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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:20:02 -0700 |
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SUDERMANN + +EL DESEO + +BUENOS AIRES + +1909 + +Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.--Buenos Aires. + + +Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua +cristalina, será, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores +de la Biblioteca de LA NACIÓN. + +Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es +hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que +desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades +morales. + +En _El Deseo_, una de las mejores obras del novelista germano, la trama +gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia, +dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente +dotada por la Naturaleza, mental y físicamente, pero a quien profundos +desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de +pasión, de cariño, de iracundias y de bondades, predominando siempre una +sensibilidad casi enfermiza, casi mística, para los impulsos y actos +nobles. + +Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente, +brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad. + + + + +EL DESEO + + + + +I + + +Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano médico. + +Estaba él todavía en el lecho, y embargado por el sentimiento de +bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando +se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por día en un +cabriolé de médico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y +los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las sábanas alguna +vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro más +joven. + +Alargó y estiró sus miembros cascados y volvió a hundir en las almohadas +su rostro gastado y amarillento, salpicado de ásperos vellos blancos, +cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa +ama imperiosa que, durante tantos años, fuera indispensable o no, lo +había sacado de su cama antes del amanecer, no le permitió descansar ni +aun entonces. + +Suspiró, bostezó, se avergonzó de su pereza y tomó la campanilla puesta +a su cabecera, en la mesa de noche. + +Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como él, apareció +en el umbral. + +--¿Qué hora es, señora Liebetreu?--le gritó. + +Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la +cama del doctor, y cuyo despertador estridente había interrumpido más de +una vez de un modo desagradable sus sueños de la mañana, no se le había +dado cuerda desde el día en que el joven médico adjunto había llegado a +Gromowo, «para que yo sepa bien--se complacía en decir el doctor--que en +lo sucesivo mi vida está en reposo.» + +--Las ocho menos cuarto, señor doctor--respondió la anciana, ocupándose +en arreglar la tapa de la estufa. + +--¡Vaya! ¡vaya!--exclamó él, enderezándose.--¡Qué perezoso me he vuelto! +Y... ¿han llegado cartas? + +--Sí, varias por correo y una que trajo personalmente el joven señor +Hellinger hace dos horas. + +--¡Pero, si hace dos horas, era todavía de noche! + +--Sí; me dijo que tenía que ir hasta la granja y que no podía esperar +más. Ya anoche, cuando el señor doctor estaba en _El Águila Negra_, +vino y se quedó esperando casi dos horas. + +--¿Y por qué no me mandó usted llamar?--gritó el doctor con el tono +gruñón de un anciano bonachón pero bilioso. + +--¿Acaso no nos lo prohibió él?--replicó la ama de llaves, exactamente +en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de +su parte: era más bien el eco del carácter del anciano.--Estuvo sentado +en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sentó) iba +de un lado a otro como una fiera, se reía, hablaba solo; yo desconocía a +nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llevé cerveza, seis +botellas; se las bebió todas, y tuve que beber con él... En fin, tenía +algo de trastornado. + +--¡Eh! ¡eh!--murmuró el anciano riéndose por lo bajo.--Me parece que +allí hay algo de Olga. Al fin, ella se habrá... ¿Y son para hoy esas +cartas?--exclamó de repente, como si estuviera lleno de furor, aun +cuando su rostro permanecía sonriente. + +Y cuando la ama de llaves, refunfuñando, hubo satisfecho su deseo, sin +vacilar tomó de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no +concedió siquiera una mirada a las demás. + +Una alegre emoción hacía temblar sus manos, mientras desdoblaba el +papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, leyó: + +* * * + +«Querido viejo tío: + +»Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si +pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los +tuyos, todo lo que siento en el corazón... Todavía no lo creo, la cabeza +me da vueltas cuando pienso en ello. Tío querido, en los peores días de +prueba me ayudaste y protegiste. Tú solo tendiste los brazos a Marta +cuando todos--y hasta mis mismos padres--le volvían la espalda, llenos +de frialdad y de desconfianza. ¡No pudiste conservármela, tío querido! +Dios la llamó a sí, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi razón +amenazaba extraviarse, tú me tomaste la cabeza entre tus brazos y me +hablaste como habría podido hacerlo un sacerdote. + +»Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida, +que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones +materiales y mi pasión por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre +cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres años que +duró nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la +vida parece querer darme ahora todo lo que todavía puede tener para mí +de alegría y de tranquilidad. + +»Tú sabes, tío, cómo, en medio de mi dolor, me dejé llevar por un afecto +sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga. +Todo te lo confesé, busqué consuelo cerca de ti cuando me atormentaba, +cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto aún llevaba. +Y me dijiste entonces: + +--»¿Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegiría +a otra que a esa hermana, que era, después de ti, lo que ella más +quería en el mundo? + +»Me quedé espantado hasta el fondo del alma, pues jamás me habría +atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero tú no cesaste de exhortarme, +tanto, que por fin, hace ocho días, armándome de todo mi valor, le pedí +que compartiera mi suerte. Ella se negó, tú lo sabes. + +»Se puso pálida como una muerta; en seguida me tendió la mano y me dijo, +resistiéndose: + +--»Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer. + +»Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me decía: ¡esto no es más que lo +que mereces, presuntuoso! + +»Y he aquí que hoy, querido tío... no puedo escribirlo... Mi mano se +detiene. ¡Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma! +¡Mañana, tío, mañana te lo contaré todo! + +»Por la mañana tengo que ir a la granja. Volveré como a las doce, e +inmediatamente haré la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada +sospecha todavía: he aquí sus proyectos trastornados una vez más, por lo +cual Olga tendrá mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por +despedirla de la casa. ¡Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes! + +»Son las tres de la mañana: basta por hoy. + +»Tu muy agradecido y muy feliz, _Roberto Hellinger_.» + +* * * + +El viejo médico enjugó una lágrima que rodaba por su mejilla. «¡El buen +muchacho!»--murmuró.--«¡Cómo remolinean los sentimientos en su cerebro +acalorado, y qué franqueza en todo esto, qué rectitud en la menor +palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble niña: es +el único a quien yo te daría con placer. Y ahora voy a ver si tú también +tienes confianza en el viejo tío. Voy a cerciorarme de ello +inmediatamente.» + +Y riéndose y gruñendo escondió la cabeza entre las almohadas. Luego, de +repente, gritó con voz que resonó en toda la casa como un trueno: + +--¡Mil millones!... ¿Dónde está mi pantalón? + +Se lo llevaron, y cinco minutos después, el anciano se hallaba ya listo, +delante de su espejo; sólo le faltaba su peluca de un gris amarillento. + +--Mi sombrero... mi abrigo... mi bastón...--gritó en el corredor. + +--¡Pero el café, Dios mío, el café!--gritó la vieja desde la cocina, más +fuerte aún, si esto era posible. + +--¡Bueno, pero pronto entonces!--replicó él, siempre en el mismo +tono.--Es preciso que esté aquí antes de que yo haya concluido de leer +mis cartas. + +Y, refunfuñando de impaciencia, tomó el montón de cartas que se había +quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que él le hiciera caso. +Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,--¡un +pobre ciego con un hijo recién nacido!--y de repente se estremeció, +mientras una sonrisa aparecía de nuevo en su rostro. + +--¡Diantre! No me esperaba esto--murmuró con satisfacción.--Ella tampoco +ha podido dormirse sin hacer al viejo tío el confidente de su dicha. Eso +está bien, hijos míos; os lo tendremos en cuenta. + +Y con la misma alegre prisa con que había abierto la carta de Roberto +Hellinger, rompió el nuevo sobre. + +Pero apenas había comenzado a leer, cuando con un grito ahogado +retrocedió dos pasos, tambaleándose, como un hombre que recibe un golpe +por sorpresa. Su rostro gris se volvió de una palidez gredosa, sus ojos +salieron de sus órbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como +garras el papel que temblaba. + +Cuando la ama de llaves entró con el café, encontró a su amo sentado +como una mole inerte en un ángulo del sofá, con la frente cubierta de +gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el +papel que sus manos estrujaban todavía con un apretón casi convulsivo. + +--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Señor doctor!--exclamó la anciana dejando caer +con estrépito la bandeja sobre la mesa. + +Estas exclamaciones le hicieron volver en sí. Se hizo dar agua, de la +cual bebió ávidamente dos grandes tragos, se humedeció la frente y las +sienes con el resto, e hizo señas a la ama de llaves para que se +alejara. + +Y entonces, después de haber echado el cerrojo a la puerta, recogió la +carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa: + +* * * + +«Mi querido amigo, mi segundo padre: + +»Cuando lea usted estas líneas, habré cesado de vivir. He reunido y +conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio, +cuando después de la muerte de Marta, perdí el sueño; habrá lo +suficiente, así lo espero, para asegurarme el descanso. + +»Usted que me protegió como un segundo padre, será el único en saber por +qué he tomado esta extrema resolución. En las largas noches de invierno, +cuando la tempestad sacudía mi ventana y yo no podía dormir, he escrito +en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo +que no me dejará un instante de reposo hasta que me haya dormido para +siempre. En mi estante de libros encontrará usted, escondido detrás de +los volúmenes de Heine, un cuaderno azul. Guárdeselo usted, sin que los +demás lo noten; y cuando lo haya usted leído todo, vaya usted a mi tumba +y rece un Padre Nuestro. + +»Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido. +Ella es quien me arrastra detrás de sí. + +»Usted lo comprenderá todo cuando haya leído mi historia: quizá hasta +sabe usted de mi secreto más de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el +delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. ¿Por qué si +no, habría usted alejado de mi lecho a todos mis parientes? + +»¿Se horrorizó usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? ¿Me +compadece usted? ¿Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me +desprecia; si así fuera, ¿me habría usted podido demostrar tanto afecto? +Por otra parte, lea usted mi cuaderno, allí está todo. + +»Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quería enviarlo, +después de muchos años, cuando a nuestra vez hubiéramos sido viejos, al +hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qué lo había +rechazado. + +»Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dejé +caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no había manera de +escapármele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte. + +»Y todavía tengo que dirigir a usted una súplica. Es la súplica de una +moribunda y, si está en poder de usted, accederá usted a ella. + +»Oculte usted al mundo entero--y ante todo a aquel a quien amo--que me +he dado la muerte. ¡Ojalá crea que lo que me ha matado es la alegría! +Destruiré todo lo que pudiera revelar un suicidio: los únicos signos +aparentes serán los de una muerte de aneurisma o de congestión. + +»Se lo suplico a usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted +todavía esta satisfacción suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo. +Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.--_Olga +Bremer._» + +* * * + +El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se +bamboleaba, apretaba los puños y se golpeaba la frente; en seguida +volvió a caer sobre una silla. + +--Es una locura, una completa locura--gimió enjugándose las gotas de +sudor que cubrían su frente.--Hija mía, ¿qué es lo que ha pasado por ti? +¿Qué te ha obscurecido así la razón? ¡Mi pobre, pobre y querida niña! + +Luego se levantó de un salto y buscó con sus manos temblorosas su +sombrero y su abrigo. + +¡Socorrer! ¡socorrer! ¡arrancar su víctima a la muerte! He ahí el +pensamiento que, por el momento, le llenaba el espíritu. Un instante +tuvo la idea de que quizá la joven no había puesto seriamente su +proyecto en ejecución; pero la desechó inmediatamente. Había aprendido a +conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de +una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad. + +Pero quizá la dosis que había tomado era demasiado débil, quizá el +tiempo--hacía más de un año que Marta había muerto de parto, y en esa +época era cuando él había dado a Olga la poción calmante--quizá el +tiempo había atenuado la fuerza del veneno. Sí, sí, así era; era preciso +que así fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse +inofensiva. + +¡Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba +vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qué. Luego tomó de nuevo +la carta. + +--¿Y qué es lo que me pides? Hija, hija mía, ¿te figuras que sea cosa +tan fácil violar un juramento, renunciar, como se arrojaría un cascarón +vacío, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio +siglo? Niña, no sospechas lo que pides a un hombre de honor. + +En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvió a leer una vez +más este pasaje: «Es la súplica de una moribunda... se lo suplico a +usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted todavía esta +satisfacción suprema.» + +Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas lágrimas. + +--Es imposible, hija mía, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y +aun cuando lo quisiera, me traicionaría yo mismo. No soy ya más que una +pobre y vieja ruina, y no soy dueño de mis nervios. Lo notarían a la +primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu +tío... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es +necesario ante todo salvarte. ¡Día de Dios! Viejo, sé hombre todavía por +lo menos una vez en tu vida. ¡Es preciso que la salves, es preciso, es +preciso, es preciso! + +Y tan ligero como sus piernas cascadas podían llevarlo, se +precipitó--empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la +puerta--y echó a andar por la escarcha helada y punzante de la mañana de +invierno. + + + + +II + + +La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno, +presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad más perfectas. +Del tubo del aparato de cobre para hacer café, cuyo vientre, bruñido y +lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor +azulado que volvía a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empañaba el +azucarero de plata y coronaba con un rocío las tazas de café. + +El señor Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la +nieve; sus facciones regulares y todavía jóvenes, sus mejillas +sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. Cómodamente +extendido en su sillón azul floreado, con la bata recogida sobre las +rodillas, parecía esperar con una resignación apacible lo que el +destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese día. + +Esta acababa de echar un poco de café en el filtro, y se limpiaba +minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada, +adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba, +cuyas cintas estaban sólidamente atadas bajo su carnosa barba, se +inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y áspero rostro de +viejo dragón, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las +mujeres de edad que beben de buen grado un trago de coñac en la copa de +sus maridos, brillaba lleno de energía y de decisión en su marco de +encajes. Se veía en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a +doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su +ancha boca, demostraba hasta qué punto acostumbraba a perseguir, sin +dejarse detener, la realización de sus planes. + +Y, para no permanecer inactiva hasta que el café hubiera pasado, tomó el +tejido de gruesa lana que en su condición de «Presidenta de la +Asociación de las mujeres» y de «Directora de la comisión de los +pobres,» no se permitía jamás abandonar, y con una rapidez inaudita hizo +deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al +trabajo. + +--Adalberto, ¿no tienes noticias de Roberto?--preguntó con voz ruda y +metálica, que debía penetrar hasta en los menores rincones de la casa. + +La pregunta pareció desagradar al anciano, quien movió la cabeza como si +hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal. + +--Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo--continuó ella, y su amarga +sonrisa se acentuó aún más.--Hace ocho días que no se ha dejado ver ni +ha dado señales de vida. ¡Si habitara en la luna, no vendría con más +rareza! + +El señor Hellinger refunfuñó algo en su barba y se preparó a tomar su +larga pipa. + +--Parece que todavía hay algo que no va bien,--continuó ella.--En estos +últimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en +mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener +encima algún pago que no puede hacer. + +--¡Pobre muchacho!--dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin +duda para desechar ese pensamiento desagradable. + +--¡Sí, pobre muchacho!--repuso ella en tono burlón.--¿Todavía lo +compadeces, quizá? ¿Eres capaz de haberle dado otra vez algo a +hurtadillas? + +Él, en señal de protesta, levantó sus manos blancas y bien cuidadas, +pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente. + +--Adalberto--dijo ella en tono amenazador,--no quiero que eso vuelva a +suceder. Lo que le das a él nos lo quitas a nosotros y nuestros demás +hijos. ¡Si todavía fuera digno de ello! Pero «quien no quiere escuchar +debe padecer.» Si por arrogancia y por obstinación corre a su pérdida... + +--Permite, Enriqueta...--insinuó el señor Hellinger tímidamente. + +--Yo nada permito, querido Adalberto--replicó ella.--¡Quien no quiere +escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere +seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta +sólo por él, que pasa las noches cavilando y atormentándose... + +Y se frotó los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de +lágrimas. + +--¡Pero Enriqueta!--volvió a decir él. + +--¡Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras; +te permito quedarte en _El Águila Negra_ todo el tiempo que quieres; te +dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes +soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a +propósito, bien podrías evitar el volcar tres sillas como lo hiciste +ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideración por tu +vieja y fiel esposa; pero ¿qué era lo que quería decir? Sí, en cuanto a +mis planes, me harás el servicio de no mezclarte en ellos, por que no +los comprendes. ¿Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por +ese bribón de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas, +escribir cartas, y sabe Dios cuántas otras cosas. Lo presenté a cinco o +seis jóvenes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo +que no tenía más que extender la mano. ¿Pero qué hizo? Supongo que +todavía te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro años, nos +trajo a Marta, ¡a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques +vienen de allí. + +--¡Pero, Enriqueta! + +--Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu antífona: +«Marta era mi carne y mi sangre;» ya lo sabemos. Pero, si quería +mostrárseme como una sobrina afectuosa y agradecida, ¿por qué no le +trajo la dote necesaria? ¡Porque nada tenía, naturalmente, nada! Mi +hermano murió indigente como una rata de iglesia. ¿Es esto decente en un +miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se +le antojara, poco me importa; sólo que no tenía necesidad de echarnos a +su hija en los brazos. + +--Pero... ya está muerta--observó el señor Hellinger. + +--Sí, ya está muerta--replicó su esposa juntando las manos.--Yo no diré: +alabado sea Dios, porque eso sería pecado; pero ya que el buen Dios lo +ha decidido así, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la +locura de Roberto. Mientras estabas en _El Águila Negra_, bebiendo tu +vino tinto, me puse nuevamente en campaña, trabajé, tomé nuevas +informaciones; ya no tiene más que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann, +con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de +su padre; tiene a la chica Versen, todavía muy joven, es cierto, pues +acaba de ser confirmada, pero esa tendrá aún más. Y todavía me quedan +otras tres o cuatro. ¿Pero qué crees que contesta a mis proposiciones? +«Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguirás no volver a +verme.» ¿Hase visto jamás? No faltaría más que una cosa: que, después de +Marta, tomara todavía a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa +madre no le quedaría más que morir. A propósito, ¿dónde se ha metido +hoy la señorita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todavía. +Puede ser que en la casa de mi señor hermano, que tenía costumbres +polacas, cultivaran el hábito de quedarse en la cama hasta las +doce--¡pero en una casa bien manejada como la mía, no habría que pensar +en eso, Adalberto! Yo sabré poner orden. + +--No comprendo, mi querida Enriqueta, por qué me diriges los reproches +que son para tu sobrina. + +--¡Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu protección, Adalberto! +Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me +desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco +voy a poner fin a todo esto. Hace un año entero que la tengo a mi lado, +y ya comienza a ser perfectamente inútil. + +--¿Pero acaso no trabaja de la mañana a la noche en cuidar la casa de +Roberto? ¿Se pasa un solo día sin que vaya a la granja? ¡No seas tan +injusta con ella, Enriqueta! + +Ella le lanzó una mirada de compasión: + +--Si no fueras tan niño, como lo has sido siempre, Adalberto, se podría +conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso +¿ves? ¿Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a +pavonearse todos los días en la granja y darse tonos de ama delante de +él y de los sirvientes? ¡Oh! ¡Es muy lista, mi sobrina Olga! ¡Ya habrá +hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a +ella--sólo a ella--le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es +eso ¿qué tendría que ir a hacer todos los días a la granja? + +--Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta. + +--¡Naturalmente! ¡Naturalmente! ¡Cuántas cosas te hacen creer con +cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qué lo hace y por qué ama a ese +pobre niño hasta comérselo a caricias: ¡conoce el camino que lleva al +corazón del padre! + +--Pero tal vez no lo quiere--insinuó el viejo Hellinger. + +Ella soltó la risa. + +--¡Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las +puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no +pongo fin a todos estos manejos mostrándole la puerta, podría muy bien +suceder que un día Roberto la tomara por la mano y nos dijera: «Ahora, +papá y mamá, tengan ustedes la bondad de darnos su bendición.» Pero, +antes que ver una cosa semejante, Adalberto... + +En el mismo instante, un gran ruido de pasos resonó en el vestíbulo; y +casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta. + +--¡Toma!--dijo la señora Hellinger.--He ahí uno que hace tanto estruendo +como un alguacil. ¡Todavía no estamos en ese estado, sin embargo! + +Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: «¡Adelante!» + +El viejo médico penetró en la habitación. Tenía el sombrero echado hacia +atrás, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como +después de una carrera desenfrenada. Se olvidó de dar los buenos días y +no hizo más que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora. + +--¡En nombre del Cielo, doctor!--le gritó el señor Hellinger +precipitándose a su encuentro.--¡Nos embistes como un toro! + +La señora Hellinger, al contrario, asumió su aspecto áspero y refunfuñó +algo como: «modales de fumadero.» + +Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que, +con la cara de todos los días, lo miraban con estupor, se dejó caer en +una silla con un suspiro de alivio. ¡Así, pues, la terrible cosa no se +había realizado! Pero, un instante después, la ansiedad volvió a +apoderarse de él. + +--¿Dónde está Olga?--tartamudeó alzando los ojos hacia la puerta, como +si fuera a verla entrar en ese instante. + +--¿Olga?--dijo la señora Hellinger encogiéndose de hombros.--¡Qué sé yo! +Sin duda va a venir de un momento a otro; ¿es por algo urgente? + +--¡Alabado sea Dios!--exclamó el doctor juntando las manos.--¡De modo +que ya ha bajado! + +--No, eso no--dijo la señora Hellinger.--La señora Duquesa se ha dignado +dormir hoy un poco más. + +--¡Dios del Cielo!--exclamó de nuevo él.--¡Y nadie ha ido a verla! +¿Nadie sabe nada de ella? + +--Doctor ¿qué te pasa?--gritó el viejo Hellinger que comenzaba a +inquietarse. + +Sin duda, el doctor se acordó en ese momento de la súplica que terminaba +la carta de despedida de Olga; comprendió que, de ese modo, su deseo de +respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto, +e hizo un último y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto. + +--¿Qué me pasa?--balbució con una sonrisa dolorosa.--¡Pues nada! ¿Qué +había de tener? ¡Mil millones!... + +Y, en seguida, abandonando todo fingimiento gritó: + +--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Has permitido la espantosa desgracia! ¡La has +dejado de tu mano! + +Y poco le faltó para dejar correr sus lágrimas; pero, reuniendo toda la +energía que quedaba en su cuerpo gastado, se enderezó recto como una I: + +--Venid al cuarto de Olga--dijo,--y no os asustéis, cualquiera que sea +el estado en que la encontréis. + +El viejo Hellinger palideció y su mujer se puso a gritar y sollozar: se +aferraba al brazo del doctor y quería saber lo que había sucedido, pero +éste no decía una palabra más. + +Así subieron los tres la escalera que conducía al cuarto de Olga, +mientras que en el vestíbulo los sirvientes se reunían y los +contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos. + +Delante de la puerta de la habitación de Olga, la señora Hellinger tuvo +un ataque de desesperación. + +--Toque usted, doctor--dijo con un sollozo.--Yo no puedo. + +El anciano tocó. + +Nadie contestó. + +Tocó una vez más y puso el oído en el agujero de la cerradura. + +Siempre el mismo silencio. + +Entonces la señora Hellinger se puso a gritar: + +--Olga, querida hija mía, abre; somos nosotros, tu tío, tu tía, y tu +viejo tío el doctor. Puedes abrir sin temor, querida mía. + +El doctor dio vuelta al botón; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por +el agujero de la cerradura; estaba tapado. + +--¡Manda buscar al cerrajero, Adalberto!--dijo. + +--¡No!--gritó la señora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su +pena.--Yo no lo sufriré; no ha de suceder así: la vergüenza sería +demasiado grande; yo no podría sobrevivirle. ¡Qué vergüenza! ¡qué +vergüenza! + +El doctor le lanzó una mirada en que se leían el asco y el desprecio. +Pero ella no le hizo caso. + +--Tú eres fuerte, Hellinger--dijo.--Apóyate contra la puerta, quizá +consigas romper la cerradura. + +El señor Hellinger era un coloso. Apoyó uno de sus robustos hombros en +la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir. + +--Despacio--le dijo su mujer.--Los sirvientes están en el vestíbulo. + +--¡Idos a hacer algo en la cocina, montón de perezosos!--gritó en la +escalera su voz regañona. + +Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empujón, y una de las +tablas se partió por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtró +en la semiobscuridad del corredor. + +--Déjeme mirar por allí--dijo el doctor, el cual, esperando lo peor, +había recuperado su serenidad y su sangre fría. + +Hellinger arrancó algunas astillas de madera, de manera que, por la +abertura, se pudiera ver todo el cuarto. + +Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La +sobrecama arrojada a los pies formaba un montón blanco detrás del cual +brillaba la línea rubia de las trenzas de Olga; también se alcanzaba a +ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la sábana. Los +pies estaban descubiertos; parecían haberse estirado en convulsiones +contra la madera de la cama y después haber vuelto a caer sin fuerza. + +A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las +enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y +sobre la pequeña alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas +de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse. + +Sobre el mármol de la mesa de noche, medio apoyado contra la lámpara, +reposaba un libro, todavía abierto, como si se le hubiera dejado allí +en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello parecía cernerse esa +paz serena e indefinible que revela el alma pura de una niña. La que +allí moraba se había dormido la víspera con una plegaria para +despertarse en la mañana con una sonrisa. + +Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apartó de la +abertura. + +--Pasa tu brazo por allí, Adalberto--dijo,--y procura alcanzar la +cerradura. Ella la ha cerrado por dentro. + +Pero la señora Hellinger, apretándose contra la puerta, suplicó a +grandes gritos a «su querido tesoro» que se despertara y abriera ella +misma. Al fin, se consiguió apartarla y abrir la puerta. + +Los tres se acercaron a la cama. + +El rostro blanco como un mármol parecía mirarlos con sus ojos vidriosos, +medio cerrados, en los labios una sonrisa extática. + +La encantadora cabeza, de líneas firmes y nobles, se inclinaba un poco +sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se +desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de +noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El botón de nácar, al cual se +adhería un jirón de tela y que se había quedado en el ojal, era lo único +que indicaba que, antes de dormirse, la joven había debido ser presa de +una violenta agitación. + +--Duermes, tesoro mío, dime que duermes,--dijo la señora Hellinger +sollozando.--Dime que no has hecho semejante afrenta a tu tía, a tu +querida tía que te ha criado y cuidado como a su propia hija. + +Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoderó de la mano lívida que colgaba +y trató de levantarla. + +Su marido, más sensible, se había ocultado el rostro entre las manos y +lloraba. + +El doctor no se dejó llevar por la emoción. Había sacado de su bolsillo +su estuche, y, rechazando a la señora Hellinger con un ademán apenas +cortés, se inclinó sobre el pecho que, con un movimiento brusco, había +descubierto por completo. + +Cuando se enderezó su rostro estaba mortalmente pálido. + +--¡Una última tentativa!--dijo. + +E hizo una rápida incisión horizontal en el brazo, en el sitio en que +una arteria se dibujaba en línea azulada en la blancura nívea de la +carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; sólo +al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente. + +Entonces el anciano arrojó lejos de sí el luciente bisturí, y con las +manos juntas, luchando con las lágrimas, se puso a rezar un _Pater +Noster_. + + + + +III + + +El mismo día, a eso de las doce, a través de los terrenos pantanosos que +se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de +un caballo se dirigía hacia la pequeña ciudad. + +Tan tupidas y pesadas que parecía que se las pudiera tocar con las +manos, las nubes se extendían sobre la llanura. De trecho en trecho se +alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce, +completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes, +colgadas en largas filas de las desnudas ramas. + +Las ruedas se hundían profundamente, en el barro del camino, que corría +entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada +instante hasta la caja del coche. El que lo conducía poco se preocupaba +del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permanecía +sumido en su rincón, y sólo se enderezaba a ratos, cuando las riendas +amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se diseñaba la +estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba +como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba +dentro de sus pliegues. + +Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quizá en mayor proporción, +y el rostro también presentaba una semejanza que no podía engañar; pero +las facciones, que en el padre habían conservado, hasta bajo los +cabellos blancos, una amable dulzura, se habían acentuado en él en +pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez, +un humor sombrío y siempre inquieto. Una barba rizada y desaliñada +envolvía las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y +adquiría en las extremidades de la boca un matiz más claro y caía sobre +el pecho en dos puntas de un rubio apagado. + +Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el +prometido de Olga. + +De la felicidad que le había llegado la víspera, su frente no dejaba +adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a +lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era +que sabía que tendría todavía mucho que hacer antes de poder llevarse a +su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la +victoria misma no le llevaría más que inquietudes y tormentos. Volvía a +ver con el pensamiento los tiempos difíciles que había atravesado, y que +apenas alumbraron algunos rayos de sol. + +Hacía seis años ya que su padre le dejó solemnemente, en su condición de +hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a +la pequeña ciudad y llevar en ella una vida apacible y cómoda. Desde ese +día comenzó su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan +pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la +carga: todo lo que conseguía ganar con sus manos encallecidas, todo lo +que ahorraba en sus gastos personales, desaparecía absorbido por las +reclamaciones de los suyos. Y no podía quejarse; todo sucedía conforme +al derecho más estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida +hasta el último centavo entre él y sus seis hermanos y hermanas--sin +hablar de la reserva que habían estipulado para ellos los padres. + +Cada teja de su techo y cada terrón de sus campos estaba empeñado; sobre +cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su +madre, que vigilaba severamente para que los réditos no se atrasaran un +minuto. + +¿Acaso no estaba en su derecho? ¿Podía él exigir que lo quisiera con +mayor cariño que a sus otros hijos? Sus hermanos tenían que seguir una +carrera, sus hermanas se habían casado, gracias a la dote; todos y todas +fijaban en él miradas ansiosas y ávidas como en el autor y el sostén de +su dicha. + +¡Los réditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba +a toda hora, amenazante, en sus oídos, y por la noche le hacía +despertarse sobresaltado y llenaba sus sueños de visiones espantosas. + +¡Los réditos! ¡Cuántas veces, por causa de ellos, se había golpeado la +frente con los puños cerrados! ¡Cuántas veces había corrido, +obsesionado, atontado, a través de los campos fangosos, para escaparse +de esa tropa de demonios chispeantes; cuántas veces, en un acceso de +loco furor, rompió con el puño algún utensilio, arado o vara de coche, +como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero +ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le seguían con más tenacidad y +más de cerca, le chupaban más y más ávidamente, hasta la médula, todo el +vigor de su juventud. + +¿Y de qué le servía dominarlos, si alguna vez lo conseguía? A esa hidra +le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se +alzaba, más temible, hinchándose más desmesuradamente ante sus ojos +llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre él, a aplastarlo +con el peso de su mole gigantesca. + +Así se había arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un +condenado, desde el día solemne que fue alegremente celebrado y rociado +con vino y con champaña en _El Águila Negra_. + +¡Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le +perdonaba uno solo de los espárragos que se habían reservado en la +primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la época de la +cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos. + +«Quien no quiere escuchar debe padecer,» era su máxima predilecta, y él +nada escuchaba ¡oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple +«sí,» habría podido poner término a todos sus tormentos, habría podido +vivir hasta el fin de sus días en la abundancia y en la alegría; y que +no quisiera pronunciarlo, por una obstinación estúpida e inconcebible, +que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que +su madre no podía perdonarle. + +Dos años transcurrieron así. Entonces sintió que, si continuaba esa +existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La +vacilación, el temor, lo enervaban más y más: resolvió, pues, buscar un +fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le habían +prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios +pálidos. + +Y llegó el día en que llevó como esposa bajo su techo a la amada de su +juventud, que hacía poco se había quedado huérfana y sin hogar. + +Era un sombrío y triste día de noviembre; las nubes grises corrían en el +cielo como siniestros pájaros. Temblorosa y muy pálida con su vestido +negro, la delicada y enfermiza criatura se suspendía de su brazo y se +estremecía bajo las miradas con que la examinaban los extraños, en las +cuales se mezclaban la compasión y el desdén. + +Su suegra la había acogido con reproches e imprecaciones, y transcurrió +casi un año antes que entre ellas se establecieran relaciones algo +tolerables. + +Marta se había mostrado valerosa y activa, y había, no obstante su mala +salud, trabajado de la mañana a la noche para poner en orden todo lo que +un amo, largo tiempo soltero, había dejado ir a la deriva. + +Y cuando, después de tres años de vida común, llena de paz y de +consuelo, el Cielo prometió bendecir su unión, ella no cesó, aunque su +estado exigía los mayores cuidados, de ir y venir, arreglándolo y +dirigiéndolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi parecía +que hubiera querido ganar así para su marido la dote que no había podido +llevarle. + +En tales circunstancias--dos días después del nacimiento del niño,--Olga +había llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la había visto desde el +día de su casamiento; y casi se asustó de su aspecto al verla dirigirse +hacia él tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se había +desarrollado su hermosura. + +¡Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! ¡Qué mundo de +sufrimientos, sin embargo; cuántos días de sorda desesperación, y +cuántas noches de horripilantes fantasmas habían transcurrido entre +aquel día y el presente! + +Roberto se estremecía; no quería pensar más en ello; ahora todo parecía +arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonreía apaciblemente +desde arriba y lo bendecía, y, como una flor brotada de su tumba, la +dicha parecía abrirse de nuevo para él. + +Las torres de la pequeña ciudad se acercaban progresivamente; se +destacaban cada vez más detrás de los bosques de alisos. Un cuarto de +hora después, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada. + +Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, notó que a su paso la +gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban, +los otros levantaban su gorra con ademán torpe, y tan pronto como +podían, decentemente, se alejaban de él. Por el contrario, en todas las +casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubrían de +rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por él, +desaparecían tímidamente detrás de las cortinas. + +Movió la cabeza pensativamente; sin embargo, como su espíritu estaba +ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de +aquello y ya no miró ni a derecha ni a izquierda. + +En la esquina de la plaza del mercado--en el sitio donde estaba antes la +casilla de impuestos--se hallaba la vieja ama de llaves del doctor: +tenía las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro. + +Cuando el coche se acercó, ella le hizo seña de que se detuviera. + +--¡Vamos, señora Liebetreu!--dijo él alegremente.--¡Al fin me encuentro +con alguien que no huye al verme! + +La anciana alzó los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo. + +--¡Ah, mi joven señor!--dijo, se le llamaba siempre el joven señor, para +distinguirlo de su padre, aunque hacía tiempo que había cumplido los +treinta.--El señor doctor ruega a usted que entre en su casa: querría +hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle. + +--¿Es muy urgente lo que tiene que decirme? + +La vieja se asustó; creyó que a ella iba a incumbirle el cuidado de +darle la penosa noticia. + +--¡Ah! ¡Qué sé yo!--exclamó.--No me ha dicho más que eso. + +--Bueno, salude usted afectuosamente a mi tío, y dígale que tengo que +hablar primero con mis padres--él sabe de qué se trata--y que +inmediatamente después iré a verlo. + +La anciana murmuró algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta. + +El carruaje continuó su camino hacia la casa del viejo Hellinger, +situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel. +Los vidrios de las ventanas le dirigían miradas amistosas; las lustrosas +tejas del techo brillaban; se sentía, como siempre, que ese techo +abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. Ató su +caballo en la verja del jardín y subió con paso pesado y ruidoso la +pequeña escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los +ásteres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza. + +La campanilla hizo oír su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se +presentó a recibirlo. Arrojó su capa empapada por la lluvia sobre uno de +los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la +ropa maternal. Después entró en la sala, estaba desierta. + +--Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la +siesta--murmuró;--creo que hoy será prudente dejarlos dormir. + +Se dejó caer en el rincón de un sofá y miró a la puerta, pues esperaba, +en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara +para tenderle la mano. + +No tardó en impacientarse. ¿Y si Olga había ido a la granja? Pero no; +ella sabía que él debía venir para hablar con sus padres. + +Por fin se decidió: «Voy a ir a llamar a su puerta,» y se levantó. + +Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la +víspera por la tarde, había aspirado sin tregua a encontrase con ella, +se sentía invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de +aprensión singular. Esa timidez, esa confusión que en otros tiempos se +apoderaban siempre de él en su presencia, volvían a dominarlo. ¿Era +posible que hubiera tenido la víspera a esa mujer en sus brazos? ¿Y si +se había arrepentido, si fuera a devolverle su palabra? + +Pero en ese instante, toda su audacia se despertó. Abrió los brazos en +toda su extensión, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo +inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclamó: + +--¡Que haga la prueba! ¡Con estas mis manos la alzo y me la llevo a +casa! ¡Puesto que Marta ha dicho «sí,» yo querría ver que alguien se +opusiera! + +Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subió la escalera que no +por eso dejaba de gemir bajo su peso. + +Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: veía la +raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera. + +Tocó la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entró. + +* * * + +Un segundo después, la casa se conmovía hasta sus cimientos, como si el +techo se desplomara. + +Los dos ancianos que se habían retirado a su dormitorio para recuperar +las fuerzas después de las horas dolorosas de la mañana, se levantaron +espantados. + +Llamaron a los sirvientes; pero éstos habían volado a hacer que la +ciudad no quedara por más tiempo privada de las últimas noticias del +triste acontecimiento. + +--Sube tú--dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario. + +Y, estremeciéndose, extendió la mano hacia el frasco de gotas de +Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida +que tenía miedo. + +Cuando el viejo Hellinger penetró en la habitación de arriba, el +espectáculo con que se encontró le heló la sangre en las venas. + +El cuerpo de su hijo yacía en el suelo, cuan largo era. Debía, en su +caída, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual +habían puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre él, +entre tablas rotas, el cadáver estaba extendido, en su larga camisa, con +su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la +frente de éste. + +En ese momento, Roberto recuperó el sentido y se enderezó. La cabeza de +la muerta se deslizó y golpeó el suelo... + +--¡Roberto, hijo mío!--gritó el anciano precipitándose hacia él. + +Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada +vidriosa; parecía no haber vuelto en sí todavía. De repente descubrió +uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba +hacia un lado, se había atravesado sobre su pecho. Su mirada recorrió +aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que +sonreía fijamente. + +Sostenido por los dos brazos de su padre, se levantó. Vacilaba sobre sus +piernas, como un toro que ha recibido un hachazo. + +--¡Por Dios, hijo mío, vuelve en ti!--exclamó el anciano tomándolo por +los hombros.--La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que +resignarnos. + +Roberto le lanzó una mirada tímida, desesperada, como un niño. Luego se +inclinó hacia el cadáver, lo levantó y lo puso en la cama rechazando +con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sentó junto a ella, a +la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo índice un mechón de la +suelta cabellera. + +El viejo comenzó a temer por la razón de su hijo. + +--Roberto--dijo acercándose a él.--Tranquilízate, sal de aquí, con +quedarte no le devolverás la vida. + +El joven prorrumpió en una risa tan estridente y tan siniestra, que su +padre se estremeció hasta la médula de los huesos. + +Su estupor acababa de disiparse de improviso; saltó con los ojos +brillantes, e hinchadas las venas de las sienes. + +--¿Dónde está mi madre?--gritó avanzando hacia el anciano. + +Este trató de calmarlo. + +--¡Por piedad, tén un poco de paciencia! Todo te lo contaremos. + +La señora Hellinger, quien, desde hacía ya un momento, escuchaba en la +escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por +delante de su padre, Roberto se precipitó hacia ella con violencia, como +si fuera a empuñarla por el cuello. Pero tenía todavía suficiente razón +para comprender lo monstruoso de su conducta. Dejó caer sus brazos, +inertes; se sentía sofocado, como si la cólera, que trataba de contener, +fuera a ahogarlo. + +--Madre--dijo,--es necesario que me rindas cuentas; quiero una +respuesta... ¿Por qué ha muerto Olga? + +La anciana se le acercó con expresión de tierna compasión, e hizo un +movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un ademán +rudo, él la apartó. + +--Dejemos eso, madre--dijo.--¡Devuélvemela!... + +--Pero, Roberto--gimió ella,--¿es así cómo un hijo trata a su madre? +¡Adalberto, dile tú cuáles son las consideraciones que un hijo debe a su +madre! + +Roberto se apoderó de las manos de su padre. + +--No te mezcles en esto, padre--dijo...--La cuenta que hoy tengo que +arreglar con mi madre, sólo a nosotros dos concierne. Madre, te lo +pregunto una vez más: ¿por qué ha muerto Olga? + +Se había apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los +ojos inyectados de sangre. + +Mientras tanto, la señora Hellinger se había echado a llorar. + +--¿Acaso lo sé?--dijo sollozando.--¿Acaso puede saberlo alguien? La +hemos encontrado en su cama, nada más. La infeliz criatura ha traído la +vergüenza a nuestra casa, en señal de agradecimiento... + +--No la ultrajes, madre--dijo él con un gruñido feroz.--¡Muy bien sabes +que era mi novia! + +Ella lanzó un grito de sorpresa, y su marido hizo un ademán de +extrañeza. + +--¿Cómo, madre! ¿No lo sabías?--gritó Roberto golpeándose la frente con +ambos puños.--¿Ella nada te dijo? ¿No fue a buscarte anoche para +contarte lo que había pasado entre nosotros durante el día? + +--¡Nada me dijo!--gimió ella.--Apenas si me dirigió una sílaba, y se +encerró en su cuarto... + +--Madre--dijo él acercándose hasta tocarla,--cuando te hube confesado +todo, ¿no te dirigiste a su conciencia? ¿No le predicaste que, si me +amaba verdaderamente, debía renunciar a mí, porque hacía mi desgracia, y +sabe Dios cuántas otras cosas? Madre ¿no has hecho eso? + +--¡Mi propio hijo no me cree! ¡Mi propio hijo me acusa de +falsedad!--gimió la vieja.--¡He ahí el agradecimiento que obtengo hoy de +mis hijos! + +Él le tomó la mano. + +--Madre--dijo,--mucho me has hecho sufrir en todos estos últimos años. +Los peores dolores, los más amargos que he tenido que padecer, te los +debo a ti. + +--¡Dios de misericordia!--exclamó ella con voz aguda.--¡He ahí el +agradecimiento! ¡He ahí el agradecimiento! + +--Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a mí, te lo perdonaré, +madre,--continuó Roberto,--sí ¡y aun más! Te pediré perdón de rodillas +por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es +necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aquí, sobre +este cadáver, que nada sabías, que en todo me has dicho la verdad. + +Y la acercó al cadáver que parecía contemplarlo con su sonrisa de +beatitud, como una novia que sonríe a su novio. + +--¿Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?--dijo ella en +tono dolorido dirigiéndole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y +furiosa. + +Pero le dejó hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la +frente de la muerta; ella la acarició diciendo entre sus sollozos: + +--¡Lo juro, mi querida! ¡Bien lo sabes tú, tú, que yo ignoraba todo y +que jamás te he exigido nada malo! + +Entonces exhaló un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso +lo ventajoso que era para ella y para su familia ese lúgubre +acontecimiento. En la tierna caricia con que rozó el rostro de la muerta +había un agradecimiento sincero. + +En el mismo instante el viejo médico entró precipitadamente en la +habitación. Había querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a +la espantosa noticia, y veía con terror que llegaba demasiado tarde. + +El viejo Hellinger se adelantó vivamente a recibirlo y le cuchicheó en +el oído: + +--¡Lléveselo usted, está como un loco! Aquí nada podremos obtener de él. + +Roberto se había quedado inmóvil, abrazado a las columnas de la cama; su +pecho jadeaba; su rostro parecía petrificado por un dolor sombrío, sin +lágrimas. + +El doctor frotó su ruda barba gris contra el hombro del joven y gruñó +con ese tono de consuelo áspero que, mejor que cualquier otro, llega al +corazón de los hombres enérgicos: + +--Ven, hijo mío. No hagas locuras; ¡no turbes su reposo! + +Roberto se estremeció e inclinó dos o tres veces la cabeza. + +Y, de repente, como vencido por el dolor, cayó de rodillas delante de la +cama gritando: + +--¿Por qué has muerto? + + + + +IV + + +¿Por qué había muerto Olga? + +Tal era la cuestión que, en lo sucesivo, preocupó exclusivamente a toda +la ciudad. En la calle, en las mesas de los cafés, en los bancos de las +cervecerías, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las más +extravagantes conjeturas, aventuraban las hipótesis más osadas, pero no +por eso estaba nadie más adelantado. + +Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y +otros pretendían absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes, +que Olga concluiría mal, seguramente. + +Ya en vida, su actitud altiva, sombría y taciturna, había sido un enigma +para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un +enigma aún más difícil. Era imperdonable. + +Entretanto, descubrieron que el doctor había sido el primero en recibir +la noticia del suicidio, y el único a quien ella hubiera confiado su +proyecto. + +La gente se apiñaba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero él se +obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que él sólo era +capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo día +había echado al fuego la carta de Olga, pues temía que la justicia +viniera a pedírsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan +evidente, que se había podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de +prever, la muerta no había logrado hacer desaparecer completamente las +huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche, +quedaban adheridas al vidrio, gotas de un líquido cuyo sabor indicaba +claramente, aun a los profanos, que se trataba de una solución de +morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardín, +en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un +frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto había dejado un +reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, había sido +arrojado por la ventana, y tenía aún el rótulo que indicaba, con la +fecha de la receta, la manera de tomar la poción. + +En estas condiciones, habría sido pura locura de parte del viejo médico, +aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intención del +suicidio, pues toda suposición de un simple abuso de narcótico quedaba +descartada. + +No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir +el último deseo de la muerta, y se juraba a sí mismo guardar más +fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resolución +desesperada. + +¡Si siquiera hubiera podido saberlo él mismo! Pero los días pasaban y +todavía no había podido entrar en posesión del legado que le había hecho +Olga. + +La señora Hellinger desconfiaba de él, le decía en su cara que siempre +había maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que, +si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia +inconsiderada, la pobre Olga habría vivido en paz mucho tiempo todavía. +Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la +responsabilidad de la muerte de su sobrina. + +En todo caso, no permitía que se quedara solo, ni siquiera por un +segundo, en el cuarto de la muerta. Tenía la puerta cuidadosamente +cerrada: no toleraría--decía ella para explicar su conducta,--que los +objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas, +fueran profanados por manos y miradas extrañas. + +Y así crecía de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga +había escrito su confesión, cayese en manos de su tía. + +¡Que se le antojara escudriñar entre los volúmenes que guarnecían el +estante, y sucedía la desgracia! + +A esa zozobra, que llevaba todos los días al anciano a casa de los +Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto +quien, desde ese día de espanto, había caído en un abatimiento profundo +y desesperante. + +Parecía haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a +nadie a su lado y evitaba aún a su viejo amigo; huraño y mudo, vagaba +días enteros por los campos; permanecía noches enteras sentado junto a +la cuna de su hijo, mirándolo fijamente con sus ojos enrojecidos y +quemados por el llanto. + +Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres +ocasiones, lo habían encontrado por la mañana en esa actitud. + + + + +V + + +En torno del ataúd de Olga los cirios habían concluido de arder. Los +invitados, que hacía largo rato se mantenían en religioso silencio +alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la +cena. + +La señora Hellinger, que recibía los pésames y ensalzaba con gran +refuerzo de lágrimas y de pañuelo las virtudes de la difunta, se reveló +de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer +orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del +comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y +ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes. + +El viejo Hellinger, después de haber alabado al Señor, bebió con algunos +amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad +de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de +Boston lastimaría el dolor general, y resolvieron enviar una diputación +a la dueña de casa para pedirle su autorización. + +Había tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que parecía que +se celebrara allí una boda. + +El doctor, que no llegó sino muy tarde a la alegre reunión, buscó por +todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo. + +Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le preguntó si +lo había visto. Sí; había venido, había lanzado en su derredor miradas +extrañas y feroces, luego se había esquivado en silencio cuando se le +tendía la mano. Minutos más tarde, se notó su desaparición. + +El doctor fue al vestíbulo y buscó, entre los abrigos de los convidados, +el de Roberto: todavía estaba allí. + +Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las +habitaciones de atrás, vacías y silenciosas, pues los criados estaban +ocupados en servir. + +Encontró al joven en un pequeño y obscuro cuarto, donde estaban +amontonados los muebles que había sido necesario sacar de las otras +habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la +cabeza entre las manos. + +--Roberto, amigo mío, ¿qué haces ahí?--le gritó. + +--Ustedes siempre tan alegres por allá, ¿verdad? + +El doctor le puso las manos sobre los hombros: + +--Me inquietas, amigo mío. Hace tres días que no nos diriges la +palabra... si continúas así, vas a perder la razón. + +--¿Qué quieres?--replicó Roberto con un suspiro que se escapó de su +pecho como un grito.--Estoy tranquilo, completamente tranquilo. + +Volvió a dejar caer entre las manos su enmarañada cabeza y pareció +sumergirse de nuevo en su meditación. + +El anciano se sentó a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras. + +Nada olvidó de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes, +agregándole, de su parte, más de una enérgica palabra de consuelo. + +Roberto permanecía inmóvil; apenas con un signo manifestaba que +escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpió +diciéndole: + +--Deja eso, tío; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la +única pregunta, de la cual depende para mí la muerte o la vida, no +puedes, tú tampoco, darme una respuesta. + +--¿Qué pregunta? + +--Tío querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente +tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, ¡y me creerás si te +digo que no sé cómo podré sobrevivir a esta noche! + +--¡En nombre del Cielo! ¿Qué quieres hacer? + +El joven sacudió los hombros. + +--Lo ignoro--dijo;--lo que el momento me sugiera. Lo único que me apena, +es ese pobre pequeñuelo que tendrá que crecer sin padre; quizá lo lleve +conmigo, no sé. No sé más que una cosa y es que no puedo continuar +viviendo así. + +El anciano, temblando de ansiedad, lo llenó de reproches. Eso era una +cobardía sólo digna de un miserable, de un espíritu debilitado. + +--Tendrías razón, tío, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de mí +y de mi dicha. Pero ¡Dios del Cielo!--lanzó una carcajada penetrante y +amarga,--hace tiempo que renuncié a toda pretensión a la felicidad. Por +lo que me atañe, sobrellevaré tranquilamente el dolor de su pérdida; +conozco eso, sí; ya he puesto a una en la tumba, y continuaré +amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto +tiempo, y eso en medio de los más profundos pesares; porque los +intereses, ¿sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la +cabeza, ni de si la tristeza y la desesperación le adormecen a uno la +mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, tío, lo que me trastorna el +alma, pues la tengo bien trastornada, puedes creérmelo; ante mis ojos +brotan chispas sin interrupción; los calofríos me estremecen todo el +cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo +estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisión las cosas. Sólo hay +una que no puedo descubrir; que se alza noche y día ante mis ojos como +un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me +escapa, y esa cosa es: «¿Por qué ha muerto Olga?» + +El anciano se estremeció. Recordaba la carta y la promesa que la muerta +había exigido de él. + +Roberto continuó: + +--Una voz me grita sin cesar en los oídos: «¡Tuya es la culpa!» ¿Cómo? +No lo sé, pues por muy profundamente que escudriñe en mi alma, no +encuentro que le haya hecho ningún mal, y sin embargo no puedo hacer +callar la voz. Yo me digo: «Es una idea fija.» «Te forjas tormentos, +eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu +hijo.» ¡Pero de nada me sirve todo eso, tío querido! No puedo hacerla +callar. Y, en fin, ¿acaso no tiene razón? ¿Acaso, sin mí, Olga no +estaría todavía viva? Si lo que pasó la noche anterior no hubiera... + +Se detuvo estremeciéndose y se ocultó el rostro entre las manos. Un +sollozo sin lágrimas sacudió todo su robusto cuerpo. + +En seguida dijo: + +--Tío, quisiera--no puedo pensar en ello, me hace perder la razón,--me +parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me +rodea, que lo haga pedazos todo. + +--Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo mío--dijo el +doctor,--y que me cuentes todo, punto por punto; sólo de ese modo +podremos aclarar este enigma. + +El silencio reinó en la habitación obscura. El anciano temblaba de pies +a cabeza; veía la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra +sobre el fondo claro de la ventana; veía los movimientos del pecho que +subía y bajaba alternativamente, que silbaba y gemía como un volcán; +sentía el hálito ardiente de la respiración de Roberto en su rostro. + +--Reúne tus ideas, amigo mío--repuso suavemente. + +El joven luchaba por tomar una determinación. Al fin, volviendo a +encontrar su energía, se enderezó y dijo: + +--«Pues bien, tío, vas a saberlo todo... Desde el día en que Olga +rechazó mi pedido tan altiva y fríamente, no me había vuelto a encontrar +con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para +ocuparse del niño y de la casa, ya entonces sabía que lo hacía por amor +a Marta y no por mí, pero había como un acuerdo tácito entre nosotros +para evitarnos. Ella elegía las horas en que sabía que yo estaba afuera, +en los campos o en los establos, y yo no volvía a casa antes de haberla +visto desaparecer detrás del portón. + +»El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media +legua más allá de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje +se rompe. Como no había llevado cochero y no alcanzaba a ver alma +viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en +busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que hacía rato que la +señorita se había marchado. Comenzaba ya a caer la noche. + +--»Muy bien, no hay ningún peligro, pienso, y entro en la casa. + +»En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el +crepúsculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera. + +--»¿Quién puede ser?--me digo. + +»Y la sigo. + +»En el cuarto del niño, ¿a quién encuentro? A ella, muy ocupada en +correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, está +siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero +retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella +se detiene, y, como sobrecogida de vergüenza, se oculta el rostro entre +las manos. + +»Entonces, tío, me siento atraído, voy a precipitarme hacia ella; pero +me contengo a tiempo al pensar en quién es ella y quién soy yo. + +»Veo que sus manos tiemblan. + +--»No tienes por qué enojarte, Olga--le digo balbuciendo,--no he querido +causarte un desagrado. Si estoy aquí es por casualidad; en lo sucesivo +tomaré mis medidas para que no vuelvas a encontrarme. + +»Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento +estremecer. Marta nunca me miró así--pienso.--Quiero hablar, pero no +encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada +estatura se alza delante de la puerta, como si allí quisiera buscar un +amparo contra mí. Yo oía su respiración oprimida. Por fin reúno todo mi +valor. + +--»Olga--digo,--ha sido presunción de mi parte el atreverme a tenderte +la mano: sé muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo +del corazón, olvídalo, yo nunca te lo recordaré. + +»Y en ese instante, tío--¿cómo pintarte lo que pasó?--déjame un +instante... ¡el recuerdo!... Pero ¿para qué? seré fuerte, querido tío, +voy a dominarme. + +»En ese instante, ella se precipita hacia mí, me rodea con sus brazos y +me cubre el rostro de besos; después, de improviso, cae con un suspiro, +y allí se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo, +como en un sueño, la miro fijamente. + +--»No es posible--me grita una voz,--es una locura; ¡tú apenas te +atrevías a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es +quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece! + +»Tenía miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y +cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si +hubiera querido llorar hasta morir. + +--»Olga, ¿por qué lloras?--le digo.--Todo queda arreglado ahora. + +«Pero he ahí que yo también, gran tonto, me pongo a llorar como un niño. + +--»Perdóname, Roberto--dice su voz en mi oído.--Mucho te he hecho +sufrir, pero nunca más lo haré, nunca más. + +--»¿Y ahora me amarás?--pregunto, pues todavía no puedo creerlo. + +--»¡Oh, Roberto! ¡Roberto! ¡Te amo! ¡Oh, sí! ¡Te amo más que a todo en +el mundo!--y oculta su rostro en mi hombro. + +»Sí, tío, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus +rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta +se me presenta: ¿es ésta la misma Olga que, hace ocho días, se volvía +tan pálida y tan altiva, mientras que, humilde y tímido, tú implorabas +su consentimiento? + +»Y le digo entonces: + +--»Olga, ¿cómo has podido torturarme así? ¿Acaso he cambiado en tan poco +tiempo? + +»La veo ponerse más blanca que el yeso que cubre la pared y su voz +murmura en mi oído: + +--»¡Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes! + +»Y una angustia nace en mí; quizás la perderé mañana como la he +conquistado hoy. + +--»Olga--le digo,--si eres tan inconstante en tus resoluciones, quién me +responderá de que... + +»Me interrumpo, pues la expresión de su rostro me impone silencio. Ella +se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla. + +--»Puesto que quieres saber--me dice, fijando los ojos en el suelo, como +sumida en una meditación sombría,--me ha faltado el valor, he dudado de +tu amor y creído que me harías sentir que no te llevaba más que mi +pobreza. + +»Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente. + +--»¡Olga!--exclamo.--¿Has podido pensar eso de mí? ¿No te acuerdas?... + +»Y lo que le recordé fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a +pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente +con una negativa, pues Marta quería sacrificarse y sacrificar su dicha, +para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de +la noche, había ido a buscarme y me había abierto los ojos, a mí, pobre +insensato y ciego, diciéndome palabras, palabras llenas de desprecio por +el dinero y que habían sonado en mis oídos como el canto de triunfo del +amor. Se las repetí textualmente, pues cada una de ellas se había +grabado en mi alma, inolvidable: «Así, pues, en otros tiempos te sentías +llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora +que se trata de ti...» + +»Y al gritarle esto la miraba de frente, tío. Ella se esforzaba en +sonreír, y sonreía constantemente; pero esa sonrisa se heló en sus +labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido. + +»Mucho trabajo me costó hacerla volver en sí, pues no quería llamar a +nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneció tendida en el +suelo, más o menos como está ahora, luego abrió los ojos y me examinó +por largo rato en silencio con una expresión tan dolorosa, tan cansada y +desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Después juntó +las manos y me dijo en voz baja y suplicante: + +--»Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es +necesario que me acostumbre a esta idea. + +»Pero me sentía tan embargado por mi reciente dicha, por una alegría tan +loca, que creía poder obligarla por fuerza a ser ella también dichosa. + +--»¡Si nos amamos, Olga--le grito,--y si nuestra querida muerta aprueba +este amor, yo quisiera ver si alguien podría censurarlo! Alégrate, pues, +querida niña, recupera tu valor. + +»Pero ella no tenía alegría ni valor. Y sólo ahora, ahora que está +muerta, comprendo claramente hasta qué punto se sentía miserable y +quebrantada, allí tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se +mostraba para sí y para los demás tan altiva y estricta. Era como si +algún prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte íntimo de la +vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada veía, nada quería ver. +Y continuaba animándola con todas las palabras consoladoras que podía +encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra--a veces me aprobaba con +un movimiento de la cabeza--y una sonrisa que expresaba tristeza y +cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribuía yo a +la emoción violenta del momento y a los pesares de los últimos años; +debían presentarse en su alma con una intensidad tanto más grande, +cuanto que sentía apuntar para ella una nueva felicidad que iba a +borrarlos para siempre. + +--»Y nuestra primera visita, Olga--le digo,--será al cementerio. Cuando +hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la +malevolencia del mundo entero, no tendrán ya por qué inquietarnos. + +»Ella dejó caer las manos que cubrían su rostro, y, mirándome con ojos +dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible: + +--»¿Al cementerio... conmigo? + +--»Sí, contigo--repliqué,--y en seguida, si lo quieres. + +»Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, y, con voz singularmente +alterada, replicó: + +--»Tén paciencia hasta mañana, mañana haré lo que quieras. + +--»Sí, mi niña muy amada--le digo entonces,--y de aquí a mañana desecha +tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no +la olvidaremos, ciertamente. ¿Y el común dolor que nos causa su pérdida, +no debe unirnos más estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos +abandonará, ¿y no crees que ella bendeciría nuestra unión desde el fondo +de su corazón, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? ¿No nos ha legado +al niño para que juntos velemos por él y que nunca lo confiemos a gente +extraña? + +»Entonces se dejó caer de rodillas delante de la cuna en que la débil +criatura dormía con el sueño de los bienaventurados y apoyó la frente +sobre su cabecita. + +»Así permaneció por largo rato sin que yo intentara perturbarla. + +»Cuando se levantó, su rostro había vuelto a tomar esa serenidad +impasible que siempre le habíamos conocido hasta entonces. Me tendió la +mano diciéndome: + +--»Vete, amigo mío, déjame sola. + +»Y me alejé, pues quería complacerla en todo; ni siquiera la tomé en mis +brazos. + +»Un cuarto de hora después, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde +mi ventana, pero ella no volvió la cabeza. + +»Al día siguiente por la mañana... tú sabes, querido tío, cómo la +encontré; y en aquel instante se descargó sobre mí un rayo. Podré +encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda +alegría; helará para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo +menos podría vivir todavía; podría arrastrar todavía esta miserable +existencia para que el niño no se viera privado de la mezquina parte de +felicidad a que tiene derecho; pero para eso sería necesario que yo +supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo +contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible; +si no fuera así, me consumiría vivo. Es necesario que alguien venga, +aunque sea de ultratumba, a decirme por qué ha muerto Olga.» + +* * * + +Nuevamente el silencio reinó en la habitación obscura; no se oía más que +la respiración de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que +había acompañado el relato de Roberto con el ruido monótono de sus +dientes. + +El anciano sostenía una violenta lucha consigo mismo. ¿Debía acaso +revelar el secreto de la vida de Olga como había ya vendido el de su +muerte? ¿Pero no se trataba de una buena acción en este caso? ¿No se +trataba de libertar a aquel a quien ella había amado sobre todo de las +torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por +una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor +divino, según parecía, permitían a la boca cerrada para siempre abrirse +una vez más para devolver el reposo al muy amado. + +El doctor exhaló un profundo suspiro: había tomado su resolución. + +--¿Y si ella lo hubiera pensado, Roberto--dijo,--si hubiera pensado en +contestarte desde el fondo de su tumba? + +Roberto lanzó un grito y lo asió por la muñeca. + +--¿Qué quieres decir con eso, tío? + +--Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si +no hubieras huido ante todo rostro humano, sabrías desde hace tiempo lo +que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la mañana de su +muerte, yo recibí una carta de ella... + +--Tú, tío, de ella... + +--¡Oh, amigo mío! Me estás rompiendo los huesos. Escúchame primero +tranquilamente. + +Y le contó lo que contenía la carta. + +Roberto había dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en +el anciano, resplandecían en la obscuridad. + +--Ese cuaderno, dámelo; ¿dónde está? + +El doctor le explicó el peligro que corría el secreto de Olga y la +inquietud que esto le causaba a él mismo. + +--¡Espérate, voy a ir a buscarlo!--exclamó Roberto dirigiéndose hacia la +puerta. + +El anciano lo detuvo. + +--Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche. + +La puerta está rota a medias; acabaré de romperla... + +--Te oirán de abajo... + +--¡Están demasiado divertidos!--replicó Roberto con risa aguda.--Ven, +vamos juntos. + +Y por una puerta de atrás, a lo largo del corredor obscuro y de la +escalera que crujía, los dos se deslizaron como dos ladrones que se +hubieran introducido en la casa aprovechándose de la ceremonia. + +Consiguieron abrir la puerta más fácilmente de lo que esperaban; la +cerradura, ya floja, cedió como si se abriera sola. + +Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emoción, cuando el +cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las +estrellas, se abrió ante sus ojos. Toda huella de la muerta había +desaparecido; sólo la cama vacía, cuyos montantes se dibujaban negros +sobre la pared gris, hacía ver que la que lo ocupaba había elegido otro +lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jabón, +flotaba aún en la habitación. Las mismas toallas de las cuales se había +servido, todavía colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de +loza, una mancha blanca de fantástica apariencia. + +Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dejó caer en una silla y, a +grandes bocanadas, ávidamente, como si sollozara, aspiró el perfume que +llenaba el aire. Se habría dicho que así quería absorber los últimos +efluvios de su amada. + +Un fulgor breve, brillante, vaciló de improviso a través del cuarto, +bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el +escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado, +la mesa de tocador cubierta de blanco. + +El doctor había encendido un fósforo y buscaba la pequeña lámpara de +pantalla verde que iluminó las noches sin sueño de Olga. Todavía estaba +en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apagó para sumirse en la +noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todavía lleno de petróleo; +su dueño se había dado prisa para entregarse al descanso. + +Con precaución, levantó el tubo para encender la mecha; la llama, +atenuada por la pantalla, iluminó con un resplandor apacible y suave el +espacio silencioso. + +Entonces se acercó al estante sobre el cual se alineaban los volúmenes +de lomos lucientes y dorados. Su mano buscó a tientas durante un momento +por la pared y sacó algo azul en forma de rollo. + +--¡Aquí está, Roberto!--exclamó triunfante.--Vámonos. + +El joven meneó silenciosamente la cabeza. + +El anciano insistió de nuevo y entonces Roberto dijo: + +--Aquí es donde vamos a leerlo, tío; aquí, donde ella lo ha escrito. + +--¿Y si alguien nos sorprendiera?--observó el doctor, atemorizado. + +Roberto se encogió de hombros y con el dedo señaló el piso. En el +silencio, un ruido confuso de voces subía hasta ellos, con risas +moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en +que hay un muerto. + +El doctor cedió de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas +al círculo luminoso de la lámpara, y ya no se oyó más que el silbido del +viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz +monótona y velada del lector acompañada por el coro de invitados al +velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para +extinguirse en seguida en un murmullo. + + + + +VI + + +Perdóname, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la +muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por mí y del +ardiente afecto que hacía palpitar mi corazón por ti, trate de expiar la +falta que gravita pesadamente sobre mí y cuya carga tendré sin embargo +que soportar hasta el fin de mi existencia. Déjame revivir una vez más +todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo +el frío de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de +tu tumba. + +¡Qué loca era y qué impía, en sentirme sola mientras tú viviste! Tu amor +era la atmósfera que me envolvía, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol +que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa +voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que +escuchamos sin comprenderla. + +¿Y cómo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una +extraña para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con +tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el +murmurio del viento trae tu nombre a mis oídos. Entre nosotras se alza +un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez, +con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia mí sus +manos armadas de garras para separarme eternamente de ti. + +Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo +que he cometido fuera una falta, un crimen, lucharía contra él, lo +derribaría con las últimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me +dejaría ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se +desvanece en el vacío: es un demonio que se burla de mí, un vapor que me +rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente. + +Es un deseo... + +Un simple deseo, ¡nada más! + +¿Lo notaste? ¿Se reflejó en tus ojos moribundos? ¿Viste el espectro +alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el +último aliento de una existencia que no fue más que amor, a ese espectro +que habían engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que había +introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior? + +Si tuviera todavía la fe del niño que balbucía, confiaría la angustia de +mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios--pero a nadie tengo en el +Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de mí, a nadie más que a tu +imagen transfigurada. + +¡Pobre de mí! Ella también se aparta de mí, ella también se oculta +llorando cuando este demonio se presenta a mi alma. + +Y, sin embargo, no era muy humano lo que sentí. ¿Por qué no somos unos +seres de luz, sin deseos y puros como el éter? ¿Por qué no somos más que +polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando +nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran +falta de mi vida la que quiero contar aquí, la falta de la cual hemos +sido víctimas, tú, yo y también un tercero, que es puro y bueno, y que +sin embargo ha sido la causa de todo. + +* * * + +Yo era una niña pacífica y predispuesta a la soledad. + +Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa +que el amor, aprende a menudo más fácilmente que nadie, a bastarse a sí +mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el corazón una inagotable reserva +de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando +a los gatos y ahogando a los gansos por cariño. Una de mis pasiones era +jugar en la caballeriza. Me sentía a mi gusto en la litera elástica y +flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me +hacían daño; o bien me trepaba al pesebre donde permanecía horas enteras +mirándome en los ojos pardos de mis queridos amigos. + +Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. Allí me +encontraba dormida con frecuencia a eso del mediodía, y no era cosa +fácil sacarme del nicho, pues Nerón, que por lo demás era un perro tan +bueno y tan cariñoso, enseñaba los dientes a cualquiera que franqueaba +el círculo que su cadena le permitía recorrer, aun cuando éste fuera su +amo. + +Mi cariño se extendía hasta las plantas. Las rosas me hacían el efecto +de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los +girasoles eran sacerdotes revestidos con sus hábitos sacerdotales, y las +dalias, jóvenes polacas con papalinas rojas. Sabía reunir así en mi +derredor en el jardín a la humanidad entera, y encontraba la copia más +bella que el original, pues se mantenía muy quieta cuando yo desempeñaba +el papel del Destino ante ella. + +La propiedad que mi padre había arrendado, antiguo feudo de un magnate +polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una montaña, uno de +cuyos lados descendía en suave declive por un parque inculto, hacia unos +campos desnudos, mientras que el otro caía a pico en una pequeña +corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea +polaca. + +Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada caía sobre +los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se +veía claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los niños +medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres +permanecían perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras +que los hombres cubiertos de harapos se dirigían, con la pala en el +hombro, hacia el despacho de bebidas. + +En verdad, nada tenía de muy seductor aquel pequeño agujero, y la chusma +de cosacos de fronteras, que trotaban de acá para allá amodorrados sobre +sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin +embargo, para mis ojos de niña, aquel lugar estaba cubierto de un +encanto indecible, cuya sensación experimento aún, cuando me vuelvo a +ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas +enteras en la hierba, inmóvil, contemplando de lo alto aquel hormiguero +cuyas formas no eran más grandes que los hombrecillos de madera de mis +cajas de juguetes. + +Bajar allí me estaba prohibido, y tampoco tenía deseos de ello, desde +que, en la baraúnda de un día de mercado en que mi padre me había +llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro. + +Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las +inmundicias y del tumulto, se sumergía la mirada en ese mundo de +hormigas, que parecía tan ínfimo, que se podía, como el mismo Dios, +abarcarlo de una ojeada, pero que crecía cada vez más hasta tomar +proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de +penetrarlo. + +Por una rareza singular, no he conservado de esa época más que un +recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado más estrechamente +asociada a la mía; sin duda porque las impresiones siguientes han +borrado las primeras. Mi padre era un hombre pequeño, robusto y +rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas +lucientes y vestido de una hopalanda de basto paño verdoso. Me sonreía +desde que me veía, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me +pellizcaba los brazos, y en seguida desaparecía. Estaba siempre ocupado, +el pobre papá; mientras vivió, no lo vi reposar un solo instante. + +Mamá era desde aquella época muy corpulenta, comía continuamente +confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le impedía estar en +activa ocupación de la noche a la mañana, aunque se arrastrara de mala +gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detrás de ella y +la abrumaran a preguntas. + +Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien +nuestros parientes de Prusia habían enviado para que aprendiera con papá +a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso +cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me ponía en +sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de +trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque él no +haya debido quererme más que a los otros discípulos, pues la cara que +tenía entonces ha desaparecido en la niebla como todas las demás. + +No recuerdo exactamente más que una escena: una tarde de verano Roberto +había cogido a Marta por sus rubias trenzas, y riéndose y gritando +corría tras de ella por el patio, por la casa y por el jardín. + +--¿Qué es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?--le gritó papá. + +--Me ha hecho una travesura--respondió él, sin soltarla, mientras ella +continuaba gritando. + +--Cuando yo tenía tu edad, sabía vengarme de una muchacha mejor que +tú--dijo riéndose papá, quien nunca desperdiciaba la ocasión de decir +una broma. + +--¿Y cómo se hace?--preguntó mi primo. + +--¡Bah! ¡Si no lo sabes!--replicó papá. + +--Se le da un beso, señor Roberto--dijo un viejo jardinero que pasaba +justamente con sus regaderas. + +Todavía lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inmóvil, rojo de +rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber dónde dirigir sus +miradas. Papá se moría de risa; en cuanto a Marta, se escapó a la +carrera. + +Cuando fui a sacudir su puerta, se había encerrado: no volvió a aparecer +sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le caían sobre la +frente, en desorden, parecía perdida en sus pensamientos y muy +intimidada. + +Cuando comparo hoy el rostro pálido, flaco y resignado que me llena el +alma entera, con esa cara pícara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a +veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi pequeña +infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a +una sola y misma persona. + +--¡Cómo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! ¡Con +qué expresión atenta de precoz ama de casa, recorrían sus ojos la +extensión de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos, +condiscípulos y celadores--una galería de mandíbulas +hambrientas--esperábamos impacientes la comida! ¡Y, con qué alegría +extendía la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella +alcanzaba los platos! + +Sólo hoy comprendo qué camino doloroso tenía que recorrer, hoy que me +preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre +para mí una tumba solitaria, más triste aún que la suya. + +Entonces yo no era más que una niña y alzaba los ojos, sin sospechar +nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado +ella misma los vestidos cortos. + +Efectivamente, fue en aquella época cuando nuestros negocios comenzaron +a declinar. Papá tenía que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e +inundaciones, tres años consecutivos, le quitaron toda esperanza de +volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez más sobre +nuestra casa. + +Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera +posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron +limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que había +educado a Marta, y que debía terminar su tarea conmigo, tuvo también que +dejarnos. + +Marta, que era siete años mayor que yo, y se disponía a estrenar su +primer vestido largo, tomó su lugar. + +De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no +podían ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y +yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles. + +Podía yo tener once años, cuando advertí por primera vez que Marta había +cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habría debido notarlo +antes, pues tenía la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy +abiertos; pero en la monotonía de los días que se deslizan uno tras +otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las +penas, se escapan fácilmente. + +Pero entonces puse atención, y vi adelgazarse su rostro cada vez más, de +día en día borrarse los colores de sus mejillas, y hundírsele los ojos +más profundamente. + +Ya no cantaba, y su risa tenía una entonación de cansancio y velada, tan +particular que me hacía sufrir al oírla, y más de una vez estuve a punto +de gritarle: «¡No te rías!» + +Hacia la misma época, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de +cabeza, de calambres en el estómago, y le costaba trabajo ir de un lado +a otro por la casa. Naturalmente, papá y mamá no podían dejar de notar +su estado. Un día la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su +resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un médico; éste se +encogió de hombros, prescribió píldoras de hierro y aconsejó un cambio +de aire. + +Debía haber aconsejado algo más, que preocupaba mucho a nuestros padres, +al menos a papá, pues ya hacía mucho tiempo que nada podía sacar a mamá +de su apatía. + +A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, él +la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, salía del +cuarto cerrando la puerta con estrépito. + +Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padecía, su trabajo no +se resentía de ello; de tan lejos como la recuerde, jamás la vi un +segundo desocupada. Muy niña aún, permanecía al lado del fogón con su +libro de lecciones o vigilaba la lejía al mismo tiempo que hacía sus +redacciones. Desde que fue mujer, agregó todos los deberes que le +imponía mi instrucción a las preocupaciones sin número que da una gran +casa a la que la dirige. Mamá se había retirado por completo y la dejaba +ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras +golosinas obtuvieran su aprobación. + +Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, tenía vergüenza de mi +inacción y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me +rechazaba suavemente y me despedía. + +--Deja, queridita--me decía acariciándome las mejillas,--eres la +princesa de la familia; continúa. + +Eso me ofendía. Habría soportado todo salvo que me despidiera cuando +iba a ofrecerme con el corazón desbordante de ternura. + +Una noche la vi llorar. Me deslicé afuera, al jardín, y sostuve un rudo +combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atrevía a +acercármele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando +estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoderó de mí +con nuevas fuerzas: me levanté, y en camisa, como estaba, me aventuré +por el corredor obscuro. + +Permanecí largo rato delante de su puerta, temblando de frío y de miedo, +con la mano sobre el botón. Al fin me armé de valor y entré muy +suavemente en su cuarto. + +La encontré arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la +almohada, y parecía orar. + +Me quedé inmóvil en el umbral, pues no me atrevía a perturbarla. + +Al fin, se volvió y al verme se levantó estremeciéndose. + +--¿Qué quieres?--balbució. + +Yo me colgué de ella y mis sollozos habrían enternecido a un corazón de +piedra. + +--¡En nombre del Cielo, querida! ¿Qué tienes?--gritó. + +No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un +movimiento maternal, tomó una gruesa manta de lana, me envolvió en ella +y me colocó en su regazo, aunque yo ya era más grande que ella. + +--Vamos, confiésate, tesoro mío. ¿Qué ocurre?--me preguntó acariciándome +las mejillas. + +Reuní todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un +sollozo: + +--Marta, quiero ayudarte. + +Siguió un largo silencio, y cuando alcé los ojos, vi vagar por sus +labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tomó la +cabeza entre sus manos, me besó en la frente y me dijo: + +--Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero tú, me parece que +tienes fiebre. + +De un salto me puse en pie. + +--¡Oh! ¡Haces mal, Marta!--exclamé.--No me dejaré despedir así. No estoy +enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te estás consumiendo y +que, cada día, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna +confianza en mí, acabaré por creer que nada quieres tener de común +conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras. + +Ella juntó las manos mirándome con sorpresa. + +--¿Qué te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a +acostarte--repitió. + +--Es inútil, puedo ir sola--dije. + +Entonces ella vio que era necesario acordar a la niña una palabra de +explicación. + +--Mira, Olga--dijo atrayéndome hacia sí,--tienes razón. Tengo muchas +penas, y si tuvieras más edad y pudieras comprenderlas, seguramente +serías la primera a quien se las confiaría. Pero antes es necesario que +aprendas también a conocer la vida. + +--¿Y en qué conoces la vida mejor que yo?--exclamé, siempre con +altanería. + +Ella se contentó con sonreír, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce, +me dio un golpe en el corazón. Tuve un vago presentimiento, apenas +perceptible, como el que se podría experimentar al ver un templo cerrado +o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continuó: + +--Pero de aquí allá, y para eso falta mucho todavía, debo llevar sola el +peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y +te amaré aún más por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme +bien, tenemos mucho que estudiar mañana... + +Y dicho esto, me empujó afuera. + +Me quedé en el corredor, como una réproba, contemplando la puerta que +acababa de cerrarse tan duramente tras de mí. Después apoyé la cabeza en +la pared y lloré silenciosa y amargamente. A partir de ese día, Marta +redobló su cariño y su bondad hacia mí, pero yo no quería verlo; +permanecía impenetrable para ella como ella lo había sido para mí, y en +mi alma se arraigó, cada vez más profundamente, el sentimiento penoso de +que el mundo no necesitaba de mi amor. + +Es evidente que un incidente como éste, por sí solo, no podía tener una +influencia decisiva sobre mi carácter. Una niña tan joven como yo lo era +entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de +impresiones nuevas para que unos minutos de este género puedan producir +sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesité mucho tiempo +para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que +nadie había en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas +conmigo y que estaba reducida a mí misma y a mis libros, hasta el día en +que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de +los vivos. + +Y más y más, me sumergía en los tesoros de los poetas, ninguno de los +cuales me rechazaba de su más íntimo santuario. Aprendía con Tasso a +sentirme miserable y sublime; sabía lo que Manfredo iba a buscar a las +heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad +terrestre de la cual yo había gozado, de la vida y del amor, que habían +concluido para mí. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi heroína y mi +ideal. + +Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poesía que hay en no +ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa +bienhechora y en un renunciamiento sublime, me parecía la vocación +claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera +podido llevar, yo también, los blancos velos de la virgen griega, cuyos +pliegues noblemente dispuestos habrían convenido tan bien a mi cuerpo de +niña desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habría sido completa. + +A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos años una criatura +intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con +impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando +algo me desagradaba. + +A pesar de todo eso, o quizá a causa de eso mismo, todos me mimaban, y +mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un niño, tenía +fuerza de ley en toda la casa. + +A los quince años era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba +de vez en cuando algún joven campesino galante que me dijera que yo era +muy bonita, mucho más bonita que todas las otras, y que Marta en +particular. + +Eso me chocaba, pues todavía la vanidad no tenía cabida en mí. + +En esa época soñé una noche que Marta había muerto. Cuando me desperté, +mi almohada estaba inundada de lágrimas; en todo el día no hice más que +ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me parecía que +tenía sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella. + +Después de la comida Marta se había recostado por un rato en el canapé, +otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entré en la habitación en ese +momento, y vi sobre el brazo del sofá su rostro, pálido como la cera, +con los ojos cerrados, quedé como si me hubiera herido un rayo. + +Creí ver en realidad su cadáver ante mis ojos. + +Caí de rodillas delante del canapé y le cubrí de besos la boca y la +frente. Su rostro se transfiguró, abrió los ojos y me contempló como si +viera una visión; pero luego que volvió en sí, sus facciones +readquirieron su expresión de gravedad y de tristeza. + +--¡Vaya, vaya! ¿Qué tienes, hijita?--dijo.--Estas no son cosas que haces +todos los días. + +Me rechazó suavemente, y también esta vez permanecí parada, abandonada a +mí misma, con el corazón desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me +llamó y murmuró: + +--Te quiero mucho, hermanita. + +La noche de ese mismo día noté en cierto momento que parecía sonreírse +interiormente. Papá también lo notó, porque aquello no era usual, y, +tomándole la cabeza con las manos, le dijo: + +--¿Qué te ha ocurrido, Martita? ¡Estás hoy fresca como una flor! + +Marta se ruborizó hasta la raíz de los cabellos, pero yo le tomé la mano +a hurtadillas por debajo de la mesa, diciéndome: + +--¡Ya sabemos lo que nos hace tan felices! + +Al día siguiente por la mañana, cuando tomábamos nuestro café, papá +entró con una carta abierta en la mano. + +--Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido--dijo +riéndose.--¡Adivinen cómo se llama! + +Y dicho esto, miró a Marta de reojo con expresión un tanto cómica. Me +pareció que ella se ponía más pálida que de costumbre y la taza que +tenía en la mano tembló perceptiblemente. + +--¿Esa ave ha venido ya alguna vez?--preguntó lentamente y en voz baja, +sin alzar los ojos. + +--¡Vaya si ha venido!--dijo papá sin dejar de reírse. + +--Entonces, es... Roberto Hellinger--dijo. + +Y exhaló un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir +aquello. + +--¡Mil truenos! ¡Adivinas bien, chicuela!--dijo papá amenazándola con el +dedo. + +Ella nada contestó, y con su paso lento y cansado se dirigió hacia la +puerta; en toda la tarde nadie la volvió a ver. + +Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su +imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era +como para llenar de ensueños ardientes una romántica cabeza de quince +años. + +Pero la actitud de Marta me había llamado la atención. + +Al día siguiente, desde muy temprano, la oí ir y venir a pasos +precipitados, en el piso superior, por los cuartos de huéspedes. + +Fui a buscarla, pues tenía curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas +habitaciones habitualmente cerradas. + +Había abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas, +y en chanclas, corría en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se +cogía el rostro con ambas manos y se reía sola con una risa tan extraña, +que no se sabía si era llanto. + +Cuando le pregunté: «¿Qué haces ahí, Marta?» se estremeció, me miró muy +confusa y sólo entonces pareció darse cuenta del lugar en que se +encontraba. + +--Ya lo ves: preparo las camas--balbució al cabo de un instante. + +--¿Para quién?--pregunté. + +--¿Acaso no sabes que esperamos una visita? + +--¿Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?--repliqué, +encogiéndome ligeramente de hombros. + +--¿Y por qué no había de regocijarme? Es nuestro primo. + +--¿Y nada más?--dije yo amenazándola con el dedo, como lo había visto +hacer la víspera a papá. + +Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigió con sus +grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sentí que la +sangre me afluía, ardiente, al rostro. Volví la cara a un lado, y como +ya no podía seguir representando el papel de mujer superior, me dirigí a +la puerta. + +A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qué pensar. Me +parecía evidente que él y Marta se amaban, y sobrecogida por la +vibración misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los +seminiños de mi edad, comencé a representarme la manera cómo había +podido nacer ese amor. + +Corría a través de los bosquecillos silvestres del parque y me decía: + +--Aquí es donde se han paseado secretamente. + +Me deslizaba en la sombra de los follajes y me decía: + +--Aquí es donde se han dado cita. + +Me dejaba caer en los bancos de césped húmedo y me decía: + +--Aquí es donde han cambiado dulces palabras. + +El jardín entero, la casa, el patio y todo lo que conocía desde que +había venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se +difundía por todas partes con un reflejo purpúreo. Una vida maravillosa +parecía haber surgido allí. Me había sumergido de tal modo en esas +imaginaciones, que concluía por creer que era yo quien había vivido ese +amor. Cuando volví a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como +si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no +debiera adivinarlo. + +Pero, cuando, a la mañana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta +había realmente vivido todo lo que yo no hacía más que soñar, eso me +turbó por completo, y desde un rincón obscuro, la examiné sin +interrupción, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que +perteneciera a otro mundo. + +Me fijé en que cada cinco minutos salía al terrado, desde donde se podía +ver la puerta de entrada, pero entonces me guardé muy bien de dirigirle +preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una cómplice. + +Era un día claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el +llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados +temblaban silenciosos en el aire; el río llevaba un manto de vapor, una +paz religiosa se cernía sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues +jamás podía encontrar suficiente soledad para soñar a mis anchas. En las +ramas de los álamos se oía ya el roce de las hojas amarillentas, y los +helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas +pueden tenerse en pie. + +--Me entristecí: «La Naturaleza entera va a morir--dije;--¡Ah! ¡Si se +pudiera morir con ella!» + +Entonces me acordé de todas las burlas que había leído u oído sobre las +impresiones sentimentales del otoño. + +--Qué odiosas son esas bromas--me dije.--Pero de mí nadie se burlará; +sabré esconderme y sabré ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que +pasa dentro de mí; y bien se me puede considerar como una muchacha fría +y sin corazón, con tal de que sepa yo que este corazón palpita lleno de +ardor y de amor por la humanidad. + +--Sí, aquel fue un día henchido de encanto, día admirable; y daría con +gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a él. + +Y la noche... la veo todavía como si fuera hoy. Las ventanas estaban +abiertas, los tallos flexibles de la viña virgen se mecían con el +viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas +y de sables llegaban hasta mis oídos. Nada podía ver, pues la obscuridad +lo cubría todo, pero yo sabía que era una tropa de cosacos que recorría +la frontera. + +Entonces cerré los ojos y soñé: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza +viene el hijo del Rey, rubio y magnífico, sobre su blanco palafrén. Yo +soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansión; +el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca, +que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo más selecto +de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi +padre. + +Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de +primogénita, no le corresponde la primacía. Pero, para consolarme, me +digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ningún Príncipe. + +Y me figuro entonces lo que daré a todos los míos cuando haya subido al +trono: a Marta, un espléndido aderezo; a papá, un cofre de hierro lleno +de oro; a mamá, una gran caja de piñas azucaradas. + +El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con él mi sueño. + +* * * + +Roberto llegó al día siguiente. + +En el momento en que el carruaje que lo conducía, rodó bajo el portón, +Marta estaba al lado del fogón. Corrí a buscarla y le susurré en el +oído: + +--Marta, creo que ahí está. + +Pero ella me demostró en seguida que yo no era su confidente: me miró un +instante fijamente y me preguntó, como si su espíritu estuviera lejos: + +--¿De quién quieres hablar? + +--¿De quién? Pues del primo, naturalmente. + +--¿Y por qué me dices eso tan misteriosamente? + +Y como al oír eso me encogí de hombros, ella tomó la espumadera que +había dejado caer y volvió a su tarea. + +--¿Y esa es toda la alegría que sientes?--continué, encogiendo el labio +con expresión despreciativa. + +Pero ella me apartó con la mano izquierda, con una brusquedad +inacostumbrada. + +--¡Vete, chiquilla, te lo ruego! + +Y he ahí cómo yo recibí al primo Roberto en su lugar. + +En el instante en que salí al terrado, él bajaba del carruaje. + +«No es mucho mejor que papá,» fue mi primer pensamiento. Era alto, de +estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno, +con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una +de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes. + +--«No falta más que la yugular,»--pensé para mis adentros. + +De un salto salvó varios escalones y riéndose vino a mí: + +--¡Hola! ¡Buenos días, Marta!--gritó. + +Luego, de improviso, se estremeció, me miró de los pies a la cabeza y se +quedó como petrificado en medio de la escalera. + +--¡Yo no me llamo Marta, sino Olga!--dije un poco humillada. + +--¡Ya me lo decía yo!...--exclamó sacudiéndose, y, adelantándose hacia +mí, me alargó una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y +agrietada. + +--«¡Qué palurdo!»--me dije mentalmente. + +Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examinó nuevamente. + +--Todavía eras una pequeñuela, cuando salí de aquí, y me parece +verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta. + +--«¿Yo, parecerme a Marta?--pensé--¿Cuándo me habré parecido a Marta?» + +--Pero no--continuó,--ella no era tan alta, sus cabellos eran más +claros, no tenía esa expresión tan altiva, y... no miraba con ojos tan +severos. + +--¡Ah, Dios del Cielo!--me dije.--¿Acaso nunca has visto los ojos de +Marta? + +En ese instante se abrió muy suavemente la puerta de la cocina, y por la +abertura, no más ancha que la mano, ella se escurrió en la habitación. +No se había quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como él, y +los labios le temblaban. + +--Bienvenido seas, Roberto--le dijo tímidamente por detrás, pues él se +había vuelto hacia mí. + +Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y +entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento, +sin articular una sílaba. + +Yo temblaba; hacía dos días que acechaba ese momento, y he ahí que el +resultado burlaba lastimosamente mi espera. + +Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese +mismo beso no me gustó; a mí no me habría besado de otra manera. + +--Sí, pero ni siquiera lo ha hecho--agregué para mis adentros. + +Después permanecieron nuevamente inmóviles y silenciosos. Mi corazón +latía con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos +manos. + +Al fin, Marta le dijo: + +--¿No quieres sentarte, Roberto? + +Él hizo un ademán de asentimiento y se dejó caer en un rincón del sofá +que crujió bajo su peso. Continuaba mirándola incesantemente; al cabo de +un largo rato, dijo: + +--¡Mucho has cambiado, Marta! + +Al oír esto me pareció que me daban una bofetada. + +Una sonrisa de una tristeza indecible rozó los labios de Marta: + +--Sí--dijo.--¡Mucho debo haber cambiado! + +Nuevo silencio. Se habría dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para +encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento. + +--¿Cómo es que jamás he sabido que estabas enferma?--concluyó por decir. + +--No lo sé--replicó ella con una dulzura en que se descubría un poco de +amargura. + +--¿No podías escribírmelo? + +--Pero, ¿acaso nos escribimos? + +Roberto empujó con irritación el pie de la mesa. + +--Pero cuando uno no está bien... entonces... entonces... + +No supo decir más. + +Yo apreté los puños: ¡habría sabido concluir tan bien la frase por él! + +--Tú sabes--dijo Marta,--que el enfermo es siempre el último en saber +que no está bien. + +--Yo creía que él debía saberlo mejor que nadie. + +--¿Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso? + +Esta vez Marta habló sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que +le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me partía el corazón. + +--¡Oh, Marta!--gritaba una voz dentro de mí.--¿Por qué me has rechazado? + +En eso ella soltó una risa breve y preguntó a Roberto cómo estaban en su +casa, y lo que hacían mi tío y mi tía. + +--Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi tío y mi tía--dijo +mirando en su derredor hasta en los rincones. + +Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprimía, que +al verlos buscar por el cuarto tan cómicamente, prorrumpí en una risa +estrepitosa. + +Ambos se volvieron hacia mí, sorprendidos, como si sólo entonces notaran +mi presencia. + +--¿Y qué dices de nuestra Olguita?--preguntó Marta, tomándome por la +mano con ademán maternal.--¿Te gusta? + +--Ahora un poco más--dijo examinándome.--Antes me pareció demasiado +enseñorada. + +--Sin embargo, no podía saltarte al cuello en seguida--repliqué. + +--¿Y por qué no?--repuso con una sonrisa.--¿Crees que no habría habido +bastante lugar para ti? + +--No--dije, para que supiera de una vez cómo había que tratarme.--Ese no +es mi lugar. + +Entonces me miró muy azorado, y dijo meneando la cabeza: + +--¡Cáspita! La chiquilla es mordaz. + +Yo iba a replicar, pero papá entró. + +En la mesa no los perdí de vista, pero nada sospechoso hubo que +observar; apenas si cambiaron algunas miradas. + +--Más tarde, cuando nuestros padres duerman--me dije,--tratarán de +escaparse.--Pero me equivoqué. Se quedaron tranquilamente en la sala y +ni una sola vez trataron de alejarme. Él fumaba, sentado en un rincón +del canapé; ella estaba sentada cinco pasos más allá, junto a la +ventana, con su bordado. + +--Quizá son demasiado tímidos--me dije,--y esperan que la ocasión se +presente sola.--Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de +lugar, y salí de la habitación. Luego, con el corazón palpitante, esperé +media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de +atreverme a volver. + +--Ahora--me dije,--él se le acercará, le tomará la mano y la mirará por +largo rato en los ojos. ¿Me amas siempre?--le preguntará,--y ella, +ruborizándose, con una mirada húmeda, se dejará caer sobre su pecho. + +Cerré los ojos y suspiré. Las sienes me palpitaban, me sentía cada vez +más embriagada por las imágenes que me representaba y me figuraba su +continuación; lo veía caer de rodillas delante de ella, y, con miradas +ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad. + +Me sabía de memoria lo que él le decía en ese momento, y no menos bien +lo que ella le contestaba: habría podido soplarle las palabras. + +Cuando pasó la media hora, me consulté para saber si les otorgaría +todavía algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta +calidad, les acordé graciosamente mi protección, con una sonrisa. + +--¡Ojalá puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!--pensé, y +resolví ir todavía a dar una vuelta por el jardín. Pero la curiosidad me +dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volví sobre mis pasos. + +Me acerqué sin ruido hasta la puerta, pero apenas hallé el valor +necesario para dar vuelta al botón: la idea de lo que iba a presenciar +me oprimía el pecho hasta ahogarme. + +¿Y qué fue lo que vi? + +Roberto estaba todavía sentado, como yo lo había dejado, en una esquina +del canapé; había fumado su cigarro, del que no le quedaba ya más que la +punta entre los dedos, y el bordado de Marta contenía una flor que antes +no existía. + +--¿Por qué te encoges de hombros con ademán tan despreciativo?--me +preguntó Marta. + +Y Roberto agregó: + +--Parece que no tengo la aprobación de la señorita. + +--Así, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos--me +dije, y salí golpeando violentamente la puerta detrás de mí. + +Toda esa noche, loca de mí, me la pasé despierta hasta el amanecer, +representándome la manera cómo yo, Olga Bremer, habría procedido en el +lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; sentía, +hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el +murmullo apasionado de un amor ardiente, desdeñoso del mundo entero. + +Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, inventé +un montón de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la +frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldición +paternal, fuga, y, por fin, muerte común en las aguas, pues un verdadero +amor no me parecía dignamente sellado y concluido sino por la muerte. + +Cuando me levanté, al día siguiente por la mañana, tenía zumbidos en la +cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas. + +Al ver mi semblante, Marta juntó las manos por encima de su cabeza, y +Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sofá, envuelto +nuevamente en nubes de humo, exclamó: + +--¿Has pasado la noche llorando o bailando? + +--Bailando--repliqué,--en el Brocken con otras brujas. + +--No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,--dijo +moviendo la cabeza. + +--A preguntas necias...--repliqué. + +--¡Vaya! no volveré a abrir la boca--dijo riéndose;--de lo contrario se +me serviría desde por la mañana un plato de necedades como en mi vida he +comido. + +Marta me dirigió una mirada de reproche. Yo huí al fondo del parque, al +lugar más sombreado, y oculté mi encendida cara entre el fresco follaje. + +Poco me faltaba para llorar. + +--He ahí, pues, mi destino--me decía:--desconocida por todo el mundo, +aislada y desdeñada con mi corazón ardiente de amor, marchitándome en mi +rincón sin que nadie me solicite, mientras que en torno mío todo se +entrelaza y satisface su pasión en ardientes besos. + +Sí, en sueño, había substituido tan bien a Marta en su amor, que había +llegado a tomarme por la heroína: el desencanto no podía hacerse +esperar. + +¡Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, más tarde, seguir +los vuelos de mi imaginación! pero mientras más tiempo Roberto +permanecía entre nosotros, más observaba las relaciones de Marta con él, +y más me convencía de que el interés que yo les prodigaba, se perdía +totalmente. + +Ella, encarnación de la ama de casa, fría y tímida, sometida a todas las +fatalidades de la existencia cuotidiana; él, encarnación del +propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasión. Discurría en esta +forma, mientras mi corazón estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo +pasaba inadvertida y era inútil. Entonces ocurrió un incidente que no +sólo suavizó mi humor, sino que hasta modificó sensiblemente mi juicio +sobre nuestro primo. + + + + +VII + + +Hacía cuatro días que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de +improviso y me dijo: + +--Olguita, quisiera pedirte algo; ¿no vendrías a hacer un paseo a +caballo conmigo? + +--¡Qué honor!--repliqué. + +--No, no hay que volver a empezar en ese tono--dijo con una risa en la +cual se notaba algo de enfado.--Tratemos de ser buenos camaradas por +media hora, ¿quieres? + +Su ingenua franqueza me agradó: dije que sí. + +Cuando nuestros caballos pasaron el portón, Marta estaba en la ventana +de la cocina y nos hizo señas con su delantal blanco. + +--Ves, Marta--dije para mis adentros,--así es cómo me iría con él a +través del vasto mundo, si fuera su querida. + +Yo no tenía entonces más que una noción bastante confusa de lo que es +una «querida» y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad. + +--Monta bien--pensé en seguida;--mi «hijo del rey» no sería mejor +jinete. + +Y entonces me sorprendí al ver que me había erguido, orgullosa y alegre, +en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me +hacía correr un estremecimiento por todo el cuerpo. + +Roberto nada decía, pero con frecuencia se inclinaba hacia mí y me hacía +una seña amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto +cada cinco minutos: trabajo inútil, pues nada estaba más lejos de mi +imaginación que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media +hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo: + +--¿Bueno, chiquilla? + +--¿Qué hay, «grande»? + +--¿Regresamos? + +--¡Oh, no! + +No estaba dispuesta a renunciar tan fácilmente a lo que me llenaba de +una satisfacción tan completa. + +--Entonces, ¡al bosque de Illowo!--dijo él señalando la mancha azulada +que cerraba el horizonte a lo lejos. + +Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que éste se +irguió y partió dando saltos. + +--¡Bravo, por la chica de quince años!--gritó él detrás de mí. + +--¡Dispense, dieciséis!--repliqué, volviéndome a medias hacia él.--Por +otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, ¡se acabó +nuestra camaradería! + +--¡En nombre del Cielo!--dijo él riéndose. + +Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra. + +El bosque de Illowo está dividido por una pequeña corriente de agua, +cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de +los álamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por +encima del espejo obscuro de las aguas una alta bóveda de verdura que, a +cada desvío del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a +formarse inmediatamente después. + +Bajo esa bóveda, junto al borde del agua, conocía desde mi infancia más +de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o soñando, +mientras mi caballo, un poco más arriba, pacía tranquilamente en el +bosque. + +Y como esta vez íbamos lentamente, por entre los troncos de árbol, se me +ocurrió hacerle conocer uno de mis retiros. + +--Quiero bajar--le grité,--ven a ayudarme a echar pie a tierra. + +De un salto bajó de su caballo e hizo lo que yo le pedía. + +--¿Qué quieres hacer?--me preguntó. + +--Vas a verlo--dije,--pero primero suelta los caballos... + +--¡No faltaba más!--dijo Roberto riéndose.--Me haces el efecto de quien +quiere coger las liebres poniéndoles un grano de sal bajo la cola. + +E hizo ademán de atar las riendas a un tronco de árbol. + +--¡Suéltalos!--ordené. + +Y como él no obedecía castigué a los caballos con mi varilla: antes que +él hubiera pensado en sostener más fuertemente las bridas, los caballos +galopaban ya libremente en el bosque. + +--¿Y ahora?--dijo mi primo poniéndose las manos en los bolsillos.--¿Te +imaginas que van a dejarse coger otra vez? + +--Por ti, no--respondí riéndome, pues estaba segura de mis favoritos. + +Y cuando al oír un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde +lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus +hocicos, esperando una caricia, mi corazón se dilató: me sentía +orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de +razón, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y +alcé hacia Roberto una mirada triunfante: ahora él debía saber quién era +yo y qué pretendía. + +Pero vi muy bien que todavía yo no le imponía. + +--¡Maravilloso, chica!--dijo él, y nada más. + +En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recostó +perezosamente en el césped. Los rayos de sol que pasaban a través de las +ramas, relucían en su barba: me pareció un gigante en reposo, semejante +a los que nos pintan las leyendas del Norte. + +Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis +visiones románticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que +volví a caer repentina y bruscamente en la prosa. + +--¡Pero no nos vamos a quedar aquí, mi señor primo! + +--No seas loca, chiquilla--dijo él cerrando los ojos.--Haz como yo, +vamos a dormir. + +Tuve un impulso de alegría, y, acercándomele, lo cogí por el cuello y lo +sacudí fuertemente. + +Quiso asir mi vestido, pero yo me escapé, lo que le hizo levantarse +vivamente para correr tras de mí. + +Entonces, tranquilamente me adelanté hacia él y le dije: + +--Bueno, ahora, ven. + +Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente +escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un +espejo obscuro. Allí, los árboles de anchas hojas y toda clase de +plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una +cuna natural, donde había sombra aun en pleno mediodía. + +Allí fue donde le hice entrar. + +--¡Mil truenos! He aquí un lindo rincón, chica--dijo él al mismo tiempo +que se extendía cómodamente sobre la piedra, tanto que sus pies caían +casi al nivel del agua. + +--Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos. + +Lo obedecí, pero me senté de manera que mi mirada pudiera dominarlo. + +Él fingía dormir, y de cuando en cuando, por entre sus párpados medio +cerrados, alzaba los ojos hacia mí. + +De repente se me ocurrió esta idea: + +«¿Si fueras Marta, qué harías en este momento?» + +Y un pavor tal se apoderó de mí, que la sangre me subió hirviente a la +cara. + +--¿Eres miedosa, chiquilla?--me preguntó. + +Yo sacudí la cabeza. + +--Entonces, ven. + +--Ya estoy a tu lado. + +--Ponte allí, delante de mí. + +Hice lo que me pedía: mis pies tocaban casi el borde de la piedra. + +De pronto, se levantó, me asió, rápido como el rayo, por la cintura, y +en el mismo instante me sentí suspendida sobre el agua. + +Lo miré riéndome. + +--¡Cómo!... ¡Cómo!...--dijo.--¡No hay de qué reírse! Si te dejara +caer... + +--Me ahogaría... Pues bien, ¡déjame caer! + +--No. Antes quiero que me confieses algo. + +--¿Qué? + +--¿Por qué no puedes sufrirme? + +Respiré profundamente. Al mismo tiempo sentí que las suelas de mis +botines tocaban ya la superficie del agua: él no podía dejarme caer más. +Una deliciosa sensación de desfallecimiento me invadió. + +--Pero yo puedo sufrirte--le dije. + +--¿Por qué entonces me contestas siempre de tan mala manera? + +--Porque soy una muchacha mal criada. + +--¡Enhorabuena!--dijo él, riéndose. + +Y, con un movimiento brusco, me alzó como una pluma: yo me volví a +encontrar de pie sobre la piedra. + +--Bueno, ahora siéntate; vamos a conversar seriamente. + +Me tomó la mano y continuó: + +Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en +ejercitar mi espíritu. Tú, con tu vivacidad, me ganas fácilmente; por +eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. Tú no lo haces con mala +intención, bien lo sé, pues en nuestra familia no se conoce la maldad; +pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce años más que tú, tú +eres todavía una chiquilla, o poco menos... ¿Tengo razón? + +--Tienes razón...--respondí humildemente. + +Y me preguntaba aparte lo que se había hecho mi altivez. + +--¿Por qué, pues, procedías así? + +--Porque quería agradarte. + +Y exhalé un profundo suspiro. + +Él me miró en los ojos con asombro. + +--Porque quería mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza +muy a plomo, que yo... + +Me detuve muy confusa. Roberto se mordía la barba y miraba frente a él, +pensativo. + +--¡Miren eso!--dijo.--Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el +mal lado. ¡Qué suerte que haya seguido el consejo de Marta! + +--¿De Marta? ¿Qué consejo te ha dado? + +--Tómala aparte, uno de estos días--me ha dicho,--y explícate con ella. +Cuando Olga no quiere a alguién, lo aborrece, y me daría mucha pena que +no te tuviera cariño. + +--¿Marta ha dicho eso?--exclamé, y las lágrimas me asomaron a los +ojos.--¡Qué corazón, qué corazón de oro! + +--Sí, ha dicho eso y muchas otras cosas más para explicar tu +temperamento y excusarte. Y como amo a Marta... + +--¿La amas?--dije, interrumpiéndolo, ávida de saber más. + +--Sí, profundamente--respondió él pensativo, con los ojos fijos en el +agua que corría a sus pies. + +Mi corazón latía tan precipitadamente, que apenas podía respirar. ¡Así, +pues, él me tomaba por confidente, me convertía en su aliada! Habría +querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me sentía +hacia él. + +--Y... ¿ella lo sabe? + +--Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar... + +--¿Cómo?...--balbucí.--¿Tú no... no... se lo has dicho? + +Roberto sacudió tristemente la cabeza. + +Yo caí desde lo alto de las nubes. ¡De modo que los bosquecillos de +nuestro jardín nunca habían prestado su abrigo a dos enamorados; la +luna, que brillaba por entre las ramas, nunca había sido testigo de +besos clandestinos! ¡Puras quimeras todas mis imaginaciones! + +Pero, en medio de mi desilusión, sentía una profunda compasión por ese +gigante, que, sin más fuerzas que un niño, buscaba amparo en mí. Me juré +que su confianza en mí no sería vana. + +--¿Y por qué has guardado silencio?--insistí. + +Pareció que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza; +sin embargo, dijo con un profundo suspiro: + +--En aquel tiempo, yo era un muchacho tímido y no encontraba el valor +necesario para hablar. ¡En esos primeros años de locura se siente uno +tan transportado, si obtiene siquiera un apretón de manos a hurtadillas! +Se figura uno que el mismo matrimonio no podrá ofrecer un deleite mayor. +Pero en realidad tú no puedes comprender eso. + +--¿Quién sabe?--repliqué en mi inocencia.--Mucho he leído ya sobre eso. + +--En resumen--prosiguió él,--yo era entonces más o menos tan ingenuo +como tú ahora. Y hoy, ¿sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula +a ella, con cadena indisoluble, y para siempre. + +--¿Entonces, no quieres vincularte?--le pregunté con sorpresa. + +--No tengo derecho para ello--gritó,--no tengo derecho. No sé si podré +hacerla feliz. + +--¡Oh! ¡Francamente... si no lo sabes!... + +Encogí el labio con desprecio y dentro de mí, llegué a esta conclusión: +«¡Entonces, no la ama!» + +Pero él, con los ojos chispeantes, se animó más: + +--Compréndeme, niña. Si eso dependiera de mí, no pediría más que +llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con +las piedras del camino. Pero... ¡oh! ¡esta miseria, esta miseria! + +Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me sentía realmente +turbada. Nunca habría creído posible que ese hombre tan tranquilo y +grave pudiera volverse tan apasionado. + +--Confíame tus tormentos, Roberto--dije, poniéndole la mano en el +hombro.--No soy más que una chica, muy sencilla, pero eso desahogará tu +corazón. + +--¡No puedo!--gimió,--¡no puedo! + +--¿Y por qué? + +--Porque sería mortificante... hasta para ti. No puedo decirte más que +una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jamás +podría resistir al torrente de penas y de tormentos que caería sobre +ella: se doblaría como una frágil caña al primer soplo de la tormenta. +¿De qué me serviría tener que llevarla al cementerio pocos años después +de nuestro matrimonio? + +Un helado calofrío me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la +horrible manera en que debía realizarse esa frase, llena de +presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advertírmelo: sólo +experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por demás prosaico para +mi gusto, un giro tan romántico como fuera posible. Desgraciadamente no +había gran cosa que hacer. Por lo menos asumí una expresión capaz y +busqué en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o +los confesores dan ordinariamente como viático a los amantes +desgraciados. + +Y él, como un gran niño que era, bebió esas tontas palabras de consuelo +con la avidez de un hombre que se muere de sed. + +--¿Pero tendrá paciencia ella también?--me preguntó, y parecía perder +nuevamente el valor. + +--¡Sí, la tendrá! ¡Confía plenamente!--grité con arrebato.--Puesto que +espera desde hace tanto tiempo, podrá muy bien tener paciencia uno o dos +años más. Ya verás cómo se somete de buen grado. + +--¡Y si, aun más tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!--objetó +Roberto.--¡Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su +corazón! ¡No, no hablaré; antes me arrancarán la lengua, no hablaré! + +--Si no querías hablar, ¿para qué viniste entonces? + +Dios sabe cómo ese pensamiento de doble filo vino a mi espíritu de joven +aturdida. Sentí confusamente que al pronunciar esas palabras cometía un +acto de crueldad, pero... ya era tarde. + +Vi palidecer su rostro, sentí que su respiración ardiente se exhalaba en +un suspiro. + +--Soy un hombre de honor, Olga--murmuró entre dientes;--¿para qué +atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendrás una respuesta. +He venido porque ya no podía vivir sin ella, porque quería beber en sus +ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y +porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza +de que las cosas aquí pudieran tomar otro giro, que todo pudiera +arreglarse para que yo me la llevara conmigo. + +--¿Y las cosas no se arreglan? + +--¡No!... No preguntes por qué. Conténtate con esta respuesta: ¡no! + +De repente se inclinó hacia mí, se apoderó de mis manos y me dijo desde +el fondo del corazón: + +--Ves, Olga, cómo nuestro compañerismo ha tenido mejor resultado que el +que podíamos esperar uno y otro hace media hora. ¿Querrías asistirme +fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder? + +--Sí, te ayudaré--respondí, y al decir esto me sentí penetrada de la +solemnidad de mi promesa. + +--Veo que ya no eres una niña--continuó él,--eres una joven enérgica e +inteligente, y si emprendes algo, no flaquearás. ¿Quieres velar por +ella, para que no se desaliente, si todavía esta vez me voy sin haber +hablado? ¿Lo quieres? + +--Sí, velaré--repetí. + +--¿Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme cómo está, si +se siente bien, si sigue animosa? ¿Quieres? + +--Te escribiré--volví a contestar. + +--Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y +para siempre. + +Y me besó en los labios... + +Cinco minutos después estábamos a caballo, y trotábamos rápidamente +hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer. + +--¡Cuánto han tardado!--dijo Marta que estaba en el terrado, con su +delantal blanco, y nos sonreía desde lejos. + +Cuando la vi, experimenté el sentimiento de que toda la ternura que yo +pudiera prodigarle, sería poca. Me precipité hacia ella y la besé +impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me parecía que así +borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprendí de sus brazos, +con el corazón oprimido, y me alejé. En la mesa, esa misma noche, no +cesé de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordaría con una +seña nuestro convenio secreto. Pero él no pensó en ello; sólo cuando +todos se levantaron deseándose «buena digestión,» me estrechó la mano de +un modo muy particular, como nunca lo había hecho antes. + +Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magnífico presente. + +Esa noche, me costó mucho trabajo esperar el momento en que me +encontraría en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme así, +una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y +soñando: tenía la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo +que quería, y de dormirme tan pronto como me parecía conveniente; para +ello no tenía más que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha. +Esta vez me estiré en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca +había conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parecían +colmados. Mis mejillas ardían y en mis labios tenía, todavía sensible, +la picazón ligera del primer beso con que un hombre--papá, naturalmente, +no contaba,--los hubiera rozado. + +Y si, contemplándolo de cerca, ese beso se dirigía también a otra, ¿qué +me importaba? Era tan joven todavía, que no podía pretender semejante +cosa para mí sola. + +Volví una vez más a mi idea predilecta: ¿Qué haría yo si estuviera en el +lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de +imaginaciones, que no eran más que puras quimeras--ese día me lo había +probado bien,--pero podía trabajar en él con toda tranquilidad, y fue lo +que hice en mi desvelo o en mis sueños, hasta la mañana siguiente. + +Dos días después, Roberto partió. Algunas horas antes de marcharse tuvo +una larga conversación con Marta en el jardín. + +Los vi internarse en él sin sentir celos, y fue para mí un placer +indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera. + +Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus +miradas serias y tristes. + +No, no se había declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero había +hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de tímida +esperanza. + +En el momento en que iba a subir al carruaje se encontró por casualidad +solo conmigo algunos segundos. Me tomó la mano y murmuró: + +--¿No revelarás una sola palabra? ¿Puedo contar con ello? + +Hice un signo de afirmación enérgica. + +--¿Y me escribirás pronto? + +--Seguramente. + +--¿Adónde debo dirigirte la respuesta? + +Me quedé azorada: no había pensado en ello. Pero, como los minutos eran +contados, nombré al azar a un viejo mayordomo que me había demostrado +siempre más afecto que nadie. + + + + +VIII + + +El tiempo transcurría. Lo mismo que antes, los días sucedían a los días, +y sin embargo, ¡cuán nuevo y particular se había vuelto el mundo para +mí! + +Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos; +había penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me +envolvían por todas partes y podía--¡oh deleite!--divertirme con ellos: +estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que debía asegurar la +felicidad de mi hermana. + +Era maravilla ver, después de esa visita de Roberto, cómo Marta volvía a +la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos días +de existencia en común con él habían obrado sobre ella como un baño +fortificante, y más aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual +había bebido furtivamente a grandes tragos. + +Sin duda, no había recobrado su brillante alegría de otros tiempos, que +esos siete años de ansiosa espera parecían haberse llevado +irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios, +pero un brillo suave y cálido animaba sus facciones como si una luz +salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos +lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acogía con +una sonrisa amistosa. + +Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba más y más +y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no +hacía más que aumentar mi cariño e impulsarme a rogar a Dios para que +derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza. + +Mientras no me abriera su corazón ella misma, no podía ni quería +confesarle cuán profundamente mis ojos habían penetrado ya en él. + +Más de una vez me sorprendí contemplándola con un sentimiento maternal, +si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con +Roberto, me figuraba que verdaderamente tenía la felicidad de ambos en +mis manos. + +En mi presunción, me consideraba fácilmente como un buen genio, vestido +de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa vertía bendiciones. +Mientras tanto, contaba los días hasta la llegada de una carta de +Roberto, y corría de acá para allá, con las mejillas encendidas, cuando, +al fin, la llevaba sobre mi corazón. + +Esas cartas se me habían hecho tan necesarias, que me era difícil +concebir cómo había podido vivir antes sin ellas. So pretexto de +contarle los hechos y dichos de Marta, sabía muy bien ahuyentar las +penas de su corazón con mi charla, infantil y loca como gusta a los +hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de +madurez, como se había vuelto mi corazón. Le agradaba mi cháchara, +cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un +pájaro cantor, y yo no pedía más. ¡Le estaba tan agradecida porque me +había asociado a su grande y sincera pasión, a mí, a la chicuela a quien +todavía hacían salir de la habitación cuando la gente grande quería +hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo +tenía a mis propios ojos, me venían de ese papel de protectora. + +Así crecía yo con ese amor, me alimentaba con esa pasión, de la que +nunca la menor migaja debía caer para mí de la mesa. + +* * * + +Cuando llegó el otoño, noté que Marta manifestaba una agitación +extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permanecía a veces +la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo +ademanes cuando creía estar sola, y se estremecía violentamente cuando +se veía sorprendida. + +Informé fielmente a Roberto de lo que había observado y le pregunté +además si no había hecho quizá esperar su visita para aquella época, +pues toda la manera de ser de Marta me parecía provocada por una +sobreexcitación enfermiza de la espera. + +Tuve ocasión de estar satisfecha de los conocimientos psicológicos de +mis diecisiete años, pues mis previsiones eran justas. + +Profundamente abatido, me escribió que efectivamente, al separarse de +ella, había expresado la esperanza de poder volver en el otoño siguiente +con cara más alegre; pero se había equivocado: estaba, más que nunca, +sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin +ver brillar el menor fulgor de esperanza. + +«Por lo menos--le contesté,--líbrala del tormento de la espera e informa +a nuestros padres, con miramientos, de tu situación.» + +Así lo hizo: dos días después, papá, muy apenado, trajo la carta que a +causa de mi juventud, todavía demasiado irracional, yo no debía leer. + +Esa carta tuvo sobre el ánimo de Marta una influencia que me asustó y me +conmovió. La sobreexcitación de las últimas semanas desapareció +repentinamente, como barrida de golpe, y dejó el lugar a ese abatimiento +desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la había +convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueció, y dos surcos +profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a +las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorcía en +crisis dolorosas, otra vez también le había vuelto ese perpetuo deseo de +llorar que, a la menor ocasión, se daba curso en torrentes de lágrimas. + +Esta vez, papá no mandó buscar al médico: podía fijar el dianóstico él +mismo. Hasta mamá se compadeció de los sufrimientos de la desdichada, +tanto como se lo permitía su apatía, y ésta no consentía que se alejase +de la estufa para atender a su hija enferma. + +En cuanto a mí, encontré entonces por primera vez la ocasión de mostrar +a los míos que ya no era una criatura y que mi voluntad tenía algún +valor, aun cuando se tratara de cosas serias. + +Asumí toda la dirección de la casa, y por más que todos sonrieron +maliciosamente y protestaron, y Marta me explicó repetidas veces que +jamás consentiría que yo, la más joven, la suplantase, me las compuse +tan bien que al cabo de quince días yo era quien manejaba toda la casa. + +Fue aquella la única época en que tuviéramos todos que disputar con +Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo hacía era +por amor a ella, y finalmente concluyó por ser la primera en +agradecérmelo. Por otra parte, se acostumbró a cederme en más de un +punto, aunque tratando de disimularse a sí misma mi influencia y dando a +entender que había que dejar hacer su voluntad a los niños. + +En mi correspondencia con Roberto, aprendí por primera vez que se puede +mentir por amor. Le disimulé el triste efecto que había producido su +carta; sí, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba +perfectamente. Procedía así porque estaba persuadida de que la verdad lo +habría sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no +dejarían de abatirlo, puesto que nada podía remediar. Pero entonces se +me hacía terriblemente difícil conservar el tono de charla ligera, y muy +a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma. + +Y todo se ensombrecía de día en día en torno nuestro. Papá estaba +cabizbajo, porque las malas cosechas habían defraudado sus más bellas +esperanzas; mamá murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se +marchitaba cada vez más. + +Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces +nuestro apacible interior había visto otras. + +En torno del flamante árbol de Navidad, que esta vez yo había adornado e +iluminado en lugar de Marta, permanecíamos inmóviles sin saber qué +decirnos, tan oprimido teníamos el corazón. Y, como nadie se decidía a +hacerlo, tuve que esforzarme en reír y hacer lo posible para borrar las +arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no +encontré eco y por último nos dimos la mano deseándonos buenas noches +para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sabíamos cómo +entrar en materia los unos con los otros. + +Cuando llegué al lado de Marta, que estaba sentada en un rincón, con los +ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sentí que un doloroso +estremecimiento me atravesó el pecho, como si le hubiera hecho un +agravio que debiera reparar; pero ignoraba cuál podía ser ese agravio. + +Ella me dijo al besarme en la frente; + +--¡Que Dios te conserve tu valiente corazón, Olguita! Te agradezco mucho +las bromas que te has esforzado en decir hoy. + +No supe qué contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no podía +definir, me desgarraba el corazón. + +Cuando me encontré sola en mi cuarto, me dije: «¡Bueno, ahora vas a +festejar la Navidad!» Saqué las cartas de Roberto de la gaveta en que +las tenía cuidadosamente escondidas y resolví leerlas hasta una hora +avanzada de la noche. + +La tempestad sacudía los postigos, la nieve, empujada por las ráfagas +del viento, barría los vidrios con un roce ligero y la lámpara de +pantalla verde suspendida del cielo raso, esparcía sobre mí su fulgor +apacible. + +En el momento en que colocaba cómodamente delante de mí el paquetito de +cartas, oí junto a mí, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una +caída, y luego un murmullo indistinto que me pareció el de una oración +mezclada con sollozos. + +«¡He ahí cómo celebra la noche de Navidad!»--pensé juntando +involuntariamente las manos. Sentí otra vez un dolor en el corazón, como +si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continué +devanándome los sesos hasta que vi claramente que sólo las cartas eran +culpables. + +«¿No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo +silencio?»--me pregunté. + +Pero mi conciencia no se dejó seducir. No. Aquello fue como si un rayo +me hiriera en la cara, pues sentí con qué delicias mi corazón acariciaba +esas cartas. + +«¿Qué no daría ella por una de estas hojas?»--me dije en seguida.--«Ella +que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa +idea de que, si no ha venido, es únicamente porque quiere arrancarla de +su corazón.» + +«Y tú oyes sus sollozos--continuaba una voz dentro de mí,--y la dejas +presa de sus torturas mientras que tú te deleitas pensando en que tienes +un secreto con él, con él, que pertenece sólo a _ella_.» + +Me escondí la cara entre las manos: la vergüenza se apoderaba de mí tan +violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. «¡Dale esas +cartas!»--me gritó repentinamente una voz, y me lo gritó tan alto y con +tanta claridad, que me pareció que era la tempestad la que me había +lanzado esas palabras al oído. + +Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que +mi buena voluntad cedía, instada por el temor de faltar a la palabra que +había dado a Roberto, y por el deseo de seguir todavía en +correspondencia secreta con él, el ruido de los sollozos y de la oración +de Marta llegaba hasta mí más claro, y me trastornaba a tal punto los +sentidos, que me parecía que iba a verme obligada a huir hasta el fin +del mundo, para no oírlo más. + +Y concluí por cumplir conmigo misma. Tomé las cartas, las reuní en un +elegante paquete que até con una cinta y me dispuse a llevárselas a su +cuarto. + +«¡Este será su regalo de Navidad!»--dije pensando en que ese año no +había podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como +siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la +alegría que desborda del corazón, resolví representar todavía un poco la +comedia, antes de entregárselas. + +Bajé a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde +se encontraban nuestros regalos, bajo el árbol de Navidad. Tanteando en +la obscuridad, busqué su plato, recogí los objetos que estaban al lado +de éste, y por encima de todo coloqué el paquete de cartas. + +Cargada de esta manera, me acerqué a su puerta y toqué. + +Oí un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y, +al cabo de un intervalo bastante largo--sin duda el tiempo necesario +para enjugarse los ojos,--su voz resonó muy cerca de la puerta, +preguntando quién estaba allí y qué querían. + +--Soy yo, Marta--dije.--Te traigo tu plato; lo habías dejado abajo. + +--Llévalo a tu cuarto, iré a buscarlo mañana--respondió ella. + +Y en la voz tenía sollozos que se esforzaba en disimular. + +--Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los demás--dije. + +Y también mis palabras estaban medio ahogadas por las lágrimas. + +--¡Bien! Me lo darás mañana--replicó,--ya estoy desvestida. + +--Pero ese regalo es mío--dije. + +Y, como en la bondad de su corazón, temió ofenderme, no obstante su +inmenso dolor, me abrió la puerta. + +Me lancé hacia ella y lloré sobre su hombro, apretando convulsivamente +el plato con la mano izquierda. + +--¿Qué tienes, querida?--me preguntó acariciándome.--En toda la casa +eras la única que conservabas tu buen humor, y ahora... + +Me armé de valor y, acercándola a la luz, le mostré el plato. A la +primera ojeada reconoció la letra; se puso blanca como el yeso que +cubría las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las lágrimas, me +miró fijamente como si hubiera perdido la razón. + +--Tómalo, pues--dije,--tómalo. + +Ella extendió la mano, pero la retiró con un ademán brusco: se hubiera +dicho que había tocado un hierro candente. + +--Ves, Marta--dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta +importancia,--no has querido tener confianza en mí, me has tratado +siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras tú +te desesperabas, yo he obrado. + +Ella continuaba mirándome fijamente, desconcertada, sin comprender. + +--Crees que Roberto no se inquieta por ti--continué.--Sin embargo, he +tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana +regularmente. + +Marta retrocedió tambaleándose, se llevó las manos a la cabeza, y, de +improviso, una especie de calofrío la sacudió. Se adelantó hacia mí, me +tomó las manos y con voz singularmente velada, dijo: + +--¡Mírame de frente, Olga! ¿Quién de los dos ha escrito la primera +carta? + +--¡Yo!--dije asombrada, no sabiendo todavía adónde quería ir a parar. + +--¿Y tú le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga? + +--¿Qué idea es esa?--dije.--El mismo fue quien me confesó todo, cuando +estaba aquí... ¡Oh! Me conocía mejor que tú--agregué, no queriendo dejar +escapar de mi juego ese ligero triunfo,--no se avergonzó de tomarme de +confidente. + +--¡Alabado sea Dios!--murmuró ella con un profundo suspiro, juntando las +manos. + +--Pero ven, Marta--dije llevándola a la mesa.--Vamos a festejar la +Navidad. + +Entonces leímos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de +ellas, en cada una de las frases sencillas y desmañadas, aparecía el +corazón afectuoso de Roberto, su corazón de oro; arrojaba en nuestras +almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y +nos devolvía la alegría. Reíamos y llorábamos, con las mejillas apoyadas +una contra otra, y nos estrechábamos con fuerza las manos, como para +procurarnos recíprocamente la sensación de esas vivas y vigorosas +presiones, que prodigaba su tosca mano roja. + +Y de pronto, estábamos en uno de esos párrafos en que él me rogaba +encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, ésta se +sintió abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo, +se dejó caer delante de mí y apoyó sus labios en mi mano. + +Pero, por violenta que fuera mi emoción, ya no sentía trazas de ese +dolor punzante que, hacía poco todavía, junto al árbol de Navidad, me +oprimía el corazón. Había cancelado mi deuda y fue en completa libertad, +con el corazón aligerado, como me juré velar en lo sucesivo como un +ángel tutelar sobre mi hermana que, mucho más que yo, niña simple y sin +experiencia, necesitaba apoyo y protección. + +Y ella lo sintió también, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado +como a una criatura, se abandonó a mi dirección sin resistencia. + +Al fin había conseguido lo que deseaba mi corazón. Existía un ser humano +a quien podía mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos +separaba ya, dediqué a mi hermana toda la ternura que durante tanto +tiempo había dormido inactiva en el fondo de mi alma. + +No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras +relaciones, que en los últimos tiempos sobre todo dejaban mucho que +desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era +difícil acostumbrarse a ello. + +Me miraba siempre con extrañeza y decía a menudo: + +--¡Cómo habría podido adivinar nunca que había en ti tanto afecto! + +Si hubiera sabido qué sacrificio había hecho revelando mi secreto, +habría dado aún más valor a mi cariño. + +En verdad, mis presentimientos no me habían engañado: desde el momento +en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acabó para siempre la +dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto. + +Ya no era para mí más que un extraño y, cuando me sentaba a escribirle, +me parecía ser una simple máquina encargada de copiar los pensamientos +de otros: así me sucedía a menudo entregar a Marta una carta sin haberla +leído, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo. + +A veces sentía remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de +Roberto, pues él no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero, +cuando la miraba, cuando veía desplegarse su sonrisa, y brillar en sus +ojos soñadores la paz y la felicidad, me decía que era imposible que +hubiera procedido mal, y mis escrúpulos se acallaban. + +Hasta entonces no había engañado más que a él; muy pronto mi traición +debía alcanzar también a Marta. + + + + +IX + + +El invierno y la primavera pasaron velozmente y llegó el momento en que +las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes. + +Roberto debía venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; «pero +hasta entonces--escribía,--habrá que vencer más de una grave +dificultad.» + +Un día, papá entró en la cocina donde estábamos, y tomando una expresión +indiferente, se paseó un instante por entre los calderos, resoplando y +golpeando con su varilla las largas cañas de sus botas. + +--¿Te has vuelto inspector de cocinas hoy, papá?--dije. + +Él soltó una risa breve y dijo: + +--Sí, me he vuelto inspector de cocinas. + +Y después de haber andado todavía algunos minutos en silencio, se detuvo +de improviso delante de Marta y dijo: + +--Si tuvieras tiempo, hija mía, ¿podrías quizá venir un momento? Tu +madre y yo tenemos que hablarte. + +--¡Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! ¿Puedo asistir +yo también a la entrevista? + +--No--respondió él,--tú te quedarás en la cocina. + +Durante un instante el silencio reinó en la casa; en torno mío el vapor +silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta hacía gran ruido al +limpiar los cuchillos, pero de repente se oyó, dominando todo ese ruido, +un grito breve y estridente que no podía provenir más que de Marta. + +Temblorosa agucé el oído, y en el mismo instante papá se precipitó en la +cocina gritando: + +--¡Agua! + +Pasé a su lado como una exhalación, y encontré a mi hermana tendida en +el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mamá. + +--¿Qué le han hecho ustedes a Marta?--grité dejándome caer de rodillas +junto a ésta. + +Nadie me contestó. Mamá, desatinada, se retorcía las manos, y papá se +mordía el bigote, sin duda para retener las lágrimas. + +Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella, +una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoderé de él tan +vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Después me +apresuré a hacer lo más urgente, que era hacer volver en sí a Marta y +acompañé a su cuarto a la desdichada, que dirigía en su derredor miradas +atontadas. + +Una vez allí la acosté. Con los ojos fijos en el cielo raso, me pedía +de cuando en cuando de beber; parecía no haber recuperado sus sentidos +todavía. + +Pero yo saqué en secreto la carta de mi bolsillo y leí lo que transcribo +aquí literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del +amor de una madre y de una hermana: + +«¡Mi hermano muy querido, mi muy querida cuñada! + +»Una circunstancia muy triste para mí me obliga a escribiros hoy. Estáis +persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi corazón no +tiene deseo más vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos +las relaciones más cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he +hecho más que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros +me habéis correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy +una súplica, dictada por mi corazón de madre torturado por la angustia. +Esta mañana mi hijo Roberto vino a casa y nos declaró, a mi marido y a +mí, que tenía la intención de pediros la mano de vuestra hija Marta; al +mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no podía +abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, ¡ay de mí! todavía +necesitará más de una vez nuestra ayuda. + +»Si hubiera escuchado la voz de mi corazón, le habría saltado al cuello +con lágrimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre +fría, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro más que dos +niños, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no podía hacerse. + +»Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido +conservar tu fortuna: lejos de mí el pensamiento de mezclarme en cosas +que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitiréis os +diga que vuestra propiedad está gravada de deudas y que vuestras hijas, +fuera de un ajuar que, quiero creerlo, será rico, no podrán contar con +un centavo de dote. + +»Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto están también cargados de +deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para +desinteresar a sus hermanos y hermanas, y además nosotros hemos +conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen +vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un +casamiento con una joven pobre lo llevaría infaliblemente a la ruina. + +»No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras +cartas, debe ser una persona débil y enfermiza, incapaz por consiguiente +de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la +felicidad de Roberto; tan sólo el pensamiento de verla entrar en casa de +mi hijo con las manos vacías basta para convencerme de que sería +desgraciada y no podría menos que hacerlo desgraciado a él mismo. + +»Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le será difícil, en +el interés mismo de la felicidad de su primo, renunciar a él, esto en el +caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la +prohibición de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir, +en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal. + +»Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profesáis a +vuestra hermana, para no estar persuadida de que negaréis como yo, desde +hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa unión funesta e +irracional. + +»Vuestra hermana que os querrá siempre, + +»_Juana Hellinger._ + +»P. S.--¿La cosecha es buena por allá? Aquí el centeno de invierno ha +dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad.» + +Al leer esa prosa vulgar e hipócrita, me acometió un furor tal, que +solté una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a +pisotearla. + +Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa había hecho mal, +me volvió a la razón. + +Allí yacía ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habría +debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para +la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento +de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi corazón dejó +escapar una vez más, con un suspiro, ese lamento de otras veces: «¡Que +no esté yo en su lugar!» ¡Pero cuántas cosas nuevas encerraba hoy! Lo +que antes no había sido más que una locura, una niñada, había hecho +lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en +mi fuerza. + +Entonces resolví obrar, si acaso era todavía tiempo. Quise primero ir a +buscar a mis padres, decirles lo que había hecho, que estaba desde hacía +mucho tiempo al corriente de la situación, y finalmente exigir de ellos +que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual tenía derecho, a +pesar de mi juventud. + +Pero deseché en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte +en las deliberaciones de familia, mi deber sería no proceder en contra +de sus designios. Y no podía contribuir a la salvación de mi pobre +hermana, como lo entendía y siguiendo el plan que había concebido, sino +a condición de fingir una ignorancia absoluta. + +Muy pronto vi en qué estado estaban las cosas. Cada uno había guardado +de la carta lo que respondía mejor a su temperamento. + +Papá, herido en su orgullo de hombre pobre, habría en lo sucesivo +considerado como una vergüenza el dejar entrar a su hija en una familia +en que se la miraría con malos ojos. Mamá, por su parte, se había dejado +enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba +sembrada, y estimaba que no se debía burlar la confianza de su cuñada. + +¿Y Marta? + +Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sentí que su mano +ardiente se posaba sobre la mía y su débil brazo me atraía suavemente +hacia ella. + +--Tengo que hablarte, Olga--murmuró, con la mirada siempre tristemente +fija en el cielo raso. + +--¿Si esperáramos hasta mañana?--respondí. + +--No--dijo ella,--en el intervalo podrían suceder cosas que no deben +producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre él y yo. + +--Entonces conoces muy mal a Roberto--dije. + +--Pero yo me conozco bien--dijo ella.--Yo soy quien rompe. + +--¡Marta!--grité espantada. + +--Bien sé que esto me matará--dijo ella.--¿Pero qué importa? Mi vida +poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado. + +--La fiebre es la que te hace hablar así, Marta--exclamé,--pues no te +creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja +bruja. + +--Siento demasiado que dice la verdad--dijo ella. + +Un helado calofrío recorrió todo mi cuerpo al oírla proferir, con el +tono tranquilo de un colegial que recita una lección, esas palabras de +una tristeza desesperante. + +--No protestes--continuó,--no es sólo de hoy que lo sé; siempre tuve ese +presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy. +Pero, qué quieres, causa siempre impresión el ver de repente escrita con +todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atrevía a +confesar a su propia conciencia. + +Traté de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hundí a la +tía en el abismo más negro del infierno, y demostré a Marta menudamente +que ella había nacido para desempeñar en la casa de Roberto el papel de +ángel bienhechor. Pero todo fue inútil, no conseguí hacer revivir su fe +en sí misma; el golpe la había herido demasiado profundamente. Por +último me pidió que no escribiera una sola carta más a Roberto y que +rompiera para siempre toda relación con él. + +Me sentí espantada hasta el fondo del alma por mí misma quizá tanto como +por ella; me negué con toda la energía que pude encontrar en mí; pero +ella insistió, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi +correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza. + +Entonces vinieron días tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma. +Papá, siempre a caballo, recorría como un montaraz los campos y los +bosques, no asistía regularmente a las comidas y para ninguna de +nosotras tenía una buena palabra. Mamá, nuestra bonachona mamá, tejía +sentada en su rincón y de cuando en cuando enjugaba sus lágrimas, +echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo había +notado. ¡Ah, sí, aquella fue una época bien triste! + +Yo había recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me decía que la +inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta +de correo. No se lo dije a Marta, pero cumplí mi promesa. + +Ocho días pasaron; entonces noté que mis padres deliberaban acerca de la +respuesta que debían enviar a la tía. Papá era de opinión, para que no +se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por +medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y +mamá decía: «sí,» como decía «sí» a todo lo que no tenía relación con +las jaleas o las confituras. + +Ese día Marta declaró que le era imposible levantarse de la cama; no +sentía vivos dolores--decía,--pero sus piernas se negaban a llevarla. + +Así veía yo adelantar el desastre, cada vez más amenazador. No podía +esperar más: «Ven a cumplir tu compromiso mientras todavía es +tiempo»--escribí a Roberto. Y, para mayor seguridad, bajé yo misma a la +ciudad y entregué la carta al postillón que justamente se preparaba a +partir para Prusia. + +En el momento en que el sobre se escapó de mis manos, sentí como una +puñalada en el corazón; se habría dicho que con esa carta entregaba mi +alma a potencias desconocidas. + +Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero +cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postillón estaba lejos. + +A mi vez, cuando ascendí la colina que conduce a la casa, me oculté +entre las malezas y lloré amargamente. + +A partir de ese momento, fui presa de una agitación como nunca la he +sentido en mi vida. Me parecía que una fiebre abrasadora me consumía; +durante la noche, iba y venía en mi cuarto sin poder encontrar descanso; +de día, estaba continuamente en acecho y cada vez que oía el ruido de un +carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi corazón. + +A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la +cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresión inquieta. + +Una joven que espera a su prometido no habría estado más loca. + +Esa fiebre duró cuatro días, y fue una felicidad que los míos estuvieran +absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habrían +dejado de despertar sospechas. + + + + +X + + +Esta vez no fui yo quien recibió a Roberto. Cuando reconocí su silueta +en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba +con estrépito la puerta del patio, huí al granero y me escondí en el +rincón más apartado. + +Tenía la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas +bailaban por delante de mis ojos. + +Oí que, abajo, las puertas se abrían y se cerraban, oí pasos que subían +y bajaban precipitadamente la escalera, oí las voces de las criadas que +gritaban mi nombre; no me moví. + +Y cuando todo volvió a quedar en silencio, bajé sin hacer ruido por las +escaleras de atrás, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el +lugar más desierto del parque. Mi alma era presa de un extraño +sentimiento de amargura y de vergüenza. Me parecía que debía levantarme +y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que había +esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia. + +Luego me representé lo que podía ocurrir en ese momento en la casa. + +Papá se había encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto, +pues, seguramente, tenía todavía sobre sí el peso de la pérfida carta de +la tía; había hecho un ademán de negativa al oírle formular su petición; +pero, en el mismo instante, Marta se había presentado. ¡Cuán pronto +había vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos +minutos antes, yacía agotada en el sofá; cuán pronto había olvidado las +penas, los dolores que sufrió durante años! Y ahora, están en brazos uno +de otro y no tienen siquiera un pensamiento para mí. + +Entonces, de improviso, se despertó en mí un orgullo fiero. «¿Por qué te +escondes?--gritaba una voz en el fondo de mí misma.--¿No has hecho tu +deber? ¿Todo esto no es obra tuya?» + +Con un movimiento brusco me paré, eché hacia atrás mis cabellos en +desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirigí a la casa. + +Al acercarme no oí ningún grito de alegría. Todo estaba silencioso, todo +estaba como muerto... + +En el comedor encontré a mamá sola. Tenía las manos juntas y exhalaba +profundos suspiros, mientras gruesas lágrimas rodaban hasta su blanca +papada. + +--Es el efecto de la emoción--pensé al sentarme frente a ella. + +--¿Dónde estabas, Olga?--dijo, enjugándose esta vez tranquilamente los +ojos.--Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que +pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado. + +--¡Ah!--dije con mucha calma.--¿Dónde está? + +--En el gabinete de tu padre conversando con él. + +--¿Y dónde está Marta?--pregunté con una sonrisa. + +Ella me dirigió una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada +sagacidad; después dijo: + +--Está con ellos. + +--Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo--dije. + +--Tontuela--dijo ella. + +Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecución, vi que la +puerta del cuarto contiguo se abría, y por ella salir lentamente, como +si saliera de un ataúd, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro +terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo también sentí +al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro +presentimiento me asaltó. + +--¿Dónde está Marta?--exclamé adelantándome hacia él. + +--No lo sé. + +Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a +ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano. + +Papá salió detrás de él. Mamá se había levantado y los tres se quedaron +allí parados, estrechándose las manos como en un entierro. + +--¿Dónde está Marta?--grité otra vez. + +--Ve a ver lo que hace--dijo papá;--sin duda te ha de necesitar. + +Salí de un brinco y a saltos subí la escalera que conducía a su +habitación. Esta estaba cerrada. + +--¡Marta, abre! Soy yo. + +Nadie se movió. Rogué, supliqué, prometí repararlo todo, le prodigué mil +nombres cariñosos: todo fue inútil. Nada se oía, a no ser de vez en +cuando un hálito, parecido a la respiración silbante que se escapa de +una garganta medio sofocada. Entonces me encolericé al verme rechazada +de todas partes. + +--Sin duda seré bastante buena para preparar esta fúnebre comida--dije +soltando una carcajada. + +Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me quedé +mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de +sus pescuezos abiertos. + +Daba lástima ver cómo uno de ellos, un gallito, batía las alas mientras +la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus +espolones los dedos de la criada. + +Hasta este pobre animalito, débil como es, se defiende cuando quieren +degollarlo--pensé,--mientras mi señorita hermana besa humildemente la +mano que la amenaza con el cuchillo. + +La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espectáculo +comparado con la comida en que fueron servidos. La última comida de un +condenado no habría sido más lúgubre. Cada cinco minutos alguien tomaba +bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena +obligatoria. Los demás asentían con la cabeza misteriosamente, pero bien +veía yo que los que escuchaban no sabían lo que oían, lo mismo que el +que hablaba no sabía lo que decía. + +Marta no se había presentado. + +En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, +Roberto me tomó las dos manos y me llevó a un rincón. + +--Te agradezco, Olga--dijo, y sus labios temblaban,--te agradezco tu +exactitud y tu cariño. Ahora se acabó nuestra correspondencia... + +--¡Por amor de Dios, Roberto!--balbucí.--¿Qué ha pasado? + +Él se encogió de hombros. + +--Quizá la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de mí. + +--¡Eso no es verdad! ¡eso no es verdad! + +Pero papá estaba detrás de nosotros e informaba a Roberto que, según su +deseo, el carruaje estaría listo al día siguiente al amanecer. + +--Entonces no te volveré a ver--exclamé espantada. + +Él sacudió la cabeza. + +--Despidámonos desde ahora--dijo estrechándome la mano. + +Una voz me gritaba que no podía, marcharse así, que yo debía hablarle a +toda costa. Pero ahogué valerosamente las palabras que me oprimían la +garganta. + +Entonces nos dimos un último apretón de manos y nos separamos. + +Todavía tenía yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el café de la +despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la mañana, oía +siempre la misma voz que me gritaba en el oído: + +--Es necesario que le hables. + +Después, cuando me dirigí a mi cuarto con mi luz en la mano, di una +vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de +encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta +cerrada con llave. Sólo el ruido de sus pasos que sacudían la casa, +resonaba en el interior. + +En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqué el oído al +agujero de la cerradura: nada se oía. Se habría podido creer que había +muerto o bien que se había fugado. + +Una inquietud me asaltó, me puse de rodillas delante del ojo de la +llave, y rogué, supliqué, hasta amenacé con llamar a nuestros padres si +ella persistía en no dar signos de vida. + +Entonces se decidió a contestarme. Oí una voz: «¡Apiádate de mí, +querida, apiádate de mí sólo por hoy!» Y esa voz estaba tan cambiada, +que no la reconocía. + +Me alejé, pero sentía crecer en mí el temor de que Roberto se fuera +desengañado, con el rencor en el corazón, sin una palabra de +explicación, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de +Marta. + +El fuego de la fiebre me subió a la cabeza y cada pulsación de mis +arterias me gritaba: «¡Es necesario que le hables! ¡Es necesario que le +hables!» + +Me desvestí a medias y me recosté en el sofá. El reloj tocó las once; +tocó las once y media. Todavía se oía resonar en la casa el ruido de sus +pasos, pero mientras más tarde se hacía, menos posible me era poner en +ejecución mi proyecto. + +¡Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitación de +un huésped! Al pensarlo, la sangre se paralizó en mis venas. + +El reloj tocó las doce. Abrí la ventana y miré a lo lejos frente a mí. +Todo parecía dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el +de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en +el seno de la obscuridad. + +El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me +murmuraba: «¡Es necesario! ¡es necesario!» Al mismo tiempo una voz +ligera, suave y acariciadora como una melodía, me decía: «Lo verás otra +vez, sentirás su mano en la tuya, oirás el sonido de su voz, quizá oirás +hasta su risa; ¿no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad +de su vida?» + +De repente tomé una resolución, cerré bruscamente la ventana, me puse +precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventuré en +el obscuro corredor. + +¡Oh! ¡Cómo me latía el corazón, cómo me ardía la sangre en las sienes! +Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared. + +Por fin llegué a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el +piso, pero el ruido sordo había desaparecido. Seguramente se había +quitado las botas. + +--No hay que tocar--pensé de pronto,--Marta oiría. + +Así el botón. Me estremecí. + +¿Cómo abrí la puerta? No lo sé. Me pareció que otro lo había hecho por +mí. + +Oí alzarse delante de mí su alta y vigorosa silueta. + +Un leve grito se escapó de sus labios; de un salto estuvo a mi lado. +Luego sentí mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el hálito de una +respiración ardiente. + +En el primer momento, la loca idea de que Marta se había acordado +bruscamente de su antiguo amor, le pasó quizá por el cerebro; pero un +minuto después, me había reconocido. + +--¡Por amor de Dios, criatura!--exclamó.--¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que te +trae? ¿Nadie te ha visto? Di, ¿nadie te ha visto? + +Sacudí la cabeza. «Te considera todavía muy tonta,» pensé, volviendo a +recobrar el aliento, pues sentía desaparecer de mi alma los terrores que +me había causado mi peligrosa empresa. + +Se apartó de mí para encender la luz. Yo busqué con la mano el sofá y me +dejé caer en una de sus esquinas. + +Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbró. Me volví hacia la +pared y oculté mi cara. + +Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra él, +se había apoderado de mí. Me sentía tan feliz de estar a su lado que me +olvidaba de todo lo demás. + +--Olga, mi querida, mi buena Olguita--dijo,--habla, ¿qué quieres de mí? + +Alcé los ojos hacia él. Vi su rostro tostado y serio, en el que los +sufrimientos de ese día habían labrado arrugas profundas y me quedé +sumida en una muda contemplación. + +--¿Qué quieres? ¿Me traes noticias de Marta? + +--¡Sí, eso es, Marta! + +Me levanté vivamente. ¡Basta de debilidades! Había recuperado esa fuerza +indomable que era mi orgullo. + +--Escucha, Roberto--dije,--no te marcharás mañana por la mañana. + +--¿Por qué?--dijo, apretando los dientes. + +--¡No quiero! + +--Tu voluntad es muy respetable, querida niña--respondió él con risa +mordaz,--pero no cambiará en nada mi resolución. + +--¿Entonces quieres perder a Marta para siempre? + +En ese instante me sentí otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de +protectora que, para unirlos, habría aceptado la lucha con el mundo +entero. + +¡Qué loca y cuán poco perspicaz era! + +--¿Acaso no está ya definitivamente perdida para mí?--replicó él, con la +mirada fija hacia adelante. + +--¿Qué te dijo hoy? + +--¿Para qué repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias, +tan sensatas, que no podía ser sino el lenguaje de una persona que ya +no ama. + +--¿Y lo crees realmente?--pregunté. + +--¿No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, ¡qué importa! Aun +suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cariño, ha hecho +bien en aprovechar la ocasión para deshacerse de él completamente. Más +vale así, para ella como para mí. Nada tengo que ofrecerle, ni +felicidad, ni alegría, ni siquiera la sombra de un placer, nada más que +trabajo, penas y miseria, de un extremo del año al otro. Y por sobre +todo esto, una suegra que le es hostil y le haría sentir duramente que +se había presentado con las manos vacías. + +Sentí que una oleada de sangre me subía a la cara. Me ruborizaba, no por +Marta ni por mí, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por él +al oírle hablar así de su propia madre. + +--Y ahora, confiésalo tú misma, niña--continuó,--¿no te parece que hace +bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su +nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle más que +la desgracia? + +Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el +cuarto como un animal perseguido. + +--Roberto--dije,--te engañas a ti mismo. + +Él se detuvo, y me miró de frente soltando una carcajada: + +--¿Qué quieres, por fin? ¿Debo exigir antes de marcharme que se me +confirme esa negativa por escrito? + +--Roberto--continué sin dejarme desconcertar,--con toda sinceridad, +¿amas a Marta? + +--No seas niña--respondió él.--Si no la amara, ¿estaría aquí en este +momento? + +Estaba delante de mí y abría sus brazos de gigante. Me parecía que al +cerrarse iban a aplastarme--sentí un deslumbramiento--me arrinconé más +profundamente en el sofá. + +Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde +hacía varios años: me representé cómo lo habría amado si yo hubiera sido +Marta y cómo habría querido que él me correspondiera. + +--Mira, Roberto--dije,--en resumidas cuentas, no soy más que una +tontuela; pero sé muy bien lo que es el amor, y no son sólo los poetas +los que me lo han enseñado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi +corazón. + +--¿Amas a alguien?--me preguntó. + +Yo me ruboricé y sacudí la cabeza. + +--¿Cómo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu corazón? + +--Sin duda eso me ha caído del Cielo--respondí bajando los ojos hacia el +suelo.--Pero, en todo caso, amaría de diferente manera que vosotros. No +me sumiría en el desaliento, no huiría vergonzosamente como lo haces tú, +diciendo: «¡Más vale así!» Pondría para vencerla, todo el ardor de mi +alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraería hacia +mi pecho y me la llevaría, ¡poco importa adónde! en la noche, al fondo +del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quería +darnos el abrigo de techo. Preferiría morir de hambre con ella a la +orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso +es lo que haría, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en +el lugar de Marta, me echaría a tu cuello riéndome y te diría: «Ven, +mendigaré para ti si no tienes pan, te daré mi seno para reposar tu +cabeza si no tienes cama, y bañaré tus heridas con mis lágrimas, sufriré +mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Señor, de poder hacerlo. +¿Ves, Roberto? ¡así es cómo me represento el amor y no como no sé qué +sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror +de los intereses atrasados!» + +Había hablado con pasión. Sentía fuego en mis mejillas y de repente me +avergoncé al pensar que había descubierto así delante de él el fondo de +mi corazón. Me oculté la cara entre las manos, luchando contra las +lágrimas. + +Cuando me atreví a levantar la cabeza, él estaba delante de mí, +mirándome fijamente, con ojos chispeantes. + +--Criatura--dijo,--¿de dónde te vienen esas ideas?--Me parecía oír el +cántico de los cánticos. + +Apreté los dientes y guardé silencio. ¿Sabía yo misma de dónde me +venían? + +Pero él se sentó junto a mí y me tomó las manos. + +--Olga--continuó,--lo que acabas de decir no era precisamente muy +práctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el +hondo del alma. Me parecía oír una voz de otro mundo y casi tengo +vergüenza de haber sido débil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la +cabeza, aun cuando pensara como tú, ¿de qué me serviría puesto que ya +ella no me ama? + +--¡Ella, no amarte!--exclamé. ¡Si la abandonas, Roberto, se morirá! + +--¡Olga! + +Vi que la alegría iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la +sensación de una mano extraña que me oprimía el pecho; pero no me +desconcerté, y recurriendo a todo mi orgullo, continué: + +--Roberto, sé que me despreciarás cuando sepas lo que voy a decirte; +pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes +partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza. + +Y con la respiración jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi +garganta, le conté lo que había hecho con sus cartas. + +Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tomó en sus brazos +y me atrajo hacia él. + +--Olga, ¿es verdad?--exclamó fuera de sí en su gozo.--¿Puedes jurarme +que es la verdad? + +Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que hacía pasar por todo mi +cuerpo un calofrío delicioso, me había quitado el uso de la palabra. + +--¡Que Dios te lo pague, buena e inteligente niña!--exclamó +estrechándome contra su pecho. + +Y mi respiración se cortó en una deliciosa angustia. Dejé caer mi cabeza +sobre su hombro y cerré los ojos. Entonces me estremecí al sentir que +su boca se posaba en mis labios. Me pareció que una llama me había +quemado. Y me besó otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le +habían hecho perder la razón. + +Pero yo pensaba: «¡Ojalá nunca concluya este instante!» Y los calofríos +me sacudían sin interrupción mientras mi cuerpo yacía inerte y sin +fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pasó por la cabeza este +pensamiento: «¿Puedo devolverle sus besos?» Pero no me atreví. + +¿Cuánto tiempo me tuvo así? No lo sé: de repente sentí que mi cabeza +chocaba rudamente con el borde del sofá. El dolor me hizo salir como de +las profundidades de un sueño. + +Me quedé allí sin movimiento, tratando de recobrar aliento. + +Roberto lo notó y exclamó muy asustado: + +--Estás muy pálida, niña, ¿te has hecho daño? + +Dije que sí por señas, y agregué que aquello no era nada, que pronto +pasaría. Pero bien sabía que no había de pasar, que esa impresión se +grabaría en mis sentidos y en mi corazón con letras de fuego, que la +llama de ese instante retemplaría mi corazón durante más de una larga y +fría noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo +de su amor por otra. Sabía todo eso y me parecía que me iba a ahogar +bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues había +aprendido a dominar mis nervios. + +--Roberto--dije,--voy a darte un consejo, y después dejarás que me +vaya, porque estoy algo cansada. + +--¡Habla, habla--exclamó,--haré ciegamente lo que quieras! + +Y cuando lo miré, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y +de júbilo, pues pensaba: «¡Te ha tenido en sus brazos!» + +Habría querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la +esquina del sofá y fingir todavía un poco el desvanecimiento, pero me +levanté vivamente y dije: + +--Creo que Marta no cerrará los ojos esta noche; esperará el momento en +que salgas de la casa. Querrá verte partir; como su habitación da al +jardín, vendrá a la tuya o a la que está al lado. Cuando estés al pie de +la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo, +y entonces... entonces... + +No pude decir más, pues oía resonar en mí con demasiada violencia, ya +como un sollozo, ya como un grito de alegría, estas palabras: «¡Te ha +tenido en sus brazos!» + +Tuve miedo de no poder dominar mi emoción por más tiempo y quise huir +precipitadamente, sin una palabra de despedida. + +Cuando abrí la puerta, vi delante de mí a Marta. + +Allí estaba ella, descalza, a medio vestir, pálida como una muerta y +temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las +fuerzas. + +Y en el mismo instante oí detrás de mí un grito de gozo; vi que Roberto +se lanzaba, pasaba a mi lado y recibía en sus brazos a la desdichada +que se tambaleaba. + +--¡A Dios gracias, ahora eres mía! + +Estas fueron las últimas palabras que oí; huí a mi cuarto como si las +furias me hubieran perseguido, me encerré y derramé lágrimas, lágrimas +amargas. + + + + +XI + + +Salvaré rápidamente los años que siguieron con sus desgracias +fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la +madurez y me hicieron mujer. + +Ocho meses después de aquella noche, trajeron a papá a la casa en un +adral; se había caído del caballo y sufría de graves lesiones internas. + +A los tres días murió. En medio de las calamidades que cayeron entonces +sobre la casa, fui la única que conservó toda su sangre fría. Marta, +aniquilada, se abismó en su dolor y mamá--¡la pobre y querida +mamá!--había permanecido durante tantos años sentada cómodamente y en +paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas, +que no quería ni podía concebir que aquella existencia cambiara. No dijo +una palabra, apenas derramó una lágrima, pero el mal que la roía +interiormente, hizo rápidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de +la fiebre tifoidea que la acometió cuatro semanas más tarde, el pesar se +la habría llevado seguramente. + +Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, huérfanas, +abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en +que se nos expulsaría. Por mi parte sabía el camino que tenía que +seguir, sabía que el porvenir no me ofrecía otra perspectiva que la de +ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discutía +con mi destino: tenía suficiente energía, suficiente orgullo para vivir +sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que +nunca, podía vivir sin consuelo ni afecto. + +El día de su casamiento parecía todavía muy lejano. Roberto no podía +hacerla esperar mucho más sin exponerse a verla extinguirse un día +agotada por la pena, como una lámpara que ya no tiene aceite. + +No me equivocaba en mis cálculos. Él no había podido asistir a los +entierros, sin embargo, cada vez había mandado una palabra de consuelo a +Marta para ayudarla a pasar las horas más penosas. De vez en cuando +caían de sus cartas algunas migajas para mí, de las cuales me apoderaba +con avidez, como quien se siente morir de hambre. + +Un día, él mismo se presentó. + +--¡Esta vez vengo a buscarte!--le gritó a Marta. + +Ella se dejó caer sobre el pecho de Roberto y lloró. ¡Cuán feliz era! +Pero yo me retiré al emparrado más sombreado del jardín y, abandonándome +a mis reflexiones, me pregunté si mi corazón no tendría también algún +día un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como +en las horas de angustia. Bien sentía que esos eran vanos sueños, pues +el único lugar en el mundo... en fin, sentí nacer en mí un orgullo y una +amargura tales, que todo mi ser se llenó de hiel, y me desprendí con +sombría aspereza de los brazos de los míos para encerrarme sola en mi +dolor. + +Querían llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que +les quedaba todavía: me crearía un interior en la casa de mi cuñado; +pero rechacé su ofrecimiento con fiera obstinación. + +Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta, +que se desesperaba al pensar que no me tocaría la menor partícula de su +dicha, venía a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi +hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinación, le dirigía mil +palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando +había visto brillar por entre sus lágrimas una sonrisa de esperanza. + +Durante ocho días, Roberto trabajó sin descanso en poner orden en +nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos quedó sino muy poca +cosa; pero tampoco necesitábamos nada. + +En seguida, se realizó sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo +mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de +bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas +recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer +bajo débiles tallos de yedra. + +Durante las últimas semanas, había buscado en secreto una situación que +me conviniera. Se me habían hecho diversos ofrecimientos; no tenía más +que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de +inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: «¿Qué vas a hacer ahora, +Olguita?» le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el +porvenir. Sobrecogido de admiración juntó las manos y exclamó: + +--¡Verdaderamente, te envidio! ¡Harás camino, tú! + +Y la misma Marta me envidiaba, bien lo veía en los ojos tristes que +fijaba en él y en mí; habría deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda +la fuerza, toda la energía que me daba la juventud. La besé, traté de +alentarla, y en la mirada suplicante que dirigió a su marido, leí este +pensamiento: «Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa.» + +Al día siguiente por la mañana nos separamos; la joven pareja se dirigió +a su nuevo domicilio y yo partí para el extranjero. + + + + +XII + + +No hablaré de los tres años que pasé en tierras extrañas. Todas las +vejaciones, todas las humillaciones que sufrí durante ese tiempo, se han +grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido +completamente mi corazón y me han inspirado la indiferencia y la +desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a +despreciar su odio y más aun su amor; he aprendido a sonreír, cuando el +dolor me desgarraba el corazón con sus garras de acero; he aprendido a +llevar la frente alta, cuando habría querido, de vergüenza, ocultarla en +el polvo. + +Los largos días vacíos, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre +los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches +sin sueño, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y +dan náuseas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo +eso he conocido. + +En verdad, era duro el pan que comí en el extranjero, ¡y cuántas veces +lo mojé con mis lágrimas! + +El único consuelo, la única alegría que me quedaban, eran las cartas de +Marta. Me escribía con frecuencia, en ciertas épocas hasta todos los +días, y las más de las veces encontraba en ellas un post-scríptum de la +letra desigual y atormentada de Roberto. ¡Oh, cómo me echaba sobre +ellos, cómo devoraba su menor palabra! + +Gracias a esas cartas, vivía con ellos, por decirlo así. + +Su vida no era alegre--Dios sabe que no--pero en fin ¡era la vida! A +menudo la desgracia caía sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda +su fuerza, Marta en su debilidad, parecían dos niños sin apoyo, +abandonados, y yo tenía que intervenir para ayudarlos con mis consejos y +darles valor. + +Al fin estuve a tal punto familiarizada con su círculo, que habría +podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados, +de sus amigos, de sus conocidos. Sentía por la tía Hellinger el odio más +vehemente, por el viejo médico el afecto más profundo; en cuanto a la +multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y +pérfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la +ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio más glacial. + +--¡Oh! ¡Si yo estuviera en su lugar--me decía con frecuencia rechinando +los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que tenía +que sufrir en sus relaciones,--cómo les mostraría la puerta a esos +_lonjistas_ fríos y altaneros; cómo los haría arrastrarse a mis pies, en +el polvo, domados con el látigo de mis sarcasmos y de mi desdén! + +Pero también tomaba parte en sus pequeños goces. La veía reinar como ama +en la granja, veía en su derredor a la pequeña tropa de servidores a +quienes animaba la mejor voluntad, y habría querido mostrarme más +bondadosa, más caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una +alma de ángel bajo una apariencia humana. + +La veía sentada al sol en el balcón, inclinada sobre su costura; la veía +gozar del descanso de mediodía bajo los frondosos tilos del jardín; la +veía, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella +la cafetera cantaba su dulce canción; la veía, esperando que él entrase, +seguir con mirada soñadora los copos de nieve que revoloteaban en el +aire. + +Vivía así con ellos, mientras mis días se sucedían vacíos y sin gozo, +como los anillos de una cadena sin fin. + +En el curso del tercer año, Marta me confió que el deseo más ardiente de +Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella había +rezado en el silencio de la noche, había sido oída: se sentía madre. +Pero al mismo tiempo crecía en ella el temor de que su frágil y débil +cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo compartía +su esperanza y sus temores; quizá estaba aún más inquieta que ella, pues +la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que +creaba mi imaginación. + +Más de una vez por la noche me desperté con la cara bañada en lágrimas, +pues la había visto ya muerta en sueños. Un recuerdo de los primeros +años de mi juventud me volvía a la memoria: la había encontrado un día +tendida en el sofá, rígida, pálida, semejante a un cadáver, y no podía +apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras más se acercaba el +momento crítico, más me consumía la inquietud. Mi salud comenzaba a +resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extrañas +entre las cuales vivía--no pronunciaré su nombre, no merece figurar en +estas páginas--no existieron ya para mí sino como fantasmas. + +Las últimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban júbilo y +esperanza. Sus temores parecían haberse disipado, nadaba ya en las +delicias que le prometía la maternidad. + +Después siguieron tres días en que estuve sin noticias, tres días de +tortura y de fiebre; al fin llegó el telegrama de mi cuñado: + +«Marta dio luz varón con felicidad. Te reclama, ven pronto.» + +Con el telegrama en la mano corrí en busca de mi patrona y le pedí +permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo negó. +Inmediatamente, encolerizada, le arrojé mi dimisión a la cabeza y exigí +en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable +en ese momento, debía por lo menos rendir cuentas y entregar, según las +reglas, la dirección de la casa a la persona que me reemplazaría; en +resumen, me retuvieron dos días enteros bajo los pretextos más fútiles; +se habría dicho que querían hacer sentir una vez más a la sirvienta que +se había mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situación. + +En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado +embotamiento, en el ruido ensordecedor del vagón; una mañana pasada +tiritando entre baúles y cajas de sombreros, en una sala de espera +desierta, cuyo olor a cerveza me daba náuseas. Después seis horas más, +oprimida entre un comerciante viajero y un judío polaco, en los +calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos, +en los fuegos de una tarde de otoño, las torres de la pequeña población +en que los seres que me eran más caros, los únicos a quienes quería en +este mundo, habían edificado su nido. + + + + +XIII + + +Poco faltaba para la puesta de sol cuando bajé de la diligencia; entre +las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en pequeñas trombas. + +Mi corazón latía con violencia. Miré en torno mío. Creía ver adelantarse +a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no había allí más +que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos, +extrañados de esa aparición desconocida. Pregunté el camino al conductor +y, contando para lo demás con las descripciones de Marta, me puse sola +en marcha. + +En las puertas bajas de las tiendas había grupos de personas que +conversaban. Por delante de mí, algunos paseantes avanzaban +tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron +de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la +espalda, oí detrás de mí cuchicheos y risas ahogadas. Me invadió un +calofrío al observar esa curiosidad malevolente de aldea. + +Me sentí aliviada cuando vi alzarse frente a mí las torres de la +puerta. Conocía muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la +_puerta del infierno_, porque tenía que pasar por ella cuando iba a la +ciudad, llamada por su suegra. + +Al penetrar bajo la obscura bóveda, vi de improviso el «castillo,» en +medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco +negro. + +Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la +casa, que los rayos del sol poniente bañaban con un matiz purpúreo, +surgían de entre un grupo de árboles de onduloso follaje. Los techos +cubiertos de zinc relumbraban; se habría dicho que de ellos caía una +cascada de agua hirviente. Las ventanas parecían lanzar llamaradas, y +por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un +palio formado por un torbellino de humo negro. + +Me oprimí el corazón con las manos; creí que sus latidos iban a romperme +el pecho, tan violenta era la impresión que experimentaba ante ese +espectáculo. Durante un segundo tuve el sentimiento extraño de que debía +retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me +sintiera protegida por la distancia. + +Toda mi inquietud acerca de Marta desaparecía ante esa angustia +misteriosa que me oprimía la garganta hasta ahogarme. Me traté de +cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entré en el +camino, donde el paso de los coches había dejado pequeños charcos, ya +medio secos, que lucían como espejos. El viento que pasaba por las cimas +de los álamos, hacía oír un sordo murmurio que me acompañó hasta la +puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el último +rayo de sol desapareció detrás de las paredes de la casa y la sombra de +los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me +envolvió tan bruscamente, que creí que había llegado la noche. + +Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, salían +a derecha e izquierda de una confusión de escaramujos y de espinos: eran +los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se había +instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte +y de putrefacción. + +Dirigí una mirada medrosa al vasto patio que el crepúsculo comenzaba a +envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremecía, me figuraba +oír que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio +estaba desierto, era la hora del descanso y en él reinaba un silencio +profundo. Sólo oía, por el lado de las caballerizas, el crujido +particular que se hace al aguzar una guadaña. Un olor de heno recién +cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es +peculiar. + +Tímida y miedosa, como una intrusa, me deslicé lentamente a lo largo de +la empalizada del jardín hasta la casa, que con sus montantes de +granito, sus torrecillas y sus piñones que el tiempo había cubierto de +un matiz gris, parecía lanzar sobre mí una mirada sombría y +amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso había caído y dejaba +aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habría creído que el +tiempo, como una larga enfermedad, había cubierto de llagas ese cuerpo +respetable. + +La puerta de entrada estaba abierta. + +Penetré en un gran vestíbulo obscuro, del que se desprendía un olor de +cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de +telarañas, que, abiertas muy junto al cielo raso, parecían nidos +luminosos, entraba a la sala un débil resplandor, apenas suficiente para +permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que +se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz más clara caía +sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras +de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conducían a diferentes +habitaciones, pero no me atreví a acercarme a ninguna de ellas: se me +figuraban las puertas de una prisión. Allí estaba todavía, con el +corazón oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se +abrió bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se +precipitaron hacia mí. + +Lancé un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y +volvieron a salir lanzando furiosos aullidos. + +--¿Quién está ahí?--gritó una voz, cuyo timbre grave y poderoso había +creído oír a menudo, en mis desvelos como en mis sueños. + +Una sombra apareció en el umbral: era él. + +Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareció que mis pies +habían echado raíces en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoyé en +el pilar de la escalera. + +--¿Quién está ahí? ¡Qué diablos!--gritó otra vez, tratando en vano de +ver en la obscuridad. + +Toda mi arrogancia me volvió. Estaba tranquila y altiva cuando me había +despedido de él algunos años antes, quería ser la misma para +presentármele entonces. ¿Acaso necesitaba saber todo lo que yo había +sufrido en el intervalo? + +--Olga... en verdad... Olga, eres tú. + +El júbilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una +sensación de calor y de bienestar. Creí por un instante que iba a +echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi corazón, +pero guardé mi reserva: + +--¿No me esperabais?--pregunté, tendiéndole maquinalmente la mano. + +--Pues sí, naturalmente, desde hace dos días te esperábamos por +momentos; es decir que comenzábamos a creer... + +Había encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su +actitud había una mezcla particular de cordialidad y de embarazo: +parecía que trataba en vano de encontrar en mí a su antigua amiga, su +antigua confidente. + +--¿Cómo está Marta?--pregunté. + +--Ya lo verás--respondió él;--yo en esto nada entiendo. ¡Me parece tan +débil, tan frágil! Me digo que será un milagro si se salva. Pero el +médico pretende que va bien, y lo que es él debe saberlo. + +--¿Y el niño?--pregunté en seguida. + +Rió con una ligera risa interior que llegó hasta mí en el crepúsculo. + +--¡El niño, hum, el niño!... + +Y en vez de concluir la frase, dio un puntapié a los molosos que de un +brinco abandonaron la casa. + +--Ven--dijo en seguida,--voy a llevarte. + +Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos. + +«¡Ahora eres una extraña para él!»--me dije. + +Y me sentí sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una +felicidad acariciada desde mucho tiempo. + +--Espera un momento--dijo él indicando con el dedo una de las puertas +más próximas,--voy a decirle una palabra para prepararla; de lo +contrario, podría hacerle daño la alegría. + +Un instante después, me encontré sola en un largo corredor obscuro, de +bóveda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombrío +los últimos resplandores del día moribundo que arrojaba sobre las +pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la +voz de un niño, herían mi oído cuando el viento se colaba bajo la +bóveda. + +Un leve grito de gozo llegó hasta mí, a través de la puerta, y me hizo +estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadió mi corazón; creí que +iba a ahogarme. En seguida la puerta se abrió y la mano de Roberto me +asió en la obscuridad: me dejé llevar sin tener conciencia de lo que +hacía, y no salí de mi estupor sino en el momento en que caí de +rodillas, sollozando, junto a la cama, y oculté la cara en las +almohadas, mientras una mano húmeda y caliente me acariciaba la cabeza. + +Una sensación que ya no conocía desde hacía años, una dulce sensación de +calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y +embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se +disipara. + +La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendición del Cielo. Un +agradecimiento infinito inundó mi corazón: me apoderé de esa mano que +temblaba en la mía, y posé en ella larga y tiernamente mis labios. + +¿Qué haces, hermanita, qué haces?--dijo Marta con su voz cansada, +ligeramente velada. + +Me levanté. La vi delante de mí, pálida, con las mejillas huecas, y los +ojos, donde brillaban lágrimas, profundamente hundidos en las órbitas. +Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas +surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan +transparente que parecía que una luz lo iluminara interiormente, estaba +cubierta de gotas de sudor. + +Había envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la había visto, y +las crisis por las cuales acababa de pasar, no parecían ser las únicas +en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero había conservado +su sonrisa consoladora y bienhechora que servía de alivio a todos, aun +cuando ella misma estuviera en el más completo abandono. + +--Y ahora no te volverás a ir--dijo ella, alzando los ojos hacia mí, +como si no pudiera saciarse de mirarme.--Te quedarás con nosotros, para +siempre; ¡prométemelo, prométemelo inmediatamente! + +Guardé silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del +cielo: era para mí un sufrimiento, una tortura. + +--¡Insiste tú también, Roberto!--repuso ella. + +Me estremecí. Lo había olvidado totalmente y ahora su presencia hacía en +mí el efecto de un reproche. + +--Dame tiempo para reflexionar, espera hasta mañana--dije enderezándome. + +Sentía en mí el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no +sería de larga duración: habría sido demasiada dicha para mí, pobre +infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena. + +Leí en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad. + +--Entonces hasta mañana--dijo en voz baja apretándome los dedos,--y +mañana verás la falta que nos haces, comprenderás que sería necesario +que fuéramos locos, para dejarte partir nuevamente. ¿No es verdad, +Roberto? + +--¡Seguro, con toda seguridad!--dijo él soltando una carcajada que me +pareció singularmente forzada. + +Era evidente que se sentía mortificado en presencia de nosotras dos. +Así, pues, no tardó en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una +palabra. + +--Enséñale nuestro hijo--murmuró Marta, al mismo tiempo que una sonrisa +de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido. + +--Ven--dijo Roberto;--el niño duerme en la habitación contigua. + +Me precedió, y escurrió con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la +puerta entreabierta. + +La cuna se alzaba allí en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines +aparecía una cabecita roja, apenas más grande que una manzana. Sus +párpados arrugados estaban cerrados y tenía en la boca uno de sus +puñitos, con los dedos crispados como por una convulsión. + +Mis miradas se apartaron del niño y a hurtadillas se fijaron en el +padre. Este había juntado las manos y contemplaba con piadosa atención a +esa pequeña criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto +el embarazo como el júbilo, vagaba por sus labios. + +Sólo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de +la tarde caía directamente sobre su rostro y hacía resaltar claramente +los pliegues y las arrugas que se habían grabado en él durante esos tres +últimos años. Penas sombrías parecían asediar su frente; sus ojos habían +perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento +nervioso en que creí leer a la vez una melancólica sumisión y una +impotente rebeldía. + +Me sentí presa de una compasión infinita; tenía ganas de tomarle las +manos y decirle: + +--Tén confianza en mí, soy fuerte; déjame participar de tu dolor. + +Cuando alzó los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me +puse rápidamente de rodillas delante de la cuna y apoyé mis labios en el +tierno rostro del niño que se estremeció a mi contacto, como si hubiera +experimentado un dolor. + +Cuando me levanté, vi que Roberto había salido del cuarto. + +Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud: +quería saber que yo admiraba a su hijo. + +--¿No es verdad que es lindo?--balbució, alzando hacia mí sus débiles +brazos. + +Y cuando su corazón de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar +a su lado en las almohadas, apoyó su cabeza en mí y concluyó casi por +ponerla sobre mis rodillas. + +--¡Oh! ¡Qué frescura!--murmuró. + +En seguida cerró los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si +durmiera. + +Enjugué con mi pañuelo el sudor que cubría su frente. + +Ella me agradeció por señas y dijo:--Estoy todavía un poco débil, me +parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que mañana podré +levantarme y atender a la casa. + +--¡Gran Dios, qué ideas tienes!--exclamé espantada. + +Ella suspiró. + +--Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar. + +--¿Por qué no tienes derecho de reposar? + +Marta no contestó, poro de repente se puso a llorar amargamente. + +La calmé, besé sus mejillas y sus ojos preñados de lágrimas, y le +supliqué que me abriera su corazón. + +--¿No eres feliz? ¿Roberto no es bueno contigo? + +--Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy +desdichada, hermanita, más desdichada de lo que puedo decirte. + +--¿Y por qué, Dios mío? + +--¡Tengo miedo! + +--¿De qué? + +--De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le convenía. + +Sentí, de improviso, que un frío glacial me invadía, como si, emanado de +su cuerpo, se trasladara al mío. + +--¿Ves? ¡Tú misma sientes que tengo razón!--murmuró, alzando hacia mí +sus grandes ojos inquietos. + +--Estás loca--dije, esforzándome por reír. + +Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofrío. Un vago +sentimiento me decía que Marta podía muy bien no equivocarse. Pero por +el momento se trataba de consolarla. + +--¿Cómo puedes ser tan tonta para atormentarte así tú misma? ¿Acaso su +actitud no te dice noche y día que estás en un error? + +--Sé lo que sé--replicó ella, suavemente, con esa resignación altiva que +es el arma de los débiles.--Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor +tiene muchos años: estaba ya en mi corazón aun antes de que fuéramos +novios, y yo sabía bien lo que hacía cuando me negaba entonces a ser su +mujer; ¡era el amor, sólo el amor lo que me guiaba! + +--¡Marta! ¡Marta!--exclamé en tono de reproche.--Me parece que me has +ocultado muchas cosas. + +--Todo te lo dije en aquella época--respondió ella;--pero tú no querías +creerme, querías por fuerza hacer mi felicidad; y más tarde, ¿por qué +habría hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que +se les ha querido dar; habrías concluido por ver en mis palabras un +reproche a Roberto, quizá hasta a ti misma, y yo no podía dar lugar a +semejante equivocación. Mi desgracia data del día en que llegamos aquí. +Cuando lo vi reñir con su madre, oí que una voz me gritaba: «¡Tuya es la +culpa!» Cuando de día en día lo vi ponerse más sombrío y más triste, me +repetía nuevamente en el fondo del corazón: «¡Tuya es la culpa!» Durante +la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este +pensamiento: + +«¿Por qué estás tan triste y tan melancólica, por qué no sabes sino +arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves +sufrir?» + +«¿Por qué no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que +vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso +las arrugas de su frente? Aún más, ¿por qué te faltan el orgullo y la +fuerza? ¿Por qué no puedes decirle: «Refúgiate a mi lado; si tu corazón +tiembla, en mí encontrarás nuevas fuerzas, velaré sobre ti y sostendré +tus pasos.» He ahí lo que habrías hecho tú, hermana; no, no me +contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habrías +tenido tú, con tu alta estatura; le habrías abierto los brazos para que +pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no +se atreven a penetrar... pero, mírame--y al decir esto dirigía una +mirada de lástima a su cuerpo delicado y débil, cuyos flacos contornos +se delineaban bajo la cobija.--¿Ese lenguaje no sería ridículo en mi +boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan pequeña, tan +frágil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es +cosa mía... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en +las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez más de mí. Por +la mañana me esforzaba en reír, quería fingir la indiferencia y la +alegría de un pájaro, creyendo que ese era el papel que mejor me +convendría y más le agradaría; pero los cantos y la risa se ahogaban en +mi garganta, y él lo notaba muy bien, pues sonreía con expresión +compasiva, y yo sentía redoblar mi vergüenza. + +Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocultó el rostro en mis faldas; luego +continuó: + +--Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, traté por lo +menos de indemnizarlo de otra manera. Tú sabes que nunca en mi vida he +tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jamás había tenido sobre mí +una labor tan penosa como durante estos tres años. Y, cuando ya no +podía más, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, seguía +adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: «Haz ver que eres +por lo menos útil para algo, arréglate de modo que nunca sepa cuán poca +cosa posee en realidad en tu persona...» Pero, ¿de qué sirve todo eso? +Todos mis esfuerzos son enteramente inútiles. Tan pronto como vuelvo las +espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un día mi trabajo +le parezca insuficiente. + +Así se quejaba la desdichada, y yo misma tenía el corazón despedazado al +ver tanto dolor. + +--Escucha, tengo que hacerte una súplica--dijo ella finalmente, +tomándome ambas manos:--sondea a Roberto, procura saber si está contento +de mí, y después me lo dirás. + +La atraje hacia mí, le prodigué mil palabras cariñosas, y traté de +alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su espíritu. Ella +bebía con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba +pendiente de mis labios y de vez en cuando un débil suspiro se escapaba +de su pecho. + +--¡Oh! ¿Por qué no has estado siempre a mi lado?--exclamó, acariciándome +las manos. + +En ese momento, un nuevo pensamiento pareció desalentarla otra vez. +Insistí para que hablara, pero no quería decidirse a hacerlo; al fin +dijo, balbuciendo y tartamudeando: + +--¡Tú harás todo mil veces mejor que yo; le enseñarás lo que habría +podido tener y lo que tiene; verá qué pobre criatura soy a tu lado! + +Un espanto se apoderó de mí; luego comprendí. + +Había soñado en poseer un hogar, pero ese sueño se desvanecía. ¿Cómo +podía permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consumía de +dolor y de celos por causa mía? + +Marta sintió que me había hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta +mi cuello, me dijo: + +--Compréndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco +celosa, que mi deseo más ardiente es que os entendáis ambos después de +mi muerte, y que... + +--¡Después de tu muerte!--exclamé espantada.--¡Marta, no digas eso! ¡Es +un crimen! + +Ella se sonrió, triste y resignada. + +--Lo sé mejor que tú--dijo.--Mis fuerzas se han agotado desde hace +tiempo. Ya antes, esa larga espera me había aniquilado. Por eso deseaba +verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluiría; +antes de partir quería arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como +fuere, tarde o temprano tendré que pasar por eso, y quiero antes estar +segura de que dejo a ambos, al niño y a él, en buenas manos. + +Me estremecí y en seguida sentí que una gran laxitud me invadía. Me +pareció que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta +rendir el alma. + +En ese momento se oyeron en la habitación contigua los gritos del +pequeñuelo que se había despertado y reclamaba a su nodriza. Respiré +largamente y reflexioné acerca de mí misma y de los deberes que me +incumbían. + +--¿Oyes, Marta?--grité.--Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la +dicha más grande que puede pretender una mujer. Renacerás por tu hijo; +tu vida sacará de su juventud un nuevo vigor. + +Un relámpago pasó por sus ojos; luego se dejó caer suavemente y cerró +los párpados, sonriéndose. Sólo el sentimiento de la maternidad podía +dar alas a su esperanza. + +Abrió la boca una vez más y murmuró algunas sílabas. Me incliné hacia +ella y pregunté: + +--¿Qué tienes, hermana querida? + +--Desearía ser útil para algo en este mundo--dijo, con un suspiro. + +Y con este pensamiento, se durmió. + + + + +XIV + + +Había cerrado ya la noche cuando Roberto penetró sigilosamente en la +habitación. Yo me sobresalté: sentí de repente que me iba a ver reducida +a esconderme, a huir de él hasta el fin del mundo: «¡Es necesario que no +te encuentre, no te encontrará!»--me gritaba una voz interior.--Mis +mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor +traicionara mi emoción a pesar de la obscuridad. + +Se acercó a la cama, escuchó un instante la respiración apacible de +Marta y en seguida me dijo en voz baja: + +--Ven, Olga. Estás cansada; tomarás algo y después irás a descansar. + +Quise protestar, pues temía mucho encontrarme sola con él, pero, para no +despertar a mi hermana que dormía, lo seguí sin decir una palabra. + +El comedor era una vasta habitación, blanqueada, con muebles antiguos +que parecían estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a +negros gigantes agazapados. Bajo la araña había una mesa redonda con dos +cubiertos. + +--He hecho comer antes al personal de la granja--dijo Roberto, +volviéndose hacia mí,--pues no he querido darte el disgusto de ver caras +extrañas. + +Y, al decir esto, se dejó caer pesadamente en una silla, apoyó la barba +en su mano y fijó la mirada en el salero. + +--¡Pero tú no comes!--dijo al cabo de un instante. + +Sacudí la cabeza: no habría sido capaz de comer un bocado, aun cuando el +hambre me desgarrara las entrañas. Su presencia me paralizaba por +completo. + +Siguió un nuevo silencio. + +--¿Cómo la encuentras tú?--preguntó él al fin. + +--No sé--dije, violentándome para hablar,--si debo sentir alegría o +inquietud. + +--¿Por qué inquietud?--preguntó bruscamente. + +Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia. + +--Marta se atormenta a sí misma. + +Me dirigió de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que decía: +«¿Tú también lo sabes ya?» Luego levantó el puño desperezándose y exhaló +un suspiro. Su cabellera enmarañada le caía sobre la frente y en las +extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se +acentuaban aún más. + +Tuve miedo, miedo de mí misma. ¿Lo que acababa de decir no parecía una +acusación a Marta, no lo invitaba a acusarla? + +--Te ama demasiado--repuse, apretando los dientes. + +Sabía que iba a hacerle mal y era lo que quería. + +Él se sobresaltó y me miró un instante, con una extrañeza sincera, +inclinó repetidas veces la cabeza y dijo: + +--Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado. + +Yo habría querido en seguida pedirle perdón. Verdaderamente no merecía +esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de +sol: sólo en mi corazón reinaban las tinieblas. + +Creí que las lágrimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme. + +Vi que no podría contenerme por más tiempo, y me levanté bruscamente. + +--Buenas noches, Roberto--dije, sin tenderle la mano.--Estoy extenuada, +necesito acostarme; deja, un criado me indicará el camino. ¡Deja, te +digo! + +Grité esas últimas palabras como impulsada por el enojo: él se detuvo, +cortado. + + + + +XV + + +En la penumbra del corredor, el aire fresco me calmó muy pronto. Di +algunos paseos y después fui en busca de una criada para que me indicara +mi habitación. + +--La señora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que +lo toquen; hay también una carta para la señorita. + +Cuando me quedé sola, pasé revista a la habitación. ¡Querida y excelente +hermana! Había pensado en mis menores deseos, se había acordado +fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi +aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar. +Nada faltaba allí, de lo que mi corazón más apreciaba antes. Sobre la +cama caían cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que habían +abrigado mis primeros sueños de niña; en el borde de la ventana había +geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes +algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros +tiempos al despertarme, y en los estantes encontré los libros en que +había aprendido las primeras nociones del amor. + +El drama de _Ifigenia_, que, en aquellos días claros y sin nubes, había +sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. ¡Oh, bondad del +Cielo! ¡Cuánto tiempo hacía que lo había leído, cuánto tiempo hacía que +lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la +santa sacerdotisa hacía sufrir a mi alma! + +Entre las páginas del libro encontré la carta de que me había hablado la +criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a +encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre, +leí: + +* * * + +«¡Hermana muy querida! + +»Cuando entres en este cuarto no podré desearte la bienvenida: estaré +enferma y quizá hasta mis labios se habrán cerrado para siempre. Todo lo +encontrarás como tenías la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba +preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el +dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en +paz y duérmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfuérzate en +amar a Roberto, como él mismo te amará. Entonces todo irá bien todavía, +ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a Él. Tu hermana, +_Marta_.» + +* * * + +Nada nuevo había en lo que allí me decía y, sin embargo, me sentí tan +violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su +cariño, que no tuve en el primer momento más que un pensamiento: ir a +arrojarme al pie de su cama, y confesarle cuán indigna era aquella a +quien ofrecía el asilo de su corazón y de su techo. + +Ciertamente, ya no me cabía ninguna duda. Esa fatal pasión, que yo creía +haber arrancado de mi alma con todas sus raíces, se había cubierto de +una nueva y frondosa vegetación; las heridas cicatrizadas desde hacía +tiempo se habían vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me parecía +sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes. + +Ya era inútil ocultar o disimular. Se habían acabado, desde hacía largo +tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos +nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente +de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un +conocimiento madurado por los años, la actitud fría y rígida que impone +una conducta severa. + +Sí, lo amaba, lo amaba con una pasión tan ardiente, tan dolorosa como +sólo el corazón retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede +amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer. + +Había crecido con ese amor, me había aferrado a él en la pasión secreta +de mi corazón; mi ser había encontrado en él su vigor: era mi fuerza y +mi debilidad, era mi vida y mi muerte. + +¿Lo merecía Roberto? ¿Me comprendía? ¡Qué importaba! Nunca lo +comprendería después de todo. Y luego, no era él sino yo la que tenía +que conquistar un derecho a su amor. A esa hora sabía que jamás podría +desterrar de mi pecho esa pasión. Se trataba de someterse a ella como +uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera +criminal: debía reinar pura en el fondo de mi corazón puro. + +Y, en verdad, no me habían llamado a esa casa para labrar su desgracia. + +Una gran misión, una misión sagrada me esperaba. Marta vería en breve +que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprendería +conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvación de su marido +muy amado, el amor que la consumía en vano. Su valor, a mi lado, iba a +rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. ¡Cómo me prometía +sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; cómo me +violentaría para reír cuando la melancolía la envolviera con su velo +sombrío! Sabría, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes, +devolver a las frentes su serenidad, y haría de modo que siempre +brillara entre esas paredes un último rayo de sol. + +Mi vida transcurriría sin deseo, feliz tan sólo de la dicha de los míos, +en una abnegación discreta y resignada. + +Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo +también iba a desempeñar el papel augusto y sublime de la sacerdotisa. + +Este piadoso pensamiento hizo caer la agitación de mi alma, y con él me +dormí. + + + + +XVI + + +Cuando me desperté esa primera mañana, me sentí satisfecha, casi feliz. +En mí reinaba una paz casi religiosa que no conocía ya, desde hacía un +número infinito de años. Sabía que en lo sucesivo no tenía por qué temer +el encontrarme con él. + +Marta dormía todavía. Cuando miré a la habitación por la abertura de la +puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia +atrás, y oí una respiración corta y oprimida. + +Tranquilizada, me alejé para entrar inmediatamente en mis funciones de +ama de casa. + +--Ya no necesitará extenuarse en el trabajo--pensé, penetrada de una +secreta alegría. + +Hice, para tomar oficialmente la dirección de la casa, una inspección +que duró casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta +docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no +habría tardado en imponérselo. + +A la hora del almuerzo me encontré con Roberto. Sentí al entrar al +comedor una leve palpitación del corazón, la que desapareció tan pronto +como me acordé de mi juramento de la víspera. Me le acerqué, serena, +mirándolo de frente, y le extendí la mano. + +--¿Marta duerme todavía?--pregunté. + +Él sacudió la cabeza. + +--He mandado buscar al médico--dijo.--Ha pasado una mala noche... la +emoción de tu llegada parece haberle hecho daño. + +Sentí un poco de temor; pero mi gran resolución me había llenado de tal +alegría, que no había ya lugar en mí para una inquietud. + +--¿Quieres servirte tú mismo? Mientras tanto iré a verla. + +Cuando entré en la habitación, la encontré en la misma posición en que +la había dejado por la mañana, y, acercándome a la cama, vi que tenía +los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo. + +Tuve miedo y la llamé por su nombre; entonces una ligera sonrisa pasó +por su rostro; se volvió penosamente y me miró de frente. + +--¿No te sientes bien, Marta? + +Sacudió la cabeza con expresión dolorida y cerró un poco la mano. Eso +quería decir: Ven, siéntate a mi lado. + +Tomé su cabeza entre mis brazos y de repente un calofrío sacudió su +cuerpo; oí que sus dientes castañeteaban. + +--Dame una frazada gruesa--murmuró,--tengo mucho frío. + +Hice lo que me había pedido y me senté de nuevo a su lado. Ella se +apoderó de mis manos y las estrechó como si hubiera querido calentarse +con su contacto. + +--¿Has dormido bien?--preguntó con esa misma voz de ronco falsete que no +le conocía.--Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sentí nacer en +mí un vivo sentimiento de vergüenza. ¿Qué era mi gran proyecto de +renunciamiento comparado con esa especie de abnegación, de olvido de sí +misma, que se manifestaba en las más pequeñas como en las más grandes +circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? ¡Y yo, egoísta +y orgullosa, me envanecía todavía de esa sublime resolución de mi +corazón! + +--¿Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?--continuó ella, al mismo +tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un débil fulgor de +malicia. + +A guisa de respuesta posé humildemente en sus labios un beso de +agradecimiento. + +--¡Sí, bésame, bésame otra vez!--dijo ella.--Tu boca es tan bella, tan +ardiente: da calor al cuerpo y al alma. + +Y un nuevo calofrío la sacudió. + +Un instante después entró Roberto. + +--Prepárate, querida--dijo acariciando la mejilla de Marta;--el médico, +nuestro tío, ha llegado. + +En seguida me hizo una seña y salí detrás de él. Junto a la cuna del +recién nacido encontré a un hombre ya viejo, cuya barba gris no había +sido afeitada por varios días, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e +inteligentes que me miraban sonriendo detrás de los brillantes vidrios +de sus antiparras. + +--Entonces, ¿es ella?--dijo extendiéndome la mano. + +Una oleada de sangre me subió al corazón; a la primera ojeada comprendí +que tenía delante de mí a un amigo, a quien podría confiarme sin +reserva. + +--¡Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!--continuó +él.--De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Llévame a su lado, +Roberto; sin duda la cosa no es tan grave. + +Me quedé sola con la nodriza y el niño, que se agitaba y lanzaba a +derecha e izquierda sus puñitos. + +--Adquiriré también el derecho de contribuir a tu felicidad--pensé +mientras acariciaba su pequeño cráneo redondo y luciente, sobre el cual +temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como +la seda. La víspera, había apenas dirigido una mirada a esa criaturita; +ese día, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura +infinita. + +--Desde ayer te has vuelto más pura y mejor--me dije mentalmente. + +La visita fue larga, de una duración inquietante. Al fin, la puerta de +la habitación contigua se abrió; el médico salió solo. Parecía irritado, +furioso; sus mandíbulas se agitaban como si hubieran querido triturar +algo. + +--He alejado a Roberto--dijo.--Necesito hablar a solas con usted. + +Entonces me tomó la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera +humeaba todavía. + +--Tengo por usted un respeto muy grande, señorita--comenzó enjugando las +gotas de sudor de su frente.--Por todo lo que he oído decir, es usted +una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado. + +--Basta de preámbulos, se lo ruego, doctor--dije, sintiéndome palidecer. + +--¡Bueno! A mí tampoco me gustan los preámbulos. Su hermana... + +Y al decir esto, sin embargo, se detuvo. + +--¡Mi hermana... está en... peligro de muerte, doctor! + +Había querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me así +del borde de la mesa para no caer. + +--¡Vamos! ¡valor, valor!--murmuró él poniéndome la mano en el +hombro.--La fiebre, ese terrible huésped, está allí y no es tan fácil +despedirla. + +Yo apreté los dientes: no quería que me viera temblar. Ya había oído +hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no +pudiera formarme una idea de sus terrores. + +--¿Roberto lo sabe? + +Ese fue el primer pensamiento que me vino. + +El doctor se encogió de hombros rascándose la cabeza. + +--He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho más que la +mitad de la verdad. + +--¿Y cuál es la verdad entera? + +Y enderezándome lo miré en los ojos. + +Él guardó silencio. + +--¿Va a morir? + +Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa más +temible, respiró con mayor libertad. Pero no oí su respuesta, pues, en +el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas +horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible +vivacidad aquella escena de mis años de infancia en que Marta se me +había aparecido tendida en el sofá, semejante a un cadáver. Creí sentir +que una mano de muerta me hundía las uñas en el pecho; ante mis ojos +pasaron relámpagos sangrientos; lancé un grito... luego creí oír que una +voz me gritaba: «¡Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, sálvala, dá tu +propia vida para conservar la suya!» Bruscamente me erguí; había vuelto +a encontrar mis fuerzas. + +--Doctor--dije,--si Marta se muere, perderé todo lo que poseo en este +mundo y yo misma habré concluido. Pero, mientras pueda serle útil, no +flaquearé: necesito una certidumbre. + +--Una certidumbre, querida niña--repuso él apoderándose de mis +manos,--no la habrá hasta la curación o hasta el momento fatal. Por +desesperada que sea la situación, puede siempre producirse una reacción +y ahora más que nunca, puesto que la enfermedad está todavía en sus +primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es +la parte más triste. Sin embargo, quizá conseguiremos ahogar el mal en +su germen, y entonces todo se habrá salvado. + +--¿Qué puedo hacer por ella?--exclamé, extendiendo hacia él mis manos +juntas.--¡Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida +para salvar la suya, no le habría dado todo lo que le debo. + +Él me miró sorprendido. + +¿Cómo habría podido comprenderme? + + + + +XVII + + +Y ahora he llegado a la parte más difícil de mi relato. Desde hace ocho +días, doy vueltas en torno de estas páginas sin atreverme a tomar la +pluma. Un calofrío de espanto me invade al pensar en lo que me espera. + +Y, sin embargo, me hará bien el acordarme una vez más de esos tres días +y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento más +tierno, una melancolía más dulce, parecen saturar mi corazón. ¡Atrás, +atrás, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy +destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si +alguna vez lo olvido, la historia de esos tres días sabrá hacerme +recordarlo... + +Cuando acerqué mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis +funciones de enfermera, la encontré dormida; pero ese no era el sueño +que fortifica y prepara la convalecencia; era un sueño que pesaba sobre +ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los párpados. Cuando su +pecho se levantaba o se bajaba, se habría dicho que obedecía a una +fuerza extraña que lo dilataba y lo comprimía alternativamente. Su +rostro pálido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio +hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban, +semejantes a reptiles. Oculté mi cara entre las manos: no podía soportar +ese espectáculo. + +Las horas del día pasaron. Ella dormía, dormía sin pensar en +despertarse. + +De vez en cuando oía afuera el paso ligero de las criadas; aparte de +eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto, +ni trazas. + +A mediodía no pude dejar de preguntar por su paradero. Le habían visto +por la mañana salir a los campos, seguido por sus perros. Y así, desde +hacía horas, vagaba bajo la lluvia. + +El reloj tocó las tres; en ese momento entró él, chorreando agua, con la +mirada empañada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente. + +Debía haber sufrido horriblemente. + +Quise acercarme a él, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me +atreví. La mirada huraña y sombría que me lanzó, me decía con bastante +claridad: «¿Qué quieres? Déjame solo con mi dolor.» + +Había asido una de las columnas de la cama y permanecía allí, con los +ojos fijos en Marta, mordiéndose los labios. Después salió, como había +venido, sin decir una palabra. + +Pasaron dos horas más en el silencio y la espera. Los vapores de fenol +que se desprendían del plato colocado frente a mí, principiaban a darme +dolor de cabeza. Apoyé la frente en los vidrios para refrescarla, +siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento +levantaba y hacía revolotear hasta la ventana. + +Comenzaba ya a obscurecer, cuando oí de repente afuera, en el corredor, +una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la +enferma, dormida, se estremeció dolorosamente. + +La cólera me subió a la cara. Quise correr para echar de la casa a la +persona que hacía tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropecé con +ella. + +A la primera mirada reconocí esa cara colorada e hinchada, esos ojillos +perversos. ¡Quién podía ser sino _ella_, la mejor de todas las tías y de +todas las madres! + +--¡Al fin--exclamé para mis adentros,--al fin voy a verte de frente, mis +ojos en los tuyos! + +--De modo que tú eres Olga--exclamó siempre en el mismo tono estridente +y llorón que llenaba la casa.--¡Buenos días, mi queridita! ¡Oh! ¡Qué +desgracia! ¿Entonces es verdad? ¡La noticia me ha trastornado! + +--Le ruego, querida tía--le dije cruzándome de brazos,--que vaya usted a +trastornarse a otra parte y no aquí, y que a la cabecera de la enferma +modere usted el tono de su voz. + +Ella se quedó cortada. La mirada envenenada que me lanzó entonces, no +la olvidaré en mi vida. + +Pero ya sabía con quién tenía que habérmelas. Por otra parte, ella +recogió el guante en seguida. + +--Haces muy bien, hija mía--dijo, y su voz tomó de pronto un sonido +metálico, como una trompeta de guerra,--haces muy bien en atender a tu +pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es inútil +ahora; soy yo quien va a quedarse aquí. + +«Espérate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato»--exclamé +mentalmente. + +E irguiéndome cuanto pude, le respondí con mi sonrisa más fría: + +--Se equivoca usted, querida tía; se le ha prohibido a mi hermana de la +manera más formal que la visiten personas extrañas. Le ruego, pues, que +se retire a la habitación contigua. + +Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habría sido +capaz de estrangularme allí mismo. Pero se marchó y el buen tío, sin +voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detrás de ella, la +siguió. + +En mi triunfo solté una gran carcajada. + +Pero también, ¿qué venís a hacer, almas codiciosas, en el templo del +dolor? ¡Atrás! + + + + +XVIII + + +Vino la noche. Una banda roja, último vestigio del sol poniente, se +extendía sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras +en el cielo de fuego. Durante largo rato seguí con los ojos las +llamaradas, que la obscuridad concluyó también por absorber. + +El reloj dio las nueve y el viejo doctor entró. Permaneció mucho rato +sentado en mi silla, silencioso, después me acarició la mano al +despedirse y dijo: + +--Continúe usted con el fenol, toda la noche. + +A la pregunta que leyó en mi mirada inquieta, no respondió sino con un +vago encogimiento de hombros. + +No sé dónde, dos o tres habitaciones más lejos, oí la voz de Roberto que +discutía con el anciano. Era una prueba de que él tampoco se alejaba de +la cama de la enferma. «¿Pero por qué se contenta con quedarse +afuera?--me preguntaba.--Casi se diría que le está prohibida la +entrada.» + +El reloj toca las diez, todo está solitario en los alrededores, la casa +parece entregada al reposo. + +El viento sacude la reja del jardín, hace el ruido de un huésped +atrasado que quiere entrar. ¿La muerte rondaría ya en derredor de la +casa? ¿Contaría ya los granos de arena en su ampolleta? + +El furor de la desesperación se apoderó de mí. + +Sin saber lo que hacía, me precipité hacia la puerta, como para cerrar +el paso a ese demonio amenazador. + +¡Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado +antes que aquél en el umbral de la puerta! + +Minutos después entró Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada más +que esa mirada rápida y sombría que ya me había herido una vez como una +puñalada. + +Con su paso pesado y balanceante avanzó hacia la cama, tomó la mano de +Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas uñas tenían un matiz azulado, y +la miró fijamente. Después se sentó en el rincón más obscuro, detrás de +la estufa, y permaneció allí encogido durante dos horas, dos largas +horas. + +Yo esperaba, con el corazón palpitante, que él me dirigiera la palabra, +pero guardó silencio como antes. + +Poco después de media noche salió del cuarto. + +Por mucho tiempo todavía lo oí pasearse afuera en el corredor, y el +ruido sordo de sus pasos me recordó otra noche en que, no menos +temblorosa, había oído ese mismo ruido, dividida entre el temor y la +esperanza. + +Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura +insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los demás y de +sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me parecía en ese +momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean +allá arriba en la inmensidad. + +El ruido de los pasos se atenuó: Roberto había entrado en su cuarto. + +«¿Volverá?--me pregunté, aplicando el oído al ojo de la +cerradura.--Seguramente no puede dormir.» + +Y me estremecí de gozo al oír que el ruido se acercaba de nuevo. + +Pero por mi cabeza pasó este pensamiento: + +«¿Qué te importa que vuelva o no? ¿Acaso es por él por quien estás aquí? +¿No tienes allí, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas?» + +Me dejé caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le +supliqué que tuviera compasión de mí, quería hablarle, le decía, tenía +un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme. + +Ella no se despertó. Recogida en su dolor, yacía, triste esqueleto. En +sus pómulos se encendían pequeñas llamaradas. La respiración silbaba. + +Por un instante sus labios se agitaron; parecía querer hablar, pero las +palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo. + +¡Qué terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj hacía oír +su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana venía el ligero +quejido del viento y en el interior de la habitación resonaba el ruido +de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido. + +Y de improviso me pareció oír, en medio del silencio, que mi sangre se +agitaba y hervía dentro de mi cuerpo. Escuché con atención. +Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas. +«¿Por qué no circula apaciblemente como de costumbre--me pregunté,--y +como lo exige mi gran resolución? ¿No he extirpado de mi corazón con +todas sus raíces la idea de un crimen? ¿No lo he purificado con ayuda de +mil fuegos? ¿No estoy aquí para desempeñar el papel de sacerdotisa, de +sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora?» + +¡Y escuché nuevamente! + +«Son alucinamientos»--me dije. + +Pero a pesar de ello tenía miedo de todo ese movimiento y de todo ese +estrépito, que parecía aumentar a cada instante. Veía que un torrente me +llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De él surgía una roca +de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras +de fuego, la palabra: «Asesinato.» + +El ruido de pasos se dejó oír más. De un salto me paré... Roberto vino, +se sentó al borde de la cama; con la mano enjugó el sudor que cubría la +frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de ésta por entre sus +dedos. + +Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus +ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las órbitas; sus +labios apretados revelaban amargura e irritación. Allí estaba, +petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a él me sacudió como +un calofrío de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sentí como dos +manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de +nuevo en mi asiento. + +Al fin pronuncié su nombre y me sobrecogí de espanto, de tal modo que el +sonido de mi propia voz me pareció extraño y lúgubre. + +Él se volvió y me miró. + +--Roberto--dije,--¿por qué no me hablas? Si hicieras compartir a otro el +dolor que te oprime, eso te aliviaría. + +Se levantó bruscamente, se me acercó y me tomó ambas manos. A ese +contacto sentí que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba +alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo +miré con firmeza, de frente. + +--Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga--dijo él. + +--¿Qué quieres decir con eso, Roberto?--balbucí.--¿Me he mostrado +desatenta para contigo? + +--¡Si sólo fuera desatenta!--replicó él.--Pero me has tratado como a un +extraño, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer. + +--¡Que Dios me libre de ello!--grité deshaciéndome, pues sentía que iba +a caer en sus brazos. + +Y él continúa: + +--Olga, si alguna vez te he hecho daño... ¿cuál, no lo sé? Pero debe de +ser así, de lo contrario no me rechazarías de esa manera; tu mirada, tu +actitud entera, serían menos duras para mí... Si, pues, te he hecho +daño, Olga, no ha sido culpa mía; nunca he tenido sino buenas +intenciones para ti. He... habría querido que siempre estuvieras aquí +como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente +extraña... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos +amamos... + +¿Para qué pronunciaría su nombre? Sentía nacer en mí una fiera alegría, +me parecía que me brotaban alas; y he ahí que su nombre me hería como un +latigazo. Me mordí los labios hasta que brotó la sangre. Pero a pesar de +todo quise permanecer serena, quise desempeñar el papel de ángel +protector. + +--Roberto--dije,--te has equivocado gravemente con respecto a mí: nada +he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el +extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes +tener confianza en mí... ¿quieres? + +Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol. + +--¡Te estoy tan agradecido, Olga!--dijo.--¿Por qué no había de continuar +teniendo confianza en ti? Mira, desde el día en que hicimos juntos en el +bosque ese paseo a caballo, ¿te acuerdas? (¡Oh, si me acordaba!) desde +ese día te he querido como a una hermana, aún más que a todas mis +hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi ángel +tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo serás todavía en el porvenir, ¿no +es verdad? + +Hice seña de que sí sin decir nada y me oprimí el pecho con las dos +manos; en seguida, cuando él lo notó, las dejé caer, pero retrocedí tres +pasos tambaleándome y fue un milagro si conseguí mantenerme en pie. + +Inquieto, él se me acercó. + +--Estoy cansada--dije, esforzándome por sonreír.--Ven, vamos a +sentarnos, la noche es larga. + +Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el +angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando +al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacudía a +cada instante; sus párpados parecían cerrados, las sombras de sus +pestañas descendían hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se +inclinaba hacia ella, veía brillar en el fondo de las obscuras cavidades +el blanco de los ojos, con un lustre de nácar pálido. Él lo notó, lo +mismo que yo. + +--Se diría que ya está muerta--murmuró, ocultando la cabeza entre sus +manos.--Y si muere--continuó,--no será a consecuencia de su parto, no +será de esa miserable fiebre; sólo yo seré la causa de su muerte. + +--Por el amor de Dios, ¿qué dices?--exclamé, extendiendo hacia él mis +brazos. + +Él inclinó la cabeza sonriendo amargamente. + +--Bien lo he visto durante estos tres años: es doble, triple mi culpa. +Primero, la dejé esperar y consumirse durante siete años, dividida entre +la esperanza y el desaliento, agotando así su energía y sus fuerzas, ¡y +Dios sabe que no tenía muchas! Después la arrastré, débil de cuerpo, +abatida de espíritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil, +y aun más hostil que todos, la que mejor habría debido sostenerla. ¡Y yo +mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegría, si hubiera velado +para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera +puesto un poco de sol en su existencia, quizá habría podido vivir feliz +a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y +echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la +voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi +frente, la hacía palidecer. ¡Ve ahí, delante de nosotros, ese cuerpo que +no tiene más que el aliento, y mírame a mí, gigante rudo y tosco! Más de +una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que +quizá la había ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en +realidad. Lo que me convenía era una mujer fuerte y... + +Espantado se detuvo y dirigió al rostro de Marta una mirada que pedía +humildemente perdón; pero yo completé su frase con el pensamiento. + +Cuando Roberto salió de la habitación, un sentimiento de júbilo se +apoderó de mí, una loca alegría que desencadenaba un huracán en mi +cabeza, sembraba la turbación en mis sentidos y parecía querer +absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a mí misma. + +La atmósfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolvía mi cabeza +como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la +respiración comenzaba a faltarme. + +Corrí a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspiré el aire frío +de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas. + +El día apareció a través de las cortinas, un día frío y gris, sumido en +la niebla. Nubes descoloridas subían pesadamente en el horizonte, y +arrojaban un pálido fulgor sobre los árboles que chorreaban de humedad, +y que parecían haberse despojado todavía durante la noche, de una parte +de sus hojas. + +¡Qué noche! + +¡Y cuántas otras más terribles que esa, van a sucederle! ¡Qué fantasmas, +engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a +favor de esas noches, en mi espíritu febricitante! + +Me sentí tiritar y me retiré a un rincón: tenía miedo de mí misma. + +Pasaron las horas de la mañana y poco a poco me fui calmando. El +recuerdo de esa noche se borró y con él los desórdenes de la fiebre y +los tormentos de la conciencia. Lo que había visto, lo que había +sentido, no me parecía más que un sueño. Una laxitud aplastadora me +invadió; cerré los ojos y cesé de pensar. + +Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abrió de +improviso sus grandes ojos azules y me dirigió una mirada llena de +dulzura y de bondad. Me pareció que era el ojo de Dios que se volvía +hacia mí, infeliz pecadora, y que en él leía la piedad y el perdón. + +Un gozo puro, un gozo santo, me inundó. Me arrojé en los brazos de mi +hermana y escondí mi cara sobre su hombro. + +En medio de sus dolores ella se puso a sonreír, y, posando penosamente +su mano en mi cabeza, murmuró con voz apenas perceptible: + +--¿Sin duda os he asustado mucho? + +Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de +paz; por un instante creí que iba a quedar libre del peso que me oprimía +el pecho, pero me fue imposible llorar. + +--¿Cómo te encuentras?--pregunté. + +--Bien, enteramente bien--respondió ella.--¡Pero la sábana me parece tan +pesada! + +Era la más ligera que había podido encontrar. Así se lo dije; entonces +suspiró, diciendo que había que tener paciencia con ella. + +Después se quedó completamente inmóvil, sin cesar de mirarme como en un +sueño. Al fin inclinó la cabeza varias veces y dijo: + +--Está bien así, muy bien. + +--¿Qué está bien?--pregunté. + +Ella se sonrió y guardó silencio. + +En seguida le volvieron los dolores; se agitó, rechinó los dientes, pero +no exhaló una queja. + +--¿Quieres que llame a Roberto? + +Ella dijo que sí por señas. + +--Traedme también al niño--murmuró. + +Accedí a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y +la contempló por largo rato. Trató también de besarla, pero estaba +demasiado débil. + +Antes de que Roberto llegara, había vuelto a caer en su sueño. + +Él me dirigió una mirada de reproche diciendo: + +--¿Por qué no me has hecho llamar más pronto? + +--Tén la seguridad de que más vale así. Tu presencia le habría causado +una emoción demasiado fuerte. + +--Tienes razón, como siempre--dijo él. + +Y salió, sin notar felizmente el rubor que su elogio me había hecho +subir a la cara. + +Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la +frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los +labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupción. + +A eso de la una vino el doctor; le tomó la temperatura y notó una +disminución de la fiebre. + +--Aumentará y disminuirá todavía más de una vez--dijo. + +Tampoco compartió la alegría que nos había causado el despertar de +Marta. + +--No le habléis cuando vuelva en sí--agregó,--y sobre todo no la dejéis +hablar. Necesita de la menor porción de sus fuerzas. + +Antes de marcharse me miró largamente y meneó la cabeza con expresión +inquieta. Sentí que el rubor que revela a los culpables, me invadía de +improviso la cara; me parecía que su mirada penetraba hasta el fondo de +mi alma... + +Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el +primero que me vino a la mano, y traté de leer, pero las letras bailaban +delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habría dicho que mil +murciélagos se recreaban en él. + +Necesité mucho tiempo para descifrar tan sólo el título: leía +_Ifigenia_. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arrojé el +libro lejos de mí, a un rincón, como si hubiera tenido en mi mano un +carbón encendido. + +Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces +lanzó un grito estridente, retorciéndose en convulsiones. + +Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi +de pronto junto a mí a la madre de Roberto. + +Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con +afectación y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor +hipócrita, me viene de repente este pensamiento: + +«He aquí una que espera la muerte de Marta, que la desea.» + +Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis puños se crispan, poco +falta para que le arroje su crimen a la cara. + +Y mientras esa idea me deja inmóvil y helada, ella me toma por el brazo +y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quizá +esperaba intimidarme con ese proceder brutal. + +--Querida tía--dije, desasiendo mi brazo,--ya le he hecho notar a usted +una vez, que éste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomará. Le +ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras +habitaciones. + +--¡Ah! ¡Eso es lo que vamos a ver, señorita!--gritó ella con voz +chillona.--Voy a preguntarle al dueño de esta casa quién tiene más +autoridad aquí, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca. + +Y se retiró sin cesar de gritar. + +Temblando de cólera, comencé a pasearme por el cuarto. Nunca me habría +imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan +brusca y completamente en una arpía. No le faltaba más que expresar +abiertamente sus deseos más secretos. + +--¡Oh, si fuera verdad!--exclamé, sacudida por un calofrío de +horror.--¡Desear la muerte de Marta! Marta, ¿lo oyes? ¡Desear tu muerte! +¿A quién has ofendido nunca? ¿A quién has estorbado nunca? ¿Hay alguien +en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e +indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, paseándose +impunemente por la tierra, un ser tan infame, ¡vaya! sería como para +desesperar de Dios y del destino. + +He ahí lo que yo decía, sin poder acumular suficiente vergüenza e +ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me +dejaba llevar de un furor indigno. + +Pero sentía que eso me desahogaba, respiraba más libremente y, cuando +vi, tirada en el suelo, a la pobre _Ifigenia_ a quien yo había +maltratado, fui a recogerla. + +--¿Qué crimen he cometido--me decía yo,--para que tenga que ocultarme de +mi modelo? ¿He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado? +¿Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no +hubiera podido ver u oír? Eso que me quema aquí, eso que me ruge en el +fondo del pecho, ¿a quién importa si sé guardarlo para mí? + +¡Me decía eso y me creía casi justificada, aun ante mi propia +conciencia, ciega de mí! + + + + +XIX + + +Y el crepúsculo volvió: el sol poniente abrasó una vez más el horizonte +por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones, +su luz rojiza. + +El rostro de Marta estaba bañado por un matiz purpúreo; en sus cabellos +brillaban pequeños resplandores, y la mano que reposaba en la colcha, +parecía iluminada por dentro. + +Acerqué el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la +molestara. + +Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no había +visto hasta ese día, una corona igual a la que yo tenía costumbre de +enviar los días de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quizá provenía +de allí. En ese momento parecía trenzada de llamas; todo en ella tomaba +una vida fantástica. Y, cuando la miré con más atención, me parecía que +se ponía a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una +verdadera girándula. + +--Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones--me dije; y traté de +recobrar las fuerzas paseándome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a +los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiración +me faltaba. + +¡Oh! ¡Ese olor de fenol, ese vapor dulzón, repugnante! Me daba el +vértigo, ponía como un velo sobre mis pensamientos y esparcía un +presentimiento de muerte y de espanto. + +El anciano doctor llegó; me miró a la cara y me ordenó, con ese tono a +la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a +respirar aire fresco: él mismo cuidaría a la enferma hasta mi regreso. + +Quise resistir, pero él me empujó hacia afuera. + +Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que +me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto. + +Salí, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulmón. El viento de la +tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un baño helado. + +El último fulgor del día desaparecía. Una noche de otoño descendía sobre +la tierra y la envolvía con un velo de niebla azulada. + +Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope +hacia las ruinas del castillo. + +Maquinalmente, seguí la dirección que ellos habían tomado, caminando +medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me +habían aturdido. + +Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se +desprendía de las paredes. Una vieja puerta extendía por sobre mí el +arco de su bóveda. + +Penetré en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes, +destacándose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba +aquí y allí por encima de mi cabeza. + +Cerca de mí vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una +forma humana, cuya silueta reconocí en seguida. + +--¡Roberto!--grité sorprendida. + +Él se paró de un salto. + +--¡Olga!--gritó a su vez.--¿Me traes acaso malas noticias? + +--No--le dije.--El doctor me ha mandado a tomar aire. + +Y, de repente, creí sentir que el suelo cedía bajo mis pies. + +--¡Tén cuidado!--me gritó para advertirme. + +Pero, en el mismo instante, resbalé y caí en un hoyo obscuro, tan +profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas +piedras que se desprendieron y rodaron. + +--¡Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caerás todavía más +abajo. + +Medio aturdida, me apoyé en las paredes del foso. A mis pies entreví una +estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detrás el abismo +negro, sin fondo... + +A mi lado, vi a Roberto que venía a socorrerme, bajando lentamente y con +precaución las gradas de lo que me parecía una escalera. + +--¿Dónde estás?--gritó él. + +Y al mismo tiempo sentí que su mano, buscándome, avanzaba hacia mí. + +Entonces me arrojé contra él y me aferré a su cuello. En seguida me +sentí levantada, suspendida entre sus brazos. Me parecía que me habían +abierto las venas: creí, en ese instante de abandono y de embriaguez, +que mi sangre ardiente se esparcía sobre mí hasta la última gota. + +Sentía en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la +impresión de que había rozado mi frente con un ligero beso. + +Después regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de él lo más +que podía, pero en el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo: + +«¡Me ha tenido en sus brazos!» + +En el umbral de la puerta, el anciano médico salió a nuestro encuentro y +nos tendió las manos diciendo: + +--Marta está mejor, hijos míos, mejor de lo que esperaba. + +En el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo: + +«¡Me ha tenido en sus brazos!» + + + + +XX + + +¡Y ahora, la noche terrible! + +Cada minuto se alza todavía ante mis ojos como una furia y clava en mí +su mirada de fuego. + +Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de mí como se +evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el +cual han pasado años. + +¿Y qué crimen he cometido? Ninguno. + +Mis manos están puras, y en el día del juicio final, cuando se pesen +nuestros actos, podré presentarme osadamente ante el trono de Dios +Todopoderoso y decirle: «Cúbreme con tus más blancos ropajes, pón en mis +hombros las alas de cisne más delicadas y déjame colocarme en la primera +fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual sólo falta un poco de +ejercicio para honrar al paraíso.» + +Pero hay crímenes que no han sido cometidos con actos ni con palabras, +que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan +completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer. + +Era una noche poco más o menos como la de hoy. El húmedo viento de otoño +pasaba por delante de la casa en cortas ráfagas, y hacía estragos en las +cimas medio deshojadas de los álamos que se inclinaban con un crujido +los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo, +una luz incierta permitía distinguir las nubes más obscuras, que +pasaban, arrastradas en rápida carrera, desgarradas en jirones. + +La lamparilla no quería arder, su resplandor vacilante luchaba contra +las sombras que bailaban sin interrupción en la cama y en las paredes. +Frente a mí pendía la corona de yedra, negra y puntuosa; parecía una +corona de espinas. + +Eran más o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irguió en +su cama y dijo con voz clara y distinta: + +--¡Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado! + +En el primer momento sentí que me invadía una gran alegría, pues me +parecía que había recobrado su conocimiento. + +--¡Marta! + +Me levanté de un salto y le tomé la mano. + +--Pero yo había preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos; +un ciego dormido los habría encontrado. Y tampoco necesitáis tomar +medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias. + +Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si +hubiera visto un fantasma. Después, de improviso, lanzó un grito +estridente diciendo: + +--Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. ¿Por qué me habéis +sepultado bajo estas piedras? + +Tomé la sábana más delgada que pude encontrar y la extendí sobre ella en +lugar de la frazada; pero eso no le procuró ningún alivio. Gritaba y +hablaba sin interrupción y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad, +como una persona que estudia una lección a media voz. + +Así transcurrió como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con +los ojos fijos en ella, pues en mí se agitaba el temor de ver a cada +instante surgir una nueva aparición, aún más horrible. De rato en rato, +cuando se calmaba un poco; sentía un aflojamiento en mis miembros; +cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atrás, y cada vez me +imaginaba que caía en los brazos de Roberto. Sin embargo, no tenía sino +muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era +demasiado grande. Me parecía también ver sin cesar estallar en mi cabeza +burbujas de las cuales salían rosas que producían siempre nuevas coronas +de flores. Todavía después oía un silbido de un oído a otro; se habría +dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la habían +encendido. + +Fue en ese estado de sobreexcitación nerviosa, presa, ya de espantos +repentinos, ya de un abatimiento irresistible, cómo me encontró Roberto +cuando entró en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un +poco en su cama, para velar después el resto de la noche conmigo; pero +los gritos de Marta lo habían arrancado bruscamente al descanso. + +Al verlo, todo cansancio desapareció de mi cuerpo; sentí como si una +nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto +me levanté para ir a su encuentro. + +--Procura descansar un poco--dijo él, bajando hacia mí la mirada de sus +ojos cansados, hinchados por las lágrimas.--Vas a necesitar de todas tus +fuerzas. + +Sacudí la cabeza y le indiqué a mi hermana, que, precisamente entonces, +blandía las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio, +alejarme de su marido. + +--Tienes razón--continuó.--¿Sería posible tener suficiente tranquilidad +para dormir con semejante espectáculo ante los ojos? + +Y se acercó a la cama juntando las manos, e inclinándose hacia ella, +posó un ligero beso en su frente color de cera. + +«A mí también me ha besado así»--gritaba una voz en mí. + +Después se sentó al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo, +que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro. + +Tenía los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombría de la +desesperación. + +--¡Vuelve en ti, Roberto!--le murmuré.--Todo puede componerse todavía. + +Él soltó una risa aguda. + +--¿Qué entiendes por componerse?--exclamó.--¿Quieres decir que vivirá +para arrastrar un cuerpo inválido, una alma quebrantada, una carga para +ella misma y para los demás? ¿No sabes que tenemos que elegir entre +estas dos alternativas? + +Un calofrío helado me penetró hasta la médula de los huesos. Pero al +mismo tiempo creía ver que las paredes se apartaban y una perspectiva +luminosa, infinita, se abría ante mí. + +«¿No querías desempeñar el papel de sacerdotisa en esta casa?»--me decía +en tono de reproche una voz interior; pero se extinguió ahogada por el +ruido de mi sangre. + +--¿De qué sirve discutir?--continuó él.--Ya hace tiempo que me he +resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren +sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energía y sin voluntad; +me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por más que me agito +hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve: +impotente soy, impotente seguiré y... ¡nada más! Pero no quiero +excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una cólera +vana como ésta es más despreciable que una hipócrita sumisión. + +Sentí encenderse en mí el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle: +«Haz de mí lo que quieras; sacrifícame, aplástame bajo tus pies, déjame +morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha...» cuando de +repente, oí que de los labios de Marta salió un gemido tan lastimero, +tan dolorido, que me estremecí, como si me hubieran dado un latigazo. + +Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimió +la garganta; sólo un suspiro se escapó de mi pecho, y lo contuve por +fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos. + +--No te preocupes de mí--dije violentándome para sonreír.--¡Con tal de +que ella siga mejor! + +Él cruzó los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclinó +dolorosamente la cabeza. + +Luego cesaron los gemidos de Marta. Había dejado caer la barba sobre el +pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habría podido creer que +dormía; pero continuaba divagando y marmoteando. + +Un gran silencio reinó en el dormitorio débilmente alumbrado. No se oía +más que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los +ratones que corrían entre los tirantes del techo. + +Roberto había hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el +lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareció calmarse, su +respiración se hizo más regular y más espaciada; de rato en rato su +cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar +inmediatamente después, con un brusco movimiento. + +Un irresistible sueño se había apoderado de él. + +Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero tenía miedo del sonido de +mi voz y guardé silencio. + +A intervalos cada vez más cercanos, la parte alta de su cuerpo se +balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con +la mano buscaba en torno suyo si no encontraría en alguna parte un +apoyo. + +Al fin, de pronto, su frente se inclinó y cayó sobre mi hombro, donde +permaneció inmóvil. + +Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una +felicidad inaudita. Se posesionó de mí un deseo irresistible de +acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis +ojos vi brillar algunos hilos plateados.--Ya comienza a +encanecer--pensé,--es tiempo de que pruebe lo que llaman la +felicidad.--Y lo acaricié efectivamente. + +Él suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posición más +cómoda. + +--No está bien así--me dije,--es necesario que te le acerques. + +Y lo hice. Su hombro se apoyó en el mío y su cabeza se inclinó sobre mi +pecho. + +--Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo--me gritaba una voz +interior,--de lo contrario no descansará bien. + +Dos veces, tres veces, traté de hacerlo, pero retrocedía de espanto. + +¡Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada veían, +sus oídos nada oían. + +Y me decidí... + +Entonces se apoderó de mí una alegría desatinada. Me estreché contra él +a hurtadillas, diciéndome con ardor: ¡Oh, cómo quisiera cuidarte y velar +sobre ti; cómo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de +tu frente y las penas de tu alma! ¡Cómo lucharía por ti con toda la +fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la +alegría a tus ojos y el sol a tu corazón! Pero para eso... + +Mis miradas se volvieron hacia Marta. Sí, vivía, vivía siempre. Su seno +se levantaba y se bajaba bajo la acción de una respiración corta y +precipitada. Parecía más viva que nunca. + +Y, de repente, vi una llamarada que pasó ante mis ojos y creí leer, +enfrente, en la pared, estas palabras: + +_¡Oh, si ella muriera!_ + +Sí, era eso, esas eran las palabras. + +_¡Oh, si ella muriera! ¡Oh, si ella muriera!_ + + + + +XXI + + +El médico interrumpió su lectura y exhaló un profundo suspiro, al +enjugar el sudor de su frente. + +Roberto se había parado de un salto; por un instante miró fijamente, +como cegado por un rayo, el círculo luminoso de la lámpara, luego se +precipitó hacia el anciano; parecía querer arrancarle el papel de las +manos. + +--¿Está escrito allí?--balbució. + +--¡Lee tú mismo! + +Siguió un largo silencio. + +La lámpara esparcía su luz tenue y risueña, como si hubiera alumbrado +una escena de las más alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando +las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido parecía calmarse: se oían +risas a intervalos cada vez más lejanos, el runrún de las voces se +trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban +cansados, digerían. + +El médico se había vuelto para ver lo que hacía Roberto. Este, abatido, +al borde de la cama vacía, y con la cabeza hundida en sus manos, +permanecía inmóvil. + +Sólo su respiración oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos +cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su +interior. + +--Vuelve en ti, chico--dijo el doctor posando la mano en el hombro de +Roberto. + +--Tío, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribió eso. + +--¡Nunca lo ha estado más que en ese momento! + +--¿Cómo puedes afirmarlo? ¡No insultes a una muerta! + +--Nada está más lejos de mi pensamiento, hijo mío. ¿Quién se atreverá a +arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente, +comprenderás sin pena que su vida entera transcurrió en preparar, en +llevar, por decirlo así, a madurez ese instante único. Sus sueños de +niña encerraban ya los gérmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron +bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque, +y dieron una planta vigorosa cuya flor se abrió precisamente en el +momento en que Olga penetró en tu cuarto para unirte a Marta. + +--¿Por qué hizo eso si quería tomar el lugar de Marta? + +--¡Eh! ¿Acaso sabía lo que quería? Todos los esfuerzos que hizo para +asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran más que la lucha de su +naturaleza honrada y pura contra el deseo que había crecido en su +corazón, a partir del día en que, niña aún, te volvió a ver. Pero ella +no lo sabía. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el día en +que entró en tu casa; razón de más para que no pudiera sospechar las +consecuencias que dormitaban en las profundidades más secretas de su +alma. + +--¿Y, sin embargo, dices que ella combatía ese amor, que trataba de +arrancarlo de su corazón? + +--Sin que su espíritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de +ello. Su pensamiento permaneció puro hasta aquella terrible hora de +media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo. +Cada día sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos +recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y +hacerlo inofensivo: por eso se desterró al extranjero, por eso en el +momento en que vio tu casa pensó en huir lo más pronto. Por el tono +general de sus recuerdos ves cuán poca conciencia tenía de los combates +que, durante años, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor +intención, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la +marcha de la acción, pero que son preciosos para demostrar cuánto se +desarrolló ese deseo. No sabe por qué lo hace; todavía es sólo el +sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta. + +--No creo en una falta--gritó Roberto en el colmo de la agitación.--Si +ese deseo no es una simple ilusión, el resultado de un momento de +sobreexcitación nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde +mucho tiempo atrás en preparación en el fondo de ella misma, ¿cómo es +posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta +indignación contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quizá el +mismo deseo? + +--Y para mí--replicó el médico,--no hay mejor argumento en apoyo de mi +tesis que esa misma indignación. Era para descargar su propia conciencia +del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las +piedras que le caían bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su +propia culpabilidad. + +--¿Y esa noble resolución de renunciamiento que había tomado pocos días +antes? + +Por el rostro ajado del anciano pasó una sonrisa, la sonrisa del hombre +que comprende y perdona. Repuso: + +--El antiguo proverbio de que el camino del infierno está empedrado de +buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez más aquí, +pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resolución que +Olga tomó entonces fue una última tentativa, desgraciada desde luego, +para conciliar el afecto que debía a Marta con el amor que tú +despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad, +ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer +fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues +el renunciamiento, la muda resignación, no eran su fuerte. Y luego, un +destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su +enérgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la más común +y la más cobarde del mundo, una falta que he leído en un número infinito +de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es, +hijo mío, uno de los lados más obscuros de la naturaleza humana, un +resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las +naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no están exentas de +él; es verdad que eso las mata, mientras que las almas más groseras se +contentan con disimular y rechazar dentro de sí mismas, el secreto que, +solicitado por la luz del día, tiende a escaparse de las recónditas +profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un día fui a +visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba +mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un +hombre de cuarenta años, más o menos, que desde hacía ya mucho tiempo +desempeñaba en propiedades extrañas las funciones de administrador, y +cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aquél era +un honrado y buen hijo, que no había hecho daño a una mosca, que amaba +cordialmente a su padre y que se habría ruborizado de desear el menor +mal a su enemigo más mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y +sombría que se pintó en sus facciones cuando incliné mi oído sobre el +pecho del anciano, leí claramente este deseo: «¡Oh, si se muriera!» Otra +vez, me llamaron de la casa de una señora que, casada en segundas +nupcias, era feliz. En su dicha no había más que una sombra: su marido +no podía sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su +frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba +apasionadamente a su marido y temía que le tomara aversión a ella misma +a causa del niño, se lo ocultaba lo más que podía. El niño se enfermó +con escarlatina. Encontré a la madre de rodillas junto a la cama y +derramando amargas lágrimas. Temblaba por esa frágil existencia: ¿acaso +no había nacido de su seno? Pero su marido entró, y en la mirada +inquieta, vacilante que ella dirigió a la cuna, se leía distintamente: +«Si tú murieras sería la felicidad para mí.» Podría citarte ejemplos +infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia, +la pasión de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y +desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente, +sombrío y gigantesco, en un corazón humano que hasta entonces no había +conocido más que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes +estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se +saciaban sin conocer obstáculos, la acción ayudaba al pensamiento. +Cuando un miembro de una familia hacía sombra a otro, el veneno y el +puñal imperaban sencillamente. La historia, la literatura están llenas +de asesinatos de ese género, y Shakespeare, ese gran conocedor de las +almas, no presenta, por decirlo así, otro tema trágico que el asesinato +entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la +existencia penetra en el círculo de la familia, se contenta uno, en las +horas sombrías, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra +sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado +por las nuevas costumbres. Ahí tienes, chico; te he pronunciado un largo +discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi +objeto. + +--¿Entonces, la condenas sencillamente?--dijo Roberto, con angustia. + +--No condeno a nadie, hijo mío--respondió el anciano con una sonrisa +grave,--y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la +de Olga. Ella encontró el valor de confesar, a sí misma y a aquel a +quien más amaba, el crimen que cometió: eso basta para elevarla por +sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es +el pecado mental más horroroso de que el espíritu humano pueda hacerse +culpable, es también el más secreto. No hay amigo que lo confíe a su +amigo, ni un marido que lo murmure a su compañera en el silencio y la +obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su +confesor; la oración misma, que nace en el más profundo arrepentimiento +y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene +derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las +tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la vergüenza y el +silencio. ¡Hay aún más! Ese deseo es la única falta que escapa +generalmente a la justicia del mundo exterior, así como a la sanción de +la conciencia en el fondo del corazón, porque éstas no tienen para ella +ni expiación, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo +hombre lleva en sí mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres +que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de +seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de +espíritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a +olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el +cuerpo reabsorbe la materia mórbida tan pronto como la causa del mal ha +desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el montón de las virtudes +sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir +que condeno a esos hombres; ¿qué sería del mundo si todos los que, al +mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por +desesperación a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado están +bien constituidos y pertenecen al término medio de la humanidad; su +naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y ¡vaya si se +inquietan de tener aquí y allí alguna mancha que los desluce! Olga +estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no +necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no produciría más +que una simple picazón, a ella le hacía el efecto de un latigazo. Esas +naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia +la hipocondría y la histeria, y su vida efectiva está dominada por +imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los demás el +carácter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes +rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con más +precisión que el del común de los mortales, y si se les pusiera bajo +vidrio como a las delicadas balanzas de los químicos, se les vería +ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad, +tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace +replegarse en sí mismos al menor contacto extraño, y tanto mejor para +ellos, pues así están al abrigo de los choques violentos del mundo que +los rodea y que no serían capaces de soportar, pero ¡ay de aquellos a +quienes una voluntad indomable, un carácter violento y apasionado, +arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede +suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual +otros apenas habrían hecho caso, se convierta para ellos en una flecha +envenenada que les roerá el cuerpo y el alma hasta que sucumba... ¡Vaya, +basta de charla! He aquí dos o tres hojas más. ¡Escucha! Vamos a saber +cómo se muere de un deseo. + + + + +XXII + + +¿Qué sucedió después? Mi memoria no ha conservado de ello sino un +recuerdo confuso. + +Me acuerdo que de repente lancé un grito que hizo estremecer a la misma +Marta, que me arrojé junto a su cama y que, apoderándome de sus manos +ardientes, grité en un aliento: ¡Sálvame, sálvame, despiértate! + +Y después me encontré en mi cuarto, adonde Roberto me había llevado. +¿Cómo describir mi espanto cuando reconocí en el espejo mi cara +descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que +solté, el horror que me causó mi propia risa, mientras que, +desfalleciente, oía resonar en mis oídos el deseo, repetido por todas +partes por mil voces celosas que se reían burlonamente y cuchicheaban: + +«¡Oh, si ella muriera!» + +¿Cómo describir aquello, sin desencadenar contra mí todos los fantasmas +de esa noche mortal? + +Veo todavía claramente al médico que inclinaba sobre mí su rostro amigo, +lo veo darme algo de beber, algo amargo, y después... nada más. + +Los primeros resplandores del alba aparecían pálidos por las ventanas +cuando me desperté. Me dolía la cabeza y cuando dirigí en torno mío una +mirada vaga, creí ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las +palabras: + +«¡Oh, si ella muriera!» + +Sentí un calofrío y me vino este pensamiento: «Si Marta se muere ahora, +será tu deseo lo que la habrá muerto.» + +Me levanté vivamente y me acerqué al espejo. + +«He ahí, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su +hermana»--dije al ver reflejado mi lívido semblante. + +Y, sintiendo bruscamente asco de mí misma, di un golpe al vidrio con el +puño; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompió. + +¡Insensata de mí! No sabía que en lo sucesivo el mundo entero no sería +para mí sino el espejo de mi crimen. + +¡Pero quizá no muera! Ese pensamiento, que se despertó de pronto en mi +cerebro, esparció en él una oleada de luz tal, que cerré los ojos como +cegada. + +Y luego oí de nuevo gritar en mí: «¡Marta morirá y será tu deseo lo que +la habrá muerto!» Apreté los dientes y apoyándome en la pared me +arrastré hasta el cuarto de la enferma. + +Llegué a la puerta y al no oír el menor ruido en el interior, me dije: +«Ya no encontrarás sino un cadáver.» + +No, todavía vivía, pero la muerte había puesto ya en ese rostro la marca +de sus garras. + +El cartílago de la nariz se destacaba más, los labios, entreabiertos, +dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparecían en el +fondo de sus azuladas cavidades. + +A sus pies estaban Roberto y el anciano médico. Roberto se ocultaba el +rostro entre las manos; los sollozos sacudían su cuerpo. El anciano fijó +en mí su mirada penetrante; por un instante creí otra vez que leía hasta +el fondo de mi alma y que mi falta se exhibía abiertamente ante él. +Pero, cuando al verme tambalear, acudió para sostenerme en sus brazos, +vi que era sólo la mirada del médico la que había fijado en mí. + +--¿Cuánto tiempo vivirá todavía?--pregunté, cerrando los ojos. + +--¡Está en agonía! + +En ese momento sentí que algo se helaba en mí y tomaba la rigidez de una +piedra; en ese momento, la esperanza murió en mí, y con ella la fe en mí +misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma reinó en +todo mi ser. La muerte, que se cernía sobre la cama, había tocado +también mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi +desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia. +En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una +muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver +acercarse a mí la felicidad que, sin embargo, había perdido para +siempre. + +Roberto se adelantó y me besó; le dejé hacer tranquilamente, estaba +insensible. + +Luego me senté muy cerca de la cama de mi hermana y la miré, esperando +la muerte. + +Seguía con atención todos los síntomas de aquella lenta agonía. Me +parecía que mi conciencia estaba fuera de mí y que me veía a mí misma +sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de +la moribunda. + +No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la +acción de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de +mis pensamientos. Veía claramente que mi deseo no podía en realidad +darle la muerte, y sin embargo, para mí, para mi conciencia, era sólo mi +deseo lo que la había muerto. + +Así, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi víctima, esperando su +muerte, que era también la mía. + +Aquello duró mucho. Pasaron las horas del día; Marta vivía todavía. Su +pulso no latía ya desde hacía rato, su corazón parecía paralizado, pero +su respiración continuaba siempre ligera y rápida. Mientras yo dormía, +bajo el efecto de la morfina, le había hecho, como último recurso de +salvación, una inyección de almizcle para reanimar una vez más sus +fuerzas: aquello era lo que la sostenía en ese momento. Pero el olor de +almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitación +como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me +aplastaba las sienes. A cada aspiración me parecía absorber unos +cuerpos pesados que me hinchaban. + +Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todavía la víspera +no había demostrado a la tía más que orgullo y desprecio, le besé +humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiación que me +había impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no debía concluir +sino con mi vida. + +Llegó la noche: Marta seguía respirando. Con la boca muy abierta, los +ojos empañados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba +fijamente. Su cuerpo parecía achicarse cada vez más, yacía todo +encogida: casi parecía que no se atrevía a ocupar en la muerte el lugar, +muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida. + +La tía llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los demás también +lloraban; yo sola no tenía lágrimas. + +Cuando a eso de las once, Marta exhaló el último suspiro, me acometió un +acceso de locura furiosa. + + + + +XXIII + + +En este instante llego de casa de Roberto. + +Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en +sus ojos una tímida ternura, medio velada, que mi corazón ha bebido con +avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la +alegría se despiertan en mi corazón, y, cuando cierro los ojos, veo +bailar en torno mío dorados rayos de sol. + +Pero ¡basta de pensamientos de felicidad, basta de cobardía! Si llega a +amarme, ¡tanto peor para él! No me he prestado a ello; ¡no por cierto! +Sería tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso. +Desde mi curación, durante más de un año, he dirigido su casa con +lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle +indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi señora tía ha +tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su +hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado +buena ama de casa, para no saber que, sin mí, el hogar de su hijo se +habría arruinado durante esos días de duelo, en que Roberto, absorbido +por su inmenso dolor, permanecía inerte, indiferente a todo, aun al +niño. Sin mí el pobre pequeñuelo estaría desde hace tiempo bajo tierra. +No enumeraré todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha +producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempeñar el papel de +farisea. + +Tampoco hablaré de expiación; esta es una palabra demasiado pomposa, +detrás de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable +mentira, una vana ilusión. ¿Cómo borrar la mancha que me ha mancillado? +Se expía una falta trágica, se expía hasta un gran crimen; pero una +infamia como la que yo he cometido, es un borrón del cual el alma no +puede lavarse. + +¡Si por lo menos pudiera ignorar qué secreto vela en el fondo de mi +corazón! + +¿Por qué quería en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si +no era para poder pertenecerle un día? Como si el eterno destino no +hubiera alzado él mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo +de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros. + +Y, si alguna vez un demonio le soplara en el oído el consejo de extender +la mano hacia mí, ¿podría hacer de otro modo que rechazarlo como a un +loco temerario? Pero eso no sucederá: he sabido tenerlo a distancia. Que +crea que lo desdeño, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y +de mi egoísmo: sabré guardar el secreto de mi corazón. + +¡Si tan sólo no existiera! + +Más de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se +pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de mí con una violencia +tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la +embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre +en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus +brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches +las lágrimas se han secado en mí. Me ha sido imposible llorar desde ese +día en que encontré a Marta tendida en su lecho de dolor. + + + + +XXIV + + +Quince días después. + +Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora sé que hay +una expiación. ¡Ah, si estas torturas no purificaran! + +Jesús; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero habéis sido +hombre, habéis sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura, +vuelve en ti, mujer, cálmate. ¿Acaso no hay un descanso eterno en el +cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para +sobrellevar los dolores de esta existencia? ¿Quién te lo impide? + +Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que +Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de +vergüenza, del cual ningún poder del Cielo ni de la tierra podría +arrancarme. + +Estoy muerta; muertos también deben estar mis deseos y mis esperanzas; y +a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en él, sabré +calmarla por fuerza, si no... + +¡Oh, qué actitud tenía delante de mí! Las palabras salían lentas y +tímidamente de sus labios; sus miradas plañideras, que parecían implorar +socorro, buscaban las mías y sin embargo apenas osaban desprenderse del +suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su +barba y golpeaba con el pie cuando no podía encontrar la palabra justa. +¡Oh, pobre niño grande, amado mío! ¿No viste que todo mi ser me +precipitaba a tus brazos y ardía por permanecer en ellos eternamente? +¿No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de +quedarse suspendidos de ellos hasta mi último suspiro? + +¿No viste nada de eso? + +Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener +conciencia de ello. Mi corazón las ignora completamente; te lo juro. Te +amo y te amaré hasta mi último pensamiento, y el último aliento que se +escapará de mis labios será tu nombre. + +Y ¿cómo has podido creer en el pretexto que te di? ¡Dejarte a una mujer +rica! ¡A ti para quién querría mendigar por los caminos, por quién +querría gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo +necesitaras! + +¿Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a +la mano de Marta? ¡Cómo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de +aceptar mi miserable excusa! + +Y cuando me diste la mano al decirme adiós, ¿por qué me dirigiste una +mirada tan triste, tan humilde? ¿No sabías que esa mirada me torturaría +sin cesar, noche y día, como el reproche de una grave falta que he +cometido para contigo? + +No, amigo mío, eres el único ser en el mundo que nada tenga que +reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy más que nunca, +¡aunque jamás hayas sido más indignamente engañado que hoy! + +¡Si tan sólo pudiera decirte cuánto te amo! ¡Con qué placer moriría en +el acto! ¡Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza +en tu hombro y llorar lágrimas de sangre! + +No me vuelvas a mirar así, mi querido niño grande, como para hacer creer +que te he desdeñado con razón, que te he encontrado demasiado simple y +demasiado indigno de mí, pues, ¡mira, no sé lo que haría! + +¡Que Dios te preserve de mí y de mi amor! + + + + +XXV + + +Ocho días después. + +¡Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he +embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro. + +Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida podía +todavía ofrecer de felicidad a una pecadora como yo. + +¿Y ahora? + +Desde hace horas, me encuentro frente a esta última y grave cuestión: +¡huir o morir! + +Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas +alternativas, pues Roberto vendrá mañana para llevarme a la tumba de +Marta. + +Antes que seguirlo allí, prefiero morir. Aun admito que lleve la +hipocresía hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle +todo; admito que el horror que me inspiraría a mí misma, no me ahogue, +que encuentre el miserable valor de casarme con él; ¿qué existencia +llevaría a su lado? + +¿Para qué aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde +mucho tiempo atrás? Pasaría por esta tierra semejante a una pobre +criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el +temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de +gritar mi falta al mundo entero. ¡Cómo podría dormir en ese lecho que he +deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! ¡Cómo vivir +entre esas paredes en que todavía están inscritas en letras de fuego +esas palabras: «Oh, si ella muere!» + +Voy a razonar fríamente conmigo misma, como conviene a una persona que +hace el balance de su vida. + +¿Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo sé. + +¿Huir? ¿Qué haría en medio de extraños? Los conozco; conozco a los +hombres y los desprecio. Ellos me han hecho daño, seguirán haciéndome +sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa +ya más que en él. + +Pues bien, ¿morir? Los frascos de morfina están ahí, en salvo en el +fondo de mi gaveta; un presentimiento me decía que algún día los +necesitaría, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las +órdenes de mi anciano tío el doctor. Las pocas horas de sueño que he +perdido me serán devueltas así al céntuplo. + +Escribiré todavía una carta a mi tío; él será mi heredero y mi +confidente. Quizá podrá disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo +sospeche. + +A él, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario +que sea así. + +* * * + +He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buzón. El +sereno anunciaba la media noche. ¡Qué desierto y obscuro está el mundo! +El viento pasa estremeciéndose por los tilos; aquí y allí brilla +tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores. + +Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gruñidos y quiere +atacarme. En torno mío las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma +el remordimiento y una pasión que jamás se saciará, he ahí lo que me +reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida. + +Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no +siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, después de haber +llorado a mi gusto. Las lágrimas que no podían darse libre curso, me +ponían en el pecho un peso aplastador.--Y dicen que llorar da sueño. +¡Buenas noches! + + +FIN + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO *** + +***** This file should be named 26078-0.txt or 26078-0.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/6/0/7/26078/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El deseo + +Author: Hermann Sudermann + +Release Date: July 18, 2008 [EBook #26078] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + + +BIBLIOTECA DE LA NACION + +H. SUDERMANN + +EL DESEO + +BUENOS AIRES + +1909 + +Imp. y estereotipia de LA NACIN.--Buenos Aires. + + +Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua +cristalina, ser, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores +de la Biblioteca de LA NACIN. + +Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es +hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que +desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades +morales. + +En _El Deseo_, una de las mejores obras del novelista germano, la trama +gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia, +dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente +dotada por la Naturaleza, mental y fsicamente, pero a quien profundos +desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de +pasin, de cario, de iracundias y de bondades, predominando siempre una +sensibilidad casi enfermiza, casi mstica, para los impulsos y actos +nobles. + +Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente, +brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad. + + + + +EL DESEO + + + + +I + + +Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano mdico. + +Estaba l todava en el lecho, y embargado por el sentimiento de +bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando +se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por da en un +cabriol de mdico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y +los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las sbanas alguna +vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro ms +joven. + +Alarg y estir sus miembros cascados y volvi a hundir en las almohadas +su rostro gastado y amarillento, salpicado de speros vellos blancos, +cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa +ama imperiosa que, durante tantos aos, fuera indispensable o no, lo +haba sacado de su cama antes del amanecer, no le permiti descansar ni +aun entonces. + +Suspir, bostez, se avergonz de su pereza y tom la campanilla puesta +a su cabecera, en la mesa de noche. + +Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como l, apareci +en el umbral. + +--Qu hora es, seora Liebetreu?--le grit. + +Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la +cama del doctor, y cuyo despertador estridente haba interrumpido ms de +una vez de un modo desagradable sus sueos de la maana, no se le haba +dado cuerda desde el da en que el joven mdico adjunto haba llegado a +Gromowo, para que yo sepa bien--se complaca en decir el doctor--que en +lo sucesivo mi vida est en reposo. + +--Las ocho menos cuarto, seor doctor--respondi la anciana, ocupndose +en arreglar la tapa de la estufa. + +--Vaya! vaya!--exclam l, enderezndose.--Qu perezoso me he vuelto! +Y... han llegado cartas? + +--S, varias por correo y una que trajo personalmente el joven seor +Hellinger hace dos horas. + +--Pero, si hace dos horas, era todava de noche! + +--S; me dijo que tena que ir hasta la granja y que no poda esperar +ms. Ya anoche, cuando el seor doctor estaba en _El guila Negra_, +vino y se qued esperando casi dos horas. + +--Y por qu no me mand usted llamar?--grit el doctor con el tono +grun de un anciano bonachn pero bilioso. + +--Acaso no nos lo prohibi l?--replic la ama de llaves, exactamente +en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de +su parte: era ms bien el eco del carcter del anciano.--Estuvo sentado +en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sent) iba +de un lado a otro como una fiera, se rea, hablaba solo; yo desconoca a +nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llev cerveza, seis +botellas; se las bebi todas, y tuve que beber con l... En fin, tena +algo de trastornado. + +--Eh! eh!--murmur el anciano rindose por lo bajo.--Me parece que +all hay algo de Olga. Al fin, ella se habr... Y son para hoy esas +cartas?--exclam de repente, como si estuviera lleno de furor, aun +cuando su rostro permaneca sonriente. + +Y cuando la ama de llaves, refunfuando, hubo satisfecho su deseo, sin +vacilar tom de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no +concedi siquiera una mirada a las dems. + +Una alegre emocin haca temblar sus manos, mientras desdoblaba el +papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, ley: + +* * * + +Querido viejo to: + +Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si +pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los +tuyos, todo lo que siento en el corazn... Todava no lo creo, la cabeza +me da vueltas cuando pienso en ello. To querido, en los peores das de +prueba me ayudaste y protegiste. T solo tendiste los brazos a Marta +cuando todos--y hasta mis mismos padres--le volvan la espalda, llenos +de frialdad y de desconfianza. No pudiste conservrmela, to querido! +Dios la llam a s, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi razn +amenazaba extraviarse, t me tomaste la cabeza entre tus brazos y me +hablaste como habra podido hacerlo un sacerdote. + +Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida, +que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones +materiales y mi pasin por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre +cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres aos que +dur nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la +vida parece querer darme ahora todo lo que todava puede tener para m +de alegra y de tranquilidad. + +T sabes, to, cmo, en medio de mi dolor, me dej llevar por un afecto +sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga. +Todo te lo confes, busqu consuelo cerca de ti cuando me atormentaba, +cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto an llevaba. +Y me dijiste entonces: + +--Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegira +a otra que a esa hermana, que era, despus de ti, lo que ella ms +quera en el mundo? + +Me qued espantado hasta el fondo del alma, pues jams me habra +atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero t no cesaste de exhortarme, +tanto, que por fin, hace ocho das, armndome de todo mi valor, le ped +que compartiera mi suerte. Ella se neg, t lo sabes. + +Se puso plida como una muerta; en seguida me tendi la mano y me dijo, +resistindose: + +--Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer. + +Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me deca: esto no es ms que lo +que mereces, presuntuoso! + +Y he aqu que hoy, querido to... no puedo escribirlo... Mi mano se +detiene. Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma! +Maana, to, maana te lo contar todo! + +Por la maana tengo que ir a la granja. Volver como a las doce, e +inmediatamente har la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada +sospecha todava: he aqu sus proyectos trastornados una vez ms, por lo +cual Olga tendr mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por +despedirla de la casa. Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes! + +Son las tres de la maana: basta por hoy. + +Tu muy agradecido y muy feliz, _Roberto Hellinger_. + +* * * + +El viejo mdico enjug una lgrima que rodaba por su mejilla. El buen +muchacho!--murmur.--Cmo remolinean los sentimientos en su cerebro +acalorado, y qu franqueza en todo esto, qu rectitud en la menor +palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble nia: es +el nico a quien yo te dara con placer. Y ahora voy a ver si t tambin +tienes confianza en el viejo to. Voy a cerciorarme de ello +inmediatamente. + +Y rindose y gruendo escondi la cabeza entre las almohadas. Luego, de +repente, grit con voz que reson en toda la casa como un trueno: + +--Mil millones!... Dnde est mi pantaln? + +Se lo llevaron, y cinco minutos despus, el anciano se hallaba ya listo, +delante de su espejo; slo le faltaba su peluca de un gris amarillento. + +--Mi sombrero... mi abrigo... mi bastn...--grit en el corredor. + +--Pero el caf, Dios mo, el caf!--grit la vieja desde la cocina, ms +fuerte an, si esto era posible. + +--Bueno, pero pronto entonces!--replic l, siempre en el mismo +tono.--Es preciso que est aqu antes de que yo haya concluido de leer +mis cartas. + +Y, refunfuando de impaciencia, tom el montn de cartas que se haba +quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que l le hiciera caso. +Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,--un +pobre ciego con un hijo recin nacido!--y de repente se estremeci, +mientras una sonrisa apareca de nuevo en su rostro. + +--Diantre! No me esperaba esto--murmur con satisfaccin.--Ella tampoco +ha podido dormirse sin hacer al viejo to el confidente de su dicha. Eso +est bien, hijos mos; os lo tendremos en cuenta. + +Y con la misma alegre prisa con que haba abierto la carta de Roberto +Hellinger, rompi el nuevo sobre. + +Pero apenas haba comenzado a leer, cuando con un grito ahogado +retrocedi dos pasos, tambalendose, como un hombre que recibe un golpe +por sorpresa. Su rostro gris se volvi de una palidez gredosa, sus ojos +salieron de sus rbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como +garras el papel que temblaba. + +Cuando la ama de llaves entr con el caf, encontr a su amo sentado +como una mole inerte en un ngulo del sof, con la frente cubierta de +gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el +papel que sus manos estrujaban todava con un apretn casi convulsivo. + +--Dios mo! Dios mo! Seor doctor!--exclam la anciana dejando caer +con estrpito la bandeja sobre la mesa. + +Estas exclamaciones le hicieron volver en s. Se hizo dar agua, de la +cual bebi vidamente dos grandes tragos, se humedeci la frente y las +sienes con el resto, e hizo seas a la ama de llaves para que se +alejara. + +Y entonces, despus de haber echado el cerrojo a la puerta, recogi la +carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa: + +* * * + +Mi querido amigo, mi segundo padre: + +Cuando lea usted estas lneas, habr cesado de vivir. He reunido y +conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio, +cuando despus de la muerte de Marta, perd el sueo; habr lo +suficiente, as lo espero, para asegurarme el descanso. + +Usted que me protegi como un segundo padre, ser el nico en saber por +qu he tomado esta extrema resolucin. En las largas noches de invierno, +cuando la tempestad sacuda mi ventana y yo no poda dormir, he escrito +en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo +que no me dejar un instante de reposo hasta que me haya dormido para +siempre. En mi estante de libros encontrar usted, escondido detrs de +los volmenes de Heine, un cuaderno azul. Gurdeselo usted, sin que los +dems lo noten; y cuando lo haya usted ledo todo, vaya usted a mi tumba +y rece un Padre Nuestro. + +Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido. +Ella es quien me arrastra detrs de s. + +Usted lo comprender todo cuando haya ledo mi historia: quiz hasta +sabe usted de mi secreto ms de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el +delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. Por qu si +no, habra usted alejado de mi lecho a todos mis parientes? + +Se horroriz usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? Me +compadece usted? Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me +desprecia; si as fuera, me habra usted podido demostrar tanto afecto? +Por otra parte, lea usted mi cuaderno, all est todo. + +Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quera enviarlo, +despus de muchos aos, cuando a nuestra vez hubiramos sido viejos, al +hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qu lo haba +rechazado. + +Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dej +caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no haba manera de +escaprmele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte. + +Y todava tengo que dirigir a usted una splica. Es la splica de una +moribunda y, si est en poder de usted, acceder usted a ella. + +Oculte usted al mundo entero--y ante todo a aquel a quien amo--que me +he dado la muerte. Ojal crea que lo que me ha matado es la alegra! +Destruir todo lo que pudiera revelar un suicidio: los nicos signos +aparentes sern los de una muerte de aneurisma o de congestin. + +Se lo suplico a usted desde el fondo del corazn; otrgueme usted +todava esta satisfaccin suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo. +Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.--_Olga +Bremer._ + +* * * + +El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se +bamboleaba, apretaba los puos y se golpeaba la frente; en seguida +volvi a caer sobre una silla. + +--Es una locura, una completa locura--gimi enjugndose las gotas de +sudor que cubran su frente.--Hija ma, qu es lo que ha pasado por ti? +Qu te ha obscurecido as la razn? Mi pobre, pobre y querida nia! + +Luego se levant de un salto y busc con sus manos temblorosas su +sombrero y su abrigo. + +Socorrer! socorrer! arrancar su vctima a la muerte! He ah el +pensamiento que, por el momento, le llenaba el espritu. Un instante +tuvo la idea de que quiz la joven no haba puesto seriamente su +proyecto en ejecucin; pero la desech inmediatamente. Haba aprendido a +conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de +una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad. + +Pero quiz la dosis que haba tomado era demasiado dbil, quiz el +tiempo--haca ms de un ao que Marta haba muerto de parto, y en esa +poca era cuando l haba dado a Olga la pocin calmante--quiz el +tiempo haba atenuado la fuerza del veneno. S, s, as era; era preciso +que as fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse +inofensiva. + +Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba +vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qu. Luego tom de nuevo +la carta. + +--Y qu es lo que me pides? Hija, hija ma, te figuras que sea cosa +tan fcil violar un juramento, renunciar, como se arrojara un cascarn +vaco, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio +siglo? Nia, no sospechas lo que pides a un hombre de honor. + +En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvi a leer una vez +ms este pasaje: Es la splica de una moribunda... se lo suplico a +usted desde el fondo del corazn; otrgueme usted todava esta +satisfaccin suprema. + +Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas lgrimas. + +--Es imposible, hija ma, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y +aun cuando lo quisiera, me traicionara yo mismo. No soy ya ms que una +pobre y vieja ruina, y no soy dueo de mis nervios. Lo notaran a la +primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu +to... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es +necesario ante todo salvarte. Da de Dios! Viejo, s hombre todava por +lo menos una vez en tu vida. Es preciso que la salves, es preciso, es +preciso, es preciso! + +Y tan ligero como sus piernas cascadas podan llevarlo, se +precipit--empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la +puerta--y ech a andar por la escarcha helada y punzante de la maana de +invierno. + + + + +II + + +La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno, +presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad ms perfectas. +Del tubo del aparato de cobre para hacer caf, cuyo vientre, bruido y +lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor +azulado que volva a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empaaba el +azucarero de plata y coronaba con un roco las tazas de caf. + +El seor Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la +nieve; sus facciones regulares y todava jvenes, sus mejillas +sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. Cmodamente +extendido en su silln azul floreado, con la bata recogida sobre las +rodillas, pareca esperar con una resignacin apacible lo que el +destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese da. + +Esta acababa de echar un poco de caf en el filtro, y se limpiaba +minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada, +adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba, +cuyas cintas estaban slidamente atadas bajo su carnosa barba, se +inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y spero rostro de +viejo dragn, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las +mujeres de edad que beben de buen grado un trago de coac en la copa de +sus maridos, brillaba lleno de energa y de decisin en su marco de +encajes. Se vea en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a +doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su +ancha boca, demostraba hasta qu punto acostumbraba a perseguir, sin +dejarse detener, la realizacin de sus planes. + +Y, para no permanecer inactiva hasta que el caf hubiera pasado, tom el +tejido de gruesa lana que en su condicin de Presidenta de la +Asociacin de las mujeres y de Directora de la comisin de los +pobres, no se permita jams abandonar, y con una rapidez inaudita hizo +deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al +trabajo. + +--Adalberto, no tienes noticias de Roberto?--pregunt con voz ruda y +metlica, que deba penetrar hasta en los menores rincones de la casa. + +La pregunta pareci desagradar al anciano, quien movi la cabeza como si +hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal. + +--Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo--continu ella, y su amarga +sonrisa se acentu an ms.--Hace ocho das que no se ha dejado ver ni +ha dado seales de vida. Si habitara en la luna, no vendra con ms +rareza! + +El seor Hellinger refunfu algo en su barba y se prepar a tomar su +larga pipa. + +--Parece que todava hay algo que no va bien,--continu ella.--En estos +ltimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en +mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener +encima algn pago que no puede hacer. + +--Pobre muchacho!--dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin +duda para desechar ese pensamiento desagradable. + +--S, pobre muchacho!--repuso ella en tono burln.--Todava lo +compadeces, quiz? Eres capaz de haberle dado otra vez algo a +hurtadillas? + +l, en seal de protesta, levant sus manos blancas y bien cuidadas, +pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente. + +--Adalberto--dijo ella en tono amenazador,--no quiero que eso vuelva a +suceder. Lo que le das a l nos lo quitas a nosotros y nuestros dems +hijos. Si todava fuera digno de ello! Pero quien no quiere escuchar +debe padecer. Si por arrogancia y por obstinacin corre a su prdida... + +--Permite, Enriqueta...--insinu el seor Hellinger tmidamente. + +--Yo nada permito, querido Adalberto--replic ella.--Quien no quiere +escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere +seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta +slo por l, que pasa las noches cavilando y atormentndose... + +Y se frot los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de +lgrimas. + +--Pero Enriqueta!--volvi a decir l. + +--Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras; +te permito quedarte en _El guila Negra_ todo el tiempo que quieres; te +dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes +soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a +propsito, bien podras evitar el volcar tres sillas como lo hiciste +ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideracin por tu +vieja y fiel esposa; pero qu era lo que quera decir? S, en cuanto a +mis planes, me hars el servicio de no mezclarte en ellos, por que no +los comprendes. Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por +ese bribn de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas, +escribir cartas, y sabe Dios cuntas otras cosas. Lo present a cinco o +seis jvenes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo +que no tena ms que extender la mano. Pero qu hizo? Supongo que +todava te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro aos, nos +trajo a Marta, a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques +vienen de all. + +--Pero, Enriqueta! + +--Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu antfona: +Marta era mi carne y mi sangre; ya lo sabemos. Pero, si quera +mostrrseme como una sobrina afectuosa y agradecida, por qu no le +trajo la dote necesaria? Porque nada tena, naturalmente, nada! Mi +hermano muri indigente como una rata de iglesia. Es esto decente en un +miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se +le antojara, poco me importa; slo que no tena necesidad de echarnos a +su hija en los brazos. + +--Pero... ya est muerta--observ el seor Hellinger. + +--S, ya est muerta--replic su esposa juntando las manos.--Yo no dir: +alabado sea Dios, porque eso sera pecado; pero ya que el buen Dios lo +ha decidido as, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la +locura de Roberto. Mientras estabas en _El guila Negra_, bebiendo tu +vino tinto, me puse nuevamente en campaa, trabaj, tom nuevas +informaciones; ya no tiene ms que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann, +con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de +su padre; tiene a la chica Versen, todava muy joven, es cierto, pues +acaba de ser confirmada, pero esa tendr an ms. Y todava me quedan +otras tres o cuatro. Pero qu crees que contesta a mis proposiciones? +Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguirs no volver a +verme. Hase visto jams? No faltara ms que una cosa: que, despus de +Marta, tomara todava a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa +madre no le quedara ms que morir. A propsito, dnde se ha metido +hoy la seorita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todava. +Puede ser que en la casa de mi seor hermano, que tena costumbres +polacas, cultivaran el hbito de quedarse en la cama hasta las +doce--pero en una casa bien manejada como la ma, no habra que pensar +en eso, Adalberto! Yo sabr poner orden. + +--No comprendo, mi querida Enriqueta, por qu me diriges los reproches +que son para tu sobrina. + +--Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu proteccin, Adalberto! +Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me +desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco +voy a poner fin a todo esto. Hace un ao entero que la tengo a mi lado, +y ya comienza a ser perfectamente intil. + +--Pero acaso no trabaja de la maana a la noche en cuidar la casa de +Roberto? Se pasa un solo da sin que vaya a la granja? No seas tan +injusta con ella, Enriqueta! + +Ella le lanz una mirada de compasin: + +--Si no fueras tan nio, como lo has sido siempre, Adalberto, se podra +conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso +ves? Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a +pavonearse todos los das en la granja y darse tonos de ama delante de +l y de los sirvientes? Oh! Es muy lista, mi sobrina Olga! Ya habr +hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a +ella--slo a ella--le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es +eso qu tendra que ir a hacer todos los das a la granja? + +--Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta. + +--Naturalmente! Naturalmente! Cuntas cosas te hacen creer con +cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qu lo hace y por qu ama a ese +pobre nio hasta comrselo a caricias: conoce el camino que lleva al +corazn del padre! + +--Pero tal vez no lo quiere--insinu el viejo Hellinger. + +Ella solt la risa. + +--Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las +puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no +pongo fin a todos estos manejos mostrndole la puerta, podra muy bien +suceder que un da Roberto la tomara por la mano y nos dijera: Ahora, +pap y mam, tengan ustedes la bondad de darnos su bendicin. Pero, +antes que ver una cosa semejante, Adalberto... + +En el mismo instante, un gran ruido de pasos reson en el vestbulo; y +casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta. + +--Toma!--dijo la seora Hellinger.--He ah uno que hace tanto estruendo +como un alguacil. Todava no estamos en ese estado, sin embargo! + +Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: Adelante! + +El viejo mdico penetr en la habitacin. Tena el sombrero echado hacia +atrs, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como +despus de una carrera desenfrenada. Se olvid de dar los buenos das y +no hizo ms que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora. + +--En nombre del Cielo, doctor!--le grit el seor Hellinger +precipitndose a su encuentro.--Nos embistes como un toro! + +La seora Hellinger, al contrario, asumi su aspecto spero y refunfu +algo como: modales de fumadero. + +Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que, +con la cara de todos los das, lo miraban con estupor, se dej caer en +una silla con un suspiro de alivio. As, pues, la terrible cosa no se +haba realizado! Pero, un instante despus, la ansiedad volvi a +apoderarse de l. + +--Dnde est Olga?--tartamude alzando los ojos hacia la puerta, como +si fuera a verla entrar en ese instante. + +--Olga?--dijo la seora Hellinger encogindose de hombros.--Qu s yo! +Sin duda va a venir de un momento a otro; es por algo urgente? + +--Alabado sea Dios!--exclam el doctor juntando las manos.--De modo +que ya ha bajado! + +--No, eso no--dijo la seora Hellinger.--La seora Duquesa se ha dignado +dormir hoy un poco ms. + +--Dios del Cielo!--exclam de nuevo l.--Y nadie ha ido a verla! +Nadie sabe nada de ella? + +--Doctor qu te pasa?--grit el viejo Hellinger que comenzaba a +inquietarse. + +Sin duda, el doctor se acord en ese momento de la splica que terminaba +la carta de despedida de Olga; comprendi que, de ese modo, su deseo de +respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto, +e hizo un ltimo y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto. + +--Qu me pasa?--balbuci con una sonrisa dolorosa.--Pues nada! Qu +haba de tener? Mil millones!... + +Y, en seguida, abandonando todo fingimiento grit: + +--Dios mo! Dios mo! Has permitido la espantosa desgracia! La has +dejado de tu mano! + +Y poco le falt para dejar correr sus lgrimas; pero, reuniendo toda la +energa que quedaba en su cuerpo gastado, se enderez recto como una I: + +--Venid al cuarto de Olga--dijo,--y no os asustis, cualquiera que sea +el estado en que la encontris. + +El viejo Hellinger palideci y su mujer se puso a gritar y sollozar: se +aferraba al brazo del doctor y quera saber lo que haba sucedido, pero +ste no deca una palabra ms. + +As subieron los tres la escalera que conduca al cuarto de Olga, +mientras que en el vestbulo los sirvientes se reunan y los +contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos. + +Delante de la puerta de la habitacin de Olga, la seora Hellinger tuvo +un ataque de desesperacin. + +--Toque usted, doctor--dijo con un sollozo.--Yo no puedo. + +El anciano toc. + +Nadie contest. + +Toc una vez ms y puso el odo en el agujero de la cerradura. + +Siempre el mismo silencio. + +Entonces la seora Hellinger se puso a gritar: + +--Olga, querida hija ma, abre; somos nosotros, tu to, tu ta, y tu +viejo to el doctor. Puedes abrir sin temor, querida ma. + +El doctor dio vuelta al botn; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por +el agujero de la cerradura; estaba tapado. + +--Manda buscar al cerrajero, Adalberto!--dijo. + +--No!--grit la seora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su +pena.--Yo no lo sufrir; no ha de suceder as: la vergenza sera +demasiado grande; yo no podra sobrevivirle. Qu vergenza! qu +vergenza! + +El doctor le lanz una mirada en que se lean el asco y el desprecio. +Pero ella no le hizo caso. + +--T eres fuerte, Hellinger--dijo.--Apyate contra la puerta, quiz +consigas romper la cerradura. + +El seor Hellinger era un coloso. Apoy uno de sus robustos hombros en +la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir. + +--Despacio--le dijo su mujer.--Los sirvientes estn en el vestbulo. + +--Idos a hacer algo en la cocina, montn de perezosos!--grit en la +escalera su voz regaona. + +Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empujn, y una de las +tablas se parti por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtr +en la semiobscuridad del corredor. + +--Djeme mirar por all--dijo el doctor, el cual, esperando lo peor, +haba recuperado su serenidad y su sangre fra. + +Hellinger arranc algunas astillas de madera, de manera que, por la +abertura, se pudiera ver todo el cuarto. + +Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La +sobrecama arrojada a los pies formaba un montn blanco detrs del cual +brillaba la lnea rubia de las trenzas de Olga; tambin se alcanzaba a +ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la sbana. Los +pies estaban descubiertos; parecan haberse estirado en convulsiones +contra la madera de la cama y despus haber vuelto a caer sin fuerza. + +A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las +enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y +sobre la pequea alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas +de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse. + +Sobre el mrmol de la mesa de noche, medio apoyado contra la lmpara, +reposaba un libro, todava abierto, como si se le hubiera dejado all +en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello pareca cernerse esa +paz serena e indefinible que revela el alma pura de una nia. La que +all moraba se haba dormido la vspera con una plegaria para +despertarse en la maana con una sonrisa. + +Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apart de la +abertura. + +--Pasa tu brazo por all, Adalberto--dijo,--y procura alcanzar la +cerradura. Ella la ha cerrado por dentro. + +Pero la seora Hellinger, apretndose contra la puerta, suplic a +grandes gritos a su querido tesoro que se despertara y abriera ella +misma. Al fin, se consigui apartarla y abrir la puerta. + +Los tres se acercaron a la cama. + +El rostro blanco como un mrmol pareca mirarlos con sus ojos vidriosos, +medio cerrados, en los labios una sonrisa exttica. + +La encantadora cabeza, de lneas firmes y nobles, se inclinaba un poco +sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se +desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de +noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El botn de ncar, al cual se +adhera un jirn de tela y que se haba quedado en el ojal, era lo nico +que indicaba que, antes de dormirse, la joven haba debido ser presa de +una violenta agitacin. + +--Duermes, tesoro mo, dime que duermes,--dijo la seora Hellinger +sollozando.--Dime que no has hecho semejante afrenta a tu ta, a tu +querida ta que te ha criado y cuidado como a su propia hija. + +Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoder de la mano lvida que colgaba +y trat de levantarla. + +Su marido, ms sensible, se haba ocultado el rostro entre las manos y +lloraba. + +El doctor no se dej llevar por la emocin. Haba sacado de su bolsillo +su estuche, y, rechazando a la seora Hellinger con un ademn apenas +corts, se inclin sobre el pecho que, con un movimiento brusco, haba +descubierto por completo. + +Cuando se enderez su rostro estaba mortalmente plido. + +--Una ltima tentativa!--dijo. + +E hizo una rpida incisin horizontal en el brazo, en el sitio en que +una arteria se dibujaba en lnea azulada en la blancura nvea de la +carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; slo +al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente. + +Entonces el anciano arroj lejos de s el luciente bistur, y con las +manos juntas, luchando con las lgrimas, se puso a rezar un _Pater +Noster_. + + + + +III + + +El mismo da, a eso de las doce, a travs de los terrenos pantanosos que +se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de +un caballo se diriga hacia la pequea ciudad. + +Tan tupidas y pesadas que pareca que se las pudiera tocar con las +manos, las nubes se extendan sobre la llanura. De trecho en trecho se +alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce, +completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes, +colgadas en largas filas de las desnudas ramas. + +Las ruedas se hundan profundamente, en el barro del camino, que corra +entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada +instante hasta la caja del coche. El que lo conduca poco se preocupaba +del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permaneca +sumido en su rincn, y slo se enderezaba a ratos, cuando las riendas +amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se diseaba la +estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba +como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba +dentro de sus pliegues. + +Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quiz en mayor proporcin, +y el rostro tambin presentaba una semejanza que no poda engaar; pero +las facciones, que en el padre haban conservado, hasta bajo los +cabellos blancos, una amable dulzura, se haban acentuado en l en +pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez, +un humor sombro y siempre inquieto. Una barba rizada y desaliada +envolva las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y +adquira en las extremidades de la boca un matiz ms claro y caa sobre +el pecho en dos puntas de un rubio apagado. + +Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el +prometido de Olga. + +De la felicidad que le haba llegado la vspera, su frente no dejaba +adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a +lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era +que saba que tendra todava mucho que hacer antes de poder llevarse a +su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la +victoria misma no le llevara ms que inquietudes y tormentos. Volva a +ver con el pensamiento los tiempos difciles que haba atravesado, y que +apenas alumbraron algunos rayos de sol. + +Haca seis aos ya que su padre le dej solemnemente, en su condicin de +hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a +la pequea ciudad y llevar en ella una vida apacible y cmoda. Desde ese +da comenz su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan +pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la +carga: todo lo que consegua ganar con sus manos encallecidas, todo lo +que ahorraba en sus gastos personales, desapareca absorbido por las +reclamaciones de los suyos. Y no poda quejarse; todo suceda conforme +al derecho ms estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida +hasta el ltimo centavo entre l y sus seis hermanos y hermanas--sin +hablar de la reserva que haban estipulado para ellos los padres. + +Cada teja de su techo y cada terrn de sus campos estaba empeado; sobre +cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su +madre, que vigilaba severamente para que los rditos no se atrasaran un +minuto. + +Acaso no estaba en su derecho? Poda l exigir que lo quisiera con +mayor cario que a sus otros hijos? Sus hermanos tenan que seguir una +carrera, sus hermanas se haban casado, gracias a la dote; todos y todas +fijaban en l miradas ansiosas y vidas como en el autor y el sostn de +su dicha. + +Los rditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba +a toda hora, amenazante, en sus odos, y por la noche le haca +despertarse sobresaltado y llenaba sus sueos de visiones espantosas. + +Los rditos! Cuntas veces, por causa de ellos, se haba golpeado la +frente con los puos cerrados! Cuntas veces haba corrido, +obsesionado, atontado, a travs de los campos fangosos, para escaparse +de esa tropa de demonios chispeantes; cuntas veces, en un acceso de +loco furor, rompi con el puo algn utensilio, arado o vara de coche, +como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero +ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le seguan con ms tenacidad y +ms de cerca, le chupaban ms y ms vidamente, hasta la mdula, todo el +vigor de su juventud. + +Y de qu le serva dominarlos, si alguna vez lo consegua? A esa hidra +le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se +alzaba, ms temible, hinchndose ms desmesuradamente ante sus ojos +llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre l, a aplastarlo +con el peso de su mole gigantesca. + +As se haba arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un +condenado, desde el da solemne que fue alegremente celebrado y rociado +con vino y con champaa en _El guila Negra_. + +Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le +perdonaba uno solo de los esprragos que se haban reservado en la +primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la poca de la +cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos. + +Quien no quiere escuchar debe padecer, era su mxima predilecta, y l +nada escuchaba oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple +s, habra podido poner trmino a todos sus tormentos, habra podido +vivir hasta el fin de sus das en la abundancia y en la alegra; y que +no quisiera pronunciarlo, por una obstinacin estpida e inconcebible, +que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que +su madre no poda perdonarle. + +Dos aos transcurrieron as. Entonces sinti que, si continuaba esa +existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La +vacilacin, el temor, lo enervaban ms y ms: resolvi, pues, buscar un +fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le haban +prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios +plidos. + +Y lleg el da en que llev como esposa bajo su techo a la amada de su +juventud, que haca poco se haba quedado hurfana y sin hogar. + +Era un sombro y triste da de noviembre; las nubes grises corran en el +cielo como siniestros pjaros. Temblorosa y muy plida con su vestido +negro, la delicada y enfermiza criatura se suspenda de su brazo y se +estremeca bajo las miradas con que la examinaban los extraos, en las +cuales se mezclaban la compasin y el desdn. + +Su suegra la haba acogido con reproches e imprecaciones, y transcurri +casi un ao antes que entre ellas se establecieran relaciones algo +tolerables. + +Marta se haba mostrado valerosa y activa, y haba, no obstante su mala +salud, trabajado de la maana a la noche para poner en orden todo lo que +un amo, largo tiempo soltero, haba dejado ir a la deriva. + +Y cuando, despus de tres aos de vida comn, llena de paz y de +consuelo, el Cielo prometi bendecir su unin, ella no ces, aunque su +estado exiga los mayores cuidados, de ir y venir, arreglndolo y +dirigindolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi pareca +que hubiera querido ganar as para su marido la dote que no haba podido +llevarle. + +En tales circunstancias--dos das despus del nacimiento del nio,--Olga +haba llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la haba visto desde el +da de su casamiento; y casi se asust de su aspecto al verla dirigirse +hacia l tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se haba +desarrollado su hermosura. + +Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! Qu mundo de +sufrimientos, sin embargo; cuntos das de sorda desesperacin, y +cuntas noches de horripilantes fantasmas haban transcurrido entre +aquel da y el presente! + +Roberto se estremeca; no quera pensar ms en ello; ahora todo pareca +arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonrea apaciblemente +desde arriba y lo bendeca, y, como una flor brotada de su tumba, la +dicha pareca abrirse de nuevo para l. + +Las torres de la pequea ciudad se acercaban progresivamente; se +destacaban cada vez ms detrs de los bosques de alisos. Un cuarto de +hora despus, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada. + +Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, not que a su paso la +gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban, +los otros levantaban su gorra con ademn torpe, y tan pronto como +podan, decentemente, se alejaban de l. Por el contrario, en todas las +casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubran de +rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por l, +desaparecan tmidamente detrs de las cortinas. + +Movi la cabeza pensativamente; sin embargo, como su espritu estaba +ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de +aquello y ya no mir ni a derecha ni a izquierda. + +En la esquina de la plaza del mercado--en el sitio donde estaba antes la +casilla de impuestos--se hallaba la vieja ama de llaves del doctor: +tena las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro. + +Cuando el coche se acerc, ella le hizo sea de que se detuviera. + +--Vamos, seora Liebetreu!--dijo l alegremente.--Al fin me encuentro +con alguien que no huye al verme! + +La anciana alz los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo. + +--Ah, mi joven seor!--dijo, se le llamaba siempre el joven seor, para +distinguirlo de su padre, aunque haca tiempo que haba cumplido los +treinta.--El seor doctor ruega a usted que entre en su casa: querra +hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle. + +--Es muy urgente lo que tiene que decirme? + +La vieja se asust; crey que a ella iba a incumbirle el cuidado de +darle la penosa noticia. + +--Ah! Qu s yo!--exclam.--No me ha dicho ms que eso. + +--Bueno, salude usted afectuosamente a mi to, y dgale que tengo que +hablar primero con mis padres--l sabe de qu se trata--y que +inmediatamente despus ir a verlo. + +La anciana murmur algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta. + +El carruaje continu su camino hacia la casa del viejo Hellinger, +situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel. +Los vidrios de las ventanas le dirigan miradas amistosas; las lustrosas +tejas del techo brillaban; se senta, como siempre, que ese techo +abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. At su +caballo en la verja del jardn y subi con paso pesado y ruidoso la +pequea escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los +steres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza. + +La campanilla hizo or su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se +present a recibirlo. Arroj su capa empapada por la lluvia sobre uno de +los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la +ropa maternal. Despus entr en la sala, estaba desierta. + +--Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la +siesta--murmur;--creo que hoy ser prudente dejarlos dormir. + +Se dej caer en el rincn de un sof y mir a la puerta, pues esperaba, +en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara +para tenderle la mano. + +No tard en impacientarse. Y si Olga haba ido a la granja? Pero no; +ella saba que l deba venir para hablar con sus padres. + +Por fin se decidi: Voy a ir a llamar a su puerta, y se levant. + +Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la +vspera por la tarde, haba aspirado sin tregua a encontrase con ella, +se senta invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de +aprensin singular. Esa timidez, esa confusin que en otros tiempos se +apoderaban siempre de l en su presencia, volvan a dominarlo. Era +posible que hubiera tenido la vspera a esa mujer en sus brazos? Y si +se haba arrepentido, si fuera a devolverle su palabra? + +Pero en ese instante, toda su audacia se despert. Abri los brazos en +toda su extensin, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo +inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclam: + +--Que haga la prueba! Con estas mis manos la alzo y me la llevo a +casa! Puesto que Marta ha dicho s, yo querra ver que alguien se +opusiera! + +Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subi la escalera que no +por eso dejaba de gemir bajo su peso. + +Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: vea la +raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera. + +Toc la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entr. + +* * * + +Un segundo despus, la casa se conmova hasta sus cimientos, como si el +techo se desplomara. + +Los dos ancianos que se haban retirado a su dormitorio para recuperar +las fuerzas despus de las horas dolorosas de la maana, se levantaron +espantados. + +Llamaron a los sirvientes; pero stos haban volado a hacer que la +ciudad no quedara por ms tiempo privada de las ltimas noticias del +triste acontecimiento. + +--Sube t--dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario. + +Y, estremecindose, extendi la mano hacia el frasco de gotas de +Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida +que tena miedo. + +Cuando el viejo Hellinger penetr en la habitacin de arriba, el +espectculo con que se encontr le hel la sangre en las venas. + +El cuerpo de su hijo yaca en el suelo, cuan largo era. Deba, en su +cada, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual +haban puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre l, +entre tablas rotas, el cadver estaba extendido, en su larga camisa, con +su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la +frente de ste. + +En ese momento, Roberto recuper el sentido y se enderez. La cabeza de +la muerta se desliz y golpe el suelo... + +--Roberto, hijo mo!--grit el anciano precipitndose hacia l. + +Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada +vidriosa; pareca no haber vuelto en s todava. De repente descubri +uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba +hacia un lado, se haba atravesado sobre su pecho. Su mirada recorri +aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que +sonrea fijamente. + +Sostenido por los dos brazos de su padre, se levant. Vacilaba sobre sus +piernas, como un toro que ha recibido un hachazo. + +--Por Dios, hijo mo, vuelve en ti!--exclam el anciano tomndolo por +los hombros.--La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que +resignarnos. + +Roberto le lanz una mirada tmida, desesperada, como un nio. Luego se +inclin hacia el cadver, lo levant y lo puso en la cama rechazando +con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sent junto a ella, a +la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo ndice un mechn de la +suelta cabellera. + +El viejo comenz a temer por la razn de su hijo. + +--Roberto--dijo acercndose a l.--Tranquilzate, sal de aqu, con +quedarte no le devolvers la vida. + +El joven prorrumpi en una risa tan estridente y tan siniestra, que su +padre se estremeci hasta la mdula de los huesos. + +Su estupor acababa de disiparse de improviso; salt con los ojos +brillantes, e hinchadas las venas de las sienes. + +--Dnde est mi madre?--grit avanzando hacia el anciano. + +Este trat de calmarlo. + +--Por piedad, tn un poco de paciencia! Todo te lo contaremos. + +La seora Hellinger, quien, desde haca ya un momento, escuchaba en la +escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por +delante de su padre, Roberto se precipit hacia ella con violencia, como +si fuera a empuarla por el cuello. Pero tena todava suficiente razn +para comprender lo monstruoso de su conducta. Dej caer sus brazos, +inertes; se senta sofocado, como si la clera, que trataba de contener, +fuera a ahogarlo. + +--Madre--dijo,--es necesario que me rindas cuentas; quiero una +respuesta... Por qu ha muerto Olga? + +La anciana se le acerc con expresin de tierna compasin, e hizo un +movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un ademn +rudo, l la apart. + +--Dejemos eso, madre--dijo.--Devulvemela!... + +--Pero, Roberto--gimi ella,--es as cmo un hijo trata a su madre? +Adalberto, dile t cules son las consideraciones que un hijo debe a su +madre! + +Roberto se apoder de las manos de su padre. + +--No te mezcles en esto, padre--dijo...--La cuenta que hoy tengo que +arreglar con mi madre, slo a nosotros dos concierne. Madre, te lo +pregunto una vez ms: por qu ha muerto Olga? + +Se haba apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los +ojos inyectados de sangre. + +Mientras tanto, la seora Hellinger se haba echado a llorar. + +--Acaso lo s?--dijo sollozando.--Acaso puede saberlo alguien? La +hemos encontrado en su cama, nada ms. La infeliz criatura ha trado la +vergenza a nuestra casa, en seal de agradecimiento... + +--No la ultrajes, madre--dijo l con un gruido feroz.--Muy bien sabes +que era mi novia! + +Ella lanz un grito de sorpresa, y su marido hizo un ademn de +extraeza. + +--Cmo, madre! No lo sabas?--grit Roberto golpendose la frente con +ambos puos.--Ella nada te dijo? No fue a buscarte anoche para +contarte lo que haba pasado entre nosotros durante el da? + +--Nada me dijo!--gimi ella.--Apenas si me dirigi una slaba, y se +encerr en su cuarto... + +--Madre--dijo l acercndose hasta tocarla,--cuando te hube confesado +todo, no te dirigiste a su conciencia? No le predicaste que, si me +amaba verdaderamente, deba renunciar a m, porque haca mi desgracia, y +sabe Dios cuntas otras cosas? Madre no has hecho eso? + +--Mi propio hijo no me cree! Mi propio hijo me acusa de +falsedad!--gimi la vieja.--He ah el agradecimiento que obtengo hoy de +mis hijos! + +l le tom la mano. + +--Madre--dijo,--mucho me has hecho sufrir en todos estos ltimos aos. +Los peores dolores, los ms amargos que he tenido que padecer, te los +debo a ti. + +--Dios de misericordia!--exclam ella con voz aguda.--He ah el +agradecimiento! He ah el agradecimiento! + +--Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a m, te lo perdonar, +madre,--continu Roberto,--s y aun ms! Te pedir perdn de rodillas +por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es +necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aqu, sobre +este cadver, que nada sabas, que en todo me has dicho la verdad. + +Y la acerc al cadver que pareca contemplarlo con su sonrisa de +beatitud, como una novia que sonre a su novio. + +--Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?--dijo ella en +tono dolorido dirigindole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y +furiosa. + +Pero le dej hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la +frente de la muerta; ella la acarici diciendo entre sus sollozos: + +--Lo juro, mi querida! Bien lo sabes t, t, que yo ignoraba todo y +que jams te he exigido nada malo! + +Entonces exhal un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso +lo ventajoso que era para ella y para su familia ese lgubre +acontecimiento. En la tierna caricia con que roz el rostro de la muerta +haba un agradecimiento sincero. + +En el mismo instante el viejo mdico entr precipitadamente en la +habitacin. Haba querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a +la espantosa noticia, y vea con terror que llegaba demasiado tarde. + +El viejo Hellinger se adelant vivamente a recibirlo y le cuchiche en +el odo: + +--Llveselo usted, est como un loco! Aqu nada podremos obtener de l. + +Roberto se haba quedado inmvil, abrazado a las columnas de la cama; su +pecho jadeaba; su rostro pareca petrificado por un dolor sombro, sin +lgrimas. + +El doctor frot su ruda barba gris contra el hombro del joven y gru +con ese tono de consuelo spero que, mejor que cualquier otro, llega al +corazn de los hombres enrgicos: + +--Ven, hijo mo. No hagas locuras; no turbes su reposo! + +Roberto se estremeci e inclin dos o tres veces la cabeza. + +Y, de repente, como vencido por el dolor, cay de rodillas delante de la +cama gritando: + +--Por qu has muerto? + + + + +IV + + +Por qu haba muerto Olga? + +Tal era la cuestin que, en lo sucesivo, preocup exclusivamente a toda +la ciudad. En la calle, en las mesas de los cafs, en los bancos de las +cerveceras, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las ms +extravagantes conjeturas, aventuraban las hiptesis ms osadas, pero no +por eso estaba nadie ms adelantado. + +Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y +otros pretendan absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes, +que Olga concluira mal, seguramente. + +Ya en vida, su actitud altiva, sombra y taciturna, haba sido un enigma +para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un +enigma an ms difcil. Era imperdonable. + +Entretanto, descubrieron que el doctor haba sido el primero en recibir +la noticia del suicidio, y el nico a quien ella hubiera confiado su +proyecto. + +La gente se apiaba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero l se +obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que l slo era +capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo da +haba echado al fuego la carta de Olga, pues tema que la justicia +viniera a pedrsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan +evidente, que se haba podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de +prever, la muerta no haba logrado hacer desaparecer completamente las +huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche, +quedaban adheridas al vidrio, gotas de un lquido cuyo sabor indicaba +claramente, aun a los profanos, que se trataba de una solucin de +morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardn, +en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un +frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto haba dejado un +reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, haba sido +arrojado por la ventana, y tena an el rtulo que indicaba, con la +fecha de la receta, la manera de tomar la pocin. + +En estas condiciones, habra sido pura locura de parte del viejo mdico, +aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intencin del +suicidio, pues toda suposicin de un simple abuso de narctico quedaba +descartada. + +No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir +el ltimo deseo de la muerta, y se juraba a s mismo guardar ms +fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resolucin +desesperada. + +Si siquiera hubiera podido saberlo l mismo! Pero los das pasaban y +todava no haba podido entrar en posesin del legado que le haba hecho +Olga. + +La seora Hellinger desconfiaba de l, le deca en su cara que siempre +haba maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que, +si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia +inconsiderada, la pobre Olga habra vivido en paz mucho tiempo todava. +Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la +responsabilidad de la muerte de su sobrina. + +En todo caso, no permita que se quedara solo, ni siquiera por un +segundo, en el cuarto de la muerta. Tena la puerta cuidadosamente +cerrada: no tolerara--deca ella para explicar su conducta,--que los +objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas, +fueran profanados por manos y miradas extraas. + +Y as creca de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga +haba escrito su confesin, cayese en manos de su ta. + +Que se le antojara escudriar entre los volmenes que guarnecan el +estante, y suceda la desgracia! + +A esa zozobra, que llevaba todos los das al anciano a casa de los +Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto +quien, desde ese da de espanto, haba cado en un abatimiento profundo +y desesperante. + +Pareca haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a +nadie a su lado y evitaba an a su viejo amigo; hurao y mudo, vagaba +das enteros por los campos; permaneca noches enteras sentado junto a +la cuna de su hijo, mirndolo fijamente con sus ojos enrojecidos y +quemados por el llanto. + +Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres +ocasiones, lo haban encontrado por la maana en esa actitud. + + + + +V + + +En torno del atad de Olga los cirios haban concluido de arder. Los +invitados, que haca largo rato se mantenan en religioso silencio +alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la +cena. + +La seora Hellinger, que reciba los psames y ensalzaba con gran +refuerzo de lgrimas y de pauelo las virtudes de la difunta, se revel +de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer +orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del +comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y +ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes. + +El viejo Hellinger, despus de haber alabado al Seor, bebi con algunos +amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad +de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de +Boston lastimara el dolor general, y resolvieron enviar una diputacin +a la duea de casa para pedirle su autorizacin. + +Haba tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que pareca que +se celebrara all una boda. + +El doctor, que no lleg sino muy tarde a la alegre reunin, busc por +todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo. + +Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le pregunt si +lo haba visto. S; haba venido, haba lanzado en su derredor miradas +extraas y feroces, luego se haba esquivado en silencio cuando se le +tenda la mano. Minutos ms tarde, se not su desaparicin. + +El doctor fue al vestbulo y busc, entre los abrigos de los convidados, +el de Roberto: todava estaba all. + +Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las +habitaciones de atrs, vacas y silenciosas, pues los criados estaban +ocupados en servir. + +Encontr al joven en un pequeo y obscuro cuarto, donde estaban +amontonados los muebles que haba sido necesario sacar de las otras +habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la +cabeza entre las manos. + +--Roberto, amigo mo, qu haces ah?--le grit. + +--Ustedes siempre tan alegres por all, verdad? + +El doctor le puso las manos sobre los hombros: + +--Me inquietas, amigo mo. Hace tres das que no nos diriges la +palabra... si continas as, vas a perder la razn. + +--Qu quieres?--replic Roberto con un suspiro que se escap de su +pecho como un grito.--Estoy tranquilo, completamente tranquilo. + +Volvi a dejar caer entre las manos su enmaraada cabeza y pareci +sumergirse de nuevo en su meditacin. + +El anciano se sent a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras. + +Nada olvid de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes, +agregndole, de su parte, ms de una enrgica palabra de consuelo. + +Roberto permaneca inmvil; apenas con un signo manifestaba que +escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpi +dicindole: + +--Deja eso, to; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la +nica pregunta, de la cual depende para m la muerte o la vida, no +puedes, t tampoco, darme una respuesta. + +--Qu pregunta? + +--To querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente +tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, y me creers si te +digo que no s cmo podr sobrevivir a esta noche! + +--En nombre del Cielo! Qu quieres hacer? + +El joven sacudi los hombros. + +--Lo ignoro--dijo;--lo que el momento me sugiera. Lo nico que me apena, +es ese pobre pequeuelo que tendr que crecer sin padre; quiz lo lleve +conmigo, no s. No s ms que una cosa y es que no puedo continuar +viviendo as. + +El anciano, temblando de ansiedad, lo llen de reproches. Eso era una +cobarda slo digna de un miserable, de un espritu debilitado. + +--Tendras razn, to, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de m +y de mi dicha. Pero Dios del Cielo!--lanz una carcajada penetrante y +amarga,--hace tiempo que renunci a toda pretensin a la felicidad. Por +lo que me atae, sobrellevar tranquilamente el dolor de su prdida; +conozco eso, s; ya he puesto a una en la tumba, y continuar +amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto +tiempo, y eso en medio de los ms profundos pesares; porque los +intereses, sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la +cabeza, ni de si la tristeza y la desesperacin le adormecen a uno la +mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, to, lo que me trastorna el +alma, pues la tengo bien trastornada, puedes crermelo; ante mis ojos +brotan chispas sin interrupcin; los calofros me estremecen todo el +cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo +estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisin las cosas. Slo hay +una que no puedo descubrir; que se alza noche y da ante mis ojos como +un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me +escapa, y esa cosa es: Por qu ha muerto Olga? + +El anciano se estremeci. Recordaba la carta y la promesa que la muerta +haba exigido de l. + +Roberto continu: + +--Una voz me grita sin cesar en los odos: Tuya es la culpa! Cmo? +No lo s, pues por muy profundamente que escudrie en mi alma, no +encuentro que le haya hecho ningn mal, y sin embargo no puedo hacer +callar la voz. Yo me digo: Es una idea fija. Te forjas tormentos, +eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu +hijo. Pero de nada me sirve todo eso, to querido! No puedo hacerla +callar. Y, en fin, acaso no tiene razn? Acaso, sin m, Olga no +estara todava viva? Si lo que pas la noche anterior no hubiera... + +Se detuvo estremecindose y se ocult el rostro entre las manos. Un +sollozo sin lgrimas sacudi todo su robusto cuerpo. + +En seguida dijo: + +--To, quisiera--no puedo pensar en ello, me hace perder la razn,--me +parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me +rodea, que lo haga pedazos todo. + +--Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo mo--dijo el +doctor,--y que me cuentes todo, punto por punto; slo de ese modo +podremos aclarar este enigma. + +El silencio rein en la habitacin obscura. El anciano temblaba de pies +a cabeza; vea la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra +sobre el fondo claro de la ventana; vea los movimientos del pecho que +suba y bajaba alternativamente, que silbaba y gema como un volcn; +senta el hlito ardiente de la respiracin de Roberto en su rostro. + +--Rene tus ideas, amigo mo--repuso suavemente. + +El joven luchaba por tomar una determinacin. Al fin, volviendo a +encontrar su energa, se enderez y dijo: + +--Pues bien, to, vas a saberlo todo... Desde el da en que Olga +rechaz mi pedido tan altiva y framente, no me haba vuelto a encontrar +con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para +ocuparse del nio y de la casa, ya entonces saba que lo haca por amor +a Marta y no por m, pero haba como un acuerdo tcito entre nosotros +para evitarnos. Ella elega las horas en que saba que yo estaba afuera, +en los campos o en los establos, y yo no volva a casa antes de haberla +visto desaparecer detrs del portn. + +El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media +legua ms all de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje +se rompe. Como no haba llevado cochero y no alcanzaba a ver alma +viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en +busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que haca rato que la +seorita se haba marchado. Comenzaba ya a caer la noche. + +--Muy bien, no hay ningn peligro, pienso, y entro en la casa. + +En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el +crepsculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera. + +--Quin puede ser?--me digo. + +Y la sigo. + +En el cuarto del nio, a quin encuentro? A ella, muy ocupada en +correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, est +siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero +retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella +se detiene, y, como sobrecogida de vergenza, se oculta el rostro entre +las manos. + +Entonces, to, me siento atrado, voy a precipitarme hacia ella; pero +me contengo a tiempo al pensar en quin es ella y quin soy yo. + +Veo que sus manos tiemblan. + +--No tienes por qu enojarte, Olga--le digo balbuciendo,--no he querido +causarte un desagrado. Si estoy aqu es por casualidad; en lo sucesivo +tomar mis medidas para que no vuelvas a encontrarme. + +Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento +estremecer. Marta nunca me mir as--pienso.--Quiero hablar, pero no +encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada +estatura se alza delante de la puerta, como si all quisiera buscar un +amparo contra m. Yo oa su respiracin oprimida. Por fin reno todo mi +valor. + +--Olga--digo,--ha sido presuncin de mi parte el atreverme a tenderte +la mano: s muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo +del corazn, olvdalo, yo nunca te lo recordar. + +Y en ese instante, to--cmo pintarte lo que pas?--djame un +instante... el recuerdo!... Pero para qu? ser fuerte, querido to, +voy a dominarme. + +En ese instante, ella se precipita hacia m, me rodea con sus brazos y +me cubre el rostro de besos; despus, de improviso, cae con un suspiro, +y all se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo, +como en un sueo, la miro fijamente. + +--No es posible--me grita una voz,--es una locura; t apenas te +atrevas a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es +quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece! + +Tena miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y +cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si +hubiera querido llorar hasta morir. + +--Olga, por qu lloras?--le digo.--Todo queda arreglado ahora. + +Pero he ah que yo tambin, gran tonto, me pongo a llorar como un nio. + +--Perdname, Roberto--dice su voz en mi odo.--Mucho te he hecho +sufrir, pero nunca ms lo har, nunca ms. + +--Y ahora me amars?--pregunto, pues todava no puedo creerlo. + +--Oh, Roberto! Roberto! Te amo! Oh, s! Te amo ms que a todo en +el mundo!--y oculta su rostro en mi hombro. + +S, to, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus +rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta +se me presenta: es sta la misma Olga que, hace ocho das, se volva +tan plida y tan altiva, mientras que, humilde y tmido, t implorabas +su consentimiento? + +Y le digo entonces: + +--Olga, cmo has podido torturarme as? Acaso he cambiado en tan poco +tiempo? + +La veo ponerse ms blanca que el yeso que cubre la pared y su voz +murmura en mi odo: + +--Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes! + +Y una angustia nace en m; quizs la perder maana como la he +conquistado hoy. + +--Olga--le digo,--si eres tan inconstante en tus resoluciones, quin me +responder de que... + +Me interrumpo, pues la expresin de su rostro me impone silencio. Ella +se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla. + +--Puesto que quieres saber--me dice, fijando los ojos en el suelo, como +sumida en una meditacin sombra,--me ha faltado el valor, he dudado de +tu amor y credo que me haras sentir que no te llevaba ms que mi +pobreza. + +Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente. + +--Olga!--exclamo.--Has podido pensar eso de m? No te acuerdas?... + +Y lo que le record fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a +pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente +con una negativa, pues Marta quera sacrificarse y sacrificar su dicha, +para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de +la noche, haba ido a buscarme y me haba abierto los ojos, a m, pobre +insensato y ciego, dicindome palabras, palabras llenas de desprecio por +el dinero y que haban sonado en mis odos como el canto de triunfo del +amor. Se las repet textualmente, pues cada una de ellas se haba +grabado en mi alma, inolvidable: As, pues, en otros tiempos te sentas +llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora +que se trata de ti... + +Y al gritarle esto la miraba de frente, to. Ella se esforzaba en +sonrer, y sonrea constantemente; pero esa sonrisa se hel en sus +labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido. + +Mucho trabajo me cost hacerla volver en s, pues no quera llamar a +nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneci tendida en el +suelo, ms o menos como est ahora, luego abri los ojos y me examin +por largo rato en silencio con una expresin tan dolorosa, tan cansada y +desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Despus junt +las manos y me dijo en voz baja y suplicante: + +--Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es +necesario que me acostumbre a esta idea. + +Pero me senta tan embargado por mi reciente dicha, por una alegra tan +loca, que crea poder obligarla por fuerza a ser ella tambin dichosa. + +--Si nos amamos, Olga--le grito,--y si nuestra querida muerta aprueba +este amor, yo quisiera ver si alguien podra censurarlo! Algrate, pues, +querida nia, recupera tu valor. + +Pero ella no tena alegra ni valor. Y slo ahora, ahora que est +muerta, comprendo claramente hasta qu punto se senta miserable y +quebrantada, all tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se +mostraba para s y para los dems tan altiva y estricta. Era como si +algn prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte ntimo de la +vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada vea, nada quera ver. +Y continuaba animndola con todas las palabras consoladoras que poda +encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra--a veces me aprobaba con +un movimiento de la cabeza--y una sonrisa que expresaba tristeza y +cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribua yo a +la emocin violenta del momento y a los pesares de los ltimos aos; +deban presentarse en su alma con una intensidad tanto ms grande, +cuanto que senta apuntar para ella una nueva felicidad que iba a +borrarlos para siempre. + +--Y nuestra primera visita, Olga--le digo,--ser al cementerio. Cuando +hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la +malevolencia del mundo entero, no tendrn ya por qu inquietarnos. + +Ella dej caer las manos que cubran su rostro, y, mirndome con ojos +dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible: + +--Al cementerio... conmigo? + +--S, contigo--repliqu,--y en seguida, si lo quieres. + +Un estremecimiento recorri todo su cuerpo, y, con voz singularmente +alterada, replic: + +--Tn paciencia hasta maana, maana har lo que quieras. + +--S, mi nia muy amada--le digo entonces,--y de aqu a maana desecha +tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no +la olvidaremos, ciertamente. Y el comn dolor que nos causa su prdida, +no debe unirnos ms estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos +abandonar, y no crees que ella bendecira nuestra unin desde el fondo +de su corazn, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? No nos ha legado +al nio para que juntos velemos por l y que nunca lo confiemos a gente +extraa? + +Entonces se dej caer de rodillas delante de la cuna en que la dbil +criatura dorma con el sueo de los bienaventurados y apoy la frente +sobre su cabecita. + +As permaneci por largo rato sin que yo intentara perturbarla. + +Cuando se levant, su rostro haba vuelto a tomar esa serenidad +impasible que siempre le habamos conocido hasta entonces. Me tendi la +mano dicindome: + +--Vete, amigo mo, djame sola. + +Y me alej, pues quera complacerla en todo; ni siquiera la tom en mis +brazos. + +Un cuarto de hora despus, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde +mi ventana, pero ella no volvi la cabeza. + +Al da siguiente por la maana... t sabes, querido to, cmo la +encontr; y en aquel instante se descarg sobre m un rayo. Podr +encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda +alegra; helar para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo +menos podra vivir todava; podra arrastrar todava esta miserable +existencia para que el nio no se viera privado de la mezquina parte de +felicidad a que tiene derecho; pero para eso sera necesario que yo +supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo +contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible; +si no fuera as, me consumira vivo. Es necesario que alguien venga, +aunque sea de ultratumba, a decirme por qu ha muerto Olga. + +* * * + +Nuevamente el silencio rein en la habitacin obscura; no se oa ms que +la respiracin de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que +haba acompaado el relato de Roberto con el ruido montono de sus +dientes. + +El anciano sostena una violenta lucha consigo mismo. Deba acaso +revelar el secreto de la vida de Olga como haba ya vendido el de su +muerte? Pero no se trataba de una buena accin en este caso? No se +trataba de libertar a aquel a quien ella haba amado sobre todo de las +torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por +una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor +divino, segn pareca, permitan a la boca cerrada para siempre abrirse +una vez ms para devolver el reposo al muy amado. + +El doctor exhal un profundo suspiro: haba tomado su resolucin. + +--Y si ella lo hubiera pensado, Roberto--dijo,--si hubiera pensado en +contestarte desde el fondo de su tumba? + +Roberto lanz un grito y lo asi por la mueca. + +--Qu quieres decir con eso, to? + +--Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si +no hubieras huido ante todo rostro humano, sabras desde hace tiempo lo +que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la maana de su +muerte, yo recib una carta de ella... + +--T, to, de ella... + +--Oh, amigo mo! Me ests rompiendo los huesos. Escchame primero +tranquilamente. + +Y le cont lo que contena la carta. + +Roberto haba dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en +el anciano, resplandecan en la obscuridad. + +--Ese cuaderno, dmelo; dnde est? + +El doctor le explic el peligro que corra el secreto de Olga y la +inquietud que esto le causaba a l mismo. + +--Esprate, voy a ir a buscarlo!--exclam Roberto dirigindose hacia la +puerta. + +El anciano lo detuvo. + +--Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche. + +La puerta est rota a medias; acabar de romperla... + +--Te oirn de abajo... + +--Estn demasiado divertidos!--replic Roberto con risa aguda.--Ven, +vamos juntos. + +Y por una puerta de atrs, a lo largo del corredor obscuro y de la +escalera que cruja, los dos se deslizaron como dos ladrones que se +hubieran introducido en la casa aprovechndose de la ceremonia. + +Consiguieron abrir la puerta ms fcilmente de lo que esperaban; la +cerradura, ya floja, cedi como si se abriera sola. + +Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emocin, cuando el +cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las +estrellas, se abri ante sus ojos. Toda huella de la muerta haba +desaparecido; slo la cama vaca, cuyos montantes se dibujaban negros +sobre la pared gris, haca ver que la que lo ocupaba haba elegido otro +lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jabn, +flotaba an en la habitacin. Las mismas toallas de las cuales se haba +servido, todava colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de +loza, una mancha blanca de fantstica apariencia. + +Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dej caer en una silla y, a +grandes bocanadas, vidamente, como si sollozara, aspir el perfume que +llenaba el aire. Se habra dicho que as quera absorber los ltimos +efluvios de su amada. + +Un fulgor breve, brillante, vacil de improviso a travs del cuarto, +bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el +escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado, +la mesa de tocador cubierta de blanco. + +El doctor haba encendido un fsforo y buscaba la pequea lmpara de +pantalla verde que ilumin las noches sin sueo de Olga. Todava estaba +en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apag para sumirse en la +noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todava lleno de petrleo; +su dueo se haba dado prisa para entregarse al descanso. + +Con precaucin, levant el tubo para encender la mecha; la llama, +atenuada por la pantalla, ilumin con un resplandor apacible y suave el +espacio silencioso. + +Entonces se acerc al estante sobre el cual se alineaban los volmenes +de lomos lucientes y dorados. Su mano busc a tientas durante un momento +por la pared y sac algo azul en forma de rollo. + +--Aqu est, Roberto!--exclam triunfante.--Vmonos. + +El joven mene silenciosamente la cabeza. + +El anciano insisti de nuevo y entonces Roberto dijo: + +--Aqu es donde vamos a leerlo, to; aqu, donde ella lo ha escrito. + +--Y si alguien nos sorprendiera?--observ el doctor, atemorizado. + +Roberto se encogi de hombros y con el dedo seal el piso. En el +silencio, un ruido confuso de voces suba hasta ellos, con risas +moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en +que hay un muerto. + +El doctor cedi de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas +al crculo luminoso de la lmpara, y ya no se oy ms que el silbido del +viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz +montona y velada del lector acompaada por el coro de invitados al +velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para +extinguirse en seguida en un murmullo. + + + + +VI + + +Perdname, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la +muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por m y del +ardiente afecto que haca palpitar mi corazn por ti, trate de expiar la +falta que gravita pesadamente sobre m y cuya carga tendr sin embargo +que soportar hasta el fin de mi existencia. Djame revivir una vez ms +todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo +el fro de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de +tu tumba. + +Qu loca era y qu impa, en sentirme sola mientras t viviste! Tu amor +era la atmsfera que me envolva, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol +que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa +voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que +escuchamos sin comprenderla. + +Y cmo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una +extraa para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con +tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el +murmurio del viento trae tu nombre a mis odos. Entre nosotras se alza +un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez, +con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia m sus +manos armadas de garras para separarme eternamente de ti. + +Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo +que he cometido fuera una falta, un crimen, luchara contra l, lo +derribara con las ltimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me +dejara ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se +desvanece en el vaco: es un demonio que se burla de m, un vapor que me +rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente. + +Es un deseo... + +Un simple deseo, nada ms! + +Lo notaste? Se reflej en tus ojos moribundos? Viste el espectro +alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el +ltimo aliento de una existencia que no fue ms que amor, a ese espectro +que haban engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que haba +introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior? + +Si tuviera todava la fe del nio que balbuca, confiara la angustia de +mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios--pero a nadie tengo en el +Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de m, a nadie ms que a tu +imagen transfigurada. + +Pobre de m! Ella tambin se aparta de m, ella tambin se oculta +llorando cuando este demonio se presenta a mi alma. + +Y, sin embargo, no era muy humano lo que sent. Por qu no somos unos +seres de luz, sin deseos y puros como el ter? Por qu no somos ms que +polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando +nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran +falta de mi vida la que quiero contar aqu, la falta de la cual hemos +sido vctimas, t, yo y tambin un tercero, que es puro y bueno, y que +sin embargo ha sido la causa de todo. + +* * * + +Yo era una nia pacfica y predispuesta a la soledad. + +Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa +que el amor, aprende a menudo ms fcilmente que nadie, a bastarse a s +mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el corazn una inagotable reserva +de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando +a los gatos y ahogando a los gansos por cario. Una de mis pasiones era +jugar en la caballeriza. Me senta a mi gusto en la litera elstica y +flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me +hacan dao; o bien me trepaba al pesebre donde permaneca horas enteras +mirndome en los ojos pardos de mis queridos amigos. + +Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. All me +encontraba dormida con frecuencia a eso del medioda, y no era cosa +fcil sacarme del nicho, pues Nern, que por lo dems era un perro tan +bueno y tan carioso, enseaba los dientes a cualquiera que franqueaba +el crculo que su cadena le permita recorrer, aun cuando ste fuera su +amo. + +Mi cario se extenda hasta las plantas. Las rosas me hacan el efecto +de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los +girasoles eran sacerdotes revestidos con sus hbitos sacerdotales, y las +dalias, jvenes polacas con papalinas rojas. Saba reunir as en mi +derredor en el jardn a la humanidad entera, y encontraba la copia ms +bella que el original, pues se mantena muy quieta cuando yo desempeaba +el papel del Destino ante ella. + +La propiedad que mi padre haba arrendado, antiguo feudo de un magnate +polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una montaa, uno de +cuyos lados descenda en suave declive por un parque inculto, hacia unos +campos desnudos, mientras que el otro caa a pico en una pequea +corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea +polaca. + +Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada caa sobre +los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se +vea claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los nios +medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres +permanecan perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras +que los hombres cubiertos de harapos se dirigan, con la pala en el +hombro, hacia el despacho de bebidas. + +En verdad, nada tena de muy seductor aquel pequeo agujero, y la chusma +de cosacos de fronteras, que trotaban de ac para all amodorrados sobre +sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin +embargo, para mis ojos de nia, aquel lugar estaba cubierto de un +encanto indecible, cuya sensacin experimento an, cuando me vuelvo a +ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas +enteras en la hierba, inmvil, contemplando de lo alto aquel hormiguero +cuyas formas no eran ms grandes que los hombrecillos de madera de mis +cajas de juguetes. + +Bajar all me estaba prohibido, y tampoco tena deseos de ello, desde +que, en la baranda de un da de mercado en que mi padre me haba +llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro. + +Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las +inmundicias y del tumulto, se sumerga la mirada en ese mundo de +hormigas, que pareca tan nfimo, que se poda, como el mismo Dios, +abarcarlo de una ojeada, pero que creca cada vez ms hasta tomar +proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de +penetrarlo. + +Por una rareza singular, no he conservado de esa poca ms que un +recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado ms estrechamente +asociada a la ma; sin duda porque las impresiones siguientes han +borrado las primeras. Mi padre era un hombre pequeo, robusto y +rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas +lucientes y vestido de una hopalanda de basto pao verdoso. Me sonrea +desde que me vea, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me +pellizcaba los brazos, y en seguida desapareca. Estaba siempre ocupado, +el pobre pap; mientras vivi, no lo vi reposar un solo instante. + +Mam era desde aquella poca muy corpulenta, coma continuamente +confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le impeda estar en +activa ocupacin de la noche a la maana, aunque se arrastrara de mala +gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detrs de ella y +la abrumaran a preguntas. + +Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien +nuestros parientes de Prusia haban enviado para que aprendiera con pap +a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso +cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me pona en +sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de +trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque l no +haya debido quererme ms que a los otros discpulos, pues la cara que +tena entonces ha desaparecido en la niebla como todas las dems. + +No recuerdo exactamente ms que una escena: una tarde de verano Roberto +haba cogido a Marta por sus rubias trenzas, y rindose y gritando +corra tras de ella por el patio, por la casa y por el jardn. + +--Qu es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?--le grit pap. + +--Me ha hecho una travesura--respondi l, sin soltarla, mientras ella +continuaba gritando. + +--Cuando yo tena tu edad, saba vengarme de una muchacha mejor que +t--dijo rindose pap, quien nunca desperdiciaba la ocasin de decir +una broma. + +--Y cmo se hace?--pregunt mi primo. + +--Bah! Si no lo sabes!--replic pap. + +--Se le da un beso, seor Roberto--dijo un viejo jardinero que pasaba +justamente con sus regaderas. + +Todava lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inmvil, rojo de +rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber dnde dirigir sus +miradas. Pap se mora de risa; en cuanto a Marta, se escap a la +carrera. + +Cuando fui a sacudir su puerta, se haba encerrado: no volvi a aparecer +sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le caan sobre la +frente, en desorden, pareca perdida en sus pensamientos y muy +intimidada. + +Cuando comparo hoy el rostro plido, flaco y resignado que me llena el +alma entera, con esa cara pcara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a +veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi pequea +infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a +una sola y misma persona. + +--Cmo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! Con +qu expresin atenta de precoz ama de casa, recorran sus ojos la +extensin de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos, +condiscpulos y celadores--una galera de mandbulas +hambrientas--esperbamos impacientes la comida! Y, con qu alegra +extenda la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella +alcanzaba los platos! + +Slo hoy comprendo qu camino doloroso tena que recorrer, hoy que me +preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre +para m una tumba solitaria, ms triste an que la suya. + +Entonces yo no era ms que una nia y alzaba los ojos, sin sospechar +nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado +ella misma los vestidos cortos. + +Efectivamente, fue en aquella poca cuando nuestros negocios comenzaron +a declinar. Pap tena que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e +inundaciones, tres aos consecutivos, le quitaron toda esperanza de +volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez ms sobre +nuestra casa. + +Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera +posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron +limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que haba +educado a Marta, y que deba terminar su tarea conmigo, tuvo tambin que +dejarnos. + +Marta, que era siete aos mayor que yo, y se dispona a estrenar su +primer vestido largo, tom su lugar. + +De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no +podan ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y +yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles. + +Poda yo tener once aos, cuando advert por primera vez que Marta haba +cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habra debido notarlo +antes, pues tena la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy +abiertos; pero en la monotona de los das que se deslizan uno tras +otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las +penas, se escapan fcilmente. + +Pero entonces puse atencin, y vi adelgazarse su rostro cada vez ms, de +da en da borrarse los colores de sus mejillas, y hundrsele los ojos +ms profundamente. + +Ya no cantaba, y su risa tena una entonacin de cansancio y velada, tan +particular que me haca sufrir al orla, y ms de una vez estuve a punto +de gritarle: No te ras! + +Hacia la misma poca, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de +cabeza, de calambres en el estmago, y le costaba trabajo ir de un lado +a otro por la casa. Naturalmente, pap y mam no podan dejar de notar +su estado. Un da la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su +resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un mdico; ste se +encogi de hombros, prescribi pldoras de hierro y aconsej un cambio +de aire. + +Deba haber aconsejado algo ms, que preocupaba mucho a nuestros padres, +al menos a pap, pues ya haca mucho tiempo que nada poda sacar a mam +de su apata. + +A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, l +la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, sala del +cuarto cerrando la puerta con estrpito. + +Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padeca, su trabajo no +se resenta de ello; de tan lejos como la recuerde, jams la vi un +segundo desocupada. Muy nia an, permaneca al lado del fogn con su +libro de lecciones o vigilaba la leja al mismo tiempo que haca sus +redacciones. Desde que fue mujer, agreg todos los deberes que le +impona mi instruccin a las preocupaciones sin nmero que da una gran +casa a la que la dirige. Mam se haba retirado por completo y la dejaba +ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras +golosinas obtuvieran su aprobacin. + +Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, tena vergenza de mi +inaccin y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me +rechazaba suavemente y me despeda. + +--Deja, queridita--me deca acaricindome las mejillas,--eres la +princesa de la familia; contina. + +Eso me ofenda. Habra soportado todo salvo que me despidiera cuando +iba a ofrecerme con el corazn desbordante de ternura. + +Una noche la vi llorar. Me deslic afuera, al jardn, y sostuve un rudo +combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atreva a +acercrmele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando +estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoder de m +con nuevas fuerzas: me levant, y en camisa, como estaba, me aventur +por el corredor obscuro. + +Permanec largo rato delante de su puerta, temblando de fro y de miedo, +con la mano sobre el botn. Al fin me arm de valor y entr muy +suavemente en su cuarto. + +La encontr arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la +almohada, y pareca orar. + +Me qued inmvil en el umbral, pues no me atreva a perturbarla. + +Al fin, se volvi y al verme se levant estremecindose. + +--Qu quieres?--balbuci. + +Yo me colgu de ella y mis sollozos habran enternecido a un corazn de +piedra. + +--En nombre del Cielo, querida! Qu tienes?--grit. + +No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un +movimiento maternal, tom una gruesa manta de lana, me envolvi en ella +y me coloc en su regazo, aunque yo ya era ms grande que ella. + +--Vamos, confisate, tesoro mo. Qu ocurre?--me pregunt acaricindome +las mejillas. + +Reun todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un +sollozo: + +--Marta, quiero ayudarte. + +Sigui un largo silencio, y cuando alc los ojos, vi vagar por sus +labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tom la +cabeza entre sus manos, me bes en la frente y me dijo: + +--Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero t, me parece que +tienes fiebre. + +De un salto me puse en pie. + +--Oh! Haces mal, Marta!--exclam.--No me dejar despedir as. No estoy +enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te ests consumiendo y +que, cada da, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna +confianza en m, acabar por creer que nada quieres tener de comn +conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras. + +Ella junt las manos mirndome con sorpresa. + +--Qu te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a +acostarte--repiti. + +--Es intil, puedo ir sola--dije. + +Entonces ella vio que era necesario acordar a la nia una palabra de +explicacin. + +--Mira, Olga--dijo atrayndome hacia s,--tienes razn. Tengo muchas +penas, y si tuvieras ms edad y pudieras comprenderlas, seguramente +seras la primera a quien se las confiara. Pero antes es necesario que +aprendas tambin a conocer la vida. + +--Y en qu conoces la vida mejor que yo?--exclam, siempre con +altanera. + +Ella se content con sonrer, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce, +me dio un golpe en el corazn. Tuve un vago presentimiento, apenas +perceptible, como el que se podra experimentar al ver un templo cerrado +o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continu: + +--Pero de aqu all, y para eso falta mucho todava, debo llevar sola el +peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y +te amar an ms por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme +bien, tenemos mucho que estudiar maana... + +Y dicho esto, me empuj afuera. + +Me qued en el corredor, como una rproba, contemplando la puerta que +acababa de cerrarse tan duramente tras de m. Despus apoy la cabeza en +la pared y llor silenciosa y amargamente. A partir de ese da, Marta +redobl su cario y su bondad hacia m, pero yo no quera verlo; +permaneca impenetrable para ella como ella lo haba sido para m, y en +mi alma se arraig, cada vez ms profundamente, el sentimiento penoso de +que el mundo no necesitaba de mi amor. + +Es evidente que un incidente como ste, por s solo, no poda tener una +influencia decisiva sobre mi carcter. Una nia tan joven como yo lo era +entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de +impresiones nuevas para que unos minutos de este gnero puedan producir +sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesit mucho tiempo +para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que +nadie haba en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas +conmigo y que estaba reducida a m misma y a mis libros, hasta el da en +que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de +los vivos. + +Y ms y ms, me sumerga en los tesoros de los poetas, ninguno de los +cuales me rechazaba de su ms ntimo santuario. Aprenda con Tasso a +sentirme miserable y sublime; saba lo que Manfredo iba a buscar a las +heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad +terrestre de la cual yo haba gozado, de la vida y del amor, que haban +concluido para m. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi herona y mi +ideal. + +Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poesa que hay en no +ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa +bienhechora y en un renunciamiento sublime, me pareca la vocacin +claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera +podido llevar, yo tambin, los blancos velos de la virgen griega, cuyos +pliegues noblemente dispuestos habran convenido tan bien a mi cuerpo de +nia desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habra sido completa. + +A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos aos una criatura +intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con +impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando +algo me desagradaba. + +A pesar de todo eso, o quiz a causa de eso mismo, todos me mimaban, y +mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un nio, tena +fuerza de ley en toda la casa. + +A los quince aos era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba +de vez en cuando algn joven campesino galante que me dijera que yo era +muy bonita, mucho ms bonita que todas las otras, y que Marta en +particular. + +Eso me chocaba, pues todava la vanidad no tena cabida en m. + +En esa poca so una noche que Marta haba muerto. Cuando me despert, +mi almohada estaba inundada de lgrimas; en todo el da no hice ms que +ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me pareca que +tena sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella. + +Despus de la comida Marta se haba recostado por un rato en el canap, +otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entr en la habitacin en ese +momento, y vi sobre el brazo del sof su rostro, plido como la cera, +con los ojos cerrados, qued como si me hubiera herido un rayo. + +Cre ver en realidad su cadver ante mis ojos. + +Ca de rodillas delante del canap y le cubr de besos la boca y la +frente. Su rostro se transfigur, abri los ojos y me contempl como si +viera una visin; pero luego que volvi en s, sus facciones +readquirieron su expresin de gravedad y de tristeza. + +--Vaya, vaya! Qu tienes, hijita?--dijo.--Estas no son cosas que haces +todos los das. + +Me rechaz suavemente, y tambin esta vez permanec parada, abandonada a +m misma, con el corazn desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me +llam y murmur: + +--Te quiero mucho, hermanita. + +La noche de ese mismo da not en cierto momento que pareca sonrerse +interiormente. Pap tambin lo not, porque aquello no era usual, y, +tomndole la cabeza con las manos, le dijo: + +--Qu te ha ocurrido, Martita? Ests hoy fresca como una flor! + +Marta se ruboriz hasta la raz de los cabellos, pero yo le tom la mano +a hurtadillas por debajo de la mesa, dicindome: + +--Ya sabemos lo que nos hace tan felices! + +Al da siguiente por la maana, cuando tombamos nuestro caf, pap +entr con una carta abierta en la mano. + +--Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido--dijo +rindose.--Adivinen cmo se llama! + +Y dicho esto, mir a Marta de reojo con expresin un tanto cmica. Me +pareci que ella se pona ms plida que de costumbre y la taza que +tena en la mano tembl perceptiblemente. + +--Esa ave ha venido ya alguna vez?--pregunt lentamente y en voz baja, +sin alzar los ojos. + +--Vaya si ha venido!--dijo pap sin dejar de rerse. + +--Entonces, es... Roberto Hellinger--dijo. + +Y exhal un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir +aquello. + +--Mil truenos! Adivinas bien, chicuela!--dijo pap amenazndola con el +dedo. + +Ella nada contest, y con su paso lento y cansado se dirigi hacia la +puerta; en toda la tarde nadie la volvi a ver. + +Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su +imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era +como para llenar de ensueos ardientes una romntica cabeza de quince +aos. + +Pero la actitud de Marta me haba llamado la atencin. + +Al da siguiente, desde muy temprano, la o ir y venir a pasos +precipitados, en el piso superior, por los cuartos de huspedes. + +Fui a buscarla, pues tena curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas +habitaciones habitualmente cerradas. + +Haba abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas, +y en chanclas, corra en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se +coga el rostro con ambas manos y se rea sola con una risa tan extraa, +que no se saba si era llanto. + +Cuando le pregunt: Qu haces ah, Marta? se estremeci, me mir muy +confusa y slo entonces pareci darse cuenta del lugar en que se +encontraba. + +--Ya lo ves: preparo las camas--balbuci al cabo de un instante. + +--Para quin?--pregunt. + +--Acaso no sabes que esperamos una visita? + +--Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?--repliqu, +encogindome ligeramente de hombros. + +--Y por qu no haba de regocijarme? Es nuestro primo. + +--Y nada ms?--dije yo amenazndola con el dedo, como lo haba visto +hacer la vspera a pap. + +Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigi con sus +grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sent que la +sangre me aflua, ardiente, al rostro. Volv la cara a un lado, y como +ya no poda seguir representando el papel de mujer superior, me dirig a +la puerta. + +A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qu pensar. Me +pareca evidente que l y Marta se amaban, y sobrecogida por la +vibracin misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los +seminios de mi edad, comenc a representarme la manera cmo haba +podido nacer ese amor. + +Corra a travs de los bosquecillos silvestres del parque y me deca: + +--Aqu es donde se han paseado secretamente. + +Me deslizaba en la sombra de los follajes y me deca: + +--Aqu es donde se han dado cita. + +Me dejaba caer en los bancos de csped hmedo y me deca: + +--Aqu es donde han cambiado dulces palabras. + +El jardn entero, la casa, el patio y todo lo que conoca desde que +haba venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se +difunda por todas partes con un reflejo purpreo. Una vida maravillosa +pareca haber surgido all. Me haba sumergido de tal modo en esas +imaginaciones, que conclua por creer que era yo quien haba vivido ese +amor. Cuando volv a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como +si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no +debiera adivinarlo. + +Pero, cuando, a la maana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta +haba realmente vivido todo lo que yo no haca ms que soar, eso me +turb por completo, y desde un rincn obscuro, la examin sin +interrupcin, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que +perteneciera a otro mundo. + +Me fij en que cada cinco minutos sala al terrado, desde donde se poda +ver la puerta de entrada, pero entonces me guard muy bien de dirigirle +preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una cmplice. + +Era un da claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el +llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados +temblaban silenciosos en el aire; el ro llevaba un manto de vapor, una +paz religiosa se cerna sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues +jams poda encontrar suficiente soledad para soar a mis anchas. En las +ramas de los lamos se oa ya el roce de las hojas amarillentas, y los +helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas +pueden tenerse en pie. + +--Me entristec: La Naturaleza entera va a morir--dije;--Ah! Si se +pudiera morir con ella! + +Entonces me acord de todas las burlas que haba ledo u odo sobre las +impresiones sentimentales del otoo. + +--Qu odiosas son esas bromas--me dije.--Pero de m nadie se burlar; +sabr esconderme y sabr ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que +pasa dentro de m; y bien se me puede considerar como una muchacha fra +y sin corazn, con tal de que sepa yo que este corazn palpita lleno de +ardor y de amor por la humanidad. + +--S, aquel fue un da henchido de encanto, da admirable; y dara con +gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a l. + +Y la noche... la veo todava como si fuera hoy. Las ventanas estaban +abiertas, los tallos flexibles de la via virgen se mecan con el +viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas +y de sables llegaban hasta mis odos. Nada poda ver, pues la obscuridad +lo cubra todo, pero yo saba que era una tropa de cosacos que recorra +la frontera. + +Entonces cerr los ojos y so: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza +viene el hijo del Rey, rubio y magnfico, sobre su blanco palafrn. Yo +soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansin; +el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca, +que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo ms selecto +de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi +padre. + +Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de +primognita, no le corresponde la primaca. Pero, para consolarme, me +digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ningn Prncipe. + +Y me figuro entonces lo que dar a todos los mos cuando haya subido al +trono: a Marta, un esplndido aderezo; a pap, un cofre de hierro lleno +de oro; a mam, una gran caja de pias azucaradas. + +El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con l mi sueo. + +* * * + +Roberto lleg al da siguiente. + +En el momento en que el carruaje que lo conduca, rod bajo el portn, +Marta estaba al lado del fogn. Corr a buscarla y le susurr en el +odo: + +--Marta, creo que ah est. + +Pero ella me demostr en seguida que yo no era su confidente: me mir un +instante fijamente y me pregunt, como si su espritu estuviera lejos: + +--De quin quieres hablar? + +--De quin? Pues del primo, naturalmente. + +--Y por qu me dices eso tan misteriosamente? + +Y como al or eso me encog de hombros, ella tom la espumadera que +haba dejado caer y volvi a su tarea. + +--Y esa es toda la alegra que sientes?--continu, encogiendo el labio +con expresin despreciativa. + +Pero ella me apart con la mano izquierda, con una brusquedad +inacostumbrada. + +--Vete, chiquilla, te lo ruego! + +Y he ah cmo yo recib al primo Roberto en su lugar. + +En el instante en que sal al terrado, l bajaba del carruaje. + +No es mucho mejor que pap, fue mi primer pensamiento. Era alto, de +estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno, +con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una +de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes. + +--No falta ms que la yugular,--pens para mis adentros. + +De un salto salv varios escalones y rindose vino a m: + +--Hola! Buenos das, Marta!--grit. + +Luego, de improviso, se estremeci, me mir de los pies a la cabeza y se +qued como petrificado en medio de la escalera. + +--Yo no me llamo Marta, sino Olga!--dije un poco humillada. + +--Ya me lo deca yo!...--exclam sacudindose, y, adelantndose hacia +m, me alarg una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y +agrietada. + +--Qu palurdo!--me dije mentalmente. + +Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examin nuevamente. + +--Todava eras una pequeuela, cuando sal de aqu, y me parece +verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta. + +--Yo, parecerme a Marta?--pens--Cundo me habr parecido a Marta? + +--Pero no--continu,--ella no era tan alta, sus cabellos eran ms +claros, no tena esa expresin tan altiva, y... no miraba con ojos tan +severos. + +--Ah, Dios del Cielo!--me dije.--Acaso nunca has visto los ojos de +Marta? + +En ese instante se abri muy suavemente la puerta de la cocina, y por la +abertura, no ms ancha que la mano, ella se escurri en la habitacin. +No se haba quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como l, y +los labios le temblaban. + +--Bienvenido seas, Roberto--le dijo tmidamente por detrs, pues l se +haba vuelto hacia m. + +Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y +entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento, +sin articular una slaba. + +Yo temblaba; haca dos das que acechaba ese momento, y he ah que el +resultado burlaba lastimosamente mi espera. + +Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese +mismo beso no me gust; a m no me habra besado de otra manera. + +--S, pero ni siquiera lo ha hecho--agregu para mis adentros. + +Despus permanecieron nuevamente inmviles y silenciosos. Mi corazn +lata con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos +manos. + +Al fin, Marta le dijo: + +--No quieres sentarte, Roberto? + +l hizo un ademn de asentimiento y se dej caer en un rincn del sof +que cruji bajo su peso. Continuaba mirndola incesantemente; al cabo de +un largo rato, dijo: + +--Mucho has cambiado, Marta! + +Al or esto me pareci que me daban una bofetada. + +Una sonrisa de una tristeza indecible roz los labios de Marta: + +--S--dijo.--Mucho debo haber cambiado! + +Nuevo silencio. Se habra dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para +encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento. + +--Cmo es que jams he sabido que estabas enferma?--concluy por decir. + +--No lo s--replic ella con una dulzura en que se descubra un poco de +amargura. + +--No podas escribrmelo? + +--Pero, acaso nos escribimos? + +Roberto empuj con irritacin el pie de la mesa. + +--Pero cuando uno no est bien... entonces... entonces... + +No supo decir ms. + +Yo apret los puos: habra sabido concluir tan bien la frase por l! + +--T sabes--dijo Marta,--que el enfermo es siempre el ltimo en saber +que no est bien. + +--Yo crea que l deba saberlo mejor que nadie. + +--Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso? + +Esta vez Marta habl sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que +le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me parta el corazn. + +--Oh, Marta!--gritaba una voz dentro de m.--Por qu me has rechazado? + +En eso ella solt una risa breve y pregunt a Roberto cmo estaban en su +casa, y lo que hacan mi to y mi ta. + +--Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi to y mi ta--dijo +mirando en su derredor hasta en los rincones. + +Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprima, que +al verlos buscar por el cuarto tan cmicamente, prorrump en una risa +estrepitosa. + +Ambos se volvieron hacia m, sorprendidos, como si slo entonces notaran +mi presencia. + +--Y qu dices de nuestra Olguita?--pregunt Marta, tomndome por la +mano con ademn maternal.--Te gusta? + +--Ahora un poco ms--dijo examinndome.--Antes me pareci demasiado +enseorada. + +--Sin embargo, no poda saltarte al cuello en seguida--repliqu. + +--Y por qu no?--repuso con una sonrisa.--Crees que no habra habido +bastante lugar para ti? + +--No--dije, para que supiera de una vez cmo haba que tratarme.--Ese no +es mi lugar. + +Entonces me mir muy azorado, y dijo meneando la cabeza: + +--Cspita! La chiquilla es mordaz. + +Yo iba a replicar, pero pap entr. + +En la mesa no los perd de vista, pero nada sospechoso hubo que +observar; apenas si cambiaron algunas miradas. + +--Ms tarde, cuando nuestros padres duerman--me dije,--tratarn de +escaparse.--Pero me equivoqu. Se quedaron tranquilamente en la sala y +ni una sola vez trataron de alejarme. l fumaba, sentado en un rincn +del canap; ella estaba sentada cinco pasos ms all, junto a la +ventana, con su bordado. + +--Quiz son demasiado tmidos--me dije,--y esperan que la ocasin se +presente sola.--Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de +lugar, y sal de la habitacin. Luego, con el corazn palpitante, esper +media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de +atreverme a volver. + +--Ahora--me dije,--l se le acercar, le tomar la mano y la mirar por +largo rato en los ojos. Me amas siempre?--le preguntar,--y ella, +ruborizndose, con una mirada hmeda, se dejar caer sobre su pecho. + +Cerr los ojos y suspir. Las sienes me palpitaban, me senta cada vez +ms embriagada por las imgenes que me representaba y me figuraba su +continuacin; lo vea caer de rodillas delante de ella, y, con miradas +ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad. + +Me saba de memoria lo que l le deca en ese momento, y no menos bien +lo que ella le contestaba: habra podido soplarle las palabras. + +Cuando pas la media hora, me consult para saber si les otorgara +todava algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta +calidad, les acord graciosamente mi proteccin, con una sonrisa. + +--Ojal puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!--pens, y +resolv ir todava a dar una vuelta por el jardn. Pero la curiosidad me +dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volv sobre mis pasos. + +Me acerqu sin ruido hasta la puerta, pero apenas hall el valor +necesario para dar vuelta al botn: la idea de lo que iba a presenciar +me oprima el pecho hasta ahogarme. + +Y qu fue lo que vi? + +Roberto estaba todava sentado, como yo lo haba dejado, en una esquina +del canap; haba fumado su cigarro, del que no le quedaba ya ms que la +punta entre los dedos, y el bordado de Marta contena una flor que antes +no exista. + +--Por qu te encoges de hombros con ademn tan despreciativo?--me +pregunt Marta. + +Y Roberto agreg: + +--Parece que no tengo la aprobacin de la seorita. + +--As, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos--me +dije, y sal golpeando violentamente la puerta detrs de m. + +Toda esa noche, loca de m, me la pas despierta hasta el amanecer, +representndome la manera cmo yo, Olga Bremer, habra procedido en el +lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; senta, +hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el +murmullo apasionado de un amor ardiente, desdeoso del mundo entero. + +Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, invent +un montn de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la +frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldicin +paternal, fuga, y, por fin, muerte comn en las aguas, pues un verdadero +amor no me pareca dignamente sellado y concluido sino por la muerte. + +Cuando me levant, al da siguiente por la maana, tena zumbidos en la +cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas. + +Al ver mi semblante, Marta junt las manos por encima de su cabeza, y +Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sof, envuelto +nuevamente en nubes de humo, exclam: + +--Has pasado la noche llorando o bailando? + +--Bailando--repliqu,--en el Brocken con otras brujas. + +--No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,--dijo +moviendo la cabeza. + +--A preguntas necias...--repliqu. + +--Vaya! no volver a abrir la boca--dijo rindose;--de lo contrario se +me servira desde por la maana un plato de necedades como en mi vida he +comido. + +Marta me dirigi una mirada de reproche. Yo hu al fondo del parque, al +lugar ms sombreado, y ocult mi encendida cara entre el fresco follaje. + +Poco me faltaba para llorar. + +--He ah, pues, mi destino--me deca:--desconocida por todo el mundo, +aislada y desdeada con mi corazn ardiente de amor, marchitndome en mi +rincn sin que nadie me solicite, mientras que en torno mo todo se +entrelaza y satisface su pasin en ardientes besos. + +S, en sueo, haba substituido tan bien a Marta en su amor, que haba +llegado a tomarme por la herona: el desencanto no poda hacerse +esperar. + +Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, ms tarde, seguir +los vuelos de mi imaginacin! pero mientras ms tiempo Roberto +permaneca entre nosotros, ms observaba las relaciones de Marta con l, +y ms me convenca de que el inters que yo les prodigaba, se perda +totalmente. + +Ella, encarnacin de la ama de casa, fra y tmida, sometida a todas las +fatalidades de la existencia cuotidiana; l, encarnacin del +propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasin. Discurra en esta +forma, mientras mi corazn estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo +pasaba inadvertida y era intil. Entonces ocurri un incidente que no +slo suaviz mi humor, sino que hasta modific sensiblemente mi juicio +sobre nuestro primo. + + + + +VII + + +Haca cuatro das que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de +improviso y me dijo: + +--Olguita, quisiera pedirte algo; no vendras a hacer un paseo a +caballo conmigo? + +--Qu honor!--repliqu. + +--No, no hay que volver a empezar en ese tono--dijo con una risa en la +cual se notaba algo de enfado.--Tratemos de ser buenos camaradas por +media hora, quieres? + +Su ingenua franqueza me agrad: dije que s. + +Cuando nuestros caballos pasaron el portn, Marta estaba en la ventana +de la cocina y nos hizo seas con su delantal blanco. + +--Ves, Marta--dije para mis adentros,--as es cmo me ira con l a +travs del vasto mundo, si fuera su querida. + +Yo no tena entonces ms que una nocin bastante confusa de lo que es +una querida y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad. + +--Monta bien--pens en seguida;--mi hijo del rey no sera mejor +jinete. + +Y entonces me sorprend al ver que me haba erguido, orgullosa y alegre, +en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me +haca correr un estremecimiento por todo el cuerpo. + +Roberto nada deca, pero con frecuencia se inclinaba hacia m y me haca +una sea amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto +cada cinco minutos: trabajo intil, pues nada estaba ms lejos de mi +imaginacin que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media +hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo: + +--Bueno, chiquilla? + +--Qu hay, grande? + +--Regresamos? + +--Oh, no! + +No estaba dispuesta a renunciar tan fcilmente a lo que me llenaba de +una satisfaccin tan completa. + +--Entonces, al bosque de Illowo!--dijo l sealando la mancha azulada +que cerraba el horizonte a lo lejos. + +Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que ste se +irgui y parti dando saltos. + +--Bravo, por la chica de quince aos!--grit l detrs de m. + +--Dispense, diecisis!--repliqu, volvindome a medias hacia l.--Por +otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, se acab +nuestra camaradera! + +--En nombre del Cielo!--dijo l rindose. + +Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra. + +El bosque de Illowo est dividido por una pequea corriente de agua, +cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de +los lamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por +encima del espejo obscuro de las aguas una alta bveda de verdura que, a +cada desvo del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a +formarse inmediatamente despus. + +Bajo esa bveda, junto al borde del agua, conoca desde mi infancia ms +de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o soando, +mientras mi caballo, un poco ms arriba, paca tranquilamente en el +bosque. + +Y como esta vez bamos lentamente, por entre los troncos de rbol, se me +ocurri hacerle conocer uno de mis retiros. + +--Quiero bajar--le grit,--ven a ayudarme a echar pie a tierra. + +De un salto baj de su caballo e hizo lo que yo le peda. + +--Qu quieres hacer?--me pregunt. + +--Vas a verlo--dije,--pero primero suelta los caballos... + +--No faltaba ms!--dijo Roberto rindose.--Me haces el efecto de quien +quiere coger las liebres ponindoles un grano de sal bajo la cola. + +E hizo ademn de atar las riendas a un tronco de rbol. + +--Sultalos!--orden. + +Y como l no obedeca castigu a los caballos con mi varilla: antes que +l hubiera pensado en sostener ms fuertemente las bridas, los caballos +galopaban ya libremente en el bosque. + +--Y ahora?--dijo mi primo ponindose las manos en los bolsillos.--Te +imaginas que van a dejarse coger otra vez? + +--Por ti, no--respond rindome, pues estaba segura de mis favoritos. + +Y cuando al or un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde +lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus +hocicos, esperando una caricia, mi corazn se dilat: me senta +orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de +razn, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y +alc hacia Roberto una mirada triunfante: ahora l deba saber quin era +yo y qu pretenda. + +Pero vi muy bien que todava yo no le impona. + +--Maravilloso, chica!--dijo l, y nada ms. + +En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recost +perezosamente en el csped. Los rayos de sol que pasaban a travs de las +ramas, relucan en su barba: me pareci un gigante en reposo, semejante +a los que nos pintan las leyendas del Norte. + +Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis +visiones romnticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que +volv a caer repentina y bruscamente en la prosa. + +--Pero no nos vamos a quedar aqu, mi seor primo! + +--No seas loca, chiquilla--dijo l cerrando los ojos.--Haz como yo, +vamos a dormir. + +Tuve un impulso de alegra, y, acercndomele, lo cog por el cuello y lo +sacud fuertemente. + +Quiso asir mi vestido, pero yo me escap, lo que le hizo levantarse +vivamente para correr tras de m. + +Entonces, tranquilamente me adelant hacia l y le dije: + +--Bueno, ahora, ven. + +Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente +escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un +espejo obscuro. All, los rboles de anchas hojas y toda clase de +plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una +cuna natural, donde haba sombra aun en pleno medioda. + +All fue donde le hice entrar. + +--Mil truenos! He aqu un lindo rincn, chica--dijo l al mismo tiempo +que se extenda cmodamente sobre la piedra, tanto que sus pies caan +casi al nivel del agua. + +--Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos. + +Lo obedec, pero me sent de manera que mi mirada pudiera dominarlo. + +l finga dormir, y de cuando en cuando, por entre sus prpados medio +cerrados, alzaba los ojos hacia m. + +De repente se me ocurri esta idea: + +Si fueras Marta, qu haras en este momento? + +Y un pavor tal se apoder de m, que la sangre me subi hirviente a la +cara. + +--Eres miedosa, chiquilla?--me pregunt. + +Yo sacud la cabeza. + +--Entonces, ven. + +--Ya estoy a tu lado. + +--Ponte all, delante de m. + +Hice lo que me peda: mis pies tocaban casi el borde de la piedra. + +De pronto, se levant, me asi, rpido como el rayo, por la cintura, y +en el mismo instante me sent suspendida sobre el agua. + +Lo mir rindome. + +--Cmo!... Cmo!...--dijo.--No hay de qu rerse! Si te dejara +caer... + +--Me ahogara... Pues bien, djame caer! + +--No. Antes quiero que me confieses algo. + +--Qu? + +--Por qu no puedes sufrirme? + +Respir profundamente. Al mismo tiempo sent que las suelas de mis +botines tocaban ya la superficie del agua: l no poda dejarme caer ms. +Una deliciosa sensacin de desfallecimiento me invadi. + +--Pero yo puedo sufrirte--le dije. + +--Por qu entonces me contestas siempre de tan mala manera? + +--Porque soy una muchacha mal criada. + +--Enhorabuena!--dijo l, rindose. + +Y, con un movimiento brusco, me alz como una pluma: yo me volv a +encontrar de pie sobre la piedra. + +--Bueno, ahora sintate; vamos a conversar seriamente. + +Me tom la mano y continu: + +Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en +ejercitar mi espritu. T, con tu vivacidad, me ganas fcilmente; por +eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. T no lo haces con mala +intencin, bien lo s, pues en nuestra familia no se conoce la maldad; +pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce aos ms que t, t +eres todava una chiquilla, o poco menos... Tengo razn? + +--Tienes razn...--respond humildemente. + +Y me preguntaba aparte lo que se haba hecho mi altivez. + +--Por qu, pues, procedas as? + +--Porque quera agradarte. + +Y exhal un profundo suspiro. + +l me mir en los ojos con asombro. + +--Porque quera mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza +muy a plomo, que yo... + +Me detuve muy confusa. Roberto se morda la barba y miraba frente a l, +pensativo. + +--Miren eso!--dijo.--Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el +mal lado. Qu suerte que haya seguido el consejo de Marta! + +--De Marta? Qu consejo te ha dado? + +--Tmala aparte, uno de estos das--me ha dicho,--y explcate con ella. +Cuando Olga no quiere a alguin, lo aborrece, y me dara mucha pena que +no te tuviera cario. + +--Marta ha dicho eso?--exclam, y las lgrimas me asomaron a los +ojos.--Qu corazn, qu corazn de oro! + +--S, ha dicho eso y muchas otras cosas ms para explicar tu +temperamento y excusarte. Y como amo a Marta... + +--La amas?--dije, interrumpindolo, vida de saber ms. + +--S, profundamente--respondi l pensativo, con los ojos fijos en el +agua que corra a sus pies. + +Mi corazn lata tan precipitadamente, que apenas poda respirar. As, +pues, l me tomaba por confidente, me converta en su aliada! Habra +querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me senta +hacia l. + +--Y... ella lo sabe? + +--Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar... + +--Cmo?...--balbuc.--T no... no... se lo has dicho? + +Roberto sacudi tristemente la cabeza. + +Yo ca desde lo alto de las nubes. De modo que los bosquecillos de +nuestro jardn nunca haban prestado su abrigo a dos enamorados; la +luna, que brillaba por entre las ramas, nunca haba sido testigo de +besos clandestinos! Puras quimeras todas mis imaginaciones! + +Pero, en medio de mi desilusin, senta una profunda compasin por ese +gigante, que, sin ms fuerzas que un nio, buscaba amparo en m. Me jur +que su confianza en m no sera vana. + +--Y por qu has guardado silencio?--insist. + +Pareci que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza; +sin embargo, dijo con un profundo suspiro: + +--En aquel tiempo, yo era un muchacho tmido y no encontraba el valor +necesario para hablar. En esos primeros aos de locura se siente uno +tan transportado, si obtiene siquiera un apretn de manos a hurtadillas! +Se figura uno que el mismo matrimonio no podr ofrecer un deleite mayor. +Pero en realidad t no puedes comprender eso. + +--Quin sabe?--repliqu en mi inocencia.--Mucho he ledo ya sobre eso. + +--En resumen--prosigui l,--yo era entonces ms o menos tan ingenuo +como t ahora. Y hoy, sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula +a ella, con cadena indisoluble, y para siempre. + +--Entonces, no quieres vincularte?--le pregunt con sorpresa. + +--No tengo derecho para ello--grit,--no tengo derecho. No s si podr +hacerla feliz. + +--Oh! Francamente... si no lo sabes!... + +Encog el labio con desprecio y dentro de m, llegu a esta conclusin: +Entonces, no la ama! + +Pero l, con los ojos chispeantes, se anim ms: + +--Comprndeme, nia. Si eso dependiera de m, no pedira ms que +llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con +las piedras del camino. Pero... oh! esta miseria, esta miseria! + +Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me senta realmente +turbada. Nunca habra credo posible que ese hombre tan tranquilo y +grave pudiera volverse tan apasionado. + +--Confame tus tormentos, Roberto--dije, ponindole la mano en el +hombro.--No soy ms que una chica, muy sencilla, pero eso desahogar tu +corazn. + +--No puedo!--gimi,--no puedo! + +--Y por qu? + +--Porque sera mortificante... hasta para ti. No puedo decirte ms que +una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jams +podra resistir al torrente de penas y de tormentos que caera sobre +ella: se doblara como una frgil caa al primer soplo de la tormenta. +De qu me servira tener que llevarla al cementerio pocos aos despus +de nuestro matrimonio? + +Un helado calofro me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la +horrible manera en que deba realizarse esa frase, llena de +presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advertrmelo: slo +experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por dems prosaico para +mi gusto, un giro tan romntico como fuera posible. Desgraciadamente no +haba gran cosa que hacer. Por lo menos asum una expresin capaz y +busqu en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o +los confesores dan ordinariamente como vitico a los amantes +desgraciados. + +Y l, como un gran nio que era, bebi esas tontas palabras de consuelo +con la avidez de un hombre que se muere de sed. + +--Pero tendr paciencia ella tambin?--me pregunt, y pareca perder +nuevamente el valor. + +--S, la tendr! Confa plenamente!--grit con arrebato.--Puesto que +espera desde hace tanto tiempo, podr muy bien tener paciencia uno o dos +aos ms. Ya vers cmo se somete de buen grado. + +--Y si, aun ms tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!--objet +Roberto.--Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su +corazn! No, no hablar; antes me arrancarn la lengua, no hablar! + +--Si no queras hablar, para qu viniste entonces? + +Dios sabe cmo ese pensamiento de doble filo vino a mi espritu de joven +aturdida. Sent confusamente que al pronunciar esas palabras cometa un +acto de crueldad, pero... ya era tarde. + +Vi palidecer su rostro, sent que su respiracin ardiente se exhalaba en +un suspiro. + +--Soy un hombre de honor, Olga--murmur entre dientes;--para qu +atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendrs una respuesta. +He venido porque ya no poda vivir sin ella, porque quera beber en sus +ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y +porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza +de que las cosas aqu pudieran tomar otro giro, que todo pudiera +arreglarse para que yo me la llevara conmigo. + +--Y las cosas no se arreglan? + +--No!... No preguntes por qu. Contntate con esta respuesta: no! + +De repente se inclin hacia m, se apoder de mis manos y me dijo desde +el fondo del corazn: + +--Ves, Olga, cmo nuestro compaerismo ha tenido mejor resultado que el +que podamos esperar uno y otro hace media hora. Querras asistirme +fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder? + +--S, te ayudar--respond, y al decir esto me sent penetrada de la +solemnidad de mi promesa. + +--Veo que ya no eres una nia--continu l,--eres una joven enrgica e +inteligente, y si emprendes algo, no flaquears. Quieres velar por +ella, para que no se desaliente, si todava esta vez me voy sin haber +hablado? Lo quieres? + +--S, velar--repet. + +--Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme cmo est, si +se siente bien, si sigue animosa? Quieres? + +--Te escribir--volv a contestar. + +--Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y +para siempre. + +Y me bes en los labios... + +Cinco minutos despus estbamos a caballo, y trotbamos rpidamente +hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer. + +--Cunto han tardado!--dijo Marta que estaba en el terrado, con su +delantal blanco, y nos sonrea desde lejos. + +Cuando la vi, experiment el sentimiento de que toda la ternura que yo +pudiera prodigarle, sera poca. Me precipit hacia ella y la bes +impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me pareca que as +borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprend de sus brazos, +con el corazn oprimido, y me alej. En la mesa, esa misma noche, no +ces de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordara con una +sea nuestro convenio secreto. Pero l no pens en ello; slo cuando +todos se levantaron desendose buena digestin, me estrech la mano de +un modo muy particular, como nunca lo haba hecho antes. + +Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magnfico presente. + +Esa noche, me cost mucho trabajo esperar el momento en que me +encontrara en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme as, +una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y +soando: tena la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo +que quera, y de dormirme tan pronto como me pareca conveniente; para +ello no tena ms que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha. +Esta vez me estir en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca +haba conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parecan +colmados. Mis mejillas ardan y en mis labios tena, todava sensible, +la picazn ligera del primer beso con que un hombre--pap, naturalmente, +no contaba,--los hubiera rozado. + +Y si, contemplndolo de cerca, ese beso se diriga tambin a otra, qu +me importaba? Era tan joven todava, que no poda pretender semejante +cosa para m sola. + +Volv una vez ms a mi idea predilecta: Qu hara yo si estuviera en el +lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de +imaginaciones, que no eran ms que puras quimeras--ese da me lo haba +probado bien,--pero poda trabajar en l con toda tranquilidad, y fue lo +que hice en mi desvelo o en mis sueos, hasta la maana siguiente. + +Dos das despus, Roberto parti. Algunas horas antes de marcharse tuvo +una larga conversacin con Marta en el jardn. + +Los vi internarse en l sin sentir celos, y fue para m un placer +indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera. + +Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus +miradas serias y tristes. + +No, no se haba declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero haba +hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de tmida +esperanza. + +En el momento en que iba a subir al carruaje se encontr por casualidad +solo conmigo algunos segundos. Me tom la mano y murmur: + +--No revelars una sola palabra? Puedo contar con ello? + +Hice un signo de afirmacin enrgica. + +--Y me escribirs pronto? + +--Seguramente. + +--Adnde debo dirigirte la respuesta? + +Me qued azorada: no haba pensado en ello. Pero, como los minutos eran +contados, nombr al azar a un viejo mayordomo que me haba demostrado +siempre ms afecto que nadie. + + + + +VIII + + +El tiempo transcurra. Lo mismo que antes, los das sucedan a los das, +y sin embargo, cun nuevo y particular se haba vuelto el mundo para +m! + +Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos; +haba penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me +envolvan por todas partes y poda--oh deleite!--divertirme con ellos: +estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que deba asegurar la +felicidad de mi hermana. + +Era maravilla ver, despus de esa visita de Roberto, cmo Marta volva a +la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos das +de existencia en comn con l haban obrado sobre ella como un bao +fortificante, y ms aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual +haba bebido furtivamente a grandes tragos. + +Sin duda, no haba recobrado su brillante alegra de otros tiempos, que +esos siete aos de ansiosa espera parecan haberse llevado +irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios, +pero un brillo suave y clido animaba sus facciones como si una luz +salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos +lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acoga con +una sonrisa amistosa. + +Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba ms y ms +y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no +haca ms que aumentar mi cario e impulsarme a rogar a Dios para que +derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza. + +Mientras no me abriera su corazn ella misma, no poda ni quera +confesarle cun profundamente mis ojos haban penetrado ya en l. + +Ms de una vez me sorprend contemplndola con un sentimiento maternal, +si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con +Roberto, me figuraba que verdaderamente tena la felicidad de ambos en +mis manos. + +En mi presuncin, me consideraba fcilmente como un buen genio, vestido +de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa verta bendiciones. +Mientras tanto, contaba los das hasta la llegada de una carta de +Roberto, y corra de ac para all, con las mejillas encendidas, cuando, +al fin, la llevaba sobre mi corazn. + +Esas cartas se me haban hecho tan necesarias, que me era difcil +concebir cmo haba podido vivir antes sin ellas. So pretexto de +contarle los hechos y dichos de Marta, saba muy bien ahuyentar las +penas de su corazn con mi charla, infantil y loca como gusta a los +hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de +madurez, como se haba vuelto mi corazn. Le agradaba mi chchara, +cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un +pjaro cantor, y yo no peda ms. Le estaba tan agradecida porque me +haba asociado a su grande y sincera pasin, a m, a la chicuela a quien +todava hacan salir de la habitacin cuando la gente grande quera +hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo +tena a mis propios ojos, me venan de ese papel de protectora. + +As creca yo con ese amor, me alimentaba con esa pasin, de la que +nunca la menor migaja deba caer para m de la mesa. + +* * * + +Cuando lleg el otoo, not que Marta manifestaba una agitacin +extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permaneca a veces +la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo +ademanes cuando crea estar sola, y se estremeca violentamente cuando +se vea sorprendida. + +Inform fielmente a Roberto de lo que haba observado y le pregunt +adems si no haba hecho quiz esperar su visita para aquella poca, +pues toda la manera de ser de Marta me pareca provocada por una +sobreexcitacin enfermiza de la espera. + +Tuve ocasin de estar satisfecha de los conocimientos psicolgicos de +mis diecisiete aos, pues mis previsiones eran justas. + +Profundamente abatido, me escribi que efectivamente, al separarse de +ella, haba expresado la esperanza de poder volver en el otoo siguiente +con cara ms alegre; pero se haba equivocado: estaba, ms que nunca, +sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin +ver brillar el menor fulgor de esperanza. + +Por lo menos--le contest,--lbrala del tormento de la espera e informa +a nuestros padres, con miramientos, de tu situacin. + +As lo hizo: dos das despus, pap, muy apenado, trajo la carta que a +causa de mi juventud, todava demasiado irracional, yo no deba leer. + +Esa carta tuvo sobre el nimo de Marta una influencia que me asust y me +conmovi. La sobreexcitacin de las ltimas semanas desapareci +repentinamente, como barrida de golpe, y dej el lugar a ese abatimiento +desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la haba +convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueci, y dos surcos +profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a +las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorca en +crisis dolorosas, otra vez tambin le haba vuelto ese perpetuo deseo de +llorar que, a la menor ocasin, se daba curso en torrentes de lgrimas. + +Esta vez, pap no mand buscar al mdico: poda fijar el dianstico l +mismo. Hasta mam se compadeci de los sufrimientos de la desdichada, +tanto como se lo permita su apata, y sta no consenta que se alejase +de la estufa para atender a su hija enferma. + +En cuanto a m, encontr entonces por primera vez la ocasin de mostrar +a los mos que ya no era una criatura y que mi voluntad tena algn +valor, aun cuando se tratara de cosas serias. + +Asum toda la direccin de la casa, y por ms que todos sonrieron +maliciosamente y protestaron, y Marta me explic repetidas veces que +jams consentira que yo, la ms joven, la suplantase, me las compuse +tan bien que al cabo de quince das yo era quien manejaba toda la casa. + +Fue aquella la nica poca en que tuviramos todos que disputar con +Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo haca era +por amor a ella, y finalmente concluy por ser la primera en +agradecrmelo. Por otra parte, se acostumbr a cederme en ms de un +punto, aunque tratando de disimularse a s misma mi influencia y dando a +entender que haba que dejar hacer su voluntad a los nios. + +En mi correspondencia con Roberto, aprend por primera vez que se puede +mentir por amor. Le disimul el triste efecto que haba producido su +carta; s, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba +perfectamente. Proceda as porque estaba persuadida de que la verdad lo +habra sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no +dejaran de abatirlo, puesto que nada poda remediar. Pero entonces se +me haca terriblemente difcil conservar el tono de charla ligera, y muy +a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma. + +Y todo se ensombreca de da en da en torno nuestro. Pap estaba +cabizbajo, porque las malas cosechas haban defraudado sus ms bellas +esperanzas; mam murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se +marchitaba cada vez ms. + +Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces +nuestro apacible interior haba visto otras. + +En torno del flamante rbol de Navidad, que esta vez yo haba adornado e +iluminado en lugar de Marta, permanecamos inmviles sin saber qu +decirnos, tan oprimido tenamos el corazn. Y, como nadie se decida a +hacerlo, tuve que esforzarme en rer y hacer lo posible para borrar las +arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no +encontr eco y por ltimo nos dimos la mano desendonos buenas noches +para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sabamos cmo +entrar en materia los unos con los otros. + +Cuando llegu al lado de Marta, que estaba sentada en un rincn, con los +ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sent que un doloroso +estremecimiento me atraves el pecho, como si le hubiera hecho un +agravio que debiera reparar; pero ignoraba cul poda ser ese agravio. + +Ella me dijo al besarme en la frente; + +--Que Dios te conserve tu valiente corazn, Olguita! Te agradezco mucho +las bromas que te has esforzado en decir hoy. + +No supe qu contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no poda +definir, me desgarraba el corazn. + +Cuando me encontr sola en mi cuarto, me dije: Bueno, ahora vas a +festejar la Navidad! Saqu las cartas de Roberto de la gaveta en que +las tena cuidadosamente escondidas y resolv leerlas hasta una hora +avanzada de la noche. + +La tempestad sacuda los postigos, la nieve, empujada por las rfagas +del viento, barra los vidrios con un roce ligero y la lmpara de +pantalla verde suspendida del cielo raso, esparca sobre m su fulgor +apacible. + +En el momento en que colocaba cmodamente delante de m el paquetito de +cartas, o junto a m, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una +cada, y luego un murmullo indistinto que me pareci el de una oracin +mezclada con sollozos. + +He ah cmo celebra la noche de Navidad!--pens juntando +involuntariamente las manos. Sent otra vez un dolor en el corazn, como +si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continu +devanndome los sesos hasta que vi claramente que slo las cartas eran +culpables. + +No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo +silencio?--me pregunt. + +Pero mi conciencia no se dej seducir. No. Aquello fue como si un rayo +me hiriera en la cara, pues sent con qu delicias mi corazn acariciaba +esas cartas. + +Qu no dara ella por una de estas hojas?--me dije en seguida.--Ella +que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa +idea de que, si no ha venido, es nicamente porque quiere arrancarla de +su corazn. + +Y t oyes sus sollozos--continuaba una voz dentro de m,--y la dejas +presa de sus torturas mientras que t te deleitas pensando en que tienes +un secreto con l, con l, que pertenece slo a _ella_. + +Me escond la cara entre las manos: la vergenza se apoderaba de m tan +violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. Dale esas +cartas!--me grit repentinamente una voz, y me lo grit tan alto y con +tanta claridad, que me pareci que era la tempestad la que me haba +lanzado esas palabras al odo. + +Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que +mi buena voluntad ceda, instada por el temor de faltar a la palabra que +haba dado a Roberto, y por el deseo de seguir todava en +correspondencia secreta con l, el ruido de los sollozos y de la oracin +de Marta llegaba hasta m ms claro, y me trastornaba a tal punto los +sentidos, que me pareca que iba a verme obligada a huir hasta el fin +del mundo, para no orlo ms. + +Y conclu por cumplir conmigo misma. Tom las cartas, las reun en un +elegante paquete que at con una cinta y me dispuse a llevrselas a su +cuarto. + +Este ser su regalo de Navidad!--dije pensando en que ese ao no +haba podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como +siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la +alegra que desborda del corazn, resolv representar todava un poco la +comedia, antes de entregrselas. + +Baj a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde +se encontraban nuestros regalos, bajo el rbol de Navidad. Tanteando en +la obscuridad, busqu su plato, recog los objetos que estaban al lado +de ste, y por encima de todo coloqu el paquete de cartas. + +Cargada de esta manera, me acerqu a su puerta y toqu. + +O un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y, +al cabo de un intervalo bastante largo--sin duda el tiempo necesario +para enjugarse los ojos,--su voz reson muy cerca de la puerta, +preguntando quin estaba all y qu queran. + +--Soy yo, Marta--dije.--Te traigo tu plato; lo habas dejado abajo. + +--Llvalo a tu cuarto, ir a buscarlo maana--respondi ella. + +Y en la voz tena sollozos que se esforzaba en disimular. + +--Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los dems--dije. + +Y tambin mis palabras estaban medio ahogadas por las lgrimas. + +--Bien! Me lo dars maana--replic,--ya estoy desvestida. + +--Pero ese regalo es mo--dije. + +Y, como en la bondad de su corazn, temi ofenderme, no obstante su +inmenso dolor, me abri la puerta. + +Me lanc hacia ella y llor sobre su hombro, apretando convulsivamente +el plato con la mano izquierda. + +--Qu tienes, querida?--me pregunt acaricindome.--En toda la casa +eras la nica que conservabas tu buen humor, y ahora... + +Me arm de valor y, acercndola a la luz, le mostr el plato. A la +primera ojeada reconoci la letra; se puso blanca como el yeso que +cubra las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las lgrimas, me +mir fijamente como si hubiera perdido la razn. + +--Tmalo, pues--dije,--tmalo. + +Ella extendi la mano, pero la retir con un ademn brusco: se hubiera +dicho que haba tocado un hierro candente. + +--Ves, Marta--dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta +importancia,--no has querido tener confianza en m, me has tratado +siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras t +te desesperabas, yo he obrado. + +Ella continuaba mirndome fijamente, desconcertada, sin comprender. + +--Crees que Roberto no se inquieta por ti--continu.--Sin embargo, he +tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana +regularmente. + +Marta retrocedi tambalendose, se llev las manos a la cabeza, y, de +improviso, una especie de calofro la sacudi. Se adelant hacia m, me +tom las manos y con voz singularmente velada, dijo: + +--Mrame de frente, Olga! Quin de los dos ha escrito la primera +carta? + +--Yo!--dije asombrada, no sabiendo todava adnde quera ir a parar. + +--Y t le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga? + +--Qu idea es esa?--dije.--El mismo fue quien me confes todo, cuando +estaba aqu... Oh! Me conoca mejor que t--agregu, no queriendo dejar +escapar de mi juego ese ligero triunfo,--no se avergonz de tomarme de +confidente. + +--Alabado sea Dios!--murmur ella con un profundo suspiro, juntando las +manos. + +--Pero ven, Marta--dije llevndola a la mesa.--Vamos a festejar la +Navidad. + +Entonces lemos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de +ellas, en cada una de las frases sencillas y desmaadas, apareca el +corazn afectuoso de Roberto, su corazn de oro; arrojaba en nuestras +almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y +nos devolva la alegra. Reamos y llorbamos, con las mejillas apoyadas +una contra otra, y nos estrechbamos con fuerza las manos, como para +procurarnos recprocamente la sensacin de esas vivas y vigorosas +presiones, que prodigaba su tosca mano roja. + +Y de pronto, estbamos en uno de esos prrafos en que l me rogaba +encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, sta se +sinti abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo, +se dej caer delante de m y apoy sus labios en mi mano. + +Pero, por violenta que fuera mi emocin, ya no senta trazas de ese +dolor punzante que, haca poco todava, junto al rbol de Navidad, me +oprima el corazn. Haba cancelado mi deuda y fue en completa libertad, +con el corazn aligerado, como me jur velar en lo sucesivo como un +ngel tutelar sobre mi hermana que, mucho ms que yo, nia simple y sin +experiencia, necesitaba apoyo y proteccin. + +Y ella lo sinti tambin, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado +como a una criatura, se abandon a mi direccin sin resistencia. + +Al fin haba conseguido lo que deseaba mi corazn. Exista un ser humano +a quien poda mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos +separaba ya, dediqu a mi hermana toda la ternura que durante tanto +tiempo haba dormido inactiva en el fondo de mi alma. + +No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras +relaciones, que en los ltimos tiempos sobre todo dejaban mucho que +desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era +difcil acostumbrarse a ello. + +Me miraba siempre con extraeza y deca a menudo: + +--Cmo habra podido adivinar nunca que haba en ti tanto afecto! + +Si hubiera sabido qu sacrificio haba hecho revelando mi secreto, +habra dado an ms valor a mi cario. + +En verdad, mis presentimientos no me haban engaado: desde el momento +en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acab para siempre la +dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto. + +Ya no era para m ms que un extrao y, cuando me sentaba a escribirle, +me pareca ser una simple mquina encargada de copiar los pensamientos +de otros: as me suceda a menudo entregar a Marta una carta sin haberla +ledo, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo. + +A veces senta remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de +Roberto, pues l no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero, +cuando la miraba, cuando vea desplegarse su sonrisa, y brillar en sus +ojos soadores la paz y la felicidad, me deca que era imposible que +hubiera procedido mal, y mis escrpulos se acallaban. + +Hasta entonces no haba engaado ms que a l; muy pronto mi traicin +deba alcanzar tambin a Marta. + + + + +IX + + +El invierno y la primavera pasaron velozmente y lleg el momento en que +las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes. + +Roberto deba venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; pero +hasta entonces--escriba,--habr que vencer ms de una grave +dificultad. + +Un da, pap entr en la cocina donde estbamos, y tomando una expresin +indiferente, se pase un instante por entre los calderos, resoplando y +golpeando con su varilla las largas caas de sus botas. + +--Te has vuelto inspector de cocinas hoy, pap?--dije. + +l solt una risa breve y dijo: + +--S, me he vuelto inspector de cocinas. + +Y despus de haber andado todava algunos minutos en silencio, se detuvo +de improviso delante de Marta y dijo: + +--Si tuvieras tiempo, hija ma, podras quiz venir un momento? Tu +madre y yo tenemos que hablarte. + +--Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! Puedo asistir +yo tambin a la entrevista? + +--No--respondi l,--t te quedars en la cocina. + +Durante un instante el silencio rein en la casa; en torno mo el vapor +silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta haca gran ruido al +limpiar los cuchillos, pero de repente se oy, dominando todo ese ruido, +un grito breve y estridente que no poda provenir ms que de Marta. + +Temblorosa aguc el odo, y en el mismo instante pap se precipit en la +cocina gritando: + +--Agua! + +Pas a su lado como una exhalacin, y encontr a mi hermana tendida en +el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mam. + +--Qu le han hecho ustedes a Marta?--grit dejndome caer de rodillas +junto a sta. + +Nadie me contest. Mam, desatinada, se retorca las manos, y pap se +morda el bigote, sin duda para retener las lgrimas. + +Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella, +una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoder de l tan +vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Despus me +apresur a hacer lo ms urgente, que era hacer volver en s a Marta y +acompa a su cuarto a la desdichada, que diriga en su derredor miradas +atontadas. + +Una vez all la acost. Con los ojos fijos en el cielo raso, me peda +de cuando en cuando de beber; pareca no haber recuperado sus sentidos +todava. + +Pero yo saqu en secreto la carta de mi bolsillo y le lo que transcribo +aqu literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del +amor de una madre y de una hermana: + +Mi hermano muy querido, mi muy querida cuada! + +Una circunstancia muy triste para m me obliga a escribiros hoy. Estis +persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi corazn no +tiene deseo ms vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos +las relaciones ms cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he +hecho ms que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros +me habis correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy +una splica, dictada por mi corazn de madre torturado por la angustia. +Esta maana mi hijo Roberto vino a casa y nos declar, a mi marido y a +m, que tena la intencin de pediros la mano de vuestra hija Marta; al +mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no poda +abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, ay de m! todava +necesitar ms de una vez nuestra ayuda. + +Si hubiera escuchado la voz de mi corazn, le habra saltado al cuello +con lgrimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre +fra, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro ms que dos +nios, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no poda hacerse. + +Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido +conservar tu fortuna: lejos de m el pensamiento de mezclarme en cosas +que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitiris os +diga que vuestra propiedad est gravada de deudas y que vuestras hijas, +fuera de un ajuar que, quiero creerlo, ser rico, no podrn contar con +un centavo de dote. + +Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto estn tambin cargados de +deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para +desinteresar a sus hermanos y hermanas, y adems nosotros hemos +conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen +vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un +casamiento con una joven pobre lo llevara infaliblemente a la ruina. + +No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras +cartas, debe ser una persona dbil y enfermiza, incapaz por consiguiente +de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la +felicidad de Roberto; tan slo el pensamiento de verla entrar en casa de +mi hijo con las manos vacas basta para convencerme de que sera +desgraciada y no podra menos que hacerlo desgraciado a l mismo. + +Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le ser difcil, en +el inters mismo de la felicidad de su primo, renunciar a l, esto en el +caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la +prohibicin de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir, +en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal. + +Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profesis a +vuestra hermana, para no estar persuadida de que negaris como yo, desde +hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa unin funesta e +irracional. + +Vuestra hermana que os querr siempre, + +_Juana Hellinger._ + +P. S.--La cosecha es buena por all? Aqu el centeno de invierno ha +dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad. + +Al leer esa prosa vulgar e hipcrita, me acometi un furor tal, que +solt una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a +pisotearla. + +Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa haba hecho mal, +me volvi a la razn. + +All yaca ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habra +debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para +la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento +de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi corazn dej +escapar una vez ms, con un suspiro, ese lamento de otras veces: Que +no est yo en su lugar! Pero cuntas cosas nuevas encerraba hoy! Lo +que antes no haba sido ms que una locura, una niada, haba hecho +lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en +mi fuerza. + +Entonces resolv obrar, si acaso era todava tiempo. Quise primero ir a +buscar a mis padres, decirles lo que haba hecho, que estaba desde haca +mucho tiempo al corriente de la situacin, y finalmente exigir de ellos +que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual tena derecho, a +pesar de mi juventud. + +Pero desech en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte +en las deliberaciones de familia, mi deber sera no proceder en contra +de sus designios. Y no poda contribuir a la salvacin de mi pobre +hermana, como lo entenda y siguiendo el plan que haba concebido, sino +a condicin de fingir una ignorancia absoluta. + +Muy pronto vi en qu estado estaban las cosas. Cada uno haba guardado +de la carta lo que responda mejor a su temperamento. + +Pap, herido en su orgullo de hombre pobre, habra en lo sucesivo +considerado como una vergenza el dejar entrar a su hija en una familia +en que se la mirara con malos ojos. Mam, por su parte, se haba dejado +enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba +sembrada, y estimaba que no se deba burlar la confianza de su cuada. + +Y Marta? + +Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sent que su mano +ardiente se posaba sobre la ma y su dbil brazo me atraa suavemente +hacia ella. + +--Tengo que hablarte, Olga--murmur, con la mirada siempre tristemente +fija en el cielo raso. + +--Si esperramos hasta maana?--respond. + +--No--dijo ella,--en el intervalo podran suceder cosas que no deben +producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre l y yo. + +--Entonces conoces muy mal a Roberto--dije. + +--Pero yo me conozco bien--dijo ella.--Yo soy quien rompe. + +--Marta!--grit espantada. + +--Bien s que esto me matar--dijo ella.--Pero qu importa? Mi vida +poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado. + +--La fiebre es la que te hace hablar as, Marta--exclam,--pues no te +creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja +bruja. + +--Siento demasiado que dice la verdad--dijo ella. + +Un helado calofro recorri todo mi cuerpo al orla proferir, con el +tono tranquilo de un colegial que recita una leccin, esas palabras de +una tristeza desesperante. + +--No protestes--continu,--no es slo de hoy que lo s; siempre tuve ese +presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy. +Pero, qu quieres, causa siempre impresin el ver de repente escrita con +todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atreva a +confesar a su propia conciencia. + +Trat de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hund a la +ta en el abismo ms negro del infierno, y demostr a Marta menudamente +que ella haba nacido para desempear en la casa de Roberto el papel de +ngel bienhechor. Pero todo fue intil, no consegu hacer revivir su fe +en s misma; el golpe la haba herido demasiado profundamente. Por +ltimo me pidi que no escribiera una sola carta ms a Roberto y que +rompiera para siempre toda relacin con l. + +Me sent espantada hasta el fondo del alma por m misma quiz tanto como +por ella; me negu con toda la energa que pude encontrar en m; pero +ella insisti, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi +correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza. + +Entonces vinieron das tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma. +Pap, siempre a caballo, recorra como un montaraz los campos y los +bosques, no asista regularmente a las comidas y para ninguna de +nosotras tena una buena palabra. Mam, nuestra bonachona mam, teja +sentada en su rincn y de cuando en cuando enjugaba sus lgrimas, +echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo haba +notado. Ah, s, aquella fue una poca bien triste! + +Yo haba recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me deca que la +inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta +de correo. No se lo dije a Marta, pero cumpl mi promesa. + +Ocho das pasaron; entonces not que mis padres deliberaban acerca de la +respuesta que deban enviar a la ta. Pap era de opinin, para que no +se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por +medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y +mam deca: s, como deca s a todo lo que no tena relacin con +las jaleas o las confituras. + +Ese da Marta declar que le era imposible levantarse de la cama; no +senta vivos dolores--deca,--pero sus piernas se negaban a llevarla. + +As vea yo adelantar el desastre, cada vez ms amenazador. No poda +esperar ms: Ven a cumplir tu compromiso mientras todava es +tiempo--escrib a Roberto. Y, para mayor seguridad, baj yo misma a la +ciudad y entregu la carta al postilln que justamente se preparaba a +partir para Prusia. + +En el momento en que el sobre se escap de mis manos, sent como una +pualada en el corazn; se habra dicho que con esa carta entregaba mi +alma a potencias desconocidas. + +Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero +cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postilln estaba lejos. + +A mi vez, cuando ascend la colina que conduce a la casa, me ocult +entre las malezas y llor amargamente. + +A partir de ese momento, fui presa de una agitacin como nunca la he +sentido en mi vida. Me pareca que una fiebre abrasadora me consuma; +durante la noche, iba y vena en mi cuarto sin poder encontrar descanso; +de da, estaba continuamente en acecho y cada vez que oa el ruido de un +carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi corazn. + +A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la +cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresin inquieta. + +Una joven que espera a su prometido no habra estado ms loca. + +Esa fiebre dur cuatro das, y fue una felicidad que los mos estuvieran +absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habran +dejado de despertar sospechas. + + + + +X + + +Esta vez no fui yo quien recibi a Roberto. Cuando reconoc su silueta +en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba +con estrpito la puerta del patio, hu al granero y me escond en el +rincn ms apartado. + +Tena la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas +bailaban por delante de mis ojos. + +O que, abajo, las puertas se abran y se cerraban, o pasos que suban +y bajaban precipitadamente la escalera, o las voces de las criadas que +gritaban mi nombre; no me mov. + +Y cuando todo volvi a quedar en silencio, baj sin hacer ruido por las +escaleras de atrs, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el +lugar ms desierto del parque. Mi alma era presa de un extrao +sentimiento de amargura y de vergenza. Me pareca que deba levantarme +y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que haba +esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia. + +Luego me represent lo que poda ocurrir en ese momento en la casa. + +Pap se haba encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto, +pues, seguramente, tena todava sobre s el peso de la prfida carta de +la ta; haba hecho un ademn de negativa al orle formular su peticin; +pero, en el mismo instante, Marta se haba presentado. Cun pronto +haba vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos +minutos antes, yaca agotada en el sof; cun pronto haba olvidado las +penas, los dolores que sufri durante aos! Y ahora, estn en brazos uno +de otro y no tienen siquiera un pensamiento para m. + +Entonces, de improviso, se despert en m un orgullo fiero. Por qu te +escondes?--gritaba una voz en el fondo de m misma.--No has hecho tu +deber? Todo esto no es obra tuya? + +Con un movimiento brusco me par, ech hacia atrs mis cabellos en +desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirig a la casa. + +Al acercarme no o ningn grito de alegra. Todo estaba silencioso, todo +estaba como muerto... + +En el comedor encontr a mam sola. Tena las manos juntas y exhalaba +profundos suspiros, mientras gruesas lgrimas rodaban hasta su blanca +papada. + +--Es el efecto de la emocin--pens al sentarme frente a ella. + +--Dnde estabas, Olga?--dijo, enjugndose esta vez tranquilamente los +ojos.--Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que +pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado. + +--Ah!--dije con mucha calma.--Dnde est? + +--En el gabinete de tu padre conversando con l. + +--Y dnde est Marta?--pregunt con una sonrisa. + +Ella me dirigi una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada +sagacidad; despus dijo: + +--Est con ellos. + +--Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo--dije. + +--Tontuela--dijo ella. + +Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecucin, vi que la +puerta del cuarto contiguo se abra, y por ella salir lentamente, como +si saliera de un atad, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro +terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo tambin sent +al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro +presentimiento me asalt. + +--Dnde est Marta?--exclam adelantndome hacia l. + +--No lo s. + +Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a +ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano. + +Pap sali detrs de l. Mam se haba levantado y los tres se quedaron +all parados, estrechndose las manos como en un entierro. + +--Dnde est Marta?--grit otra vez. + +--Ve a ver lo que hace--dijo pap;--sin duda te ha de necesitar. + +Sal de un brinco y a saltos sub la escalera que conduca a su +habitacin. Esta estaba cerrada. + +--Marta, abre! Soy yo. + +Nadie se movi. Rogu, supliqu, promet repararlo todo, le prodigu mil +nombres cariosos: todo fue intil. Nada se oa, a no ser de vez en +cuando un hlito, parecido a la respiracin silbante que se escapa de +una garganta medio sofocada. Entonces me encoleric al verme rechazada +de todas partes. + +--Sin duda ser bastante buena para preparar esta fnebre comida--dije +soltando una carcajada. + +Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me qued +mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de +sus pescuezos abiertos. + +Daba lstima ver cmo uno de ellos, un gallito, bata las alas mientras +la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus +espolones los dedos de la criada. + +Hasta este pobre animalito, dbil como es, se defiende cuando quieren +degollarlo--pens,--mientras mi seorita hermana besa humildemente la +mano que la amenaza con el cuchillo. + +La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espectculo +comparado con la comida en que fueron servidos. La ltima comida de un +condenado no habra sido ms lgubre. Cada cinco minutos alguien tomaba +bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena +obligatoria. Los dems asentan con la cabeza misteriosamente, pero bien +vea yo que los que escuchaban no saban lo que oan, lo mismo que el +que hablaba no saba lo que deca. + +Marta no se haba presentado. + +En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, +Roberto me tom las dos manos y me llev a un rincn. + +--Te agradezco, Olga--dijo, y sus labios temblaban,--te agradezco tu +exactitud y tu cario. Ahora se acab nuestra correspondencia... + +--Por amor de Dios, Roberto!--balbuc.--Qu ha pasado? + +l se encogi de hombros. + +--Quiz la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de m. + +--Eso no es verdad! eso no es verdad! + +Pero pap estaba detrs de nosotros e informaba a Roberto que, segn su +deseo, el carruaje estara listo al da siguiente al amanecer. + +--Entonces no te volver a ver--exclam espantada. + +l sacudi la cabeza. + +--Despidmonos desde ahora--dijo estrechndome la mano. + +Una voz me gritaba que no poda, marcharse as, que yo deba hablarle a +toda costa. Pero ahogu valerosamente las palabras que me opriman la +garganta. + +Entonces nos dimos un ltimo apretn de manos y nos separamos. + +Todava tena yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el caf de la +despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la maana, oa +siempre la misma voz que me gritaba en el odo: + +--Es necesario que le hables. + +Despus, cuando me dirig a mi cuarto con mi luz en la mano, di una +vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de +encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta +cerrada con llave. Slo el ruido de sus pasos que sacudan la casa, +resonaba en el interior. + +En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqu el odo al +agujero de la cerradura: nada se oa. Se habra podido creer que haba +muerto o bien que se haba fugado. + +Una inquietud me asalt, me puse de rodillas delante del ojo de la +llave, y rogu, supliqu, hasta amenac con llamar a nuestros padres si +ella persista en no dar signos de vida. + +Entonces se decidi a contestarme. O una voz: Apidate de m, +querida, apidate de m slo por hoy! Y esa voz estaba tan cambiada, +que no la reconoca. + +Me alej, pero senta crecer en m el temor de que Roberto se fuera +desengaado, con el rencor en el corazn, sin una palabra de +explicacin, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de +Marta. + +El fuego de la fiebre me subi a la cabeza y cada pulsacin de mis +arterias me gritaba: Es necesario que le hables! Es necesario que le +hables! + +Me desvest a medias y me recost en el sof. El reloj toc las once; +toc las once y media. Todava se oa resonar en la casa el ruido de sus +pasos, pero mientras ms tarde se haca, menos posible me era poner en +ejecucin mi proyecto. + +Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitacin de +un husped! Al pensarlo, la sangre se paraliz en mis venas. + +El reloj toc las doce. Abr la ventana y mir a lo lejos frente a m. +Todo pareca dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el +de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en +el seno de la obscuridad. + +El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me +murmuraba: Es necesario! es necesario! Al mismo tiempo una voz +ligera, suave y acariciadora como una meloda, me deca: Lo vers otra +vez, sentirs su mano en la tuya, oirs el sonido de su voz, quiz oirs +hasta su risa; no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad +de su vida? + +De repente tom una resolucin, cerr bruscamente la ventana, me puse +precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventur en +el obscuro corredor. + +Oh! Cmo me lata el corazn, cmo me arda la sangre en las sienes! +Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared. + +Por fin llegu a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el +piso, pero el ruido sordo haba desaparecido. Seguramente se haba +quitado las botas. + +--No hay que tocar--pens de pronto,--Marta oira. + +As el botn. Me estremec. + +Cmo abr la puerta? No lo s. Me pareci que otro lo haba hecho por +m. + +O alzarse delante de m su alta y vigorosa silueta. + +Un leve grito se escap de sus labios; de un salto estuvo a mi lado. +Luego sent mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el hlito de una +respiracin ardiente. + +En el primer momento, la loca idea de que Marta se haba acordado +bruscamente de su antiguo amor, le pas quiz por el cerebro; pero un +minuto despus, me haba reconocido. + +--Por amor de Dios, criatura!--exclam.--Qu ocurre? Qu es lo que te +trae? Nadie te ha visto? Di, nadie te ha visto? + +Sacud la cabeza. Te considera todava muy tonta, pens, volviendo a +recobrar el aliento, pues senta desaparecer de mi alma los terrores que +me haba causado mi peligrosa empresa. + +Se apart de m para encender la luz. Yo busqu con la mano el sof y me +dej caer en una de sus esquinas. + +Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbr. Me volv hacia la +pared y ocult mi cara. + +Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra l, +se haba apoderado de m. Me senta tan feliz de estar a su lado que me +olvidaba de todo lo dems. + +--Olga, mi querida, mi buena Olguita--dijo,--habla, qu quieres de m? + +Alc los ojos hacia l. Vi su rostro tostado y serio, en el que los +sufrimientos de ese da haban labrado arrugas profundas y me qued +sumida en una muda contemplacin. + +--Qu quieres? Me traes noticias de Marta? + +--S, eso es, Marta! + +Me levant vivamente. Basta de debilidades! Haba recuperado esa fuerza +indomable que era mi orgullo. + +--Escucha, Roberto--dije,--no te marchars maana por la maana. + +--Por qu?--dijo, apretando los dientes. + +--No quiero! + +--Tu voluntad es muy respetable, querida nia--respondi l con risa +mordaz,--pero no cambiar en nada mi resolucin. + +--Entonces quieres perder a Marta para siempre? + +En ese instante me sent otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de +protectora que, para unirlos, habra aceptado la lucha con el mundo +entero. + +Qu loca y cun poco perspicaz era! + +--Acaso no est ya definitivamente perdida para m?--replic l, con la +mirada fija hacia adelante. + +--Qu te dijo hoy? + +--Para qu repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias, +tan sensatas, que no poda ser sino el lenguaje de una persona que ya +no ama. + +--Y lo crees realmente?--pregunt. + +--No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, qu importa! Aun +suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cario, ha hecho +bien en aprovechar la ocasin para deshacerse de l completamente. Ms +vale as, para ella como para m. Nada tengo que ofrecerle, ni +felicidad, ni alegra, ni siquiera la sombra de un placer, nada ms que +trabajo, penas y miseria, de un extremo del ao al otro. Y por sobre +todo esto, una suegra que le es hostil y le hara sentir duramente que +se haba presentado con las manos vacas. + +Sent que una oleada de sangre me suba a la cara. Me ruborizaba, no por +Marta ni por m, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por l +al orle hablar as de su propia madre. + +--Y ahora, confisalo t misma, nia--continu,--no te parece que hace +bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su +nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle ms que +la desgracia? + +Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el +cuarto como un animal perseguido. + +--Roberto--dije,--te engaas a ti mismo. + +l se detuvo, y me mir de frente soltando una carcajada: + +--Qu quieres, por fin? Debo exigir antes de marcharme que se me +confirme esa negativa por escrito? + +--Roberto--continu sin dejarme desconcertar,--con toda sinceridad, +amas a Marta? + +--No seas nia--respondi l.--Si no la amara, estara aqu en este +momento? + +Estaba delante de m y abra sus brazos de gigante. Me pareca que al +cerrarse iban a aplastarme--sent un deslumbramiento--me arrincon ms +profundamente en el sof. + +Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde +haca varios aos: me represent cmo lo habra amado si yo hubiera sido +Marta y cmo habra querido que l me correspondiera. + +--Mira, Roberto--dije,--en resumidas cuentas, no soy ms que una +tontuela; pero s muy bien lo que es el amor, y no son slo los poetas +los que me lo han enseado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi +corazn. + +--Amas a alguien?--me pregunt. + +Yo me ruboric y sacud la cabeza. + +--Cmo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu corazn? + +--Sin duda eso me ha cado del Cielo--respond bajando los ojos hacia el +suelo.--Pero, en todo caso, amara de diferente manera que vosotros. No +me sumira en el desaliento, no huira vergonzosamente como lo haces t, +diciendo: Ms vale as! Pondra para vencerla, todo el ardor de mi +alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraera hacia +mi pecho y me la llevara, poco importa adnde! en la noche, al fondo +del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quera +darnos el abrigo de techo. Preferira morir de hambre con ella a la +orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso +es lo que hara, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en +el lugar de Marta, me echara a tu cuello rindome y te dira: Ven, +mendigar para ti si no tienes pan, te dar mi seno para reposar tu +cabeza si no tienes cama, y baar tus heridas con mis lgrimas, sufrir +mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Seor, de poder hacerlo. +Ves, Roberto? as es cmo me represento el amor y no como no s qu +sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror +de los intereses atrasados! + +Haba hablado con pasin. Senta fuego en mis mejillas y de repente me +avergonc al pensar que haba descubierto as delante de l el fondo de +mi corazn. Me ocult la cara entre las manos, luchando contra las +lgrimas. + +Cuando me atrev a levantar la cabeza, l estaba delante de m, +mirndome fijamente, con ojos chispeantes. + +--Criatura--dijo,--de dnde te vienen esas ideas?--Me pareca or el +cntico de los cnticos. + +Apret los dientes y guard silencio. Saba yo misma de dnde me +venan? + +Pero l se sent junto a m y me tom las manos. + +--Olga--continu,--lo que acabas de decir no era precisamente muy +prctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el +hondo del alma. Me pareca or una voz de otro mundo y casi tengo +vergenza de haber sido dbil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la +cabeza, aun cuando pensara como t, de qu me servira puesto que ya +ella no me ama? + +--Ella, no amarte!--exclam. Si la abandonas, Roberto, se morir! + +--Olga! + +Vi que la alegra iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la +sensacin de una mano extraa que me oprima el pecho; pero no me +desconcert, y recurriendo a todo mi orgullo, continu: + +--Roberto, s que me despreciars cuando sepas lo que voy a decirte; +pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes +partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza. + +Y con la respiracin jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi +garganta, le cont lo que haba hecho con sus cartas. + +Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tom en sus brazos +y me atrajo hacia l. + +--Olga, es verdad?--exclam fuera de s en su gozo.--Puedes jurarme +que es la verdad? + +Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que haca pasar por todo mi +cuerpo un calofro delicioso, me haba quitado el uso de la palabra. + +--Que Dios te lo pague, buena e inteligente nia!--exclam +estrechndome contra su pecho. + +Y mi respiracin se cort en una deliciosa angustia. Dej caer mi cabeza +sobre su hombro y cerr los ojos. Entonces me estremec al sentir que +su boca se posaba en mis labios. Me pareci que una llama me haba +quemado. Y me bes otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le +haban hecho perder la razn. + +Pero yo pensaba: Ojal nunca concluya este instante! Y los calofros +me sacudan sin interrupcin mientras mi cuerpo yaca inerte y sin +fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pas por la cabeza este +pensamiento: Puedo devolverle sus besos? Pero no me atrev. + +Cunto tiempo me tuvo as? No lo s: de repente sent que mi cabeza +chocaba rudamente con el borde del sof. El dolor me hizo salir como de +las profundidades de un sueo. + +Me qued all sin movimiento, tratando de recobrar aliento. + +Roberto lo not y exclam muy asustado: + +--Ests muy plida, nia, te has hecho dao? + +Dije que s por seas, y agregu que aquello no era nada, que pronto +pasara. Pero bien saba que no haba de pasar, que esa impresin se +grabara en mis sentidos y en mi corazn con letras de fuego, que la +llama de ese instante retemplara mi corazn durante ms de una larga y +fra noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo +de su amor por otra. Saba todo eso y me pareca que me iba a ahogar +bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues haba +aprendido a dominar mis nervios. + +--Roberto--dije,--voy a darte un consejo, y despus dejars que me +vaya, porque estoy algo cansada. + +--Habla, habla--exclam,--har ciegamente lo que quieras! + +Y cuando lo mir, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y +de jbilo, pues pensaba: Te ha tenido en sus brazos! + +Habra querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la +esquina del sof y fingir todava un poco el desvanecimiento, pero me +levant vivamente y dije: + +--Creo que Marta no cerrar los ojos esta noche; esperar el momento en +que salgas de la casa. Querr verte partir; como su habitacin da al +jardn, vendr a la tuya o a la que est al lado. Cuando ests al pie de +la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo, +y entonces... entonces... + +No pude decir ms, pues oa resonar en m con demasiada violencia, ya +como un sollozo, ya como un grito de alegra, estas palabras: Te ha +tenido en sus brazos! + +Tuve miedo de no poder dominar mi emocin por ms tiempo y quise huir +precipitadamente, sin una palabra de despedida. + +Cuando abr la puerta, vi delante de m a Marta. + +All estaba ella, descalza, a medio vestir, plida como una muerta y +temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las +fuerzas. + +Y en el mismo instante o detrs de m un grito de gozo; vi que Roberto +se lanzaba, pasaba a mi lado y reciba en sus brazos a la desdichada +que se tambaleaba. + +--A Dios gracias, ahora eres ma! + +Estas fueron las ltimas palabras que o; hu a mi cuarto como si las +furias me hubieran perseguido, me encerr y derram lgrimas, lgrimas +amargas. + + + + +XI + + +Salvar rpidamente los aos que siguieron con sus desgracias +fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la +madurez y me hicieron mujer. + +Ocho meses despus de aquella noche, trajeron a pap a la casa en un +adral; se haba cado del caballo y sufra de graves lesiones internas. + +A los tres das muri. En medio de las calamidades que cayeron entonces +sobre la casa, fui la nica que conserv toda su sangre fra. Marta, +aniquilada, se abism en su dolor y mam--la pobre y querida +mam!--haba permanecido durante tantos aos sentada cmodamente y en +paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas, +que no quera ni poda concebir que aquella existencia cambiara. No dijo +una palabra, apenas derram una lgrima, pero el mal que la roa +interiormente, hizo rpidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de +la fiebre tifoidea que la acometi cuatro semanas ms tarde, el pesar se +la habra llevado seguramente. + +Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, hurfanas, +abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en +que se nos expulsara. Por mi parte saba el camino que tena que +seguir, saba que el porvenir no me ofreca otra perspectiva que la de +ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discuta +con mi destino: tena suficiente energa, suficiente orgullo para vivir +sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que +nunca, poda vivir sin consuelo ni afecto. + +El da de su casamiento pareca todava muy lejano. Roberto no poda +hacerla esperar mucho ms sin exponerse a verla extinguirse un da +agotada por la pena, como una lmpara que ya no tiene aceite. + +No me equivocaba en mis clculos. l no haba podido asistir a los +entierros, sin embargo, cada vez haba mandado una palabra de consuelo a +Marta para ayudarla a pasar las horas ms penosas. De vez en cuando +caan de sus cartas algunas migajas para m, de las cuales me apoderaba +con avidez, como quien se siente morir de hambre. + +Un da, l mismo se present. + +--Esta vez vengo a buscarte!--le grit a Marta. + +Ella se dej caer sobre el pecho de Roberto y llor. Cun feliz era! +Pero yo me retir al emparrado ms sombreado del jardn y, abandonndome +a mis reflexiones, me pregunt si mi corazn no tendra tambin algn +da un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como +en las horas de angustia. Bien senta que esos eran vanos sueos, pues +el nico lugar en el mundo... en fin, sent nacer en m un orgullo y una +amargura tales, que todo mi ser se llen de hiel, y me desprend con +sombra aspereza de los brazos de los mos para encerrarme sola en mi +dolor. + +Queran llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que +les quedaba todava: me creara un interior en la casa de mi cuado; +pero rechac su ofrecimiento con fiera obstinacin. + +Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta, +que se desesperaba al pensar que no me tocara la menor partcula de su +dicha, vena a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi +hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinacin, le diriga mil +palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando +haba visto brillar por entre sus lgrimas una sonrisa de esperanza. + +Durante ocho das, Roberto trabaj sin descanso en poner orden en +nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos qued sino muy poca +cosa; pero tampoco necesitbamos nada. + +En seguida, se realiz sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo +mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de +bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas +recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer +bajo dbiles tallos de yedra. + +Durante las ltimas semanas, haba buscado en secreto una situacin que +me conviniera. Se me haban hecho diversos ofrecimientos; no tena ms +que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de +inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: Qu vas a hacer ahora, +Olguita? le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el +porvenir. Sobrecogido de admiracin junt las manos y exclam: + +--Verdaderamente, te envidio! Hars camino, t! + +Y la misma Marta me envidiaba, bien lo vea en los ojos tristes que +fijaba en l y en m; habra deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda +la fuerza, toda la energa que me daba la juventud. La bes, trat de +alentarla, y en la mirada suplicante que dirigi a su marido, le este +pensamiento: Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa. + +Al da siguiente por la maana nos separamos; la joven pareja se dirigi +a su nuevo domicilio y yo part para el extranjero. + + + + +XII + + +No hablar de los tres aos que pas en tierras extraas. Todas las +vejaciones, todas las humillaciones que sufr durante ese tiempo, se han +grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido +completamente mi corazn y me han inspirado la indiferencia y la +desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a +despreciar su odio y ms aun su amor; he aprendido a sonrer, cuando el +dolor me desgarraba el corazn con sus garras de acero; he aprendido a +llevar la frente alta, cuando habra querido, de vergenza, ocultarla en +el polvo. + +Los largos das vacos, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre +los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches +sin sueo, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y +dan nuseas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo +eso he conocido. + +En verdad, era duro el pan que com en el extranjero, y cuntas veces +lo moj con mis lgrimas! + +El nico consuelo, la nica alegra que me quedaban, eran las cartas de +Marta. Me escriba con frecuencia, en ciertas pocas hasta todos los +das, y las ms de las veces encontraba en ellas un post-scrptum de la +letra desigual y atormentada de Roberto. Oh, cmo me echaba sobre +ellos, cmo devoraba su menor palabra! + +Gracias a esas cartas, viva con ellos, por decirlo as. + +Su vida no era alegre--Dios sabe que no--pero en fin era la vida! A +menudo la desgracia caa sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda +su fuerza, Marta en su debilidad, parecan dos nios sin apoyo, +abandonados, y yo tena que intervenir para ayudarlos con mis consejos y +darles valor. + +Al fin estuve a tal punto familiarizada con su crculo, que habra +podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados, +de sus amigos, de sus conocidos. Senta por la ta Hellinger el odio ms +vehemente, por el viejo mdico el afecto ms profundo; en cuanto a la +multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y +prfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la +ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio ms glacial. + +--Oh! Si yo estuviera en su lugar--me deca con frecuencia rechinando +los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que tena +que sufrir en sus relaciones,--cmo les mostrara la puerta a esos +_lonjistas_ fros y altaneros; cmo los hara arrastrarse a mis pies, en +el polvo, domados con el ltigo de mis sarcasmos y de mi desdn! + +Pero tambin tomaba parte en sus pequeos goces. La vea reinar como ama +en la granja, vea en su derredor a la pequea tropa de servidores a +quienes animaba la mejor voluntad, y habra querido mostrarme ms +bondadosa, ms caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una +alma de ngel bajo una apariencia humana. + +La vea sentada al sol en el balcn, inclinada sobre su costura; la vea +gozar del descanso de medioda bajo los frondosos tilos del jardn; la +vea, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella +la cafetera cantaba su dulce cancin; la vea, esperando que l entrase, +seguir con mirada soadora los copos de nieve que revoloteaban en el +aire. + +Viva as con ellos, mientras mis das se sucedan vacos y sin gozo, +como los anillos de una cadena sin fin. + +En el curso del tercer ao, Marta me confi que el deseo ms ardiente de +Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella haba +rezado en el silencio de la noche, haba sido oda: se senta madre. +Pero al mismo tiempo creca en ella el temor de que su frgil y dbil +cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo comparta +su esperanza y sus temores; quiz estaba an ms inquieta que ella, pues +la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que +creaba mi imaginacin. + +Ms de una vez por la noche me despert con la cara baada en lgrimas, +pues la haba visto ya muerta en sueos. Un recuerdo de los primeros +aos de mi juventud me volva a la memoria: la haba encontrado un da +tendida en el sof, rgida, plida, semejante a un cadver, y no poda +apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras ms se acercaba el +momento crtico, ms me consuma la inquietud. Mi salud comenzaba a +resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extraas +entre las cuales viva--no pronunciar su nombre, no merece figurar en +estas pginas--no existieron ya para m sino como fantasmas. + +Las ltimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban jbilo y +esperanza. Sus temores parecan haberse disipado, nadaba ya en las +delicias que le prometa la maternidad. + +Despus siguieron tres das en que estuve sin noticias, tres das de +tortura y de fiebre; al fin lleg el telegrama de mi cuado: + +Marta dio luz varn con felicidad. Te reclama, ven pronto. + +Con el telegrama en la mano corr en busca de mi patrona y le ped +permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo neg. +Inmediatamente, encolerizada, le arroj mi dimisin a la cabeza y exig +en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable +en ese momento, deba por lo menos rendir cuentas y entregar, segn las +reglas, la direccin de la casa a la persona que me reemplazara; en +resumen, me retuvieron dos das enteros bajo los pretextos ms ftiles; +se habra dicho que queran hacer sentir una vez ms a la sirvienta que +se haba mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situacin. + +En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado +embotamiento, en el ruido ensordecedor del vagn; una maana pasada +tiritando entre bales y cajas de sombreros, en una sala de espera +desierta, cuyo olor a cerveza me daba nuseas. Despus seis horas ms, +oprimida entre un comerciante viajero y un judo polaco, en los +calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos, +en los fuegos de una tarde de otoo, las torres de la pequea poblacin +en que los seres que me eran ms caros, los nicos a quienes quera en +este mundo, haban edificado su nido. + + + + +XIII + + +Poco faltaba para la puesta de sol cuando baj de la diligencia; entre +las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en pequeas trombas. + +Mi corazn lata con violencia. Mir en torno mo. Crea ver adelantarse +a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no haba all ms +que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos, +extraados de esa aparicin desconocida. Pregunt el camino al conductor +y, contando para lo dems con las descripciones de Marta, me puse sola +en marcha. + +En las puertas bajas de las tiendas haba grupos de personas que +conversaban. Por delante de m, algunos paseantes avanzaban +tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron +de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la +espalda, o detrs de m cuchicheos y risas ahogadas. Me invadi un +calofro al observar esa curiosidad malevolente de aldea. + +Me sent aliviada cuando vi alzarse frente a m las torres de la +puerta. Conoca muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la +_puerta del infierno_, porque tena que pasar por ella cuando iba a la +ciudad, llamada por su suegra. + +Al penetrar bajo la obscura bveda, vi de improviso el castillo, en +medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco +negro. + +Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la +casa, que los rayos del sol poniente baaban con un matiz purpreo, +surgan de entre un grupo de rboles de onduloso follaje. Los techos +cubiertos de zinc relumbraban; se habra dicho que de ellos caa una +cascada de agua hirviente. Las ventanas parecan lanzar llamaradas, y +por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un +palio formado por un torbellino de humo negro. + +Me oprim el corazn con las manos; cre que sus latidos iban a romperme +el pecho, tan violenta era la impresin que experimentaba ante ese +espectculo. Durante un segundo tuve el sentimiento extrao de que deba +retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me +sintiera protegida por la distancia. + +Toda mi inquietud acerca de Marta desapareca ante esa angustia +misteriosa que me oprima la garganta hasta ahogarme. Me trat de +cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entr en el +camino, donde el paso de los coches haba dejado pequeos charcos, ya +medio secos, que lucan como espejos. El viento que pasaba por las cimas +de los lamos, haca or un sordo murmurio que me acompa hasta la +puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el ltimo +rayo de sol desapareci detrs de las paredes de la casa y la sombra de +los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me +envolvi tan bruscamente, que cre que haba llegado la noche. + +Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, salan +a derecha e izquierda de una confusin de escaramujos y de espinos: eran +los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se haba +instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte +y de putrefaccin. + +Dirig una mirada medrosa al vasto patio que el crepsculo comenzaba a +envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremeca, me figuraba +or que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio +estaba desierto, era la hora del descanso y en l reinaba un silencio +profundo. Slo oa, por el lado de las caballerizas, el crujido +particular que se hace al aguzar una guadaa. Un olor de heno recin +cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es +peculiar. + +Tmida y miedosa, como una intrusa, me deslic lentamente a lo largo de +la empalizada del jardn hasta la casa, que con sus montantes de +granito, sus torrecillas y sus piones que el tiempo haba cubierto de +un matiz gris, pareca lanzar sobre m una mirada sombra y +amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso haba cado y dejaba +aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habra credo que el +tiempo, como una larga enfermedad, haba cubierto de llagas ese cuerpo +respetable. + +La puerta de entrada estaba abierta. + +Penetr en un gran vestbulo obscuro, del que se desprenda un olor de +cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de +telaraas, que, abiertas muy junto al cielo raso, parecan nidos +luminosos, entraba a la sala un dbil resplandor, apenas suficiente para +permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que +se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz ms clara caa +sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras +de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conducan a diferentes +habitaciones, pero no me atrev a acercarme a ninguna de ellas: se me +figuraban las puertas de una prisin. All estaba todava, con el +corazn oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se +abri bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se +precipitaron hacia m. + +Lanc un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y +volvieron a salir lanzando furiosos aullidos. + +--Quin est ah?--grit una voz, cuyo timbre grave y poderoso haba +credo or a menudo, en mis desvelos como en mis sueos. + +Una sombra apareci en el umbral: era l. + +Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareci que mis pies +haban echado races en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoy en +el pilar de la escalera. + +--Quin est ah? Qu diablos!--grit otra vez, tratando en vano de +ver en la obscuridad. + +Toda mi arrogancia me volvi. Estaba tranquila y altiva cuando me haba +despedido de l algunos aos antes, quera ser la misma para +presentrmele entonces. Acaso necesitaba saber todo lo que yo haba +sufrido en el intervalo? + +--Olga... en verdad... Olga, eres t. + +El jbilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una +sensacin de calor y de bienestar. Cre por un instante que iba a +echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi corazn, +pero guard mi reserva: + +--No me esperabais?--pregunt, tendindole maquinalmente la mano. + +--Pues s, naturalmente, desde hace dos das te esperbamos por +momentos; es decir que comenzbamos a creer... + +Haba encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su +actitud haba una mezcla particular de cordialidad y de embarazo: +pareca que trataba en vano de encontrar en m a su antigua amiga, su +antigua confidente. + +--Cmo est Marta?--pregunt. + +--Ya lo vers--respondi l;--yo en esto nada entiendo. Me parece tan +dbil, tan frgil! Me digo que ser un milagro si se salva. Pero el +mdico pretende que va bien, y lo que es l debe saberlo. + +--Y el nio?--pregunt en seguida. + +Ri con una ligera risa interior que lleg hasta m en el crepsculo. + +--El nio, hum, el nio!... + +Y en vez de concluir la frase, dio un puntapi a los molosos que de un +brinco abandonaron la casa. + +--Ven--dijo en seguida,--voy a llevarte. + +Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos. + +Ahora eres una extraa para l!--me dije. + +Y me sent sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una +felicidad acariciada desde mucho tiempo. + +--Espera un momento--dijo l indicando con el dedo una de las puertas +ms prximas,--voy a decirle una palabra para prepararla; de lo +contrario, podra hacerle dao la alegra. + +Un instante despus, me encontr sola en un largo corredor obscuro, de +bveda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombro +los ltimos resplandores del da moribundo que arrojaba sobre las +pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la +voz de un nio, heran mi odo cuando el viento se colaba bajo la +bveda. + +Un leve grito de gozo lleg hasta m, a travs de la puerta, y me hizo +estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadi mi corazn; cre que +iba a ahogarme. En seguida la puerta se abri y la mano de Roberto me +asi en la obscuridad: me dej llevar sin tener conciencia de lo que +haca, y no sal de mi estupor sino en el momento en que ca de +rodillas, sollozando, junto a la cama, y ocult la cara en las +almohadas, mientras una mano hmeda y caliente me acariciaba la cabeza. + +Una sensacin que ya no conoca desde haca aos, una dulce sensacin de +calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y +embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se +disipara. + +La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendicin del Cielo. Un +agradecimiento infinito inund mi corazn: me apoder de esa mano que +temblaba en la ma, y pos en ella larga y tiernamente mis labios. + +Qu haces, hermanita, qu haces?--dijo Marta con su voz cansada, +ligeramente velada. + +Me levant. La vi delante de m, plida, con las mejillas huecas, y los +ojos, donde brillaban lgrimas, profundamente hundidos en las rbitas. +Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas +surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan +transparente que pareca que una luz lo iluminara interiormente, estaba +cubierta de gotas de sudor. + +Haba envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la haba visto, y +las crisis por las cuales acababa de pasar, no parecan ser las nicas +en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero haba conservado +su sonrisa consoladora y bienhechora que serva de alivio a todos, aun +cuando ella misma estuviera en el ms completo abandono. + +--Y ahora no te volvers a ir--dijo ella, alzando los ojos hacia m, +como si no pudiera saciarse de mirarme.--Te quedars con nosotros, para +siempre; promtemelo, promtemelo inmediatamente! + +Guard silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del +cielo: era para m un sufrimiento, una tortura. + +--Insiste t tambin, Roberto!--repuso ella. + +Me estremec. Lo haba olvidado totalmente y ahora su presencia haca en +m el efecto de un reproche. + +--Dame tiempo para reflexionar, espera hasta maana--dije enderezndome. + +Senta en m el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no +sera de larga duracin: habra sido demasiada dicha para m, pobre +infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena. + +Le en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad. + +--Entonces hasta maana--dijo en voz baja apretndome los dedos,--y +maana vers la falta que nos haces, comprenders que sera necesario +que furamos locos, para dejarte partir nuevamente. No es verdad, +Roberto? + +--Seguro, con toda seguridad!--dijo l soltando una carcajada que me +pareci singularmente forzada. + +Era evidente que se senta mortificado en presencia de nosotras dos. +As, pues, no tard en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una +palabra. + +--Ensale nuestro hijo--murmur Marta, al mismo tiempo que una sonrisa +de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido. + +--Ven--dijo Roberto;--el nio duerme en la habitacin contigua. + +Me precedi, y escurri con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la +puerta entreabierta. + +La cuna se alzaba all en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines +apareca una cabecita roja, apenas ms grande que una manzana. Sus +prpados arrugados estaban cerrados y tena en la boca uno de sus +puitos, con los dedos crispados como por una convulsin. + +Mis miradas se apartaron del nio y a hurtadillas se fijaron en el +padre. Este haba juntado las manos y contemplaba con piadosa atencin a +esa pequea criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto +el embarazo como el jbilo, vagaba por sus labios. + +Slo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de +la tarde caa directamente sobre su rostro y haca resaltar claramente +los pliegues y las arrugas que se haban grabado en l durante esos tres +ltimos aos. Penas sombras parecan asediar su frente; sus ojos haban +perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento +nervioso en que cre leer a la vez una melanclica sumisin y una +impotente rebelda. + +Me sent presa de una compasin infinita; tena ganas de tomarle las +manos y decirle: + +--Tn confianza en m, soy fuerte; djame participar de tu dolor. + +Cuando alz los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me +puse rpidamente de rodillas delante de la cuna y apoy mis labios en el +tierno rostro del nio que se estremeci a mi contacto, como si hubiera +experimentado un dolor. + +Cuando me levant, vi que Roberto haba salido del cuarto. + +Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud: +quera saber que yo admiraba a su hijo. + +--No es verdad que es lindo?--balbuci, alzando hacia m sus dbiles +brazos. + +Y cuando su corazn de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar +a su lado en las almohadas, apoy su cabeza en m y concluy casi por +ponerla sobre mis rodillas. + +--Oh! Qu frescura!--murmur. + +En seguida cerr los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si +durmiera. + +Enjugu con mi pauelo el sudor que cubra su frente. + +Ella me agradeci por seas y dijo:--Estoy todava un poco dbil, me +parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que maana podr +levantarme y atender a la casa. + +--Gran Dios, qu ideas tienes!--exclam espantada. + +Ella suspir. + +--Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar. + +--Por qu no tienes derecho de reposar? + +Marta no contest, poro de repente se puso a llorar amargamente. + +La calm, bes sus mejillas y sus ojos preados de lgrimas, y le +supliqu que me abriera su corazn. + +--No eres feliz? Roberto no es bueno contigo? + +--Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy +desdichada, hermanita, ms desdichada de lo que puedo decirte. + +--Y por qu, Dios mo? + +--Tengo miedo! + +--De qu? + +--De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le convena. + +Sent, de improviso, que un fro glacial me invada, como si, emanado de +su cuerpo, se trasladara al mo. + +--Ves? T misma sientes que tengo razn!--murmur, alzando hacia m +sus grandes ojos inquietos. + +--Ests loca--dije, esforzndome por rer. + +Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofro. Un vago +sentimiento me deca que Marta poda muy bien no equivocarse. Pero por +el momento se trataba de consolarla. + +--Cmo puedes ser tan tonta para atormentarte as t misma? Acaso su +actitud no te dice noche y da que ests en un error? + +--S lo que s--replic ella, suavemente, con esa resignacin altiva que +es el arma de los dbiles.--Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor +tiene muchos aos: estaba ya en mi corazn aun antes de que furamos +novios, y yo saba bien lo que haca cuando me negaba entonces a ser su +mujer; era el amor, slo el amor lo que me guiaba! + +--Marta! Marta!--exclam en tono de reproche.--Me parece que me has +ocultado muchas cosas. + +--Todo te lo dije en aquella poca--respondi ella;--pero t no queras +creerme, queras por fuerza hacer mi felicidad; y ms tarde, por qu +habra hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que +se les ha querido dar; habras concluido por ver en mis palabras un +reproche a Roberto, quiz hasta a ti misma, y yo no poda dar lugar a +semejante equivocacin. Mi desgracia data del da en que llegamos aqu. +Cuando lo vi reir con su madre, o que una voz me gritaba: Tuya es la +culpa! Cuando de da en da lo vi ponerse ms sombro y ms triste, me +repeta nuevamente en el fondo del corazn: Tuya es la culpa! Durante +la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este +pensamiento: + +Por qu ests tan triste y tan melanclica, por qu no sabes sino +arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves +sufrir? + +Por qu no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que +vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso +las arrugas de su frente? An ms, por qu te faltan el orgullo y la +fuerza? Por qu no puedes decirle: Refgiate a mi lado; si tu corazn +tiembla, en m encontrars nuevas fuerzas, velar sobre ti y sostendr +tus pasos. He ah lo que habras hecho t, hermana; no, no me +contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habras +tenido t, con tu alta estatura; le habras abierto los brazos para que +pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no +se atreven a penetrar... pero, mrame--y al decir esto diriga una +mirada de lstima a su cuerpo delicado y dbil, cuyos flacos contornos +se delineaban bajo la cobija.--Ese lenguaje no sera ridculo en mi +boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan pequea, tan +frgil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es +cosa ma... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en +las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez ms de m. Por +la maana me esforzaba en rer, quera fingir la indiferencia y la +alegra de un pjaro, creyendo que ese era el papel que mejor me +convendra y ms le agradara; pero los cantos y la risa se ahogaban en +mi garganta, y l lo notaba muy bien, pues sonrea con expresin +compasiva, y yo senta redoblar mi vergenza. + +Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocult el rostro en mis faldas; luego +continu: + +--Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, trat por lo +menos de indemnizarlo de otra manera. T sabes que nunca en mi vida he +tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jams haba tenido sobre m +una labor tan penosa como durante estos tres aos. Y, cuando ya no +poda ms, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, segua +adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: Haz ver que eres +por lo menos til para algo, arrglate de modo que nunca sepa cun poca +cosa posee en realidad en tu persona... Pero, de qu sirve todo eso? +Todos mis esfuerzos son enteramente intiles. Tan pronto como vuelvo las +espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un da mi trabajo +le parezca insuficiente. + +As se quejaba la desdichada, y yo misma tena el corazn despedazado al +ver tanto dolor. + +--Escucha, tengo que hacerte una splica--dijo ella finalmente, +tomndome ambas manos:--sondea a Roberto, procura saber si est contento +de m, y despus me lo dirs. + +La atraje hacia m, le prodigu mil palabras cariosas, y trat de +alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su espritu. Ella +beba con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba +pendiente de mis labios y de vez en cuando un dbil suspiro se escapaba +de su pecho. + +--Oh! Por qu no has estado siempre a mi lado?--exclam, acaricindome +las manos. + +En ese momento, un nuevo pensamiento pareci desalentarla otra vez. +Insist para que hablara, pero no quera decidirse a hacerlo; al fin +dijo, balbuciendo y tartamudeando: + +--T hars todo mil veces mejor que yo; le ensears lo que habra +podido tener y lo que tiene; ver qu pobre criatura soy a tu lado! + +Un espanto se apoder de m; luego comprend. + +Haba soado en poseer un hogar, pero ese sueo se desvaneca. Cmo +poda permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consuma de +dolor y de celos por causa ma? + +Marta sinti que me haba hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta +mi cuello, me dijo: + +--Comprndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco +celosa, que mi deseo ms ardiente es que os entendis ambos despus de +mi muerte, y que... + +--Despus de tu muerte!--exclam espantada.--Marta, no digas eso! Es +un crimen! + +Ella se sonri, triste y resignada. + +--Lo s mejor que t--dijo.--Mis fuerzas se han agotado desde hace +tiempo. Ya antes, esa larga espera me haba aniquilado. Por eso deseaba +verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluira; +antes de partir quera arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como +fuere, tarde o temprano tendr que pasar por eso, y quiero antes estar +segura de que dejo a ambos, al nio y a l, en buenas manos. + +Me estremec y en seguida sent que una gran laxitud me invada. Me +pareci que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta +rendir el alma. + +En ese momento se oyeron en la habitacin contigua los gritos del +pequeuelo que se haba despertado y reclamaba a su nodriza. Respir +largamente y reflexion acerca de m misma y de los deberes que me +incumban. + +--Oyes, Marta?--grit.--Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la +dicha ms grande que puede pretender una mujer. Renacers por tu hijo; +tu vida sacar de su juventud un nuevo vigor. + +Un relmpago pas por sus ojos; luego se dej caer suavemente y cerr +los prpados, sonrindose. Slo el sentimiento de la maternidad poda +dar alas a su esperanza. + +Abri la boca una vez ms y murmur algunas slabas. Me inclin hacia +ella y pregunt: + +--Qu tienes, hermana querida? + +--Deseara ser til para algo en este mundo--dijo, con un suspiro. + +Y con este pensamiento, se durmi. + + + + +XIV + + +Haba cerrado ya la noche cuando Roberto penetr sigilosamente en la +habitacin. Yo me sobresalt: sent de repente que me iba a ver reducida +a esconderme, a huir de l hasta el fin del mundo: Es necesario que no +te encuentre, no te encontrar!--me gritaba una voz interior.--Mis +mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor +traicionara mi emocin a pesar de la obscuridad. + +Se acerc a la cama, escuch un instante la respiracin apacible de +Marta y en seguida me dijo en voz baja: + +--Ven, Olga. Ests cansada; tomars algo y despus irs a descansar. + +Quise protestar, pues tema mucho encontrarme sola con l, pero, para no +despertar a mi hermana que dorma, lo segu sin decir una palabra. + +El comedor era una vasta habitacin, blanqueada, con muebles antiguos +que parecan estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a +negros gigantes agazapados. Bajo la araa haba una mesa redonda con dos +cubiertos. + +--He hecho comer antes al personal de la granja--dijo Roberto, +volvindose hacia m,--pues no he querido darte el disgusto de ver caras +extraas. + +Y, al decir esto, se dej caer pesadamente en una silla, apoy la barba +en su mano y fij la mirada en el salero. + +--Pero t no comes!--dijo al cabo de un instante. + +Sacud la cabeza: no habra sido capaz de comer un bocado, aun cuando el +hambre me desgarrara las entraas. Su presencia me paralizaba por +completo. + +Sigui un nuevo silencio. + +--Cmo la encuentras t?--pregunt l al fin. + +--No s--dije, violentndome para hablar,--si debo sentir alegra o +inquietud. + +--Por qu inquietud?--pregunt bruscamente. + +Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia. + +--Marta se atormenta a s misma. + +Me dirigi de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que deca: +T tambin lo sabes ya? Luego levant el puo desperezndose y exhal +un suspiro. Su cabellera enmaraada le caa sobre la frente y en las +extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se +acentuaban an ms. + +Tuve miedo, miedo de m misma. Lo que acababa de decir no pareca una +acusacin a Marta, no lo invitaba a acusarla? + +--Te ama demasiado--repuse, apretando los dientes. + +Saba que iba a hacerle mal y era lo que quera. + +l se sobresalt y me mir un instante, con una extraeza sincera, +inclin repetidas veces la cabeza y dijo: + +--Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado. + +Yo habra querido en seguida pedirle perdn. Verdaderamente no mereca +esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de +sol: slo en mi corazn reinaban las tinieblas. + +Cre que las lgrimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme. + +Vi que no podra contenerme por ms tiempo, y me levant bruscamente. + +--Buenas noches, Roberto--dije, sin tenderle la mano.--Estoy extenuada, +necesito acostarme; deja, un criado me indicar el camino. Deja, te +digo! + +Grit esas ltimas palabras como impulsada por el enojo: l se detuvo, +cortado. + + + + +XV + + +En la penumbra del corredor, el aire fresco me calm muy pronto. Di +algunos paseos y despus fui en busca de una criada para que me indicara +mi habitacin. + +--La seora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que +lo toquen; hay tambin una carta para la seorita. + +Cuando me qued sola, pas revista a la habitacin. Querida y excelente +hermana! Haba pensado en mis menores deseos, se haba acordado +fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi +aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar. +Nada faltaba all, de lo que mi corazn ms apreciaba antes. Sobre la +cama caan cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que haban +abrigado mis primeros sueos de nia; en el borde de la ventana haba +geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes +algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros +tiempos al despertarme, y en los estantes encontr los libros en que +haba aprendido las primeras nociones del amor. + +El drama de _Ifigenia_, que, en aquellos das claros y sin nubes, haba +sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. Oh, bondad del +Cielo! Cunto tiempo haca que lo haba ledo, cunto tiempo haca que +lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la +santa sacerdotisa haca sufrir a mi alma! + +Entre las pginas del libro encontr la carta de que me haba hablado la +criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a +encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre, +le: + +* * * + +Hermana muy querida! + +Cuando entres en este cuarto no podr desearte la bienvenida: estar +enferma y quiz hasta mis labios se habrn cerrado para siempre. Todo lo +encontrars como tenas la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba +preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el +dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en +paz y durmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfurzate en +amar a Roberto, como l mismo te amar. Entonces todo ir bien todava, +ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a l. Tu hermana, +_Marta_. + +* * * + +Nada nuevo haba en lo que all me deca y, sin embargo, me sent tan +violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su +cario, que no tuve en el primer momento ms que un pensamiento: ir a +arrojarme al pie de su cama, y confesarle cun indigna era aquella a +quien ofreca el asilo de su corazn y de su techo. + +Ciertamente, ya no me caba ninguna duda. Esa fatal pasin, que yo crea +haber arrancado de mi alma con todas sus races, se haba cubierto de +una nueva y frondosa vegetacin; las heridas cicatrizadas desde haca +tiempo se haban vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me pareca +sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes. + +Ya era intil ocultar o disimular. Se haban acabado, desde haca largo +tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos +nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente +de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un +conocimiento madurado por los aos, la actitud fra y rgida que impone +una conducta severa. + +S, lo amaba, lo amaba con una pasin tan ardiente, tan dolorosa como +slo el corazn retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede +amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer. + +Haba crecido con ese amor, me haba aferrado a l en la pasin secreta +de mi corazn; mi ser haba encontrado en l su vigor: era mi fuerza y +mi debilidad, era mi vida y mi muerte. + +Lo mereca Roberto? Me comprenda? Qu importaba! Nunca lo +comprendera despus de todo. Y luego, no era l sino yo la que tena +que conquistar un derecho a su amor. A esa hora saba que jams podra +desterrar de mi pecho esa pasin. Se trataba de someterse a ella como +uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera +criminal: deba reinar pura en el fondo de mi corazn puro. + +Y, en verdad, no me haban llamado a esa casa para labrar su desgracia. + +Una gran misin, una misin sagrada me esperaba. Marta vera en breve +que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprendera +conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvacin de su marido +muy amado, el amor que la consuma en vano. Su valor, a mi lado, iba a +rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. Cmo me prometa +sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; cmo me +violentara para rer cuando la melancola la envolviera con su velo +sombro! Sabra, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes, +devolver a las frentes su serenidad, y hara de modo que siempre +brillara entre esas paredes un ltimo rayo de sol. + +Mi vida transcurrira sin deseo, feliz tan slo de la dicha de los mos, +en una abnegacin discreta y resignada. + +Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo +tambin iba a desempear el papel augusto y sublime de la sacerdotisa. + +Este piadoso pensamiento hizo caer la agitacin de mi alma, y con l me +dorm. + + + + +XVI + + +Cuando me despert esa primera maana, me sent satisfecha, casi feliz. +En m reinaba una paz casi religiosa que no conoca ya, desde haca un +nmero infinito de aos. Saba que en lo sucesivo no tena por qu temer +el encontrarme con l. + +Marta dorma todava. Cuando mir a la habitacin por la abertura de la +puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia +atrs, y o una respiracin corta y oprimida. + +Tranquilizada, me alej para entrar inmediatamente en mis funciones de +ama de casa. + +--Ya no necesitar extenuarse en el trabajo--pens, penetrada de una +secreta alegra. + +Hice, para tomar oficialmente la direccin de la casa, una inspeccin +que dur casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta +docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no +habra tardado en imponrselo. + +A la hora del almuerzo me encontr con Roberto. Sent al entrar al +comedor una leve palpitacin del corazn, la que desapareci tan pronto +como me acord de mi juramento de la vspera. Me le acerqu, serena, +mirndolo de frente, y le extend la mano. + +--Marta duerme todava?--pregunt. + +l sacudi la cabeza. + +--He mandado buscar al mdico--dijo.--Ha pasado una mala noche... la +emocin de tu llegada parece haberle hecho dao. + +Sent un poco de temor; pero mi gran resolucin me haba llenado de tal +alegra, que no haba ya lugar en m para una inquietud. + +--Quieres servirte t mismo? Mientras tanto ir a verla. + +Cuando entr en la habitacin, la encontr en la misma posicin en que +la haba dejado por la maana, y, acercndome a la cama, vi que tena +los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo. + +Tuve miedo y la llam por su nombre; entonces una ligera sonrisa pas +por su rostro; se volvi penosamente y me mir de frente. + +--No te sientes bien, Marta? + +Sacudi la cabeza con expresin dolorida y cerr un poco la mano. Eso +quera decir: Ven, sintate a mi lado. + +Tom su cabeza entre mis brazos y de repente un calofro sacudi su +cuerpo; o que sus dientes castaeteaban. + +--Dame una frazada gruesa--murmur,--tengo mucho fro. + +Hice lo que me haba pedido y me sent de nuevo a su lado. Ella se +apoder de mis manos y las estrech como si hubiera querido calentarse +con su contacto. + +--Has dormido bien?--pregunt con esa misma voz de ronco falsete que no +le conoca.--Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sent nacer en +m un vivo sentimiento de vergenza. Qu era mi gran proyecto de +renunciamiento comparado con esa especie de abnegacin, de olvido de s +misma, que se manifestaba en las ms pequeas como en las ms grandes +circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? Y yo, egosta +y orgullosa, me envaneca todava de esa sublime resolucin de mi +corazn! + +--Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?--continu ella, al mismo +tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un dbil fulgor de +malicia. + +A guisa de respuesta pos humildemente en sus labios un beso de +agradecimiento. + +--S, bsame, bsame otra vez!--dijo ella.--Tu boca es tan bella, tan +ardiente: da calor al cuerpo y al alma. + +Y un nuevo calofro la sacudi. + +Un instante despus entr Roberto. + +--Preprate, querida--dijo acariciando la mejilla de Marta;--el mdico, +nuestro to, ha llegado. + +En seguida me hizo una sea y sal detrs de l. Junto a la cuna del +recin nacido encontr a un hombre ya viejo, cuya barba gris no haba +sido afeitada por varios das, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e +inteligentes que me miraban sonriendo detrs de los brillantes vidrios +de sus antiparras. + +--Entonces, es ella?--dijo extendindome la mano. + +Una oleada de sangre me subi al corazn; a la primera ojeada comprend +que tena delante de m a un amigo, a quien podra confiarme sin +reserva. + +--Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!--continu +l.--De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Llvame a su lado, +Roberto; sin duda la cosa no es tan grave. + +Me qued sola con la nodriza y el nio, que se agitaba y lanzaba a +derecha e izquierda sus puitos. + +--Adquirir tambin el derecho de contribuir a tu felicidad--pens +mientras acariciaba su pequeo crneo redondo y luciente, sobre el cual +temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como +la seda. La vspera, haba apenas dirigido una mirada a esa criaturita; +ese da, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura +infinita. + +--Desde ayer te has vuelto ms pura y mejor--me dije mentalmente. + +La visita fue larga, de una duracin inquietante. Al fin, la puerta de +la habitacin contigua se abri; el mdico sali solo. Pareca irritado, +furioso; sus mandbulas se agitaban como si hubieran querido triturar +algo. + +--He alejado a Roberto--dijo.--Necesito hablar a solas con usted. + +Entonces me tom la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera +humeaba todava. + +--Tengo por usted un respeto muy grande, seorita--comenz enjugando las +gotas de sudor de su frente.--Por todo lo que he odo decir, es usted +una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado. + +--Basta de prembulos, se lo ruego, doctor--dije, sintindome palidecer. + +--Bueno! A m tampoco me gustan los prembulos. Su hermana... + +Y al decir esto, sin embargo, se detuvo. + +--Mi hermana... est en... peligro de muerte, doctor! + +Haba querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me as +del borde de la mesa para no caer. + +--Vamos! valor, valor!--murmur l ponindome la mano en el +hombro.--La fiebre, ese terrible husped, est all y no es tan fcil +despedirla. + +Yo apret los dientes: no quera que me viera temblar. Ya haba odo +hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no +pudiera formarme una idea de sus terrores. + +--Roberto lo sabe? + +Ese fue el primer pensamiento que me vino. + +El doctor se encogi de hombros rascndose la cabeza. + +--He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho ms que la +mitad de la verdad. + +--Y cul es la verdad entera? + +Y enderezndome lo mir en los ojos. + +l guard silencio. + +--Va a morir? + +Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa ms +temible, respir con mayor libertad. Pero no o su respuesta, pues, en +el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas +horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible +vivacidad aquella escena de mis aos de infancia en que Marta se me +haba aparecido tendida en el sof, semejante a un cadver. Cre sentir +que una mano de muerta me hunda las uas en el pecho; ante mis ojos +pasaron relmpagos sangrientos; lanc un grito... luego cre or que una +voz me gritaba: Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, slvala, d tu +propia vida para conservar la suya! Bruscamente me ergu; haba vuelto +a encontrar mis fuerzas. + +--Doctor--dije,--si Marta se muere, perder todo lo que poseo en este +mundo y yo misma habr concluido. Pero, mientras pueda serle til, no +flaquear: necesito una certidumbre. + +--Una certidumbre, querida nia--repuso l apoderndose de mis +manos,--no la habr hasta la curacin o hasta el momento fatal. Por +desesperada que sea la situacin, puede siempre producirse una reaccin +y ahora ms que nunca, puesto que la enfermedad est todava en sus +primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es +la parte ms triste. Sin embargo, quiz conseguiremos ahogar el mal en +su germen, y entonces todo se habr salvado. + +--Qu puedo hacer por ella?--exclam, extendiendo hacia l mis manos +juntas.--Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida +para salvar la suya, no le habra dado todo lo que le debo. + +l me mir sorprendido. + +Cmo habra podido comprenderme? + + + + +XVII + + +Y ahora he llegado a la parte ms difcil de mi relato. Desde hace ocho +das, doy vueltas en torno de estas pginas sin atreverme a tomar la +pluma. Un calofro de espanto me invade al pensar en lo que me espera. + +Y, sin embargo, me har bien el acordarme una vez ms de esos tres das +y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento ms +tierno, una melancola ms dulce, parecen saturar mi corazn. Atrs, +atrs, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy +destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si +alguna vez lo olvido, la historia de esos tres das sabr hacerme +recordarlo... + +Cuando acerqu mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis +funciones de enfermera, la encontr dormida; pero ese no era el sueo +que fortifica y prepara la convalecencia; era un sueo que pesaba sobre +ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los prpados. Cuando su +pecho se levantaba o se bajaba, se habra dicho que obedeca a una +fuerza extraa que lo dilataba y lo comprima alternativamente. Su +rostro plido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio +hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban, +semejantes a reptiles. Ocult mi cara entre las manos: no poda soportar +ese espectculo. + +Las horas del da pasaron. Ella dorma, dorma sin pensar en +despertarse. + +De vez en cuando oa afuera el paso ligero de las criadas; aparte de +eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto, +ni trazas. + +A medioda no pude dejar de preguntar por su paradero. Le haban visto +por la maana salir a los campos, seguido por sus perros. Y as, desde +haca horas, vagaba bajo la lluvia. + +El reloj toc las tres; en ese momento entr l, chorreando agua, con la +mirada empaada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente. + +Deba haber sufrido horriblemente. + +Quise acercarme a l, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me +atrev. La mirada huraa y sombra que me lanz, me deca con bastante +claridad: Qu quieres? Djame solo con mi dolor. + +Haba asido una de las columnas de la cama y permaneca all, con los +ojos fijos en Marta, mordindose los labios. Despus sali, como haba +venido, sin decir una palabra. + +Pasaron dos horas ms en el silencio y la espera. Los vapores de fenol +que se desprendan del plato colocado frente a m, principiaban a darme +dolor de cabeza. Apoy la frente en los vidrios para refrescarla, +siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento +levantaba y haca revolotear hasta la ventana. + +Comenzaba ya a obscurecer, cuando o de repente afuera, en el corredor, +una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la +enferma, dormida, se estremeci dolorosamente. + +La clera me subi a la cara. Quise correr para echar de la casa a la +persona que haca tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropec con +ella. + +A la primera mirada reconoc esa cara colorada e hinchada, esos ojillos +perversos. Quin poda ser sino _ella_, la mejor de todas las tas y de +todas las madres! + +--Al fin--exclam para mis adentros,--al fin voy a verte de frente, mis +ojos en los tuyos! + +--De modo que t eres Olga--exclam siempre en el mismo tono estridente +y llorn que llenaba la casa.--Buenos das, mi queridita! Oh! Qu +desgracia! Entonces es verdad? La noticia me ha trastornado! + +--Le ruego, querida ta--le dije cruzndome de brazos,--que vaya usted a +trastornarse a otra parte y no aqu, y que a la cabecera de la enferma +modere usted el tono de su voz. + +Ella se qued cortada. La mirada envenenada que me lanz entonces, no +la olvidar en mi vida. + +Pero ya saba con quin tena que habrmelas. Por otra parte, ella +recogi el guante en seguida. + +--Haces muy bien, hija ma--dijo, y su voz tom de pronto un sonido +metlico, como una trompeta de guerra,--haces muy bien en atender a tu +pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es intil +ahora; soy yo quien va a quedarse aqu. + +Esprate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato--exclam +mentalmente. + +E irguindome cuanto pude, le respond con mi sonrisa ms fra: + +--Se equivoca usted, querida ta; se le ha prohibido a mi hermana de la +manera ms formal que la visiten personas extraas. Le ruego, pues, que +se retire a la habitacin contigua. + +Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habra sido +capaz de estrangularme all mismo. Pero se march y el buen to, sin +voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detrs de ella, la +sigui. + +En mi triunfo solt una gran carcajada. + +Pero tambin, qu vens a hacer, almas codiciosas, en el templo del +dolor? Atrs! + + + + +XVIII + + +Vino la noche. Una banda roja, ltimo vestigio del sol poniente, se +extenda sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras +en el cielo de fuego. Durante largo rato segu con los ojos las +llamaradas, que la obscuridad concluy tambin por absorber. + +El reloj dio las nueve y el viejo doctor entr. Permaneci mucho rato +sentado en mi silla, silencioso, despus me acarici la mano al +despedirse y dijo: + +--Contine usted con el fenol, toda la noche. + +A la pregunta que ley en mi mirada inquieta, no respondi sino con un +vago encogimiento de hombros. + +No s dnde, dos o tres habitaciones ms lejos, o la voz de Roberto que +discuta con el anciano. Era una prueba de que l tampoco se alejaba de +la cama de la enferma. Pero por qu se contenta con quedarse +afuera?--me preguntaba.--Casi se dira que le est prohibida la +entrada. + +El reloj toca las diez, todo est solitario en los alrededores, la casa +parece entregada al reposo. + +El viento sacude la reja del jardn, hace el ruido de un husped +atrasado que quiere entrar. La muerte rondara ya en derredor de la +casa? Contara ya los granos de arena en su ampolleta? + +El furor de la desesperacin se apoder de m. + +Sin saber lo que haca, me precipit hacia la puerta, como para cerrar +el paso a ese demonio amenazador. + +Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado +antes que aqul en el umbral de la puerta! + +Minutos despus entr Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada ms +que esa mirada rpida y sombra que ya me haba herido una vez como una +pualada. + +Con su paso pesado y balanceante avanz hacia la cama, tom la mano de +Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas uas tenan un matiz azulado, y +la mir fijamente. Despus se sent en el rincn ms obscuro, detrs de +la estufa, y permaneci all encogido durante dos horas, dos largas +horas. + +Yo esperaba, con el corazn palpitante, que l me dirigiera la palabra, +pero guard silencio como antes. + +Poco despus de media noche sali del cuarto. + +Por mucho tiempo todava lo o pasearse afuera en el corredor, y el +ruido sordo de sus pasos me record otra noche en que, no menos +temblorosa, haba odo ese mismo ruido, dividida entre el temor y la +esperanza. + +Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura +insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los dems y de +sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me pareca en ese +momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean +all arriba en la inmensidad. + +El ruido de los pasos se atenu: Roberto haba entrado en su cuarto. + +Volver?--me pregunt, aplicando el odo al ojo de la +cerradura.--Seguramente no puede dormir. + +Y me estremec de gozo al or que el ruido se acercaba de nuevo. + +Pero por mi cabeza pas este pensamiento: + +Qu te importa que vuelva o no? Acaso es por l por quien ests aqu? +No tienes all, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas? + +Me dej caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le +supliqu que tuviera compasin de m, quera hablarle, le deca, tena +un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme. + +Ella no se despert. Recogida en su dolor, yaca, triste esqueleto. En +sus pmulos se encendan pequeas llamaradas. La respiracin silbaba. + +Por un instante sus labios se agitaron; pareca querer hablar, pero las +palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo. + +Qu terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj haca or +su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana vena el ligero +quejido del viento y en el interior de la habitacin resonaba el ruido +de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido. + +Y de improviso me pareci or, en medio del silencio, que mi sangre se +agitaba y herva dentro de mi cuerpo. Escuch con atencin. +Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas. +Por qu no circula apaciblemente como de costumbre--me pregunt,--y +como lo exige mi gran resolucin? No he extirpado de mi corazn con +todas sus races la idea de un crimen? No lo he purificado con ayuda de +mil fuegos? No estoy aqu para desempear el papel de sacerdotisa, de +sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora? + +Y escuch nuevamente! + +Son alucinamientos--me dije. + +Pero a pesar de ello tena miedo de todo ese movimiento y de todo ese +estrpito, que pareca aumentar a cada instante. Vea que un torrente me +llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De l surga una roca +de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras +de fuego, la palabra: Asesinato. + +El ruido de pasos se dej or ms. De un salto me par... Roberto vino, +se sent al borde de la cama; con la mano enjug el sudor que cubra la +frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de sta por entre sus +dedos. + +Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus +ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las rbitas; sus +labios apretados revelaban amargura e irritacin. All estaba, +petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a l me sacudi como +un calofro de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sent como dos +manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de +nuevo en mi asiento. + +Al fin pronunci su nombre y me sobrecog de espanto, de tal modo que el +sonido de mi propia voz me pareci extrao y lgubre. + +l se volvi y me mir. + +--Roberto--dije,--por qu no me hablas? Si hicieras compartir a otro el +dolor que te oprime, eso te aliviara. + +Se levant bruscamente, se me acerc y me tom ambas manos. A ese +contacto sent que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba +alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo +mir con firmeza, de frente. + +--Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga--dijo l. + +--Qu quieres decir con eso, Roberto?--balbuc.--Me he mostrado +desatenta para contigo? + +--Si slo fuera desatenta!--replic l.--Pero me has tratado como a un +extrao, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer. + +--Que Dios me libre de ello!--grit deshacindome, pues senta que iba +a caer en sus brazos. + +Y l contina: + +--Olga, si alguna vez te he hecho dao... cul, no lo s? Pero debe de +ser as, de lo contrario no me rechazaras de esa manera; tu mirada, tu +actitud entera, seran menos duras para m... Si, pues, te he hecho +dao, Olga, no ha sido culpa ma; nunca he tenido sino buenas +intenciones para ti. He... habra querido que siempre estuvieras aqu +como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente +extraa... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos +amamos... + +Para qu pronunciara su nombre? Senta nacer en m una fiera alegra, +me pareca que me brotaban alas; y he ah que su nombre me hera como un +latigazo. Me mord los labios hasta que brot la sangre. Pero a pesar de +todo quise permanecer serena, quise desempear el papel de ngel +protector. + +--Roberto--dije,--te has equivocado gravemente con respecto a m: nada +he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el +extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes +tener confianza en m... quieres? + +Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol. + +--Te estoy tan agradecido, Olga!--dijo.--Por qu no haba de continuar +teniendo confianza en ti? Mira, desde el da en que hicimos juntos en el +bosque ese paseo a caballo, te acuerdas? (Oh, si me acordaba!) desde +ese da te he querido como a una hermana, an ms que a todas mis +hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi ngel +tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo sers todava en el porvenir, no +es verdad? + +Hice sea de que s sin decir nada y me oprim el pecho con las dos +manos; en seguida, cuando l lo not, las dej caer, pero retroced tres +pasos tambalendome y fue un milagro si consegu mantenerme en pie. + +Inquieto, l se me acerc. + +--Estoy cansada--dije, esforzndome por sonrer.--Ven, vamos a +sentarnos, la noche es larga. + +Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el +angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando +al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacuda a +cada instante; sus prpados parecan cerrados, las sombras de sus +pestaas descendan hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se +inclinaba hacia ella, vea brillar en el fondo de las obscuras cavidades +el blanco de los ojos, con un lustre de ncar plido. l lo not, lo +mismo que yo. + +--Se dira que ya est muerta--murmur, ocultando la cabeza entre sus +manos.--Y si muere--continu,--no ser a consecuencia de su parto, no +ser de esa miserable fiebre; slo yo ser la causa de su muerte. + +--Por el amor de Dios, qu dices?--exclam, extendiendo hacia l mis +brazos. + +l inclin la cabeza sonriendo amargamente. + +--Bien lo he visto durante estos tres aos: es doble, triple mi culpa. +Primero, la dej esperar y consumirse durante siete aos, dividida entre +la esperanza y el desaliento, agotando as su energa y sus fuerzas, y +Dios sabe que no tena muchas! Despus la arrastr, dbil de cuerpo, +abatida de espritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil, +y aun ms hostil que todos, la que mejor habra debido sostenerla. Y yo +mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegra, si hubiera velado +para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera +puesto un poco de sol en su existencia, quiz habra podido vivir feliz +a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y +echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la +voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi +frente, la haca palidecer. Ve ah, delante de nosotros, ese cuerpo que +no tiene ms que el aliento, y mrame a m, gigante rudo y tosco! Ms de +una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que +quiz la haba ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en +realidad. Lo que me convena era una mujer fuerte y... + +Espantado se detuvo y dirigi al rostro de Marta una mirada que peda +humildemente perdn; pero yo complet su frase con el pensamiento. + +Cuando Roberto sali de la habitacin, un sentimiento de jbilo se +apoder de m, una loca alegra que desencadenaba un huracn en mi +cabeza, sembraba la turbacin en mis sentidos y pareca querer +absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a m misma. + +La atmsfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolva mi cabeza +como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la +respiracin comenzaba a faltarme. + +Corr a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspir el aire fro +de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas. + +El da apareci a travs de las cortinas, un da fro y gris, sumido en +la niebla. Nubes descoloridas suban pesadamente en el horizonte, y +arrojaban un plido fulgor sobre los rboles que chorreaban de humedad, +y que parecan haberse despojado todava durante la noche, de una parte +de sus hojas. + +Qu noche! + +Y cuntas otras ms terribles que esa, van a sucederle! Qu fantasmas, +engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a +favor de esas noches, en mi espritu febricitante! + +Me sent tiritar y me retir a un rincn: tena miedo de m misma. + +Pasaron las horas de la maana y poco a poco me fui calmando. El +recuerdo de esa noche se borr y con l los desrdenes de la fiebre y +los tormentos de la conciencia. Lo que haba visto, lo que haba +sentido, no me pareca ms que un sueo. Una laxitud aplastadora me +invadi; cerr los ojos y ces de pensar. + +Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abri de +improviso sus grandes ojos azules y me dirigi una mirada llena de +dulzura y de bondad. Me pareci que era el ojo de Dios que se volva +hacia m, infeliz pecadora, y que en l lea la piedad y el perdn. + +Un gozo puro, un gozo santo, me inund. Me arroj en los brazos de mi +hermana y escond mi cara sobre su hombro. + +En medio de sus dolores ella se puso a sonrer, y, posando penosamente +su mano en mi cabeza, murmur con voz apenas perceptible: + +--Sin duda os he asustado mucho? + +Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de +paz; por un instante cre que iba a quedar libre del peso que me oprima +el pecho, pero me fue imposible llorar. + +--Cmo te encuentras?--pregunt. + +--Bien, enteramente bien--respondi ella.--Pero la sbana me parece tan +pesada! + +Era la ms ligera que haba podido encontrar. As se lo dije; entonces +suspir, diciendo que haba que tener paciencia con ella. + +Despus se qued completamente inmvil, sin cesar de mirarme como en un +sueo. Al fin inclin la cabeza varias veces y dijo: + +--Est bien as, muy bien. + +--Qu est bien?--pregunt. + +Ella se sonri y guard silencio. + +En seguida le volvieron los dolores; se agit, rechin los dientes, pero +no exhal una queja. + +--Quieres que llame a Roberto? + +Ella dijo que s por seas. + +--Traedme tambin al nio--murmur. + +Acced a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y +la contempl por largo rato. Trat tambin de besarla, pero estaba +demasiado dbil. + +Antes de que Roberto llegara, haba vuelto a caer en su sueo. + +l me dirigi una mirada de reproche diciendo: + +--Por qu no me has hecho llamar ms pronto? + +--Tn la seguridad de que ms vale as. Tu presencia le habra causado +una emocin demasiado fuerte. + +--Tienes razn, como siempre--dijo l. + +Y sali, sin notar felizmente el rubor que su elogio me haba hecho +subir a la cara. + +Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la +frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los +labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupcin. + +A eso de la una vino el doctor; le tom la temperatura y not una +disminucin de la fiebre. + +--Aumentar y disminuir todava ms de una vez--dijo. + +Tampoco comparti la alegra que nos haba causado el despertar de +Marta. + +--No le hablis cuando vuelva en s--agreg,--y sobre todo no la dejis +hablar. Necesita de la menor porcin de sus fuerzas. + +Antes de marcharse me mir largamente y mene la cabeza con expresin +inquieta. Sent que el rubor que revela a los culpables, me invada de +improviso la cara; me pareca que su mirada penetraba hasta el fondo de +mi alma... + +Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el +primero que me vino a la mano, y trat de leer, pero las letras bailaban +delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habra dicho que mil +murcilagos se recreaban en l. + +Necesit mucho tiempo para descifrar tan slo el ttulo: lea +_Ifigenia_. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arroj el +libro lejos de m, a un rincn, como si hubiera tenido en mi mano un +carbn encendido. + +Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces +lanz un grito estridente, retorcindose en convulsiones. + +Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi +de pronto junto a m a la madre de Roberto. + +Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con +afectacin y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor +hipcrita, me viene de repente este pensamiento: + +He aqu una que espera la muerte de Marta, que la desea. + +Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis puos se crispan, poco +falta para que le arroje su crimen a la cara. + +Y mientras esa idea me deja inmvil y helada, ella me toma por el brazo +y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quiz +esperaba intimidarme con ese proceder brutal. + +--Querida ta--dije, desasiendo mi brazo,--ya le he hecho notar a usted +una vez, que ste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomar. Le +ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras +habitaciones. + +--Ah! Eso es lo que vamos a ver, seorita!--grit ella con voz +chillona.--Voy a preguntarle al dueo de esta casa quin tiene ms +autoridad aqu, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca. + +Y se retir sin cesar de gritar. + +Temblando de clera, comenc a pasearme por el cuarto. Nunca me habra +imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan +brusca y completamente en una arpa. No le faltaba ms que expresar +abiertamente sus deseos ms secretos. + +--Oh, si fuera verdad!--exclam, sacudida por un calofro de +horror.--Desear la muerte de Marta! Marta, lo oyes? Desear tu muerte! +A quin has ofendido nunca? A quin has estorbado nunca? Hay alguien +en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e +indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, pasendose +impunemente por la tierra, un ser tan infame, vaya! sera como para +desesperar de Dios y del destino. + +He ah lo que yo deca, sin poder acumular suficiente vergenza e +ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me +dejaba llevar de un furor indigno. + +Pero senta que eso me desahogaba, respiraba ms libremente y, cuando +vi, tirada en el suelo, a la pobre _Ifigenia_ a quien yo haba +maltratado, fui a recogerla. + +--Qu crimen he cometido--me deca yo,--para que tenga que ocultarme de +mi modelo? He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado? +Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no +hubiera podido ver u or? Eso que me quema aqu, eso que me ruge en el +fondo del pecho, a quin importa si s guardarlo para m? + +Me deca eso y me crea casi justificada, aun ante mi propia +conciencia, ciega de m! + + + + +XIX + + +Y el crepsculo volvi: el sol poniente abras una vez ms el horizonte +por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones, +su luz rojiza. + +El rostro de Marta estaba baado por un matiz purpreo; en sus cabellos +brillaban pequeos resplandores, y la mano que reposaba en la colcha, +pareca iluminada por dentro. + +Acerqu el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la +molestara. + +Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no haba +visto hasta ese da, una corona igual a la que yo tena costumbre de +enviar los das de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quiz provena +de all. En ese momento pareca trenzada de llamas; todo en ella tomaba +una vida fantstica. Y, cuando la mir con ms atencin, me pareca que +se pona a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una +verdadera girndula. + +--Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones--me dije; y trat de +recobrar las fuerzas pasendome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a +los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiracin +me faltaba. + +Oh! Ese olor de fenol, ese vapor dulzn, repugnante! Me daba el +vrtigo, pona como un velo sobre mis pensamientos y esparca un +presentimiento de muerte y de espanto. + +El anciano doctor lleg; me mir a la cara y me orden, con ese tono a +la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a +respirar aire fresco: l mismo cuidara a la enferma hasta mi regreso. + +Quise resistir, pero l me empuj hacia afuera. + +Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que +me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto. + +Sal, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulmn. El viento de la +tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un bao helado. + +El ltimo fulgor del da desapareca. Una noche de otoo descenda sobre +la tierra y la envolva con un velo de niebla azulada. + +Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope +hacia las ruinas del castillo. + +Maquinalmente, segu la direccin que ellos haban tomado, caminando +medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me +haban aturdido. + +Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se +desprenda de las paredes. Una vieja puerta extenda por sobre m el +arco de su bveda. + +Penetr en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes, +destacndose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba +aqu y all por encima de mi cabeza. + +Cerca de m vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una +forma humana, cuya silueta reconoc en seguida. + +--Roberto!--grit sorprendida. + +l se par de un salto. + +--Olga!--grit a su vez.--Me traes acaso malas noticias? + +--No--le dije.--El doctor me ha mandado a tomar aire. + +Y, de repente, cre sentir que el suelo ceda bajo mis pies. + +--Tn cuidado!--me grit para advertirme. + +Pero, en el mismo instante, resbal y ca en un hoyo obscuro, tan +profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas +piedras que se desprendieron y rodaron. + +--Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caers todava ms +abajo. + +Medio aturdida, me apoy en las paredes del foso. A mis pies entrev una +estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detrs el abismo +negro, sin fondo... + +A mi lado, vi a Roberto que vena a socorrerme, bajando lentamente y con +precaucin las gradas de lo que me pareca una escalera. + +--Dnde ests?--grit l. + +Y al mismo tiempo sent que su mano, buscndome, avanzaba hacia m. + +Entonces me arroj contra l y me aferr a su cuello. En seguida me +sent levantada, suspendida entre sus brazos. Me pareca que me haban +abierto las venas: cre, en ese instante de abandono y de embriaguez, +que mi sangre ardiente se esparca sobre m hasta la ltima gota. + +Senta en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la +impresin de que haba rozado mi frente con un ligero beso. + +Despus regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de l lo ms +que poda, pero en el fondo de mi corazn resonaba este grito de gozo: + +Me ha tenido en sus brazos! + +En el umbral de la puerta, el anciano mdico sali a nuestro encuentro y +nos tendi las manos diciendo: + +--Marta est mejor, hijos mos, mejor de lo que esperaba. + +En el fondo de mi corazn resonaba este grito de gozo: + +Me ha tenido en sus brazos! + + + + +XX + + +Y ahora, la noche terrible! + +Cada minuto se alza todava ante mis ojos como una furia y clava en m +su mirada de fuego. + +Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de m como se +evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el +cual han pasado aos. + +Y qu crimen he cometido? Ninguno. + +Mis manos estn puras, y en el da del juicio final, cuando se pesen +nuestros actos, podr presentarme osadamente ante el trono de Dios +Todopoderoso y decirle: Cbreme con tus ms blancos ropajes, pn en mis +hombros las alas de cisne ms delicadas y djame colocarme en la primera +fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual slo falta un poco de +ejercicio para honrar al paraso. + +Pero hay crmenes que no han sido cometidos con actos ni con palabras, +que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan +completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer. + +Era una noche poco ms o menos como la de hoy. El hmedo viento de otoo +pasaba por delante de la casa en cortas rfagas, y haca estragos en las +cimas medio deshojadas de los lamos que se inclinaban con un crujido +los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo, +una luz incierta permita distinguir las nubes ms obscuras, que +pasaban, arrastradas en rpida carrera, desgarradas en jirones. + +La lamparilla no quera arder, su resplandor vacilante luchaba contra +las sombras que bailaban sin interrupcin en la cama y en las paredes. +Frente a m penda la corona de yedra, negra y puntuosa; pareca una +corona de espinas. + +Eran ms o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irgui en +su cama y dijo con voz clara y distinta: + +--Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado! + +En el primer momento sent que me invada una gran alegra, pues me +pareca que haba recobrado su conocimiento. + +--Marta! + +Me levant de un salto y le tom la mano. + +--Pero yo haba preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos; +un ciego dormido los habra encontrado. Y tampoco necesitis tomar +medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias. + +Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si +hubiera visto un fantasma. Despus, de improviso, lanz un grito +estridente diciendo: + +--Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. Por qu me habis +sepultado bajo estas piedras? + +Tom la sbana ms delgada que pude encontrar y la extend sobre ella en +lugar de la frazada; pero eso no le procur ningn alivio. Gritaba y +hablaba sin interrupcin y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad, +como una persona que estudia una leccin a media voz. + +As transcurri como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con +los ojos fijos en ella, pues en m se agitaba el temor de ver a cada +instante surgir una nueva aparicin, an ms horrible. De rato en rato, +cuando se calmaba un poco; senta un aflojamiento en mis miembros; +cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atrs, y cada vez me +imaginaba que caa en los brazos de Roberto. Sin embargo, no tena sino +muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era +demasiado grande. Me pareca tambin ver sin cesar estallar en mi cabeza +burbujas de las cuales salan rosas que producan siempre nuevas coronas +de flores. Todava despus oa un silbido de un odo a otro; se habra +dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la haban +encendido. + +Fue en ese estado de sobreexcitacin nerviosa, presa, ya de espantos +repentinos, ya de un abatimiento irresistible, cmo me encontr Roberto +cuando entr en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un +poco en su cama, para velar despus el resto de la noche conmigo; pero +los gritos de Marta lo haban arrancado bruscamente al descanso. + +Al verlo, todo cansancio desapareci de mi cuerpo; sent como si una +nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto +me levant para ir a su encuentro. + +--Procura descansar un poco--dijo l, bajando hacia m la mirada de sus +ojos cansados, hinchados por las lgrimas.--Vas a necesitar de todas tus +fuerzas. + +Sacud la cabeza y le indiqu a mi hermana, que, precisamente entonces, +blanda las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio, +alejarme de su marido. + +--Tienes razn--continu.--Sera posible tener suficiente tranquilidad +para dormir con semejante espectculo ante los ojos? + +Y se acerc a la cama juntando las manos, e inclinndose hacia ella, +pos un ligero beso en su frente color de cera. + +A m tambin me ha besado as--gritaba una voz en m. + +Despus se sent al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo, +que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro. + +Tena los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombra de la +desesperacin. + +--Vuelve en ti, Roberto!--le murmur.--Todo puede componerse todava. + +l solt una risa aguda. + +--Qu entiendes por componerse?--exclam.--Quieres decir que vivir +para arrastrar un cuerpo invlido, una alma quebrantada, una carga para +ella misma y para los dems? No sabes que tenemos que elegir entre +estas dos alternativas? + +Un calofro helado me penetr hasta la mdula de los huesos. Pero al +mismo tiempo crea ver que las paredes se apartaban y una perspectiva +luminosa, infinita, se abra ante m. + +No queras desempear el papel de sacerdotisa en esta casa?--me deca +en tono de reproche una voz interior; pero se extingui ahogada por el +ruido de mi sangre. + +--De qu sirve discutir?--continu l.--Ya hace tiempo que me he +resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren +sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energa y sin voluntad; +me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por ms que me agito +hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve: +impotente soy, impotente seguir y... nada ms! Pero no quiero +excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una clera +vana como sta es ms despreciable que una hipcrita sumisin. + +Sent encenderse en m el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle: +Haz de m lo que quieras; sacrifcame, aplstame bajo tus pies, djame +morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha... cuando de +repente, o que de los labios de Marta sali un gemido tan lastimero, +tan dolorido, que me estremec, como si me hubieran dado un latigazo. + +Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimi +la garganta; slo un suspiro se escap de mi pecho, y lo contuve por +fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos. + +--No te preocupes de m--dije violentndome para sonrer.--Con tal de +que ella siga mejor! + +l cruz los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclin +dolorosamente la cabeza. + +Luego cesaron los gemidos de Marta. Haba dejado caer la barba sobre el +pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habra podido creer que +dorma; pero continuaba divagando y marmoteando. + +Un gran silencio rein en el dormitorio dbilmente alumbrado. No se oa +ms que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los +ratones que corran entre los tirantes del techo. + +Roberto haba hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el +lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareci calmarse, su +respiracin se hizo ms regular y ms espaciada; de rato en rato su +cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar +inmediatamente despus, con un brusco movimiento. + +Un irresistible sueo se haba apoderado de l. + +Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero tena miedo del sonido de +mi voz y guard silencio. + +A intervalos cada vez ms cercanos, la parte alta de su cuerpo se +balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con +la mano buscaba en torno suyo si no encontrara en alguna parte un +apoyo. + +Al fin, de pronto, su frente se inclin y cay sobre mi hombro, donde +permaneci inmvil. + +Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una +felicidad inaudita. Se posesion de m un deseo irresistible de +acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis +ojos vi brillar algunos hilos plateados.--Ya comienza a +encanecer--pens,--es tiempo de que pruebe lo que llaman la +felicidad.--Y lo acarici efectivamente. + +l suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posicin ms +cmoda. + +--No est bien as--me dije,--es necesario que te le acerques. + +Y lo hice. Su hombro se apoy en el mo y su cabeza se inclin sobre mi +pecho. + +--Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo--me gritaba una voz +interior,--de lo contrario no descansar bien. + +Dos veces, tres veces, trat de hacerlo, pero retroceda de espanto. + +Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada vean, +sus odos nada oan. + +Y me decid... + +Entonces se apoder de m una alegra desatinada. Me estrech contra l +a hurtadillas, dicindome con ardor: Oh, cmo quisiera cuidarte y velar +sobre ti; cmo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de +tu frente y las penas de tu alma! Cmo luchara por ti con toda la +fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la +alegra a tus ojos y el sol a tu corazn! Pero para eso... + +Mis miradas se volvieron hacia Marta. S, viva, viva siempre. Su seno +se levantaba y se bajaba bajo la accin de una respiracin corta y +precipitada. Pareca ms viva que nunca. + +Y, de repente, vi una llamarada que pas ante mis ojos y cre leer, +enfrente, en la pared, estas palabras: + +_Oh, si ella muriera!_ + +S, era eso, esas eran las palabras. + +_Oh, si ella muriera! Oh, si ella muriera!_ + + + + +XXI + + +El mdico interrumpi su lectura y exhal un profundo suspiro, al +enjugar el sudor de su frente. + +Roberto se haba parado de un salto; por un instante mir fijamente, +como cegado por un rayo, el crculo luminoso de la lmpara, luego se +precipit hacia el anciano; pareca querer arrancarle el papel de las +manos. + +--Est escrito all?--balbuci. + +--Lee t mismo! + +Sigui un largo silencio. + +La lmpara esparca su luz tenue y risuea, como si hubiera alumbrado +una escena de las ms alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando +las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido pareca calmarse: se oan +risas a intervalos cada vez ms lejanos, el runrn de las voces se +trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban +cansados, digeran. + +El mdico se haba vuelto para ver lo que haca Roberto. Este, abatido, +al borde de la cama vaca, y con la cabeza hundida en sus manos, +permaneca inmvil. + +Slo su respiracin oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos +cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su +interior. + +--Vuelve en ti, chico--dijo el doctor posando la mano en el hombro de +Roberto. + +--To, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribi eso. + +--Nunca lo ha estado ms que en ese momento! + +--Cmo puedes afirmarlo? No insultes a una muerta! + +--Nada est ms lejos de mi pensamiento, hijo mo. Quin se atrever a +arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente, +comprenders sin pena que su vida entera transcurri en preparar, en +llevar, por decirlo as, a madurez ese instante nico. Sus sueos de +nia encerraban ya los grmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron +bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque, +y dieron una planta vigorosa cuya flor se abri precisamente en el +momento en que Olga penetr en tu cuarto para unirte a Marta. + +--Por qu hizo eso si quera tomar el lugar de Marta? + +--Eh! Acaso saba lo que quera? Todos los esfuerzos que hizo para +asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran ms que la lucha de su +naturaleza honrada y pura contra el deseo que haba crecido en su +corazn, a partir del da en que, nia an, te volvi a ver. Pero ella +no lo saba. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el da en +que entr en tu casa; razn de ms para que no pudiera sospechar las +consecuencias que dormitaban en las profundidades ms secretas de su +alma. + +--Y, sin embargo, dices que ella combata ese amor, que trataba de +arrancarlo de su corazn? + +--Sin que su espritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de +ello. Su pensamiento permaneci puro hasta aquella terrible hora de +media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo. +Cada da sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos +recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y +hacerlo inofensivo: por eso se desterr al extranjero, por eso en el +momento en que vio tu casa pens en huir lo ms pronto. Por el tono +general de sus recuerdos ves cun poca conciencia tena de los combates +que, durante aos, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor +intencin, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la +marcha de la accin, pero que son preciosos para demostrar cunto se +desarroll ese deseo. No sabe por qu lo hace; todava es slo el +sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta. + +--No creo en una falta--grit Roberto en el colmo de la agitacin.--Si +ese deseo no es una simple ilusin, el resultado de un momento de +sobreexcitacin nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde +mucho tiempo atrs en preparacin en el fondo de ella misma, cmo es +posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta +indignacin contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quiz el +mismo deseo? + +--Y para m--replic el mdico,--no hay mejor argumento en apoyo de mi +tesis que esa misma indignacin. Era para descargar su propia conciencia +del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las +piedras que le caan bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su +propia culpabilidad. + +--Y esa noble resolucin de renunciamiento que haba tomado pocos das +antes? + +Por el rostro ajado del anciano pas una sonrisa, la sonrisa del hombre +que comprende y perdona. Repuso: + +--El antiguo proverbio de que el camino del infierno est empedrado de +buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez ms aqu, +pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resolucin que +Olga tom entonces fue una ltima tentativa, desgraciada desde luego, +para conciliar el afecto que deba a Marta con el amor que t +despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad, +ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer +fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues +el renunciamiento, la muda resignacin, no eran su fuerte. Y luego, un +destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su +enrgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la ms comn +y la ms cobarde del mundo, una falta que he ledo en un nmero infinito +de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es, +hijo mo, uno de los lados ms obscuros de la naturaleza humana, un +resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las +naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no estn exentas de +l; es verdad que eso las mata, mientras que las almas ms groseras se +contentan con disimular y rechazar dentro de s mismas, el secreto que, +solicitado por la luz del da, tiende a escaparse de las recnditas +profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un da fui a +visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba +mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un +hombre de cuarenta aos, ms o menos, que desde haca ya mucho tiempo +desempeaba en propiedades extraas las funciones de administrador, y +cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aqul era +un honrado y buen hijo, que no haba hecho dao a una mosca, que amaba +cordialmente a su padre y que se habra ruborizado de desear el menor +mal a su enemigo ms mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y +sombra que se pint en sus facciones cuando inclin mi odo sobre el +pecho del anciano, le claramente este deseo: Oh, si se muriera! Otra +vez, me llamaron de la casa de una seora que, casada en segundas +nupcias, era feliz. En su dicha no haba ms que una sombra: su marido +no poda sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su +frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba +apasionadamente a su marido y tema que le tomara aversin a ella misma +a causa del nio, se lo ocultaba lo ms que poda. El nio se enferm +con escarlatina. Encontr a la madre de rodillas junto a la cama y +derramando amargas lgrimas. Temblaba por esa frgil existencia: acaso +no haba nacido de su seno? Pero su marido entr, y en la mirada +inquieta, vacilante que ella dirigi a la cuna, se lea distintamente: +Si t murieras sera la felicidad para m. Podra citarte ejemplos +infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia, +la pasin de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y +desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente, +sombro y gigantesco, en un corazn humano que hasta entonces no haba +conocido ms que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes +estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se +saciaban sin conocer obstculos, la accin ayudaba al pensamiento. +Cuando un miembro de una familia haca sombra a otro, el veneno y el +pual imperaban sencillamente. La historia, la literatura estn llenas +de asesinatos de ese gnero, y Shakespeare, ese gran conocedor de las +almas, no presenta, por decirlo as, otro tema trgico que el asesinato +entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la +existencia penetra en el crculo de la familia, se contenta uno, en las +horas sombras, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra +sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado +por las nuevas costumbres. Ah tienes, chico; te he pronunciado un largo +discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi +objeto. + +--Entonces, la condenas sencillamente?--dijo Roberto, con angustia. + +--No condeno a nadie, hijo mo--respondi el anciano con una sonrisa +grave,--y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la +de Olga. Ella encontr el valor de confesar, a s misma y a aquel a +quien ms amaba, el crimen que cometi: eso basta para elevarla por +sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es +el pecado mental ms horroroso de que el espritu humano pueda hacerse +culpable, es tambin el ms secreto. No hay amigo que lo confe a su +amigo, ni un marido que lo murmure a su compaera en el silencio y la +obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su +confesor; la oracin misma, que nace en el ms profundo arrepentimiento +y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene +derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las +tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la vergenza y el +silencio. Hay an ms! Ese deseo es la nica falta que escapa +generalmente a la justicia del mundo exterior, as como a la sancin de +la conciencia en el fondo del corazn, porque stas no tienen para ella +ni expiacin, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo +hombre lleva en s mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres +que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de +seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de +espritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a +olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el +cuerpo reabsorbe la materia mrbida tan pronto como la causa del mal ha +desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el montn de las virtudes +sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir +que condeno a esos hombres; qu sera del mundo si todos los que, al +mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por +desesperacin a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado estn +bien constituidos y pertenecen al trmino medio de la humanidad; su +naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y vaya si se +inquietan de tener aqu y all alguna mancha que los desluce! Olga +estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no +necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no producira ms +que una simple picazn, a ella le haca el efecto de un latigazo. Esas +naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia +la hipocondra y la histeria, y su vida efectiva est dominada por +imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los dems el +carcter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes +rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con ms +precisin que el del comn de los mortales, y si se les pusiera bajo +vidrio como a las delicadas balanzas de los qumicos, se les vera +ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad, +tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace +replegarse en s mismos al menor contacto extrao, y tanto mejor para +ellos, pues as estn al abrigo de los choques violentos del mundo que +los rodea y que no seran capaces de soportar, pero ay de aquellos a +quienes una voluntad indomable, un carcter violento y apasionado, +arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede +suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual +otros apenas habran hecho caso, se convierta para ellos en una flecha +envenenada que les roer el cuerpo y el alma hasta que sucumba... Vaya, +basta de charla! He aqu dos o tres hojas ms. Escucha! Vamos a saber +cmo se muere de un deseo. + + + + +XXII + + +Qu sucedi despus? Mi memoria no ha conservado de ello sino un +recuerdo confuso. + +Me acuerdo que de repente lanc un grito que hizo estremecer a la misma +Marta, que me arroj junto a su cama y que, apoderndome de sus manos +ardientes, grit en un aliento: Slvame, slvame, despirtate! + +Y despus me encontr en mi cuarto, adonde Roberto me haba llevado. +Cmo describir mi espanto cuando reconoc en el espejo mi cara +descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que +solt, el horror que me caus mi propia risa, mientras que, +desfalleciente, oa resonar en mis odos el deseo, repetido por todas +partes por mil voces celosas que se rean burlonamente y cuchicheaban: + +Oh, si ella muriera! + +Cmo describir aquello, sin desencadenar contra m todos los fantasmas +de esa noche mortal? + +Veo todava claramente al mdico que inclinaba sobre m su rostro amigo, +lo veo darme algo de beber, algo amargo, y despus... nada ms. + +Los primeros resplandores del alba aparecan plidos por las ventanas +cuando me despert. Me dola la cabeza y cuando dirig en torno mo una +mirada vaga, cre ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las +palabras: + +Oh, si ella muriera! + +Sent un calofro y me vino este pensamiento: Si Marta se muere ahora, +ser tu deseo lo que la habr muerto. + +Me levant vivamente y me acerqu al espejo. + +He ah, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su +hermana--dije al ver reflejado mi lvido semblante. + +Y, sintiendo bruscamente asco de m misma, di un golpe al vidrio con el +puo; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompi. + +Insensata de m! No saba que en lo sucesivo el mundo entero no sera +para m sino el espejo de mi crimen. + +Pero quiz no muera! Ese pensamiento, que se despert de pronto en mi +cerebro, esparci en l una oleada de luz tal, que cerr los ojos como +cegada. + +Y luego o de nuevo gritar en m: Marta morir y ser tu deseo lo que +la habr muerto! Apret los dientes y apoyndome en la pared me +arrastr hasta el cuarto de la enferma. + +Llegu a la puerta y al no or el menor ruido en el interior, me dije: +Ya no encontrars sino un cadver. + +No, todava viva, pero la muerte haba puesto ya en ese rostro la marca +de sus garras. + +El cartlago de la nariz se destacaba ms, los labios, entreabiertos, +dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparecan en el +fondo de sus azuladas cavidades. + +A sus pies estaban Roberto y el anciano mdico. Roberto se ocultaba el +rostro entre las manos; los sollozos sacudan su cuerpo. El anciano fij +en m su mirada penetrante; por un instante cre otra vez que lea hasta +el fondo de mi alma y que mi falta se exhiba abiertamente ante l. +Pero, cuando al verme tambalear, acudi para sostenerme en sus brazos, +vi que era slo la mirada del mdico la que haba fijado en m. + +--Cunto tiempo vivir todava?--pregunt, cerrando los ojos. + +--Est en agona! + +En ese momento sent que algo se helaba en m y tomaba la rigidez de una +piedra; en ese momento, la esperanza muri en m, y con ella la fe en m +misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma rein en +todo mi ser. La muerte, que se cerna sobre la cama, haba tocado +tambin mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi +desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia. +En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una +muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver +acercarse a m la felicidad que, sin embargo, haba perdido para +siempre. + +Roberto se adelant y me bes; le dej hacer tranquilamente, estaba +insensible. + +Luego me sent muy cerca de la cama de mi hermana y la mir, esperando +la muerte. + +Segua con atencin todos los sntomas de aquella lenta agona. Me +pareca que mi conciencia estaba fuera de m y que me vea a m misma +sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de +la moribunda. + +No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la +accin de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de +mis pensamientos. Vea claramente que mi deseo no poda en realidad +darle la muerte, y sin embargo, para m, para mi conciencia, era slo mi +deseo lo que la haba muerto. + +As, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi vctima, esperando su +muerte, que era tambin la ma. + +Aquello dur mucho. Pasaron las horas del da; Marta viva todava. Su +pulso no lata ya desde haca rato, su corazn pareca paralizado, pero +su respiracin continuaba siempre ligera y rpida. Mientras yo dorma, +bajo el efecto de la morfina, le haba hecho, como ltimo recurso de +salvacin, una inyeccin de almizcle para reanimar una vez ms sus +fuerzas: aquello era lo que la sostena en ese momento. Pero el olor de +almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitacin +como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me +aplastaba las sienes. A cada aspiracin me pareca absorber unos +cuerpos pesados que me hinchaban. + +Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todava la vspera +no haba demostrado a la ta ms que orgullo y desprecio, le bes +humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiacin que me +haba impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no deba concluir +sino con mi vida. + +Lleg la noche: Marta segua respirando. Con la boca muy abierta, los +ojos empaados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba +fijamente. Su cuerpo pareca achicarse cada vez ms, yaca todo +encogida: casi pareca que no se atreva a ocupar en la muerte el lugar, +muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida. + +La ta llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los dems tambin +lloraban; yo sola no tena lgrimas. + +Cuando a eso de las once, Marta exhal el ltimo suspiro, me acometi un +acceso de locura furiosa. + + + + +XXIII + + +En este instante llego de casa de Roberto. + +Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en +sus ojos una tmida ternura, medio velada, que mi corazn ha bebido con +avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la +alegra se despiertan en mi corazn, y, cuando cierro los ojos, veo +bailar en torno mo dorados rayos de sol. + +Pero basta de pensamientos de felicidad, basta de cobarda! Si llega a +amarme, tanto peor para l! No me he prestado a ello; no por cierto! +Sera tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso. +Desde mi curacin, durante ms de un ao, he dirigido su casa con +lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle +indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi seora ta ha +tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su +hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado +buena ama de casa, para no saber que, sin m, el hogar de su hijo se +habra arruinado durante esos das de duelo, en que Roberto, absorbido +por su inmenso dolor, permaneca inerte, indiferente a todo, aun al +nio. Sin m el pobre pequeuelo estara desde hace tiempo bajo tierra. +No enumerar todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha +producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempear el papel de +farisea. + +Tampoco hablar de expiacin; esta es una palabra demasiado pomposa, +detrs de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable +mentira, una vana ilusin. Cmo borrar la mancha que me ha mancillado? +Se expa una falta trgica, se expa hasta un gran crimen; pero una +infamia como la que yo he cometido, es un borrn del cual el alma no +puede lavarse. + +Si por lo menos pudiera ignorar qu secreto vela en el fondo de mi +corazn! + +Por qu quera en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si +no era para poder pertenecerle un da? Como si el eterno destino no +hubiera alzado l mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo +de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros. + +Y, si alguna vez un demonio le soplara en el odo el consejo de extender +la mano hacia m, podra hacer de otro modo que rechazarlo como a un +loco temerario? Pero eso no suceder: he sabido tenerlo a distancia. Que +crea que lo desdeo, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y +de mi egosmo: sabr guardar el secreto de mi corazn. + +Si tan slo no existiera! + +Ms de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se +pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de m con una violencia +tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la +embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre +en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus +brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches +las lgrimas se han secado en m. Me ha sido imposible llorar desde ese +da en que encontr a Marta tendida en su lecho de dolor. + + + + +XXIV + + +Quince das despus. + +Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora s que hay +una expiacin. Ah, si estas torturas no purificaran! + +Jess; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero habis sido +hombre, habis sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura, +vuelve en ti, mujer, clmate. Acaso no hay un descanso eterno en el +cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para +sobrellevar los dolores de esta existencia? Quin te lo impide? + +Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que +Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de +vergenza, del cual ningn poder del Cielo ni de la tierra podra +arrancarme. + +Estoy muerta; muertos tambin deben estar mis deseos y mis esperanzas; y +a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en l, sabr +calmarla por fuerza, si no... + +Oh, qu actitud tena delante de m! Las palabras salan lentas y +tmidamente de sus labios; sus miradas plaideras, que parecan implorar +socorro, buscaban las mas y sin embargo apenas osaban desprenderse del +suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su +barba y golpeaba con el pie cuando no poda encontrar la palabra justa. +Oh, pobre nio grande, amado mo! No viste que todo mi ser me +precipitaba a tus brazos y arda por permanecer en ellos eternamente? +No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de +quedarse suspendidos de ellos hasta mi ltimo suspiro? + +No viste nada de eso? + +Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener +conciencia de ello. Mi corazn las ignora completamente; te lo juro. Te +amo y te amar hasta mi ltimo pensamiento, y el ltimo aliento que se +escapar de mis labios ser tu nombre. + +Y cmo has podido creer en el pretexto que te di? Dejarte a una mujer +rica! A ti para quin querra mendigar por los caminos, por quin +querra gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo +necesitaras! + +Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a +la mano de Marta? Cmo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de +aceptar mi miserable excusa! + +Y cuando me diste la mano al decirme adis, por qu me dirigiste una +mirada tan triste, tan humilde? No sabas que esa mirada me torturara +sin cesar, noche y da, como el reproche de una grave falta que he +cometido para contigo? + +No, amigo mo, eres el nico ser en el mundo que nada tenga que +reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy ms que nunca, +aunque jams hayas sido ms indignamente engaado que hoy! + +Si tan slo pudiera decirte cunto te amo! Con qu placer morira en +el acto! Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza +en tu hombro y llorar lgrimas de sangre! + +No me vuelvas a mirar as, mi querido nio grande, como para hacer creer +que te he desdeado con razn, que te he encontrado demasiado simple y +demasiado indigno de m, pues, mira, no s lo que hara! + +Que Dios te preserve de m y de mi amor! + + + + +XXV + + +Ocho das despus. + +Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he +embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro. + +Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida poda +todava ofrecer de felicidad a una pecadora como yo. + +Y ahora? + +Desde hace horas, me encuentro frente a esta ltima y grave cuestin: +huir o morir! + +Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas +alternativas, pues Roberto vendr maana para llevarme a la tumba de +Marta. + +Antes que seguirlo all, prefiero morir. Aun admito que lleve la +hipocresa hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle +todo; admito que el horror que me inspirara a m misma, no me ahogue, +que encuentre el miserable valor de casarme con l; qu existencia +llevara a su lado? + +Para qu aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde +mucho tiempo atrs? Pasara por esta tierra semejante a una pobre +criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el +temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de +gritar mi falta al mundo entero. Cmo podra dormir en ese lecho que he +deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! Cmo vivir +entre esas paredes en que todava estn inscritas en letras de fuego +esas palabras: Oh, si ella muere! + +Voy a razonar framente conmigo misma, como conviene a una persona que +hace el balance de su vida. + +Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo s. + +Huir? Qu hara en medio de extraos? Los conozco; conozco a los +hombres y los desprecio. Ellos me han hecho dao, seguirn hacindome +sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa +ya ms que en l. + +Pues bien, morir? Los frascos de morfina estn ah, en salvo en el +fondo de mi gaveta; un presentimiento me deca que algn da los +necesitara, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las +rdenes de mi anciano to el doctor. Las pocas horas de sueo que he +perdido me sern devueltas as al cntuplo. + +Escribir todava una carta a mi to; l ser mi heredero y mi +confidente. Quiz podr disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo +sospeche. + +A l, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario +que sea as. + +* * * + +He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buzn. El +sereno anunciaba la media noche. Qu desierto y obscuro est el mundo! +El viento pasa estremecindose por los tilos; aqu y all brilla +tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores. + +Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gruidos y quiere +atacarme. En torno mo las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma +el remordimiento y una pasin que jams se saciar, he ah lo que me +reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida. + +Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no +siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, despus de haber +llorado a mi gusto. Las lgrimas que no podan darse libre curso, me +ponan en el pecho un peso aplastador.--Y dicen que llorar da sueo. +Buenas noches! + + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO *** + +***** This file should be named 26078-8.txt or 26078-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/6/0/7/26078/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El deseo + +Author: Hermann Sudermann + +Release Date: July 18, 2008 [EBook #26078] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h3 class="un top15">BIBLIOTECA DE «LA NACION»</h3> + +<h2 class="top5">H. SUDERMANN</h2> + +<p class="c">———</p> + +<h1>EL DESEO</h1> +<p class="img"><img src="images/001.png" alt="medallion" /></p> + +<p class="c">BUENOS AIRES</p> + +<p class="c">1909</p> + +<p class="c">Imp. y estereotipia de <span class="smcap">La Nación</span>.—Buenos Aires.</p> + + +<div class="box"><p class="c">Capítulos: +<a href="#I">I, </a> +<a href="#II">II, </a> +<a href="#III">III, </a> +<a href="#IV">IV, </a> +<a href="#V">V, </a> +<a href="#VI">VI, </a> +<a href="#VII">VII, </a> +<a href="#VIII">VIII, </a> +<a href="#IX">IX, </a> +<a href="#X">X, </a> +<a href="#XI">XI, </a> +<a href="#XII">XII, </a> +<a href="#XIII">XIII, </a> +<a href="#XIV">XIV, </a> +<a href="#XV">XV, </a> +<a href="#XVI">XVI, </a> +<a href="#XVII">XVII, </a> +<a href="#XVIII">XVIII, </a> +<a href="#XIX">XIX, </a> +<a href="#XX">XX, </a> +<a href="#XXII">XXII, </a> +<a href="#XXIII">XXIII, </a> +<a href="#XXIV">XXIV, </a> +<a href="#XXV">XXV</a></p> +</div> + + +<p class="top15">Este libro, cuyo argumento es puro, como una corriente de agua +cristalina, será, sin duda, apreciado en todo su valor por los lectores +de la Biblioteca de <span class="smcap">La Nación</span>.</p> + +<p>Sudermann, como todos los escritores de las razas del Norte, es +hondamente intenso bajo la aparente sencillez de los temas que +desarrolla, que encierran curiosos y emocionantes casos de morbosidades +morales.</p> + +<p>En <i>El Deseo</i>, una de las mejores obras del novelista germano, la trama +gira, principalmente, alrededor de tres personajes, y, en esencia, +dentro del alma de una muchacha, de origen humilde, extraordinariamente +dotada por la Naturaleza, mental y físicamente, pero a quien profundos +desequilibrios nerviosos, le forman una vida de tortura, mezcla de +pasión, de cariño, de iracundias y de bondades, predominando siempre una +sensibilidad casi enfermiza, casi mística, para los impulsos y actos +nobles.</p> + +<p>Y, sugerido, provocado, proseguido por esa alma intranquila y sufriente, +brota, crece y estalla el drama, lleno de dolor y de piedad.</p> + + +<h2 class="top15" style="font-family:sans-serif, serif; +letter-spacing:5px; +font-size:225%;">EL DESEO</h2> + +<hr style="width:10%;" /> + +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + + +<p>Un vivo fuego llameaba en el dormitorio del anciano médico.</p> + +<p>Estaba él todavía en el lecho, y embargado por el sentimiento de +bienestar del hombre que ve terminada la labor de su existencia. Cuando +se ha estado, durante medio siglo, sentado doce horas por día en un +cabriolé de médico de campo, sacudido y zangoloteado por los guijarros y +los mogotes de tierra, bien se le pueden pegar a uno las sábanas alguna +vez, sobre todo cuando ha dejado su tarea a salvo en manos de otro más +joven.</p> + +<p>Alargó y estiró sus miembros cascados y volvió a hundir en las almohadas +su rostro gastado y amarillento, salpicado de ásperos vellos blancos, +cual un viejo granito por el musgo de Islandia. Pero la costumbre, esa +ama imperiosa que, durante tantos años, fuera indispensable o no, lo +había sacado de su cama antes del amanecer, no le permitió descansar ni +aun entonces.</p> + +<p>Suspiró, bostezó, se avergonzó de su pereza y tomó la campanilla puesta +a su cabecera, en la mesa de noche.</p> + +<p>Su ama de llaves, vieja ruina, tan canosa y destruida como él, apareció +en el umbral.</p> + +<p>—¿Qué hora es, señora Liebetreu?—le gritó.</p> + +<p>Al venerable reloj de la Floresta Negra que estaba colgado cerca de la +cama del doctor, y cuyo despertador estridente había interrumpido más de +una vez de un modo desagradable sus sueños de la mañana, no se le había +dado cuerda desde el día en que el joven médico adjunto había llegado a +Gromowo, «para que yo sepa bien—se complacía en decir el doctor—que en +lo sucesivo mi vida está en reposo.»</p> + +<p>—Las ocho menos cuarto, señor doctor—respondió la anciana, ocupándose +en arreglar la tapa de la estufa.</p> + +<p>—¡Vaya! ¡vaya!—exclamó él, enderezándose.—¡Qué perezoso me he vuelto! +Y... ¿han llegado cartas?</p> + +<p>—Sí, varias por correo y una que trajo personalmente el joven señor +Hellinger hace dos horas.</p> + +<p>—¡Pero, si hace dos horas, era todavía de noche!</p> + +<p>—Sí; me dijo que tenía que ir hasta la granja y que no podía esperar +más. Ya anoche, cuando el señor doctor estaba en <i>El Águila Negra</i>, +vino y se quedó esperando casi dos horas.</p> + +<p>—¿Y por qué no me mandó usted llamar?—gritó el doctor con el tono +gruñón de un anciano bonachón pero bilioso.</p> + +<p>—¿Acaso no nos lo prohibió él?—replicó la ama de llaves, exactamente +en el mismo tono, sin que esto pareciera indicar ninguna arrogancia de +su parte: era más bien el eco del carácter del anciano.—Estuvo sentado +en el gabinete de trabajo hasta las diez (o mejor dicho no se sentó) iba +de un lado a otro como una fiera, se reía, hablaba solo; yo desconocía a +nuestro tranquilo y apacible joven; entonces le llevé cerveza, seis +botellas; se las bebió todas, y tuve que beber con él... En fin, tenía +algo de trastornado.</p> + +<p>—¡Eh! ¡eh!—murmuró el anciano riéndose por lo bajo.—Me parece que +allí hay algo de Olga. Al fin, ella se habrá... ¿Y son para hoy esas +cartas?—exclamó de repente, como si estuviera lleno de furor, aun +cuando su rostro permanecía sonriente.</p> + +<p>Y cuando la ama de llaves, refunfuñando, hubo satisfecho su deseo, sin +vacilar tomó de entre las cartas la que no llevaba estampilla, y no +concedió siquiera una mirada a las demás.</p> + +<p>Una alegre emoción hacía temblar sus manos, mientras desdoblaba el +papel, y con su viejo rostro encanecido, radiante de gozo, leyó:</p> + + + +<p class="adr top5"> +«Querido viejo tío:<br /> +</p> + +<p>»Debes ser el primero en saberlo... Si siquiera te tuviera a mi lado, si +pudiera estrechar tus viejas y leales manos y decirte, mis ojos en los +tuyos, todo lo que siento en el corazón... Todavía no lo creo, la cabeza +me da vueltas cuando pienso en ello. Tío querido, en los peores días de +prueba me ayudaste y protegiste. Tú solo tendiste los brazos a Marta +cuando todos—y hasta mis mismos padres—le volvían la espalda, llenos +de frialdad y de desconfianza. ¡No pudiste conservármela, tío querido! +Dios la llamó a sí, y cuando, cerca del cuerpo de mi mujer, mi razón +amenazaba extraviarse, tú me tomaste la cabeza entre tus brazos y me +hablaste como habría podido hacerlo un sacerdote.</p> + +<p>»Y triunfaste. No creo que yo pueda volverle a tomar gusto a la vida, +que pueda volver a ser lo que era antes de que las preocupaciones +materiales y mi pasión por Marta hubieran entorpecido y vaciado mi pobre +cabeza. La misma Marta, mi misma querida mujer, en los tres años que +duró nuestra apacible dicha, no pudo obtener este resultado. Pero la +vida parece querer darme ahora todo lo que todavía puede tener para mí +de alegría y de tranquilidad.</p> + +<p>»Tú sabes, tío, cómo, en medio de mi dolor, me dejé llevar por un afecto +sin cesar creciente por la hermana de mi querida muerta, mi prima Olga. +Todo te lo confesé, busqué consuelo cerca de ti cuando me atormentaba, +cuando me reprochaba mi infidelidad para aquella cuyo luto aún llevaba. +Y me dijiste entonces:</p> + +<p>—»¿Si la muerta pudiera buscar una segunda madre para su hijo, elegiría +a otra que a esa hermana, que era, después de ti, lo que ella más +quería en el mundo?</p> + +<p>»Me quedé espantado hasta el fondo del alma, pues jamás me habría +atrevido a alzar los ojos hacia ella. Pero tú no cesaste de exhortarme, +tanto, que por fin, hace ocho días, armándome de todo mi valor, le pedí +que compartiera mi suerte. Ella se negó, tú lo sabes.</p> + +<p>»Se puso pálida como una muerta; en seguida me tendió la mano y me dijo, +resistiéndose:</p> + +<p>—»Renuncia a esa idea, Roberto; yo no puedo ser tu mujer.</p> + +<p>»Y yo, al retirarme, muy avergonzado, me decía: ¡esto no es más que lo +que mereces, presuntuoso!</p> + +<p>»Y he aquí que hoy, querido tío... no puedo escribirlo... Mi mano se +detiene. ¡Es tal la felicidad y tan inesperada, que casi me abruma! +¡Mañana, tío, mañana te lo contaré todo!</p> + +<p>»Por la mañana tengo que ir a la granja. Volveré como a las doce, e +inmediatamente haré la penosa diligencia ante mis padres. Mi madre nada +sospecha todavía: he aquí sus proyectos trastornados una vez más, por lo +cual Olga tendrá mucho que sufrir. Hasta temo que concluya por +despedirla de la casa. ¡Con tal de que yo la tenga bajo mi techo antes!</p> + +<p>»Son las tres de la mañana: basta por hoy.</p> + +<p>»Tu muy agradecido y muy feliz, <i>Roberto Hellinger</i>.»</p> + + + +<p class="top5">El viejo médico enjugó una lágrima que rodaba por su mejilla. «¡El buen +muchacho!»—murmuró.—«¡Cómo remolinean los sentimientos en su cerebro +acalorado, y qué franqueza en todo esto, qué rectitud en la menor +palabra! Verdaderamente, es muy digno de ti, mi buena y noble niña: es +el único a quien yo te daría con placer. Y ahora voy a ver si tú también +tienes confianza en el viejo tío. Voy a cerciorarme de ello +inmediatamente.»</p> + +<p>Y riéndose y gruñendo escondió la cabeza entre las almohadas. Luego, de +repente, gritó con voz que resonó en toda la casa como un trueno:</p> + +<p>—¡Mil millones!... ¿Dónde está mi pantalón?</p> + +<p>Se lo llevaron, y cinco minutos después, el anciano se hallaba ya listo, +delante de su espejo; sólo le faltaba su peluca de un gris amarillento.</p> + +<p>—Mi sombrero... mi abrigo... mi bastón...—gritó en el corredor.</p> + +<p>—¡Pero el café, Dios mío, el café!—gritó la vieja desde la cocina, más +fuerte aún, si esto era posible.</p> + +<p>—¡Bueno, pero pronto entonces!—replicó él, siempre en el mismo +tono.—Es preciso que esté aquí antes de que yo haya concluido de leer +mis cartas.</p> + +<p>Y, refunfuñando de impaciencia, tomó el montón de cartas que se había +quedado hasta entonces en la mesa de noche sin que él le hiciera caso. +Eran ofertas de vino, el anuncio de un nacimiento en casa de Cohn,—¡un +pobre ciego con un hijo recién nacido!—y de repente se estremeció, +mientras una sonrisa aparecía de nuevo en su rostro.</p> + +<p>—¡Diantre! No me esperaba esto—murmuró con satisfacción.—Ella tampoco +ha podido dormirse sin hacer al viejo tío el confidente de su dicha. Eso +está bien, hijos míos; os lo tendremos en cuenta.</p> + +<p>Y con la misma alegre prisa con que había abierto la carta de Roberto +Hellinger, rompió el nuevo sobre.</p> + +<p>Pero apenas había comenzado a leer, cuando con un grito ahogado +retrocedió dos pasos, tambaleándose, como un hombre que recibe un golpe +por sorpresa. Su rostro gris se volvió de una palidez gredosa, sus ojos +salieron de sus órbitas, y sus viejos y secos dedos apretaron como +garras el papel que temblaba.</p> + +<p>Cuando la ama de llaves entró con el café, encontró a su amo sentado +como una mole inerte en un ángulo del sofá, con la frente cubierta de +gruesas gotas de sudor y mirando fijamente con sus ojos apagados el +papel que sus manos estrujaban todavía con un apretón casi convulsivo.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Señor doctor!—exclamó la anciana dejando caer +con estrépito la bandeja sobre la mesa.</p> + +<p>Estas exclamaciones le hicieron volver en sí. Se hizo dar agua, de la +cual bebió ávidamente dos grandes tragos, se humedeció la frente y las +sienes con el resto, e hizo señas a la ama de llaves para que se +alejara.</p> + +<p>Y entonces, después de haber echado el cerrojo a la puerta, recogió la +carta y se puso a leer con voz ahogada y temblorosa:</p> + + + +<p class="adr top5"> +«Mi querido amigo, mi segundo padre:<br /> +</p> + +<p>»Cuando lea usted estas líneas, habré cesado de vivir. He reunido y +conservado cuidadosamente las pociones de morfina que usted me dio, +cuando después de la muerte de Marta, perdí el sueño; habrá lo +suficiente, así lo espero, para asegurarme el descanso.</p> + +<p>»Usted que me protegió como un segundo padre, será el único en saber por +qué he tomado esta extrema resolución. En las largas noches de invierno, +cuando la tempestad sacudía mi ventana y yo no podía dormir, he escrito +en todos sus detalles lo que me atormenta desde hace largo tiempo, lo +que no me dejará un instante de reposo hasta que me haya dormido para +siempre. En mi estante de libros encontrará usted, escondido detrás de +los volúmenes de Heine, un cuaderno azul. Guárdeselo usted, sin que los +demás lo noten; y cuando lo haya usted leído todo, vaya usted a mi tumba +y rece un Padre Nuestro.</p> + +<p>»Cuide usted de que me entierren al lado de Marta. Mucho la he querido. +Ella es quien me arrastra detrás de sí.</p> + +<p>»Usted lo comprenderá todo cuando haya leído mi historia: quizá hasta +sabe usted de mi secreto más de lo que yo sospecho. Alguna vez, en el +delirio de la enfermedad, debo haber revelado feas cosas. ¿Por qué si +no, habría usted alejado de mi lecho a todos mis parientes?</p> + +<p>»¿Se horrorizó usted de lo que dejaba escapar mi miserable boca? ¿Me +compadece usted? ¿Me desprecia usted? Pero no, seguramente, usted no me +desprecia; si así fuera, ¿me habría usted podido demostrar tanto afecto? +Por otra parte, lea usted mi cuaderno, allí está todo.</p> + +<p>»Al principio no le estaba destinado a usted. Yo quería enviarlo, +después de muchos años, cuando a nuestra vez hubiéramos sido viejos, al +hombre a quien pertenece mi alma, para que supiera por qué lo había +rechazado.</p> + +<p>»Las cosas han cambiado de rumbo: hoy, en un momento de olvido, me dejé +caer en sus brazos. He visto, demasiado tarde, que ya no había manera de +escapármele. Pero antes que ser suya, prefiero darme la muerte.</p> + +<p>»Y todavía tengo que dirigir a usted una súplica. Es la súplica de una +moribunda y, si está en poder de usted, accederá usted a ella.</p> + +<p>»Oculte usted al mundo entero—y ante todo a aquel a quien amo—que me +he dado la muerte. ¡Ojalá crea que lo que me ha matado es la alegría! +Destruiré todo lo que pudiera revelar un suicidio: los únicos signos +aparentes serán los de una muerte de aneurisma o de congestión.</p> + +<p>»Se lo suplico a usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted +todavía esta satisfacción suprema. Muero sin pesar y no tengo miedo. +Hace tanto tiempo que no duermo bien, que necesito reposo.—<i>Olga +Bremer.</i>»</p> + + + +<p class="top5">El anciano experimentaba un sentimiento de angustia absoluta. Se +bamboleaba, apretaba los puños y se golpeaba la frente; en seguida +volvió a caer sobre una silla.</p> + +<p>—Es una locura, una completa locura—gimió enjugándose las gotas de +sudor que cubrían su frente.—Hija mía, ¿qué es lo que ha pasado por ti? +¿Qué te ha obscurecido así la razón? ¡Mi pobre, pobre y querida niña!</p> + +<p>Luego se levantó de un salto y buscó con sus manos temblorosas su +sombrero y su abrigo.</p> + +<p>¡Socorrer! ¡socorrer! ¡arrancar su víctima a la muerte! He ahí el +pensamiento que, por el momento, le llenaba el espíritu. Un instante +tuvo la idea de que quizá la joven no había puesto seriamente su +proyecto en ejecución; pero la desechó inmediatamente. Había aprendido a +conocerla demasiado en otras circunstancias para poder creerla capaz de +una falta de valor, de un desfallecimiento de la voluntad.</p> + +<p>Pero quizá la dosis que había tomado era demasiado débil, quizá el +tiempo—hacía más de un año que Marta había muerto de parto, y en esa +época era cuando él había dado a Olga la poción calmante—quizá el +tiempo había atenuado la fuerza del veneno. Sí, sí, así era; era preciso +que así fuera. Mal conservada, la morfina puede descomponerse y volverse +inofensiva.</p> + +<p>¡Adelante, pues, para salvarla, si no es demasiado tarde! El doctor daba +vueltas en su cuarto, buscando algo, sin saber qué. Luego tomó de nuevo +la carta.</p> + +<p>—¿Y qué es lo que me pides? Hija, hija mía, ¿te figuras que sea cosa +tan fácil violar un juramento, renunciar, como se arrojaría un cascarón +vacío, a los deberes a los cuales uno ha permanecido fiel durante medio +siglo? Niña, no sospechas lo que pides a un hombre de honor.</p> + +<p>En seguida, acercando mucho el papel a sus ojos, volvió a leer una vez +más este pasaje: «Es la súplica de una moribunda... se lo suplico a +usted desde el fondo del corazón; otórgueme usted todavía esta +satisfacción suprema.»</p> + +<p>Por sus ajadas mejillas rodaban gruesas lágrimas.</p> + +<p>—Es imposible, hija mía, es imposible, por bien que sepas suplicar. Y +aun cuando lo quisiera, me traicionaría yo mismo. No soy ya más que una +pobre y vieja ruina, y no soy dueño de mis nervios. Lo notarían a la +primera ojeada. Mas, para que no hayas... suplicado... en vano... a tu +tío... quiero... por lo menos... ensayar. Por ti y por Roberto, es +necesario ante todo salvarte. ¡Día de Dios! Viejo, sé hombre todavía por +lo menos una vez en tu vida. ¡Es preciso que la salves, es preciso, es +preciso, es preciso!</p> + +<p>Y tan ligero como sus piernas cascadas podían llevarlo, se +precipitó—empujando a su paso a la ama de llaves que escuchaba en la +puerta—y echó a andar por la escarcha helada y punzante de la mañana de +invierno.</p> + + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + + +<p>La pareja de los viejos Hellinger, sentados a la mesa para el desayuno, +presentaba la imagen de la tranquilidad y de la serenidad más perfectas. +Del tubo del aparato de cobre para hacer café, cuyo vientre, bruñido y +lustroso, reflejaba el fulgor rojo del fuego, se elevaba un ligero vapor +azulado que volvía a bajar hacia la mesa, en nubecillas, empañaba el +azucarero de plata y coronaba con un rocío las tazas de café.</p> + +<p>El señor Hellinger llevaba toda la barba, bien cuidada y blanca como la +nieve; sus facciones regulares y todavía jóvenes, sus mejillas +sonrosadas, respiraban la bondad y el gozo de vivir. Cómodamente +extendido en su sillón azul floreado, con la bata recogida sobre las +rodillas, parecía esperar con una resignación apacible lo que el +destino, bajo la forma de su mujer, le reservaba para ese día.</p> + +<p>Esta acababa de echar un poco de café en el filtro, y se limpiaba +minuciosamente los dedos con su delantal de tela blanca adamascada, +adornado, a la rusa, con anchas tiras de bordadura roja. Su cofia alba, +cuyas cintas estaban sólidamente atadas bajo su carnosa barba, se +inclinaba un poco sobre la oreja izquierda, y su rudo y áspero rostro de +viejo dragón, de facciones ligeramente hinchadas como se ve en las +mujeres de edad que beben de buen grado un trago de coñac en la copa de +sus maridos, brillaba lleno de energía y de decisión en su marco de +encajes. Se veía en su aspecto que estaba acostumbrada a dominar, a +doblegarlo todo, y aun la sonrisa de perpetua amargura que vagaba por su +ancha boca, demostraba hasta qué punto acostumbraba a perseguir, sin +dejarse detener, la realización de sus planes.</p> + +<p>Y, para no permanecer inactiva hasta que el café hubiera pasado, tomó el +tejido de gruesa lana que en su condición de «Presidenta de la +Asociación de las mujeres» y de «Directora de la comisión de los +pobres,» no se permitía jamás abandonar, y con una rapidez inaudita hizo +deslizar las agujas brillantes en sus manos huesosas y habituadas al +trabajo.</p> + +<p>—Adalberto, ¿no tienes noticias de Roberto?—preguntó con voz ruda y +metálica, que debía penetrar hasta en los menores rincones de la casa.</p> + +<p>La pregunta pareció desagradar al anciano, quien movió la cabeza como si +hubiera querido rechazarla lejos; ella turbaba su quietud matinal.</p> + +<p>—Un hijo muy afectuoso, hay que confesarlo—continuó ella, y su amarga +sonrisa se acentuó aún más.—Hace ocho días que no se ha dejado ver ni +ha dado señales de vida. ¡Si habitara en la luna, no vendría con más +rareza!</p> + +<p>El señor Hellinger refunfuñó algo en su barba y se preparó a tomar su +larga pipa.</p> + +<p>—Parece que todavía hay algo que no va bien,—continuó ella.—En estos +últimos tiempos, sobre todo, se ha vuelto tan raro: suele dar vueltas en +mi derredor sin decirme una palabra amable. Me imagino que debe tener +encima algún pago que no puede hacer.</p> + +<p>—¡Pobre muchacho!—dijo el anciano, e hizo chasquear su lengua, sin +duda para desechar ese pensamiento desagradable.</p> + +<p>—¡Sí, pobre muchacho!—repuso ella en tono burlón.—¿Todavía lo +compadeces, quizá? ¿Eres capaz de haberle dado otra vez algo a +hurtadillas?</p> + +<p>Él, en señal de protesta, levantó sus manos blancas y bien cuidadas, +pero no tuvo sin embargo el valor de mirarla de frente.</p> + +<p>—Adalberto—dijo ella en tono amenazador,—no quiero que eso vuelva a +suceder. Lo que le das a él nos lo quitas a nosotros y nuestros demás +hijos. ¡Si todavía fuera digno de ello! Pero «quien no quiere escuchar +debe padecer.» Si por arrogancia y por obstinación corre a su pérdida...</p> + +<p>—Permite, Enriqueta...—insinuó el señor Hellinger tímidamente.</p> + +<p>—Yo nada permito, querido Adalberto—replicó ella.—¡Quien no quiere +escuchar, digo, debe padecer! Si, en su negra ingratitud, no quiere +seguir los consejos de su madre, tan llena de ternura que se inquieta +sólo por él, que pasa las noches cavilando y atormentándose...</p> + +<p>Y se frotó los ojos con su delantal, como si hubieran estado llenos de +lágrimas.</p> + +<p>—¡Pero Enriqueta!—volvió a decir él.</p> + +<p>—¡Adalberto, no me contradigas! Ya sabes que te paso todas tus locuras; +te permito quedarte en <i>El Águila Negra</i> todo el tiempo que quieres; te +dejo beber de ese mal vino tinto que cuesta tan caro, todo lo que puedes +soportar; te preparo la cena cuando vuelves tarde a casa; y, a +propósito, bien podrías evitar el volcar tres sillas como lo hiciste +ayer. En resumen, me parece que tienes muy poca consideración por tu +vieja y fiel esposa; pero ¿qué era lo que quería decir? Sí, en cuanto a +mis planes, me harás el servicio de no mezclarte en ellos, por que no +los comprendes. ¿Tienes siquiera una idea de todo lo que he hecho ya por +ese bribón de Roberto? Correr y viajar de un lado a otro, hacer visitas, +escribir cartas, y sabe Dios cuántas otras cosas. Lo presenté a cinco o +seis jóvenes extremadamente ricas, se las traje en una bandeja, de modo +que no tenía más que extender la mano. ¿Pero qué hizo? Supongo que +todavía te acuerdas del ataque que tuve cuando, hace cuatro años, nos +trajo a Marta, ¡a esa pobre y enfermiza criatura! Todos mis achaques +vienen de allí.</p> + +<p>—¡Pero, Enriqueta!</p> + +<p>—Mi querido Adalberto, te ruego que no me vuelvas a cantar tu antífona: +«Marta era mi carne y mi sangre;» ya lo sabemos. Pero, si quería +mostrárseme como una sobrina afectuosa y agradecida, ¿por qué no le +trajo la dote necesaria? ¡Porque nada tenía, naturalmente, nada! Mi +hermano murió indigente como una rata de iglesia. ¿Es esto decente en un +miembro de mi familia? Pero, en fin, que hiciera de sus bienes lo que se +le antojara, poco me importa; sólo que no tenía necesidad de echarnos a +su hija en los brazos.</p> + +<p>—Pero... ya está muerta—observó el señor Hellinger.</p> + +<p>—Sí, ya está muerta—replicó su esposa juntando las manos.—Yo no diré: +alabado sea Dios, porque eso sería pecado; pero ya que el buen Dios lo +ha decidido así, quiero por lo menos aprovechar y tratar de reparar la +locura de Roberto. Mientras estabas en <i>El Águila Negra</i>, bebiendo tu +vino tinto, me puse nuevamente en campaña, trabajé, tomé nuevas +informaciones; ya no tiene más que elegir. Tiene a Gertrudis Lenzmann, +con una dote de ocho mil pesos al contado, y otro tanto a la muerte de +su padre; tiene a la chica Versen, todavía muy joven, es cierto, pues +acaba de ser confirmada, pero esa tendrá aún más. Y todavía me quedan +otras tres o cuatro. ¿Pero qué crees que contesta a mis proposiciones? +«Madre, dice, si vuelves a acometerme con eso, conseguirás no volver a +verme.» ¿Hase visto jamás? No faltaría más que una cosa: que, después de +Marta, tomara todavía a su hermana, y entonces a su vieja y bondadosa +madre no le quedaría más que morir. A propósito, ¿dónde se ha metido +hoy la señorita? Son cerca de las nueve, y no se ha presentado todavía. +Puede ser que en la casa de mi señor hermano, que tenía costumbres +polacas, cultivaran el hábito de quedarse en la cama hasta las +doce—¡pero en una casa bien manejada como la mía, no habría que pensar +en eso, Adalberto! Yo sabré poner orden.</p> + +<p>—No comprendo, mi querida Enriqueta, por qué me diriges los reproches +que son para tu sobrina.</p> + +<p>—¡Si consintieras en no volver a tomarla bajo tu protección, Adalberto! +Pero, naturalmente, ya yo no tengo derecho de decir nada: se me +desobedece y traiciona en mi propia casa. Por otra parte, dentro de poco +voy a poner fin a todo esto. Hace un año entero que la tengo a mi lado, +y ya comienza a ser perfectamente inútil.</p> + +<p>—¿Pero acaso no trabaja de la mañana a la noche en cuidar la casa de +Roberto? ¿Se pasa un solo día sin que vaya a la granja? ¡No seas tan +injusta con ella, Enriqueta!</p> + +<p>Ella le lanzó una mirada de compasión:</p> + +<p>—Si no fueras tan niño, como lo has sido siempre, Adalberto, se podría +conversar contigo. Eso mismo es lo que comienza a parecerme peligroso +¿ves? ¿Crees, entonces, que ella no tiene sus motivos para ir a +pavonearse todos los días en la granja y darse tonos de ama delante de +él y de los sirvientes? ¡Oh! ¡Es muy lista, mi sobrina Olga! ¡Ya habrá +hecho todo lo que depende de ella para acostumbrarlo a la idea de que a +ella—sólo a ella—le toca de derecho el lugar de la muerta! Si no es +eso ¿qué tendría que ir a hacer todos los días a la granja?</p> + +<p>—Creo que el hijo de Marta justifica suficientemente su conducta.</p> + +<p>—¡Naturalmente! ¡Naturalmente! ¡Cuántas cosas te hacen creer con +cuentos de nodriza! Ella sabe bien por qué lo hace y por qué ama a ese +pobre niño hasta comérselo a caricias: ¡conoce el camino que lleva al +corazón del padre!</p> + +<p>—Pero tal vez no lo quiere—insinuó el viejo Hellinger.</p> + +<p>Ella soltó la risa.</p> + +<p>—¡Mi querido Adalberto! Cuando un hombre posee una propiedad a las +puertas de la ciudad, una muchacha pobre lo quiere siempre, y, si yo no +pongo fin a todos estos manejos mostrándole la puerta, podría muy bien +suceder que un día Roberto la tomara por la mano y nos dijera: «Ahora, +papá y mamá, tengan ustedes la bondad de darnos su bendición.» Pero, +antes que ver una cosa semejante, Adalberto...</p> + +<p>En el mismo instante, un gran ruido de pasos resonó en el vestíbulo; y +casi en seguida golpearon con fuerza a la puerta.</p> + +<p>—¡Toma!—dijo la señora Hellinger.—He ahí uno que hace tanto estruendo +como un alguacil. ¡Todavía no estamos en ese estado, sin embargo!</p> + +<p>Y con mucha suavidad, y mucha tranquilidad, dijo: «¡Adelante!»</p> + +<p>El viejo médico penetró en la habitación. Tenía el sombrero echado hacia +atrás, la bufanda le colgaba de los hombros, y su pecho jadeaba como +después de una carrera desenfrenada. Se olvidó de dar los buenos días y +no hizo más que lanzar en torno suyo una mirada hosca e investigadora.</p> + +<p>—¡En nombre del Cielo, doctor!—le gritó el señor Hellinger +precipitándose a su encuentro.—¡Nos embistes como un toro!</p> + +<p>La señora Hellinger, al contrario, asumió su aspecto áspero y refunfuñó +algo como: «modales de fumadero.»</p> + +<p>Cuando el doctor vio la tranquila mesa del desayuno y a sus amigos que, +con la cara de todos los días, lo miraban con estupor, se dejó caer en +una silla con un suspiro de alivio. ¡Así, pues, la terrible cosa no se +había realizado! Pero, un instante después, la ansiedad volvió a +apoderarse de él.</p> + +<p>—¿Dónde está Olga?—tartamudeó alzando los ojos hacia la puerta, como +si fuera a verla entrar en ese instante.</p> + +<p>—¿Olga?—dijo la señora Hellinger encogiéndose de hombros.—¡Qué sé yo! +Sin duda va a venir de un momento a otro; ¿es por algo urgente?</p> + +<p>—¡Alabado sea Dios!—exclamó el doctor juntando las manos.—¡De modo +que ya ha bajado!</p> + +<p>—No, eso no—dijo la señora Hellinger.—La señora Duquesa se ha dignado +dormir hoy un poco más.</p> + +<p>—¡Dios del Cielo!—exclamó de nuevo él.—¡Y nadie ha ido a verla! +¿Nadie sabe nada de ella?</p> + +<p>—Doctor ¿qué te pasa?—gritó el viejo Hellinger que comenzaba a +inquietarse.</p> + +<p>Sin duda, el doctor se acordó en ese momento de la súplica que terminaba +la carta de despedida de Olga; comprendió que, de ese modo, su deseo de +respetar la voluntad de la joven iba necesariamente a quedar sin efecto, +e hizo un último y lastimoso esfuerzo para guardar el secreto.</p> + +<p>—¿Qué me pasa?—balbució con una sonrisa dolorosa.—¡Pues nada! ¿Qué +había de tener? ¡Mil millones!...</p> + +<p>Y, en seguida, abandonando todo fingimiento gritó:</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Has permitido la espantosa desgracia! ¡La has +dejado de tu mano!</p> + +<p>Y poco le faltó para dejar correr sus lágrimas; pero, reuniendo toda la +energía que quedaba en su cuerpo gastado, se enderezó recto como una I:</p> + +<p>—Venid al cuarto de Olga—dijo,—y no os asustéis, cualquiera que sea +el estado en que la encontréis.</p> + +<p>El viejo Hellinger palideció y su mujer se puso a gritar y sollozar: se +aferraba al brazo del doctor y quería saber lo que había sucedido, pero +éste no decía una palabra más.</p> + +<p>Así subieron los tres la escalera que conducía al cuarto de Olga, +mientras que en el vestíbulo los sirvientes se reunían y los +contemplaban curiosamente con los ojos muy abiertos.</p> + +<p>Delante de la puerta de la habitación de Olga, la señora Hellinger tuvo +un ataque de desesperación.</p> + +<p>—Toque usted, doctor—dijo con un sollozo.—Yo no puedo.</p> + +<p>El anciano tocó.</p> + +<p>Nadie contestó.</p> + +<p>Tocó una vez más y puso el oído en el agujero de la cerradura.</p> + +<p>Siempre el mismo silencio.</p> + +<p>Entonces la señora Hellinger se puso a gritar:</p> + +<p>—Olga, querida hija mía, abre; somos nosotros, tu tío, tu tía, y tu +viejo tío el doctor. Puedes abrir sin temor, querida mía.</p> + +<p>El doctor dio vuelta al botón; la puerta estaba cerrada. Quiso mirar por +el agujero de la cerradura; estaba tapado.</p> + +<p>—¡Manda buscar al cerrajero, Adalberto!—dijo.</p> + +<p>—¡No!—gritó la señora Hellinger, mandando de repente al diablo toda su +pena.—Yo no lo sufriré; no ha de suceder así: la vergüenza sería +demasiado grande; yo no podría sobrevivirle. ¡Qué vergüenza! ¡qué +vergüenza!</p> + +<p>El doctor le lanzó una mirada en que se leían el asco y el desprecio. +Pero ella no le hizo caso.</p> + +<p>—Tú eres fuerte, Hellinger—dijo.—Apóyate contra la puerta, quizá +consigas romper la cerradura.</p> + +<p>El señor Hellinger era un coloso. Apoyó uno de sus robustos hombros en +la tabla cuyas junturas, al primer esfuerzo, comenzaron a crujir.</p> + +<p>—Despacio—le dijo su mujer.—Los sirvientes están en el vestíbulo.</p> + +<p>—¡Idos a hacer algo en la cocina, montón de perezosos!—gritó en la +escalera su voz regañona.</p> + +<p>Abajo se oyeron golpes de puertas. Un segundo empujón, y una de las +tablas se partió por en medio; por la rendija, un rayo de luz se filtró +en la semiobscuridad del corredor.</p> + +<p>—Déjeme mirar por allí—dijo el doctor, el cual, esperando lo peor, +había recuperado su serenidad y su sangre fría.</p> + +<p>Hellinger arrancó algunas astillas de madera, de manera que, por la +abertura, se pudiera ver todo el cuarto.</p> + +<p>Frente a la puerta, a pocos pasos de la ventana, estaba la cama. La +sobrecama arrojada a los pies formaba un montón blanco detrás del cual +brillaba la línea rubia de las trenzas de Olga; también se alcanzaba a +ver una parte de la frente, que resaltaba tan blanca como la sábana. Los +pies estaban descubiertos; parecían haberse estirado en convulsiones +contra la madera de la cama y después haber vuelto a caer sin fuerza.</p> + +<p>A la cabecera, la ropa estaba cuidadosamente doblada en una silla; las +enaguas y las medias puestas las unas sobre las otras muy en orden, y +sobre la pequeña alfombra del lado de la cama las zapatillas dispuestas +de manera de poder deslizar en ellas los pies al levantarse.</p> + +<p>Sobre el mármol de la mesa de noche, medio apoyado contra la lámpara, +reposaba un libro, todavía abierto, como si se le hubiera dejado allí +en el momento de apagar la luz. Sobre todo aquello parecía cernerse esa +paz serena e indefinible que revela el alma pura de una niña. La que +allí moraba se había dormido la víspera con una plegaria para +despertarse en la mañana con una sonrisa.</p> + +<p>Cuando el doctor hubo hecho su examen en silencio, se apartó de la +abertura.</p> + +<p>—Pasa tu brazo por allí, Adalberto—dijo,—y procura alcanzar la +cerradura. Ella la ha cerrado por dentro.</p> + +<p>Pero la señora Hellinger, apretándose contra la puerta, suplicó a +grandes gritos a «su querido tesoro» que se despertara y abriera ella +misma. Al fin, se consiguió apartarla y abrir la puerta.</p> + +<p>Los tres se acercaron a la cama.</p> + +<p>El rostro blanco como un mármol parecía mirarlos con sus ojos vidriosos, +medio cerrados, en los labios una sonrisa extática.</p> + +<p>La encantadora cabeza, de líneas firmes y nobles, se inclinaba un poco +sobre el hombro izquierdo, y su abundante cabellera suelta se +desparramaba en brillantes rizos sobre el fresco pecho que la camisa de +noche, desgarrada, dejaba en descubierto. El botón de nácar, al cual se +adhería un jirón de tela y que se había quedado en el ojal, era lo único +que indicaba que, antes de dormirse, la joven había debido ser presa de +una violenta agitación.</p> + +<p>—Duermes, tesoro mío, dime que duermes,—dijo la señora Hellinger +sollozando.—Dime que no has hecho semejante afrenta a tu tía, a tu +querida tía que te ha criado y cuidado como a su propia hija.</p> + +<p>Y, al mismo tiempo que hablaba, se apoderó de la mano lívida que colgaba +y trató de levantarla.</p> + +<p>Su marido, más sensible, se había ocultado el rostro entre las manos y +lloraba.</p> + +<p>El doctor no se dejó llevar por la emoción. Había sacado de su bolsillo +su estuche, y, rechazando a la señora Hellinger con un ademán apenas +cortés, se inclinó sobre el pecho que, con un movimiento brusco, había +descubierto por completo.</p> + +<p>Cuando se enderezó su rostro estaba mortalmente pálido.</p> + +<p>—¡Una última tentativa!—dijo.</p> + +<p>E hizo una rápida incisión horizontal en el brazo, en el sitio en que +una arteria se dibujaba en línea azulada en la blancura nívea de la +carne. Los bordes de la herida se apartaron sin llenarse de sangre; sólo +al cabo de unos segundos, dos o tres gotas negras rezumaron lentamente.</p> + +<p>Entonces el anciano arrojó lejos de sí el luciente bisturí, y con las +manos juntas, luchando con las lágrimas, se puso a rezar un <i>Pater +Noster</i>.</p> + + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + + +<p>El mismo día, a eso de las doce, a través de los terrenos pantanosos que +se extienden en varias millas al norte de Gromowo, un ligero carruaje de +un caballo se dirigía hacia la pequeña ciudad.</p> + +<p>Tan tupidas y pesadas que parecía que se las pudiera tocar con las +manos, las nubes se extendían sobre la llanura. De trecho en trecho se +alzaba en el aire cargado de vapor un nudoso tronco de sauce, +completamente saturado de humedad, cubierto de gotitas brillantes, +colgadas en largas filas de las desnudas ramas.</p> + +<p>Las ruedas se hundían profundamente, en el barro del camino, que corría +entre las marchitas hierbas del lodazal, y el agua saltaba a cada +instante hasta la caja del coche. El que lo conducía poco se preocupaba +del paisaje que lo rodeaba: sumido en sus pensamientos, permanecía +sumido en su rincón, y sólo se enderezaba a ratos, cuando las riendas +amenazaban escaparse de sus manos indolentes. Entonces se diseñaba la +estructura poderosa de sus miembros, su pecho levantado se ensanchaba +como si fuera a hacer estallar la gruesa capa gris que lo encerraba +dentro de sus pliegues.</p> + +<p>Su estatura recordaba la del viejo Hellinger, quizá en mayor proporción, +y el rostro también presentaba una semejanza que no podía engañar; pero +las facciones, que en el padre habían conservado, hasta bajo los +cabellos blancos, una amable dulzura, se habían acentuado en él en +pliegues duros y graves que indicaban, al mismo tiempo que la altivez, +un humor sombrío y siempre inquieto. Una barba rizada y desaliñada +envolvía las mejillas bronceadas con sus vellos rudos y enredados, y +adquiría en las extremidades de la boca un matiz más claro y caía sobre +el pecho en dos puntas de un rubio apagado.</p> + +<p>Era Roberto Hellinger, el propietario de la granja de Gromowo, el +prometido de Olga.</p> + +<p>De la felicidad que le había llegado la víspera, su frente no dejaba +adivinar gran cosa. Sus ojos grises, medio velados, miraban fijamente a +lo lejos, y una arruga de inquietud le juntaba sin cesar las cejas. Era +que sabía que tendría todavía mucho que hacer antes de poder llevarse a +su novia a su casa; largas horas de luchas penosas lo esperaban, y la +victoria misma no le llevaría más que inquietudes y tormentos. Volvía a +ver con el pensamiento los tiempos difíciles que había atravesado, y que +apenas alumbraron algunos rayos de sol.</p> + +<p>Hacía seis años ya que su padre le dejó solemnemente, en su condición de +hijo mayor, la granja, la antigua propiedad familiar, para retirarse a +la pequeña ciudad y llevar en ella una vida apacible y cómoda. Desde ese +día comenzó su vida de miseria, pues desde entonces llevaba un yugo tan +pesado, que sus mismos hombros de gigante amenazaban romperse bajo la +carga: todo lo que conseguía ganar con sus manos encallecidas, todo lo +que ahorraba en sus gastos personales, desaparecía absorbido por las +reclamaciones de los suyos. Y no podía quejarse; todo sucedía conforme +al derecho más estricto, pues la herencia fue exactamente distribuida +hasta el último centavo entre él y sus seis hermanos y hermanas—sin +hablar de la reserva que habían estipulado para ellos los padres.</p> + +<p>Cada teja de su techo y cada terrón de sus campos estaba empeñado; sobre +cada espiga que maduraba estaban fijos los ojos desconfiados de su +madre, que vigilaba severamente para que los réditos no se atrasaran un +minuto.</p> + +<p>¿Acaso no estaba en su derecho? ¿Podía él exigir que lo quisiera con +mayor cariño que a sus otros hijos? Sus hermanos tenían que seguir una +carrera, sus hermanas se habían casado, gracias a la dote; todos y todas +fijaban en él miradas ansiosas y ávidas como en el autor y el sostén de +su dicha.</p> + +<p>¡Los réditos! Tal era la palabra aterradora que en lo sucesivo resonaba +a toda hora, amenazante, en sus oídos, y por la noche le hacía +despertarse sobresaltado y llenaba sus sueños de visiones espantosas.</p> + +<p>¡Los réditos! ¡Cuántas veces, por causa de ellos, se había golpeado la +frente con los puños cerrados! ¡Cuántas veces había corrido, +obsesionado, atontado, a través de los campos fangosos, para escaparse +de esa tropa de demonios chispeantes; cuántas veces, en un acceso de +loco furor, rompió con el puño algún utensilio, arado o vara de coche, +como si cualquier arma le hubiera parecido buena para combatirlos! Pero +ellos no le dejaban reposo; lejos de eso, le seguían con más tenacidad y +más de cerca, le chupaban más y más ávidamente, hasta la médula, todo el +vigor de su juventud.</p> + +<p>¿Y de qué le servía dominarlos, si alguna vez lo conseguía? A esa hidra +le brotaban sin cesar nuevas cabezas. De trimestre en trimestre se +alzaba, más temible, hinchándose más desmesuradamente ante sus ojos +llenos de angustia, y dispuesta a precipitarse sobre él, a aplastarlo +con el peso de su mole gigantesca.</p> + +<p>Así se había arrastrado su vida de plazo en plazo, como la de un +condenado, desde el día solemne que fue alegremente celebrado y rociado +con vino y con champaña en <i>El Águila Negra</i>.</p> + +<p>¡Si siquiera su madre se hubiera mostrado indulgente! Pero no le +perdonaba uno solo de los espárragos que se habían reservado en la +primavera, ni tampoco el carruaje para sus paseos, en la época de la +cosecha, cuando los caballos tienen tanto que hacer en los campos.</p> + +<p>«Quien no quiere escuchar debe padecer,» era su máxima predilecta, y él +nada escuchaba ¡oh! absolutamente nada. Con una palabrita, con un simple +«sí,» habría podido poner término a todos sus tormentos, habría podido +vivir hasta el fin de sus días en la abundancia y en la alegría; y que +no quisiera pronunciarlo, por una obstinación estúpida e inconcebible, +que todas sus diligencias para casarlo quedaran infructuosas, era lo que +su madre no podía perdonarle.</p> + +<p>Dos años transcurrieron así. Entonces sintió que, si continuaba esa +existencia, iba forzosamente, tarde o temprano, a sucumbir del todo. La +vacilación, el temor, lo enervaban más y más: resolvió, pues, buscar un +fin, y exigir del destino la parte de felicidad razonable que le habían +prometido la mirada leal de dos ojos azules y el silencio de dos labios +pálidos.</p> + +<p>Y llegó el día en que llevó como esposa bajo su techo a la amada de su +juventud, que hacía poco se había quedado huérfana y sin hogar.</p> + +<p>Era un sombrío y triste día de noviembre; las nubes grises corrían en el +cielo como siniestros pájaros. Temblorosa y muy pálida con su vestido +negro, la delicada y enfermiza criatura se suspendía de su brazo y se +estremecía bajo las miradas con que la examinaban los extraños, en las +cuales se mezclaban la compasión y el desdén.</p> + +<p>Su suegra la había acogido con reproches e imprecaciones, y transcurrió +casi un año antes que entre ellas se establecieran relaciones algo +tolerables.</p> + +<p>Marta se había mostrado valerosa y activa, y había, no obstante su mala +salud, trabajado de la mañana a la noche para poner en orden todo lo que +un amo, largo tiempo soltero, había dejado ir a la deriva.</p> + +<p>Y cuando, después de tres años de vida común, llena de paz y de +consuelo, el Cielo prometió bendecir su unión, ella no cesó, aunque su +estado exigía los mayores cuidados, de ir y venir, arreglándolo y +dirigiéndolo todo, en la cocina, en la bodega y en la casa. Casi parecía +que hubiera querido ganar así para su marido la dote que no había podido +llevarle.</p> + +<p>En tales circunstancias—dos días después del nacimiento del niño,—Olga +había llegado de improviso a Gromowo. Roberto no la había visto desde el +día de su casamiento; y casi se asustó de su aspecto al verla dirigirse +hacia él tan altiva, dura e impenetrable, tan maravillosamente se había +desarrollado su hermosura.</p> + +<p>¡Y esa mujer era la que ahora iba a ser suya! ¡Qué mundo de +sufrimientos, sin embargo; cuántos días de sorda desesperación, y +cuántas noches de horripilantes fantasmas habían transcurrido entre +aquel día y el presente!</p> + +<p>Roberto se estremecía; no quería pensar más en ello; ahora todo parecía +arreglado. La imagen transfigurada de Marta le sonreía apaciblemente +desde arriba y lo bendecía, y, como una flor brotada de su tumba, la +dicha parecía abrirse de nuevo para él.</p> + +<p>Las torres de la pequeña ciudad se acercaban progresivamente; se +destacaban cada vez más detrás de los bosques de alisos. Un cuarto de +hora después, el carruaje rodaba en la calle mal pavimentada.</p> + +<p>Apenas Roberto hubo pasado la puerta de la ciudad, notó que a su paso la +gente lo trataba de manera enteramente singular. Los unos lo evitaban, +los otros levantaban su gorra con ademán torpe, y tan pronto como +podían, decentemente, se alejaban de él. Por el contrario, en todas las +casas por delante de las cuales pasaba, las ventanas se cubrían de +rostros que lo observaban gravemente y que, al ser saludados por él, +desaparecían tímidamente detrás de las cortinas.</p> + +<p>Movió la cabeza pensativamente; sin embargo, como su espíritu estaba +ocupado con la lucha a la cual se preparaba, no hizo gran caso de +aquello y ya no miró ni a derecha ni a izquierda.</p> + +<p>En la esquina de la plaza del mercado—en el sitio donde estaba antes la +casilla de impuestos—se hallaba la vieja ama de llaves del doctor: +tenía las manos ocultas bajo su delantal azul y una cara de entierro.</p> + +<p>Cuando el coche se acercó, ella le hizo seña de que se detuviera.</p> + +<p>—¡Vamos, señora Liebetreu!—dijo él alegremente.—¡Al fin me encuentro +con alguien que no huye al verme!</p> + +<p>La anciana alzó los ojos al cielo para no verse obligada a mirarlo.</p> + +<p>—¡Ah, mi joven señor!—dijo, se le llamaba siempre el joven señor, para +distinguirlo de su padre, aunque hacía tiempo que había cumplido los +treinta.—El señor doctor ruega a usted que entre en su casa: querría +hablar primero con usted, pues tiene algo que decirle.</p> + +<p>—¿Es muy urgente lo que tiene que decirme?</p> + +<p>La vieja se asustó; creyó que a ella iba a incumbirle el cuidado de +darle la penosa noticia.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Qué sé yo!—exclamó.—No me ha dicho más que eso.</p> + +<p>—Bueno, salude usted afectuosamente a mi tío, y dígale que tengo que +hablar primero con mis padres—él sabe de qué se trata—y que +inmediatamente después iré a verlo.</p> + +<p>La anciana murmuró algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta.</p> + +<p>El carruaje continuó su camino hacia la casa del viejo Hellinger, +situada bajo la sombra de viejos y soberbios tilos, como bajo un dosel. +Los vidrios de las ventanas le dirigían miradas amistosas; las lustrosas +tejas del techo brillaban; se sentía, como siempre, que ese techo +abrigaba el reposo de una vejez rodeada de amplias comodidades. Ató su +caballo en la verja del jardín y subió con paso pesado y ruidoso la +pequeña escalinata, a lo largo de la cual, en grandes tiestos, los +ásteres medio muertos bajaban lamentablemente la cabeza.</p> + +<p>La campanilla hizo oír su ruidoso repique en toda la casa, pero nadie se +presentó a recibirlo. Arrojó su capa empapada por la lluvia sobre uno de +los grandes cofres de roble en que estaban sepultados los tesoros de la +ropa maternal. Después entró en la sala, estaba desierta.</p> + +<p>—Los viejos son muy capaces de estar durmiendo la +siesta—murmuró;—creo que hoy será prudente dejarlos dormir.</p> + +<p>Se dejó caer en el rincón de un sofá y miró a la puerta, pues esperaba, +en sus adentros, que Olga hubiera visto su coche a la entrada, y bajara +para tenderle la mano.</p> + +<p>No tardó en impacientarse. ¿Y si Olga había ido a la granja? Pero no; +ella sabía que él debía venir para hablar con sus padres.</p> + +<p>Por fin se decidió: «Voy a ir a llamar a su puerta,» y se levantó.</p> + +<p>Contuvo una sonrisa al estirar sus robustos miembros. Cuando, desde la +víspera por la tarde, había aspirado sin tregua a encontrase con ella, +se sentía invadido, en el momento de volver a verla, por una especie de +aprensión singular. Esa timidez, esa confusión que en otros tiempos se +apoderaban siempre de él en su presencia, volvían a dominarlo. ¿Era +posible que hubiera tenido la víspera a esa mujer en sus brazos? ¿Y si +se había arrepentido, si fuera a devolverle su palabra?</p> + +<p>Pero en ese instante, toda su audacia se despertó. Abrió los brazos en +toda su extensión, y, sonriendo a ese reflejo de felicidad con que lo +inundaba el recuerdo de las recientes horas, exclamó:</p> + +<p>—¡Que haga la prueba! ¡Con estas mis manos la alzo y me la llevo a +casa! ¡Puesto que Marta ha dicho «sí,» yo querría ver que alguien se +opusiera!</p> + +<p>Y de puntillas, para no despertar a sus padres, subió la escalera que no +por eso dejaba de gemir bajo su peso.</p> + +<p>Delante de la puerta del cuarto de Olga, se detuvo estupefacto: veía la +raya de luz que penetraba en el corredor por la rotura de la madera.</p> + +<p>Tocó la puerta sin obtener respuesta: no obstante, entró.</p> + + +<p class="dot">*<br />* *</p> + +<p>Un segundo después, la casa se conmovía hasta sus cimientos, como si el +techo se desplomara.</p> + +<p>Los dos ancianos que se habían retirado a su dormitorio para recuperar +las fuerzas después de las horas dolorosas de la mañana, se levantaron +espantados.</p> + +<p>Llamaron a los sirvientes; pero éstos habían volado a hacer que la +ciudad no quedara por más tiempo privada de las últimas noticias del +triste acontecimiento.</p> + +<p>—Sube tú—dijo a su marido la mujer, tan resuelta de ordinario.</p> + +<p>Y, estremeciéndose, extendió la mano hacia el frasco de gotas de +Hoffman, que estaba siempre a su alcance. Era la primera vez en su vida +que tenía miedo.</p> + +<p>Cuando el viejo Hellinger penetró en la habitación de arriba, el +espectáculo con que se encontró le heló la sangre en las venas.</p> + +<p>El cuerpo de su hijo yacía en el suelo, cuan largo era. Debía, en su +caída, haberse agarrado de los montantes de la parihuela sobre la cual +habían puesto a la muerta y arrastrado todo consigo, pues, sobre él, +entre tablas rotas, el cadáver estaba extendido, en su larga camisa, con +su rostro helado sobre el de Roberto, y los desnudos brazos sobre la +frente de éste.</p> + +<p>En ese momento, Roberto recuperó el sentido y se enderezó. La cabeza de +la muerta se deslizó y golpeó el suelo...</p> + +<p>—¡Roberto, hijo mío!—gritó el anciano precipitándose hacia él.</p> + +<p>Este, con los ojos muy abiertos, paseaba en su derredor una mirada +vidriosa; parecía no haber vuelto en sí todavía. De repente descubrió +uno de los brazos de Olga que, en el momento en que el cuerpo resbalaba +hacia un lado, se había atravesado sobre su pecho. Su mirada recorrió +aquel brazo hasta el hombro, hasta el cuello, hasta el blanco rostro que +sonreía fijamente.</p> + +<p>Sostenido por los dos brazos de su padre, se levantó. Vacilaba sobre sus +piernas, como un toro que ha recibido un hachazo.</p> + +<p>—¡Por Dios, hijo mío, vuelve en ti!—exclamó el anciano tomándolo por +los hombros.—La desgracia se ha consumado. Somos hombres, tenemos que +resignarnos.</p> + +<p>Roberto le lanzó una mirada tímida, desesperada, como un niño. Luego se +inclinó hacia el cadáver, lo levantó y lo puso en la cama rechazando +con el pie la parihuela destrozada. En seguida se sentó junto a ella, a +la cabecera, y maquinalmente enrollaba en su dedo índice un mechón de la +suelta cabellera.</p> + +<p>El viejo comenzó a temer por la razón de su hijo.</p> + +<p>—Roberto—dijo acercándose a él.—Tranquilízate, sal de aquí, con +quedarte no le devolverás la vida.</p> + +<p>El joven prorrumpió en una risa tan estridente y tan siniestra, que su +padre se estremeció hasta la médula de los huesos.</p> + +<p>Su estupor acababa de disiparse de improviso; saltó con los ojos +brillantes, e hinchadas las venas de las sienes.</p> + +<p>—¿Dónde está mi madre?—gritó avanzando hacia el anciano.</p> + +<p>Este trató de calmarlo.</p> + +<p>—¡Por piedad, tén un poco de paciencia! Todo te lo contaremos.</p> + +<p>La señora Hellinger, quien, desde hacía ya un momento, escuchaba en la +escalera, introdujo en ese momento la cabeza por la puerta. Pasando por +delante de su padre, Roberto se precipitó hacia ella con violencia, como +si fuera a empuñarla por el cuello. Pero tenía todavía suficiente razón +para comprender lo monstruoso de su conducta. Dejó caer sus brazos, +inertes; se sentía sofocado, como si la cólera, que trataba de contener, +fuera a ahogarlo.</p> + +<p>—Madre—dijo,—es necesario que me rindas cuentas; quiero una +respuesta... ¿Por qué ha muerto Olga?</p> + +<p>La anciana se le acercó con expresión de tierna compasión, e hizo un +movimiento como para arrojarse a su cuello llorando; pero, con un ademán +rudo, él la apartó.</p> + +<p>—Dejemos eso, madre—dijo.—¡Devuélvemela!...</p> + +<p>—Pero, Roberto—gimió ella,—¿es así cómo un hijo trata a su madre? +¡Adalberto, dile tú cuáles son las consideraciones que un hijo debe a su +madre!</p> + +<p>Roberto se apoderó de las manos de su padre.</p> + +<p>—No te mezcles en esto, padre—dijo...—La cuenta que hoy tengo que +arreglar con mi madre, sólo a nosotros dos concierne. Madre, te lo +pregunto una vez más: ¿por qué ha muerto Olga?</p> + +<p>Se había apoyado contra la pared y miraba a su madre fijamente con los +ojos inyectados de sangre.</p> + +<p>Mientras tanto, la señora Hellinger se había echado a llorar.</p> + +<p>—¿Acaso lo sé?—dijo sollozando.—¿Acaso puede saberlo alguien? La +hemos encontrado en su cama, nada más. La infeliz criatura ha traído la +vergüenza a nuestra casa, en señal de agradecimiento...</p> + +<p>—No la ultrajes, madre—dijo él con un gruñido feroz.—¡Muy bien sabes +que era mi novia!</p> + +<p>Ella lanzó un grito de sorpresa, y su marido hizo un ademán de +extrañeza.</p> + +<p>—¿Cómo, madre! ¿No lo sabías?—gritó Roberto golpeándose la frente con +ambos puños.—¿Ella nada te dijo? ¿No fue a buscarte anoche para +contarte lo que había pasado entre nosotros durante el día?</p> + +<p>—¡Nada me dijo!—gimió ella.—Apenas si me dirigió una sílaba, y se +encerró en su cuarto...</p> + +<p>—Madre—dijo él acercándose hasta tocarla,—cuando te hube confesado +todo, ¿no te dirigiste a su conciencia? ¿No le predicaste que, si me +amaba verdaderamente, debía renunciar a mí, porque hacía mi desgracia, y +sabe Dios cuántas otras cosas? Madre ¿no has hecho eso?</p> + +<p>—¡Mi propio hijo no me cree! ¡Mi propio hijo me acusa de +falsedad!—gimió la vieja.—¡He ahí el agradecimiento que obtengo hoy de +mis hijos!</p> + +<p>Él le tomó la mano.</p> + +<p>—Madre—dijo,—mucho me has hecho sufrir en todos estos últimos años. +Los peores dolores, los más amargos que he tenido que padecer, te los +debo a ti.</p> + +<p>—¡Dios de misericordia!—exclamó ella con voz aguda.—¡He ahí el +agradecimiento! ¡He ahí el agradecimiento!</p> + +<p>—Pero todo el mal que nos has hecho, a Marta y a mí, te lo perdonaré, +madre,—continuó Roberto,—sí ¡y aun más! Te pediré perdón de rodillas +por haber alimentado a veces malos pensamientos contra ti, pero es +necesario que me otorgues una cosa: es preciso que me jures aquí, sobre +este cadáver, que nada sabías, que en todo me has dicho la verdad.</p> + +<p>Y la acercó al cadáver que parecía contemplarlo con su sonrisa de +beatitud, como una novia que sonríe a su novio.</p> + +<p>—¿Acaso es necesario semejante juramento entre nosotros?—dijo ella en +tono dolorido dirigiéndole, con sus hinchados ojos, una mirada amarga y +furiosa.</p> + +<p>Pero le dejó hacer. Roberto puso la mano derecha de su madre sobre la +frente de la muerta; ella la acarició diciendo entre sus sollozos:</p> + +<p>—¡Lo juro, mi querida! ¡Bien lo sabes tú, tú, que yo ignoraba todo y +que jamás te he exigido nada malo!</p> + +<p>Entonces exhaló un suspiro de alivio, como si descubriera de improviso +lo ventajoso que era para ella y para su familia ese lúgubre +acontecimiento. En la tierna caricia con que rozó el rostro de la muerta +había un agradecimiento sincero.</p> + +<p>En el mismo instante el viejo médico entró precipitadamente en la +habitación. Había querido ir al encuentro de Roberto para prepararlo a +la espantosa noticia, y veía con terror que llegaba demasiado tarde.</p> + +<p>El viejo Hellinger se adelantó vivamente a recibirlo y le cuchicheó en +el oído:</p> + +<p>—¡Lléveselo usted, está como un loco! Aquí nada podremos obtener de él.</p> + +<p>Roberto se había quedado inmóvil, abrazado a las columnas de la cama; su +pecho jadeaba; su rostro parecía petrificado por un dolor sombrío, sin +lágrimas.</p> + +<p>El doctor frotó su ruda barba gris contra el hombro del joven y gruñó +con ese tono de consuelo áspero que, mejor que cualquier otro, llega al +corazón de los hombres enérgicos:</p> + +<p>—Ven, hijo mío. No hagas locuras; ¡no turbes su reposo!</p> + +<p>Roberto se estremeció e inclinó dos o tres veces la cabeza.</p> + +<p>Y, de repente, como vencido por el dolor, cayó de rodillas delante de la +cama gritando:</p> + +<p>—¿Por qué has muerto?</p> + + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + + +<p>¿Por qué había muerto Olga?</p> + +<p>Tal era la cuestión que, en lo sucesivo, preocupó exclusivamente a toda +la ciudad. En la calle, en las mesas de los cafés, en los bancos de las +cervecerías, no se hablaba de otra cosa. Todos se lanzaban en las más +extravagantes conjeturas, aventuraban las hipótesis más osadas, pero no +por eso estaba nadie más adelantado.</p> + +<p>Unos hablaban de amor desgraciado, otros de amor demasiado feliz, y +otros pretendían absolutamente haber dicho siempre, desde mucho antes, +que Olga concluiría mal, seguramente.</p> + +<p>Ya en vida, su actitud altiva, sombría y taciturna, había sido un enigma +para aquellos buenos burgueses, y su muerte se les presentaba como un +enigma aún más difícil. Era imperdonable.</p> + +<p>Entretanto, descubrieron que el doctor había sido el primero en recibir +la noticia del suicidio, y el único a quien ella hubiera confiado su +proyecto.</p> + +<p>La gente se apiñaba en torno suyo, le sitiaba su casa, pero él se +obstinaba en guardar silencio. Con una aspereza, de que él sólo era +capaz, mostraba la puerta a los preguntones importunos. El mismo día +había echado al fuego la carta de Olga, pues temía que la justicia +viniera a pedírsela. Por otra parte, la causa de la muerte era tan +evidente, que se había podido renunciar a hacer la autopsia. Como era de +prever, la muerta no había logrado hacer desaparecer completamente las +huellas de su suicidio: en el vaso encontrado en su mesa de noche, +quedaban adheridas al vidrio, gotas de un líquido cuyo sabor indicaba +claramente, aun a los profanos, que se trataba de una solución de +morfina. El descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardín, +en el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de un +frasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto había dejado un +reguero blanco, de cambiantes reflejos. Manifiestamente, había sido +arrojado por la ventana, y tenía aún el rótulo que indicaba, con la +fecha de la receta, la manera de tomar la poción.</p> + +<p>En estas condiciones, habría sido pura locura de parte del viejo médico, +aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la intención del +suicidio, pues toda suposición de un simple abuso de narcótico quedaba +descartada.</p> + +<p>No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber podido cumplir +el último deseo de la muerta, y se juraba a sí mismo guardar más +fielmente que nunca el secreto sobre los motivos de esa resolución +desesperada.</p> + +<p>¡Si siquiera hubiera podido saberlo él mismo! Pero los días pasaban y +todavía no había podido entrar en posesión del legado que le había hecho +Olga.</p> + +<p>La señora Hellinger desconfiaba de él, le decía en su cara que siempre +había maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas agregaba que, +si no hubiera prescripto soluciones de morfina de una violencia +inconsiderada, la pobre Olga habría vivido en paz mucho tiempo todavía. +Poco faltaba para que echara sobre el viejo amigo de la casa la +responsabilidad de la muerte de su sobrina.</p> + +<p>En todo caso, no permitía que se quedara solo, ni siquiera por un +segundo, en el cuarto de la muerta. Tenía la puerta cuidadosamente +cerrada: no toleraría—decía ella para explicar su conducta,—que los +objetos dejados por Olga, considerados por ella como reliquias sagradas, +fueran profanados por manos y miradas extrañas.</p> + +<p>Y así crecía de hora en hora el peligro de que ese cuaderno en que Olga +había escrito su confesión, cayese en manos de su tía.</p> + +<p>¡Que se le antojara escudriñar entre los volúmenes que guarnecían el +estante, y sucedía la desgracia!</p> + +<p>A esa zozobra, que llevaba todos los días al anciano a casa de los +Hellinger, se agregaba la inquietud creciente que le inspiraba Roberto +quien, desde ese día de espanto, había caído en un abatimiento profundo +y desesperante.</p> + +<p>Parecía haber perdido por completo el uso de la palabra, no soportaba a +nadie a su lado y evitaba aún a su viejo amigo; huraño y mudo, vagaba +días enteros por los campos; permanecía noches enteras sentado junto a +la cuna de su hijo, mirándolo fijamente con sus ojos enrojecidos y +quemados por el llanto.</p> + +<p>Esto es por lo menos lo que contaban los criados, quienes, en tres +ocasiones, lo habían encontrado por la mañana en esa actitud.</p> + + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + + +<p>En torno del ataúd de Olga los cirios habían concluido de arder. Los +invitados, que hacía largo rato se mantenían en religioso silencio +alrededor del catafalco, comenzaban a agitarse y a preocuparse de la +cena.</p> + +<p>La señora Hellinger, que recibía los pésames y ensalzaba con gran +refuerzo de lágrimas y de pañuelo las virtudes de la difunta, se reveló +de improviso, en medio de su dolor, ama de casa previsora y de primer +orden. Los invitados respiraron con alivio cuando las puertas del +comedor se abrieron y, de una mesa resplandeciente, asados, compotas y +ensaladas de arenques, les enviaron sus sabrosos perfumes.</p> + +<p>El viejo Hellinger, después de haber alabado al Señor, bebió con algunos +amigos privilegiados el vino superior que reservara para la solemnidad +de la noche. Pero no estaban de acuerdo sobre si una inocente partida de +Boston lastimaría el dolor general, y resolvieron enviar una diputación +a la dueña de casa para pedirle su autorización.</p> + +<p>Había tanta vida y movimiento en casa de los Hellinger, que parecía que +se celebrara allí una boda.</p> + +<p>El doctor, que no llegó sino muy tarde a la alegre reunión, buscó por +todas partes a Roberto con mirada ansiosa, sin descubrirlo.</p> + +<p>Entonces dirigiose en particular a uno de los invitados, le preguntó si +lo había visto. Sí; había venido, había lanzado en su derredor miradas +extrañas y feroces, luego se había esquivado en silencio cuando se le +tendía la mano. Minutos más tarde, se notó su desaparición.</p> + +<p>El doctor fue al vestíbulo y buscó, entre los abrigos de los convidados, +el de Roberto: todavía estaba allí.</p> + +<p>Con la familiaridad de un viejo pariente, se puso en busca suya en las +habitaciones de atrás, vacías y silenciosas, pues los criados estaban +ocupados en servir.</p> + +<p>Encontró al joven en un pequeño y obscuro cuarto, donde estaban +amontonados los muebles que había sido necesario sacar de las otras +habitaciones, sentado en un cofre de madera volcado, meditando, con la +cabeza entre las manos.</p> + +<p>—Roberto, amigo mío, ¿qué haces ahí?—le gritó.</p> + +<p>—Ustedes siempre tan alegres por allá, ¿verdad?</p> + +<p>El doctor le puso las manos sobre los hombros:</p> + +<p>—Me inquietas, amigo mío. Hace tres días que no nos diriges la +palabra... si continúas así, vas a perder la razón.</p> + +<p>—¿Qué quieres?—replicó Roberto con un suspiro que se escapó de su +pecho como un grito.—Estoy tranquilo, completamente tranquilo.</p> + +<p>Volvió a dejar caer entre las manos su enmarañada cabeza y pareció +sumergirse de nuevo en su meditación.</p> + +<p>El anciano se sentó a su lado y se puso a prodigarle buenas palabras.</p> + +<p>Nada olvidó de lo que se acostumbra a decir en casos semejantes, +agregándole, de su parte, más de una enérgica palabra de consuelo.</p> + +<p>Roberto permanecía inmóvil; apenas con un signo manifestaba que +escachaba. Sin embargo, como el anciano no acababa, le interrumpió +diciéndole:</p> + +<p>—Deja eso, tío; esos son consuelos buenos para los chiquillos. A la +única pregunta, de la cual depende para mí la muerte o la vida, no +puedes, tú tampoco, darme una respuesta.</p> + +<p>—¿Qué pregunta?</p> + +<p>—Tío querido, ve, estoy tranquilo en este momento, extraordinariamente +tranquilo, no tengo indicio de fiebre ni de locura, ¡y me creerás si te +digo que no sé cómo podré sobrevivir a esta noche!</p> + +<p>—¡En nombre del Cielo! ¿Qué quieres hacer?</p> + +<p>El joven sacudió los hombros.</p> + +<p>—Lo ignoro—dijo;—lo que el momento me sugiera. Lo único que me apena, +es ese pobre pequeñuelo que tendrá que crecer sin padre; quizá lo lleve +conmigo, no sé. No sé más que una cosa y es que no puedo continuar +viviendo así.</p> + +<p>El anciano, temblando de ansiedad, lo llenó de reproches. Eso era una +cobardía sólo digna de un miserable, de un espíritu debilitado.</p> + +<p>—Tendrías razón, tío, si fuera su muerte la que me hiciera dudar de mí +y de mi dicha. Pero ¡Dios del Cielo!—lanzó una carcajada penetrante y +amarga,—hace tiempo que renuncié a toda pretensión a la felicidad. Por +lo que me atañe, sobrellevaré tranquilamente el dolor de su pérdida; +conozco eso, sí; ya he puesto a una en la tumba, y continuaré +amontonando y economizando dinero, como ya lo he hecho durante tanto +tiempo, y eso en medio de los más profundos pesares; porque los +intereses, ¿sabes? no se preocupan de lo que tiene uno dentro de la +cabeza, ni de si la tristeza y la desesperación le adormecen a uno la +mano; hay que pagarlos. Pero no es eso, tío, lo que me trastorna el +alma, pues la tengo bien trastornada, puedes creérmelo; ante mis ojos +brotan chispas sin interrupción; los calofríos me estremecen todo el +cuerpo y la sangre me bulle en las venas, como fuego. Y al mismo tiempo +estoy muy tranquilo; veo con claridad y precisión las cosas. Sólo hay +una que no puedo descubrir; que se alza noche y día ante mis ojos como +un espectro, como una sombra espantosa, y cuando quiero asirla se me +escapa, y esa cosa es: «¿Por qué ha muerto Olga?»</p> + +<p>El anciano se estremeció. Recordaba la carta y la promesa que la muerta +había exigido de él.</p> + +<p>Roberto continuó:</p> + +<p>—Una voz me grita sin cesar en los oídos: «¡Tuya es la culpa!» ¿Cómo? +No lo sé, pues por muy profundamente que escudriñe en mi alma, no +encuentro que le haya hecho ningún mal, y sin embargo no puedo hacer +callar la voz. Yo me digo: «Es una idea fija.» «Te forjas tormentos, +eres un loco, un criminal, un criminal para contigo mismo y para tu +hijo.» ¡Pero de nada me sirve todo eso, tío querido! No puedo hacerla +callar. Y, en fin, ¿acaso no tiene razón? ¿Acaso, sin mí, Olga no +estaría todavía viva? Si lo que pasó la noche anterior no hubiera...</p> + +<p>Se detuvo estremeciéndose y se ocultó el rostro entre las manos. Un +sollozo sin lágrimas sacudió todo su robusto cuerpo.</p> + +<p>En seguida dijo:</p> + +<p>—Tío, quisiera—no puedo pensar en ello, me hace perder la razón,—me +parece... que es necesario que con mis manos destruya todo lo que me +rodea, que lo haga pedazos todo.</p> + +<p>—Sin embargo, es necesario que reunas tus ideas, amigo mío—dijo el +doctor,—y que me cuentes todo, punto por punto; sólo de ese modo +podremos aclarar este enigma.</p> + +<p>El silencio reinó en la habitación obscura. El anciano temblaba de pies +a cabeza; veía la silueta de aquel cuerpo vigoroso destacarse negra +sobre el fondo claro de la ventana; veía los movimientos del pecho que +subía y bajaba alternativamente, que silbaba y gemía como un volcán; +sentía el hálito ardiente de la respiración de Roberto en su rostro.</p> + +<p>—Reúne tus ideas, amigo mío—repuso suavemente.</p> + +<p>El joven luchaba por tomar una determinación. Al fin, volviendo a +encontrar su energía, se enderezó y dijo:</p> + +<p>—«Pues bien, tío, vas a saberlo todo... Desde el día en que Olga +rechazó mi pedido tan altiva y fríamente, no me había vuelto a encontrar +con ella. Sin duda continuaba yendo como antes a la granja, para +ocuparse del niño y de la casa, ya entonces sabía que lo hacía por amor +a Marta y no por mí, pero había como un acuerdo tácito entre nosotros +para evitarnos. Ella elegía las horas en que sabía que yo estaba afuera, +en los campos o en los establos, y yo no volvía a casa antes de haberla +visto desaparecer detrás del portón.</p> + +<p>»El martes tuve imperiosamente que salir para ir a los campos. Media +legua más allá de la ciudad, a causa del mal estado del camino, el eje +se rompe. Como no había llevado cochero y no alcanzaba a ver alma +viviente, monto en el caballo con arneses y todo, y vuelvo a casa en +busca de ayuda. En el patio, el mayordomo me dice que hacía rato que la +señorita se había marchado. Comenzaba ya a caer la noche.</p> + +<p>—»Muy bien, no hay ningún peligro, pienso, y entro en la casa.</p> + +<p>»En el momento en que abro la puerta de la sala, distingo en el +crepúsculo una sombra que se desliza precipitadamente hacia afuera.</p> + +<p>—»¿Quién puede ser?—me digo.</p> + +<p>»Y la sigo.</p> + +<p>»En el cuarto del niño, ¿a quién encuentro? A ella, muy ocupada en +correr el cerrojo de la puerta del corredor, que, como sabes, está +siempre cerrada para evitar la corriente de aire. Espantado, quiero +retirarme; imposible; me siento completamente paralizado. Al verme, ella +se detiene, y, como sobrecogida de vergüenza, se oculta el rostro entre +las manos.</p> + +<p>»Entonces, tío, me siento atraído, voy a precipitarme hacia ella; pero +me contengo a tiempo al pensar en quién es ella y quién soy yo.</p> + +<p>»Veo que sus manos tiemblan.</p> + +<p>—»No tienes por qué enojarte, Olga—le digo balbuciendo,—no he querido +causarte un desagrado. Si estoy aquí es por casualidad; en lo sucesivo +tomaré mis medidas para que no vuelvas a encontrarme.</p> + +<p>»Entonces deja caer sus manos y me dirige una mirada tal, que me siento +estremecer. Marta nunca me miró así—pienso.—Quiero hablar, pero no +encuentro las palabras, tan turbado y sobrecogido estoy. Su elevada +estatura se alza delante de la puerta, como si allí quisiera buscar un +amparo contra mí. Yo oía su respiración oprimida. Por fin reúno todo mi +valor.</p> + +<p>—»Olga—digo,—ha sido presunción de mi parte el atreverme a tenderte +la mano: sé muy bien que no soy digno de ti, te suplico desde el fondo +del corazón, olvídalo, yo nunca te lo recordaré.</p> + +<p>»Y en ese instante, tío—¿cómo pintarte lo que pasó?—déjame un +instante... ¡el recuerdo!... Pero ¿para qué? seré fuerte, querido tío, +voy a dominarme.</p> + +<p>»En ese instante, ella se precipita hacia mí, me rodea con sus brazos y +me cubre el rostro de besos; después, de improviso, cae con un suspiro, +y allí se queda desplomada a mis pies, como herida por un rayo. Y yo, +como en un sueño, la miro fijamente.</p> + +<p>—»No es posible—me grita una voz,—es una locura; ¡tú apenas te +atrevías a alzar los ojos hacia ella como hacia una divinidad, y ella es +quien ahora se arroja al cuello de un hombre que no la merece!</p> + +<p>»Tenía miedo de tocarla; sin embargo, fue necesario que la levantara, y +cuando la tuve en mis brazos, se puso a sollozar amargamente, como si +hubiera querido llorar hasta morir.</p> + +<p>—»Olga, ¿por qué lloras?—le digo.—Todo queda arreglado ahora.</p> + +<p>«Pero he ahí que yo también, gran tonto, me pongo a llorar como un niño.</p> + +<p>—»Perdóname, Roberto—dice su voz en mi oído.—Mucho te he hecho +sufrir, pero nunca más lo haré, nunca más.</p> + +<p>—»¿Y ahora me amarás?—pregunto, pues todavía no puedo creerlo.</p> + +<p>—»¡Oh, Roberto! ¡Roberto! ¡Te amo! ¡Oh, sí! ¡Te amo más que a todo en +el mundo!—y oculta su rostro en mi hombro.</p> + +<p>»Sí, tío, pero escucha lo que sigue. Al ver aquella cabeza con sus +rubios rizos descansar, llena de abandono, sobre mi hombro, una pregunta +se me presenta: ¿es ésta la misma Olga que, hace ocho días, se volvía +tan pálida y tan altiva, mientras que, humilde y tímido, tú implorabas +su consentimiento?</p> + +<p>»Y le digo entonces:</p> + +<p>—»Olga, ¿cómo has podido torturarme así? ¿Acaso he cambiado en tan poco +tiempo?</p> + +<p>»La veo ponerse más blanca que el yeso que cubre la pared y su voz +murmura en mi oído:</p> + +<p>—»¡Nada me preguntes, en nombre del Cielo, nada me preguntes!</p> + +<p>»Y una angustia nace en mí; quizás la perderé mañana como la he +conquistado hoy.</p> + +<p>—»Olga—le digo,—si eres tan inconstante en tus resoluciones, quién me +responderá de que...</p> + +<p>»Me interrumpo, pues la expresión de su rostro me impone silencio. Ella +se desprende de mis brazos y se deja caer en una silla.</p> + +<p>—»Puesto que quieres saber—me dice, fijando los ojos en el suelo, como +sumida en una meditación sombría,—me ha faltado el valor, he dudado de +tu amor y creído que me harías sentir que no te llevaba más que mi +pobreza.</p> + +<p>»Pero su mentira, como una llamarada, le enrojece la frente.</p> + +<p>—»¡Olga!—exclamo.—¿Has podido pensar eso de mí? ¿No te acuerdas?...</p> + +<p>»Y lo que le recordé fue cierta noche, en casa de su padre, cuando fui a +pedir la mano de Marta y en que estuve a punto de retirarme tristemente +con una negativa, pues Marta quería sacrificarse y sacrificar su dicha, +para que yo pudiera elegir a otra. Y entonces, ella, Olga, en medio de +la noche, había ido a buscarme y me había abierto los ojos, a mí, pobre +insensato y ciego, diciéndome palabras, palabras llenas de desprecio por +el dinero y que habían sonado en mis oídos como el canto de triunfo del +amor. Se las repetí textualmente, pues cada una de ellas se había +grabado en mi alma, inolvidable: «Así, pues, en otros tiempos te sentías +llena de valor, de grandeza de alma cuando hablabas por Marta, y ahora +que se trata de ti...»</p> + +<p>»Y al gritarle esto la miraba de frente, tío. Ella se esforzaba en +sonreír, y sonreía constantemente; pero esa sonrisa se heló en sus +labios y de repente la vi desplomarse como una mole, sin sentido.</p> + +<p>»Mucho trabajo me costó hacerla volver en sí, pues no quería llamar a +nadie en mi ayuda. Un buen cuarto de hora permaneció tendida en el +suelo, más o menos como está ahora, luego abrió los ojos y me examinó +por largo rato en silencio con una expresión tan dolorosa, tan cansada y +desesperada, que la angustia y la inquietud me invadieron. Después juntó +las manos y me dijo en voz baja y suplicante:</p> + +<p>—»Dame tiempo, Roberto; he presumido demasiado de mis fuerzas; es +necesario que me acostumbre a esta idea.</p> + +<p>»Pero me sentía tan embargado por mi reciente dicha, por una alegría tan +loca, que creía poder obligarla por fuerza a ser ella también dichosa.</p> + +<p>—»¡Si nos amamos, Olga—le grito,—y si nuestra querida muerta aprueba +este amor, yo quisiera ver si alguien podría censurarlo! Alégrate, pues, +querida niña, recupera tu valor.</p> + +<p>»Pero ella no tenía alegría ni valor. Y sólo ahora, ahora que está +muerta, comprendo claramente hasta qué punto se sentía miserable y +quebrantada, allí tendida sobre los cojines, ella que ordinariamente se +mostraba para sí y para los demás tan altiva y estricta. Era como si +algún prodigioso dolor hubiera roto en ella el resorte íntimo de la +vida. Hoy veo todo eso claramente; entonces nada veía, nada quería ver. +Y continuaba animándola con todas las palabras consoladoras que podía +encontrar. Ella me escuchaba sin decir palabra—a veces me aprobaba con +un movimiento de la cabeza—y una sonrisa que expresaba tristeza y +cansancio indecibles, vagaba por sus labios. Todo eso lo atribuía yo a +la emoción violenta del momento y a los pesares de los últimos años; +debían presentarse en su alma con una intensidad tanto más grande, +cuanto que sentía apuntar para ella una nueva felicidad que iba a +borrarlos para siempre.</p> + +<p>—»Y nuestra primera visita, Olga—le digo,—será al cementerio. Cuando +hayamos orado sobre la tumba de Marta, la resistencia de mi madre o la +malevolencia del mundo entero, no tendrán ya por qué inquietarnos.</p> + +<p>»Ella dejó caer las manos que cubrían su rostro, y, mirándome con ojos +dilatados por el espanto, me dijo con voz apenas perceptible:</p> + +<p>—»¿Al cementerio... conmigo?</p> + +<p>—»Sí, contigo—repliqué,—y en seguida, si lo quieres.</p> + +<p>»Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, y, con voz singularmente +alterada, replicó:</p> + +<p>—»Tén paciencia hasta mañana, mañana haré lo que quieras.</p> + +<p>—»Sí, mi niña muy amada—le digo entonces,—y de aquí a mañana desecha +tus ideas negras y piensa en que ella no nos guarda rencor. Nosotros no +la olvidaremos, ciertamente. ¿Y el común dolor que nos causa su pérdida, +no debe unirnos más estrechamente para toda la vida? Su imagen no nos +abandonará, ¿y no crees que ella bendeciría nuestra unión desde el fondo +de su corazón, si de lo alto del Cielo pudiera vernos? ¿No nos ha legado +al niño para que juntos velemos por él y que nunca lo confiemos a gente +extraña?</p> + +<p>»Entonces se dejó caer de rodillas delante de la cuna en que la débil +criatura dormía con el sueño de los bienaventurados y apoyó la frente +sobre su cabecita.</p> + +<p>»Así permaneció por largo rato sin que yo intentara perturbarla.</p> + +<p>»Cuando se levantó, su rostro había vuelto a tomar esa serenidad +impasible que siempre le habíamos conocido hasta entonces. Me tendió la +mano diciéndome:</p> + +<p>—»Vete, amigo mío, déjame sola.</p> + +<p>»Y me alejé, pues quería complacerla en todo; ni siquiera la tomé en mis +brazos.</p> + +<p>»Un cuarto de hora después, la vi cruzar el patio. Yo la acechaba desde +mi ventana, pero ella no volvió la cabeza.</p> + +<p>»Al día siguiente por la mañana... tú sabes, querido tío, cómo la +encontré; y en aquel instante se descargó sobre mí un rayo. Podré +encanecer y envejecer, ese momento me ha quitado para siempre toda +alegría; helará para siempre toda sonrisa en mis labios. Pero por lo +menos podría vivir todavía; podría arrastrar todavía esta miserable +existencia para que el niño no se viera privado de la mezquina parte de +felicidad a que tiene derecho; pero para eso sería necesario que yo +supiera una cosa, que me viera libre de un espantoso tormento; de lo +contrario, es imposible. Con la mejor voluntad del mundo, es imposible; +si no fuera así, me consumiría vivo. Es necesario que alguien venga, +aunque sea de ultratumba, a decirme por qué ha muerto Olga.»</p> + +<p class="dot">*<br />* *</p> + +<p>Nuevamente el silencio reinó en la habitación obscura; no se oía más que +la respiración de los dos hombres y la fuga precipitada de una rata que +había acompañado el relato de Roberto con el ruido monótono de sus +dientes.</p> + +<p>El anciano sostenía una violenta lucha consigo mismo. ¿Debía acaso +revelar el secreto de la vida de Olga como había ya vendido el de su +muerte? ¿Pero no se trataba de una buena acción en este caso? ¿No se +trataba de libertar a aquel a quien ella había amado sobre todo de las +torturas en que se agitaba, ya fueran producidas por una loca idea o por +una secreta conciencia de su responsabilidad? Un milagro, un favor +divino, según parecía, permitían a la boca cerrada para siempre abrirse +una vez más para devolver el reposo al muy amado.</p> + +<p>El doctor exhaló un profundo suspiro: había tomado su resolución.</p> + +<p>—¿Y si ella lo hubiera pensado, Roberto—dijo,—si hubiera pensado en +contestarte desde el fondo de su tumba?</p> + +<p>Roberto lanzó un grito y lo asió por la muñeca.</p> + +<p>—¿Qué quieres decir con eso, tío?</p> + +<p>—Si no te hubieras soterrado en tu dolor como un topo en su cueva, si +no hubieras huido ante todo rostro humano, sabrías desde hace tiempo lo +que hasta los gorriones se cuentan en los techos: que en la mañana de su +muerte, yo recibí una carta de ella...</p> + +<p>—Tú, tío, de ella...</p> + +<p>—¡Oh, amigo mío! Me estás rompiendo los huesos. Escúchame primero +tranquilamente.</p> + +<p>Y le contó lo que contenía la carta.</p> + +<p>Roberto había dado un salto y se mesaba los cabellos. Sus ojos, fijos en +el anciano, resplandecían en la obscuridad.</p> + +<p>—Ese cuaderno, dámelo; ¿dónde está?</p> + +<p>El doctor le explicó el peligro que corría el secreto de Olga y la +inquietud que esto le causaba a él mismo.</p> + +<p>—¡Espérate, voy a ir a buscarlo!—exclamó Roberto dirigiéndose hacia la +puerta.</p> + +<p>El anciano lo detuvo.</p> + +<p>—Tu madre tiene la llave; cuida de que nada sospeche.</p> + +<p>La puerta está rota a medias; acabaré de romperla...</p> + +<p>—Te oirán de abajo...</p> + +<p>—¡Están demasiado divertidos!—replicó Roberto con risa aguda.—Ven, +vamos juntos.</p> + +<p>Y por una puerta de atrás, a lo largo del corredor obscuro y de la +escalera que crujía, los dos se deslizaron como dos ladrones que se +hubieran introducido en la casa aprovechándose de la ceremonia.</p> + +<p>Consiguieron abrir la puerta más fácilmente de lo que esperaban; la +cerradura, ya floja, cedió como si se abriera sola.</p> + +<p>Ambos se detuvieron en el umbral, sobrecogidos de emoción, cuando el +cuarto obscuro, iluminado solamente por el fulgor dudoso de las +estrellas, se abrió ante sus ojos. Toda huella de la muerta había +desaparecido; sólo la cama vacía, cuyos montantes se dibujaban negros +sobre la pared gris, hacía ver que la que lo ocupaba había elegido otro +lecho. Un ligero perfume emanado de su ropa, un olor fino de jabón, +flotaba aún en la habitación. Las mismas toallas de las cuales se había +servido, todavía colgadas de la pared, formaban, al lado de la estufa de +loza, una mancha blanca de fantástica apariencia.</p> + +<p>Roberto, incapaz de tenerse en pie, se dejó caer en una silla y, a +grandes bocanadas, ávidamente, como si sollozara, aspiró el perfume que +llenaba el aire. Se habría dicho que así quería absorber los últimos +efluvios de su amada.</p> + +<p>Un fulgor breve, brillante, vaciló de improviso a través del cuarto, +bailando por las paredes, vagando en reflejos amarillentos sobre el +escritorio, e hizo brotar de la obscuridad, como un espectro agazapado, +la mesa de tocador cubierta de blanco.</p> + +<p>El doctor había encendido un fósforo y buscaba la pequeña lámpara de +pantalla verde que iluminó las noches sin sueño de Olga. Todavía estaba +en la mesa, en el mismo lugar en que Olga la apagó para sumirse en la +noche eterna. El recipiente de vidrio estaba todavía lleno de petróleo; +su dueño se había dado prisa para entregarse al descanso.</p> + +<p>Con precaución, levantó el tubo para encender la mecha; la llama, +atenuada por la pantalla, iluminó con un resplandor apacible y suave el +espacio silencioso.</p> + +<p>Entonces se acercó al estante sobre el cual se alineaban los volúmenes +de lomos lucientes y dorados. Su mano buscó a tientas durante un momento +por la pared y sacó algo azul en forma de rollo.</p> + +<p>—¡Aquí está, Roberto!—exclamó triunfante.—Vámonos.</p> + +<p>El joven meneó silenciosamente la cabeza.</p> + +<p>El anciano insistió de nuevo y entonces Roberto dijo:</p> + +<p>—Aquí es donde vamos a leerlo, tío; aquí, donde ella lo ha escrito.</p> + +<p>—¿Y si alguien nos sorprendiera?—observó el doctor, atemorizado.</p> + +<p>Roberto se encogió de hombros y con el dedo señaló el piso. En el +silencio, un ruido confuso de voces subía hasta ellos, con risas +moderadas, ahogadas, como lo requieren las conveniencias en una casa en +que hay un muerto.</p> + +<p>El doctor cedió de buen grado; entonces acercaron suavemente sus sillas +al círculo luminoso de la lámpara, y ya no se oyó más que el silbido del +viento de invierno que agitaba las peladas copas de los tilos y la voz +monótona y velada del lector acompañada por el coro de invitados al +velorio, que por momentos se elevaba hasta un sordo estruendo para +extinguirse en seguida en un murmullo.</p> + + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + + +<p>Perdóname, querida hermana, si evoco tu sombra que ha transfigurado la +muerte, y sufre que en memoria del amor que tuviste por mí y del +ardiente afecto que hacía palpitar mi corazón por ti, trate de expiar la +falta que gravita pesadamente sobre mí y cuya carga tendré sin embargo +que soportar hasta el fin de mi existencia. Déjame revivir una vez más +todo lo que me diste de ternura y de bondad, y olvidar con este recuerdo +el frío de la soledad que hiela mis miembros como un soplo exhalado de +tu tumba.</p> + +<p>¡Qué loca era y qué impía, en sentirme sola mientras tú viviste! Tu amor +era la atmósfera que me envolvía, la sonrisa de tus ojos el rayo de sol +que me daba la vida, y tu palabra, que consolaba y exhortaba, era esa +voz divina que todos llevamos en nosotros, esa voz sublime que +escuchamos sin comprenderla.</p> + +<p>¿Y cómo te he agradecido todo eso, hermana querida? He llegado a ser una +extraña para ti. Me veo reducida a pensar en ti con angustia, con +tortura, y la conciencia de mi falta me hace palidecer cuando el +murmurio del viento trae tu nombre a mis oídos. Entre nosotras se alza +un espectro feroz, de miradas ardientes, horroroso y grotesco a la vez, +con serpientes entrelazadas en sus cabellos, y que extiende hacia mí sus +manos armadas de garras para separarme eternamente de ti.</p> + +<p>Si en vez de ser un fantasma fuera un ser de carne y de sangre, si lo +que he cometido fuera una falta, un crimen, lucharía contra él, lo +derribaría con las últimas fuerzas de mi voluntad desfalleciente, o me +dejaría ahogar por sus manos sangrientas, pero es algo inasible que se +desvanece en el vacío: es un demonio que se burla de mí, un vapor que me +rodea... y cuyo veneno sin embargo me mata lentamente.</p> + +<p>Es un deseo...</p> + +<p>Un simple deseo, ¡nada más!</p> + +<p>¿Lo notaste? ¿Se reflejó en tus ojos moribundos? ¿Viste el espectro +alzarse a tu cabecera, cuando, santa y buena criatura, exhalabas el +último aliento de una existencia que no fue más que amor, a ese espectro +que habían engendrado la Envidia y la Ingratitud, y que había +introducido, yo, desdichada, en tu apacible interior?</p> + +<p>Si tuviera todavía la fe del niño que balbucía, confiaría la angustia de +mi alma al Dios Todopoderoso, al buen Dios—pero a nadie tengo en el +Cielo ni en la tierra que pueda compadecerse de mí, a nadie más que a tu +imagen transfigurada.</p> + +<p>¡Pobre de mí! Ella también se aparta de mí, ella también se oculta +llorando cuando este demonio se presenta a mi alma.</p> + +<p>Y, sin embargo, no era muy humano lo que sentí. ¿Por qué no somos unos +seres de luz, sin deseos y puros como el éter? ¿Por qué no somos más que +polvo, ligados al polvo, viviendo del polvo y volviendo al polvo cuando +nos desprendemos de esta gran falta que es la existencia? Es la gran +falta de mi vida la que quiero contar aquí, la falta de la cual hemos +sido víctimas, tú, yo y también un tercero, que es puro y bueno, y que +sin embargo ha sido la causa de todo.</p> + +<p class="dot">*<br />* *</p> + +<p>Yo era una niña pacífica y predispuesta a la soledad.</p> + +<p>Quien se ha visto siempre rodeado de amor y nunca ha conocido otra cosa +que el amor, aprende a menudo más fácilmente que nadie, a bastarse a sí +mismo; y, sin embargo, yo llevaba en el corazón una inagotable reserva +de amor. Lo prodigaba a los animales, acariciando a los perros, besando +a los gatos y ahogando a los gansos por cariño. Una de mis pasiones era +jugar en la caballeriza. Me sentía a mi gusto en la litera elástica y +flexible, entre los cascos de mis caballos predilectos, que nunca me +hacían daño; o bien me trepaba al pesebre donde permanecía horas enteras +mirándome en los ojos pardos de mis queridos amigos.</p> + +<p>Pero el nicho del perro era el lugar donde mejor me hallaba. Allí me +encontraba dormida con frecuencia a eso del mediodía, y no era cosa +fácil sacarme del nicho, pues Nerón, que por lo demás era un perro tan +bueno y tan cariñoso, enseñaba los dientes a cualquiera que franqueaba +el círculo que su cadena le permitía recorrer, aun cuando éste fuera su +amo.</p> + +<p>Mi cariño se extendía hasta las plantas. Las rosas me hacían el efecto +de princesas cautivas, y exhalaba quejas para que las libertaran, los +girasoles eran sacerdotes revestidos con sus hábitos sacerdotales, y las +dalias, jóvenes polacas con papalinas rojas. Sabía reunir así en mi +derredor en el jardín a la humanidad entera, y encontraba la copia más +bella que el original, pues se mantenía muy quieta cuando yo desempeñaba +el papel del Destino ante ella.</p> + +<p>La propiedad que mi padre había arrendado, antiguo feudo de un magnate +polaco, estaba inmediata a la frontera prusiana, en una montaña, uno de +cuyos lados descendía en suave declive por un parque inculto, hacia unos +campos desnudos, mientras que el otro caía a pico en una pequeña +corriente de agua, en cuya orilla opuesta se hallaba una miserable aldea +polaca.</p> + +<p>Cuando uno se colocaba al borde de la pendiente, la mirada caía sobre +los ruinosos techos de bardas cuyas grietas dejaban pasar el humo; se +veía claramente el movimiento de la sucia callejuela, donde los niños +medio desnudos chapoteaban en los charcos cenagosos, y las mujeres +permanecían perezosamente agachadas en el umbral de sus casas, mientras +que los hombres cubiertos de harapos se dirigían, con la pala en el +hombro, hacia el despacho de bebidas.</p> + +<p>En verdad, nada tenía de muy seductor aquel pequeño agujero, y la chusma +de cosacos de fronteras, que trotaban de acá para allá amodorrados sobre +sus rocines extenuados, no era como para realzar su prestigio. Y, sin +embargo, para mis ojos de niña, aquel lugar estaba cubierto de un +encanto indecible, cuya sensación experimento aún, cuando me vuelvo a +ver fascinada por esos cuadros maravillosos, sentada durante horas +enteras en la hierba, inmóvil, contemplando de lo alto aquel hormiguero +cuyas formas no eran más grandes que los hombrecillos de madera de mis +cajas de juguetes.</p> + +<p>Bajar allí me estaba prohibido, y tampoco tenía deseos de ello, desde +que, en la baraúnda de un día de mercado en que mi padre me había +llevado, me vi casi aplastada entre las ruedas de un carro.</p> + +<p>Pero era muy hermoso cuando, desde arriba y muy por encima de las +inmundicias y del tumulto, se sumergía la mirada en ese mundo de +hormigas, que parecía tan ínfimo, que se podía, como el mismo Dios, +abarcarlo de una ojeada, pero que crecía cada vez más hasta tomar +proporciones gigantescas e inquietantes, a medida que se trataba de +penetrarlo.</p> + +<p>Por una rareza singular, no he conservado de esa época más que un +recuerdo vago de las personas cuya vida ha estado más estrechamente +asociada a la mía; sin duda porque las impresiones siguientes han +borrado las primeras. Mi padre era un hombre pequeño, robusto y +rechoncho, de barba y cabellos negros y cortos, calzado con altas botas +lucientes y vestido de una hopalanda de basto paño verdoso. Me sonreía +desde que me veía, me daba una palmadita amistosa en el cuello, o me +pellizcaba los brazos, y en seguida desaparecía. Estaba siempre ocupado, +el pobre papá; mientras vivió, no lo vi reposar un solo instante.</p> + +<p>Mamá era desde aquella época muy corpulenta, comía continuamente +confituras y era devota de la siesta. Pero eso no le impedía estar en +activa ocupación de la noche a la mañana, aunque se arrastrara de mala +gana de un lado a otro y no le gustara que anduvieran detrás de ella y +la abrumaran a preguntas.</p> + +<p>Entre la familia estaba, en aquel tiempo, el primo Roberto, a quien +nuestros parientes de Prusia habían enviado para que aprendiera con papá +a dirigir una granja. Era un mozo alto, de anchas espaldas y vigoroso +cuello, con unas barbas rubias que me gustaba tirar cuando me ponía en +sus rodillas para meterme en la cabeza el A, B, C, con gran esfuerzo de +trozos de regaliz. Creo que siempre fui su buena amiga, aunque él no +haya debido quererme más que a los otros discípulos, pues la cara que +tenía entonces ha desaparecido en la niebla como todas las demás.</p> + +<p>No recuerdo exactamente más que una escena: una tarde de verano Roberto +había cogido a Marta por sus rubias trenzas, y riéndose y gritando +corría tras de ella por el patio, por la casa y por el jardín.</p> + +<p>—¿Qué es lo que le haces a Marta, bribonzuelo?—le gritó papá.</p> + +<p>—Me ha hecho una travesura—respondió él, sin soltarla, mientras ella +continuaba gritando.</p> + +<p>—Cuando yo tenía tu edad, sabía vengarme de una muchacha mejor que +tú—dijo riéndose papá, quien nunca desperdiciaba la ocasión de decir +una broma.</p> + +<p>—¿Y cómo se hace?—preguntó mi primo.</p> + +<p>—¡Bah! ¡Si no lo sabes!—replicó papá.</p> + +<p>—Se le da un beso, señor Roberto—dijo un viejo jardinero que pasaba +justamente con sus regaderas.</p> + +<p>Todavía lo veo delante de mis ojos quedarse de repente inmóvil, rojo de +rubor, y dejar caer de sus manos las trenzas sin saber dónde dirigir sus +miradas. Papá se moría de risa; en cuanto a Marta, se escapó a la +carrera.</p> + +<p>Cuando fui a sacudir su puerta, se había encerrado: no volvió a aparecer +sino a la hora de la cena. Bajo los cabellos que le caían sobre la +frente, en desorden, parecía perdida en sus pensamientos y muy +intimidada.</p> + +<p>Cuando comparo hoy el rostro pálido, flaco y resignado que me llena el +alma entera, con esa cara pícara, de mejillas llenas y sonrosadas, que a +veces se me aparece, resplandeciente, desde el fondo de mi pequeña +infancia, me cuesta trabajo concebir que hayan realmente pertenecido a +una sola y misma persona.</p> + +<p>—¡Cómo le flotaban sobre las espaldas sus largas trenzas rubias! ¡Con +qué expresión atenta de precoz ama de casa, recorrían sus ojos la +extensión de la gran mesa, en torno de la cual todos juntos, +condiscípulos y celadores—una galería de mandíbulas +hambrientas—esperábamos impacientes la comida! ¡Y, con qué alegría +extendía la mano cada uno, cuando, con una sonrisa maliciosa, ella +alcanzaba los platos!</p> + +<p>Sólo hoy comprendo qué camino doloroso tenía que recorrer, hoy que me +preparo yo misma para el largo y penoso viaje al cabo del cual se abre +para mí una tumba solitaria, más triste aún que la suya.</p> + +<p>Entonces yo no era más que una niña y alzaba los ojos, sin sospechar +nada, hacia la que vino a ser mi maestra, casi antes de haber abandonado +ella misma los vestidos cortos.</p> + +<p>Efectivamente, fue en aquella época cuando nuestros negocios comenzaron +a declinar. Papá tenía que hacer frente a sus deudas; malas cosechas e +inundaciones, tres años consecutivos, le quitaron toda esperanza de +volver a levantarse, y las penas se amontonaron cada vez más sobre +nuestra casa.</p> + +<p>Hubo que economizar en nuestros gastos, todo aquello de que fuera +posible privarse; las relaciones con los propietarios vecinos fueron +limitadas, el personal reducido, y la anciana institutriz que había +educado a Marta, y que debía terminar su tarea conmigo, tuvo también que +dejarnos.</p> + +<p>Marta, que era siete años mayor que yo, y se disponía a estrenar su +primer vestido largo, tomó su lugar.</p> + +<p>De este modo las relaciones que se establecieron entre nosotras no +podían ser puramente las de hermana a hermana; ella fue la protectora y +yo la protegida, hasta que cambiamos nuestros papeles.</p> + +<p>Podía yo tener once años, cuando advertí por primera vez que Marta había +cambiado singularmente de modales y de aspecto. Habría debido notarlo +antes, pues tenía la costumbre de mirar en mi derredor con los ojos muy +abiertos; pero en la monotonía de los días que se deslizan uno tras +otro, las alteraciones que producen en torno nuestro el tiempo y las +penas, se escapan fácilmente.</p> + +<p>Pero entonces puse atención, y vi adelgazarse su rostro cada vez más, de +día en día borrarse los colores de sus mejillas, y hundírsele los ojos +más profundamente.</p> + +<p>Ya no cantaba, y su risa tenía una entonación de cansancio y velada, tan +particular que me hacía sufrir al oírla, y más de una vez estuve a punto +de gritarle: «¡No te rías!»</p> + +<p>Hacia la misma época, se puso enfermiza; se quejaba de dolores de +cabeza, de calambres en el estómago, y le costaba trabajo ir de un lado +a otro por la casa. Naturalmente, papá y mamá no podían dejar de notar +su estado. Un día la envolvieron en gruesas mantas, y no obstante su +resistencia, la llevaron a Prusia a consultar a un médico; éste se +encogió de hombros, prescribió píldoras de hierro y aconsejó un cambio +de aire.</p> + +<p>Debía haber aconsejado algo más, que preocupaba mucho a nuestros padres, +al menos a papá, pues ya hacía mucho tiempo que nada podía sacar a mamá +de su apatía.</p> + +<p>A menudo, cuando Marta, meditabunda, miraba fijamente frente a ella, él +la observaba de reojo, meneaba la cabeza, exhalaba un suspiro, salía del +cuarto cerrando la puerta con estrépito.</p> + +<p>Pero cualesquiera que fuesen los sufrimientos que padecía, su trabajo no +se resentía de ello; de tan lejos como la recuerde, jamás la vi un +segundo desocupada. Muy niña aún, permanecía al lado del fogón con su +libro de lecciones o vigilaba la lejía al mismo tiempo que hacía sus +redacciones. Desde que fue mujer, agregó todos los deberes que le +imponía mi instrucción a las preocupaciones sin número que da una gran +casa a la que la dirige. Mamá se había retirado por completo y la dejaba +ordenar y dirigir a su antojo, con tal que las compotas y otras +golosinas obtuvieran su aprobación.</p> + +<p>Yo, que era horriblemente mimada por toda la casa, tenía vergüenza de mi +inacción y trataba de aliviarla en parte de sus trabajos, pero ella me +rechazaba suavemente y me despedía.</p> + +<p>—Deja, queridita—me decía acariciándome las mejillas,—eres la +princesa de la familia; continúa.</p> + +<p>Eso me ofendía. Habría soportado todo salvo que me despidiera cuando +iba a ofrecerme con el corazón desbordante de ternura.</p> + +<p>Una noche la vi llorar. Me deslicé afuera, al jardín, y sostuve un rudo +combate. El deseo de ir en su ayuda me ahogaba; pero no me atrevía a +acercármele y echarle los brazos al cuello para consolarla. Cuando +estuve en cama, la necesidad de brindarle mi ternura se apoderó de mí +con nuevas fuerzas: me levanté, y en camisa, como estaba, me aventuré +por el corredor obscuro.</p> + +<p>Permanecí largo rato delante de su puerta, temblando de frío y de miedo, +con la mano sobre el botón. Al fin me armé de valor y entré muy +suavemente en su cuarto.</p> + +<p>La encontré arrodillada junto a la cama, con el rostro oculto en la +almohada, y parecía orar.</p> + +<p>Me quedé inmóvil en el umbral, pues no me atrevía a perturbarla.</p> + +<p>Al fin, se volvió y al verme se levantó estremeciéndose.</p> + +<p>—¿Qué quieres?—balbució.</p> + +<p>Yo me colgué de ella y mis sollozos habrían enternecido a un corazón de +piedra.</p> + +<p>—¡En nombre del Cielo, querida! ¿Qué tienes?—gritó.</p> + +<p>No me hallaba en estado de proferir una palabra. Pero ella, con un +movimiento maternal, tomó una gruesa manta de lana, me envolvió en ella +y me colocó en su regazo, aunque yo ya era más grande que ella.</p> + +<p>—Vamos, confiésate, tesoro mío. ¿Qué ocurre?—me preguntó acariciándome +las mejillas.</p> + +<p>Reuní todo mi valor, y con la cara oculta en su cuello, le dije en un +sollozo:</p> + +<p>—Marta, quiero ayudarte.</p> + +<p>Siguió un largo silencio, y cuando alcé los ojos, vi vagar por sus +labios una sonrisa indeciblemente amarga y triste. Entonces me tomó la +cabeza entre sus manos, me besó en la frente y me dijo:</p> + +<p>—Ven, voy a acostarte, querida. Yo nada tengo, pero tú, me parece que +tienes fiebre.</p> + +<p>De un salto me puse en pie.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Haces mal, Marta!—exclamé.—No me dejaré despedir así. No estoy +enferma y tampoco soy tan tonta para no ver que te estás consumiendo y +que, cada día, encierras en ti nuevos pesares. Si no tienes ninguna +confianza en mí, acabaré por creer que nada quieres tener de común +conmigo, y que todo ha concluido entre nosotras.</p> + +<p>Ella juntó las manos mirándome con sorpresa.</p> + +<p>—¿Qué te pasa, querida? Ya no te reconozco... Ven, ven, voy a +acostarte—repitió.</p> + +<p>—Es inútil, puedo ir sola—dije.</p> + +<p>Entonces ella vio que era necesario acordar a la niña una palabra de +explicación.</p> + +<p>—Mira, Olga—dijo atrayéndome hacia sí,—tienes razón. Tengo muchas +penas, y si tuvieras más edad y pudieras comprenderlas, seguramente +serías la primera a quien se las confiaría. Pero antes es necesario que +aprendas también a conocer la vida.</p> + +<p>—¿Y en qué conoces la vida mejor que yo?—exclamé, siempre con +altanería.</p> + +<p>Ella se contentó con sonreír, y esa sonrisa de una tristeza tan dulce, +me dio un golpe en el corazón. Tuve un vago presentimiento, apenas +perceptible, como el que se podría experimentar al ver un templo cerrado +o islas lejanas rodeadas de palmeras. Y Marta continuó:</p> + +<p>—Pero de aquí allá, y para eso falta mucho todavía, debo llevar sola el +peso que me oprime. Te agradezco mucho, hermanita, tu buena voluntad, y +te amaré aún más por ello si esto es posible. Ahora, vete, y duerme +bien, tenemos mucho que estudiar mañana...</p> + +<p>Y dicho esto, me empujó afuera.</p> + +<p>Me quedé en el corredor, como una réproba, contemplando la puerta que +acababa de cerrarse tan duramente tras de mí. Después apoyé la cabeza en +la pared y lloré silenciosa y amargamente. A partir de ese día, Marta +redobló su cariño y su bondad hacia mí, pero yo no quería verlo; +permanecía impenetrable para ella como ella lo había sido para mí, y en +mi alma se arraigó, cada vez más profundamente, el sentimiento penoso de +que el mundo no necesitaba de mi amor.</p> + +<p>Es evidente que un incidente como éste, por sí solo, no podía tener una +influencia decisiva sobre mi carácter. Una niña tan joven como yo lo era +entonces, se deja arrastrar con demasiada facilidad por la corriente de +impresiones nuevas para que unos minutos de este género puedan producir +sobre ella un efecto durable, y el hecho es que no necesité mucho tiempo +para olvidar aquella noche. Pero lo que no olvidaba, era la idea de que +nadie había en la tierra que estuviera dispuesto a compartir sus penas +conmigo y que estaba reducida a mí misma y a mis libros, hasta el día en +que se me encontrara bastante madura para participar de la existencia de +los vivos.</p> + +<p>Y más y más, me sumergía en los tesoros de los poetas, ninguno de los +cuales me rechazaba de su más íntimo santuario. Aprendía con Tasso a +sentirme miserable y sublime; sabía lo que Manfredo iba a buscar a las +heladas cimas de los Alpes; me lamentaba con Tecla de la felicidad +terrestre de la cual yo había gozado, de la vida y del amor, que habían +concluido para mí. Pero, por sobre todo, Ifigenia era mi heroína y mi +ideal.</p> + +<p>Con ella llenaba mi joven alma solitaria de toda la poesía que hay en no +ser comprendida; pasar por el mundo como ella, como sacerdotisa +bienhechora y en un renunciamiento sublime, me parecía la vocación +claramente designada para mi existencia. Si para realizarla hubiera +podido llevar, yo también, los blancos velos de la virgen griega, cuyos +pliegues noblemente dispuestos habrían convenido tan bien a mi cuerpo de +niña desarrollada antes de tiempo, mi felicidad habría sido completa.</p> + +<p>A juzgar por las apariencias, yo era en aquellos años una criatura +intratable e imperiosa, que sin el menor empacho contestaba con +impertinencia y que gustaba levantarse de la mesa en plena comida cuando +algo me desagradaba.</p> + +<p>A pesar de todo eso, o quizá a causa de eso mismo, todos me mimaban, y +mi voluntad, si esta palabra tiene un valor aplicable a un niño, tenía +fuerza de ley en toda la casa.</p> + +<p>A los quince años era tan grande y tan fuerte como ahora, y no faltaba +de vez en cuando algún joven campesino galante que me dijera que yo era +muy bonita, mucho más bonita que todas las otras, y que Marta en +particular.</p> + +<p>Eso me chocaba, pues todavía la vanidad no tenía cabida en mí.</p> + +<p>En esa época soñé una noche que Marta había muerto. Cuando me desperté, +mi almohada estaba inundada de lágrimas; en todo el día no hice más que +ir y venir en torno de mi hermana como una criminal: me parecía que +tenía sobre la conciencia una falta grave cometida contra ella.</p> + +<p>Después de la comida Marta se había recostado por un rato en el canapé, +otra vez con su dolor de cabeza. Cuando entré en la habitación en ese +momento, y vi sobre el brazo del sofá su rostro, pálido como la cera, +con los ojos cerrados, quedé como si me hubiera herido un rayo.</p> + +<p>Creí ver en realidad su cadáver ante mis ojos.</p> + +<p>Caí de rodillas delante del canapé y le cubrí de besos la boca y la +frente. Su rostro se transfiguró, abrió los ojos y me contempló como si +viera una visión; pero luego que volvió en sí, sus facciones +readquirieron su expresión de gravedad y de tristeza.</p> + +<p>—¡Vaya, vaya! ¿Qué tienes, hijita?—dijo.—Estas no son cosas que haces +todos los días.</p> + +<p>Me rechazó suavemente, y también esta vez permanecí parada, abandonada a +mí misma, con el corazón desbordante. Sin embargo, cuando ya me iba, me +llamó y murmuró:</p> + +<p>—Te quiero mucho, hermanita.</p> + +<p>La noche de ese mismo día noté en cierto momento que parecía sonreírse +interiormente. Papá también lo notó, porque aquello no era usual, y, +tomándole la cabeza con las manos, le dijo:</p> + +<p>—¿Qué te ha ocurrido, Martita? ¡Estás hoy fresca como una flor!</p> + +<p>Marta se ruborizó hasta la raíz de los cabellos, pero yo le tomé la mano +a hurtadillas por debajo de la mesa, diciéndome:</p> + +<p>—¡Ya sabemos lo que nos hace tan felices!</p> + +<p>Al día siguiente por la mañana, cuando tomábamos nuestro café, papá +entró con una carta abierta en la mano.</p> + +<p>—Una ave forastera viene a albergarse en nuestro nido—dijo +riéndose.—¡Adivinen cómo se llama!</p> + +<p>Y dicho esto, miró a Marta de reojo con expresión un tanto cómica. Me +pareció que ella se ponía más pálida que de costumbre y la taza que +tenía en la mano tembló perceptiblemente.</p> + +<p>—¿Esa ave ha venido ya alguna vez?—preguntó lentamente y en voz baja, +sin alzar los ojos.</p> + +<p>—¡Vaya si ha venido!—dijo papá sin dejar de reírse.</p> + +<p>—Entonces, es... Roberto Hellinger—dijo.</p> + +<p>Y exhaló un profundo suspiro como si le hubiera costado mucho decir +aquello.</p> + +<p>—¡Mil truenos! ¡Adivinas bien, chicuela!—dijo papá amenazándola con el +dedo.</p> + +<p>Ella nada contestó, y con su paso lento y cansado se dirigió hacia la +puerta; en toda la tarde nadie la volvió a ver.</p> + +<p>Por mi parte, la visita del primo me dejaba bastante indiferente. Su +imagen de otros tiempos, tal cual se me presentaba confusamente, no era +como para llenar de ensueños ardientes una romántica cabeza de quince +años.</p> + +<p>Pero la actitud de Marta me había llamado la atención.</p> + +<p>Al día siguiente, desde muy temprano, la oí ir y venir a pasos +precipitados, en el piso superior, por los cuartos de huéspedes.</p> + +<p>Fui a buscarla, pues tenía curiosidad de ver lo que la ocupaba en esas +habitaciones habitualmente cerradas.</p> + +<p>Había abierto todas las ventanas, sacado las sobrecamas y las cortinas, +y en chanclas, corría en medio del desorden, de un cuarto al otro. Se +cogía el rostro con ambas manos y se reía sola con una risa tan extraña, +que no se sabía si era llanto.</p> + +<p>Cuando le pregunté: «¿Qué haces ahí, Marta?» se estremeció, me miró muy +confusa y sólo entonces pareció darse cuenta del lugar en que se +encontraba.</p> + +<p>—Ya lo ves: preparo las camas—balbució al cabo de un instante.</p> + +<p>—¿Para quién?—pregunté.</p> + +<p>—¿Acaso no sabes que esperamos una visita?</p> + +<p>—¿Y eso es lo que te regocija tan terriblemente?—repliqué, +encogiéndome ligeramente de hombros.</p> + +<p>—¿Y por qué no había de regocijarme? Es nuestro primo.</p> + +<p>—¿Y nada más?—dije yo amenazándola con el dedo, como lo había visto +hacer la víspera a papá.</p> + +<p>Entonces, de improviso, ella se puso muy grave y me dirigió con sus +grandes ojos tristes una mirada tan llena de reproche, que sentí que la +sangre me afluía, ardiente, al rostro. Volví la cara a un lado, y como +ya no podía seguir representando el papel de mujer superior, me dirigí a +la puerta.</p> + +<p>A partir de ese instante, el primo Roberto me dio mucho qué pensar. Me +parecía evidente que él y Marta se amaban, y sobrecogida por la +vibración misteriosa con que la idea del gran desconocido llena a los +seminiños de mi edad, comencé a representarme la manera cómo había +podido nacer ese amor.</p> + +<p>Corría a través de los bosquecillos silvestres del parque y me decía:</p> + +<p>—Aquí es donde se han paseado secretamente.</p> + +<p>Me deslizaba en la sombra de los follajes y me decía:</p> + +<p>—Aquí es donde se han dado cita.</p> + +<p>Me dejaba caer en los bancos de césped húmedo y me decía:</p> + +<p>—Aquí es donde han cambiado dulces palabras.</p> + +<p>El jardín entero, la casa, el patio y todo lo que conocía desde que +había venido al mundo, se iluminaba de repente con una nueva luz que se +difundía por todas partes con un reflejo purpúreo. Una vida maravillosa +parecía haber surgido allí. Me había sumergido de tal modo en esas +imaginaciones, que concluía por creer que era yo quien había vivido ese +amor. Cuando volví a ver a Marta, no osaba alzar los ojos a ella, como +si yo hubiera llevado el secreto oculto en mi seno y ella fuera quien no +debiera adivinarlo.</p> + +<p>Pero, cuando, a la mañana siguiente, me di exacta cuenta de que Marta +había realmente vivido todo lo que yo no hacía más que soñar, eso me +turbó por completo, y desde un rincón obscuro, la examiné sin +interrupción, con mirada temerosa y escrutadora, como a un ser que +perteneciera a otro mundo.</p> + +<p>Me fijé en que cada cinco minutos salía al terrado, desde donde se podía +ver la puerta de entrada, pero entonces me guardé muy bien de dirigirle +preguntas indiscretas. Me imaginaba ser ya una confidente, una cómplice.</p> + +<p>Era un día claro de septiembre, de una hermosura maravillosa. Sobre el +llano y en el bosque flotaban como velos rosados; hilos plateados +temblaban silenciosos en el aire; el río llevaba un manto de vapor, una +paz religiosa se cernía sobre todo el paisaje. Me fui al bosque, pues +jamás podía encontrar suficiente soledad para soñar a mis anchas. En las +ramas de los álamos se oía ya el roce de las hojas amarillentas, y los +helechos dejaban caer sus tallos como criaturas heridas que apenas +pueden tenerse en pie.</p> + +<p>—Me entristecí: «La Naturaleza entera va a morir—dije;—¡Ah! ¡Si se +pudiera morir con ella!»</p> + +<p>Entonces me acordé de todas las burlas que había leído u oído sobre las +impresiones sentimentales del otoño.</p> + +<p>—Qué odiosas son esas bromas—me dije.—Pero de mí nadie se burlará; +sabré esconderme y sabré ocultar lo que siento. A nadie interesa lo que +pasa dentro de mí; y bien se me puede considerar como una muchacha fría +y sin corazón, con tal de que sepa yo que este corazón palpita lleno de +ardor y de amor por la humanidad.</p> + +<p>—Sí, aquel fue un día henchido de encanto, día admirable; y daría con +gusto todo lo que me queda de vida, si pudiera volver a él.</p> + +<p>Y la noche... la veo todavía como si fuera hoy. Las ventanas estaban +abiertas, los tallos flexibles de la viña virgen se mecían con el +viento, y, desde muy lejos, un trote de caballos, un chasquido de lanzas +y de sables llegaban hasta mis oídos. Nada podía ver, pues la obscuridad +lo cubría todo, pero yo sabía que era una tropa de cosacos que recorría +la frontera.</p> + +<p>Entonces cerré los ojos y soñé: un grupo de jinetes avanza; a su cabeza +viene el hijo del Rey, rubio y magnífico, sobre su blanco palafrén. Yo +soy la Princesa y estoy sentada en la torrecilla de la antigua mansión; +el renombre de mi hermosura se ha extendido de tal modo en la comarca, +que el hijo del Rey se ha decidido a venir, escoltado por lo más selecto +de sus cortesanos, para verme y pedir mi mano al viejo caballero, mi +padre.</p> + +<p>Y en eso me acuerdo de Marta, y me pregunto si a ella, en su calidad de +primogénita, no le corresponde la primacía. Pero, para consolarme, me +digo que, como ella ama a su Roberto, no necesita de ningún Príncipe.</p> + +<p>Y me figuro entonces lo que daré a todos los míos cuando haya subido al +trono: a Marta, un espléndido aderezo; a papá, un cofre de hierro lleno +de oro; a mamá, una gran caja de piñas azucaradas.</p> + +<p>El chasquido de lanzas desaparece a lo lejos, y con él mi sueño.</p> + +<p class="top5">Roberto llegó al día siguiente.</p> + +<p>En el momento en que el carruaje que lo conducía, rodó bajo el portón, +Marta estaba al lado del fogón. Corrí a buscarla y le susurré en el +oído:</p> + +<p>—Marta, creo que ahí está.</p> + +<p>Pero ella me demostró en seguida que yo no era su confidente: me miró un +instante fijamente y me preguntó, como si su espíritu estuviera lejos:</p> + +<p>—¿De quién quieres hablar?</p> + +<p>—¿De quién? Pues del primo, naturalmente.</p> + +<p>—¿Y por qué me dices eso tan misteriosamente?</p> + +<p>Y como al oír eso me encogí de hombros, ella tomó la espumadera que +había dejado caer y volvió a su tarea.</p> + +<p>—¿Y esa es toda la alegría que sientes?—continué, encogiendo el labio +con expresión despreciativa.</p> + +<p>Pero ella me apartó con la mano izquierda, con una brusquedad +inacostumbrada.</p> + +<p>—¡Vete, chiquilla, te lo ruego!</p> + +<p>Y he ahí cómo yo recibí al primo Roberto en su lugar.</p> + +<p>En el instante en que salí al terrado, él bajaba del carruaje.</p> + +<p>«No es mucho mejor que papá,» fue mi primer pensamiento. Era alto, de +estatura gigantesca, el pecho y las espaldas anchas, el rostro moreno, +con dos ojillos azules, y encuadrado por una barba rubia, erizada, una +de aquellas barbas que llevaban los antiguos lasquenetes.</p> + +<p>—«No falta más que la yugular,»—pensé para mis adentros.</p> + +<p>De un salto salvó varios escalones y riéndose vino a mí:</p> + +<p>—¡Hola! ¡Buenos días, Marta!—gritó.</p> + +<p>Luego, de improviso, se estremeció, me miró de los pies a la cabeza y se +quedó como petrificado en medio de la escalera.</p> + +<p>—¡Yo no me llamo Marta, sino Olga!—dije un poco humillada.</p> + +<p>—¡Ya me lo decía yo!...—exclamó sacudiéndose, y, adelantándose hacia +mí, me alargó una mano roja y tosca de trabajador, toda encallecida y +agrietada.</p> + +<p>—«¡Qué palurdo!»—me dije mentalmente.</p> + +<p>Cuando ya estuvimos dentro de la casa, me examinó nuevamente.</p> + +<p>—Todavía eras una pequeñuela, cuando salí de aquí, y me parece +verdaderamente extraordinario que te asemejes tanto a Marta.</p> + +<p>—«¿Yo, parecerme a Marta?—pensé—¿Cuándo me habré parecido a Marta?»</p> + +<p>—Pero no—continuó,—ella no era tan alta, sus cabellos eran más +claros, no tenía esa expresión tan altiva, y... no miraba con ojos tan +severos.</p> + +<p>—¡Ah, Dios del Cielo!—me dije.—¿Acaso nunca has visto los ojos de +Marta?</p> + +<p>En ese instante se abrió muy suavemente la puerta de la cocina, y por la +abertura, no más ancha que la mano, ella se escurrió en la habitación. +No se había quitado el delantal; su rostro estaba tan blanco como él, y +los labios le temblaban.</p> + +<p>—Bienvenido seas, Roberto—le dijo tímidamente por detrás, pues él se +había vuelto hacia mí.</p> + +<p>Al primer sonido de esa voz, Roberto se dio media vuelta bruscamente, y +entonces se quedaron un rato frente a frente sin hacer un movimiento, +sin articular una sílaba.</p> + +<p>Yo temblaba; hacía dos días que acechaba ese momento, y he ahí que el +resultado burlaba lastimosamente mi espera.</p> + +<p>Al fin se acercaron lentamente el uno al otro y se besaron. Pero ese +mismo beso no me gustó; a mí no me habría besado de otra manera.</p> + +<p>—Sí, pero ni siquiera lo ha hecho—agregué para mis adentros.</p> + +<p>Después permanecieron nuevamente inmóviles y silenciosos. Mi corazón +latía con tanta violencia, que tuve que apretarme el pecho con las dos +manos.</p> + +<p>Al fin, Marta le dijo:</p> + +<p>—¿No quieres sentarte, Roberto?</p> + +<p>Él hizo un ademán de asentimiento y se dejó caer en un rincón del sofá +que crujió bajo su peso. Continuaba mirándola incesantemente; al cabo de +un largo rato, dijo:</p> + +<p>—¡Mucho has cambiado, Marta!</p> + +<p>Al oír esto me pareció que me daban una bofetada.</p> + +<p>Una sonrisa de una tristeza indecible rozó los labios de Marta:</p> + +<p>—Sí—dijo.—¡Mucho debo haber cambiado!</p> + +<p>Nuevo silencio. Se habría dicho que Roberto necesitaba mucho tiempo para +encontrar palabras capaces de expresar su pensamiento.</p> + +<p>—¿Cómo es que jamás he sabido que estabas enferma?—concluyó por decir.</p> + +<p>—No lo sé—replicó ella con una dulzura en que se descubría un poco de +amargura.</p> + +<p>—¿No podías escribírmelo?</p> + +<p>—Pero, ¿acaso nos escribimos?</p> + +<p>Roberto empujó con irritación el pie de la mesa.</p> + +<p>—Pero cuando uno no está bien... entonces... entonces...</p> + +<p>No supo decir más.</p> + +<p>Yo apreté los puños: ¡habría sabido concluir tan bien la frase por él!</p> + +<p>—Tú sabes—dijo Marta,—que el enfermo es siempre el último en saber +que no está bien.</p> + +<p>—Yo creía que él debía saberlo mejor que nadie.</p> + +<p>—¿Y si uno juzga que no vale la pena hacerle caso?</p> + +<p>Esta vez Marta habló sin amargura, en el tono tranquilo y moderado que +le era habitual, y, sin embargo, cada palabra me partía el corazón.</p> + +<p>—¡Oh, Marta!—gritaba una voz dentro de mí.—¿Por qué me has rechazado?</p> + +<p>En eso ella soltó una risa breve y preguntó a Roberto cómo estaban en su +casa, y lo que hacían mi tío y mi tía.</p> + +<p>—Pero primero, quisiera saber lo que hacen mi tío y mi tía—dijo +mirando en su derredor hasta en los rincones.</p> + +<p>Yo estaba tan contenta de ver disiparse el embarazo que los oprimía, que +al verlos buscar por el cuarto tan cómicamente, prorrumpí en una risa +estrepitosa.</p> + +<p>Ambos se volvieron hacia mí, sorprendidos, como si sólo entonces notaran +mi presencia.</p> + +<p>—¿Y qué dices de nuestra Olguita?—preguntó Marta, tomándome por la +mano con ademán maternal.—¿Te gusta?</p> + +<p>—Ahora un poco más—dijo examinándome.—Antes me pareció demasiado +enseñorada.</p> + +<p>—Sin embargo, no podía saltarte al cuello en seguida—repliqué.</p> + +<p>—¿Y por qué no?—repuso con una sonrisa.—¿Crees que no habría habido +bastante lugar para ti?</p> + +<p>—No—dije, para que supiera de una vez cómo había que tratarme.—Ese no +es mi lugar.</p> + +<p>Entonces me miró muy azorado, y dijo meneando la cabeza:</p> + +<p>—¡Cáspita! La chiquilla es mordaz.</p> + +<p>Yo iba a replicar, pero papá entró.</p> + +<p>En la mesa no los perdí de vista, pero nada sospechoso hubo que +observar; apenas si cambiaron algunas miradas.</p> + +<p>—Más tarde, cuando nuestros padres duerman—me dije,—tratarán de +escaparse.—Pero me equivoqué. Se quedaron tranquilamente en la sala y +ni una sola vez trataron de alejarme. Él fumaba, sentado en un rincón +del canapé; ella estaba sentada cinco pasos más allá, junto a la +ventana, con su bordado.</p> + +<p>—Quizá son demasiado tímidos—me dije,—y esperan que la ocasión se +presente sola.—Hice dos o tres observaciones, para ver si cambiaban de +lugar, y salí de la habitación. Luego, con el corazón palpitante, esperé +media hora, encerrada en mi cuarto y contando los minutos antes de +atreverme a volver.</p> + +<p>—Ahora—me dije,—él se le acercará, le tomará la mano y la mirará por +largo rato en los ojos. ¿Me amas siempre?—le preguntará,—y ella, +ruborizándose, con una mirada húmeda, se dejará caer sobre su pecho.</p> + +<p>Cerré los ojos y suspiré. Las sienes me palpitaban, me sentía cada vez +más embriagada por las imágenes que me representaba y me figuraba su +continuación; lo veía caer de rodillas delante de ella, y, con miradas +ardientes, balbucir juramentos apasionados de amor y de fidelidad.</p> + +<p>Me sabía de memoria lo que él le decía en ese momento, y no menos bien +lo que ella le contestaba: habría podido soplarle las palabras.</p> + +<p>Cuando pasó la media hora, me consulté para saber si les otorgaría +todavía algunos instantes: yo era entonces su providencia, y, en esta +calidad, les acordé graciosamente mi protección, con una sonrisa.</p> + +<p>—¡Ojalá puedan vaciar hasta el fondo la copa del deleite!—pensé, y +resolví ir todavía a dar una vuelta por el jardín. Pero la curiosidad me +dominaba a tal extremo, que a la mitad del camino volví sobre mis pasos.</p> + +<p>Me acerqué sin ruido hasta la puerta, pero apenas hallé el valor +necesario para dar vuelta al botón: la idea de lo que iba a presenciar +me oprimía el pecho hasta ahogarme.</p> + +<p>¿Y qué fue lo que vi?</p> + +<p>Roberto estaba todavía sentado, como yo lo había dejado, en una esquina +del canapé; había fumado su cigarro, del que no le quedaba ya más que la +punta entre los dedos, y el bordado de Marta contenía una flor que antes +no existía.</p> + +<p>—¿Por qué te encoges de hombros con ademán tan despreciativo?—me +preguntó Marta.</p> + +<p>Y Roberto agregó:</p> + +<p>—Parece que no tengo la aprobación de la señorita.</p> + +<p>—Así, pues, siempre mis buenas intenciones son objeto de insultos—me +dije, y salí golpeando violentamente la puerta detrás de mí.</p> + +<p>Toda esa noche, loca de mí, me la pasé despierta hasta el amanecer, +representándome la manera cómo yo, Olga Bremer, habría procedido en el +lugar de uno y otro. Unas veces era Roberto y otras Marta; sentía, +hablaba, obraba por ellos, y en el silencio de mi dormitorio resonaba el +murmullo apasionado de un amor ardiente, desdeñoso del mundo entero.</p> + +<p>Como para mi gusto, las cosas se presentaban demasiado simples, inventé +un montón de dificultades: negativa de los padres, cita nocturna en la +frontera y sorpresa por los cosacos, encarcelamiento, maldición +paternal, fuga, y, por fin, muerte común en las aguas, pues un verdadero +amor no me parecía dignamente sellado y concluido sino por la muerte.</p> + +<p>Cuando me levanté, al día siguiente por la mañana, tenía zumbidos en la +cabeza, y ante mis ojos bailaban manchas de luz verdes y amarillas.</p> + +<p>Al ver mi semblante, Marta juntó las manos por encima de su cabeza, y +Roberto, que otra vez estaba sentado en la esquina del sofá, envuelto +nuevamente en nubes de humo, exclamó:</p> + +<p>—¿Has pasado la noche llorando o bailando?</p> + +<p>—Bailando—repliqué,—en el Brocken con otras brujas.</p> + +<p>—No se puede sacar una palabra racional de esta chiquilla,—dijo +moviendo la cabeza.</p> + +<p>—A preguntas necias...—repliqué.</p> + +<p>—¡Vaya! no volveré a abrir la boca—dijo riéndose;—de lo contrario se +me serviría desde por la mañana un plato de necedades como en mi vida he +comido.</p> + +<p>Marta me dirigió una mirada de reproche. Yo huí al fondo del parque, al +lugar más sombreado, y oculté mi encendida cara entre el fresco follaje.</p> + +<p>Poco me faltaba para llorar.</p> + +<p>—He ahí, pues, mi destino—me decía:—desconocida por todo el mundo, +aislada y desdeñada con mi corazón ardiente de amor, marchitándome en mi +rincón sin que nadie me solicite, mientras que en torno mío todo se +entrelaza y satisface su pasión en ardientes besos.</p> + +<p>Sí, en sueño, había substituido tan bien a Marta en su amor, que había +llegado a tomarme por la heroína: el desencanto no podía hacerse +esperar.</p> + +<p>¡Si por lo menos a ellos dos se les hubiera ocurrido, más tarde, seguir +los vuelos de mi imaginación! pero mientras más tiempo Roberto +permanecía entre nosotros, más observaba las relaciones de Marta con él, +y más me convencía de que el interés que yo les prodigaba, se perdía +totalmente.</p> + +<p>Ella, encarnación de la ama de casa, fría y tímida, sometida a todas las +fatalidades de la existencia cuotidiana; él, encarnación del +propietario, pesado y obtuso, incapaz de toda pasión. Discurría en esta +forma, mientras mi corazón estuvo lleno del sentimiento amargo de que yo +pasaba inadvertida y era inútil. Entonces ocurrió un incidente que no +sólo suavizó mi humor, sino que hasta modificó sensiblemente mi juicio +sobre nuestro primo.</p> + + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + + +<p>Hacía cuatro días que Roberto estaba en casa, cuando vino a buscarme de +improviso y me dijo:</p> + +<p>—Olguita, quisiera pedirte algo; ¿no vendrías a hacer un paseo a +caballo conmigo?</p> + +<p>—¡Qué honor!—repliqué.</p> + +<p>—No, no hay que volver a empezar en ese tono—dijo con una risa en la +cual se notaba algo de enfado.—Tratemos de ser buenos camaradas por +media hora, ¿quieres?</p> + +<p>Su ingenua franqueza me agradó: dije que sí.</p> + +<p>Cuando nuestros caballos pasaron el portón, Marta estaba en la ventana +de la cocina y nos hizo señas con su delantal blanco.</p> + +<p>—Ves, Marta—dije para mis adentros,—así es cómo me iría con él a +través del vasto mundo, si fuera su querida.</p> + +<p>Yo no tenía entonces más que una noción bastante confusa de lo que es +una «querida» y no vacilaba en elevar a Marta a esa dignidad.</p> + +<p>—Monta bien—pensé en seguida;—mi «hijo del rey» no sería mejor +jinete.</p> + +<p>Y entonces me sorprendí al ver que me había erguido, orgullosa y alegre, +en mi silla, invadida por un indefinible sentimiento de bienestar que me +hacía correr un estremecimiento por todo el cuerpo.</p> + +<p>Roberto nada decía, pero con frecuencia se inclinaba hacia mí y me hacía +una seña amistosa, como si juzgase prudente consolidar nuestro pacto +cada cinco minutos: trabajo inútil, pues nada estaba más lejos de mi +imaginación que la idea de romperlo. Cuando hubimos trotado una media +hora a un paso bastante vivo, detuvo su caballo y me dijo:</p> + +<p>—¿Bueno, chiquilla?</p> + +<p>—¿Qué hay, «grande»?</p> + +<p>—¿Regresamos?</p> + +<p>—¡Oh, no!</p> + +<p>No estaba dispuesta a renunciar tan fácilmente a lo que me llenaba de +una satisfacción tan completa.</p> + +<p>—Entonces, ¡al bosque de Illowo!—dijo él señalando la mancha azulada +que cerraba el horizonte a lo lejos.</p> + +<p>Hice un signo afirmativo, y di tal latigazo a mi caballo, que éste se +irguió y partió dando saltos.</p> + +<p>—¡Bravo, por la chica de quince años!—gritó él detrás de mí.</p> + +<p>—¡Dispense, dieciséis!—repliqué, volviéndome a medias hacia él.—Por +otra parte, si me vuelves a echar en cara mi juventud, ¡se acabó +nuestra camaradería!</p> + +<p>—¡En nombre del Cielo!—dijo él riéndose.</p> + +<p>Y continuamos nuestra carrera sin decir palabra.</p> + +<p>El bosque de Illowo está dividido por una pequeña corriente de agua, +cuyas orillas se hallan tan cerca la una de la otra, que las ramas de +los álamos que las pueblan a cada lado, se entrelazan y forman por +encima del espejo obscuro de las aguas una alta bóveda de verdura que, a +cada desvío del riachuelo, termina en un muro de follaje, para volver a +formarse inmediatamente después.</p> + +<p>Bajo esa bóveda, junto al borde del agua, conocía desde mi infancia más +de un escondrijo, donde me pasaba las horas enteras, leyendo o soñando, +mientras mi caballo, un poco más arriba, pacía tranquilamente en el +bosque.</p> + +<p>Y como esta vez íbamos lentamente, por entre los troncos de árbol, se me +ocurrió hacerle conocer uno de mis retiros.</p> + +<p>—Quiero bajar—le grité,—ven a ayudarme a echar pie a tierra.</p> + +<p>De un salto bajó de su caballo e hizo lo que yo le pedía.</p> + +<p>—¿Qué quieres hacer?—me preguntó.</p> + +<p>—Vas a verlo—dije,—pero primero suelta los caballos...</p> + +<p>—¡No faltaba más!—dijo Roberto riéndose.—Me haces el efecto de quien +quiere coger las liebres poniéndoles un grano de sal bajo la cola.</p> + +<p>E hizo ademán de atar las riendas a un tronco de árbol.</p> + +<p>—¡Suéltalos!—ordené.</p> + +<p>Y como él no obedecía castigué a los caballos con mi varilla: antes que +él hubiera pensado en sostener más fuertemente las bridas, los caballos +galopaban ya libremente en el bosque.</p> + +<p>—¿Y ahora?—dijo mi primo poniéndose las manos en los bolsillos.—¿Te +imaginas que van a dejarse coger otra vez?</p> + +<p>—Por ti, no—respondí riéndome, pues estaba segura de mis favoritos.</p> + +<p>Y cuando al oír un ligero silbido de mis labios, ambos acudieron desde +lejos dando brincos y vinieron a rozar suavemente mi cuello con sus +hocicos, esperando una caricia, mi corazón se dilató: me sentía +orgullosa de que hubiera en la tierra criaturas, aunque privadas de +razón, que se inclinaban ante mi poder y me eran sumisas por afecto, y +alcé hacia Roberto una mirada triunfante: ahora él debía saber quién era +yo y qué pretendía.</p> + +<p>Pero vi muy bien que todavía yo no le imponía.</p> + +<p>—¡Maravilloso, chica!—dijo él, y nada más.</p> + +<p>En seguida me dio un golpecito paternal en el hombro y se recostó +perezosamente en el césped. Los rayos de sol que pasaban a través de las +ramas, relucían en su barba: me pareció un gigante en reposo, semejante +a los que nos pintan las leyendas del Norte.</p> + +<p>Pero en el momento en que, al contemplarlo, iba a sumergirme en mis +visiones románticas, se puso a bostezar terriblemente, de tal modo que +volví a caer repentina y bruscamente en la prosa.</p> + +<p>—¡Pero no nos vamos a quedar aquí, mi señor primo!</p> + +<p>—No seas loca, chiquilla—dijo él cerrando los ojos.—Haz como yo, +vamos a dormir.</p> + +<p>Tuve un impulso de alegría, y, acercándomele, lo cogí por el cuello y lo +sacudí fuertemente.</p> + +<p>Quiso asir mi vestido, pero yo me escapé, lo que le hizo levantarse +vivamente para correr tras de mí.</p> + +<p>Entonces, tranquilamente me adelanté hacia él y le dije:</p> + +<p>—Bueno, ahora, ven.</p> + +<p>Por entre espesos matorrales, lo conduje a la base de la pendiente +escarpada, al pie de la cual reposaba el agua profunda semejante a un +espejo obscuro. Allí, los árboles de anchas hojas y toda clase de +plantas trepadoras formaban, al engancharse a una salida de la roca, una +cuna natural, donde había sombra aun en pleno mediodía.</p> + +<p>Allí fue donde le hice entrar.</p> + +<p>—¡Mil truenos! He aquí un lindo rincón, chica—dijo él al mismo tiempo +que se extendía cómodamente sobre la piedra, tanto que sus pies caían +casi al nivel del agua.</p> + +<p>—Ven, ponte a mi lado; hay sitio para los dos.</p> + +<p>Lo obedecí, pero me senté de manera que mi mirada pudiera dominarlo.</p> + +<p>Él fingía dormir, y de cuando en cuando, por entre sus párpados medio +cerrados, alzaba los ojos hacia mí.</p> + +<p>De repente se me ocurrió esta idea:</p> + +<p>«¿Si fueras Marta, qué harías en este momento?»</p> + +<p>Y un pavor tal se apoderó de mí, que la sangre me subió hirviente a la +cara.</p> + +<p>—¿Eres miedosa, chiquilla?—me preguntó.</p> + +<p>Yo sacudí la cabeza.</p> + +<p>—Entonces, ven.</p> + +<p>—Ya estoy a tu lado.</p> + +<p>—Ponte allí, delante de mí.</p> + +<p>Hice lo que me pedía: mis pies tocaban casi el borde de la piedra.</p> + +<p>De pronto, se levantó, me asió, rápido como el rayo, por la cintura, y +en el mismo instante me sentí suspendida sobre el agua.</p> + +<p>Lo miré riéndome.</p> + +<p>—¡Cómo!... ¡Cómo!...—dijo.—¡No hay de qué reírse! Si te dejara +caer...</p> + +<p>—Me ahogaría... Pues bien, ¡déjame caer!</p> + +<p>—No. Antes quiero que me confieses algo.</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—¿Por qué no puedes sufrirme?</p> + +<p>Respiré profundamente. Al mismo tiempo sentí que las suelas de mis +botines tocaban ya la superficie del agua: él no podía dejarme caer más. +Una deliciosa sensación de desfallecimiento me invadió.</p> + +<p>—Pero yo puedo sufrirte—le dije.</p> + +<p>—¿Por qué entonces me contestas siempre de tan mala manera?</p> + +<p>—Porque soy una muchacha mal criada.</p> + +<p>—¡Enhorabuena!—dijo él, riéndose.</p> + +<p>Y, con un movimiento brusco, me alzó como una pluma: yo me volví a +encontrar de pie sobre la piedra.</p> + +<p>—Bueno, ahora siéntate; vamos a conversar seriamente.</p> + +<p>Me tomó la mano y continuó:</p> + +<p>Mira, soy un hombre sencillo, he trabajado mucho y pensado poco en +ejercitar mi espíritu. Tú, con tu vivacidad, me ganas fácilmente; por +eso es que siempre me cuesta trabajo hablarte. Tú no lo haces con mala +intención, bien lo sé, pues en nuestra familia no se conoce la maldad; +pero de todos modos eso no conviene. Tengo casi doce años más que tú, tú +eres todavía una chiquilla, o poco menos... ¿Tengo razón?</p> + +<p>—Tienes razón...—respondí humildemente.</p> + +<p>Y me preguntaba aparte lo que se había hecho mi altivez.</p> + +<p>—¿Por qué, pues, procedías así?</p> + +<p>—Porque quería agradarte.</p> + +<p>Y exhalé un profundo suspiro.</p> + +<p>Él me miró en los ojos con asombro.</p> + +<p>—Porque quería mostrarte que no soy una tontuela, que tengo la cabeza +muy a plomo, que yo...</p> + +<p>Me detuve muy confusa. Roberto se mordía la barba y miraba frente a él, +pensativo.</p> + +<p>—¡Miren eso!—dijo.—Pues bien, creo que yo te estaba tomando por el +mal lado. ¡Qué suerte que haya seguido el consejo de Marta!</p> + +<p>—¿De Marta? ¿Qué consejo te ha dado?</p> + +<p>—Tómala aparte, uno de estos días—me ha dicho,—y explícate con ella. +Cuando Olga no quiere a alguién, lo aborrece, y me daría mucha pena que +no te tuviera cariño.</p> + +<p>—¿Marta ha dicho eso?—exclamé, y las lágrimas me asomaron a los +ojos.—¡Qué corazón, qué corazón de oro!</p> + +<p>—Sí, ha dicho eso y muchas otras cosas más para explicar tu +temperamento y excusarte. Y como amo a Marta...</p> + +<p>—¿La amas?—dije, interrumpiéndolo, ávida de saber más.</p> + +<p>—Sí, profundamente—respondió él pensativo, con los ojos fijos en el +agua que corría a sus pies.</p> + +<p>Mi corazón latía tan precipitadamente, que apenas podía respirar. ¡Así, +pues, él me tomaba por confidente, me convertía en su aliada! Habría +querido saltarle al cuello, inmediatamente, tan agradecida me sentía +hacia él.</p> + +<p>—Y... ¿ella lo sabe?</p> + +<p>—Debe saberlo... es una cosa que no se puede ocultar...</p> + +<p>—¿Cómo?...—balbucí.—¿Tú no... no... se lo has dicho?</p> + +<p>Roberto sacudió tristemente la cabeza.</p> + +<p>Yo caí desde lo alto de las nubes. ¡De modo que los bosquecillos de +nuestro jardín nunca habían prestado su abrigo a dos enamorados; la +luna, que brillaba por entre las ramas, nunca había sido testigo de +besos clandestinos! ¡Puras quimeras todas mis imaginaciones!</p> + +<p>Pero, en medio de mi desilusión, sentía una profunda compasión por ese +gigante, que, sin más fuerzas que un niño, buscaba amparo en mí. Me juré +que su confianza en mí no sería vana.</p> + +<p>—¿Y por qué has guardado silencio?—insistí.</p> + +<p>Pareció que consideraba mi extrema juventud con un poco de desconfianza; +sin embargo, dijo con un profundo suspiro:</p> + +<p>—En aquel tiempo, yo era un muchacho tímido y no encontraba el valor +necesario para hablar. ¡En esos primeros años de locura se siente uno +tan transportado, si obtiene siquiera un apretón de manos a hurtadillas! +Se figura uno que el mismo matrimonio no podrá ofrecer un deleite mayor. +Pero en realidad tú no puedes comprender eso.</p> + +<p>—¿Quién sabe?—repliqué en mi inocencia.—Mucho he leído ya sobre eso.</p> + +<p>—En resumen—prosiguió él,—yo era entonces más o menos tan ingenuo +como tú ahora. Y hoy, ¿sabes? hoy, si hablo, la menor palabra me vincula +a ella, con cadena indisoluble, y para siempre.</p> + +<p>—¿Entonces, no quieres vincularte?—le pregunté con sorpresa.</p> + +<p>—No tengo derecho para ello—gritó,—no tengo derecho. No sé si podré +hacerla feliz.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Francamente... si no lo sabes!...</p> + +<p>Encogí el labio con desprecio y dentro de mí, llegué a esta conclusión: +«¡Entonces, no la ama!»</p> + +<p>Pero él, con los ojos chispeantes, se animó más:</p> + +<p>—Compréndeme, niña. Si eso dependiera de mí, no pediría más que +llevarla toda mi vida en mis brazos, para que su pie nunca tropezara con +las piedras del camino. Pero... ¡oh! ¡esta miseria, esta miseria!</p> + +<p>Y se mesaba los cabellos de tal modo, que yo me sentía realmente +turbada. Nunca habría creído posible que ese hombre tan tranquilo y +grave pudiera volverse tan apasionado.</p> + +<p>—Confíame tus tormentos, Roberto—dije, poniéndole la mano en el +hombro.—No soy más que una chica, muy sencilla, pero eso desahogará tu +corazón.</p> + +<p>—¡No puedo!—gimió,—¡no puedo!</p> + +<p>—¿Y por qué?</p> + +<p>—Porque sería mortificante... hasta para ti. No puedo decirte más que +una cosa: Marta es una criatura delicada, tierna e impresionable; jamás +podría resistir al torrente de penas y de tormentos que caería sobre +ella: se doblaría como una frágil caña al primer soplo de la tormenta. +¿De qué me serviría tener que llevarla al cementerio pocos años después +de nuestro matrimonio?</p> + +<p>Un helado calofrío me pasa por todo el cuerpo cuando pienso en la +horrible manera en que debía realizarse esa frase, llena de +presentimiento, pero en aquel momento nada vino a advertírmelo: sólo +experimentaba un vivo deseo de dar a ese amor, por demás prosaico para +mi gusto, un giro tan romántico como fuera posible. Desgraciadamente no +había gran cosa que hacer. Por lo menos asumí una expresión capaz y +busqué en mi memoria algunas de las frases que las venerables sibilas o +los confesores dan ordinariamente como viático a los amantes +desgraciados.</p> + +<p>Y él, como un gran niño que era, bebió esas tontas palabras de consuelo +con la avidez de un hombre que se muere de sed.</p> + +<p>—¿Pero tendrá paciencia ella también?—me preguntó, y parecía perder +nuevamente el valor.</p> + +<p>—¡Sí, la tendrá! ¡Confía plenamente!—grité con arrebato.—Puesto que +espera desde hace tanto tiempo, podrá muy bien tener paciencia uno o dos +años más. Ya verás cómo se somete de buen grado.</p> + +<p>—¡Y si, aun más tarde, ese casamiento no pudiera realizarse!—objetó +Roberto.—¡Si yo defraudara su esperanza, si hubiera jugado con su +corazón! ¡No, no hablaré; antes me arrancarán la lengua, no hablaré!</p> + +<p>—Si no querías hablar, ¿para qué viniste entonces?</p> + +<p>Dios sabe cómo ese pensamiento de doble filo vino a mi espíritu de joven +aturdida. Sentí confusamente que al pronunciar esas palabras cometía un +acto de crueldad, pero... ya era tarde.</p> + +<p>Vi palidecer su rostro, sentí que su respiración ardiente se exhalaba en +un suspiro.</p> + +<p>—Soy un hombre de honor, Olga—murmuró entre dientes;—¿para qué +atormentarme? Pero, ya que has hecho la pregunta, tendrás una respuesta. +He venido porque ya no podía vivir sin ella, porque quería beber en sus +ojos el consuelo y la fuerza necesarios para las tristezas venideras, y +porque... porque, en el fondo, acariciaba siempre la secreta esperanza +de que las cosas aquí pudieran tomar otro giro, que todo pudiera +arreglarse para que yo me la llevara conmigo.</p> + +<p>—¿Y las cosas no se arreglan?</p> + +<p>—¡No!... No preguntes por qué. Conténtate con esta respuesta: ¡no!</p> + +<p>De repente se inclinó hacia mí, se apoderó de mis manos y me dijo desde +el fondo del corazón:</p> + +<p>—Ves, Olga, cómo nuestro compañerismo ha tenido mejor resultado que el +que podíamos esperar uno y otro hace media hora. ¿Querrías asistirme +fielmente, y ayudarme en cuanto estuviera en tu poder?</p> + +<p>—Sí, te ayudaré—respondí, y al decir esto me sentí penetrada de la +solemnidad de mi promesa.</p> + +<p>—Veo que ya no eres una niña—continuó él,—eres una joven enérgica e +inteligente, y si emprendes algo, no flaquearás. ¿Quieres velar por +ella, para que no se desaliente, si todavía esta vez me voy sin haber +hablado? ¿Lo quieres?</p> + +<p>—Sí, velaré—repetí.</p> + +<p>—¿Y quieres escribirme de cuando en cuando para decirme cómo está, si +se siente bien, si sigue animosa? ¿Quieres?</p> + +<p>—Te escribiré—volví a contestar.</p> + +<p>—Entonces, ven, dame un beso, y seamos buenos amigos en lo sucesivo y +para siempre.</p> + +<p>Y me besó en los labios...</p> + +<p>Cinco minutos después estábamos a caballo, y trotábamos rápidamente +hacia la casa, pues ya comenzaba a obscurecer.</p> + +<p>—¡Cuánto han tardado!—dijo Marta que estaba en el terrado, con su +delantal blanco, y nos sonreía desde lejos.</p> + +<p>Cuando la vi, experimenté el sentimiento de que toda la ternura que yo +pudiera prodigarle, sería poca. Me precipité hacia ella y la besé +impetuosamente. Pero, al mismo tiempo tuve pena, pues me parecía que así +borraba de mis labios el beso de Roberto. Me desprendí de sus brazos, +con el corazón oprimido, y me alejé. En la mesa, esa misma noche, no +cesé de mirar a mi primo, pues me imaginaba que me recordaría con una +seña nuestro convenio secreto. Pero él no pensó en ello; sólo cuando +todos se levantaron deseándose «buena digestión,» me estrechó la mano de +un modo muy particular, como nunca lo había hecho antes.</p> + +<p>Esto me hizo tan feliz como si hubiera recibido un magnífico presente.</p> + +<p>Esa noche, me costó mucho trabajo esperar el momento en que me +encontraría en mi cama, con la vela apagada. Me gustaba quedarme así, +una hora por lo menos, con los ojos bien abiertos en la obscuridad, y +soñando: tenía la facultad de poder quedarme despierta todo el tiempo +que quería, y de dormirme tan pronto como me parecía conveniente; para +ello no tenía más que hundir la nariz en la almohada, y era cosa hecha. +Esta vez me estiré en mi cama con un sentimiento de bienestar que nunca +había conocido en mi vida. Todos los deseos de mi existencia me parecían +colmados. Mis mejillas ardían y en mis labios tenía, todavía sensible, +la picazón ligera del primer beso con que un hombre—papá, naturalmente, +no contaba,—los hubiera rozado.</p> + +<p>Y si, contemplándolo de cerca, ese beso se dirigía también a otra, ¿qué +me importaba? Era tan joven todavía, que no podía pretender semejante +cosa para mí sola.</p> + +<p>Volví una vez más a mi idea predilecta: ¿Qué haría yo si estuviera en el +lugar de Marta? De esta suerte, no necesitaba desgarrar el tejido de +imaginaciones, que no eran más que puras quimeras—ese día me lo había +probado bien,—pero podía trabajar en él con toda tranquilidad, y fue lo +que hice en mi desvelo o en mis sueños, hasta la mañana siguiente.</p> + +<p>Dos días después, Roberto partió. Algunas horas antes de marcharse tuvo +una larga conversación con Marta en el jardín.</p> + +<p>Los vi internarse en él sin sentir celos, y fue para mí un placer +indecible el guardar la puerta para que nadie los sorprendiera.</p> + +<p>Cuando reaparecieron, estaban silenciosos y fijaban en el suelo sus +miradas serias y tristes.</p> + +<p>No, no se había declarado, bien lo vi a la primera ojeada, pero había +hablado del porvenir e insinuado sin duda algunas palabritas de tímida +esperanza.</p> + +<p>En el momento en que iba a subir al carruaje se encontró por casualidad +solo conmigo algunos segundos. Me tomó la mano y murmuró:</p> + +<p>—¿No revelarás una sola palabra? ¿Puedo contar con ello?</p> + +<p>Hice un signo de afirmación enérgica.</p> + +<p>—¿Y me escribirás pronto?</p> + +<p>—Seguramente.</p> + +<p>—¿Adónde debo dirigirte la respuesta?</p> + +<p>Me quedé azorada: no había pensado en ello. Pero, como los minutos eran +contados, nombré al azar a un viejo mayordomo que me había demostrado +siempre más afecto que nadie.</p> + + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + + +<p>El tiempo transcurría. Lo mismo que antes, los días sucedían a los días, +y sin embargo, ¡cuán nuevo y particular se había vuelto el mundo para +mí!</p> + +<p>Ya no necesitaba estudiar el amor en los libros, ni mirarlo de lejos; +había penetrado en persona en todo mi ser, sus dulces enigmas me +envolvían por todas partes y podía—¡oh deleite!—divertirme con ellos: +estaba sumergida hasta la cabeza en la intriga que debía asegurar la +felicidad de mi hermana.</p> + +<p>Era maravilla ver, después de esa visita de Roberto, cómo Marta volvía a +la vida y recuperaba a la vez fuerzas, colores y salud. Esos pocos días +de existencia en común con él habían obrado sobre ella como un baño +fortificante, y más aun la milagrosa fuente de la esperanza, de la cual +había bebido furtivamente a grandes tragos.</p> + +<p>Sin duda, no había recobrado su brillante alegría de otros tiempos, que +esos siete años de ansiosa espera parecían haberse llevado +irrevocablemente; ni cantos ni risas se escapaban ya de sus labios, +pero un brillo suave y cálido animaba sus facciones como si una luz +salida del alma, las iluminara. Ya no se arrastraba por la casa a pasos +lentos y cansados, y cuando alguien se le acercaba, ella lo acogía con +una sonrisa amistosa.</p> + +<p>Como su dicha necesitaba desahogarse en afecto, se me acercaba más y más +y procuraba penetrar en mi pensamiento taciturno y solitario. Eso no +hacía más que aumentar mi cariño e impulsarme a rogar a Dios para que +derramara sus bendiciones sobre ella, pero no le daba mi confianza.</p> + +<p>Mientras no me abriera su corazón ella misma, no podía ni quería +confesarle cuán profundamente mis ojos habían penetrado ya en él.</p> + +<p>Más de una vez me sorprendí contemplándola con un sentimiento maternal, +si puedo decirlo, pues desde que estaba en correspondencia seguida con +Roberto, me figuraba que verdaderamente tenía la felicidad de ambos en +mis manos.</p> + +<p>En mi presunción, me consideraba fácilmente como un buen genio, vestido +de blanco, con una palma en la mano, y cuya sonrisa vertía bendiciones. +Mientras tanto, contaba los días hasta la llegada de una carta de +Roberto, y corría de acá para allá, con las mejillas encendidas, cuando, +al fin, la llevaba sobre mi corazón.</p> + +<p>Esas cartas se me habían hecho tan necesarias, que me era difícil +concebir cómo había podido vivir antes sin ellas. So pretexto de +contarle los hechos y dichos de Marta, sabía muy bien ahuyentar las +penas de su corazón con mi charla, infantil y loca como gusta a los +hombres, para poder sentirse superiores a nosotras, o seria y llena de +madurez, como se había vuelto mi corazón. Le agradaba mi cháchara, +cualquiera que fuera su tono, como se escucha con gusto el gorjeo de un +pájaro cantor, y yo no pedía más. ¡Le estaba tan agradecida porque me +había asociado a su grande y sincera pasión, a mí, a la chicuela a quien +todavía hacían salir de la habitación cuando la gente grande quería +hablar de cosas serias! Toda mi dignidad, toda la importancia que yo +tenía a mis propios ojos, me venían de ese papel de protectora.</p> + +<p>Así crecía yo con ese amor, me alimentaba con esa pasión, de la que +nunca la menor migaja debía caer para mí de la mesa.</p> + + + +<p class="top5">Cuando llegó el otoño, noté que Marta manifestaba una agitación +extraordinaria. Andaba con paso febril por su cuarto, permanecía a veces +la mitad de la noche en la ventana, hablaba en voz alta haciendo +ademanes cuando creía estar sola, y se estremecía violentamente cuando +se veía sorprendida.</p> + +<p>Informé fielmente a Roberto de lo que había observado y le pregunté +además si no había hecho quizá esperar su visita para aquella época, +pues toda la manera de ser de Marta me parecía provocada por una +sobreexcitación enfermiza de la espera.</p> + +<p>Tuve ocasión de estar satisfecha de los conocimientos psicológicos de +mis diecisiete años, pues mis previsiones eran justas.</p> + +<p>Profundamente abatido, me escribió que efectivamente, al separarse de +ella, había expresado la esperanza de poder volver en el otoño siguiente +con cara más alegre; pero se había equivocado: estaba, más que nunca, +sumergido en las penas y en las deudas, y trabajaba como un esclavo sin +ver brillar el menor fulgor de esperanza.</p> + +<p>«Por lo menos—le contesté,—líbrala del tormento de la espera e informa +a nuestros padres, con miramientos, de tu situación.»</p> + +<p>Así lo hizo: dos días después, papá, muy apenado, trajo la carta que a +causa de mi juventud, todavía demasiado irracional, yo no debía leer.</p> + +<p>Esa carta tuvo sobre el ánimo de Marta una influencia que me asustó y me +conmovió. La sobreexcitación de las últimas semanas desapareció +repentinamente, como barrida de golpe, y dejó el lugar a ese abatimiento +desesperado que, ya una vez antes de la venida de Roberto, la había +convertido en una sombra: nuevamente se enflaqueció, y dos surcos +profundos se abrieron en torno de sus ojos, otra vez tuvo que recurrir a +las gotas de valeriana en los momentos frecuentes en que se retorcía en +crisis dolorosas, otra vez también le había vuelto ese perpetuo deseo de +llorar que, a la menor ocasión, se daba curso en torrentes de lágrimas.</p> + +<p>Esta vez, papá no mandó buscar al médico: podía fijar el dianóstico él +mismo. Hasta mamá se compadeció de los sufrimientos de la desdichada, +tanto como se lo permitía su apatía, y ésta no consentía que se alejase +de la estufa para atender a su hija enferma.</p> + +<p>En cuanto a mí, encontré entonces por primera vez la ocasión de mostrar +a los míos que ya no era una criatura y que mi voluntad tenía algún +valor, aun cuando se tratara de cosas serias.</p> + +<p>Asumí toda la dirección de la casa, y por más que todos sonrieron +maliciosamente y protestaron, y Marta me explicó repetidas veces que +jamás consentiría que yo, la más joven, la suplantase, me las compuse +tan bien que al cabo de quince días yo era quien manejaba toda la casa.</p> + +<p>Fue aquella la única época en que tuviéramos todos que disputar con +Marta; pero poco a poco fuerza le fue reconocer que lo que yo hacía era +por amor a ella, y finalmente concluyó por ser la primera en +agradecérmelo. Por otra parte, se acostumbró a cederme en más de un +punto, aunque tratando de disimularse a sí misma mi influencia y dando a +entender que había que dejar hacer su voluntad a los niños.</p> + +<p>En mi correspondencia con Roberto, aprendí por primera vez que se puede +mentir por amor. Le disimulé el triste efecto que había producido su +carta; sí, no me ruborizaba de escribirle que todo marchaba +perfectamente. Procedía así porque estaba persuadida de que la verdad lo +habría sumido en una multitud de nuevos cuidados y pesares, que no +dejarían de abatirlo, puesto que nada podía remediar. Pero entonces se +me hacía terriblemente difícil conservar el tono de charla ligera, y muy +a menudo las bromas se helaban en la punta de mi pluma.</p> + +<p>Y todo se ensombrecía de día en día en torno nuestro. Papá estaba +cabizbajo, porque las malas cosechas habían defraudado sus más bellas +esperanzas; mamá murmuraba, porque nadie iba a distraerla, y Marta se +marchitaba cada vez más.</p> + +<p>Las fiestas de Navidad llegaron, tan tristes como nunca hasta entonces +nuestro apacible interior había visto otras.</p> + +<p>En torno del flamante árbol de Navidad, que esta vez yo había adornado e +iluminado en lugar de Marta, permanecíamos inmóviles sin saber qué +decirnos, tan oprimido teníamos el corazón. Y, como nadie se decidía a +hacerlo, tuve que esforzarme en reír y hacer lo posible para borrar las +arrugas de inquietud que surcaban todas las frentes. Pero casi no +encontré eco y por último nos dimos la mano deseándonos buenas noches +para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, puesto que no sabíamos cómo +entrar en materia los unos con los otros.</p> + +<p>Cuando llegué al lado de Marta, que estaba sentada en un rincón, con los +ojos fijos en las velas que comenzaban a apagarse, sentí que un doloroso +estremecimiento me atravesó el pecho, como si le hubiera hecho un +agravio que debiera reparar; pero ignoraba cuál podía ser ese agravio.</p> + +<p>Ella me dijo al besarme en la frente;</p> + +<p>—¡Que Dios te conserve tu valiente corazón, Olguita! Te agradezco mucho +las bromas que te has esforzado en decir hoy.</p> + +<p>No supe qué contestar, pues ese sentimiento de culpabilidad que no podía +definir, me desgarraba el corazón.</p> + +<p>Cuando me encontré sola en mi cuarto, me dije: «¡Bueno, ahora vas a +festejar la Navidad!» Saqué las cartas de Roberto de la gaveta en que +las tenía cuidadosamente escondidas y resolví leerlas hasta una hora +avanzada de la noche.</p> + +<p>La tempestad sacudía los postigos, la nieve, empujada por las ráfagas +del viento, barría los vidrios con un roce ligero y la lámpara de +pantalla verde suspendida del cielo raso, esparcía sobre mí su fulgor +apacible.</p> + +<p>En el momento en que colocaba cómodamente delante de mí el paquetito de +cartas, oí junto a mí, en el dormitorio de Marta, el ruido sordo de una +caída, y luego un murmullo indistinto que me pareció el de una oración +mezclada con sollozos.</p> + +<p>«¡He ahí cómo celebra la noche de Navidad!»—pensé juntando +involuntariamente las manos. Sentí otra vez un dolor en el corazón, como +si mi conducta hacia mi hermana fuera falsa y cruel. Y continué +devanándome los sesos hasta que vi claramente que sólo las cartas eran +culpables.</p> + +<p>«¿No es por su bien por lo que escribo y por lo que guardo +silencio?»—me pregunté.</p> + +<p>Pero mi conciencia no se dejó seducir. No. Aquello fue como si un rayo +me hiriera en la cara, pues sentí con qué delicias mi corazón acariciaba +esas cartas.</p> + +<p>«¿Qué no daría ella por una de estas hojas?»—me dije en seguida.—«Ella +que comienza a dudar del amor de Roberto, que lucha con la angustiosa +idea de que, si no ha venido, es únicamente porque quiere arrancarla de +su corazón.»</p> + +<p>«Y tú oyes sus sollozos—continuaba una voz dentro de mí,—y la dejas +presa de sus torturas mientras que tú te deleitas pensando en que tienes +un secreto con él, con él, que pertenece sólo a <i>ella</i>.»</p> + +<p>Me escondí la cara entre las manos: la vergüenza se apoderaba de mí tan +violentamente, que tuve miedo de la luz que me alumbraba. «¡Dale esas +cartas!»—me gritó repentinamente una voz, y me lo gritó tan alto y con +tanta claridad, que me pareció que era la tempestad la que me había +lanzado esas palabras al oído.</p> + +<p>Entonces tuve que sostener una lucha terrible. Sin embargo, cada vez que +mi buena voluntad cedía, instada por el temor de faltar a la palabra que +había dado a Roberto, y por el deseo de seguir todavía en +correspondencia secreta con él, el ruido de los sollozos y de la oración +de Marta llegaba hasta mí más claro, y me trastornaba a tal punto los +sentidos, que me parecía que iba a verme obligada a huir hasta el fin +del mundo, para no oírlo más.</p> + +<p>Y concluí por cumplir conmigo misma. Tomé las cartas, las reuní en un +elegante paquete que até con una cinta y me dispuse a llevárselas a su +cuarto.</p> + +<p>«¡Este será su regalo de Navidad!»—dije pensando en que ese año no +había podido hacerle, como de costumbre, un bordado o un tejido; y, como +siempre agrada, cuando se hace un regalo, cierto aparato para ocultar la +alegría que desborda del corazón, resolví representar todavía un poco la +comedia, antes de entregárselas.</p> + +<p>Bajé a medio vestir, tal como estaba, a la sala del piso inferior, donde +se encontraban nuestros regalos, bajo el árbol de Navidad. Tanteando en +la obscuridad, busqué su plato, recogí los objetos que estaban al lado +de éste, y por encima de todo coloqué el paquete de cartas.</p> + +<p>Cargada de esta manera, me acerqué a su puerta y toqué.</p> + +<p>Oí un roce, el ruido que hace una persona que se levanta bruscamente, y, +al cabo de un intervalo bastante largo—sin duda el tiempo necesario +para enjugarse los ojos,—su voz resonó muy cerca de la puerta, +preguntando quién estaba allí y qué querían.</p> + +<p>—Soy yo, Marta—dije.—Te traigo tu plato; lo habías dejado abajo.</p> + +<p>—Llévalo a tu cuarto, iré a buscarlo mañana—respondió ella.</p> + +<p>Y en la voz tenía sollozos que se esforzaba en disimular.</p> + +<p>—Pero un nuevo regalo ha venido a agregarse a los demás—dije.</p> + +<p>Y también mis palabras estaban medio ahogadas por las lágrimas.</p> + +<p>—¡Bien! Me lo darás mañana—replicó,—ya estoy desvestida.</p> + +<p>—Pero ese regalo es mío—dije.</p> + +<p>Y, como en la bondad de su corazón, temió ofenderme, no obstante su +inmenso dolor, me abrió la puerta.</p> + +<p>Me lancé hacia ella y lloré sobre su hombro, apretando convulsivamente +el plato con la mano izquierda.</p> + +<p>—¿Qué tienes, querida?—me preguntó acariciándome.—En toda la casa +eras la única que conservabas tu buen humor, y ahora...</p> + +<p>Me armé de valor y, acercándola a la luz, le mostré el plato. A la +primera ojeada reconoció la letra; se puso blanca como el yeso que +cubría las paredes, y, con sus ojos enrojecidos por las lágrimas, me +miró fijamente como si hubiera perdido la razón.</p> + +<p>—Tómalo, pues—dije,—tómalo.</p> + +<p>Ella extendió la mano, pero la retiró con un ademán brusco: se hubiera +dicho que había tocado un hierro candente.</p> + +<p>—Ves, Marta—dije, deseando vengarme de su silencio y para darme cierta +importancia,—no has querido tener confianza en mí, me has tratado +siempre como a una criatura, pero todo lo he adivinado, y, mientras tú +te desesperabas, yo he obrado.</p> + +<p>Ella continuaba mirándome fijamente, desconcertada, sin comprender.</p> + +<p>—Crees que Roberto no se inquieta por ti—continué.—Sin embargo, he +tenido que darle cuenta de tu vida, de tu salud, cada semana +regularmente.</p> + +<p>Marta retrocedió tambaleándose, se llevó las manos a la cabeza, y, de +improviso, una especie de calofrío la sacudió. Se adelantó hacia mí, me +tomó las manos y con voz singularmente velada, dijo:</p> + +<p>—¡Mírame de frente, Olga! ¿Quién de los dos ha escrito la primera +carta?</p> + +<p>—¡Yo!—dije asombrada, no sabiendo todavía adónde quería ir a parar.</p> + +<p>—¿Y tú le has... le has revelado mi estado, me has... ofrecido... Olga?</p> + +<p>—¿Qué idea es esa?—dije.—El mismo fue quien me confesó todo, cuando +estaba aquí... ¡Oh! Me conocía mejor que tú—agregué, no queriendo dejar +escapar de mi juego ese ligero triunfo,—no se avergonzó de tomarme de +confidente.</p> + +<p>—¡Alabado sea Dios!—murmuró ella con un profundo suspiro, juntando las +manos.</p> + +<p>—Pero ven, Marta—dije llevándola a la mesa.—Vamos a festejar la +Navidad.</p> + +<p>Entonces leímos juntas las cartas, una tras otra, y, en cada una de +ellas, en cada una de las frases sencillas y desmañadas, aparecía el +corazón afectuoso de Roberto, su corazón de oro; arrojaba en nuestras +almas abrumadas por el dolor una llamarada ardiente que nos consolaba y +nos devolvía la alegría. Reíamos y llorábamos, con las mejillas apoyadas +una contra otra, y nos estrechábamos con fuerza las manos, como para +procurarnos recíprocamente la sensación de esas vivas y vigorosas +presiones, que prodigaba su tosca mano roja.</p> + +<p>Y de pronto, estábamos en uno de esos párrafos en que él me rogaba +encarecidamente que cuidara a Marta, que velara sobre ella, ésta se +sintió abrumada bajo el peso de su felicidad, y, me ruborizo al decirlo, +se dejó caer delante de mí y apoyó sus labios en mi mano.</p> + +<p>Pero, por violenta que fuera mi emoción, ya no sentía trazas de ese +dolor punzante que, hacía poco todavía, junto al árbol de Navidad, me +oprimía el corazón. Había cancelado mi deuda y fue en completa libertad, +con el corazón aligerado, como me juré velar en lo sucesivo como un +ángel tutelar sobre mi hermana que, mucho más que yo, niña simple y sin +experiencia, necesitaba apoyo y protección.</p> + +<p>Y ella lo sintió también, pues, aunque hasta entonces me hubiera tratado +como a una criatura, se abandonó a mi dirección sin resistencia.</p> + +<p>Al fin había conseguido lo que deseaba mi corazón. Existía un ser humano +a quien podía mimar y acariciar a mi gusto, y como entonces nada nos +separaba ya, dediqué a mi hermana toda la ternura que durante tanto +tiempo había dormido inactiva en el fondo de mi alma.</p> + +<p>No fue poca la sorpresa de mi padre y de mi madre al ver en nuestras +relaciones, que en los últimos tiempos sobre todo dejaban mucho que +desear, esa intimidad, esa cordialidad nuevas, y a la misma Marta le era +difícil acostumbrarse a ello.</p> + +<p>Me miraba siempre con extrañeza y decía a menudo:</p> + +<p>—¡Cómo habría podido adivinar nunca que había en ti tanto afecto!</p> + +<p>Si hubiera sabido qué sacrificio había hecho revelando mi secreto, +habría dado aún más valor a mi cariño.</p> + +<p>En verdad, mis presentimientos no me habían engañado: desde el momento +en que Marta tuvo las cartas en sus manos, se acabó para siempre la +dicha que me causaba ese convenio secreto con Roberto.</p> + +<p>Ya no era para mí más que un extraño y, cuando me sentaba a escribirle, +me parecía ser una simple máquina encargada de copiar los pensamientos +de otros: así me sucedía a menudo entregar a Marta una carta sin haberla +leído, tal como acababa de recibirla de manos del mayordomo.</p> + +<p>A veces sentía remordimientos al pensar que abusaba de la confianza de +Roberto, pues él no sospechaba que Marta estuviera en el secreto; pero, +cuando la miraba, cuando veía desplegarse su sonrisa, y brillar en sus +ojos soñadores la paz y la felicidad, me decía que era imposible que +hubiera procedido mal, y mis escrúpulos se acallaban.</p> + +<p>Hasta entonces no había engañado más que a él; muy pronto mi traición +debía alcanzar también a Marta.</p> + + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + + +<p>El invierno y la primavera pasaron velozmente y llegó el momento en que +las gavillas comenzaron a amontonarse en los trojes.</p> + +<p>Roberto debía venir tan pronto como la cosecha hubiera terminado; «pero +hasta entonces—escribía,—habrá que vencer más de una grave +dificultad.»</p> + +<p>Un día, papá entró en la cocina donde estábamos, y tomando una expresión +indiferente, se paseó un instante por entre los calderos, resoplando y +golpeando con su varilla las largas cañas de sus botas.</p> + +<p>—¿Te has vuelto inspector de cocinas hoy, papá?—dije.</p> + +<p>Él soltó una risa breve y dijo:</p> + +<p>—Sí, me he vuelto inspector de cocinas.</p> + +<p>Y después de haber andado todavía algunos minutos en silencio, se detuvo +de improviso delante de Marta y dijo:</p> + +<p>—Si tuvieras tiempo, hija mía, ¿podrías quizá venir un momento? Tu +madre y yo tenemos que hablarte.</p> + +<p>—¡Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares! ¿Puedo asistir +yo también a la entrevista?</p> + +<p>—No—respondió él,—tú te quedarás en la cocina.</p> + +<p>Durante un instante el silencio reinó en la casa; en torno mío el vapor +silbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta hacía gran ruido al +limpiar los cuchillos, pero de repente se oyó, dominando todo ese ruido, +un grito breve y estridente que no podía provenir más que de Marta.</p> + +<p>Temblorosa agucé el oído, y en el mismo instante papá se precipitó en la +cocina gritando:</p> + +<p>—¡Agua!</p> + +<p>Pasé a su lado como una exhalación, y encontré a mi hermana tendida en +el suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las rodillas de mamá.</p> + +<p>—¿Qué le han hecho ustedes a Marta?—grité dejándome caer de rodillas +junto a ésta.</p> + +<p>Nadie me contestó. Mamá, desatinada, se retorcía las manos, y papá se +mordía el bigote, sin duda para retener las lágrimas.</p> + +<p>Entonces, al inclinarme hacia mi hermana, vi en el suelo, junto a ella, +una hoja de papel de carta rayado de azul; me apoderé de él tan +vivamente como pude, sin que nadie notara ese movimiento. Después me +apresuré a hacer lo más urgente, que era hacer volver en sí a Marta y +acompañé a su cuarto a la desdichada, que dirigía en su derredor miradas +atontadas.</p> + +<p>Una vez allí la acosté. Con los ojos fijos en el cielo raso, me pedía +de cuando en cuando de beber; parecía no haber recuperado sus sentidos +todavía.</p> + +<p>Pero yo saqué en secreto la carta de mi bolsillo y leí lo que transcribo +aquí literalmente, pues he conservado cuidadosamente ese monumento del +amor de una madre y de una hermana:</p> + +<p>«¡Mi hermano muy querido, mi muy querida cuñada!</p> + +<p>»Una circunstancia muy triste para mí me obliga a escribiros hoy. Estáis +persuadidos, no lo dudo, de que os quiero mucho y de que mi corazón no +tiene deseo más vivo que el de conservar con vosotros y vuestros hijos +las relaciones más cordiales. Desde que estoy en el mundo, no os he +hecho más que bien, no os he atestiguado otra cosa que afecto y vosotros +me habéis correspondido siempre. En nombre de ese afecto os dirijo hoy +una súplica, dictada por mi corazón de madre torturado por la angustia. +Esta mañana mi hijo Roberto vino a casa y nos declaró, a mi marido y a +mí, que tenía la intención de pediros la mano de vuestra hija Marta; al +mismo tiempo solicitaba nuestro consentimiento, del cual no podía +abstenerse, como buen hijo y buen amo de casa, pues, ¡ay de mí! todavía +necesitará más de una vez nuestra ayuda.</p> + +<p>»Si hubiera escuchado la voz de mi corazón, le habría saltado al cuello +con lágrimas de gozo, pero me fue necesario conservar toda mi sangre +fría, por mi marido y por mi hijo, que no son uno y otro más que dos +niños, y me vi obligada a decirle que ese casamiento no podía hacerse.</p> + +<p>»Mi querido hermano, no quiero reprocharte el que no hayas sabido +conservar tu fortuna: lejos de mí el pensamiento de mezclarme en cosas +que no me importan; pero, en el punto en que estamos, me permitiréis os +diga que vuestra propiedad está gravada de deudas y que vuestras hijas, +fuera de un ajuar que, quiero creerlo, será rico, no podrán contar con +un centavo de dote.</p> + +<p>»Por otra parte, los bienes de mi hijo Roberto están también cargados de +deudas; efectivamente, ha tenido que pagar fuertes sumas para +desinteresar a sus hermanos y hermanas, y además nosotros hemos +conservado sobre la propiedad una hipoteca cuyos intereses nos hacen +vivir, lo mismo que a mis otros hijos. En estas condiciones un +casamiento con una joven pobre lo llevaría infaliblemente a la ruina.</p> + +<p>»No hablo de la salud de vuestra hija Marta, que, a juzgar por vuestras +cartas, debe ser una persona débil y enfermiza, incapaz por consiguiente +de llevar con vigor el peso de una labor tan grande y de hacer la +felicidad de Roberto; tan sólo el pensamiento de verla entrar en casa de +mi hijo con las manos vacías basta para convencerme de que sería +desgraciada y no podría menos que hacerlo desgraciado a él mismo.</p> + +<p>»Si vuestra hija Marta ama realmente a mi hijo, no le será difícil, en +el interés mismo de la felicidad de su primo, renunciar a él, esto en el +caso de que Roberto tuviera el valor de pedir su mano, no obstante la +prohibición de sus padres; pero no preveo, ni siquiera puedo concebir, +en un hijo, semejante desobediencia a la voluntad paternal.</p> + +<p>»Conozco demasiado, mis queridos amigos, el afecto que profesáis a +vuestra hermana, para no estar persuadida de que negaréis como yo, desde +hoy, y para siempre, vuestro consentimiento a esa unión funesta e +irracional.</p> + +<p>»Vuestra hermana que os querrá siempre,</p> + +<p class="r"> +»<i>Juana Hellinger.</i><br /> +</p> + +<p>»P. S.—¿La cosecha es buena por allá? Aquí el centeno de invierno ha +dado, pero las patatas sufren mucho de la enfermedad.»</p> + +<p>Al leer esa prosa vulgar e hipócrita, me acometió un furor tal, que +solté una violenta carcajada, y tirando la carta al suelo me puse a +pisotearla.</p> + +<p>Un ligero suspiro de Marta, a quien, sin duda, mi risa había hecho mal, +me volvió a la razón.</p> + +<p>Allí yacía ella, desesperada, como quebrantada por el golpe que habría +debido, por el contrario, retemplar su valor y darle nuevas fuerzas para +la resistencia. Y, mientras yo la miraba, torturada por el pensamiento +de estar condenada al papel de espectadora impotente, mi corazón dejó +escapar una vez más, con un suspiro, ese lamento de otras veces: «¡Que +no esté yo en su lugar!» ¡Pero cuántas cosas nuevas encerraba hoy! Lo +que antes no había sido más que una locura, una niñada, había hecho +lugar a sentimientos serios: el valor del sacrificio y la confianza en +mi fuerza.</p> + +<p>Entonces resolví obrar, si acaso era todavía tiempo. Quise primero ir a +buscar a mis padres, decirles lo que había hecho, que estaba desde hacía +mucho tiempo al corriente de la situación, y finalmente exigir de ellos +que me diesen en el consejo de familia el lugar al cual tenía derecho, a +pesar de mi juventud.</p> + +<p>Pero deseché en seguida esta idea. Tan pronto como hubiera tomado parte +en las deliberaciones de familia, mi deber sería no proceder en contra +de sus designios. Y no podía contribuir a la salvación de mi pobre +hermana, como lo entendía y siguiendo el plan que había concebido, sino +a condición de fingir una ignorancia absoluta.</p> + +<p>Muy pronto vi en qué estado estaban las cosas. Cada uno había guardado +de la carta lo que respondía mejor a su temperamento.</p> + +<p>Papá, herido en su orgullo de hombre pobre, habría en lo sucesivo +considerado como una vergüenza el dejar entrar a su hija en una familia +en que se la miraría con malos ojos. Mamá, por su parte, se había dejado +enternecer por los testimonios de afecto de que la carta estaba +sembrada, y estimaba que no se debía burlar la confianza de su cuñada.</p> + +<p>¿Y Marta?</p> + +<p>Aquella noche, mientras yo velaba junto a su cama, sentí que su mano +ardiente se posaba sobre la mía y su débil brazo me atraía suavemente +hacia ella.</p> + +<p>—Tengo que hablarte, Olga—murmuró, con la mirada siempre tristemente +fija en el cielo raso.</p> + +<p>—¿Si esperáramos hasta mañana?—respondí.</p> + +<p>—No—dijo ella,—en el intervalo podrían suceder cosas que no deben +producirse. A partir de hoy, todo ha concluido entre él y yo.</p> + +<p>—Entonces conoces muy mal a Roberto—dije.</p> + +<p>—Pero yo me conozco bien—dijo ella.—Yo soy quien rompe.</p> + +<p>—¡Marta!—grité espantada.</p> + +<p>—Bien sé que esto me matará—dijo ella.—¿Pero qué importa? Mi vida +poco vale. Eso es mejor que hacerlo desgraciado.</p> + +<p>—La fiebre es la que te hace hablar así, Marta—exclamé,—pues no te +creo tan tonta como para dejarte hechizar por los melindres de esa vieja +bruja.</p> + +<p>—Siento demasiado que dice la verdad—dijo ella.</p> + +<p>Un helado calofrío recorrió todo mi cuerpo al oírla proferir, con el +tono tranquilo de un colegial que recita una lección, esas palabras de +una tristeza desesperante.</p> + +<p>—No protestes—continuó,—no es sólo de hoy que lo sé; siempre tuve ese +presentimiento, y verdaderamente no necesitaba asustarme tanto hoy. +Pero, qué quieres, causa siempre impresión el ver de repente escrita con +todas sus letras la sentencia que hasta entonces uno no se atrevía a +confesar a su propia conciencia.</p> + +<p>Traté de consolarla con toda la elocuencia de que era capaz, hundí a la +tía en el abismo más negro del infierno, y demostré a Marta menudamente +que ella había nacido para desempeñar en la casa de Roberto el papel de +ángel bienhechor. Pero todo fue inútil, no conseguí hacer revivir su fe +en sí misma; el golpe la había herido demasiado profundamente. Por +último me pidió que no escribiera una sola carta más a Roberto y que +rompiera para siempre toda relación con él.</p> + +<p>Me sentí espantada hasta el fondo del alma por mí misma quizá tanto como +por ella; me negué con toda la energía que pude encontrar en mí; pero +ella insistió, y, ante la amenaza que me hizo de revelar a la familia mi +correspondencia con Roberto, tuve que consentir de grado o por fuerza.</p> + +<p>Entonces vinieron días tristes; Marta vagaba, semejante a un fantasma. +Papá, siempre a caballo, recorría como un montaraz los campos y los +bosques, no asistía regularmente a las comidas y para ninguna de +nosotras tenía una buena palabra. Mamá, nuestra bonachona mamá, tejía +sentada en su rincón y de cuando en cuando enjugaba sus lágrimas, +echando en su derredor miradas inquietas para ver si nadie lo había +notado. ¡Ah, sí, aquella fue una época bien triste!</p> + +<p>Yo había recibido de Roberto dos cartas apremiantes. Me decía que la +inquietud lo devoraba y me suplicaba que le enviara noticias a vuelta +de correo. No se lo dije a Marta, pero cumplí mi promesa.</p> + +<p>Ocho días pasaron; entonces noté que mis padres deliberaban acerca de la +respuesta que debían enviar a la tía. Papá era de opinión, para que no +se pudiera siquiera sospecharlo de querer obtener ese casamiento por +medios desleales, de comprometerse definitivamente por una promesa, y +mamá decía: «sí,» como decía «sí» a todo lo que no tenía relación con +las jaleas o las confituras.</p> + +<p>Ese día Marta declaró que le era imposible levantarse de la cama; no +sentía vivos dolores—decía,—pero sus piernas se negaban a llevarla.</p> + +<p>Así veía yo adelantar el desastre, cada vez más amenazador. No podía +esperar más: «Ven a cumplir tu compromiso mientras todavía es +tiempo»—escribí a Roberto. Y, para mayor seguridad, bajé yo misma a la +ciudad y entregué la carta al postillón que justamente se preparaba a +partir para Prusia.</p> + +<p>En el momento en que el sobre se escapó de mis manos, sentí como una +puñalada en el corazón; se habría dicho que con esa carta entregaba mi +alma a potencias desconocidas.</p> + +<p>Tres veces quise volver sobre mis pasos para recoger la carta, pero +cuando ya estuve decidida a hacerlo, el postillón estaba lejos.</p> + +<p>A mi vez, cuando ascendí la colina que conduce a la casa, me oculté +entre las malezas y lloré amargamente.</p> + +<p>A partir de ese momento, fui presa de una agitación como nunca la he +sentido en mi vida. Me parecía que una fiebre abrasadora me consumía; +durante la noche, iba y venía en mi cuarto sin poder encontrar descanso; +de día, estaba continuamente en acecho y cada vez que oía el ruido de un +carruaje, toda mi sangre se retiraba de mi corazón.</p> + +<p>A mis padres les contestaba disparatadamente y las criadas, en la +cocina, comenzaban a sacudir la cabeza con expresión inquieta.</p> + +<p>Una joven que espera a su prometido no habría estado más loca.</p> + +<p>Esa fiebre duró cuatro días, y fue una felicidad que los míos estuvieran +absortos en sus propios pensamientos, sin lo cual mis modales no habrían +dejado de despertar sospechas.</p> + + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + + +<p>Esta vez no fui yo quien recibió a Roberto. Cuando reconocí su silueta +en el carruaje tirado por cuatro caballos que, cubierto de lodo, pasaba +con estrépito la puerta del patio, huí al granero y me escondí en el +rincón más apartado.</p> + +<p>Tenía la cara encendida, temblaba de pies a cabeza y nubes rojas +bailaban por delante de mis ojos.</p> + +<p>Oí que, abajo, las puertas se abrían y se cerraban, oí pasos que subían +y bajaban precipitadamente la escalera, oí las voces de las criadas que +gritaban mi nombre; no me moví.</p> + +<p>Y cuando todo volvió a quedar en silencio, bajé sin hacer ruido por las +escaleras de atrás, que eran bastante obscuras, y fui a sentarme en el +lugar más desierto del parque. Mi alma era presa de un extraño +sentimiento de amargura y de vergüenza. Me parecía que debía levantarme +y huir para no volver a encontrar la mirada de esos ojos que había +esperado, sin embargo, con tan loca impaciencia.</p> + +<p>Luego me representé lo que podía ocurrir en ese momento en la casa.</p> + +<p>Papá se había encontrado sin duda algo desconcertado al ver a Roberto, +pues, seguramente, tenía todavía sobre sí el peso de la pérfida carta de +la tía; había hecho un ademán de negativa al oírle formular su petición; +pero, en el mismo instante, Marta se había presentado. ¡Cuán pronto +había vuelto a encontrar sus fuerzas, la pobre enferma, que, pocos +minutos antes, yacía agotada en el sofá; cuán pronto había olvidado las +penas, los dolores que sufrió durante años! Y ahora, están en brazos uno +de otro y no tienen siquiera un pensamiento para mí.</p> + +<p>Entonces, de improviso, se despertó en mí un orgullo fiero. «¿Por qué te +escondes?—gritaba una voz en el fondo de mí misma.—¿No has hecho tu +deber? ¿Todo esto no es obra tuya?»</p> + +<p>Con un movimiento brusco me paré, eché hacia atrás mis cabellos en +desorden y, con paso firme, apretando los dientes, me dirigí a la casa.</p> + +<p>Al acercarme no oí ningún grito de alegría. Todo estaba silencioso, todo +estaba como muerto...</p> + +<p>En el comedor encontré a mamá sola. Tenía las manos juntas y exhalaba +profundos suspiros, mientras gruesas lágrimas rodaban hasta su blanca +papada.</p> + +<p>—Es el efecto de la emoción—pensé al sentarme frente a ella.</p> + +<p>—¿Dónde estabas, Olga?—dijo, enjugándose esta vez tranquilamente los +ojos.—Es necesario que hagas matar algunos pollos para la comida y que +pongas a refrescar el moselle. El primo Roberto ha llegado.</p> + +<p>—¡Ah!—dije con mucha calma.—¿Dónde está?</p> + +<p>—En el gabinete de tu padre conversando con él.</p> + +<p>—¿Y dónde está Marta?—pregunté con una sonrisa.</p> + +<p>Ella me dirigió una mirada de censura como para reprocharme mi demasiada +sagacidad; después dijo:</p> + +<p>—Está con ellos.</p> + +<p>—Entonces puedo ir a felicitarlos ahora mismo—dije.</p> + +<p>—Tontuela—dijo ella.</p> + +<p>Pero antes de que pudiera poner mi proyecto en ejecución, vi que la +puerta del cuarto contiguo se abría, y por ella salir lentamente, como +si saliera de un ataúd, a Roberto, al primo Roberto, con el rostro +terroso, la frente cubierta por gruesas gotas de sudor. Yo también sentí +al verlo que la sangre se retiraba de mi cara. Un siniestro +presentimiento me asaltó.</p> + +<p>—¿Dónde está Marta?—exclamé adelantándome hacia él.</p> + +<p>—No lo sé.</p> + +<p>Se hubiera dicho que cada una de las palabras que pronunciaba iban a +ahogarlo. Ni siquiera me dio la mano.</p> + +<p>Papá salió detrás de él. Mamá se había levantado y los tres se quedaron +allí parados, estrechándose las manos como en un entierro.</p> + +<p>—¿Dónde está Marta?—grité otra vez.</p> + +<p>—Ve a ver lo que hace—dijo papá;—sin duda te ha de necesitar.</p> + +<p>Salí de un brinco y a saltos subí la escalera que conducía a su +habitación. Esta estaba cerrada.</p> + +<p>—¡Marta, abre! Soy yo.</p> + +<p>Nadie se movió. Rogué, supliqué, prometí repararlo todo, le prodigué mil +nombres cariñosos: todo fue inútil. Nada se oía, a no ser de vez en +cuando un hálito, parecido a la respiración silbante que se escapa de +una garganta medio sofocada. Entonces me encolericé al verme rechazada +de todas partes.</p> + +<p>—Sin duda seré bastante buena para preparar esta fúnebre comida—dije +soltando una carcajada.</p> + +<p>Y fui en busca de las criadas, hice matar seis tiernos pollos y me quedé +mirando tranquilamente a esas pobres aves, mientras la sangre brotaba de +sus pescuezos abiertos.</p> + +<p>Daba lástima ver cómo uno de ellos, un gallito, batía las alas mientras +la angustia de la muerte le arrancaba gritos y trataba de herir con sus +espolones los dedos de la criada.</p> + +<p>Hasta este pobre animalito, débil como es, se defiende cuando quieren +degollarlo—pensé,—mientras mi señorita hermana besa humildemente la +mano que la amenaza con el cuchillo.</p> + +<p>La muerte de esos inocentes animales fue casi un alegre espectáculo +comparado con la comida en que fueron servidos. La última comida de un +condenado no habría sido más lúgubre. Cada cinco minutos alguien tomaba +bruscamente la palabra y hablaba como quien cumple una faena +obligatoria. Los demás asentían con la cabeza misteriosamente, pero bien +veía yo que los que escuchaban no sabían lo que oían, lo mismo que el +que hablaba no sabía lo que decía.</p> + +<p>Marta no se había presentado.</p> + +<p>En el momento de separarnos para retirarnos cada uno a nuestro cuarto, +Roberto me tomó las dos manos y me llevó a un rincón.</p> + +<p>—Te agradezco, Olga—dijo, y sus labios temblaban,—te agradezco tu +exactitud y tu cariño. Ahora se acabó nuestra correspondencia...</p> + +<p>—¡Por amor de Dios, Roberto!—balbucí.—¿Qué ha pasado?</p> + +<p>Él se encogió de hombros.</p> + +<p>—Quizá la he hecho esperar demasiado. Ha concluido por cansarse de mí.</p> + +<p>—¡Eso no es verdad! ¡eso no es verdad!</p> + +<p>Pero papá estaba detrás de nosotros e informaba a Roberto que, según su +deseo, el carruaje estaría listo al día siguiente al amanecer.</p> + +<p>—Entonces no te volveré a ver—exclamé espantada.</p> + +<p>Él sacudió la cabeza.</p> + +<p>—Despidámonos desde ahora—dijo estrechándome la mano.</p> + +<p>Una voz me gritaba que no podía, marcharse así, que yo debía hablarle a +toda costa. Pero ahogué valerosamente las palabras que me oprimían la +garganta.</p> + +<p>Entonces nos dimos un último apretón de manos y nos separamos.</p> + +<p>Todavía tenía yo que hacer en la casa, y, mientras sacaba el café de la +despensa y pesaba la harina y el tocino para la sopa de la mañana, oía +siempre la misma voz que me gritaba en el oído:</p> + +<p>—Es necesario que le hables.</p> + +<p>Después, cuando me dirigí a mi cuarto con mi luz en la mano, di una +vuelta para pasar por delante de su puerta, con la esperanza de +encontrarlo en el corredor, pero todo estaba desierto y la puerta +cerrada con llave. Sólo el ruido de sus pasos que sacudían la casa, +resonaba en el interior.</p> + +<p>En el cuarto de Marta reinaba un silencio de muerte. Apliqué el oído al +agujero de la cerradura: nada se oía. Se habría podido creer que había +muerto o bien que se había fugado.</p> + +<p>Una inquietud me asaltó, me puse de rodillas delante del ojo de la +llave, y rogué, supliqué, hasta amenacé con llamar a nuestros padres si +ella persistía en no dar signos de vida.</p> + +<p>Entonces se decidió a contestarme. Oí una voz: «¡Apiádate de mí, +querida, apiádate de mí sólo por hoy!» Y esa voz estaba tan cambiada, +que no la reconocía.</p> + +<p>Me alejé, pero sentía crecer en mí el temor de que Roberto se fuera +desengañado, con el rencor en el corazón, sin una palabra de +explicación, sin haber sospechado siquiera todo el alcance del amor de +Marta.</p> + +<p>El fuego de la fiebre me subió a la cabeza y cada pulsación de mis +arterias me gritaba: «¡Es necesario que le hables! ¡Es necesario que le +hables!»</p> + +<p>Me desvestí a medias y me recosté en el sofá. El reloj tocó las once; +tocó las once y media. Todavía se oía resonar en la casa el ruido de sus +pasos, pero mientras más tarde se hacía, menos posible me era poner en +ejecución mi proyecto.</p> + +<p>¡Si una criada me sorprendiera, si me viera penetrar en la habitación de +un huésped! Al pensarlo, la sangre se paralizó en mis venas.</p> + +<p>El reloj tocó las doce. Abrí la ventana y miré a lo lejos frente a mí. +Todo parecía dormir; hasta en el cuarto de Roberto, lo mismo que en el +de Marta, ninguna luz brillaba. Ambos sepultaban su dolor y su pena en +el seno de la obscuridad.</p> + +<p>El viento de la noche, que golpeaba las hojas de la ventana, me +murmuraba: «¡Es necesario! ¡es necesario!» Al mismo tiempo una voz +ligera, suave y acariciadora como una melodía, me decía: «Lo verás otra +vez, sentirás su mano en la tuya, oirás el sonido de su voz, quizá oirás +hasta su risa; ¿no es la felicidad lo que vas a llevarle, la felicidad +de su vida?»</p> + +<p>De repente tomé una resolución, cerré bruscamente la ventana, me puse +precipitadamente una bata, y con mis zapatos en la mano me aventuré en +el obscuro corredor.</p> + +<p>¡Oh! ¡Cómo me latía el corazón, cómo me ardía la sangre en las sienes! +Me tambaleaba, tuve que apoyarme en la pared.</p> + +<p>Por fin llegué a su puerta. Los pasos continuaban haciendo temblar el +piso, pero el ruido sordo había desaparecido. Seguramente se había +quitado las botas.</p> + +<p>—No hay que tocar—pensé de pronto,—Marta oiría.</p> + +<p>Así el botón. Me estremecí.</p> + +<p>¿Cómo abrí la puerta? No lo sé. Me pareció que otro lo había hecho por +mí.</p> + +<p>Oí alzarse delante de mí su alta y vigorosa silueta.</p> + +<p>Un leve grito se escapó de sus labios; de un salto estuvo a mi lado. +Luego sentí mis manos entrelazadas, y sobre mi frente el hálito de una +respiración ardiente.</p> + +<p>En el primer momento, la loca idea de que Marta se había acordado +bruscamente de su antiguo amor, le pasó quizá por el cerebro; pero un +minuto después, me había reconocido.</p> + +<p>—¡Por amor de Dios, criatura!—exclamó.—¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que te +trae? ¿Nadie te ha visto? Di, ¿nadie te ha visto?</p> + +<p>Sacudí la cabeza. «Te considera todavía muy tonta,» pensé, volviendo a +recobrar el aliento, pues sentía desaparecer de mi alma los terrores que +me había causado mi peligrosa empresa.</p> + +<p>Se apartó de mí para encender la luz. Yo busqué con la mano el sofá y me +dejé caer en una de sus esquinas.</p> + +<p>Las velas esparcieron un vivo fulgor que me deslumbró. Me volví hacia la +pared y oculté mi cara.</p> + +<p>Un sentimiento de debilidad, un ardiente deseo de estrecharme contra él, +se había apoderado de mí. Me sentía tan feliz de estar a su lado que me +olvidaba de todo lo demás.</p> + +<p>—Olga, mi querida, mi buena Olguita—dijo,—habla, ¿qué quieres de mí?</p> + +<p>Alcé los ojos hacia él. Vi su rostro tostado y serio, en el que los +sufrimientos de ese día habían labrado arrugas profundas y me quedé +sumida en una muda contemplación.</p> + +<p>—¿Qué quieres? ¿Me traes noticias de Marta?</p> + +<p>—¡Sí, eso es, Marta!</p> + +<p>Me levanté vivamente. ¡Basta de debilidades! Había recuperado esa fuerza +indomable que era mi orgullo.</p> + +<p>—Escucha, Roberto—dije,—no te marcharás mañana por la mañana.</p> + +<p>—¿Por qué?—dijo, apretando los dientes.</p> + +<p>—¡No quiero!</p> + +<p>—Tu voluntad es muy respetable, querida niña—respondió él con risa +mordaz,—pero no cambiará en nada mi resolución.</p> + +<p>—¿Entonces quieres perder a Marta para siempre?</p> + +<p>En ese instante me sentí otra vez tan fuerte y tan feliz en mi papel de +protectora que, para unirlos, habría aceptado la lucha con el mundo +entero.</p> + +<p>¡Qué loca y cuán poco perspicaz era!</p> + +<p>—¿Acaso no está ya definitivamente perdida para mí?—replicó él, con la +mirada fija hacia adelante.</p> + +<p>—¿Qué te dijo hoy?</p> + +<p>—¿Para qué repetirlo? Sus palabras eran sabias, sensatas; tan sabias, +tan sensatas, que no podía ser sino el lenguaje de una persona que ya +no ama.</p> + +<p>—¿Y lo crees realmente?—pregunté.</p> + +<p>—¿No estoy obligado a creerlo? Y luego, en fin, ¡qué importa! Aun +suponiendo que ella me hubiera guardado un resto de cariño, ha hecho +bien en aprovechar la ocasión para deshacerse de él completamente. Más +vale así, para ella como para mí. Nada tengo que ofrecerle, ni +felicidad, ni alegría, ni siquiera la sombra de un placer, nada más que +trabajo, penas y miseria, de un extremo del año al otro. Y por sobre +todo esto, una suegra que le es hostil y le haría sentir duramente que +se había presentado con las manos vacías.</p> + +<p>Sentí que una oleada de sangre me subía a la cara. Me ruborizaba, no por +Marta ni por mí, pues yo era tan pobre como ella; me ruborizaba por él +al oírle hablar así de su propia madre.</p> + +<p>—Y ahora, confiésalo tú misma, niña—continuó,—¿no te parece que hace +bien, ante esta perspectiva, en quedarse a cubierto en el fondo de su +nido calentito y en dejarme partir, puesto que no puedo traerle más que +la desgracia?</p> + +<p>Se pasaba la mano por los cabellos yendo de un lado para otro en el +cuarto como un animal perseguido.</p> + +<p>—Roberto—dije,—te engañas a ti mismo.</p> + +<p>Él se detuvo, y me miró de frente soltando una carcajada:</p> + +<p>—¿Qué quieres, por fin? ¿Debo exigir antes de marcharme que se me +confirme esa negativa por escrito?</p> + +<p>—Roberto—continué sin dejarme desconcertar,—con toda sinceridad, +¿amas a Marta?</p> + +<p>—No seas niña—respondió él.—Si no la amara, ¿estaría aquí en este +momento?</p> + +<p>Estaba delante de mí y abría sus brazos de gigante. Me parecía que al +cerrarse iban a aplastarme—sentí un deslumbramiento—me arrinconé más +profundamente en el sofá.</p> + +<p>Entonces me vinieron a la memoria los pensamientos que acariciaba desde +hacía varios años: me representé cómo lo habría amado si yo hubiera sido +Marta y cómo habría querido que él me correspondiera.</p> + +<p>—Mira, Roberto—dije,—en resumidas cuentas, no soy más que una +tontuela; pero sé muy bien lo que es el amor, y no son sólo los poetas +los que me lo han enseñado. Hace tiempo que lo siento en el fondo de mi +corazón.</p> + +<p>—¿Amas a alguien?—me preguntó.</p> + +<p>Yo me ruboricé y sacudí la cabeza.</p> + +<p>—¿Cómo puedes entonces sentirlo en el fondo de tu corazón?</p> + +<p>—Sin duda eso me ha caído del Cielo—respondí bajando los ojos hacia el +suelo.—Pero, en todo caso, amaría de diferente manera que vosotros. No +me sumiría en el desaliento, no huiría vergonzosamente como lo haces tú, +diciendo: «¡Más vale así!» Pondría para vencerla, todo el ardor de mi +alma, para conquistarla, toda la fuerza de mis brazos. La atraería hacia +mi pecho y me la llevaría, ¡poco importa adónde! en la noche, al fondo +del desierto, si el sol se negaba a alumbrarnos, si ninguna casa quería +darnos el abrigo de techo. Preferiría morir de hambre con ella a la +orilla del camino, a implorar al mundo que quiere separarme de ella. Eso +es lo que haría, Roberto, si me hallara en tu lugar, y, si estuviera en +el lugar de Marta, me echaría a tu cuello riéndome y te diría: «Ven, +mendigaré para ti si no tienes pan, te daré mi seno para reposar tu +cabeza si no tienes cama, y bañaré tus heridas con mis lágrimas, sufriré +mil muertes por ti, dando gracias a Dios, al Señor, de poder hacerlo. +¿Ves, Roberto? ¡así es cómo me represento el amor y no como no sé qué +sentimiento mezclado, en el que entra el temor de una suegra y el horror +de los intereses atrasados!»</p> + +<p>Había hablado con pasión. Sentía fuego en mis mejillas y de repente me +avergoncé al pensar que había descubierto así delante de él el fondo de +mi corazón. Me oculté la cara entre las manos, luchando contra las +lágrimas.</p> + +<p>Cuando me atreví a levantar la cabeza, él estaba delante de mí, +mirándome fijamente, con ojos chispeantes.</p> + +<p>—Criatura—dijo,—¿de dónde te vienen esas ideas?—Me parecía oír el +cántico de los cánticos.</p> + +<p>Apreté los dientes y guardé silencio. ¿Sabía yo misma de dónde me +venían?</p> + +<p>Pero él se sentó junto a mí y me tomó las manos.</p> + +<p>—Olga—continuó,—lo que acabas de decir no era precisamente muy +práctico, pero era hermoso, era sincero, y me ha conmovido hasta el +hondo del alma. Me parecía oír una voz de otro mundo y casi tengo +vergüenza de haber sido débil y cobarde. Pero, aun cuando levantara la +cabeza, aun cuando pensara como tú, ¿de qué me serviría puesto que ya +ella no me ama?</p> + +<p>—¡Ella, no amarte!—exclamé. ¡Si la abandonas, Roberto, se morirá!</p> + +<p>—¡Olga!</p> + +<p>Vi que la alegría iluminaba su rostro y yo tuve en ese momento como la +sensación de una mano extraña que me oprimía el pecho; pero no me +desconcerté, y recurriendo a todo mi orgullo, continué:</p> + +<p>—Roberto, sé que me despreciarás cuando sepas lo que voy a decirte; +pero es necesario que te lo diga, para que te convenzas de que no debes +partir. No he sido franca contigo, Roberto; he burlado tu confianza.</p> + +<p>Y con la respiración jadeante, arrancando penosamente las palabras de mi +garganta, le conté lo que había hecho con sus cartas.</p> + +<p>Estaba lejos de haber concluido, cuando de pronto me tomó en sus brazos +y me atrajo hacia él.</p> + +<p>—Olga, ¿es verdad?—exclamó fuera de sí en su gozo.—¿Puedes jurarme +que es la verdad?</p> + +<p>Hice un signo afirmativo, pues el miedo, que hacía pasar por todo mi +cuerpo un calofrío delicioso, me había quitado el uso de la palabra.</p> + +<p>—¡Que Dios te lo pague, buena e inteligente niña!—exclamó +estrechándome contra su pecho.</p> + +<p>Y mi respiración se cortó en una deliciosa angustia. Dejé caer mi cabeza +sobre su hombro y cerré los ojos. Entonces me estremecí al sentir que +su boca se posaba en mis labios. Me pareció que una llama me había +quemado. Y me besó otra vez, otra y otra: el gozo y el agradecimiento le +habían hecho perder la razón.</p> + +<p>Pero yo pensaba: «¡Ojalá nunca concluya este instante!» Y los calofríos +me sacudían sin interrupción mientras mi cuerpo yacía inerte y sin +fuerzas entre sus brazos. Una sola vez me pasó por la cabeza este +pensamiento: «¿Puedo devolverle sus besos?» Pero no me atreví.</p> + +<p>¿Cuánto tiempo me tuvo así? No lo sé: de repente sentí que mi cabeza +chocaba rudamente con el borde del sofá. El dolor me hizo salir como de +las profundidades de un sueño.</p> + +<p>Me quedé allí sin movimiento, tratando de recobrar aliento.</p> + +<p>Roberto lo notó y exclamó muy asustado:</p> + +<p>—Estás muy pálida, niña, ¿te has hecho daño?</p> + +<p>Dije que sí por señas, y agregué que aquello no era nada, que pronto +pasaría. Pero bien sabía que no había de pasar, que esa impresión se +grabaría en mis sentidos y en mi corazón con letras de fuego, que la +llama de ese instante retemplaría mi corazón durante más de una larga y +fría noche de invierno, esa llama que no era sin embargo sino el reflejo +de su amor por otra. Sabía todo eso y me parecía que me iba a ahogar +bajo el peso de ese pensamiento. Pero pronto me repuse, pues había +aprendido a dominar mis nervios.</p> + +<p>—Roberto—dije,—voy a darte un consejo, y después dejarás que me +vaya, porque estoy algo cansada.</p> + +<p>—¡Habla, habla—exclamó,—haré ciegamente lo que quieras!</p> + +<p>Y cuando lo miré, no pude impedir exhalar un profundo suspiro de dolor y +de júbilo, pues pensaba: «¡Te ha tenido en sus brazos!»</p> + +<p>Habría querido dejarme caer nuevamente con los ojos cerrados en la +esquina del sofá y fingir todavía un poco el desvanecimiento, pero me +levanté vivamente y dije:</p> + +<p>—Creo que Marta no cerrará los ojos esta noche; esperará el momento en +que salgas de la casa. Querrá verte partir; como su habitación da al +jardín, vendrá a la tuya o a la que está al lado. Cuando estés al pie de +la escalera, espera un poco y luego haz como si hubieras olvidado algo, +y entonces... entonces...</p> + +<p>No pude decir más, pues oía resonar en mí con demasiada violencia, ya +como un sollozo, ya como un grito de alegría, estas palabras: «¡Te ha +tenido en sus brazos!»</p> + +<p>Tuve miedo de no poder dominar mi emoción por más tiempo y quise huir +precipitadamente, sin una palabra de despedida.</p> + +<p>Cuando abrí la puerta, vi delante de mí a Marta.</p> + +<p>Allí estaba ella, descalza, a medio vestir, pálida como una muerta y +temblorosa. No pudo hacer un movimiento; sin duda le faltaron las +fuerzas.</p> + +<p>Y en el mismo instante oí detrás de mí un grito de gozo; vi que Roberto +se lanzaba, pasaba a mi lado y recibía en sus brazos a la desdichada +que se tambaleaba.</p> + +<p>—¡A Dios gracias, ahora eres mía!</p> + +<p>Estas fueron las últimas palabras que oí; huí a mi cuarto como si las +furias me hubieran perseguido, me encerré y derramé lágrimas, lágrimas +amargas.</p> + + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + + +<p>Salvaré rápidamente los años que siguieron con sus desgracias +fulminantes y su largo cortejo de sufrimientos. Ellos me dieron la +madurez y me hicieron mujer.</p> + +<p>Ocho meses después de aquella noche, trajeron a papá a la casa en un +adral; se había caído del caballo y sufría de graves lesiones internas.</p> + +<p>A los tres días murió. En medio de las calamidades que cayeron entonces +sobre la casa, fui la única que conservó toda su sangre fría. Marta, +aniquilada, se abismó en su dolor y mamá—¡la pobre y querida +mamá!—había permanecido durante tantos años sentada cómodamente y en +paz al lado de la estufa tejiendo medias y mascando frutas azucaradas, +que no quería ni podía concebir que aquella existencia cambiara. No dijo +una palabra, apenas derramó una lágrima, pero el mal que la roía +interiormente, hizo rápidos progresos y, aun cuando hubiera salvado de +la fiebre tifoidea que la acometió cuatro semanas más tarde, el pesar se +la habría llevado seguramente.</p> + +<p>Ambos reposaban entonces en el cementerio, Marta y yo, huérfanas, +abandonadas, nos quedamos en la granja desierta, esperando el momento en +que se nos expulsaría. Por mi parte sabía el camino que tenía que +seguir, sabía que el porvenir no me ofrecía otra perspectiva que la de +ganar duramente mi pan al servicio de otros. No vacilaba y no discutía +con mi destino: tenía suficiente energía, suficiente orgullo para vivir +sola aun en el extranjero. Pero temblaba por Marta, que, menos que +nunca, podía vivir sin consuelo ni afecto.</p> + +<p>El día de su casamiento parecía todavía muy lejano. Roberto no podía +hacerla esperar mucho más sin exponerse a verla extinguirse un día +agotada por la pena, como una lámpara que ya no tiene aceite.</p> + +<p>No me equivocaba en mis cálculos. Él no había podido asistir a los +entierros, sin embargo, cada vez había mandado una palabra de consuelo a +Marta para ayudarla a pasar las horas más penosas. De vez en cuando +caían de sus cartas algunas migajas para mí, de las cuales me apoderaba +con avidez, como quien se siente morir de hambre.</p> + +<p>Un día, él mismo se presentó.</p> + +<p>—¡Esta vez vengo a buscarte!—le gritó a Marta.</p> + +<p>Ella se dejó caer sobre el pecho de Roberto y lloró. ¡Cuán feliz era! +Pero yo me retiré al emparrado más sombreado del jardín y, abandonándome +a mis reflexiones, me pregunté si mi corazón no tendría también algún +día un hogar en que pudiera refugiarse tanto en las horas felices como +en las horas de angustia. Bien sentía que esos eran vanos sueños, pues +el único lugar en el mundo... en fin, sentí nacer en mí un orgullo y una +amargura tales, que todo mi ser se llenó de hiel, y me desprendí con +sombría aspereza de los brazos de los míos para encerrarme sola en mi +dolor.</p> + +<p>Querían llevarme con ellos, hacerme compartir lo poco de felicidad que +les quedaba todavía: me crearía un interior en la casa de mi cuñado; +pero rechacé su ofrecimiento con fiera obstinación.</p> + +<p>Ambos trataron en vano de resolver el enigma de mi conducta, y Marta, +que se desesperaba al pensar que no me tocaría la menor partícula de su +dicha, venía a menudo por la noche junto a mi cama y lloraba sobre mi +hombro. Entonces me ruborizaba de mi obstinación, le dirigía mil +palabras afectuosas como a una criatura, y no la dejaba irse sino cuando +había visto brillar por entre sus lágrimas una sonrisa de esperanza.</p> + +<p>Durante ocho días, Roberto trabajó sin descanso en poner orden en +nuestros negocios y en buscar un comprador. No nos quedó sino muy poca +cosa; pero tampoco necesitábamos nada.</p> + +<p>En seguida, se realizó sin ruido la ceremonia del casamiento. El viejo +mayordomo principal y yo fuimos los testigos, y a guisa de comida de +bodas hicimos una visita al cementerio, para despedirnos de las tumbas +recientemente cerradas, cuya arena amarilla comenzaba a desaparecer +bajo débiles tallos de yedra.</p> + +<p>Durante las últimas semanas, había buscado en secreto una situación que +me conviniera. Se me habían hecho diversos ofrecimientos; no tenía más +que elegir. Cuando Roberto vino a buscarme y, con una arruga de +inquietud en la frente, me hizo esta pregunta: «¿Qué vas a hacer ahora, +Olguita?» le expuse con una sonrisa tranquila mis proyectos para el +porvenir. Sobrecogido de admiración juntó las manos y exclamó:</p> + +<p>—¡Verdaderamente, te envidio! ¡Harás camino, tú!</p> + +<p>Y la misma Marta me envidiaba, bien lo veía en los ojos tristes que +fijaba en él y en mí; habría deseado, para sacrificarlas a Roberto, toda +la fuerza, toda la energía que me daba la juventud. La besé, traté de +alentarla, y en la mirada suplicante que dirigió a su marido, leí este +pensamiento: «Te doy todo lo que soy; perdona que sea tan poca cosa.»</p> + +<p>Al día siguiente por la mañana nos separamos; la joven pareja se dirigió +a su nuevo domicilio y yo partí para el extranjero.</p> + + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + + +<p>No hablaré de los tres años que pasé en tierras extrañas. Todas las +vejaciones, todas las humillaciones que sufrí durante ese tiempo, se han +grabado en mi alma con caracteres indelebles; han endurecido +completamente mi corazón y me han inspirado la indiferencia y la +desconfianza para con todas las criaturas humanas. He aprendido a +despreciar su odio y más aun su amor; he aprendido a sonreír, cuando el +dolor me desgarraba el corazón con sus garras de acero; he aprendido a +llevar la frente alta, cuando habría querido, de vergüenza, ocultarla en +el polvo.</p> + +<p>Los largos días vacíos, lejos de todo afecto, que pesan como plomo sobre +los hombros, la carga aplastadora de las tinieblas durante las noches +sin sueño, las adulaciones dictadas por la codicia, que suenan a falso y +dan náuseas, los celos de rivales cuyo mutismo obstinado irrita: todo +eso he conocido.</p> + +<p>En verdad, era duro el pan que comí en el extranjero, ¡y cuántas veces +lo mojé con mis lágrimas!</p> + +<p>El único consuelo, la única alegría que me quedaban, eran las cartas de +Marta. Me escribía con frecuencia, en ciertas épocas hasta todos los +días, y las más de las veces encontraba en ellas un post-scríptum de la +letra desigual y atormentada de Roberto. ¡Oh, cómo me echaba sobre +ellos, cómo devoraba su menor palabra!</p> + +<p>Gracias a esas cartas, vivía con ellos, por decirlo así.</p> + +<p>Su vida no era alegre—Dios sabe que no—pero en fin ¡era la vida! A +menudo la desgracia caía sobre ellos; entonces ambos, Roberto con toda +su fuerza, Marta en su debilidad, parecían dos niños sin apoyo, +abandonados, y yo tenía que intervenir para ayudarlos con mis consejos y +darles valor.</p> + +<p>Al fin estuve a tal punto familiarizada con su círculo, que habría +podido reconocer por su aspecto y por su voz a cada uno de sus criados, +de sus amigos, de sus conocidos. Sentía por la tía Hellinger el odio más +vehemente, por el viejo médico el afecto más profundo; en cuanto a la +multitud indiferente de los burgueses, de miradas indiscretas y +pérfidas, que computaban tan exactamente y calculaban con sus dedos la +ruina de Roberto, les reservaba mi desprecio más glacial.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Si yo estuviera en su lugar—me decía con frecuencia rechinando +los dientes, cuando Marta se lamentaba y me pintaba todo lo que tenía +que sufrir en sus relaciones,—cómo les mostraría la puerta a esos +<i>lonjistas</i> fríos y altaneros; cómo los haría arrastrarse a mis pies, en +el polvo, domados con el látigo de mis sarcasmos y de mi desdén!</p> + +<p>Pero también tomaba parte en sus pequeños goces. La veía reinar como ama +en la granja, veía en su derredor a la pequeña tropa de servidores a +quienes animaba la mejor voluntad, y habría querido mostrarme más +bondadosa, más caritativa aun que ella lo era, ella que ocultaba una +alma de ángel bajo una apariencia humana.</p> + +<p>La veía sentada al sol en el balcón, inclinada sobre su costura; la veía +gozar del descanso de mediodía bajo los frondosos tilos del jardín; la +veía, mientras la voz de su marido retumbaba en el patio y junto a ella +la cafetera cantaba su dulce canción; la veía, esperando que él entrase, +seguir con mirada soñadora los copos de nieve que revoloteaban en el +aire.</p> + +<p>Vivía así con ellos, mientras mis días se sucedían vacíos y sin gozo, +como los anillos de una cadena sin fin.</p> + +<p>En el curso del tercer año, Marta me confió que el deseo más ardiente de +Roberto iba a realizarse, que la plegaria que tan a menudo ella había +rezado en el silencio de la noche, había sido oída: se sentía madre. +Pero al mismo tiempo crecía en ella el temor de que su frágil y débil +cuerpo no pudiera soportar la grave prueba que la esperaba. Yo compartía +su esperanza y sus temores; quizá estaba aún más inquieta que ella, pues +la soledad y la distancia abultaban y desfiguraban las escenas que +creaba mi imaginación.</p> + +<p>Más de una vez por la noche me desperté con la cara bañada en lágrimas, +pues la había visto ya muerta en sueños. Un recuerdo de los primeros +años de mi juventud me volvía a la memoria: la había encontrado un día +tendida en el sofá, rígida, pálida, semejante a un cadáver, y no podía +apartar esa imagen de mi pensamiento. Mientras más se acercaba el +momento crítico, más me consumía la inquietud. Mi salud comenzaba a +resentirse de las extravagancias de mi cerebro, y las personas extrañas +entre las cuales vivía—no pronunciaré su nombre, no merece figurar en +estas páginas—no existieron ya para mí sino como fantasmas.</p> + +<p>Las últimas cartas de Marta revelaban orgullo, respiraban júbilo y +esperanza. Sus temores parecían haberse disipado, nadaba ya en las +delicias que le prometía la maternidad.</p> + +<p>Después siguieron tres días en que estuve sin noticias, tres días de +tortura y de fiebre; al fin llegó el telegrama de mi cuñado:</p> + +<p>«Marta dio luz varón con felicidad. Te reclama, ven pronto.»</p> + +<p>Con el telegrama en la mano corrí en busca de mi patrona y le pedí +permiso para ausentarme por el tiempo necesario. Ella me lo negó. +Inmediatamente, encolerizada, le arrojé mi dimisión a la cabeza y exigí +en el acto mi libertad. Buscaron excusas: mi presencia era indispensable +en ese momento, debía por lo menos rendir cuentas y entregar, según las +reglas, la dirección de la casa a la persona que me reemplazaría; en +resumen, me retuvieron dos días enteros bajo los pretextos más fútiles; +se habría dicho que querían hacer sentir una vez más a la sirvienta que +se había mostrado tan altiva, toda la ignominia de su humilde situación.</p> + +<p>En seguida vino una noche en ferrocarril, una noche de pesado +embotamiento, en el ruido ensordecedor del vagón; una mañana pasada +tiritando entre baúles y cajas de sombreros, en una sala de espera +desierta, cuyo olor a cerveza me daba náuseas. Después seis horas más, +oprimida entre un comerciante viajero y un judío polaco, en los +calientes cojines de una diligencia, y al fin surgieron ante mis ojos, +en los fuegos de una tarde de otoño, las torres de la pequeña población +en que los seres que me eran más caros, los únicos a quienes quería en +este mundo, habían edificado su nido.</p> + + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + + +<p>Poco faltaba para la puesta de sol cuando bajé de la diligencia; entre +las ruedas, las hojas muertas revoloteaban en pequeñas trombas.</p> + +<p>Mi corazón latía con violencia. Miré en torno mío. Creía ver adelantarse +a mi encuentro la gigantesca silueta de Roberto, pero no había allí más +que algunos papanatas que me miraron con los ojos muy abiertos, +extrañados de esa aparición desconocida. Pregunté el camino al conductor +y, contando para lo demás con las descripciones de Marta, me puse sola +en marcha.</p> + +<p>En las puertas bajas de las tiendas había grupos de personas que +conversaban. Por delante de mí, algunos paseantes avanzaban +tranquilamente, a pasos lentos. Al acercarme se detuvieron, me miraron +de pies a cabeza como a un animal curioso y, tan pronto como les di la +espalda, oí detrás de mí cuchicheos y risas ahogadas. Me invadió un +calofrío al observar esa curiosidad malevolente de aldea.</p> + +<p>Me sentí aliviada cuando vi alzarse frente a mí las torres de la +puerta. Conocía muy bien esa puerta: Marta en sus cartas la llamaba la +<i>puerta del infierno</i>, porque tenía que pasar por ella cuando iba a la +ciudad, llamada por su suegra.</p> + +<p>Al penetrar bajo la obscura bóveda, vi de improviso el «castillo,» en +medio del arco de la puerta que le formaba como una especie de marco +negro.</p> + +<p>Estaba apenas a una distancia de mil pasos. Las blancas paredes de la +casa, que los rayos del sol poniente bañaban con un matiz purpúreo, +surgían de entre un grupo de árboles de onduloso follaje. Los techos +cubiertos de zinc relumbraban; se habría dicho que de ellos caía una +cascada de agua hirviente. Las ventanas parecían lanzar llamaradas, y +por encima de la techumbre se amontonaba una espesa nube, semejante a un +palio formado por un torbellino de humo negro.</p> + +<p>Me oprimí el corazón con las manos; creí que sus latidos iban a romperme +el pecho, tan violenta era la impresión que experimentaba ante ese +espectáculo. Durante un segundo tuve el sentimiento extraño de que debía +retroceder, huir a toda prisa, sin tregua ni reposo hasta que me +sintiera protegida por la distancia.</p> + +<p>Toda mi inquietud acerca de Marta desaparecía ante esa angustia +misteriosa que me oprimía la garganta hasta ahogarme. Me traté de +cobarde y de insensata, y, reuniendo todas mis fuerzas, entré en el +camino, donde el paso de los coches había dejado pequeños charcos, ya +medio secos, que lucían como espejos. El viento que pasaba por las cimas +de los álamos, hacía oír un sordo murmurio que me acompañó hasta la +puerta de la granja. En el mismo instante en que la pasaba, el último +rayo de sol desapareció detrás de las paredes de la casa y la sombra de +los grandes tilos, que del parque se inclinaban sobre el camino, me +envolvió tan bruscamente, que creí que había llegado la noche.</p> + +<p>Viejas paredes en ruinas, cubiertas de celedonia medio marchita, salían +a derecha e izquierda de una confusión de escaramujos y de espinos: eran +los restos del antiguo castillo, sobre cuyos escombros se había +instalado la granja. De todo aquello se exhalaba como un soplo de muerte +y de putrefacción.</p> + +<p>Dirigí una mirada medrosa al vasto patio que el crepúsculo comenzaba a +envolver con un velo azulado. Al menor ruido me estremecía, me figuraba +oír que la voz poderosa de Roberto me deseaba la bienvenida. El patio +estaba desierto, era la hora del descanso y en él reinaba un silencio +profundo. Sólo oía, por el lado de las caballerizas, el crujido +particular que se hace al aguzar una guadaña. Un olor de heno recién +cortado llenaba el aire con ese perfume a la vez dulce y acre que le es +peculiar.</p> + +<p>Tímida y miedosa, como una intrusa, me deslicé lentamente a lo largo de +la empalizada del jardín hasta la casa, que con sus montantes de +granito, sus torrecillas y sus piñones que el tiempo había cubierto de +un matiz gris, parecía lanzar sobre mí una mirada sombría y +amenazadora. De trecho en trecho la capa de yeso había caído y dejaba +aparecer las piedras negruzcas de las paredes. Se habría creído que el +tiempo, como una larga enfermedad, había cubierto de llagas ese cuerpo +respetable.</p> + +<p>La puerta de entrada estaba abierta.</p> + +<p>Penetré en un gran vestíbulo obscuro, del que se desprendía un olor de +cal y de moho. Por unas lumbreras de vidrios multicolores y cubiertas de +telarañas, que, abiertas muy junto al cielo raso, parecían nidos +luminosos, entraba a la sala un débil resplandor, apenas suficiente para +permitir que se distinguieran en la obscuridad los grandes armarios que +se alineaban a lo largo de las paredes. Una raya de luz más clara caía +sobre una ancha escalera cuyas gradas gastadas descansaban en pilastras +de piedra. Altas puertas de roble, arqueadas, conducían a diferentes +habitaciones, pero no me atreví a acercarme a ninguna de ellas: se me +figuraban las puertas de una prisión. Allí estaba todavía, con el +corazón oprimido, buscando un camino, cuando la puerta de entrada se +abrió bruscamente y dos grandes molosos, manchados de amarillo, se +precipitaron hacia mí.</p> + +<p>Lancé un grito. Los monstruos me saltaron encima, olfatearon mis ropas y +volvieron a salir lanzando furiosos aullidos.</p> + +<p>—¿Quién está ahí?—gritó una voz, cuyo timbre grave y poderoso había +creído oír a menudo, en mis desvelos como en mis sueños.</p> + +<p>Una sombra apareció en el umbral: era él.</p> + +<p>Nubes rojas flotaron delante de mis ojos. Me pareció que mis pies +habían echado raíces en el suelo. Respiraba con dificultad y me apoyé en +el pilar de la escalera.</p> + +<p>—¿Quién está ahí? ¡Qué diablos!—gritó otra vez, tratando en vano de +ver en la obscuridad.</p> + +<p>Toda mi arrogancia me volvió. Estaba tranquila y altiva cuando me había +despedido de él algunos años antes, quería ser la misma para +presentármele entonces. ¿Acaso necesitaba saber todo lo que yo había +sufrido en el intervalo?</p> + +<p>—Olga... en verdad... Olga, eres tú.</p> + +<p>El júbilo ahogado que revelaba su voz hizo pasar en mis venas una +sensación de calor y de bienestar. Creí por un instante que iba a +echarme a su cuello y a llorar sobre su hombro para aliviar mi corazón, +pero guardé mi reserva:</p> + +<p>—¿No me esperabais?—pregunté, tendiéndole maquinalmente la mano.</p> + +<p>—Pues sí, naturalmente, desde hace dos días te esperábamos por +momentos; es decir que comenzábamos a creer...</p> + +<p>Había encerrado mi mano en las suyas y trataba de verme la cara. En su +actitud había una mezcla particular de cordialidad y de embarazo: +parecía que trataba en vano de encontrar en mí a su antigua amiga, su +antigua confidente.</p> + +<p>—¿Cómo está Marta?—pregunté.</p> + +<p>—Ya lo verás—respondió él;—yo en esto nada entiendo. ¡Me parece tan +débil, tan frágil! Me digo que será un milagro si se salva. Pero el +médico pretende que va bien, y lo que es él debe saberlo.</p> + +<p>—¿Y el niño?—pregunté en seguida.</p> + +<p>Rió con una ligera risa interior que llegó hasta mí en el crepúsculo.</p> + +<p>—¡El niño, hum, el niño!...</p> + +<p>Y en vez de concluir la frase, dio un puntapié a los molosos que de un +brinco abandonaron la casa.</p> + +<p>—Ven—dijo en seguida,—voy a llevarte.</p> + +<p>Subimos la escalera, en silencio, sin mirarnos.</p> + +<p>«¡Ahora eres una extraña para él!»—me dije.</p> + +<p>Y me sentí sobrecogida de angustia, como si acabara de perder una +felicidad acariciada desde mucho tiempo.</p> + +<p>—Espera un momento—dijo él indicando con el dedo una de las puertas +más próximas,—voy a decirle una palabra para prepararla; de lo +contrario, podría hacerle daño la alegría.</p> + +<p>Un instante después, me encontré sola en un largo corredor obscuro, de +bóveda elevada. Muy al fondo brillaban en llamaradas de un rojo sombrío +los últimos resplandores del día moribundo que arrojaba sobre las +pulidas baldosas un largo surco de luz. Sonidos vagos, que recordaban la +voz de un niño, herían mi oído cuando el viento se colaba bajo la +bóveda.</p> + +<p>Un leve grito de gozo llegó hasta mí, a través de la puerta, y me hizo +estremecer. Una oleada de sangre ardiente invadió mi corazón; creí que +iba a ahogarme. En seguida la puerta se abrió y la mano de Roberto me +asió en la obscuridad: me dejé llevar sin tener conciencia de lo que +hacía, y no salí de mi estupor sino en el momento en que caí de +rodillas, sollozando, junto a la cama, y oculté la cara en las +almohadas, mientras una mano húmeda y caliente me acariciaba la cabeza.</p> + +<p>Una sensación que ya no conocía desde hacía años, una dulce sensación de +calor, como la que se experimenta en el hogar paterno, penetraba y +embriagaba mis sentidos. No osaba alzar los ojos, de miedo de que se +disipara.</p> + +<p>La mano reposaba siempre en mi cabeza como una bendición del Cielo. Un +agradecimiento infinito inundó mi corazón: me apoderé de esa mano que +temblaba en la mía, y posé en ella larga y tiernamente mis labios.</p> + +<p>¿Qué haces, hermanita, qué haces?—dijo Marta con su voz cansada, +ligeramente velada.</p> + +<p>Me levanté. La vi delante de mí, pálida, con las mejillas huecas, y los +ojos, donde brillaban lágrimas, profundamente hundidos en las órbitas. +Estaba blanca y delicada como un copo de nieve; azules e hinchadas venas +surcaban su enflaquecido cuello, y su frente, de una blancura tan +transparente que parecía que una luz lo iluminara interiormente, estaba +cubierta de gotas de sudor.</p> + +<p>Había envejecido y enflaquecido mucho desde que yo no la había visto, y +las crisis por las cuales acababa de pasar, no parecían ser las únicas +en haber ejercido sobre ella su obra destructora; pero había conservado +su sonrisa consoladora y bienhechora que servía de alivio a todos, aun +cuando ella misma estuviera en el más completo abandono.</p> + +<p>—Y ahora no te volverás a ir—dijo ella, alzando los ojos hacia mí, +como si no pudiera saciarse de mirarme.—Te quedarás con nosotros, para +siempre; ¡prométemelo, prométemelo inmediatamente!</p> + +<p>Guardé silencio. La felicidad me rodeaba, abrasadora como el fuego del +cielo: era para mí un sufrimiento, una tortura.</p> + +<p>—¡Insiste tú también, Roberto!—repuso ella.</p> + +<p>Me estremecí. Lo había olvidado totalmente y ahora su presencia hacía en +mí el efecto de un reproche.</p> + +<p>—Dame tiempo para reflexionar, espera hasta mañana—dije enderezándome.</p> + +<p>Sentía en mí el vago presentimiento de que mi residencia en esa casa no +sería de larga duración: habría sido demasiada dicha para mí, pobre +infeliz a quien un destino despiadado condenaba a vivir en casa ajena.</p> + +<p>Leí en el rostro de Marta el deseo de no lastimar mi susceptibilidad.</p> + +<p>—Entonces hasta mañana—dijo en voz baja apretándome los dedos,—y +mañana verás la falta que nos haces, comprenderás que sería necesario +que fuéramos locos, para dejarte partir nuevamente. ¿No es verdad, +Roberto?</p> + +<p>—¡Seguro, con toda seguridad!—dijo él soltando una carcajada que me +pareció singularmente forzada.</p> + +<p>Era evidente que se sentía mortificado en presencia de nosotras dos. +Así, pues, no tardó en tomar su gorra como para retirarse, sin decir una +palabra.</p> + +<p>—Enséñale nuestro hijo—murmuró Marta, al mismo tiempo que una sonrisa +de indecible felicidad pasaba por su rostro enflaquecido.</p> + +<p>—Ven—dijo Roberto;—el niño duerme en la habitación contigua.</p> + +<p>Me precedió, y escurrió con gran trabajo su ancho y pesado cuerpo por la +puerta entreabierta.</p> + +<p>La cuna se alzaba allí en la luz rosada de la tarde. Entre los cojines +aparecía una cabecita roja, apenas más grande que una manzana. Sus +párpados arrugados estaban cerrados y tenía en la boca uno de sus +puñitos, con los dedos crispados como por una convulsión.</p> + +<p>Mis miradas se apartaron del niño y a hurtadillas se fijaron en el +padre. Este había juntado las manos y contemplaba con piadosa atención a +esa pequeña criatura humana. Una sonrisa indecisa, que expresaba tanto +el embarazo como el júbilo, vagaba por sus labios.</p> + +<p>Sólo en ese momento pude observarlo a mis anchas. El fulgor purpurino de +la tarde caía directamente sobre su rostro y hacía resaltar claramente +los pliegues y las arrugas que se habían grabado en él durante esos tres +últimos años. Penas sombrías parecían asediar su frente; sus ojos habían +perdido el brillo y sus labios estaban agitados por un movimiento +nervioso en que creí leer a la vez una melancólica sumisión y una +impotente rebeldía.</p> + +<p>Me sentí presa de una compasión infinita; tenía ganas de tomarle las +manos y decirle:</p> + +<p>—Tén confianza en mí, soy fuerte; déjame participar de tu dolor.</p> + +<p>Cuando alzó los ojos, tuve miedo de que hubiera notado mi mirada; me +puse rápidamente de rodillas delante de la cuna y apoyé mis labios en el +tierno rostro del niño que se estremeció a mi contacto, como si hubiera +experimentado un dolor.</p> + +<p>Cuando me levanté, vi que Roberto había salido del cuarto.</p> + +<p>Marta me esperaba con los ojos brillantes de impaciencia y de inquietud: +quería saber que yo admiraba a su hijo.</p> + +<p>—¿No es verdad que es lindo?—balbució, alzando hacia mí sus débiles +brazos.</p> + +<p>Y cuando su corazón de madre estuvo saturado de orgullo, me hizo sentar +a su lado en las almohadas, apoyó su cabeza en mí y concluyó casi por +ponerla sobre mis rodillas.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Qué frescura!—murmuró.</p> + +<p>En seguida cerró los ojos, respirando tranquila y regularmente, como si +durmiera.</p> + +<p>Enjugué con mi pañuelo el sudor que cubría su frente.</p> + +<p>Ella me agradeció por señas y dijo:—Estoy todavía un poco débil, me +parece que tuviera los miembros rotos; pero espero que mañana podré +levantarme y atender a la casa.</p> + +<p>—¡Gran Dios, qué ideas tienes!—exclamé espantada.</p> + +<p>Ella suspiró.</p> + +<p>—Es necesario, es necesario. No tengo derecho de reposar.</p> + +<p>—¿Por qué no tienes derecho de reposar?</p> + +<p>Marta no contestó, poro de repente se puso a llorar amargamente.</p> + +<p>La calmé, besé sus mejillas y sus ojos preñados de lágrimas, y le +supliqué que me abriera su corazón.</p> + +<p>—¿No eres feliz? ¿Roberto no es bueno contigo?</p> + +<p>—Es bueno conmigo, como el buen Dios; sin embargo no soy feliz, soy muy +desdichada, hermanita, más desdichada de lo que puedo decirte.</p> + +<p>—¿Y por qué, Dios mío?</p> + +<p>—¡Tengo miedo!</p> + +<p>—¿De qué?</p> + +<p>—De hacerlo desgraciado, de no ser la mujer que le convenía.</p> + +<p>Sentí, de improviso, que un frío glacial me invadía, como si, emanado de +su cuerpo, se trasladara al mío.</p> + +<p>—¿Ves? ¡Tú misma sientes que tengo razón!—murmuró, alzando hacia mí +sus grandes ojos inquietos.</p> + +<p>—Estás loca—dije, esforzándome por reír.</p> + +<p>Continuaba sintiendo en todo mi cuerpo ese helado calofrío. Un vago +sentimiento me decía que Marta podía muy bien no equivocarse. Pero por +el momento se trataba de consolarla.</p> + +<p>—¿Cómo puedes ser tan tonta para atormentarte así tú misma? ¿Acaso su +actitud no te dice noche y día que estás en un error?</p> + +<p>—Sé lo que sé—replicó ella, suavemente, con esa resignación altiva que +es el arma de los débiles.—Y esto que te digo no data de hoy. Ese temor +tiene muchos años: estaba ya en mi corazón aun antes de que fuéramos +novios, y yo sabía bien lo que hacía cuando me negaba entonces a ser su +mujer; ¡era el amor, sólo el amor lo que me guiaba!</p> + +<p>—¡Marta! ¡Marta!—exclamé en tono de reproche.—Me parece que me has +ocultado muchas cosas.</p> + +<p>—Todo te lo dije en aquella época—respondió ella;—pero tú no querías +creerme, querías por fuerza hacer mi felicidad; y más tarde, ¿por qué +habría hablado? En el papel las cosas toman otro significado que el que +se les ha querido dar; habrías concluido por ver en mis palabras un +reproche a Roberto, quizá hasta a ti misma, y yo no podía dar lugar a +semejante equivocación. Mi desgracia data del día en que llegamos aquí. +Cuando lo vi reñir con su madre, oí que una voz me gritaba: «¡Tuya es la +culpa!» Cuando de día en día lo vi ponerse más sombrío y más triste, me +repetía nuevamente en el fondo del corazón: «¡Tuya es la culpa!» Durante +la noche me quedaba despierta a su lado, atormentada por este +pensamiento:</p> + +<p>«¿Por qué estás tan triste y tan melancólica, por qué no sabes sino +arrojarte en sus brazos llorando, y sufrir doblemente cuando lo ves +sufrir?»</p> + +<p>«¿Por qué no has aprendido a echarte a su cuello cantando, desde que +vuelve a su casa y, con la sonrisa en los labios, a borrar con un beso +las arrugas de su frente? Aún más, ¿por qué te faltan el orgullo y la +fuerza? ¿Por qué no puedes decirle: «Refúgiate a mi lado; si tu corazón +tiembla, en mí encontrarás nuevas fuerzas, velaré sobre ti y sostendré +tus pasos.» He ahí lo que habrías hecho tú, hermana; no, no me +contradigas. Con frecuencia me he representado la actitud que habrías +tenido tú, con tu alta estatura; le habrías abierto los brazos para que +pudiera refugiarse en ellos, como en un puerto donde las tempestades no +se atreven a penetrar... pero, mírame—y al decir esto dirigía una +mirada de lástima a su cuerpo delicado y débil, cuyos flacos contornos +se delineaban bajo la cobija.—¿Ese lenguaje no sería ridículo en mi +boca? Yo que casi me pierdo en sus brazos, que soy tan pequeña, tan +frágil, no sirvo sino para que me protejan; proteger a los otros no es +cosa mía... Mira, he reflexionado en todo eso durante largas noches, en +las tinieblas, y el desaliento se ha apoderado cada vez más de mí. Por +la mañana me esforzaba en reír, quería fingir la indiferencia y la +alegría de un pájaro, creyendo que ese era el papel que mejor me +convendría y más le agradaría; pero los cantos y la risa se ahogaban en +mi garganta, y él lo notaba muy bien, pues sonreía con expresión +compasiva, y yo sentía redoblar mi vergüenza.</p> + +<p>Sin fuerzas, Marta se detuvo y ocultó el rostro en mis faldas; luego +continuó:</p> + +<p>—Y como este medio no me dio el resultado que esperaba, traté por lo +menos de indemnizarlo de otra manera. Tú sabes que nunca en mi vida he +tenido miedo al trabajo, pero hasta ahora jamás había tenido sobre mí +una labor tan penosa como durante estos tres años. Y, cuando ya no +podía más, cuando mis rodillas casi se doblaban bajo mi peso, seguía +adelante, sin embargo, sostenida por este pensamiento: «Haz ver que eres +por lo menos útil para algo, arréglate de modo que nunca sepa cuán poca +cosa posee en realidad en tu persona...» Pero, ¿de qué sirve todo eso? +Todos mis esfuerzos son enteramente inútiles. Tan pronto como vuelvo las +espaldas todo se trastorna. Tiemblo sin cesar de que un día mi trabajo +le parezca insuficiente.</p> + +<p>Así se quejaba la desdichada, y yo misma tenía el corazón despedazado al +ver tanto dolor.</p> + +<p>—Escucha, tengo que hacerte una súplica—dijo ella finalmente, +tomándome ambas manos:—sondea a Roberto, procura saber si está contento +de mí, y después me lo dirás.</p> + +<p>La atraje hacia mí, le prodigué mil palabras cariñosas, y traté de +alejar con mis caricias el temor, la inquietud de su espíritu. Ella +bebía con amor cada una de mis palabras; su rostro febricitante estaba +pendiente de mis labios y de vez en cuando un débil suspiro se escapaba +de su pecho.</p> + +<p>—¡Oh! ¿Por qué no has estado siempre a mi lado?—exclamó, acariciándome +las manos.</p> + +<p>En ese momento, un nuevo pensamiento pareció desalentarla otra vez. +Insistí para que hablara, pero no quería decidirse a hacerlo; al fin +dijo, balbuciendo y tartamudeando:</p> + +<p>—¡Tú harás todo mil veces mejor que yo; le enseñarás lo que habría +podido tener y lo que tiene; verá qué pobre criatura soy a tu lado!</p> + +<p>Un espanto se apoderó de mí; luego comprendí.</p> + +<p>Había soñado en poseer un hogar, pero ese sueño se desvanecía. ¿Cómo +podía permanecer en esa casa, cuando mi propia hermana se consumía de +dolor y de celos por causa mía?</p> + +<p>Marta sintió que me había hecho mal; alzando sus delgados brazos hasta +mi cuello, me dijo:</p> + +<p>—Compréndeme, Olga; no son celos los que experimento; soy tan poco +celosa, que mi deseo más ardiente es que os entendáis ambos después de +mi muerte, y que...</p> + +<p>—¡Después de tu muerte!—exclamé espantada.—¡Marta, no digas eso! ¡Es +un crimen!</p> + +<p>Ella se sonrió, triste y resignada.</p> + +<p>—Lo sé mejor que tú—dijo.—Mis fuerzas se han agotado desde hace +tiempo. Ya antes, esa larga espera me había aniquilado. Por eso deseaba +verte tan ardientemente, porque pensaba que muy pronto todo concluiría; +antes de partir quería arreglar todo entre vosotros dos. Pero, sea como +fuere, tarde o temprano tendré que pasar por eso, y quiero antes estar +segura de que dejo a ambos, al niño y a él, en buenas manos.</p> + +<p>Me estremecí y en seguida sentí que una gran laxitud me invadía. Me +pareció que iba a caerme delante de la cama y a llorar, a llorar hasta +rendir el alma.</p> + +<p>En ese momento se oyeron en la habitación contigua los gritos del +pequeñuelo que se había despertado y reclamaba a su nodriza. Respiré +largamente y reflexioné acerca de mí misma y de los deberes que me +incumbían.</p> + +<p>—¿Oyes, Marta?—grité.—Te desesperas, y el Cielo te ha acordado la +dicha más grande que puede pretender una mujer. Renacerás por tu hijo; +tu vida sacará de su juventud un nuevo vigor.</p> + +<p>Un relámpago pasó por sus ojos; luego se dejó caer suavemente y cerró +los párpados, sonriéndose. Sólo el sentimiento de la maternidad podía +dar alas a su esperanza.</p> + +<p>Abrió la boca una vez más y murmuró algunas sílabas. Me incliné hacia +ella y pregunté:</p> + +<p>—¿Qué tienes, hermana querida?</p> + +<p>—Desearía ser útil para algo en este mundo—dijo, con un suspiro.</p> + +<p>Y con este pensamiento, se durmió.</p> + + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + + +<p>Había cerrado ya la noche cuando Roberto penetró sigilosamente en la +habitación. Yo me sobresalté: sentí de repente que me iba a ver reducida +a esconderme, a huir de él hasta el fin del mundo: «¡Es necesario que no +te encuentre, no te encontrará!»—me gritaba una voz interior.—Mis +mejillas estaban encendidas y me vino un vago temor de que el rubor +traicionara mi emoción a pesar de la obscuridad.</p> + +<p>Se acercó a la cama, escuchó un instante la respiración apacible de +Marta y en seguida me dijo en voz baja:</p> + +<p>—Ven, Olga. Estás cansada; tomarás algo y después irás a descansar.</p> + +<p>Quise protestar, pues temía mucho encontrarme sola con él, pero, para no +despertar a mi hermana que dormía, lo seguí sin decir una palabra.</p> + +<p>El comedor era una vasta habitación, blanqueada, con muebles antiguos +que parecían estar de guardia a lo largo de las paredes, semejantes a +negros gigantes agazapados. Bajo la araña había una mesa redonda con dos +cubiertos.</p> + +<p>—He hecho comer antes al personal de la granja—dijo Roberto, +volviéndose hacia mí,—pues no he querido darte el disgusto de ver caras +extrañas.</p> + +<p>Y, al decir esto, se dejó caer pesadamente en una silla, apoyó la barba +en su mano y fijó la mirada en el salero.</p> + +<p>—¡Pero tú no comes!—dijo al cabo de un instante.</p> + +<p>Sacudí la cabeza: no habría sido capaz de comer un bocado, aun cuando el +hambre me desgarrara las entrañas. Su presencia me paralizaba por +completo.</p> + +<p>Siguió un nuevo silencio.</p> + +<p>—¿Cómo la encuentras tú?—preguntó él al fin.</p> + +<p>—No sé—dije, violentándome para hablar,—si debo sentir alegría o +inquietud.</p> + +<p>—¿Por qué inquietud?—preguntó bruscamente.</p> + +<p>Y vi pasar por sus ojos un vago fulgor de angustia.</p> + +<p>—Marta se atormenta a sí misma.</p> + +<p>Me dirigió de pronto una mirada de inteligencia, una mirada que decía: +«¿Tú también lo sabes ya?» Luego levantó el puño desperezándose y exhaló +un suspiro. Su cabellera enmarañada le caía sobre la frente y en las +extremidades de sus labios las arrugas labradas por la amargura se +acentuaban aún más.</p> + +<p>Tuve miedo, miedo de mí misma. ¿Lo que acababa de decir no parecía una +acusación a Marta, no lo invitaba a acusarla?</p> + +<p>—Te ama demasiado—repuse, apretando los dientes.</p> + +<p>Sabía que iba a hacerle mal y era lo que quería.</p> + +<p>Él se sobresaltó y me miró un instante, con una extrañeza sincera, +inclinó repetidas veces la cabeza y dijo:</p> + +<p>—Tu reproche es justo; Marta me ama demasiado.</p> + +<p>Yo habría querido en seguida pedirle perdón. Verdaderamente no merecía +esa maldad de mi parte. Su alma era pura y transparente como un rayo de +sol: sólo en mi corazón reinaban las tinieblas.</p> + +<p>Creí que las lágrimas que me esforzaba en reprimir, iban a ahogarme.</p> + +<p>Vi que no podría contenerme por más tiempo, y me levanté bruscamente.</p> + +<p>—Buenas noches, Roberto—dije, sin tenderle la mano.—Estoy extenuada, +necesito acostarme; deja, un criado me indicará el camino. ¡Deja, te +digo!</p> + +<p>Grité esas últimas palabras como impulsada por el enojo: él se detuvo, +cortado.</p> + + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + + +<p>En la penumbra del corredor, el aire fresco me calmó muy pronto. Di +algunos paseos y después fui en busca de una criada para que me indicara +mi habitación.</p> + +<p>—La señora ha arreglado todo ella misma en el cuarto y ha prohibido que +lo toquen; hay también una carta para la señorita.</p> + +<p>Cuando me quedé sola, pasé revista a la habitación. ¡Querida y excelente +hermana! Había pensado en mis menores deseos, se había acordado +fielmente de mis menores costumbres de otros tiempos para dar a mi +aposento toda la comodidad y todo el encanto que se pueden imaginar. +Nada faltaba allí, de lo que mi corazón más apreciaba antes. Sobre la +cama caían cortinas de flores encarnadas, semejantes a las que habían +abrigado mis primeros sueños de niña; en el borde de la ventana había +geranios y artanitas que yo siempre cultivaba; adornaban las paredes +algunos cuadros sobre los cuales mis miradas descansaban en otros +tiempos al despertarme, y en los estantes encontré los libros en que +había aprendido las primeras nociones del amor.</p> + +<p>El drama de <i>Ifigenia</i>, que, en aquellos días claros y sin nubes, había +sido mi poema predilecto, estaba abierto sobre la mesa. ¡Oh, bondad del +Cielo! ¡Cuánto tiempo hacía que lo había leído, cuánto tiempo hacía que +lo evitaba temerosamente, de tal modo que la tranquila majestad de la +santa sacerdotisa hacía sufrir a mi alma!</p> + +<p>Entre las páginas del libro encontré la carta de que me había hablado la +criada. Tuve un dulce presentimiento, el presentimiento de que iba a +encontrar una nueva prueba de afecto inmerecido, y, rasgando el sobre, +leí:</p> + + + +<p class="adr top5">«¡Hermana muy querida!</p> + +<p>»Cuando entres en este cuarto no podré desearte la bienvenida: estaré +enferma y quizá hasta mis labios se habrán cerrado para siempre. Todo lo +encontrarás como tenías la costumbre de verlo en casa; todo esto estaba +preparado para ti, y te esperaba desde hace mucho tiempo. Que sea el +dolor o el gozo lo que te acoja en el umbral de esta casa, descansa en +paz y duérmete con el sentimiento de estar en tu casa. Esfuérzate en +amar a Roberto, como él mismo te amará. Entonces todo irá bien todavía, +ya sea que Dios me deje con vosotros o que me llame a Él. Tu hermana, +<i>Marta</i>.»</p> + + + +<p class="top5">Nada nuevo había en lo que allí me decía y, sin embargo, me sentí tan +violentamente conmovida por esa sencilla y enternecedora prueba de su +cariño, que no tuve en el primer momento más que un pensamiento: ir a +arrojarme al pie de su cama, y confesarle cuán indigna era aquella a +quien ofrecía el asilo de su corazón y de su techo.</p> + +<p>Ciertamente, ya no me cabía ninguna duda. Esa fatal pasión, que yo creía +haber arrancado de mi alma con todas sus raíces, se había cubierto de +una nueva y frondosa vegetación; las heridas cicatrizadas desde hacía +tiempo se habían vuelto a abrir con la presencia de Roberto; me parecía +sentir que mi sangre ardiente se escapaba de ellas a torrentes.</p> + +<p>Ya era inútil ocultar o disimular. Se habían acabado, desde hacía largo +tiempo, ese fulgor inseguro y seductor que colora los sentimientos +nacientes, y ese dulce abandono que permite la embriaguez inconsciente +de la juventud; en su lugar estaban la luz brillante y cruda de un +conocimiento madurado por los años, la actitud fría y rígida que impone +una conducta severa.</p> + +<p>Sí, lo amaba, lo amaba con una pasión tan ardiente, tan dolorosa como +sólo el corazón retemplado en el fuego del odio y del sufrimiento puede +amar. Y eso no databa de hoy, eso no databa de ayer.</p> + +<p>Había crecido con ese amor, me había aferrado a él en la pasión secreta +de mi corazón; mi ser había encontrado en él su vigor: era mi fuerza y +mi debilidad, era mi vida y mi muerte.</p> + +<p>¿Lo merecía Roberto? ¿Me comprendía? ¡Qué importaba! Nunca lo +comprendería después de todo. Y luego, no era él sino yo la que tenía +que conquistar un derecho a su amor. A esa hora sabía que jamás podría +desterrar de mi pecho esa pasión. Se trataba de someterse a ella como +uno se somete al eterno destino, pero era necesario que no se hiciera +criminal: debía reinar pura en el fondo de mi corazón puro.</p> + +<p>Y, en verdad, no me habían llamado a esa casa para labrar su desgracia.</p> + +<p>Una gran misión, una misión sagrada me esperaba. Marta vería en breve +que un genio bienhechor reinaba en torno de ella en la casa: aprendería +conmigo a emplear de una manera eficaz, para la salvación de su marido +muy amado, el amor que la consumía en vano. Su valor, a mi lado, iba a +rehacer, su alma iba a tomar nuevas fuerzas. ¡Cómo me prometía +sostenerla y consolarla en las horas de dolor y de abatimiento; cómo me +violentaría para reír cuando la melancolía la envolviera con su velo +sombrío! Sabría, con mis bromas alegres y vivas, disipar las nubes, +devolver a las frentes su serenidad, y haría de modo que siempre +brillara entre esas paredes un último rayo de sol.</p> + +<p>Mi vida transcurriría sin deseo, feliz tan sólo de la dicha de los míos, +en una abnegación discreta y resignada.</p> + +<p>Ya no necesitaba vagar en torno de la estatua de Ifigenia, pues yo +también iba a desempeñar el papel augusto y sublime de la sacerdotisa.</p> + +<p>Este piadoso pensamiento hizo caer la agitación de mi alma, y con él me +dormí.</p> + + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3> + + +<p>Cuando me desperté esa primera mañana, me sentí satisfecha, casi feliz. +En mí reinaba una paz casi religiosa que no conocía ya, desde hacía un +número infinito de años. Sabía que en lo sucesivo no tenía por qué temer +el encontrarme con él.</p> + +<p>Marta dormía todavía. Cuando miré a la habitación por la abertura de la +puerta, la vi hundida en las almohadas, con la cabeza echada hacia +atrás, y oí una respiración corta y oprimida.</p> + +<p>Tranquilizada, me alejé para entrar inmediatamente en mis funciones de +ama de casa.</p> + +<p>—Ya no necesitará extenuarse en el trabajo—pensé, penetrada de una +secreta alegría.</p> + +<p>Hice, para tomar oficialmente la dirección de la casa, una inspección +que duró casi una hora. La vieja ama de llaves dio pruebas de cierta +docilidad y los criados me trataron con respeto. Por otra parte, yo no +habría tardado en imponérselo.</p> + +<p>A la hora del almuerzo me encontré con Roberto. Sentí al entrar al +comedor una leve palpitación del corazón, la que desapareció tan pronto +como me acordé de mi juramento de la víspera. Me le acerqué, serena, +mirándolo de frente, y le extendí la mano.</p> + +<p>—¿Marta duerme todavía?—pregunté.</p> + +<p>Él sacudió la cabeza.</p> + +<p>—He mandado buscar al médico—dijo.—Ha pasado una mala noche... la +emoción de tu llegada parece haberle hecho daño.</p> + +<p>Sentí un poco de temor; pero mi gran resolución me había llenado de tal +alegría, que no había ya lugar en mí para una inquietud.</p> + +<p>—¿Quieres servirte tú mismo? Mientras tanto iré a verla.</p> + +<p>Cuando entré en la habitación, la encontré en la misma posición en que +la había dejado por la mañana, y, acercándome a la cama, vi que tenía +los ojos muy abiertos y miraba fijamente el techo.</p> + +<p>Tuve miedo y la llamé por su nombre; entonces una ligera sonrisa pasó +por su rostro; se volvió penosamente y me miró de frente.</p> + +<p>—¿No te sientes bien, Marta?</p> + +<p>Sacudió la cabeza con expresión dolorida y cerró un poco la mano. Eso +quería decir: Ven, siéntate a mi lado.</p> + +<p>Tomé su cabeza entre mis brazos y de repente un calofrío sacudió su +cuerpo; oí que sus dientes castañeteaban.</p> + +<p>—Dame una frazada gruesa—murmuró,—tengo mucho frío.</p> + +<p>Hice lo que me había pedido y me senté de nuevo a su lado. Ella se +apoderó de mis manos y las estrechó como si hubiera querido calentarse +con su contacto.</p> + +<p>—¿Has dormido bien?—preguntó con esa misma voz de ronco falsete que no +le conocía.—Hice un signo afirmativo y al mismo tiempo sentí nacer en +mí un vivo sentimiento de vergüenza. ¿Qué era mi gran proyecto de +renunciamiento comparado con esa especie de abnegación, de olvido de sí +misma, que se manifestaba en las más pequeñas como en las más grandes +circunstancias, y que encontraba para todo el mismo amor? ¡Y yo, egoísta +y orgullosa, me envanecía todavía de esa sublime resolución de mi +corazón!</p> + +<p>—¿Te ha gustado el arreglo de tu cuarto?—continuó ella, al mismo +tiempo que por sus ojos dulces y tristes pasaba un débil fulgor de +malicia.</p> + +<p>A guisa de respuesta posé humildemente en sus labios un beso de +agradecimiento.</p> + +<p>—¡Sí, bésame, bésame otra vez!—dijo ella.—Tu boca es tan bella, tan +ardiente: da calor al cuerpo y al alma.</p> + +<p>Y un nuevo calofrío la sacudió.</p> + +<p>Un instante después entró Roberto.</p> + +<p>—Prepárate, querida—dijo acariciando la mejilla de Marta;—el médico, +nuestro tío, ha llegado.</p> + +<p>En seguida me hizo una seña y salí detrás de él. Junto a la cuna del +recién nacido encontré a un hombre ya viejo, cuya barba gris no había +sido afeitada por varios días, la nariz chata y roja y dos ojos vivos e +inteligentes que me miraban sonriendo detrás de los brillantes vidrios +de sus antiparras.</p> + +<p>—Entonces, ¿es ella?—dijo extendiéndome la mano.</p> + +<p>Una oleada de sangre me subió al corazón; a la primera ojeada comprendí +que tenía delante de mí a un amigo, a quien podría confiarme sin +reserva.</p> + +<p>—¡Quiera Dios que haya usted venido en el buen momento!—continuó +él.—De todos modos, vamos a saberlo ahora mismo. Llévame a su lado, +Roberto; sin duda la cosa no es tan grave.</p> + +<p>Me quedé sola con la nodriza y el niño, que se agitaba y lanzaba a +derecha e izquierda sus puñitos.</p> + +<p>—Adquiriré también el derecho de contribuir a tu felicidad—pensé +mientras acariciaba su pequeño cráneo redondo y luciente, sobre el cual +temblaban al soplo del aire algunos cabellos apenas visibles, finos como +la seda. La víspera, había apenas dirigido una mirada a esa criaturita; +ese día, al verlo, mi pecho se dilataba y se llenaba de una ternura +infinita.</p> + +<p>—Desde ayer te has vuelto más pura y mejor—me dije mentalmente.</p> + +<p>La visita fue larga, de una duración inquietante. Al fin, la puerta de +la habitación contigua se abrió; el médico salió solo. Parecía irritado, +furioso; sus mandíbulas se agitaban como si hubieran querido triturar +algo.</p> + +<p>—He alejado a Roberto—dijo.—Necesito hablar a solas con usted.</p> + +<p>Entonces me tomó la mano y me condujo al comedor, donde la cafetera +humeaba todavía.</p> + +<p>—Tengo por usted un respeto muy grande, señorita—comenzó enjugando las +gotas de sudor de su frente.—Por todo lo que he oído decir, es usted +una joven animosa, capaz de recibir sin flaquear un golpe inesperado.</p> + +<p>—Basta de preámbulos, se lo ruego, doctor—dije, sintiéndome palidecer.</p> + +<p>—¡Bueno! A mí tampoco me gustan los preámbulos. Su hermana...</p> + +<p>Y al decir esto, sin embargo, se detuvo.</p> + +<p>—¡Mi hermana... está en... peligro de muerte, doctor!</p> + +<p>Había querido parecer fuerte, pero las piernas se me doblaban. Me así +del borde de la mesa para no caer.</p> + +<p>—¡Vamos! ¡valor, valor!—murmuró él poniéndome la mano en el +hombro.—La fiebre, ese terrible huésped, está allí y no es tan fácil +despedirla.</p> + +<p>Yo apreté los dientes: no quería que me viera temblar. Ya había oído +hablar con frecuencia del peligro de la fiebre puerperal, aunque no +pudiera formarme una idea de sus terrores.</p> + +<p>—¿Roberto lo sabe?</p> + +<p>Ese fue el primer pensamiento que me vino.</p> + +<p>El doctor se encogió de hombros rascándose la cabeza.</p> + +<p>—He tenido miedo de que perdiera la calma, no le he dicho más que la +mitad de la verdad.</p> + +<p>—¿Y cuál es la verdad entera?</p> + +<p>Y enderezándome lo miré en los ojos.</p> + +<p>Él guardó silencio.</p> + +<p>—¿Va a morir?</p> + +<p>Cuando vio que yo encaraba en el acto con firmeza la alternativa más +temible, respiró con mayor libertad. Pero no oí su respuesta, pues, en +el mismo instante en que pronunciaba con tranquilidad aparente esas +horribles palabras, vi desarrollarse ante mis ojos con una terrible +vivacidad aquella escena de mis años de infancia en que Marta se me +había aparecido tendida en el sofá, semejante a un cadáver. Creí sentir +que una mano de muerta me hundía las uñas en el pecho; ante mis ojos +pasaron relámpagos sangrientos; lancé un grito... luego creí oír que una +voz me gritaba: «¡Vuela a socorrerla, vuela a socorrerla, sálvala, dá tu +propia vida para conservar la suya!» Bruscamente me erguí; había vuelto +a encontrar mis fuerzas.</p> + +<p>—Doctor—dije,—si Marta se muere, perderé todo lo que poseo en este +mundo y yo misma habré concluido. Pero, mientras pueda serle útil, no +flaquearé: necesito una certidumbre.</p> + +<p>—Una certidumbre, querida niña—repuso él apoderándose de mis +manos,—no la habrá hasta la curación o hasta el momento fatal. Por +desesperada que sea la situación, puede siempre producirse una reacción +y ahora más que nunca, puesto que la enfermedad está todavía en sus +primeras fases. Ciertamente, a la enferma no le sobran fuerzas, y esa es +la parte más triste. Sin embargo, quizá conseguiremos ahogar el mal en +su germen, y entonces todo se habrá salvado.</p> + +<p>—¿Qué puedo hacer por ella?—exclamé, extendiendo hacia él mis manos +juntas.—¡Exija usted lo que quiera! Aun cuando diera mi propia vida +para salvar la suya, no le habría dado todo lo que le debo.</p> + +<p>Él me miró sorprendido.</p> + +<p>¿Cómo habría podido comprenderme?</p> + + + + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3> + + +<p>Y ahora he llegado a la parte más difícil de mi relato. Desde hace ocho +días, doy vueltas en torno de estas páginas sin atreverme a tomar la +pluma. Un calofrío de espanto me invade al pensar en lo que me espera.</p> + +<p>Y, sin embargo, me hará bien el acordarme una vez más de esos tres días +y esas tres noches terribles, precisamente ahora que un sentimiento más +tierno, una melancolía más dulce, parecen saturar mi corazón. ¡Atrás, +atrás, todo pensamiento lisonjero que me hable de dicha y de paz! Estoy +destinada a vivir sola y a renunciar a los goces de este mundo, y si +alguna vez lo olvido, la historia de esos tres días sabrá hacerme +recordarlo...</p> + +<p>Cuando acerqué mi silla a la cama de mi hermana para comenzar mis +funciones de enfermera, la encontré dormida; pero ese no era el sueño +que fortifica y prepara la convalecencia; era un sueño que pesaba sobre +ella como una pesadilla y le cerraba por fuerza los párpados. Cuando su +pecho se levantaba o se bajaba, se habría dicho que obedecía a una +fuerza extraña que lo dilataba y lo comprimía alternativamente. Su +rostro pálido, color de cera, surcado por venas azules, estaba medio +hundido en las almohadas y algunas delgadas guedejas rubias lo cruzaban, +semejantes a reptiles. Oculté mi cara entre las manos: no podía soportar +ese espectáculo.</p> + +<p>Las horas del día pasaron. Ella dormía, dormía sin pensar en +despertarse.</p> + +<p>De vez en cuando oía afuera el paso ligero de las criadas; aparte de +eso, todo estaba silencioso y desierto en derredor nuestro. De Roberto, +ni trazas.</p> + +<p>A mediodía no pude dejar de preguntar por su paradero. Le habían visto +por la mañana salir a los campos, seguido por sus perros. Y así, desde +hacía horas, vagaba bajo la lluvia.</p> + +<p>El reloj tocó las tres; en ese momento entró él, chorreando agua, con la +mirada empañada, los cabellos mojados, pegados en desorden en su frente.</p> + +<p>Debía haber sufrido horriblemente.</p> + +<p>Quise acercarme a él, quise decirle una palabra de consuelo, pero no me +atreví. La mirada huraña y sombría que me lanzó, me decía con bastante +claridad: «¿Qué quieres? Déjame solo con mi dolor.»</p> + +<p>Había asido una de las columnas de la cama y permanecía allí, con los +ojos fijos en Marta, mordiéndose los labios. Después salió, como había +venido, sin decir una palabra.</p> + +<p>Pasaron dos horas más en el silencio y la espera. Los vapores de fenol +que se desprendían del plato colocado frente a mí, principiaban a darme +dolor de cabeza. Apoyé la frente en los vidrios para refrescarla, +siguiendo maquinalmente el movimiento de las hojas muertas que el viento +levantaba y hacía revolotear hasta la ventana.</p> + +<p>Comenzaba ya a obscurecer, cuando oí de repente afuera, en el corredor, +una voz de mujer que se lamentaba y daba gritos tan violentos, que la +enferma, dormida, se estremeció dolorosamente.</p> + +<p>La cólera me subió a la cara. Quise correr para echar de la casa a la +persona que hacía tanto ruido, pero, al abrir la puerta, me tropecé con +ella.</p> + +<p>A la primera mirada reconocí esa cara colorada e hinchada, esos ojillos +perversos. ¡Quién podía ser sino <i>ella</i>, la mejor de todas las tías y de +todas las madres!</p> + +<p>—¡Al fin—exclamé para mis adentros,—al fin voy a verte de frente, mis +ojos en los tuyos!</p> + +<p>—De modo que tú eres Olga—exclamó siempre en el mismo tono estridente +y llorón que llenaba la casa.—¡Buenos días, mi queridita! ¡Oh! ¡Qué +desgracia! ¿Entonces es verdad? ¡La noticia me ha trastornado!</p> + +<p>—Le ruego, querida tía—le dije cruzándome de brazos,—que vaya usted a +trastornarse a otra parte y no aquí, y que a la cabecera de la enferma +modere usted el tono de su voz.</p> + +<p>Ella se quedó cortada. La mirada envenenada que me lanzó entonces, no +la olvidaré en mi vida.</p> + +<p>Pero ya sabía con quién tenía que habérmelas. Por otra parte, ella +recogió el guante en seguida.</p> + +<p>—Haces muy bien, hija mía—dijo, y su voz tomó de pronto un sonido +metálico, como una trompeta de guerra,—haces muy bien en atender a tu +pobre hermana enferma, pero puedes marcharte, tu presencia es inútil +ahora; soy yo quien va a quedarse aquí.</p> + +<p>«Espérate, ahora mismo vas a encontrar la horma de tu zapato»—exclamé +mentalmente.</p> + +<p>E irguiéndome cuanto pude, le respondí con mi sonrisa más fría:</p> + +<p>—Se equivoca usted, querida tía; se le ha prohibido a mi hermana de la +manera más formal que la visiten personas extrañas. Le ruego, pues, que +se retire a la habitación contigua.</p> + +<p>Su cara se puso terrosa, sus dedos se crisparon, creo que habría sido +capaz de estrangularme allí mismo. Pero se marchó y el buen tío, sin +voluntad, que se arrastraba siempre a tres pasos detrás de ella, la +siguió.</p> + +<p>En mi triunfo solté una gran carcajada.</p> + +<p>Pero también, ¿qué venís a hacer, almas codiciosas, en el templo del +dolor? ¡Atrás!</p> + + + + +<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h3> + + +<p>Vino la noche. Una banda roja, último vestigio del sol poniente, se +extendía sobre la ciudad cuyas torres puntiagudas se destacaban negras +en el cielo de fuego. Durante largo rato seguí con los ojos las +llamaradas, que la obscuridad concluyó también por absorber.</p> + +<p>El reloj dio las nueve y el viejo doctor entró. Permaneció mucho rato +sentado en mi silla, silencioso, después me acarició la mano al +despedirse y dijo:</p> + +<p>—Continúe usted con el fenol, toda la noche.</p> + +<p>A la pregunta que leyó en mi mirada inquieta, no respondió sino con un +vago encogimiento de hombros.</p> + +<p>No sé dónde, dos o tres habitaciones más lejos, oí la voz de Roberto que +discutía con el anciano. Era una prueba de que él tampoco se alejaba de +la cama de la enferma. «¿Pero por qué se contenta con quedarse +afuera?—me preguntaba.—Casi se diría que le está prohibida la +entrada.»</p> + +<p>El reloj toca las diez, todo está solitario en los alrededores, la casa +parece entregada al reposo.</p> + +<p>El viento sacude la reja del jardín, hace el ruido de un huésped +atrasado que quiere entrar. ¿La muerte rondaría ya en derredor de la +casa? ¿Contaría ya los granos de arena en su ampolleta?</p> + +<p>El furor de la desesperación se apoderó de mí.</p> + +<p>Sin saber lo que hacía, me precipité hacia la puerta, como para cerrar +el paso a ese demonio amenazador.</p> + +<p>¡Desgraciada que no sospechaba que otro demonio me acechaba, instalado +antes que aquél en el umbral de la puerta!</p> + +<p>Minutos después entró Roberto. Ni una palabra, ni un saludo, nada más +que esa mirada rápida y sombría que ya me había herido una vez como una +puñalada.</p> + +<p>Con su paso pesado y balanceante avanzó hacia la cama, tomó la mano de +Marta, su mano flaca y ardiente, cuyas uñas tenían un matiz azulado, y +la miró fijamente. Después se sentó en el rincón más obscuro, detrás de +la estufa, y permaneció allí encogido durante dos horas, dos largas +horas.</p> + +<p>Yo esperaba, con el corazón palpitante, que él me dirigiera la palabra, +pero guardó silencio como antes.</p> + +<p>Poco después de media noche salió del cuarto.</p> + +<p>Por mucho tiempo todavía lo oí pasearse afuera en el corredor, y el +ruido sordo de sus pasos me recordó otra noche en que, no menos +temblorosa, había oído ese mismo ruido, dividida entre el temor y la +esperanza.</p> + +<p>Todo un mundo nos separaba de aquel tiempo, y la joven criatura +insensata que, presa del vehemente deseo de ayudar a los demás y de +sacrificarse, escuchaba entonces en la obscuridad, me parecía en ese +momento como un ser perteneciente a una de las estrellas que centellean +allá arriba en la inmensidad.</p> + +<p>El ruido de los pasos se atenuó: Roberto había entrado en su cuarto.</p> + +<p>«¿Volverá?—me pregunté, aplicando el oído al ojo de la +cerradura.—Seguramente no puede dormir.»</p> + +<p>Y me estremecí de gozo al oír que el ruido se acercaba de nuevo.</p> + +<p>Pero por mi cabeza pasó este pensamiento:</p> + +<p>«¿Qué te importa que vuelva o no? ¿Acaso es por él por quien estás aquí? +¿No tienes allí, delante, a tu felicidad, tu vida, todo lo que amas?»</p> + +<p>Me dejé caer ante la cama, y cubriendo de besos las manos de Marta, le +supliqué que tuviera compasión de mí, quería hablarle, le decía, tenía +un peso que me aplastaba el pecho, que me sofocaba: iba a ahogarme.</p> + +<p>Ella no se despertó. Recogida en su dolor, yacía, triste esqueleto. En +sus pómulos se encendían pequeñas llamaradas. La respiración silbaba.</p> + +<p>Por un instante sus labios se agitaron; parecía querer hablar, pero las +palabras se paralizaron en su garganta en un rumor sordo.</p> + +<p>¡Qué terrible silencio reinaba en derredor nuestro! El reloj hacía oír +su tic tac; de la pared en que se encontraba la ventana venía el ligero +quejido del viento y en el interior de la habitación resonaba el ruido +de los pasos de Roberto; fuera de esto, ni el menor ruido.</p> + +<p>Y de improviso me pareció oír, en medio del silencio, que mi sangre se +agitaba y hervía dentro de mi cuerpo. Escuché con atención. +Evidentemente, era mi sangre que pasaba con impetuosidad por mis venas. +«¿Por qué no circula apaciblemente como de costumbre—me pregunté,—y +como lo exige mi gran resolución? ¿No he extirpado de mi corazón con +todas sus raíces la idea de un crimen? ¿No lo he purificado con ayuda de +mil fuegos? ¿No estoy aquí para desempeñar el papel de sacerdotisa, de +sacerdotisa inaccesible al deseo, pura y bienhechora?»</p> + +<p>¡Y escuché nuevamente!</p> + +<p>«Son alucinamientos»—me dije.</p> + +<p>Pero a pesar de ello tenía miedo de todo ese movimiento y de todo ese +estrépito, que parecía aumentar a cada instante. Veía que un torrente me +llevaba en sus remolinos, un torrente de sangre. De él surgía una roca +de puntas escarpadas. En esa roca, una palabra estaba escrita en letras +de fuego, la palabra: «Asesinato.»</p> + +<p>El ruido de pasos se dejó oír más. De un salto me paré... Roberto vino, +se sentó al borde de la cama; con la mano enjugó el sudor que cubría la +frente de Marta, e hizo deslizar los cabellos de ésta por entre sus +dedos.</p> + +<p>Yo lo observaba de reojo y a hurtadillas. Apenas osaba respirar. Sus +ojos enrojecidos y fatigados brillaban en el fondo de las órbitas; sus +labios apretados revelaban amargura e irritación. Allí estaba, +petrificado en un dolor mudo. El deseo de acercarme a él me sacudió como +un calofrío de fiebre. Pero, cuando quise levantarme, sentí como dos +manos de hierro que pesaban sobre mis hombros y me hicieron caer de +nuevo en mi asiento.</p> + +<p>Al fin pronuncié su nombre y me sobrecogí de espanto, de tal modo que el +sonido de mi propia voz me pareció extraño y lúgubre.</p> + +<p>Él se volvió y me miró.</p> + +<p>—Roberto—dije,—¿por qué no me hablas? Si hicieras compartir a otro el +dolor que te oprime, eso te aliviaría.</p> + +<p>Se levantó bruscamente, se me acercó y me tomó ambas manos. A ese +contacto sentí que todo mi cuerpo se abrasaba y se helaba +alternativamente. Pero hice un esfuerzo para sostener su mirada y lo +miré con firmeza, de frente.</p> + +<p>—Es la primera palabra bondadosa que me diriges, Olga—dijo él.</p> + +<p>—¿Qué quieres decir con eso, Roberto?—balbucí.—¿Me he mostrado +desatenta para contigo?</p> + +<p>—¡Si sólo fuera desatenta!—replicó él.—Pero me has tratado como a un +extraño, como a un intruso, me has alejado del lecho de mi mujer.</p> + +<p>—¡Que Dios me libre de ello!—grité deshaciéndome, pues sentía que iba +a caer en sus brazos.</p> + +<p>Y él continúa:</p> + +<p>—Olga, si alguna vez te he hecho daño... ¿cuál, no lo sé? Pero debe de +ser así, de lo contrario no me rechazarías de esa manera; tu mirada, tu +actitud entera, serían menos duras para mí... Si, pues, te he hecho +daño, Olga, no ha sido culpa mía; nunca he tenido sino buenas +intenciones para ti. He... habría querido que siempre estuvieras aquí +como en tu casa, que no tuvieras necesidad de ir a vivir entre gente +extraña... entonces bajo las miradas de Marta, de aquella a quien ambos +amamos...</p> + +<p>¿Para qué pronunciaría su nombre? Sentía nacer en mí una fiera alegría, +me parecía que me brotaban alas; y he ahí que su nombre me hería como un +latigazo. Me mordí los labios hasta que brotó la sangre. Pero a pesar de +todo quise permanecer serena, quise desempeñar el papel de ángel +protector.</p> + +<p>—Roberto—dije,—te has equivocado gravemente con respecto a mí: nada +he tenido nunca contra ti. Me he vuelto temerosa y arrogante en el +extranjero, eso es todo. Debes armarte de paciencia para tratarme, debes +tener confianza en mí... ¿quieres?</p> + +<p>Entonces vi resplandecer en sus ojos como un rayo de sol.</p> + +<p>—¡Te estoy tan agradecido, Olga!—dijo.—¿Por qué no había de continuar +teniendo confianza en ti? Mira, desde el día en que hicimos juntos en el +bosque ese paseo a caballo, ¿te acuerdas? (¡Oh, si me acordaba!) desde +ese día te he querido como a una hermana, aún más que a todas mis +hermanas. Y al mismo tiempo te respetaba, te veneraba como a mi ángel +tutelar. Y de hecho, lo has sido, lo serás todavía en el porvenir, ¿no +es verdad?</p> + +<p>Hice seña de que sí sin decir nada y me oprimí el pecho con las dos +manos; en seguida, cuando él lo notó, las dejé caer, pero retrocedí tres +pasos tambaleándome y fue un milagro si conseguí mantenerme en pie.</p> + +<p>Inquieto, él se me acercó.</p> + +<p>—Estoy cansada—dije, esforzándome por sonreír.—Ven, vamos a +sentarnos, la noche es larga.</p> + +<p>Nos quedamos, pues, sentados el uno frente al otro, separados por el +angosto madero de la cama, con los brazos apoyados en el borde, mirando +al otro extremo el rostro de Marta, que un movimiento nervioso sacudía a +cada instante; sus párpados parecían cerrados, las sombras de sus +pestañas descendían hasta muy abajo en sus mejillas; pero, cuando uno se +inclinaba hacia ella, veía brillar en el fondo de las obscuras cavidades +el blanco de los ojos, con un lustre de nácar pálido. Él lo notó, lo +mismo que yo.</p> + +<p>—Se diría que ya está muerta—murmuró, ocultando la cabeza entre sus +manos.—Y si muere—continuó,—no será a consecuencia de su parto, no +será de esa miserable fiebre; sólo yo seré la causa de su muerte.</p> + +<p>—Por el amor de Dios, ¿qué dices?—exclamé, extendiendo hacia él mis +brazos.</p> + +<p>Él inclinó la cabeza sonriendo amargamente.</p> + +<p>—Bien lo he visto durante estos tres años: es doble, triple mi culpa. +Primero, la dejé esperar y consumirse durante siete años, dividida entre +la esperanza y el desaliento, agotando así su energía y sus fuerzas, ¡y +Dios sabe que no tenía muchas! Después la arrastré, débil de cuerpo, +abatida de espíritu, a este infierno donde todo el mundo le era hostil, +y aun más hostil que todos, la que mejor habría debido sostenerla. ¡Y yo +mismo! Si hubiera dado pruebas de valor y de alegría, si hubiera velado +para que su pie no tropezara con las piedras del camino, si hubiera +puesto un poco de sol en su existencia, quizá habría podido vivir feliz +a mi lado. Pero con frecuencia me mostraba brusco y chabacano; juraba y +echaba pestes en torno de ella sin acordarme de que me bastaba alzar la +voz para hacerla estremecer y que el menor pliegue que arrugaba mi +frente, la hacía palidecer. ¡Ve ahí, delante de nosotros, ese cuerpo que +no tiene más que el aliento, y mírame a mí, gigante rudo y tosco! Más de +una vez, durante la noche, me he despertado, temblando, al pensar que +quizá la había ahogado entre mis brazos. Y, finalmente, la he ahogado en +realidad. Lo que me convenía era una mujer fuerte y...</p> + +<p>Espantado se detuvo y dirigió al rostro de Marta una mirada que pedía +humildemente perdón; pero yo completé su frase con el pensamiento.</p> + +<p>Cuando Roberto salió de la habitación, un sentimiento de júbilo se +apoderó de mí, una loca alegría que desencadenaba un huracán en mi +cabeza, sembraba la turbación en mis sentidos y parecía querer +absorberlo todo, mi orgullo, mi independencia, el respeto a mí misma.</p> + +<p>La atmósfera del cuarto de la enferma estaba pesada y envolvía mi cabeza +como un manto sofocante; los vapores de fenol me quemaban el cerebro; la +respiración comenzaba a faltarme.</p> + +<p>Corrí a la ventana y apoyando mi frente en el marco, aspiré el aire frío +de la noche que penetraba en el cuarto por las rendijas.</p> + +<p>El día apareció a través de las cortinas, un día frío y gris, sumido en +la niebla. Nubes descoloridas subían pesadamente en el horizonte, y +arrojaban un pálido fulgor sobre los árboles que chorreaban de humedad, +y que parecían haberse despojado todavía durante la noche, de una parte +de sus hojas.</p> + +<p>¡Qué noche!</p> + +<p>¡Y cuántas otras más terribles que esa, van a sucederle! ¡Qué fantasmas, +engendrados por las tinieblas, nacidos en la angustia, van a aparecer, a +favor de esas noches, en mi espíritu febricitante!</p> + +<p>Me sentí tiritar y me retiré a un rincón: tenía miedo de mí misma.</p> + +<p>Pasaron las horas de la mañana y poco a poco me fui calmando. El +recuerdo de esa noche se borró y con él los desórdenes de la fiebre y +los tormentos de la conciencia. Lo que había visto, lo que había +sentido, no me parecía más que un sueño. Una laxitud aplastadora me +invadió; cerré los ojos y cesé de pensar.</p> + +<p>Luego vino un momento de felicidad. A eso de las diez, Marta abrió de +improviso sus grandes ojos azules y me dirigió una mirada llena de +dulzura y de bondad. Me pareció que era el ojo de Dios que se volvía +hacia mí, infeliz pecadora, y que en él leía la piedad y el perdón.</p> + +<p>Un gozo puro, un gozo santo, me inundó. Me arrojé en los brazos de mi +hermana y escondí mi cara sobre su hombro.</p> + +<p>En medio de sus dolores ella se puso a sonreír, y, posando penosamente +su mano en mi cabeza, murmuró con voz apenas perceptible:</p> + +<p>—¿Sin duda os he asustado mucho?</p> + +<p>Sus palabras, ligeras como un soplo, me embriagaron como un canto de +paz; por un instante creí que iba a quedar libre del peso que me oprimía +el pecho, pero me fue imposible llorar.</p> + +<p>—¿Cómo te encuentras?—pregunté.</p> + +<p>—Bien, enteramente bien—respondió ella.—¡Pero la sábana me parece tan +pesada!</p> + +<p>Era la más ligera que había podido encontrar. Así se lo dije; entonces +suspiró, diciendo que había que tener paciencia con ella.</p> + +<p>Después se quedó completamente inmóvil, sin cesar de mirarme como en un +sueño. Al fin inclinó la cabeza varias veces y dijo:</p> + +<p>—Está bien así, muy bien.</p> + +<p>—¿Qué está bien?—pregunté.</p> + +<p>Ella se sonrió y guardó silencio.</p> + +<p>En seguida le volvieron los dolores; se agitó, rechinó los dientes, pero +no exhaló una queja.</p> + +<p>—¿Quieres que llame a Roberto?</p> + +<p>Ella dijo que sí por señas.</p> + +<p>—Traedme también al niño—murmuró.</p> + +<p>Accedí a su pedido. Hizo colocar a la criaturita en su cama a su lado y +la contempló por largo rato. Trató también de besarla, pero estaba +demasiado débil.</p> + +<p>Antes de que Roberto llegara, había vuelto a caer en su sueño.</p> + +<p>Él me dirigió una mirada de reproche diciendo:</p> + +<p>—¿Por qué no me has hecho llamar más pronto?</p> + +<p>—Tén la seguridad de que más vale así. Tu presencia le habría causado +una emoción demasiado fuerte.</p> + +<p>—Tienes razón, como siempre—dijo él.</p> + +<p>Y salió, sin notar felizmente el rubor que su elogio me había hecho +subir a la cara.</p> + +<p>Marta se hallaba de nuevo sin conocimiento, las mejillas rojas, la +frente cubierta de sudor, y siempre ese movimiento siniestro de los +labios que se agitaban y chasqueaban sin interrupción.</p> + +<p>A eso de la una vino el doctor; le tomó la temperatura y notó una +disminución de la fiebre.</p> + +<p>—Aumentará y disminuirá todavía más de una vez—dijo.</p> + +<p>Tampoco compartió la alegría que nos había causado el despertar de +Marta.</p> + +<p>—No le habléis cuando vuelva en sí—agregó,—y sobre todo no la dejéis +hablar. Necesita de la menor porción de sus fuerzas.</p> + +<p>Antes de marcharse me miró largamente y meneó la cabeza con expresión +inquieta. Sentí que el rubor que revela a los culpables, me invadía de +improviso la cara; me parecía que su mirada penetraba hasta el fondo de +mi alma...</p> + +<p>Por la tarde fui a buscar un libro a mi cuarto, cualquiera que fuese, el +primero que me vino a la mano, y traté de leer, pero las letras bailaban +delante de mis ojos y la cabeza me zumbaba: se habría dicho que mil +murciélagos se recreaban en él.</p> + +<p>Necesité mucho tiempo para descifrar tan sólo el título: leía +<i>Ifigenia</i>. Entonces, con un brusco movimiento de espanto, arrojé el +libro lejos de mí, a un rincón, como si hubiera tenido en mi mano un +carbón encendido.</p> + +<p>Al anochecer los dolores de Marta parecieron acentuarse. Repetidas veces +lanzó un grito estridente, retorciéndose en convulsiones.</p> + +<p>Mientras me hallaba ocupada en atenderla, durante una de esas crisis, vi +de pronto junto a mí a la madre de Roberto.</p> + +<p>Al observar su mirada envenenada, al verla retorcerse las manos con +afectación y bajar las extremidades de sus labios para simular un dolor +hipócrita, me viene de repente este pensamiento:</p> + +<p>«He aquí una que espera la muerte de Marta, que la desea.»</p> + +<p>Una especie de velo rojo obscurece mi vista, mis puños se crispan, poco +falta para que le arroje su crimen a la cara.</p> + +<p>Y mientras esa idea me deja inmóvil y helada, ella me toma por el brazo +y trata de apartarme para colocarse a la cabecera de Marta. Quizá +esperaba intimidarme con ese proceder brutal.</p> + +<p>—Querida tía—dije, desasiendo mi brazo,—ya le he hecho notar a usted +una vez, que éste es mi lugar y que nadie en el mundo me lo tomará. Le +ruego, pues, encarecidamente, que limite sus visitas a las otras +habitaciones.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Eso es lo que vamos a ver, señorita!—gritó ella con voz +chillona.—Voy a preguntarle al dueño de esta casa quién tiene más +autoridad aquí, si su anciana y buena madre, o esta aventurera polaca.</p> + +<p>Y se retiró sin cesar de gritar.</p> + +<p>Temblando de cólera, comencé a pasearme por el cuarto. Nunca me habría +imaginado que esa madre abrumada por el dolor pudiera cambiarse tan +brusca y completamente en una arpía. No le faltaba más que expresar +abiertamente sus deseos más secretos.</p> + +<p>—¡Oh, si fuera verdad!—exclamé, sacudida por un calofrío de +horror.—¡Desear la muerte de Marta! Marta, ¿lo oyes? ¡Desear tu muerte! +¿A quién has ofendido nunca? ¿A quién has estorbado nunca? ¿Hay alguien +en el mundo a quien hayas demostrado otra cosa que afecto e +indulgencia?... Si eso fuera verdad, si pudiera haber, paseándose +impunemente por la tierra, un ser tan infame, ¡vaya! sería como para +desesperar de Dios y del destino.</p> + +<p>He ahí lo que yo decía, sin poder acumular suficiente vergüenza e +ignominia sobre la cabeza de la vieja. Y luego tuve conciencia de que me +dejaba llevar de un furor indigno.</p> + +<p>Pero sentía que eso me desahogaba, respiraba más libremente y, cuando +vi, tirada en el suelo, a la pobre <i>Ifigenia</i> a quien yo había +maltratado, fui a recogerla.</p> + +<p>—¿Qué crimen he cometido—me decía yo,—para que tenga que ocultarme de +mi modelo? ¿He hecho otra cosa que prodigar consuelos a un desesperado? +¿Hemos cambiado una sola palabra, una sola mirada que mi hermana no +hubiera podido ver u oír? Eso que me quema aquí, eso que me ruge en el +fondo del pecho, ¿a quién importa si sé guardarlo para mí?</p> + +<p>¡Me decía eso y me creía casi justificada, aun ante mi propia +conciencia, ciega de mí!</p> + + + + +<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h3> + + +<p>Y el crepúsculo volvió: el sol poniente abrasó una vez más el horizonte +por encima de la ciudad, arrojando por las ventanas, a las habitaciones, +su luz rojiza.</p> + +<p>El rostro de Marta estaba bañado por un matiz purpúreo; en sus cabellos +brillaban pequeños resplandores, y la mano que reposaba en la colcha, +parecía iluminada por dentro.</p> + +<p>Acerqué el biombo a su cama para evitar que el reflejo de la luz la +molestara.</p> + +<p>Vi entonces, suspendida del biombo, una corona de yedra que no había +visto hasta ese día, una corona igual a la que yo tenía costumbre de +enviar los días de gran fiesta a la tumba de mis padres. Quizá provenía +de allí. En ese momento parecía trenzada de llamas; todo en ella tomaba +una vida fantástica. Y, cuando la miré con más atención, me parecía que +se ponía a dar vueltas lanzando una cascada de chispas, como una +verdadera girándula.</p> + +<p>—Vamos, ahora vas a ponerte a tener visiones—me dije; y traté de +recobrar las fuerzas paseándome por el cuarto. Pero tuve que apoyarme a +los respaldos de las sillas, de tal modo me tambaleaba. La respiración +me faltaba.</p> + +<p>¡Oh! ¡Ese olor de fenol, ese vapor dulzón, repugnante! Me daba el +vértigo, ponía como un velo sobre mis pensamientos y esparcía un +presentimiento de muerte y de espanto.</p> + +<p>El anciano doctor llegó; me miró a la cara y me ordenó, con ese tono a +la vez paternal y brusco que le era habitual, que saliera en el acto a +respirar aire fresco: él mismo cuidaría a la enferma hasta mi regreso.</p> + +<p>Quise resistir, pero él me empujó hacia afuera.</p> + +<p>Si hubiera sospechado lo que me esperaba, no hay poder en el mundo que +me hubiera hecho pasar el umbral de ese cuarto.</p> + +<p>Salí, pues, al patio, respirando el aire a pleno pulmón. El viento de la +tarde produjo sobre mis mejillas ardientes el efecto de un baño helado.</p> + +<p>El último fulgor del día desaparecía. Una noche de otoño descendía sobre +la tierra y la envolvía con un velo de niebla azulada.</p> + +<p>Los dos molosos saltaron a mi encuentro, y volvieron a partir al galope +hacia las ruinas del castillo.</p> + +<p>Maquinalmente, seguí la dirección que ellos habían tomado, caminando +medio dormida, pues los vapores que llenaban el cuarto de la enferma me +habían aturdido.</p> + +<p>Un olor de humedad, de hierbas marchitas y de piedras en ruinas, se +desprendía de las paredes. Una vieja puerta extendía por sobre mí el +arco de su bóveda.</p> + +<p>Penetré en el interior. En todo mi derredor se alzaban las paredes, +destacándose negras en el cielo de la noche, cuya luz azulada brillaba +aquí y allí por encima de mi cabeza.</p> + +<p>Cerca de mí vi, agazapada en la sombra, en medio de los escombros, una +forma humana, cuya silueta reconocí en seguida.</p> + +<p>—¡Roberto!—grité sorprendida.</p> + +<p>Él se paró de un salto.</p> + +<p>—¡Olga!—gritó a su vez.—¿Me traes acaso malas noticias?</p> + +<p>—No—le dije.—El doctor me ha mandado a tomar aire.</p> + +<p>Y, de repente, creí sentir que el suelo cedía bajo mis pies.</p> + +<p>—¡Tén cuidado!—me gritó para advertirme.</p> + +<p>Pero, en el mismo instante, resbalé y caí en un hoyo obscuro, tan +profundo como para sepultar a un hombre, arrastrando conmigo algunas +piedras que se desprendieron y rodaron.</p> + +<p>—¡Por el amor de Dios, no te muevas! De lo contrario caerás todavía más +abajo.</p> + +<p>Medio aturdida, me apoyé en las paredes del foso. A mis pies entreví una +estrecha banda de tierra sobre la cual estaba en pie; detrás el abismo +negro, sin fondo...</p> + +<p>A mi lado, vi a Roberto que venía a socorrerme, bajando lentamente y con +precaución las gradas de lo que me parecía una escalera.</p> + +<p>—¿Dónde estás?—gritó él.</p> + +<p>Y al mismo tiempo sentí que su mano, buscándome, avanzaba hacia mí.</p> + +<p>Entonces me arrojé contra él y me aferré a su cuello. En seguida me +sentí levantada, suspendida entre sus brazos. Me parecía que me habían +abierto las venas: creí, en ese instante de abandono y de embriaguez, +que mi sangre ardiente se esparcía sobre mí hasta la última gota.</p> + +<p>Sentía en mi cara el calor de su aliento. Por un instante tuve la +impresión de que había rozado mi frente con un ligero beso.</p> + +<p>Después regresamos en silencio a la casa. Yo me apartaba de él lo más +que podía, pero en el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo:</p> + +<p>«¡Me ha tenido en sus brazos!»</p> + +<p>En el umbral de la puerta, el anciano médico salió a nuestro encuentro y +nos tendió las manos diciendo:</p> + +<p>—Marta está mejor, hijos míos, mejor de lo que esperaba.</p> + +<p>En el fondo de mi corazón resonaba este grito de gozo:</p> + +<p>«¡Me ha tenido en sus brazos!»</p> + + + + +<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX</h3> + + +<p>¡Y ahora, la noche terrible!</p> + +<p>Cada minuto se alza todavía ante mis ojos como una furia y clava en mí +su mirada de fuego.</p> + +<p>Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de mí como se +evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el +cual han pasado años.</p> + +<p>¿Y qué crimen he cometido? Ninguno.</p> + +<p>Mis manos están puras, y en el día del juicio final, cuando se pesen +nuestros actos, podré presentarme osadamente ante el trono de Dios +Todopoderoso y decirle: «Cúbreme con tus más blancos ropajes, pón en mis +hombros las alas de cisne más delicadas y déjame colocarme en la primera +fila, pues poseo una hermosa voz, a la cual sólo falta un poco de +ejercicio para honrar al paraíso.»</p> + +<p>Pero hay crímenes que no han sido cometidos con actos ni con palabras, +que penetran en el alma como un soplo pestilencial, y la envenenan tan +completamente, que hasta el cuerpo concluye por perecer.</p> + +<p>Era una noche poco más o menos como la de hoy. El húmedo viento de otoño +pasaba por delante de la casa en cortas ráfagas, y hacía estragos en las +cimas medio deshojadas de los álamos que se inclinaban con un crujido +los unos sobre los otros. Ni una sola estrella en el cielo; sin embargo, +una luz incierta permitía distinguir las nubes más obscuras, que +pasaban, arrastradas en rápida carrera, desgarradas en jirones.</p> + +<p>La lamparilla no quería arder, su resplandor vacilante luchaba contra +las sombras que bailaban sin interrupción en la cama y en las paredes. +Frente a mí pendía la corona de yedra, negra y puntuosa; parecía una +corona de espinas.</p> + +<p>Eran más o menos las diez, cuando Marta se puso a delirar. Se irguió en +su cama y dijo con voz clara y distinta:</p> + +<p>—¡Verdaderamente, tengo que levantarme; esto es ya demasiado!</p> + +<p>En el primer momento sentí que me invadía una gran alegría, pues me +parecía que había recobrado su conocimiento.</p> + +<p>—¡Marta!</p> + +<p>Me levanté de un salto y le tomé la mano.</p> + +<p>—Pero yo había preparado todo, las camisas, las medias y los zapatos; +un ciego dormido los habría encontrado. Y tampoco necesitáis tomar +medidas; nada de ceremonias, nada de ceremonias.</p> + +<p>Y diciendo eso me miraba fijamente con sus ojos vidriosos, como si +hubiera visto un fantasma. Después, de improviso, lanzó un grito +estridente diciendo:</p> + +<p>—Quitadme estas piedras que me aplastan el cuerpo. ¿Por qué me habéis +sepultado bajo estas piedras?</p> + +<p>Tomé la sábana más delgada que pude encontrar y la extendí sobre ella en +lugar de la frazada; pero eso no le procuró ningún alivio. Gritaba y +hablaba sin interrupción y de vez en cuando marmoteaba con volubilidad, +como una persona que estudia una lección a media voz.</p> + +<p>Así transcurrió como una hora. Yo estaba sentada junto a la mesa, con +los ojos fijos en ella, pues en mí se agitaba el temor de ver a cada +instante surgir una nueva aparición, aún más horrible. De rato en rato, +cuando se calmaba un poco; sentía un aflojamiento en mis miembros; +cerraba entonces los ojos y me dejaba ir hacia atrás, y cada vez me +imaginaba que caía en los brazos de Roberto. Sin embargo, no tenía sino +muy vagamente el sentimiento de cometer una falta; mi laxitud era +demasiado grande. Me parecía también ver sin cesar estallar en mi cabeza +burbujas de las cuales salían rosas que producían siempre nuevas coronas +de flores. Todavía después oía un silbido de un oído a otro; se habría +dicho que una mecha azufrada me atravesaba la cabeza y que la habían +encendido.</p> + +<p>Fue en ese estado de sobreexcitación nerviosa, presa, ya de espantos +repentinos, ya de un abatimiento irresistible, cómo me encontró Roberto +cuando entró en el cuarto, a eso de media noche. Quiso recostarse un +poco en su cama, para velar después el resto de la noche conmigo; pero +los gritos de Marta lo habían arrancado bruscamente al descanso.</p> + +<p>Al verlo, todo cansancio desapareció de mi cuerpo; sentí como si una +nueva oleada de sangre se hubiera esparcido en mis venas, y de un salto +me levanté para ir a su encuentro.</p> + +<p>—Procura descansar un poco—dijo él, bajando hacia mí la mirada de sus +ojos cansados, hinchados por las lágrimas.—Vas a necesitar de todas tus +fuerzas.</p> + +<p>Sacudí la cabeza y le indiqué a mi hermana, que, precisamente entonces, +blandía las manos en torno suyo como si hubiera querido, en su delirio, +alejarme de su marido.</p> + +<p>—Tienes razón—continuó.—¿Sería posible tener suficiente tranquilidad +para dormir con semejante espectáculo ante los ojos?</p> + +<p>Y se acercó a la cama juntando las manos, e inclinándose hacia ella, +posó un ligero beso en su frente color de cera.</p> + +<p>«A mí también me ha besado así»—gritaba una voz en mí.</p> + +<p>Después se sentó al pie de la cama, tan cerca de mi silla, que su brazo, +que apoyaba en la mesa, tocaba casi mi hombro.</p> + +<p>Tenía los ojos fijos en ella, en la inmovilidad sombría de la +desesperación.</p> + +<p>—¡Vuelve en ti, Roberto!—le murmuré.—Todo puede componerse todavía.</p> + +<p>Él soltó una risa aguda.</p> + +<p>—¿Qué entiendes por componerse?—exclamó.—¿Quieres decir que vivirá +para arrastrar un cuerpo inválido, una alma quebrantada, una carga para +ella misma y para los demás? ¿No sabes que tenemos que elegir entre +estas dos alternativas?</p> + +<p>Un calofrío helado me penetró hasta la médula de los huesos. Pero al +mismo tiempo creía ver que las paredes se apartaban y una perspectiva +luminosa, infinita, se abría ante mí.</p> + +<p>«¿No querías desempeñar el papel de sacerdotisa en esta casa?»—me decía +en tono de reproche una voz interior; pero se extinguió ahogada por el +ruido de mi sangre.</p> + +<p>—¿De qué sirve discutir?—continuó él.—Ya hace tiempo que me he +resignado a permanecer impasible cuando los golpes del Cielo me hieren +sin descanso: me he vuelto un ser miserable, sin energía y sin voluntad; +me he dejado atar de pies y manos por el destino, y por más que me agito +hasta hacer brotar sangre de las articulaciones, eso de nada sirve: +impotente soy, impotente seguiré y... ¡nada más! Pero no quiero +excitarme con mis palabras y dejarme arrastrar por el furor; una cólera +vana como ésta es más despreciable que una hipócrita sumisión.</p> + +<p>Sentí encenderse en mí el deseo de arrojarme a sus pies y de gritarle: +«Haz de mí lo que quieras; sacrifícame, aplástame bajo tus pies, déjame +morir por ti, pero recupera tu valor y cree en tu dicha...» cuando de +repente, oí que de los labios de Marta salió un gemido tan lastimero, +tan dolorido, que me estremecí, como si me hubieran dado un latigazo.</p> + +<p>Quise lanzar un grito, pero el miedo que Roberto me inspiraba me oprimió +la garganta; sólo un suspiro se escapó de mi pecho, y lo contuve por +fuerza, al ver que su mirada inquieta se fijaba en mis ojos.</p> + +<p>—No te preocupes de mí—dije violentándome para sonreír.—¡Con tal de +que ella siga mejor!</p> + +<p>Él cruzó los brazos sobre su rodilla y repetidas veces inclinó +dolorosamente la cabeza.</p> + +<p>Luego cesaron los gemidos de Marta. Había dejado caer la barba sobre el +pecho y sus ojos estaban medio cerrados. Casi se habría podido creer que +dormía; pero continuaba divagando y marmoteando.</p> + +<p>Un gran silencio reinó en el dormitorio débilmente alumbrado. No se oía +más que un ligero silbido del viento contra la ventana y el ruido de los +ratones que corrían entre los tirantes del techo.</p> + +<p>Roberto había hundido la cabeza en sus manos y escuchaba con espanto el +lenguaje incoherente de Marta. Poco a poco pareció calmarse, su +respiración se hizo más regular y más espaciada; de rato en rato su +cabeza se inclinaba hacia un lado para volverse a levantar +inmediatamente después, con un brusco movimiento.</p> + +<p>Un irresistible sueño se había apoderado de él.</p> + +<p>Quise obligarlo a que fuera a descansar, pero tenía miedo del sonido de +mi voz y guardé silencio.</p> + +<p>A intervalos cada vez más cercanos, la parte alta de su cuerpo se +balanceaba hacia un lado; a veces sus cabellos rozaban mi mejilla, y con +la mano buscaba en torno suyo si no encontraría en alguna parte un +apoyo.</p> + +<p>Al fin, de pronto, su frente se inclinó y cayó sobre mi hombro, donde +permaneció inmóvil.</p> + +<p>Me puse a temblar de pies a cabeza, como si me hubiera acaecido una +felicidad inaudita. Se posesionó de mí un deseo irresistible de +acariciar su abundante cabellera, que tocaba mi cara. Muy cerca de mis +ojos vi brillar algunos hilos plateados.—Ya comienza a +encanecer—pensé,—es tiempo de que pruebe lo que llaman la +felicidad.—Y lo acaricié efectivamente.</p> + +<p>Él suspiraba dormido, y trataba de dar a su cabeza una posición más +cómoda.</p> + +<p>—No está bien así—me dije,—es necesario que te le acerques.</p> + +<p>Y lo hice. Su hombro se apoyó en el mío y su cabeza se inclinó sobre mi +pecho.</p> + +<p>—Tienes que pasar tu brazo en torno de su cuerpo—me gritaba una voz +interior,—de lo contrario no descansará bien.</p> + +<p>Dos veces, tres veces, traté de hacerlo, pero retrocedía de espanto.</p> + +<p>¡Si Marta fuera a despertarse bruscamente! Pero no, sus ojos nada veían, +sus oídos nada oían.</p> + +<p>Y me decidí...</p> + +<p>Entonces se apoderó de mí una alegría desatinada. Me estreché contra él +a hurtadillas, diciéndome con ardor: ¡Oh, cómo quisiera cuidarte y velar +sobre ti; cómo quisiera hacer desaparecer con mis besos las arrugas de +tu frente y las penas de tu alma! ¡Cómo lucharía por ti con toda la +fuerza de mi juventud, sin descansar nunca hasta no haber vuelto la +alegría a tus ojos y el sol a tu corazón! Pero para eso...</p> + +<p>Mis miradas se volvieron hacia Marta. Sí, vivía, vivía siempre. Su seno +se levantaba y se bajaba bajo la acción de una respiración corta y +precipitada. Parecía más viva que nunca.</p> + +<p>Y, de repente, vi una llamarada que pasó ante mis ojos y creí leer, +enfrente, en la pared, estas palabras:</p> + +<p class="center"><i>¡Oh, si ella muriera!</i> + +Sí, era eso, esas eran las palabras.</p> + +<p class="center"><i>¡Oh, si ella muriera! ¡Oh, si ella muriera!</i> +</p> + + + +<p>XXI</p> + + +<p>El médico interrumpió su lectura y exhaló un profundo suspiro, al +enjugar el sudor de su frente.</p> + +<p>Roberto se había parado de un salto; por un instante miró fijamente, +como cegado por un rayo, el círculo luminoso de la lámpara, luego se +precipitó hacia el anciano; parecía querer arrancarle el papel de las +manos.</p> + +<p>—¿Está escrito allí?—balbució.</p> + +<p>—¡Lee tú mismo!</p> + +<p>Siguió un largo silencio.</p> + +<p>La lámpara esparcía su luz tenue y risueña, como si hubiera alumbrado +una escena de las más alegres, y suavemente el viento soplaba, rozando +las ventanas con una caricia. Abajo, el ruido parecía calmarse: se oían +risas a intervalos cada vez más lejanos, el runrún de las voces se +trasformaba en un murmullo uniforme y confuso. Los comensales estaban +cansados, digerían.</p> + +<p>El médico se había vuelto para ver lo que hacía Roberto. Este, abatido, +al borde de la cama vacía, y con la cabeza hundida en sus manos, +permanecía inmóvil.</p> + +<p>Sólo su respiración oprimida, que se escapaba de su pecho en soplos +cortos e irregulares, revelaba la tempestad que se agitaba en su +interior.</p> + +<p>—Vuelve en ti, chico—dijo el doctor posando la mano en el hombro de +Roberto.</p> + +<p>—Tío, es evidente que Olga no estaba en su juicio cuando escribió eso.</p> + +<p>—¡Nunca lo ha estado más que en ese momento!</p> + +<p>—¿Cómo puedes afirmarlo? ¡No insultes a una muerta!</p> + +<p>—Nada está más lejos de mi pensamiento, hijo mío. ¿Quién se atreverá a +arrojarle la primera piedra? Pero, si has escuchado atentamente, +comprenderás sin pena que su vida entera transcurrió en preparar, en +llevar, por decirlo así, a madurez ese instante único. Sus sueños de +niña encerraban ya los gérmenes de ese criminal deseo; se desarrollaron +bruscamente en esa famosa roca en que te sentaste con ella en el bosque, +y dieron una planta vigorosa cuya flor se abrió precisamente en el +momento en que Olga penetró en tu cuarto para unirte a Marta.</p> + +<p>—¿Por qué hizo eso si quería tomar el lugar de Marta?</p> + +<p>—¡Eh! ¿Acaso sabía lo que quería? Todos los esfuerzos que hizo para +asegurar la felicidad de vosotros dos, no eran más que la lucha de su +naturaleza honrada y pura contra el deseo que había crecido en su +corazón, a partir del día en que, niña aún, te volvió a ver. Pero ella +no lo sabía. Ni siquiera se dio cuenta de su amor por ti, sino el día en +que entró en tu casa; razón de más para que no pudiera sospechar las +consecuencias que dormitaban en las profundidades más secretas de su +alma.</p> + +<p>—¿Y, sin embargo, dices que ella combatía ese amor, que trataba de +arrancarlo de su corazón?</p> + +<p>—Sin que su espíritu influyera en nada, sin que tuviera conciencia de +ello. Su pensamiento permaneció puro hasta aquella terrible hora de +media noche. En ella el sentimiento, solo, luchaba con el mal deseo. +Cada día sacaba del fondo de su naturaleza sana y vigorosa nuevos +recursos para eliminar el virus, o, por lo menos, para contenerlo y +hacerlo inofensivo: por eso se desterró al extranjero, por eso en el +momento en que vio tu casa pensó en huir lo más pronto. Por el tono +general de sus recuerdos ves cuán poca conciencia tenía de los combates +que, durante años, hubo en el fondo de su alma. Habla, sin la menor +intención, de mil detalles secundarios, que nada tienen que ver con la +marcha de la acción, pero que son preciosos para demostrar cuánto se +desarrolló ese deseo. No sabe por qué lo hace; todavía es sólo el +sentimiento el que le dice: eso se relaciona con mi falta.</p> + +<p>—No creo en una falta—gritó Roberto en el colmo de la agitación.—Si +ese deseo no es una simple ilusión, el resultado de un momento de +sobreexcitación nerviosa y enfermiza; si, al contrario, se hallaba desde +mucho tiempo atrás en preparación en el fondo de ella misma, ¿cómo es +posible que, seis horas antes de formularlo, haya manifestado tanta +indignación contra mi madre, a quien sospechaba de acariciar quizá el +mismo deseo?</p> + +<p>—Y para mí—replicó el médico,—no hay mejor argumento en apoyo de mi +tesis que esa misma indignación. Era para descargar su propia conciencia +del peso que la aplastaba, por lo que arrojaba a tu madre todas las +piedras que le caían bajo la mano. Lo que la empujaba era el miedo de su +propia culpabilidad.</p> + +<p>—¿Y esa noble resolución de renunciamiento que había tomado pocos días +antes?</p> + +<p>Por el rostro ajado del anciano pasó una sonrisa, la sonrisa del hombre +que comprende y perdona. Repuso:</p> + +<p>—El antiguo proverbio de que el camino del infierno está empedrado de +buenas intenciones, se encuentra justificado sin duda una vez más aquí, +pero no toca sino someramente el asunto que nos ocupa. La resolución que +Olga tomó entonces fue una última tentativa, desgraciada desde luego, +para conciliar el afecto que debía a Marta con el amor que tú +despertabas en ella, para establecer la paz entre la sed de felicidad, +ardiente, irresistible, que la devoraba, y la necesidad de permanecer +fiel a su hermana. Era el medio menos natural que pudiera elegir, pues +el renunciamiento, la muda resignación, no eran su fuerte. Y luego, un +destino cruel ha querido que, a pesar de su gran inteligencia, de su +enérgica voluntad, se viera arrastrada a una falta, que es la más común +y la más cobarde del mundo, una falta que he leído en un número infinito +de rostros cuando he sido llamado a atender enfermos graves. Ese es, +hijo mío, uno de los lados más obscuros de la naturaleza humana, un +resto de bestialidad que subsiste en nuestro mundo civilizado. Aun las +naturalezas sensibles y delicadas como la de Olga, no están exentas de +él; es verdad que eso las mata, mientras que las almas más groseras se +contentan con disimular y rechazar dentro de sí mismas, el secreto que, +solicitado por la luz del día, tiende a escaparse de las recónditas +profundidades de la conciencia. Espera, voy a precisar. Un día fui a +visitar a un anciano enfermo, rico propietario, a quien no le quedaba +mucho tiempo que vivir. A su cabecera se hallaba su hijo mayor, un +hombre de cuarenta años, más o menos, que desde hacía ya mucho tiempo +desempeñaba en propiedades extrañas las funciones de administrador, y +cuya prometida amenazaba envejecer y consumirse en la espera. Aquél era +un honrado y buen hijo, que no había hecho daño a una mosca, que amaba +cordialmente a su padre y que se habría ruborizado de desear el menor +mal a su enemigo más mortal. Sin embargo, en la angustia secreta y +sombría que se pintó en sus facciones cuando incliné mi oído sobre el +pecho del anciano, leí claramente este deseo: «¡Oh, si se muriera!» Otra +vez, me llamaron de la casa de una señora que, casada en segundas +nupcias, era feliz. En su dicha no había más que una sombra: su marido +no podía sufrir al hijo del primer matrimonio. Una arruga surcaba su +frente tan pronto como se trataba de esa criaturita, y ella, como amaba +apasionadamente a su marido y temía que le tomara aversión a ella misma +a causa del niño, se lo ocultaba lo más que podía. El niño se enfermó +con escarlatina. Encontré a la madre de rodillas junto a la cama y +derramando amargas lágrimas. Temblaba por esa frágil existencia: ¿acaso +no había nacido de su seno? Pero su marido entró, y en la mirada +inquieta, vacilante que ella dirigió a la cuna, se leía distintamente: +«Si tú murieras sería la felicidad para mí.» Podría citarte ejemplos +infinitos, en que los celos, la codicia, la necesidad de independencia, +la pasión de los viajes y de la libertad, el amor, han preparado y +desarrollado ese deseo terrible y criminal, que se alza de repente, +sombrío y gigantesco, en un corazón humano que hasta entonces no había +conocido más que la luz y el amor. Por fortuna, ya hoy no causa grandes +estragos. En los tiempos de la antigua barbarie, en que las pasiones se +saciaban sin conocer obstáculos, la acción ayudaba al pensamiento. +Cuando un miembro de una familia hacía sombra a otro, el veneno y el +puñal imperaban sencillamente. La historia, la literatura están llenas +de asesinatos de ese género, y Shakespeare, ese gran conocedor de las +almas, no presenta, por decirlo así, otro tema trágico que el asesinato +entre parientes. Hoy todo se ha suavizado, y cuando la lucha por la +existencia penetra en el círculo de la familia, se contenta uno, en las +horas sombrías, con desear a la persona que incomoda seis pies de tierra +sobre el cuerpo. Ese deseo, es el asesinato de otros tiempos, atenuado +por las nuevas costumbres. Ahí tienes, chico; te he pronunciado un largo +discurso y si tu sangre se ha calmado mientras tanto, he conseguido mi +objeto.</p> + +<p>—¿Entonces, la condenas sencillamente?—dijo Roberto, con angustia.</p> + +<p>—No condeno a nadie, hijo mío—respondió el anciano con una sonrisa +grave,—y aun menos que a otra, a una naturaleza honrada como lo era la +de Olga. Ella encontró el valor de confesar, a sí misma y a aquel a +quien más amaba, el crimen que cometió: eso basta para elevarla por +sobre el resto de la humanidad. Porque ese deseo de que hablamos, si es +el pecado mental más horroroso de que el espíritu humano pueda hacerse +culpable, es también el más secreto. No hay amigo que lo confíe a su +amigo, ni un marido que lo murmure a su compañera en el silencio y la +obscuridad de la noche, ni un penitente que se atreva a decirlo a su +confesor; la oración misma, que nace en el más profundo arrepentimiento +y sube hacia el Cielo, lo pasa fraudulentamente en silencio. Dios tiene +derecho a saberlo todo, todo, excepto esa infamia. Nacida en las +tinieblas y el horror, tiene que desaparecer en la vergüenza y el +silencio. ¡Hay aún más! Ese deseo es la única falta que escapa +generalmente a la justicia del mundo exterior, así como a la sanción de +la conciencia en el fondo del corazón, porque éstas no tienen para ella +ni expiación, ni castigo. En ese caso, el inexorable juez que todo +hombre lleva en sí mismo, se deja comprar y corromper. Miles de hombres +que han cometido por lo menos una vez esa bajeza, no por ello dejan de +seguir viviendo contentos, engordan con perfecta tranquilidad de +espíritu, felices del cumplimiento de su deseo, que se apresuran a +olvidar tan pronto como se ha realizado. El alma lo reabsorbe, como el +cuerpo reabsorbe la materia mórbida tan pronto como la causa del mal ha +desaparecido. Se pierde sin dejar huellas, en el montón de las virtudes +sociales y personales, el silencio lo aniquila. Muy lejos estoy de decir +que condeno a esos hombres; ¿qué sería del mundo si todos los que, al +mirarse en un espejo, descubren una verruga en su cara, fueran por +desesperación a cortarse la cabeza? Los hombres que te he pintado están +bien constituidos y pertenecen al término medio de la humanidad; su +naturaleza, llamada feliz, es capaz de soportar un golpe y ¡vaya si se +inquietan de tener aquí y allí alguna mancha que los desluce! Olga +estaba hecha de un barro menos grosero, su sistema nervioso no +necesitaba choques tan violentos, y lo que en otros no produciría más +que una simple picazón, a ella le hacía el efecto de un latigazo. Esas +naturalezas tienen con frecuencia algo de enfermizo, se inclinan hacia +la hipocondría y la histeria, y su vida efectiva está dominada por +imaginaciones que toman ordinariamente a los ojos de los demás el +carácter de ideas fijas. Y, sin embargo, todo en ellas obedece a leyes +rigurosas; hasta se puede decir que su organismo funciona con más +precisión que el del común de los mortales, y si se les pusiera bajo +vidrio como a las delicadas balanzas de los químicos, se les vería +ejecutar maravillas. Los hombres dotados de esa extrema sensibilidad, +tienen en general una cierta debilidad de voluntad que les hace +replegarse en sí mismos al menor contacto extraño, y tanto mejor para +ellos, pues así están al abrigo de los choques violentos del mundo que +los rodea y que no serían capaces de soportar, pero ¡ay de aquellos a +quienes una voluntad indomable, un carácter violento y apasionado, +arrastran directamente al centro de los escollos y de las zarzas! Puede +suceder entonces que una espina que ha quedado en la llaga, y de la cual +otros apenas habrían hecho caso, se convierta para ellos en una flecha +envenenada que les roerá el cuerpo y el alma hasta que sucumba... ¡Vaya, +basta de charla! He aquí dos o tres hojas más. ¡Escucha! Vamos a saber +cómo se muere de un deseo.</p> + + + + +<h3><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII</h3> + + +<p>¿Qué sucedió después? Mi memoria no ha conservado de ello sino un +recuerdo confuso.</p> + +<p>Me acuerdo que de repente lancé un grito que hizo estremecer a la misma +Marta, que me arrojé junto a su cama y que, apoderándome de sus manos +ardientes, grité en un aliento: ¡Sálvame, sálvame, despiértate!</p> + +<p>Y después me encontré en mi cuarto, adonde Roberto me había llevado. +¿Cómo describir mi espanto cuando reconocí en el espejo mi cara +descompuesta, cubierta por el sudor de la angustia, la carcajada que +solté, el horror que me causó mi propia risa, mientras que, +desfalleciente, oía resonar en mis oídos el deseo, repetido por todas +partes por mil voces celosas que se reían burlonamente y cuchicheaban:</p> + +<p>«¡Oh, si ella muriera!»</p> + +<p>¿Cómo describir aquello, sin desencadenar contra mí todos los fantasmas +de esa noche mortal?</p> + +<p>Veo todavía claramente al médico que inclinaba sobre mí su rostro amigo, +lo veo darme algo de beber, algo amargo, y después... nada más.</p> + +<p>Los primeros resplandores del alba aparecían pálidos por las ventanas +cuando me desperté. Me dolía la cabeza y cuando dirigí en torno mío una +mirada vaga, creí ver enfrente, trazadas en el yeso de la pared, las +palabras:</p> + +<p>«¡Oh, si ella muriera!»</p> + +<p>Sentí un calofrío y me vino este pensamiento: «Si Marta se muere ahora, +será tu deseo lo que la habrá muerto.»</p> + +<p>Me levanté vivamente y me acerqué al espejo.</p> + +<p>«He ahí, pues, la cara de una persona que desea la muerte de su +hermana»—dije al ver reflejado mi lívido semblante.</p> + +<p>Y, sintiendo bruscamente asco de mí misma, di un golpe al vidrio con el +puño; los dedos me sangraron, pero el espejo no se rompió.</p> + +<p>¡Insensata de mí! No sabía que en lo sucesivo el mundo entero no sería +para mí sino el espejo de mi crimen.</p> + +<p>¡Pero quizá no muera! Ese pensamiento, que se despertó de pronto en mi +cerebro, esparció en él una oleada de luz tal, que cerré los ojos como +cegada.</p> + +<p>Y luego oí de nuevo gritar en mí: «¡Marta morirá y será tu deseo lo que +la habrá muerto!» Apreté los dientes y apoyándome en la pared me +arrastré hasta el cuarto de la enferma.</p> + +<p>Llegué a la puerta y al no oír el menor ruido en el interior, me dije: +«Ya no encontrarás sino un cadáver.»</p> + +<p>No, todavía vivía, pero la muerte había puesto ya en ese rostro la marca +de sus garras.</p> + +<p>El cartílago de la nariz se destacaba más, los labios, entreabiertos, +dejaban ver los dientes inclinados, los ojos casi desaparecían en el +fondo de sus azuladas cavidades.</p> + +<p>A sus pies estaban Roberto y el anciano médico. Roberto se ocultaba el +rostro entre las manos; los sollozos sacudían su cuerpo. El anciano fijó +en mí su mirada penetrante; por un instante creí otra vez que leía hasta +el fondo de mi alma y que mi falta se exhibía abiertamente ante él. +Pero, cuando al verme tambalear, acudió para sostenerme en sus brazos, +vi que era sólo la mirada del médico la que había fijado en mí.</p> + +<p>—¿Cuánto tiempo vivirá todavía?—pregunté, cerrando los ojos.</p> + +<p>—¡Está en agonía!</p> + +<p>En ese momento sentí que algo se helaba en mí y tomaba la rigidez de una +piedra; en ese momento, la esperanza murió en mí, y con ella la fe en mí +misma, la creencia en la dicha y en el bien. Una gran calma reinó en +todo mi ser. La muerte, que se cernía sobre la cama, había tocado +también mi cuerpo con sus negras alas. Con la lucidez de una vidente, vi +desarrollarse, sin velo, ante mis ojos, lo que me quedaba de existencia. +En lo sucesivo iba a pasar por esta tierra como una muerta, como una +muerta iba a tomarle apego a la vida, y como una muerta iba a ver +acercarse a mí la felicidad que, sin embargo, había perdido para +siempre.</p> + +<p>Roberto se adelantó y me besó; le dejé hacer tranquilamente, estaba +insensible.</p> + +<p>Luego me senté muy cerca de la cama de mi hermana y la miré, esperando +la muerte.</p> + +<p>Seguía con atención todos los síntomas de aquella lenta agonía. Me +parecía que mi conciencia estaba fuera de mí y que me veía a mí misma +sentada como una estatua de piedra, con los ojos fijos en el rostro de +la moribunda.</p> + +<p>No tuve el menor alucinamiento, no me hice el menor reproche bajo la +acción de la fiebre, y nada vino desde entonces a perturbar el curso de +mis pensamientos. Veía claramente que mi deseo no podía en realidad +darle la muerte, y sin embargo, para mí, para mi conciencia, era sólo mi +deseo lo que la había muerto.</p> + +<p>Así, pues, yo estaba sentada junto a la cama de mi víctima, esperando su +muerte, que era también la mía.</p> + +<p>Aquello duró mucho. Pasaron las horas del día; Marta vivía todavía. Su +pulso no latía ya desde hacía rato, su corazón parecía paralizado, pero +su respiración continuaba siempre ligera y rápida. Mientras yo dormía, +bajo el efecto de la morfina, le había hecho, como último recurso de +salvación, una inyección de almizcle para reanimar una vez más sus +fuerzas: aquello era lo que la sostenía en ese momento. Pero el olor de +almizcle mezclado con los vapores de fenol que llenaba la habitación +como un cuerpo ponderable y palpable, me pesaba sobre la nuca y me +aplastaba las sienes. A cada aspiración me parecía absorber unos +cuerpos pesados que me hinchaban.</p> + +<p>Por la tarde, los padres de Roberto vinieron. Yo, que todavía la víspera +no había demostrado a la tía más que orgullo y desprecio, le besé +humildemente la mano. Aquello era el principio de la expiación que me +había impuesto en el lecho de muerte de Marta, y que no debía concluir +sino con mi vida.</p> + +<p>Llegó la noche: Marta seguía respirando. Con la boca muy abierta, los +ojos empañados cubiertos de una capa de mucosidades, me miraba +fijamente. Su cuerpo parecía achicarse cada vez más, yacía todo +encogida: casi parecía que no se atrevía a ocupar en la muerte el lugar, +muy modesto sin embargo, que ocupaba en vida.</p> + +<p>La tía llenaba la casa con sus intolerables sollozos, los demás también +lloraban; yo sola no tenía lágrimas.</p> + +<p>Cuando a eso de las once, Marta exhaló el último suspiro, me acometió un +acceso de locura furiosa.</p> + + + + +<h3><a name="XXIII" id="XXIII"></a>XXIII</h3> + + +<p>En este instante llego de casa de Roberto.</p> + +<p>Este se ha mostrado afectuoso y bueno para conmigo; he visto brillar en +sus ojos una tímida ternura, medio velada, que mi corazón ha bebido con +avidez. Me parece que una nueva primavera se acerca: la risa y la +alegría se despiertan en mi corazón, y, cuando cierro los ojos, veo +bailar en torno mío dorados rayos de sol.</p> + +<p>Pero ¡basta de pensamientos de felicidad, basta de cobardía! Si llega a +amarme, ¡tanto peor para él! No me he prestado a ello; ¡no por cierto! +Sería tan despreciable como una mujer perdida si hubiera hecho eso. +Desde mi curación, durante más de un año, he dirigido su casa con +lealtad y probidad, sin pretender agradarle, sin desear serle +indispensable. Y, sin embargo, he llegado a serlo. Mi señora tía ha +tenido que reconocerlo ella misma, ella que casi me impone su +hospitalidad, no obstante el odio que profesa a mi persona. Es demasiado +buena ama de casa, para no saber que, sin mí, el hogar de su hijo se +habría arruinado durante esos días de duelo, en que Roberto, absorbido +por su inmenso dolor, permanecía inerte, indiferente a todo, aun al +niño. Sin mí el pobre pequeñuelo estaría desde hace tiempo bajo tierra. +No enumeraré todo lo que he hecho durante ese tiempo, todo lo que ha +producido mi trabajo: en verdad no me conviene desempeñar el papel de +farisea.</p> + +<p>Tampoco hablaré de expiación; esta es una palabra demasiado pomposa, +detrás de la cual no se oculta ordinariamente sino una miserable +mentira, una vana ilusión. ¿Cómo borrar la mancha que me ha mancillado? +Se expía una falta trágica, se expía hasta un gran crimen; pero una +infamia como la que yo he cometido, es un borrón del cual el alma no +puede lavarse.</p> + +<p>¡Si por lo menos pudiera ignorar qué secreto vela en el fondo de mi +corazón!</p> + +<p>¿Por qué quería en otros tiempos permanecer pura ante mi conciencia, si +no era para poder pertenecerle un día? Como si el eterno destino no +hubiera alzado él mismo entre nosotros una muralla que, desde el fondo +de la tumba de Marta, se eleva hasta los astros.</p> + +<p>Y, si alguna vez un demonio le soplara en el oído el consejo de extender +la mano hacia mí, ¿podría hacer de otro modo que rechazarlo como a un +loco temerario? Pero eso no sucederá: he sabido tenerlo a distancia. Que +crea que lo desdeño, que crea que estoy encerrada dentro de mi orgullo y +de mi egoísmo: sabré guardar el secreto de mi corazón.</p> + +<p>¡Si tan sólo no existiera!</p> + +<p>Más de una vez, sobre todo durante la noche, mientras mis miradas se +pierden en la obscuridad, un deseo se apodera de mí con una violencia +tan extravagante, que me parece que va a aniquilarme. Me invade como la +embriaguez de la fiebre, ofusca mis sentidos y me hace hervir la sangre +en las venas: es el deseo de descansar, una vez tan siquiera, entre sus +brazos para llorar en ellos a mis anchas, porque desde aquellas noches +las lágrimas se han secado en mí. Me ha sido imposible llorar desde ese +día en que encontré a Marta tendida en su lecho de dolor.</p> + + + + +<h3><a name="XXIV" id="XXIV"></a>XXIV</h3> + + +<p class="r"> +Quince días después.<br /> +</p> + +<p>Es un hecho, Roberto me ama. Ha venido a pedir mi mano. Ahora sé que hay +una expiación. ¡Ah, si estas torturas no purificaran!</p> + +<p>Jesús; ya no tengo en vos la ingenua fe de la infancia, pero habéis sido +hombre, habéis sufrido como yo; os imploro... pero no, esto es locura, +vuelve en ti, mujer, cálmate. ¿Acaso no hay un descanso eterno en el +cual puedes refugiarte libremente, si te faltan las fuerzas para +sobrellevar los dolores de esta existencia? ¿Quién te lo impide?</p> + +<p>Me ama; lo he conseguido. Pero, para que me amara, ha sido necesario que +Marta pereciera y que yo me perdiera en un abismo de crimen y de +vergüenza, del cual ningún poder del Cielo ni de la tierra podría +arrancarme.</p> + +<p>Estoy muerta; muertos también deben estar mis deseos y mis esperanzas; y +a mi sangre que se rebela, hierve y se agita cuando pienso en él, sabré +calmarla por fuerza, si no...</p> + +<p>¡Oh, qué actitud tenía delante de mí! Las palabras salían lentas y +tímidamente de sus labios; sus miradas plañideras, que parecían implorar +socorro, buscaban las mías y sin embargo apenas osaban desprenderse del +suelo; en su embarazo, enroscaba entre sus dedos la extremidad de su +barba y golpeaba con el pie cuando no podía encontrar la palabra justa. +¡Oh, pobre niño grande, amado mío! ¿No viste que todo mi ser me +precipitaba a tus brazos y ardía por permanecer en ellos eternamente? +¿No viste que mis labios temblaban de deseo de posarse en los tuyos y de +quedarse suspendidos de ellos hasta mi último suspiro?</p> + +<p>¿No viste nada de eso?</p> + +<p>Debiste, pues, dar fe a las palabras que te dije, casi sin tener +conciencia de ello. Mi corazón las ignora completamente; te lo juro. Te +amo y te amaré hasta mi último pensamiento, y el último aliento que se +escapará de mis labios será tu nombre.</p> + +<p>Y ¿cómo has podido creer en el pretexto que te di? ¡Dejarte a una mujer +rica! ¡A ti para quién querría mendigar por los caminos, por quién +querría gastarme los ojos, hacerme sangrar los dedos cosiendo si lo +necesitaras!</p> + +<p>¿Te acuerdas de aquella noche, en casa de mis padres, cuando aspirabas a +la mano de Marta? ¡Cómo puedes, si la recuerdas, hacerme la injuria de +aceptar mi miserable excusa!</p> + +<p>Y cuando me diste la mano al decirme adiós, ¿por qué me dirigiste una +mirada tan triste, tan humilde? ¿No sabías que esa mirada me torturaría +sin cesar, noche y día, como el reproche de una grave falta que he +cometido para contigo?</p> + +<p>No, amigo mío, eres el único ser en el mundo que nada tenga que +reprocharme. He procedido lealmente contigo, y hoy más que nunca, +¡aunque jamás hayas sido más indignamente engañado que hoy!</p> + +<p>¡Si tan sólo pudiera decirte cuánto te amo! ¡Con qué placer moriría en +el acto! ¡Colgarme una sola vez de tu cuello, ocultar una vez mi cabeza +en tu hombro y llorar lágrimas de sangre!</p> + +<p>No me vuelvas a mirar así, mi querido niño grande, como para hacer creer +que te he desdeñado con razón, que te he encontrado demasiado simple y +demasiado indigno de mí, pues, ¡mira, no sé lo que haría!</p> + +<p>¡Que Dios te preserve de mí y de mi amor!</p> + + + + +<h3><a name="XXV" id="XXV"></a>XXV</h3> + + +<p class="r"> +Ocho días después.<br /> +</p> + +<p>¡Al fin se ha realizado mi deseo! Me he arrojado en sus brazos, me he +embriagado con sus besos, he llorado hasta la saciedad sobre su hombro.</p> + +<p>Estoy serena, enteramente serena, he probado todo lo que la vida podía +todavía ofrecer de felicidad a una pecadora como yo.</p> + +<p>¿Y ahora?</p> + +<p>Desde hace horas, me encuentro frente a esta última y grave cuestión: +¡huir o morir!</p> + +<p>Es necesario que me decida esta misma noche por una u otra de estas +alternativas, pues Roberto vendrá mañana para llevarme a la tumba de +Marta.</p> + +<p>Antes que seguirlo allí, prefiero morir. Aun admito que lleve la +hipocresía hasta no caer de rodillas sobre esa tumba para confesarle +todo; admito que el horror que me inspiraría a mí misma, no me ahogue, +que encuentre el miserable valor de casarme con él; ¿qué existencia +llevaría a su lado?</p> + +<p>¿Para qué aferrarse a una dicha que uno mismo ha hecho imposible desde +mucho tiempo atrás? Pasaría por esta tierra semejante a una pobre +criminal a quien se lleva a la muerte, eternamente torturada por el +temor de descubrirme a sus ojos y, a pesar de eso, llena del deseo de +gritar mi falta al mundo entero. ¡Cómo podría dormir en ese lecho que he +deseado ver que mi hermana abandonara para bajar a la tumba! ¡Cómo vivir +entre esas paredes en que todavía están inscritas en letras de fuego +esas palabras: «Oh, si ella muere!»</p> + +<p>Voy a razonar fríamente conmigo misma, como conviene a una persona que +hace el balance de su vida.</p> + +<p>¿Ser su esposa? Eso es imposible, bien lo sé.</p> + +<p>¿Huir? ¿Qué haría en medio de extraños? Los conozco; conozco a los +hombres y los desprecio. Ellos me han hecho daño, seguirán haciéndome +sufrir. Todo lo que me queda de fe, de amor y de esperanza, no descansa +ya más que en él.</p> + +<p>Pues bien, ¿morir? Los frascos de morfina están ahí, en salvo en el +fondo de mi gaveta; un presentimiento me decía que algún día los +necesitaría, cuando los reservaba secretamente, a despecho de las +órdenes de mi anciano tío el doctor. Las pocas horas de sueño que he +perdido me serán devueltas así al céntuplo.</p> + +<p>Escribiré todavía una carta a mi tío; él será mi heredero y mi +confidente. Quizá podrá disimular mi suicidio y hacer que Roberto no lo +sospeche.</p> + +<p>A él, ni una palabra de despedida. Esto es doloroso; pero es necesario +que sea así.</p> + +<p class="dot">*<br />* *</p> + +<p>He salido furtivamente y he corrido a poner la carta en el buzón. El +sereno anunciaba la media noche. ¡Qué desierto y obscuro está el mundo! +El viento pasa estremeciéndose por los tilos; aquí y allí brilla +tristemente una luz que parece alumbrar secretos dolores.</p> + +<p>Por el camino avanza un hombre ebrio que exhala sordos gruñidos y quiere +atacarme. En torno mío las tinieblas, la miseria y la rudeza; en mi alma +el remordimiento y una pasión que jamás se saciará, he ahí lo que me +reservaba el porvenir. En verdad, nada tiene ya que ofrecerme esta vida.</p> + +<p>Mucho se habla y se escribe sobre las angustias de la muerte: yo no +siento indicios de ellas. Me encuentro bien ahora, después de haber +llorado a mi gusto. Las lágrimas que no podían darse libre curso, me +ponían en el pecho un peso aplastador.—Y dicen que llorar da sueño. +¡Buenas noches!</p> + + +<p class="c">FIN</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El deseo, by Hermann Sudermann + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DESEO *** + +***** This file should be named 26078-h.htm or 26078-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/6/0/7/26078/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/26078-h/images/001.png b/26078-h/images/001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..9380173 --- /dev/null +++ b/26078-h/images/001.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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