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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Los Caudillos de 1830 - Memorias de un hombre de acción, tomo 9 - -Author: Pío Baroja - -Release Date: November 13, 2016 [EBook #53517] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 *** - - - - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - OBRAS PUBLICADAS - - - PÍO BAROJA - -PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA, -3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRÍA, 3,50. EL -ÁRBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS -DE 1830, 4,00. - - - JULIO VALLÉS - -EL NIÑO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas. - - - ENRIQUE BARBUSSE - -EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas. - - - CARLOS RIVET - -EL ÚLTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas. - - - JUAN GUALBERTO NESSI - -AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMÁN U..., 2,00 ptas. - - - JULIÁN SOREL - -LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas. - - - LORENZO GALLEGO CARRANZA - -LECCIONES DE TOPOGRAFÍA. Obra adaptada al nuevo programa de esta -asignatura en la Academia de Infantería y aprobada como texto -definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00 -pesetas. Contiene 32 láminas en colores. - - - - - OBRAS DE PÍO BAROJA - -VIDAS SOMBRÍAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE -ARLEQUÍN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, -EGOLATRÍA, 3,50. - - - LAS TRILOGÍAS - - - TIERRA VASCA - -LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN -EL AVENTURERO, 1,00. - - - LA VIDA FANTÁSTICA - -CAMINO DE PERFECCIÓN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE -SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00. - - - LA RAZA - -LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL ÁRBOL DE LA -CIENCIA, 3,50. - - - LA LUCHA POR LA VIDA - -LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50. - - - EL PASADO - -LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS, 3,00. LAS -TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00. - - - LAS CIUDADES - -CÉSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSI, 3,50. - - - EL MAR - -LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA, 3,50. - - - MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN - -EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE, 3,50. -LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS -RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA -DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00. - - - - - PÍO BAROJA - - LOS CAUDILLOS DE 1830 - - - - - _Copyright by Rafael Caro Raggio-1918. - Es propiedad. - Prohibida la reproducción._ - -Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martín de los Heros, 65. - - - - - PÍO BAROJA - - - LOS - CAUDILLOS - DE 1830 - - NOVELA - - - [Ilustración] - - - RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR - Calle de Ventura Rodríguez, 18 - 1918 - - - - - LIBRO PRIMERO - - EL ETERNO CONSPIRADOR - - - - -I. - -DON EUGENIO - - -UN día, al anochecer, apareció en la fonda de Iturri un hombre que -llamó la atención de Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado, con -la cara y las manos curtidas por el sol. Tenía el aire de cansancio de -los que vienen de países tropicales. - -Vestía redingot negro, pantalón con trabillas, sombrero de copa de alas -grandes y corbata de varias vueltas. - ---¿Quién es este hombre?--preguntaron Lacy y Ochoa a Iturri. - ---Es un vascongado que viene de la Habana. Ahí está su nombre. - -Los dos jóvenes leyeron el nombre: Eugenio de Aviraneta. - ---¿Es de los nuestros?--preguntó Ochoa. - ---Yo le he conocido aquí en 1824--dijo Iturri--creo que es liberal. - -El recién llegado escribió unas cuantas cartas y se metió en la cama. - -Al día siguiente preguntaron por él dos o tres personas, entre ellas el -auditor de guerra y amigo íntimo de Mina, don Canuto Aguado. - -Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traía pasaporte del capitán general -de la isla de Cuba, para Madrid, por la vía de Francia, pero como no se -había presentado al cónsul español de Burdeos, no podía pasar a España. - -A la hora de almorzar Iturri sentó a la misma mesa donde comía su -sobrino y Lacy al recién llegado y éste al saber que Eusebio era hijo -del general Lacy estuvo muy amable con él y habló largamente con -los dos jóvenes. Aviraneta les hizo alguna impresión. Tenía marcada -tendencia por la frase amarga y el epigrama, lo que hacía creer que era -tipo desengañado y sarcástico. - ---¿Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?--le preguntó Ochoa. - ---Sí. - ---¿Qué dice? - ---Poca cosa. - ---¿No está contento de la marcha de los acontecimientos? - ---Eso parece. - ---¿Y el general Mina no tiene confianza? - ---Muy poca. Por lo que he podido traslucir no está contento de la -organización de la empresa. Se me figura que va arrastrado por la -fogosidad y la imprudencia de todos. - ---Es que el general está viejo, enfermo y naturalmente es desconfiado. -Ya verá usted como todo sale bien--dijo Ochoa. - ---Mejor, mejor; ¡ojalá! - -Aviraneta contó sus viajes, y estaba hablando de sobremesa cuando se -presentó Iturri con el italiano de la subprefectura que había dado los -informes de las dos damas del Chalet de las Hiedras. - -El italiano era un hombrecito calvo, de unos cuarenta años, la nariz -arqueada y roja, el pelo rubio y la mirada viva a través de los lentes. -Vestía un traje raído y sin brillo y llevaba los pantalones con -rodilleras. - -El señor Pagani, así se llamaba, era al parecer, insustituíble en su -oficina; sabía cuatro o cinco idiomas a la perfección, trabajaba -constantemente y ganaba poco. - ---Me ha explicado mi amigo Iturri su situación--dijo hablando el -castellano perfectamente.--¿Qué documentos tiene usted? - ---Tengo el pasaporte del capitán general de la Habana para dirigirme a -Madrid--dijo Aviraneta. - ---¿Quiere usted enseñármelo? - ---Ahora vengo con él. - -Aviraneta entró en su cuarto y volvió poco después con unos papeles. - ---He salido de la Habana con mi pasaporte pensando ir a Madrid, pero -como me he encontrado con esta agitación revolucionaria, inesperada, no -me he atrevido a entrar en mi país. - ---¿Usted ha tenido que ver algo en política?--preguntó el italiano -mirándole por encima de sus lentes. - ---Sí, en parte--murmuró Aviraneta--yo fuí miliciano como otros -muchos... obligado... y tuve que emigrar en 1823, pero no me he -mezclado nunca activamente en política. - -El italiano contempló con desconfianza a su interlocutor, después -tomando el pasaporte comenzó a leerlo despacio. - ---Está bien... en regla--fué diciendo mientras leía--visado por el -cónsul general francés del puerto de la Habana... falta la presentación -al consulado de España en Burdeos. - ---Sí, ha sido un olvido--dijo Aviraneta. - ---Esta falta--repuso el italiano--le imposibilita a usted para entrar -en España porque se le considerará a usted como sospechoso y en el acto -se le reducirá a prisión. - ---Entonces no, no quiero entrar en España. - ---Dígame usted. ¿Cuál es el plan de usted? ¿Qué es lo que usted desea? - ---Yo, la verdad, soy un hombre pacífico--afirmó Aviraneta--si hay esos -peligros de que usted habla, prefiero quedarme aquí. En vez de visitar -a mis parientes de Irún y San Sebastián, a quienes no he visto hace -años, les pediré que vengan a verme. Mi plan se reduce a estar en -Bayona un par de meses. - ---Lo bastante para hacer la expedición que proyectan los liberales -españoles--dijo el italiano con ironía. - -Lacy y Ochoa sonrieron. - ---No, no--exclamó Aviraneta--eso la gente moza, yo ya soy viejo para -esos trotes. - ---¡Hum! Quizás yo me engañe, pero no me parece usted menos peligroso -que estos jóvenes; en tal caso más. - ---Es usted muy amable, señor Pagani. No. Estoy cansado de verdad. ¿Y -cómo arreglaremos el asunto para que yo me pueda quedar en Bayona? - ---Yo lo arreglaré, y si quiere usted que no le molesten no concurra -usted a los cafés, porque están muy vigilados por los agentes de los -dos gobiernos y por los espías que tiene el señor de Calomarde entre -los mismos liberales. - ---No tenga usted cuidado. No iré a los cafés. - ---Su pasaporte de usted con los de los demás españoles residentes aquí -los colocaré en la subprefectura en carpeta separada de los emigrados -políticos y mañana por la mañana traeré a usted la carta de seguridad -con cuyo salvoconducto no le molestará la policía. - -El señor Pagani se despidió de todos y al día siguiente por la mañana -volvió trayendo la carta de seguridad. Aviraneta le dió un luis que al -italiano debió parecer por los aspavientos que hizo al recibirlo un -verdadero capital. - -Recomendó de nuevo a Aviraneta que tuviese cuidado con quien hablaba y -añadió que si alguna dificultad se le ofrecía no tenía más que avisarle -a la subprefectura por mediación de Iturri. - - - - -II. - -ENTREVISTA CON MINA - - -UNA de las condiciones características de Aviraneta era el enterarse -y darse cuenta rápidamente de una situación. Al tercer día de su -estancia en Bayona don Eugenio había hablado con los más conspicuos -constitucionales, sabía sus opiniones, lo que pensaban acerca de la -expedición que se estaba preparando, las simpatías y las antipatías que -tenían. - -Con su prudencia habitual de zorro encanecido en la intriga, Aviraneta -no se presentó en ningún sitio bullanguero ni paseó por las calles en -grupo con otros españoles. - -La tarde del tercer día de su estancia en Bayona, don Canuto Aguado -le avisó para que acudiese a las nueve de la noche a su casa. Aguado -vivía en un tercer piso de la calle de Santa Catalina en el barrio de -Saint Esprit, en un cuartucho barato, sórdido y sombrío. - -Aviraneta al anochecer, cenó, se embozó en la capa y se marchó por el -puente de barcas a Saint Esprit. - -Al llegar a la calle de Santa Catalina buscó el número hasta dar con -él. Aguado se encontraba esperándole en el portal. - ---Aquí está Mina--le dijo.--Le he avisado para que hable con usted. - -Aviraneta y Aguado subieron la estrecha escalera de la casa, -iluminándose con un cabo de vela, y entraron en un cuarto diminuto, con -un armario lleno de papeles. Sentado a la mesa, a la luz melancólica de -un pequeño quinqué de petróleo estaba el general don Francisco Espoz y -Mina. - -El general se levantó con trabajo y estrechó la mano de Aviraneta. -Aguado cerró la puerta del cuarto y los tres hombres se sentaron. -Estaba el caudillo de la guerra de la Independencia avejentado y con -aspecto de enfermo; tenía el pelo y las patillas blancas y las mejillas -hundidas; llevaba una chaqueta de tela gruesa, un pañuelo de lana en el -cuello y un capote sobre los hombros. - ---Yo recuerdo haberle visto a usted...--dijo Mina dirigiéndose a -Aviraneta con un hablar inseguro y algo vacilante--si... recuerdo, hará -ya quince años... cuando la conspiración de Renovales creo que era -¿no?... sí cuando la conspiración de Renovales. Entonces debía usted -ser muy joven. - ---Tenía veintitrés años. - ---¿Y qué ha hecho usted desde esa época? - ---¡Oh, tantas cosas! que ya no me acuerdo. - -Aviraneta contó rápidamente cómo había sido ayudante del Empecinado, su -viaje a Egipto y a Grecia, y después su estancia en Méjico. - ---Ultimamente he hecho la expedición a Tampico con el brigadier -Barradas--terminó diciendo--y por la defensa de este pueblo el general -Vives ha pedido al Gobierno la confirmación del empleo de Comisario -ordenador de Guerra. En este momento, cuando iba a tomar posesión del -cargo, llegó a la Habana la noticia de la Revolución de Julio de París, -y a mí me avisaron por la Venta Carbonaria lo que se intentaba. Esto me -movió a presentarme al capitán general y a manifestarle francamente mis -deseos. Vives, que es amigo mío, intentó disuadirme, pero viendo que -era imposible me dió el pasaporte para España. - -Aviraneta lo mostró a Mina, quien lo leyó despacio y después dijo: - ---¿Y ahora qué piensa usted hacer? - ---Me uniré a ustedes. - ---El caso es--murmuró Mina--que yo no voy a poder darle a usted cargo -alguno en esta expedición... es tarde... cada cargo es una nueva fuente -de riñas y de rivalidades... sí; es verdad...; no hablo por hablar, -no... no sabe usted cómo están los míos, los que llaman _ministas_, con -los valdesistas y los gurreistas... yo quisiera... pero no puedo... -cada jefe quiere tener su partido y así no vamos a ninguna parte. - ---Si no tengo cargo oficial trabajaré independientemente. - ---¿Usted puede entrar en España, Aviraneta? - ---Estoy pregonado por el corregidor de Roa en la causa del Empecinado, -pero supongo que ese proceso estará ya sobreseído. - ---¿Tiene usted parientes en España? - ---Sí. - ---¿En dónde? - ---Aquí en el Norte, en San Sebastián y en Irún. - ---Pues entonces podrá usted pasar. Si usted quiere, yo haré que le -firmen el pasaporte. - ---No; de ir, iré sin pasaporte. Conozco el país y tengo amistades en -la frontera. Diga usted, mi general, sus intenciones y sus planes; yo, -conociéndolos, veré qué es lo que puedo hacer. - ---Está bien. Habla usted con franqueza..., y a pesar de que yo tengo -fama de zorro le hablaré a usted con la misma claridad. No tengo -interés en engañarle. - ---Ni yo tampoco a usted, general. - ---Lo comprendo. Bien, no le diga usted esto a nadie... esto que le voy -a decir... La gente lo sospecha... pero yo no quiero confesarlo...: -voy arrastrado a una expedición en la que no creo... que me parece -imposible pueda tener éxito...; usted me dirá ¿por qué he entrado en -ella?... Por los amigos...; me decían que yo, como más viejo..., con -más representación... quizás pudiera ordenar el movimiento... No se ha -podido hacer nada...; mis informes me hacen creer que hay traidores en -nuestro campo, que el Gobierno está advertido... y que vamos al fracaso. - ---¿Y no se puede aplazar esto?--preguntó Aviraneta. - ---No. Ya me echan la culpa a mí de las dilaciones...; el general Gerard -me recomendó que esperase...; creí que haría algo por nosotros, y -nada... ahora si no marcho todo el mundo dirá que yo he entorpecido -la expedición... que soy un traidor..., y voy a marchar... Si usted -hubiese venido... antes... cuando organizábamos nuestras tropas... le -hubiera nombrado jefe de una de ellas, pero esto está constituído... -mal constituído... pero ¿qué se va a hacer? - --Ah. Nada. De eso no hay que hablar. - ---Si usted hubiese venido antes, Aviraneta, yo le hubiese encomendado -un trabajo comprometido... y peligroso. - ---¿Cuál? - -Mina se detuvo, palideció y murmuró llevándose la mano al costado. - ---Estos días de otoño... las heridas... me duelen...; dígale usted, -Aguado, cuál era nuestro proyecto. - ---La idea del general--dijo Aguado--era no emprender esta expedición -sin tener un apoyo en la península. Hubiésemos querido contar con San -Sebastián y con Santoña antes de comenzar el movimiento en la frontera. -Las dos plazas son fuertes e importantes. Con San Sebastián y Pasajes -tendríamos la defensa de la costa y el paso abierto a la frontera; -con Santoña podíamos defender la parte de Santander, tener abierto -el camino de Burgos hacia Madrid y marchando mal defendernos de las -tropas que vinieran de Vizcaya en el portillo de Gibaja y en la barca -de Treto, y de los que llegasen de Burgos o de Asturias en la línea de -Torrelavega. - ---¿Y por qué no han intentado ustedes eso? - ---Amigo Aviraneta--dijo Mina, ya un tanto aliviado del dolor,--nadie ha -estudiado con calma nuestros proyectos... Todo el mundo cree que basta -presentarse en la frontera... echar un discurso... para que el pueblo -venga con nosotros... - ---¿Y no dieron ustedes, mi general, algunos pasos?--preguntó Aviraneta. - ---Sí; yo había escrito a algunos amigos de San Sebastián... diciéndoles -que esperaran órdenes. - ---¿Tiene usted allí amigos de confianza? - ---Sí. Legarda, Amilibia, Baroja... y sobre todo Lorenzo Alzate. - ---Alzate es primo mío. ¿Y cree usted, mi general, que ya no se puede -hacer tentativa alguna en ese sentido? - ---Eso creo. - ---Yo volveré de nuevo a estudiar la cuestión y hablaré con usted. - ---¿Ah, bien... muy bien!... ¿Qué, nos vamos? - ---Sí--dijo Aguado.--Encienda usted la vela, Aviraneta. - -Den Eugenio encendió una pajuela y luego el cabo de vela, y Aguado -apagó el quinqué. - -Aviraneta tomó el candelero, y Mina, apoyado del brazo de Aguado, -bajó las escaleras y montó en un cochecito que había en la calle -esperándole. Aguado y Aviraneta marcharon a Bayona por el puente. - - - - -III. - -CONVERSACIÓN CON AGUADO - - -ESTABA lloviendo; ni Aguado ni Aviraneta tenían ganas de entrar en sus -casas, y se metieron en los soportales del Puente Nuevo. - ---¿Qué le ha parecido a usted, Mina?--le preguntó Aguado. - ---Sencillo, atento. Me lo figuraba así--dijo Aviraneta.--¿La opinión -íntima acerca de la expedición que se proyecta es la que ha expuesto? - ---Sí. - ---¿No hay alguna cosa que nos haya callado? - ---No. Es decir, no ha insistido en las diferencias que hay entre -nosotros. - ---¿Y cómo no se ha zafado de esta empresa, en la que tiene tan poca -confianza? - ---Esta pregunta me demuestra que lleva usted lejos de nosotros mucho -tiempo--dijo Aguado.--Usted le ha conocido a Mina cuando era un general -liberal, uno de tantos; hoy es el mayor prestigio del liberalismo -activo y no se puede zafar de una empresa así como en tiempo de -Renovales. Mina viene arrastrado. A raíz de la Revolución de 1830, -Mina se encontraba en los baños de Bath. Se le escribió contándole -con detalles las jornadas de Julio. Los emigrados que habían acudido -a París creían que aquella era la ocasión propicia para emprender un -movimiento favorable, con la ayuda de los liberales franceses y del -Gobierno de Luis Felipe. - ---Y lo era, sin duda. - ---Mina--siguió diciendo Aguado--se trasladó a París, conferenció con -los emigrados españoles y quedó de acuerdo con ellos en hacer una -intentona en la frontera, con ciertas condiciones. Decidido esto, Mina -tuvo una conferencia secreta con el ministro de la Guerra, general -Gerard. - ---Y Gerard ¿qué dijo? - ---Gerard recibió muy bien al guerrillero español, y le dijo que -preparase su expedición a la chita callando. Mina fué también en -compañía de Toreno a visitar al general Lafayette, pero no le pudo -ver. Mina quería formar una falanje con los prestigios del liberalismo -internacional y lanzarla sobre la frontera española. - ---Era una magnífica idea. - ---Y era lo que habían prometido todos. Ya que los franceses habían -acabado con la libertad en España en 1823, justo era que intentaran -restablecerla cuando pudieran. Sin embargo, no han hecho nada. - ---No me choca. El francés siempre ha sido egoísta y roñoso para los -demás. - ---Mina quería el mando único, y tenía razón, porque lo que se intenta -no es una revolución, sino un movimiento militar. La revolución, en -tal caso vendrá después. Al mismo tiempo que Mina hacía sus trabajos, -un grupo de impacientes que querían obrar con independencia se puso -de acuerdo con Calvo y con Ardouin el banquero, que tenían hechos -empréstitos a España desde la primera época constitucional, y los -banqueros ofrecieron su concurso. Llamaron a Mendizábal y le dieron -fondos para los primeros trabajos, y decidieron entre todos nombrar la -Junta sin consultar con Mina. - ---Siempre la divergencia y los celos--murmuró Aviraneta. - ---El Directorio provisional del levantamiento de España contra la -tiranía se formó en París y se trasladó en seguida a Bayona. Desde aquí -escribió a Mina preguntándole si se podría contar con él. Era en el -fondo una impertinencia. Mina, un poco molesto, contestó que sí y en la -segunda semana del mes de Septiembre se presentó en Bayona. El 22 de -este mes se verificó la primera Junta del Directorio provisional, y al -día siguiente Mina, violentándose un poco, manifestó públicamente su -adhesión a ella. Desde el primer momento comenzaron las rencillas y las -diferencias. - ---¿Por qué? - ---Los partidarios de Torrijos y los militares independientes veían -que allí donde estuviera Mina naturalmente tenía que ser la figura -principal, cosa que no les agradaba. - ---¿Pero hay algún motivo nuevo de odio? - ---Ninguno. Las causas de esto son muchas y antiguas; pero la más -principal no es ideológica, sino de temperamento. Mina es un vasco como -usted, maquiavélico, de palabra confusa y enmarañada, pero por dentro, -claro, lucido y calculador. Sus enemigos Torrijos, Valdés, Alcalá -Galiano, San Miguel, López Baños y otros muchos son castellanos, -andaluces, asturianos, más fáciles de palabra, más conceptuosos, más -retóricos... - ---Por una cosa o por otra, los españoles siempre estamos así--dijo -Aviraneta con amargura.--Empiezo a sentir el haber venido. Allí, al -menos, en Cuba tenía asegurada mi existencia. - ---Sí, será verdad; pero no se puede vivir más que en el propio país; lo -demás es vegetar, llevar una vida mísera y disminuída. - ---En eso tiene usted razón. Lo que yo no comprendo bien es por qué si -Mina no tiene defectos no se le unen los demás. - ---Es que los tiene. Uno de los defectos del general, que a veces es un -medio de defensa, es la desconfianza excesiva; otro es su tendencia -burocrática y reglamentaria. Mina, que ha conspirado desde la primera -emigración, está siempre en guardia con cualquiera que se le acerque; -en cambio, Torrijos y Valdés son más efusivos y, al parecer, más -francos. Mina trata a sus enemigos por el silencio, no habla de ellos; -cosa que irrita; en cambio sus enemigos le intentan desacreditar. Se -ha llegado a decir que Mina tiene miedo. Los partidarios de Valdés y -de los otros echaron a volar esta especie, y un señor Chevallon, un -francés majadero que venía con unos miles de francos de la Junta de -París, ha llegado a decírselo cara a cara a Mina. - ---¿Y Mina no le contestó con un puntapié? - ---No, porque el general es hombre que se lo guarda todo. Los enemigos -han inventado otra porción de calumnias estúpidas. - ---¿Y esto influye algo en la opinión? - ---Nada. En España no se cree más que en el general. - ---¿Y cómo no mandan ustedes agentes a España para saber qué hacen allí? - ---Los mandamos. Ahora tenemos algunos italianos carbonarios esparcidos -aquí por el Norte, gente activa; tenemos a José Monti, napolitano, -comerciante que vive en Vitoria y va a veces a Pamplona; a Pedro -Galloti en San Sebastián, que se sirve para sus informes de los -quincalleros paisanos suyos; a un tal Arrigoni, que ha ido a Santander, -y a un D. Juan Rumi en Gibraltar. Estábamos comenzando la organización. -Este movimiento quizás eche a abajo lo que habíamos preparado y -tengamos que comenzar de nuevo. - ---De todo esto se deduce que hay muy pocas probabilidades de -éxito--dijo Aviraneta. - ---Sí; tal creo yo también. - ---A pesar de esto--repuso Aviraneta--yo le voy a hablar a Campillo. Si -él quiere intentar algo en Santander, donde debe tener amigos, yo iré a -San Sebastián. - ---Bueno--dijo Aguado;--ténganos usted al corriente de lo que haya. - ---Descuide usted--contestó D. Eugenio. - -Y los dos hombres, después de darse la mano, salieron de los arcos y se -separaron. - - - - -IV. - -LA TINTA SIMPÁTICA - - -AL día siguiente por la mañana Aviraneta contó a Eusebio de Lacy y -a Ochoa lo que había hablado con Mina y con el intendente Aguado; -expuso a los dos jóvenes su plan, que lo aceptaron con entusiasmo, y -decidieron mandar un aviso a Campillo para hablar con él. - -Le citaron para después de comer en el café del Comercio. Estuvieron -Lacy, Aviraneta, Campillo, en mesas separadas como si no se conocieran, -luego se levantaron uno tras otro, recorrieron el puente de Saint -Esprit, cruzaron el barrio de los judíos y fueron al campo por la -carretera de Burdeos. - -Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y Aviraneta contó su -conversación con Mina y explicó su idea de tantear San Sebastián y -Santoña, y las ventajas que tendría de poder realizarse su proyecto. - -Campillo no era de los enemigos declarados de Mina, pero desconfiaba. - ---¿Y cuál es el plan de usted?--preguntó Campillo. - ---Mi plan sería contar con San Sebastián y con Santoña antes de -la expedición. Teniendo estas ciudades y asegurado el paso de San -Sebastián por la frontera, se podría hacer mucho. - ---Ah, claro. ¿Y contaba usted conmigo para trabajar en Santoña? - ---Sí. - ---Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado conocido en mi tierra -y me prenderían inmediatamente al llegar. ¿Usted piensa entrar en San -Sebastián? - ---Es posible; pero no diga usted a nadie nada. - ---Descuide usted, nadie lo sabrá. ¿Usted cree que se podrá hacer algo? - ---No sé; pero creo que vale la pena de verlo... hablar con los -oficiales y soldados, ver lo que piensan. - ---¿Usted está convencido de que en esta ocasión Mina obra de buena fe? - ---¡Qué duda cabe! - -Campillo quedó visiblemente preocupado. Dijo que el espíritu público no -era del todo hostil a los liberales en Santander, donde la mayoría del -comercio era liberal y de mucha influencia sobre la masa del pueblo; -pero, según él, fuera de la ciudad, en la parte rural, el vecindario -estaba sobrecogido por los voluntarios realistas fanatizados por el -clero y dominados por los caciques. - ---¿No hay por los pueblos gente de la nuestra?--preguntó Aviraneta. - ---Cerca de Santander--contestó Campillo--vive un hermano mío, capitán -ilimitado, relacionado con otros oficiales que están en la misma -situación y cuentan con algunos soldados que sirvieron conmigo en la -guerra de la Independencia y en 1823; mas esto no basta. ¿Cómo quiere -Mina ganar la guarnición de Santoña? - ---Si se llegara a este caso--contestó Aviraneta--se necesitaría dinero -para sobornar a los sargentos y a la tropa. - ---No sé si con los jefes y oficiales que hay en Santoña se podrá -contar--dijo Campillo,--porque el batallón que ha reemplazado al que -había es nuevo en el país. Los jefes y oficiales de los Cuerpos -facultativos son también nuevos y no conozco a ninguno. - ---Para sondear los ánimos de la guarnición de la plaza ¿no -encontraríamos algún agente sagaz que fuera de los nuestros?--preguntó -Aviraneta. - ---Mejor que nadie, mi hermano. No está significado por -liberal--contestó Campillo.--¿Pero cómo entendernos con él, habiendo, -como hay, tan gran vigilancia en los correos? - -Aviraneta dijo que había tintas simpáticas; pero era indispensable que -el corresponsal supiese emplearlas. - -Después de hablar largo rato y de hacer cábalas acerca de lo que podía -pasar, volvieron al pueblo los tres separados. Aviraneta escribió a su -primo Lorenzo de Alzate diciéndole que estaba en Bayona, e hizo pasar -la carta con una cascarota de Ciburu. Citaba a su primo para la semana -próxima. - -Los días siguientes Aviraneta fué con Lacy y Ochoa a casa de su -antiguo amigo Juan Olavarría, donde acudían de tertulia Mancha, Peman, -el coronel Núñez Arenas y algunos otros militares en su mayoría -partidarios de Valdés. - -Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramón Corres. Corres parecía -un hombre pacífico y grave aunque en realidad no lo fuese tanto. - -Corres había tomado parte en la guerra de la Independencia y en las -luchas del 20 al 23 en las que se batió con denuedo a las órdenes de -Labisbal. Después emigró, fué a la isla de Jersey y allí se estableció -de chocolatero, oficio que tenía en Marañón antes de la guerra de la -Independencia. Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la tertulia -de Olavarría se celebraba su candidez y su simplicidad. - -Una de estas noches al salir de casa de Olavarría se encontraron -Aviraneta y Lacy con Campillo. Como llovía a chaparrón fueron a pasear -a los arcos de la Galuperie, que en aquel momento estaban desiertos. - -Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour un quechemarin de -Santoña; que el patrón, un convecino suyo, era un hombre honrado y de -toda su confianza, y que había pasado la tarde y parte de la noche en -su compañía. - ---Le he esperado a usted para decirle que se presenta una buena ocasión -para escribir a mi hermano; y como yo no sé poner las cosas en claro, -quisiera que lo hiciera usted. - ---Muy bien--dijo Aviraneta.--¿Cuánto tiempo va a estar aquí el -quechemarin? - ---Estará un par de días. - ---Entonces hay que escribir en seguida. - ---Sí. - ---Bueno; ahora me pondré yo a redactar las instrucciones, mañana las -consultaré con usted y con Mina, y si están ustedes conformes las -escribiré con tinta simpática y le enseñaré al patrón del barco la -manera de emplear el reactivo para que él, a su vez, se la enseñe a su -hermano de usted y aparezca lo escrito. - ---Muy bien. - -Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron a casa. Aviraneta y -Lacy se encerraron en un cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron -escribiendo disposiciones durante toda la noche, buscando el modo de -sintetizar y de poner las cosas claras. - -Durmieron un poco por la madrugada, y a media mañana Aviraneta buscó a -Aguado y en su compañía fué a leer su plan a Mina. El general estaba en -la cama. Oyó atentamente lo escrito por Aviraneta, y dijo: - ---Está bien, muy bien. Es usted un maestro. - -Después le leyeron las clausulas a Campillo, que también dió su -aprobación. - -Aviraneta escribió entonces con tinta simpática y con letra muy -apretada sus indicaciones. Encima redactó, de manera corriente, una -carta de comercio. - -Llegó el patrón del quechemarin, se le enseñó la carta y se le dijo -la manera de descubrir lo escrito con tinta simpática empleando el -frasquito del reactivo. - -Al anochecer, Lacy, Campillo y Aviraneta vieron cómo el quechemarin -salía hacia la boca del Adour remolcado por una lancha. - - - - -V. - -PREPARATIVOS - - -SE aproximaba el momento de la acción, y por ninguna parte aparecía la -unidad del plan necesario para una empresa de aquella índole. A las -divergencias de los españoles iban añadiendo las suyas los franceses, -los italianos y los polacos que se mezclaban entre ellos. - -Los entusiastas habían conseguido que el general Mina se reconciliase -oficialmente con sus enemigos Valdés y Chapalangarra. La reconciliación -era falsa, sobre todo por parte de Valdés. - -Cada caudillo comenzó a ocupar su punto estratégico. - -Don Gaspar de Jáuregui, que tenía su banderín de enganche en Bayona, -había formado una compañía de oficiales vascongados de la guerra de la -Independencia. - -Chapalangarra reunía sus tropas en Cambó, Méndez Vigo en Mauleón. - -En San Juan de Pie de Puerto se iban alistando algunos voluntarios bajo -la dirección del coronel de la antigua División de Navarra del tiempo -de la guerra de la Independencia, D. Pedro Antonio de Barrena y de D. -Félix Sarasa, que estaba con su hijo llamado Cholin. - -Por la parte de Oloron había también sus voluntarios navarros y -aragoneses, que se iban reuniendo a las órdenes de D. Patricio -Domínguez, del jefe de batallón Moncasi y del canónigo don Lorenzo -Barber. Mina envió a Oloron al coronel D. Alejandro O'Donnell en -calidad de jefe de la plana mayor, para resolver las dificultades -técnicas. - -Gurrea había recorrido el Alto Aragón con el nombre de Antonio Gabara, -y había hablado a sus amigos. Después se estableció en Bagneres de -Luchon, donde se le fueron reuniendo sus partidarios. Se decía que uno -de los que le seguirían sería el antiguo cabecilla absolutista Seperes, -alias Caragol. - -A pesar de que los entusiastas e impacientes no hablaban más que -de éxitos y aseguraban que presentarse en la frontera y marchar -triunfantes y sin obstáculo a Madrid sería todo uno, no se advertían -más que dificultades y síntomas de discordia y de descomposición. - -Cada grupo llevaba una política contraria. - -La Junta masónica de Bayona hablaba en sus comunicaciones solapadamente -contra Mina; los carbonarios hacían la guerra a los masones y mandaban -proclamas confusas precedidas de estas iniciales: - - U y L. - -que quería decir Unión y Libertad, y terminaban con este grito: - - ¡Vivan los h. de S. T.! - -lo que para los iniciados significaba: ¡Vivan los hijos de San Teobaldo! - -Los partidarios de Valdés afirmaban en todas partes que Mina era un -traidor vendido a Calomarde; los de Méndez Vigo decían que Valdés era -tan reaccionario y tan pastelero como Mina. - -La discusión iba en aumento; los ministas los valdesistas, los -gurreistas, los masones, los comuneros, los carbonarios, los franceses, -los italianos y los polacos no hacían más que intrigar y echarse en -cara unos a otros la culpa de lo que ocurría. - -En primeros de Octubre, Valdés, Chapalangarra y Méndez Vigo volvieron a -reñir con Mina y dijeron que desconfiaban de sus dilaciones. - -El Gobierno de Calomarde mientras tanto estaba sobre aviso. No se -permitía la entrada en España de ningún papel de carácter liberal. Se -había establecido en la frontera una policía militar y el espionaje -era perfecto. Se supo que entraron en España varios números del -_Representante del Pueblo_, que se publicaba en Londres en francés, -y del _Precursor_, que se imprimía en castellano en París, y se -llegaron a coger, número por número, todos. Cierto que se abría la -correspondencia con una perfecta impunidad. - -Las precauciones del Gobierno eran tales y su presteza y actividad tan -extremadas, que hacían imposible que una acción tan desperdigada, tan -anárquica y tan mal dirigida como la de los emigrados pudiera tener -éxito. - - - - -VI. - -LAS IDEAS DE TILLY - - -AL día siguiente de enviar la carta a Santoña con el patrón del -quechemarin se presentó Jorge Tilly en la fonda de Iturri. - -Venía de San Sebastián, en compañía de un joven inglés alto, moreno, de -cabeza pequeña y enérgica. Habían estado los dos en Madrid, en Sevilla -y en Barcelona. Tilly traía mucho que contar; había tenido una serie de -aventuras y de amores muy extraños. - -Lacy presentó su amigo Tilly a Aviraneta, quien le hizo una porción de -preguntas relativas a la situación política; todo parecía confirmar que -el Gobierno español estaba admirablemente preparado. - ---¿Enseñaste mi carta?--dijo Tilly a Lacy. - ---Sí. - ---¿Y qué dijeron? - ---Muchos creyeron que era una fantasía. Respecto del comandante Oro se -duda... - ---¿Cómo que se duda? ¡Si ya está en España trabajando por Calomarde! - ---¿De verdad? - ---Sí, él, el francés Husson de Jour y un español, D. Manuel Ruiz, -estaban en Vitoria cuando yo he pasado por allí. - -Tilly venía con un gran caudal de impresiones nuevas de la península; -su punto de vista general era creer que España era un país aparte de -los otros. - -En los días siguientes se estableció entre Tilly y Aviraneta una -relación cortés y de suspicacia ambos se hablaban como para estudiarse; -parecía que se habían adivinado los dos como intrigantes, y estaban en -guardia. - ---He conocido a un Tilly hace unos años--le dijo Aviraneta.--Venía de -Jersey. - ---Sí, probablemente algún pariente mío. - ---¿No lo sabe usted? - ---No; somos tantos los Tillys, que no hay manera de saberlo. Los hay -franceses, los hay alemanes, los hay españoles...; unos son liberales, -otros reaccionarios. - ---El que yo conocía creo que era conde. - ---Quizás; había un conde, tío de mi padre. No sé más. Como le digo a -usted, no conozco la historia de estos Tillys. Respecto a mí, sólo sé -que mi padre desapareció de casa hace años y que probablemente murió; -mis hermanos están ahora con unos tíos, excepto una hermana que se -encuentra en San Sebastián. - ---¿Y tú pensarás sacar adelante a tu familia?--dijo Lacy. - ---Yo pienso ver cómo salgo adelante yo. Cada cual que se las arregle -como pueda. - -Lacy no veía con agrado tan tranquilo egoísmo y afeó este sentimiento -de su camarada; pero Tilly se rió; él creía que el ser egoísta era una -condición necesaria para la vida. - ---¿Y tu hermana?--le preguntó Lacy. - ---Está en San Sebastián con unas señoras amigas, pero no quiere -quedarse con ellas; me ha dicho que el mejor día se escapará. - ---¿Sigue tan voluntariosa como antes? - ---Igual; no ha variado nada. - -A Tilly no le gustaba mucho hablar de la familia, y siguió exponiendo -sus ideas. Era un producto de corrupción, de inmoralidad, y veía todo -lo que fuera intriga con gran simpatía. - -Aviraneta, a quien chocaba las ideas del joven, le preguntó: - ---¿Dónde ha estudiado usted? - ---En un colegio de frailes, en Rennes, donde, la verdad, creo que no -aprendí nada de provecho. Lacy fué mi condiscípulo. - ---Entonces era un tanto místico--dijo Lacy riendo. - ---Luego he ido aprendiendo un poco--añadió Lacy--a fuerza de curiosidad -y de algún ingenio. He leído en historias y en memorias la vida de -Napoleón, de Fouché y de Talleyrand. - ---¡Buena enseñanza!--exclamó Lacy.--Creo que hubiera sido mejor que -hubieses leído Las Vidas Paralelas de Plutarco. - ---Yo no lo creo así. De conocer, conozcamos la vida actual. Aprendamos -un poco lo que es en una historia no falsificada y que puede -comprobarse. - ---Creo que en esos libros que has leído no se aprende más que a mentir. - ---El que lucha para elevarse tiene que mentir--replicó Tilly,--por -mucha suerte y por muy bien que le vayan las cosas tendrá que mentir. -Ahí está el caso de Napoleón. - ---¡Tipo repugnante este Napoleón!--exclamó Lacy.--Yo antes tenía -entusiasmo por él. Ahora que conozco su historia, no. Es de una -falta de nobleza y de simpatía, de un egoísmo tan bajo que repugna. -Su epopeya es en gran parte una novela, una historia falsa amañada, -¡Avanza de una manera tan vil! Se casa con una vieja intrigante que es -la querida de su protector Barras y que ha sido una cortesana, y va -avanzando con ella hasta que le da un puntapié. Las alocuciones no las -escribe él, las batallas no las gana siempre él, pero él se aprovecha -siempre de todo. - ---Esa es la política--dijo Tilly. - ---Yo veo en Napoleón la falta absoluta de gracia y de humanidad--siguió -diciendo Lacy.--Carlos V, el gran Federico, Gustavo Adolfo, tienen -gracia, son a veces humanos; Napoleón es la quintaesencia de la -bestialidad y del egoísmo. Si yo hubiera nacido en su tiempo y hubiera -sido francés, hubiera sido partidario de Babeuf. - ---Yo también--dijo Aviraneta;--pero eso no importa. Yo estoy conforme -con usted en que Napoleón no era simpático; pero aun así era una -fuerza, y ¡qué fuerza! - ---Una fuerza de egoísmo. - ---Todos obramos por egoísmo--afirmó Tilly--y todos empleamos la -mentira. - ---Todos, no. - ---Yo sí. Yo me siento el eje del universo. Respecto a la mentira, -muchas veces cuando necesito un dato para completar un plan lo invento. - ---Eso es absurdo. - ---El señor Tilly nos va a dejar muy atrás a los discípulos de -Maquiavelo--dijo Aviraneta con ironía;--le tendremos que decir como -Talleyrand a Fouché, cuando éste hizo una de sus hábiles maniobras ante -Luis XVIII: _Je vous salue mon mâitre_. - ---Usted, señor Aviraneta, nunca será discípulo mío, sino mi -maestro--replicó Tilly con su impasibilidad habitual.--Si entre los -liberales españoles hubiera muchos hombres como usted, de otro modo -irían los asuntos. - ---¿Así que para ti los liberales españoles lo hacen mal?--preguntó Lacy. - ---Muy mal. - ---¿Por qué? - ---No obran con rapidez y con energía. Su historia es una historia de -vacilaciones. Cuando tuvieron al rey en sus manos, en 1823, debieron -haber acabado con él. - ---Hubiera quedado el hermano. - ---Matar a toda la familia. - ---¿Tú lo hubieras hecho? - ---Yo, sí. - ---Obrando de una manera violenta se hubieran precipitado los -acontecimientos--dijo Aviraneta, que era de la misma manera de pensar. - -Después de hablar de política, Lacy le preguntó a Tilly por su amiga -lady Russell. - ---La voy a dejar--dijo Tilly. - ---Pues ¿por qué? - ---Me estorba. - ---La vas a dar un disgusto. - ---Bah. Ya se consolará. Esa clase de mujeres necesitan hombres jóvenes. -Cuando yo le deje le tomará otro. - ---¡Esa clase de mujeres!--exclamó Lacy--ciertamente no demuestras con -esa frase ni ser muy agradecido ni muy amable. - ---Hablo de ella por lo que es--contestó Tilly, sencillez;--no tomo en -cuenta sus beneficios como no tomaría sus perjuicios si me los hubiera -hecho. - -Tilly pasó algún tiempo en Bayona, haciendo nuevas conquistas y dando -nuevos escándalos. - ---El amigo de usted es un perdido--dijo Aviraneta a Lacy. - ---Sí; es un muchacho que va alimentando la parte mala de su alma -con la sustancia de la buena; cada vez más cínico y más atrevido, va -asesinando al buen muchacho que había en él y va a terminar siendo un -canalla. - - - - -VII. - -VIAJE A SAN SEBASTIÁN - - -UNOS días después de esta conversación apareció en Bayona el primo de -Aviraneta, don Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a un -grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento de San Sebastián y -comprar los útiles necesarios para hacer encuadernaciones, pues pensaba -dedicarse a este trabajo por gusto. - -Alzate se hospedó en la fonda de Iturri, habló largamente con D. -Eugenio y visitó a Mina. - -Era D. Lorenzo de Alzate hombre de mediana estatura, de ojos garzos y -vivos y de expresión amable. - -Aviraneta le preguntó a su pariente si era muy difícil entrar en -España. Alzate dijo que sí, que la frontera estaba muy vigilada y que -la policía militar tenía orden de examinar detenidamente los pasaportes -de los que entraban en España y de prender a los sospechosos. - -Aviraneta se enteró bien de otros extremos y acompañó a su primo hasta -el coche. Antes de salir preguntó al cochero: - ---¿Tú conoces a Ganisch, a uno que tiene una taberna en Behobia? - ---Sí. - ---Dile al pasar que mañana su amigo Eugenio, que ha venido de Méjico, -le esperará a las doce del día en el puente, del lado de Francia. - ---Bueno; ya se lo diré. - -Se marchó D. Lorenzo de Alzate, y por la noche dijo D. Eugenio en la -fonda que iba a ir a San Sebastián. - -Ochoa y Lacy pretendieron acompañarle. - ---En tal caso prefiero que venga Ochoa. - ---¿Por qué lo prefiere usted?--preguntó Lacy, picado. - ---Porque usted no sabe vascuence y él sí. - ---Ah, vamos. - -Se decidió que fuera Ochoa. Este por la mañana pasó por casa de su -paisano Beunza, que tenía un pequeño establecimiento de coches en la -misma calle de los Vascos, y le mandó aparejar un tílburi. - -Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de partir a Tilly. - ---¿Quiere usted algo para su hermana?--le preguntó Ochoa. - ---¿Va usted a verla? - ---Sí, probablemente. - ---Vive en la calle Mayor, número seis u ocho. - ---La saludaré de su parte. - -Aviraneta había torcido el gesto al oir la conversación. - ---Amigo Ochoa--murmuró;--cuando se toma una misión difícil hay que -pensar solamente en ella y no ser imprudente. - ---¿Por qué lo dice usted? - ---Porque esta conversación, que probablemente no la habrá oído nadie, -ha podido ser oída por alguien y sernos fatal. - ---Tiene usted razón--murmuró Ochoa, compungido;--tendré más precaución -otra vez. - -Al medio día llegaron a Behobia y esperaron a Ganisch. Estaban comiendo -en una posada, cuando apareció el antiguo amigo de Aviraneta. - ---_¡Arrayua!_--dijo Ganisch al ver a D. Eugenio. ¿De dónde vienes? - ---De Méjico. - ---¡De Méjico! ¡Qué! ¿Te has hecho rico? - ---Poca cosa. ¿Y tú? - ---¡Pse! Voy viviendo. ¿Qué queríais? ¿Entrar en España? - ---Sí. - ---¿Adónde vais a ir? - ---A San Sebastián. - ---Bueno. Tendréis que ir de boyerizos y llevar cada uno un carro de -carbón. Así no os preguntará nadie nada. - ---Iremos con los carros de carbón. Tú nos dirás las instrucciones, -dónde hay que dejarlos y demás. - ---Sí; todo se os dirá. - ---¿Cuándo pasamos a la otra orilla? - ---Por la noche. Yo saldré enfrente de Azquen Portu con una lancha y -silbaré como en nuestros tiempos. - ---Muy bien. - -Comieron Aviraneta y Ochoa, pasaron la tarde en una taberna de Behobia -de Francia, y al anochecer, después de cenar, fueron marchando por la -orilla del Bidasoa hasta llegar frente a las casas de Azquen Portu. - -Apareció al poco rato Ganisch en su barca, silbó de la manara -convenida, saltaron los dos y pasaron a la otra orilla y desembarcaron -cerca de un caserío que se llamaba Chapartiena. - ---Podéis dormir aquí hasta la una--dijo Ganisch.--A esa hora os -despertaré. - -Durmieron en Chapartiena y a media noche les despertó Ganisch, le dió -a cada uno una ropa vieja y una elástica azul y les ayudó a uncir los -bueyes. Luego les dijo lo que tenían que contestar a los guardias y -centinelas del camino. - -Uno delante de otro, Aviraneta y Ochoa comenzaron a marchar camino de -Irún y después de San Sebastián. Mientras fué de noche no hubo miedo; a -las preguntas de los guardias contestaban en vascuence, como les había -dicho Ganisch. - -Al hacerse de día tuvieron que tomar ciertas precauciones. - ---¿Qué tal estoy yo?--preguntó Aviraneta. - ---Muy bien. Todavía creo que se puede usted ensuciar la cara un poco -más con carbón. ¿Y yo, estoy bien? - ---Admirablemente. Parece que no ha hecho usted otra cosa en su vida. - -Y los dos, dando de cuando en cuando con el aguijón en los cuernos de -los bueyes y diciendo: ¡Aidá! ¡Aidá!, avanzaron hacia San Sebastián. - -No les ocurrió ningún percance en el camino. Entraron en la ciudad por -la puerta de Tierra y llevaron los carros, siguiendo las instrucciones -de Ganisch, a la parte de la muralla que llamaban la Brecha, cerca del -Cubo de Amezqueta, donde los descargaron. Comieron en una taberna, y al -anochecer Aviraneta se presentó en casa de Alzate, quien al verle en -aquellas trazas se quedó asombrado. - ---¿Por qué no has venido conmigo? - ---No quería comprometerte. - ---¿Qué es lo que pretendes? - -Aviraneta expuso su plan de trabajar la guarnición de San Sebastián -para que secundase el movimiento de los liberales. - ---¿Por qué no me has dicho esto en Bayona?--preguntó Alzate. - ---Porque me hubieras intentado disuadir del proyecto. - ---Es verdad. Puesto que tú crees en la posibilidad de ese plan, haremos -juntos las gestiones, aunque de antemano te diré que la cosa me parece -imposible. Lávate, ponte una ropa limpia y vamos. - -Alzate y Aviraneta salieron de casa y fueron a la platería de D. -Vicente Legarda. - ---No está el principal--dijo el dependiente;--quizás esté en la -imprenta de Baroja. - -Fueron a la Plaza de la Constitución y entraron en los arcos. Alzate -llamó con los nudillos en una puerta próxima al Ayuntamiento, y pasaron -adentro. El olor acre de la tinta de los rodillos y del papel mojado -denunciaba la imprenta. Pasaron la tienda y entraron en un taller bajo -de techo. A la luz de dos lámparas colgadas de un alambre, colocado -horizontalmente a cierta altura, se veían las cajas, las prensas, los -tinteros y las resmas de papel. En el techo había hileras de cuerdas de -las que colgaban papeles impresos. - -Había varias personas en la imprenta. Al principio al entrar en ella -no se las veía. Uno estaba como en una hamaca sostenido en las cuerdas -del secadero de papeles, otro encaramado sobre las cajas y un tercero -encima de un montón de papel. - -Alzate presentó a Aviraneta al impresor y a su hermano y el impresor -después presentó a don Eugenio a los que estaban allá que eran Legarda, -Zuaznavar, Orbegozo y Arrillaga. Todos ellos liberales se reunían a -comentar los sucesos del día en la imprenta de Baroja. - -En esta imprenta se tiraba por entonces _La Estafeta_, periódico -realista de don Sebastián Miñano que había sucedido a la _Gaceta de -Bayona_ después de la Revolución de Julio. - -La protección de Miñano hacía que aquella imprenta fuera un lugar -seguro para los liberales. Aviraneta después de ser presentado habló -de las entrevistas que había celebrado con Mina y de la necesidad que -tenían de contar con una base de operaciones en San Sebastián. Cuando -acabó de explicarse Aviraneta, tomó la palabra uno de aquellos señores, -el que estaba sentado en las cuerdas del secadero, don Vicente Legarda. - -Dijo que estaba bien pensado lo dicho por Aviraneta lo cual no era -obstáculo para que la realización del proyecto fuera muy difícil o -imposible. Respecto al espíritu público de San Sebastián en la mayoría -del pueblo era liberal, pero no se podía contar ni con la guarnición -ni con el elemento civil. El paisanaje no tenía contacto alguno con -los soldados y a éstos les estaba prohibido expresamente hablar con la -gente de la ciudad. - ---¿Y qué se podría hacer para ganar a los oficiales?--preguntó -Aviraneta. - ---No sé--contestó Legarda.--Me parece una gran temeridad emprender la -seducción de los oficiales no contando con mucho dinero. - ---¿No hay liberales en el ejército? - ---Sí, pero estamos actualmente dominados por los realistas. El capitán -general D. Blas de Fournás es un francés realista, el segundo cabo -don Juan de la Porte-Despierres también; el jefe político Gironella -es indefinido, y el gobernador del Castillo de la Mota es como la -mayoría de los jefes acérrimo realista. Entre las autoridades de Marina -ocurre lo propio; D. Pedro Hurtado y D. Francisco Echezarreta son los -dos absolutistas. Como usted ve el momento no es muy propicio. Sin -embargo, si se cuenta con dinero intentaremos ganar a los cabos y a -los sargentos, principalmente a los del Castillo de la Mota que es -la llave de la ciudad. Ganados el castillo y la plaza se presentaría -una nueva dificultad de mucho bulto--añadió Legarda;--el proveer la -ciudad de víveres necesarios para sostener el sitio que nos pondrían -por mar y tierra. El resultado inevitable sería sucumbir a los pocos -días atrayendo un sin fin de desgracias a la población y a los que se -comprometieran en la defensa. Por estas razones que me parecen de peso, -creo que el plan limitado al alzamiento único de San Sebastián no es -práctico. Si los emigrados contaran, como ha dicho Aviraneta, con la -plaza de Santoña y con elementos en el interior de España entonces sí -se podría esperar el triunfo, y trabajaríamos con entusiasmo, pero -repito que aun así no se puede hacer nada más que a fuerza de mucho -dinero. - -Las palabras de Legarda eran sensatas, lógicas y los que estaban en la -imprenta las suscribieron. Alzate y Aviraneta se despidieron de todos y -salieron a la plaza. - -Alzate llevó a dormir a su primo a una casa de su confianza. - -Al día siguiente Aviraneta quiso hacer nuevos intentos; por la mañana -Ochoa y él salieron con sus carros de carbón y los llevaron a una -venta del camino de Astigarraga. Al anochecer entraron de nuevo en San -Sebastián, y Aviraneta fué a visitar solo al barón de Carondelet y a -dos oficiales liberales. Después de su visita quedó convencido de que -no se podía hacer nada. - -Al otro día al abrirse la puerta de Tierra salió don Eugenio camino de -Astigarraga. Una muchacha alta marchó casi al mismo tiempo que él y se -detuvo en la misma casa, a cuya puerta estaba Ochoa. - ---¿Qué? ¿vamos?--preguntó Aviraneta. - ---Sí, ya están uncidos los bueyes. Esta señorita viene con nosotros. - ---¿Esta señorita? - ---Sí. Es la hermana de Tilly. - ---¿Y qué extravagancia es esa de querer venir en un carro? - ---Así si me buscan no me encontrarán--replicó ella. - -Margarita Tilly guardó la mantilla y se ató un pañuelo a la cabeza a -estilo de casera. Llevaba corpiño, delantal y alpargatas. - ---Vamos--dijo y tomó una cesta al brazo, y comenzó a marchar. - -Margarita Tilly era una muchacha de cara larga y expresiva, tenía los -ojos azules, brillantes y oscuros, llenos de audacia, el mentón algo -pronunciado y el pelo rubio. Había cierta asimetría en su rostro, -aunque no tanta como en el de su hermano, asimetría que le daba gracia. - ---No sé si le tomarán a usted por una aldeana--dijo Aviraneta--me -parece usted demasiado bonita. - ---Muchas gracias, don Eugenio--exclamó ella riendo. - ---No es galantería. Es precaución. Si a usted la cogen la llevarán -de nuevo a casa de sus parientes de San Sebastián, a nosotros por de -pronto nos meterán en la cárcel. - ---Bah, don Eugenio. Usted no tiene miedo a eso. - ---Parece que me conoce usted. - ---Sí, Ochoa me ha hablado de usted. - ---Cuando pasemos por los pueblos apártese usted de nosotros y tome -usted el aire más estúpido posible que pueda usted tomar--recomendó -Aviraneta. - ---Bueno, así lo haré. - -Varias veces Margarita subió al carro que dirigía Aviraneta. Ochoa que -iba detrás se le acercaba a echarla flores. - ---¡Eh! ¡Eh!--decía Aviraneta.--_¡Atzera! ¡Atzera!_ (¡Atrás! ¡Atrás!) - -No ocurrió nada en el camino, pero al acercarse a media tarde a Irún, -Aviraneta se encontró con un viajero elegante que iba en un cabriolé y -que se paró al verle. - ---¡Eugenio!--exclamó. - -Aviraneta estuvo a punto de soltar el palo y echar a correr. - -El joven bajó del coche y exclamó: - ---¿No me conoces? - ---No. - ---Joaquín Errazu, tu primo. - ---¡Ah! Es verdad. Hace ya tanto tiempo que no te he visto. - ---¿Qué es esto? ¿Qué pasa? ¿Por qué vas así vestido? - -Aviraneta explicó a Errazu lo que habían hecho. - ---Esta señorita es una amiga nuestra que va a reunirse con su hermano. -Es la señorita de Tilly. ¿Tú no la podrías pasar a Behobia en tu coche? - ---Sí, con mucho gusto. Si quiere le daremos de merendar en mi casa y -luego la llevaremos a Behobia. - ---Bueno. Ya sabe usted, Margarita. - -Margarita se puso de nuevo la mantilla y montó en el cabriolé. - -Aviraneta y Ochoa llegaron a Azquen Portu, se lavaron y cambiaron de -ropa y poco después pasaron en lancha a la otra orilla del Bidasoa. - -En Behobia estaba Margarita en compañía de Errazu, que se mostraba muy -galante con ella. Montaron Margarita, Aviraneta y Ochoa en el cochecito -de Beunza y se dirigieron hacia Bayona. - ---¿Está usted contenta del viaje?--preguntó Aviraneta a Margarita. - ---Contentísima. - ---¿Le han tratado a usted bien mis parientes de Irún? - ---Como a una reina. Me han sentado a la mesa, al lado del tío de usted, -el cura, a tomar chocolate, y me han contado de usted una porción de -diabluras que hizo usted cuando era chico. - ---El primo joven de don Eugenio creo que le galanteaba a usted un -poco--dijo Ochoa. - ---¡Bah! De eso no hago caso. - -Charlando los tres llegaron ya muy entrada la noche a Bayona, y fueron -a parar a la fonda de Iturri. - - - - -VIII. - -FRACASA EL PROYECTO - - -AL día siguiente el general Mina, enterado de la vuelta de Aviraneta, -le invitó a comer a su casa. Don Eugenio fué obsequiado, tanto por -el general como por su señora doña Juana Vega, a quien los íntimos -llamaban doña Juanita. - ---¿Qué impresiones trae usted de San Sebastián?--preguntó Mina. - ---Malas. - -Y Aviraneta contó con detalles lo que le habían dicho los militares y -paisanos con quienes había hablado. - ---¿Así no es posible que ellos hagan algo? - ---Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el movimiento, ¿quién sabe? - ---No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que es la gente... Ha -habido quien se ha acercado a mí a decirme que no me fíe de usted... Si -propongo el aplazamiento, van a creer que soy un traidor. - ---¿Qué haremos?--preguntó Aviraneta. - ---Esperaremos a ver si le contestan a Campillo... Avíseme usted en -seguida que haya contestación... ¿Usted qué cree que se necesitaría -para sobornar una guarnición como la de San Sebastián? - ---Yo me figuro que para empezar se necesitarían unos cuarenta o -cincuenta mil duros... quizás más. - ---Es mucho dinero...; pero, en fin..., ¿quién sabe?... Mendizábal es un -hombre listo... comprenderá los motivos... - ---Y si no tiene usted medios, ¿qué va usted a hacer, general? - ---Ya no tengo más remedio que lanzarme. Salga lo que saliere. - -Aviraneta dejó la casa del general y se reunió con Lacy y con Ochoa, a -quienes contó su entrevista. - -Dos días después, por la mañana muy temprano se presentó Campillo en la -fonda de Iturri. - ---Coja usted el frasquito del reactivo--le dijo a Aviraneta;--creo que -hay carta. Vamos a dar un paseo. - -Campillo, Aviraneta y Lacy se dirigieron a Saint Pierre de Irube y se -metieron en una venta muy solitaria que se llamaba Bidegañeche (la casa -en lo alto del camino). Pidieron a la dueña de la venta un cuartito -y que les diera de almorzar. La dueña los subió al primer piso de -la casa, que tenía una gran ventana al campo. Cerraron la puerta, y -Campillo dijo que el patrón del quechemarin de Santoña había traído un -pliego en blanco, doblado, como si fuera papel para hacer cigarrillos y -que suponía estuviera escrito con tinta simpática. - -Sacó don Eugenio la botellita del reactivo, desdobló el pliego y lo -untó con un pincel por sus cuatro caras. Campillo y Lacy miraban con -atención por si aparecían las letras. Al secarse el papel se destacaron -claramente. - -La carta era del hermano de López Campillo; decía que después de -haberse enterado de las instrucciones, había comenzado sus trabajos y -comunicado sus planes a un comerciante amigo suyo, quien le dijo que -hablaría a los militares y le daría una respuesta en el plazo de tres -días. - -Al cabo de este tiempo el amigo le había dicho que después de hablar -con varias personas, entre ellas con el comandante de artillería de -la plaza y con algunos oficiales de la misma Arma, estaba convencido -de que todos se hallaban dispuestos a entrar en el movimiento siempre -que se contase con los jefes que ocupaban altos cargos. Estos eran -el gobernador de la plaza, brigadier Fleires; el teniente del rey, -coronel D. Diego Rodríguez, y el sargento, capitán don Juan Bautista -Viola. Respecto al gobernador militar de la provincia, D. Vicente -González Moreno, se le tenía por realista acérrimo y afiliado al Ángel -Exterminador. - -Los oficiales subalternos estaban dispuestos a tomar parte en el -alzamiento con ciertas condiciones. Estas eran: primera, que Mina -asumiese la responsabilidad de lo que se hiciera; segunda, que el mismo -general respondiera de que en el interior de la nación secundarían el -pronunciamiento, y tercera, que se les enviara fondos para ganar a los -sargentos y a los soldados. - -Campillo quedó un poco extrañado de que en su país como en el resto de -España no hubiese más prestigio entre los liberales que el de Mina. Se -decidió leer la carta al auditor Aguado, y Lacy, Campillo y Aviraneta -salieron de Bidegañeche y volvieron hacia Bayona a buscar al auditor -en su casa de Saint Esprit. - -Aviraneta subió al piso, y dijo al auditor que sería conveniente -marchase a ver al general y le preguntase cuándo podían leerle una -carta importante. - -Aguado tomó un coche de los que llamaban _citadinas_, invitó a subir a -Campillo, a Lacy y a Aviraneta, y fueron los cuatro a casa del general. -Este se hallaba en la cama. - -Doña Juanita, la señora del guerrillero, pasó a los visitantes a la -alcoba. - -Mina estaba macilento, demacrado; tenía un montón de papeles sobre la -cama. Oyó leer la carta del hermano de Campillo con atención; estuvo -largo rato pensativo, y dijo: - ---Voy a reunir a los jefes y a Mendizábal y a exponerles el asunto. -Quisiera que comprendieran su importancia... Usted, Aguado, podría ir a -visitar mientras tanto al banquero Silva y explicarle el caso. - ---Bien. Iremos Aviraneta y yo. - ---Para la noche tendrán ustedes la contestación. - -Fueron Aviraneta y Aguado a la casa de Silva, un banquero judío de -Saint Esprit. - -La casa era una casa pequeña y estaba en una callejuela oscura y -triste. Tenía un escaparate reforzado por dentro con una alambrera. - -Entraron en la oficina, que era un cuarto donde escribían dos -empleados. Se veía en ella una caja de caudales grande, empotrada en la -pared y una porción de legajos y de papeles. - -Aguado dijo lo que quería y el empleado llamó en una puerta, que se -abrió chirriando y se volvió a cerrar. - -El banquero era un hombre pálido de perfil judío, muy fino, muy atento. - -Escuchó sonriendo lo que le decían, y dijo que hablaría a Mendizábal y -que intentaría influir y hacer todo lo que estuviera de su parte. - -Al salir a la calle Aviraneta y Aguado oyeron risas en un balcón, -volvieron la cabeza y vieron dos muchachas de perfil aguileño y de ojos -negros, las dos muy bonitas, las hijas del banquero. - -Salieron de casa de Silva. Aguado se quedó en Saint Esprit, y dijo que -por la noche al terminar la reunión de los caudillos en casa de Mina -iría a decirles el resultado a la fonda de Iturri... - -Después de cenar se reunieron en el cuarto de Aviraneta, Lacy, Ochoa y -Campillo. La impaciencia hizo a Lacy abrir la ventana, y para que no se -viese la luz en la calle se apagó el quinqué. A las once de la noche -llegó Aguado. Ochoa fué a abrirle la puerta; Lacy cerró la ventana y -encendió la luz. - ---¿Qué hay?--preguntaron con ansiedad al auditor. - ---El proyecto está rechazado. Los demás jefes, a quien ha expuesto -Mina los propósitos de ustedes, han dicho que son inútiles. Están tan -obcecados, que creen que les ha de bastar presentarse en la frontera -para que toda España se les una. - ---¡Qué idiotismo! Qué imbecilidad!--exclamó Aviraneta.--¡Y tener que -formar partido con esta gente! Es triste. - ---¿Y no han dicho más?--preguntó Ochoa con sorna. - ---Algunos han asegurado que hay agentes de Calomarde que quieren -desviar el movimiento. - ---Puesto que los liberales españoles son tan bestias--murmuró Aviraneta -con ironía,--¡qué le vamos a hacer! - ---Respecto a usted, amigo Aviraneta--siguió diciendo Aguado,--se afirma -que quiere usted recoger el fruto sin haber trabajado como los demás. - ---¡Qué asco de gente! - ---Al salir de la reunión--terminó diciendo el auditor--he visto a -Jáuregui, que me ha indicado que le diga a usted, Aviraneta, que hay -siempre un puesto para usted en la Compañía Sagrada que ha formado con -antiguos oficiales. - ---Bueno. Dele usted las gracias si le ve. - -Se marchó Aguado y después Campillo; Lacy y Ochoa se fueron a su -cuarto. - - - - -IX. - -AVIRANETA, DESPECHADO - - -AL día siguiente, a la hora del almuerzo, se reunieron en la fonda de -Iturri, Campillo, Lacy, Ochoa y Aviraneta. - ---No le parece usted, don Eugenio--preguntó Lacy,--que sería -conveniente que todos siguiéramos el mismo camino y marcháramos con el -mismo jefe. Nosotros vamos con Valdés. - ---Yo estoy comprometido con él hace tiempo--dijo Campillo. - ---Yo no pienso ir con nadie--repuso Aviraneta.--No quiero ir dirigido -por imbéciles. - ---¡Pero don Eugenio! - ---No, no. Ir con gente así, que no tiene medios, ni un golpe de vista -genial para marchar al fin, es ir a un fracaso, y a un fracaso -ridículo. No, no, no voy. Sé cómo son estos militares españoles, de -una inutilidad, de una suficiencia y de una majadería imponderables. -Cuando hayan conducido la empresa al desastre se refugiarán en las -chinchorrerías, en los detalles... No, no. - -Campillo se encogió de hombros y no dijo nada. Lacy quiso convencer a -Aviraneta. - ---¿Pero de verdad no va usted a ir, don Eugenio?--le preguntó. - ---De verdad. Conozco la guerra. Es la cosa más estúpida, más -desordenada y sin objeto que pueda hacerse. Todo lo que no se realice -en política por la inteligencia y por el cálculo, es perfectamente -inútil. ¡La guerra! Unos hombres que van, otros que vienen, la mayoría -sin saber porqué; aquí que se corre, allí que se persigue, en este otro -lado que se fusila... plan, ninguno...; la casualidad...; no, no; me -parece demasiado imbécil. - ---¿Pero va usted a negar hasta la táctica, el arte? - ---No creo en tal arte. Me parece una mixtificación de los militares. -Yo no he visto en la guerra más que desorden, brutalidad y estupidez. -Casualidad, casualidad y casualidad. - ---Pero hay una ciencia por encima de la casualidad y de la -barbarie--exclamó Lacy. - ---Yo lo dudo mucho. Todo esto que hacen los militares no se diferencia -gran cosa de las pedreas de chicos. - ---No, don Eugenio, no. - ---Yo creo que sí. Nunca verá usted que un patán pueda sustituir a un -mecánico o a un matemático; en cambio, a un general lo sustituye un -cura, un campesino, cualquiera, y lo hace tan bien como él y a veces -mejor. Parece que cuando se ponen frente a frente dos bandos tiene que -haber un vencedor y un vencido. ¿Pero lo hay siempre? ¿Y cuando lo hay -depende de la ciencia? Esto es muy dudoso. No creo que se pueda hacer -mucho caso de las afirmaciones de estos pedantes de uniforme, porque en -ellos la petulancia es moneda corriente. En fin, querido Lacy, si usted -toma parte en la intentona lo verá. - ---¿Así que usted está decidido a no ir? - ---Completamente decidido. - ---¿Y qué va usted a hacer? - ---Me quedaré aquí, o quizás vaya a Ustariz con Tilly. Aquí, en Bayona, -parece que va a haber una vigilancia molesta. - -Por más que Lacy intentó nuevamente convencerle, Aviraneta se aferró a -decir que no iba. - -Ochoa y Lacy marcharían los dos con Valdés; pocos días más tarde se -presentó Malpica a tomar el mando de su gente. Venía en compañía del -tío Juan el guardabosque, y de Alí, el asistente de Víctor Darracq. - - - - -X. - -ORDEN DE MARCHA - - -EL 9 de Octubre, después de largas diligencias, los jefes liberales -firmaron un acuerdo de acatar las órdenes de Mina. Unicamente no -quisieron aceptar su jefatura Valdés, Méndez Vigo y Chapalangarra. - -Estaba ya dispuesto el plan general de la invasión. - -Por Vera entraría Mina con todo su Estado Mayor, formado por los -generales Butrón, López Baños, Jáuregui, Iriarte, etc. - -Por Urdax, a tomar el camino de Elizondo y apoderarse del valle del -Baztán, pasaría el coronel Valdés, nombrado por la Junta revolucionaria -mariscal de campo. - -Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona, iría Chapalangarra con -un ciento de voluntarios parisienses y algunos aventureros españoles, -entre ellos el poeta Espronceda. - -Por los Alduides cruzaría el general Espinosa, que se encargaría del -mando de Navarra. Parte de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y -León Iriarte, avanzarían al oeste en dirección del Baztán. - -Con esto, las tropas destacadas hacia la parte occidental de los -Pirineos por el Gobierno de Fernando tendrían que dividirse. Algunas -de ellas, comprometidas, se esperaba que hicieran causa común con los -liberales. - -Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztán, Espinosa, marchando -al Este, provocaría el alzamiento de los valles más liberales de las -Aezcoas y del Roncal, que se darían luego la mano con los valles del -Pirineo aragonés en donde operaría el general Plasencia. - -Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos desde Urdax hasta -Irún para conservar las comunicaciones con Francia, y obrando en -combinación con las fuerzas de la columna de Espinosa debía llamar -sobre sí la atención del grueso del ejército español. - -El general Plasencia se correría por Oloron, llevando a sus órdenes al -coronel Domínguez, al canónigo Barber y algunos otros conocedores del -país. - -Méndez Vigo, con sus doscientos hombres, la mayoría carbonarios -italianos y polacos, le secundaría avanzando hacia el Roncal. Se le -reuniría después Vázquez Roselló que se encontraba en Orthez. - -Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre, operaría en el Alto Aragón. - -En Cataluña, la mayoría de los militares que pensaban tomar parte en -la empresa era poco adicta a Mina, pero casi todos ellos se habían -comprometido a cooperar en el movimiento. - -Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo navarro, había -recibido un mando de la Junta de Bayona, que llamaban minista, y fué -a Perpiñán a reunirse con el ex diputado D. José Grases, amigo de -Torrijos, para preparar la entrada en Cataluña. - -Una de las columnas la mandaría Milans del Bosch llevando a Baiges como -segundo; otra Miranda, y pasarían ambas por la Junquera. La tercera -columna, al mando de San Miguel, entraría por Andorra. - -En combinación con los movimientos en la frontera francesa, se esperaba -la salida de Torrijos, Manzanares y Palarea, que partirían de Gibraltar -y marcharían por la carretera hacia Madrid. La tropa de Marina y la -guarnición de Cádiz estaba, según se decía, ganada por los liberales. - - - - -XI. - -LOS REALISTAS - - -EL Gobierno de Calomarde no se dormía mientras tanto. Se dieron órdenes -rigurosísimas para vigilar la frontera, y se pusieron a precio las -cabezas de Mina, Jáuregui y otros jefes. - -Calomarde excitó el celo y prometió recompensas a los militares. Toda -la plana mayor del realismo se preparó con entusiasmo para rechazar la -anunciada invasión de los constitucionales. - -El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra, con el segundo cabo de -la plaza de Pamplona, D. Santos Ladrón, comenzó a pasar revista a sus -fuerzas; el capitán general de Guipúzcoa, don Blas de Fournás, preparó -las suyas. - -Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados por Verástegui, Eraso, -Juanito el de la Rochapea (Juan Villanueva), Uranga y Sáinz de Pedro, -se acercaron a la frontera. - -El tercer batallón del regimiento del Príncipe se trasladó de Zaragoza -a Jaca y de aquí al valle del Baztán avanzando hacia el Bidasoa. -Se acercaron a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento de -Mallorca. El primer batallón de la Guardia de Honor de Bilbao se -estableció en Hernani. - -Las instrucciones que había recibido Llauder eran terribles. Por los -decretos del 16 de Septiembre y de 1.º de Octubre, todos cuantos -cayeran en sus manos debían ser inmediatamente pasados por las armas. - -El 11 de Octubre se le previno a Llauder para que no diera cuartel. - -Llauder era un cuco, que no creía que el absolutismo fuera eterno, y -mandó a su ayudante a Madrid para que se presentara a Fernando VII y le -intentara convencer de que una severidad excesiva sería perjudicial. -En el momento de la lucha, Llauder dejó escapar algunos grupos de -liberales que hubiera apresado con facilidad de proponérselo. - -Los tercios realistas, de los cuales tenían que salir cuatro años -después los partidarios de don Carlos, se movieron con entusiasmo -fanático. A ellos no había necesidad de recomendarles que no dieran -cuartel. Estaban dispuestos a matar con una fe digna de buenos -cristianos. - -De estos tercios, Alava dió un gran contingente. De Vitoria salieron -cuarenta compañías formando tres columnas. Una la mandaba D. Valentín -de Verástegui; fué a Tolosa y de aquí se acercó a Oyarzun y a la peña -de Aya; otra salió a las órdenes del coronel D. José Uranga y se -dirigió por Salvatierra a Cegama y a Segura y de aquí a la frontera; la -tercera, mandada por D. Casimiro Sáinz de Pedro, avanzó por Santa Cruz -de Campezu a tomar el camino de Estella y después el de la alta Navarra. - -Guipúzcoa tenía ya de antemano algunas compañías de voluntarios -realistas en Irún; más tarde, a instancias del general realista -Villalobos, la Diputación envió dos batallones completos de refuerzo, -quedando los seis restantes en San Sebastián dispuestos para acudir al -primer aviso al sitio indicado. - -En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con el teniente D. Miguel -de Sagastibelza se acercó al valle del Baztán, y D. Francisco Benito -Eraso se presentó en la frontera por el lado de Burguete a vigilar sus -inmediaciones. - - - - - LIBRO SEGUNDO - - EN USTARIZ - - - - -I. - -AVIRANETA Y TILLY - - -AVIRANETA y Tilly se pusieron de acuerdo para ir a pasar unos días a -Ustariz, y alquilaron cuartos en la Veleta. A Tilly le acompañó su -hermana Margarita. - -Aviraneta llevaba la idea de matar el tiempo leyendo. La primera semana -estuvo encerrado en su cuarto; salía únicamente los días buenos a tomar -el sol por las tardes. - -Don Eugenio se había suscrito a un gabinete de lectura de Bayona, -y se llevó los quince volúmenes de la obra de Jomini, la Historia -crítica y militar de las campañas de la Revolución de 1792 a 1801, y -las Historias de la Revolución francesa, de Mignet y de Thiers, que -acababan de salir por entonces. Alternaba estas lecturas con novelas -de Paul de Kock y de Pigault-Lebrun. - -Aviraneta no era un refinado en literatura. Leía a Jomini con gran -atención, siguiendo las operaciones en el mapa, queriendo explicarse -con claridad aquellas famosas batallas de tanta resonancia universal. -Después leyó los "Principios de la estrategia", del mismo Jomini. - -Le hacía simpatizar con el autor la idea de que él también era un -rechazado. - -Jomini, a pesar de su talento no pudo llegar a mandar fuerzas, a -dirigir batallas, lo que tanto imbécil pudo hacer. - -Aviraneta sentía la tristeza del táctico, de verse desperdiciado, sin -empleo. - -Se sentía él también una rueda de un reloj de otra clase o de otro -tamaño, rueda inútil y que, sin embargo, era perfecta en su género. - -La rabia de pensar que sólo en una esfera alta de actividad hubiese -podido desarrollar sus condiciones, y que la suerte y el ambiente le -impedían escalar este puesto, empujándole automáticamente hacia abajo, -a un medio para el cual no tenía condición alguna, le irritaba y le -conducía a una profunda desesperación. - -Mientras Aviraneta leía y se desesperaba, Tilly frecuentaba la -sociedad de Ustariz; visitaba a la familia de Aristy, a quien se había -presentado con una carta de Lacy; iba al Bazar de París a hablar con -las dos hermanas, Martina y Delfina; se había hecho amigo de Choribide -y de su sobrino Rontignon, y visitaba a las damas del Chalet de las -Hiedras. - -Margarita los primeros días de Ustariz hizo algunas extravagancias y -tomó fama de loca en el pueblo. Alquiló un caballo y pasó varias veces -al galope por la carretera, vestida de amazona y con un látigo en la -mano y una boina roja en la cabeza; otro día anduvo en lancha e hizo -después varias inocentes travesuras. - -Al tercer día de estancia en la aldea conoció a Dolores, la hija del -coronel Malpica, y se hizo amiga íntima de ella. - -Al cabo de poco tiempo de conocerla, Dolores era para Margarita la -criatura más sabia y más perfecta de la tierra. - -Aviraneta leyendo en su rincón, Tilly dedicado a la vida social y -Margarita en Chimista; así pasaron el tiempo en el pueblo mientras Lacy -y los suyos se batían en España. - - - - -II. - -MALOS VIENTOS - - -CORRÍAN malos vientos, al decir de los inteligentes, por los -alrededores de Ustariz. La veleta de Gastizar parecía alarmada, y -andaba nerviosa de la derecha a la izquierda con marcada intranquilidad. - -En Gastizar se sentía cierta desazón. Había tenido la familia varios -disgustos, y todos, excepto Miguel que conservaba su calma, estaban -alarmados. El primer acontecimiento desagradable de la serie había sido -la noticia de quiénes eran las dos damas del Chalet de las Hiedras. -Madama Aristy había recomendado a Miguel que no dijera nada ni hablara -a nadie de esta cuestión. - -El segundo golpe había sido la llegada de León, el pintor, el marido de -Dolores Malpica. - -León dijo a su madre que volvía dejando en París una deuda de quince -mil francos. - -Madama de Aristy habló con Miguel y quedaron de acuerdo en que pagarían -la deuda. Como compensación exigieron a León que se quedara a vivir en -Ustariz constantemente. - -Otro disgusto que vino después de este, fué que madama Luxe dejó de -aparecer por Gastizar sin dar ninguna explicación. - -Por último, una mañana en que madama de Aristy pasaba por la galería -del piso principal sonó un tiro y cayeron los cristales rotos a sus -pies. Madama de Aristy dió un grito y acudieron las criadas. Miguel -y Darracq bajaron a ver lo que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido -corrieron a la huerta, pero no encontraron a nadie. - -Con todo esto, la familia estaba amedrentada. - -Madama Aristy y Miguel suponían que tan repetidos golpes procedían de -las damas del Chalet de las Hiedras. - ---¿Cuándo se van esas mujeres?--preguntaba Miguel. - ---Ya dentro de poco--decía su madre.--Esperemos sin escándalo. - -En Chimista tampoco se sentía gran contento. - -A Dolores se le había marchado su padre y le había vuelto el marido. -Muchas veces Margarita la veía llorando. - -León al llegar a su casa pareció satisfecho y entusiasmado, pero pronto -comenzó a aburrirse. - -León era un hombre petulante, tipo de vanidoso y de descontento. Tenía -los tópicos de la época y barajaba siempre en su conversación el Arte, -la Naturaleza, Shakespeare, Calderón, las pasiones, la unión de lo -maravilloso y lo grotesco... Hablaba mal de todos los artistas, que -creía que le estaban usurpando la gloria. Se resistía a encontrar bien -las obras de los contemporáneos y hasta las de los antiguos maestros. - -Al oirle se sospechaba si se trataría de un hombre de genio. Al ver su -obra se comprendía que no era más que un descontento sencillo. - -Margarita sintió por León al conocerle un profundo odio. El verle tan -frío, tan egoísta, tan indiferente a todo lo que no fuera su vanidad le -exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle. - -Había otras casas en Ustariz que se hallaban en un estado de -intranquilidad semejante; madama Luxe desde hacía tiempo no quería -recibir a nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran idas y -venidas y misteriosas conferencias. - - - - -III. - -LAS MANIOBRAS DE CHORIBIDE - - -DESDE hacía algún tiempo Choribide en complicidad con las damas del -Chalet de las Hiedras intrigaba en el pueblo. Sus maniobras principales -tendían unas a enriquecer el legajo que las dos mujeres de la policía -hacían para Calomarde, las otras a acercar su sobrino Rontignon a -madama Luxe. - -Madama Luxe tenía varios galanteadores en Ustariz. Uno de ellos era -un tal Iragaray, hombre caballeresco, aunque un poco perturbado. -Iragaray había pasado por una porción de chifladuras que le duraban -una temporada más o menos larga. La última era la preocupación por las -botas. En esta época, todo el calzado que compraba o le hacían le -venía mal, lo que a Iragaray le entristecía profundamente. - -Esta preocupación la compartía con el amor de madama Luxe, amor tímido -y respetuoso que guardaba en el fondo de su alma. El comprendía -que sólo madama Luxe le hubiese podido curar de esta cavilación -transcendental del calzado. - -Iragaray, cuando veía a una persona que estaba a gusto sobre sus -zapatos la envidiaba y le tenía por un ser superior. - -Si llegaba a ganarse su confianza, la primera pregunta que le hacía era -ésta: - ---Perdone usted, caballero; ¿quiere usted hacerme el gran favor de -decirme dónde se ha hecho usted esos zapatos? - -El preguntado, que no comprendía que contestar a esta pregunta fuera -ningún gran favor, decía en qué pueblo y en qué zapatería se hacía las -botas. Iragaray se preparaba para hacer un viaje, se encargaba un par -de zapatos y volvía radiante; pero a los cuatro o cinco días se le veía -haciendo muecas de descontento, y tenía que coger los zapatos nuevos y -llevarlos a un rincón, spoliarium de sus ilusiones. - -Durante algún tiempo Iragaray veía todo negro, como si el mundo entero -estuviera recubierto de betún, hasta que encontraba una persona -con unos zapatos, que le llegaban al alma. Si esta persona le era -desconocida, Iragaray sufría hasta poder hacerla la pregunta de dónde -se hacía los zapatos. - -Iragaray se había enamorado de madama Luxe, y abandonaba la zapatería -por el amor. Le había contado sus cuitas a Miguel, quien le había -recomendado mucha prudencia. - ---Todo esto va a acabar con unos cuantos zapatos más en el guardarropa -de Iragaray--decía madama de Aristy. - ---Lo malo es que para el pobre hombre cada par de botas es un -desengaño--añadía Miguel. - -Choribide, que sabía muy bien las chifladuras de Iragaray, no lo temía -como rival de su sobrino, sino todo lo contrario; hubiera querido que -el pobre chiflado fuera el único de los rivales de Rontignon. - -Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las mujeres del Chalet de -las Hiedras. - -Los documentos que él facilitaba a madama Carolina, aparecían -oficialmente como procedentes de Rontignon. Se había escrito a España y -Calomarde se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o a aceptar al -ex teniente en el ejército español. - -Respecto a la cuestión amorosa, Choribide la dirigió con gran cuidado. -Choribide hizo que su sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor -sastrería de Bayona, alquilara un caballo y pasara todos los días -cuatro o cinco veces por delante de casa de madama Luxe. - -Al cabo de una semana escribió una carta, la pensó mucho, comprendiendo -que el estilo de 1830 no era el de su época; y después de varios -ensayos creyó encontrar lo que deseaba. El teniente Rontignon copió -la carta y la dió, con una moneda de cinco francos, a la criada de -madama Luxe. La carta no tuvo contestación. A los pocos días, Choribide -escribió otra muy respetuosa y romántica y madame Luxe contestó. Decía -que no pensaba casarse, que estaba dedicada a la educación de su hija, -y aunque agradecía los homenajes del teniente Rontignon, le suplicaba -que cesase en hacerle la corte. - -Choribide estudió la carta detenidamente y decidió primero hacer que la -hija de madama Luxe, Fernanda, tuviera un novio, después se le ocurrió -indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar. - -Como novio de Fernanda, ninguno mejor que el joven Larralde Mauleón. -Larralde había cortejado sin gran éxito a Alicia de Belsunce, y luego -para consolarse se dedicaba a galantear a una de las señoritas del -Bazar de París, a la menor, Delfina, creyendo, y con razón, que le -llegaría su turno. - -De las dos señoritas de La Bastide, la mayor, Martina, se le suponía -enredada con el ingeniero de Montes; la pequeña, Delfina, era una -histérica. Esta muchacha había andado con todos los hombres del pueblo. -Siempre había tenido un amante o dos al mismo tiempo. - -Era una mujer lasciva. Le habían cantado varias veces una copla -popular, que decía: - - Dama orrec emenditu - Bederatzi noviyo - Apenas joan dan ari - Bayetz esandiyo. - -(Esa dama tiene lo menos nueve novios, y a cualquiera que se acerca a -ella le dice que sí.) - -En toda la familia de las muchachas del Bazar había la misma herencia -erótica. Por entonces, la Delfina estaba enredada con un mozo, a quien -llamaban Marcos el del molino o Marcos el gascón. - -Marcos era un hombre de una osamenta fuerte, corpulento, la cara ancha, -los pómulos salientes, la mandíbula acusada y los ojos claros. Tenía -la frente pequeña y arrugada, el pelo rubio, crespo y duro que le -entraba como un pico en el entrecejo, las manos velludas y los brazos -largos. Era mozo petulante, vestía grandes y anchos pantalones, faja -encarnada y boina azul. - -El bello Marcos sacaba el dinero a Delfina, la pegaba, la pateaba, lo -cual no era obstáculo para que ella estuviese enamorada de él y al -mismo tiempo le engañase. La madre de Marcos era una mujer valiente, -que había venido de la parte del Bearn. Al saber los sucesos de la -Revolución de Julio, esta mujer cogió un fusil y fué al Ayuntamiento a -pedir que se quitara a los concejales y se les sustituyera por otros -revolucionarios. - -El bello Marcos no compartía las ideas de su madre y era realista. -Sacaba algún dinero con esto y no le importaba otra cosa. Marcos era un -conquistador y un sátiro; había tenido un proceso por robo y otro por -violentar a una chiquilla, medio idiota, en el campo. - -Choribide pensó que debía apartar al joven Larralde de Delfina, y -llamándole con gran reserva le dijo que no le convenía hacer la corte -a aquella muchacha. Era esta una mujer depravada, una cosa perdida. -Le aseguró que estaba embarazada de Marcos, y que no tendría nada -de particular que si se entregaba a él fuera únicamente por tener un -editor responsable del desaguisado. - -Después de pintarle tan fea la situación al joven Larralde le puso -delante la perspectiva de Fernanda Luxe, una muchacha encantadora -llena de juventud y de gracia. Larralde Mauleón mordió en el anzuelo y -comenzó a dejar de acudir al Bazar de París. Al mismo tiempo Choribide -habló a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo que había -asegurado en público que tendría como querida a la Delfina cuando le -diera la gana. La muchacha, que era poco inteligente, creyó en lo -que le decía el viejo y comenzó a tratar con desdén a Larralde, que -determinó no volver al Bazar. - -Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon buscara a Larralde y -se hiciera amigo suyo. - -Pronto pudo notar el astuto viejo que tenía en Gastizar enemigos de sus -planes. Madama Luxe iba todos los días a Gastizar, hablaba allí, había -quien suponía que miraba con buenos ojos a Miguel Aristy. - -Entonces a Choribide se le ocurrió escribir un anónimo, cogió un papel -igual al que se empleaba en Gastizar y mandó a madama Luxe una carta -en la que se ponía por los suelos al teniente Rontignon y al joven -Larralde. - -Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones a Madama Aristy; -dejó un día de ir a Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acabó -por romper las relaciones con la familia de Aristy. - -Madama Aristy era demasiado orgullosa para pedir ni para dar -explicaciones. La ruptura se verificó. Era lo que quería Choribide. - -Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes del Chalet de -las Hiedras. - -Las cartas iban a Madrid y venían de allá constantemente. - -Carolina Michu estaba entregada a Choribide y dispuesta a seguir sus -indicaciones. - -Madama Carolina no tenía un gran interés personal puesto en la vida de -Ustariz; estaba deseando que pasaran aquellas circunstancias para salir -de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba lo mismo a Simona. -Simona no se ocupaba más que de Ustariz y de los que vivían en el -pueblo. - -Al saber que madama Aristy quería echarlas del Chalet de las Hiedras, -le tomó un odio intenso. Antes había coqueteado con Miguel, porque -le era simpático; después coqueteó con León, por ver si podía dar un -disgusto a la vieja orgullosa de Gastizar, como llamaba ella a madama -Aristy. - -Simona, que no tenía inclinación ninguna por León, llegó a dominarle; -le sacó dinero, produjo un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista. - -Simona sintió tanto odio por Dolores Malpica como por madama Aristy; -a la vieja, como ella la llamaba, la odiaba por su orgullo; a la -española, por su aire de candidez y de bondad. - -León, que se creía amado por una gran dama, no sólo no se recataba, -sino que hacía alarde de visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se -determinó a pedirle explicaciones, y marido y mujer riñeron. - -Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y como mal menor se -decidió que León volviera a París. - -Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta de que las damas del -Chalet de las Hiedras eran dos aventureras, las trataba así, y era muy -bien acogido en la casa. El y Choribide solían pasar la tertulia en el -chalet y en el Bazar de París. - -Madama Carolina comenzaba a asustarse de la violencia y del fuego que -ponía en sus empresas Simona. - ---Esa loca me va a comprometer--decía, y suplicaba a Choribide que la -vigilara para que no hiciese alguna tontería. - -Simona tenía su centro de operaciones en el Bazar de París; allí solía -estar intrigando con las dos señoritas de la Bastide, con Choribide y -con Marcos el gascón, de quien se había hecho gran amiga. - - - - -IV. - -MARGARITA - - -TODOS los días y a todas horas estaba Margarita Tilly en Chimista con -su amiga Dolores. Margarita había tomado gran cariño a Dolores, para -quien tenía todas sus amabilidades. - -Dolores, que pasaba en aquel momento por la amargura de tener a su -padre expuesto a ser muerto y a su marido separado de ella, estaba -llorando a cada instante. Dolores tenía un carácter resignado y dulce y -encontraba la calma en la mayor contrariedad. - -Margarita se había constituído en protectora de Dolores. Cogía a los -dos chicos, a Miguelito y a Dolorcitas, y se marchaba con ellos para -dejar a la madre desahogar su pena. - -Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas prometía ser como su -madre, dulce y tranquila. - -El chico era fanfarrón y charlatán; jugaba con un gato que se llamaba -Chipi. Chipi era un poco payaso, gran cazador de pájaros, ladrón y -fantástico. Chipi, la pequeña pantera doméstica, corría con Miguelito, -se afilaba las uñas en los muebles y rasgaba la tela de los sillones; -subía a los árboles, perseguía a las lagartijas y a las mariposas; -hacía bufonadas y parecía incomodarse cuando la gente se reía. Solía -divertirse mucho cazando musarañas, a las que martirizaba. - -Miguelito era gran ingeniero; hacía fortalezas con arena y las coronaba -con banderas. - -Mientras él se dedicaba a la ingeniería, Dolores tenía a la niña en -brazos y quedaba embebida. - ---No te duermas, mamá--le decía el chico. - -Margarita se sentaba en la escalera de piedra, adornada con tiestos, -un escalón más bajo que Dolores, como en adoración, y solía estar -hablándole y jugando con los chicos. - -Contaba a su amiga su vida y explicaba sus ideas. Dolores daba su -opinión mientras hacía algún trabajo de costura o de media. - -Cuando Dolores tenía que trabajar, Margarita con los chicos salía fuera -por los campos. Se había ganado la amistad de Grashi Erua, la loca, y -de un chiquillo de diez o doce años, atrevido, a quien llamaban Chistu. - -Grashi Erua llevaba flores a Chimista y jugaba con Miguelito, por quien -tenía gran cariño. - -Grashi Erua vivía en la miseria; los aldeanos que se habían hecho cargo -de ella se habían enriquecido despojándola. Luego, viendo que nadie se -presentaba a reclamarla, la quisieron obligar a trabajar en el campo -y a servirles de criada, pero ella no obedecía. Era un ser montaraz e -indomable. A veces se la veía en medio del bosque o a la orilla de un -arroyo con una guirnalda de yedras o de muérdago en la cabeza, cantando -una canción triste. Al principio los chicos le tiraban piedras, pero -llegaron a tener por ella cierto temor. - -Grashi Erua solía entrar en Chimista cuando le parecía, ayudaba a -alguna cosa a Dolores; pero en general no hacía más que jugar. En -invierno se metía en la cocina cerca del fuego, y allí charlaba de una -manera confusa e incoherente. - -Chistu, el chico vagabundo, era un pillastre a quien le gustaba la -libertad y el aire libre. Estaba negro por el sol y tenía una cara viva -de granuja. Aquí pescaba o se bañaba, allí se subía a los árboles y -venía con una ardilla o con una lechuza viva que había cogido. - -Margarita era la capitana de aquella tropa menuda. Grashi Erua, Chistu -y los pequeños le obedecían sin réplica. - -Todo el día se pasaba Margarita en Chimista. En cambio a Gastizar iba -poco, y aunque pasaba por delante no se detenía nunca. - -Margarita no quería nada con los de Gastizar; sentía gran antipatía por -madama Aristy y se manifestaba desdeñosa con Alicia. El egoísmo y la -discreción de ésta le producían el mayor desprecio. - ---Es un taco--solía decir. - -Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un torbellino. No podía -tener prudencia; pero se le perdonaba todo por su espontaneidad y por -su gracia. - -Era lo contrario de la señorita de Belsunce. En Margarita no había -cálculo ni disimulo. Las simpatías y antipatías se desarrollaban en -ella de una manera rápida y esporádica y no se tomaba el trabajo de -disimularlas. - -Alicia, en cambio, era de una discreción y de una prudencia monjiles. -Sabía guardar los pequeños secretos como nadie. No había miedo de que -dijera una inconveniencia. Medía las palabras con cuidado exquisito. - -Madama de Aristy, que creía éste uno de los mayores méritos que podía -tener una persona, le otorgaba su benevolencia. - -Alicia era defensora de las prerrogativas aristocráticas de su familia. -No le gustaba que se dijese que entre los vascos no había habido -feudalismo. Le hubiera gustado ser feudal. - -Margarita no se preocupaba de estas cosas. Quería ser libre, hacer -su capricho, y tenía para las personas y para las ideas una mirada -atrevida y de frente. - -A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita. - -De toda la gente de Gastizar únicamente por Miguel tenía Margarita -simpatía, y eso que Miguel se burlaba un poco de ella y de su -insociabilidad. - -Charlaban los dos amistosamente largo tiempo. - ---Usted también habrá sido un conquistador, Miguel--le decía ella. - ---Yo, no. Las mujeres me han hecho poco caso, Margarita; lo mismo de -joven que de viejo. - ---¡Bah! No le creo a usted. - ---Pues es cierto. Sin duda yo no he tenido nunca grandes atractivos -para las damas. - -Margarita no se convencía. Un día creyó que Miguel era un corruptor. - -En el piso bajo de Chimista vivía un matrimonio joven que trabajaba -en los campos. El era un muchacho nacido en un caserío próximo; ella, -la hija de un jardinero de Gastizar. Este jardinero, un normando alto -y rubio, había venido de guardia de Aduanas y se había quedado en -Gastizar. Fanchon, su hija, había nacido allá. Era Fanchon una mujer -con un aire selvático; la sangre normanda de su padre mezclada con la -vasca de su madre había dado un hermoso producto. Era rubia, blanca, -con los ojos azules. - -El día que la vió Margarita hablando con Miguel estaba dando de comer -a los cerdos y a las gallinas, riñendo a toda la tropa con los pies -metidos en los zuecos y un pañuelo en la cabeza. - -En el corral, una vieja flaca y acartonada, la boca sin dientes, la -cara llena de arrugas, tenía un niño rollizo en brazos. - ---Estás guapa, Fanchon--le decía Miguel con cierta tristeza cómica.--Yo -me debía haber casado contigo y esa criatura sería mía. - ---A buena hora se acuerda usted--replicó ella con desgarro.--¿Por qué -no lo pensó usted antes? - ---¿No podríamos empezar todavía, Fanchonette? - ---No. - ---De manera que Praschcu, ese imbécil de tu marido, exige fidelidad. - ---Como la exigiría usted. - ---¡Qué pena!--exclamó Miguel con melancolía burlona.--¡Yo! ¡Que te -he tenido en brazos cuando eras niña! ¿No podría tener un poco de -derecho?... - ---Ninguno. - ---Eres muy cruel, Fanchon. - ---¡Ah! Siempre está usted así. ¿Por qué no se casa usted de una vez? - ---No me hacen caso, chica, ya. No me hacen caso. - -Margarita que oyó la conversación se la contó a Dolores con gran -misterio, y ella, riendo, volvió a contársela a Miguel. - - - - -V. - -EL NIÑO - - -UNA tarde en que D. Eugenio y Tilly charlaban en el comedor de la -Veleta comentando a Maquiavelo, se presentó Margarita que venía -corriendo, sofocada y sin aliento. - ---¿Qué pasa?--le preguntó su hermano. - ---El niño... el niño de Dolores... lo han robado. - -A Tilly no le preocupaba tanto como a su hermana el niño de Dolores, y -se encogió de hombros. - -Aviraneta preguntó cómo había ocurrido el caso. - ---Estaba, como todos los días, jugando a la puerta de la casa, cuando -ha pasado un rebaño de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha -dicho la chica que iba con el rebaño. El niño le ha seguido y ha -desaparecido. Se ha mirado por todos los alrededores y no se le ha -encontrado. - ---¿Y cuánto tiempo hace que falta?--preguntó Aviraneta. - ---Ya cerca de diez horas. - ---¿Qué edad tiene el chico? - ---Cuatro años y medio. - ---Sí; entonces es muy posible que lo hayan robado. - ---¿Qué haremos?--exclamó Margarita.--La pobre madre figúrese usted cómo -está. Vengan ustedes conmigo. - ---Bueno, vamos--dijo Aviraneta. - -Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita dijo a su hermano: - ---Llámale a Miguel Aristy y dile lo que pasa. - -Tilly entró en Gastizar y volvió al poco rato solo. - ---¿No está?--le preguntó Margarita. - ---Debe estar en Chimista. - -Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron. Empezaba -a oscurecer y el niño no venía. La madre estaba en la mayor -desesperación. Miguel y Dolores habían salido por los alrededores -llamando al niño, pero no aparecía. - ---Bueno, señor Aristy--dijo Aviraneta;--si andan ustedes así a la -casualidad, como locos, no encontrarán ustedes ninguna pista. Vamos a -hablar los dos serenamente a ver si encontramos algún indicio. - ---Tiene usted razón. El dolor de la madre le perturba a uno, contagia -su intranquilidad. - ---Vamos a un sitio donde estemos solos. - ---Entremos aquí. Sentémonos. - -Entraron en el cuarto del coronel Malpica. - ---Veamos el hecho escueto primeramente--dijo Aviraneta.--¿Cómo ha -sucedido? - ---¿Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer que vive aquí? - ---Sí. - -Entró Fanchon en el cuarto, con la cara llena de lágrimas. - ---Cuéntanos lo que ha pasado con detalles--le dijo Aviraneta en -vascuence. - ---Pues nada--dijo Fanchon;--el niño estaba jugando, como casi todos los -días, por aquí, por delante de la casa. Ha pasado un rebaño, y el chico -que iba detrás le ha dicho: "¿Miguelito, vienes?" Miguelito ha salido -detrás del rebaño y no ha vuelto. Eso ha sido todo. - ---¿Tú has visto al chico que le ha llamado?--preguntó Aviraneta. - ---No, no le he visto. No sé si mi marido le habrá visto. - ---Llámalo; y si no sabe nada, pregunta por ahí a ver si hay alguno que -haya visto al chico que ha llamado a Miguelito al pasar. - -Salió Fanchon corriendo del cuarto y volvió al poco rato, sofocada, con -Praschcu, su marido. - ---Mi marido le ha visto. - ---¿Usted le ha visto al chico que ha llamado a Miguelito? - ---Sí. - ---¿Quién era? - ---Era un chico que llaman Mandharra, del caserío de Gros Jean, el -tramposo--dijo Praschcu hablando muy despacio. - ---¿Es pastor? - ---No; es un chico pobre que suele andar a veces pidiendo limosna y que -ahora está en un caserío. - ---¿Y cómo llevaba hoy ese rebaño? - ---Mandharra iba al lado de la zagala que suele andar siempre con el -rebaño. - ---¿Ese Mandharra suele tener punto fijo donde dormir? - ---Sí; en el caserío de Gros Jean, el tramposo, que se llama Beletchea -(la casa del Cuervo). - ---¿Y quién es ese caballero? - ---Ese caballero, como usted dice, no vive--contestó Aristy.--Viven sus -hijas, que yo creo que están un poco locas. - ---Pues ¿qué les ocurre? - ---Son tres solteronas solitarias, que no salen nunca de casa. Yo las -llamo las Tres Lamias. No quieren ver a nadie. Trabajan en el campo de -noche, a la luz de la luna, para que no las vean. Y de día se asoman a -mirar por entre las parras. - ---¿Viven cerca? - ---Sí; a un cuarto de hora de aquí. ¿Sospecha usted de ellas? - ---Por ahora no. Primeramente dígame usted qué enemigos tiene su cuñada. - -Miguel habló de las damas del Chalet de las Hiedras y de sus -antecedentes. - -Como no especificaba nada, Aviraneta dijo: - ---Vamos a interrogar a la madre del niño. ¿Quiere usted llamarla? - -Aristy llamó a su cuñada, que entró llorando a lágrima viva. - ---Una pregunta nada más--le dijo Aviraneta.--¿Tiene usted algún motivo -para suponer que una de las mujeres que vive en el Chalet de las -Hiedras le odia a usted? - ---Sí, algún motivo tengo, porque hace unos días me envió las cartas que -le había escrito mi marido a ella. - ---¿Las tiene usted ahí? - ---No, las rompí. - ---¿Usted supone que se las envió la más joven de las dos, Simona? - ---Sí. - ---Al enviarle las cartas a usted ¿no decía nada? - ---Sí; me escribía un papel lleno de mala intención para mí. - ---Está bien. Tranquilícese usted. Encontraremos al chico--dijo -Aviraneta.--El chico no está perdido, está robado, y una de las mujeres -del Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar. - -La opinión de Aviraneta era también la de Aristy. - ---Ahora vamos a ver qué hay que hacer--dijo Aristy. - -Aviraneta llamó a Tilly y los tres deliberaron. Era indudable que -Simona, si era ella la que había preparado el robo del chico, no se -había entendido con Mandharra, porque ella no sabía el vascuence ni -el chico el francés. Simona se había valido de algún intermediario, -probablemente de Marcos. - -Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al pueblo y apoderarse de -Simona y de Marcos, y obligarles a decir dónde estaba el niño. - -Antes de salir de Chimista, Aviraneta preguntó al marido de Fanchon: - ---¿Por este camino hacia el monte, en una legua o en dos, hay alguna -cueva? - ---Sí. Hay una que llaman Lecebeltz (la sima negra). - ---Pues id a registrarla. Praschu, Fanchon y Grashi Erua salieron en -aquella dirección, mientras Aviraneta, Aristy y Tilly se encaminaron -hacia Gastizar. Entraron por la huerta, y andando a oscuras se -dirigieron hacia el Chalet de las Hiedras. - ---Voy a llamar más gente--dijo Aristy. - -Miguel marchó despacio hacia Gastizar y volvió a la media hora con -Víctor Darracq y con Ichteben. Al acercarse Aristy a Aviraneta éste le -dijo: - ---Chit. - ---¿Qué pasa? - ---Está aquí Marcos. - ---¿Tendrán ahí el niño? - ---No creo. - ---Vamos a ver si cazamos al bello gascón. - -Esperaron más de una hora. - ---Yo conozco la casa--dijo Tilly;--si tuviera una escalera para subir -podría arreglármelas para oir la conversación. - ---Yo la traeré--saltó Ichteben y desapareció en la oscuridad. - -Al poco rato volvió con una escalera larga. La aplicaron al balcón del -chalet y Tilly subió con grandes precauciones. - -Al cuarto de hora bajó de prisa. - ---Sale Marcos--dijo;--no detenerle. Parece que es un mendigo viejo a -quien llaman Pachi Zarra y también Ontza (el Buho) el que se ha llevado -al niño. Marcos no sabe dónde lo guarda. Mañana les dirá dónde está. - -Salió Marcos del chalet, y cruzando la huerta saltó la tapia y -desapareció. - -Tilly volvió a subir al balcón. - ---¿Adónde va usted?--le dijeron. - ---Voy a coger algo que he dejado ahí. - -Efectivamente; subió y bajó con un gran legajo en la mano. - ---Esto, que lo guarden--dijo a Aristy. - ---Lo guardarán. Yo voy a tranquilizar un poco a la madre. Mañana -buscaremos a Pachi Zarra, el Buho. - ---Bueno, vamos--dijo Aviraneta. - -Aviraneta, Tilly y Aristy volvieron a Chimista. - -Al llegar al caserío vieron al chiquillo que venía medio riendo, medio -llorando, en brazos de Grashi Erua. Lo habían encontrado en la cueva de -Lecebeltz, como había indicado Aviraneta. - -El marido de Fanchon traía preso a Pachi Zarra (el Buho), un viejo -con una anguarina parda, con el pelo y la barba blancos, que habían -encontrado en la cueva guardando al niño. - -Dolores comenzó a sollozar de alegría al ver a su hijo salvo, y -Margarita le acompañó en su contento. - -Aristy apostrofó a Pachi Zarra y le dijo que se fuera, que no volviera -al pueblo, porque le metería en la cárcel. - -El Buho se marchó refunfuñando. - -Dolores dió las gracias a Aviraneta con la mayor efusión, y los tres -hombres volvieron al pueblo. Al llegar a Gastizar, Tilly pidió el -grueso legajo que había sacado del Chalet de las Hiedras. Se lo entregó -Ichteben y fué con él a la fonda. - -Al día siguiente, antes de levantarse Aviraneta, Tilly entró en su -cuarto. - ---Don Eugenio--dijo. - ---¿Qué hay? - ---Me voy. He encontrado un pequeño filón, y voy a ver si lo exploto. -Adiós. - -Cuando Aviraneta se levantó Tilly había desaparecido. - - - - -VI. - -CHORIBIDE Y AVIRANETA - - -La noticia del robo del niño se extendió por el pueblo, y todos los -vecinos del barrio y de Ustariz creyeron unánimemente que eran las -damas del Chalet de las Hiedras las que habían dirigido esta mala -acción. Las simpatías por los Aristys, que estaban apagadas en la -aldea, se despertaron y fueron muchas personas las que estuvieron en -Gastizar a felicitar a madama Aristy por la salvación de su nietecillo. -Madama Luxe escribió una carta de felicitación y Miguel fué a visitarla -por encargo de su madre. - -Madama Luxe, interrogada acerca del motivo que tenía para haber roto -sus relaciones con Gastizar, habló del anónimo que ella creía que le -habían enviado los Aristy. - -Miguel lo leyó fríamente; después sintió tal indignación al pensar que -la viuda se lo había atribuído a él, que estuvo con ella tan severo que -la dejó bañada en lágrimas. Al día siguiente, madama Luxe acompañada -de Fernanda fué a Gastizar a explicarse con madama Aristy y a pedirle -perdón. Se quedó de acuerdo en que eran las mujeres del Chalet de las -Hiedras las que habían escrito el anónimo. Estas no salieron de casa -durante algunos días. Marcos el del molino se ocultó también, e iba de -noche a ver a la Delfina, del Bazar de París, por la huerta. - -Aviraneta supo estas noticias por Esteban Irisarri, el posadero de la -Veleta, que se las contó con profusión de detalles. - -Una mañana leía don Eugenio en el libro de Jomini la batalla de -Valmy, cuando entró Esteban a decirle que estaba el señor Choribide -preguntando por él. - ---¡El señor Choribide! ¡el jefe de los enemigos!--dijo Esteban Irisarri -con voz hueca. - ---No le conozco--contestó don Eugenio. - ---¡Choribide! El amigo de esas viejas intrigantes del Chalet de las -Hiedras. - ---¿Pregunta por mí?--dijo Aviraneta. - ---Sí. - ---Que pase. - -El posadero debió quedar asombrado de la serenidad de Aviraneta. Abrió -la puerta y se presentó el viejo _muscadin_ elegante y currutaco. - ---¿El señor de Aviraneta?--preguntó sonriendo. - ---Soy yo. Pase usted y siéntese usted. - -Choribide entró, se sentó en el borde de la silla, puso el sombrero -metido en el bastón y el bastón entre las piernas. - ---Yo, señor--dijo,--me llamo Choribide, Gastón de Choribide. Soy vasco, -como usted. He llevado en mi juventud una vida un tanto irregular. Yo -no sé si usted tendrá ideas religiosas... - ---Creo que no--repuso Aviraneta. - ---Es usted de mi escuela. Si yo tuviera ideas religiosas diría que he -sido un gran pecador. No teniéndolas, suelo decir que he sido un hombre -crapuloso y de vida poco honorable. - ---¿No será usted un tanto severo consigo mismo, señor -Choribide?--preguntó Aviraneta. - ---No, no. Muchas gracias por su opinión. Me hago justicia. Verá -usted... Yo vivo bien dentro de mi modestia. No trabajo; no he -trabajado nunca. - ---Se aburrirá usted. - ---No, no me aburro. Yo tengo un sobrino ex oficial de la Guardia Real, -Aquiles Rontignon. Rontignon tiene condiciones para agradar a una -mujer; es guapo y es tonto. - ---¿Usted cree que la tontería...? - ---Es indispensable. Yo había pensado casar a Rontignon con una viuda -rica de aquí, madama Luxe. Como un teniente retirado no es bastante -para producir entusiasmos en una mujer rica por sólo su posición, -yo había pensado adornar el pecho de Rontignon con una gran cruz -o buscarle un empleo. Aprovechando la estancia aquí de una señora -española, la condesa de Vejer... - ---Que no es española ni condesa... saltó Aviraneta. - ---Cierto; pero hay que darla un nombre para señalarla. - ---En Madrid se llamaba madama Carolina. - ---Bien; me es igual; aprovechando la estancia aquí de madama Carolina, -me acerqué a ella y le dije que puesto que ella trabajaba para el -Gobierno español, yo le ayudaría a cambio de que ella concediera a mi -sobrino un empleo, un cargo honorífico... - ---¿Y ha trabajado usted para ella? - ---Sí, habíamos hecho un legajo con todos los datos necesarios para -remitirlo a Madrid, cuando las cosas se han torcido. Primeramente -Rontignon no ha sabido aprovechar su tontería ni tampoco su arrogancia -de hombre guapo, y madama Luxe lo ha rechazado; después Tilly, ese -muchacho amigo de usted, un muchacho encantador, se apoderó del legajo -formado por nosotros, y por último, la sobrina de madama Carolina... - ---Que no es su sobrina... - ---Cierto. Simona Busquet ha intervenido en esta cuestión, y con sus -odios y su genio vengativo ha hecho que roben al nieto de madama de -Aristy. Esta barbaridad ahora me la atribuyen a mí, y me molesta. Ese -no es mi género. No me ha gustado nunca el melodrama. La alta comedia, -quizás; el melodrama, nunca. Por estas razones voy a dejar la partida. - ---¿Va usted a dejarla? - ---Sí. - ---Yo no puedo vivir aquí ya. El pobre Garat no se encuentra en estado -de recibir a los amigos. Madama Aristy está indignada, porque cree que -yo he indicado que roben a su nieto, cosa absurda. Voy a ir a Bayona, -pero antes le voy a pedir a usted un favor. - ---Usted dirá. - ---Yo he venido a verle a usted, porque he comprendido que es usted -un hombre fuerte. Me ha recordado usted a su excelencia el duque de -Otranto. - -Aviraneta sintió un movimiento de alegría. - ---¿Ha conocido usted a Fouché?--preguntó. - ---Sí; he estado a su servicio. Tiene usted el mismo aire de penetración -que él. Ahora, que quizás usted no pueda poner sus facultades al -servicio del Estado. Hay países que desperdician su gente. - -Choribide había dado dos golpes buenos en la coraza de indiferencia de -Aviraneta, uno comparándole con Fouché, el otro suponiendo que no se le -comprendía. - ---¿Y qué servicio quería usted de mi, señor Choribide?--preguntó. - ---Le diré a usted. Actualmente mi sobrino Rontignon sencillamente me -estorba. Si lo hubiera casado con madama Luxe, yo hubiera sido su -administrador; pero no ha sido bastante hábil para enamorar a la viuda. -Ahora quiero desprenderme de él, y como ha aparecido como un realista -que ha mandado informes al Gobierno español por intermedio de esas -damas del Chalet de las Hiedras, he pensado hacer valer esos servicios -y su calidad de ex teniente de la Guardia Real para pedir para él un -destino en España. ¿Usted, que seguramente sabrá cómo se hace esto, no -podría escribirme una solicitud en español? - ---Sí; lo haré. - ---¿Ahora mismo? - ---Sí; ahora mismo. - -Aviraneta escribió un borrador de solicitud y lo entregó para que lo -copiase Choribide. - -Al terminar, Choribide dió las gracias a Aviraneta y murmuró -efusivamente: - ---¡Cómo nos desperdician, mi querido señor! - -Y haciendo una reverencia llena de respeto y de gracia, completamente -siglo XVIII, Choribide se retiró y salió de la Veleta. - - - - - LIBRO TERCERO - - EL DIARIO DE LACY - - - - -I. - -EL SOÑADOR - - -EUSEBIO de Lacy escribió con detalles su vida en los días que duró -la expedición de los liberales en la frontera. Lacy esperaba una -lucha más brillante, más intensa. En su diario se le ve, a pesar -suyo, desencantado y triste. Su espíritu de soñador y de poeta -se representaba la realidad como algo más fuerte, más noble, más -extraordinario. - -Lacy tenía un entusiasmo todavía latente por los militares y por la -guerra. Concebido en época de grandes batallas, su infancia se había -arrullado con la música estridente de las trompetas y de los tambores. -Más tarde había sido educado en colegios con hijos de militares -franceses del Imperio, todos estremecidos y pasmados de asombro ante -las glorias más o menos inventadas de Napoleón y de su ejército. - -Eusebio pensaba en su padre, y se lo figuraba como le había visto en -los retratos y en las estampas, vestido de general, con el pecho lleno -de cruces ganadas en los campos de batalla, el rostro fiero, la mirada -relampagueante y la mano en la empuñadura de la espada. - -Después de los años de colegio en Francia y en España, Eusebio había -vivido en Quimper, en casa de su madre, en un ambiente pesado, -lánguido, de un pueblo bretón oscuro, en una sociedad levítica de -comerciantes y de armadores, dirigida por realistas y por curas. - -Era aquella época de la Restauración, una época de luchas ardientes -en que el monarquismo y el jesuitismo se aprestaban al combate contra -las ideas revolucionarias con todas las armas; las misiones religiosas -se esparcían por las ciudades y por los campos, Francia entera estaba -llena de oradores elocuentes que predicaban el arrepentimiento de -las locuras pasadas. Los misioneros quemaban en las plazas públicas -los libros de Voltaire y los tomos de la Enciclopedia, las familias -enviaban sus hijos a los colegios de jesuítas, las autoridades -obedecían servilmente a las Congregaciones y todo se conseguía con -intrigas. Por entonces se hablaba de los monstruos del 93 y del ogro de -Córcega. - -Durante este tiempo, Eusebio había adorado la gloria y el ejército, -sólo por la gloria y por contraposición a las ideas y prácticas -clericales que trataban de imbuirle. Después fué llegando hasta él, -cada vez con más intensidad, la influencia liberal, y reaccionando -contra sus sueños militares, llegó a mirar a Napoleón como un -ambicioso, antihumano y repugnante, y a sus mariscales como una tropa -de brutos miserables dedicados únicamente a la petulancia y al robo. - -Lacy creyó haber matado su entusiasmo de gloria y haberlo sustituído -por el ideal más severo de la libertad; pero por debajo de éste se -transparentaban sus sueños de ambición militar. - -En su diario se ve que estos sueños pierden su brillo y decaen las -ilusiones de Lacy. - - - - -II. - -LA ENTRADA EN ESPAÑA - - - _Añoa, 15 de Octubre de 1830._ - -EL 14 de Octubre por la mañana salí de Bayona, camino de la frontera, -con la tropa mandada por Valdés. Al atravesar la ciudad estuvo a punto -de ocurrir un encuentro entre nuestra gente y la de Mina. - -Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho que iban a ser unos -héroes; pero no se han portado heroicamente, sino todo lo contrario. - -La fuerza de Valdés venía dividida en cuatro compañías: una de -extranjeros, mandada por don Francisco Mancha; otra de vascos, -semi-independiente, la partida de Leguía; otra de navarros y -aragoneses, a las órdenes de Malpica, y un grupo de oficiales al frente -del cual va López Campillo. - -Estas compañías se han formado con ochenta o cien hombres y cada una -tiene sus oficiales y sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco -suses, o sean siete reales diarios. - -Yo voy de ayudante del coronel Valdés, y Ochoa, con el mismo cargo, a -las órdenes de Campillo. - -Llevamos algunos soldados muy buenos y otros muy malos. Las tropas -vascas y las navarras son las mejores, conocen el país y se encuentran -entre los suyos; las extranjeras son las peores; están, naturalmente, -formadas por lo más perdido de cada casa. - -No se ha podido contar con los oficiales franceses liberales, porque el -Gobierno de Julio los ha aceptado a todos en las filas del ejército. - -Descontados éstos que hubieran sido útiles, los que han quedado en -nuestras filas son aventureros, gente de presidio más que militares. - -Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual de esta tropa. Entre -los extranjeros hay la más completa diversidad de tipos y de actitudes, -se ven hombres que tienen el aire nórtico de un noruego, gentes -rubias de cabeza pequeña y ojos azules, al lado de otros que parecen -italianos del mediodía con el pelo crespo, los ojos negros y la mirada -viva. Hay una gran variedad en la expresión de los unos y de los otros; -éste tiene rasgos de energía, el otro de astucia, el de más allá de -cobardía y de cinismo. - -En cambio, entre los vascos de Leguía hay tal unidad en la expresión, -que parecen todos de la misma familia, y sólo fijándose en ellos, uno -a uno, se advierte que no se parecen en los rasgos de la fisonomía. En -todos ellos se ve una mezcla de audacia y de atención; más que soldados -parecen cazadores que van a un ojeo. - -Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos. Uno de ellos es el -guardabosque de Ustariz, amigo de Malpica. - -Este hombre, a quien todos llamamos el tío Juan, no se queja de nada, -todo le parece bien. Es un estoico. Le suele acompañar un asistente del -intendente Darracq, que vive en Ustariz y que se llama Alí. - -El tío Juan y Alí van siempre juntos, animando a los demás. - -Otro tipo extraño es un muchacho inglés que vino a Bayona de San -Sebastián con Tilly. Como no conocemos su nombre y por lo que -parece no quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito -se ha incorporado a nuestra pequeña legión extranjera de una manera -aristocrática e individualista; lleva dos criados a su servicio y una -tienda de campaña. Siempre le vemos correctamente vestido, recién -afeitado. El inglés éste parece una estatua griega por su expresión -fría y académica. Tiene el aire de un hombre rico, su traje es -irreprochable y sus cuellos y sus puños están siempre limpios y sus -zapatos recién barnizados, como si fuera a pasear a Hyde Park. - -El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de nuestra legión -extranjera; no parece que quiere tener relación con nosotros y ha -debido poner sus condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos -dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos de él. - - - _Urdax, 16 Octubre._ - -La salida de Bayona fué para mí completamente inesperada. El día 13 -me llamó Valdés, y me dijo que había sabido que los dos Gobiernos, el -de Luis Felipe y el de Fernando, habían hecho un convenio, y que no -teníamos otra solución que adelantarnos o abandonar la empresa. El se -lanzaba dispuesto a todo, y al día siguiente al amanecer saldríamos -camino de la frontera. Se dieron las órdenes necesarias para la marcha, -y salimos de Bayona. - -Iban con nosotros Chapalangarra y Méndez Vigo. El 14 llegamos a Saint -Pee. Yo dormí en el Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de -allá y al llegar a la frontera entre Añoa y Dancharinea, Chapalangarra -y el general Méndez Vigo se despidieron de nosotros el uno para ir a -San Juan del Pie del Puerto, el otro a Mauleón. - -Hoy por la mañana hemos llegado a Urdax. Nos hemos apoderado del punto -avanzado que abandonaron los tercios y de las armas que había aquí -guardadas. Llevábamos una proclama, suscrita por varios jefes, dirigida -al ejército español, invitándole a imitar al francés, pasándose a -nuestra bandera y a librar a la patria del yugo que la oprime. Se han -dado vivas a la libertad y a la Constitución, y se han montado dos -piezas pequeñas de campaña que encontramos en el puesto avanzado. - -Como nos preocupa la cuestión de la alimentación, se han mandado -agentes a comprar víveres a los pueblos de alrededor. - -Estoy deseando entrar en fuego. - - - _Zugarramurdi, 17 Octubre._ - -Esta mañana hemos dejado en Urdax a Campillo y a Malpica y hemos -salido con las dos compañías, la de Leguía y la de Mancha, camino de -Zugarramurdi. - -La razón principal de la marcha es la cuestión de las subsistencias, -que no hay modo de resolverla en un pueblo pequeño en donde escasea -todo. - -Zugarramurdi está muy cerca de Urdax, a una media legua próximamente. -Es una aldea que se encuentra en la falda de Peñaplata en la vertiente -de Francia. - -Al acercarnos al pueblo han ido nuestras dos columnas separadas, -flanqueando el monte. - -En las lomas había unos grupos de tercios realistas que nos han -recibido a tiros. - -En este pequeño encuentro nuestros extranjeros mandados por Mancha se -han portado de una manera vergonzosa. Muchos a las primeras descargas -tiraban el fusil y corrían a internarse en territorio francés. - -Algunos, por lo que nos han dicho, han entrado en Sara, y la gente, -indignada por su cobardía, les ha recibido a pedradas. Ha habido quien -ha llegado corriendo hasta Bayona. - -Unicamente el tío Juan, Alí, el Inglesito y algunos otros han dejado -bien puesto el pabellón. - -Afortunadamente, la partida de Leguía al oir los primeros tiros corrió -hacia el pueblo y se apoderó de él. Yo creí que los realistas se -defenderían en las calles; pero no; han abandonado la aldea sin pelear. - -Ahora es de noche. A la luz de la luna veo la torre de la iglesia de -Zugarramurdi, blanca, y unos cipreses del pequeño cementerio que la -rodea. - - - _Vera, 18 Octubre._ - -Ayer en Zugarramurdi. Valdés, Leguía, Mancha, Campillo y Malpica, -discutieron lo que había que hacer. De todos ellos el menos culto, pero -el más inteligente, es Leguía. - -Valdés es un castellano de cabeza dura, de continente altivo y -soberbio; no tiene flexibilidad, discurre por frases. A pesar de su -cerrazón es simpático; tiene una cara noble, un poco alargada, y los -ojos claros. - -Si a mí me preguntaran quién debía mandar nuestras fuerzas, diría que -Leguía. - -Valdés y Leguía discuten sobre el mapa de Navarra. Leguía es partidario -de ocupar Vera; Valdés no quiere. - -Los informes de los caseros son que Juanito el de la Rochapea va a -entrar en Vera con sus tercios realistas y los carabineros. Leguía -opina que sería conveniente ocupar Vera y avisar a Mina para que pasase -en seguida a España. A Valdés no le agrada la colaboración con Mina. - -Después de discutir largo rato se ha resuelto que Leguía con su partida -vaya a Vera. - ---Usted no ataque--le ha encargado Valdés delante de mí.--La cuestión -es ver qué disposiciones tienen las tropas realistas para nosotros. -Si ataca usted va a decir Mina que somos unos locos, y si fracasa la -expedición asegurará que es nuestra la culpa. - ---¿Quiere usted que vaya con él, mi general?--le he dicho a Valdés. - ---Sí; vaya usted. - ---Quizás quiera venir conmigo Ochoa. - ---Que vaya. - -El Inglesito al enterarse ha pedido también venir con nosotros. - -Leguía ha llamado a sus sargentos y ha dado la orden de que para las -dos de la mañana esté la partida formada en la plaza. Leguía, Ochoa, -el Inglesito y yo vamos a caballo. Llevamos una pieza de artillería -montada en un mulo. - -A las dos y media la columna se ha puesto en movimiento. La noche -estaba oscura; hemos pasado por una calle con casas hermosas, grandes, -hemos salido del pueblo y cruzado por delante de la cueva de las brujas -y por el Arroyo del Infierno, después hemos seguido a campo traviesa -hasta descansar, al amanecer, en unos caseríos de Sara. - -A nuestra espalda dejábamos Zugarramurdi sobre el promontorio de -Peñaplata, que entra en la tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris -se veía un pueblecillo, Sara, y más lejos, vagamente el mar. - -Después de tomar el almuerzo hemos seguido adelante, bordeando el monte -Labiaga, por unos robledales que el otoño ha dejado rojizos. El suelo -está cubierto de hojas doradas. Es época de pasa, y por el cielo cruzan -pájaros de todos colores... - - * * * * * - -En esto, una de las lomas lejanas se llena de siluetas de hombres que -comienzan a hacer fuego sobre nuestra partida. - -Por lo que hemos sabido después, el teniente realista D. Miguel de -Sagastibelza, comandante del puesto avanzado, ha destacado contra -nosotros una columna formada por doscientos veinte hombres del 13 de -línea, ciento cincuenta voluntarios realistas procedentes de Burguete, -y trescientos soldados del batallón de tercios del Baztán. - -Leguía manda desplegar en guerrilla a su gente y se contesta al fuego. -Después de una ligera escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado. - -¿Es que están, como dicen algunos, por nosotros y no esperan más que -una ocasión favorable para pronunciarse en nuestro favor? - -No lo sé; pero así lo parece. - -Con la fuerza de que disponen podían, sin duda alguna, habernos hecho -retroceder y obligarnos a meternos en Francia. - - * * * * * - -A las doce de la mañana llegamos a una cañada, desde donde divisamos -Vera en el fondo de un valle. Vamos avanzando a caballo Leguía, Ochoa, -el Inglesito y yo. - -De pronto Leguía se detiene. - ---¿Ve usted--me dice--ese monte que está a un lado del pueblo con -varios caseríos? - ---Sí. - ---Se llama Santa Bárbara. En la falda, en un repecho hacia el río que -está allí--y señala un barranco,--hay una casa fuerte, la Casherna, y -en la misma falda, al acercarse al valle por el lado más próximo a -nosotros, hay un convento, el convento de Eztegara. La Casherna y el -convento probablemente estarán ocupados por los carabineros. - ---¿Y qué tenemos que hacer?--he preguntado yo. - ---Dividiremos la fuerza. Usted con Antula, que es mi segundo, y con -cincuenta hombres, se presentará delante de la Casherna e intentará -parlamentar con la pequeña guarnición. ¿Que se rinden?, entonces -mandará usted un hombre al caserío aquel que se llama Lecueder y -agitará un pañuelo blanco. ¿Que no se rinden?, el hombre agitará un -pañuelo rojo y yo me acercaré a Casherna. - ---Está bien. Vamos a la segunda parte. Si se rinden los del fuerte ¿qué -hacemos?--he preguntado yo. - ---Si se rinden, deja usted diez o doce hombres en la Casherna y se van -ustedes acercando al convento de Eztegara. Yo estaré al comienzo de -este barrio, que es el barrio de Alzate, y esperaré subido sobre uno de -estos montes a ver lo que ustedes hacen y cuándo llegan. Si veo que ha -tenido usted éxito, me presentaré delante del convento e intimaré la -rendición. Usted entonces se acercará con su gente. - ---Creo que estamos entendidos. - -Leguía habla en vascuence con Antula, le hace algunas recomendaciones -y nos separamos los dos grupos. Leguía toma por la derecha a coger el -camino de San Juan de Luz a Vera; yo, acompañado de el Inglesito, de -Antula y de unos cincuenta hombres, cruzo un barranco y avanzo por la -falda de Santa Bárbara. - -Antula, el segundo de Leguía, es un hombre rojo, con las pupilas azules -brillantes, las cejas y las pestañas doradas y la melena hasta los -hombros. Viste un capisayo corto atado con unas cuerdas y tiene un aire -salvaje y fiero. Detrás de él marcha un perro, tan parecido al amo en -el aspecto sombrío, que se ve que está identificado con él. Mientras -vamos andando por el monte, Antula no me dice nada; pero al divisar la -casa fuerte me grita, hablándome de tú: - ---¡Baja! - ---No, no--exclamo yo, y sigo a caballo. - -El Inglesito hace lo mismo. - -Nos aproximamos a una casa vieja, aspillerada, que en el pueblo llaman -la Casherna. Antula vuelve a decirme: - ---¡Baja!--pero yo sigo adelante a caballo y el Inglesito también. - -Al acercarnos a la casa fuerte nos encontramos con un piquete de -realistas formado por unos treinta hombres. Yo, poniendo en prensa mi -cerebro, les dirijo una arenga hablándoles de la libertad. - -Los soldados de la Casherna se consultan, vacilan y dicen que se -rendirán a condición de que les dejen marcharse cada cual adonde quiera. - -Acepto su proposición y los soldados se van. - -El Inglesito me da la mano gravemente. Ocupado el viejo cuartel, -llamado la Casherna, y un pequeño fortín que hay más abajo, hacemos -la seña desde Lecueder a Leguía y nos dirigimos hacia el convento de -capuchinos de Eztegara. - -Este convento es un edificio no muy grande, con capilla, cementerio -adosado a ella, vivienda para los frailes y algunos almacenes y -corrales de ganado. - -Por las reglas de la Orden el tal convento debía ser un eremitorio -de forma humilde y pobre, la iglesia pequeña y estrecha, la vivienda -mísera y sólo capaz para ocho a doce frailes con el superior; pero -actualmente los frailes no llevan una vida humilde, ni mucho menos. -Está fundado el convento de Vera en 1741. Tiene exteriormente una -muralla de ronda que rodea el rectángulo de sus campos, que por -dos de sus lados está limitado por los arroyos Lamiocingo-Erreca y -Convetuco-Erreca. - -Antula, el Inglesito y yo nos acercamos al convento y entramos en un -caserío que se llama Botinea. Desde los agujeros del pajar veo la -huerta del convento, sus campos de maíz, sus filas de perales y de -manzanos, el pozo y dos grandes nísperos que hay delante de la capilla. - -El convento tiene todas sus puertas y ventanas cerradas. - -Los carabineros, en número de trescientos, se han encerrado ahí con -su jefe D. Claudio Ichazo. Con ellos están los capuchinos armados -y algunos voluntarios realistas. Deben hallarse todos emboscados o -parapetados, porque no se les ve. - -Al acercarse Fermín Leguía al convento ha comenzado desde las ventanas -el fuego graneado. Antula y yo hemos distribuído la gente en Botinea -para contestar al fuego desde los agujeros del pajar. - -En esto en una ventana del convento ha aparecido una bandera blanca. - -Leguía ha mandado a Ochoa a los carabineros como parlamentario, y en -vista de que no ha habido acuerdo se han reanudado las hostilidades. - -Leguía ha mandado preparar y cargar el cañón; dos artilleros lo -han colocado delante del portillo de la huerta del convento, a una -distancia de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo el -obstáculo. - -No se ha podido pasar, porque detrás había una barricada formada con -maderas y con carros, que se ha deshecho de nuevo a cañonazos. - -Hemos entrado en la huerta del convento y en la parte de vivienda de -los frailes. Los carabineros se han encerrado en la iglesia. Parece que -no tienen municiones, pero no quieren rendirse. - -Al poco rato, nueva bandera de parlamento aparece en el tejado de la -iglesia. - -¿Qué hacemos? Un guerrillero de los que se han quedado en la Casherna -viene diciendo que en el camino de Echalar han aparecido fuerzas del -batallón de realistas número 10. Son dos compañías que manda el capitán -D. Teodoro Carmona. - -¿Qué hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar. No hay más remedio que -retirarse. - -Se manda aviso a los de la Casherna para que vengan al convento a -emprender la vuelta a Zugarramurdi. - ---¿Por dónde vamos?--pregunta Antula a Leguía,--¿hacia Oleta? - ---No, no; a Zugarramurdi. - -Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos, y vamos por el -barrio de Illecueta a coger el camino de Zugarramurdi. En el alto -de Lizuñaga se prepara la comida. Se enciende fuego y se hierve en -cuatro calderos grandes habas secas con tocino. Yo como con gusto y el -Inglesito mismo no hace melindres. - -El postre nos lo da un pelotón de voluntarios realistas mandados por -Carmona, que empieza a hacernos fuego. - -Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre ellos y los dispersa y -los persigue de risco en risco. - ---¡Qué tipo este Antula!--le digo a Leguía. - ---Sí, es un gran tipo. - ---¿Lo conoce usted desde hace mucho tiempo? - ---Sí; desde hace mucho tiempo. ¿Que, le interesa a usted? - ---Sí. - ---Ya le contaré a usted su vida más tarde. - -Por la noche entramos de nuevo en Zugarramurdi, y Leguía explica -a Valdés los detalles de la expedición, que no ha tenido ningún -resultado. - - - - -III. - -EL LEÑADOR DE ANTULA - - - _Zugarramurdi, 19 Octubre; por la mañana._ - -ESCRIBO en la cocina de la posada, a la luz de un candil. Está -apuntando el día, un día turbio, húmedo y triste. Hemos estado largo -tiempo después de cenar, fumando, bebiendo y contando historias a la -luz de la lumbre. - -El Inglesito se nos ha reunido. Campillo, Malpica, Mancha y Leguía han -contado las suyas; la que más me ha interesado, porque se refiere a -un tipo como Antula que acabo de conocer, ha sido la de Leguía. Voy a -transcribir su narración, no exactamente, porque el guerrillero navarro -ha hecho una porción de divagaciones al contarla: - ---La vida de Antula--ha dicho D. Fermín--está unida con la mía. Yo -he nacido en Vera del Bidasoa, en Febrero de 1787, en el caserío que -se llama Landaburuchipia. Esta casa era de mis abuelos maternos, -Norberto de Fagoaga y Mariana de Alzate. Tenía veintiún años cuando los -franceses entraron en España: no sabía escribir y apenas sabía leer. El -oir los desmanes que hacían los franceses en nuestro país me impulsó a -echarme al monte, y con Antula, que era un muchacho salvaje, leñador -de un caserío del monte Larrun y cazador de jabalíes, me reuní al -cabecilla Belza que operaba en las orillas del Bidasoa... No llegamos -más que a intranquilizar al enemigo con alguna que otra correría de -poca importancia. En un viaje que hicimos a Guipúzcoa, Antula y yo a -recoger caballos, los franceses nos cortaron la comunicación con Belza -y tuvimos que pasarnos a Vizcaya y a Santander. Allí tomamos parte con -unos estudiantes en la acción de Santoña. Los estudiantes se batían sin -orden ni táctica. En un encuentro que tuvimos en Santander el 17 de -Julio de 1808 a Antula y a mí nos cogieron prisioneros y nos llevaron -al Castillo Viejo de Bayona. Estuvimos presos setenta y cinco días, y -el 2 de Octubre nos escabullimos él y yo, entramos en España y nos -presentamos a la partida de Mina el Estudiante, que se llamaba el Corso -terrestre. Mina había preparado el levantamiento de Navarra; en esta -época varios generales franceses a las órdenes de Suchet, entre ellos -el navarro Harispe, le perseguían. Javier Mina tuvo que esconderse; -y como era hombre de muchos arrestos solía meterse en los pueblos -ocupados por el enemigo, y presenció, vestido de aldeano entre un -grupo de campesinos, el paso del general Suchet que iba de Zaragoza a -Pamplona. En un pueblo que llaman Labiano, del valle de Aranguren, se -nos echó encima una columna de tres mil hombres, e hirieron y cogieron -prisionero a Javier Mina. La prisión de Mina produjo un desorden grande -en sus fuerzas. Había por entonces tres partidas más en Navarra: la de -Echeverría, el carnicero de Corella; la de Sádaba, y la del Pelado. Ni -a Antula ni a mí nos gustaba reunirnos con esta gente de la Ribera, con -quien no podíamos entendernos bien. - -Estábamos vacilando, cuando apareció el tío de Mina, D. Francisco -Espoz, mandando una partida con los restos de la de Javier Mina. Iban -con él Mal Alma, el Chiquito de Tafalla, Tomasito el de Azcárate y -otros. - -Don Francisco tuvo diferencias con los demás jefes, y cuando logró -afirmar su autoridad, una de las cosas que exigió de sus soldados fué -que se cortaran el pelo al rape, quedando el sólo con el pelo largo en -señal de superioridad y de mando. - -Antula era hombre orgulloso, y dijo: - ---No me da la gana. Si se corta él el pelo me lo cortaré yo también, si -no, no. - -Y dejó la partida y se marchó con su perro. Yo quedé con Mina. Al -dividir éste su fuerza en tres batallones me hicieron a mí sargento del -tercer batallón de Voluntarios de Navarra que mandaba D. Lucas Gorriz y -del que era oficial Laquidain. - -En este batallón tomé parte en la acción de Monreal, donde me hirieron -en la pierna derecha, y en las de Tafalla, Lerín, valle de Ulzama y -otras muchas. - -Estábamos en Villarreal de Guipúzcoa, me había yo apoderado de varios -caballos de los franceses, y el general Mina, en vista de la maña que -me daba, me dijo en vascuence: - ---Leguía. - ---¿Qué? - ---Tú preferirías andar suelto por tu país, ¿verdad? - ---Sí. - ---Bueno; pues escoge quince hombres y vete a la frontera de Francia, a -la parte de las Cinco Villas, y te quedas allí de observación. Todos -los caballos que cojas nos vendrán muy bien. - -Escogí mis hombres y me vine aquí. Estaba entonces incorporado al -cuarto batallón ligero de Navarra. Al poco tiempo se me presentaron -varios jóvenes, amigos, de los caseríos inmediatos, que algunos todavía -están conmigo: Martín Belarra, Erauste, Mendigorri y el leñador de -Antula con su hermano. - -Antula seguía tan salvaje, con sus pelos largos, su capucha, un hacha -en el cinto y su perro al lado. - ---Antula guizon fierra da--se decía. - -(Antula es hombre orgulloso.) - -Nuestra partida daba que hacer. Nos dedicábamos principalmente a quitar -caballos a los franceses. En poco tiempo les cogimos en la orilla del -Bidasoa más de cien caballos y les hicimos muchos prisioneros. Luego -nos apoderamos del castillo de Fuenterrabía...; pero esto es capítulo -aparte--dijo el guerrillero. - -Con nuestras gatadas, el jefe de la Policía francesa de San Sebastián -y el inspector de Irún estaban ojo avizor. Se pusieron de acuerdo con -un capitán de la gendarmería para acabar con mi partida. Emplearon -todos los medios de seducción. Habían puesto mi cabeza a precio y al -mismo tiempo me mandaban recados para que me pasara a su bando. Una -de las cosas que hicieron fué mandar a dos muchachas, que engatusaron -al hermano de Antula y a otro mozo de mi partida y les citaron en un -caserío de Sara. Cuando fueron los mozos los gendarmes los rodearon y -los fusilaron. - -Antula, que quería a su hermano, se hizo más fiero y más vengativo. - -Un día el superior de este convento, en donde hemos estado hoy, el -padre Romualdo, nos citó a Antula, a Martín Belarra y a mí; dijo que -tenía que hablarnos. - -La suerte hizo que confundiéramos la hora de la cita, y en vez de -llegar al convento a las doce de la noche en punto nos presentáramos -a las once. El portero nos abrió y pasamos. Entramos en el campo de -delante de la iglesia, nos asomamos al claustro y vimos al prior -hablando con diez o doce gendarmes. - ---Son los gendarmes--me dijo Antula.--Estamos perdidos. - -Retrocedimos rápidamente y salimos al patio. - -Los gendarmes se dieron cuenta y avanzaron contra nosotros en la -oscuridad; Martín Belarra llevaba el fusil, yo tenía pistolas. ¡Fuego!, -le dije. - -Disparamos los dos. Ellos nos contestaron con una descarga. Mientras -tanto, Antula rompía la puerta de unos cuantos hachazos y nos -escapábamos. - -Sabíamos a qué atenernos respecto a los capuchinos de Vera. Estaban en -relación con los franceses. Entre los frailes y los curas de entonces -había unos muy patriotas que se habían lanzado al campo; otros, -afrancesados, decían que lo mismo daba Bonaparte que Borbón. - -Esta gente no se preocupaba, como nosotros, principalmente del interés -patriótico, sino del interés de la religión. Sobre todo los frailes -que habían quedado en las zonas ocupadas por los imperiales eran en su -mayoría afrancesados. - -Después de la emboscada que nos prepararon los capuchinos de Vera, -temiendo las represalias el padre Romualdo reforzó la guardia del -convento y llevó un retén de gendarmería. - -El superior, ya desenmascarado, se puso claramente contra nosotros, e -hizo que el dueño del caserío donde vivía Antula echara de casa a la -familia. - -Mi partida fué a protegerla con la intención de llevarla a un caserío -de aquí, de Zugarramurdi; pero al pasar por Peñaplata, por la parte -que llaman de las Tres Mugas, nos atacaron los gendarmes, y una bala -perdida fué a dar en el hijo de Antula, que tendría dos o tres años, y -lo mató en los brazos de su madre. Después los gendarmes entraron en el -caserío de Antula, sacaron los pobres trastos al campo y les pegaron -fuego. - -La desesperación volvió loco al leñador, que se hizo más sombrío que -nunca. La gente le tenía espanto. Todo el mundo se echaba a temblar -cuando le veía, seguido de su perro, con sus ojos claros y brillantes, -sus cejas rojas, su capisayo pardo y el hacha al cinto. - -Tenía tal odio a los frailes, que si encontraba alguno en el camino -sin más explicaciones le daba una paliza terrible. Al perro le pasaba -lo mismo: siempre que veía un fraile se echaba sobre él y Antula le -azuzaba. - -Un día, después de la batalla de San Marcial, siendo yo teniente y -Antula sargento, nos encontramos al padre Romualdo en una venta de -Echalar en compañía de un oficial inglés y de un militar del Cuerpo del -general Longa. - -El padre Romualdo cantó la palinodia, y como tenía una mala idea de -nosotros nos ofreció dinero. - ---Ya sé que te perjudicaron los gendarmes quemándote los trastos de -la casa--le dijo a Antula;--pues bien, para que no te quejes te voy a -dar dos mil pesetas. ¿Estamos de acuerdo? Y tú me firmarás un recibo -diciéndome que no te debo nada. - -Antula callaba. - ---¿Será tan vil para aceptar?--pensaba yo. - -El padre Romualdo escribió un recibo. - ---Firma--indicó;--te daré dos mil pesetas por la casa y quinientas por -tu hijo. - -Oir esto Antula y sacar el hacha del cinto, todo fué uno. Rápidamente -levantó el arma en el aire y se oyó un grito terrible. Había cortado al -fraile el brazo derecho por la muñeca. - -Se asistió al mutilado y se buscó a Antula, que había desaparecido con -su perro. - -Al terminar su narración, Leguía bebió de un trago el vaso de -aguardiente y murmuró: - ---Bueno, señores; vamos a dormir un rato. - -Y yo me tendí en un jergón con los pies hacia el fuego, pensando en -aquel terrible Antula de los ojos brillantes y de las cejas rojas. - - - - -IV. - -ATAQUE DE JUANITO - - - _Zugarramurdi, 20 Octubre._ - -JUANITO el de Rochapea conociendo nuestra posición en esta aldea de -Zugarramurdi, se ha presentado por la mañana a atacarnos con unos mil -quinientos a dos mil hombres. - -Juanito ha formado tres columnas: una al mando de Carmona, otra al de -Sagastibelza y otra al suyo inmediato. - -Nosotros no llegamos a cuatrocientos hombres. Parte de nuestra gente -ha salido del pueblo a ocupar los altos, asegurándonos de antemano la -retirada a Francia. - -En el casco del pueblo y en la iglesia hemos quedado Valdés, Mancha, -Malpica y yo con ellos, con cien hombres, la mayoría extranjeros, a -los cuales al parecer no se les considera muy seguros: la gente de -Campillo ha ocupado un robledal inmediato, y la partida de Leguía, en -la que se tiene completa confianza, ha evolucionado por los alrededores. - -A las diez de la mañana han roto el fuego las guerrillas enemigas. Su -objeto era rodearnos, pero no lo han podido conseguir. A pesar de la -superioridad de las fuerzas realistas no han realizado sus planes. - -Los tres grupos de nuestra gente han rechazado al enemigo en todas sus -acometidas. Campillo ha maniobrado alrededor de un robledal con gran -pericia de guerrillero. - -Entre los nuestros ha habido un francés prisionero, ocho hombres -muertos y varios desaparecidos. Entre los realistas supongo yo que -habrán tenido las mismas bajas, quizás algunas más. - -Este pequeño éxito no ha servido para animar a nuestra gente. No se -nos une nadie; no tenemos víveres ni municiones. Si sigue así, no cabe -duda, la expedición va a ser un fracaso... - - - - -V. - -CHAPALANGARRA - - - _Zugarramurdi, 21 Octubre._ - -HOY hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra en Valcarlos. -Fiado en su gloria de guerrillero y en el influjo que creía tener entre -sus paisanos, supuso, como muchos de los nuestros, que bastaba su -presencia para arrastrar a los amigos y hasta a los enemigos. - -Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea, Chapalangarra con -algunos de los suyos fué a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a -sus órdenes, según me han dicho, ciento cincuenta hombres. De éstos, -unos cien eran aventureros franceses, casi todos parisienses, gente -levantisca y poco disciplinada. Entre los españoles iba una partida -que había reclutado D. Joaquín Cayuela con elementos heterogéneos, y -algunos curiosos como el poeta Espronceda. - -De Pablo abandonó San Juan del Pie del Puerto de noche y avanzó con -toda su gente hasta Arnegui, aldea que tiene una parte española y otra -francesa divididas por un riachuelo. - -En Arnegui dejó los cien parisienses en un grupo de casas próximo a -la carretera llamado Ventaberri, para tener, en caso de necesidad, la -salida libre a Francia. - -Hecho esto, él con un grupo de quince hombres a caballo avanzó hacía -Valcarlos. Valcarlos, en vasco Luzaide, se encuentra en un valle -estrecho al descender el Pirineo a la llanura de Francia. - -El valle de Valcarlos es el final del Barranco de Roncesvalles, que -comienza en su parte más alta cerca del santuario de este nombre y -termina en Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real que va de -Burguete a San Juan del Pie del Puerto, y por su parte baja corre un -riachuelo que contribuye a formar el Nive. - -Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instaló en la posada y comenzó a -dar disposiciones para defender el pueblo. - -Cuando llegaron los hombres de la partida de Cayuela y los demás -españoles, tenían ya preparado el alojamiento en las casas cerca de la -iglesia. - -Mandó Chapalangarra traer materiales para cerrar la entrada de la aldea -por el lado de Roncesvalles; pero como no había útiles ni herramientas -no se pudo hacer nada. - -Al día siguiente por la mañana al levantarse el caudillo supo que -acababa de llegar un leñador con la noticia al pueblo de que por la -carretera iban acercándose grupos numerosos de tropas realistas. - -Estas tropas, salidas de Burguete, se hallaban formadas por el -regimiento de Infantería 6.º de ligeros, por el batallón de Voluntarios -realistas número 10 al mando del oficial D. Francisco Benito Eraso, -comandante del cantón de Roncesvalles, y por una compañía de -Voluntarios de Navarra. - -No había tiempo de fortificar la villa. Eran, además, muchas fuerzas -las que llegaban para que Chapalangarra intentara oponerse a ellas con -un puñado de hombres. - -No había más remedio que retirarse y volver a Francia, y esa fué la -opinión de los liberales que acompañaban al jefe; pero Chapalangarra -exaltado por su patriotismo y por su orgullo, creyó que una retirada -tan inmediata era una vergüenza y un oprobio. - ---Dejadme a mí hablarles primero--exclamó.--Son españoles y me oirán. - -Y sin hacer caso de observaciones montó a caballo y avanzó al encuentro -de la primera patrulla de realistas. - -Estos, al verle y al oirle, quedaron inmóviles, sorprendidos y -admirados. - ---Navarros--gritó el caudillo con voz sonora.--Yo soy de Pablo, -Chapalangarra; vuestro amigo, vuestro paisano. Vengo a sacar a la -patria de la ignominia en que se encuentra. Gritad conmigo: ¡Viva -España! ¡Viva la libertad! - -Los realistas verdaderamente absortos no salían de su admiración al ver -a aquel loco que se les presentaba indefenso, cuando el teniente del -sexto de Ligeros, D. Pedro Roca, volviéndose a sus soldados dijo: - ---Voluntarios... Apunten... ¡Fuego! - -Los soldados dispararon una descarga cerrada, y Chapalangarra cayó al -suelo atravesado de balazos. - -Algunos de los suyos que se habían detenido esperando un resultado de -la decisión del caudillo, al oir los tiros escaparon por la carretera -de Valcarlos a Francia dejando en poder de las tropas de Eraso una -bandera, doce mil cartuchos y una porción de fusiles y de bayonetas. - -Los tercios realistas, viendo la fuga de los liberales echaron a correr -tras ellos con tal ímpetu, que los liberales no intentaron resistir -en ninguna parte. Unicamente los parisienses de Ventaberri soltaron -algunos tiros, pero abandonando pronto las casas de Arnegui entraron -en Francia. Todos hubieran sido sacrificados en territorio francés a -no ser por un oficial de la gendarmería, que mandó aviso a los jefes -de los tercios de que habían pasado la frontera. No hubo necesidad de -desarmar a los fugitivos, porque habían tirado los fusiles en la huída. - -El cadáver de Chapalangarra, abandonado en Valcarlos en medio del -camino, fué mutilado por los realistas de una manera bárbara y cruel. - -Este final ha tenido la empresa de Chapalangarra, final que ha llevado -el desaliento a nuestra gente. - -¡Pobre Chapalangarra! ¡Desdichado! ¡Iluso!--dicen todos. - -Ahora me parece estar oyéndole hablar en Cambó, con su voz áspera y su -mirada sombría y brillante. ¡Pobre hombre! - - * * * * * - -Quizás mañana hablen también de nosotros con lástima. - - - - -VI. - -NOTICIAS DE MINA - - - _Errota-sarreco-borda, 23 Octubre._ - -ESTOY con veinte hombres en un caserío de este pequeño nombre: -Errota-sarreco-borda. El tal nombre quiere decir, en vasco, la Borda -del molino viejo. Cerca tengo Errota-berri (el molino nuevo) y -Errota-echezubi (el puente de la casa del molino). - -Errota-sarreco-borda es un caserío pequeño del término de Zugarramurdi, -hacia Vera. Vive aquí una viuda con tres chicos y un viejo. No hablan -una palabra de castellano ni de francés, el leñador de Antula me sirve -de intérprete. - -Estamos impacientes por saber lo que ha hecho Mina. Los partidarios -acérrimos de Valdés desean que no se presente para poder acusarle. ¡Qué -mezquinas pasiones! - -Hace dos días recibí un emisario que venía de Vera a darnos cuenta de -la entrada de Mina en este pueblo. - -Por lo que nos dijo, el 18 se reunió por la noche toda la gente -disponible que había en Bayona, y Mina la hizo formar fuera de la -puerta de España y la pasó revista. Se contaron escasamente 350 -hombres, incluídos los 51 de la Compañía Sagrada, compuesta por -oficiales algunos ya muy viejos que van como soldados. - -A la luz de las hachas se saludaron todos como amigos y juraron -fidelidad. - -A Mina le acompañaban el jefe de Estado Mayor, O'Donnell, los generales -Butrón y López Baños y el coronel Iriarte. - -Don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, dió la voz de marcha a sus -voluntarios que iban de vanguardia, y comenzó la columna a alejarse de -Bayona. - -Mina iba acompañado por Sanz de Mendiondo y por el capellán D. Agustín -de Apezteguía. - -Después de caminar toda la noche del 18, al amanecer del día 19 hizo -alto con sus tropas en el bosque de Saint Pee; allí permanecieron -durante el día y al hacerse de noche rompieron la marcha amaneciendo -cerca de Vera. - -Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso a la tropa y -repartieron varias proclamas en los caseríos próximos. - -Al amanecer del día 21, Mina con la columna en orden de combate entró -en el pueblo. Al acercarse al convento de capuchinos de Eztegara -envió como parlamentario al comandante D. Felipe Tolosana; pero los -carabineros que lo ocupaban y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la -corneta de parlamento se retiraron, saltando la tapia que da al arroyo -Convetucoerreca y abandonaron el pueblo. - -Mina parece que acusa a Leguía de falta de diplomacia con los -carabineros en nuestra expedición anterior. - -Creo que le han informado mal. - - - _Vera, 24 Octubre: mañana._ - -De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi. Hemos quedado -reducidos a unos ciento cincuenta hombres. La gente se va a la -desbandada, sobre todo los aventureros extranjeros que venían -principalmente en espera de botín. El Cuerpo que manda Leguía es el que -no ha disminuído; los de Campillo y Malpica se han quedado en cuadro, -y a Mancha no le resta más que el Inglesito, el tío Juan, Alí y otros -tres o cuatro. - -Nuestra pequeña fuerza está formada por oficiales. El viejo coronel -Malpica se desespera pensando en las deserciones; de rabia quisiera -fusilar a medio mundo. - -Anteayer se recibió un oficio de Mina dirigido a Valdés. En él Mina -nombra a Valdés gobernador del fuerte de Vera, y le dice que se -traslade a este pueblo. - -Valdés ha creído ver en tal nombramiento una humillación, y me ha -dictado un oficio lleno de violencia, afirmando que no reconoce en Mina -mando alguno. Pasado algún rato me ha dicho: - ---¿Qué le parece a usted? - ---En estos momentos sería conveniente que olvidasen ustedes toda -cuestión de amor propio. - ---Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted otro diciendo que me -trasladaré a Vera. - -Salimos el mismo día de recibir el oficio, por la noche, y llegamos -ayer por la mañana. El gobernador del fuerte de Vera nombrado por -Mina es D. Joaquín Sanz de Mendiondo. Envía parte de nuestra tropa al -viejo cuartel (la Casherna), parte al pequeño fortín derruído que está -debajo, y parte al campamento del Bidasoa instalado por Mina en la -otra orilla del río en el término de Lesaca. - -Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo el curso del río ha -llegado a Irún y ha ocupado el alto de San Marcial con dos compañías de -guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres de la Compañía Sagrada al -mando del Pastor. Los voluntarios realistas de Irún han huído a Francia. - - - _Vera, 24 Octubre: noche._ - -Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de que nos ataquen en Vera -con fuerzas superiores, y ha dispuesto que Butrón, López Baños y -O'Donnell, que iban siguiéndole, vuelvan a ocupar el campamento del -Bidasoa en término de Lesaca con sus fuerzas. Hoy por la tarde han -llegado, según nos han dicho. - -El tiempo está muy malo. El invierno se nos echa encima. - -Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado de alojado al pueblo, al -barrio de Alzate. Estoy en casa de una hermana de Leguía, una señora ya -anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una tiendecita. - -La hermana de D. Fermín me ha recibido muy amablemente. Es alta, -fuerte, muy guapa. A mí me mira con lástima por verme demacrado y débil. - ---_¡Gashúa!_--me dice a cada momento. Esto parece que quiere decir en -vascuence: Pobrecillo. Desdichado. - -Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su hermana y han hablado -largamente. En el curso de la conversación se han ocupado de mí; ella -le preguntaba al guerrillero: - ---¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede servir para nada. ¡Tan -pequeño! ¡Tan _charrico_! - -Leguía contestaba: - ---No, no. Este muchacho tiene nervio. - -Yo estoy un poco febril. Este constante llover, esta constante humedad -me ponen muy triste. Desde la ventana de la cocina de la casa veo el -paisaje nebuloso y la niebla amarilla y triste que forma como un telón -en el aire. Todo está convertido en un charco. - -De noche, la hermana de Leguía ha encendido una gran fogata en la -cocina y hemos estado al calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha -venido a visitarme. La gente dice que es muy raro que en Octubre haga -tan mal tiempo. - -Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos _gashúas_, como dice la -hermana de Leguía. - - - - -VII. - -EN EL FORTÍN DE VERA - - - _25 Octubre: mañana._ - -ME han dejado en el fortín de Vera con quince hombres, mientras los -jefes hacen reconocimientos. Tengo como asesor a Antula; él sabe el -vascuence y conoce el terreno. Han supuesto que el leñador y yo nos -completamos. - -Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. La noche pasada -ha nevado y hay todavía nieve en las cumbres. Son las doce del día. -Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un poco el sol. Hay grandes -espacios de cielo azul del que tratan de apoderarse las nubes plomizas. - -Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros de todas clases, que sin -duda vienen del Norte huyendo hacia los países del sol. - -Voy a describir el sitio en donde me encuentro. - -Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte de unos mil pies de alto -que se llama Santa Bárbara. Este monte tiene en la cumbre una ermita -y restos de trincheras y de otras obras de fortificación que hicieron -los españoles cuando la guerra con la República francesa en 1794 y en -tiempo de la Independencia. - -Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene una loma que se -llama Casherna-gaña (Alto de Casherna). La razón de tal nombre es que -hay en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió durante las -dos invasiones francesas de cuartel, al que los franceses llamaban, -naturalmente, la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando y -vasconizando la palabra francesa, lo llamaron la _Casherna_. - -La _Casherna_ está en medio de campos fértiles y su fachada mira hacia -el pueblo. A su lado izquierdo y abajo, como avanzando a dominar el -camino próximo al río, hay un fortín construído por cuatro paredes -ruinosas y una tejavana provisional. A este fortín, en donde me -encuentro yo, se sube por la estrada que comunica el barrio de Alzate -con Vera, por una escalera tortuosa que pasa hundida por entre dos -muros de piedra. - -Desde el fortín, donde estamos de guardia, se ve enfrente el pueblo, la -iglesia con su torre cuadrada por una de cuyas aristas va trepando una -hiedra y su escalera exterior. Detrás del pueblo cierran el horizonte -dos montes puntiagudos, uno de ellos con una fila de cruces que sube -hasta lo alto, que es el Calvario, el otro con varios caseríos. - -A mi izquierda hay un valle por donde pasa el Bidasoa. Desde mi -observatorio no se le ve. Se divisa únicamente el puente y sobre él una -barriada de casas: Alcayaga, y un poco más abajo otra barriada que se -llama Zalain. Por encima de los montes próximos se ve una cresta nevada -como una sierra. Antula me dice que es de la Peña de Aya, del lado de -Oyarzun. - -Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun con grandes manchas de -nieve. - -Todos los montes de alrededor se ven ahora en las alturas blancos, en -las faldas rojizos por los helechos que se han agostado. Las heredades -de los valles están cubiertas por las cañas blanquecinas de los maíces -secos; los tejados brillan por la humedad. Los chopos, los álamos, los -castaños, tienen el follaje amarillo; los robles todavía están hojosos, -aunque empiezan a enrojecer. En medio de esta superficie amarilla y -cobriza que presentan los montes, se ven algunas manchas rectangulares -de un verdor profundo de los prados. - - - _25 Octubre: al medio día._ - -La posición que defendemos en este momento, la Casherna, con su fortín, -sería buena si contáramos con gente; pero la gente nos falta. - -Desde la _Casherna_ se pueden vigilar las veredas y caminos de Echalar -y de Zugarramurdi; desde el fortín avanzado se divisa si viene alguien -por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado de Guipúzcoa, por -Endarlaza, o cruzando el Bidasoa, por el puente de San Miguel... - -Estoy mirando el pueblo iluminado por este pálido sol; a pesar de ser -pálido y sin brillo me parece muy hermoso. Es el sol de mi patria. - - - _25 Octubre: tarde._ - -He tenido una larga conversación con Antula, que me ha hablado de -sus hombres. ¿Qué hacen estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué -piensan? ¿Qué proyectan? - -Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos y aspiraciones. Hay dos -de cara alegre que siempre están hablando. - -Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen en pensar proyectos de -comidas. - -El uno hace un _menú_ y el otro le pone objeciones, y al contrario. -Discuten si empezarán su supuesto banquete con sopa de fideos o con -sopa de pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y si un -cochinillo asado es más propio para tercer plato que un cordero. Cada -salsa, cada vino merece una discusión. Los demás les escuchan con gran -interés y se ríen. - -Otros hablan de brujas constantemente y se ponen a mirarse con los -ojos alucinados, y hay uno de los nuestros que canta y sobre todo -silba admirablemente. Le llaman _Sosua_ (el mirlo). Sosua suele estar -asomado a la muralla. Generalmente canta la primera voz y luego canta -el acompañamiento; y no se contenta con cantar una vez, sino que canta -muchas veces hasta aburrirse. Hoy le ha dado por una tonada triste. - ---¿Qué dice, qué significa lo que canta?--le he preguntado a Antula. - ---Es una canción del país del Sul que se llama Uso churia--me ha dicho -el leñador. - ---¿Qué significa? - ---Esto que ha cantado dice: "¿Paloma blanca, adónde vas? Los montes de -España están blancos de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo -tienes en mi casa." - -Ahora que sé el significado de la canción me parece más triste aún. Los -montes están blancos y aparecen como bloques de hielo en el horizonte -gris. - -Sosua sigue con la canción. ¡Qué tristeza! Me parece que me van a -enterrar. - -He aprendido yo la canción de Sosua, y la repito también hasta -aburrirme. - - - _25 Octubre: noche._ - -Al oscurecer me han mandado un aviso para subir a la Casherna. Estaban -reunidos allí Valdés, Leguía, Campillo, Malpica y Mancha. - -No se saben los proyectos del enemigo. - -Leguía es partidario de dejar la Casherna y el fortín y ocupar el -convento de Eztegara, proveerse de víveres para un mes y defenderse -allí. Valdés no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga contra -nosotros, y supone que Leguía quiere vengarse de los frailes. - -Veremos mañana si mejora o empeora nuestra situación. - - - - -VIII. - -LOS REALISTAS - - - _Fortín de Vera, día 26._ - -HEMOS pasado una malísima noche en el fortín sin poder dormir. Se nos -ha echado encima un temporal de agua y nieve que parece que va a durar. - -Las tropas del campamento del Bidasoa, próximo a Lesaca, han tenido -que trasladarse a Vera. Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen -mandados por el general Butrón y López Baños, y marchan como oficiales -el brigadier Sancho y los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustín -Jáuregui y D. Epifanio Mancha. - -Esta columna llegó ayer al medio día a ocupar la posición que dejaron -los nuestros en la orilla del Bidasoa y se encontraron a campo raso, -sin techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a la intemperie -resistiendo a pie firme la lluvia y la nieve y por la mañana entraron -en el pueblo. - -Hemos fraternizado los unos y los otros, y les hemos dado lo que -teníamos. - - - _27 Octubre: al amanecer._ - -Esta noche he dormido un poco en el barrio de Alzate, en casa de la -hermana de Leguía. Le he indicado que me despierte a las cuatro, y a -esta hora me he vestido y he marchado al fortín. - -Hay calma absoluta. - -No se ha recibido durante toda la noche ningún aviso de los confidentes -acerca de los movimientos del enemigo, lo cual hace suponer que no se -ha presentado todavía. - -A las cinco de la mañana han tenido una conferencia Butrón y López -Baños con Valdés. Butrón ha dicho que en vista de que no hay peligro -de ataque en Vera, saldrá cuando se haga de día hacia las alturas -de Oyarzun, para reunirse a Mina que debe estar en los caseríos de -Arichulegui. - - - _27, seis de la mañana._ - -A las cinco de la mañana se hallaban listos y formados los hombres de -Butrón y López Baños. - -Estaba completamente a oscuras. Butrón no ha querido salir mientras no -amaneciese, porque, a pesar de que no había noticias de aproximación de -fuerzas enemigas, no tenía confianza. - -A las cinco y media comienza a clarear y aparece el pueblo chorreando -agua por entre la bruma, en un cielo de nubes de plomo. La campana de -la iglesia anuncia la primera misa. Siento una profunda tristeza. Me -gustaría ser el último de los campesinos y vivir esa vida oscura del -campo... - - - _27, ocho de la mañana._ - -Iba Butrón a dar la orden de marcha, cuando viene corriendo un -centinela que estaba en el puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a -decir que un campesino al pasar por el puente le ha dicho que por los -altos del término de Lesaca: Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por -donde pensaba marchar Butrón camino de Oyarzun, hay apostada mucha -tropa. - -Inmediatamente se han dado órdenes de defender el puente de San Miguel, -y Campillo, Peman y Malpica han salido con tropas y se han colocado en -el extremo del puente. Valdés distribuye sus hombres por la orilla del -río. - -López Baños y Butrón marchan al pueblo para asegurar la retirada a -Francia. Leguía va a Santa Bárbara por si por la espalda aparece el -enemigo. Yo me quedo en el fortín con mis quince hombres. - -El día está frío, húmedo y triste. Comienzan a verse grupos de tropas -realistas en los altos y en una barriada próxima al río que se llama -Alcayaga. - -Hemos tenido aviso de la distribución de las fuerzas enemigas. - -Las columnas realistas han maniobrado de noche sin que lo hayan -advertido nuestros centinelas. - -Viene contra nosotros el general Llauder, con más de cuatro mil -infantes, ochocientos caballos y dos piezas de artillería. - -La dirección de estas tropas es la siguiente: - -El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva, con mil quinientos -soldados de tropa y quinientos voluntarios navarros, avanza hacia -Yanci y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general González -Villalobos, con mil hombres entre Cazadores, Guardia Real y Provincial -de Burgos, más cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro, con dos -mil hombres va a las órdenes del capitán general Llauder. Lleva éste -el regimiento de Mallorca, los Cazadores, el 13 de línea y Voluntarios -realistas. Van además con él el primer batallón de Milicias bilbaínas, -al mando de D. Ignacio Unceta; el 4.º de Vizcaya y la 1.ª columna -alavesa mandada por Verástegui. - -Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto. - -Entre nosotros se dice que algunas compañías del 13 de línea se pasarán -a nuestro campo. - -Antula me pregunta si se nos reunirá Mina. - -Creo que no. Mina debe estar acampado en este momento en los altos de -Pago-gaña y de Erlaiz, altos que dominan la orilla española del Bidasoa -y están frente al monte de Biriatu. - -Antula cree que si Mina viniera sería otra cosa. Yo dudo que venga; -probablemente él estará en disposición de pedir ayuda, porque será -atacado por las tropas de Villalobos o por las milicias de Sáinz de -Pedro. - -Como para darnos esperanza, los realistas han estado en los altos y -en la otra orilla del río, en observación, sin atacarnos. En esto, -entre los nuestros suena un tiro. (¿Será el sino de los liberales la -torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede retroceder. - - - - -IX. - -EN EL PUEBLO - - - _Desde la torre de la iglesia._ - -ESCRIBO estas notas desde la torre de la iglesia de Vera en un momento -de tregua. Llevamos cuatro horas de fuego. - -La primera embestida de los realistas ha sido para ellos infructuosa. -Al querer pasar el puente, nuestros tiradores, escondidos entre los -maizales, han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido que -retirarse. - -En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino, los realistas han -querido utilizar una lancha para cruzar el río; pero el fuego de un -grupo de soldados de Butrón se lo ha impedido. - -Estando en el fuerte de Casherna, uno de la partida de Leguía ha -venido a decirme, de parte de su jefe, que ha aparecido un grueso -núcleo de fuerzas por el lado de Santa Bárbara. La han visto avanzar -por encima de un caserío que llaman Premosa. - -Estas fuerzas son, indudablemente, de las que manda Juanito y vienen -de Echalar, adonde han debido ir desde Zugarramurdi en persecución de -Valdés. - -Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas y dar tiempo a la retirada. - -He enviado uno de mis soldados a comunicar la noticia a Valdés. Este -ha contestado que se le avise en seguida a Leguía para que vuelva y se -reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno de los guerrilleros a -caballo con el aviso. - -Como las tropas realistas son mucho más numerosas de lo que se -figuraban los nuestros, han conferenciado Butrón, López Baños y Valdés, -y han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín y que toda -nuestra fuerza se refugie en el pueblo. - -Antula dice que de retirarse sería mejor marchar por el barrio -de Alzate a coger el camino de Inzola; pero los jefes tienen dos -conocedores del terreno de la partida de Leguía y saben lo que hacen. - -Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero han marchado los -soldados de Butrón, que han ido ocupando las casas; después los de -Valdés, que quedaron un momento escalonados en el camino, y por último -Campillo, Malpica y Leguía. - -Los tres marchaban con sus hombres a cual más valientes. Malpica y -Campillo iban atentos a la perfección de la maniobra. Llevaban a sus -órdenes veteranos, entre ellos los dos franceses Alí y el tío Juan. - -Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose siempre, parecía -querer demostrar su invulnerabilidad; Leguía, por el contrario, llevaba -un fusil, disparaba, gritaba e insultaba. - -El Inglesito ha estado magnífico de serenidad y de elegancia. - -Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde el fortín a unas -heredades que llaman de Aguerra y contribuímos a detener al enemigo. - -Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas en el puente y en -el barrio de Alcayaga, y cuando vieron que no había obstáculos en el -camino comenzaron a pasar. - -Mi pelotón ha sido el último que ha entrado en el pueblo. - -El gran peligro para nosotros era que mientras nos defendíamos de los -que llegaban por el río, nos cogieran la delantera los del monte y nos -cerraran el paso al pueblo. - -Afortunadamente no ha sido así y hemos podido llegar sin dificultad -hasta la plaza de la iglesia, que se encuentra en un alto. - -Ahora nuestros hombres se están parapetando en las casas próximas. -Tenemos ocupado el casco del pueblo. Los realistas se han apoderado de -la Casherna y el fortín. Esperamos el nuevo ataque. - - - - -X. - -POR LA TARDE - - - _Caserío Achulecheco-borda._ - -ESTOY en este caserío descansando un momento. Por ahora, para la -pequeñez de nuestra fuerza se va verificando la retirada con algún -orden. - -A las diez en punto de la mañana ha comenzado el ataque a Vera. El -primer empuje ha sido violento, tanto que nos ha hecho creer que los -realistas tomaban el pueblo al asalto. - -Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada de las dos calles en -cuesta que suben a la plaza. - -Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de aquí para allá, a los -sitios de peligro, animando a la gente. Leguía no era un hombre, sino -un terremoto; se agitaba, vociferaba, salía a las ventanas a insultar -al enemigo. Hace un momento les gritaba: - ---Yo soy D. Fermín Leguía, hijo de este pueblo. - -Y los realistas le decían: - ---Te conocemos. ¡Vendido! ¡Judío! ¡Traidor! - ---¡Sois unas canallas!--vociferaba él, y disparaba su fusil. - -En vista del número de enemigos y de su empuje, Butrón, López Baños y -Valdés deciden la retirada. - -Algunos oficiales han recorrido el camino que va a Francia, por encima -del pueblo, y salen grupos a guardarlo. - -Los oficiales, como los soldados, sabemos que no hay cuartel y que -nuestro único recurso es la retirada, y la retirada lenta con serenidad -y orden. - -Los tres jefes principales son, además de valientes y de serenos, -hombres de arranque. - -Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia y orgullosa; Butrón -es animador y tranquilo; López Baños, pequeño, calvo, con una cara -arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar que no es más -peligroso recibir las balas que la lluvia. - -Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés con las fuerzas que más -han luchado en el puente sube a los altos que dominan el pueblo y toma -posiciones con Peman, Campillo y Malpica. - -Los soldados de Butrón y de López Baños siguen ocupando las casas, las -salidas de la plaza a la carretera y la torre de la iglesia. - -Antula me dice que hay varios senderos para llegar al camino que va a -Francia: uno que termina en el Calvario, el otro que serpentea por un -robledal y sale a un caserío llamado Lasamborda, y el tercero que parte -por cerca del caserío Cigastea. Todavía hay otro que va escalando la -altura desde la calle de Alzate. - -El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de Butrón, se sitúa en los -bordes del camino al Calvario entre los árboles y los peñascos. - -Una de las compañías guipuzcoanas compuesta de veintiséis hombres a -las órdenes del capitán D. Juan Croward, se coloca en el sendero del -robledal que pasa por el caserío Lasamborda. - -Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte hombres se dispone a -defender el camino de Cigastea, y a mí me envían al que baja a la -calle de Alzate. - -El fuego se generaliza con violencia por todas partes. El enemigo -tantea los sitios más débiles de la defensa para atacar allí. Los tres -o cuatro mil realistas van avanzando contra nosotros. - -En esto vemos que una columna baja de Santa Bárbara y cruza el barrio -de Alzate. - -Leguía se acerca a mí. - ---¿Ve usted aquella tropa?--me pregunta. - ---Sí. - ---Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen a todos. Voy con mi -gente a detenerlos. Cuando no podamos más nos dispersaremos. Conocemos -el país. Encontraremos sitio donde escondernos. Tienen ustedes que -apresurar la retirada. Dígaselo usted a Valdés. - -No tengo yo autoridad para hacer desistir a Leguía de su intento. Don -Fermín reune su gente, y uno detrás de otro, a la deshilada, corriendo -por entre maizales secos, marchan de prisa hacia donde vienen los -realistas y comienzan el fuego. - -Yo recibo la orden de dejar el camino y subir adonde está Valdés. - -En las fuerzas que mandan Butrón y López Baños hay más de treinta -bajas entre muertos y heridos. - -Comunico a Valdés lo dicho por Leguía. - -No dice nada y da órdenes para que se apresure la retirada. - -Los realistas no se dan cuenta del abandono completo del pueblo hasta -media hora después de hecho. Han supuesto, quizás, que queríamos -ahorrar las municiones. - -La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego y cerrando el paso a -los realistas. Su objeto es apoderarse de las primeras casas del barrio -de Alzate y defenderse allí. - -Al ver los realistas que hemos desalojado la villa entran en la plaza, -y se apoderan de las casas y de la torre de la iglesia. Viendo que -estamos en los altos marchan a nuestro encuentro. - -Un pelotón de Cazadores entra por el sendero de Lasamborda a forzar el -paso defendido por los guipuzcoanos mandados por Croward; pero éstos a -tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, y tienen los Cazadores que -retirarse y dispersarse en el robledal. - -Por el camino del pueblo al Calvario avanza una compañía de tercios -con ímpetu, al grito de: ¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los -masones! - -El capitán Vidarte los detiene más de media hora haciéndoles bajas, y -cuando queda sin municiones y sin gente abandona la posición. - -Estamos ahora en una explanada del monte que llaman Bidepartieta, donde -se dividen dos caminos, esperando. - -Leguía sigue batiéndose en el fondo del valle. Al acercarse con su -partida al convento de capuchinos, los frailes se asoman a las ventanas -y le hacen varias descargas. - ---¡Canalla!--grita Leguía. - ---Ven, ven a asaltar el convento--le dicen los frailes. - -Leguía tiene que retroceder hacia la izquierda y entra en el barrio de -Illecueta. Ya allí no le vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su -partida durante largo tiempo. - ---Este hombre nos salva--murmura Valdés. - -Estamos sosteniéndonos en nuestras posiciones; cuando los tercios que -han forzado el camino del Calvario se lanzan al asalto. - -Al retirarse los que defienden el sendero, los tercios dan una -acometida fuerte a la bayoneta; las tropas de Butrón creen que van a -ser protegidas, y viendo que los tercios avanzan sin obstáculo se -consideran cogidos y comienzan a huir. - -Un contratiempo inesperado contribuye a ello. Dos compañías mandadas -por O'Donnell, emboscadas entre las matas y las piedras, con quienes se -contaba para aquel momento, no pueden entrar en acción, se encuentran -con la mayoría de los fusiles inservibles y con que los cartuchos son -desproporcionados. - -Los de Butrón, al verse desamparados comienzan a huir a la desbandada, -y los tercios corren tras ellos hiriendo y matando a los caídos. - -Los soldados de Butrón se han salvado, gracias a un pelotón de -Infantería de la Compañía Sagrada, formada por viejos de la guerra de -la Independencia, que se arroja a la bayoneta intrépidamente contra los -realistas. - ---No dan cuartel. ¡Libertad o muerte!--gritan los viejos con furia, -acometiendo ciegos de coraje. - -En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos bastan para -contener a una columna, y los viejos liberales la contienen. - -Retroceden un momento los tercios, los soldados de Butrón avanzan, y -mientras tanto nosotros entramos en fuego. - -Pasado este mal momento la retirada comienza bajo la protección de los -grupos escalonados en el camino. Así vamos, haciendo una marcha lenta, -con un gran orden, dominando las alturas y los senderos de través. Un -grupo se defiende entre las matas, las piedras y los árboles, hasta que -no le quedan municiones. Cuando llega este momento se dispersa; los -realistas avanzan y se encuentran con otro grupo que les cierra el paso. - -Constantemente vamos relevando las tropas de retaguardia. - -El primer avance por Bidepartieta ha costado a los realistas más de -una hora. Dominando el camino que hemos seguido, hay por la izquierda -un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego ya el terreno se -despeja, y se va por estribaciones de poca altura pobladas de robles, -de castaños y de carrascas. - -Cada árbol, cada peña, nos sirve de punto de resistencia. Ochoa y yo -nos lucimos. Nos hemos batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno -al otro. Valdés nos ha felicitado efusivamente. Para soldados bisoños -parece que lo hemos hecho bien. El Inglesito demuestra una serenidad y -un valor extraordinarios. - -Hace unos minutos, después de estar defendiendo nuestra posición -durante un cuarto de hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar. - -Encontramos al paso un caserío. - ---¿Cómo se llama este caserío? - ---Achulecheco-borda--nos dice un hombre. - ---¿Nos falta mucho para Francia? - ---Sí; todavía cerca de una hora. - ---¿Habrá algo que beber? Lo pagaremos. - -Una mujer nos trae una jarra de sidra y la bebemos con ansia. Ochoa -pide pan. - -En este momento, a pesar del frío, siento que mi cuerpo arde. - -El sol ilumina el panorama lleno de nieve. Por el lado de Guipúzcoa se -ve la peña de Aya, con sus cabezos en forma de sierra; Larrun hacia -Francia, y hacia el interior de Navarra, Peñaplata y luego otros montes -lejanos y vagos... - ---¡Cómo me quedaría aquí, aunque fuera tirado en el suelo! - -Ochoa grita: - ---Ya están ahí. Vamos de nuevo. - -El Inglesito me agarra del brazo. - - - - -XI. - -FIN DEL DIARIO DE LACY - - - _28 Octubre. En Frixu-baita: Urruña._ - -YA ha terminado nuestra empresa guerrera. Estoy ahora en la cama; la -excitación no me deja dormir. Voy a continuar mi diario. A la salida -de Achulecheco-borda, Ochoa, el Inglesito y yo tomamos posiciones con -nuestra gente y las defendimos el tiempo necesario. Tuvimos un muerto, -que abandonamos, y nos retiramos en formación sin dispersarnos. - -Marchábamos todos con un orden verdaderamente admirable, cuando cerca -de una cantera, a un cuarto de hora lo más de la raya de Francia, por -un camino que sube de un barranco, apareció a nuestra retaguardia -la cabeza de una columna de doscientos hombres pertenecientes al -regimiento de Mallorca. - -Por fortuna el camino era estrecho y los realistas venían en grupos -poco compactos. - ---¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los masones!--gritaron ellos -con entusiasmo al ver que rodeaban parte de nuestra gente. - -Valdés, que venía muy atrás, estuvo a punto de quedar copado con -cuarenta o cincuenta hombres que le rodeaban, cuando el coronel D. -Francisco Cía y Azanza, que llevaba a sus órdenes diez y seis lanceros -de la columna de Butrón, algunos oficiales de la Compañía Sagrada y -dos o tres paisanos, entre ellos D. José María Trueba, en total unos -veinticinco jinetes, dió la orden de cargar. - -El terreno era malo, lleno de sinuosidades, de agujeros, de matorrales -altos y espesos y de troncos de árboles tendidos en la tierra. - -El pelotón de Caballería se lanzó contra los grupos del regimiento de -Mallorca, que lo recibieron con una descarga cerrada casi a quemarropa. -Cuatro jinetes cayeron muertos del caballo, entre ellos el ayudante de -Caballería D. Mariano Amorós. - -Pasado un momento de vacilación, los jinetes cargaron de nuevo. - ---Libertad o muerte. ¡Viva la libertad! - -Los sables brillaban como rayos, pinchando, golpeando y rajando. Ochoa, -Malpica y el Inglesito con veinte hombres se metieron por entre los -helechos y atacaron a los realistas del regimiento de Mallorca a la -bayoneta, por el flanco y por la espalda. - -Los realistas tuvieron que huir a la desbandada. - -Las dos cargas nuestras hicieron que quedasen prisioneros diez soldados -realistas, dos oficiales, los hacheros y la banda de tambores. - -Valdés decidió quitar las armas a los enemigos y dejarles volver a sus -banderas. - -Ochoa, satisfecho, se pavoneaba y había adquirido tal confianza, que se -creía invulnerable. - -Subía a los altos para ver el avance de los realistas y permanecía -quieto desafiando sus balas mirando con sus gemelos. - -Al comenzar la tarde aparecieron en las cimas nuevos batallones, entre -ellos uno de la Guardia Real que parecía querer cortarnos la entrada en -Francia. - -En este momento vi a Ochoa subido sobre unas peñas, tan cerca del -enemigo, que quedé aterrado. - ---Baja de ahí--le grité. - ---¡Ca!--exclamó él.--No saben tirar. - ---Loca criatura--murmuró el Inglesito. - ---¡Baja!--volví a gritar yo. - ---Si no saben apuntar. - -Acababa de decir esto, cuando una bala le dió en la cabeza y cayó -rondando por entre las peñas. - -Nos acercamos a él. Estaba muerto. Tenía la cabeza abierta. Era un -horror. Quise ver si respiraba, pero el Inglesito me agarró del brazo y -me impulsó a seguir. - ---No hay nada que hacer con él--me dijo.--Vamos. - ---Sálvese usted--le dije yo.--Yo no puedo correr más... no puedo... - ---Un esfuerzo...; ya nos falta poco. Apóyese usted en mí. - -Iba corriendo, cuando metí un pie entre unas matas y caí de bruces. -Cuando quise levantarme sentí que tenía el pie dislocado y que me era -imposible andar. - ---Yo no puedo más--exclamé.--Escápese usted. - -El Inglesito me cogió por la cintura, me echó al hombro y siguió -marchando. Yo iba llevado como por el viento. - -Al tocar el territorio francés, el Inglesito vió que tenía que -apresurarse si no quería quedar prisionero. Corrió llevándome a mí -al hombro, saltando obstáculos por encima de las piedras y de los -helechos. - -Tras de esta carrera desenfrenada llegó al camino real, entró en un -caserío de la carretera, cerca de Urruña, en donde salió una mujer -apurada y me dejó tendido en un montón de helechos. - ---Quédese usted aquí--me dijo. - ---¿Y usted? - ---Yo me voy--exclamó.--No quiero que me cojan los franceses--y sin más -palabras desapareció. - -Yo hubiese querido darle las gracias, decirle que si me necesitaba -estaba dispuesto a pagarle su servicio; pero no tuve tiempo... Me -incorporé sobre los helechos, me quité la bota del pie dislocado, que -me dolía mucho, cortando los cordones y esperé con resignación. - -Sonaban todavía tiros, cosa que no me explicaba yo estando, como -estábamos, en territorio francés. - -La mujer del caserío, que parecía más tranquila, me dijo que algunos -de mis compañeros, muertos de fatiga y confiando en que estaban ya en -Francia, se habían echado en el suelo a descansar. Su confianza les -perdió, porque fueron fusilados por los realistas. - -Añadió que la persecución en territorio francés duraba; pero que -en aquel momento la Guardia Nacional de Urruña y un pelotón del 63 -regimiento de línea había intimado la detención a los realistas y la -rendición y la entrega de armas a los liberales. - -Llevaba una hora en el caserío, cuando aparecieron Alí y el tío Juan. -Este venía desencajado apoyado en el otro, sin poder respirar. - ---¿Está usted herido?--le pregunté. - ---No; el pecho, la fatiga... Me muero. - -Se tendió en el montón de helechos en donde yo estaba, tenía una disnea -que no le dejaba alentar. - -En esto Alí me dijo que Aviraneta y Miguel Aristy se hallaban en un -cochecito a la puerta. Era cierto. - ---Suba usted--dijo Aristy. - ---Aquí hay otro amigo--exclamé. - ---¿Un español?--preguntó Aristy. - ---No; es el guardabosque de Ustariz. - -Aviraneta y Miguel me ayudaron a subir a mí y después al tío Juan. - -Nos acomodamos los tres, y al comenzar a marchar hacia el pueblo -tropezamos con Malpica, que venía cojeando, sucio, harapiento. - ---Suba usted--dijo Aristy.--Nosotros iremos a pie. - -Aristy nos dirigió a esta casa de Urruña, llamada Frixu-baita, donde -había alquilado dos cuartos pensando que vendríamos nosotros. - -Ahora estoy en la cama, febril y sin poder dormir. Aviraneta nos va a -traer un médico. - - - - -XII. - -LOS HÉROES DE LA AVENTURA - - -DE los cuatro recogidos por Miguel Aristy y Aviraneta, Alí, que no -tenía nada, se lavó, se afeitó, se puso unos pantalones azules, una -blusa negra y una boina, y salió para Gastizar con el encargo de traer -un carro con un colchón para transportar al tío Juan. - -Por la noche al salir el médico de Frixu-baita, Aviraneta le preguntó: - ---¿Cómo están estos enfermos? - ---Medianos. No sé cómo han podido llegar hasta aquí. El viejo francés -está muy mal, con una bronquitis aguda muy grave. - ---¿El joven español? - ---Ese también mal. Me figuro que tiene, desde hace tiempo, focos -tuberculosos en el pulmón y ha debido de tomar un golpe en el pecho. - ---¿Y el coronel Malpica? - ---Ese es el que ha salido mejor librado. Tiene una herida de bala en la -pierna; pero como no ha perdido sangre y está muy animado, se curará en -seguida. - ---Hemos pensado transportar a los tres a sus casas. - ---Si no es muy lejos está bien. - -Al día siguiente, por la mañana, Miguel Aristy aparejó su coche y llevó -en él hasta Ustariz a Malpica y a Lacy. Al ponerse en camino, Lacy se -encontró con un oficial español que conferenciaba con un francés. - ---¡Lacy!--gritó. - ---¿Eres tú Sampau?--dijo Lacy. - ---¿De dónde vienes? ¿Qué te pasa?--exclamó Sampau. - ---¿Y tú? - ---Yo he venido con las tropas de Llauder persiguiendo a los liberales. - ---Pues yo he estado con los liberales. - ---¿De verdad? - ---Sí. - ---¿Has estado en Vera? - ---Sí. - ---¡Pensar que podía haberte matado! - ---Y yo a ti. - ---¿Adónde vas ahora? - ---Voy a Ustariz, un pueblo de por aquí cerca, a descansar. - ---¿Vives en ese pueblo? - ---Por ahora sí. - ---¿Estarás allá dentro de quince días? - ---Seguramente. - ---Pues iré a verte. - -Se despidió Lacy de Sampau y Aristy siguió adelante en su tílburi. - -Malpica y Lacy presenciaron, desde el fondo del carricoche, la división -en grupos de los liberales españoles que hacían los oficiales franceses -para enviarlos a los depósitos de Bourges, Perigueux y Limoges. - -En los jefes liberales españoles se veía la cólera y la vergüenza de la -derrota; los soldados se manifestaban indiferentes. - -Ni para unos ni para otros el porvenir era muy halagüeño. El Gobierno -francés les daría treinta céntimos de sueldo y una ración de pan a cada -soldado y dos francos diarios a los jefes. - -Malpica y Lacy cruzaron por entre sus compatriotas sin ser reconocidos -y se dirigieron a Ustariz. - -Por la tarde Alí se presentó en Frixu-baita con un carrito y un colchón -a llevar al tío Juan a su casa. - -Pusieron al guardabosque dentro del carro arropado con mantas, y -Aviraneta y Alí se dirigieron por Saint Pee a entrar en los robledales -del cantón de Ustariz. - -Llegaron a la cabaña del tío Juan al amanecer. - -Esta cabaña, Aldasoro de nombre, estaba rodeada de otras cuatro o -cinco. En el interior esperaba el intendente Darracq. - ---¿Usted va a Ustariz?--le preguntó a Aviraneta. - ---Sí. - ---¿Quiere usted llevar una carta a madama de Aristy? - ---No tengo inconveniente. - -Darracq se sentó a la mesa, cogió un lápiz y papel y vaciló. - ---Es difícil decir esto--murmuró.--Casi será mejor darle el recado -de palabra. Dígale usted a madama de Aristy que el tío Juan, el -guardabosque, está muy grave. El tío Juan es pariente muy próximo de -madama Aristy. - ---Está bien; se lo diré. - -Aviraneta marchó a pie a Ustariz. - -El tiempo estaba claro. El viento soplaba con fuerza. La veleta de -Gastizar rechinaba, y el dragón seguía amenazando a todo el mundo con -la flecha de su lengua. - - - - -XIII. - -LOS RESULTADOS DE LA EMPRESA - - -UNOS días después se supo el resultado de la empresa liberal. De los -quinientos hombres de Valdés y Butrón que habían luchado en Vera, más -de cien habían quedado en España entre muertos, heridos y prisioneros. -De estos últimos se aseguraba que algunos habían sido fusilados en Irún -y que otros lo iban a ser al llegar a Pamplona. - -Mina y Jáuregui se habían salvado haciendo prodigios de valor. Mina -anduvo por los montes, desorientado, perseguido y ojeado por perros de -caza, que echaron los realistas tras él. Después de fatigas enormes, -rendido y con las viejas heridas echando sangre, llegó a tocar Francia. - -En la parte de Aragón y Cataluña la invasión no se efectuó. Méndez Vigo -quedó inmóvil en Mauleón, no habiendo podido reunir armas ni organizar -sus tropas. - -Gurrea, Milans del Bosch y San Miguel no hicieron cosa eficaz en la -frontera. - -En Gibraltar la salida proyectada por Torrijos, Palarea, Escalante y -sus amigos fué impedida por el gobernador inglés de la plaza. - -Respecto a Fermín Leguía, a quien se creía perdido, apareció días -después en Bayona. - -Algunos que llegaron de Vera contaron su persecución y trajeron unos -versos en vascuence que había escrito el versolari Martín Coplari -contra Leguía. Este versolari era conocido en el país por su canción -sobre _Buenaparte_. - -Los versos contra Leguía empezaban así: - - Armada eder bat ecarridigu - Verara, Fermín Leguiac. - -(Un hermoso ejército nos ha traído a Vera Fermín Leguía.) - -Y concluía explicando el fracaso: - - Comisanyura goician zuten - Viserregueren trampiya - Iruñiaco videa libre - Eben ustez valentiya - Zacu videan lertu eta - Isuritzayo cantiya. - -Lo que traducido libremente quiere decir: - -El día de todos los santos por la mañana tenían la trampa preparada -para el virrey. El camino de Irún libre. Ellos se creían valientes, -pero el saco se les ha reventado en el camino y se les ha derramado el -grano. - -Aviraneta, que tenía carta de seguridad y no había tomado parte en el -movimiento, volvió a Bayona días después. - -Allí por mediación de Iturri se le comisionó para que secretamente -fuera vendiendo los caballos que se habían salvado de la expedición. - -Aviraneta hizo el encargo y fué vendiendo los caballos guardados en el -bosque de Saint Pee a los tratantes españoles y franceses. - - - - - LIBRO CUARTO - - BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL DRAGÓN - DE GASTIZAR - - - - -I. - -EL TÍO JUAN - - -AL llegar Aviraneta a Ustariz se encontró a Choribide que marchaba en -un cochecito camino de Bayona. Choribide se detuvo a pedir noticias. - ---Me voy de Ustariz, señor Aviraneta--dijo después. - ---Lo siento mucho, si esto le molesta. - ---Sí, algo me molesta. ¿Qué noticias hay? ¿Cómo ha terminado la -expedición de los liberales españoles? - -Aviraneta contó lo ocurrido y la enfermedad del tío Juan el -guardabosque. - ---¿Y está grave? - ---Sí, muy grave. - ---¿No ha sospechado usted quién es este tío Juan? - ---No. - ---Es el marido de madama de Aristy. - ---¿De verdad? - ---Sí. - ---¿Estaban separados? - ---Sí. Más que por nada por motivos políticos y religiosos. Es absurdo. -¿Verdad? El tío Juan ha sido siempre un ateo y un jacobino. Ella creía -que daba un mal ejemplo a los hijos. - ---¿Usted lo ha conocido en otro tiempo? - ---Sí. Ya lo creo... Voy a aplazar mi viaje y voy a visitarle por si -acaso me necesita. Le he hecho algunos favores. - -Choribide se dirigió hacia el bosque y Aviraneta a Gastizar. Preguntó -por madama de Aristy, dijo a la criada que tenía que hablar a su ama -con urgencia y pasó al salón. - ---Señora--dijo,--vengo a traerle a usted una mala noticia. El señor -Darracq me ha encargado que le diga a usted que el guardabosque a quien -llaman el tío Juan, está gravemente enfermo. - -Madama de Aristy quedó alterada. - ---¿Qué le ha ocurrido?--preguntó. - -Aviraneta contó cómo le había encontrado en Urruña de vuelta de la -fracasada expedición liberal. - ---¿Estaba allí Miguel, mi hijo? - ---Sí. - ---¿Le han dicho a usted que el tío Juan es pariente mío? - ---Lo he adivinado--contestó Aviraneta. - -Madama de Aristy contempló en silencio a don Eugenio. - ---¿Usted qué cree que debía hacer? - ---Yo, señora, no sé la clase de resentimientos que ha habido entre -usted y su esposo, pero supongo que éste se encuentra en el actual -momento gravísimo, quizás moribundo. Creo que lo mejor que podría usted -hacer sería decir a su hijo lo que ocurre, contarle los motivos de -diferencias con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la cabaña del -tío Juan. - ---Sí, tiene usted razón. Eso haré. ¿Quiere usted esperar un momento? - ---Con mucho gusto. - -Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel y al caballero de -Larresore, y tuvo una explicación con ellos. Al terminarla apareció -Miguel, intranquilo e inquieto. - ---¿Está mal, de veras?--preguntó a Aviraneta. - ---Sí. - ---Hay que ir de prisa. ¿Usted no querrá volver? - ---No tengo inconveniente. - ---Le agradeceré a usted que venga, porque estoy un poco trastornado con -una noticia así. - -Madama de Aristy había mandado por un coche, en donde iban a ir ella, -el caballero de Larresore, el médico y el vicario Dostabat. Miguel y -Aviraneta tomarían el tílburi. - -Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo la expectación del -pueblo. - -Al llegar a Aldasoro bajaron y entraron a ver al enfermo. El médico -dijo que estaba agónico y que le quedaban solamente horas de vida. - -Madama de Aristy habló a su marido a solas, y tras larga conversación -le indicó que debía confesarse. - ---No--dijo enérgicamente el tío Juan, y volvió la cabeza hacia la pared. - ---Yo, como usted, le encargaría de esa misión a su hijo--propuso -Aviraneta;--yo trataré también de convencerle. - -Aviraneta y Miguel Aristy se quedaron en el cuarto del enfermo. Este, -sin duda, se hallaba intranquilo y receloso. De pronto se irguió en la -cama y se quedó mirando fijamente a Aviraneta. - ---Señor--exclamó,--que me dejen morir en paz. - ---¿No quiere usted que venga ningún cura? - ---No. - ---No vendrá. - ---¡Gracias! ¡Muchas gracias! - -Miguel se acercó a la cama. - ---¿Qué hace usted aquí?--le preguntó el tío Juan de repente.--¿Qué está -usted espiando? - ---Soy yo Miguel... el de Gastizar. - -No se atrevió a decir su hijo. - -El tío Juan le contempló con una mirada curiosa y de anhelo. - ---¡Ah... sí... sí!--murmuró, y se tendió de nuevo en la cama. - -Miguel le arregló la cubierta de la cama, y el viejo le agarró la mano -y la besó. - -Miguel quedó conmovido y se le saltaron las lágrimas. - -Durante todo el día el enfermo estuvo desvariando. Al anochecer comenzó -a palidecer y a ponerse lívido, y murió. - -Alí marchó a Ustariz por un ataúd. - -De noche estuvieron en la cabaña, velando al muerto. Aviraneta, -Larresore, Choribide, el intendente Darracq y Miguel. - -El intendente contó la vida de su primo Aristy, que acababa de morir, -una vida íntegra, de fanático por sus ideas. - ---La verdad es--dijo burlonamente Choribide a Aviraneta--que ha -tenido que venir un gascón para dar un ejemplo de consecuencia en el -pueblo, porque lo que es Garat y yo no hemos quedado como hombres muy -consecuentes en política. - ---Parece que la influencia de la veleta de Gastizar es muy -grande--replicó D. Eugenio con sorna. - ---¡Pse! Hay que cambiar--replicó Choribide.--La vida es cambiar. Yo no -creo que ser esclavo de sus prejuicios sea una superioridad. - ---No; es más bien el resto de la gente quien cree eso--dijo -burlonamente Aviraneta. - -Por la mañana se verificó el entierro en el mismo bosque. Los aldeanos -de los caseríos vecinos se reunieron en Aldasoro, los hombres formaron -un corro y las mujeres otro. Hacía una mañana hermosa y tibia, el sol -amarillo se esparcía por el campo. - -Sacaron al ataúd de Aldasoro y lo colocaron en un carro de bueyes y lo -llevaron hasta el pequeño cementerio que tenía la barriada del bosque. - -Allí cogieron el féretro Miguel, Ichteben el criado de Gastizar, Alí y -Darracq, y lo dejaron sobre un montón de tierra próximo a la fosa. - -Bajaron la caja al fondo del hoyo que no era profundo, y fueron -cubriéndola de tierra. Al medio día todos volvieron a Ustariz. - -Al día siguiente madama de Aristy hizo que se celebrara un funeral -solemne en la iglesia por su marido. - - - - -II. - -EL VERANILLO DE SAN MARTÍN - - -LACY se había curado de la dislocación del pie, pero la estancia en la -cama le había debilitado y agravado su enfermedad crónica del pecho. -Por lo que decía el doctor Elissalde, el mejor médico de Ustariz, -tenía ya muy pocas probabilidades de curarse. Habían mandado venir a -un especialista de Bayona en consulta, y los dos doctores, después -de auscultar y percutir al enfermo, habían asegurado que sólo una -casualidad podría salvarlo. - ---Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga -el tamaño del ala del murciélago, como dice el padre Hipócrates, -morirá--dijo el doctor Elissalde, sonriendo. - -El doctor era de estos hombres pulidos y emperifollados y un tanto -empalagoso. Los ¡Oh! ¡Oh!, los ¡Ah! ¡Ah!, los _¡Tiens! ¡Tiens!_ y las -frases más almibaradas estaban siempre en sus labios. Tenía una sonrisa -de satisfacción para todo. Cuando a Miguel le decía que su amigo Lacy -estaba desahuciado, lo decía de una manera tan jovial, tan alegre, que -indignaba a Aristy. - -Aristy había tomado afecto a Lacy y hubiese querido saber un medio de -posible curación para emplearlo. - -El doctor Elissalde aseguraba que era imposible. Lo único que se podría -conseguir era que el pobre muchacho tirara un poco más. - ---Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga el -tamaño del ala del murciélago...--repetía el doctor sonriendo. - - * * * * * - -El tiempo que hacía invitaba a salir de casa y a pasear. Después de las -grandes lluvias otoñales había comenzado el veranillo de San Martín, -que parecía un verano de verdad. - ---Hay que aprovechar el buen tiempo--decía Miguel a Lacy;--hay que -tomar el sol. Esta es la mejor época en nuestro país... - -Y era cierto. El otoño es, sin duda, la estación más agradable en el -país vasco. El campo, que en verano tiene un manto verde, uniforme, -adquiere en otoño una variedad extraordinaria de colores; la hierba, -los helechos rojizos, los árboles con hojas amarillas, todo toma unos -tonos fogosos, ardientes. Hay además en el país vasco francés una -serenidad, un reposo, que no hay en el español; el paisaje es más -abierto, más tranquilo, más soleado, las gentes son más dulces, las -campanas que tocan las oraciones desde lo alto de las torres son más -melancólicas y menos imperiosas, más sentimentales y menos dogmáticas. - -Lacy disfrutaba de esta calma, de esta serenidad. - -Por la mañana al levantarse veía desde la ventana la niebla inmóvil -que llenaba el valle de Ustariz, las casas musgosas que echaban humo -por las chimeneas y escuchaba las campanas que retumbaban sonoras y -acompasadas en el aire silencioso. Luego, a medida que se levantaba -el sol, la bruma se deshacía en jirones y se desvanecía dejando el -cielo azul. Por la tarde el calor apretaba y al anochecer comenzaba -el frío y venían las nieblas en pelotones blancos rasando el suelo -y la superficie de los arroyos a apoderarse de los bosques y de los -barrancos. - -Miguel Aristy solía llevar a Lacy a pasear en su cochecito al sol, a -los montes inmediatos. - -Los árboles estaban amarillentos y rojizos, las hojas secas jugueteaban -por los senderos. - -Miguel tenía que quedarse muchas veces en su casa. - -Era época de grandes preparativos en el campo. Aristy dirigía las -labores de abonar las tierras, de podar los árboles y hacía grandes -hogueras con los hierbajos arrancados, a los que pegaba fuego al -anochecer. - -Lacy, con esta atención de los enfermos, lo contemplaba todo con una -gran curiosidad. - -Parecía que quería fijar en la retina por última vez las cosas del -mundo. - -Lacy no se alarmaba pensando en su porvenir. Se creía muy grave, y, sin -embargo, hacía proyectos. - -Lacy tenía una gran preocupación por Dolores Malpica; sentía por ella -un entusiasmo muy próximo al amor. - -Hablaba constantemente de ella y de todo cuanto tuviera relación con -ella. A Miguel le hubiese molestado, quizás en otro, este entusiasmo -por la mujer de su hermano; pero en Lacy no le molestaba. - -El enfermo alternaba con este tema de conversación, los recuerdos de la -última etapa de la fuga por los montes de Vera. - -Le preocupaba el pensar qué habrían hecho del cadáver de su amigo -Ochoa. La idea que se lo hubiesen comido los perros o los cuervos le -trastornaba. - -También le mortificaba la actitud del Inglesito, que le había salvado y -había desaparecido sin dejarle ni siquiera su nombre. - -¿Es que le despreciaría aquel inglés? ¿Es que quizás pensaba que no le -iban a saber agradecer su heroísmo? - -La idea de no poder expresarle su gratitud le entristecía. - - * * * * * - -Lacy paseaba durante las horas de sol por el campo y por la huerta de -Gastizar. Subía con Miguel a un manzanal en un alto, y se sentaba sobre -algún montón de hierba seca. - -Desde allá, la antigua casa solariega parecía rejuvenecerse, -galvanizarse por arte mágica, cuando le daban los rayos del sol. Las -viejas piedras de Gastizar se doraban, las vidrieras centelleaban y -lanzaban dardos, el dragón de la veleta se agitaba en el aire azul... - -Al caer de la tarde el caserón parecía desde arriba un inmenso dado de -oro; luego al inclinarse más los rayos solares, adquiría un tono de -púrpura y parecía algo irreal y fantástico... De pronto el sol se ponía -detrás de un robledal, y en un instante desaparecía la llamarada; la -casa entonces era como un cadáver electrizado a quien se le acababa la -corriente y quedaba en seguida tenebrosa, siniestra... Al momento en el -valle todo era oscuridad, frialdad, melancolía. - -Lacy suspiraba y volvía a Gastizar. - -Casi constantemente estaba con los Aristy. - -Acompañaba a Miguel y miraba cómo disponía éste las labores campestres; -solía ir con frecuencia a la biblioteca en donde Darracq le mostraba -sus libros y las mil cosas recogidas en sus viajes. - -Darracq había domesticado a los gorriones, que entraban en la -biblioteca y se acercaban a comer a su mano, Lacy se divertía dando a -los pájaros migas de pan. - -Las señoras de Gastizar tenían también grandes atenciones para Lacy. -Le guardaban el mejor sitio delante de la chimenea, le hacían postres -delicados y le traían flores. - -En la sala de Gastizar había siempre por aquella época jarrones con -inmensos ramos de crisantemos. Era uno de los lujos que madama de -Aristy gustaba tener en su casa. - -Mezclados con los crisantemos, madama de Aristy ponía matas de -heliotropo que perfumaban la estancia. - -Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna sonata, de violín y piano, -de Beethoven, y se le veía a Lacy escuchar muy conmovido con la cara -llena de lágrimas. - - - - -III. - -LA FAMILIA DE CHIMISTA - - -DON Valentín Malpica al llegar a su casa abrazó a su hija y a sus -nietos. - ---¿Qué ha pasado?--le preguntó Dolores varias veces. - ---Nada. Un fracaso más. - -Don Valentín creía que estas cosas de la guerra eran sólo para hombres, -y que con las mujeres no se debía hablar de ellas. - -Al día siguiente Dolores averiguó que su padre estaba herido. Malpica -dijo que no era nada. El pensaba que sabía más que los médicos y -que con algunas hierbas se curaría. Efectivamente, gracias a su -constitución se curó pronto, aunque él creyó que era gracias a su -ciencia. - -Don Valentín estaba acostumbrado a mandar en su casa despóticamente. -Pronto notó con asombro la oposición que le hacía Margarita Tilly, -defendiendo a Dolores. A D. Valentín le sorprendió tanto, que casi -le hizo gracia. Malpica desarrollaba una gran cantidad de trabajo al -día, aunque no siempre útil, pues el tiempo se le pasaba en hacer y -deshacer, en ir y venir. - -El viejo coronel no podía aguantar el aire embebido y absorto que había -tomado su hija desde que le había abandonado su marido. - ---¡Muévete, dormilona!--le decía.--Te vas a quedar tonta. - -Margarita se indignaba. - ---¡Bruto, más que bruto!--solía murmurar por lo bajo. - ---Déjale--decía Dolores,--él me quiere así, a su modo. - -Era la manera de ser cariñoso de D. Valentín. Si tenía que recomendar -silencio, decía: Silencio en las filas; y cuando había que prepararse -para algo, gritaba: ¡Escuadrones! - -El chico Miguelito le imitaba y se reía. - -Margarita, convertida en amiga íntima de Dolores, se quedaba muchos -días en Chimista. Solían ir a veces a la cocina del piso bajo, donde -vivía Fanchon, y hacían grandes fogatas y asaban castañas en el -rescoldo. - -Los días buenos, Margarita y los chicos, Grashi Erua y Chistu corrían -por los campos. - - - - -IV. - -SIMONA BUSQUET - - -POCOS días después de la muerte del tío Juan, madama Aristy se presentó -en el Chalet de las Hiedras acompañada de Ichteben, y dijo a madama -Carolina y a Simona que hicieran el favor sin pretexto alguno de -abandonar la casa. - -Madama Carolina había amenazado anteriormente a la señora de Aristy con -divulgar en el pueblo que era la mujer de un revolucionario y regicida -como el tío Juan. Ya no tenía arma ninguna que emplear contra la -propietaria de Gastizar y se resignó a dejar la casa sin protesta. - -No así la Simona. Esta, más violenta y agresiva, puso a la señora -de Aristy como un trapo. La insultó en su marido, en sus hijos y en -sus amigos. Madama de Aristy, pálida y con los ojos brillantes, no -contestó, pero al marcharse dijo con voz iracunda: - ---Saldrá usted de aquí inmediatamente, si no la mandaré echar por los -gendarmes. - -Efectivamente, salieron las dos mujeres y fueron a parar a la posada -del Caballo Blanco. - -Madama Carolina a los pocos días se marchó para no volver; Simona quedó -en Ustariz, animada por el ardor de la venganza. - -Manejaba a las muchachas del Bazar de París y a Marcos el del molino. - -Poseía por instinto esa táctica de los intrigantes que consiste en -unir y desunir voluntades moviendo el resorte de los caracteres. Sabía -sembrar una sospecha, cultivarla si existía, y alimentar un resquemor o -una mala pasión con cariño. Era la única para indisponer a dos personas -amigas. - -Tanta confianza llegó a tener con las dos señoritas de la Bastide y con -su abuela, la Diosa Razón, que dejando la posada del Caballo Blanco -fué a vivir con ellas. Intrigante y mentirosa como era Simona, llegó a -convencer a todos de la verdad de sus embustes. - -Desde que se instaló en casa de las señoritas de La Bastide se la veía -muchas veces en el mostrador despachando. - -Simona era una mujer bonita, con la cara muy cuadrada, la frente ancha, -la nariz corta, los ojos muy negros, muy vivos, un poco juntos y muy -rasgados, y el pelo castaño. Tenía una palidez mate, una expresión de -intranquilidad y de suspicacia, unos _tics_ nerviosos que agitaban su -rostro y una sonrisa de dolor, de ironía y de maldad. - -Parecía que estaba siempre dispuesta al ataque, como un cínife o una -avispa. - -Simona tenía una conversación más picante y más amena que las señoritas -de La Bastide, e hizo que la tertulia del Bazar aumentase y tomara más -crédito. - -Dejó al mismo tiempo en el ambiente un semillero de rivalidades, de -suspicacias y de complicaciones. - -Simona aduló y lisonjeó a Larresore y lo llevó a su campo, con la -intención de sacarle noticias de lo que pasaba en Gastizar; pero el -viejo caballero era maestro en malicias y en marrullerías y supo -defenderse sin decir nunca nada en concreto. - - - - -V. - -EL PRÍNCIPE QUIROMÁNTICO - - -DOS o tres comisionistas solían presentarse en Ustariz todos los meses. -Recorrían los principales comercios y hacían una parada larga en el -Bazar de París, que era el principal establecimiento de la villa. - -Uno de los más asiduos de estos viajantes era el señor Pardies -d'Espelunque, accionista y dependiente de un almacén de Burdeos. - -Monsieur Pardies d'Espelunques era un señor de más de cuarenta años, -fuerte, rechoncho, moreno, de bigote largo, negro y engomado. Pardies -era gascón, pasaba por ser de origen español y sus íntimos no le -llamaban Joseph sino Pepito, que ellos decían _Pepitó_. - -Pardies tenía la cabeza grande con la melena negra y encrespada y la -cara mefistofélica. A pesar de la hermosa cabellera que lucía mientras -iba cubierto, en lo alto del cráneo estaba calvo, y para disimular su -calvicie tenía el sistema de llevar los pelos de un parietal a otro, -así que su cabeza mirada a vista de pájaro tenía un enrejado que -parecía un dibujo topográfico hecho con tiralíneas. - -Pardies d'Espelunques era un hombre hablador, turbulento y exasperado, -cínico y burlón. Solía vender sus géneros mareando a los compradores -con su verbosidad. - -Pardies era elocuente, revolucionario, dantoniano, y pronunciaba las -erres a la española. Su exclamación favorita era decir: ¡Pardies!--y -luego añadía:--Así me llamo. - -Un día Pardies se presentó en Ustariz con un señor de pobre aspecto. -Aquel señor podía ser todo menos comisionista. El comisionista en -algunos pueblos es el representante más brillante de la civilización y -de la elegancia. Aquel señor, a pesar de su aspecto, era comisionista. - -Vendía medallas, rosarios, escapularios y otras chucherías -místico-religiosas bendecidas por el Papa y traídas de Jerusalén. -Pardies llevó a su compañero a los distintos comercios del pueblo y -estuvo un momento con él en el Bazar de París. - -La Diosa Razón del Bazar, como sus nietas, recibían siempre muy -amablemente a Pardies y reían sus gracias. - ---¿Cómo se llama su compañero de usted?--preguntó Martina, una de las -señoritas de La Bastide, a Pardies. - ---Se va usted a reir--dijo el comisionista. - ---¿Por qué? ¿Es un nombre tan raro? - ---Es un nombre raro para él. Se llama Rohan. Luis de Rohan. Es -descendiente del príncipe de Rohan. - ---¿De verdad?--preguntó, extrañada, Simona. - ---Sí, sí. - -El señor de Rohan era alto, cano, afeitado, muy humilde, muy místico. -Tendría unos cincuenta años, el pelo blanco, la cara roja, con un -sarpullido blanquecino. Solía andar con un gabancito raído, una bufanda -de lana y un sombrero de copa, metido hasta las orejas. Cuando marchaba -de prisa, cortando el viento con su nariz afilada y roja y sus brazos -largos, cojeando un poco, parecía un galgo a quien le hubiesen pegado -una pedrada en una pata. - -Simona dijo que debía llevarle a Rohan a la tertulia del Bazar, y -Pardies prometió ir con él al anochecer. - -Efectivamente, después de cenar en la Veleta fueron los dos al Bazar -de París. Rohan habló con una gran unción y con un acento francés -muy puro. Cuando su amigo Pardies cometía alguna falta gramatical le -corregía sonriendo. - ---¡La gramática! ¡Bastante me importa a mí la gramática!--dijo -Pardies.--Todo eso no es más que reaccionarismo. ¡Si viniera la -nuestra! Lo primero que haría es pedir la cabeza de todos los -gramáticos de Francia. Ya lo creo. _¡Pardies!_ No asustarse, señoras. -Así me llamo. - ---No le hagan ustedes caso--replicó riendo Rohan y dirigiéndose a -Simona y a las señoritas de La Bastide.--Es un embustero. - ---Yo, embustero. Y la cabeza de usted pediría también, señor Rohan. - ---Me haría usted un favor--replicó Rohan--frotándose las manos con su -aire meloso y llorón.--¡La vida! ¡Pse! Para mí no tiene valor. Tengo fe. - ---¡Bah! ¡Bah! Usted es un impostor príncipe. Todos esos escapularios y -medallitas los fabrica usted en su casa y ni han estado en Jerusalén -ni mucho menos. La impostura le viene a usted de familia. - ---¡Qué bárbaro!--exclamó Rohan sonriendo y corrigiendo con su sonrisa -amable el dicterio. - ---Sí, bárbaro porque uno dice la verdad. En cambio yo tengo sangre de -jacobino _¡Pardies!_ Así me llamo. ¿Usted sabe cómo me confirmé yo, -señor de Rohan? - ---No, ¿cómo quiere usted que yo sepa eso, mi querido amigo? - ---Pues cuando yo era chico mi padre era del Comité de Salvación -Pública de Bayona nombrado por Monestier del Puy-de-Donce. Un día mi -padre me dijo: Vamos a comer con el ciudadano Monestier. El ciudadano -Monestier era un _ci devant_ cura. Entramos en su casa y fuímos al -comedor. En la mesa en vez de manteles había paños de los altares y -las copas eran cálices.--¿Qué harías tú pequeño ciudadano--me preguntó -Monestier--si yo te dijera que este vino es sangre de aristócratas? -Lo bebería--contesté yo. ¡Ya lo creo! _¡Pardies!_--no asustarse, -señoritas. Es mi nombre. - ---¡Qué farsante!--exclamó riendo Rohan. - -La diosa Razón del Bazar de París sacó una tabaquera y ofreció un polvo -de rapé al príncipe. Los dos se atiborraron las narices de tabaco y -estornudaron con gran satisfacción. Simona, a quien no divertían las -frases de Pardies tanto como a las señoritas de La Bastide, se puso a -hablar con Rohan. - -El príncipe era un hombre un tanto misterioso, creía o aparentaba creer -en sortilegios, en hechicerías y en amuletos. - -Simona era también supersticiosa y se dejó llevar por el camino a que -le arrastraba Rohan. - ---¿Podría usted averiguar mi sino?--le preguntó ella. - ---Sí. - ---¿Y decirme después qué tengo que hacer para corregirlo? - ---También. - ---¿Por las líneas de la mano? - ---Sí, por las líneas de la mano. - ---¿Ahora mismo? - ---Será mejor mañana--contestó Rohan con su acento llorón--tengo que -recogerme mucho, concentrar mi atención y convendría que estuviéramos -solos. - ---Bueno, venga usted mañana por la tarde a mi cuarto. - -Al día siguiente el príncipe se presentó en la habitación de Simona -con dos libros debajo del brazo. Uno era las "Disquisiciones de magia" -del padre Martín del Río, y el otro el tratado de "Arte magnética" del -padre Kircher. - -El príncipe dejó los libros en un velador y se sentó frente a Simona -con el sombrero de copa sobre las rodillas. Hablaron la aventurera y el -príncipe largo rato, él siempre muy humilde, muy quejumbroso y con gran -unción. - ---¿Quiere usted que empecemos?--preguntó Simona. - ---Lo que a usted le parezca. - -Simona mostró su mano. El señor de Rohan sacó unas grandes antiparras, -se las colocó gravemente, cogió la mano y la estudió con meticulosidad -abriendo y cerrando los dedos. - ---¿Qué le dice a usted mi mano?--preguntó Simona. - ---¡Oh, dice tanto!--exclamó Rohan con un aire elegíaco y al mismo -tiempo de inspirado.--Aquí se ve todo su pasado. En su comienzo su -vida es difícil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene usted cuidados -paternos. - ---Sí, soy hija natural--dijo Simona--no he conocido a mi padre. - ---La mano lo dice--replicó el príncipe.--Y sin embargo usted es de -raza aristocrática. Quizás su madre era una mujer del pueblo, pero -su padre era un gran señor. En su infancia hay abandono, miserias, -enfermedades. En los primeros años de su juventud hay un disgusto -grande... una fuga de casa... después viajes por el extranjero, -amores... vigilancia... una amistad con una mujer rubia. - ---Cierto, todo eso es cierto--murmuró Simona.--¿Y ahora? - ---¿Ya quiere usted pasar al presente? ¿No quiere usted saber siquiera -lo que me dice la mano de usted de su temperamento? - ---Sí, sí. - ---Es usted tímida y atrevida, sensible y dura, de pasiones fogosas y al -mismo tiempo sencilla y humilde. No le han querido a usted nunca como -usted ha querido. - ---Es cierto, es cierto. - ---Está usted hoy en un momento de crisis; hay un hombre rubio que la -quiere y dos mujeres que la odian, una ya vieja y la otra joven... -extranjera. En este momento está usted en lucha con ellas. Las dos -intentarán perseguirla y humillarla, pero usted podrá librarse de su -presencia. - ---¿Cómo?--exclamó Simona. - ---La manera más segura sería hacer un largo viaje. - ---No, no, no quiero eso. ¿No hay otra solución? - ---Veré. - -Rohan tomó el libro del padre Kircher, lo abrió, leyó enfáticamente -trozos en latín hasta que se detuvo en un párrafo marcándolo con el -dedo. - ---Será conveniente que se quite usted todas las alhajas que lleva y no -use usted de hoy en adelante más que una mano de coral y un rubí en el -dedo del corazón. - ---¿Y venceré al fin a mis enemigas? - ---Sí. El agua acabará con una de ellas y el fuego con la otra. - -Simona preguntó al príncipe lo que le debía. - ---Lo que usted quiera--contestó el señor de Rohan volviendo de pronto a -su aspecto humilde y a su aire quejumbroso. - -Simona alargó un luis que el príncipe lo cogió con cuidado y se lo -metió en el bolsillo. Después el hombre largo tomó sus libros debajo -del brazo y se retiró haciendo una reverencia. Al llegar a la calle -en su boca había un rictus irónico y en ojos una gran alegría que se -tradujo ostensiblemente en que de pronto el mago se frotó las manos con -gran satisfacción. - -Simona se puso a pensar acerca de lo que le había dicho el príncipe -quiromántico y quedó convencida de que era verdad. Ella era atrevida -y tímida, humilde y orgullosa, dura y de corazón blando, ¿quién no -se cree un producto excepcional y extraordinario de la naturaleza -con todas las más nobles facultades y todas las más extrañas -contradicciones? El príncipe quiromántico le había dicho la verdad. -Nadie le había querido, existían dos mujeres que la odiaban. Todo esto -le pareció axiomático. - -Las palabras del misterioso Rohan fueron produciendo en ella una gran -agitación y llegaron a traducirse en hechos. - - - - -VI. - -LA VENGANZA DE SIMONA - - -SIMONA Busquet vivió durante algún tiempo anhelante pensando en las -predicciones de Rohan. Un día el cartero le llevó un pliego que le puso -en un estado de intranquilidad y de nerviosidad grande. - -A la mañana siguiente Simona se presentó en Gastizar, llamó y dijo a -Ichteben a voz en grito que comunicara a la señora de Aristy que León, -su hijo, acababa de ahorcarse en París. La noticia era cierta y llevó -la desolación a Gastizar. Simona la había sabido por una carta de -Carolina. - -La resignación y el recogimiento de las dos familias, la de Gastizar y -la de Chimista, irritaron a Simona, que pensó en llevar más lejos su -venganza. - -Simona, que era tan vengativa como envidiosa, había comenzado a odiar a -una de las señoritas del Bazar y llegó a quitarle su amante Marcos, el -gascón. - -Marcos se dejaba querer por las dos mujeres; la Simona le daba dinero, -y el mozo, en vez de trabajar, se pasaba el día en la taberna bebiendo -y jugando. - -Como la sed de venganza era en Simona inextinguible, pidió a Marcos -que, como una prueba de cariño a ella, incendiase Chimista, la casa -donde vivía Dolores Malpica. El fuego acabará con una de ellas le había -dicho Rohan. Simona pintó a su amante una serie de ultrajes supuestos -que le había inferido a ella la española. - -Marcos sabía que el negocio era grave, pero dijo que lo estudiaría. - -Había en la parte de atrás de Chimista dos almiares grandes de heno y -otros dos de helecho. Un día de viento sur uno de los montones comenzó -a arder con violencia; el fuego se comunicó a los otros tres y el -viento llevó las llamas hacia la casa. - -Afortunadamente, Fanchon y Praschcu se dieron cuenta del siniestro, -llamaron a otros vecinos y entre todos a palos apagaron el fuego. - -Se sospechó, sin pruebas, que había sido Marcos el gascón. Ichteben, -el criado de Gastizar, le había visto pasar a Marcos por el puente -hacia el pueblo dos horas antes del siniestro. Naturalmente, el autor -material del crimen no podía ser él. - -Marcos fué detenido, negó toda participación en el hecho y fué -puesto en libertad. Marcos siguió llevando su vida de holgazanería y -de crápula, sacando siempre dinero a la Simona cada vez en mayores -cantidades. - -En esto un día Mandharra, el chico del caserío de Gros Jean, el -tramposo, vino con Praschcu, el marido de Fanchon, al pueblo y se -dirigió al Juzgado. - -Praschcu contó al juez que el chico aquel había sido el que había -pegado fuego a los montones de hierba seca de Chimista, instigado por -Marcos el gascón. - -Mandharra declaró que era verdad que Marcos le había impulsado a que -encendiera la hierba, y para darle ánimo le había emborrachado con -aguardiente. - -Marcos volvió a ser preso y negó todo lo que decía el muchacho; pero -los indicios se acumulaban contra él. - -Simona, pensando sin duda que la venganza la había llevado demasiado -lejos y que las predicciones de Rohan no se cumplían al pie de la -letra, huyó del pueblo. - -Marcos el gascón preguntó en la cárcel varias veces por ella, y al -saber que se había escapado, contó al juez lo ocurrido y denunció a -Simona como instigadora del crimen. - -La Simona fué presa, y Marcos y ella fueron poco después condenados a -presidio. - - - - -VII. - -NAVIDAD TRISTE - - -ES el día de Navidad. Llueve; el tiempo está negro, la niebla espesa -da una opacidad gris al ambiente. El campo encharcado, lleno de cañas -secas de maíz, se va convirtiendo en lago turbio, que burbujea al caer -las gruesas gotas de agua. - -El cielo de plomo se aclara a veces, toma otras un color de tinta, -brilla el resplandor del sol en un monte y con tono claro y con tono -oscuro llueve con idéntica furia. - -En el salón de Gastizar, al anochecer, hay un aire de pesadez y de -tristeza. Las dos señoritas de Belsunce se aburren más que nunca; la -una lee, la otra hace una labor; madama de Aristy dice a las muchachas -cada cuarto de hora: - ---Id a la guardilla y ved si hay goteras. - -Las muchachas suben, riendo, al desván. Las goteras cantan suavemente -en los barreños como si fueran martillos que golpearan un tímpano. -El desván de Gastizar muestra su armazón de vigas fuertes como el -esqueleto de un animal gigantesco. - -En el suelo de madera, carcomido y combado, se ven montones de maíz; -calabazas largas, redondas, surcadas, rugosas, unas rosadas de un color -de carne, otras verdes como la piel de un cocodrilo; ajos muy blancos, -cebollas irisadas y montones de heno que exhalan un olor exquisito. -Por la claraboya abierta entra el aire húmedo y templado de la tarde, -y se ve cruzar la lluvia en líneas brillantes que parecen varillas de -acero. El viento se divierte en jugar por entre los pilares de madera -que sostienen el tejado, hace por los rincones hu... hu... como un buen -gnomo que soplara en un caracol, y arrastra por el suelo briznas de -hierba y de helecho seco. - -En el salón, en la chimenea, al lado del fuego están Miguel Aristy, -Darracq y el caballero de Larresore. - -Aristy está melancólico y mira ensimismado las llamas. Larresore se -exalta en frío contra un enemigo al que, desde hace algún tiempo, tiene -como blanco de sus tiros: el Romanticismo. - -Larresore se considera adversario personal de Hernani, de Víctor -Hugo, queriendo convencerse de que este drama está muy mal, aunque -se entusiasma con sus versos. Llama a los románticos Erostratos, -iconoclastas, bárbaros enemigos de la tradición latina. - -La señorita vieja de Belsunce, otras veces le lleva la corriente y -habla con sorna de las mujeres pálidas, lánguidas y tristes. - -Esta noche tradicional hay como un ambiente de frío y de tristeza en la -casa. El señor de Aviraneta, que otras veces va de visita a Gastizar, -hoy no ha aparecido. Se dice que el joven Lacy está tan grave, que no -pasará del día. - -El caballero de Larresore, a quien molesta este aire glacial, ha hecho -esfuerzos inútiles para animar la conversación; ha hablado durante -largo tiempo del camino de hierro entre Liverpool y Manchester, de -la inauguración de esta vía y del accidente ocurrido al duque de -Wellington. - -En vista de que el asunto no templa los ánimos, se ha decidido a -bromear sobre los sansimonianos. Tampoco ha tenido éxito. - -La criada anuncia que la cena está en la mesa, y van todos al comedor. - -Madama de Aristy pálida, se acuerda de su hijo León y no prueba -bocado. Miguel está ensimismado y triste, las señoritas de Belsunce de -mal humor, Darracq indiferente. Larresore hace esfuerzos para conservar -su indiferencia jovial. - -Después de cenar, Larresore y Miguel se sientan cerca de la lumbre. Se -oye el agua que golpea en los cristales y que entra por la chimenea a -caer chirriando en las brasas. - -Y luego a lo lejos, en el campo, se escuchan voces roncas que cantan un -villancico. - ---¿Usted no se pregunta a veces--dice Miguel a Larresore--si la vida no -será una estupidez? - -El caballero se queda mirando al fuego, y murmura: - ---¿Y para qué hacerse esa pregunta? - ---Sí; es la verdad, tiene usted razón. ¿Para qué? - -Y los dos hombres callan y sigue oyéndose el azotar de la lluvia en los -cristales y el murmullo del viento en los árboles. - - - - - LIBRO QUINTO - - LA DECADENCIA - DEL - DRAGÓN DE GASTIZAR - - - - -I. - -LA CAZA DEL DRAGÓN - - -OTRA porción de desdichas tan grandes como las anteriores presidió el -dragón de la veleta de Gastizar por aquel tiempo; las luchas de unas -elecciones donde hubo heridos, los estragos del cólera, la muerte de -Lacy, el suicidio de Grashi Erua, la loca, que un día se la encontró -flotando sobre un estanque de agua clara. - -La gente del pueblo, y sobre todo la gente de Gastizar, llegó a mirar a -la veleta con cierta preocupación mal disimulada. - -Ciertamente no era fácil que un artefacto de hierro influyera en la -existencia de los hombres. Pero ¿quién sabe? - -Al llegar el otoño la veleta de Gastizar adquirió nueva vida con los -vientos fuertes del equinoccio. - -Los habitantes de Gastizar, que antes no se fijaban en si chirriaba o -no, comenzaron a intranquilizarse con su ruido. Madama Aristy no podía -dormir; la señorita de Belsunce, tampoco. - -Entonces se decidieron a quitar la veleta. Fueron Miguel, Darracq e -Ichteben, como quien va a una caza peligrosa, una mañana antes de que -nadie se hubiese levantado. Alicia les sintió en el desván y se unió a -la expedición. ¿No era ella la descendiente de Gastón de Belsunce, que -había matado al dragón de la cueva de San Pedro de Irube en el siglo XV? - -Miguel tomó toda clase de precauciones al salir por el tragaluz; se ató -una cuerda a la cintura y se dispuso a salir al tejado. - ---A ver si nos hace una herejía este viejo dragón--dijo Miguel riendo. - -Al arrancar la veleta, Miguel se desolló una mano y estuvo a punto -de resbalarse. Darracq le ayudó, y entre los tres hombres y Alicia -metieron el artefacto en la guardilla. Estuvieron contemplando el -dragón largo tiempo. - ---Pobre viejo.--Ya no podrás amenazar con tus garras al cielo--dijo -Miguel como quien pronuncia una oración fúnebre;--ya no podrás -comunicarte con aquella vieja lechuza parda que se acercaba a ti -durante el crepúsculo. Ya no sonará tu áspero chirrido por las noches. -¡Condenado a prisión perpetua entre unas botellas vacías y unas -sombrereras, has perdido tu virulencia, pobre dragón de la veleta de -Gastizar! ¡Adiós! ¡Adiós! - - - - -II. - -LOS AMORES DE MARGARITA - - -A la primera noticia buena se respiró en Gastizar. - -Esta fué la boda de Margarita Tilly y Sampau. Sampau había ido con -mucha asiduidad a visitar a su amigo Lacy durante el invierno. - -Sampau estaba de guarnición en San Sebastián y le daban a menudo -permiso para pasar la frontera. - -Sampau visitaba a Lacy e iba con frecuencia a Gastizar a ver a -Margarita, a quien había conocido de chico. - -Sampau era un muchacho guapo que estaba muy convencido de su guapeza. - -Era alto, moreno; llevaba bigote y patillas cortas. - -La primera vez que se volvieron a ver en Chimista, Margarita y Sampau, -no tuvieron una entrevista afectuosa. - -No se habían encontrado desde la infancia. - -Margarita había decidido no presentarse a él. Sampau quería verla y se -lo dijo a Dolores Malpica. - ---Está bien; iremos nosotros a verla--dijo Dolores, y en compañía del -militar fué al piso bajo de Chimista, a casa de Fanchon, donde apareció -Margarita, un poco pálida y con un aire desdeñoso. - ---Margarita, ya no quieres ni verme--le dijo Sampau. - ---No sabía que estuvieras aquí--replicó ella con marcada frialdad. - ----He venido a ver a este pobre Lacy, que está tan enfermo. - -Habló Sampau de la enfermedad de Lacy y de las pocas probabilidades que -tenía de curación. - -Al despedirle Sampau dijo a Dolores con cierta petulancia: - ---Celebro que Margarita tenga la amistad de usted. Le conviene; porque -yo creo que esta cabecita rubia está un poco destornillada. - -Margarita hizo un gesto de desdén. - ---No, no--replicó Dolores.--Todos dicen ustedes lo mismo, y no es -cierto. Aquí yo sólo sé lo que trabaja, y lo bien que lo lleva todo, y -lo tranquila y lo juiciosa que es. Ha de ser una ama de casa excelente. - -Margarita se ruborizó. - ---¿Usted lo cree así? Pues así será. Yo me figuro a Margarita montada a -caballo, con un látigo en la mano, pero no cosiendo ni zurciendo. - ---Pues no es así. Es una muchacha hacendosa, sencilla... - ---Sí, será cierto--dijo Sampau;--pero no se puede negar que es una -desagradecida. Ya ve usted cómo me ha recibido a mí. Pues sepa usted -que yo la he llevado en brazos cuando era niña. - ---¿De verdad? - ---Sí. Cuando ella nació yo tendría ocho años. La recuerdo en la cuna, -que parecía una muñeca. Luego más tarde solíamos jugar con ella su -hermano, Lacy y yo, y como yo era el mayor y el más alto y la llevaba -en hombros, era el preferido. Entonces creo que estaba algo enamorada -de mí. - ---Yo de ti--exclamó Margarita.--¡Majadero! ¡Fatuo! Eso es lo que debes -creer tú, que todas las mujeres se enamoran de ti. - -Sampau hizo la observación de que Margarita estaba más guapa cuando se -incomodaba, y ella cambió de aspecto y tomó una actitud desdeñosa. - -Las visitas de Sampau menudearon. - -Cuando el médico dijo que la enfermedad de Lacy se acercaba al -desenlace, Sampau pidió una licencia de un mes y se estableció en la -Veleta de Ustariz. Allí asistió en su enfermedad a su amigo, hasta que -éste un anochecer murió dulcemente sin darse cuenta. - -El dolor de ver morir a Lacy acercó más a Margarita y a Sampau. - -A medida que Sampau y Margarita se entendían, él se hacía menos fatuo y -ella menos desdeñosa. - -Sampau tomó como protectora a Dolores. - ---Yo quisiera--le dijo un día--saber los sentimientos de Margarita por -mí. - ---Yo creo que le tiene a usted afecto. - ---¿Usted cree que no me rechazará? - ---Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella. - -Dolores llamó a Margarita y se sentaron los tres en el cenador de la -huerta. Hacía un día de Abril de sol hermoso y de cielo claro. - -Dolores contó a Margarita lo que habían hablado ella y Sampau. - ---Sí, Margarita--dijo Sampau;--yo te quiero. - ---Yo también te quiero--repuso ella. - ---Entonces ¿estás dispuesta a seguirme, a ser mi mujer? - ---No quisiera marcharme de aquí. ¡Aquí he vivido tan feliz! Tengo tanto -cariño a todos los de esta casa--y Margarita cogió la mano de Dolores y -la miró con ansiedad. - ---Ya vendrás alguna vez--dijo Dolores;--tu marido te traerá aquí. - ---Cuando ella quiera. Ahora no falta más que una cosa: fijar el día de -la boda. - -Al despedirse Sampau abrió los brazos, Margarita vaciló un momento, -pero se echó en ellos y se desasió después palpitante y enamorada. - - - - -III. - -UNA SOMBRA DE OTRA ÉPOCA - - -AL proyectarse la boda de Sampau con Margarita se pensó en -comunicárselo a las respectivas familias y a los amigos. - -Margarita, por lo que dijo, estaba reñida con sus tíos; sus hermanos, -que vivían en Jersey, eran pequeños, y únicamente tenía la abuela -paterna en un pueblecito cerca de París. Esta señora se titulaba la -condesa de Tilly. Margarita le dió parte de su boda suponiendo que ya -estaba bastante vieja y que no vendría; pero un día le avisaron que -fuera a la posada de la Veleta porque acababa de llegar su abuela. -Efectivamente, esta señora bajó de la diligencia en compañía de una -criada vieja con una cofia blanca. - -La condesa de Tilly era una señora pequeña de estatura, sonrosada, con -el pelo blanco y los ojos muy azules, que debía haber sido muy bonita. - -La condesa se quejó a su nieta de las pocas comodidades de la posada. - -Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la abuela se opuso a ir a una -casa de campo lejana. - -Miguel Aristy supo la perplejidad en que se encontraba Margarita, y -ofreció una habitación en Gastizar para la anciana señora. - ---Que venga a casa--dijo;--la trataremos lo mejor que podamos. - ---¡Oh, muchas gracias!... No sé si ella querrá. - ---Se lo propondremos. - -Aristy fué a visitar a la condesa y quedaron los dos muy amigos. La -abuela coqueteó con Miguel como si tuviera veinte años. - -Miguel se mostró con ella galante y un poco libertino. Fingió, sin -esfuerzo, que era de la misma edad que la condesa, lo que a ella le -divirtió muchísimo. - -Después de un largo rato de conversación se decidió que la anciana -señora y su criada marcharan inmediatamente a Gastizar. La condesa se -instaló sin escrúpulos ni ceremonias. - -Tenía una gracia para aceptar completamente del antiguo régimen. - -La criada de la condesa era el polo contrario de su ama. Era difícil -encontrar una vieja más agria, más malhumorada, más suspicaz, más -tacaña que la de la cofia blanca. Al día siguiente de llegar, todos los -criados de Gastizar la odiaban fervorosamente. A pesar de esto, ella -les dominaba porque era astuta y sagaz. - -Madama de Aristy y las señoritas de Belsunce quedaron entusiasmadas con -la condesa. El caballero de Larresore le dedicó unas sonrisas y unas -galanterías del más auténtico Versalles. - ---Condesa--le decía el caballero de Larresore con un aire inspirado -y sentimental;--¡en qué época nos encontramos! Nosotros, que hemos -conocido a María Antonieta en Versalles. - ---Yo no, yo no--decía la condesa,--yo no soy tan vieja; entonces era -muy pequeña. Yo recuerdo que me puse de largo cuando guillotinaron a -Luis XVI. - ---Y lo sentiría usted, condesa, como algo atroz. - ---Sí; pero teníamos otras muchas cosas en que pensar. - -La vieja señora no tenía ninguna simpatía por el caballero de -Larresore, porque éste siempre le estaba hablando, según ella, de su -edad. - ---No sé para qué me recuerda este caballero tiempos pasados--decía la -condesa.--Es una impertinencia. Otros también tienen años. - -Miguel le daba la razón, y le decía: - ---Usted siempre parecerá joven, condesa. - -Y ella al oirle sonreía entre burlona y satisfecha. - -La condesa había llevado una vida accidentada; había conocido el tiempo -de Luis XVI y los horrores de la Revolución, el Directorio, el Imperio -y la Restauración. Al parecer había sido una mujer muy solicitada -por los hombres, y le quedaba la facultad de seducir a la gente sin -proponérselo. - -A Miguel Aristy le tomó como confidente y le contaba su vida y hasta -sus amores. - ---Pensar que me han perseguido Mirabeau, Barras, Talleyrand. ¡Uf! ¡Qué -cosas ha visto una! ¡Qué horrores! ¡Qué disparates! - -Y unía las manos y cerraba los ojos como si sintiera el vértigo con los -recuerdos. - -Otras veces preguntaba: - ---¿Quién fué el que decretó el culto del Ser Supremo? ¿Napoleón? No. -Fué el señor de Robespierre. ¿Verdad? Sí, fué el señor de Robespierre. -Recuerdo que aquel día tuvimos que vender un traje mío y otro de -mi madre para comer. Esto fué cuando la batalla de Waterloo. No... -Después... No, no. - -La condesa de Tilly no era capaz de detenerse en una cosa o en una idea. - ---Perdonadme si digo alguna vez tonterías--decía.--¡La vida me parece -tan larga! Estoy deseando morir. ¿Usted cree que habrá alma, Miguel? - ---Sí; supongo que sí. - ---¿Pero alma inmortal? - ---No sé, eso no sé; ni creo que lo sepa con certeza nadie. - ---Sabe usted que yo he sido atea en otra época y que leí libros de -Voltaire y de Holbach. ¡Qué horror, verdad! - ---Sí, un completo horror. - ---Ahora soy completamente creyente, como un niño. ¿Habrá cielo, Miguel? -¿Eh? ¡Si no, qué vamos a hacer en la tierra, en un sitio tan frío, tan -húmedo! - ---No sé qué podremos hacer. La tierra es cosa poco cómoda, -indudablemente. - -Margarita iba con frecuencia a Gastizar y trataba a su abuela como a -una niña; le acostaba y le reñía. - -Se fijó el día de la boda de Margarita para Mayo. La ceremonia se -verificó con gran rumbo. La condesa de Tilly se presentó ante el altar -vestida de color de rosa y llena de joyas, y estaba tan bien con sus -cabellos blancos y sus ojos azules, que produjo el entusiasmo de todos. - -Al salir de la iglesia había dos coches en la carretera; en uno -entraron Sampau y Margarita, en el otro, la condesa de Tilly con su -criada vieja de la cofia blanca. - -Larresore y Miguel besaron la mano de la condesa. - ---¡Qué lástima que sea tan vieja, Miguel!--exclamó ella, con los ojos -azules llenos de lágrimas. - ---Siempre será usted encantadora--contestó él, besándole la mano. - -Y los dos coches tomaron el camino de Bayona, llevando uno la juventud -y el amor, el otro la vejez y los desengaños. - - - - -IV. - -EN CHALANTA - - -LA víspera del día de San Juan, Sampau y Margarita, ya casados, se -presentaron en Ustariz. - -Miguel les convidó a ir a Cambó, donde había fiesta, y fueron en un -coche grande todos los de Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe -llevaba como caballero al joven Larralde-Mauleón, que la galanteaba, -y Alicia Belsunce a un vizconde gascón, el vizconde de Florac que le -había empezado a hacer la corte. - -Había feria en Cambó. Se habían reunido una porción de vendedores -ambulantes con coches y puestos con cuchillos, azadas, objetos de -cocina y ferretería, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos al mercado. - -Hubo por la mañana gran partido de pelota, por la tarde vísperas y -después baile. - -En el quiosco de la música, hecho con unos toneles y adornado con -ramas, se tocó la música hasta las doce de la noche. - -A esta hora los bailarines se fueron a beber agua de la fuente de San -Juan y se vió todo el monte iluminado con hogueras. - -Al día siguiente se decidió volver, por la tarde, a Ustariz. Miguel -propuso tomar dos lanchas grandes y embarcarse en ellas. - -El día era caluroso, de viento Sur; no corría una ráfaga de aire y las -hojas parecían petrificadas en la calma del ambiente. - -Bajaron a la orilla del río. - -En la proa de la primera lancha se puso Manich, un virtuoso del -acordeón; luego se fueron instalando los demás. - -El acordeonista fué trenzando y destrenzando sus melodías banales y -extrayéndolas del pulmón de su instrumento. - -Las dos _chalantas_ comenzaron a deslizarse despacio por el río claro. - -La tarde era espléndida, de una tranquilidad admirable; el cielo, azul -puro y tranquilo. - -Margarita y Sampau hablaban, ella llevaba una rama por la superficie -del agua; Alicia y el vizconde de Florac, Fernanda Luxe y el joven -Larralde parecían dispuestos a cantar el eterno dúo de amor, tan viejo -siempre y siempre tan nuevo. Dolores cuidaba de sus hijos. - ---¿Y tú?--preguntó Larresore a Miguel--¿No te sientes tentado a imitar -a esos enamorados? - ---Ya no me quieren--contestó Miguel, y recitó estos versos de Voltaire -a madama du Chatelet: - - Si vous voulez que j'aime encore - Rendez-mois l'age des amours; - Au crépuscule de mes jours - Rejoignez, s'il se peut, l'aurore - Des beaux lieux ou le dieu du vin - Avec l'Amour tient son empire - Le Temps qui me prend par la main - M'avertit que je me retire - De son inflexible rigueur - Tirons au moins quelque avantage - Qui n'a pas l'esprit de son age - De son age a tout le malheur. - -Al anochecer llegaron las chalantas frente a Gastizar, atracaron -al lado del árbol que salía sobre el río y fueron saltando todos a -tierra. - - - - -EPÍLOGO - - -UN día de primavera en que estaban en el manzanal de Gastizar madama -Aristy, las señoritas de Belsunce, madama Luxe, Larresore y Darracq, -Miguel dijo: - ---La verdad es que falta algo a nuestra torre de Gastizar sin la -veleta. Yo siento la nostalgia de verla. Si pusiéramos de nuevo el -dragón ¿qué les parecería a ustedes? - ---¿Al dragón?--dijo con asombro la señorita de Belsunce. - ---¡Poner la veleta!--exclamó madama Aristy casi colérica.--¡Qué -disparate! ¡Jamás! - ---¡Ah! ¿pero tú crees...? - ---Yo no creo nada; pero lo que te digo es que no se pone la veleta. - -Todos afirmaron que era una imprudencia, una provocación instalar la -veleta, y madama de Aristy llegó a asegurar que si se hablaba más de -esto cogería el artefacto de hierro y lo echaría al río. - -La gente del pueblo estuvo también de acuerdo. Era una imprudencia el -poner el malvado y nefasto dragón en la torre. - -Aquel viejo basilisco de la veleta de Gastizar les parecía a todos un -auxiliar del destino adverso, una de aquellas esfinges de una fauna -desaparecida que no anunciaban más que calamidades. - -En Gastizar y en Ustariz estaban contentos después de la caza del -dragón. Ya no pasaba nada en el pueblo. La rueda de la existencia -oscura seguía girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer, -vivir, morir... - -A veces algún romántico se preguntaba si mejor que la inmovilidad, -que la vida monótona e igual, no sería tener una veleta inquietante y -perturbadora como la de Gastizar en el torreón de su casa. - -_Madrid, Febrero 1918._ - - - FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830 - - - - - ÍNDICE - - - Páginas. - - LIBRO PRIMERO.--EL ETERNO CONSPIRADOR - - I. Don Eugenio 11 - - II. Entrevista con Mina 17 - - III. Conversación con Aguado 25 - - IV. La tinta simpática 33 - - V. Preparativos 41 - - VI. Las ideas de Tilly 45 - - VII. Viaje a San Sebastián 53 - - VIII. Fracasa el proyecto 67 - - IX. Aviraneta despechado 75 - - X. Orden de marcha 79 - - XI. Los realistas 83 - - - LIBRO SEGUNDO.--EN USTARIZ - - I. Aviraneta y Tilly 90 - - II. Malos vientos 93 - - III. Las maniobras de Choribide 97 - - IV. Margarita 107 - - V. El niño 115 - - VI. Choribide y Aviraneta 125 - - - LIBRO TERCERO.--EL DIARIO DE LACY - - I. El soñador 135 - - II. La entrada en España 139 - - III. El leñador de Antula 155 - - IV. Ataque de Juanito 165 - - V. Chapalangarra 167 - - VI. Noticias de Mina 173 - - VII. En el fortín de Vera 179 - - VIII. Los realistas 185 - - IX. En el pueblo 191 - - X. Por la tarde 195 - - XI. Fin del diario de Lacy 205 - - XI. Los héroes de la aventura 213 - - XII. Los resultados de la empresa 219 - - - LIBRO CUARTO.--BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL - DRAGÓN DE GASTIZAR - - I. El tío Juan 225 - - II. El veranillo de San Martín 233 - - III. La familia de Chimista 241 - - IV. Simona Busquet 245 - - V. El príncipe quiromántico 249 - - VI. La venganza de Simona 259 - - VII. Navidad triste 263 - - - LIBRO QUINTO.--LA DECADENCIA DEL DRAGÓN DE - GASTIZAR - - I. La caza del dragón 269 - - II. Los amores de Margarita 273 - - III. Una sombra de otra época 279 - - IV. La chalanta 285 - - Epílogo 289 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 *** - -***** This file should be named 53517-8.txt or 53517-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/5/1/53517/ - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Los Caudillos de 1830 - Memorias de un hombre de acción, tomo 9 - -Author: Pío Baroja - -Release Date: November 13, 2016 [EBook #53517] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 *** - - - - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> - - - -<h2>OBRAS PUBLICADAS</h2> - -<p class="center">PÍO BAROJA</p> - -<p><span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00 ptas. <span class="smcap">La feria de los discretos</span>, -3,50. <span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Nuevo tablado de -Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, 3,50. <span class="smcap">El -árbol de la ciencia</span>, 3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, -4,00. <span class="smcap">Los caudillos de 1830</span>, 4,00.</p> - - -<p class="center p2">JULIO VALLÉS</p> - -<p><span class="smcap">El Niño</span> (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">ENRIQUE BARBUSSE</p> - -<p><span class="smcap">El fuego en las trincheras</span>, 4,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">CARLOS RIVET</p> - -<p><span class="smcap">El último Romanof</span> (historia del Tsar de Rusia -y su corte), 3,50 ptas.</p> - - -<p class="center p2">JUAN GUALBERTO NESSI</p> - -<p><span class="smcap">Aventuras del submarino alemán U...</span>, 2,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">JULIÁN SOREL</p> - -<p><span class="smcap">Los hombres del 98. Unamuno</span>, 2,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">LORENZO GALLEGO CARRANZA</p> - -<p><span class="smcap">Lecciones de Topografía.</span> Obra adaptada al nuevo -programa de esta asignatura en la Academia de -Infantería y aprobada como texto definitivo para -la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00 -pesetas. Contiene 32 láminas en colores.</p> - - -<h2>OBRAS DE PÍO BAROJA</h2> - -<p><span class="smcap">Vidas sombrías</span> (agotada). <span class="smcap">Idilios Vascos</span> (agotada). -<span class="smcap">El tablado de Arlequín</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">Nuevo -tablado de Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, -3,50.</p> - - -<p class="center p2">LAS TRILOGÍAS</p> - -<p class="center p2">TIERRA VASCA</p> - -<p><span class="smcap">La casa de Aizgorri</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">El Mayorazgo de -Labraz</span>, 3,00. <span class="smcap">Zalacain el Aventurero</span>, 1,00.</p> - - -<p class="center p2">LA VIDA FANTÁSTICA</p> - -<p><span class="smcap">Camino de perfección</span>, 1,00. <span class="smcap">Inventos, aventuras -y mixtificaciones de Silvestre Paradox</span>, -1,00. <span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00.</p> - - -<p class="center p2">LA RAZA</p> - -<p><span class="smcap">La dama errante</span>, 3,00. <span class="smcap">La ciudad de la niebla</span>, -3,00. <span class="smcap">El árbol de la ciencia</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">LA LUCHA POR LA VIDA</p> - -<p><span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Mala hierba</span>, 3,50. <span class="smcap">Aurora -roja</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">EL PASADO</p> - -<p><span class="smcap">La feria de los discretos</span>, 3,50. <span class="smcap">Los últimos románticos</span>, -3,00. <span class="smcap">Las tragedias grotescas</span>, 3,00.</p> - - -<p class="center p2">LAS CIUDADES</p> - -<p><span class="smcap">César o nada</span>, 4,00. <span class="smcap">El mundo es ansi</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">EL MAR</p> - -<p><span class="smcap">Las inquietudes de Shanti Andía</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p> - -<p><span class="smcap">El aprendiz de conspirador</span>, 3,50. <span class="smcap">El escuadrón -del Brigante</span>, 3,50. <span class="smcap">Los caminos del mundo</span>, -3,50. <span class="smcap">Con la pluma y con el sable</span>, 3,50. <span class="smcap">Los -recursos de la astucia</span>, 3,50. <span class="smcap">La ruta del aventurero</span>, -3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, 4,00. <span class="smcap">Los -caudillos de</span> 1830, 4,00.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<p class="center p6">PÍO BAROJA</p> - -<p class="center p2">LOS CAUDILLOS DE 1830</p> - - - - -<hr class="chap" /> - -<p class="i2 p6"><i>Copyright by Rafael Caro Raggio-1918.<br /> -Es propiedad.<br /> -Prohibida la reproducción.</i></p> - -<p class="center p2">Imp. de <span class="smcap">Alrededor del Mundo</span>, Martín de los Heros, 65.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="titlepage"> - -<p class="center p6">PÍO BAROJA</p> - -<h1>LOS CAUDILLOS DE 1830</h1> - -<p class="center">NOVELA</p> - -<div class="figcenter4em"><img src="images/page1.png" width="100" -height="124" alt="" title="" /> -</div> - -<p class="center p6">RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR<br /> -Calle de Ventura Rodríguez, 18<br /> -1918</p> -</div> -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak">LIBRO PRIMERO<br /> -EL ETERNO CONSPIRADOR</h2> -</div> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="I_I">I.<br /> -DON EUGENIO</h3> - - -<p><span class="smcap">Un</span> día, al anochecer, apareció en la fonda de -Iturri un hombre que llamó la atención de -Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado, -con la cara y las manos curtidas por el sol. Tenía -el aire de cansancio de los que vienen de países -tropicales.</p> - -<p>Vestía redingot negro, pantalón con trabillas, -sombrero de copa de alas grandes y corbata de -varias vueltas.</p> - -<p>—¿Quién es este hombre?—preguntaron Lacy -y Ochoa a Iturri.</p> - -<p>—Es un vascongado que viene de la Habana. -Ahí está su nombre.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span></p> - -<p>Los dos jóvenes leyeron el nombre: Eugenio -de Aviraneta.</p> - -<p>—¿Es de los nuestros?—preguntó Ochoa.</p> - -<p>—Yo le he conocido aquí en 1824—dijo Iturri—creo -que es liberal.</p> - -<p>El recién llegado escribió unas cuantas cartas -y se metió en la cama.</p> - -<p>Al día siguiente preguntaron por él dos o tres -personas, entre ellas el auditor de guerra y amigo -íntimo de Mina, don Canuto Aguado.</p> - -<p>Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traía pasaporte -del capitán general de la isla de Cuba, para -Madrid, por la vía de Francia, pero como no se -había presentado al cónsul español de Burdeos, -no podía pasar a España.</p> - -<p>A la hora de almorzar Iturri sentó a la misma -mesa donde comía su sobrino y Lacy al recién -llegado y éste al saber que Eusebio era hijo del -general Lacy estuvo muy amable con él y habló -largamente con los dos jóvenes. Aviraneta les -hizo alguna impresión. Tenía marcada tendencia -por la frase amarga y el epigrama, lo que hacía -creer que era tipo desengañado y sarcástico.</p> - -<p>—¿Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?—le -preguntó Ochoa.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span></p> - -<p>—¿Qué dice?</p> - -<p>—Poca cosa.</p> - -<p>—¿No está contento de la marcha de los acontecimientos?</p> - -<p>—Eso parece.</p> - -<p>—¿Y el general Mina no tiene confianza?</p> - -<p>—Muy poca. Por lo que he podido traslucir no -está contento de la organización de la empresa. -Se me figura que va arrastrado por la fogosidad -y la imprudencia de todos.</p> - -<p>—Es que el general está viejo, enfermo y naturalmente -es desconfiado. Ya verá usted como -todo sale bien—dijo Ochoa.</p> - -<p>—Mejor, mejor; ¡ojalá!</p> - -<p>Aviraneta contó sus viajes, y estaba hablando -de sobremesa cuando se presentó Iturri con el -italiano de la subprefectura que había dado los -informes de las dos damas del Chalet de las Hiedras.</p> - -<p>El italiano era un hombrecito calvo, de unos -cuarenta años, la nariz arqueada y roja, el pelo -rubio y la mirada viva a través de los lentes. Vestía -un traje raído y sin brillo y llevaba los pantalones -con rodilleras.</p> - -<p>El señor Pagani, así se llamaba, era al parecer, -insustituíble en su oficina; sabía cuatro o cinco<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -idiomas a la perfección, trabajaba constantemente -y ganaba poco.</p> - -<p>—Me ha explicado mi amigo Iturri su situación—dijo -hablando el castellano perfectamente.—¿Qué -documentos tiene usted?</p> - -<p>—Tengo el pasaporte del capitán general de la -Habana para dirigirme a Madrid—dijo Aviraneta.</p> - -<p>—¿Quiere usted enseñármelo?</p> - -<p>—Ahora vengo con él.</p> - -<p>Aviraneta entró en su cuarto y volvió poco -después con unos papeles.</p> - -<p>—He salido de la Habana con mi pasaporte -pensando ir a Madrid, pero como me he encontrado -con esta agitación revolucionaria, inesperada, -no me he atrevido a entrar en mi país.</p> - -<p>—¿Usted ha tenido que ver algo en política?—preguntó -el italiano mirándole por encima de sus -lentes.</p> - -<p>—Sí, en parte—murmuró Aviraneta—yo fuí -miliciano como otros muchos... obligado... y tuve -que emigrar en 1823, pero no me he mezclado -nunca activamente en política.</p> - -<p>El italiano contempló con desconfianza a su interlocutor, -después tomando el pasaporte comenzó -a leerlo despacio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<p>—Está bien... en regla—fué diciendo mientras -leía—visado por el cónsul general francés del -puerto de la Habana... falta la presentación al -consulado de España en Burdeos.</p> - -<p>—Sí, ha sido un olvido—dijo Aviraneta.</p> - -<p>—Esta falta—repuso el italiano—le imposibilita -a usted para entrar en España porque se le -considerará a usted como sospechoso y en el -acto se le reducirá a prisión.</p> - -<p>—Entonces no, no quiero entrar en España.</p> - -<p>—Dígame usted. ¿Cuál es el plan de usted? -¿Qué es lo que usted desea?</p> - -<p>—Yo, la verdad, soy un hombre pacífico—afirmó -Aviraneta—si hay esos peligros de que usted -habla, prefiero quedarme aquí. En vez de visitar -a mis parientes de Irún y San Sebastián, a quienes -no he visto hace años, les pediré que vengan a -verme. Mi plan se reduce a estar en Bayona un -par de meses.</p> - -<p>—Lo bastante para hacer la expedición que proyectan -los liberales españoles—dijo el italiano con -ironía.</p> - -<p>Lacy y Ochoa sonrieron.</p> - -<p>—No, no—exclamó Aviraneta—eso la gente -moza, yo ya soy viejo para esos trotes.</p> - -<p>—¡Hum! Quizás yo me engañe, pero no me pa<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>rece -usted menos peligroso que estos jóvenes; en -tal caso más.</p> - -<p>—Es usted muy amable, señor Pagani. No. Estoy -cansado de verdad. ¿Y cómo arreglaremos el -asunto para que yo me pueda quedar en Bayona?</p> - -<p>—Yo lo arreglaré, y si quiere usted que no le molesten -no concurra usted a los cafés, porque están -muy vigilados por los agentes de los dos gobiernos -y por los espías que tiene el señor de Calomarde -entre los mismos liberales.</p> - -<p>—No tenga usted cuidado. No iré a los cafés.</p> - -<p>—Su pasaporte de usted con los de los demás -españoles residentes aquí los colocaré en la subprefectura -en carpeta separada de los emigrados políticos -y mañana por la mañana traeré a usted la -carta de seguridad con cuyo salvoconducto no le -molestará la policía.</p> - -<p>El señor Pagani se despidió de todos y al día -siguiente por la mañana volvió trayendo la carta -de seguridad. Aviraneta le dió un luis que al italiano -debió parecer por los aspavientos que hizo -al recibirlo un verdadero capital.</p> - -<p>Recomendó de nuevo a Aviraneta que tuviese -cuidado con quien hablaba y añadió que si alguna -dificultad se le ofrecía no tenía más que avisarle -a la subprefectura por mediación de Iturri.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_II">II.<br /> -ENTREVISTA CON MINA</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Una</span> de las condiciones características de Aviraneta -era el enterarse y darse cuenta rápidamente -de una situación. Al tercer día de su estancia -en Bayona don Eugenio había hablado con -los más conspicuos constitucionales, sabía sus opiniones, -lo que pensaban acerca de la expedición -que se estaba preparando, las simpatías y las antipatías -que tenían.</p> - -<p>Con su prudencia habitual de zorro encanecido -en la intriga, Aviraneta no se presentó en ningún -sitio bullanguero ni paseó por las calles en grupo -con otros españoles.</p> - -<p>La tarde del tercer día de su estancia en Bayona, -don Canuto Aguado le avisó para que acudiese -a las nueve de la noche a su casa. Aguado<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -vivía en un tercer piso de la calle de Santa Catalina -en el barrio de Saint Esprit, en un cuartucho -barato, sórdido y sombrío.</p> - -<p>Aviraneta al anochecer, cenó, se embozó en la -capa y se marchó por el puente de barcas a Saint -Esprit.</p> - -<p>Al llegar a la calle de Santa Catalina buscó el -número hasta dar con él. Aguado se encontraba -esperándole en el portal.</p> - -<p>—Aquí está Mina—le dijo.—Le he avisado -para que hable con usted.</p> - -<p>Aviraneta y Aguado subieron la estrecha escalera -de la casa, iluminándose con un cabo de vela, -y entraron en un cuarto diminuto, con un armario -lleno de papeles. Sentado a la mesa, a la luz melancólica -de un pequeño quinqué de petróleo estaba -el general don Francisco Espoz y Mina.</p> - -<p>El general se levantó con trabajo y estrechó -la mano de Aviraneta. Aguado cerró la puerta -del cuarto y los tres hombres se sentaron. Estaba -el caudillo de la guerra de la Independencia -avejentado y con aspecto de enfermo; tenía el -pelo y las patillas blancas y las mejillas hundidas; -llevaba una chaqueta de tela gruesa, un pañuelo -de lana en el cuello y un capote sobre los hombros.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> - -<p>—Yo recuerdo haberle visto a usted...—dijo -Mina dirigiéndose a Aviraneta con un hablar inseguro -y algo vacilante—si... recuerdo, hará ya -quince años... cuando la conspiración de Renovales -creo que era ¿no?... sí cuando la conspiración -de Renovales. Entonces debía usted ser muy -joven.</p> - -<p>—Tenía veintitrés años.</p> - -<p>—¿Y qué ha hecho usted desde esa época?</p> - -<p>—¡Oh, tantas cosas! que ya no me acuerdo.</p> - -<p>Aviraneta contó rápidamente cómo había sido -ayudante del Empecinado, su viaje a Egipto y a -Grecia, y después su estancia en Méjico.</p> - -<p>—Ultimamente he hecho la expedición a Tampico -con el brigadier Barradas—terminó diciendo—y -por la defensa de este pueblo el general Vives -ha pedido al Gobierno la confirmación del -empleo de Comisario ordenador de Guerra. En -este momento, cuando iba a tomar posesión del -cargo, llegó a la Habana la noticia de la Revolución -de Julio de París, y a mí me avisaron por la -Venta Carbonaria lo que se intentaba. Esto me -movió a presentarme al capitán general y a manifestarle -francamente mis deseos. Vives, que es -amigo mío, intentó disuadirme, pero viendo que -era imposible me dió el pasaporte para España.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> - -<p>Aviraneta lo mostró a Mina, quien lo leyó despacio -y después dijo:</p> - -<p>—¿Y ahora qué piensa usted hacer?</p> - -<p>—Me uniré a ustedes.</p> - -<p>—El caso es—murmuró Mina—que yo no voy -a poder darle a usted cargo alguno en esta expedición... -es tarde... cada cargo es una nueva -fuente de riñas y de rivalidades... sí; es verdad...; -no hablo por hablar, no... no sabe usted cómo están -los míos, los que llaman <i>ministas</i>, con los valdesistas -y los gurreistas... yo quisiera... pero no -puedo... cada jefe quiere tener su partido y así -no vamos a ninguna parte.</p> - -<p>—Si no tengo cargo oficial trabajaré independientemente.</p> - -<p>—¿Usted puede entrar en España, Aviraneta?</p> - -<p>—Estoy pregonado por el corregidor de Roa -en la causa del Empecinado, pero supongo que -ese proceso estará ya sobreseído.</p> - -<p>—¿Tiene usted parientes en España?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿En dónde?</p> - -<p>—Aquí en el Norte, en San Sebastián y en Irún.</p> - -<p>—Pues entonces podrá usted pasar. Si usted -quiere, yo haré que le firmen el pasaporte.</p> - -<p>—No; de ir, iré sin pasaporte. Conozco el país<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -y tengo amistades en la frontera. Diga usted, mi -general, sus intenciones y sus planes; yo, conociéndolos, -veré qué es lo que puedo hacer.</p> - -<p>—Está bien. Habla usted con franqueza..., y -a pesar de que yo tengo fama de zorro le hablaré -a usted con la misma claridad. No tengo interés -en engañarle.</p> - -<p>—Ni yo tampoco a usted, general.</p> - -<p>—Lo comprendo. Bien, no le diga usted esto a -nadie... esto que le voy a decir... La gente lo -sospecha... pero yo no quiero confesarlo...: voy -arrastrado a una expedición en la que no creo... -que me parece imposible pueda tener éxito...; usted -me dirá ¿por qué he entrado en ella?... Por los -amigos...; me decían que yo, como más viejo..., -con más representación... quizás pudiera ordenar -el movimiento... No se ha podido hacer nada...; -mis informes me hacen creer que hay traidores -en nuestro campo, que el Gobierno está advertido... -y que vamos al fracaso.</p> - -<p>—¿Y no se puede aplazar esto?—preguntó -Aviraneta.</p> - -<p>—No. Ya me echan la culpa a mí de las dilaciones...; -el general Gerard me recomendó que -esperase...; creí que haría algo por nosotros, y -nada... ahora si no marcho todo el mundo dirá<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -que yo he entorpecido la expedición... que soy un -traidor..., y voy a marchar... Si usted hubiese -venido... antes... cuando organizábamos nuestras -tropas... le hubiera nombrado jefe de una de -ellas, pero esto está constituído... mal constituído... -pero ¿qué se va a hacer?</p> - -<p>-Ah. Nada. De eso no hay que hablar.</p> - -<p>—Si usted hubiese venido antes, Aviraneta, yo -le hubiese encomendado un trabajo comprometido... -y peligroso.</p> - -<p>—¿Cuál?</p> - -<p>Mina se detuvo, palideció y murmuró llevándose -la mano al costado.</p> - -<p>—Estos días de otoño... las heridas... me duelen...; -dígale usted, Aguado, cuál era nuestro -proyecto.</p> - -<p>—La idea del general—dijo Aguado—era no -emprender esta expedición sin tener un apoyo en -la península. Hubiésemos querido contar con San -Sebastián y con Santoña antes de comenzar el -movimiento en la frontera. Las dos plazas son -fuertes e importantes. Con San Sebastián y Pasajes -tendríamos la defensa de la costa y el paso -abierto a la frontera; con Santoña podíamos defender -la parte de Santander, tener abierto el camino -de Burgos hacia Madrid y marchando mal<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -defendernos de las tropas que vinieran de Vizcaya -en el portillo de Gibaja y en la barca de Treto, -y de los que llegasen de Burgos o de Asturias en -la línea de Torrelavega.</p> - -<p>—¿Y por qué no han intentado ustedes eso?</p> - -<p>—Amigo Aviraneta—dijo Mina, ya un tanto -aliviado del dolor,—nadie ha estudiado con calma -nuestros proyectos... Todo el mundo cree que -basta presentarse en la frontera... echar un discurso... -para que el pueblo venga con nosotros...</p> - -<p>—¿Y no dieron ustedes, mi general, algunos pasos?—preguntó -Aviraneta.</p> - -<p>—Sí; yo había escrito a algunos amigos de San -Sebastián... diciéndoles que esperaran órdenes.</p> - -<p>—¿Tiene usted allí amigos de confianza?</p> - -<p>—Sí. Legarda, Amilibia, Baroja... y sobre todo -Lorenzo Alzate.</p> - -<p>—Alzate es primo mío. ¿Y cree usted, mi general, -que ya no se puede hacer tentativa alguna -en ese sentido?</p> - -<p>—Eso creo.</p> - -<p>—Yo volveré de nuevo a estudiar la cuestión y -hablaré con usted.</p> - -<p>—¿Ah, bien... muy bien!... ¿Qué, nos vamos?</p> - -<p>—Sí—dijo Aguado.—Encienda usted la vela, -Aviraneta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> - -<p>Den Eugenio encendió una pajuela y luego el -cabo de vela, y Aguado apagó el quinqué.</p> - -<p>Aviraneta tomó el candelero, y Mina, apoyado -del brazo de Aguado, bajó las escaleras y montó -en un cochecito que había en la calle esperándole. -Aguado y Aviraneta marcharon a Bayona por el -puente.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_III">III.<br /> -CONVERSACIÓN CON AGUADO</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Estaba</span> lloviendo; ni Aguado ni Aviraneta tenían -ganas de entrar en sus casas, y se metieron -en los soportales del Puente Nuevo.</p> - -<p>—¿Qué le ha parecido a usted, Mina?—le preguntó -Aguado.</p> - -<p>—Sencillo, atento. Me lo figuraba así—dijo -Aviraneta.—¿La opinión íntima acerca de la expedición -que se proyecta es la que ha expuesto?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿No hay alguna cosa que nos haya callado?</p> - -<p>—No. Es decir, no ha insistido en las diferencias -que hay entre nosotros.</p> - -<p>—¿Y cómo no se ha zafado de esta empresa, -en la que tiene tan poca confianza?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span></p> - -<p>—Esta pregunta me demuestra que lleva usted -lejos de nosotros mucho tiempo—dijo Aguado.—Usted -le ha conocido a Mina cuando era un general -liberal, uno de tantos; hoy es el mayor prestigio -del liberalismo activo y no se puede zafar -de una empresa así como en tiempo de Renovales. -Mina viene arrastrado. A raíz de la Revolución -de 1830, Mina se encontraba en los baños de Bath. -Se le escribió contándole con detalles las jornadas -de Julio. Los emigrados que habían acudido a -París creían que aquella era la ocasión propicia -para emprender un movimiento favorable, con la -ayuda de los liberales franceses y del Gobierno de -Luis Felipe.</p> - -<p>—Y lo era, sin duda.</p> - -<p>—Mina—siguió diciendo Aguado—se trasladó -a París, conferenció con los emigrados españoles -y quedó de acuerdo con ellos en hacer una intentona -en la frontera, con ciertas condiciones. Decidido -esto, Mina tuvo una conferencia secreta -con el ministro de la Guerra, general Gerard.</p> - -<p>—Y Gerard ¿qué dijo?</p> - -<p>—Gerard recibió muy bien al guerrillero español, -y le dijo que preparase su expedición a la -chita callando. Mina fué también en compañía de -Toreno a visitar al general Lafayette, pero no le<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -pudo ver. Mina quería formar una falanje con -los prestigios del liberalismo internacional y lanzarla -sobre la frontera española.</p> - -<p>—Era una magnífica idea.</p> - -<p>—Y era lo que habían prometido todos. Ya que -los franceses habían acabado con la libertad en -España en 1823, justo era que intentaran restablecerla -cuando pudieran. Sin embargo, no han hecho -nada.</p> - -<p>—No me choca. El francés siempre ha sido -egoísta y roñoso para los demás.</p> - -<p>—Mina quería el mando único, y tenía razón, -porque lo que se intenta no es una revolución, -sino un movimiento militar. La revolución, en tal -caso vendrá después. Al mismo tiempo que Mina -hacía sus trabajos, un grupo de impacientes que -querían obrar con independencia se puso de acuerdo -con Calvo y con Ardouin el banquero, que -tenían hechos empréstitos a España desde la primera -época constitucional, y los banqueros ofrecieron -su concurso. Llamaron a Mendizábal y le -dieron fondos para los primeros trabajos, y decidieron -entre todos nombrar la Junta sin consultar -con Mina.</p> - -<p>—Siempre la divergencia y los celos—murmuró -Aviraneta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p> - -<p>—El Directorio provisional del levantamiento -de España contra la tiranía se formó en París y -se trasladó en seguida a Bayona. Desde aquí escribió -a Mina preguntándole si se podría contar -con él. Era en el fondo una impertinencia. Mina, -un poco molesto, contestó que sí y en la segunda -semana del mes de Septiembre se presentó en Bayona. -El 22 de este mes se verificó la primera -Junta del Directorio provisional, y al día siguiente -Mina, violentándose un poco, manifestó públicamente -su adhesión a ella. Desde el primer -momento comenzaron las rencillas y las diferencias.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Los partidarios de Torrijos y los militares -independientes veían que allí donde estuviera Mina -naturalmente tenía que ser la figura principal, -cosa que no les agradaba.</p> - -<p>—¿Pero hay algún motivo nuevo de odio?</p> - -<p>—Ninguno. Las causas de esto son muchas y -antiguas; pero la más principal no es ideológica, -sino de temperamento. Mina es un vasco como -usted, maquiavélico, de palabra confusa y enmarañada, -pero por dentro, claro, lucido y calculador. -Sus enemigos Torrijos, Valdés, Alcalá -Galiano, San Miguel, López Baños y otros mu<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>chos -son castellanos, andaluces, asturianos, más -fáciles de palabra, más conceptuosos, más retóricos...</p> - -<p>—Por una cosa o por otra, los españoles siempre -estamos así—dijo Aviraneta con amargura.—Empiezo -a sentir el haber venido. Allí, al menos, -en Cuba tenía asegurada mi existencia.</p> - -<p>—Sí, será verdad; pero no se puede vivir más -que en el propio país; lo demás es vegetar, llevar -una vida mísera y disminuída.</p> - -<p>—En eso tiene usted razón. Lo que yo no comprendo -bien es por qué si Mina no tiene defectos -no se le unen los demás.</p> - -<p>—Es que los tiene. Uno de los defectos del general, -que a veces es un medio de defensa, es la -desconfianza excesiva; otro es su tendencia burocrática -y reglamentaria. Mina, que ha conspirado -desde la primera emigración, está siempre en guardia -con cualquiera que se le acerque; en cambio, -Torrijos y Valdés son más efusivos y, al parecer, -más francos. Mina trata a sus enemigos por el -silencio, no habla de ellos; cosa que irrita; en cambio -sus enemigos le intentan desacreditar. Se ha -llegado a decir que Mina tiene miedo. Los partidarios -de Valdés y de los otros echaron a volar esta -especie, y un señor Chevallon, un francés maja<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>dero -que venía con unos miles de francos de la -Junta de París, ha llegado a decírselo cara a cara -a Mina.</p> - -<p>—¿Y Mina no le contestó con un puntapié?</p> - -<p>—No, porque el general es hombre que se lo -guarda todo. Los enemigos han inventado otra -porción de calumnias estúpidas.</p> - -<p>—¿Y esto influye algo en la opinión?</p> - -<p>—Nada. En España no se cree más que en el -general.</p> - -<p>—¿Y cómo no mandan ustedes agentes a España -para saber qué hacen allí?</p> - -<p>—Los mandamos. Ahora tenemos algunos italianos -carbonarios esparcidos aquí por el Norte, -gente activa; tenemos a José Monti, napolitano, -comerciante que vive en Vitoria y va a veces a -Pamplona; a Pedro Galloti en San Sebastián, que -se sirve para sus informes de los quincalleros paisanos -suyos; a un tal Arrigoni, que ha ido a Santander, -y a un D. Juan Rumi en Gibraltar. Estábamos -comenzando la organización. Este movimiento -quizás eche a abajo lo que habíamos preparado -y tengamos que comenzar de nuevo.</p> - -<p>—De todo esto se deduce que hay muy pocas -probabilidades de éxito—dijo Aviraneta.</p> - -<p>—Sí; tal creo yo también.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p> - -<p>—A pesar de esto—repuso Aviraneta—yo le -voy a hablar a Campillo. Si él quiere intentar algo -en Santander, donde debe tener amigos, yo iré a -San Sebastián.</p> - -<p>—Bueno—dijo Aguado;—ténganos usted al corriente -de lo que haya.</p> - -<p>—Descuide usted—contestó D. Eugenio.</p> - -<p>Y los dos hombres, después de darse la mano, -salieron de los arcos y se separaron.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_IV">IV.<br /> -LA TINTA SIMPÁTICA</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente por la mañana Aviraneta contó -a Eusebio de Lacy y a Ochoa lo que había hablado -con Mina y con el intendente Aguado; expuso -a los dos jóvenes su plan, que lo aceptaron -con entusiasmo, y decidieron mandar un aviso -a Campillo para hablar con él.</p> - -<p>Le citaron para después de comer en el café -del Comercio. Estuvieron Lacy, Aviraneta, Campillo, -en mesas separadas como si no se conocieran, -luego se levantaron uno tras otro, recorrieron -el puente de Saint Esprit, cruzaron el barrio de -los judíos y fueron al campo por la carretera de -Burdeos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> - -<p>Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y -Aviraneta contó su conversación con Mina y explicó -su idea de tantear San Sebastián y Santoña, -y las ventajas que tendría de poder realizarse su -proyecto.</p> - -<p>Campillo no era de los enemigos declarados de -Mina, pero desconfiaba.</p> - -<p>—¿Y cuál es el plan de usted?—preguntó Campillo.</p> - -<p>—Mi plan sería contar con San Sebastián y con -Santoña antes de la expedición. Teniendo estas -ciudades y asegurado el paso de San Sebastián -por la frontera, se podría hacer mucho.</p> - -<p>—Ah, claro. ¿Y contaba usted conmigo para -trabajar en Santoña?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado -conocido en mi tierra y me prenderían inmediatamente -al llegar. ¿Usted piensa entrar en -San Sebastián?</p> - -<p>—Es posible; pero no diga usted a nadie nada.</p> - -<p>—Descuide usted, nadie lo sabrá. ¿Usted cree -que se podrá hacer algo?</p> - -<p>—No sé; pero creo que vale la pena de verlo... -hablar con los oficiales y soldados, ver lo que -piensan.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p> - -<p>—¿Usted está convencido de que en esta ocasión -Mina obra de buena fe?</p> - -<p>—¡Qué duda cabe!</p> - -<p>Campillo quedó visiblemente preocupado. Dijo -que el espíritu público no era del todo hostil a los -liberales en Santander, donde la mayoría del comercio -era liberal y de mucha influencia sobre la -masa del pueblo; pero, según él, fuera de la ciudad, -en la parte rural, el vecindario estaba sobrecogido -por los voluntarios realistas fanatizados -por el clero y dominados por los caciques.</p> - -<p>—¿No hay por los pueblos gente de la nuestra?—preguntó -Aviraneta.</p> - -<p>—Cerca de Santander—contestó Campillo—vive -un hermano mío, capitán ilimitado, relacionado -con otros oficiales que están en la misma situación -y cuentan con algunos soldados que sirvieron conmigo -en la guerra de la Independencia y en 1823; -mas esto no basta. ¿Cómo quiere Mina ganar la -guarnición de Santoña?</p> - -<p>—Si se llegara a este caso—contestó Aviraneta—se -necesitaría dinero para sobornar a los sargentos -y a la tropa.</p> - -<p>—No sé si con los jefes y oficiales que hay en -Santoña se podrá contar—dijo Campillo,—porque -el batallón que ha reemplazado al que había es<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -nuevo en el país. Los jefes y oficiales de los Cuerpos -facultativos son también nuevos y no conozco -a ninguno.</p> - -<p>—Para sondear los ánimos de la guarnición de -la plaza ¿no encontraríamos algún agente sagaz -que fuera de los nuestros?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—Mejor que nadie, mi hermano. No está significado -por liberal—contestó Campillo.—¿Pero -cómo entendernos con él, habiendo, como hay, tan -gran vigilancia en los correos?</p> - -<p>Aviraneta dijo que había tintas simpáticas; pero -era indispensable que el corresponsal supiese emplearlas.</p> - -<p>Después de hablar largo rato y de hacer cábalas -acerca de lo que podía pasar, volvieron al pueblo -los tres separados. Aviraneta escribió a su -primo Lorenzo de Alzate diciéndole que estaba -en Bayona, e hizo pasar la carta con una cascarota -de Ciburu. Citaba a su primo para la semana -próxima.</p> - -<p>Los días siguientes Aviraneta fué con Lacy y -Ochoa a casa de su antiguo amigo Juan Olavarría, -donde acudían de tertulia Mancha, Peman, el coronel -Núñez Arenas y algunos otros militares en -su mayoría partidarios de Valdés.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> - -<p>Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramón -Corres. Corres parecía un hombre pacífico y -grave aunque en realidad no lo fuese tanto.</p> - -<p>Corres había tomado parte en la guerra de la -Independencia y en las luchas del 20 al 23 en las -que se batió con denuedo a las órdenes de Labisbal. -Después emigró, fué a la isla de Jersey y allí -se estableció de chocolatero, oficio que tenía en -Marañón antes de la guerra de la Independencia. -Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la -tertulia de Olavarría se celebraba su candidez y -su simplicidad.</p> - -<p>Una de estas noches al salir de casa de Olavarría -se encontraron Aviraneta y Lacy con Campillo. -Como llovía a chaparrón fueron a pasear a -los arcos de la Galuperie, que en aquel momento -estaban desiertos.</p> - -<p>Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour -un quechemarin de Santoña; que el patrón, un -convecino suyo, era un hombre honrado y de toda -su confianza, y que había pasado la tarde y parte -de la noche en su compañía.</p> - -<p>—Le he esperado a usted para decirle que se -presenta una buena ocasión para escribir a mi -hermano; y como yo no sé poner las cosas en -claro, quisiera que lo hiciera usted.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> - -<p>—Muy bien—dijo Aviraneta.—¿Cuánto tiempo -va a estar aquí el quechemarin?</p> - -<p>—Estará un par de días.</p> - -<p>—Entonces hay que escribir en seguida.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Bueno; ahora me pondré yo a redactar las -instrucciones, mañana las consultaré con usted y -con Mina, y si están ustedes conformes las escribiré -con tinta simpática y le enseñaré al patrón -del barco la manera de emplear el reactivo para -que él, a su vez, se la enseñe a su hermano de -usted y aparezca lo escrito.</p> - -<p>—Muy bien.</p> - -<p>Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron -a casa. Aviraneta y Lacy se encerraron en un -cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron escribiendo -disposiciones durante toda la noche, buscando -el modo de sintetizar y de poner las cosas -claras.</p> - -<p>Durmieron un poco por la madrugada, y a media -mañana Aviraneta buscó a Aguado y en su -compañía fué a leer su plan a Mina. El general -estaba en la cama. Oyó atentamente lo escrito -por Aviraneta, y dijo:</p> - -<p>—Está bien, muy bien. Es usted un maestro.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span></p> - -<p>Después le leyeron las clausulas a Campillo, que -también dió su aprobación.</p> - -<p>Aviraneta escribió entonces con tinta simpática -y con letra muy apretada sus indicaciones. Encima -redactó, de manera corriente, una carta de -comercio.</p> - -<p>Llegó el patrón del quechemarin, se le enseñó -la carta y se le dijo la manera de descubrir lo -escrito con tinta simpática empleando el frasquito -del reactivo.</p> - -<p>Al anochecer, Lacy, Campillo y Aviraneta vieron -cómo el quechemarin salía hacia la boca del -Adour remolcado por una lancha.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_V">V.<br /> -PREPARATIVOS</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Se</span> aproximaba el momento de la acción, y por -ninguna parte aparecía la unidad del plan necesario -para una empresa de aquella índole. A las -divergencias de los españoles iban añadiendo las -suyas los franceses, los italianos y los polacos que -se mezclaban entre ellos.</p> - -<p>Los entusiastas habían conseguido que el general -Mina se reconciliase oficialmente con sus enemigos -Valdés y Chapalangarra. La reconciliación -era falsa, sobre todo por parte de Valdés.</p> - -<p>Cada caudillo comenzó a ocupar su punto estratégico.</p> - -<p>Don Gaspar de Jáuregui, que tenía su banderín -de enganche en Bayona, había formado una com<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>pañía -de oficiales vascongados de la guerra de la -Independencia.</p> - -<p>Chapalangarra reunía sus tropas en Cambó, -Méndez Vigo en Mauleón.</p> - -<p>En San Juan de Pie de Puerto se iban alistando -algunos voluntarios bajo la dirección del coronel -de la antigua División de Navarra del tiempo de -la guerra de la Independencia, D. Pedro Antonio -de Barrena y de D. Félix Sarasa, que estaba con -su hijo llamado Cholin.</p> - -<p>Por la parte de Oloron había también sus voluntarios -navarros y aragoneses, que se iban reuniendo -a las órdenes de D. Patricio Domínguez, -del jefe de batallón Moncasi y del canónigo don -Lorenzo Barber. Mina envió a Oloron al coronel -D. Alejandro O'Donnell en calidad de jefe de la -plana mayor, para resolver las dificultades técnicas.</p> - -<p>Gurrea había recorrido el Alto Aragón con el -nombre de Antonio Gabara, y había hablado a sus -amigos. Después se estableció en Bagneres de Luchon, -donde se le fueron reuniendo sus partidarios. -Se decía que uno de los que le seguirían sería -el antiguo cabecilla absolutista Seperes, alias Caragol.</p> - -<p>A pesar de que los entusiastas e impacientes no<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> -hablaban más que de éxitos y aseguraban que presentarse -en la frontera y marchar triunfantes y -sin obstáculo a Madrid sería todo uno, no se advertían -más que dificultades y síntomas de discordia -y de descomposición.</p> - -<p>Cada grupo llevaba una política contraria.</p> - -<p>La Junta masónica de Bayona hablaba en sus -comunicaciones solapadamente contra Mina; los -carbonarios hacían la guerra a los masones y mandaban -proclamas confusas precedidas de estas iniciales:</p> - -<p class="p2 center">U y L.</p> - -<p class="p2">que quería decir Unión y Libertad, y terminaban -con este grito:</p> - -<p class="p2 center">¡Vivan los h. de S. T.!</p> - -<p class="p2">lo que para los iniciados significaba: ¡Vivan los -hijos de San Teobaldo!</p> - -<p>Los partidarios de Valdés afirmaban en todas -partes que Mina era un traidor vendido a Calomarde; -los de Méndez Vigo decían que Valdés -era tan reaccionario y tan pastelero como Mina.</p> - -<p>La discusión iba en aumento; los ministas los -valdesistas, los gurreistas, los masones, los comuneros, -los carbonarios, los franceses, los italianos -y los polacos no hacían más que intrigar y echar<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>se -en cara unos a otros la culpa de lo que ocurría.</p> - -<p>En primeros de Octubre, Valdés, Chapalangarra -y Méndez Vigo volvieron a reñir con Mina y -dijeron que desconfiaban de sus dilaciones.</p> - -<p>El Gobierno de Calomarde mientras tanto estaba -sobre aviso. No se permitía la entrada en -España de ningún papel de carácter liberal. Se -había establecido en la frontera una policía militar -y el espionaje era perfecto. Se supo que entraron -en España varios números del <i>Representante -del Pueblo</i>, que se publicaba en Londres en -francés, y del <i>Precursor</i>, que se imprimía en castellano -en París, y se llegaron a coger, número por -número, todos. Cierto que se abría la correspondencia -con una perfecta impunidad.</p> - -<p>Las precauciones del Gobierno eran tales y su -presteza y actividad tan extremadas, que hacían -imposible que una acción tan desperdigada, tan -anárquica y tan mal dirigida como la de los emigrados -pudiera tener éxito.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_VI">VI.<br /> -LAS IDEAS DE TILLY</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente de enviar la carta a Santoña -con el patrón del quechemarin se presentó -Jorge Tilly en la fonda de Iturri.</p> - -<p>Venía de San Sebastián, en compañía de un joven -inglés alto, moreno, de cabeza pequeña y enérgica. -Habían estado los dos en Madrid, en Sevilla -y en Barcelona. Tilly traía mucho que contar; -había tenido una serie de aventuras y de amores -muy extraños.</p> - -<p>Lacy presentó su amigo Tilly a Aviraneta, quien -le hizo una porción de preguntas relativas a la -situación política; todo parecía confirmar que el -Gobierno español estaba admirablemente preparado.</p> - -<p>—¿Enseñaste mi carta?—dijo Tilly a Lacy.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> - -<p>—¿Y qué dijeron?</p> - -<p>—Muchos creyeron que era una fantasía. Respecto -del comandante Oro se duda...</p> - -<p>—¿Cómo que se duda? ¡Si ya está en España -trabajando por Calomarde!</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Sí, él, el francés Husson de Jour y un español, -D. Manuel Ruiz, estaban en Vitoria cuando -yo he pasado por allí.</p> - -<p>Tilly venía con un gran caudal de impresiones -nuevas de la península; su punto de vista general -era creer que España era un país aparte de los -otros.</p> - -<p>En los días siguientes se estableció entre Tilly -y Aviraneta una relación cortés y de suspicacia -ambos se hablaban como para estudiarse; parecía -que se habían adivinado los dos como intrigantes, -y estaban en guardia.</p> - -<p>—He conocido a un Tilly hace unos años—le -dijo Aviraneta.—Venía de Jersey.</p> - -<p>—Sí, probablemente algún pariente mío.</p> - -<p>—¿No lo sabe usted?</p> - -<p>—No; somos tantos los Tillys, que no hay manera -de saberlo. Los hay franceses, los hay alemanes, -los hay españoles...; unos son liberales, otros -reaccionarios.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></p> - -<p>—El que yo conocía creo que era conde.</p> - -<p>—Quizás; había un conde, tío de mi padre. No -sé más. Como le digo a usted, no conozco la historia -de estos Tillys. Respecto a mí, sólo sé que -mi padre desapareció de casa hace años y que -probablemente murió; mis hermanos están ahora -con unos tíos, excepto una hermana que se encuentra -en San Sebastián.</p> - -<p>—¿Y tú pensarás sacar adelante a tu familia?—dijo -Lacy.</p> - -<p>—Yo pienso ver cómo salgo adelante yo. Cada -cual que se las arregle como pueda.</p> - -<p>Lacy no veía con agrado tan tranquilo egoísmo -y afeó este sentimiento de su camarada; pero Tilly -se rió; él creía que el ser egoísta era una condición -necesaria para la vida.</p> - -<p>—¿Y tu hermana?—le preguntó Lacy.</p> - -<p>—Está en San Sebastián con unas señoras amigas, -pero no quiere quedarse con ellas; me ha -dicho que el mejor día se escapará.</p> - -<p>—¿Sigue tan voluntariosa como antes?</p> - -<p>—Igual; no ha variado nada.</p> - -<p>A Tilly no le gustaba mucho hablar de la familia, -y siguió exponiendo sus ideas. Era un producto -de corrupción, de inmoralidad, y veía todo -lo que fuera intriga con gran simpatía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p> - -<p>Aviraneta, a quien chocaba las ideas del joven, -le preguntó:</p> - -<p>—¿Dónde ha estudiado usted?</p> - -<p>—En un colegio de frailes, en Rennes, donde, -la verdad, creo que no aprendí nada de provecho. -Lacy fué mi condiscípulo.</p> - -<p>—Entonces era un tanto místico—dijo Lacy -riendo.</p> - -<p>—Luego he ido aprendiendo un poco—añadió -Lacy—a fuerza de curiosidad y de algún ingenio. -He leído en historias y en memorias la vida de -Napoleón, de Fouché y de Talleyrand.</p> - -<p>—¡Buena enseñanza!—exclamó Lacy.—Creo -que hubiera sido mejor que hubieses leído Las -Vidas Paralelas de Plutarco.</p> - -<p>—Yo no lo creo así. De conocer, conozcamos -la vida actual. Aprendamos un poco lo que es en -una historia no falsificada y que puede comprobarse.</p> - -<p>—Creo que en esos libros que has leído no se -aprende más que a mentir.</p> - -<p>—El que lucha para elevarse tiene que mentir—replicó -Tilly,—por mucha suerte y por muy bien -que le vayan las cosas tendrá que mentir. Ahí está -el caso de Napoleón.</p> - -<p>—¡Tipo repugnante este Napoleón!—exclamó<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -Lacy.—Yo antes tenía entusiasmo por él. Ahora -que conozco su historia, no. Es de una falta de -nobleza y de simpatía, de un egoísmo tan bajo que -repugna. Su epopeya es en gran parte una novela, -una historia falsa amañada, ¡Avanza de una manera -tan vil! Se casa con una vieja intrigante que -es la querida de su protector Barras y que ha sido -una cortesana, y va avanzando con ella hasta que -le da un puntapié. Las alocuciones no las escribe -él, las batallas no las gana siempre él, pero él se -aprovecha siempre de todo.</p> - -<p>—Esa es la política—dijo Tilly.</p> - -<p>—Yo veo en Napoleón la falta absoluta de gracia -y de humanidad—siguió diciendo Lacy.—Carlos -V, el gran Federico, Gustavo Adolfo, tienen -gracia, son a veces humanos; Napoleón es la quintaesencia -de la bestialidad y del egoísmo. Si yo -hubiera nacido en su tiempo y hubiera sido francés, -hubiera sido partidario de Babeuf.</p> - -<p>—Yo también—dijo Aviraneta;—pero eso no -importa. Yo estoy conforme con usted en que Napoleón -no era simpático; pero aun así era una -fuerza, y ¡qué fuerza!</p> - -<p>—Una fuerza de egoísmo.</p> - -<p>—Todos obramos por egoísmo—afirmó Tilly—y -todos empleamos la mentira.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> - -<p>—Todos, no.</p> - -<p>—Yo sí. Yo me siento el eje del universo. Respecto -a la mentira, muchas veces cuando necesito -un dato para completar un plan lo invento.</p> - -<p>—Eso es absurdo.</p> - -<p>—El señor Tilly nos va a dejar muy atrás a -los discípulos de Maquiavelo—dijo Aviraneta con -ironía;—le tendremos que decir como Talleyrand -a Fouché, cuando éste hizo una de sus hábiles -maniobras ante Luis XVIII: <i>Je vous salue mon -mâitre</i>.</p> - -<p>—Usted, señor Aviraneta, nunca será discípulo -mío, sino mi maestro—replicó Tilly con su impasibilidad -habitual.—Si entre los liberales españoles -hubiera muchos hombres como usted, de otro -modo irían los asuntos.</p> - -<p>—¿Así que para ti los liberales españoles lo hacen -mal?—preguntó Lacy.</p> - -<p>—Muy mal.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—No obran con rapidez y con energía. Su historia -es una historia de vacilaciones. Cuando tuvieron -al rey en sus manos, en 1823, debieron -haber acabado con él.</p> - -<p>—Hubiera quedado el hermano.</p> - -<p>—Matar a toda la familia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span></p> - -<p>—¿Tú lo hubieras hecho?</p> - -<p>—Yo, sí.</p> - -<p>—Obrando de una manera violenta se hubieran -precipitado los acontecimientos—dijo Aviraneta, -que era de la misma manera de pensar.</p> - -<p>Después de hablar de política, Lacy le preguntó -a Tilly por su amiga lady Russell.</p> - -<p>—La voy a dejar—dijo Tilly.</p> - -<p>—Pues ¿por qué?</p> - -<p>—Me estorba.</p> - -<p>—La vas a dar un disgusto.</p> - -<p>—Bah. Ya se consolará. Esa clase de mujeres -necesitan hombres jóvenes. Cuando yo le deje le -tomará otro.</p> - -<p>—¡Esa clase de mujeres!—exclamó Lacy—ciertamente -no demuestras con esa frase ni ser muy -agradecido ni muy amable.</p> - -<p>—Hablo de ella por lo que es—contestó Tilly, -sencillez;—no tomo en cuenta sus beneficios -como no tomaría sus perjuicios si me los hubiera -hecho.</p> - -<p>Tilly pasó algún tiempo en Bayona, haciendo -nuevas conquistas y dando nuevos escándalos.</p> - -<p>—El amigo de usted es un perdido—dijo Aviraneta -a Lacy.</p> - -<p>—Sí; es un muchacho que va alimentando la<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> -parte mala de su alma con la sustancia de la buena; -cada vez más cínico y más atrevido, va asesinando -al buen muchacho que había en él y va a -terminar siendo un canalla.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_VII">VII.<br /> -VIAJE A SAN SEBASTIÁN</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Unos</span> días después de esta conversación apareció -en Bayona el primo de Aviraneta, don -Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a -un grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento -de San Sebastián y comprar los útiles necesarios -para hacer encuadernaciones, pues pensaba -dedicarse a este trabajo por gusto.</p> - -<p>Alzate se hospedó en la fonda de Iturri, habló -largamente con D. Eugenio y visitó a Mina.</p> - -<p>Era D. Lorenzo de Alzate hombre de mediana -estatura, de ojos garzos y vivos y de expresión -amable.</p> - -<p>Aviraneta le preguntó a su pariente si era muy -difícil entrar en España. Alzate dijo que sí, que<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span> -la frontera estaba muy vigilada y que la policía -militar tenía orden de examinar detenidamente -los pasaportes de los que entraban en España y -de prender a los sospechosos.</p> - -<p>Aviraneta se enteró bien de otros extremos y -acompañó a su primo hasta el coche. Antes de salir -preguntó al cochero:</p> - -<p>—¿Tú conoces a Ganisch, a uno que tiene una -taberna en Behobia?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Dile al pasar que mañana su amigo Eugenio, -que ha venido de Méjico, le esperará a las doce -del día en el puente, del lado de Francia.</p> - -<p>—Bueno; ya se lo diré.</p> - -<p>Se marchó D. Lorenzo de Alzate, y por la noche -dijo D. Eugenio en la fonda que iba a ir a -San Sebastián.</p> - -<p>Ochoa y Lacy pretendieron acompañarle.</p> - -<p>—En tal caso prefiero que venga Ochoa.</p> - -<p>—¿Por qué lo prefiere usted?—preguntó Lacy, -picado.</p> - -<p>—Porque usted no sabe vascuence y él sí.</p> - -<p>—Ah, vamos.</p> - -<p>Se decidió que fuera Ochoa. Este por la mañana -pasó por casa de su paisano Beunza, que tenía un -pequeño establecimiento de coches en la misma<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -calle de los Vascos, y le mandó aparejar un tílburi.</p> - -<p>Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de -partir a Tilly.</p> - -<p>—¿Quiere usted algo para su hermana?—le -preguntó Ochoa.</p> - -<p>—¿Va usted a verla?</p> - -<p>—Sí, probablemente.</p> - -<p>—Vive en la calle Mayor, número seis u ocho.</p> - -<p>—La saludaré de su parte.</p> - -<p>Aviraneta había torcido el gesto al oir la conversación.</p> - -<p>—Amigo Ochoa—murmuró;—cuando se toma -una misión difícil hay que pensar solamente en -ella y no ser imprudente.</p> - -<p>—¿Por qué lo dice usted?</p> - -<p>—Porque esta conversación, que probablemente -no la habrá oído nadie, ha podido ser oída por -alguien y sernos fatal.</p> - -<p>—Tiene usted razón—murmuró Ochoa, compungido;—tendré -más precaución otra vez.</p> - -<p>Al medio día llegaron a Behobia y esperaron a -Ganisch. Estaban comiendo en una posada, cuando -apareció el antiguo amigo de Aviraneta.</p> - -<p>—<i>¡Arrayua!</i>—dijo Ganisch al ver a D. Eugenio. -¿De dónde vienes?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p> - -<p>—De Méjico.</p> - -<p>—¡De Méjico! ¡Qué! ¿Te has hecho rico?</p> - -<p>—Poca cosa. ¿Y tú?</p> - -<p>—¡Pse! Voy viviendo. ¿Qué queríais? ¿Entrar -en España?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Adónde vais a ir?</p> - -<p>—A San Sebastián.</p> - -<p>—Bueno. Tendréis que ir de boyerizos y llevar -cada uno un carro de carbón. Así no os preguntará -nadie nada.</p> - -<p>—Iremos con los carros de carbón. Tú nos dirás -las instrucciones, dónde hay que dejarlos y -demás.</p> - -<p>—Sí; todo se os dirá.</p> - -<p>—¿Cuándo pasamos a la otra orilla?</p> - -<p>—Por la noche. Yo saldré enfrente de Azquen -Portu con una lancha y silbaré como en nuestros -tiempos.</p> - -<p>—Muy bien.</p> - -<p>Comieron Aviraneta y Ochoa, pasaron la tarde -en una taberna de Behobia de Francia, y al anochecer, -después de cenar, fueron marchando por -la orilla del Bidasoa hasta llegar frente a las casas -de Azquen Portu.</p> - -<p>Apareció al poco rato Ganisch en su barca, silbó<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -de la manara convenida, saltaron los dos y pasaron -a la otra orilla y desembarcaron cerca de un -caserío que se llamaba Chapartiena.</p> - -<p>—Podéis dormir aquí hasta la una—dijo Ganisch.—A -esa hora os despertaré.</p> - -<p>Durmieron en Chapartiena y a media noche les -despertó Ganisch, le dió a cada uno una ropa vieja -y una elástica azul y les ayudó a uncir los bueyes. -Luego les dijo lo que tenían que contestar a -los guardias y centinelas del camino.</p> - -<p>Uno delante de otro, Aviraneta y Ochoa comenzaron -a marchar camino de Irún y después de -San Sebastián. Mientras fué de noche no hubo -miedo; a las preguntas de los guardias contestaban -en vascuence, como les había dicho Ganisch.</p> - -<p>Al hacerse de día tuvieron que tomar ciertas -precauciones.</p> - -<p>—¿Qué tal estoy yo?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—Muy bien. Todavía creo que se puede usted -ensuciar la cara un poco más con carbón. ¿Y yo, -estoy bien?</p> - -<p>—Admirablemente. Parece que no ha hecho usted -otra cosa en su vida.</p> - -<p>Y los dos, dando de cuando en cuando con el -aguijón en los cuernos de los bueyes y diciendo: -¡Aidá! ¡Aidá!, avanzaron hacia San Sebastián.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> - -<p>No les ocurrió ningún percance en el camino. -Entraron en la ciudad por la puerta de Tierra y -llevaron los carros, siguiendo las instrucciones de -Ganisch, a la parte de la muralla que llamaban la -Brecha, cerca del Cubo de Amezqueta, donde los -descargaron. Comieron en una taberna, y al anochecer -Aviraneta se presentó en casa de Alzate, -quien al verle en aquellas trazas se quedó asombrado.</p> - -<p>—¿Por qué no has venido conmigo?</p> - -<p>—No quería comprometerte.</p> - -<p>—¿Qué es lo que pretendes?</p> - -<p>Aviraneta expuso su plan de trabajar la guarnición -de San Sebastián para que secundase el -movimiento de los liberales.</p> - -<p>—¿Por qué no me has dicho esto en Bayona?—preguntó -Alzate.</p> - -<p>—Porque me hubieras intentado disuadir del -proyecto.</p> - -<p>—Es verdad. Puesto que tú crees en la posibilidad -de ese plan, haremos juntos las gestiones, -aunque de antemano te diré que la cosa me parece -imposible. Lávate, ponte una ropa limpia y -vamos.</p> - -<p>Alzate y Aviraneta salieron de casa y fueron a -la platería de D. Vicente Legarda.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p> - -<p>—No está el principal—dijo el dependiente;—quizás -esté en la imprenta de Baroja.</p> - -<p>Fueron a la Plaza de la Constitución y entraron -en los arcos. Alzate llamó con los nudillos en -una puerta próxima al Ayuntamiento, y pasaron -adentro. El olor acre de la tinta de los rodillos y -del papel mojado denunciaba la imprenta. Pasaron -la tienda y entraron en un taller bajo de techo. -A la luz de dos lámparas colgadas de un -alambre, colocado horizontalmente a cierta altura, -se veían las cajas, las prensas, los tinteros y las -resmas de papel. En el techo había hileras de cuerdas -de las que colgaban papeles impresos.</p> - -<p>Había varias personas en la imprenta. Al principio -al entrar en ella no se las veía. Uno estaba -como en una hamaca sostenido en las cuerdas del -secadero de papeles, otro encaramado sobre las cajas -y un tercero encima de un montón de papel.</p> - -<p>Alzate presentó a Aviraneta al impresor y a su -hermano y el impresor después presentó a don -Eugenio a los que estaban allá que eran Legarda, -Zuaznavar, Orbegozo y Arrillaga. Todos ellos liberales -se reunían a comentar los sucesos del día -en la imprenta de Baroja.</p> - -<p>En esta imprenta se tiraba por entonces <i>La Estafeta</i>, -periódico realista de don Sebastián Mi<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>ñano -que había sucedido a la <i>Gaceta de Bayona</i> -después de la Revolución de Julio.</p> - -<p>La protección de Miñano hacía que aquella imprenta -fuera un lugar seguro para los liberales. -Aviraneta después de ser presentado habló de las -entrevistas que había celebrado con Mina y de la -necesidad que tenían de contar con una base de -operaciones en San Sebastián. Cuando acabó de -explicarse Aviraneta, tomó la palabra uno de -aquellos señores, el que estaba sentado en las cuerdas -del secadero, don Vicente Legarda.</p> - -<p>Dijo que estaba bien pensado lo dicho por Aviraneta -lo cual no era obstáculo para que la realización -del proyecto fuera muy difícil o imposible. -Respecto al espíritu público de San Sebastián en -la mayoría del pueblo era liberal, pero no se podía -contar ni con la guarnición ni con el elemento -civil. El paisanaje no tenía contacto alguno con -los soldados y a éstos les estaba prohibido expresamente -hablar con la gente de la ciudad.</p> - -<p>—¿Y qué se podría hacer para ganar a los -oficiales?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—No sé—contestó Legarda.—Me parece una -gran temeridad emprender la seducción de los oficiales -no contando con mucho dinero.</p> - -<p>—¿No hay liberales en el ejército?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span></p> - -<p>—Sí, pero estamos actualmente dominados por -los realistas. El capitán general D. Blas de Fournás -es un francés realista, el segundo cabo don -Juan de la Porte-Despierres también; el jefe político -Gironella es indefinido, y el gobernador del -Castillo de la Mota es como la mayoría de los -jefes acérrimo realista. Entre las autoridades de -Marina ocurre lo propio; D. Pedro Hurtado y -D. Francisco Echezarreta son los dos absolutistas. -Como usted ve el momento no es muy propicio. -Sin embargo, si se cuenta con dinero intentaremos -ganar a los cabos y a los sargentos, principalmente -a los del Castillo de la Mota que es la llave de -la ciudad. Ganados el castillo y la plaza se presentaría -una nueva dificultad de mucho bulto—añadió -Legarda;—el proveer la ciudad de víveres -necesarios para sostener el sitio que nos pondrían -por mar y tierra. El resultado inevitable sería sucumbir -a los pocos días atrayendo un sin fin de -desgracias a la población y a los que se comprometieran -en la defensa. Por estas razones que -me parecen de peso, creo que el plan limitado al -alzamiento único de San Sebastián no es práctico. -Si los emigrados contaran, como ha dicho -Aviraneta, con la plaza de Santoña y con elementos -en el interior de España entonces sí se podría<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span> -esperar el triunfo, y trabajaríamos con entusiasmo, -pero repito que aun así no se puede hacer -nada más que a fuerza de mucho dinero.</p> - -<p>Las palabras de Legarda eran sensatas, lógicas -y los que estaban en la imprenta las suscribieron. -Alzate y Aviraneta se despidieron de todos y salieron -a la plaza.</p> - -<p>Alzate llevó a dormir a su primo a una casa -de su confianza.</p> - -<p>Al día siguiente Aviraneta quiso hacer nuevos -intentos; por la mañana Ochoa y él salieron -con sus carros de carbón y los llevaron a una -venta del camino de Astigarraga. Al anochecer -entraron de nuevo en San Sebastián, y Aviraneta -fué a visitar solo al barón de Carondelet -y a dos oficiales liberales. Después de su visita -quedó convencido de que no se podía hacer -nada.</p> - -<p>Al otro día al abrirse la puerta de Tierra salió -don Eugenio camino de Astigarraga. Una muchacha -alta marchó casi al mismo tiempo que -él y se detuvo en la misma casa, a cuya puerta -estaba Ochoa.</p> - -<p>—¿Qué? ¿vamos?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—Sí, ya están uncidos los bueyes. Esta señorita -viene con nosotros.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span></p> - -<p>—¿Esta señorita?</p> - -<p>—Sí. Es la hermana de Tilly.</p> - -<p>—¿Y qué extravagancia es esa de querer venir -en un carro?</p> - -<p>—Así si me buscan no me encontrarán—replicó -ella.</p> - -<p>Margarita Tilly guardó la mantilla y se ató -un pañuelo a la cabeza a estilo de casera. Llevaba -corpiño, delantal y alpargatas.</p> - -<p>—Vamos—dijo y tomó una cesta al brazo, y -comenzó a marchar.</p> - -<p>Margarita Tilly era una muchacha de cara -larga y expresiva, tenía los ojos azules, brillantes -y oscuros, llenos de audacia, el mentón algo pronunciado -y el pelo rubio. Había cierta asimetría -en su rostro, aunque no tanta como en el de su -hermano, asimetría que le daba gracia.</p> - -<p>—No sé si le tomarán a usted por una aldeana—dijo -Aviraneta—me parece usted demasiado -bonita.</p> - -<p>—Muchas gracias, don Eugenio—exclamó ella -riendo.</p> - -<p>—No es galantería. Es precaución. Si a usted -la cogen la llevarán de nuevo a casa de sus parientes -de San Sebastián, a nosotros por de pronto -nos meterán en la cárcel.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span></p> - -<p>—Bah, don Eugenio. Usted no tiene miedo a -eso.</p> - -<p>—Parece que me conoce usted.</p> - -<p>—Sí, Ochoa me ha hablado de usted.</p> - -<p>—Cuando pasemos por los pueblos apártese -usted de nosotros y tome usted el aire más estúpido -posible que pueda usted tomar—recomendó -Aviraneta.</p> - -<p>—Bueno, así lo haré.</p> - -<p>Varias veces Margarita subió al carro que dirigía -Aviraneta. Ochoa que iba detrás se le acercaba -a echarla flores.</p> - -<p>—¡Eh! ¡Eh!—decía Aviraneta.—<i>¡Atzera! -¡Atzera!</i> (¡Atrás! ¡Atrás!)</p> - -<p>No ocurrió nada en el camino, pero al acercarse -a media tarde a Irún, Aviraneta se encontró -con un viajero elegante que iba en un cabriolé y -que se paró al verle.</p> - -<p>—¡Eugenio!—exclamó.</p> - -<p>Aviraneta estuvo a punto de soltar el palo y -echar a correr.</p> - -<p>El joven bajó del coche y exclamó:</p> - -<p>—¿No me conoces?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—Joaquín Errazu, tu primo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> - -<p>—¡Ah! Es verdad. Hace ya tanto tiempo que -no te he visto.</p> - -<p>—¿Qué es esto? ¿Qué pasa? ¿Por qué vas así -vestido?</p> - -<p>Aviraneta explicó a Errazu lo que habían hecho.</p> - -<p>—Esta señorita es una amiga nuestra que va -a reunirse con su hermano. Es la señorita de Tilly. -¿Tú no la podrías pasar a Behobia en tu coche?</p> - -<p>—Sí, con mucho gusto. Si quiere le daremos de -merendar en mi casa y luego la llevaremos a Behobia.</p> - -<p>—Bueno. Ya sabe usted, Margarita.</p> - -<p>Margarita se puso de nuevo la mantilla y montó -en el cabriolé.</p> - -<p>Aviraneta y Ochoa llegaron a Azquen Portu, -se lavaron y cambiaron de ropa y poco después -pasaron en lancha a la otra orilla del Bidasoa.</p> - -<p>En Behobia estaba Margarita en compañía de -Errazu, que se mostraba muy galante con ella. -Montaron Margarita, Aviraneta y Ochoa en el -cochecito de Beunza y se dirigieron hacia Bayona.</p> - -<p>—¿Está usted contenta del viaje?—preguntó -Aviraneta a Margarita.</p> - -<p>—Contentísima.</p> - -<p>—¿Le han tratado a usted bien mis parientes -de Irún?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> - -<p>—Como a una reina. Me han sentado a la mesa, -al lado del tío de usted, el cura, a tomar chocolate, -y me han contado de usted una porción de -diabluras que hizo usted cuando era chico.</p> - -<p>—El primo joven de don Eugenio creo que le -galanteaba a usted un poco—dijo Ochoa.</p> - -<p>—¡Bah! De eso no hago caso.</p> - -<p>Charlando los tres llegaron ya muy entrada la -noche a Bayona, y fueron a parar a la fonda de -Iturri.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_VIII">VIII.<br /> -FRACASA EL PROYECTO</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente el general Mina, enterado de -la vuelta de Aviraneta, le invitó a comer a -su casa. Don Eugenio fué obsequiado, tanto por el -general como por su señora doña Juana Vega, a -quien los íntimos llamaban doña Juanita.</p> - -<p>—¿Qué impresiones trae usted de San Sebastián?—preguntó -Mina.</p> - -<p>—Malas.</p> - -<p>Y Aviraneta contó con detalles lo que le habían -dicho los militares y paisanos con quienes había -hablado.</p> - -<p>—¿Así no es posible que ellos hagan algo?</p> - -<p>—Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el -movimiento, ¿quién sabe?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> - -<p>—No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que -es la gente... Ha habido quien se ha acercado a -mí a decirme que no me fíe de usted... Si propongo -el aplazamiento, van a creer que soy un -traidor.</p> - -<p>—¿Qué haremos?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—Esperaremos a ver si le contestan a Campillo... -Avíseme usted en seguida que haya contestación... -¿Usted qué cree que se necesitaría para -sobornar una guarnición como la de San Sebastián?</p> - -<p>—Yo me figuro que para empezar se necesitarían -unos cuarenta o cincuenta mil duros... quizás -más.</p> - -<p>—Es mucho dinero...; pero, en fin..., ¿quién -sabe?... Mendizábal es un hombre listo... comprenderá -los motivos...</p> - -<p>—Y si no tiene usted medios, ¿qué va usted a -hacer, general?</p> - -<p>—Ya no tengo más remedio que lanzarme. Salga -lo que saliere.</p> - -<p>Aviraneta dejó la casa del general y se reunió -con Lacy y con Ochoa, a quienes contó su entrevista.</p> - -<p>Dos días después, por la mañana muy temprano -se presentó Campillo en la fonda de Iturri.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p> - -<p>—Coja usted el frasquito del reactivo—le dijo -a Aviraneta;—creo que hay carta. Vamos a dar -un paseo.</p> - -<p>Campillo, Aviraneta y Lacy se dirigieron a -Saint Pierre de Irube y se metieron en una venta -muy solitaria que se llamaba Bidegañeche (la -casa en lo alto del camino). Pidieron a la dueña -de la venta un cuartito y que les diera de almorzar. -La dueña los subió al primer piso de la casa, -que tenía una gran ventana al campo. Cerraron -la puerta, y Campillo dijo que el patrón del quechemarin -de Santoña había traído un pliego en -blanco, doblado, como si fuera papel para hacer -cigarrillos y que suponía estuviera escrito con -tinta simpática.</p> - -<p>Sacó don Eugenio la botellita del reactivo, desdobló -el pliego y lo untó con un pincel por sus -cuatro caras. Campillo y Lacy miraban con atención -por si aparecían las letras. Al secarse el papel -se destacaron claramente.</p> - -<p>La carta era del hermano de López Campillo; -decía que después de haberse enterado de las instrucciones, -había comenzado sus trabajos y comunicado -sus planes a un comerciante amigo suyo, -quien le dijo que hablaría a los militares y le daría -una respuesta en el plazo de tres días.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p> - -<p>Al cabo de este tiempo el amigo le había dicho -que después de hablar con varias personas, entre -ellas con el comandante de artillería de la plaza -y con algunos oficiales de la misma Arma, estaba -convencido de que todos se hallaban dispuestos a -entrar en el movimiento siempre que se contase -con los jefes que ocupaban altos cargos. Estos -eran el gobernador de la plaza, brigadier Fleires; -el teniente del rey, coronel D. Diego Rodríguez, -y el sargento, capitán don Juan Bautista Viola. -Respecto al gobernador militar de la provincia, -D. Vicente González Moreno, se le tenía por realista -acérrimo y afiliado al Ángel Exterminador.</p> - -<p>Los oficiales subalternos estaban dispuestos a -tomar parte en el alzamiento con ciertas condiciones. -Estas eran: primera, que Mina asumiese -la responsabilidad de lo que se hiciera; segunda, -que el mismo general respondiera de que en el -interior de la nación secundarían el pronunciamiento, -y tercera, que se les enviara fondos para -ganar a los sargentos y a los soldados.</p> - -<p>Campillo quedó un poco extrañado de que en -su país como en el resto de España no hubiese -más prestigio entre los liberales que el de Mina. -Se decidió leer la carta al auditor Aguado, y Lacy, -Campillo y Aviraneta salieron de Bidegañeche y<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -volvieron hacia Bayona a buscar al auditor en -su casa de Saint Esprit.</p> - -<p>Aviraneta subió al piso, y dijo al auditor que -sería conveniente marchase a ver al general y le -preguntase cuándo podían leerle una carta importante.</p> - -<p>Aguado tomó un coche de los que llamaban <i>citadinas</i>, -invitó a subir a Campillo, a Lacy y a Aviraneta, -y fueron los cuatro a casa del general. Este -se hallaba en la cama.</p> - -<p>Doña Juanita, la señora del guerrillero, pasó a -los visitantes a la alcoba.</p> - -<p>Mina estaba macilento, demacrado; tenía un -montón de papeles sobre la cama. Oyó leer la carta -del hermano de Campillo con atención; estuvo -largo rato pensativo, y dijo:</p> - -<p>—Voy a reunir a los jefes y a Mendizábal y -a exponerles el asunto. Quisiera que comprendieran -su importancia... Usted, Aguado, podría ir -a visitar mientras tanto al banquero Silva y explicarle -el caso.</p> - -<p>—Bien. Iremos Aviraneta y yo.</p> - -<p>—Para la noche tendrán ustedes la contestación.</p> - -<p>Fueron Aviraneta y Aguado a la casa de Silva, -un banquero judío de Saint Esprit.</p> - -<p>La casa era una casa pequeña y estaba en una<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -callejuela oscura y triste. Tenía un escaparate reforzado -por dentro con una alambrera.</p> - -<p>Entraron en la oficina, que era un cuarto donde -escribían dos empleados. Se veía en ella una -caja de caudales grande, empotrada en la pared y -una porción de legajos y de papeles.</p> - -<p>Aguado dijo lo que quería y el empleado llamó -en una puerta, que se abrió chirriando y se volvió -a cerrar.</p> - -<p>El banquero era un hombre pálido de perfil -judío, muy fino, muy atento.</p> - -<p>Escuchó sonriendo lo que le decían, y dijo que -hablaría a Mendizábal y que intentaría influir y -hacer todo lo que estuviera de su parte.</p> - -<p>Al salir a la calle Aviraneta y Aguado oyeron -risas en un balcón, volvieron la cabeza y vieron -dos muchachas de perfil aguileño y de ojos negros, -las dos muy bonitas, las hijas del banquero.</p> - -<p>Salieron de casa de Silva. Aguado se quedó en -Saint Esprit, y dijo que por la noche al terminar -la reunión de los caudillos en casa de Mina iría a -decirles el resultado a la fonda de Iturri...</p> - -<p>Después de cenar se reunieron en el cuarto de -Aviraneta, Lacy, Ochoa y Campillo. La impaciencia -hizo a Lacy abrir la ventana, y para que no -se viese la luz en la calle se apagó el quinqué. A<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -las once de la noche llegó Aguado. Ochoa fué a -abrirle la puerta; Lacy cerró la ventana y encendió -la luz.</p> - -<p>—¿Qué hay?—preguntaron con ansiedad al -auditor.</p> - -<p>—El proyecto está rechazado. Los demás jefes, -a quien ha expuesto Mina los propósitos de -ustedes, han dicho que son inútiles. Están tan obcecados, -que creen que les ha de bastar presentarse -en la frontera para que toda España se les -una.</p> - -<p>—¡Qué idiotismo! Qué imbecilidad!—exclamó -Aviraneta.—¡Y tener que formar partido con -esta gente! Es triste.</p> - -<p>—¿Y no han dicho más?—preguntó Ochoa con -sorna.</p> - -<p>—Algunos han asegurado que hay agentes de -Calomarde que quieren desviar el movimiento.</p> - -<p>—Puesto que los liberales españoles son tan -bestias—murmuró Aviraneta con ironía,—¡qué le -vamos a hacer!</p> - -<p>—Respecto a usted, amigo Aviraneta—siguió -diciendo Aguado,—se afirma que quiere usted recoger -el fruto sin haber trabajado como los demás.</p> - -<p>—¡Qué asco de gente!</p> - -<p>—Al salir de la reunión—terminó diciendo el<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -auditor—he visto a Jáuregui, que me ha indicado -que le diga a usted, Aviraneta, que hay siempre -un puesto para usted en la Compañía Sagrada que -ha formado con antiguos oficiales.</p> - -<p>—Bueno. Dele usted las gracias si le ve.</p> - -<p>Se marchó Aguado y después Campillo; Lacy -y Ochoa se fueron a su cuarto.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_IX">IX.<br /> -AVIRANETA, DESPECHADO</h3> -</div> - -<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente, a la hora del almuerzo, se -reunieron en la fonda de Iturri, Campillo, -Lacy, Ochoa y Aviraneta.</p> - -<p>—No le parece usted, don Eugenio—preguntó -Lacy,—que sería conveniente que todos siguiéramos -el mismo camino y marcháramos con el mismo -jefe. Nosotros vamos con Valdés.</p> - -<p>—Yo estoy comprometido con él hace tiempo—dijo -Campillo.</p> - -<p>—Yo no pienso ir con nadie—repuso Aviraneta.—No -quiero ir dirigido por imbéciles.</p> - -<p>—¡Pero don Eugenio!</p> - -<p>—No, no. Ir con gente así, que no tiene medios, -ni un golpe de vista genial para marchar al fin, es<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -ir a un fracaso, y a un fracaso ridículo. No, no, -no voy. Sé cómo son estos militares españoles, -de una inutilidad, de una suficiencia y de una majadería -imponderables. Cuando hayan conducido -la empresa al desastre se refugiarán en las chinchorrerías, -en los detalles... No, no.</p> - -<p>Campillo se encogió de hombros y no dijo nada. -Lacy quiso convencer a Aviraneta.</p> - -<p>—¿Pero de verdad no va usted a ir, don Eugenio?—le -preguntó.</p> - -<p>—De verdad. Conozco la guerra. Es la cosa -más estúpida, más desordenada y sin objeto que -pueda hacerse. Todo lo que no se realice en política -por la inteligencia y por el cálculo, es perfectamente -inútil. ¡La guerra! Unos hombres que -van, otros que vienen, la mayoría sin saber porqué; -aquí que se corre, allí que se persigue, en -este otro lado que se fusila... plan, ninguno...; la -casualidad...; no, no; me parece demasiado imbécil.</p> - -<p>—¿Pero va usted a negar hasta la táctica, el -arte?</p> - -<p>—No creo en tal arte. Me parece una mixtificación -de los militares. Yo no he visto en la guerra -más que desorden, brutalidad y estupidez. Casualidad, -casualidad y casualidad.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p> - -<p>—Pero hay una ciencia por encima de la casualidad -y de la barbarie—exclamó Lacy.</p> - -<p>—Yo lo dudo mucho. Todo esto que hacen los -militares no se diferencia gran cosa de las pedreas -de chicos.</p> - -<p>—No, don Eugenio, no.</p> - -<p>—Yo creo que sí. Nunca verá usted que un patán -pueda sustituir a un mecánico o a un matemático; -en cambio, a un general lo sustituye un -cura, un campesino, cualquiera, y lo hace tan bien -como él y a veces mejor. Parece que cuando se -ponen frente a frente dos bandos tiene que haber -un vencedor y un vencido. ¿Pero lo hay siempre? -¿Y cuando lo hay depende de la ciencia? -Esto es muy dudoso. No creo que se pueda hacer -mucho caso de las afirmaciones de estos pedantes -de uniforme, porque en ellos la petulancia es moneda -corriente. En fin, querido Lacy, si usted -toma parte en la intentona lo verá.</p> - -<p>—¿Así que usted está decidido a no ir?</p> - -<p>—Completamente decidido.</p> - -<p>—¿Y qué va usted a hacer?</p> - -<p>—Me quedaré aquí, o quizás vaya a Ustariz con -Tilly. Aquí, en Bayona, parece que va a haber -una vigilancia molesta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p> - -<p>Por más que Lacy intentó nuevamente convencerle, -Aviraneta se aferró a decir que no iba.</p> - -<p>Ochoa y Lacy marcharían los dos con Valdés; -pocos días más tarde se presentó Malpica a tomar -el mando de su gente. Venía en compañía del -tío Juan el guardabosque, y de Alí, el asistente -de Víctor Darracq.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_X">X.<br /> -ORDEN DE MARCHA</h3> -</div> - - -<p><span class="smcap">El</span> 9 de Octubre, después de largas diligencias, -los jefes liberales firmaron un acuerdo -de acatar las órdenes de Mina. Unicamente no -quisieron aceptar su jefatura Valdés, Méndez Vigo -y Chapalangarra.</p> - -<p>Estaba ya dispuesto el plan general de la invasión.</p> - -<p>Por Vera entraría Mina con todo su Estado -Mayor, formado por los generales Butrón, López -Baños, Jáuregui, Iriarte, etc.</p> - -<p>Por Urdax, a tomar el camino de Elizondo y -apoderarse del valle del Baztán, pasaría el coronel -Valdés, nombrado por la Junta revolucionaria -mariscal de campo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p> - -<p>Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona, -iría Chapalangarra con un ciento de voluntarios -parisienses y algunos aventureros españoles, -entre ellos el poeta Espronceda.</p> - -<p>Por los Alduides cruzaría el general Espinosa, -que se encargaría del mando de Navarra. Parte -de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y -León Iriarte, avanzarían al oeste en dirección del -Baztán.</p> - -<p>Con esto, las tropas destacadas hacia la parte -occidental de los Pirineos por el Gobierno de Fernando -tendrían que dividirse. Algunas de ellas, -comprometidas, se esperaba que hicieran causa -común con los liberales.</p> - -<p>Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztán, -Espinosa, marchando al Este, provocaría el -alzamiento de los valles más liberales de las Aezcoas -y del Roncal, que se darían luego la mano -con los valles del Pirineo aragonés en donde operaría -el general Plasencia.</p> - -<p>Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos -desde Urdax hasta Irún para conservar las -comunicaciones con Francia, y obrando en combinación -con las fuerzas de la columna de Espinosa -debía llamar sobre sí la atención del grueso del -ejército español.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> - -<p>El general Plasencia se correría por Oloron, -llevando a sus órdenes al coronel Domínguez, al -canónigo Barber y algunos otros conocedores del -país.</p> - -<p>Méndez Vigo, con sus doscientos hombres, la -mayoría carbonarios italianos y polacos, le secundaría -avanzando hacia el Roncal. Se le reuniría -después Vázquez Roselló que se encontraba en -Orthez.</p> - -<p>Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre, -operaría en el Alto Aragón.</p> - -<p>En Cataluña, la mayoría de los militares que -pensaban tomar parte en la empresa era poco adicta -a Mina, pero casi todos ellos se habían comprometido -a cooperar en el movimiento.</p> - -<p>Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo -navarro, había recibido un mando de la Junta -de Bayona, que llamaban minista, y fué a Perpiñán -a reunirse con el ex diputado D. José Grases, -amigo de Torrijos, para preparar la entrada en -Cataluña.</p> - -<p>Una de las columnas la mandaría Milans del -Bosch llevando a Baiges como segundo; otra Miranda, -y pasarían ambas por la Junquera. La tercera -columna, al mando de San Miguel, entraría -por Andorra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p> - -<p>En combinación con los movimientos en la frontera -francesa, se esperaba la salida de Torrijos, -Manzanares y Palarea, que partirían de Gibraltar -y marcharían por la carretera hacia Madrid. La -tropa de Marina y la guarnición de Cádiz estaba, -según se decía, ganada por los liberales.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_XI">XI.<br /> -LOS REALISTAS</h3></div> - - -<p><span class="smcap">El</span> Gobierno de Calomarde no se dormía mientras -tanto. Se dieron órdenes rigurosísimas -para vigilar la frontera, y se pusieron a precio -las cabezas de Mina, Jáuregui y otros jefes.</p> - -<p>Calomarde excitó el celo y prometió recompensas -a los militares. Toda la plana mayor del realismo -se preparó con entusiasmo para rechazar -la anunciada invasión de los constitucionales.</p> - -<p>El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra, -con el segundo cabo de la plaza de Pamplona, -D. Santos Ladrón, comenzó a pasar revista a -sus fuerzas; el capitán general de Guipúzcoa, don -Blas de Fournás, preparó las suyas.</p> - -<p>Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados -por Verástegui, Eraso, Juanito el de la Rochapea -(Juan Villanueva), Uranga y Sáinz de -Pedro, se acercaron a la frontera.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p> - -<p>El tercer batallón del regimiento del Príncipe -se trasladó de Zaragoza a Jaca y de aquí al valle -del Baztán avanzando hacia el Bidasoa. Se acercaron -a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento -de Mallorca. El primer batallón de la -Guardia de Honor de Bilbao se estableció en Hernani.</p> - -<p>Las instrucciones que había recibido Llauder -eran terribles. Por los decretos del 16 de Septiembre -y de 1.º de Octubre, todos cuantos cayeran en -sus manos debían ser inmediatamente pasados por -las armas.</p> - -<p>El 11 de Octubre se le previno a Llauder para -que no diera cuartel.</p> - -<p>Llauder era un cuco, que no creía que el absolutismo -fuera eterno, y mandó a su ayudante a -Madrid para que se presentara a Fernando VII y -le intentara convencer de que una severidad excesiva -sería perjudicial. En el momento de la lucha, -Llauder dejó escapar algunos grupos de liberales -que hubiera apresado con facilidad de -proponérselo.</p> - -<p>Los tercios realistas, de los cuales tenían que -salir cuatro años después los partidarios de don -Carlos, se movieron con entusiasmo fanático. A -ellos no había necesidad de recomendarles que no<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> -dieran cuartel. Estaban dispuestos a matar con -una fe digna de buenos cristianos.</p> - -<p>De estos tercios, Alava dió un gran contingente. -De Vitoria salieron cuarenta compañías formando -tres columnas. Una la mandaba D. Valentín -de Verástegui; fué a Tolosa y de aquí se -acercó a Oyarzun y a la peña de Aya; otra salió -a las órdenes del coronel D. José Uranga y se -dirigió por Salvatierra a Cegama y a Segura y -de aquí a la frontera; la tercera, mandada por -D. Casimiro Sáinz de Pedro, avanzó por Santa -Cruz de Campezu a tomar el camino de Estella y -después el de la alta Navarra.</p> - -<p>Guipúzcoa tenía ya de antemano algunas compañías -de voluntarios realistas en Irún; más tarde, -a instancias del general realista Villalobos, la -Diputación envió dos batallones completos de -refuerzo, quedando los seis restantes en San Sebastián -dispuestos para acudir al primer aviso al -sitio indicado.</p> - -<p>En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con -el teniente D. Miguel de Sagastibelza se acercó al -valle del Baztán, y D. Francisco Benito Eraso se -presentó en la frontera por el lado de Burguete a -vigilar sus inmediaciones.</p> - - - -<div class="chapter"> - -<h2 class="nobreak">LIBRO SEGUNDO<br /> -EN USTARIZ</h2></div> - -<hr class="chap" /> - - - -<h3 id="II_I">I.<br /> -AVIRANETA Y TILLY</h3> - - -<p><span class="smcap">Aviraneta</span> y Tilly se pusieron de acuerdo para -ir a pasar unos días a Ustariz, y alquilaron -cuartos en la Veleta. A Tilly le acompañó su hermana -Margarita.</p> - -<p>Aviraneta llevaba la idea de matar el tiempo leyendo. -La primera semana estuvo encerrado en -su cuarto; salía únicamente los días buenos a tomar -el sol por las tardes.</p> - -<p>Don Eugenio se había suscrito a un gabinete de -lectura de Bayona, y se llevó los quince volúmenes -de la obra de Jomini, la Historia crítica y -militar de las campañas de la Revolución de 1792 -a 1801, y las Historias de la Revolución francesa, -de Mignet y de Thiers, que acababan de salir por<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> -entonces. Alternaba estas lecturas con novelas de -Paul de Kock y de Pigault-Lebrun.</p> - -<p>Aviraneta no era un refinado en literatura. Leía -a Jomini con gran atención, siguiendo las operaciones -en el mapa, queriendo explicarse con claridad -aquellas famosas batallas de tanta resonancia -universal. Después leyó los "Principios de la -estrategia", del mismo Jomini.</p> - -<p>Le hacía simpatizar con el autor la idea de que -él también era un rechazado.</p> - -<p>Jomini, a pesar de su talento no pudo llegar a -mandar fuerzas, a dirigir batallas, lo que tanto -imbécil pudo hacer.</p> - -<p>Aviraneta sentía la tristeza del táctico, de verse -desperdiciado, sin empleo.</p> - -<p>Se sentía él también una rueda de un reloj de -otra clase o de otro tamaño, rueda inútil y que, -sin embargo, era perfecta en su género.</p> - -<p>La rabia de pensar que sólo en una esfera alta -de actividad hubiese podido desarrollar sus condiciones, -y que la suerte y el ambiente le impedían -escalar este puesto, empujándole automáticamente -hacia abajo, a un medio para el cual no tenía condición -alguna, le irritaba y le conducía a una profunda -desesperación.</p> - -<p>Mientras Aviraneta leía y se desesperaba, Tilly<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -frecuentaba la sociedad de Ustariz; visitaba a la -familia de Aristy, a quien se había presentado con -una carta de Lacy; iba al Bazar de París a hablar -con las dos hermanas, Martina y Delfina; se había -hecho amigo de Choribide y de su sobrino -Rontignon, y visitaba a las damas del Chalet de -las Hiedras.</p> - -<p>Margarita los primeros días de Ustariz hizo -algunas extravagancias y tomó fama de loca en el -pueblo. Alquiló un caballo y pasó varias veces al -galope por la carretera, vestida de amazona y con -un látigo en la mano y una boina roja en la cabeza; -otro día anduvo en lancha e hizo después varias -inocentes travesuras.</p> - -<p>Al tercer día de estancia en la aldea conoció a -Dolores, la hija del coronel Malpica, y se hizo -amiga íntima de ella.</p> - -<p>Al cabo de poco tiempo de conocerla, Dolores -era para Margarita la criatura más sabia y más -perfecta de la tierra.</p> - -<p>Aviraneta leyendo en su rincón, Tilly dedicado -a la vida social y Margarita en Chimista; así pasaron -el tiempo en el pueblo mientras Lacy y los -suyos se batían en España.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_II">II.<br /> -MALOS VIENTOS</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Corrían</span> malos vientos, al decir de los inteligentes, -por los alrededores de Ustariz. La -veleta de Gastizar parecía alarmada, y andaba nerviosa -de la derecha a la izquierda con marcada -intranquilidad.</p> - -<p>En Gastizar se sentía cierta desazón. Había tenido -la familia varios disgustos, y todos, excepto -Miguel que conservaba su calma, estaban alarmados. -El primer acontecimiento desagradable de la -serie había sido la noticia de quiénes eran las dos -damas del Chalet de las Hiedras. Madama Aristy -había recomendado a Miguel que no dijera nada -ni hablara a nadie de esta cuestión.</p> - -<p>El segundo golpe había sido la llegada de León, -el pintor, el marido de Dolores Malpica.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> - -<p>León dijo a su madre que volvía dejando en París -una deuda de quince mil francos.</p> - -<p>Madama de Aristy habló con Miguel y quedaron -de acuerdo en que pagarían la deuda. Como -compensación exigieron a León que se quedara a -vivir en Ustariz constantemente.</p> - -<p>Otro disgusto que vino después de este, fué que -madama Luxe dejó de aparecer por Gastizar sin -dar ninguna explicación.</p> - -<p>Por último, una mañana en que madama de -Aristy pasaba por la galería del piso principal -sonó un tiro y cayeron los cristales rotos a sus -pies. Madama de Aristy dió un grito y acudieron -las criadas. Miguel y Darracq bajaron a ver lo -que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido corrieron -a la huerta, pero no encontraron a nadie.</p> - -<p>Con todo esto, la familia estaba amedrentada.</p> - -<p>Madama Aristy y Miguel suponían que tan -repetidos golpes procedían de las damas del Chalet -de las Hiedras.</p> - -<p>—¿Cuándo se van esas mujeres?—preguntaba -Miguel.</p> - -<p>—Ya dentro de poco—decía su madre.—Esperemos -sin escándalo.</p> - -<p>En Chimista tampoco se sentía gran contento.</p> - -<p>A Dolores se le había marchado su padre y le<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -había vuelto el marido. Muchas veces Margarita -la veía llorando.</p> - -<p>León al llegar a su casa pareció satisfecho y entusiasmado, -pero pronto comenzó a aburrirse.</p> - -<p>León era un hombre petulante, tipo de vanidoso -y de descontento. Tenía los tópicos de la época -y barajaba siempre en su conversación el Arte, -la Naturaleza, Shakespeare, Calderón, las pasiones, -la unión de lo maravilloso y lo grotesco... -Hablaba mal de todos los artistas, que creía que -le estaban usurpando la gloria. Se resistía a encontrar -bien las obras de los contemporáneos y -hasta las de los antiguos maestros.</p> - -<p>Al oirle se sospechaba si se trataría de un hombre -de genio. Al ver su obra se comprendía que -no era más que un descontento sencillo.</p> - -<p>Margarita sintió por León al conocerle un profundo -odio. El verle tan frío, tan egoísta, tan indiferente -a todo lo que no fuera su vanidad le -exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle.</p> - -<p>Había otras casas en Ustariz que se hallaban -en un estado de intranquilidad semejante; madama -Luxe desde hacía tiempo no quería recibir a -nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran -idas y venidas y misteriosas conferencias.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_III">III.<br /> -LAS MANIOBRAS DE CHORIBIDE</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Desde</span> hacía algún tiempo Choribide en complicidad -con las damas del Chalet de las -Hiedras intrigaba en el pueblo. Sus maniobras -principales tendían unas a enriquecer el legajo que -las dos mujeres de la policía hacían para Calomarde, -las otras a acercar su sobrino Rontignon -a madama Luxe.</p> - -<p>Madama Luxe tenía varios galanteadores en -Ustariz. Uno de ellos era un tal Iragaray, hombre -caballeresco, aunque un poco perturbado. Iragaray -había pasado por una porción de chifladuras -que le duraban una temporada más o menos -larga. La última era la preocupación por las botas. -En esta época, todo el calzado que compraba<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -o le hacían le venía mal, lo que a Iragaray le entristecía -profundamente.</p> - -<p>Esta preocupación la compartía con el amor de -madama Luxe, amor tímido y respetuoso que -guardaba en el fondo de su alma. El comprendía -que sólo madama Luxe le hubiese podido curar -de esta cavilación transcendental del calzado.</p> - -<p>Iragaray, cuando veía a una persona que estaba -a gusto sobre sus zapatos la envidiaba y le -tenía por un ser superior.</p> - -<p>Si llegaba a ganarse su confianza, la primera -pregunta que le hacía era ésta:</p> - -<p>—Perdone usted, caballero; ¿quiere usted hacerme -el gran favor de decirme dónde se ha hecho -usted esos zapatos?</p> - -<p>El preguntado, que no comprendía que contestar -a esta pregunta fuera ningún gran favor, decía -en qué pueblo y en qué zapatería se hacía las -botas. Iragaray se preparaba para hacer un viaje, -se encargaba un par de zapatos y volvía radiante; -pero a los cuatro o cinco días se le veía haciendo -muecas de descontento, y tenía que coger -los zapatos nuevos y llevarlos a un rincón, spoliarium -de sus ilusiones.</p> - -<p>Durante algún tiempo Iragaray veía todo negro, -como si el mundo entero estuviera recubierto<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -de betún, hasta que encontraba una persona con -unos zapatos, que le llegaban al alma. Si esta persona -le era desconocida, Iragaray sufría hasta poder -hacerla la pregunta de dónde se hacía los zapatos.</p> - -<p>Iragaray se había enamorado de madama Luxe, -y abandonaba la zapatería por el amor. Le había -contado sus cuitas a Miguel, quien le había recomendado -mucha prudencia.</p> - -<p>—Todo esto va a acabar con unos cuantos zapatos -más en el guardarropa de Iragaray—decía -madama de Aristy.</p> - -<p>—Lo malo es que para el pobre hombre cada -par de botas es un desengaño—añadía Miguel.</p> - -<p>Choribide, que sabía muy bien las chifladuras -de Iragaray, no lo temía como rival de su sobrino, -sino todo lo contrario; hubiera querido que el -pobre chiflado fuera el único de los rivales de -Rontignon.</p> - -<p>Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las -mujeres del Chalet de las Hiedras.</p> - -<p>Los documentos que él facilitaba a madama Carolina, -aparecían oficialmente como procedentes de -Rontignon. Se había escrito a España y Calomarde -se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o -a aceptar al ex teniente en el ejército español.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> - -<p>Respecto a la cuestión amorosa, Choribide la -dirigió con gran cuidado. Choribide hizo que su -sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor -sastrería de Bayona, alquilara un caballo y pasara -todos los días cuatro o cinco veces por delante -de casa de madama Luxe.</p> - -<p>Al cabo de una semana escribió una carta, la -pensó mucho, comprendiendo que el estilo de 1830 -no era el de su época; y después de varios ensayos -creyó encontrar lo que deseaba. El teniente -Rontignon copió la carta y la dió, con una moneda -de cinco francos, a la criada de madama Luxe. -La carta no tuvo contestación. A los pocos días, -Choribide escribió otra muy respetuosa y romántica -y madame Luxe contestó. Decía que no pensaba -casarse, que estaba dedicada a la educación -de su hija, y aunque agradecía los homenajes del -teniente Rontignon, le suplicaba que cesase en -hacerle la corte.</p> - -<p>Choribide estudió la carta detenidamente y decidió -primero hacer que la hija de madama Luxe, -Fernanda, tuviera un novio, después se le ocurrió -indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar.</p> - -<p>Como novio de Fernanda, ninguno mejor que -el joven Larralde Mauleón. Larralde había cor<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>tejado -sin gran éxito a Alicia de Belsunce, y luego -para consolarse se dedicaba a galantear a una de -las señoritas del Bazar de París, a la menor, Delfina, -creyendo, y con razón, que le llegaría su -turno.</p> - -<p>De las dos señoritas de La Bastide, la mayor, -Martina, se le suponía enredada con el ingeniero -de Montes; la pequeña, Delfina, era una histérica. -Esta muchacha había andado con todos los hombres -del pueblo. Siempre había tenido un amante -o dos al mismo tiempo.</p> - -<p>Era una mujer lasciva. Le habían cantado varias -veces una copla popular, que decía:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Dama orrec emenditu</div> -<div class="line">Bederatzi noviyo</div> -<div class="line">Apenas joan dan ari</div> -<div class="line">Bayetz esandiyo.</div> -</div></div></div> - -<p>(Esa dama tiene lo menos nueve novios, y a -cualquiera que se acerca a ella le dice que sí.)</p> - -<p>En toda la familia de las muchachas del Bazar -había la misma herencia erótica. Por entonces, la -Delfina estaba enredada con un mozo, a quien llamaban -Marcos el del molino o Marcos el gascón.</p> - -<p>Marcos era un hombre de una osamenta fuerte, -corpulento, la cara ancha, los pómulos salientes, la<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> -mandíbula acusada y los ojos claros. Tenía la -frente pequeña y arrugada, el pelo rubio, crespo -y duro que le entraba como un pico en el entrecejo, -las manos velludas y los brazos largos. Era -mozo petulante, vestía grandes y anchos pantalones, -faja encarnada y boina azul.</p> - -<p>El bello Marcos sacaba el dinero a Delfina, la -pegaba, la pateaba, lo cual no era obstáculo para -que ella estuviese enamorada de él y al mismo -tiempo le engañase. La madre de Marcos era una -mujer valiente, que había venido de la parte del -Bearn. Al saber los sucesos de la Revolución de -Julio, esta mujer cogió un fusil y fué al Ayuntamiento -a pedir que se quitara a los concejales y -se les sustituyera por otros revolucionarios.</p> - -<p>El bello Marcos no compartía las ideas de su -madre y era realista. Sacaba algún dinero con esto -y no le importaba otra cosa. Marcos era un conquistador -y un sátiro; había tenido un proceso por -robo y otro por violentar a una chiquilla, medio -idiota, en el campo.</p> - -<p>Choribide pensó que debía apartar al joven Larralde -de Delfina, y llamándole con gran reserva -le dijo que no le convenía hacer la corte a aquella -muchacha. Era esta una mujer depravada, una -cosa perdida. Le aseguró que estaba embarazada de<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span> -Marcos, y que no tendría nada de particular que si -se entregaba a él fuera únicamente por tener un -editor responsable del desaguisado.</p> - -<p>Después de pintarle tan fea la situación al joven -Larralde le puso delante la perspectiva de -Fernanda Luxe, una muchacha encantadora llena -de juventud y de gracia. Larralde Mauleón mordió -en el anzuelo y comenzó a dejar de acudir al -Bazar de París. Al mismo tiempo Choribide habló -a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo -que había asegurado en público que tendría -como querida a la Delfina cuando le diera la gana. -La muchacha, que era poco inteligente, creyó en -lo que le decía el viejo y comenzó a tratar con -desdén a Larralde, que determinó no volver al -Bazar.</p> - -<p>Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon -buscara a Larralde y se hiciera amigo suyo.</p> - -<p>Pronto pudo notar el astuto viejo que tenía en -Gastizar enemigos de sus planes. Madama Luxe -iba todos los días a Gastizar, hablaba allí, había -quien suponía que miraba con buenos ojos a Miguel -Aristy.</p> - -<p>Entonces a Choribide se le ocurrió escribir un -anónimo, cogió un papel igual al que se empleaba -en Gastizar y mandó a madama Luxe una carta<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -en la que se ponía por los suelos al teniente Rontignon -y al joven Larralde.</p> - -<p>Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones -a Madama Aristy; dejó un día de ir a -Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acabó -por romper las relaciones con la familia de -Aristy.</p> - -<p>Madama Aristy era demasiado orgullosa para -pedir ni para dar explicaciones. La ruptura se verificó. -Era lo que quería Choribide.</p> - -<p>Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes -del Chalet de las Hiedras.</p> - -<p>Las cartas iban a Madrid y venían de allá constantemente.</p> - -<p>Carolina Michu estaba entregada a Choribide -y dispuesta a seguir sus indicaciones.</p> - -<p>Madama Carolina no tenía un gran interés personal -puesto en la vida de Ustariz; estaba deseando -que pasaran aquellas circunstancias para salir -de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba -lo mismo a Simona. Simona no se ocupaba -más que de Ustariz y de los que vivían en el -pueblo.</p> - -<p>Al saber que madama Aristy quería echarlas -del Chalet de las Hiedras, le tomó un odio intenso. -Antes había coqueteado con Miguel, porque<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> -le era simpático; después coqueteó con León, por -ver si podía dar un disgusto a la vieja orgullosa -de Gastizar, como llamaba ella a madama Aristy.</p> - -<p>Simona, que no tenía inclinación ninguna por -León, llegó a dominarle; le sacó dinero, produjo -un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista.</p> - -<p>Simona sintió tanto odio por Dolores Malpica -como por madama Aristy; a la vieja, como ella la -llamaba, la odiaba por su orgullo; a la española, -por su aire de candidez y de bondad.</p> - -<p>León, que se creía amado por una gran dama, -no sólo no se recataba, sino que hacía alarde de -visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se determinó -a pedirle explicaciones, y marido y mujer -riñeron.</p> - -<p>Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y -como mal menor se decidió que León volviera a -París.</p> - -<p>Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta -de que las damas del Chalet de las Hiedras eran -dos aventureras, las trataba así, y era muy bien -acogido en la casa. El y Choribide solían pasar la -tertulia en el chalet y en el Bazar de París.</p> - -<p>Madama Carolina comenzaba a asustarse de la -violencia y del fuego que ponía en sus empresas -Simona.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> - -<p>—Esa loca me va a comprometer—decía, y suplicaba -a Choribide que la vigilara para que no -hiciese alguna tontería.</p> - -<p>Simona tenía su centro de operaciones en el -Bazar de París; allí solía estar intrigando con las -dos señoritas de la Bastide, con Choribide y con -Marcos el gascón, de quien se había hecho gran -amiga.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_IV">IV.<br /> -MARGARITA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Todos</span> los días y a todas horas estaba Margarita -Tilly en Chimista con su amiga Dolores. -Margarita había tomado gran cariño a Dolores, -para quien tenía todas sus amabilidades.</p> - -<p>Dolores, que pasaba en aquel momento por la -amargura de tener a su padre expuesto a ser -muerto y a su marido separado de ella, estaba llorando -a cada instante. Dolores tenía un carácter -resignado y dulce y encontraba la calma en la mayor -contrariedad.</p> - -<p>Margarita se había constituído en protectora de -Dolores. Cogía a los dos chicos, a Miguelito y a -Dolorcitas, y se marchaba con ellos para dejar a -la madre desahogar su pena.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> - -<p>Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas -prometía ser como su madre, dulce y tranquila.</p> - -<p>El chico era fanfarrón y charlatán; jugaba con -un gato que se llamaba Chipi. Chipi era un poco -payaso, gran cazador de pájaros, ladrón y fantástico. -Chipi, la pequeña pantera doméstica, corría -con Miguelito, se afilaba las uñas en los muebles -y rasgaba la tela de los sillones; subía a los -árboles, perseguía a las lagartijas y a las mariposas; -hacía bufonadas y parecía incomodarse -cuando la gente se reía. Solía divertirse mucho -cazando musarañas, a las que martirizaba.</p> - -<p>Miguelito era gran ingeniero; hacía fortalezas -con arena y las coronaba con banderas.</p> - -<p>Mientras él se dedicaba a la ingeniería, Dolores -tenía a la niña en brazos y quedaba embebida.</p> - -<p>—No te duermas, mamá—le decía el chico.</p> - -<p>Margarita se sentaba en la escalera de piedra, -adornada con tiestos, un escalón más bajo que -Dolores, como en adoración, y solía estar hablándole -y jugando con los chicos.</p> - -<p>Contaba a su amiga su vida y explicaba sus -ideas. Dolores daba su opinión mientras hacía algún -trabajo de costura o de media.</p> - -<p>Cuando Dolores tenía que trabajar, Margarita -con los chicos salía fuera por los campos. Se ha<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>bía -ganado la amistad de Grashi Erua, la loca, -y de un chiquillo de diez o doce años, atrevido, a -quien llamaban Chistu.</p> - -<p>Grashi Erua llevaba flores a Chimista y jugaba -con Miguelito, por quien tenía gran cariño.</p> - -<p>Grashi Erua vivía en la miseria; los aldeanos -que se habían hecho cargo de ella se habían enriquecido -despojándola. Luego, viendo que nadie se -presentaba a reclamarla, la quisieron obligar a -trabajar en el campo y a servirles de criada, pero -ella no obedecía. Era un ser montaraz e indomable. -A veces se la veía en medio del bosque o a -la orilla de un arroyo con una guirnalda de yedras -o de muérdago en la cabeza, cantando una -canción triste. Al principio los chicos le tiraban -piedras, pero llegaron a tener por ella cierto -temor.</p> - -<p>Grashi Erua solía entrar en Chimista cuando le -parecía, ayudaba a alguna cosa a Dolores; pero -en general no hacía más que jugar. En invierno -se metía en la cocina cerca del fuego, y allí charlaba -de una manera confusa e incoherente.</p> - -<p>Chistu, el chico vagabundo, era un pillastre a -quien le gustaba la libertad y el aire libre. Estaba -negro por el sol y tenía una cara viva de granuja. -Aquí pescaba o se bañaba, allí se subía a los<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -árboles y venía con una ardilla o con una lechuza -viva que había cogido.</p> - -<p>Margarita era la capitana de aquella tropa menuda. -Grashi Erua, Chistu y los pequeños le obedecían -sin réplica.</p> - -<p>Todo el día se pasaba Margarita en Chimista. -En cambio a Gastizar iba poco, y aunque pasaba -por delante no se detenía nunca.</p> - -<p>Margarita no quería nada con los de Gastizar; -sentía gran antipatía por madama Aristy y se manifestaba -desdeñosa con Alicia. El egoísmo y la -discreción de ésta le producían el mayor desprecio.</p> - -<p>—Es un taco—solía decir.</p> - -<p>Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un -torbellino. No podía tener prudencia; pero se le -perdonaba todo por su espontaneidad y por su -gracia.</p> - -<p>Era lo contrario de la señorita de Belsunce. En -Margarita no había cálculo ni disimulo. Las simpatías -y antipatías se desarrollaban en ella de una -manera rápida y esporádica y no se tomaba el -trabajo de disimularlas.</p> - -<p>Alicia, en cambio, era de una discreción y de -una prudencia monjiles. Sabía guardar los pequeños -secretos como nadie. No había miedo de que<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -dijera una inconveniencia. Medía las palabras con -cuidado exquisito.</p> - -<p>Madama de Aristy, que creía éste uno de los -mayores méritos que podía tener una persona, le -otorgaba su benevolencia.</p> - -<p>Alicia era defensora de las prerrogativas aristocráticas -de su familia. No le gustaba que se dijese -que entre los vascos no había habido feudalismo. -Le hubiera gustado ser feudal.</p> - -<p>Margarita no se preocupaba de estas cosas. -Quería ser libre, hacer su capricho, y tenía para -las personas y para las ideas una mirada atrevida -y de frente.</p> - -<p>A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita.</p> - -<p>De toda la gente de Gastizar únicamente por -Miguel tenía Margarita simpatía, y eso que Miguel -se burlaba un poco de ella y de su insociabilidad.</p> - -<p>Charlaban los dos amistosamente largo tiempo.</p> - -<p>—Usted también habrá sido un conquistador, -Miguel—le decía ella.</p> - -<p>—Yo, no. Las mujeres me han hecho poco caso, -Margarita; lo mismo de joven que de viejo.</p> - -<p>—¡Bah! No le creo a usted.</p> - -<p>—Pues es cierto. Sin duda yo no he tenido nunca -grandes atractivos para las damas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p> - -<p>Margarita no se convencía. Un día creyó que -Miguel era un corruptor.</p> - -<p>En el piso bajo de Chimista vivía un matrimonio -joven que trabajaba en los campos. El era un -muchacho nacido en un caserío próximo; ella, la -hija de un jardinero de Gastizar. Este jardinero, -un normando alto y rubio, había venido de guardia -de Aduanas y se había quedado en Gastizar. -Fanchon, su hija, había nacido allá. Era Fanchon -una mujer con un aire selvático; la sangre normanda -de su padre mezclada con la vasca de su -madre había dado un hermoso producto. Era rubia, -blanca, con los ojos azules.</p> - -<p>El día que la vió Margarita hablando con Miguel -estaba dando de comer a los cerdos y a las -gallinas, riñendo a toda la tropa con los pies metidos -en los zuecos y un pañuelo en la cabeza.</p> - -<p>En el corral, una vieja flaca y acartonada, la -boca sin dientes, la cara llena de arrugas, tenía un -niño rollizo en brazos.</p> - -<p>—Estás guapa, Fanchon—le decía Miguel con -cierta tristeza cómica.—Yo me debía haber casado -contigo y esa criatura sería mía.</p> - -<p>—A buena hora se acuerda usted—replicó ella -con desgarro.—¿Por qué no lo pensó usted antes?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p> - -<p>—¿No podríamos empezar todavía, Fanchonette?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—De manera que Praschcu, ese imbécil de tu -marido, exige fidelidad.</p> - -<p>—Como la exigiría usted.</p> - -<p>—¡Qué pena!—exclamó Miguel con melancolía -burlona.—¡Yo! ¡Que te he tenido en brazos -cuando eras niña! ¿No podría tener un poco de -derecho?...</p> - -<p>—Ninguno.</p> - -<p>—Eres muy cruel, Fanchon.</p> - -<p>—¡Ah! Siempre está usted así. ¿Por qué no -se casa usted de una vez?</p> - -<p>—No me hacen caso, chica, ya. No me hacen -caso.</p> - -<p>Margarita que oyó la conversación se la contó -a Dolores con gran misterio, y ella, riendo, volvió -a contársela a Miguel.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_V">V.<br /> -EL NIÑO</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Una</span> tarde en que D. Eugenio y Tilly charlaban -en el comedor de la Veleta comentando -a Maquiavelo, se presentó Margarita que venía -corriendo, sofocada y sin aliento.</p> - -<p>—¿Qué pasa?—le preguntó su hermano.</p> - -<p>—El niño... el niño de Dolores... lo han robado.</p> - -<p>A Tilly no le preocupaba tanto como a su hermana -el niño de Dolores, y se encogió de hombros.</p> - -<p>Aviraneta preguntó cómo había ocurrido el caso.</p> - -<p>—Estaba, como todos los días, jugando a la -puerta de la casa, cuando ha pasado un rebaño -de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha -dicho la chica que iba con el rebaño. El niño le ha<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -seguido y ha desaparecido. Se ha mirado por todos -los alrededores y no se le ha encontrado.</p> - -<p>—¿Y cuánto tiempo hace que falta?—preguntó -Aviraneta.</p> - -<p>—Ya cerca de diez horas.</p> - -<p>—¿Qué edad tiene el chico?</p> - -<p>—Cuatro años y medio.</p> - -<p>—Sí; entonces es muy posible que lo hayan robado.</p> - -<p>—¿Qué haremos?—exclamó Margarita.—La -pobre madre figúrese usted cómo está. Vengan -ustedes conmigo.</p> - -<p>—Bueno, vamos—dijo Aviraneta.</p> - -<p>Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita -dijo a su hermano:</p> - -<p>—Llámale a Miguel Aristy y dile lo que pasa.</p> - -<p>Tilly entró en Gastizar y volvió al poco rato -solo.</p> - -<p>—¿No está?—le preguntó Margarita.</p> - -<p>—Debe estar en Chimista.</p> - -<p>Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron. -Empezaba a oscurecer y el niño no -venía. La madre estaba en la mayor desesperación. -Miguel y Dolores habían salido por los alrededores -llamando al niño, pero no aparecía.</p> - -<p>—Bueno, señor Aristy—dijo Aviraneta;—si<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -andan ustedes así a la casualidad, como locos, no -encontrarán ustedes ninguna pista. Vamos a hablar -los dos serenamente a ver si encontramos -algún indicio.</p> - -<p>—Tiene usted razón. El dolor de la madre le -perturba a uno, contagia su intranquilidad.</p> - -<p>—Vamos a un sitio donde estemos solos.</p> - -<p>—Entremos aquí. Sentémonos.</p> - -<p>Entraron en el cuarto del coronel Malpica.</p> - -<p>—Veamos el hecho escueto primeramente—dijo -Aviraneta.—¿Cómo ha sucedido?</p> - -<p>—¿Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer -que vive aquí?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>Entró Fanchon en el cuarto, con la cara llena -de lágrimas.</p> - -<p>—Cuéntanos lo que ha pasado con detalles—le -dijo Aviraneta en vascuence.</p> - -<p>—Pues nada—dijo Fanchon;—el niño estaba -jugando, como casi todos los días, por aquí, por -delante de la casa. Ha pasado un rebaño, y el chico -que iba detrás le ha dicho: "¿Miguelito, vienes?" -Miguelito ha salido detrás del rebaño y no -ha vuelto. Eso ha sido todo.</p> - -<p>—¿Tú has visto al chico que le ha llamado?—preguntó -Aviraneta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p> - -<p>—No, no le he visto. No sé si mi marido le habrá -visto.</p> - -<p>—Llámalo; y si no sabe nada, pregunta por ahí -a ver si hay alguno que haya visto al chico que -ha llamado a Miguelito al pasar.</p> - -<p>Salió Fanchon corriendo del cuarto y volvió al -poco rato, sofocada, con Praschcu, su marido.</p> - -<p>—Mi marido le ha visto.</p> - -<p>—¿Usted le ha visto al chico que ha llamado -a Miguelito?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Quién era?</p> - -<p>—Era un chico que llaman Mandharra, del caserío -de Gros Jean, el tramposo—dijo Praschcu -hablando muy despacio.</p> - -<p>—¿Es pastor?</p> - -<p>—No; es un chico pobre que suele andar a veces -pidiendo limosna y que ahora está en un caserío.</p> - -<p>—¿Y cómo llevaba hoy ese rebaño?</p> - -<p>—Mandharra iba al lado de la zagala que suele -andar siempre con el rebaño.</p> - -<p>—¿Ese Mandharra suele tener punto fijo donde -dormir?</p> - -<p>—Sí; en el caserío de Gros Jean, el tramposo, -que se llama Beletchea (la casa del Cuervo).</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - -<p>—¿Y quién es ese caballero?</p> - -<p>—Ese caballero, como usted dice, no vive—contestó -Aristy.—Viven sus hijas, que yo creo -que están un poco locas.</p> - -<p>—Pues ¿qué les ocurre?</p> - -<p>—Son tres solteronas solitarias, que no salen -nunca de casa. Yo las llamo las Tres Lamias. No -quieren ver a nadie. Trabajan en el campo de -noche, a la luz de la luna, para que no las vean. -Y de día se asoman a mirar por entre las parras.</p> - -<p>—¿Viven cerca?</p> - -<p>—Sí; a un cuarto de hora de aquí. ¿Sospecha -usted de ellas?</p> - -<p>—Por ahora no. Primeramente dígame usted -qué enemigos tiene su cuñada.</p> - -<p>Miguel habló de las damas del Chalet de las -Hiedras y de sus antecedentes.</p> - -<p>Como no especificaba nada, Aviraneta dijo:</p> - -<p>—Vamos a interrogar a la madre del niño. -¿Quiere usted llamarla?</p> - -<p>Aristy llamó a su cuñada, que entró llorando a -lágrima viva.</p> - -<p>—Una pregunta nada más—le dijo Aviraneta.—¿Tiene -usted algún motivo para suponer que -una de las mujeres que vive en el Chalet de las -Hiedras le odia a usted?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p> - -<p>—Sí, algún motivo tengo, porque hace unos días -me envió las cartas que le había escrito mi marido -a ella.</p> - -<p>—¿Las tiene usted ahí?</p> - -<p>—No, las rompí.</p> - -<p>—¿Usted supone que se las envió la más joven -de las dos, Simona?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Al enviarle las cartas a usted ¿no decía nada?</p> - -<p>—Sí; me escribía un papel lleno de mala intención -para mí.</p> - -<p>—Está bien. Tranquilícese usted. Encontraremos -al chico—dijo Aviraneta.—El chico no está -perdido, está robado, y una de las mujeres del -Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar.</p> - -<p>La opinión de Aviraneta era también la de -Aristy.</p> - -<p>—Ahora vamos a ver qué hay que hacer—dijo -Aristy.</p> - -<p>Aviraneta llamó a Tilly y los tres deliberaron. -Era indudable que Simona, si era ella la que había -preparado el robo del chico, no se había entendido -con Mandharra, porque ella no sabía el -vascuence ni el chico el francés. Simona se había -valido de algún intermediario, probablemente de -Marcos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span></p> - -<p>Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al -pueblo y apoderarse de Simona y de Marcos, y -obligarles a decir dónde estaba el niño.</p> - -<p>Antes de salir de Chimista, Aviraneta preguntó -al marido de Fanchon:</p> - -<p>—¿Por este camino hacia el monte, en una legua -o en dos, hay alguna cueva?</p> - -<p>—Sí. Hay una que llaman Lecebeltz (la sima -negra).</p> - -<p>—Pues id a registrarla. -Praschu, Fanchon y Grashi Erua salieron en -aquella dirección, mientras Aviraneta, Aristy y -Tilly se encaminaron hacia Gastizar. Entraron por -la huerta, y andando a oscuras se dirigieron hacia -el Chalet de las Hiedras.</p> - -<p>—Voy a llamar más gente—dijo Aristy.</p> - -<p>Miguel marchó despacio hacia Gastizar y volvió -a la media hora con Víctor Darracq y con -Ichteben. Al acercarse Aristy a Aviraneta éste le -dijo:</p> - -<p>—Chit.</p> - -<p>—¿Qué pasa?</p> - -<p>—Está aquí Marcos.</p> - -<p>—¿Tendrán ahí el niño?</p> - -<p>—No creo.</p> - -<p>—Vamos a ver si cazamos al bello gascón.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p> - -<p>Esperaron más de una hora.</p> - -<p>—Yo conozco la casa—dijo Tilly;—si tuviera -una escalera para subir podría arreglármelas para -oir la conversación.</p> - -<p>—Yo la traeré—saltó Ichteben y desapareció en -la oscuridad.</p> - -<p>Al poco rato volvió con una escalera larga. La -aplicaron al balcón del chalet y Tilly subió con -grandes precauciones.</p> - -<p>Al cuarto de hora bajó de prisa.</p> - -<p>—Sale Marcos—dijo;—no detenerle. Parece -que es un mendigo viejo a quien llaman Pachi Zarra -y también Ontza (el Buho) el que se ha llevado -al niño. Marcos no sabe dónde lo guarda. Mañana -les dirá dónde está.</p> - -<p>Salió Marcos del chalet, y cruzando la huerta -saltó la tapia y desapareció.</p> - -<p>Tilly volvió a subir al balcón.</p> - -<p>—¿Adónde va usted?—le dijeron.</p> - -<p>—Voy a coger algo que he dejado ahí.</p> - -<p>Efectivamente; subió y bajó con un gran legajo -en la mano.</p> - -<p>—Esto, que lo guarden—dijo a Aristy.</p> - -<p>—Lo guardarán. Yo voy a tranquilizar un poco -a la madre. Mañana buscaremos a Pachi Zarra, el -Buho.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p> - -<p>—Bueno, vamos—dijo Aviraneta.</p> - -<p>Aviraneta, Tilly y Aristy volvieron a Chimista.</p> - -<p>Al llegar al caserío vieron al chiquillo que venía -medio riendo, medio llorando, en brazos de -Grashi Erua. Lo habían encontrado en la cueva -de Lecebeltz, como había indicado Aviraneta.</p> - -<p>El marido de Fanchon traía preso a Pachi Zarra -(el Buho), un viejo con una anguarina parda, -con el pelo y la barba blancos, que habían encontrado -en la cueva guardando al niño.</p> - -<p>Dolores comenzó a sollozar de alegría al ver a -su hijo salvo, y Margarita le acompañó en su -contento.</p> - -<p>Aristy apostrofó a Pachi Zarra y le dijo que -se fuera, que no volviera al pueblo, porque le metería -en la cárcel.</p> - -<p>El Buho se marchó refunfuñando.</p> - -<p>Dolores dió las gracias a Aviraneta con la -mayor efusión, y los tres hombres volvieron al -pueblo. Al llegar a Gastizar, Tilly pidió el grueso -legajo que había sacado del Chalet de las -Hiedras. Se lo entregó Ichteben y fué con él a la -fonda.</p> - -<p>Al día siguiente, antes de levantarse Aviraneta, -Tilly entró en su cuarto.</p> - -<p>—Don Eugenio—dijo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p> - -<p>—¿Qué hay?</p> - -<p>—Me voy. He encontrado un pequeño filón, y -voy a ver si lo exploto. Adiós.</p> - -<p>Cuando Aviraneta se levantó Tilly había desaparecido.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_VI">VI.<br /> -CHORIBIDE Y AVIRANETA</h3></div> - - -<p>La noticia del robo del niño se extendió por -el pueblo, y todos los vecinos del barrio y -de Ustariz creyeron unánimemente que eran las -damas del Chalet de las Hiedras las que habían -dirigido esta mala acción. Las simpatías por los -Aristys, que estaban apagadas en la aldea, se -despertaron y fueron muchas personas las que estuvieron -en Gastizar a felicitar a madama Aristy -por la salvación de su nietecillo. Madama Luxe -escribió una carta de felicitación y Miguel fué a -visitarla por encargo de su madre.</p> - -<p>Madama Luxe, interrogada acerca del motivo -que tenía para haber roto sus relaciones con Gas<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>tizar, -habló del anónimo que ella creía que le habían -enviado los Aristy.</p> - -<p>Miguel lo leyó fríamente; después sintió tal indignación -al pensar que la viuda se lo había atribuído -a él, que estuvo con ella tan severo que la -dejó bañada en lágrimas. Al día siguiente, madama -Luxe acompañada de Fernanda fué a Gastizar -a explicarse con madama Aristy y a pedirle perdón. -Se quedó de acuerdo en que eran las mujeres -del Chalet de las Hiedras las que habían escrito -el anónimo. Estas no salieron de casa durante -algunos días. Marcos el del molino se ocultó -también, e iba de noche a ver a la Delfina, del -Bazar de París, por la huerta.</p> - -<p>Aviraneta supo estas noticias por Esteban Irisarri, -el posadero de la Veleta, que se las contó -con profusión de detalles.</p> - -<p>Una mañana leía don Eugenio en el libro de -Jomini la batalla de Valmy, cuando entró Esteban -a decirle que estaba el señor Choribide preguntando -por él.</p> - -<p>—¡El señor Choribide! ¡el jefe de los enemigos!—dijo -Esteban Irisarri con voz hueca.</p> - -<p>—No le conozco—contestó don Eugenio.</p> - -<p>—¡Choribide! El amigo de esas viejas intrigantes -del Chalet de las Hiedras.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p> - -<p>—¿Pregunta por mí?—dijo Aviraneta.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Que pase.</p> - -<p>El posadero debió quedar asombrado de la serenidad -de Aviraneta. Abrió la puerta y se presentó -el viejo <i>muscadin</i> elegante y currutaco.</p> - -<p>—¿El señor de Aviraneta?—preguntó sonriendo.</p> - -<p>—Soy yo. Pase usted y siéntese usted.</p> - -<p>Choribide entró, se sentó en el borde de la silla, -puso el sombrero metido en el bastón y el bastón -entre las piernas.</p> - -<p>—Yo, señor—dijo,—me llamo Choribide, Gastón -de Choribide. Soy vasco, como usted. He llevado -en mi juventud una vida un tanto irregular. -Yo no sé si usted tendrá ideas religiosas...</p> - -<p>—Creo que no—repuso Aviraneta.</p> - -<p>—Es usted de mi escuela. Si yo tuviera ideas -religiosas diría que he sido un gran pecador. No -teniéndolas, suelo decir que he sido un hombre -crapuloso y de vida poco honorable.</p> - -<p>—¿No será usted un tanto severo consigo mismo, -señor Choribide?—preguntó Aviraneta.</p> - -<p>—No, no. Muchas gracias por su opinión. Me -hago justicia. Verá usted... Yo vivo bien dentro de -mi modestia. No trabajo; no he trabajado nunca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span></p> - -<p>—Se aburrirá usted.</p> - -<p>—No, no me aburro. Yo tengo un sobrino ex -oficial de la Guardia Real, Aquiles Rontignon. -Rontignon tiene condiciones para agradar a una -mujer; es guapo y es tonto.</p> - -<p>—¿Usted cree que la tontería...?</p> - -<p>—Es indispensable. Yo había pensado casar a -Rontignon con una viuda rica de aquí, madama -Luxe. Como un teniente retirado no es bastante -para producir entusiasmos en una mujer rica por -sólo su posición, yo había pensado adornar el pecho -de Rontignon con una gran cruz o buscarle -un empleo. Aprovechando la estancia aquí de una -señora española, la condesa de Vejer...</p> - -<p>—Que no es española ni condesa... saltó Aviraneta.</p> - -<p>—Cierto; pero hay que darla un nombre para -señalarla.</p> - -<p>—En Madrid se llamaba madama Carolina.</p> - -<p>—Bien; me es igual; aprovechando la estancia -aquí de madama Carolina, me acerqué a ella y le -dije que puesto que ella trabajaba para el Gobierno -español, yo le ayudaría a cambio de que ella concediera -a mi sobrino un empleo, un cargo honorífico...</p> - -<p>—¿Y ha trabajado usted para ella?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> - -<p>—Sí, habíamos hecho un legajo con todos los -datos necesarios para remitirlo a Madrid, cuando -las cosas se han torcido. Primeramente Rontignon -no ha sabido aprovechar su tontería ni tampoco -su arrogancia de hombre guapo, y madama Luxe -lo ha rechazado; después Tilly, ese muchacho amigo -de usted, un muchacho encantador, se apoderó -del legajo formado por nosotros, y por último, -la sobrina de madama Carolina...</p> - -<p>—Que no es su sobrina...</p> - -<p>—Cierto. Simona Busquet ha intervenido en -esta cuestión, y con sus odios y su genio vengativo -ha hecho que roben al nieto de madama de -Aristy. Esta barbaridad ahora me la atribuyen a -mí, y me molesta. Ese no es mi género. No me -ha gustado nunca el melodrama. La alta comedia, -quizás; el melodrama, nunca. Por estas razones -voy a dejar la partida.</p> - -<p>—¿Va usted a dejarla?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Yo no puedo vivir aquí ya. El pobre Garat -no se encuentra en estado de recibir a los amigos. -Madama Aristy está indignada, porque cree que -yo he indicado que roben a su nieto, cosa absurda. -Voy a ir a Bayona, pero antes le voy a pedir -a usted un favor.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p> - -<p>—Usted dirá.</p> - -<p>—Yo he venido a verle a usted, porque he comprendido -que es usted un hombre fuerte. Me ha -recordado usted a su excelencia el duque de -Otranto.</p> - -<p>Aviraneta sintió un movimiento de alegría.</p> - -<p>—¿Ha conocido usted a Fouché?—preguntó.</p> - -<p>—Sí; he estado a su servicio. Tiene usted el -mismo aire de penetración que él. Ahora, que quizás -usted no pueda poner sus facultades al servicio -del Estado. Hay países que desperdician su -gente.</p> - -<p>Choribide había dado dos golpes buenos en la -coraza de indiferencia de Aviraneta, uno comparándole -con Fouché, el otro suponiendo que no -se le comprendía.</p> - -<p>—¿Y qué servicio quería usted de mi, señor -Choribide?—preguntó.</p> - -<p>—Le diré a usted. Actualmente mi sobrino -Rontignon sencillamente me estorba. Si lo hubiera -casado con madama Luxe, yo hubiera sido su -administrador; pero no ha sido bastante hábil -para enamorar a la viuda. Ahora quiero desprenderme -de él, y como ha aparecido como un realista -que ha mandado informes al Gobierno español -por intermedio de esas damas del Chalet de las<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -Hiedras, he pensado hacer valer esos servicios y -su calidad de ex teniente de la Guardia Real para -pedir para él un destino en España. ¿Usted, que -seguramente sabrá cómo se hace esto, no podría -escribirme una solicitud en español?</p> - -<p>—Sí; lo haré.</p> - -<p>—¿Ahora mismo?</p> - -<p>—Sí; ahora mismo.</p> - -<p>Aviraneta escribió un borrador de solicitud y lo -entregó para que lo copiase Choribide.</p> - -<p>Al terminar, Choribide dió las gracias a Aviraneta -y murmuró efusivamente:</p> - -<p>—¡Cómo nos desperdician, mi querido señor!</p> - -<p>Y haciendo una reverencia llena de respeto y -de gracia, completamente siglo XVIII, Choribide -se retiró y salió de la Veleta.</p> - - - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak">LIBRO TERCERO<br /> -EL DIARIO DE LACY</h2></div> - -<hr class="chap" /> - - -<h3 id="III_I">I.<br/> -EL SOÑADOR</h3> - - -<p><span class="smcap">Eusebio</span> de Lacy escribió con detalles su vida -en los días que duró la expedición de los -liberales en la frontera. Lacy esperaba una lucha -más brillante, más intensa. En su diario se le ve, -a pesar suyo, desencantado y triste. Su espíritu -de soñador y de poeta se representaba la realidad -como algo más fuerte, más noble, más extraordinario.</p> - -<p>Lacy tenía un entusiasmo todavía latente por -los militares y por la guerra. Concebido en época -de grandes batallas, su infancia se había arrullado -con la música estridente de las trompetas y de -los tambores. Más tarde había sido educado en -colegios con hijos de militares franceses del Im<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>perio, -todos estremecidos y pasmados de asombro -ante las glorias más o menos inventadas de Napoleón -y de su ejército.</p> - -<p>Eusebio pensaba en su padre, y se lo figuraba -como le había visto en los retratos y en las estampas, -vestido de general, con el pecho lleno de cruces -ganadas en los campos de batalla, el rostro -fiero, la mirada relampagueante y la mano en la -empuñadura de la espada.</p> - -<p>Después de los años de colegio en Francia y -en España, Eusebio había vivido en Quimper, en -casa de su madre, en un ambiente pesado, lánguido, -de un pueblo bretón oscuro, en una sociedad -levítica de comerciantes y de armadores, dirigida -por realistas y por curas.</p> - -<p>Era aquella época de la Restauración, una época -de luchas ardientes en que el monarquismo y el -jesuitismo se aprestaban al combate contra las -ideas revolucionarias con todas las armas; las misiones -religiosas se esparcían por las ciudades y -por los campos, Francia entera estaba llena de oradores -elocuentes que predicaban el arrepentimiento -de las locuras pasadas. Los misioneros quemaban -en las plazas públicas los libros de Voltaire y los tomos -de la Enciclopedia, las familias enviaban sus -hijos a los colegios de jesuítas, las autoridades<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -obedecían servilmente a las Congregaciones y todo -se conseguía con intrigas. Por entonces se hablaba -de los monstruos del 93 y del ogro de Córcega.</p> - -<p>Durante este tiempo, Eusebio había adorado la -gloria y el ejército, sólo por la gloria y por contraposición -a las ideas y prácticas clericales que trataban -de imbuirle. Después fué llegando hasta él, -cada vez con más intensidad, la influencia liberal, -y reaccionando contra sus sueños militares, -llegó a mirar a Napoleón como un ambicioso, antihumano -y repugnante, y a sus mariscales como -una tropa de brutos miserables dedicados únicamente -a la petulancia y al robo.</p> - -<p>Lacy creyó haber matado su entusiasmo de gloria -y haberlo sustituído por el ideal más severo -de la libertad; pero por debajo de éste se transparentaban -sus sueños de ambición militar.</p> - -<p>En su diario se ve que estos sueños pierden su -brillo y decaen las ilusiones de Lacy.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_II">II.<br /> -LA ENTRADA EN ESPAÑA</h3></div> - - -<h4><i>Añoa, 15 de Octubre de 1830.</i></h4> - -<p><span class="smcap">El</span> 14 de Octubre por la mañana salí de Bayona, -camino de la frontera, con la tropa -mandada por Valdés. Al atravesar la ciudad estuvo -a punto de ocurrir un encuentro entre nuestra -gente y la de Mina.</p> - -<p>Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho -que iban a ser unos héroes; pero no se han portado -heroicamente, sino todo lo contrario.</p> - -<p>La fuerza de Valdés venía dividida en cuatro -compañías: una de extranjeros, mandada por don -Francisco Mancha; otra de vascos, semi-independiente, -la partida de Leguía; otra de navarros y<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -aragoneses, a las órdenes de Malpica, y un grupo -de oficiales al frente del cual va López Campillo.</p> - -<p>Estas compañías se han formado con ochenta -o cien hombres y cada una tiene sus oficiales y -sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco -suses, o sean siete reales diarios.</p> - -<p>Yo voy de ayudante del coronel Valdés, y -Ochoa, con el mismo cargo, a las órdenes de Campillo.</p> - -<p>Llevamos algunos soldados muy buenos y otros -muy malos. Las tropas vascas y las navarras son -las mejores, conocen el país y se encuentran entre -los suyos; las extranjeras son las peores; están, -naturalmente, formadas por lo más perdido -de cada casa.</p> - -<p>No se ha podido contar con los oficiales franceses -liberales, porque el Gobierno de Julio los ha -aceptado a todos en las filas del ejército.</p> - -<p>Descontados éstos que hubieran sido útiles, los -que han quedado en nuestras filas son aventureros, -gente de presidio más que militares.</p> - -<p>Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual -de esta tropa. Entre los extranjeros hay la -más completa diversidad de tipos y de actitudes, -se ven hombres que tienen el aire nórtico de -un noruego, gentes rubias de cabeza pequeña y<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -ojos azules, al lado de otros que parecen italianos -del mediodía con el pelo crespo, los ojos negros y -la mirada viva. Hay una gran variedad en la -expresión de los unos y de los otros; éste tiene -rasgos de energía, el otro de astucia, el de más -allá de cobardía y de cinismo.</p> - -<p>En cambio, entre los vascos de Leguía hay tal -unidad en la expresión, que parecen todos de la -misma familia, y sólo fijándose en ellos, uno a uno, -se advierte que no se parecen en los rasgos de la -fisonomía. En todos ellos se ve una mezcla de audacia -y de atención; más que soldados parecen -cazadores que van a un ojeo.</p> - -<p>Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos. -Uno de ellos es el guardabosque de Ustariz, -amigo de Malpica.</p> - -<p>Este hombre, a quien todos llamamos el tío -Juan, no se queja de nada, todo le parece bien. -Es un estoico. Le suele acompañar un asistente -del intendente Darracq, que vive en Ustariz y que -se llama Alí.</p> - -<p>El tío Juan y Alí van siempre juntos, animando -a los demás.</p> - -<p>Otro tipo extraño es un muchacho inglés que -vino a Bayona de San Sebastián con Tilly. Como -no conocemos su nombre y por lo que parece no<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito -se ha incorporado a nuestra pequeña legión -extranjera de una manera aristocrática e individualista; -lleva dos criados a su servicio y una -tienda de campaña. Siempre le vemos correctamente -vestido, recién afeitado. El inglés éste parece -una estatua griega por su expresión fría y -académica. Tiene el aire de un hombre rico, su -traje es irreprochable y sus cuellos y sus puños -están siempre limpios y sus zapatos recién barnizados, -como si fuera a pasear a Hyde Park.</p> - -<p>El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de -nuestra legión extranjera; no parece que quiere -tener relación con nosotros y ha debido poner sus -condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos -dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos -de él.</p> - - -<h4><i>Urdax, 16 Octubre.</i></h4> - -<p>La salida de Bayona fué para mí completamente -inesperada. El día 13 me llamó Valdés, y me -dijo que había sabido que los dos Gobiernos, el -de Luis Felipe y el de Fernando, habían hecho un -convenio, y que no teníamos otra solución que adelantarnos -o abandonar la empresa. El se lanzaba -dispuesto a todo, y al día siguiente al amanecer<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -saldríamos camino de la frontera. Se dieron las -órdenes necesarias para la marcha, y salimos de -Bayona.</p> - -<p>Iban con nosotros Chapalangarra y Méndez -Vigo. El 14 llegamos a Saint Pee. Yo dormí en el -Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de -allá y al llegar a la frontera entre Añoa y Dancharinea, -Chapalangarra y el general Méndez Vigo -se despidieron de nosotros el uno para ir a -San Juan del Pie del Puerto, el otro a Mauleón.</p> - -<p>Hoy por la mañana hemos llegado a Urdax. Nos -hemos apoderado del punto avanzado que abandonaron -los tercios y de las armas que había aquí -guardadas. Llevábamos una proclama, suscrita -por varios jefes, dirigida al ejército español, invitándole -a imitar al francés, pasándose a nuestra -bandera y a librar a la patria del yugo que -la oprime. Se han dado vivas a la libertad y a la -Constitución, y se han montado dos piezas pequeñas -de campaña que encontramos en el puesto -avanzado.</p> - -<p>Como nos preocupa la cuestión de la alimentación, -se han mandado agentes a comprar víveres a -los pueblos de alrededor.</p> - -<p>Estoy deseando entrar en fuego.</p> - -<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> - - -<h4><i>Zugarramurdi, 17 Octubre.</i></h4> - -<p>Esta mañana hemos dejado en Urdax a Campillo -y a Malpica y hemos salido con las dos compañías, -la de Leguía y la de Mancha, camino de -Zugarramurdi.</p> - -<p>La razón principal de la marcha es la cuestión -de las subsistencias, que no hay modo de resolverla -en un pueblo pequeño en donde escasea todo.</p> - -<p>Zugarramurdi está muy cerca de Urdax, a una -media legua próximamente. Es una aldea que se -encuentra en la falda de Peñaplata en la vertiente -de Francia.</p> - -<p>Al acercarnos al pueblo han ido nuestras dos -columnas separadas, flanqueando el monte.</p> - -<p>En las lomas había unos grupos de tercios realistas -que nos han recibido a tiros.</p> - -<p>En este pequeño encuentro nuestros extranjeros -mandados por Mancha se han portado de una -manera vergonzosa. Muchos a las primeras descargas -tiraban el fusil y corrían a internarse en -territorio francés.</p> - -<p>Algunos, por lo que nos han dicho, han entrado -en Sara, y la gente, indignada por su cobardía, -les ha recibido a pedradas. Ha habido quien ha -llegado corriendo hasta Bayona.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - -<p>Unicamente el tío Juan, Alí, el Inglesito y algunos -otros han dejado bien puesto el pabellón.</p> - -<p>Afortunadamente, la partida de Leguía al oir -los primeros tiros corrió hacia el pueblo y se apoderó -de él. Yo creí que los realistas se defenderían -en las calles; pero no; han abandonado la -aldea sin pelear.</p> - -<p>Ahora es de noche. A la luz de la luna veo la -torre de la iglesia de Zugarramurdi, blanca, y -unos cipreses del pequeño cementerio que la rodea.</p> - - -<h4><i>Vera, 18 Octubre.</i></h4> - -<p>Ayer en Zugarramurdi. Valdés, Leguía, Mancha, -Campillo y Malpica, discutieron lo que había -que hacer. De todos ellos el menos culto, pero el -más inteligente, es Leguía.</p> - -<p>Valdés es un castellano de cabeza dura, de continente -altivo y soberbio; no tiene flexibilidad, -discurre por frases. A pesar de su cerrazón es -simpático; tiene una cara noble, un poco alargada, -y los ojos claros.</p> - -<p>Si a mí me preguntaran quién debía mandar -nuestras fuerzas, diría que Leguía.</p> - -<p>Valdés y Leguía discuten sobre el mapa de Navarra. -Leguía es partidario de ocupar Vera; Valdés -no quiere.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> - -<p>Los informes de los caseros son que Juanito -el de la Rochapea va a entrar en Vera con sus -tercios realistas y los carabineros. Leguía opina -que sería conveniente ocupar Vera y avisar a -Mina para que pasase en seguida a España. A -Valdés no le agrada la colaboración con Mina.</p> - -<p>Después de discutir largo rato se ha resuelto -que Leguía con su partida vaya a Vera.</p> - -<p>—Usted no ataque—le ha encargado Valdés delante -de mí.—La cuestión es ver qué disposiciones -tienen las tropas realistas para nosotros. Si -ataca usted va a decir Mina que somos unos locos, -y si fracasa la expedición asegurará que es nuestra -la culpa.</p> - -<p>—¿Quiere usted que vaya con él, mi general?—le -he dicho a Valdés.</p> - -<p>—Sí; vaya usted.</p> - -<p>—Quizás quiera venir conmigo Ochoa.</p> - -<p>—Que vaya.</p> - -<p>El Inglesito al enterarse ha pedido también venir -con nosotros.</p> - -<p>Leguía ha llamado a sus sargentos y ha dado -la orden de que para las dos de la mañana esté -la partida formada en la plaza. Leguía, Ochoa, el -Inglesito y yo vamos a caballo. Llevamos una pieza -de artillería montada en un mulo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> - -<p>A las dos y media la columna se ha puesto en -movimiento. La noche estaba oscura; hemos pasado -por una calle con casas hermosas, grandes, -hemos salido del pueblo y cruzado por delante de -la cueva de las brujas y por el Arroyo del Infierno, -después hemos seguido a campo traviesa hasta -descansar, al amanecer, en unos caseríos de -Sara.</p> - -<p>A nuestra espalda dejábamos Zugarramurdi sobre -el promontorio de Peñaplata, que entra en la -tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris se veía -un pueblecillo, Sara, y más lejos, vagamente el -mar.</p> - -<p>Después de tomar el almuerzo hemos seguido -adelante, bordeando el monte Labiaga, por unos -robledales que el otoño ha dejado rojizos. El suelo -está cubierto de hojas doradas. Es época de pasa, -y por el cielo cruzan pájaros de todos colores...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En esto, una de las lomas lejanas se llena de -siluetas de hombres que comienzan a hacer fuego -sobre nuestra partida.</p> - -<p>Por lo que hemos sabido después, el teniente -realista D. Miguel de Sagastibelza, comandante -del puesto avanzado, ha destacado contra nosotros -una columna formada por doscientos veinte<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> -hombres del 13 de línea, ciento cincuenta voluntarios -realistas procedentes de Burguete, y trescientos -soldados del batallón de tercios del Baztán.</p> - -<p>Leguía manda desplegar en guerrilla a su gente -y se contesta al fuego. Después de una ligera -escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado.</p> - -<p>¿Es que están, como dicen algunos, por nosotros -y no esperan más que una ocasión favorable -para pronunciarse en nuestro favor?</p> - -<p>No lo sé; pero así lo parece.</p> - -<p>Con la fuerza de que disponen podían, sin duda -alguna, habernos hecho retroceder y obligarnos a -meternos en Francia.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>A las doce de la mañana llegamos a una cañada, -desde donde divisamos Vera en el fondo de -un valle. Vamos avanzando a caballo Leguía, -Ochoa, el Inglesito y yo.</p> - -<p>De pronto Leguía se detiene.</p> - -<p>—¿Ve usted—me dice—ese monte que está a -un lado del pueblo con varios caseríos?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Se llama Santa Bárbara. En la falda, en un -repecho hacia el río que está allí—y señala un barranco,—hay -una casa fuerte, la Casherna, y en -la misma falda, al acercarse al valle por el lado<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -más próximo a nosotros, hay un convento, el convento -de Eztegara. La Casherna y el convento -probablemente estarán ocupados por los carabineros.</p> - -<p>—¿Y qué tenemos que hacer?—he preguntado -yo.</p> - -<p>—Dividiremos la fuerza. Usted con Antula, -que es mi segundo, y con cincuenta hombres, se -presentará delante de la Casherna e intentará parlamentar -con la pequeña guarnición. ¿Que se rinden?, -entonces mandará usted un hombre al caserío -aquel que se llama Lecueder y agitará un -pañuelo blanco. ¿Que no se rinden?, el hombre agitará -un pañuelo rojo y yo me acercaré a Casherna.</p> - -<p>—Está bien. Vamos a la segunda parte. Si se -rinden los del fuerte ¿qué hacemos?—he preguntado -yo.</p> - -<p>—Si se rinden, deja usted diez o doce hombres -en la Casherna y se van ustedes acercando al -convento de Eztegara. Yo estaré al comienzo de -este barrio, que es el barrio de Alzate, y esperaré -subido sobre uno de estos montes a ver lo que ustedes -hacen y cuándo llegan. Si veo que ha tenido -usted éxito, me presentaré delante del convento e -intimaré la rendición. Usted entonces se acercará -con su gente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<p>—Creo que estamos entendidos.</p> - -<p>Leguía habla en vascuence con Antula, le hace -algunas recomendaciones y nos separamos los dos -grupos. Leguía toma por la derecha a coger el -camino de San Juan de Luz a Vera; yo, acompañado -de el Inglesito, de Antula y de unos cincuenta -hombres, cruzo un barranco y avanzo por la -falda de Santa Bárbara.</p> - -<p>Antula, el segundo de Leguía, es un hombre -rojo, con las pupilas azules brillantes, las cejas y -las pestañas doradas y la melena hasta los hombros. -Viste un capisayo corto atado con unas cuerdas -y tiene un aire salvaje y fiero. Detrás de él -marcha un perro, tan parecido al amo en el aspecto -sombrío, que se ve que está identificado con él. -Mientras vamos andando por el monte, Antula -no me dice nada; pero al divisar la casa fuerte -me grita, hablándome de tú:</p> - -<p>—¡Baja!</p> - -<p>—No, no—exclamo yo, y sigo a caballo.</p> - -<p>El Inglesito hace lo mismo.</p> - -<p>Nos aproximamos a una casa vieja, aspillerada, -que en el pueblo llaman la Casherna. Antula -vuelve a decirme:</p> - -<p>—¡Baja!—pero yo sigo adelante a caballo y el -Inglesito también.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span></p> - -<p>Al acercarnos a la casa fuerte nos encontramos -con un piquete de realistas formado por unos -treinta hombres. Yo, poniendo en prensa mi cerebro, -les dirijo una arenga hablándoles de la libertad.</p> - -<p>Los soldados de la Casherna se consultan, vacilan -y dicen que se rendirán a condición de que -les dejen marcharse cada cual adonde quiera.</p> - -<p>Acepto su proposición y los soldados se van.</p> - -<p>El Inglesito me da la mano gravemente. Ocupado -el viejo cuartel, llamado la Casherna, y un -pequeño fortín que hay más abajo, hacemos la -seña desde Lecueder a Leguía y nos dirigimos -hacia el convento de capuchinos de Eztegara.</p> - -<p>Este convento es un edificio no muy grande, -con capilla, cementerio adosado a ella, vivienda -para los frailes y algunos almacenes y corrales de -ganado.</p> - -<p>Por las reglas de la Orden el tal convento debía -ser un eremitorio de forma humilde y pobre, -la iglesia pequeña y estrecha, la vivienda mísera -y sólo capaz para ocho a doce frailes con el superior; -pero actualmente los frailes no llevan una -vida humilde, ni mucho menos. Está fundado el -convento de Vera en 1741. Tiene exteriormente -una muralla de ronda que rodea el rectángulo de<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -sus campos, que por dos de sus lados está limitado -por los arroyos Lamiocingo-Erreca y Convetuco-Erreca.</p> - -<p>Antula, el Inglesito y yo nos acercamos al convento -y entramos en un caserío que se llama -Botinea. Desde los agujeros del pajar veo la huerta -del convento, sus campos de maíz, sus filas de -perales y de manzanos, el pozo y dos grandes nísperos -que hay delante de la capilla.</p> - -<p>El convento tiene todas sus puertas y ventanas -cerradas.</p> - -<p>Los carabineros, en número de trescientos, se -han encerrado ahí con su jefe D. Claudio Ichazo. -Con ellos están los capuchinos armados y algunos -voluntarios realistas. Deben hallarse todos emboscados -o parapetados, porque no se les ve.</p> - -<p>Al acercarse Fermín Leguía al convento ha -comenzado desde las ventanas el fuego graneado. -Antula y yo hemos distribuído la gente en Botinea -para contestar al fuego desde los agujeros -del pajar.</p> - -<p>En esto en una ventana del convento ha aparecido -una bandera blanca.</p> - -<p>Leguía ha mandado a Ochoa a los carabineros -como parlamentario, y en vista de que no ha habido -acuerdo se han reanudado las hostilidades.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p> - -<p>Leguía ha mandado preparar y cargar el cañón; -dos artilleros lo han colocado delante del -portillo de la huerta del convento, a una distancia -de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo -el obstáculo.</p> - -<p>No se ha podido pasar, porque detrás había una -barricada formada con maderas y con carros, que -se ha deshecho de nuevo a cañonazos.</p> - -<p>Hemos entrado en la huerta del convento y en -la parte de vivienda de los frailes. Los carabineros -se han encerrado en la iglesia. Parece que no -tienen municiones, pero no quieren rendirse.</p> - -<p>Al poco rato, nueva bandera de parlamento -aparece en el tejado de la iglesia.</p> - -<p>¿Qué hacemos? Un guerrillero de los que -se han quedado en la Casherna viene diciendo que -en el camino de Echalar han aparecido fuerzas -del batallón de realistas número 10. Son dos compañías -que manda el capitán D. Teodoro Carmona.</p> - -<p>¿Qué hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar. -No hay más remedio que retirarse.</p> - -<p>Se manda aviso a los de la Casherna para que -vengan al convento a emprender la vuelta a Zugarramurdi.</p> - -<p>—¿Por dónde vamos?—pregunta Antula a Leguía,—¿hacia -Oleta?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> - -<p>—No, no; a Zugarramurdi.</p> - -<p>Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos, -y vamos por el barrio de Illecueta a coger -el camino de Zugarramurdi. En el alto de Lizuñaga -se prepara la comida. Se enciende fuego y se -hierve en cuatro calderos grandes habas secas con -tocino. Yo como con gusto y el Inglesito mismo -no hace melindres.</p> - -<p>El postre nos lo da un pelotón de voluntarios -realistas mandados por Carmona, que empieza a -hacernos fuego.</p> - -<p>Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre -ellos y los dispersa y los persigue de risco en -risco.</p> - -<p>—¡Qué tipo este Antula!—le digo a Leguía.</p> - -<p>—Sí, es un gran tipo.</p> - -<p>—¿Lo conoce usted desde hace mucho tiempo?</p> - -<p>—Sí; desde hace mucho tiempo. ¿Que, le interesa -a usted?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Ya le contaré a usted su vida más tarde.</p> - -<p>Por la noche entramos de nuevo en Zugarramurdi, -y Leguía explica a Valdés los detalles de -la expedición, que no ha tenido ningún resultado.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_III">III.<br /> -EL LEÑADOR DE ANTULA</h3></div> - - -<h4><i>Zugarramurdi, 19 Octubre; por la mañana.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Escribo</span> en la cocina de la posada, a la luz -de un candil. Está apuntando el día, un día -turbio, húmedo y triste. Hemos estado largo tiempo -después de cenar, fumando, bebiendo y contando -historias a la luz de la lumbre.</p> - -<p>El Inglesito se nos ha reunido. Campillo, Malpica, -Mancha y Leguía han contado las suyas; -la que más me ha interesado, porque se refiere a -un tipo como Antula que acabo de conocer, ha -sido la de Leguía. Voy a transcribir su narración, -no exactamente, porque el guerrillero navarro -ha hecho una porción de divagaciones al contarla:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> - -<p>—La vida de Antula—ha dicho D. Fermín—está -unida con la mía. Yo he nacido en Vera del -Bidasoa, en Febrero de 1787, en el caserío que se -llama Landaburuchipia. Esta casa era de mis abuelos -maternos, Norberto de Fagoaga y Mariana de -Alzate. Tenía veintiún años cuando los franceses -entraron en España: no sabía escribir y apenas -sabía leer. El oir los desmanes que hacían los -franceses en nuestro país me impulsó a echarme -al monte, y con Antula, que era un muchacho salvaje, -leñador de un caserío del monte Larrun y -cazador de jabalíes, me reuní al cabecilla Belza -que operaba en las orillas del Bidasoa... No llegamos -más que a intranquilizar al enemigo con -alguna que otra correría de poca importancia. En -un viaje que hicimos a Guipúzcoa, Antula y yo a -recoger caballos, los franceses nos cortaron la comunicación -con Belza y tuvimos que pasarnos a -Vizcaya y a Santander. Allí tomamos parte con -unos estudiantes en la acción de Santoña. Los estudiantes -se batían sin orden ni táctica. En un -encuentro que tuvimos en Santander el 17 de Julio -de 1808 a Antula y a mí nos cogieron prisioneros -y nos llevaron al Castillo Viejo de Bayona. -Estuvimos presos setenta y cinco días, y el 2 de -Octubre nos escabullimos él y yo, entramos en Es<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>paña -y nos presentamos a la partida de Mina el -Estudiante, que se llamaba el Corso terrestre. Mina -había preparado el levantamiento de Navarra; -en esta época varios generales franceses a las órdenes -de Suchet, entre ellos el navarro Harispe, -le perseguían. Javier Mina tuvo que esconderse; -y como era hombre de muchos arrestos solía meterse -en los pueblos ocupados por el enemigo, y -presenció, vestido de aldeano entre un grupo de -campesinos, el paso del general Suchet que iba de -Zaragoza a Pamplona. En un pueblo que llaman -Labiano, del valle de Aranguren, se nos echó encima -una columna de tres mil hombres, e hirieron -y cogieron prisionero a Javier Mina. La prisión -de Mina produjo un desorden grande en sus fuerzas. -Había por entonces tres partidas más en Navarra: -la de Echeverría, el carnicero de Corella; -la de Sádaba, y la del Pelado. Ni a Antula ni a -mí nos gustaba reunirnos con esta gente de la Ribera, -con quien no podíamos entendernos bien.</p> - -<p>Estábamos vacilando, cuando apareció el tío de -Mina, D. Francisco Espoz, mandando una partida -con los restos de la de Javier Mina. Iban con -él Mal Alma, el Chiquito de Tafalla, Tomasito el -de Azcárate y otros.</p> - -<p>Don Francisco tuvo diferencias con los demás<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> -jefes, y cuando logró afirmar su autoridad, una -de las cosas que exigió de sus soldados fué que se -cortaran el pelo al rape, quedando el sólo con el -pelo largo en señal de superioridad y de mando.</p> - -<p>Antula era hombre orgulloso, y dijo:</p> - -<p>—No me da la gana. Si se corta él el pelo me lo -cortaré yo también, si no, no.</p> - -<p>Y dejó la partida y se marchó con su perro. Yo -quedé con Mina. Al dividir éste su fuerza en tres -batallones me hicieron a mí sargento del tercer -batallón de Voluntarios de Navarra que mandaba -D. Lucas Gorriz y del que era oficial Laquidain.</p> - -<p>En este batallón tomé parte en la acción de -Monreal, donde me hirieron en la pierna derecha, -y en las de Tafalla, Lerín, valle de Ulzama y otras -muchas.</p> - -<p>Estábamos en Villarreal de Guipúzcoa, me había -yo apoderado de varios caballos de los franceses, -y el general Mina, en vista de la maña que -me daba, me dijo en vascuence:</p> - -<p>—Leguía.</p> - -<p>—¿Qué?</p> - -<p>—Tú preferirías andar suelto por tu país, -¿verdad?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> - -<p>—Bueno; pues escoge quince hombres y vete a -la frontera de Francia, a la parte de las Cinco -Villas, y te quedas allí de observación. Todos los -caballos que cojas nos vendrán muy bien.</p> - -<p>Escogí mis hombres y me vine aquí. Estaba entonces -incorporado al cuarto batallón ligero de -Navarra. Al poco tiempo se me presentaron varios -jóvenes, amigos, de los caseríos inmediatos, -que algunos todavía están conmigo: Martín Belarra, -Erauste, Mendigorri y el leñador de Antula -con su hermano.</p> - -<p>Antula seguía tan salvaje, con sus pelos largos, -su capucha, un hacha en el cinto y su perro al -lado.</p> - -<p>—Antula guizon fierra da—se decía.</p> - -<p>(Antula es hombre orgulloso.)</p> - -<p>Nuestra partida daba que hacer. Nos dedicábamos -principalmente a quitar caballos a los franceses. -En poco tiempo les cogimos en la orilla del -Bidasoa más de cien caballos y les hicimos muchos -prisioneros. Luego nos apoderamos del castillo -de Fuenterrabía...; pero esto es capítulo -aparte—dijo el guerrillero.</p> - -<p>Con nuestras gatadas, el jefe de la Policía francesa -de San Sebastián y el inspector de Irún estaban -ojo avizor. Se pusieron de acuerdo con un<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -capitán de la gendarmería para acabar con mi -partida. Emplearon todos los medios de seducción. -Habían puesto mi cabeza a precio y al mismo -tiempo me mandaban recados para que me pasara -a su bando. Una de las cosas que hicieron -fué mandar a dos muchachas, que engatusaron al -hermano de Antula y a otro mozo de mi partida -y les citaron en un caserío de Sara. Cuando fueron -los mozos los gendarmes los rodearon y los -fusilaron.</p> - -<p>Antula, que quería a su hermano, se hizo más -fiero y más vengativo.</p> - -<p>Un día el superior de este convento, en donde -hemos estado hoy, el padre Romualdo, nos citó -a Antula, a Martín Belarra y a mí; dijo que tenía -que hablarnos.</p> - -<p>La suerte hizo que confundiéramos la hora de -la cita, y en vez de llegar al convento a las doce -de la noche en punto nos presentáramos a las -once. El portero nos abrió y pasamos. Entramos -en el campo de delante de la iglesia, nos asomamos -al claustro y vimos al prior hablando con diez o -doce gendarmes.</p> - -<p>—Son los gendarmes—me dijo Antula.—Estamos -perdidos.</p> - -<p>Retrocedimos rápidamente y salimos al patio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span></p> - -<p>Los gendarmes se dieron cuenta y avanzaron -contra nosotros en la oscuridad; Martín Belarra -llevaba el fusil, yo tenía pistolas. ¡Fuego!, le dije.</p> - -<p>Disparamos los dos. Ellos nos contestaron con -una descarga. Mientras tanto, Antula rompía la -puerta de unos cuantos hachazos y nos escapábamos.</p> - -<p>Sabíamos a qué atenernos respecto a los capuchinos -de Vera. Estaban en relación con los franceses. -Entre los frailes y los curas de entonces -había unos muy patriotas que se habían lanzado -al campo; otros, afrancesados, decían que lo mismo -daba Bonaparte que Borbón.</p> - -<p>Esta gente no se preocupaba, como nosotros, -principalmente del interés patriótico, sino del interés -de la religión. Sobre todo los frailes que -habían quedado en las zonas ocupadas por los imperiales -eran en su mayoría afrancesados.</p> - -<p>Después de la emboscada que nos prepararon -los capuchinos de Vera, temiendo las represalias -el padre Romualdo reforzó la guardia del convento -y llevó un retén de gendarmería.</p> - -<p>El superior, ya desenmascarado, se puso claramente -contra nosotros, e hizo que el dueño del -caserío donde vivía Antula echara de casa a la -familia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span></p> - -<p>Mi partida fué a protegerla con la intención de -llevarla a un caserío de aquí, de Zugarramurdi; -pero al pasar por Peñaplata, por la parte que llaman -de las Tres Mugas, nos atacaron los gendarmes, -y una bala perdida fué a dar en el hijo -de Antula, que tendría dos o tres años, y lo mató -en los brazos de su madre. Después los gendarmes -entraron en el caserío de Antula, sacaron los -pobres trastos al campo y les pegaron fuego.</p> - -<p>La desesperación volvió loco al leñador, que se -hizo más sombrío que nunca. La gente le tenía -espanto. Todo el mundo se echaba a temblar cuando -le veía, seguido de su perro, con sus ojos claros -y brillantes, sus cejas rojas, su capisayo pardo -y el hacha al cinto.</p> - -<p>Tenía tal odio a los frailes, que si encontraba -alguno en el camino sin más explicaciones le daba -una paliza terrible. Al perro le pasaba lo mismo: -siempre que veía un fraile se echaba sobre él y -Antula le azuzaba.</p> - -<p>Un día, después de la batalla de San Marcial, -siendo yo teniente y Antula sargento, nos encontramos -al padre Romualdo en una venta de Echalar -en compañía de un oficial inglés y de un militar -del Cuerpo del general Longa.</p> - -<p>El padre Romualdo cantó la palinodia, y como<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -tenía una mala idea de nosotros nos ofreció dinero.</p> - -<p>—Ya sé que te perjudicaron los gendarmes quemándote -los trastos de la casa—le dijo a Antula;—pues -bien, para que no te quejes te voy a dar -dos mil pesetas. ¿Estamos de acuerdo? Y tú me -firmarás un recibo diciéndome que no te debo -nada.</p> - -<p>Antula callaba.</p> - -<p>—¿Será tan vil para aceptar?—pensaba yo.</p> - -<p>El padre Romualdo escribió un recibo.</p> - -<p>—Firma—indicó;—te daré dos mil pesetas por -la casa y quinientas por tu hijo.</p> - -<p>Oir esto Antula y sacar el hacha del cinto, todo -fué uno. Rápidamente levantó el arma en el aire -y se oyó un grito terrible. Había cortado al fraile -el brazo derecho por la muñeca.</p> - -<p>Se asistió al mutilado y se buscó a Antula, que -había desaparecido con su perro.</p> - -<p>Al terminar su narración, Leguía bebió de un -trago el vaso de aguardiente y murmuró:</p> - -<p>—Bueno, señores; vamos a dormir un rato.</p> - -<p>Y yo me tendí en un jergón con los pies hacia -el fuego, pensando en aquel terrible Antula de los -ojos brillantes y de las cejas rojas.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_IV">IV.<br /> -ATAQUE DE JUANITO</h3></div> - - -<h4><i>Zugarramurdi, 20 Octubre.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Juanito</span> el de Rochapea conociendo nuestra -posición en esta aldea de Zugarramurdi, se -ha presentado por la mañana a atacarnos con unos -mil quinientos a dos mil hombres.</p> - -<p>Juanito ha formado tres columnas: una al mando -de Carmona, otra al de Sagastibelza y otra al -suyo inmediato.</p> - -<p>Nosotros no llegamos a cuatrocientos hombres. -Parte de nuestra gente ha salido del pueblo a ocupar -los altos, asegurándonos de antemano la retirada -a Francia.</p> - -<p>En el casco del pueblo y en la iglesia hemos quedado -Valdés, Mancha, Malpica y yo con ellos, con<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -cien hombres, la mayoría extranjeros, a los cuales -al parecer no se les considera muy seguros: la -gente de Campillo ha ocupado un robledal inmediato, -y la partida de Leguía, en la que se tiene -completa confianza, ha evolucionado por los alrededores.</p> - -<p>A las diez de la mañana han roto el fuego las -guerrillas enemigas. Su objeto era rodearnos, pero -no lo han podido conseguir. A pesar de la superioridad -de las fuerzas realistas no han realizado -sus planes.</p> - -<p>Los tres grupos de nuestra gente han rechazado -al enemigo en todas sus acometidas. Campillo -ha maniobrado alrededor de un robledal con -gran pericia de guerrillero.</p> - -<p>Entre los nuestros ha habido un francés prisionero, -ocho hombres muertos y varios desaparecidos. -Entre los realistas supongo yo que habrán -tenido las mismas bajas, quizás algunas más.</p> - -<p>Este pequeño éxito no ha servido para animar -a nuestra gente. No se nos une nadie; no tenemos -víveres ni municiones. Si sigue así, no cabe duda, -la expedición va a ser un fracaso...</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_V">V.<br /> -CHAPALANGARRA</h3></div> - - -<h4><i>Zugarramurdi, 21 Octubre.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Hoy</span> hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra -en Valcarlos. Fiado en su gloria -de guerrillero y en el influjo que creía tener -entre sus paisanos, supuso, como muchos de los -nuestros, que bastaba su presencia para arrastrar -a los amigos y hasta a los enemigos.</p> - -<p>Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea, -Chapalangarra con algunos de los suyos fué -a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a sus órdenes, -según me han dicho, ciento cincuenta hombres. -De éstos, unos cien eran aventureros franceses, -casi todos parisienses, gente levantisca y poco disciplinada. -Entre los españoles iba una partida que<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -había reclutado D. Joaquín Cayuela con elementos -heterogéneos, y algunos curiosos como el poeta -Espronceda.</p> - -<p>De Pablo abandonó San Juan del Pie del Puerto -de noche y avanzó con toda su gente hasta Arnegui, -aldea que tiene una parte española y otra -francesa divididas por un riachuelo.</p> - -<p>En Arnegui dejó los cien parisienses en un grupo -de casas próximo a la carretera llamado Ventaberri, -para tener, en caso de necesidad, la salida -libre a Francia.</p> - -<p>Hecho esto, él con un grupo de quince hombres -a caballo avanzó hacía Valcarlos. Valcarlos, en -vasco Luzaide, se encuentra en un valle estrecho -al descender el Pirineo a la llanura de Francia.</p> - -<p>El valle de Valcarlos es el final del Barranco de -Roncesvalles, que comienza en su parte más alta -cerca del santuario de este nombre y termina en -Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real -que va de Burguete a San Juan del Pie del Puerto, -y por su parte baja corre un riachuelo que contribuye -a formar el Nive.</p> - -<p>Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instaló -en la posada y comenzó a dar disposiciones para -defender el pueblo.</p> - -<p>Cuando llegaron los hombres de la partida de<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span> -Cayuela y los demás españoles, tenían ya preparado -el alojamiento en las casas cerca de la iglesia.</p> - -<p>Mandó Chapalangarra traer materiales para cerrar -la entrada de la aldea por el lado de Roncesvalles; -pero como no había útiles ni herramientas -no se pudo hacer nada.</p> - -<p>Al día siguiente por la mañana al levantarse el -caudillo supo que acababa de llegar un leñador con -la noticia al pueblo de que por la carretera iban -acercándose grupos numerosos de tropas realistas.</p> - -<p>Estas tropas, salidas de Burguete, se hallaban -formadas por el regimiento de Infantería 6.º de -ligeros, por el batallón de Voluntarios realistas número -10 al mando del oficial D. Francisco Benito -Eraso, comandante del cantón de Roncesvalles, y -por una compañía de Voluntarios de Navarra.</p> - -<p>No había tiempo de fortificar la villa. Eran, -además, muchas fuerzas las que llegaban para que -Chapalangarra intentara oponerse a ellas con un -puñado de hombres.</p> - -<p>No había más remedio que retirarse y volver a -Francia, y esa fué la opinión de los liberales que -acompañaban al jefe; pero Chapalangarra exaltado -por su patriotismo y por su orgullo, creyó -que una retirada tan inmediata era una vergüenza -y un oprobio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p> - -<p>—Dejadme a mí hablarles primero—exclamó.—Son -españoles y me oirán.</p> - -<p>Y sin hacer caso de observaciones montó a caballo -y avanzó al encuentro de la primera patrulla -de realistas.</p> - -<p>Estos, al verle y al oirle, quedaron inmóviles, -sorprendidos y admirados.</p> - -<p>—Navarros—gritó el caudillo con voz sonora.—Yo -soy de Pablo, Chapalangarra; vuestro amigo, -vuestro paisano. Vengo a sacar a la patria de la -ignominia en que se encuentra. Gritad conmigo: -¡Viva España! ¡Viva la libertad!</p> - -<p>Los realistas verdaderamente absortos no salían -de su admiración al ver a aquel loco que se -les presentaba indefenso, cuando el teniente del -sexto de Ligeros, D. Pedro Roca, volviéndose a -sus soldados dijo:</p> - -<p>—Voluntarios... Apunten... ¡Fuego!</p> - -<p>Los soldados dispararon una descarga cerrada, y -Chapalangarra cayó al suelo atravesado de balazos.</p> - -<p>Algunos de los suyos que se habían detenido -esperando un resultado de la decisión del caudillo, -al oir los tiros escaparon por la carretera de -Valcarlos a Francia dejando en poder de las tropas -de Eraso una bandera, doce mil cartuchos y -una porción de fusiles y de bayonetas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p> - -<p>Los tercios realistas, viendo la fuga de los liberales -echaron a correr tras ellos con tal ímpetu, -que los liberales no intentaron resistir en ninguna -parte. Unicamente los parisienses de Ventaberri -soltaron algunos tiros, pero abandonando pronto -las casas de Arnegui entraron en Francia. Todos -hubieran sido sacrificados en territorio francés a -no ser por un oficial de la gendarmería, que mandó -aviso a los jefes de los tercios de que habían -pasado la frontera. No hubo necesidad de desarmar -a los fugitivos, porque habían tirado los fusiles -en la huída.</p> - -<p>El cadáver de Chapalangarra, abandonado en -Valcarlos en medio del camino, fué mutilado por -los realistas de una manera bárbara y cruel.</p> - -<p>Este final ha tenido la empresa de Chapalangarra, -final que ha llevado el desaliento a nuestra -gente.</p> - -<p>¡Pobre Chapalangarra! ¡Desdichado! ¡Iluso!—dicen -todos.</p> - -<p>Ahora me parece estar oyéndole hablar en Cambó, -con su voz áspera y su mirada sombría y brillante. -¡Pobre hombre!</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Quizás mañana hablen también de nosotros con -lástima.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_VI">VI.<br /> -NOTICIAS DE MINA</h3></div> - - -<h4><i>Errota-sarreco-borda, 23 Octubre.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Estoy</span> con veinte hombres en un caserío de -este pequeño nombre: Errota-sarreco-borda. -El tal nombre quiere decir, en vasco, la Borda -del molino viejo. Cerca tengo Errota-berri (el molino -nuevo) y Errota-echezubi (el puente de la -casa del molino).</p> - -<p>Errota-sarreco-borda es un caserío pequeño del -término de Zugarramurdi, hacia Vera. Vive aquí -una viuda con tres chicos y un viejo. No hablan -una palabra de castellano ni de francés, el leñador -de Antula me sirve de intérprete.</p> - -<p>Estamos impacientes por saber lo que ha hecho<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -Mina. Los partidarios acérrimos de Valdés desean -que no se presente para poder acusarle. ¡Qué mezquinas -pasiones!</p> - -<p>Hace dos días recibí un emisario que venía de -Vera a darnos cuenta de la entrada de Mina en -este pueblo.</p> - -<p>Por lo que nos dijo, el 18 se reunió por la noche -toda la gente disponible que había en Bayona, y -Mina la hizo formar fuera de la puerta de España -y la pasó revista. Se contaron escasamente 350 -hombres, incluídos los 51 de la Compañía Sagrada, -compuesta por oficiales algunos ya muy viejos -que van como soldados.</p> - -<p>A la luz de las hachas se saludaron todos como -amigos y juraron fidelidad.</p> - -<p>A Mina le acompañaban el jefe de Estado Mayor, -O'Donnell, los generales Butrón y López Baños -y el coronel Iriarte.</p> - -<p>Don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, dió la voz -de marcha a sus voluntarios que iban de vanguardia, -y comenzó la columna a alejarse de Bayona.</p> - -<p>Mina iba acompañado por Sanz de Mendiondo -y por el capellán D. Agustín de Apezteguía.</p> - -<p>Después de caminar toda la noche del 18, al -amanecer del día 19 hizo alto con sus tropas en -el bosque de Saint Pee; allí permanecieron duran<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>te -el día y al hacerse de noche rompieron la marcha -amaneciendo cerca de Vera.</p> - -<p>Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso -a la tropa y repartieron varias proclamas -en los caseríos próximos.</p> - -<p>Al amanecer del día 21, Mina con la columna -en orden de combate entró en el pueblo. Al acercarse -al convento de capuchinos de Eztegara envió -como parlamentario al comandante D. Felipe -Tolosana; pero los carabineros que lo ocupaban -y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la corneta de -parlamento se retiraron, saltando la tapia que da -al arroyo Convetucoerreca y abandonaron el -pueblo.</p> - -<p>Mina parece que acusa a Leguía de falta de -diplomacia con los carabineros en nuestra expedición -anterior.</p> - -<p>Creo que le han informado mal.</p> - - -<h4><i>Vera, 24 Octubre: mañana.</i></h4> - -<p>De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi. -Hemos quedado reducidos a unos ciento -cincuenta hombres. La gente se va a la desbandada, -sobre todo los aventureros extranjeros que -venían principalmente en espera de botín. El Cuerpo -que manda Leguía es el que no ha disminuí<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>do; -los de Campillo y Malpica se han quedado en -cuadro, y a Mancha no le resta más que el Inglesito, -el tío Juan, Alí y otros tres o cuatro.</p> - -<p>Nuestra pequeña fuerza está formada por oficiales. -El viejo coronel Malpica se desespera pensando -en las deserciones; de rabia quisiera fusilar -a medio mundo.</p> - -<p>Anteayer se recibió un oficio de Mina dirigido -a Valdés. En él Mina nombra a Valdés gobernador -del fuerte de Vera, y le dice que se traslade -a este pueblo.</p> - -<p>Valdés ha creído ver en tal nombramiento una -humillación, y me ha dictado un oficio lleno de -violencia, afirmando que no reconoce en Mina -mando alguno. Pasado algún rato me ha dicho:</p> - -<p>—¿Qué le parece a usted?</p> - -<p>—En estos momentos sería conveniente que olvidasen -ustedes toda cuestión de amor propio.</p> - -<p>—Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted -otro diciendo que me trasladaré a Vera.</p> - -<p>Salimos el mismo día de recibir el oficio, por -la noche, y llegamos ayer por la mañana. El gobernador -del fuerte de Vera nombrado por Mina -es D. Joaquín Sanz de Mendiondo. Envía parte de -nuestra tropa al viejo cuartel (la Casherna), parte -al pequeño fortín derruído que está debajo, y par<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>te -al campamento del Bidasoa instalado por Mina -en la otra orilla del río en el término de Lesaca.</p> - -<p>Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo -el curso del río ha llegado a Irún y ha -ocupado el alto de San Marcial con dos compañías -de guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres -de la Compañía Sagrada al mando del Pastor. -Los voluntarios realistas de Irún han huído -a Francia.</p> - - -<h4><i>Vera, 24 Octubre: noche.</i></h4> - -<p>Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de -que nos ataquen en Vera con fuerzas superiores, -y ha dispuesto que Butrón, López Baños y O'Donnell, -que iban siguiéndole, vuelvan a ocupar el -campamento del Bidasoa en término de Lesaca -con sus fuerzas. Hoy por la tarde han llegado, -según nos han dicho.</p> - -<p>El tiempo está muy malo. El invierno se nos -echa encima.</p> - -<p>Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado -de alojado al pueblo, al barrio de Alzate. Estoy en -casa de una hermana de Leguía, una señora ya -anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una -tiendecita.</p> - -<p>La hermana de D. Fermín me ha recibido muy<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -amablemente. Es alta, fuerte, muy guapa. A mí -me mira con lástima por verme demacrado y débil.</p> - -<p>—<i>¡Gashúa!</i>—me dice a cada momento. Esto -parece que quiere decir en vascuence: Pobrecillo. -Desdichado.</p> - -<p>Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su -hermana y han hablado largamente. En el curso -de la conversación se han ocupado de mí; ella le -preguntaba al guerrillero:</p> - -<p>—¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede -servir para nada. ¡Tan pequeño! ¡Tan <i>charrico</i>!</p> - -<p>Leguía contestaba:</p> - -<p>—No, no. Este muchacho tiene nervio.</p> - -<p>Yo estoy un poco febril. Este constante llover, -esta constante humedad me ponen muy triste. Desde -la ventana de la cocina de la casa veo el paisaje -nebuloso y la niebla amarilla y triste que -forma como un telón en el aire. Todo está convertido -en un charco.</p> - -<p>De noche, la hermana de Leguía ha encendido -una gran fogata en la cocina y hemos estado al -calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha venido -a visitarme. La gente dice que es muy raro -que en Octubre haga tan mal tiempo.</p> - -<p>Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos -<i>gashúas</i>, como dice la hermana de Leguía.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_VII">VII.<br /> -EN EL FORTÍN DE VERA</h3></div> - - -<h4><i>25 Octubre: mañana.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Me</span> han dejado en el fortín de Vera con quince -hombres, mientras los jefes hacen reconocimientos. -Tengo como asesor a Antula; él sabe -el vascuence y conoce el terreno. Han supuesto -que el leñador y yo nos completamos.</p> - -<p>Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. -La noche pasada ha nevado y hay todavía -nieve en las cumbres. Son las doce del día. -Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un -poco el sol. Hay grandes espacios de cielo azul -del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.</p> - -<p>Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros -de todas clases, que sin duda vienen del Norte -huyendo hacia los países del sol.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p> - -<p>Voy a describir el sitio en donde me encuentro.</p> - -<p>Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte -de unos mil pies de alto que se llama Santa Bárbara. -Este monte tiene en la cumbre una ermita y -restos de trincheras y de otras obras de fortificación -que hicieron los españoles cuando la guerra -con la República francesa en 1794 y en tiempo de -la Independencia.</p> - -<p>Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene -una loma que se llama Casherna-gaña (Alto de -Casherna). La razón de tal nombre es que hay -en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió -durante las dos invasiones francesas de cuartel, -al que los franceses llamaban, naturalmente, -la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando -y vasconizando la palabra francesa, lo -llamaron la <i>Casherna</i>.</p> - -<p>La <i>Casherna</i> está en medio de campos fértiles -y su fachada mira hacia el pueblo. A su lado izquierdo -y abajo, como avanzando a dominar el -camino próximo al río, hay un fortín construído -por cuatro paredes ruinosas y una tejavana provisional. -A este fortín, en donde me encuentro yo, -se sube por la estrada que comunica el barrio de -Alzate con Vera, por una escalera tortuosa que -pasa hundida por entre dos muros de piedra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span></p> - -<p>Desde el fortín, donde estamos de guardia, se -ve enfrente el pueblo, la iglesia con su torre cuadrada -por una de cuyas aristas va trepando una -hiedra y su escalera exterior. Detrás del pueblo -cierran el horizonte dos montes puntiagudos, uno -de ellos con una fila de cruces que sube hasta lo -alto, que es el Calvario, el otro con varios caseríos.</p> - -<p>A mi izquierda hay un valle por donde pasa el -Bidasoa. Desde mi observatorio no se le ve. Se -divisa únicamente el puente y sobre él una barriada -de casas: Alcayaga, y un poco más abajo otra -barriada que se llama Zalain. Por encima de los -montes próximos se ve una cresta nevada como -una sierra. Antula me dice que es de la Peña de -Aya, del lado de Oyarzun.</p> - -<p>Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun -con grandes manchas de nieve.</p> - -<p>Todos los montes de alrededor se ven ahora -en las alturas blancos, en las faldas rojizos por los -helechos que se han agostado. Las heredades de los -valles están cubiertas por las cañas blanquecinas -de los maíces secos; los tejados brillan por la humedad. -Los chopos, los álamos, los castaños, tienen -el follaje amarillo; los robles todavía están -hojosos, aunque empiezan a enrojecer. En medio<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -de esta superficie amarilla y cobriza que presentan -los montes, se ven algunas manchas rectangulares -de un verdor profundo de los prados.</p> - - -<h4><i>25 Octubre: al medio día.</i></h4> - -<p>La posición que defendemos en este momento, -la Casherna, con su fortín, sería buena si contáramos -con gente; pero la gente nos falta.</p> - -<p>Desde la <i>Casherna</i> se pueden vigilar las veredas -y caminos de Echalar y de Zugarramurdi; -desde el fortín avanzado se divisa si viene alguien -por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado -de Guipúzcoa, por Endarlaza, o cruzando el Bidasoa, -por el puente de San Miguel...</p> - -<p>Estoy mirando el pueblo iluminado por este -pálido sol; a pesar de ser pálido y sin brillo me -parece muy hermoso. Es el sol de mi patria.</p> - - -<h4><i>25 Octubre: tarde.</i></h4> - -<p>He tenido una larga conversación con Antula, -que me ha hablado de sus hombres. ¿Qué hacen -estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué piensan? -¿Qué proyectan?</p> - -<p>Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos -y aspiraciones. Hay dos de cara alegre que siempre -están hablando.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p> - -<p>Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen -en pensar proyectos de comidas.</p> - -<p>El uno hace un <i>menú</i> y el otro le pone objeciones, -y al contrario. Discuten si empezarán su supuesto -banquete con sopa de fideos o con sopa de -pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y -si un cochinillo asado es más propio para tercer -plato que un cordero. Cada salsa, cada vino merece -una discusión. Los demás les escuchan con -gran interés y se ríen.</p> - -<p>Otros hablan de brujas constantemente y se ponen -a mirarse con los ojos alucinados, y hay uno -de los nuestros que canta y sobre todo silba admirablemente. -Le llaman <i>Sosua</i> (el mirlo). Sosua -suele estar asomado a la muralla. Generalmente -canta la primera voz y luego canta el acompañamiento; -y no se contenta con cantar una vez, sino -que canta muchas veces hasta aburrirse. Hoy le -ha dado por una tonada triste.</p> - -<p>—¿Qué dice, qué significa lo que canta?—le he -preguntado a Antula.</p> - -<p>—Es una canción del país del Sul que se llama -Uso churia—me ha dicho el leñador.</p> - -<p>—¿Qué significa?</p> - -<p>—Esto que ha cantado dice: "¿Paloma blanca, -adónde vas? Los montes de España están blancos<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo tienes -en mi casa."</p> - -<p>Ahora que sé el significado de la canción me -parece más triste aún. Los montes están blancos -y aparecen como bloques de hielo en el horizonte -gris.</p> - -<p>Sosua sigue con la canción. ¡Qué tristeza! Me -parece que me van a enterrar.</p> - -<p>He aprendido yo la canción de Sosua, y la repito -también hasta aburrirme.</p> - - -<h4><i>25 Octubre: noche.</i></h4> - -<p>Al oscurecer me han mandado un aviso para -subir a la Casherna. Estaban reunidos allí Valdés, -Leguía, Campillo, Malpica y Mancha.</p> - -<p>No se saben los proyectos del enemigo.</p> - -<p>Leguía es partidario de dejar la Casherna y el -fortín y ocupar el convento de Eztegara, proveerse -de víveres para un mes y defenderse allí. Valdés -no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga -contra nosotros, y supone que Leguía quiere vengarse -de los frailes.</p> - -<p>Veremos mañana si mejora o empeora nuestra -situación.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_VIII">VIII.<br /> -LOS REALISTAS</h3></div> - - -<h4><i>Fortín de Vera, día 26.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Hemos</span> pasado una malísima noche en el fortín -sin poder dormir. Se nos ha echado encima -un temporal de agua y nieve que parece que -va a durar.</p> - -<p>Las tropas del campamento del Bidasoa, próximo -a Lesaca, han tenido que trasladarse a Vera. -Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen -mandados por el general Butrón y López Baños, -y marchan como oficiales el brigadier Sancho y -los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustín Jáuregui -y D. Epifanio Mancha.</p> - -<p>Esta columna llegó ayer al medio día a ocupar -la posición que dejaron los nuestros en la orilla<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -del Bidasoa y se encontraron a campo raso, sin -techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a -la intemperie resistiendo a pie firme la lluvia y la -nieve y por la mañana entraron en el pueblo.</p> - -<p>Hemos fraternizado los unos y los otros, y les -hemos dado lo que teníamos.</p> - - -<h4><i>27 Octubre: al amanecer.</i></h4> - -<p>Esta noche he dormido un poco en el barrio de -Alzate, en casa de la hermana de Leguía. Le he -indicado que me despierte a las cuatro, y a esta -hora me he vestido y he marchado al fortín.</p> - -<p>Hay calma absoluta.</p> - -<p>No se ha recibido durante toda la noche ningún -aviso de los confidentes acerca de los movimientos -del enemigo, lo cual hace suponer que no se -ha presentado todavía.</p> - -<p>A las cinco de la mañana han tenido una conferencia -Butrón y López Baños con Valdés. Butrón -ha dicho que en vista de que no hay peligro -de ataque en Vera, saldrá cuando se haga de día -hacia las alturas de Oyarzun, para reunirse a -Mina que debe estar en los caseríos de Arichulegui.</p> - -<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p> - - -<h4><i>27, seis de la mañana.</i></h4> - -<p>A las cinco de la mañana se hallaban listos y -formados los hombres de Butrón y López Baños.</p> - -<p>Estaba completamente a oscuras. Butrón no ha -querido salir mientras no amaneciese, porque, a -pesar de que no había noticias de aproximación -de fuerzas enemigas, no tenía confianza.</p> - -<p>A las cinco y media comienza a clarear y aparece -el pueblo chorreando agua por entre la bruma, -en un cielo de nubes de plomo. La campana -de la iglesia anuncia la primera misa. Siento una -profunda tristeza. Me gustaría ser el último de los -campesinos y vivir esa vida oscura del campo...</p> - - -<h4><i>27, ocho de la mañana.</i></h4> - -<p>Iba Butrón a dar la orden de marcha, cuando -viene corriendo un centinela que estaba en el -puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a decir -que un campesino al pasar por el puente le ha -dicho que por los altos del término de Lesaca: -Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por donde -pensaba marchar Butrón camino de Oyarzun, hay -apostada mucha tropa.</p> - -<p>Inmediatamente se han dado órdenes de defender -el puente de San Miguel, y Campillo, Peman<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -y Malpica han salido con tropas y se han colocado -en el extremo del puente. Valdés distribuye sus -hombres por la orilla del río.</p> - -<p>López Baños y Butrón marchan al pueblo para -asegurar la retirada a Francia. Leguía va a Santa -Bárbara por si por la espalda aparece el enemigo. -Yo me quedo en el fortín con mis quince hombres.</p> - -<p>El día está frío, húmedo y triste. Comienzan a -verse grupos de tropas realistas en los altos y en -una barriada próxima al río que se llama Alcayaga.</p> - -<p>Hemos tenido aviso de la distribución de las -fuerzas enemigas.</p> - -<p>Las columnas realistas han maniobrado de noche -sin que lo hayan advertido nuestros centinelas.</p> - -<p>Viene contra nosotros el general Llauder, con -más de cuatro mil infantes, ochocientos caballos y -dos piezas de artillería.</p> - -<p>La dirección de estas tropas es la siguiente:</p> - -<p>El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva, -con mil quinientos soldados de tropa y quinientos -voluntarios navarros, avanza hacia Yanci -y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general -González Villalobos, con mil hombres entre -Cazadores, Guardia Real y Provincial de Burgos, -más cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro,<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span> -con dos mil hombres va a las órdenes del capitán -general Llauder. Lleva éste el regimiento de Mallorca, -los Cazadores, el 13 de línea y Voluntarios -realistas. Van además con él el primer batallón de -Milicias bilbaínas, al mando de D. Ignacio Unceta; -el 4.º de Vizcaya y la 1.ª columna alavesa -mandada por Verástegui.</p> - -<p>Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto.</p> - -<p>Entre nosotros se dice que algunas compañías -del 13 de línea se pasarán a nuestro campo.</p> - -<p>Antula me pregunta si se nos reunirá Mina.</p> - -<p>Creo que no. Mina debe estar acampado en este -momento en los altos de Pago-gaña y de Erlaiz, -altos que dominan la orilla española del Bidasoa -y están frente al monte de Biriatu.</p> - -<p>Antula cree que si Mina viniera sería otra -cosa. Yo dudo que venga; probablemente él estará -en disposición de pedir ayuda, porque será atacado -por las tropas de Villalobos o por las milicias -de Sáinz de Pedro.</p> - -<p>Como para darnos esperanza, los realistas han -estado en los altos y en la otra orilla del río, en -observación, sin atacarnos. En esto, entre los nuestros -suena un tiro. (¿Será el sino de los liberales -la torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede -retroceder.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_IX">IX.<br /> -EN EL PUEBLO</h3></div> - - -<h4><i>Desde la torre de la iglesia.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Escribo</span> estas notas desde la torre de la iglesia -de Vera en un momento de tregua. Llevamos -cuatro horas de fuego.</p> - -<p>La primera embestida de los realistas ha sido -para ellos infructuosa. Al querer pasar el puente, -nuestros tiradores, escondidos entre los maizales, -han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido -que retirarse.</p> - -<p>En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino, -los realistas han querido utilizar una lancha -para cruzar el río; pero el fuego de un grupo de -soldados de Butrón se lo ha impedido.</p> - -<p>Estando en el fuerte de Casherna, uno de la<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> -partida de Leguía ha venido a decirme, de parte -de su jefe, que ha aparecido un grueso núcleo -de fuerzas por el lado de Santa Bárbara. La han -visto avanzar por encima de un caserío que llaman -Premosa.</p> - -<p>Estas fuerzas son, indudablemente, de las que -manda Juanito y vienen de Echalar, adonde han -debido ir desde Zugarramurdi en persecución de -Valdés.</p> - -<p>Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas -y dar tiempo a la retirada.</p> - -<p>He enviado uno de mis soldados a comunicar -la noticia a Valdés. Este ha contestado que se le -avise en seguida a Leguía para que vuelva y se -reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno -de los guerrilleros a caballo con el aviso.</p> - -<p>Como las tropas realistas son mucho más numerosas -de lo que se figuraban los nuestros, han -conferenciado Butrón, López Baños y Valdés, y -han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín -y que toda nuestra fuerza se refugie en el pueblo.</p> - -<p>Antula dice que de retirarse sería mejor marchar -por el barrio de Alzate a coger el camino de -Inzola; pero los jefes tienen dos conocedores del -terreno de la partida de Leguía y saben lo que -hacen.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> - -<p>Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero -han marchado los soldados de Butrón, que -han ido ocupando las casas; después los de Valdés, -que quedaron un momento escalonados en el -camino, y por último Campillo, Malpica y Leguía.</p> - -<p>Los tres marchaban con sus hombres a cual -más valientes. Malpica y Campillo iban atentos a -la perfección de la maniobra. Llevaban a sus órdenes -veteranos, entre ellos los dos franceses Alí -y el tío Juan.</p> - -<p>Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose -siempre, parecía querer demostrar su invulnerabilidad; -Leguía, por el contrario, llevaba un -fusil, disparaba, gritaba e insultaba.</p> - -<p>El Inglesito ha estado magnífico de serenidad -y de elegancia.</p> - -<p>Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde -el fortín a unas heredades que llaman de Aguerra -y contribuímos a detener al enemigo.</p> - -<p>Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas -en el puente y en el barrio de Alcayaga, y -cuando vieron que no había obstáculos en el camino -comenzaron a pasar.</p> - -<p>Mi pelotón ha sido el último que ha entrado en -el pueblo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p> - -<p>El gran peligro para nosotros era que mientras -nos defendíamos de los que llegaban por el río, nos -cogieran la delantera los del monte y nos cerraran -el paso al pueblo.</p> - -<p>Afortunadamente no ha sido así y hemos podido -llegar sin dificultad hasta la plaza de la iglesia, -que se encuentra en un alto.</p> - -<p>Ahora nuestros hombres se están parapetando -en las casas próximas. Tenemos ocupado el casco -del pueblo. Los realistas se han apoderado de la -Casherna y el fortín. Esperamos el nuevo ataque.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_X">X.<br /> -POR LA TARDE</h3></div> - - -<h4><i>Caserío Achulecheco-borda.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Estoy</span> en este caserío descansando un momento. -Por ahora, para la pequeñez de -nuestra fuerza se va verificando la retirada con -algún orden.</p> - -<p>A las diez en punto de la mañana ha comenzado -el ataque a Vera. El primer empuje ha sido -violento, tanto que nos ha hecho creer que los realistas -tomaban el pueblo al asalto.</p> - -<p>Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada -de las dos calles en cuesta que suben a la -plaza.</p> - -<p>Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> -aquí para allá, a los sitios de peligro, animando -a la gente. Leguía no era un hombre, sino un terremoto; -se agitaba, vociferaba, salía a las ventanas -a insultar al enemigo. Hace un momento les -gritaba:</p> - -<p>—Yo soy D. Fermín Leguía, hijo de este pueblo.</p> - -<p>Y los realistas le decían:</p> - -<p>—Te conocemos. ¡Vendido! ¡Judío! ¡Traidor!</p> - -<p>—¡Sois unas canallas!—vociferaba él, y disparaba -su fusil.</p> - -<p>En vista del número de enemigos y de su empuje, -Butrón, López Baños y Valdés deciden la -retirada.</p> - -<p>Algunos oficiales han recorrido el camino que -va a Francia, por encima del pueblo, y salen grupos -a guardarlo.</p> - -<p>Los oficiales, como los soldados, sabemos que -no hay cuartel y que nuestro único recurso es -la retirada, y la retirada lenta con serenidad y -orden.</p> - -<p>Los tres jefes principales son, además de valientes -y de serenos, hombres de arranque.</p> - -<p>Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia -y orgullosa; Butrón es animador y tranquilo; -López Baños, pequeño, calvo, con una cara<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar -que no es más peligroso recibir las balas -que la lluvia.</p> - -<p>Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés -con las fuerzas que más han luchado en el puente -sube a los altos que dominan el pueblo y toma posiciones -con Peman, Campillo y Malpica.</p> - -<p>Los soldados de Butrón y de López Baños siguen -ocupando las casas, las salidas de la plaza a -la carretera y la torre de la iglesia.</p> - -<p>Antula me dice que hay varios senderos para -llegar al camino que va a Francia: uno que termina -en el Calvario, el otro que serpentea por un robledal -y sale a un caserío llamado Lasamborda, y -el tercero que parte por cerca del caserío Cigastea. -Todavía hay otro que va escalando la altura -desde la calle de Alzate.</p> - -<p>El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de -Butrón, se sitúa en los bordes del camino al Calvario -entre los árboles y los peñascos.</p> - -<p>Una de las compañías guipuzcoanas compuesta -de veintiséis hombres a las órdenes del capitán -D. Juan Croward, se coloca en el sendero del robledal -que pasa por el caserío Lasamborda.</p> - -<p>Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte -hombres se dispone a defender el camino de<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -Cigastea, y a mí me envían al que baja a la calle -de Alzate.</p> - -<p>El fuego se generaliza con violencia por todas -partes. El enemigo tantea los sitios más débiles -de la defensa para atacar allí. Los tres o cuatro -mil realistas van avanzando contra nosotros.</p> - -<p>En esto vemos que una columna baja de Santa -Bárbara y cruza el barrio de Alzate.</p> - -<p>Leguía se acerca a mí.</p> - -<p>—¿Ve usted aquella tropa?—me pregunta.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen -a todos. Voy con mi gente a detenerlos. Cuando -no podamos más nos dispersaremos. Conocemos -el país. Encontraremos sitio donde escondernos. -Tienen ustedes que apresurar la retirada. Dígaselo -usted a Valdés.</p> - -<p>No tengo yo autoridad para hacer desistir a Leguía -de su intento. Don Fermín reune su gente, -y uno detrás de otro, a la deshilada, corriendo -por entre maizales secos, marchan de prisa hacia -donde vienen los realistas y comienzan el -fuego.</p> - -<p>Yo recibo la orden de dejar el camino y subir -adonde está Valdés.</p> - -<p>En las fuerzas que mandan Butrón y López<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span> -Baños hay más de treinta bajas entre muertos y -heridos.</p> - -<p>Comunico a Valdés lo dicho por Leguía.</p> - -<p>No dice nada y da órdenes para que se apresure -la retirada.</p> - -<p>Los realistas no se dan cuenta del abandono -completo del pueblo hasta media hora después de -hecho. Han supuesto, quizás, que queríamos ahorrar -las municiones.</p> - -<p>La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego -y cerrando el paso a los realistas. Su objeto -es apoderarse de las primeras casas del barrio de -Alzate y defenderse allí.</p> - -<p>Al ver los realistas que hemos desalojado -la villa entran en la plaza, y se apoderan de -las casas y de la torre de la iglesia. Viendo -que estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.</p> - -<p>Un pelotón de Cazadores entra por el sendero -de Lasamborda a forzar el paso defendido por -los guipuzcoanos mandados por Croward; pero -éstos a tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, -y tienen los Cazadores que retirarse y dispersarse -en el robledal.</p> - -<p>Por el camino del pueblo al Calvario avanza -una compañía de tercios con ímpetu, al grito de:<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los -masones!</p> - -<p>El capitán Vidarte los detiene más de media -hora haciéndoles bajas, y cuando queda sin municiones -y sin gente abandona la posición.</p> - -<p>Estamos ahora en una explanada del monte -que llaman Bidepartieta, donde se dividen dos caminos, -esperando.</p> - -<p>Leguía sigue batiéndose en el fondo del valle. -Al acercarse con su partida al convento de capuchinos, -los frailes se asoman a las ventanas y le -hacen varias descargas.</p> - -<p>—¡Canalla!—grita Leguía.</p> - -<p>—Ven, ven a asaltar el convento—le dicen los -frailes.</p> - -<p>Leguía tiene que retroceder hacia la izquierda -y entra en el barrio de Illecueta. Ya allí no le -vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su partida -durante largo tiempo.</p> - -<p>—Este hombre nos salva—murmura Valdés.</p> - -<p>Estamos sosteniéndonos en nuestras posiciones; -cuando los tercios que han forzado el camino del -Calvario se lanzan al asalto.</p> - -<p>Al retirarse los que defienden el sendero, los -tercios dan una acometida fuerte a la bayoneta; -las tropas de Butrón creen que van a ser prote<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>gidas, -y viendo que los tercios avanzan sin obstáculo -se consideran cogidos y comienzan a huir.</p> - -<p>Un contratiempo inesperado contribuye a ello. -Dos compañías mandadas por O'Donnell, emboscadas -entre las matas y las piedras, con quienes -se contaba para aquel momento, no pueden entrar -en acción, se encuentran con la mayoría de los -fusiles inservibles y con que los cartuchos son -desproporcionados.</p> - -<p>Los de Butrón, al verse desamparados comienzan -a huir a la desbandada, y los tercios corren -tras ellos hiriendo y matando a los caídos.</p> - -<p>Los soldados de Butrón se han salvado, gracias -a un pelotón de Infantería de la Compañía Sagrada, -formada por viejos de la guerra de la Independencia, -que se arroja a la bayoneta intrépidamente -contra los realistas.</p> - -<p>—No dan cuartel. ¡Libertad o muerte!—gritan -los viejos con furia, acometiendo ciegos de coraje.</p> - -<p>En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos -bastan para contener a una columna, y los -viejos liberales la contienen.</p> - -<p>Retroceden un momento los tercios, los soldados -de Butrón avanzan, y mientras tanto nosotros -entramos en fuego.</p> - -<p>Pasado este mal momento la retirada comienza<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -bajo la protección de los grupos escalonados en -el camino. Así vamos, haciendo una marcha lenta, -con un gran orden, dominando las alturas y -los senderos de través. Un grupo se defiende -entre las matas, las piedras y los árboles, hasta -que no le quedan municiones. Cuando llega este -momento se dispersa; los realistas avanzan y -se encuentran con otro grupo que les cierra el -paso.</p> - -<p>Constantemente vamos relevando las tropas de -retaguardia.</p> - -<p>El primer avance por Bidepartieta ha costado -a los realistas más de una hora. Dominando el -camino que hemos seguido, hay por la izquierda -un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego -ya el terreno se despeja, y se va por estribaciones -de poca altura pobladas de robles, de castaños -y de carrascas.</p> - -<p>Cada árbol, cada peña, nos sirve de punto de -resistencia. Ochoa y yo nos lucimos. Nos hemos -batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno -al otro. Valdés nos ha felicitado efusivamente. -Para soldados bisoños parece que lo hemos hecho -bien. El Inglesito demuestra una serenidad y un -valor extraordinarios.</p> - -<p>Hace unos minutos, después de estar defen<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>diendo -nuestra posición durante un cuarto de -hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar.</p> - -<p>Encontramos al paso un caserío.</p> - -<p>—¿Cómo se llama este caserío?</p> - -<p>—Achulecheco-borda—nos dice un hombre.</p> - -<p>—¿Nos falta mucho para Francia?</p> - -<p>—Sí; todavía cerca de una hora.</p> - -<p>—¿Habrá algo que beber? Lo pagaremos.</p> - -<p>Una mujer nos trae una jarra de sidra y la bebemos -con ansia. Ochoa pide pan.</p> - -<p>En este momento, a pesar del frío, siento que -mi cuerpo arde.</p> - -<p>El sol ilumina el panorama lleno de nieve. Por -el lado de Guipúzcoa se ve la peña de Aya, con -sus cabezos en forma de sierra; Larrun hacia -Francia, y hacia el interior de Navarra, Peñaplata -y luego otros montes lejanos y vagos...</p> - -<p>—¡Cómo me quedaría aquí, aunque fuera tirado -en el suelo!</p> - -<p>Ochoa grita:</p> - -<p>—Ya están ahí. Vamos de nuevo.</p> - -<p>El Inglesito me agarra del brazo.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_XI">XI.<br /> -FIN DEL DIARIO DE LACY</h3></div> - - -<h4><i>28 Octubre. En Frixu-baita: Urruña.</i></h4> - -<p><span class="smcap">Ya</span> ha terminado nuestra empresa guerrera. -Estoy ahora en la cama; la excitación no -me deja dormir. Voy a continuar mi diario. A la -salida de Achulecheco-borda, Ochoa, el Inglesito -y yo tomamos posiciones con nuestra gente y las -defendimos el tiempo necesario. Tuvimos un -muerto, que abandonamos, y nos retiramos en -formación sin dispersarnos.</p> - -<p>Marchábamos todos con un orden verdaderamente -admirable, cuando cerca de una cantera, a -un cuarto de hora lo más de la raya de Francia, -por un camino que sube de un barranco, apareció -a nuestra retaguardia la cabeza de una columna<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -de doscientos hombres pertenecientes al regimiento -de Mallorca.</p> - -<p>Por fortuna el camino era estrecho y los realistas -venían en grupos poco compactos.</p> - -<p>—¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran -los masones!—gritaron ellos con entusiasmo al -ver que rodeaban parte de nuestra gente.</p> - -<p>Valdés, que venía muy atrás, estuvo a punto -de quedar copado con cuarenta o cincuenta hombres -que le rodeaban, cuando el coronel D. Francisco -Cía y Azanza, que llevaba a sus órdenes diez -y seis lanceros de la columna de Butrón, algunos -oficiales de la Compañía Sagrada y dos o tres paisanos, -entre ellos D. José María Trueba, en total -unos veinticinco jinetes, dió la orden de cargar.</p> - -<p>El terreno era malo, lleno de sinuosidades, de -agujeros, de matorrales altos y espesos y de troncos -de árboles tendidos en la tierra.</p> - -<p>El pelotón de Caballería se lanzó contra los -grupos del regimiento de Mallorca, que lo recibieron -con una descarga cerrada casi a quemarropa. -Cuatro jinetes cayeron muertos del caballo, -entre ellos el ayudante de Caballería D. Mariano -Amorós.</p> - -<p>Pasado un momento de vacilación, los jinetes -cargaron de nuevo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<p>—Libertad o muerte. ¡Viva la libertad!</p> - -<p>Los sables brillaban como rayos, pinchando, -golpeando y rajando. Ochoa, Malpica y el Inglesito -con veinte hombres se metieron por entre los -helechos y atacaron a los realistas del regimiento -de Mallorca a la bayoneta, por el flanco y por la -espalda.</p> - -<p>Los realistas tuvieron que huir a la desbandada.</p> - -<p>Las dos cargas nuestras hicieron que quedasen -prisioneros diez soldados realistas, dos oficiales, -los hacheros y la banda de tambores.</p> - -<p>Valdés decidió quitar las armas a los enemigos -y dejarles volver a sus banderas.</p> - -<p>Ochoa, satisfecho, se pavoneaba y había adquirido -tal confianza, que se creía invulnerable.</p> - -<p>Subía a los altos para ver el avance de los realistas -y permanecía quieto desafiando sus balas -mirando con sus gemelos.</p> - -<p>Al comenzar la tarde aparecieron en las cimas -nuevos batallones, entre ellos uno de la Guardia -Real que parecía querer cortarnos la entrada en -Francia.</p> - -<p>En este momento vi a Ochoa subido sobre unas -peñas, tan cerca del enemigo, que quedé aterrado.</p> - -<p>—Baja de ahí—le grité.</p> - -<p>—¡Ca!—exclamó él.—No saben tirar.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p> - -<p>—Loca criatura—murmuró el Inglesito.</p> - -<p>—¡Baja!—volví a gritar yo.</p> - -<p>—Si no saben apuntar.</p> - -<p>Acababa de decir esto, cuando una bala le dió -en la cabeza y cayó rondando por entre las peñas.</p> - -<p>Nos acercamos a él. Estaba muerto. Tenía la -cabeza abierta. Era un horror. Quise ver si respiraba, -pero el Inglesito me agarró del brazo y -me impulsó a seguir.</p> - -<p>—No hay nada que hacer con él—me dijo.—Vamos.</p> - -<p>—Sálvese usted—le dije yo.—Yo no puedo correr -más... no puedo...</p> - -<p>—Un esfuerzo...; ya nos falta poco. Apóyese -usted en mí.</p> - -<p>Iba corriendo, cuando metí un pie entre unas -matas y caí de bruces. Cuando quise levantarme -sentí que tenía el pie dislocado y que me era imposible -andar.</p> - -<p>—Yo no puedo más—exclamé.—Escápese usted.</p> - -<p>El Inglesito me cogió por la cintura, me echó -al hombro y siguió marchando. Yo iba llevado -como por el viento.</p> - -<p>Al tocar el territorio francés, el Inglesito vió -que tenía que apresurarse si no quería quedar prisionero. -Corrió llevándome a mí al hombro, sal<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span>tando -obstáculos por encima de las piedras y de -los helechos.</p> - -<p>Tras de esta carrera desenfrenada llegó al camino -real, entró en un caserío de la carretera, -cerca de Urruña, en donde salió una mujer apurada -y me dejó tendido en un montón de helechos.</p> - -<p>—Quédese usted aquí—me dijo.</p> - -<p>—¿Y usted?</p> - -<p>—Yo me voy—exclamó.—No quiero que me -cojan los franceses—y sin más palabras desapareció.</p> - -<p>Yo hubiese querido darle las gracias, decirle -que si me necesitaba estaba dispuesto a pagarle -su servicio; pero no tuve tiempo... Me incorporé -sobre los helechos, me quité la bota del pie dislocado, -que me dolía mucho, cortando los cordones -y esperé con resignación.</p> - -<p>Sonaban todavía tiros, cosa que no me explicaba -yo estando, como estábamos, en territorio -francés.</p> - -<p>La mujer del caserío, que parecía más tranquila, -me dijo que algunos de mis compañeros, muertos -de fatiga y confiando en que estaban ya en -Francia, se habían echado en el suelo a descansar. -Su confianza les perdió, porque fueron fusilados -por los realistas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span></p> - -<p>Añadió que la persecución en territorio francés -duraba; pero que en aquel momento la Guardia -Nacional de Urruña y un pelotón del 63 regimiento -de línea había intimado la detención a los realistas -y la rendición y la entrega de armas a los -liberales.</p> - -<p>Llevaba una hora en el caserío, cuando aparecieron -Alí y el tío Juan. Este venía desencajado -apoyado en el otro, sin poder respirar.</p> - -<p>—¿Está usted herido?—le pregunté.</p> - -<p>—No; el pecho, la fatiga... Me muero.</p> - -<p>Se tendió en el montón de helechos en donde -yo estaba, tenía una disnea que no le dejaba -alentar.</p> - -<p>En esto Alí me dijo que Aviraneta y Miguel -Aristy se hallaban en un cochecito a la puerta. -Era cierto.</p> - -<p>—Suba usted—dijo Aristy.</p> - -<p>—Aquí hay otro amigo—exclamé.</p> - -<p>—¿Un español?—preguntó Aristy.</p> - -<p>—No; es el guardabosque de Ustariz.</p> - -<p>Aviraneta y Miguel me ayudaron a subir a mí -y después al tío Juan.</p> - -<p>Nos acomodamos los tres, y al comenzar a marchar -hacia el pueblo tropezamos con Malpica, que -venía cojeando, sucio, harapiento.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p> - -<p>—Suba usted—dijo Aristy.—Nosotros iremos -a pie.</p> - -<p>Aristy nos dirigió a esta casa de Urruña, llamada -Frixu-baita, donde había alquilado dos cuartos -pensando que vendríamos nosotros.</p> - -<p>Ahora estoy en la cama, febril y sin poder dormir. -Aviraneta nos va a traer un médico.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_XII">XII.<br /> -LOS HÉROES DE LA AVENTURA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">De</span> los cuatro recogidos por Miguel Aristy y -Aviraneta, Alí, que no tenía nada, se lavó, -se afeitó, se puso unos pantalones azules, una blusa -negra y una boina, y salió para Gastizar con -el encargo de traer un carro con un colchón para -transportar al tío Juan.</p> - -<p>Por la noche al salir el médico de Frixu-baita, -Aviraneta le preguntó:</p> - -<p>—¿Cómo están estos enfermos?</p> - -<p>—Medianos. No sé cómo han podido llegar hasta -aquí. El viejo francés está muy mal, con una -bronquitis aguda muy grave.</p> - -<p>—¿El joven español?</p> - -<p>—Ese también mal. Me figuro que tiene, desde<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -hace tiempo, focos tuberculosos en el pulmón y -ha debido de tomar un golpe en el pecho.</p> - -<p>—¿Y el coronel Malpica?</p> - -<p>—Ese es el que ha salido mejor librado. Tiene -una herida de bala en la pierna; pero como no ha -perdido sangre y está muy animado, se curará en -seguida.</p> - -<p>—Hemos pensado transportar a los tres a sus -casas.</p> - -<p>—Si no es muy lejos está bien.</p> - -<p>Al día siguiente, por la mañana, Miguel Aristy -aparejó su coche y llevó en él hasta Ustariz a -Malpica y a Lacy. Al ponerse en camino, Lacy se -encontró con un oficial español que conferenciaba -con un francés.</p> - -<p>—¡Lacy!—gritó.</p> - -<p>—¿Eres tú Sampau?—dijo Lacy.</p> - -<p>—¿De dónde vienes? ¿Qué te pasa?—exclamó -Sampau.</p> - -<p>—¿Y tú?</p> - -<p>—Yo he venido con las tropas de Llauder persiguiendo -a los liberales.</p> - -<p>—Pues yo he estado con los liberales.</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Has estado en Vera?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¡Pensar que podía haberte matado!</p> - -<p>—Y yo a ti.</p> - -<p>—¿Adónde vas ahora?</p> - -<p>—Voy a Ustariz, un pueblo de por aquí cerca, -a descansar.</p> - -<p>—¿Vives en ese pueblo?</p> - -<p>—Por ahora sí.</p> - -<p>—¿Estarás allá dentro de quince días?</p> - -<p>—Seguramente.</p> - -<p>—Pues iré a verte.</p> - -<p>Se despidió Lacy de Sampau y Aristy siguió -adelante en su tílburi.</p> - -<p>Malpica y Lacy presenciaron, desde el fondo -del carricoche, la división en grupos de los liberales -españoles que hacían los oficiales franceses -para enviarlos a los depósitos de Bourges, Perigueux -y Limoges.</p> - -<p>En los jefes liberales españoles se veía la cólera -y la vergüenza de la derrota; los soldados se -manifestaban indiferentes.</p> - -<p>Ni para unos ni para otros el porvenir era muy -halagüeño. El Gobierno francés les daría treinta -céntimos de sueldo y una ración de pan a cada -soldado y dos francos diarios a los jefes.</p> - -<p>Malpica y Lacy cruzaron por entre sus compa<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>triotas -sin ser reconocidos y se dirigieron a Ustariz.</p> - -<p>Por la tarde Alí se presentó en Frixu-baita con -un carrito y un colchón a llevar al tío Juan a su -casa.</p> - -<p>Pusieron al guardabosque dentro del carro -arropado con mantas, y Aviraneta y Alí se dirigieron -por Saint Pee a entrar en los robledales -del cantón de Ustariz.</p> - -<p>Llegaron a la cabaña del tío Juan al amanecer.</p> - -<p>Esta cabaña, Aldasoro de nombre, estaba rodeada -de otras cuatro o cinco. En el interior esperaba -el intendente Darracq.</p> - -<p>—¿Usted va a Ustariz?—le preguntó a Aviraneta.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Quiere usted llevar una carta a madama de -Aristy?</p> - -<p>—No tengo inconveniente.</p> - -<p>Darracq se sentó a la mesa, cogió un lápiz y -papel y vaciló.</p> - -<p>—Es difícil decir esto—murmuró.—Casi será -mejor darle el recado de palabra. Dígale usted a -madama de Aristy que el tío Juan, el guardabosque, -está muy grave. El tío Juan es pariente muy -próximo de madama Aristy.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p> - -<p>—Está bien; se lo diré.</p> - -<p>Aviraneta marchó a pie a Ustariz.</p> - -<p>El tiempo estaba claro. El viento soplaba con -fuerza. La veleta de Gastizar rechinaba, y el dragón -seguía amenazando a todo el mundo con la -flecha de su lengua.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_XIII">XIII.<br /> -LOS RESULTADOS DE LA EMPRESA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Unos</span> días después se supo el resultado de la -empresa liberal. De los quinientos hombres -de Valdés y Butrón que habían luchado en Vera, -más de cien habían quedado en España entre muertos, -heridos y prisioneros. De estos últimos se aseguraba -que algunos habían sido fusilados en Irún -y que otros lo iban a ser al llegar a Pamplona.</p> - -<p>Mina y Jáuregui se habían salvado haciendo -prodigios de valor. Mina anduvo por los montes, -desorientado, perseguido y ojeado por perros de -caza, que echaron los realistas tras él. Después -de fatigas enormes, rendido y con las viejas heridas -echando sangre, llegó a tocar Francia.</p> - -<p>En la parte de Aragón y Cataluña la invasión -no se efectuó. Méndez Vigo quedó inmóvil en<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span> -Mauleón, no habiendo podido reunir armas ni organizar -sus tropas.</p> - -<p>Gurrea, Milans del Bosch y San Miguel no hicieron -cosa eficaz en la frontera.</p> - -<p>En Gibraltar la salida proyectada por Torrijos, -Palarea, Escalante y sus amigos fué impedida por -el gobernador inglés de la plaza.</p> - -<p>Respecto a Fermín Leguía, a quien se creía perdido, -apareció días después en Bayona.</p> - -<p>Algunos que llegaron de Vera contaron su persecución -y trajeron unos versos en vascuence que -había escrito el versolari Martín Coplari contra -Leguía. Este versolari era conocido en el país por -su canción sobre <i>Buenaparte</i>.</p> - -<p>Los versos contra Leguía empezaban así:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Armada eder bat ecarridigu</div> -<div class="line">Verara, Fermín Leguiac.</div> -</div></div></div> - -<p>(Un hermoso ejército nos ha traído a Vera Fermín -Leguía.)</p> - -<p>Y concluía explicando el fracaso:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Comisanyura goician zuten</div> -<div class="line">Viserregueren trampiya</div> -<div class="line">Iruñiaco videa libre</div> -<div class="line">Eben ustez valentiya</div> -<div class="line">Zacu videan lertu eta</div> -<div class="line">Isuritzayo cantiya.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> - -<p>Lo que traducido libremente quiere decir:</p> - -<p>El día de todos los santos por la mañana tenían -la trampa preparada para el virrey. El camino de -Irún libre. Ellos se creían valientes, pero el saco -se les ha reventado en el camino y se les ha derramado -el grano.</p> - -<p>Aviraneta, que tenía carta de seguridad y no -había tomado parte en el movimiento, volvió a -Bayona días después.</p> - -<p>Allí por mediación de Iturri se le comisionó -para que secretamente fuera vendiendo los caballos -que se habían salvado de la expedición.</p> - -<p>Aviraneta hizo el encargo y fué vendiendo los -caballos guardados en el bosque de Saint Pee a -los tratantes españoles y franceses.</p> -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> - -<h2 class="nobreak">LIBRO CUARTO<br /> -BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL DRAGÓN -DE GASTIZAR</h2></div> - -<hr class="chap" /> - - - -<h3 id="IV_I">I.<br /> -EL TÍO JUAN</h3> - - -<p><span class="smcap">Al</span> llegar Aviraneta a Ustariz se encontró a -Choribide que marchaba en un cochecito camino -de Bayona. Choribide se detuvo a pedir noticias.</p> - -<p>—Me voy de Ustariz, señor Aviraneta—dijo -después.</p> - -<p>—Lo siento mucho, si esto le molesta.</p> - -<p>—Sí, algo me molesta. ¿Qué noticias hay? ¿Cómo -ha terminado la expedición de los liberales -españoles?</p> - -<p>Aviraneta contó lo ocurrido y la enfermedad -del tío Juan el guardabosque.</p> - -<p>—¿Y está grave?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p> - -<p>—Sí, muy grave.</p> - -<p>—¿No ha sospechado usted quién es este tío -Juan?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—Es el marido de madama de Aristy.</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Estaban separados?</p> - -<p>—Sí. Más que por nada por motivos políticos y -religiosos. Es absurdo. ¿Verdad? El tío Juan ha -sido siempre un ateo y un jacobino. Ella creía que -daba un mal ejemplo a los hijos.</p> - -<p>—¿Usted lo ha conocido en otro tiempo?</p> - -<p>—Sí. Ya lo creo... Voy a aplazar mi viaje y -voy a visitarle por si acaso me necesita. Le he -hecho algunos favores.</p> - -<p>Choribide se dirigió hacia el bosque y Aviraneta -a Gastizar. Preguntó por madama de Aristy, -dijo a la criada que tenía que hablar a su ama -con urgencia y pasó al salón.</p> - -<p>—Señora—dijo,—vengo a traerle a usted una -mala noticia. El señor Darracq me ha encargado -que le diga a usted que el guardabosque a quien -llaman el tío Juan, está gravemente enfermo.</p> - -<p>Madama de Aristy quedó alterada.</p> - -<p>—¿Qué le ha ocurrido?—preguntó.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p> - -<p>Aviraneta contó cómo le había encontrado en -Urruña de vuelta de la fracasada expedición liberal.</p> - -<p>—¿Estaba allí Miguel, mi hijo?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Le han dicho a usted que el tío Juan es pariente -mío?</p> - -<p>—Lo he adivinado—contestó Aviraneta.</p> - -<p>Madama de Aristy contempló en silencio a don -Eugenio.</p> - -<p>—¿Usted qué cree que debía hacer?</p> - -<p>—Yo, señora, no sé la clase de resentimientos -que ha habido entre usted y su esposo, pero supongo -que éste se encuentra en el actual momento -gravísimo, quizás moribundo. Creo que lo mejor -que podría usted hacer sería decir a su hijo lo -que ocurre, contarle los motivos de diferencias -con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la -cabaña del tío Juan.</p> - -<p>—Sí, tiene usted razón. Eso haré. ¿Quiere usted -esperar un momento?</p> - -<p>—Con mucho gusto.</p> - -<p>Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel -y al caballero de Larresore, y tuvo una explicación -con ellos. Al terminarla apareció Miguel, intranquilo -e inquieto.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p> - -<p>—¿Está mal, de veras?—preguntó a Aviraneta.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Hay que ir de prisa. ¿Usted no querrá volver?</p> - -<p>—No tengo inconveniente.</p> - -<p>—Le agradeceré a usted que venga, porque estoy -un poco trastornado con una noticia así.</p> - -<p>Madama de Aristy había mandado por un coche, -en donde iban a ir ella, el caballero de Larresore, -el médico y el vicario Dostabat. Miguel y -Aviraneta tomarían el tílburi.</p> - -<p>Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo -la expectación del pueblo.</p> - -<p>Al llegar a Aldasoro bajaron y entraron a ver -al enfermo. El médico dijo que estaba agónico y -que le quedaban solamente horas de vida.</p> - -<p>Madama de Aristy habló a su marido a solas, -y tras larga conversación le indicó que debía confesarse.</p> - -<p>—No—dijo enérgicamente el tío Juan, y volvió -la cabeza hacia la pared.</p> - -<p>—Yo, como usted, le encargaría de esa misión -a su hijo—propuso Aviraneta;—yo trataré también -de convencerle.</p> - -<p>Aviraneta y Miguel Aristy se quedaron en el -cuarto del enfermo. Este, sin duda, se hallaba in<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>tranquilo -y receloso. De pronto se irguió en la -cama y se quedó mirando fijamente a Aviraneta.</p> - -<p>—Señor—exclamó,—que me dejen morir en -paz.</p> - -<p>—¿No quiere usted que venga ningún cura?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—No vendrá.</p> - -<p>—¡Gracias! ¡Muchas gracias!</p> - -<p>Miguel se acercó a la cama.</p> - -<p>—¿Qué hace usted aquí?—le preguntó el tío -Juan de repente.—¿Qué está usted espiando?</p> - -<p>—Soy yo Miguel... el de Gastizar.</p> - -<p>No se atrevió a decir su hijo.</p> - -<p>El tío Juan le contempló con una mirada curiosa -y de anhelo.</p> - -<p>—¡Ah... sí... sí!—murmuró, y se tendió de -nuevo en la cama.</p> - -<p>Miguel le arregló la cubierta de la cama, y el -viejo le agarró la mano y la besó.</p> - -<p>Miguel quedó conmovido y se le saltaron las -lágrimas.</p> - -<p>Durante todo el día el enfermo estuvo desvariando. -Al anochecer comenzó a palidecer y a ponerse -lívido, y murió.</p> - -<p>Alí marchó a Ustariz por un ataúd.</p> - -<p>De noche estuvieron en la cabaña, velando al<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -muerto. Aviraneta, Larresore, Choribide, el intendente -Darracq y Miguel.</p> - -<p>El intendente contó la vida de su primo Aristy, -que acababa de morir, una vida íntegra, de fanático -por sus ideas.</p> - -<p>—La verdad es—dijo burlonamente Choribide -a Aviraneta—que ha tenido que venir un -gascón para dar un ejemplo de consecuencia en -el pueblo, porque lo que es Garat y yo no hemos -quedado como hombres muy consecuentes en -política.</p> - -<p>—Parece que la influencia de la veleta de Gastizar -es muy grande—replicó D. Eugenio con -sorna.</p> - -<p>—¡Pse! Hay que cambiar—replicó Choribide.—La -vida es cambiar. Yo no creo que ser esclavo -de sus prejuicios sea una superioridad.</p> - -<p>—No; es más bien el resto de la gente quien -cree eso—dijo burlonamente Aviraneta.</p> - -<p>Por la mañana se verificó el entierro en el mismo -bosque. Los aldeanos de los caseríos vecinos -se reunieron en Aldasoro, los hombres formaron -un corro y las mujeres otro. Hacía una mañana -hermosa y tibia, el sol amarillo se esparcía por el -campo.</p> - -<p>Sacaron al ataúd de Aldasoro y lo colocaron en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span> -un carro de bueyes y lo llevaron hasta el pequeño -cementerio que tenía la barriada del bosque.</p> - -<p>Allí cogieron el féretro Miguel, Ichteben el criado -de Gastizar, Alí y Darracq, y lo dejaron sobre -un montón de tierra próximo a la fosa.</p> - -<p>Bajaron la caja al fondo del hoyo que no era -profundo, y fueron cubriéndola de tierra. Al medio -día todos volvieron a Ustariz.</p> - -<p>Al día siguiente madama de Aristy hizo que se -celebrara un funeral solemne en la iglesia por su -marido.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_II">II.<br /> -EL VERANILLO DE SAN MARTÍN</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Lacy</span> se había curado de la dislocación del pie, -pero la estancia en la cama le había debilitado -y agravado su enfermedad crónica del pecho. -Por lo que decía el doctor Elissalde, el mejor médico -de Ustariz, tenía ya muy pocas probabilidades -de curarse. Habían mandado venir a un especialista -de Bayona en consulta, y los dos doctores, -después de auscultar y percutir al enfermo, habían -asegurado que sólo una casualidad podría -salvarlo.</p> - -<p>—Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja -de la higuera tenga el tamaño del ala del murciélago, -como dice el padre Hipócrates, morirá—dijo -el doctor Elissalde, sonriendo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p> - -<p>El doctor era de estos hombres pulidos y emperifollados -y un tanto empalagoso. Los ¡Oh! -¡Oh!, los ¡Ah! ¡Ah!, los <i>¡Tiens! ¡Tiens!</i> y las -frases más almibaradas estaban siempre en sus -labios. Tenía una sonrisa de satisfacción para -todo. Cuando a Miguel le decía que su amigo Lacy -estaba desahuciado, lo decía de una manera tan -jovial, tan alegre, que indignaba a Aristy.</p> - -<p>Aristy había tomado afecto a Lacy y hubiese -querido saber un medio de posible curación para -emplearlo.</p> - -<p>El doctor Elissalde aseguraba que era imposible. -Lo único que se podría conseguir era que el -pobre muchacho tirara un poco más.</p> - -<p>—Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja -de la higuera tenga el tamaño del ala del murciélago...—repetía -el doctor sonriendo.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>El tiempo que hacía invitaba a salir de casa y -a pasear. Después de las grandes lluvias otoñales -había comenzado el veranillo de San Martín, que -parecía un verano de verdad.</p> - -<p>—Hay que aprovechar el buen tiempo—decía -Miguel a Lacy;—hay que tomar el sol. Esta es -la mejor época en nuestro país...</p> - -<p>Y era cierto. El otoño es, sin duda, la estación<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -más agradable en el país vasco. El campo, que en -verano tiene un manto verde, uniforme, adquiere -en otoño una variedad extraordinaria de colores; -la hierba, los helechos rojizos, los árboles con -hojas amarillas, todo toma unos tonos fogosos, -ardientes. Hay además en el país vasco francés -una serenidad, un reposo, que no hay en -el español; el paisaje es más abierto, más tranquilo, -más soleado, las gentes son más dulces, las -campanas que tocan las oraciones desde lo alto -de las torres son más melancólicas y menos imperiosas, -más sentimentales y menos dogmáticas.</p> - -<p>Lacy disfrutaba de esta calma, de esta serenidad.</p> - -<p>Por la mañana al levantarse veía desde la ventana -la niebla inmóvil que llenaba el valle de Ustariz, -las casas musgosas que echaban humo por las -chimeneas y escuchaba las campanas que retumbaban -sonoras y acompasadas en el aire silencioso. -Luego, a medida que se levantaba el sol, la -bruma se deshacía en jirones y se desvanecía dejando -el cielo azul. Por la tarde el calor apretaba -y al anochecer comenzaba el frío y venían las -nieblas en pelotones blancos rasando el suelo y la -superficie de los arroyos a apoderarse de los bosques -y de los barrancos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span></p> - -<p>Miguel Aristy solía llevar a Lacy a pasear en -su cochecito al sol, a los montes inmediatos.</p> - -<p>Los árboles estaban amarillentos y rojizos, las -hojas secas jugueteaban por los senderos.</p> - -<p>Miguel tenía que quedarse muchas veces en su -casa.</p> - -<p>Era época de grandes preparativos en el campo. -Aristy dirigía las labores de abonar las tierras, -de podar los árboles y hacía grandes hogueras -con los hierbajos arrancados, a los que pegaba -fuego al anochecer.</p> - -<p>Lacy, con esta atención de los enfermos, lo contemplaba -todo con una gran curiosidad.</p> - -<p>Parecía que quería fijar en la retina por última -vez las cosas del mundo.</p> - -<p>Lacy no se alarmaba pensando en su porvenir. -Se creía muy grave, y, sin embargo, hacía -proyectos.</p> - -<p>Lacy tenía una gran preocupación por Dolores -Malpica; sentía por ella un entusiasmo muy próximo -al amor.</p> - -<p>Hablaba constantemente de ella y de todo cuanto -tuviera relación con ella. A Miguel le hubiese -molestado, quizás en otro, este entusiasmo por la -mujer de su hermano; pero en Lacy no le molestaba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p> - -<p>El enfermo alternaba con este tema de conversación, -los recuerdos de la última etapa de la fuga -por los montes de Vera.</p> - -<p>Le preocupaba el pensar qué habrían hecho del -cadáver de su amigo Ochoa. La idea que se lo hubiesen -comido los perros o los cuervos le trastornaba.</p> - -<p>También le mortificaba la actitud del Inglesito, -que le había salvado y había desaparecido sin dejarle -ni siquiera su nombre.</p> - -<p>¿Es que le despreciaría aquel inglés? ¿Es que -quizás pensaba que no le iban a saber agradecer -su heroísmo?</p> - -<p>La idea de no poder expresarle su gratitud le -entristecía.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Lacy paseaba durante las horas de sol por el -campo y por la huerta de Gastizar. Subía con Miguel -a un manzanal en un alto, y se sentaba -sobre algún montón de hierba seca.</p> - -<p>Desde allá, la antigua casa solariega parecía rejuvenecerse, -galvanizarse por arte mágica, cuando -le daban los rayos del sol. Las viejas piedras de -Gastizar se doraban, las vidrieras centelleaban y -lanzaban dardos, el dragón de la veleta se agitaba -en el aire azul...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p> - -<p>Al caer de la tarde el caserón parecía desde -arriba un inmenso dado de oro; luego al inclinarse -más los rayos solares, adquiría un tono de púrpura -y parecía algo irreal y fantástico... De pronto el -sol se ponía detrás de un robledal, y en un instante -desaparecía la llamarada; la casa entonces era -como un cadáver electrizado a quien se le acababa -la corriente y quedaba en seguida tenebrosa, siniestra... -Al momento en el valle todo era oscuridad, -frialdad, melancolía.</p> - -<p>Lacy suspiraba y volvía a Gastizar.</p> - -<p>Casi constantemente estaba con los Aristy.</p> - -<p>Acompañaba a Miguel y miraba cómo disponía -éste las labores campestres; solía ir con frecuencia -a la biblioteca en donde Darracq le mostraba sus -libros y las mil cosas recogidas en sus viajes.</p> - -<p>Darracq había domesticado a los gorriones, que -entraban en la biblioteca y se acercaban a comer -a su mano, Lacy se divertía dando a los pájaros -migas de pan.</p> - -<p>Las señoras de Gastizar tenían también grandes -atenciones para Lacy. Le guardaban el mejor sitio -delante de la chimenea, le hacían postres delicados -y le traían flores.</p> - -<p>En la sala de Gastizar había siempre por aquella -época jarrones con inmensos ramos de crisan<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>temos. -Era uno de los lujos que madama de Aristy -gustaba tener en su casa.</p> - -<p>Mezclados con los crisantemos, madama de -Aristy ponía matas de heliotropo que perfumaban -la estancia.</p> - -<p>Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna -sonata, de violín y piano, de Beethoven, y se le -veía a Lacy escuchar muy conmovido con la cara -llena de lágrimas.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_III">III.<br /> -LA FAMILIA DE CHIMISTA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Don</span> Valentín Malpica al llegar a su casa abrazó -a su hija y a sus nietos.</p> - -<p>—¿Qué ha pasado?—le preguntó Dolores varias -veces.</p> - -<p>—Nada. Un fracaso más.</p> - -<p>Don Valentín creía que estas cosas de la guerra -eran sólo para hombres, y que con las mujeres no -se debía hablar de ellas.</p> - -<p>Al día siguiente Dolores averiguó que su padre -estaba herido. Malpica dijo que no era nada. El -pensaba que sabía más que los médicos y que con -algunas hierbas se curaría. Efectivamente, gra<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>cias -a su constitución se curó pronto, aunque él -creyó que era gracias a su ciencia.</p> - -<p>Don Valentín estaba acostumbrado a mandar -en su casa despóticamente. Pronto notó con asombro -la oposición que le hacía Margarita Tilly, defendiendo -a Dolores. A D. Valentín le sorprendió -tanto, que casi le hizo gracia. Malpica desarrollaba -una gran cantidad de trabajo al día, aunque -no siempre útil, pues el tiempo se le pasaba en -hacer y deshacer, en ir y venir.</p> - -<p>El viejo coronel no podía aguantar el aire embebido -y absorto que había tomado su hija desde -que le había abandonado su marido.</p> - -<p>—¡Muévete, dormilona!—le decía.—Te vas a -quedar tonta.</p> - -<p>Margarita se indignaba.</p> - -<p>—¡Bruto, más que bruto!—solía murmurar por -lo bajo.</p> - -<p>—Déjale—decía Dolores,—él me quiere así, a -su modo.</p> - -<p>Era la manera de ser cariñoso de D. Valentín. -Si tenía que recomendar silencio, decía: Silencio -en las filas; y cuando había que prepararse para -algo, gritaba: ¡Escuadrones!</p> - -<p>El chico Miguelito le imitaba y se reía.</p> - -<p>Margarita, convertida en amiga íntima de Do<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>lores, -se quedaba muchos días en Chimista. Solían -ir a veces a la cocina del piso bajo, donde vivía -Fanchon, y hacían grandes fogatas y asaban castañas -en el rescoldo.</p> - -<p>Los días buenos, Margarita y los chicos, Grashi -Erua y Chistu corrían por los campos.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_IV">IV.<br /> -SIMONA BUSQUET</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Pocos</span> días después de la muerte del tío Juan, -madama Aristy se presentó en el Chalet de -las Hiedras acompañada de Ichteben, y dijo a madama -Carolina y a Simona que hicieran el favor -sin pretexto alguno de abandonar la casa.</p> - -<p>Madama Carolina había amenazado anteriormente -a la señora de Aristy con divulgar en el -pueblo que era la mujer de un revolucionario y -regicida como el tío Juan. Ya no tenía arma ninguna -que emplear contra la propietaria de Gastizar -y se resignó a dejar la casa sin protesta.</p> - -<p>No así la Simona. Esta, más violenta y agresiva, -puso a la señora de Aristy como un trapo. La -insultó en su marido, en sus hijos y en sus amigos. -Madama de Aristy, pálida y con los ojos bri<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>llantes, -no contestó, pero al marcharse dijo con -voz iracunda:</p> - -<p>—Saldrá usted de aquí inmediatamente, si no -la mandaré echar por los gendarmes.</p> - -<p>Efectivamente, salieron las dos mujeres y fueron -a parar a la posada del Caballo Blanco.</p> - -<p>Madama Carolina a los pocos días se marchó -para no volver; Simona quedó en Ustariz, animada -por el ardor de la venganza.</p> - -<p>Manejaba a las muchachas del Bazar de París y -a Marcos el del molino.</p> - -<p>Poseía por instinto esa táctica de los intrigantes -que consiste en unir y desunir voluntades moviendo -el resorte de los caracteres. Sabía sembrar -una sospecha, cultivarla si existía, y alimentar un -resquemor o una mala pasión con cariño. Era la -única para indisponer a dos personas amigas.</p> - -<p>Tanta confianza llegó a tener con las dos señoritas -de la Bastide y con su abuela, la Diosa Razón, -que dejando la posada del Caballo Blanco fué -a vivir con ellas. Intrigante y mentirosa como -era Simona, llegó a convencer a todos de la verdad -de sus embustes.</p> - -<p>Desde que se instaló en casa de las señoritas de -La Bastide se la veía muchas veces en el mostrador -despachando.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span></p> - -<p>Simona era una mujer bonita, con la cara muy -cuadrada, la frente ancha, la nariz corta, los ojos -muy negros, muy vivos, un poco juntos y muy -rasgados, y el pelo castaño. Tenía una palidez -mate, una expresión de intranquilidad y de suspicacia, -unos <i>tics</i> nerviosos que agitaban su rostro -y una sonrisa de dolor, de ironía y de maldad.</p> - -<p>Parecía que estaba siempre dispuesta al ataque, -como un cínife o una avispa.</p> - -<p>Simona tenía una conversación más picante y -más amena que las señoritas de La Bastide, e hizo -que la tertulia del Bazar aumentase y tomara más -crédito.</p> - -<p>Dejó al mismo tiempo en el ambiente un semillero -de rivalidades, de suspicacias y de complicaciones.</p> - -<p>Simona aduló y lisonjeó a Larresore y lo llevó -a su campo, con la intención de sacarle noticias -de lo que pasaba en Gastizar; pero el viejo caballero -era maestro en malicias y en marrullerías y -supo defenderse sin decir nunca nada en concreto.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_V">V.<br /> -EL PRÍNCIPE QUIROMÁNTICO</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Dos</span> o tres comisionistas solían presentarse en -Ustariz todos los meses. Recorrían los principales -comercios y hacían una parada larga en -el Bazar de París, que era el principal establecimiento -de la villa.</p> - -<p>Uno de los más asiduos de estos viajantes era -el señor Pardies d'Espelunque, accionista y dependiente -de un almacén de Burdeos.</p> - -<p>Monsieur Pardies d'Espelunques era un señor -de más de cuarenta años, fuerte, rechoncho, moreno, -de bigote largo, negro y engomado. Pardies era -gascón, pasaba por ser de origen español y sus íntimos -no le llamaban Joseph sino Pepito, que ellos -decían <i>Pepitó</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span></p> - -<p>Pardies tenía la cabeza grande con la melena -negra y encrespada y la cara mefistofélica. A pesar -de la hermosa cabellera que lucía mientras -iba cubierto, en lo alto del cráneo estaba calvo, y -para disimular su calvicie tenía el sistema de -llevar los pelos de un parietal a otro, así que su -cabeza mirada a vista de pájaro tenía un enrejado -que parecía un dibujo topográfico hecho con -tiralíneas.</p> - -<p>Pardies d'Espelunques era un hombre hablador, -turbulento y exasperado, cínico y burlón. Solía -vender sus géneros mareando a los compradores -con su verbosidad.</p> - -<p>Pardies era elocuente, revolucionario, dantoniano, -y pronunciaba las erres a la española. Su -exclamación favorita era decir: ¡Pardies!—y luego -añadía:—Así me llamo.</p> - -<p>Un día Pardies se presentó en Ustariz con un -señor de pobre aspecto. Aquel señor podía ser -todo menos comisionista. El comisionista en algunos -pueblos es el representante más brillante -de la civilización y de la elegancia. Aquel señor, -a pesar de su aspecto, era comisionista.</p> - -<p>Vendía medallas, rosarios, escapularios y otras -chucherías místico-religiosas bendecidas por el -Papa y traídas de Jerusalén. Pardies llevó a<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -su compañero a los distintos comercios del pueblo -y estuvo un momento con él en el Bazar de -París.</p> - -<p>La Diosa Razón del Bazar, como sus nietas, recibían -siempre muy amablemente a Pardies y reían -sus gracias.</p> - -<p>—¿Cómo se llama su compañero de usted?—preguntó -Martina, una de las señoritas de La Bastide, -a Pardies.</p> - -<p>—Se va usted a reir—dijo el comisionista.</p> - -<p>—¿Por qué? ¿Es un nombre tan raro?</p> - -<p>—Es un nombre raro para él. Se llama Rohan. -Luis de Rohan. Es descendiente del príncipe de -Rohan.</p> - -<p>—¿De verdad?—preguntó, extrañada, Simona.</p> - -<p>—Sí, sí.</p> - -<p>El señor de Rohan era alto, cano, afeitado, -muy humilde, muy místico. Tendría unos cincuenta -años, el pelo blanco, la cara roja, con un sarpullido -blanquecino. Solía andar con un gabancito -raído, una bufanda de lana y un sombrero de -copa, metido hasta las orejas. Cuando marchaba -de prisa, cortando el viento con su nariz afilada -y roja y sus brazos largos, cojeando un poco, parecía -un galgo a quien le hubiesen pegado una pedrada -en una pata.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span></p> - -<p>Simona dijo que debía llevarle a Rohan a la tertulia -del Bazar, y Pardies prometió ir con él al -anochecer.</p> - -<p>Efectivamente, después de cenar en la Veleta -fueron los dos al Bazar de París. Rohan habló -con una gran unción y con un acento francés -muy puro. Cuando su amigo Pardies cometía alguna -falta gramatical le corregía sonriendo.</p> - -<p>—¡La gramática! ¡Bastante me importa a mí -la gramática!—dijo Pardies.—Todo eso no es -más que reaccionarismo. ¡Si viniera la nuestra! -Lo primero que haría es pedir la cabeza de todos -los gramáticos de Francia. Ya lo creo. <i>¡Pardies!</i> -No asustarse, señoras. Así me llamo.</p> - -<p>—No le hagan ustedes caso—replicó riendo -Rohan y dirigiéndose a Simona y a las señoritas -de La Bastide.—Es un embustero.</p> - -<p>—Yo, embustero. Y la cabeza de usted pediría -también, señor Rohan.</p> - -<p>—Me haría usted un favor—replicó Rohan—frotándose -las manos con su aire meloso y llorón.—¡La -vida! ¡Pse! Para mí no tiene valor. -Tengo fe.</p> - -<p>—¡Bah! ¡Bah! Usted es un impostor príncipe. -Todos esos escapularios y medallitas los fabrica -usted en su casa y ni han estado en Jerusalén ni<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span> -mucho menos. La impostura le viene a usted de -familia.</p> - -<p>—¡Qué bárbaro!—exclamó Rohan sonriendo y -corrigiendo con su sonrisa amable el dicterio.</p> - -<p>—Sí, bárbaro porque uno dice la verdad. En -cambio yo tengo sangre de jacobino <i>¡Pardies!</i> Así -me llamo. ¿Usted sabe cómo me confirmé yo, señor -de Rohan?</p> - -<p>—No, ¿cómo quiere usted que yo sepa eso, mi -querido amigo?</p> - -<p>—Pues cuando yo era chico mi padre era del -Comité de Salvación Pública de Bayona nombrado -por Monestier del Puy-de-Donce. Un día mi -padre me dijo: Vamos a comer con el ciudadano -Monestier. El ciudadano Monestier era un <i>ci devant</i> -cura. Entramos en su casa y fuímos al comedor. -En la mesa en vez de manteles había paños -de los altares y las copas eran cálices.—¿Qué -harías tú pequeño ciudadano—me preguntó Monestier—si -yo te dijera que este vino es sangre -de aristócratas? Lo bebería—contesté yo. ¡Ya lo -creo! <i>¡Pardies!</i>—no asustarse, señoritas. Es mi -nombre.</p> - -<p>—¡Qué farsante!—exclamó riendo Rohan.</p> - -<p>La diosa Razón del Bazar de París sacó una tabaquera -y ofreció un polvo de rapé al príncipe.<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span> -Los dos se atiborraron las narices de tabaco y estornudaron -con gran satisfacción. Simona, a quien -no divertían las frases de Pardies tanto como a -las señoritas de La Bastide, se puso a hablar con -Rohan.</p> - -<p>El príncipe era un hombre un tanto misterioso, -creía o aparentaba creer en sortilegios, en hechicerías -y en amuletos.</p> - -<p>Simona era también supersticiosa y se dejó llevar -por el camino a que le arrastraba Rohan.</p> - -<p>—¿Podría usted averiguar mi sino?—le preguntó -ella.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Y decirme después qué tengo que hacer para -corregirlo?</p> - -<p>—También.</p> - -<p>—¿Por las líneas de la mano?</p> - -<p>—Sí, por las líneas de la mano.</p> - -<p>—¿Ahora mismo?</p> - -<p>—Será mejor mañana—contestó Rohan con su -acento llorón—tengo que recogerme mucho, concentrar -mi atención y convendría que estuviéramos -solos.</p> - -<p>—Bueno, venga usted mañana por la tarde a -mi cuarto.</p> - -<p>Al día siguiente el príncipe se presentó en la<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span> -habitación de Simona con dos libros debajo del -brazo. Uno era las "Disquisiciones de magia" del -padre Martín del Río, y el otro el tratado de -"Arte magnética" del padre Kircher.</p> - -<p>El príncipe dejó los libros en un velador y se -sentó frente a Simona con el sombrero de copa -sobre las rodillas. Hablaron la aventurera y el -príncipe largo rato, él siempre muy humilde, muy -quejumbroso y con gran unción.</p> - -<p>—¿Quiere usted que empecemos?—preguntó -Simona.</p> - -<p>—Lo que a usted le parezca.</p> - -<p>Simona mostró su mano. El señor de Rohan -sacó unas grandes antiparras, se las colocó gravemente, -cogió la mano y la estudió con meticulosidad -abriendo y cerrando los dedos.</p> - -<p>—¿Qué le dice a usted mi mano?—preguntó -Simona.</p> - -<p>—¡Oh, dice tanto!—exclamó Rohan con un aire -elegíaco y al mismo tiempo de inspirado.—Aquí -se ve todo su pasado. En su comienzo su vida es -difícil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene -usted cuidados paternos.</p> - -<p>—Sí, soy hija natural—dijo Simona—no he conocido -a mi padre.</p> - -<p>—La mano lo dice—replicó el príncipe.—Y sin<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> -embargo usted es de raza aristocrática. Quizás su -madre era una mujer del pueblo, pero su padre -era un gran señor. En su infancia hay abandono, -miserias, enfermedades. En los primeros años de -su juventud hay un disgusto grande... una fuga -de casa... después viajes por el extranjero, amores... -vigilancia... una amistad con una mujer -rubia.</p> - -<p>—Cierto, todo eso es cierto—murmuró Simona.—¿Y -ahora?</p> - -<p>—¿Ya quiere usted pasar al presente? ¿No quiere -usted saber siquiera lo que me dice la mano -de usted de su temperamento?</p> - -<p>—Sí, sí.</p> - -<p>—Es usted tímida y atrevida, sensible y dura, -de pasiones fogosas y al mismo tiempo sencilla y -humilde. No le han querido a usted nunca como -usted ha querido.</p> - -<p>—Es cierto, es cierto.</p> - -<p>—Está usted hoy en un momento de crisis; hay -un hombre rubio que la quiere y dos mujeres que -la odian, una ya vieja y la otra joven... extranjera. -En este momento está usted en lucha con -ellas. Las dos intentarán perseguirla y humillarla, -pero usted podrá librarse de su presencia.</p> - -<p>—¿Cómo?—exclamó Simona.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span></p> - -<p>—La manera más segura sería hacer un largo -viaje.</p> - -<p>—No, no, no quiero eso. ¿No hay otra solución?</p> - -<p>—Veré.</p> - -<p>Rohan tomó el libro del padre Kircher, lo abrió, -leyó enfáticamente trozos en latín hasta que se detuvo -en un párrafo marcándolo con el dedo.</p> - -<p>—Será conveniente que se quite usted todas las -alhajas que lleva y no use usted de hoy en adelante -más que una mano de coral y un rubí en el dedo -del corazón.</p> - -<p>—¿Y venceré al fin a mis enemigas?</p> - -<p>—Sí. El agua acabará con una de ellas y el fuego -con la otra.</p> - -<p>Simona preguntó al príncipe lo que le debía.</p> - -<p>—Lo que usted quiera—contestó el señor de Rohan -volviendo de pronto a su aspecto humilde y -a su aire quejumbroso.</p> - -<p>Simona alargó un luis que el príncipe lo cogió -con cuidado y se lo metió en el bolsillo. Después el -hombre largo tomó sus libros debajo del brazo y -se retiró haciendo una reverencia. Al llegar a la -calle en su boca había un rictus irónico y en -ojos una gran alegría que se tradujo ostensiblemente -en que de pronto el mago se frotó las manos -con gran satisfacción.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p> - -<p>Simona se puso a pensar acerca de lo que le -había dicho el príncipe quiromántico y quedó convencida -de que era verdad. Ella era atrevida y tímida, -humilde y orgullosa, dura y de corazón blando, -¿quién no se cree un producto excepcional y -extraordinario de la naturaleza con todas las más -nobles facultades y todas las más extrañas contradicciones? -El príncipe quiromántico le había -dicho la verdad. Nadie le había querido, existían -dos mujeres que la odiaban. Todo esto le pareció -axiomático.</p> - -<p>Las palabras del misterioso Rohan fueron produciendo -en ella una gran agitación y llegaron a -traducirse en hechos.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_VI">VI.<br /> -LA VENGANZA DE SIMONA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Simona</span> Busquet vivió durante algún tiempo anhelante -pensando en las predicciones de Rohan. -Un día el cartero le llevó un pliego que le -puso en un estado de intranquilidad y de nerviosidad -grande.</p> - -<p>A la mañana siguiente Simona se presentó en -Gastizar, llamó y dijo a Ichteben a voz en grito que -comunicara a la señora de Aristy que León, su -hijo, acababa de ahorcarse en París. La noticia era -cierta y llevó la desolación a Gastizar. Simona la -había sabido por una carta de Carolina.</p> - -<p>La resignación y el recogimiento de las dos familias, -la de Gastizar y la de Chimista, irritaron -a Simona, que pensó en llevar más lejos su venganza.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span></p> - -<p>Simona, que era tan vengativa como envidiosa, -había comenzado a odiar a una de las señoritas -del Bazar y llegó a quitarle su amante Marcos, -el gascón.</p> - -<p>Marcos se dejaba querer por las dos mujeres; -la Simona le daba dinero, y el mozo, en vez de -trabajar, se pasaba el día en la taberna bebiendo -y jugando.</p> - -<p>Como la sed de venganza era en Simona inextinguible, -pidió a Marcos que, como una prueba -de cariño a ella, incendiase Chimista, la casa donde -vivía Dolores Malpica. El fuego acabará con -una de ellas le había dicho Rohan. Simona pintó a -su amante una serie de ultrajes supuestos que le -había inferido a ella la española.</p> - -<p>Marcos sabía que el negocio era grave, pero dijo -que lo estudiaría.</p> - -<p>Había en la parte de atrás de Chimista dos -almiares grandes de heno y otros dos de helecho. -Un día de viento sur uno de los montones comenzó -a arder con violencia; el fuego se comunicó a -los otros tres y el viento llevó las llamas hacia la -casa.</p> - -<p>Afortunadamente, Fanchon y Praschcu se dieron -cuenta del siniestro, llamaron a otros vecinos -y entre todos a palos apagaron el fuego.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span></p> - -<p>Se sospechó, sin pruebas, que había sido Marcos -el gascón. Ichteben, el criado de Gastizar, le -había visto pasar a Marcos por el puente hacia -el pueblo dos horas antes del siniestro. Naturalmente, -el autor material del crimen no podía -ser él.</p> - -<p>Marcos fué detenido, negó toda participación -en el hecho y fué puesto en libertad. Marcos siguió -llevando su vida de holgazanería y de crápula, -sacando siempre dinero a la Simona cada -vez en mayores cantidades.</p> - -<p>En esto un día Mandharra, el chico del caserío -de Gros Jean, el tramposo, vino con Praschcu, el -marido de Fanchon, al pueblo y se dirigió al Juzgado.</p> - -<p>Praschcu contó al juez que el chico aquel había -sido el que había pegado fuego a los montones de -hierba seca de Chimista, instigado por Marcos el -gascón.</p> - -<p>Mandharra declaró que era verdad que Marcos -le había impulsado a que encendiera la hierba, y -para darle ánimo le había emborrachado con -aguardiente.</p> - -<p>Marcos volvió a ser preso y negó todo lo que -decía el muchacho; pero los indicios se acumulaban -contra él.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p> - -<p>Simona, pensando sin duda que la venganza la -había llevado demasiado lejos y que las predicciones -de Rohan no se cumplían al pie de la letra, -huyó del pueblo.</p> - -<p>Marcos el gascón preguntó en la cárcel varias -veces por ella, y al saber que se había escapado, -contó al juez lo ocurrido y denunció a Simona -como instigadora del crimen.</p> - -<p>La Simona fué presa, y Marcos y ella fueron -poco después condenados a presidio.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="IV_VII">VII.<br /> -NAVIDAD TRISTE</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Es</span> el día de Navidad. Llueve; el tiempo está negro, -la niebla espesa da una opacidad gris al -ambiente. El campo encharcado, lleno de cañas secas -de maíz, se va convirtiendo en lago turbio, -que burbujea al caer las gruesas gotas de agua.</p> - -<p>El cielo de plomo se aclara a veces, toma otras -un color de tinta, brilla el resplandor del sol -en un monte y con tono claro y con tono oscuro -llueve con idéntica furia.</p> - -<p>En el salón de Gastizar, al anochecer, hay un -aire de pesadez y de tristeza. Las dos señoritas de -Belsunce se aburren más que nunca; la una lee, la -otra hace una labor; madama de Aristy dice a las -muchachas cada cuarto de hora:</p> - -<p>—Id a la guardilla y ved si hay goteras.</p> - -<p>Las muchachas suben, riendo, al desván. Las<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span> -goteras cantan suavemente en los barreños como -si fueran martillos que golpearan un tímpano. El -desván de Gastizar muestra su armazón de vigas -fuertes como el esqueleto de un animal gigantesco.</p> - -<p>En el suelo de madera, carcomido y combado, -se ven montones de maíz; calabazas largas, redondas, -surcadas, rugosas, unas rosadas de un color de -carne, otras verdes como la piel de un cocodrilo; -ajos muy blancos, cebollas irisadas y montones de -heno que exhalan un olor exquisito. Por la claraboya -abierta entra el aire húmedo y templado de -la tarde, y se ve cruzar la lluvia en líneas brillantes -que parecen varillas de acero. El viento se divierte -en jugar por entre los pilares de madera que -sostienen el tejado, hace por los rincones hu... hu... -como un buen gnomo que soplara en un caracol, y -arrastra por el suelo briznas de hierba y de helecho -seco.</p> - -<p>En el salón, en la chimenea, al lado del fuego -están Miguel Aristy, Darracq y el caballero de -Larresore.</p> - -<p>Aristy está melancólico y mira ensimismado las -llamas. Larresore se exalta en frío contra un enemigo -al que, desde hace algún tiempo, tiene como -blanco de sus tiros: el Romanticismo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span></p> - -<p>Larresore se considera adversario personal de -Hernani, de Víctor Hugo, queriendo convencerse -de que este drama está muy mal, aunque se entusiasma -con sus versos. Llama a los románticos -Erostratos, iconoclastas, bárbaros enemigos de la -tradición latina.</p> - -<p>La señorita vieja de Belsunce, otras veces le -lleva la corriente y habla con sorna de las mujeres -pálidas, lánguidas y tristes.</p> - -<p>Esta noche tradicional hay como un ambiente -de frío y de tristeza en la casa. El señor de Aviraneta, -que otras veces va de visita a Gastizar, -hoy no ha aparecido. Se dice que el joven Lacy -está tan grave, que no pasará del día.</p> - -<p>El caballero de Larresore, a quien molesta este -aire glacial, ha hecho esfuerzos inútiles para animar -la conversación; ha hablado durante largo -tiempo del camino de hierro entre Liverpool y -Manchester, de la inauguración de esta vía y del -accidente ocurrido al duque de Wellington.</p> - -<p>En vista de que el asunto no templa los ánimos, -se ha decidido a bromear sobre los sansimonianos. -Tampoco ha tenido éxito.</p> - -<p>La criada anuncia que la cena está en la mesa, -y van todos al comedor.</p> - -<p>Madama de Aristy pálida, se acuerda de su<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span> -hijo León y no prueba bocado. Miguel está ensimismado -y triste, las señoritas de Belsunce de -mal humor, Darracq indiferente. Larresore hace -esfuerzos para conservar su indiferencia jovial.</p> - -<p>Después de cenar, Larresore y Miguel se sientan -cerca de la lumbre. Se oye el agua que golpea -en los cristales y que entra por la chimenea a -caer chirriando en las brasas.</p> - -<p>Y luego a lo lejos, en el campo, se escuchan -voces roncas que cantan un villancico.</p> - -<p>—¿Usted no se pregunta a veces—dice Miguel -a Larresore—si la vida no será una estupidez?</p> - -<p>El caballero se queda mirando al fuego, y murmura:</p> - -<p>—¿Y para qué hacerse esa pregunta?</p> - -<p>—Sí; es la verdad, tiene usted razón. ¿Para -qué?</p> - -<p>Y los dos hombres callan y sigue oyéndose el -azotar de la lluvia en los cristales y el murmullo -del viento en los árboles.</p> -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak">LIBRO QUINTO<br /> -LA DECADENCIA<br /> -<span class="small">DEL</span><br /> -DRAGÓN DE GASTIZAR</h2></div> - -<hr class="chap" /> - - - -<h3 id="V_I">I.<br /> -LA CAZA DEL DRAGÓN</h3> - - -<p><span class="smcap">Otra</span> porción de desdichas tan grandes como -las anteriores presidió el dragón de la veleta -de Gastizar por aquel tiempo; las luchas de -unas elecciones donde hubo heridos, los estragos -del cólera, la muerte de Lacy, el suicidio de Grashi -Erua, la loca, que un día se la encontró flotando -sobre un estanque de agua clara.</p> - -<p>La gente del pueblo, y sobre todo la gente de -Gastizar, llegó a mirar a la veleta con cierta preocupación -mal disimulada.</p> - -<p>Ciertamente no era fácil que un artefacto de -hierro influyera en la existencia de los hombres. -Pero ¿quién sabe?</p> - -<p>Al llegar el otoño la veleta de Gastizar adqui<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>rió -nueva vida con los vientos fuertes del equinoccio.</p> - -<p>Los habitantes de Gastizar, que antes no se fijaban -en si chirriaba o no, comenzaron a intranquilizarse -con su ruido. Madama Aristy no podía -dormir; la señorita de Belsunce, tampoco.</p> - -<p>Entonces se decidieron a quitar la veleta. Fueron -Miguel, Darracq e Ichteben, como quien va a -una caza peligrosa, una mañana antes de que nadie -se hubiese levantado. Alicia les sintió en el desván -y se unió a la expedición. ¿No era ella la descendiente -de Gastón de Belsunce, que había matado -al dragón de la cueva de San Pedro de Irube en -el siglo XV?</p> - -<p>Miguel tomó toda clase de precauciones al salir -por el tragaluz; se ató una cuerda a la cintura -y se dispuso a salir al tejado.</p> - -<p>—A ver si nos hace una herejía este viejo dragón—dijo -Miguel riendo.</p> - -<p>Al arrancar la veleta, Miguel se desolló una -mano y estuvo a punto de resbalarse. Darracq le -ayudó, y entre los tres hombres y Alicia metieron -el artefacto en la guardilla. Estuvieron contemplando -el dragón largo tiempo.</p> - -<p>—Pobre viejo.—Ya no podrás amenazar con -tus garras al cielo—dijo Miguel como quien pro<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>nuncia -una oración fúnebre;—ya no podrás comunicarte -con aquella vieja lechuza parda que se -acercaba a ti durante el crepúsculo. Ya no sonará -tu áspero chirrido por las noches. ¡Condenado a -prisión perpetua entre unas botellas vacías y unas -sombrereras, has perdido tu virulencia, pobre dragón -de la veleta de Gastizar! ¡Adiós! ¡Adiós!</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="V_II">II.<br /> -LOS AMORES DE MARGARITA</h3></div> - - -<p>A la primera noticia buena se respiró en Gastizar.</p> - -<p>Esta fué la boda de Margarita Tilly y Sampau. -Sampau había ido con mucha asiduidad a visitar -a su amigo Lacy durante el invierno.</p> - -<p>Sampau estaba de guarnición en San Sebastián -y le daban a menudo permiso para pasar la frontera.</p> - -<p>Sampau visitaba a Lacy e iba con frecuencia a -Gastizar a ver a Margarita, a quien había conocido -de chico.</p> - -<p>Sampau era un muchacho guapo que estaba muy -convencido de su guapeza.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span></p> - -<p>Era alto, moreno; llevaba bigote y patillas cortas.</p> - -<p>La primera vez que se volvieron a ver en Chimista, -Margarita y Sampau, no tuvieron una entrevista -afectuosa.</p> - -<p>No se habían encontrado desde la infancia.</p> - -<p>Margarita había decidido no presentarse a él. -Sampau quería verla y se lo dijo a Dolores Malpica.</p> - -<p>—Está bien; iremos nosotros a verla—dijo Dolores, -y en compañía del militar fué al piso bajo -de Chimista, a casa de Fanchon, donde apareció -Margarita, un poco pálida y con un aire desdeñoso.</p> - -<p>—Margarita, ya no quieres ni verme—le dijo -Sampau.</p> - -<p>—No sabía que estuvieras aquí—replicó ella con -marcada frialdad.</p> - -<p>---He venido a ver a este pobre Lacy, que está -tan enfermo.</p> - -<p>Habló Sampau de la enfermedad de Lacy y de -las pocas probabilidades que tenía de curación.</p> - -<p>Al despedirle Sampau dijo a Dolores con cierta -petulancia:</p> - -<p>—Celebro que Margarita tenga la amistad de -usted. Le conviene; porque yo creo que esta cabecita -rubia está un poco destornillada.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p> - -<p>Margarita hizo un gesto de desdén.</p> - -<p>—No, no—replicó Dolores.—Todos dicen ustedes -lo mismo, y no es cierto. Aquí yo sólo sé lo -que trabaja, y lo bien que lo lleva todo, y lo tranquila -y lo juiciosa que es. Ha de ser una ama de -casa excelente.</p> - -<p>Margarita se ruborizó.</p> - -<p>—¿Usted lo cree así? Pues así será. Yo me figuro -a Margarita montada a caballo, con un látigo -en la mano, pero no cosiendo ni zurciendo.</p> - -<p>—Pues no es así. Es una muchacha hacendosa, -sencilla...</p> - -<p>—Sí, será cierto—dijo Sampau;—pero no se -puede negar que es una desagradecida. Ya ve usted -cómo me ha recibido a mí. Pues sepa usted -que yo la he llevado en brazos cuando era niña.</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Sí. Cuando ella nació yo tendría ocho años. -La recuerdo en la cuna, que parecía una muñeca. -Luego más tarde solíamos jugar con ella su hermano, -Lacy y yo, y como yo era el mayor y el más -alto y la llevaba en hombros, era el preferido. Entonces -creo que estaba algo enamorada de mí.</p> - -<p>—Yo de ti—exclamó Margarita.—¡Majadero! -¡Fatuo! Eso es lo que debes creer tú, que todas -las mujeres se enamoran de ti.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span></p> - -<p>Sampau hizo la observación de que Margarita -estaba más guapa cuando se incomodaba, y ella -cambió de aspecto y tomó una actitud desdeñosa.</p> - -<p>Las visitas de Sampau menudearon.</p> - -<p>Cuando el médico dijo que la enfermedad de -Lacy se acercaba al desenlace, Sampau pidió una -licencia de un mes y se estableció en la Veleta de -Ustariz. Allí asistió en su enfermedad a su amigo, -hasta que éste un anochecer murió dulcemente -sin darse cuenta.</p> - -<p>El dolor de ver morir a Lacy acercó más a -Margarita y a Sampau.</p> - -<p>A medida que Sampau y Margarita se entendían, -él se hacía menos fatuo y ella menos desdeñosa.</p> - -<p>Sampau tomó como protectora a Dolores.</p> - -<p>—Yo quisiera—le dijo un día—saber los sentimientos -de Margarita por mí.</p> - -<p>—Yo creo que le tiene a usted afecto.</p> - -<p>—¿Usted cree que no me rechazará?</p> - -<p>—Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella.</p> - -<p>Dolores llamó a Margarita y se sentaron los -tres en el cenador de la huerta. Hacía un día de -Abril de sol hermoso y de cielo claro.</p> - -<p>Dolores contó a Margarita lo que habían hablado -ella y Sampau.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p> - -<p>—Sí, Margarita—dijo Sampau;—yo te quiero.</p> - -<p>—Yo también te quiero—repuso ella.</p> - -<p>—Entonces ¿estás dispuesta a seguirme, a ser -mi mujer?</p> - -<p>—No quisiera marcharme de aquí. ¡Aquí he -vivido tan feliz! Tengo tanto cariño a todos los -de esta casa—y Margarita cogió la mano de Dolores -y la miró con ansiedad.</p> - -<p>—Ya vendrás alguna vez—dijo Dolores;—tu -marido te traerá aquí.</p> - -<p>—Cuando ella quiera. Ahora no falta más que -una cosa: fijar el día de la boda.</p> - -<p>Al despedirse Sampau abrió los brazos, Margarita -vaciló un momento, pero se echó en ellos -y se desasió después palpitante y enamorada.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="V_III">III.<br /> -UNA SOMBRA DE OTRA ÉPOCA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Al</span> proyectarse la boda de Sampau con Margarita -se pensó en comunicárselo a las respectivas -familias y a los amigos.</p> - -<p>Margarita, por lo que dijo, estaba reñida con -sus tíos; sus hermanos, que vivían en Jersey, eran -pequeños, y únicamente tenía la abuela paterna en -un pueblecito cerca de París. Esta señora se titulaba -la condesa de Tilly. Margarita le dió parte -de su boda suponiendo que ya estaba bastante -vieja y que no vendría; pero un día le avisaron -que fuera a la posada de la Veleta porque acababa -de llegar su abuela. Efectivamente, esta señora -bajó de la diligencia en compañía de una criada -vieja con una cofia blanca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span></p> - -<p>La condesa de Tilly era una señora pequeña -de estatura, sonrosada, con el pelo blanco y los -ojos muy azules, que debía haber sido muy bonita.</p> - -<p>La condesa se quejó a su nieta de las pocas comodidades -de la posada.</p> - -<p>Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la -abuela se opuso a ir a una casa de campo lejana.</p> - -<p>Miguel Aristy supo la perplejidad en que se -encontraba Margarita, y ofreció una habitación -en Gastizar para la anciana señora.</p> - -<p>—Que venga a casa—dijo;—la trataremos lo -mejor que podamos.</p> - -<p>—¡Oh, muchas gracias!... No sé si ella querrá.</p> - -<p>—Se lo propondremos.</p> - -<p>Aristy fué a visitar a la condesa y quedaron los -dos muy amigos. La abuela coqueteó con Miguel -como si tuviera veinte años.</p> - -<p>Miguel se mostró con ella galante y un poco -libertino. Fingió, sin esfuerzo, que era de la misma -edad que la condesa, lo que a ella le divirtió -muchísimo.</p> - -<p>Después de un largo rato de conversación se -decidió que la anciana señora y su criada marcharan -inmediatamente a Gastizar. La condesa se instaló -sin escrúpulos ni ceremonias.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p> - -<p>Tenía una gracia para aceptar completamente -del antiguo régimen.</p> - -<p>La criada de la condesa era el polo contrario de -su ama. Era difícil encontrar una vieja más agria, -más malhumorada, más suspicaz, más tacaña que -la de la cofia blanca. Al día siguiente de llegar, -todos los criados de Gastizar la odiaban fervorosamente. -A pesar de esto, ella les dominaba porque -era astuta y sagaz.</p> - -<p>Madama de Aristy y las señoritas de Belsunce -quedaron entusiasmadas con la condesa. El caballero -de Larresore le dedicó unas sonrisas y unas -galanterías del más auténtico Versalles.</p> - -<p>—Condesa—le decía el caballero de Larresore -con un aire inspirado y sentimental;—¡en qué -época nos encontramos! Nosotros, que hemos conocido -a María Antonieta en Versalles.</p> - -<p>—Yo no, yo no—decía la condesa,—yo no soy -tan vieja; entonces era muy pequeña. Yo recuerdo -que me puse de largo cuando guillotinaron a -Luis XVI.</p> - -<p>—Y lo sentiría usted, condesa, como algo -atroz.</p> - -<p>—Sí; pero teníamos otras muchas cosas en que -pensar.</p> - -<p>La vieja señora no tenía ninguna simpatía por<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span> -el caballero de Larresore, porque éste siempre le -estaba hablando, según ella, de su edad.</p> - -<p>—No sé para qué me recuerda este caballero -tiempos pasados—decía la condesa.—Es una impertinencia. -Otros también tienen años.</p> - -<p>Miguel le daba la razón, y le decía:</p> - -<p>—Usted siempre parecerá joven, condesa.</p> - -<p>Y ella al oirle sonreía entre burlona y satisfecha.</p> - -<p>La condesa había llevado una vida accidentada; -había conocido el tiempo de Luis XVI y los horrores -de la Revolución, el Directorio, el Imperio -y la Restauración. Al parecer había sido una mujer -muy solicitada por los hombres, y le quedaba -la facultad de seducir a la gente sin proponérselo.</p> - -<p>A Miguel Aristy le tomó como confidente y le -contaba su vida y hasta sus amores.</p> - -<p>—Pensar que me han perseguido Mirabeau, -Barras, Talleyrand. ¡Uf! ¡Qué cosas ha visto -una! ¡Qué horrores! ¡Qué disparates!</p> - -<p>Y unía las manos y cerraba los ojos como si -sintiera el vértigo con los recuerdos.</p> - -<p>Otras veces preguntaba:</p> - -<p>—¿Quién fué el que decretó el culto del Ser -Supremo? ¿Napoleón? No. Fué el señor de Robespierre. -¿Verdad? Sí, fué el señor de Robespierre. -Recuerdo que aquel día tuvimos que vender<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span> -un traje mío y otro de mi madre para comer. Esto -fué cuando la batalla de Waterloo. No... Después... -No, no.</p> - -<p>La condesa de Tilly no era capaz de detenerse -en una cosa o en una idea.</p> - -<p>—Perdonadme si digo alguna vez tonterías—decía.—¡La -vida me parece tan larga! Estoy deseando -morir. ¿Usted cree que habrá alma, Miguel?</p> - -<p>—Sí; supongo que sí.</p> - -<p>—¿Pero alma inmortal?</p> - -<p>—No sé, eso no sé; ni creo que lo sepa con -certeza nadie.</p> - -<p>—Sabe usted que yo he sido atea en otra época -y que leí libros de Voltaire y de Holbach. ¡Qué -horror, verdad!</p> - -<p>—Sí, un completo horror.</p> - -<p>—Ahora soy completamente creyente, como un -niño. ¿Habrá cielo, Miguel? ¿Eh? ¡Si no, qué vamos -a hacer en la tierra, en un sitio tan frío, tan -húmedo!</p> - -<p>—No sé qué podremos hacer. La tierra es cosa -poco cómoda, indudablemente.</p> - -<p>Margarita iba con frecuencia a Gastizar y trataba -a su abuela como a una niña; le acostaba y -le reñía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span></p> - -<p>Se fijó el día de la boda de Margarita para -Mayo. La ceremonia se verificó con gran rumbo. -La condesa de Tilly se presentó ante el altar vestida -de color de rosa y llena de joyas, y estaba tan -bien con sus cabellos blancos y sus ojos azules, -que produjo el entusiasmo de todos.</p> - -<p>Al salir de la iglesia había dos coches en la carretera; -en uno entraron Sampau y Margarita, en -el otro, la condesa de Tilly con su criada vieja de -la cofia blanca.</p> - -<p>Larresore y Miguel besaron la mano de la condesa.</p> - -<p>—¡Qué lástima que sea tan vieja, Miguel!—exclamó -ella, con los ojos azules llenos de lágrimas.</p> - -<p>—Siempre será usted encantadora—contestó él, -besándole la mano.</p> - -<p>Y los dos coches tomaron el camino de Bayona, -llevando uno la juventud y el amor, el otro la -vejez y los desengaños.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="V_IV">IV.<br /> -EN CHALANTA</h3></div> - - -<p><span class="smcap">La</span> víspera del día de San Juan, Sampau y Margarita, -ya casados, se presentaron en Ustariz.</p> - -<p>Miguel les convidó a ir a Cambó, donde había -fiesta, y fueron en un coche grande todos los de -Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe -llevaba como caballero al joven Larralde-Mauleón, -que la galanteaba, y Alicia Belsunce a un -vizconde gascón, el vizconde de Florac que le había -empezado a hacer la corte.</p> - -<p>Había feria en Cambó. Se habían reunido una -porción de vendedores ambulantes con coches y -puestos con cuchillos, azadas, objetos de cocina -y ferretería, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos -al mercado.</p> - -<p>Hubo por la mañana gran partido de pelota, -por la tarde vísperas y después baile.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span></p> - -<p>En el quiosco de la música, hecho con unos toneles -y adornado con ramas, se tocó la música -hasta las doce de la noche.</p> - -<p>A esta hora los bailarines se fueron a beber -agua de la fuente de San Juan y se vió todo el -monte iluminado con hogueras.</p> - -<p>Al día siguiente se decidió volver, por la tarde, -a Ustariz. Miguel propuso tomar dos lanchas grandes -y embarcarse en ellas.</p> - -<p>El día era caluroso, de viento Sur; no corría -una ráfaga de aire y las hojas parecían petrificadas -en la calma del ambiente.</p> - -<p>Bajaron a la orilla del río.</p> - -<p>En la proa de la primera lancha se puso Manich, -un virtuoso del acordeón; luego se fueron instalando -los demás.</p> - -<p>El acordeonista fué trenzando y destrenzando -sus melodías banales y extrayéndolas del pulmón -de su instrumento.</p> - -<p>Las dos <i>chalantas</i> comenzaron a deslizarse despacio -por el río claro.</p> - -<p>La tarde era espléndida, de una tranquilidad -admirable; el cielo, azul puro y tranquilo.</p> - -<p>Margarita y Sampau hablaban, ella llevaba una -rama por la superficie del agua; Alicia y el vizconde -de Florac, Fernanda Luxe y el joven La<span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>rralde -parecían dispuestos a cantar el eterno dúo -de amor, tan viejo siempre y siempre tan nuevo. -Dolores cuidaba de sus hijos.</p> - -<p>—¿Y tú?—preguntó Larresore a Miguel—¿No -te sientes tentado a imitar a esos enamorados?</p> - -<p>—Ya no me quieren—contestó Miguel, y recitó -estos versos de Voltaire a madama du Chatelet:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Si vous voulez que j'aime encore</div> -<div class="line">Rendez-mois l'age des amours;</div> -<div class="line">Au crépuscule de mes jours</div> -<div class="line">Rejoignez, s'il se peut, l'aurore</div> -<div class="line">Des beaux lieux ou le dieu du vin</div> -<div class="line">Avec l'Amour tient son empire</div> -<div class="line">Le Temps qui me prend par la main</div> -<div class="line">M'avertit que je me retire</div> -<div class="line">De son inflexible rigueur</div> -<div class="line">Tirons au moins quelque avantage</div> -<div class="line">Qui n'a pas l'esprit de son age</div> -<div class="line">De son age a tout le malheur.</div> -</div></div></div> - -<p>Al anochecer llegaron las chalantas frente a -Gastizar, atracaron al lado del árbol que salía sobre -el río y fueron saltando todos a tierra.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="EPILOGO">EPÍLOGO</h3></div> - - -<p><span class="smcap">Un</span> día de primavera en que estaban en el manzanal -de Gastizar madama Aristy, las señoritas -de Belsunce, madama Luxe, Larresore y Darracq, -Miguel dijo:</p> - -<p>—La verdad es que falta algo a nuestra torre -de Gastizar sin la veleta. Yo siento la nostalgia de -verla. Si pusiéramos de nuevo el dragón ¿qué les -parecería a ustedes?</p> - -<p>—¿Al dragón?—dijo con asombro la señorita -de Belsunce.</p> - -<p>—¡Poner la veleta!—exclamó madama Aristy -casi colérica.—¡Qué disparate! ¡Jamás!</p> - -<p>—¡Ah! ¿pero tú crees...?</p> - -<p>—Yo no creo nada; pero lo que te digo es que -no se pone la veleta.</p> - -<p>Todos afirmaron que era una imprudencia, una -provocación instalar la veleta, y madama de Aris<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>ty -llegó a asegurar que si se hablaba más de esto -cogería el artefacto de hierro y lo echaría al río.</p> - -<p>La gente del pueblo estuvo también de acuerdo. -Era una imprudencia el poner el malvado y nefasto -dragón en la torre.</p> - -<p>Aquel viejo basilisco de la veleta de Gastizar -les parecía a todos un auxiliar del destino adverso, -una de aquellas esfinges de una fauna desaparecida -que no anunciaban más que calamidades.</p> - -<p>En Gastizar y en Ustariz estaban contentos después -de la caza del dragón. Ya no pasaba nada en -el pueblo. La rueda de la existencia oscura seguía -girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer, -vivir, morir...</p> - -<p>A veces algún romántico se preguntaba si mejor -que la inmovilidad, que la vida monótona e igual, -no sería tener una veleta inquietante y perturbadora -como la de Gastizar en el torreón de su casa.</p> - -<p class="p2 i2"><i>Madrid, Febrero 1918.</i></p> - - -<p class="p4 center">FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830</p> -<hr class="chap" /> - - - - -<h2>ÍNDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice"> - -<tr> - <td class="tdr" colspan="3">Páginas.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro primero.—El eterno conspirador</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_I">Don Eugenio</a></td> -<td class="tdrb">11</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_II">Entrevista con Mina</a></td> -<td class="tdrb">17</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_III">Conversación con Aguado</a></td> -<td class="tdrb">25</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_IV">La tinta simpática</a></td> -<td class="tdrb">33</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_V">Preparativos</a></td> -<td class="tdrb">41</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VI">Las ideas de Tilly</a></td> -<td class="tdrb">45</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VII.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VII">Viaje a San Sebastián</a></td> -<td class="tdrb">53</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VIII.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VIII">Fracasa el proyecto</a></td> -<td class="tdrb">67</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IX.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_IX">Aviraneta despechado</a></td> -<td class="tdrb">75</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">X.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_X">Orden de marcha</a></td> -<td class="tdrb">79</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">XI.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_XI">Los realistas</a></td> -<td class="tdrb">83</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro segundo.—En Ustariz</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_I">Aviraneta y Tilly</a></td> -<td class="tdrb">90</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_II">Malos vientos</a></td> -<td class="tdrb">93</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_III">Las maniobras de Choribide</a></td> -<td class="tdrb">97</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_IV">Margarita</a></td> -<td class="tdrb">107</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_V">El niño</a></td> -<td class="tdrb">115</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_VI">Choribide y Aviraneta</a></td> -<td class="tdrb">125</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro tercero.—El diario de Lacy</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_I">El soñador</a></td> -<td class="tdrb">135</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_II">La entrada en España</a></td> -<td class="tdrb">139</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_III">El leñador de Antula</a></td> -<td class="tdrb">155</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_IV">Ataque de Juanito</a></td> -<td class="tdrb">165<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_V">Chapalangarra</a></td> -<td class="tdrb">167</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_VI">Noticias de Mina</a></td> -<td class="tdrb">173</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VII.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_VII">En el fortín de Vera</a></td> -<td class="tdrb">179</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VIII.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_VIII">Los realistas</a></td> -<td class="tdrb">185</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IX.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_IX">En el pueblo</a></td> -<td class="tdrb">191</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">X.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_X">Por la tarde</a></td> -<td class="tdrb">195</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">XI.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_XI">Fin del diario de Lacy</a></td> -<td class="tdrb">205</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">XII.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_XII">Los héroes de la aventura</a></td> -<td class="tdrb">213</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">XIII.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_XIII">Los resultados de la empresa</a></td> -<td class="tdrb">219</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro cuarto.—Bajo la influencia nefasta del<br />dragón de Gastizar</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_I">El tío Juan</a></td> -<td class="tdrb">225</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_II">El veranillo de San Martín</a></td> -<td class="tdrb">233</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_III">La familia de Chimista</a></td> -<td class="tdrb">241</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_IV">Simona Busquet</a></td> -<td class="tdrb">245</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_V">El príncipe quiromántico</a></td> -<td class="tdrb">249</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_VI">La venganza de Simona</a></td> -<td class="tdrb">259</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VII.</td> -<td class="tdl"><a href="#IV_VII">Navidad triste</a></td> -<td class="tdrb">263</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro quinto.—La decadencia del dragón de<br />Gastizar</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#V_I">La caza del dragón</a></td> -<td class="tdrb">269</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#V_II">Los amores de Margarita</a></td> -<td class="tdrb">273</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#V_III">Una sombra de otra época</a></td> -<td class="tdrb">279</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#V_IV">La chalanta</a></td> -<td class="tdrb">285</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr"> </td> -<td class="tdl"><a href="#EPILOGO">Epílogo</a></td> -<td class="tdrb">289</td> -</tr> - -</table> - -<hr class="chap" /> - - - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 *** - -***** This file should be named 53517-h.htm or 53517-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/5/1/53517/ - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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