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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-14 19:57:23 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Historia de la vida del Buscón, llamado Don
+Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, by Francisco de Quevedo
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos,
+ ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños
+
+Author: Francisco de Quevedo
+
+Release Date: May 10, 2010 [EBook #32315]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA ***
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+ Historia de la vida del Buscón
+ llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños
+ de Francisco de Quevedo y Villegas
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo I: En que cuenta quién es el Buscón.
+
+
+Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo,
+natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como
+todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos
+que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor
+de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y
+según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San
+Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal.
+Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola
+con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus
+pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy
+buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos
+enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales;
+persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos
+recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir
+que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros.
+Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les
+daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi
+hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de
+las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en
+la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos
+las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores
+de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las
+calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores
+regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con
+mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más
+que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas
+costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años
+se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los
+daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las
+alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas
+lo colorado.
+
+Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una
+vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a
+cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
+
+-En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y
+otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.
+
+Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo
+canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla
+nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque
+hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de
+adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora
+de gustos, otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros,
+juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de
+carnes y por mal nombre alcahueta. Para unos era tercera, primera para
+otros y flux para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa
+que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.
+
+Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de
+imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de
+caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame
+mi padre:
+
+-Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal.
+
+Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:
+
+-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los
+alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran,
+otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin
+lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las
+que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde
+están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo
+nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las
+iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran
+llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino
+cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño
+en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos
+mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de
+cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los
+nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más
+honradamente que he podido.
+
+-¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera. Yo os he
+sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria y
+mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por
+vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis
+botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera
+lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.
+
+Metílos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente
+y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen
+a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada.
+Parecióles bien lo que decía, aunque lo gruñeron un rato entre los
+dos. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo
+dijo él) no sé si la barba o la bolsa; lo más ordinario era uno y
+otro. Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de
+padres tan celosos de mi bien.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo II: De cómo fue a la escuela y lo que en
+ella le sucedió.
+
+
+A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. Fui,
+señora, a la escuela; recibióme muy alegre diciendo que tenía cara
+de hombre agudo y de buen entendimiento. Yo, con esto, por no
+desmentirle di muy bien la lición aquella mañana. Sentábame el
+maestro junto a sí, ganaba la palmatoria los más días por venir
+antes y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que
+así llamábamos la mujer del maestro. Teníalos a todos con
+semejantes caricias obligados; favorecíanme demasiado, y con esto
+creció la envidia en los demás niños. Llegábame de todos, a los
+hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un
+hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas.
+Íbame a su casa a jugar los días de fiesta y acompañábale cada
+día. Los otros, o que porque no les hablaba o que porque les parecía
+demasiado punto el mío, siempre andaban poniéndome nombres tocantes
+al oficio de mi padre. Unos me llamaban don Navaja, otros don Ventosa;
+cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi
+madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche; otro decía
+que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de
+ratones (por llamarle gato). Unos me decían «zape» cuando pasaba y
+otros «miz». Cuál decía:
+
+-Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa.
+
+Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos, nunca me
+faltaron, gloria a Dios. Y aunque yo me corría disimulaba; todo lo
+sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces
+hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que
+aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra
+y descalabréle. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese;
+contéla el caso; díjome:
+
+-Muy bien hiciste; bien muestras quién eres; sólo anduviste errado
+en no preguntarle quién se lo dijo.
+
+Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvíme a
+ella y roguéla me declarase si le podía desmentir con verdad o que
+me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo
+de mi padre. Rióse y dijo:
+
+-¡Ah, noramaza! ¿Eso sabes decir? No serás bobo; gracia tienes. Muy
+bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean
+verdad, no se han de decir.
+
+Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo
+matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y
+salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza.
+Disimulé, fue mi padre, curó al muchacho, apaciguólo y volvióme a
+la escuela, adonde el maestro me recibió con ira hasta que, oyendo la
+causa de la riña, se le aplacó el enojo considerando la razón que
+había tenido.
+
+En todo esto, siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de
+Zúñiga, que se llamaba don Diego, porque me quería bien
+naturalmente, que yo trocaba con él los peones si eran mejores los
+míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él
+comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al
+toro, y entreteníale siempre. Así que los más días, sus padres del
+caballerito, viendo cuánto le regocijaba mi compañía, rogaban a los
+míos que me dejasen con él a comer y cenar y aun a dormir los más
+días.
+
+Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que
+viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el
+cual tenía fama de confeso, que el don Dieguito me dijo:
+
+-Hola, llámale Poncio Pilato y echa a correr.
+
+Yo, por darle gusto a mi amigo, llaméle Poncio Pilato. Corrióse
+tanto el hombre que dio a correr tras mí con un cuchillo desnudo para
+matarme, de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi
+maestro dando gritos. Entró el hombre tras mí y defendióme el
+maestro de que no me matase, asegurándole de castigarme. Y así luego
+(aunque señora le rogó por mí, movida de lo que yo la servía, no
+aprovechó), mandóme desatacar y azotándome, decía tras cada
+azote:
+
+-¿Diréis más Poncio Pilato?
+
+Yo respondía:
+
+-No, señor.
+
+Y respondílo veinte veces a otros tantos azotes que me dio. Quedé
+tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo, que
+mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los
+otros, llegando al Credo (advierta V. Md. la inocente malicia), al
+tiempo de decir «padeció so el poder de Poncio Pilato»,
+acordándome que no había de decir más Pilatos, dije: «padeció so
+el poder de Poncio de Aguirre». Dióle al maestro tanta risa de oír
+mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido, que me abrazó
+y dio una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces
+que los mereciese. Con esto fui yo muy contento.
+
+En estas niñeces pasé algún tiempo aprendiendo a leer y escribir.
+Llegó (por no enfadar) el de unas Carnestolendas, y trazando el
+maestro de que se holgasen sus muchachos, ordenó que hubiese rey de
+gallos. Echamos suertes entre doce señalados por él y cúpome a mí.
+Avisé a mis padres que me buscasen galas.
+
+Llegó el día y salí en uno como caballo, mejor dijera en un cofre
+vivo, que no anduvo en peores pasos Roberto el diablo, según andaba
+él. Era rucio, y rodado el que iba encima por lo que caía en todo.
+La edad no hay que tratar, biznietos tenía en tahonas. De su raza no
+sé más de que sospecho era de judío según era medroso y
+desdichado. Iban tras mí los demás niños todos aderezados.
+
+Pasamos por la plaza (aun de acordarme tengo miedo), y llegando cerca
+de las mesas de las verduras (Dios nos libre), agarró mi caballo un
+repollo a una, y ni fue visto ni oído cuando lo despachó a las
+tripas, a las cuales, como iba rodando por el gaznate, no llegó en
+mucho tiempo. La bercera (que siempre son desvergonzadas) empezó a
+dar voces; llegáronse otras y con ellas pícaros, y alzando
+zanahorias, garrofales, nabos frisones, tronchos y otras legumbres,
+empiezan a dar tras el pobre rey. Yo, viendo que era batalla nabal y
+que no se había de hacer a caballo, comencé a apearme; mas tal golpe
+me le dieron al caballo en la cara que, yendo a empinarse, cayó
+conmigo en una (hablando con perdón) privada. Púseme cual V. Md.
+puede imaginar. Ya mis muchachos se habían armado de piedras y daban
+tras las revendederas y descalabraron dos.
+
+Yo, a todo esto, después que caí en la privada, era la persona más
+necesaria de la riña. Vino la justicia, comenzó a hacer
+información, prendió a berceras y muchachos mirando a todos qué
+armas tenían y quitándoselas, porque habían sacado algunos dagas de
+las que traían por gala y otros espadas pequeñas. Llegó a mí, y
+viendo que no tenía ningunas, porque me las habían quitado y
+metídolas en una casa a secar con la capa y sombrero, pidióme, como
+digo, las armas, al cual respondí, todo sucio, que si no eran
+ofensivas contra las narices, que yo no tenía otras. Quiero confesar
+a V. Md. que cuando me empezaron a tirar los tronchos, nabos,
+etcétera, que, como yo llevaba plumas en el sombrero, entendiendo que
+me habían tenido por mi madre y que la tiraban, como habían hecho
+otras veces, como necio y muchacho, empecé a decir: «Hermanas,
+aunque llevo plumas, no soy Aldonza de San Pedro, mi madre» (como si
+ellas no lo echaran de ver por el talle y rostro). El miedo me
+disculpó la ignorancia, y el sucederme la desgracia tan de repente.
+
+Pero, volviendo al alguacil, quísome llevar a la cárcel, y no me
+llevó porque no hallaba por donde asirme (tal me había puesto del
+lodo). Unos se fueron por una parte y otros por otra, y yo me vine a
+mi casa desde la plaza martirizando cuantas narices topaba en el
+camino. Entré en ella, conté a mis padres el suceso, y corriéronse
+tanto de verme de la manera que venía que me quisieron maltratar. Yo
+echaba la culpa a las dos leguas de rocín exprimido que me dieron.
+Procuraba satisfacerlos, y, viendo que no bastaba, salíme de su casa
+y fuime a ver a mi amigo don Diego, al cual hallé en la suya
+descalabrado, y a sus padres resueltos por ello de no enviarle más a
+la escuela. Allí tuve nuevas de cómo mi rocín, viéndose en
+aprieto, se esforzó a tirar dos coces, y de puro flaco se le
+desgajaron las dos piernas y se quedó sembrado para otro año en el
+lodo, bien cerca de expirar.
+
+Viéndome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo escandalizado, los
+padres corridos, mi amigo descalabrado y el caballo muerto,
+determinéme de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres,
+sino de quedarme a servir a don Diego o, por mejor decir, en su
+compañía, y esto con gran gusto de los suyos, por el que daba mi
+amistad al niño. Escribí a mi casa que yo no había menester más ir
+a la escuela porque, aunque no sabía bien escribir, para mi intento
+de ser caballero lo que se requería era escribir mal, y que así,
+desde luego renunciaba la escuela por no darles gasto y su
+casa para ahorrarlos de pesadumbre. Avisé de dónde y cómo quedaba y
+que hasta que me diesen licencia no los vería.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo III: De cómo fue a un pupilaje por criado de
+don Diego Coronel.
+
+
+Determinó, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno
+por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que
+había en Segovia un licenciado Cabra que tenía por oficio el criar
+hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para que le
+acompañase y sirviese.
+
+Entramos, primero domingo después de Cuaresma, en poder de la hambre
+viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. Él era un clérigo
+cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos
+avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan
+hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de
+mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y
+Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que
+aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas
+de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba
+a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que
+por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate
+largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a
+buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos
+como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía
+tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy
+espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como
+tablillas de San Lázaro. La habla ética, la barba grande, que nunca
+se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le
+daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar
+que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros.
+Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y
+guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en
+caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se
+sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por
+de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía
+negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía
+cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana
+y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un
+filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba
+los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba.
+La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar
+las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.
+
+A poder de éste, pues, vine, y en su poder estuve con don Diego, y la
+noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una
+plática corta, que aun por no gastar tiempo no duró más. Díjonos
+lo que habíamos de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora de
+comer. Fuimos allá; comían los amos primero y servíamos los
+criados.
+
+El refectorio era un aposento como medio celemín. Sentábanse a una
+mesa hasta cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como
+no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el
+cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a
+enternecerse, y dijo:
+
+-¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son
+amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois
+nuevo. ¿Qué tiene esto de refectorio de Jerónimos para que se
+críen aquí?
+
+Yo, con esto, me comencé a afligir, y más me susté cuando advertí
+que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas,
+con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón. Sentóse el
+licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna,
+sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan
+claro, que en comer una de ellas peligrara Narciso más que en la
+fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado
+tras un garbanzo huérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra
+a cada sorbo:
+
+-Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo
+lo demás es vicio y gula.
+
+Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamiéndoselos, con
+que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echóse su
+escudilla a pechos, diciendo:
+
+-Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.
+
+-¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio
+espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía
+que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a
+vueltas de la carne (apenas), y dijo el maestro en viéndole:
+
+-¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me
+huelgo de verlos comer.
+
+Y tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y
+asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de
+la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo:
+
+-Conforta realmente, y son cordiales.
+
+Que era grande adulador de las legumbres. Repartió a cada uno tan
+poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les
+quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando
+descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía:
+
+-Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.
+
+¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron
+de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el plato dos
+pellejos y unos huesos, y dijo el pupilero:
+
+-Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo
+queramos todo.
+
+-¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado -decía yo-, que tal
+amenaza has hecho a mis tripas!
+
+Echó la bendición, y dijo:
+
+-Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y váyanse hasta las
+dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.
+
+Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse
+mucho y díjome que aprendiese modestia y tres o cuatro sentencias
+viejas y fuese.
+
+Sentámonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis
+tripas pedían justicia, como más sano y más fuerte que los otros,
+arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres
+medrugos los dos y el un pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al
+ruido entró Cabra, diciendo:
+
+-Coman como hermanos, pues Dios les da con qué. No riñan, que para
+todos hay.
+
+Volvióse al sol y dejónos solos. Certifico a V. Md. que vi al uno de
+ellos, que se llamaba Jurre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por
+dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a
+los ojos, y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la
+boca. Pedí yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no
+lo hacían, y diéronme un vaso con agua, y no le hube bien llegado a
+la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunión, me le quitó el
+mozo espiritado que dije. Levantéme con grande dolor de mi alma,
+viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacían
+la razón. Diome gana de descomer, aunque no había comido, digo, de
+proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome:
+
+-Como no lo son en esta casa, no las hay. Para una vez que os
+proveeréis mientras aquí estuviéredes, dondequiera podréis; que
+aquí estoy dos meses ha y no he hecho tal cosa sino el día que
+entré, como ahora vos, de lo que cené en mi casa la noche antes.
+
+¿Cómo encareceré yo mi tristeza y pena? Fue tanta, que considerando
+lo poco que había de entrar en mi cuerpo, no osé, aunque tenía
+gana, echar nada de él. Entretuvímonos hasta la noche. Decíame don
+Diego que qué haría él para persuadir a las tripas que habían
+comido, porque no lo querían creer. Andaban vahídos en aquella casa
+como en otras ahítos.
+
+Llegó la hora de cenar; pasóse la merienda en blanco, y la cena ya
+que no se pasó en blanco, se pasó en moreno: pasas y almendras y
+candil y dos bendiciones, porque se dijese que cenábamos con
+bendición. «Es cosa saludable (decía) cenar poco, para tener el
+estómago desocupado», y citaba una retahíla de médicos infernales.
+Decía alabanzas de la dieta y que se ahorraba un hombre de sueños
+pesados, sabiendo que en su casa no se podía soñar otra cosa sino
+que comían. Cenaron y cenamos todos y no cenó ninguno.
+
+Fuímonos a acostar y en toda la noche pudimos yo ni don Diego dormir,
+él trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase de allí y
+yo aconsejándole que lo hiciese; aunque últimamente le dije:
+
+-Señor, ¿sabéis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que
+en la pendencia de las berceras nos mataron, y que somos ánimas que
+estamos en el Purgatorio. Y así, es por demás decir que nos saque
+vuestro padre, si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y
+nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado.
+
+Entre estas pláticas y un poco que dormimos, se llegó la hora de
+levantar. Dieron las seis y llamó Cabra a lición; fuimos y oímosla
+todos. Mandáronme leer el primer nominativo a los otros, y era de
+manera mi hambre que me desayuné con la mitad de las razones,
+comiéndomelas. Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el
+mozo de Cabra, diciendo que una Cuaresma topó muchos hombres, unos
+metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo en el portal
+de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que venía a sólo
+aquello de fuera; y preguntando a uno un día que qué sería (porque
+Cabra se enojó de que se lo preguntase) respondió que los unos
+tenían sarna y los otros sabañones y que en metiéndolos en aquella
+casa morían de hambre, de manera que no comían desde allí adelante.
+Certificóme que era verdad, y yo, que conocí la casa, lo creo.
+Dígolo porque no parezca encarecimiento lo que dije. Y volviendo a la
+lición, diola y decorámosla. Y prosiguió siempre en aquel modo de
+vivir que he contado. Sólo añadió a la comida tocino en la olla,
+por no sé qué que le dijeron un día de hidalguía allá fuera. Y
+así, tenía una caja de hierro, toda agujerada como salvadera,
+abríala y metía un pedazo de tocino en ella que la llenase y
+tornábala a cerrar y metíala colgando de un cordel en la olla, para
+que la diese algún zumo por los agujeros y quedase para otro día el
+tocino. Parecióle después que en esto se gastaba mucho, y dio en
+sólo asomar el tocino a la olla. Dábase la olla por entendida del
+tocino y nosotros comíamos algunas sospechas de pernil. Pasábamoslo
+con estas cosas como se puede imaginar.
+
+Don Diego y yo nos vimos tan al cabo que, ya que para comer al cabo de
+un mes no hallábamos remedio, le buscamos para no levantarnos de
+mañana; y así, trazamos de decir que teníamos algún mal. No osamos
+decir calentura, porque no la teniendo era fácil de conocer el
+enredo. Dolor de cabeza u muelas era poco estorbo. Dijimos al fin que
+nos dolían las tripas y que estábamos muy malos de achaque de no
+haber hecho de nuestras personas en tres días, fiados en que a
+trueque de no gastar dos cuartos en una melecina, no buscaría el
+remedio. Mas ordenólo el diablo de otra suerte, porque tenía una que
+había heredado de su padre, que fue boticario. Supo el mal, y tomóla
+y aderezó una melecina, y haciendo llamar una vieja de setenta años,
+tía suya, que le servía de enfermera, dijo que nos echase sendas
+gaitas. Empezaron por don Diego; el desventurado atajóse, y la vieja,
+en vez de echársela dentro, disparósela por entre la camisa y el
+espinazo y diole con ella en el cogote, y vino a servir por defuera de
+guarnición la que dentro había de ser aforro. Quedó el mozo dando
+gritos; vino Cabra y, viéndolo, dijo que me echasen a mí la otra,
+que luego tornarían a don Diego. Yo me resistía, pero no me valió,
+porque, teniéndome Cabra y otros, me la echó la vieja, a la cual de
+retorno di con ella en toda la cara. Enojóse Cabra conmigo y dijo que
+él me echaría de su casa, que bien se echaba de ver que era
+bellaquería todo. Yo rogaba a Dios que se enojase tanto que me
+despidiese, mas no lo quiso mi ventura.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo IV: De la convalecencia y ida a estudiar a
+Alcalá de Henares.
+
+
+Entramos en casa de don Alonso y echáronnos en dos camas con mucho
+tiento, porque no se nos desparramasen los huesos de puro roídos de
+la hambre. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la
+cara, y a mí, como había sido mi trabajo mayor y la hambre imperial,
+que al fin me trataban como a criado, en buen rato no me los hallaron.
+Trujeron médicos y mandaron que nos limpiasen con zorras el polvo de
+las bocas, como a retablos, y bien lo éramos de duelos. Ordenaron que
+nos diesen sustancias y pistos. ¡Quién podrá contar, a la primera
+almendrada y a la primera ave, las luminarias que pusieron las tripas
+de contento? Todo les hacía novedad. Mandaron los dotores que por
+nueve días no hablase nadie recio en nuestro aposento, porque como
+estaban huecos los estómagos sonaba en ellos el eco de cualquiera
+palabra.
+
+Con estas y otras prevenciones comenzamos a volver y cobrar algún
+aliento, pero nunca podían las quijadas desdoblarse, que estaban
+magras y alforzadas, y así se dio orden que cada día nos las
+ahormasen con la mano del almirez. Levantábamonos a hacer pinicos
+dentro de cuarenta días, y aún parecíamos sombras de otros hombres,
+y en lo amarillo y flaco simiente de los Padres del yermo. Todo el
+día gastábamos en dar gracias a Dios por habernos rescatado de la
+captividad del fierísimo Cabra, y rogábamos al Señor que ningún
+cristiano cayese en sus manos crueles. Si acaso, comiendo, alguna vez
+nos acordábamos de las mesas del mal pupilero, se nos aumentaba la
+hambre tanto que acrecentábamos la costa aquel día. Solíamos contar
+a don Alonso cómo al sentarse en la mesa nos decía males de la gula
+(no habiéndola él conocido en su vida), y reíase mucho cuando le
+contábamos que en el mandamiento de No matarás, metía perdices y
+capones, gallinas y todas las cosas que no quería darnos, y, por el
+consiguiente, la hambre, pues parecía que tenía por pecado el
+matarla, y aun el herirla, según regateaba el comer.
+
+Pasáronsenos tres meses en esto, y, al cabo, trató don Alonso de
+enviar a su hijo a Alcalá a estudiar lo que le faltaba de la
+Gramática. Díjome a mí si quería ir, y yo, que no deseaba otra
+cosa sino salir de tierra donde se oyese el nombre de aquel malvado
+perseguidor de estómagos, ofrecí de servir a su hijo como vería. Y
+con esto diole un criado para ayo que le gobernase la casa y tuviese
+cuenta del dinero del gasto, que nos daba remitido en cédulas para un
+hombre que se llamaba Julián Merluza. Pusimos el hato en el carro de
+un Diego Monje; era una media camita y otra de cordeles con ruedas
+para meterla debajo de la otra mía y del mayordomo, que se llamaba
+Baranda, cinco colchones, ocho sábanas, ocho almohadas, cuatro
+tapices, un cofre con ropa blanca, y las demás zarandajas de casa.
+Nosotros nos metimos en un coche, salimos a la tardecica, una hora
+antes de anochecer, y llegamos a la media noche, poco más, a la
+siempre maldita venta de Viveros.
+
+El ventero era morisco y ladrón, que en mi vida vi perro y gato
+juntos con la paz que aquel día. Hízonos gran fiesta, y como él y
+los ministros del carretero iban horros (que ya había llegado
+también con el hato antes, porque nosotros veníamos de espacio),
+pegóse al coche, diome a mí la mano para salir del estribo, y
+díjome si iba a estudiar. Yo le respondí que sí; metióme adentro,
+y estaban dos rufianes con unas mujercillas; un cura rezando al olor;
+un viejo mercader y avariento procurando olvidarse de cenar andaba
+esforzando sus ojos que se durmiesen en ayunas; arremedaba los
+bostezos, diciendo: -«Más me engorda un poco de sueño que cuantos
+faisanes tiene el mundo». Dos estudiantes fregones, de los de
+mantellina, panzas al trote, andaban aparecidos por la venta para
+engullir. Mi amo, pues, como más nuevo en la venta y muchacho, dijo:
+
+-Señor huésped, déme lo que hubiere para mí y mis criados.
+
+-Todos los somos de V. Md. -dijeron al punto los rufianes-, y le hemos
+de servir. Hola, güésped, mirad que este caballero os agradecerá lo
+que hiciéredes. Vaciad la dispensa.
+
+Y, diciendo esto, llegóse el uno y quitóle la capa, y dijo:
+
+-Descanse V. Md., mi señor.
+
+Y púsola en un poyo. Estaba yo con esto desvanecido y hecho dueño de
+la venta. Dijo una de las mujeres:
+
+-¡Qué buen talle de caballero! ¿Y va a estudiar? ¿Es V. Md. su
+criado?
+
+Yo respondí, creyendo que era así como lo decían, que yo y el otro
+lo éramos. Preguntáronme su nombre, y no bien lo dije, cuando el uno
+de los estudiantes se llegó a él medio llorando y dándole un abrazo
+apretadísimo, dijo:
+
+-Oh, mi señor don Diego, ¿quién me dijera a mí, agora diez años,
+que había de ver yo a V. Md. de esta manera? ¡Desdichado de mí, que
+estoy tal que no me conocerá V. Md.!
+
+Él se quedó admirado, y yo también, que juráramos entrambos no
+haberle visto en nuestra vida. El otro compañero andaba mirando a don
+Diego a la cara, y dijo a su amigo:
+
+-¿Es este señor de cuyo padre me dijistes vos tantas cosas? ¡Gran
+dicha ha sido nuestra conocelle según está de grande! ¡Dios le
+guarde!
+
+Y empezó a santiguarse. ¿Quién no creyera que se habían criado con
+nosotros? Don Diego se le ofreció mucho, y preguntándole su nombre,
+salió el ventero y puso los manteles, y oliendo la estafa, dijo:
+
+-Dejen eso, que después de cenar se hablará, que se enfría.
+
+Llegó un rufián y puso asientos para todos y una silla para don
+Diego, y el otro trujo un plato. Los estudiantes dijeron:
+
+-Cene V. Md., que, entre tanto que a nosotros nos aderezan lo que
+hubiere, le serviremos a la mesa.
+
+-¡Jesús! -dijo don Diego-; V. Mds. se sienten, si son servidos.
+
+Y a esto respondieron los rufianes, no hablando con ellos:
+
+-Luego, mi señor, que aún no está todo a punto.
+
+Yo, cuando vi a los unos convidados y a los otros que se convidaban,
+afligíme y temí lo que sucedió. Porque los estudiantes tomaron la
+ensalada, que era un razonable plato, y mirando a mi amo, dijeron:
+
+-No es razón que donde está un caballero tan principal se queden
+estas damas sin comer. Mande V. Md. que alcancen un bocado.
+
+Él, haciendo del galán, convidólas. Sentáronse, y entre los dos
+estudiantes y ellas no dejaron sino un cogollo, en cuatro bocados, el
+cual se comió don Diego. Y al dársele, aquel maldito estudiante le
+dijo:
+
+-Un abuelo tuvo V. Md., tío de mi padre, que jamás comió lechugas,
+y son malas para la memoria, y más de noche, y éstas no son tan
+buenas.
+
+Y diciendo esto sepultó un panecillo, y el otro, otro. Pues ¿las
+mujeres? Ya daban cuenta de un pan, y el que más comía era el cura,
+con el mirar sólo. Sentáronse los rufianes con medio cabrito asado y
+dos lonjas de tocino y un par de palomas cocidas, y dijeron:
+
+-Pues padre, ¿ahí se está? Llegue y alcance, que mi señor don
+Diego nos hace merced a todos.
+
+Pesia diez, la Iglesia ha de ser la primera.
+
+No bien se lo dijeron, cuando se sentó. Ya, cuando vio mi amo que
+todos se le habían encajado, comenzóse a afligir. Repartiéronlo
+todo y a don Diego dieron no sé qué huesos y alones diciendo que
+«del cabrito el huesecito y del ave el aloncito» y que el refrán lo
+decía. Con lo cual nosotros comimos refranes y ellos aves. Lo demás
+se engulleron el cura y los otros.
+
+Decían los rufianes:
+
+-No cene mucho, señor, que le hará mal.
+
+Y replicaba el maldito estudiante:
+
+-Y más que es menester hacerse a comer poco para la vida de Alcalá.
+
+Yo y el otro criado estábamos rogando a Dios que les pusiese en
+corazón que dejasen algo. Y ya que lo hubieron comido todo y que el
+cura repasaba los huesos de los otros, volvió el un rufián y dijo:
+
+-Oh, pecador de mí, no habemos dejado nada a los criados. Vengan
+aquí V. Mds. Ah, señor güésped, déles todo lo que hubiere; vea
+aquí un doblón.
+
+Tan presto saltó el descomulgado pariente de mi amo (digo el
+estudiantón) y dijo:
+
+-Aunque V. Md. me perdone, señor hidalgo, debe de saber poco de
+cortesía. ¿Conoce, por dicha, a mi señor primo? Él dará a sus
+criados, y aun a los nuestros si los tuviéramos, como nos ha dado a
+nosotros.
+
+Y volviéndose a don Diego, que estaba pasmado, dijo:
+
+-No se enoje V. Md., que no le conocían.
+
+Maldiciones le eché cuando vi tan gran disimulación que no pensé
+acabar.
+
+Levantaron las mesas y todos dijeron a don Diego que se acostase. Él
+quería pagar la cena y replicáronle que no lo hiciese, que a la
+mañana habría lugar. Estuviéronse un rato parlando; preguntóle su
+nombre al estudiante, y él dijo que se llamaba tal Coronel. (En los
+infiernos descanse, dondequiera que está.) Vio al avariento que
+dormía, y dijo:
+
+-¿V. Md. quiere reír? Pues hagamos alguna burla a este mal viejo,
+que no ha comido sino un pero en todo el camino, y es riquísimo.
+
+Los rufianes dijeron:
+
+-Bien haya el licenciado; hágalo, que es razón.
+
+Con esto, se llegó y sacó al pobre viejo, que dormía, de debajo de
+los pies unas alforjas, y desenvolviéndolas halló una caja, y como
+si fuera de guerra hizo gente. Llegáronse todos, y abriéndola, vio
+ser de alcorzas. Sacó todas cuantas había y en su lugar puso
+piedras, palos y lo que halló, y encima dos o tres yesones y un
+tarazón de teja. Cerró la caja y púsola donde estaba, y dijo:
+
+-Pues aún no basta, que bota tiene el viejo.
+
+Sacóla el vino y desenfundando una almohada de nuestro coche,
+después de haber echado un poco de vino debajo, se la llenó de lana
+y estopa, y la cerró. Con esto, se fueron todos a acostar para una
+hora que quedaba o media, y el estudiante lo puso todo en las
+alforjas, y en la capilla del gabán le echó una gran piedra, y fuese
+a dormir.
+
+Llegó la hora de caminar; despertaron todos, y el viejo todavía
+dormía. Llamáronle, y al levantarse, no podía levantar la capilla
+del gabán. Miró lo que era, y el mesonero adrede le riñó,
+diciendo:
+
+-Cuerpo de Dios, ¿no halló otra cosa que llevarse, padre, sino esa
+piedra? ¿Qué les parece a V. Mds., si yo no lo hubiera visto? Cosa
+es que estimo en más de cien ducados, porque es contra el dolor de
+estómago.
+
+Juraba y perjuraba diciendo que no había metido él tal en la
+capilla.
+
+Los rufianes hicieron la cuenta, y vino a montar de cena sólo treinta
+reales, que no entendiera Juan de Leganés la suma. Decían los
+estudiantes:
+
+-No pide más un ochavo.
+
+Y respondió un rufián:
+
+-No, sino burlárase con este caballero delante de nosotros; aunque
+ventero, sabe lo que ha de hacer. Déjese V. Md. gobernar, que en mano
+está...
+
+Y tosiendo, cogió el dinero, contólo y, sobrando del que sacó mi
+amo cuatro reales, los asió, diciendo:
+
+-Éstos le daré de posada, que a estos pícaros con cuatro reales se
+les tapa la boca.
+
+Quedamos asustados con el gasto. Almorzamos un bocado, y el viejo
+tomó sus alforjas y, porque no viésemos lo que sacaba y no partir
+con nadie, desatólas a oscuras debajo del gabán, y agarrando un
+yesón echósele en la boca y fuele a hincar una muela y medio diente
+que tenía, y por poco los perdiera. Comenzó a escupir y hacer gestos
+de asco y de dolor; llegamos todos a él, y el cura el primero,
+diciéndole que qué tenía. Empezóse a ofrecer a Satanás; dejó
+caer las alforjas; llegóse a él el estudiante, y dijo:
+
+-¡Arriedro vayas, cata la cruz!
+
+Otro abrió un breviario; hiciéronle creer que estaba endemoniado,
+hasta que él mismo dijo lo que era, y pidió que le dejasen enjaguar
+la boca con un poco de vino, que él traía bota. Dejáronle y,
+sacándola, abrióla; y echando en un vaso un poco de vino, salió con
+la lana y estopa un vino salvaje, tan barbado y velloso que no se
+podía beber ni colar. Entonces acabó de perder la paciencia el
+viejo, pero viendo las descompuestas carcajadas de risa, tuvo por bien
+el callar y subir en el carro con los rufianes y las mujeres. Los
+estudiantes y el cura se ensartaron en dos borricos, y nosotros nos
+subimos en el coche; y no bien comenzó a caminar cuando unos y otros
+nos comenzaron a dar vaya, declarando la burla. El ventero decía:
+
+-Señor nuevo, a pocas estrenas como ésta, envejecerá.
+
+El cura decía:
+
+-Sacerdote soy; allá se lo diré de misas.
+
+Y el estudiante maldito voceaba:
+
+-Señor primo, otra vez rásquese cuando le coman y no después.
+
+El otro decía:
+
+-Sarna de V. Md., señor don Diego.
+
+Nosotros dimos en no hacer caso; Dios sabe cuán corridos íbamos. Con
+estas y otras cosas, llegamos a la villa; apeámonos en un mesón, y
+en todo el día, que llegamos a las nueve, acabamos de contar la cena
+pasada, y nunca pudimos en limpio sacar el gasto. Quejábamonos
+nosotros a don Alonso, y el Cabra le hacía creer que lo hacíamos por
+no asistir al estudio. Con esto no nos valían plegarias.
+
+Metió en casa la vieja por ama, para que guisase de comer y sirviese
+a los pupilos y despidió al criado porque le halló un viernes a la
+mañana con unas migajas de pan en la ropilla. Lo que pasamos con la
+vieja, Dios lo sabe. Era tan sorda que no oía nada; entendía por
+señas; ciega, y tan gran rezadora que un día se le desensartó el
+rosario sobre la olla y nos la trujo con el caldo más devoto que he
+comido. Unos decían: -«¡Garbanzos negros! Sin duda son de
+Etiopía». Otro decía: -«¡Garbanzos con luto! ¿Quién se les
+habrá muerto?» Mi amo fue el primero que se encajó una cuenta, y al
+mascarla se quebró un diente. Los viernes solía inviar unos güevos,
+con tantas barbas fuerza de pelos y canas suyas que pudieran pretender
+corregimiento u abogacía Pues meter el badil por el cucharón y
+inviar una escudilla de caldo empedrada era ordinario. Mil veces topé
+yo sabandijas, palos y estopa de la que hilaba en la olla. Y todo lo
+metía para que hiciese presencia en las tripas y abultase.
+
+Pasamos en este trabajo hasta la Cuaresma; vino, y a la entrada de
+ella estuvo malo un compañero. Cabra, por no gastar, detuvo el llamar
+médico hasta que ya él pedía confesión más que otra cosa. Llamó
+entonces un platicante, el cual le tomó el pulso y dijo que la hambre
+le había ganado por la mano en matar aquel hombre. Diéronle el
+Sacramento, y el pobre, cuando le vio (que había un día que no
+hablaba), dijo:
+
+-Señor mío Jesucristo, necesario ha sido el veros entrar en esta
+casa para persuadirme que no es el infierno.
+
+Imprimiéronseme estas razones en el corazón. Murió el pobre mozo,
+enterrámosle muy pobremente por ser forastero, y quedamos todos
+asombrados. Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oídos de
+don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo, desengañóse de los
+embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos
+sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado. Vino a
+sacarnos del pupilaje y teniéndonos delante nos preguntaba por
+nosotros. Y tales nos vio que sin aguardar a más, tratando muy mal de
+palabra al licenciado Vigilia, nos mandó llevar en dos sillas a casa.
+Despedímonos de los compañeros, que nos seguían con los deseos y
+con los ojos, haciendo las lástimas que hace el que queda en Argel
+viendo venir rescatados por la Trinidad sus compañeros.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo V: De la entrada de Alcalá, patente y burlas
+que le hicieron por nuevo.
+
+
+Antes que anocheciese salimos del mesón a la casa que nos tenían
+alquilada, que estaba fuera la puerta de Santiago, patio de
+estudiantes donde hay muchos juntos, aunque esta teníamos entre tres
+moradores diferentes no más. Era el dueño y huésped de los que
+creen en Dios por cortesía o sobre falso; moriscos los llaman en el
+pueblo. Recibióme, pues, el huésped con peor cara que si yo fuera el
+Santísimo Sacramento. Ni sé si lo hizo porque le comenzásemos a
+tener respeto o por ser natural suyo de ellos, que no es mucho que
+tenga mala condición quien no tiene buena ley. Pusimos nuestro
+hatillo, acomodamos las camas y lo demás, y dormimos aquella noche.
+
+Amaneció, y helos aquí en camisa a todos los estudiantes de la
+posada a pedir la patente a mi amo. Él, que no sabía lo que era,
+preguntóme que qué querían, y yo, entre tanto, por lo que podía
+suceder, me acomodé entre dos colchones y sólo tenía la media
+cabeza fuera, que parecía tortuga. Pidieron dos docenas de reales;
+diéronselos y con tanto comenzaron una grita del diablo, diciendo:
+
+-¡Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad! Goce de las
+preeminencias de antiguo. Pueda tener sarna, andar manchado y padecer
+la hambre que todos.
+
+Y con esto (¡mire V. Md. qué previlegios!) volaron por la escalera,
+y al momento nos vestimos nosotros y tomamos el camino para escuelas.
+A mi amo apadrináronle unos colegiales conocidos de su padre y entró
+en su general, pero yo, que había de entrar en otro diferente y fui
+solo, comencé a temblar. Entré en el patio, y no hube metido bien un
+pie, cuando me encararon y comenzaron a decir: -«¡Nuevo!». Yo por
+disimular di en reír, como que no hacía caso; mas no bastó, porque
+llegándose a mí ocho o nueve, comenzaron a reírse. Púseme
+colorado; nunca Dios lo permitiera, pues al instante se puso uno que
+estaba a mi lado las manos en las narices y apartándose, dijo:
+
+-Por resucitar está este Lázaro, según olisca.
+
+Y con esto todos se apartaron tapándose las narices. Yo, que me
+pensé escapar, puse las manos también y dije:
+
+-V. Mds. tienen razón, que huele muy mal.
+
+Dioles mucha risa y, apartándose, ya estaban juntos hasta ciento.
+Comenzaron a escarrar y tocar al arma y en las toses y abrir y cerrar
+de las bocas, vi que se me aparejaban gargajos. En esto, un manchegazo
+acatarrado hízome alarde de uno terrible, diciendo:
+
+-Esto hago.
+
+Yo entonces, que me vi perdido, dije:
+
+-¡Juro a Dios que ma...!
+
+Iba a decir te, pero fue tal la batería y lluvia que cayó sobre mí,
+que no pude acabar la razón. Yo estaba cubierto el rostro con la
+capa, y tan blanco, que todos tiraban a mí, y era de ver cómo
+tomaban la puntería. Estaba ya nevado de pies a cabeza, pero un
+bellaco, viéndome cubierto y que no tenía en la cara cosa, arrancó
+hacia mí diciendo con gran cólera:
+
+-¡Baste, no le déis con el palo!
+
+Que yo, según me trataban, creí de ellos que lo harían. Destapéme
+por ver lo que era, y al mismo tiempo, el que daba las voces me
+enclavó un gargajo en los dos ojos. Aquí se han de considerar mis
+angustias. Levantó la infernal gente una grita que me aturdieron, y
+yo, según lo que echaron sobre mí de sus estómagos, pensé que por
+ahorrar de médicos y boticas aguardan nuevos para purgarse. Quisieron
+tras esto darme de pescozones pero no había dónde sin llevarse en
+las manos la mitad del afeite de mi negra capa, ya blanca por mis
+pecados. Dejáronme, y iba hecho zufaina de viejo a pura saliva. Fuime
+a casa, que apenas acerté, y fue ventura el ser de mañana, pues
+sólo topé dos o tres muchachos, que debían de ser bien inclinados
+porque no me tiraron más de cuatro o seis trapajos y luego me
+dejaron.
+
+Entré en casa, y el morisco que me vio comenzóse a reír y a hacer
+como que quería escupirme. Yo, que temí que lo hiciese, dije:
+
+-Tené, huésped, que no soy Ecce-Homo.
+
+Nunca lo dijera, porque me dio dos libras de porrazos, dándome sobre
+los hombros con las pesas que tenía. Con esta ayuda de costa, medio
+derrengado, subí arriba; y en buscar por dónde asir la sotana y el
+manteo para quitármelos, se pasó mucho rato. Al fin, le quité y me
+eché en la cama y colguélo en una azutea. Vino mi amo y como me
+halló durmiendo y no sabía la asquerosa aventura, enojóse y
+comenzó a darme repelones con tanta prisa, que a dos más, despierto
+calvo. Levantéme dando voces y quejándome, y él, con más cólera,
+dijo:
+
+-¿Es buen modo de servir ése, Pablos? Ya es otra vida.
+
+Yo, cuando oí decir «otra vida», entendí que era ya muerto, y
+dije:
+
+-Bien me anima V. Md. en mis trabajos. Vea cuál está aquella sotana
+y manteo, que ha servido de pañizuelo a las mayores narices que se
+han visto jamás en paso, y mire estas costillas.
+
+Y con esto empecé a llorar. Él, viendo mi llanto, creyólo, y
+buscando la sotana y viéndola, compadecióse de mí y dijo:
+
+-Pablos, abre el ojo que asan carne. Mira por ti, que aquí no tienes
+otro padre ni madre.
+
+Contéle todo lo que había pasado y mandóme desnudar y llevar a mi
+aposento (que era donde dormían cuatro criados de los huéspedes de
+casa). Acostéme y dormí; y con esto, a la noche, después de haber
+comido y cenado bien, me hallé fuerte y ya como si no hubiera pasado
+por mí nada. Pero, cuando comienzan desgracias en uno, parece que
+nunca se han de acabar, que andan encadenadas y unas traían a otras.
+Viniéronse a acostar los otros criados y, saludándome todos, me
+preguntaron si estaba malo y cómo estaba en la cama. Yo les conté el
+caso y, al punto, como si en ellos no hubiera mal ninguno, se
+empezaron a santiguar, diciendo:
+
+-No se hiciera entre luteranos. ¿Hay tal maldad?
+
+Otro decía:
+
+-El retor tiene la culpa en no poner remedio. ¿Conocerá los que
+eran?
+
+Yo respondí que no, y agradecíles la merced que me mostraban hacer.
+Con esto se acabaron de desnudar, acostáronse, mataron la luz, y
+dormíme yo, que me parecía que estaba con mi padre y mis hermanos.
+Debían de ser las doce cuando el uno de ellos me despertó a puros
+gritos, diciendo:
+
+-¡Ay, que me matan! ¡Ladrones!
+
+Sonaban en su cama, entre estas voces, unos golpazos de látigo. Yo
+levanté la cabeza y dije:
+
+-¿Qué es eso?
+
+Y apenas la descubrí, cuando con una maroma me asentaron un azote con
+hijos en todas las espaldas. Comencé a quejarme; quíseme levantar;
+quejábase el otro también; dábanme a mí sólo. Yo comencé a
+decir:
+
+-¡Justicia de Dios!
+
+Pero menudeaban tanto los azotes sobre mí, que ya no me quedó, por
+haberme tirado las frazadas abajo, otro remedio sino el de meterme
+debajo de la cama. Hícelo así, y al punto los tres que dormían
+empezaron a dar gritos también, y como sonaban los azotes, yo creí
+que alguno de fuera nos daba a todos. Entre tanto, aquel maldito que
+estaba junto a mí se pasó a mi cama y proveyó en ella, y cubrióla,
+volviéndose a la suya. Cesaron los azotes y levantáronse con grandes
+gritos todos cuatro, diciendo:
+
+-¡Es gran bellaquería, y no ha de quedar así!
+
+Yo todavía me estaba debajo de la cama quejándome como perro cogido
+entre puertas, tan encogido que parecía galgo con calambre. Hicieron
+los otros que cerraban la puerta, y yo entonces salí de donde estaba
+y subíme a mi cama, preguntando si acaso les habían hecho mal. Todos
+se quejaban de muerte.
+
+Acostéme y cubríme y torné a dormir, y como entre sueños me
+revolcase, cuando desperté halléme proveído y hecho una necesaria.
+Levantáronse todos y yo tomé por achaque los azotes para no
+vestirme. No había diablos que me moviesen de un lado. Estaba
+confuso, considerando si acaso, con el miedo y la turbación, sin
+sentirlo, había hecho aquella vileza, o si entre sueños. Al fin, yo
+me hallaba inocente y culpado y no sabía cómo disculparme.
+
+Los compañeros se llegaron a mí, quejándose y muy disimulados, a
+preguntarme cómo estaba; yo les dije que muy malo, porque me habían
+dado muchos azotes. Preguntábales yo que qué podía haber sido, y
+ellos decían:
+
+-A fe que no se escape, que el matemático nos lo dirá. Pero, dejando
+esto, veamos si estáis herido, que os quejábades mucho.
+
+Y diciendo esto, fueron a levantar la ropa con deseo de afrentarme. En
+esto, mi amo entró diciendo:
+
+-¿Es posible, Pablos, que no he de poder contigo? Son las ocho ¿y
+estáste en la cama? ¡Levántate enhoramala!
+
+Los otros, por asegurarme, contaron a don Diego el caso todo y
+pidiéronle que me dejase dormir. Y decía uno:
+
+-Y si V. Md. no lo cree, levantad, amigo.
+
+Y agarraba de la ropa. Yo la tenía asida con los dientes por no
+mostrar la caca. Y cuando ellos vieron que no había remedio por aquel
+camino, dijo uno:
+
+-¡Cuerpo de Dios y cómo hiede!
+
+Don Diego dijo lo mismo, porque era verdad, y luego, tras él, todos
+comenzaron a mirar si había en el aposento algún servicio. Decían
+que no se podía estar allí. Dijo uno:
+
+-¡Pues es muy bueno esto para haber de estudiar!
+
+Miraron las camas y quitáronlas para ver debajo, y dijeron:
+
+-Sin duda debajo de la de Pablos hay algo; pasémosle a una de las
+nuestras y miremos debajo de ella.
+
+Yo, que veía poco remedio en el negocio y que me iban a echar la
+garra, fingí que me había dado mal de corazón: agarréme a los
+palos, hice visajes... Ellos, que sabían el misterio, apretaron
+conmigo, diciendo:
+
+-¡Gran lástima!
+
+Don Diego me tomó el dedo del corazón y, al fin, entre los cinco me
+levantaron, y al alzar las sábanas fue tanta la risa de todos viendo
+los recientes no ya palominos sino palomos grandes, que se hundía el
+aposento.
+
+-¡Pobre de él! -decían los bellacos (yo hacía del desmayado)-;
+tírele V. Md. mucho de ese dedo del corazón.
+
+Y mi amo, entendiendo hacerme bien, tanto tiró que me le
+desconcertó. Los otros trataron de darme un garrote en los muslos, y
+decían:
+
+-El pobrecito agora sin duda se ensució, cuando le dio el mal.
+
+¡Quién dirá lo que yo sentía, lo uno con la vergüenza,
+descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin, de
+miedo de que me le diesen, que ya me tenían los cordeles en los
+muslos, hice que había vuelto, y por presto que lo hice, como los
+bellacos iban con malicia, ya me habían hecho dos dedos de señal en
+cada pierna. Dejáronme diciendo:
+
+-¡Jesús, y qué flaco sois!
+
+Yo lloraba de enojo, y ellos decían adrede:
+
+-Más va en vuestra salud que en haberos ensuciado. Callá.
+
+Y con esto me pusieron en la cama, después de haberme lavado, y se
+fueron.
+
+Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había
+pasado en Alcalá en un día que todo lo que me sucedió con Cabra. A
+mediodía me vestí, limpié la sotana lo mejor que pude, lavándola
+como gualdrapa, y aguardé a mi amo que, en llegando, me preguntó
+cómo estaba. Comieron todos los de la casa y yo, aunque poco y de
+mala gana. Y después, juntándonos todos a parlar en el corredor, los
+otros criados, después de darme vaya, declararon la burla. Riéronla
+todos, doblóse mi afrenta, y dije entre mí: -«Avisón, Pablos,
+alerta». Propuse de hacer nueva vida, y con esto, hechos amigos,
+vivimos de allí adelante todos los de la casa como hermanos, y en las
+escuelas y patios nadie me inquietó más.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo VI: De las crueldades de la ama, y travesuras
+que hizo.
+
+
+«Haz como viere» dice el refrán, y dice bien. De puro considerar en
+él, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si
+pudiese, que todos. No sé si salí con ello, pero yo aseguro a V. Md.
+que hice todas las diligencias posibles.
+
+Lo primero, yo puse pena de la vida a todos los cochinos que se
+entrasen en casa y a los pollos de la ama que del corral pasasen a mi
+aposento. Sucedió que un día entraron dos puercos del mejor garbo
+que vi en mi vida. Yo estaba jugando con los otros criados, y oílos
+gruñir, y dije al uno:
+
+-Vaya y vea quién gruñe en nuestra casa.
+
+Fue, y dijo que dos marranos. Yo que lo oí, me enojé tanto que salí
+allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento venir a
+gruñir a casa ajena. Y diciendo esto, envásole a cada uno a puerta
+cerrada la espada por los pechos, y luego los acogotamos. Porque no se
+oyese el ruido que hacían, todos a la par dábamos grandísimos
+gritos como que cantábamos y así expiraron en nuestras manos.
+Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros jergones los
+medio chamuscamos en el corral, de suerte que cuando vinieron los amos
+ya estaba todo hecho, aunque mal, si no eran los vientres, que aún no
+estaban acabadas de hacer las morcillas. Y no por falta de prisa, en
+verdad, que por no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que
+ellas se tenían dentro, y nos las comimos las más como se las traía
+hechas el cochino en la barriga.
+
+Supo, pues, don Diego el caso, y enojóse conmigo de manera que
+obligó a los huéspedes (que de risa no se podían valer) a volver
+por mí. Preguntábame don Diego que qué había de decir si me
+acusaban y me prendía la justicia, a lo cual respondí yo que me
+llamaría a hambre, que es el sagrado de los estudiantes; y que si no
+me valiese, diría que como se entraron sin llamar a la puerta como en
+su casa, que entendí que eran nuestros. Riéronse todos de las
+disculpas. Dijo don Diego:
+
+-A fe, Pablos, que os hacéis a las armas.
+
+Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso,
+que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio.
+
+No cabía el ama de contento conmigo, porque éramos dos al mohíno:
+habíamonos conjurado contra la despensa. Yo era el despensero Judas,
+de botas a bolsa, que desde entonces hereda no sé qué amor a la sisa
+este oficio. La carne no guardaba en manos de la ama la orden
+retórica, porque siempre iba de más a menos; no era nada carnal,
+antes de puro penitente estaba en los huesos. Y la vez que podía
+echar cabra u oveja no echaba carnero, y si había huesos, no entraba
+cosa magra. Era cercenadora de porciones como de moneda, y así hacía
+unas ollas éticas de puro flacas, unos caldos que a estar cuajados se
+pudieran hacer sartas de cristal de ellos. Las Pascuas, por
+diferenciar, para que estuviese gorda la olla, solía echar cabos de
+vela de sebo y así decía que estaban sus ollas gordas por el cabo. Y
+era verdad según me lo parló un pabilo que yo masqué un día. Ella
+decía, cuando yo estaba delante:
+
+-Mi amo, por cierto que no hay servicio como el de Pablicos, si él no
+fuese travieso; consérvele V. Md., que bien se le puede sufrir el ser
+bellaquillo por la fidelidad; lo mejor de la plaza trae.
+
+Yo, por el consiguiente, decía de ella lo mismo y así teníamos
+engañada la casa. Si se compraba aceite de por junto, carbón o
+tocino, escondíamos la mitad, y cuando nos parecía, decíamos el ama
+y yo:
+
+-Modérese V. Md. en el gasto, que en verdad que si se dan tanta prisa
+no baste la hacienda del Rey. Ya se ha acabado el aceite o el carbón.
+Pero tal prisa le han dado. Mande V. Md. comprar más y a fe que se ha
+de lucir de otra manera. Denle dineros a Pablicos.
+
+Dábanmelos y vendíamosles la mitad sisada, y de lo que comprábamos
+sisábamos la otra mitad; y esto era en todo, y si alguna vez compraba
+yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo.
+
+Ella decía:
+
+-No me digas a mí, Pablicos, que esto son dos cuartos de ensalada.
+
+Yo hacía que lloraba, daba voces, íbame a quejar a mi señor, y
+apretábale para que enviase al mayordomo a saberlo, para que callase
+la ama, que adrede porfiaba. Iban y sabíanlo, y con esto
+asegurábamos al amo y al mayordomo, y quedaban agradecidos, en mí a
+las obras, y en el ama al celo de su bien. Decíale don Diego, muy
+satisfecho de mí:
+
+-¡Así fuese Pablicos aplicado a virtud como es de fiar! ¿Toda esta
+es la lealtad que me decís vos de él?
+
+Tuvímoslos de esta manera, chupándolos como sanguijuelas. Yo
+apostaré que V. Md. se espanta de la suma de dinero que montaba al
+cabo del año. Ello mucho debió de ser, pero no debía obligar a
+restitución, porque el ama confesaba y comulgaba de ocho a ocho días
+y nunca la vi rastro de imaginación de volver nada ni hacer
+escrúpulo, con ser, como digo, una santa.
+
+Traía un rosario al cuello siempre, tan grande, que era más barato
+llevar un haz de leña a cuestas. De él colgaban muchos manojos de
+imágines, cruces y cuentas de perdones que hacían ruido de sonajas.
+Bendecía las ollas y al espumar hacía cruces con el cucharón. Yo
+pienso que las conjuraba por sacarles los espíritus, ya que no tenía
+carne. En todas las imágines decía que rezaba cada noche por sus
+bienhechores; contaba ciento y tantos santos abogados suyos, y en
+verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo
+que pecaba. Acostábase en un aposento encima del de mi amo, y rezaba
+más oraciones que un ciego. Entraba por el Justo Juez y acababa en el
+Conquibules, que ella decía, y en la Salve Rehína. Decía las
+oraciones en latín adrede por fingirse inocente, de suerte que nos
+despedazábamos de risa todos. Tenía otras habilidades; era
+conqueridora de voluntades y corchete de gustos, que es lo mismo que
+alcahueta; pero disculpábase conmigo diciendo que le venía de casta
+como al rey de Francia sanar lamparones.
+
+¿Pensará V. Md. que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora
+que dos amigos, como sean codiciosos, si están juntos, se han de
+procurar engañar el uno al otro? «Ésta ha de ser ruin conmigo, pues
+lo es con su amo», decía yo entre mí; ella debía de decir lo mismo
+porque chocamos de embuste el uno con el otro, y por poco se
+descubriera la hilaza. Quedamos enemigos como gatos y gatos, que en
+despensa es peor que gatos y perros.
+
+Yo, que me vi ya mal con el ama, y que no la podía burlar, busqué
+nuevas trazas de holgarme y di en lo que llaman los estudiantes correr
+o arrebatar. En esto me sucedieron cosas graciosísimas, porque yendo
+una noche a las nueve (que anda poca gente) por la calle Mayor, vi una
+confitería y en ella un cofín de pasas sobre el tablero, y tomando
+vuelo, vine a agarrarle y di a correr. El confitero dio tras mí, y
+otros criados y vecinos. Yo, como iba cargado, vi que aunque les
+llevaba ventaja, me habían de alcanzar, y al volver una esquina,
+sentéme sobre él y envolví la capa a la pierna de presto y empecé
+a decir, con la pierna en la mano, fingiéndome pobre:
+
+-¡Ay! ¡Dios se lo perdone, que me ha pisado!
+
+Oyéronme esto y en llegando, empecé a decir: «Por tan alta
+Señora», y lo ordinario de la «hora menguada» y «aire corrupto».
+Ellos se venían desgañifando, y dijéronme:
+
+-¿Va por aquí un hombre, hermano?
+
+-Ahí adelante, que aquí me pisó, loado sea el Señor.
+
+Arrancaron con esto y fuéronse; quedé solo, llevéme el cofín a
+casa, conté la burla, y no quisieron creer que había sucedido así,
+aunque lo celebraron mucho. Por lo cual, los convidé para otra noche
+a verme correr cajas. Vinieron, y advirtiendo ellos que estaban las
+cajas dentro la tienda y que no las podía tomar con la mano,
+tuviéronlo por imposible, y más por estar el confitero, por lo que
+sucedió al otro de las pasas, alerta. Vine, pues, y metiendo doce
+pasos atrás de la tienda mano a la espada, que era un estoque recio,
+partí corriendo, y en llegando a la tienda, dije:
+
+-«¡Muera!». Y tiré una estocada por delante del confitero. Él se
+dejó caer pidiendo confesión, y yo di la estocada en una caja y la
+pasé y saqué en la espada y me fui con ella. Quedáronse espantados
+de ver la traza y muertos de risa de que el confitero decía que le
+mirasen, que sin duda le había herido, y que era un hombre con quien
+él había tenido palabras. Pero, volviendo los ojos, como quedaron
+desbaratadas al salir de la caja las que estaban alrededor, echó de
+ver la burla, y empezó a santiguarse que no pensó acabar. Confieso
+que nunca me supo cosa tan bien.
+
+Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo
+que corría, que es lo mismo que hurtar, en nombre revesado. Yo, como
+era muchacho y oía que me alababan el ingenio con que salía de estas
+travesuras, animábame para hacer muchas más. Cada día traía la
+pretina llena de jarras de monjas, que les pedía para beber y me
+venía con ellas; introduje que no diesen nada sin prenda primero.
+Y así, prometí a don Diego y a todos los compañeros, de quitar una
+noche las espadas a la mesma ronda. Señalóse cuál había de ser, y
+fuimos juntos, yo delante, y en columbrando la justicia, lleguéme con
+otro de los criados de casa, muy alborotado, y dije:
+
+-¿Justicia?
+
+Respondieron:
+
+-Sí.
+
+-¿Es el corregidor?
+
+Dijeron que sí. Hinquéme de rodillas y dije:
+
+-Señor, en sus manos de V. Md. está mi remedio y mi venganza y mucho
+provecho de la república; mande V. Md. oírme dos palabras a solas,
+si quiere una gran prisión.
+
+Apartóse; ya los corchetes estaban empuñando las espadas y los
+alguaciles poniendo mano a las varitas. Yo le dije:
+
+-Señor, yo he venido desde Sevilla siguiendo seis hombres los más
+facinorosos del mundo, todos ladrones y matadores de hombres, y entre
+ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mío por
+saltearlos, y le está probado esto; y vienen acompañando, según los
+he oído decir, a una espía francesa; y aun sospecho, por lo que les
+he oído, que es... (y bajando más la voz dije) Antonio Pérez. Con
+esto, el corregidor dio un salto hacia arriba, y dijo:
+
+-¿Y dónde están?
+
+-Señor, en la casa pública; no se detenga V. Md., que las ánimas de
+mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el Rey acá.
+
+-¡Jesús! -dijo-, no nos detengamos. ¡Hola, seguidme todos! Dadme
+una rodela.
+
+Yo entonces le dije, tornándole a apartar:
+
+-Señor, perderse ha V. Md. si hace eso, porque antes importa que
+todos V. Mds. entren sin espadas, y uno a uno, que ellos están en los
+aposentos y traen pistoletes, y en viendo entrar con espadas, como
+saben que no la puede traer sino la justicia, dispararán. Con dagas
+es mejor, y cogerlos por detrás los brazos, que demasiados vamos.
+
+Cuadróle al corregidor la traza, con la codicia de la prisión. En
+esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de
+unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que
+está enfrente casi de la casa; pusiéronlas y caminaron. Yo, que
+había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a
+casa fuese todo uno, hízolo así; y al entrar todos quedéme atrás
+el postrero, y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba,
+di cantonada y emboquéme por una callejuela que va a dar a la
+Vitoria, que no me alcanzara un galgo.
+
+Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes
+y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome,
+sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron
+media. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el
+corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las
+caras y mirando las armas. Llegaron a casa, y yo, porque no me
+conociesen, estaba echado en la cama con un tocador y con una vela en
+la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a
+morir, y los demás rezando las letanías. Llegó el retor y la
+justicia, y viendo el espectáculo, se salieron, no persuadiéndose
+que allí pudiera haber habido lugar para cosa. No miraron nada, antes
+el retor me dijo un responso; preguntó si estaba ya sin habla, y
+dijéronle que sí; y con tanto, se fueron desesperados de hallar
+rastro, jurando el retor de remitirle si le topasen, y el corregidor
+de ahorcarle fuese quien fuese. Levantéme de la cama, y hasta hoy no
+se ha acabado de solemnizar la burla en Alcalá.
+
+Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del
+pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras
+(que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos)
+sustentaba la chimenea de casa todo el año. Callo las pensiones que
+tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de
+alrededor. Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso
+y agudo entre todos. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban
+servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por
+el mucho amor que me tenía.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Primero: Capítulo VII: De la ida de don Diego, y nuevas de la
+muerte de su padre y madre, y la resolución que tomó en sus cosas
+para adelante.
+
+
+En este tiempo vino a don Diego una carta de su padre, en cuyo pliego
+venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón, hombre allegado a
+toda virtud y muy conocido en Segovia por lo que era allegado a la
+justicia, pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta
+parte, han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad,
+pero una águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de
+dejarse ahorcar. Este, pues, me escribió una carta a Alcalá, desde
+Segovia, en esta forma:
+
+«Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así),
+las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su
+Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el
+servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra
+honrilla de ser sus criados.
+
+Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días
+ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como
+quien lo guindó. Subió en el asno sin poner pie en el estribo;
+veníale el sayo vaquero que parecía haberse hecho para él, y como
+tenía aquella presencia, nadie le veía con los Cristos delante que
+no le juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las
+ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por
+mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los
+confesores y íbales alabando lo que decían bueno.
+
+Llegó a la N de palo, puso el un pie en la escalera, no subió a
+gatas ni despacio y viendo un escalón hendido, volvióse a la
+justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro, que no todos
+tenían su hígado. No os sabré encarecer cuán bien pareció a
+todos.
+
+Sentóse arriba, tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y
+púsola en la nuez. Y viendo que el teatino le quería predicar,
+vuelto a él, le dijo: -«Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco
+de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo».
+Hízose así; encomendóme que le pusiese la caperuza de lado y que le
+limpiase las barbas. Yo lo hice así. Cayó sin encoger las piernas ni
+hacer gesto; quedó con una gravedad que no había más que pedir.
+Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos. Dios sabe lo que a
+mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos, pero
+yo entiendo que los pasteleros de esta tierra nos consolarán,
+acomodándole en los de a cuatro.
+
+De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo
+mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque
+desenterraba los muertos sin ser murmuradora. Halláronla en su casa
+más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros. Y lo
+menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. Dicen que
+representará en un auto el día de la Trinidad, con cuatrocientos de
+muerte. Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que
+al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
+
+Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros
+padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados. Vuestro tío soy, y
+lo que tengo ha de ser para vos. Vista ésta, os podéis venir aquí,
+que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en
+el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto, Dios os
+guarde».
+
+No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holguéme en
+parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus
+desgracias, por grandes que sean, a los hijos). Fuime corriendo a don
+Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que
+se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las
+travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir
+y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a
+mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo
+para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije:
+
+-Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico y más
+autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada
+cual mi piedra en el rollo, agora tengo mi padre.
+
+Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado,
+cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi
+señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a
+él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin
+vergüenza. Lastimóse mucho y preguntóme que qué pensaba hacer.
+
+Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se
+fue a Segovia harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi
+desventura.
+
+Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y
+comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi
+hacienda y conocer mis parientes para huir de ellos.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo I: Del camino de Alcalá para Segovia, y de
+lo que le sucedió en él hasta Rejas, donde durmió aquella noche.
+
+
+Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado.
+Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados, que eran
+sin número. Vendí lo poco que tenía de secreto, para el camino, y
+con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales. Alquilé una
+mula y salíme de la posada, adonde ya no tenía que sacar más de mi
+sombra. ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado, las
+solicitudes del ama por el salario, las voces del huésped de la casa
+por el arrendamiento? Uno decía: -«¡Siempre me lo dijo el
+corazón!»; otro: -«¡Bien me decían a mí que este era un
+trampista!». Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con
+mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de
+los que lloraban.
+
+Yo me iba entreteniendo por el camino considerando en estas cosas,
+cuando pasado Torote, encontré con un hombre en un macho de albarda,
+el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido,
+que aun estando a su lado no me veía. Saludéle y saludóme;
+preguntéle dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas,
+comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco y de las fuerzas del
+Rey. Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra
+Santa y cómo se ganaría Argel, en los cuales discursos eché de ver
+que era loco repúblico y de gobierno.
+
+Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar
+de una cosa en otra, en Flandes. Aquí fue ello, que empezó a
+suspirar y a decir:
+
+-Más me cuestan a mí esos estados que al Rey, porque ha catorce
+años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera,
+ya estuviera todo sosegado.
+
+-¿Qué cosa puede ser -le dije yo- que, conviniendo tanto, sea
+imposible y no se pueda hacer?
+
+-¿Quién le dice a V. Md. -dijo luego- que no se pueda hacer?.
+Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa. Y si no fuera por dar
+pesadumbre, le contara a V. Md. lo que es; pero allá se verá, que
+agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le
+doy al Rey modo de ganar a Ostende por dos caminos.
+
+Roguéle que me los dijese, y al punto, sacando de las faldriqueras un
+gran papel, me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y
+dijo:
+
+-Bien ve V. Md. que la dificultad de todo está en este pedazo de
+mar..., pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de
+allí.
+
+Di yo con este desatino una gran risada, y él entonces mirándome a
+la cara, me dijo:
+
+-A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto, que a todos les
+da gran contento.
+
+-Ese tengo yo, por cierto -le dije-, de oír cosa tan nueva y tan bien
+fundada, pero advierta V. Md. que ya que chupe el agua que hubiere
+entonces, tornará luego la mar a echar más.
+
+-No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado -me
+respondió-, y no hay que tratar; fuera de que yo tengo pensada una
+invención para hundir la mar por aquella parte doce estados.
+
+No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para
+tirar el cielo acá abajo. No vi en mi vida tan gran orate. Decíame
+que Joanelo no había hecho nada, que él trazaba agora de subir toda
+el agua de Tajo a Toledo de otra manera más fácil. Y sabido lo que
+era, dijo que por ensalmo: ¡Mire V. Md. quién tal oyó en el mundo!
+Y al cabo, me dijo:
+
+-Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una
+encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy
+honrada.
+
+Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón, donde se
+quedó, que venía a ver una parienta suya.
+
+Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que
+ocupaba el tiempo, cuando, Dios y enhorabuena, desde lejos vi una mula
+suelta y un hombre junto a ella a pie, que mirando a un libro hacía
+unas rayas que medía con un compás. Daba vueltas y saltos a un lado
+y a otro, y de rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, hacía
+con ellos mil cosas saltando. Yo confieso que entendí por gran rato
+(que me paré desde lejos a verlo) que era encantador, y casi no me
+determinaba a pasar. Al fin me determiné, y llegando cerca,
+sintióme, cerró el libro, y al poner el pie en el estribo,
+resbalósele y cayó. Levantéle, y díjome:
+
+-No tomé bien el medio de proporción para hacer la circunferencia al
+subir.
+
+Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más
+desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme si iba a
+Madrid por línea recta o si iba por camino circunflejo. Yo, aunque no
+lo entendí, le dije que circunflejo. Preguntóme cúya era la espada
+que llevaba al lado. Respondíle que mía, y mirándola, dijo:
+
+-Esos gavilanes habían de ser más largos, para reparar los tajos que
+se forman sobre el centro de las estocadas.
+
+Y empezó a meter una parola tan grande que me forzó a preguntarle
+qué materia profesaba. Díjome que él era diestro verdadero y que lo
+haría bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije:
+
+-Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a V. Md. en el campo
+denantes, que más le tenía por encantador, viendo los círculos.
+
+-Eso -me dijo- era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo
+con el compás mayor, continuando la espada para matar sin confesión
+al contrario, porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en
+términos de matemática.
+
+-¿Es posible -le dije yo- que hay matemática en eso?
+
+-No solamente matemática -dijo-, mas teología, filosofía, música y
+medicina.
+
+-Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte.
+
+-No os burléis -me dijo-, que agora aprendo yo la limpiadera contra
+la espada, haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las
+aspirales de la espada.
+
+-No entiendo cosa de cuantas me decís, chica ni grande.
+
+-Pues este libro las dice -me respondió-, que se llama Grandezas de
+la espada, y es muy bueno y dice milagros; y para que lo creáis, en
+Rejas que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer
+maravillas. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro
+matará a todos los que quisiere.
+
+-U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún
+doctor.
+
+-¿Cómo doctor? Bien lo entiende -me dijo-: es un gran sabio y aun
+estoy por decir más.
+
+En estas pláticas llegamos a Rejas. Apeámonos en una posada y al
+apearnos me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso
+con las piernas, y que reduciéndolas a líneas paralelas me pusiese
+perpendicular en el suelo. El huésped, que me vio reír y le vio,
+preguntóme que si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella
+suerte. Pensé con esto perder el juicio. Llegóse luego al güésped,
+y díjole:
+
+-Señor, déme dos asadores para dos o tres ángulos, que al momento
+se los volveré.
+
+-¡Jesús! -dijo el huésped-, déme V. Md. acá los ángulos, que mi
+mujer los asará; aunque aves son que no las he oído nombrar.
+
+-¡Que no son aves! -dijo volviéndose a mí-. Mire V. Md. lo que es
+no saber. Déme los asadores, que no los quiero sino para esgrimir;
+que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que
+ha ganado en su vida.
+
+En fin, los asadores estaban ocupados y hubimos de tomar dos
+cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. Daba un
+salto y decía:
+
+-Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil. Ahora me
+aprovecho del movimiento remiso para matar el natural. Ésta había de
+ser cuchillada y éste tajo.
+
+No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón,
+y como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla que se sale.
+Díjome al fin:
+
+-Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos
+maestros de esgrima, que no saben sino beber.
+
+No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un
+mulatazo mostrando las presas, con un sombrero enjerto en guardasol y
+un coleto de ante debajo de una ropilla suelta y llena de cintas,
+zambo de piernas a lo águila imperial, la cara con un per signum
+crucis de inimicis suis, la barba de ganchos, con unos bigotes de
+guardamano y una daga con más rejas que un locutorio de monjas. Y,
+mirando al suelo, dijo:
+
+-Yo soy examinado y traigo la carta, y por el sol que calienta los
+panes, que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como
+profesa la destreza.
+
+Yo que vi la ocasión, metíme en medio y dije que no hablaba con él,
+y que así no tenía por qué picarse.
+
+-Meta mano a la blanca si la trae y apuremos cuál es verdadera
+destreza, y déjese de cucharones.
+
+El pobre de mi compañero abrió el libro, y dijo en altas voces:
+
+-Este libro lo dice, y está impreso con licencia del Rey, y yo
+sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el
+cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo.
+
+Y sacó el compás, y empezó a decir:
+
+-Este ángulo es obtuso.
+
+Y entonces, el maestro sacó la daga, y dijo:
+
+-Y no sé quién es Ángulo ni Obtuso, ni en mi vida oí decir tales
+hombres, pero con esta en la mano le haré yo pedazos.
+
+Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la
+casa, diciendo:
+
+-No me puede dar, que le he ganado los grados del perfil.
+
+Metímoslos en paz el huésped y yo y otra gente que había, aunque de
+risa no me podía mover.
+
+Metieron al buen hombre en su aposento, y a mí con él; cenamos, y
+acostámonos todos los de la casa. Y a las dos de la mañana,
+levántase en camisa y empieza a andar a oscuras por el aposento,
+dando saltos y diciendo en lengua matemática mil disparates.
+
+Despertóme a mí, y no contento con esto, bajó el huésped para que
+le diese luz, diciendo que había hallado objeto fijo a la estocada
+sagital por la cuerda. El huésped se daba a los diablos de que lo
+despertase, y tanto le molestó que le llamó loco. Y con esto se
+subió y me dijo que si me quería levantar vería la treta tan famosa
+que había hallado contra el turco y sus alfanjes. Y decía que luego
+se la quería ir a enseñar al Rey, por ser en favor de los
+católicos.
+
+En esto amaneció, vestímonos todos, pagamos la posada, hicímoslos
+amigos a él y al maestro, el cual se apartó diciendo que el libro
+que alegaba mi compañero era bueno, pero que hacía más locos que
+diestros, porque los más no le entendían.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo II: De lo que le sucedió hasta llegar a
+Madrid, con un poeta.
+
+
+Yo tomé mi camino para Madrid y él se despidió de mí por ir
+diferente jornada. Y ya que estaba apartado, volvió con gran prisa, y
+llamándome a voces, estando en el campo donde no nos oía nadie, me
+dijo al oído:
+
+-Por vida de V. Md., que no diga nada de todos los altísimos secretos
+que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí,
+pues tiene buen entendimiento.
+
+Yo le prometí de hacerlo, tornóse a partir de mí, y yo empecé a
+reírme del secreto tan gracioso.
+
+Con esto caminé más de una legua que no topé persona. Iba yo entre
+mí pensando en las muchas dificultades que tenía para profesar honra
+y virtud, pues había menester tapar primero la poca de mis padres, y
+luego tener tanta que me desconociesen por ella. Y parecíanme a mí
+tan bien estos pensamientos honrados, que yo me los agradecía a mí
+mismo. Decía a solas: «Más se me ha de agradecer a mí, que no he
+tenido de quien aprender virtud ni a quien parecer en ella, que al que
+la hereda de sus abuelos».
+
+En estas razones y discursos iba, cuando topé un clérigo muy viejo
+en una mula, que iba camino de Madrid. Trabamos plática y luego me
+preguntó que de dónde venía; yo le dije que de Alcalá.
+
+-Maldiga Dios -dijo él- tan mala gente como hay en ese pueblo, pues
+falta entre todos un hombre de discurso.
+
+Preguntéle que cómo o por qué se podía decir tal de lugar donde
+asistían tantos doctos varones. Y él, muy enojado dijo:
+
+-¿Doctos? Yo le diré a V. Md. qué tan doctos, que habiendo más de
+catorce años que hago yo en Majalahonda, donde he sido sacristán,
+las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el
+cartel unos cantarcicos, y porque vea V. Md. la sinrazón, se los he
+de leer, que yo sé que se holgará.
+
+Y diciendo y haciendo, desenvainó una retahíla de copias
+pestilenciales, y por la primera, que era ésta, se conocerán las
+demás:
+
+ Pastores, ¿no es lindo chiste,
+ que es hoy el señor san Corpus Criste?
+ Hoy es el día de las danzas
+ en que el Cordero sin mancilla
+ tanto se humilla,
+ que visita nuestras panzas,
+ y entre estas bienaventuranzas
+ entra en el humano buche.
+ Suene el lindo sacabuche,
+ pues nuestro bien consiste.
+ Pastores, ¿no es lindo chiste?
+
+-¿Qué pudiera decir más -me dijo- el mismo inventor de los chistes?
+Mire qué misterios encierra aquella palabra pastores: más me costó
+de un mes de estudio.
+
+Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se me salía por
+los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije:
+
+-¡Cosa admirable! Pero sólo reparo en que llama V. Md. señor san
+Corpus Criste, y Corpus Christi no es santo sino el día de la
+institución del Sacramento.
+
+-¡Qué lindo es eso! -me respondió haciendo burla-; yo le daré en
+el calendario, y está canonizado y apostaré a ello la cabeza.
+
+No pude porfiar, perdido de risa de ver la suma ignorancia; antes le
+dije cierto que eran dignas de cualquier premio y que no había oído
+cosa tan graciosa en mi vida.
+
+-¿No? -dijo al mismo punto-; pues oya V. Md. un pedacito de un
+librillo que tengo hecho a las once mil vírgenes adonde a cada una he
+compuesto cincuenta octavas, cosa rica.
+
+Yo, por excusarme de oír tanto millón de octavas, le supliqué que
+no me dijese cosa a lo divino. Y así, me comenzó a recitar una
+comedia que tenía más jornadas que el camino de Jerusalén.
+Decíame:
+
+-Hícela en dos días, y este es el borrador.
+
+Y sería hasta cinco manos de papel. El título era El arca de Noé.
+Hacíase toda entre gallos y ratones, jumentos, raposas, lobos y
+jabalíes, como fábulas de Isopo. Yo le alabé la traza y la
+invención, a lo cual me respondió:
+
+-Ello cosa mía es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la
+novedad es más que todo; y si yo salgo con hacerla representar, será
+cosa famosa.
+
+-¿Cómo se podrá representar -le dije yo-, si han de entrar los
+mismos animales y ellos no hablan?
+
+-Esa es la dificultad, que a no haber esa, ¿había cosa más alta?
+Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos, tordos y picazas,
+que hablan, y meter para el entremés monas.
+
+-Por cierto, alta cosa es esa.
+
+-Otras más altas he hecho yo -dijo- por una mujer a quien amo. Y vea
+aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que
+contaba escudos por maravedís) hechos a las piernas de mi dama.
+
+Yo le dije que si se las había visto él, y díjome que no había
+hecho tal por las órdenes que tenía, pero que iban en profecía los
+conceptos. Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle,
+tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática
+a otras cosas. Decíale que veía liebres, y él saltaba:
+
+-Pues empezaré por uno donde la comparo a ese animal.
+
+Y empezaba luego; y yo, por divertirle, decía:
+
+-¿No ve V. Md. aquella estrella que se ve de día?
+
+A lo cual, dijo:
+
+-En acabando éste, le diré el soneto treinta, en que la llamo
+estrella, que no parece sino que sabe los intentos de ellos.
+
+Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no
+hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a
+Madrid, no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza
+callaría; pero fue al revés, porque por mostrar lo que era, alzó la
+voz entrando por la calle. Yo le supliqué que lo dejase, poniéndole
+por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no
+se viniese por sus pies tras nosotros, por estar declarados por locos
+en una premática que había salido contra ellos, de uno
+que lo fue y se recogió a buen vivir. Pidióme que se la leyese si la
+tenía, muy congojado. Prometí de hacerlo en la posada. Fuímonos a
+una, donde él se acostumbraba apear, y hallamos a la puerta más de
+doce ciegos. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz.
+Diéronle una barahúnda de bienvenido; abrazólos a todos, y luego
+empezaron unos a pedirle oración para el Justo Juez en verso grave y
+sonoro, tal que provocase a gestos; otros pidieron de las ánimas; y
+por aquí discurrió, recibiendo ocho reales de señal de cada uno.
+Despidiólos, y díjome:
+
+-Más me han de valer de trescientos reales los ciegos; y así, con
+licencia de V. Md., me recogeré agora un poco, para hacer algunas de
+ellas, y en acabando de comer oiremos la premática.
+
+¡Oh vida miserable! Pues ninguna lo es más que la de los locos que
+ganan de comer con los que lo son.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo III: De lo que hizo en Madrid, y lo que le
+sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde durmió.
+
+
+Recogióse un rato a estudiar herejías y necedades para los ciegos.
+Entre tanto, se hizo hora de comer; comimos, y luego pidióme que le
+leyese la premática. Yo, por no haber otra cosa que hacer, la saqué
+y se la leí. La cual pongo aquí, por haberme parecido aguda y
+conveniente a lo que se quiso reprehender en ella. Decía en este
+tenor:
+
+ Premática del desengaño contra
+ los poetas güeros, chirles y hebenes
+
+Diole al sacristán la mayor risa del mundo, y dijo:
+
+-¡Hablara yo para mañana! Por Dios, que entendí que hablaba
+conmigo, y es sólo contra los poetas hebenes:
+
+Cayóme a mí muy en gracia oírle decir esto, como si él fuera muy
+albillo o moscatel. Dejé el prólogo y comencé el primer capítulo
+que decía:
+
+«Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son
+nuestros prójimos, y cristianos aunque malos; viendo que todo el año
+adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados
+más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas
+públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen
+sacando Cristos para convertirlos. Y para esto señalamos casas de
+arrepentidos.
+
+»Ítem, advirtiendo los grandes bochornos que hay en las caniculares
+y nunca anochecidas coplas de los poetas de sol, como pasas, a fuerza
+de los soles y estrellas que gastan en hacerlas, les ponemos perpetuo
+silencio en las cosas del cielo, señalando meses vedados a las musas,
+como a la caza y pesca, porque no se agoten con la prisa que las dan.
+
+»Ítem, habiendo considerado que esta secta infernal de hombres
+condenados a perpetuo concepto, despedazadores del vocablo y
+volteadores de razones, han pegado el dicho achaque de poesía a las
+mujeres, declaramos que nos tenemos por desquitados con este mal que
+las hemos hecho del que nos hicieron en la manzana. Y por cuanto el
+siglo está pobre y necesitado, mandamos quemar las coplas de los
+poetas, como franjas viejas, para sacar el oro, plata y perlas, pues
+en los más versos hacen sus damas de todos metales, como estatuas de
+Nabuco».
+
+Aquí no lo pudo sufrir el sacristán y levantándose en pie, dijo:
+
+-¡Mas no, sino quitarnos las haciendas! No pase V. Md. adelante, que
+sobre eso pienso ir al Papa y gastar lo que tengo. Bueno es que yo,
+que soy eclesiástico, había de padecer ese agravio. Yo probaré que
+las coplas del poeta clérigo no están sujetas a tal premática y
+luego quiero irlo a averiguar ante la justicia.
+
+En parte me dio gana de reír, pero por no detenerme, que se me hacía
+tarde, le dije:
+
+-Señor, esta premática es hecha por gracia, que no tiene fuerza ni
+apremia, por estar falta de autoridad.
+
+-¡Pecador de mí! -dijo muy alborotado-, avisara V. Md. y hubiérame
+ahorrado la mayor pesadumbre del mundo. ¿Sabe V. Md. lo que es
+hallarse un hombre con ochocientas mil coplas de contado y oír eso?
+Prosiga V. Md., y Dios le perdone el susto que me dio.
+
+Proseguí diciendo:
+
+»Ítem, advirtiendo que después que dejaron de ser moros (aunque
+todavía conservan algunas reliquias) se han metido a pastores, por lo
+cual andan los ganados flacos de beber sus lágrimas, chamuscados con
+sus ánimas encendidas, y tan embebecidos en su música que no pacen,
+mandamos que dejen el tal oficio, señalando ermitas a los amigos de
+soledad. Y a los demás, por ser oficio alegre y de pullas, que se
+acomoden en mozos de mulas».
+
+-¡Algún puto, cornudo, bujarrón y judío -dijo en altas voces-
+ordenó tal cosa! Y si supiera quién era yo le hiciera una sátira
+con tales coplas que le pesara a él y a todos cuantos las vieran de
+verlas. ¡Miren qué bien le estaría a un hombre lampiño como yo la
+ermita! ¡O a un hombre vinajeroso y sacristando ser mozo de mulas!
+Ea, señor, que son grandes pesadumbres esas.
+
+-Ya le he dicho a V. Md. -repliqué- que son burlas, y que las oiga
+como tales.
+
+Proseguí diciendo: «Que por estorbar los grandes hurtos, mandábamos
+que no se pasasen coplas de Aragón a Castilla, ni de Italia a
+España, so pena de andar bien vestido el poeta que tal hiciese, y, si
+reincidiese, de andar limpio un hora».
+
+Esto le cayó muy en gracia, porque traía él una sotana con canas,
+de puro vieja, y con tantas cazcarrias que para enterrarle no era
+menester más de estregársela encima. El manteo, se podían
+estercolar con él dos heredades.
+
+Y así, medio riendo, le dije que mandaban también tener entre los
+desesperados que se ahorcan y despeñan, y que como a tales no las
+enterrasen en sagrado a las mujeres que se enamoran de poeta a secas.
+Y que advirtiendo a la gran cosecha de redondillas, canciones y
+sonetos que había habido en estos años fértiles, mandaban que los
+legajos que por sus deméritos escapaban de las especerías, fuesen a
+las necesarias sin apelación.
+
+Y, por acabar, llegué al postrer capítulo, que decía así:
+
+«Pero advirtiendo con ojos de piedad a que hay tres géneros de
+gentes en la república tan sumamente miserables que no pueden vivir
+sin los tales poetas, como son farsantes, ciegos y sacristanes,
+mandamos que pueda haber algunos oficiales públicos de esta arte, con
+tal que puedan tener carta de examen de los caciques de los poetas que
+fueren en aquellas partes, limitando a los poetas de farsantes que no
+acaben los entremeses con palos ni diablos, ni las comedias en
+casamientos, ni hagan las trazas con papeles o cintas, y a los de
+ciegos, que no sucedan en Tetuán los casos, desterrándoles estos
+vocablos: cristián, amada, humanal y pundonores; y mandándoles que,
+para decir la presente obra, no digan zozobra, y a los de sacristanes,
+que no hagan los villancicos con Gil ni Pascual, que no jueguen del
+vocablo, ni hagan los pensamientos de tornillo, que mudándoles el
+nombre, se vuelvan a cada fiesta. Y finalmente, mandamos a todos los
+poetas en común que se descarten de Júpiter, Venus, Apolo y otros
+dioses, so pena de que los tendrán por abogados a la hora de su
+muerte».
+
+A todos los que oyeron la premática pareció cuanto bien se puede
+decir, y todos me pidieron traslado de ella. Sólo el sacristanejo
+empezó a jurar por vida de las vísperas solemnes, introibo y
+Chiries, que era sátira contra él, por lo que decía de los ciegos,
+y que él sabía mejor lo que había de hacer que nadie. Y
+últimamente dijo:
+
+-Hombre soy yo que he estado en un aposento con Liñán, y he comido
+más de dos veces con Espinel. Y que había estado en Madrid tan cerca
+de Lope de Vega como lo estaba de mí, y que había visto a don Alonso
+de Ercilla mil veces, y que tenía en su casa un retrato del divino
+Figueroa, y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla
+cuando se metió fraile, y que hoy día los traía, y malos.
+Enseñólos, y dioles esto a todos tanta risa, que no querían salir
+de la posada.
+
+Al fin, ya eran las dos, y como era forzoso el camino, salimos de
+Madrid. Yo me despedí de él, aunque me pesaba, y comencé a caminar
+para el puerto. Quiso Dios que porque no fuese pensando en mal, me
+topase con un soldado. Iba en cuerpo y en alma, el cuello en el
+sombrero, los calzones vueltos, la camisa en la espada, la espada al
+hombro, los zapatos en la faldriquera, alpargatas, y medias de lienzo,
+sus frascos en la pretina y un poco de órgano en cajas de hoja de
+lata para papeles. Luego trabamos plática; preguntóme si venía de
+la Corte; dije que de paso había estado en ella.
+
+-No está para más -dijo luego- que es pueblo para gente ruin. Más
+quiero, ¡voto a Cristo!, estar en un sitio, la nieve a la cinta,
+hecho un reloj, comiendo madera, que sufriendo las supercherías que
+se hacen a un hombre de bien. Y en llegando a ese lugarcito del diablo
+nos remiten a la sopa y al coche de los pobres en San Felipe donde
+cada día en corrillos se hace consejo de estado, y guerra en pie y
+desabrigada. Y en vida nos hacen soldados en pena por los cementerios,
+y si pedimos entretenimiento nos envían a la comedia, y si ventajas,
+a los jugadores. Y con esto, comidos de piojos y huéspedas, nos
+volvemos en este pelo a rogar a los moros y herejes con nuestros
+cuerpos.
+
+A esto le dije yo que advirtiese que en la Corte había de todo, y que
+estimaban mucho a cualquier hombre de suerte.
+
+-¿Qué estiman -dijo muy enojado- si he estado yo ahí seis meses
+pretendiendo una bandera, tras veinte años de servicios y haber
+perdido mi sangre en servicio del Rey, como lo dicen estas heridas?
+Y quiso desatacarse. Y dije:
+
+-Señor mío, desatacarse más es brindar a puto que enseñar
+heridas.
+
+Creo que pretendía introducir en picazos algunas almorranas. Luego,
+en los calcañares, me enseñó otras dos señales, y dijo que eran
+balas, y yo saqué por otras dos mías que tengo que habían sido
+sabañones. Y las balas pocas veces se andan a roer zancajos. Estaba
+derrengado de algún palo que le dieron porque se dormía haciendo
+guarda y decía que era de un astillazo. Quitóse el sombrero y
+mostróme el rostro; calzaba dieciséis puntos de cara, que tantos
+tenía en una cuchillada que le partía las narices. Tenía otros tres
+chirlos que se la volvían mapa a puras líneas.
+
+-Estas me dieron -dijo- defendiendo a París, en servicio de Dios y
+del Rey, por quien veo trinchado mi gesto, y no he recibido sino
+buenas palabras, que agora tienen lugar de malas obras. Lea estos
+papeles -me dijo-, por vida del licenciado, que no ha salido en
+campaña, ¡voto a Cristo!, hombre, ¡vive Dios!, tan señalado.
+
+Y decía verdad, porque lo estaba a puros golpes. Comenzó a sacar
+cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles, que debían de ser de
+otro a quien había tomado el nombre. Yo los leí y dije mil cosas en
+su alabanza y que el Cid ni Bernardo no habían hecho lo que él.
+Saltó en esto y dijo:
+
+-¿Cómo lo que yo? ¡Voto a Dios!, ni lo que García de Paredes,
+Julián Romero y otros hombres de bien, ¡pese al diablo! Sé que
+entonces no había artillería, ¡voto a Dios!, que no hubiera
+Bernardo para un hora en este tiempo. Pregunte V. Md. en Flandes por
+la hazaña del Mellado, y verá lo que le dicen.
+
+-¿Es V. Md. acaso? -le dije yo.
+
+Y él respondió:
+
+-¿Pues qué otro? ¿No me ve la mella que tengo en los dientes? No
+tratemos de esto, que parece mal alabarse el hombre.
+
+Yendo en estas conversaciones, topamos en un borrico un ermitaño, con
+una barba tan larga que hacía lodos con ella, macilento y vestido de
+paño pardo. Saludamos con el Deo gracias acostumbrado y empezó a
+alabar los trigos y en ellos la misericordia del Señor. Saltó el
+soldado, y dijo:
+
+-¡Ah, padre!, más espesas he visto yo las picas sobre mí, y, ¡voto
+a Cristo!, que hice en el saco de Amberes lo que pude; sí, ¡juro a
+Dios!
+
+El ermitaño le reprehendió que no jurase tanto, a lo cual dijo:
+
+-Padre, bien se echa de ver que no es soldado, pues me reprehende mi
+propio oficio.
+
+Diome a mí gran risa de ver en lo que ponía la soldadesca, y eché
+de ver que era algún picarón gallina, porque ya entre soldados no
+hay costumbre más aborrecida de los de más importancia, cuando no de
+todos. El ermitaño le dijo:
+
+-Y ¿dónde dejó V. Md. el saco de Amberes, que ese me parece de las
+Navas-, y que sería de más abrigo el de Amberes.
+
+Rióse mucho el soldado de la pregunta, y el ermitaño de su desnudez,
+y con tanto llegamos a la falda del puerto, el ermitaño rezando el
+rosario de una carga de leña hecha bolas, de manera que a cada
+avemaría sonaba un cabe; el soldado iba comparando las peñas a los
+castillos que había visto, y mirando cuál lugar era fuerte y a
+dónde se había de plantar la artillería. Yo iba mirando tanto el
+rosariazo del ermitaño, con las cuentas frisonas, como la espada del
+soldado.
+
+-¡Oh, cómo volaría yo con pólvora gran parte de este puerto
+-decía-, y hiciera buena obra a los caminantes!
+
+-No hay tal como hacer buenas obras -decía el santero. Y pujaba un
+suspiro por remate. Iba entre sí rezando a silbos oraciones de
+culebra.
+
+En estas cosas divertidos, llegamos a Cercedilla. Entramos en la
+posada todos tres juntos, ya anochecido; mandamos aderezar la cena
+-era viernes-, y entre tanto, el ermitaño dijo:
+
+-Entretengámonos un rato, que la ociosidad es madre de los vicios;
+juguemos avemarías.
+
+Y dejó caer de la manga el descuadernado. Diome a mí gran risa al
+ver aquello, considerando en las cuentas. El soldado dijo:
+
+-No, sino juguemos hasta cien reales que yo traigo, en amistad.
+
+Yo, codicioso, dije que jugaría otros tantos, y el ermitaño, por no
+hacer mal tercio, aceptó, y dijo que allí llevaba el aceite de la
+lámpara, que eran hasta doscientos reales. Yo confieso que pensé ser
+su lechuza y bebérsele, pero ansí le sucedan todos sus intentos al
+turco.
+
+Fue el juego al parar, y lo bueno fue que dijo que no sabía el juego
+y hizo que se le enseñásemos. Dejónos el bienaventurado hacer dos
+manos, y luego nos la dio tal que no dejó blanca en la mesa.
+Heredónos en vida; retiraba el ladrón con las ancas de la mano que
+era lástima. Perdía una sencilla y acertaba doce maliciosas. El
+soldado echaba a cada suerte doce votos y otros tantos peses,
+aforrados en por vidas. Yo me comí las uñas y el fraile ocupaba las
+suyas en mi moneda. No dejaba santo que no llamaba; nuestras cartas
+eran como el Mesías, que nunca venían y las aguardábamos siempre.
+
+Acabó de pelarnos; quisímosle jugar sobre prendas, y él, tras
+haberme ganado a mí seiscientos reales, que era lo que llevaba, y al
+soldado los ciento, dijo que aquello era entretenimiento, y que
+éramos prójimos, y que no había de tratar de otra cosa.
+
+-No juren -decía-, que a mí, porque me encomendaba a Dios, me ha
+sucedido bien.
+
+Y como nosotros no sabíamos la habilidad que tenía de los dedos a la
+muñeca, creímoslo, y el soldado juró de no jurar más, y yo de la
+misma suerte.
+
+-¡Pesia tal! -decía el pobre alférez (que él me dijo entonces que
+lo era)-, entre luteranos y moros me he visto, pero no he padecido tal
+despojo.
+
+Él se reía a todo esto. Tornó a sacar el rosario para rezar. Yo,
+que no tenía ya blanca, pedíle que me diese de cenar, y que pagase
+hasta Segovia la posada por los dos, que íbamos in puribus. Prometió
+hacerlo. Metióse sesenta huevos, ¡no vi tal en mi vida! Dijo que se
+iba a acostar.
+
+Dormimos todos en una sala con otra gente que estaba allí porque los
+aposentos estaban tomados para otros. Yo me acosté con harta
+tristeza, y el soldado llamó al huésped y le encomendó sus papeles
+en las cajas de lata que los traía, y un envoltorio de camisas
+jubiladas. Acostámonos; el padre se persinó, y nosotros nos
+santiguamos de él. Durmió; yo estuve desvelado trazando cómo
+quitarle el dinero. El soldado hablaba entre sueños de los cien
+reales, como si no estuvieran sin remedio.
+
+Hízose hora de levantar. Pedí yo luz muy aprisa; trujéronla, y el
+huésped el envoltorio al soldado, y olvidáronsele los papeles. El
+pobre alférez hundió la casa a gritos pidiendo que le diese los
+servicios. El huésped se turbó, y como todos decíamos que se los
+diese, fue corriendo y trujo tres bacines, diciendo:
+
+-He ahí para cada uno el suyo. ¿Quieren más servicios?
+
+Que él entendió que nos habían dado cámaras. Aquí fue
+ella, que se levantó el soldado con la espada tras el huésped, en
+camisa, jurando que le había de matar porque hacía burla de él, que
+se había hallado en la Naval San Quintín y otras, trayendo servicios
+en lugar de papeles que le había dado. Todos salimos tras él a
+tenerle, y aun no podíamos. Decía el huésped:
+
+-Señor, su merced pidió servicios; yo no estoy obligado a saber que
+en lengua soldada se llaman así los papeles de las hazañas.
+Apaciguámoslos, y tornamos al aposento. El ermitaño, receloso, se
+quedó en la cama, diciendo que le había hecho mal el susto. Pagó
+por nosotros y salímonos del pueblo para el puerto, enfadados del
+término del ermitaño y de ver que no le habíamos podido quitar el
+dinero.
+
+Topamos con un genovés, digo con uno de estos antecristos de las
+monedas de España, que subía el puerto con un paje detrás, y él
+con su guardasol, muy a lo dineroso. Trabamos conversación con él;
+todo lo llevaba a materia de maravedís, que es gente que naturalmente
+nació para bolsas. Comenzó a nombrar a Visanzón, y si era bien dar
+dineros o no a Visanzón, tanto que el soldado y yo le preguntamos que
+quién era aquel caballero. A lo cual respondió, riéndose:
+
+-Es un pueblo de Italia, donde se juntan los hombres de negocios, que
+acá llamamos fulleros de pluma, a poner los precios por donde se
+gobierna la moneda.
+
+De lo cual sacamos que en Visanzón se lleva el compás a los músicos
+de uña. Entretúvonos el camino contando que estaba perdido porque
+había quebrado un cambio, que le tenía más de sesenta mil escudos.
+Y todo lo juraba por su conciencia, aunque yo pienso que conciencia en
+mercader es como virgo en cantonera, que se vende sin haberle. Nadie,
+casi, tiene conciencia, de todos los de este trato; porque, como oyen
+decir que muerde por muy poco, han dado en dejarla con el ombligo en
+naciendo.
+
+En estas pláticas vimos los muros de Segovia, y a mí se me alegraron
+los ojos, a pesar de la memoria, que con los sucesos de Cabra me
+contradecía el contento. Llegué al pueblo, y a la entrada vi a mi
+padre en el camino, aguardando ir en bolsas, hechos cuartos, a
+Josafad. Enternecíme, y entré algo desconocido de como salí, con
+punta de barba, bien vestido.
+
+Dejé la compañía, y considerando en quién conocería a mi tío
+-fuera del rollo- mejor en el pueblo, no hallé nadie de quien echar
+mano. Lleguéme a mucha gente a preguntar por Alonso Ramplón y nadie
+me daba razón de él, diciendo que no le conocían. Holgué mucho de
+ver tantos hombres de bien en mi pueblo, cuando, estando en esto, oí
+al precursor de la penca hacer de garganta y a mi tío de las suyas.
+Venía una procesión de desnudos, todos descaperuzados, delante de mi
+tío, y él, muy haciéndose de pencas, con una en la mano tocando un
+pasacalles públicas en las costillas de cinco laúdes, sino que
+llevaban sogas por cuerdas. Yo, que estaba notando esto con un hombre
+a quien había dicho, preguntando por él, que era yo un gran
+caballero, veo a mi buen tío que echando en mí los ojos (por pasar
+cerca), arremetió a abrazarme, llamándome sobrino. Penséme morir de
+vergüenza; no volví a despedirme de aquel con quien estaba. Fuime
+con él, y díjome:
+
+-Aquí te podrás ir mientras cumplo con esta gente; que ya vamos de
+vuelta y hoy comerás conmigo.
+
+Yo, que me vi a caballo, y que en aquella sarta parecería punto menos
+de azotado, dije que le aguardaría allí; y así, me aparté tan
+avergonzado, que a no depender de él la cobranza de mi hacienda, no
+lo hablara más en mi vida ni pareciera entre gentes. Acabó de
+repasarles las espaldas, volvió y llevóme a su casa, donde me apeé
+y comimos.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo IV: Del hospedaje de su tío, y visitas; la
+cobranza de su hacienda y vuelta a la corte.
+
+
+Tenía mi buen tío su alojamiento junto al matadero, en casa de un
+aguador. Entramos en ella, y díjome:
+
+-No es alcázar la posada, pero yo os prometo, sobrino, que es a
+propósito para dar expediente a mis negocios.
+
+Subimos por una escalera, que sólo aguardé a ver lo que me sucedía
+en lo alto, para si se diferenciaba en algo de la horca. Entramos en
+un aposento tan bajo que andábamos por él como quien recibe
+bendiciones, con las cabezas bajas. Colgó la penca en un clavo, que
+estaba con otros de que colgaban cordeles, lazos, cuchillos, escarpias
+y otras herramientas del oficio. Díjome que por qué no me quitaba el
+manteo y me sentaba; yo le dije que no lo tenía de costumbre. Dios
+sabe cuál estaba de ver la infamia de mi tío, el cual me dijo que
+había tenido ventura en topar con él en tan buena ocasión, porque
+comería bien, que tenía convidados unos amigos.
+
+En esto entró por la puerta, con una ropa hasta los pies morada, uno
+de los que piden para las ánimas, y haciendo son con la cajita,
+dijo:
+
+-Tanto me han valido a mí las ánimas hoy como a ti los azotados:
+encaja.
+
+Hiciéronse la mamona el uno al otro. Arremangóse el desalmado
+animero el sayazo, y quedó con unas piernas zambas en gregüescos de
+lienzo, y empezó a bailar y decir que si había venido Clemente. Dijo
+mi tío que no, cuando, Dios y enhorabuena, devanado en un trapo y con
+unos zuecos, entró un chirimía de la bellota, digo, un porquero.
+Conocíle por el (hablando con perdón) cuerno que traía en la mano.
+Saludónos a su manera, y tras él entró un mulato zurdo y bizco, un
+sombrero con más falda que un monte y más copa que un nogal, la
+espada con más gavilanes que la caza del Rey, un coleto de ante.
+Traía la cara de punto, porque a puros chirlos la tenía toda
+hilvanada.
+
+Entró y sentóse, saludando a los de casa, y a mi tío le dijo:
+
+-A fe, Alonso, que lo han pagado bien el Romo y el Garroso.
+Saltó el de las ánimas, y dijo:
+
+-Cuatro ducados di yo a Flechilla, verdugo de Ocaña, porque aguijase
+el burro, y porque no llevase la penca de tres suelas cuando me
+palmearon.
+
+-¡Vive Dios! -dijo el corchete-, que se lo pagué yo sobrado a
+Juanazo en Murcia, porque iba el borrico con un paseo de pato y el
+bellaco me los asentó de manera que no se levantaron sino ronchas.
+
+Y el porquero, concomiéndose, dijo:
+
+-Con virgo están mis espaldas.
+
+-A cada puerco le viene su San Martín -dijo el demandador.
+
+-De eso me puedo alabar yo -dijo mi buen tío- entre cuantos manejan
+la zurriaga, que al que se me encomienda hago lo que debo. Sesenta me
+dieron los de hoy y llevaron unos azotes de amigo, con penca
+sencilla.
+
+Yo, que vi cuán honrada gente era la que hablaba mi tío, confieso
+que me puse colorado, de suerte que no pude disimular la vergüenza.
+Echómelo de ver el corchete, y dijo:
+
+-¿Es el padre el que padeció el otro día, a quien se dieron ciertos
+empujones en el envés?
+
+Yo respondí que no era hombre que padecía como ellos. En esto, se
+levantó mi tío y dijo:
+
+-Es mi sobrino, maeso en Alcalá, gran supuesto.
+
+Pidiéronme perdón y ofreciéronme toda caricia. Yo rabiaba ya por
+comer y por cobrar mi hacienda y huir de mi tío. Pusieron las mesas,
+y por una soguilla, en un sombrero, como suben la limosna los de la
+cárcel, subían la comida de un bodegón que estaba a las espaldas de
+la casa, en unos mendrugos de platos y retacillos de cántaros y
+tinajas. No podrá nadie encarecer mi sentimiento y afrenta.
+Sentáronse a comer; en cabecera el demandador, diciendo: «La Iglesia
+en mejor lugar; siéntese, padre». Echó la bendición mi tío y,
+como estaba hecho a santiguar espaldas, parecían más amagos de
+azotes que de cruces. Y los demás nos sentamos sin orden. No quiero
+decir lo que comimos; sólo que eran todas cosas para beber. Sorbióse
+el corchete tres de puro tinto. Brindóme a mí el porquero; me las
+cogía al vuelo y hacía más razones que decíamos todos. No había
+memoria de agua, y menos voluntad de ella.
+
+Parecieron en la mesa cinco pasteles de a cuatro, y tomando un hisopo,
+después de haber quitado las hojaldres, dijeron un responso todos,
+con su requiem aeternam, por el ánima del difunto cuyas eran aquellas
+carnes. Dijo mi tío:
+
+-Ya os acordáis, sobrino, lo que os escribí de vuestro padre.
+
+Vínoseme a la memoria; ellos comieron, pero yo pasé con los suelos
+solos, y quedéme con la costumbre, y así, siempre que como pasteles,
+rezo una avemaría por el que Dios haya.
+
+Menudeóse sobre dos jarros, y era de suerte lo que hicieron el
+corchete y el de las ánimas, que se pusieron las suyas tales, que
+trayendo un plato de salchichas que parecía de dedos de negro, dijo
+uno:
+
+-¡Qué mulata está la olla!
+
+Ya mi tío estaba tal, que alargando la mano y asiendo una, dijo con
+la voz algo áspera y ronca, el un ojo medio acostado y el otro
+nadando en mosto:
+
+-Sobrino, por este pan de Dios que crió a su imagen y semejanza, que
+no he comido en mi vida mejor carne tinta.
+
+Yo que vi al corchete que, alargando la mano, tomó el salero y dijo:
+«Caliente está este caldo», y que el porquero se llevó el puño de
+sal, diciendo: «Es bueno el avisillo para beber», y se lo chocló en
+la boca, comencé a reír por una parte y a rabiar por otra.
+
+Trujeron caldo, y el de las ánimas tomó con entrambas manos una
+escudilla, diciendo: «Dios bendijo la limpieza», y alzándola para
+sorberla, por llevarla a la boca, se la puso en el carrillo, y
+volcándola, se asó en caldo y se puso todo de arriba abajo que era
+vergüenza. Él, que se vio así, fuese a levantar, y como pesaba algo
+la cabeza, quiso ahirmar sobre la mesa, que era de estas movedizas;
+trastornóla, y manchó a los demás, y tras esto decía que el
+porquero le había empujado. El porquero que vio que el otro se le
+caía encima, levantóse, y alzando el instrumento de hueso, le dio
+con él una trompetada. Asiéronse a puños, y, estando juntos los dos
+y teniéndole el demandador mordido de un carrillo, con los vuelcos y
+alteración, el porquero vomitó cuanto había comido en las barbas
+del de la demanda. Mi tío, que estaba más en su juicio, decía que
+quién había traído a su casa tantos clérigos. Yo que los vi que
+ya, en suma, multiplicaban, metí en paz la brega, desasí a los dos,
+y levanté del suelo al corchete, el cual estaba llorando con gran
+tristeza, eché a mi tío en la cama, el cual hizo cortesía a un
+velador de palo que tenía, pensando que era convidado. Quité el
+cuerno al porquero, el cual, ya que dormían los otros, no había
+hacerle callar, diciendo que le diesen su cuerno, porque no había
+habido jamás quien supiese en él más tonadas y que le quería
+tañer con el órgano. Al fin, yo no me aparté de ellos hasta que vi
+que dormían.
+
+Salíme de casa; entretúveme a ver mi tierra toda la tarde, pasé por
+la casa de Cabra, tuve nueva de que ya era muerto, y no cuidé de
+preguntar de qué sabiendo que hay hambre en el mundo. Torné a casa a
+la noche, habiendo pasado cuatro horas, y hallé al uno despierto y
+que andaba a gatas por el aposento buscando la puerta, y diciendo que
+se les había perdido la casa. Levantéle, y dejé dormir a los demás
+hasta las once de la noche que despertaron; y esperezándose,
+preguntó mi tío que qué hora era. Respondió el porquero (que aún
+no la había desollado) que no era nada sino la siesta y que hacía
+grandes bochornos. El demandador, como pudo, dijo que le diesen su
+cajilla:
+
+-«Mucho han holgado las ánimas para tener a su cargo mi sustento»;
+y fuese, en lugar de ir a la puerta, a la ventana, y como vio
+estrellas, comenzó a llamar a los otros con grandes voces, diciendo
+que el cielo estaba estrellado a mediodía, y que había un gran
+eclís. Santiguáronse todos y besaron la tierra.
+
+Yo, que vi la bellaquería del demandador, escandalicéme mucho, y
+propuse de guardarme de semejantes hombres. Con estas vilezas y
+infamias que veía yo, ya me crecía por puntos el deseo de verme
+entre gente principal y caballeros. Despachélos a todos uno por uno
+lo mejor que pude, acosté a mi tío, que aunque no tenía zorra
+tenía raposa, y yo acomodéme sobre mis vestidos y algunas ropas de
+los que Dios tenga que estaban por allí.
+
+Pasamos de esta manera la noche. A la mañana traté con mi tío de
+reconocer mi hacienda y cobrarla. Despertó diciendo que estaba molido
+y que no sabía de qué. El aposento estaba, parte con las
+enjaguaduras de las monas, parte con las aguas que habían hecho de no
+beberlas, hecho una taberna de vinos de retorno. Levantóse, tratamos
+largo en mis cosas, y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y
+rústico. Al fin, le reduje a que me diera noticia de parte de mi
+hacienda, aunque no de toda, y así, me la dio de unos trescientos
+ducados que mi buen padre había ganado por sus puños, y dejádolos
+en confianza de una buena mujer a cuya sombra se hurtaba diez leguas a
+la redonda.
+
+Por no cansar a V. Md., vengo a decir que cobré y embolsé mi dinero,
+el cual mi tío no había bebido ni gastado, que fue harto para ser
+hombre de tan poca razón, porque pensaba que yo me graduaría con
+este, y que estudiando, podría ser cardenal, que como estaba en su
+mano hacerlos, no lo tenía por dificultoso. Díjome, en viendo que
+los tenía:
+
+-Hijo Pablos, mucha culpa tendrás si no medras y eres bueno, pues
+tienes a quién parecer. Dinero llevas, yo no te he de faltar, que
+cuanto sirvo y cuanto tengo, para ti lo quiero.
+
+Agradecíle mucho la oferta. Gastamos el día en pláticas desatinadas
+y en pagar las visitas a los personajes dichos. Pasaron la tarde en
+jugar a la taba mi tío, el porquero, y demandador. Este jugaba misas
+como si fuera otra cosa. Era de ver cómo se barajaban la taba:
+cogiéndola en el aire al que la echaba, y meciéndola en la muñeca,
+se la tornaban a dar. Sacaban de taba como de naipe para la fábrica
+de la sed, porque había siempre un jarro en medio.
+
+Vino la noche; ellos se fueron; acostámonos mi tío y yo cada uno en
+su cama, que ya había prevenido para mí un colchón. Amaneció y,
+antes que él despertase, yo me levanté y me fui a una posada, sin
+que me sintiese; torné a cerrar la puerta por de fuera y echéle la
+llave por una gatera.
+
+Como he dicho, me fui a un mesón a esconder y aguardar comodidad para
+ir a la Corte. Dejéle en el aposento una carta cerrada, que contenía
+mi ida y las causas, avisándole que no me buscase, porque eternamente
+no lo había de ver.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo V: De su huida, y los sucesos en ella hasta
+la Corte.
+
+
+Partía aquella mañana del mesón un arriero con cargas a la Corte.
+Llevaba un jumento; alquilómele, y salíme a aguardarle a la puerta
+fuera del lugar. Salió, espetéme en el dicho y empecé mi jornada.
+Iba entre mí diciendo: «Allá quedarás, bellaco, deshonrabuenos,
+jinete de gaznates». Consideraba yo que iba a la Corte, adonde nadie
+me conocía, que era la cosa que más me consolaba, y que había de
+valerme por mi habilidad allí. Propuse de colgar los hábitos en
+llegando, y de sacar vestidos nuevos cortos al uso. Pero volvamos a
+las cosas que el dicho de mi tío hacía, ofendido con la carta que
+decía en esta forma:
+
+«Señor Alonso Ramplón: tras haberme Dios hecho tan señaladas
+mercedes como quitarme de delante a mi buen padre y tener a mi madre
+en Toledo, donde, por lo menos sé que hará humo, no me faltaba sino
+ver hacer en V. Md. lo que en otros hace. Yo pretendo ser uno de mi
+linaje, que dos es imposible, si no vengo a sus manos, y
+trinchándome, como hace a otros. No pregunte por mí ni me nombre,
+porque me importa negar la sangre que tenemos. Sirva al Rey y a
+Dios».
+
+No hay que encarecer las blasfemias y oprobios que diría contra mí.
+Volvamos a mi camino. Yo iba caballero en el rucio de la Mancha, y
+bien deseoso de no topar nadie, cuando desde lejos vi venir un hidalgo
+de portante, con su capa puesta, espada ceñida, calzas atacadas y
+botas, y al parecer bien puesto, el cuello abierto más de roto que de
+molde, el sombrero de lado. Sospeché que era algún caballero que
+dejaba atrás su coche; y ansí, emparejando le saludé.
+
+Miróme y dijo:
+
+-Irá V. Md., señor licenciado, en ese borrico con harto más
+descanso que yo con todo mi aparato.
+
+Yo, que entendí que lo decía por coche y criados que dejaba atrás,
+dije:
+
+-En verdad, señor, que lo tengo por más apacible caminar que el del
+coche, porque aunque V. Md. vendrá en el que trae detrás con regalo,
+aquellos vuelcos que da inquietan.
+
+-¿Cuál coche detrás? -dijo él muy alborotado.
+
+Y al volver atrás, como hizo fuerza, se le cayeron las calzas, porque
+se le rompió una agujeta que traía, la cual era tan sola que, tras
+verme muerto de risa de verle, me pidió una prestada. Yo, que vi que
+de la camisa no se veía sino una ceja, y que traía tapado el rabo de
+medio ojo, le dije:
+
+-Por Dios, señor, si V. Md. no aguarda a sus criados, yo no puedo
+socorrerle, porque vengo también atacado únicamente.
+
+-Si hace V. Md. burla -dijo él, con las cachondas de la mano-, vaya,
+porque no entiendo eso de los criados.
+
+Y aclaróseme tanto en materia de ser pobre, que me confesó, a media
+legua que anduvimos, que si no le hacía merced de dejarle subir en el
+borrico un rato no le era posible pasar adelante, por ir cansado de
+caminar con las bragas en los puños; y movido a compasión, me apeé,
+y como él no podía soltar las calzas, húbele yo de subir. Y
+espantóme lo que descubrí en el tocamiento, porque por la parte de
+atrás, que cubría la capa, traía las cuchilladas con entretelas de
+nalga pura. Él, que sintió lo que le había visto, como discreto, se
+previno diciendo:
+
+-Señor licenciado, no es oro todo lo que reluce. Debióle parecer a
+V. Md., en viendo el cuello abierto y mi presencia, que era un conde
+de Irlos. Como de estas hojaldres cubren en el mundo lo que V. Md. ha
+tentado.
+
+Yo le dije que le aseguraba de que me había persuadido a muy
+diferentes cosas de las que veía.
+
+-Pues aún no ha visto nada V. Md. -replicó-, que hay tanto que ver
+en mí como tengo, porque nada cubro. Veme aquí V. Md. un hidalgo
+hecho y derecho, de casa de solar montañés, que si como sustento la
+nobleza me sustentara, no hubiera más que pedir. Pero ya, señor
+licenciado, sin pan y carne no se sustenta buena sangre, y por la
+misericordia de Dios, todos la tienen colorada y no puede ser hijo de
+algo el que no tiene nada. Ya he caído en la cuenta de las
+ejecutorias, después que hallándome en ayunas un día, no me
+quisieron dar sobre ella en un bodegón dos tajadas; pues, ¡decir que
+no tiene letras de oro! Pero más valiera el oro en las píldoras que
+en las letras, y de más provecho es. Y con todo, hay muy pocas letras
+con oro. He vendido hasta mi sepultura, por no tener sobre qué caer
+muerto, que la hacienda de mi padre Toribio Rodríguez Vallejo Gómez
+de Ampuero (que todos estos nombres tenía) se perdió en una fianza.
+Sólo el don me ha quedado por vender y soy tan desgraciado que no
+hallo nadie con necesidad de él, pues quien no le tiene por ante le
+tiene por postre, como el remendón, azadón, pendón, blandón,
+bordón y otros así.
+
+Confieso que, aunque iban mezcladas con risa, las calamidades del
+dicho hidalgo me enternecieron. Preguntéle cómo se llamaba y adónde
+iba y a qué. Dijo que todos los nombres de su padre: don Toribio
+Rodríguez Vallejo Gómez de Ampuero y Jordán. No se vio jamás
+nombre tan campanudo, porque acababa en dan y empezaba en don, como
+son de badajo. Tras esto dijo que iba a la Corte, porque un mayorazgo
+roído como él en un pueblo corto, olía mal a dos días, y no se
+podía sustentar, y que por eso se iba a la patria común, adonde
+caben todos y adonde hay mesas francas para estómagos aventureros.
+
+-Y nunca, cuando entro en ella, me faltan cien reales en la bolsa,
+cama, de comer y refocilo de lo vedado, porque la industria en la
+Corte es piedra filosofal, que vuelve en oro cuanto toca.
+
+Yo vi el cielo abierto, y en son de entretenimiento para el camino, le
+rogué que me contase cómo y con quiénes y de qué manera viven en
+la Corte los que no tenían, como él, porque me parecía dificultoso
+en este tiempo, que no solo se contenta cada uno con sus cosas, sino
+que aun solicitan las ajenas.
+
+-Muchos hay de esos -dijo-, y muchos de estos otros. Es la lisonja
+llave maestra, que abre a todas voluntades en tales pueblos. Y porque
+no se le haga dificultoso lo que digo, oiga mis sucesos y mis trazas,
+y se asegurará de esa duda.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Segundo: Capítulo VI: En que prosigue el camino y lo prometido
+de su vida y costumbres.
+
+
+«-Lo primero ha de saber que en la Corte hay siempre el más necio y
+el más sabio, más rico y más pobre, y los extremos de todas las
+cosas; que disimula los malos y esconde los buenos, y que en ella hay
+unos géneros de gentes como yo, que no se les conoce raíz ni mueble,
+ni otra cepa de la que descienden los tales. Entre nosotros nos
+diferenciamos con diferentes nombres; unos nos llamamos caballeros
+hebenes; otros, hueros, chanflones, chirles, traspillados y caninos.
+Es nuestra abogada la industria; pagamos las más veces los estómagos
+de vacío, que es gran trabajo traer la comida en manos ajenas. Somos
+susto de los banquetes, polilla de los bodegones, cáncer de las ollas
+y convidados por fuerza. Sustentámonos así del aire, y andamos
+contentos. Somos gente que comemos un puerro y representamos un
+capón. Entrará uno a visitarnos en nuestras casas, y hallará
+nuestros aposentos llenos de huesos de carnero y aves, mondaduras de
+frutas, la puerta embarazada con plumas y pellejos de gazapos; todo lo
+cual cogemos de parte de noche por el pueblo para honrarnos con ello
+de día. Reñimos en entrando el huésped: «¿Es posible que no he de
+ser yo poderoso para que barra esa moza? Perdone V. Md., que han
+comido aquí unos amigos, y estos criados...», etc. Quien no nos
+conoce cree que es así y pasa por convite.
+
+Pues ¿qué diré del modo de comer en casas ajenas? En hablando a uno
+media vez, sabemos su casa, vámosle a ver, y siempre a la hora de
+mascar, que se sepa que está en la mesa. Decimos que nos llevan sus
+amores, porque tal entendimiento, etc. Si nos preguntan si hemos
+comido, si ellos no han empezado decimos que no; si nos convidan no
+aguardamos a segundo envite, porque de estas aguardadas nos han
+sucedido grandes vigilias. Si han empezado, decimos que sí; y aunque
+parta muy bien el ave, pan o carne el que fuere, para tomar ocasión
+de engullir un bocado, decimos:
+
+-Ahora deje V. Md., que le quiero servir de maestresala, que solía,
+Dios le tenga en el cielo (y nombramos un señor muerto, duque o
+conde), gustar más de verme partir que de comer.
+
+Diciendo esto, tomamos el cuchillo y partimos bocaditos, y al cabo
+decimos:
+
+-¡Oh, qué bien huele! Cierto que haría agravio a la guisandera en
+no probarlo. ¡Qué buena mano tiene!
+
+Y diciendo y haciendo, va en pruebas el medio plato: el nabo por ser
+nabo, el tocino por ser tocino, y todo por lo que es. Cuando esto nos
+falta, ya tenemos sopa de algún convento aplazada; no la tomamos en
+público, sino a lo escondido, haciendo creer a los frailes que es
+más devoción que necesidad.
+
+Es de ver uno de nosotros en una casa de juego con el cuidado que
+sirve y despabila las velas, trae orinales, cómo mete naipes y
+solemniza las cosas del que gana, todo por un triste real de barato.
+
+Tenemos de memoria, para lo que toca a vestirnos, toda la ropería
+vieja. Y como en otras partes hay hora señalada para oración, la
+tenemos nosotros para remendarnos. Son de ver, a las mañanas, las
+diversidades de cosas que sanamos; que, como tenemos por enemigo
+declarado al sol, por cuanto nos descubre los remiendos, puntadas y
+trapos, nos ponemos, abiertas las piernas, a la mañana, a su rayo, y
+en la sombra del suelo vemos las que hacen los andrajos y hilachas de
+las entrepiernas. Es de ver cómo quitamos cuchilladas de atrás para
+poblar lo de adelante; y solemos traer la trasera tan pacífica, por
+falta de cuchilladas, que se queda en las puras bayetas. Sábelo sola
+la capa, y guardámonos de días de aire y de subir por escaleras
+claras o a caballo. Estudiamos posturas contra la luz, pues, en día
+claro, andamos las piernas muy juntas, y hacemos las reverencias con
+solos los tobillos, porque, si se abren las rodillas, se verá el
+ventanaje.
+
+No hay cosa en todos nuestros cuerpos que no haya sido otra cosa y no
+tenga historia. Verbi gratia: bien ve V. Md. -dijo- esta ropilla; pues
+primero fue gregüescos, nieta de una capa y bisnieta de un capuz, que
+fue en su principio, y ahora espera salir para soletas y otras cosas.
+Los escarpines, primero son pañizuelos, habiendo sido toallas, y
+antes camisas, hijas de sábanas; y después de todo, los aprovechamos
+para papel, y en el papel escribimos, y después hacemos dél polvos
+para resucitar los zapatos, que de incurables, los he visto hacer
+revivir con semejantes medicamentos.
+
+Pues ¿qué diré del modo con que de noche nos apartamos de las luces
+porque no se vean los herreruelos calvos y las ropillas lampiñas?,
+que no hay más pelo en ellas que en un guijarro, que es Dios servido
+de dárnosle en la barba y quitárnosle en la capa. Pero por no gastar
+con barberos, prevenimos siempre de aguardar a que otro de los
+nuestros tenga también pelambre y entonces nos la quitamos el uno al
+otro, conforme lo del Evangelio: «Ayudaos como buenos hermanos».
+
+Traemos gran cuenta en no andar los unos por las casas de los otros,
+si sabemos que alguno trata la misma gente que otro. Es de ver cómo
+andan los estómagos en celo.
+
+Estamos obligados a andar a caballo una vez cada mes, aunque sea en
+pollino por las calles públicas; y obligados a ir en coche una vez en
+el año, aunque sea en la arquilla o trasera. Pero si alguna vez vamos
+dentro del coche, es de considerar que siempre es en el estribo, con
+todo el pescuezo de fuera, haciendo cortesías porque nos vean todos y
+hablando a los amigos y conocidos aunque miren a otra parte.
+
+Si nos come delante de algunas damas, tenemos traza para rascarnos en
+público sin que se vea; si es en el muslo, contamos que vimos un
+soldado atravesado desde tal parte a tal parte, y señalamos con las
+manos aquellas que nos comen, rascándonos en vez de enseñarlas. Si
+es en la iglesia, y come en el pecho, nos damos sanctus aunque sea al
+introibo. Levantámonos, y arrimándonos a una esquina en son de
+empinarnos para ver algo, nos rascamos.
+
+¿Qué diré del mentir? Jamás se halla verdad en nuestra boca.
+Encajamos duques y condes en las conversaciones, unos por amigos,
+otros por deudos, y advertimos que los tales señores, o están
+muertos o muy lejos.
+
+Y lo que más es de notar es que nunca nos enamoramos sino de pane
+lucrando, que veda la orden damas melindrosas, por lindas que sean, y
+así, siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida,
+con la huéspeda por la posada, con la que abre los cuellos por los
+que trae el hombre. Y aunque, comiendo tan poco y bebiendo tan mal no
+se puede cumplir con tantas, por su tanda todas están contentas.
+
+Quien ve estas botas mías, ¿cómo pensará que andan caballeras en
+las piernas en pelo, sin media, ni otra cosa? Y quien viere este
+cuello, ¿por qué ha de pensar que no tengo camisa? Pues todo esto le
+puede faltar a un caballero, señor licenciado, pero cuello abierto y
+almidonado, no. Lo uno, porque así es gran ornato de la persona; y
+después de haberle vuelto de una parte a otra, es de sustento, porque
+se cena el hombre en el almidón con sus fondos en mugre, chupándole
+con destreza.
+
+Y al fin, señor licenciado, un caballero de nosotros ha de tener más
+faltas que una preñada de nueve meses, y con esto vive en la Corte; y
+ya se ve en prosperidad y con dineros, y ya en el espital. Pero, en
+fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey, con poco que tenga.»
+
+Tanto gusté de las extrañas maneras de vivir del hidalgo, y tanto me
+embebecí, que divertido con ellas y con otras, me llegué a pie hasta
+las Rozas, adonde nos quedamos aquella noche. Cenó conmigo el dicho
+hidalgo, que no traía blanca y yo me hallaba obligado a sus avisos,
+porque con ellos abrí los ojos a muchas cosas, inclinándome a la
+chirlería. Declaréle mis deseos antes que nos acostásemos;
+abrazóme mil veces, diciendo que siempre esperó que habían de hacer
+impresión sus razones en hombre de tan buen entendimiento. Ofrecióme
+favor para introducirme en la Corte con los demás cofrades del
+estafón, y posada en compañía de todos. Aceptéla, no declarándole
+que tenía los escudos que llevaba, sino hasta cien reales solos, los
+cuales bastaron, con la buena obra que le había hecho y hacía, a
+obligarle a mi amistad.
+
+Compréle del huésped tres agujetas, atacóse, dormimos aquella
+noche, madrugamos, y dimos con nuestros cuerpos en Madrid.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo I: De lo que le sucedió en la Corte luego
+que llegó hasta que amaneció.
+
+
+Entramos en la Corte a las diez de la mañana; fuímonos a apear, de
+conformidad, en casa de los amigos de don Toribio. Llegó a la puerta;
+llamó; abrióle una vejezuela muy pobremente abrigada, rostro
+cáscara de nuez, mordiscada de facciones, cargada de espaldas y de
+años. Preguntó por los amigos, y respondió, con un chillido crespo,
+que habían ido a buscar. Estuvimos solos hasta que dieron las doce,
+pasando el tiempo él en animarme a la profesión de la vida barata, y
+yo en atender a todo.
+
+A las doce y media entró por la puerta una estantigua vestida de
+bayeta hasta los pies, punto menos de Arias Gonzalo, que al mismo
+Portugal empalagara de bayetas. Habláronse los dos en germanía, de
+lo cual resultó darme un abrazo y ofrecérseme. Hablamos un rato, y
+sacó un guante con diez y seis reales, y una carta, con la cual,
+diciendo que era licencia para pedir para una pobre, los había
+allegado. Vació el guante y sacó otro y doblólos a usanza de
+médico. Yo le pregunté que por qué no se los ponía y dijo que por
+ser entrambos de una mano, que era treta para tener guantes.
+
+A todo esto, noté que no se desarrebozaba, y pregunté como nuevo
+para saber la causa de estar siempre envuelto en la capa, a lo cual
+respondió:
+
+-Hijo, tengo en las espaldas una gatera, acompañada de un remiendo de
+lanilla y de una mancha de aceite; que en mi hato, aunque caminéis a
+cualquiera parte, nunca saldréis de la Mancha, que parece que hago
+caravanas para lechuza u que retozo con algunos candiles. Este pedazo
+de arrebozo lo disimula todo.
+
+Desarrebozóse y hallé que debajo de la sotana traía gran bulto. Yo
+pensé que eran calzas, porque eran a modo de ellas, cuando él, para
+entrarse a espulgar, se arremangó, y vi que eran dos rodajas de
+cartón que traía atadas a la cintura y encajadas en los muslos, de
+suerte que hacían apariencia debajo del luto, porque el tal no traía
+camisa ni gregüescos, que apenas tenía qué espulgar según andaba
+desnudo. Entró al espulgadero y volvió una tablilla como las que
+ponen en las sacristías, que decía: «Espulgador hay», porque no
+entrase otro. Grandes gracias di a Dios viendo cuánto dio a los
+hombres en darles industria, ya que les quitase riquezas.
+
+-Yo -dijo mi buen amigo- vengo del camino con mal de calzas, y así me
+habré menester recoger a remendar.
+
+Preguntó si había algunos retazos, que la vieja recogía trapos dos
+días en la semana por las calles, como las que tratan en papel, para
+acomodar jubones incurables, ropillas tísicas y con dolor de costado
+de los caballeros. Dijo que no y que por falta de harapos se estaba,
+quince días había, en la cama, de mal de zaragüelles, don Lorenzo
+Iñíguez del Pedroso.
+
+En esto estábamos, cuando vino uno con sus botas de camino y su
+vestido pardo, con un sombrero prendidas las faldas por los dos lados.
+Supo mi venida de los demás y hablóme con mucho afecto. Quitóse la
+capa, y traía (¡mire V. Md. quién tal pensara!) la ropilla de pardo
+paño la delantera, y la trasera de lienzo blanco, con sus fondos en
+sudor. No pude tener la risa, y él, con gran disimulación, dijo:
+
+-Haráse a las armas, y no se reirá. Yo apostaré que no sabe por
+qué traigo este sombrero con la falda presa arriba.
+
+Yo dije que por galantería y por dar lugar a la vista.
+
+-Antes por estorbarla -dijo-; sepa que es porque no tiene toquilla, y
+que así no lo echan de ver.
+
+Y, diciendo esto, sacó más de veinte cartas y otros tantos reales,
+diciendo que no había podido dar aquellas. Traía cada una un real de
+porte, y eran hechas por él mismo. Ponía la firma de quien le
+parecía, escribía nuevas que inventaba a las personas más honradas
+y dábalas en aquel traje cobrando los portes. Y esto hacía cada mes,
+cosa que me espantó ver la novedad de la vida.
+
+Entraron luego otros dos, el uno con una ropilla de paño, larga hasta
+el medio valón y su capa de lo mismo, levantando el cuello porque no
+se viese el anjeo, que estaba roto. Los valones eran de chamelote, mas
+no era más de lo que se descubría, y lo demás de bayeta colorada.
+Este venía dando voces con el otro, que traía valona por no tener
+cuello, y unos frascos por no tener capa, y una muleta con una pierna
+liada en trapajos y pellejos por no tener más de una calza. Hacíase
+soldado, y habíalo sido en los alojamientos y hasta la mar. Contaba
+extraños servicios suyos, y a título de soldado entraba en
+cualquiera parte. Decía el de la ropilla y casi gregüescos:
+
+-La mitad me debéis, o por lo menos mucha parte, y si no me la dais,
+¡juro a Dios...!
+
+-No jure a Dios -dijo el otro-, que en llegando a casa no soy cojo, y
+os daré con esta muleta mil palos.
+
+Si daréis, no daréis, y en los mentises acostumbrados, arremetió el
+uno al otro y asiéndose se salieron con los pedazos de los vestidos
+en las manos a los primeros estirones y no fue mucho. Metímoslos en
+paz, y preguntamos la causa de la pendencia. Dijo el soldado:
+
+-¿A mí chanzas? ¡No llevaréis ni medio! Han de saber V. Mds. que
+estando hoy en San Salvador, llegó un niño a este pobrete, y le dijo
+que si era yo el alférez Joan de Lorenzana, y dijo que sí, atento a
+que le vio no sé qué cosa que traía en las manos. Llevómele, y
+dijo, nombrándome alférez: «Mire V. Md. qué le quiere este
+niño». Yo que luego entendí la flor, acepté. Recibí el recado y
+con él doce pañizuelos, y respondí a su madre, que los inviaba a
+algún hombre de aquel nombre. Pídeme ahora la mitad. Yo antes me
+haré pedazos otra vez que tal dé. Todos los han de romper mis
+narices.
+
+Juzgóse la causa en su favor. Solo se le contradijo lo del sonar con
+ellos, mandándole que los entregase a la vieja, para honrar la
+comunidad haciendo de ellos unos cuellos y unos remates de mangas que
+se viesen y representasen camisas, que el sonarse estaba vedado en la
+orden, si no era en el aire, u de saetilla a coz de dedo.
+
+Era de ver llegada la noche cómo nos acostamos en dos camas, tan
+juntos que parecíamos herramienta en estuche. Pasóse la cena de en
+claro en claro. No se desnudaron los más, que con acostarse como
+andaban de día, cumplieron con el precepto de dormir en cueros.
+
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo II: En que prosigue la materia comenzada y
+cuenta algunos raros sucesos.
+
+
+Amaneció el Señor y pusímonos todos en arma. Ya estaba yo tan
+hallado con ellos como si todos fuéramos hermanos (que esta facilidad
+y dulzura se halla siempre en las cosas malas). Era de ver a uno
+ponerse la camisa de doce veces, dividida en doce trapos, diciendo una
+oración a cada uno como sacerdote que se viste. A cuál se le perdía
+una pierna en los callejones de las calzas y la venía a hallar donde
+menos convenía asomada. Otro pedía guía para ponerse el jubón, y
+en media hora se podía averiguar con él.
+
+Acabado esto, que no fue poco de ver, todos empuñaron aguja y hilo
+para hacer un punteado en un rasgado y otro. Cuál, para culcusirse
+debajo del brazo, estirándole, se hacía L. Uno, hincado de rodillas,
+arremedando un cinco de guarismo, socorría a los cañones. Otro, por
+plegar las entrepiernas, metiendo la cabeza entre ellas, se hacía un
+ovillo. No pintó tan extrañas posturas Bosco como yo vi, porque
+ellos cosían y la vieja les daba los materiales, trapos y arrapiezos
+de diferentes colores, los cuales había traído el soldado.
+
+Acabóse la hora del remedio (que así la llamaban ellos) y fuéronse
+mirando unos a otros lo que quedaba mal parado. Determinaron de irse
+fuera, y yo dije que antes trazasen mi vestido, porque quería gastar
+los cien reales en uno, y quitarme la sotana.
+
+-Eso no -dijeron ellos-; el dinero se dé al depósito, y vistámosle
+de lo reservado. Luego señalémosle su diócesis en el pueblo adonde
+él solo busque y apolille.
+
+Parecióme bien; deposité el dinero y en un instante, de la sotanilla
+me hicieron ropilla de luto de paño, y acortando el herreruelo quedó
+bueno. Lo que sobró de paño trocaron a un sombrero viejo reteñido;
+pusiéronle por toquilla unos algodones de tintero muy bien puestos.
+El cuello y los valones me quitaron y en su lugar me pusieron unas
+calzas atacadas, con cuchilladas no más de por delante, que lados y
+trasera eran unas gamuzas. Las medias calzas de seda aun no eran
+medias, porque no llegaban más de cuatro dedos más abajo de la
+rodilla, los cuales cuatro dedos cubría una bota justa sobre la media
+colorada que yo traía. El cuello estaba todo abierto de puro roto;
+pusiéronmele, y dijeron:
+
+-El cuello está trabajoso por detrás y por los lados. V. Md., si le
+mirase uno, ha de ir volviéndose con él, como la flor del sol con el
+sol; si fueren dos y miraren por los lados, saque pies, y para los de
+atrás traiga siempre el sombrero caído sobre el cogote, de suerte
+que la falda cubra el cuello y descubra toda la frente, y al que
+preguntare que por qué anda así respóndale que porque puede andar
+con la cara descubierta por todo el mundo.
+
+Diéronme una caja con hilo negro y hilo blanco, seda, cordel y aguja,
+dedal, paño, lienzo, raso y otros retacillos, y un cuchillo;
+pusiéronme una espuela en la pretina, yesca y eslabón en una bolsa
+de cuero, diciendo:
+
+-Con esta caja puede ir por todo el mundo, sin haber menester amigos
+ni deudos; en esta se encierra todo nuestro remedio. Tómela y
+guárdela.
+
+Señaláronme por cuartel para buscar mi vida el de San Luis; y así,
+empecé mi jornada, saliendo de casa con los otros, aunque por ser
+nuevo me dieron, para empezar la estafa, como a misacantano, por
+padrino el mismo que me trujo y convirtió.
+
+Salimos de casa con paso tardo, los rosarios en la mano; tomamos el
+camino para mi barrio señalado. A todos hacíamos cortesías; a los
+hombres, quitábamos el sombrero, deseando hacer lo mismo con sus
+capas a las mujeres hacíamos reverencias, que se huelgan con ellas y
+con las paternidades mucho. A uno decía mi buen ayo: «Mañana me
+traen dineros»; a otro: «Aguárdeme V. Md. un día, que me trae en
+palabras el banco». Cuál le pedía la capa, quién le daba prisa por
+la pretina; en lo cual conocí que era tan amigo de sus amigos, que no
+tenía cosa suya. Andábamos haciendo culebra de una acera a otra por
+no topar con casas de acreedores. Ya le pedía uno el alquiler de la
+casa, otro el de la espada y otro el de las sábanas y camisas, de
+manera que eché de ver que era caballero de alquiler, como mula.
+
+Sucedió, pues, que vio desde lejos un hombre que le sacaba los ojos,
+según dijo, por una deuda, mas no podía el dinero. Y porque no le
+conociese, soltó de detrás de las orejas el cabello, que traía
+recogido, y quedó nazareno, entre ermitaño y caballero lanudo;
+plantóse un parche en un ojo y púsose a hablar italiano conmigo.
+Esto pudo hacer mientras el otro venía, que aún no le había visto,
+por estar ocupado en chismes con una vieja. Digo de verdad que vi al
+hombre dar vueltas alrededor, como perro que se quiere echar; hacíase
+más cruces que un ensalmador, y fuese diciendo:
+
+-¡Jesús!, pensé que era él. A quien bueyes ha perdido..., etc.
+
+Yo moríame de risa de ver la figura de mi amigo. Entróse en un
+portal a recoger la melena y el parche, y dijo:
+
+-Estos son los aderezos de negar deudas. Aprendé, hermano, que
+veréis mil cosas de estas en el pueblo.
+
+Pasamos adelante y, en una esquina, por ser de mañana, tomamos dos
+tajadas de alcotín y agua ardiente, de una picarona que nos lo dio de
+gracia, después de dar el bienvenido a mi adestrador. Y díjome:
+
+-Con esto vaya el hombre descuidado de comer hoy; y, por lo menos,
+esto no puede faltar.
+
+Afligíme yo, considerando que aún teníamos en duda la comida, y
+repliqué afligido por parte de mi estómago. A lo cual respondió:
+
+-Poca fe tienes con la religión y orden de los caninos. No falta el
+Señor a los cuervos ni a los grajos ni aun a los escribanos ¿y
+había de faltar a los traspillados? Poco estómago tienes.
+
+-Es verdad -dije-, pero temo mucho tener menos y nada en él.
+
+En esto estábamos, y dio un reloj las doce; y como yo era nuevo en el
+trato, no les cayó en gracia a mis tripas el alcotín y tenía hambre
+como si tal no hubiera comido. Renovada, pues, la memoria con la hora,
+volvíme al amigo y dije:
+
+-Hermano, este de la hambre es recio noviciado; estaba hecho el hombre
+a comer más que un sabañón y hanme metido a vigilias. Si vos no lo
+sentís, no es mucho, que criado con hambre desde niño, como el otro
+rey con ponzoña, os sustentéis ya con ella. No os veo hacer
+diligencia vehemente para mascar, y así, yo determino de hacer la que
+pudiere.
+
+-¡Cuerpo de Dios -replicó- con vos! Pues dan agora las doce ¿y
+tanta prisa? Tenéis muy puntuales ganas y ejecutivas, y han menester
+llevar en paciencia algunas pagas atrasadas. ¡No, sino comer todo el
+día! ¿Qué más hacen los animales? No se escribe que jamás
+caballero nuestro haya tenido cámaras, que antes, de puro mal
+proveídos no nos proveemos. Ya os he dicho que a nadie falta Dios. Y
+si tanta prisa tenéis, yo me voy a la sopa de San Jerónimo, adonde
+hay aquellos frailes de leche como capones, y allí haré el buche. Si
+vos queréis seguirme, venid, y si no, cada uno a sus aventuras.
+
+-Adiós -dije yo-, que no son tan cortas mis faltas que se hayan de
+suplir con sobras de otros. Cada uno eche por su calle.
+
+Mi amigo iba pisando tieso y mirándose a los pies, sacó unas migajas
+de pan que traía para el efecto siempre en una cajuela, y
+derramóselas por la barba y vestido, de suerte que parecía haber
+comido. Ya yo iba tosiendo y escarbando, por disimular mi flaqueza,
+limpiándome los bigotes, arrebozado y la capa sobre el hombro
+izquierdo, jugando con el decenario, que lo era porque no tenía más
+de diez cuentas. Todos los que me veían me juzgaban por comido, y si
+fuera de piojos, no erraran.
+
+Iba yo fiando en mis escudillos aunque me remordía la conciencia el
+ser contra la orden comer a su costa quien vive de tripas horras en el
+mundo. Yo me iba determinando a quebrar el ayuno, y llegué con esto a
+la esquina de la calle de San Luis, adonde vivía un pastelero.
+Asomábase uno de a ocho tostado, y con aquel resuello del horno
+tropezóme en las narices, y al instante me quedé del modo que andaba
+como el perro perdiguero con el aliento de la caza, puestos en él los
+ojos. Le miré con tanto ahínco que se secó el pastel como un
+aojado. Allí es de contemplar las trazas que yo daba para hurtarle;
+resolvíame otra vez a pagarlo. En esto me dio la una. Angustiéme de
+manera que me determiné a zamparme en un bodegón de los que están
+por allí. Yo que iba haciendo punta a uno, Dios que lo quiso, topo
+con un licenciado Flechilla, amigo mío, que venía haldeando por la
+calle abajo, con más barros que la cara de un sanguino y tantos rabos
+que parecía chirrión con sotana, pulpo graduado o mercader que
+cargaba para Italia. Arremetió a mí en viéndome, que, según
+estaba, fue mucho conocerme. Yo le abracé; preguntóme cómo estaba;
+díjele luego:
+
+-¡Ah, señor licenciado, qué de cosas tengo que contarle! Sólo me
+pesa de que me he de ir esta noche y no habrá lugar.
+
+-Eso me pesa a mí -replicó-, y si no fuera por ser tarde, y voy con
+prisa a comer, me detuviera más, porque me aguarda una hermana casada
+y su marido.
+
+-¿Que aquí está mi señora Ana? Aunque lo deje todo, vamos, que
+quiero hacer lo que estoy obligado.
+
+Abrí los ojos oyendo que no había comido. Fuime con él y empecéle
+a contar que una mujercilla que él había querido mucho en Alcalá
+sabía yo dónde estaba, y que le podía dar entrada en su casa.
+Pegósele luego al alma el envite, que fue industria tratarle de cosa
+de gusto. Llegamos tratando en ello a su casa. Entramos; yo me ofrecí
+mucho a su cuñado y hermana, y ellos, no persuadiéndose a otra cosa
+sino a que yo venía convidado por venir a tal hora, comenzaron a
+decir que si lo supieran que habían de tener tan buen huésped que
+hubieran prevenido algo. Yo cogí la ocasión y convidéme, diciendo
+que yo era de casa y amigo viejo, y que se me hiciera agravio en
+tratarme con cumplimiento.
+
+Sentáronse y sentéme; y porque el otro lo llevase mejor, que ni me
+había convidado ni le pasaba por la imaginación, de rato en rato le
+pegaba yo con la mozuela, diciendo que me había preguntado por él y
+que le tenía en el alma y otras mentiras de este modo, con lo cual
+llevaba mejor el verme engullir, porque tal destrozo como yo hice en
+el ante no lo hiciera una bala en el de un coleto. Vino la olla y
+comímela en dos bocados casi toda, sin malicia, pero con prisa tan
+fiera, que parecía que aun entre los dientes no la tenía bien
+segura. Dios es mi padre, que no come un cuerpo más presto el montón
+de la Antigua de Valladolid, que le deshace en veinte y cuatro horas,
+que yo despaché el ordinario; pues fue con más prisa que un
+extraordinario el correo. Ellos bien debían notar los fieros tragos
+del caldo y el modo de agotar la escudilla, la persecución de los
+huesos y el destrozo de la carne. Y si va a decir verdad, entre burla
+y juego, empedré la faltriquera de mendrugos.
+
+Levantóse la mesa, apartámonos yo y el licenciado a hablar de la ida
+en casa de la dicha. Yo se lo facilité mucho. Y estando hablando con
+él a una ventana, hice que me llamaban de la calle, y dije: «¿A
+mí, señor? Ya bajo». Pedíle licencia, diciendo que luego volvía.
+Quedóme aguardando hasta hoy, que desaparecí por lo del pan comido y
+la compañía deshecha. Topóme otras muchas veces y disculpéme con
+él contándole mil embustes que no importan para el caso.
+
+Fuime por las calles de Dios, llegué a la puerta de Guadalajara, y
+sentéme en un banco de los que tienen en sus puertas los mercaderes.
+Quiso Dios que llegaron a la tienda dos de las que piden prestado
+sobre sus caras, tapadas de medio ojo, con su vieja y pajecillo.
+Preguntaron si había algún terciopelo de labor extraordinaria. Yo
+empecé luego, para trabar conversación, a jugar del vocablo, de
+tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo, y no dejé hueso sano a la
+razón. Sentí que les había dado mi libertad algún seguro de algo
+de la tienda, y yo, como quien no aventuraba a perder nada, ofrecílas
+lo que quisiesen. Regatearon diciendo que no tomaban de quien no
+conocían. Yo me aproveché de la ocasión diciendo que había sido
+atrevimiento ofrecerles nada, pero que me hiciesen merced de aceptar
+unas telas que me habían traído de Milán, que a la noche llevaría
+un paje que les dije que era mío, por estar enfrente aguardando a su
+amo, que estaba en otra tienda, por lo cual estaba descaperuzado. Y
+para que me tuviesen por hombre de partes y conocido no hacía sino
+quitar el sombrero a todos los oidores y caballeros que pasaban, y sin
+conocer a ninguno les hacía cortesías como si los tratara
+familiarmente. Ellas se cegaron con esto y con unos cien escudos en
+oro que yo saqué de los que traía, con achaque de dar limosna a un
+pobre que me la pidió.
+
+Pareciólas irse, por ser ya tarde, y así me pidieron licencia,
+advirtiéndome con el secreto que había de ir el paje. Yo las pedí
+por favor y como en gracia un rosario engazado en oro que llevaba la
+más bonita de ellas, en prendas de que las había de ver a otro día
+sin falta. Regatearon dármele; yo les ofrecía en prendas los cien
+escudos, y dijéronme su casa, y con intento de estafarme en más se
+fiaron de mí y preguntáronme mi posada, diciendo que no podía
+entrar paje en la suya a todas horas, por ser gente principal. Yo las
+llevé por la calle Mayor, y al entrar en la de las Carretas escogí
+la casa que mejor y más grande me pareció. Tenía un coche sin
+caballos a la puerta. Díjeles que aquella era y que allí estaba ella
+y el coche y dueño para servirlas. Nombréme don Álvaro de Córdoba
+y entréme por la puerta delante de sus ojos. Y acuérdome que cuando
+salimos de la tienda llamé uno de los pajes, con gran autoridad con
+la mano. Hice que le decía que se quedasen todos y que me aguardasen
+allí (que así dije yo que lo había dicho); y la verdad es que le
+pregunté si era criado del comendador mi tío. Dijo que no; y con
+tanto, acomodé los criados ajenos como buen caballero.
+
+Llegó la noche oscura y acogímonos a casa todos. Entré y hallé al
+soldado de los trapos con una hacha de cera que le dieron para
+acompañar un difunto y se vino con ella. Llamábase éste Magazo,
+natural de Olías; había sido capitán en una comedia y combatido con
+moros en una danza. A los de Flandes decía que había estado en la
+China, y a los de la China en Flandes. Trataba de formar un campo y
+nunca supo sino espulgarse en él. Nombraba castillos y apenas los
+había visto en los ochavos. Celebraba mucho la memoria del señor don
+Juan, y oíle decir yo muchas veces de Luis Quijada que había sido
+honra de amigos. Nombraba turcos, galeones y capitanes, todos los que
+había leído en unas coplas que andaban de esto; y como él no sabía
+nada de mar, porque no tenía de naval más del comer nabos, dijo,
+contando la batalla que había vencido el señor don Juan en Lepanto,
+que aquel Lepanto fue un moro muy bravo, como no sabía el pobrete que
+era nombre del mar. Pasábamos con él lindos ratos.
+
+Entró luego mi compañero deshechas las narices y toda la cabeza
+entrapajada, lleno de sangre y muy sucio. Preguntámosle la causa, y
+dijo que había ido a la sopa de San Jerónimo y que pidió porción
+doblada, diciendo que era para unas personas honradas y pobres.
+Quitáronselo a los otros mendigos para dárselo, y ellos, con el
+enojo, siguiéronle, y vieron que en un rincón detrás de la puerta
+estaba sorbiendo con gran valor, y sobre si era bien hecho engañar
+por engullir y quitar a otros para sí, se levantaron voces y tras
+ellas palos y tras los palos chichones y tolondrones en su pobre
+cabeza. Embistiéronle con los jarros, y el daño de las narices se le
+hizo uno con una escudilla de palo que se la dio a oler con más prisa
+que convenía. Quitáronle la espada, salió a las voces el portero, y
+aun no los podía meter en paz. En fin, se vio en tanto peligro el
+pobre hermano, que decía: «¡Yo volveré lo que he comido!»; y aun
+no bastaba, que ya no reparaban sino en que pedía para otros y no se
+preciaba de sopón. «¡Miren el todo trapos, como muñeca de niños,
+más triste que pastelería en Cuaresma, con más agujeros que una
+flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y
+más puntos que un libro de música (decía un estudiantón de estos
+de la capacha, gorronazo), que hay hombre en la sopa del bendito santo
+que puede ser obispo o otra cualquier dignidad, y se afrenta un don
+Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por
+Sigüenza!». Metióse el portero de por medio, viendo que un
+vejezuelo que allí estaba decía que aunque acudía al brodio, que
+era descendiente de los godos y que tenía deudos.
+
+Aquí lo dejo porque el compañero estaba ya fuera desaprensando los
+huesos.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo III: En que prosigue la misma materia, hasta
+dar con todos en la cárcel.
+
+
+Entró Merlo Díaz, hecha la pretina una sarta de búcaros y vidros,
+los cuales, pidiendo de beber en los tornos de las monjas, había
+agarrado con poco temor de Dios. Mas sacóle de la puja don Lorenzo
+del Pedroso, el cual entró con una capa muy buena, la cual había
+trocado en una mesa de trucos a la suya, que no se la cubriera pelo al
+que la llevó, por ser desbarbada. Usaba éste quitarse la capa como
+que quería jugar, y ponerla con las otras, y luego, como que no
+hacía partido, iba por su capa y tomaba la que mejor le parecía y
+salíase. Usábalo en los juegos de argolla y bolos.
+
+Mas todo fue nada para ver entrar a don Cosme cercado de muchachos con
+lamparones, cáncer y lepra, heridos y mancos, el cual se había hecho
+ensalmador con unas santiguaduras y oraciones que había aprendido de
+una vieja. Ganaba este por todos, porque si el que venía a curarse no
+traía bulto debajo de la capa, no sonaba dinero en faldriquera, o no
+piaban algunos capones, no había lugar. Tenía asolado medio reino.
+Hacía creer cuanto quería, porque no ha nacido tal artífice en el
+mentir; tanto, que aun por descuido no decía verdad. Hablaba del
+Niño Jesús, entraba en las casas con Deo gracias, decía lo del
+«Espíritu Santo sea con todos»... Traía todo ajuar de hipócrita:
+un rosario con unas cuentas frisonas; al descuido hacía que se le
+viese por debajo de la capa un trozo de disciplina salpicada con
+sangre de las narices; hacía creer, concomiéndose, que los piojos
+eran silicios y que la hambre canina eran ayunos voluntarios. Contaba
+tentaciones; en nombrando al demonio, decía «Dios nos libre y nos
+guarde»; besaba la tierra al entrar en la iglesia; llamábase
+indigno; no levantaba los ojos a las mujeres, pero las faldas sí. Con
+estas cosas, traía el pueblo tal, que se encomendaban a él y era
+como encomendarse al diablo. Porque él era jugador y lo otro (ciertos
+los llaman, y por mal nombre fulleros). Juraba el nombre de Dios unas
+veces en vano y otras en vacío. Pues en lo que toca a mujeres, tenía
+seis hijos y preñadas dos santeras. Al fin, de los mandamientos de
+Dios, los que no quebraba hendía.
+
+Vino Polanco haciendo gran ruido, y pidió su saco pardo, cruz grande,
+barba larga postiza y campanilla. Andaba de noche de esta suerte,
+diciendo: «Acordaos de la muerte, y haced bien para las ánimas...»,
+etc. Con esto cogía mucha limosna y entrábase en las casas que veía
+abiertas: si no había testigos ni estorbo, robaba cuando había; si
+le topaban, tocaba la campanilla y decía con una voz que él fingía
+muy penitente: «Acordaos, hermanos...», etcétera.
+
+Todas estas trazas de hurtar y modos extraordinarios conocí, por
+espacio de un mes, en ellos. Volvamos agora a que les enseñé el
+rosario y conté el cuento. Celebraron mucho la traza y recibióle la
+vieja por su cuenta y razón para venderle. La cual se iba por las
+casas diciendo que era de una doncella pobre y que se deshacía de él
+para comer. Y ya tenía para cada cosa su embuste y su trapaza.
+Lloraba la vieja a cada paso, enclavijaba las manos y suspiraba de lo
+amargo, llamaba hijos a todos. Traía encima de muy buena camisa,
+jubón, ropa, saya y manteo, un saco de sayal roto, de un amigo
+ermitaño que tenía en las cuestas de Alcalá. Ésta gobernaba el
+hato, aconsejaba y encubría.
+
+Quiso, pues, el diablo, que nunca está ocioso en cosas tocantes a sus
+siervos, que yendo a vender no sé qué ropa y otras cosillas a una
+casa, conoció uno no sé qué hacienda suya. Trujo un alguacil y
+agarráronme la vieja, que se llamaba la madre Labruscas. Confesó
+luego todo el caso y dijo cómo vivíamos todos y que éramos
+caballeros de rapiña. Dejóla el alguacil en la cárcel y vino a
+casa, y halló en ella a todos mis compañeros y a mí con ellos.
+Traía media docena de corchetes, verdugos de a pie, y dio con todo el
+colegio buscón en la cárcel, adonde se vio en gran peligro la
+caballería.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo IV: En que trata los sucesos de la cárcel,
+hasta salir la vieja azotada, los compañeros a la vergüenza y él en
+fiado.
+
+
+Echáronnos, en entrando, a cada uno dos pares de grillos y
+sumiéronnos en un calabozo. Yo, que me vi ir allá, aprovechéme del
+dinero que traía conmigo y, sacando un doblón, díjele al
+carcelero:
+
+-Señor, oígame V. Md. en secreto.
+
+Y para que lo hiciese dile escudo como cara. En viéndolos, me
+apartó.
+
+-Suplico a V. Md. -le dije- que se duela de un hombre de bien.
+Busquéle las manos, y como sus palmas estaban hechas a llevar
+semejantes dátiles, cerró con los dichos veinte y seis, diciendo:
+
+-Yo averiguaré la enfermedad y si no es urgente bajará al cepo.
+
+Yo conocí la deshecha y respondíle humilde. Dejóme fuera y a los
+amigos descolgáronlos abajo.
+
+Dejo de contar la risa tan grande que en la cárcel y por las calles
+había con nosotros, porque como nos traían atados y a empellones,
+unos sin capas y otros con ellas arrastrando, eran de ver unos cuerpos
+pías remendados y otros aloques de tinto y blanco. A cuál por asirle
+de alguna parte segura, por estar todo tan manido le agarraba el
+corchete de las puras carnes y aun no hallaba de qué asir, según los
+tenía roídos la hambre. Otros iban dejando a los corchetes en las
+manos los pedazos de ropillas y gregüescos; al quitar la soga en que
+venían ensartados, se salían pegados los andrajos.
+
+Al fin, yo fui, llegada la noche, a dormir a la sala de los linajes.
+Diéronme mi camilla. Era de ver algunos dormir envainados, sin
+quitarse nada; otros, desnudarse de un golpe todo cuanto traían
+encima como culebras; cuáles jugaban. Y, al fin, cerrados, se mató
+la luz. Olvidamos todos los grillos. Era de ver a los que no tenían
+cama llegar y asir de los pies al acostado y sacarlo arrastrando en
+medio de la sala y encajarse en la cama, y aquél asir de otro para
+acomodarse.
+
+Estaba el servicio a mi cabecera; vime forzado, a intercesión de mis
+narices, a decirles que mudasen a otra parte el vedriado. Y sobre si
+le viene muy ancho o no (como si me hubieran tomado la medida con el
+bacín), tuvimos palabras. Usé el oficio de adelantado, que es mejor
+a veces serlo de un cachete que de un reino, y metíle a uno media
+pretina en la cara. Él, por levantarse aprisa, derramóle, y al ruido
+despertó el concurso. Asábamonos a pretinazos a oscuras, y era tanto
+el mal olor que hubieron de levantarse todos. Alzóse el grito. El
+alcaide, sospechando que se le iban algunos vasallos, subió
+corriendo, armado, con toda su cuadrilla; abrió la sala, entró luz y
+informóse del caso. Condenáronme todos; yo me disculpaba con decir
+que en toda la noche me habían dejado cerrar los ojos. El carcelero,
+pareciéndole que por no dejarme zabullir en lo hondo le daría otro
+doblón, asió del caso y mandóme bajar allá. Determinéme a
+consentir antes que a pellizcar el talego más de lo que lo estaba.
+Fui llevado abajo; recibiéronme con arbórbola y placer los amigos.
+Dormí aquella noche algo desabrigado.
+
+Amaneció el Señor y salimos del calabozo. Vímonos las caras, y lo
+primero que nos fue notificado fue dar para la limpieza, como si en
+una noche lo hubiera yo ensuciado todo, so pena de culebrazo fino. Yo
+di luego seis reales; mis compañeros no tenían qué dar, y así,
+quedaron remitidos para la noche.
+
+Había en el calabozo un mozo tuerto, alto, abigotado, mohíno de
+cara, cargado de espaldas y de azotes en ellas. Traía más hierro que
+Vizcaya, dos pares de grillos y una cadena de portada. Llamábanle el
+Jayán. Decía que estaba por cosas de aire, y así, sospechaba yo si
+era por algunos fuelles, chirimías o abanicos, y decíale si era por
+algo de esto. Respondía que no, que eran cosas de atrás. Yo pensé
+que pecados viejos quería decir, y averigüé que por puto. Cuando el
+alcaide le reñía por alguna travesura, le llamaba botiller del
+verdugo y depositario general de culpas. Otras veces le amenazaba
+diciendo: -«¿Qué te arriesgas, pobrete, con el que ha de hacer
+humo? Dios es Dios, que te vendimie de camino». Había confesado
+este, y era tan maldito que traíamos todos con carlancas, como
+mastines, las traseras, y no había quien se osase ventosear, de miedo
+de acordarle dónde tenía las asentaderas.
+
+Este hacía amistad con otro que llamaban Robledo y por otro nombre el
+Trepado. Decía que estaba preso por liberalidades; y, entendido, eran
+de manos en pescar lo que topaba. Este había sido más azotado que
+postillón; no había verdugo que no hubiese probado la mano en él.
+Tenía la cara con tantas cuchilladas que a descubrirse puntos no se
+la ganara un flux. Tenía menos las orejas y pegadas las narices,
+aunque no tan bien como la cuchillada que se las partía.
+
+A estos se llegaban otros cuatro hombres, rapantes como leones de
+armas, todos agrillados, gente de azotes y galeras, chilindrón
+legítimo. Decían ellos que presto podrían decir que habían servido
+a su Rey por mar y por tierra. No se podrá creer la notable alegría
+con que aguardaban su despacho.
+
+Todos estos, mohínos de ver que mis compañeros no contribuían,
+ordenaron a la noche de darlos culebra de cáñamo, con una soga
+dedicada al efecto.
+
+Vino la noche. Fuímonos ahuchados a la postrera faldriquera de la
+casa. Mataron la luz; yo metíme luego debajo de la tarima. Empezaron
+a silbar dos de ellos y otro a dar sogazos. Los buenos caballeros, que
+vieron el negocio de revuelta, se apretaron de manera las carnes
+ayunas (cenadas, comidas y almorzadas de sarna y piojos), que cupieron
+todos en un resquicio de la tarima. Estaban como liendres en cabellos
+o chinches en cama. Sonaban los golpes en la tabla; callaban los
+dichos. Los bellacos, que vieron que no se quejaban, dejaron el dar
+azotes y empezaron a tirar ladrillos, piedras y cascote que tenían
+recogido. Allí fue ella, que uno le halló el cogote a don Toribio y
+le levantó una pantorrilla en él de dos dedos. Comenzó a dar voces
+que le mataban. Los bellacos, porque no se oyesen sus aullidos,
+cantaban todos juntos y hacían ruido con las prisiones. Él, por
+esconderse, asió de los otros para meterse debajo. Allí fue el ver
+cómo, con la fuerza que hacían, les sonaban los huesos.
+
+Acabaron su vida las ropillas; no quedaba andrajo en pie. Menudeaban
+tanto las piedras y cascotes, que dentro de poco tiempo tenía el
+dicho don Toribio más golpes en la cabeza que una ropilla abierta, y
+no hallando remedio contra el granizo, viéndose sin santidad cerca de
+morir San Esteban, dijo que le dejasen salir, que él pagaría luego y
+daría sus vestidos en prendas. Consintiéronselo, y a pesar de los
+otros, que se defendían con él, descalabrado y como pudo se levantó
+y pasó a mi lado.
+
+Los otros, por presto que acordaron a hacer lo mismo, ya tenían las
+chollas con más tejas que pelos. Ofrecieron para pagar la patente sus
+vestidos haciendo cuenta que era mejor entrarse en la cama por
+desnudos que por heridos. Y así, aquella noche los dejaron, y a la
+mañana les pidieron que se desnudasen, y se halló que de todos sus
+vestidos juntos no se podía hacer una mecha a un candil.
+
+Quedáronse en la cama, digo envueltos en una manta, la cual era la
+que llaman ruana, donde se espulgan todos. Empezaron luego a sentir el
+abrigo de la manta, porque había piojo con hambre canina, y otro que
+en un brazo ayuno de ellos quebraba ayuno de ocho días; habíalos
+frisones y otros que se podían echar a la oreja de un toro. Pensaron
+aquella mañana ser almorzados de ellos; quitáronse la manta,
+maldiciendo su fortuna, deshaciéndose a puras uñadas.
+
+Yo salíme del calabozo diciéndoles que me perdonasen si no les
+hiciese mucha compañía, porque me importaba no hacérsela. Torné a
+repasarle las manos al carcelero con tres de a ocho y sabiendo quién
+era el escribano de la causa enviéle a llamar con un picarillo. Vino,
+metíle en un aposento, y empecéle a decir (después de haber tratado
+de la causa) cómo yo tenía no sé que dinero; supliquéle que me lo
+guardase, y que en lo que hubiese lugar favoreciese la causa de un
+hijodalgo desgraciado que por engaño había incurrido en tal delito.
+
+-Crea V. Md. -dijo, después de haber pescado la mosca-, que en
+nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien
+puede hacer mucho mal. Más tengo yo en galeras de balde, por mi
+gusto, que hay letras en el proceso. Fíese de mí y crea que le
+sacaré a paz y a salvo.
+
+Fuese con esto y volvióse desde la puerta a pedirme algo para el buen
+Diego García, el alguacil, que importaba acallarle con mordaza de
+plata y apuntóme no sé qué del relator, para ayuda de comerse
+cláusula entera. Dijo:
+
+-Un relator, señor, con arcar las cejas, levantar la voz, dar una
+patada para hacer atender al alcalde divertido, hacer una acción,
+destruye a un cristiano.
+
+Dime por entendido y añadí otros cincuenta reales, y en pago me dijo
+que enderezase el cuello de la capa, y dos remedios para el catarro
+que tenía de la frialdad del calabozo, y últimamente me dijo,
+mirándome con grillos:
+
+-Ahorre de pesadumbre, que con ocho reales que dé al alcaide, le
+aliviará; que esta es gente que no hace virtud si no es por
+interés.
+
+Cayóme en gracia la advertencia. Al fin, él se fue. Yo di al
+carcelero un escudo; quitóme los grillos. Dejábame entrar en su
+casa. Tenía una ballena por mujer y dos hijas del diablo, feas y
+necias, y de la vida, a pesar de sus caras. Sucedió que el carcelero
+(se llamaba tal Blandones de San Pablo, y la mujer doña Ana Moráez)
+vino a comer, estando yo allí, muy enojado y bufando. No quiso comer.
+La mujer, recelando alguna gran pesadumbre, se llegó a él, y le
+enfadó tanto con las acostumbradas importunidades, que dijo:
+
+-¿Qué ha de ser, si el bellaco ladrón de Almendros el aposentador,
+me ha dicho, teniendo palabras con él sobre el arrendamiento, que vos
+nos sois limpia?
+
+-¿Tantos rabos me ha quitado el bellaco? -dijo ella-; por el siglo de
+mi agüelo, que no sois hombre, pues no le pelastes las barbas.
+¿Llamo yo a sus criadas que me limpien?
+
+Y volviéndose a mí, dijo:
+
+-Vale Dios que no me podrá decir que soy judía como él, que de
+cuatro cuartos que tiene, los dos son de villano y los otros ocho
+maravedís de hebreo. A fe, señor don Pablos, que si yo lo oyera, que
+yo le acordara de que tiene las espaldas en el aspa de San Andrés.
+
+Entonces, muy afligido el alcaide, respondió:
+
+-¡Ay, mujer, que callé porque dijo que en esa teníades vos dos o
+tres madejas! Que lo sucio no os lo dijo por lo puerco, sino por el no
+lo comer.
+
+-Luego ¿judía dijo que era? ¿Y con esa paciencia lo decís, buenos
+tiempos? ¿Así sentís la honra de doña Ana Moráez, hija de Esteban
+Rubio y Joan de Madrid, que sabe Dios y todo el mundo?
+
+-¡Cómo! ¿Hija -dije yo- de Joan de Madrid?
+
+-De Joan de Madrid, el de Auñón.
+
+-Voto a Dios -dije yo- que el bellaco que tal dijo es un judío, puto
+y cornudo.
+
+Y volviéndome a ellas:
+
+-Joan de Madrid, mi señor, que esté en el cielo, fue primo hermano
+de mi padre. Y daré yo probanza de quién es y cómo; y esto me toca
+a mí. Y si salgo de la cárcel yo le haré desdecir cien veces al
+bellaco. Ejecutoria tengo en el pueblo, tocante a entrambos, con
+letras de oro.
+
+Alegráronse con el nuevo pariente y cobraron ánimo con lo de la
+ejecutoria. Y ni yo la tenía ni sabía quiénes eran. Comenzó el
+marido a quererse informar del parentesco por menudo. Yo, porque no me
+cogiese en mentira, hice que me salía de enojado, votando y jurando.
+Tuviéronme, diciendo que no se tratase más de ello. Yo, de rato en
+rato, salía muy al descuido con decir:
+
+-¡Joan de Madrid! ¡Burlando es la probanza que yo tengo suya!
+
+Otras veces decía:
+
+-¡Joan de Madrid, el mayor! Su padre de Joan de Madrid fue casado con
+Ana de Acevedo, la gorda.
+
+Y callaba otro poco. Al fin, con estas cosas, el alcaide me daba de
+comer y cama en su casa, y el escribano, solicitado de él y cohechado
+con el dinero, lo hizo tan bien, que sacaron a la vieja delante de
+todos en un palafrén pardo a la brida, con un músico de culpas
+delante. Era el pregón: «¡A esta mujer, por ladrona!» Llevábale
+el compás en las costillas el verdugo, según lo que le habían
+recetado los señores de los ropones. Luego seguían todos mis
+compañeros, en los overos de echar agua, sin sombreros y las caras
+descubiertas. Sacábanlos a la vergüenza y cada uno, de puro roto,
+llevaba la suya de fuera. Desterráronlos por seis años. Yo salí en
+fiado, por virtud del escribano. Y el relator no se descuidó, porque
+mudó tono, habló quedo y ronco, brincó razones y mascó cláusulas
+enteras.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo V: De cómo tomó posada, y la desgracia que
+le sucedió en ella.
+
+
+Salí de la cárcel. Halléme solo y sin los amigos; aunque me
+avisaron que iban camino de Sevilla a costa de la caridad, no los
+quise seguir.
+
+Determinéme de ir a una posada, donde hallé una moza rubia y blanca,
+miradora, alegre, a veces entremetida y a veces entresacada y salida;
+zaceaba un poco; tenía miedo a los ratones; preciábase de manos y
+por enseñarlas siempre despabilaba las velas, partía la comida en la
+mesa, en la iglesia siempre tenía puestas las manos, por las calles
+iba enseñando siempre cuál casa era de uno y cuál de otro, en el
+estrado, de contino tenía un alfiler que prender en el tocado, si se
+jugaba a algún juego era siempre el de pizpirigaña, por ser cosa de
+mostrar manos. Hacía que bostezaba, adrede, sin tener gana, por
+mostrar los dientes y hacer cruces en la boca. Al fin, toda la casa
+tenía ya tan manoseada que enfadaba ya a sus mismos padres.
+
+Hospedáronme muy bien en su casa, porque tenían trato de alquilarla,
+con muy buena ropa, a tres moradores: fui el uno yo, el otro un
+portugués, y un catalán. Hiciéronme muy buena acogida.
+
+A mí no me pareció mal la moza para el deleite, y lo otro la
+comodidad de hallármela en casa. Di en poner en ella los ojos;
+contábales cuentos que yo tenía estudiados para entretener;
+traíalas nuevas aunque nunca las hubiese; servíalas en todo lo que
+era de balde. Díjelas que sabía encantamientos y que era nigromante,
+que haría que pareciese que se hundía la casa y que se abrasaba, y
+otras cosas que ellas como buenas creedoras tragaron. Granjeé una
+voluntad en todos agradecida, pero no enamorada, que, como no estaba
+tan bien vestido como era razón, aunque ya me había mejorado algo de
+ropa por medio del alcaide, a quien visitaba siempre, conservando la
+sangre a pura carne y pan que le comía, no hacían de mí el caso que
+era razón.
+
+Di para acreditarme de rico que lo disimulaba, en enviar a mi casa
+amigos a buscarme cuando no estaba en ella. Entró uno, el primero,
+preguntando por el señor don Ramiro de Guzmán, que así dije que era
+mi nombre (porque los amigos me habían dicho que no era de costa
+mudarse los nombres, y que era útil). Al fin, preguntó por don
+Ramiro, «un hombre de negocios rico, que hizo agora tres asientos con
+el Rey». Desconociéronme en esto las huéspedas y respondieron que
+allí no vivía sino un don Ramiro de Guzmán, más roto que rico,
+pequeño de cuerpo, feo de cara y pobre.
+
+-Ese es -replicó- el que yo digo. Y no quisiera más renta al
+servicio de Dios que la que tiene a más de dos mil ducados.
+
+Contóles otros embustes, quedáronse espantadas, y él las dejó una
+cédula de cambio fingida, que traía a cobrar en mí, de nueve mil
+escudos. Díjoles que me la diesen para que la aceptase, y fuese.
+Creyeron la riqueza la niña y la madre y acotáronme luego para
+marido. Vine yo con gran disimulación, y en entrando, me dieron la
+cédula diciendo:
+
+-Dineros y amor mal se encubren, señor don Ramiro. ¿Cómo que nos
+esconda V. Md. quién es debiéndonos tanta voluntad?
+
+Yo hice como que me había disgustado por el dejar de la cédula y
+fuime a mi aposento. Era de ver cómo, en creyendo que tenía dinero,
+me decían que todo me estaba bien, celebraban mis palabras, no había
+tal donaire como el mío. Yo que las vi tan cebadas declaré mi
+voluntad a la muchacha y ella me oyó contentísima, diciéndome mil
+lisonjas.
+
+Apartámonos; y una noche, para confirmarlas más en mi riqueza,
+cerréme en mi aposento, que estaba dividido del suyo con sólo un
+tabique muy delgado, y sacando cincuenta escudos estuve contándolos
+en la mesa tantas veces que oyeron contar seis mil escudos. Fue esto
+de verme con tanto dinero de contado, para ellas, todo lo que yo
+podía desear, porque dieron en desvelarse para regalarme y servirme.
+
+El portugués se llamaba o siñor Vasco de Meneses, caballero de la
+cartilla, digo de Christus. Traía su capa de luto, botas, cuello
+pequeño y mostachos grandes. Ardía por doña Berenguela de Robledo,
+que así se llamaba. Enamorábala sentándose a conversación y
+suspirando más que beata en sermón de Cuaresma. Cantaba mal, y
+siempre andaba apuntando con él el catalán, el cual era la criatura
+más triste y miserable que Dios crió; comía a tercianas, de tres a
+tres días, y el pan tan duro que apenas le pudiera morder un
+maldiciente. Pretendía por lo bravo, y si no era el poner huevos, no
+le faltaba otra cosa para gallina, porque cacareaba notablemente.
+
+Como vieron los dos que yo iba tan adelante dieron en decir mal de
+mí. El portugués decía que era un piojoso, pícaro, desarropado; el
+catalán me trataba de cobarde y vil. Yo lo sabía todo y a veces lo
+oía, pero no me hallaba con ánimo para responder. Al fin, la moza me
+hablaba y recibía mis billetes. Comenzaba por lo ordinario: «Este
+atrevimiento, su mucha hermosura de V. Md...»; decía lo de «me
+abraso», trataba de «penar», ofrecíame por esclavo, firmaba el
+corazón con la saeta... Al fin, llegamos a los túes, y yo, para
+alimentar más el crédito de mi calidad, salíme de casa y alquilé
+una mula, y arrebozado y mudando la voz, vine a la posada y pregunté
+por mí mismo, diciendo si vivía allí su merced del señor don
+Ramiro de Guzmán, señor del Valcerrado y Villorete.
+
+-Aquí vive -repondió la niña- un caballero de ese nombre, pequeño
+de cuerpo.
+
+Y, por las señas, dije yo que era él, y las supliqué que le dijesen
+que Diego de Solórzana, su mayordomo que fue de las depositarías,
+pasaba a las cobranzas y le había venido a besar las manos. Con esto
+me fui y volví a casa de allí a un rato.
+
+Recibiéronme con la mayor alegría del mundo, diciendo que para qué
+les tenía escondido el ser señor de Valcerrado y Villorete.
+Diéronme el recado. Con esto, la muchacha se remató, codiciosa de
+marido tan rico, y trazó de que la fuese a hablar a la una de la
+noche por un corredor que caía a un tejado donde estaba la ventana de
+su aposento.
+
+El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo
+deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde
+él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un
+vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y
+quedaron estampadas en las costillas. Al ruido despertó la media
+casa, y pensando que eran ladrones (que son antojadizos de ellos los
+de este oficio) subieron al tejado. Yo que vi esto quíseme esconder
+detrás de una chimenea y fue aumentar la sospecha, porque el
+escribano y dos criados y un hermano me molieron a palos y me ataron a
+la vista de mi dama, sin bastarme ninguna diligencia. Mas ella se
+reía mucho, porque como yo la había dicho que sabía hacer burlas y
+encantamentos, pensó que había caído por gracia y nigromancia y no
+hacía sino decirme que subiese, que bastaba ya. Con esto y con los
+palos y puñadas que me dieron, daba aullidos; y era lo bueno que ella
+pensaba que todo era artificio y no acababa de reír.
+
+Comenzó luego a hacer la causa, y porque me sonaron unas llaves en la
+faldriquera, dijo y escribió que eran ganzúas y aunque las vio, sin
+haber remedio de que no lo fuesen. Díjele que era don Ramiro de
+Guzmán y rióse mucho. Yo, triste, que me había visto moler a palos
+delante de mi dama, y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre,
+no sabía qué hacerme. Hincábame de rodillas y ni por esas ni por
+esotras bastaba con el escribano.
+
+Todo esto pasaba en el tejado, que los tales, aun de las tejas arriba
+levantan falsos testimonios. Dieron orden de bajarme abajo y lo
+hicieron por una ventana que caía a una pieza que servía de cocina.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo VI: Prosigue el cuento, con otros varios
+sucesos.
+
+
+No cerré los ojos con toda la noche, considerando mi desgracia, que
+no fue dar en el tejado sino en las manos del escribano, y cuando me
+acordaba de lo de las ganzúas y las hojas que había escrito en la
+causa, echaba de ver que no hay cosa que tanto crezca como culpa en
+poder de escribano.
+
+Pasé la noche en revolver trazas; unas veces me determinaba a
+rogárselo por Jesucristo, y considerando lo que le pasó con ellos
+vivo, no me atrevía. Mil veces me quiso desatar, pero sentíame luego
+y levantábase a visitarme los nudos, que más velaba él en cómo
+forjaría el embuste que yo en mi provecho. Madrugó al amanecer y
+vistióse a hora que en toda su casa no había otros levantados sino
+él y los testimonios. Agarró la correa y tornóme a repasar las
+costillas, reprehendiéndome el mal vicio de hurtar como quien tan
+bien le sabía.
+
+En esto estábamos, él dándome y yo casi determinado de darle a él
+dineros, que es la sangre con que se labran semejantes diamantes,
+cuando incitados y forzados de los ruegos de mi querida, que me había
+visto caer y apalear, desengañada de que no era encanto sino
+desdicha, entraron el portugués y el catalán, y en viendo el
+escribano que me hablaban, desenvainando la pluma, los quiso espetar
+por cómplices en el proceso.
+
+El portugués no lo pudo sufrir, y tratóle algo mal de palabra,
+diciendo que él era un caballero «fidalgo de casa du Rey», y que yo
+era un «home muito fidalgo», y que era bellaquería tenerme atado.
+Comenzóme a desatar y al punto el escribano clamó:
+«¡Resistencia!», y dos criados suyos, entre corchetes y ganapanes,
+pisaron las capas, deshiciéronse los cuellos, como lo suelen hacer
+para representar las puñadas que no ha habido, y pedían favor al
+Rey. Los dos, al fin, me desataron, y viendo el escribano que no
+había quién le ayudase, dijo:
+
+-¡Voto a Dios que esto no se puede hacer conmigo y que a no ser Vs.
+Mds. quien son les podría costar caro! Manden contentar estos
+testigos y echen de ver que les sirvo sin interés.
+
+Yo vi luego la letra; saqué ocho reales y díselos y aun estuve por
+volverle los palos que me había dado; pero por no confesar que los
+había recibido lo dejé y me fui con ellos, dando las gracias de mi
+libertad y rescate.
+
+Entré en casa con la cara rozada de puros mojicones y las espaldas
+algo mohínas de los varapalos. Reíase el catalán mucho y decía a
+la niña que se casase conmigo para volver el refrán al revés, y que
+no fuese tras cornudo apaleado sino tras apaleado cornudo. Tratábame
+de resuelto y sacudido por los palos; traíame afrentado con estos
+equívocos. Si entraba a visitarlos trataban luego de varear; otras
+veces de leña y madera. Yo, que me vi corrido y afrentado, y que ya
+me iban dando en la flor de lo rico, comencé a trazar de salirme de
+casa; y para no pagar comida, cama ni posada, que montaba algunos
+reales, y sacar mi hato libre, traté con un licenciado Brandalagas,
+natural de Hornillos, y con otros dos amigos suyos, que me viniesen
+una noche a prender. Llegaron la señalada y requirieron a la
+huéspeda que venían de parte del Santo Oficio y que convenía
+secreto. Temblaron todas, por lo que yo me había hecho nigromántico
+con ellas. Al sacarme a mí callaron; pero al ver sacar el hato
+pidieron embargo por la deuda, y respondieron que eran bienes de la
+Inquisición. Con esto no chistó alma terrena.
+
+Dejáronles salir y quedaron diciendo que siempre lo temieron.
+Contaban al catalán y al portugués lo de aquellos que me venían a
+buscar; decían entrambos que eran demonios y que yo tenía familiar.
+Y cuando les contaban del dinero que yo había contado, decían que
+parecía dinero pero no lo era; de ninguna suerte persuadiéronse a
+ello.
+
+Yo saqué mi ropa y comida horra. Di traza con los que me ayudaron de
+mudar de hábito y ponerme calza de obra y vestido al uso, cuellos
+grandes y un lacayo en menudos: dos lacayuelos, que entonces era uso.
+Animáronme a ello, poniéndome por delante el provecho que se me
+seguiría de casarme con la ostentación, a título de rico, y que era
+cosa que sucedía muchas veces en la Corte. Y aún añadieron que
+ellos me encaminarían parte conveniente y que me estuviese bien, y
+con algún arcaduz por donde se guiase. Yo, negro codicioso de pescar
+mujer, determinéme. Visité no sé cuántas almonedas y compré mi
+aderezo de casar. Supe dónde se alquilaban caballos y espetéme en
+uno el primer día, y no hallé lacayo.
+
+Salíme a la calle Mayor y púseme enfrente de una tienda de jaeces,
+como que concertaba alguno. Llegáronse dos caballeros, cada cual con
+su lacayo. Preguntáronme si concertaba uno de plata que tenía en las
+manos; yo solté la prosa y con mil cortesías los detuve un rato. En
+fin, dijeron que se querían ir al Prado a bureo un poco, y yo, que si
+no lo tenían a enfado, que los acompañaría. Dejé dicho al mercader
+que si viniesen allí mis pajes y un lacayo, que los encaminase al
+Prado. Di señas de la librea y metíme entre los dos y caminamos. Yo
+iba considerando que a nadie que nos veía era posible el determinar
+cúyos eran los lacayos, ni cuál era el que no le llevaba.
+
+Empecé a hablar muy recio de las cañas de Talavera y de un caballo
+que tenía porcelana; encarecíales mucho el roldanejo que esperaba de
+Córdoba. En topando algún paje, caballo o lacayo, los hacía parar y
+les preguntaba cúyo era, y decía de las señales y si le querían
+vender; hacíale dar dos vueltas en la calle, y, aunque no la tuviese,
+le ponía una falta en el freno y decía lo que había de hacer para
+remediarlo, y quiso mi ventura que topé muchas ocasiones de hacer
+esto. Y porque los otros iban embelesados y, a mi parecer, diciendo:
+«¿Quién será este tagarote escuderón?», porque el uno llevaba un
+hábito en los pechos, y el otro una cadena de diamantes (que era
+hábito y encomienda todo junto), dije yo que andaba en busca de
+buenos caballos para mí y a otro primo mío, que entrábamos en unas
+fiestas.
+
+Llegamos al Prado, y en entrando, saqué el pie del estribo y puse el
+talón por defuera y empecé a pasear. Llevaba la capa echada sobre el
+hombro y el sombrero en la mano. Mirábanme todos; cuál decía:
+«Este yo le he visto a pie»; otro: «Hola, lindo va el buscón». Yo
+hacía como que no oía nada, y paseaba.
+
+Llegáronse a un coche de damas los dos, y pidiéronme que picardease
+un rato. Dejéles la parte de las mozas y tomé el estribo de madre y
+tía. Eran las vejezuelas alegres, la una de cincuenta y la otra punto
+menos. Díjeles mil ternezas y oíanme, que no hay mujer, por vieja
+que sea, que tenga tantos años como presunción. Prometílas regalos
+y preguntélas del estado de aquellas señoras, y respondieron que
+doncellas, y se les echaba de ver en la plática. Yo dije lo
+ordinario: que las viesen colocadas como merecían; y agradóles mucho
+la palabra colocadas. Preguntáronme tras esto que en qué me
+entretenía en la Corte. Yo les dije que en huir de un padre y madre
+que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal
+nacida, por el mucho dote.
+
+-Y yo, señoras, quiero más una mujer limpia en cueros que una judía
+poderosa, que por bondad de Dios, mi mayorazgo vale al pie de cuatro
+mil ducados de renta, y si salgo con un pleito que traigo en buenos
+puntos, no habré menester nada.
+
+Saltó tan presto la tía:
+
+-¡Ay, señor, y cómo le quiero bien! No se case sino con su gusto y
+mujer de casta, que le prometo que con ser yo no muy rica, no he
+querido casar mi sobrina, con haberle salido ricos casamientos, por no
+ser de calidad. Ella pobre es, que no tiene sino seis mil ducados de
+dote, pero no debe nada a nadie en sangre.
+
+-Eso creo muy bien -dije yo.
+
+En esto, las doncellicas remataron la conversación con pedir algo de
+merendar a mis amigos:
+
+ Mirábase el uno a otro,
+ y a todos tiembla la barba.
+
+Yo, que vi ocasión, dije que echaba menos mis pajes, por no tener con
+quien enviar a casa por unas cajas que tenía. Agradeciéronmelo y yo
+las supliqué se fuesen a la Casa del Campo al otro día, y que yo las
+enviaría algo fiambre. Aceptaron luego; dijéronme su casa y
+preguntaron la mía. Y, con tanto, se apartó el coche, y yo y los
+compañeros comenzamos a caminar a casa.
+
+Ellos, que me vieron largo en lo de la merienda, aficionáronse, y por
+obligarme me suplicaron cenase con ellos aquella noche. Híceme algo
+de rogar, aunque poco, y cené con ellos, haciendo bajar a buscar mis
+criados y jurando de echarlos de casa. Dieron las diez, y yo dije que
+era plazo de cierto martelo y que, así, me diesen licencia. Fuime,
+quedando concertados de vernos a la tarde en la Casa del Campo.
+
+Fui a dar el caballo al alquilador, y desde allí a mi casa. Hallé
+los compañeros jugando quinolicas. Contéles el caso y el concierto
+hecho, y determinamos de enviar la merienda sin falta, y gastar
+doscientos reales en ella.
+
+Acostámonos con estas determinaciones. Yo confieso que no pude dormir
+en toda la noche con el cuidado de lo que había de hacer con el dote.
+Y lo que más me tenía en duda era el hacer de él una casa o darlo a
+censo, que no sabía yo cuál sería mejor y de más provecho.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo VII: En que se prosigue lo mismo, con otros
+sucesos y desgracias que le sucedieron.
+
+
+Amaneció y despertamos a dar traza en los criados, plata y merienda.
+En fin, como el dinero ha dado en mandarlo todo y no hay quien le
+pierda el respeto, pagándoselo a un repostero de un señor, me dio
+plata, y la sirvió él y tres criados.
+
+Pasóse la mañana en aderezar lo necesario, y a la tarde ya yo tenía
+alquilado mi caballito. Tomé el camino a la hora señalada para la
+Casa del Campo. Llevaba toda la pretina llena de papeles como
+memoriales, y desabotonados seis botones de la ropilla, y asomados
+unos papeles. Llegué, y ya estaban allá las dichas y los caballeros
+y todo. Recibiéronme ellas con mucho amor y ellos llamándome de vos,
+en señal de familiaridad. Había dicho que me llamaba don Filipe
+Tristán, y en todo el día había otra cosa sino don Filipe acá y
+don Filipe allá. Yo comencé a decir que me había visto tan ocupado
+con negocios de Su Majestad y cuentas de mi mayorazgo, que había
+temido el no poder cumplir; y que, así, las apercibía a merienda de
+repente.
+
+En esto, llegó el repostero con su jarcia, plata y mozos; los otros y
+ellas no hacían sino mirarme y callar. Mandéle que fuese al cenador
+y aderezase allí, que entretanto nos íbamos a los estanques.
+Llegáronse a mí las viejas a hacerme regalos, y holguéme de ver
+descubiertas las niñas, porque no he visto desde que Dios me crió
+tan linda cosa como aquella en quien yo tenía asestado el matrimonio:
+blanca, rubia, colorada, boca pequeña, dientes menudos y espesos,
+buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y
+zazosita. La otra no era mala, pero tenía más desenvoltura, y
+dábame sospechas de hocicada.
+
+Fuimos a los estanques, vímoslo todo y en el discurso conocí que la
+mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente. No
+sabía, pero como yo no quiero las mujeres para consejeras ni bufonas,
+sino para acostarme con ellas, y si son feas y discretas es lo mismo
+que acostarse con Aristóteles o Séneca o con un libro, procúrolas
+de buenas partes para el arte de las ofensas; que cuando sea boba,
+harto sabe si me sabe bien. Esto me consoló. Llegamos cerca del
+cenador, y al pasar una enramada prendióseme en un árbol la
+guarnición del cuello y desgarróse un poco. Llegó la niña, y
+prendiómelo con un alfiler de plata y dijo la madre que enviase el
+cuello a su casa al otro día, que allá lo aderezaría doña Ana, que
+así se llamaba la niña.
+
+Estaba todo cumplidísimo; mucho que merendar, caliente y fiambre,
+frutas y dulces. Levantaron los manteles y, estando en esto, vi venir
+un caballero con dos criados por la huerta adelante, y cuando no me
+cato, conozco a mi buen don Diego Coronel. Acercóse a mí, y como
+estaba en aquel hábito, no hacía sino mirarme. Habló a las mujeres
+y tratólas de primas; y, a todo esto, no hacía sino volver y
+mirarme. Yo me estaba hablando con el repostero, y los otros dos, que
+eran sus amigos, estaban en gran conversación con él.
+
+Preguntóles, según se echó de ver después, mi nombre, y ellos
+dijeron:
+
+-Don Filipe Tristán, un caballero muy honrado y rico.
+
+Veíale yo santiguarse. Al fin, delante de ellas y de todos, se llegó
+a mí y dijo:
+
+-V. Md. me perdone, que por Dios que le tenía, hasta que supe su
+nombre, por bien diferente de lo que es; que no he visto cosa tan
+parecida a un criado que yo tuve en Segovia, que se llamaba Pablillos,
+hijo de un barbero del mismo lugar.
+
+Riéronse todos mucho, y yo me esforcé para que no me desmintiese la
+color, y díjele que tenía deseo de ver aquel hombre, porque me
+habían dicho infinitos que le era parecidísimo.
+
+-¡Jesús! -decía el don Diego-. ¿Cómo parecido? El talle, la
+habla, los meneos, hasta en esa señal de la frente, que en V. Md.
+debe de ser herida y en él fue un palo que le dieron entrando a
+hurtar unas gallinas. ¡No he visto tal cosa! Digo, señor, que es
+admiración grande, y que no he visto cosa tan parecida.
+
+-Dolo al diablo -dije yo- y ¿no ahorcaron ese ganapán?
+
+Entonces las viejas, tía y madre, dijeron que cómo era posible que a
+un caballero tan principal se pareciese un pícaro tan bajo como
+aquél. Y porque no sospechase nada de ellas, dijo la una:
+
+-Yo le conozco muy bien al señor don Filipe, que es el que nos
+hospedó por orden de mi marido, que fue gran amigo suyo, en Ocaña.
+
+Yo entendí la letra y dije que mi voluntad era y sería de servirlas
+con mi poco posible en todas partes.
+
+El don Diego se me ofreció y me pidió perdón del agravio que me
+había hecho en tenerme por el hijo del barbero. Y añadía:
+
+-No creerá V. Md.: su madre era hechicera y un poco puta, y su padre
+ladrón y su tío verdugo, y él el más ruin hombre y más mal
+inclinado tacaño del mundo.
+
+Yo decía con unos empujoncillos de risa:
+
+-¡Gentil bergantón! ¡Hideputa pícaro!
+
+Y por de dentro considere el pío lector lo que sentiría mi
+gallofería. Estaba, aunque lo disimulaba, como en brasas. Tratamos de
+venirnos al lugar. Yo y los otros dos nos despedimos y don Diego se
+entró con ellas en el coche. Preguntólas que qué era la merienda y
+el estar conmigo, y la madre y tía dijeron cómo yo era un mayorazgo
+de tantos ducados de renta y que me quería casar con Anica; que se
+informase y vería si era cosa, no sólo acertada, sino de mucha honra
+para todo su linaje.
+
+En esto pasaron el camino hasta su casa, que era en la calle del
+Arenal a San Filipe. Nosotros nos fuimos a casa juntos como la otra
+noche. Pidiéronme que jugase, codiciosos de pelarme. Yo entendíles
+la flor y sentéme. Sacaron naipes: estaban hechos. Perdí una mano.
+Di en irme por abajo, y ganéles cosa de trescientos reales; y con
+tanto, me despedí y vine a mi casa.
+
+Topé a mis compañeros, licenciado Brandalagas y Pero López, los
+cuales estaban estudiando en unos dados tretas flamantes. En viéndome
+lo dejaron, codiciosos de preguntarme lo que me había sucedido. Yo
+venía cariacontecido y encapotado, no les dije más de que me había
+visto en un grande aprieto. Contéles cómo me había topado con don
+Diego y lo que me había sucedido; consoláronme aconsejando que
+disimulase y no desistiese de la pretensión por ningún camino ni
+manera.
+
+En esto, supimos que se jugaba en casa de un vecino boticario juego de
+parar. Entendíalo yo entonces razonablemente, porque tenía más
+flores que un mayo y barajas hechas, lindas. Determinámonos de ir a
+darles un muerto (que así se llama el enterrar una bolsa); envié los
+amigos delante, entraron en la pieza, y dijeron si gustarían de jugar
+con un fraile que acababa de llegar a curarse en casa de unas primas
+suyas, que venía enfermo y traía talegos como el brazo y una calza
+de doblones. Crecióles a todos el ojo y clamaron:
+
+-¡Venga el fraile norabuena!
+
+-Es hombre grave en la orden -replicó Pero López- y, como ha salido,
+se quiere entretener, que él más lo hace por la conversación.
+
+-Venga, y sea por lo que fuere.
+
+-No ha de entrar nadie de fuera, por el recato -dijo Brandalagas.
+
+-No hay tratar de eso -respondió el huésped-; ni criados.
+
+Con esto, ellos quedaron ciertos del caso y creída la mentira.
+
+Vinieron los acólitos y ya yo estaba con un tocador en la cabeza por
+disimular la corona y fingir la enfermedad; sahuméme con paja y
+afeitéme de tercianas, con una color de cera amarilla, y mi hábito
+de fraile, unos antojos y mi barba, que por ser atusada no desayudaba.
+Entré muy humilde, sentéme, comenzóse el juego. Ellos levantaban
+bien; iban tres al mohíno pero quedaron mohínos los tres, porque yo,
+que sabía más que ellos, les di tal gatada que en espacio de tres
+horas me llevé más de mil trescientos reales. Di baratos y con mi
+«¡Loado sea Nuestro Señor!», me despedí, encargándoles que no
+recibiesen escándalo de verme jugar, que era entretenimiento y no
+otra cosa. Los otros, que habían perdido cuanto tenían, dábanse a
+mil diablos. Despedíme y salímonos fuera.
+
+Venimos a casa a la una y media y acostámonos después de haber
+partido la ganancia. Consoléme con esto algo de lo sucedido, y a la
+mañana me levanté a buscar mi caballo y no hallé por alquilar
+ninguno, en lo cual conocí que había otros muchos como yo. Pues
+andar a pie pareciera mal y más entonces, fuime a San Filipe y
+topéme con una lacayo de un letrado, que tenía un caballo y le
+aguardaba, que se había acabado de apear a oír misa. Metíle cuatro
+reales en la mano, porque mientras su amo estaba en la iglesia me
+dejase dar dos vueltas en el caballo por la calle del Arenal, que era
+la de mi señora.
+
+Consintió, subí en el caballo y di dos vueltas calle arriba y calle
+abajo sin ver nada, y al dar la tercera asomóse doña Ana. Yo que la
+vi y no sabía las mañas del caballo ni era buen jinete, quise hacer
+galantería: dile dos varazos, tiréle de la rienda; empínase y,
+tirando dos coces, aprieta a correr y da conmigo por las orejas en un
+charco.
+
+Yo que me vi así, y rodeado de niños que se habían llegado, y
+delante de mi señora, empecé a decir:
+
+-¡Oh, hideputa! ¡No fuérades vos valenzuela! Estas temeridades me
+han de acabar. Habíanme dicho las mañas y quise porfiar con él.
+
+Traía el lacayo ya el caballo, que se paró luego. Yo torné a subir;
+y al ruido se había asomado don Diego Coronel, que vivía en la misma
+casa de sus primas. Yo que le vi, me demudé. Preguntóme si había
+sido algo; dije que no, aunque tenía estropeada una pierna. Dábame
+el lacayo prisa porque no saliese su amo y lo viese, que había de ir
+a palacio. Y soy tan desgraciado, que estándome diciendo el lacayo
+que nos fuésemos, llega por detrás el letradillo, y conociendo su
+rocín arremete al lacayo y empieza a darle de puñadas, diciendo en
+altas voces que qué bellaquería era dar su caballo a nadie; y lo
+peor fue que, volviéndose a mí, dijo que me apease con Dios, muy
+enojado. Todo pasaba a vista de mi dama y de don Diego: no se ha visto
+en tanta vergüenza ningún azotado. Estaba tristísimo de ver dos
+desgracias tan grandes en un palmo de tierra. Al fin, me hube de
+apear; subió el letrado y fuese. Y yo, por hacer la deshecha,
+quedéme hablando desde la calle con don Diego y dije:
+
+-En mi vida subí en tan mala bestia. Está ahí mi caballo overo en
+San Filipe, y es desbocado en la carrera y trotón.
+
+Dije cómo yo le corría y hacía parar; dijeron que allí estaba uno
+en que no lo haría, y era éste de este licenciado. Quise probarlo.
+No se puede creer qué duro es de caderas, y con mala silla fue
+milagro no matarme.
+
+-Sí fue -dijo don Diego-; y con todo parece que se siente V. Md. de
+esa pierna.
+
+-Sí siento -dije yo-; y me querría ir a tomar mi caballo y a casa.
+
+La muchacha quedó satisfecha y con lástima de mi caída, mas el don
+Diego cobró mala sospecha de lo del letrado, y fue totalmente causa
+de mi desdicha, fuera de otras muchas que me sucedieron. Y la mayor y
+fundamento de las otras fue que cuando llegué a casa y fui a ver una
+arca, adonde tenía en una maleta todo el dinero que había quedado de
+mi herencia y lo que había ganado, menos cien reales que yo traía
+conmigo, hallé que el buen licenciado Brandalagas y Pero López
+habían cargado con ello y no parecían. Quedé como muerto, sin saber
+qué consejo tomar de mi remedio. Decía entre mí: «¡Malhaya quien
+fía en hacienda mal ganada, que se va como se viene! ¡Triste de mí!
+¿Qué haré?». No sabía si irme a buscarlos, si dar parte a la
+justicia. Esto no me parecía bien, porque si los prendían, habían
+de aclarar lo del hábito y otras cosas y era morir en la horca. Pues
+seguirlos, no sabía por dónde. Al fin, por no perder también el
+casamiento, que ya yo me consideraba remediado con el dote, determiné
+de quedarme y apretarlo sumamente.
+
+Comí, y a la tarde alquilé mi caballico y fuime hacia la calle; y
+como no llevaba lacayo, por no pasar sin él, aguardaba a la esquina,
+antes de entrar, a que pasase algún hombre que lo pareciese, y en
+pasando partía detrás de él, haciéndole lacayo sin serlo; y en
+llegando al fin de la calle, metíame detrás de la esquina hasta que
+volviese otro que lo pareciese; metíame detrás y daba otra vuelta.
+
+Yo no sé si fue la fuerza de la verdad de ser yo el mismo pícaro que
+sospechaba don Diego, o si fue la sospecha del caballo del letrado, u
+qué se fue, que don Diego se puso a inquerir quién era y de qué
+vivía, y me espiaba. En fin, tanto hizo, que por el más
+extraordinario camino del mundo supo la verdad; porque yo apretaba en
+lo del casamiento, por papeles, bravamente, y él, acosado de ellas,
+que tenían deseo de acabarlo, andando en mi busca, topó con el
+licenciado Flechilla, que fue el que me convidó a comer cuando yo
+estaba con los caballeros, y este, enojado de cómo yo no le había
+vuelto a ver, hablando con don Diego, y sabiendo cómo yo había sido
+su criado, le dijo de la suerte que me encontró cuando me llevó a
+comer y que no había dos días que me había topado a caballo muy
+bien puesto, y le había contado cómo me casaba riquísimamente.
+
+No aguardó más don Diego, y volviéndose a su casa encontró con los
+dos caballeros del hábito y cadena amigos míos, junto a la Puerta
+del Sol, y contóles lo que pasaba y díjoles que se aparejasen y en
+viéndome a la noche en la calle, que me magullasen los cascos; y que
+me conocerían en la capa que él traía, que la llevaría yo.
+Concertáronse, y en entrando en la calle, topáronme, y disimularon
+de suerte los tres que jamás pensé que eran tan amigos míos como
+entonces. Estuvímonos en conversación tratando de lo que sería bien
+hacer a la noche, hasta el avemaría. Entonces despidiéndose los dos,
+echaron hacia abajo, y yo y don Diego quedamos solos y echamos a San
+Filipe.
+
+Llegando a la entrada de la calle de la Paz, dijo don Diego:
+
+-Por vida de don Filipe, que troquemos capas, que me importa pasar por
+aquí y que no me conozcan.
+
+-Sea en buen hora -dije yo.
+
+Tomé la suya inocentemente y dile la mía. Ofrecíle mi persona para
+hacerle espaldas, mas él, que tenía trazado el deshacerme las mías,
+dijo que le importaba ir solo, que me fuese.
+
+No bien me aparté de él con su capa, cuando ordena el diablo que dos
+que lo aguardaban para cintarearlo por una mujercilla, entendiendo por
+la capa que yo era don Diego, levantan y empiezan una lluvia de
+espaldarazos sobre mí. Yo di voces, y en ellas y la cara conocieron
+que no era yo. Huyeron y yo quedéme en la calle con los cintarazos.
+Disimulé tres o cuatro chichones que tenía y detúveme un rato, que
+no osé entrar en la calle, de miedo. En fin, a las doce, que era a la
+hora que solía hablar con ella, llegué a la puerta; y emparejando,
+cierra uno de los que me aguardaban por don Diego, con un garrote
+conmigo, y dame dos palos en las piernas y derríbame en el suelo; y
+llega el otro, y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la
+capa, y déjanme en el suelo, diciendo:
+
+-¡Así pagan los pícaros embustidores mal nacidos!
+
+Comencé a dar gritos y a pedir confesión; y como no sabía lo que
+era, aunque sospechaba por las palabras que acaso era el huésped de
+quien me había salido con la traza de la Inquisición, o el carcelero
+burlado, o mis compañeros huidos...; y, al fin, yo esperaba de tantas
+partes la cuchillada, que no sabía a quién echársela; pero nunca
+sospeché en don Diego ni en lo que era. Daba voces:
+
+-¡A los capeadores!
+
+A ellas vino la justicia; levantáronme, y viendo mi cara con una
+zanja de un palmo y sin capa ni saber lo que era, asiéronme para
+llevarme a curar. Metiéronme en casa de un barbero, curóme,
+preguntáronme dónde vivía, y lleváronme allá. Acostáronme, y
+quedé aquella noche confuso, viendo mi cara de dos pedazos y tan
+lisiadas las piernas de los palos, que no me podía tener en ellas ni
+las sentía, robado, y de manera que ni podía seguir a los amigos, ni
+tratar del casamiento, ni estar en la Corte, ni estar fuera.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo VIII: De su cura y otros sucesos peregrinos.
+
+
+He aquí a la mañana amanece a mi cabecera la huéspeda de casa,
+vieja de bien, arrugada y llena de afeite, que parecía higo
+enharinado, niña si se lo preguntaban, con su cara de muesca, entre
+chufa y castaña apilada, tartamuda, barbada y bizca y roma; no le
+faltaba una gota para bruja. Tenía buena fama en el lugar y echábase
+a dormir con ella y con cuantos querían; templaba gustos y careaba
+placeres. Llamábase la Paloma; alquilaba su casa y era corredora para
+alquilar otras. En todo el año no se vaciaba la posada de gente.
+
+Era de ver cómo ensayaba una muchacha en el taparse, lo primero
+enseñándola cuáles cosas había de descubrir de su cara. A la de
+buenos dientes, que riese siempre, hasta en los pésames; a la de
+buenas manos, se las enseñaba a esgrimir; a la rubia, un bamboleo de
+cabellos y un asomo de vedijas por el manto y la toca extremado; a
+buenos ojos, lindos bailes con las niñas y dormidillos, cerrándolos,
+y elevaciones mirando arriba. Pues tratada en materia de afeites,
+cuervos entraban y les corregía las caras de manera que al entrar en
+sus casas, de puro blancas no las conocían sus maridos. Enlucía
+manos y gargantas como paredes, acicalaba dientes, arrancaba el vello;
+tenía un bebedizo que llamaba Herodes, porque con él mataba los
+niños en las barrigas, y hacía malparir y mal empreñar. Y en lo que
+ella era más extremada era en arremedar virgos y adobar doncellas. En
+solos ocho días que yo estuve en casa la vi hacer todo esto. Y para
+remate de lo que era, enseñaba a pelar, y refranes que dijesen las
+mujeres. Allí les decía cómo habían de encajar la joya: las niñas
+por gracia, las mozas por deuda y las viejas por respeto y
+obligación. Enseñaba pediduras para dinero seco y pediduras para
+cadenas y sortijas. Citaba a la Vidaña, su concurrente en Alcalá, y
+a la Plañosa, en Burgos, a Muñatones la de Salamanca.
+
+Esto he dicho para que se me tenga lástima de ver a las manos que
+vine y se ponderen mejor las razones que me dijo; y empezó por estas
+palabras, que siempre hablaba por refranes:
+
+-De donde sacan y no pon, hijo don Filipe, presto llegan al hondón;
+de tales polvos, tales lodos; de tales bodas, tales tortas. Yo no te
+entiendo, ni sé tu manera de vivir. Mozo eres, no me espanto que
+hagas algunas travesuras, sin mirar que, durmiendo, caminamos a la
+güesa: yo, como montón de tierra, te lo puedo decir.
+¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda
+sin saber cómo, y que te han visto aquí ya estudiante, ya pícaro, y
+ya caballero, y todo por las compañías! Dime con quién andas, hijo,
+y diréte quién eres; cada oveja con su pareja; sábete, hijo, que de
+la mano a la boca se pierde la sopa. Anda, bobillo que si te
+inquietaban mujeres, bien sabes tú que soy yo fiel perpetuo en esta
+tierra de esa mercaduría, y que me sustento de las posturas, así que
+enseño como que pongo, y que nos damos con ellas en casa, y no
+andarte con un pícaro y otro pícaro, tras una alcorzada y otra
+redomadona, que gasta las faldas con quien hace sus mangas. Yo te juro
+que hubieras ahorrado muchos ducados si te hubieras encomendado a mí
+porque no soy nada amiga de dineros. Y por mis entenado y difuntos, y
+así yo haya buen acabamiento, que aun lo que me debes de la posada no
+te lo pidiera agora, a no haberlo menester para unas candelicas y
+hierbas (que trataba en botes, sin ser boticaria, y si la untaban las
+manos, se untaba y salía de noche por la puerta del humo).
+
+Yo que vi que había acabado la plática y sermón en pedirme, que,
+con ser su tema, acabó en él y no comenzó, como todos hacen, no me
+espanté de la visita, que no me la había hecho otra vez mientras
+había sido su huésped, si no fue un día que me vino a dar
+satisfacciones de que había oído que me habían dicho no sé qué de
+hechizos y que la quisieron prender y escondió la calle; vínome a
+desengañar y a decir que era otra de su nombre.
+
+Yo la conté su dinero y, estándosele dando, la desventura, que nunca
+me olvida, y el diablo, que se acuerda de mí, trazó que la venían a
+prender por amancebada, y sabían que estaba el amigo en casa.
+Entraron en mi aposento; como me vieron en la cama y a ella conmigo,
+cerraron con ella y conmigo y diéronme cuatro o seis empellones muy
+grandes y arrastráronme fuera de la cama. A ella la tenían asida
+otros dos tratándola de alcahueta y bruja. ¡Quién tal pensara de
+una mujer que hacía la vida referida!
+
+A las voces del alguacil y a mis quejas, el amigo, que era un frutero
+que estaba en el aposento de adentro, dio a correr. Ellos que lo
+vieron y supieron por lo que decía otro huésped de casa que yo lo
+era arrancaron tras el picaño, y asiéronle y dejáronme a mí
+repelado y apuñeado; y con todo mi trabajo me reía de lo que los
+picarones decían a la Guía. Porque uno la miraba y decía:
+
+-¡Qué bien os estará una mitra, madre, y lo que me holgaré de
+veros consagrar tres mil nabos a vuestro servicio!
+
+Otro:
+
+-Ya tienen escogidas plumas los señores alcaldes, para que entréis
+bizarra.
+
+Al fin, trujeron el picarón, y atáronlos entrambos. Pidiéronme
+perdón y dejáronme solo. Yo quedé algo aliviado de ver a mi buena
+huéspeda en el estado que tenía sus negocios; y así, no tenía otro
+cuidado sino el de levantarme a tiempo que la tirase mi naranja.
+Aunque, según las cosas que contaba una criada que quedó en casa, yo
+desconfié de su prisión, porque me dijo no sé qué de volar, y
+otras cosas que no me sonaron bien.
+
+Estuve en la casa curándome ocho días, y apenas podía salir;
+diéronme doce puntos en la cara, y hube de ponerme muletas. Halléme
+sin dinero, porque los cien reales se consumieron en la cura, comida y
+posada; y así, para no hacer más gasto no teniendo dinero,
+determiné de salirme con dos muletas de la casa, y vender mi vestido,
+cuellos y jubones, que era todo muy bueno. Hícelo y compré con lo
+que me dieron un coleto de cordobán viejo y un jubonazo de estopa
+famoso, mi gabán de pobre, remendado y largo, mis polainas y zapatos
+grandes, la capilla del gabán en la cabeza, un Cristo de bronce
+traía colgando del cuello, y un rosario.
+
+Impúsome en la voz y frases doloridas de pedir un pobre que entendía
+de la arte mucho, y así comencé luego a ejercitarlo por las calles.
+Cosíme sesenta reales que me sobraron en el jubón, y con eso me
+metí a pobre fiado en mi buena prosa. Anduve ocho días por las
+calles, aullando en esta forma, con voz dolorida y realzamiento de
+plegarias: «¡Dalde, buen cristiano, siervo del Señor, al pobre
+lisiado y llagado; que me veo y me deseo!» Esto decía los días de
+trabajo, pero los días de fiesta comenzaba con diferente voz, y
+decía: «¡Fieles cristianos y devotos del Señor! ¡Por tan alta
+princesa como la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, dalde una
+limosna al pobre tullido y lastimado de la mano del Señor!» Y paraba
+un poco, que es de grande importancia, y luego añadía: «¡Un aire
+corrupto en hora menguada trabajando en una viña, me trabó mis
+miembros, que me vi sano y bueno como se ven y se vean, loado sea el
+Señor!»
+
+Venían con esto los ochavos trompicando y ganaba mucho dinero. Y
+ganara más si no se me atravesara un mocetón mal encarado, manco de
+los brazos y con una pierna menos, que me rondaba las mismas calles en
+un carretón y cogía más limosna con pedir mal criado. Decía con
+voz ronca, rematando en chillido: «¡Acordaos siervos de Jesucristo,
+del castigado del Señor por sus pecados! ¡Dalde al pobre lo que Dios
+reciba!» Y añadía: «¡Por el buen Jesú!»; y ganaba que era un
+juicio. Yo advertí, y no dije más Jesús, sino quitábale la s, y
+movía a más devoción. Al fin, yo mudé de frasecicas y cogía
+maravillosa mosca.
+
+Llevaba metidas entrambas piernas en una bolsa de cuero, y liadas, y
+mis dos muletas. Dormía en un portal de un cirujano, con un pobre de
+cantón, uno de los mayores bellacos que Dios crió. Estaba
+riquísimo, y era como nuestro retor; ganaba más que todos; tenía
+una potra muy grande, y atábase con un cordel el brazo por arriba, y
+parecía que tenía hinchada la mano y manca, y calentura, todo junto.
+Poníase echado boca arriba en su puesto, y con la potra defuera, tan
+grande como una bola de puente, y decía: «¡Miren la pobreza y el
+regalo que hace el Señor al cristiano!» Si pasaba mujer decía:
+«¡Ah, señora hermosa, sea Dios en su ánima!» Y las más, porque
+las llamase así, le daban limosna y pasaban por allí aunque no fuese
+camino para sus visitas. Si pasaba un soldadico: «¡Ah, señor
+capitán!», decía; y si otro hombre cualquiera: «¡Ah, señor
+caballero!» Si iba alguno en coche, luego le llamaba señoría, y si
+clérigo en mula, señor arcediano. En fin, él adulaba terriblemente.
+Tenía modo diferente para pedir los días de los santos; y vine a
+tener tanta amistad con él, que me descubrió un secreto con que en
+dos días estuvimos ricos. Y era que este tal pobre tenía tres
+muchachos pequeños, que recogían limosna por las calles y hurtaban
+lo que podían; dábanle cuenta a él y todo lo guardaba. Iba a la
+parte con dos niños de la cajuela en las sangrías que hacían de
+ellas, y tomé el mismo arbitrio, y él me encaminó la gentecica a
+propósito.
+
+Halléme en menos de un mes con más de doscientos reales horros. Y
+últimamente me declaró, con intento que nos fuésemos juntos, el
+mayor secreto y la más alta industria que cupo en mendigo, y la
+hicimos entrambos. Y era que hurtábamos niños, cada día, entre los
+dos, cuatro o cinco; pregonábanlos, y salíamos nosotros a preguntar
+las señas, y decíamos: «Por cierto, señor, que le topé a tal
+hora, y que si no llego, que le mata un carro; en casa está».
+Dábannos el hallazgo, y veníamos a enriquecer de manera que me
+hallé yo con cincuenta escudos, y ya sano de las piernas, aunque las
+traía entrapajadas.
+
+Determiné de salirme de la Corte y tomar mi camino para Toledo, donde
+ni conocía ni me conocía nadie. Al fin, yo me determiné; compré un
+vestido pardo, cuello y espada, y despedíme de Valcázar, que era el
+pobre que dije, y busqué por los mesones en qué ir a Toledo.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo IX: En que se hace representante, poeta y
+galán de monjas.
+
+
+Topé en un paraje una compañía de farsantes que iban a Toledo.
+Llevaban tres carros, y quiso Dios que entre los compañeros iba uno
+que lo había sido mío del estudio en Alcalá, y había renegado y
+metídose al oficio. Díjele lo que me importaba ir allá y salir de
+la Corte; y apenas el hombre me conocía con la cuchillada, y no
+hacía sino santiguarse de mi per signum crucis. Al fin, me hizo
+amistad, por mi dinero, de alcanzar de los demás lugar para que yo
+fuese con ellos.
+
+Íbamos barajados hombres y mujeres, y una entre ellas, la bailarina,
+que también hacía las reinas y papeles graves en la comedia, me
+pareció extremada sabandija. Acertó a estar su marido a mi lado, y
+yo, sin pensar a quien hablaba, llevado del deseo de amor y gozarla,
+díjele:
+
+-A esta mujer ¿por qué orden la podremos hablar, para gastar con su
+merced unos veinte escudos, que me ha parecido bien por ser hermosa?
+
+-No me lo está a mí el decirlo, que soy su marido -dijo el hombre-,
+ni tratar de eso; pero sin pasión, que no me mueve ninguna, se puede
+gastar con ella cualquier dinero, porque tales carnes no tiene el
+suelo, ni tal juguetoncica.
+
+Y diciendo esto, saltó del carro y fuese al otro, según pareció,
+por darme lugar que la hablase.
+
+Cayóme en gracia la respuesta del hombre, y eché de ver que estos
+son de los que dijera algún bellaco que cumplen el precepto de San
+Pablo de tener mujeres como si no las tuviesen, torciendo la sentencia
+en malicia. Yo gocé de la ocasión, habléla, y preguntóme que
+adónde iba y algo de mi vida. Al fin, tras muchas palabras, dejamos
+concertadas para Toledo las obras. Íbamos holgando por el camino
+mucho.
+
+Yo, acaso, comencé a representar un pedazo de la comedia de San
+Alejo, que me acordaba de cuando muchacho, y representélo de suerte
+que les di codicia. Y sabiendo, por lo que yo le dije a mi amigo que
+iba en la compañía, mis desgracias y descomodidades, díjome que si
+quería entrar en la danza con ellos. Encareciéronme tanto la vida de
+la farándula, y yo, que tenía necesidad de arrimo y me había
+parecido bien la moza, concertéme por dos años con el autor. Hícele
+escritura de estar con él y diome mi ración y representaciones. Y
+con tanto, llegamos a Toledo.
+
+Diéronme que estudiar tres o cuatro loas y papeles de barba, que los
+acomodaba bien con mi voz. Yo puse cuidado en todo y eché la primera
+loa en el lugar. Era de una nave, de lo que son todas, que venía
+destrozada y sin provisión; decía lo de «este es el puerto»,
+llamaba a la gente «senado», pedía perdón de las faltas y
+silencio, y entréme. Hubo un víctor de rezado, y al fin parecí bien
+en el teatro.
+
+Representamos una comedia de un representante nuestro (que yo me
+admiré de que fuesen poetas, porque pensaba que el serlo era de
+hombres muy doctos y sabios, y no de gente tan sumamente lega). Y
+está ya de manera esto que no hay autor que no escriba comedias, ni
+representante que no haga su farsa de moros y cristianos; que me
+acuerdo yo antes, que si no eran comedias del buen Lope de Vega, y
+Ramón, no había otra cosa.
+
+Al fin, hízose la comedia el primer día y no la entendió nadie; al
+segundo, empezámosla y quiso Dios que empezaba por una guerra, y
+salía yo armado y con rodela, que, si no, a manos de mal membrillo,
+tronchos y badeas, acabo. No se ha visto tal torbellino, y ello
+merecíalo la comedia, porque traía un rey de Normandía sin
+propósito, en hábito de ermitaño, y metía dos lacayos por hacer
+reír, y al desatar de la maraña no había más de casarse todos y
+allá vas. Al fin, tuvimos nuestro merecido.
+
+Tratamos todos muy mal al compañero poeta, y yo principalmente,
+diciéndole que mirase de la que nos habíamos escapado y
+escarmentase. Díjome que jurado a Dios, que no era suyo nada de la
+comedia, sino que de un paso tomado de uno y otro de otro, había
+hecho aquella capa de pobre, de remiendo, y que el daño no había
+estado sino en lo mal zurcido. Confesóme que los farsantes que
+hacían comedias todo les obligaba a restitución, porque se
+aprovechaban de cuanto habían representado, y que era muy fácil, y
+que el interés de sacar trescientos o cuatrocientos reales les ponía
+aquellos riesgos; lo otro, que como andaban por esos lugares, les
+leían unos y otros comedias: -«Tomámoslas para verlas,
+llevámonoslas y con añadir una necedad y quitar una cosa bien dicha,
+decimos que es nuestra». Y declaróme como no había habido farsante
+jamás que supiese hacer una copla de otra manera. No me pareció mal
+la traza, y yo confieso que me incliné a ella, por hallarme con
+algún natural a la poesía; y más, que tenía yo conocimiento con
+algunos poetas y había leído a Garcilaso; y así, determiné de dar
+en el arte. Y con esto y la farsanta y representar pasaba la vida. Que
+pasado un mes que había que estábamos en Toledo, haciendo comedias
+buenas y enmendando el yerro pasado, ya yo tenía nombre, y habían
+llegado a llamarme Alonsete, que yo había dicho llamarme Alonso, y
+por otro nombre me llamaban el Cruel, por serlo una figura que había
+hecho con gran aceptación de los mosqueteros y chusma vulgar. Tenía
+ya tres pares de vestidos y autores que me pretendían sonsacar de la
+compañía. Hablaba de entender de la comedia, murmuraba de los
+famosos, reprehendía los gestos a Pinedo, daba mi voto en el reposo
+natural de Sánchez, llamaba bonico a Morales, pedíanme el parecer en
+el adorno de los teatros y trazar las apariencias. Si alguno venía a
+leer comedia yo era el que la oía.
+
+Al fin, animado con este aplauso, me desvirgué de poeta en un
+romancico y luego hice un entremés y no pareció mal. Atrevíme a una
+comedia y porque no escapase de ser divina cosa la hice de Nuestra
+Señora del Rosario. Comenzaba con chirimías, había sus ánimas de
+purgatorio y sus demonios, que se usaban entonces, con su «bu, bu»
+al salir, y «rri, rri» al entrar; caíale muy en gracia al lugar el
+nombre de Satán en las copias y el tratar luego de si cayó del cielo
+y tal. En fin, mi comedia se hizo y pareció muy bien.
+
+No me daba manos a trabajar, porque acudían a mí enamorados, unos
+por coplas de cejas y otros de ojos, cuál soneto de manos y cuál
+romancico para cabellos. Para cada cosa tenía su precio, aunque, como
+había otras tiendas, porque acudiesen a la mía, hacía barato.
+¿Pues villancicos? Hervía en sacristanes y demandaderas de monjas;
+ciegos me sustentaban a pura oración, ocho reales de cada una; y me
+acuerdo que hice entonces la del Justo Juez, grave y sonorosa, que
+provocaba a gestos. Escribí para un ciego, que las sacó en su
+nombre, las famosas que empiezan:
+
+ Madre del Verbo humanal,
+ Hija del Padre divino,
+ dame gracia virginal, etc.
+
+Fui el primero que introdujo acabar las coplas como los sermones, con
+«aquí gracia y después gloria», en esta copla de un cautivo de
+Tetuán:
+
+ Pidámosle sin falacia
+ al alto Rey sin escoria,
+ pues ve nuestra pertinacia,
+ que nos quiera dar su gracia,
+ y después allá la gloria. Amén.
+
+Estaba viento en popa con estas cosas, rico y próspero, y tal, que
+casi aspiraba ya a ser autor. Tenía mi casa muy bien aderezada,
+porque había dado para tener tapicería barata en un arbitrio del
+diablo, y fue de comprar reposteros de tabernas, y colgarlos.
+Costáronme veinte y cinco o treinta reales y eran más para ver que
+cuantos tiene el Rey, pues por estos se veía de puro rotos y por
+esotros no se verá nada.
+
+Sucedióme un día la mejor cosa del mundo, que aunque es en mi
+afrenta, la he de contar. Yo me recogía en mi posada, el día que
+escribía comedia, al desván, y allí me estaba y allí comía;
+subía una moza con la vianda y dejábamela allí. Yo tenía por
+costumbre escribir representando recio, como si lo hiciera en el
+tablado. Ordena el diablo que a la hora y punto que la moza iba
+subiendo por la escalera, que era angosta y oscura, con los platos y
+olla, yo estaba en un paso de una montería, y daba grandes gritos
+componiendo mi comedia; y decía:
+
+ Guarda el oso, guarda el oso,
+ que me deja hecho pedazos,
+ y baja tras ti furioso;
+
+que entendió la moza (que era gallega), como oyó decir «baja tras
+ti» y «me deja», que era verdad y que la avisaba. Va a huir y con
+la turbación písase la saya y rueda toda la escalera, derrama la
+olla y quiebra los platos, y sale dando gritos a la calle diciendo que
+mataba un oso a un hombre. Y por presto que yo acudí ya estaba toda
+la vecindad conmigo preguntando por el oso, y aun contándoles yo
+cómo había sido ignorancia de la moza, porque era lo que he referido
+de la comedia, aun no lo querían creer; no comí aquel día.
+Supiéronlo los compañeros y fue celebrado el cuento en la ciudad. Y
+de estas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio
+de poeta y no salí del mal estado.
+
+Sucedió, pues, que a mi autor (que siempre paran en esto), sabiendo
+que en Toledo le había ido bien, le ejecutaron no sé por qué deudas
+y le pusieron en la cárcel, con lo cual nos desmembramos todos y
+echó cada uno por su parte. Yo, si va a decir verdad, aunque los
+compañeros me querían guiar a otras compañías, como no aspiraba a
+semejantes oficios y el andar en ellos era por necesidad, ya que me
+veía con dineros y bien puesto, no traté de más que de holgarme.
+
+Despedíme de todos; fuéronse, y yo, que entendí salir de mala vida
+con no ser farsante, si no lo ha V. Md. por enojo, di en amante de
+red, como cofia, y por hablar más claro, en pretendiente de
+Antecristo, que es lo mismo que galán de monjas. Tuve ocasión para
+dar en esto porque una a cuya petición había yo hecho muchos
+villancicos se aficionó en un auto del Corpus de mí viéndome
+representar un San Juan Evangelista (que lo era ella). Regalábame la
+mujer con cuidado y habíame dicho que sólo sentía que fuese
+farsante, porque yo había fingido que era hijo de un gran caballero,
+y dábala compasión. Al fin, me determiné de escribirla lo
+siguiente:
+
+ CARTA
+
+«Más por agradar a V. Md. que por hacer lo que me importaba, he
+dejado la compañía; que, para mí, cualquiera sin la suya es
+soledad. Ya seré tanto más suyo cuanto soy más mío. Avíseme
+cuándo habrá locutorio y sabré juntamente cuándo tendré gusto»,
+etc.
+
+Llevó el billetico la andadera; no se podrá creer el contento de la
+buena monja sabiendo mi nuevo estado. Respondióme de esta manera:
+
+ RESPUESTA
+
+«De sus buenos sucesos antes aguardo los parabienes que los doy, y me
+pesara de ello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno.
+Podemos decir que ha vuelto en sí; no resta agora sino perseverancia
+que se mida con la que yo tendré. El locutorio dudo por hoy, pero no
+deje de venirse V. Md. a vísperas, que allí nos veremos, y luego por
+las vistas, y quizá podré yo hacer alguna pandilla a la abadesa. Y
+adiós», etc.
+
+Contentóme el papel, que realmente la monja tenía buen entendimiento
+y era hermosa. Comí y púseme el vestido con que solía hacer los
+galanes en las comedias. Fuime derecho a la iglesia, recé, y luego
+empecé a repasar todos los lazos y agujeros de la red con los ojos
+para ver si parecía, cuando Dios y enhorabuena, que más era diablo y
+en hora mala, oigo la seña antigua: empieza a toser y yo a toser, y
+andaba una tosidura de Barrabás. Arremedábamos un catarro y parecía
+que habían echado pimiento en la iglesia. Al fin, yo estaba cansado
+de toser, cuando se me asoma a la red una vieja tosiendo, y eché de
+ver mi desventura (que es peligrosísima seña en los conventos;
+porque como es seña a las mozas, es costumbre en las viejas, y hay
+hombre que piensa que es reclamo de ruiseñor y le sale después
+graznido de cuervo).
+
+Estuve gran rato en la iglesia, hasta que empezaron vísperas. Oílas
+todas, que por esto llaman a los enamorados de monjas «solenes
+enamorados», por lo que tienen de vísperas, y tienen también que
+nunca salen de vísperas del contento, porque no se les llega el día
+jamás.
+
+No se creerá los pares de vísperas que yo oí. Estaba con dos varas
+de gaznate más del que tenía cuando entré en los amores, a puro
+estirarme para ver, gran compañero del sacristán y monacillo y muy
+bien recibido del vicario, que era hombre de humor. Andaba tan tieso
+que parecía que almorzaba asadores y que comía virotes.
+
+Fuime a las vistas, y allá, con ser una plazuela bien grande, era
+menester enviar a tomar lugar a las doce, como para comedia nueva:
+hervía en devotos. Al fin, me puse en donde pude; y podíanse ir a
+ver, por cosas raras, las diferentes posturas de los amantes. Cuál,
+sin pestañear, mirando con su mano puesta en la espada y la otra con
+el rosario, estaba como figura de piedra sobre sepulcro; otro, alzadas
+las manos y extendidos los brazos a lo seráfico recibiendo las
+llagas; cuál, con la boca más abierta que la de mujer pedigüeña,
+sin hablar palabra, la enseñaba a su querida las entrañas por el
+gaznate; otro, pegado a la pared, dando pesadumbre a los ladrillos,
+parecía medirse con la esquina; cuál se paseaba como si le hubieran
+de querer por el portante, como a macho; otro, con una cartica en la
+mano, a uso de cazador con carne, parecía que llamaba halcón. Los
+celosos eran otra banda; éstos, unos estaban en corrillos riéndose y
+mirando a ellas; otros, leyendo coplas y enseñándoselas; cuál, para
+dar picón, pasaba por el terrero con una mujer de la mano; y cuál
+hablaba con una criada echadiza que le daba un recado.
+
+Esto era de la parte de abajo y nuestra, pero de la de arriba, adonde
+estaban las monjas, era cosa de ver también; porque las vistas era
+una torrecilla llena de rendijas toda, y una pared con deshilados, que
+ya parecía salvadera y ya pomo de olor. Estaban todos los agujeros
+poblados de brújulas; allí se veía una pepitoria, una mano y
+acullá un pie; en otra parte había cosas de sábado: cabezas y
+lenguas, aunque faltaban sesos; a otro lado se mostraba buhonería:
+una enseñaba el rosario, cuál mecía el pañizuelo, en otra parte
+colgaba un guante, allí salía un listón verde. Unas hablaban algo
+recio, otras tosían; cuál hacía la seña de los sombrereros, como
+si sacara arañas, ceceando.
+
+En verano es de ver cómo no sólo se calientan al sol, sino se
+chamuscan, que es gran gusto verlas a ellas tan crudas y a ellos tan
+asados. En invierno acontece con la humedad nacerle a uno de nosotros
+berros y arboledas en el cuerpo. No hay nieve que se nos escape ni
+lluvia que se nos pase por alto, y todo esto, al cabo, es para ver a
+una mujer por red y vidrieras, como hueso de santo; es como enamorarse
+de un tordo en jaula, si habla, y si calla, de un retrato. Los favores
+son todos toques, que nunca llegan a cabes: un paloteadico con los
+dedos. Hincan las cabezas en las rejas y apúntanse los requiebros por
+las troneras. Aman al escondite. ¡Y verlos hablar quedito y de
+rezado! ¡Pues sufrir una vieja que riñe, una portera que manda y una
+tornera que miente! Y lo mejor es ver cómo nos piden celos de las de
+acá fuera, diciendo que el verdadero amor es el suyo, y las causas
+tan endemoniadas que hallan para probarlo.
+
+Al fin, yo llamaba ya «señora» a la abadesa, «padre» al vicario y
+«hermano» al sacristán, cosas todas que con el tiempo y el curso
+alcanza un desesperado. Empezáronme a enfadar las torneras con
+despedirme y las monjas con pedirme. Consideré cuán caro me costaba
+el infierno, que a otros se da tan barato y en esta vida, por tan
+descansados caminos. Veía que me condenaba a puñados y que me iba al
+infierno por sólo el sentido del tacto. Si hablaba, solía, porque no
+me oyesen los demás que estaban en las rejas, juntar tanto con ellas
+la cabeza, que por dos días siguientes traía los hierros estampados
+en la frente, y hablaba como sacerdote que dice las palabras de la
+consagración. No me veía nadie que no decía: «¡Maldito seas,
+bellaco monjil!», y otras cosas peores.
+
+Todo esto me tenía revolviendo pareceres y casi determinado a dejar
+la monja, aunque perdiese mi sustento. Y determinéme el día de San
+Juan Evangelista, porque acabé de conocer lo que son las monjas. Y no
+quiera V. Md. saber más de que las Bautistas todas enronquecieron
+adrede, y sacaron tales voces, que en vez de cantar la misa la
+gimieron, no se lavaron las caras y se vistieron de viejo. Y los
+devotos de las Bautistas, por desautorizar la fiesta, trujeron
+banquetas en lugar de sillas a la iglesia, y muchos pícaros del
+rastro. Cuando yo vi que las unas por el un santo y las otras por el
+otro trataban indecentemente de ellos, cogiéndola a mi monja, con
+título de rifárselos, cincuenta escudos de cosas de labor, medias de
+seda, bolsicos de ámbar y dulces, tomé mi camino para Sevilla,
+temiendo que si más aguardaba había de ver nacer mandrágoras en los
+locutorios.
+
+Lo que la monja hizo de sentimiento, más por lo que la llevaba que
+por mí, considérelo el pío lector.
+
+
+ * * * * *
+
+
+Libro Tercero: Capítulo X: De lo que le sucedió en Sevilla hasta
+embarcarse a Indias.
+
+
+Pasé el camino de Toledo a Sevilla prósperamente, porque como yo
+tenía ya mis principios de fullero y llevaba dados cargados con nueva
+pasta de mayor y de menor, y tenía la mano derecha encubridora de un
+lado -pues preñada de cuatro paría tres-, llevaba gran provisión de
+cartones de lo ancho y de lo largo para hacer garrotes de morros y
+ballestilla, y así, no se me escapaba dinero.
+
+Dejo de referir otras muchas flores, porque a decirlas todas me
+tuvieran más por ramillete que por hombre; y también, porque antes
+fuera dar que imitar que referir vicios de que huyan los hombres. Mas
+quizá declarando yo algunas chanzas y modos de hablar, estarán más
+avisados los ignorantes y los que leyeron mi libro serán engañados
+por su culpa.
+
+No te fíes, hombre, en dar tú la baraja, que te la trocarán al
+despabilar de una vela. Guarda el naipe de tocamientos, raspados o
+bruñidos, cosa con que se conocen los azares. Y por si fueres
+pícaro, lector, advierte que en cocinas y caballerizas pican con un
+alfiler u doblan los azares, para conocerlos por lo hendido. Si
+tratares con gente honrada guárdate del naipe, que desde la estampa
+fue concebido en pecado, y que con traer atravesado el papel, dice lo
+que viene. No te fíes de naipe limpio, que al que da vista y retén,
+lo más jabonado es sucio. Advierte que a la carteta, el que hace los
+naipes que no doble más arqueadas las figuras, fuera de los reyes,
+que las demás cartas, porque el tal doblar es por tu dinero difunto.
+A la primera, mira no den de arriba las que descarta el que da y
+procura que no se pidan cartas u por los dedos en el naipe u por las
+primeras letras de las palabras.
+
+No quiero darte luz de más cosas; estas bastan para saber que has de
+vivir con cautela, pues es cierto que son infinitas las maulas que te
+callo. «Dar muerte» llaman quitar el dinero, y con propiedad;
+«revesa» llaman la treta contra el amigo, que de puro revesada no la
+entiende; «dobles» son los que acarrean sencillos para que los
+desuellen estos rastreros de bolsas; «blanco» llaman al sano de
+malicia y bueno como el pan y «negro» al que deja en blanco sus
+diligencias.
+
+Yo, pues, con ese lenguaje y con estas flores, llegué a Sevilla con
+el dinero de las camaradas, gané el alquiler de las mulas y la comida
+y dineros a los huéspedes de las posadas. Fuime luego a apear al
+mesón del Moro, donde me topó un condiscípulo mío de Alcalá, que
+se llamaba Mata, y agora se decía, por parecerle nombre de poco
+ruido, Matorral. Trataba en vidas y era tendero de cuchilladas, y no
+le iba mal. Traía la muestra de ellas en su cara, y por las que le
+habían dado concertaba tamaño y hondura de las que había de dar.
+Decía: «No hay tal maestro como el bien acuchillado»; y tenía
+razón, porque la cara era una cuera y él un cuero. Díjome que me
+había de ir a cenar con él y otros camaradas, y que ellos me
+volverían al mesón.
+
+Fui; llegamos a su posada, y dijo:
+
+-«Ea, quite la capa vuacé, y parezca hombre, que verá esta noche
+todos los buenos hijos de Jevilla. Y porque no lo tengan por maricón,
+ahaje ese cuello y agobie de espaldas; la capa caída, que siempre
+nosotros andamos de capa caída; ese hocico, de tornillo, gestos a un
+lado y a otro; y haga vucé de las j, h, y de las h, j. Diga conmigo:
+jerida, mojino, jumo, pahería, mohar, habalí, y harro de vino».
+Tomélo de memoria. Prestóme una daga, que en lo ancho era alfanje, y
+en lo largo, de comedimiento suyo no se llamaba espada, que bien
+podía.
+
+-Bébase -me dijo- esta media azumbre de vino puro, que si no da
+vaharada no parecerá valiente.
+
+Estando en esto, y yo con lo bebido atolondrado, entraron cuatro de
+ellos, con cuatro zapatos de gotoso por caras, andando a lo columpio,
+no cubiertos con las capas sino fajados por los lomos; los sombreros
+empinados sobre la frente, altas las faldillas de delante que
+parecían diademas; un par de herrerías enteras por guarniciones de
+dagas y espadas; las conteras en conversación con el calcañar
+derecho; los ojos derribados, la vista fuerte; bigotes buidos a lo
+cuerno, y barbas turcas, como caballos.
+
+Hiciéronnos un gesto con la boca, y luego a mi amigo le dijeron, con
+voces mohínas, sisando palabras:
+
+-Seidor.
+
+-So compadre -respondió mi ayo.
+
+Sentáronse, y para preguntar quién era yo, no hablaron palabra, sino
+el uno miró a Matorrales, y abriendo la boca y empujando hacia mí el
+labio de abajo me señaló, a lo cual mi maestro de novicios satisfizo
+empuñando la barba y mirando hacia abajo. Y con esto, se levantaron
+todos y me abrazaron, y yo a ellos, que fue lo mismo que si catara
+cuatro diferentes vinos.
+
+Llegó la hora de cenar; vinieron a servir unos pícaros que los
+bravos llaman «cañones». Sentámonos a la mesa; aparecióse luego
+el alcaparrón; empezaron, por bienvenido, a beber a mi honra, que yo
+hasta que la vi beber no entendí que tenía tanta. Vino pescado y
+carne, y todo con apetitos de sed. Estaba una artesa en el suelo llena
+de vino y allí se echaba de buces el que quería hacer la razón;
+contentóme la penadilla; a dos veces, no hubo hombre que conociese al
+otro.
+
+Empezaron pláticas de guerra; menudeábanse los juramentos; murieron
+de brindis a brindis, veinte o treinta sin confesión; recetáronsele
+al asistente mil puñaladas; tratóse de la buena memoria de Domingo
+Tiznado y Gayón, derramóse vino en cantidad al ánima de Escamilla;
+los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al mal logrado
+Alonso Álvarez. Y a mi compañero, con estas cosas, se le
+desconcertó el reloj de la cabeza y dijo, algo ronco, tomando un pan
+con las dos manos y mirando a la luz:
+
+-Por esta, que es la cara de Dios, y por aquella luz que salió por la
+boca del ángel, que si vucedes quieren, que esta noche hemos de dar
+al corchete que siguió al pobre Tuerto.
+
+Levantóse entre ellos alarido disforme, y desnudando las dagas, lo
+juraron poniendo las manos cada uno en el borde de la artesa, y
+echándose sobre ella de hocicos; dijeron:
+
+-Así como bebemos este vino hemos de beberle la sangre a todo
+acechador.
+
+-¿Quién es este Alonso Álvarez -pregunté- que tanto se ha sentido
+su muerte?
+
+-Mancebito -dijo el uno- lidiador ahigadado, mozo de manos y buen
+compañero. ¡Vamos, que me retientan los dimoños!
+
+Con esto salimos de casa a montería de corchetes. Yo, como iba
+entregado al vino y había renunciado en su poder mis sentidos, no
+advertí al riesgo que me ponía. Llegamos a la calle de la Mar, donde
+encaró con nosotros la ronda. No bien la columbraron, cuando, sacando
+las espadas, la embistieron; yo hice lo mismo, y limpiamos dos cuerpos
+de corchetes de sus malditas ánimas al primer encuentro. El alguacil
+puso la justicia en sus pies y apeló por la calle arriba dando voces.
+No lo pudimos seguir, por haber cargado delantero. Y, al fin, nos
+acogimos a la Iglesia Mayor, donde nos amparamos del rigor de la
+justicia y dormimos lo necesario para espumar el vino que hervía en
+los cascos. Y vueltos ya en nuestro acuerdo, me espantaba yo de ver
+que hubiese perdido la justicia dos corchetes y huido el alguacil de
+un racimo de uvas, que entonces lo éramos nosotros.
+
+Pasábamoslo en la iglesia notablemente, porque al olor de los
+retraídos vinieron ninfas, desnudándose para vestirnos.
+Aficionóseme la Grajales; vistióme de nuevo de sus colores. Súpome
+bien y mejor que todas esta vida; y así, propuse de navegar en ansias
+con la Grajal hasta morir. Estudié la jacarandina y en pocos días
+era rabí de los otros rufianes.
+
+La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondábanos la puerta,
+pero, con todo, de media noche abajo, rondábamos disfrazados. Yo que
+vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme, no
+de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como
+obstinado pecador, determiné, consultándolo primero con la Grajal,
+de pasarme a Indias con ella y ver si mudando mundo y tierra
+mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda
+parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no
+de vida y costumbres.
+
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Historia de la vida del Buscón,
+llamado Don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, by Francisco de Quevedo
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA ***
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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+Foundation
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+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
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+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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Binary files differ
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
+
+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
+
+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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