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-The Project Gutenberg EBook of Lo que dice la historia, by Salvador Brau
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org
-
-
-Title: Lo que dice la historia
- Cartas al señor Ministro de Ultramar
-
-Author: Salvador Brau
-
-Release Date: March 13, 2013 [EBook #42321]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LO QUE DICE LA HISTORIA ***
-
-
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-
-Produced by Carlos Colon, University of Connecticut
-Libraries and the Online Distributed Proofreading Team at
-http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive)
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- Nota del Transcriptor:
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
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-
- LO QUE DICE LA HISTORIA
-
- CARTAS
-
- AL SEÑOR MINISTRO DE ULTRAMAR
-
- POR EL DIRECTOR DE «EL CLAMOR DEL PAIS»
-
- Y SECRETARIO GENERAL DEL PARTIDO AUTONOMISTA PUERTORRIQUEÑO
-
-
- D. SALVADOR BRAU
-
- [Ilustración]
-
- MADRID
-
- TIPOGRAFÍA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ
- Libertad, 16 duplicado.
- 1893
-
-
-
-
-ADVERTENCIA
-
-
-_Imprímese este folleto por varios puertorriqueños residentes en Madrid
-y en él se reproducen_ LAS CARTAS AL MINISTRO DE ULTRAMAR _que, con el
-pseudónimo de_ Casimiro Claro, _ha publicado en_ EL CLAMOR DEL PAÍS _el
-Director de aquel periódico y Secretario general del Partido Autonomista
-Puertorriqueño, D. Salvador Brau._
-
-_En ellas ha interpretado su autor con elocuente acierto el sentimiento
-patriótico herido en la Pequeña Antilla por el funesto error de escindir
-la idea de la Nación, clasificando á los españoles para el ejercicio de
-sus derechos en tres clases: españoles peninsulares á quienes se
-reconoce el llamado sufragio universal, españoles cubanos á quienes se
-exige la cuota de_ CINCO PESOS _para intervenir con su voto en la vida
-nacional, y españoles puertorriqueños á quienes no se reconoce ese
-derecho sino mediante la cuota de_ DIEZ PESOS.
-
-_Al imprimir el presente folleto los puertorriqueños, que con ese fin
-nos hemos reunido, hemos querido que el pueblo peninsular conozca esas
-páginas de la historia de nuestra lealtad á la causa Nacional, que ni
-ésta ni aquélla consienten que se pase sin protesta semejante atropello
-á nuestros derechos de españoles, desconocidos ú olvidados por el
-Ministro de Ultramar al proceder á una reforma que ha venido á agravar
-el error mismo que debía haber subsanado._
-
- Varios puertorriqueños.
-
- MADRID y Marzo de 1893.
-
-
-Este folleto no se vende. Las personas que deseen adquirirlo pueden
-dirigirse al _Sr. D. Mario Brau Zuzuarregui_, calle de Jacometrezo, 74,
-principal derecha.
-
-
-
-
-AL SEÑOR MINISTRO DE ULTRAMAR
-
-
-
-
-I
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-La calificación de _españoles de tercera clase_ que acaba vuecencia de
-adjudicarnos á los puertorriqueños, háceme sospechar que--apesar de los
-profundos estudios coloniales que le asisten, y merced á los cuales
-habrá podido llegar al alto puesto que, para regocijo de _cuneros_,
-ocupa,--acaso por la grandeza de esos mismos estudios, si no por la
-exigüidad del territorio que ocupamos los que recibiéramos de los Reyes
-Católicos una ovejuela por cívico blasón, no ha llegado vuecencia á
-apreciar la significativa trascendencia de nuestra historia.
-
-No es esto de extrañarse en un Ministro de ahora, cuando alguno de los
-de enantes tomó á nuestra isla por una especie de Remedios ó
-Gibara--cuando no una isla de Pinos,--regiones de la Gran Antilla,
-olvidándose de que entre Cuba y Puerto Rico media nada menos que Santo
-Domingo, la cuna del imperio español en América, hoy convertida en dos
-repúblicas independientes entre sí.
-
-Errores geográficos de tal naturaleza son de suyo muy salientes, pero
-aún han de asumir carácter más grave, cuando informadas por ellos se ven
-surgir determinaciones que afectan á la consubstancialidad de un derecho
-perfectamente heredado, custodiado y ejercitado.
-
-Deseando que vuecencia pueda, en lo sucesivo evitarse esas caídas y
-evitárselas á sus sucesores, me permito dirigirle estos apuntes, que con
-gusto escribiría en mallorquín, si conociera ese dialecto; pero en estas
-escuelas _jíbaras_ en que cursé rural enseñanza, no se enseña otra
-gramática que la de la Real Academia Española, y á lo poco que de sus
-preceptos recogí he de atenerme, para hacerme entender de vuecencia.
-
-Instalados en Puerto Rico algunos centenares de españoles en la primera
-década del siglo XVI, al eclipsarse en el sepulcro reyes como Fernando
-el Católico y ministros como el Cardenal Jiménez de Cisneros, que
-designaran á la naciente colonia un procurador en Cortes, solos,
-entregados á sus propios esfuerzos, se quedan aquellos fundadores de
-nuestro pueblo.
-
-La atención de los primeros Austrias se aplica á trastornar el mapa
-europeo; la emigración colonial se encauza hacia los ricos imperios
-descubiertos por Cortés y Pizarro. La población de Puerto Rico,
-diezmada por la viruela y el paludismo y azotada por ciclones
-devastadores, se ofrece como cebo fácil á las represalias de los
-vencidos en Nápoles y el Piamonte. Buques franceses asaltan en 1528,
-1538 y 1554 las playas meridionales de la isla, y unos tras otros han de
-darse á la fuga, ahuyentados por el heroico brazo de aquellos Robinsones
-anémicos, encariñados con el terruño.
-
-Tras los franceses vienen los ingleses, guiados en 1595 por el célebre
-Francis Drake, quien, á pesar de su flota de veintitrés velas, no logra
-posesionarse del puerto de la capital.
-
-Siguen á los ingleses los holandeses que en 1625 á las órdenes del
-general Boudoin Henry, se apoderan de la ciudad, la incendian y
-acorralan al gobernador D. Juan de Haro con su fuerza en el castillo del
-Morro. Los campesinos del interior corren á San Juan y acosan al
-invasor, que cogido entre dos fuegos huye vergonzosamente.
-
-En este último año se apoderan los franceses de la _Dominica_ y más
-tarde de la _Guadalupe_, islas orientales próximas; los holandeses se
-adueñan de _Tórtola_ y luego de _Curazao_; en _Santómas_ y _Santa Cruz_
-se da al viento el pabellón dinamarqués; en 1655 los ingleses arrebatan
-á Jamaica; San Cristóbal, San Martín, Barbada, todo el archipiélago
-descubierto por Colón en su segundo viaje se aparta de la soberanía
-española; hasta Santo Domingo, la colonia primada, ve arropada en 1640
-la mitad de su territorio por las lises de Francia; en tanto Puerto
-Rico, la colonia pastoril, el peñón estratégico, el feraz cuanto
-olvidado terruño, mantiene inalterable, en medio de esas
-transformaciones, su sagrada nacionalidad. Y la mantiene por la voluntad
-de sus moradores.
-
-Los reyes han levantado una fortaleza junto á un puerto, para que puedan
-hacer cómodas escalas sus galeones; pero los cañones de esa fortaleza no
-bastarían á amparar las playas desmanteladas y accesibles á cualquier
-rapacidad extranjera, si no estuviera pronto á oponer barrera
-inexpugnable á la codicia de los intrusos el temerario valor de los
-rudos colonos.
-
-Para sostener la escasa guarnición de esa plaza fuerte destinan los
-reyes corto _situado_, que proveen las rentas del virreinato de Méjico;
-para fomentar el desarrollo de la colonia, siquiera materialmente, no se
-estima necesaria ninguna asignación. Puerto Rico es un presidio
-americano, no una sociedad civil, ni una plaza mercante, ni una factoría
-agrícola. Ni procedimientos administrativos le dan vida, ni estudios
-económicos revelan que en su porvenir productivo haya parado mientes la
-Corona.
-
-Cuando en 1765 emergencias de la política internacional aconsejan á
-Carlos III enviar al general O'Reilly para reconocer el estado de la
-isla, el caudillo se asombra del acrecimiento de la población, de su
-esparcimiento por los campos y de la actividad mercantil que se
-desarrolla por sus costas.
-
-La ley económica del cambio es ineludible; no acudiendo á llenarla la
-metrópoli, los colonos de San Juan, solicitados por los extranjeros
-adueñados de las islas vecinas, restablecieron comercialmente el
-equilibrio entre el consumo y la producción, entregando á buques
-ingleses, daneses y holandeses sus maderas y ganados á trueque de
-artefactos de labranza, telas para cubrir sus desnudeces y armas y
-proyectiles para su personal defensa.
-
-Ese comercio ninguna utilidad reportaba á las rentas nacionales, mas no
-tenían culpa de ello los colonos, que en sus relaciones llegaban, en
-bien del acrecimiento de la colonia, á procurar la selección de la raza
-europea, por medio de enlaces conyugales entre sus hijas y los tratantes
-marítimos, atrayéndolos á residir en el país, pero no dispuestos á
-transigir jamás con pretensiones rapaces nocivas á la nacionalidad que,
-como sagrada herencia, recibieran de sus progenitores.
-
-Si por ventura alguna vez se les consideraba débiles para mantener ese
-empeño leal, y los soldados extranjeros invadían las costas, como
-aconteciera en 1703 por Arecibo, surgían criollos como Antonio de los
-Reyes Correa, cuya bravura hubo de reconocer Felipe V.
-
-Y si más tarde, en 1797--recordando acaso la hazaña de 1762 en que la
-bandera inglesa sustituyó á la española arriada en las fortalezas
-cubanas del Morro y la Cabaña,--se presentaba ante los muros de Puerto
-Rico una escuadra británica de treinta buques, con seis mil hombres de
-desembarco, á la carencia de tropa de línea suplía la exaltación del
-paisanaje, atacando, machete en mano, sin vacilaciones, blancos y
-negros, propietarios y esclavos, las trincheras enemigas hasta lucir
-aquella alborada de un _Dos de Mayo_ que iluminó la fuga de los
-sitiadores, lanzados sobre la isla de Trinidad, española como Puerto
-Rico, pero cuyos habitantes no supieron ó no quisieron, como los
-puertorriqueños, mantener inalterable en su territorio la bandera de
-España.
-
-Eso arrojan los fastos históricos de esta isla en los siglos XVI, XVII y
-XVIII. ¿No le parecen suficientes esos datos al señor ministro para
-caracterizar la personalidad cívica del pueblo puertorriqueño? Pues
-dígnese aguardar otra epístola, porque lo mejor queda por decir, y no
-pretende fatigarle este humildísimo servidor, que las manos besa á
-vuecencia.
-
-
-
-
-II
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-En mi carta precedente hube de recordar á vuecencia la venida del
-general O'Reilly á Puerto Rico, en calidad de comisario regio, allá por
-los tiempos de don Carlos Tercero, y ahora añado que á ese mismo período
-corresponde otra comisión: la de escribir nuestra historia insular;
-empeño confiado por el conde de Floridablanca, al monje benedictino fray
-Iñigo Abbad.
-
-Uno y otro comisionado llenaron á conciencia su tarea. O'Reilly probó
-que sabía ver, al cerrar su informe con esta advertencia: «La
-importancia de la situación de la isla de Puerto Rico, la bondad de su
-puerto, la fertilidad, ricos productos y población, las ventajas que
-debe producir á nuestro comercio, el irreparable daño que nos resultaría
-de poseerla los extranjeros, piden, me parece, la más seria y más pronta
-atención del Rey y de sus Ministros.» Fray Iñigo demostró que sabía
-sentir las necesidades públicas, al estampar en su análisis histórico
-estas líneas; «La autoridad y gobierno depositados en un militar
-padecen sus alteraciones, según la mayor instrucción y modo de pensar
-del que gobierna... Acostumbrados á mandar con ardor y á ser obedecidos
-sin réplica, se detienen poco en las formalidades establecidas para la
-administración de justicia, tan necesarias para conservar el derecho de
-las partes. Este sistema hace odiosos á algunos que no conocen que el
-interés del gobierno debe ser el bien del público y que jamás hará éste
-progreso en la industria ni en las artes mientras no tenga amor y
-confianza en el que gobierna.»
-
-Como esos pareceres datan de 1775 á 1780, ya puede vuecencia convencerse
-de que el reconocimiento de las inconveniencias atribuídas á nuestro
-gobierno civil servido por funcionarios militares, á la vez que la
-recomendación de acudir con medidas económicas á desarrollar, en bien de
-los intereses políticos de la nación, las condiciones naturales y
-sociales de Puerto Rico, cuentan con oficial abolengo y más que secular
-longevidad.
-
-Es verdad que ni la Corona ni sus ministros dieron señales de haberse
-identificado con la previsión de los informantes; pero cierto es también
-que los insulares no justificaron los fundamentos en que aquella
-previsión se cimentaba. El asedio británico, al corporizar el codicioso
-deseo extranjero presentido por el general irlandés, lejos de hallar
-debilitado el amor del pueblo puertorriqueño á su gobierno--como temía
-el sacerdote historiador,--selló con nuevo timbre sus tradiciones
-leales. Al desvío de la metrópoli respondió la colonia acendrando el
-sentimiento de la nacionalidad. A mayor desdén, adhesión más resuelta.
-
-Ni el señor don Carlos Cuarto ni su privilegiado ministro don Manuel
-Godoy supieron apreciar esa conducta. Fué necesario que estallase el
-glorioso levantamiento de 1808, y que las regiones metropolitanas
-llamasen á sus hermanas de Ultramar á ejercitar, en familia, la
-Soberanía nacional que correspondía á todas, para que á las Cortes de
-Cádiz concurriese un hijo de Puerto Rico, don Ramón Power, trayendo de
-allí por la mano, á su tierra natal, á don Alejandro Ramírez, el
-fundador de esta Hacienda insular cuyas rentas cubren hoy,
-aproximadamente, un presupuesto de cuatro millones de pesos, consumidos
-en prestigio de España, sin gravar en un céntimo el Tesoro de la
-metrópoli.
-
-La administración de Ramírez es fecunda. Abre los puertos al comercio
-internacional y mata el contrabando; por sus influencias se crea la
-Sociedad Económica de Amigos del País y con su pluma acude á la prensa
-periódica á vigorizarla; por sus solicitudes se favorece la inmigración
-de colonos extranjeros que acuden á aplicar sus capitales y
-conocimientos al fomento de la industria sacarina. El ingreso en la vida
-política nacional desarrolla progreso en la colonia, que responde á ese
-reconocimiento de sus derechos cívicos con una nueva y más espléndida
-explosión de patriotismo.
-
-Porque no todas las regiones ultramarinas habían seguido la conducta de
-Puerto Rico. En las capitanías generales de Venezuela y Nueva Granada se
-había respondido al llamamiento fraternal de la metrópoli proclamando en
-1811 la independencia territorial, al grito de ¡Viva la República! El
-Ecuador las sigue; Buenos Aires, Chile, México, Perú las imitan
-sucesivamente; todo el vastísimo imperio continental concluye por
-apartarse de la Soberanía española, como se apartaran en el siglo XVII
-las islas del mar caribe; y Puerto Rico presencia esa catástrofe
-nacional, manteniendo imperturbables sus tradiciones.
-
-No es que las sugestiones revolucionarias no le asedien; no es que la
-situación creada por las circunstancias cohiba parricidas intentos; no
-es que hasta sus costas no lleguen las ráfagas de la tempestad
-arrasadora. Es que en la idiosincrasia de nuestro pueblo el amor ciego
-al terruño y el culto perseverante á la nacionalidad aparecen
-históricamente confundidas en un solo y único sentimiento, que no han
-logrado separar las más dolorosas decepciones.
-
-La prolongada y costosa guerra continental no permite mantener en Puerto
-Rico un ejército de ocupación; la guarnición de la Capital es exigua;
-no hay en el territorio guardia civil ni guardia rural ni cuerpos de
-orden público. La Nación confía en el país. Todo vecino de condición
-libre, insular, peninsular ó extranjero nacionalizado, es soldado
-_urbano_ forzoso, desde la edad de dieciséis años hasta la de sesenta, y
-está dispuesto á acudir con un arma blanca á la voz de sus _sargentos
-mayores_--propietarios rurales respetables--cada vez que se reclamen sus
-personales servicios. Esa milicia irregular nutre siete batallones de
-milicianos de infantería disciplinada, un regimiento de caballería y
-varias secciones de artillería instaladas en los puertos. El Tesoro
-subvenciona solamente á la oficialidad; los pueblos proveen al sustento
-de los retenes; el Estado da el arma, los soldados se pagan el uniforme,
-las caballerías y el forraje. Ese es el ejército que custodia el
-territorio de Puerto Rico durante la guerra del continente; ésas las
-fuerzas opuestas á los corsarios colombianos que invaden las costas, que
-llegan en Aguadilla á clavar los cañones del fuerte, y que son
-rechazados de todas partes, como los franceses, ingleses y holandeses en
-épocas anteriores.
-
-Los puertorriqueños demuestran de ese modo que son dignos de ejercitar
-el derecho de ciudadanía española absoluta que les reconocieran las
-Cortes soberanas de 1812. Al decreto sanguinoso de Trujillo, en que
-Bolívar condena á muerte á todos los españoles, responde nuestra isla
-abriendo un puerto de refugio á los amenazados emigrantes. Familias
-enteras corren á guarecerse en el peñón salvador; al amor de su paz
-legendaria restablecen el hogar destruído, y cuando la convulsión
-termina, cuando al torbellino de la guerra se impone el deber de aceptar
-sus consecuencias, el Tesoro insular, esa Hacienda creada por las
-inteligentes y activas gestiones del puertorriqueño don Ramón Power,
-paga, en nombre de la nación, las pensiones vitalicias asignadas á las
-viudas y huérfanos de los que murieron en Costa firme defendiendo los
-derechos de España, y á los funcionarios procedentes de aquellas
-regiones se conceden cargos análogos en la administración de la isla,
-postergando para ello los méritos y servicios contraídos por los
-naturales de la comarca.
-
-¡Y á los que ilustran su historia con tal derroche de civismo, ofrece
-vuecencia, como por misericordia, el título de _españoles de tercera
-clase_!
-
-Bien es verdad que esa consecuencia de ahora tiene un antecedente: las
-Cortes de 1837. Su recuerdo impone una tercera epístola, que de antemano
-recomienda á la benévola atención de vuecencia su humildísimo servidor.
-
-
-
-
-III
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-Puesto que he traído á cuento en mi anterior la organización de las
-milicias puertorriqueñas, bueno será recordar un hecho que acentúa el
-carácter de sus servicios, contrayéndome para ello á la reincorporación
-de Santo Domingo, cedido por el rey de España á la República francesa en
-1795, y cuyos habitantes se levantaron en armas contra los nuevos
-dominadores, al producirse la invasión de su antigua metrópoli por las
-falanges napoleónicas.
-
-Concertado el movimiento por don Juan Sánchez Ramírez con don Toribio
-Montes, Capitán general de Puerto Rico, dióse en Azua el grito de _¡viva
-España!_ en 1809, apoyando á los dominicanos las milicias
-puertorriqueñas, que se batieron bizarramente con los aguerridos
-soldados franceses, derrotados completamente en _Palo Hincado_ y
-obligados luego á capitular dentro de los mismos muros de Santo Domingo.
-
-Como ve vuecencia, el patriotismo de nuestros insulares no se limitaba á
-mantener sin solución de continuidad en su tierra nativa el imperio de
-España, sino que se extendía á restablecerlo en territorios vecinos cuyo
-desgajamiento de la cepa nacional había sancionado el Trono.
-
-Y no es que en Puerto Rico se ejercitase coerción extraordinaria sobre
-la voluntad de los moradores, ni que éstos ignorasen la situación
-comprometida del Estado. Instalada por el gobernador Montes la primer
-imprenta introducida en el país, y fundada en 1808 la _Gaceta del
-Gobierno_, en las columnas de este periódico y en los que la industria
-particular estableciera después libremente se registraron todos los
-actos, felices ó adversos, del levantamiento peninsular y de la
-revolución del continente. El pueblo puertorriqueño, constituído en
-custodio de su país, informaba en la noción de los hechos la conciencia
-de sus actos.
-
-Ocurre en la metrópoli la revolución de 1820; el partido _americano_
-obtiene la ampliación de medidas liberales para las colonias; la
-Constitución de la monarquía se aplica á Puerto Rico en toda su
-amplitud; en nuestra catedral se jura esa Constitución el 15 de Mayo del
-año citado, y en aquella solemne ceremonia ocupa la cátedra sagrada un
-fraile dominico, el padre Arnarante, no para condenar el liberalismo,
-sino para exhortar á los puertorriqueños á _defender de sus enemigos el
-sagrado Código_ de sus libertades; Código que hasta 1823 se vino
-explicando al pueblo desde el púlpito por los curas párrocos y á los
-alumnos de primeras letras por los maestros, en sus escuelas
-respectivas, bajo la inspección de los Ayuntamientos y por prescripción
-expresa del jefe político de la isla.
-
-Sobreviene en 1823 la reacción absolutista, y en ese mismo año surgen en
-la gran Antilla los primeros chispazos del fuego separatista que
-incendiaba el continente; en 1824 una sublevación militar, que no
-secunda el pueblo cubano, estalla al grito de _¡Viva la Constitución!_;
-en 1828 se descubre la conspiración de Puerto Príncipe, que lleva á
-Agüero al cadalso, y en 1836 se pronuncia en Santiago de Cuba el general
-Lorenzo, proclamando la Constitución del año _doce_. Santo Domingo,
-movido por el célebre Núñez de Cáceres, había vuelto á arriar la bandera
-española, colocándose bajo el protectorado de Colombia, que dejó caer la
-comarca bajo la dominación de Haití. Puerto Rico, en tanto, tranquilo,
-circunspecto, mantiene su legendaria adhesión; echa de menos las
-libertades suspendidas, pero confía en la acción del progreso para
-recobrarlas, y consecuente con las desdichas públicas que entristecen á
-la metrópoli, lejos de acudir á aumentarlas con sediciosas aventuras,
-cuida de abrillantar con perseverante resignación sus leales timbres.
-
-La muerte de Fernando VII trae al fin una esperanza al país; el motín de
-la Granja la duplica; la convocatoria á Cortes constituyentes en 1837
-promete satisfacer la necesidad sentida... y la satisface con el segundo
-de sus artículos adicionales: _Las provincias de Ultramar serán
-gobernadas por leyes especiales_.
-
-El efecto producido por esa determinación debió, señor Ministro,
-revestir caracteres idénticos al que ha ocasionado ahora la calificación
-con que nos ha obsequiado vuecencia.
-
-Cuando todo el imperio continental luchaba por separarse de España, se
-llamaba á los americanos á ejercitar la soberanía nacional en que se les
-consideraba partícipes; cuando no quedaban más territorios españoles en
-América que Cuba y Puerto Rico, se les negaba el derecho de
-representación, y llamando _provincias_ á ambas islas, se las obligaba á
-someterse á leyes especiales que dictarían las _provincias_
-metropolitanas á título de dominadoras.
-
-La monarquía absoluta se había extinguido en España; el discrecionalismo
-militar iba á nacer en las Antillas. La transición fué muy brusca. ¿Qué
-la motivó? ¿Acaso la situación geográfica de Cuba, su importancia
-colonial ó los fermentos antinacionales en ella manifiestos? ¿Era en
-este caso justo supeditar la isla menor á la mayor? ¿Cuándo, desde los
-días de la conquista, se habían hermanado el gobierno ni la
-administración de las dos comarcas? ¿Cuándo la una había auxiliado á la
-otra en los empeños de su colonización? ¿Dónde estaban los vínculos
-históricos, etnográficos, administrativos ó siquiera comerciales que
-daban razón á esa solidaridad _especial_ en que querían confundirlas los
-legisladores de 1837?
-
-Los puertorriqueños hubieron de apreciar todo eso, mas no protestaron.
-Se les ofrecían _leyes especiales_ y las aguardaron en silencio durante
-treintiun años.
-
-Pero si no vinieron las leyes, sobrevino inmediatamente un
-recrudecimiento de poderío militar irresponsable, representado por el
-Capitán general, de cuyas demasías era juez único la Corona, sin
-intervención de las Cortes, y con ese género de gobernación arbitraria
-nos llegó, por desgracia, un elemento de perturbación desconocido hasta
-entonces en esta tierra hidalga: la suspicacia política.
-
-Se aparentaba olvidar la fidelidad intachable del país, para suponerle
-imbuído por las ideas de independencia que había regado en América el
-genio de Bolívar. Ya en 1839, pequeña reyerta popular durante una
-función de saltimbánquis allá por el oeste de la isla, servía de base
-para un procedimiento militar contra los que, al supuesto grito de
-_¡Viva Colombia!_ trataban de sublevar al país... ¡Y uno de los
-procesados había vertido su sangre en Buenos Aires, defendiendo la
-bandera de España!
-
-¡Cuántas de estas supercherías hemos debido contemplar en silencio!
-¡Cuántas noches se hizo acampar al raso á los pobres milicianos, en las
-humedades de una playa desierta, aguardando con sus mohosos fusiles de
-chispa buques filibusteros fabricados por intrigantes especuladores!
-
-¿Y cómo revelar aquellos hechos, sin voz en el Parlamento? ¿Cómo
-censurarlos en la prensa aherrojada por el veto absoluto que prohibía
-llamar _tirano_ á Herodes y había borrado el verbo _libertar_ y sus
-sustantivados del diccionario de la lengua? ¿Cómo reunirse los vecinos
-para acordar la redacción de una queja al monarca, cuando toda reunión
-de más de tres personas era reputada clandestina y todo escrito que
-autorizasen más de tres firmas daba en la cárcel con sus autores?
-
-Suprimidos los Ayuntamientos, la administración municipal económica,
-litigiosa y criminal se confió á los corregidores, representantes del
-Capitán general, que á su vez ejercía funciones judiciales como
-presidente de la Audiencia, financieras como Superintendente de
-Hacienda, eclesiásticas como Vice-real patrono, y legislativas con
-extensión superior á las Cortes, pues que llegaban á anular los
-principios más rudimentarios del derecho natural, con bandos como el del
-general López Baños, que declaraba á todo hombre ó mujer libres sin
-propiedad territorial, obligados á colocarse al servicio de un
-terrateniente.
-
-Sin escuelas, sin libros cuya introducción se entorpecía en las
-Aduanas, sin periódicos de la metrópoli cuya circulación se
-interceptaba, sin representación, sin municipios, sin pensamiento ni
-conciencia, sólo un objeto debía absorber las funciones físicas y
-psicológicas de nuestro pueblo: fabricar azúcar; ¡mucho azúcar! para
-venderlo á los Estados Unidos é Inglaterra. La factoría en plena
-explotación. Mucho oro para los grandes plantadores, que tras del azúcar
-enviaban á sus hijos al extranjero en solicitud de títulos académicos
-que no podían obtener en el país, y que después de largos años de
-residencia en naciones libres y cultas regresaban á la tierra natal á
-participar de aquellas riñas galleriles reglamentadas por los Capitanes
-generales, cuando no á avergonzarse de aquellos cultos en que la ruleta,
-el monte y los desórdenes coreográficos se ofrecían como holocausto
-religioso de un pueblo cuya riqueza se fundaba en el envilecimiento del
-trabajo por la esclavitud, cuya voluntad se esterilizaba por la atrofia
-del espíritu y cuyas costumbres se corrompían con festivales monstruosos
-en que el ritmo de la zambra y el chasquido del inhumano fuete se
-confundían en un solo eco, bajo la placidez de una atmósfera serena y
-entre los perfumes de una vegetación exuberante.
-
-Hago aquí punto, excelentísimo señor. Me produce cansancio esta ingrata
-recordación.
-
-Con promesa de continuar, besa las manos de vuecencia.
-
-
-
-
-IV
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-Puede que al leer los últimos párrafos de mi anterior--si es posible que
-en estas humildes cartas fije su atención todo un ministro de la
-Corona,--se le ocurra á vuecencia preguntar: ¿Y cómo correspondía ese
-pueblo á la conducta gubernativa que con él se observaba?
-
-La pregunta sería natural; la respuesta resulta históricamente
-singularísima.
-
-Por consecuencia de la resolución parlamentaria de 1837, los capitanes
-generales de las Antillas quedaron autorizados para aplicar de lleno el
-Decreto de 28 de Mayo de 1825, que les confería las facultades
-extraordinarias adjudicadas en las Reales Ordenanzas á los gobernadores
-de _plazas sitiadas_. Ese fué nuestro código político, el _estado de
-sitio permanente_. En su aplicación se justificaron las alteraciones
-advertidas por el padre Abbad en 1780, _según la mayor instrucción y
-modo de pensar del general que lo aplicaba_. Y el país seguía mansamente
-la alternatibilidad de esas oscilaciones.
-
-¿Venía Méndez de Vigo y fundaba una _casa de beneficencia_ para
-huérfanos y dementes? Pues se vitoreaba á Méndez de Vigo. ¿Venía Pezuela
-y condenaba las fiestas _sanjuaneras_ y establecía la _libreta_? Pues se
-aceptaba la libreta y se suprimían las fiestas. ¿Llegaba Norzagaray y
-restablecía las carreras de caballos? Pues á correr como centauros otra
-vez. Masa popular muy dúctil la puertorriqueña, se amoldaba á todas las
-situaciones y soportaba su vaivén resignadamente, reservándose
-aprovechar todas las coyunturas, para dar testimonio de la
-inalterabilidad de sus legendarios sentimientos nacionales.
-
-En 1848 dicta el conde de Reus el draconiano Código negro, por temor á
-las turbulencias de los esclavos en las Antillas vecinas, y acto
-continuo desguarnece la isla para auxiliar con fuerzas de infantería y
-artillería al gobernador de la isla danesa _Santa Cruz_. Ni un esclavo
-se insubordina en Puerto Rico; ni una vez tiene que ejercitarse la
-terrible severidad del inútil Código.
-
-En 1860 arroja la metrópoli aguerridas huestes sobre las playas
-tingitanas; reverdecen en Tetuán los laureles de Orán y la Goleta; la
-Nación se une en una sola voluntad para apoyar aquella campaña, y los
-puertorriqueños, factores negativos en la vida política de la nación,
-funden su espíritu en el espíritu nacional y ofrecen su bolsa para
-formar aquel _donativo para la guerra de Africa_, auxilio cuantioso al
-Tesoro metropolitano, testimonio de identificación con los principios
-que mantuvieran en aquella guerra el honor de la bandera de España.
-
-Tres años después se aceptaba la anexión de Santo Domingo, propuesta á
-su antigua metrópoli, los puertorriqueños celebraban con fiestas
-populares tan trascendental acontecimiento. Torpezas administrativas
-produjeron en breve la insurrección de los anexados, y un batallón de
-milicianos de Puerto Rico acudió á la vecina isla á compartir con los
-soldados peninsulares las amarguras de una guerra desastrosa, cuyos
-gastos hubo de soportar el presupuesto de Puerto Rico, con avances á
-título de _Deuda de Cuba_, porque al Tesoro de la Antilla mayor se
-adjudicó la provisión, pero que no fueron luego devueltos.
-
-Ya ve vuecencia cómo ha de considerarse muy singular la correspondencia
-de relaciones entre la nación y la colonia. Para los efectos de la
-representación parlamentaria no se reputaba ciudadanos españoles á los
-puertorriqueños; para los empeños honrosos de la nación, dentro y fuera
-del territorio, los puertorriqueños solicitaban y llenaban los deberes
-inherentes á la ciudadanía de los hijos de España.
-
-Los gobiernos de la metrópoli no concedían valor á esa conducta. La
-vanidad de Argüelles y las intransigencias de Tacón habían informado la
-confusión de Cuba con Puerto Rico en el artículo adicional á la
-Constitución de 1837; las Cortes moderadas de 1845 ratificaron en su
-artículo 80 la promesa de leyes especiales para Ultramar; Cuba era la
-más extensa, la más importante, la más rica de las dos Antillas; no era
-posible conceder á la menor lo que se negara á la mayor; la confusión
-continuó. Pero sus efectos no fueron idénticos.
-
-Los nombres de Plácido en 1843, de Narciso López en 1851 y del catalán
-Pintó en 1855 revelan con carácteres sangrientos qué género de protesta
-informaba la opinión de una parte del pueblo cubano contra el despotismo
-colonial que le asfixiaba: es en vano buscar rastros idénticos en la
-historia de Puerto Rico.
-
-Y sin embargo, medidas por un rasero fueron entrambas comarcas, lo mismo
-imperando el absolutismo de Narvaez que el convencionalismo de O'Donell.
-De nuevo se hacía caso omiso de la lealtad puertorriqueña, pero abriendo
-ahora herida más dolorosa, pues que la cultura popular había adquirido,
-merced al desarrollo mercantil, vuelo mayor.
-
-Los viajes de los comerciantes puertorriqueños al emporio cosmopolita de
-Santhomas debían ser muy frecuentes, y en Santhomas hallaban puerto de
-refugio los emigrados políticos más exaltados del vecino continente.
-
-El incremento de la producción sacarina en Puerto Rico trajo por
-consecuencia la necesidad de solicitar en la República norteamericana
-y en Inglaterra mercados consumidores del producto, y los viajes
-á esos países libres imponían la comparación entre su régimen
-político-administrativo y el que en la colonia se ejercitaba; de aquí
-que las relaciones mercantiles facilitaran la comunicación de ideas, la
-extensión de conocimientos expansivos y el deseo de obtener en el país
-propio el ejercicio de unos derechos individuales que, lejos de producir
-daño, fomentaban el incremento de la riqueza pública en aquellas zonas
-donde se veían ejercitar.
-
-Agréguese á esto, excelentísimo señor ministro, el periódico ingreso en
-la isla de hombres educados desde niños en París, Londres, Filadelfia,
-Bruselas, Madrid, Barcelona, Caracas ó New-York, y que influídos por la
-educación y vigorizados por la ilustración debían hallarse en aptitud de
-sentir y apreciar el contraste entre las sociedades que abandonaban y
-aquella en que necesariamente debían figurar como miembros, y podrá
-vuecencia considerar cuál podía ser el estado de los espíritus en Puerto
-Rico y cuál la aspiración justísima de sus moradores.
-
-Esa aspiración se sintetiza en 1865 bajo el lema _Todo con España; sin
-España nada_. A mantenerla acuden unidos peninsulares é insulares,
-jóvenes y ancianos, comerciantes y hacendados, togados y labradores; el
-capitán general trata de sofocarla, pero inútilmente. Los cubanos han
-levantado igual bandera; gran número de peninsulares los apoyan, y el
-Gobierno de la Metrópoli aparenta ceder al clamoreo general, dictándose
-aquel decreto de 25 de Noviembre que autorizara al Ministerio de
-Ultramar para abrir una información sobre las bases en que debían
-cimentarse las leyes especiales prometidas desde 1837.
-
-El criterio gubernamental continuaba confundiendo en una sola entidad
-territorial á Cuba y Puerto Rico; los acontecimientos dieron á conocer
-la dualidad, y no debieron adjudicar en ella puesto superior al
-territorio mayor.
-
-El interrogatorio era idéntico para entrambas islas y tomaba por base la
-esclavitud de la raza africana; los cubanos lo aceptaron y discutieron;
-tres de los informantes puertorriqueños, considerando _absolutamente
-opuesta al buen nombre de España la conservación de ese estado social_,
-se abstuvieron de absolver las preguntas en ningún sentido, pidiendo
-desde luego, como ley fundamental, «la abolición inmediata de la
-esclavitud, con indemnización ó sin ella, con ó sin reglamentación de
-trabajo.»
-
-La divergencia era muy saliente; ella demostraba al Gobierno de doña
-Isabel segunda que no satisfacían á los puertorriqueños procedimientos
-que los cubanos aceptaban; si la información se inspiraba en la
-sinceridad, y la audiencia de los comisionados no era vana fórmula,
-preciso era desvanecer la confusión que entre Cuba y Puerto Rico se
-venía manteniendo... La Junta se disolvió y las leyes especiales no
-parecieron.
-
-¿Produjo la inutilidad de aquel acto la anteposición de los intereses
-cubanos al clamor de justicia que los puertorriqueños mantenían? Acaso
-sea fácil á vuecencia esclarecer esa duda, merced al alto sitio que
-ocupa. Yo sólo alcanzaré á decirle que la celebérrima información nos
-trajo hondas perturbaciones. Puertorriqueños dignísimos fueron
-expatriados de su país en 1867 sin formación de causa; todo
-abolicionista fué declarado sospechoso; la suspicacia halló cebo en que
-saciar sus insidias, y gracias á que triunfó en Alcolea el alzamiento
-revolucionario de 1868, no fueron más graves sus consecuencias.
-
-Para entonces ya se había dado al viento en Cuba la bandera separatista,
-y como todo debe decirse á vuecencia, añadiré que en nuestra tierra
-también se produjo, por primera vez, revoltosa escaramuza, pero tan
-insignificante que bastaron á sofocarla _diez y seis milicianos rurales
-mandados por un maestro de escuela_.
-
-En la proclama á los puertorriqueños por consecuencia de la algarada de
-Lares, decíales el capitán general: «Las pruebas y demostraciones
-públicas que en estos días habéis dado de vuestra acrisolada lealtad...
-se han elevado mucho más de lo que yo imaginar podía... Acojo este
-momento para daros las gracias más cumplidas por la cooperación personal
-y pecuniaria que todos los pueblos y todas las clases de la sociedad me
-habéis ofrecido.»
-
-La insurrección iniciada en Yara se mantuvo diez años y consumió ríos de
-oro y sangre á la nación.
-
-¡Y clasificado hoy el españolismo de cubanos y puertorriqueños, nos
-asigna vuecencia el grado inferior!
-
-Reitero mis respetos, señor ministro, y me despido hasta la próxima.
-
-
-
-
-V
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-Reanudo estas mal hilvanadas misivas haciendo presente á vuecencia que
-las noticias sobre el alzamiento de Cádiz y el triunfo de Alcolea fueron
-recibidas en nuestra isla con júbilo indescriptible. Los puertorriqueños
-vieron llegar con el nuevo régimen el restablecimiento de sus
-postergados derechos, y á fe que no se engañaron. El gobierno
-provisional, al convocar á Cortes constituyentes, extendió á Puerto Rico
-el derecho de sufragio.
-
-Se ha dicho que esa medida hubo de informarse en la actitud rebelde que
-en Cuba mantenían los separatistas, creyéndose por tal medio inducirles
-á deponer las armas y extinguiendo á la vez en nuestra isla toda idea
-análoga á la que en Lares tuviera manifestación.
-
-Sea de ello lo que fuese, á los hechos me atengo, señor ministro. Y los
-hechos fueron satisfactorios para el país.
-
-Los representantes de Puerto Rico concurrieron con los de la Metrópoli á
-discutir la Constitución de 1869 y continuaron asistiendo á las Cortes
-sucesivas, hasta el momento en que, reunidas ambas Cámaras en Asamblea
-Nacional, al abdicar don Amadeo, proclamaron en 1873 la República,
-declarando á la vez abolida la esclavitud en nuestra isla.
-
-Hasta entonces, aunque los Diputados puertorriqueños tomasen asiento en
-las Cámaras nacionales, desapareciendo así la postergación fulminada en
-1837, la Constitución no se había aplicado á la comarca; dentro de sus
-principios se nos regía por decretos; la prensa había cobrado cierta
-expansión: se constituyó una Diputación provincial, y el derecho de
-reunión para fines políticos fué concedido. El espíritu de la Revolución
-informaba ciertamente esas medidas, pero con el carácter asimilador y
-nada más. La _especialidad_ prevalecía; el gobierno de la República nos
-elevó á la identidad. El Título 1.º de la Constitución de 1869, la
-libertad absoluta de imprenta y la de cultos, enseñanza, reunión y
-asociación nos fueron concedidas tal y como en la metrópoli se
-ejercitaban, y se nos aplicó una Ley municipal expansiva, garantida por
-sufragio popular amplísimo. _Todo el que sabía leer y escribir ó pagaba
-alguna cuota de contribución al Tesoro, fué declarado elector._
-
-Esto hizo en favor del olvidado Puerto Rico la República española. A ese
-gobierno eminentemente nacional, estuvo reservado el reconocimiento del
-civismo de nuestro pueblo, acordándole un testimonio de confraternidad
-inspirada en sentimientos de justicia.
-
-El pueblo puertorriqueño demostró ser el mismo en la adversidad que en
-el triunfo: 70.000 esclavos acaban de sacudir, por acto repentino, la
-coyunda, y su voz, unida á la de sus desposeídos dueños, estalló en
-vítores entusiastas á la Madre patria. Se recordaban las amarguras
-extinguidas, pero se congratulaban los ánimos de haber sabido obtener
-con la cordura la adhesión y la paz inalterable, aquel deseado ingreso
-en la vida política de la nación.
-
-La República no tuvo por qué arrepentirse de su obra. La Metrópoli ardía
-en cruenta guerra civil; en Cuba continuaba dándose al viento la bandera
-separatista; Puerto Rico mantuvo su tranquilidad legendaria; ejercitó
-concienzudamente sus derechos; constituyó sus Ayuntamientos; eligió
-Diputados con el nuevo y amplísimo sufragio, y al inquirirse de las
-localidades--después del golpe de Estado de 1874--las ideas que
-abrigaban sobre los acontecimientos metropolitanos, todas sin excepción
-protestaron su acatamiento al Poder constituído que la nación
-reconociese.
-
-En nombre de ese Poder se trastornaba un mes después todo el régimen
-establecido en la isla, y como se amordazase la prensa para que no
-pudiese dar voz á las protestas de la opinión, el partido liberal, es
-decir, la inmensa mayoría del país, apeló al retraimiento.
-
-En favor de un partido que pretendía acaparar para sí solo el título de
-español, la representación de la riqueza pública y el mantenimiento del
-orden, se cometían aquellas violencias; los hombres de ideas liberales
-se cruzaron de brazos, dejándoles hacer, pero dejándoles también la
-absoluta responsabilidad de los acontecimientos. Creían los
-conservadores bastarse solos para administrar el país, y se burlaron del
-retraimiento. Cuatro años después, el órgano más antiguo y más
-caracterizado del tradicionalismo lanzaba el grito _¡Fuera cuneros!_ que
-debía promover una conciliación de las fuerzas electorales unidas para
-vencer un vicio entronizado en el país, que ha venido anulando el
-derecho representativo. Influencias gubernativas anularon aquella
-conciliación. El _cunerismo_ triunfó.
-
-A todo esto el general Martínez Campos había conseguido traer á los
-cubanos separatistas á una avenencia en el Zanjón. En ese pacto se
-ofreció á la Antilla mayor todo lo que á Puerto Rico se concediese, y la
-guerra terminó.
-
-La Constitución de 1876 se promulgó en ambas islas, resucitándose el
-artículo adicional de 1837: _Cuba y Puerto Rico se regirán por Leyes
-especiales_. Del sufragio universal dignamente ejercitado, caímos en el
-censo restringido por la contribución al Tesoro de 25 pesos para
-diputados á Cortes y de 5 pesos para Concejales y Diputados de
-provincia.
-
-De los Ayuntamientos presididos por Alcaldes populares descendimos á la
-presidencia de Alcaldes, _empleados del gobierno_, funcionarios sin
-responsabilidad, agentes electorales nombrados por el Gobernador General
-discrecionalmente.
-
-Y así se nos cercenaron todos los derechos amplísimos que el Gobierno de
-la República nos había reconocido, y que con toda corrección supimos
-ejercitar.
-
-Superiores á Cuba antes del Zanjón, se nos coloca á su nivel después de
-aquel pacto. No se consideraba prudente conceder á los cubanos las
-libertades de que habíamos gozado los puertorriqueños, y amalgamando de
-nuevo dos territorios, física, histórica y etnográficamente distintos,
-se anulaba nuestra personalidad cívica, supeditándola á la de los
-cubanos. ¿Habíamos sido leales? Pues se nos trataba como á rebeldes. ¿No
-habíamos hecho causa común con los cubanos en sus diez años de lucha
-fratricida? Pues, como si lo fuese; las consecuencias de la insurrección
-cayeron con inmensa pesadumbre sobre nuestro pueblo.
-
-Esto no era justo... ¡qué justo! ni medianamente racional; y me prometo
-que así habrá de apreciarlo vuecencia. Como lo apreció todo el pueblo
-puertorriqueño, que no volvía del asombro al ver correspondida su
-lealtad absoluta, su fidelidad inmaculada, su longanimidad inacabable
-con semejante postergación; porque postergar era rebajar los derechos
-reconocidos por la Revolución de 1868 y ejercitados con toda plenitud,
-á lo que, como cláusula en un pacto de pacificación, pudiera concederse
-á un pueblo rebelde.
-
-No faltó quien dijese á los objecionistas: «¿Pero no observáis cómo á
-los esclavos que hicieron armas en la insurrección se les declaró, desde
-luego, en libertad absoluta, y á los que continuaron fieles, sumisos,
-trabajando asiduamente, se les sometió al patronato? Son esas exigencias
-inevitables de la política, á que es forzoso someternos. España necesita
-un último sacrificio y hay que apelar á nuestra tradicional resignación
-para concederlo.»
-
-Y el sacrificio se aceptó... pero no era el último ni el más cruel que
-había de imponérsenos. Siendo fieles á la bandera de España, hubimos de
-vernos confundidos, desde 1878 hasta 1892, con los que la habían
-combatido. El advenimiento de vuecencia á la poltrona ministerial disipó
-esa confusión. Nuestro derecho representativo se computa en estos
-momentos con un 50 por 100 de inferioridad al de los convenidos en el
-Zanjón.
-
-Una última epístola, señor ministro, y cesará de molestar á vuecencia su
-servidor humilde.
-
-
-
-
-VI
-
-
-Excelentísimo señor:
-
-A poco que vuecencia se haya dignado fijar la atención en estos apuntes
-que para su especial uso me he permitido coordinar, habrá podido
-convencerse de que en todo el territorio nacional no hay comarca cuyo
-patriotismo deba considerarse superior al de Puerto Rico.
-
-Ni olvidos ni desdenes debilitaron su valor, ni desafecciones vecinas ni
-consejos intencionados amenguaron su lealtad, ni pretenciones y
-sufrimientos apagaron su fe.
-
-Cuando en otras regiones se entorpecía con luchas fratricidas la acción
-de los Poderes gubernativos, en Puerto Rico se daba culto á la paz,
-protectora de la riqueza pública.
-
-Si España reconocía los derechos políticos de la región, se ejercitaban
-esos derechos con un tacto y discreción propios de sociedades
-acostumbradas á practicarlos; si un retroceso gubernamental suspendía
-las garantías obtenidas, se deploraba la suspensión, se aceptaban las
-mudanzas y se aguardaba á que la ley ineludible del progreso,
-imponiendo nueva evolución á la metrópoli, trajese á la colonia sus
-consecuencias.
-
-¿Procedería inconscientemente el país al trazarse esa línea de conducta?
-¿Atendería acaso á su conveniencia? Si se acepta lo segundo, hay que
-rechazar lo primero; para escoger lo más conveniente, forzoso fué tener
-conciencia de los peligros sociales que podrían surgir. ¿Que el carácter
-de la conveniencia debilita el mérito de la conducta por ella
-aconsejada? No; lo que quita es la condición de autómatas á los que la
-siguieron.
-
-Pueblo que ejercita la circunspección, que se ampara del trabajo, que
-rehuye revoltosas aventuras, que derrocha abnegación, que mantiene su
-civismo á prueba de desdenes y sacrificios, teniendo conciencia de la
-utilidad que han de producirle esos procedimientos, es indudable que
-sabe adónde va, que obra con perfecto conocimiento de causa, en una
-palabra, que sabe pensar y sentir, y por consiguiente, no han de serle
-desconocidos ni ha de acoger con indiferencia los accidentes que su
-proceso entorpezcan, que sus derechos vulneren ó que su decoro
-menoscaben.
-
-Si al analizar alguno de estos accidentes resulta que los impone un
-interés nacional, no hay duda que los aceptará, congratulándose de
-añadir un timbre más á su inmaculado patriotismo. Por esto se aceptaron
-sin protesta las consecuencias del convenio del Zanjón.
-
-Solicitábase la paz en Cuba; la riqueza nacional se hallaba extenuada
-por las luchas civiles, allende y aquende el océano; necesitábase
-tranquilidad para recuperar por el trabajo lo que se había malgastado
-por guerras intestinas; Cuba era más extensa, más feraz, más importante
-que Puerto Rico; el Gobierno no podía anteponer la Antilla menor á la
-mayor sin excitar rivalidades ó autorizar exigencias; ya existía desde
-1837 un principio--erróneo, pero principio al fin--de asimilación,
-política, establecido entre ambas islas: los puertorriqueños tuvieron
-todo eso en cuenta y aceptaron la solidaridad que se les imponía.
-
-No es que desconocieran ¡qué habían de desconocer! la desventajosa
-situación en que se les colocaba; no es que les fuera indiferente ver
-equiparada su conducta leal á la de un pueblo que durante diez años
-había luchada por separarse del imperio español. Se trataba precisamente
-de evitar esa lucha, diciéndole á los insurrectos: «Puerto Rico, que no
-se insurreccionó, se halla en posesión de derechos políticos, que ha
-sabido ejercitar. Imiten ustedes su cordura, sean buenos muchachos, y
-tendrán... lo mismo que á los puertorriqueños se conceda.» Los
-insurrectos depusieron las armas; los derechos que los puertorriqueños
-ejercitaban mermáronse en seguida. Ya no se legisló para Puerto Rico,
-sino para Cuba; á la suspicacia, á la cautela originadas por la rebeldía
-contenida y la reorganización consiguiente de la Antilla mayor se
-supeditaron en absoluto la lealtad, la harmonía y los derechos
-constituídos de la isla menor. De modo que la promesa del Zanjón quedó
-de hecho invertida: _á los puertorriqueños se hizo extensivo lo que á
-los cubanos se concedió_. La situación creada por este cambio fué
-perfectamente comprensible para los perjudicados, pero los intereses
-locales debían someterse á los intereses primordiales de la nación.
-Puerto Rico no protestó.
-
-Pero en la situación esta que se nos crea ahora con el sufragio
-clasificado, no concurren, señor ministro, las circunstancias que en el
-caso anterior. La nación necesitaba paz en 1878 y era deber patriótico
-contribuir á proporcionársela; ¿mas qué desarrollo de riqueza, qué
-conveniencias políticas, qué garantías territoriales han de sobrevenirle
-al Estado con someter el derecho de sufragio, en una comarca que lo
-ejercitó por modo libérrimo, á una cuota doble de la asignada á otra
-región que durante diez años luchó airadamente por desmembrarse del
-cuerpo nacional?
-
-Seamos lógicos, señor ministro. Cuba y Puerto Rico son, geográficamente,
-dos zonas distintas, mas para los efectos político-administrativos las
-consideraron idénticas los _moderados_ de 1837, la _unión liberal_ de
-1865 y los _conservadores_ y _liberales_ de la restauración borbónica;
-si vuecencia milita entre estos últimos, ¿cómo ha de insubordinarse
-contra la solidaridad doctrinal? ¿Ni cómo, establecida esta para todos
-los efectos constitucionales, podrá destinarse capítulo aparte á los
-puertorriqueños, en punto á sufragio electoral para la representación en
-Cortes?
-
-Aquí no cabe lo de las conveniencias políticas; porque ¿quién, que
-medianamente conozca el proceso histórico de Cuba y Puerto Rico, ha de
-suponer á la segunda necesitada de una restricción jurídica que no se
-ejercita en la mayor? De otra parte, ¿no fué por atender á esas
-_conveniencias_ que el gobierno asimiló las dos islas? ¿Pues qué ha
-hecho Puerto Rico desde 1878 sino ceñirse á la pauta gubernamental?
-
-Cuanto á lo de las diferencias contributivas, es más inadmisible que lo
-de las conveniencias políticas. La contribución territorial se computa
-en Puerto Rico por un tipo absoluto, el 5 por 100, comprendiéndose en él
-la fabricación del azúcar no separada de la plantación de la caña. En
-Cuba son tres, si no me engaño, los tipos que gravan la riqueza
-imponible: el 2 por 100 para las fincas rurales, el 12 por 100 para las
-industrias--comprendida en ellas la elaboración del azúcar--y el 16 por
-100 para las propiedades urbanas. Si por los tipos de contribución se
-hubiesen de regular las categorías cívicas en las Antillas españolas y á
-mayor gravamen tributario debiese reputarse casta más inferior, la
-inflexibilidad de los guarismos obligaría á determinar en el censo
-cubano tres cuotas electorales en descendente gradación. ¿Podría darse
-más saliente absurdo?
-
-Pues á mayor abundamiento, ocurre que la Intendencia de Cuba deduce á la
-riqueza sacarina el 80 por 100, en razón á gastos de cultivo y
-elaboración, y la Intendencia de Puerto Rico sólo deduce á la misma
-producción, por idénticos conceptos, el 35 por 100. De esa monstruosa
-disparidad tiene noticias el Ministerio de Ultramar desde Julio de 1892,
-por virtud de razonada queja de la Asociación de agricultores
-establecida en nuestra isla, y lejos de resolverse esa instancia
-equitativamente, se han dejado cursar los efectos de la injusticia, se
-ha seguido imponiendo contribución al agricultor puertorriqueño sobre
-productos ficticios, y limitando luego el sufragio por el guarismo de la
-cuota, se ha elevado la exacción arbitraria á axioma político
-fundamental, en esta forma: _A mayor tributo menor derecho de
-representación_.
-
-Si yo, humildísimo _jíbaro_, escaso de instrucción y adherido como una
-ostra á este infinitesimal terruño, alcanzo á apreciar todas estas
-contradicciones y á medir tales incongruencias y á sentir sus
-inevitables efectos ¿cómo ha de esperar vuecencia que no los sientan,
-midan y censuren hombres educados en países libres, nutridos con la
-ciencia del derecho que se difunde en las propias Universidades
-nacionales, fortificados con la observación analítica de los sistemas
-coloniales aplicados en regiones extranjeras á pueblos que no ostentan
-en su blasón los timbres seculares que á Puerto Rico enaltecen?
-
-Se ha dicho que privilegios de bandería cacical, en contubernio con el
-cunerismo que mixtifica la representación parlamentaria, han producido
-esa postergación deprimente del cuerpo electoral de Puerto Rico. Yo
-rechazó esa insinuación; mi patriotismo me veda atribuir al Gobierno una
-debilidad que los hechos desmienten.
-
-Pues qué, ¿no hay banderías políticas en Cuba? Siendo mayor el
-contingente representativo, ¿no habría de hallar allí el cunerismo campo
-mayor de que posesionarse? ¿Hemos de admitir que la mansedumbre de los
-puertorriqueños se tome como base imponible para la entronización de
-arbitrariedades que justifiquen la célebre frase de León y Castillo, _en
-Puerto Rico puede hacerse todo impunemente_? No, mil veces no, señor
-ministro. Mi opinión protesta contra ese género de versiones, nocivas al
-prestigio gubernamental y á la hidalguía característica de la raza
-española. Yo me limito á creer que los hombres de gobierno, preocupados
-por las exigencias complejas del régimen general del Estado, no han
-concedido á la pequeñez física de nuestra islilla una atención que su
-grandeza moral merece. Pero ésta es una opinión exclusivamente mía.
-¿Abundarán en ella mis conterráneos? Dejo á la sagacidad de vuecencia el
-inquirirlo, ya que á mis alcances no se halle el contestarlo.
-
-En pro de esa tarea ofrezco á vuecencia, cerrando la síntesis histórica
-de estas cartas, un dato del momento. Las fuerzas liberales del país, es
-decir, la abrumadora mayoría de sus habitantes, han acordado no volver á
-las urnas ínterin no se establezca en las leyes y en su ejercicio
-correctísimo _la absoluta igualdad política y civil entre los
-puertorriqueños y los regnícolas de la metrópoli_. Vuecencia al
-clasificar el españolismo, nos concedió la tercera categoría; los
-puertorriqueños sólo se conforman con la primera, que por derecho
-inconcuso les corresponde.
-
-En esta reclamación estoy acorde con mis compatriotas. Que mi derecho de
-ciudadano español se anule porque no pago diez pesos de contribución, y
-que á un castrador de bueyes, sin pagar un céntimo de tributo, se le
-considere inalienable ese derecho, porque cobra su jornal con cargo á
-los presupuestos municipales, no puede aceptarlo decorosamente el que,
-con sentimientos de respetuosa consideración, se reitera humilde
-servidor de vuecencia, besando sus manos.
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Lo que dice la historia, by Salvador Brau
-
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-
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-
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-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
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-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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-information can be found at the Foundation's web site and official
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-
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
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