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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-14 19:57:23 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, + ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños + +Author: Francisco de Quevedo + +Release Date: May 10, 2010 [EBook #32315] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA *** + + + + + + + + + Historia de la vida del Buscón + llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños + de Francisco de Quevedo y Villegas + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo I: En que cuenta quién es el Buscón. + + +Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, +natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como +todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos +que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor +de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y +según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San +Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. +Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola +con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus +pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy +buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos +enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales; +persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos +recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir +que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. +Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les +daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi +hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de +las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en +la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos +las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores +de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las +calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores +regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con +mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más +que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas +costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años +se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los +daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las +alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas +lo colorado. + +Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una +vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a +cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento: + +-En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y +otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos. + +Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo +canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla +nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque +hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de +adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora +de gustos, otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros, +juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de +carnes y por mal nombre alcahueta. Para unos era tercera, primera para +otros y flux para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa +que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios. + +Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de +imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de +caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame +mi padre: + +-Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal. + +Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: + +-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los +alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, +otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin +lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las +que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde +están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo +nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las +iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran +llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino +cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño +en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos +mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de +cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los +nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más +honradamente que he podido. + +-¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera. Yo os he +sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria y +mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por +vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis +botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera +lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado. + +Metílos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente +y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen +a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada. +Parecióles bien lo que decía, aunque lo gruñeron un rato entre los +dos. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo +dijo él) no sé si la barba o la bolsa; lo más ordinario era uno y +otro. Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de +padres tan celosos de mi bien. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo II: De cómo fue a la escuela y lo que en +ella le sucedió. + + +A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. Fui, +señora, a la escuela; recibióme muy alegre diciendo que tenía cara +de hombre agudo y de buen entendimiento. Yo, con esto, por no +desmentirle di muy bien la lición aquella mañana. Sentábame el +maestro junto a sí, ganaba la palmatoria los más días por venir +antes y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que +así llamábamos la mujer del maestro. Teníalos a todos con +semejantes caricias obligados; favorecíanme demasiado, y con esto +creció la envidia en los demás niños. Llegábame de todos, a los +hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un +hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas. +Íbame a su casa a jugar los días de fiesta y acompañábale cada +día. Los otros, o que porque no les hablaba o que porque les parecía +demasiado punto el mío, siempre andaban poniéndome nombres tocantes +al oficio de mi padre. Unos me llamaban don Navaja, otros don Ventosa; +cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi +madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche; otro decía +que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de +ratones (por llamarle gato). Unos me decían «zape» cuando pasaba y +otros «miz». Cuál decía: + +-Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa. + +Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos, nunca me +faltaron, gloria a Dios. Y aunque yo me corría disimulaba; todo lo +sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces +hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que +aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra +y descalabréle. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; +contéla el caso; díjome: + +-Muy bien hiciste; bien muestras quién eres; sólo anduviste errado +en no preguntarle quién se lo dijo. + +Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvíme a +ella y roguéla me declarase si le podía desmentir con verdad o que +me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo +de mi padre. Rióse y dijo: + +-¡Ah, noramaza! ¿Eso sabes decir? No serás bobo; gracia tienes. Muy +bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean +verdad, no se han de decir. + +Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo +matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y +salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. +Disimulé, fue mi padre, curó al muchacho, apaciguólo y volvióme a +la escuela, adonde el maestro me recibió con ira hasta que, oyendo la +causa de la riña, se le aplacó el enojo considerando la razón que +había tenido. + +En todo esto, siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de +Zúñiga, que se llamaba don Diego, porque me quería bien +naturalmente, que yo trocaba con él los peones si eran mejores los +míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él +comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al +toro, y entreteníale siempre. Así que los más días, sus padres del +caballerito, viendo cuánto le regocijaba mi compañía, rogaban a los +míos que me dejasen con él a comer y cenar y aun a dormir los más +días. + +Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que +viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el +cual tenía fama de confeso, que el don Dieguito me dijo: + +-Hola, llámale Poncio Pilato y echa a correr. + +Yo, por darle gusto a mi amigo, llaméle Poncio Pilato. Corrióse +tanto el hombre que dio a correr tras mí con un cuchillo desnudo para +matarme, de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi +maestro dando gritos. Entró el hombre tras mí y defendióme el +maestro de que no me matase, asegurándole de castigarme. Y así luego +(aunque señora le rogó por mí, movida de lo que yo la servía, no +aprovechó), mandóme desatacar y azotándome, decía tras cada +azote: + +-¿Diréis más Poncio Pilato? + +Yo respondía: + +-No, señor. + +Y respondílo veinte veces a otros tantos azotes que me dio. Quedé +tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo, que +mandándome el día siguiente decir, como solía, las oraciones a los +otros, llegando al Credo (advierta V. Md. la inocente malicia), al +tiempo de decir «padeció so el poder de Poncio Pilato», +acordándome que no había de decir más Pilatos, dije: «padeció so +el poder de Poncio de Aguirre». Dióle al maestro tanta risa de oír +mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido, que me abrazó +y dio una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces +que los mereciese. Con esto fui yo muy contento. + +En estas niñeces pasé algún tiempo aprendiendo a leer y escribir. +Llegó (por no enfadar) el de unas Carnestolendas, y trazando el +maestro de que se holgasen sus muchachos, ordenó que hubiese rey de +gallos. Echamos suertes entre doce señalados por él y cúpome a mí. +Avisé a mis padres que me buscasen galas. + +Llegó el día y salí en uno como caballo, mejor dijera en un cofre +vivo, que no anduvo en peores pasos Roberto el diablo, según andaba +él. Era rucio, y rodado el que iba encima por lo que caía en todo. +La edad no hay que tratar, biznietos tenía en tahonas. De su raza no +sé más de que sospecho era de judío según era medroso y +desdichado. Iban tras mí los demás niños todos aderezados. + +Pasamos por la plaza (aun de acordarme tengo miedo), y llegando cerca +de las mesas de las verduras (Dios nos libre), agarró mi caballo un +repollo a una, y ni fue visto ni oído cuando lo despachó a las +tripas, a las cuales, como iba rodando por el gaznate, no llegó en +mucho tiempo. La bercera (que siempre son desvergonzadas) empezó a +dar voces; llegáronse otras y con ellas pícaros, y alzando +zanahorias, garrofales, nabos frisones, tronchos y otras legumbres, +empiezan a dar tras el pobre rey. Yo, viendo que era batalla nabal y +que no se había de hacer a caballo, comencé a apearme; mas tal golpe +me le dieron al caballo en la cara que, yendo a empinarse, cayó +conmigo en una (hablando con perdón) privada. Púseme cual V. Md. +puede imaginar. Ya mis muchachos se habían armado de piedras y daban +tras las revendederas y descalabraron dos. + +Yo, a todo esto, después que caí en la privada, era la persona más +necesaria de la riña. Vino la justicia, comenzó a hacer +información, prendió a berceras y muchachos mirando a todos qué +armas tenían y quitándoselas, porque habían sacado algunos dagas de +las que traían por gala y otros espadas pequeñas. Llegó a mí, y +viendo que no tenía ningunas, porque me las habían quitado y +metídolas en una casa a secar con la capa y sombrero, pidióme, como +digo, las armas, al cual respondí, todo sucio, que si no eran +ofensivas contra las narices, que yo no tenía otras. Quiero confesar +a V. Md. que cuando me empezaron a tirar los tronchos, nabos, +etcétera, que, como yo llevaba plumas en el sombrero, entendiendo que +me habían tenido por mi madre y que la tiraban, como habían hecho +otras veces, como necio y muchacho, empecé a decir: «Hermanas, +aunque llevo plumas, no soy Aldonza de San Pedro, mi madre» (como si +ellas no lo echaran de ver por el talle y rostro). El miedo me +disculpó la ignorancia, y el sucederme la desgracia tan de repente. + +Pero, volviendo al alguacil, quísome llevar a la cárcel, y no me +llevó porque no hallaba por donde asirme (tal me había puesto del +lodo). Unos se fueron por una parte y otros por otra, y yo me vine a +mi casa desde la plaza martirizando cuantas narices topaba en el +camino. Entré en ella, conté a mis padres el suceso, y corriéronse +tanto de verme de la manera que venía que me quisieron maltratar. Yo +echaba la culpa a las dos leguas de rocín exprimido que me dieron. +Procuraba satisfacerlos, y, viendo que no bastaba, salíme de su casa +y fuime a ver a mi amigo don Diego, al cual hallé en la suya +descalabrado, y a sus padres resueltos por ello de no enviarle más a +la escuela. Allí tuve nuevas de cómo mi rocín, viéndose en +aprieto, se esforzó a tirar dos coces, y de puro flaco se le +desgajaron las dos piernas y se quedó sembrado para otro año en el +lodo, bien cerca de expirar. + +Viéndome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo escandalizado, los +padres corridos, mi amigo descalabrado y el caballo muerto, +determinéme de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres, +sino de quedarme a servir a don Diego o, por mejor decir, en su +compañía, y esto con gran gusto de los suyos, por el que daba mi +amistad al niño. Escribí a mi casa que yo no había menester más ir +a la escuela porque, aunque no sabía bien escribir, para mi intento +de ser caballero lo que se requería era escribir mal, y que así, +desde luego renunciaba la escuela por no darles gasto y su +casa para ahorrarlos de pesadumbre. Avisé de dónde y cómo quedaba y +que hasta que me diesen licencia no los vería. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo III: De cómo fue a un pupilaje por criado de +don Diego Coronel. + + +Determinó, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno +por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que +había en Segovia un licenciado Cabra que tenía por oficio el criar +hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para que le +acompañase y sirviese. + +Entramos, primero domingo después de Cuaresma, en poder de la hambre +viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. Él era un clérigo +cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos +avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan +hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de +mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y +Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que +aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas +de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba +a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que +por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate +largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a +buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos +como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía +tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy +espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como +tablillas de San Lázaro. La habla ética, la barba grande, que nunca +se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le +daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar +que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. +Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y +guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en +caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se +sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por +de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía +negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía +cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana +y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un +filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba +los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. +La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar +las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria. + +A poder de éste, pues, vine, y en su poder estuve con don Diego, y la +noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una +plática corta, que aun por no gastar tiempo no duró más. Díjonos +lo que habíamos de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora de +comer. Fuimos allá; comían los amos primero y servíamos los +criados. + +El refectorio era un aposento como medio celemín. Sentábanse a una +mesa hasta cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como +no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el +cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a +enternecerse, y dijo: + +-¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son +amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois +nuevo. ¿Qué tiene esto de refectorio de Jerónimos para que se +críen aquí? + +Yo, con esto, me comencé a afligir, y más me susté cuando advertí +que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas, +con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón. Sentóse el +licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna, +sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan +claro, que en comer una de ellas peligrara Narciso más que en la +fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado +tras un garbanzo huérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra +a cada sorbo: + +-Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo +lo demás es vicio y gula. + +Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamiéndoselos, con +que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echóse su +escudilla a pechos, diciendo: + +-Todo esto es salud, y otro tanto ingenio. + +-¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio +espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía +que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a +vueltas de la carne (apenas), y dijo el maestro en viéndole: + +-¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me +huelgo de verlos comer. + +Y tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y +asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de +la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo: + +-Conforta realmente, y son cordiales. + +Que era grande adulador de las legumbres. Repartió a cada uno tan +poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les +quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando +descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía: + +-Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas. + +¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron +de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el plato dos +pellejos y unos huesos, y dijo el pupilero: + +-Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo +queramos todo. + +-¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado -decía yo-, que tal +amenaza has hecho a mis tripas! + +Echó la bendición, y dijo: + +-Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y váyanse hasta las +dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido. + +Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse +mucho y díjome que aprendiese modestia y tres o cuatro sentencias +viejas y fuese. + +Sentámonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis +tripas pedían justicia, como más sano y más fuerte que los otros, +arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres +medrugos los dos y el un pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al +ruido entró Cabra, diciendo: + +-Coman como hermanos, pues Dios les da con qué. No riñan, que para +todos hay. + +Volvióse al sol y dejónos solos. Certifico a V. Md. que vi al uno de +ellos, que se llamaba Jurre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por +dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a +los ojos, y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la +boca. Pedí yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no +lo hacían, y diéronme un vaso con agua, y no le hube bien llegado a +la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunión, me le quitó el +mozo espiritado que dije. Levantéme con grande dolor de mi alma, +viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacían +la razón. Diome gana de descomer, aunque no había comido, digo, de +proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome: + +-Como no lo son en esta casa, no las hay. Para una vez que os +proveeréis mientras aquí estuviéredes, dondequiera podréis; que +aquí estoy dos meses ha y no he hecho tal cosa sino el día que +entré, como ahora vos, de lo que cené en mi casa la noche antes. + +¿Cómo encareceré yo mi tristeza y pena? Fue tanta, que considerando +lo poco que había de entrar en mi cuerpo, no osé, aunque tenía +gana, echar nada de él. Entretuvímonos hasta la noche. Decíame don +Diego que qué haría él para persuadir a las tripas que habían +comido, porque no lo querían creer. Andaban vahídos en aquella casa +como en otras ahítos. + +Llegó la hora de cenar; pasóse la merienda en blanco, y la cena ya +que no se pasó en blanco, se pasó en moreno: pasas y almendras y +candil y dos bendiciones, porque se dijese que cenábamos con +bendición. «Es cosa saludable (decía) cenar poco, para tener el +estómago desocupado», y citaba una retahíla de médicos infernales. +Decía alabanzas de la dieta y que se ahorraba un hombre de sueños +pesados, sabiendo que en su casa no se podía soñar otra cosa sino +que comían. Cenaron y cenamos todos y no cenó ninguno. + +Fuímonos a acostar y en toda la noche pudimos yo ni don Diego dormir, +él trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase de allí y +yo aconsejándole que lo hiciese; aunque últimamente le dije: + +-Señor, ¿sabéis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que +en la pendencia de las berceras nos mataron, y que somos ánimas que +estamos en el Purgatorio. Y así, es por demás decir que nos saque +vuestro padre, si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y +nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado. + +Entre estas pláticas y un poco que dormimos, se llegó la hora de +levantar. Dieron las seis y llamó Cabra a lición; fuimos y oímosla +todos. Mandáronme leer el primer nominativo a los otros, y era de +manera mi hambre que me desayuné con la mitad de las razones, +comiéndomelas. Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el +mozo de Cabra, diciendo que una Cuaresma topó muchos hombres, unos +metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo en el portal +de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que venía a sólo +aquello de fuera; y preguntando a uno un día que qué sería (porque +Cabra se enojó de que se lo preguntase) respondió que los unos +tenían sarna y los otros sabañones y que en metiéndolos en aquella +casa morían de hambre, de manera que no comían desde allí adelante. +Certificóme que era verdad, y yo, que conocí la casa, lo creo. +Dígolo porque no parezca encarecimiento lo que dije. Y volviendo a la +lición, diola y decorámosla. Y prosiguió siempre en aquel modo de +vivir que he contado. Sólo añadió a la comida tocino en la olla, +por no sé qué que le dijeron un día de hidalguía allá fuera. Y +así, tenía una caja de hierro, toda agujerada como salvadera, +abríala y metía un pedazo de tocino en ella que la llenase y +tornábala a cerrar y metíala colgando de un cordel en la olla, para +que la diese algún zumo por los agujeros y quedase para otro día el +tocino. Parecióle después que en esto se gastaba mucho, y dio en +sólo asomar el tocino a la olla. Dábase la olla por entendida del +tocino y nosotros comíamos algunas sospechas de pernil. Pasábamoslo +con estas cosas como se puede imaginar. + +Don Diego y yo nos vimos tan al cabo que, ya que para comer al cabo de +un mes no hallábamos remedio, le buscamos para no levantarnos de +mañana; y así, trazamos de decir que teníamos algún mal. No osamos +decir calentura, porque no la teniendo era fácil de conocer el +enredo. Dolor de cabeza u muelas era poco estorbo. Dijimos al fin que +nos dolían las tripas y que estábamos muy malos de achaque de no +haber hecho de nuestras personas en tres días, fiados en que a +trueque de no gastar dos cuartos en una melecina, no buscaría el +remedio. Mas ordenólo el diablo de otra suerte, porque tenía una que +había heredado de su padre, que fue boticario. Supo el mal, y tomóla +y aderezó una melecina, y haciendo llamar una vieja de setenta años, +tía suya, que le servía de enfermera, dijo que nos echase sendas +gaitas. Empezaron por don Diego; el desventurado atajóse, y la vieja, +en vez de echársela dentro, disparósela por entre la camisa y el +espinazo y diole con ella en el cogote, y vino a servir por defuera de +guarnición la que dentro había de ser aforro. Quedó el mozo dando +gritos; vino Cabra y, viéndolo, dijo que me echasen a mí la otra, +que luego tornarían a don Diego. Yo me resistía, pero no me valió, +porque, teniéndome Cabra y otros, me la echó la vieja, a la cual de +retorno di con ella en toda la cara. Enojóse Cabra conmigo y dijo que +él me echaría de su casa, que bien se echaba de ver que era +bellaquería todo. Yo rogaba a Dios que se enojase tanto que me +despidiese, mas no lo quiso mi ventura. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo IV: De la convalecencia y ida a estudiar a +Alcalá de Henares. + + +Entramos en casa de don Alonso y echáronnos en dos camas con mucho +tiento, porque no se nos desparramasen los huesos de puro roídos de +la hambre. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la +cara, y a mí, como había sido mi trabajo mayor y la hambre imperial, +que al fin me trataban como a criado, en buen rato no me los hallaron. +Trujeron médicos y mandaron que nos limpiasen con zorras el polvo de +las bocas, como a retablos, y bien lo éramos de duelos. Ordenaron que +nos diesen sustancias y pistos. ¡Quién podrá contar, a la primera +almendrada y a la primera ave, las luminarias que pusieron las tripas +de contento? Todo les hacía novedad. Mandaron los dotores que por +nueve días no hablase nadie recio en nuestro aposento, porque como +estaban huecos los estómagos sonaba en ellos el eco de cualquiera +palabra. + +Con estas y otras prevenciones comenzamos a volver y cobrar algún +aliento, pero nunca podían las quijadas desdoblarse, que estaban +magras y alforzadas, y así se dio orden que cada día nos las +ahormasen con la mano del almirez. Levantábamonos a hacer pinicos +dentro de cuarenta días, y aún parecíamos sombras de otros hombres, +y en lo amarillo y flaco simiente de los Padres del yermo. Todo el +día gastábamos en dar gracias a Dios por habernos rescatado de la +captividad del fierísimo Cabra, y rogábamos al Señor que ningún +cristiano cayese en sus manos crueles. Si acaso, comiendo, alguna vez +nos acordábamos de las mesas del mal pupilero, se nos aumentaba la +hambre tanto que acrecentábamos la costa aquel día. Solíamos contar +a don Alonso cómo al sentarse en la mesa nos decía males de la gula +(no habiéndola él conocido en su vida), y reíase mucho cuando le +contábamos que en el mandamiento de No matarás, metía perdices y +capones, gallinas y todas las cosas que no quería darnos, y, por el +consiguiente, la hambre, pues parecía que tenía por pecado el +matarla, y aun el herirla, según regateaba el comer. + +Pasáronsenos tres meses en esto, y, al cabo, trató don Alonso de +enviar a su hijo a Alcalá a estudiar lo que le faltaba de la +Gramática. Díjome a mí si quería ir, y yo, que no deseaba otra +cosa sino salir de tierra donde se oyese el nombre de aquel malvado +perseguidor de estómagos, ofrecí de servir a su hijo como vería. Y +con esto diole un criado para ayo que le gobernase la casa y tuviese +cuenta del dinero del gasto, que nos daba remitido en cédulas para un +hombre que se llamaba Julián Merluza. Pusimos el hato en el carro de +un Diego Monje; era una media camita y otra de cordeles con ruedas +para meterla debajo de la otra mía y del mayordomo, que se llamaba +Baranda, cinco colchones, ocho sábanas, ocho almohadas, cuatro +tapices, un cofre con ropa blanca, y las demás zarandajas de casa. +Nosotros nos metimos en un coche, salimos a la tardecica, una hora +antes de anochecer, y llegamos a la media noche, poco más, a la +siempre maldita venta de Viveros. + +El ventero era morisco y ladrón, que en mi vida vi perro y gato +juntos con la paz que aquel día. Hízonos gran fiesta, y como él y +los ministros del carretero iban horros (que ya había llegado +también con el hato antes, porque nosotros veníamos de espacio), +pegóse al coche, diome a mí la mano para salir del estribo, y +díjome si iba a estudiar. Yo le respondí que sí; metióme adentro, +y estaban dos rufianes con unas mujercillas; un cura rezando al olor; +un viejo mercader y avariento procurando olvidarse de cenar andaba +esforzando sus ojos que se durmiesen en ayunas; arremedaba los +bostezos, diciendo: -«Más me engorda un poco de sueño que cuantos +faisanes tiene el mundo». Dos estudiantes fregones, de los de +mantellina, panzas al trote, andaban aparecidos por la venta para +engullir. Mi amo, pues, como más nuevo en la venta y muchacho, dijo: + +-Señor huésped, déme lo que hubiere para mí y mis criados. + +-Todos los somos de V. Md. -dijeron al punto los rufianes-, y le hemos +de servir. Hola, güésped, mirad que este caballero os agradecerá lo +que hiciéredes. Vaciad la dispensa. + +Y, diciendo esto, llegóse el uno y quitóle la capa, y dijo: + +-Descanse V. Md., mi señor. + +Y púsola en un poyo. Estaba yo con esto desvanecido y hecho dueño de +la venta. Dijo una de las mujeres: + +-¡Qué buen talle de caballero! ¿Y va a estudiar? ¿Es V. Md. su +criado? + +Yo respondí, creyendo que era así como lo decían, que yo y el otro +lo éramos. Preguntáronme su nombre, y no bien lo dije, cuando el uno +de los estudiantes se llegó a él medio llorando y dándole un abrazo +apretadísimo, dijo: + +-Oh, mi señor don Diego, ¿quién me dijera a mí, agora diez años, +que había de ver yo a V. Md. de esta manera? ¡Desdichado de mí, que +estoy tal que no me conocerá V. Md.! + +Él se quedó admirado, y yo también, que juráramos entrambos no +haberle visto en nuestra vida. El otro compañero andaba mirando a don +Diego a la cara, y dijo a su amigo: + +-¿Es este señor de cuyo padre me dijistes vos tantas cosas? ¡Gran +dicha ha sido nuestra conocelle según está de grande! ¡Dios le +guarde! + +Y empezó a santiguarse. ¿Quién no creyera que se habían criado con +nosotros? Don Diego se le ofreció mucho, y preguntándole su nombre, +salió el ventero y puso los manteles, y oliendo la estafa, dijo: + +-Dejen eso, que después de cenar se hablará, que se enfría. + +Llegó un rufián y puso asientos para todos y una silla para don +Diego, y el otro trujo un plato. Los estudiantes dijeron: + +-Cene V. Md., que, entre tanto que a nosotros nos aderezan lo que +hubiere, le serviremos a la mesa. + +-¡Jesús! -dijo don Diego-; V. Mds. se sienten, si son servidos. + +Y a esto respondieron los rufianes, no hablando con ellos: + +-Luego, mi señor, que aún no está todo a punto. + +Yo, cuando vi a los unos convidados y a los otros que se convidaban, +afligíme y temí lo que sucedió. Porque los estudiantes tomaron la +ensalada, que era un razonable plato, y mirando a mi amo, dijeron: + +-No es razón que donde está un caballero tan principal se queden +estas damas sin comer. Mande V. Md. que alcancen un bocado. + +Él, haciendo del galán, convidólas. Sentáronse, y entre los dos +estudiantes y ellas no dejaron sino un cogollo, en cuatro bocados, el +cual se comió don Diego. Y al dársele, aquel maldito estudiante le +dijo: + +-Un abuelo tuvo V. Md., tío de mi padre, que jamás comió lechugas, +y son malas para la memoria, y más de noche, y éstas no son tan +buenas. + +Y diciendo esto sepultó un panecillo, y el otro, otro. Pues ¿las +mujeres? Ya daban cuenta de un pan, y el que más comía era el cura, +con el mirar sólo. Sentáronse los rufianes con medio cabrito asado y +dos lonjas de tocino y un par de palomas cocidas, y dijeron: + +-Pues padre, ¿ahí se está? Llegue y alcance, que mi señor don +Diego nos hace merced a todos. + +Pesia diez, la Iglesia ha de ser la primera. + +No bien se lo dijeron, cuando se sentó. Ya, cuando vio mi amo que +todos se le habían encajado, comenzóse a afligir. Repartiéronlo +todo y a don Diego dieron no sé qué huesos y alones diciendo que +«del cabrito el huesecito y del ave el aloncito» y que el refrán lo +decía. Con lo cual nosotros comimos refranes y ellos aves. Lo demás +se engulleron el cura y los otros. + +Decían los rufianes: + +-No cene mucho, señor, que le hará mal. + +Y replicaba el maldito estudiante: + +-Y más que es menester hacerse a comer poco para la vida de Alcalá. + +Yo y el otro criado estábamos rogando a Dios que les pusiese en +corazón que dejasen algo. Y ya que lo hubieron comido todo y que el +cura repasaba los huesos de los otros, volvió el un rufián y dijo: + +-Oh, pecador de mí, no habemos dejado nada a los criados. Vengan +aquí V. Mds. Ah, señor güésped, déles todo lo que hubiere; vea +aquí un doblón. + +Tan presto saltó el descomulgado pariente de mi amo (digo el +estudiantón) y dijo: + +-Aunque V. Md. me perdone, señor hidalgo, debe de saber poco de +cortesía. ¿Conoce, por dicha, a mi señor primo? Él dará a sus +criados, y aun a los nuestros si los tuviéramos, como nos ha dado a +nosotros. + +Y volviéndose a don Diego, que estaba pasmado, dijo: + +-No se enoje V. Md., que no le conocían. + +Maldiciones le eché cuando vi tan gran disimulación que no pensé +acabar. + +Levantaron las mesas y todos dijeron a don Diego que se acostase. Él +quería pagar la cena y replicáronle que no lo hiciese, que a la +mañana habría lugar. Estuviéronse un rato parlando; preguntóle su +nombre al estudiante, y él dijo que se llamaba tal Coronel. (En los +infiernos descanse, dondequiera que está.) Vio al avariento que +dormía, y dijo: + +-¿V. Md. quiere reír? Pues hagamos alguna burla a este mal viejo, +que no ha comido sino un pero en todo el camino, y es riquísimo. + +Los rufianes dijeron: + +-Bien haya el licenciado; hágalo, que es razón. + +Con esto, se llegó y sacó al pobre viejo, que dormía, de debajo de +los pies unas alforjas, y desenvolviéndolas halló una caja, y como +si fuera de guerra hizo gente. Llegáronse todos, y abriéndola, vio +ser de alcorzas. Sacó todas cuantas había y en su lugar puso +piedras, palos y lo que halló, y encima dos o tres yesones y un +tarazón de teja. Cerró la caja y púsola donde estaba, y dijo: + +-Pues aún no basta, que bota tiene el viejo. + +Sacóla el vino y desenfundando una almohada de nuestro coche, +después de haber echado un poco de vino debajo, se la llenó de lana +y estopa, y la cerró. Con esto, se fueron todos a acostar para una +hora que quedaba o media, y el estudiante lo puso todo en las +alforjas, y en la capilla del gabán le echó una gran piedra, y fuese +a dormir. + +Llegó la hora de caminar; despertaron todos, y el viejo todavía +dormía. Llamáronle, y al levantarse, no podía levantar la capilla +del gabán. Miró lo que era, y el mesonero adrede le riñó, +diciendo: + +-Cuerpo de Dios, ¿no halló otra cosa que llevarse, padre, sino esa +piedra? ¿Qué les parece a V. Mds., si yo no lo hubiera visto? Cosa +es que estimo en más de cien ducados, porque es contra el dolor de +estómago. + +Juraba y perjuraba diciendo que no había metido él tal en la +capilla. + +Los rufianes hicieron la cuenta, y vino a montar de cena sólo treinta +reales, que no entendiera Juan de Leganés la suma. Decían los +estudiantes: + +-No pide más un ochavo. + +Y respondió un rufián: + +-No, sino burlárase con este caballero delante de nosotros; aunque +ventero, sabe lo que ha de hacer. Déjese V. Md. gobernar, que en mano +está... + +Y tosiendo, cogió el dinero, contólo y, sobrando del que sacó mi +amo cuatro reales, los asió, diciendo: + +-Éstos le daré de posada, que a estos pícaros con cuatro reales se +les tapa la boca. + +Quedamos asustados con el gasto. Almorzamos un bocado, y el viejo +tomó sus alforjas y, porque no viésemos lo que sacaba y no partir +con nadie, desatólas a oscuras debajo del gabán, y agarrando un +yesón echósele en la boca y fuele a hincar una muela y medio diente +que tenía, y por poco los perdiera. Comenzó a escupir y hacer gestos +de asco y de dolor; llegamos todos a él, y el cura el primero, +diciéndole que qué tenía. Empezóse a ofrecer a Satanás; dejó +caer las alforjas; llegóse a él el estudiante, y dijo: + +-¡Arriedro vayas, cata la cruz! + +Otro abrió un breviario; hiciéronle creer que estaba endemoniado, +hasta que él mismo dijo lo que era, y pidió que le dejasen enjaguar +la boca con un poco de vino, que él traía bota. Dejáronle y, +sacándola, abrióla; y echando en un vaso un poco de vino, salió con +la lana y estopa un vino salvaje, tan barbado y velloso que no se +podía beber ni colar. Entonces acabó de perder la paciencia el +viejo, pero viendo las descompuestas carcajadas de risa, tuvo por bien +el callar y subir en el carro con los rufianes y las mujeres. Los +estudiantes y el cura se ensartaron en dos borricos, y nosotros nos +subimos en el coche; y no bien comenzó a caminar cuando unos y otros +nos comenzaron a dar vaya, declarando la burla. El ventero decía: + +-Señor nuevo, a pocas estrenas como ésta, envejecerá. + +El cura decía: + +-Sacerdote soy; allá se lo diré de misas. + +Y el estudiante maldito voceaba: + +-Señor primo, otra vez rásquese cuando le coman y no después. + +El otro decía: + +-Sarna de V. Md., señor don Diego. + +Nosotros dimos en no hacer caso; Dios sabe cuán corridos íbamos. Con +estas y otras cosas, llegamos a la villa; apeámonos en un mesón, y +en todo el día, que llegamos a las nueve, acabamos de contar la cena +pasada, y nunca pudimos en limpio sacar el gasto. Quejábamonos +nosotros a don Alonso, y el Cabra le hacía creer que lo hacíamos por +no asistir al estudio. Con esto no nos valían plegarias. + +Metió en casa la vieja por ama, para que guisase de comer y sirviese +a los pupilos y despidió al criado porque le halló un viernes a la +mañana con unas migajas de pan en la ropilla. Lo que pasamos con la +vieja, Dios lo sabe. Era tan sorda que no oía nada; entendía por +señas; ciega, y tan gran rezadora que un día se le desensartó el +rosario sobre la olla y nos la trujo con el caldo más devoto que he +comido. Unos decían: -«¡Garbanzos negros! Sin duda son de +Etiopía». Otro decía: -«¡Garbanzos con luto! ¿Quién se les +habrá muerto?» Mi amo fue el primero que se encajó una cuenta, y al +mascarla se quebró un diente. Los viernes solía inviar unos güevos, +con tantas barbas fuerza de pelos y canas suyas que pudieran pretender +corregimiento u abogacía Pues meter el badil por el cucharón y +inviar una escudilla de caldo empedrada era ordinario. Mil veces topé +yo sabandijas, palos y estopa de la que hilaba en la olla. Y todo lo +metía para que hiciese presencia en las tripas y abultase. + +Pasamos en este trabajo hasta la Cuaresma; vino, y a la entrada de +ella estuvo malo un compañero. Cabra, por no gastar, detuvo el llamar +médico hasta que ya él pedía confesión más que otra cosa. Llamó +entonces un platicante, el cual le tomó el pulso y dijo que la hambre +le había ganado por la mano en matar aquel hombre. Diéronle el +Sacramento, y el pobre, cuando le vio (que había un día que no +hablaba), dijo: + +-Señor mío Jesucristo, necesario ha sido el veros entrar en esta +casa para persuadirme que no es el infierno. + +Imprimiéronseme estas razones en el corazón. Murió el pobre mozo, +enterrámosle muy pobremente por ser forastero, y quedamos todos +asombrados. Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oídos de +don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo, desengañóse de los +embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos +sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado. Vino a +sacarnos del pupilaje y teniéndonos delante nos preguntaba por +nosotros. Y tales nos vio que sin aguardar a más, tratando muy mal de +palabra al licenciado Vigilia, nos mandó llevar en dos sillas a casa. +Despedímonos de los compañeros, que nos seguían con los deseos y +con los ojos, haciendo las lástimas que hace el que queda en Argel +viendo venir rescatados por la Trinidad sus compañeros. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo V: De la entrada de Alcalá, patente y burlas +que le hicieron por nuevo. + + +Antes que anocheciese salimos del mesón a la casa que nos tenían +alquilada, que estaba fuera la puerta de Santiago, patio de +estudiantes donde hay muchos juntos, aunque esta teníamos entre tres +moradores diferentes no más. Era el dueño y huésped de los que +creen en Dios por cortesía o sobre falso; moriscos los llaman en el +pueblo. Recibióme, pues, el huésped con peor cara que si yo fuera el +Santísimo Sacramento. Ni sé si lo hizo porque le comenzásemos a +tener respeto o por ser natural suyo de ellos, que no es mucho que +tenga mala condición quien no tiene buena ley. Pusimos nuestro +hatillo, acomodamos las camas y lo demás, y dormimos aquella noche. + +Amaneció, y helos aquí en camisa a todos los estudiantes de la +posada a pedir la patente a mi amo. Él, que no sabía lo que era, +preguntóme que qué querían, y yo, entre tanto, por lo que podía +suceder, me acomodé entre dos colchones y sólo tenía la media +cabeza fuera, que parecía tortuga. Pidieron dos docenas de reales; +diéronselos y con tanto comenzaron una grita del diablo, diciendo: + +-¡Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad! Goce de las +preeminencias de antiguo. Pueda tener sarna, andar manchado y padecer +la hambre que todos. + +Y con esto (¡mire V. Md. qué previlegios!) volaron por la escalera, +y al momento nos vestimos nosotros y tomamos el camino para escuelas. +A mi amo apadrináronle unos colegiales conocidos de su padre y entró +en su general, pero yo, que había de entrar en otro diferente y fui +solo, comencé a temblar. Entré en el patio, y no hube metido bien un +pie, cuando me encararon y comenzaron a decir: -«¡Nuevo!». Yo por +disimular di en reír, como que no hacía caso; mas no bastó, porque +llegándose a mí ocho o nueve, comenzaron a reírse. Púseme +colorado; nunca Dios lo permitiera, pues al instante se puso uno que +estaba a mi lado las manos en las narices y apartándose, dijo: + +-Por resucitar está este Lázaro, según olisca. + +Y con esto todos se apartaron tapándose las narices. Yo, que me +pensé escapar, puse las manos también y dije: + +-V. Mds. tienen razón, que huele muy mal. + +Dioles mucha risa y, apartándose, ya estaban juntos hasta ciento. +Comenzaron a escarrar y tocar al arma y en las toses y abrir y cerrar +de las bocas, vi que se me aparejaban gargajos. En esto, un manchegazo +acatarrado hízome alarde de uno terrible, diciendo: + +-Esto hago. + +Yo entonces, que me vi perdido, dije: + +-¡Juro a Dios que ma...! + +Iba a decir te, pero fue tal la batería y lluvia que cayó sobre mí, +que no pude acabar la razón. Yo estaba cubierto el rostro con la +capa, y tan blanco, que todos tiraban a mí, y era de ver cómo +tomaban la puntería. Estaba ya nevado de pies a cabeza, pero un +bellaco, viéndome cubierto y que no tenía en la cara cosa, arrancó +hacia mí diciendo con gran cólera: + +-¡Baste, no le déis con el palo! + +Que yo, según me trataban, creí de ellos que lo harían. Destapéme +por ver lo que era, y al mismo tiempo, el que daba las voces me +enclavó un gargajo en los dos ojos. Aquí se han de considerar mis +angustias. Levantó la infernal gente una grita que me aturdieron, y +yo, según lo que echaron sobre mí de sus estómagos, pensé que por +ahorrar de médicos y boticas aguardan nuevos para purgarse. Quisieron +tras esto darme de pescozones pero no había dónde sin llevarse en +las manos la mitad del afeite de mi negra capa, ya blanca por mis +pecados. Dejáronme, y iba hecho zufaina de viejo a pura saliva. Fuime +a casa, que apenas acerté, y fue ventura el ser de mañana, pues +sólo topé dos o tres muchachos, que debían de ser bien inclinados +porque no me tiraron más de cuatro o seis trapajos y luego me +dejaron. + +Entré en casa, y el morisco que me vio comenzóse a reír y a hacer +como que quería escupirme. Yo, que temí que lo hiciese, dije: + +-Tené, huésped, que no soy Ecce-Homo. + +Nunca lo dijera, porque me dio dos libras de porrazos, dándome sobre +los hombros con las pesas que tenía. Con esta ayuda de costa, medio +derrengado, subí arriba; y en buscar por dónde asir la sotana y el +manteo para quitármelos, se pasó mucho rato. Al fin, le quité y me +eché en la cama y colguélo en una azutea. Vino mi amo y como me +halló durmiendo y no sabía la asquerosa aventura, enojóse y +comenzó a darme repelones con tanta prisa, que a dos más, despierto +calvo. Levantéme dando voces y quejándome, y él, con más cólera, +dijo: + +-¿Es buen modo de servir ése, Pablos? Ya es otra vida. + +Yo, cuando oí decir «otra vida», entendí que era ya muerto, y +dije: + +-Bien me anima V. Md. en mis trabajos. Vea cuál está aquella sotana +y manteo, que ha servido de pañizuelo a las mayores narices que se +han visto jamás en paso, y mire estas costillas. + +Y con esto empecé a llorar. Él, viendo mi llanto, creyólo, y +buscando la sotana y viéndola, compadecióse de mí y dijo: + +-Pablos, abre el ojo que asan carne. Mira por ti, que aquí no tienes +otro padre ni madre. + +Contéle todo lo que había pasado y mandóme desnudar y llevar a mi +aposento (que era donde dormían cuatro criados de los huéspedes de +casa). Acostéme y dormí; y con esto, a la noche, después de haber +comido y cenado bien, me hallé fuerte y ya como si no hubiera pasado +por mí nada. Pero, cuando comienzan desgracias en uno, parece que +nunca se han de acabar, que andan encadenadas y unas traían a otras. +Viniéronse a acostar los otros criados y, saludándome todos, me +preguntaron si estaba malo y cómo estaba en la cama. Yo les conté el +caso y, al punto, como si en ellos no hubiera mal ninguno, se +empezaron a santiguar, diciendo: + +-No se hiciera entre luteranos. ¿Hay tal maldad? + +Otro decía: + +-El retor tiene la culpa en no poner remedio. ¿Conocerá los que +eran? + +Yo respondí que no, y agradecíles la merced que me mostraban hacer. +Con esto se acabaron de desnudar, acostáronse, mataron la luz, y +dormíme yo, que me parecía que estaba con mi padre y mis hermanos. +Debían de ser las doce cuando el uno de ellos me despertó a puros +gritos, diciendo: + +-¡Ay, que me matan! ¡Ladrones! + +Sonaban en su cama, entre estas voces, unos golpazos de látigo. Yo +levanté la cabeza y dije: + +-¿Qué es eso? + +Y apenas la descubrí, cuando con una maroma me asentaron un azote con +hijos en todas las espaldas. Comencé a quejarme; quíseme levantar; +quejábase el otro también; dábanme a mí sólo. Yo comencé a +decir: + +-¡Justicia de Dios! + +Pero menudeaban tanto los azotes sobre mí, que ya no me quedó, por +haberme tirado las frazadas abajo, otro remedio sino el de meterme +debajo de la cama. Hícelo así, y al punto los tres que dormían +empezaron a dar gritos también, y como sonaban los azotes, yo creí +que alguno de fuera nos daba a todos. Entre tanto, aquel maldito que +estaba junto a mí se pasó a mi cama y proveyó en ella, y cubrióla, +volviéndose a la suya. Cesaron los azotes y levantáronse con grandes +gritos todos cuatro, diciendo: + +-¡Es gran bellaquería, y no ha de quedar así! + +Yo todavía me estaba debajo de la cama quejándome como perro cogido +entre puertas, tan encogido que parecía galgo con calambre. Hicieron +los otros que cerraban la puerta, y yo entonces salí de donde estaba +y subíme a mi cama, preguntando si acaso les habían hecho mal. Todos +se quejaban de muerte. + +Acostéme y cubríme y torné a dormir, y como entre sueños me +revolcase, cuando desperté halléme proveído y hecho una necesaria. +Levantáronse todos y yo tomé por achaque los azotes para no +vestirme. No había diablos que me moviesen de un lado. Estaba +confuso, considerando si acaso, con el miedo y la turbación, sin +sentirlo, había hecho aquella vileza, o si entre sueños. Al fin, yo +me hallaba inocente y culpado y no sabía cómo disculparme. + +Los compañeros se llegaron a mí, quejándose y muy disimulados, a +preguntarme cómo estaba; yo les dije que muy malo, porque me habían +dado muchos azotes. Preguntábales yo que qué podía haber sido, y +ellos decían: + +-A fe que no se escape, que el matemático nos lo dirá. Pero, dejando +esto, veamos si estáis herido, que os quejábades mucho. + +Y diciendo esto, fueron a levantar la ropa con deseo de afrentarme. En +esto, mi amo entró diciendo: + +-¿Es posible, Pablos, que no he de poder contigo? Son las ocho ¿y +estáste en la cama? ¡Levántate enhoramala! + +Los otros, por asegurarme, contaron a don Diego el caso todo y +pidiéronle que me dejase dormir. Y decía uno: + +-Y si V. Md. no lo cree, levantad, amigo. + +Y agarraba de la ropa. Yo la tenía asida con los dientes por no +mostrar la caca. Y cuando ellos vieron que no había remedio por aquel +camino, dijo uno: + +-¡Cuerpo de Dios y cómo hiede! + +Don Diego dijo lo mismo, porque era verdad, y luego, tras él, todos +comenzaron a mirar si había en el aposento algún servicio. Decían +que no se podía estar allí. Dijo uno: + +-¡Pues es muy bueno esto para haber de estudiar! + +Miraron las camas y quitáronlas para ver debajo, y dijeron: + +-Sin duda debajo de la de Pablos hay algo; pasémosle a una de las +nuestras y miremos debajo de ella. + +Yo, que veía poco remedio en el negocio y que me iban a echar la +garra, fingí que me había dado mal de corazón: agarréme a los +palos, hice visajes... Ellos, que sabían el misterio, apretaron +conmigo, diciendo: + +-¡Gran lástima! + +Don Diego me tomó el dedo del corazón y, al fin, entre los cinco me +levantaron, y al alzar las sábanas fue tanta la risa de todos viendo +los recientes no ya palominos sino palomos grandes, que se hundía el +aposento. + +-¡Pobre de él! -decían los bellacos (yo hacía del desmayado)-; +tírele V. Md. mucho de ese dedo del corazón. + +Y mi amo, entendiendo hacerme bien, tanto tiró que me le +desconcertó. Los otros trataron de darme un garrote en los muslos, y +decían: + +-El pobrecito agora sin duda se ensució, cuando le dio el mal. + +¡Quién dirá lo que yo sentía, lo uno con la vergüenza, +descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin, de +miedo de que me le diesen, que ya me tenían los cordeles en los +muslos, hice que había vuelto, y por presto que lo hice, como los +bellacos iban con malicia, ya me habían hecho dos dedos de señal en +cada pierna. Dejáronme diciendo: + +-¡Jesús, y qué flaco sois! + +Yo lloraba de enojo, y ellos decían adrede: + +-Más va en vuestra salud que en haberos ensuciado. Callá. + +Y con esto me pusieron en la cama, después de haberme lavado, y se +fueron. + +Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había +pasado en Alcalá en un día que todo lo que me sucedió con Cabra. A +mediodía me vestí, limpié la sotana lo mejor que pude, lavándola +como gualdrapa, y aguardé a mi amo que, en llegando, me preguntó +cómo estaba. Comieron todos los de la casa y yo, aunque poco y de +mala gana. Y después, juntándonos todos a parlar en el corredor, los +otros criados, después de darme vaya, declararon la burla. Riéronla +todos, doblóse mi afrenta, y dije entre mí: -«Avisón, Pablos, +alerta». Propuse de hacer nueva vida, y con esto, hechos amigos, +vivimos de allí adelante todos los de la casa como hermanos, y en las +escuelas y patios nadie me inquietó más. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo VI: De las crueldades de la ama, y travesuras +que hizo. + + +«Haz como viere» dice el refrán, y dice bien. De puro considerar en +él, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si +pudiese, que todos. No sé si salí con ello, pero yo aseguro a V. Md. +que hice todas las diligencias posibles. + +Lo primero, yo puse pena de la vida a todos los cochinos que se +entrasen en casa y a los pollos de la ama que del corral pasasen a mi +aposento. Sucedió que un día entraron dos puercos del mejor garbo +que vi en mi vida. Yo estaba jugando con los otros criados, y oílos +gruñir, y dije al uno: + +-Vaya y vea quién gruñe en nuestra casa. + +Fue, y dijo que dos marranos. Yo que lo oí, me enojé tanto que salí +allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento venir a +gruñir a casa ajena. Y diciendo esto, envásole a cada uno a puerta +cerrada la espada por los pechos, y luego los acogotamos. Porque no se +oyese el ruido que hacían, todos a la par dábamos grandísimos +gritos como que cantábamos y así expiraron en nuestras manos. +Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros jergones los +medio chamuscamos en el corral, de suerte que cuando vinieron los amos +ya estaba todo hecho, aunque mal, si no eran los vientres, que aún no +estaban acabadas de hacer las morcillas. Y no por falta de prisa, en +verdad, que por no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que +ellas se tenían dentro, y nos las comimos las más como se las traía +hechas el cochino en la barriga. + +Supo, pues, don Diego el caso, y enojóse conmigo de manera que +obligó a los huéspedes (que de risa no se podían valer) a volver +por mí. Preguntábame don Diego que qué había de decir si me +acusaban y me prendía la justicia, a lo cual respondí yo que me +llamaría a hambre, que es el sagrado de los estudiantes; y que si no +me valiese, diría que como se entraron sin llamar a la puerta como en +su casa, que entendí que eran nuestros. Riéronse todos de las +disculpas. Dijo don Diego: + +-A fe, Pablos, que os hacéis a las armas. + +Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso, +que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio. + +No cabía el ama de contento conmigo, porque éramos dos al mohíno: +habíamonos conjurado contra la despensa. Yo era el despensero Judas, +de botas a bolsa, que desde entonces hereda no sé qué amor a la sisa +este oficio. La carne no guardaba en manos de la ama la orden +retórica, porque siempre iba de más a menos; no era nada carnal, +antes de puro penitente estaba en los huesos. Y la vez que podía +echar cabra u oveja no echaba carnero, y si había huesos, no entraba +cosa magra. Era cercenadora de porciones como de moneda, y así hacía +unas ollas éticas de puro flacas, unos caldos que a estar cuajados se +pudieran hacer sartas de cristal de ellos. Las Pascuas, por +diferenciar, para que estuviese gorda la olla, solía echar cabos de +vela de sebo y así decía que estaban sus ollas gordas por el cabo. Y +era verdad según me lo parló un pabilo que yo masqué un día. Ella +decía, cuando yo estaba delante: + +-Mi amo, por cierto que no hay servicio como el de Pablicos, si él no +fuese travieso; consérvele V. Md., que bien se le puede sufrir el ser +bellaquillo por la fidelidad; lo mejor de la plaza trae. + +Yo, por el consiguiente, decía de ella lo mismo y así teníamos +engañada la casa. Si se compraba aceite de por junto, carbón o +tocino, escondíamos la mitad, y cuando nos parecía, decíamos el ama +y yo: + +-Modérese V. Md. en el gasto, que en verdad que si se dan tanta prisa +no baste la hacienda del Rey. Ya se ha acabado el aceite o el carbón. +Pero tal prisa le han dado. Mande V. Md. comprar más y a fe que se ha +de lucir de otra manera. Denle dineros a Pablicos. + +Dábanmelos y vendíamosles la mitad sisada, y de lo que comprábamos +sisábamos la otra mitad; y esto era en todo, y si alguna vez compraba +yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo. + +Ella decía: + +-No me digas a mí, Pablicos, que esto son dos cuartos de ensalada. + +Yo hacía que lloraba, daba voces, íbame a quejar a mi señor, y +apretábale para que enviase al mayordomo a saberlo, para que callase +la ama, que adrede porfiaba. Iban y sabíanlo, y con esto +asegurábamos al amo y al mayordomo, y quedaban agradecidos, en mí a +las obras, y en el ama al celo de su bien. Decíale don Diego, muy +satisfecho de mí: + +-¡Así fuese Pablicos aplicado a virtud como es de fiar! ¿Toda esta +es la lealtad que me decís vos de él? + +Tuvímoslos de esta manera, chupándolos como sanguijuelas. Yo +apostaré que V. Md. se espanta de la suma de dinero que montaba al +cabo del año. Ello mucho debió de ser, pero no debía obligar a +restitución, porque el ama confesaba y comulgaba de ocho a ocho días +y nunca la vi rastro de imaginación de volver nada ni hacer +escrúpulo, con ser, como digo, una santa. + +Traía un rosario al cuello siempre, tan grande, que era más barato +llevar un haz de leña a cuestas. De él colgaban muchos manojos de +imágines, cruces y cuentas de perdones que hacían ruido de sonajas. +Bendecía las ollas y al espumar hacía cruces con el cucharón. Yo +pienso que las conjuraba por sacarles los espíritus, ya que no tenía +carne. En todas las imágines decía que rezaba cada noche por sus +bienhechores; contaba ciento y tantos santos abogados suyos, y en +verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo +que pecaba. Acostábase en un aposento encima del de mi amo, y rezaba +más oraciones que un ciego. Entraba por el Justo Juez y acababa en el +Conquibules, que ella decía, y en la Salve Rehína. Decía las +oraciones en latín adrede por fingirse inocente, de suerte que nos +despedazábamos de risa todos. Tenía otras habilidades; era +conqueridora de voluntades y corchete de gustos, que es lo mismo que +alcahueta; pero disculpábase conmigo diciendo que le venía de casta +como al rey de Francia sanar lamparones. + +¿Pensará V. Md. que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora +que dos amigos, como sean codiciosos, si están juntos, se han de +procurar engañar el uno al otro? «Ésta ha de ser ruin conmigo, pues +lo es con su amo», decía yo entre mí; ella debía de decir lo mismo +porque chocamos de embuste el uno con el otro, y por poco se +descubriera la hilaza. Quedamos enemigos como gatos y gatos, que en +despensa es peor que gatos y perros. + +Yo, que me vi ya mal con el ama, y que no la podía burlar, busqué +nuevas trazas de holgarme y di en lo que llaman los estudiantes correr +o arrebatar. En esto me sucedieron cosas graciosísimas, porque yendo +una noche a las nueve (que anda poca gente) por la calle Mayor, vi una +confitería y en ella un cofín de pasas sobre el tablero, y tomando +vuelo, vine a agarrarle y di a correr. El confitero dio tras mí, y +otros criados y vecinos. Yo, como iba cargado, vi que aunque les +llevaba ventaja, me habían de alcanzar, y al volver una esquina, +sentéme sobre él y envolví la capa a la pierna de presto y empecé +a decir, con la pierna en la mano, fingiéndome pobre: + +-¡Ay! ¡Dios se lo perdone, que me ha pisado! + +Oyéronme esto y en llegando, empecé a decir: «Por tan alta +Señora», y lo ordinario de la «hora menguada» y «aire corrupto». +Ellos se venían desgañifando, y dijéronme: + +-¿Va por aquí un hombre, hermano? + +-Ahí adelante, que aquí me pisó, loado sea el Señor. + +Arrancaron con esto y fuéronse; quedé solo, llevéme el cofín a +casa, conté la burla, y no quisieron creer que había sucedido así, +aunque lo celebraron mucho. Por lo cual, los convidé para otra noche +a verme correr cajas. Vinieron, y advirtiendo ellos que estaban las +cajas dentro la tienda y que no las podía tomar con la mano, +tuviéronlo por imposible, y más por estar el confitero, por lo que +sucedió al otro de las pasas, alerta. Vine, pues, y metiendo doce +pasos atrás de la tienda mano a la espada, que era un estoque recio, +partí corriendo, y en llegando a la tienda, dije: + +-«¡Muera!». Y tiré una estocada por delante del confitero. Él se +dejó caer pidiendo confesión, y yo di la estocada en una caja y la +pasé y saqué en la espada y me fui con ella. Quedáronse espantados +de ver la traza y muertos de risa de que el confitero decía que le +mirasen, que sin duda le había herido, y que era un hombre con quien +él había tenido palabras. Pero, volviendo los ojos, como quedaron +desbaratadas al salir de la caja las que estaban alrededor, echó de +ver la burla, y empezó a santiguarse que no pensó acabar. Confieso +que nunca me supo cosa tan bien. + +Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo +que corría, que es lo mismo que hurtar, en nombre revesado. Yo, como +era muchacho y oía que me alababan el ingenio con que salía de estas +travesuras, animábame para hacer muchas más. Cada día traía la +pretina llena de jarras de monjas, que les pedía para beber y me +venía con ellas; introduje que no diesen nada sin prenda primero. +Y así, prometí a don Diego y a todos los compañeros, de quitar una +noche las espadas a la mesma ronda. Señalóse cuál había de ser, y +fuimos juntos, yo delante, y en columbrando la justicia, lleguéme con +otro de los criados de casa, muy alborotado, y dije: + +-¿Justicia? + +Respondieron: + +-Sí. + +-¿Es el corregidor? + +Dijeron que sí. Hinquéme de rodillas y dije: + +-Señor, en sus manos de V. Md. está mi remedio y mi venganza y mucho +provecho de la república; mande V. Md. oírme dos palabras a solas, +si quiere una gran prisión. + +Apartóse; ya los corchetes estaban empuñando las espadas y los +alguaciles poniendo mano a las varitas. Yo le dije: + +-Señor, yo he venido desde Sevilla siguiendo seis hombres los más +facinorosos del mundo, todos ladrones y matadores de hombres, y entre +ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mío por +saltearlos, y le está probado esto; y vienen acompañando, según los +he oído decir, a una espía francesa; y aun sospecho, por lo que les +he oído, que es... (y bajando más la voz dije) Antonio Pérez. Con +esto, el corregidor dio un salto hacia arriba, y dijo: + +-¿Y dónde están? + +-Señor, en la casa pública; no se detenga V. Md., que las ánimas de +mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el Rey acá. + +-¡Jesús! -dijo-, no nos detengamos. ¡Hola, seguidme todos! Dadme +una rodela. + +Yo entonces le dije, tornándole a apartar: + +-Señor, perderse ha V. Md. si hace eso, porque antes importa que +todos V. Mds. entren sin espadas, y uno a uno, que ellos están en los +aposentos y traen pistoletes, y en viendo entrar con espadas, como +saben que no la puede traer sino la justicia, dispararán. Con dagas +es mejor, y cogerlos por detrás los brazos, que demasiados vamos. + +Cuadróle al corregidor la traza, con la codicia de la prisión. En +esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de +unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que +está enfrente casi de la casa; pusiéronlas y caminaron. Yo, que +había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a +casa fuese todo uno, hízolo así; y al entrar todos quedéme atrás +el postrero, y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba, +di cantonada y emboquéme por una callejuela que va a dar a la +Vitoria, que no me alcanzara un galgo. + +Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes +y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome, +sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron +media. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el +corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las +caras y mirando las armas. Llegaron a casa, y yo, porque no me +conociesen, estaba echado en la cama con un tocador y con una vela en +la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a +morir, y los demás rezando las letanías. Llegó el retor y la +justicia, y viendo el espectáculo, se salieron, no persuadiéndose +que allí pudiera haber habido lugar para cosa. No miraron nada, antes +el retor me dijo un responso; preguntó si estaba ya sin habla, y +dijéronle que sí; y con tanto, se fueron desesperados de hallar +rastro, jurando el retor de remitirle si le topasen, y el corregidor +de ahorcarle fuese quien fuese. Levantéme de la cama, y hasta hoy no +se ha acabado de solemnizar la burla en Alcalá. + +Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del +pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras +(que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos) +sustentaba la chimenea de casa todo el año. Callo las pensiones que +tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de +alrededor. Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso +y agudo entre todos. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban +servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por +el mucho amor que me tenía. + + + * * * * * + + +Libro Primero: Capítulo VII: De la ida de don Diego, y nuevas de la +muerte de su padre y madre, y la resolución que tomó en sus cosas +para adelante. + + +En este tiempo vino a don Diego una carta de su padre, en cuyo pliego +venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón, hombre allegado a +toda virtud y muy conocido en Segovia por lo que era allegado a la +justicia, pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta +parte, han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad, +pero una águila en el oficio; vérsele hacer daba gana a uno de +dejarse ahorcar. Este, pues, me escribió una carta a Alcalá, desde +Segovia, en esta forma: + +«Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así), +las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su +Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el +servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra +honrilla de ser sus criados. + +Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días +ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como +quien lo guindó. Subió en el asno sin poner pie en el estribo; +veníale el sayo vaquero que parecía haberse hecho para él, y como +tenía aquella presencia, nadie le veía con los Cristos delante que +no le juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las +ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por +mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los +confesores y íbales alabando lo que decían bueno. + +Llegó a la N de palo, puso el un pie en la escalera, no subió a +gatas ni despacio y viendo un escalón hendido, volvióse a la +justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro, que no todos +tenían su hígado. No os sabré encarecer cuán bien pareció a +todos. + +Sentóse arriba, tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y +púsola en la nuez. Y viendo que el teatino le quería predicar, +vuelto a él, le dijo: -«Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco +de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo». +Hízose así; encomendóme que le pusiese la caperuza de lado y que le +limpiase las barbas. Yo lo hice así. Cayó sin encoger las piernas ni +hacer gesto; quedó con una gravedad que no había más que pedir. +Hícele cuartos y dile por sepultura los caminos. Dios sabe lo que a +mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos, pero +yo entiendo que los pasteleros de esta tierra nos consolarán, +acomodándole en los de a cuatro. + +De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo +mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque +desenterraba los muertos sin ser murmuradora. Halláronla en su casa +más piernas, brazos y cabezas que en una capilla de milagros. Y lo +menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. Dicen que +representará en un auto el día de la Trinidad, con cuatrocientos de +muerte. Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que +al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos. + +Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros +padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados. Vuestro tío soy, y +lo que tengo ha de ser para vos. Vista ésta, os podéis venir aquí, +que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en +el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto, Dios os +guarde». + +No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holguéme en +parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus +desgracias, por grandes que sean, a los hijos). Fuime corriendo a don +Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que +se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las +travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir +y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a +mí más; díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo +para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije: + +-Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico y más +autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada +cual mi piedra en el rollo, agora tengo mi padre. + +Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, +cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi +señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a +él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin +vergüenza. Lastimóse mucho y preguntóme que qué pensaba hacer. + +Dile cuenta de mis determinaciones; y con tanto, al otro día, él se +fue a Segovia harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi +desventura. + +Quemé la carta porque, perdiéndoseme acaso, no la leyese alguien, y +comencé a disponer mi partida para Segovia, con fin de cobrar mi +hacienda y conocer mis parientes para huir de ellos. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo I: Del camino de Alcalá para Segovia, y de +lo que le sucedió en él hasta Rejas, donde durmió aquella noche. + + +Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. +Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados, que eran +sin número. Vendí lo poco que tenía de secreto, para el camino, y +con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales. Alquilé una +mula y salíme de la posada, adonde ya no tenía que sacar más de mi +sombra. ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado, las +solicitudes del ama por el salario, las voces del huésped de la casa +por el arrendamiento? Uno decía: -«¡Siempre me lo dijo el +corazón!»; otro: -«¡Bien me decían a mí que este era un +trampista!». Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con +mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de +los que lloraban. + +Yo me iba entreteniendo por el camino considerando en estas cosas, +cuando pasado Torote, encontré con un hombre en un macho de albarda, +el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido, +que aun estando a su lado no me veía. Saludéle y saludóme; +preguntéle dónde iba, y después que nos pagamos las respuestas, +comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco y de las fuerzas del +Rey. Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra +Santa y cómo se ganaría Argel, en los cuales discursos eché de ver +que era loco repúblico y de gobierno. + +Proseguimos en la conversación (propia de pícaros), y venimos a dar +de una cosa en otra, en Flandes. Aquí fue ello, que empezó a +suspirar y a decir: + +-Más me cuestan a mí esos estados que al Rey, porque ha catorce +años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, +ya estuviera todo sosegado. + +-¿Qué cosa puede ser -le dije yo- que, conviniendo tanto, sea +imposible y no se pueda hacer? + +-¿Quién le dice a V. Md. -dijo luego- que no se pueda hacer?. +Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa. Y si no fuera por dar +pesadumbre, le contara a V. Md. lo que es; pero allá se verá, que +agora lo pienso imprimir con otros trabajillos, entre los cuales le +doy al Rey modo de ganar a Ostende por dos caminos. + +Roguéle que me los dijese, y al punto, sacando de las faldriqueras un +gran papel, me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y +dijo: + +-Bien ve V. Md. que la dificultad de todo está en este pedazo de +mar..., pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de +allí. + +Di yo con este desatino una gran risada, y él entonces mirándome a +la cara, me dijo: + +-A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto, que a todos les +da gran contento. + +-Ese tengo yo, por cierto -le dije-, de oír cosa tan nueva y tan bien +fundada, pero advierta V. Md. que ya que chupe el agua que hubiere +entonces, tornará luego la mar a echar más. + +-No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado -me +respondió-, y no hay que tratar; fuera de que yo tengo pensada una +invención para hundir la mar por aquella parte doce estados. + +No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para +tirar el cielo acá abajo. No vi en mi vida tan gran orate. Decíame +que Joanelo no había hecho nada, que él trazaba agora de subir toda +el agua de Tajo a Toledo de otra manera más fácil. Y sabido lo que +era, dijo que por ensalmo: ¡Mire V. Md. quién tal oyó en el mundo! +Y al cabo, me dijo: + +-Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una +encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy +honrada. + +Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón, donde se +quedó, que venía a ver una parienta suya. + +Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que +ocupaba el tiempo, cuando, Dios y enhorabuena, desde lejos vi una mula +suelta y un hombre junto a ella a pie, que mirando a un libro hacía +unas rayas que medía con un compás. Daba vueltas y saltos a un lado +y a otro, y de rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, hacía +con ellos mil cosas saltando. Yo confieso que entendí por gran rato +(que me paré desde lejos a verlo) que era encantador, y casi no me +determinaba a pasar. Al fin me determiné, y llegando cerca, +sintióme, cerró el libro, y al poner el pie en el estribo, +resbalósele y cayó. Levantéle, y díjome: + +-No tomé bien el medio de proporción para hacer la circunferencia al +subir. + +Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era, porque más +desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme si iba a +Madrid por línea recta o si iba por camino circunflejo. Yo, aunque no +lo entendí, le dije que circunflejo. Preguntóme cúya era la espada +que llevaba al lado. Respondíle que mía, y mirándola, dijo: + +-Esos gavilanes habían de ser más largos, para reparar los tajos que +se forman sobre el centro de las estocadas. + +Y empezó a meter una parola tan grande que me forzó a preguntarle +qué materia profesaba. Díjome que él era diestro verdadero y que lo +haría bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije: + +-Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a V. Md. en el campo +denantes, que más le tenía por encantador, viendo los círculos. + +-Eso -me dijo- era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo +con el compás mayor, continuando la espada para matar sin confesión +al contrario, porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en +términos de matemática. + +-¿Es posible -le dije yo- que hay matemática en eso? + +-No solamente matemática -dijo-, mas teología, filosofía, música y +medicina. + +-Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte. + +-No os burléis -me dijo-, que agora aprendo yo la limpiadera contra +la espada, haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las +aspirales de la espada. + +-No entiendo cosa de cuantas me decís, chica ni grande. + +-Pues este libro las dice -me respondió-, que se llama Grandezas de +la espada, y es muy bueno y dice milagros; y para que lo creáis, en +Rejas que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer +maravillas. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro +matará a todos los que quisiere. + +-U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún +doctor. + +-¿Cómo doctor? Bien lo entiende -me dijo-: es un gran sabio y aun +estoy por decir más. + +En estas pláticas llegamos a Rejas. Apeámonos en una posada y al +apearnos me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso +con las piernas, y que reduciéndolas a líneas paralelas me pusiese +perpendicular en el suelo. El huésped, que me vio reír y le vio, +preguntóme que si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella +suerte. Pensé con esto perder el juicio. Llegóse luego al güésped, +y díjole: + +-Señor, déme dos asadores para dos o tres ángulos, que al momento +se los volveré. + +-¡Jesús! -dijo el huésped-, déme V. Md. acá los ángulos, que mi +mujer los asará; aunque aves son que no las he oído nombrar. + +-¡Que no son aves! -dijo volviéndose a mí-. Mire V. Md. lo que es +no saber. Déme los asadores, que no los quiero sino para esgrimir; +que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que +ha ganado en su vida. + +En fin, los asadores estaban ocupados y hubimos de tomar dos +cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. Daba un +salto y decía: + +-Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil. Ahora me +aprovecho del movimiento remiso para matar el natural. Ésta había de +ser cuchillada y éste tajo. + +No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón, +y como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla que se sale. +Díjome al fin: + +-Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos +maestros de esgrima, que no saben sino beber. + +No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un +mulatazo mostrando las presas, con un sombrero enjerto en guardasol y +un coleto de ante debajo de una ropilla suelta y llena de cintas, +zambo de piernas a lo águila imperial, la cara con un per signum +crucis de inimicis suis, la barba de ganchos, con unos bigotes de +guardamano y una daga con más rejas que un locutorio de monjas. Y, +mirando al suelo, dijo: + +-Yo soy examinado y traigo la carta, y por el sol que calienta los +panes, que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como +profesa la destreza. + +Yo que vi la ocasión, metíme en medio y dije que no hablaba con él, +y que así no tenía por qué picarse. + +-Meta mano a la blanca si la trae y apuremos cuál es verdadera +destreza, y déjese de cucharones. + +El pobre de mi compañero abrió el libro, y dijo en altas voces: + +-Este libro lo dice, y está impreso con licencia del Rey, y yo +sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el +cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo. + +Y sacó el compás, y empezó a decir: + +-Este ángulo es obtuso. + +Y entonces, el maestro sacó la daga, y dijo: + +-Y no sé quién es Ángulo ni Obtuso, ni en mi vida oí decir tales +hombres, pero con esta en la mano le haré yo pedazos. + +Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la +casa, diciendo: + +-No me puede dar, que le he ganado los grados del perfil. + +Metímoslos en paz el huésped y yo y otra gente que había, aunque de +risa no me podía mover. + +Metieron al buen hombre en su aposento, y a mí con él; cenamos, y +acostámonos todos los de la casa. Y a las dos de la mañana, +levántase en camisa y empieza a andar a oscuras por el aposento, +dando saltos y diciendo en lengua matemática mil disparates. + +Despertóme a mí, y no contento con esto, bajó el huésped para que +le diese luz, diciendo que había hallado objeto fijo a la estocada +sagital por la cuerda. El huésped se daba a los diablos de que lo +despertase, y tanto le molestó que le llamó loco. Y con esto se +subió y me dijo que si me quería levantar vería la treta tan famosa +que había hallado contra el turco y sus alfanjes. Y decía que luego +se la quería ir a enseñar al Rey, por ser en favor de los +católicos. + +En esto amaneció, vestímonos todos, pagamos la posada, hicímoslos +amigos a él y al maestro, el cual se apartó diciendo que el libro +que alegaba mi compañero era bueno, pero que hacía más locos que +diestros, porque los más no le entendían. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo II: De lo que le sucedió hasta llegar a +Madrid, con un poeta. + + +Yo tomé mi camino para Madrid y él se despidió de mí por ir +diferente jornada. Y ya que estaba apartado, volvió con gran prisa, y +llamándome a voces, estando en el campo donde no nos oía nadie, me +dijo al oído: + +-Por vida de V. Md., que no diga nada de todos los altísimos secretos +que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí, +pues tiene buen entendimiento. + +Yo le prometí de hacerlo, tornóse a partir de mí, y yo empecé a +reírme del secreto tan gracioso. + +Con esto caminé más de una legua que no topé persona. Iba yo entre +mí pensando en las muchas dificultades que tenía para profesar honra +y virtud, pues había menester tapar primero la poca de mis padres, y +luego tener tanta que me desconociesen por ella. Y parecíanme a mí +tan bien estos pensamientos honrados, que yo me los agradecía a mí +mismo. Decía a solas: «Más se me ha de agradecer a mí, que no he +tenido de quien aprender virtud ni a quien parecer en ella, que al que +la hereda de sus abuelos». + +En estas razones y discursos iba, cuando topé un clérigo muy viejo +en una mula, que iba camino de Madrid. Trabamos plática y luego me +preguntó que de dónde venía; yo le dije que de Alcalá. + +-Maldiga Dios -dijo él- tan mala gente como hay en ese pueblo, pues +falta entre todos un hombre de discurso. + +Preguntéle que cómo o por qué se podía decir tal de lugar donde +asistían tantos doctos varones. Y él, muy enojado dijo: + +-¿Doctos? Yo le diré a V. Md. qué tan doctos, que habiendo más de +catorce años que hago yo en Majalahonda, donde he sido sacristán, +las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el +cartel unos cantarcicos, y porque vea V. Md. la sinrazón, se los he +de leer, que yo sé que se holgará. + +Y diciendo y haciendo, desenvainó una retahíla de copias +pestilenciales, y por la primera, que era ésta, se conocerán las +demás: + + Pastores, ¿no es lindo chiste, + que es hoy el señor san Corpus Criste? + Hoy es el día de las danzas + en que el Cordero sin mancilla + tanto se humilla, + que visita nuestras panzas, + y entre estas bienaventuranzas + entra en el humano buche. + Suene el lindo sacabuche, + pues nuestro bien consiste. + Pastores, ¿no es lindo chiste? + +-¿Qué pudiera decir más -me dijo- el mismo inventor de los chistes? +Mire qué misterios encierra aquella palabra pastores: más me costó +de un mes de estudio. + +Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se me salía por +los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije: + +-¡Cosa admirable! Pero sólo reparo en que llama V. Md. señor san +Corpus Criste, y Corpus Christi no es santo sino el día de la +institución del Sacramento. + +-¡Qué lindo es eso! -me respondió haciendo burla-; yo le daré en +el calendario, y está canonizado y apostaré a ello la cabeza. + +No pude porfiar, perdido de risa de ver la suma ignorancia; antes le +dije cierto que eran dignas de cualquier premio y que no había oído +cosa tan graciosa en mi vida. + +-¿No? -dijo al mismo punto-; pues oya V. Md. un pedacito de un +librillo que tengo hecho a las once mil vírgenes adonde a cada una he +compuesto cincuenta octavas, cosa rica. + +Yo, por excusarme de oír tanto millón de octavas, le supliqué que +no me dijese cosa a lo divino. Y así, me comenzó a recitar una +comedia que tenía más jornadas que el camino de Jerusalén. +Decíame: + +-Hícela en dos días, y este es el borrador. + +Y sería hasta cinco manos de papel. El título era El arca de Noé. +Hacíase toda entre gallos y ratones, jumentos, raposas, lobos y +jabalíes, como fábulas de Isopo. Yo le alabé la traza y la +invención, a lo cual me respondió: + +-Ello cosa mía es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la +novedad es más que todo; y si yo salgo con hacerla representar, será +cosa famosa. + +-¿Cómo se podrá representar -le dije yo-, si han de entrar los +mismos animales y ellos no hablan? + +-Esa es la dificultad, que a no haber esa, ¿había cosa más alta? +Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos, tordos y picazas, +que hablan, y meter para el entremés monas. + +-Por cierto, alta cosa es esa. + +-Otras más altas he hecho yo -dijo- por una mujer a quien amo. Y vea +aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que +contaba escudos por maravedís) hechos a las piernas de mi dama. + +Yo le dije que si se las había visto él, y díjome que no había +hecho tal por las órdenes que tenía, pero que iban en profecía los +conceptos. Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, +tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática +a otras cosas. Decíale que veía liebres, y él saltaba: + +-Pues empezaré por uno donde la comparo a ese animal. + +Y empezaba luego; y yo, por divertirle, decía: + +-¿No ve V. Md. aquella estrella que se ve de día? + +A lo cual, dijo: + +-En acabando éste, le diré el soneto treinta, en que la llamo +estrella, que no parece sino que sabe los intentos de ellos. + +Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no +hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a +Madrid, no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza +callaría; pero fue al revés, porque por mostrar lo que era, alzó la +voz entrando por la calle. Yo le supliqué que lo dejase, poniéndole +por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no +se viniese por sus pies tras nosotros, por estar declarados por locos +en una premática que había salido contra ellos, de uno +que lo fue y se recogió a buen vivir. Pidióme que se la leyese si la +tenía, muy congojado. Prometí de hacerlo en la posada. Fuímonos a +una, donde él se acostumbraba apear, y hallamos a la puerta más de +doce ciegos. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz. +Diéronle una barahúnda de bienvenido; abrazólos a todos, y luego +empezaron unos a pedirle oración para el Justo Juez en verso grave y +sonoro, tal que provocase a gestos; otros pidieron de las ánimas; y +por aquí discurrió, recibiendo ocho reales de señal de cada uno. +Despidiólos, y díjome: + +-Más me han de valer de trescientos reales los ciegos; y así, con +licencia de V. Md., me recogeré agora un poco, para hacer algunas de +ellas, y en acabando de comer oiremos la premática. + +¡Oh vida miserable! Pues ninguna lo es más que la de los locos que +ganan de comer con los que lo son. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo III: De lo que hizo en Madrid, y lo que le +sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde durmió. + + +Recogióse un rato a estudiar herejías y necedades para los ciegos. +Entre tanto, se hizo hora de comer; comimos, y luego pidióme que le +leyese la premática. Yo, por no haber otra cosa que hacer, la saqué +y se la leí. La cual pongo aquí, por haberme parecido aguda y +conveniente a lo que se quiso reprehender en ella. Decía en este +tenor: + + Premática del desengaño contra + los poetas güeros, chirles y hebenes + +Diole al sacristán la mayor risa del mundo, y dijo: + +-¡Hablara yo para mañana! Por Dios, que entendí que hablaba +conmigo, y es sólo contra los poetas hebenes: + +Cayóme a mí muy en gracia oírle decir esto, como si él fuera muy +albillo o moscatel. Dejé el prólogo y comencé el primer capítulo +que decía: + +«Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son +nuestros prójimos, y cristianos aunque malos; viendo que todo el año +adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados +más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas +públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen +sacando Cristos para convertirlos. Y para esto señalamos casas de +arrepentidos. + +»Ítem, advirtiendo los grandes bochornos que hay en las caniculares +y nunca anochecidas coplas de los poetas de sol, como pasas, a fuerza +de los soles y estrellas que gastan en hacerlas, les ponemos perpetuo +silencio en las cosas del cielo, señalando meses vedados a las musas, +como a la caza y pesca, porque no se agoten con la prisa que las dan. + +»Ítem, habiendo considerado que esta secta infernal de hombres +condenados a perpetuo concepto, despedazadores del vocablo y +volteadores de razones, han pegado el dicho achaque de poesía a las +mujeres, declaramos que nos tenemos por desquitados con este mal que +las hemos hecho del que nos hicieron en la manzana. Y por cuanto el +siglo está pobre y necesitado, mandamos quemar las coplas de los +poetas, como franjas viejas, para sacar el oro, plata y perlas, pues +en los más versos hacen sus damas de todos metales, como estatuas de +Nabuco». + +Aquí no lo pudo sufrir el sacristán y levantándose en pie, dijo: + +-¡Mas no, sino quitarnos las haciendas! No pase V. Md. adelante, que +sobre eso pienso ir al Papa y gastar lo que tengo. Bueno es que yo, +que soy eclesiástico, había de padecer ese agravio. Yo probaré que +las coplas del poeta clérigo no están sujetas a tal premática y +luego quiero irlo a averiguar ante la justicia. + +En parte me dio gana de reír, pero por no detenerme, que se me hacía +tarde, le dije: + +-Señor, esta premática es hecha por gracia, que no tiene fuerza ni +apremia, por estar falta de autoridad. + +-¡Pecador de mí! -dijo muy alborotado-, avisara V. Md. y hubiérame +ahorrado la mayor pesadumbre del mundo. ¿Sabe V. Md. lo que es +hallarse un hombre con ochocientas mil coplas de contado y oír eso? +Prosiga V. Md., y Dios le perdone el susto que me dio. + +Proseguí diciendo: + +»Ítem, advirtiendo que después que dejaron de ser moros (aunque +todavía conservan algunas reliquias) se han metido a pastores, por lo +cual andan los ganados flacos de beber sus lágrimas, chamuscados con +sus ánimas encendidas, y tan embebecidos en su música que no pacen, +mandamos que dejen el tal oficio, señalando ermitas a los amigos de +soledad. Y a los demás, por ser oficio alegre y de pullas, que se +acomoden en mozos de mulas». + +-¡Algún puto, cornudo, bujarrón y judío -dijo en altas voces- +ordenó tal cosa! Y si supiera quién era yo le hiciera una sátira +con tales coplas que le pesara a él y a todos cuantos las vieran de +verlas. ¡Miren qué bien le estaría a un hombre lampiño como yo la +ermita! ¡O a un hombre vinajeroso y sacristando ser mozo de mulas! +Ea, señor, que son grandes pesadumbres esas. + +-Ya le he dicho a V. Md. -repliqué- que son burlas, y que las oiga +como tales. + +Proseguí diciendo: «Que por estorbar los grandes hurtos, mandábamos +que no se pasasen coplas de Aragón a Castilla, ni de Italia a +España, so pena de andar bien vestido el poeta que tal hiciese, y, si +reincidiese, de andar limpio un hora». + +Esto le cayó muy en gracia, porque traía él una sotana con canas, +de puro vieja, y con tantas cazcarrias que para enterrarle no era +menester más de estregársela encima. El manteo, se podían +estercolar con él dos heredades. + +Y así, medio riendo, le dije que mandaban también tener entre los +desesperados que se ahorcan y despeñan, y que como a tales no las +enterrasen en sagrado a las mujeres que se enamoran de poeta a secas. +Y que advirtiendo a la gran cosecha de redondillas, canciones y +sonetos que había habido en estos años fértiles, mandaban que los +legajos que por sus deméritos escapaban de las especerías, fuesen a +las necesarias sin apelación. + +Y, por acabar, llegué al postrer capítulo, que decía así: + +«Pero advirtiendo con ojos de piedad a que hay tres géneros de +gentes en la república tan sumamente miserables que no pueden vivir +sin los tales poetas, como son farsantes, ciegos y sacristanes, +mandamos que pueda haber algunos oficiales públicos de esta arte, con +tal que puedan tener carta de examen de los caciques de los poetas que +fueren en aquellas partes, limitando a los poetas de farsantes que no +acaben los entremeses con palos ni diablos, ni las comedias en +casamientos, ni hagan las trazas con papeles o cintas, y a los de +ciegos, que no sucedan en Tetuán los casos, desterrándoles estos +vocablos: cristián, amada, humanal y pundonores; y mandándoles que, +para decir la presente obra, no digan zozobra, y a los de sacristanes, +que no hagan los villancicos con Gil ni Pascual, que no jueguen del +vocablo, ni hagan los pensamientos de tornillo, que mudándoles el +nombre, se vuelvan a cada fiesta. Y finalmente, mandamos a todos los +poetas en común que se descarten de Júpiter, Venus, Apolo y otros +dioses, so pena de que los tendrán por abogados a la hora de su +muerte». + +A todos los que oyeron la premática pareció cuanto bien se puede +decir, y todos me pidieron traslado de ella. Sólo el sacristanejo +empezó a jurar por vida de las vísperas solemnes, introibo y +Chiries, que era sátira contra él, por lo que decía de los ciegos, +y que él sabía mejor lo que había de hacer que nadie. Y +últimamente dijo: + +-Hombre soy yo que he estado en un aposento con Liñán, y he comido +más de dos veces con Espinel. Y que había estado en Madrid tan cerca +de Lope de Vega como lo estaba de mí, y que había visto a don Alonso +de Ercilla mil veces, y que tenía en su casa un retrato del divino +Figueroa, y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla +cuando se metió fraile, y que hoy día los traía, y malos. +Enseñólos, y dioles esto a todos tanta risa, que no querían salir +de la posada. + +Al fin, ya eran las dos, y como era forzoso el camino, salimos de +Madrid. Yo me despedí de él, aunque me pesaba, y comencé a caminar +para el puerto. Quiso Dios que porque no fuese pensando en mal, me +topase con un soldado. Iba en cuerpo y en alma, el cuello en el +sombrero, los calzones vueltos, la camisa en la espada, la espada al +hombro, los zapatos en la faldriquera, alpargatas, y medias de lienzo, +sus frascos en la pretina y un poco de órgano en cajas de hoja de +lata para papeles. Luego trabamos plática; preguntóme si venía de +la Corte; dije que de paso había estado en ella. + +-No está para más -dijo luego- que es pueblo para gente ruin. Más +quiero, ¡voto a Cristo!, estar en un sitio, la nieve a la cinta, +hecho un reloj, comiendo madera, que sufriendo las supercherías que +se hacen a un hombre de bien. Y en llegando a ese lugarcito del diablo +nos remiten a la sopa y al coche de los pobres en San Felipe donde +cada día en corrillos se hace consejo de estado, y guerra en pie y +desabrigada. Y en vida nos hacen soldados en pena por los cementerios, +y si pedimos entretenimiento nos envían a la comedia, y si ventajas, +a los jugadores. Y con esto, comidos de piojos y huéspedas, nos +volvemos en este pelo a rogar a los moros y herejes con nuestros +cuerpos. + +A esto le dije yo que advirtiese que en la Corte había de todo, y que +estimaban mucho a cualquier hombre de suerte. + +-¿Qué estiman -dijo muy enojado- si he estado yo ahí seis meses +pretendiendo una bandera, tras veinte años de servicios y haber +perdido mi sangre en servicio del Rey, como lo dicen estas heridas? +Y quiso desatacarse. Y dije: + +-Señor mío, desatacarse más es brindar a puto que enseñar +heridas. + +Creo que pretendía introducir en picazos algunas almorranas. Luego, +en los calcañares, me enseñó otras dos señales, y dijo que eran +balas, y yo saqué por otras dos mías que tengo que habían sido +sabañones. Y las balas pocas veces se andan a roer zancajos. Estaba +derrengado de algún palo que le dieron porque se dormía haciendo +guarda y decía que era de un astillazo. Quitóse el sombrero y +mostróme el rostro; calzaba dieciséis puntos de cara, que tantos +tenía en una cuchillada que le partía las narices. Tenía otros tres +chirlos que se la volvían mapa a puras líneas. + +-Estas me dieron -dijo- defendiendo a París, en servicio de Dios y +del Rey, por quien veo trinchado mi gesto, y no he recibido sino +buenas palabras, que agora tienen lugar de malas obras. Lea estos +papeles -me dijo-, por vida del licenciado, que no ha salido en +campaña, ¡voto a Cristo!, hombre, ¡vive Dios!, tan señalado. + +Y decía verdad, porque lo estaba a puros golpes. Comenzó a sacar +cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles, que debían de ser de +otro a quien había tomado el nombre. Yo los leí y dije mil cosas en +su alabanza y que el Cid ni Bernardo no habían hecho lo que él. +Saltó en esto y dijo: + +-¿Cómo lo que yo? ¡Voto a Dios!, ni lo que García de Paredes, +Julián Romero y otros hombres de bien, ¡pese al diablo! Sé que +entonces no había artillería, ¡voto a Dios!, que no hubiera +Bernardo para un hora en este tiempo. Pregunte V. Md. en Flandes por +la hazaña del Mellado, y verá lo que le dicen. + +-¿Es V. Md. acaso? -le dije yo. + +Y él respondió: + +-¿Pues qué otro? ¿No me ve la mella que tengo en los dientes? No +tratemos de esto, que parece mal alabarse el hombre. + +Yendo en estas conversaciones, topamos en un borrico un ermitaño, con +una barba tan larga que hacía lodos con ella, macilento y vestido de +paño pardo. Saludamos con el Deo gracias acostumbrado y empezó a +alabar los trigos y en ellos la misericordia del Señor. Saltó el +soldado, y dijo: + +-¡Ah, padre!, más espesas he visto yo las picas sobre mí, y, ¡voto +a Cristo!, que hice en el saco de Amberes lo que pude; sí, ¡juro a +Dios! + +El ermitaño le reprehendió que no jurase tanto, a lo cual dijo: + +-Padre, bien se echa de ver que no es soldado, pues me reprehende mi +propio oficio. + +Diome a mí gran risa de ver en lo que ponía la soldadesca, y eché +de ver que era algún picarón gallina, porque ya entre soldados no +hay costumbre más aborrecida de los de más importancia, cuando no de +todos. El ermitaño le dijo: + +-Y ¿dónde dejó V. Md. el saco de Amberes, que ese me parece de las +Navas-, y que sería de más abrigo el de Amberes. + +Rióse mucho el soldado de la pregunta, y el ermitaño de su desnudez, +y con tanto llegamos a la falda del puerto, el ermitaño rezando el +rosario de una carga de leña hecha bolas, de manera que a cada +avemaría sonaba un cabe; el soldado iba comparando las peñas a los +castillos que había visto, y mirando cuál lugar era fuerte y a +dónde se había de plantar la artillería. Yo iba mirando tanto el +rosariazo del ermitaño, con las cuentas frisonas, como la espada del +soldado. + +-¡Oh, cómo volaría yo con pólvora gran parte de este puerto +-decía-, y hiciera buena obra a los caminantes! + +-No hay tal como hacer buenas obras -decía el santero. Y pujaba un +suspiro por remate. Iba entre sí rezando a silbos oraciones de +culebra. + +En estas cosas divertidos, llegamos a Cercedilla. Entramos en la +posada todos tres juntos, ya anochecido; mandamos aderezar la cena +-era viernes-, y entre tanto, el ermitaño dijo: + +-Entretengámonos un rato, que la ociosidad es madre de los vicios; +juguemos avemarías. + +Y dejó caer de la manga el descuadernado. Diome a mí gran risa al +ver aquello, considerando en las cuentas. El soldado dijo: + +-No, sino juguemos hasta cien reales que yo traigo, en amistad. + +Yo, codicioso, dije que jugaría otros tantos, y el ermitaño, por no +hacer mal tercio, aceptó, y dijo que allí llevaba el aceite de la +lámpara, que eran hasta doscientos reales. Yo confieso que pensé ser +su lechuza y bebérsele, pero ansí le sucedan todos sus intentos al +turco. + +Fue el juego al parar, y lo bueno fue que dijo que no sabía el juego +y hizo que se le enseñásemos. Dejónos el bienaventurado hacer dos +manos, y luego nos la dio tal que no dejó blanca en la mesa. +Heredónos en vida; retiraba el ladrón con las ancas de la mano que +era lástima. Perdía una sencilla y acertaba doce maliciosas. El +soldado echaba a cada suerte doce votos y otros tantos peses, +aforrados en por vidas. Yo me comí las uñas y el fraile ocupaba las +suyas en mi moneda. No dejaba santo que no llamaba; nuestras cartas +eran como el Mesías, que nunca venían y las aguardábamos siempre. + +Acabó de pelarnos; quisímosle jugar sobre prendas, y él, tras +haberme ganado a mí seiscientos reales, que era lo que llevaba, y al +soldado los ciento, dijo que aquello era entretenimiento, y que +éramos prójimos, y que no había de tratar de otra cosa. + +-No juren -decía-, que a mí, porque me encomendaba a Dios, me ha +sucedido bien. + +Y como nosotros no sabíamos la habilidad que tenía de los dedos a la +muñeca, creímoslo, y el soldado juró de no jurar más, y yo de la +misma suerte. + +-¡Pesia tal! -decía el pobre alférez (que él me dijo entonces que +lo era)-, entre luteranos y moros me he visto, pero no he padecido tal +despojo. + +Él se reía a todo esto. Tornó a sacar el rosario para rezar. Yo, +que no tenía ya blanca, pedíle que me diese de cenar, y que pagase +hasta Segovia la posada por los dos, que íbamos in puribus. Prometió +hacerlo. Metióse sesenta huevos, ¡no vi tal en mi vida! Dijo que se +iba a acostar. + +Dormimos todos en una sala con otra gente que estaba allí porque los +aposentos estaban tomados para otros. Yo me acosté con harta +tristeza, y el soldado llamó al huésped y le encomendó sus papeles +en las cajas de lata que los traía, y un envoltorio de camisas +jubiladas. Acostámonos; el padre se persinó, y nosotros nos +santiguamos de él. Durmió; yo estuve desvelado trazando cómo +quitarle el dinero. El soldado hablaba entre sueños de los cien +reales, como si no estuvieran sin remedio. + +Hízose hora de levantar. Pedí yo luz muy aprisa; trujéronla, y el +huésped el envoltorio al soldado, y olvidáronsele los papeles. El +pobre alférez hundió la casa a gritos pidiendo que le diese los +servicios. El huésped se turbó, y como todos decíamos que se los +diese, fue corriendo y trujo tres bacines, diciendo: + +-He ahí para cada uno el suyo. ¿Quieren más servicios? + +Que él entendió que nos habían dado cámaras. Aquí fue +ella, que se levantó el soldado con la espada tras el huésped, en +camisa, jurando que le había de matar porque hacía burla de él, que +se había hallado en la Naval San Quintín y otras, trayendo servicios +en lugar de papeles que le había dado. Todos salimos tras él a +tenerle, y aun no podíamos. Decía el huésped: + +-Señor, su merced pidió servicios; yo no estoy obligado a saber que +en lengua soldada se llaman así los papeles de las hazañas. +Apaciguámoslos, y tornamos al aposento. El ermitaño, receloso, se +quedó en la cama, diciendo que le había hecho mal el susto. Pagó +por nosotros y salímonos del pueblo para el puerto, enfadados del +término del ermitaño y de ver que no le habíamos podido quitar el +dinero. + +Topamos con un genovés, digo con uno de estos antecristos de las +monedas de España, que subía el puerto con un paje detrás, y él +con su guardasol, muy a lo dineroso. Trabamos conversación con él; +todo lo llevaba a materia de maravedís, que es gente que naturalmente +nació para bolsas. Comenzó a nombrar a Visanzón, y si era bien dar +dineros o no a Visanzón, tanto que el soldado y yo le preguntamos que +quién era aquel caballero. A lo cual respondió, riéndose: + +-Es un pueblo de Italia, donde se juntan los hombres de negocios, que +acá llamamos fulleros de pluma, a poner los precios por donde se +gobierna la moneda. + +De lo cual sacamos que en Visanzón se lleva el compás a los músicos +de uña. Entretúvonos el camino contando que estaba perdido porque +había quebrado un cambio, que le tenía más de sesenta mil escudos. +Y todo lo juraba por su conciencia, aunque yo pienso que conciencia en +mercader es como virgo en cantonera, que se vende sin haberle. Nadie, +casi, tiene conciencia, de todos los de este trato; porque, como oyen +decir que muerde por muy poco, han dado en dejarla con el ombligo en +naciendo. + +En estas pláticas vimos los muros de Segovia, y a mí se me alegraron +los ojos, a pesar de la memoria, que con los sucesos de Cabra me +contradecía el contento. Llegué al pueblo, y a la entrada vi a mi +padre en el camino, aguardando ir en bolsas, hechos cuartos, a +Josafad. Enternecíme, y entré algo desconocido de como salí, con +punta de barba, bien vestido. + +Dejé la compañía, y considerando en quién conocería a mi tío +-fuera del rollo- mejor en el pueblo, no hallé nadie de quien echar +mano. Lleguéme a mucha gente a preguntar por Alonso Ramplón y nadie +me daba razón de él, diciendo que no le conocían. Holgué mucho de +ver tantos hombres de bien en mi pueblo, cuando, estando en esto, oí +al precursor de la penca hacer de garganta y a mi tío de las suyas. +Venía una procesión de desnudos, todos descaperuzados, delante de mi +tío, y él, muy haciéndose de pencas, con una en la mano tocando un +pasacalles públicas en las costillas de cinco laúdes, sino que +llevaban sogas por cuerdas. Yo, que estaba notando esto con un hombre +a quien había dicho, preguntando por él, que era yo un gran +caballero, veo a mi buen tío que echando en mí los ojos (por pasar +cerca), arremetió a abrazarme, llamándome sobrino. Penséme morir de +vergüenza; no volví a despedirme de aquel con quien estaba. Fuime +con él, y díjome: + +-Aquí te podrás ir mientras cumplo con esta gente; que ya vamos de +vuelta y hoy comerás conmigo. + +Yo, que me vi a caballo, y que en aquella sarta parecería punto menos +de azotado, dije que le aguardaría allí; y así, me aparté tan +avergonzado, que a no depender de él la cobranza de mi hacienda, no +lo hablara más en mi vida ni pareciera entre gentes. Acabó de +repasarles las espaldas, volvió y llevóme a su casa, donde me apeé +y comimos. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo IV: Del hospedaje de su tío, y visitas; la +cobranza de su hacienda y vuelta a la corte. + + +Tenía mi buen tío su alojamiento junto al matadero, en casa de un +aguador. Entramos en ella, y díjome: + +-No es alcázar la posada, pero yo os prometo, sobrino, que es a +propósito para dar expediente a mis negocios. + +Subimos por una escalera, que sólo aguardé a ver lo que me sucedía +en lo alto, para si se diferenciaba en algo de la horca. Entramos en +un aposento tan bajo que andábamos por él como quien recibe +bendiciones, con las cabezas bajas. Colgó la penca en un clavo, que +estaba con otros de que colgaban cordeles, lazos, cuchillos, escarpias +y otras herramientas del oficio. Díjome que por qué no me quitaba el +manteo y me sentaba; yo le dije que no lo tenía de costumbre. Dios +sabe cuál estaba de ver la infamia de mi tío, el cual me dijo que +había tenido ventura en topar con él en tan buena ocasión, porque +comería bien, que tenía convidados unos amigos. + +En esto entró por la puerta, con una ropa hasta los pies morada, uno +de los que piden para las ánimas, y haciendo son con la cajita, +dijo: + +-Tanto me han valido a mí las ánimas hoy como a ti los azotados: +encaja. + +Hiciéronse la mamona el uno al otro. Arremangóse el desalmado +animero el sayazo, y quedó con unas piernas zambas en gregüescos de +lienzo, y empezó a bailar y decir que si había venido Clemente. Dijo +mi tío que no, cuando, Dios y enhorabuena, devanado en un trapo y con +unos zuecos, entró un chirimía de la bellota, digo, un porquero. +Conocíle por el (hablando con perdón) cuerno que traía en la mano. +Saludónos a su manera, y tras él entró un mulato zurdo y bizco, un +sombrero con más falda que un monte y más copa que un nogal, la +espada con más gavilanes que la caza del Rey, un coleto de ante. +Traía la cara de punto, porque a puros chirlos la tenía toda +hilvanada. + +Entró y sentóse, saludando a los de casa, y a mi tío le dijo: + +-A fe, Alonso, que lo han pagado bien el Romo y el Garroso. +Saltó el de las ánimas, y dijo: + +-Cuatro ducados di yo a Flechilla, verdugo de Ocaña, porque aguijase +el burro, y porque no llevase la penca de tres suelas cuando me +palmearon. + +-¡Vive Dios! -dijo el corchete-, que se lo pagué yo sobrado a +Juanazo en Murcia, porque iba el borrico con un paseo de pato y el +bellaco me los asentó de manera que no se levantaron sino ronchas. + +Y el porquero, concomiéndose, dijo: + +-Con virgo están mis espaldas. + +-A cada puerco le viene su San Martín -dijo el demandador. + +-De eso me puedo alabar yo -dijo mi buen tío- entre cuantos manejan +la zurriaga, que al que se me encomienda hago lo que debo. Sesenta me +dieron los de hoy y llevaron unos azotes de amigo, con penca +sencilla. + +Yo, que vi cuán honrada gente era la que hablaba mi tío, confieso +que me puse colorado, de suerte que no pude disimular la vergüenza. +Echómelo de ver el corchete, y dijo: + +-¿Es el padre el que padeció el otro día, a quien se dieron ciertos +empujones en el envés? + +Yo respondí que no era hombre que padecía como ellos. En esto, se +levantó mi tío y dijo: + +-Es mi sobrino, maeso en Alcalá, gran supuesto. + +Pidiéronme perdón y ofreciéronme toda caricia. Yo rabiaba ya por +comer y por cobrar mi hacienda y huir de mi tío. Pusieron las mesas, +y por una soguilla, en un sombrero, como suben la limosna los de la +cárcel, subían la comida de un bodegón que estaba a las espaldas de +la casa, en unos mendrugos de platos y retacillos de cántaros y +tinajas. No podrá nadie encarecer mi sentimiento y afrenta. +Sentáronse a comer; en cabecera el demandador, diciendo: «La Iglesia +en mejor lugar; siéntese, padre». Echó la bendición mi tío y, +como estaba hecho a santiguar espaldas, parecían más amagos de +azotes que de cruces. Y los demás nos sentamos sin orden. No quiero +decir lo que comimos; sólo que eran todas cosas para beber. Sorbióse +el corchete tres de puro tinto. Brindóme a mí el porquero; me las +cogía al vuelo y hacía más razones que decíamos todos. No había +memoria de agua, y menos voluntad de ella. + +Parecieron en la mesa cinco pasteles de a cuatro, y tomando un hisopo, +después de haber quitado las hojaldres, dijeron un responso todos, +con su requiem aeternam, por el ánima del difunto cuyas eran aquellas +carnes. Dijo mi tío: + +-Ya os acordáis, sobrino, lo que os escribí de vuestro padre. + +Vínoseme a la memoria; ellos comieron, pero yo pasé con los suelos +solos, y quedéme con la costumbre, y así, siempre que como pasteles, +rezo una avemaría por el que Dios haya. + +Menudeóse sobre dos jarros, y era de suerte lo que hicieron el +corchete y el de las ánimas, que se pusieron las suyas tales, que +trayendo un plato de salchichas que parecía de dedos de negro, dijo +uno: + +-¡Qué mulata está la olla! + +Ya mi tío estaba tal, que alargando la mano y asiendo una, dijo con +la voz algo áspera y ronca, el un ojo medio acostado y el otro +nadando en mosto: + +-Sobrino, por este pan de Dios que crió a su imagen y semejanza, que +no he comido en mi vida mejor carne tinta. + +Yo que vi al corchete que, alargando la mano, tomó el salero y dijo: +«Caliente está este caldo», y que el porquero se llevó el puño de +sal, diciendo: «Es bueno el avisillo para beber», y se lo chocló en +la boca, comencé a reír por una parte y a rabiar por otra. + +Trujeron caldo, y el de las ánimas tomó con entrambas manos una +escudilla, diciendo: «Dios bendijo la limpieza», y alzándola para +sorberla, por llevarla a la boca, se la puso en el carrillo, y +volcándola, se asó en caldo y se puso todo de arriba abajo que era +vergüenza. Él, que se vio así, fuese a levantar, y como pesaba algo +la cabeza, quiso ahirmar sobre la mesa, que era de estas movedizas; +trastornóla, y manchó a los demás, y tras esto decía que el +porquero le había empujado. El porquero que vio que el otro se le +caía encima, levantóse, y alzando el instrumento de hueso, le dio +con él una trompetada. Asiéronse a puños, y, estando juntos los dos +y teniéndole el demandador mordido de un carrillo, con los vuelcos y +alteración, el porquero vomitó cuanto había comido en las barbas +del de la demanda. Mi tío, que estaba más en su juicio, decía que +quién había traído a su casa tantos clérigos. Yo que los vi que +ya, en suma, multiplicaban, metí en paz la brega, desasí a los dos, +y levanté del suelo al corchete, el cual estaba llorando con gran +tristeza, eché a mi tío en la cama, el cual hizo cortesía a un +velador de palo que tenía, pensando que era convidado. Quité el +cuerno al porquero, el cual, ya que dormían los otros, no había +hacerle callar, diciendo que le diesen su cuerno, porque no había +habido jamás quien supiese en él más tonadas y que le quería +tañer con el órgano. Al fin, yo no me aparté de ellos hasta que vi +que dormían. + +Salíme de casa; entretúveme a ver mi tierra toda la tarde, pasé por +la casa de Cabra, tuve nueva de que ya era muerto, y no cuidé de +preguntar de qué sabiendo que hay hambre en el mundo. Torné a casa a +la noche, habiendo pasado cuatro horas, y hallé al uno despierto y +que andaba a gatas por el aposento buscando la puerta, y diciendo que +se les había perdido la casa. Levantéle, y dejé dormir a los demás +hasta las once de la noche que despertaron; y esperezándose, +preguntó mi tío que qué hora era. Respondió el porquero (que aún +no la había desollado) que no era nada sino la siesta y que hacía +grandes bochornos. El demandador, como pudo, dijo que le diesen su +cajilla: + +-«Mucho han holgado las ánimas para tener a su cargo mi sustento»; +y fuese, en lugar de ir a la puerta, a la ventana, y como vio +estrellas, comenzó a llamar a los otros con grandes voces, diciendo +que el cielo estaba estrellado a mediodía, y que había un gran +eclís. Santiguáronse todos y besaron la tierra. + +Yo, que vi la bellaquería del demandador, escandalicéme mucho, y +propuse de guardarme de semejantes hombres. Con estas vilezas y +infamias que veía yo, ya me crecía por puntos el deseo de verme +entre gente principal y caballeros. Despachélos a todos uno por uno +lo mejor que pude, acosté a mi tío, que aunque no tenía zorra +tenía raposa, y yo acomodéme sobre mis vestidos y algunas ropas de +los que Dios tenga que estaban por allí. + +Pasamos de esta manera la noche. A la mañana traté con mi tío de +reconocer mi hacienda y cobrarla. Despertó diciendo que estaba molido +y que no sabía de qué. El aposento estaba, parte con las +enjaguaduras de las monas, parte con las aguas que habían hecho de no +beberlas, hecho una taberna de vinos de retorno. Levantóse, tratamos +largo en mis cosas, y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y +rústico. Al fin, le reduje a que me diera noticia de parte de mi +hacienda, aunque no de toda, y así, me la dio de unos trescientos +ducados que mi buen padre había ganado por sus puños, y dejádolos +en confianza de una buena mujer a cuya sombra se hurtaba diez leguas a +la redonda. + +Por no cansar a V. Md., vengo a decir que cobré y embolsé mi dinero, +el cual mi tío no había bebido ni gastado, que fue harto para ser +hombre de tan poca razón, porque pensaba que yo me graduaría con +este, y que estudiando, podría ser cardenal, que como estaba en su +mano hacerlos, no lo tenía por dificultoso. Díjome, en viendo que +los tenía: + +-Hijo Pablos, mucha culpa tendrás si no medras y eres bueno, pues +tienes a quién parecer. Dinero llevas, yo no te he de faltar, que +cuanto sirvo y cuanto tengo, para ti lo quiero. + +Agradecíle mucho la oferta. Gastamos el día en pláticas desatinadas +y en pagar las visitas a los personajes dichos. Pasaron la tarde en +jugar a la taba mi tío, el porquero, y demandador. Este jugaba misas +como si fuera otra cosa. Era de ver cómo se barajaban la taba: +cogiéndola en el aire al que la echaba, y meciéndola en la muñeca, +se la tornaban a dar. Sacaban de taba como de naipe para la fábrica +de la sed, porque había siempre un jarro en medio. + +Vino la noche; ellos se fueron; acostámonos mi tío y yo cada uno en +su cama, que ya había prevenido para mí un colchón. Amaneció y, +antes que él despertase, yo me levanté y me fui a una posada, sin +que me sintiese; torné a cerrar la puerta por de fuera y echéle la +llave por una gatera. + +Como he dicho, me fui a un mesón a esconder y aguardar comodidad para +ir a la Corte. Dejéle en el aposento una carta cerrada, que contenía +mi ida y las causas, avisándole que no me buscase, porque eternamente +no lo había de ver. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo V: De su huida, y los sucesos en ella hasta +la Corte. + + +Partía aquella mañana del mesón un arriero con cargas a la Corte. +Llevaba un jumento; alquilómele, y salíme a aguardarle a la puerta +fuera del lugar. Salió, espetéme en el dicho y empecé mi jornada. +Iba entre mí diciendo: «Allá quedarás, bellaco, deshonrabuenos, +jinete de gaznates». Consideraba yo que iba a la Corte, adonde nadie +me conocía, que era la cosa que más me consolaba, y que había de +valerme por mi habilidad allí. Propuse de colgar los hábitos en +llegando, y de sacar vestidos nuevos cortos al uso. Pero volvamos a +las cosas que el dicho de mi tío hacía, ofendido con la carta que +decía en esta forma: + +«Señor Alonso Ramplón: tras haberme Dios hecho tan señaladas +mercedes como quitarme de delante a mi buen padre y tener a mi madre +en Toledo, donde, por lo menos sé que hará humo, no me faltaba sino +ver hacer en V. Md. lo que en otros hace. Yo pretendo ser uno de mi +linaje, que dos es imposible, si no vengo a sus manos, y +trinchándome, como hace a otros. No pregunte por mí ni me nombre, +porque me importa negar la sangre que tenemos. Sirva al Rey y a +Dios». + +No hay que encarecer las blasfemias y oprobios que diría contra mí. +Volvamos a mi camino. Yo iba caballero en el rucio de la Mancha, y +bien deseoso de no topar nadie, cuando desde lejos vi venir un hidalgo +de portante, con su capa puesta, espada ceñida, calzas atacadas y +botas, y al parecer bien puesto, el cuello abierto más de roto que de +molde, el sombrero de lado. Sospeché que era algún caballero que +dejaba atrás su coche; y ansí, emparejando le saludé. + +Miróme y dijo: + +-Irá V. Md., señor licenciado, en ese borrico con harto más +descanso que yo con todo mi aparato. + +Yo, que entendí que lo decía por coche y criados que dejaba atrás, +dije: + +-En verdad, señor, que lo tengo por más apacible caminar que el del +coche, porque aunque V. Md. vendrá en el que trae detrás con regalo, +aquellos vuelcos que da inquietan. + +-¿Cuál coche detrás? -dijo él muy alborotado. + +Y al volver atrás, como hizo fuerza, se le cayeron las calzas, porque +se le rompió una agujeta que traía, la cual era tan sola que, tras +verme muerto de risa de verle, me pidió una prestada. Yo, que vi que +de la camisa no se veía sino una ceja, y que traía tapado el rabo de +medio ojo, le dije: + +-Por Dios, señor, si V. Md. no aguarda a sus criados, yo no puedo +socorrerle, porque vengo también atacado únicamente. + +-Si hace V. Md. burla -dijo él, con las cachondas de la mano-, vaya, +porque no entiendo eso de los criados. + +Y aclaróseme tanto en materia de ser pobre, que me confesó, a media +legua que anduvimos, que si no le hacía merced de dejarle subir en el +borrico un rato no le era posible pasar adelante, por ir cansado de +caminar con las bragas en los puños; y movido a compasión, me apeé, +y como él no podía soltar las calzas, húbele yo de subir. Y +espantóme lo que descubrí en el tocamiento, porque por la parte de +atrás, que cubría la capa, traía las cuchilladas con entretelas de +nalga pura. Él, que sintió lo que le había visto, como discreto, se +previno diciendo: + +-Señor licenciado, no es oro todo lo que reluce. Debióle parecer a +V. Md., en viendo el cuello abierto y mi presencia, que era un conde +de Irlos. Como de estas hojaldres cubren en el mundo lo que V. Md. ha +tentado. + +Yo le dije que le aseguraba de que me había persuadido a muy +diferentes cosas de las que veía. + +-Pues aún no ha visto nada V. Md. -replicó-, que hay tanto que ver +en mí como tengo, porque nada cubro. Veme aquí V. Md. un hidalgo +hecho y derecho, de casa de solar montañés, que si como sustento la +nobleza me sustentara, no hubiera más que pedir. Pero ya, señor +licenciado, sin pan y carne no se sustenta buena sangre, y por la +misericordia de Dios, todos la tienen colorada y no puede ser hijo de +algo el que no tiene nada. Ya he caído en la cuenta de las +ejecutorias, después que hallándome en ayunas un día, no me +quisieron dar sobre ella en un bodegón dos tajadas; pues, ¡decir que +no tiene letras de oro! Pero más valiera el oro en las píldoras que +en las letras, y de más provecho es. Y con todo, hay muy pocas letras +con oro. He vendido hasta mi sepultura, por no tener sobre qué caer +muerto, que la hacienda de mi padre Toribio Rodríguez Vallejo Gómez +de Ampuero (que todos estos nombres tenía) se perdió en una fianza. +Sólo el don me ha quedado por vender y soy tan desgraciado que no +hallo nadie con necesidad de él, pues quien no le tiene por ante le +tiene por postre, como el remendón, azadón, pendón, blandón, +bordón y otros así. + +Confieso que, aunque iban mezcladas con risa, las calamidades del +dicho hidalgo me enternecieron. Preguntéle cómo se llamaba y adónde +iba y a qué. Dijo que todos los nombres de su padre: don Toribio +Rodríguez Vallejo Gómez de Ampuero y Jordán. No se vio jamás +nombre tan campanudo, porque acababa en dan y empezaba en don, como +son de badajo. Tras esto dijo que iba a la Corte, porque un mayorazgo +roído como él en un pueblo corto, olía mal a dos días, y no se +podía sustentar, y que por eso se iba a la patria común, adonde +caben todos y adonde hay mesas francas para estómagos aventureros. + +-Y nunca, cuando entro en ella, me faltan cien reales en la bolsa, +cama, de comer y refocilo de lo vedado, porque la industria en la +Corte es piedra filosofal, que vuelve en oro cuanto toca. + +Yo vi el cielo abierto, y en son de entretenimiento para el camino, le +rogué que me contase cómo y con quiénes y de qué manera viven en +la Corte los que no tenían, como él, porque me parecía dificultoso +en este tiempo, que no solo se contenta cada uno con sus cosas, sino +que aun solicitan las ajenas. + +-Muchos hay de esos -dijo-, y muchos de estos otros. Es la lisonja +llave maestra, que abre a todas voluntades en tales pueblos. Y porque +no se le haga dificultoso lo que digo, oiga mis sucesos y mis trazas, +y se asegurará de esa duda. + + + * * * * * + + +Libro Segundo: Capítulo VI: En que prosigue el camino y lo prometido +de su vida y costumbres. + + +«-Lo primero ha de saber que en la Corte hay siempre el más necio y +el más sabio, más rico y más pobre, y los extremos de todas las +cosas; que disimula los malos y esconde los buenos, y que en ella hay +unos géneros de gentes como yo, que no se les conoce raíz ni mueble, +ni otra cepa de la que descienden los tales. Entre nosotros nos +diferenciamos con diferentes nombres; unos nos llamamos caballeros +hebenes; otros, hueros, chanflones, chirles, traspillados y caninos. +Es nuestra abogada la industria; pagamos las más veces los estómagos +de vacío, que es gran trabajo traer la comida en manos ajenas. Somos +susto de los banquetes, polilla de los bodegones, cáncer de las ollas +y convidados por fuerza. Sustentámonos así del aire, y andamos +contentos. Somos gente que comemos un puerro y representamos un +capón. Entrará uno a visitarnos en nuestras casas, y hallará +nuestros aposentos llenos de huesos de carnero y aves, mondaduras de +frutas, la puerta embarazada con plumas y pellejos de gazapos; todo lo +cual cogemos de parte de noche por el pueblo para honrarnos con ello +de día. Reñimos en entrando el huésped: «¿Es posible que no he de +ser yo poderoso para que barra esa moza? Perdone V. Md., que han +comido aquí unos amigos, y estos criados...», etc. Quien no nos +conoce cree que es así y pasa por convite. + +Pues ¿qué diré del modo de comer en casas ajenas? En hablando a uno +media vez, sabemos su casa, vámosle a ver, y siempre a la hora de +mascar, que se sepa que está en la mesa. Decimos que nos llevan sus +amores, porque tal entendimiento, etc. Si nos preguntan si hemos +comido, si ellos no han empezado decimos que no; si nos convidan no +aguardamos a segundo envite, porque de estas aguardadas nos han +sucedido grandes vigilias. Si han empezado, decimos que sí; y aunque +parta muy bien el ave, pan o carne el que fuere, para tomar ocasión +de engullir un bocado, decimos: + +-Ahora deje V. Md., que le quiero servir de maestresala, que solía, +Dios le tenga en el cielo (y nombramos un señor muerto, duque o +conde), gustar más de verme partir que de comer. + +Diciendo esto, tomamos el cuchillo y partimos bocaditos, y al cabo +decimos: + +-¡Oh, qué bien huele! Cierto que haría agravio a la guisandera en +no probarlo. ¡Qué buena mano tiene! + +Y diciendo y haciendo, va en pruebas el medio plato: el nabo por ser +nabo, el tocino por ser tocino, y todo por lo que es. Cuando esto nos +falta, ya tenemos sopa de algún convento aplazada; no la tomamos en +público, sino a lo escondido, haciendo creer a los frailes que es +más devoción que necesidad. + +Es de ver uno de nosotros en una casa de juego con el cuidado que +sirve y despabila las velas, trae orinales, cómo mete naipes y +solemniza las cosas del que gana, todo por un triste real de barato. + +Tenemos de memoria, para lo que toca a vestirnos, toda la ropería +vieja. Y como en otras partes hay hora señalada para oración, la +tenemos nosotros para remendarnos. Son de ver, a las mañanas, las +diversidades de cosas que sanamos; que, como tenemos por enemigo +declarado al sol, por cuanto nos descubre los remiendos, puntadas y +trapos, nos ponemos, abiertas las piernas, a la mañana, a su rayo, y +en la sombra del suelo vemos las que hacen los andrajos y hilachas de +las entrepiernas. Es de ver cómo quitamos cuchilladas de atrás para +poblar lo de adelante; y solemos traer la trasera tan pacífica, por +falta de cuchilladas, que se queda en las puras bayetas. Sábelo sola +la capa, y guardámonos de días de aire y de subir por escaleras +claras o a caballo. Estudiamos posturas contra la luz, pues, en día +claro, andamos las piernas muy juntas, y hacemos las reverencias con +solos los tobillos, porque, si se abren las rodillas, se verá el +ventanaje. + +No hay cosa en todos nuestros cuerpos que no haya sido otra cosa y no +tenga historia. Verbi gratia: bien ve V. Md. -dijo- esta ropilla; pues +primero fue gregüescos, nieta de una capa y bisnieta de un capuz, que +fue en su principio, y ahora espera salir para soletas y otras cosas. +Los escarpines, primero son pañizuelos, habiendo sido toallas, y +antes camisas, hijas de sábanas; y después de todo, los aprovechamos +para papel, y en el papel escribimos, y después hacemos dél polvos +para resucitar los zapatos, que de incurables, los he visto hacer +revivir con semejantes medicamentos. + +Pues ¿qué diré del modo con que de noche nos apartamos de las luces +porque no se vean los herreruelos calvos y las ropillas lampiñas?, +que no hay más pelo en ellas que en un guijarro, que es Dios servido +de dárnosle en la barba y quitárnosle en la capa. Pero por no gastar +con barberos, prevenimos siempre de aguardar a que otro de los +nuestros tenga también pelambre y entonces nos la quitamos el uno al +otro, conforme lo del Evangelio: «Ayudaos como buenos hermanos». + +Traemos gran cuenta en no andar los unos por las casas de los otros, +si sabemos que alguno trata la misma gente que otro. Es de ver cómo +andan los estómagos en celo. + +Estamos obligados a andar a caballo una vez cada mes, aunque sea en +pollino por las calles públicas; y obligados a ir en coche una vez en +el año, aunque sea en la arquilla o trasera. Pero si alguna vez vamos +dentro del coche, es de considerar que siempre es en el estribo, con +todo el pescuezo de fuera, haciendo cortesías porque nos vean todos y +hablando a los amigos y conocidos aunque miren a otra parte. + +Si nos come delante de algunas damas, tenemos traza para rascarnos en +público sin que se vea; si es en el muslo, contamos que vimos un +soldado atravesado desde tal parte a tal parte, y señalamos con las +manos aquellas que nos comen, rascándonos en vez de enseñarlas. Si +es en la iglesia, y come en el pecho, nos damos sanctus aunque sea al +introibo. Levantámonos, y arrimándonos a una esquina en son de +empinarnos para ver algo, nos rascamos. + +¿Qué diré del mentir? Jamás se halla verdad en nuestra boca. +Encajamos duques y condes en las conversaciones, unos por amigos, +otros por deudos, y advertimos que los tales señores, o están +muertos o muy lejos. + +Y lo que más es de notar es que nunca nos enamoramos sino de pane +lucrando, que veda la orden damas melindrosas, por lindas que sean, y +así, siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida, +con la huéspeda por la posada, con la que abre los cuellos por los +que trae el hombre. Y aunque, comiendo tan poco y bebiendo tan mal no +se puede cumplir con tantas, por su tanda todas están contentas. + +Quien ve estas botas mías, ¿cómo pensará que andan caballeras en +las piernas en pelo, sin media, ni otra cosa? Y quien viere este +cuello, ¿por qué ha de pensar que no tengo camisa? Pues todo esto le +puede faltar a un caballero, señor licenciado, pero cuello abierto y +almidonado, no. Lo uno, porque así es gran ornato de la persona; y +después de haberle vuelto de una parte a otra, es de sustento, porque +se cena el hombre en el almidón con sus fondos en mugre, chupándole +con destreza. + +Y al fin, señor licenciado, un caballero de nosotros ha de tener más +faltas que una preñada de nueve meses, y con esto vive en la Corte; y +ya se ve en prosperidad y con dineros, y ya en el espital. Pero, en +fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey, con poco que tenga.» + +Tanto gusté de las extrañas maneras de vivir del hidalgo, y tanto me +embebecí, que divertido con ellas y con otras, me llegué a pie hasta +las Rozas, adonde nos quedamos aquella noche. Cenó conmigo el dicho +hidalgo, que no traía blanca y yo me hallaba obligado a sus avisos, +porque con ellos abrí los ojos a muchas cosas, inclinándome a la +chirlería. Declaréle mis deseos antes que nos acostásemos; +abrazóme mil veces, diciendo que siempre esperó que habían de hacer +impresión sus razones en hombre de tan buen entendimiento. Ofrecióme +favor para introducirme en la Corte con los demás cofrades del +estafón, y posada en compañía de todos. Aceptéla, no declarándole +que tenía los escudos que llevaba, sino hasta cien reales solos, los +cuales bastaron, con la buena obra que le había hecho y hacía, a +obligarle a mi amistad. + +Compréle del huésped tres agujetas, atacóse, dormimos aquella +noche, madrugamos, y dimos con nuestros cuerpos en Madrid. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo I: De lo que le sucedió en la Corte luego +que llegó hasta que amaneció. + + +Entramos en la Corte a las diez de la mañana; fuímonos a apear, de +conformidad, en casa de los amigos de don Toribio. Llegó a la puerta; +llamó; abrióle una vejezuela muy pobremente abrigada, rostro +cáscara de nuez, mordiscada de facciones, cargada de espaldas y de +años. Preguntó por los amigos, y respondió, con un chillido crespo, +que habían ido a buscar. Estuvimos solos hasta que dieron las doce, +pasando el tiempo él en animarme a la profesión de la vida barata, y +yo en atender a todo. + +A las doce y media entró por la puerta una estantigua vestida de +bayeta hasta los pies, punto menos de Arias Gonzalo, que al mismo +Portugal empalagara de bayetas. Habláronse los dos en germanía, de +lo cual resultó darme un abrazo y ofrecérseme. Hablamos un rato, y +sacó un guante con diez y seis reales, y una carta, con la cual, +diciendo que era licencia para pedir para una pobre, los había +allegado. Vació el guante y sacó otro y doblólos a usanza de +médico. Yo le pregunté que por qué no se los ponía y dijo que por +ser entrambos de una mano, que era treta para tener guantes. + +A todo esto, noté que no se desarrebozaba, y pregunté como nuevo +para saber la causa de estar siempre envuelto en la capa, a lo cual +respondió: + +-Hijo, tengo en las espaldas una gatera, acompañada de un remiendo de +lanilla y de una mancha de aceite; que en mi hato, aunque caminéis a +cualquiera parte, nunca saldréis de la Mancha, que parece que hago +caravanas para lechuza u que retozo con algunos candiles. Este pedazo +de arrebozo lo disimula todo. + +Desarrebozóse y hallé que debajo de la sotana traía gran bulto. Yo +pensé que eran calzas, porque eran a modo de ellas, cuando él, para +entrarse a espulgar, se arremangó, y vi que eran dos rodajas de +cartón que traía atadas a la cintura y encajadas en los muslos, de +suerte que hacían apariencia debajo del luto, porque el tal no traía +camisa ni gregüescos, que apenas tenía qué espulgar según andaba +desnudo. Entró al espulgadero y volvió una tablilla como las que +ponen en las sacristías, que decía: «Espulgador hay», porque no +entrase otro. Grandes gracias di a Dios viendo cuánto dio a los +hombres en darles industria, ya que les quitase riquezas. + +-Yo -dijo mi buen amigo- vengo del camino con mal de calzas, y así me +habré menester recoger a remendar. + +Preguntó si había algunos retazos, que la vieja recogía trapos dos +días en la semana por las calles, como las que tratan en papel, para +acomodar jubones incurables, ropillas tísicas y con dolor de costado +de los caballeros. Dijo que no y que por falta de harapos se estaba, +quince días había, en la cama, de mal de zaragüelles, don Lorenzo +Iñíguez del Pedroso. + +En esto estábamos, cuando vino uno con sus botas de camino y su +vestido pardo, con un sombrero prendidas las faldas por los dos lados. +Supo mi venida de los demás y hablóme con mucho afecto. Quitóse la +capa, y traía (¡mire V. Md. quién tal pensara!) la ropilla de pardo +paño la delantera, y la trasera de lienzo blanco, con sus fondos en +sudor. No pude tener la risa, y él, con gran disimulación, dijo: + +-Haráse a las armas, y no se reirá. Yo apostaré que no sabe por +qué traigo este sombrero con la falda presa arriba. + +Yo dije que por galantería y por dar lugar a la vista. + +-Antes por estorbarla -dijo-; sepa que es porque no tiene toquilla, y +que así no lo echan de ver. + +Y, diciendo esto, sacó más de veinte cartas y otros tantos reales, +diciendo que no había podido dar aquellas. Traía cada una un real de +porte, y eran hechas por él mismo. Ponía la firma de quien le +parecía, escribía nuevas que inventaba a las personas más honradas +y dábalas en aquel traje cobrando los portes. Y esto hacía cada mes, +cosa que me espantó ver la novedad de la vida. + +Entraron luego otros dos, el uno con una ropilla de paño, larga hasta +el medio valón y su capa de lo mismo, levantando el cuello porque no +se viese el anjeo, que estaba roto. Los valones eran de chamelote, mas +no era más de lo que se descubría, y lo demás de bayeta colorada. +Este venía dando voces con el otro, que traía valona por no tener +cuello, y unos frascos por no tener capa, y una muleta con una pierna +liada en trapajos y pellejos por no tener más de una calza. Hacíase +soldado, y habíalo sido en los alojamientos y hasta la mar. Contaba +extraños servicios suyos, y a título de soldado entraba en +cualquiera parte. Decía el de la ropilla y casi gregüescos: + +-La mitad me debéis, o por lo menos mucha parte, y si no me la dais, +¡juro a Dios...! + +-No jure a Dios -dijo el otro-, que en llegando a casa no soy cojo, y +os daré con esta muleta mil palos. + +Si daréis, no daréis, y en los mentises acostumbrados, arremetió el +uno al otro y asiéndose se salieron con los pedazos de los vestidos +en las manos a los primeros estirones y no fue mucho. Metímoslos en +paz, y preguntamos la causa de la pendencia. Dijo el soldado: + +-¿A mí chanzas? ¡No llevaréis ni medio! Han de saber V. Mds. que +estando hoy en San Salvador, llegó un niño a este pobrete, y le dijo +que si era yo el alférez Joan de Lorenzana, y dijo que sí, atento a +que le vio no sé qué cosa que traía en las manos. Llevómele, y +dijo, nombrándome alférez: «Mire V. Md. qué le quiere este +niño». Yo que luego entendí la flor, acepté. Recibí el recado y +con él doce pañizuelos, y respondí a su madre, que los inviaba a +algún hombre de aquel nombre. Pídeme ahora la mitad. Yo antes me +haré pedazos otra vez que tal dé. Todos los han de romper mis +narices. + +Juzgóse la causa en su favor. Solo se le contradijo lo del sonar con +ellos, mandándole que los entregase a la vieja, para honrar la +comunidad haciendo de ellos unos cuellos y unos remates de mangas que +se viesen y representasen camisas, que el sonarse estaba vedado en la +orden, si no era en el aire, u de saetilla a coz de dedo. + +Era de ver llegada la noche cómo nos acostamos en dos camas, tan +juntos que parecíamos herramienta en estuche. Pasóse la cena de en +claro en claro. No se desnudaron los más, que con acostarse como +andaban de día, cumplieron con el precepto de dormir en cueros. + + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo II: En que prosigue la materia comenzada y +cuenta algunos raros sucesos. + + +Amaneció el Señor y pusímonos todos en arma. Ya estaba yo tan +hallado con ellos como si todos fuéramos hermanos (que esta facilidad +y dulzura se halla siempre en las cosas malas). Era de ver a uno +ponerse la camisa de doce veces, dividida en doce trapos, diciendo una +oración a cada uno como sacerdote que se viste. A cuál se le perdía +una pierna en los callejones de las calzas y la venía a hallar donde +menos convenía asomada. Otro pedía guía para ponerse el jubón, y +en media hora se podía averiguar con él. + +Acabado esto, que no fue poco de ver, todos empuñaron aguja y hilo +para hacer un punteado en un rasgado y otro. Cuál, para culcusirse +debajo del brazo, estirándole, se hacía L. Uno, hincado de rodillas, +arremedando un cinco de guarismo, socorría a los cañones. Otro, por +plegar las entrepiernas, metiendo la cabeza entre ellas, se hacía un +ovillo. No pintó tan extrañas posturas Bosco como yo vi, porque +ellos cosían y la vieja les daba los materiales, trapos y arrapiezos +de diferentes colores, los cuales había traído el soldado. + +Acabóse la hora del remedio (que así la llamaban ellos) y fuéronse +mirando unos a otros lo que quedaba mal parado. Determinaron de irse +fuera, y yo dije que antes trazasen mi vestido, porque quería gastar +los cien reales en uno, y quitarme la sotana. + +-Eso no -dijeron ellos-; el dinero se dé al depósito, y vistámosle +de lo reservado. Luego señalémosle su diócesis en el pueblo adonde +él solo busque y apolille. + +Parecióme bien; deposité el dinero y en un instante, de la sotanilla +me hicieron ropilla de luto de paño, y acortando el herreruelo quedó +bueno. Lo que sobró de paño trocaron a un sombrero viejo reteñido; +pusiéronle por toquilla unos algodones de tintero muy bien puestos. +El cuello y los valones me quitaron y en su lugar me pusieron unas +calzas atacadas, con cuchilladas no más de por delante, que lados y +trasera eran unas gamuzas. Las medias calzas de seda aun no eran +medias, porque no llegaban más de cuatro dedos más abajo de la +rodilla, los cuales cuatro dedos cubría una bota justa sobre la media +colorada que yo traía. El cuello estaba todo abierto de puro roto; +pusiéronmele, y dijeron: + +-El cuello está trabajoso por detrás y por los lados. V. Md., si le +mirase uno, ha de ir volviéndose con él, como la flor del sol con el +sol; si fueren dos y miraren por los lados, saque pies, y para los de +atrás traiga siempre el sombrero caído sobre el cogote, de suerte +que la falda cubra el cuello y descubra toda la frente, y al que +preguntare que por qué anda así respóndale que porque puede andar +con la cara descubierta por todo el mundo. + +Diéronme una caja con hilo negro y hilo blanco, seda, cordel y aguja, +dedal, paño, lienzo, raso y otros retacillos, y un cuchillo; +pusiéronme una espuela en la pretina, yesca y eslabón en una bolsa +de cuero, diciendo: + +-Con esta caja puede ir por todo el mundo, sin haber menester amigos +ni deudos; en esta se encierra todo nuestro remedio. Tómela y +guárdela. + +Señaláronme por cuartel para buscar mi vida el de San Luis; y así, +empecé mi jornada, saliendo de casa con los otros, aunque por ser +nuevo me dieron, para empezar la estafa, como a misacantano, por +padrino el mismo que me trujo y convirtió. + +Salimos de casa con paso tardo, los rosarios en la mano; tomamos el +camino para mi barrio señalado. A todos hacíamos cortesías; a los +hombres, quitábamos el sombrero, deseando hacer lo mismo con sus +capas a las mujeres hacíamos reverencias, que se huelgan con ellas y +con las paternidades mucho. A uno decía mi buen ayo: «Mañana me +traen dineros»; a otro: «Aguárdeme V. Md. un día, que me trae en +palabras el banco». Cuál le pedía la capa, quién le daba prisa por +la pretina; en lo cual conocí que era tan amigo de sus amigos, que no +tenía cosa suya. Andábamos haciendo culebra de una acera a otra por +no topar con casas de acreedores. Ya le pedía uno el alquiler de la +casa, otro el de la espada y otro el de las sábanas y camisas, de +manera que eché de ver que era caballero de alquiler, como mula. + +Sucedió, pues, que vio desde lejos un hombre que le sacaba los ojos, +según dijo, por una deuda, mas no podía el dinero. Y porque no le +conociese, soltó de detrás de las orejas el cabello, que traía +recogido, y quedó nazareno, entre ermitaño y caballero lanudo; +plantóse un parche en un ojo y púsose a hablar italiano conmigo. +Esto pudo hacer mientras el otro venía, que aún no le había visto, +por estar ocupado en chismes con una vieja. Digo de verdad que vi al +hombre dar vueltas alrededor, como perro que se quiere echar; hacíase +más cruces que un ensalmador, y fuese diciendo: + +-¡Jesús!, pensé que era él. A quien bueyes ha perdido..., etc. + +Yo moríame de risa de ver la figura de mi amigo. Entróse en un +portal a recoger la melena y el parche, y dijo: + +-Estos son los aderezos de negar deudas. Aprendé, hermano, que +veréis mil cosas de estas en el pueblo. + +Pasamos adelante y, en una esquina, por ser de mañana, tomamos dos +tajadas de alcotín y agua ardiente, de una picarona que nos lo dio de +gracia, después de dar el bienvenido a mi adestrador. Y díjome: + +-Con esto vaya el hombre descuidado de comer hoy; y, por lo menos, +esto no puede faltar. + +Afligíme yo, considerando que aún teníamos en duda la comida, y +repliqué afligido por parte de mi estómago. A lo cual respondió: + +-Poca fe tienes con la religión y orden de los caninos. No falta el +Señor a los cuervos ni a los grajos ni aun a los escribanos ¿y +había de faltar a los traspillados? Poco estómago tienes. + +-Es verdad -dije-, pero temo mucho tener menos y nada en él. + +En esto estábamos, y dio un reloj las doce; y como yo era nuevo en el +trato, no les cayó en gracia a mis tripas el alcotín y tenía hambre +como si tal no hubiera comido. Renovada, pues, la memoria con la hora, +volvíme al amigo y dije: + +-Hermano, este de la hambre es recio noviciado; estaba hecho el hombre +a comer más que un sabañón y hanme metido a vigilias. Si vos no lo +sentís, no es mucho, que criado con hambre desde niño, como el otro +rey con ponzoña, os sustentéis ya con ella. No os veo hacer +diligencia vehemente para mascar, y así, yo determino de hacer la que +pudiere. + +-¡Cuerpo de Dios -replicó- con vos! Pues dan agora las doce ¿y +tanta prisa? Tenéis muy puntuales ganas y ejecutivas, y han menester +llevar en paciencia algunas pagas atrasadas. ¡No, sino comer todo el +día! ¿Qué más hacen los animales? No se escribe que jamás +caballero nuestro haya tenido cámaras, que antes, de puro mal +proveídos no nos proveemos. Ya os he dicho que a nadie falta Dios. Y +si tanta prisa tenéis, yo me voy a la sopa de San Jerónimo, adonde +hay aquellos frailes de leche como capones, y allí haré el buche. Si +vos queréis seguirme, venid, y si no, cada uno a sus aventuras. + +-Adiós -dije yo-, que no son tan cortas mis faltas que se hayan de +suplir con sobras de otros. Cada uno eche por su calle. + +Mi amigo iba pisando tieso y mirándose a los pies, sacó unas migajas +de pan que traía para el efecto siempre en una cajuela, y +derramóselas por la barba y vestido, de suerte que parecía haber +comido. Ya yo iba tosiendo y escarbando, por disimular mi flaqueza, +limpiándome los bigotes, arrebozado y la capa sobre el hombro +izquierdo, jugando con el decenario, que lo era porque no tenía más +de diez cuentas. Todos los que me veían me juzgaban por comido, y si +fuera de piojos, no erraran. + +Iba yo fiando en mis escudillos aunque me remordía la conciencia el +ser contra la orden comer a su costa quien vive de tripas horras en el +mundo. Yo me iba determinando a quebrar el ayuno, y llegué con esto a +la esquina de la calle de San Luis, adonde vivía un pastelero. +Asomábase uno de a ocho tostado, y con aquel resuello del horno +tropezóme en las narices, y al instante me quedé del modo que andaba +como el perro perdiguero con el aliento de la caza, puestos en él los +ojos. Le miré con tanto ahínco que se secó el pastel como un +aojado. Allí es de contemplar las trazas que yo daba para hurtarle; +resolvíame otra vez a pagarlo. En esto me dio la una. Angustiéme de +manera que me determiné a zamparme en un bodegón de los que están +por allí. Yo que iba haciendo punta a uno, Dios que lo quiso, topo +con un licenciado Flechilla, amigo mío, que venía haldeando por la +calle abajo, con más barros que la cara de un sanguino y tantos rabos +que parecía chirrión con sotana, pulpo graduado o mercader que +cargaba para Italia. Arremetió a mí en viéndome, que, según +estaba, fue mucho conocerme. Yo le abracé; preguntóme cómo estaba; +díjele luego: + +-¡Ah, señor licenciado, qué de cosas tengo que contarle! Sólo me +pesa de que me he de ir esta noche y no habrá lugar. + +-Eso me pesa a mí -replicó-, y si no fuera por ser tarde, y voy con +prisa a comer, me detuviera más, porque me aguarda una hermana casada +y su marido. + +-¿Que aquí está mi señora Ana? Aunque lo deje todo, vamos, que +quiero hacer lo que estoy obligado. + +Abrí los ojos oyendo que no había comido. Fuime con él y empecéle +a contar que una mujercilla que él había querido mucho en Alcalá +sabía yo dónde estaba, y que le podía dar entrada en su casa. +Pegósele luego al alma el envite, que fue industria tratarle de cosa +de gusto. Llegamos tratando en ello a su casa. Entramos; yo me ofrecí +mucho a su cuñado y hermana, y ellos, no persuadiéndose a otra cosa +sino a que yo venía convidado por venir a tal hora, comenzaron a +decir que si lo supieran que habían de tener tan buen huésped que +hubieran prevenido algo. Yo cogí la ocasión y convidéme, diciendo +que yo era de casa y amigo viejo, y que se me hiciera agravio en +tratarme con cumplimiento. + +Sentáronse y sentéme; y porque el otro lo llevase mejor, que ni me +había convidado ni le pasaba por la imaginación, de rato en rato le +pegaba yo con la mozuela, diciendo que me había preguntado por él y +que le tenía en el alma y otras mentiras de este modo, con lo cual +llevaba mejor el verme engullir, porque tal destrozo como yo hice en +el ante no lo hiciera una bala en el de un coleto. Vino la olla y +comímela en dos bocados casi toda, sin malicia, pero con prisa tan +fiera, que parecía que aun entre los dientes no la tenía bien +segura. Dios es mi padre, que no come un cuerpo más presto el montón +de la Antigua de Valladolid, que le deshace en veinte y cuatro horas, +que yo despaché el ordinario; pues fue con más prisa que un +extraordinario el correo. Ellos bien debían notar los fieros tragos +del caldo y el modo de agotar la escudilla, la persecución de los +huesos y el destrozo de la carne. Y si va a decir verdad, entre burla +y juego, empedré la faltriquera de mendrugos. + +Levantóse la mesa, apartámonos yo y el licenciado a hablar de la ida +en casa de la dicha. Yo se lo facilité mucho. Y estando hablando con +él a una ventana, hice que me llamaban de la calle, y dije: «¿A +mí, señor? Ya bajo». Pedíle licencia, diciendo que luego volvía. +Quedóme aguardando hasta hoy, que desaparecí por lo del pan comido y +la compañía deshecha. Topóme otras muchas veces y disculpéme con +él contándole mil embustes que no importan para el caso. + +Fuime por las calles de Dios, llegué a la puerta de Guadalajara, y +sentéme en un banco de los que tienen en sus puertas los mercaderes. +Quiso Dios que llegaron a la tienda dos de las que piden prestado +sobre sus caras, tapadas de medio ojo, con su vieja y pajecillo. +Preguntaron si había algún terciopelo de labor extraordinaria. Yo +empecé luego, para trabar conversación, a jugar del vocablo, de +tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo, y no dejé hueso sano a la +razón. Sentí que les había dado mi libertad algún seguro de algo +de la tienda, y yo, como quien no aventuraba a perder nada, ofrecílas +lo que quisiesen. Regatearon diciendo que no tomaban de quien no +conocían. Yo me aproveché de la ocasión diciendo que había sido +atrevimiento ofrecerles nada, pero que me hiciesen merced de aceptar +unas telas que me habían traído de Milán, que a la noche llevaría +un paje que les dije que era mío, por estar enfrente aguardando a su +amo, que estaba en otra tienda, por lo cual estaba descaperuzado. Y +para que me tuviesen por hombre de partes y conocido no hacía sino +quitar el sombrero a todos los oidores y caballeros que pasaban, y sin +conocer a ninguno les hacía cortesías como si los tratara +familiarmente. Ellas se cegaron con esto y con unos cien escudos en +oro que yo saqué de los que traía, con achaque de dar limosna a un +pobre que me la pidió. + +Pareciólas irse, por ser ya tarde, y así me pidieron licencia, +advirtiéndome con el secreto que había de ir el paje. Yo las pedí +por favor y como en gracia un rosario engazado en oro que llevaba la +más bonita de ellas, en prendas de que las había de ver a otro día +sin falta. Regatearon dármele; yo les ofrecía en prendas los cien +escudos, y dijéronme su casa, y con intento de estafarme en más se +fiaron de mí y preguntáronme mi posada, diciendo que no podía +entrar paje en la suya a todas horas, por ser gente principal. Yo las +llevé por la calle Mayor, y al entrar en la de las Carretas escogí +la casa que mejor y más grande me pareció. Tenía un coche sin +caballos a la puerta. Díjeles que aquella era y que allí estaba ella +y el coche y dueño para servirlas. Nombréme don Álvaro de Córdoba +y entréme por la puerta delante de sus ojos. Y acuérdome que cuando +salimos de la tienda llamé uno de los pajes, con gran autoridad con +la mano. Hice que le decía que se quedasen todos y que me aguardasen +allí (que así dije yo que lo había dicho); y la verdad es que le +pregunté si era criado del comendador mi tío. Dijo que no; y con +tanto, acomodé los criados ajenos como buen caballero. + +Llegó la noche oscura y acogímonos a casa todos. Entré y hallé al +soldado de los trapos con una hacha de cera que le dieron para +acompañar un difunto y se vino con ella. Llamábase éste Magazo, +natural de Olías; había sido capitán en una comedia y combatido con +moros en una danza. A los de Flandes decía que había estado en la +China, y a los de la China en Flandes. Trataba de formar un campo y +nunca supo sino espulgarse en él. Nombraba castillos y apenas los +había visto en los ochavos. Celebraba mucho la memoria del señor don +Juan, y oíle decir yo muchas veces de Luis Quijada que había sido +honra de amigos. Nombraba turcos, galeones y capitanes, todos los que +había leído en unas coplas que andaban de esto; y como él no sabía +nada de mar, porque no tenía de naval más del comer nabos, dijo, +contando la batalla que había vencido el señor don Juan en Lepanto, +que aquel Lepanto fue un moro muy bravo, como no sabía el pobrete que +era nombre del mar. Pasábamos con él lindos ratos. + +Entró luego mi compañero deshechas las narices y toda la cabeza +entrapajada, lleno de sangre y muy sucio. Preguntámosle la causa, y +dijo que había ido a la sopa de San Jerónimo y que pidió porción +doblada, diciendo que era para unas personas honradas y pobres. +Quitáronselo a los otros mendigos para dárselo, y ellos, con el +enojo, siguiéronle, y vieron que en un rincón detrás de la puerta +estaba sorbiendo con gran valor, y sobre si era bien hecho engañar +por engullir y quitar a otros para sí, se levantaron voces y tras +ellas palos y tras los palos chichones y tolondrones en su pobre +cabeza. Embistiéronle con los jarros, y el daño de las narices se le +hizo uno con una escudilla de palo que se la dio a oler con más prisa +que convenía. Quitáronle la espada, salió a las voces el portero, y +aun no los podía meter en paz. En fin, se vio en tanto peligro el +pobre hermano, que decía: «¡Yo volveré lo que he comido!»; y aun +no bastaba, que ya no reparaban sino en que pedía para otros y no se +preciaba de sopón. «¡Miren el todo trapos, como muñeca de niños, +más triste que pastelería en Cuaresma, con más agujeros que una +flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y +más puntos que un libro de música (decía un estudiantón de estos +de la capacha, gorronazo), que hay hombre en la sopa del bendito santo +que puede ser obispo o otra cualquier dignidad, y se afrenta un don +Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por +Sigüenza!». Metióse el portero de por medio, viendo que un +vejezuelo que allí estaba decía que aunque acudía al brodio, que +era descendiente de los godos y que tenía deudos. + +Aquí lo dejo porque el compañero estaba ya fuera desaprensando los +huesos. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo III: En que prosigue la misma materia, hasta +dar con todos en la cárcel. + + +Entró Merlo Díaz, hecha la pretina una sarta de búcaros y vidros, +los cuales, pidiendo de beber en los tornos de las monjas, había +agarrado con poco temor de Dios. Mas sacóle de la puja don Lorenzo +del Pedroso, el cual entró con una capa muy buena, la cual había +trocado en una mesa de trucos a la suya, que no se la cubriera pelo al +que la llevó, por ser desbarbada. Usaba éste quitarse la capa como +que quería jugar, y ponerla con las otras, y luego, como que no +hacía partido, iba por su capa y tomaba la que mejor le parecía y +salíase. Usábalo en los juegos de argolla y bolos. + +Mas todo fue nada para ver entrar a don Cosme cercado de muchachos con +lamparones, cáncer y lepra, heridos y mancos, el cual se había hecho +ensalmador con unas santiguaduras y oraciones que había aprendido de +una vieja. Ganaba este por todos, porque si el que venía a curarse no +traía bulto debajo de la capa, no sonaba dinero en faldriquera, o no +piaban algunos capones, no había lugar. Tenía asolado medio reino. +Hacía creer cuanto quería, porque no ha nacido tal artífice en el +mentir; tanto, que aun por descuido no decía verdad. Hablaba del +Niño Jesús, entraba en las casas con Deo gracias, decía lo del +«Espíritu Santo sea con todos»... Traía todo ajuar de hipócrita: +un rosario con unas cuentas frisonas; al descuido hacía que se le +viese por debajo de la capa un trozo de disciplina salpicada con +sangre de las narices; hacía creer, concomiéndose, que los piojos +eran silicios y que la hambre canina eran ayunos voluntarios. Contaba +tentaciones; en nombrando al demonio, decía «Dios nos libre y nos +guarde»; besaba la tierra al entrar en la iglesia; llamábase +indigno; no levantaba los ojos a las mujeres, pero las faldas sí. Con +estas cosas, traía el pueblo tal, que se encomendaban a él y era +como encomendarse al diablo. Porque él era jugador y lo otro (ciertos +los llaman, y por mal nombre fulleros). Juraba el nombre de Dios unas +veces en vano y otras en vacío. Pues en lo que toca a mujeres, tenía +seis hijos y preñadas dos santeras. Al fin, de los mandamientos de +Dios, los que no quebraba hendía. + +Vino Polanco haciendo gran ruido, y pidió su saco pardo, cruz grande, +barba larga postiza y campanilla. Andaba de noche de esta suerte, +diciendo: «Acordaos de la muerte, y haced bien para las ánimas...», +etc. Con esto cogía mucha limosna y entrábase en las casas que veía +abiertas: si no había testigos ni estorbo, robaba cuando había; si +le topaban, tocaba la campanilla y decía con una voz que él fingía +muy penitente: «Acordaos, hermanos...», etcétera. + +Todas estas trazas de hurtar y modos extraordinarios conocí, por +espacio de un mes, en ellos. Volvamos agora a que les enseñé el +rosario y conté el cuento. Celebraron mucho la traza y recibióle la +vieja por su cuenta y razón para venderle. La cual se iba por las +casas diciendo que era de una doncella pobre y que se deshacía de él +para comer. Y ya tenía para cada cosa su embuste y su trapaza. +Lloraba la vieja a cada paso, enclavijaba las manos y suspiraba de lo +amargo, llamaba hijos a todos. Traía encima de muy buena camisa, +jubón, ropa, saya y manteo, un saco de sayal roto, de un amigo +ermitaño que tenía en las cuestas de Alcalá. Ésta gobernaba el +hato, aconsejaba y encubría. + +Quiso, pues, el diablo, que nunca está ocioso en cosas tocantes a sus +siervos, que yendo a vender no sé qué ropa y otras cosillas a una +casa, conoció uno no sé qué hacienda suya. Trujo un alguacil y +agarráronme la vieja, que se llamaba la madre Labruscas. Confesó +luego todo el caso y dijo cómo vivíamos todos y que éramos +caballeros de rapiña. Dejóla el alguacil en la cárcel y vino a +casa, y halló en ella a todos mis compañeros y a mí con ellos. +Traía media docena de corchetes, verdugos de a pie, y dio con todo el +colegio buscón en la cárcel, adonde se vio en gran peligro la +caballería. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo IV: En que trata los sucesos de la cárcel, +hasta salir la vieja azotada, los compañeros a la vergüenza y él en +fiado. + + +Echáronnos, en entrando, a cada uno dos pares de grillos y +sumiéronnos en un calabozo. Yo, que me vi ir allá, aprovechéme del +dinero que traía conmigo y, sacando un doblón, díjele al +carcelero: + +-Señor, oígame V. Md. en secreto. + +Y para que lo hiciese dile escudo como cara. En viéndolos, me +apartó. + +-Suplico a V. Md. -le dije- que se duela de un hombre de bien. +Busquéle las manos, y como sus palmas estaban hechas a llevar +semejantes dátiles, cerró con los dichos veinte y seis, diciendo: + +-Yo averiguaré la enfermedad y si no es urgente bajará al cepo. + +Yo conocí la deshecha y respondíle humilde. Dejóme fuera y a los +amigos descolgáronlos abajo. + +Dejo de contar la risa tan grande que en la cárcel y por las calles +había con nosotros, porque como nos traían atados y a empellones, +unos sin capas y otros con ellas arrastrando, eran de ver unos cuerpos +pías remendados y otros aloques de tinto y blanco. A cuál por asirle +de alguna parte segura, por estar todo tan manido le agarraba el +corchete de las puras carnes y aun no hallaba de qué asir, según los +tenía roídos la hambre. Otros iban dejando a los corchetes en las +manos los pedazos de ropillas y gregüescos; al quitar la soga en que +venían ensartados, se salían pegados los andrajos. + +Al fin, yo fui, llegada la noche, a dormir a la sala de los linajes. +Diéronme mi camilla. Era de ver algunos dormir envainados, sin +quitarse nada; otros, desnudarse de un golpe todo cuanto traían +encima como culebras; cuáles jugaban. Y, al fin, cerrados, se mató +la luz. Olvidamos todos los grillos. Era de ver a los que no tenían +cama llegar y asir de los pies al acostado y sacarlo arrastrando en +medio de la sala y encajarse en la cama, y aquél asir de otro para +acomodarse. + +Estaba el servicio a mi cabecera; vime forzado, a intercesión de mis +narices, a decirles que mudasen a otra parte el vedriado. Y sobre si +le viene muy ancho o no (como si me hubieran tomado la medida con el +bacín), tuvimos palabras. Usé el oficio de adelantado, que es mejor +a veces serlo de un cachete que de un reino, y metíle a uno media +pretina en la cara. Él, por levantarse aprisa, derramóle, y al ruido +despertó el concurso. Asábamonos a pretinazos a oscuras, y era tanto +el mal olor que hubieron de levantarse todos. Alzóse el grito. El +alcaide, sospechando que se le iban algunos vasallos, subió +corriendo, armado, con toda su cuadrilla; abrió la sala, entró luz y +informóse del caso. Condenáronme todos; yo me disculpaba con decir +que en toda la noche me habían dejado cerrar los ojos. El carcelero, +pareciéndole que por no dejarme zabullir en lo hondo le daría otro +doblón, asió del caso y mandóme bajar allá. Determinéme a +consentir antes que a pellizcar el talego más de lo que lo estaba. +Fui llevado abajo; recibiéronme con arbórbola y placer los amigos. +Dormí aquella noche algo desabrigado. + +Amaneció el Señor y salimos del calabozo. Vímonos las caras, y lo +primero que nos fue notificado fue dar para la limpieza, como si en +una noche lo hubiera yo ensuciado todo, so pena de culebrazo fino. Yo +di luego seis reales; mis compañeros no tenían qué dar, y así, +quedaron remitidos para la noche. + +Había en el calabozo un mozo tuerto, alto, abigotado, mohíno de +cara, cargado de espaldas y de azotes en ellas. Traía más hierro que +Vizcaya, dos pares de grillos y una cadena de portada. Llamábanle el +Jayán. Decía que estaba por cosas de aire, y así, sospechaba yo si +era por algunos fuelles, chirimías o abanicos, y decíale si era por +algo de esto. Respondía que no, que eran cosas de atrás. Yo pensé +que pecados viejos quería decir, y averigüé que por puto. Cuando el +alcaide le reñía por alguna travesura, le llamaba botiller del +verdugo y depositario general de culpas. Otras veces le amenazaba +diciendo: -«¿Qué te arriesgas, pobrete, con el que ha de hacer +humo? Dios es Dios, que te vendimie de camino». Había confesado +este, y era tan maldito que traíamos todos con carlancas, como +mastines, las traseras, y no había quien se osase ventosear, de miedo +de acordarle dónde tenía las asentaderas. + +Este hacía amistad con otro que llamaban Robledo y por otro nombre el +Trepado. Decía que estaba preso por liberalidades; y, entendido, eran +de manos en pescar lo que topaba. Este había sido más azotado que +postillón; no había verdugo que no hubiese probado la mano en él. +Tenía la cara con tantas cuchilladas que a descubrirse puntos no se +la ganara un flux. Tenía menos las orejas y pegadas las narices, +aunque no tan bien como la cuchillada que se las partía. + +A estos se llegaban otros cuatro hombres, rapantes como leones de +armas, todos agrillados, gente de azotes y galeras, chilindrón +legítimo. Decían ellos que presto podrían decir que habían servido +a su Rey por mar y por tierra. No se podrá creer la notable alegría +con que aguardaban su despacho. + +Todos estos, mohínos de ver que mis compañeros no contribuían, +ordenaron a la noche de darlos culebra de cáñamo, con una soga +dedicada al efecto. + +Vino la noche. Fuímonos ahuchados a la postrera faldriquera de la +casa. Mataron la luz; yo metíme luego debajo de la tarima. Empezaron +a silbar dos de ellos y otro a dar sogazos. Los buenos caballeros, que +vieron el negocio de revuelta, se apretaron de manera las carnes +ayunas (cenadas, comidas y almorzadas de sarna y piojos), que cupieron +todos en un resquicio de la tarima. Estaban como liendres en cabellos +o chinches en cama. Sonaban los golpes en la tabla; callaban los +dichos. Los bellacos, que vieron que no se quejaban, dejaron el dar +azotes y empezaron a tirar ladrillos, piedras y cascote que tenían +recogido. Allí fue ella, que uno le halló el cogote a don Toribio y +le levantó una pantorrilla en él de dos dedos. Comenzó a dar voces +que le mataban. Los bellacos, porque no se oyesen sus aullidos, +cantaban todos juntos y hacían ruido con las prisiones. Él, por +esconderse, asió de los otros para meterse debajo. Allí fue el ver +cómo, con la fuerza que hacían, les sonaban los huesos. + +Acabaron su vida las ropillas; no quedaba andrajo en pie. Menudeaban +tanto las piedras y cascotes, que dentro de poco tiempo tenía el +dicho don Toribio más golpes en la cabeza que una ropilla abierta, y +no hallando remedio contra el granizo, viéndose sin santidad cerca de +morir San Esteban, dijo que le dejasen salir, que él pagaría luego y +daría sus vestidos en prendas. Consintiéronselo, y a pesar de los +otros, que se defendían con él, descalabrado y como pudo se levantó +y pasó a mi lado. + +Los otros, por presto que acordaron a hacer lo mismo, ya tenían las +chollas con más tejas que pelos. Ofrecieron para pagar la patente sus +vestidos haciendo cuenta que era mejor entrarse en la cama por +desnudos que por heridos. Y así, aquella noche los dejaron, y a la +mañana les pidieron que se desnudasen, y se halló que de todos sus +vestidos juntos no se podía hacer una mecha a un candil. + +Quedáronse en la cama, digo envueltos en una manta, la cual era la +que llaman ruana, donde se espulgan todos. Empezaron luego a sentir el +abrigo de la manta, porque había piojo con hambre canina, y otro que +en un brazo ayuno de ellos quebraba ayuno de ocho días; habíalos +frisones y otros que se podían echar a la oreja de un toro. Pensaron +aquella mañana ser almorzados de ellos; quitáronse la manta, +maldiciendo su fortuna, deshaciéndose a puras uñadas. + +Yo salíme del calabozo diciéndoles que me perdonasen si no les +hiciese mucha compañía, porque me importaba no hacérsela. Torné a +repasarle las manos al carcelero con tres de a ocho y sabiendo quién +era el escribano de la causa enviéle a llamar con un picarillo. Vino, +metíle en un aposento, y empecéle a decir (después de haber tratado +de la causa) cómo yo tenía no sé que dinero; supliquéle que me lo +guardase, y que en lo que hubiese lugar favoreciese la causa de un +hijodalgo desgraciado que por engaño había incurrido en tal delito. + +-Crea V. Md. -dijo, después de haber pescado la mosca-, que en +nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien +puede hacer mucho mal. Más tengo yo en galeras de balde, por mi +gusto, que hay letras en el proceso. Fíese de mí y crea que le +sacaré a paz y a salvo. + +Fuese con esto y volvióse desde la puerta a pedirme algo para el buen +Diego García, el alguacil, que importaba acallarle con mordaza de +plata y apuntóme no sé qué del relator, para ayuda de comerse +cláusula entera. Dijo: + +-Un relator, señor, con arcar las cejas, levantar la voz, dar una +patada para hacer atender al alcalde divertido, hacer una acción, +destruye a un cristiano. + +Dime por entendido y añadí otros cincuenta reales, y en pago me dijo +que enderezase el cuello de la capa, y dos remedios para el catarro +que tenía de la frialdad del calabozo, y últimamente me dijo, +mirándome con grillos: + +-Ahorre de pesadumbre, que con ocho reales que dé al alcaide, le +aliviará; que esta es gente que no hace virtud si no es por +interés. + +Cayóme en gracia la advertencia. Al fin, él se fue. Yo di al +carcelero un escudo; quitóme los grillos. Dejábame entrar en su +casa. Tenía una ballena por mujer y dos hijas del diablo, feas y +necias, y de la vida, a pesar de sus caras. Sucedió que el carcelero +(se llamaba tal Blandones de San Pablo, y la mujer doña Ana Moráez) +vino a comer, estando yo allí, muy enojado y bufando. No quiso comer. +La mujer, recelando alguna gran pesadumbre, se llegó a él, y le +enfadó tanto con las acostumbradas importunidades, que dijo: + +-¿Qué ha de ser, si el bellaco ladrón de Almendros el aposentador, +me ha dicho, teniendo palabras con él sobre el arrendamiento, que vos +nos sois limpia? + +-¿Tantos rabos me ha quitado el bellaco? -dijo ella-; por el siglo de +mi agüelo, que no sois hombre, pues no le pelastes las barbas. +¿Llamo yo a sus criadas que me limpien? + +Y volviéndose a mí, dijo: + +-Vale Dios que no me podrá decir que soy judía como él, que de +cuatro cuartos que tiene, los dos son de villano y los otros ocho +maravedís de hebreo. A fe, señor don Pablos, que si yo lo oyera, que +yo le acordara de que tiene las espaldas en el aspa de San Andrés. + +Entonces, muy afligido el alcaide, respondió: + +-¡Ay, mujer, que callé porque dijo que en esa teníades vos dos o +tres madejas! Que lo sucio no os lo dijo por lo puerco, sino por el no +lo comer. + +-Luego ¿judía dijo que era? ¿Y con esa paciencia lo decís, buenos +tiempos? ¿Así sentís la honra de doña Ana Moráez, hija de Esteban +Rubio y Joan de Madrid, que sabe Dios y todo el mundo? + +-¡Cómo! ¿Hija -dije yo- de Joan de Madrid? + +-De Joan de Madrid, el de Auñón. + +-Voto a Dios -dije yo- que el bellaco que tal dijo es un judío, puto +y cornudo. + +Y volviéndome a ellas: + +-Joan de Madrid, mi señor, que esté en el cielo, fue primo hermano +de mi padre. Y daré yo probanza de quién es y cómo; y esto me toca +a mí. Y si salgo de la cárcel yo le haré desdecir cien veces al +bellaco. Ejecutoria tengo en el pueblo, tocante a entrambos, con +letras de oro. + +Alegráronse con el nuevo pariente y cobraron ánimo con lo de la +ejecutoria. Y ni yo la tenía ni sabía quiénes eran. Comenzó el +marido a quererse informar del parentesco por menudo. Yo, porque no me +cogiese en mentira, hice que me salía de enojado, votando y jurando. +Tuviéronme, diciendo que no se tratase más de ello. Yo, de rato en +rato, salía muy al descuido con decir: + +-¡Joan de Madrid! ¡Burlando es la probanza que yo tengo suya! + +Otras veces decía: + +-¡Joan de Madrid, el mayor! Su padre de Joan de Madrid fue casado con +Ana de Acevedo, la gorda. + +Y callaba otro poco. Al fin, con estas cosas, el alcaide me daba de +comer y cama en su casa, y el escribano, solicitado de él y cohechado +con el dinero, lo hizo tan bien, que sacaron a la vieja delante de +todos en un palafrén pardo a la brida, con un músico de culpas +delante. Era el pregón: «¡A esta mujer, por ladrona!» Llevábale +el compás en las costillas el verdugo, según lo que le habían +recetado los señores de los ropones. Luego seguían todos mis +compañeros, en los overos de echar agua, sin sombreros y las caras +descubiertas. Sacábanlos a la vergüenza y cada uno, de puro roto, +llevaba la suya de fuera. Desterráronlos por seis años. Yo salí en +fiado, por virtud del escribano. Y el relator no se descuidó, porque +mudó tono, habló quedo y ronco, brincó razones y mascó cláusulas +enteras. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo V: De cómo tomó posada, y la desgracia que +le sucedió en ella. + + +Salí de la cárcel. Halléme solo y sin los amigos; aunque me +avisaron que iban camino de Sevilla a costa de la caridad, no los +quise seguir. + +Determinéme de ir a una posada, donde hallé una moza rubia y blanca, +miradora, alegre, a veces entremetida y a veces entresacada y salida; +zaceaba un poco; tenía miedo a los ratones; preciábase de manos y +por enseñarlas siempre despabilaba las velas, partía la comida en la +mesa, en la iglesia siempre tenía puestas las manos, por las calles +iba enseñando siempre cuál casa era de uno y cuál de otro, en el +estrado, de contino tenía un alfiler que prender en el tocado, si se +jugaba a algún juego era siempre el de pizpirigaña, por ser cosa de +mostrar manos. Hacía que bostezaba, adrede, sin tener gana, por +mostrar los dientes y hacer cruces en la boca. Al fin, toda la casa +tenía ya tan manoseada que enfadaba ya a sus mismos padres. + +Hospedáronme muy bien en su casa, porque tenían trato de alquilarla, +con muy buena ropa, a tres moradores: fui el uno yo, el otro un +portugués, y un catalán. Hiciéronme muy buena acogida. + +A mí no me pareció mal la moza para el deleite, y lo otro la +comodidad de hallármela en casa. Di en poner en ella los ojos; +contábales cuentos que yo tenía estudiados para entretener; +traíalas nuevas aunque nunca las hubiese; servíalas en todo lo que +era de balde. Díjelas que sabía encantamientos y que era nigromante, +que haría que pareciese que se hundía la casa y que se abrasaba, y +otras cosas que ellas como buenas creedoras tragaron. Granjeé una +voluntad en todos agradecida, pero no enamorada, que, como no estaba +tan bien vestido como era razón, aunque ya me había mejorado algo de +ropa por medio del alcaide, a quien visitaba siempre, conservando la +sangre a pura carne y pan que le comía, no hacían de mí el caso que +era razón. + +Di para acreditarme de rico que lo disimulaba, en enviar a mi casa +amigos a buscarme cuando no estaba en ella. Entró uno, el primero, +preguntando por el señor don Ramiro de Guzmán, que así dije que era +mi nombre (porque los amigos me habían dicho que no era de costa +mudarse los nombres, y que era útil). Al fin, preguntó por don +Ramiro, «un hombre de negocios rico, que hizo agora tres asientos con +el Rey». Desconociéronme en esto las huéspedas y respondieron que +allí no vivía sino un don Ramiro de Guzmán, más roto que rico, +pequeño de cuerpo, feo de cara y pobre. + +-Ese es -replicó- el que yo digo. Y no quisiera más renta al +servicio de Dios que la que tiene a más de dos mil ducados. + +Contóles otros embustes, quedáronse espantadas, y él las dejó una +cédula de cambio fingida, que traía a cobrar en mí, de nueve mil +escudos. Díjoles que me la diesen para que la aceptase, y fuese. +Creyeron la riqueza la niña y la madre y acotáronme luego para +marido. Vine yo con gran disimulación, y en entrando, me dieron la +cédula diciendo: + +-Dineros y amor mal se encubren, señor don Ramiro. ¿Cómo que nos +esconda V. Md. quién es debiéndonos tanta voluntad? + +Yo hice como que me había disgustado por el dejar de la cédula y +fuime a mi aposento. Era de ver cómo, en creyendo que tenía dinero, +me decían que todo me estaba bien, celebraban mis palabras, no había +tal donaire como el mío. Yo que las vi tan cebadas declaré mi +voluntad a la muchacha y ella me oyó contentísima, diciéndome mil +lisonjas. + +Apartámonos; y una noche, para confirmarlas más en mi riqueza, +cerréme en mi aposento, que estaba dividido del suyo con sólo un +tabique muy delgado, y sacando cincuenta escudos estuve contándolos +en la mesa tantas veces que oyeron contar seis mil escudos. Fue esto +de verme con tanto dinero de contado, para ellas, todo lo que yo +podía desear, porque dieron en desvelarse para regalarme y servirme. + +El portugués se llamaba o siñor Vasco de Meneses, caballero de la +cartilla, digo de Christus. Traía su capa de luto, botas, cuello +pequeño y mostachos grandes. Ardía por doña Berenguela de Robledo, +que así se llamaba. Enamorábala sentándose a conversación y +suspirando más que beata en sermón de Cuaresma. Cantaba mal, y +siempre andaba apuntando con él el catalán, el cual era la criatura +más triste y miserable que Dios crió; comía a tercianas, de tres a +tres días, y el pan tan duro que apenas le pudiera morder un +maldiciente. Pretendía por lo bravo, y si no era el poner huevos, no +le faltaba otra cosa para gallina, porque cacareaba notablemente. + +Como vieron los dos que yo iba tan adelante dieron en decir mal de +mí. El portugués decía que era un piojoso, pícaro, desarropado; el +catalán me trataba de cobarde y vil. Yo lo sabía todo y a veces lo +oía, pero no me hallaba con ánimo para responder. Al fin, la moza me +hablaba y recibía mis billetes. Comenzaba por lo ordinario: «Este +atrevimiento, su mucha hermosura de V. Md...»; decía lo de «me +abraso», trataba de «penar», ofrecíame por esclavo, firmaba el +corazón con la saeta... Al fin, llegamos a los túes, y yo, para +alimentar más el crédito de mi calidad, salíme de casa y alquilé +una mula, y arrebozado y mudando la voz, vine a la posada y pregunté +por mí mismo, diciendo si vivía allí su merced del señor don +Ramiro de Guzmán, señor del Valcerrado y Villorete. + +-Aquí vive -repondió la niña- un caballero de ese nombre, pequeño +de cuerpo. + +Y, por las señas, dije yo que era él, y las supliqué que le dijesen +que Diego de Solórzana, su mayordomo que fue de las depositarías, +pasaba a las cobranzas y le había venido a besar las manos. Con esto +me fui y volví a casa de allí a un rato. + +Recibiéronme con la mayor alegría del mundo, diciendo que para qué +les tenía escondido el ser señor de Valcerrado y Villorete. +Diéronme el recado. Con esto, la muchacha se remató, codiciosa de +marido tan rico, y trazó de que la fuese a hablar a la una de la +noche por un corredor que caía a un tejado donde estaba la ventana de +su aposento. + +El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo +deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde +él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un +vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y +quedaron estampadas en las costillas. Al ruido despertó la media +casa, y pensando que eran ladrones (que son antojadizos de ellos los +de este oficio) subieron al tejado. Yo que vi esto quíseme esconder +detrás de una chimenea y fue aumentar la sospecha, porque el +escribano y dos criados y un hermano me molieron a palos y me ataron a +la vista de mi dama, sin bastarme ninguna diligencia. Mas ella se +reía mucho, porque como yo la había dicho que sabía hacer burlas y +encantamentos, pensó que había caído por gracia y nigromancia y no +hacía sino decirme que subiese, que bastaba ya. Con esto y con los +palos y puñadas que me dieron, daba aullidos; y era lo bueno que ella +pensaba que todo era artificio y no acababa de reír. + +Comenzó luego a hacer la causa, y porque me sonaron unas llaves en la +faldriquera, dijo y escribió que eran ganzúas y aunque las vio, sin +haber remedio de que no lo fuesen. Díjele que era don Ramiro de +Guzmán y rióse mucho. Yo, triste, que me había visto moler a palos +delante de mi dama, y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre, +no sabía qué hacerme. Hincábame de rodillas y ni por esas ni por +esotras bastaba con el escribano. + +Todo esto pasaba en el tejado, que los tales, aun de las tejas arriba +levantan falsos testimonios. Dieron orden de bajarme abajo y lo +hicieron por una ventana que caía a una pieza que servía de cocina. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo VI: Prosigue el cuento, con otros varios +sucesos. + + +No cerré los ojos con toda la noche, considerando mi desgracia, que +no fue dar en el tejado sino en las manos del escribano, y cuando me +acordaba de lo de las ganzúas y las hojas que había escrito en la +causa, echaba de ver que no hay cosa que tanto crezca como culpa en +poder de escribano. + +Pasé la noche en revolver trazas; unas veces me determinaba a +rogárselo por Jesucristo, y considerando lo que le pasó con ellos +vivo, no me atrevía. Mil veces me quiso desatar, pero sentíame luego +y levantábase a visitarme los nudos, que más velaba él en cómo +forjaría el embuste que yo en mi provecho. Madrugó al amanecer y +vistióse a hora que en toda su casa no había otros levantados sino +él y los testimonios. Agarró la correa y tornóme a repasar las +costillas, reprehendiéndome el mal vicio de hurtar como quien tan +bien le sabía. + +En esto estábamos, él dándome y yo casi determinado de darle a él +dineros, que es la sangre con que se labran semejantes diamantes, +cuando incitados y forzados de los ruegos de mi querida, que me había +visto caer y apalear, desengañada de que no era encanto sino +desdicha, entraron el portugués y el catalán, y en viendo el +escribano que me hablaban, desenvainando la pluma, los quiso espetar +por cómplices en el proceso. + +El portugués no lo pudo sufrir, y tratóle algo mal de palabra, +diciendo que él era un caballero «fidalgo de casa du Rey», y que yo +era un «home muito fidalgo», y que era bellaquería tenerme atado. +Comenzóme a desatar y al punto el escribano clamó: +«¡Resistencia!», y dos criados suyos, entre corchetes y ganapanes, +pisaron las capas, deshiciéronse los cuellos, como lo suelen hacer +para representar las puñadas que no ha habido, y pedían favor al +Rey. Los dos, al fin, me desataron, y viendo el escribano que no +había quién le ayudase, dijo: + +-¡Voto a Dios que esto no se puede hacer conmigo y que a no ser Vs. +Mds. quien son les podría costar caro! Manden contentar estos +testigos y echen de ver que les sirvo sin interés. + +Yo vi luego la letra; saqué ocho reales y díselos y aun estuve por +volverle los palos que me había dado; pero por no confesar que los +había recibido lo dejé y me fui con ellos, dando las gracias de mi +libertad y rescate. + +Entré en casa con la cara rozada de puros mojicones y las espaldas +algo mohínas de los varapalos. Reíase el catalán mucho y decía a +la niña que se casase conmigo para volver el refrán al revés, y que +no fuese tras cornudo apaleado sino tras apaleado cornudo. Tratábame +de resuelto y sacudido por los palos; traíame afrentado con estos +equívocos. Si entraba a visitarlos trataban luego de varear; otras +veces de leña y madera. Yo, que me vi corrido y afrentado, y que ya +me iban dando en la flor de lo rico, comencé a trazar de salirme de +casa; y para no pagar comida, cama ni posada, que montaba algunos +reales, y sacar mi hato libre, traté con un licenciado Brandalagas, +natural de Hornillos, y con otros dos amigos suyos, que me viniesen +una noche a prender. Llegaron la señalada y requirieron a la +huéspeda que venían de parte del Santo Oficio y que convenía +secreto. Temblaron todas, por lo que yo me había hecho nigromántico +con ellas. Al sacarme a mí callaron; pero al ver sacar el hato +pidieron embargo por la deuda, y respondieron que eran bienes de la +Inquisición. Con esto no chistó alma terrena. + +Dejáronles salir y quedaron diciendo que siempre lo temieron. +Contaban al catalán y al portugués lo de aquellos que me venían a +buscar; decían entrambos que eran demonios y que yo tenía familiar. +Y cuando les contaban del dinero que yo había contado, decían que +parecía dinero pero no lo era; de ninguna suerte persuadiéronse a +ello. + +Yo saqué mi ropa y comida horra. Di traza con los que me ayudaron de +mudar de hábito y ponerme calza de obra y vestido al uso, cuellos +grandes y un lacayo en menudos: dos lacayuelos, que entonces era uso. +Animáronme a ello, poniéndome por delante el provecho que se me +seguiría de casarme con la ostentación, a título de rico, y que era +cosa que sucedía muchas veces en la Corte. Y aún añadieron que +ellos me encaminarían parte conveniente y que me estuviese bien, y +con algún arcaduz por donde se guiase. Yo, negro codicioso de pescar +mujer, determinéme. Visité no sé cuántas almonedas y compré mi +aderezo de casar. Supe dónde se alquilaban caballos y espetéme en +uno el primer día, y no hallé lacayo. + +Salíme a la calle Mayor y púseme enfrente de una tienda de jaeces, +como que concertaba alguno. Llegáronse dos caballeros, cada cual con +su lacayo. Preguntáronme si concertaba uno de plata que tenía en las +manos; yo solté la prosa y con mil cortesías los detuve un rato. En +fin, dijeron que se querían ir al Prado a bureo un poco, y yo, que si +no lo tenían a enfado, que los acompañaría. Dejé dicho al mercader +que si viniesen allí mis pajes y un lacayo, que los encaminase al +Prado. Di señas de la librea y metíme entre los dos y caminamos. Yo +iba considerando que a nadie que nos veía era posible el determinar +cúyos eran los lacayos, ni cuál era el que no le llevaba. + +Empecé a hablar muy recio de las cañas de Talavera y de un caballo +que tenía porcelana; encarecíales mucho el roldanejo que esperaba de +Córdoba. En topando algún paje, caballo o lacayo, los hacía parar y +les preguntaba cúyo era, y decía de las señales y si le querían +vender; hacíale dar dos vueltas en la calle, y, aunque no la tuviese, +le ponía una falta en el freno y decía lo que había de hacer para +remediarlo, y quiso mi ventura que topé muchas ocasiones de hacer +esto. Y porque los otros iban embelesados y, a mi parecer, diciendo: +«¿Quién será este tagarote escuderón?», porque el uno llevaba un +hábito en los pechos, y el otro una cadena de diamantes (que era +hábito y encomienda todo junto), dije yo que andaba en busca de +buenos caballos para mí y a otro primo mío, que entrábamos en unas +fiestas. + +Llegamos al Prado, y en entrando, saqué el pie del estribo y puse el +talón por defuera y empecé a pasear. Llevaba la capa echada sobre el +hombro y el sombrero en la mano. Mirábanme todos; cuál decía: +«Este yo le he visto a pie»; otro: «Hola, lindo va el buscón». Yo +hacía como que no oía nada, y paseaba. + +Llegáronse a un coche de damas los dos, y pidiéronme que picardease +un rato. Dejéles la parte de las mozas y tomé el estribo de madre y +tía. Eran las vejezuelas alegres, la una de cincuenta y la otra punto +menos. Díjeles mil ternezas y oíanme, que no hay mujer, por vieja +que sea, que tenga tantos años como presunción. Prometílas regalos +y preguntélas del estado de aquellas señoras, y respondieron que +doncellas, y se les echaba de ver en la plática. Yo dije lo +ordinario: que las viesen colocadas como merecían; y agradóles mucho +la palabra colocadas. Preguntáronme tras esto que en qué me +entretenía en la Corte. Yo les dije que en huir de un padre y madre +que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal +nacida, por el mucho dote. + +-Y yo, señoras, quiero más una mujer limpia en cueros que una judía +poderosa, que por bondad de Dios, mi mayorazgo vale al pie de cuatro +mil ducados de renta, y si salgo con un pleito que traigo en buenos +puntos, no habré menester nada. + +Saltó tan presto la tía: + +-¡Ay, señor, y cómo le quiero bien! No se case sino con su gusto y +mujer de casta, que le prometo que con ser yo no muy rica, no he +querido casar mi sobrina, con haberle salido ricos casamientos, por no +ser de calidad. Ella pobre es, que no tiene sino seis mil ducados de +dote, pero no debe nada a nadie en sangre. + +-Eso creo muy bien -dije yo. + +En esto, las doncellicas remataron la conversación con pedir algo de +merendar a mis amigos: + + Mirábase el uno a otro, + y a todos tiembla la barba. + +Yo, que vi ocasión, dije que echaba menos mis pajes, por no tener con +quien enviar a casa por unas cajas que tenía. Agradeciéronmelo y yo +las supliqué se fuesen a la Casa del Campo al otro día, y que yo las +enviaría algo fiambre. Aceptaron luego; dijéronme su casa y +preguntaron la mía. Y, con tanto, se apartó el coche, y yo y los +compañeros comenzamos a caminar a casa. + +Ellos, que me vieron largo en lo de la merienda, aficionáronse, y por +obligarme me suplicaron cenase con ellos aquella noche. Híceme algo +de rogar, aunque poco, y cené con ellos, haciendo bajar a buscar mis +criados y jurando de echarlos de casa. Dieron las diez, y yo dije que +era plazo de cierto martelo y que, así, me diesen licencia. Fuime, +quedando concertados de vernos a la tarde en la Casa del Campo. + +Fui a dar el caballo al alquilador, y desde allí a mi casa. Hallé +los compañeros jugando quinolicas. Contéles el caso y el concierto +hecho, y determinamos de enviar la merienda sin falta, y gastar +doscientos reales en ella. + +Acostámonos con estas determinaciones. Yo confieso que no pude dormir +en toda la noche con el cuidado de lo que había de hacer con el dote. +Y lo que más me tenía en duda era el hacer de él una casa o darlo a +censo, que no sabía yo cuál sería mejor y de más provecho. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo VII: En que se prosigue lo mismo, con otros +sucesos y desgracias que le sucedieron. + + +Amaneció y despertamos a dar traza en los criados, plata y merienda. +En fin, como el dinero ha dado en mandarlo todo y no hay quien le +pierda el respeto, pagándoselo a un repostero de un señor, me dio +plata, y la sirvió él y tres criados. + +Pasóse la mañana en aderezar lo necesario, y a la tarde ya yo tenía +alquilado mi caballito. Tomé el camino a la hora señalada para la +Casa del Campo. Llevaba toda la pretina llena de papeles como +memoriales, y desabotonados seis botones de la ropilla, y asomados +unos papeles. Llegué, y ya estaban allá las dichas y los caballeros +y todo. Recibiéronme ellas con mucho amor y ellos llamándome de vos, +en señal de familiaridad. Había dicho que me llamaba don Filipe +Tristán, y en todo el día había otra cosa sino don Filipe acá y +don Filipe allá. Yo comencé a decir que me había visto tan ocupado +con negocios de Su Majestad y cuentas de mi mayorazgo, que había +temido el no poder cumplir; y que, así, las apercibía a merienda de +repente. + +En esto, llegó el repostero con su jarcia, plata y mozos; los otros y +ellas no hacían sino mirarme y callar. Mandéle que fuese al cenador +y aderezase allí, que entretanto nos íbamos a los estanques. +Llegáronse a mí las viejas a hacerme regalos, y holguéme de ver +descubiertas las niñas, porque no he visto desde que Dios me crió +tan linda cosa como aquella en quien yo tenía asestado el matrimonio: +blanca, rubia, colorada, boca pequeña, dientes menudos y espesos, +buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y +zazosita. La otra no era mala, pero tenía más desenvoltura, y +dábame sospechas de hocicada. + +Fuimos a los estanques, vímoslo todo y en el discurso conocí que la +mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente. No +sabía, pero como yo no quiero las mujeres para consejeras ni bufonas, +sino para acostarme con ellas, y si son feas y discretas es lo mismo +que acostarse con Aristóteles o Séneca o con un libro, procúrolas +de buenas partes para el arte de las ofensas; que cuando sea boba, +harto sabe si me sabe bien. Esto me consoló. Llegamos cerca del +cenador, y al pasar una enramada prendióseme en un árbol la +guarnición del cuello y desgarróse un poco. Llegó la niña, y +prendiómelo con un alfiler de plata y dijo la madre que enviase el +cuello a su casa al otro día, que allá lo aderezaría doña Ana, que +así se llamaba la niña. + +Estaba todo cumplidísimo; mucho que merendar, caliente y fiambre, +frutas y dulces. Levantaron los manteles y, estando en esto, vi venir +un caballero con dos criados por la huerta adelante, y cuando no me +cato, conozco a mi buen don Diego Coronel. Acercóse a mí, y como +estaba en aquel hábito, no hacía sino mirarme. Habló a las mujeres +y tratólas de primas; y, a todo esto, no hacía sino volver y +mirarme. Yo me estaba hablando con el repostero, y los otros dos, que +eran sus amigos, estaban en gran conversación con él. + +Preguntóles, según se echó de ver después, mi nombre, y ellos +dijeron: + +-Don Filipe Tristán, un caballero muy honrado y rico. + +Veíale yo santiguarse. Al fin, delante de ellas y de todos, se llegó +a mí y dijo: + +-V. Md. me perdone, que por Dios que le tenía, hasta que supe su +nombre, por bien diferente de lo que es; que no he visto cosa tan +parecida a un criado que yo tuve en Segovia, que se llamaba Pablillos, +hijo de un barbero del mismo lugar. + +Riéronse todos mucho, y yo me esforcé para que no me desmintiese la +color, y díjele que tenía deseo de ver aquel hombre, porque me +habían dicho infinitos que le era parecidísimo. + +-¡Jesús! -decía el don Diego-. ¿Cómo parecido? El talle, la +habla, los meneos, hasta en esa señal de la frente, que en V. Md. +debe de ser herida y en él fue un palo que le dieron entrando a +hurtar unas gallinas. ¡No he visto tal cosa! Digo, señor, que es +admiración grande, y que no he visto cosa tan parecida. + +-Dolo al diablo -dije yo- y ¿no ahorcaron ese ganapán? + +Entonces las viejas, tía y madre, dijeron que cómo era posible que a +un caballero tan principal se pareciese un pícaro tan bajo como +aquél. Y porque no sospechase nada de ellas, dijo la una: + +-Yo le conozco muy bien al señor don Filipe, que es el que nos +hospedó por orden de mi marido, que fue gran amigo suyo, en Ocaña. + +Yo entendí la letra y dije que mi voluntad era y sería de servirlas +con mi poco posible en todas partes. + +El don Diego se me ofreció y me pidió perdón del agravio que me +había hecho en tenerme por el hijo del barbero. Y añadía: + +-No creerá V. Md.: su madre era hechicera y un poco puta, y su padre +ladrón y su tío verdugo, y él el más ruin hombre y más mal +inclinado tacaño del mundo. + +Yo decía con unos empujoncillos de risa: + +-¡Gentil bergantón! ¡Hideputa pícaro! + +Y por de dentro considere el pío lector lo que sentiría mi +gallofería. Estaba, aunque lo disimulaba, como en brasas. Tratamos de +venirnos al lugar. Yo y los otros dos nos despedimos y don Diego se +entró con ellas en el coche. Preguntólas que qué era la merienda y +el estar conmigo, y la madre y tía dijeron cómo yo era un mayorazgo +de tantos ducados de renta y que me quería casar con Anica; que se +informase y vería si era cosa, no sólo acertada, sino de mucha honra +para todo su linaje. + +En esto pasaron el camino hasta su casa, que era en la calle del +Arenal a San Filipe. Nosotros nos fuimos a casa juntos como la otra +noche. Pidiéronme que jugase, codiciosos de pelarme. Yo entendíles +la flor y sentéme. Sacaron naipes: estaban hechos. Perdí una mano. +Di en irme por abajo, y ganéles cosa de trescientos reales; y con +tanto, me despedí y vine a mi casa. + +Topé a mis compañeros, licenciado Brandalagas y Pero López, los +cuales estaban estudiando en unos dados tretas flamantes. En viéndome +lo dejaron, codiciosos de preguntarme lo que me había sucedido. Yo +venía cariacontecido y encapotado, no les dije más de que me había +visto en un grande aprieto. Contéles cómo me había topado con don +Diego y lo que me había sucedido; consoláronme aconsejando que +disimulase y no desistiese de la pretensión por ningún camino ni +manera. + +En esto, supimos que se jugaba en casa de un vecino boticario juego de +parar. Entendíalo yo entonces razonablemente, porque tenía más +flores que un mayo y barajas hechas, lindas. Determinámonos de ir a +darles un muerto (que así se llama el enterrar una bolsa); envié los +amigos delante, entraron en la pieza, y dijeron si gustarían de jugar +con un fraile que acababa de llegar a curarse en casa de unas primas +suyas, que venía enfermo y traía talegos como el brazo y una calza +de doblones. Crecióles a todos el ojo y clamaron: + +-¡Venga el fraile norabuena! + +-Es hombre grave en la orden -replicó Pero López- y, como ha salido, +se quiere entretener, que él más lo hace por la conversación. + +-Venga, y sea por lo que fuere. + +-No ha de entrar nadie de fuera, por el recato -dijo Brandalagas. + +-No hay tratar de eso -respondió el huésped-; ni criados. + +Con esto, ellos quedaron ciertos del caso y creída la mentira. + +Vinieron los acólitos y ya yo estaba con un tocador en la cabeza por +disimular la corona y fingir la enfermedad; sahuméme con paja y +afeitéme de tercianas, con una color de cera amarilla, y mi hábito +de fraile, unos antojos y mi barba, que por ser atusada no desayudaba. +Entré muy humilde, sentéme, comenzóse el juego. Ellos levantaban +bien; iban tres al mohíno pero quedaron mohínos los tres, porque yo, +que sabía más que ellos, les di tal gatada que en espacio de tres +horas me llevé más de mil trescientos reales. Di baratos y con mi +«¡Loado sea Nuestro Señor!», me despedí, encargándoles que no +recibiesen escándalo de verme jugar, que era entretenimiento y no +otra cosa. Los otros, que habían perdido cuanto tenían, dábanse a +mil diablos. Despedíme y salímonos fuera. + +Venimos a casa a la una y media y acostámonos después de haber +partido la ganancia. Consoléme con esto algo de lo sucedido, y a la +mañana me levanté a buscar mi caballo y no hallé por alquilar +ninguno, en lo cual conocí que había otros muchos como yo. Pues +andar a pie pareciera mal y más entonces, fuime a San Filipe y +topéme con una lacayo de un letrado, que tenía un caballo y le +aguardaba, que se había acabado de apear a oír misa. Metíle cuatro +reales en la mano, porque mientras su amo estaba en la iglesia me +dejase dar dos vueltas en el caballo por la calle del Arenal, que era +la de mi señora. + +Consintió, subí en el caballo y di dos vueltas calle arriba y calle +abajo sin ver nada, y al dar la tercera asomóse doña Ana. Yo que la +vi y no sabía las mañas del caballo ni era buen jinete, quise hacer +galantería: dile dos varazos, tiréle de la rienda; empínase y, +tirando dos coces, aprieta a correr y da conmigo por las orejas en un +charco. + +Yo que me vi así, y rodeado de niños que se habían llegado, y +delante de mi señora, empecé a decir: + +-¡Oh, hideputa! ¡No fuérades vos valenzuela! Estas temeridades me +han de acabar. Habíanme dicho las mañas y quise porfiar con él. + +Traía el lacayo ya el caballo, que se paró luego. Yo torné a subir; +y al ruido se había asomado don Diego Coronel, que vivía en la misma +casa de sus primas. Yo que le vi, me demudé. Preguntóme si había +sido algo; dije que no, aunque tenía estropeada una pierna. Dábame +el lacayo prisa porque no saliese su amo y lo viese, que había de ir +a palacio. Y soy tan desgraciado, que estándome diciendo el lacayo +que nos fuésemos, llega por detrás el letradillo, y conociendo su +rocín arremete al lacayo y empieza a darle de puñadas, diciendo en +altas voces que qué bellaquería era dar su caballo a nadie; y lo +peor fue que, volviéndose a mí, dijo que me apease con Dios, muy +enojado. Todo pasaba a vista de mi dama y de don Diego: no se ha visto +en tanta vergüenza ningún azotado. Estaba tristísimo de ver dos +desgracias tan grandes en un palmo de tierra. Al fin, me hube de +apear; subió el letrado y fuese. Y yo, por hacer la deshecha, +quedéme hablando desde la calle con don Diego y dije: + +-En mi vida subí en tan mala bestia. Está ahí mi caballo overo en +San Filipe, y es desbocado en la carrera y trotón. + +Dije cómo yo le corría y hacía parar; dijeron que allí estaba uno +en que no lo haría, y era éste de este licenciado. Quise probarlo. +No se puede creer qué duro es de caderas, y con mala silla fue +milagro no matarme. + +-Sí fue -dijo don Diego-; y con todo parece que se siente V. Md. de +esa pierna. + +-Sí siento -dije yo-; y me querría ir a tomar mi caballo y a casa. + +La muchacha quedó satisfecha y con lástima de mi caída, mas el don +Diego cobró mala sospecha de lo del letrado, y fue totalmente causa +de mi desdicha, fuera de otras muchas que me sucedieron. Y la mayor y +fundamento de las otras fue que cuando llegué a casa y fui a ver una +arca, adonde tenía en una maleta todo el dinero que había quedado de +mi herencia y lo que había ganado, menos cien reales que yo traía +conmigo, hallé que el buen licenciado Brandalagas y Pero López +habían cargado con ello y no parecían. Quedé como muerto, sin saber +qué consejo tomar de mi remedio. Decía entre mí: «¡Malhaya quien +fía en hacienda mal ganada, que se va como se viene! ¡Triste de mí! +¿Qué haré?». No sabía si irme a buscarlos, si dar parte a la +justicia. Esto no me parecía bien, porque si los prendían, habían +de aclarar lo del hábito y otras cosas y era morir en la horca. Pues +seguirlos, no sabía por dónde. Al fin, por no perder también el +casamiento, que ya yo me consideraba remediado con el dote, determiné +de quedarme y apretarlo sumamente. + +Comí, y a la tarde alquilé mi caballico y fuime hacia la calle; y +como no llevaba lacayo, por no pasar sin él, aguardaba a la esquina, +antes de entrar, a que pasase algún hombre que lo pareciese, y en +pasando partía detrás de él, haciéndole lacayo sin serlo; y en +llegando al fin de la calle, metíame detrás de la esquina hasta que +volviese otro que lo pareciese; metíame detrás y daba otra vuelta. + +Yo no sé si fue la fuerza de la verdad de ser yo el mismo pícaro que +sospechaba don Diego, o si fue la sospecha del caballo del letrado, u +qué se fue, que don Diego se puso a inquerir quién era y de qué +vivía, y me espiaba. En fin, tanto hizo, que por el más +extraordinario camino del mundo supo la verdad; porque yo apretaba en +lo del casamiento, por papeles, bravamente, y él, acosado de ellas, +que tenían deseo de acabarlo, andando en mi busca, topó con el +licenciado Flechilla, que fue el que me convidó a comer cuando yo +estaba con los caballeros, y este, enojado de cómo yo no le había +vuelto a ver, hablando con don Diego, y sabiendo cómo yo había sido +su criado, le dijo de la suerte que me encontró cuando me llevó a +comer y que no había dos días que me había topado a caballo muy +bien puesto, y le había contado cómo me casaba riquísimamente. + +No aguardó más don Diego, y volviéndose a su casa encontró con los +dos caballeros del hábito y cadena amigos míos, junto a la Puerta +del Sol, y contóles lo que pasaba y díjoles que se aparejasen y en +viéndome a la noche en la calle, que me magullasen los cascos; y que +me conocerían en la capa que él traía, que la llevaría yo. +Concertáronse, y en entrando en la calle, topáronme, y disimularon +de suerte los tres que jamás pensé que eran tan amigos míos como +entonces. Estuvímonos en conversación tratando de lo que sería bien +hacer a la noche, hasta el avemaría. Entonces despidiéndose los dos, +echaron hacia abajo, y yo y don Diego quedamos solos y echamos a San +Filipe. + +Llegando a la entrada de la calle de la Paz, dijo don Diego: + +-Por vida de don Filipe, que troquemos capas, que me importa pasar por +aquí y que no me conozcan. + +-Sea en buen hora -dije yo. + +Tomé la suya inocentemente y dile la mía. Ofrecíle mi persona para +hacerle espaldas, mas él, que tenía trazado el deshacerme las mías, +dijo que le importaba ir solo, que me fuese. + +No bien me aparté de él con su capa, cuando ordena el diablo que dos +que lo aguardaban para cintarearlo por una mujercilla, entendiendo por +la capa que yo era don Diego, levantan y empiezan una lluvia de +espaldarazos sobre mí. Yo di voces, y en ellas y la cara conocieron +que no era yo. Huyeron y yo quedéme en la calle con los cintarazos. +Disimulé tres o cuatro chichones que tenía y detúveme un rato, que +no osé entrar en la calle, de miedo. En fin, a las doce, que era a la +hora que solía hablar con ella, llegué a la puerta; y emparejando, +cierra uno de los que me aguardaban por don Diego, con un garrote +conmigo, y dame dos palos en las piernas y derríbame en el suelo; y +llega el otro, y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la +capa, y déjanme en el suelo, diciendo: + +-¡Así pagan los pícaros embustidores mal nacidos! + +Comencé a dar gritos y a pedir confesión; y como no sabía lo que +era, aunque sospechaba por las palabras que acaso era el huésped de +quien me había salido con la traza de la Inquisición, o el carcelero +burlado, o mis compañeros huidos...; y, al fin, yo esperaba de tantas +partes la cuchillada, que no sabía a quién echársela; pero nunca +sospeché en don Diego ni en lo que era. Daba voces: + +-¡A los capeadores! + +A ellas vino la justicia; levantáronme, y viendo mi cara con una +zanja de un palmo y sin capa ni saber lo que era, asiéronme para +llevarme a curar. Metiéronme en casa de un barbero, curóme, +preguntáronme dónde vivía, y lleváronme allá. Acostáronme, y +quedé aquella noche confuso, viendo mi cara de dos pedazos y tan +lisiadas las piernas de los palos, que no me podía tener en ellas ni +las sentía, robado, y de manera que ni podía seguir a los amigos, ni +tratar del casamiento, ni estar en la Corte, ni estar fuera. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo VIII: De su cura y otros sucesos peregrinos. + + +He aquí a la mañana amanece a mi cabecera la huéspeda de casa, +vieja de bien, arrugada y llena de afeite, que parecía higo +enharinado, niña si se lo preguntaban, con su cara de muesca, entre +chufa y castaña apilada, tartamuda, barbada y bizca y roma; no le +faltaba una gota para bruja. Tenía buena fama en el lugar y echábase +a dormir con ella y con cuantos querían; templaba gustos y careaba +placeres. Llamábase la Paloma; alquilaba su casa y era corredora para +alquilar otras. En todo el año no se vaciaba la posada de gente. + +Era de ver cómo ensayaba una muchacha en el taparse, lo primero +enseñándola cuáles cosas había de descubrir de su cara. A la de +buenos dientes, que riese siempre, hasta en los pésames; a la de +buenas manos, se las enseñaba a esgrimir; a la rubia, un bamboleo de +cabellos y un asomo de vedijas por el manto y la toca extremado; a +buenos ojos, lindos bailes con las niñas y dormidillos, cerrándolos, +y elevaciones mirando arriba. Pues tratada en materia de afeites, +cuervos entraban y les corregía las caras de manera que al entrar en +sus casas, de puro blancas no las conocían sus maridos. Enlucía +manos y gargantas como paredes, acicalaba dientes, arrancaba el vello; +tenía un bebedizo que llamaba Herodes, porque con él mataba los +niños en las barrigas, y hacía malparir y mal empreñar. Y en lo que +ella era más extremada era en arremedar virgos y adobar doncellas. En +solos ocho días que yo estuve en casa la vi hacer todo esto. Y para +remate de lo que era, enseñaba a pelar, y refranes que dijesen las +mujeres. Allí les decía cómo habían de encajar la joya: las niñas +por gracia, las mozas por deuda y las viejas por respeto y +obligación. Enseñaba pediduras para dinero seco y pediduras para +cadenas y sortijas. Citaba a la Vidaña, su concurrente en Alcalá, y +a la Plañosa, en Burgos, a Muñatones la de Salamanca. + +Esto he dicho para que se me tenga lástima de ver a las manos que +vine y se ponderen mejor las razones que me dijo; y empezó por estas +palabras, que siempre hablaba por refranes: + +-De donde sacan y no pon, hijo don Filipe, presto llegan al hondón; +de tales polvos, tales lodos; de tales bodas, tales tortas. Yo no te +entiendo, ni sé tu manera de vivir. Mozo eres, no me espanto que +hagas algunas travesuras, sin mirar que, durmiendo, caminamos a la +güesa: yo, como montón de tierra, te lo puedo decir. +¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda +sin saber cómo, y que te han visto aquí ya estudiante, ya pícaro, y +ya caballero, y todo por las compañías! Dime con quién andas, hijo, +y diréte quién eres; cada oveja con su pareja; sábete, hijo, que de +la mano a la boca se pierde la sopa. Anda, bobillo que si te +inquietaban mujeres, bien sabes tú que soy yo fiel perpetuo en esta +tierra de esa mercaduría, y que me sustento de las posturas, así que +enseño como que pongo, y que nos damos con ellas en casa, y no +andarte con un pícaro y otro pícaro, tras una alcorzada y otra +redomadona, que gasta las faldas con quien hace sus mangas. Yo te juro +que hubieras ahorrado muchos ducados si te hubieras encomendado a mí +porque no soy nada amiga de dineros. Y por mis entenado y difuntos, y +así yo haya buen acabamiento, que aun lo que me debes de la posada no +te lo pidiera agora, a no haberlo menester para unas candelicas y +hierbas (que trataba en botes, sin ser boticaria, y si la untaban las +manos, se untaba y salía de noche por la puerta del humo). + +Yo que vi que había acabado la plática y sermón en pedirme, que, +con ser su tema, acabó en él y no comenzó, como todos hacen, no me +espanté de la visita, que no me la había hecho otra vez mientras +había sido su huésped, si no fue un día que me vino a dar +satisfacciones de que había oído que me habían dicho no sé qué de +hechizos y que la quisieron prender y escondió la calle; vínome a +desengañar y a decir que era otra de su nombre. + +Yo la conté su dinero y, estándosele dando, la desventura, que nunca +me olvida, y el diablo, que se acuerda de mí, trazó que la venían a +prender por amancebada, y sabían que estaba el amigo en casa. +Entraron en mi aposento; como me vieron en la cama y a ella conmigo, +cerraron con ella y conmigo y diéronme cuatro o seis empellones muy +grandes y arrastráronme fuera de la cama. A ella la tenían asida +otros dos tratándola de alcahueta y bruja. ¡Quién tal pensara de +una mujer que hacía la vida referida! + +A las voces del alguacil y a mis quejas, el amigo, que era un frutero +que estaba en el aposento de adentro, dio a correr. Ellos que lo +vieron y supieron por lo que decía otro huésped de casa que yo lo +era arrancaron tras el picaño, y asiéronle y dejáronme a mí +repelado y apuñeado; y con todo mi trabajo me reía de lo que los +picarones decían a la Guía. Porque uno la miraba y decía: + +-¡Qué bien os estará una mitra, madre, y lo que me holgaré de +veros consagrar tres mil nabos a vuestro servicio! + +Otro: + +-Ya tienen escogidas plumas los señores alcaldes, para que entréis +bizarra. + +Al fin, trujeron el picarón, y atáronlos entrambos. Pidiéronme +perdón y dejáronme solo. Yo quedé algo aliviado de ver a mi buena +huéspeda en el estado que tenía sus negocios; y así, no tenía otro +cuidado sino el de levantarme a tiempo que la tirase mi naranja. +Aunque, según las cosas que contaba una criada que quedó en casa, yo +desconfié de su prisión, porque me dijo no sé qué de volar, y +otras cosas que no me sonaron bien. + +Estuve en la casa curándome ocho días, y apenas podía salir; +diéronme doce puntos en la cara, y hube de ponerme muletas. Halléme +sin dinero, porque los cien reales se consumieron en la cura, comida y +posada; y así, para no hacer más gasto no teniendo dinero, +determiné de salirme con dos muletas de la casa, y vender mi vestido, +cuellos y jubones, que era todo muy bueno. Hícelo y compré con lo +que me dieron un coleto de cordobán viejo y un jubonazo de estopa +famoso, mi gabán de pobre, remendado y largo, mis polainas y zapatos +grandes, la capilla del gabán en la cabeza, un Cristo de bronce +traía colgando del cuello, y un rosario. + +Impúsome en la voz y frases doloridas de pedir un pobre que entendía +de la arte mucho, y así comencé luego a ejercitarlo por las calles. +Cosíme sesenta reales que me sobraron en el jubón, y con eso me +metí a pobre fiado en mi buena prosa. Anduve ocho días por las +calles, aullando en esta forma, con voz dolorida y realzamiento de +plegarias: «¡Dalde, buen cristiano, siervo del Señor, al pobre +lisiado y llagado; que me veo y me deseo!» Esto decía los días de +trabajo, pero los días de fiesta comenzaba con diferente voz, y +decía: «¡Fieles cristianos y devotos del Señor! ¡Por tan alta +princesa como la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, dalde una +limosna al pobre tullido y lastimado de la mano del Señor!» Y paraba +un poco, que es de grande importancia, y luego añadía: «¡Un aire +corrupto en hora menguada trabajando en una viña, me trabó mis +miembros, que me vi sano y bueno como se ven y se vean, loado sea el +Señor!» + +Venían con esto los ochavos trompicando y ganaba mucho dinero. Y +ganara más si no se me atravesara un mocetón mal encarado, manco de +los brazos y con una pierna menos, que me rondaba las mismas calles en +un carretón y cogía más limosna con pedir mal criado. Decía con +voz ronca, rematando en chillido: «¡Acordaos siervos de Jesucristo, +del castigado del Señor por sus pecados! ¡Dalde al pobre lo que Dios +reciba!» Y añadía: «¡Por el buen Jesú!»; y ganaba que era un +juicio. Yo advertí, y no dije más Jesús, sino quitábale la s, y +movía a más devoción. Al fin, yo mudé de frasecicas y cogía +maravillosa mosca. + +Llevaba metidas entrambas piernas en una bolsa de cuero, y liadas, y +mis dos muletas. Dormía en un portal de un cirujano, con un pobre de +cantón, uno de los mayores bellacos que Dios crió. Estaba +riquísimo, y era como nuestro retor; ganaba más que todos; tenía +una potra muy grande, y atábase con un cordel el brazo por arriba, y +parecía que tenía hinchada la mano y manca, y calentura, todo junto. +Poníase echado boca arriba en su puesto, y con la potra defuera, tan +grande como una bola de puente, y decía: «¡Miren la pobreza y el +regalo que hace el Señor al cristiano!» Si pasaba mujer decía: +«¡Ah, señora hermosa, sea Dios en su ánima!» Y las más, porque +las llamase así, le daban limosna y pasaban por allí aunque no fuese +camino para sus visitas. Si pasaba un soldadico: «¡Ah, señor +capitán!», decía; y si otro hombre cualquiera: «¡Ah, señor +caballero!» Si iba alguno en coche, luego le llamaba señoría, y si +clérigo en mula, señor arcediano. En fin, él adulaba terriblemente. +Tenía modo diferente para pedir los días de los santos; y vine a +tener tanta amistad con él, que me descubrió un secreto con que en +dos días estuvimos ricos. Y era que este tal pobre tenía tres +muchachos pequeños, que recogían limosna por las calles y hurtaban +lo que podían; dábanle cuenta a él y todo lo guardaba. Iba a la +parte con dos niños de la cajuela en las sangrías que hacían de +ellas, y tomé el mismo arbitrio, y él me encaminó la gentecica a +propósito. + +Halléme en menos de un mes con más de doscientos reales horros. Y +últimamente me declaró, con intento que nos fuésemos juntos, el +mayor secreto y la más alta industria que cupo en mendigo, y la +hicimos entrambos. Y era que hurtábamos niños, cada día, entre los +dos, cuatro o cinco; pregonábanlos, y salíamos nosotros a preguntar +las señas, y decíamos: «Por cierto, señor, que le topé a tal +hora, y que si no llego, que le mata un carro; en casa está». +Dábannos el hallazgo, y veníamos a enriquecer de manera que me +hallé yo con cincuenta escudos, y ya sano de las piernas, aunque las +traía entrapajadas. + +Determiné de salirme de la Corte y tomar mi camino para Toledo, donde +ni conocía ni me conocía nadie. Al fin, yo me determiné; compré un +vestido pardo, cuello y espada, y despedíme de Valcázar, que era el +pobre que dije, y busqué por los mesones en qué ir a Toledo. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo IX: En que se hace representante, poeta y +galán de monjas. + + +Topé en un paraje una compañía de farsantes que iban a Toledo. +Llevaban tres carros, y quiso Dios que entre los compañeros iba uno +que lo había sido mío del estudio en Alcalá, y había renegado y +metídose al oficio. Díjele lo que me importaba ir allá y salir de +la Corte; y apenas el hombre me conocía con la cuchillada, y no +hacía sino santiguarse de mi per signum crucis. Al fin, me hizo +amistad, por mi dinero, de alcanzar de los demás lugar para que yo +fuese con ellos. + +Íbamos barajados hombres y mujeres, y una entre ellas, la bailarina, +que también hacía las reinas y papeles graves en la comedia, me +pareció extremada sabandija. Acertó a estar su marido a mi lado, y +yo, sin pensar a quien hablaba, llevado del deseo de amor y gozarla, +díjele: + +-A esta mujer ¿por qué orden la podremos hablar, para gastar con su +merced unos veinte escudos, que me ha parecido bien por ser hermosa? + +-No me lo está a mí el decirlo, que soy su marido -dijo el hombre-, +ni tratar de eso; pero sin pasión, que no me mueve ninguna, se puede +gastar con ella cualquier dinero, porque tales carnes no tiene el +suelo, ni tal juguetoncica. + +Y diciendo esto, saltó del carro y fuese al otro, según pareció, +por darme lugar que la hablase. + +Cayóme en gracia la respuesta del hombre, y eché de ver que estos +son de los que dijera algún bellaco que cumplen el precepto de San +Pablo de tener mujeres como si no las tuviesen, torciendo la sentencia +en malicia. Yo gocé de la ocasión, habléla, y preguntóme que +adónde iba y algo de mi vida. Al fin, tras muchas palabras, dejamos +concertadas para Toledo las obras. Íbamos holgando por el camino +mucho. + +Yo, acaso, comencé a representar un pedazo de la comedia de San +Alejo, que me acordaba de cuando muchacho, y representélo de suerte +que les di codicia. Y sabiendo, por lo que yo le dije a mi amigo que +iba en la compañía, mis desgracias y descomodidades, díjome que si +quería entrar en la danza con ellos. Encareciéronme tanto la vida de +la farándula, y yo, que tenía necesidad de arrimo y me había +parecido bien la moza, concertéme por dos años con el autor. Hícele +escritura de estar con él y diome mi ración y representaciones. Y +con tanto, llegamos a Toledo. + +Diéronme que estudiar tres o cuatro loas y papeles de barba, que los +acomodaba bien con mi voz. Yo puse cuidado en todo y eché la primera +loa en el lugar. Era de una nave, de lo que son todas, que venía +destrozada y sin provisión; decía lo de «este es el puerto», +llamaba a la gente «senado», pedía perdón de las faltas y +silencio, y entréme. Hubo un víctor de rezado, y al fin parecí bien +en el teatro. + +Representamos una comedia de un representante nuestro (que yo me +admiré de que fuesen poetas, porque pensaba que el serlo era de +hombres muy doctos y sabios, y no de gente tan sumamente lega). Y +está ya de manera esto que no hay autor que no escriba comedias, ni +representante que no haga su farsa de moros y cristianos; que me +acuerdo yo antes, que si no eran comedias del buen Lope de Vega, y +Ramón, no había otra cosa. + +Al fin, hízose la comedia el primer día y no la entendió nadie; al +segundo, empezámosla y quiso Dios que empezaba por una guerra, y +salía yo armado y con rodela, que, si no, a manos de mal membrillo, +tronchos y badeas, acabo. No se ha visto tal torbellino, y ello +merecíalo la comedia, porque traía un rey de Normandía sin +propósito, en hábito de ermitaño, y metía dos lacayos por hacer +reír, y al desatar de la maraña no había más de casarse todos y +allá vas. Al fin, tuvimos nuestro merecido. + +Tratamos todos muy mal al compañero poeta, y yo principalmente, +diciéndole que mirase de la que nos habíamos escapado y +escarmentase. Díjome que jurado a Dios, que no era suyo nada de la +comedia, sino que de un paso tomado de uno y otro de otro, había +hecho aquella capa de pobre, de remiendo, y que el daño no había +estado sino en lo mal zurcido. Confesóme que los farsantes que +hacían comedias todo les obligaba a restitución, porque se +aprovechaban de cuanto habían representado, y que era muy fácil, y +que el interés de sacar trescientos o cuatrocientos reales les ponía +aquellos riesgos; lo otro, que como andaban por esos lugares, les +leían unos y otros comedias: -«Tomámoslas para verlas, +llevámonoslas y con añadir una necedad y quitar una cosa bien dicha, +decimos que es nuestra». Y declaróme como no había habido farsante +jamás que supiese hacer una copla de otra manera. No me pareció mal +la traza, y yo confieso que me incliné a ella, por hallarme con +algún natural a la poesía; y más, que tenía yo conocimiento con +algunos poetas y había leído a Garcilaso; y así, determiné de dar +en el arte. Y con esto y la farsanta y representar pasaba la vida. Que +pasado un mes que había que estábamos en Toledo, haciendo comedias +buenas y enmendando el yerro pasado, ya yo tenía nombre, y habían +llegado a llamarme Alonsete, que yo había dicho llamarme Alonso, y +por otro nombre me llamaban el Cruel, por serlo una figura que había +hecho con gran aceptación de los mosqueteros y chusma vulgar. Tenía +ya tres pares de vestidos y autores que me pretendían sonsacar de la +compañía. Hablaba de entender de la comedia, murmuraba de los +famosos, reprehendía los gestos a Pinedo, daba mi voto en el reposo +natural de Sánchez, llamaba bonico a Morales, pedíanme el parecer en +el adorno de los teatros y trazar las apariencias. Si alguno venía a +leer comedia yo era el que la oía. + +Al fin, animado con este aplauso, me desvirgué de poeta en un +romancico y luego hice un entremés y no pareció mal. Atrevíme a una +comedia y porque no escapase de ser divina cosa la hice de Nuestra +Señora del Rosario. Comenzaba con chirimías, había sus ánimas de +purgatorio y sus demonios, que se usaban entonces, con su «bu, bu» +al salir, y «rri, rri» al entrar; caíale muy en gracia al lugar el +nombre de Satán en las copias y el tratar luego de si cayó del cielo +y tal. En fin, mi comedia se hizo y pareció muy bien. + +No me daba manos a trabajar, porque acudían a mí enamorados, unos +por coplas de cejas y otros de ojos, cuál soneto de manos y cuál +romancico para cabellos. Para cada cosa tenía su precio, aunque, como +había otras tiendas, porque acudiesen a la mía, hacía barato. +¿Pues villancicos? Hervía en sacristanes y demandaderas de monjas; +ciegos me sustentaban a pura oración, ocho reales de cada una; y me +acuerdo que hice entonces la del Justo Juez, grave y sonorosa, que +provocaba a gestos. Escribí para un ciego, que las sacó en su +nombre, las famosas que empiezan: + + Madre del Verbo humanal, + Hija del Padre divino, + dame gracia virginal, etc. + +Fui el primero que introdujo acabar las coplas como los sermones, con +«aquí gracia y después gloria», en esta copla de un cautivo de +Tetuán: + + Pidámosle sin falacia + al alto Rey sin escoria, + pues ve nuestra pertinacia, + que nos quiera dar su gracia, + y después allá la gloria. Amén. + +Estaba viento en popa con estas cosas, rico y próspero, y tal, que +casi aspiraba ya a ser autor. Tenía mi casa muy bien aderezada, +porque había dado para tener tapicería barata en un arbitrio del +diablo, y fue de comprar reposteros de tabernas, y colgarlos. +Costáronme veinte y cinco o treinta reales y eran más para ver que +cuantos tiene el Rey, pues por estos se veía de puro rotos y por +esotros no se verá nada. + +Sucedióme un día la mejor cosa del mundo, que aunque es en mi +afrenta, la he de contar. Yo me recogía en mi posada, el día que +escribía comedia, al desván, y allí me estaba y allí comía; +subía una moza con la vianda y dejábamela allí. Yo tenía por +costumbre escribir representando recio, como si lo hiciera en el +tablado. Ordena el diablo que a la hora y punto que la moza iba +subiendo por la escalera, que era angosta y oscura, con los platos y +olla, yo estaba en un paso de una montería, y daba grandes gritos +componiendo mi comedia; y decía: + + Guarda el oso, guarda el oso, + que me deja hecho pedazos, + y baja tras ti furioso; + +que entendió la moza (que era gallega), como oyó decir «baja tras +ti» y «me deja», que era verdad y que la avisaba. Va a huir y con +la turbación písase la saya y rueda toda la escalera, derrama la +olla y quiebra los platos, y sale dando gritos a la calle diciendo que +mataba un oso a un hombre. Y por presto que yo acudí ya estaba toda +la vecindad conmigo preguntando por el oso, y aun contándoles yo +cómo había sido ignorancia de la moza, porque era lo que he referido +de la comedia, aun no lo querían creer; no comí aquel día. +Supiéronlo los compañeros y fue celebrado el cuento en la ciudad. Y +de estas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio +de poeta y no salí del mal estado. + +Sucedió, pues, que a mi autor (que siempre paran en esto), sabiendo +que en Toledo le había ido bien, le ejecutaron no sé por qué deudas +y le pusieron en la cárcel, con lo cual nos desmembramos todos y +echó cada uno por su parte. Yo, si va a decir verdad, aunque los +compañeros me querían guiar a otras compañías, como no aspiraba a +semejantes oficios y el andar en ellos era por necesidad, ya que me +veía con dineros y bien puesto, no traté de más que de holgarme. + +Despedíme de todos; fuéronse, y yo, que entendí salir de mala vida +con no ser farsante, si no lo ha V. Md. por enojo, di en amante de +red, como cofia, y por hablar más claro, en pretendiente de +Antecristo, que es lo mismo que galán de monjas. Tuve ocasión para +dar en esto porque una a cuya petición había yo hecho muchos +villancicos se aficionó en un auto del Corpus de mí viéndome +representar un San Juan Evangelista (que lo era ella). Regalábame la +mujer con cuidado y habíame dicho que sólo sentía que fuese +farsante, porque yo había fingido que era hijo de un gran caballero, +y dábala compasión. Al fin, me determiné de escribirla lo +siguiente: + + CARTA + +«Más por agradar a V. Md. que por hacer lo que me importaba, he +dejado la compañía; que, para mí, cualquiera sin la suya es +soledad. Ya seré tanto más suyo cuanto soy más mío. Avíseme +cuándo habrá locutorio y sabré juntamente cuándo tendré gusto», +etc. + +Llevó el billetico la andadera; no se podrá creer el contento de la +buena monja sabiendo mi nuevo estado. Respondióme de esta manera: + + RESPUESTA + +«De sus buenos sucesos antes aguardo los parabienes que los doy, y me +pesara de ello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno. +Podemos decir que ha vuelto en sí; no resta agora sino perseverancia +que se mida con la que yo tendré. El locutorio dudo por hoy, pero no +deje de venirse V. Md. a vísperas, que allí nos veremos, y luego por +las vistas, y quizá podré yo hacer alguna pandilla a la abadesa. Y +adiós», etc. + +Contentóme el papel, que realmente la monja tenía buen entendimiento +y era hermosa. Comí y púseme el vestido con que solía hacer los +galanes en las comedias. Fuime derecho a la iglesia, recé, y luego +empecé a repasar todos los lazos y agujeros de la red con los ojos +para ver si parecía, cuando Dios y enhorabuena, que más era diablo y +en hora mala, oigo la seña antigua: empieza a toser y yo a toser, y +andaba una tosidura de Barrabás. Arremedábamos un catarro y parecía +que habían echado pimiento en la iglesia. Al fin, yo estaba cansado +de toser, cuando se me asoma a la red una vieja tosiendo, y eché de +ver mi desventura (que es peligrosísima seña en los conventos; +porque como es seña a las mozas, es costumbre en las viejas, y hay +hombre que piensa que es reclamo de ruiseñor y le sale después +graznido de cuervo). + +Estuve gran rato en la iglesia, hasta que empezaron vísperas. Oílas +todas, que por esto llaman a los enamorados de monjas «solenes +enamorados», por lo que tienen de vísperas, y tienen también que +nunca salen de vísperas del contento, porque no se les llega el día +jamás. + +No se creerá los pares de vísperas que yo oí. Estaba con dos varas +de gaznate más del que tenía cuando entré en los amores, a puro +estirarme para ver, gran compañero del sacristán y monacillo y muy +bien recibido del vicario, que era hombre de humor. Andaba tan tieso +que parecía que almorzaba asadores y que comía virotes. + +Fuime a las vistas, y allá, con ser una plazuela bien grande, era +menester enviar a tomar lugar a las doce, como para comedia nueva: +hervía en devotos. Al fin, me puse en donde pude; y podíanse ir a +ver, por cosas raras, las diferentes posturas de los amantes. Cuál, +sin pestañear, mirando con su mano puesta en la espada y la otra con +el rosario, estaba como figura de piedra sobre sepulcro; otro, alzadas +las manos y extendidos los brazos a lo seráfico recibiendo las +llagas; cuál, con la boca más abierta que la de mujer pedigüeña, +sin hablar palabra, la enseñaba a su querida las entrañas por el +gaznate; otro, pegado a la pared, dando pesadumbre a los ladrillos, +parecía medirse con la esquina; cuál se paseaba como si le hubieran +de querer por el portante, como a macho; otro, con una cartica en la +mano, a uso de cazador con carne, parecía que llamaba halcón. Los +celosos eran otra banda; éstos, unos estaban en corrillos riéndose y +mirando a ellas; otros, leyendo coplas y enseñándoselas; cuál, para +dar picón, pasaba por el terrero con una mujer de la mano; y cuál +hablaba con una criada echadiza que le daba un recado. + +Esto era de la parte de abajo y nuestra, pero de la de arriba, adonde +estaban las monjas, era cosa de ver también; porque las vistas era +una torrecilla llena de rendijas toda, y una pared con deshilados, que +ya parecía salvadera y ya pomo de olor. Estaban todos los agujeros +poblados de brújulas; allí se veía una pepitoria, una mano y +acullá un pie; en otra parte había cosas de sábado: cabezas y +lenguas, aunque faltaban sesos; a otro lado se mostraba buhonería: +una enseñaba el rosario, cuál mecía el pañizuelo, en otra parte +colgaba un guante, allí salía un listón verde. Unas hablaban algo +recio, otras tosían; cuál hacía la seña de los sombrereros, como +si sacara arañas, ceceando. + +En verano es de ver cómo no sólo se calientan al sol, sino se +chamuscan, que es gran gusto verlas a ellas tan crudas y a ellos tan +asados. En invierno acontece con la humedad nacerle a uno de nosotros +berros y arboledas en el cuerpo. No hay nieve que se nos escape ni +lluvia que se nos pase por alto, y todo esto, al cabo, es para ver a +una mujer por red y vidrieras, como hueso de santo; es como enamorarse +de un tordo en jaula, si habla, y si calla, de un retrato. Los favores +son todos toques, que nunca llegan a cabes: un paloteadico con los +dedos. Hincan las cabezas en las rejas y apúntanse los requiebros por +las troneras. Aman al escondite. ¡Y verlos hablar quedito y de +rezado! ¡Pues sufrir una vieja que riñe, una portera que manda y una +tornera que miente! Y lo mejor es ver cómo nos piden celos de las de +acá fuera, diciendo que el verdadero amor es el suyo, y las causas +tan endemoniadas que hallan para probarlo. + +Al fin, yo llamaba ya «señora» a la abadesa, «padre» al vicario y +«hermano» al sacristán, cosas todas que con el tiempo y el curso +alcanza un desesperado. Empezáronme a enfadar las torneras con +despedirme y las monjas con pedirme. Consideré cuán caro me costaba +el infierno, que a otros se da tan barato y en esta vida, por tan +descansados caminos. Veía que me condenaba a puñados y que me iba al +infierno por sólo el sentido del tacto. Si hablaba, solía, porque no +me oyesen los demás que estaban en las rejas, juntar tanto con ellas +la cabeza, que por dos días siguientes traía los hierros estampados +en la frente, y hablaba como sacerdote que dice las palabras de la +consagración. No me veía nadie que no decía: «¡Maldito seas, +bellaco monjil!», y otras cosas peores. + +Todo esto me tenía revolviendo pareceres y casi determinado a dejar +la monja, aunque perdiese mi sustento. Y determinéme el día de San +Juan Evangelista, porque acabé de conocer lo que son las monjas. Y no +quiera V. Md. saber más de que las Bautistas todas enronquecieron +adrede, y sacaron tales voces, que en vez de cantar la misa la +gimieron, no se lavaron las caras y se vistieron de viejo. Y los +devotos de las Bautistas, por desautorizar la fiesta, trujeron +banquetas en lugar de sillas a la iglesia, y muchos pícaros del +rastro. Cuando yo vi que las unas por el un santo y las otras por el +otro trataban indecentemente de ellos, cogiéndola a mi monja, con +título de rifárselos, cincuenta escudos de cosas de labor, medias de +seda, bolsicos de ámbar y dulces, tomé mi camino para Sevilla, +temiendo que si más aguardaba había de ver nacer mandrágoras en los +locutorios. + +Lo que la monja hizo de sentimiento, más por lo que la llevaba que +por mí, considérelo el pío lector. + + + * * * * * + + +Libro Tercero: Capítulo X: De lo que le sucedió en Sevilla hasta +embarcarse a Indias. + + +Pasé el camino de Toledo a Sevilla prósperamente, porque como yo +tenía ya mis principios de fullero y llevaba dados cargados con nueva +pasta de mayor y de menor, y tenía la mano derecha encubridora de un +lado -pues preñada de cuatro paría tres-, llevaba gran provisión de +cartones de lo ancho y de lo largo para hacer garrotes de morros y +ballestilla, y así, no se me escapaba dinero. + +Dejo de referir otras muchas flores, porque a decirlas todas me +tuvieran más por ramillete que por hombre; y también, porque antes +fuera dar que imitar que referir vicios de que huyan los hombres. Mas +quizá declarando yo algunas chanzas y modos de hablar, estarán más +avisados los ignorantes y los que leyeron mi libro serán engañados +por su culpa. + +No te fíes, hombre, en dar tú la baraja, que te la trocarán al +despabilar de una vela. Guarda el naipe de tocamientos, raspados o +bruñidos, cosa con que se conocen los azares. Y por si fueres +pícaro, lector, advierte que en cocinas y caballerizas pican con un +alfiler u doblan los azares, para conocerlos por lo hendido. Si +tratares con gente honrada guárdate del naipe, que desde la estampa +fue concebido en pecado, y que con traer atravesado el papel, dice lo +que viene. No te fíes de naipe limpio, que al que da vista y retén, +lo más jabonado es sucio. Advierte que a la carteta, el que hace los +naipes que no doble más arqueadas las figuras, fuera de los reyes, +que las demás cartas, porque el tal doblar es por tu dinero difunto. +A la primera, mira no den de arriba las que descarta el que da y +procura que no se pidan cartas u por los dedos en el naipe u por las +primeras letras de las palabras. + +No quiero darte luz de más cosas; estas bastan para saber que has de +vivir con cautela, pues es cierto que son infinitas las maulas que te +callo. «Dar muerte» llaman quitar el dinero, y con propiedad; +«revesa» llaman la treta contra el amigo, que de puro revesada no la +entiende; «dobles» son los que acarrean sencillos para que los +desuellen estos rastreros de bolsas; «blanco» llaman al sano de +malicia y bueno como el pan y «negro» al que deja en blanco sus +diligencias. + +Yo, pues, con ese lenguaje y con estas flores, llegué a Sevilla con +el dinero de las camaradas, gané el alquiler de las mulas y la comida +y dineros a los huéspedes de las posadas. Fuime luego a apear al +mesón del Moro, donde me topó un condiscípulo mío de Alcalá, que +se llamaba Mata, y agora se decía, por parecerle nombre de poco +ruido, Matorral. Trataba en vidas y era tendero de cuchilladas, y no +le iba mal. Traía la muestra de ellas en su cara, y por las que le +habían dado concertaba tamaño y hondura de las que había de dar. +Decía: «No hay tal maestro como el bien acuchillado»; y tenía +razón, porque la cara era una cuera y él un cuero. Díjome que me +había de ir a cenar con él y otros camaradas, y que ellos me +volverían al mesón. + +Fui; llegamos a su posada, y dijo: + +-«Ea, quite la capa vuacé, y parezca hombre, que verá esta noche +todos los buenos hijos de Jevilla. Y porque no lo tengan por maricón, +ahaje ese cuello y agobie de espaldas; la capa caída, que siempre +nosotros andamos de capa caída; ese hocico, de tornillo, gestos a un +lado y a otro; y haga vucé de las j, h, y de las h, j. Diga conmigo: +jerida, mojino, jumo, pahería, mohar, habalí, y harro de vino». +Tomélo de memoria. Prestóme una daga, que en lo ancho era alfanje, y +en lo largo, de comedimiento suyo no se llamaba espada, que bien +podía. + +-Bébase -me dijo- esta media azumbre de vino puro, que si no da +vaharada no parecerá valiente. + +Estando en esto, y yo con lo bebido atolondrado, entraron cuatro de +ellos, con cuatro zapatos de gotoso por caras, andando a lo columpio, +no cubiertos con las capas sino fajados por los lomos; los sombreros +empinados sobre la frente, altas las faldillas de delante que +parecían diademas; un par de herrerías enteras por guarniciones de +dagas y espadas; las conteras en conversación con el calcañar +derecho; los ojos derribados, la vista fuerte; bigotes buidos a lo +cuerno, y barbas turcas, como caballos. + +Hiciéronnos un gesto con la boca, y luego a mi amigo le dijeron, con +voces mohínas, sisando palabras: + +-Seidor. + +-So compadre -respondió mi ayo. + +Sentáronse, y para preguntar quién era yo, no hablaron palabra, sino +el uno miró a Matorrales, y abriendo la boca y empujando hacia mí el +labio de abajo me señaló, a lo cual mi maestro de novicios satisfizo +empuñando la barba y mirando hacia abajo. Y con esto, se levantaron +todos y me abrazaron, y yo a ellos, que fue lo mismo que si catara +cuatro diferentes vinos. + +Llegó la hora de cenar; vinieron a servir unos pícaros que los +bravos llaman «cañones». Sentámonos a la mesa; aparecióse luego +el alcaparrón; empezaron, por bienvenido, a beber a mi honra, que yo +hasta que la vi beber no entendí que tenía tanta. Vino pescado y +carne, y todo con apetitos de sed. Estaba una artesa en el suelo llena +de vino y allí se echaba de buces el que quería hacer la razón; +contentóme la penadilla; a dos veces, no hubo hombre que conociese al +otro. + +Empezaron pláticas de guerra; menudeábanse los juramentos; murieron +de brindis a brindis, veinte o treinta sin confesión; recetáronsele +al asistente mil puñaladas; tratóse de la buena memoria de Domingo +Tiznado y Gayón, derramóse vino en cantidad al ánima de Escamilla; +los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al mal logrado +Alonso Álvarez. Y a mi compañero, con estas cosas, se le +desconcertó el reloj de la cabeza y dijo, algo ronco, tomando un pan +con las dos manos y mirando a la luz: + +-Por esta, que es la cara de Dios, y por aquella luz que salió por la +boca del ángel, que si vucedes quieren, que esta noche hemos de dar +al corchete que siguió al pobre Tuerto. + +Levantóse entre ellos alarido disforme, y desnudando las dagas, lo +juraron poniendo las manos cada uno en el borde de la artesa, y +echándose sobre ella de hocicos; dijeron: + +-Así como bebemos este vino hemos de beberle la sangre a todo +acechador. + +-¿Quién es este Alonso Álvarez -pregunté- que tanto se ha sentido +su muerte? + +-Mancebito -dijo el uno- lidiador ahigadado, mozo de manos y buen +compañero. ¡Vamos, que me retientan los dimoños! + +Con esto salimos de casa a montería de corchetes. Yo, como iba +entregado al vino y había renunciado en su poder mis sentidos, no +advertí al riesgo que me ponía. Llegamos a la calle de la Mar, donde +encaró con nosotros la ronda. No bien la columbraron, cuando, sacando +las espadas, la embistieron; yo hice lo mismo, y limpiamos dos cuerpos +de corchetes de sus malditas ánimas al primer encuentro. El alguacil +puso la justicia en sus pies y apeló por la calle arriba dando voces. +No lo pudimos seguir, por haber cargado delantero. Y, al fin, nos +acogimos a la Iglesia Mayor, donde nos amparamos del rigor de la +justicia y dormimos lo necesario para espumar el vino que hervía en +los cascos. Y vueltos ya en nuestro acuerdo, me espantaba yo de ver +que hubiese perdido la justicia dos corchetes y huido el alguacil de +un racimo de uvas, que entonces lo éramos nosotros. + +Pasábamoslo en la iglesia notablemente, porque al olor de los +retraídos vinieron ninfas, desnudándose para vestirnos. +Aficionóseme la Grajales; vistióme de nuevo de sus colores. Súpome +bien y mejor que todas esta vida; y así, propuse de navegar en ansias +con la Grajal hasta morir. Estudié la jacarandina y en pocos días +era rabí de los otros rufianes. + +La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondábanos la puerta, +pero, con todo, de media noche abajo, rondábamos disfrazados. Yo que +vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme, no +de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como +obstinado pecador, determiné, consultándolo primero con la Grajal, +de pasarme a Indias con ella y ver si mudando mundo y tierra +mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda +parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no +de vida y costumbres. + + + * * * * * + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Historia de la vida del Buscón, +llamado Don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, by Francisco de Quevedo + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA *** + +***** This file should be named 32315-8.txt or 32315-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/2/3/1/32315/ + + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/32315-8.zip b/32315-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..f63088c --- /dev/null +++ b/32315-8.zip diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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