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-The Project Gutenberg EBook of La guerra injusta, by Armando Palacio Valdés
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org
-
-
-Title: La guerra injusta
-
-Author: Armando Palacio Valdés
-
-Release Date: March 13, 2013 [EBook #42323]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUERRA INJUSTA ***
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-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
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-LA GUERRA INJUSTA
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-
-Armando PALACIO VALDÈS
-de la Academia Española
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-La
-Guerra Injusta
-
-Cartas de un Español
-
-BLOUD & GAY
-EDITORES
-BARCELONE PARIS
-35, Calle del Bruch 3, Rue Garancière
-1917
-Tous droits réservés
-
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-
-La Decisión de la Francia
-
-
-La dirección de El Imparcial me ha confiado la honrosa tarea de estudiar
-el espíritu francés en estos, para él, tan críticos momentos. Por
-honrosa que ella sea, no la hubiera aceptado si otros motivos que no
-fuesen del orden moral se ofreciesen ante mis ojos. Soy viejo, mi salud
-vacilante; el ruido de la Prensa me ha atemorizado siempre. ¿Por qué
-pasar «del silencio al estruendo», por qué abandonar el oscuro rincón
-donde desde hace muchos años hablo en voz baja con aquellos espíritus
-afines al mío, esparcidos por el ámbito del mundo, sin que la
-muchedumbre se entere?
-
-¿Por qué? Porque la voz de mi conciencia, esa voz que en todo hombre se
-va haciendo más poderosa con los años, me lo insinúa con vivas
-instancias. Cuando tantos millones de seres humanos viven actualmente en
-Europa, entre sangre los unos, otros entre lágrimas, ¿hay derecho á
-invocar el temor, la enfermedad ó la vejez? Dejemos murmurar á la vil
-materia; no es hora de atender á sus rebeldías. Cesó la hora de las
-chanzas y los regalos; hay que mirar cara á cara á la bárbara realidad y
-llevar una mano piadosa á las heridas.
-
-Aquí estoy, pues, y lo primero que me cumple hacer es una declaración
-que debo á mi sinceridad y al respeto de los lectores. No soy un neutral
-en el sangriento conflicto que hoy aflige á la Humanidad; no lo he sido
-jamás en disputa alguna que hayan presenciado mis ojos. Pude haberme
-equivocado; pero siempre me coloqué resueltamente al lado del que, en mi
-sentir, tenía de su parte la razón y la justicia. Por eso, al estallar
-la presente guerra, me incliné del lado de la Francia; porque pensé, y
-sigo pensando, que la razón y la justicia se encuentran de su parte.
-
-En las largas, interminables horas de tren para llegar á esta gran
-ciudad, antes tan feliz, hoy tan desgraciada, tuve tiempo á hacer un
-minucioso examen de conciencia. Me he preguntado con lealtad si en mi
-actitud favorable á los aliados ha podido influir algún motivo que no
-fuese absolutamente puro. ¿Sería la simpatía personal? No siento
-excesiva preferencia por ningún país, porque estoy íntimamente
-persuadido de que los hombres son iguales en todas partes. No existen,
-en Europa por lo menos, razas superiores e inferiores; no hay más que
-hombres de buena y de mala voluntad. Con los primeros está mi corazón,
-lo mismo que alienten en los vergeles de Italia que en las estepas de
-Rusia. ¿Sería el interés? Ninguno tengo en que triunfen unos u otros.
-¿Sería la gratitud? La debo por igual á los dos beligerantes, pues de
-los dos he recibido pruebas inmerecidas de aprecio. ¿Sería, por ventura,
-alguna preocupación política? Aquí ya existe motivo para detenerse.
-Efectivamente; en orden á la política, admiro á Inglaterra como á ningún
-otro país del mundo. Es aquel donde el hombre más respecta al hombre;
-por lo tanto, el que puede llamarse sin jactancia más civilizado. Pero
-Rusia, en cambio, es el más atrasado: no había, pues, motivo para una
-declarada preferencia.
-
-Persuadido de que la mía en estos momentos se funda sobre la justicia, ó
-lo que yo entiendo por justicia, quedo tranquilo y tomo la pluma para
-defenderla.
-
-Y, ahora, perdóneseme que haga una pregunta. Todos los germanófilos ó
-francófilos que en nuestra España residen, ¿han descendido así al fondo
-de su conciencia y se han preguntado sinceramente en qué motivos fundan
-su inclinación? Mis observaciones no me permiten afirmarlo. Unos se
-declaran partidarios de Alemania porque son autoritarios y ponen sobre
-todas las cosas de este mundo la disciplina social; otros de la Francia
-porque es una República y suponen que hay más libertad; muchos marinos
-son amigos de los aliados porque admiran la flota inglesa; muchos
-militares quedan extasiados ante los métodos de guerra de la Alemania.
-Algunos cándidos católicos gritan ¡viva Alemania! porque están ciertos
-de que así que el Kaiser aniquile á la Francia su ocupación más urgente
-será colocar al Sumo Pontífice en su trono temporal y restablecer la
-Inquisición; muchos socialistas, cándidos también, gritan ¡viva Francia!
-porque suponen que detrás de su triunfo no se hará esperar el reparto de
-la propiedad. En general, los violentos, los coléricos, están con los
-germanos; los pacíficos, los mansos (¡bienaventurados los mansos!), se
-inclinan á los aliados.
-
-Añadid á éstos los escépticos, los frívolos, los caprichosos, aquellos
-que se declaran por unos ó por otros como en la Plaza de Toros se toma
-parte por uno ó por otro espada y en el Hipódromo por uno ú otro
-caballo.
-
-Y, sin embargo, merece la pena de que examinemos con seriedad y rectitud
-este litigio. La sangre de nuestros hermanos corre á torrentes. ¿Somos,
-por ventura, los españoles tranquilos espectadores sentados en el
-coliseo para presenciar una fiesta de gladiadores? ¿Consiste nuestra
-tarea en certificar cuál es el que ha dado mejores golpes ó ha caído con
-más gracia? No; nuestra carne sangra cuando sangra la de nuestros
-hermanos; nuestras lágrimas corren con las que ellos vierten. Unos somos
-ante la justicia divina. Pidámosle que nos ilumine y no nos deje caer en
-el error, para que ella no nos pida algún día estrecha cuenta de nuestra
-injusticia.
-
-Jamás olvidaré la tarde del 2 de agosto de 1914. Me hallaba veraneando
-en un perdido rincón de las Landas francesas y me ocupaba en contemplar
-á un obrero que construía un gallinero en el jardín de mi casa, ayudado
-de un niño hijo suyo. Eran las cuatro de la tarde. El sol nadaba por el
-espacio diáfano; una brisa suave acariciaba nuestras sienes; los pájaros
-marinos revoloteaban sobre nuestras cabezas. Departíamos amigablemente.
-De pronto, el obrero suspende su trabajo, levanta la cabeza y exclama
-inmutado:
-
---¡Monsieur, la campana!
-
-Atendí un momento y escuché, en efecto, el tañido lejano de la campana
-de la iglesia.
-
---¿Será á fuego?
-
---No; no es á fuego--repuso con voz sorda, bajando de nuevo la cabeza y
-prosiguiendo su tarea.
-
-Al cabo de algunos minutos la alzó de nuevo, con el rostro pálido.
-
---¡Monsieur, el cañon!
-
-Atendí otra vez; pero no logré percibirlo. No era extraño, porque nos
-hallábamos á 22 kilómetros de Bayona.
-
---No oigo nada.
-
---¿Has oído tú?--preguntó á su hijo.
-
---Sí, lo he oído--respondió el niño, más pálido aun que su padre.
-
-De pronto, allá á lo lejos, se escucha el redoble del tambor. Me sentí
-conmovido hasta lo más profundo de mi ser. ¡El tambor, sí, cuyo redoble
-se acercaba siniestro, fatídico, rompiendo el silencio inocente de la
-campiña!
-
-Y en aquel momento acudieron á mi imaginación los recuerdos de la
-historia primitiva de la Humanidad. Veía al clan vecino más numeroso y
-más guerrero arrojarse de improviso sobre el clan más débil, apoderarse
-de sus ganados, violar á sus mujeres, degollar á sus hombres. ¡Ahí
-están, ahí están los feroces enemigos! Entonces también resonaría por
-los campos el grito de alarma; entonces también los hombres quedarían
-pálidos y las mujeres, apretarían á sus hijos contra el pecho.
-
-Comprendí que una gran nación corría peligro de muerte. La patria de
-Pascal y de Racine, de Bossuet, de Rousseau, de Balzac, de Musset y de
-Víctor Hugo iba á ser, humillada, tal vez aniquilada para siempre. No
-era una guerra romántica, como la de Napoleón, la que se preparaba, en
-que un genio ambicioso arrojaba á puntapiés de sus tronos á unos cuantos
-ridículos déspotas que tenían á la Europa bajo su férula; en que un
-ejército incomparable corría detrás de él ebrio de gloria, pero no de
-riquezas. La que ahora se avecinaba era una tragedia sórdida, el rumor
-de un pueblo que viene rugiendo de codicia á apoderarse del fruto del
-trabajo de su vecino. Pocos meses antes los periódicos alemanes
-anunciaban que en la próxima guerra exigirían de indemnización á la
-Francia cuarenta mil millones de francos.
-
-Salí precipitadamente de mi casa y salvé casi á la carrera el kilómetro
-que me separaba del burgo. Los habitantes todos se hablaban unos á otros
-sin ruido y con imponente calma.
-
-Al atravesar por medio de un grupo de mujeres me clavaron una mirada
-recelosa y hostil. Más allá, al cruzar cerca de otro lo mismo. Yo era el
-extranjero que penetra curioso ó indiferente en medio de una familia
-afligida. ¡Pobres mujeres! Si supieseis que mi corazón en aquellos
-instantes se hallaba tan contristado como el vuestro!
-
-Tropecé con un grupo de conocidos, que apartaron de mí los ojos
-fingiendo no verme. Entonces yo, herido y apenado por aquella
-hostilidad, me dirigí resueltamente á ellos.
-
---Señores, soy un extranjero; pero no puede serme indiferente la
-desgracia que en este momento pesa sobre vosotros. Estoy enteramente
-cierto de que no queríais la guerra, de que nadie pensaba siquiera en
-ella.
-
-Aunque llorabais, como es justo, la pérdida de vuestra Alsacia y Lorena,
-no esperabais recobrarlas más que por medios diplomáticos.
-
-Se os ataca indignamente. La razón y la justicia están de vuestro lado.
-Por lo tanto, á vuestro lado estoy y quisiera poder probároslo de otro
-modo más eficaz que con palabras.
-
-Silenciosamente me estrecharon todos la mano. Uno dijo al cabo, con
-grave acento:
-
---Basta de humillaciones. Concluyamos de una vez.
-
-Y los demás repitieron, uno tras otro:
-
---¡Es preciso concluir, es preciso concluir!
-
-Me separé de ellos y me volví, siguiendo la carretera al borde de la
-ría. Sentado en una lancha, arreglando unas redes, vi á un joven
-pescador con quien yo solía departir.
-
---¿Has oído?--le pregunté, apuntando al sitio donde sonaba el tambor.
-
---Sí; he oído. Es preciso concluir--me respondió secamente sin levantar
-la cabeza.
-
-Seguí caminando por la carretera y vi llegar hacia mí una jovencita que
-solía ir por mi casa á vender pescado.
-
---Ya ves lo que ocurre--le dije--. ¿Tienes miedo?
-
---Sí, señor; tengo miedo porque mis dos hermanos deben marchar
-inmediatamente... pero es necesario concluir, monsieur, es necesario
-concluir.
-
-Llegué hasta la playa y me senté delante de un humilde café que allí
-hay. En una mesa próxima un viejo militar retirado decía á sus amigos:
-
---Vale más ser destruído de una vez que humillado á cada instante. Es
-preciso concluir.
-
---¡Es preciso concluir!--repitieron á coro sus amigos.
-
-Al cabo de dos años entro de nuevo en Francia, llego á París, y la misma
-inquebrantable resolución, expresada en la misma forma, suena por todas
-partes en mis oídos. ¡Es necesario concluir! Sí; la guerra no terminará
-hasta que se disipe la negra pesadilla que atormentaba á la nación
-francesa. O á la tumba, ó á la libertad. El clan vecino no se arrojará
-ya sobre ellos mientras estén vivos.
-
-¡Cuán distinto, sin embargo, el timbre de las voces! Las voces cantan,
-las voces ríen, las voces juegan. Un rayo de sol ha caído sobre la
-Francia. Ya no se bajan los ojos; ya se levanta la frente; las miradas
-se clavan brillantes en nuestro rostro. Un amigo, al abrazarme en la
-estación, me dijo al oído alegremente:
-
---¡Seguros!
-
---¿Ya no tiene usted miedo de que aparezca Lohengrin en el horizonte?
-
---Si aparece, vendrá ya sólo con su cisne.
-
-Pero de este optimismo francés hablaré en mi próximo artículo.
-
-
-
-
-El optimismo Francés
-
-
-El optimismo está á la moda. También hay en la Filosofía faldas cortas y
-largas y cuellos de pajarita. Por todas partes nos rompen los oídos
-gritándonos: «¡Sed optimistas!» De América llegan, encerradas en
-primorosos libros, estas voces regeneradoras. Los modernos psicólogos
-americanos no se cansan de repetirnos la misma canción, un poco monótona
-á veces para nuestros oídos latinos. Uno de ellos, muy distinguido,
-Waldo Trine, en uno de sus recientes libros truena con mucha elocuencia
-contra el hastío y el miedo, á los que llama _dos negros mellizos_. «Al
-atraer á nosotros--dice--por el miedo las mismas cosas que nos causan
-temor, atraemos también todas cuantas condiciones contribuyen á mantener
-el miedo en nuestro ánimo.»
-
-En efecto, yo también sé por experiencia que el miedo es cosa
-desagradable y que el optimismo es mucho más estomacal. No he hallado
-jamás, sin embargo, medio intelectual de extirpar el miedo. Lo único que
-logró convencerme alguna vez fué ver cerca á la pareja de la Guardia
-civil.
-
-Si para ser optimista bastase querer serlo me parece que no habría una
-sola persona en el mundo que no lo fuese. Pues esto es precisamente lo
-que pretenden los llamados «filósofos de la voluntad»: «¡Sed optimistas;
-basta quererlo!»
-
-No basta quererlo, no. Para un tenor es fácil dar el do de pecho, y para
-un boxeador un gran puñetazo; pero á los demás nos es imposible. Por eso
-William James, el más notable y perspicaz de todos ellos, en su famoso
-libro _The varieties of religious experience_, divide á los hombres en
-dos categorías: los que, para ser felices, les basta nacer una vez, y
-los que, por haber nacido desgraciados, necesitan nacer dos veces. _Once
-born and twice born_. Los primeros son los optimistas, los que lo ven
-todo de color de rosa. El mundo está gobernado por fuerzas benévolas que
-se encargan de arreglar las cosas del modo más dichoso posible. El sol
-les encanta; la lluvia les parece admirable; si se rompen una pierna lo
-consideran como un acontecimiento feliz, porque pudieron haberse roto
-las dos. A estos optimistas de nacimiento se oponen los temperamentos
-pesimistas, los poseídos de una irremediable tristeza. Para ellos no hay
-acontecimiento, por afortunado que parezca, que al cabo no cambie de
-naturaleza y se transforme en desgraciado; en toda alegría ven un
-probable desengaño; en toda flor, el gusano; en toda opulencia, la
-bancarrota inminente.
-
-Estoy de acuerdo. Existen alguna vez esos dos temperamentos extremos, y
-con frecuencia más atenuados. Con lo que no puedo conformarme es con que
-el primero sea el temperamento ideal, el que todos debemos admirar y
-apetecer. Esos seres que William James llama «nacidos una vez» son los
-inconscientes, los que no se dan cuenta de lo que es la vida y el mundo.
-En este sentido, el optimista por excelencia es el animal que no sabe
-que muere. Pero los que saben que se mueren no pueden ser optimistas de
-aquel modo que los psicólogos americanos exaltan.
-
-No seamos ilusos. La vida es áspera; la realidad, odiosa. El hambre, el
-tifus, el cáncer, la guerra, son huéspedes con los que hay que contar.
-¿Quién nos hubiera dicho hace tres años que la Europa civilizada, iba á
-convertirse en un rebaño de tigres y chacales? Si los «nacidos una vez»
-de William James no se percatan de esto, tanto mejor para ellos ó tanto
-peor. Para mí los verdaderos hombres son los «nacidos dos veces»; esto
-es, aquellos que se dan cuenta de su situación sobre la Tierra, de su
-origen y de su destino inmortal. El primero es el «hombre viejo» de San
-Pablo, en quien dominan todavía los instintos animales, que vive dormido
-en la inconsciencia de la Naturaleza. El segundo es el «hombre nuevo»
-que ha abierto sus ojos á la luz; el hombre espiritual, que se alza
-sobre su vestidura carnal como la crisálida deja el saquillo que le
-servía de cárcel para transformarse en mariposa. «La melancolía--decía
-el padre Lacordaire--es inseparable de todo espíritu que va lejos y de
-todo corazón que es profundo, y no tiene más que dos remedios: la muerte
-o Dios.» Bendita sea, pues, la melancolía, que nos revela nuestra
-condición de hombres. Quédese atrás en buena hora esa alegría
-inconsciente que nos retiene en los limbos de la animalidad.
-
- * * * * *
-
-Hace algunos meses publicó en la _Revue des Deux Mondes_ el doctor
-Emmanuel Labat un artículo titulado: «Nuestro optimismo». Es muy digno
-de leerse: está perfectamente escrito; lo reconozco con tanta mayor
-lealtad cuanto que mi manera de pensar es diametralmente contraria á la
-suya. El doctor Labat es un discípulo de la moderna escuela psicológica;
-particularmente William James ha ejercido sobre él una influencia
-decisiva. Pero el doctor Labat es médico y como tal no vacila en traer,
-cuando puede, agua para su molino. Quiero decir que exagera las
-enseñanzas un poco nebulosas y panteísticas de la escuela, y las
-transforma cuando le acomoda en francamente materialistas.
-
-Supone este eminente facultativo que el optimismo no es una operación
-del espíritu que razona, sino que viene de más lejos, de una fuente más
-profunda y más íntima. «El optimismo--dice--es el instinto de vida, el
-horror de la muerte, la alegría, el orgullo y la voluntad de vivir.»
-
-Confieso que no comprendo bien este optimismo, que consiste en tener
-horror á la muerte. Llamar optimismo al instinto de conservación es un
-abuso del lenguaje. El verdadero optimista debe ser aquel que no tiene
-miedo alguno á la muerte, puesto que nos hallamos en un mundo donde es
-necesario morir. Era optimista el mártir cristiano que marchaba cantando
-al suplicio porque sabía que le esperaba una dicha inmortal, ó el
-musulmán que se lanza sobre la espada del enemigo porque le aguarda un
-coro de bellas huries, ó el chino que se deja alegremente matar en
-América porque está seguro de resucitar en su patria. No lo es el que
-guarda inquieto y ansioso su preciosa piel con la certeza de que por más
-esfuerzos que haga al fin ha de ser pasto de gusanos.
-
-Pues de este instinto de vida ó, como antes se decía, de este instinto
-de conservación hace derivar el doctor Labat el presente optimismo
-francés. Supone que el francés es optimista por naturaleza, y que este
-optimismo es la salvaguardia de su existencia. Me parece que se halla en
-un error. En Francia hay tantos pesimistas y neurasténicos como en
-cualquier otro país; quizá más. Y se comprende bien. El francés en
-general es ambicioso, ama la riqueza y trabaja con ahinco por obtenerla.
-Pues bien; en la estadística de la neurastenia el primer lugar lo ocupan
-los hombres de negocios. Además el francés posee un aguzado espíritu de
-crítica, y un crítico no es optimista jamás.
-
-Por lo demás, yo he vivido en Francia durante los primeros meses de la
-guerra y no he podido observar tal optimismo. Vi la decisión, la
-inquebrantable voluntad de defenderse hasta morir. Esto no debe llamarse
-optimismo. Por el contrario, cuando los alemanes llegaron á las
-proximidades de París noté bastante depresión y abatimiento, que en nada
-alteró, me complazco en decirlo, su firme y valerosa resolución.
-
-Pero acaeció la batalla de la Marne, y el espíritu francés se exaltó de
-pronto, y reinó por algún tiempo un optimismo candoroso: se creyó en la
-victoria inmediata; hasta se pensó en la conquista de Alemania y la
-entrada en Berlín. Pasaron los meses, no obstante, y se vino á entender
-que no debía esperarse esta clase de victoria. El francés es razonador
-por excelencia. En otros países el hombre quizá ostente cualidades más
-altas; pero el buen sentido es patrimonio de los franceses. Salvo cuando
-se toca á su vanidad nacional, en que suelen traspasar los límites de la
-razón. Pero saben volver á ellos prontamente y acomodarse con asombrosa
-facilidad á las cirunstancias.
-
-Todavía se pensó, no obstante, por muchos que les sería posible romper
-las líneas alemanas y recuperar el territorio perdido y avanzar por el
-enemigo. Al pueblo en que yo habitaba llegó en el último Septiembre, con
-licencia por cinco días, un sargento. Es un grande amigo mío, notario de
-profesión, soldado por temperamento, hombre enérgico y valeroso.
-
---¿Cuándo rompen ustedes la línea?--le pregunté, sonriendo.
-
---Cuando queramos--me respondió tranquilamente.
-
---¿Lo dice usted de veras?
-
---Sí, señor; no aguardamos más que la orden para hacerlo.
-
-Efectivamente, á los pocos días llegó la orden, y ya se sabe lo que
-acaeció. A costa de enormes sacrificios, de una cantidad prodigiosa de
-sangre, se avanzó tres ó cuatro kilómetros. A los alemanes les está
-sucediendo lo mismo en los actuales momentos, con menos fortuna todavía.
-
-Ahora el optimismo ha cambiado de rumbo. Para saber lo que es calcular
-hay que venir á Francia. Un amigo me demostró hace pocos días con el
-lápiz en la mano que los Imperios centrales poseen tales y cuáles
-medios de defensa, tantos y cuántos recursos metálicos, que pueden
-resistir hasta tal época y que transcurrido este plazo deben sucumbir.
-Consideran á Alemania como una plaza sitiada; no será tomada por asalto,
-pero caerá rendida por hambre. Tienen ciega y absoluta confianza en la
-victoria.
-
- * * * * *
-
-Pero esto no es optimismo, dirá el doctor Labat. Se trata aquí de un
-cálculo, de la resolución de un problema; nada tiene que ver en ello el
-instinto vital. Sin embargo, este es para mí el verdadero y legítimo
-optimismo, porque procede de la razón. Aquel otro fisiológico que viene
-del fondo mismo de nuestra naturaleza animal podrá endulzar la vida
-muchas veces o hacerla más llevadera; pero es en extremo peligroso.
-Todos mis lectores, si vuelven la vista atrás y recuerdan la historia de
-sus amigos y conocidos, hallarán alguna gran catástrofe o, por lo menos,
-una serie de contratiempos originados por este ciego optimismo
-instintivo.
-
-Los franceses se dedican á la hora presente á hacer cálculos. No dicen,
-sin embargo, lo que se lee en el fondo de sus ojos. El cálculo mejor es
-que cuentan con sus manos y su cabeza. Así como el primer marino del
-mundo es el inglés, el mejor soldado es el francés. No asombrarse de
-ello: cien años le separan apenas de aquellos otros que recorrieron
-vencedores toda Europa. En cien años no se borran las huellas de la
-herencia. Por donde han pasado los padres pueden pasar los hijos--decía
-Alfredo Musset.
-
-No hablemos del valor. Rusos, alemanes, franceses, búlgaros, todos se
-han batido por igual. Pero hay otras cualidades de capital importancia
-para el soldado: la astucia, la alegría, la habilidad manual, la
-improvisación. En todas ellas se ha distinguido siempre la raza de los
-galos desde los tiempos de Julio César. El galo es el hombre de los
-recursos. Mirad á un francés alquilar una casa estropeada, medio
-derruida, representando la imagen de la desolación. Volved á los pocos
-meses y quedaréis asombrados viendo un nido confortable, rodeado de
-flores. Cocina, jardín, pinturas, terraza; todo lo ha improvisado.
-
-Un vecino mío necesitaba un «garage» y llamó á un albañil, que se lo
-construyó rápidamente y á la perfección. Poco después este albañil quedó
-sin trabajo, y como mi vecino buscase jardinero, se brindó á desempeñar
-este oficio. Efectivamente, lo desempeñó con tal acierto e inteligencia,
-que nos dejó maravillados. Más tarde mi vecino se quedó sin cocinera. El
-albañil entró en la cocina y resultó un cocinero admirable.
-
---¡No despida usted, por Dios, á la nodriza--le dije á mi amigo--,
-porque estoy viendo á ese hombre dar el pecho á su niño!
-
-De estos estuches hay infinidad en Francia. Pues en una guerra larga
-como la presente son de gran utilidad. Los alemanes lo fían casi todo á
-sus máquinas; pero la mejor máquina de todas es el hombre. Cuando hay
-talento la fuerza más pequeña se convierte en formidable. Los alemanes
-son superiores en número, en preparación, en máquinas de guerra; pero
-los medios de los franceses son ellos mismos, su destreza y su sangre
-fría. Los alemanes tienen más y mayores cañones; pero los artilleros
-franceses apuntan mejor y saben disimular los suyos con más habilidad.
-Aquéllos poseen espléndidas cocinas portátiles; pero éstos, con más
-pobres hornillas, comen mejor.
-
-Joffre es la encarnación actual de este espíritu galo de astucia, valor,
-prudencia y alegría. El fué quien salvó á la Francia en un momento
-supremo con su táctica admirable; es él quien, paciente y enérgico,
-espera que el fruto madure para sacudir el árbol; él es el hombre
-piadoso á quien los soldados llaman «papá Joffre», porque economiza la
-sangre de sus hijos. ¡Loor á este galo insigne, que fué el baluarte
-elegido por la Providencia para salvar la civilización latina y la
-independencia de los pueblos débiles! El día en que su estatua se alce
-en una de las plazas de París iremos todos, no á clavar sobre ella un
-clavo como en la de Hindenburg, sino á coronarla de flores.
-
-No se parece á los generales alemanes. Estos, no sólo han copiado
-fielmente la táctica de Napoleón, sino también sus procedimientos
-despiadados.--Señor, señor--le decía á éste el general Junott--, es
-imposible apoderarse de aquella batería austríaca; un fuego infernal
-barre á nuestros hombres.--¡Adelante!--respondía Napoleón.
-
---Señor, que cada regimiento que avanza es
-sacrificado.--¡Adelante!--repetía Bonaparte.
-
-No quiero confundir, y me importa dejarlo bien establecido, al pueblo
-alemán con sus actuales directores políticos y militares. El alemán es
-un pueblo dotado de sólidas virtudes, es valeroso, inteligente, tenaz,
-laborioso, idealista. Pero como todos los idealistas, carece de
-espíritu crítico, y por eso es en grado sumo sugestionable. Se les ha
-subido la _raza_ á la cabeza y han podido decir y cometer muchos
-disparates. Nadie, sin embargo, dejará de admirar sus altas cualidades,
-sólo manchadas por la envidia que sienten hacia los ingleses. Son celos
-de parientes que pronto se van á resolver de un modo ó de otro.
-
-Lo que no puede tolerarse, lo que causa penosa impresión es que Mauricio
-Barrés les haya llamado _raza asquerosa_. En Francia todos los hombres
-de sentido común reprobaron este ultraje, y no faltaron voces
-autorizadas en la Prensa que se alzaron contra él.
-
-Sin embargo, el doctor Labat le apoya con argumentos medicales. Dice que
-el instinto de vida (¡vuelta al instinto de vida!) justifica estas
-atrocidades; que él ha consultado el asunto con los heridos de su
-hospital y que todos estaban unánimes en asegurar que Mauricio Barrés
-tenía razón, y que, cuando se da un bayonetazo diciendo «¡Toma, cochino!
-¡Revienta, asqueroso!», la bayoneta penetra unas pulgadas más en el
-cuerpo del enemigo.
-
-Confieso que tales quirúrgicas razones no me han convencido. Mi
-pensamiento vuela hacia aquella memorable batalla de Fontenoy, cuando
-el general francés, al acercarse el enemigo, se descubre y
-grita--¡Señores ingleses, tirad los primeros!--Quizá parezca hoy esto
-quijotesco; pero entre el _tirad los primeros_ de aquel general y el
-_toma, cochino_, de Barrés no vacilo en preferir los primeros. Se puede
-asegurar que el que dice «tirad los primeros» jamás, jamás volverá la
-espalda al enemigo, mientras que no puede afirmarse otro tanto del que
-grita «¡toma, cochino!»
-
-¡Tiempos menguados los que me han tocado en suerte! En los vuestros
-quisiera haber vivido, hombres de honor, y no en estos de vergüenza,
-donde se aconseja á los soldados que ensucien sus labios para infundirse
-valor, y á los oficiales se les ordena que fusilen mujeres y dejen caer
-bombas por la noche sobre la cuna de los niños.
-
-
-
-
-Meditación sobre el conflicto
-
-
-Ni los gases asfixiantes que se desprenden de las trincheras alemanas ni
-la retórica, más asfixiante aún, con que germanos y germanófilos exaltan
-su moralidad lograrán sofocar á la rebelde verdad.
-
-Esta verdad es que la guerra monstruosa á que asistimos atónitos los
-humanos ha sido meditada largo espacio, preparada y provocada por una
-nación europea con el exclusivo fin de dominar moral y materialmente á
-todas las demás.
-
-Como es un hecho que salta á la vista y no hay posibilidad de negarlo,
-los que entre nosotros los españoles simpatizan con esta nación invocan
-para justificar su simpatía los agravios que en tiempos más ó menos
-remotos recibimos de ingleses y franceses. El lobo de la fábula invocaba
-también para comerse el cordero los agravios que le había inferido su
-padre.
-
-En todos los tiempos y en todas las regiones del mundo habitado los
-pueblos combaten con sus vecinos, no con los que viven lejos de ellos.
-Si Berlín estuviese en Burdeos ó Lisboa, seguramente hubiéramos andado á
-porrazos con los alemanes como hemos hecho con franceses y portugueses.
-Austria y Alemania, que no sólo son vecinas sino hermanas, han luchado
-entre sí hasta nuestros mismos días.
-
-Cuando se deja el terreno del odio para entrar en el de las razones, se
-argumenta en forma muy diversa según los casos.
-
-Contra Inglaterra se emplea el argumento crematístico. Inglaterra posee
-colonias riquísimas, inmensos territorios en las cinco partes del mundo,
-mientras Alemania, nación altamente civilizada, tan merecedora como ella
-por lo menos cuenta con muy pocas. ¿Por qué?
-
-Los que formulan con indignación esta pregunta, hombres ricos muchos de
-ellos y propietarios de tierras, no se dan cuenta de que emplean contra
-Inglaterra el mismo lenguaje que contra ellos usan socialistas y
-comunistas:--«Nosotros valemos tanto como vosotros. Vosotros sois ricos
-y nosotros pobres. ¿Por qué? ¡Soltad, ladrones, soltad esas tierras que
-detentáis injustamente!
-
-Este argumento tendría valor en el caso de que Inglaterra fuese una
-nación sin capacidad para colonizar. ¿Serían más felices sus colonias si
-se hallasen en poder de los Alemanes? Preguntádselo á ellas.
-
-Contra Francia se emplea el argumento religioso. Esa nación que ha
-decretado la separación de la Iglesia y del Estado y que ha expulsado de
-su seno á las órdenes religiosas merece un castigo ejemplar.
-
-Suponiendo que fuese justo, no lo es ciertamente extenderlo á los que no
-tienen culpa alguna. En Francia la masa del pueblo es católica y
-actualmente, por su libre voluntad y sin necesidad del erario público,
-sostiene el culto católico con el mismo decoro que antes. Nadie la ha
-hecho responsable de los sangrientes excesos de la Convención, de los
-asesinatos perpetrados por Robespierre y Marat. ¿Por qué se la hace
-ahora de las disposiciones de un ministro anticlerical?
-
-Se olvida ó se quiere olvidar que en esa Francia impía el pensamiento
-cristiano irradia una luz maravillosa que se esparce por todo el mundo,
-que existe allí, á la hora presente, no sólo un grupo de filósofos
-espiritualistas con Boutroux á la cabeza que libra en el terreno del
-pensamiento gloriosas batallas contra los sabios materialistas de la
-Alemania, los Wundt, los Hæckel y los Ostwald, sino también una falanje
-de eminentes apologistas católicos, muchos de ellos sacerdotes, cuyos
-libros sirven de consuelo á todos los creyentes de Europa. Se olvida que
-algunos de estos sacerdotes combaten hoy en las trincheras de la Alsacia
-y de Flandes y que escuchan estupefactos y doloridos los injustos
-reproches que contra su patria lanzan muchos que blasonan de católicos.
-
-Contra Rusia se emplea el argumento del atraso. ¡Pobres rusos! No tienen
-cañones de precisión, no tienen ferrocarriles estratégicos ni gases
-asfixiantes; comen con los dedos; son unos salvajes. Es menester ir allá
-para enseñarles el manejo de las armas de fuego y el uso del tenedor.
-
-Sin embargo estos salvajes, provistos de mazas de hierro en vez de
-fusiles, como aseguran los periódicos alemanes, se baten desde hace un
-año con todo el ejército austriaco y más de un tercio del alemán.
-
-Por último contra Bélgica se usa un argumento sanchopancesco. ¿A esta
-Bélgica, quién la ha metido en tan descabellada aventura? ¿Cómo se
-atrevió á hacer frente al coloso alemán? ¿No sabe que es de prudentes
-mantenerse siempre en buenas relaciones con los poderosos? Si hubiera
-dejado pasar buenamente á los ejércitos del kaiser, no sufriría tanta
-calamidad y habría recibido un bolsillo repleto de monedas de oro, y
-¿quién sabe? quizá al final de la guerra se encontraría con el regalito
-de una provincia francesa.
-
-Esto es lo que se escucha acá. Allá en Alemania se desdeñan las razones:
-penetramos en el teatro de la voluntad rugiente y el automatismo. De
-allá no viene más que una palabra: «¡Queremos!» Y á este _queremos_
-responden en todas las regiones del mundo los hombres donde predomina la
-voluntad sobre la razón:--«Puesto que vosotros queréis, nosotros
-queremos también».
-
-Es un caso de disgregación mental en que el psiquismo inferior, el
-centro del automatismo rompe su engranaje con la libre razón y se
-entrega pasivamente á todos los caprichos del hipnotizador. Los
-hipnotizadores del pueblo alemán son los magnates de la política y del
-ejército prusianos secundados por la cobardía de algunos intelectuales.
-Ellos son los que le han impuesto no sólo la guerra sino la ferocidad en
-la guerra. Les han dicho:--«Guardaos de vuestro corazón como de un
-enemigo; fusilad sacerdotes, destruid monumentos, violad mujeres;
-asfixiad niños, no perdais medio alguno de aterrar á nuestros enemigos».
-Y aquellos honrados ciudadanos, aquellos bondadosos padres de familia
-que todos hemos conocido, fusilan, violan, saquean, asfixian. Si les
-dicen:--«Sacrificad á los prisioneros» los sacrificarán.
-
-Semejante estado de miseria moral infunde más compasión que odio. Son
-hombres dormidos y tales horrores no deben imputarse á ellos sino á sus
-magnetizadores.
-
-¿Pero á quién enviaremos la cuenta de la dispersión que se ha operado en
-los centros cerebrales de algunos de mis compatriotas? Porque hay entre
-nosotros sujetos que así que se les insinúa la idea de que los teutones
-no han hecho bien en entregar al pillaje la ciudad de Lovaina y en
-fusilar algunos sacerdotes, enrojecen, se espeluznan, cada seso se les
-va por su lado y gritan que ellos harían eso y matarían más sacerdotes
-aún y se los comerían con salsa tártara.
-
-Hasta he oído, estremecido, á algunas señoras acoger con satisfacción la
-noticia del hundimiento del _Lusitania_ y las hazañas de los zepelines.
-
-Aterrador es el hundimiento del _Lusitania_, pero es más aterrador
-todavía este naufragio del alma femenina...
-
-Como todo lo que araña un instante la corteza del menguado planeta que
-habitamos, esta guerra pasará también. La espesa nube que cubre hoy toda
-la Europa se disolverá al cabo en la atmósfera azul. La madre tierra
-beberá la sangre, tragará los huesos y en su seno fecundo la vida
-inmortal proseguirá su trabajo misterioso. Las praderas volverán á
-esmaltarse de flores, los árboles agitarán otra vez dulcemente sus copas
-al soplo de la brisa de la tarde, los pájaros de Dios con suaves trinos
-bendecirán la llegada de la aurora.
-
-¿Y de todo esto que quedará? Una gran vergüenza y un gran remordimiento.
-
-Un gran remordimiento, sí.
-
-Llegará un día, y el Cielo lo traiga pronto, en que esos autómatas
-asesinos de mujeres y niños, saldrán de su estupor hipnótico y
-horrorizados de sí mismos caerán de rodillas delante de sus hijos y les
-pedirán perdón de haberles escandalizado tanto, de haber ultrajado ante
-sus ojos infantiles el honor del género humano, de haber querido
-arrancarles del corazón aquello por lo que solamente el hombre puede
-vivir y debe morir.
-
-
-
-
-La Estrategia de Napoleón
-
-
-Ayer pasé el día en Marly y la Malmaison. Es placentero para el cuerpo
-reposarse del ruido de la metrópoli y gozar unos instantes del sosiego y
-la frescura de los campos. Lo es más aun para el espíritu huir de la
-realidad cuando es enfadosa y refugiarse en el pasado. Los dramas más
-dolorosos, cuando se contemplan de lejos y están ya sepultados en el
-abismo del tiempo, recrean nuestra alma en vez de atormentarla. No es
-otro el secreto del Arte. El mundo, como pura representación, nunca hace
-daño.
-
-En Marly no hay rastro de la Corte fastuosa que lo habitó. Es una
-plácida aldea donde se oye el mugir de los ganados y los crujidos de la
-guadaña. Así y todo recorrí sus bosques y praderas con respeto, evocando
-la figura del Rey Sol, que tanto se placía en aquellos lugares. Su amor
-excesivo á Marly fué occasión para que uno de sus cortesanos le dijese
-en un arrebato de adulación que «la lluvia de Marly no mojaba». Luis
-XIV tenía el esófago ancho, pero no pudo tragar este bocado.
-
-La Malmaison fué para mi un desengaño. El palacio está cerrado desde el
-comienzo de la guerra. Guardas y _ciceroni_ han ido á combatir. Hube de
-reducirme á largos paseos por el parque, evocando la figura del vencedor
-de Austerlitz.
-
-Luis XIV y Napoleón. Dos monstruos de orgullo y egoísmo. Saint-Simon ha
-analizado con maravillosa sagacidad el orgullo del primero y Taine el
-egoísmo del segundo. ¡Quien sabe! Yo he conocido una costurera tan
-egoísta como Napoleón y un limpiabotas más orgulloso que Luis XIV.
-
-Es mi humilde opinión que si tomásemos en la calle á cualquier
-transeúnte y le infundiésemos el valor y la inteligencia de Bonaparte
-sería un nuevo Napoleón: por el egoísmo no quedaría. Y si le dotásemos
-del poder de Luis XIV sería otro Luis XIV; tampoco quedaría por el
-orgullo. Egoísmo y orgullo son congénitos en nuestra naturaleza, y los
-que se libran de tal poder, seres excepcionales ante los cuales debemos
-caer de rodillas.
-
-¡Cuántos recuerdos guarda esta morada de la Malmaison! La graciosa
-figura de la Emperatriz Josefina parece sonreiros detrás de cada macizo
-de flores. Aquí fué dichosa; aquí, después, la más infeliz de las
-mujeres; aquí rindió el último suspiro aquella dulce y simpática
-criatura, víctima del egoísmo implacable de su marido. Todos los
-idilios, en este mundo miserable, terminan con lágrimas.
-
-Surgen en mi memoria los dramáticos días en que Bonaparte llega á París
-con la secreta decisión de repudiar á su esposa. Principia por mostrarse
-con ella más frío y ceremonioso; cierra después la comunicación entre
-sus habitaciones; por último se lo hace saber por medio de diplomáticos
-emisarios.
-
-¿Qué pasaría por el corazón de aquella noble criatura al averiguar que
-su marido idolatrado, aquel hombre que con su amor le había dado el
-trono más alto de la tierra, iba á romper el tierno y sagrado vínculo
-que los unía y compartir su lecho y su gloria con otra mujer? Tengo por
-seguro que en aquellos días se firmó en el cielo la sentencia de
-Napoleón. ¡Ay del que maltrata á un niño ó estruja el corazón de una
-mujer! Los ángeles no tardan en tomar venganza de él.
-
-Alguien pensará que esto es una bobería. ¡Quién sabe, no obstante, si en
-la balanza divina una lágrima pesará más que un Imperio! El mundo no es
-otra cosa que el símbolo de una realidad más alta. Una palabra vertida
-por un pobre carpintero en Nazareth ha estremecido á la Creación.
-Caballos, batallas, cañones, son nada; los Imperios, sombras; las
-estrellas, apariencias; la gloria, un sueño. Pero la palabra de un
-hombre bueno queda para la eternidad.
-
-No todos los millares de seres que Bonaparte sacrificó á su ambición
-depondrán contra él en el juicio final. Muchos eran tan ambiciosos y
-ávidos de gloria. Si ellos perdieron la vida, él también exponía la suya
-á cada instante, porque nunca guerreaba de lejos, al estilo moderno.
-Pero cuando suene la hora de la justicia suprema se alzará la Emperatriz
-Josefina leyendo entre sollozos ante el Consejo la renuncia de sus
-derechos y Bonaparte quedará irremediablemente condenado.
-
-Napoleón era un hombre de presa. Repito que todos lo somos cuando se nos
-provee de garras adecuadas. Se dejó empujar por la ley de ascensión que
-impera en esta vida, por lo que hoy se llama «voluntad de poder».
-
-Dentro de cada hombre hay un tirano que utiliza sus recursos como un
-automóvil la gasolina para correr y atropellar. Es el Destino de los
-antiguos. Es la fatalidad de los modernos. Napoleón creía en ella
-ciegamente. «La política, he aquí la fatalidad», decía á Goethe en la
-breve entrevista que con él tuvo. Y sus ojos, al pronunciar esta frase,
-expresaban la tristeza y la inquietud. Todos los hombres, hasta los más
-grandes, tiemblan cuando hablan del Destino, porque ni el genio, ni el
-valor, ni la prudencia, pueden nada contra él. Tan sólo hay un ser en el
-mundo que lo desprecia; es el santo. Que hablasen á Santa Teresa ó á San
-Vicente de Paúl de la fatalidad, y se echarían á reir.
-
-El arte de la guerra necesitaba un maestro; todas las artes lo han
-tenido. Alejandro, César, estaban ya muy lejos; su estrategia no servía
-para el mundo moderno. Llegó Bonaparte y lo encontró todo preparado:
-hombres como los romanos, poseídos de su grandeza y un exceso de sangre
-en las venas; pólvora y fusiles.
-
-He estudiado con cariño la historia de este gran seductor de la juventud
-y no he podido ver en ella los magnos propósitos que se le atribuyen y
-que él quizá se atribuyese engañándose á sí mismo: la resurrección del
-poderío romano, del Imperio de Carlo Magno, etc., etc. No he logrado
-percibir más que un gran _amateur_, un hombre enamorado de la espada,
-como Miguel Angel del escoplo, Rubens del pincel y Balzac de la pluma.
-Cincelaba, pintaba y esculpía en el campo de batalla. La guerra no era
-para su cerebro un medio, sino un fin. Sacaba de ella su felicidad, y
-por eso no quiso abandonarla cuando era tiempo y se perdió.
-
-El culto de Napoleón, como el de Budha, no echó profundas raíces en el
-suelo donde había nacido. Algo también parecido acaeció á nuestra
-religión cristiana, que germinó y se propagó, no en Oriente, sino en
-Occidente. En Francia, muertos ó dispersos los veteranos que le
-siguieron en sus románticas expediciones, comenzó la hostilidad. De
-todos los puntos, no sólo de los altos sitiales conservadores, sino de
-la misma juventud generosa, de los ignorantes y los intelectuales,
-partieron dardos que fueron á clavarse en la estatua del gran hombre. No
-eran clavos de oro como los de la estatua de Hindenburg, sino flechas
-envenenadas. Con el desarrollo de las ideas pacifistas y humanitarias en
-Francia, el menosprecio se hizo aún más ostensible. De este menosprecio
-la expresión más aguda fué el libro de Taine «Orígenes de la Francia
-contemporánea». Aquí el héroe maravilloso queda reducido á un aventurero
-afortunado, á un _condottiere_ sin sentido moral, sin grandeza ni
-poesía.
-
-Encontrando ya pocos fieles en Francia el culto de Napoleón, se refugió
-en Alemania. Los alemanes que poseen muchas y grandes cualidades, no
-brillan por la originalidad. No es pueblo de invención, sino de
-adaptación, como los japoneses. Apenas ninguno de los grandes inventos
-modernos se les debe; pero han sabido utilizarlos y llevarlos todos á
-una singular perfección. Los ingleses y franceses tienen más genio
-inventivo; pero como manipuladores, los germanos les sacan ventaja.
-
-Si hemos de conceder á algún pueblo sobre la tierra la palma de la
-invención, es al inglés. Son inventores, no solamente de métodos y
-ventajas en las artes industriales, sino en los usos mismos de la vida,
-en las costumbres, en los placeres y los juegos. Han conseguido imponer
-su manera de vivir y hasta sus caprichos más extravagantes al mundo
-entero. Esto se debe al respeto que allí ha inspirado siempre la
-iniciativa individual. En Francia también existe una natural aptitud que
-no se acumula en algunos gigantes, sino que vive esparcida por todos los
-entendimientos y todas las manos. Es cosa sabida que por lo general un
-francés puede hacer las veces de otro.
-
-Pero en Alemania apenas existe la iniciativa individual; su fuerza la
-sacan de la disciplina y la paciencia. Tácito decía de los germanos:
-«Capaces sólo para los grandes esfuerzos, sin tener paciencia para
-trabajos continuos». El gran Tácito no ha dado aquí en el blanco; la
-paciencia es la que les caracteriza. Un profesor de colegio alemán me
-decía hace algunos años que los niños españoles se hallan por lo común
-mejor dotados que los alemanes, pero que al cabo de algún tiempo éstos
-les vencen por la constancia del esfuerzo.
-
-No es maravilla, pues, que así como han perfeccionado el vapor, la
-electricidad y la aviación, hayan progresado asombrosamente en el arte
-de la guerra. Para estudiarlo acudieron á la más pura y abundosa fuente,
-á la estrategia napoleónica. Bonaparte fué en este orden el maestro más
-grande que ha existido y tal vez exista jamás. La guerra no tenía para
-él secreto alguno. En su cerebro se acumulaba tal suma de penetración,
-de resolución y, sobre todo, de sentido común, que lo hacían invencible.
-
-Porque la gran estrategia ha sido y será siempre cuestión de sentido
-común, y no puede evolucionar. El mariscal alemán Schlieffer, jefe del
-Estado Mayor, ha escrito un libro demostrando que la batalla de Cannas,
-librada por el cartaginés Aníbal, ha sido el modelo ó el ideal de todas
-las batallas habidas y por haber. En todas ellas el fin perseguido por
-un ejército es y será siempre el envolvimiento del enemigo.
-
-Durante la segunda mitad del siglo XIX los estratégicos alemanes se
-dedicaron con ahinco al estudio de las guerras napoleónicas. Es
-incalculable el número de libros y artículos de revista que sobre este
-tema han visto allí la luz pública, la serie de conferencias que se han
-pronunciado. Aprendieron las batallas de memoria, penetraron hasta los
-más recónditos pliegues del pensamiento del maestro. En la guerra de
-1870 han aplicado con feliz éxito el sistema de convergencia ó
-concentración de fuerzas que Napoleón empleó en sus primeras campañas,
-sobre todo en la de Italia. En la actual, por virtud de las
-circunstancias, no han podido desarrollar en grande este método; pero en
-cambio, apelan al mismo que Napoleón hubo de apelar en la campaña de
-1813.
-
-La situación de los ejércitos alemanes en los presentes momentos es casi
-exactamente la misma que ocupaban en aquella fecha los de Bonaparte.
-Este, rodeado por los aliados de entonces, se apoyaba con el núcleo más
-escogido y fuerte de su ejército en el centro de Alemania, cerca de
-Dresde. Tenía en el Norte un ejército llamado de Berlín para oponerse al
-de su antiguo subordinado Bernadotte; al Este, otro llamado de Silesia,
-para resistir al mandado por el mariscal Blucher, y por fin, otro al
-Sur, para combatir á los austriacos y prusianos mandados por el mariscal
-Schwarzenberg. Su táctica consistía en movimientos de vaivén, en lo que
-ahora se llama _juego de lanzadera_. Añadía repentinamente sus fuerzas á
-las de uno de los ejércitos de la perifería, y después á otro, según le
-convenía. La táctica de los aliados se limitaba á retirarse cuando el
-Emperador acudía á un sitio y avanzar al mismo tiempo por el otro.
-
-Este movimiento de vaivén, este _juego de lanzadera_ es el que ejecutan
-actualmente los germanos con medios desmesuradamente más eficaces,
-trasladando sus fuerzas de Oriente á Occidente, y viceversa. Napoleón
-ejecutaba estos movimientos con marchas forzadas á pie, mientras ahora
-se utilizan las líneas férreas. Napoleón los dirigía por sí mismo,
-mientras ahora existe un Estado Mayor que, obedeciendo al plan del
-general en jefe, se encarga de dirigirlos.
-
-Los aliados consiguieron al fin estrechar círculo y reducir á Bonaparte
-á librar la batalla de Leipzig, donde fué derrotado y por milagro pudo
-salvar su ejército y trasladar el teatro de la guerra á Francia.
-¿Lograrán los aliados de ahora estrechar el círculo alemán y obligarles
-á aceptar batallas con fuerzas inferiores? Es un secreto de lo porvenir.
-La Inglaterra así lo tiene calculado y previsto. Desarrolla contra
-Alemania el mismo plan y sistema que empleó tenazmente para hacer
-sucumbir á Napoleón.
-
-Pero si los alemanes lograrán vencer en esta guerra (caso ya imposible),
-los franceses tendrían la satisfacción y el disgusto á la vez de ser
-vencidos por el mismo caudillo que tantas veces les llevó á la
-victoria.
-
-
-
-
-Los socialistas franceses
-
-
-No hay hombre con el corazón en su sitio que no se haya sentido alguna
-vez socialista. Al bajar á una mina; al tropezar, saliendo del teatro,
-con el bulto de un mendigo, helado por el frío y el hambre, estalla la
-cuerda de nuestros razonamientos habituales y nos damos cuenta de que
-todos somos un poco estafadores y que caminamos sobre un terreno
-movedizo y falso.
-
-Y sin embargo, hay sujetos que así que escuchan la palabra socialismo
-ponen la cara larga, se espeluznan, dejan escapar odiosos sonidos
-guturales y algunos derraman abundantes lágrimas. Bombas que revientan
-sembrando el exterminio; manos negras que registran sus archivos; otras
-manos, más negras aun, que se introducen en su gaveta; imprecaciones;
-blasfemias; todo surge en temerosa visión delante de sus ojos
-aterrados.
-
-No es para tanto. El socialismo, como la misma palabra lo indica, no
-significa en el fondo otra cosa que el deseo y propósito de organizar la
-sociedad de un modo más justo. Este deseo y propósito son perfectamente
-legítimos. ¿O es que pensamos que la sociedad humana ha llegado á la
-perfección?
-
-Pero si á este deseo se mezcla el odio, todo flaquea y se derrumba. El
-odio es el más eficaz disolvente que existe sobre la tierra. En cuanto
-este dios infernal se presenta todo cambia de aspecto y se ennegrece. Y,
-desgraciadamente, el socialismo ha hecho su aparición en nuestros días
-acompañado de tan funesta deidad.
-
-Un _leader_ del socialismo español, con quien tropecé hace años en una
-fonda, me decía: «Desengáñese usted; este asunto se resolverá como todos
-los otros de este mundo: por la fuerza.» Yo le respondí: «Está usted en
-un error, amigo mío; este asunto, como todos los otros de este mundo, se
-resolverá por el amor.»
-
-Y el tiempo ha empezado ya á darme la razón. ¿Quién puede imaginar á la
-hora presente que triunfe una revolución popular disponiendo la
-burguesía de mercenarios con mausers, cañones de tiro rápido y
-ametralladoras?
-
-Sí; el amor; esto es, el sentimiento de fraternidad, guiado por la
-razón, es el que se encargará de resolver este problema, limando poco á
-poco las irritantes desigualdades sociales. La Naturaleza no da saltos;
-pero la sociedad tampoco. La orilla está lejos; pero está más cerca de
-lo que hace algún tiempo pensábamos.
-
-El moderno socialismo tiene su fuerza en Alemania. Esta afirmación
-sorprenderá y causará pena á algunos de nuestros germanófilos que no
-pueden imaginar que de Alemania venga otra cosa que autoridad, sumisión,
-disciplina. Y tienen razón, después de todo; las masas socialistas están
-mucho más disciplinadas en Alemania que en otras partes. Por eso son
-mucho más peligrosas. Esta disciplina matará la otra.
-
-En Francia el socialismo ha sido siempre más teórico que práctico. Hubo
-diversas clases de soñadores. Los unos atacaron la propiedad: fueron los
-_comunistas_. Los otros atacaron la familia: fueron los _fourieristas_,
-los del famoso falansterio. Otros, la religión: fueron los
-_sansimonianos_. Ninguno de estos soñadores, sin embargo, logró
-arrastrar y concitar las masas; ninguno pudo organizar en París una
-manifestación de 300.000 hombres, como la que se efectuó en Berlín hace
-algunos años.
-
-Si venís á Francia y recorréis las provincias os sorprenderá conocer el
-personal con que hoy cuenta el socialismo. Veis en un pueblo un precioso
-jardín cultivado con el mayor esmero, rodeado de verja; en el fondo, un
-soberbio hotel; hay jardineros que riegan y podan; hay criaditas,
-elegantemente vestidas con su delantal y su cofia blanca, asomadas á la
-terraza. «¿A quién pertenece esta finca?»--preguntáis--. «A monsieur
-F...--os responden--; jefe aquí del partido socialista.» Entráis á
-consultar con un médico famoso. Os abre la puerta un criado de librea;
-la casa está puesta con lujo excepcional; antes de pasar á su gabinete
-podéis echar una mirada furtiva al comedor, donde se halla reunida una
-familia numerosa tomando el té. Este doctor es el célebre B..., director
-y propietario de una revista socialista. Entráis en una iglesia á oir
-misa, y al salir tropezáis con un caballero que espera á su señora.
-Esta, vestida con suprema elegancia, con el devocionario en la mano, se
-acerca á él sonriente, le pasa el libro, se cuelga á su brazo y ambos se
-alejan departiendo alegremente. Es monsieur D..., diputado socialista
-por el departamento.
-
-Por lo que se advierte, estos socialistas franceses no son ya muy
-peligrosos ni para la propiedad, ni para la familia, ni para la
-religión. Son microbios, cultivados que han perdido su virulencia.
-
-¡Pero los nuestros son ponzoñosos en grado extremo!--oigo exclamar á
-algún conservador furioso--; Y me recuerda los viles asesinatos de
-Cullera, los incendios, las crueldades de Barcelona, los pillajes y
-depredaciones de otros sitios.
-
-Tiene razón; por ahora nuestros socialistas son descamisados, y el
-carecer de camisa no ayuda mucho á la moralidad. «Si es que el pobre
-puede ser honrado»--decía Cervantes--. La honradez es un producto caro
-y, en general, sólo está al alcance de las personas de posición
-desahogada. El privilegio más envidiable de los ricos es que pueden
-proporcionarse el lujo de ser honrados.
-
-Sin embargo, ha llegado á mis oídos que alguno de los jefes actuales del
-socialismo español tiene camisas de noche y de vestir, y no sólo
-camisas, sino también fincas urbanas, y que es un despiadado casero que
-envía á sus inquilinos el recibo indefectiblemente el primero de mes á
-la hora del almuerzo para que pierdan el apetito y se les indigesten los
-filetes empanados. No creo en esta leyenda negra, inventada y
-esparcida, sin duda, por algún malévolo reaccionario.
-
-En todo caso, debiéramos alegrarnos de que los socialistas posean fincas
-urbanas. Y si adquieren algunas acciones del Banco de España, mejor que
-mejor. El día en que los socialistas españoles tengan jardines
-enverjados y lleven á sus señoras á misa, los burgueses no tienen ya que
-temblar por sus títulos de propiedad y sus gavetas.
-
-Los socialistas de todos los países han añadido á su bandera en los
-tiempos modernos un lema seductor: «¡Abajo la guerra!», «Fraternidad
-universal». Está perfectamente. Yo me sentí cautivado desde el primer
-momento por este grito que responde á la aspiración vehemente de todo
-espíritu cristiano.
-
-Fraternidad universal. ¡Qué hermosa palabra! Pero esperando esta
-fraternidad tan dilatada, ¿no podrían los buenos socialistas hacer uso
-de otra, más restringida? Porque todos los días vemos que cuando se
-declara la huelga en cualquier establecimiento industrial, si un
-desdichado obrero, acosado por el hambre, se presenta allí pidiendo
-trabajo, sus hermanitos se arrojan sobre él con fraternidad canina.
-
-Nadie ha dejado de experimentar en Europa un sentimiento de simpatía al
-ver estampado entre los principios del moderno socialismo el desarme de
-las naciones y, como consecuencia, la paz entre ellas. Antiguamente se
-decía: «Paz, entre los Príncipes cristianos.» No debiera suprimirse la
-frase, porque los Príncipes cristianos han sido los principales
-causantes de esta guerra. Todos, hasta los más recalcitrantes burgueses,
-volvieron hacia ellos los ojos con afectuosa complacencia. En las
-tinieblas que amontonaron sobre la vieja Europa los incesantes
-armamentos, sembrando el pavor en todas las almas, el único rayo de luz
-que percibimos venía del socialismo. La diplomacia--nos decíamos--es
-impotente, está desacreditada; pero el socialismo es fuerte, las masas
-de trabajadores se encargarán de oponer una barrera á las ambiciones y
-soberbia de los tiranos. Si dejan caer el fusil y se cruzan de brazos,
-¿quién marchará á la batalla?
-
-Amarga ha sido la decepción. No dejaron caer el fusil; al contrario, se
-apresuraron todos á empuñarlo y á servirse de él con la misma
-inconsciencia que los soldados mercenarios.
-
-¿Ha sido cobardía? ¿Ha sido el feroz instinto gregario que arrastra á
-las muchedumbres cuando se logra enardecerlas? No sé; pero es bien
-lamentable. Entre todas las bancarrotas que la presente guerra ha traído
-consigo, la más triste es la del socialismo. Hablando hace algunas horas
-con uno le expresé, no sin cierto calor y amargura, mi sentimiento de
-tristeza ante el espectáculo que en esta guerra habían dado al mundo sus
-correligionarios.
-
---¿Valía la pena--le dije--de que ustedes estuvieran tantos años
-predicando la paz y la fraternidad internacional, oponiéndose
-sistemáticamente á los armamentos, para que terminasen siendo tan
-feroces guerreros como los demás?
-
-He aquí los términos en que respondió á mi interpelación:
-
-«Para todos, lo mismo burgueses que socialistas, han llegado tiempos
-bien duros. Cuando se grita ¡fuego! en una casa, los más estoicos saltan
-de la cama, y cuando se grita ¡ladrones!, el mayor santo echa mano al
-cuchillo de la cocina. Ser pacifista teniendo á su lado un enemigo que
-acecha vuestros movimientos para arrojarse sobre vosotros al primer
-descuido, es un verdadero crimen. Sí; nosotros los socialistas franceses
-hemos cometido ese crimen, y debemos expiarlo derramando profusamente
-nuestra sangre. Nos hemos opuesto á los gastos militares; hemos
-maltratado á nuestros bravos y previsores generales, pensando que allá
-abajo nuestros hermanos harían lo mismo. Algo hacían; pero ahora vemos
-que todo era comedia, que en el fondo eran cómplices de los tiranos y lo
-mismo unos que otros estaban de acuerdo para lanzarse sobre nosotros y
-arrancarnos el fruto de nuestro trabajo. Todas las leyes, lo mismo las
-humanas que las divinas, ceden ante el derecho de legítima defensa. ¿No
-os defendisteis vosotros con brío en Zaragoza y Gerona cuando nosotros
-invadimos vuestro territorio? Y, sin embargo, vosotros sabíais bien que
-no llevábamos propósito de apoderarnos de vuestro bolsillo. El caso era
-bien distinto que ahora. Los franceses penetramos injustamente, lo
-reconozco, en el territorio de otras naciones; fué un movimiento de
-vanidad explotado por un hombre de genio; antes nuestra República había
-sido atacada por ellas. Pero los franceses llevábamos algo que daros.
-Llevábamos en el orden político los sagrados derechos del hombre,
-desconocidos y hollados entonces en Europa; llevábamos en el orden civil
-un Código que todos después habéis copiado. Ibamos á sustituir un
-régimen despótico por otro liberal, á cambiar simplemente un rey por
-otro. Después de todo, franceses eran ambos; el uno; hermano de
-Bonaparte; el otro, nieto de Luis XIV. La prueba de que no éramos unos
-bandidos es que los hombres más eminentes que entonces poseíais se
-pusieron de nuestra parte, los Moratín, los Silvela, los Meléndez
-Valdés, los Hermosilla, etc. Y en otras naciones acaeció lo mismo.
-Goethe, el más alto espíritu que la Alemania ha tenido hasta ahora,
-fué injuriado en su país por suponérsele amigo nuestro.
-
-«Pero Alemania, ¿qué es lo que trae de nuevo y de bueno á la Europa? Ni
-tiene más inspirados poetas, ni más profundos filósofos, ni sus leyes
-son más sabias, ni sus costumbres más puras. Tiene algunos hombres de
-ciencia eminentes. Otros existen, tan grandes como ellos, en Francia, en
-Inglaterra, en Italia y en Rusia. Los más sorprendentes inventos
-modernos no se deben á ellos, sino á Edison y Marconi. En vez de un
-régimen más liberal y humano traen consigo la autocracia militar. Ellos
-son los que han impuesto á toda Europa esa moderna esclavitud que se
-llama servicio militar obligatorio. Ellos son los que se han opuesto á
-la generosa iniciativa del Zar Nicolás II proponiendo el desarme. Ellos
-son los que han hecho fracasar la Conferencia de La Haya. Ellos son los
-que mantenían la alarma y la zozobra en todo el mundo. ¿Qué les debemos
-pues, en resumen? Un poco más de química y mucho menos sentido moral.»
-
-Dejo á mi vehemente interlocutor la responsabilidad de estas razones
-que, aunque exageradas, guardan un fondo de verdad.
-
-
-
-
-Franceses y Españoles
-
-
-Discurro que es este un punto bien delicado. Se necesita ser un
-equilibrista maestro para no caer en lamentables equivocaciones. Hablar
-de las relaciones entre franceses y españoles en los actuales momentos
-sin herir á los unos ó á los otros es empresa que debiera hacerme
-retroceder por lo peligrosa. _¡Callad! ¡Desconfiad! ¡Los oídos enemigos
-os escuchan!_, se lee hoy en París por todas partes: en las estaciones
-de los ferrocarriles, en los tranvías, en los cafés, en los comercios.
-No quiero seguir el consejo. Para lanzarme al espacio sobre esta cuerda
-tirante poseo un balancín, del cual me he servido siempre con buen
-éxito. Este balancín se llama _sinceridad_.
-
-Pero el citado esparcido letrerito se presta á algunas consideraciones.
-Desde luego hace ostensible que el carácter francés es expansivo. En
-Berlín no hará falta, ciertamente. Y si mis casi paisanos los gallegos
-se hallasen en guerra (que no se hallarán) con alguna otra potencia
-europea, tampoco.
-
-Tenía yo un amigo de esta región con el cual tropecé en la calle después
-de larga ausencia.
-
---¿Cuándo ha llegado usted?--le pregunté.
-
---Hace tres días--me respondió.
-
-Y arrepentido inmediatamente de haber dejado escapar la verdad, añadió:
-
---Y algo más.
-
-Maestros como éste hacen falta, por lo visto, en Francia.
-
-Hablemos sinceramente de nuestra amistad con los franceses. Es
-manifiesto que en España no son todos amigos y admiradores de la
-Francia. Antiguos resentimientos, cóleras, despechos; esto es lo que
-sale á la superficie en cuanto se remueve un poco el estanque.
-
-Es la historia de todos los vecinos. Cuando vivimos largo tiempo en
-estrecho comercio con una persona, las pequeñas molestias,
-desatenciones, injusticias, que nuestro congénito egoísmo arrastra
-consigo, se van depositando lentamente en lo que los psicólogos llaman
-«conciencia subliminal». La educación, el amor á la tranquilidad, la
-pereza, también retienen prisioneros todos aquellos elementos de
-discordia. Pero llega un momento en que cualquier acontecimiento
-imprevisto les abre la puerta y entonces salen furiosos, brutales, con
-los ojos inyectados.
-
-Hay que convenir en que los franceses no se han preocupado mucho hasta
-ahora de ganar nuestra simpatía. La Prensa particularmente no ha
-vacilado en zaherirnos y en manifestarnos su desprecio en más de una
-ocasión. Cuando el actual presidente de la República nos hizo el honor
-de visitarnos, algunos de los periodistas que con él vinieron no
-estuvieron exageradamente amables con nosotros. En una de sus
-correspondencias leí con estupefacción que las calles de Madrid eran
-lóbregas. Es sencillamente ridículo, porque en todas las capitales de
-Europea hay calles más lóbregas que en Madrid. Un francés me dijo en
-cierta ocasión que le bastaba 25.000 hombres para conquistarnos.
-
-Sabido es que en todas partes existen groseros y necios; pero no hay que
-maravillarse de que estos alfilerazos repetidos lleguen á producir el
-efecto de una puñalada. Son pocas las personas de sangre fría capaces de
-asignar á las cosas su verdadero valor. Hay un teorema en la Etica de
-Spinosa, que dice: «Aquel que imagina que es odiado por otro y no cree
-haberle dado ningún motivo de odio, le odia á su vez.»
-
-Todo esto, repito, procede de la vecindad. Si los vecinos de una casa
-supiesen lo que los otros dicen de ellos en voz baja, pronto se
-convertiría aquella mansión en un campo de Agramante. Cuando uno es
-bastante estúpido, para decirlo en voz alta, es cuando estallan esas
-reyertas de Montechi e Capuleti que todos conocemos.
-
-Por lo demás, no creo que si tuviésemos cerca á los alemanes fueran más
-piadosos con nosotros. Recuerdo que hace ya bastantes años vino á
-visitarme un periodista germano. Estaba encantado de nuestra nación;
-todo le interesaba, todo le conmovía; recorría los pueblecitos de la
-provincia de Madrid, y se pasaba semanas enteras con los labriegos y
-aprendía unas canciones bárbaras, que repetía de un mondo que me hacía
-estallar de risa. Sin embargo, yo abrigaba algunas vagas sospechas de
-que aquella admiración por España no era de buena ley. Un día vino él
-mismo á confirmarlas.
-
---Ayer--me dijo--he tropezado con un amigo y compañero de Leipzig que
-desde hace unos días está en España. El pobre hombre se queja de todo,
-se queja de los ferrocarriles españoles, se queja de los hoteles, de
-los servicios públicos, del correo, del pavimento de las calles, de la
-Policía, del alumbrado... Yo le he dicho:--Hombre, eres un tonto. A
-España no se viene á buscar buenos hoteles, ni buen pavimento, ni
-Policía, ni Correos, sino por otras cosas muy distintas.
-
-Confieso que me subieron los colores al rostro. Aquel joven periodista
-nos tomaba por africanos y hablaba de Madrid como si estuviera en
-Mequinez.
-
-Aparte de estas antipatías dispersas, engendradas por el despecho,
-existen en nuestra nación poderosos elementos que en la presente
-contienda se han puesto del lado de los germanos. Se puede decir, sin
-temor á equivocarse, que de los tres estamentos, clero, _milicia y
-estado llano_, sólo el último simpatiza con los aliados. Los dos
-primeros, más o menos ostensiblemente, se han colocado de parte de los
-Imperios centrales. Veo el fundamento que tiene para mantenerse en su
-actitud el segundo. Siendo Alemania un Imperio esencialmente militar, es
-lógico que todo aquel que profese las armas en Europa se sienta
-inclinado hacia él. Si en vez de los explosivos y los líquidos
-inflammables predominase en Alemania el dulce de almíbar, y la fábrica
-Krupp, en vez de cañones, fabricase mantecadas, todos los confiteros
-españoles serían germanofilos.
-
-No encuentro tan justificada la actitud del primero. ¿De dónde ó de qué
-procede ese amor que nuestro clero regular y secular manifiesta hacia
-los alemanes?
-
---No es el amor por los alemanes lo que les impulsa--me decía un
-amigo--. Es el odio hacia los franceses.
-
---¡Imposible!--le respondí--. En la doctrina cristiana la palabra odio
-no tiene beligerancia. Un ministro del Crucificado está obligado á
-proceder por amor en todos y en cada uno de los momentos de su vida.
-Además, es posible odiar á una persona ó á una docena de ellas; pero
-monstruoso y absurdo, aborrecer á cuarenta millones de seres humanos.
-
-Hablando con la sinceridad que he prometido, diré que me inclino á creer
-en la existencia de alguna revelación sólo conocida de religiosos y
-sacerdotes y oculta para la mayoría de nosotros. Es más que probable que
-alguna monja, en uno ú otro convento de España, haya tenido una visión
-celestial como las de Santa Teresa o su discípula la beata Marina de
-Escobar, en que Nuestro Señor le revelase que debiéramos colocarnos
-resueltamente del lado de los germanos y turcos. En ese caso juzgo
-vituperable que no se haga pública, á fin de que no vivamos en pecado
-mortal los fieles cristianos que en España hemos tomado parte por los
-aliados.
-
-Comprendo, no obstante, que ciertos católicos se hayan dejado extraviar
-por la ley de asociación en los sentimientos de que también habla
-Spinosa. Cuando una persona ó cosa nos ha causado una impresión
-desagradable, todo lo que se relaciona con aquella persona ó cosa nos la
-produce igualmente. Quiero decir que hacen extensiva á todos los
-franceses la aversión que les han inspirado unos pocos.
-
-El sectarismo había llegado á hacerse odioso en Francia. Era un
-terrorismo blanco remedo de aquel otro rojo del 93, del cual aun guarda
-en su memoria el género humano la imagen espantosa. No se cortaban
-cabezas, pero sí carreras y bolsillos. Eran sacrificios incruentos con
-desastrosas consecuencias para las víctimas y sus familias. El Poder
-central, como en tiempo de Robespierre, tenía delatores en todos los
-pueblos de la República. A las oficinas del ministerio del Interior y de
-la Guerra llegaban noticias de los funcionarios civiles y militares. Era
-una Inquisición invertida. Había una lista de las personas que
-confesaban y comulgaban; otra de las que asistían solamente á misa los
-domingos; otra, por fin, de los que acompañaban á sus señoras hasta la
-iglesia y se quedaban á la puerta. ¿No es verdad que esto hace reir?
-Parece imposible que los franceses, tan finos, tan avisados, con tanto
-instinto de lo cómico, hayan podido sufrir tamañas ridiculeces.
-
-Pero no veo motivo para odiarles. Es una de tantas consecuencias de la
-cobardía social, como en todas las épocas y en todos lo países se
-registran. Un demagogo logra encaramarse y siembra el terror en la
-nación, no por medio de la guillotina como sus antiguos colegas, sino
-por la cesantía y la postergación. ¿Tiene esto algo de sorprendente?
-Figurémonos que en aquellos desdichados tiempos en que nuestra España se
-hallaba entre las garras de una minoría grosera y anárquica, cuando se
-ponían restricciones al culto católico, cuando se insultaba en la calle
-á sus ministros, cuando en el Congreso de los diputados se proferían
-blasfemias repugnantes; figurémonos que existiese á nuestro lado una
-nación timorata que en vista de tales excesos nos dedicase un odio
-mortal y se alegrase de cuantas desgracias nos cogiesen; ¿no clamaríamos
-inmediatamente contra tal injusticia? Francia se encuentra, con
-respecto á España, en este caso á la hora presente.
-
-Con razón ó sin ella se halla aquí esparcida la opinión de que los
-españoles les somos hostiles. Se sienten heridos y se irritan, y esta
-irritación se traduce en frialdad aparente, por lo menos. Algunos
-españoles, lo mismo señoras que caballeros, se me quejan de que en
-ciertos sitios se les recibe con descortesía; que en los comercios donde
-realizan sus compras escuchan, aunque pronunciadas en voz baja, palabras
-desagradables. Yo les respondo: «Señoras y caballeros, no debe
-sorprenderles mucho que esto suceda. Es fácil olvidarse de que el amor
-no se halla esparcido entre la Humanidad tan copiosamente como fuera de
-desear. Cuando un perro forastero entra en un pueblo, todos los demás se
-ponen á ladrarle sin motivo. Entre personas que se hayan tratado largo
-tiempo y que parecen estimarse, una nada determina el rompimiento y el
-odio. Cuando un criado nos insulta en la calle aborrecemos á su amo, que
-no se ha movido de casa. Mi padre tenía un perro que no podía entrar en
-cierto caserío cuando íbamos de paseo, y se veía obligado á volverse por
-tener allí un enemigo formidable de su misma raza. Aconteció que el
-dueño de este perro vino un día á visitarnos; el nuestro, con gran
-sorpresa de todos, porque era muy pacífico, se arrojó sobre él
-furiosamente y costó gran trabajo impedir que le despedazase. Así es el
-mundo de los perros y de los hombres. Nosotros pagamos aquí los vidrios
-que allá, en Madrid, rompen los germanófilos.»
-
-Esto no obstante, me cumple declarar que ni yo ni las personas que me
-acompañan hemos escuchado hasta ahora ninguna palabra que pudiera
-molestarnos, antes por el contrario, nos vemos acogidos en todas partes
-con irreprochable corrección. Acaso sea todo aprensión y bobería de
-estos buenos españoles.
-
-Pero aunque existiese cierta hostilidad en el vulgo no debe esto
-desconcertarnos. ¿Qué significa el vulgo? Lo que nos importa aquí y en
-todas partes es la gente que piensa, lo que ahora ha dado en llamarse
-clase intelectual. París es algunos millares de personas, y Madrid
-algunos cientos. Estos son los que gozan de permanencia en sus
-sentimientos, y, por lo tanto, dignos de respeto. La masa se inclina de
-un lado o de otro al más ligero soplo; lo que hoy ama mañana lo
-aborrece; la roca Tarpeya en todas partes ha estado cerca del Capitolio.
-Recuerdo que cuando vine por primera vez á París, hace más de veinte
-años, me recomendaban que hiciese lo posible porque no me tomasen por
-italiano á fin de evitarme molestias. Hoy me convendría afectar el
-acento toscano ó napolitano.
-
-Los intelectuales franceses están de nuestra parte han recibido con
-gratitud el manifiesto que el año anterior les han enviado los nuestros;
-saben estimar nuestras cualidades, y si he de confesar la verdad, nos
-aprecian á veces más de lo justo. En un estudio sobre la literatura
-española publicado recientemente por el sabio catedrático de la Sorbona
-Ernesto Martinenche leo las siguientes palabras: «De todas las
-literaturas extranjeras, la española es quizá la que ha ejercido en
-Francia la acción más profunda y continua.» Es falso, pues, que nos
-desprecien los únicos capaces de apreciar y despreciar. Y como éstos
-son, en definitiva, los que guían la opinión y dirigen el mundo, debemos
-estar seguros de la amistad de la Francia.
-
-
-
-
-
-El ahorro francés
-
-
-«Francia tiene un «gato»; es necesario quitárselo», decía el Príncipe de
-Bismarck á sus amigos. Y, en efecto, siguiendo sus instrucciones, los
-discípulos de hoy quisieron repetir la hazaña. Pero los franceses han
-guardado tan bien el gracioso animal que es ya caso imposible que
-aquéllos pongan la mano sobre su lomo.
-
-¡Pobre animalito! ¡Tan dulce, tan inocente, tan rollizo! Sería triste
-que los bárbaros se apoderasen de él. Seguro que con su piel harían
-correas de fusiles y con sus mantecas engrasarían las llaves de los
-cañones.
-
-No hay casa en Francia, por humilde que sea, donde no ronque en algún
-oscuro rincón uno de estos felinos, pequeño o grande. Conocí á un
-funcionario del Municipio que mantenía á su esposa, su suegra y dos
-hijos con un sueldo de 140 francos mensuales. Así y todo, me confesó
-que separaba 15 todos los meses para su «gato». El día en que no pudiese
-darle siquiera unos céntimos de cordilla, el francés se moriría de
-ictericia.
-
-El Shah de Persia declaraba hace años á un periodista que lo que más le
-admiraba en Francia era el ahorro.
-
-Yo creo que si hubiera visto á una estanquerita que vive en la rue de
-Clichy lo hubiera puesto en segundo lugar.
-
-De todos modos, no ofrece duda que tiene en este país una importancia
-capital y que á él se debe el grado inaudito de prosperidad material á
-que había llegado. Es incalculable el número de Sociedades que aquí se
-encargan de promover y facilitar el ahorro, todas inspeccionadas y
-vigiladas estrechamente por el Gobierno. Esto me trae al pensamiento
-aquella famosa «Tutelar», de dolorosa memoria para muchos españoles. La
-estanquerita de la calle de Clichy nos decía ayer á un joven profesor de
-la Sorbona y á mi que mediante una pequeña cantidad que imponía todos
-los meses en la caja de dos de estas Sociedades tenía la seguridad de
-disfrutar en su vejez una renta de cinco francos diarios.
-
---¿Pero es que tendrá usted el mal gusto de envejecer?--le preguntó el
-joven profesor.
-
-La estanquerita se echó á reir, ignoro si porque le «hizo» gracia la
-salida de mi amigo ó por enseñar unos lindos dientes sevillanos.
-
-El ahorro francés no es sórdido ni repugnante; es prudente, metódico,
-sabio. Un francés no se priva jamás de lo necesario y se autoriza todos
-aquellos goces compatibles con él. Entre nosotros se dan casi siempre
-los dos casos extremos: un sujeto que despilfarra cuanto gana ó ha
-ganado su padre y otro que se alimenta y viste como un pordiosero
-poseyendo millones.
-
-Los tenía un viejo solterón que existía hace años en mi pueblo. Para su
-regalo había adquirido una famosa cueva de vinos: Burdeos, Madera,
-Rioja, Manzanilla, Jerez; todo añejo y exquisito. Por lo menos eso se
-decía entre nosotros. Pues bien; este ricacho cenaba indefectiblemente
-todas las noches un plato de patatas guisadas. Como ya le iban cansando
-y le era pesado engullirlas, bajaba á la cueva antes de cenar, tomaba
-una botella de Jerez y la colocaba sobre la mesa delante de su plato.
-«El que se coma las patatas--decía--se bebe la botella de Jerez.» En
-efecto; se comía las patatas; pero al descorchar la botella, la miraba
-con enternecimiento, se apiadaba de ella y bajaba de nuevo á la cueva
-para colocarla en su sitio, repitiéndose la misma escena al día
-siguiente.
-
-Aquí se bebería la botella de Jerez así que hubiera apartado lo bastante
-para comprar otra.
-
-Es una pasión el ahorro en Francia; pero es una pasión discreta,
-reservada, que huye de exhibirse, como el amor en los viejos. Los
-franceses se entienden con los ojos en este punto. Un obrero, un pequeño
-empleado toma los domingos su caña de pescar, después que ha almorzado,
-y se va al río. En la apariencia es un recreo; él así lo manifiesta.
-Pero los vecinos saben á qué atenerse. «Monsieur F*** va por la cena»,
-dicen para sí. Nadie sonríe, no obstante, ni menos se autoriza la más
-ligera broma.
-
-En Francia todo es digno de risa menos el dinero. Sucede lo mismo que en
-nuestras provincias de Galicia. El gallego es un ser pacífico, cortés,
-insinuante; alguna vez también poeta melancólico. Pero tocad el asunto
-del dinero; inmediatamente asomará á sus ojos la tragedia.
-
-Cualquiera que á París venga en este momento y no conozca el carácter
-francés quedará estupefacto. La gente ríe, canta, se divierte como si
-se hallase en una Arcadia feliz y la sangre de sus hermanos no corriera
-á torrentes á pocos pasos de aquí. En los rostros no se pinta zozobra ni
-tristeza alguna: se espera la llegada de los zeppelines, como si fuera
-un caso de risa. Hay extravagancias que horrorizan: los negros velos de
-la viudez se han puesto de moda, y las solteritas se visten de viudas
-por coquetería. Mucho se engañaría el que juzgase por estos signos el
-espíritu de Francia. Bajo su aparente frivolidad, este es el país más
-prudente y sensato de la tierra. El francés suena los cascabeles para
-disfrazar su cordura, como otros se retuercen el bigote para ocultar su
-demencia.
-
-¡Demasiado sensato, demasiado cuerdo! Este es su defecto capital, y no
-la vanidad, como generalmente se sostiene. Todos somos vanos en el
-mundo. Si los franceses lo son un poco más que los otros, el caso no
-tiene excesiva importancia. Pero sí la tiene enorme la frialdad que
-tanta cordura ha engendrado. Entráis en el seno de una familia y
-observáis con sorpresa que los hijos, así que comienzan á ganar dinero,
-lo colocan en las Cajas de Ahorro y sólo dan á sus padres lo que gastan
-en mantenerlos, como si se hallasen en un hotel. Al matrimonio que
-tiene más de un hijo se le mira con cierta compasión despreciativa. Le
-dije en cierta ocasión á una señora que dirige una tienda de bisutería:
-
---Uno de sus sobrinos ha venido hoy á visitarme. No sabía que tuviese
-siete hermanos.
-
-La comerciante frunció el entrecejo y exclamó con amargura:
-
---¡Qué quiere usted, caballero! ¡Campesinos! ¡Salvajes!
-
-En Francia se concede tal importancia al dinero, que un sujeto que posee
-500.000 francos se cree en el caso de no saludar á otro que sólo posee
-300.000 y éste á su vez de no mirar siquiera al que tiene 100.000. ¡Cómo
-contrasta esta ridícula actitud con la cordialidad y modestia que se
-observa generalmente en los ricos españoles!
-
-En sus relaciones con los menesterosos se observa también cierta
-frialdad: los socorren, pero sin emoción. Nuestra ilustre compatriota
-doña. Concepción Arenal puso como lema á una de sus obras las siguientes
-palabras: «La Beneficencia envía al enfermo una camilla; la filantropía
-se acerca á él; la caridad le da la mano.» Los franceses hasta ahora se
-contentaban generalmente con enviar la camilla. Sin embargo, hay que
-reconocer que su Beneficencia era tan eficaz, tan copiosa y previsora
-que la nuestra, aunque más cordial, no podía comparársele. Si no tenía
-calor el corazón lo tenía la cocina, y esto es ya mucho.
-
-Paseando hace unos meses por las calles de Madrid tropecé con un ciego
-que pedía limosna tocando el violín. Entablé conversación con él y me
-informé de su patria y sus desgracias. Era un minero asturiano que había
-perdido la vista á consecuencia de una explosión de grisú. Cuando le
-ocurrió este percance alguien le dijo que en París existían médicos
-especialistas que seguramente curarían su ceguera. Como poseía algunos
-ahorros, aquí se vino lleno de esperanzas. Poco tardaron en disiparse.
-Quedó ciego y sin recurso alguno en medio de esta gran capital. Los
-últimos francos los empleó en comprar un violín y aprender á rascarlo.
-Durante doce años recorrió, mendigando, de un cabo á otro la Francia.
-Cuando estalló la guerra se le hizo salir, como á todos los demás
-mendigos extranjeros. Así que conocí su historia me puse á hablar con
-entusiasmo de este país, que tanto admiro; de su organización tan
-perfecta, de su autoridad previsora, de la feliz distribución de sus
-riquezas. El ciego me replicó, suspirando:
-
---Sí, señor, sí; todo eso es cierto... Pero en Francia un caballero como
-usted no estaría ahora hablando con un mendigo como yo.
-
-Líbreme Dios de imaginar que en Francia no existen muchas, muchísimas
-almas ardientemente caritativas, grandes y tiernos corazones. Tengo el
-honor de ser amigo de algunos. Lo único que afirmo es que aquí la
-importancia del dinero había llegado á hacerse incompatible con la
-importancia de las leyes morales. La ganancia era la musa inspiradora
-por excelencia y el comerciante, el artista y el guerrero la rendían por
-igual fervoroso culto.
-
-En septiembre del año pasado vino con licencia de cuatro días, como
-todos los soldados, al pueblecito donde yo veraneaba M. Pierre,
-peluquero. Ostentaba, sobre su pecho la cruz de guerra. Se había batido
-valerosamente allá, en las trincheras. Se le había citado en los
-periódicos regionales por una hazaña admirable. Pues bien; ¿qué suponen
-ustedes que hizo aquel guerrero que sólo traía cuatro días de licencia?
-Inmediatamente abrió las puertas de su establecimiento, cerradas desde
-hacía más de un año; se puso en mangas de camisa y comenzó á afeitar á
-sus parroquianos.
-
-Yo entré en la peluquería cuando hacía la barba á M. Despretis, el
-propietario más rico de la localidad. Y mientras le pasaba delicadamente
-la navaja por las mejillas narraba con vivos colores una de las batallas
-en que había tomado parte.
-
---Los obuses nos barrían materialmente. Filas enteras caían y los
-cadáveres se amontonaban delante de nosotros, cerrándonos el paso.
-Nuestros pies chapoteaban sangre. Pero avanzábamos siempre, y en cuanto
-nos pusimos en contacto con los «boches», nuestras bayonetas hicieron
-una carnicería espantosa: cortaban, rajaban, se hundían en el vientre de
-aquellos cochinos...
-
---¡Nom de Dieu! ¡Monsieur Pierre, me ha hecho usted daño!--exclamó
-monsieur Despretis, abriendo los brazos y echándose hacia atrás
-vivamente.
-
-Monsieur Pierre retrocedió asustado y contempló con espanto una gotita
-de sangre en las cándidas mejillas de monsieur Despretis. Se puso pálido
-y balbució algunas palabras incoherentes.
-
-¿Por qué se turba y empalidece aquel héroe á la vista de una gotita de
-sangre cuando tanta había visto verterse y él mismo había derramado?
-¡Ah! Porque aquella gotita no brotaba de ninguna entraña palpitante,
-sino que corría de su bolsillo.
-
-Ahora no puedo menos de preguntarme: ¿Este espíritu de economía es una
-virtud? Sería profanar tal nombre el llamarlo así. Cuando un hombre se
-priva de algún goce con el fin de atender á la necesidad de sus
-semejantes á ese hombre le diputamos por virtuoso. Pero si separa parte
-de lo que gana para proporcionarse más placeres en lo porvenir le
-llamamos interesado.
-
-Es un error profundo el tomar exageradas precauciones en la vida. Una
-rabotada del Destino las echa á rodar en un instante. Cuando aquél llama
-con siniestros golpes á nuestra puerta de poco nos valen nuestros
-cuartos de baño y nuestro chocolate. Una pequeña dosis de fe y de
-energía nos será de mayor utilidad.
-
-Tal ha sucedido con la nación francesa. El golpe ha sido rudo porque
-ruda había sido la infracción. Pero el genio francés no había naufragado
-todavía: extravió el rumbo, pero no se fué á pique. Sintióse aturdido
-unos instantes, pero inmediatamente reaccionó vivo y poderoso. Cien
-generaciones de héroes no pueden engendrar una de cobardes. Hijos son
-estos soldados de aquellos otros intrépidos, generosos, que pasearon sus
-gloriosas armas por todas las ciudades de Europa sin saquear sus
-palacios, sin beberse el vino de sus bodegas, robando solamente algún
-beso á las lindas muchachas que cruzaban por la calle.
-
-Ahora se habrán convencido de que hacer muchos cálculos es bueno; pero
-es mejor no hacer ninguno. Llenar el bolsillo es extremadamente útil;
-pero es más útil llenar el corazón. Vivir con sobriedad y mesura, no
-complicar la vida, hacerla fácil para todos, rendir, sobre todo, culto
-al amor en todos los momentos y en todos los lugares. Este es el secreto
-de la dicha de los individuos y de la grandeza de las naciones. Si
-nadamos sobre la ola de la ley moral ella nos conducirá suavemente á
-puerto seguro.
-
-
-
-
-Las mujeres y la guerra
-
-
-Paseando hace ya bastantes años por el bosque de Bologne con un español
-recién llegado como yo á París, acertamos á ver una linda pareja de
-jóvenes que hacia nosotros venía graciosamente abrazada. Cruzaron á
-nuestro lado con perfecta tranquilidad, sin importarles nada, al
-parecer, de que les viésemos de aquel modo enlazados. Mi compañero se
-escandalizó profundamente porque venía dispuesto á escandalizarse.
-
-En Madrid es proverbial la corrupción de París. En Madrid todas las
-cosas son proverbiales. Quiero decir que lo que opina el uno lo opina el
-otro, y así sucesivamente.
-
-Dice un amigo mío, muy inclinado á la paradoja, que en España existen
-240 personas que piensan por sí mismas. Las demás piensan por cuenta del
-vecino, exceptuando aquellas que no piensan de manera alguna, que es la
-clase más numerosa.
-
-Esta cuchufleta no está desprovista por completo de verosimilitud. Los
-españoles, que hemos sido audaces aventureros por mar y tierra, cuando
-nos lanzamos á navegar por el océano de las ideas nos tornamos encogidos
-marineros. Un viajero americano afirma que en Inglaterra exigen á cada
-uno que se atreva á tener opinión propia que perdonan fácilmente á todo
-el que rompa con las convenciones sociales si lo hace con ingenio. En
-ello ven una garantía de la fuerza y progreso de su nación. Pues en
-España acaece lo contrario. Aquí se mira con malos ojos á cualquiera que
-diga ó ejecute una cosa no dicha ó ejecutada antes por otro. Alemania
-es, según dicen, el país de los uniformes; España, igual; pero lo
-llevamos dentro.
-
-Volviendo á mi compañero de paseo diré que rugió de indignación y
-exclamó:
-
---¡Qué desvergüenza, qué cinismo! ¡Hay que venir á París para ver estas
-cosas!
-
---No hay que hacer un viaje tan largo--le respondí--. Se conoce que no
-pasea usted por las avenidas del Retiro.
-
-La capital de Francia, en lo que á las relaciones de los dos sexos se
-refiere, no está más corrompida que Londres, Berlín y Nueva York.
-Téngase presente que en París existía antes de la guerra una población
-flotante mucho más numerosa que en ninguna otra ciudad. Todos los
-alegres compadres de Europa y América se daban aquí cita para
-divertirse.
-
-Fuerza es confesar que la mala fama de las francesas se la han dado los
-franceses. Son sus mismos padres, esposos y hermanos los que las han
-deshonrado á los ojos del mundo. En el teatro y la novela no se hallará
-de cincuenta años á esta parte otra cosa que las ruindades y picardías
-cometidas por las mujeres francesas con sus maridos. La liviandad es la
-única musa de los autores modernos; el adulterio, su único argumento. De
-tal modo, que el que se sature de esta bazofia literaria (que no otro
-nombre merecen las producciones que ven á diario la luz en París)
-pensará que en toda Francia no existe una esposa fiel ni una soltera con
-pudor.
-
-Es una infame calumnia. Saliendo de París hallaréis en todas las
-provincias de Francia las mismas costumbres que en España. Yo, que desde
-hace tiempo habito parte del año en una de ellas, no he observado aquí
-mayor inmoralidad. Hay alguno que otro divorcio, es cierto; pero las
-damas francesas miran de través y con menosprecio á la mujer
-divorciada, lo mismo que sucedería en una provincia española. Por otra
-parte, ¿no habría divorcios entre nosotros si la ley los consintiese?
-
-Pero tiene la mujer francesa tanto en su abono, que podría perdonársele
-un suplemento de coquetería. Tiene la gracia, el ingenio, la elegancia,
-la cultura; tiene, sobre todo, el inquebrantable propósito de hacerse
-amable. La decantada cortesía francesa no reside en los franceses (y que
-me perdonen los buenos amigos que aquí tengo), sino en las francesas.
-
-El poder de la mujer francesa es infinito. Nadie resiste á su
-influencia. Sin belleza, muchas veces; sin alta posición social, sin
-ricos trajes, sin sólida instrucción, sabe, no obstante, arreglárselas
-para fascinar primero y sujetar después á cuantos á ella se acercan. Si
-leéis la correspondencia de Voltaire os causará asombro la inmensa
-variedad de frases ingeniosas que aquel hombre tenía á su disposición
-para lisonjear á sus corresponsales. Pues todas las francesas son
-pequeños Voltaires. Cuando penetráis en un círculo de damas francesas
-estad seguros de oir muchas frases que halaguen vuestro amor propio
-pronunciadas con tal arte, con una sencillez tan refinada, que no os
-dais cuenta de que os adulan. Y esto constituye un verdadero peligro,
-porque salís de aquella reunión haciendo la rueda como un pavo real.
-
-Es una particularidad digna de notarse que la mujer francesa, cuanto más
-envejece, más amable se hace. Así como las inglesas, al decir de
-viajeros y novelistas, se tornan agrias con la edad, la francesa
-concentra su dulzura y se escarcha como las mermeladas. Entonces es
-cuando desplegan los recursos todos de su arte. En Francia no es fácil
-sostenerse contra una joven: imposible resistir á una vieja.
-
-Días pasados espero la llegada de un tranvía. Ignoro que hay que
-arrancar un papelito, con un número, de cierta columna donde están
-fijados. Una señora de pelo gris observa mi descuido y me dice:
-
---Monsieur, vaya usted á tomar su número, porque de otro modo no
-conseguirá entrar en el coche.
-
-Otro día entro en una iglesia y dejo olvidado sobre el reclinatorio
-donde había estado arrodillado mi gabán. Cuando ya estoy cerca de la
-puerta, siento detrás de mí una respiración jadeante y oigo una voz que
-me dice:
-
---Monsieur, tome usted su gabán que ha olvidado.
-
-Era una dama también de cabellos blancos. ¿Cómo es posible dejar de
-adorar á estas buenas viejas francesas?
-
-Otra curiosa particularidad es que en Francia no existen como en España
-provincianas. Todas son parisienses. El mismo gusto para vestirse, el
-mismo ingenio, la misma cortesía, la misma distinción de modales. En una
-aldea, al aire libre, he visto bailar un rigodón á unas pobres
-labradoras, con tal elegancia y majestad, que si repentinamente una hada
-trocase el percal de sus vestidos por seda y el mísero violín que las
-acompañaba por una orquesta, se creería uno entre princesas. Vamos
-paseando y oímos detrás la voz de algunas personas que se saludan con
-frases ceremoniosas y entablan una conversación en que se cambian finos
-conceptos. Volvemos la cabeza: son unas domésticas que han tropezado con
-un obrero de los tranvías. Hasta he presenciado una reyerta fragorosa
-entre dos mujeres que vinieron á las manos, sin abandonar por completo
-toda cortesía.
-
---¡Oh, madame!--gritaba, una dando á la otra un arañazo.
-
---¡Oh, mademoiselle!--gritaba la otra respondiendo con un estirón de
-pelos.
-
-Vengamos ahora á la política. En Francia casi todos los hombres son
-republicanos; pero las mujeres casi ninguna. Por lo menos, cuantas
-señoras be tropezado me han preguntado por nuestro Rey, por la Reina,
-por los Príncipes e Infantes, con tanto interés y afecto, que revelan
-sentimientos monárquicos acendrados. Es un interés vivísimo el que
-sienten por conocer las particularidades de la vida y costumbres de
-nuestra familia Real. En vano les digo que yo no puedo satisfacer su
-curiosidad porque no soy cortesano ni voy jamás á Palacio. Ellas se
-obstinan, quieren sacar de mí algún pormenor atractivo, alguna noticia ó
-anécdota. Entonces me acuerdo de que soy novelista y les cuento una
-historia que las enternece.
-
-Su actitud al declararse la guerra no ha podido ser más admirable. Las
-he visto confiadas, serenas, resueltas como el hombre; pero con más
-dignidad aun.
-
-Algunos hombres, completamente enloquecidos, estallaron delante de mí en
-denuestos contra sus enemigos, profirieron frases de mal gusto. Las
-mujeres no descienden á la injuria grosera. Ellas, tan comunicativas
-ordinariamente, permanecían graves y silenciosas; pero en sus ojos, en
-todo su cuerpo, se leía la inquebrantable decisión de ayudar á sus
-esposos y hermanos hasta morir.
-
-¡Y vaya si lo han cumplido! La mujer es cobarde en una guerra de
-agresión y de conquista. Para marchar necesita ir acompañada de la
-justicia. Pero cuando la siente á su lado entonces es más intrépida que
-el hombre. Acordaos, españoles, de aquel baluarte de Gerona defendido
-por nuestras heroicas abuelas, donde se gritaba: ¡Ni damos ni queremos
-cuartel!
-
-Una vez convencidas las francesas de que su patria había sido atacada
-injustamente, desplegaron, para aliviar la suerte de los suyos, los
-maravillosos recursos de su naturaleza. En el campo tomaron sobre sus
-hombros, la pesada carga del cultivo, aquí, en París, desempeñan con
-igual éxito los oficios de los hombres, lo que engendra un problema que
-ya preocupa á éstos. Un obrero me decía, no ha mucho, con cierta
-inquietud y amargura:
-
---Vea usted, señor; las mujeres en estos momentos lo invaden todo: son
-los cobradores de los tranvías, los mozos de café, los dependientes de
-los comercios, los cocheros, los obreros en nuestras fábricas, hasta en
-las de municiones... ¿Qué va á pasar cuando la guerra termine? Los
-hombres hallarán ocupados sus puestos y será difícil que puedan
-recuperarlos. La mujer se contenta con la mitad del salario de un
-hombre. Como es natural, los empresarios y los propietarios de
-establecimientos comerciales preferirán que ellas sigan. Será un grave
-conflicto, puede usted creerme.
-
-Sí lo creo; pero no he podido menos de preguntarme: ¿Cuál es la causa
-original de este conflicto? Las mayores necesidades de los hombres, y si
-hablásemos con toda claridad, pudiéramos decir sus vicios. La mujer no
-necesita alcohol ni tabaco; es más sobria en la alimentación; no exige
-placeres costosos. La única manera de resolver el problema será que los
-hombres se hagan más sobrios y morigerados y puedan vivir con igual
-salario. Con esto ganarían ellos mismos, su nación y la raza entera.
-
-Millares de jóvenes en brillante posición abandonaron el regalo de su
-hogar y partieron al frente para servir en las ambulancias; otras
-permanecieron en los hospitales creados hasta en los más apartados
-rincones del territorio para recibir á los heridos; otras, en fin,
-recorren el país haciendo todo lo que humanamente es posible para
-arbitrar recursos.
-
-Fuí testigo y lo soy de sus trabajos en estos hospitales. No se limitan
-á cuidar á los heridos, á curar sus llagas, á velar su sueño; hacen
-mucho más. Como saben que la alegría es el medicamento más eficaz que se
-conoce, capaz por sí sólo de realizar curas maravillosas, se esfuerzan
-en proporcionársela á sus enfermos. Lo primero que hacen es instalar un
-piano, y si les es posible, un cinematógrafo. Según las circunstancias y
-el estado de los heridos, dan conciertos vocales o instrumentales,
-representan comedias, leen novelas, les divierten con juegos de
-prestidigitación y, sobre todo, ríen y charlan y los tienen embelesados.
-
-Inútil es decir que el dios alado hijo de Venus y Marte acude á estos
-recintos, que debieran ser de dolor, y lo son muchas veces de regocijo.
-Y con inaudita crueldad remata la obra de los alemanes disparando sobre
-aquellos infelices heridos, no ya flechas de oro como antiguamente, sino
-flamantes granadas de mano con gases asfixiantes. Algunos de ellos van á
-convalecer á la sacristía de la parroquia; otros se marchan al frente,
-prometiendo á sus enfermeras venir pronto otra vez heridos.
-
-Hace pocos días visité el famoso colegio Rollin, soberbio edificio,
-transformado, como otros muchos, en hospital. A una de estas simpáticas
-enfermeras le pregunté:
-
---¿Son ustedes aquí todas voluntarias?
-
---Hay algunas profesionales; pero las más somos voluntarias.
-
-Ella fué la que me contó la siguiente tristísima anécdota:
-
-Existe en París un comerciante inmensamente rico llamado Vilmorin. El
-hijo de este comerciante quedó, á consecuencia de uno de los combates,
-_sin piernas y ciego_. De éstos hay varios. Cuando su padre fué á verle
-por primera vez al hospital, el hijo le preguntó:
-
---Padre, ¿me quieres todavía?
-
---Infinitamente más que antes, hijo mío.
-
---Pues voy á pedirte un favor.
-
---Cuanto tú quieras. Hasta mi último franco está á tu disposición.
-
---Mátame.
-
---¿Qué es lo que estas diciendo?
-
---Sí, mátame; dame un veneno; nadie lo sabrá.
-
-Que cada cual se represente lo que habrá experimentado aquel padre.
-
-
-
-
-Autores y libros
-
-
-Después de los políticos, los literatos somos lo peor en cada país. La
-política es la región del interés y la vanidad; el arte solamente de la
-vanidad. Un artista prescindirá sin inconveniente del almuerzo si os
-dignáis elogiar sus obras: en el caso de que habléis mal de las de sus
-colegas prescindirá también de la cena. Un político necesita además
-«champagne» y buenos cigarros. Tratándose no obstante de adulación tiene
-el estómago menos delicado que el literato. Cuando yo era joven y
-asistía á ciertas tertulias de políticos he visto á más de uno engullir
-con fruición verdaderos platos de taberna.
-
-Se habla, sin embargo, demasiado de la vanidad de los poetas; como si
-los que no lo son estuvieran exentos de ella. Todos los que ejecutan
-alguna obra en este mundo, y hasta los que no ejecutan ninguna, se
-juzgan dignos de ser celebrados.
-
-Entre los grandes literatos, según dicen, el francés es el más
-puntilloso e insufrible. Ignoro si esto es así, porque no tengo el honor
-de tratar á ninguno. Pero en España existía hace años un famoso poeta á
-quien preguntaba en cierta ocasión uno de sus jóvenes admiradores:
-
---Dígame, usted, don M..., ¿quién es más grande poeta, Shakespeare ó
-usted?
-
---Te diré--respondió el poeta español gravemente, dispuesto á esclarecer
-el asunto.
-
-No imagino que Víctor Hugo hubiese ido más allá.
-
-De todos modos yo perdono á los literatos su impertinencia. Y si el
-lector quiere perdonarlos también fácilmente, no tiene más que hacer lo
-que yo: vivir alejado de ellos.
-
-Un amigo mío, gran aficionado á los toros, me decía: «Me encantan las
-corridas; pero detesto á los toreros. Si yo fuese un déspota como
-Calígula, una vez terminada la fiesta los encerraría en la cárcel y no
-los dejaría salir hasta la siguiente.» De igual manera encerremos á los
-autores en la cárcel de sus libros y no los saquemos sino en los
-momentos en que sintamos necesidad de ellos. Cuando estuve en París,
-hace ya muchos años, pertenecían al número de los vivos Zola, Daudet,
-Maupassant, Renan y Taine. A pesar de la grande admiración que me
-inspiraban estos hombres no di un paso para ponerme en relación con
-ellos. En cambio anduve no pocos para visitar en el cementerio las
-tumbas de Alfredo Musset y de Balzac. Y puedo asegurar que me recibieron
-con toda cordialidad y que no tuve motivo para quejarme de su
-orgullo[1].
-
-[Nota 1: Después de publicado este artículo en _El Imparcial_ he
-tenido ocasión de conocer personalmente á algunos eminentes escritores
-franceses que han sido para mi mucho más corteses y amables aun que
-Musset y Balzac. Queda, pues, borrado por lo que á ellos se refiere
-cuanto acabo de decir.]
-
-Ni es caso de sorpresa que los artistas y literatos franceses se
-disputen con encarnizamiento los rayos de sol de la gloria. Esta existe
-realmente en Francia. Los artistas y literatos constituyen aquí la más
-alta aristocracia social, y sin ser precedidos de líctores y fasces el
-público les abre paso y les saluda con respeto. Pero en España no existe
-ni nunca ha existido, aunque supongo que existirá con el tiempo, porque
-no hemos de seguir siendo eternamente el pueblo más rústico de Europa.
-Cuando recuerdo aquellos desdichados y famélicos literatos nuestros del
-siglo XVIII, que pasaron su vida injuriándose, sin que el público
-advirtiese siquiera su presencia, me acometen deseos de reir y llorar al
-mismo tiempo.
-
-Aquí, no sólo se disputan la gloria, pero también el dinero. Porque la
-literatura vale dinero, aunque no tanto como por ahí se dice. Las
-ganancias que realizan estos autores no pueden compararse con las que
-obtienen sus colegas en Inglaterra y los Estados Unidos. Sin embargo, la
-hay, y hay, sobre todo, mucha gloria. Por eso se lucha rabiosamente y se
-hacen esfuerzos increíbles por conseguirla. Estos esfuerzos llegan á
-veces hasta los últimos extravíos de lo ridículo. Un poeta anuncia en
-los periódicos que el gallo que le inspiró su comedia se ha vendido en
-cuatro mil francos. A este reclamo contesta otro poeta vaticinando que
-tal día de tal mes, á las cuatro en punto de la tarde, morirá de muerte
-natural en su propio lecho. Unos sonríen y se encogen de hombros al leer
-estas cosas; pero otros quedan estupefactos, y este es el fin que se
-persigue.
-
-La notoriedad en Francia tiene tal valor, que se comprende bien lo que
-Alejandro Dumas (hijo) decía de su padre: «Mi padre es tan glorioso,
-que se disfrazaría con gusto de lacayo y se sentaría en la trasera del
-coche con tal de que el público pensase que iba dentro.» Un joven
-periodista me iniciaba estos días en el arte de adquirirla, en los
-secretos de esta guerra submarina que los autores necesitan llevar á
-cabo para bloquear y rendir á la opinión.
-
---Un artículo de M. D... cuesta tres mil francos--me decía--. Uno de M.
-L... tres mil quinientos. El de M. F... no vale más que dos mil, porque
-su periódico tiene menos circulación.
-
---¡Pero esos críticos deben vivir en la opulencia!--exclamé yo con
-asombro.
-
---Esos críticos no perciben un céntimo de ese dinero.
-
---¡Cómo! ¿Entonces venden su pluma por el sueldo que les tienen asignado
-en el periódico?
-
---Nada de eso. Si la vendieran perderían enteramente su crédito. No
-tienen otra obligación que escribir acerca del libro que el director les
-presenta delante. Son libres para decir lo que piensan de él, bueno o
-malo.
-
---¿De modo que hay sujeto en Francia que entrega tres mil quinientos
-francos porque le, llamen tonto en un periódico?
-
---Así es--replicó mi joven interlocutor--, porque aquí vale más ser un
-tonto conocido que un genio ignorado.
-
-Entonces no pude menos de pensar con patrio orgullo en los honrados
-directores y propietarios de periódicos españoles que dejan el paso
-libre en las columnas de sus diarios á toda clase de adjetivos
-arrulladores sin cobrar un perro chico por la entrada.
-
-Por estos datos podrá el lector inferir la enorme significación que aquí
-tiene la literatura. Todo el mundo lee, le mismo el prócer que el
-plebeyo, las damas y los caballeros. El número de librerías es
-asombroso. En una de ellas tuve que hacer cola para comprar un libro. La
-señorita del comercio donde compráis galletas ó corbatas os hablará de
-las últimas producciones literarias con acierto y sagacidad
-sorprendentes, y á veces tratará de nuestra literatura misma con mayor
-conocimiento de ella que algunos millonarios españoles. Después de la
-guerra, empobrecidos, agobiados por la desgracia, no les falta ni les
-faltará dinero para comprar libros. Mientras la Casa Nelson no ha podido
-continuar publicando obras españolas, aunque nosotros no tengamos que
-soportar hasta ahora carga alguna extraordinaria, todos los meses da á
-luz algunos volúmenes en lengua francesa.
-
-Por eso, porque los literatos franceses están acostumbrados á que se les
-mime y festeje en demasía, á que se conozcan por todo el mundo y se
-transmitan á los últimos rincones sus palabras y sus gestos y hasta sus
-estornudos por eso de vez en cuando ahuecan la voz y dejan escapar
-algunas simplezas. La guerra ha sido ocasión para que se profieriesen
-bastantes, hay que confesarlo. En una novela de Balzac, cierto noble
-francés, que después de la guerra de la Vendée entra en su casa con el
-cuerpo y el alma transidos de dolor por el egoísmo de algunos de sus
-compañeros, se limita á decir con magnánima sencillez: «Todos los
-barones no han cumplido con su deber.» De igual modo podemos decir
-ahora: «Todos los escritores no han conservado su dignidad.» Se han
-escrito y publicado muchas ridículas fanfarronadas, amenazas, frases de
-mal gusto. Y es lo peor que todo esto se ha dicho sin emoción y sólo
-para fijar las miradas del público. Esta es la plaga de la literatura
-francesa. Pierden los literatos su iniciativa y la sagrada libertad,
-para convertirse en lacayos de la opinión. Les llevamos sobre este
-punto los que en España cultivamos las letras una ventaja envidiable.
-Que escribamos tuerto ó derecho, como ángeles ó demonios sabemos de
-antemano que el gran público no se cuidará de nosotros; trabajamos para
-unas docenas de aficionados; somos libres como el búho de Minerva.
-
-¡Oh, sacra libertad; jamás pagaremos bastante caras tus caricias! Yo he
-sentido siempre tus besos en la frente cuando trazaba los humildes
-libros que entregué al público; pero confieso que nunca los sentí más
-tiernos que allá en mis años juveniles cuando bajaba la escalera de un
-eminente político después de haber estado algunas horas en su tertulia.
-¡Dios mío!--exclamaba, levantando mis ojos--. ¿De qué vale la gloria y
-el poder si es necesario pasar la vida escuchando tanta inepcia? ¡Pobre
-grande hombre! Yo soy un modesto emborronador de papel, pero no un
-esclavo como tú de la grandeza. Soy libre. Ahora mismo voy á sentarme en
-un banco de Recoletos ó á comer un beefsteak al café Habanero, y no me
-perseguirá, no, la turba de tus zorroclocos aduladores.
-
-Los escritores franceses ponen demasiado el oído á los rumores de la
-calle; ensayan sus reverencias al espejo, como los reyes; no pueden
-pasarse sin mimos, como los niños. Necesitarían una escuela más ruda
-para adquirir sencillez. Sin embargo, transcurridos los primeros días,
-el buen sentido, que es el fondo del espíritu galo, se impuso. Hace
-mucho tiempo que se han desterrado de los periódicos las frases de mal
-gusto; hoy se escribe con mesura y dignidad.
-
-Me hallaba uno de estos días sobre la terraza de la iglesia del Sagrado
-Corazón, en la colina de Montmartre. Era la hora del atardecer, la hora
-de la melancolía. El panorama que mis ojos descubrían es único en el
-mundo. La gran Lutecia extendía la techumbre de sus moradas hasta los
-últimos confines del horizonte. El Sol, ocultándose unas veces detrás de
-las nubes, otras asomándose repentinamente, jugaba con ella, bañándola
-de luz y oscureciéndola alternativamente. Allá una neblina azulada daba
-la impresión de una paz idílica; aquí una nube negra inspiraba tristeza
-y recelo. Las torres del Trocadero, la de Eiffel, los Inválidos, el
-Panteón, San Sulpicio, Santa Clotilde, Nuestra Señora, evocaban en mi
-espíritu los hechos más salientes de la historia antigua y moderna.
-
-En aquel momento sentí como nunca la importancia de esta gran ciudad.
-Víctor Hugo ha dicho: «París es el cerebro del mundo.» No lo creo: es
-una de las muchas frases sonoras que ha proferido este genio enfático.
-París no es el cerebro del mundo; en todas partes se piensa, en todas
-partes hay cerebros. París es la mano del mundo. Los hombres sobre este
-planeta vivimos tan apartados los unos de los otros, no sólo por la
-distancia física, sino por otra moral mucho peor, que si no hay una mano
-que nos conduzca los unos hacia los otros, corremos peligro de helarnos
-en nuestra soledad.
-
-¡Grande y noble destino el de Francia! Aquí venimos todos á lavarnos de
-nuestro exclusivismo. Es el centro donde se equilibran todas las
-fuerzas; es el alambique donde se destilan todos los resabios y
-groserías de que está plagado el mundo. La Francia entera parece un gran
-salón y París la señora de la casa, que con refinado tacto sabe mantener
-en actitud correcta hasta los peor educados de sus tertulios. Si los
-alemanes la hubieran vencido, tarde o temprano quedarían uncidos al yugo
-amable de esta encantadora Circe, como en otros tiempos los romanos lo
-fueron al de Atenas.
-
-La Francia se encarga de poner en el fiel las grandezas y las pequeñeces
-de los hombres. Cuando entran en París, los reyes más déspotas se
-convierten en amables ciudadanos y los humildes obreros en hombres de
-buena sociedad. Todo el mundo se arregla aquí la barba y se quita las
-botas de montar. Los «pieles rojas» de América os pedirán perdón cuando
-pasan delante de vosotros.
-
-Alguien me dirá que estas son apariencias y que lo que importa es poseer
-elevada inteligencia y recto corazón. Convenido; pero la cortesía es un
-antídoto contra el egoísmo y el comienzo de la caridad. Por los actos se
-llega á los sentimientos, dicen los modernos psicólogos. Pascal tomaba
-agua bendita para inspirarse fe. La naturaleza humana es tan viciosa que
-necesita todos los frenos de la educación para no mostrar su lacería.
-
-Pero no es solamente distinguida y encantadora esta ama de casa: es,
-además, culta como ninguna. Otras naciones la han sobrepujado en ciertos
-lujos: Inglaterra posee una literatura más rica; Alemania, una filosofía
-más alta; Italia, un arte más espléndido. Sin embargo, tomada en
-conjunto, Francia es la nación que sobresale. Su literatura en el siglo
-XVII es admirable. Los nombres de Corneille, Racine, Bossuet, Fenelon,
-Mme de Sévigné, Molière, La Fontaine, La Rochefoucauld rivalizan con los
-más grandes de otros países. En el siglo XVIII hay colosos como
-Voltaire, Diderot, Rousseau y exquisitos escritores como Mariveaux,
-Prevost, Beaumarchais y Chamfort. El XIX es maravilloso. Al mismo tiempo
-han alentado aquí hombres como Lamartine, Alfredo de Musset, Víctor
-Hugo, Chateaubriand, Balzac, Michelet, Jorge Sand. Y al lado de éstos
-algunas docenas de escritores notables como ninguna otra nación puede
-ostentar.
-
-Y si pasamos á la Ciencia, aun es mejor. Alemania la vence en sus
-aplicaciones industriales; pero en la ciencia pura los franceses han
-sido y continúan siendo los maestros. Descartes, Mallebranche, Pascal,
-Laplace, D'Alembert, Lavoisier, Lamarck, Champollion, Ampère,
-Gay-Lussac, Buffon, Cuner, en tiempos antiguos, lo demuestran. En los
-presentes, Pasteur, Comte, Claudio-Bernard, Quatrefages, Charcot, Taine,
-Brown-Sequard lo pregonan igualmente.
-
-No hay en estos últimos años un sabio naturalista que pueda compararse á
-Pasteur, ni un matemático á Enrique Poincaré, fallecido recientemente,
-ni metafísico á Bergson, vivo aun para gloria de su nación. En los
-momentos actuales trabajan aquí brillantemente sabios como Le Dantec,
-Bichat, Bontron, Dastre, Pierre Janet, Grasset, Richet, Durkheim, Le
-Bon y otros muchos que me es imposible nombrar.
-
-Cuando repaso tantos nombres ilustres, cuando observo esta juventud tan
-ávida de instruirse y contemplo el trabajo eficaz y armónico que
-realizan aquí, lo mismo los sabios naturalistas que los pensadores, los
-sacerdotes que los militares, los obreros que los literatos, no puedo
-menos de volver los ojos hacia esa patria que tanto amo. El corazón se
-me aprieta y una ola de amargura llega á mi garganta y quiere ahogarme.
-
-Ese pueblo español se me representa como un hombre bien dotado, de
-fuerte musculatura, de inteligencia penetrante, pero dormido. Quisiera
-que un genio poderoso, un nuevo Ariel, fuese allá y le sacudiese
-rudamente y le gritase al oído: «¡Despierta, despierta! ¿No escuchas el
-canto de la alondra? ¿No ves al sol enfilando ya sus rayos sobre la
-tierra? La obra es larga. ¡Apresúrate! La Humanidad espera todavía mucho
-de quien ha engendrado á Cervantes y ha descubierto nuevos mundos. Quien
-no avanza en la marcha del progreso, retrocede. Si continúas durmiendo,
-el polvo formará costra sobre ti, los ratones y las arañas treparán
-encima y los carneros imprimirán su pezuña sobre tu rostro.»
-
-Quizá el dormido despierte, quizá se restregue los ojos y después de
-vacilar le responda: «¡Para qué!» Y se vuelva del otro lado para seguir
-durmiendo.
-
-Acaso tenga razón. ¿Qué es lo que vería al ponerse en pie? Campos
-desecados, hombres hambrientos, el nepotismo dictando órdenes, la
-injusticia erigida en sistema, la frivolidad soltando carcajadas
-estúpidas, una política mezquina envenenando las inteligencias más altas
-y los más nobles caracteres...
-
-¡Duerme, pueblo español, duerme! Vale más vivir dormido que despierto y
-desesperado.
-
-
-
-
-El Krishna de las trincheras
-
-
-La repetición es la ley de la vida. Se repiten los hechos y también los
-pensamientos. Lo que pensaron nuestros más antiguos progenitores cuando
-comenzaron á pensar, eso es lo que ahora pensamos nosotros.
-
-En presencia de la necesidad ineluctable, acosado por los rigores de la
-Naturaleza, el hombre se refugia en su propia alma y adopta un
-estoicismo fatalista que le emancipa del dolor. Toda la filosofía del
-Oriente se halla impregnada de tal estoicismo; la griega lo hizo suyo en
-el Pórtico; los hombres más grandes de la antigüedad le rindieron culto.
-Y en nuestros mismos días, cuando la fe cristiana no endulza nuestra
-amargura, cada hombre lucha con el dolor poniendo su alma de punta á los
-sucesos y entregando su pensamiento al oráculo de la fatalidad.
-
-De todos los oráculos fatalistas el más famoso y el que más
-profundamente impresiona es el que se expresa en el episodio del
-Mahabharata indio, conocido con el nombre de Bhagavad-Gita. Los
-ejércitos de los Pandavas y de los Curavas se encontraban el uno frente
-al otro en una llanura inmensa. Suenan los cuernos de guerra, los
-tambores redoblan, los carros se precipitan, las flechas silban.
-Krishna, encarnación humana del dios Wishnú, consiente en servir de
-cochero al tercer hijo de Pandú, su discípulo y favorito Ardjuna. Este,
-á la vista de todos aquellos hombres que van á degollarse, se siente
-cogido por una desesperada melancolía. Contemplando esta muchedumbre de
-amigos y enemigos que el odio divide y que la muerte va á reunir, siente
-que sus manos tiemblan, su boca se seca, sus cabellos se erizan, su piel
-arde, sus fuerzas desmayan, el arco se escapa de sus manos. Se deja caer
-sobre el pescante de su carro, pálido, acobardado, el alma transida de
-dolor. Entonces es cuando Krishna le revela quién es y comienza á
-doctrinarle sobre la vanidad de las cosas terrestres y el carácter
-insignificante de todos nuestros actos. El verdadero sabio no debe
-inquietarse ni por los vivos ni por los muertos: el cuerpo no es más que
-la envoltura de una inteligencia inmortal que cambia de forma como si
-fuese un vestido. Morir ó matar es cosa en absoluto indiferente, etc.,
-etc.
-
-Allá en las trincheras de la Champagne se repitió esta escena, no entre
-dioses, sino entre dos pobres soldados de infantería. He aquí cómo llegó
-á mi noticia:
-
-No hace muchos días entré en un café del boulevard de los Italianos con
-un amigo. Antes de sentarnos divisó éste en el fondo á uno de sus
-conocidos, y se apresuró á ir á saludarle. Observé que aquel sujeto
-tenía á su lado dos muletas, y desde luego colegí que era un inválido de
-la guerra. Mi amigo me hizo una seña de que me acercase, me presentó á
-él; y nos sentamos á su misma mesa. Era un joven de agradable aspecto,
-de fisonomía abierta y bondadosa. Le habían cortado una pierna hacía
-pocos meses; era hijo de un banquero del boulevard Haussmann, y
-disfrutaba, al parecer, de una brillante posición social.
-
-La conversación rodó, como es natural, sobre la guerra. Monsieur
-Gardiel, que así se llamaba aquel simpático joven, nos entretuvo largo
-rato describiéndonos la vida de las trincheras, contándonos alguna de
-sus aventuras guerreras. Aunque todo era vulgar y descrito mil veces en
-los periódicos, yo le escuchaba con interés. Lo vulgar se hace
-interesante cuando está narrado con ingenuidad por la persona misma que
-lo ha vivido. Pero uno de los episodios de su amena charla salió
-repentinamente de lo ordinario y me causó profunda sensación. Lo contaré
-en breves palabras.
-
-«Entre los soldados de la compañía á la cual yo pertenecía--nos
-dijo--había un muchacho que se distinguía por lo feo. La Naturaleza se
-había excedido á sí misma en este joven. Pienso que era el hombre más
-feo de Francia. Se le llamaba entre nosotros «la Merode», en recuerdo de
-una belleza que sonó mucho hace años. Lo moral respondía bastante bien á
-lo físico. Callado, brusco, indiferente á lo que pasaba á su alrededor,
-se había captado la antipatía de todos nosotros. Lo que más repelía en
-él era su sonrisa; una sonrisa sardónica, maligna, que no se le caía de
-los labios. Le hubiéramos visto destrozado por una granada sin pesar
-alguno.
-
-Este joven, que se llamaba Tabourin, era, según me dijeron, profesor en
-un colegio de Lyon. Su vocación científica se revelaba á nosotros
-claramente porque aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían
-para cazar insectos y mariposas y fijarlas en unos cartoncitos que
-llevaba curiosamente guardados en su mochila. Esto mismo nos lo había
-hecho más antipático aun. Su glacial indiferencia era repugnante. Cuando
-nos oía quejarnos de la humedad, del hambre ó de algún dolor, sus ojos
-atravesados parecían brillar con una mirada más sarcástica. El jamás
-profería una queja.
-
-Vino la gran ofensiva de Septiembre. Los horrores del infierno
-imaginados por la mente calenturienta de algún devoto histérico no
-darían una idea de lo que aquello fué durante unos días. Tanta sangre
-habíamos visto correr, tantos miembros esparcidos, tantos gritos de
-dolor habían llegado á nuestros oídos, que yo concluí por hallarme en un
-estado de estupor difícil de describir.
-
-Una noche, tendido en el fondo de la trinchera, á pesar de hallarme
-fatigado hasta el desmayo, me era imposible dormir. Oía la respiración
-de mis pobres compañeros, pensaba en lo que nos aguardaba á la mañana
-siguiente, quizá aquella misma noche; pensaba en sus madres, pensaba en
-la mía y me sentía triste hasta la muerte. No lloraba, porque en la
-guerra se pierde, por fortuna, la facultad de llorar; pero me sentía
-fuertemente agitado y no podía menos de suspirar de vez en cuando.
-
---No puedes dormir, ¿verdad?--murmuró una voz en mi oído. Era la de
-Tabourin.
-
---No--respondí secamente.
-
---¿Estás triste?
-
---Sí--respondí con la misma sequedad.
-
---¿Quieres un poco de éter que aun me queda en el frasco?
-
-Me sorprendió la dulzura de aquella voz, que formaba contraste con el
-aspecto repulsivo del sujeto. Rehusé el ofrecimiento; pero no pude menos
-de agradecerlo y le dije:
-
---No estoy triste por lo que pueda ocurrirme mañana; lo mejor tal vez
-sería que me matase una bala ó una bayoneta. Lo que me contrista es ver
-á estos pobres compañeros durmiendo tranquilamente y pensar en lo que
-aun les queda que sufrir, pensar en los seres que los aman, en las
-lágrimas que vierten y verterán.
-
-Guardó silencio unos instantes, y al cabo profirió suavemente, acercando
-su boca á mi oído:
-
---La sangre es nada; las lágrimas son menos aun. ¡Qué importa morir! Yo
-creo que debe ser un placer inmenso reposar en el seno de la gran
-Naturaleza. ¡Qué seguro se duerme bajo unas cuantas paletadas de tierra!
-La muerte, amigo, no existe en realidad: la chispa vital que nos anima
-no se extingue con cada uno de nosotros: marcha á encender otro fuego.
-Los campos, los mares, los hombres, los animales, los soles que lucen en
-el cielo, todo lo que se mueve y respira, todo nace y todo muere, todo
-cae y todo renace. Sólo el gran poder de la Naturaleza no se extingue
-jamás, sólo él es inmortal. Este gran poder silencioso y tranquilo es lo
-único que existe realmente: nosotros no somos más que apariencias,
-imágenes del gran cinematógrafo. ¿Por qué nos horroriza la destrucción?
-Esta no es más que aparente también. ¿No ves las hormigas? Enfiladas
-atraviesan el camino cumpliendo su tarea. El pie de un transeúnte
-aplasta un centenar de ellas; las demás prosiguen impasibles su tarea
-sin dar importancia al suceso. ¿Por qué la concedemos nosotros tan
-grande á la muerte de un centenar de los nuestros? Lo mismo ellas que
-nosotros caemos en el seno fecundo de la madre tierra. Jamás el Destino
-nos podrá privar de este regazo maternal. El secreto de la fuerza de las
-cosas reside en nosotros como en todos los demás seres. No hay vacío en
-el Universo. Los límites entre el mundo inanimado y el mundo de la vida
-son imaginarios... Consuélate, amigo mío; la muerte no es una puerta de
-horror y tinieblas para nadie; al contrario, es el paso de una hora
-sombría á otra más clara. Sometámonos alegremente á la voluntad de la
-Naturaleza y no veamos en ella una enemiga, sino una tierna aliada que
-nos emancipa de la insufrible tiranía de la vida.
-
-No me consolé, naturalmente; pero desde entonces guardé respeto á aquel
-compañero, que era muy otro de lo que yo y todos los demás nos habíamos
-figurado.
-
-Terminó la gran ofensiva: nuestra compañía había perdido casi la mitad
-de sus hombres; yo había salido milagrosamente ileso y lo mismo
-Tabourin. Volvimos á la vida monótona y sucia de las trincheras, que
-recordarán con asco cuantos la hayan sufrido. Traté de estrechar un poco
-más mi relación con Tabourin, porque después de aquellas graves palabras
-que le había oído me parecía que había nobleza en su alma. Pero mis
-atenciones se estrellaron de nuevo contra su actitud siempre fría e
-irónica. Huía de nosotros como siempre; hablaba poquísimo y en un tono
-casi siempre despectivo, que le hacían cada día más antipático á los
-compañeros y odioso á los jefes.
-
-Tabourin pasaba sus ratos de ocio á la caza de lepidópteros, estudiando
-con un gran cristal de aumento sus trompas y antenas y las escamas de
-sus alas. Algunas vez por la noche quiso cazar con una luz las mariposas
-nocturnas, pero se le reprendió ásperamente y tuvo que reducirse á las
-diurnas y crepusculares. Al principio nos reíamos de esta afición; pero
-concluímos por respetarla, convenciéndonos de que era un hombre de
-ciencia, acaso un gran entomólogo.
-
-Un día tuvimos que hacer un reconocimiento peligroso en el terreno
-ocupado por el enemigo. Fuimos doce hombre con el teniente. Ocultándonos
-unas veces como conejos, saltando otras como cabras, recorrimos bastante
-espacio sin ser descubiertos. Al salir de un bosquete observamos con
-sorpresa que faltaba de los nuestros un hombre. Era Tabourin. El
-teniente, estupefacto, pues no había sonado un tiro, se detuvo, ordenó á
-dos soldados volver los pasos atrás y buscarlo. Al poco rato volvieron
-sin haberle descubierto. Seguimos con mayor cautela aun nuestro
-reconocimiento, pues nos hallábamos materialmente entre las filas del
-enemigo. De pronto, al trasponer una pequeña quebrabura del terreno,
-percibimos debajo de nosotros á dos soldados que hablaban animadamente.
-Un soldado era alemán, el otro francés. Al divisarnos el alemán se dió á
-la fuga. El teniente, pensando lógicamente que se trataba de un
-peligroso espía, ordenó que hiciésemos fuego, á sabiendas de ser
-descubiertos. El alemán cayó á los pocos pasos acribillado por nuestras
-balas.
-
-Entonces el teniente, loco de furor, con la faz inyectada, avanzó sobre
-Tabourin empuñando el revólver:
-
---¡Maldito perro! ¡Miserable! ¡Traidor!
-
-Tabourin dejó caer el fusil, y con sorprendente tranquilidad abrió los
-brazos para recibir el tiro. La misma sonrisa enigmática y sardónica
-contraía sus labios.
-
-Recibió el tiro en medio del pecho. Cayó de bruces con los brazos
-abiertos todavía, como si fuese á besar aquella tierra que tanto amaba.
-
-Fuimos descubiertos; se nos persiguió de cerca; perdimos tres hombres;
-yo fuí herido también, pero logré arrastrarme hasta nuestras trincheras,
-donde fuí recogido por los míos.
-
-Algunos días después--añadió el amable inválido sonriendo--mi pobre
-pierna se fué á pudrir en el cementerio de la aldea, donde estaba la
-ambulancia, y yo me vine á París á pudrir á ustedes y á otros con mis
-aventuras militares.»
-
---¿Está usted persuadido de que Tabourin era un traidor?--pregunté yo
-impresionado por aquel relato.
-
---Estoy persuadido de todo lo contrario. Mi opinión es que el soldado
-alemán era un sabio entomólogo como él, y que ambos se habían encontrado
-persiguiendo una mariposa y se hallaban abstraídos charlando de su
-ciencia.
-
-
-
-
-
-Los dos ideales
-
-
-La Europa no atravesó un momento más crítico después de la caída del
-Imperio de Occidente. El vulgo supone que la presente es una guerra de
-comerciantes: no sabe que lo que está en litigio es el concepto del
-Estado y el concepto mismo de la vida.
-
-Luchan actualmente el ideal germano y el latino. El primero nutrido en
-otros tiempos por el panteísmo idealista, cayendo después en el
-pesimismo y por fin en el monismo materialista, es hoy francamente
-anticristiano. Sus directores invocan, es cierto, el nombre de Dios;
-pero entiéndase que es un dios alemán con un Estado Mayor infalible y
-cañones de infinito alcance; un nuevo Jehova que se deleita escuchando
-los gritos de dolor de los enemigos de su pueblo.
-
-La moral germana ha subvertido la antigua escala de los valores, de
-acuerdo con el pensamiento de su último filósofo, Federico Nietzsche.
-Los buenos son los fuertes y los malos los débiles. No hay más que un
-instinto primordial al cual debemos obedecer, el de aumentar nuestra
-fuerza. Esta es la ley fundamental de la existencia. La moral es una
-invención humana; Dios, el bien, la verdad, fantasmas creados por
-nuestra imaginación. No hay más que una realidad natural, la vida. El
-individuo sano y fuerte que ama la vida es el único digno de vivir. El
-que busca el bien y la verdad por ellos mismos y no por amor á la vida
-es un degenerado.
-
-No se crea que estos principios se encuentran expuestos en tal ó cual
-pensador aislado de Alemania. Unas veces velados, otras ostensibles,
-aparecen en muchos de los libros que allí se publican de algunos años á
-esta parte. Léase con cuidado el manifiesto con que sus intelectuales
-han pretendido excusar la invasión de la Bélgica y la destrucción de sus
-ciudades y se verán latir dentro de él.
-
-El concepto del Estado germano responde á este concepto de la vida. Así
-como el individuo debe subordinar todos sus instintos al primordial de
-aumentar su fuerza para que la vida sea cada vez más exuberante, así la
-totalidad de estos mismos individuos se debe subordinar á la vida del
-Estado para que esta sea cada vez más fuerte y dominadora. Resucita la
-idea espartana. Las naciones como los individuos, son dignas de vivir
-unas y otras de morir. Nosotros, los latinos, cuyo instinto vital ha
-disminuido, somos decadentes, impotentes, y debemos dejar el paso libre
-á la raza germana, cuya vida se halla en progreso y representa lo más
-alto y espléndido de la humanidad.
-
-No se engañen los germanófilos españoles: Se quejan de las heridas que
-alguna vez les ha causado la vanidad francesa. Son celos y reyertas
-entre hermanos. Pero el desprecio alemán es mucho más sincero y por lo
-mismo más humillante. La Alemania contempla á nuestra España con la fría
-indiferencia con que el naturalista estudia á un insecto.
-
-Sin embargo, no cometeré la injusticia de suponer que todos los alemanes
-participan de estas ideas. En Alemania tengo amigos excelentes que
-abominan de ellas tanto como yo; pero no puede negarse que se hallan
-esparcidas en su país, y sobre todo que sus directores, tanto los
-hombres de acción como los intelectuales, secreta ó manifiestamente las
-honran y las aprueban.
-
-Estamos acostumbrados á ver la Alemania en su época gloriosa de fines
-del siglo XVIII, cuando era el emporio de las grandes ideas y los nobles
-sentimientos. Al pronunciar el nombre de esta nación acuden á nuestra
-memoria los nombres de Goethe y Schiller, de Lessing, de Wieland, de
-Kant, Fichte, Juan Pablo Richter, Schelling, etc; nos representamos
-aquella sociedad reducida y eminente que tanto semejó á la de Atenas.
-Mas, ¡ay! la Alemania actual poco la recuerda. Existen sabios muy
-notables, investigadores concienzudos, pero no poetas y metafísicos
-inspirados. La ciencia parece subordinada á la industria, la filosofía á
-la gloria militar.
-
-Recuerdo que poco después de su resonante victoria sobre Francia, siendo
-yo casi un niño, visité con mi padre una gran fábrica española donde
-había algunos ingenieros alemanes. Después de comer y hallándonos de
-sobremesa, uno de estos ingenieros (que se llamaba Jacobi como el amable
-filósofo amigo de Goethe) se puso á enumerar con orgullosa
-satisfacción los productos que su país fabricaba y exportaba á las demás
-naciones. Cuando terminó su larga lista hizo una pausa y añadió
-sonriendo:--«Y por fin exportamos la filosofía.»
-
-¿Que quiere esto decir si no que los alemanes ya no miran á sus grandes
-filósofos más que como ruinas venerables propias para excitar la
-curiosidad del extranjero?
-
-Los alemanes no creen en sus filósofos como los japoneses no creen en
-sus ídolos. Los enseñan sonrientes á los turistas, los exportan al
-extranjero como nosotros los españoles exportamos los _cantaores
-flamencos_.
-
-Los latinos, los eslavos y anglo-sajones, más retrasados sin duda en la
-evolución biológica, todavía no hemos alcanzado la serenidad olímpica
-que caracteriza actualmente á los germanos. Su emperador no se siente
-conmovido por los millares de hombres que todos los días envía á la
-muerte. Si nosotros, enfrente de esos campos de batalla donde corre la
-sangre á torrentes, nos sentimos atacados de una inmensa melancolía, el
-Kaiser semejante á Jupiter, padre de los dioses, sacude su bigote
-oloroso y sonríe á nuestra pueril debilidad. Sus olímpicos generales han
-averiguado que la guerra es una necesidad biológica y el único medio de
-que la raza de los efímeros no degenere.
-
-Los anticuados latinos seguimos pensando que el bien y la verdad deben
-buscarse por si mismos, no para aumentar nuestra vitalidad. Entre
-nosotros hasta los incrédulos son cristianos, porque no hay quien dude
-de que la caridad es la más alta de las virtudes. Nosotros pensamos que
-el respeto á los débiles, la piedad y compasión no son sentimientos
-debilitantes si no confortantes y que lo que hace verdaderamente
-degenerar al nombre es el poder ilimitado. Tiberio, Neron y Domiciano,
-esos tres monstruos vergüenza del género humano, fueron excelentes
-personas antes de subir al trono.
-
-En fin, si los germanos triunfasen el ideal cristiano no perecería,
-porque «las puertas del infierno jamás prevalecerán contra él» pero
-sufriría un eclipse.
-
-Para sostener su hegemonía necesitaría Alemania y Austria, no sólo
-continuar sus armamentos y mantenerse en pie de guerra sino impedir por
-la fuerza que las demás naciones se armasen. Los trescientos millones
-restantes de europeos quedariamos reducidos al mismo estado que los
-trescientos millones de Chinos cuando algunas tribus guerreras de la
-Mongolia se apoderaron en el siglo XIII del imperio. Los emperadores
-mongoles respetaron las costumbres de los Chinos, pero les prohibieron
-las armas. Al cabo de un siglo, aproximadamente, los vencidos tramaron
-una conjura asombrosa, casi increíble, y en un día determinado
-degollaron á las pequeñas guarniciones de soldados que los mongoles
-sostenan en todas las ciudades del imperio.
-
-A nosotros no nos quedaría este recurso, porque, ¿cómo hallar en Europa
-el disimulo y el sigilo necesarios para tamaña conspiración?
-
-Apartemos de la imaginación estas visiones apocalípticas que jamás han
-de tener realidad. Pensemos más bien que Alemania con la copiosa sangria
-y el ayuno regenerador á que se halla sometida recobrará la razón y
-volverá á ser por dicha suya la nación tranquila de filósofos poetas y
-músicos que tanto hemos admirado siempre.
-
-
-
-
-El ídolo científico
-
-
-Aquella vieja historia, que aprendimos en la niñez, de un pueblo
-caminando por el desierto, guiado por una nube de fuego, es el símbolo
-representativo de la marcha de la Humanidad sobre la tierra.
-
-¿No recordáis cuántas veces aquel pueblo, desprendiéndose del único
-verdadero Dios, volvió la espalda á su caudillo y se dejó caer en los
-brazos de una inmunda idolatría? Seguid los pasos del género humano al
-través de la Historia y veréis repetido constantemente el mismo triste
-acto de deslealtad. El fanatismo, la superstición, la idolatría nos
-acechan siempre en nuestra peregrinación y nos tienden lazos que no
-podemos evitar.
-
-La presente guerra ha puesto de manifiesto uno de los más funestos en
-que ha caído nuestra pobre Humanidad.
-
-Los admirábamos, sí; admirábamos á esos sabios que nos hablaban de las
-moléculas como si toda la vida hubieran bailado con ellas; que nos
-contaban sus secretos más íntimos y nos dejaban entrever con palabras
-falaces, como la serpiente del Paraíso, que se hallaba cercano el día en
-que sería nuestra toda la ciencia del bien y del mal.
-
-¡Quién se acuerda de Dios! ¡Quién habla de la inmortalidad! Abrid
-cualquier libro germano de los últimos tiempos, y en medio de sus
-análisis minuciosos consagrados á cualquier especialidad de la ciencia
-os sorprenderá un ataque furioso, intempestivo, contra lo que estos
-sabios llaman «degradación teológica», una llamarada de odio contra la
-superstición teísta.
-
-No existe más que una divinidad: la Verdad científica. Si en vez de
-rendirle culto y adoración corremos á postrarnos ante los altares del
-vetusto Dios de nuestros padres, los sabios modernos nos amenazan con la
-eterna condenación intelectual. El magnífico edificio de las ciencias
-físicas debe sustituir al ruinoso caserón de la teología. Todas nuestras
-creencias y nuestras esperanzas son puro subjetivismo. Hay que guardarse
-de la fe como de una enfermedad contagiosa. Creer algo que no sea
-evidente para nuestra razón es pecar abiertamente contra ella. La fe en
-Dios y en la inmortalidad, sin que exista prueba alguna que la
-justifique, es procurarse un placer culpable, es una profunda
-inmoralidad.
-
-El viejo Haekel, el sabio más famoso de la Alemania moderna, nos invita
-á adorar el éter cósmico. De él sale todo, á él vuelve todo. Postrémonos
-de rodillas y cantemos: ¡Santo, Santo inmortal!
-
-¿Por qué reirnos entonces de aquellos pobres negros que adoraban las
-cebollas? Dentro de una cebolla se efectúan admirables y misteriosas
-operaciones químicas que repiten las del éter cósmico. Mejor dicho, el
-éter impalpable, indivisible, se encuentra allí presente todo él.
-
-Parece que á los hombres nos atrae irresistiblemente la embriaguez. Nos
-indignan los límites. Es necesario apurarlo todo, y si no es así no
-estamos contentos. ¿Qué fué la escolástica sino una embriaguez producida
-por la lógica? ¿Qué fué la revolución francesa sino una embriaguez
-igualitaria? ¿Qué fué el romanticismo más que una embriaguez
-sentimental? Pues ahora vivimos en plena borrachera científica.
-
-Hay que buscar la técnica; ante todo, la técnica. Las matemáticas puras
-nos dan la técnica de la medida: la Física, la técnica de las máquinas;
-la Química, las prodigiosas transformaciones de la industria. El
-conocimiento científico de las costumbres nos dará una moral científica.
-La moral tradicional ha muerto; en su lugar queda la moral técnica.
-
-De esta borrachera técnica participa hoy todo el mundo civilizado. Sin
-embargo, los principalmente atacados han sido los alemanes. Y han
-demostrado que tienen peor el vino que todos los demás.
-
-Es un hecho bastante general que el alcohol produce una transformación
-del carácter. Un hombre taciturno, díscolo, suele convertirse, cuando ha
-ingerido una razonable cantidad de vino, en un alegre compadre tierno y
-afectuoso que os abraza, os soba y os deja los hombros llenos de
-lágrimas y baba. Por el contrario, los sujetos más tímidos e inofensivos
-así que lo prueban adquieren un humor guerrero, intemperante, enseñan
-los puños y desafían á todo el mundo.
-
-Pues otro tanto ha sucedido ahora con las naciones. Francia, que ha sido
-siempre un país belicoso, bajo el influjo de la embriaguez científica se
-ha tornado humanitaria y pacifista. Alemania, aquella sencilla y
-bonachona Alemania de los comienzos del siglo XIX, que hacía derramar
-lágrimas de ternura á la sensible madame Stael, se ha transformado en
-una nación agresiva y provocadora.
-
-Esta radical transformación me trae á la memoria el caso de un
-condiscípulo que tuve en el Instituto. Era en los primeros años un
-muchacho aplicadísimo, formal, pacífico, modelo de estudiantes. Evitaba
-con cuidado las disputas. Cuando algunos de nosotros veníamos á las
-manos se le veía ponerse serio y apartarse lo más posible del teatro de
-la lucha.
-
-Pues bien; cierto día, minutos antes de entrar en clase, el peor que
-teníamos en ella, un chico turbulento y díscolo, á quien todos temíamos,
-comenzó á burlarse de él con la mayor ferocidad. Y no sólo le prodigó
-los sarcasmos más soeces, sino que llegó á propasarse á vías de hecho
-derribándole el sombrero cada vez que se lo ponía. Nosotros
-presenciábamos la escena, con pena unos, otros con regocijo, según el
-corazón de cada cual. El pobre chico, silencioso y pálido, recogía su
-sombrero del suelo y trataba de apartarse de aquel sitio. Pero el otro
-no se lo consentía, repitiendo su chiste con creciente alborozo. Al fin
-le vimos ponerse tan pálido que daba miedo, y repentinamente se arrojó
-sobre su agresor con ímpetu irresistible, le volcó en tierra, se montó
-luego sobre él y le aplicó tantos y tan buenos puñetazos en el rostro
-que no tardamos en verlo ensangrentado.
-
-A los pocos días de realizada esta hazaña, sin motivo aparente, desafió
-á otro de los más pendencieros y le venció igualmente. Desde entonces
-aquel muchacho, tan dócil y simpático, sin dejar de aplicarse al
-estudio, se convirtió en un insufrible bravucón de quien todos huíamos.
-
-Algo semejante les ha ocurrido á esos sabios con gafas de la Alemania.
-No hay nada más repulsivo que un pacífico transformado en matón de la
-noche á la mañana.
-
-No hace muchos días se produjo cierta alarma en esta tranquila región.
-Corrió por el pueblo la noticia de que un hombre sospechoso venía
-atravesando el bosque en bicicleta, y se dijo que era un prisionero
-evadido. Comenzó á funcionar el teléfono entre estas aldeas. Por fin, de
-una de las más próximas se notificó su paso, y un grupo de vecinos,
-salió de aquí con ánimo de detenerle. Así acaeció punto por punto.
-
-El fugitivo era, en efecto, un oficial alemán, venía en mangas de
-camisa, gastaba gafas (¿cómo no?) y tenía una fina cabeza inteligente.
-
-Se dejó detener sin hacer resistencia alguna, se le condujo al
-Ayuntamiento y allí fuimos á verle muchos, empujados por la curiosidad.
-Hablaba correctamente el francés y bastante bien el español. Le
-dirigimos la palabra, mientras llegaban los gendarmes enviados á buscar,
-y nos respondió con la fría altivez y el tono de superioridad tan
-frecuente hoy entre los germanos. Porque éstos han llegado á persuadirse
-de que no existe ciencia, ni cultura, ni siquiera sentido común, más que
-en Alemania. Uno de los señores que allí se encontraban se atrevió á
-entrar con él en explicaciones acerca de los fines de la guerra. El
-prisionero no titubeó en decirnos que la victoria de Alemania era
-cierta, y con ella ganaría mucho el género humano.
-
---¿En qué se funda usted para suponer esto último?--le pregunté yo,
-picado de curiosidad.
-
---Me fundo--respondió--en que Alemania es el único país organizado
-actualmente. En los demás existen elementos de cultura muy valiosos, es
-cierto pero dispersos. Les falta esa eficaz unidad, sin la cual la mayor
-parte de las veces permanecen estériles. Lo mismo en la guerra que en la
-paz, lo mismo en la ciencia que en el arte, necesitan ustedes una
-cohesión, una disciplina que sólo la preponderancia de Alemania es capaz
-de dar. No pueden ustedes ver las cosas de una manera continua é
-intelectual, ni dar de ellas la explicación verdaderamente científica,
-porque trabajan ustedes desordenadamente. Son esfuerzos aislados,
-subjetivos, producto de la iniciativa individual que sólo engendran
-resultados superficiales.
-
---Esos esfuerzos aislados--le repliqué--han producido, sin embargo, toda
-la ciencia y todo el arte que han existido y existen sobre nuestro
-planeta. Ni Platón, ni Aristóteles, ni Shakespeare, ni Cervantes, ni
-Kepler, ni Galileo han necesitado de vuestra férrea organización para
-arrancar de este mundo tesoros de verdad y belleza. ¿Qué significa esa
-disciplina científica? ¿Por ventura quieren ustedes poner uniforme á los
-sabios y los poetas? Yo no veo ventaja alguna en que Pasteur se hubiera
-puesto á realizar sus experiencias á toque de corneta ó que Anatole
-France necesite para escribir sus libros tomar la orden del comandante
-general de la región.
-
-Chispearon de cólera los ojos del prisionero, como si le hubieran
-pinchado, y en términos no muy corteses me dió á entender que yo no
-estaba autorizado para contradecirle, «mucho menos siendo español».
-
-Siguió platicando con los otros señores, que no lograron irritar sus
-nervios tanto como yo. No obstante, como uno de ellos reprocharse á los
-alemanes las crueldades que habían cometido en Bélgica y en el norte de
-Francia, le replicó con sonrisa sarcástica:
-
---Ese reproche indica que no existe todavía en Francia un espíritu
-verdaderamente científico. Para determinar el bien y el mal de las cosas
-es necessario huir de los conceptos _à priori_ y comprender que todo,
-absolutamente todo, depende de los resultados experimentales. La
-disciplina científica nos obliga á pensar que sólo una sistematización
-de los hechos nos dará la verdad exacta, nunca las especulaciones de la
-imaginación individual. La guerra es, para ustedes, una aventura; para
-nosotros, un teorema. Miramos al resultado y lo desenvolvemos
-inflexiblemente. La guerra más cruel es necesariamente la más corta.
-
---¡Me alegro muchísimo--exclamé yo--de no ser hombre de ciencia! Es
-preferible morir en una crasa ignorancia á llevar la conciencia cargada
-con actos de crueldad. Los aquí presentes somos cristianos, y en cada
-uno de nuestros semejantes vemos la imagen de Dios, no carneros ó bueyes
-que deben sacrificarse para que existan los otros. Y el más grande
-filósofo que ustedes han tenido, Emanuel Kant, ha dicho admirablemente
-que «jamás debemos tomar un ser humano como medio, sino como fin».
-
---Son sutilezas de filósofos, antiguallas metafísicas, en las cuales
-ningún espíritu positivo puede ya creer--replicó sin dejar de sonreir--.
-Nuestros actos de crueldad han sido y son absolutamente necesarios, como
-los términos de un teorema, y tienen una explicación satisfactoria
-porque es científica.
-
---¿Quiere usted decir qué son asesinatos científicos?
-
-Me dirigió una larga mirada de ira y desprecio y me volvió la espalda.
-
-No sentí por ello escozor alguno. Lo único que sentiría en este mundo es
-que me volviesen la espalda los hombres honrados y compasivos.
-
-De esta conversación, como de todo lo que vengo leyendo y averiguando he
-sacado la convicción de que los aliados nada adelantarán arrancando á
-estos hombres sus cañones si no les arrancan antes sus ideas.
-
-
-
-
-La religión de Francia
-
-
-La irreligión de la Francia es el tópico que más se beneficia hoy por
-sus enemigos. Un fraile á quien yo daba cuenta en España del gran
-movimiento religioso que aquí se ha operado con motivo de la guerra me
-decía:
-
---Sí; se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.
-
---¿Por ventura en España se acuerdan los hombres de ella cuando el cielo
-está azul?--le respondí--Porque yo observo que la gran mayoría de ellos
-no piensa en el otro mundo sino cuando va á despedirse de este, cuando
-las mujeres de su casa ó de la vecindad le meten un sacerdote en la
-alcoba y le dicen con más o menos circunloquios:
-
---Prepárate, que vas á morir.
-
---¡Oh! en España se llenan los templos de gente que es cosa para alabar
-á Dios.
-
---Sí, de mujeres. Cuando voy por la mañana á la iglesia advierto que
-sólo un hombre se acerca á tomar la comunión por cada treinta o cuarenta
-mujeres. Parece como si los españoles encomendásemos á la mujer el
-negociado de la religión, como le tenemos encomendada la cocina y el
-planchado de la ropa.
-
-Verdad que lleva á cabo aquella tarea con una diligencia y perfección
-que no suele poner en ésta. Es verdaderamente asombroso el ardor con que
-muchas señoras acuden al templo á todas horas del día. He llegado á
-imaginar que para ciertas almas timoratas Dios es un Luis XIV que
-constantemente necesita ser adulado. Corren á la novena y á las Cuarenta
-Horas como los cortesanos de Versalles se apresuraban á ir al «dîner du
-roi» y al «coucher du roi». Hay señora que va á comulgar con tres o
-cuatro escapularios colgados al cuello, y si por casualidad se le olvida
-alguno en casa, se acerca temblorosa á la sagrada mesa temiendo que
-Nuestro Señor se enoje porque no se presenta con todas sus
-condecoraciones.
-
-Pero los espíritus que toman en serio la religión observan con dolor que
-la verdadera, la esclarecida fe es patrimonio de muy pocos. Tenemos
-costumbre de achacarlo á la corrupción de los tiempos; pero no es así.
-Hay muchas personas sinceras que se extasían hablando del fervor de los
-tiempos antiguos. Sin embargo, entonces, como ahora, las almas que se
-inclinaban á lo Eterno eran muy contadas. Había más devoción aparente,
-más hipocresía; pero eran muchos más los que amaban la tierra que el
-cielo.
-
- * * * * *
-
-En realidad, los hombres se han dividido siempre en paganos y
-cristianos, lo mismo antes que después de Jesucristo. Los primeros son
-los que suponen que hemos nacido para gozar; los segundos, los que creen
-que hemos nacido para trabajar y sufrir. Se trata únicamente de un
-concepto de la vida. Pagano y bien pagano era César Borgia, aunque
-cardenal de la Iglesia católica, y lo eran sus malvados secuaces y toda
-la Corte del Pontífice Alejandro VI, y los cardenales que se comieron
-cien bandejas de confites en la boda de Lucrecia Borgia y bailaron con
-sus damas y con las de la Princesa de Squilache, según cuenta ésta en
-carta sacada á luz recientemente por nuestro sabio compatriota el
-marqués de Laurencin. Cristianos fueron Sócrates, Leónidas, Régulo,
-Séneca, los Gracos, Paulina, Terencia y todos los mártires ignorados de
-la antigüedad, cuyos nombres no han llegado hasta nosotros. No hay que
-olvidar la hermosa sentencia de San Anselmo: «Siendo Cristo la verdad y
-la justicia, todo el que muera por la verdad y la justicia, aunque no
-crea en Cristo, muere por Cristo.»
-
-Pero aquellos paganos pueden, en algunos supremos instantes de la vida,
-transformarse en cristianos. Todos los hombres nacemos empapados en fe.
-En cuanto se abre una pequeña puerta en nuestro corazón la religión se
-precipita dentro. Por eso vemos que muchos grandes pecadores bajo el
-golpe de la Gracia se convierten en fervorosos cristianos. La misma
-Lucrecia Borgia que he mentado hacía vida ejemplar en Ferrara los
-últimos años de su vida, llevaba siempre cilicio y murió en la opinión
-de santa.
-
-Es menester, sin embargo, para ello que el cerebro no haya sufrido
-menoscabo. Aunque parezca raro, las heridas del corazón se curan mucho
-más fácilmente que las de la cabeza. Cuando los sesos se pudren el
-enfermo no tiene ya remedio. Porque las ideas, ahora y siempre, son las
-que gobiernan el mundo. Las ideas engendran los sentimientos y los
-actos, ó lo que es igual, toda la vida del hombre. Nosotros no somos lo
-que sentimos, sino lo que pensamos; somos siempre proporcionados á
-nuestras ideas, y nuestra alma baja ó sube á medida que se levanta ó se
-abate nuestro estado mental.
-
-Por eso es gran error suponer que no ejercen influencia sobre la
-conducta del hombre; aunque lo sea mayor, aun el juzgar, como en la Edad
-Media que deben inculcarse con fuego y martillo.
-
- * * * * *
-
-Tal es la situación que en este terreno ocupa la Francia con respecto á
-Alemania. Los franceses son pecadores por razones que ya he expuesto en
-anteriores artículos: tenían, hasta cierto punto, el corazón extraviado.
-Los alemanes son filósofos, tienen el cerebro corrompido.
-
-La religión no ha desaparecido de Francia por haber expulsado á las
-Ordenes religiosas, como no desapareció de España cuando nuestro
-católico Rey Carlos III expulsó, con mayor crueldad aun, á la Compañía
-de Jesús, cuando nuestro Gobierno más tarde decretó la exclaustración de
-todos los frailes y el populacho penetró en los conventos y degolló á
-muchos de ellos.
-
-Recorred las provincias francesas, visitad las aldeas, y hallaréis
-exactamente reproducido el tipo de la religiosidad española. Porque el
-catolicismo, como la palabra misma lo indica, ha tenido la virtud de
-unificar á los hombres, de imprimirles su sello, haciéndolos á todos
-semejantes ante el altar. Las mismas solemnidades, las mismas
-procesiones; las mismas Cofradías, las mismas fiestas profanas unidas á
-las religiosas. Los niños van al catecismo, las jóvenes asisten á las
-procesiones con la medalla y el velo blanco de Hijas de María, las
-viejas van indefectiblemente por las tardes á los Oficios. La primera
-comunión de los niños se celebra aquí con una alegría y pompa que no he
-presenciado jamás en España: acuden de lejanas comarcas los parientes
-para ese día feliz, como sucede en España cuando hay una boda; la casa
-se convierte en un templo; la calle se alfombra de flores. Ni falta
-siquiera el tipo clásico de la beata para tormento de confesores y
-alivio de sacristanes.
-
-¿Por qué, pues, ese odio de muerte á la nación francesa? ¿Qué locura es
-la que ha acometido á muchos católicos y á no pocos sacerdotes? A uno
-de aquéllos le he oído pronunciar la siguiente frase: «Si en la presente
-guerra triunfase Francia dudaría de la existencia de Dios.»
-
-¿Es esto cristiano? ¿Es siquiera humano?
-
-En España se leen pocos libros alemanes, porque su idioma no está muy
-difundido entre nosotros y no abundan tampoco las traducciones. Además,
-hay que confesarlo, estos libros, en general, son alimento demasiado
-fuerte para nuestros estómagos latinos. Por eso se desconoce su estado
-mental á la hora presente. Pero todo el que haya seguido con un poco de
-atención la historia de su filosofía en los tiempos modernos aprenderá
-que la religión de la Alemania intelectual de un siglo á esta parte no
-es el cristianismo, sino el panteísmo. El panteísmo no puede fundar la
-moral; la desconoce en absoluto. Por lo mismo, no es más que un puente
-para el monismo materialista. Los intelectuales alemanes hace ya mucho
-tiempo que lo han salvado. Como consecuencia ineludible de este
-materialismo ha venido la teoría del superhombre y supernación, que es
-la dominante hoy.
-
-Pero se me dirá: los intelectuales no son el país. Grave error. Los
-intelectuales son siempre la nación presente o futura. Las ideas nacen
-en las cimas, como los arroyos; mas poco á poco descienden por la falda
-de la montaña hasta los barrancos; otras veces se filtran calladamente
-por los terrenos permeables, y cuando menos lo pensamos nos hallamos
-empapados de ellas. Casi nadie lee á Platón, y, sin embargo, hasta el
-más rústico aldeano está hoy impregnado de platonismo. De la misma
-suerte el pueblo en Alemania no lee á Kant; pero su _ateísmo modesto_,
-como lo llamaba Coleridge, le ha penetrado hasta los huesos. Son
-hegelianos sin haber leído á Hegel, porque poetas, dramaturgos,
-novelistas, críticos y periodistas se han encargado de servirle con
-apetitosos guisos el plato del fatalismo panteísta.
-
-¿Por ventura en Alemania no existe ya la fe? Sí; hay mucha fe... en la
-química. Dios se ha transformado en maquinaria, carbón y electricidad.
-No ha venido al mundo para sufrir y morir, sino para vivir y hacer
-sufrir. Seamos poderosos, trituremos á nuestros vecinos, impongamos
-nuestra voluntad en todas partes, y entonces la Divinidad se mostrará
-dentro de nosotros como lo que es, una fuerza inmanente y universal.
-
-Algunos católicos españoles se enternecen leyendo á cada paso en las
-proclamas del Kaiser y sus generales el nombre de Dios. Son víctimas de
-una admirable falsificación. Ese Dios ha sido también extraído del
-carbón, como otros muchos productos, sorprendentes.
-
-Pero el verdadero, el legítimo Dios tiene una experiencia infinita en
-estos asuntos psicológicos y no se deja engañar por las marcas de
-fabricación alemanas. Ve en la etiqueta «made in Germania» y rechaza el
-artículo, aunque reconociendo que está bien presentado.
-
- * * * * *
-
-El espíritu galo no es panteísta. Por lo menos, no lo es desde la fecha
-remota en que el cristianismo mató al druidismo en los bosques de la
-Galia. El concepto que de la Divinidad tienen, sea para afirmarla, sea
-para negarla, es el verdadero. Hay en Francia bastantes escépticos,
-Montaignes en miniatura; hay muchos más Rabelais apasionados de la carne
-y el vino; pero no se hallará en toda la República un Federico
-Nietzsche, un solo hombre que sostenga la maldad por principios.
-
-La creencia y el escepticismo son estados inestables que se suceden en
-el alma de cada hombre como en cada país. No hay que dar á esta
-fluctuación demasiada importancia; depende de la imperfección misma de
-nuestra naturaleza y es preciso resignarse á ella. Los árboles se visten
-de hojas y quedan desnudos alternativamente. ¿Quién diría que después
-del escéptico siglo XVIII había de venir el espiritualista XIX? Después
-de Voltaire, Diderot y Helvetius, surgen Chateaubriand, Lamartine,
-Bonald y De Maistre. Lo que tiene muchísima importancia es la
-sustitución de una fe por otra, y esto es lo que sucede actualmente en
-Alemania.
-
-Los franceses han cometido recientemente la calaverada, que nosotros
-realizamos hace ochenta años, de suprimir las Ordenes religiosas.
-
-No hablemos de la separación de la Iglesia y del Estado. Son muchos los
-católicos que rechazan la especie de que la Iglesia sea un organismo del
-Estado y prefieren la independencia absoluta á un protectorado enfadoso
-e interesado. Hablemos solamente de las Ordenes religiosas.
-
-No ofrece duda que su expulsión ha sido un acto arbitrario y
-escandaloso. La República francesa, al prohibir las Congregaciones,
-perpetra una atroz injusticia, realiza un atentado contra la libertad,
-niega, por lo tanto, su propia existencia. ¿No tiene por lema _libertad,
-igualdad, fraternidad_?
-
-Pero yo quisiera hacer unas preguntas en secreto á esas expulsadas
-Congregaciones. ¿Han mirado siempre al fondo de su conciencia? ¿La han
-examinado escrupulosamente? ¿No han encontrado allá dentro ningún odio á
-las instituciones republicanas? ¿No han conspirado contra ellas alguna
-que otra vez?
-
-Pues si de este examen de conciencia no salen completamente exentos de
-pecado, no deben sorprenderse de la penitencia. Quien siembra odios no
-puede recoger amor. La abeja necesita miel para su alimentación y la
-Naturaleza le proporciona miel; la pulga necesita sangre, y le da
-sangre. Es ley consoladora saber que la Naturaleza nos provee con
-largueza de aquello que pedimos.
-
-Si los religiosos franceses hubieran aceptado con leal franqueza las
-instituciones republicanas, la República no hubiera puesto la mano sobre
-ellas. «Si quieres que las mujeres te sigan--decía nuestro Quevedo--,
-echa á andar delante de ellas.» ¿Por qué no aceptar lealmente á la
-República? ¿No lo había hecho el Pontífice León XIII, de inolvidable
-memoria? Marchar delante de los hombres. He aquí el secreto para
-guiarlos.
-
- * * * * *
-
-El francés no es un impío nato, como por ignorancia unos, otros con
-fines sórdidos, propalan en España. Los franceses guardan en el alma,
-como todos los que nacieron y se criaron en la fe de Cristo, la religión
-como un fondo de reserva. Mientras son felices muchos abandonan las
-prácticas religiosas; cuando son desgraciados acuden y se consuelan con
-ellas. Igual, exactamente igual que todos nosotros. Si en el mundo no
-hubiera dolor la religión no existiría.
-
-Yo he visto por las noches poblarse de gente una pequeña iglesia de
-aldea. Allí acudían pobres mujeres enlutadas llevando de la mano á sus
-hijos, enlutados también. Con paso vacilante las seguían algunos
-ancianos de rostro pálido y triste mirada. Y en el silencio augusto del
-templo, mientras los corazones se dirigían al Altísimo pidiendo
-misericordia, estallaba de vez en cuando un sollozo que me removía las
-entrañas. Hoy en París la multitud elegante, que en otro tiempo corría á
-los sitios de placer, invade las iglesias. En San Sulpicio, en San
-Germán, en la Trinidad, en Nuestra Señora de las Victorias me ha costado
-trabajo entrar. No son mujeres solamente, como en Madrid, las que allí
-encontraréis; son hombres, muchos hombres que oran con mayor devoción
-aun que ellas. El que no se sienta penetrado de respeto ante esta
-muchedumbre que humilde y dolorida se postra ante una imagen de la
-Virgen pidiendo el alivio de sus penas podrá llamarse cristiano, pero
-está bien lejos de merecer este nombre.
-
-¿Y allá en el frente, en la línea de fuego?
-
-¡Ah! allá en el frente se repiten las escenas del tiempo de las
-Cruzadas. En el fondo de una trinchera se agrupa una compañía de
-soldados esperando la orden de salir. Llueven las granadas y estallan
-con horrísono estruendo; la tierra se levanta y se agita como el oleaje
-de la mar. Ya avanza la infantería alemana en apretadas filas, llevando
-delante las ametralladoras, segadoras de hombres. Sonó la hora de
-lanzarse al medio de aquel infierno de fuego. Los corazones palpitan,
-las manos tiemblan, las gargantas se anudan. En aquel momento supremo se
-alza con autoridad la voz de un pobre soldado:
-
---¡Todo el que crea en Dios Crucificado, de rodillas! Que cada cual se
-arrepienta de sus pecados. Voy á daros la absolución.
-
-Todos caen, en efecto, de rodillas, y el soldado sacerdote levanta el
-brazo y los absuelve.
-
---Jamás podré olvidar este instante--me decía el herido que me lo
-relataba.
-
---Tiene usted razón en no olvidarlo--le respondí. Un instante como ese
-ennoblece toda la vida.
-
-En otra ocasión, practicando un reconocimiento, cae herido un soldado de
-la patrulla. Otro soldado se precipita en socorro suyo y trata de cargar
-con él para conducirlo á la ambulancia.
-
---No te ocupes de mí--le dice el soldado--. Estoy herido de muerte. Sólo
-quiero pedirte un favor. Soy sacerdote y te ruego encarecidamente que en
-la primera ocasión que tengas recibas por mí la sagrada comunión, ya que
-á la hora de la muerte no me ha sido dado el consuelo de recibir á mi
-Dios.
-
-El compañero, confuso y avergonzado, guarda silencio unos instantes. Es
-un joven rico y disipado que desde hace años vive apartado de la
-religión. Al fin le dice.
-
---Aunque desde la infancia no me he confesado, quiero hacerte ése favor.
-Dios me ha tocado en el corazón. Quizá dentro de un instante una bala me
-mate á mí también. Voy á confesarme contigo, puesto que eres sacerdote.
-
-Y, en efecto, aquel joven escéptico confiesa allí mismo sus pecados, y
-su compañero, moribundo, le da la absolución.
-
-¡Que cuadro! Parece arrancado á la _Leyenda de oro_ y estampado en uno
-de esos códices de la Edad Media que la mano piadosa de un monje ha
-dibujado á la pluma.
-
-Despojémonos, pues, de injustas prevenciones. No nos infatuemos, tanto
-con nuestra religión; no motejemos la del vecino. Y pidamos al cielo que
-cuando llegue para nosotros también el día de prueba sepamos mostrar la
-misma fe y el mismo valor.
-
-
-
-
-¿Y Después?
-
-
-Y de esta guerra increíble, que jamás se ha visto ni se volverá á ver
-sobre la tierra, ¿qué es lo que quedará? Esos arroyos de sangre,
-filtrándose en la tierra, ¿fecundaran su seno? ¿Secaran, por lo
-contrario, las raíces de las flores y nuestro planeta será para siempre
-un recinto siniestro de dolor y de espanto?
-
-No soy optimista ni pesimista. Pensar que la guerra se halla en el orden
-de lo creado y que es de necesidad periódicamente para aliviar los
-excesos de la fecundidad, me parece blasfemo. Nunca he creído en la
-utilidad del mal; nunca he creído tampoco que procediese de Dios.
-Nuestra Libertad, que es nuestra perfección y nuestra imperfección á la
-vez, es la que engendra todas las depravaciones que observamos en el
-mundo. Y el mismo Dios no puede nada contra nuestra libertad.
-
-Pero imaginar que el Espíritu de Verdad y de Justicia que gobierna el
-mundo se va á cruzar de brazos y no ha de sacar partido para nuestro
-bien de nuestros mismos errores y maldades, es igualmente vituperable.
-
-Amontonamos sobre el camino en nuestra peregrinación por la tierra
-obstáculos infranqueables; pero una mano divina los separa. Sembramos
-abrojos; pero hay quien se encarga de limpiarlos y guarnecerlos de
-flores.
-
-La guerra presente, que es un mal, engendrará algunos bienes. No
-hablemos de razas perdidas, aniquiladas, que preparan el terrero para
-otras nuevas. No hablemos tampoco de viejos sistemas que se deshacen
-para hacer sitio á otros más perfectos.
-
-No digamos que la ferocidad es necesaria para el equilibrio de la
-existencia y que está justificado el predominio de los más fuertes. Este
-es el lenguaje de la impiedad que yo no sé balbucear. Pensemos más bien
-que el hombre no está hecho para la guerra sino para la paz, porque no
-es una continuación del animal, sino un salto fuera de él. Estamos
-compuestos de átomos brutos; pero no somos un átomo bruto. Si alguna vez
-dentro de nosotros ruge el león y grazna el buitre no nos inquietemos,
-porque están enjaulados.
-
-Las naciones, como los individuos, sufren accesos periódicos de cólera.
-La cólera la han definido los fisiólogos una locura breve. Esta locura
-deja rastro pernicioso casi siempre en nuestro organismo, turba el
-equilibrio de nuestros humores, causa desperfectos en la máquina
-corporal.
-
-Pero en el alma no sucede otro tanto. Cuando convalecemos de una de
-estas fiebres mortíferas nunca dejamos de experimentar confusión y
-vergüenza. Esta vergüenza es el reconocimiento de nuestro ser
-espiritual, es la voz de lo Alto que nos señala nuestro destino.
-Corremos á la jaula de los leones y los tigres y damos otra vuelta á la
-llave.
-
-Así está sucediendo con las naciones europeas. Detrás de esta rabiosa
-cólera que las posee, de este colosal ataque de nervios, vendrán días de
-laxitud y reflexión y una gran vergüenza se apoderará de ellas.
-Descontentas de sí mismas cerrarán los ojos y meditarán largo tiempo.
-Una gran reforma moral se prepara. El Derecho internacional va á dar un
-salto prodigioso.
-
-¿Pero las comarcas devastadas?--Volverán la poblarse: el chirrido de la
-carreta y el canto suave del campesino sonarán otra vez donde ahora
-retumba el cañón y los gritos de batalla.--¿Y tantos miles de pobres
-seres mutilados?--Pensarán resignados que han entregado sus pies y sus
-manos á la fiera para rescatar las de sus hermanos y que al fin la
-tienen encadenada para siempre.--¿Y tanta lágrima, tanta sangre como se
-ha vertido?--Las lágrimas son el riego de las almas; para crecer
-necesitamos llorar. La sangre ha sido el precio de nuestra redención.
-
-La Francia ha hecho una cruel experiencia; pero esta experiencia la
-salva. Vivía adormecida por un bienestar material del que no hay ejemplo
-en la Historia. El goce era su ideal; una sensualidad premeditada y
-sabia reinaba en las ciudades y se propagaba á los campos. Cuando esto
-sucede, cuando adulamos á nuestro cuerpo, el alma, ofendida, nos
-abandona, quedamos convertidos en una estatua viva como aquella de que
-hablaba Condillac. No hay maldad, sino frialdad. Los lazos de hombre á
-hombre se habían aflojado; cada cual miraba á su vientre: te respeto
-para que me respetes y nada más.
-
-Ahora bien; al alma no le bastan estos reglamentos de Policía. Las salas
-de las Delegaciones y Prefecturas están demasiado frías para ella. Los
-hombres no hemos nacido solamente para saludarnos con el sombrero. Fué
-necesaria esta gran catástrofe para que los franceses dieran unos pasos
-atrás y rectificasen la dirección de su marcha. Cuando la desgracia
-entra en una casa, los hermanos, que vivían apartados, que apenas se
-veían, se abrazan llorando y renuevan la dulce convivencia de la
-infancia. La fraternidad, que mucho se había debilitado en Francia en
-los últimos años, florece de nuevo y exhala delicados perfumes.
-Señalemos este acontecimiento como el más feliz de lo que la terrible
-inundación dejará en pos de sí.
-
-Otra buena partida para su haber será el culto á la austeridad, de que
-empiezan ya á dar claras muestras. Los franceses nunca han sido
-vividores disipados; pero sí lo han sido ordenados. Quiero decir que se
-han concedido siempre todos los placeres posibles, aunque con cálculo.
-Ahora renuncian á ellos con admirable resolución. El día de la paz los
-veréis desplegar una actividad afanosa para cicatrizar las heridas de la
-guerra, para volver á su antigua prosperidad, como las hormigas de un
-hormiguero cuando éste ha sido indignamente pisoteado por un hombre ó
-una bestia.
-
-La política se saneará igualmente. Sí; era necesario sanear la política.
-Cuando hace dos años una mujer, prevalida de la alta posición política
-de su marido, asesinó alevosamente á un publicista distinguido, y esta
-mujer fué absuelta libremente por el Jurado, los hombres de sentido
-moral exclamaron en Europa:--«¡Esto se descompone!»--Todos vimos ya
-revolotear los cuervos sobre la carne podrida. Era necesario atajar la
-gangrena con el bisturí y el cauterio. Los alemanes fueron comisionados
-por la Providencia para hacerlo. Se encargaron también de batir las
-cataratas á esos ciegos partidarios que ignoran la justicia y la
-tolerancia.--«¡Cómo tardan los bárbaros en llegar! ¿Que hace
-Atila?»--exclamaba un día Ernesto Hello, contemplando la corrupción del
-segundo Imperio.--Y Atila vino, en efecto, poco después. Ha llegado
-también ahora no para castigar la lujuria, sino la mentira. Si la
-República francesa no hace honor á su lema «libertad, igualdad
-fraternidad, ¿para qué existe?
-
-La Providencia divina tiene mucho más que hacer en Alemania. El gran
-pecado de los germanos es el orgullo. Pero el orgullo es el mayor pecado
-de la Humanidad, es el que nos transforma realmente en bestia.
-
-El Rey Nabucodonosor comió heno, como el buey, á causa de su soberbia.
-¿No caemos todos en cuatro patas así que se nos sube el humo á la
-cabeza?
-
-¿De dónde les vino este orgullo? El origen principal está en los excesos
-de su industrialismo. Ver cómo juegan con los átomos y los escamotean y
-transforman los gases en sólidos y arrastran las fuerzas naturales á
-todos los usos, es cosa al parecer que hincha á los hombres de un modo
-extraordinario. Los alemanes habían llegado en este orden á mayor
-adelantamiento que los demás países y quedaron llenos de sí mismos y
-empezaron á mirar con desprecio á los que no sabían fabricar pan de
-madera, y á creerse el pueblo elegido por Dios.
-
-Pero Dios no necesita panaderos. Cuando los magos de Faraón convirtieron
-las varas en serpientes, la de Aarón se las tragó á todas. Para mucha
-gente este es el fin y el compendio de toda la civilización: las
-retortas, los alambiques y los gases inflamables. Algunos tiemblan de
-emoción y ponen los ojos en blanco al referir las contradanzas que los
-alemanes hacen ejecutar á la materia bruta. Yo les respondo: «Aunque les
-viese transformar el palacio de la Equitativa en un gran pastel de
-hojaldre siempre admiraría más un diálogo de Platón y un drama de
-Shakespeare.
-
-Los alemanes eran más admirables cuando en Weimar, una de sus pequeñas
-ciudades, se reunían á la vez hombres como Goethe, Schiller, Herder,
-Wieland Kotzebue, músicos inspirados, grandes pintores, arquitectos,
-sabios, actores, que ahora con sus cañones y zeppelines. No hay que
-decir esto al vulgo que sólo se postra ante las obras tangibles. ¡Como
-si el mundo moral no precediese al material y lo invisible á lo visible!
-
-El progreso que se cifra tan sólo en utilizar las fuerzas de la
-Naturaleza para nuestro regalo es un fantástico progreso. Si el hombre
-no progresa moralmente, estas fuerzas, en vez de utilizarse para su
-provecho, se emplearán en su destrucción. Y es lo que ha acontecido
-ahora. ¡Cuándo terminará esta grosera superstición del industrialismo!
-Platón, Epicteto, Sófocles, Cicerón, eran hombres bien civilizados y se
-alumbraban con aceite. El apóstol San Pablo no era un salvaje, aunque
-desconociese el bicarbonato de soda. El corazón del hombre siempre será
-más interesante que la Naturaleza. El actor nos importa más que los
-bastidores y bambalinas de que está rodeado.
-
-Por la derrota de su soberbia volverá á ser grande la Alemania. Cuando
-nos sopla el viento de la fortuna, cuando nuestros negocios prosperan y
-vivimos rodeados de comodidades y sumergidos en la riqueza, entonces es
-cuando corremos grave riesgo de perder la dicha. La sabia Providencia,
-que vela por nosotros, nos abre los ojos de un modo brusco para que
-rectifiquemos el camino.
-
-Es inútil que nuestras viles pasiones se oculten bajo el manto del
-patriotismo. Este se compone de una centésima de amor y noventa y nueve
-de orgullo. Así como por la ley divina y humana tenemos derecho á
-defender nuestra vida como individuos, igualmente lo tenemos para
-defender con la fuerza nuestra independencia nacional. Fuera de esto el
-patriotismo no es más que un orgullo colectivo. No imagino que un ruso ó
-un alemán por pertenecer á una gran nación sea más grande, ni más sabio,
-ni más feliz que un holandés ó un suizo. La grandeza de un hombre no se
-mide por el terreno que ocupan sus pies, sino por el horizonte que
-descubren sus ojos. Un mendigo inglés es como un mendigo español, y un
-sabio lo mismo.
-
-Los alemanes habían llegado á un grado inaudito de prosperidad
-industrial y comercial. Ignoro si por eso había allí más hombres felices
-que en los demás países. De todos modos, en medio de su prosperidad la
-serpiente aduladora les sopló al oído que debían comer el fruto
-prohibido. Este fruto era la riqueza de sus vecinos y su humillación.
-Pensaron que las leyes naturales son indeclinables y que las morales no
-lo son: profundo error. Mañana se encontrarán arrojados de su paraíso
-(si es que lo era) tristes, maltrechos, ensangrentados. Verdad que han
-hecho mucho daño á los demás; ¿pero este pensamiento puede hacer feliz á
-ningún hombre? Esperemos que, tras experiencia tan dolorosa, irán á
-buscar de nuevo su cielo, no en la fábrica Krupp, sino donde siempre lo
-han tenido: en la moderación, en la sobriedad, en la tranquila vida de
-familia, en las bibliotecas y en las salas de concierto.
-
- * * * * *
-
-Y para Inglaterra, ¿qué consecuencias tendrá la presente guerra?
-
-Ninguna. Los dardos más acerados se embotan en la piel del elefante.
-Abrirá su gran Libro mayor; apuntará en el «Debe» los hombres y los
-barcos perdidos; en el «Haber», algunas colonias alemanas conquistadas,
-y lo cerrará después y saldrá á paseo con el paraguas bajo el brazo.
-
-Es una singular nación Inglaterra. En una novela de Julio Verne, que leí
-en mi adolescencia, cierto francés obsequioso, para adular al capitán
-del barco en donde iba, que era inglés, le decía: «Admiro tanto á
-Inglaterra, que si no fuese francés querría ser inglés.» El capitán,
-dando un chupetón á su pipa, respondió tranquilamente: «Pues yo, si no
-fuese inglés, querría ser inglés.» ¡A cuántos en Europa les pasa lo
-mismo!
-
-Admiro su literatura, su política, sus costumbres, sus juegos, su
-originalidad y hasta me hace gracia su orgullo, que nada tiene de
-agresivo; pero sobre todo la admiro porque es la patria de los hombres
-libres. Todos los demás, comparados con ellos, somos esclavos. Cuántas
-veces, presenciando las arbitrariedades y atropellos de la autoridad en
-España, oyendo hablar de la insolencia de los militares alemanes, de la
-intolerancia de los jacobinos franceses, de la crueldad de los esbirros
-rusos, me tengo dicho: «Prohibid, atropellad, maltratad: ¡mientras
-exista Inglaterra no desaparecerá la libertad del mundo! Allí iremos en
-último extremo á refugiarnos los que no hemos nacido serviles!»
-
-Se moteja el orgullo británico. Sin embargo, dondequiera que hay una
-cosa digna de admiración allí está un inglés admirándola. Su orgullo
-significa la confianza en sí mismos; esto no inspira aversión, sino
-respeto. Cuando estalló la guerra se creía unánimemente en Europa, y los
-alemanes fundaron en ello toda su esperanza, que las inmensas y lejanas
-colonias de Inglaterra se alzarían para sacudir su dominio. Acaeció todo
-lo contrario. Las colonias se sintieron heridas en la metrópoli como en
-su propio corazón y se aprestaron á enviarla todos sus recursos.
-
-No se ha meditado bastante sobre este hecho, único en la historia de la
-humanidad. ¡Qué conducta amable y generosa es necesario seguir para que
-aquellos que se hallan bajo nuestro señorío nos amen lo bastante para no
-romper el yugo cuando la ocasión se presenta! Que en tiempos pretéritos
-han cometido actos de crueldad. No tantos ni tan grandes como los de
-otras naciones. ¿Para qué hablar de lo que está sepultado en los abismos
-del tiempo? La historia del género humano es la historia de la fiera
-humana. No contemos los mordiscos que nos hemos tirado los unos á los
-otros.
-
-Durante la guerra que sostuvieron con los boers del Africa meridional
-experimentaron algunos dolorosos reveses debidos á la pericia y valor
-de aquellos improvisados guerreros. Uno de los caudillos que más daño
-les hizo fué, como todo el mundo sabe, el general Dewet. Pues bien;
-cierto día, en un cinematógrafo, apareció repentinamente su retrato. Un
-aplauso unánime estalló en la sala acogiendo la efigie de su heroico
-enemigo. Pensemos en lo que sucedería en cualquier otro país de Europa
-en caso semejante. ¡Oh, grande y noble pueblo; no temas que tu inmenso
-poderío se destruya! ¡Los ángeles sostienen sobre sus alas los poderes
-justos!
-
-El contacto más intimo con Francia e Inglaterra, países libres, hará á
-Rusia más libre. En este país se da el caso inaudito de que un déspota
-imponga la libertad á su pueblo. «Vosotros los filósofos--decía Catalina
-II á Diderot, que la empujaba con vehemencia á las reformas--escribís
-sobre el papel, que sufre perfectamente el roce de la pluma; pero
-nosotros los Reyes escribimos sobre la piel humana que es mucho más
-susceptible.» El buen Zar Nicolás II tiene ocasión ahora de comprobar la
-sentencia de su abuela. En su vasto Imperio existe un poderoso partido
-reaccionario, que grita como nuestros chisperos del siglo pasado:
-«¡Vivan las cadenas!» y que ha paralizado su generosa iniciativa. Frente
-á ese partido se alza feroz, intransigente, otro que pretende hacer
-tabla rasa de la tradición. Con tanto demonio desatado no es fácil salir
-del infierno.
-
-Italia ganará á Trieste. La sombra de Silvio Pellico, que gime errante
-todavía por la Italia irredenta, podrá descansar tranquila en su
-sepulcro. Bélgica restañará presto sus heridas. Turquía entregará al
-cristiano el sepulcro de Cristo. Los Estados balkánicos seguirán
-tirándose pellizcos á la sordina hasta que Europa, como un maestro
-severo, llevándose el dedo á los labios y enseñándoles la vara, les
-imponga reposo.
-
-¿Vendrá el desarme? Sí; yo espero que vendrá el desarme. La enfermedad
-ha hecho crisis. O muere ó se salva el enfermo: ó descendemos de nuevo á
-los antros profundos de la animalidad ó asomamos la cabeza sobre las
-nubes. «El animal toma su punto de apoyo en la planta--dice nuestro
-huésped reciente Enrique Bergson--; el hombre cabalga sobre la
-animalidad, y la Humanidad entera en el espacio, y el tiempo es un
-inmenso ejército que galopa al lado de cada uno de nosotros, delante y
-detrás de nosotros, en una carga arrebatada capaz de derribar todas las
-resistencias y de franquear muchos obstáculos, hasta la muerte quizá.»
-
-El obstáculo con que ahora ha tropezado la Humanidad es el más alto que
-se le ha presentado en su larga carrera. El trampolín está delante. Si
-retrocede seguiremos cabalgando, no delante, sino al lado mismo del
-animal; seguirá imperando, como en el fondo del océano, la ley del más
-fuerte. El estado de guerra se perpetuará en nuestro planeta; el odio
-establecerá definitivamente su imperio sobre los corazones; la fiera
-rugirá de nuevo por la boca de los cañones. Si lo salta, caerá en el
-blando regazo de la ley de Cristo, adquirirá para siempre conciencia de
-sí misma y proseguirá gloriosamente su camino hacia los altos destinos
-que la Providencia la tiene reservado.
-
-FIN
-
-
-
-
-INDICE
-
-
-La decisión de la Francia, 5
-
-El optimismo Francés, 15
-
-Meditación sobre el conflicto, 31
-
-La Estrategia de Napoleón, 41
-
-Los socialistas franceses, 55
-
-Franceses y Españoles, 69
-
-El ahorro francés, 83
-
-Las mujeres y la guerra, 99
-
-Autores y libros, 111
-
-El Krishna de las trincheras, 127
-
-Los dos ideales, 141
-
-El ídolo científico, 151
-
-La religión de Francia, 165
-
-¿Y después?, 183
-
-PARIS
-
-IMPRIMERIE ARTISTIQUE LUX
-
-131, boulevard Saint-Michel.
-
- * * * * *
-
-Las correcciones hecho por el transcriptor del texto electrónico:
-
-ciendo=> siendo {pg 115}
-
-ha atemoridazo=> ha atemoridazo {pg 5}
-
-con lo años=> con los años {pg 5}
-
-se encuantran=> se encuentran {pg 6}
-
-Plaza de Torros=> Plaza de Toros {pg 8}
-
-uno ú otro raballo=> uno ú otro caballo {pg 9}
-
-ha dado mejores polpes=> ha dado mejores golpes {pg 9}
-
-allá á los lejos=> allá á lo lejos {pg 10}
-
-Ahí éstan=> Ahí están {pg 11}
-
-Napoléon=> Napoleón {pg 11, 44, 45, 46, 51}
-
-mas que por medios diplomáticos=> más que por medios diplomáticos {pg
-12}
-
-El optimismo Frances=> El optimismo Francés {pg 17, 199}
-
-està á la moda=> está á la moda {pg 17}
-
-gritàndonos=> gritándonos {pg 17}
-
-nuestro ànimo=> nuestro ánimo {pg 17}
-
-mucho màs estomacal. No he hallado jamàs=> mucho más estomacal. No he
-hallado jamás {pg 18}
-
-es fàcil dar=> es fácil dar {pg 18}
-
-todo espítiru=> todo espíritu {pg 20}
-
-atràs en buen hora=> atrás en buena hora {pg 20}
-
-diamentralmente contraria=> diametralmente contraria {pg 21}
-
-pantéísticas=> panteísticas {pg 21}
-
-esta enimente facultativo=> este eminente facultativo {pg 21}
-
-màs=> más {pg 21, 43, 46, 47, 53, 67}
-
-otro páis=> otro país {pg 22}
-
-las cicunstancias=> las cirunstancias {pg 23}
-
-jardin=> jardín {pg 26}
-
-máquinas de guerra=> máquinas de guerra {pg 27}
-
-cocinas portàtiles=> cocinas portátiles {pg 27}
-
-és él quien=> es él quien {pg 28}
-
-es impossible=> es imposible {pg 28}
-
-hoy esto qujotesco=> hoy esto quijotesco {pg 30}
-
-de vergüenza=> de verguenza {pg 30}
-
-Berlin=> Berlín {pg 34}
-
-ejercitos del kaiser=> ejércitos del kaiser {pg 37}
-
-les insinua=> les insinúa {pg 38}
-
-del corazon=> del corazón {pg 39}
-
-todavia este naufragio=> todavía este naufragio {pg 39}
-
-Allá én Alemania=> Allá en Alemania {pg 37}
-
-Asi y todo recorri=> Así y todo recorrí {pg 43}
-
-comiengo de la guerra=> comienzo de la guerra {pg 44}
-
-vencedos de Austerlitz=> vencedor de Austerlitz {pg 44}
-
-libran de tal poder libran de tal podre {pg 44}
-
-egoismo del segundo=> egoísmo del segundo {pg 44}
-
-egoísmo no quedaria=> egoísmo no quedaría {pg 44}
-
-dotàsemos=> dotásemos {pg 44}
-
-tampoco quedaria=> tampoco quedaría {pg 44}
-
-Luis XIV seria otro=> Luis XIV sería otro {pg 44}
-
-cualquier transeunte=> cualquier transeúnte {pg 44}
-
-aqui=> aquí {pg 45, 89, 121, 170}
-
-dias=> días {pg 45, 185}
-
-le habia dado=> le había dado {pg 45}
-
-tomar veganza=> tomar venganza {pg 45}
-
-ambiciosos y avidos=> ambiciosos y ávidos {pg 46}
-
-propositos que=> propósitos que {pg 47}
-
-decia á Goethe en=> decía á Goethe en {pg 47}
-
-engañandose á sí mismo=> engañándose á sí mismo {pg 47}
-
-Origenes de la Francia contemporánea=> Orígenes de la Francia
-contemporánea {pg 48}
-
-pueblo sobre las=> pueblo sobre la {pg 49}
-
-peron que al cabo=> pero que al cabo {pg 50}
-
-estrategia napoléonica=> estrategia napoleónica {pg 51}
-
-lo hacian invencible=> lo hacían invencible {pg 50}
-
-por un ejercito=> por un ejército {pg 51}
-
-Su tàctica consistía=> Su táctica consistía {pg 52}
-
-lograran vencer=> lograrán vencer {pg 53}
-
-Entrais á consultar=> Entráis á consultar {pg 60}
-
-tropezàis con=> tropezáis con {pg 60}
-
-Tiene razon=> Tiene razón {pg 61}
-
-el espectàculo=> el espectáculo {pg 64}
-
-oponiéndose sistemàticamente=> oponiéndose sistemáticamente {pg 64}
-
-vuestros movimietnos para=> vuestros movimientos para {pg 64}
-
-los franceses llevàbamos=> los franceses llevábamos {pg 64}
-
-entonces poséíais=> entonces poseíais {pg 66}
-
-todo le mundo=> todo el mundo {pg 67}
-
-lementables equivocaciones=> lamentables equivocaciones {pg 71}
-
-los francess=> los franceses {pg 76}
-
-se quadaban á la puerta=> se quedaban á la puerta {pg 78}
-
-Figurémenos que=> Figurémonos que {pg 78}
-
-más produnfa=> más profunda {pg 81}
-
-El ahorro frances=> El ahorro francés {pg 85}
-
-facilitar le ahorro=> facilitar el ahorro {pg 86}
-
-como si fuerza=> como si fuera {pg 89}
-
-por coquetaría=> por coquetería {pg 89}
-
-Mucho se engañaria=> Mucho se engañaría {pg 89}
-
-La comercianta=> La comerciante {pg 90}
-
-Enablé conversación=> Entablé conversación {pg 91}
-
-pais=> país {pg 91, 145, 146}
-
-Libreme Dios=> Líbreme Dios {pg 92}
-
-había ba tido=> había batido {pg 92}
-
-sea montonaban=> se amontonaban {pg 93}
-
-se hundian en=> se hundían en {pg 93}
-
-echandose hacia atrás=> echándose hacia atrás {pg 93}
-
-Paro el genio francés=> Pero el genio francés {pg 94}
-
-extravió le rumbo=> extravió el rumbo {pg 94}
-
-no està desprovista=> no está desprovista {pg 100}
-
-impossible resistir=> imposible resistir {pg 103}
-
-voy jamas=> voy jamás {pg 105}
-
-dejaría calir=> dejaría salir {pg 114}
-
-esfuerzos increibles=> esfuerzos increíbles {pg 116}
-
-coche son tal=> coche con tal {pg 117}
-
-perderian enteramente=> perderían enteramente {pg 117}
-
-El numero de librerías=> El número de librerías {pg 118}
-
-nuestra literarura misma=> nuestra literatura misma {pg 118}
-
-como el buho de Minerva=> como el búho de Minerva {pg 120}
-
-bañandola de luz=> bañándola de luz {pg 121}
-
-entran en Paris=> entran en París {pg 122}
-
-cortesia es un andidoto=> cortesía es un antidoto {pg 123}
-
-Entonces es cuando Krishna la revela=> Entonces es cuando Krishna le
-revela {pg 130}
-
-habiamos visto=> habíamos visto {pg 133}
-
-¿Estas triste?=> ¿Estás triste? {pg 134}
-
-divisó este=> divisó éste {pg 131}
-
-vez sería que me me matase=> vez sería que me matase {pg 134}
-
-mas=> más {muchas instancias}
-
-quedrabura del terreno=> quebrabura del terreno {pg 137}
-
-despues=> después {muchas instancias}
-
-por el panteismo=> por el panteísmo {pg 143}
-
-un dios aleman=> un dios alemán {pg 143}
-
-La moral es una invencion=> La moral es una invención {pg 144}
-
-nuestra imaginacion=> nuestra imaginación {pg 144}
-
-invasion de la Bélgica y la destruccion=> invasión de la Bélgica y la
-destrucción {pg 144}
-
-asi la totalidad=> así la totalidad {pg 144}
-
-desprecio aleman=> desprecio alemán {pg 145}
-
-la fria indiferencia=> la fría indiferencia {pg 145}
-
-los hombres de accion=> los hombres de acción {pg 145}
-
-esta nacion=> esta nación {pg 146}
-
-Existen sábios muy notables=> Existen sabios muy notables {pg 146}
-
-la filosofia=> la filosofía {pg 146}
-
-habia algunos=> había algunos {pg 146}
-
-filosófo=> filósofo {pg 146}
-
-hallandonos=> hallándonos {pg 146}
-
-orgullosa satisfaccion=> orgullosa satisfacción {pg 146}
-
-las demas naciones=> las demás naciones {pg 146}
-
-la filosofia=> la filosofía {pg 146}
-
-filósfo amigo=> filósofo amigo {pg 146}
-
-Los emeñan sonrientes á los turistas=> Los enseñan sonrientes á los
-turistas {pg 147}
-
-sonrie á nuestra pueril debilidad sonríe á nuestra pueril debilidad {pg
-147}
-
-sus idolos=> sus ídolos {pg 147}
-
-evolucion biológica, todavia=> evolución biológica, todavía {pg 147}
-
-los diás envia=> los días envía {pg 147}
-
-inmensa melancolia, el Kaiser cemejante=> inmensa melancolía, el Kaiser
-semejante {pg 147}
-
-latinos seguimo pensando=> latinos seguimos pensando {pg 147}
-
-piédad y compasion=> piedad y compasión {pg 148}
-
-Neron y Domiciano=> Nerón y Domiciano {pg 148}
-
-no pereceria=> no perecería {pg 148}
-
-jamas prevaleceran contra él» pero sufriria=> jamás prevalecerán contra
-él» pero sufriría {pg 148}
-
-su hegemonia necesitaria=> su hegemonía necesitaría {pg 148}
-
-increible, y en un dia=> increíble, y en un día {pg 148}
-
-no solo continuar=> no sólo continuar {pg 148}
-
-no pereceria=> no perecería {pg 148}
-
-nos quedaria=> nos quedaría {pg 149}
-
-tamaña conspiracion=> tamaña conspiración {pg 149}
-
-la ímaginacion=> la imaginación {pg 149}
-
-que jamas han de tener realidad=> que jamás han de tener realidad {pg
-149}
-
-la razon=> la razón {pg 149}
-
-de filosófos=> de filósofos {pg 149}
-
-en que seria=> en que sería {pg 154}
-
-cientifica=> científica {pg 156}
-
-se acerca à=> se acerca á {pg 166}
-
-se extasian=> se extasían {pg 167}
-
-la antiguedad=> la antigüedad {pg 168}
-
-facilmente=> fácilmente {pg 168}
-
-alegria=> alegría {pg 170}
-
-lee á Platon=> lee á Platón {pg 172}
-
-el legitimo Dios el legítimo Dios {pg 173}
-
-arboles=> árboles {pg 174}
-
-le respondi=> le respondí {pg 178}
-
-confuso y avergozado=> confuso y avergonzado {pg 178}
-
-confiesa alli=> confiesa allí {pg 179}
-
-filtrandose=> filtrándose {pg 183}
-
-guerra increible=> guerra increíble {pg 183}
-
-las raices=> las raíces {pg 183}
-
-periodicamente=> periódicamente {pg 183}
-
-he creido tampoco=> he creído tampoco {pg 183}
-
-creido en la utilidad=> creído en la utilidad {pg 183}
-
-confusion y vergüenza.=> confusión y vergüenza. {pg 185}
-
-rabiosa colera=> rabiosa cólera {pg 185}
-
-Vivia adormecida=> Vivía adormecida {pg 186}
-
-al alma ne le bastan=> al alma no le bastan {pg 186}
-
-que vivian apartados=> que vivían apartados {pg 187}
-
-alta prosición política=> alta posición política {pg 188}
-
-exclamaba un dia=> exclamaba un día {pg 188}
-
-el bicarbonato de sosa=> el bicarbonato de soda {pg 190}
-
-en la metropoli=> en la metrópoli {pg 194}
-
-nuestro señorio=> nuestro señorío {pg 194}
-
-Los angeles=> Los ángeles {pg 195}
-
-con vehemancia=> con vehemencia {pg 196}
-
-escribis sobre el papel=> escribís sobre el papel {pg 195}
-
-como hallar en Europa el disimulo y el sigilo necesarios para tamaña
-conspiracion=> cómo hallar en Europa el disimulo y el sigilo necesarios
-para tamaña conspiración {pg 149}
-
-
-
-
-
-
-
-
-
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-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUERRA INJUSTA ***
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
-particular state visit http://pglaf.org
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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