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+The Project Gutenberg eBook, Fiebre de amor (Dominique), by Eugène
+Fromentin, Translated by Juan J. De la Cerda
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+
+
+
+Title: Fiebre de amor (Dominique)
+
+
+Author: Eugène Fromentin
+
+
+
+Release Date: September 2, 2008 [eBook #26508]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK FIEBRE DE AMOR (DOMINIQUE)***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif and the Project Gutenberg Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+
+BIBLIOTECA de LA NACIÓN
+
+EUGENIO FROMENTIN
+
+FIEBRE DE AMOR
+
+TRADUCCIÓN DE "DOMINIQUE"
+
+POR
+
+JUAN J. DE LA CERDA
+
+
+
+
+
+
+
+BUENOS AIRES
+1913
+
+Derechos reservados.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+I
+
+
+--Ciertamente, no tengo por qué quejarme--me decía aquel cuyas
+confidencias referiré en el relato muy sencillo y muy poco novelesco que
+voy a hacer,--porque, a Dios gracias, no soy ya _nada_, en el supuesto
+de que alguna vez fui algo, y a muchos ambiciosos les deseo que acaben
+de la misma manera. He encontrado la certidumbre y el reposo, que valen
+mucho más que todas las hipótesis. Me he puesto de acuerdo conmigo
+mismo, que cifro la mayor victoria que podemos lograr sobre lo
+imposible. En fin, de inútil para todos llego a ser útil para algunos, y
+he realizado en mi vida, que no podía dar nada de lo que de ella se
+esperaba, el único acto que, probablemente, no era esperado, un acto de
+modestia, de prudencia y de razón. No tengo, pues, por qué quejarme. Mi
+vida está hecha, y bien hecha, según mis deseos y mis méritos. Es
+rústica, lo cual no deja de cuadrarle bien: como los árboles de corto
+crecimiento la he cortado por la copa; tiene menos alcance y menos
+gracia, menos relieve; se la ve sólo de cerca, mas no por eso tendrá
+raíces someras ni dejará de proyectar más sombra en torno de ella.
+Existen ahora tres seres a quienes me debo y que me obligan por deberes
+bien definidos, por responsabilidades muy graves, pero que no me pesan,
+por vínculos libres de errores y de añoranzas. La misión es sencilla y
+me bastaré para cumplirla. Y si es verdad que el objeto de toda
+existencia humana se cifra más bien en la transmisión que en la
+evolución personal, si la dicha consiste en la igualdad de los demás y
+de las fuerzas, marcho lo más derechamente posible por la senda de la
+prudencia y podrá usted afirmar que ha visto un hombre feliz.
+
+Aunque no era positivamente tan vulgar como pretendía y antes de
+relegarse a la oscuridad de su provincia hubiera alcanzado un comienzo
+de celebridad, gustaba confundirse entre la multitud de desconocidos que
+llamaba _cantidades negativas_. A los que le hablaban de su juventud y
+le recordaban los resplandores bastante vivos que durante ella había
+lanzado, les replicaba que era sin duda una ilusión de los demás y suya
+propia, que en realidad él no era _nadie_, y lo demostraba el que en lo
+presente se parecía a todo el mundo, resultado de absoluta equidad, que
+aplaudía considerándolo como una restitución legítima a la opinión
+pública. Con este motivo repetía que son muy pocos los que merecen ser
+considerados como excepción, que el papel de privilegiado es muy
+ridículo, el menos excusable y el más vano cuando no está justificado
+por dones superiores: que el deseo audaz de distinguirse entre el común
+de las gentes no es, por lo general, más que una falsía cometida en
+contra de la sociedad y una imperdonable injuria a todas las personas
+modestas que no son nada: que atribuirse lustre al cual no se tiene
+derecho es usurpar títulos de otro y correr el riesgo de hacerse tomar,
+más tarde o más temprano, en flagrante delito de pillaje en el tesoro
+público de la fama.
+
+Quizás se deprimía él así para explicar su retirada y para alejar el más
+leve pretexto de reincidencia en las propias añoranzas y en las de los
+amigos. ¿Era sincero? Muchas veces me lo he preguntado, y algunas he
+llegado a dudar que un espíritu como el suyo, tendiente al
+perfeccionamiento, estuviera tan completamente resignado con la derrota.
+¡Pero son tan variados los matices de la sinceridad más leal! ¡Hay
+tantas maneras de decir la verdad sin expresarla por entero! El absoluto
+desprendimiento de ciertas cosas, ¿no permitiría alguna mirada sobre las
+lejanías de lo que no se confiesa? ¿Y cuál será el corazón bastante
+seguro de sí mismo para responder de que nunca se deslizará un recuerdo
+penoso entre la resignación, que depende de uno mismo, y el olvido, que
+sólo llega al cabo del tiempo?
+
+Como quiera que fuese este juicio sobre lo pasado--que no se concordaba
+muy bien con la vida presente,--en la época a que me refiero por lo
+menos había llegado a un punto tal de negación de sí mismo y de
+oscuridad, que parecían darle la razón más completa. Así, pues, no hago
+más que tomarle por su palabra, al tratarle casi como a un desconocido.
+Si algo le distinguía de un gran número de hombres que en él deberían
+ver la propia imagen, era que por rara excepción había tenido el
+valor--bastante raro--de examinarse en lo íntimo con frecuencia y la
+severidad--más rara aún--de estimarse mediocre.
+
+Era el otoño la primera vez que le encontré. La casualidad me le hizo
+conocer en esa época del año que le es gratísima, de la cual hablé
+frecuentemente, acaso porque ella resume bastante bien toda existencia
+moderada que se desenvuelve o se acaba en un cuadro natural de
+serenidad, de silencio y de recuerdos. «Soy un ejemplo--me dijo muchas
+veces--de ciertas afinidades desgraciadas que nunca se logra ver
+conjuradas por completo. He hecho lo imposible por no ser un
+melancólico, porque nada hay más ridículo que eso, en cualquier edad,
+pero sobre todo en la mía; pero hay en el alma de ciertos hombres no sé
+yo qué especie de bruma elegíaca siempre dispuesta a condensarse en
+lluvia sobre las ideas. ¡Tanto peor para quienes nacieron entre las
+nieblas de octubre!--añadió sonriendo a la vez por lo pretencioso de la
+metáfora y por lo que en el fondo le humillaba aquella enfermedad
+congénita.»
+
+Aquel día cazaba yo en los alrededores del pueblo en donde él habita.
+Había llegado el día anterior y no tenía en la localidad más
+conocimientos que el doctor ***, avecindado allí tan sólo desde pocos
+años antes. En el punto de salir nosotros del poblado otro cazador
+apareció sobre una pendiente plantada de viña que limita el horizonte de
+Villanueva por levante. Caminaba con lentitud más bien como quien pasea,
+acompañado de dos hermosos perros de muestra, el uno _épagneul_ de lana
+color leonado y el otro _braque_ de pelo negro que recorrían el viñedo
+en torno de su amo. Ordinariamente--según supe luego,--eran los únicos
+compañeros que admitía cuando realizaba sus expediciones, casi diarias,
+en las cuales la caza no era más que pretexto para gozar otros placeres:
+el de vivir al aire libre y sobre todo el de satisfacer la necesidad de
+estar solo.
+
+--He ahí al señor Domingo que caza--exclamó el doctor, reconociendo a lo
+lejos a su vecino.
+
+A poco resonó un disparo de escopeta y el doctor me dijo:
+
+--El señor Domingo ha tirado.
+
+El cazador aquel describía en torno de Villanueva análoga evolución que
+nosotros, determinada por la dirección del viento que soplaba del este y
+por las querencias, bastante seguras y conocidas de la caza.
+
+Durante todo el resto del día le tuvimos a la vista, y aunque separados
+por algunos centenares de metros, podíamos seguir la misma ruta que él
+como él podía seguir la nuestra. El terreno era llano, el ambiente en
+calma, y los ruidos alcanzaban tan lejos en aquella estación del año
+que, aun después de haberle perdido de vista, continuábamos oyendo cada
+detonación de su escopeta y hasta el eco de su voz cuando azuzaba a sus
+perros o los llamaba. Pero fuera por discreción o porque, según se
+desprendía de una frase del doctor, era poco aficionado a ceder su
+compañía, aquel a quien su compañero llamaba el señor Domingo no se nos
+acercó hasta muy entrada la tarde; y la cordial amistad que después nos
+unió debía tener fundamento aquel día en un hecho de los más vulgares.
+
+Nos separaba apenas medio tiro de escopeta cuando mi perro movió una
+perdiz. Estaba él a mi izquierda y la pieza voló hacia él.
+
+--¡Ahí le va, señor!--le grité.
+
+En el breve tiempo que empleó en echarse la escopeta a la cara pude
+advertir que nos miró y apreció si el doctor y yo estábamos bastante
+cerca para tirar, y sólo luego de convencerse que era pieza perdida si
+él no tiraba apuntó y disparó. El pájaro cayó como fulminado y rebotó
+con sordo ruido sobre la seca tierra de la viña.
+
+Era un magnífico macho de perdiz, de color vivo, rojos y duros como el
+coral el pico y las patas, armado de espolones como un gallo, casi tan
+ancha la pechuga como la de un pollo cebado.
+
+--Caballero--me dijo el señor Domingo adelantando en dirección a
+nosotros,--excuse el haber tirado sobre la muestra de su perro. Pero me
+creí obligado a sustituirle a usted para no perder una hermosa pieza,
+rara en este terreno. Le pertenece por derecho. No me permito, pues,
+ofrecérsela: se la devuelvo.
+
+Añadió algunas frases más para obligarme y acepté el obsequio del señor
+Domingo como deuda de galantería dispuesto a pagarla.
+
+Era hombre en apariencia joven todavía, aunque había ya cumplido los
+cuarenta años; bastante alto; la tez morena, la fisonomía agradable,
+palabra grave y andar lento, con cierta dejadez, y en todo su aspecto
+cierta severidad elegante. Vestía blusa y llevaba polainas al estilo de
+los campesinos cazadores. Su rica escopeta, tan sólo, revelaba al hombre
+acomodado. Los dos perros llevaban anchos collares y en ellos cada uno
+una chapa de plata con un monograma. Estrechó cortésmente la mano del
+doctor y se separó de nosotros casi en seguida para ir, nos dijo, a
+reunirse con sus vendimiadores que aquella tarde misma terminaban la
+faena de recolección.
+
+Eran los primeros días de octubre. La vendimia tocaba a su término; nada
+quedaba ya en el campo--vuelto en parte a su silencio--más que dos o
+tres grupos de vendimiadores--que en el país llaman _brigadas_,--y un
+mástil con una bandera de fiesta, plantado en la viña misma en que se
+recogían los últimos racimos, anunciaba, en efecto, que la brigada del
+señor Domingo se aprestaba alegremente a _comer el ganso_, es decir, a
+llevar a cabo la comida de clausura y de adiós, en la cual, para
+celebrar el fin de las faenas, es costumbre tradicional que entre otros
+manjares figure en primer término el _ganso asado_.
+
+Caía la tarde. Sólo algunos minutos faltaban para que el sol alcanzase
+la línea del horizonte; lanzaba sus resplandores, trazando líneas
+dilatadas de luz y sombra, sobre la llanura tristemente salpicada por
+las viñas y las marismas, sin árboles, apenas ondulada, abriéndose de
+distancia en distancia por una lejanía sobre el mar. Uno o dos pueblos
+blanquecinos, con sus iglesias de azotea y sus campanarios sajones se
+destacaban sobre leves prominencias del terreno y algunas granjas,
+pequeñas, aisladas, rodeadas de raquíticos bosquecillos y enormes
+almiares de heno animaban apenas aquel monótono paisaje cuya indigencia
+pintoresca habría parecido completa sin la singular belleza que le
+prestaban el clima, la hora y la estación. Solamente a la parte opuesta
+de Villanueva y en un repliegue del llano había algunos árboles más
+numerosos formando a la manera de pequeño parque en derredor de una
+vivienda de cierta apariencia. Era una construcción de estilo flamenco,
+alta, estrecha, salpicada de raras ventanas irregulares y flanqueada de
+torrecillas con aguda techumbre de pizarras. En torno de aquella casa
+estaban agrupadas otras construcciones más modernas, casa de labor y
+locales diversos de explotación agrícola, todo muy modesto. Una tenue
+nube de azulada neblina que se remontaba entre las copas de los árboles
+indicaba que había excepcionalmente en aquel bajo fondo del llano algo
+semejante a una corriente de agua; una larga avenida, especie de prado
+pantanoso rodeado de sauces se extendía desde la casa hasta la orilla
+del mar.
+
+--Esa vivienda--me dijo el doctor señalando aquel islote de verdura en
+medio de la árida desnudez de los viñedos--es el castillo de Trembles,
+domicilio del señor Domingo.
+
+Entretanto el señor Domingo iba a reunirse con sus vendimiadores y se
+alejaba lentamente, la escopeta descargada, seguido de los perros
+cansados; mas apenas hubo dado algunos pasos en el sendero que conducía
+a sus viñas fuimos testigos de un encuentro que me encantó.
+
+Dos niños cuyas voces llegaban hasta nosotros y una mujer joven de la
+cual sólo veíamos el vestido de tela ligera y una manteleta roja se
+adelantaban hacia el cazador. Los niños le hacían graciosas señas
+reveladoras de su alegría, corriendo lo más veloces que sus piernecitas
+permitían: la madre avanzaba más despacio y con una mano agitaba una
+punta de su manteleta color de púrpura. Vimos al señor Domingo tomar en
+sus brazos sucesivamente a los dos niños. Aquel grupo animado de
+brillantes colores permaneció parado un momento en el verde sendero,
+destacándose en medio de la tranquila campiña iluminado por el fuego de
+la tarde, como envuelto de toda la placidez del día que acababa.
+Después, toda la familia emprendió el camino de Trembles y los póstumos
+rayos del sol poniente acompañaron hasta su hogar al feliz matrimonio.
+
+Me explicó el doctor que el señor Domingo de Bray--a quien todos
+llamaban el señor Domingo a secas en virtud de una costumbre amistosa
+adoptada por las familiaridades del país--era un caballero, alcalde de
+la comuna, más bien que por su influencia personal--pues no la ejercía
+ya desde algunos años,--por la antigua estima que estaba vinculada a su
+nombre: que era decidido protector de los desgraciados, muy querido y
+muy bien mirado de todo el mundo, aunque no tenía más semejanzas con sus
+administrados que la blusa, cuando la vestía.
+
+--Es un hombre amable--añadió el doctor;--un poco huraño, excelente,
+sencillo y discreto, pródigo en servicios y muy parco en palabras. Todo
+lo que puedo decirle a usted es que conozco tantas personas obligadas a
+él como habitantes hay en la comuna.
+
+La noche que siguió a aquel día de campo fue tan hermosa y tan
+espléndidamente límpida que no parecía si no que aún estábamos en pleno
+verano. La recuerdo especialmente porque conservo de ella ciertas
+impresiones de esas que se fijan en todos los puntos sensibles de la
+memoria no obstante carecer de gravedad los hechos que las motivan.
+Había luna, una luna deslumbrante y el gredoso camino de Villanueva y
+las casas blancas estaban alumbrados como si fuera pleno mediodía, con
+reflejos más dulces pero con igual precisión. La gran calle recta que
+cruza el pueblo estaba desierta. Al pasar por delante de las puertas
+apenas se oía el rumor de las conversaciones de los vecinos que cenaban
+en familia detrás de las ventanas ya cerradas. De distancia en
+distancia, en donde los habitantes no dormían, ya un estrecho rayo de
+luz se filtraba por las cerraduras o salía por las _gateras_ y titilaba
+como una raya roja a través de la fría blancura de la noche. Sólo
+estaban abiertos los lagares para ventilarlos, y de un extremo al otro
+del pueblo el olor a uva pisada, la cálida exhalación del vino que
+fermenta se mezclaban al tufo de los establos y de los gallineros. En el
+campo ya no se percibía ruido alguno, aparte el grito de los gallos que
+despertaban del primer sueño y cantaban anunciando que la noche sería
+húmeda. Los zorzales--aves de paso que emigraban del norte al
+sur,--atravesaban el aire por encima del pueblo y se llamaban
+constantemente como viajeros nocturnos. Entre ocho y nueve una especie
+de rumor alegre vibró en el fondo de la llanura haciendo ladrar a un
+tiempo a todos los perros de las granjas vecinas: era el son agrio y
+cadencioso de la cornamusa tocando una contradanza.
+
+--Se baila en casa del señor Domingo--me dijo el doctor.--Buena ocasión
+para hacerle una visita, si a usted le parece, puesto que le debe usted
+agradecimiento. Cuando se baila al son del _biniou_[A] en casa de un
+propietario que hace la vendimia, ha de saber usted que la fiesta tiene
+casi carácter público.
+
+[A: Especie de cornamusa]
+
+Tomamos el camino de Trembles a través de los viñedos, dulcemente
+emocionados por la influencia de aquella noche magnífica. El doctor, que
+sentía a su manera aquella emoción, se puso a mirar las raras estrellas
+que el vivo resplandor de la luna no alcanzaba a eclipsar y se perdió en
+disquisiciones astronómicas, los únicos ensueños que un tal espíritu
+podía permitirse.
+
+El baile se había organizado delante de la verja de la granja sobre una
+explanada en forma de era rodeada de grandes árboles y de abundante
+hierba mojada como si hubiese llovido. La luna iluminaba tan bien el
+improvisado baile que no eran menester otras luces. No había más
+bailadores que los peones empleados en la vendimia y uno o dos jóvenes
+de los alrededores a quienes había atraído el son de la cornamusa. No
+sabría yo decir si el músico que tocaba el _biniou_ hacíalo con arte,
+pero a lo menos tocaba con tales bríos, arrancaba al instrumento
+sonidos tan ampliamente prolongados, tan penetrantes y que desgarraban
+con tal acritud el aire sonoro y encalmado de la noche, que no me
+causaba asombro ya el que semejante ruido nos hubiese llegado desde tan
+lejos: en media legua a la redonda podía ser oído, y las muchachas del
+llano debían, sin duda, soñar contradanzas en sus respectivos lechos.
+Los jóvenes se habían quitado las blusas; las mozas habían cambiado sus
+cofias y remangádose los delantales; todos conservaban puestos los
+zuecos--los _bots_ que dicen ellos--sin duda para procurarse más aplomo
+y marcar mejor el compás de los saltos de la burda pantomima llamada la
+_bourrée_. Entretanto, en el patio de la granja pasaban y repasaban las
+criadas, con una luz en la mano, de la cocina al comedor, y cuando el
+músico cesaba de tocar para tomar aliento, escuchábase el crujir de la
+prensa que estrujaba los racimos.
+
+Hallamos al señor Domingo junto al lagar; en aquel singular laboratorio
+lleno de ruedas en movimiento. Dos o tres lámparas dispersas en el
+extenso local alumbraban tanto como era necesario nada más el amplio
+espacio ocupado por las voluminosas máquinas. En aquel momento comenzaba
+el corte de la _treuillée_: es decir, se amontonaba la uva ya exprimida
+y se extendía en forma de poder extraer de ella por nueva presión de
+máquina el jugo que aún contenía. El mosto que chorreaba débilmente caía
+con ruido de fuente escasa en los recipientes de piedra, y un largo tubo
+de cuero, semejante a una manga de incendio, lo tomaba de las pilas y lo
+conducía al fondo del lagar en donde el sabor azucarado de las uvas
+aplastadas se convertía en olor a vino y en cuya proximidad era la
+temperatura muy alta. Todo chorreaba vino nuevo: los muros transpiraban
+humedad de vendimia; pesados vapores formaban niebla en derredor de las
+luces. El señor Domingo estaba entre los peones ocupados en la faena de
+prensar y alumbraba sosteniendo una lámpara de mano a cuya luz le
+descubrimos en aquella semioscuridad. Conservaba su vestido de caza y
+nadie le hubiera distinguido de los trabajadores si éstos no le llamasen
+«señor nostramo».
+
+--No se disculpe usted--le dijo al doctor que pedía excusa por la hora y
+el momento elegidos para nuestra visita,--porque de otro modo tendría yo
+sobrados motivos para pedir disculpa a mi vez.
+
+Y creo bien--tan desembarazadamente y con tanta finura nos hizo los
+honores de su lagar,--que no tuvo más fastidio que el de la dificultad
+de procurarnos cómodo asiento en aquel sitio.
+
+Nada diré de nuestra conversación--la primera que sostuve con un hombre
+con quien he hablado mucho después.--Sólo recuerdo que después de haber
+discutido sobre vendimia, cosechas, caza y otros asuntos de campo, el
+nombre de París surgió de pronto como inevitable antítesis de todas las
+simplicidades y todas las rusticidades de la vida.
+
+--¡Ah, eran aquéllos los buenos tiempos!--dijo el doctor, en quien el
+nombre de París despertaba siempre cierto sobresalto.
+
+--¡Todavía añoranzas!--replicó el señor Domingo.
+
+Y dijo esta frase con un acento particular,--más expresivo que las
+mismas palabras, cuyo verdadero sentido hubiese querido penetrar.
+
+Salimos cuando los vendimiadores iban a cenar. Era ya tarde y sólo nos
+restaba regresar a Villanueva. Él señor Domingo nos guió por una avenida
+que rodeaba el jardín, cuyos límites se confundían vagamente con los
+árboles del parque, y después por una ancha terraza que abarcaba toda la
+fachada de la casa. Al pasar por delante de una habitación alumbrada,
+cuya ventana estaba abierta al tibio ambiente de la noche, vi a la joven
+esposa bordando sentada cerca de dos lechos gemelos. Nos separamos en la
+verja de entrada. La luna alumbraba de lleno el patio de honor a donde
+no llegaba el movimiento de la granja. Los perros, cansados después de
+un día de caza, con la cadena al cuello, dormían delante de sus
+respectivos nichos, tendidos cuan largos eran sobre la arena. En los
+grupos de lilas removíanse los pajarillos como si la espléndida claridad
+de la noche les hiciera creer que amanecía. Ya nada se oía del baile
+interrumpido por la cena en la casa de Trembles y los alrededores, todo
+reposaba ya en el más grande silencio, y esta absoluta ausencia de
+ruidos aliviaba la impresión del que acompañaba, al _biniou_.
+
+Pocos días después, al regresar a casa encontramos dos tarjetas del
+señor de Bray, que había ido a visitarnos, y al siguiente nos llegó una
+invitación a nombre de la señora de Bray, pero escrita por su marido: se
+trataba de una comida en familia ofrecida a los vecinos, la cual se
+rogaba amablemente fuera aceptada.
+
+Esta nueva entrevista--la primera, puede decirse, que me dio entrada en
+el castillo de Trembles--tampoco ofreció nada memorable, y de ella no
+hablaría, a no ser porque me cumple decir dos palabras con respecto a la
+familia del señor Domingo. Se componía de tres personas cuyas siluetas
+fugitivas había ya visto desde lejos en medio de las viñas: una niña
+morena, llamada Clemencia, un niño rubio, delgadito, que crecía
+demasiado de prisa y que ya prometía llevar el nombre mitad feudal y
+campesino de Juan de Bray, con más distinción que vigor. En cuanto a la
+madre era una esposa y una madre en la más elevada acepción de las dos
+palabras: ni matrona, ni jovenzuela; de pocos años, pero con una madurez
+y una dignidad perfectas apoyadas en el sentimiento bien comprendido de
+su doble papel; hermosos ojos en un rostro indeciso; mucha dulzura en su
+gesto mezclada con cierta expresión sombría, debida acaso al constante
+aislamiento; porte gentil y maneras elegantes.
+
+Aquel año nuestras relaciones no fueron muy lejos: una o dos partidas de
+caza a las cuales me invitó el señor de Bray; algunas visitas recibidas
+y devueltas que me hicieron conocer mejor los caminos del castillo, pero
+no me abrieron las avenidas discretas de su amistad. Llegado noviembre,
+abandoné, pues, Villanueva sin haber penetrado en la intimidad del
+«feliz matrimonio», que así resolvimos designar el doctor y yo a los
+dichosos castellanos de Trembles.
+
+
+
+
+II
+
+
+La ausencia causa efectos singulares. Lo comprobé durante aquel primer
+año de alejamiento que me separó del señor Bray sin que el más leve
+motivo directo pareciese evocar en uno el recuerdo del otro.
+
+La ausencia une y desune: tanto acerca como aleja: hace recordar y
+olvidar; relaja ciertos vínculos muy sólidos, los distiende a veces
+hasta romperlos: hay alianzas reconocidas indestructibles en las cuales
+ocasiona irremediables averías: acumula mundos de indiferencia sobre
+promesas de eterna recordación. Y al mismo tiempo, de un germen
+imperceptible, de un vínculo inadvertido, de un «adiós, señor», que no
+debía tener ningún alcance compone, con una insignificancia, tejiéndolos
+yo no sé cómo, una de esas tramas tan vigorosas sobre las cuales dos
+amistades masculinas pueden muy bien subsistir por todo el resto de la
+vida, porque tales lazos son de imperecedera duración. Las cadenas
+formadas de ese modo, sin saberlo nosotros, con la sustancia más pura y
+más vivaz de nuestros sentimientos, por aquella misteriosa obrera son a
+la manera de un intangible rayo de luz que va del uno al otro sin que lo
+interrumpan ni desvíen la distancia ni el tiempo: el tiempo las
+fortifica y la distancia puede prolongarlas indefinidamente sin
+romperlas. La añoranza no es en tales casos más que el movimiento un
+poco más rudo de esos hilos invisibles anudados en las profundidades del
+corazón y del alma, cuya extrema tensión hace sufrir. Pasa un año: la
+separación fue sin decirse «hasta la vista»: se produce un reencuentro
+inesperado: y durante ese tiempo la amistad ha hecho en nosotros tales
+progresos que todas las barreras han caído, todas las precauciones han
+desaparecido. Aquel largo intervalo de doce meses, gran espacio de vida
+y de olvido, no ha contado un solo día inútil: y esos doce meses de
+silencio han determinado la necesidad mutua de confidencias con el
+derecho más sorprendente aun de confiar.
+
+Un año justo hacía que había ido por vez primera a Villanueva cuando
+volví a él atraído por una carta del doctor, en la cual me decía: «En la
+vecindad se habla de usted y el otoño es soberbio; venga usted.» Llegué
+sin hacerme esperar, y cuando una noche de vendimia, después de un día
+tibio, de espléndido sol, en medio de iguales ruidos que antaño,
+traspuse, sin anunciarme, los umbrales de Trembles, vi que la unión de
+que he hablado estaba formada y que la ingeniosa ausencia la había
+operado sin nosotros y para nosotros.
+
+Era yo un huésped esperado que volvía, que debía volver, y que una vieja
+costumbre había hecho familiar de la casa. ¿No me encontraba a mi vez
+completamente a mi satisfacción? Aquella intimidad, que comenzaba
+apenas, ¿era antigua o nueva? No podría afirmarlo: de tal modo la
+intuición de las cosas me había hecho vivir largamente en medio de
+ellos: tanto la sospecha que de ellos tenía asemejaba la costumbre.
+
+Muy pronto la servidumbre me conoció: los dos perros no ladraban cuando
+llegaba al patio: la pequeña Clemencia, y Juan se habituaron a verme y
+no fueron por cierto los últimos en experimentar el grato efecto del
+regreso y la inevitable relación de los hechos que se repiten.
+
+Más adelante se me llamó ya por mi nombre sin suprimir en absoluto la
+fórmula de precederlo por la palabra _señor_, pero olvidándola con mucha
+frecuencia. Sucedió después que el «señor de Bray»--yo decía
+ordinariamente señor de Bray--no estuvo de acuerdo con el tono de
+nuestras conversaciones: y cada uno de nosotros lo advirtió como nota
+desafinada que hiere el oído. En realidad nada parecía haber cambiado en
+Trembles: ni los lugares ni nosotros mismos: y teníamos el aspecto--de
+tal modo era todo tan idéntico a lo de antes, las cosas, la época, la
+estación y hasta los pequeños incidentes de la vida--de festejar día
+tras día el aniversario de una amistad que no tenía data.
+
+La vendimia se hizo y se terminó igual que los años precedentes, con las
+mismas fiestas, iguales danzas, al son de la misma cornamusa manejada
+por el mismo músico. Después, arrumbada la cornamusa, desiertas las
+viñas, cerrados los lagares, la casa tornó a su calma ordinaria. Durante
+un mes los brazos descansaron y los campos se cubrieron de verdura: fue
+ese mes de reposo especie de vacación rural que dura de octubre a
+noviembre--después de la última recolección hasta la siembra,--que
+resume los días buenos, que trae, como un desfallecimiento de la
+estación, calores tardíos precursores de los primeros fríos. Por fin,
+una mañana salieron los arados; pero nada menos parecido al ruido de la
+vendimia que el triste y silencioso monólogo del labriego conduciendo
+los bueyes de labor y el gesto sempiterno del sembrador distribuyendo el
+grano en la tierra roturada.
+
+Trembles era una hermosa propiedad, de la cual Domingo sacaba una buena
+parte de su fortuna y que le hacía rico. La explotaba por sí mismo con
+ayuda de su esposa, quien--según de Bray afirmaba--poseía todo el
+espíritu de los números y de administración que a él le faltaba. Como
+auxiliar secundario--con menor importancia y tanta acción casi como ella
+en el complicado mecanismo de una explotación agrícola,--tenía un viejo
+servidor, por encima del rango de los criados, que desempeñaba funciones
+de mayordomo e intendente. Este hombre--cuyo nombre figurará más
+adelante en este relato--se llamaba Andrés, y en su calidad de hijo del
+país y casi de hijo de la casa, tenía con respecto a su amo tanta
+privanza como ternura. Cuando de él o con él hablaba decía «señor
+nostramo», y de Bray le tuteaba por costumbre adquirida durante la niñez
+que perpetuaba una tradición doméstica de suyo emotiva en las relaciones
+del joven patrono y el viejo Andrés, el personaje principal en Trembles
+después de los dueños de la casa.
+
+El resto del personal--bastante numeroso--se distribuía en las múltiples
+dependencias del castillo y de la granja.
+
+Muchas veces todo parecía vacío, menos el corral, en donde se agitaba
+constantemente una multitud de gallinas; el gran jardín, en el cual las
+muchachas de la granja recogían la hierba, y la terraza expuesta al
+mediodía en la que la señora de Bray y sus hijos estaban a la sombra de
+las parras, cada día menos compactas por la caída rápida de los pámpanos
+secos. A veces pasaban días enteros sin que se percibiese un ruido
+revelador de la vida en aquella casa habitada por tanta gente que
+existía entregada a la actividad del trabajo doméstico y agrícola.
+
+La alcaldía no estaba en Trembles, aunque por tres o cuatro generaciones
+los de Bray hubieron desempeñado aquel cargo como por derecho propio. El
+archivo se quedaba en Villanueva; una vivienda de labriegos servía de
+escuela y de casa consistorial. El alcalde, dos veces por mes, acudía
+para presidir el concejo municipal, y de cuando en cuando para celebrar
+algún matrimonio. Esos días partía de Trembles con la banda en el
+bolsillo y se la ceñía al entrar en la sala de sesiones y acompañaba de
+buena voluntad las formalidades legales de una pequeña arenga que
+producía excelentes efectos. Dos veces en una misma semana, tuve ocasión
+de presenciar esa escena en la época de que hablo. Las vendimias atraen
+infaliblemente los matrimonios: es la estación del año que hace
+emprendedores a los mozos, enternece el corazón de las muchachas y forma
+los noviazgos.
+
+La distribución de la beneficencia estaba a cargo de la señora de Bray.
+Tenía las llaves de la farmacia, de los depósitos de ropas, de leña
+gruesa, de sarmientos; los bonos de pan firmados por el alcalde iban
+escritos de mano de ella; si añadía de lo suyo a la liberalidad comunal,
+nadie se enteraba, y los pobres recibían el beneficio sin saber nunca la
+mano que se lo daba. Gracias a esto, verdaderos pobres indigentes había
+muy pocos en la comuna: los recursos que procuraba el mar en ayuda de la
+caridad pública, los de las marismas y algunos prados inferiores en los
+que los más apurados apacentaban sus vacas, un clima dulcísimo que hacía
+muy soportables los inviernos, contribuían a que los años se sucedieran
+sin penurias excesivas y eran factores que daban margen a que nadie
+pudiera lamentar la suerte de haber nacido en Villanueva.
+
+Tal era, sobre poco más o menos, la parte que a Domingo le correspondía
+en la vida pública de su país natal: administrar una pequeña comuna
+perdida en las lejanías de todo gran centro, encerrada entre marismas,
+apretada contra el mar que roía sus costas y le devoraba cada año
+algunas pulgadas del territorio; velar por la conservación de los
+caminos y procurar la desecación de los terrenos inundados
+periódicamente; preocuparse de los intereses de muchas personas para las
+cuales eran necesarios a las veces el arbitrio benéfico, el consejo o el
+juez; impedir las disputas y poner óbice a los pleitos, causa y efecto
+de discordias; prevenir los delitos; cuidar con sus propias manos y
+ayudar con recursos de la propia gaveta; dar buenos ejemplos en materia
+agrícola; hacer ensayos ruinosos para animar a los tímidos en la senda
+de los progresos útiles; experimentar a todo riesgo en tierra propia y
+con dinero propio como un médico ensaya en su cuerpo un medicamento a
+riesgo de la salud; y todo eso hacerlo con la mayor naturalidad, no como
+una servidumbre, sino como un deber de posición social, de fortuna y de
+nacimiento.
+
+Alejábase lo menos posible del estrecho círculo de aquella existencia
+activa e ignorada cuyo radio no excedía de una legua.
+
+En Trembles se recibían pocas visitas; algunos amigos que llegaban para
+cazar, desde lejanos límites del Departamento, y el doctor y el párroco
+de Villanueva invitados regularmente a comer todos los domingos.
+
+Cuando--después de levantarse--tenía despachados todos los asuntos de la
+comuna, si le quedaban un par de horas para ocuparse de los propios,
+pasaba revista a sus máquinas agrícolas, distribuía el trigo de semilla,
+hacía acopiar los forrajes o bien montaba a caballo cuando una necesidad
+de vigilancia le reclamaba más lejos. A las once la campana de Trembles
+anunciaba el almuerzo; era el primer momento del día en que se reunía la
+familia y ponía a los dos niños bajo la mirada del padre. Uno y otra
+aprendían a leer, modesto comienzo, sobre todo para el muchacho, en
+quien Domingo cifraba, creo yo, la ambición de ver realizado un éxito en
+oposición diametral del fracaso de su propia vida.
+
+El año era abundante de caza y en ella ocupábamos la mayor parte de las
+tardes cuando no emprendíamos una rápida jira por la árida campiña sin
+otro fin que costear el mar. Observaba yo que esas cabalgatas, durante
+las cuales pasaban largos espacios del más absoluto silencio, a través
+de un territorio cuya aridez nada tenía de risueño, le ponían más serio
+que de ordinario solía estar. Caminábamos al paso de nuestras
+cabalgaduras; muchas veces parecía que se olvidaba él que yo le
+acompañaba, para seguir como adormecido el monótono andar de su caballo
+escuchando el golpeteo de las herraduras sobre los cantos rodados de la
+costa. Gentes de Villanueva u otros pueblos que solían cruzar nuestro
+camino le saludaban llamándole unas veces señor alcalde y otras señor
+Domingo; la fórmula cambiaba según el domicilio de los transeúntes, de
+conformidad con la clase de relación o el grado de dependencia.
+
+--Buenos días, señor Domingo--le decían a través del campo. Eran
+labriegos, gente de trabajo, agachados sobre los surcos. Con más o menos
+esfuerzos desplegaban la cintura, fatigados los riñones, y descubrían
+grandes frentes cubiertas de cortos cabellos, cuya blancura se
+destacaba sobre el rostro atezado por el sol. Alguna vez una frase cuyo
+sentido no estaba definido para mí, un recuerdo de otros tiempos,
+evocado por alguno de aquellos que le habían visto nacer y le
+decían:--«¿Se acuerda, señor?»--algunas veces, una frase bastaba para
+hacerle cambiar el gesto y sumirle en embarazoso silencio.
+
+Había un viejo pastor de carneros, un buen hombre, que todos los días a
+la misma hora llevaba su rebaño a apacentarse con la hierba salobre de
+la vertiente sobre el mar. Hiciera buen o mal tiempo, veíasele a dos
+pasos de la quebrada, derecho como un centinela, el sombrero de fieltro
+encasquetado hasta las orejas, los pies en los gruesos zuecos rellenos
+de paja, abrigada la espalda con un capotón de paño pardo.
+
+--Cuando pienso--me había dicho Domingo--que hace treinta y cinco años
+que le conozco y le veo siempre ahí...
+
+Era gran hablador, como hombre que sólo en raras ocasiones puede
+aliviarse del prolongado silencio y sabe aprovecharlas. Casi siempre se
+ponía delante de nuestros caballos cerrándoles el paso, y con gran
+ingenuidad nos obligaba a escucharle. Más que ningún otro tenía la manía
+del «¿se acuerda, señor?», como si los recuerdos de su dilatada vida de
+guardián de carneros no constituyeran más que una serie no interrumpida
+de bienandanzas. No era, por cierto--ya lo había yo advertido,--el
+encuentro que más agradaba a Domingo. La repetición de aquella imagen
+siempre en el mismo lugar; la renovación de cosas muertas, inútiles,
+olvidadas, todos los días a la misma hora puestas indiscretamente ante
+sus ojos le molestaba realmente. Así, a despecho de su indulgencia para
+todos los que le amaban--y mucho le quería el anciano pastor,--Domingo
+le trataba un poco como a un viejo cuervo charlatán: «Está bien, está
+bien, tío Jacobo, le decía, hasta mañana», y trataba de continuar el
+paseo. Pero la estúpida obstinación del tío Jacobo era tal, que no
+quedaba más recurso que resignarse y dejar que tomasen aliento los
+caballos en tanto que el viejo pastor hablaba.
+
+Un día Jacobo, como de costumbre, luego que nos vio a lo lejos, bajó la
+pendiente de la quebrada, y plantado como un mojón en medio del estrecho
+sendero que debíamos seguir nos detuvo. Estaba más ganoso que nunca de
+hablar de los tiempos que fueron, de recordar fechas; los recuerdos de
+lo pasado se le subían al cerebro como una borrachera.
+
+--Salud, señor Domingo, salud, señores--nos dijo mostrándonos todas las
+arrugas de su rostro devastado, dilatadas por la satisfacción de
+vivir.--He aquí un tiempo como se ve pocas veces, como no se ha visto
+desde hace veinte años. ¿Se acuerda usted, señor Domingo, de hace veinte
+años? ¡Ah, qué vendimias aquéllas, qué calor para recoger... y qué modo
+de gotear los racimos como esponjas, y cómo eran dulces como azúcar las
+uvas!... No había gente bastante para cortar todo lo que los sarmientos
+tenían...
+
+Domingo escuchaba impaciente y su caballo piafaba como si las moscas le
+atormentaran.
+
+--Era el año que había tanta gente en el castillo, ¿se acuerda? ¡Ah,
+como...!
+
+Pero una huida del caballo cortó la frase y dejó al tío Jacobo con la
+boca abierta. Aquella vez a todo trance había pasado adelante Domingo y
+su cabalgadura galopaba fustigada con el látigo como si el jinete le
+castigara por algún resabio súbito o por haber tenido miedo.
+
+Durante el rato del paseo Domingo estuvo distraído y el mayor tiempo
+posible mantuvo su caballo al galope largo.
+
+Era Domingo poco aficionado al mar; había crecido--decía--escuchando sus
+gemidos y recordaba aquel tiempo con desagrado; sólo a falta de más
+risueños caminos para pasear habíamos adoptado aquel rumbo. No obstante,
+visto desde lo alto de la quebrada que seguíamos el horizonte plano de
+la tierra y el del mar, resultaban de una grandeza sorprendente a fuerza
+de estar vacíos. Por otra parte el continuo movimiento de las olas y la
+inmovilidad de la llanura; el contraste de los barcos que pasaban, con
+las casas que estaban inmóviles, de la vida aventurera y de la vida
+determinada por analogía, debía impresionarle muy vivamente y lo
+saboreaba secretamente, sin duda, con el placer acre propio de las
+voluptuosidades del espíritu que hacen sufrir. Al caer la tarde
+volvíamos a paso corto por los caminos pedregosos enclavados entre los
+campos recientemente labrados cuya tierra era negruzca. Las alondras
+volaban al nivel del suelo huyendo con un postrer estremecimiento de día
+sobre las alas. Así llegábamos a las viñas y nos abandonaba el aire
+salado de la costa. Del fondo de la llanura se elevaba un hálito más
+tibio. Poco después entrábamos bajo la sombra azulada de los grandes
+árboles y muchas veces estaba ya cerrada la noche cuando echábamos pie a
+tierra en el patio de Trembles.
+
+Por la noche nos reuníamos nuevamente en un gran salón provisto de
+antiguos muebles; un ancho reloj señalaba la hora, y tan vibrante era su
+sonería que alcanzaba a ser oída hasta de las habitaciones altas. Era
+imposible substraerse a aquel monótono ruido que nos despertaba con sólo
+el ritmo de su péndulo, y muchas veces Domingo y yo nos sorprendíamos
+recíprocamente escuchando en silencio el severo murmullo que segundo a
+segundo nos conducía de un día al otro. Asistíamos a la faena de acostar
+a los niños cuyo tocado de noche se hacía por indulgencia en el salón, y
+a quienes la madre llevaba a la cama, todos envueltos en tela blanca,
+los brazos colgantes y los ojos cerrados ya por el sueño.
+
+A eso de las diez nos separábamos. Yo retornaba a Villanueva, o bien,
+más adelante, cuando las noches eran lluviosas y más oscuras y los
+caminos menos transitables, me retenían en Trembles. Tenía mi
+alojamiento en el segundo piso en un ángulo del edificio tocando a una
+de las torrecillas. Otro tiempo, durante su juventud, había ocupado
+Domingo aquella misma habitación. Desde la ventana se descubría toda la
+llanura, toda Villanueva y hasta la alta mar, y me dormía escuchando el
+rumor del viento en los árboles y el ronquido de las olas que había
+arrullado a Domingo en la niñez. Al día siguiente todo recomenzaba como
+el anterior, con la misma plenitud de vida, la misma exactitud en las
+distracciones y en el trabajo. Los únicos accidentes domésticos que tuve
+ocasión de presenciar fueron propios de la estación, que turbaban la
+simetría de las costumbres; como, por ejemplo, un día de lluvia que
+modificaba las disposiciones adoptadas contando con el buen tiempo.
+
+En días tales, Domingo subía a su despacho. Pido perdón al lector por
+estos pequeños detalles y de otros que les seguirán; pero ellos le
+permitirán penetrarse poco a poco y por las mismas vías indirectas que a
+mí mismo me condujeron, de la vida del caballero labriego en la
+conciencia misma del hombre, y quizás en ella encontrarán
+particularidades menos vulgares. Esos días, decía, Domingo subía a su
+despacho; es decir, retrogradaba veinticinco o treinta años y revivía su
+pasado durante algunas horas. Había en aquella habitación algunas
+miniaturas de familia, un retrato suyo, de cuando era muy joven y tenía
+el rostro sonrosado y rodeado de bucles castaños; un retrato en el cual
+no había un rasgo fisonómico semejante a los del hombre de lo presente;
+algunos legajos rotulados en un montón de papeles y dos bibliotecas: una
+antigua, la otra enteramente moderna que manifestaba por la selección
+especial de libros, las predilecciones que de hecho aplicaba en su vida.
+Un pequeño mueble cubierto de polvo contenía los libros de colegio
+únicamente; volúmenes de estudio y de premio. Añádase a todo esto un
+viejo escritorio acribillado de manchas de tinta y de golpes de
+cortaplumas y un hermoso mapa-mundi datando de medio siglo en el cual
+estaban trazados a mano los más quiméricos itinerarios a través de todos
+los países de la tierra. Además de aquellos testimonios de su vida de
+estudiante, respetados y conservados con verdadero cariño por un hombre
+que se sentía envejecer, había otras diversas cosas que correspondían a
+su vida íntima reveladoras de lo que había sido, lo que había pensado,
+que me cumple dar a conocer, aunque en ellas haya mucha puerilidad.
+Refiérome a lo que se veía sobre las paredes, en las estanterías, en los
+vidrios, innumerables confidencias fáciles de descifrar.
+
+Leíanse sobre todo fechas completas--día, mes y año.--Era frecuente la
+indicación reproducida en serie, con sucesión de datos de diverso año,
+como si muchos seguidos se hubiera dedicado a constatar algo idéntico,
+ya sea su presencia material en algún sitio o la del pensamiento sobre
+el mismo objeto. Era rara su firma al pie de las inscripciones; mas no
+por anónimas eran menos reveladoras de la personalidad que las había
+concebido y grabado. Había además una sola figura geométrica elemental.
+Encima, la misma figura estaba reproducida con una o dos líneas más que
+modificaban el sentido sin cambiar el principio y repetida con nuevas
+modificaciones llegaba a corresponder a significados particulares que
+implicaban el triángulo o el círculo originario, pero con resultados
+diferentes. En medio de éstas alegorías, cuyo significado no era difícil
+adivinar, estaban escritas algunas máximas muy concisas y muchos versos,
+todos contemporáneos de aquel trabajo de reflexión sobre la identidad
+humana en el progreso. La mayor parte estaban escritos con lápiz, porque
+el poeta los estampó tímidamente o porque desdeñó prestarles demasiada
+permanencia trazándolos en forma que los perpetuase sobre el muro.
+Monogramas, en los cuales la misma mayúscula se enlazaba con una D, se
+destacaban sobre el primer verso de muchas de aquellas poesías de
+acepción más definida, recuerdos de época más reciente sin duda. De
+pronto, como revelación de una recaída hacia un misticismo más doloroso
+o más elevado, había escrito--seguramente por una coincidencia fortuita
+con el poeta Longfelow--_Excelsior, Excelsior, Excelsior_, repetido
+entre una porción de signos de admiración. Después, a contar de una
+época que se podía calcular en torno de la fecha de su matrimonio,
+advertíase evidentemente que sea por indiferencia o tal vez resultado de
+una enérgica determinación, había adoptado el partido de no escribir
+más. ¿Juzgaba que se había completado ya la póstuma evolución de su
+existencia? ¿O pensaba, con razón, que nada podía temer en adelante
+respecto de aquella identidad de sí mismo que tanto había cuidado
+establecer hasta entonces? Una sola y última fecha muy visible seguía a
+todas las demás y coincidía exactamente con la edad de Juan, el primer
+hijo que le había nacido.
+
+Una gran concentración de espíritu; una activa e intensa observación de
+sí mismo, el instinto de elevarse muy alto cada vez más, y de dominarse
+no perdiéndose de vista nunca; las transformaciones arrastradoras de la
+vida con la voluntad de reconocerse en cada nueva faz; la naturaleza que
+se hace comprender; sentimientos que nacen y enternecen un joven corazón
+nutrido de su propia sustancia; aquel nombre que se enlaza con otro y
+versos que se escapan de él como el aroma de una flor en primavera; los
+esfuerzos fracasados hacia las altas cumbres del ideal; la paz, en fin,
+que se hace en un espíritu borrascoso, tal vez ambicioso, y de seguro
+martirizado por quimeras; he ahí, si no me engaño, lo que se podía leer
+en aquel registro mudo, más significativo en su confusa nemotecnia que
+muchas memorias escritas. El alma de treinta años de existencia aún
+conmovida, palpitaba en aquel estrecho gabinete; y cuando Domingo estaba
+en él, delante de mí, asomado a la ventana, un poco distraído y tal vez
+perseguido aún por el eco de antiguos rumores, era cosa de saber si
+había venido para evocar lo que él llamaba la sombra de él mismo o para
+olvidarla.
+
+Un día tomó un paquete de libros colocado en un oscuro rincón de la
+biblioteca; me hizo sentar, abrió uno de los volúmenes y sin más
+preámbulo se puso a leer a media voz. Eran poesías sobre asuntos
+demasiado gastados después de muchos años de vida campestre, de
+sentimientos heridos o de pasiones tristes. Los versos eran buenos, de
+un mecanismo ingenioso, libre, imprevisto, pero poco líricos en
+resumen, aunque las intenciones del autor lo fueran mucho. Los
+sentimientos eran delicados, pero vulgares, y las ideas débiles. Aparte
+la forma que, lo repito, por sus raras cualidades discordaba
+notablemente con la indiscutible debilidad del fondo, parecía aquello
+ensayo de un hombre joven que se expansiona en versos y se cree poeta
+porque cierta música interior le pone en el camino de las cadencias y le
+impulsa a hablar con palabras rimadas. Tal era, a lo menos, mi opinión,
+y no teniendo por qué guardar consideraciones al autor, cuyo nombre
+ignoraba, se la di a conocer a Domingo con la misma crudeza que ahora la
+escribo.
+
+--He ahí juzgado al poeta, y bien juzgado, ni más ni menos que por él
+mismo. ¿Hubiera usted usado igual bravura si hubiese sabido que los
+versos eran míos?
+
+--Absolutamente--repliqué un poco desconcertado.
+
+--Tanto mejor. Eso me demuestra--continuó Domingo,--que lo mismo en bien
+que en mal me estima usted en lo que valgo. Hay otros dos volúmenes de
+fuerza semejante a la de este otro. También son míos. Tendría el derecho
+de negarlo puesto que en ellos no figura mi nombre; pero no sería usted,
+por cierto, la persona a quien ocultaría yo debilidades que tarde o
+temprano conocerá usted en totalidad. Yo, como tantos otros, les debo
+acaso a esos ensayos fracasados alivio y enseñanzas útiles.
+Demostrándome que no soy nada, lo que he hecho me ha dado la medida de
+los que son algo. Esto que digo es modestia a medias; pero no le
+extrañará a usted que no distinga la modestia del orgullo cuando sepa
+hasta qué punto me es permitido confundirlos.
+
+Había dos hombres en Domingo: eso no era difícil adivinarlo. «Todo
+hombre lleva en sí mismo uno o muchos muertos», me había dicho
+sentenciosamente el doctor, que también sospechaba un gran
+renunciamiento en la vida del campesino de Trembles. Pero el que no
+existía ya, ¿había, siquiera, dado señales de vida? ¿Y en qué medida?
+¿En qué época? ¿Había traicionado alguna vez su incógnito con algo más
+que dos libros anónimos e ignorados?...
+
+Tomé los dos libros que Domingo no había abierto; el título me era
+conocido. El autor, cuyo nombre no había tenido tiempo de penetrar muy
+hondo en la memoria de la gente que lee, ocupaba con honor un puesto de
+mediano rango en la literatura política de quince años atrás. Ninguna
+publicación más reciente me había hecho saber que vivía y escribía aún.
+Formaba parte del pequeño número de escritores discretos que nunca son
+conocidos más qué por el título de sus obras, cuyo nombre alcanza fama
+sin que ellas salgan de la sombra, y que pueden desaparecer o retirarse
+del mundo sin que el público, que no se comunica con ellos más que por
+sus escritos, llegue a saber lo que de ellos ha sido.
+
+Repetía yo los títulos de los libros y el nombre del autor; miraba a
+Domingo, y comprendiendo que le adivinaba, sonrió y me dijo:
+
+--Sobre todo no linsonjee usted al publicista para consolar al poeta. La
+más real diferencia que entre los dos hay consiste en que la prensa se
+ha ocupado del primero y no ha hecho igual honor al segundo. ¿Si razón
+ha tenido para callar respecto del uno, no se ha equivocado al acoger
+bien al otro? Tenía muchos motivos--continuó--para cambiar de nombre
+como antes tuve graves razones para mantener el anónimo; razones que no
+emanaban tan sólo de consideraciones de prudencia literaria y de
+modestia bien entendida. Ya ve usted que hice bien, puesto que nadie
+sabe hoy día que aquel que firmaba mis libros ha concluido prosaicamente
+por hacerse alcalde de su pueblo y cultivador de viñas.
+
+--¿Y ya no escribe usted?--le pregunté.
+
+--¡Ah, no!... Eso se acabó. Por otra parte, desde que no tengo nada que
+hacer, puedo decir que no me queda tiempo para nada. En cuanto a mi
+hijo, he aquí lo que pienso acerca de él. Si yo hubiera llegado a ser lo
+que no soy, consideraría que la familia de los de Bray había producido
+bastante, que su misión estaba cumplida, que mi hijo sólo tenía que
+procurarse descanso. Pero la Providencia ha dispuesto otra cosa: los
+papeles se han trocado. ¿Es esto mejor o peor para él? Le dejo el esbozo
+de una vida incompleta que él completará, si no me equivoco. Nada acaba;
+todo se transmite, hasta las ambiciones.
+
+Luego que abandonaba aquella habitación peligrosa poblada de fantasmas
+en la cual se comprendía que una multitud de tentaciones debían
+acosarle, Domingo tornaba a ser el campesino de Trembles. Dirigía una
+frase cariñosa a su esposa y a sus hijos, tomaba la escopeta, llamaba a
+los perros, y si el cielo sonreía íbamos a terminar el día en el campo
+empapado de agua.
+
+Hasta noviembre duró aquella vida fácil, familiar, sin grandes
+expansiones, pero con el abandono sobrio y confiado que Domingo sabía
+poner en todo lo que no estaba mezclado con asuntos de su vida íntima.
+Gustaba del campo como un niño y no lo ocultaba; pero hablaba de él como
+hombre que en el campo habita, no como literato que lo canta. Había
+palabras que nunca pronunciaban sus labios, porque jamás conocí hombre
+que fuese más pudoroso que él en cierto orden de ideas, y la confesión
+de sentimientos llamados poéticos era un suplicio que estaba muy por
+encima de sus fuerzas.
+
+Tenía por el campo una pasión tan sincera, aunque contenida en la forma,
+que le llenaba de voluntarias ilusiones y le impulsaba a perdonar muchas
+cosas a los aldeanos aunque les reconociera ignorantes y cargados de
+defectos y aun de vicios. Vivía en perenne contacto con ellos, pero no
+compartía ni sus costumbres, ni sus gustos ni uno solo de sus
+prejuicios. La extrema sencillez de su traje, de sus maneras y de su
+vida todo era excusa de superioridades que ninguno de los que le
+trataban hubiera sospechado. Todos en Villanueva le habían visto nacer,
+crecer, y después de algunos años de ausencia tornar al país natal y
+arraigarse en él. Había viejos para quienes con sus cuarenta y cinco
+años ya era siempre Dominguito; pero de todos los que a diario pasaban
+cerca del castillo de Trembles y reconocían en el segundo piso, a mano
+derecha, aquel cuarto que fue su habitación de niño adolescente, ni uno
+solo sospechaba, por cierto, el mundo de ideas y de sentimientos que le
+separaba de ellos.
+
+He hablado de las visitas que Domingo recibía y me cumple volver sobre
+ese asunto por razón de un suceso del cual fui, hasta cierto punto,
+testigo, y que le impresionó hondamente.
+
+Entre los amigos que según costumbre se reunieron en Trembles para
+festejar a San Huberto, estaba uno de los más viejos camaradas de
+Domingo, llamado D'Orsel, muy rico, que vivía retirado, según se decía,
+sin familia, en un castillo situado a una docena de leguas de
+Villanueva.
+
+Era D'Orsel de la misma edad que su antiguo camarada, aunque su cabello
+rubio y su rostro afeitado eran parte a que representara algunos años
+menos. Tenía buen tipo, vestía muy bien, distinguíanle maneras
+seductoras por lo cultas, y un _dandismo_ inveterado en los gestos y en
+las palabras, que constituían un atractivo real. Había en todo su ser
+moral mucho abandono o mucha indiferencia o mucho fingimiento. Era
+entusiasta de la caza y de los caballos, y después de haber adorado los
+viajes no viajaba ya. Parisiense por adopción, casi por nacimiento, un
+buen día se supo que había abandonado París sin que nadie fuera capaz de
+determinar la causa de aquella retirada, y que había ido a encerrarse en
+su castillo de Orsel absolutamente solo.
+
+Su vida era verdaderamente extraña. Como en un lugar de refugio y de
+olvido dejándose ver muy poco, no recibiendo a nadie, no se explicaba su
+conducta más que por causa de desesperación, puesto que se trataba de un
+hombre todavía joven, rico, en quien era razonable suponer, si no
+grandes pasiones, a lo menos vivos ardores de carácter muy diverso. Poco
+instruido, aunque había adquirido _de oídas_ cierto grado de cultura
+intelectual, manifestaba altivo menosprecio por los libros y profunda
+conmiseración por aquellos que a escribirlos se consagraban. ¡Para qué
+eso! Después de todo la existencia es sobradamente corta y no merece la
+pena de tomarse tantas preocupaciones... Y sostenía con más ingenio que
+lógica la tesis vulgar de los descorazonados, por más que nada
+justificara el que se considerase uno de ellos. Lo que había de más
+sensible en aquel carácter--un poco difuso, como si estuviera cubierto
+de una capa de polvo de soledad, y cuyos rasgos originales comenzaban a
+desgastarse,--era una especie de pasión indecisa y no extinguida al
+mismo tiempo, por el gran lujo, los grandes placeres y las vanidades
+artificiales de la vida. Y la hipocondría fría y elegante que dominaba
+todo su ser demostraba que si algo subsistía después del desaliento ante
+tales ambiciones tan vulgares, era el disgusto de sí mismo y al propio
+tiempo el excesivo apego al bienestar.
+
+En Trembles siempre era recibido con mucho cariño, y Domingo le
+perdonaba la mayor parte de sus rarezas en gracia a la vieja amistad que
+les unía, y en la cual D'Orsel ponía, por cierto, todo lo que le quedaba
+de corazón.
+
+Durante los pocos días que pasó en Trembles, tal como sabía ser en
+sociedad, es decir, un compañero amable de agradabilísima conversación y
+aparte, alguna que otra salida de la ordinaria reserva, nada reveló
+hasta qué punto el fastidio dominaba en su espíritu.
+
+La señora de Bray se había impuesto la tarea de casarlo: quimérica
+empresa, pues nada era más difícil que llevarle a discutir
+razonablemente sobre tales ideas. Su respuesta ordinaria era que ya
+había pasado la edad en que uno se casa por inclinación, y que el
+matrimonio, como todos los actos capitales y peligrosos de la vida,
+reclama un gran impulso de entusiasmo.
+
+--Es el más aleatorio de los juegos--decía,--que sólo tiene excusa por
+el valor, el número, el ardor y la sinceridad de las ilusiones que en él
+se ponen y que no resulta divertido más que cuando de una y otra parte
+se juega fuerte.
+
+Y como causaba asombro verle encerrarse en Orsel abandonado a una
+inacción de la cual se lamentaban sus amigos, a esta observación, que no
+era nueva, replicaba:
+
+--Cada uno procede según sus fuerzas.
+
+Alguien dijo:
+
+--Eso es prudencia.
+
+--Puede ser--repuso D'Orsel.--En todo caso, nadie podría decir que sea
+una locura vivir tranquilamente en una finca propia y encontrarse a
+gusto.
+
+--Eso depende...--dijo la señora de Bray.
+
+--¿De qué, señora?
+
+--De la opinión que se tiene sobre los méritos de la soledad y sobre
+todo de la mayor o menor importancia que uno da a la familia--añadía
+ella mirando involuntariamente a sus hijos y a su marido.
+
+--Ha de tenerse en cuenta--interrumpió Domingo,--que mi mujer considera
+cierta costumbre social, con frecuencia discutida por hombres de talento
+superior, como un caso de conciencia y un acto obligatorio. Pretende que
+el hombre no es libre e incurre en culpa cuando no procura labrar la
+dicha de alguien pudiendo hacerlo.
+
+--Entonces, ¿nunca se casará usted?--insistió la señora de Bray.
+
+--Es lo más probable--dijo D'Orsel en tono mucho más serio.--Son tantas
+las cosas que he debido hacer y no he hecho, con menos riesgos para
+otros y menos temores de mi parte... ¡Arriesgar la propia existencia no
+vale nada; comprometer la libertad es algo más grave; pero casarse y ser
+árbitro de la libertad y de la dicha de una mujer!... Hace ya muchos
+años reflexioné sobre ese asunto y la conclusión fue que me abstendría.
+
+La tarde misma en que mantuvo esta conversación, D'Orsel partió de
+Trembles a caballo y acompañado de un sirviente. La noche fue clara y
+fría.
+
+--¡Pobre Oliverio!--murmuró Domingo luego que le vio alejarse al galope
+corto de su caballo con dirección a Orsel.
+
+Pocos días después llegó del castillo un correo que venía a escape y
+traía para Domingo una carta enlutada, cuya lectura le anonadó a pesar
+del gran dominio que tenía sobre sí mismo en materia de emociones.
+
+Oliverio había sido víctima de un grave accidente. ¿De qué clase? No lo
+expresaba la carta, o Domingo tenía sus razones para no explicarlo más
+que a medias.
+
+Sin perder momento mandó enganchar su carruaje, hizo venir al doctor
+rogándole que le acompañara, y aún no había pasado una hora desde la
+llegada del mensajero de la triste nueva, cuando de Bray y el médico
+partieron a toda prisa camino del castillo de Orsel.
+
+Tardaron varios días en volver; ya a mediados de noviembre y de noche
+regresaron. El doctor, que fue el primero que me dio noticias del
+enfermo, se encerró en la más absoluta reserva como cumple a los hombres
+de su profesión. Sólo pude saber que la vida de Oliverio ya no corría
+peligro, que se había ausentado, que su convalecencia sería larga y
+exigiría su permanencia en país de clima cálido. Añadió el médico que el
+accidente sufrido por D'Orsel acarreaba el resultado de arrancar al
+incorregible solitario del espantoso aislamiento que se había impuesto
+en su castillo haciéndole cambiar de residencia, de aires y acaso de
+costumbres.
+
+Encontré a Domingo muy abatido y la más viva expresión de pena se pintó
+en su rostro cuando me permití dirigirle algunas preguntas acerca de la
+salud de su amigo.
+
+--Creo inútil engañarle a usted--me dijo.--Tarde o temprano será
+conocida la verdad de una catástrofe muy fácil de prever y,
+desgraciadamente, inevitable.
+
+Y me entregó la carta misma de Oliverio.
+
+«Orsel noviembre de 18...
+
+»Mi querido Domingo: Es verdaderamente un muerto quien te escribe. Mi
+vida no servía para nadie--demasiado me lo han repetido,--y no podía
+menos de humillar a todos los que me aman. Es tiempo de acabar por mí
+mismo. Esta idea, que no data de ayer, volvió a mi mente el otro día al
+separarme de ti. La maduré por el camino, la encontré razonable, sin
+inconvenientes para ninguno, y el regreso a mi vivienda, de noche y en
+una tierra que tú conoces, no era, por cierto, distracción capaz de
+hacerme cambiar de propósito. Me faltó habilidad y sólo he logrado
+desfigurarme. No importa: he matado a _Oliverio_ y ya le llegará su hora
+a lo poco que queda de él. Me marcho de Orsel y no volveré más. Nunca
+olvidaré que has sido, no mi mejor amigo, el único amigo. Eres la excusa
+de mi vida. Atestiguaros por ella. Adiós, sé feliz, y si alguna vez
+hablas a tu hijo de mí, sea para que a mí no se parezca.
+
+»OLIVERIO.»
+
+Hacia mediodía comenzó a llover. Domingo se retiró a su gabinete y yo le
+seguí. Aquella semimuerte de un compañero de la juventud, del único
+antiguo amigo que le conocí, había reanimado amargamente ciertos
+recuerdos que sólo esperaban una circunstancia propicia para esparcirse.
+Yo no le pedí confidencias; fue él quien me las ofreció. Y como si no
+hiciera más que traducir en palabras las memorias cifradas que tenía a
+la vista, me refirió sin disfraces, pero no sin emoción, la historia
+siguiente:
+
+
+
+
+III
+
+
+Lo que de mí tengo que decirle es poca cosa, y podría reducirse a
+algunas palabras nada más: un campesino que se aleja un momento de su
+aldea, un escritor descontento de sí mismo que renuncia a la manía de
+escribir; y el techo de la casa nativa destacándose sobre el comienzo y
+el final de su historia. El prosaico desenlace que usted conoce, es lo
+mejor que resultará de mi historia en cuanto a moralidad y quizás lo más
+novelesco como aventura. Lo demás no es instructivo para nadie, y sólo
+sabría conmover mis recuerdos. No he tratado de hacer misterio, créame,
+pero hablo de ello lo menos posible por razones particulares que en nada
+se parecen al deseo de hacerme más interesante que lo que soy en
+realidad.
+
+Varias personas están mezcladas en los hechos que voy a referirle: una
+es un amigo muy antiguo--difícil de definir y todavía más difícil de
+juzgar sin amargura,--del cual acaba usted de leer la carta de despedida
+y de luto. Jamás se explicó acerca de una existencia que no pudo
+agradarle. Mezclarle en estas confidencias es casi rehabilitarle. Otra,
+no tengo porque referirme a ella poniendo discreción en mis palabras;
+figura en situaciones que hacen de él un hombre público; o le conoce
+usted o probablemente llegará a conocerle, y no creo disminuir en lo más
+mínimo sus méritos revelándole a usted la modestia de su linaje. En
+cuanto a la tercera persona, cuyo contacto ejerció vivísima influencia
+en mi juventud, está colocada ahora en condiciones de seguridad, de
+dicha y de olvido capaces de imposibilitar toda comparación entre los
+recuerdos del que de ella le hablará y los suyos.
+
+Puede decirse que no tuve familia; menester ha sido que mis hijos me
+dieran medios para apreciar la dulzura, la firmeza que caracterizan a
+los vínculos que me faltaron cuando yo era niño como ellos. Mi madre
+apenas tuvo fuerzas para amamantarme y murió. Mi padre vivió algunos
+años más que ella; pero en tan mísero estado de salud, que dejé de
+sentir el influjo de su presencia muchos años antes de perderle. Su
+muerte es un hecho que para mí se produjo en puridad mucho antes de su
+fallecimiento. Realmente, pues, no conocí a la una ni al otro, y el día
+que me quedé solo llevando luto por mi padre, no aprecié ningún cambio
+que me hiciera sufrir. La palabra _huérfano_, que oía repetir en torno
+mío, como expresión de desventura, tenía para mí un sentido muy vago:
+viendo que las personas dedicadas a mi servicio me compadecían,
+llorando, me daba cuenta de que era digno de compasión, pero nada más.
+
+En medio de aquellas buenas gentes crecí vigilado de lejos por una
+hermana de mi padre, la señora Ceyssac, que no vino a establecerse en
+Trembles, hasta que el cuidado de mi fortuna y de mi educación
+reclamaron decididamente su presencia. Encontró en mi un niño salvaje,
+inculto, en plena ignorancia, fácil de someter, difícil de convencer,
+vagabundo en toda la extensión de la palabra, sin la menor idea de
+disciplina y de trabajo y que se quedó con la boca abierta la primera
+vez que le hablaron de estudio y empleo del tiempo, asombrado ante la
+idea de que la vida no estuviera reducida al hecho de corretear de acá
+para allá por el campo. Hasta entonces no había hecho yo nada más que
+eso. Los únicos recuerdos que me quedaban de la existencia de mi padre
+eran éstos: en los escasos momentos en que le daba un poco de reposo la
+enfermedad que le consumía, salía, ganaba a pie el muro exterior del
+parque y se paseaba horas y horas tomando el sol, marchando penosamente
+apoyado en un grueso bastón, dándome la impresión de la ancianidad
+decrépita. Entretanto corría yo por el campo entretenido en tender lazos
+a los pájaros. No habiendo recibido otras lecciones, creía yo imitar,
+poco más o menos exactamente, lo que había visto hacer a mi padre. Mis
+camaradas eran todos hijos de campesinos de la vecindad o muy perezosos
+para ir a la escuela o demasiado pequeños para trabajar la tierra, y
+todos ellos me animaban con su ejemplo a vivir sin preocuparme lo más
+mínimo del porvenir. La educación que me resultaba agradable, la sola
+enseñanza que no me impulsaba a rebelarme, y fíjese usted bien, lo único
+que debía dar frutos durables y positivos me venía de ellos. Llegaba a
+mí confusamente, por rutina, el conocimiento de esa porción de hechos y
+pequeñeces que constituyen la ciencia y el encanto de la vida campesina;
+y para aprovechar tales enseñanzas poseía yo todas las aptitudes
+deseables: salud robusta, ojos de aldeano, es decir, una vista
+admirable, el oído acostumbrado desde muy temprano a percibir los
+ruidos más leves, piernas infatigables, y con todo esto gran afición a
+las cosas que suceden al aire libre, que se observan, que se escuchan,
+poco gusto por lo que se lee y una curiosidad insaciable por lo que se
+refiere: las historias maravillosas contenidas en libros me interesaban
+mucho menos que las consejas y ponía las supersticiones locales muy por
+encima de los cuentos de hadas.
+
+A los diez años me parecía a todos los chicos de Villanueva: sabía tanto
+como cualquiera de ellos, y algo menos que sus padres; pero entre ellos
+y yo había una diferencia imperceptible entonces, que se determinó de
+pronto más adelante: la existencia y los hechos que nos eran comunes me
+causaban sensaciones que ellos no sentían. Así, es evidente para mí,
+cuando me acuerdo, que el placer de poner trampas tendidas a lo largo de
+las enramadas, de espiar a los pájaros, no era lo que más me cautivaba
+en la caza; y lo prueba que el único testimonio un poco vivo que me
+queda de aquellas emboscadas continuas es la visión neta de ciertos
+lugares, la noción exacta de la hora y de la estación y hasta la
+percepción de ciertos ruidos. Acaso juzgue usted demasiado pueril el que
+me acuerde de que, hace treinta y cinco años, un día que levantaba mis
+trampas en un terreno recientemente labrado, hacía este o el otro
+tiempo, que las tórtolas de septiembre cruzaban con un batir de alas muy
+sonoro, y que en torno del llano los molinos de viento esperaban con las
+aspas desnudas el viento que no llegaba. No sabría decir yo, cómo es que
+una particularidad de tan nimio valor pudo fijarse en mi memoria con la
+data precisa del año y hasta del día, hasta el punto de hallar su lugar
+en este instante en la conversación de un hombre más que maduro ya; y al
+citar este hecho--como podría hacerlo con otros muchos,--sólo me
+propongo hacerle notar a usted que algo se desprendía ya de mi vida
+externa y se formaba en mí cierta memoria especial muy poco sensible a
+la impresión de los hechos, pero de singular aptitud para fijar el
+recuerdo de las sensaciones.
+
+Lo que había de más positivo--sobre todo para quienes mi porvenir
+hubiera podido ser objeto de atención,--es que aquella manera de vivir
+mal llamada sana y vigorizadora, constituía una pésima forma de
+educación.
+
+Por muy despreocupado que yo fuese, tuteándome y codeándome con
+camaradas de aldea, en el fondo estaba solo: porque era solo de mi raza,
+solo de mi rango, y en desacuerdo, por múltiples conceptos, con el
+porvenir que me esperaba.
+
+Me ligaba a gentes que podían ser mis servidores, no mis amigos; me
+arraigaba sin advertirlo, sabe Dios con qué resistentes fibras, en
+lugares que habría de abandonar lo más pronto posible; adquiría, en fin,
+costumbres que no conducirían más que a hacer de mí la persona ambigua
+que usted conocerá más adelante, mitad campesino y mitad _dilettante_,
+tan pronto lo uno como lo otro, y muchas veces uno y otro sin que jamás
+ninguno de los dos prevaleciera. Mi ignorancia, como queda dicho, era
+extrema: mi tía se dio cuenta de ello y se apresuró a traer a Trembles
+un preceptor, joven maestro del colegio de Ormessón. Era un espíritu
+bien conformado: sencillo, discreto, preciso, nutrido de lecturas,
+teniendo una opinión sobre todas las cosas, dispuesto a proceder, pero
+nunca antes de haber discutido los motivos de sus actos, muy práctico y
+por fuerza muy ambicioso. A nadie como a él he visto entrar en la vida
+con menos ideal y más sangre fría, ni apreciar su destino con visual
+más firme contando con menos recursos. Tenía la mirada franca, el gesto
+libre, la palabra neta; y exactamente el atractivo, el tipo y el talento
+que son necesarios para deslizarse insensiblemente en las masas e
+imponerse. Un carácter semejante, en oposición absoluta con el mío, era
+el más apropiado para hacerme sufrir; pero debo añadir que, además de
+ser realmente bueno, poseía una rectitud de espíritu a toda prueba.
+Aparentaba más de treinta años, aunque sólo contaba veinticuatro, y se
+llamaba Agustín, nombre que usaré para designarlo, hasta nueva orden.
+
+Tan pronto como se instaló entre nosotros cambió mi vida, en el sentido
+a lo menos de que de ella hicieron dos partes. No renuncié a las
+costumbres adquiridas, pero me fueron impuestas otras. Tuve libros,
+cuadernos de estudio, horas de trabajo; con eso se acrecentó mi afición
+a las distracciones permitidas en los intervalos dedicados al recreo, y
+lo que bien puedo llamar mi pasión por el campo aumentó con la necesidad
+de diversiones.
+
+La casa de Trembles era entonces igual que usted la ve. ¿Más alegre o
+más triste?... Los niños tienen la predisposición a alegrar y
+engrandecer lo que les rodea en términos que más tarde todo se
+empequeñece y se torna triste sin causa aparente y tan sólo porque el
+punto de mira no es el mismo. Andrés--a quien usted conoce y que no ha
+salido de la casa desde hace sesenta años, me ha repetido muchas veces
+que entonces todo sucedía poco más o menos como ahora. La manía que
+contraje muy temprano de escribir mis iniciales y de estampar sellos
+conmemorativos por cualquier cosa, podría servirme para rectificar mis
+recuerdos si ellos no fueran completos e infalibles. En algunos
+momentos, como usted comprenderá, los largos años que me separan de la
+época de que estoy hablando desaparecen, olvido que he vivido después,
+que el tiempo y las circunstancias me han impuesto cuidados más graves,
+han creado causas diferentes de alegría y de tristeza y establecido
+razones de enternecimiento mucho más serias: es como una antigua trampa
+en que se cae de nuevo, y permítame usted esta imagen en gracia a que
+está un poco más conforme con lo que siento; como una vieja llaga ya
+completamente curada, pero sensible, que de pronto se reanima, y al
+tocarla duele y hace gritar. Imagine usted que antes de ingresar en el
+colegio, al que fui más tarde, ni un solo día dejé de ver aquel
+campanario que se distingue allá lejos, viviendo en los mismos lugares y
+observando las mismas costumbres, y comprenderá que al encontrar hoy las
+cosas de entonces en igual ser y estado que las conocí y las amé, siga
+amándolas. Sepa usted que ni uno solo de los recuerdos de aquella época
+se ha borrado--diré más aún,--ninguno de ellos se ha debilitado y no le
+causará asombro el que divague hablándole de reminiscencias que tienen
+el poder de rejuvenecerme al punto de volverme niño. Hay nombres de
+lugares especialmente, que nunca he podido pronunciar a sangre fría, y
+el de Trembles es uno de ellos.
+
+Aun conociendo usted estos lugares tan bien como yo, es dificilísimo que
+llegue a comprender hasta qué punto yo los hallaba deliciosos: todos lo
+eran para mí, hasta el jardín que, ya lo ve usted, es bien modesto.
+Había en él árboles, cosa rara en todo el contorno, y muchos pájaros en
+ellos, porque el arbolado los atrae y no los podrían hallar en otra
+parte; había también en él, orden y desorden, paseos enarenados que
+conducían a las verjas de entrada y que halagaban cierto afán que
+siempre tuve por los sitios en que puede uno discurrir con cierto
+aparato; paseos en los cuales las damas de otra época habrían podido
+desplegar sus vestidos de ceremonia; oscuros rincones, bosquecillos
+húmedos, apenas penetrados por el sol, en los cuales todo el año crecía
+el verdoso césped sobre la tierra esponjosa, lugares solitarios
+visitados sólo por mí, que ofrecían cierto aspecto de vejez y de
+abandono y estaban llenos de recuerdos. Gustábame sentarme en los
+macizos que limitan las sendas e informarme de la edad de los arbustos
+que los poblaban, todos muy viejos; tanto, que aseguraba Andrés que ni
+mi padre, ni mi abuelo, ni mi bisabuelo los habían visto plantar. Por
+las tardes, desde lo alto de la casa contemplaba el jardín; en el ángulo
+del parque los almendros, los primeros árboles cuyas hojas arrancaba el
+viento de septiembre, formando raro transparente sobre el fondo
+llameante del cielo teñido por los rojos destellos del sol poniente. En
+el parque había muchos árboles blancos, los fresnos y los laureles en
+los cuales habitaba una multitud de zorzales y de mirlos durante todo el
+otoño; y más lejos se destacaba un grupo de añosas encinas--el árbol que
+se despoja el último y reverdece el primero; que hasta en diciembre
+conservaba su rojiza hojarasca, cuando todo el bosque parecía muerto;
+que asilaba en sus nidos a las urracas y ofrecía elevado lugar de reposo
+a las aves de alto vuelo; en cuyas ramas se posaban los primeros cuervos
+que el invierno atraía al país.
+
+Cada estación nos traía sus huéspedes y cada uno de ellos elegía el más
+adecuado alojamiento: los pájaros de primavera en los árboles en flor;
+los de otoño un poco más alto; los del invierno en la espesura, en los
+grupos de árboles de hoja perenne, en las encinas y en los laureles.
+Algunas veces, en pleno invierno, por la mañana, un ave más rara volaba
+en algún rincón muy solitario del bosque; su vuelo era ruidoso, torpe,
+pero rápido; era una chocha-perdiz llegada por la noche; subía chocando
+las alas con las ramas desnudas de los árboles y se deslizaba entre
+ellos; apenas se le veía un momento, el tiempo preciso para mostrar su
+pico largo y recto. Después ya no se volvía a encontrarla hasta el año
+siguiente por la misma época y en el sitio mismo, al punto que parecía
+ser el mismo emigrante que retornaba.
+
+Las tórtolas llegaban en mayo, al mismo tiempo que las abubillas o
+cucos. En las noches serenas y tibias oíase su arrullo, suave y lento,
+cuando en el aire había un hálito de juventud que parecía exhalarse de
+la activa expansión de la savia nueva. En las profundidades de la
+espesura, sobre el límite del jardín, en los cerezos blancos, en las
+alheñas en flor, en los tilos cargados de aromosos ramos, toda la
+noche--durante aquellas largas noches en que yo dormía poco, cuando
+brillaba la luna o a veces caía la lluvia, lenta, caliente, silenciosa,
+como lágrimas de gozo,--para mi delicia y mi tormento gorjeaban o no los
+ruiseñores. Callaban si el tiempo era triste; y si brillaba el sol
+recomenzaban sus trinos prometiendo el próximo verano. Después de la
+cría ya no se les oía. Y muchas veces, a fines de junio, cuando el sol
+abrasaba, en la espesura del bosque solía encontrar un pajarito mudo, de
+color oscuro, azorado, que erraba sólo revoloteando de rama en rama: era
+la avecilla de primavera que nos abandonaba.
+
+En la campiña, los prados, próximos a madurar, amarilleaban; los
+sarmientos más viejos crepitaban; las viñas mostraban sus primeros
+botones. Las mieses, aun verdes, se extendían a lo lejos por todo el
+llano, ondulantes, teñidas de amaranto y de rojo. Un mundo sin fin de
+insectos, de mariposas, de pájaros se agitaba, se multiplicaba bajo
+aquel sol de junio en indescriptible expansión de vida. Las golondrinas
+surcaban el aire, y por las noches, cuando los vencejos cesaban de
+perseguirse lanzando agudos chillidos, salían los murciélagos, y aquel
+raro enjambre que parecía resucitado en las cálidas noches, comenzaba su
+incierto revoloteo en derredor de las viviendas. Desde que comenzaba la
+recolección del heno la vida del campo era de constante fiesta. Era el
+primer trabajo colectivo que obligaba a reunirse en el mismo sitio
+numerosos grupos de trabajadores.
+
+Estaba yo presente cuando se guadañaban los prados, cuando se hacinaba
+el heno, y gozaba dejándome llevar sobre alguna carreta que regresaba al
+poblado. Tendido en lo más alto de la enorme carga como niño en un gran
+lecho, mecido por el dulce movimiento del vehículo rodando sobre la
+hierba cortada, miraba desde más alto que de ordinario un horizonte que
+me parecía infinito. Veía el mar extendiéndose hasta perderse de vista,
+por encima de la línea verdosa de los campos cultivados; los pájaros
+pasaban volando más cerca de mí; experimentaba la sensación de un
+ambiente más amplio, de una extensión más vasta que me hacía perder por
+un momento la noción de la vida real.
+
+Apenas recolectados los forrajes comenzaban a amarillear los trigos. Y
+se reproducían el mismo trabajo, igual movimiento en estación más
+cálida, bajo sol más vivo, con alternativas de fuertes vientos o calma
+atmosférica que producía jornadas de espantoso calor y noches como
+auroras, precursoras de días de tormenta en que el ambiente, cargado de
+irritante electricidad, reaccionaba aparatosamente. Menos embriaguez y
+más abundancia: haces de mies cayendo sobre la tierra cansada de
+producir y consumida por el sol: he ahí el verano. El otoño de nuestro
+país ya lo conoce usted; es la estación bendita. Después el invierno; el
+círculo del año cerrándose sobre él. Entonces habitaba más en mi cuarto;
+mis ojos, siempre despiertos, se ejercitaban en penetrar las nieblas de
+diciembre y las tupidas cortinas de lluvia que cubrían la campiña de un
+lato más sombrío que la escarcha.
+
+Cuando los árboles quedaban del todo despojados de sus hojas abarcaba yo
+mejor la extensión del parque. Nada lo engrandecía tanto como la bruma
+invernal cubriendo de un velo azulado la lejanía y falseando la noción
+exacta de la distancia. Ninguno o muy escaso ruido, pero cada nota más
+perceptible; por la noche, sobre todo, extrema sonoridad en el aire. El
+canto de un pinzón se prolongaba infinitamente en las alamedas desiertas
+y mudas, sin obstáculos a la vibración, embebidas de aire húmedo y
+penetradas de silencio. El recogimiento que caía entonces sobre Trembles
+era inexplicable; durante cuatro meses de invierno condensaba,
+concentraba, grababa con caracteres indelebles en mi espíritu aquel
+mundo alado, sutil, de visiones y de dones, de ruido y de imágenes que
+había vivido durante los otros ocho meses del año con una actividad que
+tanto asemejaba a un ensueño.
+
+Entonces se apoderaba Agustín de mí. La estación le ayudaba: en ella le
+pertenecía casi del todo y expiaba lo mejor posible el largo olvido de
+tantos días sin empleo. Pero, ¿también sin provecho?...
+
+Muy poco sensible a las cosas que nos rodeaban, mientras su discípulo
+estaba a tal punto absorbido en ellas; bastante indiferente al curso de
+las estaciones para equivocarse de mes como podía tergiversar la hora;
+invulnerable a tantas sensaciones de las cuales estaba yo acribillado,
+deliciosamente herido en todo mi ser; frío, metódico y tan correcto y
+regular de humor como era desigual el mío, Agustín vivía a mi lado sin
+preocuparse de lo que pasaba en mí ni sospecharlo siquiera. Salía poco,
+raras veces abandonaba su habitación en la cual trabajaba desde la
+mañana a la noche y sólo se permitía reposo en las noches de estío que
+no se velaba y porque le faltaba la luz del día. Leía, tomaba notas; por
+espacio de meses y meses le veía yo escribir en prosa y las más veces
+muchas cosillas en diálogo. Un calendario le servía para elegir series
+de nombres propios. Los estampaba en forma de lista con anotaciones; les
+asignaba una edad, señalaba los rasgos fisonómicos de cada uno, su
+carácter, alguna originalidad, una rareza, algo ridículo. Era el
+personal imaginado para los dramas o las comedias. Escribía muy de
+prisa, con una caligrafía simétrica, muy clara, y parecía dictarse los
+escritos a media voz. Algunas veces, cuando una observación más aguda
+surgía de la pluma, sonreía; y después de un párrafo largo y compacto en
+el cual alguno de sus personajes había hablado largo y tendido,
+reflexionaba un instante, como si tomara aliento, y oíale yo murmurar:
+«Vamos a ver, ¿qué replicamos?» Y cuando le venía el deseo de hacer
+confidencias, me llamaba y me decía: «Oiga esto, señorito Domingo.»
+Raras veces llegaba a comprenderle. ¿Cómo era posible que me interesara
+por asuntos de personas a quienes no conocía, a las cuales jamás había
+visto?
+
+Todas aquellas complicaciones de diversas existencias tan perfectamente
+extrañas a la mía, me parecía que pertenecían a una sociedad imaginaria
+en la cual maldito si deseaba penetrar.
+
+--Ya lo comprenderá usted más tarde--decía Agustín.
+
+Bien se me alcanzaba que lo que tanto deleite encerraba para mi joven
+preceptor, era el espectáculo del juego de la vida, el mecanismo de los
+sentimientos, el conflicto de intereses, de ambiciones, de vicios; pero,
+lo repito, para mí era indiferente que el mundo fuese como un gran
+tablero de ajedrez--según decía Agustín,--que la vida fuese una partida
+mejor o peor jugada y que hubiese reglas para ese juego.
+
+Con frecuencia Agustín escribía cartas y las recibía, muchas timbradas
+en París. Estas eran las que abría con más prisa y leía con mayor
+interés, animado el rostro por la emoción--él que de ordinario se
+mostraba tan discreto,--y la llegada de aquellas cartas estaba siempre
+seguida por cierto abatimiento que sólo duraba algunas horas o por una
+animación y una verbosidad extraordinaria que persistía por muchas
+semanas.
+
+Una o dos veces le vi hacer un paquete de ciertos papeles, encerrarlo en
+un sobre con dirección a París y entregarlo con especial recomendación
+al encargado del correo en Villanueva. Luego notábase que esperaba con
+febril ansiedad una respuesta que no llegaba siempre, por lo visto.
+Después, otra vez comenzaba a llenar cuartillas, como un roturador que
+pasa de uno a otro surco. Se levantaba muy temprano, y se apresuraba a
+emprender el trabajo como si alguien le obligara o hubiese tomado un
+destajo, se acostaba muy tarde y jamás se acercaba a la ventana para
+averiguar si llovía o hacía sol; seguro estoy de que se marchó de
+Trembles ignorando que en las torrecillas había veletas, sin cesar
+agitadas, que señalaban los cambios de dirección del viento y la
+alternada vuelta de ciertas influencias atmosféricas.
+
+--¿Qué le importa a usted eso?--solía decirme cuando veía que me
+preocupaba del viento.
+
+Gracias a una prodigiosa actividad por la cual no se afectaba su salud y
+que parecía ser su natural elemento, a todo proveía: a su trabajo y al
+mío. Me sumergía en el estudio, me obligaba a leer y releer los libros,
+me exigía interpretar, analizar, copiar, y no me dejaba salir al aire
+libre más que cuando advertía que estaba aturdido por causa de aquella
+violenta inmersión en un mar de palabras.
+
+Bajo su dirección y su cuidado aprendí rápidamente--y en verdad sin
+grandes fatigas--todo lo que debe saber un niño cuyo porvenir todavía no
+está definido, pero de quien se pretende hacer, por lo pronto, un
+colegial. Su propósito era abreviar los años de colegio preparándome lo
+más de prisa posible para los estudios superiores.
+
+Así pasaron cuatro años, al cabo de los cuales consideró que estaba ya
+en condiciones de abordar la segunda enseñanza, y con inconcebible
+espanto veía yo acercarse el instante de abandonar mi casa de Trembles.
+
+Jamás olvidaré los días que precedieron a mi próxima partida: fue como
+un acceso de sentimentalismo enfermizo, sin la más leve apariencia de
+razonamiento, tanto, que una verdadera desventura no lo hubiese
+ocasionado más vivamente. Había llegado el otoño y todo lo que me
+rodeaba concurría a determinar aquel estado de mi alma. Un solo detalle
+le dará a usted idea de esto.
+
+Agustín me había impuesto como prueba definitiva de mi preparación, una
+composición latina sobre el tema de la partida de Aníbal cuando
+abandonó Italia. Bajé a la terraza sombreada por las parras, y al aire
+libre, sobre el parapeto mismo que bordea el jardín, me puse a escribir.
+
+Aquel tema formaba parte del escaso número de hechos históricos que me
+interesaban y, por excepción, era de todos ellos el que tenía la virtud
+de conmoverme profundamente. La batalla de Zama me había siempre causado
+la más personal emoción como catástrofe en la cual veía yo tan sólo el
+heroísmo sin preocuparme del derecho. Me acordaba de todo lo que había
+leído, trataba de representarme al hombre detenido por la fortuna
+adversa, a su país cediendo más bien a fatalidades de raza que no a
+contrastes militares, descendiendo a la costa, no abandonándole sin
+pena, lanzándole un postrer adiós de desesperación y de reto, y bien que
+mal trataba de expresar lo que me parecía ser la verdad, sino histórica,
+lírica al menos.
+
+La piedra que me servía de pupitre estaba tibia; los lagartos se
+paseaban casi al alcance de mi mano tomando el sol. Los árboles, que ya
+no eran del todo verdes, el día menos caluroso, las sombras más
+dilatadas, el ambiente tranquilo, todo hablaba con el encanto del otoño,
+época de declinación, de desfallecimiento y de odios. Los pámpanos
+amarillentos caían uno a uno sin que el más leve soplo de viento agitara
+los sarmientos. El parque estaba silencioso. Los pajarillos cantaban con
+un acento que me llegaba hasta lo más hondo del corazón. Una conmoción
+profundísima, indescribible, indominable me dominaba como ola próxima a
+romper, extraña mezcla de amargura y de satisfacción íntima. Cuando
+Agustín bajó a la terraza hallome llorando.
+
+--¿Qué tiene usted?--me dijo.--¿Es Aníbal quien le hace llorar?
+
+Por toda respuesta le presenté las páginas que había escrito.
+
+Me miró con cierta sorpresa, se aseguró de que nada había en torno de
+nosotros que pudiera explicar el efecto de tan gran emoción, lanzó una
+mirada rápida y distraída sobre el parque, el jardín, el cielo, y
+añadió:
+
+--Pero, ¿qué le pasa a usted?...
+
+Después se puso a leer mi trabajo.
+
+--Está bien--me dijo luego que hubo leído la composición;--pero es un
+poco insípido. Puede usted hacer algo mucho mejor, aunque este escrito
+le colocaría a usted en un buen rango de cualquier clase de cierta
+importancia. Aníbal experimentó demasiada pesadumbre; no tuvo bastante
+confianza en el pueblo que le esperaba en armas al otro lado del mar.
+Adivinaba el contraste de Zama--me dirá usted.--Pero su derrota no se
+debió a su impericia. Habría ganado la batalla si hubiese tenido el sol
+a la espalda. Por otra parte le quedaba Antiocus; y después de Prusias
+traidor, el veneno. Nada está perdido para un hombre en tanto que no ha
+dicho su última palabra.
+
+Llevaba en la mano, abierta ya, una carta de París que hacía pocos
+minutos había recibido. Estaba más animado que de ordinario; cierta
+excitación fuerte, alegre, resuelta, brillaba en sus ojos, cuyo mirar
+era siempre muy directo, pero que por lo común se iluminaba poco.
+
+--Mi querido Domingo--continuó, paseando a mi lado por la
+terraza,--tengo que participarle a usted una buena noticia, una noticia
+que le será grata, creo, porque sé la amistad que me profesa. El día que
+usted entre en el colegio partiré yo a París. Hace largo tiempo he
+venido preparándome. Todo está ya dispuesto para asegurar la vida que
+allí he de llevar. Soy esperado. He aquí la prueba.
+
+Y así diciendo me mostró la carta.
+
+--El éxito sólo depende de un pequeño esfuerzo y los he hecho más
+grandes por cierto. Usted que me ha visto trabajar lo puede decir bien.
+Escúcheme, mi querido Domingo; dentro de tres días será usted un alumno
+de segunda enseñanza, es decir, algo menos que un hombre y mucho más que
+un niño. La edad es lo de menos. Usted tiene diez y seis años; pero, si
+usted quiere, dentro de seis meses puede contar diez y ocho. Abandone
+usted Trembles y olvídelo. No lo recuerde hasta más tarde, cuando se
+trate de arreglar las cuentas de su fortuna. El campo no es para usted;
+su aislamiento le mataría. Mira usted siempre o demasiado alto o
+demasiado bajo: en lo demasiado alto está lo imposible y en lo demasiado
+bajo las hojas secas. La vida no es así; mire siempre adelante y a la
+altura de sus ojos y la verá tal cual es. Es usted muy inteligente,
+tiene un buen patrimonio y un nombre que le abona; con semejante lote en
+su ajuar del colegio se llega a todo. Un último consejo: espere no ser
+muy feliz durante los años de estudio. Cuente usted que la sumisión a
+nada compromete en lo porvenir y que la disciplina impuesta no es nada
+cuando se tiene el buen sentido de imponerla por sí mismo. No cuente
+usted demasiado con las amistades de colegio, a menos que tenga usted
+libertad para elegirlas; y en cuanto a las envidias de que será usted
+objeto, si tiene éxito, como espero, espérelas y sírvanle a manera de
+aprendizaje. Por último, no deje pasar un solo día sin repetirse que
+sólo trabajando se logra el objeto que se persigue, y que ninguna noche
+le tome el sueño sin pensar en París que le espera y en donde nos
+volveremos a ver.
+
+Me estrechó la mano con una autoridad de gesto completamente varonil, y
+de un salto ganó la escalera que conducía a su cuarto.
+
+Yo bajé al jardín, en el cual el viejo Andrés cavaba los arriates.
+
+--¿Qué hay, señor Domingo?--me preguntó advirtiendo mi turbación.
+
+--Hay que de aquí a tres días partiré a encerrarme en el colegio, mi
+buen Andrés.
+
+Corrí a ocultarme en el fondo del parque y allí estuve hasta que se hizo
+de noche.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Tres días después abandoné Trembles en compañía de la señora Ceyssac y
+de Agustín. Era por la mañana, muy temprano. Todos estaban levantados y
+nos rodeaban: Andrés, junto al carruaje, más triste que nunca le había
+visto desde el último suceso que enlutó la casa; luego subió al
+pescante, aunque no era costumbre que hiciera oficio de cochero, y los
+caballos partieron al trote largo. Al atravesar el poblado de
+Villanueva--en el cual todos los rostros me eran tan conocidos--vi a dos
+o tres de mis antiguos camaradas, crecidos ya, casi hombres, que se
+encaminaban al campo con los útiles del trabajo al hombro. Volvieron la
+cabeza al percibir el ruido del carruaje, y comprendiendo que se trataba
+de algo más que un paseo me hicieron expresivas señas para desearme un
+feliz viaje. El sol se elevaba. Entramos en plena campiña; dejé de
+reconocer los lugares que cruzábamos; vi rostros nuevos; mi tía me
+contemplaba con bondadosa mirada. La fisonomía de Agustín estaba
+radiante; yo sentía, tanto encogimiento como pena.
+
+Todo un largo día invertimos en recorrer las doce leguas que nos
+separaban de Ormessón, y ya llegaba el sol al ocaso cuando Agustín, que
+no cesaba de mirar por la ventanilla, le dijo a mi tía:
+
+--Señora, ya se distinguen las torres de San Pedro.
+
+El paisaje era llano, pálido, monótono y húmedo: una ciudad baja,
+erizada de campanarios comenzaba a destacarse detrás de una cortina de
+árboles.
+
+Los mimbrerales alternaban con los prados, los álamos blancos con los
+sauces amarillentos. A la derecha corría lentamente un río deslizando
+sus aguas turbias entre las riberas manchadas de limo. A la orilla había
+barcos cargados de maderas y viejas chalanas rajados en el fondo como si
+jamás hubiesen flotado. Algunos gansos que bajaban de los prados al río
+corrían delante del carruaje lanzando salvajes graznidos.
+
+Llegamos a un puente que cruzó el carruaje al paso; después entramos en
+un largo bulevar en que la oscuridad era completa, y luego el ruido de
+las herraduras de los caballos, chocando sobre un pavimento más duro, me
+advirtió que entrábamos en la ciudad. Calculaba yo que doce horas
+habrían transcurrido desde el momento de la partida, que doce leguas me
+separaban de Trembles; pensaba que todo había concluido, que todo estaba
+irremisiblemente acabado, y entré en casa de mi tía como quien franquea
+el umbral de una cárcel.
+
+Era una casa muy grande, situada, si no en el barrio más desierto, en el
+más serio de la ciudad, rodeada de conventos y dotada de un jardincito
+que languidecía en la sombra de las altas paredes que lo circundaban.
+Había amplias habitaciones sin aire y con escasa luz, severos
+vestíbulos, una escalera de piedra que giraba en oscuro hueco y muy poca
+gente para animar todo aquello. Sentíase la frialdad de las viejas
+costumbres y la rigidez de los habitantes de provincia, la ley de la
+etiqueta, el desahogo, un gran bienestar material y el aburrimiento. El
+piso alto tenía vistas sobre cierta porción de la ciudad, es decir,
+humeantes techumbres, los dormitorios del convento vecino y los
+campanarios; y en aquella parte de la casa estaba la habitación en que
+fui alojado.
+
+Dormí mal; mejor dicho, no dormí. Los relojes de las torres hacían
+vibrar sus campanas cada cuarto o cada media hora, todos con distinto
+timbre; ni uno solo recordaba el de la rústica iglesia de Villanueva tan
+reconocible por su ronco sonido. De pronto percibíase rumor de pasos en
+la calle. Una especie de ruido semejante a una carraca agitada
+violentamente, resonaba en medio de aquel silencio particular de las
+ciudades que pudiera llamarse el sueño del ruido, y llegaba a mis oídos
+una singular voz de hombre, lenta, temblona, que canturreaba
+deteniéndose en cada sílaba: ¡La una, las dos, las tres!...
+
+Agustín entró en mi cuarto muy de mañana.
+
+--Deseo presentarle a usted en el colegio y decirle al provisor el buen
+concepto que de usted tengo formado. Esa recomendación sería
+nula--añadió con modestia,--si no fuera dirigida a un hombre que en otro
+tiempo me demostró tener en mí mucha confianza y parecía apreciar mi
+celo.
+
+La visita se efectuó tal como él había dicho. Pero yo estaba fuera de mí
+mismo: me dejé llevar y traer, atravesé patios y vi las aulas con
+absoluta indiferencia por aquellas nuevas sensaciones.
+
+Aquel mismo día, a las cuatro, Agustín, en traje de camino se trasladó a
+la plaza, en donde esperaba ya el coche de París, llevando por sí mismo
+todo su equipaje contenido en una pequeña valija de cuero.
+
+--Señora--le dijo a mi tía, que conmigo le acompañaba.--Una vez más le
+agradezco el interés que no se ha desmentido por espacio de cuatro años.
+He procurado lo mejor que he podido despertar en Domingo el amor al
+estudio y las aficiones que corresponden a un hombre. Puede estar seguro
+de encontrarme en París cuando venga, siempre fiel a la amistad, en
+cualquier momento, igual que hoy. Escríbame usted--añadió estrechándome
+entre los brazos con verdadera emoción.--De mi parte prometo hacer otro
+tanto. Animo y buena suerte. Todo le favorece para alcanzarla.
+
+Apenas había ocupado su asiento en la alta banqueta, cuando el mayoral
+tomó las riendas.
+
+--¡Adiós!--repitió con una expresión en el rostro que revelaba a la vez
+ternura y satisfacción.
+
+El mayoral hizo chasquear la fusta sobre los cuatro caballos del tiro y
+el carruaje partió camino de París.
+
+El día siguiente a las ocho de la mañana estaba ya instalado en el
+colegio. Entré el último para evitar la oleada de alumnos y no hacerme
+examinar en el patio con esa mirada no siempre benevolente que son
+observados los recién llegados. Caminaba resueltamente fijos los ojos en
+una puerta pintada de amarillo, sobre cuyo marco había un letrero que
+decía: «Segunda». Junto a ella estaba un hombre de cabello entrecano,
+pálido y serio, cuyo semblante no expresaba ni dureza ni bondad.
+
+--Vamos, vamos, un poco más de prisa.
+
+Aquella excitación a la puntualidad, la primera, palabra de disciplina
+que me dirigía un desconocido, me impresionó: alcé la vista y le
+examiné. Tenía aspecto de fastidio, reflejaba indiferencia, y ni se
+acordaba ya de lo que me había dicho. Recordé la recomendación de
+Agustín. Un relámpago de estoicismo y de decisión iluminó mi espíritu.
+
+--Tiene razón--pensé;--me he retrasado medio minuto.--Y entré.
+
+El profesor subió a la cátedra y empezó a dictar. Era una composición
+preliminar. Por primera vez mi amor propio tenía que luchar con
+ambiciones rivales. Observé a mis nuevos camaradas y me sentí
+perfectamente solo. A través de la ventana de pequeños cristales veía
+los árboles agitados por el viento, cuyas ramas rozaban contra las
+oscuras paredes del edificio. Aquel rumor familiar del viento húmedo
+cruzando entre las hojas crecía y disminuía a intervalos en medio del
+silencio de los patios. Yo lo escuchaba sin demasiada amargura, con una
+especie de triste arrobamiento cuya dulzura era extremada algunos
+momentos.
+
+--¿No trabaja usted?--me dijo de pronto el profesor.--Está bien... Allá
+usted...
+
+Callose luego y ya no llegó a mis oídos nada más que el ruido de las
+plumas corriendo sobre el papel.
+
+Un poco más tarde el alumno a cuyo lado estaba mi puesto, me deslizó
+hábilmente un papelito; contenía una frase del dictado con estas
+palabras:
+
+«Ayúdeme, si puede; trate de evitarme decir un disparate.»
+
+En seguida le pasé la traducción, buena o mala, pero copiada de mi
+propia versión con un signo de interrogación que quería expresar: «No
+respondo de nada; examínela usted.»
+
+Me dirigió una sonrisa de agradecimiento, y sin más continuó
+escribiendo. Algunos instantes después me dirigió un segundo mensaje que
+decía: «¿Es usted nuevo?»
+
+La pregunta me demostraba que también lo era él. Tuve un momento de
+alegría contestando «sí» a mi compañero de soledad.
+
+Era un muchacho de mi edad poco más o menos, pero de complexión débil,
+rubio, delgado, con hermosos ojos azules de dulce mirar, la tez pálida y
+delicada, como suelen tenerla los niños criados en las ciudades. Vestía
+con elegancia y su traje tenía una forma particular en la cual no
+reconocía yo la mano de nuestros sastres provincianos.
+
+Salimos juntos.
+
+--Le estoy muy agradecido--me dijo mi nuevo amigo.--Tengo horror al
+colegio y me tiene sin cuidado. Hay en él un montón de hijos de tenderos
+que llevan las manos sucias, a quienes nunca miraré como amigos. Nos
+tomarán entre ojos, pero me es igual. Estando unidos llegaremos al
+objeto. Cuanto más se les deprime más le respetan a uno. Disponga de mí
+para todo lo que quiera, menos para encontrar el sentido de las frases.
+El latín me aburre, y si no fuera porque es necesario para ser uno
+recibido bachiller, en la vida me ocuparía de él.
+
+Luego me explicó que se llamaba Oliverio D'Orsel, que había venido de
+París porque razones de familia le trajeron a Ormessón en donde acabaría
+los estudios, que vivía en la calle de los Carmelitas con su tío y dos
+primas y que a pocas leguas de la ciudad poseía una propiedad de la cual
+le venía el apellido D'Orsel.
+
+--Vaya--añadió,--tenemos ya una clase en tiempo pasado. No pensemos en
+ella hasta la noche.
+
+Y nos separamos.
+
+Caminaba con soltura haciendo crujir su calzado finísimo, buscando con
+cuidado los sitios más secos del suelo para no ensuciarse de barro y
+balanceando su paquete de libros al extremo de una estrecha correa con
+hebillas como una brida inglesa.
+
+Apunté aquellas primeras horas, que ya usted ve la relación que tienen
+con los recuerdos póstumos de una amistad nacida aquel día y triste y
+definitivamente muerta hoy, el resto de mi vida de estudiante no nos
+entretendrá. Si los tres años que siguieron me inspiran en este momento
+algún interés, él es de otra índole y no influyen para nada en ese
+interés mis sentimientos de colegial. Sin pretenderlo ni molestar a
+nadie llegué a ser un buen alumno y me auguraban grandes éxitos futuros:
+una continua desconfianza en mí mismo, muy sincera y muy ostensible,
+produjo efectos análogos a los de la modestia y dio margen a que me
+fueran perdonados muchos puntos de superioridad de la cual yo mismo no
+hacía caso; finalmente aquella falta completa de estima personal
+presagiaba ya las indiferencias y las severidades de un espíritu que
+debía observarse desde muy temprano, apreciarse en su justo valor y
+condensarse.
+
+La casa de mi tía no era alegre, ya se lo he dicho, y lo era menos aún
+la existencia que llevaba yo en Ormessón. Imagine usted una ciudad
+pequeña, devota, vetusta, olvidada en el rincón de una provincia que no
+era paso para ninguna parte, no sirviendo para nada, de la cual iba
+retirándose la vida a medida que invadía la campiña; sin industria,
+muerto el comercio, habitada por burgueses reducidos a escasos recursos
+y de aristócratas empobrecidos; durante el día, las calles sin
+movimiento; de noche, las avenidas en tinieblas, reinando un silencio
+solamente interrumpido por las sonerías de los relojes de las iglesias,
+y a las diez por el lúgubre tañido de la gran campana de San Pedro
+recordando la necesidad del descanso al vecindario, del cual tres
+cuartas partes estaban ya entregados al sueño más bien de puro fastidio
+que por cansancio. Muchos bulevares flanqueados de olmos hermosísimos,
+muy frondosos, rodeaban aquella ciudad de severa sombra. Cuatro veces al
+día para ir y volver al colegio los cruzaba yo. No era el camino más
+directo, pero sí el más apropiado a mis aficiones, porque me acercaba
+algo a la campiña.
+
+Algunas veces llegaba hasta el río, pero no ofrecía variantes el
+espectáculo: el agua amarillenta siempre estaba removida en sentido
+contrario a la corriente, por la marea que hasta aquella región
+alcanzaba; el aire cargado de humedad, saturado de las emanaciones de la
+brea, del cáñamo y de las tablas de pino. Todo aquello era monótono y
+feo y, en el fondo, nada me consolaba del alejamiento de Trembles.
+
+Mi tía tenía el genio de su provincia, el amor por las cosas cargadas de
+años, el miedo a los cambios, el horror a las innovaciones ruidosas.
+Piadosa y mundana, muy sencilla, pero muy preocupada, perfecta en
+todo--hasta en sus leves rarezas--había arreglado su vida en
+concordancia con dos principios que, según decía, eran virtudes de
+familia: la devoción a las leyes de la Iglesia y el respeto a las del
+mundo; y tal era la fácil naturalidad que ponía en el cumplimiento de
+esos deberes, que su piedad, muy sincera, parecía no ser otra cosa que
+un nuevo ejemplo de la corrección de su trato.
+
+Su salón--como todas sus costumbres,--era una especie de asilo abierto a
+sus reminiscencias o sus afecciones hereditarias, cada día más
+amenazadas. Reunía en él, particularmente los domingos por la noche, los
+escasos sobrevivientes de su antigua sociedad. Todos eran adictos a la
+monarquía derrocada y se habían retirado del mundo como ella. La
+revolución, que habían visto muy de cerca y que les procuraba un fondo
+común de recuerdos y de agravios, les había impuesto un matiz idéntico,
+una manera de ser común, empapándolos en una misma prueba. Recordaban
+los crudos inviernos que pasaron reunidos en la ciudadela de ***, faltos
+de combustible, durmiendo en cuadras de cuartel sin un mal lecho,
+abrigando a los niños con restos de cortinajes, comiendo pan negro que
+era comprado a escondidas. Se refería, sonriendo, lo que en otro tiempo
+fue terrible. La mansedumbre de la edad había calmado las iras más
+acerbas. La vida había recobrado su curso regular, cicatrizando las
+heridas, reparando los desastres, amortiguando la amargura de las
+añoranzas. Ya no se conspiraba, se censuraba apenas; se esperaba.
+Finalmente, en un ángulo del salón había una mesa de juego para los
+hijos, y allí cuchicheaba, mientras se barajaban los naipes, el grupo
+joven, los representantes de lo porvenir, es decir, de lo desconocido.
+
+El mismo día de mi encuentro con Oliverio, al regresar del colegio, me
+apresuré a decirle a mi tía que ya tenía un amigo.
+
+--¿Un amigo?--exclamó.--Te apresuras un poco tal vez, mi querido
+Domingo. ¿Sabes su nombre, su edad?
+
+Le referí cuanto sabía de Oliverio, pintándole con los colores amables
+que a primera vista me habían seducido; pero sólo el nombre bastó para
+tranquilizar a mi tía.
+
+--Es uno de los nombres más antiguos y mejores de nuestro país--me
+dijo;--y es llevado por una persona a la cual estimo mucho y profeso
+amistad.
+
+Pocas semanas después de este nuevo vínculo la unión de las dos
+familias era completa, y el primer día del invierno se inauguraron las
+reuniones que se celebraban unas veces en casa de mi tía y otras en el
+_hotel D'Orsel_ que era el nombre con que Oliverio designaba la casa de
+la calle de los Carmelitas, que habitaban, sin gran aparato, su tío y
+sus primas.
+
+De estas dos primas, la una, Julia, era todavía niña; la otra contaba
+apenas un año más que nosotros, se llamaba Magdalena y acababa de salir
+del convento en que se había educado. Conservaba cierto encogimiento,
+cierta cortedad en el gesto y en las maneras; aún vestía el modesto
+uniforme, vestidos tristes, estrechos, raídos en el cuerpo por el roce
+de los pupitres y deformados a la altura de las rodillas por las
+genuflexiones sobre el pavimento de la capilla del convento. Su tez
+blanca tenía una palidez, una frialdad de colorido que delataba la vida
+en la sombra, la ausencia de toda emoción; sus ojos se abrían mal, como
+si despertaran de un largo sueño; no era ni alta ni pequeña, ni delgada
+ni gruesa; con un talle indeciso que necesitaba definirse y formarse; se
+le decía ya que era muy bonita y yo lo repetía de buena voluntad sin
+fijarme y sin creerlo.
+
+En cuanto a Oliverio--a quien sólo le he presentado en los escaños del
+aula,--imagine usted un mozo amable, un poco raro, muy ignorante en
+materia de lecturas, muy precoz en todas las cosas de la vida, de aire
+desenvuelto en sus actitudes y en sus palabras, no sabiendo nada del
+mundo y adivinándolo todo, copiando sus formas y adoptando ya sus
+prejuicios; figúrese usted algo inusitado, un afán singular, jamás
+risible, de anticiparse a su edad y ser todo un hombre improvisado a los
+diez y seis años escasos; algo naciente y maduro, artificial y seductor,
+y comprenderá cómo mi tía pudo encantarse de mi amigo, hasta el punto
+de disimularle ciertos defectos de escolar, atendiendo que eran el único
+resto de niñez que aún conservaba.
+
+Además, Oliverio procedía de París, y en ese hecho se apoyaba la gran
+superioridad con que a los otros vencía, y que, si no para mi tía, para
+nosotros las resumía todas.
+
+Por mucho que retroceda a través de esos recuerdos tan insignificantes
+en su origen, tan tumultuosos más adelante, cuyo curso remonto no sin
+cierta dificultad, encuentro siempre en sus acostumbrados sitios,
+alrededor de la mesa de tapete verde, a la luz de las lámparas, aquellos
+tres rostros juveniles sonrientes entonces, sin la más leve sombra de
+una preocupación real, y que tanto y de tan diversas maneras debían
+entristecer algún día, pasiones y pesadumbres; la pequeña Julia con
+salvajismos de niño mimado; Magdalena todavía colegiala a medias;
+Oliverio conversador, distraído, elegante sin pretenderlo, atildado,
+vestido con gusto en una época y en un medio en donde los muchachos eran
+ataviados lo peor posible, manejando las cartas con viveza, rápidamente,
+con el aplomo de un hombre que ha de jugar mucho, sabiendo lo que hace,
+y de pronto--diez veces en dos horas--tirando los naipes bostezando,
+diciendo: «me aburro» y yendo a ocultarse en un rincón cualquiera. Se le
+llamaba y no se movía. «¿En qué piensas, Oliverio?», le preguntábamos;
+no contestaba a nadie y continuaba mirando sin decir palabra con aquella
+movilidad que constituía uno de sus atractivos, y aquella mirada extraña
+que flotaba en la semioscuridad del salón como una chispa imposible de
+fijar. De costumbres muy irregulares, ya discreto como si tuviese que
+ocultar grandes misterios, inexacto en nuestras reuniones, activo,
+callejero, era imposible hallarle seguramente en su casa a ninguna
+hora; aquel pájaro enjaulado a su pesar estaba en todas partes y en
+ninguna, había encontrado el medio de crear lo imprevisto en la vida de
+provincia y revoloteaba como si estuviera al aire libre dentro de su
+prisión. Considerábase desterrado; y como si hubiese abandonado la Roma
+de Augusto para dar en Tracia, se había aprendido de memoria algunos
+trozos en latín decadente y con eso se consolaba--según decía--de
+habitar entre los pastores.
+
+Con semejante compañero estaba yo muy solo. Me faltaba aire, me ahogaba
+en mi habitación estrecha, sin horizonte, sin alegría, sin más vistas
+que la alta barrera de muros grises, almenados, bajo los cuales apenas
+se veía volar, por rara casualidad, alguna gaviota. Era invierno, llovía
+o nevaba por espacio de semanas enteras, y cuando un rápido deshielo
+liquidaba la nieve, parecía aún más negra la ciudad después del breve
+deslumbramiento que la había envuelto un instante. Pasada la dura
+estación, una mañana abríanse las ventanas, renacían los ruidos, oíanse
+voces de llamada de una a otra casa; pájaros enjaulados que eran
+expuestos al aire libre hacían oír sus trinos; brillaba el sol, miraba
+desde arriba por el estrecho embudo que formaba nuestro jardincillo; los
+brotes de las hojas nuevas salpicaban las ramas de las plantas color de
+hollín. Un pavo real, que no se había dejado ver en todo el invierno,
+escalaba lentamente el caballete de un tejado, sobre todo a la tarde,
+como si prefiriese para sus paseos la tibieza moderada de un sol bajo;
+abría sobre el fondo azul del cielo la enorme cola y lanzaba penetrante
+grito, enronquecido como todos los ruidos que se oyen en las ciudades.
+Así advertía que cambiaba la estación. El deseo de escapar no alcanzaba
+muy lejos. También yo había leído en los _Tristes_ dísticos que
+recitaba en voz baja, pensando en Villanueva, la única tierra que yo
+conocía y que me había dejado añoranzas que escocían.
+
+Estaba atormentado, agitado, más aún, desmoralizado hasta en las horas
+de pleno trabajo, porque ya no lo contaba para nada en mi vida. Había
+adquirido varias manías, entre otras, la de las categorías y la de las
+fechas. Consistía la primera en hacer cierta especie de selección de mis
+días--todos semejantes al parecer y sin ningún incidente notable que
+pudiera hacerlos mejores ni peores,--y clasificarlos, según su mérito.
+Ahora bien, el único mérito de aquellos días de puro fastidio era el
+grado de más o de menos en los movimientos de vida que sentía en mí.
+Toda circunstancia en que me reconocía con más amplitud de fuerzas, más
+sensibilidad, mayor memoria en que mi conciencia, por decir así, tenía
+mejor timbre y resonaba más, todo momento de concentración más intensa o
+de expansión más tierna era un día para no ser olvidado nunca. De ahí la
+otra manía de las fechas, los números, los símbolos, los jeroglíficos,
+de la cual tiene usted la prueba aquí igual que en cualquiera otra parte
+en que he considerado necesario imprimir la huella de un momento de
+plenitud o de exaltación. El resto de mi vida, el que se disipaba en
+tibiezas, en sequedades, lo comparaba a esos bajos fondos que se
+descubren en el mar a cada baja marea y que son como la muerte del
+movimiento.
+
+Tal alternativa asemejaba mucho a la luz y al eclipse de los faros
+giratorios; esperaba yo siempre un despertamiento de mi ser, como
+navegante extraviado que aguardara la aparición de la señal sobre la
+costa.
+
+Lo referido en pocas palabras es claro que corresponde sólo a un breve
+resumen de muy largos, muy oscuros y muy diversos sufrimientos. El día
+que hallé en los libros--que en aquel entonces no conocía--el poema o la
+explicación dramática de esos fenómenos tan espontáneos, no tuve más que
+un sentimiento: el de parodiar, quizás repitiéndolo, lo mismo que
+hombres de gran talento habían experimentado antes que yo. Su ejemplo
+nada me enseñó: sus conclusiones, cuando a ellas llegué, no me
+corrigieren. Si puede calificarse de mal la facultad cruel de presenciar
+la propia existencia como si ella constituyera un espectáculo parecido
+por otro, aquel mal estaba hecho y entré en la vida sin odiarla, aunque
+mucho me ha hecho padecer, con un enemigo inseparable, muy íntimo y
+positivamente mortal, que era yo mismo.
+
+
+
+
+V
+
+
+Todo un año transcurrió de aquella manera. Desde el fondo de la ciudad
+vi el otoño que amarilleaba los árboles y reverdecía los prados, y el
+día de la reapertura del colegio, llevé a él un ser agitado, infeliz,
+una especie de alma plegada en dos, como un faquir entristecido que se
+reconoce.
+
+Aquella perpetua crítica ejercida sobre mí mismo, aquel mirar
+implacable, tan pronto amigo como enemigo, siempre molesto como un
+testigo y desconfiado como un juez, aquel estado de permanente
+indiscreción respecto a los actos más inocentes de una edad en la que se
+reflexiona poco, todo aquello me sumió en una serie de angustias, de
+dudas, de estupores o excitaciones que me conducía directamente a una
+crisis.
+
+Esa crisis se operó hacia la primavera, en el momento mismo de cumplir
+los diez y siete años.
+
+Un día--a fines de abril, y debía ser jueves, porque tuvimos asueto los
+colegiales--salí muy temprano de la ciudad, a pasear al azar por los
+grandes caminos. Aun no tenían hojas los olmos, pero ya estaban
+cubiertos de brotes; los prados asemejaban un vasto jardín cubierto de
+margaritas; las setas de espino estaban en flor; el sol vivo y cálido
+hacía cantar a las alondras y parecía atraerlas hacia el cielo, de tal
+modo subían en línea recta y volaban alto. Había por doquier insectos
+recién nacidos que el viento balanceaba como átomos de luz a la punta de
+las altas hierbas, y muchas parejas de pajarillos cruzaban rápidamente
+en dirección a los prados, a los campos de trigo, a las espesuras, en
+demanda de sus nidos. De cuando en cuando veíase pasar algún anciano o
+algún enfermo que paseaban, a quienes la primavera rejuvenecía o
+devolvía la salud, respectivamente; y en los puntos más abiertos al
+viento, grupos de niños soltaban cometas con largas colas temblorosas y
+las contemplaban casi perdidos de vista, fijos sobre el azul del cielo
+semejantes a blancos blasones salpicados de puntos de colores vivos.
+
+Caminaba yo rápidamente penetrado y como estimulado por aquel baño de
+luz, por aquellos aromas de vegetación naciente, por aquella vivaz
+corriente de pubertad primaveral que impregnaba la atmósfera. Lo que yo
+experimentaba era a la vez muy dulce y muy ardiente. Me sentía
+emocionado hasta las lágrimas, pero sin languidez ni empalagosa ternura.
+Me dominaba tan activa necesidad de andar, de ir lejos, de quebrantarme
+de puro cansancio, que no me permitía tomarme un minuto de reposo. En
+cuanto veía a cualquiera que pudiese conocerme cambiaba de rumbo, y me
+lanzaba a través de los campos de trigo por cualquiera de las estrechas
+sendas que los cruzan, marchando a paso de carga hasta que llegaba a
+donde no veía a nadie. Yo no sé qué sentimiento salvaje, más imperioso
+que nunca, me incitaba a perderme en el seno mismo de aquella extensa
+campiña en plena explosión de savia. Recuerdo que allá lejos divisé a
+los seminaristas desfilando dos a dos a lo largo de las setas floridas,
+conducidos por viejos sacerdotes que al tiempo que caminaban leían sus
+breviarios. Había entre ellos altos adolescentes a quienes la estrecha
+sotana que les ceñía el cuerpo les prestaba cierto aspecto raro, parecía
+adelgazarlos; al pasar arrancaban flores de los espinos y se marchaban
+con aquellas flores rotas en la mano. No es que busco contrastes
+imaginarios, recuerdo la sensación que hizo nacer en mi ánimo, en
+semejante circunstancia, en semejante hora, en semejante lugar, la vista
+de aquellos jóvenes, vestidos de luto y ya en todo semejantes a viudos.
+De tiempo en tiempo, volvía el rostro a la ciudad, ya sólo se distinguía
+sobre el lejano límite de las praderas, la línea un poco oscura de sus
+bulevares y las extremidades de sus campanarios. Me pregunté entonces
+cómo había hecho yo para permanecer en ella tan largo tiempo y cómo
+había sido posible que allí me consumiera sin morir; luego oí el toque
+de vísperas, y el tañido de las campanas, acompañado de mil recuerdos,
+me entristeció como llamado que era a compromisos severos. Pensé que era
+necesario volver antes de la noche, encerrarme de nuevo, y emprendí con
+más ahinco todavía el camino del río.
+
+Regresé; no estaba rendido, sino muy al contrario, más excitado por
+aquel vagabundear durante varias horas, al aire libre, a través de los
+caminos, respirando un ambiente tibio bajo la acción áspera y mordiente
+del sol de abril. Experimentaba una especie de embriaguez, iba saturado
+de emociones extraordinarias, que francamente se manifestaban en mi
+rostro, en el aspecto de toda mi persona.
+
+--¿Qué tienes, mi hijo querido?--dijo mi tía al verme.
+
+--He caminado muy de prisa--le contesté con cierto desvío.
+
+Me examinó de nuevo, y con un ademán de madre inquieta me atrajo bajo el
+fuego de sus ojos claros y profundos. Me turbé horriblemente; no pude
+soportar ni la dulzura de aquella mirada ni la penetración de su
+ternura; no sé qué confusión se apoderó de mí ante la vaga interrogación
+insoportable que ella expresaba.
+
+--Déjeme, se lo ruego, querida tía--le dije.
+
+Y subí precipitadamente a mi habitación. La encontré iluminada por los
+oblicuos rayos del sol poniente y quedé como deslumbrado por el
+resplandor de aquella luz caliente y rojiza que la invadía como una
+oleada de vida. Sin embargo, me sentí más tranquilo viéndome solo y me
+asomé a la ventana esperando la hora saludable en que aquel torrente de
+claridad iba a extinguirse. Poco a poco fueron enrojeciéndose las
+paredes de los altos campanarios, los ruidos se hicieron más
+perceptibles a través del aire algo más húmedo, anchas franjas de fuego
+se formaron sobre el ocaso hacia el lado en donde se alzaban por encima
+de las casas los mástiles de los barcos amarrados a la orilla del río.
+
+Así permanecí hasta la noche, preguntándome lo que experimentaba; y no
+sabiendo qué contestar, oyendo, viendo, sintiendo, ahogado por las
+pulsaciones de una vitalidad extraordinaria, más emocionante, más
+fuerte, más activa, más incomprensible que nunca. Deseaba que alguien
+estuviese allí; mas ¿por qué? No hubiera sabido explicarlo. Y ¿quién? Lo
+sabía menos aún. Si hubiera tenido que escoger un confidente entre todos
+los seres que entonces me eran más queridos, me habría sido imposible
+nombrar a ninguno.
+
+Sólo cuando faltaban algunos minutos para que se extinguiera el último
+resplandor del día volví a salir. Me deslicé por las calles que sabía
+eran menos frecuentadas hasta los lugares del bulevar en que la hierba
+brotaba en plena soledad. Crucé la plaza en donde resonaban los primeros
+sones de la retreta militar. Luego el ruido de las cornetas se alejó y
+yo seguí la marcha desde lejos, por las calles más sinuosas, guiándome
+por el eco de ellas más claro o más confuso según la anchura del espacio
+en que se desplegaba el sonido a través del aire, en completa quietud
+aquella noche. Solo, completamente solo, en el crepúsculo azul que
+descendía del cielo sobre los olmos cuajados de ligero follaje, a la luz
+de las primeras estrellas que se filtraba a través de las ramas de los
+árboles como chispas sembradas sobre el encaje de las hojas, caminaba
+por la ancha avenida escuchando aquella música tan bien acompasada y
+dejándome guiar por sus cadencias. Iba marcando el compás, mentalmente
+la tarareaba cuando dejé de oírla; me quedó en el alma como un
+movimiento que se continúa, y vino a ser una especie de ritmo y una
+melodía sobre la cual involuntariamente adapté una letra. No conservo el
+recuerdo de las palabras, ni del asunto, ni del sentido de las frases;
+tan sólo sé que aquella singular exhalación salió de mí primero como
+simple ritmo, después con palabras rimadas, y que aquella medida
+interior se tradujo de repente no solamente por la simetría de las
+sílabas sino por la repetición doble o múltiple de algunas de ellas,
+sordas o sonoras, correspondiéndose y haciendo las unas eco a las otras.
+No me atrevería a decirle a usted que aquello fuese una composición
+poética, pero lo cierto es que la combinación sonora de los vocablos se
+parecía mucho a los versos.
+
+En el mismo momento en que llegaba yo a ese punto de mis reflexiones,
+apareció delante de mí, en la misma avenida que yo recorría, nuestro
+amigo de siempre, el señor D'Orsel, acompañado de sus dos hijas. Tan
+cerca estaban que no podía evitar el encuentro, y la misma preocupación
+que me dominaba me lo hubiera impedido. Me encontraba, pues, cara a cara
+con la tranquila mirada y el pálido rostro de Magdalena.
+
+--¿Cómo por aquí?--me dijo.
+
+Aun me parece oír su voz neta, aérea, con cierto acento del Mediodía que
+me hizo estremecer. Tomé maquinalmente la mano que me tendía, una mano
+pequeña, fina y fresca, cuya frialdad me dio la noción de que la mía
+abrasaba. Estábamos tan cerca que distinguí con toda exactitud sus
+facciones y me espantó la idea de que a su vez debía verme como yo a
+ella.
+
+--¿Le hemos causado miedo?--añadió.
+
+En el cambio de tono de su voz conocí que mi horrible turbación era
+apreciable, y como por nada del mundo habría aceptado permanecer un solo
+segundo más en aquella situación sin salida, balbucí algo tan fuera de
+razón, que me acobardé, perdí la cabeza y, atolondrado, neciamente me di
+a la fuga.
+
+Aquella noche deserté del salón de mi tía y me encerré en mi cuarto de
+miedo de ser sorprendido. Allí, sin reflexionar nada, sin pretenderlo
+tampoco, absolutamente como hombre fascinado por alguna empresa que
+tanto le asusta como le seduce, de una tirada, sin releer, casi sin
+vacilar, escribí una porción de cosas inesperadas que parecían caer del
+cielo.
+
+Fue a la manera de un exceso de carga que salió de mi corazón, de cuyo
+peso se sentía aliviado a medida que de ella se iba desembarazando.
+
+Aquel trabajo febril me ocupó hasta hora muy avanzada de la noche. Por
+fin pareciome que había terminado una tarea ineludible; todas las fibras
+irritadas se relajaron, y ya al amanecer, cuando despertaban los
+pajarillos, me dormí presa de la más deliciosa languidez.
+
+Al otro día Oliverio me habló de mi encuentro con sus primas, de mi
+turbación, de mi huida.
+
+--Haces misterio--me dijo,--y te equivocas. Si yo tuviese algún secreto
+lo compartiría contigo.
+
+Dudé un momento si le diría o no la verdad. Era lo más sencillo y
+positivamente habría valido más que ocultarla; pero a mi declaración se
+oponían mil obstáculos reales o imaginarios que me la presentaban como
+cosa imposible. ¿En qué términos iba yo a darle a entender lo que sentía
+desde tiempo atrás sin que nadie lo hubiera sospechado? ¿Cómo hablarle,
+a sangre fría, de aquellos extraños pudores que ofuscaban la luz del
+día, que no soportaban examen mío ni ajeno, y que semejantes a una
+herida fresca y demasiado sensible exigían no ser tocados ni siquiera
+con la mirada? ¿Cómo referirle aquella crisis de sensibilidad
+inexplicable y aquella especie de encantamiento por la noche cuyo
+testimonio escrito hallé por la mañana?
+
+Repliqué con una mentira: desde varios días antes me sentía enfermo, el
+calor de la víspera me había causado una especie de vértigo y rogaba a
+Magdalena que me excusara la triste figura que hice al encontrarla.
+
+--¿Magdalena?...--continuó Oliverio.--Pero nosotros no tenemos cuentas
+que arreglar con Magdalena... Hay cosas que no le incumben...
+
+Al decir eso sonreía de un modo singular y me dirigió una mirada de las
+más penetrantes y más vivas. Por mucho que se esforzara para leer lo
+que había en mi alma, estaba bien seguro de que nada descubriría; pero
+comprendiendo que algo buscaba, y aunque no acababa de adivinar cuáles
+podían ser los sentimientos, muy presumibles, que Oliverio me suponía,
+viéndome objeto de tal investigación reflexioné y surgió en mí una
+sospecha que me llenó de turbación.
+
+Era tan perfectamente cándido e ignorante, que el primer despertar de
+ciertos impulsos en medio de mis ingenuidades me fue señalado por una
+inquieta mirada de mi tía y una equívoca y curiosa sonrisa de Oliverio.
+Pensé que era vigilado y me vino el deseo de averiguar la causa de
+aquella vigilancia. Fue una falsa sospecha que por primera vez en la
+vida me hizo ruborizar. No sé qué indefinible instinto hinchó mi corazón
+con una emoción absolutamente nueva. De pronto, un extraño resplandor
+iluminó ese verbo infantil, el primero que todos hemos conjugado en
+francés o en latín estudiando la gramática. Y dos días después de
+aquella advertencia hecha por una madre prudente y por un camarada
+emancipado, no estaba lejos de admitir--tanto estaba llena mi mente de
+escrúpulos, de curiosidades y de inquietudes,--que mi tía y Oliverio
+tenían razón sospechando que estaba yo enamorado; pero, ¿de quién?...
+
+El domingo próximo por la noche nos reunimos todos como de ordinario en
+el salón de mi tía. Cuando llegó Magdalena experimenté cierta turbación;
+no la había vuelto a ver desde el jueves último por la tarde. Era
+indudable que esperaba ella una explicación; pero me sentía incapaz de
+dársela y callé. Estaba espantosamente confuso y distraído.
+Oliverio--que no creía que existiera ninguna razón para ser caritativo
+conmigo--me acribillaba con sus epigramas. Era inofensivo lo que decía;
+pero, desde muchos días antes, era tan extraordinaria la irritabilidad
+de mis nervios que cualquier cosa me hería y me causaba inmotivado
+sufrimiento. Estaba sentado junto a Magdalena por razón de una costumbre
+adquirida sin que la voluntad de ninguno de los dos hubiese dado margen
+a ella por ningún concepto. De pronto experimenté el deseo de cambiar de
+sitio. ¿Por qué? No hubiera sido capaz de decirlo. Me parecía, tan sólo,
+que la luz de las lámparas me incomodaba y que en otro lugar me
+encontraría mejor. Cuando Magdalena levantó los ojos que tenía bajos
+mirando el juego y me vio sentado al otro lado de la mesa, precisamente
+en frente de ella, dijo con cierto aire de sorpresa: «¿Y bien...?» Pero
+nuestras miradas se encontraron y algo extraordinario debió advertir en
+la mía que la turbó levemente y le impidió terminar la frase.
+
+Cerca de año y medio hacía ya que vivía cerca de ella y por primera vez
+aquella noche la miré como se mira cuando se desea ver. Magdalena era
+encantadora, mucho más encantadora que no se decía, muy diferente de
+como yo la había considerado hasta aquel momento. Además tenía diez y
+ocho años. Aquella apreciación repentina, lejos de iluminar mi espíritu
+poco a poco, en medio segundo me enseñó todo lo que yo ignoraba de ella
+y de mí mismo. Fue como una revelación definitiva que completó las de
+los días precedentes, reuniéndolas en un montón de evidencias y creo que
+explicándolas todas.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Algunas semanas después, el señor D'Orsel se trasladó a un
+establecimiento de baños termales pretextando motivo de salud y de
+recreo, pero en realidad por razones particulares de las cuales me
+enteré más tarde. Magdalena y Julia le acompañaron.
+
+Aquella separación--de la que cualquier otro se hubiera lamentado como
+de un desgarramiento--me libertó de un gran apuro. Ya no me era posible
+vivir cerca de Magdalena siempre cohibido por la invencible timidez que
+su presencia me causaba. Huía de ella. El hecho de mirarla cara a cara
+constituía para mí un verdadero desplante de audacia. Viéndola tan
+tranquila, cuando yo estaba tan turbado, encontrándola tan perfectamente
+bella, cuando tantos motivos tenía yo para reconocerme desagradable con
+mi traje de colegial y mi aspecto de campesino desgalichado, invadía
+todo mi ser un sentimiento de inferioridad humillante que me llenaba de
+desconfianzas, transformando la más sencilla familiaridad en sumisión
+sin dulzura, en ruin servidumbre con asomos de esclavitud. En una
+palabra, Magdalena me daba miedo, me dominaba antes de seducirme: el
+corazón tiene las mismas ingenuidades que la fe: todos los cultos
+apasionados empiezan así.
+
+El día que siguió al de la partida de Magdalena me apresuré a ir a la
+calle de los Carmelitas. Oliverio ocupaba un cuarto, pequeño, perdido en
+un alto pabellón del hotel. Ordinariamente iba yo a buscarle a la hora
+de entrar al colegio, le llamaba desde el jardín para que bajase. Me
+acordé que a aquella hora, casi todas las mañanas me respondía otra voz,
+que Magdalena se asomaba a la ventana y me saludaba; pensé en la emoción
+que me causaba aquella entrevista cuotidiana, antes sin encanto ni
+peligros y que luego se había convertido en verdadero suplicio, y entré,
+atrevidamente, casi contento como si algo que en mí había de temeroso y
+vigilado, tomara sus vacaciones.
+
+La casa estaba vacía. Los sirvientes iban y venían, como asombrados,
+también ellos, de no tener ya que reportarse. Habían abierto todas las
+ventanas y el sol de mayo jugueteaba libremente en las habitaciones, en
+las cuales cada cosa estaba en su sitio. No era el abandono, era la
+ausencia. Suspiré. Calculé lo que aquella ausencia debía durar. Dos
+meses. El plazo tan pronto me parecía muy corto como se me antojaba muy
+largo. Creo que hubiera deseado--tanto experimentaba la necesidad de
+pertenecerme--que aquel exiguo respiro nunca tuviera fin.
+
+Volví el otro día y los siguientes y hallé el mismo reposo y la misma
+seguridad. Recorrí toda la casa, visité el jardín, senda por senda;
+Magdalena estaba por doquier. Me atreví hasta entretenerme libremente
+con su recuerdo. Miré la ventana de su cuarto y en ella vi su encantador
+semblante. Oí su voz en los paseos del parque y me puse a tararear para
+encontrar en aquel murmullo el eco de las canciones que le gustaba
+entonar al aire libre, que el viento hacía tan fluidas y que eran
+acompañadas por el susurro de las hojas. Volví a ver en el recuerdo mil
+cosas de ella que me eran ignoradas o que no me habían impresionado,
+ciertos gestos que sin ser nada resultaban encantadores, reconocí llena
+de gracia la costumbre que tenía de retorcerse la cabellera sobre la
+nuca y atarla por medio formando negro haz. Las más insignificantes
+particularidades de su traje o de sus ademanes, el aroma exótico de que
+se perfumaba y que me habría hecho reconocerla a ojos cerrados, hasta
+los colores que había adoptado últimamente, el azul que le estaba tan
+bien y que tanto hacía resaltar la nítida blancura de su tez. Todo
+aquello revivía en mi memoria con sorprendente lucidez; pero causándome
+una emoción muy diversa de la que me producía cuando ella estaba
+presente, algo así como una añoranza que me era grato acariciar, dulce
+recuerdo de cosas amables que ya no estaban allí. Poco a poco, sin gran
+calor, pero con perenne ternura, me saturé de aquellas reminiscencias,
+el solo atractivo casi vivo que de ella me quedaba, y aun no habían
+pasado quince días desde la partida de Magdalena cuando aquel recuerdo
+invasor no se apartaba de mi mente ni un instante.
+
+Una tarde subí al cuarto de Oliverio y, como siempre, pasé por delante
+del de Magdalena. Muchas veces había hallado abierta de par en par la
+puerta sin que me viniese el deseo de entrar. Aquella tarde me detuve en
+seco, y después de muchas vacilaciones concordantes con escrúpulos tan
+nuevos como todos los otros sentimientos que me embargaban, cedí a una
+verdadera tentación y entré.
+
+La habitación estaba casi a oscuras. Apenas se distinguían los muebles,
+antiguos, de maderas de color atezado y los dorados de las marqueterías
+brillaban débilmente. Telas de colores sobrios, blancas muselinas
+flotantes completaban un conjunto de tonos pálidos y dulces, impregnando
+de tranquilidad y recogimiento en la semioscuridad de un suave
+crepúsculo. El aire tibio llegaba del jardín saturado del aroma de las
+flores; pero predominaba un sutil perfume, más vivo que los otros, que
+más que ninguno me impresionaba al percibirlo, recuerdo inequívoco de
+Magdalena. Llegué hasta la ventana: a ella tenía costumbre de asomarse
+Magdalena. Me dejé caer sobre un silloncito en que ella solía sentarse y
+permanecí allí algunos minutos presa de la más viva ansiedad, retenido a
+mi pesar por el deseo de saborear impresiones cuya novedad me parecía
+exquisita. No miraba nada; por nada del mundo habría osado poner la mano
+sobre ninguno de los objetos que me rodeaban; inmóvil, atento sólo a
+penetrarme de aquella indiscreta emoción, sentía agitarse
+convulsivamente mi corazón, y tan precipitados eran sus movimientos, que
+instintivamente me apretaba el pecho con ambas manos para ahogar en lo
+posible los incómodos latidos.
+
+De súbito resonó en el corredor el ruido seco de los pasos de Oliverio y
+apenas me quedó tiempo para deslizarme hasta la puerta antes de que
+llegase.
+
+--Te esperaba--me dijo sencillamente para persuadirme de que no me había
+visto salir del cuarto de Magdalena o que nada que objetar tenía por el
+hecho.
+
+Iba ataviado con mucha elegancia, la corbata anudada con abandono y el
+traje, de tela ligera, tan holgado como era su gusto usar la ropa, sobre
+todo en verano. Tenía un modo de andar tan desenvuelto, una manera tan
+libre de moverse, vestido de ropa flotante que en ciertos momentos, de
+todo en todo asemejaba un joven extranjero, inglés o americano.
+Constituía esto uno de los atractivos de su persona, y yo, que he tenido
+ocasión de apreciar lo mismo sus altas cualidades que sus debilidades,
+no podría decir que pusiera demasiadas pretensiones en el modo de
+vestir, aunque de él hiciera verdadero estudio. Creía él que la
+composición del indumento, la elección de los colores, las proporciones
+de un traje eran cosa muy digna de ser tenida en cuenta por un hombre de
+buen tono; pero, una vez adquirida aquella combinación, ya no pensaba
+más en ella, y habría sido hacerle gran injusticia, el suponer que de su
+atavío se preocupara más tiempo que el necesario para los ingeniosos
+cuidados que en él ponía.
+
+--Vamos hasta los bulevares--me dijo tomándome por un brazo.--Deseo que
+me acompañes y ya es casi de noche.
+
+Caminaba de prisa y me arrastraba como si estuviese apremiado por la
+hora. Tomó por el camino más corto, atravesó las alamedas desiertas y me
+llevó derecho al lugar en que se acostumbraba pasear durante el verano
+al caer la tarde. Había bastante gente, todo cuanto una pequeña ciudad
+como Ormessón podía reunir de mundano, rico y elegante. Oliverio siguió
+andando siempre de prisa, distraída la mirada, tan absorbido y excitado
+por secreta impaciencia que se olvidaba de que me tenía a su lado. De
+pronto retardó el paso, se apoyó más en mi brazo como si tratara de
+buscar un apoyo para dominarse y moderar cierta efervescencia que tendía
+a desbordarse. Me di cuenta de que había llegado al término de una
+pesquisa.
+
+Dos mujeres se dirigían hacia nosotros siguiendo el borde de la
+avenida, misteriosamente abrigadas por la sombra de los olmos. Una de
+ellas era joven y notablemente bella; mi reciente experiencia me había
+formado el gusto respecto de aquellas definiciones delicadas y ya no me
+equivocaba. Me fijé en la manera de hollar con paso leve y corto el
+césped que crecía al pie de los árboles, como si caminara sobre la
+flexible pelusa de una alfombra. Nos miraba fijamente, con menos gracia
+que Magdalena, pero con una desenvoltura que jamás ella hubiera osado
+permitirse y todavía lejos, preparábase ya a contestar con una sonrisa
+especialísima al saludo de Oliverio. Este saludo fue cambiado lo más
+cerca posible, con mucha gracia y un poco de abandono; y luego que el
+rostro de la joven rubia, todavía sonriente, quedó oculto por las
+puntillas del sombrero, mi amigo volvió el suyo hacia mí, y con un
+acento de interrogación lleno de audacia me dijo:
+
+--¿Conoces tú a la señora de X...?
+
+Tratábase de una persona de quien se hablaba un poco en el mundo al cual
+acompañaba yo a mi tía algunas veces. Nada tenía de particular que
+Oliverio le hubiera sido presentado; y con toda ingenuidad se lo dije.
+
+--Precisamente--añadió,--bailé una noche con ella el invierno pasado y
+desde...
+
+Interrumpiose, y tras breve silencio continuó:
+
+--Mi querido Domingo, ya sabes tú que no tengo padre ni madre; no soy
+más que el sobrino de mi tío, y de esa parte no espero más afecto que el
+que me es debido como tal pariente, es decir, muy poca porción del
+patrimonio de ternura que por derecho corresponde a mis dos primas.
+Tengo, pues, la necesidad de ser amado, en distinta forma que la de una
+amistad de colegio... No protestes; te estoy muy agradecido por la
+adhesión que me demuestras y que no dudo me conservarás, suceda lo que
+quiera. También me cumple decirte que te quiero mucho. Pero has de
+permitirme que considere un poco tibias las afecciones que me han tocado
+en suerte. Dos meses hace, una noche, en un baile, hablé poco más o
+menos del mismo modo sobre este mismo asunto con la persona a quien
+acabamos de encontrar. Al principio la divertí no dando a mis palabras
+más valor que el de lamentaciones de un estudiante a quien el colegio
+aburre; pero como tenía la firme voluntad de ser escuchado seriamente,
+puesto que en serio hablaba yo y como también estaba seguro de que sería
+creído si me empeñaba, le dije: «Señora, si le place dar a mis palabras
+el valor de una súplica, sea; si no ellas serán expresión de una pena de
+la cual no volverá a oír hablar.» Me dio dos golpecitos con el abanico
+con objeto de interrumpirme, sin duda; pero nada más tenía que decirle,
+y para no desmentirme abandoné el baile en seguida. Desde entonces
+mantengo mi palabra y no he añadido ni una frase que pudiera hacerle
+suponer que abrigo la más leve esperanza ni la duda más pequeña. No me
+oirá nunca ni lamentarme ni suplicar. Siento que en semejante caso
+tendré mucha paciencia y esperaré.
+
+Mientras así me hablaba parecía Oliverio muy tranquilo. Un poco más de
+brusquedad en su gesto y un acento más vibrante en la voz eran los
+únicos síntomas perceptibles que delataban un estremecimiento interno,
+si realmente se agitaba su corazón, que mucho lo dudo. Cuanto a mí, le
+escuchaba con real y profunda angustia. Aquel lenguaje me resultaba tan
+nuevo, era tal la naturaleza de sus confidencias, que desde luego
+experimenté una gran confusión, como al contacto de una idea
+completamente incomprensible.
+
+--¡Y bien!--le dije, porque no hallé en mi mente más que esa exclamación
+de ingenuo.
+
+--Pues nada más. Es todo lo que tenía que comunicarte, Domingo. Cuando a
+tu vez me pidas que te escuche, sabré hacerlo.
+
+Le contesté más lacónicamente aún, le estreché tiernamente la mano y nos
+separarnos.
+
+Me sucedió con estas confidencias de Oliverio igual que con todas las
+lecciones demasiado bruscas o fuertes por exceso; aquella iniciación
+embriagadora me llenó de confusiones y hube menester de largas y penosas
+meditaciones para seleccionar las verdades útiles o inútiles que
+contenían declaraciones tan graves. En el estado de ánimo en que me
+encontraba, es decir, atreviéndome apenas a aquilatar sin emoción la más
+inocente y la más usual de las palabras del lenguaje del corazón, mis
+previsiones más atrevidas jamás habrían llegado por sí solas a
+sobrepasar la idea de un sentimiento mudo y desinteresado. Partir de tan
+poco para llegar a las ardientes hipótesis en que me lanzaban las
+temeridades de Oliverio; pasar del silencio absoluto a la manera
+aquella, tan libre, de expresarse respecto de la mujer; seguirle, en
+fin, hasta el objeto marcado para su espera eran evoluciones capaces de
+hacerme envejecer en pocas horas. Llevé a cabo aquella gigantesca
+zancada, pero a trueque de temores y de deslumbramientos que no son para
+descritos; y lo que me asombró más, luego que hube alcanzado el punto de
+lucidez necesario para comprender a fondo las lecciones de Oliverio fue
+el resultado de la comparación del valoramiento que ponían en mi mente,
+con la frialdad del calculismo de aquel que se decía enamorado.
+
+Pocos días después me mostró una carta sin firma.
+
+--¿Os escribís?--le pregunté.
+
+--Esta carta--me dijo--es la única que de ella he recibido y no he
+contestado.
+
+La carta estaba concebida, poco más o menos, en los siguientes términos:
+
+* * *
+
+«Es usted un niño que pretende obrar como un hombre y yerra usted
+doblemente al envejecerse. Haga lo que quiera, los hombres serán siempre
+mejores o peores que usted. Creo que es digno de lástima porque está
+solo, y le estimo bastante para admitir que debe usted sufrir privado de
+una amistad vigilante y tierna; pero procedería usted mejor hablando con
+el corazón en la mano, que no confiándose un día, de súbito, a alguien
+que le aprecia, y callar después. No alcanzo el bien que le pude hacer
+escuchando sus confidencias ni el fin que persigue no renovándolas.
+Razona usted demasiado para una edad en que la ingenuidad es a la vez
+principal atractivo y única excusa, y si tuviera usted tanto abandono
+como sangre fría sería más interesante y sobre todo más feliz.»
+
+* * *
+
+No obstante algunos raros arranques de franqueza a los cuales cedía por
+capricho, no entendía yo más que a medias las confidencias de Oliverio.
+Aunque tenía la misma edad que yo, sobre poco más o menos, y era sin
+duda inferior a mí en muchas cosas, me consideraba demasiado joven,
+según decía, para apreciar las cuestiones de conducta que se agitaban en
+su alma. A duras penas podía yo aceptar la primera palabra del
+propósito que pretendía mantener hasta alcanzar la plena satisfacción
+del amor propio o de su placer. Le veía siempre tan tranquilo, tan
+sereno, tan dispuesto a todo, con su fisonomía amable, de rasgos un poco
+fríos, la mirada impertinente para todos los que no eran sus amigos, y
+aquella sonrisa rápida y seductora de la cual sabía hacer oportunamente
+tan pronto una caricia como un arma ofensiva. No estaba triste ni
+siquiera preocupado ni aun en los momentos en que, según confesión
+propia, su imperturbable confianza había sufrido un poco. El despecho no
+se manifestaba en él más que por una especie de irritabilidad más aguda,
+y no hacía más, por decir así, que añadir un resorte de temple más seco
+a su audacia.
+
+--Si te parece que voy a sufrir, te equivocas--me decía algún tiempo
+después en uno de esos momentos de breve vacilación en los cuales
+parecía complacerse en dar a sus palabras una expresión de hostilidad
+malvada.--Si un día llega a amarme, más tarde o más temprano, esto de
+ahora no es nada. Si no...
+
+--¿Si no?...--repetí yo.
+
+No contestó; como si hubiera querido cortar algo hendiendo el aire hizo
+girar silbando alrededor de su cabeza un fino junco que llevaba en la
+mano. Luego, continuó fustigando en el vacío con vehemencia extrema y
+añadió:
+
+--¡Si pudiera leer en sus ojos un sí o un no!... Jamás he visto otros ni
+más atormentadores ni más bellos, excepto los de mis dos primas que no
+me dicen nada.
+
+Otros días, cualquier incidente halagüeño le volvía a su ser. Se tornaba
+sensible, notábase que estaba agitado y se mostraba ligeramente
+entusiasta, con mucha más naturalidad. Ponía cierta dulzura en sus
+gestos y en sus palabras y, aunque reservado como siempre, mucho me daba
+a entender respecto de sus esperanzas.
+
+--¿Estás bien seguro de que la amas?--le pregunté por fin, tanto me
+parecía esa condición primordial aunque dudosa para que se mostrara
+exigente.
+
+Oliverio me miró fijamente y como si mi pregunta le pareciese el colmo
+de la imbecilidad o de la locura, soltó una carcajada tan insolente que
+me quitó las ganas de continuar.
+
+La ausencia de Magdalena duró el tiempo convenido. Algunos días antes de
+su regreso, pensando en ella--y eso me sucedía cada minuto,--recapitulé
+los cambios que se habían operado en mi ánimo y me quedé estupefacto. El
+corazón lleno de secretos, el espíritu conmovido por atrevidos impulsos,
+el ánimo cargado de experiencia antes de haber conocido nada, me
+reconocí absolutamente diverso de como era cuando de mí se había
+separado ella. Me persuadí de que aquello me serviría para aminorar otro
+tanto la curiosa sumisión a que había estado sujeto, y aquel leve tinte
+de corrupción difundido en todos mis sentimientos perfectamente cándidos
+antes, me prestó un algo semejante a la desvergüenza, mejor dicho, la
+suficiente bravura para correr al encuentro de Magdalena sin temblar
+demasiado.
+
+Llegó ella a fines de julio. Desde muy lejos percibí el ruido de los
+cascabeles de los caballos, y vi acercarse encuadrada en la verde
+cortina que formaban los setos vivos, la silla de posta, blanca de
+polvo, que cruzó el jardín y se detuvo delante del portal. Lo primero
+que impresionó mis ojos fue el velo azul de Magdalena que flotaba detrás
+de la portezuela del carruaje. Bajó ligera y se abrazó a Oliverio. Al
+contacto de sus pequeñas manos que estrechaban las mías con fraternal
+cordialidad la realidad de mis ensueños renació; luego, apoyándose en el
+brazo de Oliverio y en el mío con la familiaridad propia de una hermana,
+con igual presión sobre el uno que sobre el otro y derramando sobre
+ambos, como un verdadero rayo de sol la límpida luz de su mirada directa
+y franca, como quien siente un poco de cansancio subió las escaleras del
+salón.
+
+La velada estuvo saturada de efusión. ¡Tenía Magdalena tantas cosas que
+referirnos! Había contemplado hermosos paisajes, había admirado toda
+clase de novedades, de costumbres, de ideas, de trajes. Hablaba
+revelando el desorden en la memoria abarrotada de recuerdos tumultuosos
+con la volubilidad de un alma impaciente por referir en algunos minutos
+una multitud de adquisiciones hechas en dos meses. De cuando en cuando
+se interrumpía, para tomar aliento, como si todavía hubiese de subir y
+bajar muchos escalones de la montaña por donde su relación nos conducía.
+Se pasaba la mano por la frente, por los ojos, mesaba hacia atrás de las
+sienes los rizos de la espesa cabellera un poco erizada por el polvo del
+viaje. Hubiérase dicho que aquellas actitudes semejantes a las de una
+persona que marcha y tiene calor, refrescaban su memoria. Buscaba un
+nombre, una fecha, perdía y recobraba sin cesar el hilo enredado de un
+itinerario y se reía a carcajadas cuando la confusión de su relato era
+tan grande que se veía obligada a pedir ayuda a la clara y firme memoria
+de Julia. Exhalaba vida, el goce de enseñar, las curiosidades
+satisfechas. A pesar de estar rendida por el largo viaje en coche,
+conservaba todavía la costumbre del repetido cambio rápido de lugar que
+la hacía levantarse a cada momento, accionar, mudar de asiento, lanzar
+una ojeada de bienvenida tan pronto al jardín como a los muebles,
+reconociéndolo todo y acariciándolo. Luego fijaba atentamente los ojos
+en Oliverio y en mí como para estar bien segura de reconocernos y
+constatar mejor su regreso y su presencia entre nosotros; pero sea que
+nos encontrara un poco cambiados al uno y al otro, sea que dos meses de
+separación y la vista de tantas cosas nuevas la hubiesen deshabituado de
+las nuestras notaba yo en su fisonomía cierta expresión de vaga
+sorpresa.
+
+--Y bien--le dijo Oliverio,--¿nos reconoces?
+
+--No del todo--replicó ella ingenuamente.--Cuando estaba lejos de
+vosotros os veía de otra manera.
+
+Yo estaba como clavado en mi asiento. La miraba, la escuchaba y por
+mucho que ella notara en nosotros un cambio, el que yo advertía en ella
+era aún más efectivo y sin duda más completo, ya que no más profundo.
+
+Estaba más morena. Su tez, reanimada por suave tono rosado, traía de las
+caminatas al aire libre como un reflejo de luz y de calor que lo doraba.
+Tenía la mirada más rápida y la cara un poco más delgada, las pupilas
+como manchadas por el esfuerzo de una vida muy activa y la costumbre de
+abarcar dilatados horizontes. Su decir siempre acariciador y notado por
+el uso de expresiones tiernas había adquirido yo no sé qué nueva
+plenitud que le prestaba acentos más enérgicos. Andaba con más soltura,
+su pie mismo se había achicado ejercitándose en largas excursiones por
+difíciles senderos. Toda su persona parecía haber disminuido el volumen
+tomando aspecto más firme y más preciso; y el vestido de viaje, que
+sabía llevarlo maravillosamente, completaba la fina y robusta
+metamorfosis.
+
+Era la misma Magdalena, embellecida, transformada por la independencia,
+por el placer, por los mil accidentes de una existencia imprevista, por
+el ejercicio de todas las fuerzas, por el contacto con elementos más
+activos, por el espectáculo de una naturaleza grandiosa. Era la misma
+juventud de una criatura selecta, con algo más nervioso, más elegante,
+más definido, que señalaba un progreso en la belleza y un paso decidido
+en la vida.
+
+No recuerdo bien si entonces me di exacta cuenta de todo lo que ahora
+digo; pero lo que sé de cierto es que adiviné la superioridad más y más
+determinada de ella sobre mí porque en aquel momento medí con absoluta
+certeza y con una emoción que nunca había experimentado, la enorme
+distancia que separa a una joven que frisa en los diez y ocho años, de
+un estudiante que apenas cuenta diez y siete.
+
+Además un indicio más positivo todavía debiera haberme abierto los ojos
+aquella misma noche.
+
+Entre los bultos del equipaje había un admirable rododendro, arrancado
+de raíz en torno de las cuales una mano previsora había rodeado puñados
+de helecho y de plantas alpinas, todavía chorreando el agua de las
+montañas. Aquella planta, traída de tan lejos y por la cual demostraba
+especial interés el padre de Magdalena, decía ella que le había sido
+enviada en recuerdo de una expedición al pico de *** por un compañero de
+viaje a quien se atribuía vagamente mucha amabilidad, mucha cultura y
+previsión y muchas consideraciones respecto al señor D'Orsel.
+
+Cuando Julia deshacía las envolturas se deslizó una tarjeta que Oliverio
+vio caer y de la cual se apoderó rápidamente; después de darle dos o
+tres vueltas como si tratara de apreciar los detalles fisonómicos, por
+decir así, de aquella blanca cartulina, leyó en voz alta: _El conde
+Alfredo de Nièvres_.
+
+Nadie se dio por entendido de aquel nombre que resonó secamente en medio
+de un silencio absoluto y resuelto. Magdalena aparentó no haber oído;
+Julia ni siquiera pestañeó; Oliverio calló; el señor D'Orsel tomó la
+tarjeta y la desgarró sin decir palabra. En cuanto a mí, el más
+interesado en precisar los más insignificantes detalles de aquel viaje,
+¿qué le diré a usted? Tenía necesidad de sentirme dichoso, y en eso se
+cifra el enigma de muchas cegueras menos explicables aún que la mía.
+
+Entre Magdalena casi mujer y el adolescente apenas emancipado que voy
+retratando, entre sus brillantes años y los míos, había mil obstáculos
+conocidos o desconocidos, patentes u ocultos, nacidos o por nacer. Sin
+embargo, yo me obstinaba en no ver ninguno. Había echado mucho de menos
+a Magdalena, la había deseado, esperado, y ya usted habrá adivinado que
+después de su partida había cien veces maldecido el censurable espíritu
+de rebelión que me revolvía contra la más envidiable, la más dulce, la
+menos calculada de las servidumbres. Volvía al fin tan afectuosa que me
+encantaba, seductora hasta el punto de maravillarme; la poesía; y como
+les sucede a quienes un exceso de luz les perturba la vista, nada
+advertía yo más allá del confuso deslumbramiento que me enceguecía.
+
+Gracias a la ausencia de razonamiento, mejor dicho, a mi ceguera, me
+sumergí en los meses siguientes como si hubiera entrado en lo infinito.
+Figúrese usted una primavera, rápida y muy calurosa, llena de rientes
+amores, de impulsos generosos, de imprevisiones, de alegrías perfectas.
+Tan enérgica fue mi expansión como cobarde había sido el replegamiento
+sobre mí mismo antes de aquella súbita floración que me sorprendía en el
+embotamiento propio de la verdadera infancia. No preguntaba si me era
+permitido ofrecerme, me daba sin reservas con efusiones en las cuales
+ponía cuanto en mí había de sinceridad inteligente, lo mejor de mi ser
+moral, sobre todo lo más inflamable. No me considero capaz de pintar con
+exactitud aquel breve momento de desinterés total, que bien puede servir
+de excusa a muchos accesos de egoísmo, en que luego caí, y durante el
+cual mi existencia purísima, saturada de buenas intenciones, ardió por
+entero a modo de ofrenda y llameó a los pies de Magdalena como fuego
+sagrado ante un altar.
+
+Recobramos las antiguas costumbres. Era el mismo cuadro de antes
+embellecido por el prodigioso brillo de una nueva vida. Causábame
+asombro encontrarlo todo tan incomparable y que una sola influencia
+hubiera tenido el poder de cambiar el aspecto de las cosas hasta el
+extremo de rejuvenecer tantas decrepitudes y reemplazar aspectos tan
+morosos por semejantes alegrías. Las noches eran cortas, las tardes
+calurosas. Ya no nos reuníamos en el salón; se velaba bajo los árboles
+del jardín del señor D'Orsel o en pleno campo sobre los linderos de los
+prados húmedos. Muchas veces daba yo el brazo a Magdalena durante las
+lentas caminatas realizadas en grupo. Las personas mayores nos seguían.
+Llegaba la noche y hacía descender sobre nosotros el silencio, en
+aquellas horas en que se habla menos y en voz muy baja. La ciudad
+cerraba el horizonte con sus graves siluetas, el tañido de las campanas
+y el de las sonerías de los góticos relojes de torre acompañaban
+aquellos paseos alemanes en los que yo no era Werther, aunque creo que
+Magdalena valía una Carlota, porque jamás le hablé de Klopstock y si
+alguna vez mi mano se posó en la suya fue siempre obedeciendo a un
+impulso fraternal.
+
+Por las noches continuaba escribiendo con furor, porque nada hacía yo a
+medias. Me parecía a veces--tal era el cúmulo de ilusiones que se
+reunían en mi cabeza,--que estaba a punto de dar a luz alguna obra
+maestra. Obedecía a una fuerza ajena a mi voluntad como todas las que me
+poseían. Si con los recuerdos de aquella época hubiese conservado la más
+leve de las ignorancias que la hicieron tan bella y tan estéril, diría
+que aquella facultad singular, siempre dominadora y jamás sumisa,
+desigual, indisciplinable, llegando en cierto momento y alejándose como
+había venido, asemejaba a lo que los poetas llaman inspiración y
+personifican en su Musa. Era imperiosa e infiel, dos rasgos salientes
+que me hicieron tomarla por la inspiradora ordinariamente de los
+espíritus dotados. Pero un día, más adelante, comprendí que la visitante
+que me causó tantas alegrías primero y luego tanta decepción, no tenía
+nada de lo característico de la Musa sino mucha inconstancia y mucha
+crueldad.
+
+Esta doble vida de fiebre del corazón, de fiebre del espíritu, hacían de
+mí un ser muy equívoco. Notábalo yo. Había en ella más de un peligro que
+traté de conjurar y creí llegado el momento de desembarazarme de un
+secreto sin valor para poner a salvo otro más precioso.
+
+--Es singular...--me dijo Oliverio.--¿A dónde te conducirá eso? Después
+de todo, tienes razón si ese trabajo te divierte.
+
+Breve respuesta que encerraba no poco desdén y quizás mucho asombro.
+
+En medio de estas distracciones mis estudios iban bastante bien.
+Continuaba obteniendo éxitos que despreciaba comparándolos con la
+grandeza de los sentimientos que hacían que fuese un hombre pequeño y,
+según mi juicio, un corazón tan grande. De tarde en tarde recibía de
+lejos un impulso que me obligaba a considerar aquellos éxitos menos
+desdeñables. Desde el día que nos separamos, Agustín no me había
+olvidado. En cuanto lo permitía la distancia que nos separaba continuaba
+procurándome las enseñanzas que habían comenzado en Trembles. Con la
+superioridad que le prestaba la experiencia de la vida abordada por los
+lados más dificultosos, en el más grande de los escenarios, y según el
+progreso moral que suponía en su discípulo, había elevado poco a poco el
+tono de sus consejos. Sus lecciones se convertían ya casi en
+conversaciones de hombre a hombre. Me hablaba poco de él mismo y sólo en
+términos vagos para decirme que trabajaba, que hallaba grandes
+obstáculos, pero que esperaba llegar a buen término. Algunas veces una
+rápida descripción, bosquejo del mundo en que vivía, de los hechos, de
+las ambiciones que le rodeaban, seguía a la expresión de los buenos
+ánimos que tenía para luchar, como para experimentarme con tiempo y
+prepararme a las enseñanzas que más tarde debía sacar de las más
+brutales realidades. Se preocupaba de lo que yo pensaba, de lo que hacía
+y sin cesar me preguntaba qué era lo que en fin había resuelto emprender
+después que saliera de mi provincia.
+
+* * *
+
+«He sabido--me decía,--que es usted el primero de la clase. Está muy
+bien. Pero no se envanezca por semejantes ventajas. La emulación en el
+colegio es la forma ingenua de una ambición que usted conocerá más
+tarde. Acostúmbrese a permanecer en primera línea para que nunca se
+sienta satisfecho de usted mismo si llegase a ocupar tan sólo la
+segunda en lo sucesivo. Sobre todo no equivoque el móvil de su esfuerzo,
+no confunda el orgullo con la modesta apreciación de lo que puede hacer.
+No le preocupe nunca, sobre todo en el orden moral, más que la extrema
+altura del objeto y la necesidad de acercarse a él lo más posible; eso
+le prestará a usted mucha humildad y mucha fortaleza. La imposibilidad
+casi general, de alcanzar lo extremo de ciertos ensueños hará que
+considere estimable y digno de piedad, el esfuerzo que cualquier hombre
+de buena fe intente hacia la perfección. Si se siente más cerca que él,
+calcule de nuevo lo que le queda por hacer y los acobardamientos valdrán
+más, desde el punto de vista moral, que no las vanidades.»
+
+* * *
+
+Permítame que le muestre algunos extractos de cartas de Agustín y
+suponiendo mis contestaciones le será fácil comprender el espíritu
+general de nuestra correspondencia y verá usted más exactamente cuáles
+eran entonces su vida y la mía.
+
+«París 18...
+
+»¡Diez y ocho meses hace ya que estoy aquí! Sí, mi querido Domingo, diez
+y ocho meses han transcurrido desde que nos separamos en aquella pequeña
+plaza diciendo _hasta la vista_. Veinticuatro horas después, cada uno de
+nosotros pusimos manos a la obra. Deseole, mi querido amigo, que esté
+más satisfecho de sí mismo que yo lo estoy de mí. La vida sólo es fácil
+para quienes la espigan sin penetrarla. Para ésos París es el lugar del
+mundo en donde más cómodamente se puede tener la creencia de que se
+existe. Basta dejarse arrastrar por la corriente como un nadador en una
+masa de agua pesada y rápida; se flota en ella, y no se ahoga uno. Verá
+usted eso algún día y será testigo de muchos éxitos debidos tan sólo a
+la ligereza de los caracteres y de muchas catástrofes que no se habrían
+padecido con diferente peso en las convicciones. Es bueno familiarizarse
+desde temprano con el espectáculo verdadero de las causas y de los
+efectos. No sé qué ideas tiene usted de todo esto, si es que las tiene.
+En todo caso es poco probable que sean precisas y lo más triste del caso
+es que tiene usted razón. El mundo debía ser en todo semejante a lo que
+usted imagina. ¡Si usted supiera cuán diferente es! Mientras no pueda
+juzgarlo por sí mismo, habitúese a estas dos ideas: que hay verdades y
+existen hombres. Jamás cambie usted respecto del sentimiento nativo que
+tiene usted tocante a las unas; y cuanto a los otros espere que llegue
+el día en que los conozca.
+
+«Escríbame con más frecuencia. No me diga que ya conozco su vida y que
+no tiene nada que referirme. A los años que usted tiene y en un alma
+como la suya cada día hay algo nuevo. ¿Recuerda la época en que medía
+usted las hojas que nacían y me comunicaba el número de líneas que
+habían crecido bajo la acción de una noche de escarcha o un día de sol
+fuerte? Pues lo mismo sucede con los instantes de un mozo de su edad. No
+se asombre de ese desenvolvimiento rápido que, conociéndole a usted,
+imagino que ha de sorprenderle y acaso asustarle. Deje actuar fuerzas
+que tratándose de usted no tienen nada de peligrosas; hábleme para que
+le conozca, permítame verle tal cual es y a mí vez le diré a usted
+cuánto ha crecido. Sobre todo sea ingenuo en sus sensaciones. ¿Acaso
+tiene necesidad de estudiarlas? ¿No es bastante sentirse emocionado? La
+sensibilidad es un don admirable; en el orden de las creaciones que
+usted debe producir puede llegar a ser una fuerza extraordinaria, pero
+con una condición: que no la revuelva usted contra sí mismo. Si de una
+facultad creadora eminentemente espontánea y sutil, hace usted un
+elemento de observación, si refina, si examina, si no le basta el sentir
+y experimenta la necesidad de estudiar el mecanismo, si el espectáculo
+de un alma emocionada es lo que más le satisface de la emoción, si se
+rodea de espejos convergentes para multiplicar la imagen hasta lo
+infinito, si mezcla usted el análisis humano a los dones divinos, si de
+sensible se convierte usted en sensual, no hay límites para semejantes
+perversidades y, se lo advierto, eso es muy grave. Hay una fábula muy
+antigua que es encantadora, se presta a muchas interpretaciones y se la
+recomiendo. Narciso se enamoró de su propia imagen; no pudo apartarla de
+sus ojos; no era posible que llegase a apoderarse de ella y murió
+víctima de la misma ilusión que le había seducido. Piense usted en esto
+y si llega a sucederle sufriendo, amando, viviendo, por mucho que le
+parezca seductor el fantasma de usted mismo, apártese de él.»
+
+* * *
+
+«Me dice usted que se fastidia. Eso vale tanto como declarar que sufre;
+el aburrimiento no cabe más que en los cerebros vacíos o en los
+corazones incapaces de ser heridos por nada. Pero, ¿por qué sufre? ¿Es
+cosa que pueda usted decírmelo? Si estuviese yo cerca de usted lo
+sabría. Cuando me otorgue el derecho de interrogarle más positivamente
+le diré lo que imagino. Si no me engaño y si es verdad que usted mismo
+no sabe lo que empieza a causarle sufrimiento, tanto mejor, porque es
+prueba de que su corazón ha conservado toda la inocencia que en su
+cerebro no existe ya.
+
+»No me pida que le hable de mí; mi _yo_ no es nada hasta lo presente.
+¿Quién lo conoce, aparte de usted? No es verdaderamente interesante para
+nadie. Trabaja, se esfuerza, no se cuida nada, nada se divierte, espera
+alguna vez y a pesar de todo continúa queriendo. ¿Basta con eso? Ya
+veremos.
+
+«Vivo en un barrio que no será probablemente el que usted habite, porque
+tiene usted el derecho de elegir. Todos aquellos que al igual que yo
+salen de la nada para llegar a ser algo, vienen a donde yo estoy, a la
+ciudad de los libros, en un rincón desierto, consagrado por cuatro o
+cinco siglos de heroísmos, de trabajos, de penurias, de sacrificios, de
+esperanzas abortadas, de suicidio y de gloria. Es una residencia muy
+triste, pero muy bella. Si hubiera tenido libertad para elegir, no
+habría preferido otra. No me compadezca usted porque en ella vivo: estoy
+en mi sitio.»
+
+* * *
+
+«Escribe usted y eso lo hace porque debía ser. Que guarde usted secreto
+para quienes le rodean es una timidez que comprendo; y seguro estoy de
+que ha de sentir el deseo de confiarse a mí. El día en que la necesidad
+de confidencias le lleve a ese punto, envíeme los fragmentos que pueda
+comunicarme, sin alarmar demasiado sus pudores de escritor...
+
+»Otra cosa que me gustaría saber: ¿qué es de aquel amigo de quien apenas
+me habla usted ya? El retrato que de él me hizo era seductor. Si
+comprendí bien debe ser un mozo encantador, pésimo estudiante. Tomará la
+vida por el lado fácil y brillante. En tal caso aconséjele que viva sin
+ambiciones, porque las que tendría serían de la peor especie. Y dígale
+además, que no tiene otra cosa que hacer en el mundo sino ser feliz.
+Sería imperdonable introducir quimeras en satisfacciones tan positivas
+y mezclar lo que usted llama ideal con apetitos de pura vanidad.
+
+»Su Oliverio no me desagrada, me inquieta. Es evidente que ese mozo
+precoz, positivo, elegante, resuelto, puede equivocar el camino y pasar
+junto a la dicha sin sospecharlo. También él ha de tener sus
+fantasmagorías y se creará imposibilidades. ¡Qué locura! Quiero creer
+que tiene corazón; pero, ¿qué uso hace de él? ¿No me ha dicho usted que
+tiene dos primas ese Querubín que aspira a convertirse en un don Juan?
+Pero olvido, citándole esos dos nombres, que quizás no conoce usted ni
+el uno ni el otro. ¿Le ha permitido ya su profesor de retórica leer a
+Beaumarchais y _El Convidado de piedra_? En cuanto a Byron, lo dudo y
+puede usted esperar sin inconveniente.»
+
+* * *
+
+Habían pasado muchos meses sin ninguna alteración; el invierno se
+acercaba cuando creí notar en la fisonomía de Magdalena una sombra, una
+preocupación que jamás había manifestado. Su cordialidad, siempre igual,
+revelaba los mismos afectos, pero había más gravedad en ella. Una
+aprensión, quizás una añoranza, algo sólo apreciable en los efectos,
+comenzaba a interponerse entre nosotros como síntoma primero de
+desilusión. Nada en concreto, sólo un conjunto de discordancias, de
+desigualdades, de diferencias, que la transfiguraban de cierta manera, y
+le prestaban el singular encanto de las cosas que el tiempo o la razón
+nos disputan y que se van. Por cierta reserva, por súbitas reacciones,
+por múltiples reticencias, que lentamente relajaban vínculos sin
+romperlos, se comprendía que con extrema delicadeza, ponía empeño en
+desatar lazos que la familiaridad de nuestras costumbres había apretado
+demasiado. De pronto surgió un recuerdo, se repitió un nombre olvidado,
+que yo había oído pronunciar sólo una vez, y en mi mente brotó una
+suposición fundada y amenazadora que me laceraba el corazón; sensación
+aguda que se disipaba por sí misma al menor indicio de seguridad para
+renacer en seguida con la vivacidad de una evidencia.
+
+Un domingo esperamos vanamente a Magdalena y Julia. Al otro día Oliverio
+no vino al colegio. Pasaron tres días sin noticias. La inquietud me
+apenaba horriblemente. Por la noche corrí a la calle de los Carmelitas y
+pregunté por Oliverio.
+
+--Está en el salón--me dijo el sirviente.
+
+--¿Solo?
+
+--No, hay otras personas.
+
+--Entonces le esperaré.
+
+Apenas había empezado a subir la escalera que conducía al cuarto de
+Oliverio me detuvo no sé qué extraño presentimiento confuso. El corazón
+me latía violentamente. Bajé, atravesé sin hacer ruido la antesala que
+estaba desierta, y me deslicé por uno de los caminos que conducían del
+patio al jardín. El salón, situado en el piso bajo, tenía tres ventanas
+sobre el parterre a la altura de la escalinata y delante de cada una
+había un banco de piedra. Me encaramé en uno de ellos. La noche estaba
+oscurísima y nadie podía sospechar que yo estuviera allí; dirigí ansioso
+la mirada hacia aquella habitación y vi a toda la familia reunida:
+Oliverio, vestido de negro, de pie delante de la chimenea. Junto al
+hogar estaban el señor D'Orsel y un hombre joven aún, alto, bien
+parecido, ataviado irreprochablemente. Advertí las actitudes un poco
+lentas con que acompañaba sus palabras y la manera seria y graciosa con
+que de cuando en cuando volvía el rostro hacia Magdalena. Estaba ella
+sentada junto a una mesita de labor y todavía me parece verla inclinada
+la cabeza sobre un bordado, el rostro cubierto de la sombra de los rizos
+que adornaban su frente, envuelta en el reflejo rojizo de la luz de las
+lámparas. Julia, puestas las manos sobre las rodillas, inmóvil, con
+expresión de intensa curiosidad en el semblante, tenía sus grandes ojos
+taciturnos fijos en el desconocido.
+
+En pocos segundos me di cuenta de todo lo que he dicho. Luego pareciome
+que las luces se apagaban, mis piernas se doblaron y me desplomé sobre
+el banco. Un espantoso temblor agitaba mi cuerpo de la cabeza a los
+pies. Presa de acerbo dolor sollozaba y me retorcía las manos
+murmurando: «Magdalena está perdida para mí y yo la amo...»
+
+
+
+
+VII
+
+
+Magdalena era cosa perdida para mí y yo la amaba. Una sacudida algo
+menos violenta quizás no me hubiese revelado más que a medias la
+extensión de aquella doble desventura, pero la presencia del señor De
+Nièvres hasta tal punto me impresionó, que de todo me di cuenta. Me
+quedé anonadado; sin más consuelo que aceptar la fatalidad de un hecho
+que había de producirse, comprendiendo demasiado que no tenía el derecho
+de modificarlo en lo más mínimo ni el poder de retrasarlo una hora
+siquiera.
+
+Ya le he dicho a usted de qué modo amaba a Magdalena: con aturdimiento,
+con absoluta inconsciencia, sin fundamento de ninguna esperanza
+concreta. La idea del matrimonio, aparte ser cien veces absurda, ni
+siquiera había prestado alientos al inocente impulso de un afecto que se
+bastaba a sí mismo para ser, se daba para difundirse y constituía un
+culto sin otro móvil que adorar. ¿Cuáles eran los sentimientos de
+Magdalena? Nunca me había preocupado de ellos. Con razón o sin ella, le
+atribuía indiferencias e imposibilidades de ídolo; la suponía extraña a
+cualquiera de las adhesiones que inspiraba; la colocaba en un
+aislamiento quimérico; y esto bastaba para satisfacer al secreto
+instinto que, a pesar de todo, existe en el fondo de los corazones
+menos ocupados de ellos mismos, a la necesidad de imaginar que Magdalena
+era invencible y no amaba a nadie.
+
+Estaba yo seguro de que Magdalena no podía sentir ningún interés por un
+extraño que el acaso había arrojado en su camino como mero accidente.
+Era posible que añorando la vida de soltera no viese sin temores que se
+acercaba el instante de adoptar un partido tan serio. Pero
+indudablemente--aún admitiendo que estuviera libre de todo afecto
+serio,--la voluntad de su padre, consideraciones de rango, de posición
+social y de fortuna, la decidirían a aceptar una alianza a la cual el
+señor De Nièvres aportaba, además de mucha conveniencia, altas calidades
+de otra índole.
+
+No sentía resentimiento, ni cólera ni celos por el hombre que me hacía
+tan desventurado. Antes de personificar el imperio del derecho
+representaba ya el de la razón. Por eso el día que el padre de Magdalena
+nos presentó recíprocamente en casa de mi tía diciéndole que era yo el
+mejor amigo de su hija, recuerdo que al estrechar la mano del señor De
+Nièvres pensé lealmente: «¡Pues bien, si ella le ama, que le ame él
+también!» Y en seguida fui a sentarme al fondo del salón y los contemplé
+bien convencido de mi impotencia, más que nunca obligado a callar, sin
+irritación contra el hombre que nada me quitaba puesto que nada me
+habían dado, reivindicando el derecho de amar como inherente al derecho
+de vivir y diciéndome con desesperación: «¿Y yo?»
+
+En lo sucesivo me aislé mucho. Menos que a nadie me correspondía a mí
+interrumpir coloquios de los cuales debía resultar la inteligencia de
+dos corazones muy lejos sin duda de conocerse. Iba lo menos posible al
+hotel D'Orsel; era tan insignificante ya el papel que yo representaba
+en medio de los altos intereses que allí se cruzaban que no ofrecía
+ningún inconveniente el hacerme olvidadizo.
+
+Ninguno de aquellos cambios de conducta se ocultó seguramente a la
+perspicacia de Oliverio; pero fingió hallarlos muy naturales y nada me
+dijo, de nada se mostró extrañado y ninguna explicación me dio de las
+cosas que pasaban en su familia. Una sola vez, por todas, con una
+habilidad que me dispensaba casi de una declaración, me dio a entender
+que estábamos de acuerdo respecto al señor De Nièvres.
+
+--No te preguntaré qué te parece mi futuro primo. Todo hombre que de un
+grupo tan pequeño y tan unido como el que nosotros formamos, viene a
+tomar una mujer, es decir, a quitarnos una hermana, una prima, una
+amiga, acarrea una perturbación, hace una brecha en nuestras amistades y
+nunca puede ser bien venido. Por mi parte, te declaro que no es ése
+precisamente el marido que habría querido para Magdalena. Ella es de su
+provincia. El señor De Nièvres se me figura que no es de ninguna parte,
+como les sucede a muchos parisienses: la transportará, pero no la
+fijará. Aparte eso, me parece bien.
+
+--Muy bien--le dije.--Estoy convencido de que hará feliz a Magdalena...
+y después de todo...
+
+--Sin duda--interrumpió Oliverio en tono de afectada indiferencia.--Sin
+duda y con desinterés. Es todo lo que podemos desear.
+
+La boda se había concertado para fines del próximo invierno y esa época
+estaba ya muy cerca. Magdalena estaba seria; pero aquella actitud por
+mera conveniencia social, no era para dar margen a dudas en punto a su
+resolución; la mantenía tan sólo para limitar con la delicadeza que le
+era peculiar la expresión de los sentimientos más íntimos. Esperaba con
+plena independencia, en medio de leales deliberaciones, el
+acontecimiento que debía ligarla para siempre y por su propia
+declaración. Por su parte el señor De Nièvres, durante aquel período de
+prueba tan difícil de dirigir como de soportar, había ayudado mucho
+desplegando recursos que le acreditaron de ser hombre de trato tan
+correcto como corresponde a la calidad de los que son cumplidos
+caballeros.
+
+Una noche, mientras sostenía con Magdalena animada conversación a media
+voz, viósele ofrecerle ambas manos en actitud de cordial amistad. Ella
+miró en torno suyo como si quisiera tomarnos a todos por testigos de lo
+que iba a hacer, se puso de pie y sin pronunciar palabra, pero
+acompañando su ademán de la más cándida y graciosa de las sonrisas, posó
+a su vez ambas manos desnudas en las del Conde.
+
+Aquella noche me llamó junto a ella y como si estando ya definida tan
+concretamente su situación, le fuera dado en adelante manifestar con
+toda franqueza los afectos secundarios, me dijo:
+
+--Tenemos que hablar, siéntese usted a mi lado. Hace ya mucho tiempo que
+apenas le veo. Ha creído usted, sin duda, que debía apartarse un poco de
+nosotros y lo siento, porque resulta ahora que no conoce usted al señor
+De Nièvres. Dentro de ocho días me caso y es éste el momento oportuno de
+que nos entendamos. El señor De Nièvres le estima a usted, sabe muy bien
+el valor de todas sus afecciones, es su amigo de usted y usted lo será
+suyo; se trata de un compromiso que he adquirido en nombre de usted y
+que estoy segura mantendrá...
+
+Sencillamente, con toda libertad, sin ambigüedades, habló del pasado,
+concretando los intereses de nuestra futura amistad, no para imponer
+condiciones, sino para convencerse de que los vínculos de ella serían
+más estrechos--y mezclando el nombre de su prometido, que, aseguraba, no
+sólo no desunía nada sino que consolidaba relaciones que otro enlace
+acaso hubiese podido romper.--Evidentemente se proponía obtener de mí
+algo parecido a una protesta de conformidad con la elección que había
+hecho y convencerse de que su determinación, adoptada fuera del alcance
+de todo consejo de amigo, no me desagradaba.
+
+De mi parte hice lo mejor que pude todo lo que me pareció que podía
+conducir a satisfacer su deseo; le prometí que nada sería cambiado entre
+nosotros y le juré conservarme fiel a sentimientos mal expresados, era
+posible, pero demasiado evidentes para que acerca de ellos pudiera
+abrigar la menor duda. Por primera vez tuve serenidad, audacia, y logré
+mentir y ser creído. Verdad es que mis palabras se prestaban a tantas
+interpretaciones y las ideas a tales equívocos, que en otras
+circunstancias aquellas mismas protestas habrían podido significar mucho
+más. Ella las tomó en el sentido más sencillo y tan calurosamente me
+expresó su agradecimiento que en poco estuvo no diera en tierra con todo
+mi valor.
+
+--¡En buen hora!--dijo.--Me gusta oírle hablar así. Repítamelo usted
+para que yo escuche todavía las buenas palabras que me consuelan de los
+ingratos silencios y reparan no pocos olvidos que herían sin que usted
+lo supiera.
+
+Hablaba de prisa, con efusión en los gestos y en las frases, con un
+ardor en el semblante que hacía nuestra conversación muy peligrosa.
+
+--De modo--continuó,--que es cosa convenida el que nuestra antigua
+amistad nada tiene que temer. Usted responde de ello en lo que le
+corresponde. Es menester que ella nos siga y no se pierda en ese gran
+París que, según dicen, dispersa los más tiernos afectos y pone olvido
+en los corazones más firmes. Ya sabe usted que el señor De Nièvres tiene
+el propósito de que pasemos a lo menos los meses del invierno. Oliverio
+y usted vendrán a fin de año. Mi padre y Julia vienen conmigo. Allí
+casaré a mi hermana. ¡Oh! tengo para ella toda suerte de ambiciones, las
+mismas poco más o menos, que para usted--y al expresar esa idea se
+ruborizó ligeramente.--Nadie conoce a Julia: es todavía un carácter
+cerrado; yo sí que la conozco. Ahora que ya sabe todo lo que tenía que
+decirle, sólo me resta recomendarle una cosa: vigile a Oliverio; tiene
+el mejor corazón del mundo; que lo economice y lo reserve para las
+grandes ocasiones. He ahí mi testamento de soltera--concluyó en voz más
+alta, para que el señor De Nièvres la oyera, y le invitó a acercarse.
+
+Pocos días después se celebró la boda. El invierno se despedía con una
+rigurosa helada. El recuerdo de un dolor físico se mezcla aún hoy como
+sufrimiento ridículo, al sentimiento de mi pena. Apoyada Julia en mi
+brazo, la conduje todo lo largo de la iglesia, atestada de gente, según
+costumbre provinciana. Estaba pálida como un cadáver, temblorosa de frío
+y de emoción. En el momento de ser pronunciado el «sí» irrevocable que
+decidía la suerte de Magdalena y la mía, el rumor de un suspiro ahogado
+me arrancó del estupor en que estaba sumido. Era que Julia sollozaba,
+oculto el rostro con el pañuelo. Por la noche estaba más triste aún, si
+cabe, pero hacía esfuerzos sobrehumanos para disimular delante de su
+hermana.
+
+¡Qué niña tan extraña era entonces! Morena, menuda, nerviosa, con su
+aire impenetrable de joven esfinge, su mirada que alguna vez interrogaba
+pero no respondía nunca, sus ojos absorbentes. Eran los ojos más
+admirables y menos seductores que jamás vi, el rasgo más impresionante
+de la fisonomía de aquel joven ser sombrío, doliente y altivo. Grandes,
+anchos, con largas cejas que no dejaban nunca aparecer un punto
+brillante, velados de un azul sombrío que les prestaba el indefinible
+color de las noches del estío, aquellos ojos enigmáticos se delataban
+sin luz y todos los resplandores de la vida se concentraban en ellos
+para no brillar más.
+
+--Mucho cuidado con Magdalena--me decía en medio de una angustia en la
+cual se destacaban perspicacias que me atormentaban.
+
+Después, enjugaba sus mejillas con rabia, y me culpaba de aquel exceso
+de invencible debilidad contra la cual se rebelaban los vigorosos
+instintos de su naturaleza.
+
+--También tiene usted la culpa de que yo llore. Vea qué sereno está
+Oliverio.
+
+Comparaba aquel inocente dolor con el mío, le envidiaba amargamente el
+derecho que tenía de manifestarlo y no hallaba ni una palabra para
+consolarla.
+
+El dolor de Julia, el mío, lo largo de la ceremonia, la vieja iglesia en
+la cual tanta gente cuchicheaba alegremente en torno de mi pena, la
+transformación de la casa D'Orsel adornada de flores para aquella fiesta
+extraordinaria, los trajes femeniles de inusitado lujo, un exceso de luz
+y de olores que me causaban vértigo, ciertas sensaciones dolorosas cuyo
+sentimiento perduró por mucho tiempo como huella de incurables
+pinchazos, en una palabra, los recuerdos incoherentes de un mal sueño,
+es lo único que me queda hoy de aquella jornada, una de las más ciertas
+desventuras de mi vida. En el fondo de este cuadro casi imaginario ya,
+se destaca una figura: es la imagen de Magdalena, con su traje y su velo
+blanco y su corona de desposada. Algunas veces--tanto contrasta la
+tenuidad de esta visión con las realidades más crudas que la preceden y
+la siguen--la confundo, por decir así, con el fantasma de mi propia
+juventud, virgen, velada desaparecida.
+
+Fui el único que no se atrevió a besar a la señora De Nièvres al volver
+de la iglesia. ¿Lo notó ella? ¿Hubo en su ánimo un movimiento de
+despecho o cedió simplemente al impulso de una amistad acerca de la
+cual, pocos días antes, quiso establecer por sí misma compromisos muy
+sinceros? Lo ignoro; pero ello fue, que durante la velada el señor
+D'Orsel vino, me tomó por el brazo, y, más muerto que vivo, me arrastró
+hasta ponerme cara a cara con Magdalena. Estaba en medio del salón, en
+pie cerca de su marido, con aquel traje deslumbrador que la
+transfiguraba.
+
+--Señora...--le dije.
+
+Sonrió al oírse llamar de aquel modo tan nuevo y--perdóneme la memoria
+de un corazón irreprochable, incapaz de doblez ni de traición--su
+sonrisa, sin que ella lo advirtiera, tenía significado tan cruel que
+acabó de desconcertarme. Se inclinó hacia mí... y no sé ni lo que le
+dije ni lo que dijo ella: vi sus ojos rebosantes de dulzura cerca de los
+míos... Luego todo dejó de ser inteligible para mí.
+
+Cuando volví en mí y me repuse halléme en medio de un grupo de hombres y
+de mujeres que me contemplaban con indulgente interés capaz de matarme;
+sentí que alguien me agarraba rudamente, volví la cabeza y vi que era
+Oliverio.
+
+--¿No ves que estás dando un espectáculo? ¿Estás loco?--murmuró en voz
+bastante baja para que sólo de mí fuera oída, pero con una vivacidad en
+la expresión que me llenó de espanto.
+
+Aun estuve algunos momentos retenido por sus brazos; luego gané la
+puerta con él y al llegar a ella me desprendí de su violento abrazo.
+
+--No me retengas--exclamé,--y en nombre del Cielo, por lo más sagrado,
+no me hables nunca de lo que has visto.
+
+Siguiome hasta el patio empeñado en hablarme.
+
+--¡Calla!--le dije, y escapé.
+
+Luego que estuve en mi habitación y pude reflexionar tuve un acceso de
+vergüenza, de desesperación y de locura amorosa que no fue parte a
+consolarme pero me alivió. Difícil me sería contarle a usted lo que pasó
+por mí durante aquellas pocas horas de horrible tumulto en mi alma, las
+primeras que me hicieron conocer, con un mundo de presunciones, de
+delicias, una inmensidad de horribles sufrimientos: desde los más
+confesables hasta los más vulgares. Sensación de lo más dulce que podía
+soñar, espantoso temor de haberme inutilizado para siempre, angustiosos
+presagios para lo futuro, sentimiento de humillación por mi vida
+presente; todo, absolutamente todo, lo conocí, inclusive un inesperado
+dolor, muy irritante, que se parecía mucho al rudo escalofrío del amor
+propio herido.
+
+Era muy avanzada la noche. Ya le he hablado a usted de mi habitación
+situada en el último piso, especie de observatorio en el que me había
+creado, como en Trembles, continuas inteligencias con todo lo que me
+rodeaba, por medio de la vista o por la costumbre constante de escuchar.
+Largo tiempo estuve paseando de arriba abajo--en este punto mi recuerdo
+es preciso--presa de un abatimiento que no sabría pintarle a usted.
+«¡Amo a una mujer casada!», me decía, aferrado a esta idea, vagamente
+aguijoneado por lo que ella tenía de irritante, lleno de terror, sobre
+todo, como fascinado por lo que ella implicaba lo imposible; me
+asombraba el ver que, sin quererlo, repetía la frase que tanta sorpresa
+me causó en boca de Oliverio: «esperaré», y en seguida me preguntaba:
+«¿pero qué?» A esto no era dable responder más que con suposiciones
+abominables que me resultaban profanadoras de la imagen de Magdalena.
+Luego se me aparecía París en lo futuro, y en la lejanía, fuera de toda
+certidumbre, la oculta mano del destino que podía simplificar de tantas
+maneras aquella terrible trama de problemas y como la espada del griego,
+cortarlos ya que no resolverlos. Aceptaba hasta una catástrofe con la
+condición de que ella representara una salida y, puede ser, si hubiera
+tenido algunos años más, hubiera buscado cobardemente el medio de poner
+fin a una vida que podía perjudicar a tantas otras.
+
+A eso de media noche oí a través del lecho, a larga distancia, un
+chillido breve y agudo que en medio de tantas convulsiones resonó en mi
+alma como el grito de un amigo. Abrí la ventana y escuché. Era una
+bandada de patos que había levantado el vuelo al venir la marea alta y
+se dirigía a toda prisa hacia el río.
+
+El mismo chillido resonó una o dos veces más, me fue necesario
+sorprenderlo al paso, y ya no lo percibí más. Todo estaba inmóvil y
+somnoliento. Un pequeño número de estrellas, muy brillantes, vibraban en
+el firmamento. Apenas se notaba la sensación del frío aunque era más
+intenso por la limpidez del cielo y la ausencia de viento.
+
+Me acordé de Trembles. ¡Hacía tanto tiempo que no pensaba en aquellos
+lugares! Fue como el destello de un saludo, y cosa rara, por un súbito
+retroceso a impresiones tan lejanas recordé los aspectos más austeros y
+calmantes de mi vida campestre. Volví a ver Villanueva con su larga
+línea de casas blancas, apenas más altas que los ribazos. Los techos
+humeantes, su campiña ensombrecida por el invierno, sus bosquecillos de
+ciruelos enrojecidos por las escarchas, bordeando los caminos helados.
+Con la lucidez de una imaginación sobreexcitada hasta lo extraordinario,
+en algunos minutos tuve la rápida percepción de todo lo que había
+rodeado de encantos mi primera infancia. Por doquiera que había yo
+agotado agitaciones sólo hallaba invariable paz. Todo era dulzura y
+quietud en aquello que otrora causara las primeras perturbaciones de mi
+espíritu. «¡Qué cambio!», pensaba y bajo la incandescencia de la cual
+estaba abrasado, hallaba más fresca que nunca la fuente de mis primeras
+afecciones.
+
+El corazón es tan cobarde, tiene tanta necesidad de reposo que por un
+momento me abandoné a la esperanza, tan quimérica como todas las demás,
+de absoluto retiro en mi casa de Trembles. Nadie a mi alrededor, años
+enteros de soledad, con un consuelo seguro, mis libros, un paisaje
+adorado y el trabajo, cosas todas irrealizables; y, sin embargo, esta
+hipótesis era la más dulce y hallaba un poco de calma acariciándola.
+
+Por fin sonaron las primeras horas de la mañana. Dos relojes las
+repitieron juntos, casi al unísono, como si las campanadas del segundo
+fueran eco inmediato de las del primero: eran el del seminario y el del
+colegio. Aquella brusca llamada a las realidades irrisorias del día
+siguiente aplastó mi dolor bajo una sensación de pequeñez, y me alcanzó
+en plena desesperación como un golpe de férula.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+«Seguramente es menester que haya usted sufrido mucho--me escribía
+Agustín, contestando a las declamaciones muy exaltadas que le dirigí
+pocos días después de la partida de Magdalena y su marido;--pero, ¿por
+qué? ¿por quién? Continúo proponiéndome cuestiones que nunca quiere
+usted resolver. Oigo en usted la vibración de _algo_ muy parecido a
+emociones muy conocidas, bien definidas, únicas y sin semejanza con
+otras para quien las experimenta; pero es ello cosa que no tiene nombre
+en sus cartas de usted y me obliga a compadecerle más que tan vagamente
+como usted se lamenta. Y no es eso lo que me gustaría hacer. Nada me es
+penoso--ya lo sabe--cuando de usted se trata; y está usted en una
+situación de corazón o de espíritu, que reclama algo más activo y más
+eficaz, que simples palabras, por muy compasivas que ellas sean. Debe
+usted necesitar consejos. Soy yo médico de poco fuste, tratándose de
+males coma los que entiendo que padece usted. No obstante, le aconsejaré
+un tratamiento que se aplica a todo, incluso las enfermedades de la
+imaginación, que conozco muy mal: higiene. Paréceme que le iría bien el
+uso de ideas justas, sentimientos lógicos, afecciones posibles; en una
+palabra, empleo juicioso de las fuerzas y de las actividades de la vida.
+La vida, créame; ése es el remedio heroico de todos los sufrimientos
+cuya base es un error. El día que usted ponga el pie en la senda de la
+vida, pero la vida real, entendámonos, el día que usted la conozca bien,
+con sus leyes, sus necesidades, sus rigores, sus deberes y sus cadenas,
+sus dificultades y sus penas, sus verdaderos dolores y sus encantos,
+verá usted cómo ella es sana, bella, fuerte y fecunda en virtud de sus
+mismas exactitudes. En cuanto a su recomendación la atenderé. Visitaré a
+los señores De Nièvres con mucho gusto ya que me procura la oportunidad
+de ocuparme de usted con amigos que supongo no son extraños a las
+agitaciones que deploro. Esté tranquilo: además tengo la más grande de
+las razones para ser discreto: lo ignoro todo.»
+
+* * *
+
+Un poco más adelante me escribió de nuevo:
+
+«He visto a la señora De Nièvres--me decía,--y ha tenido la complacencia
+de considerarme como de los mejores amigos de usted. Con ese motivo me
+ha dicho cosas afectuosas que me demuestran que le quiere a usted mucho,
+pero que no le conoce muy bien. Ahora bien, si la recíproca amistad no
+ha sido parte a darle a cada uno perfecto conocimiento del otro, debe
+haber sido por culpa de usted y no de ella, bien entendido que eso no
+prueba que haya usted errado manifestándose sólo a medias: lo más que
+puedo creer es que si tal ha hecho ha sido porque ha querido. Este
+razonamiento me conduce a conclusiones que me inquietan. Todavía una vez
+más, mi querido Domingo, la vida, lo posible, lo razonable... Yo se lo
+ruego, no crea usted a los que le señalen lo razonable como enemigo de
+lo bueno, porque es inseparable amigo de la justicia y de la verdad.»
+
+* * *
+
+Le doy cuenta de una parte de los consejos que Agustín me daba, sin
+saber exactamente a qué aplicarlos, pero adivinándolo.
+
+En cuanto a Oliverio, el día que siguió a la noche en que debía hacer
+innecesarias muchas declaraciones, a la misma hora que Magdalena y su
+marido partían con dirección a París, entró en mi cuarto.
+
+--¿Partió ya?--le pregunté apenas le vi.
+
+--Sí--me contestó;--pero volverá; es casi mi hermana, tú eres más que mi
+amigo; hay que preverlo todo.
+
+Iba a continuar, pero el lamentable estado de abatimiento en que me vio
+le desarmó, sin duda, y le impulsó a diferir sus explicaciones.
+
+--Pero, en fin, de eso ya hablaremos--dijo tan sólo.
+
+Luego sacó el reloj y como viese que eran ya cerca de las ocho, añadió:
+
+--¡Eh, Domingo, vamos al colegio! Es lo más prudente que podemos hacer.
+
+Había de suceder que ni los consejos de Agustín ni las advertencias de
+Oliverio prevalecieran contra una tendencia irresistible, arrastradora,
+demasiado poderosa para ser cohibida por razonamientos ni
+amonestaciones. Comprendiéndolo me imitaron: esperaban mi rescate o mi
+pérdida definitiva, último recurso que les queda a los hombres sin
+voluntad cuando agotan todas las combinaciones imaginables: lo
+desconocido.
+
+Agustín me escribió una o dos veces más dándome noticias de Magdalena:
+había ido a visitar la propiedad, cerca de París, en donde el señor De
+Nièvres tenía intención de que pasaran el verano. Era un hermoso
+castillo en un bosque, «la más romántica residencia, para una mujer, que
+acaso comparte con usted, a su manera, las añoranzas del campo y sus
+aficiones de solitario.»
+
+Por su parte Magdalena le escribía a Julia, sin duda con fraternales
+expansiones que no llegaban hasta mí. Una sola vez, durante aquellos
+meses de ausencia, recibí una breve carta suya hablándome de Agustín. Me
+agradecía el habérselo hecho conocer y me decía la buena opinión que de
+él había formado: que era todo voluntad, todo rectitud, todo noble
+energía, y me daba a entender que, aparte necesidades del corazón, jamás
+encontraría en nadie más firme ni mejor apoyo. En aquella misma carta,
+firmada con su nombre nada más, me enviaba afectuosos recuerdos de su
+marido.
+
+No volvieron hasta la época de vacaciones, pocos días antes del día de
+la distribución de premios, último acto de mi vida dependiente que me
+emancipaba.
+
+Mucho más me hubiera gustado, como usted comprenderá, que Magdalena no
+hubiese asistido a aquella ceremonia. Había en mí muchas disparidades,
+mi condición de estudiante estaba en ridículo desacuerdo con mis
+disposiciones morales, evitaba como una nueva humillación todo hecho que
+pudiera recordarnos a los dos aquellos contrastes. Desde hacía algún
+tiempo mi susceptibilidad, en punto a ellos, se había hecho vivísima.
+Era--ya lo he dicho--el punto de vista menos noble y menos confesable de
+mis dolores, y si vuelvo sobre él es por razón de un incidente que de
+nuevo puso en tensión mi vanidad y que le pondrá de manifiesto con un
+detalle más la singular ironía de aquella situación.
+
+La ceremonia se verificaba en una antigua capilla abandonada desde largo
+tiempo que sólo era abierta y decorada una vez cada año para aquel
+objeto. La referida capilla estaba situada en el fondo del patio
+principal del colegio, se llegaba a ella recorriendo, la doble hilera de
+tilos cuyo abundante verdor alegraba un poco aquel triste paseo. Desde
+lejos vi entrar a Magdalena en compañía de varias señoras jóvenes
+amigas, todas con trajes de verano de colores claros y las sombrillas
+abiertas sobre las cuales jugueteaban la luz del sol y la sombra de las
+hojas de los árboles. Fino polvo, levantado por el movimiento de las
+faldas las acompañaba semejante a una ligera nube y por causa del calor,
+de las extremidades de las ramas que ya amarilleaban, caía en torno de
+ellas hojas y flores maduras y se prendían a la larga manteleta de
+muselina en que Magdalena estaba envuelta. Pero sonriente, dichosa, el
+rostro animado por la marcha y lo volvía para examinar curiosamente
+nuestro batallón de escolares formados en dos filas y conservando la
+línea como jóvenes reclutas. Todas las curiosidades mujeriles, y aquélla
+sobre todo, se proyectaban hacia mí y las sentía como otras tantas
+quemaduras. Estábamos a mediados de agosto y el tiempo era magnífico.
+Los pájaros familiares habían huido de los árboles y piaban sobre los
+tejados en donde vibraba el sol. Murmullos de multitud quebrantaban el
+largo silencio de doce meses, alegrías extraordinarias dilataban la
+fisonomía del viejo colegio, los tilos lo perfumaban con agrestes
+aromas. ¡Cuánto habría dado por ser libre y dichoso!
+
+Los preliminares fueron muy largos y yo contaba los minutos que aún me
+separaban de mi libertad. Por fin se oyó la señal. A título de laureado
+de filosofía fui llamado el primero. Subí al estrado y cuando tuve mi
+corona en una mano, en la otra un grueso volumen, de pie junto a la
+escalinata, cara a cara del público que aplaudía, buscaba los ojos de la
+señora de Ceyssac; la primera mirada que encontré con la de mi tía, el
+primer rostro amigo que reconocí, precisamente debajo de mí, en la
+primera fila, fue el de Magdalena. ¿Experimentó ella también un poco de
+confusión viéndome en aquella actitud espantosamente desairada que trato
+de pintarle a usted? ¿Repercutió en ella el encogimiento que me
+dominaba? ¿Sufrió su amistad al verme risible o sólo adivinando que
+sufría? ¿Cuáles fueron, exactamente, sus sentimientos durante aquella
+rápida pero cáustica prueba que pareció alcanzarnos a los dos al mismo
+tiempo y en igual sentido? Lo ignoro. Pero ella se puso muy encarnada y
+creció su rubor cuando vio que yo bajaba y me acercaba a ellas. Y cuando
+mi tía, después de darme un beso, le pasó mi corona invitándola a
+felicitarme, se desconcertó por completo. No estoy bien seguro de lo que
+me dijo para atestiguar que experimentaba una gran satisfacción y me
+felicitó en los términos que son de uso. Su mano temblaba levemente. Me
+parece que trató de decirme: «Estoy orgullosa, mi querido Domingo» o
+«está bien».
+
+Velaba sus ojos una lágrima; ¿era de interés, de compasión o solamente
+efecto de involuntaria conmoción de joven tímida? ¡Quién lo sabe! Muchas
+veces me lo he preguntado sin lograr concretarlo.
+
+Salimos. Yo arrojé mis coronas en el patio de las aulas antes de
+franquear la puerta por última vez. Ni siquiera volvía atrás los ojos
+para romper más pronto con un pasado que me exasperaba. Y si hubiera
+podido deshacerme de mis recuerdos del colegio tan de prisa como me
+despojaba del uniforme, hubiera tenido seguramente en aquel momento, una
+incomparable sensación de independencia y de virilidad.
+
+--Y ahora--me preguntó mi tía algunas horas después,--¿qué piensas
+hacer?
+
+--¿Ahora?--le repliqué.--Pues no lo sé.
+
+Y decía verdad, porque la incertidumbre que me dominaba lo abarcaba
+todo, desde la elección de una carrera, que ella, deseaba que fuese
+brillantísima, hasta el empleo de una gran parte de mis afanes
+ardorosos, en algo que ignoraba.
+
+Estaba convencido que Magdalena iría primero a establecerse en Nièvres y
+luego volvería a París para acabar allí el invierno. Nosotros debíamos
+trasladarnos directamente a aquella capital, de modo que ella nos
+encontraría instalados y trabajando en la forma y modo que eligiéramos,
+pero bajo la dirección especial de Agustín. Los preparativos de viaje y
+aquellos prudentes proyectos nos ocuparon una parte de las vacaciones;
+pero la calidad del trabajo, el fin que debíamos perseguir, aquel vago
+programa cuyo primer artículo aún no estaba formulado, eran puntos por
+completo indefinidos lo mismo para Oliverio que para mí.
+
+Desde el día siguiente al de mi libertad había olvidado completamente
+mis años de colegio; es la única época de mi vida que me dejó el alma
+fría, el solo recuerdo de mí mismo que no me ha hecho feliz. En cuanto a
+lo futuro, pensaba en París con el confuso recelo que va inherente a las
+necesidades previstas, inevitables, pero poco sonrientes que siempre
+serán bien conocidas demasiado pronto. Oliverio, con gran sorpresa de mi
+parte, no manifestaba la más leve contrariedad ante la idea de alejarse
+de Ormessón.
+
+--Ahora--me dijo con mucha calma pocos días antes de nuestra
+partida,--ya no tengo nada que me retenga aquí.
+
+¿Tan pronto había agotado todas las alegrías?
+
+
+
+
+IX
+
+
+Entramos en París de noche. Pero, aunque hubiésemos llegado a otra hora,
+siempre habría resultado tarde. Llovía y hacía mucho frío.
+
+Al principio sólo vi calles fangosas, aceras mojadas que relucían al
+resplandor de las luces de las tiendas, el rápido y continuo relampagueo
+de los carruajes cruzándose, salpicándose de lodo, una infinidad de
+luces chispeantes, como alumbrado sin simetría en largas avenidas
+formadas de casas negras cuya altura me parecía prodigiosa. Recuerdo que
+me chocó el olor a gas que denunciaba una ciudad en la cual se vivía de
+noche lo mismo que de día, y la palidez de los rostros que no parecían
+sino de enfermos. Reconocí en aquel matiz el de Oliverio, y comprendí
+mejor que antes que tenía distinto origen que yo.
+
+En un momento que abrí mi ventana para oír mejor el rumor extraño que
+retumbaba en aquella población tan llena de vida abajo y cuyas alturas
+estaban ya sumidas en la noche, vi pasar por la estrecha calle dos
+filas de gentes que llevaban antorchas en las manos, escoltando una
+hilera de carruajes con relumbrantes linternas, tirados todos por cuatro
+caballos que marchaban casi al galope.
+
+--Mira pronto--me dijo Oliverio,--es el rey.
+
+Confusamente vi reflejos de la luz sobre cascos y sobre hojas de sables,
+y aquel desfile de hombres armados y de caballos herrados, resonó
+brevemente sobre el empedrado con eco metálico, perdiéndose luego cada
+vez con ruido menos perceptible, en la luminosa niebla de las antorchas.
+
+Oliverio observó la dirección que llevaban los carruajes y luego que el
+último hubo desaparecido, dijo, revelando la satisfacción de un hombre
+que conoce su París y que al volver lo encuentra igual que siempre:
+
+--Sí, el rey va esta noche a los Italianos.
+
+Y no obstante la lluvia y el frío de la noche, permaneció todavía algún
+tiempo inclinado sobre aquel hormigueo de desconocidos que pasaban de
+prisa, renovándose sin cesar y a quienes parecía que intereses
+apremiantes dirigían en pos de objetos contrarios.
+
+--¿Estás contento?--le pregunté.
+
+Lanzó un poderoso suspiro como si el contacto de aquella vida
+extraordinaria le hubiera llenado súbitamente de aspiraciones
+desmesuradas y me dijo, sin contestarme:
+
+--¿Y tú?
+
+Luego, sin esperar mi contestación, continuó:
+
+--¡Ah, caramba! Tú miras atrás; no estás en París más que estaba yo en
+Ormessón. Tu suerte es añorar siempre y no desear nunca. Sería cosa de
+adoptar tu sistema. Aquí se envía, luego que son mayores, a los
+muchachos cuando se desea hacerlos hombres. Tú perteneces a ese número,
+y no te compadezco: eres rico, no eres un cualquiera... ¡y amas!--añadió
+bajando la voz lo más posible.
+
+Y con una efusión que jamás había observado en él me estrechó entre sus
+brazos y añadió:
+
+--¡Hasta mañana, querido amigo, hasta siempre!
+
+Una hora después, el silencio era tan profundo como en el campo. Aquella
+suspensión de la vida, el amodorramiento súbito y absoluto de aquella
+ciudad encerrando un millón de hombres, me asombró más todavía que su
+tumulto. Hice a la manera de un resumen de los desfallecimientos, del
+cansancio que representaba aquel gigantesco sueño y fui acometido de
+verdadero miedo, no por falta de bravura, sino por una especie de
+desmayo de la voluntad.
+
+Volví a ver a Agustín con verdadera satisfacción. Al estrechar su mano
+sentí que tenía un punto de apoyo. Parecía viejo, aunque todavía era
+joven. Sus pupilas eran más anchas y brillaban más. Su mano muy blanca y
+de cutis muy fino, se había purificado y aguzado, por decir así,
+dedicada exclusivamente al trabajo de manejar la pluma. Al ver su porte
+nadie hubiera podido decir si era rico o pobre. Gastaba ropas muy
+sencillas y las llevaba modestamente, pero con la confianza y el
+desahogo que procede de la convicción de que el traje no tiene
+importancia.
+
+Acogió a Oliverio, más bien que como a un amigo, como a un mozo a quien
+es necesario vigilar y respecto del cual conviene esperar antes de
+colocarle de lleno en la más estrecha intimidad.
+
+Por su parte, Oliverio no se dio más que muy a medias, ya sea porque la
+envoltura del hombre le pareció chocante, ya fuese porque advirtió en
+él, por dentro, la resistencia de una voluntad tan bien templada como
+la suya, pero formada de metal más puro.
+
+--Había adivinado a su amigo de usted--me dijo Agustín,--en el orden
+físico y en el moral. Es seductor. No diré que haga ninguna fullería,
+porque me parece incapaz de indignidad; pero víctimas, en el más alto
+sentido de la palabra, las hará. Es peligroso para los seres más débiles
+que él y que han nacido bajo la misma estrella.
+
+Cuando le pedí a Oliverio su juicio sobre Agustín, se limitó a
+responder:
+
+--Siempre habrá en él algo de preceptor y algo de advenedizo. Nunca
+dejará de ser pedante y afanoso, como todos los que no cuentan con más
+recursos que la voluntad de llegar y llegan a fuerza de trabajo.
+Prefiero los dones de talento o de cuna, y no siendo eso no quiero nada.
+
+Más tarde esas dos opiniones se modificaron. Agustín llegó a querer a
+Oliverio, pero sin estimarlo en mucho, y Oliverio tuvo a Agustín en
+altísima estima sin llegar a tomarle cariño.
+
+Nuestra vida se regularizó muy pronto. Ocupábamos dos departamentos
+contiguos, pero independientes. Nuestra amistad muy estrecha y la
+independencia de cada uno debían concordarse perfectamente en aquel
+orden de cosas. Nuestras costumbres eran las de estudiantes libres a
+quienes sus aficiones o su posición permiten elegir, instruirse un poco,
+al azar, y beber en muchas fuentes antes de determinar en cuál de ellas
+debe el espíritu sentar sus reales en definitiva.
+
+Pocos días después, Oliverio recibió una carta de su prima, en la cual
+se nos invitaba a los dos a trasladarnos a Nièvres.
+
+Era una vivienda antigua perdida sobre espesos bosques de castaños y de
+encinas. Pasé allí una semana de hermosos días fríos y severos, en medio
+del monte, casi despojado de hojas, contemplando horizontes que, si no
+me hicieron olvidar los de Trembles, no me permitieron echarlos de
+menos, tan hermosos eran, y que parecían destinados, como grandioso
+cuadro, a contener una existencia más robusta y luchas mucho más serias.
+
+El castillo--cuyas torrecillas descollaban muy poco sobre las viejas
+encinas que le rodeaban, y que sólo era visible por cortes hechos a
+través del bosque, con su vieja fachada gris, sus altas chimeneas
+coronadas de humo, sus invernaderos cerrados, sus avenidas alfombradas
+de hojas muertas,--resumía, en algunos detalles de su aspecto, el
+carácter triste de la estación y la melancolía de los lugares.
+
+Era aquélla una existencia nueva para Magdalena, y también para mí había
+algo muy nuevo en el hecho de verla tan bruscamente colocada en
+condiciones más vastas, con la libertad de actitudes, la amplitud de
+costumbres, ese algo indefinible superior y muy imponente que prestan el
+uso y las responsabilidades que implica el poseer una gran fortuna.
+
+Una persona parecía añorar todavía en el castillo de Nièvres la calle de
+los Carmelitas: el señor D'Orsel. Cuanto a mí, los lugares nada me
+importaban. Un mismo atractivo confundía en aquella época mi presente y
+mi pasado: entre Magdalena y la condesa De Nièvres no había más
+diferencia que entre un amor imposible y un amor culpable, y cuando
+abandoné Nièvres, estaba persuadido de que aquel amor nacido en la calle
+de los Carmelitas, sucediera lo que quisiera, allí debía ser enterrado.
+
+Retardada la instalación de la vivienda que el señor De Nièvres se
+había propuesto establecer en París, Magdalena no vino en todo el
+invierno.
+
+Sentíase dichosa rodeada de todos los suyos: tenía a Julia y a su padre;
+menester había cierto espacio de tiempo para pasar sin sacudidas de la
+modestia y la regularidad de la vida de provincia a las sorpresas que le
+esperaban en el gran mundo, y aquella semisoledad de Nièvres era una
+especie de noviciado que estaba muy lejos de desagradarle.
+
+La volví a ver una o dos veces aquel verano, con largos intervalos y por
+breves momentos, cobardemente robados al deber que me imponía huir de
+ella.
+
+Había abrigado el propósito de aprovechar aquel alejamiento, muy
+oportuno para intentar francamente ser heroico y para curarme. Ya era
+mucho el resistir a las invitaciones que constantemente nos llegaban de
+Nièvres. Aun hice más: procuré no pensar más en ella. Me sumergía en el
+trabajo. El ejemplo de Agustín me hubiera causado emulación si
+naturalmente no hubiese tenido gusto en ello. París desarrolla ese
+ambiente peculiar de los grandes centros de actividad, sobre todo en el
+orden de las actividades intelectuales; y, a poco que me mezclara en el
+movimiento de los hechos, era lógico que no rehusara vivir en aquella
+atmósfera.
+
+En cuanto a la vida de París, tal como Oliverio la entendía, no me hacía
+ilusiones y no la consideraba como un socorro. Un poco contaba con ella
+para distraerme, pero de ningún modo para aturdirme y menos aún para
+consolarme. Por otro lado, el campesino persistía en mí y no podía
+resolverse a despojarse de sí mismo, porque había cambiado de medio. Mal
+que pese a los que pretenden negar la influencia del terruño, sentía yo
+que había en mi ser algo local, resistente, que no abandonaría jamás por
+completo; y, si el deseo de aclimatarme se hubiera manifestado en mí,
+seguro estoy de que los mil vínculos de los orígenes--que no es dable
+desarraigar,--me habrían advertido por medio de continuos sufrimientos,
+que sería la mía tarea inútil. Vivía en París como en una hospedería:
+era posible que permaneciera mucho tiempo en ella, y hasta que en ella
+muriese; pero siempre me consideraría huésped y estaría como de paso.
+
+Sombrío, retirado, sociable sólo con los compañeros de costumbre, en
+constante desconfianza de contactos nuevos, evitaba en cuanto era dable
+ese terrible frotamiento de la vida parisiense que pulimenta los
+caracteres y los aplana, hasta raerlos. No fui demasiado ciego para lo
+que ella tiene de deslumbrante, no me perturbó lo que ofrece de
+contradictorio, no me sedujo por lo que ofrece a los apetitos de la
+juventud y a las ambiciones de los ingenuos. Para ponerme a cubierto de
+sus asechanzas tenía yo un defecto que equivalía, por sus efectos, a una
+virtud, y era el miedo a lo desconocido; y aquel incorregible terror por
+los ensayos me prestaba, por decir así, la perspicacia que poseen los
+experimentados.
+
+Estaba solo o poco menos, porque Agustín no se pertenecía y desde el
+primer momento me di cuenta de que lo que es Oliverio no era hombre para
+pertenecerme mucho tiempo. En seguida adquirió hábitos que en nada
+contrariaban mis costumbres, pero que en nada se parecían a ellas.
+
+Registraba bibliotecas, tiritaba de frío en los severos anfiteatros y me
+metía por las noches en los gabinetes de lectura en donde los condenados
+a morirse de hambre, pintada la fiebre en sus rostros, escribían libros
+que no habían de darles fama, ni enriquecerlos. Adivinaba en ellos
+impotencias, miserias físicas y morales cuya vecindad no me confortaba
+por cierto. Salía de aquellos lugares afligido. Me encerraba en mi casa,
+abría otros libros y velaba. Así sentí pasar bajo mis ventanas las
+fiestas nocturnas de Carnaval. Algunas veces, en plena noche, Oliverio
+llamaba a mi puerta. En seguida reconocía yo el golpe seco del puño de
+oro de su bastón. Me hallaba sentado a mi mesa de trabajo, me estrechaba
+la mano y ganaba su cuarto tarareando algún fragmento de ópera. Al otro
+día volvía a empezar sin ostentación, ingenuamente convencido de que era
+excelente aquel austero régimen de vida.
+
+Al cabo de algunos meses ya no podía más. Mis esfuerzos estaban agotados
+y como un edificio levantado por milagro, una mañana, al despertar,
+sentí que mi valor se derrumbaba. Pretendí recordar una idea perseguida
+el día antes: ¡imposible! Vanamente me repetía ciertas frases de
+disciplina que me aguijoneaban alguna vez, como se estimula a los
+caballos de tiro que se plantan.
+
+Había llegado el verano. En las calles brillaba un hermoso sol. Los
+vencejos volaban satisfechos alrededor de un agudo campanario que desde
+mi ventana se distinguía. Sin vacilar un instante y sin reflexionar que
+iba a perder en un momento el beneficio de tantos meses de prudencia,
+escribí a Magdalena. Lo que le decía era insignificante. Los breves
+billetes que de ella recibiera en varias ocasiones, habían determinado,
+de una vez para siempre, el tono de nuestra correspondencia. No puse en
+aquél ni más ni menos y sin embargo, expedida la carta, esperé la
+respuesta como un acontecimiento.
+
+Hay en París un gran jardín hecho para los aburridos: hállanse en él
+relativa soledad, árboles, verde césped, floridas platabandas, alamedas
+sombrías y una turba de pajarillos que parecen estar allí tan a su
+placer como en pleno campo. A ese jardín fui y por él erré todo el resto
+del día, asombrado de haber sacudido mi yugo y más admirado todavía de
+la extremada intensidad de un recuerdo que había creído de buena fe que
+estaba adormecido. Poco a poco, como una hoguera que se reanima, sentí
+en todo mi ser aquel ardoroso despertar.
+
+Caminaba bajo los árboles, hablando sólo y haciendo involuntariamente
+ademanes propios de un hombre largo tiempo encadenado que rompe las
+cadenas:
+
+--¡Cómo!--pensaba.--¿Y no ha de saber siquiera que la he amado? ¿ha de
+ignorar que por causa de ella he gastado mi vida, sacrificado todo,
+hasta la dicha inocente, de hacerle ver lo que he realizado para su
+reposo? ¿Creerá que he pasado junto a ella sin verla, que nuestras
+existencias han corrido paralelas sin confundirse ni tocarse siquiera,
+ni más ni menos que dos indiferentes arroyos? ¿Y el día que le diga
+«sabe usted, Magdalena, que la he amado mucho»? Me replicará: ¿Es
+posible?... Y ya no estará en la edad en que hubiera podido creerme.
+
+Luego reconocí que, en efecto, nuestros destinos eran paralelos, muy
+próximos, pero inconfundibles; que era necesario vivir uno al lado del
+otro y separados, y que todo estaba concluido para mí. Entonces me
+perdía en hipótesis: emanaba de ellas un repetido «¿Quién sabe?» con
+todo el alcance de una tentación. Y a esa condicional replicaba mi
+conciencia: «¡No, eso no será nunca!»
+
+Pero de aquellas insensatas suposiciones me quedaba un sabor
+horriblemente dulce y de él estaba embriagada la débil voluntad que aun
+me quedaba; pensaba además que no valía la pena de haber luchado tanto
+para llegar a semejante extremo.
+
+Notaba en mí tal ausencia de energía y sentía un desprecio tan hondo de
+mí mismo, que aquel día desesperé de mi vida. No me parecía buena para
+nada: ni siquiera para aplicarla a los trabajos más vulgares. Nadie la
+quería y a mí no me importaba ya nada de ella. Unos niños se pusieron a
+jugar bajo los árboles. Parejas dichosas pasaron estrechamente
+enlazadas; evitaba su aproximación y me alejaba, buscando, en mi mente,
+qué lugar había en donde no estuviese solo.
+
+Regresé por las calles más desiertas. Había en ellas grandes talleres
+industriales amurallados y ruidosos, fábricas cuyas chimeneas humeaban,
+oíase hervir de calderas, estruendo de engranajes. Pensaba yo en la
+tensión que me consumía desde muchos meses, en aquel hogar interior
+siempre encendido, siempre abrasador esperando una aplicación que no
+estaba prevista. Miraba los negros cristales, veía el reflejo de los
+hornos, escuchaba el ruido de las máquinas.
+
+--¿Qué harán ahí dentro?--me decía.--¿Quién sabe lo que de esos talleres
+saldrá, madera o metal, lo grande o lo pequeño, lo útil o lo superfluo?
+
+Y la idea de que igual pasaba en mi espíritu nada adicionó a mi
+desaliento ya completo, no hizo más que confirmarlo.
+
+Sobre mi mesa de trabajo había una montaña de resmas de papel
+manuscrito. Nunca la miraba con orgullo; por lo común evitaba fijarme en
+ella muy de cerca, y así pasaba cada día de las ilusiones de la víspera.
+Desde el siguiente al de mi resolución suprema me hice justicia: leí al
+azar múltiples fragmentos; un marcado sabor de mediocridad me revolvió
+el corazón. Agarré todos los papeles y los eché al fuego. Estaba muy
+tranquilo mientras ejecutaba aquella obra que en cualesquiera otras
+circunstancias me habría costado algún pesar. En aquel mismo instante
+llegó la carta de Magdalena. Era como debía ser, cordial, tierna,
+delicada y sin embargo, me quedé estupefacto viendo desvanecerse una
+esperanza. El centelleo de muchos papelotes todavía ardiendo, alumbraba
+mi cuarto; yo estaba de pie con la carta en la mano, como un hombre que
+se ahoga y aferra a una cuerda rota; por casualidad entró Oliverio.
+
+Al ver aquel montón de cenizas humeantes comprendió y dirigió una rápida
+mirada a la carta.
+
+--¿Están buenos en Nièvres?--me preguntó fríamente.
+
+En previsión de la más leve sospecha le entregué la carta; él afectó no
+leerla y como si hubiera decidido que era aquel momento oportuno para
+hablarme a la razón y desbridar anchamente una llaga que languidecía sin
+resultado, comenzó:
+
+--Pero, ¿a qué extremos has llegado? Hace seis meses pasas las noches
+escribiendo y consumiéndote, llevas una vida de seminarista que ya hizo
+sus votos o de benedictino que toma baños de ciencia para calmar la
+carne. Y ¿adonde te ha conducido todo eso?
+
+--A ninguna parte--repliqué.
+
+--Tanto peor; porque toda decepción prueba, a lo menos, una cosa: que se
+ha errado en cuanto a los medios de triunfar. Has creído que la soledad
+es el mejor de los consejeros. Y ¿ahora qué opinas? ¿Qué consejo te ha
+dado, qué opinión que te sirva, qué lección de conducta?
+
+--¡Callar siempre!--dije con acento de desesperación.
+
+--Si ésa es tu resolución definitiva, te invito a cambiar de sistema.
+Si todo lo esperas de ti mismo, si tienes bastante orgullo para suponer
+que llevarás a término una situación que ha desanimado a otros muchos
+más fuertes y que podrás permanecer sin tambalearte, en pie sobre una
+dificultad espantosa, ante la cual tantos corazones han desfallecido,
+tanto peor, repito una vez más, porque te creo en grave peligro, y te
+juro que ya no dormiré tranquilo.
+
+--No tengo ni orgullo ni confianza, lo sabes tan bien como yo. No soy yo
+el que quiere: es, como dices tú, la situación la que se me impone. No
+está en mi mano impedir lo que es, no puedo prever lo que debe ser. Me
+quedo en donde estoy, sobre un peligro, porque me está prohibido irme a
+otra parte. No amar a Magdalena, me es imposible; amarla de otro modo
+tampoco puedo. El día que sobre esta dificultad, de la cual no puedo
+descender, me venza el vértigo... me llorarás como hombre muerto.
+
+--Muerto no, caído de muy alto. No importa, de todos modos, el hecho es
+fúnebre. Y no es así como entiendo que debes acabar. Baste con que la
+vida nos mate todos los días un poco; por Dios, no la ayudemos a
+concluir más de prisa con nosotros. Prepárate, te ruego, a oír cosas muy
+duras, y si París te causa miedo como una mentira, acostúmbrate, a lo
+menos, a conversar mano a mano con la verdad.
+
+--Habla--le dije,--habla. No me dirás nada que yo mismo no me haya
+repetido un millar de veces.
+
+--Estás en un error. Afirmo que nunca has usado el siguiente lenguaje:
+«Magdalena es feliz; está casada; una a una tendrá todas las legítimas
+alegrías de la familia, sin faltarle ni una sola, así lo deseo y así lo
+espero.» Puede muy bien, pues, pasar sin ti. No es para ti más que una
+tierna amiga y no puede considerarte más que como un camarada
+excelente, cuya pérdida lamentaría mucho, pero a quien sería
+imperdonable tomar por amante. Lo que os junta es, pues, un lazo,
+encantador como vinculación noble, que sería horrible si se trocara en
+cadena. Tú le eres necesario en la medida que la amistad cuenta y pesa
+en la vida: en ningún caso tienes el derecho de convertirte en carga
+pesada. No hablemos de mi primo, el cual, si fuera consultado, haría
+valer sus derechos de conformidad con las formas establecidas, usando
+los argumentos que cumplen a la defensa de los maridos amenazados en su
+honor--que es cosa grave,--y en su felicidad, que todavía es más serio.
+Por lo que a ti respecta, la situación no es más complicada. El acaso te
+acercó a Magdalena y él también te hizo nacer seis o siete años
+demasiado tarde; esto, que para ti representa una desgracia, quizás es
+también un accidente lamentable para ella. Si otro ha llegado y casádose
+con ella, no ha hecho más que tomar lo que a nadie pertenecía; por eso,
+tú que tienes muy buen sentido, a pesar de poseer un gran corazón, nunca
+has protestado. Después de haber declinado toda pretensión respecto de
+Magdalena, como marido, ¿puedes y quieres aspirar a otra cosa? Sin
+embargo, sigues amándola. No eres digno de censura, porque un afecto
+como el tuyo no es censurable; pero no estás en buen terreno, porque un
+callejón sin salida a ninguna parte conduce. Ahora bien, cuando en la
+vida se cae en la desgracia de extraviarse en una encrucijada, lo
+razonable es procurar salir de ella por un lado o por otro; y en este
+caso saldrás de tu atolladero, si no libre de averías, a lo menos sin
+dejarte en él nada esencial, ni el honor ni la vida. Todavía dos
+palabras, y no te ofendan: Magdalena no es la única mujer buena, bonita,
+sensible y capaz de comprenderte y estimarte, que hay en el mundo.
+Imagina que otra mujer, pues, y no Magdalena, fuese la que tú amases
+exactamente lo mismo y de la cual dijeras: «Ella o ninguna.» ¿Niegas la
+posibilidad? Entonces lo necesario, lo absoluto en estos casos es la
+necesidad de amar y la capacidad de sentir el amor. No te pares a
+averiguar si lo que afirmo es lógico o no y no digas que mis doctrinas
+son espantosas. Tú amas y debes amar: lo demás es cuestión de suerte. No
+creo que pueda existir mujer, digna de ti por supuesto, que no tenga el
+derecho de decirte: «El verdadero y único objeto de tus sentimientos soy
+yo.»
+
+--De modo--exclamé,--que será necesario no amar.
+
+--Nada de eso. Se trata sólo de amar a otra.
+
+--Entonces habré de olvidarla.
+
+--No, reemplazarla.
+
+--¡Nunca!...
+
+--No digas «nunca»; di mejor «no por ahora.»
+
+Y en seguida Oliverio se marchó.
+
+Tenía los ojos secos y un atroz sufrimiento me oprimía el corazón. Volví
+a leer la carta de Magdalena. De ella se exhalaba una vaga tibieza de
+las amistades vulgares, que causa desesperación cuando se desea mucho
+más. «Tiene razón, mucha razón», pensé recordando la abrumadora
+argumentación de Oliverio, rechazando sus conclusiones con todo el
+horror natural en un corazón apasionadísimo, pero reconociendo esta
+verdad irrefutable: «No soy nada para Magdalena, nada más que un
+obstáculo, una amenaza, un ente inútil o peligroso.»
+
+Contemplé mi mesa vacía. Un montón de cenizas negras llenaba el hogar.
+Aquella destrucción de una parte de mí mismo, aquella total ruina de mis
+esfuerzos y de mi dicha me abatió bajo la incomparable sensación de la
+nada más completa.
+
+--¿Para qué sirvo, pues?--exclamé.
+
+Y oculto el rostro entre las manos, la mirada en el vacío, teniendo ante
+mi vista toda mi existencia, dudosa, sin fondo, como un precipicio,
+quédeme absorto.
+
+Al cabo de una hora volvió Oliverio y me encontró en el mismo estado:
+inerte, inmóvil, consternado. Cariñosamente me tocó en el hombro y me
+dijo:
+
+--¿Quieres acompañarme esta noche al teatro?
+
+--¿Vas solo?--le pregunté.
+
+--No--replicó sonriendo.
+
+--Entonces no me necesitas para nada.
+
+--¡Está bien!--exclamó con impaciencia.
+
+Pero cambiando súbitamente de intención, se me puso resueltamente
+delante y con ruda energía me increpó:
+
+--Eres estúpido, injusto e insolente. ¿Qué te has creído?... ¿que
+pretendo sorprenderte? ¡Bonito oficio me atribuyes! ¡No, querido! No soy
+capaz de prepararte ninguna emboscada en la cual pueda correr riesgo la
+probidad de tu corazón. Sería calcular mal y proceder torpemente. Lo que
+yo quiero es que salgas de tu cubil, ¡pobre alma entristecida! ¡infeliz
+corazón herido!... Te figuras que la tierra está de luto, que la belleza
+se ha cubierto de un velo, que todos los rostros están bañados en
+lágrimas, que ya no existen esperanzas ni alegrías, ni afanes colmados
+porque la suerte te es adversa. Pero mira en torno de ti, mézclate entre
+la multitud de hombres y mujeres que son felices o creen serlo. No les
+envidies la despreocupación, pero aprende de ellos esta doctrina: que la
+Providencia--en la cual tú crees,--a todo atiende, que todo lo
+proporciona y que ella ha creado inagotables recursos para satisfacer
+la necesidad de los corazones hambrientos.
+
+No me causó vacilación aquel flujo de palabras, pero acabé por
+escucharlas. La afectuosa exasperación de Oliverio actuó como un
+calmante sobre mis nervios, espantosamente excitados y templó su
+tensión. Le pedí que me perdonara aquel arranque, efecto de mi estado de
+aturdimiento, asegurándole que en mis palabras no había ni asomos de
+desconfianza. Le rogué que dejara pasar aquella crisis de flaqueza,
+resultado de penas y cansancio y le prometí cambiar de género de vida.
+Vivíamos en el mismo medio social y reconocí que era un error de mi
+parte no frecuentarlo. Tenía el deber, sin duda, de no singularizarme
+con un sistemático alejamiento. Le dije una porción de cosas sensatas,
+como si de repente hubiera recobrado la razón. Y como también él echaba
+de menos la expansión en nuestra intimidad, que nos hacía más flexibles,
+más conciliadores, mejores, estando juntos, le hablé de él, de su vida
+que pasaba casi enteramente apartado de mí, y lamenté el no saber lo que
+se hacía y si tenía o no razones para estar satisfecho.
+
+--Satisfecho. He ahí la palabra--me dijo con una expresión casi
+cómica.--Cada hombre tiene un vocabulario particular para sus
+ambiciones. Sí, estoy casi satisfecho en este momento, y si me conformo
+con satisfacciones que no tengan información de quiméricas, mi vida
+discurrirá en perfecto equilibrio y será dichosa hasta la saciedad.
+
+--¿Tienes noticias de Ormessón?
+
+--Ninguna. Ya sabes cómo acabó aquella historia.
+
+--¿Por una ruptura?
+
+--No, por una ausencia, que no es lo mismo, porque de lo pasado
+guardamos el uno y la otra la única memoria que nunca ensucia los
+recuerdos.
+
+--¿Y ahora?
+
+--¡Ahora!... ¿Sabes algo?...
+
+--Nada sé; pero imagino que habrás hecho lo que hace poco me
+recomendabas.
+
+--En efecto--dijo Oliverio sonriendo.
+
+Luego se puso serio y continuó:
+
+--En otro momento te contaré. Ahora no hay oportunidad. El ambiente de
+este cuarto está impregnado de una emoción muy respetable. No cabe
+promiscuidad entre la mujer de la cual te hablaré y aquella otra cuyo
+nombre no debe ser pronunciado siquiera mientras de la otra nos
+ocupamos.
+
+Ruido de pasos en la antesala interrumpió nuestra conversación. Mi
+criado anunció a Agustín que raras veces venía a aquella hora. La vista
+de aquella enérgica e inflexible fisonomía me devolvió hasta cierto
+punto un poco de energía. Me parecía como si la suerte me enviase un
+refuerzo en aquel momento que tanto lo necesitaba.
+
+--Llega usted en buen momento--le dije procurando mostrarme animado.--No
+merecía la pena de tomarme tanto trabajo, ¿verdad? Vea usted, todo lo he
+destruido.
+
+Hablábale siempre como cumple a un ex discípulo respecto de su maestro,
+y le reconocía el derecho de interrogarme acerca de mis tareas.
+
+--Es cuestión de volver a empezar--me contestó, sin asombrarse por lo
+que veía.--¡Sé lo que es eso!...
+
+Oliverio callaba. Después de algunos minutos de silencio, bostezó
+suavemente, atusó con la mano su rizada cabellera y nos dijo:
+
+--Me aburro y voy a dar un paseo por el Bosque...
+
+
+
+
+X
+
+
+--¿Trabaja?--me preguntó Agustín cuando Oliverio nos dejó.
+
+--Muy poco; y, sin embargo, aprende como si trabajara.
+
+--Tanto mejor. Ha seducido a la suerte. Si la vida fuese una lotería,
+ese mozo soñaría los números que iban a salir premiados.
+
+Agustín no era ni de los que inducen a la suerte ni de aquellos a
+quienes debe enriquecer un número soñado. Lo que de él llevo ya dicho,
+debe haberle hecho comprender, que no había nacido para los favores del
+acaso y que en todas las partidas en que había hecho parada de su
+voluntad, la puesta valía más que la ganancia. Desde el día que le ha
+visto usted salir de Trembles, con una letra llegada de París en el
+bolsillo, como un soldado con su itinerario en la mano, sus esperanzas
+habían recibido más de un jaque, pero ello no había disminuido su fe
+robusta ni le había hecho dudar, por un minuto tan sólo, que el éxito,
+si no la gloria, estaban en París al fin del camino que él emprendía. No
+se quejaba, no acusaba a nadie, no desesperaba por nada. Sin ninguna
+ilusión tenía la tenacidad de las esperanzas ciegas y lo que en otros
+habría parecido orgullo, no existía en él más que como sentimiento muy
+exactamente determinado de su derecho. Apreciaba las cosas con la
+serenidad de un joyero que ensaya alhajas de calidad dudosa, y rara vez
+se engañaba al elegir las que merecían la pena de consagrarlas tiempo y
+trabajo.
+
+Había tenido protectores. No consideraba que fuera deshonor solicitar
+apoyo, porque él sólo proponía un trueque de valores equivalentes. Y
+tales contrastes--decía,--no humillan nunca al que aporta a la sociedad
+el contingente de su inteligencia, su celo y su talento. No afectaba el
+desprecio del dinero--del cual tenía gran necesidad.--Sabíalo yo sin que
+él me lo dijese. No desdeñaba los resultados, pero los colocaba muy por
+debajo de un capital de ideas que, según él, nadie sabría representar ni
+pagar. «Soy--decía--un obrero que trabaja con herramientas de poco
+costo, es verdad; pero lo que producen no tiene precio, cuando es
+bueno.»
+
+No se considera, pues, agradecido a nadie. Los servicios que le habían
+hecho los había comprado y pagádolos bien. Y en esa especie de
+ventas--que de su parte excluían si no el convencionalismo del trato
+social, toda humillación por lo menos,--tenía su modo de ofrecer, que
+determinaba concretamente el alto precio que a su entender era lo justo.
+
+--Desde el momento en que media el dinero--decía,--ya no hay más que un
+negocio en el cual el corazón no entra para nada y que no compromete, de
+ningún modo, al agradecimiento. Doy y das. El talento mismo, en tales
+casos, no es más que una obligación de probidad.
+
+Había ensayado muchas posiciones e intentado diversas empresas, no por
+afición, sino por necesidad. No pudiendo elegir los medios, poseía el
+don de la aplicación más bien que la flexibilidad que permite aplicarlos
+todos. A fuerza de voluntad, de clarividencia, de ardor suplía casi las
+facultades naturales de que se reconocía privado. Su voluntad, apoyada
+sobre extraordinario buen sentido y una rectitud perfecta, hacía
+milagros. Tomaba todas las formas más elevadas, más nobles, algunas
+veces brillantes. No lo sentía todo, pero nada había que él no
+comprendiese. También se aproximaba a las manifestaciones de pura
+imaginación por un esfuerzo de tensión de su espíritu, en contacto
+siempre con todo lo que el mundo de las ideas contiene de mejor y más
+bello y rayaba en lo patético por el perfecto conocimiento de las
+asperezas de la vida y por la devorante ambición de alcanzar legítimas
+satisfacciones, aunque ello fuese a trueque de mucho luchar.
+
+Después de haber abordado el teatro--para el cual no se consideraba
+suficientemente recomendado, ni con preparación bastante,--se lanzó al
+periodismo.
+
+Cuando digo que se lanzó, no empleo la palabra exacta para exponer la
+idea; porque ella no corresponde a la acción de un hombre que, siendo
+incapaz de aturdimiento, se presentó en la palestra con esa valentía
+informada de prudencia que no arriesga mucho más que para lograr éxito
+favorable.
+
+Por último, poco hacía que había entrado al servicio de un hombre
+público eminente, en calidad de secretario.
+
+--Estoy--me decía--en medio de un movimiento que no me seduce, pero que
+me interesa y me ilustra. La política, en estos tiempos, abarca tantas
+ideas, elabora tantos problemas, que constituye el medio de estudio más
+instructivo y la encrucijada más apropósito para una ambición que busca
+salida.
+
+Su situación material me era desconocida. La suponía difícil; pero era
+ése un asunto acerca del cual me parecía imprudente hablarle.
+
+Tan sólo algunas veces el continente de aquel incansable luchador
+delataba a su pesar, no vacilaciones, pero sí sufrimiento. El estoico
+Agustín no decía palabra. Su actitud era la misma de siempre, su manera
+de razonar no había perdido ni un ápice de la fuerza habitual. Obraba,
+pensaba, resolvía como si jamás hubiera sufrido el más leve embate de la
+suerte; pero había en él un no sé qué indefinible, algo así como las
+manchas rojas que aparecen en las vestiduras de un soldado herido. Por
+mucho tiempo me había preguntado qué parte vulnerable de aquella
+organización de hierro había podido ser lacerada, y al fin advertí que
+Agustín, al igual que todo el mundo, tenía corazón y comprendí que era
+aquel noble y animoso corazón lo que sangraba.
+
+Luego que se sentó y así que le vi cruzar las piernas una sobre otra,
+con la actitud de un hombre que nada tiene que decir y entra en casa de
+un amigo olvidando el objeto de su visita, me di cuenta de que tampoco
+él estaba con ánimo y disposiciones alegres.
+
+--¿Tampoco usted es feliz, mi querido Agustín?--le pregunté.
+
+--¡Ha adivinado usted!--replicó con un acento que revelaba amargura.
+
+--Menester es adivinar cuando usted tiene el orgullo de no declararlo.
+
+--Hijo mío--continuó, usando siempre aquella forma paternal que prestaba
+cierto encanto a la rudeza de sus consejos,--el problema no está en
+saber si uno es feliz, lo que importa es averiguar si se ha hecho todo
+para llegar a serlo. Un hombre de bien merece, indudablemente, ser
+dichoso; pero no siempre tiene el derecho de lamentarse porque no lo es
+todavía. Es cuestión de tiempo, del instante, de oportunidad. Hay muchas
+maneras de sufrir: unos sufren por error, otros por impaciencia.
+Perdóneme un desplante de modestia. Yo quizás soy tan sólo un poco
+impaciente.
+
+--¿Impaciente? ¿y de qué? ¿Se puede saber?
+
+--De no estar solo--me dijo con singular emoción,--con objeto de que si
+algún día alcanzo un nombre no me vea reducido al triste resultado de
+coronar mi egoísmo.
+
+Después añadió:
+
+--No hablemos de estas cosas demasiado pronto. Usted será el primero a
+quien daré cuenta de ellas cuando llegue el momento.
+
+Guardó silencio un instante y poniéndose de pie me dijo:
+
+--No estemos aquí: esto huele a derrota. Y no es que eso me fastidie,
+pero da ganas de abandonarse.
+
+Salimos juntos y andando, andando le puse al corriente de los motivos
+particulares de fastidio y de desaliento que tenía. Mis cartas le habían
+advertido y el resto lo presumió el día que Magdalena y él se vieron. No
+hallé, pues, dificultad ninguna para ponerle al corriente de las graves
+circunstancias de una situación que conocía tan bien como yo, ni para
+explicarle las perplejidades de mi alma en la cual había él medido todas
+las resistencias y todas las debilidades.
+
+--Desde hace cuatro años le conozco a usted enamorado--me dijo a la
+primera palabra que pronuncié.
+
+--¿Cuatro años? ¡Pero si entonces no conocía yo a Magdalena!
+
+--¿Recuerda usted, amigo mío, el día que le sorprendí llorando las
+desventuras de Aníbal? Pues bien, al principio me sorprendí, no pudiendo
+admitir que una composición de colegio pudiera conmover a nadie de aquel
+modo. Después razoné que nada tenía que ver con Aníbal su emoción. De
+modo que leída la primera de sus cartas de usted pensé: «Ya lo sabía», y
+en cuanto vi a la señora De Nièvres comprendí que se trataba de ella.
+
+En cuanto a mis procederes juzgaba que era difícil, pero no imposible
+dirigirlos. Considerando el asunto desde puntos de vista diferentes de
+los que adoptara Oliverio, me aconsejó curarme, pero usando
+procedimientos que consideraba ser los únicos dignos de mí.
+
+Nos separamos después de dar muchas vueltas en torno a las murallas del
+Sena. La noche se acercaba. Me encontré solo en medio de París a una
+hora desusada, sin rumbo, falto de costumbres cotidianas, sin
+vinculaciones, sin obligaciones, pensando con ansiedad:
+
+--¿Qué voy a hacer esta noche? ¿Qué haré mañana?...
+
+Olvidaba absolutamente que desde muchos meses, durante todo un largo
+invierno, no había tenido compañía. Parecíame que habiéndome abandonado
+aquel que actuaba en mí, ya no me quedaba ningún auxiliar para
+encargarse de una vida que en lo sucesivo iba a abandonarme en el vacío
+de la ociosidad. La idea de volverme a mi casa no me pasó siquiera por
+la mente y el pensamiento de irme a hojear libros me hubiera puesto
+enfermo de asco.
+
+Recordé que Oliverio debía estar en el teatro: sabía cuál era y quién le
+acompañaba. No teniendo por qué resistir a una cobardía más, ocupé un
+coche y me hice conducir. Tomé un palco oscuro desde el cual esperaba
+ver a Oliverio sin ser notado. No estaba en ninguno de los otros palcos
+que había enfrente del mío. Calculé que habría cambiado de proyecto o
+estaría en alguna de las localidades altas encima de la que yo ocupaba y
+no me era dado verlas. Habiendo fracasado el plan de sorprenderle en
+aventura galante, me preguntaba qué era lo que allí tenía que hacer. Me
+quedé, sin embargo, y difícil sería que le explicara a usted el por qué:
+tal era el desorden de mi espíritu en el cual se barajaban con el
+aburrimiento, las penas y el desfallecimiento con perversas
+curiosidades. Hundía la mirada en todos los palcos ocupados por mujeres;
+vistas desde abajo formaban una irritante exposición de bustos casi sin
+cuerpos y de brazos desnudos, cubiertos sólo en parte por los guantes.
+Examinaba las cabelleras, los ojos, las sonrisas y buscaba comparaciones
+persuasivas capaces de perjudicar el perfecto recuerdo de Magdalena. No
+tenía más que un afán: el impetuoso deseo de substraerme de cualquier
+modo a la persecución de aquel único recuerdo. Lo envilecía a mi sabor,
+y lo desdoraba esperando, por ese medio, tornarlo indigno de ella,
+librarme de él a fuerza de ensuciarlo. Al salir del teatro, cuando
+atravesaba el vestíbulo oí entre un grupo de gente la voz de Oliverio.
+Pasó cerca de mí y no me vio. Apenas pude ver a la persona de aspecto
+distinguido, muy elegante, que le acompañaba. Entramos en nuestros
+respectivos departamentos casi al mismo tiempo y todavía estaba yo en
+traje de calle, cuando apareció a la puerta de mi cuarto.
+
+--¿De dónde vienes?--me dijo.
+
+--Del teatro.
+
+Y le dije cuál.
+
+--¿Me buscaste?
+
+--No fui con intención de buscarte, sólo quería verte--le repliqué.
+
+--No te comprendo. En cualquier caso ésas son niñerías o quisquillas que
+si fueras otro no te las perdonaría. Pero tú estás malo y te compadezco.
+
+No le vi más durante dos o tres días. Tuvo la severidad de tratarme con
+rigor. Se informó de mí por mi criado y supe que se preocupaba de mi
+estado y me vigilaba sin aparentarlo. Cada día de inacción me agotaba
+más y más me desmoralizaba. No tomaba ningún partido decisivo, pero me
+parecía que mi debilidad iba a abatirse al primer accidente que la
+conmoviera.
+
+Tres días después, en una avenida del Bosque por la cual me paseaba
+desesperado, vi venir despacio un carruaje muy bien atalajado. Iban en
+él tres personas: dos mujeres jóvenes y Oliverio. En cuanto este último
+me reconoció, saltó rápido a tierra, me agarró por un brazo, y sin
+pronunciar palabra me hizo subir al carruaje y luego que estuvo sentado
+junto a mí, como si se tratara de un rapto le dijo al cochero:
+«Adelante». Me sentí perdido y lo estaba, en efecto, por algún tiempo al
+menos.
+
+Respecto de los dos meses que duró aquel extravío--que sólo duró ese
+tiempo a lo más,--le referiré tan sólo el incidente fácil de prever que
+lo terminó.
+
+Al principio creí olvidar a Magdalena, porque cada vez que su recuerdo
+venía a mi mente, le decía: «¡Huye!» como se oculta a los ojos
+respetados la vista de ciertos cuadros hirientes o vergonzosos. Ni una
+sola vez pronunciaba su nombre. Puse entre los dos un mundo de
+obstáculos y de indignidades. Un momento Oliverio llegó a creer que
+aquello había concluido; pero la persona con quien trataba yo de matar
+aquella importuna memoria no se engañó. Un día, por ligereza de mi
+amigo, que se reportaba algo menos a medida que creía más firme mi
+razón, supe que sus negocios reclamaban la presencia del señor D'Orsel
+en su provincia y que todos los habitantes de Nièvres iban a trasladarse
+muy pronto a Ormessón. En aquel mismo instante quedó adoptada una
+resolución y resolví romper.
+
+--Vengo a decir adiós--dije al entrar en una habitación en que nunca más
+debía poner los pies.
+
+--Eso mismo habría hecho yo algo más adelante, pero muy pronto--me dijo
+ella sin manifestar sorpresa, ni contrariedad.
+
+--¿Entonces no me guardará rencor?
+
+--De ningún modo. Usted no se pertenece.
+
+Sentose delante del tocador y añadió: «Adiós», sin volver la cabeza.
+Pero me miró en el espejo y sonrió.
+
+Me separé de ella sin más explicaciones.
+
+--Otra necedad más--me dijo Oliverio cuando se enteró de lo que había yo
+hecho.
+
+--Necedad o no heme libre--repuse.--Me voy a Trembles y te llevo
+conmigo. No será difícil que se resuelvan a venir a pasar las
+vacaciones.
+
+--¿A Trembles contigo? ¿Magdalena en Trembles?--repetía Oliverio cuyos
+planes había desbaratado mi resolución brusca y temeraria.
+
+--Querido amigo--le dije arrojándome enajenado en sus brazos,--no me
+digas nada, nada objetes. Seré prudente, muy prudente, pero seré también
+dichoso; concédeme esos dos meses, que no volverán, que no tornaré a
+encontrar; es corto tiempo y tal vez el único período de dicha que
+lograré en toda mi vida.
+
+Le hablaba arrastrado por tan ardiente deseo, me vio tan reanimado, tan
+cambiado ante la perspectiva inesperada de aquel viaje, que se dejó
+seducir y tuvo la debilidad y la generosidad de asentir a todo.
+
+--Sea--dijo.--En definitiva, eso a vosotros solos os incumbe. No soy
+ángel de la guarda. Después de todo bastante hago guiando sólo los pasos
+de dos locos de atar como tú y yo.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Aquellos dos meses de residencia con Magdalena en nuestra solitaria
+casa, en pleno campo, a orillas de nuestro mar, tan bello en semejante
+estación, fue una causa de constantes delicias, mezcladas con tormentos
+que me purificaban. No hubo un solo día que no esté señalado por alguna
+tentación grande o pequeña, ni un minuto al cual no corresponda un
+latido de mi corazón, un escalofrío, una esperanza, una decepción.
+
+Podría decirle a usted hoy, la fecha y el lugar preciso de mil emociones
+muy débiles cuya huella ha quedado en mi memoria, no obstante la
+pequeñez del hecho: le mostraría a usted tal rincón del parque, tal
+escalera de la terraza, tal sitio del campo, del pueblo, de la escarpa,
+en donde el alma de las cosas insensibles ha conservado tan bien el
+recuerdo de Magdalena y el mío, que si lo buscara--Dios no lo
+quiera,--lo encontraría tan reconocible como al día siguiente de nuestra
+partida.
+
+Magdalena nunca había estado en Trembles y aquella residencia, aunque un
+poco triste y muy mediana le gustaba. Por más que no tenía las mismas
+razones que yo para haber depositado en ella cariño, me había oído
+hablar de ella tan frecuentemente, que mis propios recuerdos se la
+habían dado a conocer perfectamente v ayudaban a que se sintiera bien
+allí.
+
+--Su tierra tiene semejanza con usted--me decía.--Me había figurado cómo
+es, con sólo verle a usted. Es un paisaje melancólico, tranquilo, de
+suave calor. La vida tiene que ser en ese medio apacible y reflexiva.
+Ahora me explico mucho mejor ciertas particularidades de su carácter,
+porque corresponde a los rasgos característicos de su país natal.
+
+Hallaba yo gran placer en hacerla penetrarse así de la intimidad de
+tantas y tantas cosas estrechamente ligadas a mi vida. Era como una
+serie de sutiles confidencias que la iniciaban en lo que yo había sido y
+la conducían a comprender lo que era. Aparte el deseo de rodearla de
+bienestar, de distracciones y de cuidados, estaba también aquel secreto
+afán de establecer entre nosotros vínculos de educación, de
+inteligencia, de sensibilidad, casi de nacimiento y parentesco, que
+debían hacer nuestra amistad más legítima, prestándole quién sabe
+cuántos años de antigüedad.
+
+Complacíame ensayar en Magdalena el efecto de ciertas influencias, más
+bien físicas que morales, a las cuales yo estaba sujeto continuamente.
+Ponía delante de sus ojos ciertos cuadros naturales, elegidos entre los
+que, invariablemente compuestos de un poco de vegetación, mucho sol y
+una inmensa extensión de mar, tenía el don infalible de conmoverme.
+Observaba en qué sentido podían impresionarla, por qué aspectos de
+indigencia o de grandeza podría agradarle aquel horizonte siempre
+triste. En cuanto me era dado la interrogaba sobre estos detalles de
+sensibilidad en todo exterior. Y cuando la encontraba de acuerdo
+conmigo--que sucedía con mucha más frecuencia que nunca hubiese
+esperado,--cuando percibía en ella el eco completamente exacto, y como
+al unísono de la fibra conmovida que vibraba en mí, constataba una
+conformidad más de la cual me congratulaba como de una nueva alianza.
+
+Así comencé a dejarme ver bajo muchos aspectos que ella habría podido
+sospechar sin comprenderlos. Juzgando sobre poco más o menos los hábitos
+normales de mi existencia iba conociendo con bastante exactitud cuál era
+el fondo oculto de mi natural. Mis predilecciones le revelaban una parte
+de mis inquietudes, y lo que ella calificaba de singularidades le iba
+pareciendo más claro a medida que descubría los orígenes. Nada de eso
+era efecto de cálculo: cedía a ello con bastante ingenuidad para no
+dejar margen a tener que reprocharme nada si algo había que se asemejara
+a la más leve apariencia de seducción; pero inocentemente o no ello es
+que yo cedía. Ella parecía dichosa. Por mi parte, merced a tales
+continuas comunicaciones que creaban entre nosotros innumerables puntos
+de relación, tornábame más libre, más firme, más seguro de mí mismo en
+todos sentidos; y eso representaba un gran progreso porque Magdalena
+veía en ello un paso dado en la senda de la franqueza. Esta fusión
+completa, constante y progresiva duró sin ningún accidente dos meses
+largos. Hago omisión de las heridas secretas, innumerables, infinitas:
+no eran nada comparadas con los consuelos que en seguida las curaban. En
+resumen, era feliz o me parecía serlo si la dicha consiste en vivir
+rápidamente, en amar con todas sus fuerzas sin causa alguna de
+arrepentimiento y sin esperanza.
+
+El señor De Nièvres era cazador, y a él se debe el que yo haya llegado
+a serlo. Me dirigió con mucha cordialidad en los primeros ensayos de una
+clase de ejercicio que después me ha gustado hasta el apasionamiento.
+Algunas veces Magdalena y Julia nos acompañaban a distancia o nos
+esperaban sobre la ribera en tanto que nosotros hacíamos largas batidas
+en dirección al mar. Distinguíaselas desde lejos como florecitas
+brillantes posadas sobre los cantos rodados al borde mismo de las olas
+azules. Cuando los incidentes de la cacería nos llevaban demasiado lejos
+o nos retenían hasta tarde, oíamos la voz de Magdalena que nos invitaba
+a volver. Tan pronto nombraba a su marido o a Oliverio como a mí. El
+viento nos traía aquellas llamadas en que se alternaban nuestros tres
+nombres. Las notas perladas de aquella voz, lanzada a gran espacio desde
+la orilla del mar se debilitaban a medida que volaban sobre aquel
+terreno sin eco; llegaban a nosotros como un soplo levemente sonoro y
+cuando distinguía mi nombre no es decible la sensación de dulzura y de
+tristeza infinitas que experimentaba.
+
+Algunas veces, ya se ocultaba el sol cuando todavía estábamos nosotros
+sentados sobre la parte alta de la costa, ocupados en ver morir a
+nuestros pies las largas olas que venían de América. Cruzaban
+embarcaciones cubiertas de los purpúreos reflejos del sol, a flor de
+agua se encendían luces, las de los faros, con destellos e intervalos de
+relámpago, fijas y amarillentas las de los buques fondeados en la rada,
+resinosas las de las barcas pescadoras. Y el vasto movimiento de las
+aguas, que continuaba a través de la noche y ya no se revelaba más que
+por sus rumores, nos sumía en un silencio del cual para cada uno de
+nosotros brotaba un número incalculable de ensueños.
+
+Al extremo de la tierra firme, en una especie, de península, pedregosa,
+batida del mar por tres lados había un faro, hoy día destruido, rodeado
+de un jardincito, con setos de tamarindos tan cerca de la orilla, que
+cada marea un poco fuerte quedaban hundidos en espuma. Era aquél el
+punto de cita elegido ordinariamente para reunirnos, como he dicho,
+después de las cacerías. El lugar era solitario, la ribera más alta en
+aquel sitio, la mar más vasta y más conforme con la idea que se ha
+formado de ese azul desierto sin límites y de aquella soledad agitada.
+
+El horizonte circular que se abarcaba desde aquel punto culminante de la
+costa, aun sin apartarse del pie de la torre, ofrecía una grandiosa
+sorpresa en una zona tan pobremente accidentada que no presenta casi en
+ninguna porción de ella ni contornos ni perspectivas.
+
+Recuerdo que un día Magdalena y el señor De Nièvres quisieron subir a lo
+alto del faro. Hacía viento. El ruido del aire que no se percibía abajo,
+aumentaba a medida que subíamos, rugía como un trueno en la escalera
+espiral y hacía temblar encima de nosotros las paredes de cristal de la
+linterna. Cuando desembocamos a cien pies del suelo, un verdadero
+huracán nos azotó el rostro y de todo el horizonte se alzó no sé qué
+murmullo irritado del cual nada puede dar idea cuando no se ha escuchado
+el mar desde muy alto. El cielo estaba nublado. La marea baja permitía
+ver en el límite espumoso de las olas y el último escalón de la ribera,
+el triste lecho del Océano pavimentado de rocas y tapizado de
+vegetaciones negruzcas. Charcos de agua reflejaban la luz a lo lejos, y
+dos o tres hombres que buscaban cangrejos, tan pequeños que podían ser
+confundidos con pájaros pescadores, vagaban, casi imperceptibles
+alrededor de las limosas lagunas. Más allá comenzaba la alta mar,
+movediza y gris, cuyo límite se perdía en la bruma. Menester era mirar
+con mucha atención para apreciar dónde terminaba el mar y dónde
+comenzaba el cielo, tan dudoso era el límite y tanto la una y el otro
+tenían la misma palidez incierta, la misma palpitación tempestuosa y el
+mismo infinito. No puedo decirle a usted hasta qué punto resultaba
+extraordinario aquel espectáculo de la inmensidad dos veces repetida, de
+extensión doble por lo tanto, tan alta como profunda--vista desde la
+plataforma del faro,--ni es tampoco descriptible la emoción que a todos
+nos embargaba. Cada uno fue impresionado de diversa manera, sin duda;
+pero recuerdo que tuvo por efecto suspender toda conversación y que el
+mismo vértigo físico nos hizo palidecer de pronto y nos puso serios. Una
+especie de grito de angustia se escapó de los labios de Magdalena y sin
+pronunciar una palabra, puestos los codos sobre el balconcillo que nos
+separaba del abismo, sintiendo que la enorme torre oscilaba bajo
+nuestros pies a cada embate del viento, atraídos por el inmenso peligro
+y como solicitados desde abajo por el clamor de la marea que iba
+subiendo, permanecimos largo tiempo en el más grande estupor, semejantes
+a personas que teniendo los pies apoyados en la frágil vida, un día, por
+milagro, corrieran la nunca oída aventura de mirar y de ver el más allá.
+
+Comprendí perfectamente que al influjo de aquella sensación alguna fibra
+humana había de romperse: era menester que cediera uno de nosotros, si
+no el más emocionado, el más frágil. Fue Julia.
+
+Estaba inmóvil junto a Oliverio, la manecita temblorosa al lado de la
+mano del joven, crispada sobre el pasamano de la balaustrada, la cabeza
+inclinada sobre el mar, los ojos entreabiertos, con esa expresión de
+extravío que caracteriza al vértigo, el rostro pálido, como el de un
+niño moribundo. Oliverio fue el primero que advirtió que iba a
+desmayarse y la tomó en los brazos. Algunos segundos después volvió en
+sí lanzando un suspiro angustioso que levantó su delgado talle.
+
+--No es nada--dijo reaccionando en seguida contra el irresistible acceso
+de desfallecimiento, y bajamos.
+
+No se habló más de aquel incidente que fue olvidado, sin duda, como
+otros muchos. Y si yo lo recuerdo hoy al referirle nuestros paseos al
+faro, débese a que él fue la primera indicación de ciertos hechos
+oscuros qué debían tener un desenlace más tarde.
+
+Algunas veces, cuando estaban la mar en completa calma y el cielo
+sereno, una embarcación venía a buscarnos a la costa, al extremo de los
+prados, y nos llevaba mar adentro. Era una barca de pesca y tan luego
+como tomaba el largo se tendía la vela; después, en una mar lenta,
+plana, blanca al reflejar el sol, como si fuera de estaño, el patrón
+tendía las redes. De hora en hora eran recogidas y veíamos enredados en
+ellas toda clase de peces, de brillantes escamas, y extraños productos
+del mar, sorprendidos en las profundidades del agua o arrancados,
+revueltos con algas, a sus escondites submarinos.
+
+Cada redada nos traía una nueva sorpresa: después otra vez se echaban al
+mar los aparejos y la barca derivaba mantenida sólo por el timón y
+ligeramente inclinada del lado de las redes.
+
+Así pasábamos días enteros contemplando el mar, viendo adelgazarse o
+engrosar la línea de tierra en la lejanía, midiendo la sombra que giraba
+alrededor del mástil como en torno de la larga aguja de un cuadrante,
+lánguidos por la pesadez del día y el silencio, deslumbrados por la luz
+del sol, privados de conciencia y, por decir así, invadidos de olvido
+por aquel prolongado columpio sobre las aguas encalmadas. El día acababa
+y en algunas ocasiones era ya noche cerrada cuando la marea nos volvía a
+la costa y nos depositaba a pie llano sobre los guijarros de la playa.
+
+Nada podía ser más inocente para todos, y sin embargo, recuerdo hoy
+aquellas horas de pretendido reposo y de languidez, como las más bellas
+y acaso las más peligrosas de mi vida. Un día, como otros muchos, la
+barca apenas hacía camino: arrastrábanla imperceptibles corrientes y
+casi no oscilaba. Filaba en línea recta y muy lentamente, como si se
+deslizara por un plano sólido; el rumor de la estela no se notaba, tal
+era la suavidad con que el agua se desgarraba bajo la quilla. Las
+marismas reunidas sobre la cubierta a proa callaban y mis compañeros,
+excepto Julia, dormitaban sobre las tablas caldeadas, al abrigo de la
+vela extendida a popa formando carpa.
+
+Nadie se movía a bordo. La mar estaba quieta como una masa de plomo a
+medio fundir. El cielo límpido y descolorido por el resplandor del sol
+de mediodía reflejaba sobre el agua como en un espejo empañado. No había
+a la vista ni una sola barca pescadora. Solamente muy lejos y ya casi
+cortado por la línea del horizonte un buque con todas las velas
+desplegadas esperaba la vuelta de la brisa de tierra y se preparaba a
+aprovecharla, semejante a un ave de alto vuelo abriendo las blancas
+alas.
+
+Magdalena dormía recostada. Sus manos inertes y entreabiertas se habían
+desprendido de las del Conde. Tenía la actitud de abandono que presta el
+sueño. El calor concentrado bajo la carpa animaba sus mejillas de
+ardores un poco más vivos y entre los labios medio abiertos veía yo
+brillar la extremidad de sus dientes blancos como los dos bordes de una
+concha de nácar. Nadie más que yo asistía al sueño de aquel ser
+encantador. Julia, distraída yo no sé en qué confusa aspiración, parecía
+observar atentamente la partida del barco que maniobraba para hacer
+rumbo. Traté de cerrar los ojos, no quería mirar más, hice sinceros
+esfuerzos por olvidar. Me fui a sentarme a proa, sin sombra, apoyada la
+cabeza en el bauprés que abrasaba. Pero a mi pesar mis ojos se volvían
+hacia donde Magdalena dormía, vestida de ligera muselina, acostada sobre
+la áspera tela que le servía de alfombra. ¿Estaba encantado? ¿Estaba
+torturado? Trabajo me costaría decir si deseaba algo más allá de aquella
+visión decente y exquisita que reunía todas las circunspecciones y todos
+los atractivos. Por nada del mundo hubiera hecho el más leve movimiento
+capaz de romper el encanto. No sé cuánto duró aquél, verdadero éxtasis,
+quizás varias horas, acaso tan sólo algunos minutos; pero tuve tiempo de
+reflexionar mucho, tanto como puede hacerlo un cerebro cuando está en
+lucha con un corazón privado absolutamente de sangre fría.
+
+Cuando mis compañeros despertaron halláronme ocupado en mirar la estela.
+
+--¡Qué hermoso tiempo!--exclamó Magdalena con una efusión que la
+revelaba dichosa.
+
+--Capaz de hacer olvidarlo todo--añadió Oliverio.--Que no me causaría
+pena...
+
+--¿Sería usted hombre como para tener preocupaciones?--le preguntó el
+Conde sonriendo.
+
+--¿Quién sabe?--repuso Oliverio.
+
+El viento no se levantó. La mar, absolutamente muerta, nos retuvo hasta
+el anochecer. Serían ya las siete en el momento de aparecer la luna
+llena, redonda, envuelta en caliente neblina que la enrojecía; a falta
+de brisa, menester fue armar los remos.
+
+Todo esto que le refiero a usted, allá, cuando yo era joven, más de una
+vez me pasó por la cabeza la idea de escribirlo o como entonces se
+decía, contarlo. En aquella época me parecía que sólo había un lenguaje
+para fijar dignamente lo que tales recuerdos tenían de inexpresable, a
+mi entender. Hoy, cuando he hallado mi historia en los libros de otros,
+de los cuales algunos son _inmortales_, ¿qué diré?...
+
+Regresamos cuando ya brillaban las estrellas, al acompasado ruido de los
+remos, manejados, creo yo, por los bateleros de Elvira.
+
+Eran aquéllas los saludos de despedida de la estación; casi en seguida
+llegaron las primeras nieblas, luego las lluvias que nos advirtieron que
+se acercaba el invierno. El día que el sol, que tanto se nos había
+prodigado, desapareció para no mostrarse más que de tarde en tarde con
+la palidez propia de su declinación, hice un triste presagio que me
+aprisionó el corazón.
+
+Aquel mismo día, como si la misma advertencia de partida hubiera sido
+recibida por cada uno de nosotros, Magdalena me dijo:
+
+--Es tiempo de que pensemos en las cosas serias. Los pájaros a los
+cuales deberíamos imitar se han marchado hace ya más de un mes. Hagamos
+como ellos, créame usted. Estamos a fines del otoño. Regresemos a París.
+
+--¿Ya?--le dije con una expresión de pena que no pude evitar.
+
+Ella se quedó pasmada, como quien por vez primera advierte una cosa que
+le extraña.
+
+Por la noche me pareció que estaba más seria que de ordinario y que con
+extrema habilidad me vigilaba de cerca. Arreglé mi actitud de
+conformidad con aquellos indicios, muy leves, sin duda, pero no por eso
+menos alarmantes. Los días siguientes me reporté más aún y tuve la dicha
+de ver que tornaba a merecer la confianza de Magdalena y llegué a
+tranquilizarme por completo.
+
+Pasé los últimos momentos ocupado en reunir y poner en orden, para lo
+futuro, todas las emociones tan confusamente amontonadas en mi memoria.
+Fue como si compusiera un cuadro poniendo en él todo lo mejor y menos
+perecedero que en ellas había. Aparte esta nube última hubiérase
+dicho--viéndolos desde lejos,--que aquellos días, aunque llenos de
+muchas preocupaciones, no presentaban ninguna sombra. La misma adoración
+tranquila y ardorosa los inundaba de continuos resplandores.
+
+Una vez, sorprendiome Magdalena en las alamedas del parque, en medio de
+mis reminiscencias; acompañábala Julia llevando un enorme fajo de
+crisantemos que había cogido para ponerlos en los jarrones del salón. Un
+macizo, poco espeso, de laureles, nos separaba.
+
+--¿Está usted componiendo algún soneto?--me dijo a través de los
+árboles.
+
+--¿Un soneto? ¿A propósito de qué?
+
+--¡Oh, por lo que he oído!...--añadió lanzando una carcajada que resonó
+como el trino de un ruiseñor.
+
+--Oliverio es un charlatán--exclamé.
+
+--De ninguna manera charlatán. Ha hecho bien en advertírmelo; sin él le
+atribuiría a usted una pasión desgraciada, y ahora ya sé lo que le
+preocupa: se trata de _rimas_--añadió cargando la voz sobre la última
+palabra, que resonó de lejos como una alegre impertinencia.
+
+Nos acercábamos al momento de partir y yo no acababa de decidirme. París
+me inspiraba más miedo que nunca. Magdalena iría también, podría verla,
+pero, ¿a qué precio? Estando ella presente no corría riesgo de
+desfallecer, al menos de no caer tan abajo; mas a trueque de un peligro
+menos cuántos otros surgirían. La vida que aquí habíamos hecho, aquella
+vida de ocio, de imprevisión, silenciosa y exaltada tan constantemente y
+tan diversamente emotiva, aquella vida de reminiscencias y de pasiones,
+calcada por entero sobre antiguas costumbres, retornadas a sus orígenes
+y renovadas por emociones de otra edad, aquellos dos meses de ensueño,
+en una palabra, me habían vuelto a sumergir--mucho más hondo que
+nunca,--en el olvido de las cosas y en el temor a los cambios. Cuatro
+años habían transcurrido, después de mi primera salida de Trembles, y
+los recuerdos de aquel primer adiós a tantos objetos amados se
+reanimaban en mi ánimo, en idéntica época, en el mismo lugar, en
+condiciones exteriores parecidas poco más o menos, pero esta vez
+combinadas con sentimientos nuevos que las hacían más punzantes por
+razones de otra índole muy diversa.
+
+Propuse, la víspera misma de la partida, un paseo que fue aceptado.
+Debía ser el último, y sin prever lo porvenir, suponía yo, no sé por
+qué, que los caminos de mi aldea jamás volverían a vernos reunidos. El
+tiempo estaba medio lluvioso, y con ese motivo, decía Magdalena, a quien
+la educación en su provincia había acostumbrado a tales excursiones, que
+era el más apropiado para las visitas de despedida. Caían las últimas
+hojas, despojos rojizos se mezclaban tristemente en la rigidez de las
+ramas desnudas. La llanura desnuda y severa no tenía ya ni una pizca de
+rastrojo seco que recordara el verano ni el otoño y no mostraba ni una
+sola hierba nueva que hiciera esperar la vuelta de las estaciones
+fértiles. En la lejanía distinguíanse muchas parejas de bueyes de pelo
+bermejo, arrastrando los arados, hundidos en la tierra negruzca, con
+movimiento lentamente uniforme. Por doquiera resonaba la voz de los
+mozos de labor estimulando a las yuntas y aquel grito especialmente
+local, quejumbroso, se prolongaba indefinidamente en la calma absoluta
+de aquel día gris. De vez en cuando, a través de la atmósfera caía la
+lluvia fina y caliente, semejante a una cortina de ligera gasa. El mar
+comenzaba a rugir en los estrechos de las escarpas. Seguimos la costa.
+Las marismas estaban llenas de agua, la alta marea había sumergido en
+parte el jardín del faro, batiendo tranquilamente la base de la torre
+que se asentaba ya sobre un islote.
+
+Magdalena caminaba ágilmente por los caminos mojados. Cada paso señalaba
+en la tierra blanda la huella de su calzado estrecho, con altos tacones.
+Miraba yo aquella traza tan leve y tan frágil, la seguía comparándola y
+distinguiéndola de las que nosotros dejábamos, calculaba cuánto era
+posible que durase. Habría deseado que aquellas pisadas permanecieran
+incrustadas, como testimonio de su presencia, todo el tiempo
+indeterminado que pasaría sin ella; luego pensaba que el primero que
+pasara después, las borraría, que un poco de lluvia las haría
+desaparecer, y me detenía para contemplar una vez más en las
+sinuosidades del sendero aquella singular estela dejada por el ser que
+más amaba, en la misma tierra donde yo había nacido.
+
+Cuando ya nos acercábamos a Villanueva señalé a lo lejos la carretera,
+blanquecina que saliendo del pueblo se extiende en línea recta hasta el
+horizonte.
+
+--He ahí la carretera de Ormessón.
+
+Aquella palabra, Ormessón, pareció despertar en ella una serie de
+recuerdos debilitados ya; siguió atentamente con la vista la dilatada
+avenida plantada de olmos, todos torcidos hacia el mismo lado por los
+vientos de la parte del mar, y sobre la cuál se cruzaban muy distantes
+aún, carromatos que rodaban, los unos acercándose a Villanueva y
+alejándose los otros.
+
+--Esta vez--dijo,--ya no viajará usted solo por ella.
+
+--¿Y seré más feliz?--le repliqué.--¿Estaré más seguro de no añorar
+nada? ¿En dónde volveré a encontrar lo que aquí deje?
+
+Entonces Magdalena se apoyó en mi brazo en actitud de completo abandono
+y me dijo esta sola frase:
+
+--¡Amigo mío, es usted un ingrato!
+
+A mediados de noviembre, en una fría mañana de blanca helada,
+abandonamos mi casa de Trembles. Los carruajes siguieron por la
+carretera, atravesaron Villanueva como otra vez hiciera yo.
+Alternativamente mis ojos recorrían la campiña que desaparecía detrás de
+nosotros y el hermoso rostro de Magdalena sentada enfrente de mí.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Habían concluido los días felices; acabada aquella corta temporada
+pastoral, volví a caer en profundas preocupaciones. Apenas instalados en
+el hotelito que debía servirles de apeadero en París, Magdalena y el
+señor De Nièvres comenzaron a recibir y el movimiento del mundo hizo
+irrupción en nuestra vida.
+
+--Me quedaré en casa una vez por semana para los extraños--me dijo
+Magdalena;--para usted estaré siempre. La próxima semana doy un baile,
+¿vendrá usted?
+
+--¿Un baile?... No me seduce...
+
+--¿Por qué? ¿Le da miedo la gente?
+
+--Absolutamente, como un enemigo.
+
+--¿Y cree usted que a mí me atrae mucho?
+
+--Sea. Me da usted ejemplo y lo seguiré.
+
+La noche indicada llegué temprano. Había tan sólo un escaso número de
+invitados rodeando a Magdalena cerca de la chimenea del primer salón.
+Cuando oyó anunciar mi nombre, por un impulso de familiaridad que no
+tenía por qué reprimir, volviose hacia mí apartándose un poco de los que
+la rodeaban y se me mostró, de pies a cabeza, como imprevista imagen de
+todas las seducciones. Era la primera vez que la veía así, en traje
+espléndido e indiscreto de baile. Noté que cambiaba de color y en vez de
+contestar a su mirada tranquila mis ojos se detuvieron torpemente sobre
+un lazo de diamantes que fulguraba en lo alto del cuerpo escotado. Un
+instante estuvimos frente a frente, ella cortada, yo turbadísimo.
+Seguramente nadie sospechó el rápido cambio de impresiones que nos
+advirtió a los dos que habían sido heridos delicados pudores. Ella se
+ruborizó levemente, un ligero estremecimiento agitó sus hombros como si
+de súbito sintiera frío e interrumpiéndose en medio de una frase
+insignificante, se acercó a la butaca que antes ocupaba y con la mayor
+naturalidad del mundo tomó una manteleta de encaje y se cubrió con ella.
+Aquella actitud podía significar muchas cosas, pero yo quise ver en ella
+tan sólo un acto ingenuo de condescendencia y de bondad que aun me la
+presentó más adorable y me desconcertó para todo el resto de la velada.
+Ella conservó cierto encogimiento por espacio de algunos minutos. La
+conocía yo demasiado para poder equivocarme. Dos o tres veces la
+sorprendí mirándome sin motivo, como si aun estuviese bajo el dominio de
+una sensación persistente: luego las obligaciones de cortesía le
+devolvieron poco a poco el aplomo. El movimiento del baile actuó sobre
+ella y sobre mí en sentido contrario: ella recobró su libertad y se puso
+contenta; yo me entristecí tanto más cuanto más alegre la veía y mi
+desasosiego creció a medida que iba descubriendo en ella atractivos
+exteriores que trocaban una criatura casi angelical en una perfecta
+mujer de buen tono.
+
+Estaba admirablemente bella y la idea de que otros lo sabían tan bien
+como yo no tardó en oprimirme agriamente el corazón. Hasta entonces mis
+sentimientos respecto a Magdalena habían escapado a la mordedura de
+sensaciones ponzoñosas. «Un tormento más», me dije. Creía haber agotado
+toda suerte de desfallecimientos. Evidentemente mi cariño no estaba
+completo: le faltaba uno de los tributos del amor, no el más peligroso,
+pero sí el más feo.
+
+La vi asediada y me acerqué a ella. Oí en torno mío frases que me
+abrasaban: sentía celos.
+
+Nunca se confiesa estar celoso; sin embargo, no eran aquéllas
+sensaciones que pudiera yo confundir. Es bueno hacer provechosa toda
+humillación, y aquélla me iluminó acerca de muchas verdades: me hubiera
+advertido, si hubiese sido capaz de olvidarlo, que aquel amor exaltado,
+contrariado, germen de desventura, levemente carnal, pero muy cerca de
+infestarse de orgullo, no se elevaba mucho por encima del nivel de las
+pasiones ordinarias, que no era peor ni mejor y que el único aspecto que
+le hacía diferente de aquéllas era debido al hecho de ser menos posible
+que muchas otras. Algunas facilidades habríanle hecho caer
+infaliblemente de su pedestal ambicioso, y como tantas cosas de este
+mundo cuya única superioridad emana de un defecto de lógica o de
+plenitud, ¡quién sabe en qué habría llegado a convertirse si hubiera
+sido menos absurdo o más venturoso!
+
+--¿No baila usted?--me preguntó Magdalena algo más tarde encontrándome a
+su paso sin haberlo yo procurado.
+
+--No, no bailaré--le repliqué.
+
+--¿Ni siquiera conmigo?--exclamó con cierto asombro.
+
+--Ni con usted ni con nadie.
+
+--Haga como guste--concluyó con cierta sequedad.
+
+No le hablé más en toda la noche y la rehuía perdiéndola de vista lo
+menos posible.
+
+Oliverio llegó pasada ya la media noche. Yo conversaba con Julia que
+había bailado de mala gana y ya no bailaba más, cuando entró en el salón
+tranquilo, con mucho desahogo, sonriente, con aquella expresión en la
+mirada de que se armaba como de una espada tendida, cada vez que se
+encontraba con caras nuevas, sobre todo de mujeres. Se acercó a
+Magdalena, le estrechó la mano y oí que se disculpaba por haber llegado
+tan tarde. Después dio una vuelta por el salón, se detuvo a saludar a
+dos o tres mujeres de quienes era conocido, y por fin sentose
+familiarmente al lado de Julia.
+
+--Magdalena está muy bien. Y tú también estás muy bien, mi pequeña
+Julia--dijo a su prima casi sin haber puesto atención en su
+tocado.--Solamente--añadió en el mismo tono de abandono,--llevas dos
+lazos de color de rosa que te hacen un poco morena.
+
+Julia no se movió. Primero fingió no haber oído. Después fijó lentamente
+en Oliverio el esmalte azul oscuro de sus pupilas sin llama, y luego que
+le hubo mirado por algunos segundos de una manera capaz de desarraigar
+hasta la firme constancia de su primo, me dijo poniéndose de pie:
+
+--¿Quiere usted acompañarme junto a mi hermana?
+
+Hice lo que ella quería y me apresuré a reunirme con Oliverio.
+
+--¡La has ofendido!--le dije.
+
+--Es posible. Julia me angustia.
+
+Y así diciendo me volvió la espalda resuelto a cortar por lo sano toda
+insistencia.
+
+Tuve el valor, ¿fue valor?, de quedarme hasta que terminó el baile.
+Tenía necesidad de volver a ver a Magdalena a solas, de poseerla más
+estrechamente luego que se marcharan tantas personas que se la habían
+repartido, por decir así. Había rogado a Oliverio que me aguardase
+haciéndole ver que debía reparar la falta de haber llegado tan tarde.
+Buena o mala, esta razón, acerca de la cual no podía abrigar sospecha de
+engaño, pareció decidirle. Estábamos frente a frente, en una de esas
+rachas de secreteo que hacía de nuestra amistad siempre clarividente, la
+cosa más desigual y más rara. Después de nuestro viaje a Trembles, y
+sobre todo desde nuestro regreso a París, había adoptado el temperamento
+de dejarme proceder sin tutela fuera la que quisiera su opinión respecto
+de mi conducta. Eran ya las tres o las cuatro de la madrugada. Estábamos
+como olvidados en un saloncito en donde algunos jugadores obstinados se
+retardaban todavía. Cuando por fin salimos advirtiendo que no se
+percibía ya ruido alguno, ya no había ni músicos ni bailarines, nadie.
+Magdalena, sentada en el fondo del gran salón vacío hablaba animadamente
+con Julia, acurrucada como una gatita en una butaca. Lanzó una
+exclamación de sorpresa al vernos aparecer en aquel desierto a semejante
+hora, después de aquella interminable noche tan mal empleada. Estaba
+fatigada. Las huellas del cansancio rodeaban sus ojos prestándoles ese
+brillo extraordinario que causa el insomnio después de las fiestas
+nocturnas. El señor De Nièvres y el señor D'Orsel seguían jugando. Ella
+estaba sola con Julia y yo delante de ella apoyado en el brazo de
+Oliverio. La media luz rojiza que de arriba se proyectaba, formaba una
+especie de neblina compuesta de finísimo polvo oloroso y por los vapores
+de la fiesta. Encima de los muebles, sobre la alfombra, despojos de
+flores, ramilletes pisoteados, abanicos olvidados, _carnets_ con
+anotaciones de baile. Los últimos carruajes rodaban sobre las losas del
+patio del hotel y a mis oídos llegaba el ruido de los estribos al ser
+plegados y el golpeteo de las portezuelas al cerrarse.
+
+No sé yo qué rápido retroceso hacia otra época en la cual nos habíamos
+encontrado los cuatro en semejante reunión--pero en situación diferente,
+cada uno bajo el influjo de una sencillez del corazón, para siempre
+desvanecida,--me hizo mirar en torno mío y resumir en una única
+sensación todo lo que ya he dicho. Me desprendía de mí mismo lo bastante
+para considerar, como espectador en un teatro, aquel cuadro singular
+compuesto por cuatro personas íntimamente agrupadas después de un baile,
+examinándose unas a otras, silenciosas, deseando acercarse en la misma
+forma que en otro tiempo y hallando un obstáculo; tratando de entenderse
+como otrora y no pudiendo conseguirlo. Me daba perfecta cuenta del
+sombrío drama que entre nosotros se desarrollaba. Cada uno teníamos
+nuestro papel; pero, ¿en qué medida? No alcanzaba a concretarlo; pero,
+en adelante, tendría bastante serenidad para arrostrar los peligros del
+mío, triste, el más peligroso de todos, a mi entender, por lo menos, y
+audazmente me disponía a revivir los recuerdos de lo pasado proponiendo
+que acabáramos la noche con un juego que nos divertía mucho en casa de
+mi tía, cuando, después de haberse marchado los últimos jugadores,
+llegaron al salón el esposo de Magdalena y el señor D'Orsel.
+
+El señor D'Orsel nos trataba a todos como a niños, incluyendo a su hija
+mayor, a la cual rejuvenecía por un cálculo de ternura complaciéndose en
+aplicarle nombres que recordaban el convento. La entrada del señor De
+Nièvres fue más fría y la vista de aquel _cuatuor_ íntimo pareció
+causarle un efecto muy opuesto. No sé si fue realidad o aprensión, pero
+me pareció hallarle fatuo, seco, hiriente. Su conversación me desagradó.
+Con la corbata un poco alta, su vestido irreprochable, con un aire
+especial de hombre en traje de etiqueta que acaba de ofrecer una fiesta
+y se siente dueño de su casa, se parecía poco al cazador amable y
+sencillo que había sido mi huésped en Trembles; pareciome también que
+Magdalena, con el deslumbrante broche que llevaba sobre el pecho, con la
+cabellera salpicada de diamantes, no se asemejaba a la modesta e
+intrépida andarina, que un mes antes nos seguía recibiendo la lluvia y
+caminando con los pies metidos en el mar. ¿Se trataba de una simple
+diferencia de indumento o era aquello más bien un verdadero cambio de
+las almas? Él había recobrado el aspecto demasiado circunspecto, sobre
+todo el tono de superioridad que tan hondamente me había impresionado la
+noche que por vez primera le sorprendí en el salón de casa de D'Orsel,
+haciéndole la corte solemnemente a Magdalena. Creí notar en él una
+frialdad que antes no había notado y cierta firmeza orgullosa en su
+posición de marido que una vez más me ponía de manifiesto que Magdalena
+era su mujer y yo no era nadie allí. Fuera o no suspicacia, error de un
+espíritu enfermo, hubo un instante en que aquella última visión me
+pareció tan clara que no me dejó lugar a la más pequeña duda. La
+despedida fue breve. Salimos y nos acomodamos en un carruaje. Fingí
+dormir y Oliverio hizo como yo. Con los ojos cerrados recapitulé lo que
+había pasado durante aquella noche y sin saber por qué antojábaseme que
+había en todo aquello gérmenes de muchas tempestades; luego pensé en el
+señor De Nièvres--a quien creía, sinceramente haber perdonado para
+siempre--y hube de reconocer que le detestaba.
+
+Varios días, una semana lo menos, pasé sin darle a Magdalena señales de
+vida. Aprovechaba el momento en que era seguro no hallarla en casa para
+ir a dejar una tarjeta. Cumplida esta fórmula de urbanidad, consideré
+que estábamos en paz el señor De Nièvres y yo. En cuanto a su mujer
+estaba enojado con ella; ¿por qué? no hallaba motivo; pero el cruel
+despecho que me embargaba me dio fuerzas por el momento para evitar su
+presencia.
+
+A partir desde aquel día, el movimiento de París nos envolvió y fuimos
+arrastrados por aquel torbellino en el cual corren riesgo de aturdirse
+las cabezas más fuertes y tienen muchas probabilidades de naufragio los
+corazones más firmes. No sabía yo casi nada del mundo y después de haber
+huido de él durante un año me encontraba de pronto en el salón de la
+señora De Nièvres; es decir, con todas las razones posibles para tener
+que frecuentarlo. Inútil consideraba repetirle que no estaba yo hecho
+para aquel género de vida; sólo hubiera podido contestarme: «Váyase
+usted»; pero acaso aquel consejo le hubiese costado trabajo y además yo
+no lo habría seguido. Tenía el propósito de presentarme en casi todos
+los salones que ella frecuentaba. Pretendía que fuera tan exacto en el
+cumplimiento de los deberes totalmente artificiales de la sociedad, como
+cumplía a un hombre bien nacido y amparado bajo su patrocinio. Muchas
+veces expresaba ella un simple deseo sin más fundamento que el de serme
+grata y mi imaginación, dispuesta a transformarlo todo, le asignaba
+alcances de mandato. Herido por doquier, desventurado sin reposo, la
+seguía constantemente y cuando eso no me era posible la echaba de menos
+desolado, maldecía a los que me disputaban su presencia y me
+desesperaba.
+
+Algunas veces me rebelaba sinceramente contra costumbres en las cuales
+me disipaba sin fruto, que no contribuían gran cosa a mi felicidad y me
+quitaban un resto de razón. Odiaba cordialmente a las personas de las
+cuales me servía, sin embargo, para llegar hasta cuando la prudencia u
+otros motivos me alejaban de su casa. Pensaba, no sin fundamento, que
+eran tan enemigos suyos como míos. Aquel eterno secreto sería traído y
+llevado en semejantes medios, porque al igual que una hoguera al aire
+libre tenía, sin duda, que despedir imprudentes chispas que lo
+delatasen; si no era ya conocido, a lo menos era fácil que llegara a
+saberse. Había, una porción de personas que al verlas, me decía con
+furor: «todos esos deben ser mis confidentes.» Y ¿qué podía yo esperar
+de ellas? ¿Consejos? Ya los había recibido de la única cuya amistad me
+los hizo soportables: de Oliverio. ¿Complicidad o complacencia? No y
+cien veces no. Más me asustaba aún que el pensamiento de que existiera
+una conspiración dirigida contra mi dicha, la idea de que aquella
+menguada y famélica dicha hubiera podido ser objeto de envidia para
+quienquiera que fuese.
+
+A Magdalena nada más le decía una parte de la verdad. No le ocultaba
+nada de mi aversión a la sociedad, disparando tan sólo el motivo
+personalísimo de ciertos agravios. Cuando se trataba de juzgar al mundo
+de manera más general, aparte la perenne idea de que debía considerarlo
+como un ladrón de mi ventura, prodigaba las invectivas con feroz
+alegría. Lo pintaba hostil a todo lo que me era amado, indiferente a
+todo lo que es bueno y lleno de desprecio por todo lo más respetable,
+tanto en cuanto a opiniones como respecto a los sentimientos. Aducía
+repetidos hechos reales, por los que todo hombre de buen criterio debía
+sentirse herido; censuraba la ligereza de los preceptos sociales y más
+todavía la de las pasiones; condenaba la facilidad de las conciencias
+cualesquiera que fueran las causas, ambición, gloria o vanidad. Hacíale
+notar la manera libre como suele entenderse, no ya el concepto del
+deber, sino todos los deberes, el abuso de las palabras, la confusión de
+todas las medidas, que da margen a la perversión de las ideas más
+sencillas, a que nadie llegue a entenderse en cuanto a lo bueno, lo
+verdadero, lo malo, lo peor, resultando que no existe diferencia
+apreciable entre la gloria y el prestigio--en el sentido propio de la
+palabra,--ni delimitación exacta de las acciones malvadas y de los
+hechos simplemente irreflexivos. Me empeñaba en demostrarle que la
+adoración tan decantada por la mujer, mezclada con patente burla,
+ocultaba en el fondo el más completo desprecio de ella y que las mujeres
+obraban bien tontamente, por cierto, reservándoles a los hombres
+apariencias siquiera de virtud, desde el punto en que no les guardaban a
+ellas ni tan sólo aparente estima.
+
+--Todo eso es horroroso--le dije un día,--tanto, que si hubiera de
+salvar yo alguna casa de esta ciudad de réprobos, sólo una señalaría en
+blanco.
+
+--¿La de usted?--preguntó Magdalena.
+
+--La mía precisamente para salvarme con usted.
+
+Al oír tales y tan rudos anatemas, Magdalena solía sonreír tristemente.
+Estaba seguro de que opinaba como yo, ella que era prototipo de
+prudencia, de rectitud, de sinceridad, y no obstante vacilaba en darme
+la razón porque se preguntaba, sin duda, si cuando yo decía muchas cosas
+verdaderas no ocultaba alguna. Desde tiempo ya procuraba no hablarme
+sin cierta reserva de aquella porción de mi vida de adolescente que no
+había tenido vinculaciones con la suya pero que no por eso estaba menos
+limpia de misterios.
+
+Apenas sabía mi domicilio o cuando menos ponía empeño en ignorarlo o en
+olvidarlo. Nunca me preguntaba cuál era el empleo de las veladas que no
+le pertenecían y sobre las cuales, le convenía, por decir así, dejar
+vagar algunas dudas. En medio de mis costumbres estrambóticas que
+reducían a muy poco mi sueño y me mantenían en un estado de fiebre,
+conservaba ciertas energías, insaciable hambre del espíritu que había
+acrecentado el afán por el trabajo, haciendo más sabroso el placer que
+él me procuraba. En pocos meses había recobrado el tiempo perdido y
+sobre mi escritorio había como un montón de haces en una era, nueva
+cosecha ya recogida de la cual sólo era dudoso el producto. Era el solo
+asunto del cual me hablaba Magdalena sin reserva; pero en aquel punto
+era yo el que oponía vallas. Tocante a mis ocupaciones, lecturas,
+trabajo intelectual--aunque sólo Dios sabe con qué orgullosa solicitud
+ella seguía el curso de mis tareas,--sólo le daba yo noticia de un
+detalle, siempre el mismo: que no estaba satisfecho. Este absoluto
+descontento de los otros y de mí mismo expresaba mucho más de lo
+necesario para que ella viese claro. Si alguna circunstancia quedaba aún
+oscurecida, fuera del alcance de una amistad que--aparte un secreto
+inmenso, no tenía ninguno,--era porque Magdalena consideraba la
+explicación inútil o imprudente. Había entre nosotros un punto delicado,
+unas veces en la duda y otras en plena certeza, que, al igual que todas
+las verdades peligrosas, exigía no ser aclarado.
+
+Magdalena estaba advertida: era imposible que no lo estuviera. Pero,
+¿desde cuándo? Acaso desde el día que, respirando ella también un aire
+más agitado, había sentido ráfagas calurosas que no estaban a la
+temperatura de nuestra antigua y serena amistad. El día que me pareció
+tener la certeza de este hecho, no me bastó la mera creencia. Deseé una
+prueba y quise obligar a dármela a Magdalena. Ni un instante me detuve a
+reflexionar sobre aquel plan que era detestable, malvado, odioso. La
+asediaba con mil capciosidades. Tratándose de personas que nos
+conocíamos muy a fondos nos bastaba para entendernos sólo media palabra;
+pero yo aun añadía una más precisa. Caminábamos sobre un terreno
+sembrado de artimañas y yo tendía una más a cada paso. No sé qué
+perverso afán de sitiarla, de oprimirla, de acorralarla en la última
+reserva. Quería vengarme de aquel prolongado silencio impuesto primero
+por la timidez, luego por consideración, más adelante por respeto y
+últimamente por piedad. Aquella máscara que llevaba puesta hacía ya tres
+años se me había hecho insoportable y la arranqué sin reparo. Ya no me
+importaba que se hiciera la luz entre los dos. Deseaba casi una
+explosión aunque ella hubiera de aterrarla; cuanto a su tranquilidad,
+que una ciega y mortífera indiscreción podía destruir, la tenía olvidada
+por completo.
+
+Fue aquélla una crisis humillante, que me costaría mucho trabajo
+referirle a usted. Apenas sufría, de tal modo estaba imbuido de una idea
+fija. Procedía en sentido directo, con la inteligencia clara, la
+conciencia cerrada, como si se tratara de un asalto de esgrima en el
+cual no hubiera arriesgado más que el amor propio.
+
+A mi estrategia insensata Magdalena opuso de repente medios de defensa
+inesperados. Contestó a ella con calma perfecta, con total ausencia de
+disimulos, con ingenuidades que en nada podían perjudicar su reputación.
+Levantó poco a poco entre los dos a la manera de un muro de acero, de
+una resistencia, de una frialdad impenetrables. Yo me irritaba ante
+aquel nuevo obstáculo y no podía vencerlo. Trataba nuevamente de hacerme
+entender: toda inteligencia había cesado. Aguzaba las frases y no
+llegaban a ella. Las tomaba, las levantaba, las desarmaba con una
+respuesta sin réplica: como hubiera hecho con una flecha hábilmente
+esquivada a la cual le quitaba el hierro acerado que podía herir. El
+resumen de su continente, de su acogida, de sus afectuosos apretones de
+mano, de sus miradas excelentes, pero corteses y sin alcance, del
+conjunto de su proceder admirable y desesperante, por su firmeza, por su
+sencillez, por su prudencia, era éste: «Nada sé, y si ha creído que he
+adivinado algo se equivoca usted.»
+
+Entonces desaparecía yo por cierto tiempo, avergonzado de mí mismo,
+furioso de impotencia y cuando volvía a ella con mejores ideas e
+intenciones de arrepentimiento, parecía no comprenderlas al igual que no
+había advertido las otras.
+
+Todo esto sucedía en medio del torbellino del gran mundo que aquel año
+se prolongó hasta muy entrada ya la primavera. Algunas veces contaba con
+los accidentes de aquel género de vida debilitante para sorprender en
+falta a Magdalena y apoderarme de un espíritu tan seguro de sí mismo,
+pero eso no sucedió: Estaba yo casi enfermo de impaciencia. Ya no estaba
+seguro, casi, de amar a Magdalena, a tal extremo la idea de nuestro
+antagonismo--que me obligaba a ver en ella un adversario,--substituía a
+toda otra emoción y me llenaba el corazón de malas pasiones. Hay días,
+en pleno verano, polvorientos, nebulosos, en que la luz del sol es
+blanquecina y velada de nubes por el lado del Norte, que se parecen
+mucho a aquel violento período tan pronto abrasador como helado, en el
+cual llegué a creer que mi pasión por Magdalena iba a extinguirse de la
+manera más triste, por el despecho.
+
+Varias semanas hacía ya que no la veía. Había gastado mis rencores
+engolfándome en el trabajo. Esperaba de ella que me diera la señal de
+reaparecer. Una vez había encontrado al señor De Nièvres y me había
+dicho: «¿Qué es de usted?» o «Ya no se le ve a usted.» Cualquiera de
+esas dos fórmulas--no recuerdo cuál fue la que empleó--envolvía una
+invitación apremiante a volver. Aun me sostuve algunos días más; pero
+semejante alejamiento constituía un orden de cosas negativo que podía
+durar indefinidamente sin resolver nada decisivo. Por fin me decidí a
+forzar la situación. Corrí a casa de Magdalena: estaba sola. Entré
+rápidamente sin haber formado una idea definida de lo que iba a decir o
+hacer, pero formalmente decidido a romper aquella armadura de hielo y
+ver si debajo de ella vivía aún el corazón de mi antigua amiga.
+
+La encontré en su gabinete particular--en el cual no había más lujo que
+de flores,--vestida muy sencillamente, bordando sentada cerca de un
+veladorcito. Estaba seria, tenía los ojos enrojecidos como si no hubiera
+dormido la noche anterior o hubiera llorado algunos minutos antes de
+llegar yo. Tenía el aspecto de tranquilidad y recogimiento que le era
+propio muchas veces, en momentos de distracción que revivían en ella la
+colegiala de otros tiempos. Con su vestido modesto, rodeada de flores,
+abiertas las ventanas sobre los árboles, hubiérase dicho que estaba en
+su jardín de Ormessón.
+
+Aquella completa transfiguración, aquella actitud de tristeza, sumisa,
+medio vencida, por decir así, me quitó todo afán de triunfar y dio en
+tierra súbitamente con toda mi audacia.
+
+--He caído en culpa, respecto de usted--le dije,--y vengo a excusarme.
+
+--¿Culpable? ¿A excusarse?--exclamó, procurando reponerse de la
+sorpresa.
+
+--Sí, soy un loco, un amigo cruel y desolado que viene a ponerse a sus
+pies y pedirle perdón...
+
+--Pero, ¿qué tengo que perdonarle?--añadió, un poco asustada por aquella
+calurosa invasión en la tranquilidad de su retiro.
+
+--Mi conducta pasada, todo lo que he hecho, todo lo que he dicho, con la
+estúpida intención de herirla a usted.
+
+Ella había recobrado la calma.
+
+--Se imagina usted cosas que no existen o por lo menos se trata de leves
+errores de los cuales no me acordaré más el día que reconozca que usted
+también los olvida. ¿Sabe usted cuál ha sido su único error? El de
+abandonarme desde hace un mes. Porque hoy hace un mes--dijo, no
+ocultándome que se fijaba en las fechas,--que nos separamos una noche
+diciendo usted hasta mañana al despedirse.
+
+--Y no he vuelto, es verdad; pero no es de eso de lo que me acuso con
+pena, no, de lo que me acuso mortalmente...
+
+--¡De nada!--interrumpió ella imperiosamente.--Y desde
+entonces--continuó en seguida,--¿qué ha sido de usted? ¿Qué ha hecho?
+
+--Muchas cosas y muy poco; depende del resultado.
+
+--¿Y después?
+
+--Eso es todo--dije queriendo hacer lo mismo que ella y cortar la
+conversación por donde me convenía.
+
+Pasaron algunos momentos de embarazoso silencio y luego Magdalena empezó
+a hablar en un tono del todo natural y muy dulce.
+
+--Tiene usted un carácter desagradecido y difícil--me dijo.--Cuesta
+trabajo entenderle a usted y más aún socorrerle. Cuando se desea
+animarle, sostenerle, a veces compadecerle, se le pregunta y usted se
+encierra en la más absoluta reserva.
+
+--¿Qué quiere que diga, como no sea que aquel en quien usted confía, no
+es capaz de causar asombro a nadie y mucho me temo que defraude las
+esperanzas de sus buenos amigos?
+
+--¿Y por qué defraudaría las esperanzas de los buenos amigos que sólo
+desean para usted una posición que merece?--continuó Magdalena tranquila
+ya, al ver que nos colocábamos en un terreno que le parecía mucho más
+seguro.
+
+--Pues, por una razón muy sencilla: porque nada ambiciono.
+
+--¿Y esa fogosidad por el trabajo que se apodera a lo mejor de usted?...
+
+--Dura muy poco: es fuego que llamea con extraordinaria rapidez y en
+seguida se extingue. Subsistirá, creo, algunos años todavía, hasta que
+se desvanezca la ilusión cuando pase la juventud y vea yo claro que es
+cosa de acabar de una vez con tales engaños. Entonces llevaré la vida
+única que me cuadra, vida agradable de _dilletantismo_, en algún rincón
+de la provincia al cual no me lleguen ni los estimulantes ni los
+remordimientos de París, consagrándome a admirar el talento ajeno, que
+debe bastar, después de todo, para, ocupar los ocios de un hombre
+modesto que no es tonto.
+
+--Lo que acaba usted de decir es insostenible--exclamó con gran
+vivacidad.--Tiene usted gusto en atormentar a los que le estiman... y
+miente usted...
+
+--Nada es más cierto, se lo juro. Ya le he dicho en otra ocasión, y no
+hace mucho tiempo, que me sentía atraído, no por la idea de ser
+_alguien_, que me parecía sin sentido práctico, pero sí por el deseo de
+producir _algo_, única excusa, a mi juicio, de nuestra mísera
+existencia. Lo dije y traté de realizarlo. Pero nunca con el fin de que
+saque de ello provecho ni mi dignidad de hombre, ni mi gusto, ni mi
+vanidad, ni los otros ni yo mismo. Será sin más propósito que el de
+expulsar de mi cerebro algo que me molesta.
+
+Sonrió al oír la curiosa y vulgar explicación que daba yo a un fenómeno
+bastante noble.
+
+--¡Qué hombre tan singular resulta usted con sus paradojas! Lo sutiliza
+usted todo hasta el extremo de cambiar el sentido de las palabras y el
+valor de las ideas. Halagábame la creencia de que era usted un alma
+mejor organizada que muchas otras y más buena, por diversos conceptos.
+Le creía también, débil de voluntad, pero dotado de cierta tendencia a
+la inspiración. Y ahora resulta que deberá usted carecer de voluntad y
+convierte la inspiración en simple exorcismo.
+
+--Llame usted las cosas por el nombre que quiera--dije, y le supliqué
+que cambiásemos de conversación.
+
+Cambiar de conversación no era posible; había que volver al punto de
+partida o continuar. Le pareció más seguro razonar y yo la dejé decir
+sin replicar más que con una frase: «¿Para qué?»
+
+--Habla en esta ocasión, como Oliverio, y, sin embargo, no hay nadie que
+se parezca a él menos que usted.
+
+--¿Le parece a usted?--dije mirándola apasionadamente para dominarla de
+nuevo,--¿en verdad cree usted que somos tan diferentes? Pues yo creo,
+por lo contrario, que nos parecemos mucho. Obedecemos el uno y el otro,
+exclusivamente, ciegamente, a lo que nos encanta; lo que nos encanta es,
+tanto para él como para mí, imposible o poco menos, lograrlo; es una
+quimera o representa lo prohibido. Eso hace que siguiendo caminos muy
+opuestos, nos encontremos un día en el mismo punto, acobardados y «sin
+familia»--añadí, usando la frase «sin familia» en vez de otra mucho más
+clara que se me vino a los labios.
+
+Magdalena tenía los ojos fijos en el bordado, pero clavaba la aguja al
+azar, sin poner atención. La expresión de su rostro había cambiado, su
+continente, una vez más, sumiso y desarmado, me enterneció hasta el
+extremo de hacerme olvidar el objeto de mi visita.
+
+--Comprendería usted bien--dijo con cierta turbación.--Hay para todo el
+mundo, creo yo... (vacilaba un poco al elegir las palabras) un momento
+difícil en el cual se duda de uno mismo y hasta de los demás. Lo que
+importa entonces es aclarar la duda y tomar una resolución. Algunas
+veces, el corazón tiene necesidad de decir: «Quiero». A lo menos me lo
+figuro por haberme sucedido ya una vez--continuó, titubeando más todavía
+en torno de un recuerdo que a los dos nos traía a la mente la historia
+de su casamiento.--Dicen que una marquesa de principios de siglo
+pretendía que por fuerza de la voluntad podía evitarse la muerte. Acaso
+si murió fue porque se distrajo. Hay así muchos accidentes que se
+presume que son involuntarios; ¡quién sabe si la dicha no depende en
+gran parte de la voluntad de ser dichoso!...
+
+--Dios la oiga, mi querida Magdalena--dije, usando una expresión que no
+había vuelto a emplear hacía ya tres años.
+
+Pronunciando estas últimas palabras me levanté embargado de un
+enternecimiento que no era dueño de ocultar. El movimiento que hice fue
+tan rápido, tan imprevisto, añadió tanto ardor a mi acento, de por sí
+muy decisivo ya, que Magdalena sintió que él llegaba a su corazón y lo
+conmovía y palideció. Oí yo en lo más hondo de su pecho como una
+dolorosa exclamación angustiosa que expiró en sus labios.
+
+Muchas veces me había yo preguntado qué sucedería si, para
+desembarazarme de la carga demasiado pesada que me aplastaba,
+sencillamente y como si mi amiga Magdalena pudiera oír con indulgencia
+la declaración de un sentimiento que se refería a la condesa De Nièvres,
+le dijera que la amaba. Me representaba la escena de esta tan grave
+explicación. La suponía sola, en estado de escucharme y en una situación
+que excluía todo peligro. Tomaba la palabra y sin preámbulo, sin rebozo,
+sin subterfugios, sin palabrería, y, con la misma franqueza que si se
+tratara de un confidente muy íntimo desde mi juventud, le refiriese la
+historia de mi pasión, nacida de una amistad de niño de súbito trocada
+en amor. La explicaba cómo una serie de transiciones invencibles me
+había conducido poco a poco desde la indiferencia a la atracción, del
+temor al vasallaje, de la añoranza en la ausencia a la necesidad de no
+separarme nunca de ella, de la visión de que iba a perderla a la
+certidumbre de que la adoraba, del afán por su tranquilidad a la
+mentira, en fin, de la voluntad de callar siempre al afán irresistible
+de confesárselo todo y de pedirle perdón después. Le decía que había
+resistido, luchado, que había sufrido mucho: mi proceder era el mejor
+testimonio. No exageraba nada, muy al contrario, no hacía más que
+mostrarle a medias el cuadro de mis dolores para mejor convencerla de
+que ponía medida en mis palabras y era sincero. Le decía, en una
+palabra, que la amaba con desesperación, en otros términos que no
+esperaba de ella más que la absolución de mis debilidades que en ellas
+mismas llevaban la penitencia y su piedad para aquellos males
+irremediables.
+
+Tan grande era mi confianza en la bondad de Magdalena, que la idea de
+semejante confesión me parecía aún más natural en medio de las ideas
+locas o culpables que me asediaban.
+
+Veíala entonces--o por lo menos así me gustaba verla,--triste y muy
+sinceramente afligida, pero no colérica, escuchándome con la compasión
+de una amiga impotente para consolarme y por elevación de espíritu y por
+indulgencia, dispuesta a compadecerse de aquellos grandes males
+efectivamente irremediables. Y, ¡cosa singular! aquel pensamiento de ser
+comprendido, que siempre me había impuesto verdadero terror antes, no me
+causaba ni siquiera el más leve embarazo en lo presente. Trabajo me
+costaría explicarle a usted hasta qué punto era posible que semejante
+propósito, absurdo por atrevido, cupiera en mi espíritu cuya
+pusilanimidad natural le he puesto a usted en evidencia; pero tantas
+pruebas habían acabado por avezarme. Ya no temblaba delante de
+Magdalena, por lo menos de miedo como en otra época; me parecía que
+debía desaparecer toda irresolución desde que descaradamente iba en pos
+de la verdad.
+
+Tuve un momento de suprema angustia durante el cual la idea de acabar de
+una vez me asaltó de nuevo, como tentación más fuerte e irresistible que
+nunca. Pensaba que para eso había venido y jamás ocasión más propicia
+se me presentaría. Estábamos solos, la casualidad nos colocaba
+exactamente en la situación que tenía elegida. La mitad de la confesión
+estaba ya hecha. Uno y otra alcanzábamos un grado de emoción que nos
+colocaba en aptitud de atreverme mucho a mí y de oírlo todo a ella. No
+tenía que decir yo más que una palabra, romper aquel horrible cerrojo
+del silencio que me estrangulaba cada vez que pensaba en ella. Buscaba
+sólo una fórmula, una frase inicial: estaba muy sereno, a lo menos tal
+me parecía estar; hasta me parecía que mi semblante no reflejaba
+demasiado la extraordinaria controversia que dentro de mí se mantenía.
+Iba a hablar cuando, para darme más ánimos, alcé los ojos y miré a
+Magdalena.
+
+Conservaba la humilde actitud que ya le he descrito a usted, clavada en
+su asiento, abandonada la labor, con las manos cruzadas por un esfuerzo
+de voluntad para disminuir el temblor que las agitaba al igual que el
+resto del cuerpo, pálida hasta dar lástima, las mejillas como la cera,
+los ojos muy abiertos velados de lágrimas, clavados en mí con la
+luminosa fijeza de dos estrellas. Aquella mirada brillante y dulce
+empapada en llanto, tenía una expresión de reproche, de dulzura, de
+indecible perspicacia. Hubiérase dicho que estaba menos asombrada de una
+confesión ya hecha, que espantada de la inútil ansiedad que advertía en
+mí. Y si le hubiera sido posible hablar en un momento en que todas las
+energías de su ternura y de su orgullo me suplicaban o me ordenaban que
+callase, me había dicho una sola cosa, que yo sabía demasiado: que la
+confidencia estaba hecha y mi proceder era el de un cobarde. Pero
+continuaba inmóvil, sin expresión, sin voz, los labios cerrados, los
+ojos fijos en los míos, las mejillas bañadas de llanto, sublime de
+angustia, de pena y de firmeza.
+
+--¡Magdalena--gemí cayendo a sus pies,--Magdalena, perdóneme usted!...
+
+A su vez levantose ella con un movimiento de mujer indignada que jamás
+olvidaré; dio algunos pasos hacia su habitación, y como me arrastrara yo
+en pos de ella, siguiéndola, buscando una palabra que no fuese ofensiva,
+un postrer adiós, para decirle al menos que era ángel de previsión y de
+bondad, para agradecerle el haberme ahorrado una locura, con una
+expresión más abrumadora todavía, de lástima, de indulgencia y de
+autoridad, alzada la mano como si desde lejos tratara de ponerla sobre
+mi boca, repitió la seña que me imponía el silencio y desapareció.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Durante muchos días--y bien podría decir por espacio de muchos
+meses,--la imagen de Magdalena ofendida y tan llena de angustia me
+persiguió como un remordimiento y me hizo expiar cruelmente mis faltas.
+No cesaba de ver el brillo de sus lágrimas que un olvido de toda
+prudencia había hecho correr y permanecía como prosternado en obediencia
+incondicional, como embrutecido, bajo el imperio de aquella dulzura tan
+imperiosa, de aquella actitud que me había impuesto sellar para siempre
+el labio indiscreto que estuvo a punto de causarle tanto mal. Estaba
+avergonzado de mí mismo. Me redimía de aquel loco y culpable
+atrevimiento por la más sincera contrición. El torpe orgullo que me
+había animado contra Magdalena y me había prestado armas para combatir
+contra mi propio amor, aquel deseo malevolente de hallar un adversario
+en el ser inofensivo y generoso a quien adoraba, las acritudes, las
+protestas de un corazón enfermo, la doblez de un espíritu entristecido,
+todo lo que aquella crisis morbosa había extravasado, por decir así, en
+mis sentimientos más puros, se había disipado como por encanto. Ya no
+temía declararme vencido, verme humillado, sentir que el pie de una
+mujer hollaba al demonio que me poseía.
+
+La primera vez que volví a ver a Magdalena, y me obligué a ello, desde
+los primeros días hubo de reconocer en mí una mudanza tan radical que la
+tranquilizó absolutamente. No me costó trabajo probarle con qué
+intenciones de sumisión tornaba a ella; las comprendió a la primera
+mirada que cambiamos. Esperó un poco para asegurarse de la solidez de
+mis propósitos; y tan luego como vio que persistía y me conservaba firme
+en mi puesto en ciertos instantes de difícil prueba, abandonó su actitud
+defensiva y aparentó no acordarse de nada, que era la más caritativa de
+todas las maneras de otorgarme perdón y la única que le estaba
+permitida.
+
+Algún tiempo después, un día, recobrada la calma, pasado todo peligro, y
+no habiendo ya gran inconveniente en hablarle del arrepentimiento que no
+me abandonaba, le dije:
+
+--Le he hecho a usted mucho daño y lo expío.
+
+--Basta--me replicó,--no hablemos más de eso; procure sólo curarse, yo
+le ayudaré.
+
+A partir desde aquel momento Magdalena se consagró a mí. Con un valor,
+con una caridad sin límites, me toleraba cerca de ella, me vigilaba, me
+socorría por su continua presencia. Inventaba medios para distraerme,
+para aturdirme, para interesarme en ocupaciones serias que me
+absorbieran.
+
+No parecía sino que se reconocía culpable a medias de los efectos que en
+mí había hecho nacer y que una especie de deber heroico le aconsejaba
+sufrirlos, le recomendaba, sobre todo, procurar la curación de ellos.
+Siempre serena, discreta, resuelta, me animaba a luchar; y cuando estaba
+satisfecha de mí, es decir, cuando yo me había destrozado el corazón
+para forzarle a latir más despacio, me recompensaba con frases calmantes
+que me hacían verter lágrimas o con expresiones consoladoras que valían
+una caricia. Vivía así en contacto con la llama que me abrasaba, al
+abrigo de las sensaciones más abrasadoras, envuelto, por decir así, en
+un ropaje de inocencia y de lealtad que la hacía invulnerable a los
+ardores que de mí partían como a las sospechas que de la sociedad podían
+emanar.
+
+Nada más delicioso y al mismo tiempo aflictivo y temible que aquella
+singular colaboración en que Magdalena gastaba fuerzas en pro de mi
+curación sin lograr devolverme la salud. Duró aquel orden de cosas
+muchos meses, tal vez un año; no podría determinarlo porque corresponde
+a un período de mi vida, de tal modo confuso y agitado, que de él no me
+ha quedado más que el sentimiento vago de una gran perturbación que
+continuaba sin ningún accidente notable que sirviera para establecer una
+medida.
+
+Abandonó París para ir a los baños de Alemania.
+
+--Supongo que no me seguirá usted--me dijo.--Eso ofrecería mil
+inconvenientes para usted y para mí.
+
+Era la primera vez que la veía preocuparse de poner a salvo su propia
+seguridad. Ocho días después de su partida recibí de ella una carta
+admirablemente seria y buena. No le contesté en atención a que me lo
+rogaba. «Le haré a usted compañía desde lejos--me escribía,--tanta como
+me sea posible.» Y durante todo el tiempo que duró su ausencia, con
+intervalos regulares puso la misma paciencia en escribirme; así me
+recompensaba por mi obediencia al no seguirla. Sabía muy bien que el
+aburrimiento y la soledad son malos consejeros: no quería dejarme solo
+con su recuerdo sin intervenir de tiempo en tiempo con un indicio de su
+presencia.
+
+Sabía la fecha del regreso, y el día aquel me apresuré a ir a su casa.
+Fui recibido por el señor De Nièvres, a quien no encontraba ya sin un
+vivo desagrado. Era quizás perfectamente injusto, quiero creer que
+ningún fundamento tenían las suposiciones descorteses que había hecho;
+pero veía en él al marido de la condesa De Nièvres, a través de
+suspicacias muy poco lúcidas, y con razón o sin ella, aquellas
+suspicacias me lo presentaban reservado, sospechoso, casi hostil. Habían
+llegado por la mañana. Julia, indispuesta y cansada, dormía. Magdalena
+no podía recibirme. Apareció cuando escuchaba yo tales explicaciones y
+el señor De Nièvres se marchó en seguida.
+
+Una súbita idea cruzó por mi mente, como sano consejo de prudencia al
+estrechar la mano de aquella mujer tan animosa y a la cual ponía en
+tantos peligros:
+
+--Tengo intención de viajar durante algún tiempo--le dije tras breves
+palabras de gratitud por sus bondades.--¿Qué le parece a usted?
+
+--Si le parece que eso puede serle útil, hágalo--repuso, manifestándose
+tan sólo un poco sorprendida.
+
+--¡Util! ¿Quién sabe? En todo caso merece la pena de hacer un ensayo.
+
+--Sí, quizás convenga probar--continuó Magdalena con acento bastante
+grave.--Pero entonces, ¿cómo tendremos noticias de usted?
+
+--¿Cómo? Por los mismos medios si usted lo permite.
+
+--¡Oh, no! Eso no será, no puede ser. Escribirle a usted de Alemania a
+París era posible, pero de París... al azar, comprenderá usted que no
+sería razonable.
+
+La dura perspectiva de pasar muchos meses absolutamente privado de todo
+contacto, siquiera fuese indirecto, con Magdalena, me hizo vacilar un
+instante. Otra reflexión me decidió a hacer la prueba más radical y le
+dije:
+
+--Sea. Ya no oiré hablar de usted más que por medio de Oliverio que no
+es el más exacto de los corresponsales. Me tiene usted dadas muchas
+pruebas de generosidad y sólo puedo mostrarme digno de ellas
+resignándome. Puede usted imaginar lo que este esfuerzo debe costarme.
+
+--¿De modo que se marcha usted seguramente?--interrogó Magdalena que
+quería dudarlo aún.
+
+--Mañana mismo. Adiós.
+
+--Vaya usted con Dios--exclamó con un fruncimiento de cejas que prestaba
+a su semblante una expresión singular.--¡Vaya con Dios y que Él le
+aconseje!
+
+Al otro día, efectivamente, estaba en camino. Oliverio, que bajo palabra
+de honor se había comprometido a escribirme, mantuvo su promesa tan
+lealmente como permitía su habitual inercia. Por él supe el estado de
+salud de Magdalena, y ella, sin duda, supo también que nada tenía que
+temer en cuanto a la vida del viajero; pero eso fue todo.
+
+Nada le diré a usted de aquel viaje, el más hermoso y el menos
+aprovechable que jamás he hecho. Siéntome, como humillado, cuando pienso
+que hay países en el mundo en los cuales he paseado tristezas tan
+vulgares y vertido lágrimas tan poco viriles. Me acuerdo de un día en
+que lloré sinceramente, con amargura, como un niño a quien las lágrimas
+no hacen que se ruborice, a la orilla de un mar que ha presenciado
+milagros, no divinos, sino humanos. Estaba solo, los pies en la arena,
+sentado en una roca entre muchas que tenían argollas de bronce a las
+cuales en otros tiempos se habían amarrado navíos. Nadie había ni en la
+playa abandonada por la historia, ni en la mar sobre la cual no se veía
+pasar ni una vela. Un pájaro blanco volaba entre cielo y agua dibujando
+su movido plumaje sobre el cielo azul y reproduciéndolo sobre las mansas
+aguas. Estaba solo para representar en aquella hora, en un lugar único,
+la pequeñez y las grandezas de un hombre vivo. Lanzaba el nombre de
+Magdalena, gritando con todas mis fuerzas para que lo repitieran las
+sonoras rocas de la costa; luego un sollozo ahogó mi voz, y lleno el
+corazón de confusiones me preguntaba si los hombres de hace dos mil
+años, tan intrépidos, tan fuertes, habían amado tanto como nosotros.
+
+Aunque había dicho que mi ausencia duraría muchos meses, regresé al cabo
+de algunas semanas. Nada en el mundo me hubiera hecho prolongar mi viaje
+un solo día más.
+
+Magdalena me creía aún a cuatrocientas o quinientas leguas de ella
+cuando una noche entré en un salón en que estaba seguro de que la
+encontraría. Al verme hizo un movimiento que implicaba una imprudencia.
+
+Muy pocos habían tenido noticia de mi ausencia. Se desaparece tan
+cómodamente en nuestro gran París, que cualquier hombre tendría tiempo
+de dar la vuelta al mundo antes de que nadie hubiese notado su partida.
+
+Saludé a Magdalena igual que si la hubiera visto el día antes. A la
+primera mirada comprendió que volvía a ella totalmente agotado,
+hambriento de verla y con el corazón intacto.
+
+--Me ha inquietado usted mucho--dijo.
+
+Y exhaló un suspiro. Hubiérase dicho que mi regreso en lugar de causarle
+espanto la desembarazaba, por el contrario, de una preocupación más
+amarga que todas las demás.
+
+Volvió a aplicarse en su tarea aplastadora. Los medios empleados para
+«curarme» (era la única palabra de que se sirvió para definir una
+empresa en la cual se trataba, en efecto, de su salvación y de la mía)
+todos eran malos cuando no emanaban directamente de su apoyo. En
+adelante quería intervenir ella sola en aquella lucha de la cual ella
+era la causa.
+
+--Lo que he hecho lo desharé--me dijo un día de orgulloso reto llevado
+hasta la locura.
+
+Toda su sangre fría la había abandonado. Cometió ligerezas sublimes que
+trascendían a desesperación. Ya no era bastante para ella socorrerme lo
+más cerca posible, prestarme ánimo cuando desfallecía, calmarme si me
+exasperaba. Notaba ella que su recurso mismo contenía llamas, y se
+empeñó en apagarlas vigilando hora tras hora mis pensamientos más
+secretos. Para eso habría sido menester multiplicar hasta lo infinito
+visitas que ya se repetían con demasiada frecuencia. Entonces fue cuando
+imaginó medios para verme fuera de su casa. Puso en esto aquel
+espantable atrevimiento que sólo es permitido a las mujeres que
+arriesgan el honor y a las que obran con indiscutible inocencia.
+Bravamente me dio citas. El lugar elegido era siempre desierto, aunque
+poco lejano de su casa. Y no vaya usted a figurarse que aprovechaba para
+esas expediciones peligrosas las frecuentes ocasiones en que el conde De
+Nièvres se ausentaba. No; estando él en París, a riesgo de encontrarle,
+de perderse, acudía a la hora señalada y casi siempre tan dueña de sí
+misma, tan resuelta como si todo lo hubiese sacrificado.
+
+Su primera ojeada era todo un examen. Me envolvía en aquella amplia y
+deslumbradora mirada que quería sondear mi conciencia y reconocer en el
+fondo de mi corazón las tempestades formadas o resignadas desde el día
+anterior. Su primera frase era una interrogación: «¿Cómo le va a usted?»
+Aquel _¿Cómo le va a usted?_ significaba: «¿Es usted más razonable?»
+
+A las veces le respondía yo valientemente con una semimentira, que nunca
+alcanzaba a engañarla, pero que despertaba en su ánimo curiosidades e
+inquietudes de otro género. Se apoyaba en mi brazo y caminábamos bajo
+los árboles, callando a intervalos o hablando con la aparente calma de
+dos amigos que se han encontrado por casualidad. Ella me descubría,
+durante aquellas horas de abrasadora compenetración, me revelaba--como
+otras tantas maravillas,--tesoros de desinterés, de abnegación, remedios
+de previsión casi iguales a las profundidas de su caridad. Ordenaba mi
+vida mal arreglada, o mejor dicho en completo desarreglo, dedicada sin
+medida tan pronto a las mayores exageraciones de trabajo asiduo, como a
+los excesos de la mayor inercia. Censuraba mis cobardías, se indignaba
+de mis desfallecimientos y me reprochaba las invectivas que me complacía
+en prodigarme, porque afirmaba que en ellas veía las inquietudes de un
+espíritu mal equilibrado y más perplejo que equitativo.
+
+Si hubiera yo sido capaz de concebir las más leves ambiciones un poco
+llevadas con el verdadero valor que ella me infundía, se hubieran
+desarrollado en mi ánimo con llamaradas de incendio.
+
+--Quiero verle dichoso--me decía.--¡Si usted supiera con qué fervor lo
+deseo!
+
+Vacilaba ordinariamente ante la palabra porvenir, que a los dos nos
+hería con augurios ¡ay! demasiado razonables. ¿Qué perspectiva, qué
+salida descubría ella más allá del día próximo que limitaba nuestros
+ensueños? Ninguna sin duda. Las sustituiría por algo vago y quimérico,
+como esa postrera esperanza que les queda a los que nada esperan ni
+tienen ya que esperar.
+
+Cuando le ocurría el tener que faltar a aquella misión de casi todos los
+días, que ella cumplía con el entusiasmo de un médico que se sacrifica,
+al otro día me pedía excusa como si se tratara de una falta. Había
+llegado a no saber si debía aceptar la dulzura de tan terrible socorro.
+Sentía deslizarse en mí tales perfidias que ya no me era dado discernir
+en qué medida era culpable o desgraciado. A mi pesar tramaba planes
+abominables, y cada día Magdalena, sin saberlo, hallaba una traición. No
+estaba yo en condición de ignorar que no hay valor que resista ciertas
+pruebas, que la virtud más invencible minada a cada instante corre grave
+riesgo y que de todas las enfermedades la que se pretendía curarme era
+la más contagiosa.
+
+Habiéndose ausentado súbitamente el conde De Nièvres, Magdalena me hizo
+saber que nuestros paseos debían ser suspendidos. Los reanudamos luego
+que su marido volvió con más decisión y mayor entusiasmo. El perpetuo
+_me, me adsum qui feci_--yo, yo sólo soy la causa,--volvía bajo todas
+las formas en paroxismos de generosidad que me colmaban de vergüenza y
+de felicidad.
+
+Así llegó hasta el punto más escarpado de una tentativa a la cual
+ninguna mujer heroica ha podido alcanzar sin despeñarse. Se mantuvo
+todavía algún tiempo intrépidamente y sin desfallecer demasiado, como
+un ser poseedor de recursos sobrenaturales a quien el vértigo hubiese
+privado del sentido y el exceso del peligro retuviera al borde del
+abismo paralizando de pronto su razón. En ese momento me di cuenta de
+que tenía agotadas las fuerzas. Aquella milagrosa organización se
+defendió de ella misma. No se lamentó. No confesó nada que pudiera
+delatar debilidad. Reconocerse impotente y desanimada era ponerlo todo
+en manos del azar, y el azar le causaba miedo como el más incierto de
+todos los auxiliares, el más pérfido, acaso el más amenazador.
+Declararse extenuada, era abrirme su corazón a dos manos y mostrarme el
+mal que en él había hecho yo. No lanzó ni un gemido de angustia. Se
+desplomó desfallecida. Un día le dije:
+
+--Me ha curado usted, Magdalena; ya no la amo.
+
+Ella se quedó parada, se puso horriblemente pálida y vaciló como
+espantada por una maldad que la penetraba hasta el fondo del alma.
+
+--¡Oh, tranquilícese usted, el día que eso sucediera!...--añadí.
+
+--El día que eso sucediera...--repitió ella.
+
+Y le faltó la voz y rompió a llorar.
+
+Al día siguiente, no obstante, volvió. La vi apearse de su carruaje tan
+cambiada, tan abatida que me asusté.
+
+--¿Qué tiene usted?--le dije corriendo a su encuentro, tanto me pareció
+próxima a desmayarse.
+
+Se repuso un poco, gracias a un prodigioso esfuerzo, que no pudo
+ocultar, y me respondió solamente:
+
+--Estoy muy cansada.
+
+Entonces me asaltó un horrible remordimiento.
+
+--Soy un miserable--exclamé,--sin corazón y sin sentimientos honrados.
+No supe salvarme; viene usted a mí y la pierdo. Magdalena, ya no
+necesito de usted, no quiero más ayuda ni más nada... No quiero un
+socorro, comprado tan caro, a costa de una amistad que he hecho
+demasiado pesada y que acabaría por matarla a usted. Que sufra o no, a
+mí solo importa. Mi alivio emanará de mí mismo, mis miserias me
+conciernen a mí solo, y cualquiera que fuera el final de ellas ya no
+alcanzará a nadie más que a mí.
+
+Me escuchó al principio sin responder, como reducida a ese estado de
+abatimiento enfermizo o de fragilidad infantil que nos hace incapaces de
+comprender la dureza de ciertas ideas y de tomar una resolución.
+
+--Separémonos--le dije--por completo. Sí, separémonos, será lo mejor. No
+nos veamos más, olvidémosnos... París nos desunirá sobradamente sin que
+pongamos entre nosotros muchas leguas de distancia. A la primera palabra
+que usted pronuncie advirtiéndome que necesita de mí me volverá usted a
+encontrar. De lo contrario...
+
+--De lo contrario...--murmuró saliendo lentamente de su embotamiento.
+
+Empleó algunos segundos para analizar en el fondo de su alma aquella
+frase que para los dos encerraba la amenaza de un adiós definitivo. Al
+principio parecía como si no alcanzara a darle un sentido comprensible.
+
+--Es verdad--prosiguió,--soy un punto de apoyo bien débil, ¿verdad? un
+razonador que cansa, un amigo, quizás, inútil...
+
+Luego se veía que buscaba solución menos ruda. Y como advirtiera que yo
+aguardaba una respuesta ahogándome la ansiedad, hizo ese gesto peculiar
+de los enfermos aniquilados por el dolor, a quienes se atormenta
+hablándoles de asuntos graves y me dijo:
+
+--¿Por qué, pues, ha venido usted a proponerme cosas imposibles? Me
+acosaba usted a su placer... Váyase amigo... Váyase, se lo ruego. Hoy
+estoy enferma. No se me ocurre ni una palabra de consejo que darle.
+Mejor que yo sabe usted qué azar se corre en este partido... El que
+usted tome será el único razonable: la estima que yo le doy y la amistad
+que usted me profesa no permiten dudarlo.
+
+Me separé de ella desconcertado y renuncié, desde luego, a ciertos
+extremos que nos separarían para siempre cuando ninguno de los dos lo
+deseaba. Solamente arreglé mi conducta mirando a procurar un
+apartamiento continuo, suave, que podía, acaso, llevarnos a establecer
+entre nosotros acuerdos más tibios y pacificarlo todo sin demasiado
+sacrificio. Dejé de amenazarla con aquella frase de olvido, harto
+desesperado para ser sincero, y que la habría hecho sonreír de piedad,
+si ella hubiera tenido a su vez un poco de serenidad el día que se lo
+propuse como un medio. Continué viviendo bastante cerca de ella para
+demostrarle que el partido que adoptaba era menos extremado y
+suficientemente lejos para dejarla libre y no imponerle complicidades de
+las cuales me ruborizaba.
+
+¿Qué sucedió entonces en el espíritu de Magdalena? Juzgue usted. Apenas
+relevada del papel extraordinario de confidente y de salvadora, se
+transformó de súbito. Su genio, su continente, la dulzura de su mirada,
+la perfecta igualdad de su carácter compuesto de oro maleable y de
+acero, es decir, indulgencia y verdadera virtud, aquel natural
+resistente sin dureza, paciente, unido, siempre en el equilibrio de un
+lago abrigado del viento; aquella amiga tan ingeniosa para hallar
+recursos de consuelo, aquella boca inagotable en frases exquisitas,
+todo cambió. Vi aparecer un ser nuevo, extravagante, incoherente,
+inexplicable y fugaz, agriado, entristecido, hiriente y sombrío, como si
+hubiera estado rodeado de insidias, precisamente cuando yo me
+sacrificaba sin reservas consagrado a allanar su existencia y a apartar
+de ella hasta la sombra de una preocupación.
+
+Algunas veces la encontraba anegada en lágrimas. Las devoraba en
+seguida, se pasaba la mano por los ojos haciendo un gesto de resignación
+y de fastidio y se las enjugaba como hubiera hecho con una mancha
+repugnante. Por nada se sonrojaba como si hubiera sido sorprendida en la
+contemplación de una mala idea. Observé que se acercaba a su hermana más
+estrechamente que nunca, que salía con mucha frecuencia apoyándose en el
+brazo de su padre, que la adoraba, pero que no tenía ni las mismas
+aficiones que ella ni las costumbres de la alta sociedad.
+
+Un día que fui a su casa, y mis visitas eran contadas, me dijo:
+
+--¿Quiere usted ver al señor De Nièvres? Me parece que está en su
+gabinete.
+
+Llamó, hizo avisar al señor De Nièvres y lo interpuso entre nosotros.
+
+Estuvo extraordinariamente hábil durante aquella visita, la primera
+quizás que le había hecho en actitud de ceremonia. El señor De Nièvres
+se mostró más flexible, sin abandonar cierta reserva, que se advertía
+más evidente a medida que se iba haciendo más sistemática. Casi ella
+sola sostuvo el peso de una conversación que a cada momento amenazaba
+agotarse y dejarnos con la boca abierta. Merced a aquel esfuerzo de
+habilidad y de voluntad la comedia que representábamos llegó hasta el
+final sin decaer, y no dio margen a ningún incidente que le hiciera
+demasiado chocante. Recapituló a mi presencia el empleo de sus noches de
+toda la semana, pero sin mi presencia, por supuesto.
+
+--¿ Me acompañarás esta noche?--le preguntó a su marido.
+
+--Me pides una cosa que creo no haberte negado nunca--replicó el señor
+De Nièvres con bastante frialdad.
+
+Me siguió hasta la puerta de su gabinete, apoyada en el brazo de su
+marido, erguida, confiada en aquel sólido apoyo. Yo la saludé
+respondiendo exactamente al tono cordial pero frío de su despedida.
+
+--Pobre y querida mujer--pensaba mientras de ella me iba
+alejando.--¡Querida conciencia en que tantos temores he hecho nacer!
+
+Y por una de esas reacciones que deshonran en un instante los mejores
+impulsos, recordé esas estatuas apoyadas en un soporte que las mantiene
+en equilibrio y que caerían inevitablemente si les faltara aquel punto
+de sustentación.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Por entonces me comunicó Agustín la realización de un proyecto que aquel
+honrado corazón acariciaba desde largo tiempo; ya recordará usted que lo
+tenía anunciado.
+
+Continuaba yo viendo a Agustín, no en momentos perdidos; le buscaba por
+el contrario, y le hallaba a mi disposición cada vez--y eran
+frecuentes--que experimentaba la necesidad de sumergirme en aguas más
+sanas. No podía darme consejos mejores, ni era dable que me procurase
+consuelos más eficaces. Nunca le hablaba de mí--aunque mi pena egoísta
+transpiraba a través de todas mis palabras;--pero su manera de vivir por
+sí misma constituía un ejemplo más edificante que muchas lecciones.
+Cuando estaba yo muy fatigado, muy desanimado, muy humillado por alguna
+nueva cobardía, iba a él y observaba su vida, como se va a tomar idea de
+la fuerza física asistiendo a un asalto de luchadores. No era feliz. El
+éxito no había recompensado aún aquel rígido y laborioso valor, más que
+con ruines favores; pero a lo menos podía confesar sus desfallecimientos
+y las dificultades que se le oponían en aquellas luchas tan activas no
+eran de esas que hacen subir el rubor al semblante.
+
+Supe un día que no estaba solo.
+
+Agustín me participó aquella novedad--que por muchas razones asumía la
+gravedad de un secreto--en una larga noche de convalecencia que pasó a
+la cabecera de mi lecho. Recuerdo que era a fines de invierno: las
+noches eran todavía largas y frías, y el fastidio de volverse a su casa
+tan tarde le decidió a esperar el día en mi cuarto. A media noche vino a
+interrumpirnos Oliverio. Venía de un baile; traía en los vestidos como
+un olor de lujo, de los ramilletes de las mujeres y del placer, y en su
+semblante, un poco plegado por la vigilia, llevaba resplandores de
+fiesta y cierta palidez, cierta emoción que le prestaba una elegancia
+infinitamente seductora. Recuerdo que le observé durante los breves
+momentos que estuvo, de pie en frente de Agustín, acabando un cigarro y
+contando los luises que había ganado entre dos valses, y acaso no hago
+bien confesándole a usted que el contraste del aspecto, del traje y de
+la rigidez un poco escolásticos de Agustín me entristeció por razones
+casi vulgares. Me vino a la memoria lo que Oliverio había dicho en
+cierta ocasión, respecto de las personas que tienen el trabajo y la
+voluntad como único patrimonio, y detrás del espectáculo
+indiscutiblemente hermoso del heroísmo desplegado por un hombre _que
+quiere_, advertía mediocridades de existencia que me hacían temblar.
+Felizmente para él, Agustín notaba poco esas diferencias y la ambición
+que tenía de alcanzar posiciones elevadas, no debía nunca complicarse
+con la aspiración--nula en él--de vestirse bien, de vivir y respirar
+elegancia como Oliverio.
+
+Luego que Oliverio se fue, Agustín continuó hablando de su situación.
+Era la primera vez que me hacía confidencias tan amplias. No me decía
+quién era la persona que en adelante llamaría su compañera y objeto de
+su existencia, en espera de otros deberes que en lo porvenir veía y a
+los cuales sonreía codicioso. Comenzó su relato en términos tan vagos
+que al principio no comprendí bien cuál era exactamente la calidad de
+aquellos vínculos que le hacían a la vez tan preciso en cuanto a
+esperanzas y tan mentalmente dichoso.
+
+--Estoy solo, soy el único miembro que resta de una familia que la
+miseria, la desventura y muchas muertes prematuras han dispersado o
+destruido. Sólo me quedan parientes muy lejanos que no habitan en
+Francia y sabe Dios en dónde están. En situación semejante, Oliverio
+esperaría que algún día le llegara una herencia: la descontaría por
+adelantado bajo la garantía de su buena estrella, y la herencia esperada
+llegaría a hora fija. Yo no espero nada y obro prudentemente. En una
+palabra, yo no tenía necesidad de acudir a nadie por motivo de un
+consentimiento que tal vez habría creado algunas dificultades. He
+reflexionado, he calculado las ventajas, las obligaciones, he medido el
+alcance de todas las responsabilidades, he previsto los
+inconvenientes--que los tienen todas las cosas, incluso la
+felicidad,--me he tomado el pulso para saber si mi buena salud, si mis
+fuerzas y mis ánimos alcanzarían suficientemente para dos, algún día
+para tres y puede ser que para varios más; no me ha parecido que era
+caro pagar con un poco más de esfuerzo, la tranquilidad, la alegría, la
+plenitud de mi porvenir y me he decidido.
+
+--¿De modo que se ha casado usted?--le dije comprendiendo que se trataba
+de una alianza seria y definitiva.
+
+--Sin duda. ¿Creía usted que le hablaba de mi querida? Amigo querido, no
+tengo bastante tiempo, ni bastante dinero, ni bastante ingenio para
+atender a los gastos de semejantes vinculaciones. Además, con la manía
+que ya usted me conoce de tomarlo todo en serio, las considero como un
+matrimonio tan caro como los legales, que satisfacen menos aunque suelen
+ser más felices y a veces más difíciles de romper: lo que prueba una vez
+más hasta qué punto somos los hombres aficionados a los vínculos
+viciosos. Son muchos los que se van para evitar el matrimonio y que, por
+lo contrario, deberían casarse para romper cadenas. Temía yo ese
+peligro--al cual me sentía demasiado expuesto--y he tomado, como usted
+ve, el buen partido. He establecido a mi mujer en el campo, cerca de
+París, pobremente--debo decirlo,--añadió con aire de comparar la
+instalación de su casa con la de la mía, aunque ella era muy modesta--y
+un poco tristemente, que por ella lo temo. Por eso apenas me atrevo a
+invitarle para que venga a visitarnos.
+
+--Cuando usted quiera--le repliqué estrechándole tiernamente la
+mano,--tan pronto como consienta en presentarme a la señora de...--iba a
+decir su apellido.
+
+--He cambiado de nombre--me dijo interrumpiéndome.--He solicitado y
+obtenido autorización para usar el apellido de mi madre, una excelente y
+respetable mujer, cuyo recuerdo--porque la perdí demasiado pronto,--vale
+más que el de mi padre a quien sólo debo el accidente de mi nacimiento.
+
+Jamás se me había ocurrido averiguar si Agustín tenía familia, hasta,
+tal punto tenía la manera de ser de los huérfanos, es decir, el aire de
+independencia y abandono, o en otros términos el carácter de una vida
+individual, sin orígenes, ni deberes, ni vinculaciones, ni dulzuras. Se
+ruborizó levemente al pronunciar la frase «accidente de mi nacimiento»
+y comprendí que era más aún que huérfano.
+
+--Le ruego--continuó,--que hasta nueva orden, no me traiga a su amigo
+Oliverio. No hallaría en mi casa nada de lo que a él le agrada, sino una
+mujer muy buena y perfectamente abnegada, que todos los días me agradece
+el haberme casado con ella, que, gracias a mí, ve lo porvenir de color
+de rosa, que no tiene más ambición que verme dichoso por ahora y que se
+complacerá de mis éxitos el día en que se los haga apreciar.
+
+Amanecía ya y Agustín hablaba todavía; apenas la claridad del crepúsculo
+empalidecía la luz de la lámpara y hacía visibles los objetos se acercó
+a la ventana para bañar su rostro en el aire helado de la mañana. Veía
+su rostro anguloso y descolorido dibujarse como una mascarilla de
+sufrimiento sobre la extensión del cielo mal alumbrado por inciertos
+reflejos. Su vestido era de color oscuro, toda su persona tenía ese
+aspecto reducido, comprimido, disminuido, por decir así, de las personas
+que trabajan mucho sin moverse, y aunque estaba por encima de todo
+cansancio, estiraba los flacos brazos como un obrero adormecido entre
+dos tareas que se despierta al oír el canto de los gallos.
+
+--Duerma--me dijo.--He abusado con exceso de su complacencia en
+escucharme. Pero permítame quedarme aquí una hora más.
+
+Y se sentó a mi mesa para preparar un trabajo que debía quedar terminado
+aquella mañana misma.
+
+No advertí cuándo salió de mi cuarto. Desapareció con tanto silencio que
+al despertarme parecíame haber soñado toda una historia austera y
+conmovedora cuya moraleja se dirigía a mí.
+
+Aquella misma mañana volvió.
+
+--Estoy libre hoy--me dijo radiante de alegría,--y aprovecho el día para
+ir a mi casa. El tiempo está muy feo, ¿se siente usted con ánimos para
+acompañarme?
+
+Hacía, muchos días ya que no había visto a Magdalena. Todo motivo para
+evitar encuentros que sólo daban margen a equivocaciones hirientes o
+susceptibilidades desolantes, me parecía digno de ser aprovechado.
+
+--Nada tengo que me detenga hoy en París--le dije.--Estoy a la
+disposición de usted.
+
+Habitaba una casa aislada en el extremo de un pueblo, pero lo más cerca
+posible del campo. La habitación era muy pequeña, provista de persianas
+verdes y de espalderas entre las ventanas, todo limpio, sencillo,
+modesto como el dueño, con esa falta de comodidad que nada habría hecho
+presumir tratándose de la casa de Agustín soltero, pero que estando
+casado delataban desde luego la penuria. Su mujer era--como él me había
+dicho--una mujer joven y agradable: hasta puedo decir que me causó
+sorpresa encontrarla más bella que lo que me había figurado atendiendo a
+las opiniones sistemáticas de Agustín sobre los atractivos exteriores de
+las cosas. Con alegre sorpresa abrazó a su marido a quien no esperaba
+aquel día y con manera graciosa y la timidez propia de una persona a la
+cual se toma desprevenida, me hizo los honores de su pequeño jardín en
+el cual los jacintos comenzaban apenas a florecer.
+
+Hacía frío y yo no estaba alegre. El lugar, la estación, la manifiesta
+pobreza que trascendía de todo lo que me rodeaba y la dificultad misma
+de ocupar aquel largo día lluvioso en un medio tan poco apropiado para
+ofrecer comodidades, me envolvían en un ambiente de hielo. Recuerdo que
+desde las ventanas se veían dos grandes molinos de viento que
+sobresalían sobre las tapias del jardín, cuyas aspas grises cruzadas de
+rayas oscuras giraban sin cesar delante de los ojos con una monotonía
+adormecedora en aquel movimiento. Agustín mismo se ocupó en una porción
+de cuidados domésticos y de detalles de casa, de donde colegí que su
+mujer no tenía sirvienta y que ella y su marido atendían a todas las
+necesidades del hogar. Él se preocupó de lo que podía hacer falta para
+los días siguientes. «Ya sabes--le dijo a su esposa,--que no volveré
+hasta el domingo.» Echó una ojeada a la leñera; la provisión de
+combustible estaba agotada. «Soy con usted al momento», me dijo. Se
+quitó la levita, tomó una sierra y puso manos a la obra. Le propuse
+ayudarle, aceptó diciéndome simplemente: «Con mucho gusto, mi querido
+amigo; entre los dos terminaremos más pronto.» Puse empeño en aquel
+trabajo que ejecuté con mucha torpeza. A los cinco minutos estaba
+rendido; no lo advirtió, y daba yo el último golpe de sierra cuando
+Agustín a su vez terminaba la faena. Muchas obligaciones he cumplido en
+mi vida, pero no recuerdo que ninguna me haya causado mayor
+satisfacción. Aquel pequeño esfuerzo muscular me enseñó lo que puede la
+conciencia, ejercida en el orden de los actos morales, manteniéndose
+recta.
+
+Por la tarde hubo un rato de buen tiempo que me permitió salir. Un
+sendero resbaladizo a través del monte desembocaba en el bosque que
+cubría una parte del horizonte con sus sombríos colores. A la parte
+opuesta entre grises brumas percibíase la informe masa de la ciudad,
+compacta, extendida en semicírculo entre las colinas, amontonada y
+humeante, manchada aún por una parte de los suburbios. Por todos los
+caminos que cruzaban el terreno dirigiéndose al gran centro de
+población como los rayos de una rueda convergen en el cubo, oíanse el
+campanilleo de los collares de los caballos, el rodar de los carros, el
+chasquido de los látigos y el eco de voces brutales. Era el feo límite
+en donde comienza la actividad del torbellino de la vida de París.
+
+--Todo eso que usted ve no es bello--me dijo Agustín.--Pero, ¿qué quiere
+usted? No hay que considerar esto como una residencia de placer, sino
+como un lugar de espera.
+
+Regresamos por la noche. Las necesidades de su puesto le reclamaban.
+Menester fue que ganásemos a pie el lugar en donde se detenía el
+carruaje público que debía conducirnos a París. Por el camino Agustín me
+hablaba de sus esperanzas, decía «mi mujer» con un aire de posesión
+tranquila y segura que me hacía olvidar todas las asperezas de su
+carrera y me ofrecía la más perfecta expresión de la felicidad.
+
+Le acompañé, no a su alojamiento situado en la parte de París que él
+llamaba el barrio de los libros, sino al hotel mismo del personaje de
+quien, como ya le he dicho a usted, era secretario. Llamó como persona
+acostumbrada a considerarse hasta cierto punto en la propia casa y
+cuando le vi entrar en el amplio y suntuoso patio, subir lentamente la
+escalera y desaparecer en la antecámara del palacete, comprendí mejor
+que nunca por qué aquel joven flaco, de aspecto tan modesto y de
+actitudes tan resueltas no sería en ningún caso lacayo de nadie y tuve
+el sentimiento neto de su destino.
+
+Entré en mi casa menos contristado por la impresión de las secretas
+llagas que había tenido ocasión de ver, que humillado de mí mismo, por
+mi impotencia para llegar a nada práctico. Hallé a Oliverio
+esperándome; estaba cansado y aburrido.
+
+--Vengo de casa de Agustín--le dije.
+
+Examinó mi ropa manchada de barro, y comprendiendo que no se daba cuenta
+de dónde podía salir yo en semejante estado, añadí:
+
+--Se ha casado Agustín.
+
+--¿Casado...?--exclamó Oliverio.
+
+--¿Y por qué no?
+
+--Eso debía suceder. Un hombre como él debía empezar por eso. ¿Has
+observado tú--continuó seriamente,--que hay dos categorías de hombres
+que tienen furia por casarse pronto aunque su posición los coloque en la
+imposibilidad de vivir cerca de las mujeres o de mantenerlas? Te hablo
+de los marinos y de los que no tienen un céntimo. ¿Y la señora de
+Agustín?
+
+--Su mujer no se llama la señora de Agustín y vive en el campo. Hoy ha
+tenido la complacencia de presentarme a ella.
+
+Y en pocas palabras le puse al corriente de lo que me convenía hacerle
+conocer de la vida doméstica de Agustín.
+
+--¿De modo que has visto cosas que te han edificado?
+
+Aquella resistencia a dejarse impresionar por un tal ejemplo de valerosa
+probidad me desagradó y nada le contesté.
+
+--Está bueno--continuó Oliverio con la amarga impertinencia que
+caracterizaba sus momentos de mal humor.--¿Pero qué es lo que han hecho
+ustedes encerrados entre aquellas cuatro paredes?
+
+--Pues hemos serrado leña--le dije mostrándole que no bromeaba.
+
+--Debes tener frío--dijo levantándose para dejarme;--has andado bajo la
+lluvia, tus ropas mojadas transpiran los odiosos rigores de la vida
+precaria y del invierno, vienes empapado de estoicismo, de miseria y de
+orgullo. Aguardemos a mañana para hablar más razonablemente.
+
+Le dejé salir sin pronunciar ni una palabra más y advertí que cerró la
+puerta con impaciencia. Creí comprender que tenía sin duda penas íntimas
+que le hacían injusto y de aquellas penas, si no sabía yo cuál era el
+verdadero motivo, podía a lo menos adivinar la naturaleza. Figurábame
+que se trataba de nuevas aventuras o de accidentes de una alianza muy
+antigua y cuya duración era ya poco probable. Sabía la facilidad que
+tenía para desprenderse de las cosas y la impaciencia enfermiza que le
+llevaba, por el contrario, a precipitarse hacia las novedades. Entre las
+dos hipótesis de una ruptura o de una inconstancia, me inclinaba a
+aceptar la segunda. Estaba en racha de indulgencia: la visita a casa de
+Agustín me había puesto en temple de mansedumbre. Por eso al día
+siguiente por la mañana entré en casa de Oliverio. Dormía o fingía
+dormir.
+
+--¿Qué tienes?--le dije tomándole la mano como a un amigo cuyas reservas
+se quiere quebrantar.
+
+--Nada--me contestó volviendo a mí el rostro con señales del cansancio
+de una noche de insomnio o de penosos ensueños.
+
+--¿Estás aburrido?
+
+--Siempre.
+
+--¿Y qué es lo que te aburre?
+
+--Todo--replicó con evidente sinceridad.--He llegado a detestar a todo
+el mundo y a mí mismo más que a nadie.
+
+Estaba dispuesto a callar y comprendí que toda pregunta no lograría más
+que subterfugios y le irritaría más sin satisfacerme.
+
+--Creí--le dije,--que tenías algún motivo accidental de preocupación o
+de apuro y venía a poner a tu disposición mis servicios o mis consejos.
+
+Sonrió al oír esta última frase, que le pareció con razón irrisoria,
+puesto que todos los consejos que nos habíamos dado mutuamente tan poco
+habían servido hasta entonces.
+
+--Si te prestas a hacerme un servicio lo acepto--dijo.--Puedes
+realizarlo sin mucho trabajo. Basta con ir a casa de Magdalena y reparar
+lo mejor que puedas una necedad que cometí ayer presentándome en un
+lugar público en el que estaban ella y Julia con mi tío. No iba solo
+yo... Es muy posible que me hayan visto, porque Julia tiene unos ojos
+que me encontrarían en donde no estuviera. Te agradecería que te
+aseguraras del hecho interrogando hábilmente a una y a otra. Si lo que
+temo hubiera sucedido, inventa una explicación verosímil que a nadie
+comprometa, suponiendo un nombre, relaciones, costumbres, algo en fin
+que recomiende a la persona que me acompañaba, pero de modo que ni mi
+caro primo ni Magdalena puedan contratorcer la información, si por
+casualidad entraran en ganas de verificarla.
+
+Aquella misma noche vi a Magdalena. Era uno de sus viernes, día de
+visitas. Me propuse cumplir únicamente la misión que Oliverio me había
+encomendado. Su nombre no fue pronunciado. No averigüé, pues, nada
+positivo. Julia estaba un poco indispuesta. La noche antes había tenido
+un ligero acceso de fiebre a consecuencia del cual estaba todavía débil
+y nerviosa. Debo advertirle a usted que ya hacía tiempo el estado de
+Julia me inquietaba. Había hecho respecto de ella muchas reflexiones que
+he pasado en silencio porque el interés por la preocupación de aquella
+personita, siendo muy verdadera mi afección por ella, desaparecía--lo
+confieso--envuelto en el movimiento egoísta de mis propios rompederos de
+cabeza.
+
+Recordará usted quizás que la víspera misma de su boda, hablándome
+solemnemente de lo que ella designaba con el calificativo de últimas
+voluntades de soltera, Magdalena había introducido el nombre de Julia y
+lo había barajado con el mío bajo esperanzas comunes cuyo sentido era
+claro. Después, en Nièvres y en París había renovado la misma
+insinuación sin que Julia ni yo mostráramos la menor idea de darle
+acogida. Un día, delante de su padre que sonreía dulcemente observando
+aquellas ingeniosas niñerías tomó el brazo de su hermana, lo enlazó al
+mío y luego nos contempló con expresión de verdadera alegría. Nos
+mantuvo delante de ella en aquella actitud que resultaba extremadamente
+embarazosa, y que no me parece que fuera más grata para Julia; luego,
+sin adivinar que entre su hermana y yo había más de un obstáculo ya
+formado que anulaba sus proyectos de unión, como habría hecho una madre,
+la besó tiernamente y muchas veces diciéndole: «No nos separemos, mi
+hermanita querida; ¡ojalá podamos no separarnos nunca!»
+
+Luego--desde el día que la atención de Magdalena pudo despertarse en
+punto al verdadero estado de mis sentimientos,--no se había vuelto a
+decir palabra sobre aquel asunto y jamás tuve ni el indicio más leve de
+que Magdalena pensara en él todavía. Por lo contrario, si por casualidad
+surgía la idea de un proyecto que sin duda la había ocupado en otro
+tiempo, parecía haberlo dado al olvido enteramente o no haberlo tenido
+nunca. Algunas veces, solamente, contemplaba a Julia con una expresión
+más tierna que revelaba tristeza. Sacaba yo en consecuencia que se
+habían desvanecido esperanzas que se habían hecho imposibles, y que el
+porvenir de su hermana cifrado un momento en combinaciones quiméricas,
+la preocupaba y constituía una dificultad nueva que resolver.
+
+En cuanto a Julia, no había tenido que ir tan lejos. Sus sentimientos,
+determinados desde un principio e invariablemente dirigidos al mismo
+objeto no habían cejado. Solamente las susceptibilidades de que se
+lamentaba Oliverio se acercaban más y más cada día y coincidían
+invariablemente con una ausencia considerada larga, una palabra
+demasiado viva o un aspecto más distraído de su primo. Su salud se
+alteraba. Tenía la misma digna valentía que su hermana que le impedía
+quejarse; pero no poseía el don maravilloso de ser caritativa con los
+que la lastimaban, que daba margen a que los martirios de Magdalena se
+convirtieran en sacrificios. Hubiérase dicho que la contrariaba el
+interés que quienquiera que fuese le mostraba, excepto el de Oliverio
+que de todos los intereses que pudiera esperar era el más escaso. Antes
+hubiese aceptado el implacable desdén de este último que someterse a una
+conmiseración que la ofendía. Su carácter sombrío hasta el exceso
+presentaba de día en día ángulos más vivos; su rostro, gesto más
+impenetrable; y en toda su persona se definía mejor el aspecto de
+empecinamiento y de obstinación en una idea fija. Hablaba cada vez
+menos, sus ojos, que ya no interrogaban casi para evitar más que nunca
+el responder, parecía que hubiesen replegado la única llama un poco viva
+que los mezclaba al pensamiento de los deseos.
+
+--No estoy satisfecha de la salud de Julia--me había dicho Magdalena
+repetidas veces.--Indudablemente está delicada y de un humor que se
+disgusta con todos, hasta con los que más la quieren. Dios sabe, no
+obstante, que no es que le falte la facultad de aficionarse a la gente.
+
+En otra época, Magdalena no me habría hablado, ciertamente, de su
+hermana en semejantes términos. Por lo demás esta atribución de excesiva
+ternura y aquellas cualidades afectuosas puestas de relieve por
+Magdalena, no se concordaban muy bien con la frialdad de las apariencias
+que resultaban de las heladas maneras de Julia.
+
+Estaba cansado de hacer conjeturas cuando diversos incidentes que no le
+digo a usted me abrieron los ojos por completo. La diligencia que
+Oliverio me encargara tenía, pues, para mí una significación muy grave,
+aunque él no me había revelado más que la mitad, como se hace con un
+agente diplomático a quien no se quiere enterar a fondo de ciertos
+secretos. Me informé con particular cuidado del origen y de la hora de
+la indisposición de Julia. Lo que averigüé estaba en completa
+conformidad con los informes dados por Oliverio. Magdalena era
+imperturbablemente dueña de sus contestaciones y hablaba de la fiebre de
+su hermana como un médico hubiera hablado.
+
+Volví a mi casa muy tarde y hallé a Oliverio levantado esperándome.
+
+--¿Y bien?--me dijo vivamente como si su impaciencia se hubiera
+acrecentado de pronto durante mi visita.
+
+--Nada he averiguado--le contesté.--Todo lo que sé es que Julia volvió
+ayer del concierto con fiebre, que la fiebre es muy alta y que está
+enferma.
+
+--¿La has visto?--me preguntó Oliverio.
+
+--No--le dije usando de una mentira, porque la necesitaba para
+interesarle un poco más en la indisposición de Julia, muy leve por
+cierto.
+
+Hizo un gesto de cólera y exclamó:
+
+--Estaba seguro, me vio.
+
+--Lo temo--dije yo.
+
+Dio dos o tres vueltas alrededor de su cuarto caminando muy de prisa;
+después se detuvo, golpeó el suelo con el pie jurando.
+
+--¡Eh, bien! Tanto peor--exclamó.--¡Tanto peor para ella! Soy libre y
+hago lo que me place.
+
+Conocía yo todos los matices del espíritu de Oliverio; era raro que el
+despecho llegara en él hasta la exasperación de la cólera. No creí,
+pues, engañarme abordando un asunto en el que estaba comprometido el
+corazón de una joven.
+
+--Oliverio--le dije,--¿qué pasa entre Julia y tú?
+
+--Sucede que Julia está enamorada de mí y que yo no la amo.
+
+--Lo sabía--continué yo,--y por interés de los dos...
+
+--Te lo agradezco. No tienes que atormentarte en cuanto a mí por una
+cosa que no he querido, que no he fomentado, ni acogido, que no me
+interesará jamás, que me es tan indiferente como esto--dijo sacudiendo
+en el aire la ceniza de su cigarro.--En lo que a Julia se refiere, te
+permito compadecerla, porque se empeña en una idea loca... Hace su
+desgracia a su placer...
+
+Estaba exasperado, hablaba muy alto y por la primera vez en su vida,
+quizás, usaba de hipérboles en donde por lo ordinario solía emplear
+diminutivos de palabras o de ideas.
+
+--¿Qué quieres que le haga yo, después de todo?--continuó.--Es una
+situación absurda: hay otras situaciones que lo son por lo menos tanto
+como ésta.
+
+--No hablemos de mí--le dije, haciéndole comprender que mis asuntos
+propios no estaban en juego y que recriminar no era prueba de tener
+razón.
+
+--Sea; corresponde al que se ve en apuros salir de ellos sin tomar
+ejemplo de otros ni consultar a nadie. Pues, bien, yo no tengo más que
+un recurso para salir de este en que estoy y es decir no, no, y siempre
+no.
+
+--Lo que no remediará nada, porque tú dices no desde que te conozco y
+desde que conozco a Julia quiere ser tu mujer.
+
+Al oír esta última frase hizo un movimiento y un gesto de verdadero
+terror; después lanzó una carcajada que hubiera dejado muerta a Julia si
+hubiese podido escucharla.
+
+--¡Mi mujer!--exclamó con una expresión de inconcebible desprecio por
+una idea que le parecía insensata.--¡Yo el marido de Julia! ¡Ah!...
+Pero, entonces, Domingo, ¿es que tú no me conoces mejor que si nos
+hubiéramos encontrado por vez primera hace una hora nada más? Primero te
+diré por qué jamás me casaré con Julia y luego te explicaré por qué
+nunca me casaría con ninguna otra, quienquiera que fuese. Julia es mi
+prima, razón quizás, para que me guste un poco menos que cualquiera
+mujer extraña. La conozco de toda mi vida; puede decirse que hemos
+dormido en la misma cuna. Hay personas a las cuales esta casi
+fraternidad las seduciría. A mí la sola idea de casarme con una mujer a
+la cual he visto jugar con las muñecas me parece tan cómica como la de
+acoplar dos juguetes. Es bonita, no es tonta, tiene tan buenas
+cualidades como quieras. Adorándome a pesar de todo--¡y Dios sabe si me
+hago adorable yo!--sería constante a toda prueba, me rendiría verdadero
+culto, sería la mejor de las esposas. Estando satisfecha sería todo
+dulzura; sintiéndose feliz se tornaría encantadora. Pero no la amo, no
+la amo y no quiero nada de ella... Si esto continúa llegaré a
+odiarla--dijo exasperándose de nuevo.--Por otra parte, la haría
+desdichada, horriblemente desdichada; ¡vaya un porvenir! Al día
+siguiente de la boda estaría celosa y no tendría razón. Pero seis meses
+después la tendría y le sobraría. Y la plantaría en ese punto: sería
+implacable. Me conozco y estoy seguro de eso. Si esto continúa, me
+marcharé: huiré al fin del mundo. Se me vigila, se me siguen los pasos,
+se averigua que tengo queridas, y mi futura mujer es mi espía.
+
+--No tienes razón, Oliverio--le dije interrumpiéndole vivamente.--Nadie
+espía tus pasos. Nadie conspira con la pobre Julia para apoderarse de tu
+voluntad y llevarla atada de pies y manos. Yo no he hecho más que
+formular un deseo: el de que Julia y tú os entendierais un día; en eso
+veía para ella una dicha segura y para ti ventajas que no veo en ninguna
+otra parte.
+
+--¡Dicha segura para Julia y para mí ventajas nada más! ¡Maravilloso!...
+Si eso pudiera ser tus conclusiones representarían mi salvación. Pues,
+bueno, te declaro una vez más que te conviertes en instrumento de la
+desventura de Julia ya que para evitarle una decepción definitiva serías
+capaz de convertirme en un cobarde criminal y la matarías. ¡No la amo!
+¿Lo quieres más claro? Ahora bien, sabes tú lo que se entiende por amor
+o desamor: son dos ideas contrarias que corresponden a iguales energías,
+a la misma imposibilidad de ser gobernados. Prueba a olvidar a
+Magdalena, yo intentaré adorar a Julia y veremos quién de los dos
+llegará antes al fin propuesto. Registra mi corazón por arriba, por
+abajo, escarba en él con el más curioso afán, ábreme las venas, y si
+encuentras una sola pulsación que se asemeje a la simpatía, el más leve
+rudimento del cual se pueda decir que puede ser amor algún día, llévame
+a Julia sin esperar un momento y me caso con ella; si no, no me hables
+más de esa niña que me es insoportable y...
+
+Se detuvo, no porque había agotado sus argumentos--que los elegía en un
+arsenal inagotable--como si se calmara de súbito por una reacción
+instantánea sobre sí mismo. Nada igualaba en Oliverio al temor de
+parecer ridículo, al cuidado que poseía en no decir mucho o demasiado
+poco, al sentido riguroso de la medida. Escuchándose advirtió que hacía
+un cuarto de hora que estaba divagando.
+
+--Palabra de honor--exclamó,--me vuelves imbécil, me haces perder la
+cabeza. Estás delante de mí con la sangre fría de un confidente de
+comedia y yo parece que te estoy dando el espectáculo de un sainete
+trágico.
+
+Después se acomodó en una butaca, se colocó en la posición de un hombre
+que se prepara no ya a perorar, sino a discurrir sobre ideas ligeras y
+cambiando de tono tan pronto y tan completamente como habría cambiado de
+actitudes y parpadeando un poco, con la sonrisa en los labios,
+prosiguió:
+
+--Es posible que llegue a casarme. No lo creo, pero hablando con
+prudencia te diré, si quieres, que en lo porvenir todo puede ser
+admitido: se han visto conversiones más asombrosas. Corro en pos de algo
+que no encuentro. Si alguna vez ese algo se me apareciera en forma que
+me sedujese, ornado de un nombre que constituyera una alianza agradable
+con el mío, cualquiera que fuera, por otra parte, la fortuna, podría
+suceder que hiciera una locura, porque lo sería en cualquier caso; pero
+ésta, a lo menos, sería a mi gusto y no me habría sido inspirada más que
+por mi capricho. Por el momento me propongo vivir a mi modo. Toda la
+cuestión está en eso: encontrar lo que conviene a nuestra manera de ser
+y no copiar la dicha de nadie. Si nos propusiéramos los dos cambiar los
+papeles tú no querrías nunca representar el mío y yo aun me vería más
+apurado para interpretar el tuyo. Por más que digas, a ti te gustan las
+novelas, las complicaciones, las situaciones escabrosas; tienes
+exactamente la fuerza necesaria para rozar las dificultades sin averías
+y bastante debilidad para saborear delicadamente las angustias. Tú te
+procuras todas las emociones extremas, desde el miedo de ser un mal
+hombre hasta el placer orgulloso de reconocerte casi héroe. Tu
+existencia está trazada y yo la veo desde aquí: irás hasta el fin,
+llevarás tu aventura tan lejos como se pueda ir sin cometer una infamia,
+acariciarás siempre la deliciosa idea de verte a dos dedos de una falta
+y evitarla. ¿Quieres que te lo diga todo?... Magdalena un día caerá en
+tus brazos pidiéndote gracia, tú tendrás la alegría sin igual de ver a
+una santa criatura desvanecerse de languidez a tus pies; tú la
+evitarás--seguro estoy--y con la muerte en el alma te alejarás y
+llorarás su pérdida durante años enteros.
+
+--Oliverio--le dije,--calla por respeto a Magdalena si no lo haces por
+piedad de mí.
+
+--He concluido--replicó sin la más leve emoción;--lo que te digo no es
+un reproche, ni una amenaza, ni una profecía, porque de ti depende hacer
+que me equivoque. Quiero sólo mostrarte en qué diferimos y convencerte
+de que la razón no está de ningún lado. A mí me gusta ser muy claro en
+mi vida; he sabido siempre en casos semejantes lo que otros arriesgaban
+y lo que yo mismo ponía en riesgo. Por fortuna, ni de una ni de otra
+parte se exponía nada muy preciado. Me gustan las cosas que se deciden
+prontamente y en igual forma se desenlazan. La felicidad, la verdadera
+dicha, es en mí una leyenda. El paraíso de este mundo se cerró sobre los
+pasos de nuestros primeros padres; he ahí cuarenta y cinco mil años que
+viene el hombre conformándose con semiperfecciones, semifelicidades y
+semimedios. Conozco la verdad de los apetitos y de las alegrías de mis
+semejantes. Soy modesto, estoy profundamente humillado por no ser más
+que un hombre, pero me resigno. ¿Sabes cuál es mi gran preocupación?
+Matar el aburrimiento. Quien fuera capaz de hacerle ese servicio a la
+humanidad sería el verdadero destructor de monstruos. Lo vulgar y lo
+fastidioso, toda la mitología de los paganos groseros no ha imaginado
+nada más sutil ni más espantoso. Se asemejan mucho en que el uno y el
+otro son feos, chatos y pálidos aunque multiformes y que ellos dan de la
+vida ideas capaces de hacerla repugnante desde el primer día que en ella
+se pone el pie. Además, son inseparables y forman una pareja horrorosa
+que no todo el mundo ve. ¡Desgraciados aquellos que siendo aún jóvenes
+se dan cuenta de que existen!... Yo los he conocido siempre: estaban en
+el colegio; allí pudiste conocerlos también tú; no dejaron de habitarlo
+ni un sólo día durante los tres años de vulgaridad y de mezquindades que
+en él pasé. Perdona que te lo diga: a veces iban a casa de tu tía y a la
+de mis primas. Había olvidado casi que habitaban en París y continúo
+huyendo de ellos, lanzándome al bullicio en pos de lo imprevisto, del
+lujo con la idea de que esos dos pequeños espectros burgueses,
+parsimoniosos, tímidos, rutinarios, no me seguirán por ese camino. Ellos
+dos solos han hecho más víctimas que muchas pasiones calificadas de
+mortales: conozco sus costumbres homicidas y les tengo miedo...
+
+Así continuó hablando en tono semiserio, exponiendo ideas que equivalían
+a la confesión de errores insanables y haciéndome temer vagamente
+desanimaciones cuya solidez ya conoce usted.
+
+--¿Irás a saber noticias de Julia?--le pregunté.
+
+--Sí, en la antesala.
+
+--¿La volverás a ver?
+
+--Lo menos posible.
+
+--¿Has previsto lo que te espera?
+
+--He previsto que se casará con otro o se quedará soltera.
+
+--Adiós--le dije, aunque todavía no había salido de mi cuarto.
+
+--Adiós--me replicó.
+
+Y nos separamos después de esta última palabra que no afectó en el fondo
+a nuestra amistad, pero que quebró todo, sin más ruido, secamente, como
+se rompe un vaso.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Hacía más de un mes que no había visto a Magdalena cinco minutos
+seguidos sin testigos y más tiempo todavía que no había obtenido de ella
+nada que se pareciera a sus amenidades de otra época. Un día la hallé
+por casualidad en una calle desierta del barrio en que yo habitaba.
+Estaba sola e iba a pie. Toda la sangre de su corazón refluyó hacia sus
+mejillas cuando me vio, y tuve necesidad, por cierto, de toda mi
+resolución, para no correr a su encuentro y estrecharla entre los brazos
+en plena calle.
+
+--¿De dónde viene y a dónde va?
+
+Esta fue la primera pregunta que le dirigí viéndola extraviada y como
+aventurándose en una parte de París, que debía ser el fin del mundo para
+la condesa De Nièvres.
+
+--Voy a dos pasos de aquí--me respondió con un poco de cortedad,--a
+hacer una visita.
+
+Y nombró a la persona a cuya casa iba.
+
+--Que sea o no recibida--añadió,--separémonos. Es bueno que no se nos
+vea juntos. No hay nada de insolente en sus procederes. Ha hecho usted
+tales locuras que en lo sucesivo me corresponde a mí el ser prudente.
+
+--La dejo a usted--dije saludándola.
+
+--A propósito--continuó Magdalena en el instante que me alejaba.--Esta
+noche voy al teatro con mi padre y mi hermana. Hay un lugar para usted
+si lo quiere.
+
+--Permítame usted...--dije fingiendo reflexionar sobre compromisos que
+no tenía.--Esta noche no estoy libre.
+
+--Había pensado--añadió con la dulzura de niño tomado en
+falta.--Esperaba...
+
+--Me es absolutamente imposible--respondí con una sangre fría cruel.
+
+Hubiérase dicho que me causaba placer devolviéndole capricho por
+capricho y torturándola.
+
+Por la noche, a las ocho y media entraba yo en su palco. Empujé la
+puerta lo más suavemente posible; ella tuvo la sensación de que era yo
+porque afectó el no volver siquiera la cabeza. Permaneció por entero
+ocupada de la música, los ojos fijos en el escenario. Sólo cuando llegó
+el primer descanso de los cantantes pude acercarme a ella y obligarla a
+recibir mi saludo.
+
+--Vengo a pedirle un lugar en su palco--le dije poniéndola a medias en
+una mentira,--a menos que ese puesto no esté destinado al señor De
+Nièvres.
+
+--El señor De Nièvres no vendrá--respondió Magdalena volviéndose del
+lado de la platea.
+
+Se ponía en escena una obra maestra, inmortal. Cantantes incomparables,
+que ya han desaparecido, ponían en ella transportes de entusiasmo. El
+auditorio estallaba en aplausos frenéticos. Aquella maravillosa
+electricidad de la música apasionada, removía como con la mano, la musa
+de cerebros pesados o de corazones distraídos y comunicaba al más
+insensible de los espectadores aires de inspirado. Un tenor, cuyo
+nombre por sí solo era un prestigio, llegó cerca del proscenio, a dos
+pasos de nosotros. Se mantuvo un momento en la actitud recogida, un poco
+torpe del ruiseñor que va a cantar. Era feo, gordo, estaba mal vestido,
+sin atractivo, otra semejanza con el _virtuoso_ alado. Desde las
+primeras notas hubo en la sala un ligero estremecimiento, como en un
+bosque en donde las hojas palpitan. Jamás me pareció tan extraordinario
+como aquella noche, velada única y última en que quise oírle. Todo era
+selecto, hasta el idioma fluido, ondulante y rimado que presta a la idea
+choques sonoros y hace del vocabulario italiano un libro de música.
+Cantaba el himno eternamente tierno y lamentoso de los amantes que
+esperan. Una a una en melodías nunca oídas, desarrollaba todas las
+tristezas, todos los ardores, y todas las esperanzas de los corazones
+muy enamorados. Hubiérase dicho que se dirigía a Magdalena, tan
+directamente nos llegaba su voz penetrante, emocionada, discreta como si
+aquel cantor sin entrañas hubiera sido confidente de mis propios
+dolores. Cien años habría yo buscado en el fondo de mi pecho torturado y
+abrasado, antes de encontrar una sola palabra que valiese un suspiro de
+aquel melodioso instrumento que decía tantas cosas y no sentía ninguna.
+
+Magdalena le escuchaba anhelante. Yo estaba detrás de ella tan cerca
+como permitía el respaldo de su butaca, en el cual me apoyaba. De cuando
+en cuando se echaba atrás hasta el punto de que sus cabellos me barrían
+los labios. No podía hacer un gesto de mi lado, que yo no sintiera en
+seguida su aliento desigual y lo respiraba como un ardor más. Tenía los
+dos brazos cruzados sobre el pecho, acaso para contener los latidos de
+su corazón. Todo su cuerpo inclinado hacia atrás obedecía a
+palpitaciones irresistibles, y cada inspiración de su pecho
+comunicándose de su asiento a mi brazo me imprimía un movimiento
+convulsivo en todo parecido al de mi propia vida. Era para creer que el
+mismo aliento nos animaba a la vez en una existencia indivisible y que
+la sangre de Magdalena, no la mía ya, circulaba en mi corazón
+enteramente desposeído por amor.
+
+En aquel instante sintiose un poco de ruido en un palco situado al otro
+extremo de la sala y en él entraron dos mujeres solas, vestidas con gran
+lujo y llegando tarde para causar más efecto. Apenas sentadas, empezaron
+a manejar los gemelos y sus ojos se detuvieron en Magdalena. Esta,
+involuntariamente, hizo como ellas. Hubo por un segundo un cambio de
+observación escudriñadora que me heló de espanto, porque al primer golpe
+de vista había reconocido un rostro testigo de antiguas debilidades y al
+encontrarlo de nuevo causa de recuerdos detestados. Al fijarme en
+aquellos ojos fijos en nosotros, ¿tuvo Magdalena una sospecha? Lo creo,
+porque se volvió de pronto como para sorprenderme. Yo sostuve el fuego
+de su mirada, el más inmediato y más clarividente que jamás he
+afrontado. Si se hubiese tratado de su vida no habría yo estado más
+resuelto a un acto de temeridad que me exigió el mayor esfuerzo. El
+resto de la velada se pasó mal. Magdalena parecía menos ocupada de la
+música, distraída por una idea molesta, como si aquel encuentro y
+aquella permanencia cara a cara la importunasen. Una o dos veces
+todavía, trató de aclarar las dudas; después quedó extraña a todo lo que
+en torno de ella sucedía y comprendí que se retiraba al fondo de su
+pensamiento.
+
+La conduje hasta su coche y llegados a él, el estribo bajo y Magdalena
+envuelta en su abrigo de pieles, le dije:
+
+--¿Me permite usted acompañarla?
+
+No había contestación que darme sobre todo a presencia del señor D'Orsel
+y de Julia. La pregunta era, por otra parte, de las más sencillas. Subí
+casi antes que ella me lo permitiera.
+
+No se pronunció ni una palabra durante el trayecto sobre el pavimento
+ruidoso al paso rápido y sonoro de los caballos. El señor D'Orsel
+tarareaba recordando la obra. Julia me observaba con disimulo y luego
+pegaba el rostro a los cristales y miraba a la calle. Magdalena, medio
+acostada como habría estado sobre una silla larga, ajaba con mano
+nerviosa un enorme ramillete de violetas que toda la noche me había
+embriagado. Veía yo el extraño fulgor febril de sus ojos fijos. Sentíame
+presa de profunda turbación, sentía distintamente que había de ella a mí
+algo muy grave, como un decisivo debate.
+
+Bajó la última y aun tenía su mano en la mía cuando ya el señor D'Orsel
+y Julia subían la escalera del hotel. Dio un paso para seguirlos y dejó
+caer el ramillete. Fingí no advertirlo.
+
+--Mi ramo, ¿hace usted el favor?
+
+Se lo tendí sin decir ni una palabra: hubiera sollozado. Lo tomó, lo
+llevó rápidamente a sus labios, lo mordió con furor como si quisiera
+despedazarlo.
+
+--Me martiriza usted y me desgarra--dijo en voz baja con un acento de
+suprema desesperación; luego, con un movimiento que no puedo describir,
+arrancó las dos mitades del ramillete, se quedó con una y me arrojó, por
+decirlo así, la otra mitad a la cara.
+
+Yo eché a correr como un loco, en plena noche, llevando como un jirón
+del corazón de Magdalena aquel manojillo de flores en que había ella
+puesto sus labios e impreso mordeduras que yo saboreaba como besos.
+Caminaba al azar, ebrio de alegría, repitiéndome una frase que me
+deslumbraba como la luz de un sol naciente. No me preocupaba ni de la
+hora ni de las calles. Después de haberme extraviado diez veces en el
+barrio de París que conocía mejor llegué a los muelles. No encontré en
+ellos a nadie.
+
+París entero dormía como duerme de tres a seis de la mañana. La luna
+alumbraba los muelles desiertos, huyendo hasta perderse de vista. Apenas
+hacía frío: estábamos en marzo. El río tenía estremecimientos de luz que
+lo blanqueaban y corría sin hacer el más leve ruido entre sus altas
+riberas pobladas de árboles y de palacios. A lo lejos se hundía la
+ciudad populosa con sus torres, sus medias naranjas, sus flechas, en las
+cuales parecía que estaban encendidas las estrellas como faros, y el
+París central dormitaba confusamente extendido bajo las brumas. Aquel
+silencio y aquella soledad elevaron hasta el colmo el sentimiento súbito
+que me venía de la vida, de su grandeza, de su plenitud y de su
+intensidad. Recordé lo que había sufrido, entre las multitudes o en mi
+casa, siempre aislado y sintiéndome perdido, en la medianía, y
+continuamente abandonado. Comprendí que aquella larga enfermedad no
+dependía de mí, que toda pequeñez era el hecho de la falta de felicidad.
+«Un hombre es todo o no es nada»--me decía.--El más pequeño se torna el
+más grande, el más mísero puede dar envidia... Y me parecía que mi dicha
+y mi orgullo llenaba París.
+
+Forjé ensueños insensatos, proyectos monstruosos que no tendrían
+excusa si no hubieran sido concebidos en un acceso de fiebre.
+Quería ver a Magdalena aquel día, a todo trance. «Ya no habrá--me
+decía--subterfugios, ni disfraces, ni habilidad, ni barreras que
+prevalezcan sobre lo que yo quiero y contra la certidumbre que tengo.»
+Llevaba en la mano las flores rotas, las miraba y las cubría de besos,
+las interrogaba como si guardasen el secreto de Magdalena, las
+preguntaba qué había dicho ella cuando las desgarraba, si eran caricias
+o insultos... Y no sé qué sensación desenfrenada me replicaba que
+Magdalena estaba perdida y que ya no tenía más que atreverme.
+
+Al día siguiente corrí a casa de Magdalena. Había salido. Volví los días
+siguientes: no había medio de encontrarla. Adquirí la convicción de que
+no respondía de sí misma y recurría a medios de defensa que fuesen a
+toda prueba.
+
+Tres semanas, sobre poco más o menos, transcurrieron así, en lucha
+contra puertas cerradas y en un estado de exasperación que me ponía al
+nivel de una bestia extraviada obstinándose en salvar vallas.
+
+Una tarde me llegó un billete. Lo mantuve un momento cerrado, suspendido
+delante de mis ojos, como si él contuviera mi destino.
+
+* * *
+
+«Si tiene usted la más leve amistad para mí--me decía Magdalena,--no se
+obstine en perseguirme; me hace usted mal inútilmente. Mientras tuve la
+esperanza de salvarle de un error y de una locura, nada que pudiera dar
+resultado economicé. Hoy me debo a otros cuidados que había abandonado
+con exceso. Proceda como si no habitara usted en París a lo menos por
+algún tiempo. De usted depende que le diga adiós o hasta la vista.»
+
+* * *
+
+Aquella despedida trivial, de una sequedad perfecta, me causó el efecto
+de un derrumbe. Después, al abatimiento sucedió la cólera. Y acaso la
+cólera fue lo que me salvó. Ella me prestó energías para reaccionar y
+adoptar un partido extremo. Aquel mismo día escribí dos o tres cartas
+diciendo que me ausentaba de París. Me mudé de casa, fui a ocultarme en
+un barrio alejado, llamé en mi auxilio lo que me quedaba de razón, de
+inteligencia y de amor al bien, y volví a empezar una nueva prueba cuya
+duración no sabía, pero que en cualquier caso debía ser la última.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Este cambio se operó de la noche a la mañana y fue radical. No era ya el
+momento de vacilar y enfriarse. Tenía horror a las medias tintas. Me
+gustaba la lucha. La energía superabundaba en mí. Rechazada en una
+parte, mi voluntad tenía necesidad de revolverse en otro sentido, de
+buscar un nuevo obstáculo que vencer, en pocas horas, por decir así, y
+lanzarse sobre él. El tiempo se me hacía eterno. Aparte toda cuestión de
+tiempo me sentía, si no envejecido, a lo menos muy maduro. No era yo un
+adolescente a quien el menor pesar clava, todo dolorido, sobre las
+blandas pendientes de la juventud. Era un hombre orgulloso, impaciente,
+herido, aguijoneado por los deseos y las pesadumbres, que caía, de
+repente, en lo mejor de su vida--como un soldado al mediodía de la
+jornada decisiva,--con el corazón henchido de agravios, el alma amargada
+por la impotencia, el cerebro en plena explosión de proyectos.
+
+No volví a poner los pies en el mundo, a lo menos en aquella parte de la
+sociedad en donde arriesgaba hacerme notar y encontrar recuerdos, que me
+hubieran tentado. No me encerré tampoco demasiado estrecho porque
+hubiera muerto ahogado; pero me circunscribí en un círculo de hombres
+activos, estudiosos, especiales, absortos, enemigos de quimeras, que se
+dedicaban a la ciencia, a la erudición o al arte como aquel ingenuo
+Florentín que creó la perspectiva y por las noches despertaba a su mujer
+para decirle: «¡Qué dulce son es la perspectiva!» Desconfiaba de los
+extravíos de la imaginación y la puse en orden. En cuanto a mis nervios,
+que yo había cuidado tan voluptuosamente hasta entonces, los castigaba
+de la manera más ruda por el desprecio a todo lo que es enfermizo y el
+propósito firme de no estimar más que lo que es robusto y sano.
+
+La claridad de la luna a orillas del Sena, el sol dulce, los ensueños
+asomado a la ventana, los paseos bajo los árboles, el malestar o el
+bienestar causados por un rayo de sol o por una gota de lluvia, las
+asperezas del genio que me ocasionaba el aire un poco vivo y los buenos
+pensamientos que me inspiraba la ausencia de viento, todas esas
+blanduras de corazón, esa esclavitud del espíritu, esas sensaciones
+exorbitantes fueron examinadas y del examen resultó decretar que eran
+indignas de un hombre, y rompí todos aquellos hielos que me envolvían en
+un tejido de influencias y de fragilidades.
+
+Hacía una vida muy activa. Leía enormemente. No me malgastaba, me
+economizaba. El sentimiento repulsivo de un sacrificio se combinaba con
+el atractivo de un deber que tenía que llenar con respecto a mí mismo.
+Obtenía de esto cierta satisfacción sombría que no era alegría, menos
+aún plenitud, pero que mucho se asemejaba a lo que debe ser el altanero
+placer de un voto monacal bien cumplido. No juzgaba que hubiera nada
+pueril en una reforma que tenía causa tan grave y que podía tener un
+resultado muy serio. Hice de mis lecturas lo mismo que había hecho de
+otras mil cosas: considerándolas como alimento importantísimo de mi
+espíritu, las expurgaba. Ya no sentía la necesidad de aclaraciones en
+asuntos del corazón. No merecía la pena de reconocerme en libros
+conmovedores cuando huía de mí mismo. Tenía que encontrarme mejor o
+peor; si mejor, la elección era superflua y, si peor, era un ejemplo que
+no debía ser buscado. Me formaba, por decir así, una especie de
+colección saludable entre lo que el talento humano ha dejado de más
+fortificante, más puro, desde el punto de vista moral, más ejemplar en
+materia de raciocinio. En fin, le había prometido a Magdalena poner a
+prueba mis fuerzas y quería mantener mi promesa aunque sólo fuera para
+demostrarle que había en mí potencialidad sin empleo y para que pudiese
+medir bien la duración y la energía de una ambición que no era en el
+fondo más que amor convertido.
+
+Al cabo de algunos meses de este régimen inflexible, llegué a un estado
+de salud artificial y de solidez de espíritu que me parecía apropiada
+para emprender mucho. Comencé por saldar mis cuentas con el pasado. Ya
+sabe usted que había tenido la manía de los versos. Sea por complacencia
+involuntaria de los días amables y añorados, sea por avaricia, no quise
+que aquella parte viviente de mi juventud fuera enteramente destruida.
+Me impuse la tarea de revolver aquel viejo repertorio de cosas
+infantiles y de sensaciones apenas despertadas. Fue una especie de
+confesión general indulgente, pero firme, sin ningún peligro para una
+conciencia que se juzga. De aquellos innumerables pecados de otra edad
+compuse dos tomos. Les puse un título que determinaba el carácter un
+poco primaveral de la obra. Los encabecé con un prefacio ingenioso que
+debía, por lo menos, ponerlos a cubierto del ridículo y los publiqué sin
+firma. Aparecieron y desaparecieron. No esperaba más de ellos. Nada hice
+para salvarlos del total olvido, convencido de que toda cosa que es
+abandonada merece serlo y que no hay un solo rayo de verdadero sol
+perdido en todo el universo.
+
+Hecho este barrido de conciencia, me ocupé de tareas menos frívolas. Se
+hacía entonces mucha política por doquier y particularmente en el medio
+observador en que yo actuaba. Había en el ambiente de aquella época una
+multitud de ideas en estado de nebulosa, problemas en estado de
+esperanzas, generosidades en movimiento que debían condensarse más tarde
+y formar lo que ahora se llama el cielo tempestuoso de la política
+moderna.
+
+Mi imaginación casi desarbolada, pero no del todo apagada, encontraba en
+aquel objetivo algo que la seducía. La posición de hombre de Estado
+era--en la época de que le hablo a usted,--el coronamiento necesario,
+hasta cierto punto, el advenimiento al título de hombre útil para todo
+aquel que tenía gran capacidad intelectual, talento o sencillamente
+ingenio. Me enamoré de la idea de llegar a ser útil después de haber
+sido dañino tanto tiempo. Y la ambición de ser ilustre también me
+invadió poco a poco--pero, ¡sabe Dios por qué!--Comencé por hacer una
+especie de estadía en la antecámara misma de los asuntos públicos, es
+decir en medio de un pequeño parlamento compuesto de jóvenes voluntades
+ambiciosas, de muy jóvenes abnegaciones dispuestas a ofrecerse, en el
+cual se reproducían en diminutivo una parte de las polémicas que
+agotaban entonces a toda Europa. Alcancé éxitos, puedo decirlo sin
+orgullo hoy que nuestro parlamento mismo está olvidado. Me parecía que
+mi camino estaba trazado. En él hallaba medio de desplegar la actividad
+devoradora que me consumía. No sé qué insuperable esperanza me quedaba
+de volver a encontrar a Magdalena. No me había dicho ¿adiós o hasta la
+vista? Entendía que me vería mejor transformado, con un brillo más vivo
+para ennoblecer mi posición. Todo se mezclaba así entre los estímulos
+que me aguijoneaban. El encarnizado recuerdo de Magdalena zumbaba en el
+fondo de mis ambiciones y momentos había en que no me era dado
+distinguir en mis prematuros ensueños de poderío, lo que emanaba del
+filántropo y lo que procedía del enamorado.
+
+Todas aquellas ideas y sentimientos las resumí en un libro que apareció
+bajo un nombre supuesto. Pocos meses después publiqué otro. Los dos
+tuvieron más resonancia que la que yo esperaba. En poco tiempo estuve a
+punto de ver trocada en celebridad la oscuridad en que estaba. Saboreaba
+con delicia el placer vanidoso, furtivo y absolutamente íntimo, de oírme
+alabado en la personalidad de mi pseudónimo. El día que el éxito fue
+indiscutible le llevé mis dos libros a Agustín. Me abrazó de todo
+corazón, me declaró que tenía un gran talento, se asombró de que se
+hubiera revelado de golpe y tan pronto y me predijo como cosa infalible,
+una posición moral, capaz de enloquecerme. Me propuse que Magdalena
+gozase los primeros augurios de mi celebridad y le mandé mis libros al
+señor De Nièvres. Le rogaba que no me hiciera traición; le daba
+explicaciones plausibles de mi retirada: era excusable desde el momento
+que estaba demostrado que había tenido un objeto.
+
+La contestación del señor De Nièvres no contenía más que frases de
+agradecimiento y elogios calcados sobre los que corrían en el público.
+Magdalena no añadía ni una palabra a las de su marido.
+
+La leve turbación de mi espíritu que siguió al dichoso comienzo de mi
+vida literaria se desvaneció muy de prisa. A la efervescencia excitada
+por una producción pronta, arrastradora, casi irreflexiva, sucedió una
+gran calma, es decir, un momento de serenidad y de examen singularmente
+lúcido. Había en mí un antiguo _yo mismo_ de quien ya hace largo tiempo
+que no le hablo a usted, que callaba pero que sobrevivía. Aprovechó
+aquel momento de reposo para reaparecer usando un severo lenguaje. Con
+los avasallamientos de mi corazón me había emancipado por completo. Él
+volvió a ocupar su alta posición en cuanto se trató de asuntos más
+discutibles y se dio a deliberar fríamente los intereses más positivos
+de mi espíritu. En otros términos: analicé con calma lo que de legítimo
+había en el fondo de mi éxito, y preciso era que en conclusión estimara
+si en ello existía razón para animarme. Hice el balance--muy
+definitivo--de mi saber, es decir, de los recursos adquiridos y de mis
+dones, o lo que es igual, de mis fuerzas vivas, comparé lo ficticio con
+lo nativo, pesé lo que pertenecía a todo el mundo y lo poco que había
+mío propio. El resultado de esta crítica imparcial, hecha tan
+metódicamente como una liquidación de negocios, fue que yo era un hombre
+distinguido y mediocre.
+
+Había sufrido decepciones más crueles: aquella otra no me causó la más
+leve amargura. Por otra parte, apenas si era tal decepción. Para muchos
+habría sido más que satisfactoria aquella situación. Yo la consideraba
+de muy diferente modo. Ese pequeño monstruo moderno que Oliverio llamaba
+«lo vulgar», que le causaba tanto horror y que le condujo ya sabe usted
+a dónde, lo conocía yo tan bien como él bajo otro nombre. Habitaba tan
+bien en la región de las ideas como en el mundo inferior de los hechos.
+Había sido el genio malhechor de todos los tiempos y era una llaga del
+nuestro. Había en derredor mío una perversión de ideas con respecto a la
+cual nunca me había dejado engañar. No me revolvía contra las
+adulaciones que, después de todo, no podían ya hacerme cambiar de
+opinión en ningún caso: las acogía como inocente expresión del juicio
+público en una época en que la abundancia de lo mediocre había tornado
+indulgente al gusto embotando el sentido acerado de las cosas
+superiores. La opinión me parecía perfectamente equitativa en cuanto a
+mí, aunque hiciera yo a la vez que mi proceso también el suyo.
+
+Recuerdo que un día ensayé una prueba más convincente que todas las
+demás. Tomé de mi biblioteca cierto número de libros contemporáneos y
+procediendo poco más o menos como la posteridad procederá antes de
+acabarse el siglo, pedí a cada uno cuenta de sus títulos a la duración y
+sobre todo del derecho que tenían para llamarse útiles. Advertí que
+llenaban muy poco la primera condición que hace vivir una obra, eran muy
+poco necesarios. Muchos habían servido de pasajera diversión a sus
+contemporáneos sin más resultado que agradar y caer en el olvido.
+Algunos tenían un falso aspecto de necesidad que engañaba, vistos de
+cerca, pero que lo futuro se encargará de definir. Un número muy
+pequeño--me quedé asustado--poseían ese raro, absoluto e indudable
+carácter, en el cual se reconoce toda una creación divina y humana, de
+poder ser imitada pero no suplida y de hacer falta a las necesidades de
+las gentes si se la supone ausente. Aquella especie de juicio póstumo,
+ejercido por el más indigno sobre tantos espíritus elegidos, me demostró
+que no sería yo nunca del número de los absueltos de culpa y pena.
+Aquel que tomaba en su barca los hombres meritorios me habría dejado
+ciertamente en la otra orilla del río: y en ella me quedé.
+
+Otra vez más atrajo la atención del público mi nombre o por lo menos el
+de mi imaginario personaje, y fue la última. Me pregunté entonces qué
+era lo que me quedaba que hacer y me costó algún tiempo resolverlo.
+Había para eso una dificultad de primer orden. Mi existencia desligada
+de muchas vinculaciones--como usted ha visto--y desengañada de muchos
+errores ya no pendía más que de un hilo, el cual aunque horriblemente
+estirado y más resistente que nunca, seguía sujetándome y no imaginaba
+que nada pudiera quebrarlo.
+
+Ya apenas oía a nadie hablar de Magdalena aparte Oliverio a quien veía
+muy poco, y Agustín a quien ella había atraído a su casa, sobre todo
+después que yo desaparecí. Sabía vagamente cuál era el empleo de su vida
+exterior: que había viajado y después vivido algún tiempo en Nièvres;
+que luego había recobrado dos o tres veces sus costumbres en París, para
+abandonarlas otra vez casi sin motivo y como bajo el imperio de un
+malestar que se traducía en una perpetua inestabilidad de carácter y
+como una necesidad de cambiar de lugares. Algunas veces la había visto,
+pero tan furtivamente y a través de tan gran turbación, que en cada una
+de aquellas ocasiones me había parecido que era víctima de un ensueño
+penoso. De aquellas fugaces apariciones me quedaba la impresión de una
+imagen extraña, de un rostro ajado como si los negros colores de mi alma
+se hubieran desteñido sobre aquella radiante fisonomía.
+
+Por aquella época tuve una gran emoción. Había una exposición de pintura
+moderna. Aunque muy ignorante de una bella arte en punto a la cual
+tenía el instinto sin la más leve cultura, y de la que hablaba tanto
+menos cuanto más la respetaba, iba algunas veces a perseguir
+observaciones de otros que me enseñaban a conocer bien mi época y hacer
+comparaciones que no me alegraban nada. Un día vi un grupito de
+personas--que debían ser conocedoras--discutiendo delante de un cuadro.
+Era un retrato de medio cuerpo concebido en un estilo antiguo, con fondo
+oscuro: el vestido indeciso y sin ningún accesorio, dos manos
+espléndidas, la cabellera medio perdida, la cabeza presentada de frente,
+firme de contornos, grabada sobre el lienzo con la precisión de un
+esmalte y modelada yo no sé de qué manera sobria, amplia y sin embargo
+velada, que daba a la fisonomía incertidumbres extraordinarias y hacía
+palpitar un alma emocionada en el vigoroso dibujo de las facciones tan
+firme y resuelto como el grabado de una medalla. Me quedé anonadado
+delante de aquella efigie espantosa de realidad y de tristeza. La firma
+era la de un ilustre pintor. Recorrí el catálogo y encontré las
+iniciales de la señora De Nièvres. No había yo menester de aquel
+testimonio. Magdalena estaba allí, delante de mí, fija en mí la mirada;
+pero, ¡con qué ojos, en qué actitud, con qué palidez y qué misteriosa
+expresión de espera y de amarga pena!
+
+En poco estuvo que no lanzara un grito y no sé cómo logré contenerme lo
+bastante para no darle a la gente el espectáculo de una locura. Me
+coloqué en primera fila apartando a todos aquellos curiosos que nada
+tenían que hacer entre aquel retrato y yo. Para tener el derecho de
+examinarlo desde más cerca y más largo tiempo imité el gesto, las
+actitudes, la manera de mirar y hasta las pequeñas exclamaciones de
+aprobación de los aficionados prácticos en la materia de arte
+pictórico. Fingí apasionarme por la obra del pintor cuando en realidad
+no apreciaba ni adoraba otra cosa que el modelo. Volví al siguiente día
+y los sucesivos, me deslizaba muy temprano a lo largo de las galerías
+desiertas, veía el retrato desde lejos como a través de una nube tomando
+vida a cada paso que yo avanzaba hacia él. Llegaba, todo artificio
+apreciable desaparecía: era Magdalena más y más triste, más y más fija
+en no sé qué terrible ansiedad henchida de ensueños. Le hablaba, le
+refería todas las cosas fuera de razón que me torturaban el alma desde
+hacía cerca de dos años, le pedía gracia para ella y para mí. Le
+suplicaba que me recibiera, que me permitiese volver a ella. Le contaba
+mi vida entera con el más lamentable y el más legítimo de los orgullos.
+Había momentos en que el fugitivo modelado de las mejillas, el brillo de
+los ojos, el indefinible dibujo de la boca daban a la muda efigie
+movilidades que me causaban miedo. Hubiérase dicho que me escuchaba, me
+comprendía, y que el implacable y sabio buril que la había aprisionado
+en un rasgo tan rígido, era lo único que la impedía conmoverse y
+contestarme.
+
+Algunas veces me vino a las mientes la idea de que Magdalena había
+previsto lo que sucedía, es decir, que la reconocería yo y me volvería
+loco de dolor y de alegría en aquel fantástico coloquio de un hombre
+vivo con una pintura. Y según veía yo en ese hecho malicia o compasión,
+aquella idea me exasperaba la cólera o me hacía verter lágrimas de
+agradecimiento.
+
+Lo que le refiero a usted duró casi dos meses; pasados que fueron, al
+otro día el que le di un adiós verdaderamente fúnebre, los salones
+fueron clausurados y desaparecido el retrato quedé más solo que nunca.
+
+Pasado algún tiempo, recibí una visita de Oliverio. Estaba serio, notaba
+en él cierto embarazo, algo así como si el peso de un caso de conciencia
+le pesara en el alma.
+
+Apenas le vi me puse a temblar.
+
+--Yo no sé qué sucede en Nièvres--me dijo;--pero todo parece que va mal.
+
+--¿Magdalena?--le pregunté espantado.
+
+--Julia está enferma, bastante enferma para causar inquietudes.
+Magdalena misma no está buena. Me gustaría ir, pero la situación no
+sería sostenible. Mi tío me escribe cartas muy desoladas.
+
+--¿Pero Magdalena...?--volví a preguntar temeroso de que aun sucediera
+otra desgracia que él me ocultaba.
+
+--Te repito que Magdalena está en un muy triste estado de salud. No ha
+empeorado de algún tiempo a esta parte, pero continúa mal.
+
+--Oliverio--exclamé,--vayas tú o no a Nièvres yo estaré allí mañana.
+Nadie me ha despedido de la casa de Magdalena, me alejé de ella
+voluntariamente. Le había dicho a Magdalena que me escribiera el día que
+tuviera necesidad de mí; si ella tiene motivos para callar, yo los tengo
+para correr a su lado.
+
+--Harás absolutamente lo que quieras. En semejante caso obraría como tú,
+dejando a salvo el arrepentimiento si el remedio era peor que la
+enfermedad.
+
+--Adiós.
+
+--Adiós.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+El día siguiente estaba yo en Nièvres. Llegué por la tarde un poco antes
+de cerrar la noche. Era el mes de noviembre. Me apeé a cierta distancia
+de la verja, en pleno bosque. Atravesé el patio de entrada sin ser
+notado. Al extremo de las habitaciones de servicio a la derecha brillaba
+luz en las cocinas. Dos ventanas se destacaban luminosas sobre la
+fachada del castillo. Me fui en derechura al vestíbulo cuya puerta
+estaba sólo entornada; alguien lo cruzaba cuando yo entré, estaba
+oscuro. «¿La señora De Nièvres?» dije creyendo que hablaba con alguna
+doncella de la servidumbre. La persona a quien me había dirigido se
+volvió bruscamente, vino hacia mí y lanzó un grito: era Magdalena.
+
+Se quedó petrificada por la sorpresa y yo le tomé la mano sin hallar
+fuerzas para articular una sola palabra. La escasa, claridad que venía
+de fuera le prestaba la blancura de una estatua: sus dedos completamente
+inertes y helados se desprendían insensiblemente de mi mano como si
+fueran las de una muerta. La vi tambalearse, pero al movimiento que hice
+para sostenerla se desprendió por un impulso de inconcebible terror,
+abrió desmesuradamente los ojos extraviados y exclamó: «¡Domingo!...»
+como si despertara de un mal sueño que hubiese durado aquellos dos años;
+luego dio algunos pasos hacia la escalera arrastrándome en pos de ella
+sin conciencia de lo que hacía. Subimos juntos, el uno al lado del otro,
+siempre juntas nuestras manos. Al llegar a la antesala del primer piso
+tuvo como una llamarada de presencia de espíritu.
+
+--Entre usted aquí--me dijo,--voy a avisar a mi padre.
+
+La vi que llamaba a su padre y encaminarse al cuarto de Julia.
+
+Las primeras palabras del señor D'Orsel fueron éstas:
+
+--Mi querido hijo, tengo mucha pena.
+
+Aquella frase decía más que todas las recriminaciones y me penetró en el
+corazón como una estocada.
+
+--He sabido que Julia estaba enferma--le dije sin hacer ningún esfuerzo
+para disfrazar el temblor de mi voz que desfallecía.--Supe también que
+la señora De Nièvres estaba delicada y vine a verles a ustedes. Hace
+tanto tiempo...
+
+--Es verdad--repuso el señor D'Orsel,--hace mucho tiempo. La vida se
+pasa: cada cual tiene sus deberes y sus preocupaciones...
+
+Llamó, mandó encender las luces, me examinó rápidamente como si quisiera
+comprobar en mí un cambio análogo a las alteraciones que los dos años
+transcurridos habían producido en sus hijas.
+
+--También usted ha envejecido--continuó con cierta especie de
+benevolencia y de interés muy afectuoso.--Ha trabajado usted mucho,
+tenemos la prueba...
+
+Después me habló de Julia, de las vivas inquietudes que habían tenido,
+pero que, por fortuna, se habían disipado desde algunos días. Julia
+entraba en la convalecencia; ya todo era cuestión de cuidado, de
+atenciones y de algunos días de reposo. De nuevo pasó de un asunto a
+otro.
+
+--He ahí que es usted todo un hombre ya célebre--continuó.--Hemos puesto
+atención en sus cosas con el más sincero interés.
+
+Se paseaba de arriba abajo, hablándome así, sin hilación. Tenía los
+cabellos totalmente blancos, su alto cuerpo un poco encorvado ofrecía un
+aspecto singularmente noble, de vejez prematura o de abatimiento.
+
+Magdalena vino a interrumpirnos al cabo de cinco minutos. Iba vestida de
+oscuro y se parecía mucho, con la animación de la vida además, al
+retrato que tanto me había impresionado. Me levanté, le salí al paso,
+balbuceé dos o tres frases incoherentes que no tenían ningún sentido; ya
+no sabía ni cómo explicar mi visita, ni cómo llenar de golpe el enorme
+vacío de dos años que ponía entre nosotros como un abismo de secretos,
+de reticencias y de oscuridades. Me repuse, sin embargo, al verla más
+dueña de sí misma y le hablé lo más sosegadamente que pude de la alarma
+que me había dado Oliverio. Cuando pronuncié ese nombre me interrumpió.
+
+--¿Vendrá?--dijo.
+
+--No lo creo--repliqué.--Por lo menos en unos cuantos días.
+
+Hizo un gesto de desanimación absoluta y los tres caímos en el más
+penoso silencio.
+
+Pregunté en dónde estaba el señor De Nièvres, como si fuera posible que
+Oliverio no me hubiera informado de su viaje y me mostré sorprendido al
+saber que estaba ausente.
+
+--¡Oh, estamos en un gran abandono!--dijo Magdalena.--Todos estamos
+enfermos o poco menos. Hay en el ambiente malas influencias, la estación
+es malsana y no tiene nada de alegre--añadió dirigiendo la mirada a las
+altas ventanas de antiguas vidrieras de colores en las cuales se
+reflejaba todavía un resto de luz del día casi del todo extinguido.
+
+Para huir de una conversación imposible por embarazosa hablé de la
+deplorable situación de algunas personas, que amenazaba aumentar en el
+próximo invierno, por enfermedades en unos casos y por miseria en otros;
+de un niño que se moría en el pueblo y que Julia había asistido y
+cuidado hasta el día en que, gravemente enferma ella misma, hubo de
+encomendar a otros su papel, impotente contra la muerte, de hermana de
+la caridad. Parecía complacerse con aquellos relatos de lamentables
+desgracias y enumerar, con no sé yo qué sombría avidez, todas las
+calamidades vecinas que formaban en torno de su existencia un concurso
+de causas de tristeza. Luego, al igual que había hecho el señor D'Orsel,
+me habló de mí, tan pronto con cierta reserva como con un abandono
+admirablemente calculado para facilitar la posición de cada uno.
+
+Mi propósito era hacerle una visita y luego ganar la posada del pueblo
+en la cual había comprometido una habitación; pero Magdalena dispuso
+otra cosa: advertí que había dado las órdenes oportunas para que me
+alojasen en el piso segundo del castillo, en un cuarto que ya había
+ocupado yo la primera vez que pasé una temporada en Nièvres.
+
+Aquella misma noche, antes de separarnos, estando yo presente, le
+escribió a su marido.
+
+--Le aviso al señor de Nièvres que está usted aquí--me dijo.
+
+Y me di cuenta de lo que semejante precaución, tomada en mi presencia,
+implicaba de escrúpulos y resoluciones leales.
+
+No había visto a Julia. Estaba débil y agitada. La noticia de mi
+llegada, a pesar de la prudencia con que se le comunicó, le había
+causado una sacudida muy viva. Cuando al otro día me fue permitido
+entrar en su habitación, encontré a la enferma acostada en un sofá,
+envuelta en un ancho peinador que disimulaba la exigüidad de sus formas
+y le prestaba aspecto de mujer. Había cambiado mucho, pero mucho más que
+podían apreciar quienes estaban cerca de ella a todas las horas del día.
+Un perrito _épagneul_ dormía a sus pies con la cabeza apoyada sobre la
+punta de sus pantuflas. Tenía al alcance de la mano, sobre un velador
+adornado de flores, pájaros enjaulados, que ella cuidaba, y cantaban
+alegremente en medio de aquel jardín de invierno. Contemplé aquel
+diminuto rostro minado por la fiebre, enflaquecido y azulado en derredor
+de las sienes, aquellos ojos hundidos, más abiertos y más negros que
+nunca, en cuyas pupilas se advertía un brillo sombrío e inextinguible, y
+aquella pobre niña, enamorada, medio muerta bajo la acción, del
+desprecio de Oliverio me dio una lástima horrible.
+
+--Cúrela usted, sálvela--le dije a Magdalena cuando nos separamos;--pero
+no la engañe usted más.
+
+Magdalena hizo un gesto de duda como si le quedara un débil residuo de
+esperanza, el cual se esforzaba por mantener.
+
+--No piense usted en Oliverio y no le acuse más de lo que es
+razón--añadí resueltamente.
+
+Le di a conocer los motivos buenos o malos que decidían la suerte de su
+hermana. Le expliqué el carácter de Oliverio, su repugnancia absoluta
+por el matrimonio. Insistí sobre su creencia--quizás poco razonable,
+pero sin réplica,--de que haría infeliz a cualquier mujer, no sólo a una
+determinada, sino a todas sin excepción. Así trataba yo de atenuar lo
+que de hiriente podía tener su resistencia.
+
+--Lo hace cuestión de probidad--dije a Magdalena, como último argumento.
+
+Sonrió tristemente al oír la palabra probidad que tan mal concordaba con
+la irreparable desventura cuya responsabilidad pesaba, a sus ojos, sobre
+Oliverio.
+
+--Es el más feliz de todos nosotros--dijo.
+
+Y gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas.
+
+Dos días después Julia pudo ya dar algunos paseos por su habitación. El
+indomable vigor de aquel pequeño ser, ejercitado secretamente en tan
+duras pruebas, se reanimó no lentamente sino en pocas horas. Apenas en
+convalecencia, viósela enderezarse contra el recuerdo humillante de
+haber sido sorprendida, por decir así, en debilidad, trabar pelea con el
+mal físico, el sueño que podía vencer, y dominarlo. Dos días más tarde
+tuvo fuerzas para bajar sola al salón, rechazando todo apoyo, aunque la
+debilidad cubriera de sudor la adelgazada piel de su frente y por más
+que sucesivos accesos de desfallecimiento la hicieran vacilar a cada
+paso. Aquel mismo día se empeñó en subir en coche. La llevaron por los
+caminos más suaves del bosque. Hacía buen tiempo. Regresó reanimada,
+sólo por haber respirado el olor de las encinas calentadas por un sol
+claro. Entró en el castillo desconocida, casi sonrosada, conmovida por
+un escalofrío febril, pero de buen augurio que no era más que el efecto
+del retorno activo de la sangre en sus venas empobrecidas. Estaba
+consternado viéndola renacer de aquel modo, por tan poco, por un rayo
+de sol de invierno y un poco de olor resinoso de madera cortada, y
+comprendí que se empecinaría en vivir con una obstinación que le
+prometía largos días miserables.
+
+--¿Habla alguna vez de Oliverio?--le pregunté a Magdalena.
+
+--Jamás.
+
+--¿Piensa en él constantemente?
+
+--Constantemente.
+
+--¿Y cree usted que eso durará?
+
+--Siempre--replicó Magdalena.
+
+Libre de la preocupación que desde hacía tres semanas la tenía
+encadenada a la cabecera del lecho de Julia, no parecía sino que
+Magdalena hubiera perdido la razón. Se apoderó de ella un aturdimiento
+que la tornó extraordinaria y positivamente loca de imprevisión, de
+exaltación y de atrevimiento. Reconocí aquella mirada que en el teatro
+me advirtió que estábamos en peligro; y llevándolo todo hasta el
+extremo, pedazo a pedazo me arrojó, por decir así, su corazón a la
+cabeza, como había hecho aquella noche con su ramillete.
+
+Pasamos tres días dando paseos y haciendo expediciones temerarias; tres
+días de inaudita felicidad, sí tal puede llamarse a un sentimiento
+rabioso de destrucción de su reposo, especie de luna de miel descarada y
+desesperada, sin ejemplo, ni por las emociones ni por los
+arrepentimientos y que a nada se parece como no sea a esas horas de
+copiosas y fúnebres satisfacciones durante las cuales todo se permite a
+los sentenciados a morir al otro día.
+
+El tercer día, a pesar de mi resistencia, me exigió que montara uno de
+los caballos de su marido.
+
+--Me acompañará usted--me dijo;--tengo necesidad de ir de prisa y de
+ponerme lejos.
+
+Corrió a vestirse; mandó ensillar un caballo que el señor De Nièvres
+había amaestrado para ella y como si tratara de hacerse raptar delante
+de sus criados, en pleno día, «partamos», dijo.
+
+Apenas llegamos al bosque puso su caballo al galope. Yo hice como ella y
+la seguí. Cuando advirtió que le iba a los alcances aceleró la marcha,
+fustigó a su caballo y sin motivo lo lanzó a escape. Tomé el mismo aire
+que ella y cuando ya la alcanzaba, hizo un nuevo esfuerzo que me dejó
+atrás. Aquella persecución irritante, desenfrenada, me puso fuera de mí.
+Montaba ella un animal muy ligero y lo manejaba de modo que decuplaba su
+velocidad. Apenas sentada, levantado todo el cuerpo para disminuir aún
+más el peso, sin un grito, sin un gesto, corría locamente como llevada
+por un pájaro. A mi vez hacía yo galopar a mi caballo a todo escape,
+inmóvil, secos los labios con la fijeza maquinal de un _jockey_ en una
+carrera a fondo. Seguía ella por en medio de un sendero estrecho un poco
+cerrado, por los bordes, de suerte que no cabían dos caballos de frente
+a menos que uno no se ladeara. Viéndola obstinada en cerrarme el paso,
+trepé sobre el bosque y la acompañé algún tiempo así con riesgo
+constante de romperme la cabeza contra los árboles, y llegado el momento
+oportuno de cerrarle el paso, franqueé de un salto el declive y cayendo
+en lo hondo del camino detuve mi caballo y lo cuarteé. Hubo, pues, de
+parar en seco a dos pasos de mí y los dos caballos, jadeantes, cubiertos
+de espuma se encabritaron como si hubieran tenido el sentimiento de que
+sus jinetes querían pelear. Creo en verdad que Magdalena y yo nos
+miramos con cólera, a tal punto aquel juego extravagante mezclaba la
+excitación y el reto respecto de otros sentimientos intraducibles. Se
+quedó delante de mí, el látigo con mango de concha entre los dientes,
+lívidas las mejillas, los ojos inyectados, salpicándome de sangrientos
+resplandores; luego dejó oír una o dos carcajadas convulsivas que me
+helaron. Su caballo volvió a partir a escape tendido.
+
+Lo menos durante un minuto, como Bernardo de Mauprat atraído por los
+pasos de Edma, la miré huir bajo las verdes ramas de encinas, el velo al
+viento, su larga amazona oscura ondulante con la sobrenatural agilidad
+de un diablillo negro. Cuando hubo alcanzado la extremidad del sendero y
+ya no la veía más que como un punto sobre el fondo rojizo del bosque
+volví a lanzar mi caballo a escape exhalando, a mi pesar, un grito de
+desesperación. Llegado al lugar preciso en donde la había visto
+desaparecer, la encontré en el cruce de dos caminos, parada, anhelante,
+esperándome con la sonrisa en los labios.
+
+--Magdalena--le dije, precipitándome hacia ella y agarrándola por un
+brazo.--Cese usted en este juego cruel, deténgase usted o me hago matar.
+
+Sólo me contestó con una mirada directa que me hizo subir el rubor a la
+cara y tomó más despacio por el camino del castillo. Regresamos al paso,
+sin cruzar una sola palabra, nuestros caballos emparejados,
+restregándose las quijadas y cubriéndose recíprocamente de espuma. Echó
+pie a tierra en la verja, atravesó a pie el patio fustigando la arena
+del suelo con el látigo, subió en derechura a su cuarto y no reapareció
+hasta la noche.
+
+A las ocho nos trajeron la correspondencia. Había una carta del señor De
+Nièvres. Magdalena al romper el sobre cambió de color.
+
+--El señor De Nièvres está bueno. No volverá hasta el mes próximo--dijo.
+
+Luego se quejó de mucho cansancio y se retiró.
+
+No fue aquella noche como las precedentes. La pasé levantado y sin
+sueño. La carta del señor De Nièvres, aunque insignificante, intervenía
+entre nosotros como una reivindicación de mil cosas olvidadas. Aunque
+sólo hubiera escrito esta frase: «Estoy vivo», la advertencia no hubiera
+sido más clara. Resolví marcharme de Nièvres al otro día, absolutamente
+como había resuelto ir, sin más reflexión ni más cálculo. A media noche
+aun había luz en el cuarto de Magdalena. Un grupo de arces plantados
+cerca del castillo enfrente de las ventanas de su habitación recibía un
+reflejo rojizo que todas las noches me indicaba la hora en que ella
+terminaba la vigilia. Con frecuencia era muy tarde. Una hora después de
+la media noche aun se percibía aquel resplandor. Me puse un calzado
+ligero y bajé la escalera a tientas. Así fui hasta la puerta del
+departamento de Magdalena situado a la parte opuesta del de Julia a la
+extremidad de un interminable corredor. En ausencia de su marido una
+sola doncella de servicio dormía cerca de ella. Escuché, dos o tres
+veces me pareció oír el rumor seco de la tosecilla nerviosa que le era
+habitual a Magdalena, en momentos de despecho o de viva contrariedad.
+Apoyé la mano en la cerradura: estaba puesta la llave. Me alejé, volví,
+torné a alejarme. El corazón me latía hasta romperse, estaba como
+embrutecido y temblaba de pies a cabeza. Vagué por el corredor en
+completa oscuridad; luego me quedé como clavado en un sitio sin ninguna
+idea de lo que iba a hacer. El mismo sobresalto que un buen día, al
+influjo de vivísima alarma, me había empujado maquinalmente hacia
+Nièvres y me había hecho caer allí como un accidente, puede ser como una
+catástrofe, me hacía vagar, en medio de la noche, por aquella casa
+confiada y dormida, me conducía a la alcoba de Magdalena y a ella
+llegaba como un sonámbulo. ¿Era yo un desventurado en el colmo del
+sacrificio, enceguecido por el deseo, ni mejor ni peor que mis
+semejantes? ¿era un malvado? Esta cuestión capital me trabajaba la
+mente, pero sin determinar en ella la más leve decisión precisa que se
+pareciese ni a la honradez, ni al proyecto formal de cometer una
+infamia. Lo único acerca de lo cual no tenía duda--y sin embargo
+permanecía indeciso,--era que una caída mataría a Magdalena y que estaba
+fuera de toda posible discusión, el que yo no le sobreviviría ni una
+hora.
+
+No sabré decir a usted qué fue lo que me salvó. Me encontré en el parque
+sin saber ni por qué ni cómo allí había ido. En comparación con la
+oscuridad de los corredores, al aire libre se veía claro por más que me
+parece no había luna ni estrellas. La masa compacta de árboles formaba
+como encrespadas sierras largas y negras al pie de las cuales se
+distinguían las sinuosidades de los paseos blanquecinos. Caminaba al
+azar costeando los estanques. Los pájaros se despertaban y revoloteaban
+en la espesura. Mucho después una sensación de frío interno me volvió un
+poco en mí. Volví a entrar, cerré las puertas con la destreza de un
+sonámbulo o de un ladrón y vestido como estaba me dejé caer sobre mi
+lecho.
+
+Al amanecer estaba levantado acordándome apenas de la pesadilla que me
+había hecho errar toda la noche diciéndome: «Hoy partiré.» Y de ese
+propósito informé a Magdalena tan luego como la vi.
+
+--Como usted quiera--me contestó.
+
+Estaba horriblemente quebrantada y era presa de una agitación de cuerpo
+y de alma que me hacía daño.
+
+--Vamos a ver a nuestros enfermos--me dijo un poco después de mediodía.
+
+La acompañé y fuimos al pueblo. El niño que Julia cuidaba y que había,
+por decir así, adoptado, había muerto el día antes por la noche.
+Magdalena se hizo conducir cerca del ataúd que contenía el pequeño
+cadáver y quiso besarlo; al regresar lloró abundantemente y repitió la
+frase _mi hijo_ con dolor tan agudo que me dio a conocer hasta muy lejos
+el alcance de una pena que roía su existencia y de la cual estaba
+implacablemente celoso.
+
+Muy temprano me despedí de Julia y dirigí al señor D'Orsel palabras de
+agradecimiento que procuré decir con la mayor serenidad posible.
+Después, no sabiendo en qué ocupar el día y no teniendo interés, por
+decir así, en el empleo de una vida que sentía desprenderse de mí minuto
+a minuto, fui a ponerme de codos en la balaustrada que caía sobre los
+fosos y allí permanecí no sé cuánto tiempo. No sabía en donde estaba
+Magdalena. De cuando en cuando me parecía oír su voz en los corredores o
+verla pasar de un patio a otro, vagando también ella, sin más objeto que
+moverse. Había en la base de una de las torrecillas a la manera de una
+covacha medio obstruida que en otros tiempos servía de puerta de escape.
+El puente que la unía a los paseos del parque estaba destruido. No
+quedaban de él más que tres pilastras, en parte sumergidas, que el agua
+cenagosa del foso ensuciaba de residuos espumosos. No sé qué idea me
+vino de esconderme allí por el resto del día. Pasé del uno al otro pilar
+y me escondí en aquel recinto ruinoso, los pies tocando la corriente en
+la semioscuridad lúgubre del vasto y profundo foso por donde corrían las
+aguas del lavadero. Dos o tres veces vi a Magdalena que salía y marchaba
+hacia las alamedas como quien busca a alguien. Desapareció y volvió otra
+vez, vaciló entre tres o cuatro caminos que conducían del parterre a
+los confines del parque y al fin tomó por uno de ellos, cubierto de
+olmos, que terminaba en los estanques. De un salto pasé de una a otra
+orilla y la seguí. Iba de prisa, su sombrero de campo mal asegurado
+sobre las orejas, envuelta en un amplio _cachemira_ que ceñía al cuerpo
+como si tuviera mucho frío. Volvió la cabeza al advertir que me
+acercaba, de pronto se volvió, desanduvo lo andado, pasó junto a mí sin
+mirarme, ganó la escalinata del parterre y subió. La alcancé cuando
+llegaba a la puerta del saloncito que le servía de tocador en el cual
+acostumbraba pasar el día.
+
+--Ayúdeme usted a plegar mi chal--me dijo.
+
+Tenía el alma y los ojos en otra parte. La ancha tela multicolor estaba
+entre nosotros plegada en el sentido de su longitud y ya no formaba más
+que una banda estrecha de la cual cada uno sosteníamos un extremo. Sea
+por torpeza o por desfallecimiento, la prenda se escapó de las manos de
+Magdalena. Dio un paso, se tambaleó primero hacia atrás, luego hacia
+adelante y cayó en mis brazos desvanecida. La agarré, la sostuve algunos
+segundos así, pegada contra mi pecho, la cabeza vuelta, los ojos
+cerrados, los labios fríos, medio muerta y enajenada al influjo de mis
+besos.
+
+De pronto una terrible contracción la estremeció, abrió los ojos, se
+enderezó sobre la punta de los pies para llegar a mi altura y
+arrojándose a mi cuello con toda su fuerza fue ella a su vez la que me
+besó.
+
+La agarré de nuevo, la reduje a defenderse como una presa que se debate
+contra un abrazo desesperado. Tuvo la noción de que estábamos perdidos y
+lanzó un grito. Vergüenza me da el decirlo: aquel grito de verdadera
+agonía despertó en mí el sólo instinto que me quedaba de hombre: la
+piedad. Comprendí que la mataba; no distinguía bien si se trataba de su
+honor o de su vida. No tengo por qué vanagloriarme de un acto de
+generosidad que fue casi involuntario, tan poca parte le correspondió en
+él a la verdadera conciencia humana. Solté la presa como una bestia que
+ha dejado de morder. La querida víctima hizo un supremo esfuerzo. Era
+trabajo inútil: yo no la tenía ya. Entonces con un extravío que me ha
+hecho estimar lo que es el remordimiento de una mujer honrada, con un
+espanto que me habría probado, si hubiera estado en situación de
+reflexionar, a qué grado de relajamiento me veía ella reducido, como si
+instintivamente hubiera comprendido que ya no había para nosotros ni
+discernimiento del deber, ni consideraciones, ni respeto, que aquella
+conmiseración de puro instinto era sólo un accidente que podía
+desmentirse, con un gesto que me espantó, que aun envuelve estos viejos
+recuerdos en un mundo de terrores y de vergüenza, Magdalena se dirigió
+rápidamente hacia la puerta andando de espaldas sin apartar de mí los
+ojos, como se procede con un malhechor, ganó el pasillo y una vez en él
+se volvió y echó a correr.
+
+Yo tenía perdido el conocimiento aunque me mantenía de pie. Como pude me
+arrastré hasta mi habitación; sólo tenía un afán, que no me encontraran
+desmayado en la escalera. Llegado que hube delante de mi puerta, aun
+antes de poder abrirla, ya no me fue posible sostenerme más.
+Maquinalmente me aseguré de que nadie había en el corredor. El último
+sentimiento que aun conservé un instante fue el de que Magdalena estaba
+en salvo, y me desplomé sobre el suelo.
+
+Allí mismo me recobré una o dos horas después, ya de noche, con el
+recuerdo incoherente de una escena espantosa. La campana anunciaba que
+la comida estaba pronta y hube de bajar. Me movía, tenía las piernas
+libres, pero me parecía como si hubiera recibido un golpe en la cabeza.
+Gracias a aquella parálisis, muy real, experimentaba una sensación
+general de gran dolor, pero no pensaba en ello. El primer espejo al cual
+me miré, me puso de manifiesto la faz extrañamente demudada de un
+fantasma, algo parecido a mí que apenas podía reconocer. Magdalena no
+acudió al comedor y me era casi indiferente que estuviera en él o en
+otra parte. Julia, cansada, apesadumbrada o inquieta por su hermana, y
+muy probablemente llena de sospechas, porque tratándose de aquella
+singular niña clarividente y reservada todas las suposiciones eran
+permitidas. Julia no debía tampoco reunirse con nosotros en el salón.
+Pasé, pues, solo con el señor D'Orsel, casi la mitad de la velada;
+estaba inerte, insensible, y como si se me hubiera helado la sangre; tan
+poco sentido me quedaba para reflexionar y tan exhausto de fuerzas
+estaba para moverme.
+
+Eran cerca de las diez cuando entró Magdalena, cambiada hasta dar miedo,
+desconocida, con el aspecto de un convaleciente a quien la muerte ha
+tocado de cerca.
+
+--Padre mío--dijo con acento de inflexible audacia.--Necesito estar sola
+un momento con el señor de Bray.
+
+El señor D'Orsel se levantó sin vacilar, besó fraternalmente a su hija y
+salió.
+
+--¿Usted partirá mañana?--me dijo, permaneciendo de pie como yo estaba
+también.
+
+--Sí--le contesté.
+
+--¡Y no volveremos a vernos más!
+
+Nada repliqué.
+
+--Jamás--continuó,--¿lo entiende usted? jamás. He puesto entre nosotros
+el único obstáculo que puede separarnos sin idea de retorno.
+
+Me arrojé a sus pies, la tomé las manos sin que resistiera, sollozando.
+Tuvo un momento de debilidad que le cortó la palabra, retiró las manos y
+me las volvió a dar tan pronto como hubo recobrado su firmeza.
+
+--Yo haré todo lo posible por olvidarle. Usted olvídeme. Eso le será más
+fácil todavía. Cásese, más adelante, cuando usted quiera. No imagine que
+su esposa pueda tener celos de mí, porque cuando eso pudiera suceder yo
+estaré muerta o seré feliz--concluyó, con un estremecimiento que en poco
+estuvo no la hiciera caer.--Adiós.
+
+Yo estaba de rodillas, los brazos extendidos, esperando una frase más
+dulce que ella no pronunciaba. Una postrera reacción de debilidad o de
+lástima se la arrancó.
+
+--¡Mi pobre amigo! Era fatal llegar a esto. ¡Si supiera usted cuánto le
+amo! No se lo habría dicho a usted ayer: hoy puedo confesarlo puesto que
+es la palabra prohibida que nos separa.
+
+Ella, extenuada poco hacía, había hallado por milagro no sé yo qué
+recurso de virtud que le prestaba fuerza suficiente. Yo no tenía
+ninguna.
+
+Me parece que aún añadió dos o tres palabras que no entendí; luego se
+alejó dulcemente como una visión que se desvanece y no la volví a ver,
+ni aquella noche, ni al siguiente día, ni nunca más.
+
+Partí al romper el día sin ver a nadie. Evité atravesar París y me hice
+llevar directamente a la casa que en un extremo suburbio habitaba
+Agustín. Era domingo y le hallé con su familia.
+
+Al primer golpe de vista comprendió que me había sucedido alguna
+desgracia. Supuso que había muerto Magdalena porque en su perfecta
+honradez de hombre y de marido, no concebía mayor desventura. Cuando le
+referí el verdadero accidente que me reducía a una de esas situaciones
+que no se confiesan nunca, me dijo:
+
+--Desconozco esa clase de penas, pero le compadezco con toda el alma.
+
+Y nunca he dudado que me compadeció desde el fondo del corazón, a poco
+que razonara sobre los peores desastres que podía presumir en el
+porvenir incierto de su propia vida.
+
+Trabajaba cuando le sorprendí. Su mujer estaba cerca de él y tenía en el
+regazo un niñito de seis meses que les había nacido durante mi
+destierro. Eran dichosos. Su situación prosperaba: pude advertirlo en
+diversas señales de relativa opulencia. La noche fue espantosa: una
+tempestad de fin de otoño duró sin interrupción desde la tarde hasta
+después del amanecer. En el monótono arrullo de aquel constante y largo
+rumor del viento y de la lluvia, no hice más que pensar en el tumulto
+que producirían en torno a la alcoba y al sueño de Magdalena, si es que
+dormía. Mi fuerza de reflexión no iba más allá de esa sensación pueril y
+puramente física. Disipada la tempestad, Agustín me obligó a salir desde
+por la mañana. Podía disponer de una hora antes de volverse a París. Me
+llevó al bosque, devastado por el viento de la noche; el agua corría aún
+por los senderos anegados y arrastraba las últimas hojas del año.
+
+Caminamos así largo rato antes de que yo pudiera recoger la sombra de
+una idea lúcida entre las determinaciones urgentes que me habían
+conducido a casa de Agustín. Me acordé al fin de que tenía que
+despedirme de él. Al principio creyó que se trataba de una resolución
+desesperada nacida del insomnio, que no resistiría a la acción de
+prudentes consideraciones; pero; cuando se convenció de que mi
+determinación databa de más lejos, que era el resultado de reflexiones
+sin réplica y que la llevaría a cabo más tarde o más temprano, ya no
+discutió ni la opinión que de mí mismo tenía yo formada, ni el juicio
+que había formado respecto de mi época y me dijo sencillamente:
+
+--Pienso y razono sobre poco más o menos como usted. Me reconozco poca
+cosa aunque no me considero muy inferior a la mayoría de las gentes;
+pero no tengo el derecho que usted tiene de ser consecuente hasta lo
+extremo. Usted deserta modestamente; yo me quedo, no por fanfarronería
+sino por necesidad y antes que eso por deber.
+
+--Estoy muy cansado y de todos modos necesito reposo.
+
+Nos separamos en París diciéndonos «hasta la vista» como se hace por lo
+general cuando costaría mucho esfuerzo pronunciar un adiós definitivo,
+pero sin prever ni el lugar ni el tiempo en que podríamos encontrarnos
+otra vez. Yo tenía pocos asuntos que arreglar y de ellos se encargó mi
+criado. Fui tan sólo a despedirme de Oliverio. Se preparaba a abandonar
+Francia. No me interrogó acerca de mi permanencia en Nièvres: con sólo
+verme había adivinado que todo estaba concluido.
+
+No había motivo para hablarle de Julia; él no tenía por qué decirme nada
+respecto a Magdalena. Los lazos que nos habían unido por espacio de más
+de diez años acababan de romperse a la vez, a lo menos para largo
+tiempo.
+
+--Trata de ser feliz--me dijo, como si no contara con eso ni para mí ni
+para él.
+
+Tres días después de mi partida de Nièvres estaba en Ormessón. Pasé la
+noche cerca de la señora de Ceyssac, para la cual mi regreso puso en
+claro muchas cosas, y me dio a entender que había lamentado mis errores
+frecuentemente con la tierna lástima de mujer piadosa y casi madre.
+
+Al otro día, sin tomarme una hora de verdadero descanso en aquella
+deplorable carrera que me conducía a la yacija como animal herido que se
+desangra y no quiere desfallecer en medio del camino; al otro día por la
+tarde, casi entrada la noche, llegué a Villanueva. Me apeé próximo ya a
+la aldea: el coche siguió por la carretera y yo tomé un camino de
+travesía que me condujo a mi casa por las marismas.
+
+Hacía cuatro días y cuatro noches que un dolor fijo refrenaba mi corazón
+y me tenía los ojos tan secos como si jamás hubiera llorado. Al dar el
+primer paso en el camino de Trembles tuve como un recrudecimiento de
+recuerdos que hizo más acerbo aquel dolor, pero menos tirante.
+
+Hacía mucho frío. La tierra estaba dura, la noche casi había cerrado, de
+modo que la línea de las costas y el mar formaban un solo horizonte
+compacto y casi negro. Un postrer residuo de luz rojiza se extinguía
+poco a poco y palidecía de minuto en minuto. A lo lejos, cerca de la
+escarpa, pasó un carromato; percibíase el traqueteo y el chirrido de las
+ruedas sobre el suelo congelado. El agua de las marismas estaba helada;
+sólo en algunos sitios, anchos charcos de agua dulce que no se había
+helado todavía, continuaban moviéndose suavemente y permanecían
+blanquecinos. Dio las seis el reloj de la iglesia de Villanueva. Tan
+profundos eran ya el silencio y la oscuridad, que parecía la media
+noche. Caminaba por encima de los caballones de la tierra anegada y no
+sé por qué me vino a la memoria que otro tiempo en aquellos sitios
+mismos y en noches semejantes había cazado patos. Oía por encima de mi
+cabeza el rápido susurro que producen esas aves volando muy de prisa. Vi
+un fogonazo y la explosión de un disparo me detuvo. Un cazador salió de
+su escondite, bajó hacia la marisma y oí el chapotear de sus pies en el
+agua; otro le habló. En aquel cambio de palabras breves y pronunciadas
+en voz baja, pero que la noche hacía muy claras, distinguí un timbre de
+voz que me impresionó.
+
+--¡Andrés!--grité.
+
+Hubo un momento de silencio.
+
+--¡Andrés!--grité de nuevo.
+
+--¿Qué?--me replicó el cazador. Y ya no pude dudar.
+
+Andrés dio algunos pasos hacia donde yo estaba. Le veía apenas aunque
+sobrepasaba casi con todo su cuerpo la oscura barranca. Avanzaba
+lentamente, casi a tientas, por aquel camino hollado por las patas de
+los animales, repitiendo: «¿Quién está ahí? ¿Quién me llama?» con
+creciente emoción y como si cada momento vacilara menos para reconocer
+al que le llamaba cuando le creía tan lejos.
+
+--¡Andrés!--le dije por tercera vez cuando ya no le quedaba dar más que
+dos o tres pasos.
+
+--¿Cómo? ¿Qué?... ¡Ah, señor, señor Domingo!--dijo dejando caer su
+escopeta.
+
+--Sí, soy yo, yo mismo, mi viejo Andrés.
+
+Me arrojé en brazos de mi viejo servidor. Al fin de tanta compresión mi
+corazón, por sí mismo, estalló v se dilató libremente en sollozos.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Domingo había terminado su relato. Se detuvo después de estas últimas
+palabras, pronunciadas con la precipitación de un hombre que se
+apresura, y aquella expresión de pudor entristecido que sigue
+generalmente a las expansiones demasiado íntimas. Lo que semejantes
+confidencias debieron costarle a una conciencia sombría y por tan largo
+tiempo cerrada, adivinábalo yo y se lo agradecía con un ademán conmovido
+al cual sólo respondía él con una inclinación de cabeza. Había abierto
+la carta de Oliverio cuya fúnebre despedida presidía, por decir así, a
+esta relación y estaba de pie, los ojos vueltos a la ventana en la cual
+se encuadraba un tranquilo horizonte de llanura y de aguas. Permaneció
+así algún tiempo guardando embarazoso silencio que no quise romper.
+Estaba pálido, su fisonomía ligeramente alterada por el cansancio o
+rejuvenecida por los resplandores apasionados de otra época, recobraba
+poco a poco su edad, su expresión peculiar y su aspecto de gran
+serenidad. El día avanzaba a medida que la paz de los recuerdos se
+establecía también en su rostro. Las sombras iban invadiendo el interior
+polvoriento y ahogado de la pequeña habitación en donde se terminaba
+aquella larga serie de evocaciones de las cuales más de una había sido
+dolorosa. De las inscripciones de la pared ya no se distinguía casi
+nada. La imagen interior lo mismo que la anterior palidecían al mismo
+tiempo como si todo aquel pasado resucitado por casualidad volviese a
+entrar en el mismo instante y para no volver a salir, en el vago
+desvanecimiento de la noche y del olvido.
+
+Las voces de los labradores que pasaban a lo largo de las paredes del
+parque nos sacaron a los dos de un apuro real, la duda de callar o
+reanudar una conversación truncada.
+
+--He aquí la hora de bajar--dijo Domingo, y le seguí hasta la granja en
+la cual todas las tardes a aquella misma hora tenía cuidados de
+vigilancia que llenar.
+
+Los bueyes volvían del trabajo y aquél era el momento en que la granja
+se animaba. Uncidos por dos o tres parejas, porque a causa de la pesadez
+de las tierras mojadas se hacía necesario triplicar las yuntas, llegaban
+arrastrando el timón del arado, el hocico hinchado y húmedo, los cuernos
+bajos, las fauces agitadas, con barro hasta en el vientre. Los animales
+de reserva que no habían trabajado aquel día, mugían en los establos
+esperando la llegada de sus activos compañeros. Más allá el rebaño de
+ovejas, ya encerrado, se removía en el corral, los caballos piafaban y
+relinchaban al sentir que el forraje caía en las escalerillas por encima
+de los pesebres.
+
+Los trabajadores se alinearon junto al amo, las cabezas descubiertas y
+con aspecto cansado.
+
+Domingo inquirió minuciosamente si algunos instrumentos de labranza de
+nueva aplicación habían dado los resultados que se esperaba; después dio
+sus órdenes para el día siguiente; las multiplicó, sobre todo, con
+referencia a las semillas, y comprendí que no todo el grano cuya
+distribución señalaba, estaba destinado a sus propios campos: había
+mucho perdido, adelantos que hacía o limosnas.
+
+Tomadas estas precauciones, me llevó a la terraza. El tiempo había
+aclarado. La alternativa de sol y lluvia y la temperatura notablemente
+dulce, aunque habíamos pasado ya la mitad del mes de noviembre, eran muy
+apropiadas para alegrar los espíritus vinculados al campo por todo
+género de intereses. La jornada, muy nebulosa al mediodía, terminaba en
+una tarde de oro. Los niños jugaban en el parque mientras la señora de
+Bray iba y venía por el paseo que conducía al bosque vigilándolos de
+cerca. Se perseguían a través de las espesuras, con gritos que imitaban
+los de quiméricos animales y los más a propósito para asustarlos. Los
+mirlos, esos pájaros que se hacen oír los últimos en aquella hora
+avanzada les contestaban con sus silbidos extraños y entrecortados,
+semejantes a ruidosas carcajadas. Un resto de luz solar alumbraba
+débilmente el largo emparrado; los pámpanos ya muy ralos dibujaban sobre
+el cielo muy pálido multitud de recortes agudos y algunos ratones de
+campo que merodeaban con grandes precauciones a lo largo de los tirantes
+del emparrado, desgranaban los pocos racimos de uva marchita que habían
+quedado olvidados por los recolectores. Aquel tranquilo declinar de un
+día nebuloso, precursor de otros más serenos, la seguridad del cielo que
+se despejaba y se embellecía, aquella alegría de los niños para animar
+el parque ya casi despojado de hojas y de verdor, una madre confiada y
+feliz sirviendo de vínculo de unión del padre con los hijos, este último
+grave, llena la mente de pensamientos, confortado, recorriendo a paso
+lento la rica y fecunda alameda cubierta de parra, aquella abundancia en
+medio de aquella paz, aquel colmo del deber en la felicidad, todo, en
+fin, lo que estaba en torno de nosotros constituía, después de nuestra
+conversación, un desenlace tan noble, tan legítimo, tan evidente, que
+conmovido le tomé el brazo a Domingo y se lo apreté aún más
+afectuosamente que de costumbre.
+
+--Sí--me dijo,--amigo mío. He llegado. Pero usted sabe a qué precio y
+con cuánta seguridad, lo está usted viendo.
+
+Había en su mente un movimiento de ideas que continuaba; y como si
+hubiese querido explicarse más claramente con respecto a las
+resoluciones, que por otra parte de por sí se manifestaban, continuó,
+lentamente y con un tono completamente distinto:
+
+--Muchos años han transcurrido desde el día que volví a mi rincón. Si
+alguien no ha olvidado los sucesos que le he relatado, nadie por lo
+menos los recuerda. El silencio que el alejamiento y el tiempo han
+acarreado imponiéndolo para siempre, entre ciertas personas de esta
+historia, les ha permitido considerarse mutuamente perdonados,
+rehabilitados y felices. Oliverio es el único, quiero suponerlo, que se
+ha obstinado hasta última hora en sus sistemas y en sus preocupaciones.
+Había señalado, ya lo recordará usted, el enemigo mortal a quien temía
+más que a ningún otro: puede decirse que ha sucumbido en un duelo con el
+fastidio.
+
+--¿Y Agustín-?--le pregunté.
+
+--Es el solo sobreviviente de mis mejores amigos. Está al final de su
+carrera. Ha llegado en línea recta como rudo andarín al término de un
+largo y difícil viaje. No es un grande hombre, es una gran voluntad. Es
+hoy punto de mira y ejemplo de muchos contemporáneos y es cosa rara una
+tal honradez, llegando bastante alto para dar a la buena gente ganas de
+imitarle. En cuanto a mí--continuó Domingo, he seguido, demasiado
+tarde, con menos mérito, menos valor, pero con igual fortuna, el ejemplo
+que ese corazón sólido me había dado casi en el comienzo de su vida.
+Había comenzado por el reposo en las afecciones, sin turbulencias y ha
+terminado lo mismo que empezó. Pero llevo yo en mi nueva existencia un
+sentimiento que él nunca ha conocido: el de expiar una antigua vida
+ciertamente nociva y rescatarme de errores de los cuales me considero
+aún hoy responsable, porque entiendo que, entre todas las mujeres
+igualmente respetables, hay una solidaridad instintiva, de derechos, de
+honor y de virtudes. Por lo que mira a la resolución de retirarme del
+mundo jamás me he arrepentido de ella. Un hombre que emprende la
+retirada antes de los treinta años y en ella persiste, atestigua con
+bastante franqueza que no había nacido para la vida pública ni para las
+pasiones. No creo, sin embargo, que la vida de actividad reducida que
+llevo, sea un mal punto de vista para juzgar a los hombres en
+movimiento. Advierto que el tiempo ha hecho justicia, en provecho de mis
+opiniones, respecto de muchas apariencias que antes hubieran podido
+causarme la sombra de una duda y como he verificado la mayor parte de
+mis suposiciones, es así mismo posible que también hubiese confirmado
+algunas de mis amarguras. Recuerdo haber sido severo para los demás a
+una edad en que consideraba que debía serlo mucho para conmigo mismo.
+Cada generación, más incierta, que sigue a generaciones ya fatigadas,
+cada gran talento que muere sin descendencia, son señales en que se
+reconoce, dicen, un rebajamiento en la temperatura moral de un país. He
+oído decir que no hay grandes esperanzas que fundar sobre una época en
+que las ambiciones tienen tantos móviles y tan pocas excusas, en que se
+toma comúnmente lo vitalicio por durable, en que todo el mundo se queja
+de la rareza de las obras, en que nadie osa confesar la rareza de los
+hombres...
+
+--¿Y si la cosa fuera verdad?--le dije.
+
+--Estaría dispuesto a creerla, pero nada digo sobre ese punto como sobre
+otros muchos. No corresponde a un desertor decirles ¡fuera! a los
+innumerables valientes que luchan allí mismo en donde él no supo
+mantenerse. Por otra parte, se trata de mí, de mí solo, y para acabar
+con el principal personaje de este cuento, le diré a usted que mi vida
+comienza. Nunca es demasiado tarde, porque si una obra cuesta largo
+tiempo hacerla, un buen ejemplo se da muy pronto. Tengo la afición y la
+ciencia de la tierra, escaso amor propio que le ruego me perdone.
+Fertilizaré mis campos mejor que supe hacerlo con mi espíritu, con menos
+costo, menos angustias, y más utilidad para el mayor provecho de todos
+los que me rodean. A punto he estado de mezclar la inevitable prosa de
+todas las naturalezas inferiores con producciones que no admitían ningún
+elemento vulgar. Hoy, muy felizmente para los placeres de mi espíritu,
+que no está gastado, me será permitido introducir alguna semilla de
+imaginación en esta buena prosa de la agricultura y...
+
+Buscaba una palabra que expresara modestamente el espíritu de su nueva
+misión.
+
+--¿Y de la beneficencia?--le dije.
+
+--Sea, acepto la palabra para la señora de Bray, porque eso le
+corresponde exclusivamente.
+
+En aquel momento la señora de Bray llegaba acompañada de los niños
+sofocados, empapados de sudor. Hubo un instante de completo silencio
+durante el cual, como al final de una sinfonía que expira en un sin fin
+de pequeños acordes, no se oía más que el cuchicheo de los mirlos que
+charlaban mucho, pero ya no reían.
+
+Pocos días después de aquella conversación que me había hecho penetrar
+hasta la intimidad de un espíritu en el cual era la originalidad más
+real haber seguido estrictamente la antigua máxima de conocerse a sí
+mismo, una silla de posta se detuvo en el patio de Trembles.
+
+Apeose de ella un hombre de cabello escaso, gris y cortado al rape,
+pequeño, nervioso con todo el exterior, la fisonomía, la madurez y la
+previsión de un hombre poco ordinario y preocupado de asuntos graves
+hasta en viaje. Perfectamente vestido, por otra parte, su aspecto
+revelaba costumbres elevadas de situación, de mundo y de rango. Examinó
+severamente lo que se veía del castillo, el emparrado, un rincón del
+parque, alzó los ojos hasta las torrecillas y se volvió para contemplar
+las pequeñas ventanas del antiguo departamento de Domingo.
+
+Domingo llegó a la terraza: se reconocieron.
+
+--¡Ah, qué sorpresa, mi amigo tan querido!--dijo Domingo avanzando hacia
+el visitante, las dos manos cordialmente abiertas.
+
+--Buenos días, de Bray--dijo éste con el acento puro y franco de un
+hombre a quien la verdad parece haber refrescado los labios toda la
+vida.
+
+Era Agustín.
+
+FIN
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK FIEBRE DE AMOR (DOMINIQUE)***
+
+
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+
+
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+
+
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+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
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+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit:
+http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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