cada vez más hasta tomar
+proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de
+penetrarlo.
+
+Por una rareza singular, no he conservado de esa época más que un
+recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado más estrechamente
+asociada a la mía; sin duda porque las impresiones siguientes han
+borrado las primeras. Mi padre era un hombre pequeño, robusto y
+rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas
+lucientes y vestido de una hopalanda de basto paño verdoso. Me sonreía
+desde que me veía, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me
+pellizcaba los brazos, y en seguida desaparecía. Estaba siempre ocupado,
+el pobre papá; mientras vivió, no lo vi reposar un solo instante.
+
+Mamá era desde aquella época muy corpulenta, comía continuamente
+confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le impedía estar en
+activa ocupación de la noche a la mañana, aunque se arrastrara de mala
+gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detrás de ella y
+la abrumaran a preguntas.
+
+Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien
+nuestros parientes de Prusia habían enviado para que aprendiera con papá
+a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso
+cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me ponía en
+sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de
+trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque él no
+haya debido quererme más que a los otros discípulos, pues la cara que
+tenía entonces ha desaparecido en la niebla como todas las demás.
+
+No recuerdo exactamente más que una escena: una tarde de verano Roberto
+había cogido a Marta por sus rubias trenzas, y riéndose y gritando
+corría tras de ella por el patio, por la casa y por el jardín.
+
+--¿Qué es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?--le gritó papá.
+
+--Me ha hecho una travesura--respondió él, sin soltarla, mientras ella
+continuaba gritando.
+
+--Cuando yo tenía tu edad, sabía vengarme de una muchacha mejor que
+tú--dijo riéndose papá, quien nunca desperdiciaba la ocasión de decir
+una broma.
+
+--¿Y cómo se hace?--preguntó mi primo.
+
+--¡Bah! ¡Si no lo sabes!--replicó papá.
+
+--Se le da un beso, señor Roberto--dijo un viejo jardinero que pasaba
+justamente con sus regaderas.
+
+Todavía lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inmóvil, rojo de
+rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber dónde dirigir sus
+miradas. Papá se moría de risa; en cuanto a Marta, se escapó a la
+carrera.
+
+Cuando fui a sacudir su puerta, se había encerrado: no volvió a aparecer
+sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le caían sobre la
+frente, en desorden, parecía perdida en sus pensamientos y muy
+intimidada.
+
+Cuando comparo hoy el rostro pálido, flaco y resignado que me llena el
+alma entera, con esa cara pícara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a
+veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi pequeña
+infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a
+una sola y misma persona.
+
+--¡Cómo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! ¡Con
+qué expresión atenta de precoz ama de casa, recorrían sus ojos la
+extensión de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos,
+condiscípulos y celadores--una galería de mandíbulas
+hambrientas--esperábamos impacientes la comida! ¡Y, con qué alegría
+extendía la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella
+alcanzaba los platos!
+
+Sólo hoy comprendo qué camino doloroso tenía que recorrer, hoy que me
+preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre
+para mí una tumba solitaria, más triste aún que la suya.
+
+Entonces yo no era más que una niña y alzaba los ojos, sin sospechar
+nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado
+ella misma los vestidos cortos.
+
+Efectivamente, fue en aquella época cuando nuestros negocios comenzaron
+a declinar. Papá tenía que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e
+inundaciones, tres años consecutivos, le quitaron toda esperanza de
+volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez más sobre
+nuestra casa.
+
+Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera
+posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron
+limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que había
+educado a Marta, y que debía terminar su tarea conmigo, tuvo también que
+dejarnos.
+
+Marta, que era siete años mayor que yo, y se disponía a estrenar su
+primer vestido largo, tomó su lugar.
+
+De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no
+podían ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y
+yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles.
+
+Podía yo tener once años, cuando advertí por primera vez que Marta había
+cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habría debido notarlo
+antes, pues tenía la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy
+abiertos; pero en la monotonía de los días que se deslizan uno tras
+otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las
+penas, se escapan fácilmente.
+
+Pero entonces puse atención, y vi adelgazarse su rostro cada vez más, de
+día en día borrarse los colores de sus mejillas, y hundírsele los ojos
+más profundamente.
+
+Ya no cantaba, y su risa tenía una entonación de cansancio y velada, tan
+particular que me hacía sufrir al oírla, y más de una vez estuve a punto
+de gritarle: «¡No te rías!»
+
+Hacia la misma época, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de
+cabeza, de calambres en el estómago, y le costaba trabajo ir de un lado
+a otro por la casa. Naturalmente, papá y mamá no podían dejar de notar
+su estado. Un día la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su
+resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un médico; éste se
+encogió de hombros, prescribió píldoras de hierro y aconsejó un cambio
+de aire.
+
+Debía haber aconsejado algo más, que preocupaba mucho a nuestros padres,
+al menos a papá, pues ya hacía mucho tiempo que nada podía sacar a mamá
+de su apatía.
+
+A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, él
+la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, salía del
+cuarto cerrando la puerta con estrépito.
+
+Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padecía, su trabajo no
+se resentía de ello; de tan lejos como la recuerde, jamás la vi un
+segundo desocupada. Muy niña aún, permanecía al lado del fogón con su
+libro de lecciones o vigilaba la lejía al mismo tiempo que hacía sus
+redacciones. Desde que fue mujer, agregó todos los deberes que le
+imponía mi instrucción a las preocupaciones sin número que da una gran
+casa a la que la dirige. Mamá se había retirado por completo y la dejaba
+ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras
+golosinas obtuvieran su aprobación.
+
+Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, tenía vergüenza de mi
+inacción y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me
+rechazaba suavemente y me despedía.
+
+--Deja, queridita--me decía acariciándome las mejillas,--eres la
+princesa de la familia; continúa.
+
+Eso me ofendía. Habría soportado todo salvo que me despidiera cuando
+iba a ofrecerme con el corazón desbordante de ternura.
+
+Una noche la vi llorar. Me deslicé afuera, al jardín, y sostuve un rudo
+combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atrevía a
+acercármele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando
+estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoderó de mí
+con nuevas fuerzas: me levanté, y en camisa, como estaba, me aventuré
+por el corredor obscuro.
+
+Permanecí largo rato delante de su puerta, temblando de frío y de miedo,
+con la mano sobre el botón. Al fin me armé de valor y entré muy
+suavemente en su cuarto.
+
+La encontré arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la
+almohada, y parecía orar.
+
+Me quedé inmóvil en el umbral, pues no me atrevía a perturbarla.
+
+Al fin, se volvió y al verme se levantó estremeciéndose.
+
+--¿Qué quieres?--balbució.
+
+Yo me colgué de ella y mis sollozos habrían enternecido a un corazón de
+piedra.
+
+--¡En nombre del Cielo, querida! ¿Qué tienes?--gritó.
+
+No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un
+movimiento maternal, tomó una gruesa manta de lana, me envolvió en ella
+y me colocó en su regazo, aunque yo ya era más grande que ella.
+
+--Vamos, confiésate, tesoro mío. ¿Qué ocurre?--me preguntó acariciándome
+las mejillas.
+
+Reuní todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un
+sollozo:
+
+--Marta, quiero ayudarte.
+
+Siguió un largo silencio, y cuando alcé los ojos, vi vagar por sus
+labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tomó la
+cabeza entre sus manos, me besó en la frente y me dijo:
+
+--Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero tú, me parece que
+tienes fiebre.
+
+De un salto me puse en pie.
+
+--¡Oh! ¡Haces mal, Marta!--exclamé.--No me dejaré despedir así. No estoy
+enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te estás consumiendo y
+que, cada día, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna
+confianza en mí, acabaré por creer que nada quieres tener de común
+conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras.
+
+Ella juntó las manos mirándome con sorpresa.
+
+--¿Qué te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a
+acostarte--repitió.
+
+--Es inútil, puedo ir sola--dije.
+
+Entonces ella vio que era necesario acordar a la niña una palabra de
+explicación.
+
+--Mira, Olga--dijo atrayéndome hacia sí,--tienes razón. Tengo muchas
+penas, y si tuvieras más edad y pudieras comprenderlas, seguramente
+serías la primera a quien se las confiaría. Pero antes es necesario que
+aprendas también a conocer la vida.
+
+--¿Y en qué conoces la vida mejor que yo?--exclamé, siempre con
+altanería.
+
+Ella se contentó con sonreír, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce,
+me dio un golpe en el corazón. Tuve un vago presentimiento, apenas
+perceptible, como el que se podría experimentar al ver un templo cerrado
+o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continuó:
+
+--Pero de aquí allá, y para eso falta mucho todavía, debo llevar sola el
+peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y
+te amaré aún más por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme
+bien, tenemos mucho que estudiar mañana...
+
+Y dicho esto, me empujó afuera.
+
+Me quedé en el corredor, como una réproba, contemplando la puerta que
+acababa de cerrarse tan duramente tras de mí. Después apoyé la cabeza en
+la pared y lloré silenciosa y amargamente. A partir de ese día, Marta
+redobló su cariño y su bondad hacia mí, pero yo no quería verlo;
+permanecía impenetrable para ella como ella lo había sido para mí, y en
+mi alma se arraigó, cada vez más profundamente, el sentimiento penoso de
+que el mundo no necesitaba de mi amor.
+
+Es evidente que un incidente como éste, por sí solo, no podía tener una
+influencia decisiva sobre mi carácter. Una niña tan joven como yo lo era
+entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de
+impresiones nuevas para que unos minutos de este género puedan producir
+sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesité mucho tiempo
+para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que
+nadie había en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas
+conmigo y que estaba reducida a mí misma y a mis libros, hasta el día en
+que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de
+los vivos.
+
+Y más y más, me sumergía en los tesoros de los poetas, ninguno de los
+cuales me rechazaba de su más íntimo santuario. Aprendía con Tasso a
+sentirme miserable y sublime; sabía lo que Manfredo iba a buscar a las
+heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad
+terrestre de la cual yo había gozado, de la vida y del amor, que habían
+concluido para mí. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi heroína y mi
+ideal.
+
+Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poesía que hay en no
+ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa
+bienhechora y en un renunciamiento sublime, me parecía la vocación
+claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera
+podido llevar, yo también, los blancos velos de la virgen griega, cuyos
+pliegues noblemente dispuestos habrían convenido tan bien a mi cuerpo de
+niña desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habría sido completa.
+
+A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos años una criatura
+intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con
+impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando
+algo me desagradaba.
+
+A pesar de todo eso, o quizá a causa de eso mismo, todos me mimaban, y
+mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un niño, tenía
+fuerza de ley en toda la casa.
+
+A los quince años era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba
+de vez en cuando algún joven campesino galante que me dijera que yo era
+muy bonita, mucho más bonita que todas las otras, y que Marta en
+particular.
+
+Eso me chocaba, pues todavía la vanidad no tenía cabida en mí.
+
+En esa época soñé una noche que Marta había muerto. Cuando me desperté,
+mi almohada estaba inundada de lágrimas; en todo el día no hice más que
+ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me parecía que
+tenía sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella.
+
+Después de la comida Marta se había recostado por un rato en el canapé,
+otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entré en la habitación en ese
+momento, y vi sobre el brazo del sofá su rostro, pálido como la cera,
+con los ojos cerrados, quedé como si me hubiera herido un rayo.
+
+Creí ver en realidad su cadáver ante mis ojos.
+
+Caí de rodillas delante del canapé y le cubrí de besos la boca y la
+frente. Su rostro se transfiguró, abrió los ojos y me contempló como si
+viera una visión; pero luego que volvió en sí, sus facciones
+readquirieron su expresión de gravedad y de tristeza.
+
+--¡Vaya, vaya! ¿Qué tienes, hijita?--dijo.--Estas no son cosas que haces
+todos los días.
+
+Me rechazó suavemente, y también esta vez permanecí parada, abandonada a
+mí misma, con el corazón desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me
+llamó y murmuró:
+
+--Te quiero mucho, hermanita.
+
+La noche de ese mismo día noté en cierto momento que parecía sonreírse
+interiormente. Papá también lo notó, porque aquello no era usual, y,
+tomándole la cabeza con las manos, le dijo:
+
+--¿Qué te ha ocurrido, Martita? ¡Estás hoy fresca como una flor!
+
+Marta se ruborizó hasta la raíz de los cabellos, pero yo le tomé la mano
+a hurtadillas por debajo de la mesa, diciéndome:
+
+--¡Ya sabemos lo que nos hace tan felices!
+
+Al día siguiente por la mañana, cuando tomábamos nuestro café, papá
+entró con una carta abierta en la mano.
+
+--Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido--dijo
+riéndose.--¡Adivinen cómo se llama!
+
+Y dicho esto, miró a Marta de reojo con expresión un tanto cómica. Me
+pareció que ella se ponía más pálida que de costumbre y la taza que
+tenía en la mano tembló perceptiblemente.
+
+--¿Esa ave ha venido ya alguna vez?--preguntó lentamente y en voz baja,
+sin alzar los ojos.
+
+--¡Vaya si ha venido!--dijo papá sin dejar de reírse.
+
+--Entonces, es... Roberto Hellinger--dijo.
+
+Y exhaló un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir
+aquello.
+
+--¡Mil truenos! ¡Adivinas bien, chicuela!--dijo papá amenazándola con el
+dedo.
+
+Ella nada contestó, y con su paso lento y cansado se dirigió hacia la
+puerta; en toda la tarde nadie la volvió a ver.
+
+Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su
+imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era
+como para llenar de ensueños ardientes una romántica cabeza de quince
+años.
+
+Pero la actitud de Marta me había llamado la atención.
+
+Al día siguiente, desde muy temprano, la oí ir y venir a pasos
+precipitados, en el piso superior, por los cuartos de huéspedes.
+
+Fui a buscarla, pues tenía curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas
+habitaciones habitualmente cerradas.
+
+Había abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas,
+y en chanclas, corría en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se
+cogía el rostro con ambas manos y se reía sola con una risa tan extraña,
+que no se sabía si era llanto.
+
+Cuando le pregunté: «¿Qué haces ahí, Marta?» se estremeció, me miró muy
+confusa y sólo entonces pareció darse cuenta del lugar en que se
+encontraba.
+
+--Ya lo ves: preparo las camas--balbució al cabo de un instante.
+
+--¿Para quién?--pregunté.
+
+--¿Acaso no sabes que esperamos una visita?
+
+--¿Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?--repliqué,
+encogiéndome ligeramente de hombros.
+
+--¿Y por qué no había de regocijarme? Es nuestro primo.
+
+--¿Y nada más?--dije yo amenazándola con el dedo, como lo había visto
+hacer la víspera a papá.
+
+Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigió con sus
+grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sentí que la
+sangre me afluía, ardiente, al rostro. Volví la cara a un lado, y como
+ya no podía seguir representando el papel de mujer superior, me dirigí a
+la puerta.
+
+A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qué pensar. Me
+parecía evidente que él y Marta se amaban, y sobrecogida por la
+vibración misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los
+seminiños de mi edad, comencé a representarme la manera cómo había
+podido nacer ese amor.
+
+Corría a través de los bosquecillos silvestres del parque y me decía:
+
+--Aquí es donde se han paseado secretamente.
+
+Me deslizaba en la sombra de los follajes y me decía:
+
+--Aquí es donde se han dado cita.
+
+Me dejaba caer en los bancos de césped húmedo y me decía:
+
+--Aquí es donde han cambiado dulces palabras.
+
+El jardín entero, la casa, el patio y todo lo que conocía desde que
+había venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se
+difundía por todas partes con un reflejo purpúreo. Una vida maravillosa
+parecía haber surgido allí. Me había sumergido de tal modo en esas
+imaginaciones, que concluía por creer que era yo quien había vivido ese
+amor. Cuando volví a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como
+si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no
+debiera adivinarlo.
+
+Pero, cuando, a la mañana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta
+había realmente vivido todo lo que yo no hacía más que soñar, eso me
+turbó por completo, y desde un rincón obscuro, la examiné sin
+interrupción, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que
+perteneciera a otro mundo.
+
+Me fijé en que cada cinco minutos salía al terrado, desde donde se podía
+ver la puerta de entrada, pero entonces me guardé muy bien de dirigirle
+preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una cómplice.
+
+Era un día claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el
+llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados
+temblaban silenciosos en el aire; el río llevaba un manto de vapor, una
+paz religiosa se cernía sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues
+jamás podía encontrar suficiente soledad para soñar a mis anchas. En las
+ramas de los álamos se oía ya el roce de las hojas amarillentas, y los
+helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas
+pueden tenerse en pie.
+
+--Me entristecí: «La Naturaleza entera va a morir--dije;--¡Ah! ¡Si se
+pudiera morir con ella!»
+
+Entonces me acordé de todas las burlas que había leído u oído sobre las
+impresiones sentimentales del otoño.
+
+--Qué odiosas son esas bromas--me dije.--Pero de mí nadie se burlará;
+sabré esconderme y sabré ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que
+pasa dentro de mí; y bien se me puede considerar como una muchacha fría
+y sin corazón, con tal de que sepa yo que este corazón palpita lleno de
+ardor y de amor por la humanidad.
+
+--Sí, aquel fue un día henchido de encanto, día admirable; y daría con
+gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a él.
+
+Y la noche... la veo todavía como si fuera hoy. Las ventanas estaban
+abiertas, los tallos flexibles de la viña virgen se mecían con el
+viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas
+y de sables llegaban hasta mis oídos. Nada podía ver, pues la obscuridad
+lo cubría todo, pero yo sabía que era una tropa de cosacos que recorría
+la frontera.
+
+Entonces cerré los ojos y soñé: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza
+viene el hijo del Rey, rubio y magnífico, sobre su blanco palafrén. Yo
+soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansión;
+el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca,
+que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo más selecto
+de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi
+padre.
+
+Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de
+primogénita, no le corresponde la primacía. Pero, para consolarme, me
+digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ningún Príncipe.
+
+Y me figuro entonces lo que daré a todos los míos cuando haya subido al
+trono: a Marta, un espléndido aderezo; a papá, un cofre de hierro lleno
+de oro; a mamá, una gran caja de piñas azucaradas.
+
+El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con él mi sueño.
+
+* * *
+
+Roberto llegó al día siguiente.
+
+En el momento en que el carruaje que lo conducía, rodó bajo el portón,
+Marta estaba al lado del fogón. Corrí a buscarla y le susurré en el
+oído:
+
+--Marta, creo que ahí está.
+
+Pero ella me demostró en seguida que yo no era su confidente: me miró un
+instante fijamente y me preguntó, como si su espíritu estuviera lejos:
+
+--¿De quién quieres hablar?
+
+--¿De quién? Pues del primo, naturalmente.
+
+--¿Y por qué me dices eso tan misteriosamente?
+
+Y como al oír eso me encogí de hombros, ella tomó la espumadera que
+había dejado caer y volvió a su tarea.
+
+--¿Y esa es toda la alegría que sientes?--continué, encogiendo el labio
+con expresión despreciativa.
+
+Pero ella me apartó con la mano izquierda, con una brusquedad
+inacostumbrada.
+
+--¡Vete, chiquilla, te lo ruego!
+
+Y he ahí cómo yo recibí al primo Roberto en su lugar.
+
+En el instante en que salí al terrado, él bajaba del carruaje.
+
+«No es mucho mejor que papá,» fue mi primer pensamiento. Era alto, de
+estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno,
+con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una
+de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes.
+
+--«No falta más que la yugular,»--pensé para mis adentros.
+
+De un salto salvó varios escalones y riéndose vino a mí:
+
+--¡Hola! ¡Buenos días, Marta!--gritó.
+
+Luego, de improviso, se estremeció, me miró de los pies a la cabeza y se
+quedó como petrificado en medio de la escalera.
+
+--¡Yo no me llamo Marta, sino Olga!--dije un poco humillada.
+
+--¡Ya me lo decía yo!...--exclamó sacudiéndose, y, adelantándose hacia
+mí, me alargó una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y
+agrietada.
+
+--«¡Qué palurdo!»--me dije mentalmente.
+
+Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examinó nuevamente.
+
+--Todavía eras una pequeñuela, cuando salí de aquí, y me parece
+verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta.
+
+--«¿Yo, parecerme a Marta?--pensé--¿Cuándo me habré parecido a Marta?»
+
+--Pero no--continuó,--ella no era tan alta, sus cabellos eran más
+claros, no tenía esa expresión tan altiva, y... no miraba con ojos tan
+severos.
+
+--¡Ah, Dios del Cielo!--me dije.--¿Acaso nunca has visto los ojos de
+Marta?
+
+En ese instante se abrió muy suavemente la puerta de la cocina, y por la
+abertura, no más ancha que la mano, ella se escurrió en la habitación.
+No se había quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como él, y
+los labios le temblaban.
+
+--Bienvenido seas, Roberto--le dijo tímidamente por detrás, pues él se
+había vuelto hacia mí.
+
+Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y
+entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento,
+sin articular una sílaba.
+
+Yo temblaba; hacía dos días que acechaba ese momento, y he ahí que el
+resultado burlaba lastimosamente mi espera.
+
+Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese
+mismo beso no me gustó; a mí no me habría besado de otra manera.
+
+--Sí, pero ni siquiera lo ha hecho--agregué para mis adentros.
+
+Después permanecieron nuevamente inmóviles y silenciosos. Mi corazón
+latía con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos
+manos.
+
+Al fin, Marta le dijo:
+
+--¿No quieres sentarte, Roberto?
+
+Él hizo un ademán de asentimiento y se dejó caer en un rincón del sofá
+que crujió bajo su peso. Continuaba mirándola incesantemente; al cabo de
+un largo rato, dijo:
+
+--¡Mucho has cambiado, Marta!
+
+Al oír esto me pareció que me daban una bofetada.
+
+Una sonrisa de una tristeza indecible rozó los labios de Marta:
+
+--Sí--dijo.--¡Mucho debo haber cambiado!
+
+Nuevo silencio. Se habría dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para
+encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento.
+
+--¿Cómo es que jamás he sabido que estabas enferma?--concluyó por decir.
+
+--No lo sé--replicó ella con una dulzura en que se descubría un poco de
+amargura.
+
+--¿No podías escribírmelo?
+
+--Pero, ¿acaso nos escribimos?
+
+Roberto empujó con irritación el pie de la mesa.
+
+--Pero cuando uno no está bien... entonces... entonces...
+
+No supo decir más.
+
+Yo apreté los puños: ¡habría sabido concluir tan bien la frase por él!
+
+--Tú sabes--dijo Marta,--que el enfermo es siempre el último en saber
+que no está bien.
+
+--Yo creía que él debía saberlo mejor que nadie.
+
+--¿Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso?
+
+Esta vez Marta habló sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que
+le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me partía el corazón.
+
+--¡Oh, Marta!--gritaba una voz dentro de mí.--¿Por qué me has rechazado?
+
+En eso ella soltó una risa breve y preguntó a Roberto cómo estaban en su
+casa, y lo que hacían mi tío y mi tía.
+
+--Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi tío y mi tía--dijo
+mirando en su derredor hasta en los rincones.
+
+Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprimía, que
+al verlos buscar por el cuarto tan cómicamente, prorrumpí en una risa
+estrepitosa.
+
+Ambos se volvieron hacia mí, sorprendidos, como si sólo entonces notaran
+mi presencia.
+
+--¿Y qué dices de nuestra Olguita?--preguntó Marta, tomándome por la
+mano con ademán maternal.--¿Te gusta?
+
+--Ahora un poco más--dijo examinándome.--Antes me pareció demasiado
+enseñorada.
+
+--Sin embargo, no podía saltarte al cuello en seguida--repliqué.
+
+--¿Y por qué no?--repuso con una sonrisa.--¿Crees que no habría habido
+bastante lugar para ti?
+
+--No--dije, para que supiera de una vez cómo había que tratarme.--Ese no
+es mi lugar.
+
+Entonces me miró muy azorado, y dijo meneando la cabeza:
+
+--¡Cáspita! La chiquilla es mordaz.
+
+Yo iba a replicar, pero papá entró.
+
+En la mesa no los perdí de vista, pero nada sospechoso hubo que
+observar; apenas si cambiaron algunas miradas.
+
+--Más tarde, cuando nuestros padres duerman--me dije,--tratarán de
+escaparse.--Pero me equivoqué. Se quedaron tranquilamente en la sala y
+ni una sola vez trataron de alejarme. Él fumaba, sentado en un rincón
+del canapé; ella estaba sentada cinco pasos más allá, junto a la
+ventana, con su bordado.
+
+--Quizá son demasiado tímidos--me dije,--y esperan que la ocasión se
+presente sola.--Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de
+lugar, y salí de la habitación. Luego, con el corazón palpitante, esperé
+media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de
+atreverme a volver.
+
+--Ahora--me dije,--él se le acercará, le tomará la mano y la mirará por
+largo rato en los ojos. ¿Me amas siempre?--le preguntará,--y ella,
+ruborizándose, con una mirada húmeda, se dejará caer sobre su pecho.
+
+Cerré los ojos y suspiré. Las sienes me palpitaban, me sentía cada vez
+más embriagada por las imágenes que me representaba y me figuraba su
+continuación; lo veía caer de rodillas delante de ella, y, con miradas
+ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad.
+
+Me sabía de memoria lo que él le decía en ese momento, y no menos bien
+lo que ella le contestaba: habría podido soplarle las palabras.
+
+Cuando pasó la media hora, me consulté para saber si les otorgaría
+todavía algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta
+calidad, les acordé graciosamente mi protección, con una sonrisa.
+
+--¡Ojalá puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!--pensé, y
+resolví ir todavía a dar una vuelta por el jardín. Pero la curiosidad me
+dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volví sobre mis pasos.
+
+Me acerqué sin ruido hasta la puerta, pero apenas hallé el valor
+necesario para dar vuelta al botón: la idea de lo que iba a presenciar
+me oprimía el pecho hasta ahogarme.
+
+¿Y qué fue lo que vi?
+
+Roberto estaba todavía sentado, como yo lo había dejado, en una esquina
+del canapé; había fumado su cigarro, del que no le quedaba ya más que la
+punta entre los dedos, y el bordado de Marta contenía una flor que antes
+no existía.
+
+--¿Por qué te encoges de hombros con ademán tan despreciativo?--me
+preguntó Marta.
+
+Y Roberto agregó:
+
+--Parece que no tengo la aprobación de la señorita.
+
+--Así, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos--me
+dije, y salí golpeando violentamente la puerta detrás de mí.
+
+Toda esa noche, loca de mí, me la pasé despierta hasta el amanecer,
+representándome la manera cómo yo, Olga Bremer, habría procedido en el
+lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; sentía,
+hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el
+murmullo apasionado de un amor ardiente, desdeñoso del mundo entero.
+
+Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, inventé
+un montón de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la
+frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldición
+paternal, fuga, y, por fin, muerte común en las aguas, pues un verdadero
+amor no me parecía dignamente sellado y concluido sino por la muerte.
+
+Cuando me levanté, al día siguiente por la mañana, tenía zumbidos en la
+cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas.
+
+Al ver mi semblante, Marta juntó las manos por encima de su cabeza, y
+Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sofá, envuelto
+nuevamente en nubes de humo, exclamó:
+
+--¿Has pasado la noche llorando o bailando?
+
+--Bailando--repliqué,--en el Brocken con otras brujas.
+
+--No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,--dijo
+moviendo la cabeza.
+
+--A preguntas necias...--repliqué.
+
+--¡Vaya! no volveré a abrir la boca--dijo riéndose;--de lo contrario se
+me serviría desde por la mañana un plato de necedades como en mi vida he
+comido.
+
+Marta me dirigió una mirada de reproche. Yo huí al fondo del parque, al
+lugar más sombreado, y oculté mi encendida cara entre el fresco follaje.
+
+Poco me faltaba para llorar.
+
+--He ahí, pues, mi destino--me decía:--desconocida por todo el mundo,
+aislada y desdeñada con mi corazón ardiente de amor, marchitándome en mi
+rincón sin que nadie me solicite, mientras que en torno mío todo se
+entrelaza y satisface su pasión en ardientes besos.
+
+Sí, en sueño, había substituido tan bien a Marta en su amor, que había
+llegado a tomarme por la heroína: el desencanto no podía hacerse
+esperar.
+
+¡Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, más tarde, seguir
+los vuelos de mi imaginación! pero mientras más tiempo Roberto
+permanecía entre nosotros, más observaba las relaciones de Marta con él,
+y más me convencía de que el interés que yo les prodigaba, se perdía
+totalmente.
+
+Ella, encarnación de la ama de casa, fría y tímida, sometida a todas las
+fatalidades de la existencia cuotidiana; él, encarnación del
+propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasión. Discurría en esta
+forma, mientras mi corazón estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo
+pasaba inadvertida y era inútil. Entonces ocurrió un incidente que no
+sólo suavizó mi humor, sino que hasta modificó sensiblemente mi juicio
+sobre nuestro primo.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Hacía cuatro días que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de
+improviso y me dijo:
+
+--Olguita, quisiera pedirte algo; ¿no vendrías a hacer un paseo a
+caballo conmigo?
+
+--¡Qué honor!--repliqué.
+
+--No, no hay que volver a empezar en ese tono--dijo con una risa en la
+cual se notaba algo de enfado.--Tratemos de ser buenos camaradas por
+media hora, ¿quieres?
+
+Su ingenua franqueza me agradó: dije que sí.
+
+Cuando nuestros caballos pasaron el portón, Marta estaba en la ventana
+de la cocina y nos hizo señas con su delantal blanco.
+
+--Ves, Marta--dije para mis adentros,--así es cómo me iría con él a
+través del vasto mundo, si fuera su querida.
+
+Yo no tenía entonces más que una noción bastante confusa de lo que es
+una «querida» y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad.
+
+--Monta bien--pensé en seguida;--mi «hijo del rey» no sería mejor
+jinete.
+
+Y entonces me sorprendí al ver que me había erguido, orgullosa y alegre,
+en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me
+hacía correr un estremecimiento por todo el cuerpo.
+
+Roberto nada decía, pero con frecuencia se inclinaba hacia mí y me hacía
+una seña amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto
+cada cinco minutos: trabajo inútil, pues nada estaba más lejos de mi
+imaginación que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media
+hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo:
+
+--¿Bueno, chiquilla?
+
+--¿Qué hay, «grande»?
+
+--¿Regresamos?
+
+--¡Oh, no!
+
+No estaba dispuesta a renunciar tan fácilmente a lo que me llenaba de
+una satisfacción tan completa.
+
+--Entonces, ¡al bosque de Illowo!--dijo él señalando la mancha azulada
+que cerraba el horizonte a lo lejos.
+
+Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que éste se
+irguió y partió dando saltos.
+
+--¡Bravo, por la chica de quince años!--gritó él detrás de mí.
+
+--¡Dispense, dieciséis!--repliqué, volviéndome a medias hacia él.--Por
+otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, ¡se acabó
+nuestra camaradería!
+
+--¡En nombre del Cielo!--dijo él riéndose.
+
+Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra.
+
+El bosque de Illowo está dividido por una pequeña corriente de agua,
+cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de
+los álamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por
+encima del espejo obscuro de las aguas una alta bóveda de verdura que, a
+cada desvío del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a
+formarse inmediatamente después.
+
+Bajo esa bóveda, junto al borde del agua, conocía desde mi infancia más
+de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o soñando,
+mientras mi caballo, un poco más arriba, pacía tranquilamente en el
+bosque.
+
+Y como esta vez íbamos lentamente, por entre los troncos de árbol, se me
+ocurrió hacerle conocer uno de mis retiros.
+
+--Quiero bajar--le grité,--ven a ayudarme a echar pie a tierra.
+
+De un salto bajó de su caballo e hizo lo que yo le pedía.
+
+--¿Qué quieres hacer?--me preguntó.
+
+--Vas a verlo--dije,--pero primero suelta los caballos...
+
+--¡No faltaba más!--dijo Roberto riéndose.--Me haces el efecto de quien
+quiere coger las liebres poniéndoles un grano de sal bajo la cola.
+
+E hizo ademán de atar las riendas a un tronco de árbol.
+
+--¡Suéltalos!--ordené.
+
+Y como él no obedecía castigué a los caballos con mi varilla: antes que
+él hubiera pensado en sostener más fuertemente las bridas, los caballos
+galopaban ya libremente en el bosque.
+
+--¿Y ahora?--dijo mi primo poniéndose las manos en los bolsillos.--¿Te
+imaginas que van a dejarse coger otra vez?
+
+--Por ti, no--respondí riéndome, pues estaba segura de mis favoritos.
+
+Y cuando al oír un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde
+lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus
+hocicos, esperando una caricia, mi corazón se dilató: me sentía
+orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de
+razón, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y
+alcé hacia Roberto una mirada triunfante: ahora él debía saber quién era
+yo y qué pretendía.
+
+Pero vi muy bien que todavía yo no le imponía.
+
+--¡Maravilloso, chica!--dijo él, y nada más.
+
+En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recostó
+perezosamente en el césped. Los rayos de sol que pasaban a través de las
+ramas, relucían en su barba: me pareció un gigante en reposo, semejante
+a los que nos pintan las leyendas del Norte.
+
+Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis
+visiones románticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que
+volví a caer repentina y bruscamente en la prosa.
+
+--¡Pero no nos vamos a quedar aquí, mi señor primo!
+
+--No seas loca, chiquilla--dijo él cerrando los ojos.--Haz como yo,
+vamos a dormir.
+
+Tuve un impulso de alegría, y, acercándomele, lo cogí por el cuello y lo
+sacudí fuertemente.
+
+Quiso asir mi vestido, pero yo me escapé, lo que le hizo levantarse
+vivamente para correr tras de mí.
+
+Entonces, tranquilamente me adelanté hacia él y le dije:
+
+--Bueno, ahora, ven.
+
+Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente
+escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un
+espejo obscuro. Allí, los árboles de anchas hojas y toda clase de
+plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una
+cuna natural, donde había sombra aun en pleno mediodía.
+
+Allí fue donde le hice entrar.
+
+--¡Mil truenos! He aquí un lindo rincón, chica--dijo él al mismo tiempo
+que se extendía cómodamente sobre la piedra, tanto que sus pies caían
+casi al nivel del agua.
+
+--Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos.
+
+Lo obedecí, pero me senté de manera que mi mirada pudiera dominarlo.
+
+Él fingía dormir, y de cuando en cuando, por entre sus párpados medio
+cerrados, alzaba los ojos hacia mí.
+
+De repente se me ocurrió esta idea:
+
+«¿Si fueras Marta, qué harías en este momento?»
+
+Y un pavor tal se apoderó de mí, que la sangre me subió hirviente a la
+cara.
+
+--¿Eres miedosa, chiquilla?--me preguntó.
+
+Yo sacudí la cabeza.
+
+--Entonces, ven.
+
+--Ya estoy a tu lado.
+
+--Ponte allí, delante de mí.
+
+Hice lo que me pedía: mis pies tocaban casi el borde de la piedra.
+
+De pronto, se levantó, me asió, rápido como el rayo, por la cintura, y
+en el mismo instante me sentí suspendida sobre el agua.
+
+Lo miré riéndome.
+
+--¡Cómo!... ¡Cómo!...--dijo.--¡No hay de qué reírse! Si te dejara
+caer...
+
+--Me ahogaría... Pues bien, ¡déjame caer!
+
+--No. Antes quiero que me confieses algo.
+
+--¿Qué?
+
+--¿Por qué no puedes sufrirme?
+
+Respiré profundamente. Al mismo tiempo sentí que las suelas de mis
+botines tocaban ya la superficie del agua: él no podía dejarme caer más.
+Una deliciosa sensación de desfallecimiento me invadió.
+
+--Pero yo puedo sufrirte--le dije.
+
+--¿Por qué entonces me contestas siempre de tan mala manera?
+
+--Porque soy una muchacha mal criada.
+
+--¡Enhorabuena!--dijo él, riéndose.
+
+Y, con un movimiento brusco, me alzó como una pluma: yo me volví a
+encontrar de pie sobre la piedra.
+
+--Bueno, ahora siéntate; vamos a conversar seriamente.
+
+Me tomó la mano y continuó:
+
+Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en
+ejercitar mi espíritu. Tú, con tu vivacidad, me ganas fácilmente; por
+eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. Tú no lo haces con mala
+intención, bien lo sé, pues en nuestra familia no se conoce la maldad;
+pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce años más que tú, tú
+eres todavía una chiquilla, o poco menos... ¿Tengo razón?
+
+--Tienes razón...--respondí humildemente.
+
+Y me preguntaba aparte lo que se había hecho mi altivez.
+
+--¿Por qué, pues, procedías así?
+
+--Porque quería agradarte.
+
+Y exhalé un profundo suspiro.
+
+Él me miró en los ojos con asombro.
+
+--Porque quería mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza
+muy a plomo, que yo...
+
+Me detuve muy confusa. Roberto se mordía la barba y miraba frente a él,
+pensativo.
+
+--¡Miren eso!--dijo.--Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el
+mal lado. ¡Qué suerte que haya seguido el consejo de Marta!
+
+--¿De Marta? ¿Qué consejo te ha dado?
+
+--Tómala aparte, uno de estos días--me ha dicho,--y explícate con ella.
+Cuando Olga no quiere a alguién, lo aborrece, y me daría mucha pena que
+no te tuviera cariño.
+
+--¿Marta ha dicho eso?--exclamé, y las lágrimas me asomaron a los
+ojos.--¡Qué corazón, qué corazón de oro!
+
+--Sí, ha dicho eso y muchas otras cosas más para explicar tu
+temperamento y excusarte. Y como amo a Marta...
+
+--¿La amas?--dije, interrumpiéndolo, ávida de saber más.
+
+--Sí, profundamente--respondió él pensativo, con los ojos fijos en el
+agua que corría a sus pies.
+
+Mi corazón latía tan precipitadamente, que apenas podía respirar. ¡Así,
+pues, él me tomaba por confidente, me convertía en su aliada! Habría
+querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me sentía
+hacia él.
+
+--Y... ¿ella lo sabe?
+
+--Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar...
+
+--¿Cómo?...--balbucí.--¿Tú no... no... se lo has dicho?
+
+Roberto sacudió tristemente la cabeza.
+
+Yo caí desde lo alto de las nubes. ¡De modo que los bosquecillos de
+nuestro jardín nunca habían prestado su abrigo a dos enamorados; la
+luna, que brillaba por entre las ramas, nunca había sido testigo de
+besos clandestinos! ¡Puras quimeras todas mis imaginaciones!
+
+Pero, en medio de mi desilusión, sentía una profunda compasión por ese
+gigante, que, sin más fuerzas que un niño, buscaba amparo en mí. Me juré
+que su confianza en mí no sería vana.
+
+--¿Y por qué has guardado silencio?--insistí.
+
+Pareció que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza;
+sin embargo, dijo con un profundo suspiro:
+
+--En aquel tiempo, yo era un muchacho tímido y no encontraba el valor
+necesario para hablar. ¡En esos primeros años de locura se siente uno
+tan transportado, si obtiene siquiera un apretón de manos a hurtadillas!
+Se figura uno que el mismo matrimonio no podrá ofrecer un deleite mayor.
+Pero en realidad tú no puedes comprender eso.
+
+--¿Quién sabe?--repliqué en mi inocencia.--Mucho he leído ya sobre eso.
+
+--En resumen--prosiguió él,--yo era entonces más o menos tan ingenuo
+como tú ahora. Y hoy, ¿sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula
+a ella, con cadena indisoluble, y para siempre.
+
+--¿Entonces, no quieres vincularte?--le pregunté con sorpresa.
+
+--No tengo derecho para ello--gritó,--no tengo derecho. No sé si podré
+hacerla feliz.
+
+--¡Oh! ¡Francamente... si no lo sabes!...
+
+Encogí el labio con desprecio y dentro de mí, llegué a esta conclusión:
+«¡Entonces, no la ama!»
+
+Pero él, con los ojos chispeantes, se animó más:
+
+--Compréndeme, niña. Si eso dependiera de mí, no pediría más que
+llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con
+las piedras del camino. Pero... ¡oh! ¡esta miseria, esta miseria!
+
+Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me sentía realmente
+turbada. Nunca habría creído posible que ese hombre tan tranquilo y
+grave pudiera volverse tan apasionado.
+
+--Confíame tus tormentos, Roberto--dije, poniéndole la mano en el
+hombro.--No soy más que una chica, muy sencilla, pero eso desahogará tu
+corazón.
+
+--¡No puedo!--gimió,--¡no puedo!
+
+--¿Y por qué?
+
+--Porque sería mortificante... hasta para ti. No puedo decirte más que
+una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jamás
+podría resistir al torrente de penas y de tormentos que caería sobre
+ella: se doblaría como una frágil caña al primer soplo de la tormenta.
+¿De qué me serviría tener que llevarla al cementerio pocos años después
+de nuestro matrimonio?
+
+Un helado calofrío me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la
+horrible manera en que debía realizarse esa frase, llena de
+presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advertírmelo: sólo
+experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por demás prosaico para
+mi gusto, un giro tan romántico como fuera posible. Desgraciadamente no
+había gran cosa que hacer. Por lo menos asumí una expresión capaz y
+busqué en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o
+los confesores dan ordinariamente como viático a los amantes
+desgraciados.
+
+Y él, como un gran niño que era, bebió esas tontas palabras de consuelo
+con la avidez de un hombre que se muere de sed.
+
+--¿Pero tendrá paciencia ella también?--me preguntó, y parecía perder
+nuevamente el valor.
+
+--¡Sí, la tendrá! ¡Confía plenamente!--grité con arrebato.--Puesto que
+espera desde hace tanto tiempo, podrá muy bien tener paciencia uno o dos
+años más. Ya verás cómo se somete de buen grado.
+
+--¡Y si, aun más tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!--objetó
+Roberto.--¡Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su
+corazón! ¡No, no hablaré; antes me arrancarán la lengua, no hablaré!
+
+--Si no querías hablar, ¿para qué viniste entonces?
+
+Dios sabe cómo ese pensamiento de doble filo vino a mi espíritu de joven
+aturdida. Sentí confusamente que al pronunciar esas palabras cometía un
+acto de crueldad, pero... ya era tarde.
+
+Vi palidecer su rostro, sentí que su respiración ardiente se exhalaba en
+un suspiro.
+
+--Soy un hombre de honor, Olga--murmuró entre dientes;--¿para qué
+atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendrás una respuesta.
+He venido porque ya no podía vivir sin ella, porque quería beber en sus
+ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y
+porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza
+de que las cosas aquí pudieran tomar otro giro, que todo pudiera
+arreglarse para que yo me la llevara conmigo.
+
+--¿Y las cosas no se arreglan?
+
+--¡No!... No preguntes por qué. Conténtate con esta respuesta: ¡no!
+
+De repente se inclinó hacia mí, se apoderó de mis manos y me dijo desde
+el fondo del corazón:
+
+--Ves, Olga, cómo nuestro compañerismo ha tenido mejor resultado que el
+que podíamos esperar uno y otro hace media hora. ¿Querrías asistirme
+fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder?
+
+--Sí, te ayudaré--respondí, y al decir esto me sentí penetrada de la
+solemnidad de mi promesa.
+
+--Veo que ya no eres una niña--continuó él,--eres una joven enérgica e
+inteligente, y si emprendes algo, no flaquearás. ¿Quieres velar por
+ella, para que no se desaliente, si todavía esta vez me voy sin haber
+hablado? ¿Lo quieres?
+
+--Sí, velaré--repetí.
+
+--¿Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme cómo está, si
+se siente bien, si sigue animosa? ¿Quieres?
+
+--Te escribiré--volví a contestar.
+
+--Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y
+para siempre.
+
+Y me besó en los labios...
+
+Cinco minutos después estábamos a caballo, y trotábamos rápidamente
+hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer.
+
+--¡Cuánto han tardado!--dijo Marta que estaba en el terrado, con su
+delantal blanco, y nos sonreía desde lejos.
+
+Cuando la vi, experimenté el sentimiento de que toda la ternura que yo
+pudiera prodigarle, sería poca. Me precipité hacia ella y la besé
+impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me parecía que así
+borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprendí de sus brazos,
+con el corazón oprimido, y me alejé. En la mesa, esa misma noche, no
+cesé de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordaría con una
+seña nuestro convenio secreto. Pero él no pensó en ello; sólo cuando
+todos se levantaron deseándose «buena digestión,» me estrechó la mano de
+un modo muy particular, como nunca lo había hecho antes.
+
+Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magnífico presente.
+
+Esa noche, me costó mucho trabajo esperar el momento en que me
+encontraría en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme así,
+una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y
+soñando: tenía la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo
+que quería, y de dormirme tan pronto como me parecía conveniente; para
+ello no tenía más que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha.
+Esta vez me estiré en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca
+había conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parecían
+colmados. Mis mejillas ardían y en mis labios tenía, todavía sensible,
+la picazón ligera del primer beso con que un hombre--papá, naturalmente,
+no contaba,--los hubiera rozado.
+
+Y si, contemplándolo de cerca, ese beso se dirigía también a otra, ¿qué
+me importaba? Era tan joven todavía, que no podía pretender semejante
+cosa para mí sola.
+
+Volví una vez más a mi idea predilecta: ¿Qué haría yo si estuviera en el
+lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de
+imaginaciones, que no eran más que puras quimeras--ese día me lo había
+probado bien,--pero podía trabajar en él con toda tranquilidad, y fue lo
+que hice en mi desvelo o en mis sueños, hasta la mañana siguiente.
+
+Dos días después, Roberto partió. Algunas horas antes de marcharse tuvo
+una larga conversación con Marta en el jardín.
+
+Los vi internarse en él sin sentir celos, y fue para mí un placer
+indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera.
+
+Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus
+miradas serias y tristes.
+
+No, no se había declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero había
+hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de tímida
+esperanza.
+
+En el momento en que iba a subir al carruaje se encontró por casualidad
+solo conmigo algunos segundos. Me tomó la mano y murmuró:
+
+--¿No revelarás una sola palabra? ¿Puedo contar con ello?
+
+Hice un signo de afirmación enérgica.
+
+--¿Y me escribirás pronto?
+
+--Seguramente.
+
+--¿Adónde debo dirigirte la respuesta?
+
+Me quedé azorada: no había pensado en ello. Pero, como los minutos eran
+contados, nombré al azar a un viejo mayordomo que me había demostrado
+siempre más afecto que nadie.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+El tiempo transcurría. Lo mismo que antes, los días sucedían a los días,
+y sin embargo, ¡cuán nuevo y particular se había vuelto el mundo para
+mí!
+
+Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos;
+había penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me
+envolvían por todas partes y podía--¡oh deleite!--divertirme con ellos:
+estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que debía asegurar la
+felicidad de mi hermana.
+
+Era maravilla ver, después de esa visita de Roberto, cómo Marta volvía a
+la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos días
+de existencia en común con él habían obrado sobre ella como un baño
+fortificante, y más aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual
+había bebido furtivamente a grandes tragos.
+
+Sin duda, no había recobrado su brillante alegría de otros tiempos, que
+esos siete años de ansiosa espera parecían haberse llevado
+irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios,
+pero un brillo suave y cálido animaba sus facciones como si una luz
+salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos
+lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acogía con
+una sonrisa amistosa.
+
+Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba más y más
+y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no
+hacía más que aumentar mi cariño e impulsarme a rogar a Dios para que
+derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza.
+
+Mientras no me abriera su corazón ella misma, no podía ni quería
+confesarle cuán profundamente mis ojos habían penetrado ya en él.
+
+Más de una vez me sorprendí contemplándola con un sentimiento maternal,
+si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con
+Roberto, me figuraba que verdaderamente tenía la felicidad de ambos en
+mis manos.
+
+En mi presunción, me consideraba fácilmente como un buen genio, vestido
+de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa vertía bendiciones.
+Mientras tanto, contaba los días hasta la llegada de una carta de
+Roberto, y corría de acá para allá, con las mejillas encendidas, cuando,
+al fin, la llevaba sobre mi corazón.
+
+Esas cartas se me habían hecho tan necesarias, que me era difícil
+concebir cómo había podido vivir antes sin ellas. So pretexto de
+contarle los hechos y dichos de Marta, sabía muy bien ahuyentar las
+penas de su corazón con mi charla, infantil y loca como gusta a los
+hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de
+madurez, como se había vuelto mi corazón. Le agradaba mi cháchara,
+cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un
+pájaro cantor, y yo no pedía más. ¡Le estaba tan agradecida porque me
+había asociado a su grande y sincera pasión, a mí, a la chicuela a quien
+todavía hacían salir de la habitación cuando la gente grande quería
+hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo
+tenía a mis propios ojos, me venían de ese papel de protectora.
+
+Así crecía yo con ese amor, me alimentaba con esa pasión, de la que
+nunca la menor migaja debía caer para mí de la mesa.
+
+* * *
+
+Cuando llegó el otoño, noté que Marta manifestaba una agitación
+extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permanecía a veces
+la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo
+ademanes cuando creía estar sola, y se estremecía violentamente cuando
+se veía sorprendida.
+
+Informé fielmente a Roberto de lo que había observado y le pregunté
+además si no había hecho quizá esperar su visita para aquella época,
+pues toda la manera de ser de Marta me parecía provocada por una
+sobreexcitación enfermiza de la espera.
+
+Tuve ocasión de estar satisfecha de los conocimientos psicológicos de
+mis diecisiete años, pues mis previsiones eran justas.
+
+Profundamente abatido, me escribió que efectivamente, al separarse de
+ella, había expresado la esperanza de poder volver en el otoño siguiente
+con cara más alegre; pero se había equivocado: estaba, más que nunca,
+sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin
+ver brillar el menor fulgor de esperanza.
+
+«Por lo menos--le contesté,--líbrala del tormento de la espera e informa
+a nuestros padres, con miramientos, de tu situación.»
+
+Así lo hizo: dos días después, papá, muy apenado, trajo la carta que a
+causa de mi juventud, todavía demasiado irracional, yo no debía leer.
+
+Esa carta tuvo sobre el ánimo de Marta una influencia que me asustó y me
+conmovió. La sobreexcitación de las últimas semanas desapareció
+repentinamente, como barrida de golpe, y dejó el lugar a ese abatimiento
+desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la había
+convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueció, y dos surcos
+profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a
+las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorcía en
+crisis dolorosas, otra vez también le había vuelto ese perpetuo deseo de
+llorar que, a la menor ocasión, se daba curso en torrentes de lágrimas.
+
+Esta vez, papá no mandó buscar al médico: podía fijar el dianóstico él
+mismo. Hasta mamá se compadeció de los sufrimientos de la desdichada,
+tanto como se lo permitía su apatía, y ésta no consentía que se alejase
+de la estufa para atender a su hija enferma.
+
+En cuanto a mí, encontré entonces por primera vez la ocasión de mostrar
+a los míos que ya no era una criatura y que mi voluntad tenía algún
+valor, aun cuando se tratara de cosas serias.
+
+Asumí toda la dirección de la casa, y por más que todos sonrieron
+maliciosamente y protestaron, y Marta me explicó repetidas veces que
+jamás consentiría que yo, la más joven, la suplantase, me las compuse
+tan bien que al cabo de quince días yo era quien manejaba toda la casa.
+
+Fue aquella la única época en que tuviéramos todos que disputar con
+Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo hacía era
+por amor a ella, y finalmente concluyó por ser la primera en
+agradecérmelo. Por otra parte, se acostumbró a cederme en más de un
+punto, aunque tratando de disimularse a sí misma mi influencia y dando a
+entender que había que dejar hacer su voluntad a los niños.
+
+En mi correspondencia con Roberto, aprendí por primera vez que se puede
+mentir por amor. Le disimulé el triste efecto que había producido su
+carta; sí, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba
+perfectamente. Procedía así porque estaba persuadida de que la verdad lo
+habría sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no
+dejarían de abatirlo, puesto que nada podía remediar. Pero entonces se
+me hacía terriblemente difícil conservar el tono de charla ligera, y muy
+a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma.
+
+Y todo se ensombrecía de día en día en torno nuestro. Papá estaba
+cabizbajo, porque las malas cosechas habían defraudado sus más bellas
+esperanzas; mamá murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se
+marchitaba cada vez más.
+
+Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces
+nuestro apacible interior había visto otras.
+
+En torno del flamante árbol de Navidad, que esta vez yo había adornado e
+iluminado en lugar de Marta, permanecíamos inmóviles sin saber qué
+decirnos, tan oprimido teníamos el corazón. Y, como nadie se decidía a
+hacerlo, tuve que esforzarme en reír y hacer lo posible para borrar las
+arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no
+encontré eco y por último nos dimos la mano deseándonos buenas noches
+para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sabíamos cómo
+entrar en materia los unos con los otros.
+
+Cuando llegué al lado de Marta, que estaba sentada en un rincón, con los
+ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sentí que un doloroso
+estremecimiento me atravesó el pecho, como si le hubiera hecho un
+agravio que debiera reparar; pero ignoraba cuál podía ser ese agravio.
+
+Ella me dijo al besarme en la frente;
+
+--¡Que Dios te conserve tu valiente corazón, Olguita! Te agradezco mucho
+las bromas que te has esforzado en decir hoy.
+
+No supe qué contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no podía
+definir, me desgarraba el corazón.
+
+Cuando me encontré sola en mi cuarto, me dije: «¡Bueno, ahora vas a
+festejar la Navidad!» Saqué las cartas de Roberto de la gaveta en que
+las tenía cuidadosamente escondidas y resolví leerlas hasta una hora
+avanzada de la noche.
+
+La tempestad sacudía los postigos, la nieve, empujada por las ráfagas
+del viento, barría los vidrios con un roce ligero y la lámpara de
+pantalla verde suspendida del cielo raso, esparcía sobre mí su fulgor
+apacible.
+
+En el momento en que colocaba cómodamente delante de mí el paquetito de
+cartas, oí junto a mí, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una
+caída, y luego un murmullo indistinto que me pareció el de una oración
+mezclada con sollozos.
+
+«¡He ahí cómo celebra la noche de Navidad!»--pensé juntando
+involuntariamente las manos. Sentí otra vez un dolor en el corazón, como
+si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continué
+devanándome los sesos hasta que vi claramente que sólo las cartas eran
+culpables.
+
+«¿No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo
+silencio?»--me pregunté.
+
+Pero mi conciencia no se dejó seducir. No. Aquello fue como si un rayo
+me hiriera en la cara, pues sentí con qué delicias mi corazón acariciaba
+esas cartas.
+
+«¿Qué no daría ella por una de estas hojas?»--me dije en seguida.--«Ella
+que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa
+idea de que, si no ha venido, es únicamente porque quiere arrancarla de
+su corazón.»
+
+«Y tú oyes sus sollozos--continuaba una voz dentro de mí,--y la dejas
+presa de sus torturas mientras que tú te deleitas pensando en que tienes
+un secreto con él, con él, que pertenece sólo a _ella_.»
+
+Me escondí la cara entre las manos: la vergüenza se apoderaba de mí tan
+violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. «¡Dale esas
+cartas!»--me gritó repentinamente una voz, y me lo gritó tan alto y con
+tanta claridad, que me pareció que era la tempestad la que me había
+lanzado esas palabras al oído.
+
+Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que
+mi buena voluntad cedía, instada por el temor de faltar a la palabra que
+había dado a Roberto, y por el deseo de seguir todavía en
+correspondencia secreta con él, el ruido de los sollozos y de la oración
+de Marta llegaba hasta mí más claro, y me trastornaba a tal punto los
+sentidos, que me parecía que iba a verme obligada a huir hasta el fin
+del mundo, para no oírlo más.
+
+Y concluí por cumplir conmigo misma. Tomé las cartas, las reuní en un
+elegante paquete que até con una cinta y me dispuse a llevárselas a su
+cuarto.
+
+«¡Este será su regalo de Navidad!»--dije pensando en que ese año no
+había podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como
+siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la
+alegría que desborda del corazón, resolví representar todavía un poco la
+comedia, antes de entregárselas.
+
+Bajé a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde
+se encontraban nuestros regalos, bajo el árbol de Navidad. Tanteando en
+la obscuridad, busqué su plato, recogí los objetos que estaban al lado
+de éste, y por encima de todo coloqué el paquete de cartas.
+
+Cargada de esta manera, me acerqué a su puerta y toqué.
+
+Oí un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y,
+al cabo de un intervalo bastante largo--sin duda el tiempo necesario
+para enjugarse los ojos,--su voz resonó muy cerca de la puerta,
+preguntando quién estaba allí y qué querían.
+
+--Soy yo, Marta--dije.--Te traigo tu plato; lo habías dejado abajo.
+
+--Llévalo a tu cuarto, iré a buscarlo mañana--respondió ella.
+
+Y en la voz tenía sollozos que se esforzaba en disimular.
+
+--Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los demás--dije.
+
+Y también mis palabras estaban medio ahogadas por las lágrimas.
+
+--¡Bien! Me lo darás mañana--replicó,--ya estoy desvestida.
+
+--Pero ese regalo es mío--dije.
+
+Y, como en la bondad de su corazón, temió ofenderme, no obstante su
+inmenso dolor, me abrió la puerta.
+
+Me lancé hacia ella y lloré sobre su hombro, apretando convulsivamente
+el plato con la mano izquierda.
+
+--¿Qué tienes, querida?--me preguntó acariciándome.--En toda la casa
+eras la única que conservabas tu buen humor, y ahora...
+
+Me armé de valor y, acercándola a la luz, le mostré el plato. A la
+primera ojeada reconoció la letra; se puso blanca como el yeso que
+cubría las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las lágrimas, me
+miró fijamente como si hubiera perdido la razón.
+
+--Tómalo, pues--dije,--tómalo.
+
+Ella extendió la mano, pero la retiró con un ademán brusco: se hubiera
+dicho que había tocado un hierro candente.
+
+--Ves, Marta--dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta
+importancia,--no has querido tener confianza en mí, me has tratado
+siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras tú
+te desesperabas, yo he obrado.
+
+Ella continuaba mirándome fijamente, desconcertada, sin comprender.
+
+--Crees que Roberto no se inquieta por ti--continué.--Sin embargo, he
+tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana
+regularmente.
+
+Marta retrocedió tambaleándose, se llevó las manos a la cabeza, y, de
+improviso, una especie de calofrío la sacudió. Se adelantó hacia mí, me
+tomó las manos y con voz singularmente velada, dijo:
+
+--¡Mírame de frente, Olga! ¿Quién de los dos ha escrito la primera
+carta?
+
+--¡Yo!--dije asombrada, no sabiendo todavía adónde quería ir a parar.
+
+--¿Y tú le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga?
+
+--¿Qué idea es esa?--dije.--El mismo fue quien me confesó todo, cuando
+estaba aquí... ¡Oh! Me conocía mejor que tú--agregué, no queriendo dejar
+escapar de mi juego ese ligero triunfo,--no se avergonzó de tomarme de
+confidente.
+
+--¡Alabado sea Dios!--murmuró ella con un profundo suspiro, juntando las
+manos.
+
+--Pero ven, Marta--dije llevándola a la mesa.--Vamos a festejar la
+Navidad.
+
+Entonces leímos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de
+ellas, en cada una de las frases sencillas y desmañadas, aparecía el
+corazón afectuoso de Roberto, su corazón de oro; arrojaba en nuestras
+almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y
+nos devolvía la alegría. Reíamos y llorábamos, con las mejillas apoyadas
+una contra otra, y nos estrechábamos con fuerza las manos, como para
+procurarnos recíprocamente la sensación de esas vivas y vigorosas
+presiones, que prodigaba su tosca mano roja.
+
+Y de pronto, estábamos en uno de esos párrafos en que él me rogaba
+encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, ésta se
+sintió abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo,
+se dejó caer delante de mí y apoyó sus labios en mi mano.
+
+Pero, por violenta que fuera mi emoción, ya no sentía trazas de ese
+dolor punzante que, hacía poco todavía, junto al árbol de Navidad, me
+oprimía el corazón. Había cancelado mi deuda y fue en completa libertad,
+con el corazón aligerado, como me juré velar en lo sucesivo como un
+ángel tutelar sobre mi hermana que, mucho más que yo, niña simple y sin
+experiencia, necesitaba apoyo y protección.
+
+Y ella lo sintió también, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado
+como a una criatura, se abandonó a mi dirección sin resistencia.
+
+Al fin había conseguido lo que deseaba mi corazón. Existía un ser humano
+a quien podía mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos
+separaba ya, dediqué a mi hermana toda la ternura que durante tanto
+tiempo había dormido inactiva en el fondo de mi alma.
+
+No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras
+relaciones, que en los últimos tiempos sobre todo dejaban mucho que
+desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era
+difícil acostumbrarse a ello.
+
+Me miraba siempre con extrañeza y decía a menudo:
+
+--¡Cómo habría podido adivinar nunca que había en ti tanto afecto!
+
+Si hubiera sabido qué sacrificio había hecho revelando mi secreto,
+habría dado aún más valor a mi cariño.
+
+En verdad, mis presentimientos no me habían engañado: desde el momento
+en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acabó para siempre la
+dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto.
+
+Ya no era para mí más que un extraño y, cuando me sentaba a escribirle,
+me parecía ser una simple máquina encargada de copiar los pensamientos
+de otros: así me sucedía a menudo entregar a Marta una carta sin haberla
+leído, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo.
+
+A veces sentía remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de
+Roberto, pues él no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero,
+cuando la miraba, cuando veía desplegarse su sonrisa, y brillar en sus
+ojos soñadores la paz y la felicidad, me decía que era imposible que
+hubiera procedido mal, y mis escrúpulos se acallaban.
+
+Hasta entonces no había engañado más que a él; muy pronto mi traición
+debía alcanzar también a Marta.
+
+
+
+
+IX
+
+
+El invierno y la primavera pasaron velozmente y llegó el momento en que
+las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes.
+
+Roberto debía venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; «pero
+hasta entonces--escribía,--habrá que vencer más de una grave
+dificultad.»
+
+Un día, papá entró en la cocina donde estábamos, y tomando una expresión
+indiferente, se paseó un instante por entre los calderos, resoplando y
+golpeando con su varilla las largas cañas de sus botas.
+
+--¿Te has vuelto inspector de cocinas hoy, papá?--dije.
+
+Él soltó una risa breve y dijo:
+
+--Sí, me he vuelto inspector de cocinas.
+
+Y después de haber andado todavía algunos minutos en silencio, se detuvo
+de improviso delante de Marta y dijo:
+
+--Si tuvieras tiempo, hija mía, ¿podrías quizá venir un momento? Tu
+madre y yo tenemos que hablarte.
+
+--¡Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! ¿Puedo asistir
+yo también a la entrevista?
+
+--No--respondió él,--tú te quedarás en la cocina.
+
+Durante un instante el silencio reinó en la casa; en torno mío el vapor
+silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta hacía gran ruido al
+limpiar los cuchillos, pero de repente se oyó, dominando todo ese ruido,
+un grito breve y estridente que no podía provenir más que de Marta.
+
+Temblorosa agucé el oído, y en el mismo instante papá se precipitó en la
+cocina gritando:
+
+--¡Agua!
+
+Pasé a su lado como una exhalación, y encontré a mi hermana tendida en
+el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mamá.
+
+--¿Qué le han hecho ustedes a Marta?--grité dejándome caer de rodillas
+junto a ésta.
+
+Nadie me contestó. Mamá, desatinada, se retorcía las manos, y papá se
+mordía el bigote, sin duda para retener las lágrimas.
+
+Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella,
+una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoderé de él tan
+vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Después me
+apresuré a hacer lo más urgente, que era hacer volver en sí a Marta y
+acompañé a su cuarto a la desdichada, que dirigía en su derredor miradas
+atontadas.
+
+Una vez allí la acosté. Con los ojos fijos en el cielo raso, me pedía
+de cuando en cuando de beber; parecía no haber recuperado sus sentidos
+todavía.
+
+Pero yo saqué en secreto la carta de mi bolsillo y leí lo que transcribo
+aquí literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del
+amor de una madre y de una hermana:
+
+«¡Mi hermano muy querido, mi muy querida cuñada!
+
+»Una circunstancia muy triste para mí me obliga a escribiros hoy. Estáis
+persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi corazón no
+tiene deseo más vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos
+las relaciones más cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he
+hecho más que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros
+me habéis correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy
+una súplica, dictada por mi corazón de madre torturado por la angustia.
+Esta mañana mi hijo Roberto vino a casa y nos declaró, a mi marido y a
+mí, que tenía la intención de pediros la mano de vuestra hija Marta; al
+mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no podía
+abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, ¡ay de mí! todavía
+necesitará más de una vez nuestra ayuda.
+
+»Si hubiera escuchado la voz de mi corazón, le habría saltado al cuello
+con lágrimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre
+fría, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro más que dos
+niños, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no podía hacerse.
+
+»Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido
+conservar tu fortuna: lejos de mí el pensamiento de mezclarme en cosas
+que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitiréis os
+diga que vuestra propiedad está gravada de deudas y que vuestras hijas,
+fuera de un ajuar que, quiero creerlo, será rico, no podrán contar con
+un centavo de dote.
+
+»Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto están también cargados de
+deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para
+desinteresar a sus hermanos y hermanas, y además nosotros hemos
+conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen
+vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un
+casamiento con una joven pobre lo llevaría infaliblemente a la ruina.
+
+»No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras
+cartas, debe ser una persona débil y enfermiza, incapaz por consiguiente
+de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la
+felicidad de Roberto; tan sólo el pensamiento de verla entrar en casa de
+mi hijo con las manos vacías basta para convencerme de que sería
+desgraciada y no podría menos que hacerlo desgraciado a él mismo.
+
+»Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le será difícil, en
+el interés mismo de la felicidad de su primo, renunciar a él, esto en el
+caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la
+prohibición de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir,
+en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal.
+
+»Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profesáis a
+vuestra hermana, para no estar persuadida de que negaréis como yo, desde
+hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa unión funesta e
+irracional.
+
+»Vuestra hermana que os querrá siempre,
+
+»_Juana Hellinger._
+
+»P. S.--¿La cosecha es buena por allá? Aquí el centeno de invierno ha
+dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad.»
+
+Al leer esa prosa vulgar e hipócrita, me acometió un furor tal, que
+solté una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a
+pisotearla.
+
+Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa había hecho mal,
+me volvió a la razón.
+
+Allí yacía ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habría
+debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para
+la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento
+de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi corazón dejó
+escapar una vez más, con un suspiro, ese lamento de otras veces: «¡Que
+no esté yo en su lugar!» ¡Pero cuántas cosas nuevas encerraba hoy! Lo
+que antes no había sido más que una locura, una niñada, había hecho
+lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en
+mi fuerza.
+
+Entonces resolví obrar, si acaso era todavía tiempo. Quise primero ir a
+buscar a mis padres, decirles lo que había hecho, que estaba desde hacía
+mucho tiempo al corriente de la situación, y finalmente exigir de ellos
+que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual tenía derecho, a
+pesar de mi juventud.
+
+Pero deseché en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte
+en las deliberaciones de familia, mi deber sería no proceder en contra
+de sus designios. Y no podía contribuir a la salvación de mi pobre
+hermana, como lo entendía y siguiendo el plan que había concebido, sino
+a condición de fingir una ignorancia absoluta.
+
+Muy pronto vi en qué estado estaban las cosas. Cada uno había guardado
+de la carta lo que respondía mejor a su temperamento.
+
+Papá, herido en su orgullo de hombre pobre, habría en lo sucesivo
+considerado como una vergüenza el dejar entrar a su hija en una familia
+en que se la miraría con malos ojos. Mamá, por su parte, se había dejado
+enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba
+sembrada, y estimaba que no se debía burlar la confianza de su cuñada.
+
+¿Y Marta?
+
+Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sentí que su mano
+ardiente se posaba sobre la mía y su débil brazo me atraía suavemente
+hacia ella.
+
+--Tengo que hablarte, Olga--murmuró, con la mirada siempre tristemente
+fija en el cielo raso.
+
+--¿Si esperáramos hasta mañana?--respondí.
+
+--No--dijo ella,--en el intervalo podrían suceder cosas que no deben
+producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre él y yo.
+
+--Entonces conoces muy mal a Roberto--dije.
+
+--Pero yo me conozco bien--dijo ella.--Yo soy quien rompe.
+
+--¡Marta!--grité espantada.
+
+--Bien sé que esto me matará--dijo ella.--¿Pero qué importa? Mi vida
+poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado.
+
+--La fiebre es la que te hace hablar así, Marta--exclamé,--pues no te
+creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja
+bruja.
+
+--Siento demasiado que dice la verdad--dijo ella.
+
+Un helado calofrío recorrió todo mi cuerpo al oírla proferir, con el
+tono tranquilo de un colegial que recita una lección, esas palabras de
+una tristeza desesperante.
+
+--No protestes--continuó,--no es sólo de hoy que lo sé; siempre tuve ese
+presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy.
+Pero, qué quieres, causa siempre impresión el ver de repente escrita con
+todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atrevía a
+confesar a su propia conciencia.
+
+Traté de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hundí a la
+tía en el abismo más negro del infierno, y demostré a Marta menudamente
+que ella había nacido para desempeñar en la casa de Roberto el papel de
+ángel bienhechor. Pero todo fue inútil, no conseguí hacer revivir su fe
+en sí misma; el golpe la había herido demasiado profundamente. Por
+último me pidió que no escribiera una sola carta más a Roberto y que
+rompiera para siempre toda relación con él.
+
+Me sentí espantada hasta el fondo del alma por mí misma quizá tanto como
+por ella; me negué con toda la energía que pude encontrar en mí; pero
+ella insistió, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi
+correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza.
+
+Entonces vinieron días tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma.
+Papá, siempre a caballo, recorría como un montaraz los campos y los
+bosques, no asistía regularmente a las comidas y para ninguna de
+nosotras tenía una buena palabra. Mamá, nuestra bonachona mamá, tejía
+sentada en su rincón y de cuando en cuando enjugaba sus lágrimas,
+echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo había
+notado. ¡Ah, sí, aquella fue una época bien triste!
+
+Yo había recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me decía que la
+inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta
+de correo. No se lo dije a Marta, pero cumplí mi promesa.
+
+Ocho días pasaron; entonces noté que mis padres deliberaban acerca de la
+respuesta que debían enviar a la tía. Papá era de opinión, para que no
+se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por
+medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y
+mamá decía: «sí,» como decía «sí» a todo lo que no tenía relación con
+las jaleas o las confituras.
+
+Ese día Marta declaró que le era imposible levantarse de la cama; no
+sentía vivos dolores--decía,--pero sus piernas se negaban a llevarla.
+
+Así veía yo adelantar el desastre, cada vez más amenazador. No podía
+esperar más: «Ven a cumplir tu compromiso mientras todavía es
+tiempo»--escribí a Roberto. Y, para mayor seguridad, bajé yo misma a la
+ciudad y entregué la carta al postillón que justamente se preparaba a
+partir para Prusia.
+
+En el momento en que el sobre se escapó de mis manos, sentí como una
+puñalada en el corazón; se habría dicho que con esa carta entregaba mi
+alma a potencias desconocidas.
+
+Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero
+cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postillón estaba lejos.
+
+A mi vez, cuando ascendí la colina que conduce a la casa, me oculté
+entre las malezas y lloré amargamente.
+
+A partir de ese momento, fui presa de una agitación como nunca la he
+sentido en mi vida. Me parecía que una fiebre abrasadora me consumía;
+durante la noche, iba y venía en mi cuarto sin poder encontrar descanso;
+de día, estaba continuamente en acecho y cada vez que oía el ruido de un
+carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi corazón.
+
+A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la
+cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresión inquieta.
+
+Una joven que espera a su prometido no habría estado más loca.
+
+Esa fiebre duró cuatro días, y fue una felicidad que los míos estuvieran
+absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habrían
+dejado de despertar sospechas.
+
+
+
+
+X
+
+
+Esta vez no fui yo quien recibió a Roberto. Cuando reconocí su silueta
+en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba
+con estrépito la puerta del patio, huí al granero y me escondí en el
+rincón más apartado.
+
+Tenía la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas
+bailaban por delante de mis ojos.
+
+Oí que, abajo, las puertas se abrían y se cerraban, oí pasos que subían
+y bajaban precipitadamente la escalera, oí las voces de las criadas que
+gritaban mi nombre; no me moví.
+
+Y cuando todo volvió a quedar en silencio, bajé sin hacer ruido por las
+escaleras de atrás, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el
+lugar más desierto del parque. Mi alma era presa de un extraño
+sentimiento de amargura y de vergüenza. Me parecía que debía levantarme
+y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que había
+esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia.
+
+Luego me representé lo que podía ocurrir en ese momento en la casa.
+
+Papá se había encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto,
+pues, seguramente, tenía todavía sobre sí el peso de la pérfida carta de
+la tía; había hecho un ademán de negativa al oírle formular su petición;
+pero, en el mismo instante, Marta se había presentado. ¡Cuán pronto
+había vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos
+minutos antes, yacía agotada en el sofá; cuán pronto había olvidado las
+penas, los dolores que sufrió durante años! Y ahora, están en brazos uno
+de otro y no tienen siquiera un pensamiento para mí.
+
+Entonces, de improviso, se despertó en mí un orgullo fiero. «¿Por qué te
+escondes?--gritaba una voz en el fondo de mí misma.--¿No has hecho tu
+deber? ¿Todo esto no es obra tuya?»
+
+Con un movimiento brusco me paré, eché hacia atrás mis cabellos en
+desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirigí a la casa.
+
+Al acercarme no oí ningún grito de alegría. Todo estaba silencioso, todo
+estaba como muerto...
+
+En el comedor encontré a mamá sola. Tenía las manos juntas y exhalaba
+profundos suspiros, mientras gruesas lágrimas rodaban hasta su blanca
+papada.
+
+--Es el efecto de la emoción--pensé al sentarme frente a ella.
+
+--¿Dónde estabas, Olga?--dijo, enjugándose esta vez tranquilamente los
+ojos.--Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que
+pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado.
+
+--¡Ah!--dije con mucha calma.--¿Dónde está?
+
+--En el gabinete de tu padre conversando con él.
+
+--¿Y dónde está Marta?--pregunté con una sonrisa.
+
+Ella me dirigió una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada
+sagacidad; después dijo:
+
+--Está con ellos.
+
+--Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo--dije.
+
+--Tontuela--dijo ella.
+
+Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecución, vi que la
+puerta del cuarto contiguo se abría, y por ella salir lentamente, como
+si saliera de un ataúd, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro
+terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo también sentí
+al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro
+presentimiento me asaltó.
+
+--¿Dónde está Marta?--exclamé adelantándome hacia él.
+
+--No lo sé.
+
+Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a
+ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano.
+
+Papá salió detrás de él. Mamá se había levantado y los tres se quedaron
+allí parados, estrechándose las manos como en un entierro.
+
+--¿Dónde está Marta?--grité otra vez.
+
+--Ve a ver lo que hace--dijo papá;--sin duda te ha de necesitar.
+
+Salí de un brinco y a saltos subí la escalera que conducía a su
+habitación. Esta estaba cerrada.
+
+--¡Marta, abre! Soy yo.
+
+Nadie se movió. Rogué, supliqué, prometí repararlo todo, le prodigué mil
+nombres cariñosos: todo fue inútil. Nada se oía, a no ser de vez en
+cuando un hálito, parecido a la respiración silbante que se escapa de
+una garganta medio sofocada. Entonces me encolericé al verme rechazada
+de todas partes.
+
+--Sin duda seré bastante buena para preparar esta fúnebre comida--dije
+soltando una carcajada.
+
+Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me quedé
+mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de
+sus pescuezos abiertos.
+
+Daba lástima ver cómo uno de ellos, un gallito, batía las alas mientras
+la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus
+espolones los dedos de la criada.
+
+Hasta este pobre animalito, débil como es, se defiende cuando quieren
+degollarlo--pensé,--mientras mi señorita hermana besa humildemente la
+mano que la amenaza con el cuchillo.
+
+La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espectáculo
+comparado con la comida en que fueron servidos. La última comida de un
+condenado no habría sido más lúgubre. Cada cinco minutos alguien tomaba
+bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena
+obligatoria. Los demás asentían con la cabeza misteriosamente, pero bien
+veía yo que los que escuchaban no sabían lo que oían, lo mismo que el
+que hablaba no sabía lo que decía.
+
+Marta no se había presentado.
+
+En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto,
+Roberto me tomó las dos manos y me llevó a un rincón.
+
+--Te agradezco, Olga--dijo, y sus labios temblaban,--te agradezco tu
+exactitud y tu cariño. Ahora se acabó nuestra correspondencia...
+
+--¡Por amor de Dios, Roberto!--balbucí.--¿Qué ha pasado?
+
+Él se encogió de hombros.
+
+--Quizá la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de mí.
+
+--¡Eso no es verdad! ¡eso no es verdad!
+
+Pero papá estaba detrás de nosotros e informaba a Roberto que, según su
+deseo, el carruaje estaría listo al día siguiente al amanecer.
+
+--Entonces no te volveré a ver--exclamé espantada.
+
+Él sacudió la cabeza.
+
+--Despidámonos desde ahora--dijo estrechándome la mano.
+
+Una voz me gritaba que no podía, marcharse así, que yo debía hablarle a
+toda costa. Pero ahogué valerosamente las palabras que me oprimían la
+garganta.
+
+Entonces nos dimos un último apretón de manos y nos separamos.
+
+Todavía tenía yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el café de la
+despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la mañana, oía
+siempre la misma voz que me gritaba en el oído:
+
+--Es necesario que le hables.
+
+Después, cuando me dirigí a mi cuarto con mi luz en la mano, di una
+vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de
+encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta
+cerrada con llave. Sólo el ruido de sus pasos que sacudían la casa,
+resonaba en el interior.
+
+En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqué el oído al
+agujero de la cerradura: nada se oía. Se habría podido creer que había
+muerto o bien que se había fugado.
+
+Una inquietud me asaltó, me puse de rodillas delante del ojo de la
+llave, y rogué, supliqué, hasta amenacé con llamar a nuestros padres si
+ella persistía en no dar signos de vida.
+
+Entonces se decidió a contestarme. Oí una voz: «¡Apiádate de mí,
+querida, apiádate de mí sólo por hoy!» Y esa voz estaba tan cambiada,
+que no la reconocía.
+
+Me alejé, pero sentía crecer en mí el temor de que Roberto se fuera
+desengañado, con el rencor en el corazón, sin una palabra de
+explicación, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de
+Marta.
+
+El fuego de la fiebre me subió a la cabeza y cada pulsación de mis
+arterias me gritaba: «¡Es necesario que le hables! ¡Es necesario que le
+hables!»
+
+Me desvestí a medias y me recosté en el sofá. El reloj tocó las once;
+tocó las once y media. Todavía se oía resonar en la casa el ruido de sus
+pasos, pero mientras más tarde se hacía, menos posible me era poner en
+ejecución mi proyecto.
+
+¡Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitación de
+un huésped! Al pensarlo, la sangre se paralizó en mis venas.
+
+El reloj tocó las doce. Abrí la ventana y miré a lo lejos frente a mí.
+Todo parecía dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el
+de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en
+el seno de la obscuridad.
+
+El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me
+murmuraba: «¡Es necesario! ¡es necesario!» Al mismo tiempo una voz
+ligera, suave y acariciadora como una melodía, me decía: «Lo verás otra
+vez, sentirás su mano en la tuya, oirás el sonido de su voz, quizá oirás
+hasta su risa; ¿no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad
+de su vida?»
+
+De repente tomé una resolución, cerré bruscamente la ventana, me puse
+precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventuré en
+el obscuro corredor.
+
+¡Oh! ¡Cómo me latía el corazón, cómo me ardía la sangre en las sienes!
+Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared.
+
+Por fin llegué a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el
+piso, pero el ruido sordo había desaparecido. Seguramente se había
+quitado las botas.
+
+--No hay que tocar--pensé de pronto,--Marta oiría.
+
+Así el botón. Me estremecí.
+
+¿Cómo abrí la puerta? No lo sé. Me pareció que otro lo había hecho por
+mí.
+
+Oí alzarse delante de mí su alta y vigorosa silueta.
+
+Un leve grito se escapó de sus labios; de un salto estuvo a mi lado.
+Luego sentí mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el hálito de una
+respiración ardiente.
+
+En el primer momento, la loca idea de que Marta se había acordado
+bruscamente de su antiguo amor, le pasó quizá por el cerebro; pero un
+minuto después, me había reconocido.
+
+--¡Por amor de Dios, criatura!--exclamó.--¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que te
+trae? ¿Nadie te ha visto? Di, ¿nadie te ha visto?
+
+Sacudí la cabeza. «Te considera todavía muy tonta,» pensé, volviendo a
+recobrar el aliento, pues sentía desaparecer de mi alma los terrores que
+me había causado mi peligrosa empresa.
+
+Se apartó de mí para encender la luz. Yo busqué con la mano el sofá y me
+dejé caer en una de sus esquinas.
+
+Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbró. Me volví hacia la
+pared y oculté mi cara.
+
+Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra él,
+se había apoderado de mí. Me sentía tan feliz de estar a su lado que me
+olvidaba de todo lo demás.
+
+--Olga, mi querida, mi buena Olguita--dijo,--habla, ¿qué quieres de mí?
+
+Alcé los ojos hacia él. Vi su rostro tostado y serio, en el que los
+sufrimientos de ese día habían labrado arrugas profundas y me quedé
+sumida en una muda contemplación.
+
+--¿Qué quieres? ¿Me traes noticias de Marta?
+
+--¡Sí, eso es, Marta!
+
+Me levanté vivamente. ¡Basta de debilidades! Había recuperado esa fuerza
+indomable que era mi orgullo.
+
+--Escucha, Roberto--dije,--no te marcharás mañana por la mañana.
+
+--¿Por qué?--dijo, apretando los dientes.
+
+--¡No quiero!
+
+--Tu voluntad es muy respetable, querida niña--respondió él con risa
+mordaz,--pero no cambiará en nada mi resolución.
+
+--¿Entonces quieres perder a Marta para siempre?
+
+En ese instante me sentí otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de
+protectora que, para unirlos, habría aceptado la lucha con el mundo
+entero.
+
+¡Qué loca y cuán poco perspicaz era!
+
+--¿Acaso no está ya definitivamente perdida para mí?--replicó él, con la
+mirada fija hacia adelante.
+
+--¿Qué te dijo hoy?
+
+--¿Para qué repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias,
+tan sensatas, que no podía ser sino el lenguaje de una persona que ya
+no ama.
+
+--¿Y lo crees realmente?--pregunté.
+
+--¿No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, ¡qué importa! Aun
+suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cariño, ha hecho
+bien en aprovechar la ocasión para deshacerse de él completamente. Más
+vale así, para ella como para mí. Nada tengo que ofrecerle, ni
+felicidad, ni alegría, ni siquiera la sombra de un placer, nada más que
+trabajo, penas y miseria, de un extremo del año al otro. Y por sobre
+todo esto, una suegra que le es hostil y le haría sentir duramente que
+se había presentado con las manos vacías.
+
+Sentí que una oleada de sangre me subía a la cara. Me ruborizaba, no por
+Marta ni por mí, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por él
+al oírle hablar así de su propia madre.
+
+--Y ahora, confiésalo tú misma, niña--continuó,--¿no te parece que hace
+bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su
+nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle más que
+la desgracia?
+
+Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el
+cuarto como un animal perseguido.
+
+--Roberto--dije,--te engañas a ti mismo.
+
+Él se detuvo, y me miró de frente soltando una carcajada:
+
+--¿Qué quieres, por fin? ¿Debo exigir antes de marcharme que se me
+confirme esa negativa por escrito?
+
+--Roberto--continué sin dejarme desconcertar,--con toda sinceridad,
+¿amas a Marta?
+
+--No seas niña--respondió él.--Si no la amara, ¿estaría aquí en este
+momento?
+
+Estaba delante de mí y abría sus brazos de gigante. Me parecía que al
+cerrarse iban a aplastarme--sentí un deslumbramiento--me arrinconé más
+profundamente en el sofá.
+
+Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde
+hacía varios años: me representé cómo lo habría amado si yo hubiera sido
+Marta y cómo habría querido que él me correspondiera.
+
+--Mira, Roberto--dije,--en resumidas cuentas, no soy más que una
+tontuela; pero sé muy bien lo que es el amor, y no son sólo los poetas
+los que me lo han enseñado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi
+corazón.
+
+--¿Amas a alguien?--me preguntó.
+
+Yo me ruboricé y sacudí la cabeza.
+
+--¿Cómo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu corazón?
+
+--Sin duda eso me ha caído del Cielo--respondí bajando los ojos hacia el
+suelo.--Pero, en todo caso, amaría de diferente manera que vosotros. No
+me sumiría en el desaliento, no huiría vergonzosamente como lo haces tú,
+diciendo: «¡Más vale así!» Pondría para vencerla, todo el ardor de mi
+alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraería hacia
+mi pecho y me la llevaría, ¡poco importa adónde! en la noche, al fondo
+del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quería
+darnos el abrigo de techo. Preferiría morir de hambre con ella a la
+orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso
+es lo que haría, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en
+el lugar de Marta, me echaría a tu cuello riéndome y te diría: «Ven,
+mendigaré para ti si no tienes pan, te daré mi seno para reposar tu
+cabeza si no tienes cama, y bañaré tus heridas con mis lágrimas, sufriré
+mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Señor, de poder hacerlo.
+¿Ves, Roberto? ¡así es cómo me represento el amor y no como no sé qué
+sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror
+de los intereses atrasados!»
+
+Había hablado con pasión. Sentía fuego en mis mejillas y de repente me
+avergoncé al pensar que había descubierto así delante de él el fondo de
+mi corazón. Me oculté la cara entre las manos, luchando contra las
+lágrimas.
+
+Cuando me atreví a levantar la cabeza, él estaba delante de mí,
+mirándome fijamente, con ojos chispeantes.
+
+--Criatura--dijo,--¿de dónde te vienen esas ideas?--Me parecía oír el
+cántico de los cánticos.
+
+Apreté los dientes y guardé silencio. ¿Sabía yo misma de dónde me
+venían?
+
+Pero él se sentó junto a mí y me tomó las manos.
+
+--Olga--continuó,--lo que acabas de decir no era precisamente muy
+práctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el
+hondo del alma. Me parecía oír una voz de otro mundo y casi tengo
+vergüenza de haber sido débil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la
+cabeza, aun cuando pensara como tú, ¿de qué me serviría puesto que ya
+ella no me ama?
+
+--¡Ella, no amarte!--exclamé. ¡Si la abandonas, Roberto, se morirá!
+
+--¡Olga!
+
+Vi que la alegría iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la
+sensación de una mano extraña que me oprimía el pecho; pero no me
+desconcerté, y recurriendo a todo mi orgullo, continué:
+
+--Roberto, sé que me despreciarás cuando sepas lo que voy a decirte;
+pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes
+partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza.
+
+Y con la respiración jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi
+garganta, le conté lo que había hecho con sus cartas.
+
+Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tomó en sus brazos
+y me atrajo hacia él.
+
+--Olga, ¿es verdad?--exclamó fuera de sí en su gozo.--¿Puedes jurarme
+que es la verdad?
+
+Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que hacía pasar por todo mi
+cuerpo un calofrío delicioso, me había quitado el uso de la palabra.
+
+--¡Que Dios te lo pague, buena e inteligente niña!--exclamó
+estrechándome contra su pecho.
+
+Y mi respiración se cortó en una deliciosa angustia. Dejé caer mi cabeza
+sobre su hombro y cerré los ojos. Entonces me estremecí al sentir que
+su boca se posaba en mis labios. Me pareció que una llama me había
+quemado. Y me besó otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le
+habían hecho perder la razón.
+
+Pero yo pensaba: «¡Ojalá nunca concluya este instante!» Y los calofríos
+me sacudían sin interrupción mientras mi cuerpo yacía inerte y sin
+fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pasó por la cabeza este
+pensamiento: «¿Puedo devolverle sus besos?» Pero no me atreví.
+
+¿Cuánto tiempo me tuvo así? No lo sé: de repente sentí que mi cabeza
+chocaba rudamente con el borde del sofá. El dolor me hizo salir como de
+las profundidades de un sueño.
+
+Me quedé allí sin movimiento, tratando de recobrar aliento.
+
+Roberto lo notó y exclamó muy asustado:
+
+--Estás muy pálida, niña, ¿te has hecho daño?
+
+Dije que sí por señas, y agregué que aquello no era nada, que pronto
+pasaría. Pero bien sabía que no había de pasar, que esa impresión se
+grabaría en mis sentidos y en mi corazón con letras de fuego, que la
+llama de ese instante retemplaría mi corazón durante más de una larga y
+fría noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo
+de su amor por otra. Sabía todo eso y me parecía que me iba a ahogar
+bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues había
+aprendido a dominar mis nervios.
+
+--Roberto--dije,--voy a darte un consejo, y después dejarás que me
+vaya, porque estoy algo cansada.
+
+--¡Habla, habla--exclamó,--haré ciegamente lo que quieras!
+
+Y cuando lo miré, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y
+de júbilo, pues pensaba: «¡Te ha tenido en sus brazos!»
+
+Habría querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la
+esquina del sofá y fingir todavía un poco el desvanecimiento, pero me
+levanté vivamente y dije:
+
+--Creo que Marta no cerrará los ojos esta noche; esperará el momento en
+que salgas de la casa. Querrá verte partir; como su habitación da al
+jardín, vendrá a la tuya o a la que está al lado. Cuando estés al pie de
+la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo,
+y entonces... entonces...
+
+No pude decir más, pues oía resonar en mí con demasiada violencia, ya
+como un sollozo, ya como un grito de alegría, estas palabras: «¡Te ha
+tenido en sus brazos!»
+
+Tuve miedo de no poder dominar mi emoción por más tiempo y quise huir
+precipitadamente, sin una palabra de despedida.
+
+Cuando abrí la puerta, vi delante de mí a Marta.
+
+Allí estaba ella, descalza, a medio vestir, pálida como una muerta y
+temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las
+fuerzas.
+
+Y en el mismo instante oí detrás de mí un grito de gozo; vi que Roberto
+se lanzaba, pasaba a mi lado y recibía en sus brazos a la desdichada
+que se tambaleaba.
+
+--¡A Dios gracias, ahora eres mía!
+
+Estas fueron las últimas palabras que oí; huí a mi cuarto como si las
+furias me hubieran perseguido, me encerré y derramé lágrimas, lágrimas
+amargas.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Salvaré rápidamente los años que siguieron con sus desgracias
+fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la
+madurez y me hicieron mujer.
+
+Ocho meses después de aquella noche, trajeron a papá a la casa en un
+adral; se había caído del caballo y sufría de graves lesiones internas.
+
+A los tres días murió. En medio de las calamidades que cayeron entonces
+sobre la casa, fui la única que conservó toda su sangre fría. Marta,
+aniquilada, se abismó en su dolor y mamá--¡la pobre y querida
+mamá!--había permanecido durante tantos años sentada cómodamente y en
+paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas,
+que no quería ni podía concebir que aquella existencia cambiara. No dijo
+una palabra, apenas derramó una lágrima, pero el mal que la roía
+interiormente, hizo rápidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de
+la fiebre tifoidea que la acometió cuatro semanas más tarde, el pesar se
+la habría llevado seguramente.
+
+Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, huérfanas,
+abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en
+que se nos expulsaría. Por mi parte sabía el camino que tenía que
+seguir, sabía que el porvenir no me ofrecía otra perspectiva que la de
+ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discutía
+con mi destino: tenía suficiente energía, suficiente orgullo para vivir
+sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que
+nunca, podía vivir sin consuelo ni afecto.
+
+El día de su casamiento parecía todavía muy lejano. Roberto no podía
+hacerla esperar mucho más sin exponerse a verla extinguirse un día
+agotada por la pena, como una lámpara que ya no tiene aceite.
+
+No me equivocaba en mis cálculos. Él no había podido asistir a los
+entierros, sin embargo, cada vez había mandado una palabra de consuelo a
+Marta para ayudarla a pasar las horas más penosas. De vez en cuando
+caían de sus cartas algunas migajas para mí, de las cuales me apoderaba
+con avidez, como quien se siente morir de hambre.
+
+Un día, él mismo se presentó.
+
+--¡Esta vez vengo a buscarte!--le gritó a Marta.
+
+Ella se dejó caer sobre el pecho de Roberto y lloró. ¡Cuán feliz era!
+Pero yo me retiré al emparrado más sombreado del jardín y, abandonándome
+a mis reflexiones, me pregunté si mi corazón no tendría también algún
+día un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como
+en las horas de angustia. Bien sentía que esos eran vanos sueños, pues
+el único lugar en el mundo... en fin, sentí nacer en mí un orgullo y una
+amargura tales, que todo mi ser se llenó de hiel, y me desprendí con
+sombría aspereza de los brazos de los míos para encerrarme sola en mi
+dolor.
+
+Querían llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que
+les quedaba todavía: me crearía un interior en la casa de mi cuñado;
+pero rechacé su ofrecimiento con fiera obstinación.
+
+Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta,
+que se desesperaba al pensar que no me tocaría la menor partícula de su
+dicha, venía a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi
+hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinación, le dirigía mil
+palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando
+había visto brillar por entre sus lágrimas una sonrisa de esperanza.
+
+Durante ocho días, Roberto trabajó sin descanso en poner orden en
+nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos quedó sino muy poca
+cosa; pero tampoco necesitábamos nada.
+
+En seguida, se realizó sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo
+mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de
+bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas
+recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer
+bajo débiles tallos de yedra.
+
+Durante las últimas semanas, había buscado en secreto una situación que
+me conviniera. Se me habían hecho diversos ofrecimientos; no tenía más
+que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de
+inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: «¿Qué vas a hacer ahora,
+Olguita?» le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el
+porvenir. Sobrecogido de admiración juntó las manos y exclamó:
+
+--¡Verdaderamente, te envidio! ¡Harás camino, tú!
+
+Y la misma Marta me envidiaba, bien lo veía en los ojos tristes que
+fijaba en él y en mí; habría deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda
+la fuerza, toda la energía que me daba la juventud. La besé, traté de
+alentarla, y en la mirada suplicante que dirigió a su marido, leí este
+pensamiento: «Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa.»
+
+Al día siguiente por la mañana nos separamos; la joven pareja se dirigió
+a su nuevo domicilio y yo partí para el extranjero.
+
+
+
+
+XII
+
+
+No hablaré de los tres años que pasé en tierras extrañas. Todas las
+vejaciones, todas las humillaciones que sufrí durante ese tiempo, se han
+grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido
+completamente mi corazón y me han inspirado la indiferencia y la
+desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a
+despreciar su odio y más aun su amor; he aprendido a sonreír, cuando el
+dolor me desgarraba el corazón con sus garras de acero; he aprendido a
+llevar la frente alta, cuando habría querido, de vergüenza, ocultarla en
+el polvo.
+
+Los largos días vacíos, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre
+los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches
+sin sueño, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y
+dan náuseas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo
+eso he conocido.
+
+En verdad, era duro el pan que comí en el extranjero, ¡y cuántas veces
+lo mojé con mis lágrimas!
+
+El único consuelo, la única alegría que me quedaban, eran las cartas de
+Marta. Me escribía con frecuencia, en ciertas épocas hasta todos los
+días, y las más de las veces encontraba en ellas un post-scríptum de la
+letra desigual y atormentada de Roberto. ¡Oh, cómo me echaba sobre
+ellos, cómo devoraba su menor palabra!
+
+Gracias a esas cartas, vivía con ellos, por decirlo así.
+
+Su vida no era alegre--Dios sabe que no--pero en fin ¡era la vida! A
+menudo la desgracia caía sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda
+su fuerza, Marta en su debilidad, parecían dos niños sin apoyo,
+abandonados, y yo tenía que intervenir para ayudarlos con mis consejos y
+darles valor.
+
+Al fin estuve a tal punto familiarizada con su círculo, que habría
+podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados,
+de sus amigos, de sus conocidos. Sentía por la tía Hellinger el odio más
+vehemente, por el viejo médico el afecto más profundo; en cuanto a la
+multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y
+pérfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la
+ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio más glacial.
+
+--¡Oh! ¡Si yo estuviera en su lugar--me decía con frecuencia rechinando
+los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que tenía
+que sufrir en sus relaciones,--cómo les mostraría la puerta a esos
+_lonjistas_ fríos y altaneros; cómo los haría arrastrarse a mis pies, en
+el polvo, domados con el látigo de mis sarcasmos y de mi desdén!
+
+Pero también tomaba parte en sus pequeños goces. La veía reinar como ama
+en la granja, veía en su derredor a la pequeña tropa de servidores a
+quienes animaba la mejor voluntad, y habría querido mostrarme más
+bondadosa, más caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una
+alma de ángel bajo una apariencia humana.
+
+La veía sentada al sol en el balcón, inclinada sobre su costura; la veía
+gozar del descanso de mediodía bajo los frondosos tilos del jardín; la
+veía, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella
+la cafetera cantaba su dulce canción; la veía, esperando que él entrase,
+seguir con mirada soñadora los copos de nieve que revoloteaban en el
+aire.
+
+Vivía así con ellos, mientras mis días se sucedían vacíos y sin gozo,
+como los anillos de una cadena sin fin.
+
+En el curso del tercer año, Marta me confió que el deseo más ardiente de
+Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella había
+rezado en el silencio de la noche, había sido oída: se sentía madre.
+Pero al mismo tiempo crecía en ella el temor de que su frágil y débil
+cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo compartía
+su esperanza y sus temores; quizá estaba aún más inquieta que ella, pues
+la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que
+creaba mi imaginación.
+
+Más de una vez por la noche me desperté con la cara bañada en lágrimas,
+pues la había visto ya muerta en sueños. Un recuerdo de los primeros
+años de mi juventud me volvía a la memoria: la había encontrado un día
+tendida en el sofá, rígida, pálida, semejante a un cadáver, y no podía
+apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras más se acercaba el
+momento crítico, más me consumía la inquietud. Mi salud comenzaba a
+resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extrañas
+entre las cuales vivía--no pronunciaré su nombre, no merece figurar en
+estas páginas--no existieron ya para mí sino como fantasmas.
+
+Las últimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban júbilo y
+esperanza. Sus temores parecían haberse disipado, nadaba ya en las
+delicias que le prometía la maternidad.
+
+Después siguieron tres días en que estuve sin noticias, tres días de
+tortura y de fiebre; al fin llegó el telegrama de mi cuñado:
+
+«Marta dio luz varón con felicidad. Te reclama, ven pronto.»
+
+Con el telegrama en la mano corrí en busca de mi patrona y le pedí
+permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo negó.
+Inmediatamente, encolerizada, le arrojé mi dimisión a la cabeza y exigí
+en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable
+en ese momento, debía por lo menos rendir cuentas y entregar, según las
+reglas, la dirección de la casa a la persona que me reemplazaría; en
+resumen, me retuvieron dos días enteros bajo los pretextos más fútiles;
+se habría dicho que querían hacer sentir una vez más a la sirvienta que
+se había mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situación.
+
+En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado
+embotamiento, en el ruido ensordecedor del vagón; una mañana pasada
+tiritando entre baúles y cajas de sombreros, en una sala de espera
+desierta, cuyo olor a cerveza me daba náuseas. Después seis horas más,
+oprimida entre un comerciante viajero y un judío polaco, en los
+calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos,
+en los fuegos de una tarde de otoño, las torres de la pequeña población
+en que los seres que me eran más caros, los únicos a quienes quería en
+este mundo, habían edificado su nido.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Poco faltaba para la puesta de sol cuando bajé de la diligencia; entre
+las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en pequeñas trombas.
+
+Mi corazón latía con violencia. Miré en torno mío. Creía ver adelantarse
+a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no había allí más
+que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos,
+extrañados de esa aparición desconocida. Pregunté el camino al conductor
+y, contando para lo demás con las descripciones de Marta, me puse sola
+en marcha.
+
+En las puertas bajas de las tiendas había grupos de personas que
+conversaban. Por delante de mí, algunos paseantes avanzaban
+tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron
+de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la
+espalda, oí detrás de mí cuchicheos y risas ahogadas. Me invadió un
+calofrío al observar esa curiosidad malevolente de aldea.
+
+Me sentí aliviada cuando vi alzarse frente a mí las torres de la
+puerta. Conocía muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la
+_puerta del infierno_, porque tenía que pasar por ella cuando iba a la
+ciudad, llamada por su suegra.
+
+Al penetrar bajo la obscura bóveda, vi de improviso el «castillo,» en
+medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco
+negro.
+
+Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la
+casa, que los rayos del sol poniente bañaban con un matiz purpúreo,
+surgían de entre un grupo de árboles de onduloso follaje. Los techos
+cubiertos de zinc relumbraban; se habría dicho que de ellos caía una
+cascada de agua hirviente. Las ventanas parecían lanzar llamaradas, y
+por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un
+palio formado por un torbellino de humo negro.
+
+Me oprimí el corazón con las manos; creí que sus latidos iban a romperme
+el pecho, tan violenta era la impresión que experimentaba ante ese
+espectáculo. Durante un segundo tuve el sentimiento extraño de que debía
+retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me
+sintiera protegida por la distancia.
+
+Toda mi inquietud acerca de Marta desaparecía ante esa angustia
+misteriosa que me oprimía la garganta hasta ahogarme. Me traté de
+cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entré en el
+camino, donde el paso de los coches había dejado pequeños charcos, ya
+medio secos, que lucían como espejos. El viento que pasaba por las cimas
+de los álamos, hacía oír un sordo murmurio que me acompañó hasta la
+puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el último
+rayo de sol desapareció detrás de las paredes de la casa y la sombra de
+los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me
+envolvió tan bruscamente, que creí que había llegado la noche.
+
+Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, salían
+a derecha e izquierda de una confusión de escaramujos y de espinos: eran
+los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se había
+instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte
+y de putrefacción.
+
+Dirigí una mirada medrosa al vasto patio que el crepúsculo comenzaba a
+envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremecía, me figuraba
+oír que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio
+estaba desierto, era la hora del descanso y en él reinaba un silencio
+profundo. Sólo oía, por el lado de las caballerizas, el crujido
+particular que se hace al aguzar una guadaña. Un olor de heno recién
+cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es
+peculiar.
+
+Tímida y miedosa, como una intrusa, me deslicé lentamente a lo largo de
+la empalizada del jardín hasta la casa, que con sus montantes de
+granito, sus torrecillas y sus piñones que el tiempo había cubierto de
+un matiz gris, parecía lanzar sobre mí una mirada sombría y
+amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso había caído y dejaba
+aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habría creído que el
+tiempo, como una larga enfermedad, había cubierto de llagas ese cuerpo
+respetable.
+
+La puerta de entrada estaba abierta.
+
+Penetré en un gran vestíbulo obscuro, del que se desprendía un olor de
+cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de
+telarañas, que, abiertas muy junto al cielo raso, parecían nidos
+luminosos, entraba a la sala un débil resplandor, apenas suficiente para
+permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que
+se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz más clara caía
+sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras
+de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conducían a diferentes
+habitaciones, pero no me atreví a acercarme a ninguna de ellas: se me
+figuraban las puertas de una prisión. Allí estaba todavía, con el
+corazón oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se
+abrió bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se
+precipitaron hacia mí.
+
+Lancé un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y
+volvieron a salir lanzando furiosos aullidos.
+
+--¿Quién está ahí?--gritó una voz, cuyo timbre grave y poderoso había
+creído oír a menudo, en mis desvelos como en mis sueños.
+
+Una sombra apareció en el umbral: era él.
+
+Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareció que mis pies
+habían echado raíces en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoyé en
+el pilar de la escalera.
+
+--¿Quién está ahí? ¡Qué diablos!--gritó otra vez, tratando en vano de
+ver en la obscuridad.
+
+Toda mi arrogancia me volvió. Estaba tranquila y altiva cuando me había
+despedido de él algunos años antes, quería ser la misma para
+presentármele entonces. ¿Acaso necesitaba saber todo lo que yo había
+sufrido en el intervalo?
+
+--Olga... en verdad... Olga, eres tú.
+
+El júbilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una
+sensación de calor y de bienestar. Creí por un instante que iba a
+echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi corazón,
+pero guardé mi reserva:
+
+--¿No me esperabais?--pregunté, tendiéndole maquinalmente la mano.
+
+--Pues sí, naturalmente, desde hace dos días te esperábamos por
+momentos; es decir que comenzábamos a creer...
+
+Había encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su
+actitud había una mezcla particular de cordialidad y de embarazo:
+parecía que trataba en vano de encontrar en mí a su antigua amiga, su
+antigua confidente.
+
+--¿Cómo está Marta?--pregunté.
+
+--Ya lo verás--respondió él;--yo en esto nada entiendo. ¡Me parece tan
+débil, tan frágil! Me digo que será un milagro si se salva. Pero el
+médico pretende que va bien, y lo que es él debe saberlo.
+
+--¿Y el niño?--pregunté en seguida.
+
+Rió con una ligera risa interior que llegó hasta mí en el crepúsculo.
+
+--¡El niño, hum, el niño!...
+
+Y en vez de concluir la frase, dio un puntapié a los molosos que de un
+brinco abandonaron la casa.
+
+--Ven--dijo en seguida,--voy a llevarte.
+
+Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos.
+
+«¡Ahora eres una extraña para él!»--me dije.
+
+Y me sentí sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una
+felicidad acariciada desde mucho tiempo.
+
+--Espera un momento--dijo él indicando con el dedo una de las puertas
+más próximas,--voy a decirle una palabra para prepararla; de lo
+contrario, podría hacerle daño la alegría.
+
+Un instante después, me encontré sola en un largo corredor obscuro, de
+bóveda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombrío
+los últimos resplandores del día moribundo que arrojaba sobre las
+pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la
+voz de un niño, herían mi oído cuando el viento se colaba bajo la
+bóveda.
+
+Un leve grito de gozo llegó hasta mí, a través de la puerta, y me hizo
+estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadió mi corazón; creí que
+iba a ahogarme. En seguida la puerta se abrió y la mano de Roberto me
+asió en la obscuridad: me dejé llevar sin tener conciencia de lo que
+hacía, y no salí de mi estupor sino en el momento en que caí de
+rodillas, sollozando, junto a la cama, y oculté la cara en las
+almohadas, mientras una mano húmeda y caliente me acariciaba la cabeza.
+
+Una sensación que ya no conocía desde hacía años, una dulce sensación de
+calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y
+embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se
+disipara.
+
+La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendición del Cielo. Un
+agradecimiento infinito inundó mi corazón: me apoderé de esa mano que
+temblaba en la mía, y posé en ella larga y tiernamente mis labios.
+
+¿Qué haces, hermanita, qué haces?--dijo Marta con su voz cansada,
+ligeramente velada.
+
+Me levanté. La vi delante de mí, pálida, con las mejillas huecas, y los
+ojos, donde brillaban lágrimas, profundamente hundidos en las órbitas.
+Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas
+surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan
+transparente que parecía que una luz lo iluminara interiormente, estaba
+cubierta de gotas de sudor.
+
+Había envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la había visto, y
+las crisis por las cuales acababa de pasar, no parecían ser las únicas
+en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero había conservado
+su sonrisa consoladora y bienhechora que servía de alivio a todos, aun
+cuando ella misma estuviera en el más completo abandono.
+
+--Y ahora no te volverás a ir--dijo ella, alzando los ojos hacia mí,
+como si no pudiera saciarse de mirarme.--Te quedarás con nosotros, para
+siempre; ¡prométemelo, prométemelo inmediatamente!
+
+Guardé silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del
+cielo: era para mí un sufrimiento, una tortura.
+
+--¡Insiste tú también, Roberto!--repuso ella.
+
+Me estremecí. Lo había olvidado totalmente y ahora su presencia hacía en
+mí el efecto de un reproche.
+
+--Dame tiempo para reflexionar, espera hasta mañana--dije enderezándome.
+
+Sentía en mí el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no
+sería de larga duración: habría sido demasiada dicha para mí, pobre
+infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena.
+
+Leí en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad.
+
+--Entonces hasta mañana--dijo en voz baja apretándome los dedos,--y
+mañana verás la falta que nos haces, comprenderás que sería necesario
+que fuéramos locos, para dejarte partir nuevamente. ¿No es verdad,
+Roberto?
+
+--¡Seguro, con toda seguridad!--dijo él soltando una carcajada que me
+pareció singularmente forzada.
+
+Era evidente que se sentía mortificado en presencia de nosotras dos.
+Así, pues, no tardó en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una
+palabra.
+
+--Enséñale nuestro hijo--murmuró Marta, al mismo tiempo que una sonrisa
+de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido.
+
+--Ven--dijo Roberto;--el niño duerme en la habitación contigua.
+
+Me precedió, y escurrió con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la
+puerta entreabierta.
+
+La cuna se alzaba allí en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines
+aparecía una cabecita roja, apenas más grande que una manzana. Sus
+párpados arrugados estaban cerrados y tenía en la boca uno de sus
+puñitos, con los dedos crispados como por una convulsión.
+
+Mis miradas se apartaron del niño y a hurtadillas se fijaron en el
+padre. Este había juntado las manos y contemplaba con piadosa atención a
+esa pequeña criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto
+el embarazo como el júbilo, vagaba por sus labios.
+
+Sólo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de
+la tarde caía directamente sobre su rostro y hacía resaltar claramente
+los pliegues y las arrugas que se habían grabado en él durante esos tres
+últimos años. Penas sombrías parecían asediar su frente; sus ojos habían
+perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento
+nervioso en que creí leer a la vez una melancólica sumisión y una
+impotente rebeldía.
+
+Me sentí presa de una compasión infinita; tenía ganas de tomarle las
+manos y decirle:
+
+--Tén confianza en mí, soy fuerte; déjame participar de tu dolor.
+
+Cuando alzó los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me
+puse rápidamente de rodillas delante de la cuna y apoyé mis labios en el
+tierno rostro del niño que se estremeció a mi contacto, como si hubiera
+experimentado un dolor.
+
+Cuando me levanté, vi que Roberto había salido del cuarto.
+
+Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud:
+quería saber que yo admiraba a su hijo.
+
+--¿No es verdad que es lindo?--balbució, alzando hacia mí sus débiles
+brazos.
+
+Y cuando su corazón de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar
+a su lado en las almohadas, apoyó su cabeza en mí y concluyó casi por
+ponerla sobre mis rodillas.
+
+--¡Oh! ¡Qué frescura!--murmuró.
+
+En seguida cerró los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si
+durmiera.
+
+Enjugué con mi pañuelo el sudor que cubría su frente.
+
+Ella me agradeció por señas y dijo:--Estoy todavía un poco débil, me
+parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que mañana podré
+levantarme y atender a la casa.
+
+--¡Gran Dios, qué ideas tienes!--exclamé espantada.
+
+Ella suspiró.
+
+--Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar.
+
+--¿Por qué no tienes derecho de reposar?
+
+Marta no contestó, poro de repente se puso a llorar amargamente.
+
+La calmé, besé sus mejillas y sus ojos preñados de lágrimas, y le
+supliqué que me abriera su corazón.
+
+--¿No eres feliz? ¿Roberto no es bueno contigo?
+
+--Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy
+desdichada, hermanita, más desdichada de lo que puedo decirte.
+
+--¿Y por qué, Dios mío?
+
+--¡Tengo miedo!
+
+--¿De qué?
+
+--De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le convenía.
+
+Sentí, de improviso, que un frío glacial me invadía, como si, emanado de
+su cuerpo, se trasladara al mío.
+
+--¿Ves? ¡Tú misma sientes que tengo razón!--murmuró, alzando hacia mí
+sus grandes ojos inquietos.
+
+--Estás loca--dije, esforzándome por reír.
+
+Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofrío. Un vago
+sentimiento me decía que Marta podía muy bien no equivocarse. Pero por
+el momento se trataba de consolarla.
+
+--¿Cómo puedes ser tan tonta para atormentarte así tú misma? ¿Acaso su
+actitud no te dice noche y día que estás en un error?
+
+--Sé lo que sé--replicó ella, suavemente, con esa resignación altiva que
+es el arma de los débiles.--Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor
+tiene muchos años: estaba ya en mi corazón aun antes de que fuéramos
+novios, y yo sabía bien lo que hacía cuando me negaba entonces a ser su
+mujer; ¡era el amor, sólo el amor lo que me guiaba!
+
+--¡Marta! ¡Marta!--exclamé en tono de reproche.--Me parece que me has
+ocultado muchas cosas.
+
+--Todo te lo dije en aquella época--respondió ella;--pero tú no querías
+creerme, querías por fuerza hacer mi felicidad; y más tarde, ¿por qué
+habría hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que
+se les ha querido dar; habrías concluido por ver en mis palabras un
+reproche a Roberto, quizá hasta a ti misma, y yo no podía dar lugar a
+semejante equivocación. Mi desgracia data del día en que llegamos aquí.
+Cuando lo vi reñir con su madre, oí que una voz me gritaba: «¡Tuya es la
+culpa!» Cuando de día en día lo vi ponerse más sombrío y más triste, me
+repetía nuevamente en el fondo del corazón: «¡Tuya es la culpa!» Durante
+la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este
+pensamiento:
+
+«¿Por qué estás tan triste y tan melancólica, por qué no sabes sino
+arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves
+sufrir?»
+
+«¿Por qué no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que
+vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso
+las arrugas de su frente? Aún más, ¿por qué te faltan el orgullo y la
+fuerza? ¿Por qué no puedes decirle: «Refúgiate a mi lado; si tu corazón
+tiembla, en mí encontrarás nuevas fuerzas, velaré sobre ti y sostendré
+tus pasos.» He ahí lo que habrías hecho tú, hermana; no, no me
+contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habrías
+tenido tú, con tu alta estatura; le habrías abierto los brazos para que
+pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no
+se atreven a penetrar... pero, mírame--y al decir esto dirigía una
+mirada de lástima a su cuerpo delicado y débil, cuyos flacos contornos
+se delineaban bajo la cobija.--¿Ese lenguaje no sería ridículo en mi
+boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan pequeña, tan
+frágil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es
+cosa mía... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en
+las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez más de mí. Por
+la mañana me esforzaba en reír, quería fingir la indiferencia y la
+alegría de un pájaro, creyendo que ese era el papel que mejor me
+convendría y más le agradaría; pero los cantos y la risa se ahogaban en
+mi garganta, y él lo notaba muy bien, pues sonreía con expresión
+compasiva, y yo sentía redoblar mi vergüenza.
+
+Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocultó el rostro en mis faldas; luego
+continuó:
+
+--Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, traté por lo
+menos de indemnizarlo de otra manera. Tú sabes que nunca en mi vida he
+tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jamás había tenido sobre mí
+una labor tan penosa como durante estos tres años. Y, cuando ya no
+podía más, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, seguía
+adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: «Haz ver que eres
+por lo menos útil para algo, arréglate de modo que nunca sepa cuán poca
+cosa posee en realidad en tu persona...» Pero, ¿de qué sirve todo eso?
+Todos mis esfuerzos son enteramente inútiles. Tan pronto como vuelvo las
+espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un día mi trabajo
+le parezca insuficiente.
+
+Así se quejaba la desdichada, y yo misma tenía el corazón despedazado al
+ver tanto dolor.
+
+--Escucha, tengo que hacerte una súplica--dijo ella finalmente,
+tomándome ambas manos:--sondea a Roberto, procura saber si está contento
+de mí, y después me lo dirás.
+
+La atraje hacia mí, le prodigué mil palabras cariñosas, y traté de
+alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su espíritu. Ella
+bebía con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba
+pendiente de mis labios y de vez en cuando un débil suspiro se escapaba
+de su pecho.
+
+--¡Oh! ¿Por qué no has estado siempre a mi lado?--exclamó, acariciándome
+las manos.
+
+En ese momento, un nuevo pensamiento pareció desalentarla otra vez.
+Insistí para que hablara, pero no quería decidirse a hacerlo; al fin
+dijo, balbuciendo y tartamudeando:
+
+--¡Tú harás todo mil veces mejor que yo; le enseñarás lo que habría
+podido tener y lo que tiene; verá qué pobre criatura soy a tu lado!
+
+Un espanto se apoderó de mí; luego comprendí.
+
+Había soñado en poseer un hogar, pero ese sueño se desvanecía. ¿Cómo
+podía permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consumía de
+dolor y de celos por causa mía?
+
+Marta sintió que me había hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta
+mi cuello, me dijo:
+
+--Compréndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco
+celosa, que mi deseo más ardiente es que os entendáis ambos después de
+mi muerte, y que...
+
+--¡Después de tu muerte!--exclamé espantada.--¡Marta, no digas eso! ¡Es
+un crimen!
+
+Ella se sonrió, triste y resignada.
+
+--Lo sé mejor que tú--dijo.--Mis fuerzas se han agotado desde hace
+tiempo. Ya antes, esa larga espera me había aniquilado. Por eso deseaba
+verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluiría;
+antes de partir quería arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como
+fuere, tarde o temprano tendré que pasar por eso, y quiero antes estar
+segura de que dejo a ambos, al niño y a él, en buenas manos.
+
+Me estremecí y en seguida sentí que una gran laxitud me invadía. Me
+pareció que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta
+rendir el alma.
+
+En ese momento se oyeron en la habitación contigua los gritos del
+pequeñuelo que se había despertado y reclamaba a su nodriza. Respiré
+largamente y reflexioné acerca de mí misma y de los deberes que me
+incumbían.
+
+--¿Oyes, Marta?--grité.--Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la
+dicha más grande que puede pretender una mujer. Renacerás por tu hijo;
+tu vida sacará de su juventud un nuevo vigor.
+
+Un relámpago pasó por sus ojos; luego se dejó caer suavemente y cerró
+los párpados, sonriéndose. Sólo el sentimiento de la maternidad podía
+dar alas a su esperanza.
+
+Abrió la boca una vez más y murmuró algunas sílabas. Me incliné hacia
+ella y pregunté:
+
+--¿Qué tienes, hermana querida?
+
+--Desearía ser útil para algo en este mundo--dijo, con un suspiro.
+
+Y con este pensamiento, se durmió.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Había cerrado ya la noche cuando Roberto penetró sigilosamente en la
+habitación. Yo me sobresalté: sentí de repente que me iba a ver reducida
+a esconderme, a huir de él hasta el fin del mundo: «¡Es necesario que no
+te encuentre, no te encontrará!»--me gritaba una voz interior.--Mis
+mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor
+traicionara mi emoción a pesar de la obscuridad.
+
+Se acercó a la cama, escuchó un instante la respiración apacible de
+Marta y en seguida me dijo en voz baja:
+
+--Ven, Olga. Estás cansada; tomarás algo y después irás a descansar.
+
+Quise protestar, pues temía mucho encontrarme sola con él, pero, para no
+despertar a mi hermana que dormía, lo seguí sin decir una palabra.
+
+El comedor era una vasta habitación, blanqueada, con muebles antiguos
+que parecían estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a
+negros gigantes agazapados. Bajo la araña había una mesa redonda con dos
+cubiertos.
+
+--He hecho comer antes al personal de la granja--dijo Roberto,
+volviéndose hacia mí,--pues no he querido darte el disgusto de ver caras
+extrañas.
+
+Y, al decir esto, se dejó caer pesadamente en una silla, apoyó la barba
+en su mano y fijó la mirada en el salero.
+
+--¡Pero tú no comes!--dijo al cabo de un instante.
+
+Sacudí la cabeza: no habría sido capaz de comer un bocado, aun cuando el
+hambre me desgarrara las entrañas. Su presencia me paralizaba por
+completo.
+
+Siguió un nuevo silencio.
+
+--¿Cómo la encuentras tú?--preguntó él al fin.
+
+--No sé--dije, violentándome para hablar,--si debo sentir alegría o
+inquietud.
+
+--¿Por qué inquietud?--preguntó bruscamente.
+
+Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia.
+
+--Marta se atormenta a sí misma.
+
+Me dirigió de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que decía:
+«¿Tú también lo sabes ya?» Luego levantó el puño desperezándose y exhaló
+un suspiro. Su cabellera enmarañada le caía sobre la frente y en las
+extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se
+acentuaban aún más.
+
+Tuve miedo, miedo de mí misma. ¿Lo que acababa de decir no parecía una
+acusación a Marta, no lo invitaba a acusarla?
+
+--Te ama demasiado--repuse, apretando los dientes.
+
+Sabía que iba a hacerle mal y era lo que quería.
+
+Él se sobresaltó y me miró un instante, con una extrañeza sincera,
+inclinó repetidas veces la cabeza y dijo:
+
+--Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado.
+
+Yo habría querido en seguida pedirle perdón. Verdaderamente no merecía
+esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de
+sol: sólo en mi corazón reinaban las tinieblas.
+
+Creí que las lágrimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme.
+
+Vi que no podría contenerme por más tiempo, y me levanté bruscamente.
+
+--Buenas noches, Roberto--dije, sin tenderle la mano.--Estoy extenuada,
+necesito acostarme; deja, un criado me indicará el camino. ¡Deja, te
+digo!
+
+Grité esas últimas palabras como impulsada por el enojo: él se detuvo,
+cortado.
+
+
+
+
+XV
+
+
+En la penumbra del corredor, el aire fresco me calmó muy pronto. Di
+algunos paseos y después fui en busca de una criada para que me indicara
+mi habitación.
+
+--La señora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que
+lo toquen; hay también una carta para la señorita.
+
+Cuando me quedé sola, pasé revista a la habitación. ¡Querida y excelente
+hermana! Había pensado en mis menores deseos, se había acordado
+fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi
+aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar.
+Nada faltaba allí, de lo que mi corazón más apreciaba antes. Sobre la
+cama caían cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que habían
+abrigado mis primeros sueños de niña; en el borde de la ventana había
+geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes
+algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros
+tiempos al despertarme, y en los estantes encontré los libros en que
+había aprendido las primeras nociones del amor.
+
+El drama de _Ifigenia_, que, en aquellos días claros y sin nubes, había
+sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. ¡Oh, bondad del
+Cielo! ¡Cuánto tiempo hacía que lo había leído, cuánto tiempo hacía que
+lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la
+santa sacerdotisa hacía sufrir a mi alma!
+
+Entre las páginas del libro encontré la carta de que me había hablado la
+criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a
+encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre,
+leí:
+
+* * *
+
+«¡Hermana muy querida!
+
+»Cuando entres en este cuarto no podré desearte la bienvenida: estaré
+enferma y quizá hasta mis labios se habrán cerrado para siempre. Todo lo
+encontrarás como tenías la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba
+preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el
+dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en
+paz y duérmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfuérzate en
+amar a Roberto, como él mismo te amará. Entonces todo irá bien todavía,
+ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a Él. Tu hermana,
+_Marta_.»
+
+* * *
+
+Nada nuevo había en lo que allí me decía y, sin embargo, me sentí tan
+violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su
+cariño, que no tuve en el primer momento más que un pensamiento: ir a
+arrojarme al pie de su cama, y confesarle cuán indigna era aquella a
+quien ofrecía el asilo de su corazón y de su techo.
+
+Ciertamente, ya no me cabía ninguna duda. Esa fatal pasión, que yo creía
+haber arrancado de mi alma con todas sus raíces, se había cubierto de
+una nueva y frondosa vegetación; las heridas cicatrizadas desde hacía
+tiempo se habían vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me parecía
+sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes.
+
+Ya era inútil ocultar o disimular. Se habían acabado, desde hacía largo
+tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos
+nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente
+de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un
+conocimiento madurado por los años, la actitud fría y rígida que impone
+una conducta severa.
+
+Sí, lo amaba, lo amaba con una pasión tan ardiente, tan dolorosa como
+sólo el corazón retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede
+amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer.
+
+Había crecido con ese amor, me había aferrado a él en la pasión secreta
+de mi corazón; mi ser había encontrado en él su vigor: era mi fuerza y
+mi debilidad, era mi vida y mi muerte.
+
+¿Lo merecía Roberto? ¿Me comprendía? ¡Qué importaba! Nunca lo
+comprendería después de todo. Y luego, no era él sino yo la que tenía
+que conquistar un derecho a su amor. A esa hora sabía que jamás podría
+desterrar de mi pecho esa pasión. Se trataba de someterse a ella como
+uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera
+criminal: debía reinar pura en el fondo de mi corazón puro.
+
+Y, en verdad, no me habían llamado a esa casa para labrar su desgracia.
+
+Una gran misión, una misión sagrada me esperaba. Marta vería en breve
+que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprendería
+conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvación de su marido
+muy amado, el amor que la consumía en vano. Su valor, a mi lado, iba a
+rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. ¡Cómo me prometía
+sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; cómo me
+violentaría para reír cuando la melancolía la envolviera con su velo
+sombrío! Sabría, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes,
+devolver a las frentes su serenidad, y haría de modo que siempre
+brillara entre esas paredes un último rayo de sol.
+
+Mi vida transcurriría sin deseo, feliz tan sólo de la dicha de los míos,
+en una abnegación discreta y resignada.
+
+Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo
+también iba a desempeñar el papel augusto y sublime de la sacerdotisa.
+
+Este piadoso pensamiento hizo caer la agitación de mi alma, y con él me
+dormí.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Cuando me desperté esa primera mañana, me sentí satisfecha, casi feliz.
+En mí reinaba una paz casi religiosa que no conocía ya, desde hacía un
+número infinito de años. Sabía que en lo sucesivo no tenía por qué temer
+el encontrarme con él.
+
+Marta dormía todavía. Cuando miré a la habitación por la abertura de la
+puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia
+atrás, y oí una respiración corta y oprimida.
+
+Tranquilizada, me alejé para entrar inmediatamente en mis funciones de
+ama de casa.
+
+--Ya no necesitará extenuarse en el trabajo--pensé, penetrada de una
+secreta alegría.
+
+Hice, para tomar oficialmente la dirección de la casa, una inspección
+que duró casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta
+docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no
+habría tardado en imponérselo.
+
+A la hora del almuerzo me encontré con Roberto. Sentí al entrar al
+comedor una leve palpitación del corazón, la que desapareció tan pronto
+como me acordé de mi juramento de la víspera. Me le acerqué, serena,
+mirándolo de frente, y le extendí la mano.
+
+--¿Marta duerme todavía?--pregunté.
+
+Él sacudió la cabeza.
+
+--He mandado buscar al médico--dijo.--Ha pasado una mala noche... la
+emoción de tu llegada parece haberle hecho daño.
+
+Sentí un poco de temor; pero mi gran resolución me había llenado de tal
+alegría, que no había ya lugar en mí para una inquietud.
+
+--¿Quieres servirte tú mismo? Mientras tanto iré a verla.
+
+Cuando entré en la habitación, la encontré en la misma posición en que
+la había dejado por la mañana, y, acercándome a la cama, vi que tenía
+los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo.
+
+Tuve miedo y la llamé por su nombre; entonces una ligera sonrisa pasó
+por su rostro; se volvió penosamente y me miró de frente.
+
+--¿No te sientes bien, Marta?
+
+Sacudió la cabeza con expresión dolorida y cerró un poco la mano. Eso
+quería decir: Ven, siéntate a mi lado.
+
+Tomé su cabeza entre mis brazos y de repente un calofrío sacudió su
+cuerpo; oí que sus dientes castañeteaban.
+
+--Dame una frazada gruesa--murmuró,--tengo mucho frío.
+
+Hice lo que me había pedido y me senté de nuevo a su lado. Ella se
+apoderó de mis manos y las estrechó como si hubiera querido calentarse
+con su contacto.
+
+--¿Has dormido bien?--preguntó con esa misma voz de ronco falsete que no
+le conocía.--Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sentí nacer en
+mí un vivo sentimiento de vergüenza. ¿Qué era mi gran proyecto de
+renunciamiento comparado con esa especie de abnegación, de olvido de sí
+misma, que se manifestaba en las más pequeñas como en las más grandes
+circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? ¡Y yo, egoísta
+y orgullosa, me envanecía todavía de esa sublime resolución de mi
+corazón!
+
+--¿Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?--continuó ella, al mismo
+tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un débil fulgor de
+malicia.
+
+A guisa de respuesta posé humildemente en sus labios un beso de
+agradecimiento.
+
+--¡Sí, bésame, bésame otra vez!--dijo ella.--Tu boca es tan bella, tan
+ardiente: da calor al cuerpo y al alma.
+
+Y un nuevo calofrío la sacudió.
+
+Un instante después entró Roberto.
+
+--Prepárate, querida--dijo acariciando la mejilla de Marta;--el médico,
+nuestro tío, ha llegado.
+
+En seguida me hizo una seña y salí detrás de él. Junto a la cuna del
+recién nacido encontré a un hombre ya viejo, cuya barba gris no había
+sido afeitada por varios días, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e
+inteligentes que me miraban sonriendo detrás de los brillantes vidrios
+de sus antiparras.
+
+--Entonces, ¿es ella?--dijo extendiéndome la mano.
+
+Una oleada de sangre me subió al corazón; a la primera ojeada comprendí
+que tenía delante de mí a un amigo, a quien podría confiarme sin
+reserva.
+
+--¡Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!--continuó
+él.--De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Llévame a su lado,
+Roberto; sin duda la cosa no es tan grave.
+
+Me quedé sola con la nodriza y el niño, que se agitaba y lanzaba a
+derecha e izquierda sus puñitos.
+
+--Adquiriré también el derecho de contribuir a tu felicidad--pensé
+mientras acariciaba su pequeño cráneo redondo y luciente, sobre el cual
+temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como
+la seda. La víspera, había apenas dirigido una mirada a esa criaturita;
+ese día, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura
+infinita.
+
+--Desde ayer te has vuelto más pura y mejor--me dije mentalmente.
+
+La visita fue larga, de una duración inquietante. Al fin, la puerta de
+la habitación contigua se abrió; el médico salió solo. Parecía irritado,
+furioso; sus mandíbulas se agitaban como si hubieran querido triturar
+algo.
+
+--He alejado a Roberto--dijo.--Necesito hablar a solas con usted.
+
+Entonces me tomó la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera
+humeaba todavía.
+
+--Tengo por usted un respeto muy grande, señorita--comenzó enjugando las
+gotas de sudor de su frente.--Por todo lo que he oído decir, es usted
+una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado.
+
+--Basta de preámbulos, se lo ruego, doctor--dije, sintiéndome palidecer.
+
+--¡Bueno! A mí tampoco me gustan los preámbulos. Su hermana...
+
+Y al decir esto, sin embargo, se detuvo.
+
+--¡Mi hermana... está en... peligro de muerte, doctor!
+
+Había querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me así
+del borde de la mesa para no caer.
+
+--¡Vamos! ¡valor, valor!--murmuró él poniéndome la mano en el
+hombro.--La fiebre, ese terrible huésped, está allí y no es tan fácil
+despedirla.
+
+Yo apreté los dientes: no quería que me viera temblar. Ya había oído
+hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no
+pudiera formarme una idea de sus terrores.
+
+--¿Roberto lo sabe?
+
+Ese fue el primer pensamiento que me vino.
+
+El doctor se encogió de hombros rascándose la cabeza.
+
+--He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho más que la
+mitad de la verdad.
+
+--¿Y cuál es la verdad entera?
+
+Y enderezándome lo miré en los ojos.
+
+Él guardó silencio.
+
+--¿Va a morir?
+
+Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa más
+temible, respiró con mayor libertad. Pero no oí su respuesta, pues, en
+el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas
+horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible
+vivacidad aquella escena de mis años de infancia en que Marta se me
+había aparecido tendida en el sofá, semejante a un cadáver. Creí sentir
+que una mano de muerta me hundía las uñas en el pecho; ante mis ojos
+pasaron relámpagos sangrientos; lancé un grito... luego creí oír que una
+voz me gritaba: «¡Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, sálvala, dá tu
+propia vida para conservar la suya!» Bruscamente me erguí; había vuelto
+a encontrar mis fuerzas.
+
+--Doctor--dije,--si Marta se muere, perderé todo lo que poseo en este
+mundo y yo misma habré concluido. Pero, mientras pueda serle útil, no
+flaquearé: necesito una certidumbre.
+
+--Una certidumbre, querida niña--repuso él apoderándose de mis
+manos,--no la habrá hasta la curación o hasta el momento fatal. Por
+desesperada que sea la situación, puede siempre producirse una reacción
+y ahora más que nunca, puesto que la enfermedad está todavía en sus
+primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es
+la parte más triste. Sin embargo, quizá conseguiremos ahogar el mal en
+su germen, y entonces todo se habrá salvado.
+
+--¿Qué puedo hacer por ella?--exclamé, extendiendo hacia él mis manos
+juntas.--¡Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida
+para salvar la suya, no le habría dado todo lo que le debo.
+
+Él me miró sorprendido.
+
+¿Cómo habría podido comprenderme?
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Y ahora he llegado a la parte más difícil de mi relato. Desde hace ocho
+días, doy vueltas en torno de estas páginas sin atreverme a tomar la
+pluma. Un calofrío de espanto me invade al pensar en lo que me espera.
+
+Y, sin embargo, me hará bien el acordarme una vez más de esos tres días
+y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento más
+tierno, una melancolía más dulce, parecen saturar mi corazón. ¡Atrás,
+atrás, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy
+destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si
+alguna vez lo olvido, la historia de esos tres días sabrá hacerme
+recordarlo...
+
+Cuando acerqué mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis
+funciones de enfermera, la encontré dormida; pero ese no era el sueño
+que fortifica y prepara la convalecencia; era un sueño que pesaba sobre
+ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los párpados. Cuando su
+pecho se levantaba o se bajaba, se habría dicho que obedecía a una
+fuerza extraña que lo dilataba y lo comprimía alternativamente. Su
+rostro pálido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio
+hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban,
+semejantes a reptiles. Oculté mi cara entre las manos: no podía soportar
+ese espectáculo.
+
+Las horas del día pasaron. Ella dormía, dormía sin pensar en
+despertarse.
+
+De vez en cuando oía afuera el paso ligero de las criadas; aparte de
+eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto,
+ni trazas.
+
+A mediodía no pude dejar de preguntar por su paradero. Le habían visto
+por la mañana salir a los campos, seguido por sus perros. Y así, desde
+hacía horas, vagaba bajo la lluvia.
+
+El reloj tocó las tres; en ese momento entró él, chorreando agua, con la
+mirada empañada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente.
+
+Debía haber sufrido horriblemente.
+
+Quise acercarme a él, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me
+atreví. La mirada huraña y sombría que me lanzó, me decía con bastante
+claridad: «¿Qué quieres? Déjame solo con mi dolor.»
+
+Había asido una de las columnas de la cama y permanecía allí, con los
+ojos fijos en Marta, mordiéndose los labios. Después salió, como había
+venido, sin decir una palabra.
+
+Pasaron dos horas más en el silencio y la espera. Los vapores de fenol
+que se desprendían del plato colocado frente a mí, principiaban a darme
+dolor de cabeza. Apoyé la frente en los vidrios para refrescarla,
+siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento
+levantaba y hacía revolotear hasta la ventana.
+
+Comenzaba ya a obscurecer, cuando oí de repente afuera, en el corredor,
+una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la
+enferma, dormida, se estremeció dolorosamente.
+
+La cólera me subió a la cara. Quise correr para echar de la casa a la
+persona que hacía tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropecé con
+ella.
+
+A la primera mirada reconocí esa cara colorada e hinchada, esos ojillos
+perversos. ¡Quién podía ser sino _ella_, la mejor de todas las tías y de
+todas las madres!
+
+--¡Al fin--exclamé para mis adentros,--al fin voy a verte de frente, mis
+ojos en los tuyos!
+
+--De modo que tú eres Olga--exclamó siempre en el mismo tono estridente
+y llorón que llenaba la casa.--¡Buenos días, mi queridita! ¡Oh! ¡Qué
+desgracia! ¿Entonces es verdad? ¡La noticia me ha trastornado!
+
+--Le ruego, querida tía--le dije cruzándome de brazos,--que vaya usted a
+trastornarse a otra parte y no aquí, y que a la cabecera de la enferma
+modere usted el tono de su voz.
+
+Ella se quedó cortada. La mirada envenenada que me lanzó entonces, no
+la olvidaré en mi vida.
+
+Pero ya sabía con quién tenía que habérmelas. Por otra parte, ella
+recogió el guante en seguida.
+
+--Haces muy bien, hija mía--dijo, y su voz tomó de pronto un sonido
+metálico, como una trompeta de guerra,--haces muy bien en atender a tu
+pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es inútil
+ahora; soy yo quien va a quedarse aquí.
+
+«Espérate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato»--exclamé
+mentalmente.
+
+E irguiéndome cuanto pude, le respondí con mi sonrisa más fría:
+
+--Se equivoca usted, querida tía; se le ha prohibido a mi hermana de la
+manera más formal que la visiten personas extrañas. Le ruego, pues, que
+se retire a la habitación contigua.
+
+Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habría sido
+capaz de estrangularme allí mismo. Pero se marchó y el buen tío, sin
+voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detrás de ella, la
+siguió.
+
+En mi triunfo solté una gran carcajada.
+
+Pero también, ¿qué venís a hacer, almas codiciosas, en el templo del
+dolor? ¡Atrás!
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Vino la noche. Una banda roja, último vestigio del sol poniente, se
+extendía sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras
+en el cielo de fuego. Durante largo rato seguí con los ojos las
+llamaradas, que la obscuridad concluyó también por absorber.
+
+El reloj dio las nueve y el viejo doctor entró. Permaneció mucho rato
+sentado en mi silla, silencioso, después me acarició la mano al
+despedirse y dijo:
+
+--Continúe usted con el fenol, toda la noche.
+
+A la pregunta que leyó en mi mirada inquieta, no respondió sino con un
+vago encogimiento de hombros.
+
+No sé dónde, dos o tres habitaciones más lejos, oí la voz de Roberto que
+discutía con el anciano. Era una prueba de que él tampoco se alejaba de
+la cama de la enferma. «¿Pero por qué se contenta con quedarse
+afuera?--me preguntaba.--Casi se diría que le está prohibida la
+entrada.»
+
+El reloj toca las diez, todo está solitario en los alrededores, la casa
+parece entregada al reposo.
+
+El viento sacude la reja del jardín, hace el ruido de un huésped
+atrasado que quiere entrar. ¿La muerte rondaría ya en derredor de la
+casa? ¿Contaría ya los granos de arena en su ampolleta?
+
+El furor de la desesperación se apoderó de mí.
+
+Sin saber lo que hacía, me precipité hacia la puerta, como para cerrar
+el paso a ese demonio amenazador.
+
+¡Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado
+antes que aquél en el umbral de la puerta!
+
+Minutos después entró Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada más
+que esa mirada rápida y sombría que ya me había herido una vez como una
+puñalada.
+
+Con su paso pesado y balanceante avanzó hacia la cama, tomó la mano de
+Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas uñas tenían un matiz azulado, y
+la miró fijamente. Después se sentó en el rincón más obscuro, detrás de
+la estufa, y permaneció allí encogido durante dos horas, dos largas
+horas.
+
+Yo esperaba, con el corazón palpitante, que él me dirigiera la palabra,
+pero guardó silencio como antes.
+
+Poco después de media noche salió del cuarto.
+
+Por mucho tiempo todavía lo oí pasearse afuera en el corredor, y el
+ruido sordo de sus pasos me recordó otra noche en que, no menos
+temblorosa, había oído ese mismo ruido, dividida entre el temor y la
+esperanza.
+
+Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura
+insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los demás y de
+sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me parecía en ese
+momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean
+allá arriba en la inmensidad.
+
+El ruido de los pasos se atenuó: Roberto había entrado en su cuarto.
+
+«¿Volverá?--me pregunté, aplicando el oído al ojo de la
+cerradura.--Seguramente no puede dormir.»
+
+Y me estremecí de gozo al oír que el ruido se acercaba de nuevo.
+
+Pero por mi cabeza pasó este pensamiento:
+
+«¿Qué te importa que vuelva o no? ¿Acaso es por él por quien estás aquí?
+¿No tienes allí, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas?»
+
+Me dejé caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le
+supliqué que tuviera compasión de mí, quería hablarle, le decía, tenía
+un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme.
+
+Ella no se despertó. Recogida en su dolor, yacía, triste esqueleto. En
+sus pómulos se encendían pequeñas llamaradas. La respiración silbaba.
+
+Por un instante sus labios se agitaron; parecía querer hablar, pero las
+palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo.
+
+¡Qué terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj hacía oír
+su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana venía el ligero
+quejido del viento y en el interior de la habitación resonaba el ruido
+de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido.
+
+Y de improviso me pareció oír, en medio del silencio, que mi sangre se
+agitaba y hervía dentro de mi cuerpo. Escuché con atención.
+Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas.
+«¿Por qué no circula apaciblemente como de costumbre--me pregunté,--y
+como lo exige mi gran resolución? ¿No he extirpado de mi corazón con
+todas sus raíces la idea de un crimen? ¿No lo he purificado con ayuda de
+mil fuegos? ¿No estoy aquí para desempeñar el papel de sacerdotisa, de
+sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora?»
+
+¡Y escuché nuevamente!
+
+«Son alucinamientos»--me dije.
+
+Pero a pesar de ello tenía miedo de todo ese movimiento y de todo ese
+estrépito, que parecía aumentar a cada instante. Veía que un torrente me
+llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De él surgía una roca
+de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras
+de fuego, la palabra: «Asesinato.»
+
+El ruido de pasos se dejó oír más. De un salto me paré... Roberto vino,
+se sentó al borde de la cama; con la mano enjugó el sudor que cubría la
+frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de ésta por entre sus
+dedos.
+
+Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus
+ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las órbitas; sus
+labios apretados revelaban amargura e irritación. Allí estaba,
+petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a él me sacudió como
+un calofrío de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sentí como dos
+manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de
+nuevo en mi asiento.
+
+Al fin pronuncié su nombre y me sobrecogí de espanto, de tal modo que el
+sonido de mi propia voz me pareció extraño y lúgubre.
+
+Él se volvió y me miró.
+
+--Roberto--dije,--¿por qué no me hablas? Si hicieras compartir a otro el
+dolor que te oprime, eso te aliviaría.
+
+Se levantó bruscamente, se me acercó y me tomó ambas manos. A ese
+contacto sentí que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba
+alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo
+miré con firmeza, de frente.
+
+--Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga--dijo él.
+
+--¿Qué quieres decir con eso, Roberto?--balbucí.--¿Me he mostrado
+desatenta para contigo?
+
+--¡Si sólo fuera desatenta!--replicó él.--Pero me has tratado como a un
+extraño, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer.
+
+--¡Que Dios me libre de ello!--grité deshaciéndome, pues sentía que iba
+a caer en sus brazos.
+
+Y él continúa:
+
+--Olga, si alguna vez te he hecho daño... ¿cuál, no lo sé? Pero debe de
+ser así, de lo contrario no me rechazarías de esa manera; tu mirada, tu
+actitud entera, serían menos duras para mí... Si, pues, te he hecho
+daño, Olga, no ha sido culpa mía; nunca he tenido sino buenas
+intenciones para ti. He... habría querido que siempre estuvieras aquí
+como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente
+extraña... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos
+amamos...
+
+¿Para qué pronunciaría su nombre? Sentía nacer en mí una fiera alegría,
+me parecía que me brotaban alas; y he ahí que su nombre me hería como un
+latigazo. Me mordí los labios hasta que brotó la sangre. Pero a pesar de
+todo quise permanecer serena, quise desempeñar el papel de ángel
+protector.
+
+--Roberto--dije,--te has equivocado gravemente con respecto a mí: nada
+he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el
+extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes
+tener confianza en mí... ¿quieres?
+
+Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol.
+
+--¡Te estoy tan agradecido, Olga!--dijo.--¿Por qué no había de continuar
+teniendo confianza en ti? Mira, desde el día en que hicimos juntos en el
+bosque ese paseo a caballo, ¿te acuerdas? (¡Oh, si me acordaba!) desde
+ese día te he querido como a una hermana, aún más que a todas mis
+hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi ángel
+tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo serás todavía en el porvenir, ¿no
+es verdad?
+
+Hice seña de que sí sin decir nada y me oprimí el pecho con las dos
+manos; en seguida, cuando él lo notó, las dejé caer, pero retrocedí tres
+pasos tambaleándome y fue un milagro si conseguí mantenerme en pie.
+
+Inquieto, él se me acercó.
+
+--Estoy cansada--dije, esforzándome por sonreír.--Ven, vamos a
+sentarnos, la noche es larga.
+
+Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el
+angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando
+al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacudía a
+cada instante; sus párpados parecían cerrados, las sombras de sus
+pestañas descendían hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se
+inclinaba hacia ella, veía brillar en el fondo de las obscuras cavidades
+el blanco de los ojos, con un lustre de nácar pálido. Él lo notó, lo
+mismo que yo.
+
+--Se diría que ya está muerta--murmuró, ocultando la cabeza entre sus
+manos.--Y si muere--continuó,--no será a consecuencia de su parto, no
+será de esa miserable fiebre; sólo yo seré la causa de su muerte.
+
+--Por el amor de Dios, ¿qué dices?--exclamé, extendiendo hacia él mis
+brazos.
+
+Él inclinó la cabeza sonriendo amargamente.
+
+--Bien lo he visto durante estos tres años: es doble, triple mi culpa.
+Primero, la dejé esperar y consumirse durante siete años, dividida entre
+la esperanza y el desaliento, agotando así su energía y sus fuerzas, ¡y
+Dios sabe que no tenía muchas! Después la arrastré, débil de cuerpo,
+abatida de espíritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil,
+y aun más hostil que todos, la que mejor habría debido sostenerla. ¡Y yo
+mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegría, si hubiera velado
+para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera
+puesto un poco de sol en su existencia, quizá habría podido vivir feliz
+a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y
+echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la
+voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi
+frente, la hacía palidecer. ¡Ve ahí, delante de nosotros, ese cuerpo que
+no tiene más que el aliento, y mírame a mí, gigante rudo y tosco! Más de
+una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que
+quizá la había ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en
+realidad. Lo que me convenía era una mujer fuerte y...
+
+Espantado se detuvo y dirigió al rostro de Marta una mirada que pedía
+humildemente perdón; pero yo completé su frase con el pensamiento.
+
+Cuando Roberto salió de la habitación, un sentimiento de júbilo se
+apoderó de mí, una loca alegría que desencadenaba un huracán en mi
+cabeza, sembraba la turbación en mis sentidos y parecía querer
+absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a mí misma.
+
+La atmósfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolvía mi cabeza
+como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la
+respiración comenzaba a faltarme.
+
+Corrí a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspiré el aire frío
+de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas.
+
+El día apareció a través de las cortinas, un día frío y gris, sumido en
+la niebla. Nubes descoloridas subían pesadamente en el horizonte, y
+arrojaban un pálido fulgor sobre los árboles que chorreaban de humedad,
+y que parecían haberse despojado todavía durante la noche, de una parte
+de sus hojas.
+
+¡Qué noche!
+
+¡Y cuántas otras más terribles que esa, van a sucederle! ¡Qué fantasmas,
+engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a
+favor de esas noches, en mi espíritu febricitante!
+
+Me sentí tiritar y me retiré a un rincón: tenía miedo de mí misma.
+
+Pasaron las horas de la mañana y poco a poco me fui calmando. El
+recuerdo de esa noche se borró y con él los desórdenes de la fiebre y
+los tormentos de la conciencia. Lo que había visto, lo que había
+sentido, no me parecía más que un sueño. Una laxitud aplastadora me
+invadió; cerré los ojos y cesé de pensar.
+
+Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abrió de
+improviso sus grandes ojos azules y me dirigió una mirada llena de
+dulzura y de bondad. Me pareció que era el ojo de Dios que se volvía
+hacia mí, infeliz pecadora, y que en él leía la piedad y el perdón.
+
+Un gozo puro, un gozo santo, me inundó. Me arrojé en los brazos de mi
+hermana y escondí mi cara sobre su hombro.
+
+En medio de sus dolores ella se puso a sonreír, y, posando penosamente
+su mano en mi cabeza, murmuró con voz apenas perceptible:
+
+--¿Sin duda os he asustado mucho?
+
+Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de
+paz; por un instante creí que iba a quedar libre del peso que me oprimía
+el pecho, pero me fue imposible llorar.
+
+--¿Cómo te encuentras?--pregunté.
+
+--Bien, enteramente bien--respondió ella.--¡Pero la sábana me parece tan
+pesada!
+
+Era la más ligera que había podido encontrar. Así se lo dije; entonces
+suspiró, diciendo que había que tener paciencia con ella.
+
+Después se quedó completamente inmóvil, sin cesar de mirarme como en un
+sueño. Al fin inclinó la cabeza varias veces y dijo:
+
+--Está bien así, muy bien.
+
+--¿Qué está bien?--pregunté.
+
+Ella se sonrió y guardó silencio.
+
+En seguida le volvieron los dolores; se agitó, rechinó los dientes, pero
+no exhaló una queja.
+
+--¿Quieres que llame a Roberto?
+
+Ella dijo que sí por señas.
+
+--Traedme también al niño--murmuró.
+
+Accedí a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y
+la contempló por largo rato. Trató también de besarla, pero estaba
+demasiado débil.
+
+Antes de que Roberto llegara, había vuelto a caer en su sueño.
+
+Él me dirigió una mirada de reproche diciendo:
+
+--¿Por qué no me has hecho llamar más pronto?
+
+--Tén la seguridad de que más vale así. Tu presencia le habría causado
+una emoción demasiado fuerte.
+
+--Tienes razón, como siempre--dijo él.
+
+Y salió, sin notar felizmente el rubor que su elogio me había hecho
+subir a la cara.
+
+Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la
+frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los
+labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupción.
+
+A eso de la una vino el doctor; le tomó la temperatura y notó una
+disminución de la fiebre.
+
+--Aumentará y disminuirá todavía más de una vez--dijo.
+
+Tampoco compartió la alegría que nos había causado el despertar de
+Marta.
+
+--No le habléis cuando vuelva en sí--agregó,--y sobre todo no la dejéis
+hablar. Necesita de la menor porción de sus fuerzas.
+
+Antes de marcharse me miró largamente y meneó la cabeza con expresión
+inquieta. Sentí que el rubor que revela a los culpables, me invadía de
+improviso la cara; me parecía que su mirada penetraba hasta el fondo de
+mi alma...
+
+Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el
+primero que me vino a la mano, y traté de leer, pero las letras bailaban
+delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habría dicho que mil
+murciélagos se recreaban en él.
+
+Necesité mucho tiempo para descifrar tan sólo el título: leía
+_Ifigenia_. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arrojé el
+libro lejos de mí, a un rincón, como si hubiera tenido en mi mano un
+carbón encendido.
+
+Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces
+lanzó un grito estridente, retorciéndose en convulsiones.
+
+Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi
+de pronto junto a mí a la madre de Roberto.
+
+Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con
+afectación y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor
+hipócrita, me viene de repente este pensamiento:
+
+«He aquí una que espera la muerte de Marta, que la desea.»
+
+Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis puños se crispan, poco
+falta para que le arroje su crimen a la cara.
+
+Y mientras esa idea me deja inmóvil y helada, ella me toma por el brazo
+y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quizá
+esperaba intimidarme con ese proceder brutal.
+
+--Querida tía--dije, desasiendo mi brazo,--ya le he hecho notar a usted
+una vez, que éste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomará. Le
+ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras
+habitaciones.
+
+--¡Ah! ¡Eso es lo que vamos a ver, señorita!--gritó ella con voz
+chillona.--Voy a preguntarle al dueño de esta casa quién tiene más
+autoridad aquí, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca.
+
+Y se retiró sin cesar de gritar.
+
+Temblando de cólera, comencé a pasearme por el cuarto. Nunca me habría
+imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan
+brusca y completamente en una arpía. No le faltaba más que expresar
+abiertamente sus deseos más secretos.
+
+--¡Oh, si fuera verdad!--exclamé, sacudida por un calofrío de
+horror.--¡Desear la muerte de Marta! Marta, ¿lo oyes? ¡Desear tu muerte!
+¿A quién has ofendido nunca? ¿A quién has estorbado nunca? ¿Hay alguien
+en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e
+indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, paseándose
+impunemente por la tierra, un ser tan infame, ¡vaya! sería como para
+desesperar de Dios y del destino.
+
+He ahí lo que yo decía, sin poder acumular suficiente vergüenza e
+ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me
+dejaba llevar de un furor indigno.
+
+Pero sentía que eso me desahogaba, respiraba más libremente y, cuando
+vi, tirada en el suelo, a la pobre _Ifigenia_ a quien yo había
+maltratado, fui a recogerla.
+
+--¿Qué crimen he cometido--me decía yo,--para que tenga que ocultarme de
+mi modelo? ¿He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado?
+¿Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no
+hubiera podido ver u oír? Eso que me quema aquí, eso que me ruge en el
+fondo del pecho, ¿a quién importa si sé guardarlo para mí?
+
+¡Me decía eso y me creía casi justificada, aun ante mi propia
+conciencia, ciega de mí!
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Y el crepúsculo volvió: el sol poniente abrasó una vez más el horizonte
+por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones,
+su luz rojiza.
+
+El rostro de Marta estaba bañado por un matiz purpúreo; en sus cabellos
+brillaban pequeños resplandores, y la mano que reposaba en la colcha,
+parecía iluminada por dentro.
+
+Acerqué el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la
+molestara.
+
+Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no había
+visto hasta ese día, una corona igual a la que yo tenía costumbre de
+enviar los días de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quizá provenía
+de allí. En ese momento parecía trenzada de llamas; todo en ella tomaba
+una vida fantástica. Y, cuando la miré con más atención, me parecía que
+se ponía a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una
+verdadera girándula.
+
+--Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones--me dije; y traté de
+recobrar las fuerzas paseándome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a
+los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiración
+me faltaba.
+
+¡Oh! ¡Ese olor de fenol, ese vapor dulzón, repugnante! Me daba el
+vértigo, ponía como un velo sobre mis pensamientos y esparcía un
+presentimiento de muerte y de espanto.
+
+El anciano doctor llegó; me miró a la cara y me ordenó, con ese tono a
+la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a
+respirar aire fresco: él mismo cuidaría a la enferma hasta mi regreso.
+
+Quise resistir, pero él me empujó hacia afuera.
+
+Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que
+me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto.
+
+Salí, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulmón. El viento de la
+tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un baño helado.
+
+El último fulgor del día desaparecía. Una noche de otoño descendía sobre
+la tierra y la envolvía con un velo de niebla azulada.
+
+Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope
+hacia las ruinas del castillo.
+
+Maquinalmente, seguí la dirección que ellos habían tomado, caminando
+medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me
+habían aturdido.
+
+Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se
+desprendía de las paredes. Una vieja puerta extendía por sobre mí el
+arco de su bóveda.
+
+Penetré en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes,
+destacándose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba
+aquí y allí por encima de mi cabeza.
+
+Cerca de mí vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una
+forma humana, cuya silueta reconocí en seguida.
+
+--¡Roberto!--grité sorprendida.
+
+Él se paró de un salto.
+
+--¡Olga!--gritó a su vez.--¿Me traes acaso malas noticias?
+
+--No--le dije.--El doctor me ha mandado a tomar aire.
+
+Y, de repente, creí sentir que el suelo cedía bajo mis pies.
+
+--¡Tén cuidado!--me gritó para advertirme.
+
+Pero, en el mismo instante, resbalé y caí en un hoyo obscuro, tan
+profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas
+piedras que se desprendieron y rodaron.
+
+--¡Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caerás todavía más
+abajo.
+
+Medio aturdida, me apoyé en las paredes del foso. A mis pies entreví una
+estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detrás el abismo
+negro, sin fondo...
+
+A mi lado, vi a Roberto que venía a socorrerme, bajando lentamente y con
+precaución las gradas de lo que me parecía una escalera.
+
+--¿Dónde estás?--gritó él.
+
+Y al mismo tiempo sentí que su mano, buscándome, avanzaba hacia mí.
+
+Entonces me arrojé contra él y me aferré a su cuello. En seguida me
+sentí levantada, suspendida entre sus brazos. Me parecía que me habían
+abierto las venas: creí, en ese instante de abandono y de embriaguez,
+que mi sangre ardiente se esparcía sobre mí hasta la última gota.
+
+Sentía en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la
+impresión de que había rozado mi frente con un ligero beso.
+
+Después regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de él lo más
+que podía, pero en el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo:
+
+«¡Me ha tenido en sus brazos!»
+
+En el umbral de la puerta, el anciano médico salió a nuestro encuentro y
+nos tendió las manos diciendo:
+
+--Marta está mejor, hijos míos, mejor de lo que esperaba.
+
+En el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo:
+
+«¡Me ha tenido en sus brazos!»
+
+
+
+
+XX
+
+
+¡Y ahora, la noche terrible!
+
+Cada minuto se alza todavía ante mis ojos como una furia y clava en mí
+su mirada de fuego.
+
+Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de mí como se
+evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el
+cual han pasado años.
+
+¿Y qué crimen he cometido? Ninguno.
+
+Mis manos están puras, y en el día del juicio final, cuando se pesen
+nuestros actos, podré presentarme osadamente ante el trono de Dios
+Todopoderoso y decirle: «Cúbreme con tus más blancos ropajes, pón en mis
+hombros las alas de cisne más delicadas y déjame colocarme en la primera
+fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual sólo falta un poco de
+ejercicio para honrar al paraíso.»
+
+Pero hay crímenes que no han sido cometidos con actos ni con palabras,
+que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan
+completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer.
+
+Era una noche poco más o menos como la de hoy. El húmedo viento de otoño
+pasaba por delante de la casa en cortas ráfagas, y hacía estragos en las
+cimas medio deshojadas de los álamos que se inclinaban con un crujido
+los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo,
+una luz incierta permitía distinguir las nubes más obscuras, que
+pasaban, arrastradas en rápida carrera, desgarradas en jirones.
+
+La lamparilla no quería arder, su resplandor vacilante luchaba contra
+las sombras que bailaban sin interrupción en la cama y en las paredes.
+Frente a mí pendía la corona de yedra, negra y puntuosa; parecía una
+corona de espinas.
+
+Eran más o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irguió en
+su cama y dijo con voz clara y distinta:
+
+--¡Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado!
+
+En el primer momento sentí que me invadía una gran alegría, pues me
+parecía que había recobrado su conocimiento.
+
+--¡Marta!
+
+Me levanté de un salto y le tomé la mano.
+
+--Pero yo había preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos;
+un ciego dormido los habría encontrado. Y tampoco necesitáis tomar
+medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias.
+
+Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si
+hubiera visto un fantasma. Después, de improviso, lanzó un grito
+estridente diciendo:
+
+--Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. ¿Por qué me habéis
+sepultado bajo estas piedras?
+
+Tomé la sábana más delgada que pude encontrar y la extendí sobre ella en
+lugar de la frazada; pero eso no le procuró ningún alivio. Gritaba y
+hablaba sin interrupción y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad,
+como una persona que estudia una lección a media voz.
+
+Así transcurrió como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con
+los ojos fijos en ella, pues en mí se agitaba el temor de ver a cada
+instante surgir una nueva aparición, aún más horrible. De rato en rato,
+cuando se calmaba un poco; sentía un aflojamiento en mis miembros;
+cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atrás, y cada vez me
+imaginaba que caía en los brazos de Roberto. Sin embargo, no tenía sino
+muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era
+demasiado grande. Me parecía también ver sin cesar estallar en mi cabeza
+burbujas de las cuales salían rosas que producían siempre nuevas coronas
+de flores. Todavía después oía un silbido de un oído a otro; se habría
+dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la habían
+encendido.
+
+Fue en ese estado de sobreexcitación nerviosa, presa, ya de espantos
+repentinos, ya de un abatimiento irresistible, cómo me encontró Roberto
+cuando entró en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un
+poco en su cama, para velar después el resto de la noche conmigo; pero
+los gritos de Marta lo habían arrancado bruscamente al descanso.
+
+Al verlo, todo cansancio desapareció de mi cuerpo; sentí como si una
+nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto
+me levanté para ir a su encuentro.
+
+--Procura descansar un poco--dijo él, bajando hacia mí la mirada de sus
+ojos cansados, hinchados por las lágrimas.--Vas a necesitar de todas tus
+fuerzas.
+
+Sacudí la cabeza y le indiqué a mi hermana, que, precisamente entonces,
+blandía las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio,
+alejarme de su marido.
+
+--Tienes razón--continuó.--¿Sería posible tener suficiente tranquilidad
+para dormir con semejante espectáculo ante los ojos?
+
+Y se acercó a la cama juntando las manos, e inclinándose hacia ella,
+posó un ligero beso en su frente color de cera.
+
+«A mí también me ha besado así»--gritaba una voz en mí.
+
+Después se sentó al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo,
+que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro.
+
+Tenía los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombría de la
+desesperación.
+
+--¡Vuelve en ti, Roberto!--le murmuré.--Todo puede componerse todavía.
+
+Él soltó una risa aguda.
+
+--¿Qué entiendes por componerse?--exclamó.--¿Quieres decir que vivirá
+para arrastrar un cuerpo inválido, una alma quebrantada, una carga para
+ella misma y para los demás? ¿No sabes que tenemos que elegir entre
+estas dos alternativas?
+
+Un calofrío helado me penetró hasta la médula de los huesos. Pero al
+mismo tiempo creía ver que las paredes se apartaban y una perspectiva
+luminosa, infinita, se abría ante mí.
+
+«¿No querías desempeñar el papel de sacerdotisa en esta casa?»--me decía
+en tono de reproche una voz interior; pero se extinguió ahogada por el
+ruido de mi sangre.
+
+--¿De qué sirve discutir?--continuó él.--Ya hace tiempo que me he
+resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren
+sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energía y sin voluntad;
+me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por más que me agito
+hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve:
+impotente soy, impotente seguiré y... ¡nada más! Pero no quiero
+excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una cólera
+vana como ésta es más despreciable que una hipócrita sumisión.
+
+Sentí encenderse en mí el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle:
+«Haz de mí lo que quieras; sacrifícame, aplástame bajo tus pies, déjame
+morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha...» cuando de
+repente, oí que de los labios de Marta salió un gemido tan lastimero,
+tan dolorido, que me estremecí, como si me hubieran dado un latigazo.
+
+Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimió
+la garganta; sólo un suspiro se escapó de mi pecho, y lo contuve por
+fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos.
+
+--No te preocupes de mí--dije violentándome para sonreír.--¡Con tal de
+que ella siga mejor!
+
+Él cruzó los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclinó
+dolorosamente la cabeza.
+
+Luego cesaron los gemidos de Marta. Había dejado caer la barba sobre el
+pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habría podido creer que
+dormía; pero continuaba divagando y marmoteando.
+
+Un gran silencio reinó en el dormitorio débilmente alumbrado. No se oía
+más que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los
+ratones que corrían entre los tirantes del techo.
+
+Roberto había hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el
+lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareció calmarse, su
+respiración se hizo más regular y más espaciada; de rato en rato su
+cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar
+inmediatamente después, con un brusco movimiento.
+
+Un irresistible sueño se había apoderado de él.
+
+Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero tenía miedo del sonido de
+mi voz y guardé silencio.
+
+A intervalos cada vez más cercanos, la parte alta de su cuerpo se
+balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con
+la mano buscaba en torno suyo si no encontraría en alguna parte un
+apoyo.
+
+Al fin, de pronto, su frente se inclinó y cayó sobre mi hombro, donde
+permaneció inmóvil.
+
+Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una
+felicidad inaudita. Se posesionó de mí un deseo irresistible de
+acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis
+ojos vi brillar algunos hilos plateados.--Ya comienza a
+encanecer--pensé,--es tiempo de que pruebe lo que llaman la
+felicidad.--Y lo acaricié efectivamente.
+
+Él suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posición más
+cómoda.
+
+--No está bien así--me dije,--es necesario que te le acerques.
+
+Y lo hice. Su hombro se apoyó en el mío y su cabeza se inclinó sobre mi
+pecho.
+
+--Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo--me gritaba una voz
+interior,--de lo contrario no descansará bien.
+
+Dos veces, tres veces, traté de hacerlo, pero retrocedía de espanto.
+
+¡Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada veían,
+sus oídos nada oían.
+
+Y me decidí...
+
+Entonces se apoderó de mí una alegría desatinada. Me estreché contra él
+a hurtadillas, diciéndome con ardor: ¡Oh, cómo quisiera cuidarte y velar
+sobre ti; cómo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de
+tu frente y las penas de tu alma! ¡Cómo lucharía por ti con toda la
+fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la
+alegría a tus ojos y el sol a tu corazón! Pero para eso...
+
+Mis miradas se volvieron hacia Marta. Sí, vivía, vivía siempre. Su seno
+se levantaba y se bajaba bajo la acción de una respiración corta y
+precipitada. Parecía más viva que nunca.
+
+Y, de repente, vi una llamarada que pasó ante mis ojos y creí leer,
+enfrente, en la pared, estas palabras:
+
+_¡Oh, si ella muriera!_
+
+Sí, era eso, esas eran las palabras.
+
+_¡Oh, si ella muriera! ¡Oh, si ella muriera!_
+
+
+
+
+XXI
+
+
+El médico interrumpió su lectura y exhaló un profundo suspiro, al
+enjugar el sudor de su frente.
+
+Roberto se había parado de un salto; por un instante miró fijamente,
+como cegado por un rayo, el círculo luminoso de la lámpara, luego se
+precipitó hacia el anciano; parecía querer arrancarle el papel de las
+manos.
+
+--¿Está escrito allí?--balbució.
+
+--¡Lee tú mismo!
+
+Siguió un largo silencio.
+
+La lámpara esparcía su luz tenue y risueña, como si hubiera alumbrado
+una escena de las más alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando
+las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido parecía calmarse: se oían
+risas a intervalos cada vez más lejanos, el runrún de las voces se
+trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban
+cansados, digerían.
+
+El médico se había vuelto para ver lo que hacía Roberto. Este, abatido,
+al borde de la cama vacía, y con la cabeza hundida en sus manos,
+permanecía inmóvil.
+
+Sólo su respiración oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos
+cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su
+interior.
+
+--Vuelve en ti, chico--dijo el doctor posando la mano en el hombro de
+Roberto.
+
+--Tío, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribió eso.
+
+--¡Nunca lo ha estado más que en ese momento!
+
+--¿Cómo puedes afirmarlo? ¡No insultes a una muerta!
+
+--Nada está más lejos de mi pensamiento, hijo mío. ¿Quién se atreverá a
+arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente,
+comprenderás sin pena que su vida entera transcurrió en preparar, en
+llevar, por decirlo así, a madurez ese instante único. Sus sueños de
+niña encerraban ya los gérmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron
+bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque,
+y dieron una planta vigorosa cuya flor se abrió precisamente en el
+momento en que Olga penetró en tu cuarto para unirte a Marta.
+
+--¿Por qué hizo eso si quería tomar el lugar de Marta?
+
+--¡Eh! ¿Acaso sabía lo que quería? Todos los esfuerzos que hizo para
+asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran más que la lucha de su
+naturaleza honrada y pura contra el deseo que había crecido en su
+corazón, a partir del día en que, niña aún, te volvió a ver. Pero ella
+no lo sabía. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el día en
+que entró en tu casa; razón de más para que no pudiera sospechar las
+consecuencias que dormitaban en las profundidades más secretas de su
+alma.
+
+--¿Y, sin embargo, dices que ella combatía ese amor, que trataba de
+arrancarlo de su corazón?
+
+--Sin que su espíritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de
+ello. Su pensamiento permaneció puro hasta aquella terrible hora de
+media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo.
+Cada día sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos
+recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y
+hacerlo inofensivo: por eso se desterró al extranjero, por eso en el
+momento en que vio tu casa pensó en huir lo más pronto. Por el tono
+general de sus recuerdos ves cuán poca conciencia tenía de los combates
+que, durante años, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor
+intención, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la
+marcha de la acción, pero que son preciosos para demostrar cuánto se
+desarrolló ese deseo. No sabe por qué lo hace; todavía es sólo el
+sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta.
+
+--No creo en una falta--gritó Roberto en el colmo de la agitación.--Si
+ese deseo no es una simple ilusión, el resultado de un momento de
+sobreexcitación nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde
+mucho tiempo atrás en preparación en el fondo de ella misma, ¿cómo es
+posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta
+indignación contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quizá el
+mismo deseo?
+
+--Y para mí--replicó el médico,--no hay mejor argumento en apoyo de mi
+tesis que esa misma indignación. Era para descargar su propia conciencia
+del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las
+piedras que le caían bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su
+propia culpabilidad.
+
+--¿Y esa noble resolución de renunciamiento que había tomado pocos días
+antes?
+
+Por el rostro ajado del anciano pasó una sonrisa, la sonrisa del hombre
+que comprende y perdona. Repuso:
+
+--El antiguo proverbio de que el camino del infierno está empedrado de
+buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez más aquí,
+pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resolución que
+Olga tomó entonces fue una última tentativa, desgraciada desde luego,
+para conciliar el afecto que debía a Marta con el amor que tú
+despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad,
+ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer
+fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues
+el renunciamiento, la muda resignación, no eran su fuerte. Y luego, un
+destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su
+enérgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la más común
+y la más cobarde del mundo, una falta que he leído en un número infinito
+de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es,
+hijo mío, uno de los lados más obscuros de la naturaleza humana, un
+resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las
+naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no están exentas de
+él; es verdad que eso las mata, mientras que las almas más groseras se
+contentan con disimular y rechazar dentro de sí mismas, el secreto que,
+solicitado por la luz del día, tiende a escaparse de las recónditas
+profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un día fui a
+visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba
+mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un
+hombre de cuarenta años, más o menos, que desde hacía ya mucho tiempo
+desempeñaba en propiedades extrañas las funciones de administrador, y
+cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aquél era
+un honrado y buen hijo, que no había hecho daño a una mosca, que amaba
+cordialmente a su padre y que se habría ruborizado de desear el menor
+mal a su enemigo más mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y
+sombría que se pintó en sus facciones cuando incliné mi oído sobre el
+pecho del anciano, leí claramente este deseo: «¡Oh, si se muriera!» Otra
+vez, me llamaron de la casa de una señora que, casada en segundas
+nupcias, era feliz. En su dicha no había más que una sombra: su marido
+no podía sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su
+frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba
+apasionadamente a su marido y temía que le tomara aversión a ella misma
+a causa del niño, se lo ocultaba lo más que podía. El niño se enfermó
+con escarlatina. Encontré a la madre de rodillas junto a la cama y
+derramando amargas lágrimas. Temblaba por esa frágil existencia: ¿acaso
+no había nacido de su seno? Pero su marido entró, y en la mirada
+inquieta, vacilante que ella dirigió a la cuna, se leía distintamente:
+«Si tú murieras sería la felicidad para mí.» Podría citarte ejemplos
+infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia,
+la pasión de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y
+desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente,
+sombrío y gigantesco, en un corazón humano que hasta entonces no había
+conocido más que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes
+estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se
+saciaban sin conocer obstáculos, la acción ayudaba al pensamiento.
+Cuando un miembro de una familia hacía sombra a otro, el veneno y el
+puñal imperaban sencillamente. La historia, la literatura están llenas
+de asesinatos de ese género, y Shakespeare, ese gran conocedor de las
+almas, no presenta, por decirlo así, otro tema trágico que el asesinato
+entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la
+existencia penetra en el círculo de la familia, se contenta uno, en las
+horas sombrías, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra
+sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado
+por las nuevas costumbres. Ahí tienes, chico; te he pronunciado un largo
+discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi
+objeto.
+
+--¿Entonces, la condenas sencillamente?--dijo Roberto, con angustia.
+
+--No condeno a nadie, hijo mío--respondió el anciano con una sonrisa
+grave,--y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la
+de Olga. Ella encontró el valor de confesar, a sí misma y a aquel a
+quien más amaba, el crimen que cometió: eso basta para elevarla por
+sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es
+el pecado mental más horroroso de que el espíritu humano pueda hacerse
+culpable, es también el más secreto. No hay amigo que lo confíe a su
+amigo, ni un marido que lo murmure a su compañera en el silencio y la
+obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su
+confesor; la oración misma, que nace en el más profundo arrepentimiento
+y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene
+derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las
+tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la vergüenza y el
+silencio. ¡Hay aún más! Ese deseo es la única falta que escapa
+generalmente a la justicia del mundo exterior, así como a la sanción de
+la conciencia en el fondo del corazón, porque éstas no tienen para ella
+ni expiación, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo
+hombre lleva en sí mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres
+que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de
+seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de
+espíritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a
+olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el
+cuerpo reabsorbe la materia mórbida tan pronto como la causa del mal ha
+desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el montón de las virtudes
+sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir
+que condeno a esos hombres; ¿qué sería del mundo si todos los que, al
+mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por
+desesperación a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado están
+bien constituidos y pertenecen al término medio de la humanidad; su
+naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y ¡vaya si se
+inquietan de tener aquí y allí alguna mancha que los desluce! Olga
+estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no
+necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no produciría más
+que una simple picazón, a ella le hacía el efecto de un latigazo. Esas
+naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia
+la hipocondría y la histeria, y su vida efectiva está dominada por
+imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los demás el
+carácter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes
+rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con más
+precisión que el del común de los mortales, y si se les pusiera bajo
+vidrio como a las delicadas balanzas de los químicos, se les vería
+ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad,
+tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace
+replegarse en sí mismos al menor contacto extraño, y tanto mejor para
+ellos, pues así están al abrigo de los choques violentos del mundo que
+los rodea y que no serían capaces de soportar, pero ¡ay de aquellos a
+quienes una voluntad indomable, un carácter violento y apasionado,
+arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede
+suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual
+otros apenas habrían hecho caso, se convierta para ellos en una flecha
+envenenada que les roerá el cuerpo y el alma hasta que sucumba... ¡Vaya,
+basta de charla! He aquí dos o tres hojas más. ¡Escucha! Vamos a saber
+cómo se muere de un deseo.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+¿Qué sucedió después? Mi memoria no ha conservado de ello sino un
+recuerdo confuso.
+
+Me acuerdo que de repente lancé un grito que hizo estremecer a la misma
+Marta, que me arrojé junto a su cama y que, apoderándome de sus manos
+ardientes, grité en un aliento: ¡Sálvame, sálvame, despiértate!
+
+Y después me encontré en mi cuarto, adonde Roberto me había llevado.
+¿Cómo describir mi espanto cuando reconocí en el espejo mi cara
+descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que
+solté, el horror que me causó mi propia risa, mientras que,
+desfalleciente, oía resonar en mis oídos el deseo, repetido por todas
+partes por mil voces celosas que se reían burlonamente y cuchicheaban:
+
+«¡Oh, si ella muriera!»
+
+¿Cómo describir aquello, sin desencadenar contra mí todos los fantasmas
+de esa noche mortal?
+
+Veo todavía claramente al médico que inclinaba sobre mí su rostro amigo,
+lo veo darme algo de beber, algo amargo, y después... nada más.
+
+Los primeros resplandores del alba aparecían pálidos por las ventanas
+cuando me desperté. Me dolía la cabeza y cuando dirigí en torno mío una
+mirada vaga, creí ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las
+palabras:
+
+«¡Oh, si ella muriera!»
+
+Sentí un calofrío y me vino este pensamiento: «Si Marta se muere ahora,
+será tu deseo lo que la habrá muerto.»
+
+Me levanté vivamente y me acerqué al espejo.
+
+«He ahí, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su
+hermana»--dije al ver reflejado mi lívido semblante.
+
+Y, sintiendo bruscamente asco de mí misma, di un golpe al vidrio con el
+puño; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompió.
+
+¡Insensata de mí! No sabía que en lo sucesivo el mundo entero no sería
+para mí sino el espejo de mi crimen.
+
+¡Pero quizá no muera! Ese pensamiento, que se despertó de pronto en mi
+cerebro, esparció en él una oleada de luz tal, que cerré los ojos como
+cegada.
+
+Y luego oí de nuevo gritar en mí: «¡Marta morirá y será tu deseo lo que
+la habrá muerto!» Apreté los dientes y apoyándome en la pared me
+arrastré hasta el cuarto de la enferma.
+
+Llegué a la puerta y al no oír el menor ruido en el interior, me dije:
+«Ya no encontrarás sino un cadáver.»
+
+No, todavía vivía, pero la muerte había puesto ya en ese rostro la marca
+de sus garras.
+
+El cartílago de la nariz se destacaba más, los labios, entreabiertos,
+dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparecían en el
+fondo de sus azuladas cavidades.
+
+A sus pies estaban Roberto y el anciano médico. Roberto se ocultaba el
+rostro entre las manos; los sollozos sacudían su cuerpo. El anciano fijó
+en mí su mirada penetrante; por un instante creí otra vez que leía hasta
+el fondo de mi alma y que mi falta se exhibía abiertamente ante él.
+Pero, cuando al verme tambalear, acudió para sostenerme en sus brazos,
+vi que era sólo la mirada del médico la que había fijado en mí.
+
+--¿Cuánto tiempo vivirá todavía?--pregunté, cerrando los ojos.
+
+--¡Está en agonía!
+
+En ese momento sentí que algo se helaba en mí y tomaba la rigidez de una
+piedra; en ese momento, la esperanza murió en mí, y con ella la fe en mí
+misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma reinó en
+todo mi ser. La muerte, que se cernía sobre la cama, había tocado
+también mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi
+desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia.
+En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una
+muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver
+acercarse a mí la felicidad que, sin embargo, había perdido para
+siempre.
+
+Roberto se adelantó y me besó; le dejé hacer tranquilamente, estaba
+insensible.
+
+Luego me senté muy cerca de la cama de mi hermana y la miré, esperando
+la muerte.
+
+Seguía con atención todos los síntomas de aquella lenta agonía. Me
+parecía que mi conciencia estaba fuera de mí y que me veía a mí misma
+sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de
+la moribunda.
+
+No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la
+acción de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de
+mis pensamientos. Veía claramente que mi deseo no podía en realidad
+darle la muerte, y sin embargo, para mí, para mi conciencia, era sólo mi
+deseo lo que la había muerto.
+
+Así, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi víctima, esperando su
+muerte, que era también la mía.
+
+Aquello duró mucho. Pasaron las horas del día; Marta vivía todavía. Su
+pulso no latía ya desde hacía rato, su corazón parecía paralizado, pero
+su respiración continuaba siempre ligera y rápida. Mientras yo dormía,
+bajo el efecto de la morfina, le había hecho, como último recurso de
+salvación, una inyección de almizcle para reanimar una vez más sus
+fuerzas: aquello era lo que la sostenía en ese momento. Pero el olor de
+almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitación
+como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me
+aplastaba las sienes. A cada aspiración me parecía absorber unos
+cuerpos pesados que me hinchaban.
+
+Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todavía la víspera
+no había demostrado a la tía más que orgullo y desprecio, le besé
+humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiación que me
+había impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no debía concluir
+sino con mi vida.
+
+Llegó la noche: Marta seguía respirando. Con la boca muy abierta, los
+ojos empañados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba
+fijamente. Su cuerpo parecía achicarse cada vez más, yacía todo
+encogida: casi parecía que no se atrevía a ocupar en la muerte el lugar,
+muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida.
+
+La tía llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los demás también
+lloraban; yo sola no tenía lágrimas.
+
+Cuando a eso de las once, Marta exhaló el último suspiro, me acometió un
+acceso de locura furiosa.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+En este instante llego de casa de Roberto.
+
+Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en
+sus ojos una tímida ternura, medio velada, que mi corazón ha bebido con
+avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la
+alegría se despiertan en mi corazón, y, cuando cierro los ojos, veo
+bailar en torno mío dorados rayos de sol.
+
+Pero ¡basta de pensamientos de felicidad, basta de cobardía! Si llega a
+amarme, ¡tanto peor para él! No me he prestado a ello; ¡no por cierto!
+Sería tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso.
+Desde mi curación, durante más de un año, he dirigido su casa con
+lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle
+indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi señora tía ha
+tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su
+hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado
+buena ama de casa, para no saber que, sin mí, el hogar de su hijo se
+habría arruinado durante esos días de duelo, en que Roberto, absorbido
+por su inmenso dolor, permanecía inerte, indiferente a todo, aun al
+niño. Sin mí el pobre pequeñuelo estaría desde hace tiempo bajo tierra.
+No enumeraré todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha
+producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempeñar el papel de
+farisea.
+
+Tampoco hablaré de expiación; esta es una palabra demasiado pomposa,
+detrás de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable
+mentira, una vana ilusión. ¿Cómo borrar la mancha que me ha mancillado?
+Se expía una falta trágica, se expía hasta un gran crimen; pero una
+infamia como la que yo he cometido, es un borrón del cual el alma no
+puede lavarse.
+
+¡Si por lo menos pudiera ignorar qué secreto vela en el fondo de mi
+corazón!
+
+¿Por qué quería en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si
+no era para poder pertenecerle un día? Como si el eterno destino no
+hubiera alzado él mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo
+de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros.
+
+Y, si alguna vez un demonio le soplara en el oído el consejo de extender
+la mano hacia mí, ¿podría hacer de otro modo que rechazarlo como a un
+loco temerario? Pero eso no sucederá: he sabido tenerlo a distancia. Que
+crea que lo desdeño, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y
+de mi egoísmo: sabré guardar el secreto de mi corazón.
+
+¡Si tan sólo no existiera!
+
+Más de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se
+pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de mí con una violencia
+tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la
+embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre
+en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus
+brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches
+las lágrimas se han secado en mí. Me ha sido imposible llorar desde ese
+día en que encontré a Marta tendida en su lecho de dolor.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Quince días después.
+
+Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora sé que hay
+una expiación. ¡Ah, si estas torturas no purificaran!
+
+Jesús; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero habéis sido
+hombre, habéis sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura,
+vuelve en ti, mujer, cálmate. ¿Acaso no hay un descanso eterno en el
+cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para
+sobrellevar los dolores de esta existencia? ¿Quién te lo impide?
+
+Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que
+Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de
+vergüenza, del cual ningún poder del Cielo ni de la tierra podría
+arrancarme.
+
+Estoy muerta; muertos también deben estar mis deseos y mis esperanzas; y
+a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en él, sabré
+calmarla por fuerza, si no...
+
+¡Oh, qué actitud tenía delante de mí! Las palabras salían lentas y
+tímidamente de sus labios; sus miradas plañideras, que parecían implorar
+socorro, buscaban las mías y sin embargo apenas osaban desprenderse del
+suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su
+barba y golpeaba con el pie cuando no podía encontrar la palabra justa.
+¡Oh, pobre niño grande, amado mío! ¿No viste que todo mi ser me
+precipitaba a tus brazos y ardía por permanecer en ellos eternamente?
+¿No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de
+quedarse suspendidos de ellos hasta mi último suspiro?
+
+¿No viste nada de eso?
+
+Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener
+conciencia de ello. Mi corazón las ignora completamente; te lo juro. Te
+amo y te amaré hasta mi último pensamiento, y el último aliento que se
+escapará de mis labios será tu nombre.
+
+Y ¿cómo has podido creer en el pretexto que te di? ¡Dejarte a una mujer
+rica! ¡A ti para quién querría mendigar por los caminos, por quién
+querría gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo
+necesitaras!
+
+¿Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a
+la mano de Marta? ¡Cómo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de
+aceptar mi miserable excusa!
+
+Y cuando me diste la mano al decirme adiós, ¿por qué me dirigiste una
+mirada tan triste, tan humilde? ¿No sabías que esa mirada me torturaría
+sin cesar, noche y día, como el reproche de una grave falta que he
+cometido para contigo?
+
+No, amigo mío, eres el único ser en el mundo que nada tenga que
+reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy más que nunca,
+¡aunque jamás hayas sido más indignamente engañado que hoy!
+
+¡Si tan sólo pudiera decirte cuánto te amo! ¡Con qué placer moriría en
+el acto! ¡Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza
+en tu hombro y llorar lágrimas de sangre!
+
+No me vuelvas a mirar así, mi querido niño grande, como para hacer creer
+que te he desdeñado con razón, que te he encontrado demasiado simple y
+demasiado indigno de mí, pues, ¡mira, no sé lo que haría!
+
+¡Que Dios te preserve de mí y de mi amor!
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Ocho días después.
+
+¡Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he
+embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro.
+
+Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida podía
+todavía ofrecer de felicidad a una pecadora como yo.
+
+¿Y ahora?
+
+Desde hace horas, me encuentro frente a esta última y grave cuestión:
+¡huir o morir!
+
+Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas
+alternativas, pues Roberto vendrá mañana para llevarme a la tumba de
+Marta.
+
+Antes que seguirlo allí, prefiero morir. Aun admito que lleve la
+hipocresía hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle
+todo; admito que el horror que me inspiraría a mí misma, no me ahogue,
+que encuentre el miserable valor de casarme con él; ¿qué existencia
+llevaría a su lado?
+
+¿Para qué aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde
+mucho tiempo atrás? Pasaría por esta tierra semejante a una pobre
+criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el
+temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de
+gritar mi falta al mundo entero. ¡Cómo podría dormir en ese lecho que he
+deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! ¡Cómo vivir
+entre esas paredes en que todavía están inscritas en letras de fuego
+esas palabras: «Oh, si ella muere!»
+
+Voy a razonar fríamente conmigo misma, como conviene a una persona que
+hace el balance de su vida.
+
+¿Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo sé.
+
+¿Huir? ¿Qué haría en medio de extraños? Los conozco; conozco a los
+hombres y los desprecio. Ellos me han hecho daño, seguirán haciéndome
+sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa
+ya más que en él.
+
+Pues bien, ¿morir? Los frascos de morfina están ahí, en salvo en el
+fondo de mi gaveta; un presentimiento me decía que algún día los
+necesitaría, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las
+órdenes de mi anciano tío el doctor. Las pocas horas de sueño que he
+perdido me serán devueltas así al céntuplo.
+
+Escribiré todavía una carta a mi tío; él será mi heredero y mi
+confidente. Quizá podrá disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo
+sospeche.
+
+A él, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario
+que sea así.
+
+* * *
+
+He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buzón. El
+sereno anunciaba la media noche. ¡Qué desierto y obscuro está el mundo!
+El viento pasa estremeciéndose por los tilos; aquí y allí brilla
+tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores.
+
+Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gruñidos y quiere
+atacarme. En torno mío las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma
+el remordimiento y una pasión que jamás se saciará, he ahí lo que me
+reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida.
+
+Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no
+siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, después de haber
+llorado a mi gusto. Las lágrimas que no podían darse libre curso, me
+ponían en el pecho un peso aplastador.--Y dicen que llorar da sueño.
+¡Buenas noches!
+
+
+FIN
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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+The Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El deseo
+
+Author: Hermann Sudermann
+
+Release Date: July 18, 2008 [EBook #26078]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+BIBLIOTECA DE LA NACION
+
+H. SUDERMANN
+
+EL DESEO
+
+BUENOS AIRES
+
+1909
+
+Imp. y estereotipia de LA NACIN.--Buenos Aires.
+
+
+Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua
+cristalina, ser, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores
+de la Biblioteca de LA NACIN.
+
+Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es
+hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que
+desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades
+morales.
+
+En _El Deseo_, una de las mejores obras del novelista germano, la trama
+gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia,
+dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente
+dotada por la Naturaleza, mental y fsicamente, pero a quien profundos
+desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de
+pasin, de cario, de iracundias y de bondades, predominando siempre una
+sensibilidad casi enfermiza, casi mstica, para los impulsos y actos
+nobles.
+
+Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente,
+brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad.
+
+
+
+
+EL DESEO
+
+
+
+
+I
+
+
+Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano mdico.
+
+Estaba l todava en el lecho, y embargado por el sentimiento de
+bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando
+se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por da en un
+cabriol de mdico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y
+los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las sbanas alguna
+vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro ms
+joven.
+
+Alarg y estir sus miembros cascados y volvi a hundir en las almohadas
+su rostro gastado y amarillento, salpicado de speros vellos blancos,
+cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa
+ama imperiosa que, durante tantos aos, fuera indispensable o no, lo
+haba sacado de su cama antes del amanecer, no le permiti descansar ni
+aun entonces.
+
+Suspir, bostez, se avergonz de su pereza y tom la campanilla puesta
+a su cabecera, en la mesa de noche.
+
+Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como l, apareci
+en el umbral.
+
+--Qu hora es, seora Liebetreu?--le grit.
+
+Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la
+cama del doctor, y cuyo despertador estridente haba interrumpido ms de
+una vez de un modo desagradable sus sueos de la maana, no se le haba
+dado cuerda desde el da en que el joven mdico adjunto haba llegado a
+Gromowo, para que yo sepa bien--se complaca en decir el doctor--que en
+lo sucesivo mi vida est en reposo.
+
+--Las ocho menos cuarto, seor doctor--respondi la anciana, ocupndose
+en arreglar la tapa de la estufa.
+
+--Vaya! vaya!--exclam l, enderezndose.--Qu perezoso me he vuelto!
+Y... han llegado cartas?
+
+--S, varias por correo y una que trajo personalmente el joven seor
+Hellinger hace dos horas.
+
+--Pero, si hace dos horas, era todava de noche!
+
+--S; me dijo que tena que ir hasta la granja y que no poda esperar
+ms. Ya anoche, cuando el seor doctor estaba en _El guila Negra_,
+vino y se qued esperando casi dos horas.
+
+--Y por qu no me mand usted llamar?--grit el doctor con el tono
+grun de un anciano bonachn pero bilioso.
+
+--Acaso no nos lo prohibi l?--replic la ama de llaves, exactamente
+en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de
+su parte: era ms bien el eco del carcter del anciano.--Estuvo sentado
+en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sent) iba
+de un lado a otro como una fiera, se rea, hablaba solo; yo desconoca a
+nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llev cerveza, seis
+botellas; se las bebi todas, y tuve que beber con l... En fin, tena
+algo de trastornado.
+
+--Eh! eh!--murmur el anciano rindose por lo bajo.--Me parece que
+all hay algo de Olga. Al fin, ella se habr... Y son para hoy esas
+cartas?--exclam de repente, como si estuviera lleno de furor, aun
+cuando su rostro permaneca sonriente.
+
+Y cuando la ama de llaves, refunfuando, hubo satisfecho su deseo, sin
+vacilar tom de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no
+concedi siquiera una mirada a las dems.
+
+Una alegre emocin haca temblar sus manos, mientras desdoblaba el
+papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, ley:
+
+* * *
+
+Querido viejo to:
+
+Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si
+pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los
+tuyos, todo lo que siento en el corazn... Todava no lo creo, la cabeza
+me da vueltas cuando pienso en ello. To querido, en los peores das de
+prueba me ayudaste y protegiste. T solo tendiste los brazos a Marta
+cuando todos--y hasta mis mismos padres--le volvan la espalda, llenos
+de frialdad y de desconfianza. No pudiste conservrmela, to querido!
+Dios la llam a s, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi razn
+amenazaba extraviarse, t me tomaste la cabeza entre tus brazos y me
+hablaste como habra podido hacerlo un sacerdote.
+
+Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida,
+que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones
+materiales y mi pasin por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre
+cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres aos que
+dur nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la
+vida parece querer darme ahora todo lo que todava puede tener para m
+de alegra y de tranquilidad.
+
+T sabes, to, cmo, en medio de mi dolor, me dej llevar por un afecto
+sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga.
+Todo te lo confes, busqu consuelo cerca de ti cuando me atormentaba,
+cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto an llevaba.
+Y me dijiste entonces:
+
+--Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegira
+a otra que a esa hermana, que era, despus de ti, lo que ella ms
+quera en el mundo?
+
+Me qued espantado hasta el fondo del alma, pues jams me habra
+atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero t no cesaste de exhortarme,
+tanto, que por fin, hace ocho das, armndome de todo mi valor, le ped
+que compartiera mi suerte. Ella se neg, t lo sabes.
+
+Se puso plida como una muerta; en seguida me tendi la mano y me dijo,
+resistindose:
+
+--Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer.
+
+Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me deca: esto no es ms que lo
+que mereces, presuntuoso!
+
+Y he aqu que hoy, querido to... no puedo escribirlo... Mi mano se
+detiene. Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma!
+Maana, to, maana te lo contar todo!
+
+Por la maana tengo que ir a la granja. Volver como a las doce, e
+inmediatamente har la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada
+sospecha todava: he aqu sus proyectos trastornados una vez ms, por lo
+cual Olga tendr mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por
+despedirla de la casa. Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes!
+
+Son las tres de la maana: basta por hoy.
+
+Tu muy agradecido y muy feliz, _Roberto Hellinger_.
+
+* * *
+
+El viejo mdico enjug una lgrima que rodaba por su mejilla. El buen
+muchacho!--murmur.--Cmo remolinean los sentimientos en su cerebro
+acalorado, y qu franqueza en todo esto, qu rectitud en la menor
+palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble nia: es
+el nico a quien yo te dara con placer. Y ahora voy a ver si t tambin
+tienes confianza en el viejo to. Voy a cerciorarme de ello
+inmediatamente.
+
+Y rindose y gruendo escondi la cabeza entre las almohadas. Luego, de
+repente, grit con voz que reson en toda la casa como un trueno:
+
+--Mil millones!... Dnde est mi pantaln?
+
+Se lo llevaron, y cinco minutos despus, el anciano se hallaba ya listo,
+delante de su espejo; slo le faltaba su peluca de un gris amarillento.
+
+--Mi sombrero... mi abrigo... mi bastn...--grit en el corredor.
+
+--Pero el caf, Dios mo, el caf!--grit la vieja desde la cocina, ms
+fuerte an, si esto era posible.
+
+--Bueno, pero pronto entonces!--replic l, siempre en el mismo
+tono.--Es preciso que est aqu antes de que yo haya concluido de leer
+mis cartas.
+
+Y, refunfuando de impaciencia, tom el montn de cartas que se haba
+quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que l le hiciera caso.
+Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,--un
+pobre ciego con un hijo recin nacido!--y de repente se estremeci,
+mientras una sonrisa apareca de nuevo en su rostro.
+
+--Diantre! No me esperaba esto--murmur con satisfaccin.--Ella tampoco
+ha podido dormirse sin hacer al viejo to el confidente de su dicha. Eso
+est bien, hijos mos; os lo tendremos en cuenta.
+
+Y con la misma alegre prisa con que haba abierto la carta de Roberto
+Hellinger, rompi el nuevo sobre.
+
+Pero apenas haba comenzado a leer, cuando con un grito ahogado
+retrocedi dos pasos, tambalendose, como un hombre que recibe un golpe
+por sorpresa. Su rostro gris se volvi de una palidez gredosa, sus ojos
+salieron de sus rbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como
+garras el papel que temblaba.
+
+Cuando la ama de llaves entr con el caf, encontr a su amo sentado
+como una mole inerte en un ngulo del sof, con la frente cubierta de
+gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el
+papel que sus manos estrujaban todava con un apretn casi convulsivo.
+
+--Dios mo! Dios mo! Seor doctor!--exclam la anciana dejando caer
+con estrpito la bandeja sobre la mesa.
+
+Estas exclamaciones le hicieron volver en s. Se hizo dar agua, de la
+cual bebi vidamente dos grandes tragos, se humedeci la frente y las
+sienes con el resto, e hizo seas a la ama de llaves para que se
+alejara.
+
+Y entonces, despus de haber echado el cerrojo a la puerta, recogi la
+carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa:
+
+* * *
+
+Mi querido amigo, mi segundo padre:
+
+Cuando lea usted estas lneas, habr cesado de vivir. He reunido y
+conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio,
+cuando despus de la muerte de Marta, perd el sueo; habr lo
+suficiente, as lo espero, para asegurarme el descanso.
+
+Usted que me protegi como un segundo padre, ser el nico en saber por
+qu he tomado esta extrema resolucin. En las largas noches de invierno,
+cuando la tempestad sacuda mi ventana y yo no poda dormir, he escrito
+en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo
+que no me dejar un instante de reposo hasta que me haya dormido para
+siempre. En mi estante de libros encontrar usted, escondido detrs de
+los volmenes de Heine, un cuaderno azul. Gurdeselo usted, sin que los
+dems lo noten; y cuando lo haya usted ledo todo, vaya usted a mi tumba
+y rece un Padre Nuestro.
+
+Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido.
+Ella es quien me arrastra detrs de s.
+
+Usted lo comprender todo cuando haya ledo mi historia: quiz hasta
+sabe usted de mi secreto ms de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el
+delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. Por qu si
+no, habra usted alejado de mi lecho a todos mis parientes?
+
+Se horroriz usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? Me
+compadece usted? Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me
+desprecia; si as fuera, me habra usted podido demostrar tanto afecto?
+Por otra parte, lea usted mi cuaderno, all est todo.
+
+Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quera enviarlo,
+despus de muchos aos, cuando a nuestra vez hubiramos sido viejos, al
+hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qu lo haba
+rechazado.
+
+Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dej
+caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no haba manera de
+escaprmele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte.
+
+Y todava tengo que dirigir a usted una splica. Es la splica de una
+moribunda y, si est en poder de usted, acceder usted a ella.
+
+Oculte usted al mundo entero--y ante todo a aquel a quien amo--que me
+he dado la muerte. Ojal crea que lo que me ha matado es la alegra!
+Destruir todo lo que pudiera revelar un suicidio: los nicos signos
+aparentes sern los de una muerte de aneurisma o de congestin.
+
+Se lo suplico a usted desde el fondo del corazn; otrgueme usted
+todava esta satisfaccin suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo.
+Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.--_Olga
+Bremer._
+
+* * *
+
+El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se
+bamboleaba, apretaba los puos y se golpeaba la frente; en seguida
+volvi a caer sobre una silla.
+
+--Es una locura, una completa locura--gimi enjugndose las gotas de
+sudor que cubran su frente.--Hija ma, qu es lo que ha pasado por ti?
+Qu te ha obscurecido as la razn? Mi pobre, pobre y querida nia!
+
+Luego se levant de un salto y busc con sus manos temblorosas su
+sombrero y su abrigo.
+
+Socorrer! socorrer! arrancar su vctima a la muerte! He ah el
+pensamiento que, por el momento, le llenaba el espritu. Un instante
+tuvo la idea de que quiz la joven no haba puesto seriamente su
+proyecto en ejecucin; pero la desech inmediatamente. Haba aprendido a
+conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de
+una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad.
+
+Pero quiz la dosis que haba tomado era demasiado dbil, quiz el
+tiempo--haca ms de un ao que Marta haba muerto de parto, y en esa
+poca era cuando l haba dado a Olga la pocin calmante--quiz el
+tiempo haba atenuado la fuerza del veneno. S, s, as era; era preciso
+que as fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse
+inofensiva.
+
+Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba
+vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qu. Luego tom de nuevo
+la carta.
+
+--Y qu es lo que me pides? Hija, hija ma, te figuras que sea cosa
+tan fcil violar un juramento, renunciar, como se arrojara un cascarn
+vaco, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio
+siglo? Nia, no sospechas lo que pides a un hombre de honor.
+
+En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvi a leer una vez
+ms este pasaje: Es la splica de una moribunda... se lo suplico a
+usted desde el fondo del corazn; otrgueme usted todava esta
+satisfaccin suprema.
+
+Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas lgrimas.
+
+--Es imposible, hija ma, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y
+aun cuando lo quisiera, me traicionara yo mismo. No soy ya ms que una
+pobre y vieja ruina, y no soy dueo de mis nervios. Lo notaran a la
+primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu
+to... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es
+necesario ante todo salvarte. Da de Dios! Viejo, s hombre todava por
+lo menos una vez en tu vida. Es preciso que la salves, es preciso, es
+preciso, es preciso!
+
+Y tan ligero como sus piernas cascadas podan llevarlo, se
+precipit--empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la
+puerta--y ech a andar por la escarcha helada y punzante de la maana de
+invierno.
+
+
+
+
+II
+
+
+La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno,
+presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad ms perfectas.
+Del tubo del aparato de cobre para hacer caf, cuyo vientre, bruido y
+lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor
+azulado que volva a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empaaba el
+azucarero de plata y coronaba con un roco las tazas de caf.
+
+El seor Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la
+nieve; sus facciones regulares y todava jvenes, sus mejillas
+sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. Cmodamente
+extendido en su silln azul floreado, con la bata recogida sobre las
+rodillas, pareca esperar con una resignacin apacible lo que el
+destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese da.
+
+Esta acababa de echar un poco de caf en el filtro, y se limpiaba
+minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada,
+adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba,
+cuyas cintas estaban slidamente atadas bajo su carnosa barba, se
+inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y spero rostro de
+viejo dragn, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las
+mujeres de edad que beben de buen grado un trago de coac en la copa de
+sus maridos, brillaba lleno de energa y de decisin en su marco de
+encajes. Se vea en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a
+doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su
+ancha boca, demostraba hasta qu punto acostumbraba a perseguir, sin
+dejarse detener, la realizacin de sus planes.
+
+Y, para no permanecer inactiva hasta que el caf hubiera pasado, tom el
+tejido de gruesa lana que en su condicin de Presidenta de la
+Asociacin de las mujeres y de Directora de la comisin de los
+pobres, no se permita jams abandonar, y con una rapidez inaudita hizo
+deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al
+trabajo.
+
+--Adalberto, no tienes noticias de Roberto?--pregunt con voz ruda y
+metlica, que deba penetrar hasta en los menores rincones de la casa.
+
+La pregunta pareci desagradar al anciano, quien movi la cabeza como si
+hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal.
+
+--Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo--continu ella, y su amarga
+sonrisa se acentu an ms.--Hace ocho das que no se ha dejado ver ni
+ha dado seales de vida. Si habitara en la luna, no vendra con ms
+rareza!
+
+El seor Hellinger refunfu algo en su barba y se prepar a tomar su
+larga pipa.
+
+--Parece que todava hay algo que no va bien,--continu ella.--En estos
+ltimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en
+mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener
+encima algn pago que no puede hacer.
+
+--Pobre muchacho!--dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin
+duda para desechar ese pensamiento desagradable.
+
+--S, pobre muchacho!--repuso ella en tono burln.--Todava lo
+compadeces, quiz? Eres capaz de haberle dado otra vez algo a
+hurtadillas?
+
+l, en seal de protesta, levant sus manos blancas y bien cuidadas,
+pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente.
+
+--Adalberto--dijo ella en tono amenazador,--no quiero que eso vuelva a
+suceder. Lo que le das a l nos lo quitas a nosotros y nuestros dems
+hijos. Si todava fuera digno de ello! Pero quien no quiere escuchar
+debe padecer. Si por arrogancia y por obstinacin corre a su prdida...
+
+--Permite, Enriqueta...--insinu el seor Hellinger tmidamente.
+
+--Yo nada permito, querido Adalberto--replic ella.--Quien no quiere
+escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere
+seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta
+slo por l, que pasa las noches cavilando y atormentndose...
+
+Y se frot los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de
+lgrimas.
+
+--Pero Enriqueta!--volvi a decir l.
+
+--Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras;
+te permito quedarte en _El guila Negra_ todo el tiempo que quieres; te
+dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes
+soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a
+propsito, bien podras evitar el volcar tres sillas como lo hiciste
+ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideracin por tu
+vieja y fiel esposa; pero qu era lo que quera decir? S, en cuanto a
+mis planes, me hars el servicio de no mezclarte en ellos, por que no
+los comprendes. Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por
+ese bribn de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas,
+escribir cartas, y sabe Dios cuntas otras cosas. Lo present a cinco o
+seis jvenes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo
+que no tena ms que extender la mano. Pero qu hizo? Supongo que
+todava te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro aos, nos
+trajo a Marta, a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques
+vienen de all.
+
+--Pero, Enriqueta!
+
+--Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu antfona:
+Marta era mi carne y mi sangre; ya lo sabemos. Pero, si quera
+mostrrseme como una sobrina afectuosa y agradecida, por qu no le
+trajo la dote necesaria? Porque nada tena, naturalmente, nada! Mi
+hermano muri indigente como una rata de iglesia. Es esto decente en un
+miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se
+le antojara, poco me importa; slo que no tena necesidad de echarnos a
+su hija en los brazos.
+
+--Pero... ya est muerta--observ el seor Hellinger.
+
+--S, ya est muerta--replic su esposa juntando las manos.--Yo no dir:
+alabado sea Dios, porque eso sera pecado; pero ya que el buen Dios lo
+ha decidido as, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la
+locura de Roberto. Mientras estabas en _El guila Negra_, bebiendo tu
+vino tinto, me puse nuevamente en campaa, trabaj, tom nuevas
+informaciones; ya no tiene ms que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann,
+con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de
+su padre; tiene a la chica Versen, todava muy joven, es cierto, pues
+acaba de ser confirmada, pero esa tendr an ms. Y todava me quedan
+otras tres o cuatro. Pero qu crees que contesta a mis proposiciones?
+Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguirs no volver a
+verme. Hase visto jams? No faltara ms que una cosa: que, despus de
+Marta, tomara todava a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa
+madre no le quedara ms que morir. A propsito, dnde se ha metido
+hoy la seorita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todava.
+Puede ser que en la casa de mi seor hermano, que tena costumbres
+polacas, cultivaran el hbito de quedarse en la cama hasta las
+doce--pero en una casa bien manejada como la ma, no habra que pensar
+en eso, Adalberto! Yo sabr poner orden.
+
+--No comprendo, mi querida Enriqueta, por qu me diriges los reproches
+que son para tu sobrina.
+
+--Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu proteccin, Adalberto!
+Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me
+desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco
+voy a poner fin a todo esto. Hace un ao entero que la tengo a mi lado,
+y ya comienza a ser perfectamente intil.
+
+--Pero acaso no trabaja de la maana a la noche en cuidar la casa de
+Roberto? Se pasa un solo da sin que vaya a la granja? No seas tan
+injusta con ella, Enriqueta!
+
+Ella le lanz una mirada de compasin:
+
+--Si no fueras tan nio, como lo has sido siempre, Adalberto, se podra
+conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso
+ves? Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a
+pavonearse todos los das en la granja y darse tonos de ama delante de
+l y de los sirvientes? Oh! Es muy lista, mi sobrina Olga! Ya habr
+hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a
+ella--slo a ella--le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es
+eso qu tendra que ir a hacer todos los das a la granja?
+
+--Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta.
+
+--Naturalmente! Naturalmente! Cuntas cosas te hacen creer con
+cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qu lo hace y por qu ama a ese
+pobre nio hasta comrselo a caricias: conoce el camino que lleva al
+corazn del padre!
+
+--Pero tal vez no lo quiere--insinu el viejo Hellinger.
+
+Ella solt la risa.
+
+--Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las
+puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no
+pongo fin a todos estos manejos mostrndole la puerta, podra muy bien
+suceder que un da Roberto la tomara por la mano y nos dijera: Ahora,
+pap y mam, tengan ustedes la bondad de darnos su bendicin. Pero,
+antes que ver una cosa semejante, Adalberto...
+
+En el mismo instante, un gran ruido de pasos reson en el vestbulo; y
+casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta.
+
+--Toma!--dijo la seora Hellinger.--He ah uno que hace tanto estruendo
+como un alguacil. Todava no estamos en ese estado, sin embargo!
+
+Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: Adelante!
+
+El viejo mdico penetr en la habitacin. Tena el sombrero echado hacia
+atrs, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como
+despus de una carrera desenfrenada. Se olvid de dar los buenos das y
+no hizo ms que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora.
+
+--En nombre del Cielo, doctor!--le grit el seor Hellinger
+precipitndose a su encuentro.--Nos embistes como un toro!
+
+La seora Hellinger, al contrario, asumi su aspecto spero y refunfu
+algo como: modales de fumadero.
+
+Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que,
+con la cara de todos los das, lo miraban con estupor, se dej caer en
+una silla con un suspiro de alivio. As, pues, la terrible cosa no se
+haba realizado! Pero, un instante despus, la ansiedad volvi a
+apoderarse de l.
+
+--Dnde est Olga?--tartamude alzando los ojos hacia la puerta, como
+si fuera a verla entrar en ese instante.
+
+--Olga?--dijo la seora Hellinger encogindose de hombros.--Qu s yo!
+Sin duda va a venir de un momento a otro; es por algo urgente?
+
+--Alabado sea Dios!--exclam el doctor juntando las manos.--De modo
+que ya ha bajado!
+
+--No, eso no--dijo la seora Hellinger.--La seora Duquesa se ha dignado
+dormir hoy un poco ms.
+
+--Dios del Cielo!--exclam de nuevo l.--Y nadie ha ido a verla!
+Nadie sabe nada de ella?
+
+--Doctor qu te pasa?--grit el viejo Hellinger que comenzaba a
+inquietarse.
+
+Sin duda, el doctor se acord en ese momento de la splica que terminaba
+la carta de despedida de Olga; comprendi que, de ese modo, su deseo de
+respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto,
+e hizo un ltimo y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto.
+
+--Qu me pasa?--balbuci con una sonrisa dolorosa.--Pues nada! Qu
+haba de tener? Mil millones!...
+
+Y, en seguida, abandonando todo fingimiento grit:
+
+--Dios mo! Dios mo! Has permitido la espantosa desgracia! La has
+dejado de tu mano!
+
+Y poco le falt para dejar correr sus lgrimas; pero, reuniendo toda la
+energa que quedaba en su cuerpo gastado, se enderez recto como una I:
+
+--Venid al cuarto de Olga--dijo,--y no os asustis, cualquiera que sea
+el estado en que la encontris.
+
+El viejo Hellinger palideci y su mujer se puso a gritar y sollozar: se
+aferraba al brazo del doctor y quera saber lo que haba sucedido, pero
+ste no deca una palabra ms.
+
+As subieron los tres la escalera que conduca al cuarto de Olga,
+mientras que en el vestbulo los sirvientes se reunan y los
+contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos.
+
+Delante de la puerta de la habitacin de Olga, la seora Hellinger tuvo
+un ataque de desesperacin.
+
+--Toque usted, doctor--dijo con un sollozo.--Yo no puedo.
+
+El anciano toc.
+
+Nadie contest.
+
+Toc una vez ms y puso el odo en el agujero de la cerradura.
+
+Siempre el mismo silencio.
+
+Entonces la seora Hellinger se puso a gritar:
+
+--Olga, querida hija ma, abre; somos nosotros, tu to, tu ta, y tu
+viejo to el doctor. Puedes abrir sin temor, querida ma.
+
+El doctor dio vuelta al botn; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por
+el agujero de la cerradura; estaba tapado.
+
+--Manda buscar al cerrajero, Adalberto!--dijo.
+
+--No!--grit la seora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su
+pena.--Yo no lo sufrir; no ha de suceder as: la vergenza sera
+demasiado grande; yo no podra sobrevivirle. Qu vergenza! qu
+vergenza!
+
+El doctor le lanz una mirada en que se lean el asco y el desprecio.
+Pero ella no le hizo caso.
+
+--T eres fuerte, Hellinger--dijo.--Apyate contra la puerta, quiz
+consigas romper la cerradura.
+
+El seor Hellinger era un coloso. Apoy uno de sus robustos hombros en
+la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir.
+
+--Despacio--le dijo su mujer.--Los sirvientes estn en el vestbulo.
+
+--Idos a hacer algo en la cocina, montn de perezosos!--grit en la
+escalera su voz regaona.
+
+Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empujn, y una de las
+tablas se parti por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtr
+en la semiobscuridad del corredor.
+
+--Djeme mirar por all--dijo el doctor, el cual, esperando lo peor,
+haba recuperado su serenidad y su sangre fra.
+
+Hellinger arranc algunas astillas de madera, de manera que, por la
+abertura, se pudiera ver todo el cuarto.
+
+Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La
+sobrecama arrojada a los pies formaba un montn blanco detrs del cual
+brillaba la lnea rubia de las trenzas de Olga; tambin se alcanzaba a
+ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la sbana. Los
+pies estaban descubiertos; parecan haberse estirado en convulsiones
+contra la madera de la cama y despus haber vuelto a caer sin fuerza.
+
+A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las
+enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y
+sobre la pequea alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas
+de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse.
+
+Sobre el mrmol de la mesa de noche, medio apoyado contra la lmpara,
+reposaba un libro, todava abierto, como si se le hubiera dejado all
+en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello pareca cernerse esa
+paz serena e indefinible que revela el alma pura de una nia. La que
+all moraba se haba dormido la vspera con una plegaria para
+despertarse en la maana con una sonrisa.
+
+Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apart de la
+abertura.
+
+--Pasa tu brazo por all, Adalberto--dijo,--y procura alcanzar la
+cerradura. Ella la ha cerrado por dentro.
+
+Pero la seora Hellinger, apretndose contra la puerta, suplic a
+grandes gritos a su querido tesoro que se despertara y abriera ella
+misma. Al fin, se consigui apartarla y abrir la puerta.
+
+Los tres se acercaron a la cama.
+
+El rostro blanco como un mrmol pareca mirarlos con sus ojos vidriosos,
+medio cerrados, en los labios una sonrisa exttica.
+
+La encantadora cabeza, de lneas firmes y nobles, se inclinaba un poco
+sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se
+desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de
+noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El botn de ncar, al cual se
+adhera un jirn de tela y que se haba quedado en el ojal, era lo nico
+que indicaba que, antes de dormirse, la joven haba debido ser presa de
+una violenta agitacin.
+
+--Duermes, tesoro mo, dime que duermes,--dijo la seora Hellinger
+sollozando.--Dime que no has hecho semejante afrenta a tu ta, a tu
+querida ta que te ha criado y cuidado como a su propia hija.
+
+Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoder de la mano lvida que colgaba
+y trat de levantarla.
+
+Su marido, ms sensible, se haba ocultado el rostro entre las manos y
+lloraba.
+
+El doctor no se dej llevar por la emocin. Haba sacado de su bolsillo
+su estuche, y, rechazando a la seora Hellinger con un ademn apenas
+corts, se inclin sobre el pecho que, con un movimiento brusco, haba
+descubierto por completo.
+
+Cuando se enderez su rostro estaba mortalmente plido.
+
+--Una ltima tentativa!--dijo.
+
+E hizo una rpida incisin horizontal en el brazo, en el sitio en que
+una arteria se dibujaba en lnea azulada en la blancura nvea de la
+carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; slo
+al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente.
+
+Entonces el anciano arroj lejos de s el luciente bistur, y con las
+manos juntas, luchando con las lgrimas, se puso a rezar un _Pater
+Noster_.
+
+
+
+
+III
+
+
+El mismo da, a eso de las doce, a travs de los terrenos pantanosos que
+se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de
+un caballo se diriga hacia la pequea ciudad.
+
+Tan tupidas y pesadas que pareca que se las pudiera tocar con las
+manos, las nubes se extendan sobre la llanura. De trecho en trecho se
+alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce,
+completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes,
+colgadas en largas filas de las desnudas ramas.
+
+Las ruedas se hundan profundamente, en el barro del camino, que corra
+entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada
+instante hasta la caja del coche. El que lo conduca poco se preocupaba
+del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permaneca
+sumido en su rincn, y slo se enderezaba a ratos, cuando las riendas
+amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se diseaba la
+estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba
+como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba
+dentro de sus pliegues.
+
+Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quiz en mayor proporcin,
+y el rostro tambin presentaba una semejanza que no poda engaar; pero
+las facciones, que en el padre haban conservado, hasta bajo los
+cabellos blancos, una amable dulzura, se haban acentuado en l en
+pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez,
+un humor sombro y siempre inquieto. Una barba rizada y desaliada
+envolva las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y
+adquira en las extremidades de la boca un matiz ms claro y caa sobre
+el pecho en dos puntas de un rubio apagado.
+
+Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el
+prometido de Olga.
+
+De la felicidad que le haba llegado la vspera, su frente no dejaba
+adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a
+lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era
+que saba que tendra todava mucho que hacer antes de poder llevarse a
+su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la
+victoria misma no le llevara ms que inquietudes y tormentos. Volva a
+ver con el pensamiento los tiempos difciles que haba atravesado, y que
+apenas alumbraron algunos rayos de sol.
+
+Haca seis aos ya que su padre le dej solemnemente, en su condicin de
+hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a
+la pequea ciudad y llevar en ella una vida apacible y cmoda. Desde ese
+da comenz su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan
+pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la
+carga: todo lo que consegua ganar con sus manos encallecidas, todo lo
+que ahorraba en sus gastos personales, desapareca absorbido por las
+reclamaciones de los suyos. Y no poda quejarse; todo suceda conforme
+al derecho ms estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida
+hasta el ltimo centavo entre l y sus seis hermanos y hermanas--sin
+hablar de la reserva que haban estipulado para ellos los padres.
+
+Cada teja de su techo y cada terrn de sus campos estaba empeado; sobre
+cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su
+madre, que vigilaba severamente para que los rditos no se atrasaran un
+minuto.
+
+Acaso no estaba en su derecho? Poda l exigir que lo quisiera con
+mayor cario que a sus otros hijos? Sus hermanos tenan que seguir una
+carrera, sus hermanas se haban casado, gracias a la dote; todos y todas
+fijaban en l miradas ansiosas y vidas como en el autor y el sostn de
+su dicha.
+
+Los rditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba
+a toda hora, amenazante, en sus odos, y por la noche le haca
+despertarse sobresaltado y llenaba sus sueos de visiones espantosas.
+
+Los rditos! Cuntas veces, por causa de ellos, se haba golpeado la
+frente con los puos cerrados! Cuntas veces haba corrido,
+obsesionado, atontado, a travs de los campos fangosos, para escaparse
+de esa tropa de demonios chispeantes; cuntas veces, en un acceso de
+loco furor, rompi con el puo algn utensilio, arado o vara de coche,
+como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero
+ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le seguan con ms tenacidad y
+ms de cerca, le chupaban ms y ms vidamente, hasta la mdula, todo el
+vigor de su juventud.
+
+Y de qu le serva dominarlos, si alguna vez lo consegua? A esa hidra
+le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se
+alzaba, ms temible, hinchndose ms desmesuradamente ante sus ojos
+llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre l, a aplastarlo
+con el peso de su mole gigantesca.
+
+As se haba arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un
+condenado, desde el da solemne que fue alegremente celebrado y rociado
+con vino y con champaa en _El guila Negra_.
+
+Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le
+perdonaba uno solo de los esprragos que se haban reservado en la
+primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la poca de la
+cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos.
+
+Quien no quiere escuchar debe padecer, era su mxima predilecta, y l
+nada escuchaba oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple
+s, habra podido poner trmino a todos sus tormentos, habra podido
+vivir hasta el fin de sus das en la abundancia y en la alegra; y que
+no quisiera pronunciarlo, por una obstinacin estpida e inconcebible,
+que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que
+su madre no poda perdonarle.
+
+Dos aos transcurrieron as. Entonces sinti que, si continuaba esa
+existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La
+vacilacin, el temor, lo enervaban ms y ms: resolvi, pues, buscar un
+fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le haban
+prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios
+plidos.
+
+Y lleg el da en que llev como esposa bajo su techo a la amada de su
+juventud, que haca poco se haba quedado hurfana y sin hogar.
+
+Era un sombro y triste da de noviembre; las nubes grises corran en el
+cielo como siniestros pjaros. Temblorosa y muy plida con su vestido
+negro, la delicada y enfermiza criatura se suspenda de su brazo y se
+estremeca bajo las miradas con que la examinaban los extraos, en las
+cuales se mezclaban la compasin y el desdn.
+
+Su suegra la haba acogido con reproches e imprecaciones, y transcurri
+casi un ao antes que entre ellas se establecieran relaciones algo
+tolerables.
+
+Marta se haba mostrado valerosa y activa, y haba, no obstante su mala
+salud, trabajado de la maana a la noche para poner en orden todo lo que
+un amo, largo tiempo soltero, haba dejado ir a la deriva.
+
+Y cuando, despus de tres aos de vida comn, llena de paz y de
+consuelo, el Cielo prometi bendecir su unin, ella no ces, aunque su
+estado exiga los mayores cuidados, de ir y venir, arreglndolo y
+dirigindolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi pareca
+que hubiera querido ganar as para su marido la dote que no haba podido
+llevarle.
+
+En tales circunstancias--dos das despus del nacimiento del nio,--Olga
+haba llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la haba visto desde el
+da de su casamiento; y casi se asust de su aspecto al verla dirigirse
+hacia l tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se haba
+desarrollado su hermosura.
+
+Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! Qu mundo de
+sufrimientos, sin embargo; cuntos das de sorda desesperacin, y
+cuntas noches de horripilantes fantasmas haban transcurrido entre
+aquel da y el presente!
+
+Roberto se estremeca; no quera pensar ms en ello; ahora todo pareca
+arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonrea apaciblemente
+desde arriba y lo bendeca, y, como una flor brotada de su tumba, la
+dicha pareca abrirse de nuevo para l.
+
+Las torres de la pequea ciudad se acercaban progresivamente; se
+destacaban cada vez ms detrs de los bosques de alisos. Un cuarto de
+hora despus, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada.
+
+Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, not que a su paso la
+gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban,
+los otros levantaban su gorra con ademn torpe, y tan pronto como
+podan, decentemente, se alejaban de l. Por el contrario, en todas las
+casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubran de
+rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por l,
+desaparecan tmidamente detrs de las cortinas.
+
+Movi la cabeza pensativamente; sin embargo, como su espritu estaba
+ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de
+aquello y ya no mir ni a derecha ni a izquierda.
+
+En la esquina de la plaza del mercado--en el sitio donde estaba antes la
+casilla de impuestos--se hallaba la vieja ama de llaves del doctor:
+tena las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro.
+
+Cuando el coche se acerc, ella le hizo sea de que se detuviera.
+
+--Vamos, seora Liebetreu!--dijo l alegremente.--Al fin me encuentro
+con alguien que no huye al verme!
+
+La anciana alz los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo.
+
+--Ah, mi joven seor!--dijo, se le llamaba siempre el joven seor, para
+distinguirlo de su padre, aunque haca tiempo que haba cumplido los
+treinta.--El seor doctor ruega a usted que entre en su casa: querra
+hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle.
+
+--Es muy urgente lo que tiene que decirme?
+
+La vieja se asust; crey que a ella iba a incumbirle el cuidado de
+darle la penosa noticia.
+
+--Ah! Qu s yo!--exclam.--No me ha dicho ms que eso.
+
+--Bueno, salude usted afectuosamente a mi to, y dgale que tengo que
+hablar primero con mis padres--l sabe de qu se trata--y que
+inmediatamente despus ir a verlo.
+
+La anciana murmur algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta.
+
+El carruaje continu su camino hacia la casa del viejo Hellinger,
+situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel.
+Los vidrios de las ventanas le dirigan miradas amistosas; las lustrosas
+tejas del techo brillaban; se senta, como siempre, que ese techo
+abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. At su
+caballo en la verja del jardn y subi con paso pesado y ruidoso la
+pequea escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los
+steres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza.
+
+La campanilla hizo or su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se
+present a recibirlo. Arroj su capa empapada por la lluvia sobre uno de
+los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la
+ropa maternal. Despus entr en la sala, estaba desierta.
+
+--Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la
+siesta--murmur;--creo que hoy ser prudente dejarlos dormir.
+
+Se dej caer en el rincn de un sof y mir a la puerta, pues esperaba,
+en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara
+para tenderle la mano.
+
+No tard en impacientarse. Y si Olga haba ido a la granja? Pero no;
+ella saba que l deba venir para hablar con sus padres.
+
+Por fin se decidi: Voy a ir a llamar a su puerta, y se levant.
+
+Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la
+vspera por la tarde, haba aspirado sin tregua a encontrase con ella,
+se senta invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de
+aprensin singular. Esa timidez, esa confusin que en otros tiempos se
+apoderaban siempre de l en su presencia, volvan a dominarlo. Era
+posible que hubiera tenido la vspera a esa mujer en sus brazos? Y si
+se haba arrepentido, si fuera a devolverle su palabra?
+
+Pero en ese instante, toda su audacia se despert. Abri los brazos en
+toda su extensin, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo
+inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclam:
+
+--Que haga la prueba! Con estas mis manos la alzo y me la llevo a
+casa! Puesto que Marta ha dicho s, yo querra ver que alguien se
+opusiera!
+
+Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subi la escalera que no
+por eso dejaba de gemir bajo su peso.
+
+Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: vea la
+raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera.
+
+Toc la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entr.
+
+* * *
+
+Un segundo despus, la casa se conmova hasta sus cimientos, como si el
+techo se desplomara.
+
+Los dos ancianos que se haban retirado a su dormitorio para recuperar
+las fuerzas despus de las horas dolorosas de la maana, se levantaron
+espantados.
+
+Llamaron a los sirvientes; pero stos haban volado a hacer que la
+ciudad no quedara por ms tiempo privada de las ltimas noticias del
+triste acontecimiento.
+
+--Sube t--dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario.
+
+Y, estremecindose, extendi la mano hacia el frasco de gotas de
+Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida
+que tena miedo.
+
+Cuando el viejo Hellinger penetr en la habitacin de arriba, el
+espectculo con que se encontr le hel la sangre en las venas.
+
+El cuerpo de su hijo yaca en el suelo, cuan largo era. Deba, en su
+cada, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual
+haban puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre l,
+entre tablas rotas, el cadver estaba extendido, en su larga camisa, con
+su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la
+frente de ste.
+
+En ese momento, Roberto recuper el sentido y se enderez. La cabeza de
+la muerta se desliz y golpe el suelo...
+
+--Roberto, hijo mo!--grit el anciano precipitndose hacia l.
+
+Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada
+vidriosa; pareca no haber vuelto en s todava. De repente descubri
+uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba
+hacia un lado, se haba atravesado sobre su pecho. Su mirada recorri
+aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que
+sonrea fijamente.
+
+Sostenido por los dos brazos de su padre, se levant. Vacilaba sobre sus
+piernas, como un toro que ha recibido un hachazo.
+
+--Por Dios, hijo mo, vuelve en ti!--exclam el anciano tomndolo por
+los hombros.--La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que
+resignarnos.
+
+Roberto le lanz una mirada tmida, desesperada, como un nio. Luego se
+inclin hacia el cadver, lo levant y lo puso en la cama rechazando
+con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sent junto a ella, a
+la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo ndice un mechn de la
+suelta cabellera.
+
+El viejo comenz a temer por la razn de su hijo.
+
+--Roberto--dijo acercndose a l.--Tranquilzate, sal de aqu, con
+quedarte no le devolvers la vida.
+
+El joven prorrumpi en una risa tan estridente y tan siniestra, que su
+padre se estremeci hasta la mdula de los huesos.
+
+Su estupor acababa de disiparse de improviso; salt con los ojos
+brillantes, e hinchadas las venas de las sienes.
+
+--Dnde est mi madre?--grit avanzando hacia el anciano.
+
+Este trat de calmarlo.
+
+--Por piedad, tn un poco de paciencia! Todo te lo contaremos.
+
+La seora Hellinger, quien, desde haca ya un momento, escuchaba en la
+escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por
+delante de su padre, Roberto se precipit hacia ella con violencia, como
+si fuera a empuarla por el cuello. Pero tena todava suficiente razn
+para comprender lo monstruoso de su conducta. Dej caer sus brazos,
+inertes; se senta sofocado, como si la clera, que trataba de contener,
+fuera a ahogarlo.
+
+--Madre--dijo,--es necesario que me rindas cuentas; quiero una
+respuesta... Por qu ha muerto Olga?
+
+La anciana se le acerc con expresin de tierna compasin, e hizo un
+movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un ademn
+rudo, l la apart.
+
+--Dejemos eso, madre--dijo.--Devulvemela!...
+
+--Pero, Roberto--gimi ella,--es as cmo un hijo trata a su madre?
+Adalberto, dile t cules son las consideraciones que un hijo debe a su
+madre!
+
+Roberto se apoder de las manos de su padre.
+
+--No te mezcles en esto, padre--dijo...--La cuenta que hoy tengo que
+arreglar con mi madre, slo a nosotros dos concierne. Madre, te lo
+pregunto una vez ms: por qu ha muerto Olga?
+
+Se haba apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los
+ojos inyectados de sangre.
+
+Mientras tanto, la seora Hellinger se haba echado a llorar.
+
+--Acaso lo s?--dijo sollozando.--Acaso puede saberlo alguien? La
+hemos encontrado en su cama, nada ms. La infeliz criatura ha trado la
+vergenza a nuestra casa, en seal de agradecimiento...
+
+--No la ultrajes, madre--dijo l con un gruido feroz.--Muy bien sabes
+que era mi novia!
+
+Ella lanz un grito de sorpresa, y su marido hizo un ademn de
+extraeza.
+
+--Cmo, madre! No lo sabas?--grit Roberto golpendose la frente con
+ambos puos.--Ella nada te dijo? No fue a buscarte anoche para
+contarte lo que haba pasado entre nosotros durante el da?
+
+--Nada me dijo!--gimi ella.--Apenas si me dirigi una slaba, y se
+encerr en su cuarto...
+
+--Madre--dijo l acercndose hasta tocarla,--cuando te hube confesado
+todo, no te dirigiste a su conciencia? No le predicaste que, si me
+amaba verdaderamente, deba renunciar a m, porque haca mi desgracia, y
+sabe Dios cuntas otras cosas? Madre no has hecho eso?
+
+--Mi propio hijo no me cree! Mi propio hijo me acusa de
+falsedad!--gimi la vieja.--He ah el agradecimiento que obtengo hoy de
+mis hijos!
+
+l le tom la mano.
+
+--Madre--dijo,--mucho me has hecho sufrir en todos estos ltimos aos.
+Los peores dolores, los ms amargos que he tenido que padecer, te los
+debo a ti.
+
+--Dios de misericordia!--exclam ella con voz aguda.--He ah el
+agradecimiento! He ah el agradecimiento!
+
+--Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a m, te lo perdonar,
+madre,--continu Roberto,--s y aun ms! Te pedir perdn de rodillas
+por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es
+necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aqu, sobre
+este cadver, que nada sabas, que en todo me has dicho la verdad.
+
+Y la acerc al cadver que pareca contemplarlo con su sonrisa de
+beatitud, como una novia que sonre a su novio.
+
+--Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?--dijo ella en
+tono dolorido dirigindole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y
+furiosa.
+
+Pero le dej hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la
+frente de la muerta; ella la acarici diciendo entre sus sollozos:
+
+--Lo juro, mi querida! Bien lo sabes t, t, que yo ignoraba todo y
+que jams te he exigido nada malo!
+
+Entonces exhal un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso
+lo ventajoso que era para ella y para su familia ese lgubre
+acontecimiento. En la tierna caricia con que roz el rostro de la muerta
+haba un agradecimiento sincero.
+
+En el mismo instante el viejo mdico entr precipitadamente en la
+habitacin. Haba querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a
+la espantosa noticia, y vea con terror que llegaba demasiado tarde.
+
+El viejo Hellinger se adelant vivamente a recibirlo y le cuchiche en
+el odo:
+
+--Llveselo usted, est como un loco! Aqu nada podremos obtener de l.
+
+Roberto se haba quedado inmvil, abrazado a las columnas de la cama; su
+pecho jadeaba; su rostro pareca petrificado por un dolor sombro, sin
+lgrimas.
+
+El doctor frot su ruda barba gris contra el hombro del joven y gru
+con ese tono de consuelo spero que, mejor que cualquier otro, llega al
+corazn de los hombres enrgicos:
+
+--Ven, hijo mo. No hagas locuras; no turbes su reposo!
+
+Roberto se estremeci e inclin dos o tres veces la cabeza.
+
+Y, de repente, como vencido por el dolor, cay de rodillas delante de la
+cama gritando:
+
+--Por qu has muerto?
+
+
+
+
+IV
+
+
+Por qu haba muerto Olga?
+
+Tal era la cuestin que, en lo sucesivo, preocup exclusivamente a toda
+la ciudad. En la calle, en las mesas de los cafs, en los bancos de las
+cerveceras, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las ms
+extravagantes conjeturas, aventuraban las hiptesis ms osadas, pero no
+por eso estaba nadie ms adelantado.
+
+Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y
+otros pretendan absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes,
+que Olga concluira mal, seguramente.
+
+Ya en vida, su actitud altiva, sombra y taciturna, haba sido un enigma
+para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un
+enigma an ms difcil. Era imperdonable.
+
+Entretanto, descubrieron que el doctor haba sido el primero en recibir
+la noticia del suicidio, y el nico a quien ella hubiera confiado su
+proyecto.
+
+La gente se apiaba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero l se
+obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que l slo era
+capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo da
+haba echado al fuego la carta de Olga, pues tema que la justicia
+viniera a pedrsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan
+evidente, que se haba podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de
+prever, la muerta no haba logrado hacer desaparecer completamente las
+huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche,
+quedaban adheridas al vidrio, gotas de un lquido cuyo sabor indicaba
+claramente, aun a los profanos, que se trataba de una solucin de
+morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardn,
+en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un
+frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto haba dejado un
+reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, haba sido
+arrojado por la ventana, y tena an el rtulo que indicaba, con la
+fecha de la receta, la manera de tomar la pocin.
+
+En estas condiciones, habra sido pura locura de parte del viejo mdico,
+aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intencin del
+suicidio, pues toda suposicin de un simple abuso de narctico quedaba
+descartada.
+
+No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir
+el ltimo deseo de la muerta, y se juraba a s mismo guardar ms
+fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resolucin
+desesperada.
+
+Si siquiera hubiera podido saberlo l mismo! Pero los das pasaban y
+todava no haba podido entrar en posesin del legado que le haba hecho
+Olga.
+
+La seora Hellinger desconfiaba de l, le deca en su cara que siempre
+haba maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que,
+si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia
+inconsiderada, la pobre Olga habra vivido en paz mucho tiempo todava.
+Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la
+responsabilidad de la muerte de su sobrina.
+
+En todo caso, no permita que se quedara solo, ni siquiera por un
+segundo, en el cuarto de la muerta. Tena la puerta cuidadosamente
+cerrada: no tolerara--deca ella para explicar su conducta,--que los
+objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas,
+fueran profanados por manos y miradas extraas.
+
+Y as creca de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga
+haba escrito su confesin, cayese en manos de su ta.
+
+Que se le antojara escudriar entre los volmenes que guarnecan el
+estante, y suceda la desgracia!
+
+A esa zozobra, que llevaba todos los das al anciano a casa de los
+Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto
+quien, desde ese da de espanto, haba cado en un abatimiento profundo
+y desesperante.
+
+Pareca haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a
+nadie a su lado y evitaba an a su viejo amigo; hurao y mudo, vagaba
+das enteros por los campos; permaneca noches enteras sentado junto a
+la cuna de su hijo, mirndolo fijamente con sus ojos enrojecidos y
+quemados por el llanto.
+
+Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres
+ocasiones, lo haban encontrado por la maana en esa actitud.
+
+
+
+
+V
+
+
+En torno del atad de Olga los cirios haban concluido de arder. Los
+invitados, que haca largo rato se mantenan en religioso silencio
+alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la
+cena.
+
+La seora Hellinger, que reciba los psames y ensalzaba con gran
+refuerzo de lgrimas y de pauelo las virtudes de la difunta, se revel
+de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer
+orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del
+comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y
+ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes.
+
+El viejo Hellinger, despus de haber alabado al Seor, bebi con algunos
+amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad
+de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de
+Boston lastimara el dolor general, y resolvieron enviar una diputacin
+a la duea de casa para pedirle su autorizacin.
+
+Haba tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que pareca que
+se celebrara all una boda.
+
+El doctor, que no lleg sino muy tarde a la alegre reunin, busc por
+todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo.
+
+Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le pregunt si
+lo haba visto. S; haba venido, haba lanzado en su derredor miradas
+extraas y feroces, luego se haba esquivado en silencio cuando se le
+tenda la mano. Minutos ms tarde, se not su desaparicin.
+
+El doctor fue al vestbulo y busc, entre los abrigos de los convidados,
+el de Roberto: todava estaba all.
+
+Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las
+habitaciones de atrs, vacas y silenciosas, pues los criados estaban
+ocupados en servir.
+
+Encontr al joven en un pequeo y obscuro cuarto, donde estaban
+amontonados los muebles que haba sido necesario sacar de las otras
+habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la
+cabeza entre las manos.
+
+--Roberto, amigo mo, qu haces ah?--le grit.
+
+--Ustedes siempre tan alegres por all, verdad?
+
+El doctor le puso las manos sobre los hombros:
+
+--Me inquietas, amigo mo. Hace tres das que no nos diriges la
+palabra... si continas as, vas a perder la razn.
+
+--Qu quieres?--replic Roberto con un suspiro que se escap de su
+pecho como un grito.--Estoy tranquilo, completamente tranquilo.
+
+Volvi a dejar caer entre las manos su enmaraada cabeza y pareci
+sumergirse de nuevo en su meditacin.
+
+El anciano se sent a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras.
+
+Nada olvid de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes,
+agregndole, de su parte, ms de una enrgica palabra de consuelo.
+
+Roberto permaneca inmvil; apenas con un signo manifestaba que
+escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpi
+dicindole:
+
+--Deja eso, to; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la
+nica pregunta, de la cual depende para m la muerte o la vida, no
+puedes, t tampoco, darme una respuesta.
+
+--Qu pregunta?
+
+--To querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente
+tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, y me creers si te
+digo que no s cmo podr sobrevivir a esta noche!
+
+--En nombre del Cielo! Qu quieres hacer?
+
+El joven sacudi los hombros.
+
+--Lo ignoro--dijo;--lo que el momento me sugiera. Lo nico que me apena,
+es ese pobre pequeuelo que tendr que crecer sin padre; quiz lo lleve
+conmigo, no s. No s ms que una cosa y es que no puedo continuar
+viviendo as.
+
+El anciano, temblando de ansiedad, lo llen de reproches. Eso era una
+cobarda slo digna de un miserable, de un espritu debilitado.
+
+--Tendras razn, to, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de m
+y de mi dicha. Pero Dios del Cielo!--lanz una carcajada penetrante y
+amarga,--hace tiempo que renunci a toda pretensin a la felicidad. Por
+lo que me atae, sobrellevar tranquilamente el dolor de su prdida;
+conozco eso, s; ya he puesto a una en la tumba, y continuar
+amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto
+tiempo, y eso en medio de los ms profundos pesares; porque los
+intereses, sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la
+cabeza, ni de si la tristeza y la desesperacin le adormecen a uno la
+mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, to, lo que me trastorna el
+alma, pues la tengo bien trastornada, puedes crermelo; ante mis ojos
+brotan chispas sin interrupcin; los calofros me estremecen todo el
+cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo
+estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisin las cosas. Slo hay
+una que no puedo descubrir; que se alza noche y da ante mis ojos como
+un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me
+escapa, y esa cosa es: Por qu ha muerto Olga?
+
+El anciano se estremeci. Recordaba la carta y la promesa que la muerta
+haba exigido de l.
+
+Roberto continu:
+
+--Una voz me grita sin cesar en los odos: Tuya es la culpa! Cmo?
+No lo s, pues por muy profundamente que escudrie en mi alma, no
+encuentro que le haya hecho ningn mal, y sin embargo no puedo hacer
+callar la voz. Yo me digo: Es una idea fija. Te forjas tormentos,
+eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu
+hijo. Pero de nada me sirve todo eso, to querido! No puedo hacerla
+callar. Y, en fin, acaso no tiene razn? Acaso, sin m, Olga no
+estara todava viva? Si lo que pas la noche anterior no hubiera...
+
+Se detuvo estremecindose y se ocult el rostro entre las manos. Un
+sollozo sin lgrimas sacudi todo su robusto cuerpo.
+
+En seguida dijo:
+
+--To, quisiera--no puedo pensar en ello, me hace perder la razn,--me
+parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me
+rodea, que lo haga pedazos todo.
+
+--Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo mo--dijo el
+doctor,--y que me cuentes todo, punto por punto; slo de ese modo
+podremos aclarar este enigma.
+
+El silencio rein en la habitacin obscura. El anciano temblaba de pies
+a cabeza; vea la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra
+sobre el fondo claro de la ventana; vea los movimientos del pecho que
+suba y bajaba alternativamente, que silbaba y gema como un volcn;
+senta el hlito ardiente de la respiracin de Roberto en su rostro.
+
+--Rene tus ideas, amigo mo--repuso suavemente.
+
+El joven luchaba por tomar una determinacin. Al fin, volviendo a
+encontrar su energa, se enderez y dijo:
+
+--Pues bien, to, vas a saberlo todo... Desde el da en que Olga
+rechaz mi pedido tan altiva y framente, no me haba vuelto a encontrar
+con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para
+ocuparse del nio y de la casa, ya entonces saba que lo haca por amor
+a Marta y no por m, pero haba como un acuerdo tcito entre nosotros
+para evitarnos. Ella elega las horas en que saba que yo estaba afuera,
+en los campos o en los establos, y yo no volva a casa antes de haberla
+visto desaparecer detrs del portn.
+
+El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media
+legua ms all de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje
+se rompe. Como no haba llevado cochero y no alcanzaba a ver alma
+viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en
+busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que haca rato que la
+seorita se haba marchado. Comenzaba ya a caer la noche.
+
+--Muy bien, no hay ningn peligro, pienso, y entro en la casa.
+
+En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el
+crepsculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera.
+
+--Quin puede ser?--me digo.
+
+Y la sigo.
+
+En el cuarto del nio, a quin encuentro? A ella, muy ocupada en
+correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, est
+siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero
+retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella
+se detiene, y, como sobrecogida de vergenza, se oculta el rostro entre
+las manos.
+
+Entonces, to, me siento atrado, voy a precipitarme hacia ella; pero
+me contengo a tiempo al pensar en quin es ella y quin soy yo.
+
+Veo que sus manos tiemblan.
+
+--No tienes por qu enojarte, Olga--le digo balbuciendo,--no he querido
+causarte un desagrado. Si estoy aqu es por casualidad; en lo sucesivo
+tomar mis medidas para que no vuelvas a encontrarme.
+
+Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento
+estremecer. Marta nunca me mir as--pienso.--Quiero hablar, pero no
+encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada
+estatura se alza delante de la puerta, como si all quisiera buscar un
+amparo contra m. Yo oa su respiracin oprimida. Por fin reno todo mi
+valor.
+
+--Olga--digo,--ha sido presuncin de mi parte el atreverme a tenderte
+la mano: s muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo
+del corazn, olvdalo, yo nunca te lo recordar.
+
+Y en ese instante, to--cmo pintarte lo que pas?--djame un
+instante... el recuerdo!... Pero para qu? ser fuerte, querido to,
+voy a dominarme.
+
+En ese instante, ella se precipita hacia m, me rodea con sus brazos y
+me cubre el rostro de besos; despus, de improviso, cae con un suspiro,
+y all se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo,
+como en un sueo, la miro fijamente.
+
+--No es posible--me grita una voz,--es una locura; t apenas te
+atrevas a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es
+quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece!
+
+Tena miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y
+cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si
+hubiera querido llorar hasta morir.
+
+--Olga, por qu lloras?--le digo.--Todo queda arreglado ahora.
+
+Pero he ah que yo tambin, gran tonto, me pongo a llorar como un nio.
+
+--Perdname, Roberto--dice su voz en mi odo.--Mucho te he hecho
+sufrir, pero nunca ms lo har, nunca ms.
+
+--Y ahora me amars?--pregunto, pues todava no puedo creerlo.
+
+--Oh, Roberto! Roberto! Te amo! Oh, s! Te amo ms que a todo en
+el mundo!--y oculta su rostro en mi hombro.
+
+S, to, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus
+rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta
+se me presenta: es sta la misma Olga que, hace ocho das, se volva
+tan plida y tan altiva, mientras que, humilde y tmido, t implorabas
+su consentimiento?
+
+Y le digo entonces:
+
+--Olga, cmo has podido torturarme as? Acaso he cambiado en tan poco
+tiempo?
+
+La veo ponerse ms blanca que el yeso que cubre la pared y su voz
+murmura en mi odo:
+
+--Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes!
+
+Y una angustia nace en m; quizs la perder maana como la he
+conquistado hoy.
+
+--Olga--le digo,--si eres tan inconstante en tus resoluciones, quin me
+responder de que...
+
+Me interrumpo, pues la expresin de su rostro me impone silencio. Ella
+se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla.
+
+--Puesto que quieres saber--me dice, fijando los ojos en el suelo, como
+sumida en una meditacin sombra,--me ha faltado el valor, he dudado de
+tu amor y credo que me haras sentir que no te llevaba ms que mi
+pobreza.
+
+Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente.
+
+--Olga!--exclamo.--Has podido pensar eso de m? No te acuerdas?...
+
+Y lo que le record fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a
+pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente
+con una negativa, pues Marta quera sacrificarse y sacrificar su dicha,
+para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de
+la noche, haba ido a buscarme y me haba abierto los ojos, a m, pobre
+insensato y ciego, dicindome palabras, palabras llenas de desprecio por
+el dinero y que haban sonado en mis odos como el canto de triunfo del
+amor. Se las repet textualmente, pues cada una de ellas se haba
+grabado en mi alma, inolvidable: As, pues, en otros tiempos te sentas
+llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora
+que se trata de ti...
+
+Y al gritarle esto la miraba de frente, to. Ella se esforzaba en
+sonrer, y sonrea constantemente; pero esa sonrisa se hel en sus
+labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido.
+
+Mucho trabajo me cost hacerla volver en s, pues no quera llamar a
+nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneci tendida en el
+suelo, ms o menos como est ahora, luego abri los ojos y me examin
+por largo rato en silencio con una expresin tan dolorosa, tan cansada y
+desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Despus junt
+las manos y me dijo en voz baja y suplicante:
+
+--Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es
+necesario que me acostumbre a esta idea.
+
+Pero me senta tan embargado por mi reciente dicha, por una alegra tan
+loca, que crea poder obligarla por fuerza a ser ella tambin dichosa.
+
+--Si nos amamos, Olga--le grito,--y si nuestra querida muerta aprueba
+este amor, yo quisiera ver si alguien podra censurarlo! Algrate, pues,
+querida nia, recupera tu valor.
+
+Pero ella no tena alegra ni valor. Y slo ahora, ahora que est
+muerta, comprendo claramente hasta qu punto se senta miserable y
+quebrantada, all tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se
+mostraba para s y para los dems tan altiva y estricta. Era como si
+algn prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte ntimo de la
+vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada vea, nada quera ver.
+Y continuaba animndola con todas las palabras consoladoras que poda
+encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra--a veces me aprobaba con
+un movimiento de la cabeza--y una sonrisa que expresaba tristeza y
+cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribua yo a
+la emocin violenta del momento y a los pesares de los ltimos aos;
+deban presentarse en su alma con una intensidad tanto ms grande,
+cuanto que senta apuntar para ella una nueva felicidad que iba a
+borrarlos para siempre.
+
+--Y nuestra primera visita, Olga--le digo,--ser al cementerio. Cuando
+hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la
+malevolencia del mundo entero, no tendrn ya por qu inquietarnos.
+
+Ella dej caer las manos que cubran su rostro, y, mirndome con ojos
+dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible:
+
+--Al cementerio... conmigo?
+
+--S, contigo--repliqu,--y en seguida, si lo quieres.
+
+Un estremecimiento recorri todo su cuerpo, y, con voz singularmente
+alterada, replic:
+
+--Tn paciencia hasta maana, maana har lo que quieras.
+
+--S, mi nia muy amada--le digo entonces,--y de aqu a maana desecha
+tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no
+la olvidaremos, ciertamente. Y el comn dolor que nos causa su prdida,
+no debe unirnos ms estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos
+abandonar, y no crees que ella bendecira nuestra unin desde el fondo
+de su corazn, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? No nos ha legado
+al nio para que juntos velemos por l y que nunca lo confiemos a gente
+extraa?
+
+Entonces se dej caer de rodillas delante de la cuna en que la dbil
+criatura dorma con el sueo de los bienaventurados y apoy la frente
+sobre su cabecita.
+
+As permaneci por largo rato sin que yo intentara perturbarla.
+
+Cuando se levant, su rostro haba vuelto a tomar esa serenidad
+impasible que siempre le habamos conocido hasta entonces. Me tendi la
+mano dicindome:
+
+--Vete, amigo mo, djame sola.
+
+Y me alej, pues quera complacerla en todo; ni siquiera la tom en mis
+brazos.
+
+Un cuarto de hora despus, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde
+mi ventana, pero ella no volvi la cabeza.
+
+Al da siguiente por la maana... t sabes, querido to, cmo la
+encontr; y en aquel instante se descarg sobre m un rayo. Podr
+encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda
+alegra; helar para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo
+menos podra vivir todava; podra arrastrar todava esta miserable
+existencia para que el nio no se viera privado de la mezquina parte de
+felicidad a que tiene derecho; pero para eso sera necesario que yo
+supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo
+contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible;
+si no fuera as, me consumira vivo. Es necesario que alguien venga,
+aunque sea de ultratumba, a decirme por qu ha muerto Olga.
+
+* * *
+
+Nuevamente el silencio rein en la habitacin obscura; no se oa ms que
+la respiracin de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que
+haba acompaado el relato de Roberto con el ruido montono de sus
+dientes.
+
+El anciano sostena una violenta lucha consigo mismo. Deba acaso
+revelar el secreto de la vida de Olga como haba ya vendido el de su
+muerte? Pero no se trataba de una buena accin en este caso? No se
+trataba de libertar a aquel a quien ella haba amado sobre todo de las
+torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por
+una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor
+divino, segn pareca, permitan a la boca cerrada para siempre abrirse
+una vez ms para devolver el reposo al muy amado.
+
+El doctor exhal un profundo suspiro: haba tomado su resolucin.
+
+--Y si ella lo hubiera pensado, Roberto--dijo,--si hubiera pensado en
+contestarte desde el fondo de su tumba?
+
+Roberto lanz un grito y lo asi por la mueca.
+
+--Qu quieres decir con eso, to?
+
+--Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si
+no hubieras huido ante todo rostro humano, sabras desde hace tiempo lo
+que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la maana de su
+muerte, yo recib una carta de ella...
+
+--T, to, de ella...
+
+--Oh, amigo mo! Me ests rompiendo los huesos. Escchame primero
+tranquilamente.
+
+Y le cont lo que contena la carta.
+
+Roberto haba dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en
+el anciano, resplandecan en la obscuridad.
+
+--Ese cuaderno, dmelo; dnde est?
+
+El doctor le explic el peligro que corra el secreto de Olga y la
+inquietud que esto le causaba a l mismo.
+
+--Esprate, voy a ir a buscarlo!--exclam Roberto dirigindose hacia la
+puerta.
+
+El anciano lo detuvo.
+
+--Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche.
+
+La puerta est rota a medias; acabar de romperla...
+
+--Te oirn de abajo...
+
+--Estn demasiado divertidos!--replic Roberto con risa aguda.--Ven,
+vamos juntos.
+
+Y por una puerta de atrs, a lo largo del corredor obscuro y de la
+escalera que cruja, los dos se deslizaron como dos ladrones que se
+hubieran introducido en la casa aprovechndose de la ceremonia.
+
+Consiguieron abrir la puerta ms fcilmente de lo que esperaban; la
+cerradura, ya floja, cedi como si se abriera sola.
+
+Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emocin, cuando el
+cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las
+estrellas, se abri ante sus ojos. Toda huella de la muerta haba
+desaparecido; slo la cama vaca, cuyos montantes se dibujaban negros
+sobre la pared gris, haca ver que la que lo ocupaba haba elegido otro
+lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jabn,
+flotaba an en la habitacin. Las mismas toallas de las cuales se haba
+servido, todava colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de
+loza, una mancha blanca de fantstica apariencia.
+
+Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dej caer en una silla y, a
+grandes bocanadas, vidamente, como si sollozara, aspir el perfume que
+llenaba el aire. Se habra dicho que as quera absorber los ltimos
+efluvios de su amada.
+
+Un fulgor breve, brillante, vacil de improviso a travs del cuarto,
+bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el
+escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado,
+la mesa de tocador cubierta de blanco.
+
+El doctor haba encendido un fsforo y buscaba la pequea lmpara de
+pantalla verde que ilumin las noches sin sueo de Olga. Todava estaba
+en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apag para sumirse en la
+noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todava lleno de petrleo;
+su dueo se haba dado prisa para entregarse al descanso.
+
+Con precaucin, levant el tubo para encender la mecha; la llama,
+atenuada por la pantalla, ilumin con un resplandor apacible y suave el
+espacio silencioso.
+
+Entonces se acerc al estante sobre el cual se alineaban los volmenes
+de lomos lucientes y dorados. Su mano busc a tientas durante un momento
+por la pared y sac algo azul en forma de rollo.
+
+--Aqu est, Roberto!--exclam triunfante.--Vmonos.
+
+El joven mene silenciosamente la cabeza.
+
+El anciano insisti de nuevo y entonces Roberto dijo:
+
+--Aqu es donde vamos a leerlo, to; aqu, donde ella lo ha escrito.
+
+--Y si alguien nos sorprendiera?--observ el doctor, atemorizado.
+
+Roberto se encogi de hombros y con el dedo seal el piso. En el
+silencio, un ruido confuso de voces suba hasta ellos, con risas
+moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en
+que hay un muerto.
+
+El doctor cedi de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas
+al crculo luminoso de la lmpara, y ya no se oy ms que el silbido del
+viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz
+montona y velada del lector acompaada por el coro de invitados al
+velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para
+extinguirse en seguida en un murmullo.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Perdname, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la
+muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por m y del
+ardiente afecto que haca palpitar mi corazn por ti, trate de expiar la
+falta que gravita pesadamente sobre m y cuya carga tendr sin embargo
+que soportar hasta el fin de mi existencia. Djame revivir una vez ms
+todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo
+el fro de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de
+tu tumba.
+
+Qu loca era y qu impa, en sentirme sola mientras t viviste! Tu amor
+era la atmsfera que me envolva, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol
+que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa
+voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que
+escuchamos sin comprenderla.
+
+Y cmo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una
+extraa para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con
+tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el
+murmurio del viento trae tu nombre a mis odos. Entre nosotras se alza
+un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez,
+con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia m sus
+manos armadas de garras para separarme eternamente de ti.
+
+Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo
+que he cometido fuera una falta, un crimen, luchara contra l, lo
+derribara con las ltimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me
+dejara ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se
+desvanece en el vaco: es un demonio que se burla de m, un vapor que me
+rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente.
+
+Es un deseo...
+
+Un simple deseo, nada ms!
+
+Lo notaste? Se reflej en tus ojos moribundos? Viste el espectro
+alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el
+ltimo aliento de una existencia que no fue ms que amor, a ese espectro
+que haban engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que haba
+introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior?
+
+Si tuviera todava la fe del nio que balbuca, confiara la angustia de
+mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios--pero a nadie tengo en el
+Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de m, a nadie ms que a tu
+imagen transfigurada.
+
+Pobre de m! Ella tambin se aparta de m, ella tambin se oculta
+llorando cuando este demonio se presenta a mi alma.
+
+Y, sin embargo, no era muy humano lo que sent. Por qu no somos unos
+seres de luz, sin deseos y puros como el ter? Por qu no somos ms que
+polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando
+nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran
+falta de mi vida la que quiero contar aqu, la falta de la cual hemos
+sido vctimas, t, yo y tambin un tercero, que es puro y bueno, y que
+sin embargo ha sido la causa de todo.
+
+* * *
+
+Yo era una nia pacfica y predispuesta a la soledad.
+
+Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa
+que el amor, aprende a menudo ms fcilmente que nadie, a bastarse a s
+mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el corazn una inagotable reserva
+de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando
+a los gatos y ahogando a los gansos por cario. Una de mis pasiones era
+jugar en la caballeriza. Me senta a mi gusto en la litera elstica y
+flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me
+hacan dao; o bien me trepaba al pesebre donde permaneca horas enteras
+mirndome en los ojos pardos de mis queridos amigos.
+
+Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. All me
+encontraba dormida con frecuencia a eso del medioda, y no era cosa
+fcil sacarme del nicho, pues Nern, que por lo dems era un perro tan
+bueno y tan carioso, enseaba los dientes a cualquiera que franqueaba
+el crculo que su cadena le permita recorrer, aun cuando ste fuera su
+amo.
+
+Mi cario se extenda hasta las plantas. Las rosas me hacan el efecto
+de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los
+girasoles eran sacerdotes revestidos con sus hbitos sacerdotales, y las
+dalias, jvenes polacas con papalinas rojas. Saba reunir as en mi
+derredor en el jardn a la humanidad entera, y encontraba la copia ms
+bella que el original, pues se mantena muy quieta cuando yo desempeaba
+el papel del Destino ante ella.
+
+La propiedad que mi padre haba arrendado, antiguo feudo de un magnate
+polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una montaa, uno de
+cuyos lados descenda en suave declive por un parque inculto, hacia unos
+campos desnudos, mientras que el otro caa a pico en una pequea
+corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea
+polaca.
+
+Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada caa sobre
+los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se
+vea claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los nios
+medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres
+permanecan perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras
+que los hombres cubiertos de harapos se dirigan, con la pala en el
+hombro, hacia el despacho de bebidas.
+
+En verdad, nada tena de muy seductor aquel pequeo agujero, y la chusma
+de cosacos de fronteras, que trotaban de ac para all amodorrados sobre
+sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin
+embargo, para mis ojos de nia, aquel lugar estaba cubierto de un
+encanto indecible, cuya sensacin experimento an, cuando me vuelvo a
+ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas
+enteras en la hierba, inmvil, contemplando de lo alto aquel hormiguero
+cuyas formas no eran ms grandes que los hombrecillos de madera de mis
+cajas de juguetes.
+
+Bajar all me estaba prohibido, y tampoco tena deseos de ello, desde
+que, en la baranda de un da de mercado en que mi padre me haba
+llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro.
+
+Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las
+inmundicias y del tumulto, se sumerga la mirada en ese mundo de
+hormigas, que pareca tan nfimo, que se poda, como el mismo Dios,
+abarcarlo de una ojeada, pero que creca cada vez ms hasta tomar
+proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de
+penetrarlo.
+
+Por una rareza singular, no he conservado de esa poca ms que un
+recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado ms estrechamente
+asociada a la ma; sin duda porque las impresiones siguientes han
+borrado las primeras. Mi padre era un hombre pequeo, robusto y
+rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas
+lucientes y vestido de una hopalanda de basto pao verdoso. Me sonrea
+desde que me vea, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me
+pellizcaba los brazos, y en seguida desapareca. Estaba siempre ocupado,
+el pobre pap; mientras vivi, no lo vi reposar un solo instante.
+
+Mam era desde aquella poca muy corpulenta, coma continuamente
+confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le impeda estar en
+activa ocupacin de la noche a la maana, aunque se arrastrara de mala
+gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detrs de ella y
+la abrumaran a preguntas.
+
+Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien
+nuestros parientes de Prusia haban enviado para que aprendiera con pap
+a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso
+cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me pona en
+sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de
+trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque l no
+haya debido quererme ms que a los otros discpulos, pues la cara que
+tena entonces ha desaparecido en la niebla como todas las dems.
+
+No recuerdo exactamente ms que una escena: una tarde de verano Roberto
+haba cogido a Marta por sus rubias trenzas, y rindose y gritando
+corra tras de ella por el patio, por la casa y por el jardn.
+
+--Qu es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?--le grit pap.
+
+--Me ha hecho una travesura--respondi l, sin soltarla, mientras ella
+continuaba gritando.
+
+--Cuando yo tena tu edad, saba vengarme de una muchacha mejor que
+t--dijo rindose pap, quien nunca desperdiciaba la ocasin de decir
+una broma.
+
+--Y cmo se hace?--pregunt mi primo.
+
+--Bah! Si no lo sabes!--replic pap.
+
+--Se le da un beso, seor Roberto--dijo un viejo jardinero que pasaba
+justamente con sus regaderas.
+
+Todava lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inmvil, rojo de
+rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber dnde dirigir sus
+miradas. Pap se mora de risa; en cuanto a Marta, se escap a la
+carrera.
+
+Cuando fui a sacudir su puerta, se haba encerrado: no volvi a aparecer
+sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le caan sobre la
+frente, en desorden, pareca perdida en sus pensamientos y muy
+intimidada.
+
+Cuando comparo hoy el rostro plido, flaco y resignado que me llena el
+alma entera, con esa cara pcara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a
+veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi pequea
+infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a
+una sola y misma persona.
+
+--Cmo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! Con
+qu expresin atenta de precoz ama de casa, recorran sus ojos la
+extensin de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos,
+condiscpulos y celadores--una galera de mandbulas
+hambrientas--esperbamos impacientes la comida! Y, con qu alegra
+extenda la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella
+alcanzaba los platos!
+
+Slo hoy comprendo qu camino doloroso tena que recorrer, hoy que me
+preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre
+para m una tumba solitaria, ms triste an que la suya.
+
+Entonces yo no era ms que una nia y alzaba los ojos, sin sospechar
+nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado
+ella misma los vestidos cortos.
+
+Efectivamente, fue en aquella poca cuando nuestros negocios comenzaron
+a declinar. Pap tena que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e
+inundaciones, tres aos consecutivos, le quitaron toda esperanza de
+volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez ms sobre
+nuestra casa.
+
+Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera
+posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron
+limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que haba
+educado a Marta, y que deba terminar su tarea conmigo, tuvo tambin que
+dejarnos.
+
+Marta, que era siete aos mayor que yo, y se dispona a estrenar su
+primer vestido largo, tom su lugar.
+
+De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no
+podan ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y
+yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles.
+
+Poda yo tener once aos, cuando advert por primera vez que Marta haba
+cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habra debido notarlo
+antes, pues tena la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy
+abiertos; pero en la monotona de los das que se deslizan uno tras
+otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las
+penas, se escapan fcilmente.
+
+Pero entonces puse atencin, y vi adelgazarse su rostro cada vez ms, de
+da en da borrarse los colores de sus mejillas, y hundrsele los ojos
+ms profundamente.
+
+Ya no cantaba, y su risa tena una entonacin de cansancio y velada, tan
+particular que me haca sufrir al orla, y ms de una vez estuve a punto
+de gritarle: No te ras!
+
+Hacia la misma poca, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de
+cabeza, de calambres en el estmago, y le costaba trabajo ir de un lado
+a otro por la casa. Naturalmente, pap y mam no podan dejar de notar
+su estado. Un da la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su
+resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un mdico; ste se
+encogi de hombros, prescribi pldoras de hierro y aconsej un cambio
+de aire.
+
+Deba haber aconsejado algo ms, que preocupaba mucho a nuestros padres,
+al menos a pap, pues ya haca mucho tiempo que nada poda sacar a mam
+de su apata.
+
+A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, l
+la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, sala del
+cuarto cerrando la puerta con estrpito.
+
+Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padeca, su trabajo no
+se resenta de ello; de tan lejos como la recuerde, jams la vi un
+segundo desocupada. Muy nia an, permaneca al lado del fogn con su
+libro de lecciones o vigilaba la leja al mismo tiempo que haca sus
+redacciones. Desde que fue mujer, agreg todos los deberes que le
+impona mi instruccin a las preocupaciones sin nmero que da una gran
+casa a la que la dirige. Mam se haba retirado por completo y la dejaba
+ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras
+golosinas obtuvieran su aprobacin.
+
+Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, tena vergenza de mi
+inaccin y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me
+rechazaba suavemente y me despeda.
+
+--Deja, queridita--me deca acaricindome las mejillas,--eres la
+princesa de la familia; contina.
+
+Eso me ofenda. Habra soportado todo salvo que me despidiera cuando
+iba a ofrecerme con el corazn desbordante de ternura.
+
+Una noche la vi llorar. Me deslic afuera, al jardn, y sostuve un rudo
+combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atreva a
+acercrmele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando
+estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoder de m
+con nuevas fuerzas: me levant, y en camisa, como estaba, me aventur
+por el corredor obscuro.
+
+Permanec largo rato delante de su puerta, temblando de fro y de miedo,
+con la mano sobre el botn. Al fin me arm de valor y entr muy
+suavemente en su cuarto.
+
+La encontr arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la
+almohada, y pareca orar.
+
+Me qued inmvil en el umbral, pues no me atreva a perturbarla.
+
+Al fin, se volvi y al verme se levant estremecindose.
+
+--Qu quieres?--balbuci.
+
+Yo me colgu de ella y mis sollozos habran enternecido a un corazn de
+piedra.
+
+--En nombre del Cielo, querida! Qu tienes?--grit.
+
+No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un
+movimiento maternal, tom una gruesa manta de lana, me envolvi en ella
+y me coloc en su regazo, aunque yo ya era ms grande que ella.
+
+--Vamos, confisate, tesoro mo. Qu ocurre?--me pregunt acaricindome
+las mejillas.
+
+Reun todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un
+sollozo:
+
+--Marta, quiero ayudarte.
+
+Sigui un largo silencio, y cuando alc los ojos, vi vagar por sus
+labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tom la
+cabeza entre sus manos, me bes en la frente y me dijo:
+
+--Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero t, me parece que
+tienes fiebre.
+
+De un salto me puse en pie.
+
+--Oh! Haces mal, Marta!--exclam.--No me dejar despedir as. No estoy
+enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te ests consumiendo y
+que, cada da, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna
+confianza en m, acabar por creer que nada quieres tener de comn
+conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras.
+
+Ella junt las manos mirndome con sorpresa.
+
+--Qu te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a
+acostarte--repiti.
+
+--Es intil, puedo ir sola--dije.
+
+Entonces ella vio que era necesario acordar a la nia una palabra de
+explicacin.
+
+--Mira, Olga--dijo atrayndome hacia s,--tienes razn. Tengo muchas
+penas, y si tuvieras ms edad y pudieras comprenderlas, seguramente
+seras la primera a quien se las confiara. Pero antes es necesario que
+aprendas tambin a conocer la vida.
+
+--Y en qu conoces la vida mejor que yo?--exclam, siempre con
+altanera.
+
+Ella se content con sonrer, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce,
+me dio un golpe en el corazn. Tuve un vago presentimiento, apenas
+perceptible, como el que se podra experimentar al ver un templo cerrado
+o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continu:
+
+--Pero de aqu all, y para eso falta mucho todava, debo llevar sola el
+peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y
+te amar an ms por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme
+bien, tenemos mucho que estudiar maana...
+
+Y dicho esto, me empuj afuera.
+
+Me qued en el corredor, como una rproba, contemplando la puerta que
+acababa de cerrarse tan duramente tras de m. Despus apoy la cabeza en
+la pared y llor silenciosa y amargamente. A partir de ese da, Marta
+redobl su cario y su bondad hacia m, pero yo no quera verlo;
+permaneca impenetrable para ella como ella lo haba sido para m, y en
+mi alma se arraig, cada vez ms profundamente, el sentimiento penoso de
+que el mundo no necesitaba de mi amor.
+
+Es evidente que un incidente como ste, por s solo, no poda tener una
+influencia decisiva sobre mi carcter. Una nia tan joven como yo lo era
+entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de
+impresiones nuevas para que unos minutos de este gnero puedan producir
+sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesit mucho tiempo
+para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que
+nadie haba en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas
+conmigo y que estaba reducida a m misma y a mis libros, hasta el da en
+que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de
+los vivos.
+
+Y ms y ms, me sumerga en los tesoros de los poetas, ninguno de los
+cuales me rechazaba de su ms ntimo santuario. Aprenda con Tasso a
+sentirme miserable y sublime; saba lo que Manfredo iba a buscar a las
+heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad
+terrestre de la cual yo haba gozado, de la vida y del amor, que haban
+concluido para m. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi herona y mi
+ideal.
+
+Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poesa que hay en no
+ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa
+bienhechora y en un renunciamiento sublime, me pareca la vocacin
+claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera
+podido llevar, yo tambin, los blancos velos de la virgen griega, cuyos
+pliegues noblemente dispuestos habran convenido tan bien a mi cuerpo de
+nia desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habra sido completa.
+
+A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos aos una criatura
+intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con
+impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando
+algo me desagradaba.
+
+A pesar de todo eso, o quiz a causa de eso mismo, todos me mimaban, y
+mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un nio, tena
+fuerza de ley en toda la casa.
+
+A los quince aos era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba
+de vez en cuando algn joven campesino galante que me dijera que yo era
+muy bonita, mucho ms bonita que todas las otras, y que Marta en
+particular.
+
+Eso me chocaba, pues todava la vanidad no tena cabida en m.
+
+En esa poca so una noche que Marta haba muerto. Cuando me despert,
+mi almohada estaba inundada de lgrimas; en todo el da no hice ms que
+ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me pareca que
+tena sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella.
+
+Despus de la comida Marta se haba recostado por un rato en el canap,
+otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entr en la habitacin en ese
+momento, y vi sobre el brazo del sof su rostro, plido como la cera,
+con los ojos cerrados, qued como si me hubiera herido un rayo.
+
+Cre ver en realidad su cadver ante mis ojos.
+
+Ca de rodillas delante del canap y le cubr de besos la boca y la
+frente. Su rostro se transfigur, abri los ojos y me contempl como si
+viera una visin; pero luego que volvi en s, sus facciones
+readquirieron su expresin de gravedad y de tristeza.
+
+--Vaya, vaya! Qu tienes, hijita?--dijo.--Estas no son cosas que haces
+todos los das.
+
+Me rechaz suavemente, y tambin esta vez permanec parada, abandonada a
+m misma, con el corazn desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me
+llam y murmur:
+
+--Te quiero mucho, hermanita.
+
+La noche de ese mismo da not en cierto momento que pareca sonrerse
+interiormente. Pap tambin lo not, porque aquello no era usual, y,
+tomndole la cabeza con las manos, le dijo:
+
+--Qu te ha ocurrido, Martita? Ests hoy fresca como una flor!
+
+Marta se ruboriz hasta la raz de los cabellos, pero yo le tom la mano
+a hurtadillas por debajo de la mesa, dicindome:
+
+--Ya sabemos lo que nos hace tan felices!
+
+Al da siguiente por la maana, cuando tombamos nuestro caf, pap
+entr con una carta abierta en la mano.
+
+--Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido--dijo
+rindose.--Adivinen cmo se llama!
+
+Y dicho esto, mir a Marta de reojo con expresin un tanto cmica. Me
+pareci que ella se pona ms plida que de costumbre y la taza que
+tena en la mano tembl perceptiblemente.
+
+--Esa ave ha venido ya alguna vez?--pregunt lentamente y en voz baja,
+sin alzar los ojos.
+
+--Vaya si ha venido!--dijo pap sin dejar de rerse.
+
+--Entonces, es... Roberto Hellinger--dijo.
+
+Y exhal un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir
+aquello.
+
+--Mil truenos! Adivinas bien, chicuela!--dijo pap amenazndola con el
+dedo.
+
+Ella nada contest, y con su paso lento y cansado se dirigi hacia la
+puerta; en toda la tarde nadie la volvi a ver.
+
+Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su
+imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era
+como para llenar de ensueos ardientes una romntica cabeza de quince
+aos.
+
+Pero la actitud de Marta me haba llamado la atencin.
+
+Al da siguiente, desde muy temprano, la o ir y venir a pasos
+precipitados, en el piso superior, por los cuartos de huspedes.
+
+Fui a buscarla, pues tena curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas
+habitaciones habitualmente cerradas.
+
+Haba abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas,
+y en chanclas, corra en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se
+coga el rostro con ambas manos y se rea sola con una risa tan extraa,
+que no se saba si era llanto.
+
+Cuando le pregunt: Qu haces ah, Marta? se estremeci, me mir muy
+confusa y slo entonces pareci darse cuenta del lugar en que se
+encontraba.
+
+--Ya lo ves: preparo las camas--balbuci al cabo de un instante.
+
+--Para quin?--pregunt.
+
+--Acaso no sabes que esperamos una visita?
+
+--Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?--repliqu,
+encogindome ligeramente de hombros.
+
+--Y por qu no haba de regocijarme? Es nuestro primo.
+
+--Y nada ms?--dije yo amenazndola con el dedo, como lo haba visto
+hacer la vspera a pap.
+
+Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigi con sus
+grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sent que la
+sangre me aflua, ardiente, al rostro. Volv la cara a un lado, y como
+ya no poda seguir representando el papel de mujer superior, me dirig a
+la puerta.
+
+A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qu pensar. Me
+pareca evidente que l y Marta se amaban, y sobrecogida por la
+vibracin misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los
+seminios de mi edad, comenc a representarme la manera cmo haba
+podido nacer ese amor.
+
+Corra a travs de los bosquecillos silvestres del parque y me deca:
+
+--Aqu es donde se han paseado secretamente.
+
+Me deslizaba en la sombra de los follajes y me deca:
+
+--Aqu es donde se han dado cita.
+
+Me dejaba caer en los bancos de csped hmedo y me deca:
+
+--Aqu es donde han cambiado dulces palabras.
+
+El jardn entero, la casa, el patio y todo lo que conoca desde que
+haba venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se
+difunda por todas partes con un reflejo purpreo. Una vida maravillosa
+pareca haber surgido all. Me haba sumergido de tal modo en esas
+imaginaciones, que conclua por creer que era yo quien haba vivido ese
+amor. Cuando volv a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como
+si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no
+debiera adivinarlo.
+
+Pero, cuando, a la maana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta
+haba realmente vivido todo lo que yo no haca ms que soar, eso me
+turb por completo, y desde un rincn obscuro, la examin sin
+interrupcin, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que
+perteneciera a otro mundo.
+
+Me fij en que cada cinco minutos sala al terrado, desde donde se poda
+ver la puerta de entrada, pero entonces me guard muy bien de dirigirle
+preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una cmplice.
+
+Era un da claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el
+llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados
+temblaban silenciosos en el aire; el ro llevaba un manto de vapor, una
+paz religiosa se cerna sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues
+jams poda encontrar suficiente soledad para soar a mis anchas. En las
+ramas de los lamos se oa ya el roce de las hojas amarillentas, y los
+helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas
+pueden tenerse en pie.
+
+--Me entristec: La Naturaleza entera va a morir--dije;--Ah! Si se
+pudiera morir con ella!
+
+Entonces me acord de todas las burlas que haba ledo u odo sobre las
+impresiones sentimentales del otoo.
+
+--Qu odiosas son esas bromas--me dije.--Pero de m nadie se burlar;
+sabr esconderme y sabr ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que
+pasa dentro de m; y bien se me puede considerar como una muchacha fra
+y sin corazn, con tal de que sepa yo que este corazn palpita lleno de
+ardor y de amor por la humanidad.
+
+--S, aquel fue un da henchido de encanto, da admirable; y dara con
+gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a l.
+
+Y la noche... la veo todava como si fuera hoy. Las ventanas estaban
+abiertas, los tallos flexibles de la via virgen se mecan con el
+viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas
+y de sables llegaban hasta mis odos. Nada poda ver, pues la obscuridad
+lo cubra todo, pero yo saba que era una tropa de cosacos que recorra
+la frontera.
+
+Entonces cerr los ojos y so: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza
+viene el hijo del Rey, rubio y magnfico, sobre su blanco palafrn. Yo
+soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansin;
+el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca,
+que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo ms selecto
+de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi
+padre.
+
+Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de
+primognita, no le corresponde la primaca. Pero, para consolarme, me
+digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ningn Prncipe.
+
+Y me figuro entonces lo que dar a todos los mos cuando haya subido al
+trono: a Marta, un esplndido aderezo; a pap, un cofre de hierro lleno
+de oro; a mam, una gran caja de pias azucaradas.
+
+El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con l mi sueo.
+
+* * *
+
+Roberto lleg al da siguiente.
+
+En el momento en que el carruaje que lo conduca, rod bajo el portn,
+Marta estaba al lado del fogn. Corr a buscarla y le susurr en el
+odo:
+
+--Marta, creo que ah est.
+
+Pero ella me demostr en seguida que yo no era su confidente: me mir un
+instante fijamente y me pregunt, como si su espritu estuviera lejos:
+
+--De quin quieres hablar?
+
+--De quin? Pues del primo, naturalmente.
+
+--Y por qu me dices eso tan misteriosamente?
+
+Y como al or eso me encog de hombros, ella tom la espumadera que
+haba dejado caer y volvi a su tarea.
+
+--Y esa es toda la alegra que sientes?--continu, encogiendo el labio
+con expresin despreciativa.
+
+Pero ella me apart con la mano izquierda, con una brusquedad
+inacostumbrada.
+
+--Vete, chiquilla, te lo ruego!
+
+Y he ah cmo yo recib al primo Roberto en su lugar.
+
+En el instante en que sal al terrado, l bajaba del carruaje.
+
+No es mucho mejor que pap, fue mi primer pensamiento. Era alto, de
+estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno,
+con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una
+de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes.
+
+--No falta ms que la yugular,--pens para mis adentros.
+
+De un salto salv varios escalones y rindose vino a m:
+
+--Hola! Buenos das, Marta!--grit.
+
+Luego, de improviso, se estremeci, me mir de los pies a la cabeza y se
+qued como petrificado en medio de la escalera.
+
+--Yo no me llamo Marta, sino Olga!--dije un poco humillada.
+
+--Ya me lo deca yo!...--exclam sacudindose, y, adelantndose hacia
+m, me alarg una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y
+agrietada.
+
+--Qu palurdo!--me dije mentalmente.
+
+Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examin nuevamente.
+
+--Todava eras una pequeuela, cuando sal de aqu, y me parece
+verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta.
+
+--Yo, parecerme a Marta?--pens--Cundo me habr parecido a Marta?
+
+--Pero no--continu,--ella no era tan alta, sus cabellos eran ms
+claros, no tena esa expresin tan altiva, y... no miraba con ojos tan
+severos.
+
+--Ah, Dios del Cielo!--me dije.--Acaso nunca has visto los ojos de
+Marta?
+
+En ese instante se abri muy suavemente la puerta de la cocina, y por la
+abertura, no ms ancha que la mano, ella se escurri en la habitacin.
+No se haba quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como l, y
+los labios le temblaban.
+
+--Bienvenido seas, Roberto--le dijo tmidamente por detrs, pues l se
+haba vuelto hacia m.
+
+Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y
+entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento,
+sin articular una slaba.
+
+Yo temblaba; haca dos das que acechaba ese momento, y he ah que el
+resultado burlaba lastimosamente mi espera.
+
+Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese
+mismo beso no me gust; a m no me habra besado de otra manera.
+
+--S, pero ni siquiera lo ha hecho--agregu para mis adentros.
+
+Despus permanecieron nuevamente inmviles y silenciosos. Mi corazn
+lata con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos
+manos.
+
+Al fin, Marta le dijo:
+
+--No quieres sentarte, Roberto?
+
+l hizo un ademn de asentimiento y se dej caer en un rincn del sof
+que cruji bajo su peso. Continuaba mirndola incesantemente; al cabo de
+un largo rato, dijo:
+
+--Mucho has cambiado, Marta!
+
+Al or esto me pareci que me daban una bofetada.
+
+Una sonrisa de una tristeza indecible roz los labios de Marta:
+
+--S--dijo.--Mucho debo haber cambiado!
+
+Nuevo silencio. Se habra dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para
+encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento.
+
+--Cmo es que jams he sabido que estabas enferma?--concluy por decir.
+
+--No lo s--replic ella con una dulzura en que se descubra un poco de
+amargura.
+
+--No podas escribrmelo?
+
+--Pero, acaso nos escribimos?
+
+Roberto empuj con irritacin el pie de la mesa.
+
+--Pero cuando uno no est bien... entonces... entonces...
+
+No supo decir ms.
+
+Yo apret los puos: habra sabido concluir tan bien la frase por l!
+
+--T sabes--dijo Marta,--que el enfermo es siempre el ltimo en saber
+que no est bien.
+
+--Yo crea que l deba saberlo mejor que nadie.
+
+--Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso?
+
+Esta vez Marta habl sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que
+le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me parta el corazn.
+
+--Oh, Marta!--gritaba una voz dentro de m.--Por qu me has rechazado?
+
+En eso ella solt una risa breve y pregunt a Roberto cmo estaban en su
+casa, y lo que hacan mi to y mi ta.
+
+--Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi to y mi ta--dijo
+mirando en su derredor hasta en los rincones.
+
+Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprima, que
+al verlos buscar por el cuarto tan cmicamente, prorrump en una risa
+estrepitosa.
+
+Ambos se volvieron hacia m, sorprendidos, como si slo entonces notaran
+mi presencia.
+
+--Y qu dices de nuestra Olguita?--pregunt Marta, tomndome por la
+mano con ademn maternal.--Te gusta?
+
+--Ahora un poco ms--dijo examinndome.--Antes me pareci demasiado
+enseorada.
+
+--Sin embargo, no poda saltarte al cuello en seguida--repliqu.
+
+--Y por qu no?--repuso con una sonrisa.--Crees que no habra habido
+bastante lugar para ti?
+
+--No--dije, para que supiera de una vez cmo haba que tratarme.--Ese no
+es mi lugar.
+
+Entonces me mir muy azorado, y dijo meneando la cabeza:
+
+--Cspita! La chiquilla es mordaz.
+
+Yo iba a replicar, pero pap entr.
+
+En la mesa no los perd de vista, pero nada sospechoso hubo que
+observar; apenas si cambiaron algunas miradas.
+
+--Ms tarde, cuando nuestros padres duerman--me dije,--tratarn de
+escaparse.--Pero me equivoqu. Se quedaron tranquilamente en la sala y
+ni una sola vez trataron de alejarme. l fumaba, sentado en un rincn
+del canap; ella estaba sentada cinco pasos ms all, junto a la
+ventana, con su bordado.
+
+--Quiz son demasiado tmidos--me dije,--y esperan que la ocasin se
+presente sola.--Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de
+lugar, y sal de la habitacin. Luego, con el corazn palpitante, esper
+media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de
+atreverme a volver.
+
+--Ahora--me dije,--l se le acercar, le tomar la mano y la mirar por
+largo rato en los ojos. Me amas siempre?--le preguntar,--y ella,
+ruborizndose, con una mirada hmeda, se dejar caer sobre su pecho.
+
+Cerr los ojos y suspir. Las sienes me palpitaban, me senta cada vez
+ms embriagada por las imgenes que me representaba y me figuraba su
+continuacin; lo vea caer de rodillas delante de ella, y, con miradas
+ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad.
+
+Me saba de memoria lo que l le deca en ese momento, y no menos bien
+lo que ella le contestaba: habra podido soplarle las palabras.
+
+Cuando pas la media hora, me consult para saber si les otorgara
+todava algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta
+calidad, les acord graciosamente mi proteccin, con una sonrisa.
+
+--Ojal puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!--pens, y
+resolv ir todava a dar una vuelta por el jardn. Pero la curiosidad me
+dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volv sobre mis pasos.
+
+Me acerqu sin ruido hasta la puerta, pero apenas hall el valor
+necesario para dar vuelta al botn: la idea de lo que iba a presenciar
+me oprima el pecho hasta ahogarme.
+
+Y qu fue lo que vi?
+
+Roberto estaba todava sentado, como yo lo haba dejado, en una esquina
+del canap; haba fumado su cigarro, del que no le quedaba ya ms que la
+punta entre los dedos, y el bordado de Marta contena una flor que antes
+no exista.
+
+--Por qu te encoges de hombros con ademn tan despreciativo?--me
+pregunt Marta.
+
+Y Roberto agreg:
+
+--Parece que no tengo la aprobacin de la seorita.
+
+--As, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos--me
+dije, y sal golpeando violentamente la puerta detrs de m.
+
+Toda esa noche, loca de m, me la pas despierta hasta el amanecer,
+representndome la manera cmo yo, Olga Bremer, habra procedido en el
+lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; senta,
+hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el
+murmullo apasionado de un amor ardiente, desdeoso del mundo entero.
+
+Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, invent
+un montn de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la
+frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldicin
+paternal, fuga, y, por fin, muerte comn en las aguas, pues un verdadero
+amor no me pareca dignamente sellado y concluido sino por la muerte.
+
+Cuando me levant, al da siguiente por la maana, tena zumbidos en la
+cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas.
+
+Al ver mi semblante, Marta junt las manos por encima de su cabeza, y
+Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sof, envuelto
+nuevamente en nubes de humo, exclam:
+
+--Has pasado la noche llorando o bailando?
+
+--Bailando--repliqu,--en el Brocken con otras brujas.
+
+--No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,--dijo
+moviendo la cabeza.
+
+--A preguntas necias...--repliqu.
+
+--Vaya! no volver a abrir la boca--dijo rindose;--de lo contrario se
+me servira desde por la maana un plato de necedades como en mi vida he
+comido.
+
+Marta me dirigi una mirada de reproche. Yo hu al fondo del parque, al
+lugar ms sombreado, y ocult mi encendida cara entre el fresco follaje.
+
+Poco me faltaba para llorar.
+
+--He ah, pues, mi destino--me deca:--desconocida por todo el mundo,
+aislada y desdeada con mi corazn ardiente de amor, marchitndome en mi
+rincn sin que nadie me solicite, mientras que en torno mo todo se
+entrelaza y satisface su pasin en ardientes besos.
+
+S, en sueo, haba substituido tan bien a Marta en su amor, que haba
+llegado a tomarme por la herona: el desencanto no poda hacerse
+esperar.
+
+Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, ms tarde, seguir
+los vuelos de mi imaginacin! pero mientras ms tiempo Roberto
+permaneca entre nosotros, ms observaba las relaciones de Marta con l,
+y ms me convenca de que el inters que yo les prodigaba, se perda
+totalmente.
+
+Ella, encarnacin de la ama de casa, fra y tmida, sometida a todas las
+fatalidades de la existencia cuotidiana; l, encarnacin del
+propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasin. Discurra en esta
+forma, mientras mi corazn estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo
+pasaba inadvertida y era intil. Entonces ocurri un incidente que no
+slo suaviz mi humor, sino que hasta modific sensiblemente mi juicio
+sobre nuestro primo.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Haca cuatro das que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de
+improviso y me dijo:
+
+--Olguita, quisiera pedirte algo; no vendras a hacer un paseo a
+caballo conmigo?
+
+--Qu honor!--repliqu.
+
+--No, no hay que volver a empezar en ese tono--dijo con una risa en la
+cual se notaba algo de enfado.--Tratemos de ser buenos camaradas por
+media hora, quieres?
+
+Su ingenua franqueza me agrad: dije que s.
+
+Cuando nuestros caballos pasaron el portn, Marta estaba en la ventana
+de la cocina y nos hizo seas con su delantal blanco.
+
+--Ves, Marta--dije para mis adentros,--as es cmo me ira con l a
+travs del vasto mundo, si fuera su querida.
+
+Yo no tena entonces ms que una nocin bastante confusa de lo que es
+una querida y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad.
+
+--Monta bien--pens en seguida;--mi hijo del rey no sera mejor
+jinete.
+
+Y entonces me sorprend al ver que me haba erguido, orgullosa y alegre,
+en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me
+haca correr un estremecimiento por todo el cuerpo.
+
+Roberto nada deca, pero con frecuencia se inclinaba hacia m y me haca
+una sea amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto
+cada cinco minutos: trabajo intil, pues nada estaba ms lejos de mi
+imaginacin que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media
+hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo:
+
+--Bueno, chiquilla?
+
+--Qu hay, grande?
+
+--Regresamos?
+
+--Oh, no!
+
+No estaba dispuesta a renunciar tan fcilmente a lo que me llenaba de
+una satisfaccin tan completa.
+
+--Entonces, al bosque de Illowo!--dijo l sealando la mancha azulada
+que cerraba el horizonte a lo lejos.
+
+Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que ste se
+irgui y parti dando saltos.
+
+--Bravo, por la chica de quince aos!--grit l detrs de m.
+
+--Dispense, diecisis!--repliqu, volvindome a medias hacia l.--Por
+otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, se acab
+nuestra camaradera!
+
+--En nombre del Cielo!--dijo l rindose.
+
+Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra.
+
+El bosque de Illowo est dividido por una pequea corriente de agua,
+cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de
+los lamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por
+encima del espejo obscuro de las aguas una alta bveda de verdura que, a
+cada desvo del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a
+formarse inmediatamente despus.
+
+Bajo esa bveda, junto al borde del agua, conoca desde mi infancia ms
+de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o soando,
+mientras mi caballo, un poco ms arriba, paca tranquilamente en el
+bosque.
+
+Y como esta vez bamos lentamente, por entre los troncos de rbol, se me
+ocurri hacerle conocer uno de mis retiros.
+
+--Quiero bajar--le grit,--ven a ayudarme a echar pie a tierra.
+
+De un salto baj de su caballo e hizo lo que yo le peda.
+
+--Qu quieres hacer?--me pregunt.
+
+--Vas a verlo--dije,--pero primero suelta los caballos...
+
+--No faltaba ms!--dijo Roberto rindose.--Me haces el efecto de quien
+quiere coger las liebres ponindoles un grano de sal bajo la cola.
+
+E hizo ademn de atar las riendas a un tronco de rbol.
+
+--Sultalos!--orden.
+
+Y como l no obedeca castigu a los caballos con mi varilla: antes que
+l hubiera pensado en sostener ms fuertemente las bridas, los caballos
+galopaban ya libremente en el bosque.
+
+--Y ahora?--dijo mi primo ponindose las manos en los bolsillos.--Te
+imaginas que van a dejarse coger otra vez?
+
+--Por ti, no--respond rindome, pues estaba segura de mis favoritos.
+
+Y cuando al or un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde
+lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus
+hocicos, esperando una caricia, mi corazn se dilat: me senta
+orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de
+razn, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y
+alc hacia Roberto una mirada triunfante: ahora l deba saber quin era
+yo y qu pretenda.
+
+Pero vi muy bien que todava yo no le impona.
+
+--Maravilloso, chica!--dijo l, y nada ms.
+
+En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recost
+perezosamente en el csped. Los rayos de sol que pasaban a travs de las
+ramas, relucan en su barba: me pareci un gigante en reposo, semejante
+a los que nos pintan las leyendas del Norte.
+
+Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis
+visiones romnticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que
+volv a caer repentina y bruscamente en la prosa.
+
+--Pero no nos vamos a quedar aqu, mi seor primo!
+
+--No seas loca, chiquilla--dijo l cerrando los ojos.--Haz como yo,
+vamos a dormir.
+
+Tuve un impulso de alegra, y, acercndomele, lo cog por el cuello y lo
+sacud fuertemente.
+
+Quiso asir mi vestido, pero yo me escap, lo que le hizo levantarse
+vivamente para correr tras de m.
+
+Entonces, tranquilamente me adelant hacia l y le dije:
+
+--Bueno, ahora, ven.
+
+Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente
+escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un
+espejo obscuro. All, los rboles de anchas hojas y toda clase de
+plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una
+cuna natural, donde haba sombra aun en pleno medioda.
+
+All fue donde le hice entrar.
+
+--Mil truenos! He aqu un lindo rincn, chica--dijo l al mismo tiempo
+que se extenda cmodamente sobre la piedra, tanto que sus pies caan
+casi al nivel del agua.
+
+--Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos.
+
+Lo obedec, pero me sent de manera que mi mirada pudiera dominarlo.
+
+l finga dormir, y de cuando en cuando, por entre sus prpados medio
+cerrados, alzaba los ojos hacia m.
+
+De repente se me ocurri esta idea:
+
+Si fueras Marta, qu haras en este momento?
+
+Y un pavor tal se apoder de m, que la sangre me subi hirviente a la
+cara.
+
+--Eres miedosa, chiquilla?--me pregunt.
+
+Yo sacud la cabeza.
+
+--Entonces, ven.
+
+--Ya estoy a tu lado.
+
+--Ponte all, delante de m.
+
+Hice lo que me peda: mis pies tocaban casi el borde de la piedra.
+
+De pronto, se levant, me asi, rpido como el rayo, por la cintura, y
+en el mismo instante me sent suspendida sobre el agua.
+
+Lo mir rindome.
+
+--Cmo!... Cmo!...--dijo.--No hay de qu rerse! Si te dejara
+caer...
+
+--Me ahogara... Pues bien, djame caer!
+
+--No. Antes quiero que me confieses algo.
+
+--Qu?
+
+--Por qu no puedes sufrirme?
+
+Respir profundamente. Al mismo tiempo sent que las suelas de mis
+botines tocaban ya la superficie del agua: l no poda dejarme caer ms.
+Una deliciosa sensacin de desfallecimiento me invadi.
+
+--Pero yo puedo sufrirte--le dije.
+
+--Por qu entonces me contestas siempre de tan mala manera?
+
+--Porque soy una muchacha mal criada.
+
+--Enhorabuena!--dijo l, rindose.
+
+Y, con un movimiento brusco, me alz como una pluma: yo me volv a
+encontrar de pie sobre la piedra.
+
+--Bueno, ahora sintate; vamos a conversar seriamente.
+
+Me tom la mano y continu:
+
+Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en
+ejercitar mi espritu. T, con tu vivacidad, me ganas fcilmente; por
+eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. T no lo haces con mala
+intencin, bien lo s, pues en nuestra familia no se conoce la maldad;
+pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce aos ms que t, t
+eres todava una chiquilla, o poco menos... Tengo razn?
+
+--Tienes razn...--respond humildemente.
+
+Y me preguntaba aparte lo que se haba hecho mi altivez.
+
+--Por qu, pues, procedas as?
+
+--Porque quera agradarte.
+
+Y exhal un profundo suspiro.
+
+l me mir en los ojos con asombro.
+
+--Porque quera mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza
+muy a plomo, que yo...
+
+Me detuve muy confusa. Roberto se morda la barba y miraba frente a l,
+pensativo.
+
+--Miren eso!--dijo.--Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el
+mal lado. Qu suerte que haya seguido el consejo de Marta!
+
+--De Marta? Qu consejo te ha dado?
+
+--Tmala aparte, uno de estos das--me ha dicho,--y explcate con ella.
+Cuando Olga no quiere a alguin, lo aborrece, y me dara mucha pena que
+no te tuviera cario.
+
+--Marta ha dicho eso?--exclam, y las lgrimas me asomaron a los
+ojos.--Qu corazn, qu corazn de oro!
+
+--S, ha dicho eso y muchas otras cosas ms para explicar tu
+temperamento y excusarte. Y como amo a Marta...
+
+--La amas?--dije, interrumpindolo, vida de saber ms.
+
+--S, profundamente--respondi l pensativo, con los ojos fijos en el
+agua que corra a sus pies.
+
+Mi corazn lata tan precipitadamente, que apenas poda respirar. As,
+pues, l me tomaba por confidente, me converta en su aliada! Habra
+querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me senta
+hacia l.
+
+--Y... ella lo sabe?
+
+--Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar...
+
+--Cmo?...--balbuc.--T no... no... se lo has dicho?
+
+Roberto sacudi tristemente la cabeza.
+
+Yo ca desde lo alto de las nubes. De modo que los bosquecillos de
+nuestro jardn nunca haban prestado su abrigo a dos enamorados; la
+luna, que brillaba por entre las ramas, nunca haba sido testigo de
+besos clandestinos! Puras quimeras todas mis imaginaciones!
+
+Pero, en medio de mi desilusin, senta una profunda compasin por ese
+gigante, que, sin ms fuerzas que un nio, buscaba amparo en m. Me jur
+que su confianza en m no sera vana.
+
+--Y por qu has guardado silencio?--insist.
+
+Pareci que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza;
+sin embargo, dijo con un profundo suspiro:
+
+--En aquel tiempo, yo era un muchacho tmido y no encontraba el valor
+necesario para hablar. En esos primeros aos de locura se siente uno
+tan transportado, si obtiene siquiera un apretn de manos a hurtadillas!
+Se figura uno que el mismo matrimonio no podr ofrecer un deleite mayor.
+Pero en realidad t no puedes comprender eso.
+
+--Quin sabe?--repliqu en mi inocencia.--Mucho he ledo ya sobre eso.
+
+--En resumen--prosigui l,--yo era entonces ms o menos tan ingenuo
+como t ahora. Y hoy, sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula
+a ella, con cadena indisoluble, y para siempre.
+
+--Entonces, no quieres vincularte?--le pregunt con sorpresa.
+
+--No tengo derecho para ello--grit,--no tengo derecho. No s si podr
+hacerla feliz.
+
+--Oh! Francamente... si no lo sabes!...
+
+Encog el labio con desprecio y dentro de m, llegu a esta conclusin:
+Entonces, no la ama!
+
+Pero l, con los ojos chispeantes, se anim ms:
+
+--Comprndeme, nia. Si eso dependiera de m, no pedira ms que
+llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con
+las piedras del camino. Pero... oh! esta miseria, esta miseria!
+
+Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me senta realmente
+turbada. Nunca habra credo posible que ese hombre tan tranquilo y
+grave pudiera volverse tan apasionado.
+
+--Confame tus tormentos, Roberto--dije, ponindole la mano en el
+hombro.--No soy ms que una chica, muy sencilla, pero eso desahogar tu
+corazn.
+
+--No puedo!--gimi,--no puedo!
+
+--Y por qu?
+
+--Porque sera mortificante... hasta para ti. No puedo decirte ms que
+una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jams
+podra resistir al torrente de penas y de tormentos que caera sobre
+ella: se doblara como una frgil caa al primer soplo de la tormenta.
+De qu me servira tener que llevarla al cementerio pocos aos despus
+de nuestro matrimonio?
+
+Un helado calofro me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la
+horrible manera en que deba realizarse esa frase, llena de
+presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advertrmelo: slo
+experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por dems prosaico para
+mi gusto, un giro tan romntico como fuera posible. Desgraciadamente no
+haba gran cosa que hacer. Por lo menos asum una expresin capaz y
+busqu en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o
+los confesores dan ordinariamente como vitico a los amantes
+desgraciados.
+
+Y l, como un gran nio que era, bebi esas tontas palabras de consuelo
+con la avidez de un hombre que se muere de sed.
+
+--Pero tendr paciencia ella tambin?--me pregunt, y pareca perder
+nuevamente el valor.
+
+--S, la tendr! Confa plenamente!--grit con arrebato.--Puesto que
+espera desde hace tanto tiempo, podr muy bien tener paciencia uno o dos
+aos ms. Ya vers cmo se somete de buen grado.
+
+--Y si, aun ms tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!--objet
+Roberto.--Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su
+corazn! No, no hablar; antes me arrancarn la lengua, no hablar!
+
+--Si no queras hablar, para qu viniste entonces?
+
+Dios sabe cmo ese pensamiento de doble filo vino a mi espritu de joven
+aturdida. Sent confusamente que al pronunciar esas palabras cometa un
+acto de crueldad, pero... ya era tarde.
+
+Vi palidecer su rostro, sent que su respiracin ardiente se exhalaba en
+un suspiro.
+
+--Soy un hombre de honor, Olga--murmur entre dientes;--para qu
+atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendrs una respuesta.
+He venido porque ya no poda vivir sin ella, porque quera beber en sus
+ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y
+porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza
+de que las cosas aqu pudieran tomar otro giro, que todo pudiera
+arreglarse para que yo me la llevara conmigo.
+
+--Y las cosas no se arreglan?
+
+--No!... No preguntes por qu. Contntate con esta respuesta: no!
+
+De repente se inclin hacia m, se apoder de mis manos y me dijo desde
+el fondo del corazn:
+
+--Ves, Olga, cmo nuestro compaerismo ha tenido mejor resultado que el
+que podamos esperar uno y otro hace media hora. Querras asistirme
+fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder?
+
+--S, te ayudar--respond, y al decir esto me sent penetrada de la
+solemnidad de mi promesa.
+
+--Veo que ya no eres una nia--continu l,--eres una joven enrgica e
+inteligente, y si emprendes algo, no flaquears. Quieres velar por
+ella, para que no se desaliente, si todava esta vez me voy sin haber
+hablado? Lo quieres?
+
+--S, velar--repet.
+
+--Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme cmo est, si
+se siente bien, si sigue animosa? Quieres?
+
+--Te escribir--volv a contestar.
+
+--Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y
+para siempre.
+
+Y me bes en los labios...
+
+Cinco minutos despus estbamos a caballo, y trotbamos rpidamente
+hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer.
+
+--Cunto han tardado!--dijo Marta que estaba en el terrado, con su
+delantal blanco, y nos sonrea desde lejos.
+
+Cuando la vi, experiment el sentimiento de que toda la ternura que yo
+pudiera prodigarle, sera poca. Me precipit hacia ella y la bes
+impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me pareca que as
+borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprend de sus brazos,
+con el corazn oprimido, y me alej. En la mesa, esa misma noche, no
+ces de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordara con una
+sea nuestro convenio secreto. Pero l no pens en ello; slo cuando
+todos se levantaron desendose buena digestin, me estrech la mano de
+un modo muy particular, como nunca lo haba hecho antes.
+
+Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magnfico presente.
+
+Esa noche, me cost mucho trabajo esperar el momento en que me
+encontrara en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme as,
+una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y
+soando: tena la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo
+que quera, y de dormirme tan pronto como me pareca conveniente; para
+ello no tena ms que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha.
+Esta vez me estir en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca
+haba conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parecan
+colmados. Mis mejillas ardan y en mis labios tena, todava sensible,
+la picazn ligera del primer beso con que un hombre--pap, naturalmente,
+no contaba,--los hubiera rozado.
+
+Y si, contemplndolo de cerca, ese beso se diriga tambin a otra, qu
+me importaba? Era tan joven todava, que no poda pretender semejante
+cosa para m sola.
+
+Volv una vez ms a mi idea predilecta: Qu hara yo si estuviera en el
+lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de
+imaginaciones, que no eran ms que puras quimeras--ese da me lo haba
+probado bien,--pero poda trabajar en l con toda tranquilidad, y fue lo
+que hice en mi desvelo o en mis sueos, hasta la maana siguiente.
+
+Dos das despus, Roberto parti. Algunas horas antes de marcharse tuvo
+una larga conversacin con Marta en el jardn.
+
+Los vi internarse en l sin sentir celos, y fue para m un placer
+indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera.
+
+Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus
+miradas serias y tristes.
+
+No, no se haba declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero haba
+hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de tmida
+esperanza.
+
+En el momento en que iba a subir al carruaje se encontr por casualidad
+solo conmigo algunos segundos. Me tom la mano y murmur:
+
+--No revelars una sola palabra? Puedo contar con ello?
+
+Hice un signo de afirmacin enrgica.
+
+--Y me escribirs pronto?
+
+--Seguramente.
+
+--Adnde debo dirigirte la respuesta?
+
+Me qued azorada: no haba pensado en ello. Pero, como los minutos eran
+contados, nombr al azar a un viejo mayordomo que me haba demostrado
+siempre ms afecto que nadie.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+El tiempo transcurra. Lo mismo que antes, los das sucedan a los das,
+y sin embargo, cun nuevo y particular se haba vuelto el mundo para
+m!
+
+Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos;
+haba penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me
+envolvan por todas partes y poda--oh deleite!--divertirme con ellos:
+estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que deba asegurar la
+felicidad de mi hermana.
+
+Era maravilla ver, despus de esa visita de Roberto, cmo Marta volva a
+la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos das
+de existencia en comn con l haban obrado sobre ella como un bao
+fortificante, y ms aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual
+haba bebido furtivamente a grandes tragos.
+
+Sin duda, no haba recobrado su brillante alegra de otros tiempos, que
+esos siete aos de ansiosa espera parecan haberse llevado
+irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios,
+pero un brillo suave y clido animaba sus facciones como si una luz
+salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos
+lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acoga con
+una sonrisa amistosa.
+
+Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba ms y ms
+y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no
+haca ms que aumentar mi cario e impulsarme a rogar a Dios para que
+derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza.
+
+Mientras no me abriera su corazn ella misma, no poda ni quera
+confesarle cun profundamente mis ojos haban penetrado ya en l.
+
+Ms de una vez me sorprend contemplndola con un sentimiento maternal,
+si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con
+Roberto, me figuraba que verdaderamente tena la felicidad de ambos en
+mis manos.
+
+En mi presuncin, me consideraba fcilmente como un buen genio, vestido
+de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa verta bendiciones.
+Mientras tanto, contaba los das hasta la llegada de una carta de
+Roberto, y corra de ac para all, con las mejillas encendidas, cuando,
+al fin, la llevaba sobre mi corazn.
+
+Esas cartas se me haban hecho tan necesarias, que me era difcil
+concebir cmo haba podido vivir antes sin ellas. So pretexto de
+contarle los hechos y dichos de Marta, saba muy bien ahuyentar las
+penas de su corazn con mi charla, infantil y loca como gusta a los
+hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de
+madurez, como se haba vuelto mi corazn. Le agradaba mi chchara,
+cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un
+pjaro cantor, y yo no peda ms. Le estaba tan agradecida porque me
+haba asociado a su grande y sincera pasin, a m, a la chicuela a quien
+todava hacan salir de la habitacin cuando la gente grande quera
+hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo
+tena a mis propios ojos, me venan de ese papel de protectora.
+
+As creca yo con ese amor, me alimentaba con esa pasin, de la que
+nunca la menor migaja deba caer para m de la mesa.
+
+* * *
+
+Cuando lleg el otoo, not que Marta manifestaba una agitacin
+extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permaneca a veces
+la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo
+ademanes cuando crea estar sola, y se estremeca violentamente cuando
+se vea sorprendida.
+
+Inform fielmente a Roberto de lo que haba observado y le pregunt
+adems si no haba hecho quiz esperar su visita para aquella poca,
+pues toda la manera de ser de Marta me pareca provocada por una
+sobreexcitacin enfermiza de la espera.
+
+Tuve ocasin de estar satisfecha de los conocimientos psicolgicos de
+mis diecisiete aos, pues mis previsiones eran justas.
+
+Profundamente abatido, me escribi que efectivamente, al separarse de
+ella, haba expresado la esperanza de poder volver en el otoo siguiente
+con cara ms alegre; pero se haba equivocado: estaba, ms que nunca,
+sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin
+ver brillar el menor fulgor de esperanza.
+
+Por lo menos--le contest,--lbrala del tormento de la espera e informa
+a nuestros padres, con miramientos, de tu situacin.
+
+As lo hizo: dos das despus, pap, muy apenado, trajo la carta que a
+causa de mi juventud, todava demasiado irracional, yo no deba leer.
+
+Esa carta tuvo sobre el nimo de Marta una influencia que me asust y me
+conmovi. La sobreexcitacin de las ltimas semanas desapareci
+repentinamente, como barrida de golpe, y dej el lugar a ese abatimiento
+desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la haba
+convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueci, y dos surcos
+profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a
+las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorca en
+crisis dolorosas, otra vez tambin le haba vuelto ese perpetuo deseo de
+llorar que, a la menor ocasin, se daba curso en torrentes de lgrimas.
+
+Esta vez, pap no mand buscar al mdico: poda fijar el dianstico l
+mismo. Hasta mam se compadeci de los sufrimientos de la desdichada,
+tanto como se lo permita su apata, y sta no consenta que se alejase
+de la estufa para atender a su hija enferma.
+
+En cuanto a m, encontr entonces por primera vez la ocasin de mostrar
+a los mos que ya no era una criatura y que mi voluntad tena algn
+valor, aun cuando se tratara de cosas serias.
+
+Asum toda la direccin de la casa, y por ms que todos sonrieron
+maliciosamente y protestaron, y Marta me explic repetidas veces que
+jams consentira que yo, la ms joven, la suplantase, me las compuse
+tan bien que al cabo de quince das yo era quien manejaba toda la casa.
+
+Fue aquella la nica poca en que tuviramos todos que disputar con
+Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo haca era
+por amor a ella, y finalmente concluy por ser la primera en
+agradecrmelo. Por otra parte, se acostumbr a cederme en ms de un
+punto, aunque tratando de disimularse a s misma mi influencia y dando a
+entender que haba que dejar hacer su voluntad a los nios.
+
+En mi correspondencia con Roberto, aprend por primera vez que se puede
+mentir por amor. Le disimul el triste efecto que haba producido su
+carta; s, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba
+perfectamente. Proceda as porque estaba persuadida de que la verdad lo
+habra sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no
+dejaran de abatirlo, puesto que nada poda remediar. Pero entonces se
+me haca terriblemente difcil conservar el tono de charla ligera, y muy
+a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma.
+
+Y todo se ensombreca de da en da en torno nuestro. Pap estaba
+cabizbajo, porque las malas cosechas haban defraudado sus ms bellas
+esperanzas; mam murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se
+marchitaba cada vez ms.
+
+Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces
+nuestro apacible interior haba visto otras.
+
+En torno del flamante rbol de Navidad, que esta vez yo haba adornado e
+iluminado en lugar de Marta, permanecamos inmviles sin saber qu
+decirnos, tan oprimido tenamos el corazn. Y, como nadie se decida a
+hacerlo, tuve que esforzarme en rer y hacer lo posible para borrar las
+arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no
+encontr eco y por ltimo nos dimos la mano desendonos buenas noches
+para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sabamos cmo
+entrar en materia los unos con los otros.
+
+Cuando llegu al lado de Marta, que estaba sentada en un rincn, con los
+ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sent que un doloroso
+estremecimiento me atraves el pecho, como si le hubiera hecho un
+agravio que debiera reparar; pero ignoraba cul poda ser ese agravio.
+
+Ella me dijo al besarme en la frente;
+
+--Que Dios te conserve tu valiente corazn, Olguita! Te agradezco mucho
+las bromas que te has esforzado en decir hoy.
+
+No supe qu contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no poda
+definir, me desgarraba el corazn.
+
+Cuando me encontr sola en mi cuarto, me dije: Bueno, ahora vas a
+festejar la Navidad! Saqu las cartas de Roberto de la gaveta en que
+las tena cuidadosamente escondidas y resolv leerlas hasta una hora
+avanzada de la noche.
+
+La tempestad sacuda los postigos, la nieve, empujada por las rfagas
+del viento, barra los vidrios con un roce ligero y la lmpara de
+pantalla verde suspendida del cielo raso, esparca sobre m su fulgor
+apacible.
+
+En el momento en que colocaba cmodamente delante de m el paquetito de
+cartas, o junto a m, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una
+cada, y luego un murmullo indistinto que me pareci el de una oracin
+mezclada con sollozos.
+
+He ah cmo celebra la noche de Navidad!--pens juntando
+involuntariamente las manos. Sent otra vez un dolor en el corazn, como
+si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continu
+devanndome los sesos hasta que vi claramente que slo las cartas eran
+culpables.
+
+No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo
+silencio?--me pregunt.
+
+Pero mi conciencia no se dej seducir. No. Aquello fue como si un rayo
+me hiriera en la cara, pues sent con qu delicias mi corazn acariciaba
+esas cartas.
+
+Qu no dara ella por una de estas hojas?--me dije en seguida.--Ella
+que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa
+idea de que, si no ha venido, es nicamente porque quiere arrancarla de
+su corazn.
+
+Y t oyes sus sollozos--continuaba una voz dentro de m,--y la dejas
+presa de sus torturas mientras que t te deleitas pensando en que tienes
+un secreto con l, con l, que pertenece slo a _ella_.
+
+Me escond la cara entre las manos: la vergenza se apoderaba de m tan
+violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. Dale esas
+cartas!--me grit repentinamente una voz, y me lo grit tan alto y con
+tanta claridad, que me pareci que era la tempestad la que me haba
+lanzado esas palabras al odo.
+
+Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que
+mi buena voluntad ceda, instada por el temor de faltar a la palabra que
+haba dado a Roberto, y por el deseo de seguir todava en
+correspondencia secreta con l, el ruido de los sollozos y de la oracin
+de Marta llegaba hasta m ms claro, y me trastornaba a tal punto los
+sentidos, que me pareca que iba a verme obligada a huir hasta el fin
+del mundo, para no orlo ms.
+
+Y conclu por cumplir conmigo misma. Tom las cartas, las reun en un
+elegante paquete que at con una cinta y me dispuse a llevrselas a su
+cuarto.
+
+Este ser su regalo de Navidad!--dije pensando en que ese ao no
+haba podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como
+siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la
+alegra que desborda del corazn, resolv representar todava un poco la
+comedia, antes de entregrselas.
+
+Baj a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde
+se encontraban nuestros regalos, bajo el rbol de Navidad. Tanteando en
+la obscuridad, busqu su plato, recog los objetos que estaban al lado
+de ste, y por encima de todo coloqu el paquete de cartas.
+
+Cargada de esta manera, me acerqu a su puerta y toqu.
+
+O un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y,
+al cabo de un intervalo bastante largo--sin duda el tiempo necesario
+para enjugarse los ojos,--su voz reson muy cerca de la puerta,
+preguntando quin estaba all y qu queran.
+
+--Soy yo, Marta--dije.--Te traigo tu plato; lo habas dejado abajo.
+
+--Llvalo a tu cuarto, ir a buscarlo maana--respondi ella.
+
+Y en la voz tena sollozos que se esforzaba en disimular.
+
+--Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los dems--dije.
+
+Y tambin mis palabras estaban medio ahogadas por las lgrimas.
+
+--Bien! Me lo dars maana--replic,--ya estoy desvestida.
+
+--Pero ese regalo es mo--dije.
+
+Y, como en la bondad de su corazn, temi ofenderme, no obstante su
+inmenso dolor, me abri la puerta.
+
+Me lanc hacia ella y llor sobre su hombro, apretando convulsivamente
+el plato con la mano izquierda.
+
+--Qu tienes, querida?--me pregunt acaricindome.--En toda la casa
+eras la nica que conservabas tu buen humor, y ahora...
+
+Me arm de valor y, acercndola a la luz, le mostr el plato. A la
+primera ojeada reconoci la letra; se puso blanca como el yeso que
+cubra las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las lgrimas, me
+mir fijamente como si hubiera perdido la razn.
+
+--Tmalo, pues--dije,--tmalo.
+
+Ella extendi la mano, pero la retir con un ademn brusco: se hubiera
+dicho que haba tocado un hierro candente.
+
+--Ves, Marta--dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta
+importancia,--no has querido tener confianza en m, me has tratado
+siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras t
+te desesperabas, yo he obrado.
+
+Ella continuaba mirndome fijamente, desconcertada, sin comprender.
+
+--Crees que Roberto no se inquieta por ti--continu.--Sin embargo, he
+tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana
+regularmente.
+
+Marta retrocedi tambalendose, se llev las manos a la cabeza, y, de
+improviso, una especie de calofro la sacudi. Se adelant hacia m, me
+tom las manos y con voz singularmente velada, dijo:
+
+--Mrame de frente, Olga! Quin de los dos ha escrito la primera
+carta?
+
+--Yo!--dije asombrada, no sabiendo todava adnde quera ir a parar.
+
+--Y t le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga?
+
+--Qu idea es esa?--dije.--El mismo fue quien me confes todo, cuando
+estaba aqu... Oh! Me conoca mejor que t--agregu, no queriendo dejar
+escapar de mi juego ese ligero triunfo,--no se avergonz de tomarme de
+confidente.
+
+--Alabado sea Dios!--murmur ella con un profundo suspiro, juntando las
+manos.
+
+--Pero ven, Marta--dije llevndola a la mesa.--Vamos a festejar la
+Navidad.
+
+Entonces lemos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de
+ellas, en cada una de las frases sencillas y desmaadas, apareca el
+corazn afectuoso de Roberto, su corazn de oro; arrojaba en nuestras
+almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y
+nos devolva la alegra. Reamos y llorbamos, con las mejillas apoyadas
+una contra otra, y nos estrechbamos con fuerza las manos, como para
+procurarnos recprocamente la sensacin de esas vivas y vigorosas
+presiones, que prodigaba su tosca mano roja.
+
+Y de pronto, estbamos en uno de esos prrafos en que l me rogaba
+encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, sta se
+sinti abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo,
+se dej caer delante de m y apoy sus labios en mi mano.
+
+Pero, por violenta que fuera mi emocin, ya no senta trazas de ese
+dolor punzante que, haca poco todava, junto al rbol de Navidad, me
+oprima el corazn. Haba cancelado mi deuda y fue en completa libertad,
+con el corazn aligerado, como me jur velar en lo sucesivo como un
+ngel tutelar sobre mi hermana que, mucho ms que yo, nia simple y sin
+experiencia, necesitaba apoyo y proteccin.
+
+Y ella lo sinti tambin, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado
+como a una criatura, se abandon a mi direccin sin resistencia.
+
+Al fin haba conseguido lo que deseaba mi corazn. Exista un ser humano
+a quien poda mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos
+separaba ya, dediqu a mi hermana toda la ternura que durante tanto
+tiempo haba dormido inactiva en el fondo de mi alma.
+
+No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras
+relaciones, que en los ltimos tiempos sobre todo dejaban mucho que
+desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era
+difcil acostumbrarse a ello.
+
+Me miraba siempre con extraeza y deca a menudo:
+
+--Cmo habra podido adivinar nunca que haba en ti tanto afecto!
+
+Si hubiera sabido qu sacrificio haba hecho revelando mi secreto,
+habra dado an ms valor a mi cario.
+
+En verdad, mis presentimientos no me haban engaado: desde el momento
+en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acab para siempre la
+dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto.
+
+Ya no era para m ms que un extrao y, cuando me sentaba a escribirle,
+me pareca ser una simple mquina encargada de copiar los pensamientos
+de otros: as me suceda a menudo entregar a Marta una carta sin haberla
+ledo, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo.
+
+A veces senta remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de
+Roberto, pues l no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero,
+cuando la miraba, cuando vea desplegarse su sonrisa, y brillar en sus
+ojos soadores la paz y la felicidad, me deca que era imposible que
+hubiera procedido mal, y mis escrpulos se acallaban.
+
+Hasta entonces no haba engaado ms que a l; muy pronto mi traicin
+deba alcanzar tambin a Marta.
+
+
+
+
+IX
+
+
+El invierno y la primavera pasaron velozmente y lleg el momento en que
+las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes.
+
+Roberto deba venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; pero
+hasta entonces--escriba,--habr que vencer ms de una grave
+dificultad.
+
+Un da, pap entr en la cocina donde estbamos, y tomando una expresin
+indiferente, se pase un instante por entre los calderos, resoplando y
+golpeando con su varilla las largas caas de sus botas.
+
+--Te has vuelto inspector de cocinas hoy, pap?--dije.
+
+l solt una risa breve y dijo:
+
+--S, me he vuelto inspector de cocinas.
+
+Y despus de haber andado todava algunos minutos en silencio, se detuvo
+de improviso delante de Marta y dijo:
+
+--Si tuvieras tiempo, hija ma, podras quiz venir un momento? Tu
+madre y yo tenemos que hablarte.
+
+--Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! Puedo asistir
+yo tambin a la entrevista?
+
+--No--respondi l,--t te quedars en la cocina.
+
+Durante un instante el silencio rein en la casa; en torno mo el vapor
+silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta haca gran ruido al
+limpiar los cuchillos, pero de repente se oy, dominando todo ese ruido,
+un grito breve y estridente que no poda provenir ms que de Marta.
+
+Temblorosa aguc el odo, y en el mismo instante pap se precipit en la
+cocina gritando:
+
+--Agua!
+
+Pas a su lado como una exhalacin, y encontr a mi hermana tendida en
+el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mam.
+
+--Qu le han hecho ustedes a Marta?--grit dejndome caer de rodillas
+junto a sta.
+
+Nadie me contest. Mam, desatinada, se retorca las manos, y pap se
+morda el bigote, sin duda para retener las lgrimas.
+
+Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella,
+una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoder de l tan
+vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Despus me
+apresur a hacer lo ms urgente, que era hacer volver en s a Marta y
+acompa a su cuarto a la desdichada, que diriga en su derredor miradas
+atontadas.
+
+Una vez all la acost. Con los ojos fijos en el cielo raso, me peda
+de cuando en cuando de beber; pareca no haber recuperado sus sentidos
+todava.
+
+Pero yo saqu en secreto la carta de mi bolsillo y le lo que transcribo
+aqu literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del
+amor de una madre y de una hermana:
+
+Mi hermano muy querido, mi muy querida cuada!
+
+Una circunstancia muy triste para m me obliga a escribiros hoy. Estis
+persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi corazn no
+tiene deseo ms vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos
+las relaciones ms cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he
+hecho ms que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros
+me habis correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy
+una splica, dictada por mi corazn de madre torturado por la angustia.
+Esta maana mi hijo Roberto vino a casa y nos declar, a mi marido y a
+m, que tena la intencin de pediros la mano de vuestra hija Marta; al
+mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no poda
+abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, ay de m! todava
+necesitar ms de una vez nuestra ayuda.
+
+Si hubiera escuchado la voz de mi corazn, le habra saltado al cuello
+con lgrimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre
+fra, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro ms que dos
+nios, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no poda hacerse.
+
+Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido
+conservar tu fortuna: lejos de m el pensamiento de mezclarme en cosas
+que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitiris os
+diga que vuestra propiedad est gravada de deudas y que vuestras hijas,
+fuera de un ajuar que, quiero creerlo, ser rico, no podrn contar con
+un centavo de dote.
+
+Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto estn tambin cargados de
+deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para
+desinteresar a sus hermanos y hermanas, y adems nosotros hemos
+conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen
+vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un
+casamiento con una joven pobre lo llevara infaliblemente a la ruina.
+
+No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras
+cartas, debe ser una persona dbil y enfermiza, incapaz por consiguiente
+de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la
+felicidad de Roberto; tan slo el pensamiento de verla entrar en casa de
+mi hijo con las manos vacas basta para convencerme de que sera
+desgraciada y no podra menos que hacerlo desgraciado a l mismo.
+
+Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le ser difcil, en
+el inters mismo de la felicidad de su primo, renunciar a l, esto en el
+caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la
+prohibicin de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir,
+en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal.
+
+Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profesis a
+vuestra hermana, para no estar persuadida de que negaris como yo, desde
+hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa unin funesta e
+irracional.
+
+Vuestra hermana que os querr siempre,
+
+_Juana Hellinger._
+
+P. S.--La cosecha es buena por all? Aqu el centeno de invierno ha
+dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad.
+
+Al leer esa prosa vulgar e hipcrita, me acometi un furor tal, que
+solt una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a
+pisotearla.
+
+Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa haba hecho mal,
+me volvi a la razn.
+
+All yaca ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habra
+debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para
+la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento
+de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi corazn dej
+escapar una vez ms, con un suspiro, ese lamento de otras veces: Que
+no est yo en su lugar! Pero cuntas cosas nuevas encerraba hoy! Lo
+que antes no haba sido ms que una locura, una niada, haba hecho
+lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en
+mi fuerza.
+
+Entonces resolv obrar, si acaso era todava tiempo. Quise primero ir a
+buscar a mis padres, decirles lo que haba hecho, que estaba desde haca
+mucho tiempo al corriente de la situacin, y finalmente exigir de ellos
+que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual tena derecho, a
+pesar de mi juventud.
+
+Pero desech en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte
+en las deliberaciones de familia, mi deber sera no proceder en contra
+de sus designios. Y no poda contribuir a la salvacin de mi pobre
+hermana, como lo entenda y siguiendo el plan que haba concebido, sino
+a condicin de fingir una ignorancia absoluta.
+
+Muy pronto vi en qu estado estaban las cosas. Cada uno haba guardado
+de la carta lo que responda mejor a su temperamento.
+
+Pap, herido en su orgullo de hombre pobre, habra en lo sucesivo
+considerado como una vergenza el dejar entrar a su hija en una familia
+en que se la mirara con malos ojos. Mam, por su parte, se haba dejado
+enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba
+sembrada, y estimaba que no se deba burlar la confianza de su cuada.
+
+Y Marta?
+
+Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sent que su mano
+ardiente se posaba sobre la ma y su dbil brazo me atraa suavemente
+hacia ella.
+
+--Tengo que hablarte, Olga--murmur, con la mirada siempre tristemente
+fija en el cielo raso.
+
+--Si esperramos hasta maana?--respond.
+
+--No--dijo ella,--en el intervalo podran suceder cosas que no deben
+producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre l y yo.
+
+--Entonces conoces muy mal a Roberto--dije.
+
+--Pero yo me conozco bien--dijo ella.--Yo soy quien rompe.
+
+--Marta!--grit espantada.
+
+--Bien s que esto me matar--dijo ella.--Pero qu importa? Mi vida
+poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado.
+
+--La fiebre es la que te hace hablar as, Marta--exclam,--pues no te
+creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja
+bruja.
+
+--Siento demasiado que dice la verdad--dijo ella.
+
+Un helado calofro recorri todo mi cuerpo al orla proferir, con el
+tono tranquilo de un colegial que recita una leccin, esas palabras de
+una tristeza desesperante.
+
+--No protestes--continu,--no es slo de hoy que lo s; siempre tuve ese
+presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy.
+Pero, qu quieres, causa siempre impresin el ver de repente escrita con
+todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atreva a
+confesar a su propia conciencia.
+
+Trat de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hund a la
+ta en el abismo ms negro del infierno, y demostr a Marta menudamente
+que ella haba nacido para desempear en la casa de Roberto el papel de
+ngel bienhechor. Pero todo fue intil, no consegu hacer revivir su fe
+en s misma; el golpe la haba herido demasiado profundamente. Por
+ltimo me pidi que no escribiera una sola carta ms a Roberto y que
+rompiera para siempre toda relacin con l.
+
+Me sent espantada hasta el fondo del alma por m misma quiz tanto como
+por ella; me negu con toda la energa que pude encontrar en m; pero
+ella insisti, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi
+correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza.
+
+Entonces vinieron das tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma.
+Pap, siempre a caballo, recorra como un montaraz los campos y los
+bosques, no asista regularmente a las comidas y para ninguna de
+nosotras tena una buena palabra. Mam, nuestra bonachona mam, teja
+sentada en su rincn y de cuando en cuando enjugaba sus lgrimas,
+echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo haba
+notado. Ah, s, aquella fue una poca bien triste!
+
+Yo haba recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me deca que la
+inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta
+de correo. No se lo dije a Marta, pero cumpl mi promesa.
+
+Ocho das pasaron; entonces not que mis padres deliberaban acerca de la
+respuesta que deban enviar a la ta. Pap era de opinin, para que no
+se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por
+medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y
+mam deca: s, como deca s a todo lo que no tena relacin con
+las jaleas o las confituras.
+
+Ese da Marta declar que le era imposible levantarse de la cama; no
+senta vivos dolores--deca,--pero sus piernas se negaban a llevarla.
+
+As vea yo adelantar el desastre, cada vez ms amenazador. No poda
+esperar ms: Ven a cumplir tu compromiso mientras todava es
+tiempo--escrib a Roberto. Y, para mayor seguridad, baj yo misma a la
+ciudad y entregu la carta al postilln que justamente se preparaba a
+partir para Prusia.
+
+En el momento en que el sobre se escap de mis manos, sent como una
+pualada en el corazn; se habra dicho que con esa carta entregaba mi
+alma a potencias desconocidas.
+
+Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero
+cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postilln estaba lejos.
+
+A mi vez, cuando ascend la colina que conduce a la casa, me ocult
+entre las malezas y llor amargamente.
+
+A partir de ese momento, fui presa de una agitacin como nunca la he
+sentido en mi vida. Me pareca que una fiebre abrasadora me consuma;
+durante la noche, iba y vena en mi cuarto sin poder encontrar descanso;
+de da, estaba continuamente en acecho y cada vez que oa el ruido de un
+carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi corazn.
+
+A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la
+cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresin inquieta.
+
+Una joven que espera a su prometido no habra estado ms loca.
+
+Esa fiebre dur cuatro das, y fue una felicidad que los mos estuvieran
+absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habran
+dejado de despertar sospechas.
+
+
+
+
+X
+
+
+Esta vez no fui yo quien recibi a Roberto. Cuando reconoc su silueta
+en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba
+con estrpito la puerta del patio, hu al granero y me escond en el
+rincn ms apartado.
+
+Tena la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas
+bailaban por delante de mis ojos.
+
+O que, abajo, las puertas se abran y se cerraban, o pasos que suban
+y bajaban precipitadamente la escalera, o las voces de las criadas que
+gritaban mi nombre; no me mov.
+
+Y cuando todo volvi a quedar en silencio, baj sin hacer ruido por las
+escaleras de atrs, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el
+lugar ms desierto del parque. Mi alma era presa de un extrao
+sentimiento de amargura y de vergenza. Me pareca que deba levantarme
+y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que haba
+esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia.
+
+Luego me represent lo que poda ocurrir en ese momento en la casa.
+
+Pap se haba encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto,
+pues, seguramente, tena todava sobre s el peso de la prfida carta de
+la ta; haba hecho un ademn de negativa al orle formular su peticin;
+pero, en el mismo instante, Marta se haba presentado. Cun pronto
+haba vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos
+minutos antes, yaca agotada en el sof; cun pronto haba olvidado las
+penas, los dolores que sufri durante aos! Y ahora, estn en brazos uno
+de otro y no tienen siquiera un pensamiento para m.
+
+Entonces, de improviso, se despert en m un orgullo fiero. Por qu te
+escondes?--gritaba una voz en el fondo de m misma.--No has hecho tu
+deber? Todo esto no es obra tuya?
+
+Con un movimiento brusco me par, ech hacia atrs mis cabellos en
+desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirig a la casa.
+
+Al acercarme no o ningn grito de alegra. Todo estaba silencioso, todo
+estaba como muerto...
+
+En el comedor encontr a mam sola. Tena las manos juntas y exhalaba
+profundos suspiros, mientras gruesas lgrimas rodaban hasta su blanca
+papada.
+
+--Es el efecto de la emocin--pens al sentarme frente a ella.
+
+--Dnde estabas, Olga?--dijo, enjugndose esta vez tranquilamente los
+ojos.--Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que
+pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado.
+
+--Ah!--dije con mucha calma.--Dnde est?
+
+--En el gabinete de tu padre conversando con l.
+
+--Y dnde est Marta?--pregunt con una sonrisa.
+
+Ella me dirigi una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada
+sagacidad; despus dijo:
+
+--Est con ellos.
+
+--Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo--dije.
+
+--Tontuela--dijo ella.
+
+Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecucin, vi que la
+puerta del cuarto contiguo se abra, y por ella salir lentamente, como
+si saliera de un atad, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro
+terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo tambin sent
+al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro
+presentimiento me asalt.
+
+--Dnde est Marta?--exclam adelantndome hacia l.
+
+--No lo s.
+
+Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a
+ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano.
+
+Pap sali detrs de l. Mam se haba levantado y los tres se quedaron
+all parados, estrechndose las manos como en un entierro.
+
+--Dnde est Marta?--grit otra vez.
+
+--Ve a ver lo que hace--dijo pap;--sin duda te ha de necesitar.
+
+Sal de un brinco y a saltos sub la escalera que conduca a su
+habitacin. Esta estaba cerrada.
+
+--Marta, abre! Soy yo.
+
+Nadie se movi. Rogu, supliqu, promet repararlo todo, le prodigu mil
+nombres cariosos: todo fue intil. Nada se oa, a no ser de vez en
+cuando un hlito, parecido a la respiracin silbante que se escapa de
+una garganta medio sofocada. Entonces me encoleric al verme rechazada
+de todas partes.
+
+--Sin duda ser bastante buena para preparar esta fnebre comida--dije
+soltando una carcajada.
+
+Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me qued
+mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de
+sus pescuezos abiertos.
+
+Daba lstima ver cmo uno de ellos, un gallito, bata las alas mientras
+la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus
+espolones los dedos de la criada.
+
+Hasta este pobre animalito, dbil como es, se defiende cuando quieren
+degollarlo--pens,--mientras mi seorita hermana besa humildemente la
+mano que la amenaza con el cuchillo.
+
+La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espectculo
+comparado con la comida en que fueron servidos. La ltima comida de un
+condenado no habra sido ms lgubre. Cada cinco minutos alguien tomaba
+bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena
+obligatoria. Los dems asentan con la cabeza misteriosamente, pero bien
+vea yo que los que escuchaban no saban lo que oan, lo mismo que el
+que hablaba no saba lo que deca.
+
+Marta no se haba presentado.
+
+En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto,
+Roberto me tom las dos manos y me llev a un rincn.
+
+--Te agradezco, Olga--dijo, y sus labios temblaban,--te agradezco tu
+exactitud y tu cario. Ahora se acab nuestra correspondencia...
+
+--Por amor de Dios, Roberto!--balbuc.--Qu ha pasado?
+
+l se encogi de hombros.
+
+--Quiz la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de m.
+
+--Eso no es verdad! eso no es verdad!
+
+Pero pap estaba detrs de nosotros e informaba a Roberto que, segn su
+deseo, el carruaje estara listo al da siguiente al amanecer.
+
+--Entonces no te volver a ver--exclam espantada.
+
+l sacudi la cabeza.
+
+--Despidmonos desde ahora--dijo estrechndome la mano.
+
+Una voz me gritaba que no poda, marcharse as, que yo deba hablarle a
+toda costa. Pero ahogu valerosamente las palabras que me opriman la
+garganta.
+
+Entonces nos dimos un ltimo apretn de manos y nos separamos.
+
+Todava tena yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el caf de la
+despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la maana, oa
+siempre la misma voz que me gritaba en el odo:
+
+--Es necesario que le hables.
+
+Despus, cuando me dirig a mi cuarto con mi luz en la mano, di una
+vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de
+encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta
+cerrada con llave. Slo el ruido de sus pasos que sacudan la casa,
+resonaba en el interior.
+
+En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqu el odo al
+agujero de la cerradura: nada se oa. Se habra podido creer que haba
+muerto o bien que se haba fugado.
+
+Una inquietud me asalt, me puse de rodillas delante del ojo de la
+llave, y rogu, supliqu, hasta amenac con llamar a nuestros padres si
+ella persista en no dar signos de vida.
+
+Entonces se decidi a contestarme. O una voz: Apidate de m,
+querida, apidate de m slo por hoy! Y esa voz estaba tan cambiada,
+que no la reconoca.
+
+Me alej, pero senta crecer en m el temor de que Roberto se fuera
+desengaado, con el rencor en el corazn, sin una palabra de
+explicacin, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de
+Marta.
+
+El fuego de la fiebre me subi a la cabeza y cada pulsacin de mis
+arterias me gritaba: Es necesario que le hables! Es necesario que le
+hables!
+
+Me desvest a medias y me recost en el sof. El reloj toc las once;
+toc las once y media. Todava se oa resonar en la casa el ruido de sus
+pasos, pero mientras ms tarde se haca, menos posible me era poner en
+ejecucin mi proyecto.
+
+Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitacin de
+un husped! Al pensarlo, la sangre se paraliz en mis venas.
+
+El reloj toc las doce. Abr la ventana y mir a lo lejos frente a m.
+Todo pareca dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el
+de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en
+el seno de la obscuridad.
+
+El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me
+murmuraba: Es necesario! es necesario! Al mismo tiempo una voz
+ligera, suave y acariciadora como una meloda, me deca: Lo vers otra
+vez, sentirs su mano en la tuya, oirs el sonido de su voz, quiz oirs
+hasta su risa; no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad
+de su vida?
+
+De repente tom una resolucin, cerr bruscamente la ventana, me puse
+precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventur en
+el obscuro corredor.
+
+Oh! Cmo me lata el corazn, cmo me arda la sangre en las sienes!
+Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared.
+
+Por fin llegu a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el
+piso, pero el ruido sordo haba desaparecido. Seguramente se haba
+quitado las botas.
+
+--No hay que tocar--pens de pronto,--Marta oira.
+
+As el botn. Me estremec.
+
+Cmo abr la puerta? No lo s. Me pareci que otro lo haba hecho por
+m.
+
+O alzarse delante de m su alta y vigorosa silueta.
+
+Un leve grito se escap de sus labios; de un salto estuvo a mi lado.
+Luego sent mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el hlito de una
+respiracin ardiente.
+
+En el primer momento, la loca idea de que Marta se haba acordado
+bruscamente de su antiguo amor, le pas quiz por el cerebro; pero un
+minuto despus, me haba reconocido.
+
+--Por amor de Dios, criatura!--exclam.--Qu ocurre? Qu es lo que te
+trae? Nadie te ha visto? Di, nadie te ha visto?
+
+Sacud la cabeza. Te considera todava muy tonta, pens, volviendo a
+recobrar el aliento, pues senta desaparecer de mi alma los terrores que
+me haba causado mi peligrosa empresa.
+
+Se apart de m para encender la luz. Yo busqu con la mano el sof y me
+dej caer en una de sus esquinas.
+
+Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbr. Me volv hacia la
+pared y ocult mi cara.
+
+Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra l,
+se haba apoderado de m. Me senta tan feliz de estar a su lado que me
+olvidaba de todo lo dems.
+
+--Olga, mi querida, mi buena Olguita--dijo,--habla, qu quieres de m?
+
+Alc los ojos hacia l. Vi su rostro tostado y serio, en el que los
+sufrimientos de ese da haban labrado arrugas profundas y me qued
+sumida en una muda contemplacin.
+
+--Qu quieres? Me traes noticias de Marta?
+
+--S, eso es, Marta!
+
+Me levant vivamente. Basta de debilidades! Haba recuperado esa fuerza
+indomable que era mi orgullo.
+
+--Escucha, Roberto--dije,--no te marchars maana por la maana.
+
+--Por qu?--dijo, apretando los dientes.
+
+--No quiero!
+
+--Tu voluntad es muy respetable, querida nia--respondi l con risa
+mordaz,--pero no cambiar en nada mi resolucin.
+
+--Entonces quieres perder a Marta para siempre?
+
+En ese instante me sent otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de
+protectora que, para unirlos, habra aceptado la lucha con el mundo
+entero.
+
+Qu loca y cun poco perspicaz era!
+
+--Acaso no est ya definitivamente perdida para m?--replic l, con la
+mirada fija hacia adelante.
+
+--Qu te dijo hoy?
+
+--Para qu repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias,
+tan sensatas, que no poda ser sino el lenguaje de una persona que ya
+no ama.
+
+--Y lo crees realmente?--pregunt.
+
+--No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, qu importa! Aun
+suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cario, ha hecho
+bien en aprovechar la ocasin para deshacerse de l completamente. Ms
+vale as, para ella como para m. Nada tengo que ofrecerle, ni
+felicidad, ni alegra, ni siquiera la sombra de un placer, nada ms que
+trabajo, penas y miseria, de un extremo del ao al otro. Y por sobre
+todo esto, una suegra que le es hostil y le hara sentir duramente que
+se haba presentado con las manos vacas.
+
+Sent que una oleada de sangre me suba a la cara. Me ruborizaba, no por
+Marta ni por m, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por l
+al orle hablar as de su propia madre.
+
+--Y ahora, confisalo t misma, nia--continu,--no te parece que hace
+bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su
+nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle ms que
+la desgracia?
+
+Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el
+cuarto como un animal perseguido.
+
+--Roberto--dije,--te engaas a ti mismo.
+
+l se detuvo, y me mir de frente soltando una carcajada:
+
+--Qu quieres, por fin? Debo exigir antes de marcharme que se me
+confirme esa negativa por escrito?
+
+--Roberto--continu sin dejarme desconcertar,--con toda sinceridad,
+amas a Marta?
+
+--No seas nia--respondi l.--Si no la amara, estara aqu en este
+momento?
+
+Estaba delante de m y abra sus brazos de gigante. Me pareca que al
+cerrarse iban a aplastarme--sent un deslumbramiento--me arrincon ms
+profundamente en el sof.
+
+Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde
+haca varios aos: me represent cmo lo habra amado si yo hubiera sido
+Marta y cmo habra querido que l me correspondiera.
+
+--Mira, Roberto--dije,--en resumidas cuentas, no soy ms que una
+tontuela; pero s muy bien lo que es el amor, y no son slo los poetas
+los que me lo han enseado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi
+corazn.
+
+--Amas a alguien?--me pregunt.
+
+Yo me ruboric y sacud la cabeza.
+
+--Cmo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu corazn?
+
+--Sin duda eso me ha cado del Cielo--respond bajando los ojos hacia el
+suelo.--Pero, en todo caso, amara de diferente manera que vosotros. No
+me sumira en el desaliento, no huira vergonzosamente como lo haces t,
+diciendo: Ms vale as! Pondra para vencerla, todo el ardor de mi
+alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraera hacia
+mi pecho y me la llevara, poco importa adnde! en la noche, al fondo
+del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quera
+darnos el abrigo de techo. Preferira morir de hambre con ella a la
+orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso
+es lo que hara, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en
+el lugar de Marta, me echara a tu cuello rindome y te dira: Ven,
+mendigar para ti si no tienes pan, te dar mi seno para reposar tu
+cabeza si no tienes cama, y baar tus heridas con mis lgrimas, sufrir
+mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Seor, de poder hacerlo.
+Ves, Roberto? as es cmo me represento el amor y no como no s qu
+sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror
+de los intereses atrasados!
+
+Haba hablado con pasin. Senta fuego en mis mejillas y de repente me
+avergonc al pensar que haba descubierto as delante de l el fondo de
+mi corazn. Me ocult la cara entre las manos, luchando contra las
+lgrimas.
+
+Cuando me atrev a levantar la cabeza, l estaba delante de m,
+mirndome fijamente, con ojos chispeantes.
+
+--Criatura--dijo,--de dnde te vienen esas ideas?--Me pareca or el
+cntico de los cnticos.
+
+Apret los dientes y guard silencio. Saba yo misma de dnde me
+venan?
+
+Pero l se sent junto a m y me tom las manos.
+
+--Olga--continu,--lo que acabas de decir no era precisamente muy
+prctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el
+hondo del alma. Me pareca or una voz de otro mundo y casi tengo
+vergenza de haber sido dbil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la
+cabeza, aun cuando pensara como t, de qu me servira puesto que ya
+ella no me ama?
+
+--Ella, no amarte!--exclam. Si la abandonas, Roberto, se morir!
+
+--Olga!
+
+Vi que la alegra iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la
+sensacin de una mano extraa que me oprima el pecho; pero no me
+desconcert, y recurriendo a todo mi orgullo, continu:
+
+--Roberto, s que me despreciars cuando sepas lo que voy a decirte;
+pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes
+partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza.
+
+Y con la respiracin jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi
+garganta, le cont lo que haba hecho con sus cartas.
+
+Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tom en sus brazos
+y me atrajo hacia l.
+
+--Olga, es verdad?--exclam fuera de s en su gozo.--Puedes jurarme
+que es la verdad?
+
+Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que haca pasar por todo mi
+cuerpo un calofro delicioso, me haba quitado el uso de la palabra.
+
+--Que Dios te lo pague, buena e inteligente nia!--exclam
+estrechndome contra su pecho.
+
+Y mi respiracin se cort en una deliciosa angustia. Dej caer mi cabeza
+sobre su hombro y cerr los ojos. Entonces me estremec al sentir que
+su boca se posaba en mis labios. Me pareci que una llama me haba
+quemado. Y me bes otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le
+haban hecho perder la razn.
+
+Pero yo pensaba: Ojal nunca concluya este instante! Y los calofros
+me sacudan sin interrupcin mientras mi cuerpo yaca inerte y sin
+fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pas por la cabeza este
+pensamiento: Puedo devolverle sus besos? Pero no me atrev.
+
+Cunto tiempo me tuvo as? No lo s: de repente sent que mi cabeza
+chocaba rudamente con el borde del sof. El dolor me hizo salir como de
+las profundidades de un sueo.
+
+Me qued all sin movimiento, tratando de recobrar aliento.
+
+Roberto lo not y exclam muy asustado:
+
+--Ests muy plida, nia, te has hecho dao?
+
+Dije que s por seas, y agregu que aquello no era nada, que pronto
+pasara. Pero bien saba que no haba de pasar, que esa impresin se
+grabara en mis sentidos y en mi corazn con letras de fuego, que la
+llama de ese instante retemplara mi corazn durante ms de una larga y
+fra noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo
+de su amor por otra. Saba todo eso y me pareca que me iba a ahogar
+bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues haba
+aprendido a dominar mis nervios.
+
+--Roberto--dije,--voy a darte un consejo, y despus dejars que me
+vaya, porque estoy algo cansada.
+
+--Habla, habla--exclam,--har ciegamente lo que quieras!
+
+Y cuando lo mir, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y
+de jbilo, pues pensaba: Te ha tenido en sus brazos!
+
+Habra querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la
+esquina del sof y fingir todava un poco el desvanecimiento, pero me
+levant vivamente y dije:
+
+--Creo que Marta no cerrar los ojos esta noche; esperar el momento en
+que salgas de la casa. Querr verte partir; como su habitacin da al
+jardn, vendr a la tuya o a la que est al lado. Cuando ests al pie de
+la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo,
+y entonces... entonces...
+
+No pude decir ms, pues oa resonar en m con demasiada violencia, ya
+como un sollozo, ya como un grito de alegra, estas palabras: Te ha
+tenido en sus brazos!
+
+Tuve miedo de no poder dominar mi emocin por ms tiempo y quise huir
+precipitadamente, sin una palabra de despedida.
+
+Cuando abr la puerta, vi delante de m a Marta.
+
+All estaba ella, descalza, a medio vestir, plida como una muerta y
+temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las
+fuerzas.
+
+Y en el mismo instante o detrs de m un grito de gozo; vi que Roberto
+se lanzaba, pasaba a mi lado y reciba en sus brazos a la desdichada
+que se tambaleaba.
+
+--A Dios gracias, ahora eres ma!
+
+Estas fueron las ltimas palabras que o; hu a mi cuarto como si las
+furias me hubieran perseguido, me encerr y derram lgrimas, lgrimas
+amargas.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Salvar rpidamente los aos que siguieron con sus desgracias
+fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la
+madurez y me hicieron mujer.
+
+Ocho meses despus de aquella noche, trajeron a pap a la casa en un
+adral; se haba cado del caballo y sufra de graves lesiones internas.
+
+A los tres das muri. En medio de las calamidades que cayeron entonces
+sobre la casa, fui la nica que conserv toda su sangre fra. Marta,
+aniquilada, se abism en su dolor y mam--la pobre y querida
+mam!--haba permanecido durante tantos aos sentada cmodamente y en
+paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas,
+que no quera ni poda concebir que aquella existencia cambiara. No dijo
+una palabra, apenas derram una lgrima, pero el mal que la roa
+interiormente, hizo rpidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de
+la fiebre tifoidea que la acometi cuatro semanas ms tarde, el pesar se
+la habra llevado seguramente.
+
+Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, hurfanas,
+abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en
+que se nos expulsara. Por mi parte saba el camino que tena que
+seguir, saba que el porvenir no me ofreca otra perspectiva que la de
+ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discuta
+con mi destino: tena suficiente energa, suficiente orgullo para vivir
+sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que
+nunca, poda vivir sin consuelo ni afecto.
+
+El da de su casamiento pareca todava muy lejano. Roberto no poda
+hacerla esperar mucho ms sin exponerse a verla extinguirse un da
+agotada por la pena, como una lmpara que ya no tiene aceite.
+
+No me equivocaba en mis clculos. l no haba podido asistir a los
+entierros, sin embargo, cada vez haba mandado una palabra de consuelo a
+Marta para ayudarla a pasar las horas ms penosas. De vez en cuando
+caan de sus cartas algunas migajas para m, de las cuales me apoderaba
+con avidez, como quien se siente morir de hambre.
+
+Un da, l mismo se present.
+
+--Esta vez vengo a buscarte!--le grit a Marta.
+
+Ella se dej caer sobre el pecho de Roberto y llor. Cun feliz era!
+Pero yo me retir al emparrado ms sombreado del jardn y, abandonndome
+a mis reflexiones, me pregunt si mi corazn no tendra tambin algn
+da un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como
+en las horas de angustia. Bien senta que esos eran vanos sueos, pues
+el nico lugar en el mundo... en fin, sent nacer en m un orgullo y una
+amargura tales, que todo mi ser se llen de hiel, y me desprend con
+sombra aspereza de los brazos de los mos para encerrarme sola en mi
+dolor.
+
+Queran llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que
+les quedaba todava: me creara un interior en la casa de mi cuado;
+pero rechac su ofrecimiento con fiera obstinacin.
+
+Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta,
+que se desesperaba al pensar que no me tocara la menor partcula de su
+dicha, vena a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi
+hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinacin, le diriga mil
+palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando
+haba visto brillar por entre sus lgrimas una sonrisa de esperanza.
+
+Durante ocho das, Roberto trabaj sin descanso en poner orden en
+nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos qued sino muy poca
+cosa; pero tampoco necesitbamos nada.
+
+En seguida, se realiz sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo
+mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de
+bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas
+recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer
+bajo dbiles tallos de yedra.
+
+Durante las ltimas semanas, haba buscado en secreto una situacin que
+me conviniera. Se me haban hecho diversos ofrecimientos; no tena ms
+que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de
+inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: Qu vas a hacer ahora,
+Olguita? le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el
+porvenir. Sobrecogido de admiracin junt las manos y exclam:
+
+--Verdaderamente, te envidio! Hars camino, t!
+
+Y la misma Marta me envidiaba, bien lo vea en los ojos tristes que
+fijaba en l y en m; habra deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda
+la fuerza, toda la energa que me daba la juventud. La bes, trat de
+alentarla, y en la mirada suplicante que dirigi a su marido, le este
+pensamiento: Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa.
+
+Al da siguiente por la maana nos separamos; la joven pareja se dirigi
+a su nuevo domicilio y yo part para el extranjero.
+
+
+
+
+XII
+
+
+No hablar de los tres aos que pas en tierras extraas. Todas las
+vejaciones, todas las humillaciones que sufr durante ese tiempo, se han
+grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido
+completamente mi corazn y me han inspirado la indiferencia y la
+desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a
+despreciar su odio y ms aun su amor; he aprendido a sonrer, cuando el
+dolor me desgarraba el corazn con sus garras de acero; he aprendido a
+llevar la frente alta, cuando habra querido, de vergenza, ocultarla en
+el polvo.
+
+Los largos das vacos, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre
+los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches
+sin sueo, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y
+dan nuseas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo
+eso he conocido.
+
+En verdad, era duro el pan que com en el extranjero, y cuntas veces
+lo moj con mis lgrimas!
+
+El nico consuelo, la nica alegra que me quedaban, eran las cartas de
+Marta. Me escriba con frecuencia, en ciertas pocas hasta todos los
+das, y las ms de las veces encontraba en ellas un post-scrptum de la
+letra desigual y atormentada de Roberto. Oh, cmo me echaba sobre
+ellos, cmo devoraba su menor palabra!
+
+Gracias a esas cartas, viva con ellos, por decirlo as.
+
+Su vida no era alegre--Dios sabe que no--pero en fin era la vida! A
+menudo la desgracia caa sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda
+su fuerza, Marta en su debilidad, parecan dos nios sin apoyo,
+abandonados, y yo tena que intervenir para ayudarlos con mis consejos y
+darles valor.
+
+Al fin estuve a tal punto familiarizada con su crculo, que habra
+podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados,
+de sus amigos, de sus conocidos. Senta por la ta Hellinger el odio ms
+vehemente, por el viejo mdico el afecto ms profundo; en cuanto a la
+multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y
+prfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la
+ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio ms glacial.
+
+--Oh! Si yo estuviera en su lugar--me deca con frecuencia rechinando
+los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que tena
+que sufrir en sus relaciones,--cmo les mostrara la puerta a esos
+_lonjistas_ fros y altaneros; cmo los hara arrastrarse a mis pies, en
+el polvo, domados con el ltigo de mis sarcasmos y de mi desdn!
+
+Pero tambin tomaba parte en sus pequeos goces. La vea reinar como ama
+en la granja, vea en su derredor a la pequea tropa de servidores a
+quienes animaba la mejor voluntad, y habra querido mostrarme ms
+bondadosa, ms caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una
+alma de ngel bajo una apariencia humana.
+
+La vea sentada al sol en el balcn, inclinada sobre su costura; la vea
+gozar del descanso de medioda bajo los frondosos tilos del jardn; la
+vea, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella
+la cafetera cantaba su dulce cancin; la vea, esperando que l entrase,
+seguir con mirada soadora los copos de nieve que revoloteaban en el
+aire.
+
+Viva as con ellos, mientras mis das se sucedan vacos y sin gozo,
+como los anillos de una cadena sin fin.
+
+En el curso del tercer ao, Marta me confi que el deseo ms ardiente de
+Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella haba
+rezado en el silencio de la noche, haba sido oda: se senta madre.
+Pero al mismo tiempo creca en ella el temor de que su frgil y dbil
+cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo comparta
+su esperanza y sus temores; quiz estaba an ms inquieta que ella, pues
+la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que
+creaba mi imaginacin.
+
+Ms de una vez por la noche me despert con la cara baada en lgrimas,
+pues la haba visto ya muerta en sueos. Un recuerdo de los primeros
+aos de mi juventud me volva a la memoria: la haba encontrado un da
+tendida en el sof, rgida, plida, semejante a un cadver, y no poda
+apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras ms se acercaba el
+momento crtico, ms me consuma la inquietud. Mi salud comenzaba a
+resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extraas
+entre las cuales viva--no pronunciar su nombre, no merece figurar en
+estas pginas--no existieron ya para m sino como fantasmas.
+
+Las ltimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban jbilo y
+esperanza. Sus temores parecan haberse disipado, nadaba ya en las
+delicias que le prometa la maternidad.
+
+Despus siguieron tres das en que estuve sin noticias, tres das de
+tortura y de fiebre; al fin lleg el telegrama de mi cuado:
+
+Marta dio luz varn con felicidad. Te reclama, ven pronto.
+
+Con el telegrama en la mano corr en busca de mi patrona y le ped
+permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo neg.
+Inmediatamente, encolerizada, le arroj mi dimisin a la cabeza y exig
+en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable
+en ese momento, deba por lo menos rendir cuentas y entregar, segn las
+reglas, la direccin de la casa a la persona que me reemplazara; en
+resumen, me retuvieron dos das enteros bajo los pretextos ms ftiles;
+se habra dicho que queran hacer sentir una vez ms a la sirvienta que
+se haba mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situacin.
+
+En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado
+embotamiento, en el ruido ensordecedor del vagn; una maana pasada
+tiritando entre bales y cajas de sombreros, en una sala de espera
+desierta, cuyo olor a cerveza me daba nuseas. Despus seis horas ms,
+oprimida entre un comerciante viajero y un judo polaco, en los
+calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos,
+en los fuegos de una tarde de otoo, las torres de la pequea poblacin
+en que los seres que me eran ms caros, los nicos a quienes quera en
+este mundo, haban edificado su nido.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Poco faltaba para la puesta de sol cuando baj de la diligencia; entre
+las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en pequeas trombas.
+
+Mi corazn lata con violencia. Mir en torno mo. Crea ver adelantarse
+a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no haba all ms
+que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos,
+extraados de esa aparicin desconocida. Pregunt el camino al conductor
+y, contando para lo dems con las descripciones de Marta, me puse sola
+en marcha.
+
+En las puertas bajas de las tiendas haba grupos de personas que
+conversaban. Por delante de m, algunos paseantes avanzaban
+tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron
+de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la
+espalda, o detrs de m cuchicheos y risas ahogadas. Me invadi un
+calofro al observar esa curiosidad malevolente de aldea.
+
+Me sent aliviada cuando vi alzarse frente a m las torres de la
+puerta. Conoca muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la
+_puerta del infierno_, porque tena que pasar por ella cuando iba a la
+ciudad, llamada por su suegra.
+
+Al penetrar bajo la obscura bveda, vi de improviso el castillo, en
+medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco
+negro.
+
+Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la
+casa, que los rayos del sol poniente baaban con un matiz purpreo,
+surgan de entre un grupo de rboles de onduloso follaje. Los techos
+cubiertos de zinc relumbraban; se habra dicho que de ellos caa una
+cascada de agua hirviente. Las ventanas parecan lanzar llamaradas, y
+por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un
+palio formado por un torbellino de humo negro.
+
+Me oprim el corazn con las manos; cre que sus latidos iban a romperme
+el pecho, tan violenta era la impresin que experimentaba ante ese
+espectculo. Durante un segundo tuve el sentimiento extrao de que deba
+retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me
+sintiera protegida por la distancia.
+
+Toda mi inquietud acerca de Marta desapareca ante esa angustia
+misteriosa que me oprima la garganta hasta ahogarme. Me trat de
+cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entr en el
+camino, donde el paso de los coches haba dejado pequeos charcos, ya
+medio secos, que lucan como espejos. El viento que pasaba por las cimas
+de los lamos, haca or un sordo murmurio que me acompa hasta la
+puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el ltimo
+rayo de sol desapareci detrs de las paredes de la casa y la sombra de
+los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me
+envolvi tan bruscamente, que cre que haba llegado la noche.
+
+Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, salan
+a derecha e izquierda de una confusin de escaramujos y de espinos: eran
+los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se haba
+instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte
+y de putrefaccin.
+
+Dirig una mirada medrosa al vasto patio que el crepsculo comenzaba a
+envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremeca, me figuraba
+or que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio
+estaba desierto, era la hora del descanso y en l reinaba un silencio
+profundo. Slo oa, por el lado de las caballerizas, el crujido
+particular que se hace al aguzar una guadaa. Un olor de heno recin
+cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es
+peculiar.
+
+Tmida y miedosa, como una intrusa, me deslic lentamente a lo largo de
+la empalizada del jardn hasta la casa, que con sus montantes de
+granito, sus torrecillas y sus piones que el tiempo haba cubierto de
+un matiz gris, pareca lanzar sobre m una mirada sombra y
+amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso haba cado y dejaba
+aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habra credo que el
+tiempo, como una larga enfermedad, haba cubierto de llagas ese cuerpo
+respetable.
+
+La puerta de entrada estaba abierta.
+
+Penetr en un gran vestbulo obscuro, del que se desprenda un olor de
+cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de
+telaraas, que, abiertas muy junto al cielo raso, parecan nidos
+luminosos, entraba a la sala un dbil resplandor, apenas suficiente para
+permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que
+se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz ms clara caa
+sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras
+de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conducan a diferentes
+habitaciones, pero no me atrev a acercarme a ninguna de ellas: se me
+figuraban las puertas de una prisin. All estaba todava, con el
+corazn oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se
+abri bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se
+precipitaron hacia m.
+
+Lanc un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y
+volvieron a salir lanzando furiosos aullidos.
+
+--Quin est ah?--grit una voz, cuyo timbre grave y poderoso haba
+credo or a menudo, en mis desvelos como en mis sueos.
+
+Una sombra apareci en el umbral: era l.
+
+Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareci que mis pies
+haban echado races en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoy en
+el pilar de la escalera.
+
+--Quin est ah? Qu diablos!--grit otra vez, tratando en vano de
+ver en la obscuridad.
+
+Toda mi arrogancia me volvi. Estaba tranquila y altiva cuando me haba
+despedido de l algunos aos antes, quera ser la misma para
+presentrmele entonces. Acaso necesitaba saber todo lo que yo haba
+sufrido en el intervalo?
+
+--Olga... en verdad... Olga, eres t.
+
+El jbilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una
+sensacin de calor y de bienestar. Cre por un instante que iba a
+echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi corazn,
+pero guard mi reserva:
+
+--No me esperabais?--pregunt, tendindole maquinalmente la mano.
+
+--Pues s, naturalmente, desde hace dos das te esperbamos por
+momentos; es decir que comenzbamos a creer...
+
+Haba encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su
+actitud haba una mezcla particular de cordialidad y de embarazo:
+pareca que trataba en vano de encontrar en m a su antigua amiga, su
+antigua confidente.
+
+--Cmo est Marta?--pregunt.
+
+--Ya lo vers--respondi l;--yo en esto nada entiendo. Me parece tan
+dbil, tan frgil! Me digo que ser un milagro si se salva. Pero el
+mdico pretende que va bien, y lo que es l debe saberlo.
+
+--Y el nio?--pregunt en seguida.
+
+Ri con una ligera risa interior que lleg hasta m en el crepsculo.
+
+--El nio, hum, el nio!...
+
+Y en vez de concluir la frase, dio un puntapi a los molosos que de un
+brinco abandonaron la casa.
+
+--Ven--dijo en seguida,--voy a llevarte.
+
+Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos.
+
+Ahora eres una extraa para l!--me dije.
+
+Y me sent sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una
+felicidad acariciada desde mucho tiempo.
+
+--Espera un momento--dijo l indicando con el dedo una de las puertas
+ms prximas,--voy a decirle una palabra para prepararla; de lo
+contrario, podra hacerle dao la alegra.
+
+Un instante despus, me encontr sola en un largo corredor obscuro, de
+bveda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombro
+los ltimos resplandores del da moribundo que arrojaba sobre las
+pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la
+voz de un nio, heran mi odo cuando el viento se colaba bajo la
+bveda.
+
+Un leve grito de gozo lleg hasta m, a travs de la puerta, y me hizo
+estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadi mi corazn; cre que
+iba a ahogarme. En seguida la puerta se abri y la mano de Roberto me
+asi en la obscuridad: me dej llevar sin tener conciencia de lo que
+haca, y no sal de mi estupor sino en el momento en que ca de
+rodillas, sollozando, junto a la cama, y ocult la cara en las
+almohadas, mientras una mano hmeda y caliente me acariciaba la cabeza.
+
+Una sensacin que ya no conoca desde haca aos, una dulce sensacin de
+calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y
+embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se
+disipara.
+
+La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendicin del Cielo. Un
+agradecimiento infinito inund mi corazn: me apoder de esa mano que
+temblaba en la ma, y pos en ella larga y tiernamente mis labios.
+
+Qu haces, hermanita, qu haces?--dijo Marta con su voz cansada,
+ligeramente velada.
+
+Me levant. La vi delante de m, plida, con las mejillas huecas, y los
+ojos, donde brillaban lgrimas, profundamente hundidos en las rbitas.
+Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas
+surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan
+transparente que pareca que una luz lo iluminara interiormente, estaba
+cubierta de gotas de sudor.
+
+Haba envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la haba visto, y
+las crisis por las cuales acababa de pasar, no parecan ser las nicas
+en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero haba conservado
+su sonrisa consoladora y bienhechora que serva de alivio a todos, aun
+cuando ella misma estuviera en el ms completo abandono.
+
+--Y ahora no te volvers a ir--dijo ella, alzando los ojos hacia m,
+como si no pudiera saciarse de mirarme.--Te quedars con nosotros, para
+siempre; promtemelo, promtemelo inmediatamente!
+
+Guard silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del
+cielo: era para m un sufrimiento, una tortura.
+
+--Insiste t tambin, Roberto!--repuso ella.
+
+Me estremec. Lo haba olvidado totalmente y ahora su presencia haca en
+m el efecto de un reproche.
+
+--Dame tiempo para reflexionar, espera hasta maana--dije enderezndome.
+
+Senta en m el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no
+sera de larga duracin: habra sido demasiada dicha para m, pobre
+infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena.
+
+Le en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad.
+
+--Entonces hasta maana--dijo en voz baja apretndome los dedos,--y
+maana vers la falta que nos haces, comprenders que sera necesario
+que furamos locos, para dejarte partir nuevamente. No es verdad,
+Roberto?
+
+--Seguro, con toda seguridad!--dijo l soltando una carcajada que me
+pareci singularmente forzada.
+
+Era evidente que se senta mortificado en presencia de nosotras dos.
+As, pues, no tard en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una
+palabra.
+
+--Ensale nuestro hijo--murmur Marta, al mismo tiempo que una sonrisa
+de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido.
+
+--Ven--dijo Roberto;--el nio duerme en la habitacin contigua.
+
+Me precedi, y escurri con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la
+puerta entreabierta.
+
+La cuna se alzaba all en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines
+apareca una cabecita roja, apenas ms grande que una manzana. Sus
+prpados arrugados estaban cerrados y tena en la boca uno de sus
+puitos, con los dedos crispados como por una convulsin.
+
+Mis miradas se apartaron del nio y a hurtadillas se fijaron en el
+padre. Este haba juntado las manos y contemplaba con piadosa atencin a
+esa pequea criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto
+el embarazo como el jbilo, vagaba por sus labios.
+
+Slo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de
+la tarde caa directamente sobre su rostro y haca resaltar claramente
+los pliegues y las arrugas que se haban grabado en l durante esos tres
+ltimos aos. Penas sombras parecan asediar su frente; sus ojos haban
+perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento
+nervioso en que cre leer a la vez una melanclica sumisin y una
+impotente rebelda.
+
+Me sent presa de una compasin infinita; tena ganas de tomarle las
+manos y decirle:
+
+--Tn confianza en m, soy fuerte; djame participar de tu dolor.
+
+Cuando alz los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me
+puse rpidamente de rodillas delante de la cuna y apoy mis labios en el
+tierno rostro del nio que se estremeci a mi contacto, como si hubiera
+experimentado un dolor.
+
+Cuando me levant, vi que Roberto haba salido del cuarto.
+
+Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud:
+quera saber que yo admiraba a su hijo.
+
+--No es verdad que es lindo?--balbuci, alzando hacia m sus dbiles
+brazos.
+
+Y cuando su corazn de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar
+a su lado en las almohadas, apoy su cabeza en m y concluy casi por
+ponerla sobre mis rodillas.
+
+--Oh! Qu frescura!--murmur.
+
+En seguida cerr los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si
+durmiera.
+
+Enjugu con mi pauelo el sudor que cubra su frente.
+
+Ella me agradeci por seas y dijo:--Estoy todava un poco dbil, me
+parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que maana podr
+levantarme y atender a la casa.
+
+--Gran Dios, qu ideas tienes!--exclam espantada.
+
+Ella suspir.
+
+--Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar.
+
+--Por qu no tienes derecho de reposar?
+
+Marta no contest, poro de repente se puso a llorar amargamente.
+
+La calm, bes sus mejillas y sus ojos preados de lgrimas, y le
+supliqu que me abriera su corazn.
+
+--No eres feliz? Roberto no es bueno contigo?
+
+--Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy
+desdichada, hermanita, ms desdichada de lo que puedo decirte.
+
+--Y por qu, Dios mo?
+
+--Tengo miedo!
+
+--De qu?
+
+--De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le convena.
+
+Sent, de improviso, que un fro glacial me invada, como si, emanado de
+su cuerpo, se trasladara al mo.
+
+--Ves? T misma sientes que tengo razn!--murmur, alzando hacia m
+sus grandes ojos inquietos.
+
+--Ests loca--dije, esforzndome por rer.
+
+Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofro. Un vago
+sentimiento me deca que Marta poda muy bien no equivocarse. Pero por
+el momento se trataba de consolarla.
+
+--Cmo puedes ser tan tonta para atormentarte as t misma? Acaso su
+actitud no te dice noche y da que ests en un error?
+
+--S lo que s--replic ella, suavemente, con esa resignacin altiva que
+es el arma de los dbiles.--Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor
+tiene muchos aos: estaba ya en mi corazn aun antes de que furamos
+novios, y yo saba bien lo que haca cuando me negaba entonces a ser su
+mujer; era el amor, slo el amor lo que me guiaba!
+
+--Marta! Marta!--exclam en tono de reproche.--Me parece que me has
+ocultado muchas cosas.
+
+--Todo te lo dije en aquella poca--respondi ella;--pero t no queras
+creerme, queras por fuerza hacer mi felicidad; y ms tarde, por qu
+habra hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que
+se les ha querido dar; habras concluido por ver en mis palabras un
+reproche a Roberto, quiz hasta a ti misma, y yo no poda dar lugar a
+semejante equivocacin. Mi desgracia data del da en que llegamos aqu.
+Cuando lo vi reir con su madre, o que una voz me gritaba: Tuya es la
+culpa! Cuando de da en da lo vi ponerse ms sombro y ms triste, me
+repeta nuevamente en el fondo del corazn: Tuya es la culpa! Durante
+la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este
+pensamiento:
+
+Por qu ests tan triste y tan melanclica, por qu no sabes sino
+arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves
+sufrir?
+
+Por qu no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que
+vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso
+las arrugas de su frente? An ms, por qu te faltan el orgullo y la
+fuerza? Por qu no puedes decirle: Refgiate a mi lado; si tu corazn
+tiembla, en m encontrars nuevas fuerzas, velar sobre ti y sostendr
+tus pasos. He ah lo que habras hecho t, hermana; no, no me
+contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habras
+tenido t, con tu alta estatura; le habras abierto los brazos para que
+pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no
+se atreven a penetrar... pero, mrame--y al decir esto diriga una
+mirada de lstima a su cuerpo delicado y dbil, cuyos flacos contornos
+se delineaban bajo la cobija.--Ese lenguaje no sera ridculo en mi
+boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan pequea, tan
+frgil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es
+cosa ma... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en
+las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez ms de m. Por
+la maana me esforzaba en rer, quera fingir la indiferencia y la
+alegra de un pjaro, creyendo que ese era el papel que mejor me
+convendra y ms le agradara; pero los cantos y la risa se ahogaban en
+mi garganta, y l lo notaba muy bien, pues sonrea con expresin
+compasiva, y yo senta redoblar mi vergenza.
+
+Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocult el rostro en mis faldas; luego
+continu:
+
+--Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, trat por lo
+menos de indemnizarlo de otra manera. T sabes que nunca en mi vida he
+tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jams haba tenido sobre m
+una labor tan penosa como durante estos tres aos. Y, cuando ya no
+poda ms, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, segua
+adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: Haz ver que eres
+por lo menos til para algo, arrglate de modo que nunca sepa cun poca
+cosa posee en realidad en tu persona... Pero, de qu sirve todo eso?
+Todos mis esfuerzos son enteramente intiles. Tan pronto como vuelvo las
+espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un da mi trabajo
+le parezca insuficiente.
+
+As se quejaba la desdichada, y yo misma tena el corazn despedazado al
+ver tanto dolor.
+
+--Escucha, tengo que hacerte una splica--dijo ella finalmente,
+tomndome ambas manos:--sondea a Roberto, procura saber si est contento
+de m, y despus me lo dirs.
+
+La atraje hacia m, le prodigu mil palabras cariosas, y trat de
+alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su espritu. Ella
+beba con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba
+pendiente de mis labios y de vez en cuando un dbil suspiro se escapaba
+de su pecho.
+
+--Oh! Por qu no has estado siempre a mi lado?--exclam, acaricindome
+las manos.
+
+En ese momento, un nuevo pensamiento pareci desalentarla otra vez.
+Insist para que hablara, pero no quera decidirse a hacerlo; al fin
+dijo, balbuciendo y tartamudeando:
+
+--T hars todo mil veces mejor que yo; le ensears lo que habra
+podido tener y lo que tiene; ver qu pobre criatura soy a tu lado!
+
+Un espanto se apoder de m; luego comprend.
+
+Haba soado en poseer un hogar, pero ese sueo se desvaneca. Cmo
+poda permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consuma de
+dolor y de celos por causa ma?
+
+Marta sinti que me haba hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta
+mi cuello, me dijo:
+
+--Comprndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco
+celosa, que mi deseo ms ardiente es que os entendis ambos despus de
+mi muerte, y que...
+
+--Despus de tu muerte!--exclam espantada.--Marta, no digas eso! Es
+un crimen!
+
+Ella se sonri, triste y resignada.
+
+--Lo s mejor que t--dijo.--Mis fuerzas se han agotado desde hace
+tiempo. Ya antes, esa larga espera me haba aniquilado. Por eso deseaba
+verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluira;
+antes de partir quera arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como
+fuere, tarde o temprano tendr que pasar por eso, y quiero antes estar
+segura de que dejo a ambos, al nio y a l, en buenas manos.
+
+Me estremec y en seguida sent que una gran laxitud me invada. Me
+pareci que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta
+rendir el alma.
+
+En ese momento se oyeron en la habitacin contigua los gritos del
+pequeuelo que se haba despertado y reclamaba a su nodriza. Respir
+largamente y reflexion acerca de m misma y de los deberes que me
+incumban.
+
+--Oyes, Marta?--grit.--Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la
+dicha ms grande que puede pretender una mujer. Renacers por tu hijo;
+tu vida sacar de su juventud un nuevo vigor.
+
+Un relmpago pas por sus ojos; luego se dej caer suavemente y cerr
+los prpados, sonrindose. Slo el sentimiento de la maternidad poda
+dar alas a su esperanza.
+
+Abri la boca una vez ms y murmur algunas slabas. Me inclin hacia
+ella y pregunt:
+
+--Qu tienes, hermana querida?
+
+--Deseara ser til para algo en este mundo--dijo, con un suspiro.
+
+Y con este pensamiento, se durmi.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Haba cerrado ya la noche cuando Roberto penetr sigilosamente en la
+habitacin. Yo me sobresalt: sent de repente que me iba a ver reducida
+a esconderme, a huir de l hasta el fin del mundo: Es necesario que no
+te encuentre, no te encontrar!--me gritaba una voz interior.--Mis
+mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor
+traicionara mi emocin a pesar de la obscuridad.
+
+Se acerc a la cama, escuch un instante la respiracin apacible de
+Marta y en seguida me dijo en voz baja:
+
+--Ven, Olga. Ests cansada; tomars algo y despus irs a descansar.
+
+Quise protestar, pues tema mucho encontrarme sola con l, pero, para no
+despertar a mi hermana que dorma, lo segu sin decir una palabra.
+
+El comedor era una vasta habitacin, blanqueada, con muebles antiguos
+que parecan estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a
+negros gigantes agazapados. Bajo la araa haba una mesa redonda con dos
+cubiertos.
+
+--He hecho comer antes al personal de la granja--dijo Roberto,
+volvindose hacia m,--pues no he querido darte el disgusto de ver caras
+extraas.
+
+Y, al decir esto, se dej caer pesadamente en una silla, apoy la barba
+en su mano y fij la mirada en el salero.
+
+--Pero t no comes!--dijo al cabo de un instante.
+
+Sacud la cabeza: no habra sido capaz de comer un bocado, aun cuando el
+hambre me desgarrara las entraas. Su presencia me paralizaba por
+completo.
+
+Sigui un nuevo silencio.
+
+--Cmo la encuentras t?--pregunt l al fin.
+
+--No s--dije, violentndome para hablar,--si debo sentir alegra o
+inquietud.
+
+--Por qu inquietud?--pregunt bruscamente.
+
+Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia.
+
+--Marta se atormenta a s misma.
+
+Me dirigi de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que deca:
+T tambin lo sabes ya? Luego levant el puo desperezndose y exhal
+un suspiro. Su cabellera enmaraada le caa sobre la frente y en las
+extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se
+acentuaban an ms.
+
+Tuve miedo, miedo de m misma. Lo que acababa de decir no pareca una
+acusacin a Marta, no lo invitaba a acusarla?
+
+--Te ama demasiado--repuse, apretando los dientes.
+
+Saba que iba a hacerle mal y era lo que quera.
+
+l se sobresalt y me mir un instante, con una extraeza sincera,
+inclin repetidas veces la cabeza y dijo:
+
+--Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado.
+
+Yo habra querido en seguida pedirle perdn. Verdaderamente no mereca
+esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de
+sol: slo en mi corazn reinaban las tinieblas.
+
+Cre que las lgrimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme.
+
+Vi que no podra contenerme por ms tiempo, y me levant bruscamente.
+
+--Buenas noches, Roberto--dije, sin tenderle la mano.--Estoy extenuada,
+necesito acostarme; deja, un criado me indicar el camino. Deja, te
+digo!
+
+Grit esas ltimas palabras como impulsada por el enojo: l se detuvo,
+cortado.
+
+
+
+
+XV
+
+
+En la penumbra del corredor, el aire fresco me calm muy pronto. Di
+algunos paseos y despus fui en busca de una criada para que me indicara
+mi habitacin.
+
+--La seora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que
+lo toquen; hay tambin una carta para la seorita.
+
+Cuando me qued sola, pas revista a la habitacin. Querida y excelente
+hermana! Haba pensado en mis menores deseos, se haba acordado
+fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi
+aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar.
+Nada faltaba all, de lo que mi corazn ms apreciaba antes. Sobre la
+cama caan cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que haban
+abrigado mis primeros sueos de nia; en el borde de la ventana haba
+geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes
+algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros
+tiempos al despertarme, y en los estantes encontr los libros en que
+haba aprendido las primeras nociones del amor.
+
+El drama de _Ifigenia_, que, en aquellos das claros y sin nubes, haba
+sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. Oh, bondad del
+Cielo! Cunto tiempo haca que lo haba ledo, cunto tiempo haca que
+lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la
+santa sacerdotisa haca sufrir a mi alma!
+
+Entre las pginas del libro encontr la carta de que me haba hablado la
+criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a
+encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre,
+le:
+
+* * *
+
+Hermana muy querida!
+
+Cuando entres en este cuarto no podr desearte la bienvenida: estar
+enferma y quiz hasta mis labios se habrn cerrado para siempre. Todo lo
+encontrars como tenas la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba
+preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el
+dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en
+paz y durmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfurzate en
+amar a Roberto, como l mismo te amar. Entonces todo ir bien todava,
+ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a l. Tu hermana,
+_Marta_.
+
+* * *
+
+Nada nuevo haba en lo que all me deca y, sin embargo, me sent tan
+violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su
+cario, que no tuve en el primer momento ms que un pensamiento: ir a
+arrojarme al pie de su cama, y confesarle cun indigna era aquella a
+quien ofreca el asilo de su corazn y de su techo.
+
+Ciertamente, ya no me caba ninguna duda. Esa fatal pasin, que yo crea
+haber arrancado de mi alma con todas sus races, se haba cubierto de
+una nueva y frondosa vegetacin; las heridas cicatrizadas desde haca
+tiempo se haban vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me pareca
+sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes.
+
+Ya era intil ocultar o disimular. Se haban acabado, desde haca largo
+tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos
+nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente
+de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un
+conocimiento madurado por los aos, la actitud fra y rgida que impone
+una conducta severa.
+
+S, lo amaba, lo amaba con una pasin tan ardiente, tan dolorosa como
+slo el corazn retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede
+amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer.
+
+Haba crecido con ese amor, me haba aferrado a l en la pasin secreta
+de mi corazn; mi ser haba encontrado en l su vigor: era mi fuerza y
+mi debilidad, era mi vida y mi muerte.
+
+Lo mereca Roberto? Me comprenda? Qu importaba! Nunca lo
+comprendera despus de todo. Y luego, no era l sino yo la que tena
+que conquistar un derecho a su amor. A esa hora saba que jams podra
+desterrar de mi pecho esa pasin. Se trataba de someterse a ella como
+uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera
+criminal: deba reinar pura en el fondo de mi corazn puro.
+
+Y, en verdad, no me haban llamado a esa casa para labrar su desgracia.
+
+Una gran misin, una misin sagrada me esperaba. Marta vera en breve
+que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprendera
+conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvacin de su marido
+muy amado, el amor que la consuma en vano. Su valor, a mi lado, iba a
+rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. Cmo me prometa
+sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; cmo me
+violentara para rer cuando la melancola la envolviera con su velo
+sombro! Sabra, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes,
+devolver a las frentes su serenidad, y hara de modo que siempre
+brillara entre esas paredes un ltimo rayo de sol.
+
+Mi vida transcurrira sin deseo, feliz tan slo de la dicha de los mos,
+en una abnegacin discreta y resignada.
+
+Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo
+tambin iba a desempear el papel augusto y sublime de la sacerdotisa.
+
+Este piadoso pensamiento hizo caer la agitacin de mi alma, y con l me
+dorm.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Cuando me despert esa primera maana, me sent satisfecha, casi feliz.
+En m reinaba una paz casi religiosa que no conoca ya, desde haca un
+nmero infinito de aos. Saba que en lo sucesivo no tena por qu temer
+el encontrarme con l.
+
+Marta dorma todava. Cuando mir a la habitacin por la abertura de la
+puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia
+atrs, y o una respiracin corta y oprimida.
+
+Tranquilizada, me alej para entrar inmediatamente en mis funciones de
+ama de casa.
+
+--Ya no necesitar extenuarse en el trabajo--pens, penetrada de una
+secreta alegra.
+
+Hice, para tomar oficialmente la direccin de la casa, una inspeccin
+que dur casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta
+docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no
+habra tardado en imponrselo.
+
+A la hora del almuerzo me encontr con Roberto. Sent al entrar al
+comedor una leve palpitacin del corazn, la que desapareci tan pronto
+como me acord de mi juramento de la vspera. Me le acerqu, serena,
+mirndolo de frente, y le extend la mano.
+
+--Marta duerme todava?--pregunt.
+
+l sacudi la cabeza.
+
+--He mandado buscar al mdico--dijo.--Ha pasado una mala noche... la
+emocin de tu llegada parece haberle hecho dao.
+
+Sent un poco de temor; pero mi gran resolucin me haba llenado de tal
+alegra, que no haba ya lugar en m para una inquietud.
+
+--Quieres servirte t mismo? Mientras tanto ir a verla.
+
+Cuando entr en la habitacin, la encontr en la misma posicin en que
+la haba dejado por la maana, y, acercndome a la cama, vi que tena
+los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo.
+
+Tuve miedo y la llam por su nombre; entonces una ligera sonrisa pas
+por su rostro; se volvi penosamente y me mir de frente.
+
+--No te sientes bien, Marta?
+
+Sacudi la cabeza con expresin dolorida y cerr un poco la mano. Eso
+quera decir: Ven, sintate a mi lado.
+
+Tom su cabeza entre mis brazos y de repente un calofro sacudi su
+cuerpo; o que sus dientes castaeteaban.
+
+--Dame una frazada gruesa--murmur,--tengo mucho fro.
+
+Hice lo que me haba pedido y me sent de nuevo a su lado. Ella se
+apoder de mis manos y las estrech como si hubiera querido calentarse
+con su contacto.
+
+--Has dormido bien?--pregunt con esa misma voz de ronco falsete que no
+le conoca.--Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sent nacer en
+m un vivo sentimiento de vergenza. Qu era mi gran proyecto de
+renunciamiento comparado con esa especie de abnegacin, de olvido de s
+misma, que se manifestaba en las ms pequeas como en las ms grandes
+circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? Y yo, egosta
+y orgullosa, me envaneca todava de esa sublime resolucin de mi
+corazn!
+
+--Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?--continu ella, al mismo
+tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un dbil fulgor de
+malicia.
+
+A guisa de respuesta pos humildemente en sus labios un beso de
+agradecimiento.
+
+--S, bsame, bsame otra vez!--dijo ella.--Tu boca es tan bella, tan
+ardiente: da calor al cuerpo y al alma.
+
+Y un nuevo calofro la sacudi.
+
+Un instante despus entr Roberto.
+
+--Preprate, querida--dijo acariciando la mejilla de Marta;--el mdico,
+nuestro to, ha llegado.
+
+En seguida me hizo una sea y sal detrs de l. Junto a la cuna del
+recin nacido encontr a un hombre ya viejo, cuya barba gris no haba
+sido afeitada por varios das, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e
+inteligentes que me miraban sonriendo detrs de los brillantes vidrios
+de sus antiparras.
+
+--Entonces, es ella?--dijo extendindome la mano.
+
+Una oleada de sangre me subi al corazn; a la primera ojeada comprend
+que tena delante de m a un amigo, a quien podra confiarme sin
+reserva.
+
+--Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!--continu
+l.--De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Llvame a su lado,
+Roberto; sin duda la cosa no es tan grave.
+
+Me qued sola con la nodriza y el nio, que se agitaba y lanzaba a
+derecha e izquierda sus puitos.
+
+--Adquirir tambin el derecho de contribuir a tu felicidad--pens
+mientras acariciaba su pequeo crneo redondo y luciente, sobre el cual
+temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como
+la seda. La vspera, haba apenas dirigido una mirada a esa criaturita;
+ese da, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura
+infinita.
+
+--Desde ayer te has vuelto ms pura y mejor--me dije mentalmente.
+
+La visita fue larga, de una duracin inquietante. Al fin, la puerta de
+la habitacin contigua se abri; el mdico sali solo. Pareca irritado,
+furioso; sus mandbulas se agitaban como si hubieran querido triturar
+algo.
+
+--He alejado a Roberto--dijo.--Necesito hablar a solas con usted.
+
+Entonces me tom la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera
+humeaba todava.
+
+--Tengo por usted un respeto muy grande, seorita--comenz enjugando las
+gotas de sudor de su frente.--Por todo lo que he odo decir, es usted
+una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado.
+
+--Basta de prembulos, se lo ruego, doctor--dije, sintindome palidecer.
+
+--Bueno! A m tampoco me gustan los prembulos. Su hermana...
+
+Y al decir esto, sin embargo, se detuvo.
+
+--Mi hermana... est en... peligro de muerte, doctor!
+
+Haba querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me as
+del borde de la mesa para no caer.
+
+--Vamos! valor, valor!--murmur l ponindome la mano en el
+hombro.--La fiebre, ese terrible husped, est all y no es tan fcil
+despedirla.
+
+Yo apret los dientes: no quera que me viera temblar. Ya haba odo
+hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no
+pudiera formarme una idea de sus terrores.
+
+--Roberto lo sabe?
+
+Ese fue el primer pensamiento que me vino.
+
+El doctor se encogi de hombros rascndose la cabeza.
+
+--He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho ms que la
+mitad de la verdad.
+
+--Y cul es la verdad entera?
+
+Y enderezndome lo mir en los ojos.
+
+l guard silencio.
+
+--Va a morir?
+
+Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa ms
+temible, respir con mayor libertad. Pero no o su respuesta, pues, en
+el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas
+horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible
+vivacidad aquella escena de mis aos de infancia en que Marta se me
+haba aparecido tendida en el sof, semejante a un cadver. Cre sentir
+que una mano de muerta me hunda las uas en el pecho; ante mis ojos
+pasaron relmpagos sangrientos; lanc un grito... luego cre or que una
+voz me gritaba: Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, slvala, d tu
+propia vida para conservar la suya! Bruscamente me ergu; haba vuelto
+a encontrar mis fuerzas.
+
+--Doctor--dije,--si Marta se muere, perder todo lo que poseo en este
+mundo y yo misma habr concluido. Pero, mientras pueda serle til, no
+flaquear: necesito una certidumbre.
+
+--Una certidumbre, querida nia--repuso l apoderndose de mis
+manos,--no la habr hasta la curacin o hasta el momento fatal. Por
+desesperada que sea la situacin, puede siempre producirse una reaccin
+y ahora ms que nunca, puesto que la enfermedad est todava en sus
+primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es
+la parte ms triste. Sin embargo, quiz conseguiremos ahogar el mal en
+su germen, y entonces todo se habr salvado.
+
+--Qu puedo hacer por ella?--exclam, extendiendo hacia l mis manos
+juntas.--Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida
+para salvar la suya, no le habra dado todo lo que le debo.
+
+l me mir sorprendido.
+
+Cmo habra podido comprenderme?
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Y ahora he llegado a la parte ms difcil de mi relato. Desde hace ocho
+das, doy vueltas en torno de estas pginas sin atreverme a tomar la
+pluma. Un calofro de espanto me invade al pensar en lo que me espera.
+
+Y, sin embargo, me har bien el acordarme una vez ms de esos tres das
+y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento ms
+tierno, una melancola ms dulce, parecen saturar mi corazn. Atrs,
+atrs, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy
+destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si
+alguna vez lo olvido, la historia de esos tres das sabr hacerme
+recordarlo...
+
+Cuando acerqu mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis
+funciones de enfermera, la encontr dormida; pero ese no era el sueo
+que fortifica y prepara la convalecencia; era un sueo que pesaba sobre
+ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los prpados. Cuando su
+pecho se levantaba o se bajaba, se habra dicho que obedeca a una
+fuerza extraa que lo dilataba y lo comprima alternativamente. Su
+rostro plido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio
+hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban,
+semejantes a reptiles. Ocult mi cara entre las manos: no poda soportar
+ese espectculo.
+
+Las horas del da pasaron. Ella dorma, dorma sin pensar en
+despertarse.
+
+De vez en cuando oa afuera el paso ligero de las criadas; aparte de
+eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto,
+ni trazas.
+
+A medioda no pude dejar de preguntar por su paradero. Le haban visto
+por la maana salir a los campos, seguido por sus perros. Y as, desde
+haca horas, vagaba bajo la lluvia.
+
+El reloj toc las tres; en ese momento entr l, chorreando agua, con la
+mirada empaada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente.
+
+Deba haber sufrido horriblemente.
+
+Quise acercarme a l, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me
+atrev. La mirada huraa y sombra que me lanz, me deca con bastante
+claridad: Qu quieres? Djame solo con mi dolor.
+
+Haba asido una de las columnas de la cama y permaneca all, con los
+ojos fijos en Marta, mordindose los labios. Despus sali, como haba
+venido, sin decir una palabra.
+
+Pasaron dos horas ms en el silencio y la espera. Los vapores de fenol
+que se desprendan del plato colocado frente a m, principiaban a darme
+dolor de cabeza. Apoy la frente en los vidrios para refrescarla,
+siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento
+levantaba y haca revolotear hasta la ventana.
+
+Comenzaba ya a obscurecer, cuando o de repente afuera, en el corredor,
+una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la
+enferma, dormida, se estremeci dolorosamente.
+
+La clera me subi a la cara. Quise correr para echar de la casa a la
+persona que haca tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropec con
+ella.
+
+A la primera mirada reconoc esa cara colorada e hinchada, esos ojillos
+perversos. Quin poda ser sino _ella_, la mejor de todas las tas y de
+todas las madres!
+
+--Al fin--exclam para mis adentros,--al fin voy a verte de frente, mis
+ojos en los tuyos!
+
+--De modo que t eres Olga--exclam siempre en el mismo tono estridente
+y llorn que llenaba la casa.--Buenos das, mi queridita! Oh! Qu
+desgracia! Entonces es verdad? La noticia me ha trastornado!
+
+--Le ruego, querida ta--le dije cruzndome de brazos,--que vaya usted a
+trastornarse a otra parte y no aqu, y que a la cabecera de la enferma
+modere usted el tono de su voz.
+
+Ella se qued cortada. La mirada envenenada que me lanz entonces, no
+la olvidar en mi vida.
+
+Pero ya saba con quin tena que habrmelas. Por otra parte, ella
+recogi el guante en seguida.
+
+--Haces muy bien, hija ma--dijo, y su voz tom de pronto un sonido
+metlico, como una trompeta de guerra,--haces muy bien en atender a tu
+pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es intil
+ahora; soy yo quien va a quedarse aqu.
+
+Esprate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato--exclam
+mentalmente.
+
+E irguindome cuanto pude, le respond con mi sonrisa ms fra:
+
+--Se equivoca usted, querida ta; se le ha prohibido a mi hermana de la
+manera ms formal que la visiten personas extraas. Le ruego, pues, que
+se retire a la habitacin contigua.
+
+Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habra sido
+capaz de estrangularme all mismo. Pero se march y el buen to, sin
+voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detrs de ella, la
+sigui.
+
+En mi triunfo solt una gran carcajada.
+
+Pero tambin, qu vens a hacer, almas codiciosas, en el templo del
+dolor? Atrs!
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Vino la noche. Una banda roja, ltimo vestigio del sol poniente, se
+extenda sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras
+en el cielo de fuego. Durante largo rato segu con los ojos las
+llamaradas, que la obscuridad concluy tambin por absorber.
+
+El reloj dio las nueve y el viejo doctor entr. Permaneci mucho rato
+sentado en mi silla, silencioso, despus me acarici la mano al
+despedirse y dijo:
+
+--Contine usted con el fenol, toda la noche.
+
+A la pregunta que ley en mi mirada inquieta, no respondi sino con un
+vago encogimiento de hombros.
+
+No s dnde, dos o tres habitaciones ms lejos, o la voz de Roberto que
+discuta con el anciano. Era una prueba de que l tampoco se alejaba de
+la cama de la enferma. Pero por qu se contenta con quedarse
+afuera?--me preguntaba.--Casi se dira que le est prohibida la
+entrada.
+
+El reloj toca las diez, todo est solitario en los alrededores, la casa
+parece entregada al reposo.
+
+El viento sacude la reja del jardn, hace el ruido de un husped
+atrasado que quiere entrar. La muerte rondara ya en derredor de la
+casa? Contara ya los granos de arena en su ampolleta?
+
+El furor de la desesperacin se apoder de m.
+
+Sin saber lo que haca, me precipit hacia la puerta, como para cerrar
+el paso a ese demonio amenazador.
+
+Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado
+antes que aqul en el umbral de la puerta!
+
+Minutos despus entr Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada ms
+que esa mirada rpida y sombra que ya me haba herido una vez como una
+pualada.
+
+Con su paso pesado y balanceante avanz hacia la cama, tom la mano de
+Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas uas tenan un matiz azulado, y
+la mir fijamente. Despus se sent en el rincn ms obscuro, detrs de
+la estufa, y permaneci all encogido durante dos horas, dos largas
+horas.
+
+Yo esperaba, con el corazn palpitante, que l me dirigiera la palabra,
+pero guard silencio como antes.
+
+Poco despus de media noche sali del cuarto.
+
+Por mucho tiempo todava lo o pasearse afuera en el corredor, y el
+ruido sordo de sus pasos me record otra noche en que, no menos
+temblorosa, haba odo ese mismo ruido, dividida entre el temor y la
+esperanza.
+
+Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura
+insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los dems y de
+sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me pareca en ese
+momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean
+all arriba en la inmensidad.
+
+El ruido de los pasos se atenu: Roberto haba entrado en su cuarto.
+
+Volver?--me pregunt, aplicando el odo al ojo de la
+cerradura.--Seguramente no puede dormir.
+
+Y me estremec de gozo al or que el ruido se acercaba de nuevo.
+
+Pero por mi cabeza pas este pensamiento:
+
+Qu te importa que vuelva o no? Acaso es por l por quien ests aqu?
+No tienes all, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas?
+
+Me dej caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le
+supliqu que tuviera compasin de m, quera hablarle, le deca, tena
+un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme.
+
+Ella no se despert. Recogida en su dolor, yaca, triste esqueleto. En
+sus pmulos se encendan pequeas llamaradas. La respiracin silbaba.
+
+Por un instante sus labios se agitaron; pareca querer hablar, pero las
+palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo.
+
+Qu terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj haca or
+su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana vena el ligero
+quejido del viento y en el interior de la habitacin resonaba el ruido
+de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido.
+
+Y de improviso me pareci or, en medio del silencio, que mi sangre se
+agitaba y herva dentro de mi cuerpo. Escuch con atencin.
+Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas.
+Por qu no circula apaciblemente como de costumbre--me pregunt,--y
+como lo exige mi gran resolucin? No he extirpado de mi corazn con
+todas sus races la idea de un crimen? No lo he purificado con ayuda de
+mil fuegos? No estoy aqu para desempear el papel de sacerdotisa, de
+sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora?
+
+Y escuch nuevamente!
+
+Son alucinamientos--me dije.
+
+Pero a pesar de ello tena miedo de todo ese movimiento y de todo ese
+estrpito, que pareca aumentar a cada instante. Vea que un torrente me
+llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De l surga una roca
+de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras
+de fuego, la palabra: Asesinato.
+
+El ruido de pasos se dej or ms. De un salto me par... Roberto vino,
+se sent al borde de la cama; con la mano enjug el sudor que cubra la
+frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de sta por entre sus
+dedos.
+
+Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus
+ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las rbitas; sus
+labios apretados revelaban amargura e irritacin. All estaba,
+petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a l me sacudi como
+un calofro de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sent como dos
+manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de
+nuevo en mi asiento.
+
+Al fin pronunci su nombre y me sobrecog de espanto, de tal modo que el
+sonido de mi propia voz me pareci extrao y lgubre.
+
+l se volvi y me mir.
+
+--Roberto--dije,--por qu no me hablas? Si hicieras compartir a otro el
+dolor que te oprime, eso te aliviara.
+
+Se levant bruscamente, se me acerc y me tom ambas manos. A ese
+contacto sent que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba
+alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo
+mir con firmeza, de frente.
+
+--Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga--dijo l.
+
+--Qu quieres decir con eso, Roberto?--balbuc.--Me he mostrado
+desatenta para contigo?
+
+--Si slo fuera desatenta!--replic l.--Pero me has tratado como a un
+extrao, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer.
+
+--Que Dios me libre de ello!--grit deshacindome, pues senta que iba
+a caer en sus brazos.
+
+Y l contina:
+
+--Olga, si alguna vez te he hecho dao... cul, no lo s? Pero debe de
+ser as, de lo contrario no me rechazaras de esa manera; tu mirada, tu
+actitud entera, seran menos duras para m... Si, pues, te he hecho
+dao, Olga, no ha sido culpa ma; nunca he tenido sino buenas
+intenciones para ti. He... habra querido que siempre estuvieras aqu
+como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente
+extraa... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos
+amamos...
+
+Para qu pronunciara su nombre? Senta nacer en m una fiera alegra,
+me pareca que me brotaban alas; y he ah que su nombre me hera como un
+latigazo. Me mord los labios hasta que brot la sangre. Pero a pesar de
+todo quise permanecer serena, quise desempear el papel de ngel
+protector.
+
+--Roberto--dije,--te has equivocado gravemente con respecto a m: nada
+he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el
+extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes
+tener confianza en m... quieres?
+
+Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol.
+
+--Te estoy tan agradecido, Olga!--dijo.--Por qu no haba de continuar
+teniendo confianza en ti? Mira, desde el da en que hicimos juntos en el
+bosque ese paseo a caballo, te acuerdas? (Oh, si me acordaba!) desde
+ese da te he querido como a una hermana, an ms que a todas mis
+hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi ngel
+tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo sers todava en el porvenir, no
+es verdad?
+
+Hice sea de que s sin decir nada y me oprim el pecho con las dos
+manos; en seguida, cuando l lo not, las dej caer, pero retroced tres
+pasos tambalendome y fue un milagro si consegu mantenerme en pie.
+
+Inquieto, l se me acerc.
+
+--Estoy cansada--dije, esforzndome por sonrer.--Ven, vamos a
+sentarnos, la noche es larga.
+
+Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el
+angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando
+al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacuda a
+cada instante; sus prpados parecan cerrados, las sombras de sus
+pestaas descendan hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se
+inclinaba hacia ella, vea brillar en el fondo de las obscuras cavidades
+el blanco de los ojos, con un lustre de ncar plido. l lo not, lo
+mismo que yo.
+
+--Se dira que ya est muerta--murmur, ocultando la cabeza entre sus
+manos.--Y si muere--continu,--no ser a consecuencia de su parto, no
+ser de esa miserable fiebre; slo yo ser la causa de su muerte.
+
+--Por el amor de Dios, qu dices?--exclam, extendiendo hacia l mis
+brazos.
+
+l inclin la cabeza sonriendo amargamente.
+
+--Bien lo he visto durante estos tres aos: es doble, triple mi culpa.
+Primero, la dej esperar y consumirse durante siete aos, dividida entre
+la esperanza y el desaliento, agotando as su energa y sus fuerzas, y
+Dios sabe que no tena muchas! Despus la arrastr, dbil de cuerpo,
+abatida de espritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil,
+y aun ms hostil que todos, la que mejor habra debido sostenerla. Y yo
+mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegra, si hubiera velado
+para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera
+puesto un poco de sol en su existencia, quiz habra podido vivir feliz
+a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y
+echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la
+voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi
+frente, la haca palidecer. Ve ah, delante de nosotros, ese cuerpo que
+no tiene ms que el aliento, y mrame a m, gigante rudo y tosco! Ms de
+una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que
+quiz la haba ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en
+realidad. Lo que me convena era una mujer fuerte y...
+
+Espantado se detuvo y dirigi al rostro de Marta una mirada que peda
+humildemente perdn; pero yo complet su frase con el pensamiento.
+
+Cuando Roberto sali de la habitacin, un sentimiento de jbilo se
+apoder de m, una loca alegra que desencadenaba un huracn en mi
+cabeza, sembraba la turbacin en mis sentidos y pareca querer
+absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a m misma.
+
+La atmsfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolva mi cabeza
+como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la
+respiracin comenzaba a faltarme.
+
+Corr a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspir el aire fro
+de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas.
+
+El da apareci a travs de las cortinas, un da fro y gris, sumido en
+la niebla. Nubes descoloridas suban pesadamente en el horizonte, y
+arrojaban un plido fulgor sobre los rboles que chorreaban de humedad,
+y que parecan haberse despojado todava durante la noche, de una parte
+de sus hojas.
+
+Qu noche!
+
+Y cuntas otras ms terribles que esa, van a sucederle! Qu fantasmas,
+engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a
+favor de esas noches, en mi espritu febricitante!
+
+Me sent tiritar y me retir a un rincn: tena miedo de m misma.
+
+Pasaron las horas de la maana y poco a poco me fui calmando. El
+recuerdo de esa noche se borr y con l los desrdenes de la fiebre y
+los tormentos de la conciencia. Lo que haba visto, lo que haba
+sentido, no me pareca ms que un sueo. Una laxitud aplastadora me
+invadi; cerr los ojos y ces de pensar.
+
+Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abri de
+improviso sus grandes ojos azules y me dirigi una mirada llena de
+dulzura y de bondad. Me pareci que era el ojo de Dios que se volva
+hacia m, infeliz pecadora, y que en l lea la piedad y el perdn.
+
+Un gozo puro, un gozo santo, me inund. Me arroj en los brazos de mi
+hermana y escond mi cara sobre su hombro.
+
+En medio de sus dolores ella se puso a sonrer, y, posando penosamente
+su mano en mi cabeza, murmur con voz apenas perceptible:
+
+--Sin duda os he asustado mucho?
+
+Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de
+paz; por un instante cre que iba a quedar libre del peso que me oprima
+el pecho, pero me fue imposible llorar.
+
+--Cmo te encuentras?--pregunt.
+
+--Bien, enteramente bien--respondi ella.--Pero la sbana me parece tan
+pesada!
+
+Era la ms ligera que haba podido encontrar. As se lo dije; entonces
+suspir, diciendo que haba que tener paciencia con ella.
+
+Despus se qued completamente inmvil, sin cesar de mirarme como en un
+sueo. Al fin inclin la cabeza varias veces y dijo:
+
+--Est bien as, muy bien.
+
+--Qu est bien?--pregunt.
+
+Ella se sonri y guard silencio.
+
+En seguida le volvieron los dolores; se agit, rechin los dientes, pero
+no exhal una queja.
+
+--Quieres que llame a Roberto?
+
+Ella dijo que s por seas.
+
+--Traedme tambin al nio--murmur.
+
+Acced a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y
+la contempl por largo rato. Trat tambin de besarla, pero estaba
+demasiado dbil.
+
+Antes de que Roberto llegara, haba vuelto a caer en su sueo.
+
+l me dirigi una mirada de reproche diciendo:
+
+--Por qu no me has hecho llamar ms pronto?
+
+--Tn la seguridad de que ms vale as. Tu presencia le habra causado
+una emocin demasiado fuerte.
+
+--Tienes razn, como siempre--dijo l.
+
+Y sali, sin notar felizmente el rubor que su elogio me haba hecho
+subir a la cara.
+
+Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la
+frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los
+labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupcin.
+
+A eso de la una vino el doctor; le tom la temperatura y not una
+disminucin de la fiebre.
+
+--Aumentar y disminuir todava ms de una vez--dijo.
+
+Tampoco comparti la alegra que nos haba causado el despertar de
+Marta.
+
+--No le hablis cuando vuelva en s--agreg,--y sobre todo no la dejis
+hablar. Necesita de la menor porcin de sus fuerzas.
+
+Antes de marcharse me mir largamente y mene la cabeza con expresin
+inquieta. Sent que el rubor que revela a los culpables, me invada de
+improviso la cara; me pareca que su mirada penetraba hasta el fondo de
+mi alma...
+
+Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el
+primero que me vino a la mano, y trat de leer, pero las letras bailaban
+delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habra dicho que mil
+murcilagos se recreaban en l.
+
+Necesit mucho tiempo para descifrar tan slo el ttulo: lea
+_Ifigenia_. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arroj el
+libro lejos de m, a un rincn, como si hubiera tenido en mi mano un
+carbn encendido.
+
+Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces
+lanz un grito estridente, retorcindose en convulsiones.
+
+Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi
+de pronto junto a m a la madre de Roberto.
+
+Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con
+afectacin y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor
+hipcrita, me viene de repente este pensamiento:
+
+He aqu una que espera la muerte de Marta, que la desea.
+
+Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis puos se crispan, poco
+falta para que le arroje su crimen a la cara.
+
+Y mientras esa idea me deja inmvil y helada, ella me toma por el brazo
+y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quiz
+esperaba intimidarme con ese proceder brutal.
+
+--Querida ta--dije, desasiendo mi brazo,--ya le he hecho notar a usted
+una vez, que ste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomar. Le
+ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras
+habitaciones.
+
+--Ah! Eso es lo que vamos a ver, seorita!--grit ella con voz
+chillona.--Voy a preguntarle al dueo de esta casa quin tiene ms
+autoridad aqu, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca.
+
+Y se retir sin cesar de gritar.
+
+Temblando de clera, comenc a pasearme por el cuarto. Nunca me habra
+imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan
+brusca y completamente en una arpa. No le faltaba ms que expresar
+abiertamente sus deseos ms secretos.
+
+--Oh, si fuera verdad!--exclam, sacudida por un calofro de
+horror.--Desear la muerte de Marta! Marta, lo oyes? Desear tu muerte!
+A quin has ofendido nunca? A quin has estorbado nunca? Hay alguien
+en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e
+indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, pasendose
+impunemente por la tierra, un ser tan infame, vaya! sera como para
+desesperar de Dios y del destino.
+
+He ah lo que yo deca, sin poder acumular suficiente vergenza e
+ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me
+dejaba llevar de un furor indigno.
+
+Pero senta que eso me desahogaba, respiraba ms libremente y, cuando
+vi, tirada en el suelo, a la pobre _Ifigenia_ a quien yo haba
+maltratado, fui a recogerla.
+
+--Qu crimen he cometido--me deca yo,--para que tenga que ocultarme de
+mi modelo? He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado?
+Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no
+hubiera podido ver u or? Eso que me quema aqu, eso que me ruge en el
+fondo del pecho, a quin importa si s guardarlo para m?
+
+Me deca eso y me crea casi justificada, aun ante mi propia
+conciencia, ciega de m!
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Y el crepsculo volvi: el sol poniente abras una vez ms el horizonte
+por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones,
+su luz rojiza.
+
+El rostro de Marta estaba baado por un matiz purpreo; en sus cabellos
+brillaban pequeos resplandores, y la mano que reposaba en la colcha,
+pareca iluminada por dentro.
+
+Acerqu el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la
+molestara.
+
+Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no haba
+visto hasta ese da, una corona igual a la que yo tena costumbre de
+enviar los das de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quiz provena
+de all. En ese momento pareca trenzada de llamas; todo en ella tomaba
+una vida fantstica. Y, cuando la mir con ms atencin, me pareca que
+se pona a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una
+verdadera girndula.
+
+--Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones--me dije; y trat de
+recobrar las fuerzas pasendome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a
+los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiracin
+me faltaba.
+
+Oh! Ese olor de fenol, ese vapor dulzn, repugnante! Me daba el
+vrtigo, pona como un velo sobre mis pensamientos y esparca un
+presentimiento de muerte y de espanto.
+
+El anciano doctor lleg; me mir a la cara y me orden, con ese tono a
+la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a
+respirar aire fresco: l mismo cuidara a la enferma hasta mi regreso.
+
+Quise resistir, pero l me empuj hacia afuera.
+
+Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que
+me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto.
+
+Sal, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulmn. El viento de la
+tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un bao helado.
+
+El ltimo fulgor del da desapareca. Una noche de otoo descenda sobre
+la tierra y la envolva con un velo de niebla azulada.
+
+Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope
+hacia las ruinas del castillo.
+
+Maquinalmente, segu la direccin que ellos haban tomado, caminando
+medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me
+haban aturdido.
+
+Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se
+desprenda de las paredes. Una vieja puerta extenda por sobre m el
+arco de su bveda.
+
+Penetr en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes,
+destacndose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba
+aqu y all por encima de mi cabeza.
+
+Cerca de m vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una
+forma humana, cuya silueta reconoc en seguida.
+
+--Roberto!--grit sorprendida.
+
+l se par de un salto.
+
+--Olga!--grit a su vez.--Me traes acaso malas noticias?
+
+--No--le dije.--El doctor me ha mandado a tomar aire.
+
+Y, de repente, cre sentir que el suelo ceda bajo mis pies.
+
+--Tn cuidado!--me grit para advertirme.
+
+Pero, en el mismo instante, resbal y ca en un hoyo obscuro, tan
+profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas
+piedras que se desprendieron y rodaron.
+
+--Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caers todava ms
+abajo.
+
+Medio aturdida, me apoy en las paredes del foso. A mis pies entrev una
+estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detrs el abismo
+negro, sin fondo...
+
+A mi lado, vi a Roberto que vena a socorrerme, bajando lentamente y con
+precaucin las gradas de lo que me pareca una escalera.
+
+--Dnde ests?--grit l.
+
+Y al mismo tiempo sent que su mano, buscndome, avanzaba hacia m.
+
+Entonces me arroj contra l y me aferr a su cuello. En seguida me
+sent levantada, suspendida entre sus brazos. Me pareca que me haban
+abierto las venas: cre, en ese instante de abandono y de embriaguez,
+que mi sangre ardiente se esparca sobre m hasta la ltima gota.
+
+Senta en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la
+impresin de que haba rozado mi frente con un ligero beso.
+
+Despus regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de l lo ms
+que poda, pero en el fondo de mi corazn resonaba este grito de gozo:
+
+Me ha tenido en sus brazos!
+
+En el umbral de la puerta, el anciano mdico sali a nuestro encuentro y
+nos tendi las manos diciendo:
+
+--Marta est mejor, hijos mos, mejor de lo que esperaba.
+
+En el fondo de mi corazn resonaba este grito de gozo:
+
+Me ha tenido en sus brazos!
+
+
+
+
+XX
+
+
+Y ahora, la noche terrible!
+
+Cada minuto se alza todava ante mis ojos como una furia y clava en m
+su mirada de fuego.
+
+Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de m como se
+evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el
+cual han pasado aos.
+
+Y qu crimen he cometido? Ninguno.
+
+Mis manos estn puras, y en el da del juicio final, cuando se pesen
+nuestros actos, podr presentarme osadamente ante el trono de Dios
+Todopoderoso y decirle: Cbreme con tus ms blancos ropajes, pn en mis
+hombros las alas de cisne ms delicadas y djame colocarme en la primera
+fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual slo falta un poco de
+ejercicio para honrar al paraso.
+
+Pero hay crmenes que no han sido cometidos con actos ni con palabras,
+que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan
+completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer.
+
+Era una noche poco ms o menos como la de hoy. El hmedo viento de otoo
+pasaba por delante de la casa en cortas rfagas, y haca estragos en las
+cimas medio deshojadas de los lamos que se inclinaban con un crujido
+los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo,
+una luz incierta permita distinguir las nubes ms obscuras, que
+pasaban, arrastradas en rpida carrera, desgarradas en jirones.
+
+La lamparilla no quera arder, su resplandor vacilante luchaba contra
+las sombras que bailaban sin interrupcin en la cama y en las paredes.
+Frente a m penda la corona de yedra, negra y puntuosa; pareca una
+corona de espinas.
+
+Eran ms o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irgui en
+su cama y dijo con voz clara y distinta:
+
+--Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado!
+
+En el primer momento sent que me invada una gran alegra, pues me
+pareca que haba recobrado su conocimiento.
+
+--Marta!
+
+Me levant de un salto y le tom la mano.
+
+--Pero yo haba preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos;
+un ciego dormido los habra encontrado. Y tampoco necesitis tomar
+medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias.
+
+Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si
+hubiera visto un fantasma. Despus, de improviso, lanz un grito
+estridente diciendo:
+
+--Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. Por qu me habis
+sepultado bajo estas piedras?
+
+Tom la sbana ms delgada que pude encontrar y la extend sobre ella en
+lugar de la frazada; pero eso no le procur ningn alivio. Gritaba y
+hablaba sin interrupcin y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad,
+como una persona que estudia una leccin a media voz.
+
+As transcurri como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con
+los ojos fijos en ella, pues en m se agitaba el temor de ver a cada
+instante surgir una nueva aparicin, an ms horrible. De rato en rato,
+cuando se calmaba un poco; senta un aflojamiento en mis miembros;
+cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atrs, y cada vez me
+imaginaba que caa en los brazos de Roberto. Sin embargo, no tena sino
+muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era
+demasiado grande. Me pareca tambin ver sin cesar estallar en mi cabeza
+burbujas de las cuales salan rosas que producan siempre nuevas coronas
+de flores. Todava despus oa un silbido de un odo a otro; se habra
+dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la haban
+encendido.
+
+Fue en ese estado de sobreexcitacin nerviosa, presa, ya de espantos
+repentinos, ya de un abatimiento irresistible, cmo me encontr Roberto
+cuando entr en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un
+poco en su cama, para velar despus el resto de la noche conmigo; pero
+los gritos de Marta lo haban arrancado bruscamente al descanso.
+
+Al verlo, todo cansancio desapareci de mi cuerpo; sent como si una
+nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto
+me levant para ir a su encuentro.
+
+--Procura descansar un poco--dijo l, bajando hacia m la mirada de sus
+ojos cansados, hinchados por las lgrimas.--Vas a necesitar de todas tus
+fuerzas.
+
+Sacud la cabeza y le indiqu a mi hermana, que, precisamente entonces,
+blanda las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio,
+alejarme de su marido.
+
+--Tienes razn--continu.--Sera posible tener suficiente tranquilidad
+para dormir con semejante espectculo ante los ojos?
+
+Y se acerc a la cama juntando las manos, e inclinndose hacia ella,
+pos un ligero beso en su frente color de cera.
+
+A m tambin me ha besado as--gritaba una voz en m.
+
+Despus se sent al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo,
+que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro.
+
+Tena los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombra de la
+desesperacin.
+
+--Vuelve en ti, Roberto!--le murmur.--Todo puede componerse todava.
+
+l solt una risa aguda.
+
+--Qu entiendes por componerse?--exclam.--Quieres decir que vivir
+para arrastrar un cuerpo invlido, una alma quebrantada, una carga para
+ella misma y para los dems? No sabes que tenemos que elegir entre
+estas dos alternativas?
+
+Un calofro helado me penetr hasta la mdula de los huesos. Pero al
+mismo tiempo crea ver que las paredes se apartaban y una perspectiva
+luminosa, infinita, se abra ante m.
+
+No queras desempear el papel de sacerdotisa en esta casa?--me deca
+en tono de reproche una voz interior; pero se extingui ahogada por el
+ruido de mi sangre.
+
+--De qu sirve discutir?--continu l.--Ya hace tiempo que me he
+resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren
+sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energa y sin voluntad;
+me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por ms que me agito
+hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve:
+impotente soy, impotente seguir y... nada ms! Pero no quiero
+excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una clera
+vana como sta es ms despreciable que una hipcrita sumisin.
+
+Sent encenderse en m el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle:
+Haz de m lo que quieras; sacrifcame, aplstame bajo tus pies, djame
+morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha... cuando de
+repente, o que de los labios de Marta sali un gemido tan lastimero,
+tan dolorido, que me estremec, como si me hubieran dado un latigazo.
+
+Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimi
+la garganta; slo un suspiro se escap de mi pecho, y lo contuve por
+fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos.
+
+--No te preocupes de m--dije violentndome para sonrer.--Con tal de
+que ella siga mejor!
+
+l cruz los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclin
+dolorosamente la cabeza.
+
+Luego cesaron los gemidos de Marta. Haba dejado caer la barba sobre el
+pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habra podido creer que
+dorma; pero continuaba divagando y marmoteando.
+
+Un gran silencio rein en el dormitorio dbilmente alumbrado. No se oa
+ms que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los
+ratones que corran entre los tirantes del techo.
+
+Roberto haba hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el
+lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareci calmarse, su
+respiracin se hizo ms regular y ms espaciada; de rato en rato su
+cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar
+inmediatamente despus, con un brusco movimiento.
+
+Un irresistible sueo se haba apoderado de l.
+
+Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero tena miedo del sonido de
+mi voz y guard silencio.
+
+A intervalos cada vez ms cercanos, la parte alta de su cuerpo se
+balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con
+la mano buscaba en torno suyo si no encontrara en alguna parte un
+apoyo.
+
+Al fin, de pronto, su frente se inclin y cay sobre mi hombro, donde
+permaneci inmvil.
+
+Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una
+felicidad inaudita. Se posesion de m un deseo irresistible de
+acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis
+ojos vi brillar algunos hilos plateados.--Ya comienza a
+encanecer--pens,--es tiempo de que pruebe lo que llaman la
+felicidad.--Y lo acarici efectivamente.
+
+l suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posicin ms
+cmoda.
+
+--No est bien as--me dije,--es necesario que te le acerques.
+
+Y lo hice. Su hombro se apoy en el mo y su cabeza se inclin sobre mi
+pecho.
+
+--Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo--me gritaba una voz
+interior,--de lo contrario no descansar bien.
+
+Dos veces, tres veces, trat de hacerlo, pero retroceda de espanto.
+
+Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada vean,
+sus odos nada oan.
+
+Y me decid...
+
+Entonces se apoder de m una alegra desatinada. Me estrech contra l
+a hurtadillas, dicindome con ardor: Oh, cmo quisiera cuidarte y velar
+sobre ti; cmo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de
+tu frente y las penas de tu alma! Cmo luchara por ti con toda la
+fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la
+alegra a tus ojos y el sol a tu corazn! Pero para eso...
+
+Mis miradas se volvieron hacia Marta. S, viva, viva siempre. Su seno
+se levantaba y se bajaba bajo la accin de una respiracin corta y
+precipitada. Pareca ms viva que nunca.
+
+Y, de repente, vi una llamarada que pas ante mis ojos y cre leer,
+enfrente, en la pared, estas palabras:
+
+_Oh, si ella muriera!_
+
+S, era eso, esas eran las palabras.
+
+_Oh, si ella muriera! Oh, si ella muriera!_
+
+
+
+
+XXI
+
+
+El mdico interrumpi su lectura y exhal un profundo suspiro, al
+enjugar el sudor de su frente.
+
+Roberto se haba parado de un salto; por un instante mir fijamente,
+como cegado por un rayo, el crculo luminoso de la lmpara, luego se
+precipit hacia el anciano; pareca querer arrancarle el papel de las
+manos.
+
+--Est escrito all?--balbuci.
+
+--Lee t mismo!
+
+Sigui un largo silencio.
+
+La lmpara esparca su luz tenue y risuea, como si hubiera alumbrado
+una escena de las ms alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando
+las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido pareca calmarse: se oan
+risas a intervalos cada vez ms lejanos, el runrn de las voces se
+trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban
+cansados, digeran.
+
+El mdico se haba vuelto para ver lo que haca Roberto. Este, abatido,
+al borde de la cama vaca, y con la cabeza hundida en sus manos,
+permaneca inmvil.
+
+Slo su respiracin oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos
+cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su
+interior.
+
+--Vuelve en ti, chico--dijo el doctor posando la mano en el hombro de
+Roberto.
+
+--To, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribi eso.
+
+--Nunca lo ha estado ms que en ese momento!
+
+--Cmo puedes afirmarlo? No insultes a una muerta!
+
+--Nada est ms lejos de mi pensamiento, hijo mo. Quin se atrever a
+arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente,
+comprenders sin pena que su vida entera transcurri en preparar, en
+llevar, por decirlo as, a madurez ese instante nico. Sus sueos de
+nia encerraban ya los grmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron
+bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque,
+y dieron una planta vigorosa cuya flor se abri precisamente en el
+momento en que Olga penetr en tu cuarto para unirte a Marta.
+
+--Por qu hizo eso si quera tomar el lugar de Marta?
+
+--Eh! Acaso saba lo que quera? Todos los esfuerzos que hizo para
+asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran ms que la lucha de su
+naturaleza honrada y pura contra el deseo que haba crecido en su
+corazn, a partir del da en que, nia an, te volvi a ver. Pero ella
+no lo saba. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el da en
+que entr en tu casa; razn de ms para que no pudiera sospechar las
+consecuencias que dormitaban en las profundidades ms secretas de su
+alma.
+
+--Y, sin embargo, dices que ella combata ese amor, que trataba de
+arrancarlo de su corazn?
+
+--Sin que su espritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de
+ello. Su pensamiento permaneci puro hasta aquella terrible hora de
+media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo.
+Cada da sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos
+recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y
+hacerlo inofensivo: por eso se desterr al extranjero, por eso en el
+momento en que vio tu casa pens en huir lo ms pronto. Por el tono
+general de sus recuerdos ves cun poca conciencia tena de los combates
+que, durante aos, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor
+intencin, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la
+marcha de la accin, pero que son preciosos para demostrar cunto se
+desarroll ese deseo. No sabe por qu lo hace; todava es slo el
+sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta.
+
+--No creo en una falta--grit Roberto en el colmo de la agitacin.--Si
+ese deseo no es una simple ilusin, el resultado de un momento de
+sobreexcitacin nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde
+mucho tiempo atrs en preparacin en el fondo de ella misma, cmo es
+posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta
+indignacin contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quiz el
+mismo deseo?
+
+--Y para m--replic el mdico,--no hay mejor argumento en apoyo de mi
+tesis que esa misma indignacin. Era para descargar su propia conciencia
+del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las
+piedras que le caan bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su
+propia culpabilidad.
+
+--Y esa noble resolucin de renunciamiento que haba tomado pocos das
+antes?
+
+Por el rostro ajado del anciano pas una sonrisa, la sonrisa del hombre
+que comprende y perdona. Repuso:
+
+--El antiguo proverbio de que el camino del infierno est empedrado de
+buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez ms aqu,
+pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resolucin que
+Olga tom entonces fue una ltima tentativa, desgraciada desde luego,
+para conciliar el afecto que deba a Marta con el amor que t
+despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad,
+ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer
+fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues
+el renunciamiento, la muda resignacin, no eran su fuerte. Y luego, un
+destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su
+enrgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la ms comn
+y la ms cobarde del mundo, una falta que he ledo en un nmero infinito
+de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es,
+hijo mo, uno de los lados ms obscuros de la naturaleza humana, un
+resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las
+naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no estn exentas de
+l; es verdad que eso las mata, mientras que las almas ms groseras se
+contentan con disimular y rechazar dentro de s mismas, el secreto que,
+solicitado por la luz del da, tiende a escaparse de las recnditas
+profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un da fui a
+visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba
+mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un
+hombre de cuarenta aos, ms o menos, que desde haca ya mucho tiempo
+desempeaba en propiedades extraas las funciones de administrador, y
+cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aqul era
+un honrado y buen hijo, que no haba hecho dao a una mosca, que amaba
+cordialmente a su padre y que se habra ruborizado de desear el menor
+mal a su enemigo ms mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y
+sombra que se pint en sus facciones cuando inclin mi odo sobre el
+pecho del anciano, le claramente este deseo: Oh, si se muriera! Otra
+vez, me llamaron de la casa de una seora que, casada en segundas
+nupcias, era feliz. En su dicha no haba ms que una sombra: su marido
+no poda sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su
+frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba
+apasionadamente a su marido y tema que le tomara aversin a ella misma
+a causa del nio, se lo ocultaba lo ms que poda. El nio se enferm
+con escarlatina. Encontr a la madre de rodillas junto a la cama y
+derramando amargas lgrimas. Temblaba por esa frgil existencia: acaso
+no haba nacido de su seno? Pero su marido entr, y en la mirada
+inquieta, vacilante que ella dirigi a la cuna, se lea distintamente:
+Si t murieras sera la felicidad para m. Podra citarte ejemplos
+infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia,
+la pasin de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y
+desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente,
+sombro y gigantesco, en un corazn humano que hasta entonces no haba
+conocido ms que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes
+estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se
+saciaban sin conocer obstculos, la accin ayudaba al pensamiento.
+Cuando un miembro de una familia haca sombra a otro, el veneno y el
+pual imperaban sencillamente. La historia, la literatura estn llenas
+de asesinatos de ese gnero, y Shakespeare, ese gran conocedor de las
+almas, no presenta, por decirlo as, otro tema trgico que el asesinato
+entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la
+existencia penetra en el crculo de la familia, se contenta uno, en las
+horas sombras, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra
+sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado
+por las nuevas costumbres. Ah tienes, chico; te he pronunciado un largo
+discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi
+objeto.
+
+--Entonces, la condenas sencillamente?--dijo Roberto, con angustia.
+
+--No condeno a nadie, hijo mo--respondi el anciano con una sonrisa
+grave,--y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la
+de Olga. Ella encontr el valor de confesar, a s misma y a aquel a
+quien ms amaba, el crimen que cometi: eso basta para elevarla por
+sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es
+el pecado mental ms horroroso de que el espritu humano pueda hacerse
+culpable, es tambin el ms secreto. No hay amigo que lo confe a su
+amigo, ni un marido que lo murmure a su compaera en el silencio y la
+obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su
+confesor; la oracin misma, que nace en el ms profundo arrepentimiento
+y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene
+derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las
+tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la vergenza y el
+silencio. Hay an ms! Ese deseo es la nica falta que escapa
+generalmente a la justicia del mundo exterior, as como a la sancin de
+la conciencia en el fondo del corazn, porque stas no tienen para ella
+ni expiacin, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo
+hombre lleva en s mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres
+que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de
+seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de
+espritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a
+olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el
+cuerpo reabsorbe la materia mrbida tan pronto como la causa del mal ha
+desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el montn de las virtudes
+sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir
+que condeno a esos hombres; qu sera del mundo si todos los que, al
+mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por
+desesperacin a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado estn
+bien constituidos y pertenecen al trmino medio de la humanidad; su
+naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y vaya si se
+inquietan de tener aqu y all alguna mancha que los desluce! Olga
+estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no
+necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no producira ms
+que una simple picazn, a ella le haca el efecto de un latigazo. Esas
+naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia
+la hipocondra y la histeria, y su vida efectiva est dominada por
+imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los dems el
+carcter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes
+rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con ms
+precisin que el del comn de los mortales, y si se les pusiera bajo
+vidrio como a las delicadas balanzas de los qumicos, se les vera
+ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad,
+tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace
+replegarse en s mismos al menor contacto extrao, y tanto mejor para
+ellos, pues as estn al abrigo de los choques violentos del mundo que
+los rodea y que no seran capaces de soportar, pero ay de aquellos a
+quienes una voluntad indomable, un carcter violento y apasionado,
+arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede
+suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual
+otros apenas habran hecho caso, se convierta para ellos en una flecha
+envenenada que les roer el cuerpo y el alma hasta que sucumba... Vaya,
+basta de charla! He aqu dos o tres hojas ms. Escucha! Vamos a saber
+cmo se muere de un deseo.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Qu sucedi despus? Mi memoria no ha conservado de ello sino un
+recuerdo confuso.
+
+Me acuerdo que de repente lanc un grito que hizo estremecer a la misma
+Marta, que me arroj junto a su cama y que, apoderndome de sus manos
+ardientes, grit en un aliento: Slvame, slvame, despirtate!
+
+Y despus me encontr en mi cuarto, adonde Roberto me haba llevado.
+Cmo describir mi espanto cuando reconoc en el espejo mi cara
+descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que
+solt, el horror que me caus mi propia risa, mientras que,
+desfalleciente, oa resonar en mis odos el deseo, repetido por todas
+partes por mil voces celosas que se rean burlonamente y cuchicheaban:
+
+Oh, si ella muriera!
+
+Cmo describir aquello, sin desencadenar contra m todos los fantasmas
+de esa noche mortal?
+
+Veo todava claramente al mdico que inclinaba sobre m su rostro amigo,
+lo veo darme algo de beber, algo amargo, y despus... nada ms.
+
+Los primeros resplandores del alba aparecan plidos por las ventanas
+cuando me despert. Me dola la cabeza y cuando dirig en torno mo una
+mirada vaga, cre ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las
+palabras:
+
+Oh, si ella muriera!
+
+Sent un calofro y me vino este pensamiento: Si Marta se muere ahora,
+ser tu deseo lo que la habr muerto.
+
+Me levant vivamente y me acerqu al espejo.
+
+He ah, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su
+hermana--dije al ver reflejado mi lvido semblante.
+
+Y, sintiendo bruscamente asco de m misma, di un golpe al vidrio con el
+puo; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompi.
+
+Insensata de m! No saba que en lo sucesivo el mundo entero no sera
+para m sino el espejo de mi crimen.
+
+Pero quiz no muera! Ese pensamiento, que se despert de pronto en mi
+cerebro, esparci en l una oleada de luz tal, que cerr los ojos como
+cegada.
+
+Y luego o de nuevo gritar en m: Marta morir y ser tu deseo lo que
+la habr muerto! Apret los dientes y apoyndome en la pared me
+arrastr hasta el cuarto de la enferma.
+
+Llegu a la puerta y al no or el menor ruido en el interior, me dije:
+Ya no encontrars sino un cadver.
+
+No, todava viva, pero la muerte haba puesto ya en ese rostro la marca
+de sus garras.
+
+El cartlago de la nariz se destacaba ms, los labios, entreabiertos,
+dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparecan en el
+fondo de sus azuladas cavidades.
+
+A sus pies estaban Roberto y el anciano mdico. Roberto se ocultaba el
+rostro entre las manos; los sollozos sacudan su cuerpo. El anciano fij
+en m su mirada penetrante; por un instante cre otra vez que lea hasta
+el fondo de mi alma y que mi falta se exhiba abiertamente ante l.
+Pero, cuando al verme tambalear, acudi para sostenerme en sus brazos,
+vi que era slo la mirada del mdico la que haba fijado en m.
+
+--Cunto tiempo vivir todava?--pregunt, cerrando los ojos.
+
+--Est en agona!
+
+En ese momento sent que algo se helaba en m y tomaba la rigidez de una
+piedra; en ese momento, la esperanza muri en m, y con ella la fe en m
+misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma rein en
+todo mi ser. La muerte, que se cerna sobre la cama, haba tocado
+tambin mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi
+desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia.
+En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una
+muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver
+acercarse a m la felicidad que, sin embargo, haba perdido para
+siempre.
+
+Roberto se adelant y me bes; le dej hacer tranquilamente, estaba
+insensible.
+
+Luego me sent muy cerca de la cama de mi hermana y la mir, esperando
+la muerte.
+
+Segua con atencin todos los sntomas de aquella lenta agona. Me
+pareca que mi conciencia estaba fuera de m y que me vea a m misma
+sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de
+la moribunda.
+
+No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la
+accin de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de
+mis pensamientos. Vea claramente que mi deseo no poda en realidad
+darle la muerte, y sin embargo, para m, para mi conciencia, era slo mi
+deseo lo que la haba muerto.
+
+As, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi vctima, esperando su
+muerte, que era tambin la ma.
+
+Aquello dur mucho. Pasaron las horas del da; Marta viva todava. Su
+pulso no lata ya desde haca rato, su corazn pareca paralizado, pero
+su respiracin continuaba siempre ligera y rpida. Mientras yo dorma,
+bajo el efecto de la morfina, le haba hecho, como ltimo recurso de
+salvacin, una inyeccin de almizcle para reanimar una vez ms sus
+fuerzas: aquello era lo que la sostena en ese momento. Pero el olor de
+almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitacin
+como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me
+aplastaba las sienes. A cada aspiracin me pareca absorber unos
+cuerpos pesados que me hinchaban.
+
+Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todava la vspera
+no haba demostrado a la ta ms que orgullo y desprecio, le bes
+humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiacin que me
+haba impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no deba concluir
+sino con mi vida.
+
+Lleg la noche: Marta segua respirando. Con la boca muy abierta, los
+ojos empaados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba
+fijamente. Su cuerpo pareca achicarse cada vez ms, yaca todo
+encogida: casi pareca que no se atreva a ocupar en la muerte el lugar,
+muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida.
+
+La ta llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los dems tambin
+lloraban; yo sola no tena lgrimas.
+
+Cuando a eso de las once, Marta exhal el ltimo suspiro, me acometi un
+acceso de locura furiosa.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+En este instante llego de casa de Roberto.
+
+Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en
+sus ojos una tmida ternura, medio velada, que mi corazn ha bebido con
+avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la
+alegra se despiertan en mi corazn, y, cuando cierro los ojos, veo
+bailar en torno mo dorados rayos de sol.
+
+Pero basta de pensamientos de felicidad, basta de cobarda! Si llega a
+amarme, tanto peor para l! No me he prestado a ello; no por cierto!
+Sera tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso.
+Desde mi curacin, durante ms de un ao, he dirigido su casa con
+lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle
+indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi seora ta ha
+tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su
+hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado
+buena ama de casa, para no saber que, sin m, el hogar de su hijo se
+habra arruinado durante esos das de duelo, en que Roberto, absorbido
+por su inmenso dolor, permaneca inerte, indiferente a todo, aun al
+nio. Sin m el pobre pequeuelo estara desde hace tiempo bajo tierra.
+No enumerar todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha
+producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempear el papel de
+farisea.
+
+Tampoco hablar de expiacin; esta es una palabra demasiado pomposa,
+detrs de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable
+mentira, una vana ilusin. Cmo borrar la mancha que me ha mancillado?
+Se expa una falta trgica, se expa hasta un gran crimen; pero una
+infamia como la que yo he cometido, es un borrn del cual el alma no
+puede lavarse.
+
+Si por lo menos pudiera ignorar qu secreto vela en el fondo de mi
+corazn!
+
+Por qu quera en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si
+no era para poder pertenecerle un da? Como si el eterno destino no
+hubiera alzado l mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo
+de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros.
+
+Y, si alguna vez un demonio le soplara en el odo el consejo de extender
+la mano hacia m, podra hacer de otro modo que rechazarlo como a un
+loco temerario? Pero eso no suceder: he sabido tenerlo a distancia. Que
+crea que lo desdeo, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y
+de mi egosmo: sabr guardar el secreto de mi corazn.
+
+Si tan slo no existiera!
+
+Ms de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se
+pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de m con una violencia
+tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la
+embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre
+en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus
+brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches
+las lgrimas se han secado en m. Me ha sido imposible llorar desde ese
+da en que encontr a Marta tendida en su lecho de dolor.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Quince das despus.
+
+Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora s que hay
+una expiacin. Ah, si estas torturas no purificaran!
+
+Jess; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero habis sido
+hombre, habis sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura,
+vuelve en ti, mujer, clmate. Acaso no hay un descanso eterno en el
+cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para
+sobrellevar los dolores de esta existencia? Quin te lo impide?
+
+Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que
+Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de
+vergenza, del cual ningn poder del Cielo ni de la tierra podra
+arrancarme.
+
+Estoy muerta; muertos tambin deben estar mis deseos y mis esperanzas; y
+a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en l, sabr
+calmarla por fuerza, si no...
+
+Oh, qu actitud tena delante de m! Las palabras salan lentas y
+tmidamente de sus labios; sus miradas plaideras, que parecan implorar
+socorro, buscaban las mas y sin embargo apenas osaban desprenderse del
+suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su
+barba y golpeaba con el pie cuando no poda encontrar la palabra justa.
+Oh, pobre nio grande, amado mo! No viste que todo mi ser me
+precipitaba a tus brazos y arda por permanecer en ellos eternamente?
+No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de
+quedarse suspendidos de ellos hasta mi ltimo suspiro?
+
+No viste nada de eso?
+
+Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener
+conciencia de ello. Mi corazn las ignora completamente; te lo juro. Te
+amo y te amar hasta mi ltimo pensamiento, y el ltimo aliento que se
+escapar de mis labios ser tu nombre.
+
+Y cmo has podido creer en el pretexto que te di? Dejarte a una mujer
+rica! A ti para quin querra mendigar por los caminos, por quin
+querra gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo
+necesitaras!
+
+Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a
+la mano de Marta? Cmo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de
+aceptar mi miserable excusa!
+
+Y cuando me diste la mano al decirme adis, por qu me dirigiste una
+mirada tan triste, tan humilde? No sabas que esa mirada me torturara
+sin cesar, noche y da, como el reproche de una grave falta que he
+cometido para contigo?
+
+No, amigo mo, eres el nico ser en el mundo que nada tenga que
+reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy ms que nunca,
+aunque jams hayas sido ms indignamente engaado que hoy!
+
+Si tan slo pudiera decirte cunto te amo! Con qu placer morira en
+el acto! Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza
+en tu hombro y llorar lgrimas de sangre!
+
+No me vuelvas a mirar as, mi querido nio grande, como para hacer creer
+que te he desdeado con razn, que te he encontrado demasiado simple y
+demasiado indigno de m, pues, mira, no s lo que hara!
+
+Que Dios te preserve de m y de mi amor!
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Ocho das despus.
+
+Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he
+embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro.
+
+Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida poda
+todava ofrecer de felicidad a una pecadora como yo.
+
+Y ahora?
+
+Desde hace horas, me encuentro frente a esta ltima y grave cuestin:
+huir o morir!
+
+Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas
+alternativas, pues Roberto vendr maana para llevarme a la tumba de
+Marta.
+
+Antes que seguirlo all, prefiero morir. Aun admito que lleve la
+hipocresa hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle
+todo; admito que el horror que me inspirara a m misma, no me ahogue,
+que encuentre el miserable valor de casarme con l; qu existencia
+llevara a su lado?
+
+Para qu aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde
+mucho tiempo atrs? Pasara por esta tierra semejante a una pobre
+criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el
+temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de
+gritar mi falta al mundo entero. Cmo podra dormir en ese lecho que he
+deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! Cmo vivir
+entre esas paredes en que todava estn inscritas en letras de fuego
+esas palabras: Oh, si ella muere!
+
+Voy a razonar framente conmigo misma, como conviene a una persona que
+hace el balance de su vida.
+
+Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo s.
+
+Huir? Qu hara en medio de extraos? Los conozco; conozco a los
+hombres y los desprecio. Ellos me han hecho dao, seguirn hacindome
+sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa
+ya ms que en l.
+
+Pues bien, morir? Los frascos de morfina estn ah, en salvo en el
+fondo de mi gaveta; un presentimiento me deca que algn da los
+necesitara, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las
+rdenes de mi anciano to el doctor. Las pocas horas de sueo que he
+perdido me sern devueltas as al cntuplo.
+
+Escribir todava una carta a mi to; l ser mi heredero y mi
+confidente. Quiz podr disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo
+sospeche.
+
+A l, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario
+que sea as.
+
+* * *
+
+He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buzn. El
+sereno anunciaba la media noche. Qu desierto y obscuro est el mundo!
+El viento pasa estremecindose por los tilos; aqu y all brilla
+tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores.
+
+Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gruidos y quiere
+atacarme. En torno mo las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma
+el remordimiento y una pasin que jams se saciar, he ah lo que me
+reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida.
+
+Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no
+siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, despus de haber
+llorado a mi gusto. Las lgrimas que no podan darse libre curso, me
+ponan en el pecho un peso aplastador.--Y dicen que llorar da sueo.
+Buenas noches!
+
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
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+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+ The Project Gutenberg eBook of
+El deseo, par H. Sudermann.
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+The Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: El deseo
+
+Author: Hermann Sudermann
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+Release Date: July 18, 2008 [EBook #26078]
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+<hr class="full" />
+
+<h3 class="un top15">BIBLIOTECA DE &laquo;LA NACION&raquo;</h3>
+
+<h2 class="top5">H. SUDERMANN</h2>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<h1>EL DESEO</h1>
+<p class="img"><img src="images/001.png" alt="medallion" /></p>
+
+<p class="c">BUENOS AIRES</p>
+
+<p class="c">1909</p>
+
+<p class="c">Imp. y estereotipia de <span class="smcap">La Naci&oacute;n</span>.&mdash;Buenos Aires.</p>
+
+
+<div class="box"><p class="c">Cap&iacute;tulos:
+<a href="#I">I, </a>
+<a href="#II">II, </a>
+<a href="#III">III, </a>
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+<a href="#XXV">XXV</a></p>
+</div>
+
+
+<p class="top15">Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua
+cristalina, ser&aacute;, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores
+de la Biblioteca de <span class="smcap">La Naci&oacute;n</span>.</p>
+
+<p>Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es
+hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que
+desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades
+morales.</p>
+
+<p>En <i>El Deseo</i>, una de las mejores obras del novelista germano, la trama
+gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia,
+dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente
+dotada por la Naturaleza, mental y f&iacute;sicamente, pero a quien profundos
+desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de
+pasi&oacute;n, de cari&ntilde;o, de iracundias y de bondades, predominando siempre una
+sensibilidad casi enfermiza, casi m&iacute;stica, para los impulsos y actos
+nobles.</p>
+
+<p>Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente,
+brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad.</p>
+
+
+<h2 class="top15" style="font-family:sans-serif, serif;
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+font-size:225%;">EL DESEO</h2>
+
+<hr style="width:10%;" />
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+
+<p>Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Estaba &eacute;l todav&iacute;a en el lecho, y embargado por el sentimiento de
+bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando
+se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por d&iacute;a en un
+cabriol&eacute; de m&eacute;dico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y
+los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las s&aacute;banas alguna
+vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro m&aacute;s
+joven.</p>
+
+<p>Alarg&oacute; y estir&oacute; sus miembros cascados y volvi&oacute; a hundir en las almohadas
+su rostro gastado y amarillento, salpicado de &aacute;speros vellos blancos,
+cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa
+ama imperiosa que, durante tantos a&ntilde;os, fuera indispensable o no, lo
+hab&iacute;a sacado de su cama antes del amanecer, no le permiti&oacute; descansar ni
+aun entonces.</p>
+
+<p>Suspir&oacute;, bostez&oacute;, se avergonz&oacute; de su pereza y tom&oacute; la campanilla puesta
+a su cabecera, en la mesa de noche.</p>
+
+<p>Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como &eacute;l, apareci&oacute;
+en el umbral.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hora es, se&ntilde;ora Liebetreu?&mdash;le grit&oacute;.</p>
+
+<p>Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la
+cama del doctor, y cuyo despertador estridente hab&iacute;a interrumpido m&aacute;s de
+una vez de un modo desagradable sus sue&ntilde;os de la ma&ntilde;ana, no se le hab&iacute;a
+dado cuerda desde el d&iacute;a en que el joven m&eacute;dico adjunto hab&iacute;a llegado a
+Gromowo, &laquo;para que yo sepa bien&mdash;se complac&iacute;a en decir el doctor&mdash;que en
+lo sucesivo mi vida est&aacute; en reposo.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Las ocho menos cuarto, se&ntilde;or doctor&mdash;respondi&oacute; la anciana, ocup&aacute;ndose
+en arreglar la tapa de la estufa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya! &iexcl;vaya!&mdash;exclam&oacute; &eacute;l, enderez&aacute;ndose.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; perezoso me he vuelto!
+Y... &iquest;han llegado cartas?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, varias por correo y una que trajo personalmente el joven se&ntilde;or
+Hellinger hace dos horas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, si hace dos horas, era todav&iacute;a de noche!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; me dijo que ten&iacute;a que ir hasta la granja y que no pod&iacute;a esperar
+m&aacute;s. Ya anoche, cuando el se&ntilde;or doctor estaba en <i>El &Aacute;guila Negra</i>,
+vino y se qued&oacute; esperando casi dos horas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no me mand&oacute; usted llamar?&mdash;grit&oacute; el doctor con el tono
+gru&ntilde;&oacute;n de un anciano bonach&oacute;n pero bilioso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso no nos lo prohibi&oacute; &eacute;l?&mdash;replic&oacute; la ama de llaves, exactamente
+en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de
+su parte: era m&aacute;s bien el eco del car&aacute;cter del anciano.&mdash;Estuvo sentado
+en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sent&oacute;) iba
+de un lado a otro como una fiera, se re&iacute;a, hablaba solo; yo desconoc&iacute;a a
+nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llev&eacute; cerveza, seis
+botellas; se las bebi&oacute; todas, y tuve que beber con &eacute;l... En fin, ten&iacute;a
+algo de trastornado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh! &iexcl;eh!&mdash;murmur&oacute; el anciano ri&eacute;ndose por lo bajo.&mdash;Me parece que
+all&iacute; hay algo de Olga. Al fin, ella se habr&aacute;... &iquest;Y son para hoy esas
+cartas?&mdash;exclam&oacute; de repente, como si estuviera lleno de furor, aun
+cuando su rostro permanec&iacute;a sonriente.</p>
+
+<p>Y cuando la ama de llaves, refunfu&ntilde;ando, hubo satisfecho su deseo, sin
+vacilar tom&oacute; de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no
+concedi&oacute; siquiera una mirada a las dem&aacute;s.</p>
+
+<p>Una alegre emoci&oacute;n hac&iacute;a temblar sus manos, mientras desdoblaba el
+papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, ley&oacute;:</p>
+
+
+
+<p class="adr top5">
+&laquo;Querido viejo t&iacute;o:<br />
+</p>
+
+<p>&raquo;Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si
+pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los
+tuyos, todo lo que siento en el coraz&oacute;n... Todav&iacute;a no lo creo, la cabeza
+me da vueltas cuando pienso en ello. T&iacute;o querido, en los peores d&iacute;as de
+prueba me ayudaste y protegiste. T&uacute; solo tendiste los brazos a Marta
+cuando todos&mdash;y hasta mis mismos padres&mdash;le volv&iacute;an la espalda, llenos
+de frialdad y de desconfianza. &iexcl;No pudiste conserv&aacute;rmela, t&iacute;o querido!
+Dios la llam&oacute; a s&iacute;, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi raz&oacute;n
+amenazaba extraviarse, t&uacute; me tomaste la cabeza entre tus brazos y me
+hablaste como habr&iacute;a podido hacerlo un sacerdote.</p>
+
+<p>&raquo;Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida,
+que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones
+materiales y mi pasi&oacute;n por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre
+cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres a&ntilde;os que
+dur&oacute; nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la
+vida parece querer darme ahora todo lo que todav&iacute;a puede tener para m&iacute;
+de alegr&iacute;a y de tranquilidad.</p>
+
+<p>&raquo;T&uacute; sabes, t&iacute;o, c&oacute;mo, en medio de mi dolor, me dej&eacute; llevar por un afecto
+sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga.
+Todo te lo confes&eacute;, busqu&eacute; consuelo cerca de ti cuando me atormentaba,
+cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto a&uacute;n llevaba.
+Y me dijiste entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iquest;Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegir&iacute;a
+a otra que a esa hermana, que era, despu&eacute;s de ti, lo que ella m&aacute;s
+quer&iacute;a en el mundo?</p>
+
+<p>&raquo;Me qued&eacute; espantado hasta el fondo del alma, pues jam&aacute;s me habr&iacute;a
+atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero t&uacute; no cesaste de exhortarme,
+tanto, que por fin, hace ocho d&iacute;as, arm&aacute;ndome de todo mi valor, le ped&iacute;
+que compartiera mi suerte. Ella se neg&oacute;, t&uacute; lo sabes.</p>
+
+<p>&raquo;Se puso p&aacute;lida como una muerta; en seguida me tendi&oacute; la mano y me dijo,
+resisti&eacute;ndose:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer.</p>
+
+<p>&raquo;Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me dec&iacute;a: &iexcl;esto no es m&aacute;s que lo
+que mereces, presuntuoso!</p>
+
+<p>&raquo;Y he aqu&iacute; que hoy, querido t&iacute;o... no puedo escribirlo... Mi mano se
+detiene. &iexcl;Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma!
+&iexcl;Ma&ntilde;ana, t&iacute;o, ma&ntilde;ana te lo contar&eacute; todo!</p>
+
+<p>&raquo;Por la ma&ntilde;ana tengo que ir a la granja. Volver&eacute; como a las doce, e
+inmediatamente har&eacute; la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada
+sospecha todav&iacute;a: he aqu&iacute; sus proyectos trastornados una vez m&aacute;s, por lo
+cual Olga tendr&aacute; mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por
+despedirla de la casa. &iexcl;Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes!</p>
+
+<p>&raquo;Son las tres de la ma&ntilde;ana: basta por hoy.</p>
+
+<p>&raquo;Tu muy agradecido y muy feliz, <i>Roberto Hellinger</i>.&raquo;</p>
+
+
+
+<p class="top5">El viejo m&eacute;dico enjug&oacute; una l&aacute;grima que rodaba por su mejilla. &laquo;&iexcl;El buen
+muchacho!&raquo;&mdash;murmur&oacute;.&mdash;&laquo;&iexcl;C&oacute;mo remolinean los sentimientos en su cerebro
+acalorado, y qu&eacute; franqueza en todo esto, qu&eacute; rectitud en la menor
+palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble ni&ntilde;a: es
+el &uacute;nico a quien yo te dar&iacute;a con placer. Y ahora voy a ver si t&uacute; tambi&eacute;n
+tienes confianza en el viejo t&iacute;o. Voy a cerciorarme de ello
+inmediatamente.&raquo;</p>
+
+<p>Y ri&eacute;ndose y gru&ntilde;endo escondi&oacute; la cabeza entre las almohadas. Luego, de
+repente, grit&oacute; con voz que reson&oacute; en toda la casa como un trueno:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mil millones!... &iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi pantal&oacute;n?</p>
+
+<p>Se lo llevaron, y cinco minutos despu&eacute;s, el anciano se hallaba ya listo,
+delante de su espejo; s&oacute;lo le faltaba su peluca de un gris amarillento.</p>
+
+<p>&mdash;Mi sombrero... mi abrigo... mi bast&oacute;n...&mdash;grit&oacute; en el corredor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero el caf&eacute;, Dios m&iacute;o, el caf&eacute;!&mdash;grit&oacute; la vieja desde la cocina, m&aacute;s
+fuerte a&uacute;n, si esto era posible.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bueno, pero pronto entonces!&mdash;replic&oacute; &eacute;l, siempre en el mismo
+tono.&mdash;Es preciso que est&eacute; aqu&iacute; antes de que yo haya concluido de leer
+mis cartas.</p>
+
+<p>Y, refunfu&ntilde;ando de impaciencia, tom&oacute; el mont&oacute;n de cartas que se hab&iacute;a
+quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que &eacute;l le hiciera caso.
+Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,&mdash;&iexcl;un
+pobre ciego con un hijo reci&eacute;n nacido!&mdash;y de repente se estremeci&oacute;,
+mientras una sonrisa aparec&iacute;a de nuevo en su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diantre! No me esperaba esto&mdash;murmur&oacute; con satisfacci&oacute;n.&mdash;Ella tampoco
+ha podido dormirse sin hacer al viejo t&iacute;o el confidente de su dicha. Eso
+est&aacute; bien, hijos m&iacute;os; os lo tendremos en cuenta.</p>
+
+<p>Y con la misma alegre prisa con que hab&iacute;a abierto la carta de Roberto
+Hellinger, rompi&oacute; el nuevo sobre.</p>
+
+<p>Pero apenas hab&iacute;a comenzado a leer, cuando con un grito ahogado
+retrocedi&oacute; dos pasos, tambale&aacute;ndose, como un hombre que recibe un golpe
+por sorpresa. Su rostro gris se volvi&oacute; de una palidez gredosa, sus ojos
+salieron de sus &oacute;rbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como
+garras el papel que temblaba.</p>
+
+<p>Cuando la ama de llaves entr&oacute; con el caf&eacute;, encontr&oacute; a su amo sentado
+como una mole inerte en un &aacute;ngulo del sof&aacute;, con la frente cubierta de
+gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el
+papel que sus manos estrujaban todav&iacute;a con un apret&oacute;n casi convulsivo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Se&ntilde;or doctor!&mdash;exclam&oacute; la anciana dejando caer
+con estr&eacute;pito la bandeja sobre la mesa.</p>
+
+<p>Estas exclamaciones le hicieron volver en s&iacute;. Se hizo dar agua, de la
+cual bebi&oacute; &aacute;vidamente dos grandes tragos, se humedeci&oacute; la frente y las
+sienes con el resto, e hizo se&ntilde;as a la ama de llaves para que se
+alejara.</p>
+
+<p>Y entonces, despu&eacute;s de haber echado el cerrojo a la puerta, recogi&oacute; la
+carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa:</p>
+
+
+
+<p class="adr top5">
+&laquo;Mi querido amigo, mi segundo padre:<br />
+</p>
+
+<p>&raquo;Cuando lea usted estas l&iacute;neas, habr&eacute; cesado de vivir. He reunido y
+conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio,
+cuando despu&eacute;s de la muerte de Marta, perd&iacute; el sue&ntilde;o; habr&aacute; lo
+suficiente, as&iacute; lo espero, para asegurarme el descanso.</p>
+
+<p>&raquo;Usted que me protegi&oacute; como un segundo padre, ser&aacute; el &uacute;nico en saber por
+qu&eacute; he tomado esta extrema resoluci&oacute;n. En las largas noches de invierno,
+cuando la tempestad sacud&iacute;a mi ventana y yo no pod&iacute;a dormir, he escrito
+en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo
+que no me dejar&aacute; un instante de reposo hasta que me haya dormido para
+siempre. En mi estante de libros encontrar&aacute; usted, escondido detr&aacute;s de
+los vol&uacute;menes de Heine, un cuaderno azul. Gu&aacute;rdeselo usted, sin que los
+dem&aacute;s lo noten; y cuando lo haya usted le&iacute;do todo, vaya usted a mi tumba
+y rece un Padre Nuestro.</p>
+
+<p>&raquo;Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido.
+Ella es quien me arrastra detr&aacute;s de s&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Usted lo comprender&aacute; todo cuando haya le&iacute;do mi historia: quiz&aacute; hasta
+sabe usted de mi secreto m&aacute;s de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el
+delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. &iquest;Por qu&eacute; si
+no, habr&iacute;a usted alejado de mi lecho a todos mis parientes?</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Se horroriz&oacute; usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? &iquest;Me
+compadece usted? &iquest;Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me
+desprecia; si as&iacute; fuera, &iquest;me habr&iacute;a usted podido demostrar tanto afecto?
+Por otra parte, lea usted mi cuaderno, all&iacute; est&aacute; todo.</p>
+
+<p>&raquo;Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quer&iacute;a enviarlo,
+despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, cuando a nuestra vez hubi&eacute;ramos sido viejos, al
+hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qu&eacute; lo hab&iacute;a
+rechazado.</p>
+
+<p>&raquo;Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dej&eacute;
+caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no hab&iacute;a manera de
+escap&aacute;rmele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte.</p>
+
+<p>&raquo;Y todav&iacute;a tengo que dirigir a usted una s&uacute;plica. Es la s&uacute;plica de una
+moribunda y, si est&aacute; en poder de usted, acceder&aacute; usted a ella.</p>
+
+<p>&raquo;Oculte usted al mundo entero&mdash;y ante todo a aquel a quien amo&mdash;que me
+he dado la muerte. &iexcl;Ojal&aacute; crea que lo que me ha matado es la alegr&iacute;a!
+Destruir&eacute; todo lo que pudiera revelar un suicidio: los &uacute;nicos signos
+aparentes ser&aacute;n los de una muerte de aneurisma o de congesti&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Se lo suplico a usted desde el fondo del coraz&oacute;n; ot&oacute;rgueme usted
+todav&iacute;a esta satisfacci&oacute;n suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo.
+Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.&mdash;<i>Olga
+Bremer.</i>&raquo;</p>
+
+
+
+<p class="top5">El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se
+bamboleaba, apretaba los pu&ntilde;os y se golpeaba la frente; en seguida
+volvi&oacute; a caer sobre una silla.</p>
+
+<p>&mdash;Es una locura, una completa locura&mdash;gimi&oacute; enjug&aacute;ndose las gotas de
+sudor que cubr&iacute;an su frente.&mdash;Hija m&iacute;a, &iquest;qu&eacute; es lo que ha pasado por ti?
+&iquest;Qu&eacute; te ha obscurecido as&iacute; la raz&oacute;n? &iexcl;Mi pobre, pobre y querida ni&ntilde;a!</p>
+
+<p>Luego se levant&oacute; de un salto y busc&oacute; con sus manos temblorosas su
+sombrero y su abrigo.</p>
+
+<p>&iexcl;Socorrer! &iexcl;socorrer! &iexcl;arrancar su v&iacute;ctima a la muerte! He ah&iacute; el
+pensamiento que, por el momento, le llenaba el esp&iacute;ritu. Un instante
+tuvo la idea de que quiz&aacute; la joven no hab&iacute;a puesto seriamente su
+proyecto en ejecuci&oacute;n; pero la desech&oacute; inmediatamente. Hab&iacute;a aprendido a
+conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de
+una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad.</p>
+
+<p>Pero quiz&aacute; la dosis que hab&iacute;a tomado era demasiado d&eacute;bil, quiz&aacute; el
+tiempo&mdash;hac&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o que Marta hab&iacute;a muerto de parto, y en esa
+&eacute;poca era cuando &eacute;l hab&iacute;a dado a Olga la poci&oacute;n calmante&mdash;quiz&aacute; el
+tiempo hab&iacute;a atenuado la fuerza del veneno. S&iacute;, s&iacute;, as&iacute; era; era preciso
+que as&iacute; fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse
+inofensiva.</p>
+
+<p>&iexcl;Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba
+vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qu&eacute;. Luego tom&oacute; de nuevo
+la carta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es lo que me pides? Hija, hija m&iacute;a, &iquest;te figuras que sea cosa
+tan f&aacute;cil violar un juramento, renunciar, como se arrojar&iacute;a un cascar&oacute;n
+vac&iacute;o, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio
+siglo? Ni&ntilde;a, no sospechas lo que pides a un hombre de honor.</p>
+
+<p>En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvi&oacute; a leer una vez
+m&aacute;s este pasaje: &laquo;Es la s&uacute;plica de una moribunda... se lo suplico a
+usted desde el fondo del coraz&oacute;n; ot&oacute;rgueme usted todav&iacute;a esta
+satisfacci&oacute;n suprema.&raquo;</p>
+
+<p>Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible, hija m&iacute;a, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y
+aun cuando lo quisiera, me traicionar&iacute;a yo mismo. No soy ya m&aacute;s que una
+pobre y vieja ruina, y no soy due&ntilde;o de mis nervios. Lo notar&iacute;an a la
+primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu
+t&iacute;o... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es
+necesario ante todo salvarte. &iexcl;D&iacute;a de Dios! Viejo, s&eacute; hombre todav&iacute;a por
+lo menos una vez en tu vida. &iexcl;Es preciso que la salves, es preciso, es
+preciso, es preciso!</p>
+
+<p>Y tan ligero como sus piernas cascadas pod&iacute;an llevarlo, se
+precipit&oacute;&mdash;empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la
+puerta&mdash;y ech&oacute; a andar por la escarcha helada y punzante de la ma&ntilde;ana de
+invierno.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3>
+
+
+<p>La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno,
+presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad m&aacute;s perfectas.
+Del tubo del aparato de cobre para hacer caf&eacute;, cuyo vientre, bru&ntilde;ido y
+lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor
+azulado que volv&iacute;a a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empa&ntilde;aba el
+azucarero de plata y coronaba con un roc&iacute;o las tazas de caf&eacute;.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la
+nieve; sus facciones regulares y todav&iacute;a j&oacute;venes, sus mejillas
+sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. C&oacute;modamente
+extendido en su sill&oacute;n azul floreado, con la bata recogida sobre las
+rodillas, parec&iacute;a esperar con una resignaci&oacute;n apacible lo que el
+destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese d&iacute;a.</p>
+
+<p>Esta acababa de echar un poco de caf&eacute; en el filtro, y se limpiaba
+minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada,
+adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba,
+cuyas cintas estaban s&oacute;lidamente atadas bajo su carnosa barba, se
+inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y &aacute;spero rostro de
+viejo drag&oacute;n, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las
+mujeres de edad que beben de buen grado un trago de co&ntilde;ac en la copa de
+sus maridos, brillaba lleno de energ&iacute;a y de decisi&oacute;n en su marco de
+encajes. Se ve&iacute;a en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a
+doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su
+ancha boca, demostraba hasta qu&eacute; punto acostumbraba a perseguir, sin
+dejarse detener, la realizaci&oacute;n de sus planes.</p>
+
+<p>Y, para no permanecer inactiva hasta que el caf&eacute; hubiera pasado, tom&oacute; el
+tejido de gruesa lana que en su condici&oacute;n de &laquo;Presidenta de la
+Asociaci&oacute;n de las mujeres&raquo; y de &laquo;Directora de la comisi&oacute;n de los
+pobres,&raquo; no se permit&iacute;a jam&aacute;s abandonar, y con una rapidez inaudita hizo
+deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al
+trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Adalberto, &iquest;no tienes noticias de Roberto?&mdash;pregunt&oacute; con voz ruda y
+met&aacute;lica, que deb&iacute;a penetrar hasta en los menores rincones de la casa.</p>
+
+<p>La pregunta pareci&oacute; desagradar al anciano, quien movi&oacute; la cabeza como si
+hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal.</p>
+
+<p>&mdash;Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo&mdash;continu&oacute; ella, y su amarga
+sonrisa se acentu&oacute; a&uacute;n m&aacute;s.&mdash;Hace ocho d&iacute;as que no se ha dejado ver ni
+ha dado se&ntilde;ales de vida. &iexcl;Si habitara en la luna, no vendr&iacute;a con m&aacute;s
+rareza!</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Hellinger refunfu&ntilde;&oacute; algo en su barba y se prepar&oacute; a tomar su
+larga pipa.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que todav&iacute;a hay algo que no va bien,&mdash;continu&oacute; ella.&mdash;En estos
+&uacute;ltimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en
+mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener
+encima alg&uacute;n pago que no puede hacer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre muchacho!&mdash;dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin
+duda para desechar ese pensamiento desagradable.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, pobre muchacho!&mdash;repuso ella en tono burl&oacute;n.&mdash;&iquest;Todav&iacute;a lo
+compadeces, quiz&aacute;? &iquest;Eres capaz de haberle dado otra vez algo a
+hurtadillas?</p>
+
+<p>&Eacute;l, en se&ntilde;al de protesta, levant&oacute; sus manos blancas y bien cuidadas,
+pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente.</p>
+
+<p>&mdash;Adalberto&mdash;dijo ella en tono amenazador,&mdash;no quiero que eso vuelva a
+suceder. Lo que le das a &eacute;l nos lo quitas a nosotros y nuestros dem&aacute;s
+hijos. &iexcl;Si todav&iacute;a fuera digno de ello! Pero &laquo;quien no quiere escuchar
+debe padecer.&raquo; Si por arrogancia y por obstinaci&oacute;n corre a su p&eacute;rdida...</p>
+
+<p>&mdash;Permite, Enriqueta...&mdash;insinu&oacute; el se&ntilde;or Hellinger t&iacute;midamente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo nada permito, querido Adalberto&mdash;replic&oacute; ella.&mdash;&iexcl;Quien no quiere
+escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere
+seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta
+s&oacute;lo por &eacute;l, que pasa las noches cavilando y atorment&aacute;ndose...</p>
+
+<p>Y se frot&oacute; los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero Enriqueta!&mdash;volvi&oacute; a decir &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras;
+te permito quedarte en <i>El &Aacute;guila Negra</i> todo el tiempo que quieres; te
+dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes
+soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a
+prop&oacute;sito, bien podr&iacute;as evitar el volcar tres sillas como lo hiciste
+ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideraci&oacute;n por tu
+vieja y fiel esposa; pero &iquest;qu&eacute; era lo que quer&iacute;a decir? S&iacute;, en cuanto a
+mis planes, me har&aacute;s el servicio de no mezclarte en ellos, por que no
+los comprendes. &iquest;Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por
+ese brib&oacute;n de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas,
+escribir cartas, y sabe Dios cu&aacute;ntas otras cosas. Lo present&eacute; a cinco o
+seis j&oacute;venes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo
+que no ten&iacute;a m&aacute;s que extender la mano. &iquest;Pero qu&eacute; hizo? Supongo que
+todav&iacute;a te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro a&ntilde;os, nos
+trajo a Marta, &iexcl;a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques
+vienen de all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Enriqueta!</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu ant&iacute;fona:
+&laquo;Marta era mi carne y mi sangre;&raquo; ya lo sabemos. Pero, si quer&iacute;a
+mostr&aacute;rseme como una sobrina afectuosa y agradecida, &iquest;por qu&eacute; no le
+trajo la dote necesaria? &iexcl;Porque nada ten&iacute;a, naturalmente, nada! Mi
+hermano muri&oacute; indigente como una rata de iglesia. &iquest;Es esto decente en un
+miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se
+le antojara, poco me importa; s&oacute;lo que no ten&iacute;a necesidad de echarnos a
+su hija en los brazos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... ya est&aacute; muerta&mdash;observ&oacute; el se&ntilde;or Hellinger.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya est&aacute; muerta&mdash;replic&oacute; su esposa juntando las manos.&mdash;Yo no dir&eacute;:
+alabado sea Dios, porque eso ser&iacute;a pecado; pero ya que el buen Dios lo
+ha decidido as&iacute;, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la
+locura de Roberto. Mientras estabas en <i>El &Aacute;guila Negra</i>, bebiendo tu
+vino tinto, me puse nuevamente en campa&ntilde;a, trabaj&eacute;, tom&eacute; nuevas
+informaciones; ya no tiene m&aacute;s que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann,
+con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de
+su padre; tiene a la chica Versen, todav&iacute;a muy joven, es cierto, pues
+acaba de ser confirmada, pero esa tendr&aacute; a&uacute;n m&aacute;s. Y todav&iacute;a me quedan
+otras tres o cuatro. &iquest;Pero qu&eacute; crees que contesta a mis proposiciones?
+&laquo;Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguir&aacute;s no volver a
+verme.&raquo; &iquest;Hase visto jam&aacute;s? No faltar&iacute;a m&aacute;s que una cosa: que, despu&eacute;s de
+Marta, tomara todav&iacute;a a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa
+madre no le quedar&iacute;a m&aacute;s que morir. A prop&oacute;sito, &iquest;d&oacute;nde se ha metido
+hoy la se&ntilde;orita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todav&iacute;a.
+Puede ser que en la casa de mi se&ntilde;or hermano, que ten&iacute;a costumbres
+polacas, cultivaran el h&aacute;bito de quedarse en la cama hasta las
+doce&mdash;&iexcl;pero en una casa bien manejada como la m&iacute;a, no habr&iacute;a que pensar
+en eso, Adalberto! Yo sabr&eacute; poner orden.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo, mi querida Enriqueta, por qu&eacute; me diriges los reproches
+que son para tu sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu protecci&oacute;n, Adalberto!
+Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me
+desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco
+voy a poner fin a todo esto. Hace un a&ntilde;o entero que la tengo a mi lado,
+y ya comienza a ser perfectamente in&uacute;til.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero acaso no trabaja de la ma&ntilde;ana a la noche en cuidar la casa de
+Roberto? &iquest;Se pasa un solo d&iacute;a sin que vaya a la granja? &iexcl;No seas tan
+injusta con ella, Enriqueta!</p>
+
+<p>Ella le lanz&oacute; una mirada de compasi&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Si no fueras tan ni&ntilde;o, como lo has sido siempre, Adalberto, se podr&iacute;a
+conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso
+&iquest;ves? &iquest;Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a
+pavonearse todos los d&iacute;as en la granja y darse tonos de ama delante de
+&eacute;l y de los sirvientes? &iexcl;Oh! &iexcl;Es muy lista, mi sobrina Olga! &iexcl;Ya habr&aacute;
+hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a
+ella&mdash;s&oacute;lo a ella&mdash;le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es
+eso &iquest;qu&eacute; tendr&iacute;a que ir a hacer todos los d&iacute;as a la granja?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Naturalmente! &iexcl;Naturalmente! &iexcl;Cu&aacute;ntas cosas te hacen creer con
+cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qu&eacute; lo hace y por qu&eacute; ama a ese
+pobre ni&ntilde;o hasta com&eacute;rselo a caricias: &iexcl;conoce el camino que lleva al
+coraz&oacute;n del padre!</p>
+
+<p>&mdash;Pero tal vez no lo quiere&mdash;insinu&oacute; el viejo Hellinger.</p>
+
+<p>Ella solt&oacute; la risa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las
+puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no
+pongo fin a todos estos manejos mostr&aacute;ndole la puerta, podr&iacute;a muy bien
+suceder que un d&iacute;a Roberto la tomara por la mano y nos dijera: &laquo;Ahora,
+pap&aacute; y mam&aacute;, tengan ustedes la bondad de darnos su bendici&oacute;n.&raquo; Pero,
+antes que ver una cosa semejante, Adalberto...</p>
+
+<p>En el mismo instante, un gran ruido de pasos reson&oacute; en el vest&iacute;bulo; y
+casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma!&mdash;dijo la se&ntilde;ora Hellinger.&mdash;He ah&iacute; uno que hace tanto estruendo
+como un alguacil. &iexcl;Todav&iacute;a no estamos en ese estado, sin embargo!</p>
+
+<p>Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: &laquo;&iexcl;Adelante!&raquo;</p>
+
+<p>El viejo m&eacute;dico penetr&oacute; en la habitaci&oacute;n. Ten&iacute;a el sombrero echado hacia
+atr&aacute;s, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como
+despu&eacute;s de una carrera desenfrenada. Se olvid&oacute; de dar los buenos d&iacute;as y
+no hizo m&aacute;s que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En nombre del Cielo, doctor!&mdash;le grit&oacute; el se&ntilde;or Hellinger
+precipit&aacute;ndose a su encuentro.&mdash;&iexcl;Nos embistes como un toro!</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Hellinger, al contrario, asumi&oacute; su aspecto &aacute;spero y refunfu&ntilde;&oacute;
+algo como: &laquo;modales de fumadero.&raquo;</p>
+
+<p>Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que,
+con la cara de todos los d&iacute;as, lo miraban con estupor, se dej&oacute; caer en
+una silla con un suspiro de alivio. &iexcl;As&iacute;, pues, la terrible cosa no se
+hab&iacute;a realizado! Pero, un instante despu&eacute;s, la ansiedad volvi&oacute; a
+apoderarse de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Olga?&mdash;tartamude&oacute; alzando los ojos hacia la puerta, como
+si fuera a verla entrar en ese instante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Olga?&mdash;dijo la se&ntilde;ora Hellinger encogi&eacute;ndose de hombros.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo!
+Sin duda va a venir de un momento a otro; &iquest;es por algo urgente?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alabado sea Dios!&mdash;exclam&oacute; el doctor juntando las manos.&mdash;&iexcl;De modo
+que ya ha bajado!</p>
+
+<p>&mdash;No, eso no&mdash;dijo la se&ntilde;ora Hellinger.&mdash;La se&ntilde;ora Duquesa se ha dignado
+dormir hoy un poco m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios del Cielo!&mdash;exclam&oacute; de nuevo &eacute;l.&mdash;&iexcl;Y nadie ha ido a verla!
+&iquest;Nadie sabe nada de ella?</p>
+
+<p>&mdash;Doctor &iquest;qu&eacute; te pasa?&mdash;grit&oacute; el viejo Hellinger que comenzaba a
+inquietarse.</p>
+
+<p>Sin duda, el doctor se acord&oacute; en ese momento de la s&uacute;plica que terminaba
+la carta de despedida de Olga; comprendi&oacute; que, de ese modo, su deseo de
+respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto,
+e hizo un &uacute;ltimo y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me pasa?&mdash;balbuci&oacute; con una sonrisa dolorosa.&mdash;&iexcl;Pues nada! &iquest;Qu&eacute;
+hab&iacute;a de tener? &iexcl;Mil millones!...</p>
+
+<p>Y, en seguida, abandonando todo fingimiento grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Has permitido la espantosa desgracia! &iexcl;La has
+dejado de tu mano!</p>
+
+<p>Y poco le falt&oacute; para dejar correr sus l&aacute;grimas; pero, reuniendo toda la
+energ&iacute;a que quedaba en su cuerpo gastado, se enderez&oacute; recto como una I:</p>
+
+<p>&mdash;Venid al cuarto de Olga&mdash;dijo,&mdash;y no os asust&eacute;is, cualquiera que sea
+el estado en que la encontr&eacute;is.</p>
+
+<p>El viejo Hellinger palideci&oacute; y su mujer se puso a gritar y sollozar: se
+aferraba al brazo del doctor y quer&iacute;a saber lo que hab&iacute;a sucedido, pero
+&eacute;ste no dec&iacute;a una palabra m&aacute;s.</p>
+
+<p>As&iacute; subieron los tres la escalera que conduc&iacute;a al cuarto de Olga,
+mientras que en el vest&iacute;bulo los sirvientes se reun&iacute;an y los
+contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos.</p>
+
+<p>Delante de la puerta de la habitaci&oacute;n de Olga, la se&ntilde;ora Hellinger tuvo
+un ataque de desesperaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Toque usted, doctor&mdash;dijo con un sollozo.&mdash;Yo no puedo.</p>
+
+<p>El anciano toc&oacute;.</p>
+
+<p>Nadie contest&oacute;.</p>
+
+<p>Toc&oacute; una vez m&aacute;s y puso el o&iacute;do en el agujero de la cerradura.</p>
+
+<p>Siempre el mismo silencio.</p>
+
+<p>Entonces la se&ntilde;ora Hellinger se puso a gritar:</p>
+
+<p>&mdash;Olga, querida hija m&iacute;a, abre; somos nosotros, tu t&iacute;o, tu t&iacute;a, y tu
+viejo t&iacute;o el doctor. Puedes abrir sin temor, querida m&iacute;a.</p>
+
+<p>El doctor dio vuelta al bot&oacute;n; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por
+el agujero de la cerradura; estaba tapado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Manda buscar al cerrajero, Adalberto!&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!&mdash;grit&oacute; la se&ntilde;ora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su
+pena.&mdash;Yo no lo sufrir&eacute;; no ha de suceder as&iacute;: la verg&uuml;enza ser&iacute;a
+demasiado grande; yo no podr&iacute;a sobrevivirle. &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza! &iexcl;qu&eacute;
+verg&uuml;enza!</p>
+
+<p>El doctor le lanz&oacute; una mirada en que se le&iacute;an el asco y el desprecio.
+Pero ella no le hizo caso.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; eres fuerte, Hellinger&mdash;dijo.&mdash;Ap&oacute;yate contra la puerta, quiz&aacute;
+consigas romper la cerradura.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Hellinger era un coloso. Apoy&oacute; uno de sus robustos hombros en
+la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir.</p>
+
+<p>&mdash;Despacio&mdash;le dijo su mujer.&mdash;Los sirvientes est&aacute;n en el vest&iacute;bulo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Idos a hacer algo en la cocina, mont&oacute;n de perezosos!&mdash;grit&oacute; en la
+escalera su voz rega&ntilde;ona.</p>
+
+<p>Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empuj&oacute;n, y una de las
+tablas se parti&oacute; por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtr&oacute;
+en la semiobscuridad del corredor.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme mirar por all&iacute;&mdash;dijo el doctor, el cual, esperando lo peor,
+hab&iacute;a recuperado su serenidad y su sangre fr&iacute;a.</p>
+
+<p>Hellinger arranc&oacute; algunas astillas de madera, de manera que, por la
+abertura, se pudiera ver todo el cuarto.</p>
+
+<p>Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La
+sobrecama arrojada a los pies formaba un mont&oacute;n blanco detr&aacute;s del cual
+brillaba la l&iacute;nea rubia de las trenzas de Olga; tambi&eacute;n se alcanzaba a
+ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la s&aacute;bana. Los
+pies estaban descubiertos; parec&iacute;an haberse estirado en convulsiones
+contra la madera de la cama y despu&eacute;s haber vuelto a caer sin fuerza.</p>
+
+<p>A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las
+enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y
+sobre la peque&ntilde;a alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas
+de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse.</p>
+
+<p>Sobre el m&aacute;rmol de la mesa de noche, medio apoyado contra la l&aacute;mpara,
+reposaba un libro, todav&iacute;a abierto, como si se le hubiera dejado all&iacute;
+en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello parec&iacute;a cernerse esa
+paz serena e indefinible que revela el alma pura de una ni&ntilde;a. La que
+all&iacute; moraba se hab&iacute;a dormido la v&iacute;spera con una plegaria para
+despertarse en la ma&ntilde;ana con una sonrisa.</p>
+
+<p>Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apart&oacute; de la
+abertura.</p>
+
+<p>&mdash;Pasa tu brazo por all&iacute;, Adalberto&mdash;dijo,&mdash;y procura alcanzar la
+cerradura. Ella la ha cerrado por dentro.</p>
+
+<p>Pero la se&ntilde;ora Hellinger, apret&aacute;ndose contra la puerta, suplic&oacute; a
+grandes gritos a &laquo;su querido tesoro&raquo; que se despertara y abriera ella
+misma. Al fin, se consigui&oacute; apartarla y abrir la puerta.</p>
+
+<p>Los tres se acercaron a la cama.</p>
+
+<p>El rostro blanco como un m&aacute;rmol parec&iacute;a mirarlos con sus ojos vidriosos,
+medio cerrados, en los labios una sonrisa ext&aacute;tica.</p>
+
+<p>La encantadora cabeza, de l&iacute;neas firmes y nobles, se inclinaba un poco
+sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se
+desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de
+noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El bot&oacute;n de n&aacute;car, al cual se
+adher&iacute;a un jir&oacute;n de tela y que se hab&iacute;a quedado en el ojal, era lo &uacute;nico
+que indicaba que, antes de dormirse, la joven hab&iacute;a debido ser presa de
+una violenta agitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Duermes, tesoro m&iacute;o, dime que duermes,&mdash;dijo la se&ntilde;ora Hellinger
+sollozando.&mdash;Dime que no has hecho semejante afrenta a tu t&iacute;a, a tu
+querida t&iacute;a que te ha criado y cuidado como a su propia hija.</p>
+
+<p>Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoder&oacute; de la mano l&iacute;vida que colgaba
+y trat&oacute; de levantarla.</p>
+
+<p>Su marido, m&aacute;s sensible, se hab&iacute;a ocultado el rostro entre las manos y
+lloraba.</p>
+
+<p>El doctor no se dej&oacute; llevar por la emoci&oacute;n. Hab&iacute;a sacado de su bolsillo
+su estuche, y, rechazando a la se&ntilde;ora Hellinger con un adem&aacute;n apenas
+cort&eacute;s, se inclin&oacute; sobre el pecho que, con un movimiento brusco, hab&iacute;a
+descubierto por completo.</p>
+
+<p>Cuando se enderez&oacute; su rostro estaba mortalmente p&aacute;lido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una &uacute;ltima tentativa!&mdash;dijo.</p>
+
+<p>E hizo una r&aacute;pida incisi&oacute;n horizontal en el brazo, en el sitio en que
+una arteria se dibujaba en l&iacute;nea azulada en la blancura n&iacute;vea de la
+carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; s&oacute;lo
+al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente.</p>
+
+<p>Entonces el anciano arroj&oacute; lejos de s&iacute; el luciente bistur&iacute;, y con las
+manos juntas, luchando con las l&aacute;grimas, se puso a rezar un <i>Pater
+Noster</i>.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3>
+
+
+<p>El mismo d&iacute;a, a eso de las doce, a trav&eacute;s de los terrenos pantanosos que
+se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de
+un caballo se dirig&iacute;a hacia la peque&ntilde;a ciudad.</p>
+
+<p>Tan tupidas y pesadas que parec&iacute;a que se las pudiera tocar con las
+manos, las nubes se extend&iacute;an sobre la llanura. De trecho en trecho se
+alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce,
+completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes,
+colgadas en largas filas de las desnudas ramas.</p>
+
+<p>Las ruedas se hund&iacute;an profundamente, en el barro del camino, que corr&iacute;a
+entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada
+instante hasta la caja del coche. El que lo conduc&iacute;a poco se preocupaba
+del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permanec&iacute;a
+sumido en su rinc&oacute;n, y s&oacute;lo se enderezaba a ratos, cuando las riendas
+amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se dise&ntilde;aba la
+estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba
+como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba
+dentro de sus pliegues.</p>
+
+<p>Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quiz&aacute; en mayor proporci&oacute;n,
+y el rostro tambi&eacute;n presentaba una semejanza que no pod&iacute;a enga&ntilde;ar; pero
+las facciones, que en el padre hab&iacute;an conservado, hasta bajo los
+cabellos blancos, una amable dulzura, se hab&iacute;an acentuado en &eacute;l en
+pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez,
+un humor sombr&iacute;o y siempre inquieto. Una barba rizada y desali&ntilde;ada
+envolv&iacute;a las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y
+adquir&iacute;a en las extremidades de la boca un matiz m&aacute;s claro y ca&iacute;a sobre
+el pecho en dos puntas de un rubio apagado.</p>
+
+<p>Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el
+prometido de Olga.</p>
+
+<p>De la felicidad que le hab&iacute;a llegado la v&iacute;spera, su frente no dejaba
+adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a
+lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era
+que sab&iacute;a que tendr&iacute;a todav&iacute;a mucho que hacer antes de poder llevarse a
+su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la
+victoria misma no le llevar&iacute;a m&aacute;s que inquietudes y tormentos. Volv&iacute;a a
+ver con el pensamiento los tiempos dif&iacute;ciles que hab&iacute;a atravesado, y que
+apenas alumbraron algunos rayos de sol.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a seis a&ntilde;os ya que su padre le dej&oacute; solemnemente, en su condici&oacute;n de
+hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a
+la peque&ntilde;a ciudad y llevar en ella una vida apacible y c&oacute;moda. Desde ese
+d&iacute;a comenz&oacute; su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan
+pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la
+carga: todo lo que consegu&iacute;a ganar con sus manos encallecidas, todo lo
+que ahorraba en sus gastos personales, desaparec&iacute;a absorbido por las
+reclamaciones de los suyos. Y no pod&iacute;a quejarse; todo suced&iacute;a conforme
+al derecho m&aacute;s estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida
+hasta el &uacute;ltimo centavo entre &eacute;l y sus seis hermanos y hermanas&mdash;sin
+hablar de la reserva que hab&iacute;an estipulado para ellos los padres.</p>
+
+<p>Cada teja de su techo y cada terr&oacute;n de sus campos estaba empe&ntilde;ado; sobre
+cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su
+madre, que vigilaba severamente para que los r&eacute;ditos no se atrasaran un
+minuto.</p>
+
+<p>&iquest;Acaso no estaba en su derecho? &iquest;Pod&iacute;a &eacute;l exigir que lo quisiera con
+mayor cari&ntilde;o que a sus otros hijos? Sus hermanos ten&iacute;an que seguir una
+carrera, sus hermanas se hab&iacute;an casado, gracias a la dote; todos y todas
+fijaban en &eacute;l miradas ansiosas y &aacute;vidas como en el autor y el sost&eacute;n de
+su dicha.</p>
+
+<p>&iexcl;Los r&eacute;ditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba
+a toda hora, amenazante, en sus o&iacute;dos, y por la noche le hac&iacute;a
+despertarse sobresaltado y llenaba sus sue&ntilde;os de visiones espantosas.</p>
+
+<p>&iexcl;Los r&eacute;ditos! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces, por causa de ellos, se hab&iacute;a golpeado la
+frente con los pu&ntilde;os cerrados! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a corrido,
+obsesionado, atontado, a trav&eacute;s de los campos fangosos, para escaparse
+de esa tropa de demonios chispeantes; cu&aacute;ntas veces, en un acceso de
+loco furor, rompi&oacute; con el pu&ntilde;o alg&uacute;n utensilio, arado o vara de coche,
+como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero
+ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le segu&iacute;an con m&aacute;s tenacidad y
+m&aacute;s de cerca, le chupaban m&aacute;s y m&aacute;s &aacute;vidamente, hasta la m&eacute;dula, todo el
+vigor de su juventud.</p>
+
+<p>&iquest;Y de qu&eacute; le serv&iacute;a dominarlos, si alguna vez lo consegu&iacute;a? A esa hidra
+le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se
+alzaba, m&aacute;s temible, hinch&aacute;ndose m&aacute;s desmesuradamente ante sus ojos
+llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre &eacute;l, a aplastarlo
+con el peso de su mole gigantesca.</p>
+
+<p>As&iacute; se hab&iacute;a arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un
+condenado, desde el d&iacute;a solemne que fue alegremente celebrado y rociado
+con vino y con champa&ntilde;a en <i>El &Aacute;guila Negra</i>.</p>
+
+<p>&iexcl;Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le
+perdonaba uno solo de los esp&aacute;rragos que se hab&iacute;an reservado en la
+primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la &eacute;poca de la
+cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos.</p>
+
+<p>&laquo;Quien no quiere escuchar debe padecer,&raquo; era su m&aacute;xima predilecta, y &eacute;l
+nada escuchaba &iexcl;oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple
+&laquo;s&iacute;,&raquo; habr&iacute;a podido poner t&eacute;rmino a todos sus tormentos, habr&iacute;a podido
+vivir hasta el fin de sus d&iacute;as en la abundancia y en la alegr&iacute;a; y que
+no quisiera pronunciarlo, por una obstinaci&oacute;n est&uacute;pida e inconcebible,
+que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que
+su madre no pod&iacute;a perdonarle.</p>
+
+<p>Dos a&ntilde;os transcurrieron as&iacute;. Entonces sinti&oacute; que, si continuaba esa
+existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La
+vacilaci&oacute;n, el temor, lo enervaban m&aacute;s y m&aacute;s: resolvi&oacute;, pues, buscar un
+fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le hab&iacute;an
+prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios
+p&aacute;lidos.</p>
+
+<p>Y lleg&oacute; el d&iacute;a en que llev&oacute; como esposa bajo su techo a la amada de su
+juventud, que hac&iacute;a poco se hab&iacute;a quedado hu&eacute;rfana y sin hogar.</p>
+
+<p>Era un sombr&iacute;o y triste d&iacute;a de noviembre; las nubes grises corr&iacute;an en el
+cielo como siniestros p&aacute;jaros. Temblorosa y muy p&aacute;lida con su vestido
+negro, la delicada y enfermiza criatura se suspend&iacute;a de su brazo y se
+estremec&iacute;a bajo las miradas con que la examinaban los extra&ntilde;os, en las
+cuales se mezclaban la compasi&oacute;n y el desd&eacute;n.</p>
+
+<p>Su suegra la hab&iacute;a acogido con reproches e imprecaciones, y transcurri&oacute;
+casi un a&ntilde;o antes que entre ellas se establecieran relaciones algo
+tolerables.</p>
+
+<p>Marta se hab&iacute;a mostrado valerosa y activa, y hab&iacute;a, no obstante su mala
+salud, trabajado de la ma&ntilde;ana a la noche para poner en orden todo lo que
+un amo, largo tiempo soltero, hab&iacute;a dejado ir a la deriva.</p>
+
+<p>Y cuando, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os de vida com&uacute;n, llena de paz y de
+consuelo, el Cielo prometi&oacute; bendecir su uni&oacute;n, ella no ces&oacute;, aunque su
+estado exig&iacute;a los mayores cuidados, de ir y venir, arregl&aacute;ndolo y
+dirigi&eacute;ndolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi parec&iacute;a
+que hubiera querido ganar as&iacute; para su marido la dote que no hab&iacute;a podido
+llevarle.</p>
+
+<p>En tales circunstancias&mdash;dos d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento del ni&ntilde;o,&mdash;Olga
+hab&iacute;a llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la hab&iacute;a visto desde el
+d&iacute;a de su casamiento; y casi se asust&oacute; de su aspecto al verla dirigirse
+hacia &eacute;l tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se hab&iacute;a
+desarrollado su hermosura.</p>
+
+<p>&iexcl;Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! &iexcl;Qu&eacute; mundo de
+sufrimientos, sin embargo; cu&aacute;ntos d&iacute;as de sorda desesperaci&oacute;n, y
+cu&aacute;ntas noches de horripilantes fantasmas hab&iacute;an transcurrido entre
+aquel d&iacute;a y el presente!</p>
+
+<p>Roberto se estremec&iacute;a; no quer&iacute;a pensar m&aacute;s en ello; ahora todo parec&iacute;a
+arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonre&iacute;a apaciblemente
+desde arriba y lo bendec&iacute;a, y, como una flor brotada de su tumba, la
+dicha parec&iacute;a abrirse de nuevo para &eacute;l.</p>
+
+<p>Las torres de la peque&ntilde;a ciudad se acercaban progresivamente; se
+destacaban cada vez m&aacute;s detr&aacute;s de los bosques de alisos. Un cuarto de
+hora despu&eacute;s, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada.</p>
+
+<p>Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, not&oacute; que a su paso la
+gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban,
+los otros levantaban su gorra con adem&aacute;n torpe, y tan pronto como
+pod&iacute;an, decentemente, se alejaban de &eacute;l. Por el contrario, en todas las
+casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubr&iacute;an de
+rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por &eacute;l,
+desaparec&iacute;an t&iacute;midamente detr&aacute;s de las cortinas.</p>
+
+<p>Movi&oacute; la cabeza pensativamente; sin embargo, como su esp&iacute;ritu estaba
+ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de
+aquello y ya no mir&oacute; ni a derecha ni a izquierda.</p>
+
+<p>En la esquina de la plaza del mercado&mdash;en el sitio donde estaba antes la
+casilla de impuestos&mdash;se hallaba la vieja ama de llaves del doctor:
+ten&iacute;a las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro.</p>
+
+<p>Cuando el coche se acerc&oacute;, ella le hizo se&ntilde;a de que se detuviera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, se&ntilde;ora Liebetreu!&mdash;dijo &eacute;l alegremente.&mdash;&iexcl;Al fin me encuentro
+con alguien que no huye al verme!</p>
+
+<p>La anciana alz&oacute; los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, mi joven se&ntilde;or!&mdash;dijo, se le llamaba siempre el joven se&ntilde;or, para
+distinguirlo de su padre, aunque hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a cumplido los
+treinta.&mdash;El se&ntilde;or doctor ruega a usted que entre en su casa: querr&iacute;a
+hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es muy urgente lo que tiene que decirme?</p>
+
+<p>La vieja se asust&oacute;; crey&oacute; que a ella iba a incumbirle el cuidado de
+darle la penosa noticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;No me ha dicho m&aacute;s que eso.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, salude usted afectuosamente a mi t&iacute;o, y d&iacute;gale que tengo que
+hablar primero con mis padres&mdash;&eacute;l sabe de qu&eacute; se trata&mdash;y que
+inmediatamente despu&eacute;s ir&eacute; a verlo.</p>
+
+<p>La anciana murmur&oacute; algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta.</p>
+
+<p>El carruaje continu&oacute; su camino hacia la casa del viejo Hellinger,
+situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel.
+Los vidrios de las ventanas le dirig&iacute;an miradas amistosas; las lustrosas
+tejas del techo brillaban; se sent&iacute;a, como siempre, que ese techo
+abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. At&oacute; su
+caballo en la verja del jard&iacute;n y subi&oacute; con paso pesado y ruidoso la
+peque&ntilde;a escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los
+&aacute;steres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza.</p>
+
+<p>La campanilla hizo o&iacute;r su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se
+present&oacute; a recibirlo. Arroj&oacute; su capa empapada por la lluvia sobre uno de
+los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la
+ropa maternal. Despu&eacute;s entr&oacute; en la sala, estaba desierta.</p>
+
+<p>&mdash;Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la
+siesta&mdash;murmur&oacute;;&mdash;creo que hoy ser&aacute; prudente dejarlos dormir.</p>
+
+<p>Se dej&oacute; caer en el rinc&oacute;n de un sof&aacute; y mir&oacute; a la puerta, pues esperaba,
+en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara
+para tenderle la mano.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en impacientarse. &iquest;Y si Olga hab&iacute;a ido a la granja? Pero no;
+ella sab&iacute;a que &eacute;l deb&iacute;a venir para hablar con sus padres.</p>
+
+<p>Por fin se decidi&oacute;: &laquo;Voy a ir a llamar a su puerta,&raquo; y se levant&oacute;.</p>
+
+<p>Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la
+v&iacute;spera por la tarde, hab&iacute;a aspirado sin tregua a encontrase con ella,
+se sent&iacute;a invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de
+aprensi&oacute;n singular. Esa timidez, esa confusi&oacute;n que en otros tiempos se
+apoderaban siempre de &eacute;l en su presencia, volv&iacute;an a dominarlo. &iquest;Era
+posible que hubiera tenido la v&iacute;spera a esa mujer en sus brazos? &iquest;Y si
+se hab&iacute;a arrepentido, si fuera a devolverle su palabra?</p>
+
+<p>Pero en ese instante, toda su audacia se despert&oacute;. Abri&oacute; los brazos en
+toda su extensi&oacute;n, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo
+inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que haga la prueba! &iexcl;Con estas mis manos la alzo y me la llevo a
+casa! &iexcl;Puesto que Marta ha dicho &laquo;s&iacute;,&raquo; yo querr&iacute;a ver que alguien se
+opusiera!</p>
+
+<p>Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subi&oacute; la escalera que no
+por eso dejaba de gemir bajo su peso.</p>
+
+<p>Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: ve&iacute;a la
+raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera.</p>
+
+<p>Toc&oacute; la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entr&oacute;.</p>
+
+
+<p class="dot">*<br />* *</p>
+
+<p>Un segundo despu&eacute;s, la casa se conmov&iacute;a hasta sus cimientos, como si el
+techo se desplomara.</p>
+
+<p>Los dos ancianos que se hab&iacute;an retirado a su dormitorio para recuperar
+las fuerzas despu&eacute;s de las horas dolorosas de la ma&ntilde;ana, se levantaron
+espantados.</p>
+
+<p>Llamaron a los sirvientes; pero &eacute;stos hab&iacute;an volado a hacer que la
+ciudad no quedara por m&aacute;s tiempo privada de las &uacute;ltimas noticias del
+triste acontecimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Sube t&uacute;&mdash;dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario.</p>
+
+<p>Y, estremeci&eacute;ndose, extendi&oacute; la mano hacia el frasco de gotas de
+Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida
+que ten&iacute;a miedo.</p>
+
+<p>Cuando el viejo Hellinger penetr&oacute; en la habitaci&oacute;n de arriba, el
+espect&aacute;culo con que se encontr&oacute; le hel&oacute; la sangre en las venas.</p>
+
+<p>El cuerpo de su hijo yac&iacute;a en el suelo, cuan largo era. Deb&iacute;a, en su
+ca&iacute;da, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual
+hab&iacute;an puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre &eacute;l,
+entre tablas rotas, el cad&aacute;ver estaba extendido, en su larga camisa, con
+su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la
+frente de &eacute;ste.</p>
+
+<p>En ese momento, Roberto recuper&oacute; el sentido y se enderez&oacute;. La cabeza de
+la muerta se desliz&oacute; y golpe&oacute; el suelo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Roberto, hijo m&iacute;o!&mdash;grit&oacute; el anciano precipit&aacute;ndose hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada
+vidriosa; parec&iacute;a no haber vuelto en s&iacute; todav&iacute;a. De repente descubri&oacute;
+uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba
+hacia un lado, se hab&iacute;a atravesado sobre su pecho. Su mirada recorri&oacute;
+aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que
+sonre&iacute;a fijamente.</p>
+
+<p>Sostenido por los dos brazos de su padre, se levant&oacute;. Vacilaba sobre sus
+piernas, como un toro que ha recibido un hachazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, hijo m&iacute;o, vuelve en ti!&mdash;exclam&oacute; el anciano tom&aacute;ndolo por
+los hombros.&mdash;La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que
+resignarnos.</p>
+
+<p>Roberto le lanz&oacute; una mirada t&iacute;mida, desesperada, como un ni&ntilde;o. Luego se
+inclin&oacute; hacia el cad&aacute;ver, lo levant&oacute; y lo puso en la cama rechazando
+con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sent&oacute; junto a ella, a
+la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo &iacute;ndice un mech&oacute;n de la
+suelta cabellera.</p>
+
+<p>El viejo comenz&oacute; a temer por la raz&oacute;n de su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;dijo acerc&aacute;ndose a &eacute;l.&mdash;Tranquil&iacute;zate, sal de aqu&iacute;, con
+quedarte no le devolver&aacute;s la vida.</p>
+
+<p>El joven prorrumpi&oacute; en una risa tan estridente y tan siniestra, que su
+padre se estremeci&oacute; hasta la m&eacute;dula de los huesos.</p>
+
+<p>Su estupor acababa de disiparse de improviso; salt&oacute; con los ojos
+brillantes, e hinchadas las venas de las sienes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi madre?&mdash;grit&oacute; avanzando hacia el anciano.</p>
+
+<p>Este trat&oacute; de calmarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por piedad, t&eacute;n un poco de paciencia! Todo te lo contaremos.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Hellinger, quien, desde hac&iacute;a ya un momento, escuchaba en la
+escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por
+delante de su padre, Roberto se precipit&oacute; hacia ella con violencia, como
+si fuera a empu&ntilde;arla por el cuello. Pero ten&iacute;a todav&iacute;a suficiente raz&oacute;n
+para comprender lo monstruoso de su conducta. Dej&oacute; caer sus brazos,
+inertes; se sent&iacute;a sofocado, como si la c&oacute;lera, que trataba de contener,
+fuera a ahogarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Madre&mdash;dijo,&mdash;es necesario que me rindas cuentas; quiero una
+respuesta... &iquest;Por qu&eacute; ha muerto Olga?</p>
+
+<p>La anciana se le acerc&oacute; con expresi&oacute;n de tierna compasi&oacute;n, e hizo un
+movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un adem&aacute;n
+rudo, &eacute;l la apart&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos eso, madre&mdash;dijo.&mdash;&iexcl;Devu&eacute;lvemela!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Roberto&mdash;gimi&oacute; ella,&mdash;&iquest;es as&iacute; c&oacute;mo un hijo trata a su madre?
+&iexcl;Adalberto, dile t&uacute; cu&aacute;les son las consideraciones que un hijo debe a su
+madre!</p>
+
+<p>Roberto se apoder&oacute; de las manos de su padre.</p>
+
+<p>&mdash;No te mezcles en esto, padre&mdash;dijo...&mdash;La cuenta que hoy tengo que
+arreglar con mi madre, s&oacute;lo a nosotros dos concierne. Madre, te lo
+pregunto una vez m&aacute;s: &iquest;por qu&eacute; ha muerto Olga?</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los
+ojos inyectados de sangre.</p>
+
+<p>Mientras tanto, la se&ntilde;ora Hellinger se hab&iacute;a echado a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso lo s&eacute;?&mdash;dijo sollozando.&mdash;&iquest;Acaso puede saberlo alguien? La
+hemos encontrado en su cama, nada m&aacute;s. La infeliz criatura ha tra&iacute;do la
+verg&uuml;enza a nuestra casa, en se&ntilde;al de agradecimiento...</p>
+
+<p>&mdash;No la ultrajes, madre&mdash;dijo &eacute;l con un gru&ntilde;ido feroz.&mdash;&iexcl;Muy bien sabes
+que era mi novia!</p>
+
+<p>Ella lanz&oacute; un grito de sorpresa, y su marido hizo un adem&aacute;n de
+extra&ntilde;eza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo, madre! &iquest;No lo sab&iacute;as?&mdash;grit&oacute; Roberto golpe&aacute;ndose la frente con
+ambos pu&ntilde;os.&mdash;&iquest;Ella nada te dijo? &iquest;No fue a buscarte anoche para
+contarte lo que hab&iacute;a pasado entre nosotros durante el d&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nada me dijo!&mdash;gimi&oacute; ella.&mdash;Apenas si me dirigi&oacute; una s&iacute;laba, y se
+encerr&oacute; en su cuarto...</p>
+
+<p>&mdash;Madre&mdash;dijo &eacute;l acerc&aacute;ndose hasta tocarla,&mdash;cuando te hube confesado
+todo, &iquest;no te dirigiste a su conciencia? &iquest;No le predicaste que, si me
+amaba verdaderamente, deb&iacute;a renunciar a m&iacute;, porque hac&iacute;a mi desgracia, y
+sabe Dios cu&aacute;ntas otras cosas? Madre &iquest;no has hecho eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi propio hijo no me cree! &iexcl;Mi propio hijo me acusa de
+falsedad!&mdash;gimi&oacute; la vieja.&mdash;&iexcl;He ah&iacute; el agradecimiento que obtengo hoy de
+mis hijos!</p>
+
+<p>&Eacute;l le tom&oacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Madre&mdash;dijo,&mdash;mucho me has hecho sufrir en todos estos &uacute;ltimos a&ntilde;os.
+Los peores dolores, los m&aacute;s amargos que he tenido que padecer, te los
+debo a ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios de misericordia!&mdash;exclam&oacute; ella con voz aguda.&mdash;&iexcl;He ah&iacute; el
+agradecimiento! &iexcl;He ah&iacute; el agradecimiento!</p>
+
+<p>&mdash;Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a m&iacute;, te lo perdonar&eacute;,
+madre,&mdash;continu&oacute; Roberto,&mdash;s&iacute; &iexcl;y aun m&aacute;s! Te pedir&eacute; perd&oacute;n de rodillas
+por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es
+necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aqu&iacute;, sobre
+este cad&aacute;ver, que nada sab&iacute;as, que en todo me has dicho la verdad.</p>
+
+<p>Y la acerc&oacute; al cad&aacute;ver que parec&iacute;a contemplarlo con su sonrisa de
+beatitud, como una novia que sonr&iacute;e a su novio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?&mdash;dijo ella en
+tono dolorido dirigi&eacute;ndole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y
+furiosa.</p>
+
+<p>Pero le dej&oacute; hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la
+frente de la muerta; ella la acarici&oacute; diciendo entre sus sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo juro, mi querida! &iexcl;Bien lo sabes t&uacute;, t&uacute;, que yo ignoraba todo y
+que jam&aacute;s te he exigido nada malo!</p>
+
+<p>Entonces exhal&oacute; un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso
+lo ventajoso que era para ella y para su familia ese l&uacute;gubre
+acontecimiento. En la tierna caricia con que roz&oacute; el rostro de la muerta
+hab&iacute;a un agradecimiento sincero.</p>
+
+<p>En el mismo instante el viejo m&eacute;dico entr&oacute; precipitadamente en la
+habitaci&oacute;n. Hab&iacute;a querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a
+la espantosa noticia, y ve&iacute;a con terror que llegaba demasiado tarde.</p>
+
+<p>El viejo Hellinger se adelant&oacute; vivamente a recibirlo y le cuchiche&oacute; en
+el o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ll&eacute;veselo usted, est&aacute; como un loco! Aqu&iacute; nada podremos obtener de &eacute;l.</p>
+
+<p>Roberto se hab&iacute;a quedado inm&oacute;vil, abrazado a las columnas de la cama; su
+pecho jadeaba; su rostro parec&iacute;a petrificado por un dolor sombr&iacute;o, sin
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>El doctor frot&oacute; su ruda barba gris contra el hombro del joven y gru&ntilde;&oacute;
+con ese tono de consuelo &aacute;spero que, mejor que cualquier otro, llega al
+coraz&oacute;n de los hombres en&eacute;rgicos:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, hijo m&iacute;o. No hagas locuras; &iexcl;no turbes su reposo!</p>
+
+<p>Roberto se estremeci&oacute; e inclin&oacute; dos o tres veces la cabeza.</p>
+
+<p>Y, de repente, como vencido por el dolor, cay&oacute; de rodillas delante de la
+cama gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; has muerto?</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3>
+
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a muerto Olga?</p>
+
+<p>Tal era la cuesti&oacute;n que, en lo sucesivo, preocup&oacute; exclusivamente a toda
+la ciudad. En la calle, en las mesas de los caf&eacute;s, en los bancos de las
+cervecer&iacute;as, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las m&aacute;s
+extravagantes conjeturas, aventuraban las hip&oacute;tesis m&aacute;s osadas, pero no
+por eso estaba nadie m&aacute;s adelantado.</p>
+
+<p>Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y
+otros pretend&iacute;an absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes,
+que Olga concluir&iacute;a mal, seguramente.</p>
+
+<p>Ya en vida, su actitud altiva, sombr&iacute;a y taciturna, hab&iacute;a sido un enigma
+para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un
+enigma a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil. Era imperdonable.</p>
+
+<p>Entretanto, descubrieron que el doctor hab&iacute;a sido el primero en recibir
+la noticia del suicidio, y el &uacute;nico a quien ella hubiera confiado su
+proyecto.</p>
+
+<p>La gente se api&ntilde;aba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero &eacute;l se
+obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que &eacute;l s&oacute;lo era
+capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo d&iacute;a
+hab&iacute;a echado al fuego la carta de Olga, pues tem&iacute;a que la justicia
+viniera a ped&iacute;rsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan
+evidente, que se hab&iacute;a podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de
+prever, la muerta no hab&iacute;a logrado hacer desaparecer completamente las
+huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche,
+quedaban adheridas al vidrio, gotas de un l&iacute;quido cuyo sabor indicaba
+claramente, aun a los profanos, que se trataba de una soluci&oacute;n de
+morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jard&iacute;n,
+en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un
+frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto hab&iacute;a dejado un
+reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, hab&iacute;a sido
+arrojado por la ventana, y ten&iacute;a a&uacute;n el r&oacute;tulo que indicaba, con la
+fecha de la receta, la manera de tomar la poci&oacute;n.</p>
+
+<p>En estas condiciones, habr&iacute;a sido pura locura de parte del viejo m&eacute;dico,
+aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intenci&oacute;n del
+suicidio, pues toda suposici&oacute;n de un simple abuso de narc&oacute;tico quedaba
+descartada.</p>
+
+<p>No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir
+el &uacute;ltimo deseo de la muerta, y se juraba a s&iacute; mismo guardar m&aacute;s
+fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resoluci&oacute;n
+desesperada.</p>
+
+<p>&iexcl;Si siquiera hubiera podido saberlo &eacute;l mismo! Pero los d&iacute;as pasaban y
+todav&iacute;a no hab&iacute;a podido entrar en posesi&oacute;n del legado que le hab&iacute;a hecho
+Olga.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Hellinger desconfiaba de &eacute;l, le dec&iacute;a en su cara que siempre
+hab&iacute;a maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que,
+si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia
+inconsiderada, la pobre Olga habr&iacute;a vivido en paz mucho tiempo todav&iacute;a.
+Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la
+responsabilidad de la muerte de su sobrina.</p>
+
+<p>En todo caso, no permit&iacute;a que se quedara solo, ni siquiera por un
+segundo, en el cuarto de la muerta. Ten&iacute;a la puerta cuidadosamente
+cerrada: no tolerar&iacute;a&mdash;dec&iacute;a ella para explicar su conducta,&mdash;que los
+objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas,
+fueran profanados por manos y miradas extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>Y as&iacute; crec&iacute;a de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga
+hab&iacute;a escrito su confesi&oacute;n, cayese en manos de su t&iacute;a.</p>
+
+<p>&iexcl;Que se le antojara escudri&ntilde;ar entre los vol&uacute;menes que guarnec&iacute;an el
+estante, y suced&iacute;a la desgracia!</p>
+
+<p>A esa zozobra, que llevaba todos los d&iacute;as al anciano a casa de los
+Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto
+quien, desde ese d&iacute;a de espanto, hab&iacute;a ca&iacute;do en un abatimiento profundo
+y desesperante.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a
+nadie a su lado y evitaba a&uacute;n a su viejo amigo; hura&ntilde;o y mudo, vagaba
+d&iacute;as enteros por los campos; permanec&iacute;a noches enteras sentado junto a
+la cuna de su hijo, mir&aacute;ndolo fijamente con sus ojos enrojecidos y
+quemados por el llanto.</p>
+
+<p>Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres
+ocasiones, lo hab&iacute;an encontrado por la ma&ntilde;ana en esa actitud.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3>
+
+
+<p>En torno del ata&uacute;d de Olga los cirios hab&iacute;an concluido de arder. Los
+invitados, que hac&iacute;a largo rato se manten&iacute;an en religioso silencio
+alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la
+cena.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Hellinger, que recib&iacute;a los p&eacute;sames y ensalzaba con gran
+refuerzo de l&aacute;grimas y de pa&ntilde;uelo las virtudes de la difunta, se revel&oacute;
+de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer
+orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del
+comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y
+ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes.</p>
+
+<p>El viejo Hellinger, despu&eacute;s de haber alabado al Se&ntilde;or, bebi&oacute; con algunos
+amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad
+de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de
+Boston lastimar&iacute;a el dolor general, y resolvieron enviar una diputaci&oacute;n
+a la due&ntilde;a de casa para pedirle su autorizaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que parec&iacute;a que
+se celebrara all&iacute; una boda.</p>
+
+<p>El doctor, que no lleg&oacute; sino muy tarde a la alegre reuni&oacute;n, busc&oacute; por
+todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo.</p>
+
+<p>Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le pregunt&oacute; si
+lo hab&iacute;a visto. S&iacute;; hab&iacute;a venido, hab&iacute;a lanzado en su derredor miradas
+extra&ntilde;as y feroces, luego se hab&iacute;a esquivado en silencio cuando se le
+tend&iacute;a la mano. Minutos m&aacute;s tarde, se not&oacute; su desaparici&oacute;n.</p>
+
+<p>El doctor fue al vest&iacute;bulo y busc&oacute;, entre los abrigos de los convidados,
+el de Roberto: todav&iacute;a estaba all&iacute;.</p>
+
+<p>Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las
+habitaciones de atr&aacute;s, vac&iacute;as y silenciosas, pues los criados estaban
+ocupados en servir.</p>
+
+<p>Encontr&oacute; al joven en un peque&ntilde;o y obscuro cuarto, donde estaban
+amontonados los muebles que hab&iacute;a sido necesario sacar de las otras
+habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la
+cabeza entre las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto, amigo m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; haces ah&iacute;?&mdash;le grit&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ustedes siempre tan alegres por all&aacute;, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>El doctor le puso las manos sobre los hombros:</p>
+
+<p>&mdash;Me inquietas, amigo m&iacute;o. Hace tres d&iacute;as que no nos diriges la
+palabra... si contin&uacute;as as&iacute;, vas a perder la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres?&mdash;replic&oacute; Roberto con un suspiro que se escap&oacute; de su
+pecho como un grito.&mdash;Estoy tranquilo, completamente tranquilo.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a dejar caer entre las manos su enmara&ntilde;ada cabeza y pareci&oacute;
+sumergirse de nuevo en su meditaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El anciano se sent&oacute; a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras.</p>
+
+<p>Nada olvid&oacute; de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes,
+agreg&aacute;ndole, de su parte, m&aacute;s de una en&eacute;rgica palabra de consuelo.</p>
+
+<p>Roberto permanec&iacute;a inm&oacute;vil; apenas con un signo manifestaba que
+escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpi&oacute;
+dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Deja eso, t&iacute;o; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la
+&uacute;nica pregunta, de la cual depende para m&iacute; la muerte o la vida, no
+puedes, t&uacute; tampoco, darme una respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pregunta?</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;o querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente
+tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, &iexcl;y me creer&aacute;s si te
+digo que no s&eacute; c&oacute;mo podr&eacute; sobrevivir a esta noche!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En nombre del Cielo! &iquest;Qu&eacute; quieres hacer?</p>
+
+<p>El joven sacudi&oacute; los hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Lo ignoro&mdash;dijo;&mdash;lo que el momento me sugiera. Lo &uacute;nico que me apena,
+es ese pobre peque&ntilde;uelo que tendr&aacute; que crecer sin padre; quiz&aacute; lo lleve
+conmigo, no s&eacute;. No s&eacute; m&aacute;s que una cosa y es que no puedo continuar
+viviendo as&iacute;.</p>
+
+<p>El anciano, temblando de ansiedad, lo llen&oacute; de reproches. Eso era una
+cobard&iacute;a s&oacute;lo digna de un miserable, de un esp&iacute;ritu debilitado.</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&iacute;as raz&oacute;n, t&iacute;o, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de m&iacute;
+y de mi dicha. Pero &iexcl;Dios del Cielo!&mdash;lanz&oacute; una carcajada penetrante y
+amarga,&mdash;hace tiempo que renunci&eacute; a toda pretensi&oacute;n a la felicidad. Por
+lo que me ata&ntilde;e, sobrellevar&eacute; tranquilamente el dolor de su p&eacute;rdida;
+conozco eso, s&iacute;; ya he puesto a una en la tumba, y continuar&eacute;
+amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto
+tiempo, y eso en medio de los m&aacute;s profundos pesares; porque los
+intereses, &iquest;sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la
+cabeza, ni de si la tristeza y la desesperaci&oacute;n le adormecen a uno la
+mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, t&iacute;o, lo que me trastorna el
+alma, pues la tengo bien trastornada, puedes cre&eacute;rmelo; ante mis ojos
+brotan chispas sin interrupci&oacute;n; los calofr&iacute;os me estremecen todo el
+cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo
+estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisi&oacute;n las cosas. S&oacute;lo hay
+una que no puedo descubrir; que se alza noche y d&iacute;a ante mis ojos como
+un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me
+escapa, y esa cosa es: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; ha muerto Olga?&raquo;</p>
+
+<p>El anciano se estremeci&oacute;. Recordaba la carta y la promesa que la muerta
+hab&iacute;a exigido de &eacute;l.</p>
+
+<p>Roberto continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Una voz me grita sin cesar en los o&iacute;dos: &laquo;&iexcl;Tuya es la culpa!&raquo; &iquest;C&oacute;mo?
+No lo s&eacute;, pues por muy profundamente que escudri&ntilde;e en mi alma, no
+encuentro que le haya hecho ning&uacute;n mal, y sin embargo no puedo hacer
+callar la voz. Yo me digo: &laquo;Es una idea fija.&raquo; &laquo;Te forjas tormentos,
+eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu
+hijo.&raquo; &iexcl;Pero de nada me sirve todo eso, t&iacute;o querido! No puedo hacerla
+callar. Y, en fin, &iquest;acaso no tiene raz&oacute;n? &iquest;Acaso, sin m&iacute;, Olga no
+estar&iacute;a todav&iacute;a viva? Si lo que pas&oacute; la noche anterior no hubiera...</p>
+
+<p>Se detuvo estremeci&eacute;ndose y se ocult&oacute; el rostro entre las manos. Un
+sollozo sin l&aacute;grimas sacudi&oacute; todo su robusto cuerpo.</p>
+
+<p>En seguida dijo:</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;o, quisiera&mdash;no puedo pensar en ello, me hace perder la raz&oacute;n,&mdash;me
+parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me
+rodea, que lo haga pedazos todo.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo m&iacute;o&mdash;dijo el
+doctor,&mdash;y que me cuentes todo, punto por punto; s&oacute;lo de ese modo
+podremos aclarar este enigma.</p>
+
+<p>El silencio rein&oacute; en la habitaci&oacute;n obscura. El anciano temblaba de pies
+a cabeza; ve&iacute;a la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra
+sobre el fondo claro de la ventana; ve&iacute;a los movimientos del pecho que
+sub&iacute;a y bajaba alternativamente, que silbaba y gem&iacute;a como un volc&aacute;n;
+sent&iacute;a el h&aacute;lito ardiente de la respiraci&oacute;n de Roberto en su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Re&uacute;ne tus ideas, amigo m&iacute;o&mdash;repuso suavemente.</p>
+
+<p>El joven luchaba por tomar una determinaci&oacute;n. Al fin, volviendo a
+encontrar su energ&iacute;a, se enderez&oacute; y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Pues bien, t&iacute;o, vas a saberlo todo... Desde el d&iacute;a en que Olga
+rechaz&oacute; mi pedido tan altiva y fr&iacute;amente, no me hab&iacute;a vuelto a encontrar
+con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para
+ocuparse del ni&ntilde;o y de la casa, ya entonces sab&iacute;a que lo hac&iacute;a por amor
+a Marta y no por m&iacute;, pero hab&iacute;a como un acuerdo t&aacute;cito entre nosotros
+para evitarnos. Ella eleg&iacute;a las horas en que sab&iacute;a que yo estaba afuera,
+en los campos o en los establos, y yo no volv&iacute;a a casa antes de haberla
+visto desaparecer detr&aacute;s del port&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media
+legua m&aacute;s all&aacute; de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje
+se rompe. Como no hab&iacute;a llevado cochero y no alcanzaba a ver alma
+viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en
+busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que hac&iacute;a rato que la
+se&ntilde;orita se hab&iacute;a marchado. Comenzaba ya a caer la noche.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Muy bien, no hay ning&uacute;n peligro, pienso, y entro en la casa.</p>
+
+<p>&raquo;En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el
+crep&uacute;sculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iquest;Qui&eacute;n puede ser?&mdash;me digo.</p>
+
+<p>&raquo;Y la sigo.</p>
+
+<p>&raquo;En el cuarto del ni&ntilde;o, &iquest;a qui&eacute;n encuentro? A ella, muy ocupada en
+correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, est&aacute;
+siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero
+retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella
+se detiene, y, como sobrecogida de verg&uuml;enza, se oculta el rostro entre
+las manos.</p>
+
+<p>&raquo;Entonces, t&iacute;o, me siento atra&iacute;do, voy a precipitarme hacia ella; pero
+me contengo a tiempo al pensar en qui&eacute;n es ella y qui&eacute;n soy yo.</p>
+
+<p>&raquo;Veo que sus manos tiemblan.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;No tienes por qu&eacute; enojarte, Olga&mdash;le digo balbuciendo,&mdash;no he querido
+causarte un desagrado. Si estoy aqu&iacute; es por casualidad; en lo sucesivo
+tomar&eacute; mis medidas para que no vuelvas a encontrarme.</p>
+
+<p>&raquo;Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento
+estremecer. Marta nunca me mir&oacute; as&iacute;&mdash;pienso.&mdash;Quiero hablar, pero no
+encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada
+estatura se alza delante de la puerta, como si all&iacute; quisiera buscar un
+amparo contra m&iacute;. Yo o&iacute;a su respiraci&oacute;n oprimida. Por fin re&uacute;no todo mi
+valor.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Olga&mdash;digo,&mdash;ha sido presunci&oacute;n de mi parte el atreverme a tenderte
+la mano: s&eacute; muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo
+del coraz&oacute;n, olv&iacute;dalo, yo nunca te lo recordar&eacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Y en ese instante, t&iacute;o&mdash;&iquest;c&oacute;mo pintarte lo que pas&oacute;?&mdash;d&eacute;jame un
+instante... &iexcl;el recuerdo!... Pero &iquest;para qu&eacute;? ser&eacute; fuerte, querido t&iacute;o,
+voy a dominarme.</p>
+
+<p>&raquo;En ese instante, ella se precipita hacia m&iacute;, me rodea con sus brazos y
+me cubre el rostro de besos; despu&eacute;s, de improviso, cae con un suspiro,
+y all&iacute; se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo,
+como en un sue&ntilde;o, la miro fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;No es posible&mdash;me grita una voz,&mdash;es una locura; &iexcl;t&uacute; apenas te
+atrev&iacute;as a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es
+quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece!</p>
+
+<p>&raquo;Ten&iacute;a miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y
+cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si
+hubiera querido llorar hasta morir.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Olga, &iquest;por qu&eacute; lloras?&mdash;le digo.&mdash;Todo queda arreglado ahora.</p>
+
+<p>&laquo;Pero he ah&iacute; que yo tambi&eacute;n, gran tonto, me pongo a llorar como un ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Perd&oacute;name, Roberto&mdash;dice su voz en mi o&iacute;do.&mdash;Mucho te he hecho
+sufrir, pero nunca m&aacute;s lo har&eacute;, nunca m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iquest;Y ahora me amar&aacute;s?&mdash;pregunto, pues todav&iacute;a no puedo creerlo.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iexcl;Oh, Roberto! &iexcl;Roberto! &iexcl;Te amo! &iexcl;Oh, s&iacute;! &iexcl;Te amo m&aacute;s que a todo en
+el mundo!&mdash;y oculta su rostro en mi hombro.</p>
+
+<p>&raquo;S&iacute;, t&iacute;o, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus
+rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta
+se me presenta: &iquest;es &eacute;sta la misma Olga que, hace ocho d&iacute;as, se volv&iacute;a
+tan p&aacute;lida y tan altiva, mientras que, humilde y t&iacute;mido, t&uacute; implorabas
+su consentimiento?</p>
+
+<p>&raquo;Y le digo entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Olga, &iquest;c&oacute;mo has podido torturarme as&iacute;? &iquest;Acaso he cambiado en tan poco
+tiempo?</p>
+
+<p>&raquo;La veo ponerse m&aacute;s blanca que el yeso que cubre la pared y su voz
+murmura en mi o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iexcl;Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes!</p>
+
+<p>&raquo;Y una angustia nace en m&iacute;; quiz&aacute;s la perder&eacute; ma&ntilde;ana como la he
+conquistado hoy.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Olga&mdash;le digo,&mdash;si eres tan inconstante en tus resoluciones, qui&eacute;n me
+responder&aacute; de que...</p>
+
+<p>&raquo;Me interrumpo, pues la expresi&oacute;n de su rostro me impone silencio. Ella
+se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Puesto que quieres saber&mdash;me dice, fijando los ojos en el suelo, como
+sumida en una meditaci&oacute;n sombr&iacute;a,&mdash;me ha faltado el valor, he dudado de
+tu amor y cre&iacute;do que me har&iacute;as sentir que no te llevaba m&aacute;s que mi
+pobreza.</p>
+
+<p>&raquo;Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iexcl;Olga!&mdash;exclamo.&mdash;&iquest;Has podido pensar eso de m&iacute;? &iquest;No te acuerdas?...</p>
+
+<p>&raquo;Y lo que le record&eacute; fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a
+pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente
+con una negativa, pues Marta quer&iacute;a sacrificarse y sacrificar su dicha,
+para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de
+la noche, hab&iacute;a ido a buscarme y me hab&iacute;a abierto los ojos, a m&iacute;, pobre
+insensato y ciego, dici&eacute;ndome palabras, palabras llenas de desprecio por
+el dinero y que hab&iacute;an sonado en mis o&iacute;dos como el canto de triunfo del
+amor. Se las repet&iacute; textualmente, pues cada una de ellas se hab&iacute;a
+grabado en mi alma, inolvidable: &laquo;As&iacute;, pues, en otros tiempos te sent&iacute;as
+llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora
+que se trata de ti...&raquo;</p>
+
+<p>&raquo;Y al gritarle esto la miraba de frente, t&iacute;o. Ella se esforzaba en
+sonre&iacute;r, y sonre&iacute;a constantemente; pero esa sonrisa se hel&oacute; en sus
+labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido.</p>
+
+<p>&raquo;Mucho trabajo me cost&oacute; hacerla volver en s&iacute;, pues no quer&iacute;a llamar a
+nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneci&oacute; tendida en el
+suelo, m&aacute;s o menos como est&aacute; ahora, luego abri&oacute; los ojos y me examin&oacute;
+por largo rato en silencio con una expresi&oacute;n tan dolorosa, tan cansada y
+desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Despu&eacute;s junt&oacute;
+las manos y me dijo en voz baja y suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es
+necesario que me acostumbre a esta idea.</p>
+
+<p>&raquo;Pero me sent&iacute;a tan embargado por mi reciente dicha, por una alegr&iacute;a tan
+loca, que cre&iacute;a poder obligarla por fuerza a ser ella tambi&eacute;n dichosa.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iexcl;Si nos amamos, Olga&mdash;le grito,&mdash;y si nuestra querida muerta aprueba
+este amor, yo quisiera ver si alguien podr&iacute;a censurarlo! Al&eacute;grate, pues,
+querida ni&ntilde;a, recupera tu valor.</p>
+
+<p>&raquo;Pero ella no ten&iacute;a alegr&iacute;a ni valor. Y s&oacute;lo ahora, ahora que est&aacute;
+muerta, comprendo claramente hasta qu&eacute; punto se sent&iacute;a miserable y
+quebrantada, all&iacute; tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se
+mostraba para s&iacute; y para los dem&aacute;s tan altiva y estricta. Era como si
+alg&uacute;n prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte &iacute;ntimo de la
+vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada ve&iacute;a, nada quer&iacute;a ver.
+Y continuaba anim&aacute;ndola con todas las palabras consoladoras que pod&iacute;a
+encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra&mdash;a veces me aprobaba con
+un movimiento de la cabeza&mdash;y una sonrisa que expresaba tristeza y
+cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribu&iacute;a yo a
+la emoci&oacute;n violenta del momento y a los pesares de los &uacute;ltimos a&ntilde;os;
+deb&iacute;an presentarse en su alma con una intensidad tanto m&aacute;s grande,
+cuanto que sent&iacute;a apuntar para ella una nueva felicidad que iba a
+borrarlos para siempre.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Y nuestra primera visita, Olga&mdash;le digo,&mdash;ser&aacute; al cementerio. Cuando
+hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la
+malevolencia del mundo entero, no tendr&aacute;n ya por qu&eacute; inquietarnos.</p>
+
+<p>&raquo;Ella dej&oacute; caer las manos que cubr&iacute;an su rostro, y, mir&aacute;ndome con ojos
+dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;&iquest;Al cementerio... conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;S&iacute;, contigo&mdash;repliqu&eacute;,&mdash;y en seguida, si lo quieres.</p>
+
+<p>&raquo;Un estremecimiento recorri&oacute; todo su cuerpo, y, con voz singularmente
+alterada, replic&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;T&eacute;n paciencia hasta ma&ntilde;ana, ma&ntilde;ana har&eacute; lo que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;S&iacute;, mi ni&ntilde;a muy amada&mdash;le digo entonces,&mdash;y de aqu&iacute; a ma&ntilde;ana desecha
+tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no
+la olvidaremos, ciertamente. &iquest;Y el com&uacute;n dolor que nos causa su p&eacute;rdida,
+no debe unirnos m&aacute;s estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos
+abandonar&aacute;, &iquest;y no crees que ella bendecir&iacute;a nuestra uni&oacute;n desde el fondo
+de su coraz&oacute;n, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? &iquest;No nos ha legado
+al ni&ntilde;o para que juntos velemos por &eacute;l y que nunca lo confiemos a gente
+extra&ntilde;a?</p>
+
+<p>&raquo;Entonces se dej&oacute; caer de rodillas delante de la cuna en que la d&eacute;bil
+criatura dorm&iacute;a con el sue&ntilde;o de los bienaventurados y apoy&oacute; la frente
+sobre su cabecita.</p>
+
+<p>&raquo;As&iacute; permaneci&oacute; por largo rato sin que yo intentara perturbarla.</p>
+
+<p>&raquo;Cuando se levant&oacute;, su rostro hab&iacute;a vuelto a tomar esa serenidad
+impasible que siempre le hab&iacute;amos conocido hasta entonces. Me tendi&oacute; la
+mano dici&eacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;&raquo;Vete, amigo m&iacute;o, d&eacute;jame sola.</p>
+
+<p>&raquo;Y me alej&eacute;, pues quer&iacute;a complacerla en todo; ni siquiera la tom&eacute; en mis
+brazos.</p>
+
+<p>&raquo;Un cuarto de hora despu&eacute;s, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde
+mi ventana, pero ella no volvi&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&raquo;Al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana... t&uacute; sabes, querido t&iacute;o, c&oacute;mo la
+encontr&eacute;; y en aquel instante se descarg&oacute; sobre m&iacute; un rayo. Podr&eacute;
+encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda
+alegr&iacute;a; helar&aacute; para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo
+menos podr&iacute;a vivir todav&iacute;a; podr&iacute;a arrastrar todav&iacute;a esta miserable
+existencia para que el ni&ntilde;o no se viera privado de la mezquina parte de
+felicidad a que tiene derecho; pero para eso ser&iacute;a necesario que yo
+supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo
+contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible;
+si no fuera as&iacute;, me consumir&iacute;a vivo. Es necesario que alguien venga,
+aunque sea de ultratumba, a decirme por qu&eacute; ha muerto Olga.&raquo;</p>
+
+<p class="dot">*<br />* *</p>
+
+<p>Nuevamente el silencio rein&oacute; en la habitaci&oacute;n obscura; no se o&iacute;a m&aacute;s que
+la respiraci&oacute;n de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que
+hab&iacute;a acompa&ntilde;ado el relato de Roberto con el ruido mon&oacute;tono de sus
+dientes.</p>
+
+<p>El anciano sosten&iacute;a una violenta lucha consigo mismo. &iquest;Deb&iacute;a acaso
+revelar el secreto de la vida de Olga como hab&iacute;a ya vendido el de su
+muerte? &iquest;Pero no se trataba de una buena acci&oacute;n en este caso? &iquest;No se
+trataba de libertar a aquel a quien ella hab&iacute;a amado sobre todo de las
+torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por
+una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor
+divino, seg&uacute;n parec&iacute;a, permit&iacute;an a la boca cerrada para siempre abrirse
+una vez m&aacute;s para devolver el reposo al muy amado.</p>
+
+<p>El doctor exhal&oacute; un profundo suspiro: hab&iacute;a tomado su resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si ella lo hubiera pensado, Roberto&mdash;dijo,&mdash;si hubiera pensado en
+contestarte desde el fondo de su tumba?</p>
+
+<p>Roberto lanz&oacute; un grito y lo asi&oacute; por la mu&ntilde;eca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir con eso, t&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si
+no hubieras huido ante todo rostro humano, sabr&iacute;as desde hace tiempo lo
+que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la ma&ntilde;ana de su
+muerte, yo recib&iacute; una carta de ella...</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute;, t&iacute;o, de ella...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, amigo m&iacute;o! Me est&aacute;s rompiendo los huesos. Esc&uacute;chame primero
+tranquilamente.</p>
+
+<p>Y le cont&oacute; lo que conten&iacute;a la carta.</p>
+
+<p>Roberto hab&iacute;a dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en
+el anciano, resplandec&iacute;an en la obscuridad.</p>
+
+<p>&mdash;Ese cuaderno, d&aacute;melo; &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?</p>
+
+<p>El doctor le explic&oacute; el peligro que corr&iacute;a el secreto de Olga y la
+inquietud que esto le causaba a &eacute;l mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esp&eacute;rate, voy a ir a buscarlo!&mdash;exclam&oacute; Roberto dirigi&eacute;ndose hacia la
+puerta.</p>
+
+<p>El anciano lo detuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche.</p>
+
+<p>La puerta est&aacute; rota a medias; acabar&eacute; de romperla...</p>
+
+<p>&mdash;Te oir&aacute;n de abajo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;n demasiado divertidos!&mdash;replic&oacute; Roberto con risa aguda.&mdash;Ven,
+vamos juntos.</p>
+
+<p>Y por una puerta de atr&aacute;s, a lo largo del corredor obscuro y de la
+escalera que cruj&iacute;a, los dos se deslizaron como dos ladrones que se
+hubieran introducido en la casa aprovech&aacute;ndose de la ceremonia.</p>
+
+<p>Consiguieron abrir la puerta m&aacute;s f&aacute;cilmente de lo que esperaban; la
+cerradura, ya floja, cedi&oacute; como si se abriera sola.</p>
+
+<p>Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emoci&oacute;n, cuando el
+cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las
+estrellas, se abri&oacute; ante sus ojos. Toda huella de la muerta hab&iacute;a
+desaparecido; s&oacute;lo la cama vac&iacute;a, cuyos montantes se dibujaban negros
+sobre la pared gris, hac&iacute;a ver que la que lo ocupaba hab&iacute;a elegido otro
+lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jab&oacute;n,
+flotaba a&uacute;n en la habitaci&oacute;n. Las mismas toallas de las cuales se hab&iacute;a
+servido, todav&iacute;a colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de
+loza, una mancha blanca de fant&aacute;stica apariencia.</p>
+
+<p>Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dej&oacute; caer en una silla y, a
+grandes bocanadas, &aacute;vidamente, como si sollozara, aspir&oacute; el perfume que
+llenaba el aire. Se habr&iacute;a dicho que as&iacute; quer&iacute;a absorber los &uacute;ltimos
+efluvios de su amada.</p>
+
+<p>Un fulgor breve, brillante, vacil&oacute; de improviso a trav&eacute;s del cuarto,
+bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el
+escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado,
+la mesa de tocador cubierta de blanco.</p>
+
+<p>El doctor hab&iacute;a encendido un f&oacute;sforo y buscaba la peque&ntilde;a l&aacute;mpara de
+pantalla verde que ilumin&oacute; las noches sin sue&ntilde;o de Olga. Todav&iacute;a estaba
+en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apag&oacute; para sumirse en la
+noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todav&iacute;a lleno de petr&oacute;leo;
+su due&ntilde;o se hab&iacute;a dado prisa para entregarse al descanso.</p>
+
+<p>Con precauci&oacute;n, levant&oacute; el tubo para encender la mecha; la llama,
+atenuada por la pantalla, ilumin&oacute; con un resplandor apacible y suave el
+espacio silencioso.</p>
+
+<p>Entonces se acerc&oacute; al estante sobre el cual se alineaban los vol&uacute;menes
+de lomos lucientes y dorados. Su mano busc&oacute; a tientas durante un momento
+por la pared y sac&oacute; algo azul en forma de rollo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aqu&iacute; est&aacute;, Roberto!&mdash;exclam&oacute; triunfante.&mdash;V&aacute;monos.</p>
+
+<p>El joven mene&oacute; silenciosamente la cabeza.</p>
+
+<p>El anciano insisti&oacute; de nuevo y entonces Roberto dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; es donde vamos a leerlo, t&iacute;o; aqu&iacute;, donde ella lo ha escrito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si alguien nos sorprendiera?&mdash;observ&oacute; el doctor, atemorizado.</p>
+
+<p>Roberto se encogi&oacute; de hombros y con el dedo se&ntilde;al&oacute; el piso. En el
+silencio, un ruido confuso de voces sub&iacute;a hasta ellos, con risas
+moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en
+que hay un muerto.</p>
+
+<p>El doctor cedi&oacute; de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas
+al c&iacute;rculo luminoso de la l&aacute;mpara, y ya no se oy&oacute; m&aacute;s que el silbido del
+viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz
+mon&oacute;tona y velada del lector acompa&ntilde;ada por el coro de invitados al
+velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para
+extinguirse en seguida en un murmullo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3>
+
+
+<p>Perd&oacute;name, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la
+muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por m&iacute; y del
+ardiente afecto que hac&iacute;a palpitar mi coraz&oacute;n por ti, trate de expiar la
+falta que gravita pesadamente sobre m&iacute; y cuya carga tendr&eacute; sin embargo
+que soportar hasta el fin de mi existencia. D&eacute;jame revivir una vez m&aacute;s
+todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo
+el fr&iacute;o de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de
+tu tumba.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; loca era y qu&eacute; imp&iacute;a, en sentirme sola mientras t&uacute; viviste! Tu amor
+era la atm&oacute;sfera que me envolv&iacute;a, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol
+que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa
+voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que
+escuchamos sin comprenderla.</p>
+
+<p>&iquest;Y c&oacute;mo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una
+extra&ntilde;a para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con
+tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el
+murmurio del viento trae tu nombre a mis o&iacute;dos. Entre nosotras se alza
+un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez,
+con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia m&iacute; sus
+manos armadas de garras para separarme eternamente de ti.</p>
+
+<p>Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo
+que he cometido fuera una falta, un crimen, luchar&iacute;a contra &eacute;l, lo
+derribar&iacute;a con las &uacute;ltimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me
+dejar&iacute;a ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se
+desvanece en el vac&iacute;o: es un demonio que se burla de m&iacute;, un vapor que me
+rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente.</p>
+
+<p>Es un deseo...</p>
+
+<p>Un simple deseo, &iexcl;nada m&aacute;s!</p>
+
+<p>&iquest;Lo notaste? &iquest;Se reflej&oacute; en tus ojos moribundos? &iquest;Viste el espectro
+alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el
+&uacute;ltimo aliento de una existencia que no fue m&aacute;s que amor, a ese espectro
+que hab&iacute;an engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que hab&iacute;a
+introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior?</p>
+
+<p>Si tuviera todav&iacute;a la fe del ni&ntilde;o que balbuc&iacute;a, confiar&iacute;a la angustia de
+mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios&mdash;pero a nadie tengo en el
+Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de m&iacute;, a nadie m&aacute;s que a tu
+imagen transfigurada.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre de m&iacute;! Ella tambi&eacute;n se aparta de m&iacute;, ella tambi&eacute;n se oculta
+llorando cuando este demonio se presenta a mi alma.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, no era muy humano lo que sent&iacute;. &iquest;Por qu&eacute; no somos unos
+seres de luz, sin deseos y puros como el &eacute;ter? &iquest;Por qu&eacute; no somos m&aacute;s que
+polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando
+nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran
+falta de mi vida la que quiero contar aqu&iacute;, la falta de la cual hemos
+sido v&iacute;ctimas, t&uacute;, yo y tambi&eacute;n un tercero, que es puro y bueno, y que
+sin embargo ha sido la causa de todo.</p>
+
+<p class="dot">*<br />* *</p>
+
+<p>Yo era una ni&ntilde;a pac&iacute;fica y predispuesta a la soledad.</p>
+
+<p>Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa
+que el amor, aprende a menudo m&aacute;s f&aacute;cilmente que nadie, a bastarse a s&iacute;
+mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el coraz&oacute;n una inagotable reserva
+de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando
+a los gatos y ahogando a los gansos por cari&ntilde;o. Una de mis pasiones era
+jugar en la caballeriza. Me sent&iacute;a a mi gusto en la litera el&aacute;stica y
+flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me
+hac&iacute;an da&ntilde;o; o bien me trepaba al pesebre donde permanec&iacute;a horas enteras
+mir&aacute;ndome en los ojos pardos de mis queridos amigos.</p>
+
+<p>Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. All&iacute; me
+encontraba dormida con frecuencia a eso del mediod&iacute;a, y no era cosa
+f&aacute;cil sacarme del nicho, pues Ner&oacute;n, que por lo dem&aacute;s era un perro tan
+bueno y tan cari&ntilde;oso, ense&ntilde;aba los dientes a cualquiera que franqueaba
+el c&iacute;rculo que su cadena le permit&iacute;a recorrer, aun cuando &eacute;ste fuera su
+amo.</p>
+
+<p>Mi cari&ntilde;o se extend&iacute;a hasta las plantas. Las rosas me hac&iacute;an el efecto
+de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los
+girasoles eran sacerdotes revestidos con sus h&aacute;bitos sacerdotales, y las
+dalias, j&oacute;venes polacas con papalinas rojas. Sab&iacute;a reunir as&iacute; en mi
+derredor en el jard&iacute;n a la humanidad entera, y encontraba la copia m&aacute;s
+bella que el original, pues se manten&iacute;a muy quieta cuando yo desempe&ntilde;aba
+el papel del Destino ante ella.</p>
+
+<p>La propiedad que mi padre hab&iacute;a arrendado, antiguo feudo de un magnate
+polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una monta&ntilde;a, uno de
+cuyos lados descend&iacute;a en suave declive por un parque inculto, hacia unos
+campos desnudos, mientras que el otro ca&iacute;a a pico en una peque&ntilde;a
+corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea
+polaca.</p>
+
+<p>Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada ca&iacute;a sobre
+los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se
+ve&iacute;a claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los ni&ntilde;os
+medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres
+permanec&iacute;an perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras
+que los hombres cubiertos de harapos se dirig&iacute;an, con la pala en el
+hombro, hacia el despacho de bebidas.</p>
+
+<p>En verdad, nada ten&iacute;a de muy seductor aquel peque&ntilde;o agujero, y la chusma
+de cosacos de fronteras, que trotaban de ac&aacute; para all&aacute; amodorrados sobre
+sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin
+embargo, para mis ojos de ni&ntilde;a, aquel lugar estaba cubierto de un
+encanto indecible, cuya sensaci&oacute;n experimento a&uacute;n, cuando me vuelvo a
+ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas
+enteras en la hierba, inm&oacute;vil, contemplando de lo alto aquel hormiguero
+cuyas formas no eran m&aacute;s grandes que los hombrecillos de madera de mis
+cajas de juguetes.</p>
+
+<p>Bajar all&iacute; me estaba prohibido, y tampoco ten&iacute;a deseos de ello, desde
+que, en la bara&uacute;nda de un d&iacute;a de mercado en que mi padre me hab&iacute;a
+llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro.</p>
+
+<p>Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las
+inmundicias y del tumulto, se sumerg&iacute;a la mirada en ese mundo de
+hormigas, que parec&iacute;a tan &iacute;nfimo, que se pod&iacute;a, como el mismo Dios,
+abarcarlo de una ojeada, pero que crec&iacute;a cada vez m&aacute;s hasta tomar
+proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de
+penetrarlo.</p>
+
+<p>Por una rareza singular, no he conservado de esa &eacute;poca m&aacute;s que un
+recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado m&aacute;s estrechamente
+asociada a la m&iacute;a; sin duda porque las impresiones siguientes han
+borrado las primeras. Mi padre era un hombre peque&ntilde;o, robusto y
+rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas
+lucientes y vestido de una hopalanda de basto pa&ntilde;o verdoso. Me sonre&iacute;a
+desde que me ve&iacute;a, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me
+pellizcaba los brazos, y en seguida desaparec&iacute;a. Estaba siempre ocupado,
+el pobre pap&aacute;; mientras vivi&oacute;, no lo vi reposar un solo instante.</p>
+
+<p>Mam&aacute; era desde aquella &eacute;poca muy corpulenta, com&iacute;a continuamente
+confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le imped&iacute;a estar en
+activa ocupaci&oacute;n de la noche a la ma&ntilde;ana, aunque se arrastrara de mala
+gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detr&aacute;s de ella y
+la abrumaran a preguntas.</p>
+
+<p>Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien
+nuestros parientes de Prusia hab&iacute;an enviado para que aprendiera con pap&aacute;
+a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso
+cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me pon&iacute;a en
+sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de
+trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque &eacute;l no
+haya debido quererme m&aacute;s que a los otros disc&iacute;pulos, pues la cara que
+ten&iacute;a entonces ha desaparecido en la niebla como todas las dem&aacute;s.</p>
+
+<p>No recuerdo exactamente m&aacute;s que una escena: una tarde de verano Roberto
+hab&iacute;a cogido a Marta por sus rubias trenzas, y ri&eacute;ndose y gritando
+corr&iacute;a tras de ella por el patio, por la casa y por el jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?&mdash;le grit&oacute; pap&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha hecho una travesura&mdash;respondi&oacute; &eacute;l, sin soltarla, mientras ella
+continuaba gritando.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando yo ten&iacute;a tu edad, sab&iacute;a vengarme de una muchacha mejor que
+t&uacute;&mdash;dijo ri&eacute;ndose pap&aacute;, quien nunca desperdiciaba la ocasi&oacute;n de decir
+una broma.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se hace?&mdash;pregunt&oacute; mi primo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! &iexcl;Si no lo sabes!&mdash;replic&oacute; pap&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Se le da un beso, se&ntilde;or Roberto&mdash;dijo un viejo jardinero que pasaba
+justamente con sus regaderas.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inm&oacute;vil, rojo de
+rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber d&oacute;nde dirigir sus
+miradas. Pap&aacute; se mor&iacute;a de risa; en cuanto a Marta, se escap&oacute; a la
+carrera.</p>
+
+<p>Cuando fui a sacudir su puerta, se hab&iacute;a encerrado: no volvi&oacute; a aparecer
+sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le ca&iacute;an sobre la
+frente, en desorden, parec&iacute;a perdida en sus pensamientos y muy
+intimidada.</p>
+
+<p>Cuando comparo hoy el rostro p&aacute;lido, flaco y resignado que me llena el
+alma entera, con esa cara p&iacute;cara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a
+veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi peque&ntilde;a
+infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a
+una sola y misma persona.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! &iexcl;Con
+qu&eacute; expresi&oacute;n atenta de precoz ama de casa, recorr&iacute;an sus ojos la
+extensi&oacute;n de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos,
+condisc&iacute;pulos y celadores&mdash;una galer&iacute;a de mand&iacute;bulas
+hambrientas&mdash;esper&aacute;bamos impacientes la comida! &iexcl;Y, con qu&eacute; alegr&iacute;a
+extend&iacute;a la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella
+alcanzaba los platos!</p>
+
+<p>S&oacute;lo hoy comprendo qu&eacute; camino doloroso ten&iacute;a que recorrer, hoy que me
+preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre
+para m&iacute; una tumba solitaria, m&aacute;s triste a&uacute;n que la suya.</p>
+
+<p>Entonces yo no era m&aacute;s que una ni&ntilde;a y alzaba los ojos, sin sospechar
+nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado
+ella misma los vestidos cortos.</p>
+
+<p>Efectivamente, fue en aquella &eacute;poca cuando nuestros negocios comenzaron
+a declinar. Pap&aacute; ten&iacute;a que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e
+inundaciones, tres a&ntilde;os consecutivos, le quitaron toda esperanza de
+volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez m&aacute;s sobre
+nuestra casa.</p>
+
+<p>Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera
+posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron
+limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que hab&iacute;a
+educado a Marta, y que deb&iacute;a terminar su tarea conmigo, tuvo tambi&eacute;n que
+dejarnos.</p>
+
+<p>Marta, que era siete a&ntilde;os mayor que yo, y se dispon&iacute;a a estrenar su
+primer vestido largo, tom&oacute; su lugar.</p>
+
+<p>De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no
+pod&iacute;an ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y
+yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles.</p>
+
+<p>Pod&iacute;a yo tener once a&ntilde;os, cuando advert&iacute; por primera vez que Marta hab&iacute;a
+cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habr&iacute;a debido notarlo
+antes, pues ten&iacute;a la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy
+abiertos; pero en la monoton&iacute;a de los d&iacute;as que se deslizan uno tras
+otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las
+penas, se escapan f&aacute;cilmente.</p>
+
+<p>Pero entonces puse atenci&oacute;n, y vi adelgazarse su rostro cada vez m&aacute;s, de
+d&iacute;a en d&iacute;a borrarse los colores de sus mejillas, y hund&iacute;rsele los ojos
+m&aacute;s profundamente.</p>
+
+<p>Ya no cantaba, y su risa ten&iacute;a una entonaci&oacute;n de cansancio y velada, tan
+particular que me hac&iacute;a sufrir al o&iacute;rla, y m&aacute;s de una vez estuve a punto
+de gritarle: &laquo;&iexcl;No te r&iacute;as!&raquo;</p>
+
+<p>Hacia la misma &eacute;poca, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de
+cabeza, de calambres en el est&oacute;mago, y le costaba trabajo ir de un lado
+a otro por la casa. Naturalmente, pap&aacute; y mam&aacute; no pod&iacute;an dejar de notar
+su estado. Un d&iacute;a la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su
+resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un m&eacute;dico; &eacute;ste se
+encogi&oacute; de hombros, prescribi&oacute; p&iacute;ldoras de hierro y aconsej&oacute; un cambio
+de aire.</p>
+
+<p>Deb&iacute;a haber aconsejado algo m&aacute;s, que preocupaba mucho a nuestros padres,
+al menos a pap&aacute;, pues ya hac&iacute;a mucho tiempo que nada pod&iacute;a sacar a mam&aacute;
+de su apat&iacute;a.</p>
+
+<p>A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, &eacute;l
+la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, sal&iacute;a del
+cuarto cerrando la puerta con estr&eacute;pito.</p>
+
+<p>Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padec&iacute;a, su trabajo no
+se resent&iacute;a de ello; de tan lejos como la recuerde, jam&aacute;s la vi un
+segundo desocupada. Muy ni&ntilde;a a&uacute;n, permanec&iacute;a al lado del fog&oacute;n con su
+libro de lecciones o vigilaba la lej&iacute;a al mismo tiempo que hac&iacute;a sus
+redacciones. Desde que fue mujer, agreg&oacute; todos los deberes que le
+impon&iacute;a mi instrucci&oacute;n a las preocupaciones sin n&uacute;mero que da una gran
+casa a la que la dirige. Mam&aacute; se hab&iacute;a retirado por completo y la dejaba
+ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras
+golosinas obtuvieran su aprobaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, ten&iacute;a verg&uuml;enza de mi
+inacci&oacute;n y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me
+rechazaba suavemente y me desped&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Deja, queridita&mdash;me dec&iacute;a acarici&aacute;ndome las mejillas,&mdash;eres la
+princesa de la familia; contin&uacute;a.</p>
+
+<p>Eso me ofend&iacute;a. Habr&iacute;a soportado todo salvo que me despidiera cuando
+iba a ofrecerme con el coraz&oacute;n desbordante de ternura.</p>
+
+<p>Una noche la vi llorar. Me deslic&eacute; afuera, al jard&iacute;n, y sostuve un rudo
+combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atrev&iacute;a a
+acerc&aacute;rmele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando
+estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoder&oacute; de m&iacute;
+con nuevas fuerzas: me levant&eacute;, y en camisa, como estaba, me aventur&eacute;
+por el corredor obscuro.</p>
+
+<p>Permanec&iacute; largo rato delante de su puerta, temblando de fr&iacute;o y de miedo,
+con la mano sobre el bot&oacute;n. Al fin me arm&eacute; de valor y entr&eacute; muy
+suavemente en su cuarto.</p>
+
+<p>La encontr&eacute; arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la
+almohada, y parec&iacute;a orar.</p>
+
+<p>Me qued&eacute; inm&oacute;vil en el umbral, pues no me atrev&iacute;a a perturbarla.</p>
+
+<p>Al fin, se volvi&oacute; y al verme se levant&oacute; estremeci&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres?&mdash;balbuci&oacute;.</p>
+
+<p>Yo me colgu&eacute; de ella y mis sollozos habr&iacute;an enternecido a un coraz&oacute;n de
+piedra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En nombre del Cielo, querida! &iquest;Qu&eacute; tienes?&mdash;grit&oacute;.</p>
+
+<p>No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un
+movimiento maternal, tom&oacute; una gruesa manta de lana, me envolvi&oacute; en ella
+y me coloc&oacute; en su regazo, aunque yo ya era m&aacute;s grande que ella.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, confi&eacute;sate, tesoro m&iacute;o. &iquest;Qu&eacute; ocurre?&mdash;me pregunt&oacute; acarici&aacute;ndome
+las mejillas.</p>
+
+<p>Reun&iacute; todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un
+sollozo:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, quiero ayudarte.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; un largo silencio, y cuando alc&eacute; los ojos, vi vagar por sus
+labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tom&oacute; la
+cabeza entre sus manos, me bes&oacute; en la frente y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero t&uacute;, me parece que
+tienes fiebre.</p>
+
+<p>De un salto me puse en pie.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Haces mal, Marta!&mdash;exclam&eacute;.&mdash;No me dejar&eacute; despedir as&iacute;. No estoy
+enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te est&aacute;s consumiendo y
+que, cada d&iacute;a, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna
+confianza en m&iacute;, acabar&eacute; por creer que nada quieres tener de com&uacute;n
+conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras.</p>
+
+<p>Ella junt&oacute; las manos mir&aacute;ndome con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a
+acostarte&mdash;repiti&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es in&uacute;til, puedo ir sola&mdash;dije.</p>
+
+<p>Entonces ella vio que era necesario acordar a la ni&ntilde;a una palabra de
+explicaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Olga&mdash;dijo atray&eacute;ndome hacia s&iacute;,&mdash;tienes raz&oacute;n. Tengo muchas
+penas, y si tuvieras m&aacute;s edad y pudieras comprenderlas, seguramente
+ser&iacute;as la primera a quien se las confiar&iacute;a. Pero antes es necesario que
+aprendas tambi&eacute;n a conocer la vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y en qu&eacute; conoces la vida mejor que yo?&mdash;exclam&eacute;, siempre con
+altaner&iacute;a.</p>
+
+<p>Ella se content&oacute; con sonre&iacute;r, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce,
+me dio un golpe en el coraz&oacute;n. Tuve un vago presentimiento, apenas
+perceptible, como el que se podr&iacute;a experimentar al ver un templo cerrado
+o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pero de aqu&iacute; all&aacute;, y para eso falta mucho todav&iacute;a, debo llevar sola el
+peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y
+te amar&eacute; a&uacute;n m&aacute;s por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme
+bien, tenemos mucho que estudiar ma&ntilde;ana...</p>
+
+<p>Y dicho esto, me empuj&oacute; afuera.</p>
+
+<p>Me qued&eacute; en el corredor, como una r&eacute;proba, contemplando la puerta que
+acababa de cerrarse tan duramente tras de m&iacute;. Despu&eacute;s apoy&eacute; la cabeza en
+la pared y llor&eacute; silenciosa y amargamente. A partir de ese d&iacute;a, Marta
+redobl&oacute; su cari&ntilde;o y su bondad hacia m&iacute;, pero yo no quer&iacute;a verlo;
+permanec&iacute;a impenetrable para ella como ella lo hab&iacute;a sido para m&iacute;, y en
+mi alma se arraig&oacute;, cada vez m&aacute;s profundamente, el sentimiento penoso de
+que el mundo no necesitaba de mi amor.</p>
+
+<p>Es evidente que un incidente como &eacute;ste, por s&iacute; solo, no pod&iacute;a tener una
+influencia decisiva sobre mi car&aacute;cter. Una ni&ntilde;a tan joven como yo lo era
+entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de
+impresiones nuevas para que unos minutos de este g&eacute;nero puedan producir
+sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesit&eacute; mucho tiempo
+para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que
+nadie hab&iacute;a en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas
+conmigo y que estaba reducida a m&iacute; misma y a mis libros, hasta el d&iacute;a en
+que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de
+los vivos.</p>
+
+<p>Y m&aacute;s y m&aacute;s, me sumerg&iacute;a en los tesoros de los poetas, ninguno de los
+cuales me rechazaba de su m&aacute;s &iacute;ntimo santuario. Aprend&iacute;a con Tasso a
+sentirme miserable y sublime; sab&iacute;a lo que Manfredo iba a buscar a las
+heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad
+terrestre de la cual yo hab&iacute;a gozado, de la vida y del amor, que hab&iacute;an
+concluido para m&iacute;. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi hero&iacute;na y mi
+ideal.</p>
+
+<p>Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poes&iacute;a que hay en no
+ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa
+bienhechora y en un renunciamiento sublime, me parec&iacute;a la vocaci&oacute;n
+claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera
+podido llevar, yo tambi&eacute;n, los blancos velos de la virgen griega, cuyos
+pliegues noblemente dispuestos habr&iacute;an convenido tan bien a mi cuerpo de
+ni&ntilde;a desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habr&iacute;a sido completa.</p>
+
+<p>A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos a&ntilde;os una criatura
+intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con
+impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando
+algo me desagradaba.</p>
+
+<p>A pesar de todo eso, o quiz&aacute; a causa de eso mismo, todos me mimaban, y
+mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un ni&ntilde;o, ten&iacute;a
+fuerza de ley en toda la casa.</p>
+
+<p>A los quince a&ntilde;os era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba
+de vez en cuando alg&uacute;n joven campesino galante que me dijera que yo era
+muy bonita, mucho m&aacute;s bonita que todas las otras, y que Marta en
+particular.</p>
+
+<p>Eso me chocaba, pues todav&iacute;a la vanidad no ten&iacute;a cabida en m&iacute;.</p>
+
+<p>En esa &eacute;poca so&ntilde;&eacute; una noche que Marta hab&iacute;a muerto. Cuando me despert&eacute;,
+mi almohada estaba inundada de l&aacute;grimas; en todo el d&iacute;a no hice m&aacute;s que
+ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me parec&iacute;a que
+ten&iacute;a sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de la comida Marta se hab&iacute;a recostado por un rato en el canap&eacute;,
+otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entr&eacute; en la habitaci&oacute;n en ese
+momento, y vi sobre el brazo del sof&aacute; su rostro, p&aacute;lido como la cera,
+con los ojos cerrados, qued&eacute; como si me hubiera herido un rayo.</p>
+
+<p>Cre&iacute; ver en realidad su cad&aacute;ver ante mis ojos.</p>
+
+<p>Ca&iacute; de rodillas delante del canap&eacute; y le cubr&iacute; de besos la boca y la
+frente. Su rostro se transfigur&oacute;, abri&oacute; los ojos y me contempl&oacute; como si
+viera una visi&oacute;n; pero luego que volvi&oacute; en s&iacute;, sus facciones
+readquirieron su expresi&oacute;n de gravedad y de tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, vaya! &iquest;Qu&eacute; tienes, hijita?&mdash;dijo.&mdash;Estas no son cosas que haces
+todos los d&iacute;as.</p>
+
+<p>Me rechaz&oacute; suavemente, y tambi&eacute;n esta vez permanec&iacute; parada, abandonada a
+m&iacute; misma, con el coraz&oacute;n desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me
+llam&oacute; y murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Te quiero mucho, hermanita.</p>
+
+<p>La noche de ese mismo d&iacute;a not&eacute; en cierto momento que parec&iacute;a sonre&iacute;rse
+interiormente. Pap&aacute; tambi&eacute;n lo not&oacute;, porque aquello no era usual, y,
+tom&aacute;ndole la cabeza con las manos, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te ha ocurrido, Martita? &iexcl;Est&aacute;s hoy fresca como una flor!</p>
+
+<p>Marta se ruboriz&oacute; hasta la ra&iacute;z de los cabellos, pero yo le tom&eacute; la mano
+a hurtadillas por debajo de la mesa, dici&eacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya sabemos lo que nos hace tan felices!</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana, cuando tom&aacute;bamos nuestro caf&eacute;, pap&aacute;
+entr&oacute; con una carta abierta en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido&mdash;dijo
+ri&eacute;ndose.&mdash;&iexcl;Adivinen c&oacute;mo se llama!</p>
+
+<p>Y dicho esto, mir&oacute; a Marta de reojo con expresi&oacute;n un tanto c&oacute;mica. Me
+pareci&oacute; que ella se pon&iacute;a m&aacute;s p&aacute;lida que de costumbre y la taza que
+ten&iacute;a en la mano tembl&oacute; perceptiblemente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esa ave ha venido ya alguna vez?&mdash;pregunt&oacute; lentamente y en voz baja,
+sin alzar los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya si ha venido!&mdash;dijo pap&aacute; sin dejar de re&iacute;rse.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, es... Roberto Hellinger&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Y exhal&oacute; un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir
+aquello.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mil truenos! &iexcl;Adivinas bien, chicuela!&mdash;dijo pap&aacute; amenaz&aacute;ndola con el
+dedo.</p>
+
+<p>Ella nada contest&oacute;, y con su paso lento y cansado se dirigi&oacute; hacia la
+puerta; en toda la tarde nadie la volvi&oacute; a ver.</p>
+
+<p>Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su
+imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era
+como para llenar de ensue&ntilde;os ardientes una rom&aacute;ntica cabeza de quince
+a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Pero la actitud de Marta me hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, desde muy temprano, la o&iacute; ir y venir a pasos
+precipitados, en el piso superior, por los cuartos de hu&eacute;spedes.</p>
+
+<p>Fui a buscarla, pues ten&iacute;a curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas
+habitaciones habitualmente cerradas.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas,
+y en chanclas, corr&iacute;a en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se
+cog&iacute;a el rostro con ambas manos y se re&iacute;a sola con una risa tan extra&ntilde;a,
+que no se sab&iacute;a si era llanto.</p>
+
+<p>Cuando le pregunt&eacute;: &laquo;&iquest;Qu&eacute; haces ah&iacute;, Marta?&raquo; se estremeci&oacute;, me mir&oacute; muy
+confusa y s&oacute;lo entonces pareci&oacute; darse cuenta del lugar en que se
+encontraba.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ves: preparo las camas&mdash;balbuci&oacute; al cabo de un instante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qui&eacute;n?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso no sabes que esperamos una visita?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?&mdash;repliqu&eacute;,
+encogi&eacute;ndome ligeramente de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no hab&iacute;a de regocijarme? Es nuestro primo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y nada m&aacute;s?&mdash;dije yo amenaz&aacute;ndola con el dedo, como lo hab&iacute;a visto
+hacer la v&iacute;spera a pap&aacute;.</p>
+
+<p>Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigi&oacute; con sus
+grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sent&iacute; que la
+sangre me aflu&iacute;a, ardiente, al rostro. Volv&iacute; la cara a un lado, y como
+ya no pod&iacute;a seguir representando el papel de mujer superior, me dirig&iacute; a
+la puerta.</p>
+
+<p>A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qu&eacute; pensar. Me
+parec&iacute;a evidente que &eacute;l y Marta se amaban, y sobrecogida por la
+vibraci&oacute;n misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los
+semini&ntilde;os de mi edad, comenc&eacute; a representarme la manera c&oacute;mo hab&iacute;a
+podido nacer ese amor.</p>
+
+<p>Corr&iacute;a a trav&eacute;s de los bosquecillos silvestres del parque y me dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; es donde se han paseado secretamente.</p>
+
+<p>Me deslizaba en la sombra de los follajes y me dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; es donde se han dado cita.</p>
+
+<p>Me dejaba caer en los bancos de c&eacute;sped h&uacute;medo y me dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; es donde han cambiado dulces palabras.</p>
+
+<p>El jard&iacute;n entero, la casa, el patio y todo lo que conoc&iacute;a desde que
+hab&iacute;a venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se
+difund&iacute;a por todas partes con un reflejo purp&uacute;reo. Una vida maravillosa
+parec&iacute;a haber surgido all&iacute;. Me hab&iacute;a sumergido de tal modo en esas
+imaginaciones, que conclu&iacute;a por creer que era yo quien hab&iacute;a vivido ese
+amor. Cuando volv&iacute; a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como
+si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no
+debiera adivinarlo.</p>
+
+<p>Pero, cuando, a la ma&ntilde;ana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta
+hab&iacute;a realmente vivido todo lo que yo no hac&iacute;a m&aacute;s que so&ntilde;ar, eso me
+turb&oacute; por completo, y desde un rinc&oacute;n obscuro, la examin&eacute; sin
+interrupci&oacute;n, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que
+perteneciera a otro mundo.</p>
+
+<p>Me fij&eacute; en que cada cinco minutos sal&iacute;a al terrado, desde donde se pod&iacute;a
+ver la puerta de entrada, pero entonces me guard&eacute; muy bien de dirigirle
+preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una c&oacute;mplice.</p>
+
+<p>Era un d&iacute;a claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el
+llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados
+temblaban silenciosos en el aire; el r&iacute;o llevaba un manto de vapor, una
+paz religiosa se cern&iacute;a sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues
+jam&aacute;s pod&iacute;a encontrar suficiente soledad para so&ntilde;ar a mis anchas. En las
+ramas de los &aacute;lamos se o&iacute;a ya el roce de las hojas amarillentas, y los
+helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas
+pueden tenerse en pie.</p>
+
+<p>&mdash;Me entristec&iacute;: &laquo;La Naturaleza entera va a morir&mdash;dije;&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Si se
+pudiera morir con ella!&raquo;</p>
+
+<p>Entonces me acord&eacute; de todas las burlas que hab&iacute;a le&iacute;do u o&iacute;do sobre las
+impresiones sentimentales del oto&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; odiosas son esas bromas&mdash;me dije.&mdash;Pero de m&iacute; nadie se burlar&aacute;;
+sabr&eacute; esconderme y sabr&eacute; ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que
+pasa dentro de m&iacute;; y bien se me puede considerar como una muchacha fr&iacute;a
+y sin coraz&oacute;n, con tal de que sepa yo que este coraz&oacute;n palpita lleno de
+ardor y de amor por la humanidad.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, aquel fue un d&iacute;a henchido de encanto, d&iacute;a admirable; y dar&iacute;a con
+gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a &eacute;l.</p>
+
+<p>Y la noche... la veo todav&iacute;a como si fuera hoy. Las ventanas estaban
+abiertas, los tallos flexibles de la vi&ntilde;a virgen se mec&iacute;an con el
+viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas
+y de sables llegaban hasta mis o&iacute;dos. Nada pod&iacute;a ver, pues la obscuridad
+lo cubr&iacute;a todo, pero yo sab&iacute;a que era una tropa de cosacos que recorr&iacute;a
+la frontera.</p>
+
+<p>Entonces cerr&eacute; los ojos y so&ntilde;&eacute;: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza
+viene el hijo del Rey, rubio y magn&iacute;fico, sobre su blanco palafr&eacute;n. Yo
+soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansi&oacute;n;
+el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca,
+que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo m&aacute;s selecto
+de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi
+padre.</p>
+
+<p>Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de
+primog&eacute;nita, no le corresponde la primac&iacute;a. Pero, para consolarme, me
+digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ning&uacute;n Pr&iacute;ncipe.</p>
+
+<p>Y me figuro entonces lo que dar&eacute; a todos los m&iacute;os cuando haya subido al
+trono: a Marta, un espl&eacute;ndido aderezo; a pap&aacute;, un cofre de hierro lleno
+de oro; a mam&aacute;, una gran caja de pi&ntilde;as azucaradas.</p>
+
+<p>El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con &eacute;l mi sue&ntilde;o.</p>
+
+<p class="top5">Roberto lleg&oacute; al d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<p>En el momento en que el carruaje que lo conduc&iacute;a, rod&oacute; bajo el port&oacute;n,
+Marta estaba al lado del fog&oacute;n. Corr&iacute; a buscarla y le susurr&eacute; en el
+o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, creo que ah&iacute; est&aacute;.</p>
+
+<p>Pero ella me demostr&oacute; en seguida que yo no era su confidente: me mir&oacute; un
+instante fijamente y me pregunt&oacute;, como si su esp&iacute;ritu estuviera lejos:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n quieres hablar?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n? Pues del primo, naturalmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; me dices eso tan misteriosamente?</p>
+
+<p>Y como al o&iacute;r eso me encog&iacute; de hombros, ella tom&oacute; la espumadera que
+hab&iacute;a dejado caer y volvi&oacute; a su tarea.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y esa es toda la alegr&iacute;a que sientes?&mdash;continu&eacute;, encogiendo el labio
+con expresi&oacute;n despreciativa.</p>
+
+<p>Pero ella me apart&oacute; con la mano izquierda, con una brusquedad
+inacostumbrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vete, chiquilla, te lo ruego!</p>
+
+<p>Y he ah&iacute; c&oacute;mo yo recib&iacute; al primo Roberto en su lugar.</p>
+
+<p>En el instante en que sal&iacute; al terrado, &eacute;l bajaba del carruaje.</p>
+
+<p>&laquo;No es mucho mejor que pap&aacute;,&raquo; fue mi primer pensamiento. Era alto, de
+estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno,
+con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una
+de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;No falta m&aacute;s que la yugular,&raquo;&mdash;pens&eacute; para mis adentros.</p>
+
+<p>De un salto salv&oacute; varios escalones y ri&eacute;ndose vino a m&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola! &iexcl;Buenos d&iacute;as, Marta!&mdash;grit&oacute;.</p>
+
+<p>Luego, de improviso, se estremeci&oacute;, me mir&oacute; de los pies a la cabeza y se
+qued&oacute; como petrificado en medio de la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo no me llamo Marta, sino Olga!&mdash;dije un poco humillada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya me lo dec&iacute;a yo!...&mdash;exclam&oacute; sacudi&eacute;ndose, y, adelant&aacute;ndose hacia
+m&iacute;, me alarg&oacute; una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y
+agrietada.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Qu&eacute; palurdo!&raquo;&mdash;me dije mentalmente.</p>
+
+<p>Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examin&oacute; nuevamente.</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a eras una peque&ntilde;uela, cuando sal&iacute; de aqu&iacute;, y me parece
+verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iquest;Yo, parecerme a Marta?&mdash;pens&eacute;&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo me habr&eacute; parecido a Marta?&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Pero no&mdash;continu&oacute;,&mdash;ella no era tan alta, sus cabellos eran m&aacute;s
+claros, no ten&iacute;a esa expresi&oacute;n tan altiva, y... no miraba con ojos tan
+severos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Dios del Cielo!&mdash;me dije.&mdash;&iquest;Acaso nunca has visto los ojos de
+Marta?</p>
+
+<p>En ese instante se abri&oacute; muy suavemente la puerta de la cocina, y por la
+abertura, no m&aacute;s ancha que la mano, ella se escurri&oacute; en la habitaci&oacute;n.
+No se hab&iacute;a quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como &eacute;l, y
+los labios le temblaban.</p>
+
+<p>&mdash;Bienvenido seas, Roberto&mdash;le dijo t&iacute;midamente por detr&aacute;s, pues &eacute;l se
+hab&iacute;a vuelto hacia m&iacute;.</p>
+
+<p>Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y
+entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento,
+sin articular una s&iacute;laba.</p>
+
+<p>Yo temblaba; hac&iacute;a dos d&iacute;as que acechaba ese momento, y he ah&iacute; que el
+resultado burlaba lastimosamente mi espera.</p>
+
+<p>Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese
+mismo beso no me gust&oacute;; a m&iacute; no me habr&iacute;a besado de otra manera.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero ni siquiera lo ha hecho&mdash;agregu&eacute; para mis adentros.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s permanecieron nuevamente inm&oacute;viles y silenciosos. Mi coraz&oacute;n
+lat&iacute;a con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos
+manos.</p>
+
+<p>Al fin, Marta le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No quieres sentarte, Roberto?</p>
+
+<p>&Eacute;l hizo un adem&aacute;n de asentimiento y se dej&oacute; caer en un rinc&oacute;n del sof&aacute;
+que cruji&oacute; bajo su peso. Continuaba mir&aacute;ndola incesantemente; al cabo de
+un largo rato, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mucho has cambiado, Marta!</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esto me pareci&oacute; que me daban una bofetada.</p>
+
+<p>Una sonrisa de una tristeza indecible roz&oacute; los labios de Marta:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo.&mdash;&iexcl;Mucho debo haber cambiado!</p>
+
+<p>Nuevo silencio. Se habr&iacute;a dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para
+encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es que jam&aacute;s he sabido que estabas enferma?&mdash;concluy&oacute; por decir.</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;&mdash;replic&oacute; ella con una dulzura en que se descubr&iacute;a un poco de
+amargura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No pod&iacute;as escrib&iacute;rmelo?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;acaso nos escribimos?</p>
+
+<p>Roberto empuj&oacute; con irritaci&oacute;n el pie de la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero cuando uno no est&aacute; bien... entonces... entonces...</p>
+
+<p>No supo decir m&aacute;s.</p>
+
+<p>Yo apret&eacute; los pu&ntilde;os: &iexcl;habr&iacute;a sabido concluir tan bien la frase por &eacute;l!</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; sabes&mdash;dijo Marta,&mdash;que el enfermo es siempre el &uacute;ltimo en saber
+que no est&aacute; bien.</p>
+
+<p>&mdash;Yo cre&iacute;a que &eacute;l deb&iacute;a saberlo mejor que nadie.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso?</p>
+
+<p>Esta vez Marta habl&oacute; sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que
+le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me part&iacute;a el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Marta!&mdash;gritaba una voz dentro de m&iacute;.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me has rechazado?</p>
+
+<p>En eso ella solt&oacute; una risa breve y pregunt&oacute; a Roberto c&oacute;mo estaban en su
+casa, y lo que hac&iacute;an mi t&iacute;o y mi t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi t&iacute;o y mi t&iacute;a&mdash;dijo
+mirando en su derredor hasta en los rincones.</p>
+
+<p>Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprim&iacute;a, que
+al verlos buscar por el cuarto tan c&oacute;micamente, prorrump&iacute; en una risa
+estrepitosa.</p>
+
+<p>Ambos se volvieron hacia m&iacute;, sorprendidos, como si s&oacute;lo entonces notaran
+mi presencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; dices de nuestra Olguita?&mdash;pregunt&oacute; Marta, tom&aacute;ndome por la
+mano con adem&aacute;n maternal.&mdash;&iquest;Te gusta?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora un poco m&aacute;s&mdash;dijo examin&aacute;ndome.&mdash;Antes me pareci&oacute; demasiado
+ense&ntilde;orada.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, no pod&iacute;a saltarte al cuello en seguida&mdash;repliqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no?&mdash;repuso con una sonrisa.&mdash;&iquest;Crees que no habr&iacute;a habido
+bastante lugar para ti?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;dije, para que supiera de una vez c&oacute;mo hab&iacute;a que tratarme.&mdash;Ese no
+es mi lugar.</p>
+
+<p>Entonces me mir&oacute; muy azorado, y dijo meneando la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;spita! La chiquilla es mordaz.</p>
+
+<p>Yo iba a replicar, pero pap&aacute; entr&oacute;.</p>
+
+<p>En la mesa no los perd&iacute; de vista, pero nada sospechoso hubo que
+observar; apenas si cambiaron algunas miradas.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s tarde, cuando nuestros padres duerman&mdash;me dije,&mdash;tratar&aacute;n de
+escaparse.&mdash;Pero me equivoqu&eacute;. Se quedaron tranquilamente en la sala y
+ni una sola vez trataron de alejarme. &Eacute;l fumaba, sentado en un rinc&oacute;n
+del canap&eacute;; ella estaba sentada cinco pasos m&aacute;s all&aacute;, junto a la
+ventana, con su bordado.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute; son demasiado t&iacute;midos&mdash;me dije,&mdash;y esperan que la ocasi&oacute;n se
+presente sola.&mdash;Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de
+lugar, y sal&iacute; de la habitaci&oacute;n. Luego, con el coraz&oacute;n palpitante, esper&eacute;
+media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de
+atreverme a volver.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;me dije,&mdash;&eacute;l se le acercar&aacute;, le tomar&aacute; la mano y la mirar&aacute; por
+largo rato en los ojos. &iquest;Me amas siempre?&mdash;le preguntar&aacute;,&mdash;y ella,
+ruboriz&aacute;ndose, con una mirada h&uacute;meda, se dejar&aacute; caer sobre su pecho.</p>
+
+<p>Cerr&eacute; los ojos y suspir&eacute;. Las sienes me palpitaban, me sent&iacute;a cada vez
+m&aacute;s embriagada por las im&aacute;genes que me representaba y me figuraba su
+continuaci&oacute;n; lo ve&iacute;a caer de rodillas delante de ella, y, con miradas
+ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad.</p>
+
+<p>Me sab&iacute;a de memoria lo que &eacute;l le dec&iacute;a en ese momento, y no menos bien
+lo que ella le contestaba: habr&iacute;a podido soplarle las palabras.</p>
+
+<p>Cuando pas&oacute; la media hora, me consult&eacute; para saber si les otorgar&iacute;a
+todav&iacute;a algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta
+calidad, les acord&eacute; graciosamente mi protecci&oacute;n, con una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ojal&aacute; puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!&mdash;pens&eacute;, y
+resolv&iacute; ir todav&iacute;a a dar una vuelta por el jard&iacute;n. Pero la curiosidad me
+dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volv&iacute; sobre mis pasos.</p>
+
+<p>Me acerqu&eacute; sin ruido hasta la puerta, pero apenas hall&eacute; el valor
+necesario para dar vuelta al bot&oacute;n: la idea de lo que iba a presenciar
+me oprim&iacute;a el pecho hasta ahogarme.</p>
+
+<p>&iquest;Y qu&eacute; fue lo que vi?</p>
+
+<p>Roberto estaba todav&iacute;a sentado, como yo lo hab&iacute;a dejado, en una esquina
+del canap&eacute;; hab&iacute;a fumado su cigarro, del que no le quedaba ya m&aacute;s que la
+punta entre los dedos, y el bordado de Marta conten&iacute;a una flor que antes
+no exist&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; te encoges de hombros con adem&aacute;n tan despreciativo?&mdash;me
+pregunt&oacute; Marta.</p>
+
+<p>Y Roberto agreg&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Parece que no tengo la aprobaci&oacute;n de la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos&mdash;me
+dije, y sal&iacute; golpeando violentamente la puerta detr&aacute;s de m&iacute;.</p>
+
+<p>Toda esa noche, loca de m&iacute;, me la pas&eacute; despierta hasta el amanecer,
+represent&aacute;ndome la manera c&oacute;mo yo, Olga Bremer, habr&iacute;a procedido en el
+lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; sent&iacute;a,
+hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el
+murmullo apasionado de un amor ardiente, desde&ntilde;oso del mundo entero.</p>
+
+<p>Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, invent&eacute;
+un mont&oacute;n de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la
+frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldici&oacute;n
+paternal, fuga, y, por fin, muerte com&uacute;n en las aguas, pues un verdadero
+amor no me parec&iacute;a dignamente sellado y concluido sino por la muerte.</p>
+
+<p>Cuando me levant&eacute;, al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana, ten&iacute;a zumbidos en la
+cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas.</p>
+
+<p>Al ver mi semblante, Marta junt&oacute; las manos por encima de su cabeza, y
+Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sof&aacute;, envuelto
+nuevamente en nubes de humo, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has pasado la noche llorando o bailando?</p>
+
+<p>&mdash;Bailando&mdash;repliqu&eacute;,&mdash;en el Brocken con otras brujas.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,&mdash;dijo
+moviendo la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;A preguntas necias...&mdash;repliqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya! no volver&eacute; a abrir la boca&mdash;dijo ri&eacute;ndose;&mdash;de lo contrario se
+me servir&iacute;a desde por la ma&ntilde;ana un plato de necedades como en mi vida he
+comido.</p>
+
+<p>Marta me dirigi&oacute; una mirada de reproche. Yo hu&iacute; al fondo del parque, al
+lugar m&aacute;s sombreado, y ocult&eacute; mi encendida cara entre el fresco follaje.</p>
+
+<p>Poco me faltaba para llorar.</p>
+
+<p>&mdash;He ah&iacute;, pues, mi destino&mdash;me dec&iacute;a:&mdash;desconocida por todo el mundo,
+aislada y desde&ntilde;ada con mi coraz&oacute;n ardiente de amor, marchit&aacute;ndome en mi
+rinc&oacute;n sin que nadie me solicite, mientras que en torno m&iacute;o todo se
+entrelaza y satisface su pasi&oacute;n en ardientes besos.</p>
+
+<p>S&iacute;, en sue&ntilde;o, hab&iacute;a substituido tan bien a Marta en su amor, que hab&iacute;a
+llegado a tomarme por la hero&iacute;na: el desencanto no pod&iacute;a hacerse
+esperar.</p>
+
+<p>&iexcl;Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, m&aacute;s tarde, seguir
+los vuelos de mi imaginaci&oacute;n! pero mientras m&aacute;s tiempo Roberto
+permanec&iacute;a entre nosotros, m&aacute;s observaba las relaciones de Marta con &eacute;l,
+y m&aacute;s me convenc&iacute;a de que el inter&eacute;s que yo les prodigaba, se perd&iacute;a
+totalmente.</p>
+
+<p>Ella, encarnaci&oacute;n de la ama de casa, fr&iacute;a y t&iacute;mida, sometida a todas las
+fatalidades de la existencia cuotidiana; &eacute;l, encarnaci&oacute;n del
+propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasi&oacute;n. Discurr&iacute;a en esta
+forma, mientras mi coraz&oacute;n estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo
+pasaba inadvertida y era in&uacute;til. Entonces ocurri&oacute; un incidente que no
+s&oacute;lo suaviz&oacute; mi humor, sino que hasta modific&oacute; sensiblemente mi juicio
+sobre nuestro primo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Hac&iacute;a cuatro d&iacute;as que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de
+improviso y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Olguita, quisiera pedirte algo; &iquest;no vendr&iacute;as a hacer un paseo a
+caballo conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; honor!&mdash;repliqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no hay que volver a empezar en ese tono&mdash;dijo con una risa en la
+cual se notaba algo de enfado.&mdash;Tratemos de ser buenos camaradas por
+media hora, &iquest;quieres?</p>
+
+<p>Su ingenua franqueza me agrad&oacute;: dije que s&iacute;.</p>
+
+<p>Cuando nuestros caballos pasaron el port&oacute;n, Marta estaba en la ventana
+de la cocina y nos hizo se&ntilde;as con su delantal blanco.</p>
+
+<p>&mdash;Ves, Marta&mdash;dije para mis adentros,&mdash;as&iacute; es c&oacute;mo me ir&iacute;a con &eacute;l a
+trav&eacute;s del vasto mundo, si fuera su querida.</p>
+
+<p>Yo no ten&iacute;a entonces m&aacute;s que una noci&oacute;n bastante confusa de lo que es
+una &laquo;querida&raquo; y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad.</p>
+
+<p>&mdash;Monta bien&mdash;pens&eacute; en seguida;&mdash;mi &laquo;hijo del rey&raquo; no ser&iacute;a mejor
+jinete.</p>
+
+<p>Y entonces me sorprend&iacute; al ver que me hab&iacute;a erguido, orgullosa y alegre,
+en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me
+hac&iacute;a correr un estremecimiento por todo el cuerpo.</p>
+
+<p>Roberto nada dec&iacute;a, pero con frecuencia se inclinaba hacia m&iacute; y me hac&iacute;a
+una se&ntilde;a amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto
+cada cinco minutos: trabajo in&uacute;til, pues nada estaba m&aacute;s lejos de mi
+imaginaci&oacute;n que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media
+hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Bueno, chiquilla?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay, &laquo;grande&raquo;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Regresamos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no!</p>
+
+<p>No estaba dispuesta a renunciar tan f&aacute;cilmente a lo que me llenaba de
+una satisfacci&oacute;n tan completa.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iexcl;al bosque de Illowo!&mdash;dijo &eacute;l se&ntilde;alando la mancha azulada
+que cerraba el horizonte a lo lejos.</p>
+
+<p>Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que &eacute;ste se
+irgui&oacute; y parti&oacute; dando saltos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo, por la chica de quince a&ntilde;os!&mdash;grit&oacute; &eacute;l detr&aacute;s de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dispense, diecis&eacute;is!&mdash;repliqu&eacute;, volvi&eacute;ndome a medias hacia &eacute;l.&mdash;Por
+otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, &iexcl;se acab&oacute;
+nuestra camarader&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En nombre del Cielo!&mdash;dijo &eacute;l ri&eacute;ndose.</p>
+
+<p>Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra.</p>
+
+<p>El bosque de Illowo est&aacute; dividido por una peque&ntilde;a corriente de agua,
+cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de
+los &aacute;lamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por
+encima del espejo obscuro de las aguas una alta b&oacute;veda de verdura que, a
+cada desv&iacute;o del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a
+formarse inmediatamente despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Bajo esa b&oacute;veda, junto al borde del agua, conoc&iacute;a desde mi infancia m&aacute;s
+de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o so&ntilde;ando,
+mientras mi caballo, un poco m&aacute;s arriba, pac&iacute;a tranquilamente en el
+bosque.</p>
+
+<p>Y como esta vez &iacute;bamos lentamente, por entre los troncos de &aacute;rbol, se me
+ocurri&oacute; hacerle conocer uno de mis retiros.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero bajar&mdash;le grit&eacute;,&mdash;ven a ayudarme a echar pie a tierra.</p>
+
+<p>De un salto baj&oacute; de su caballo e hizo lo que yo le ped&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres hacer?&mdash;me pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Vas a verlo&mdash;dije,&mdash;pero primero suelta los caballos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No faltaba m&aacute;s!&mdash;dijo Roberto ri&eacute;ndose.&mdash;Me haces el efecto de quien
+quiere coger las liebres poni&eacute;ndoles un grano de sal bajo la cola.</p>
+
+<p>E hizo adem&aacute;n de atar las riendas a un tronco de &aacute;rbol.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Su&eacute;ltalos!&mdash;orden&eacute;.</p>
+
+<p>Y como &eacute;l no obedec&iacute;a castigu&eacute; a los caballos con mi varilla: antes que
+&eacute;l hubiera pensado en sostener m&aacute;s fuertemente las bridas, los caballos
+galopaban ya libremente en el bosque.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ahora?&mdash;dijo mi primo poni&eacute;ndose las manos en los bolsillos.&mdash;&iquest;Te
+imaginas que van a dejarse coger otra vez?</p>
+
+<p>&mdash;Por ti, no&mdash;respond&iacute; ri&eacute;ndome, pues estaba segura de mis favoritos.</p>
+
+<p>Y cuando al o&iacute;r un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde
+lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus
+hocicos, esperando una caricia, mi coraz&oacute;n se dilat&oacute;: me sent&iacute;a
+orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de
+raz&oacute;n, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y
+alc&eacute; hacia Roberto una mirada triunfante: ahora &eacute;l deb&iacute;a saber qui&eacute;n era
+yo y qu&eacute; pretend&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero vi muy bien que todav&iacute;a yo no le impon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maravilloso, chica!&mdash;dijo &eacute;l, y nada m&aacute;s.</p>
+
+<p>En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recost&oacute;
+perezosamente en el c&eacute;sped. Los rayos de sol que pasaban a trav&eacute;s de las
+ramas, reluc&iacute;an en su barba: me pareci&oacute; un gigante en reposo, semejante
+a los que nos pintan las leyendas del Norte.</p>
+
+<p>Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis
+visiones rom&aacute;nticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que
+volv&iacute; a caer repentina y bruscamente en la prosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero no nos vamos a quedar aqu&iacute;, mi se&ntilde;or primo!</p>
+
+<p>&mdash;No seas loca, chiquilla&mdash;dijo &eacute;l cerrando los ojos.&mdash;Haz como yo,
+vamos a dormir.</p>
+
+<p>Tuve un impulso de alegr&iacute;a, y, acerc&aacute;ndomele, lo cog&iacute; por el cuello y lo
+sacud&iacute; fuertemente.</p>
+
+<p>Quiso asir mi vestido, pero yo me escap&eacute;, lo que le hizo levantarse
+vivamente para correr tras de m&iacute;.</p>
+
+<p>Entonces, tranquilamente me adelant&eacute; hacia &eacute;l y le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora, ven.</p>
+
+<p>Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente
+escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un
+espejo obscuro. All&iacute;, los &aacute;rboles de anchas hojas y toda clase de
+plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una
+cuna natural, donde hab&iacute;a sombra aun en pleno mediod&iacute;a.</p>
+
+<p>All&iacute; fue donde le hice entrar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mil truenos! He aqu&iacute; un lindo rinc&oacute;n, chica&mdash;dijo &eacute;l al mismo tiempo
+que se extend&iacute;a c&oacute;modamente sobre la piedra, tanto que sus pies ca&iacute;an
+casi al nivel del agua.</p>
+
+<p>&mdash;Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos.</p>
+
+<p>Lo obedec&iacute;, pero me sent&eacute; de manera que mi mirada pudiera dominarlo.</p>
+
+<p>&Eacute;l fing&iacute;a dormir, y de cuando en cuando, por entre sus p&aacute;rpados medio
+cerrados, alzaba los ojos hacia m&iacute;.</p>
+
+<p>De repente se me ocurri&oacute; esta idea:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Si fueras Marta, qu&eacute; har&iacute;as en este momento?&raquo;</p>
+
+<p>Y un pavor tal se apoder&oacute; de m&iacute;, que la sangre me subi&oacute; hirviente a la
+cara.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eres miedosa, chiquilla?&mdash;me pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>Yo sacud&iacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, ven.</p>
+
+<p>&mdash;Ya estoy a tu lado.</p>
+
+<p>&mdash;Ponte all&iacute;, delante de m&iacute;.</p>
+
+<p>Hice lo que me ped&iacute;a: mis pies tocaban casi el borde de la piedra.</p>
+
+<p>De pronto, se levant&oacute;, me asi&oacute;, r&aacute;pido como el rayo, por la cintura, y
+en el mismo instante me sent&iacute; suspendida sobre el agua.</p>
+
+<p>Lo mir&eacute; ri&eacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo!... &iexcl;C&oacute;mo!...&mdash;dijo.&mdash;&iexcl;No hay de qu&eacute; re&iacute;rse! Si te dejara
+caer...</p>
+
+<p>&mdash;Me ahogar&iacute;a... Pues bien, &iexcl;d&eacute;jame caer!</p>
+
+<p>&mdash;No. Antes quiero que me confieses algo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no puedes sufrirme?</p>
+
+<p>Respir&eacute; profundamente. Al mismo tiempo sent&iacute; que las suelas de mis
+botines tocaban ya la superficie del agua: &eacute;l no pod&iacute;a dejarme caer m&aacute;s.
+Una deliciosa sensaci&oacute;n de desfallecimiento me invadi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo puedo sufrirte&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; entonces me contestas siempre de tan mala manera?</p>
+
+<p>&mdash;Porque soy una muchacha mal criada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Enhorabuena!&mdash;dijo &eacute;l, ri&eacute;ndose.</p>
+
+<p>Y, con un movimiento brusco, me alz&oacute; como una pluma: yo me volv&iacute; a
+encontrar de pie sobre la piedra.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora si&eacute;ntate; vamos a conversar seriamente.</p>
+
+<p>Me tom&oacute; la mano y continu&oacute;:</p>
+
+<p>Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en
+ejercitar mi esp&iacute;ritu. T&uacute;, con tu vivacidad, me ganas f&aacute;cilmente; por
+eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. T&uacute; no lo haces con mala
+intenci&oacute;n, bien lo s&eacute;, pues en nuestra familia no se conoce la maldad;
+pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce a&ntilde;os m&aacute;s que t&uacute;, t&uacute;
+eres todav&iacute;a una chiquilla, o poco menos... &iquest;Tengo raz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n...&mdash;respond&iacute; humildemente.</p>
+
+<p>Y me preguntaba aparte lo que se hab&iacute;a hecho mi altivez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;, pues, proced&iacute;as as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Porque quer&iacute;a agradarte.</p>
+
+<p>Y exhal&eacute; un profundo suspiro.</p>
+
+<p>&Eacute;l me mir&oacute; en los ojos con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;Porque quer&iacute;a mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza
+muy a plomo, que yo...</p>
+
+<p>Me detuve muy confusa. Roberto se mord&iacute;a la barba y miraba frente a &eacute;l,
+pensativo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miren eso!&mdash;dijo.&mdash;Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el
+mal lado. &iexcl;Qu&eacute; suerte que haya seguido el consejo de Marta!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De Marta? &iquest;Qu&eacute; consejo te ha dado?</p>
+
+<p>&mdash;T&oacute;mala aparte, uno de estos d&iacute;as&mdash;me ha dicho,&mdash;y expl&iacute;cate con ella.
+Cuando Olga no quiere a algui&eacute;n, lo aborrece, y me dar&iacute;a mucha pena que
+no te tuviera cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Marta ha dicho eso?&mdash;exclam&eacute;, y las l&aacute;grimas me asomaron a los
+ojos.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; coraz&oacute;n, qu&eacute; coraz&oacute;n de oro!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ha dicho eso y muchas otras cosas m&aacute;s para explicar tu
+temperamento y excusarte. Y como amo a Marta...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La amas?&mdash;dije, interrumpi&eacute;ndolo, &aacute;vida de saber m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, profundamente&mdash;respondi&oacute; &eacute;l pensativo, con los ojos fijos en el
+agua que corr&iacute;a a sus pies.</p>
+
+<p>Mi coraz&oacute;n lat&iacute;a tan precipitadamente, que apenas pod&iacute;a respirar. &iexcl;As&iacute;,
+pues, &eacute;l me tomaba por confidente, me convert&iacute;a en su aliada! Habr&iacute;a
+querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me sent&iacute;a
+hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Y... &iquest;ella lo sabe?</p>
+
+<p>&mdash;Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?...&mdash;balbuc&iacute;.&mdash;&iquest;T&uacute; no... no... se lo has dicho?</p>
+
+<p>Roberto sacudi&oacute; tristemente la cabeza.</p>
+
+<p>Yo ca&iacute; desde lo alto de las nubes. &iexcl;De modo que los bosquecillos de
+nuestro jard&iacute;n nunca hab&iacute;an prestado su abrigo a dos enamorados; la
+luna, que brillaba por entre las ramas, nunca hab&iacute;a sido testigo de
+besos clandestinos! &iexcl;Puras quimeras todas mis imaginaciones!</p>
+
+<p>Pero, en medio de mi desilusi&oacute;n, sent&iacute;a una profunda compasi&oacute;n por ese
+gigante, que, sin m&aacute;s fuerzas que un ni&ntilde;o, buscaba amparo en m&iacute;. Me jur&eacute;
+que su confianza en m&iacute; no ser&iacute;a vana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; has guardado silencio?&mdash;insist&iacute;.</p>
+
+<p>Pareci&oacute; que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza;
+sin embargo, dijo con un profundo suspiro:</p>
+
+<p>&mdash;En aquel tiempo, yo era un muchacho t&iacute;mido y no encontraba el valor
+necesario para hablar. &iexcl;En esos primeros a&ntilde;os de locura se siente uno
+tan transportado, si obtiene siquiera un apret&oacute;n de manos a hurtadillas!
+Se figura uno que el mismo matrimonio no podr&aacute; ofrecer un deleite mayor.
+Pero en realidad t&uacute; no puedes comprender eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n sabe?&mdash;repliqu&eacute; en mi inocencia.&mdash;Mucho he le&iacute;do ya sobre eso.</p>
+
+<p>&mdash;En resumen&mdash;prosigui&oacute; &eacute;l,&mdash;yo era entonces m&aacute;s o menos tan ingenuo
+como t&uacute; ahora. Y hoy, &iquest;sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula
+a ella, con cadena indisoluble, y para siempre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Entonces, no quieres vincularte?&mdash;le pregunt&eacute; con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo derecho para ello&mdash;grit&oacute;,&mdash;no tengo derecho. No s&eacute; si podr&eacute;
+hacerla feliz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Francamente... si no lo sabes!...</p>
+
+<p>Encog&iacute; el labio con desprecio y dentro de m&iacute;, llegu&eacute; a esta conclusi&oacute;n:
+&laquo;&iexcl;Entonces, no la ama!&raquo;</p>
+
+<p>Pero &eacute;l, con los ojos chispeantes, se anim&oacute; m&aacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;Compr&eacute;ndeme, ni&ntilde;a. Si eso dependiera de m&iacute;, no pedir&iacute;a m&aacute;s que
+llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con
+las piedras del camino. Pero... &iexcl;oh! &iexcl;esta miseria, esta miseria!</p>
+
+<p>Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me sent&iacute;a realmente
+turbada. Nunca habr&iacute;a cre&iacute;do posible que ese hombre tan tranquilo y
+grave pudiera volverse tan apasionado.</p>
+
+<p>&mdash;Conf&iacute;ame tus tormentos, Roberto&mdash;dije, poni&eacute;ndole la mano en el
+hombro.&mdash;No soy m&aacute;s que una chica, muy sencilla, pero eso desahogar&aacute; tu
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No puedo!&mdash;gimi&oacute;,&mdash;&iexcl;no puedo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Porque ser&iacute;a mortificante... hasta para ti. No puedo decirte m&aacute;s que
+una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jam&aacute;s
+podr&iacute;a resistir al torrente de penas y de tormentos que caer&iacute;a sobre
+ella: se doblar&iacute;a como una fr&aacute;gil ca&ntilde;a al primer soplo de la tormenta.
+&iquest;De qu&eacute; me servir&iacute;a tener que llevarla al cementerio pocos a&ntilde;os despu&eacute;s
+de nuestro matrimonio?</p>
+
+<p>Un helado calofr&iacute;o me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la
+horrible manera en que deb&iacute;a realizarse esa frase, llena de
+presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advert&iacute;rmelo: s&oacute;lo
+experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por dem&aacute;s prosaico para
+mi gusto, un giro tan rom&aacute;ntico como fuera posible. Desgraciadamente no
+hab&iacute;a gran cosa que hacer. Por lo menos asum&iacute; una expresi&oacute;n capaz y
+busqu&eacute; en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o
+los confesores dan ordinariamente como vi&aacute;tico a los amantes
+desgraciados.</p>
+
+<p>Y &eacute;l, como un gran ni&ntilde;o que era, bebi&oacute; esas tontas palabras de consuelo
+con la avidez de un hombre que se muere de sed.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero tendr&aacute; paciencia ella tambi&eacute;n?&mdash;me pregunt&oacute;, y parec&iacute;a perder
+nuevamente el valor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, la tendr&aacute;! &iexcl;Conf&iacute;a plenamente!&mdash;grit&eacute; con arrebato.&mdash;Puesto que
+espera desde hace tanto tiempo, podr&aacute; muy bien tener paciencia uno o dos
+a&ntilde;os m&aacute;s. Ya ver&aacute;s c&oacute;mo se somete de buen grado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y si, aun m&aacute;s tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!&mdash;objet&oacute;
+Roberto.&mdash;&iexcl;Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su
+coraz&oacute;n! &iexcl;No, no hablar&eacute;; antes me arrancar&aacute;n la lengua, no hablar&eacute;!</p>
+
+<p>&mdash;Si no quer&iacute;as hablar, &iquest;para qu&eacute; viniste entonces?</p>
+
+<p>Dios sabe c&oacute;mo ese pensamiento de doble filo vino a mi esp&iacute;ritu de joven
+aturdida. Sent&iacute; confusamente que al pronunciar esas palabras comet&iacute;a un
+acto de crueldad, pero... ya era tarde.</p>
+
+<p>Vi palidecer su rostro, sent&iacute; que su respiraci&oacute;n ardiente se exhalaba en
+un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;Soy un hombre de honor, Olga&mdash;murmur&oacute; entre dientes;&mdash;&iquest;para qu&eacute;
+atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendr&aacute;s una respuesta.
+He venido porque ya no pod&iacute;a vivir sin ella, porque quer&iacute;a beber en sus
+ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y
+porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza
+de que las cosas aqu&iacute; pudieran tomar otro giro, que todo pudiera
+arreglarse para que yo me la llevara conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y las cosas no se arreglan?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!... No preguntes por qu&eacute;. Cont&eacute;ntate con esta respuesta: &iexcl;no!</p>
+
+<p>De repente se inclin&oacute; hacia m&iacute;, se apoder&oacute; de mis manos y me dijo desde
+el fondo del coraz&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Ves, Olga, c&oacute;mo nuestro compa&ntilde;erismo ha tenido mejor resultado que el
+que pod&iacute;amos esperar uno y otro hace media hora. &iquest;Querr&iacute;as asistirme
+fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, te ayudar&eacute;&mdash;respond&iacute;, y al decir esto me sent&iacute; penetrada de la
+solemnidad de mi promesa.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que ya no eres una ni&ntilde;a&mdash;continu&oacute; &eacute;l,&mdash;eres una joven en&eacute;rgica e
+inteligente, y si emprendes algo, no flaquear&aacute;s. &iquest;Quieres velar por
+ella, para que no se desaliente, si todav&iacute;a esta vez me voy sin haber
+hablado? &iquest;Lo quieres?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, velar&eacute;&mdash;repet&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme c&oacute;mo est&aacute;, si
+se siente bien, si sigue animosa? &iquest;Quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Te escribir&eacute;&mdash;volv&iacute; a contestar.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y
+para siempre.</p>
+
+<p>Y me bes&oacute; en los labios...</p>
+
+<p>Cinco minutos despu&eacute;s est&aacute;bamos a caballo, y trot&aacute;bamos r&aacute;pidamente
+hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto han tardado!&mdash;dijo Marta que estaba en el terrado, con su
+delantal blanco, y nos sonre&iacute;a desde lejos.</p>
+
+<p>Cuando la vi, experiment&eacute; el sentimiento de que toda la ternura que yo
+pudiera prodigarle, ser&iacute;a poca. Me precipit&eacute; hacia ella y la bes&eacute;
+impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me parec&iacute;a que as&iacute;
+borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprend&iacute; de sus brazos,
+con el coraz&oacute;n oprimido, y me alej&eacute;. En la mesa, esa misma noche, no
+ces&eacute; de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordar&iacute;a con una
+se&ntilde;a nuestro convenio secreto. Pero &eacute;l no pens&oacute; en ello; s&oacute;lo cuando
+todos se levantaron dese&aacute;ndose &laquo;buena digesti&oacute;n,&raquo; me estrech&oacute; la mano de
+un modo muy particular, como nunca lo hab&iacute;a hecho antes.</p>
+
+<p>Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magn&iacute;fico presente.</p>
+
+<p>Esa noche, me cost&oacute; mucho trabajo esperar el momento en que me
+encontrar&iacute;a en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme as&iacute;,
+una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y
+so&ntilde;ando: ten&iacute;a la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo
+que quer&iacute;a, y de dormirme tan pronto como me parec&iacute;a conveniente; para
+ello no ten&iacute;a m&aacute;s que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha.
+Esta vez me estir&eacute; en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca
+hab&iacute;a conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parec&iacute;an
+colmados. Mis mejillas ard&iacute;an y en mis labios ten&iacute;a, todav&iacute;a sensible,
+la picaz&oacute;n ligera del primer beso con que un hombre&mdash;pap&aacute;, naturalmente,
+no contaba,&mdash;los hubiera rozado.</p>
+
+<p>Y si, contempl&aacute;ndolo de cerca, ese beso se dirig&iacute;a tambi&eacute;n a otra, &iquest;qu&eacute;
+me importaba? Era tan joven todav&iacute;a, que no pod&iacute;a pretender semejante
+cosa para m&iacute; sola.</p>
+
+<p>Volv&iacute; una vez m&aacute;s a mi idea predilecta: &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a yo si estuviera en el
+lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de
+imaginaciones, que no eran m&aacute;s que puras quimeras&mdash;ese d&iacute;a me lo hab&iacute;a
+probado bien,&mdash;pero pod&iacute;a trabajar en &eacute;l con toda tranquilidad, y fue lo
+que hice en mi desvelo o en mis sue&ntilde;os, hasta la ma&ntilde;ana siguiente.</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s, Roberto parti&oacute;. Algunas horas antes de marcharse tuvo
+una larga conversaci&oacute;n con Marta en el jard&iacute;n.</p>
+
+<p>Los vi internarse en &eacute;l sin sentir celos, y fue para m&iacute; un placer
+indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera.</p>
+
+<p>Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus
+miradas serias y tristes.</p>
+
+<p>No, no se hab&iacute;a declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero hab&iacute;a
+hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de t&iacute;mida
+esperanza.</p>
+
+<p>En el momento en que iba a subir al carruaje se encontr&oacute; por casualidad
+solo conmigo algunos segundos. Me tom&oacute; la mano y murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No revelar&aacute;s una sola palabra? &iquest;Puedo contar con ello?</p>
+
+<p>Hice un signo de afirmaci&oacute;n en&eacute;rgica.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y me escribir&aacute;s pronto?</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde debo dirigirte la respuesta?</p>
+
+<p>Me qued&eacute; azorada: no hab&iacute;a pensado en ello. Pero, como los minutos eran
+contados, nombr&eacute; al azar a un viejo mayordomo que me hab&iacute;a demostrado
+siempre m&aacute;s afecto que nadie.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>El tiempo transcurr&iacute;a. Lo mismo que antes, los d&iacute;as suced&iacute;an a los d&iacute;as,
+y sin embargo, &iexcl;cu&aacute;n nuevo y particular se hab&iacute;a vuelto el mundo para
+m&iacute;!</p>
+
+<p>Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos;
+hab&iacute;a penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me
+envolv&iacute;an por todas partes y pod&iacute;a&mdash;&iexcl;oh deleite!&mdash;divertirme con ellos:
+estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que deb&iacute;a asegurar la
+felicidad de mi hermana.</p>
+
+<p>Era maravilla ver, despu&eacute;s de esa visita de Roberto, c&oacute;mo Marta volv&iacute;a a
+la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos d&iacute;as
+de existencia en com&uacute;n con &eacute;l hab&iacute;an obrado sobre ella como un ba&ntilde;o
+fortificante, y m&aacute;s aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual
+hab&iacute;a bebido furtivamente a grandes tragos.</p>
+
+<p>Sin duda, no hab&iacute;a recobrado su brillante alegr&iacute;a de otros tiempos, que
+esos siete a&ntilde;os de ansiosa espera parec&iacute;an haberse llevado
+irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios,
+pero un brillo suave y c&aacute;lido animaba sus facciones como si una luz
+salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos
+lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acog&iacute;a con
+una sonrisa amistosa.</p>
+
+<p>Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba m&aacute;s y m&aacute;s
+y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no
+hac&iacute;a m&aacute;s que aumentar mi cari&ntilde;o e impulsarme a rogar a Dios para que
+derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza.</p>
+
+<p>Mientras no me abriera su coraz&oacute;n ella misma, no pod&iacute;a ni quer&iacute;a
+confesarle cu&aacute;n profundamente mis ojos hab&iacute;an penetrado ya en &eacute;l.</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez me sorprend&iacute; contempl&aacute;ndola con un sentimiento maternal,
+si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con
+Roberto, me figuraba que verdaderamente ten&iacute;a la felicidad de ambos en
+mis manos.</p>
+
+<p>En mi presunci&oacute;n, me consideraba f&aacute;cilmente como un buen genio, vestido
+de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa vert&iacute;a bendiciones.
+Mientras tanto, contaba los d&iacute;as hasta la llegada de una carta de
+Roberto, y corr&iacute;a de ac&aacute; para all&aacute;, con las mejillas encendidas, cuando,
+al fin, la llevaba sobre mi coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Esas cartas se me hab&iacute;an hecho tan necesarias, que me era dif&iacute;cil
+concebir c&oacute;mo hab&iacute;a podido vivir antes sin ellas. So pretexto de
+contarle los hechos y dichos de Marta, sab&iacute;a muy bien ahuyentar las
+penas de su coraz&oacute;n con mi charla, infantil y loca como gusta a los
+hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de
+madurez, como se hab&iacute;a vuelto mi coraz&oacute;n. Le agradaba mi ch&aacute;chara,
+cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un
+p&aacute;jaro cantor, y yo no ped&iacute;a m&aacute;s. &iexcl;Le estaba tan agradecida porque me
+hab&iacute;a asociado a su grande y sincera pasi&oacute;n, a m&iacute;, a la chicuela a quien
+todav&iacute;a hac&iacute;an salir de la habitaci&oacute;n cuando la gente grande quer&iacute;a
+hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo
+ten&iacute;a a mis propios ojos, me ven&iacute;an de ese papel de protectora.</p>
+
+<p>As&iacute; crec&iacute;a yo con ese amor, me alimentaba con esa pasi&oacute;n, de la que
+nunca la menor migaja deb&iacute;a caer para m&iacute; de la mesa.</p>
+
+
+
+<p class="top5">Cuando lleg&oacute; el oto&ntilde;o, not&eacute; que Marta manifestaba una agitaci&oacute;n
+extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permanec&iacute;a a veces
+la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo
+ademanes cuando cre&iacute;a estar sola, y se estremec&iacute;a violentamente cuando
+se ve&iacute;a sorprendida.</p>
+
+<p>Inform&eacute; fielmente a Roberto de lo que hab&iacute;a observado y le pregunt&eacute;
+adem&aacute;s si no hab&iacute;a hecho quiz&aacute; esperar su visita para aquella &eacute;poca,
+pues toda la manera de ser de Marta me parec&iacute;a provocada por una
+sobreexcitaci&oacute;n enfermiza de la espera.</p>
+
+<p>Tuve ocasi&oacute;n de estar satisfecha de los conocimientos psicol&oacute;gicos de
+mis diecisiete a&ntilde;os, pues mis previsiones eran justas.</p>
+
+<p>Profundamente abatido, me escribi&oacute; que efectivamente, al separarse de
+ella, hab&iacute;a expresado la esperanza de poder volver en el oto&ntilde;o siguiente
+con cara m&aacute;s alegre; pero se hab&iacute;a equivocado: estaba, m&aacute;s que nunca,
+sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin
+ver brillar el menor fulgor de esperanza.</p>
+
+<p>&laquo;Por lo menos&mdash;le contest&eacute;,&mdash;l&iacute;brala del tormento de la espera e informa
+a nuestros padres, con miramientos, de tu situaci&oacute;n.&raquo;</p>
+
+<p>As&iacute; lo hizo: dos d&iacute;as despu&eacute;s, pap&aacute;, muy apenado, trajo la carta que a
+causa de mi juventud, todav&iacute;a demasiado irracional, yo no deb&iacute;a leer.</p>
+
+<p>Esa carta tuvo sobre el &aacute;nimo de Marta una influencia que me asust&oacute; y me
+conmovi&oacute;. La sobreexcitaci&oacute;n de las &uacute;ltimas semanas desapareci&oacute;
+repentinamente, como barrida de golpe, y dej&oacute; el lugar a ese abatimiento
+desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la hab&iacute;a
+convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueci&oacute;, y dos surcos
+profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a
+las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorc&iacute;a en
+crisis dolorosas, otra vez tambi&eacute;n le hab&iacute;a vuelto ese perpetuo deseo de
+llorar que, a la menor ocasi&oacute;n, se daba curso en torrentes de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Esta vez, pap&aacute; no mand&oacute; buscar al m&eacute;dico: pod&iacute;a fijar el dian&oacute;stico &eacute;l
+mismo. Hasta mam&aacute; se compadeci&oacute; de los sufrimientos de la desdichada,
+tanto como se lo permit&iacute;a su apat&iacute;a, y &eacute;sta no consent&iacute;a que se alejase
+de la estufa para atender a su hija enferma.</p>
+
+<p>En cuanto a m&iacute;, encontr&eacute; entonces por primera vez la ocasi&oacute;n de mostrar
+a los m&iacute;os que ya no era una criatura y que mi voluntad ten&iacute;a alg&uacute;n
+valor, aun cuando se tratara de cosas serias.</p>
+
+<p>Asum&iacute; toda la direcci&oacute;n de la casa, y por m&aacute;s que todos sonrieron
+maliciosamente y protestaron, y Marta me explic&oacute; repetidas veces que
+jam&aacute;s consentir&iacute;a que yo, la m&aacute;s joven, la suplantase, me las compuse
+tan bien que al cabo de quince d&iacute;as yo era quien manejaba toda la casa.</p>
+
+<p>Fue aquella la &uacute;nica &eacute;poca en que tuvi&eacute;ramos todos que disputar con
+Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo hac&iacute;a era
+por amor a ella, y finalmente concluy&oacute; por ser la primera en
+agradec&eacute;rmelo. Por otra parte, se acostumbr&oacute; a cederme en m&aacute;s de un
+punto, aunque tratando de disimularse a s&iacute; misma mi influencia y dando a
+entender que hab&iacute;a que dejar hacer su voluntad a los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>En mi correspondencia con Roberto, aprend&iacute; por primera vez que se puede
+mentir por amor. Le disimul&eacute; el triste efecto que hab&iacute;a producido su
+carta; s&iacute;, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba
+perfectamente. Proced&iacute;a as&iacute; porque estaba persuadida de que la verdad lo
+habr&iacute;a sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no
+dejar&iacute;an de abatirlo, puesto que nada pod&iacute;a remediar. Pero entonces se
+me hac&iacute;a terriblemente dif&iacute;cil conservar el tono de charla ligera, y muy
+a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma.</p>
+
+<p>Y todo se ensombrec&iacute;a de d&iacute;a en d&iacute;a en torno nuestro. Pap&aacute; estaba
+cabizbajo, porque las malas cosechas hab&iacute;an defraudado sus m&aacute;s bellas
+esperanzas; mam&aacute; murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se
+marchitaba cada vez m&aacute;s.</p>
+
+<p>Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces
+nuestro apacible interior hab&iacute;a visto otras.</p>
+
+<p>En torno del flamante &aacute;rbol de Navidad, que esta vez yo hab&iacute;a adornado e
+iluminado en lugar de Marta, permanec&iacute;amos inm&oacute;viles sin saber qu&eacute;
+decirnos, tan oprimido ten&iacute;amos el coraz&oacute;n. Y, como nadie se decid&iacute;a a
+hacerlo, tuve que esforzarme en re&iacute;r y hacer lo posible para borrar las
+arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no
+encontr&eacute; eco y por &uacute;ltimo nos dimos la mano dese&aacute;ndonos buenas noches
+para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sab&iacute;amos c&oacute;mo
+entrar en materia los unos con los otros.</p>
+
+<p>Cuando llegu&eacute; al lado de Marta, que estaba sentada en un rinc&oacute;n, con los
+ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sent&iacute; que un doloroso
+estremecimiento me atraves&oacute; el pecho, como si le hubiera hecho un
+agravio que debiera reparar; pero ignoraba cu&aacute;l pod&iacute;a ser ese agravio.</p>
+
+<p>Ella me dijo al besarme en la frente;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que Dios te conserve tu valiente coraz&oacute;n, Olguita! Te agradezco mucho
+las bromas que te has esforzado en decir hoy.</p>
+
+<p>No supe qu&eacute; contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no pod&iacute;a
+definir, me desgarraba el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Cuando me encontr&eacute; sola en mi cuarto, me dije: &laquo;&iexcl;Bueno, ahora vas a
+festejar la Navidad!&raquo; Saqu&eacute; las cartas de Roberto de la gaveta en que
+las ten&iacute;a cuidadosamente escondidas y resolv&iacute; leerlas hasta una hora
+avanzada de la noche.</p>
+
+<p>La tempestad sacud&iacute;a los postigos, la nieve, empujada por las r&aacute;fagas
+del viento, barr&iacute;a los vidrios con un roce ligero y la l&aacute;mpara de
+pantalla verde suspendida del cielo raso, esparc&iacute;a sobre m&iacute; su fulgor
+apacible.</p>
+
+<p>En el momento en que colocaba c&oacute;modamente delante de m&iacute; el paquetito de
+cartas, o&iacute; junto a m&iacute;, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una
+ca&iacute;da, y luego un murmullo indistinto que me pareci&oacute; el de una oraci&oacute;n
+mezclada con sollozos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;He ah&iacute; c&oacute;mo celebra la noche de Navidad!&raquo;&mdash;pens&eacute; juntando
+involuntariamente las manos. Sent&iacute; otra vez un dolor en el coraz&oacute;n, como
+si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continu&eacute;
+devan&aacute;ndome los sesos hasta que vi claramente que s&oacute;lo las cartas eran
+culpables.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo
+silencio?&raquo;&mdash;me pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Pero mi conciencia no se dej&oacute; seducir. No. Aquello fue como si un rayo
+me hiriera en la cara, pues sent&iacute; con qu&eacute; delicias mi coraz&oacute;n acariciaba
+esas cartas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; no dar&iacute;a ella por una de estas hojas?&raquo;&mdash;me dije en seguida.&mdash;&laquo;Ella
+que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa
+idea de que, si no ha venido, es &uacute;nicamente porque quiere arrancarla de
+su coraz&oacute;n.&raquo;</p>
+
+<p>&laquo;Y t&uacute; oyes sus sollozos&mdash;continuaba una voz dentro de m&iacute;,&mdash;y la dejas
+presa de sus torturas mientras que t&uacute; te deleitas pensando en que tienes
+un secreto con &eacute;l, con &eacute;l, que pertenece s&oacute;lo a <i>ella</i>.&raquo;</p>
+
+<p>Me escond&iacute; la cara entre las manos: la verg&uuml;enza se apoderaba de m&iacute; tan
+violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. &laquo;&iexcl;Dale esas
+cartas!&raquo;&mdash;me grit&oacute; repentinamente una voz, y me lo grit&oacute; tan alto y con
+tanta claridad, que me pareci&oacute; que era la tempestad la que me hab&iacute;a
+lanzado esas palabras al o&iacute;do.</p>
+
+<p>Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que
+mi buena voluntad ced&iacute;a, instada por el temor de faltar a la palabra que
+hab&iacute;a dado a Roberto, y por el deseo de seguir todav&iacute;a en
+correspondencia secreta con &eacute;l, el ruido de los sollozos y de la oraci&oacute;n
+de Marta llegaba hasta m&iacute; m&aacute;s claro, y me trastornaba a tal punto los
+sentidos, que me parec&iacute;a que iba a verme obligada a huir hasta el fin
+del mundo, para no o&iacute;rlo m&aacute;s.</p>
+
+<p>Y conclu&iacute; por cumplir conmigo misma. Tom&eacute; las cartas, las reun&iacute; en un
+elegante paquete que at&eacute; con una cinta y me dispuse a llev&aacute;rselas a su
+cuarto.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Este ser&aacute; su regalo de Navidad!&raquo;&mdash;dije pensando en que ese a&ntilde;o no
+hab&iacute;a podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como
+siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la
+alegr&iacute;a que desborda del coraz&oacute;n, resolv&iacute; representar todav&iacute;a un poco la
+comedia, antes de entreg&aacute;rselas.</p>
+
+<p>Baj&eacute; a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde
+se encontraban nuestros regalos, bajo el &aacute;rbol de Navidad. Tanteando en
+la obscuridad, busqu&eacute; su plato, recog&iacute; los objetos que estaban al lado
+de &eacute;ste, y por encima de todo coloqu&eacute; el paquete de cartas.</p>
+
+<p>Cargada de esta manera, me acerqu&eacute; a su puerta y toqu&eacute;.</p>
+
+<p>O&iacute; un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y,
+al cabo de un intervalo bastante largo&mdash;sin duda el tiempo necesario
+para enjugarse los ojos,&mdash;su voz reson&oacute; muy cerca de la puerta,
+preguntando qui&eacute;n estaba all&iacute; y qu&eacute; quer&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;Soy yo, Marta&mdash;dije.&mdash;Te traigo tu plato; lo hab&iacute;as dejado abajo.</p>
+
+<p>&mdash;Ll&eacute;valo a tu cuarto, ir&eacute; a buscarlo ma&ntilde;ana&mdash;respondi&oacute; ella.</p>
+
+<p>Y en la voz ten&iacute;a sollozos que se esforzaba en disimular.</p>
+
+<p>&mdash;Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los dem&aacute;s&mdash;dije.</p>
+
+<p>Y tambi&eacute;n mis palabras estaban medio ahogadas por las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien! Me lo dar&aacute;s ma&ntilde;ana&mdash;replic&oacute;,&mdash;ya estoy desvestida.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ese regalo es m&iacute;o&mdash;dije.</p>
+
+<p>Y, como en la bondad de su coraz&oacute;n, temi&oacute; ofenderme, no obstante su
+inmenso dolor, me abri&oacute; la puerta.</p>
+
+<p>Me lanc&eacute; hacia ella y llor&eacute; sobre su hombro, apretando convulsivamente
+el plato con la mano izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, querida?&mdash;me pregunt&oacute; acarici&aacute;ndome.&mdash;En toda la casa
+eras la &uacute;nica que conservabas tu buen humor, y ahora...</p>
+
+<p>Me arm&eacute; de valor y, acerc&aacute;ndola a la luz, le mostr&eacute; el plato. A la
+primera ojeada reconoci&oacute; la letra; se puso blanca como el yeso que
+cubr&iacute;a las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las l&aacute;grimas, me
+mir&oacute; fijamente como si hubiera perdido la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;T&oacute;malo, pues&mdash;dije,&mdash;t&oacute;malo.</p>
+
+<p>Ella extendi&oacute; la mano, pero la retir&oacute; con un adem&aacute;n brusco: se hubiera
+dicho que hab&iacute;a tocado un hierro candente.</p>
+
+<p>&mdash;Ves, Marta&mdash;dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta
+importancia,&mdash;no has querido tener confianza en m&iacute;, me has tratado
+siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras t&uacute;
+te desesperabas, yo he obrado.</p>
+
+<p>Ella continuaba mir&aacute;ndome fijamente, desconcertada, sin comprender.</p>
+
+<p>&mdash;Crees que Roberto no se inquieta por ti&mdash;continu&eacute;.&mdash;Sin embargo, he
+tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana
+regularmente.</p>
+
+<p>Marta retrocedi&oacute; tambale&aacute;ndose, se llev&oacute; las manos a la cabeza, y, de
+improviso, una especie de calofr&iacute;o la sacudi&oacute;. Se adelant&oacute; hacia m&iacute;, me
+tom&oacute; las manos y con voz singularmente velada, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&iacute;rame de frente, Olga! &iquest;Qui&eacute;n de los dos ha escrito la primera
+carta?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;dije asombrada, no sabiendo todav&iacute;a ad&oacute;nde quer&iacute;a ir a parar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; idea es esa?&mdash;dije.&mdash;El mismo fue quien me confes&oacute; todo, cuando
+estaba aqu&iacute;... &iexcl;Oh! Me conoc&iacute;a mejor que t&uacute;&mdash;agregu&eacute;, no queriendo dejar
+escapar de mi juego ese ligero triunfo,&mdash;no se avergonz&oacute; de tomarme de
+confidente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alabado sea Dios!&mdash;murmur&oacute; ella con un profundo suspiro, juntando las
+manos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ven, Marta&mdash;dije llev&aacute;ndola a la mesa.&mdash;Vamos a festejar la
+Navidad.</p>
+
+<p>Entonces le&iacute;mos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de
+ellas, en cada una de las frases sencillas y desma&ntilde;adas, aparec&iacute;a el
+coraz&oacute;n afectuoso de Roberto, su coraz&oacute;n de oro; arrojaba en nuestras
+almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y
+nos devolv&iacute;a la alegr&iacute;a. Re&iacute;amos y llor&aacute;bamos, con las mejillas apoyadas
+una contra otra, y nos estrech&aacute;bamos con fuerza las manos, como para
+procurarnos rec&iacute;procamente la sensaci&oacute;n de esas vivas y vigorosas
+presiones, que prodigaba su tosca mano roja.</p>
+
+<p>Y de pronto, est&aacute;bamos en uno de esos p&aacute;rrafos en que &eacute;l me rogaba
+encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, &eacute;sta se
+sinti&oacute; abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo,
+se dej&oacute; caer delante de m&iacute; y apoy&oacute; sus labios en mi mano.</p>
+
+<p>Pero, por violenta que fuera mi emoci&oacute;n, ya no sent&iacute;a trazas de ese
+dolor punzante que, hac&iacute;a poco todav&iacute;a, junto al &aacute;rbol de Navidad, me
+oprim&iacute;a el coraz&oacute;n. Hab&iacute;a cancelado mi deuda y fue en completa libertad,
+con el coraz&oacute;n aligerado, como me jur&eacute; velar en lo sucesivo como un
+&aacute;ngel tutelar sobre mi hermana que, mucho m&aacute;s que yo, ni&ntilde;a simple y sin
+experiencia, necesitaba apoyo y protecci&oacute;n.</p>
+
+<p>Y ella lo sinti&oacute; tambi&eacute;n, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado
+como a una criatura, se abandon&oacute; a mi direcci&oacute;n sin resistencia.</p>
+
+<p>Al fin hab&iacute;a conseguido lo que deseaba mi coraz&oacute;n. Exist&iacute;a un ser humano
+a quien pod&iacute;a mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos
+separaba ya, dediqu&eacute; a mi hermana toda la ternura que durante tanto
+tiempo hab&iacute;a dormido inactiva en el fondo de mi alma.</p>
+
+<p>No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras
+relaciones, que en los &uacute;ltimos tiempos sobre todo dejaban mucho que
+desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era
+dif&iacute;cil acostumbrarse a ello.</p>
+
+<p>Me miraba siempre con extra&ntilde;eza y dec&iacute;a a menudo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo habr&iacute;a podido adivinar nunca que hab&iacute;a en ti tanto afecto!</p>
+
+<p>Si hubiera sabido qu&eacute; sacrificio hab&iacute;a hecho revelando mi secreto,
+habr&iacute;a dado a&uacute;n m&aacute;s valor a mi cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>En verdad, mis presentimientos no me hab&iacute;an enga&ntilde;ado: desde el momento
+en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acab&oacute; para siempre la
+dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto.</p>
+
+<p>Ya no era para m&iacute; m&aacute;s que un extra&ntilde;o y, cuando me sentaba a escribirle,
+me parec&iacute;a ser una simple m&aacute;quina encargada de copiar los pensamientos
+de otros: as&iacute; me suced&iacute;a a menudo entregar a Marta una carta sin haberla
+le&iacute;do, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo.</p>
+
+<p>A veces sent&iacute;a remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de
+Roberto, pues &eacute;l no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero,
+cuando la miraba, cuando ve&iacute;a desplegarse su sonrisa, y brillar en sus
+ojos so&ntilde;adores la paz y la felicidad, me dec&iacute;a que era imposible que
+hubiera procedido mal, y mis escr&uacute;pulos se acallaban.</p>
+
+<p>Hasta entonces no hab&iacute;a enga&ntilde;ado m&aacute;s que a &eacute;l; muy pronto mi traici&oacute;n
+deb&iacute;a alcanzar tambi&eacute;n a Marta.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3>
+
+
+<p>El invierno y la primavera pasaron velozmente y lleg&oacute; el momento en que
+las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes.</p>
+
+<p>Roberto deb&iacute;a venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; &laquo;pero
+hasta entonces&mdash;escrib&iacute;a,&mdash;habr&aacute; que vencer m&aacute;s de una grave
+dificultad.&raquo;</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, pap&aacute; entr&oacute; en la cocina donde est&aacute;bamos, y tomando una expresi&oacute;n
+indiferente, se pase&oacute; un instante por entre los calderos, resoplando y
+golpeando con su varilla las largas ca&ntilde;as de sus botas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te has vuelto inspector de cocinas hoy, pap&aacute;?&mdash;dije.</p>
+
+<p>&Eacute;l solt&oacute; una risa breve y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, me he vuelto inspector de cocinas.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de haber andado todav&iacute;a algunos minutos en silencio, se detuvo
+de improviso delante de Marta y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si tuvieras tiempo, hija m&iacute;a, &iquest;podr&iacute;as quiz&aacute; venir un momento? Tu
+madre y yo tenemos que hablarte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! &iquest;Puedo asistir
+yo tambi&eacute;n a la entrevista?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondi&oacute; &eacute;l,&mdash;t&uacute; te quedar&aacute;s en la cocina.</p>
+
+<p>Durante un instante el silencio rein&oacute; en la casa; en torno m&iacute;o el vapor
+silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta hac&iacute;a gran ruido al
+limpiar los cuchillos, pero de repente se oy&oacute;, dominando todo ese ruido,
+un grito breve y estridente que no pod&iacute;a provenir m&aacute;s que de Marta.</p>
+
+<p>Temblorosa aguc&eacute; el o&iacute;do, y en el mismo instante pap&aacute; se precipit&oacute; en la
+cocina gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Agua!</p>
+
+<p>Pas&eacute; a su lado como una exhalaci&oacute;n, y encontr&eacute; a mi hermana tendida en
+el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mam&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le han hecho ustedes a Marta?&mdash;grit&eacute; dej&aacute;ndome caer de rodillas
+junto a &eacute;sta.</p>
+
+<p>Nadie me contest&oacute;. Mam&aacute;, desatinada, se retorc&iacute;a las manos, y pap&aacute; se
+mord&iacute;a el bigote, sin duda para retener las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella,
+una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoder&eacute; de &eacute;l tan
+vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Despu&eacute;s me
+apresur&eacute; a hacer lo m&aacute;s urgente, que era hacer volver en s&iacute; a Marta y
+acompa&ntilde;&eacute; a su cuarto a la desdichada, que dirig&iacute;a en su derredor miradas
+atontadas.</p>
+
+<p>Una vez all&iacute; la acost&eacute;. Con los ojos fijos en el cielo raso, me ped&iacute;a
+de cuando en cuando de beber; parec&iacute;a no haber recuperado sus sentidos
+todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero yo saqu&eacute; en secreto la carta de mi bolsillo y le&iacute; lo que transcribo
+aqu&iacute; literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del
+amor de una madre y de una hermana:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Mi hermano muy querido, mi muy querida cu&ntilde;ada!</p>
+
+<p>&raquo;Una circunstancia muy triste para m&iacute; me obliga a escribiros hoy. Est&aacute;is
+persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi coraz&oacute;n no
+tiene deseo m&aacute;s vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos
+las relaciones m&aacute;s cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he
+hecho m&aacute;s que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros
+me hab&eacute;is correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy
+una s&uacute;plica, dictada por mi coraz&oacute;n de madre torturado por la angustia.
+Esta ma&ntilde;ana mi hijo Roberto vino a casa y nos declar&oacute;, a mi marido y a
+m&iacute;, que ten&iacute;a la intenci&oacute;n de pediros la mano de vuestra hija Marta; al
+mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no pod&iacute;a
+abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, &iexcl;ay de m&iacute;! todav&iacute;a
+necesitar&aacute; m&aacute;s de una vez nuestra ayuda.</p>
+
+<p>&raquo;Si hubiera escuchado la voz de mi coraz&oacute;n, le habr&iacute;a saltado al cuello
+con l&aacute;grimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre
+fr&iacute;a, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro m&aacute;s que dos
+ni&ntilde;os, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no pod&iacute;a hacerse.</p>
+
+<p>&raquo;Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido
+conservar tu fortuna: lejos de m&iacute; el pensamiento de mezclarme en cosas
+que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitir&eacute;is os
+diga que vuestra propiedad est&aacute; gravada de deudas y que vuestras hijas,
+fuera de un ajuar que, quiero creerlo, ser&aacute; rico, no podr&aacute;n contar con
+un centavo de dote.</p>
+
+<p>&raquo;Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto est&aacute;n tambi&eacute;n cargados de
+deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para
+desinteresar a sus hermanos y hermanas, y adem&aacute;s nosotros hemos
+conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen
+vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un
+casamiento con una joven pobre lo llevar&iacute;a infaliblemente a la ruina.</p>
+
+<p>&raquo;No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras
+cartas, debe ser una persona d&eacute;bil y enfermiza, incapaz por consiguiente
+de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la
+felicidad de Roberto; tan s&oacute;lo el pensamiento de verla entrar en casa de
+mi hijo con las manos vac&iacute;as basta para convencerme de que ser&iacute;a
+desgraciada y no podr&iacute;a menos que hacerlo desgraciado a &eacute;l mismo.</p>
+
+<p>&raquo;Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le ser&aacute; dif&iacute;cil, en
+el inter&eacute;s mismo de la felicidad de su primo, renunciar a &eacute;l, esto en el
+caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la
+prohibici&oacute;n de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir,
+en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal.</p>
+
+<p>&raquo;Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profes&aacute;is a
+vuestra hermana, para no estar persuadida de que negar&eacute;is como yo, desde
+hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa uni&oacute;n funesta e
+irracional.</p>
+
+<p>&raquo;Vuestra hermana que os querr&aacute; siempre,</p>
+
+<p class="r">
+&raquo;<i>Juana Hellinger.</i><br />
+</p>
+
+<p>&raquo;P. S.&mdash;&iquest;La cosecha es buena por all&aacute;? Aqu&iacute; el centeno de invierno ha
+dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad.&raquo;</p>
+
+<p>Al leer esa prosa vulgar e hip&oacute;crita, me acometi&oacute; un furor tal, que
+solt&eacute; una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a
+pisotearla.</p>
+
+<p>Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa hab&iacute;a hecho mal,
+me volvi&oacute; a la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>All&iacute; yac&iacute;a ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habr&iacute;a
+debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para
+la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento
+de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi coraz&oacute;n dej&oacute;
+escapar una vez m&aacute;s, con un suspiro, ese lamento de otras veces: &laquo;&iexcl;Que
+no est&eacute; yo en su lugar!&raquo; &iexcl;Pero cu&aacute;ntas cosas nuevas encerraba hoy! Lo
+que antes no hab&iacute;a sido m&aacute;s que una locura, una ni&ntilde;ada, hab&iacute;a hecho
+lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en
+mi fuerza.</p>
+
+<p>Entonces resolv&iacute; obrar, si acaso era todav&iacute;a tiempo. Quise primero ir a
+buscar a mis padres, decirles lo que hab&iacute;a hecho, que estaba desde hac&iacute;a
+mucho tiempo al corriente de la situaci&oacute;n, y finalmente exigir de ellos
+que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual ten&iacute;a derecho, a
+pesar de mi juventud.</p>
+
+<p>Pero desech&eacute; en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte
+en las deliberaciones de familia, mi deber ser&iacute;a no proceder en contra
+de sus designios. Y no pod&iacute;a contribuir a la salvaci&oacute;n de mi pobre
+hermana, como lo entend&iacute;a y siguiendo el plan que hab&iacute;a concebido, sino
+a condici&oacute;n de fingir una ignorancia absoluta.</p>
+
+<p>Muy pronto vi en qu&eacute; estado estaban las cosas. Cada uno hab&iacute;a guardado
+de la carta lo que respond&iacute;a mejor a su temperamento.</p>
+
+<p>Pap&aacute;, herido en su orgullo de hombre pobre, habr&iacute;a en lo sucesivo
+considerado como una verg&uuml;enza el dejar entrar a su hija en una familia
+en que se la mirar&iacute;a con malos ojos. Mam&aacute;, por su parte, se hab&iacute;a dejado
+enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba
+sembrada, y estimaba que no se deb&iacute;a burlar la confianza de su cu&ntilde;ada.</p>
+
+<p>&iquest;Y Marta?</p>
+
+<p>Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sent&iacute; que su mano
+ardiente se posaba sobre la m&iacute;a y su d&eacute;bil brazo me atra&iacute;a suavemente
+hacia ella.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que hablarte, Olga&mdash;murmur&oacute;, con la mirada siempre tristemente
+fija en el cielo raso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si esper&aacute;ramos hasta ma&ntilde;ana?&mdash;respond&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;dijo ella,&mdash;en el intervalo podr&iacute;an suceder cosas que no deben
+producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre &eacute;l y yo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces conoces muy mal a Roberto&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo me conozco bien&mdash;dijo ella.&mdash;Yo soy quien rompe.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marta!&mdash;grit&eacute; espantada.</p>
+
+<p>&mdash;Bien s&eacute; que esto me matar&aacute;&mdash;dijo ella.&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; importa? Mi vida
+poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado.</p>
+
+<p>&mdash;La fiebre es la que te hace hablar as&iacute;, Marta&mdash;exclam&eacute;,&mdash;pues no te
+creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja
+bruja.</p>
+
+<p>&mdash;Siento demasiado que dice la verdad&mdash;dijo ella.</p>
+
+<p>Un helado calofr&iacute;o recorri&oacute; todo mi cuerpo al o&iacute;rla proferir, con el
+tono tranquilo de un colegial que recita una lecci&oacute;n, esas palabras de
+una tristeza desesperante.</p>
+
+<p>&mdash;No protestes&mdash;continu&oacute;,&mdash;no es s&oacute;lo de hoy que lo s&eacute;; siempre tuve ese
+presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy.
+Pero, qu&eacute; quieres, causa siempre impresi&oacute;n el ver de repente escrita con
+todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atrev&iacute;a a
+confesar a su propia conciencia.</p>
+
+<p>Trat&eacute; de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hund&iacute; a la
+t&iacute;a en el abismo m&aacute;s negro del infierno, y demostr&eacute; a Marta menudamente
+que ella hab&iacute;a nacido para desempe&ntilde;ar en la casa de Roberto el papel de
+&aacute;ngel bienhechor. Pero todo fue in&uacute;til, no consegu&iacute; hacer revivir su fe
+en s&iacute; misma; el golpe la hab&iacute;a herido demasiado profundamente. Por
+&uacute;ltimo me pidi&oacute; que no escribiera una sola carta m&aacute;s a Roberto y que
+rompiera para siempre toda relaci&oacute;n con &eacute;l.</p>
+
+<p>Me sent&iacute; espantada hasta el fondo del alma por m&iacute; misma quiz&aacute; tanto como
+por ella; me negu&eacute; con toda la energ&iacute;a que pude encontrar en m&iacute;; pero
+ella insisti&oacute;, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi
+correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza.</p>
+
+<p>Entonces vinieron d&iacute;as tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma.
+Pap&aacute;, siempre a caballo, recorr&iacute;a como un montaraz los campos y los
+bosques, no asist&iacute;a regularmente a las comidas y para ninguna de
+nosotras ten&iacute;a una buena palabra. Mam&aacute;, nuestra bonachona mam&aacute;, tej&iacute;a
+sentada en su rinc&oacute;n y de cuando en cuando enjugaba sus l&aacute;grimas,
+echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo hab&iacute;a
+notado. &iexcl;Ah, s&iacute;, aquella fue una &eacute;poca bien triste!</p>
+
+<p>Yo hab&iacute;a recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me dec&iacute;a que la
+inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta
+de correo. No se lo dije a Marta, pero cumpl&iacute; mi promesa.</p>
+
+<p>Ocho d&iacute;as pasaron; entonces not&eacute; que mis padres deliberaban acerca de la
+respuesta que deb&iacute;an enviar a la t&iacute;a. Pap&aacute; era de opini&oacute;n, para que no
+se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por
+medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y
+mam&aacute; dec&iacute;a: &laquo;s&iacute;,&raquo; como dec&iacute;a &laquo;s&iacute;&raquo; a todo lo que no ten&iacute;a relaci&oacute;n con
+las jaleas o las confituras.</p>
+
+<p>Ese d&iacute;a Marta declar&oacute; que le era imposible levantarse de la cama; no
+sent&iacute;a vivos dolores&mdash;dec&iacute;a,&mdash;pero sus piernas se negaban a llevarla.</p>
+
+<p>As&iacute; ve&iacute;a yo adelantar el desastre, cada vez m&aacute;s amenazador. No pod&iacute;a
+esperar m&aacute;s: &laquo;Ven a cumplir tu compromiso mientras todav&iacute;a es
+tiempo&raquo;&mdash;escrib&iacute; a Roberto. Y, para mayor seguridad, baj&eacute; yo misma a la
+ciudad y entregu&eacute; la carta al postill&oacute;n que justamente se preparaba a
+partir para Prusia.</p>
+
+<p>En el momento en que el sobre se escap&oacute; de mis manos, sent&iacute; como una
+pu&ntilde;alada en el coraz&oacute;n; se habr&iacute;a dicho que con esa carta entregaba mi
+alma a potencias desconocidas.</p>
+
+<p>Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero
+cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postill&oacute;n estaba lejos.</p>
+
+<p>A mi vez, cuando ascend&iacute; la colina que conduce a la casa, me ocult&eacute;
+entre las malezas y llor&eacute; amargamente.</p>
+
+<p>A partir de ese momento, fui presa de una agitaci&oacute;n como nunca la he
+sentido en mi vida. Me parec&iacute;a que una fiebre abrasadora me consum&iacute;a;
+durante la noche, iba y ven&iacute;a en mi cuarto sin poder encontrar descanso;
+de d&iacute;a, estaba continuamente en acecho y cada vez que o&iacute;a el ruido de un
+carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la
+cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresi&oacute;n inquieta.</p>
+
+<p>Una joven que espera a su prometido no habr&iacute;a estado m&aacute;s loca.</p>
+
+<p>Esa fiebre dur&oacute; cuatro d&iacute;as, y fue una felicidad que los m&iacute;os estuvieran
+absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habr&iacute;an
+dejado de despertar sospechas.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3>
+
+
+<p>Esta vez no fui yo quien recibi&oacute; a Roberto. Cuando reconoc&iacute; su silueta
+en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba
+con estr&eacute;pito la puerta del patio, hu&iacute; al granero y me escond&iacute; en el
+rinc&oacute;n m&aacute;s apartado.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas
+bailaban por delante de mis ojos.</p>
+
+<p>O&iacute; que, abajo, las puertas se abr&iacute;an y se cerraban, o&iacute; pasos que sub&iacute;an
+y bajaban precipitadamente la escalera, o&iacute; las voces de las criadas que
+gritaban mi nombre; no me mov&iacute;.</p>
+
+<p>Y cuando todo volvi&oacute; a quedar en silencio, baj&eacute; sin hacer ruido por las
+escaleras de atr&aacute;s, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el
+lugar m&aacute;s desierto del parque. Mi alma era presa de un extra&ntilde;o
+sentimiento de amargura y de verg&uuml;enza. Me parec&iacute;a que deb&iacute;a levantarme
+y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que hab&iacute;a
+esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia.</p>
+
+<p>Luego me represent&eacute; lo que pod&iacute;a ocurrir en ese momento en la casa.</p>
+
+<p>Pap&aacute; se hab&iacute;a encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto,
+pues, seguramente, ten&iacute;a todav&iacute;a sobre s&iacute; el peso de la p&eacute;rfida carta de
+la t&iacute;a; hab&iacute;a hecho un adem&aacute;n de negativa al o&iacute;rle formular su petici&oacute;n;
+pero, en el mismo instante, Marta se hab&iacute;a presentado. &iexcl;Cu&aacute;n pronto
+hab&iacute;a vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos
+minutos antes, yac&iacute;a agotada en el sof&aacute;; cu&aacute;n pronto hab&iacute;a olvidado las
+penas, los dolores que sufri&oacute; durante a&ntilde;os! Y ahora, est&aacute;n en brazos uno
+de otro y no tienen siquiera un pensamiento para m&iacute;.</p>
+
+<p>Entonces, de improviso, se despert&oacute; en m&iacute; un orgullo fiero. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; te
+escondes?&mdash;gritaba una voz en el fondo de m&iacute; misma.&mdash;&iquest;No has hecho tu
+deber? &iquest;Todo esto no es obra tuya?&raquo;</p>
+
+<p>Con un movimiento brusco me par&eacute;, ech&eacute; hacia atr&aacute;s mis cabellos en
+desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirig&iacute; a la casa.</p>
+
+<p>Al acercarme no o&iacute; ning&uacute;n grito de alegr&iacute;a. Todo estaba silencioso, todo
+estaba como muerto...</p>
+
+<p>En el comedor encontr&eacute; a mam&aacute; sola. Ten&iacute;a las manos juntas y exhalaba
+profundos suspiros, mientras gruesas l&aacute;grimas rodaban hasta su blanca
+papada.</p>
+
+<p>&mdash;Es el efecto de la emoci&oacute;n&mdash;pens&eacute; al sentarme frente a ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde estabas, Olga?&mdash;dijo, enjug&aacute;ndose esta vez tranquilamente los
+ojos.&mdash;Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que
+pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;dije con mucha calma.&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;En el gabinete de tu padre conversando con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; Marta?&mdash;pregunt&eacute; con una sonrisa.</p>
+
+<p>Ella me dirigi&oacute; una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada
+sagacidad; despu&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Tontuela&mdash;dijo ella.</p>
+
+<p>Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecuci&oacute;n, vi que la
+puerta del cuarto contiguo se abr&iacute;a, y por ella salir lentamente, como
+si saliera de un ata&uacute;d, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro
+terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo tambi&eacute;n sent&iacute;
+al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro
+presentimiento me asalt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Marta?&mdash;exclam&eacute; adelant&aacute;ndome hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;.</p>
+
+<p>Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a
+ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano.</p>
+
+<p>Pap&aacute; sali&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l. Mam&aacute; se hab&iacute;a levantado y los tres se quedaron
+all&iacute; parados, estrech&aacute;ndose las manos como en un entierro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Marta?&mdash;grit&eacute; otra vez.</p>
+
+<p>&mdash;Ve a ver lo que hace&mdash;dijo pap&aacute;;&mdash;sin duda te ha de necesitar.</p>
+
+<p>Sal&iacute; de un brinco y a saltos sub&iacute; la escalera que conduc&iacute;a a su
+habitaci&oacute;n. Esta estaba cerrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marta, abre! Soy yo.</p>
+
+<p>Nadie se movi&oacute;. Rogu&eacute;, supliqu&eacute;, promet&iacute; repararlo todo, le prodigu&eacute; mil
+nombres cari&ntilde;osos: todo fue in&uacute;til. Nada se o&iacute;a, a no ser de vez en
+cuando un h&aacute;lito, parecido a la respiraci&oacute;n silbante que se escapa de
+una garganta medio sofocada. Entonces me encoleric&eacute; al verme rechazada
+de todas partes.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda ser&eacute; bastante buena para preparar esta f&uacute;nebre comida&mdash;dije
+soltando una carcajada.</p>
+
+<p>Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me qued&eacute;
+mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de
+sus pescuezos abiertos.</p>
+
+<p>Daba l&aacute;stima ver c&oacute;mo uno de ellos, un gallito, bat&iacute;a las alas mientras
+la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus
+espolones los dedos de la criada.</p>
+
+<p>Hasta este pobre animalito, d&eacute;bil como es, se defiende cuando quieren
+degollarlo&mdash;pens&eacute;,&mdash;mientras mi se&ntilde;orita hermana besa humildemente la
+mano que la amenaza con el cuchillo.</p>
+
+<p>La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espect&aacute;culo
+comparado con la comida en que fueron servidos. La &uacute;ltima comida de un
+condenado no habr&iacute;a sido m&aacute;s l&uacute;gubre. Cada cinco minutos alguien tomaba
+bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena
+obligatoria. Los dem&aacute;s asent&iacute;an con la cabeza misteriosamente, pero bien
+ve&iacute;a yo que los que escuchaban no sab&iacute;an lo que o&iacute;an, lo mismo que el
+que hablaba no sab&iacute;a lo que dec&iacute;a.</p>
+
+<p>Marta no se hab&iacute;a presentado.</p>
+
+<p>En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto,
+Roberto me tom&oacute; las dos manos y me llev&oacute; a un rinc&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Te agradezco, Olga&mdash;dijo, y sus labios temblaban,&mdash;te agradezco tu
+exactitud y tu cari&ntilde;o. Ahora se acab&oacute; nuestra correspondencia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por amor de Dios, Roberto!&mdash;balbuc&iacute;.&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha pasado?</p>
+
+<p>&Eacute;l se encogi&oacute; de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute; la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso no es verdad! &iexcl;eso no es verdad!</p>
+
+<p>Pero pap&aacute; estaba detr&aacute;s de nosotros e informaba a Roberto que, seg&uacute;n su
+deseo, el carruaje estar&iacute;a listo al d&iacute;a siguiente al amanecer.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces no te volver&eacute; a ver&mdash;exclam&eacute; espantada.</p>
+
+<p>&Eacute;l sacudi&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Despid&aacute;monos desde ahora&mdash;dijo estrech&aacute;ndome la mano.</p>
+
+<p>Una voz me gritaba que no pod&iacute;a, marcharse as&iacute;, que yo deb&iacute;a hablarle a
+toda costa. Pero ahogu&eacute; valerosamente las palabras que me oprim&iacute;an la
+garganta.</p>
+
+<p>Entonces nos dimos un &uacute;ltimo apret&oacute;n de manos y nos separamos.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a ten&iacute;a yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el caf&eacute; de la
+despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la ma&ntilde;ana, o&iacute;a
+siempre la misma voz que me gritaba en el o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario que le hables.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, cuando me dirig&iacute; a mi cuarto con mi luz en la mano, di una
+vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de
+encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta
+cerrada con llave. S&oacute;lo el ruido de sus pasos que sacud&iacute;an la casa,
+resonaba en el interior.</p>
+
+<p>En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqu&eacute; el o&iacute;do al
+agujero de la cerradura: nada se o&iacute;a. Se habr&iacute;a podido creer que hab&iacute;a
+muerto o bien que se hab&iacute;a fugado.</p>
+
+<p>Una inquietud me asalt&oacute;, me puse de rodillas delante del ojo de la
+llave, y rogu&eacute;, supliqu&eacute;, hasta amenac&eacute; con llamar a nuestros padres si
+ella persist&iacute;a en no dar signos de vida.</p>
+
+<p>Entonces se decidi&oacute; a contestarme. O&iacute; una voz: &laquo;&iexcl;Api&aacute;date de m&iacute;,
+querida, api&aacute;date de m&iacute; s&oacute;lo por hoy!&raquo; Y esa voz estaba tan cambiada,
+que no la reconoc&iacute;a.</p>
+
+<p>Me alej&eacute;, pero sent&iacute;a crecer en m&iacute; el temor de que Roberto se fuera
+desenga&ntilde;ado, con el rencor en el coraz&oacute;n, sin una palabra de
+explicaci&oacute;n, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de
+Marta.</p>
+
+<p>El fuego de la fiebre me subi&oacute; a la cabeza y cada pulsaci&oacute;n de mis
+arterias me gritaba: &laquo;&iexcl;Es necesario que le hables! &iexcl;Es necesario que le
+hables!&raquo;</p>
+
+<p>Me desvest&iacute; a medias y me recost&eacute; en el sof&aacute;. El reloj toc&oacute; las once;
+toc&oacute; las once y media. Todav&iacute;a se o&iacute;a resonar en la casa el ruido de sus
+pasos, pero mientras m&aacute;s tarde se hac&iacute;a, menos posible me era poner en
+ejecuci&oacute;n mi proyecto.</p>
+
+<p>&iexcl;Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitaci&oacute;n de
+un hu&eacute;sped! Al pensarlo, la sangre se paraliz&oacute; en mis venas.</p>
+
+<p>El reloj toc&oacute; las doce. Abr&iacute; la ventana y mir&eacute; a lo lejos frente a m&iacute;.
+Todo parec&iacute;a dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el
+de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en
+el seno de la obscuridad.</p>
+
+<p>El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me
+murmuraba: &laquo;&iexcl;Es necesario! &iexcl;es necesario!&raquo; Al mismo tiempo una voz
+ligera, suave y acariciadora como una melod&iacute;a, me dec&iacute;a: &laquo;Lo ver&aacute;s otra
+vez, sentir&aacute;s su mano en la tuya, oir&aacute;s el sonido de su voz, quiz&aacute; oir&aacute;s
+hasta su risa; &iquest;no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad
+de su vida?&raquo;</p>
+
+<p>De repente tom&eacute; una resoluci&oacute;n, cerr&eacute; bruscamente la ventana, me puse
+precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventur&eacute; en
+el obscuro corredor.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! &iexcl;C&oacute;mo me lat&iacute;a el coraz&oacute;n, c&oacute;mo me ard&iacute;a la sangre en las sienes!
+Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared.</p>
+
+<p>Por fin llegu&eacute; a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el
+piso, pero el ruido sordo hab&iacute;a desaparecido. Seguramente se hab&iacute;a
+quitado las botas.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que tocar&mdash;pens&eacute; de pronto,&mdash;Marta oir&iacute;a.</p>
+
+<p>As&iacute; el bot&oacute;n. Me estremec&iacute;.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo abr&iacute; la puerta? No lo s&eacute;. Me pareci&oacute; que otro lo hab&iacute;a hecho por
+m&iacute;.</p>
+
+<p>O&iacute; alzarse delante de m&iacute; su alta y vigorosa silueta.</p>
+
+<p>Un leve grito se escap&oacute; de sus labios; de un salto estuvo a mi lado.
+Luego sent&iacute; mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el h&aacute;lito de una
+respiraci&oacute;n ardiente.</p>
+
+<p>En el primer momento, la loca idea de que Marta se hab&iacute;a acordado
+bruscamente de su antiguo amor, le pas&oacute; quiz&aacute; por el cerebro; pero un
+minuto despu&eacute;s, me hab&iacute;a reconocido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por amor de Dios, criatura!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre? &iquest;Qu&eacute; es lo que te
+trae? &iquest;Nadie te ha visto? Di, &iquest;nadie te ha visto?</p>
+
+<p>Sacud&iacute; la cabeza. &laquo;Te considera todav&iacute;a muy tonta,&raquo; pens&eacute;, volviendo a
+recobrar el aliento, pues sent&iacute;a desaparecer de mi alma los terrores que
+me hab&iacute;a causado mi peligrosa empresa.</p>
+
+<p>Se apart&oacute; de m&iacute; para encender la luz. Yo busqu&eacute; con la mano el sof&aacute; y me
+dej&eacute; caer en una de sus esquinas.</p>
+
+<p>Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbr&oacute;. Me volv&iacute; hacia la
+pared y ocult&eacute; mi cara.</p>
+
+<p>Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra &eacute;l,
+se hab&iacute;a apoderado de m&iacute;. Me sent&iacute;a tan feliz de estar a su lado que me
+olvidaba de todo lo dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Olga, mi querida, mi buena Olguita&mdash;dijo,&mdash;habla, &iquest;qu&eacute; quieres de m&iacute;?</p>
+
+<p>Alc&eacute; los ojos hacia &eacute;l. Vi su rostro tostado y serio, en el que los
+sufrimientos de ese d&iacute;a hab&iacute;an labrado arrugas profundas y me qued&eacute;
+sumida en una muda contemplaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres? &iquest;Me traes noticias de Marta?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, eso es, Marta!</p>
+
+<p>Me levant&eacute; vivamente. &iexcl;Basta de debilidades! Hab&iacute;a recuperado esa fuerza
+indomable que era mi orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, Roberto&mdash;dije,&mdash;no te marchar&aacute;s ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;dijo, apretando los dientes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No quiero!</p>
+
+<p>&mdash;Tu voluntad es muy respetable, querida ni&ntilde;a&mdash;respondi&oacute; &eacute;l con risa
+mordaz,&mdash;pero no cambiar&aacute; en nada mi resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Entonces quieres perder a Marta para siempre?</p>
+
+<p>En ese instante me sent&iacute; otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de
+protectora que, para unirlos, habr&iacute;a aceptado la lucha con el mundo
+entero.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; loca y cu&aacute;n poco perspicaz era!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso no est&aacute; ya definitivamente perdida para m&iacute;?&mdash;replic&oacute; &eacute;l, con la
+mirada fija hacia adelante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te dijo hoy?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias,
+tan sensatas, que no pod&iacute;a ser sino el lenguaje de una persona que ya
+no ama.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y lo crees realmente?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, &iexcl;qu&eacute; importa! Aun
+suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cari&ntilde;o, ha hecho
+bien en aprovechar la ocasi&oacute;n para deshacerse de &eacute;l completamente. M&aacute;s
+vale as&iacute;, para ella como para m&iacute;. Nada tengo que ofrecerle, ni
+felicidad, ni alegr&iacute;a, ni siquiera la sombra de un placer, nada m&aacute;s que
+trabajo, penas y miseria, de un extremo del a&ntilde;o al otro. Y por sobre
+todo esto, una suegra que le es hostil y le har&iacute;a sentir duramente que
+se hab&iacute;a presentado con las manos vac&iacute;as.</p>
+
+<p>Sent&iacute; que una oleada de sangre me sub&iacute;a a la cara. Me ruborizaba, no por
+Marta ni por m&iacute;, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por &eacute;l
+al o&iacute;rle hablar as&iacute; de su propia madre.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, confi&eacute;salo t&uacute; misma, ni&ntilde;a&mdash;continu&oacute;,&mdash;&iquest;no te parece que hace
+bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su
+nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle m&aacute;s que
+la desgracia?</p>
+
+<p>Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el
+cuarto como un animal perseguido.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;dije,&mdash;te enga&ntilde;as a ti mismo.</p>
+
+<p>&Eacute;l se detuvo, y me mir&oacute; de frente soltando una carcajada:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres, por fin? &iquest;Debo exigir antes de marcharme que se me
+confirme esa negativa por escrito?</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;continu&eacute; sin dejarme desconcertar,&mdash;con toda sinceridad,
+&iquest;amas a Marta?</p>
+
+<p>&mdash;No seas ni&ntilde;a&mdash;respondi&oacute; &eacute;l.&mdash;Si no la amara, &iquest;estar&iacute;a aqu&iacute; en este
+momento?</p>
+
+<p>Estaba delante de m&iacute; y abr&iacute;a sus brazos de gigante. Me parec&iacute;a que al
+cerrarse iban a aplastarme&mdash;sent&iacute; un deslumbramiento&mdash;me arrincon&eacute; m&aacute;s
+profundamente en el sof&aacute;.</p>
+
+<p>Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde
+hac&iacute;a varios a&ntilde;os: me represent&eacute; c&oacute;mo lo habr&iacute;a amado si yo hubiera sido
+Marta y c&oacute;mo habr&iacute;a querido que &eacute;l me correspondiera.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Roberto&mdash;dije,&mdash;en resumidas cuentas, no soy m&aacute;s que una
+tontuela; pero s&eacute; muy bien lo que es el amor, y no son s&oacute;lo los poetas
+los que me lo han ense&ntilde;ado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Amas a alguien?&mdash;me pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>Yo me ruboric&eacute; y sacud&iacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu coraz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda eso me ha ca&iacute;do del Cielo&mdash;respond&iacute; bajando los ojos hacia el
+suelo.&mdash;Pero, en todo caso, amar&iacute;a de diferente manera que vosotros. No
+me sumir&iacute;a en el desaliento, no huir&iacute;a vergonzosamente como lo haces t&uacute;,
+diciendo: &laquo;&iexcl;M&aacute;s vale as&iacute;!&raquo; Pondr&iacute;a para vencerla, todo el ardor de mi
+alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraer&iacute;a hacia
+mi pecho y me la llevar&iacute;a, &iexcl;poco importa ad&oacute;nde! en la noche, al fondo
+del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quer&iacute;a
+darnos el abrigo de techo. Preferir&iacute;a morir de hambre con ella a la
+orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso
+es lo que har&iacute;a, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en
+el lugar de Marta, me echar&iacute;a a tu cuello ri&eacute;ndome y te dir&iacute;a: &laquo;Ven,
+mendigar&eacute; para ti si no tienes pan, te dar&eacute; mi seno para reposar tu
+cabeza si no tienes cama, y ba&ntilde;ar&eacute; tus heridas con mis l&aacute;grimas, sufrir&eacute;
+mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Se&ntilde;or, de poder hacerlo.
+&iquest;Ves, Roberto? &iexcl;as&iacute; es c&oacute;mo me represento el amor y no como no s&eacute; qu&eacute;
+sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror
+de los intereses atrasados!&raquo;</p>
+
+<p>Hab&iacute;a hablado con pasi&oacute;n. Sent&iacute;a fuego en mis mejillas y de repente me
+avergonc&eacute; al pensar que hab&iacute;a descubierto as&iacute; delante de &eacute;l el fondo de
+mi coraz&oacute;n. Me ocult&eacute; la cara entre las manos, luchando contra las
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Cuando me atrev&iacute; a levantar la cabeza, &eacute;l estaba delante de m&iacute;,
+mir&aacute;ndome fijamente, con ojos chispeantes.</p>
+
+<p>&mdash;Criatura&mdash;dijo,&mdash;&iquest;de d&oacute;nde te vienen esas ideas?&mdash;Me parec&iacute;a o&iacute;r el
+c&aacute;ntico de los c&aacute;nticos.</p>
+
+<p>Apret&eacute; los dientes y guard&eacute; silencio. &iquest;Sab&iacute;a yo misma de d&oacute;nde me
+ven&iacute;an?</p>
+
+<p>Pero &eacute;l se sent&oacute; junto a m&iacute; y me tom&oacute; las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Olga&mdash;continu&oacute;,&mdash;lo que acabas de decir no era precisamente muy
+pr&aacute;ctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el
+hondo del alma. Me parec&iacute;a o&iacute;r una voz de otro mundo y casi tengo
+verg&uuml;enza de haber sido d&eacute;bil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la
+cabeza, aun cuando pensara como t&uacute;, &iquest;de qu&eacute; me servir&iacute;a puesto que ya
+ella no me ama?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ella, no amarte!&mdash;exclam&eacute;. &iexcl;Si la abandonas, Roberto, se morir&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Olga!</p>
+
+<p>Vi que la alegr&iacute;a iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la
+sensaci&oacute;n de una mano extra&ntilde;a que me oprim&iacute;a el pecho; pero no me
+desconcert&eacute;, y recurriendo a todo mi orgullo, continu&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Roberto, s&eacute; que me despreciar&aacute;s cuando sepas lo que voy a decirte;
+pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes
+partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza.</p>
+
+<p>Y con la respiraci&oacute;n jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi
+garganta, le cont&eacute; lo que hab&iacute;a hecho con sus cartas.</p>
+
+<p>Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tom&oacute; en sus brazos
+y me atrajo hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Olga, &iquest;es verdad?&mdash;exclam&oacute; fuera de s&iacute; en su gozo.&mdash;&iquest;Puedes jurarme
+que es la verdad?</p>
+
+<p>Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que hac&iacute;a pasar por todo mi
+cuerpo un calofr&iacute;o delicioso, me hab&iacute;a quitado el uso de la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que Dios te lo pague, buena e inteligente ni&ntilde;a!&mdash;exclam&oacute;
+estrech&aacute;ndome contra su pecho.</p>
+
+<p>Y mi respiraci&oacute;n se cort&oacute; en una deliciosa angustia. Dej&eacute; caer mi cabeza
+sobre su hombro y cerr&eacute; los ojos. Entonces me estremec&iacute; al sentir que
+su boca se posaba en mis labios. Me pareci&oacute; que una llama me hab&iacute;a
+quemado. Y me bes&oacute; otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le
+hab&iacute;an hecho perder la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Pero yo pensaba: &laquo;&iexcl;Ojal&aacute; nunca concluya este instante!&raquo; Y los calofr&iacute;os
+me sacud&iacute;an sin interrupci&oacute;n mientras mi cuerpo yac&iacute;a inerte y sin
+fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pas&oacute; por la cabeza este
+pensamiento: &laquo;&iquest;Puedo devolverle sus besos?&raquo; Pero no me atrev&iacute;.</p>
+
+<p>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo me tuvo as&iacute;? No lo s&eacute;: de repente sent&iacute; que mi cabeza
+chocaba rudamente con el borde del sof&aacute;. El dolor me hizo salir como de
+las profundidades de un sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>Me qued&eacute; all&iacute; sin movimiento, tratando de recobrar aliento.</p>
+
+<p>Roberto lo not&oacute; y exclam&oacute; muy asustado:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s muy p&aacute;lida, ni&ntilde;a, &iquest;te has hecho da&ntilde;o?</p>
+
+<p>Dije que s&iacute; por se&ntilde;as, y agregu&eacute; que aquello no era nada, que pronto
+pasar&iacute;a. Pero bien sab&iacute;a que no hab&iacute;a de pasar, que esa impresi&oacute;n se
+grabar&iacute;a en mis sentidos y en mi coraz&oacute;n con letras de fuego, que la
+llama de ese instante retemplar&iacute;a mi coraz&oacute;n durante m&aacute;s de una larga y
+fr&iacute;a noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo
+de su amor por otra. Sab&iacute;a todo eso y me parec&iacute;a que me iba a ahogar
+bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues hab&iacute;a
+aprendido a dominar mis nervios.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;dije,&mdash;voy a darte un consejo, y despu&eacute;s dejar&aacute;s que me
+vaya, porque estoy algo cansada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Habla, habla&mdash;exclam&oacute;,&mdash;har&eacute; ciegamente lo que quieras!</p>
+
+<p>Y cuando lo mir&eacute;, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y
+de j&uacute;bilo, pues pensaba: &laquo;&iexcl;Te ha tenido en sus brazos!&raquo;</p>
+
+<p>Habr&iacute;a querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la
+esquina del sof&aacute; y fingir todav&iacute;a un poco el desvanecimiento, pero me
+levant&eacute; vivamente y dije:</p>
+
+<p>&mdash;Creo que Marta no cerrar&aacute; los ojos esta noche; esperar&aacute; el momento en
+que salgas de la casa. Querr&aacute; verte partir; como su habitaci&oacute;n da al
+jard&iacute;n, vendr&aacute; a la tuya o a la que est&aacute; al lado. Cuando est&eacute;s al pie de
+la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo,
+y entonces... entonces...</p>
+
+<p>No pude decir m&aacute;s, pues o&iacute;a resonar en m&iacute; con demasiada violencia, ya
+como un sollozo, ya como un grito de alegr&iacute;a, estas palabras: &laquo;&iexcl;Te ha
+tenido en sus brazos!&raquo;</p>
+
+<p>Tuve miedo de no poder dominar mi emoci&oacute;n por m&aacute;s tiempo y quise huir
+precipitadamente, sin una palabra de despedida.</p>
+
+<p>Cuando abr&iacute; la puerta, vi delante de m&iacute; a Marta.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba ella, descalza, a medio vestir, p&aacute;lida como una muerta y
+temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las
+fuerzas.</p>
+
+<p>Y en el mismo instante o&iacute; detr&aacute;s de m&iacute; un grito de gozo; vi que Roberto
+se lanzaba, pasaba a mi lado y recib&iacute;a en sus brazos a la desdichada
+que se tambaleaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A Dios gracias, ahora eres m&iacute;a!</p>
+
+<p>Estas fueron las &uacute;ltimas palabras que o&iacute;; hu&iacute; a mi cuarto como si las
+furias me hubieran perseguido, me encerr&eacute; y derram&eacute; l&aacute;grimas, l&aacute;grimas
+amargas.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3>
+
+
+<p>Salvar&eacute; r&aacute;pidamente los a&ntilde;os que siguieron con sus desgracias
+fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la
+madurez y me hicieron mujer.</p>
+
+<p>Ocho meses despu&eacute;s de aquella noche, trajeron a pap&aacute; a la casa en un
+adral; se hab&iacute;a ca&iacute;do del caballo y sufr&iacute;a de graves lesiones internas.</p>
+
+<p>A los tres d&iacute;as muri&oacute;. En medio de las calamidades que cayeron entonces
+sobre la casa, fui la &uacute;nica que conserv&oacute; toda su sangre fr&iacute;a. Marta,
+aniquilada, se abism&oacute; en su dolor y mam&aacute;&mdash;&iexcl;la pobre y querida
+mam&aacute;!&mdash;hab&iacute;a permanecido durante tantos a&ntilde;os sentada c&oacute;modamente y en
+paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas,
+que no quer&iacute;a ni pod&iacute;a concebir que aquella existencia cambiara. No dijo
+una palabra, apenas derram&oacute; una l&aacute;grima, pero el mal que la ro&iacute;a
+interiormente, hizo r&aacute;pidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de
+la fiebre tifoidea que la acometi&oacute; cuatro semanas m&aacute;s tarde, el pesar se
+la habr&iacute;a llevado seguramente.</p>
+
+<p>Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, hu&eacute;rfanas,
+abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en
+que se nos expulsar&iacute;a. Por mi parte sab&iacute;a el camino que ten&iacute;a que
+seguir, sab&iacute;a que el porvenir no me ofrec&iacute;a otra perspectiva que la de
+ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discut&iacute;a
+con mi destino: ten&iacute;a suficiente energ&iacute;a, suficiente orgullo para vivir
+sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que
+nunca, pod&iacute;a vivir sin consuelo ni afecto.</p>
+
+<p>El d&iacute;a de su casamiento parec&iacute;a todav&iacute;a muy lejano. Roberto no pod&iacute;a
+hacerla esperar mucho m&aacute;s sin exponerse a verla extinguirse un d&iacute;a
+agotada por la pena, como una l&aacute;mpara que ya no tiene aceite.</p>
+
+<p>No me equivocaba en mis c&aacute;lculos. &Eacute;l no hab&iacute;a podido asistir a los
+entierros, sin embargo, cada vez hab&iacute;a mandado una palabra de consuelo a
+Marta para ayudarla a pasar las horas m&aacute;s penosas. De vez en cuando
+ca&iacute;an de sus cartas algunas migajas para m&iacute;, de las cuales me apoderaba
+con avidez, como quien se siente morir de hambre.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, &eacute;l mismo se present&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esta vez vengo a buscarte!&mdash;le grit&oacute; a Marta.</p>
+
+<p>Ella se dej&oacute; caer sobre el pecho de Roberto y llor&oacute;. &iexcl;Cu&aacute;n feliz era!
+Pero yo me retir&eacute; al emparrado m&aacute;s sombreado del jard&iacute;n y, abandon&aacute;ndome
+a mis reflexiones, me pregunt&eacute; si mi coraz&oacute;n no tendr&iacute;a tambi&eacute;n alg&uacute;n
+d&iacute;a un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como
+en las horas de angustia. Bien sent&iacute;a que esos eran vanos sue&ntilde;os, pues
+el &uacute;nico lugar en el mundo... en fin, sent&iacute; nacer en m&iacute; un orgullo y una
+amargura tales, que todo mi ser se llen&oacute; de hiel, y me desprend&iacute; con
+sombr&iacute;a aspereza de los brazos de los m&iacute;os para encerrarme sola en mi
+dolor.</p>
+
+<p>Quer&iacute;an llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que
+les quedaba todav&iacute;a: me crear&iacute;a un interior en la casa de mi cu&ntilde;ado;
+pero rechac&eacute; su ofrecimiento con fiera obstinaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta,
+que se desesperaba al pensar que no me tocar&iacute;a la menor part&iacute;cula de su
+dicha, ven&iacute;a a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi
+hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinaci&oacute;n, le dirig&iacute;a mil
+palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando
+hab&iacute;a visto brillar por entre sus l&aacute;grimas una sonrisa de esperanza.</p>
+
+<p>Durante ocho d&iacute;as, Roberto trabaj&oacute; sin descanso en poner orden en
+nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos qued&oacute; sino muy poca
+cosa; pero tampoco necesit&aacute;bamos nada.</p>
+
+<p>En seguida, se realiz&oacute; sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo
+mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de
+bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas
+recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer
+bajo d&eacute;biles tallos de yedra.</p>
+
+<p>Durante las &uacute;ltimas semanas, hab&iacute;a buscado en secreto una situaci&oacute;n que
+me conviniera. Se me hab&iacute;an hecho diversos ofrecimientos; no ten&iacute;a m&aacute;s
+que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de
+inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: &laquo;&iquest;Qu&eacute; vas a hacer ahora,
+Olguita?&raquo; le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el
+porvenir. Sobrecogido de admiraci&oacute;n junt&oacute; las manos y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Verdaderamente, te envidio! &iexcl;Har&aacute;s camino, t&uacute;!</p>
+
+<p>Y la misma Marta me envidiaba, bien lo ve&iacute;a en los ojos tristes que
+fijaba en &eacute;l y en m&iacute;; habr&iacute;a deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda
+la fuerza, toda la energ&iacute;a que me daba la juventud. La bes&eacute;, trat&eacute; de
+alentarla, y en la mirada suplicante que dirigi&oacute; a su marido, le&iacute; este
+pensamiento: &laquo;Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa.&raquo;</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana nos separamos; la joven pareja se dirigi&oacute;
+a su nuevo domicilio y yo part&iacute; para el extranjero.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3>
+
+
+<p>No hablar&eacute; de los tres a&ntilde;os que pas&eacute; en tierras extra&ntilde;as. Todas las
+vejaciones, todas las humillaciones que sufr&iacute; durante ese tiempo, se han
+grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido
+completamente mi coraz&oacute;n y me han inspirado la indiferencia y la
+desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a
+despreciar su odio y m&aacute;s aun su amor; he aprendido a sonre&iacute;r, cuando el
+dolor me desgarraba el coraz&oacute;n con sus garras de acero; he aprendido a
+llevar la frente alta, cuando habr&iacute;a querido, de verg&uuml;enza, ocultarla en
+el polvo.</p>
+
+<p>Los largos d&iacute;as vac&iacute;os, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre
+los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches
+sin sue&ntilde;o, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y
+dan n&aacute;useas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo
+eso he conocido.</p>
+
+<p>En verdad, era duro el pan que com&iacute; en el extranjero, &iexcl;y cu&aacute;ntas veces
+lo moj&eacute; con mis l&aacute;grimas!</p>
+
+<p>El &uacute;nico consuelo, la &uacute;nica alegr&iacute;a que me quedaban, eran las cartas de
+Marta. Me escrib&iacute;a con frecuencia, en ciertas &eacute;pocas hasta todos los
+d&iacute;as, y las m&aacute;s de las veces encontraba en ellas un post-scr&iacute;ptum de la
+letra desigual y atormentada de Roberto. &iexcl;Oh, c&oacute;mo me echaba sobre
+ellos, c&oacute;mo devoraba su menor palabra!</p>
+
+<p>Gracias a esas cartas, viv&iacute;a con ellos, por decirlo as&iacute;.</p>
+
+<p>Su vida no era alegre&mdash;Dios sabe que no&mdash;pero en fin &iexcl;era la vida! A
+menudo la desgracia ca&iacute;a sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda
+su fuerza, Marta en su debilidad, parec&iacute;an dos ni&ntilde;os sin apoyo,
+abandonados, y yo ten&iacute;a que intervenir para ayudarlos con mis consejos y
+darles valor.</p>
+
+<p>Al fin estuve a tal punto familiarizada con su c&iacute;rculo, que habr&iacute;a
+podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados,
+de sus amigos, de sus conocidos. Sent&iacute;a por la t&iacute;a Hellinger el odio m&aacute;s
+vehemente, por el viejo m&eacute;dico el afecto m&aacute;s profundo; en cuanto a la
+multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y
+p&eacute;rfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la
+ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio m&aacute;s glacial.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Si yo estuviera en su lugar&mdash;me dec&iacute;a con frecuencia rechinando
+los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que ten&iacute;a
+que sufrir en sus relaciones,&mdash;c&oacute;mo les mostrar&iacute;a la puerta a esos
+<i>lonjistas</i> fr&iacute;os y altaneros; c&oacute;mo los har&iacute;a arrastrarse a mis pies, en
+el polvo, domados con el l&aacute;tigo de mis sarcasmos y de mi desd&eacute;n!</p>
+
+<p>Pero tambi&eacute;n tomaba parte en sus peque&ntilde;os goces. La ve&iacute;a reinar como ama
+en la granja, ve&iacute;a en su derredor a la peque&ntilde;a tropa de servidores a
+quienes animaba la mejor voluntad, y habr&iacute;a querido mostrarme m&aacute;s
+bondadosa, m&aacute;s caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una
+alma de &aacute;ngel bajo una apariencia humana.</p>
+
+<p>La ve&iacute;a sentada al sol en el balc&oacute;n, inclinada sobre su costura; la ve&iacute;a
+gozar del descanso de mediod&iacute;a bajo los frondosos tilos del jard&iacute;n; la
+ve&iacute;a, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella
+la cafetera cantaba su dulce canci&oacute;n; la ve&iacute;a, esperando que &eacute;l entrase,
+seguir con mirada so&ntilde;adora los copos de nieve que revoloteaban en el
+aire.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a as&iacute; con ellos, mientras mis d&iacute;as se suced&iacute;an vac&iacute;os y sin gozo,
+como los anillos de una cadena sin fin.</p>
+
+<p>En el curso del tercer a&ntilde;o, Marta me confi&oacute; que el deseo m&aacute;s ardiente de
+Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella hab&iacute;a
+rezado en el silencio de la noche, hab&iacute;a sido o&iacute;da: se sent&iacute;a madre.
+Pero al mismo tiempo crec&iacute;a en ella el temor de que su fr&aacute;gil y d&eacute;bil
+cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo compart&iacute;a
+su esperanza y sus temores; quiz&aacute; estaba a&uacute;n m&aacute;s inquieta que ella, pues
+la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que
+creaba mi imaginaci&oacute;n.</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez por la noche me despert&eacute; con la cara ba&ntilde;ada en l&aacute;grimas,
+pues la hab&iacute;a visto ya muerta en sue&ntilde;os. Un recuerdo de los primeros
+a&ntilde;os de mi juventud me volv&iacute;a a la memoria: la hab&iacute;a encontrado un d&iacute;a
+tendida en el sof&aacute;, r&iacute;gida, p&aacute;lida, semejante a un cad&aacute;ver, y no pod&iacute;a
+apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras m&aacute;s se acercaba el
+momento cr&iacute;tico, m&aacute;s me consum&iacute;a la inquietud. Mi salud comenzaba a
+resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extra&ntilde;as
+entre las cuales viv&iacute;a&mdash;no pronunciar&eacute; su nombre, no merece figurar en
+estas p&aacute;ginas&mdash;no existieron ya para m&iacute; sino como fantasmas.</p>
+
+<p>Las &uacute;ltimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban j&uacute;bilo y
+esperanza. Sus temores parec&iacute;an haberse disipado, nadaba ya en las
+delicias que le promet&iacute;a la maternidad.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s siguieron tres d&iacute;as en que estuve sin noticias, tres d&iacute;as de
+tortura y de fiebre; al fin lleg&oacute; el telegrama de mi cu&ntilde;ado:</p>
+
+<p>&laquo;Marta dio luz var&oacute;n con felicidad. Te reclama, ven pronto.&raquo;</p>
+
+<p>Con el telegrama en la mano corr&iacute; en busca de mi patrona y le ped&iacute;
+permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo neg&oacute;.
+Inmediatamente, encolerizada, le arroj&eacute; mi dimisi&oacute;n a la cabeza y exig&iacute;
+en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable
+en ese momento, deb&iacute;a por lo menos rendir cuentas y entregar, seg&uacute;n las
+reglas, la direcci&oacute;n de la casa a la persona que me reemplazar&iacute;a; en
+resumen, me retuvieron dos d&iacute;as enteros bajo los pretextos m&aacute;s f&uacute;tiles;
+se habr&iacute;a dicho que quer&iacute;an hacer sentir una vez m&aacute;s a la sirvienta que
+se hab&iacute;a mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado
+embotamiento, en el ruido ensordecedor del vag&oacute;n; una ma&ntilde;ana pasada
+tiritando entre ba&uacute;les y cajas de sombreros, en una sala de espera
+desierta, cuyo olor a cerveza me daba n&aacute;useas. Despu&eacute;s seis horas m&aacute;s,
+oprimida entre un comerciante viajero y un jud&iacute;o polaco, en los
+calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos,
+en los fuegos de una tarde de oto&ntilde;o, las torres de la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n
+en que los seres que me eran m&aacute;s caros, los &uacute;nicos a quienes quer&iacute;a en
+este mundo, hab&iacute;an edificado su nido.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3>
+
+
+<p>Poco faltaba para la puesta de sol cuando baj&eacute; de la diligencia; entre
+las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en peque&ntilde;as trombas.</p>
+
+<p>Mi coraz&oacute;n lat&iacute;a con violencia. Mir&eacute; en torno m&iacute;o. Cre&iacute;a ver adelantarse
+a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no hab&iacute;a all&iacute; m&aacute;s
+que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos,
+extra&ntilde;ados de esa aparici&oacute;n desconocida. Pregunt&eacute; el camino al conductor
+y, contando para lo dem&aacute;s con las descripciones de Marta, me puse sola
+en marcha.</p>
+
+<p>En las puertas bajas de las tiendas hab&iacute;a grupos de personas que
+conversaban. Por delante de m&iacute;, algunos paseantes avanzaban
+tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron
+de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la
+espalda, o&iacute; detr&aacute;s de m&iacute; cuchicheos y risas ahogadas. Me invadi&oacute; un
+calofr&iacute;o al observar esa curiosidad malevolente de aldea.</p>
+
+<p>Me sent&iacute; aliviada cuando vi alzarse frente a m&iacute; las torres de la
+puerta. Conoc&iacute;a muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la
+<i>puerta del infierno</i>, porque ten&iacute;a que pasar por ella cuando iba a la
+ciudad, llamada por su suegra.</p>
+
+<p>Al penetrar bajo la obscura b&oacute;veda, vi de improviso el &laquo;castillo,&raquo; en
+medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco
+negro.</p>
+
+<p>Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la
+casa, que los rayos del sol poniente ba&ntilde;aban con un matiz purp&uacute;reo,
+surg&iacute;an de entre un grupo de &aacute;rboles de onduloso follaje. Los techos
+cubiertos de zinc relumbraban; se habr&iacute;a dicho que de ellos ca&iacute;a una
+cascada de agua hirviente. Las ventanas parec&iacute;an lanzar llamaradas, y
+por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un
+palio formado por un torbellino de humo negro.</p>
+
+<p>Me oprim&iacute; el coraz&oacute;n con las manos; cre&iacute; que sus latidos iban a romperme
+el pecho, tan violenta era la impresi&oacute;n que experimentaba ante ese
+espect&aacute;culo. Durante un segundo tuve el sentimiento extra&ntilde;o de que deb&iacute;a
+retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me
+sintiera protegida por la distancia.</p>
+
+<p>Toda mi inquietud acerca de Marta desaparec&iacute;a ante esa angustia
+misteriosa que me oprim&iacute;a la garganta hasta ahogarme. Me trat&eacute; de
+cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entr&eacute; en el
+camino, donde el paso de los coches hab&iacute;a dejado peque&ntilde;os charcos, ya
+medio secos, que luc&iacute;an como espejos. El viento que pasaba por las cimas
+de los &aacute;lamos, hac&iacute;a o&iacute;r un sordo murmurio que me acompa&ntilde;&oacute; hasta la
+puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el &uacute;ltimo
+rayo de sol desapareci&oacute; detr&aacute;s de las paredes de la casa y la sombra de
+los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me
+envolvi&oacute; tan bruscamente, que cre&iacute; que hab&iacute;a llegado la noche.</p>
+
+<p>Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, sal&iacute;an
+a derecha e izquierda de una confusi&oacute;n de escaramujos y de espinos: eran
+los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se hab&iacute;a
+instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte
+y de putrefacci&oacute;n.</p>
+
+<p>Dirig&iacute; una mirada medrosa al vasto patio que el crep&uacute;sculo comenzaba a
+envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremec&iacute;a, me figuraba
+o&iacute;r que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio
+estaba desierto, era la hora del descanso y en &eacute;l reinaba un silencio
+profundo. S&oacute;lo o&iacute;a, por el lado de las caballerizas, el crujido
+particular que se hace al aguzar una guada&ntilde;a. Un olor de heno reci&eacute;n
+cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es
+peculiar.</p>
+
+<p>T&iacute;mida y miedosa, como una intrusa, me deslic&eacute; lentamente a lo largo de
+la empalizada del jard&iacute;n hasta la casa, que con sus montantes de
+granito, sus torrecillas y sus pi&ntilde;ones que el tiempo hab&iacute;a cubierto de
+un matiz gris, parec&iacute;a lanzar sobre m&iacute; una mirada sombr&iacute;a y
+amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso hab&iacute;a ca&iacute;do y dejaba
+aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habr&iacute;a cre&iacute;do que el
+tiempo, como una larga enfermedad, hab&iacute;a cubierto de llagas ese cuerpo
+respetable.</p>
+
+<p>La puerta de entrada estaba abierta.</p>
+
+<p>Penetr&eacute; en un gran vest&iacute;bulo obscuro, del que se desprend&iacute;a un olor de
+cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de
+telara&ntilde;as, que, abiertas muy junto al cielo raso, parec&iacute;an nidos
+luminosos, entraba a la sala un d&eacute;bil resplandor, apenas suficiente para
+permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que
+se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz m&aacute;s clara ca&iacute;a
+sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras
+de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conduc&iacute;an a diferentes
+habitaciones, pero no me atrev&iacute; a acercarme a ninguna de ellas: se me
+figuraban las puertas de una prisi&oacute;n. All&iacute; estaba todav&iacute;a, con el
+coraz&oacute;n oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se
+abri&oacute; bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se
+precipitaron hacia m&iacute;.</p>
+
+<p>Lanc&eacute; un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y
+volvieron a salir lanzando furiosos aullidos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;?&mdash;grit&oacute; una voz, cuyo timbre grave y poderoso hab&iacute;a
+cre&iacute;do o&iacute;r a menudo, en mis desvelos como en mis sue&ntilde;os.</p>
+
+<p>Una sombra apareci&oacute; en el umbral: era &eacute;l.</p>
+
+<p>Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareci&oacute; que mis pies
+hab&iacute;an echado ra&iacute;ces en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoy&eacute; en
+el pilar de la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;? &iexcl;Qu&eacute; diablos!&mdash;grit&oacute; otra vez, tratando en vano de
+ver en la obscuridad.</p>
+
+<p>Toda mi arrogancia me volvi&oacute;. Estaba tranquila y altiva cuando me hab&iacute;a
+despedido de &eacute;l algunos a&ntilde;os antes, quer&iacute;a ser la misma para
+present&aacute;rmele entonces. &iquest;Acaso necesitaba saber todo lo que yo hab&iacute;a
+sufrido en el intervalo?</p>
+
+<p>&mdash;Olga... en verdad... Olga, eres t&uacute;.</p>
+
+<p>El j&uacute;bilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una
+sensaci&oacute;n de calor y de bienestar. Cre&iacute; por un instante que iba a
+echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi coraz&oacute;n,
+pero guard&eacute; mi reserva:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me esperabais?&mdash;pregunt&eacute;, tendi&eacute;ndole maquinalmente la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;, naturalmente, desde hace dos d&iacute;as te esper&aacute;bamos por
+momentos; es decir que comenz&aacute;bamos a creer...</p>
+
+<p>Hab&iacute;a encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su
+actitud hab&iacute;a una mezcla particular de cordialidad y de embarazo:
+parec&iacute;a que trataba en vano de encontrar en m&iacute; a su antigua amiga, su
+antigua confidente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; Marta?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ver&aacute;s&mdash;respondi&oacute; &eacute;l;&mdash;yo en esto nada entiendo. &iexcl;Me parece tan
+d&eacute;bil, tan fr&aacute;gil! Me digo que ser&aacute; un milagro si se salva. Pero el
+m&eacute;dico pretende que va bien, y lo que es &eacute;l debe saberlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el ni&ntilde;o?&mdash;pregunt&eacute; en seguida.</p>
+
+<p>Ri&oacute; con una ligera risa interior que lleg&oacute; hasta m&iacute; en el crep&uacute;sculo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El ni&ntilde;o, hum, el ni&ntilde;o!...</p>
+
+<p>Y en vez de concluir la frase, dio un puntapi&eacute; a los molosos que de un
+brinco abandonaron la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Ven&mdash;dijo en seguida,&mdash;voy a llevarte.</p>
+
+<p>Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ahora eres una extra&ntilde;a para &eacute;l!&raquo;&mdash;me dije.</p>
+
+<p>Y me sent&iacute; sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una
+felicidad acariciada desde mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Espera un momento&mdash;dijo &eacute;l indicando con el dedo una de las puertas
+m&aacute;s pr&oacute;ximas,&mdash;voy a decirle una palabra para prepararla; de lo
+contrario, podr&iacute;a hacerle da&ntilde;o la alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Un instante despu&eacute;s, me encontr&eacute; sola en un largo corredor obscuro, de
+b&oacute;veda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombr&iacute;o
+los &uacute;ltimos resplandores del d&iacute;a moribundo que arrojaba sobre las
+pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la
+voz de un ni&ntilde;o, her&iacute;an mi o&iacute;do cuando el viento se colaba bajo la
+b&oacute;veda.</p>
+
+<p>Un leve grito de gozo lleg&oacute; hasta m&iacute;, a trav&eacute;s de la puerta, y me hizo
+estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadi&oacute; mi coraz&oacute;n; cre&iacute; que
+iba a ahogarme. En seguida la puerta se abri&oacute; y la mano de Roberto me
+asi&oacute; en la obscuridad: me dej&eacute; llevar sin tener conciencia de lo que
+hac&iacute;a, y no sal&iacute; de mi estupor sino en el momento en que ca&iacute; de
+rodillas, sollozando, junto a la cama, y ocult&eacute; la cara en las
+almohadas, mientras una mano h&uacute;meda y caliente me acariciaba la cabeza.</p>
+
+<p>Una sensaci&oacute;n que ya no conoc&iacute;a desde hac&iacute;a a&ntilde;os, una dulce sensaci&oacute;n de
+calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y
+embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se
+disipara.</p>
+
+<p>La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendici&oacute;n del Cielo. Un
+agradecimiento infinito inund&oacute; mi coraz&oacute;n: me apoder&eacute; de esa mano que
+temblaba en la m&iacute;a, y pos&eacute; en ella larga y tiernamente mis labios.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; haces, hermanita, qu&eacute; haces?&mdash;dijo Marta con su voz cansada,
+ligeramente velada.</p>
+
+<p>Me levant&eacute;. La vi delante de m&iacute;, p&aacute;lida, con las mejillas huecas, y los
+ojos, donde brillaban l&aacute;grimas, profundamente hundidos en las &oacute;rbitas.
+Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas
+surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan
+transparente que parec&iacute;a que una luz lo iluminara interiormente, estaba
+cubierta de gotas de sudor.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la hab&iacute;a visto, y
+las crisis por las cuales acababa de pasar, no parec&iacute;an ser las &uacute;nicas
+en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero hab&iacute;a conservado
+su sonrisa consoladora y bienhechora que serv&iacute;a de alivio a todos, aun
+cuando ella misma estuviera en el m&aacute;s completo abandono.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora no te volver&aacute;s a ir&mdash;dijo ella, alzando los ojos hacia m&iacute;,
+como si no pudiera saciarse de mirarme.&mdash;Te quedar&aacute;s con nosotros, para
+siempre; &iexcl;prom&eacute;temelo, prom&eacute;temelo inmediatamente!</p>
+
+<p>Guard&eacute; silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del
+cielo: era para m&iacute; un sufrimiento, una tortura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Insiste t&uacute; tambi&eacute;n, Roberto!&mdash;repuso ella.</p>
+
+<p>Me estremec&iacute;. Lo hab&iacute;a olvidado totalmente y ahora su presencia hac&iacute;a en
+m&iacute; el efecto de un reproche.</p>
+
+<p>&mdash;Dame tiempo para reflexionar, espera hasta ma&ntilde;ana&mdash;dije enderez&aacute;ndome.</p>
+
+<p>Sent&iacute;a en m&iacute; el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no
+ser&iacute;a de larga duraci&oacute;n: habr&iacute;a sido demasiada dicha para m&iacute;, pobre
+infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena.</p>
+
+<p>Le&iacute; en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces hasta ma&ntilde;ana&mdash;dijo en voz baja apret&aacute;ndome los dedos,&mdash;y
+ma&ntilde;ana ver&aacute;s la falta que nos haces, comprender&aacute;s que ser&iacute;a necesario
+que fu&eacute;ramos locos, para dejarte partir nuevamente. &iquest;No es verdad,
+Roberto?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Seguro, con toda seguridad!&mdash;dijo &eacute;l soltando una carcajada que me
+pareci&oacute; singularmente forzada.</p>
+
+<p>Era evidente que se sent&iacute;a mortificado en presencia de nosotras dos.
+As&iacute;, pues, no tard&oacute; en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una
+palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Ens&eacute;&ntilde;ale nuestro hijo&mdash;murmur&oacute; Marta, al mismo tiempo que una sonrisa
+de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido.</p>
+
+<p>&mdash;Ven&mdash;dijo Roberto;&mdash;el ni&ntilde;o duerme en la habitaci&oacute;n contigua.</p>
+
+<p>Me precedi&oacute;, y escurri&oacute; con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la
+puerta entreabierta.</p>
+
+<p>La cuna se alzaba all&iacute; en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines
+aparec&iacute;a una cabecita roja, apenas m&aacute;s grande que una manzana. Sus
+p&aacute;rpados arrugados estaban cerrados y ten&iacute;a en la boca uno de sus
+pu&ntilde;itos, con los dedos crispados como por una convulsi&oacute;n.</p>
+
+<p>Mis miradas se apartaron del ni&ntilde;o y a hurtadillas se fijaron en el
+padre. Este hab&iacute;a juntado las manos y contemplaba con piadosa atenci&oacute;n a
+esa peque&ntilde;a criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto
+el embarazo como el j&uacute;bilo, vagaba por sus labios.</p>
+
+<p>S&oacute;lo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de
+la tarde ca&iacute;a directamente sobre su rostro y hac&iacute;a resaltar claramente
+los pliegues y las arrugas que se hab&iacute;an grabado en &eacute;l durante esos tres
+&uacute;ltimos a&ntilde;os. Penas sombr&iacute;as parec&iacute;an asediar su frente; sus ojos hab&iacute;an
+perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento
+nervioso en que cre&iacute; leer a la vez una melanc&oacute;lica sumisi&oacute;n y una
+impotente rebeld&iacute;a.</p>
+
+<p>Me sent&iacute; presa de una compasi&oacute;n infinita; ten&iacute;a ganas de tomarle las
+manos y decirle:</p>
+
+<p>&mdash;T&eacute;n confianza en m&iacute;, soy fuerte; d&eacute;jame participar de tu dolor.</p>
+
+<p>Cuando alz&oacute; los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me
+puse r&aacute;pidamente de rodillas delante de la cuna y apoy&eacute; mis labios en el
+tierno rostro del ni&ntilde;o que se estremeci&oacute; a mi contacto, como si hubiera
+experimentado un dolor.</p>
+
+<p>Cuando me levant&eacute;, vi que Roberto hab&iacute;a salido del cuarto.</p>
+
+<p>Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud:
+quer&iacute;a saber que yo admiraba a su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es verdad que es lindo?&mdash;balbuci&oacute;, alzando hacia m&iacute; sus d&eacute;biles
+brazos.</p>
+
+<p>Y cuando su coraz&oacute;n de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar
+a su lado en las almohadas, apoy&oacute; su cabeza en m&iacute; y concluy&oacute; casi por
+ponerla sobre mis rodillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Qu&eacute; frescura!&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>En seguida cerr&oacute; los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si
+durmiera.</p>
+
+<p>Enjugu&eacute; con mi pa&ntilde;uelo el sudor que cubr&iacute;a su frente.</p>
+
+<p>Ella me agradeci&oacute; por se&ntilde;as y dijo:&mdash;Estoy todav&iacute;a un poco d&eacute;bil, me
+parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que ma&ntilde;ana podr&eacute;
+levantarme y atender a la casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gran Dios, qu&eacute; ideas tienes!&mdash;exclam&eacute; espantada.</p>
+
+<p>Ella suspir&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no tienes derecho de reposar?</p>
+
+<p>Marta no contest&oacute;, poro de repente se puso a llorar amargamente.</p>
+
+<p>La calm&eacute;, bes&eacute; sus mejillas y sus ojos pre&ntilde;ados de l&aacute;grimas, y le
+supliqu&eacute; que me abriera su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No eres feliz? &iquest;Roberto no es bueno contigo?</p>
+
+<p>&mdash;Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy
+desdichada, hermanita, m&aacute;s desdichada de lo que puedo decirte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;, Dios m&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tengo miedo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le conven&iacute;a.</p>
+
+<p>Sent&iacute;, de improviso, que un fr&iacute;o glacial me invad&iacute;a, como si, emanado de
+su cuerpo, se trasladara al m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves? &iexcl;T&uacute; misma sientes que tengo raz&oacute;n!&mdash;murmur&oacute;, alzando hacia m&iacute;
+sus grandes ojos inquietos.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s loca&mdash;dije, esforz&aacute;ndome por re&iacute;r.</p>
+
+<p>Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofr&iacute;o. Un vago
+sentimiento me dec&iacute;a que Marta pod&iacute;a muy bien no equivocarse. Pero por
+el momento se trataba de consolarla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo puedes ser tan tonta para atormentarte as&iacute; t&uacute; misma? &iquest;Acaso su
+actitud no te dice noche y d&iacute;a que est&aacute;s en un error?</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; lo que s&eacute;&mdash;replic&oacute; ella, suavemente, con esa resignaci&oacute;n altiva que
+es el arma de los d&eacute;biles.&mdash;Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor
+tiene muchos a&ntilde;os: estaba ya en mi coraz&oacute;n aun antes de que fu&eacute;ramos
+novios, y yo sab&iacute;a bien lo que hac&iacute;a cuando me negaba entonces a ser su
+mujer; &iexcl;era el amor, s&oacute;lo el amor lo que me guiaba!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marta! &iexcl;Marta!&mdash;exclam&eacute; en tono de reproche.&mdash;Me parece que me has
+ocultado muchas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Todo te lo dije en aquella &eacute;poca&mdash;respondi&oacute; ella;&mdash;pero t&uacute; no quer&iacute;as
+creerme, quer&iacute;as por fuerza hacer mi felicidad; y m&aacute;s tarde, &iquest;por qu&eacute;
+habr&iacute;a hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que
+se les ha querido dar; habr&iacute;as concluido por ver en mis palabras un
+reproche a Roberto, quiz&aacute; hasta a ti misma, y yo no pod&iacute;a dar lugar a
+semejante equivocaci&oacute;n. Mi desgracia data del d&iacute;a en que llegamos aqu&iacute;.
+Cuando lo vi re&ntilde;ir con su madre, o&iacute; que una voz me gritaba: &laquo;&iexcl;Tuya es la
+culpa!&raquo; Cuando de d&iacute;a en d&iacute;a lo vi ponerse m&aacute;s sombr&iacute;o y m&aacute;s triste, me
+repet&iacute;a nuevamente en el fondo del coraz&oacute;n: &laquo;&iexcl;Tuya es la culpa!&raquo; Durante
+la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este
+pensamiento:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s tan triste y tan melanc&oacute;lica, por qu&eacute; no sabes sino
+arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves
+sufrir?&raquo;</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que
+vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso
+las arrugas de su frente? A&uacute;n m&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; te faltan el orgullo y la
+fuerza? &iquest;Por qu&eacute; no puedes decirle: &laquo;Ref&uacute;giate a mi lado; si tu coraz&oacute;n
+tiembla, en m&iacute; encontrar&aacute;s nuevas fuerzas, velar&eacute; sobre ti y sostendr&eacute;
+tus pasos.&raquo; He ah&iacute; lo que habr&iacute;as hecho t&uacute;, hermana; no, no me
+contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habr&iacute;as
+tenido t&uacute;, con tu alta estatura; le habr&iacute;as abierto los brazos para que
+pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no
+se atreven a penetrar... pero, m&iacute;rame&mdash;y al decir esto dirig&iacute;a una
+mirada de l&aacute;stima a su cuerpo delicado y d&eacute;bil, cuyos flacos contornos
+se delineaban bajo la cobija.&mdash;&iquest;Ese lenguaje no ser&iacute;a rid&iacute;culo en mi
+boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan peque&ntilde;a, tan
+fr&aacute;gil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es
+cosa m&iacute;a... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en
+las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez m&aacute;s de m&iacute;. Por
+la ma&ntilde;ana me esforzaba en re&iacute;r, quer&iacute;a fingir la indiferencia y la
+alegr&iacute;a de un p&aacute;jaro, creyendo que ese era el papel que mejor me
+convendr&iacute;a y m&aacute;s le agradar&iacute;a; pero los cantos y la risa se ahogaban en
+mi garganta, y &eacute;l lo notaba muy bien, pues sonre&iacute;a con expresi&oacute;n
+compasiva, y yo sent&iacute;a redoblar mi verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocult&oacute; el rostro en mis faldas; luego
+continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, trat&eacute; por lo
+menos de indemnizarlo de otra manera. T&uacute; sabes que nunca en mi vida he
+tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jam&aacute;s hab&iacute;a tenido sobre m&iacute;
+una labor tan penosa como durante estos tres a&ntilde;os. Y, cuando ya no
+pod&iacute;a m&aacute;s, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, segu&iacute;a
+adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: &laquo;Haz ver que eres
+por lo menos &uacute;til para algo, arr&eacute;glate de modo que nunca sepa cu&aacute;n poca
+cosa posee en realidad en tu persona...&raquo; Pero, &iquest;de qu&eacute; sirve todo eso?
+Todos mis esfuerzos son enteramente in&uacute;tiles. Tan pronto como vuelvo las
+espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un d&iacute;a mi trabajo
+le parezca insuficiente.</p>
+
+<p>As&iacute; se quejaba la desdichada, y yo misma ten&iacute;a el coraz&oacute;n despedazado al
+ver tanto dolor.</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, tengo que hacerte una s&uacute;plica&mdash;dijo ella finalmente,
+tom&aacute;ndome ambas manos:&mdash;sondea a Roberto, procura saber si est&aacute; contento
+de m&iacute;, y despu&eacute;s me lo dir&aacute;s.</p>
+
+<p>La atraje hacia m&iacute;, le prodigu&eacute; mil palabras cari&ntilde;osas, y trat&eacute; de
+alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su esp&iacute;ritu. Ella
+beb&iacute;a con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba
+pendiente de mis labios y de vez en cuando un d&eacute;bil suspiro se escapaba
+de su pecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iquest;Por qu&eacute; no has estado siempre a mi lado?&mdash;exclam&oacute;, acarici&aacute;ndome
+las manos.</p>
+
+<p>En ese momento, un nuevo pensamiento pareci&oacute; desalentarla otra vez.
+Insist&iacute; para que hablara, pero no quer&iacute;a decidirse a hacerlo; al fin
+dijo, balbuciendo y tartamudeando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute; har&aacute;s todo mil veces mejor que yo; le ense&ntilde;ar&aacute;s lo que habr&iacute;a
+podido tener y lo que tiene; ver&aacute; qu&eacute; pobre criatura soy a tu lado!</p>
+
+<p>Un espanto se apoder&oacute; de m&iacute;; luego comprend&iacute;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a so&ntilde;ado en poseer un hogar, pero ese sue&ntilde;o se desvanec&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo
+pod&iacute;a permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consum&iacute;a de
+dolor y de celos por causa m&iacute;a?</p>
+
+<p>Marta sinti&oacute; que me hab&iacute;a hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta
+mi cuello, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Compr&eacute;ndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco
+celosa, que mi deseo m&aacute;s ardiente es que os entend&aacute;is ambos despu&eacute;s de
+mi muerte, y que...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Despu&eacute;s de tu muerte!&mdash;exclam&eacute; espantada.&mdash;&iexcl;Marta, no digas eso! &iexcl;Es
+un crimen!</p>
+
+<p>Ella se sonri&oacute;, triste y resignada.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute; mejor que t&uacute;&mdash;dijo.&mdash;Mis fuerzas se han agotado desde hace
+tiempo. Ya antes, esa larga espera me hab&iacute;a aniquilado. Por eso deseaba
+verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluir&iacute;a;
+antes de partir quer&iacute;a arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como
+fuere, tarde o temprano tendr&eacute; que pasar por eso, y quiero antes estar
+segura de que dejo a ambos, al ni&ntilde;o y a &eacute;l, en buenas manos.</p>
+
+<p>Me estremec&iacute; y en seguida sent&iacute; que una gran laxitud me invad&iacute;a. Me
+pareci&oacute; que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta
+rendir el alma.</p>
+
+<p>En ese momento se oyeron en la habitaci&oacute;n contigua los gritos del
+peque&ntilde;uelo que se hab&iacute;a despertado y reclamaba a su nodriza. Respir&eacute;
+largamente y reflexion&eacute; acerca de m&iacute; misma y de los deberes que me
+incumb&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Oyes, Marta?&mdash;grit&eacute;.&mdash;Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la
+dicha m&aacute;s grande que puede pretender una mujer. Renacer&aacute;s por tu hijo;
+tu vida sacar&aacute; de su juventud un nuevo vigor.</p>
+
+<p>Un rel&aacute;mpago pas&oacute; por sus ojos; luego se dej&oacute; caer suavemente y cerr&oacute;
+los p&aacute;rpados, sonri&eacute;ndose. S&oacute;lo el sentimiento de la maternidad pod&iacute;a
+dar alas a su esperanza.</p>
+
+<p>Abri&oacute; la boca una vez m&aacute;s y murmur&oacute; algunas s&iacute;labas. Me inclin&eacute; hacia
+ella y pregunt&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, hermana querida?</p>
+
+<p>&mdash;Desear&iacute;a ser &uacute;til para algo en este mundo&mdash;dijo, con un suspiro.</p>
+
+<p>Y con este pensamiento, se durmi&oacute;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3>
+
+
+<p>Hab&iacute;a cerrado ya la noche cuando Roberto penetr&oacute; sigilosamente en la
+habitaci&oacute;n. Yo me sobresalt&eacute;: sent&iacute; de repente que me iba a ver reducida
+a esconderme, a huir de &eacute;l hasta el fin del mundo: &laquo;&iexcl;Es necesario que no
+te encuentre, no te encontrar&aacute;!&raquo;&mdash;me gritaba una voz interior.&mdash;Mis
+mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor
+traicionara mi emoci&oacute;n a pesar de la obscuridad.</p>
+
+<p>Se acerc&oacute; a la cama, escuch&oacute; un instante la respiraci&oacute;n apacible de
+Marta y en seguida me dijo en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, Olga. Est&aacute;s cansada; tomar&aacute;s algo y despu&eacute;s ir&aacute;s a descansar.</p>
+
+<p>Quise protestar, pues tem&iacute;a mucho encontrarme sola con &eacute;l, pero, para no
+despertar a mi hermana que dorm&iacute;a, lo segu&iacute; sin decir una palabra.</p>
+
+<p>El comedor era una vasta habitaci&oacute;n, blanqueada, con muebles antiguos
+que parec&iacute;an estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a
+negros gigantes agazapados. Bajo la ara&ntilde;a hab&iacute;a una mesa redonda con dos
+cubiertos.</p>
+
+<p>&mdash;He hecho comer antes al personal de la granja&mdash;dijo Roberto,
+volvi&eacute;ndose hacia m&iacute;,&mdash;pues no he querido darte el disgusto de ver caras
+extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>Y, al decir esto, se dej&oacute; caer pesadamente en una silla, apoy&oacute; la barba
+en su mano y fij&oacute; la mirada en el salero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero t&uacute; no comes!&mdash;dijo al cabo de un instante.</p>
+
+<p>Sacud&iacute; la cabeza: no habr&iacute;a sido capaz de comer un bocado, aun cuando el
+hambre me desgarrara las entra&ntilde;as. Su presencia me paralizaba por
+completo.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; un nuevo silencio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo la encuentras t&uacute;?&mdash;pregunt&oacute; &eacute;l al fin.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;&mdash;dije, violent&aacute;ndome para hablar,&mdash;si debo sentir alegr&iacute;a o
+inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; inquietud?&mdash;pregunt&oacute; bruscamente.</p>
+
+<p>Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia.</p>
+
+<p>&mdash;Marta se atormenta a s&iacute; misma.</p>
+
+<p>Me dirigi&oacute; de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que dec&iacute;a:
+&laquo;&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n lo sabes ya?&raquo; Luego levant&oacute; el pu&ntilde;o desperez&aacute;ndose y exhal&oacute;
+un suspiro. Su cabellera enmara&ntilde;ada le ca&iacute;a sobre la frente y en las
+extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se
+acentuaban a&uacute;n m&aacute;s.</p>
+
+<p>Tuve miedo, miedo de m&iacute; misma. &iquest;Lo que acababa de decir no parec&iacute;a una
+acusaci&oacute;n a Marta, no lo invitaba a acusarla?</p>
+
+<p>&mdash;Te ama demasiado&mdash;repuse, apretando los dientes.</p>
+
+<p>Sab&iacute;a que iba a hacerle mal y era lo que quer&iacute;a.</p>
+
+<p>&Eacute;l se sobresalt&oacute; y me mir&oacute; un instante, con una extra&ntilde;eza sincera,
+inclin&oacute; repetidas veces la cabeza y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado.</p>
+
+<p>Yo habr&iacute;a querido en seguida pedirle perd&oacute;n. Verdaderamente no merec&iacute;a
+esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de
+sol: s&oacute;lo en mi coraz&oacute;n reinaban las tinieblas.</p>
+
+<p>Cre&iacute; que las l&aacute;grimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme.</p>
+
+<p>Vi que no podr&iacute;a contenerme por m&aacute;s tiempo, y me levant&eacute; bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Roberto&mdash;dije, sin tenderle la mano.&mdash;Estoy extenuada,
+necesito acostarme; deja, un criado me indicar&aacute; el camino. &iexcl;Deja, te
+digo!</p>
+
+<p>Grit&eacute; esas &uacute;ltimas palabras como impulsada por el enojo: &eacute;l se detuvo,
+cortado.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3>
+
+
+<p>En la penumbra del corredor, el aire fresco me calm&oacute; muy pronto. Di
+algunos paseos y despu&eacute;s fui en busca de una criada para que me indicara
+mi habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;ora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que
+lo toquen; hay tambi&eacute;n una carta para la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>Cuando me qued&eacute; sola, pas&eacute; revista a la habitaci&oacute;n. &iexcl;Querida y excelente
+hermana! Hab&iacute;a pensado en mis menores deseos, se hab&iacute;a acordado
+fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi
+aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar.
+Nada faltaba all&iacute;, de lo que mi coraz&oacute;n m&aacute;s apreciaba antes. Sobre la
+cama ca&iacute;an cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que hab&iacute;an
+abrigado mis primeros sue&ntilde;os de ni&ntilde;a; en el borde de la ventana hab&iacute;a
+geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes
+algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros
+tiempos al despertarme, y en los estantes encontr&eacute; los libros en que
+hab&iacute;a aprendido las primeras nociones del amor.</p>
+
+<p>El drama de <i>Ifigenia</i>, que, en aquellos d&iacute;as claros y sin nubes, hab&iacute;a
+sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. &iexcl;Oh, bondad del
+Cielo! &iexcl;Cu&aacute;nto tiempo hac&iacute;a que lo hab&iacute;a le&iacute;do, cu&aacute;nto tiempo hac&iacute;a que
+lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la
+santa sacerdotisa hac&iacute;a sufrir a mi alma!</p>
+
+<p>Entre las p&aacute;ginas del libro encontr&eacute; la carta de que me hab&iacute;a hablado la
+criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a
+encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre,
+le&iacute;:</p>
+
+
+
+<p class="adr top5">&laquo;&iexcl;Hermana muy querida!</p>
+
+<p>&raquo;Cuando entres en este cuarto no podr&eacute; desearte la bienvenida: estar&eacute;
+enferma y quiz&aacute; hasta mis labios se habr&aacute;n cerrado para siempre. Todo lo
+encontrar&aacute;s como ten&iacute;as la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba
+preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el
+dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en
+paz y du&eacute;rmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfu&eacute;rzate en
+amar a Roberto, como &eacute;l mismo te amar&aacute;. Entonces todo ir&aacute; bien todav&iacute;a,
+ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a &Eacute;l. Tu hermana,
+<i>Marta</i>.&raquo;</p>
+
+
+
+<p class="top5">Nada nuevo hab&iacute;a en lo que all&iacute; me dec&iacute;a y, sin embargo, me sent&iacute; tan
+violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su
+cari&ntilde;o, que no tuve en el primer momento m&aacute;s que un pensamiento: ir a
+arrojarme al pie de su cama, y confesarle cu&aacute;n indigna era aquella a
+quien ofrec&iacute;a el asilo de su coraz&oacute;n y de su techo.</p>
+
+<p>Ciertamente, ya no me cab&iacute;a ninguna duda. Esa fatal pasi&oacute;n, que yo cre&iacute;a
+haber arrancado de mi alma con todas sus ra&iacute;ces, se hab&iacute;a cubierto de
+una nueva y frondosa vegetaci&oacute;n; las heridas cicatrizadas desde hac&iacute;a
+tiempo se hab&iacute;an vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me parec&iacute;a
+sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes.</p>
+
+<p>Ya era in&uacute;til ocultar o disimular. Se hab&iacute;an acabado, desde hac&iacute;a largo
+tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos
+nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente
+de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un
+conocimiento madurado por los a&ntilde;os, la actitud fr&iacute;a y r&iacute;gida que impone
+una conducta severa.</p>
+
+<p>S&iacute;, lo amaba, lo amaba con una pasi&oacute;n tan ardiente, tan dolorosa como
+s&oacute;lo el coraz&oacute;n retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede
+amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a crecido con ese amor, me hab&iacute;a aferrado a &eacute;l en la pasi&oacute;n secreta
+de mi coraz&oacute;n; mi ser hab&iacute;a encontrado en &eacute;l su vigor: era mi fuerza y
+mi debilidad, era mi vida y mi muerte.</p>
+
+<p>&iquest;Lo merec&iacute;a Roberto? &iquest;Me comprend&iacute;a? &iexcl;Qu&eacute; importaba! Nunca lo
+comprender&iacute;a despu&eacute;s de todo. Y luego, no era &eacute;l sino yo la que ten&iacute;a
+que conquistar un derecho a su amor. A esa hora sab&iacute;a que jam&aacute;s podr&iacute;a
+desterrar de mi pecho esa pasi&oacute;n. Se trataba de someterse a ella como
+uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera
+criminal: deb&iacute;a reinar pura en el fondo de mi coraz&oacute;n puro.</p>
+
+<p>Y, en verdad, no me hab&iacute;an llamado a esa casa para labrar su desgracia.</p>
+
+<p>Una gran misi&oacute;n, una misi&oacute;n sagrada me esperaba. Marta ver&iacute;a en breve
+que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprender&iacute;a
+conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvaci&oacute;n de su marido
+muy amado, el amor que la consum&iacute;a en vano. Su valor, a mi lado, iba a
+rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. &iexcl;C&oacute;mo me promet&iacute;a
+sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; c&oacute;mo me
+violentar&iacute;a para re&iacute;r cuando la melancol&iacute;a la envolviera con su velo
+sombr&iacute;o! Sabr&iacute;a, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes,
+devolver a las frentes su serenidad, y har&iacute;a de modo que siempre
+brillara entre esas paredes un &uacute;ltimo rayo de sol.</p>
+
+<p>Mi vida transcurrir&iacute;a sin deseo, feliz tan s&oacute;lo de la dicha de los m&iacute;os,
+en una abnegaci&oacute;n discreta y resignada.</p>
+
+<p>Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo
+tambi&eacute;n iba a desempe&ntilde;ar el papel augusto y sublime de la sacerdotisa.</p>
+
+<p>Este piadoso pensamiento hizo caer la agitaci&oacute;n de mi alma, y con &eacute;l me
+dorm&iacute;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3>
+
+
+<p>Cuando me despert&eacute; esa primera ma&ntilde;ana, me sent&iacute; satisfecha, casi feliz.
+En m&iacute; reinaba una paz casi religiosa que no conoc&iacute;a ya, desde hac&iacute;a un
+n&uacute;mero infinito de a&ntilde;os. Sab&iacute;a que en lo sucesivo no ten&iacute;a por qu&eacute; temer
+el encontrarme con &eacute;l.</p>
+
+<p>Marta dorm&iacute;a todav&iacute;a. Cuando mir&eacute; a la habitaci&oacute;n por la abertura de la
+puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia
+atr&aacute;s, y o&iacute; una respiraci&oacute;n corta y oprimida.</p>
+
+<p>Tranquilizada, me alej&eacute; para entrar inmediatamente en mis funciones de
+ama de casa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no necesitar&aacute; extenuarse en el trabajo&mdash;pens&eacute;, penetrada de una
+secreta alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Hice, para tomar oficialmente la direcci&oacute;n de la casa, una inspecci&oacute;n
+que dur&oacute; casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta
+docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no
+habr&iacute;a tardado en impon&eacute;rselo.</p>
+
+<p>A la hora del almuerzo me encontr&eacute; con Roberto. Sent&iacute; al entrar al
+comedor una leve palpitaci&oacute;n del coraz&oacute;n, la que desapareci&oacute; tan pronto
+como me acord&eacute; de mi juramento de la v&iacute;spera. Me le acerqu&eacute;, serena,
+mir&aacute;ndolo de frente, y le extend&iacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Marta duerme todav&iacute;a?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&Eacute;l sacudi&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;He mandado buscar al m&eacute;dico&mdash;dijo.&mdash;Ha pasado una mala noche... la
+emoci&oacute;n de tu llegada parece haberle hecho da&ntilde;o.</p>
+
+<p>Sent&iacute; un poco de temor; pero mi gran resoluci&oacute;n me hab&iacute;a llenado de tal
+alegr&iacute;a, que no hab&iacute;a ya lugar en m&iacute; para una inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres servirte t&uacute; mismo? Mientras tanto ir&eacute; a verla.</p>
+
+<p>Cuando entr&eacute; en la habitaci&oacute;n, la encontr&eacute; en la misma posici&oacute;n en que
+la hab&iacute;a dejado por la ma&ntilde;ana, y, acerc&aacute;ndome a la cama, vi que ten&iacute;a
+los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo.</p>
+
+<p>Tuve miedo y la llam&eacute; por su nombre; entonces una ligera sonrisa pas&oacute;
+por su rostro; se volvi&oacute; penosamente y me mir&oacute; de frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te sientes bien, Marta?</p>
+
+<p>Sacudi&oacute; la cabeza con expresi&oacute;n dolorida y cerr&oacute; un poco la mano. Eso
+quer&iacute;a decir: Ven, si&eacute;ntate a mi lado.</p>
+
+<p>Tom&eacute; su cabeza entre mis brazos y de repente un calofr&iacute;o sacudi&oacute; su
+cuerpo; o&iacute; que sus dientes casta&ntilde;eteaban.</p>
+
+<p>&mdash;Dame una frazada gruesa&mdash;murmur&oacute;,&mdash;tengo mucho fr&iacute;o.</p>
+
+<p>Hice lo que me hab&iacute;a pedido y me sent&eacute; de nuevo a su lado. Ella se
+apoder&oacute; de mis manos y las estrech&oacute; como si hubiera querido calentarse
+con su contacto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has dormido bien?&mdash;pregunt&oacute; con esa misma voz de ronco falsete que no
+le conoc&iacute;a.&mdash;Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sent&iacute; nacer en
+m&iacute; un vivo sentimiento de verg&uuml;enza. &iquest;Qu&eacute; era mi gran proyecto de
+renunciamiento comparado con esa especie de abnegaci&oacute;n, de olvido de s&iacute;
+misma, que se manifestaba en las m&aacute;s peque&ntilde;as como en las m&aacute;s grandes
+circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? &iexcl;Y yo, ego&iacute;sta
+y orgullosa, me envanec&iacute;a todav&iacute;a de esa sublime resoluci&oacute;n de mi
+coraz&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?&mdash;continu&oacute; ella, al mismo
+tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un d&eacute;bil fulgor de
+malicia.</p>
+
+<p>A guisa de respuesta pos&eacute; humildemente en sus labios un beso de
+agradecimiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, b&eacute;same, b&eacute;same otra vez!&mdash;dijo ella.&mdash;Tu boca es tan bella, tan
+ardiente: da calor al cuerpo y al alma.</p>
+
+<p>Y un nuevo calofr&iacute;o la sacudi&oacute;.</p>
+
+<p>Un instante despu&eacute;s entr&oacute; Roberto.</p>
+
+<p>&mdash;Prep&aacute;rate, querida&mdash;dijo acariciando la mejilla de Marta;&mdash;el m&eacute;dico,
+nuestro t&iacute;o, ha llegado.</p>
+
+<p>En seguida me hizo una se&ntilde;a y sal&iacute; detr&aacute;s de &eacute;l. Junto a la cuna del
+reci&eacute;n nacido encontr&eacute; a un hombre ya viejo, cuya barba gris no hab&iacute;a
+sido afeitada por varios d&iacute;as, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e
+inteligentes que me miraban sonriendo detr&aacute;s de los brillantes vidrios
+de sus antiparras.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iquest;es ella?&mdash;dijo extendi&eacute;ndome la mano.</p>
+
+<p>Una oleada de sangre me subi&oacute; al coraz&oacute;n; a la primera ojeada comprend&iacute;
+que ten&iacute;a delante de m&iacute; a un amigo, a quien podr&iacute;a confiarme sin
+reserva.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!&mdash;continu&oacute;
+&eacute;l.&mdash;De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Ll&eacute;vame a su lado,
+Roberto; sin duda la cosa no es tan grave.</p>
+
+<p>Me qued&eacute; sola con la nodriza y el ni&ntilde;o, que se agitaba y lanzaba a
+derecha e izquierda sus pu&ntilde;itos.</p>
+
+<p>&mdash;Adquirir&eacute; tambi&eacute;n el derecho de contribuir a tu felicidad&mdash;pens&eacute;
+mientras acariciaba su peque&ntilde;o cr&aacute;neo redondo y luciente, sobre el cual
+temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como
+la seda. La v&iacute;spera, hab&iacute;a apenas dirigido una mirada a esa criaturita;
+ese d&iacute;a, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura
+infinita.</p>
+
+<p>&mdash;Desde ayer te has vuelto m&aacute;s pura y mejor&mdash;me dije mentalmente.</p>
+
+<p>La visita fue larga, de una duraci&oacute;n inquietante. Al fin, la puerta de
+la habitaci&oacute;n contigua se abri&oacute;; el m&eacute;dico sali&oacute; solo. Parec&iacute;a irritado,
+furioso; sus mand&iacute;bulas se agitaban como si hubieran querido triturar
+algo.</p>
+
+<p>&mdash;He alejado a Roberto&mdash;dijo.&mdash;Necesito hablar a solas con usted.</p>
+
+<p>Entonces me tom&oacute; la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera
+humeaba todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo por usted un respeto muy grande, se&ntilde;orita&mdash;comenz&oacute; enjugando las
+gotas de sudor de su frente.&mdash;Por todo lo que he o&iacute;do decir, es usted
+una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado.</p>
+
+<p>&mdash;Basta de pre&aacute;mbulos, se lo ruego, doctor&mdash;dije, sinti&eacute;ndome palidecer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bueno! A m&iacute; tampoco me gustan los pre&aacute;mbulos. Su hermana...</p>
+
+<p>Y al decir esto, sin embargo, se detuvo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi hermana... est&aacute; en... peligro de muerte, doctor!</p>
+
+<p>Hab&iacute;a querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me as&iacute;
+del borde de la mesa para no caer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos! &iexcl;valor, valor!&mdash;murmur&oacute; &eacute;l poni&eacute;ndome la mano en el
+hombro.&mdash;La fiebre, ese terrible hu&eacute;sped, est&aacute; all&iacute; y no es tan f&aacute;cil
+despedirla.</p>
+
+<p>Yo apret&eacute; los dientes: no quer&iacute;a que me viera temblar. Ya hab&iacute;a o&iacute;do
+hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no
+pudiera formarme una idea de sus terrores.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Roberto lo sabe?</p>
+
+<p>Ese fue el primer pensamiento que me vino.</p>
+
+<p>El doctor se encogi&oacute; de hombros rasc&aacute;ndose la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho m&aacute;s que la
+mitad de la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l es la verdad entera?</p>
+
+<p>Y enderez&aacute;ndome lo mir&eacute; en los ojos.</p>
+
+<p>&Eacute;l guard&oacute; silencio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Va a morir?</p>
+
+<p>Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa m&aacute;s
+temible, respir&oacute; con mayor libertad. Pero no o&iacute; su respuesta, pues, en
+el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas
+horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible
+vivacidad aquella escena de mis a&ntilde;os de infancia en que Marta se me
+hab&iacute;a aparecido tendida en el sof&aacute;, semejante a un cad&aacute;ver. Cre&iacute; sentir
+que una mano de muerta me hund&iacute;a las u&ntilde;as en el pecho; ante mis ojos
+pasaron rel&aacute;mpagos sangrientos; lanc&eacute; un grito... luego cre&iacute; o&iacute;r que una
+voz me gritaba: &laquo;&iexcl;Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, s&aacute;lvala, d&aacute; tu
+propia vida para conservar la suya!&raquo; Bruscamente me ergu&iacute;; hab&iacute;a vuelto
+a encontrar mis fuerzas.</p>
+
+<p>&mdash;Doctor&mdash;dije,&mdash;si Marta se muere, perder&eacute; todo lo que poseo en este
+mundo y yo misma habr&eacute; concluido. Pero, mientras pueda serle &uacute;til, no
+flaquear&eacute;: necesito una certidumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Una certidumbre, querida ni&ntilde;a&mdash;repuso &eacute;l apoder&aacute;ndose de mis
+manos,&mdash;no la habr&aacute; hasta la curaci&oacute;n o hasta el momento fatal. Por
+desesperada que sea la situaci&oacute;n, puede siempre producirse una reacci&oacute;n
+y ahora m&aacute;s que nunca, puesto que la enfermedad est&aacute; todav&iacute;a en sus
+primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es
+la parte m&aacute;s triste. Sin embargo, quiz&aacute; conseguiremos ahogar el mal en
+su germen, y entonces todo se habr&aacute; salvado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; puedo hacer por ella?&mdash;exclam&eacute;, extendiendo hacia &eacute;l mis manos
+juntas.&mdash;&iexcl;Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida
+para salvar la suya, no le habr&iacute;a dado todo lo que le debo.</p>
+
+<p>&Eacute;l me mir&oacute; sorprendido.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo habr&iacute;a podido comprenderme?</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3>
+
+
+<p>Y ahora he llegado a la parte m&aacute;s dif&iacute;cil de mi relato. Desde hace ocho
+d&iacute;as, doy vueltas en torno de estas p&aacute;ginas sin atreverme a tomar la
+pluma. Un calofr&iacute;o de espanto me invade al pensar en lo que me espera.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, me har&aacute; bien el acordarme una vez m&aacute;s de esos tres d&iacute;as
+y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento m&aacute;s
+tierno, una melancol&iacute;a m&aacute;s dulce, parecen saturar mi coraz&oacute;n. &iexcl;Atr&aacute;s,
+atr&aacute;s, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy
+destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si
+alguna vez lo olvido, la historia de esos tres d&iacute;as sabr&aacute; hacerme
+recordarlo...</p>
+
+<p>Cuando acerqu&eacute; mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis
+funciones de enfermera, la encontr&eacute; dormida; pero ese no era el sue&ntilde;o
+que fortifica y prepara la convalecencia; era un sue&ntilde;o que pesaba sobre
+ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los p&aacute;rpados. Cuando su
+pecho se levantaba o se bajaba, se habr&iacute;a dicho que obedec&iacute;a a una
+fuerza extra&ntilde;a que lo dilataba y lo comprim&iacute;a alternativamente. Su
+rostro p&aacute;lido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio
+hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban,
+semejantes a reptiles. Ocult&eacute; mi cara entre las manos: no pod&iacute;a soportar
+ese espect&aacute;culo.</p>
+
+<p>Las horas del d&iacute;a pasaron. Ella dorm&iacute;a, dorm&iacute;a sin pensar en
+despertarse.</p>
+
+<p>De vez en cuando o&iacute;a afuera el paso ligero de las criadas; aparte de
+eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto,
+ni trazas.</p>
+
+<p>A mediod&iacute;a no pude dejar de preguntar por su paradero. Le hab&iacute;an visto
+por la ma&ntilde;ana salir a los campos, seguido por sus perros. Y as&iacute;, desde
+hac&iacute;a horas, vagaba bajo la lluvia.</p>
+
+<p>El reloj toc&oacute; las tres; en ese momento entr&oacute; &eacute;l, chorreando agua, con la
+mirada empa&ntilde;ada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente.</p>
+
+<p>Deb&iacute;a haber sufrido horriblemente.</p>
+
+<p>Quise acercarme a &eacute;l, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me
+atrev&iacute;. La mirada hura&ntilde;a y sombr&iacute;a que me lanz&oacute;, me dec&iacute;a con bastante
+claridad: &laquo;&iquest;Qu&eacute; quieres? D&eacute;jame solo con mi dolor.&raquo;</p>
+
+<p>Hab&iacute;a asido una de las columnas de la cama y permanec&iacute;a all&iacute;, con los
+ojos fijos en Marta, mordi&eacute;ndose los labios. Despu&eacute;s sali&oacute;, como hab&iacute;a
+venido, sin decir una palabra.</p>
+
+<p>Pasaron dos horas m&aacute;s en el silencio y la espera. Los vapores de fenol
+que se desprend&iacute;an del plato colocado frente a m&iacute;, principiaban a darme
+dolor de cabeza. Apoy&eacute; la frente en los vidrios para refrescarla,
+siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento
+levantaba y hac&iacute;a revolotear hasta la ventana.</p>
+
+<p>Comenzaba ya a obscurecer, cuando o&iacute; de repente afuera, en el corredor,
+una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la
+enferma, dormida, se estremeci&oacute; dolorosamente.</p>
+
+<p>La c&oacute;lera me subi&oacute; a la cara. Quise correr para echar de la casa a la
+persona que hac&iacute;a tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropec&eacute; con
+ella.</p>
+
+<p>A la primera mirada reconoc&iacute; esa cara colorada e hinchada, esos ojillos
+perversos. &iexcl;Qui&eacute;n pod&iacute;a ser sino <i>ella</i>, la mejor de todas las t&iacute;as y de
+todas las madres!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Al fin&mdash;exclam&eacute; para mis adentros,&mdash;al fin voy a verte de frente, mis
+ojos en los tuyos!</p>
+
+<p>&mdash;De modo que t&uacute; eres Olga&mdash;exclam&oacute; siempre en el mismo tono estridente
+y llor&oacute;n que llenaba la casa.&mdash;&iexcl;Buenos d&iacute;as, mi queridita! &iexcl;Oh! &iexcl;Qu&eacute;
+desgracia! &iquest;Entonces es verdad? &iexcl;La noticia me ha trastornado!</p>
+
+<p>&mdash;Le ruego, querida t&iacute;a&mdash;le dije cruz&aacute;ndome de brazos,&mdash;que vaya usted a
+trastornarse a otra parte y no aqu&iacute;, y que a la cabecera de la enferma
+modere usted el tono de su voz.</p>
+
+<p>Ella se qued&oacute; cortada. La mirada envenenada que me lanz&oacute; entonces, no
+la olvidar&eacute; en mi vida.</p>
+
+<p>Pero ya sab&iacute;a con qui&eacute;n ten&iacute;a que hab&eacute;rmelas. Por otra parte, ella
+recogi&oacute; el guante en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Haces muy bien, hija m&iacute;a&mdash;dijo, y su voz tom&oacute; de pronto un sonido
+met&aacute;lico, como una trompeta de guerra,&mdash;haces muy bien en atender a tu
+pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es in&uacute;til
+ahora; soy yo quien va a quedarse aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Esp&eacute;rate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato&raquo;&mdash;exclam&eacute;
+mentalmente.</p>
+
+<p>E irgui&eacute;ndome cuanto pude, le respond&iacute; con mi sonrisa m&aacute;s fr&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Se equivoca usted, querida t&iacute;a; se le ha prohibido a mi hermana de la
+manera m&aacute;s formal que la visiten personas extra&ntilde;as. Le ruego, pues, que
+se retire a la habitaci&oacute;n contigua.</p>
+
+<p>Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habr&iacute;a sido
+capaz de estrangularme all&iacute; mismo. Pero se march&oacute; y el buen t&iacute;o, sin
+voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detr&aacute;s de ella, la
+sigui&oacute;.</p>
+
+<p>En mi triunfo solt&eacute; una gran carcajada.</p>
+
+<p>Pero tambi&eacute;n, &iquest;qu&eacute; ven&iacute;s a hacer, almas codiciosas, en el templo del
+dolor? &iexcl;Atr&aacute;s!</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h3>
+
+
+<p>Vino la noche. Una banda roja, &uacute;ltimo vestigio del sol poniente, se
+extend&iacute;a sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras
+en el cielo de fuego. Durante largo rato segu&iacute; con los ojos las
+llamaradas, que la obscuridad concluy&oacute; tambi&eacute;n por absorber.</p>
+
+<p>El reloj dio las nueve y el viejo doctor entr&oacute;. Permaneci&oacute; mucho rato
+sentado en mi silla, silencioso, despu&eacute;s me acarici&oacute; la mano al
+despedirse y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Contin&uacute;e usted con el fenol, toda la noche.</p>
+
+<p>A la pregunta que ley&oacute; en mi mirada inquieta, no respondi&oacute; sino con un
+vago encogimiento de hombros.</p>
+
+<p>No s&eacute; d&oacute;nde, dos o tres habitaciones m&aacute;s lejos, o&iacute; la voz de Roberto que
+discut&iacute;a con el anciano. Era una prueba de que &eacute;l tampoco se alejaba de
+la cama de la enferma. &laquo;&iquest;Pero por qu&eacute; se contenta con quedarse
+afuera?&mdash;me preguntaba.&mdash;Casi se dir&iacute;a que le est&aacute; prohibida la
+entrada.&raquo;</p>
+
+<p>El reloj toca las diez, todo est&aacute; solitario en los alrededores, la casa
+parece entregada al reposo.</p>
+
+<p>El viento sacude la reja del jard&iacute;n, hace el ruido de un hu&eacute;sped
+atrasado que quiere entrar. &iquest;La muerte rondar&iacute;a ya en derredor de la
+casa? &iquest;Contar&iacute;a ya los granos de arena en su ampolleta?</p>
+
+<p>El furor de la desesperaci&oacute;n se apoder&oacute; de m&iacute;.</p>
+
+<p>Sin saber lo que hac&iacute;a, me precipit&eacute; hacia la puerta, como para cerrar
+el paso a ese demonio amenazador.</p>
+
+<p>&iexcl;Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado
+antes que aqu&eacute;l en el umbral de la puerta!</p>
+
+<p>Minutos despu&eacute;s entr&oacute; Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada m&aacute;s
+que esa mirada r&aacute;pida y sombr&iacute;a que ya me hab&iacute;a herido una vez como una
+pu&ntilde;alada.</p>
+
+<p>Con su paso pesado y balanceante avanz&oacute; hacia la cama, tom&oacute; la mano de
+Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas u&ntilde;as ten&iacute;an un matiz azulado, y
+la mir&oacute; fijamente. Despu&eacute;s se sent&oacute; en el rinc&oacute;n m&aacute;s obscuro, detr&aacute;s de
+la estufa, y permaneci&oacute; all&iacute; encogido durante dos horas, dos largas
+horas.</p>
+
+<p>Yo esperaba, con el coraz&oacute;n palpitante, que &eacute;l me dirigiera la palabra,
+pero guard&oacute; silencio como antes.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s de media noche sali&oacute; del cuarto.</p>
+
+<p>Por mucho tiempo todav&iacute;a lo o&iacute; pasearse afuera en el corredor, y el
+ruido sordo de sus pasos me record&oacute; otra noche en que, no menos
+temblorosa, hab&iacute;a o&iacute;do ese mismo ruido, dividida entre el temor y la
+esperanza.</p>
+
+<p>Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura
+insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los dem&aacute;s y de
+sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me parec&iacute;a en ese
+momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean
+all&aacute; arriba en la inmensidad.</p>
+
+<p>El ruido de los pasos se atenu&oacute;: Roberto hab&iacute;a entrado en su cuarto.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Volver&aacute;?&mdash;me pregunt&eacute;, aplicando el o&iacute;do al ojo de la
+cerradura.&mdash;Seguramente no puede dormir.&raquo;</p>
+
+<p>Y me estremec&iacute; de gozo al o&iacute;r que el ruido se acercaba de nuevo.</p>
+
+<p>Pero por mi cabeza pas&oacute; este pensamiento:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; te importa que vuelva o no? &iquest;Acaso es por &eacute;l por quien est&aacute;s aqu&iacute;?
+&iquest;No tienes all&iacute;, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas?&raquo;</p>
+
+<p>Me dej&eacute; caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le
+supliqu&eacute; que tuviera compasi&oacute;n de m&iacute;, quer&iacute;a hablarle, le dec&iacute;a, ten&iacute;a
+un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme.</p>
+
+<p>Ella no se despert&oacute;. Recogida en su dolor, yac&iacute;a, triste esqueleto. En
+sus p&oacute;mulos se encend&iacute;an peque&ntilde;as llamaradas. La respiraci&oacute;n silbaba.</p>
+
+<p>Por un instante sus labios se agitaron; parec&iacute;a querer hablar, pero las
+palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj hac&iacute;a o&iacute;r
+su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana ven&iacute;a el ligero
+quejido del viento y en el interior de la habitaci&oacute;n resonaba el ruido
+de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido.</p>
+
+<p>Y de improviso me pareci&oacute; o&iacute;r, en medio del silencio, que mi sangre se
+agitaba y herv&iacute;a dentro de mi cuerpo. Escuch&eacute; con atenci&oacute;n.
+Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas.
+&laquo;&iquest;Por qu&eacute; no circula apaciblemente como de costumbre&mdash;me pregunt&eacute;,&mdash;y
+como lo exige mi gran resoluci&oacute;n? &iquest;No he extirpado de mi coraz&oacute;n con
+todas sus ra&iacute;ces la idea de un crimen? &iquest;No lo he purificado con ayuda de
+mil fuegos? &iquest;No estoy aqu&iacute; para desempe&ntilde;ar el papel de sacerdotisa, de
+sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora?&raquo;</p>
+
+<p>&iexcl;Y escuch&eacute; nuevamente!</p>
+
+<p>&laquo;Son alucinamientos&raquo;&mdash;me dije.</p>
+
+<p>Pero a pesar de ello ten&iacute;a miedo de todo ese movimiento y de todo ese
+estr&eacute;pito, que parec&iacute;a aumentar a cada instante. Ve&iacute;a que un torrente me
+llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De &eacute;l surg&iacute;a una roca
+de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras
+de fuego, la palabra: &laquo;Asesinato.&raquo;</p>
+
+<p>El ruido de pasos se dej&oacute; o&iacute;r m&aacute;s. De un salto me par&eacute;... Roberto vino,
+se sent&oacute; al borde de la cama; con la mano enjug&oacute; el sudor que cubr&iacute;a la
+frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de &eacute;sta por entre sus
+dedos.</p>
+
+<p>Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus
+ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las &oacute;rbitas; sus
+labios apretados revelaban amargura e irritaci&oacute;n. All&iacute; estaba,
+petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a &eacute;l me sacudi&oacute; como
+un calofr&iacute;o de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sent&iacute; como dos
+manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de
+nuevo en mi asiento.</p>
+
+<p>Al fin pronunci&eacute; su nombre y me sobrecog&iacute; de espanto, de tal modo que el
+sonido de mi propia voz me pareci&oacute; extra&ntilde;o y l&uacute;gubre.</p>
+
+<p>&Eacute;l se volvi&oacute; y me mir&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;dije,&mdash;&iquest;por qu&eacute; no me hablas? Si hicieras compartir a otro el
+dolor que te oprime, eso te aliviar&iacute;a.</p>
+
+<p>Se levant&oacute; bruscamente, se me acerc&oacute; y me tom&oacute; ambas manos. A ese
+contacto sent&iacute; que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba
+alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo
+mir&eacute; con firmeza, de frente.</p>
+
+<p>&mdash;Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga&mdash;dijo &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir con eso, Roberto?&mdash;balbuc&iacute;.&mdash;&iquest;Me he mostrado
+desatenta para contigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si s&oacute;lo fuera desatenta!&mdash;replic&oacute; &eacute;l.&mdash;Pero me has tratado como a un
+extra&ntilde;o, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que Dios me libre de ello!&mdash;grit&eacute; deshaci&eacute;ndome, pues sent&iacute;a que iba
+a caer en sus brazos.</p>
+
+<p>Y &eacute;l contin&uacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Olga, si alguna vez te he hecho da&ntilde;o... &iquest;cu&aacute;l, no lo s&eacute;? Pero debe de
+ser as&iacute;, de lo contrario no me rechazar&iacute;as de esa manera; tu mirada, tu
+actitud entera, ser&iacute;an menos duras para m&iacute;... Si, pues, te he hecho
+da&ntilde;o, Olga, no ha sido culpa m&iacute;a; nunca he tenido sino buenas
+intenciones para ti. He... habr&iacute;a querido que siempre estuvieras aqu&iacute;
+como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente
+extra&ntilde;a... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos
+amamos...</p>
+
+<p>&iquest;Para qu&eacute; pronunciar&iacute;a su nombre? Sent&iacute;a nacer en m&iacute; una fiera alegr&iacute;a,
+me parec&iacute;a que me brotaban alas; y he ah&iacute; que su nombre me her&iacute;a como un
+latigazo. Me mord&iacute; los labios hasta que brot&oacute; la sangre. Pero a pesar de
+todo quise permanecer serena, quise desempe&ntilde;ar el papel de &aacute;ngel
+protector.</p>
+
+<p>&mdash;Roberto&mdash;dije,&mdash;te has equivocado gravemente con respecto a m&iacute;: nada
+he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el
+extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes
+tener confianza en m&iacute;... &iquest;quieres?</p>
+
+<p>Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te estoy tan agradecido, Olga!&mdash;dijo.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a de continuar
+teniendo confianza en ti? Mira, desde el d&iacute;a en que hicimos juntos en el
+bosque ese paseo a caballo, &iquest;te acuerdas? (&iexcl;Oh, si me acordaba!) desde
+ese d&iacute;a te he querido como a una hermana, a&uacute;n m&aacute;s que a todas mis
+hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi &aacute;ngel
+tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo ser&aacute;s todav&iacute;a en el porvenir, &iquest;no
+es verdad?</p>
+
+<p>Hice se&ntilde;a de que s&iacute; sin decir nada y me oprim&iacute; el pecho con las dos
+manos; en seguida, cuando &eacute;l lo not&oacute;, las dej&eacute; caer, pero retroced&iacute; tres
+pasos tambale&aacute;ndome y fue un milagro si consegu&iacute; mantenerme en pie.</p>
+
+<p>Inquieto, &eacute;l se me acerc&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy cansada&mdash;dije, esforz&aacute;ndome por sonre&iacute;r.&mdash;Ven, vamos a
+sentarnos, la noche es larga.</p>
+
+<p>Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el
+angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando
+al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacud&iacute;a a
+cada instante; sus p&aacute;rpados parec&iacute;an cerrados, las sombras de sus
+pesta&ntilde;as descend&iacute;an hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se
+inclinaba hacia ella, ve&iacute;a brillar en el fondo de las obscuras cavidades
+el blanco de los ojos, con un lustre de n&aacute;car p&aacute;lido. &Eacute;l lo not&oacute;, lo
+mismo que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Se dir&iacute;a que ya est&aacute; muerta&mdash;murmur&oacute;, ocultando la cabeza entre sus
+manos.&mdash;Y si muere&mdash;continu&oacute;,&mdash;no ser&aacute; a consecuencia de su parto, no
+ser&aacute; de esa miserable fiebre; s&oacute;lo yo ser&eacute; la causa de su muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Por el amor de Dios, &iquest;qu&eacute; dices?&mdash;exclam&eacute;, extendiendo hacia &eacute;l mis
+brazos.</p>
+
+<p>&Eacute;l inclin&oacute; la cabeza sonriendo amargamente.</p>
+
+<p>&mdash;Bien lo he visto durante estos tres a&ntilde;os: es doble, triple mi culpa.
+Primero, la dej&eacute; esperar y consumirse durante siete a&ntilde;os, dividida entre
+la esperanza y el desaliento, agotando as&iacute; su energ&iacute;a y sus fuerzas, &iexcl;y
+Dios sabe que no ten&iacute;a muchas! Despu&eacute;s la arrastr&eacute;, d&eacute;bil de cuerpo,
+abatida de esp&iacute;ritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil,
+y aun m&aacute;s hostil que todos, la que mejor habr&iacute;a debido sostenerla. &iexcl;Y yo
+mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegr&iacute;a, si hubiera velado
+para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera
+puesto un poco de sol en su existencia, quiz&aacute; habr&iacute;a podido vivir feliz
+a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y
+echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la
+voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi
+frente, la hac&iacute;a palidecer. &iexcl;Ve ah&iacute;, delante de nosotros, ese cuerpo que
+no tiene m&aacute;s que el aliento, y m&iacute;rame a m&iacute;, gigante rudo y tosco! M&aacute;s de
+una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que
+quiz&aacute; la hab&iacute;a ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en
+realidad. Lo que me conven&iacute;a era una mujer fuerte y...</p>
+
+<p>Espantado se detuvo y dirigi&oacute; al rostro de Marta una mirada que ped&iacute;a
+humildemente perd&oacute;n; pero yo complet&eacute; su frase con el pensamiento.</p>
+
+<p>Cuando Roberto sali&oacute; de la habitaci&oacute;n, un sentimiento de j&uacute;bilo se
+apoder&oacute; de m&iacute;, una loca alegr&iacute;a que desencadenaba un hurac&aacute;n en mi
+cabeza, sembraba la turbaci&oacute;n en mis sentidos y parec&iacute;a querer
+absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a m&iacute; misma.</p>
+
+<p>La atm&oacute;sfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolv&iacute;a mi cabeza
+como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la
+respiraci&oacute;n comenzaba a faltarme.</p>
+
+<p>Corr&iacute; a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspir&eacute; el aire fr&iacute;o
+de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas.</p>
+
+<p>El d&iacute;a apareci&oacute; a trav&eacute;s de las cortinas, un d&iacute;a fr&iacute;o y gris, sumido en
+la niebla. Nubes descoloridas sub&iacute;an pesadamente en el horizonte, y
+arrojaban un p&aacute;lido fulgor sobre los &aacute;rboles que chorreaban de humedad,
+y que parec&iacute;an haberse despojado todav&iacute;a durante la noche, de una parte
+de sus hojas.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; noche!</p>
+
+<p>&iexcl;Y cu&aacute;ntas otras m&aacute;s terribles que esa, van a sucederle! &iexcl;Qu&eacute; fantasmas,
+engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a
+favor de esas noches, en mi esp&iacute;ritu febricitante!</p>
+
+<p>Me sent&iacute; tiritar y me retir&eacute; a un rinc&oacute;n: ten&iacute;a miedo de m&iacute; misma.</p>
+
+<p>Pasaron las horas de la ma&ntilde;ana y poco a poco me fui calmando. El
+recuerdo de esa noche se borr&oacute; y con &eacute;l los des&oacute;rdenes de la fiebre y
+los tormentos de la conciencia. Lo que hab&iacute;a visto, lo que hab&iacute;a
+sentido, no me parec&iacute;a m&aacute;s que un sue&ntilde;o. Una laxitud aplastadora me
+invadi&oacute;; cerr&eacute; los ojos y ces&eacute; de pensar.</p>
+
+<p>Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abri&oacute; de
+improviso sus grandes ojos azules y me dirigi&oacute; una mirada llena de
+dulzura y de bondad. Me pareci&oacute; que era el ojo de Dios que se volv&iacute;a
+hacia m&iacute;, infeliz pecadora, y que en &eacute;l le&iacute;a la piedad y el perd&oacute;n.</p>
+
+<p>Un gozo puro, un gozo santo, me inund&oacute;. Me arroj&eacute; en los brazos de mi
+hermana y escond&iacute; mi cara sobre su hombro.</p>
+
+<p>En medio de sus dolores ella se puso a sonre&iacute;r, y, posando penosamente
+su mano en mi cabeza, murmur&oacute; con voz apenas perceptible:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sin duda os he asustado mucho?</p>
+
+<p>Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de
+paz; por un instante cre&iacute; que iba a quedar libre del peso que me oprim&iacute;a
+el pecho, pero me fue imposible llorar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te encuentras?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, enteramente bien&mdash;respondi&oacute; ella.&mdash;&iexcl;Pero la s&aacute;bana me parece tan
+pesada!</p>
+
+<p>Era la m&aacute;s ligera que hab&iacute;a podido encontrar. As&iacute; se lo dije; entonces
+suspir&oacute;, diciendo que hab&iacute;a que tener paciencia con ella.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se qued&oacute; completamente inm&oacute;vil, sin cesar de mirarme como en un
+sue&ntilde;o. Al fin inclin&oacute; la cabeza varias veces y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien as&iacute;, muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; bien?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Ella se sonri&oacute; y guard&oacute; silencio.</p>
+
+<p>En seguida le volvieron los dolores; se agit&oacute;, rechin&oacute; los dientes, pero
+no exhal&oacute; una queja.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres que llame a Roberto?</p>
+
+<p>Ella dijo que s&iacute; por se&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;Traedme tambi&eacute;n al ni&ntilde;o&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>Acced&iacute; a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y
+la contempl&oacute; por largo rato. Trat&oacute; tambi&eacute;n de besarla, pero estaba
+demasiado d&eacute;bil.</p>
+
+<p>Antes de que Roberto llegara, hab&iacute;a vuelto a caer en su sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&Eacute;l me dirigi&oacute; una mirada de reproche diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me has hecho llamar m&aacute;s pronto?</p>
+
+<p>&mdash;T&eacute;n la seguridad de que m&aacute;s vale as&iacute;. Tu presencia le habr&iacute;a causado
+una emoci&oacute;n demasiado fuerte.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n, como siempre&mdash;dijo &eacute;l.</p>
+
+<p>Y sali&oacute;, sin notar felizmente el rubor que su elogio me hab&iacute;a hecho
+subir a la cara.</p>
+
+<p>Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la
+frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los
+labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupci&oacute;n.</p>
+
+<p>A eso de la una vino el doctor; le tom&oacute; la temperatura y not&oacute; una
+disminuci&oacute;n de la fiebre.</p>
+
+<p>&mdash;Aumentar&aacute; y disminuir&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s de una vez&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Tampoco comparti&oacute; la alegr&iacute;a que nos hab&iacute;a causado el despertar de
+Marta.</p>
+
+<p>&mdash;No le habl&eacute;is cuando vuelva en s&iacute;&mdash;agreg&oacute;,&mdash;y sobre todo no la dej&eacute;is
+hablar. Necesita de la menor porci&oacute;n de sus fuerzas.</p>
+
+<p>Antes de marcharse me mir&oacute; largamente y mene&oacute; la cabeza con expresi&oacute;n
+inquieta. Sent&iacute; que el rubor que revela a los culpables, me invad&iacute;a de
+improviso la cara; me parec&iacute;a que su mirada penetraba hasta el fondo de
+mi alma...</p>
+
+<p>Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el
+primero que me vino a la mano, y trat&eacute; de leer, pero las letras bailaban
+delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habr&iacute;a dicho que mil
+murci&eacute;lagos se recreaban en &eacute;l.</p>
+
+<p>Necesit&eacute; mucho tiempo para descifrar tan s&oacute;lo el t&iacute;tulo: le&iacute;a
+<i>Ifigenia</i>. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arroj&eacute; el
+libro lejos de m&iacute;, a un rinc&oacute;n, como si hubiera tenido en mi mano un
+carb&oacute;n encendido.</p>
+
+<p>Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces
+lanz&oacute; un grito estridente, retorci&eacute;ndose en convulsiones.</p>
+
+<p>Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi
+de pronto junto a m&iacute; a la madre de Roberto.</p>
+
+<p>Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con
+afectaci&oacute;n y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor
+hip&oacute;crita, me viene de repente este pensamiento:</p>
+
+<p>&laquo;He aqu&iacute; una que espera la muerte de Marta, que la desea.&raquo;</p>
+
+<p>Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis pu&ntilde;os se crispan, poco
+falta para que le arroje su crimen a la cara.</p>
+
+<p>Y mientras esa idea me deja inm&oacute;vil y helada, ella me toma por el brazo
+y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quiz&aacute;
+esperaba intimidarme con ese proceder brutal.</p>
+
+<p>&mdash;Querida t&iacute;a&mdash;dije, desasiendo mi brazo,&mdash;ya le he hecho notar a usted
+una vez, que &eacute;ste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomar&aacute;. Le
+ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras
+habitaciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Eso es lo que vamos a ver, se&ntilde;orita!&mdash;grit&oacute; ella con voz
+chillona.&mdash;Voy a preguntarle al due&ntilde;o de esta casa qui&eacute;n tiene m&aacute;s
+autoridad aqu&iacute;, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca.</p>
+
+<p>Y se retir&oacute; sin cesar de gritar.</p>
+
+<p>Temblando de c&oacute;lera, comenc&eacute; a pasearme por el cuarto. Nunca me habr&iacute;a
+imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan
+brusca y completamente en una arp&iacute;a. No le faltaba m&aacute;s que expresar
+abiertamente sus deseos m&aacute;s secretos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, si fuera verdad!&mdash;exclam&eacute;, sacudida por un calofr&iacute;o de
+horror.&mdash;&iexcl;Desear la muerte de Marta! Marta, &iquest;lo oyes? &iexcl;Desear tu muerte!
+&iquest;A qui&eacute;n has ofendido nunca? &iquest;A qui&eacute;n has estorbado nunca? &iquest;Hay alguien
+en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e
+indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, pase&aacute;ndose
+impunemente por la tierra, un ser tan infame, &iexcl;vaya! ser&iacute;a como para
+desesperar de Dios y del destino.</p>
+
+<p>He ah&iacute; lo que yo dec&iacute;a, sin poder acumular suficiente verg&uuml;enza e
+ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me
+dejaba llevar de un furor indigno.</p>
+
+<p>Pero sent&iacute;a que eso me desahogaba, respiraba m&aacute;s libremente y, cuando
+vi, tirada en el suelo, a la pobre <i>Ifigenia</i> a quien yo hab&iacute;a
+maltratado, fui a recogerla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; crimen he cometido&mdash;me dec&iacute;a yo,&mdash;para que tenga que ocultarme de
+mi modelo? &iquest;He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado?
+&iquest;Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no
+hubiera podido ver u o&iacute;r? Eso que me quema aqu&iacute;, eso que me ruge en el
+fondo del pecho, &iquest;a qui&eacute;n importa si s&eacute; guardarlo para m&iacute;?</p>
+
+<p>&iexcl;Me dec&iacute;a eso y me cre&iacute;a casi justificada, aun ante mi propia
+conciencia, ciega de m&iacute;!</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h3>
+
+
+<p>Y el crep&uacute;sculo volvi&oacute;: el sol poniente abras&oacute; una vez m&aacute;s el horizonte
+por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones,
+su luz rojiza.</p>
+
+<p>El rostro de Marta estaba ba&ntilde;ado por un matiz purp&uacute;reo; en sus cabellos
+brillaban peque&ntilde;os resplandores, y la mano que reposaba en la colcha,
+parec&iacute;a iluminada por dentro.</p>
+
+<p>Acerqu&eacute; el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la
+molestara.</p>
+
+<p>Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no hab&iacute;a
+visto hasta ese d&iacute;a, una corona igual a la que yo ten&iacute;a costumbre de
+enviar los d&iacute;as de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quiz&aacute; proven&iacute;a
+de all&iacute;. En ese momento parec&iacute;a trenzada de llamas; todo en ella tomaba
+una vida fant&aacute;stica. Y, cuando la mir&eacute; con m&aacute;s atenci&oacute;n, me parec&iacute;a que
+se pon&iacute;a a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una
+verdadera gir&aacute;ndula.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones&mdash;me dije; y trat&eacute; de
+recobrar las fuerzas pase&aacute;ndome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a
+los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiraci&oacute;n
+me faltaba.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! &iexcl;Ese olor de fenol, ese vapor dulz&oacute;n, repugnante! Me daba el
+v&eacute;rtigo, pon&iacute;a como un velo sobre mis pensamientos y esparc&iacute;a un
+presentimiento de muerte y de espanto.</p>
+
+<p>El anciano doctor lleg&oacute;; me mir&oacute; a la cara y me orden&oacute;, con ese tono a
+la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a
+respirar aire fresco: &eacute;l mismo cuidar&iacute;a a la enferma hasta mi regreso.</p>
+
+<p>Quise resistir, pero &eacute;l me empuj&oacute; hacia afuera.</p>
+
+<p>Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que
+me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto.</p>
+
+<p>Sal&iacute;, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulm&oacute;n. El viento de la
+tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un ba&ntilde;o helado.</p>
+
+<p>El &uacute;ltimo fulgor del d&iacute;a desaparec&iacute;a. Una noche de oto&ntilde;o descend&iacute;a sobre
+la tierra y la envolv&iacute;a con un velo de niebla azulada.</p>
+
+<p>Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope
+hacia las ruinas del castillo.</p>
+
+<p>Maquinalmente, segu&iacute; la direcci&oacute;n que ellos hab&iacute;an tomado, caminando
+medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me
+hab&iacute;an aturdido.</p>
+
+<p>Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se
+desprend&iacute;a de las paredes. Una vieja puerta extend&iacute;a por sobre m&iacute; el
+arco de su b&oacute;veda.</p>
+
+<p>Penetr&eacute; en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes,
+destac&aacute;ndose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba
+aqu&iacute; y all&iacute; por encima de mi cabeza.</p>
+
+<p>Cerca de m&iacute; vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una
+forma humana, cuya silueta reconoc&iacute; en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Roberto!&mdash;grit&eacute; sorprendida.</p>
+
+<p>&Eacute;l se par&oacute; de un salto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Olga!&mdash;grit&oacute; a su vez.&mdash;&iquest;Me traes acaso malas noticias?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;le dije.&mdash;El doctor me ha mandado a tomar aire.</p>
+
+<p>Y, de repente, cre&iacute; sentir que el suelo ced&iacute;a bajo mis pies.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&eacute;n cuidado!&mdash;me grit&oacute; para advertirme.</p>
+
+<p>Pero, en el mismo instante, resbal&eacute; y ca&iacute; en un hoyo obscuro, tan
+profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas
+piedras que se desprendieron y rodaron.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caer&aacute;s todav&iacute;a m&aacute;s
+abajo.</p>
+
+<p>Medio aturdida, me apoy&eacute; en las paredes del foso. A mis pies entrev&iacute; una
+estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detr&aacute;s el abismo
+negro, sin fondo...</p>
+
+<p>A mi lado, vi a Roberto que ven&iacute;a a socorrerme, bajando lentamente y con
+precauci&oacute;n las gradas de lo que me parec&iacute;a una escalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;s?&mdash;grit&oacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>Y al mismo tiempo sent&iacute; que su mano, busc&aacute;ndome, avanzaba hacia m&iacute;.</p>
+
+<p>Entonces me arroj&eacute; contra &eacute;l y me aferr&eacute; a su cuello. En seguida me
+sent&iacute; levantada, suspendida entre sus brazos. Me parec&iacute;a que me hab&iacute;an
+abierto las venas: cre&iacute;, en ese instante de abandono y de embriaguez,
+que mi sangre ardiente se esparc&iacute;a sobre m&iacute; hasta la &uacute;ltima gota.</p>
+
+<p>Sent&iacute;a en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la
+impresi&oacute;n de que hab&iacute;a rozado mi frente con un ligero beso.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de &eacute;l lo m&aacute;s
+que pod&iacute;a, pero en el fondo de mi coraz&oacute;n resonaba este grito de gozo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Me ha tenido en sus brazos!&raquo;</p>
+
+<p>En el umbral de la puerta, el anciano m&eacute;dico sali&oacute; a nuestro encuentro y
+nos tendi&oacute; las manos diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Marta est&aacute; mejor, hijos m&iacute;os, mejor de lo que esperaba.</p>
+
+<p>En el fondo de mi coraz&oacute;n resonaba este grito de gozo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Me ha tenido en sus brazos!&raquo;</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX</h3>
+
+
+<p>&iexcl;Y ahora, la noche terrible!</p>
+
+<p>Cada minuto se alza todav&iacute;a ante mis ojos como una furia y clava en m&iacute;
+su mirada de fuego.</p>
+
+<p>Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de m&iacute; como se
+evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el
+cual han pasado a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&iquest;Y qu&eacute; crimen he cometido? Ninguno.</p>
+
+<p>Mis manos est&aacute;n puras, y en el d&iacute;a del juicio final, cuando se pesen
+nuestros actos, podr&eacute; presentarme osadamente ante el trono de Dios
+Todopoderoso y decirle: &laquo;C&uacute;breme con tus m&aacute;s blancos ropajes, p&oacute;n en mis
+hombros las alas de cisne m&aacute;s delicadas y d&eacute;jame colocarme en la primera
+fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual s&oacute;lo falta un poco de
+ejercicio para honrar al para&iacute;so.&raquo;</p>
+
+<p>Pero hay cr&iacute;menes que no han sido cometidos con actos ni con palabras,
+que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan
+completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer.</p>
+
+<p>Era una noche poco m&aacute;s o menos como la de hoy. El h&uacute;medo viento de oto&ntilde;o
+pasaba por delante de la casa en cortas r&aacute;fagas, y hac&iacute;a estragos en las
+cimas medio deshojadas de los &aacute;lamos que se inclinaban con un crujido
+los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo,
+una luz incierta permit&iacute;a distinguir las nubes m&aacute;s obscuras, que
+pasaban, arrastradas en r&aacute;pida carrera, desgarradas en jirones.</p>
+
+<p>La lamparilla no quer&iacute;a arder, su resplandor vacilante luchaba contra
+las sombras que bailaban sin interrupci&oacute;n en la cama y en las paredes.
+Frente a m&iacute; pend&iacute;a la corona de yedra, negra y puntuosa; parec&iacute;a una
+corona de espinas.</p>
+
+<p>Eran m&aacute;s o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irgui&oacute; en
+su cama y dijo con voz clara y distinta:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado!</p>
+
+<p>En el primer momento sent&iacute; que me invad&iacute;a una gran alegr&iacute;a, pues me
+parec&iacute;a que hab&iacute;a recobrado su conocimiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marta!</p>
+
+<p>Me levant&eacute; de un salto y le tom&eacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo hab&iacute;a preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos;
+un ciego dormido los habr&iacute;a encontrado. Y tampoco necesit&aacute;is tomar
+medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias.</p>
+
+<p>Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si
+hubiera visto un fantasma. Despu&eacute;s, de improviso, lanz&oacute; un grito
+estridente diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. &iquest;Por qu&eacute; me hab&eacute;is
+sepultado bajo estas piedras?</p>
+
+<p>Tom&eacute; la s&aacute;bana m&aacute;s delgada que pude encontrar y la extend&iacute; sobre ella en
+lugar de la frazada; pero eso no le procur&oacute; ning&uacute;n alivio. Gritaba y
+hablaba sin interrupci&oacute;n y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad,
+como una persona que estudia una lecci&oacute;n a media voz.</p>
+
+<p>As&iacute; transcurri&oacute; como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con
+los ojos fijos en ella, pues en m&iacute; se agitaba el temor de ver a cada
+instante surgir una nueva aparici&oacute;n, a&uacute;n m&aacute;s horrible. De rato en rato,
+cuando se calmaba un poco; sent&iacute;a un aflojamiento en mis miembros;
+cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atr&aacute;s, y cada vez me
+imaginaba que ca&iacute;a en los brazos de Roberto. Sin embargo, no ten&iacute;a sino
+muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era
+demasiado grande. Me parec&iacute;a tambi&eacute;n ver sin cesar estallar en mi cabeza
+burbujas de las cuales sal&iacute;an rosas que produc&iacute;an siempre nuevas coronas
+de flores. Todav&iacute;a despu&eacute;s o&iacute;a un silbido de un o&iacute;do a otro; se habr&iacute;a
+dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la hab&iacute;an
+encendido.</p>
+
+<p>Fue en ese estado de sobreexcitaci&oacute;n nerviosa, presa, ya de espantos
+repentinos, ya de un abatimiento irresistible, c&oacute;mo me encontr&oacute; Roberto
+cuando entr&oacute; en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un
+poco en su cama, para velar despu&eacute;s el resto de la noche conmigo; pero
+los gritos de Marta lo hab&iacute;an arrancado bruscamente al descanso.</p>
+
+<p>Al verlo, todo cansancio desapareci&oacute; de mi cuerpo; sent&iacute; como si una
+nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto
+me levant&eacute; para ir a su encuentro.</p>
+
+<p>&mdash;Procura descansar un poco&mdash;dijo &eacute;l, bajando hacia m&iacute; la mirada de sus
+ojos cansados, hinchados por las l&aacute;grimas.&mdash;Vas a necesitar de todas tus
+fuerzas.</p>
+
+<p>Sacud&iacute; la cabeza y le indiqu&eacute; a mi hermana, que, precisamente entonces,
+bland&iacute;a las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio,
+alejarme de su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n&mdash;continu&oacute;.&mdash;&iquest;Ser&iacute;a posible tener suficiente tranquilidad
+para dormir con semejante espect&aacute;culo ante los ojos?</p>
+
+<p>Y se acerc&oacute; a la cama juntando las manos, e inclin&aacute;ndose hacia ella,
+pos&oacute; un ligero beso en su frente color de cera.</p>
+
+<p>&laquo;A m&iacute; tambi&eacute;n me ha besado as&iacute;&raquo;&mdash;gritaba una voz en m&iacute;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se sent&oacute; al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo,
+que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombr&iacute;a de la
+desesperaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vuelve en ti, Roberto!&mdash;le murmur&eacute;.&mdash;Todo puede componerse todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&Eacute;l solt&oacute; una risa aguda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; entiendes por componerse?&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iquest;Quieres decir que vivir&aacute;
+para arrastrar un cuerpo inv&aacute;lido, una alma quebrantada, una carga para
+ella misma y para los dem&aacute;s? &iquest;No sabes que tenemos que elegir entre
+estas dos alternativas?</p>
+
+<p>Un calofr&iacute;o helado me penetr&oacute; hasta la m&eacute;dula de los huesos. Pero al
+mismo tiempo cre&iacute;a ver que las paredes se apartaban y una perspectiva
+luminosa, infinita, se abr&iacute;a ante m&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No quer&iacute;as desempe&ntilde;ar el papel de sacerdotisa en esta casa?&raquo;&mdash;me dec&iacute;a
+en tono de reproche una voz interior; pero se extingui&oacute; ahogada por el
+ruido de mi sangre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; sirve discutir?&mdash;continu&oacute; &eacute;l.&mdash;Ya hace tiempo que me he
+resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren
+sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energ&iacute;a y sin voluntad;
+me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por m&aacute;s que me agito
+hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve:
+impotente soy, impotente seguir&eacute; y... &iexcl;nada m&aacute;s! Pero no quiero
+excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una c&oacute;lera
+vana como &eacute;sta es m&aacute;s despreciable que una hip&oacute;crita sumisi&oacute;n.</p>
+
+<p>Sent&iacute; encenderse en m&iacute; el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle:
+&laquo;Haz de m&iacute; lo que quieras; sacrif&iacute;came, apl&aacute;stame bajo tus pies, d&eacute;jame
+morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha...&raquo; cuando de
+repente, o&iacute; que de los labios de Marta sali&oacute; un gemido tan lastimero,
+tan dolorido, que me estremec&iacute;, como si me hubieran dado un latigazo.</p>
+
+<p>Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimi&oacute;
+la garganta; s&oacute;lo un suspiro se escap&oacute; de mi pecho, y lo contuve por
+fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos.</p>
+
+<p>&mdash;No te preocupes de m&iacute;&mdash;dije violent&aacute;ndome para sonre&iacute;r.&mdash;&iexcl;Con tal de
+que ella siga mejor!</p>
+
+<p>&Eacute;l cruz&oacute; los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclin&oacute;
+dolorosamente la cabeza.</p>
+
+<p>Luego cesaron los gemidos de Marta. Hab&iacute;a dejado caer la barba sobre el
+pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habr&iacute;a podido creer que
+dorm&iacute;a; pero continuaba divagando y marmoteando.</p>
+
+<p>Un gran silencio rein&oacute; en el dormitorio d&eacute;bilmente alumbrado. No se o&iacute;a
+m&aacute;s que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los
+ratones que corr&iacute;an entre los tirantes del techo.</p>
+
+<p>Roberto hab&iacute;a hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el
+lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareci&oacute; calmarse, su
+respiraci&oacute;n se hizo m&aacute;s regular y m&aacute;s espaciada; de rato en rato su
+cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar
+inmediatamente despu&eacute;s, con un brusco movimiento.</p>
+
+<p>Un irresistible sue&ntilde;o se hab&iacute;a apoderado de &eacute;l.</p>
+
+<p>Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero ten&iacute;a miedo del sonido de
+mi voz y guard&eacute; silencio.</p>
+
+<p>A intervalos cada vez m&aacute;s cercanos, la parte alta de su cuerpo se
+balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con
+la mano buscaba en torno suyo si no encontrar&iacute;a en alguna parte un
+apoyo.</p>
+
+<p>Al fin, de pronto, su frente se inclin&oacute; y cay&oacute; sobre mi hombro, donde
+permaneci&oacute; inm&oacute;vil.</p>
+
+<p>Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una
+felicidad inaudita. Se posesion&oacute; de m&iacute; un deseo irresistible de
+acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis
+ojos vi brillar algunos hilos plateados.&mdash;Ya comienza a
+encanecer&mdash;pens&eacute;,&mdash;es tiempo de que pruebe lo que llaman la
+felicidad.&mdash;Y lo acarici&eacute; efectivamente.</p>
+
+<p>&Eacute;l suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posici&oacute;n m&aacute;s
+c&oacute;moda.</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute; bien as&iacute;&mdash;me dije,&mdash;es necesario que te le acerques.</p>
+
+<p>Y lo hice. Su hombro se apoy&oacute; en el m&iacute;o y su cabeza se inclin&oacute; sobre mi
+pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo&mdash;me gritaba una voz
+interior,&mdash;de lo contrario no descansar&aacute; bien.</p>
+
+<p>Dos veces, tres veces, trat&eacute; de hacerlo, pero retroced&iacute;a de espanto.</p>
+
+<p>&iexcl;Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada ve&iacute;an,
+sus o&iacute;dos nada o&iacute;an.</p>
+
+<p>Y me decid&iacute;...</p>
+
+<p>Entonces se apoder&oacute; de m&iacute; una alegr&iacute;a desatinada. Me estrech&eacute; contra &eacute;l
+a hurtadillas, dici&eacute;ndome con ardor: &iexcl;Oh, c&oacute;mo quisiera cuidarte y velar
+sobre ti; c&oacute;mo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de
+tu frente y las penas de tu alma! &iexcl;C&oacute;mo luchar&iacute;a por ti con toda la
+fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la
+alegr&iacute;a a tus ojos y el sol a tu coraz&oacute;n! Pero para eso...</p>
+
+<p>Mis miradas se volvieron hacia Marta. S&iacute;, viv&iacute;a, viv&iacute;a siempre. Su seno
+se levantaba y se bajaba bajo la acci&oacute;n de una respiraci&oacute;n corta y
+precipitada. Parec&iacute;a m&aacute;s viva que nunca.</p>
+
+<p>Y, de repente, vi una llamarada que pas&oacute; ante mis ojos y cre&iacute; leer,
+enfrente, en la pared, estas palabras:</p>
+
+<p class="center"><i>&iexcl;Oh, si ella muriera!</i>
+
+S&iacute;, era eso, esas eran las palabras.</p>
+
+<p class="center"><i>&iexcl;Oh, si ella muriera! &iexcl;Oh, si ella muriera!</i>
+</p>
+
+
+
+<p>XXI</p>
+
+
+<p>El m&eacute;dico interrumpi&oacute; su lectura y exhal&oacute; un profundo suspiro, al
+enjugar el sudor de su frente.</p>
+
+<p>Roberto se hab&iacute;a parado de un salto; por un instante mir&oacute; fijamente,
+como cegado por un rayo, el c&iacute;rculo luminoso de la l&aacute;mpara, luego se
+precipit&oacute; hacia el anciano; parec&iacute;a querer arrancarle el papel de las
+manos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; escrito all&iacute;?&mdash;balbuci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lee t&uacute; mismo!</p>
+
+<p>Sigui&oacute; un largo silencio.</p>
+
+<p>La l&aacute;mpara esparc&iacute;a su luz tenue y risue&ntilde;a, como si hubiera alumbrado
+una escena de las m&aacute;s alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando
+las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido parec&iacute;a calmarse: se o&iacute;an
+risas a intervalos cada vez m&aacute;s lejanos, el runr&uacute;n de las voces se
+trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban
+cansados, diger&iacute;an.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico se hab&iacute;a vuelto para ver lo que hac&iacute;a Roberto. Este, abatido,
+al borde de la cama vac&iacute;a, y con la cabeza hundida en sus manos,
+permanec&iacute;a inm&oacute;vil.</p>
+
+<p>S&oacute;lo su respiraci&oacute;n oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos
+cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su
+interior.</p>
+
+<p>&mdash;Vuelve en ti, chico&mdash;dijo el doctor posando la mano en el hombro de
+Roberto.</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;o, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribi&oacute; eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nunca lo ha estado m&aacute;s que en ese momento!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo puedes afirmarlo? &iexcl;No insultes a una muerta!</p>
+
+<p>&mdash;Nada est&aacute; m&aacute;s lejos de mi pensamiento, hijo m&iacute;o. &iquest;Qui&eacute;n se atrever&aacute; a
+arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente,
+comprender&aacute;s sin pena que su vida entera transcurri&oacute; en preparar, en
+llevar, por decirlo as&iacute;, a madurez ese instante &uacute;nico. Sus sue&ntilde;os de
+ni&ntilde;a encerraban ya los g&eacute;rmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron
+bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque,
+y dieron una planta vigorosa cuya flor se abri&oacute; precisamente en el
+momento en que Olga penetr&oacute; en tu cuarto para unirte a Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; hizo eso si quer&iacute;a tomar el lugar de Marta?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh! &iquest;Acaso sab&iacute;a lo que quer&iacute;a? Todos los esfuerzos que hizo para
+asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran m&aacute;s que la lucha de su
+naturaleza honrada y pura contra el deseo que hab&iacute;a crecido en su
+coraz&oacute;n, a partir del d&iacute;a en que, ni&ntilde;a a&uacute;n, te volvi&oacute; a ver. Pero ella
+no lo sab&iacute;a. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el d&iacute;a en
+que entr&oacute; en tu casa; raz&oacute;n de m&aacute;s para que no pudiera sospechar las
+consecuencias que dormitaban en las profundidades m&aacute;s secretas de su
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y, sin embargo, dices que ella combat&iacute;a ese amor, que trataba de
+arrancarlo de su coraz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Sin que su esp&iacute;ritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de
+ello. Su pensamiento permaneci&oacute; puro hasta aquella terrible hora de
+media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo.
+Cada d&iacute;a sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos
+recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y
+hacerlo inofensivo: por eso se desterr&oacute; al extranjero, por eso en el
+momento en que vio tu casa pens&oacute; en huir lo m&aacute;s pronto. Por el tono
+general de sus recuerdos ves cu&aacute;n poca conciencia ten&iacute;a de los combates
+que, durante a&ntilde;os, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor
+intenci&oacute;n, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la
+marcha de la acci&oacute;n, pero que son preciosos para demostrar cu&aacute;nto se
+desarroll&oacute; ese deseo. No sabe por qu&eacute; lo hace; todav&iacute;a es s&oacute;lo el
+sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta.</p>
+
+<p>&mdash;No creo en una falta&mdash;grit&oacute; Roberto en el colmo de la agitaci&oacute;n.&mdash;Si
+ese deseo no es una simple ilusi&oacute;n, el resultado de un momento de
+sobreexcitaci&oacute;n nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde
+mucho tiempo atr&aacute;s en preparaci&oacute;n en el fondo de ella misma, &iquest;c&oacute;mo es
+posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta
+indignaci&oacute;n contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quiz&aacute; el
+mismo deseo?</p>
+
+<p>&mdash;Y para m&iacute;&mdash;replic&oacute; el m&eacute;dico,&mdash;no hay mejor argumento en apoyo de mi
+tesis que esa misma indignaci&oacute;n. Era para descargar su propia conciencia
+del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las
+piedras que le ca&iacute;an bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su
+propia culpabilidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y esa noble resoluci&oacute;n de renunciamiento que hab&iacute;a tomado pocos d&iacute;as
+antes?</p>
+
+<p>Por el rostro ajado del anciano pas&oacute; una sonrisa, la sonrisa del hombre
+que comprende y perdona. Repuso:</p>
+
+<p>&mdash;El antiguo proverbio de que el camino del infierno est&aacute; empedrado de
+buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez m&aacute;s aqu&iacute;,
+pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resoluci&oacute;n que
+Olga tom&oacute; entonces fue una &uacute;ltima tentativa, desgraciada desde luego,
+para conciliar el afecto que deb&iacute;a a Marta con el amor que t&uacute;
+despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad,
+ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer
+fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues
+el renunciamiento, la muda resignaci&oacute;n, no eran su fuerte. Y luego, un
+destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su
+en&eacute;rgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la m&aacute;s com&uacute;n
+y la m&aacute;s cobarde del mundo, una falta que he le&iacute;do en un n&uacute;mero infinito
+de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es,
+hijo m&iacute;o, uno de los lados m&aacute;s obscuros de la naturaleza humana, un
+resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las
+naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no est&aacute;n exentas de
+&eacute;l; es verdad que eso las mata, mientras que las almas m&aacute;s groseras se
+contentan con disimular y rechazar dentro de s&iacute; mismas, el secreto que,
+solicitado por la luz del d&iacute;a, tiende a escaparse de las rec&oacute;nditas
+profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un d&iacute;a fui a
+visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba
+mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un
+hombre de cuarenta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, que desde hac&iacute;a ya mucho tiempo
+desempe&ntilde;aba en propiedades extra&ntilde;as las funciones de administrador, y
+cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aqu&eacute;l era
+un honrado y buen hijo, que no hab&iacute;a hecho da&ntilde;o a una mosca, que amaba
+cordialmente a su padre y que se habr&iacute;a ruborizado de desear el menor
+mal a su enemigo m&aacute;s mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y
+sombr&iacute;a que se pint&oacute; en sus facciones cuando inclin&eacute; mi o&iacute;do sobre el
+pecho del anciano, le&iacute; claramente este deseo: &laquo;&iexcl;Oh, si se muriera!&raquo; Otra
+vez, me llamaron de la casa de una se&ntilde;ora que, casada en segundas
+nupcias, era feliz. En su dicha no hab&iacute;a m&aacute;s que una sombra: su marido
+no pod&iacute;a sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su
+frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba
+apasionadamente a su marido y tem&iacute;a que le tomara aversi&oacute;n a ella misma
+a causa del ni&ntilde;o, se lo ocultaba lo m&aacute;s que pod&iacute;a. El ni&ntilde;o se enferm&oacute;
+con escarlatina. Encontr&eacute; a la madre de rodillas junto a la cama y
+derramando amargas l&aacute;grimas. Temblaba por esa fr&aacute;gil existencia: &iquest;acaso
+no hab&iacute;a nacido de su seno? Pero su marido entr&oacute;, y en la mirada
+inquieta, vacilante que ella dirigi&oacute; a la cuna, se le&iacute;a distintamente:
+&laquo;Si t&uacute; murieras ser&iacute;a la felicidad para m&iacute;.&raquo; Podr&iacute;a citarte ejemplos
+infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia,
+la pasi&oacute;n de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y
+desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente,
+sombr&iacute;o y gigantesco, en un coraz&oacute;n humano que hasta entonces no hab&iacute;a
+conocido m&aacute;s que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes
+estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se
+saciaban sin conocer obst&aacute;culos, la acci&oacute;n ayudaba al pensamiento.
+Cuando un miembro de una familia hac&iacute;a sombra a otro, el veneno y el
+pu&ntilde;al imperaban sencillamente. La historia, la literatura est&aacute;n llenas
+de asesinatos de ese g&eacute;nero, y Shakespeare, ese gran conocedor de las
+almas, no presenta, por decirlo as&iacute;, otro tema tr&aacute;gico que el asesinato
+entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la
+existencia penetra en el c&iacute;rculo de la familia, se contenta uno, en las
+horas sombr&iacute;as, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra
+sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado
+por las nuevas costumbres. Ah&iacute; tienes, chico; te he pronunciado un largo
+discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi
+objeto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Entonces, la condenas sencillamente?&mdash;dijo Roberto, con angustia.</p>
+
+<p>&mdash;No condeno a nadie, hijo m&iacute;o&mdash;respondi&oacute; el anciano con una sonrisa
+grave,&mdash;y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la
+de Olga. Ella encontr&oacute; el valor de confesar, a s&iacute; misma y a aquel a
+quien m&aacute;s amaba, el crimen que cometi&oacute;: eso basta para elevarla por
+sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es
+el pecado mental m&aacute;s horroroso de que el esp&iacute;ritu humano pueda hacerse
+culpable, es tambi&eacute;n el m&aacute;s secreto. No hay amigo que lo conf&iacute;e a su
+amigo, ni un marido que lo murmure a su compa&ntilde;era en el silencio y la
+obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su
+confesor; la oraci&oacute;n misma, que nace en el m&aacute;s profundo arrepentimiento
+y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene
+derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las
+tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la verg&uuml;enza y el
+silencio. &iexcl;Hay a&uacute;n m&aacute;s! Ese deseo es la &uacute;nica falta que escapa
+generalmente a la justicia del mundo exterior, as&iacute; como a la sanci&oacute;n de
+la conciencia en el fondo del coraz&oacute;n, porque &eacute;stas no tienen para ella
+ni expiaci&oacute;n, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo
+hombre lleva en s&iacute; mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres
+que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de
+seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de
+esp&iacute;ritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a
+olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el
+cuerpo reabsorbe la materia m&oacute;rbida tan pronto como la causa del mal ha
+desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el mont&oacute;n de las virtudes
+sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir
+que condeno a esos hombres; &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a del mundo si todos los que, al
+mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por
+desesperaci&oacute;n a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado est&aacute;n
+bien constituidos y pertenecen al t&eacute;rmino medio de la humanidad; su
+naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y &iexcl;vaya si se
+inquietan de tener aqu&iacute; y all&iacute; alguna mancha que los desluce! Olga
+estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no
+necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no producir&iacute;a m&aacute;s
+que una simple picaz&oacute;n, a ella le hac&iacute;a el efecto de un latigazo. Esas
+naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia
+la hipocondr&iacute;a y la histeria, y su vida efectiva est&aacute; dominada por
+imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los dem&aacute;s el
+car&aacute;cter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes
+rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con m&aacute;s
+precisi&oacute;n que el del com&uacute;n de los mortales, y si se les pusiera bajo
+vidrio como a las delicadas balanzas de los qu&iacute;micos, se les ver&iacute;a
+ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad,
+tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace
+replegarse en s&iacute; mismos al menor contacto extra&ntilde;o, y tanto mejor para
+ellos, pues as&iacute; est&aacute;n al abrigo de los choques violentos del mundo que
+los rodea y que no ser&iacute;an capaces de soportar, pero &iexcl;ay de aquellos a
+quienes una voluntad indomable, un car&aacute;cter violento y apasionado,
+arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede
+suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual
+otros apenas habr&iacute;an hecho caso, se convierta para ellos en una flecha
+envenenada que les roer&aacute; el cuerpo y el alma hasta que sucumba... &iexcl;Vaya,
+basta de charla! He aqu&iacute; dos o tres hojas m&aacute;s. &iexcl;Escucha! Vamos a saber
+c&oacute;mo se muere de un deseo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII</h3>
+
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; despu&eacute;s? Mi memoria no ha conservado de ello sino un
+recuerdo confuso.</p>
+
+<p>Me acuerdo que de repente lanc&eacute; un grito que hizo estremecer a la misma
+Marta, que me arroj&eacute; junto a su cama y que, apoder&aacute;ndome de sus manos
+ardientes, grit&eacute; en un aliento: &iexcl;S&aacute;lvame, s&aacute;lvame, despi&eacute;rtate!</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s me encontr&eacute; en mi cuarto, adonde Roberto me hab&iacute;a llevado.
+&iquest;C&oacute;mo describir mi espanto cuando reconoc&iacute; en el espejo mi cara
+descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que
+solt&eacute;, el horror que me caus&oacute; mi propia risa, mientras que,
+desfalleciente, o&iacute;a resonar en mis o&iacute;dos el deseo, repetido por todas
+partes por mil voces celosas que se re&iacute;an burlonamente y cuchicheaban:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh, si ella muriera!&raquo;</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo describir aquello, sin desencadenar contra m&iacute; todos los fantasmas
+de esa noche mortal?</p>
+
+<p>Veo todav&iacute;a claramente al m&eacute;dico que inclinaba sobre m&iacute; su rostro amigo,
+lo veo darme algo de beber, algo amargo, y despu&eacute;s... nada m&aacute;s.</p>
+
+<p>Los primeros resplandores del alba aparec&iacute;an p&aacute;lidos por las ventanas
+cuando me despert&eacute;. Me dol&iacute;a la cabeza y cuando dirig&iacute; en torno m&iacute;o una
+mirada vaga, cre&iacute; ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las
+palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh, si ella muriera!&raquo;</p>
+
+<p>Sent&iacute; un calofr&iacute;o y me vino este pensamiento: &laquo;Si Marta se muere ahora,
+ser&aacute; tu deseo lo que la habr&aacute; muerto.&raquo;</p>
+
+<p>Me levant&eacute; vivamente y me acerqu&eacute; al espejo.</p>
+
+<p>&laquo;He ah&iacute;, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su
+hermana&raquo;&mdash;dije al ver reflejado mi l&iacute;vido semblante.</p>
+
+<p>Y, sintiendo bruscamente asco de m&iacute; misma, di un golpe al vidrio con el
+pu&ntilde;o; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompi&oacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;Insensata de m&iacute;! No sab&iacute;a que en lo sucesivo el mundo entero no ser&iacute;a
+para m&iacute; sino el espejo de mi crimen.</p>
+
+<p>&iexcl;Pero quiz&aacute; no muera! Ese pensamiento, que se despert&oacute; de pronto en mi
+cerebro, esparci&oacute; en &eacute;l una oleada de luz tal, que cerr&eacute; los ojos como
+cegada.</p>
+
+<p>Y luego o&iacute; de nuevo gritar en m&iacute;: &laquo;&iexcl;Marta morir&aacute; y ser&aacute; tu deseo lo que
+la habr&aacute; muerto!&raquo; Apret&eacute; los dientes y apoy&aacute;ndome en la pared me
+arrastr&eacute; hasta el cuarto de la enferma.</p>
+
+<p>Llegu&eacute; a la puerta y al no o&iacute;r el menor ruido en el interior, me dije:
+&laquo;Ya no encontrar&aacute;s sino un cad&aacute;ver.&raquo;</p>
+
+<p>No, todav&iacute;a viv&iacute;a, pero la muerte hab&iacute;a puesto ya en ese rostro la marca
+de sus garras.</p>
+
+<p>El cart&iacute;lago de la nariz se destacaba m&aacute;s, los labios, entreabiertos,
+dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparec&iacute;an en el
+fondo de sus azuladas cavidades.</p>
+
+<p>A sus pies estaban Roberto y el anciano m&eacute;dico. Roberto se ocultaba el
+rostro entre las manos; los sollozos sacud&iacute;an su cuerpo. El anciano fij&oacute;
+en m&iacute; su mirada penetrante; por un instante cre&iacute; otra vez que le&iacute;a hasta
+el fondo de mi alma y que mi falta se exhib&iacute;a abiertamente ante &eacute;l.
+Pero, cuando al verme tambalear, acudi&oacute; para sostenerme en sus brazos,
+vi que era s&oacute;lo la mirada del m&eacute;dico la que hab&iacute;a fijado en m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto tiempo vivir&aacute; todav&iacute;a?&mdash;pregunt&eacute;, cerrando los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; en agon&iacute;a!</p>
+
+<p>En ese momento sent&iacute; que algo se helaba en m&iacute; y tomaba la rigidez de una
+piedra; en ese momento, la esperanza muri&oacute; en m&iacute;, y con ella la fe en m&iacute;
+misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma rein&oacute; en
+todo mi ser. La muerte, que se cern&iacute;a sobre la cama, hab&iacute;a tocado
+tambi&eacute;n mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi
+desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia.
+En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una
+muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver
+acercarse a m&iacute; la felicidad que, sin embargo, hab&iacute;a perdido para
+siempre.</p>
+
+<p>Roberto se adelant&oacute; y me bes&oacute;; le dej&eacute; hacer tranquilamente, estaba
+insensible.</p>
+
+<p>Luego me sent&eacute; muy cerca de la cama de mi hermana y la mir&eacute;, esperando
+la muerte.</p>
+
+<p>Segu&iacute;a con atenci&oacute;n todos los s&iacute;ntomas de aquella lenta agon&iacute;a. Me
+parec&iacute;a que mi conciencia estaba fuera de m&iacute; y que me ve&iacute;a a m&iacute; misma
+sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de
+la moribunda.</p>
+
+<p>No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la
+acci&oacute;n de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de
+mis pensamientos. Ve&iacute;a claramente que mi deseo no pod&iacute;a en realidad
+darle la muerte, y sin embargo, para m&iacute;, para mi conciencia, era s&oacute;lo mi
+deseo lo que la hab&iacute;a muerto.</p>
+
+<p>As&iacute;, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi v&iacute;ctima, esperando su
+muerte, que era tambi&eacute;n la m&iacute;a.</p>
+
+<p>Aquello dur&oacute; mucho. Pasaron las horas del d&iacute;a; Marta viv&iacute;a todav&iacute;a. Su
+pulso no lat&iacute;a ya desde hac&iacute;a rato, su coraz&oacute;n parec&iacute;a paralizado, pero
+su respiraci&oacute;n continuaba siempre ligera y r&aacute;pida. Mientras yo dorm&iacute;a,
+bajo el efecto de la morfina, le hab&iacute;a hecho, como &uacute;ltimo recurso de
+salvaci&oacute;n, una inyecci&oacute;n de almizcle para reanimar una vez m&aacute;s sus
+fuerzas: aquello era lo que la sosten&iacute;a en ese momento. Pero el olor de
+almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitaci&oacute;n
+como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me
+aplastaba las sienes. A cada aspiraci&oacute;n me parec&iacute;a absorber unos
+cuerpos pesados que me hinchaban.</p>
+
+<p>Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todav&iacute;a la v&iacute;spera
+no hab&iacute;a demostrado a la t&iacute;a m&aacute;s que orgullo y desprecio, le bes&eacute;
+humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiaci&oacute;n que me
+hab&iacute;a impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no deb&iacute;a concluir
+sino con mi vida.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; la noche: Marta segu&iacute;a respirando. Con la boca muy abierta, los
+ojos empa&ntilde;ados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba
+fijamente. Su cuerpo parec&iacute;a achicarse cada vez m&aacute;s, yac&iacute;a todo
+encogida: casi parec&iacute;a que no se atrev&iacute;a a ocupar en la muerte el lugar,
+muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida.</p>
+
+<p>La t&iacute;a llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los dem&aacute;s tambi&eacute;n
+lloraban; yo sola no ten&iacute;a l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Cuando a eso de las once, Marta exhal&oacute; el &uacute;ltimo suspiro, me acometi&oacute; un
+acceso de locura furiosa.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII</h3>
+
+
+<p>En este instante llego de casa de Roberto.</p>
+
+<p>Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en
+sus ojos una t&iacute;mida ternura, medio velada, que mi coraz&oacute;n ha bebido con
+avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la
+alegr&iacute;a se despiertan en mi coraz&oacute;n, y, cuando cierro los ojos, veo
+bailar en torno m&iacute;o dorados rayos de sol.</p>
+
+<p>Pero &iexcl;basta de pensamientos de felicidad, basta de cobard&iacute;a! Si llega a
+amarme, &iexcl;tanto peor para &eacute;l! No me he prestado a ello; &iexcl;no por cierto!
+Ser&iacute;a tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso.
+Desde mi curaci&oacute;n, durante m&aacute;s de un a&ntilde;o, he dirigido su casa con
+lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle
+indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi se&ntilde;ora t&iacute;a ha
+tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su
+hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado
+buena ama de casa, para no saber que, sin m&iacute;, el hogar de su hijo se
+habr&iacute;a arruinado durante esos d&iacute;as de duelo, en que Roberto, absorbido
+por su inmenso dolor, permanec&iacute;a inerte, indiferente a todo, aun al
+ni&ntilde;o. Sin m&iacute; el pobre peque&ntilde;uelo estar&iacute;a desde hace tiempo bajo tierra.
+No enumerar&eacute; todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha
+producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempe&ntilde;ar el papel de
+farisea.</p>
+
+<p>Tampoco hablar&eacute; de expiaci&oacute;n; esta es una palabra demasiado pomposa,
+detr&aacute;s de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable
+mentira, una vana ilusi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo borrar la mancha que me ha mancillado?
+Se exp&iacute;a una falta tr&aacute;gica, se exp&iacute;a hasta un gran crimen; pero una
+infamia como la que yo he cometido, es un borr&oacute;n del cual el alma no
+puede lavarse.</p>
+
+<p>&iexcl;Si por lo menos pudiera ignorar qu&eacute; secreto vela en el fondo de mi
+coraz&oacute;n!</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; quer&iacute;a en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si
+no era para poder pertenecerle un d&iacute;a? Como si el eterno destino no
+hubiera alzado &eacute;l mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo
+de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros.</p>
+
+<p>Y, si alguna vez un demonio le soplara en el o&iacute;do el consejo de extender
+la mano hacia m&iacute;, &iquest;podr&iacute;a hacer de otro modo que rechazarlo como a un
+loco temerario? Pero eso no suceder&aacute;: he sabido tenerlo a distancia. Que
+crea que lo desde&ntilde;o, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y
+de mi ego&iacute;smo: sabr&eacute; guardar el secreto de mi coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Si tan s&oacute;lo no existiera!</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se
+pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de m&iacute; con una violencia
+tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la
+embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre
+en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus
+brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches
+las l&aacute;grimas se han secado en m&iacute;. Me ha sido imposible llorar desde ese
+d&iacute;a en que encontr&eacute; a Marta tendida en su lecho de dolor.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV</h3>
+
+
+<p class="r">
+Quince d&iacute;as despu&eacute;s.<br />
+</p>
+
+<p>Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora s&eacute; que hay
+una expiaci&oacute;n. &iexcl;Ah, si estas torturas no purificaran!</p>
+
+<p>Jes&uacute;s; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero hab&eacute;is sido
+hombre, hab&eacute;is sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura,
+vuelve en ti, mujer, c&aacute;lmate. &iquest;Acaso no hay un descanso eterno en el
+cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para
+sobrellevar los dolores de esta existencia? &iquest;Qui&eacute;n te lo impide?</p>
+
+<p>Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que
+Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de
+verg&uuml;enza, del cual ning&uacute;n poder del Cielo ni de la tierra podr&iacute;a
+arrancarme.</p>
+
+<p>Estoy muerta; muertos tambi&eacute;n deben estar mis deseos y mis esperanzas; y
+a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en &eacute;l, sabr&eacute;
+calmarla por fuerza, si no...</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, qu&eacute; actitud ten&iacute;a delante de m&iacute;! Las palabras sal&iacute;an lentas y
+t&iacute;midamente de sus labios; sus miradas pla&ntilde;ideras, que parec&iacute;an implorar
+socorro, buscaban las m&iacute;as y sin embargo apenas osaban desprenderse del
+suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su
+barba y golpeaba con el pie cuando no pod&iacute;a encontrar la palabra justa.
+&iexcl;Oh, pobre ni&ntilde;o grande, amado m&iacute;o! &iquest;No viste que todo mi ser me
+precipitaba a tus brazos y ard&iacute;a por permanecer en ellos eternamente?
+&iquest;No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de
+quedarse suspendidos de ellos hasta mi &uacute;ltimo suspiro?</p>
+
+<p>&iquest;No viste nada de eso?</p>
+
+<p>Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener
+conciencia de ello. Mi coraz&oacute;n las ignora completamente; te lo juro. Te
+amo y te amar&eacute; hasta mi &uacute;ltimo pensamiento, y el &uacute;ltimo aliento que se
+escapar&aacute; de mis labios ser&aacute; tu nombre.</p>
+
+<p>Y &iquest;c&oacute;mo has podido creer en el pretexto que te di? &iexcl;Dejarte a una mujer
+rica! &iexcl;A ti para qui&eacute;n querr&iacute;a mendigar por los caminos, por qui&eacute;n
+querr&iacute;a gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo
+necesitaras!</p>
+
+<p>&iquest;Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a
+la mano de Marta? &iexcl;C&oacute;mo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de
+aceptar mi miserable excusa!</p>
+
+<p>Y cuando me diste la mano al decirme adi&oacute;s, &iquest;por qu&eacute; me dirigiste una
+mirada tan triste, tan humilde? &iquest;No sab&iacute;as que esa mirada me torturar&iacute;a
+sin cesar, noche y d&iacute;a, como el reproche de una grave falta que he
+cometido para contigo?</p>
+
+<p>No, amigo m&iacute;o, eres el &uacute;nico ser en el mundo que nada tenga que
+reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy m&aacute;s que nunca,
+&iexcl;aunque jam&aacute;s hayas sido m&aacute;s indignamente enga&ntilde;ado que hoy!</p>
+
+<p>&iexcl;Si tan s&oacute;lo pudiera decirte cu&aacute;nto te amo! &iexcl;Con qu&eacute; placer morir&iacute;a en
+el acto! &iexcl;Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza
+en tu hombro y llorar l&aacute;grimas de sangre!</p>
+
+<p>No me vuelvas a mirar as&iacute;, mi querido ni&ntilde;o grande, como para hacer creer
+que te he desde&ntilde;ado con raz&oacute;n, que te he encontrado demasiado simple y
+demasiado indigno de m&iacute;, pues, &iexcl;mira, no s&eacute; lo que har&iacute;a!</p>
+
+<p>&iexcl;Que Dios te preserve de m&iacute; y de mi amor!</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV</h3>
+
+
+<p class="r">
+Ocho d&iacute;as despu&eacute;s.<br />
+</p>
+
+<p>&iexcl;Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he
+embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro.</p>
+
+<p>Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida pod&iacute;a
+todav&iacute;a ofrecer de felicidad a una pecadora como yo.</p>
+
+<p>&iquest;Y ahora?</p>
+
+<p>Desde hace horas, me encuentro frente a esta &uacute;ltima y grave cuesti&oacute;n:
+&iexcl;huir o morir!</p>
+
+<p>Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas
+alternativas, pues Roberto vendr&aacute; ma&ntilde;ana para llevarme a la tumba de
+Marta.</p>
+
+<p>Antes que seguirlo all&iacute;, prefiero morir. Aun admito que lleve la
+hipocres&iacute;a hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle
+todo; admito que el horror que me inspirar&iacute;a a m&iacute; misma, no me ahogue,
+que encuentre el miserable valor de casarme con &eacute;l; &iquest;qu&eacute; existencia
+llevar&iacute;a a su lado?</p>
+
+<p>&iquest;Para qu&eacute; aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde
+mucho tiempo atr&aacute;s? Pasar&iacute;a por esta tierra semejante a una pobre
+criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el
+temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de
+gritar mi falta al mundo entero. &iexcl;C&oacute;mo podr&iacute;a dormir en ese lecho que he
+deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! &iexcl;C&oacute;mo vivir
+entre esas paredes en que todav&iacute;a est&aacute;n inscritas en letras de fuego
+esas palabras: &laquo;Oh, si ella muere!&raquo;</p>
+
+<p>Voy a razonar fr&iacute;amente conmigo misma, como conviene a una persona que
+hace el balance de su vida.</p>
+
+<p>&iquest;Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo s&eacute;.</p>
+
+<p>&iquest;Huir? &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a en medio de extra&ntilde;os? Los conozco; conozco a los
+hombres y los desprecio. Ellos me han hecho da&ntilde;o, seguir&aacute;n haci&eacute;ndome
+sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa
+ya m&aacute;s que en &eacute;l.</p>
+
+<p>Pues bien, &iquest;morir? Los frascos de morfina est&aacute;n ah&iacute;, en salvo en el
+fondo de mi gaveta; un presentimiento me dec&iacute;a que alg&uacute;n d&iacute;a los
+necesitar&iacute;a, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las
+&oacute;rdenes de mi anciano t&iacute;o el doctor. Las pocas horas de sue&ntilde;o que he
+perdido me ser&aacute;n devueltas as&iacute; al c&eacute;ntuplo.</p>
+
+<p>Escribir&eacute; todav&iacute;a una carta a mi t&iacute;o; &eacute;l ser&aacute; mi heredero y mi
+confidente. Quiz&aacute; podr&aacute; disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo
+sospeche.</p>
+
+<p>A &eacute;l, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario
+que sea as&iacute;.</p>
+
+<p class="dot">*<br />* *</p>
+
+<p>He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buz&oacute;n. El
+sereno anunciaba la media noche. &iexcl;Qu&eacute; desierto y obscuro est&aacute; el mundo!
+El viento pasa estremeci&eacute;ndose por los tilos; aqu&iacute; y all&iacute; brilla
+tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores.</p>
+
+<p>Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gru&ntilde;idos y quiere
+atacarme. En torno m&iacute;o las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma
+el remordimiento y una pasi&oacute;n que jam&aacute;s se saciar&aacute;, he ah&iacute; lo que me
+reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida.</p>
+
+<p>Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no
+siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, despu&eacute;s de haber
+llorado a mi gusto. Las l&aacute;grimas que no pod&iacute;an darse libre curso, me
+pon&iacute;an en el pecho un peso aplastador.&mdash;Y dicen que llorar da sue&ntilde;o.
+&iexcl;Buenas noches!</p>
+
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO ***
+
+***** This file should be named 26078-h.htm or 26078-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
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+Creating the works from public domain print editions means that no
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
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+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
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+ License. You must require such a user to return or
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+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
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+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
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+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+
+</pre>
+
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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