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-The Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
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-
-Title: Los Caudillos de 1830
- Memorias de un hombre de acción, tomo 9
-
-Author: Pío Baroja
-
-Release Date: November 13, 2016 [EBook #53517]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
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-
- Nota del Transcriptor:
-
-
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
-
-
-
-
- OBRAS PUBLICADAS
-
-
- PÍO BAROJA
-
-PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA,
-3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRÍA, 3,50. EL
-ÁRBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS
-DE 1830, 4,00.
-
-
- JULIO VALLÉS
-
-EL NIÑO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.
-
-
- ENRIQUE BARBUSSE
-
-EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas.
-
-
- CARLOS RIVET
-
-EL ÚLTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas.
-
-
- JUAN GUALBERTO NESSI
-
-AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMÁN U..., 2,00 ptas.
-
-
- JULIÁN SOREL
-
-LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas.
-
-
- LORENZO GALLEGO CARRANZA
-
-LECCIONES DE TOPOGRAFÍA. Obra adaptada al nuevo programa de esta
-asignatura en la Academia de Infantería y aprobada como texto
-definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
-pesetas. Contiene 32 láminas en colores.
-
-
-
-
- OBRAS DE PÍO BAROJA
-
-VIDAS SOMBRÍAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE
-ARLEQUÍN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD,
-EGOLATRÍA, 3,50.
-
-
- LAS TRILOGÍAS
-
-
- TIERRA VASCA
-
-LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN
-EL AVENTURERO, 1,00.
-
-
- LA VIDA FANTÁSTICA
-
-CAMINO DE PERFECCIÓN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE
-SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00.
-
-
- LA RAZA
-
-LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL ÁRBOL DE LA
-CIENCIA, 3,50.
-
-
- LA LUCHA POR LA VIDA
-
-LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50.
-
-
- EL PASADO
-
-LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS, 3,00. LAS
-TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00.
-
-
- LAS CIUDADES
-
-CÉSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSI, 3,50.
-
-
- EL MAR
-
-LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA, 3,50.
-
-
- MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE, 3,50.
-LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS
-RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA
-DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00.
-
-
-
-
- PÍO BAROJA
-
- LOS CAUDILLOS DE 1830
-
-
-
-
- _Copyright by Rafael Caro Raggio-1918.
- Es propiedad.
- Prohibida la reproducción._
-
-Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martín de los Heros, 65.
-
-
-
-
- PÍO BAROJA
-
-
- LOS
- CAUDILLOS
- DE 1830
-
- NOVELA
-
-
- [Ilustración]
-
-
- RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR
- Calle de Ventura Rodríguez, 18
- 1918
-
-
-
-
- LIBRO PRIMERO
-
- EL ETERNO CONSPIRADOR
-
-
-
-
-I.
-
-DON EUGENIO
-
-
-UN día, al anochecer, apareció en la fonda de Iturri un hombre que
-llamó la atención de Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado, con
-la cara y las manos curtidas por el sol. Tenía el aire de cansancio de
-los que vienen de países tropicales.
-
-Vestía redingot negro, pantalón con trabillas, sombrero de copa de alas
-grandes y corbata de varias vueltas.
-
---¿Quién es este hombre?--preguntaron Lacy y Ochoa a Iturri.
-
---Es un vascongado que viene de la Habana. Ahí está su nombre.
-
-Los dos jóvenes leyeron el nombre: Eugenio de Aviraneta.
-
---¿Es de los nuestros?--preguntó Ochoa.
-
---Yo le he conocido aquí en 1824--dijo Iturri--creo que es liberal.
-
-El recién llegado escribió unas cuantas cartas y se metió en la cama.
-
-Al día siguiente preguntaron por él dos o tres personas, entre ellas el
-auditor de guerra y amigo íntimo de Mina, don Canuto Aguado.
-
-Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traía pasaporte del capitán general
-de la isla de Cuba, para Madrid, por la vía de Francia, pero como no se
-había presentado al cónsul español de Burdeos, no podía pasar a España.
-
-A la hora de almorzar Iturri sentó a la misma mesa donde comía su
-sobrino y Lacy al recién llegado y éste al saber que Eusebio era hijo
-del general Lacy estuvo muy amable con él y habló largamente con
-los dos jóvenes. Aviraneta les hizo alguna impresión. Tenía marcada
-tendencia por la frase amarga y el epigrama, lo que hacía creer que era
-tipo desengañado y sarcástico.
-
---¿Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?--le preguntó Ochoa.
-
---Sí.
-
---¿Qué dice?
-
---Poca cosa.
-
---¿No está contento de la marcha de los acontecimientos?
-
---Eso parece.
-
---¿Y el general Mina no tiene confianza?
-
---Muy poca. Por lo que he podido traslucir no está contento de la
-organización de la empresa. Se me figura que va arrastrado por la
-fogosidad y la imprudencia de todos.
-
---Es que el general está viejo, enfermo y naturalmente es desconfiado.
-Ya verá usted como todo sale bien--dijo Ochoa.
-
---Mejor, mejor; ¡ojalá!
-
-Aviraneta contó sus viajes, y estaba hablando de sobremesa cuando se
-presentó Iturri con el italiano de la subprefectura que había dado los
-informes de las dos damas del Chalet de las Hiedras.
-
-El italiano era un hombrecito calvo, de unos cuarenta años, la nariz
-arqueada y roja, el pelo rubio y la mirada viva a través de los lentes.
-Vestía un traje raído y sin brillo y llevaba los pantalones con
-rodilleras.
-
-El señor Pagani, así se llamaba, era al parecer, insustituíble en su
-oficina; sabía cuatro o cinco idiomas a la perfección, trabajaba
-constantemente y ganaba poco.
-
---Me ha explicado mi amigo Iturri su situación--dijo hablando el
-castellano perfectamente.--¿Qué documentos tiene usted?
-
---Tengo el pasaporte del capitán general de la Habana para dirigirme a
-Madrid--dijo Aviraneta.
-
---¿Quiere usted enseñármelo?
-
---Ahora vengo con él.
-
-Aviraneta entró en su cuarto y volvió poco después con unos papeles.
-
---He salido de la Habana con mi pasaporte pensando ir a Madrid, pero
-como me he encontrado con esta agitación revolucionaria, inesperada, no
-me he atrevido a entrar en mi país.
-
---¿Usted ha tenido que ver algo en política?--preguntó el italiano
-mirándole por encima de sus lentes.
-
---Sí, en parte--murmuró Aviraneta--yo fuí miliciano como otros
-muchos... obligado... y tuve que emigrar en 1823, pero no me he
-mezclado nunca activamente en política.
-
-El italiano contempló con desconfianza a su interlocutor, después
-tomando el pasaporte comenzó a leerlo despacio.
-
---Está bien... en regla--fué diciendo mientras leía--visado por el
-cónsul general francés del puerto de la Habana... falta la presentación
-al consulado de España en Burdeos.
-
---Sí, ha sido un olvido--dijo Aviraneta.
-
---Esta falta--repuso el italiano--le imposibilita a usted para entrar
-en España porque se le considerará a usted como sospechoso y en el acto
-se le reducirá a prisión.
-
---Entonces no, no quiero entrar en España.
-
---Dígame usted. ¿Cuál es el plan de usted? ¿Qué es lo que usted desea?
-
---Yo, la verdad, soy un hombre pacífico--afirmó Aviraneta--si hay esos
-peligros de que usted habla, prefiero quedarme aquí. En vez de visitar
-a mis parientes de Irún y San Sebastián, a quienes no he visto hace
-años, les pediré que vengan a verme. Mi plan se reduce a estar en
-Bayona un par de meses.
-
---Lo bastante para hacer la expedición que proyectan los liberales
-españoles--dijo el italiano con ironía.
-
-Lacy y Ochoa sonrieron.
-
---No, no--exclamó Aviraneta--eso la gente moza, yo ya soy viejo para
-esos trotes.
-
---¡Hum! Quizás yo me engañe, pero no me parece usted menos peligroso
-que estos jóvenes; en tal caso más.
-
---Es usted muy amable, señor Pagani. No. Estoy cansado de verdad. ¿Y
-cómo arreglaremos el asunto para que yo me pueda quedar en Bayona?
-
---Yo lo arreglaré, y si quiere usted que no le molesten no concurra
-usted a los cafés, porque están muy vigilados por los agentes de los
-dos gobiernos y por los espías que tiene el señor de Calomarde entre
-los mismos liberales.
-
---No tenga usted cuidado. No iré a los cafés.
-
---Su pasaporte de usted con los de los demás españoles residentes aquí
-los colocaré en la subprefectura en carpeta separada de los emigrados
-políticos y mañana por la mañana traeré a usted la carta de seguridad
-con cuyo salvoconducto no le molestará la policía.
-
-El señor Pagani se despidió de todos y al día siguiente por la mañana
-volvió trayendo la carta de seguridad. Aviraneta le dió un luis que al
-italiano debió parecer por los aspavientos que hizo al recibirlo un
-verdadero capital.
-
-Recomendó de nuevo a Aviraneta que tuviese cuidado con quien hablaba y
-añadió que si alguna dificultad se le ofrecía no tenía más que avisarle
-a la subprefectura por mediación de Iturri.
-
-
-
-
-II.
-
-ENTREVISTA CON MINA
-
-
-UNA de las condiciones características de Aviraneta era el enterarse
-y darse cuenta rápidamente de una situación. Al tercer día de su
-estancia en Bayona don Eugenio había hablado con los más conspicuos
-constitucionales, sabía sus opiniones, lo que pensaban acerca de la
-expedición que se estaba preparando, las simpatías y las antipatías que
-tenían.
-
-Con su prudencia habitual de zorro encanecido en la intriga, Aviraneta
-no se presentó en ningún sitio bullanguero ni paseó por las calles en
-grupo con otros españoles.
-
-La tarde del tercer día de su estancia en Bayona, don Canuto Aguado
-le avisó para que acudiese a las nueve de la noche a su casa. Aguado
-vivía en un tercer piso de la calle de Santa Catalina en el barrio de
-Saint Esprit, en un cuartucho barato, sórdido y sombrío.
-
-Aviraneta al anochecer, cenó, se embozó en la capa y se marchó por el
-puente de barcas a Saint Esprit.
-
-Al llegar a la calle de Santa Catalina buscó el número hasta dar con
-él. Aguado se encontraba esperándole en el portal.
-
---Aquí está Mina--le dijo.--Le he avisado para que hable con usted.
-
-Aviraneta y Aguado subieron la estrecha escalera de la casa,
-iluminándose con un cabo de vela, y entraron en un cuarto diminuto, con
-un armario lleno de papeles. Sentado a la mesa, a la luz melancólica de
-un pequeño quinqué de petróleo estaba el general don Francisco Espoz y
-Mina.
-
-El general se levantó con trabajo y estrechó la mano de Aviraneta.
-Aguado cerró la puerta del cuarto y los tres hombres se sentaron.
-Estaba el caudillo de la guerra de la Independencia avejentado y con
-aspecto de enfermo; tenía el pelo y las patillas blancas y las mejillas
-hundidas; llevaba una chaqueta de tela gruesa, un pañuelo de lana en el
-cuello y un capote sobre los hombros.
-
---Yo recuerdo haberle visto a usted...--dijo Mina dirigiéndose a
-Aviraneta con un hablar inseguro y algo vacilante--si... recuerdo, hará
-ya quince años... cuando la conspiración de Renovales creo que era
-¿no?... sí cuando la conspiración de Renovales. Entonces debía usted
-ser muy joven.
-
---Tenía veintitrés años.
-
---¿Y qué ha hecho usted desde esa época?
-
---¡Oh, tantas cosas! que ya no me acuerdo.
-
-Aviraneta contó rápidamente cómo había sido ayudante del Empecinado, su
-viaje a Egipto y a Grecia, y después su estancia en Méjico.
-
---Ultimamente he hecho la expedición a Tampico con el brigadier
-Barradas--terminó diciendo--y por la defensa de este pueblo el general
-Vives ha pedido al Gobierno la confirmación del empleo de Comisario
-ordenador de Guerra. En este momento, cuando iba a tomar posesión del
-cargo, llegó a la Habana la noticia de la Revolución de Julio de París,
-y a mí me avisaron por la Venta Carbonaria lo que se intentaba. Esto me
-movió a presentarme al capitán general y a manifestarle francamente mis
-deseos. Vives, que es amigo mío, intentó disuadirme, pero viendo que
-era imposible me dió el pasaporte para España.
-
-Aviraneta lo mostró a Mina, quien lo leyó despacio y después dijo:
-
---¿Y ahora qué piensa usted hacer?
-
---Me uniré a ustedes.
-
---El caso es--murmuró Mina--que yo no voy a poder darle a usted cargo
-alguno en esta expedición... es tarde... cada cargo es una nueva fuente
-de riñas y de rivalidades... sí; es verdad...; no hablo por hablar,
-no... no sabe usted cómo están los míos, los que llaman _ministas_, con
-los valdesistas y los gurreistas... yo quisiera... pero no puedo...
-cada jefe quiere tener su partido y así no vamos a ninguna parte.
-
---Si no tengo cargo oficial trabajaré independientemente.
-
---¿Usted puede entrar en España, Aviraneta?
-
---Estoy pregonado por el corregidor de Roa en la causa del Empecinado,
-pero supongo que ese proceso estará ya sobreseído.
-
---¿Tiene usted parientes en España?
-
---Sí.
-
---¿En dónde?
-
---Aquí en el Norte, en San Sebastián y en Irún.
-
---Pues entonces podrá usted pasar. Si usted quiere, yo haré que le
-firmen el pasaporte.
-
---No; de ir, iré sin pasaporte. Conozco el país y tengo amistades en
-la frontera. Diga usted, mi general, sus intenciones y sus planes; yo,
-conociéndolos, veré qué es lo que puedo hacer.
-
---Está bien. Habla usted con franqueza..., y a pesar de que yo tengo
-fama de zorro le hablaré a usted con la misma claridad. No tengo
-interés en engañarle.
-
---Ni yo tampoco a usted, general.
-
---Lo comprendo. Bien, no le diga usted esto a nadie... esto que le voy
-a decir... La gente lo sospecha... pero yo no quiero confesarlo...:
-voy arrastrado a una expedición en la que no creo... que me parece
-imposible pueda tener éxito...; usted me dirá ¿por qué he entrado en
-ella?... Por los amigos...; me decían que yo, como más viejo..., con
-más representación... quizás pudiera ordenar el movimiento... No se ha
-podido hacer nada...; mis informes me hacen creer que hay traidores en
-nuestro campo, que el Gobierno está advertido... y que vamos al fracaso.
-
---¿Y no se puede aplazar esto?--preguntó Aviraneta.
-
---No. Ya me echan la culpa a mí de las dilaciones...; el general Gerard
-me recomendó que esperase...; creí que haría algo por nosotros, y
-nada... ahora si no marcho todo el mundo dirá que yo he entorpecido
-la expedición... que soy un traidor..., y voy a marchar... Si usted
-hubiese venido... antes... cuando organizábamos nuestras tropas... le
-hubiera nombrado jefe de una de ellas, pero esto está constituído...
-mal constituído... pero ¿qué se va a hacer?
-
--Ah. Nada. De eso no hay que hablar.
-
---Si usted hubiese venido antes, Aviraneta, yo le hubiese encomendado
-un trabajo comprometido... y peligroso.
-
---¿Cuál?
-
-Mina se detuvo, palideció y murmuró llevándose la mano al costado.
-
---Estos días de otoño... las heridas... me duelen...; dígale usted,
-Aguado, cuál era nuestro proyecto.
-
---La idea del general--dijo Aguado--era no emprender esta expedición
-sin tener un apoyo en la península. Hubiésemos querido contar con San
-Sebastián y con Santoña antes de comenzar el movimiento en la frontera.
-Las dos plazas son fuertes e importantes. Con San Sebastián y Pasajes
-tendríamos la defensa de la costa y el paso abierto a la frontera;
-con Santoña podíamos defender la parte de Santander, tener abierto
-el camino de Burgos hacia Madrid y marchando mal defendernos de las
-tropas que vinieran de Vizcaya en el portillo de Gibaja y en la barca
-de Treto, y de los que llegasen de Burgos o de Asturias en la línea de
-Torrelavega.
-
---¿Y por qué no han intentado ustedes eso?
-
---Amigo Aviraneta--dijo Mina, ya un tanto aliviado del dolor,--nadie ha
-estudiado con calma nuestros proyectos... Todo el mundo cree que basta
-presentarse en la frontera... echar un discurso... para que el pueblo
-venga con nosotros...
-
---¿Y no dieron ustedes, mi general, algunos pasos?--preguntó Aviraneta.
-
---Sí; yo había escrito a algunos amigos de San Sebastián... diciéndoles
-que esperaran órdenes.
-
---¿Tiene usted allí amigos de confianza?
-
---Sí. Legarda, Amilibia, Baroja... y sobre todo Lorenzo Alzate.
-
---Alzate es primo mío. ¿Y cree usted, mi general, que ya no se puede
-hacer tentativa alguna en ese sentido?
-
---Eso creo.
-
---Yo volveré de nuevo a estudiar la cuestión y hablaré con usted.
-
---¿Ah, bien... muy bien!... ¿Qué, nos vamos?
-
---Sí--dijo Aguado.--Encienda usted la vela, Aviraneta.
-
-Den Eugenio encendió una pajuela y luego el cabo de vela, y Aguado
-apagó el quinqué.
-
-Aviraneta tomó el candelero, y Mina, apoyado del brazo de Aguado,
-bajó las escaleras y montó en un cochecito que había en la calle
-esperándole. Aguado y Aviraneta marcharon a Bayona por el puente.
-
-
-
-
-III.
-
-CONVERSACIÓN CON AGUADO
-
-
-ESTABA lloviendo; ni Aguado ni Aviraneta tenían ganas de entrar en sus
-casas, y se metieron en los soportales del Puente Nuevo.
-
---¿Qué le ha parecido a usted, Mina?--le preguntó Aguado.
-
---Sencillo, atento. Me lo figuraba así--dijo Aviraneta.--¿La opinión
-íntima acerca de la expedición que se proyecta es la que ha expuesto?
-
---Sí.
-
---¿No hay alguna cosa que nos haya callado?
-
---No. Es decir, no ha insistido en las diferencias que hay entre
-nosotros.
-
---¿Y cómo no se ha zafado de esta empresa, en la que tiene tan poca
-confianza?
-
---Esta pregunta me demuestra que lleva usted lejos de nosotros mucho
-tiempo--dijo Aguado.--Usted le ha conocido a Mina cuando era un general
-liberal, uno de tantos; hoy es el mayor prestigio del liberalismo
-activo y no se puede zafar de una empresa así como en tiempo de
-Renovales. Mina viene arrastrado. A raíz de la Revolución de 1830,
-Mina se encontraba en los baños de Bath. Se le escribió contándole
-con detalles las jornadas de Julio. Los emigrados que habían acudido
-a París creían que aquella era la ocasión propicia para emprender un
-movimiento favorable, con la ayuda de los liberales franceses y del
-Gobierno de Luis Felipe.
-
---Y lo era, sin duda.
-
---Mina--siguió diciendo Aguado--se trasladó a París, conferenció con
-los emigrados españoles y quedó de acuerdo con ellos en hacer una
-intentona en la frontera, con ciertas condiciones. Decidido esto, Mina
-tuvo una conferencia secreta con el ministro de la Guerra, general
-Gerard.
-
---Y Gerard ¿qué dijo?
-
---Gerard recibió muy bien al guerrillero español, y le dijo que
-preparase su expedición a la chita callando. Mina fué también en
-compañía de Toreno a visitar al general Lafayette, pero no le pudo
-ver. Mina quería formar una falanje con los prestigios del liberalismo
-internacional y lanzarla sobre la frontera española.
-
---Era una magnífica idea.
-
---Y era lo que habían prometido todos. Ya que los franceses habían
-acabado con la libertad en España en 1823, justo era que intentaran
-restablecerla cuando pudieran. Sin embargo, no han hecho nada.
-
---No me choca. El francés siempre ha sido egoísta y roñoso para los
-demás.
-
---Mina quería el mando único, y tenía razón, porque lo que se intenta
-no es una revolución, sino un movimiento militar. La revolución, en
-tal caso vendrá después. Al mismo tiempo que Mina hacía sus trabajos,
-un grupo de impacientes que querían obrar con independencia se puso
-de acuerdo con Calvo y con Ardouin el banquero, que tenían hechos
-empréstitos a España desde la primera época constitucional, y los
-banqueros ofrecieron su concurso. Llamaron a Mendizábal y le dieron
-fondos para los primeros trabajos, y decidieron entre todos nombrar la
-Junta sin consultar con Mina.
-
---Siempre la divergencia y los celos--murmuró Aviraneta.
-
---El Directorio provisional del levantamiento de España contra la
-tiranía se formó en París y se trasladó en seguida a Bayona. Desde aquí
-escribió a Mina preguntándole si se podría contar con él. Era en el
-fondo una impertinencia. Mina, un poco molesto, contestó que sí y en la
-segunda semana del mes de Septiembre se presentó en Bayona. El 22 de
-este mes se verificó la primera Junta del Directorio provisional, y al
-día siguiente Mina, violentándose un poco, manifestó públicamente su
-adhesión a ella. Desde el primer momento comenzaron las rencillas y las
-diferencias.
-
---¿Por qué?
-
---Los partidarios de Torrijos y los militares independientes veían
-que allí donde estuviera Mina naturalmente tenía que ser la figura
-principal, cosa que no les agradaba.
-
---¿Pero hay algún motivo nuevo de odio?
-
---Ninguno. Las causas de esto son muchas y antiguas; pero la más
-principal no es ideológica, sino de temperamento. Mina es un vasco como
-usted, maquiavélico, de palabra confusa y enmarañada, pero por dentro,
-claro, lucido y calculador. Sus enemigos Torrijos, Valdés, Alcalá
-Galiano, San Miguel, López Baños y otros muchos son castellanos,
-andaluces, asturianos, más fáciles de palabra, más conceptuosos, más
-retóricos...
-
---Por una cosa o por otra, los españoles siempre estamos así--dijo
-Aviraneta con amargura.--Empiezo a sentir el haber venido. Allí, al
-menos, en Cuba tenía asegurada mi existencia.
-
---Sí, será verdad; pero no se puede vivir más que en el propio país; lo
-demás es vegetar, llevar una vida mísera y disminuída.
-
---En eso tiene usted razón. Lo que yo no comprendo bien es por qué si
-Mina no tiene defectos no se le unen los demás.
-
---Es que los tiene. Uno de los defectos del general, que a veces es un
-medio de defensa, es la desconfianza excesiva; otro es su tendencia
-burocrática y reglamentaria. Mina, que ha conspirado desde la primera
-emigración, está siempre en guardia con cualquiera que se le acerque;
-en cambio, Torrijos y Valdés son más efusivos y, al parecer, más
-francos. Mina trata a sus enemigos por el silencio, no habla de ellos;
-cosa que irrita; en cambio sus enemigos le intentan desacreditar. Se
-ha llegado a decir que Mina tiene miedo. Los partidarios de Valdés y
-de los otros echaron a volar esta especie, y un señor Chevallon, un
-francés majadero que venía con unos miles de francos de la Junta de
-París, ha llegado a decírselo cara a cara a Mina.
-
---¿Y Mina no le contestó con un puntapié?
-
---No, porque el general es hombre que se lo guarda todo. Los enemigos
-han inventado otra porción de calumnias estúpidas.
-
---¿Y esto influye algo en la opinión?
-
---Nada. En España no se cree más que en el general.
-
---¿Y cómo no mandan ustedes agentes a España para saber qué hacen allí?
-
---Los mandamos. Ahora tenemos algunos italianos carbonarios esparcidos
-aquí por el Norte, gente activa; tenemos a José Monti, napolitano,
-comerciante que vive en Vitoria y va a veces a Pamplona; a Pedro
-Galloti en San Sebastián, que se sirve para sus informes de los
-quincalleros paisanos suyos; a un tal Arrigoni, que ha ido a Santander,
-y a un D. Juan Rumi en Gibraltar. Estábamos comenzando la organización.
-Este movimiento quizás eche a abajo lo que habíamos preparado y
-tengamos que comenzar de nuevo.
-
---De todo esto se deduce que hay muy pocas probabilidades de
-éxito--dijo Aviraneta.
-
---Sí; tal creo yo también.
-
---A pesar de esto--repuso Aviraneta--yo le voy a hablar a Campillo. Si
-él quiere intentar algo en Santander, donde debe tener amigos, yo iré a
-San Sebastián.
-
---Bueno--dijo Aguado;--ténganos usted al corriente de lo que haya.
-
---Descuide usted--contestó D. Eugenio.
-
-Y los dos hombres, después de darse la mano, salieron de los arcos y se
-separaron.
-
-
-
-
-IV.
-
-LA TINTA SIMPÁTICA
-
-
-AL día siguiente por la mañana Aviraneta contó a Eusebio de Lacy y
-a Ochoa lo que había hablado con Mina y con el intendente Aguado;
-expuso a los dos jóvenes su plan, que lo aceptaron con entusiasmo, y
-decidieron mandar un aviso a Campillo para hablar con él.
-
-Le citaron para después de comer en el café del Comercio. Estuvieron
-Lacy, Aviraneta, Campillo, en mesas separadas como si no se conocieran,
-luego se levantaron uno tras otro, recorrieron el puente de Saint
-Esprit, cruzaron el barrio de los judíos y fueron al campo por la
-carretera de Burdeos.
-
-Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y Aviraneta contó su
-conversación con Mina y explicó su idea de tantear San Sebastián y
-Santoña, y las ventajas que tendría de poder realizarse su proyecto.
-
-Campillo no era de los enemigos declarados de Mina, pero desconfiaba.
-
---¿Y cuál es el plan de usted?--preguntó Campillo.
-
---Mi plan sería contar con San Sebastián y con Santoña antes de
-la expedición. Teniendo estas ciudades y asegurado el paso de San
-Sebastián por la frontera, se podría hacer mucho.
-
---Ah, claro. ¿Y contaba usted conmigo para trabajar en Santoña?
-
---Sí.
-
---Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado conocido en mi tierra
-y me prenderían inmediatamente al llegar. ¿Usted piensa entrar en San
-Sebastián?
-
---Es posible; pero no diga usted a nadie nada.
-
---Descuide usted, nadie lo sabrá. ¿Usted cree que se podrá hacer algo?
-
---No sé; pero creo que vale la pena de verlo... hablar con los
-oficiales y soldados, ver lo que piensan.
-
---¿Usted está convencido de que en esta ocasión Mina obra de buena fe?
-
---¡Qué duda cabe!
-
-Campillo quedó visiblemente preocupado. Dijo que el espíritu público no
-era del todo hostil a los liberales en Santander, donde la mayoría del
-comercio era liberal y de mucha influencia sobre la masa del pueblo;
-pero, según él, fuera de la ciudad, en la parte rural, el vecindario
-estaba sobrecogido por los voluntarios realistas fanatizados por el
-clero y dominados por los caciques.
-
---¿No hay por los pueblos gente de la nuestra?--preguntó Aviraneta.
-
---Cerca de Santander--contestó Campillo--vive un hermano mío, capitán
-ilimitado, relacionado con otros oficiales que están en la misma
-situación y cuentan con algunos soldados que sirvieron conmigo en la
-guerra de la Independencia y en 1823; mas esto no basta. ¿Cómo quiere
-Mina ganar la guarnición de Santoña?
-
---Si se llegara a este caso--contestó Aviraneta--se necesitaría dinero
-para sobornar a los sargentos y a la tropa.
-
---No sé si con los jefes y oficiales que hay en Santoña se podrá
-contar--dijo Campillo,--porque el batallón que ha reemplazado al que
-había es nuevo en el país. Los jefes y oficiales de los Cuerpos
-facultativos son también nuevos y no conozco a ninguno.
-
---Para sondear los ánimos de la guarnición de la plaza ¿no
-encontraríamos algún agente sagaz que fuera de los nuestros?--preguntó
-Aviraneta.
-
---Mejor que nadie, mi hermano. No está significado por
-liberal--contestó Campillo.--¿Pero cómo entendernos con él, habiendo,
-como hay, tan gran vigilancia en los correos?
-
-Aviraneta dijo que había tintas simpáticas; pero era indispensable que
-el corresponsal supiese emplearlas.
-
-Después de hablar largo rato y de hacer cábalas acerca de lo que podía
-pasar, volvieron al pueblo los tres separados. Aviraneta escribió a su
-primo Lorenzo de Alzate diciéndole que estaba en Bayona, e hizo pasar
-la carta con una cascarota de Ciburu. Citaba a su primo para la semana
-próxima.
-
-Los días siguientes Aviraneta fué con Lacy y Ochoa a casa de su
-antiguo amigo Juan Olavarría, donde acudían de tertulia Mancha, Peman,
-el coronel Núñez Arenas y algunos otros militares en su mayoría
-partidarios de Valdés.
-
-Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramón Corres. Corres parecía
-un hombre pacífico y grave aunque en realidad no lo fuese tanto.
-
-Corres había tomado parte en la guerra de la Independencia y en las
-luchas del 20 al 23 en las que se batió con denuedo a las órdenes de
-Labisbal. Después emigró, fué a la isla de Jersey y allí se estableció
-de chocolatero, oficio que tenía en Marañón antes de la guerra de la
-Independencia. Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la tertulia
-de Olavarría se celebraba su candidez y su simplicidad.
-
-Una de estas noches al salir de casa de Olavarría se encontraron
-Aviraneta y Lacy con Campillo. Como llovía a chaparrón fueron a pasear
-a los arcos de la Galuperie, que en aquel momento estaban desiertos.
-
-Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour un quechemarin de
-Santoña; que el patrón, un convecino suyo, era un hombre honrado y de
-toda su confianza, y que había pasado la tarde y parte de la noche en
-su compañía.
-
---Le he esperado a usted para decirle que se presenta una buena ocasión
-para escribir a mi hermano; y como yo no sé poner las cosas en claro,
-quisiera que lo hiciera usted.
-
---Muy bien--dijo Aviraneta.--¿Cuánto tiempo va a estar aquí el
-quechemarin?
-
---Estará un par de días.
-
---Entonces hay que escribir en seguida.
-
---Sí.
-
---Bueno; ahora me pondré yo a redactar las instrucciones, mañana las
-consultaré con usted y con Mina, y si están ustedes conformes las
-escribiré con tinta simpática y le enseñaré al patrón del barco la
-manera de emplear el reactivo para que él, a su vez, se la enseñe a su
-hermano de usted y aparezca lo escrito.
-
---Muy bien.
-
-Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron a casa. Aviraneta y
-Lacy se encerraron en un cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron
-escribiendo disposiciones durante toda la noche, buscando el modo de
-sintetizar y de poner las cosas claras.
-
-Durmieron un poco por la madrugada, y a media mañana Aviraneta buscó a
-Aguado y en su compañía fué a leer su plan a Mina. El general estaba en
-la cama. Oyó atentamente lo escrito por Aviraneta, y dijo:
-
---Está bien, muy bien. Es usted un maestro.
-
-Después le leyeron las clausulas a Campillo, que también dió su
-aprobación.
-
-Aviraneta escribió entonces con tinta simpática y con letra muy
-apretada sus indicaciones. Encima redactó, de manera corriente, una
-carta de comercio.
-
-Llegó el patrón del quechemarin, se le enseñó la carta y se le dijo
-la manera de descubrir lo escrito con tinta simpática empleando el
-frasquito del reactivo.
-
-Al anochecer, Lacy, Campillo y Aviraneta vieron cómo el quechemarin
-salía hacia la boca del Adour remolcado por una lancha.
-
-
-
-
-V.
-
-PREPARATIVOS
-
-
-SE aproximaba el momento de la acción, y por ninguna parte aparecía la
-unidad del plan necesario para una empresa de aquella índole. A las
-divergencias de los españoles iban añadiendo las suyas los franceses,
-los italianos y los polacos que se mezclaban entre ellos.
-
-Los entusiastas habían conseguido que el general Mina se reconciliase
-oficialmente con sus enemigos Valdés y Chapalangarra. La reconciliación
-era falsa, sobre todo por parte de Valdés.
-
-Cada caudillo comenzó a ocupar su punto estratégico.
-
-Don Gaspar de Jáuregui, que tenía su banderín de enganche en Bayona,
-había formado una compañía de oficiales vascongados de la guerra de la
-Independencia.
-
-Chapalangarra reunía sus tropas en Cambó, Méndez Vigo en Mauleón.
-
-En San Juan de Pie de Puerto se iban alistando algunos voluntarios bajo
-la dirección del coronel de la antigua División de Navarra del tiempo
-de la guerra de la Independencia, D. Pedro Antonio de Barrena y de D.
-Félix Sarasa, que estaba con su hijo llamado Cholin.
-
-Por la parte de Oloron había también sus voluntarios navarros y
-aragoneses, que se iban reuniendo a las órdenes de D. Patricio
-Domínguez, del jefe de batallón Moncasi y del canónigo don Lorenzo
-Barber. Mina envió a Oloron al coronel D. Alejandro O'Donnell en
-calidad de jefe de la plana mayor, para resolver las dificultades
-técnicas.
-
-Gurrea había recorrido el Alto Aragón con el nombre de Antonio Gabara,
-y había hablado a sus amigos. Después se estableció en Bagneres de
-Luchon, donde se le fueron reuniendo sus partidarios. Se decía que uno
-de los que le seguirían sería el antiguo cabecilla absolutista Seperes,
-alias Caragol.
-
-A pesar de que los entusiastas e impacientes no hablaban más que
-de éxitos y aseguraban que presentarse en la frontera y marchar
-triunfantes y sin obstáculo a Madrid sería todo uno, no se advertían
-más que dificultades y síntomas de discordia y de descomposición.
-
-Cada grupo llevaba una política contraria.
-
-La Junta masónica de Bayona hablaba en sus comunicaciones solapadamente
-contra Mina; los carbonarios hacían la guerra a los masones y mandaban
-proclamas confusas precedidas de estas iniciales:
-
- U y L.
-
-que quería decir Unión y Libertad, y terminaban con este grito:
-
- ¡Vivan los h. de S. T.!
-
-lo que para los iniciados significaba: ¡Vivan los hijos de San Teobaldo!
-
-Los partidarios de Valdés afirmaban en todas partes que Mina era un
-traidor vendido a Calomarde; los de Méndez Vigo decían que Valdés era
-tan reaccionario y tan pastelero como Mina.
-
-La discusión iba en aumento; los ministas los valdesistas, los
-gurreistas, los masones, los comuneros, los carbonarios, los franceses,
-los italianos y los polacos no hacían más que intrigar y echarse en
-cara unos a otros la culpa de lo que ocurría.
-
-En primeros de Octubre, Valdés, Chapalangarra y Méndez Vigo volvieron a
-reñir con Mina y dijeron que desconfiaban de sus dilaciones.
-
-El Gobierno de Calomarde mientras tanto estaba sobre aviso. No se
-permitía la entrada en España de ningún papel de carácter liberal. Se
-había establecido en la frontera una policía militar y el espionaje
-era perfecto. Se supo que entraron en España varios números del
-_Representante del Pueblo_, que se publicaba en Londres en francés,
-y del _Precursor_, que se imprimía en castellano en París, y se
-llegaron a coger, número por número, todos. Cierto que se abría la
-correspondencia con una perfecta impunidad.
-
-Las precauciones del Gobierno eran tales y su presteza y actividad tan
-extremadas, que hacían imposible que una acción tan desperdigada, tan
-anárquica y tan mal dirigida como la de los emigrados pudiera tener
-éxito.
-
-
-
-
-VI.
-
-LAS IDEAS DE TILLY
-
-
-AL día siguiente de enviar la carta a Santoña con el patrón del
-quechemarin se presentó Jorge Tilly en la fonda de Iturri.
-
-Venía de San Sebastián, en compañía de un joven inglés alto, moreno, de
-cabeza pequeña y enérgica. Habían estado los dos en Madrid, en Sevilla
-y en Barcelona. Tilly traía mucho que contar; había tenido una serie de
-aventuras y de amores muy extraños.
-
-Lacy presentó su amigo Tilly a Aviraneta, quien le hizo una porción de
-preguntas relativas a la situación política; todo parecía confirmar que
-el Gobierno español estaba admirablemente preparado.
-
---¿Enseñaste mi carta?--dijo Tilly a Lacy.
-
---Sí.
-
---¿Y qué dijeron?
-
---Muchos creyeron que era una fantasía. Respecto del comandante Oro se
-duda...
-
---¿Cómo que se duda? ¡Si ya está en España trabajando por Calomarde!
-
---¿De verdad?
-
---Sí, él, el francés Husson de Jour y un español, D. Manuel Ruiz,
-estaban en Vitoria cuando yo he pasado por allí.
-
-Tilly venía con un gran caudal de impresiones nuevas de la península;
-su punto de vista general era creer que España era un país aparte de
-los otros.
-
-En los días siguientes se estableció entre Tilly y Aviraneta una
-relación cortés y de suspicacia ambos se hablaban como para estudiarse;
-parecía que se habían adivinado los dos como intrigantes, y estaban en
-guardia.
-
---He conocido a un Tilly hace unos años--le dijo Aviraneta.--Venía de
-Jersey.
-
---Sí, probablemente algún pariente mío.
-
---¿No lo sabe usted?
-
---No; somos tantos los Tillys, que no hay manera de saberlo. Los hay
-franceses, los hay alemanes, los hay españoles...; unos son liberales,
-otros reaccionarios.
-
---El que yo conocía creo que era conde.
-
---Quizás; había un conde, tío de mi padre. No sé más. Como le digo a
-usted, no conozco la historia de estos Tillys. Respecto a mí, sólo sé
-que mi padre desapareció de casa hace años y que probablemente murió;
-mis hermanos están ahora con unos tíos, excepto una hermana que se
-encuentra en San Sebastián.
-
---¿Y tú pensarás sacar adelante a tu familia?--dijo Lacy.
-
---Yo pienso ver cómo salgo adelante yo. Cada cual que se las arregle
-como pueda.
-
-Lacy no veía con agrado tan tranquilo egoísmo y afeó este sentimiento
-de su camarada; pero Tilly se rió; él creía que el ser egoísta era una
-condición necesaria para la vida.
-
---¿Y tu hermana?--le preguntó Lacy.
-
---Está en San Sebastián con unas señoras amigas, pero no quiere
-quedarse con ellas; me ha dicho que el mejor día se escapará.
-
---¿Sigue tan voluntariosa como antes?
-
---Igual; no ha variado nada.
-
-A Tilly no le gustaba mucho hablar de la familia, y siguió exponiendo
-sus ideas. Era un producto de corrupción, de inmoralidad, y veía todo
-lo que fuera intriga con gran simpatía.
-
-Aviraneta, a quien chocaba las ideas del joven, le preguntó:
-
---¿Dónde ha estudiado usted?
-
---En un colegio de frailes, en Rennes, donde, la verdad, creo que no
-aprendí nada de provecho. Lacy fué mi condiscípulo.
-
---Entonces era un tanto místico--dijo Lacy riendo.
-
---Luego he ido aprendiendo un poco--añadió Lacy--a fuerza de curiosidad
-y de algún ingenio. He leído en historias y en memorias la vida de
-Napoleón, de Fouché y de Talleyrand.
-
---¡Buena enseñanza!--exclamó Lacy.--Creo que hubiera sido mejor que
-hubieses leído Las Vidas Paralelas de Plutarco.
-
---Yo no lo creo así. De conocer, conozcamos la vida actual. Aprendamos
-un poco lo que es en una historia no falsificada y que puede
-comprobarse.
-
---Creo que en esos libros que has leído no se aprende más que a mentir.
-
---El que lucha para elevarse tiene que mentir--replicó Tilly,--por
-mucha suerte y por muy bien que le vayan las cosas tendrá que mentir.
-Ahí está el caso de Napoleón.
-
---¡Tipo repugnante este Napoleón!--exclamó Lacy.--Yo antes tenía
-entusiasmo por él. Ahora que conozco su historia, no. Es de una
-falta de nobleza y de simpatía, de un egoísmo tan bajo que repugna.
-Su epopeya es en gran parte una novela, una historia falsa amañada,
-¡Avanza de una manera tan vil! Se casa con una vieja intrigante que es
-la querida de su protector Barras y que ha sido una cortesana, y va
-avanzando con ella hasta que le da un puntapié. Las alocuciones no las
-escribe él, las batallas no las gana siempre él, pero él se aprovecha
-siempre de todo.
-
---Esa es la política--dijo Tilly.
-
---Yo veo en Napoleón la falta absoluta de gracia y de humanidad--siguió
-diciendo Lacy.--Carlos V, el gran Federico, Gustavo Adolfo, tienen
-gracia, son a veces humanos; Napoleón es la quintaesencia de la
-bestialidad y del egoísmo. Si yo hubiera nacido en su tiempo y hubiera
-sido francés, hubiera sido partidario de Babeuf.
-
---Yo también--dijo Aviraneta;--pero eso no importa. Yo estoy conforme
-con usted en que Napoleón no era simpático; pero aun así era una
-fuerza, y ¡qué fuerza!
-
---Una fuerza de egoísmo.
-
---Todos obramos por egoísmo--afirmó Tilly--y todos empleamos la
-mentira.
-
---Todos, no.
-
---Yo sí. Yo me siento el eje del universo. Respecto a la mentira,
-muchas veces cuando necesito un dato para completar un plan lo invento.
-
---Eso es absurdo.
-
---El señor Tilly nos va a dejar muy atrás a los discípulos de
-Maquiavelo--dijo Aviraneta con ironía;--le tendremos que decir como
-Talleyrand a Fouché, cuando éste hizo una de sus hábiles maniobras ante
-Luis XVIII: _Je vous salue mon mâitre_.
-
---Usted, señor Aviraneta, nunca será discípulo mío, sino mi
-maestro--replicó Tilly con su impasibilidad habitual.--Si entre los
-liberales españoles hubiera muchos hombres como usted, de otro modo
-irían los asuntos.
-
---¿Así que para ti los liberales españoles lo hacen mal?--preguntó Lacy.
-
---Muy mal.
-
---¿Por qué?
-
---No obran con rapidez y con energía. Su historia es una historia de
-vacilaciones. Cuando tuvieron al rey en sus manos, en 1823, debieron
-haber acabado con él.
-
---Hubiera quedado el hermano.
-
---Matar a toda la familia.
-
---¿Tú lo hubieras hecho?
-
---Yo, sí.
-
---Obrando de una manera violenta se hubieran precipitado los
-acontecimientos--dijo Aviraneta, que era de la misma manera de pensar.
-
-Después de hablar de política, Lacy le preguntó a Tilly por su amiga
-lady Russell.
-
---La voy a dejar--dijo Tilly.
-
---Pues ¿por qué?
-
---Me estorba.
-
---La vas a dar un disgusto.
-
---Bah. Ya se consolará. Esa clase de mujeres necesitan hombres jóvenes.
-Cuando yo le deje le tomará otro.
-
---¡Esa clase de mujeres!--exclamó Lacy--ciertamente no demuestras con
-esa frase ni ser muy agradecido ni muy amable.
-
---Hablo de ella por lo que es--contestó Tilly, sencillez;--no tomo en
-cuenta sus beneficios como no tomaría sus perjuicios si me los hubiera
-hecho.
-
-Tilly pasó algún tiempo en Bayona, haciendo nuevas conquistas y dando
-nuevos escándalos.
-
---El amigo de usted es un perdido--dijo Aviraneta a Lacy.
-
---Sí; es un muchacho que va alimentando la parte mala de su alma
-con la sustancia de la buena; cada vez más cínico y más atrevido, va
-asesinando al buen muchacho que había en él y va a terminar siendo un
-canalla.
-
-
-
-
-VII.
-
-VIAJE A SAN SEBASTIÁN
-
-
-UNOS días después de esta conversación apareció en Bayona el primo de
-Aviraneta, don Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a un
-grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento de San Sebastián y
-comprar los útiles necesarios para hacer encuadernaciones, pues pensaba
-dedicarse a este trabajo por gusto.
-
-Alzate se hospedó en la fonda de Iturri, habló largamente con D.
-Eugenio y visitó a Mina.
-
-Era D. Lorenzo de Alzate hombre de mediana estatura, de ojos garzos y
-vivos y de expresión amable.
-
-Aviraneta le preguntó a su pariente si era muy difícil entrar en
-España. Alzate dijo que sí, que la frontera estaba muy vigilada y que
-la policía militar tenía orden de examinar detenidamente los pasaportes
-de los que entraban en España y de prender a los sospechosos.
-
-Aviraneta se enteró bien de otros extremos y acompañó a su primo hasta
-el coche. Antes de salir preguntó al cochero:
-
---¿Tú conoces a Ganisch, a uno que tiene una taberna en Behobia?
-
---Sí.
-
---Dile al pasar que mañana su amigo Eugenio, que ha venido de Méjico,
-le esperará a las doce del día en el puente, del lado de Francia.
-
---Bueno; ya se lo diré.
-
-Se marchó D. Lorenzo de Alzate, y por la noche dijo D. Eugenio en la
-fonda que iba a ir a San Sebastián.
-
-Ochoa y Lacy pretendieron acompañarle.
-
---En tal caso prefiero que venga Ochoa.
-
---¿Por qué lo prefiere usted?--preguntó Lacy, picado.
-
---Porque usted no sabe vascuence y él sí.
-
---Ah, vamos.
-
-Se decidió que fuera Ochoa. Este por la mañana pasó por casa de su
-paisano Beunza, que tenía un pequeño establecimiento de coches en la
-misma calle de los Vascos, y le mandó aparejar un tílburi.
-
-Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de partir a Tilly.
-
---¿Quiere usted algo para su hermana?--le preguntó Ochoa.
-
---¿Va usted a verla?
-
---Sí, probablemente.
-
---Vive en la calle Mayor, número seis u ocho.
-
---La saludaré de su parte.
-
-Aviraneta había torcido el gesto al oir la conversación.
-
---Amigo Ochoa--murmuró;--cuando se toma una misión difícil hay que
-pensar solamente en ella y no ser imprudente.
-
---¿Por qué lo dice usted?
-
---Porque esta conversación, que probablemente no la habrá oído nadie,
-ha podido ser oída por alguien y sernos fatal.
-
---Tiene usted razón--murmuró Ochoa, compungido;--tendré más precaución
-otra vez.
-
-Al medio día llegaron a Behobia y esperaron a Ganisch. Estaban comiendo
-en una posada, cuando apareció el antiguo amigo de Aviraneta.
-
---_¡Arrayua!_--dijo Ganisch al ver a D. Eugenio. ¿De dónde vienes?
-
---De Méjico.
-
---¡De Méjico! ¡Qué! ¿Te has hecho rico?
-
---Poca cosa. ¿Y tú?
-
---¡Pse! Voy viviendo. ¿Qué queríais? ¿Entrar en España?
-
---Sí.
-
---¿Adónde vais a ir?
-
---A San Sebastián.
-
---Bueno. Tendréis que ir de boyerizos y llevar cada uno un carro de
-carbón. Así no os preguntará nadie nada.
-
---Iremos con los carros de carbón. Tú nos dirás las instrucciones,
-dónde hay que dejarlos y demás.
-
---Sí; todo se os dirá.
-
---¿Cuándo pasamos a la otra orilla?
-
---Por la noche. Yo saldré enfrente de Azquen Portu con una lancha y
-silbaré como en nuestros tiempos.
-
---Muy bien.
-
-Comieron Aviraneta y Ochoa, pasaron la tarde en una taberna de Behobia
-de Francia, y al anochecer, después de cenar, fueron marchando por la
-orilla del Bidasoa hasta llegar frente a las casas de Azquen Portu.
-
-Apareció al poco rato Ganisch en su barca, silbó de la manara
-convenida, saltaron los dos y pasaron a la otra orilla y desembarcaron
-cerca de un caserío que se llamaba Chapartiena.
-
---Podéis dormir aquí hasta la una--dijo Ganisch.--A esa hora os
-despertaré.
-
-Durmieron en Chapartiena y a media noche les despertó Ganisch, le dió
-a cada uno una ropa vieja y una elástica azul y les ayudó a uncir los
-bueyes. Luego les dijo lo que tenían que contestar a los guardias y
-centinelas del camino.
-
-Uno delante de otro, Aviraneta y Ochoa comenzaron a marchar camino de
-Irún y después de San Sebastián. Mientras fué de noche no hubo miedo; a
-las preguntas de los guardias contestaban en vascuence, como les había
-dicho Ganisch.
-
-Al hacerse de día tuvieron que tomar ciertas precauciones.
-
---¿Qué tal estoy yo?--preguntó Aviraneta.
-
---Muy bien. Todavía creo que se puede usted ensuciar la cara un poco
-más con carbón. ¿Y yo, estoy bien?
-
---Admirablemente. Parece que no ha hecho usted otra cosa en su vida.
-
-Y los dos, dando de cuando en cuando con el aguijón en los cuernos de
-los bueyes y diciendo: ¡Aidá! ¡Aidá!, avanzaron hacia San Sebastián.
-
-No les ocurrió ningún percance en el camino. Entraron en la ciudad por
-la puerta de Tierra y llevaron los carros, siguiendo las instrucciones
-de Ganisch, a la parte de la muralla que llamaban la Brecha, cerca del
-Cubo de Amezqueta, donde los descargaron. Comieron en una taberna, y al
-anochecer Aviraneta se presentó en casa de Alzate, quien al verle en
-aquellas trazas se quedó asombrado.
-
---¿Por qué no has venido conmigo?
-
---No quería comprometerte.
-
---¿Qué es lo que pretendes?
-
-Aviraneta expuso su plan de trabajar la guarnición de San Sebastián
-para que secundase el movimiento de los liberales.
-
---¿Por qué no me has dicho esto en Bayona?--preguntó Alzate.
-
---Porque me hubieras intentado disuadir del proyecto.
-
---Es verdad. Puesto que tú crees en la posibilidad de ese plan, haremos
-juntos las gestiones, aunque de antemano te diré que la cosa me parece
-imposible. Lávate, ponte una ropa limpia y vamos.
-
-Alzate y Aviraneta salieron de casa y fueron a la platería de D.
-Vicente Legarda.
-
---No está el principal--dijo el dependiente;--quizás esté en la
-imprenta de Baroja.
-
-Fueron a la Plaza de la Constitución y entraron en los arcos. Alzate
-llamó con los nudillos en una puerta próxima al Ayuntamiento, y pasaron
-adentro. El olor acre de la tinta de los rodillos y del papel mojado
-denunciaba la imprenta. Pasaron la tienda y entraron en un taller bajo
-de techo. A la luz de dos lámparas colgadas de un alambre, colocado
-horizontalmente a cierta altura, se veían las cajas, las prensas, los
-tinteros y las resmas de papel. En el techo había hileras de cuerdas de
-las que colgaban papeles impresos.
-
-Había varias personas en la imprenta. Al principio al entrar en ella
-no se las veía. Uno estaba como en una hamaca sostenido en las cuerdas
-del secadero de papeles, otro encaramado sobre las cajas y un tercero
-encima de un montón de papel.
-
-Alzate presentó a Aviraneta al impresor y a su hermano y el impresor
-después presentó a don Eugenio a los que estaban allá que eran Legarda,
-Zuaznavar, Orbegozo y Arrillaga. Todos ellos liberales se reunían a
-comentar los sucesos del día en la imprenta de Baroja.
-
-En esta imprenta se tiraba por entonces _La Estafeta_, periódico
-realista de don Sebastián Miñano que había sucedido a la _Gaceta de
-Bayona_ después de la Revolución de Julio.
-
-La protección de Miñano hacía que aquella imprenta fuera un lugar
-seguro para los liberales. Aviraneta después de ser presentado habló
-de las entrevistas que había celebrado con Mina y de la necesidad que
-tenían de contar con una base de operaciones en San Sebastián. Cuando
-acabó de explicarse Aviraneta, tomó la palabra uno de aquellos señores,
-el que estaba sentado en las cuerdas del secadero, don Vicente Legarda.
-
-Dijo que estaba bien pensado lo dicho por Aviraneta lo cual no era
-obstáculo para que la realización del proyecto fuera muy difícil o
-imposible. Respecto al espíritu público de San Sebastián en la mayoría
-del pueblo era liberal, pero no se podía contar ni con la guarnición
-ni con el elemento civil. El paisanaje no tenía contacto alguno con
-los soldados y a éstos les estaba prohibido expresamente hablar con la
-gente de la ciudad.
-
---¿Y qué se podría hacer para ganar a los oficiales?--preguntó
-Aviraneta.
-
---No sé--contestó Legarda.--Me parece una gran temeridad emprender la
-seducción de los oficiales no contando con mucho dinero.
-
---¿No hay liberales en el ejército?
-
---Sí, pero estamos actualmente dominados por los realistas. El capitán
-general D. Blas de Fournás es un francés realista, el segundo cabo
-don Juan de la Porte-Despierres también; el jefe político Gironella
-es indefinido, y el gobernador del Castillo de la Mota es como la
-mayoría de los jefes acérrimo realista. Entre las autoridades de Marina
-ocurre lo propio; D. Pedro Hurtado y D. Francisco Echezarreta son los
-dos absolutistas. Como usted ve el momento no es muy propicio. Sin
-embargo, si se cuenta con dinero intentaremos ganar a los cabos y a
-los sargentos, principalmente a los del Castillo de la Mota que es
-la llave de la ciudad. Ganados el castillo y la plaza se presentaría
-una nueva dificultad de mucho bulto--añadió Legarda;--el proveer la
-ciudad de víveres necesarios para sostener el sitio que nos pondrían
-por mar y tierra. El resultado inevitable sería sucumbir a los pocos
-días atrayendo un sin fin de desgracias a la población y a los que se
-comprometieran en la defensa. Por estas razones que me parecen de peso,
-creo que el plan limitado al alzamiento único de San Sebastián no es
-práctico. Si los emigrados contaran, como ha dicho Aviraneta, con la
-plaza de Santoña y con elementos en el interior de España entonces sí
-se podría esperar el triunfo, y trabajaríamos con entusiasmo, pero
-repito que aun así no se puede hacer nada más que a fuerza de mucho
-dinero.
-
-Las palabras de Legarda eran sensatas, lógicas y los que estaban en la
-imprenta las suscribieron. Alzate y Aviraneta se despidieron de todos y
-salieron a la plaza.
-
-Alzate llevó a dormir a su primo a una casa de su confianza.
-
-Al día siguiente Aviraneta quiso hacer nuevos intentos; por la mañana
-Ochoa y él salieron con sus carros de carbón y los llevaron a una
-venta del camino de Astigarraga. Al anochecer entraron de nuevo en San
-Sebastián, y Aviraneta fué a visitar solo al barón de Carondelet y a
-dos oficiales liberales. Después de su visita quedó convencido de que
-no se podía hacer nada.
-
-Al otro día al abrirse la puerta de Tierra salió don Eugenio camino de
-Astigarraga. Una muchacha alta marchó casi al mismo tiempo que él y se
-detuvo en la misma casa, a cuya puerta estaba Ochoa.
-
---¿Qué? ¿vamos?--preguntó Aviraneta.
-
---Sí, ya están uncidos los bueyes. Esta señorita viene con nosotros.
-
---¿Esta señorita?
-
---Sí. Es la hermana de Tilly.
-
---¿Y qué extravagancia es esa de querer venir en un carro?
-
---Así si me buscan no me encontrarán--replicó ella.
-
-Margarita Tilly guardó la mantilla y se ató un pañuelo a la cabeza a
-estilo de casera. Llevaba corpiño, delantal y alpargatas.
-
---Vamos--dijo y tomó una cesta al brazo, y comenzó a marchar.
-
-Margarita Tilly era una muchacha de cara larga y expresiva, tenía los
-ojos azules, brillantes y oscuros, llenos de audacia, el mentón algo
-pronunciado y el pelo rubio. Había cierta asimetría en su rostro,
-aunque no tanta como en el de su hermano, asimetría que le daba gracia.
-
---No sé si le tomarán a usted por una aldeana--dijo Aviraneta--me
-parece usted demasiado bonita.
-
---Muchas gracias, don Eugenio--exclamó ella riendo.
-
---No es galantería. Es precaución. Si a usted la cogen la llevarán
-de nuevo a casa de sus parientes de San Sebastián, a nosotros por de
-pronto nos meterán en la cárcel.
-
---Bah, don Eugenio. Usted no tiene miedo a eso.
-
---Parece que me conoce usted.
-
---Sí, Ochoa me ha hablado de usted.
-
---Cuando pasemos por los pueblos apártese usted de nosotros y tome
-usted el aire más estúpido posible que pueda usted tomar--recomendó
-Aviraneta.
-
---Bueno, así lo haré.
-
-Varias veces Margarita subió al carro que dirigía Aviraneta. Ochoa que
-iba detrás se le acercaba a echarla flores.
-
---¡Eh! ¡Eh!--decía Aviraneta.--_¡Atzera! ¡Atzera!_ (¡Atrás! ¡Atrás!)
-
-No ocurrió nada en el camino, pero al acercarse a media tarde a Irún,
-Aviraneta se encontró con un viajero elegante que iba en un cabriolé y
-que se paró al verle.
-
---¡Eugenio!--exclamó.
-
-Aviraneta estuvo a punto de soltar el palo y echar a correr.
-
-El joven bajó del coche y exclamó:
-
---¿No me conoces?
-
---No.
-
---Joaquín Errazu, tu primo.
-
---¡Ah! Es verdad. Hace ya tanto tiempo que no te he visto.
-
---¿Qué es esto? ¿Qué pasa? ¿Por qué vas así vestido?
-
-Aviraneta explicó a Errazu lo que habían hecho.
-
---Esta señorita es una amiga nuestra que va a reunirse con su hermano.
-Es la señorita de Tilly. ¿Tú no la podrías pasar a Behobia en tu coche?
-
---Sí, con mucho gusto. Si quiere le daremos de merendar en mi casa y
-luego la llevaremos a Behobia.
-
---Bueno. Ya sabe usted, Margarita.
-
-Margarita se puso de nuevo la mantilla y montó en el cabriolé.
-
-Aviraneta y Ochoa llegaron a Azquen Portu, se lavaron y cambiaron de
-ropa y poco después pasaron en lancha a la otra orilla del Bidasoa.
-
-En Behobia estaba Margarita en compañía de Errazu, que se mostraba muy
-galante con ella. Montaron Margarita, Aviraneta y Ochoa en el cochecito
-de Beunza y se dirigieron hacia Bayona.
-
---¿Está usted contenta del viaje?--preguntó Aviraneta a Margarita.
-
---Contentísima.
-
---¿Le han tratado a usted bien mis parientes de Irún?
-
---Como a una reina. Me han sentado a la mesa, al lado del tío de usted,
-el cura, a tomar chocolate, y me han contado de usted una porción de
-diabluras que hizo usted cuando era chico.
-
---El primo joven de don Eugenio creo que le galanteaba a usted un
-poco--dijo Ochoa.
-
---¡Bah! De eso no hago caso.
-
-Charlando los tres llegaron ya muy entrada la noche a Bayona, y fueron
-a parar a la fonda de Iturri.
-
-
-
-
-VIII.
-
-FRACASA EL PROYECTO
-
-
-AL día siguiente el general Mina, enterado de la vuelta de Aviraneta,
-le invitó a comer a su casa. Don Eugenio fué obsequiado, tanto por
-el general como por su señora doña Juana Vega, a quien los íntimos
-llamaban doña Juanita.
-
---¿Qué impresiones trae usted de San Sebastián?--preguntó Mina.
-
---Malas.
-
-Y Aviraneta contó con detalles lo que le habían dicho los militares y
-paisanos con quienes había hablado.
-
---¿Así no es posible que ellos hagan algo?
-
---Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el movimiento, ¿quién sabe?
-
---No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que es la gente... Ha
-habido quien se ha acercado a mí a decirme que no me fíe de usted... Si
-propongo el aplazamiento, van a creer que soy un traidor.
-
---¿Qué haremos?--preguntó Aviraneta.
-
---Esperaremos a ver si le contestan a Campillo... Avíseme usted en
-seguida que haya contestación... ¿Usted qué cree que se necesitaría
-para sobornar una guarnición como la de San Sebastián?
-
---Yo me figuro que para empezar se necesitarían unos cuarenta o
-cincuenta mil duros... quizás más.
-
---Es mucho dinero...; pero, en fin..., ¿quién sabe?... Mendizábal es un
-hombre listo... comprenderá los motivos...
-
---Y si no tiene usted medios, ¿qué va usted a hacer, general?
-
---Ya no tengo más remedio que lanzarme. Salga lo que saliere.
-
-Aviraneta dejó la casa del general y se reunió con Lacy y con Ochoa, a
-quienes contó su entrevista.
-
-Dos días después, por la mañana muy temprano se presentó Campillo en la
-fonda de Iturri.
-
---Coja usted el frasquito del reactivo--le dijo a Aviraneta;--creo que
-hay carta. Vamos a dar un paseo.
-
-Campillo, Aviraneta y Lacy se dirigieron a Saint Pierre de Irube y se
-metieron en una venta muy solitaria que se llamaba Bidegañeche (la casa
-en lo alto del camino). Pidieron a la dueña de la venta un cuartito
-y que les diera de almorzar. La dueña los subió al primer piso de
-la casa, que tenía una gran ventana al campo. Cerraron la puerta, y
-Campillo dijo que el patrón del quechemarin de Santoña había traído un
-pliego en blanco, doblado, como si fuera papel para hacer cigarrillos y
-que suponía estuviera escrito con tinta simpática.
-
-Sacó don Eugenio la botellita del reactivo, desdobló el pliego y lo
-untó con un pincel por sus cuatro caras. Campillo y Lacy miraban con
-atención por si aparecían las letras. Al secarse el papel se destacaron
-claramente.
-
-La carta era del hermano de López Campillo; decía que después de
-haberse enterado de las instrucciones, había comenzado sus trabajos y
-comunicado sus planes a un comerciante amigo suyo, quien le dijo que
-hablaría a los militares y le daría una respuesta en el plazo de tres
-días.
-
-Al cabo de este tiempo el amigo le había dicho que después de hablar
-con varias personas, entre ellas con el comandante de artillería de
-la plaza y con algunos oficiales de la misma Arma, estaba convencido
-de que todos se hallaban dispuestos a entrar en el movimiento siempre
-que se contase con los jefes que ocupaban altos cargos. Estos eran
-el gobernador de la plaza, brigadier Fleires; el teniente del rey,
-coronel D. Diego Rodríguez, y el sargento, capitán don Juan Bautista
-Viola. Respecto al gobernador militar de la provincia, D. Vicente
-González Moreno, se le tenía por realista acérrimo y afiliado al Ángel
-Exterminador.
-
-Los oficiales subalternos estaban dispuestos a tomar parte en el
-alzamiento con ciertas condiciones. Estas eran: primera, que Mina
-asumiese la responsabilidad de lo que se hiciera; segunda, que el mismo
-general respondiera de que en el interior de la nación secundarían el
-pronunciamiento, y tercera, que se les enviara fondos para ganar a los
-sargentos y a los soldados.
-
-Campillo quedó un poco extrañado de que en su país como en el resto de
-España no hubiese más prestigio entre los liberales que el de Mina. Se
-decidió leer la carta al auditor Aguado, y Lacy, Campillo y Aviraneta
-salieron de Bidegañeche y volvieron hacia Bayona a buscar al auditor
-en su casa de Saint Esprit.
-
-Aviraneta subió al piso, y dijo al auditor que sería conveniente
-marchase a ver al general y le preguntase cuándo podían leerle una
-carta importante.
-
-Aguado tomó un coche de los que llamaban _citadinas_, invitó a subir a
-Campillo, a Lacy y a Aviraneta, y fueron los cuatro a casa del general.
-Este se hallaba en la cama.
-
-Doña Juanita, la señora del guerrillero, pasó a los visitantes a la
-alcoba.
-
-Mina estaba macilento, demacrado; tenía un montón de papeles sobre la
-cama. Oyó leer la carta del hermano de Campillo con atención; estuvo
-largo rato pensativo, y dijo:
-
---Voy a reunir a los jefes y a Mendizábal y a exponerles el asunto.
-Quisiera que comprendieran su importancia... Usted, Aguado, podría ir a
-visitar mientras tanto al banquero Silva y explicarle el caso.
-
---Bien. Iremos Aviraneta y yo.
-
---Para la noche tendrán ustedes la contestación.
-
-Fueron Aviraneta y Aguado a la casa de Silva, un banquero judío de
-Saint Esprit.
-
-La casa era una casa pequeña y estaba en una callejuela oscura y
-triste. Tenía un escaparate reforzado por dentro con una alambrera.
-
-Entraron en la oficina, que era un cuarto donde escribían dos
-empleados. Se veía en ella una caja de caudales grande, empotrada en la
-pared y una porción de legajos y de papeles.
-
-Aguado dijo lo que quería y el empleado llamó en una puerta, que se
-abrió chirriando y se volvió a cerrar.
-
-El banquero era un hombre pálido de perfil judío, muy fino, muy atento.
-
-Escuchó sonriendo lo que le decían, y dijo que hablaría a Mendizábal y
-que intentaría influir y hacer todo lo que estuviera de su parte.
-
-Al salir a la calle Aviraneta y Aguado oyeron risas en un balcón,
-volvieron la cabeza y vieron dos muchachas de perfil aguileño y de ojos
-negros, las dos muy bonitas, las hijas del banquero.
-
-Salieron de casa de Silva. Aguado se quedó en Saint Esprit, y dijo que
-por la noche al terminar la reunión de los caudillos en casa de Mina
-iría a decirles el resultado a la fonda de Iturri...
-
-Después de cenar se reunieron en el cuarto de Aviraneta, Lacy, Ochoa y
-Campillo. La impaciencia hizo a Lacy abrir la ventana, y para que no se
-viese la luz en la calle se apagó el quinqué. A las once de la noche
-llegó Aguado. Ochoa fué a abrirle la puerta; Lacy cerró la ventana y
-encendió la luz.
-
---¿Qué hay?--preguntaron con ansiedad al auditor.
-
---El proyecto está rechazado. Los demás jefes, a quien ha expuesto
-Mina los propósitos de ustedes, han dicho que son inútiles. Están tan
-obcecados, que creen que les ha de bastar presentarse en la frontera
-para que toda España se les una.
-
---¡Qué idiotismo! Qué imbecilidad!--exclamó Aviraneta.--¡Y tener que
-formar partido con esta gente! Es triste.
-
---¿Y no han dicho más?--preguntó Ochoa con sorna.
-
---Algunos han asegurado que hay agentes de Calomarde que quieren
-desviar el movimiento.
-
---Puesto que los liberales españoles son tan bestias--murmuró Aviraneta
-con ironía,--¡qué le vamos a hacer!
-
---Respecto a usted, amigo Aviraneta--siguió diciendo Aguado,--se afirma
-que quiere usted recoger el fruto sin haber trabajado como los demás.
-
---¡Qué asco de gente!
-
---Al salir de la reunión--terminó diciendo el auditor--he visto a
-Jáuregui, que me ha indicado que le diga a usted, Aviraneta, que hay
-siempre un puesto para usted en la Compañía Sagrada que ha formado con
-antiguos oficiales.
-
---Bueno. Dele usted las gracias si le ve.
-
-Se marchó Aguado y después Campillo; Lacy y Ochoa se fueron a su
-cuarto.
-
-
-
-
-IX.
-
-AVIRANETA, DESPECHADO
-
-
-AL día siguiente, a la hora del almuerzo, se reunieron en la fonda de
-Iturri, Campillo, Lacy, Ochoa y Aviraneta.
-
---No le parece usted, don Eugenio--preguntó Lacy,--que sería
-conveniente que todos siguiéramos el mismo camino y marcháramos con el
-mismo jefe. Nosotros vamos con Valdés.
-
---Yo estoy comprometido con él hace tiempo--dijo Campillo.
-
---Yo no pienso ir con nadie--repuso Aviraneta.--No quiero ir dirigido
-por imbéciles.
-
---¡Pero don Eugenio!
-
---No, no. Ir con gente así, que no tiene medios, ni un golpe de vista
-genial para marchar al fin, es ir a un fracaso, y a un fracaso
-ridículo. No, no, no voy. Sé cómo son estos militares españoles, de
-una inutilidad, de una suficiencia y de una majadería imponderables.
-Cuando hayan conducido la empresa al desastre se refugiarán en las
-chinchorrerías, en los detalles... No, no.
-
-Campillo se encogió de hombros y no dijo nada. Lacy quiso convencer a
-Aviraneta.
-
---¿Pero de verdad no va usted a ir, don Eugenio?--le preguntó.
-
---De verdad. Conozco la guerra. Es la cosa más estúpida, más
-desordenada y sin objeto que pueda hacerse. Todo lo que no se realice
-en política por la inteligencia y por el cálculo, es perfectamente
-inútil. ¡La guerra! Unos hombres que van, otros que vienen, la mayoría
-sin saber porqué; aquí que se corre, allí que se persigue, en este otro
-lado que se fusila... plan, ninguno...; la casualidad...; no, no; me
-parece demasiado imbécil.
-
---¿Pero va usted a negar hasta la táctica, el arte?
-
---No creo en tal arte. Me parece una mixtificación de los militares.
-Yo no he visto en la guerra más que desorden, brutalidad y estupidez.
-Casualidad, casualidad y casualidad.
-
---Pero hay una ciencia por encima de la casualidad y de la
-barbarie--exclamó Lacy.
-
---Yo lo dudo mucho. Todo esto que hacen los militares no se diferencia
-gran cosa de las pedreas de chicos.
-
---No, don Eugenio, no.
-
---Yo creo que sí. Nunca verá usted que un patán pueda sustituir a un
-mecánico o a un matemático; en cambio, a un general lo sustituye un
-cura, un campesino, cualquiera, y lo hace tan bien como él y a veces
-mejor. Parece que cuando se ponen frente a frente dos bandos tiene que
-haber un vencedor y un vencido. ¿Pero lo hay siempre? ¿Y cuando lo hay
-depende de la ciencia? Esto es muy dudoso. No creo que se pueda hacer
-mucho caso de las afirmaciones de estos pedantes de uniforme, porque en
-ellos la petulancia es moneda corriente. En fin, querido Lacy, si usted
-toma parte en la intentona lo verá.
-
---¿Así que usted está decidido a no ir?
-
---Completamente decidido.
-
---¿Y qué va usted a hacer?
-
---Me quedaré aquí, o quizás vaya a Ustariz con Tilly. Aquí, en Bayona,
-parece que va a haber una vigilancia molesta.
-
-Por más que Lacy intentó nuevamente convencerle, Aviraneta se aferró a
-decir que no iba.
-
-Ochoa y Lacy marcharían los dos con Valdés; pocos días más tarde se
-presentó Malpica a tomar el mando de su gente. Venía en compañía del
-tío Juan el guardabosque, y de Alí, el asistente de Víctor Darracq.
-
-
-
-
-X.
-
-ORDEN DE MARCHA
-
-
-EL 9 de Octubre, después de largas diligencias, los jefes liberales
-firmaron un acuerdo de acatar las órdenes de Mina. Unicamente no
-quisieron aceptar su jefatura Valdés, Méndez Vigo y Chapalangarra.
-
-Estaba ya dispuesto el plan general de la invasión.
-
-Por Vera entraría Mina con todo su Estado Mayor, formado por los
-generales Butrón, López Baños, Jáuregui, Iriarte, etc.
-
-Por Urdax, a tomar el camino de Elizondo y apoderarse del valle del
-Baztán, pasaría el coronel Valdés, nombrado por la Junta revolucionaria
-mariscal de campo.
-
-Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona, iría Chapalangarra con
-un ciento de voluntarios parisienses y algunos aventureros españoles,
-entre ellos el poeta Espronceda.
-
-Por los Alduides cruzaría el general Espinosa, que se encargaría del
-mando de Navarra. Parte de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y
-León Iriarte, avanzarían al oeste en dirección del Baztán.
-
-Con esto, las tropas destacadas hacia la parte occidental de los
-Pirineos por el Gobierno de Fernando tendrían que dividirse. Algunas
-de ellas, comprometidas, se esperaba que hicieran causa común con los
-liberales.
-
-Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztán, Espinosa, marchando
-al Este, provocaría el alzamiento de los valles más liberales de las
-Aezcoas y del Roncal, que se darían luego la mano con los valles del
-Pirineo aragonés en donde operaría el general Plasencia.
-
-Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos desde Urdax hasta
-Irún para conservar las comunicaciones con Francia, y obrando en
-combinación con las fuerzas de la columna de Espinosa debía llamar
-sobre sí la atención del grueso del ejército español.
-
-El general Plasencia se correría por Oloron, llevando a sus órdenes al
-coronel Domínguez, al canónigo Barber y algunos otros conocedores del
-país.
-
-Méndez Vigo, con sus doscientos hombres, la mayoría carbonarios
-italianos y polacos, le secundaría avanzando hacia el Roncal. Se le
-reuniría después Vázquez Roselló que se encontraba en Orthez.
-
-Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre, operaría en el Alto Aragón.
-
-En Cataluña, la mayoría de los militares que pensaban tomar parte en
-la empresa era poco adicta a Mina, pero casi todos ellos se habían
-comprometido a cooperar en el movimiento.
-
-Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo navarro, había
-recibido un mando de la Junta de Bayona, que llamaban minista, y fué
-a Perpiñán a reunirse con el ex diputado D. José Grases, amigo de
-Torrijos, para preparar la entrada en Cataluña.
-
-Una de las columnas la mandaría Milans del Bosch llevando a Baiges como
-segundo; otra Miranda, y pasarían ambas por la Junquera. La tercera
-columna, al mando de San Miguel, entraría por Andorra.
-
-En combinación con los movimientos en la frontera francesa, se esperaba
-la salida de Torrijos, Manzanares y Palarea, que partirían de Gibraltar
-y marcharían por la carretera hacia Madrid. La tropa de Marina y la
-guarnición de Cádiz estaba, según se decía, ganada por los liberales.
-
-
-
-
-XI.
-
-LOS REALISTAS
-
-
-EL Gobierno de Calomarde no se dormía mientras tanto. Se dieron órdenes
-rigurosísimas para vigilar la frontera, y se pusieron a precio las
-cabezas de Mina, Jáuregui y otros jefes.
-
-Calomarde excitó el celo y prometió recompensas a los militares. Toda
-la plana mayor del realismo se preparó con entusiasmo para rechazar la
-anunciada invasión de los constitucionales.
-
-El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra, con el segundo cabo de
-la plaza de Pamplona, D. Santos Ladrón, comenzó a pasar revista a sus
-fuerzas; el capitán general de Guipúzcoa, don Blas de Fournás, preparó
-las suyas.
-
-Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados por Verástegui, Eraso,
-Juanito el de la Rochapea (Juan Villanueva), Uranga y Sáinz de Pedro,
-se acercaron a la frontera.
-
-El tercer batallón del regimiento del Príncipe se trasladó de Zaragoza
-a Jaca y de aquí al valle del Baztán avanzando hacia el Bidasoa.
-Se acercaron a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento de
-Mallorca. El primer batallón de la Guardia de Honor de Bilbao se
-estableció en Hernani.
-
-Las instrucciones que había recibido Llauder eran terribles. Por los
-decretos del 16 de Septiembre y de 1.º de Octubre, todos cuantos
-cayeran en sus manos debían ser inmediatamente pasados por las armas.
-
-El 11 de Octubre se le previno a Llauder para que no diera cuartel.
-
-Llauder era un cuco, que no creía que el absolutismo fuera eterno, y
-mandó a su ayudante a Madrid para que se presentara a Fernando VII y le
-intentara convencer de que una severidad excesiva sería perjudicial.
-En el momento de la lucha, Llauder dejó escapar algunos grupos de
-liberales que hubiera apresado con facilidad de proponérselo.
-
-Los tercios realistas, de los cuales tenían que salir cuatro años
-después los partidarios de don Carlos, se movieron con entusiasmo
-fanático. A ellos no había necesidad de recomendarles que no dieran
-cuartel. Estaban dispuestos a matar con una fe digna de buenos
-cristianos.
-
-De estos tercios, Alava dió un gran contingente. De Vitoria salieron
-cuarenta compañías formando tres columnas. Una la mandaba D. Valentín
-de Verástegui; fué a Tolosa y de aquí se acercó a Oyarzun y a la peña
-de Aya; otra salió a las órdenes del coronel D. José Uranga y se
-dirigió por Salvatierra a Cegama y a Segura y de aquí a la frontera; la
-tercera, mandada por D. Casimiro Sáinz de Pedro, avanzó por Santa Cruz
-de Campezu a tomar el camino de Estella y después el de la alta Navarra.
-
-Guipúzcoa tenía ya de antemano algunas compañías de voluntarios
-realistas en Irún; más tarde, a instancias del general realista
-Villalobos, la Diputación envió dos batallones completos de refuerzo,
-quedando los seis restantes en San Sebastián dispuestos para acudir al
-primer aviso al sitio indicado.
-
-En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con el teniente D. Miguel
-de Sagastibelza se acercó al valle del Baztán, y D. Francisco Benito
-Eraso se presentó en la frontera por el lado de Burguete a vigilar sus
-inmediaciones.
-
-
-
-
- LIBRO SEGUNDO
-
- EN USTARIZ
-
-
-
-
-I.
-
-AVIRANETA Y TILLY
-
-
-AVIRANETA y Tilly se pusieron de acuerdo para ir a pasar unos días a
-Ustariz, y alquilaron cuartos en la Veleta. A Tilly le acompañó su
-hermana Margarita.
-
-Aviraneta llevaba la idea de matar el tiempo leyendo. La primera semana
-estuvo encerrado en su cuarto; salía únicamente los días buenos a tomar
-el sol por las tardes.
-
-Don Eugenio se había suscrito a un gabinete de lectura de Bayona,
-y se llevó los quince volúmenes de la obra de Jomini, la Historia
-crítica y militar de las campañas de la Revolución de 1792 a 1801, y
-las Historias de la Revolución francesa, de Mignet y de Thiers, que
-acababan de salir por entonces. Alternaba estas lecturas con novelas
-de Paul de Kock y de Pigault-Lebrun.
-
-Aviraneta no era un refinado en literatura. Leía a Jomini con gran
-atención, siguiendo las operaciones en el mapa, queriendo explicarse
-con claridad aquellas famosas batallas de tanta resonancia universal.
-Después leyó los "Principios de la estrategia", del mismo Jomini.
-
-Le hacía simpatizar con el autor la idea de que él también era un
-rechazado.
-
-Jomini, a pesar de su talento no pudo llegar a mandar fuerzas, a
-dirigir batallas, lo que tanto imbécil pudo hacer.
-
-Aviraneta sentía la tristeza del táctico, de verse desperdiciado, sin
-empleo.
-
-Se sentía él también una rueda de un reloj de otra clase o de otro
-tamaño, rueda inútil y que, sin embargo, era perfecta en su género.
-
-La rabia de pensar que sólo en una esfera alta de actividad hubiese
-podido desarrollar sus condiciones, y que la suerte y el ambiente le
-impedían escalar este puesto, empujándole automáticamente hacia abajo,
-a un medio para el cual no tenía condición alguna, le irritaba y le
-conducía a una profunda desesperación.
-
-Mientras Aviraneta leía y se desesperaba, Tilly frecuentaba la
-sociedad de Ustariz; visitaba a la familia de Aristy, a quien se había
-presentado con una carta de Lacy; iba al Bazar de París a hablar con
-las dos hermanas, Martina y Delfina; se había hecho amigo de Choribide
-y de su sobrino Rontignon, y visitaba a las damas del Chalet de las
-Hiedras.
-
-Margarita los primeros días de Ustariz hizo algunas extravagancias y
-tomó fama de loca en el pueblo. Alquiló un caballo y pasó varias veces
-al galope por la carretera, vestida de amazona y con un látigo en la
-mano y una boina roja en la cabeza; otro día anduvo en lancha e hizo
-después varias inocentes travesuras.
-
-Al tercer día de estancia en la aldea conoció a Dolores, la hija del
-coronel Malpica, y se hizo amiga íntima de ella.
-
-Al cabo de poco tiempo de conocerla, Dolores era para Margarita la
-criatura más sabia y más perfecta de la tierra.
-
-Aviraneta leyendo en su rincón, Tilly dedicado a la vida social y
-Margarita en Chimista; así pasaron el tiempo en el pueblo mientras Lacy
-y los suyos se batían en España.
-
-
-
-
-II.
-
-MALOS VIENTOS
-
-
-CORRÍAN malos vientos, al decir de los inteligentes, por los
-alrededores de Ustariz. La veleta de Gastizar parecía alarmada, y
-andaba nerviosa de la derecha a la izquierda con marcada intranquilidad.
-
-En Gastizar se sentía cierta desazón. Había tenido la familia varios
-disgustos, y todos, excepto Miguel que conservaba su calma, estaban
-alarmados. El primer acontecimiento desagradable de la serie había sido
-la noticia de quiénes eran las dos damas del Chalet de las Hiedras.
-Madama Aristy había recomendado a Miguel que no dijera nada ni hablara
-a nadie de esta cuestión.
-
-El segundo golpe había sido la llegada de León, el pintor, el marido de
-Dolores Malpica.
-
-León dijo a su madre que volvía dejando en París una deuda de quince
-mil francos.
-
-Madama de Aristy habló con Miguel y quedaron de acuerdo en que pagarían
-la deuda. Como compensación exigieron a León que se quedara a vivir en
-Ustariz constantemente.
-
-Otro disgusto que vino después de este, fué que madama Luxe dejó de
-aparecer por Gastizar sin dar ninguna explicación.
-
-Por último, una mañana en que madama de Aristy pasaba por la galería
-del piso principal sonó un tiro y cayeron los cristales rotos a sus
-pies. Madama de Aristy dió un grito y acudieron las criadas. Miguel
-y Darracq bajaron a ver lo que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido
-corrieron a la huerta, pero no encontraron a nadie.
-
-Con todo esto, la familia estaba amedrentada.
-
-Madama Aristy y Miguel suponían que tan repetidos golpes procedían de
-las damas del Chalet de las Hiedras.
-
---¿Cuándo se van esas mujeres?--preguntaba Miguel.
-
---Ya dentro de poco--decía su madre.--Esperemos sin escándalo.
-
-En Chimista tampoco se sentía gran contento.
-
-A Dolores se le había marchado su padre y le había vuelto el marido.
-Muchas veces Margarita la veía llorando.
-
-León al llegar a su casa pareció satisfecho y entusiasmado, pero pronto
-comenzó a aburrirse.
-
-León era un hombre petulante, tipo de vanidoso y de descontento. Tenía
-los tópicos de la época y barajaba siempre en su conversación el Arte,
-la Naturaleza, Shakespeare, Calderón, las pasiones, la unión de lo
-maravilloso y lo grotesco... Hablaba mal de todos los artistas, que
-creía que le estaban usurpando la gloria. Se resistía a encontrar bien
-las obras de los contemporáneos y hasta las de los antiguos maestros.
-
-Al oirle se sospechaba si se trataría de un hombre de genio. Al ver su
-obra se comprendía que no era más que un descontento sencillo.
-
-Margarita sintió por León al conocerle un profundo odio. El verle tan
-frío, tan egoísta, tan indiferente a todo lo que no fuera su vanidad le
-exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle.
-
-Había otras casas en Ustariz que se hallaban en un estado de
-intranquilidad semejante; madama Luxe desde hacía tiempo no quería
-recibir a nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran idas y
-venidas y misteriosas conferencias.
-
-
-
-
-III.
-
-LAS MANIOBRAS DE CHORIBIDE
-
-
-DESDE hacía algún tiempo Choribide en complicidad con las damas del
-Chalet de las Hiedras intrigaba en el pueblo. Sus maniobras principales
-tendían unas a enriquecer el legajo que las dos mujeres de la policía
-hacían para Calomarde, las otras a acercar su sobrino Rontignon a
-madama Luxe.
-
-Madama Luxe tenía varios galanteadores en Ustariz. Uno de ellos era
-un tal Iragaray, hombre caballeresco, aunque un poco perturbado.
-Iragaray había pasado por una porción de chifladuras que le duraban
-una temporada más o menos larga. La última era la preocupación por las
-botas. En esta época, todo el calzado que compraba o le hacían le
-venía mal, lo que a Iragaray le entristecía profundamente.
-
-Esta preocupación la compartía con el amor de madama Luxe, amor tímido
-y respetuoso que guardaba en el fondo de su alma. El comprendía
-que sólo madama Luxe le hubiese podido curar de esta cavilación
-transcendental del calzado.
-
-Iragaray, cuando veía a una persona que estaba a gusto sobre sus
-zapatos la envidiaba y le tenía por un ser superior.
-
-Si llegaba a ganarse su confianza, la primera pregunta que le hacía era
-ésta:
-
---Perdone usted, caballero; ¿quiere usted hacerme el gran favor de
-decirme dónde se ha hecho usted esos zapatos?
-
-El preguntado, que no comprendía que contestar a esta pregunta fuera
-ningún gran favor, decía en qué pueblo y en qué zapatería se hacía las
-botas. Iragaray se preparaba para hacer un viaje, se encargaba un par
-de zapatos y volvía radiante; pero a los cuatro o cinco días se le veía
-haciendo muecas de descontento, y tenía que coger los zapatos nuevos y
-llevarlos a un rincón, spoliarium de sus ilusiones.
-
-Durante algún tiempo Iragaray veía todo negro, como si el mundo entero
-estuviera recubierto de betún, hasta que encontraba una persona
-con unos zapatos, que le llegaban al alma. Si esta persona le era
-desconocida, Iragaray sufría hasta poder hacerla la pregunta de dónde
-se hacía los zapatos.
-
-Iragaray se había enamorado de madama Luxe, y abandonaba la zapatería
-por el amor. Le había contado sus cuitas a Miguel, quien le había
-recomendado mucha prudencia.
-
---Todo esto va a acabar con unos cuantos zapatos más en el guardarropa
-de Iragaray--decía madama de Aristy.
-
---Lo malo es que para el pobre hombre cada par de botas es un
-desengaño--añadía Miguel.
-
-Choribide, que sabía muy bien las chifladuras de Iragaray, no lo temía
-como rival de su sobrino, sino todo lo contrario; hubiera querido que
-el pobre chiflado fuera el único de los rivales de Rontignon.
-
-Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las mujeres del Chalet de
-las Hiedras.
-
-Los documentos que él facilitaba a madama Carolina, aparecían
-oficialmente como procedentes de Rontignon. Se había escrito a España y
-Calomarde se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o a aceptar al
-ex teniente en el ejército español.
-
-Respecto a la cuestión amorosa, Choribide la dirigió con gran cuidado.
-Choribide hizo que su sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor
-sastrería de Bayona, alquilara un caballo y pasara todos los días
-cuatro o cinco veces por delante de casa de madama Luxe.
-
-Al cabo de una semana escribió una carta, la pensó mucho, comprendiendo
-que el estilo de 1830 no era el de su época; y después de varios
-ensayos creyó encontrar lo que deseaba. El teniente Rontignon copió
-la carta y la dió, con una moneda de cinco francos, a la criada de
-madama Luxe. La carta no tuvo contestación. A los pocos días, Choribide
-escribió otra muy respetuosa y romántica y madame Luxe contestó. Decía
-que no pensaba casarse, que estaba dedicada a la educación de su hija,
-y aunque agradecía los homenajes del teniente Rontignon, le suplicaba
-que cesase en hacerle la corte.
-
-Choribide estudió la carta detenidamente y decidió primero hacer que la
-hija de madama Luxe, Fernanda, tuviera un novio, después se le ocurrió
-indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar.
-
-Como novio de Fernanda, ninguno mejor que el joven Larralde Mauleón.
-Larralde había cortejado sin gran éxito a Alicia de Belsunce, y luego
-para consolarse se dedicaba a galantear a una de las señoritas del
-Bazar de París, a la menor, Delfina, creyendo, y con razón, que le
-llegaría su turno.
-
-De las dos señoritas de La Bastide, la mayor, Martina, se le suponía
-enredada con el ingeniero de Montes; la pequeña, Delfina, era una
-histérica. Esta muchacha había andado con todos los hombres del pueblo.
-Siempre había tenido un amante o dos al mismo tiempo.
-
-Era una mujer lasciva. Le habían cantado varias veces una copla
-popular, que decía:
-
- Dama orrec emenditu
- Bederatzi noviyo
- Apenas joan dan ari
- Bayetz esandiyo.
-
-(Esa dama tiene lo menos nueve novios, y a cualquiera que se acerca a
-ella le dice que sí.)
-
-En toda la familia de las muchachas del Bazar había la misma herencia
-erótica. Por entonces, la Delfina estaba enredada con un mozo, a quien
-llamaban Marcos el del molino o Marcos el gascón.
-
-Marcos era un hombre de una osamenta fuerte, corpulento, la cara ancha,
-los pómulos salientes, la mandíbula acusada y los ojos claros. Tenía
-la frente pequeña y arrugada, el pelo rubio, crespo y duro que le
-entraba como un pico en el entrecejo, las manos velludas y los brazos
-largos. Era mozo petulante, vestía grandes y anchos pantalones, faja
-encarnada y boina azul.
-
-El bello Marcos sacaba el dinero a Delfina, la pegaba, la pateaba, lo
-cual no era obstáculo para que ella estuviese enamorada de él y al
-mismo tiempo le engañase. La madre de Marcos era una mujer valiente,
-que había venido de la parte del Bearn. Al saber los sucesos de la
-Revolución de Julio, esta mujer cogió un fusil y fué al Ayuntamiento a
-pedir que se quitara a los concejales y se les sustituyera por otros
-revolucionarios.
-
-El bello Marcos no compartía las ideas de su madre y era realista.
-Sacaba algún dinero con esto y no le importaba otra cosa. Marcos era un
-conquistador y un sátiro; había tenido un proceso por robo y otro por
-violentar a una chiquilla, medio idiota, en el campo.
-
-Choribide pensó que debía apartar al joven Larralde de Delfina, y
-llamándole con gran reserva le dijo que no le convenía hacer la corte
-a aquella muchacha. Era esta una mujer depravada, una cosa perdida.
-Le aseguró que estaba embarazada de Marcos, y que no tendría nada
-de particular que si se entregaba a él fuera únicamente por tener un
-editor responsable del desaguisado.
-
-Después de pintarle tan fea la situación al joven Larralde le puso
-delante la perspectiva de Fernanda Luxe, una muchacha encantadora
-llena de juventud y de gracia. Larralde Mauleón mordió en el anzuelo y
-comenzó a dejar de acudir al Bazar de París. Al mismo tiempo Choribide
-habló a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo que había
-asegurado en público que tendría como querida a la Delfina cuando le
-diera la gana. La muchacha, que era poco inteligente, creyó en lo
-que le decía el viejo y comenzó a tratar con desdén a Larralde, que
-determinó no volver al Bazar.
-
-Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon buscara a Larralde y
-se hiciera amigo suyo.
-
-Pronto pudo notar el astuto viejo que tenía en Gastizar enemigos de sus
-planes. Madama Luxe iba todos los días a Gastizar, hablaba allí, había
-quien suponía que miraba con buenos ojos a Miguel Aristy.
-
-Entonces a Choribide se le ocurrió escribir un anónimo, cogió un papel
-igual al que se empleaba en Gastizar y mandó a madama Luxe una carta
-en la que se ponía por los suelos al teniente Rontignon y al joven
-Larralde.
-
-Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones a Madama Aristy;
-dejó un día de ir a Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acabó
-por romper las relaciones con la familia de Aristy.
-
-Madama Aristy era demasiado orgullosa para pedir ni para dar
-explicaciones. La ruptura se verificó. Era lo que quería Choribide.
-
-Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes del Chalet de
-las Hiedras.
-
-Las cartas iban a Madrid y venían de allá constantemente.
-
-Carolina Michu estaba entregada a Choribide y dispuesta a seguir sus
-indicaciones.
-
-Madama Carolina no tenía un gran interés personal puesto en la vida de
-Ustariz; estaba deseando que pasaran aquellas circunstancias para salir
-de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba lo mismo a Simona.
-Simona no se ocupaba más que de Ustariz y de los que vivían en el
-pueblo.
-
-Al saber que madama Aristy quería echarlas del Chalet de las Hiedras,
-le tomó un odio intenso. Antes había coqueteado con Miguel, porque
-le era simpático; después coqueteó con León, por ver si podía dar un
-disgusto a la vieja orgullosa de Gastizar, como llamaba ella a madama
-Aristy.
-
-Simona, que no tenía inclinación ninguna por León, llegó a dominarle;
-le sacó dinero, produjo un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista.
-
-Simona sintió tanto odio por Dolores Malpica como por madama Aristy;
-a la vieja, como ella la llamaba, la odiaba por su orgullo; a la
-española, por su aire de candidez y de bondad.
-
-León, que se creía amado por una gran dama, no sólo no se recataba,
-sino que hacía alarde de visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se
-determinó a pedirle explicaciones, y marido y mujer riñeron.
-
-Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y como mal menor se
-decidió que León volviera a París.
-
-Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta de que las damas del
-Chalet de las Hiedras eran dos aventureras, las trataba así, y era muy
-bien acogido en la casa. El y Choribide solían pasar la tertulia en el
-chalet y en el Bazar de París.
-
-Madama Carolina comenzaba a asustarse de la violencia y del fuego que
-ponía en sus empresas Simona.
-
---Esa loca me va a comprometer--decía, y suplicaba a Choribide que la
-vigilara para que no hiciese alguna tontería.
-
-Simona tenía su centro de operaciones en el Bazar de París; allí solía
-estar intrigando con las dos señoritas de la Bastide, con Choribide y
-con Marcos el gascón, de quien se había hecho gran amiga.
-
-
-
-
-IV.
-
-MARGARITA
-
-
-TODOS los días y a todas horas estaba Margarita Tilly en Chimista con
-su amiga Dolores. Margarita había tomado gran cariño a Dolores, para
-quien tenía todas sus amabilidades.
-
-Dolores, que pasaba en aquel momento por la amargura de tener a su
-padre expuesto a ser muerto y a su marido separado de ella, estaba
-llorando a cada instante. Dolores tenía un carácter resignado y dulce y
-encontraba la calma en la mayor contrariedad.
-
-Margarita se había constituído en protectora de Dolores. Cogía a los
-dos chicos, a Miguelito y a Dolorcitas, y se marchaba con ellos para
-dejar a la madre desahogar su pena.
-
-Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas prometía ser como su
-madre, dulce y tranquila.
-
-El chico era fanfarrón y charlatán; jugaba con un gato que se llamaba
-Chipi. Chipi era un poco payaso, gran cazador de pájaros, ladrón y
-fantástico. Chipi, la pequeña pantera doméstica, corría con Miguelito,
-se afilaba las uñas en los muebles y rasgaba la tela de los sillones;
-subía a los árboles, perseguía a las lagartijas y a las mariposas;
-hacía bufonadas y parecía incomodarse cuando la gente se reía. Solía
-divertirse mucho cazando musarañas, a las que martirizaba.
-
-Miguelito era gran ingeniero; hacía fortalezas con arena y las coronaba
-con banderas.
-
-Mientras él se dedicaba a la ingeniería, Dolores tenía a la niña en
-brazos y quedaba embebida.
-
---No te duermas, mamá--le decía el chico.
-
-Margarita se sentaba en la escalera de piedra, adornada con tiestos,
-un escalón más bajo que Dolores, como en adoración, y solía estar
-hablándole y jugando con los chicos.
-
-Contaba a su amiga su vida y explicaba sus ideas. Dolores daba su
-opinión mientras hacía algún trabajo de costura o de media.
-
-Cuando Dolores tenía que trabajar, Margarita con los chicos salía fuera
-por los campos. Se había ganado la amistad de Grashi Erua, la loca, y
-de un chiquillo de diez o doce años, atrevido, a quien llamaban Chistu.
-
-Grashi Erua llevaba flores a Chimista y jugaba con Miguelito, por quien
-tenía gran cariño.
-
-Grashi Erua vivía en la miseria; los aldeanos que se habían hecho cargo
-de ella se habían enriquecido despojándola. Luego, viendo que nadie se
-presentaba a reclamarla, la quisieron obligar a trabajar en el campo
-y a servirles de criada, pero ella no obedecía. Era un ser montaraz e
-indomable. A veces se la veía en medio del bosque o a la orilla de un
-arroyo con una guirnalda de yedras o de muérdago en la cabeza, cantando
-una canción triste. Al principio los chicos le tiraban piedras, pero
-llegaron a tener por ella cierto temor.
-
-Grashi Erua solía entrar en Chimista cuando le parecía, ayudaba a
-alguna cosa a Dolores; pero en general no hacía más que jugar. En
-invierno se metía en la cocina cerca del fuego, y allí charlaba de una
-manera confusa e incoherente.
-
-Chistu, el chico vagabundo, era un pillastre a quien le gustaba la
-libertad y el aire libre. Estaba negro por el sol y tenía una cara viva
-de granuja. Aquí pescaba o se bañaba, allí se subía a los árboles y
-venía con una ardilla o con una lechuza viva que había cogido.
-
-Margarita era la capitana de aquella tropa menuda. Grashi Erua, Chistu
-y los pequeños le obedecían sin réplica.
-
-Todo el día se pasaba Margarita en Chimista. En cambio a Gastizar iba
-poco, y aunque pasaba por delante no se detenía nunca.
-
-Margarita no quería nada con los de Gastizar; sentía gran antipatía por
-madama Aristy y se manifestaba desdeñosa con Alicia. El egoísmo y la
-discreción de ésta le producían el mayor desprecio.
-
---Es un taco--solía decir.
-
-Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un torbellino. No podía
-tener prudencia; pero se le perdonaba todo por su espontaneidad y por
-su gracia.
-
-Era lo contrario de la señorita de Belsunce. En Margarita no había
-cálculo ni disimulo. Las simpatías y antipatías se desarrollaban en
-ella de una manera rápida y esporádica y no se tomaba el trabajo de
-disimularlas.
-
-Alicia, en cambio, era de una discreción y de una prudencia monjiles.
-Sabía guardar los pequeños secretos como nadie. No había miedo de que
-dijera una inconveniencia. Medía las palabras con cuidado exquisito.
-
-Madama de Aristy, que creía éste uno de los mayores méritos que podía
-tener una persona, le otorgaba su benevolencia.
-
-Alicia era defensora de las prerrogativas aristocráticas de su familia.
-No le gustaba que se dijese que entre los vascos no había habido
-feudalismo. Le hubiera gustado ser feudal.
-
-Margarita no se preocupaba de estas cosas. Quería ser libre, hacer
-su capricho, y tenía para las personas y para las ideas una mirada
-atrevida y de frente.
-
-A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita.
-
-De toda la gente de Gastizar únicamente por Miguel tenía Margarita
-simpatía, y eso que Miguel se burlaba un poco de ella y de su
-insociabilidad.
-
-Charlaban los dos amistosamente largo tiempo.
-
---Usted también habrá sido un conquistador, Miguel--le decía ella.
-
---Yo, no. Las mujeres me han hecho poco caso, Margarita; lo mismo de
-joven que de viejo.
-
---¡Bah! No le creo a usted.
-
---Pues es cierto. Sin duda yo no he tenido nunca grandes atractivos
-para las damas.
-
-Margarita no se convencía. Un día creyó que Miguel era un corruptor.
-
-En el piso bajo de Chimista vivía un matrimonio joven que trabajaba
-en los campos. El era un muchacho nacido en un caserío próximo; ella,
-la hija de un jardinero de Gastizar. Este jardinero, un normando alto
-y rubio, había venido de guardia de Aduanas y se había quedado en
-Gastizar. Fanchon, su hija, había nacido allá. Era Fanchon una mujer
-con un aire selvático; la sangre normanda de su padre mezclada con la
-vasca de su madre había dado un hermoso producto. Era rubia, blanca,
-con los ojos azules.
-
-El día que la vió Margarita hablando con Miguel estaba dando de comer
-a los cerdos y a las gallinas, riñendo a toda la tropa con los pies
-metidos en los zuecos y un pañuelo en la cabeza.
-
-En el corral, una vieja flaca y acartonada, la boca sin dientes, la
-cara llena de arrugas, tenía un niño rollizo en brazos.
-
---Estás guapa, Fanchon--le decía Miguel con cierta tristeza cómica.--Yo
-me debía haber casado contigo y esa criatura sería mía.
-
---A buena hora se acuerda usted--replicó ella con desgarro.--¿Por qué
-no lo pensó usted antes?
-
---¿No podríamos empezar todavía, Fanchonette?
-
---No.
-
---De manera que Praschcu, ese imbécil de tu marido, exige fidelidad.
-
---Como la exigiría usted.
-
---¡Qué pena!--exclamó Miguel con melancolía burlona.--¡Yo! ¡Que te
-he tenido en brazos cuando eras niña! ¿No podría tener un poco de
-derecho?...
-
---Ninguno.
-
---Eres muy cruel, Fanchon.
-
---¡Ah! Siempre está usted así. ¿Por qué no se casa usted de una vez?
-
---No me hacen caso, chica, ya. No me hacen caso.
-
-Margarita que oyó la conversación se la contó a Dolores con gran
-misterio, y ella, riendo, volvió a contársela a Miguel.
-
-
-
-
-V.
-
-EL NIÑO
-
-
-UNA tarde en que D. Eugenio y Tilly charlaban en el comedor de la
-Veleta comentando a Maquiavelo, se presentó Margarita que venía
-corriendo, sofocada y sin aliento.
-
---¿Qué pasa?--le preguntó su hermano.
-
---El niño... el niño de Dolores... lo han robado.
-
-A Tilly no le preocupaba tanto como a su hermana el niño de Dolores, y
-se encogió de hombros.
-
-Aviraneta preguntó cómo había ocurrido el caso.
-
---Estaba, como todos los días, jugando a la puerta de la casa, cuando
-ha pasado un rebaño de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha
-dicho la chica que iba con el rebaño. El niño le ha seguido y ha
-desaparecido. Se ha mirado por todos los alrededores y no se le ha
-encontrado.
-
---¿Y cuánto tiempo hace que falta?--preguntó Aviraneta.
-
---Ya cerca de diez horas.
-
---¿Qué edad tiene el chico?
-
---Cuatro años y medio.
-
---Sí; entonces es muy posible que lo hayan robado.
-
---¿Qué haremos?--exclamó Margarita.--La pobre madre figúrese usted cómo
-está. Vengan ustedes conmigo.
-
---Bueno, vamos--dijo Aviraneta.
-
-Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita dijo a su hermano:
-
---Llámale a Miguel Aristy y dile lo que pasa.
-
-Tilly entró en Gastizar y volvió al poco rato solo.
-
---¿No está?--le preguntó Margarita.
-
---Debe estar en Chimista.
-
-Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron. Empezaba
-a oscurecer y el niño no venía. La madre estaba en la mayor
-desesperación. Miguel y Dolores habían salido por los alrededores
-llamando al niño, pero no aparecía.
-
---Bueno, señor Aristy--dijo Aviraneta;--si andan ustedes así a la
-casualidad, como locos, no encontrarán ustedes ninguna pista. Vamos a
-hablar los dos serenamente a ver si encontramos algún indicio.
-
---Tiene usted razón. El dolor de la madre le perturba a uno, contagia
-su intranquilidad.
-
---Vamos a un sitio donde estemos solos.
-
---Entremos aquí. Sentémonos.
-
-Entraron en el cuarto del coronel Malpica.
-
---Veamos el hecho escueto primeramente--dijo Aviraneta.--¿Cómo ha
-sucedido?
-
---¿Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer que vive aquí?
-
---Sí.
-
-Entró Fanchon en el cuarto, con la cara llena de lágrimas.
-
---Cuéntanos lo que ha pasado con detalles--le dijo Aviraneta en
-vascuence.
-
---Pues nada--dijo Fanchon;--el niño estaba jugando, como casi todos los
-días, por aquí, por delante de la casa. Ha pasado un rebaño, y el chico
-que iba detrás le ha dicho: "¿Miguelito, vienes?" Miguelito ha salido
-detrás del rebaño y no ha vuelto. Eso ha sido todo.
-
---¿Tú has visto al chico que le ha llamado?--preguntó Aviraneta.
-
---No, no le he visto. No sé si mi marido le habrá visto.
-
---Llámalo; y si no sabe nada, pregunta por ahí a ver si hay alguno que
-haya visto al chico que ha llamado a Miguelito al pasar.
-
-Salió Fanchon corriendo del cuarto y volvió al poco rato, sofocada, con
-Praschcu, su marido.
-
---Mi marido le ha visto.
-
---¿Usted le ha visto al chico que ha llamado a Miguelito?
-
---Sí.
-
---¿Quién era?
-
---Era un chico que llaman Mandharra, del caserío de Gros Jean, el
-tramposo--dijo Praschcu hablando muy despacio.
-
---¿Es pastor?
-
---No; es un chico pobre que suele andar a veces pidiendo limosna y que
-ahora está en un caserío.
-
---¿Y cómo llevaba hoy ese rebaño?
-
---Mandharra iba al lado de la zagala que suele andar siempre con el
-rebaño.
-
---¿Ese Mandharra suele tener punto fijo donde dormir?
-
---Sí; en el caserío de Gros Jean, el tramposo, que se llama Beletchea
-(la casa del Cuervo).
-
---¿Y quién es ese caballero?
-
---Ese caballero, como usted dice, no vive--contestó Aristy.--Viven sus
-hijas, que yo creo que están un poco locas.
-
---Pues ¿qué les ocurre?
-
---Son tres solteronas solitarias, que no salen nunca de casa. Yo las
-llamo las Tres Lamias. No quieren ver a nadie. Trabajan en el campo de
-noche, a la luz de la luna, para que no las vean. Y de día se asoman a
-mirar por entre las parras.
-
---¿Viven cerca?
-
---Sí; a un cuarto de hora de aquí. ¿Sospecha usted de ellas?
-
---Por ahora no. Primeramente dígame usted qué enemigos tiene su cuñada.
-
-Miguel habló de las damas del Chalet de las Hiedras y de sus
-antecedentes.
-
-Como no especificaba nada, Aviraneta dijo:
-
---Vamos a interrogar a la madre del niño. ¿Quiere usted llamarla?
-
-Aristy llamó a su cuñada, que entró llorando a lágrima viva.
-
---Una pregunta nada más--le dijo Aviraneta.--¿Tiene usted algún motivo
-para suponer que una de las mujeres que vive en el Chalet de las
-Hiedras le odia a usted?
-
---Sí, algún motivo tengo, porque hace unos días me envió las cartas que
-le había escrito mi marido a ella.
-
---¿Las tiene usted ahí?
-
---No, las rompí.
-
---¿Usted supone que se las envió la más joven de las dos, Simona?
-
---Sí.
-
---Al enviarle las cartas a usted ¿no decía nada?
-
---Sí; me escribía un papel lleno de mala intención para mí.
-
---Está bien. Tranquilícese usted. Encontraremos al chico--dijo
-Aviraneta.--El chico no está perdido, está robado, y una de las mujeres
-del Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar.
-
-La opinión de Aviraneta era también la de Aristy.
-
---Ahora vamos a ver qué hay que hacer--dijo Aristy.
-
-Aviraneta llamó a Tilly y los tres deliberaron. Era indudable que
-Simona, si era ella la que había preparado el robo del chico, no se
-había entendido con Mandharra, porque ella no sabía el vascuence ni
-el chico el francés. Simona se había valido de algún intermediario,
-probablemente de Marcos.
-
-Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al pueblo y apoderarse de
-Simona y de Marcos, y obligarles a decir dónde estaba el niño.
-
-Antes de salir de Chimista, Aviraneta preguntó al marido de Fanchon:
-
---¿Por este camino hacia el monte, en una legua o en dos, hay alguna
-cueva?
-
---Sí. Hay una que llaman Lecebeltz (la sima negra).
-
---Pues id a registrarla. Praschu, Fanchon y Grashi Erua salieron en
-aquella dirección, mientras Aviraneta, Aristy y Tilly se encaminaron
-hacia Gastizar. Entraron por la huerta, y andando a oscuras se
-dirigieron hacia el Chalet de las Hiedras.
-
---Voy a llamar más gente--dijo Aristy.
-
-Miguel marchó despacio hacia Gastizar y volvió a la media hora con
-Víctor Darracq y con Ichteben. Al acercarse Aristy a Aviraneta éste le
-dijo:
-
---Chit.
-
---¿Qué pasa?
-
---Está aquí Marcos.
-
---¿Tendrán ahí el niño?
-
---No creo.
-
---Vamos a ver si cazamos al bello gascón.
-
-Esperaron más de una hora.
-
---Yo conozco la casa--dijo Tilly;--si tuviera una escalera para subir
-podría arreglármelas para oir la conversación.
-
---Yo la traeré--saltó Ichteben y desapareció en la oscuridad.
-
-Al poco rato volvió con una escalera larga. La aplicaron al balcón del
-chalet y Tilly subió con grandes precauciones.
-
-Al cuarto de hora bajó de prisa.
-
---Sale Marcos--dijo;--no detenerle. Parece que es un mendigo viejo a
-quien llaman Pachi Zarra y también Ontza (el Buho) el que se ha llevado
-al niño. Marcos no sabe dónde lo guarda. Mañana les dirá dónde está.
-
-Salió Marcos del chalet, y cruzando la huerta saltó la tapia y
-desapareció.
-
-Tilly volvió a subir al balcón.
-
---¿Adónde va usted?--le dijeron.
-
---Voy a coger algo que he dejado ahí.
-
-Efectivamente; subió y bajó con un gran legajo en la mano.
-
---Esto, que lo guarden--dijo a Aristy.
-
---Lo guardarán. Yo voy a tranquilizar un poco a la madre. Mañana
-buscaremos a Pachi Zarra, el Buho.
-
---Bueno, vamos--dijo Aviraneta.
-
-Aviraneta, Tilly y Aristy volvieron a Chimista.
-
-Al llegar al caserío vieron al chiquillo que venía medio riendo, medio
-llorando, en brazos de Grashi Erua. Lo habían encontrado en la cueva de
-Lecebeltz, como había indicado Aviraneta.
-
-El marido de Fanchon traía preso a Pachi Zarra (el Buho), un viejo
-con una anguarina parda, con el pelo y la barba blancos, que habían
-encontrado en la cueva guardando al niño.
-
-Dolores comenzó a sollozar de alegría al ver a su hijo salvo, y
-Margarita le acompañó en su contento.
-
-Aristy apostrofó a Pachi Zarra y le dijo que se fuera, que no volviera
-al pueblo, porque le metería en la cárcel.
-
-El Buho se marchó refunfuñando.
-
-Dolores dió las gracias a Aviraneta con la mayor efusión, y los tres
-hombres volvieron al pueblo. Al llegar a Gastizar, Tilly pidió el
-grueso legajo que había sacado del Chalet de las Hiedras. Se lo entregó
-Ichteben y fué con él a la fonda.
-
-Al día siguiente, antes de levantarse Aviraneta, Tilly entró en su
-cuarto.
-
---Don Eugenio--dijo.
-
---¿Qué hay?
-
---Me voy. He encontrado un pequeño filón, y voy a ver si lo exploto.
-Adiós.
-
-Cuando Aviraneta se levantó Tilly había desaparecido.
-
-
-
-
-VI.
-
-CHORIBIDE Y AVIRANETA
-
-
-La noticia del robo del niño se extendió por el pueblo, y todos los
-vecinos del barrio y de Ustariz creyeron unánimemente que eran las
-damas del Chalet de las Hiedras las que habían dirigido esta mala
-acción. Las simpatías por los Aristys, que estaban apagadas en la
-aldea, se despertaron y fueron muchas personas las que estuvieron en
-Gastizar a felicitar a madama Aristy por la salvación de su nietecillo.
-Madama Luxe escribió una carta de felicitación y Miguel fué a visitarla
-por encargo de su madre.
-
-Madama Luxe, interrogada acerca del motivo que tenía para haber roto
-sus relaciones con Gastizar, habló del anónimo que ella creía que le
-habían enviado los Aristy.
-
-Miguel lo leyó fríamente; después sintió tal indignación al pensar que
-la viuda se lo había atribuído a él, que estuvo con ella tan severo que
-la dejó bañada en lágrimas. Al día siguiente, madama Luxe acompañada
-de Fernanda fué a Gastizar a explicarse con madama Aristy y a pedirle
-perdón. Se quedó de acuerdo en que eran las mujeres del Chalet de las
-Hiedras las que habían escrito el anónimo. Estas no salieron de casa
-durante algunos días. Marcos el del molino se ocultó también, e iba de
-noche a ver a la Delfina, del Bazar de París, por la huerta.
-
-Aviraneta supo estas noticias por Esteban Irisarri, el posadero de la
-Veleta, que se las contó con profusión de detalles.
-
-Una mañana leía don Eugenio en el libro de Jomini la batalla de
-Valmy, cuando entró Esteban a decirle que estaba el señor Choribide
-preguntando por él.
-
---¡El señor Choribide! ¡el jefe de los enemigos!--dijo Esteban Irisarri
-con voz hueca.
-
---No le conozco--contestó don Eugenio.
-
---¡Choribide! El amigo de esas viejas intrigantes del Chalet de las
-Hiedras.
-
---¿Pregunta por mí?--dijo Aviraneta.
-
---Sí.
-
---Que pase.
-
-El posadero debió quedar asombrado de la serenidad de Aviraneta. Abrió
-la puerta y se presentó el viejo _muscadin_ elegante y currutaco.
-
---¿El señor de Aviraneta?--preguntó sonriendo.
-
---Soy yo. Pase usted y siéntese usted.
-
-Choribide entró, se sentó en el borde de la silla, puso el sombrero
-metido en el bastón y el bastón entre las piernas.
-
---Yo, señor--dijo,--me llamo Choribide, Gastón de Choribide. Soy vasco,
-como usted. He llevado en mi juventud una vida un tanto irregular. Yo
-no sé si usted tendrá ideas religiosas...
-
---Creo que no--repuso Aviraneta.
-
---Es usted de mi escuela. Si yo tuviera ideas religiosas diría que he
-sido un gran pecador. No teniéndolas, suelo decir que he sido un hombre
-crapuloso y de vida poco honorable.
-
---¿No será usted un tanto severo consigo mismo, señor
-Choribide?--preguntó Aviraneta.
-
---No, no. Muchas gracias por su opinión. Me hago justicia. Verá
-usted... Yo vivo bien dentro de mi modestia. No trabajo; no he
-trabajado nunca.
-
---Se aburrirá usted.
-
---No, no me aburro. Yo tengo un sobrino ex oficial de la Guardia Real,
-Aquiles Rontignon. Rontignon tiene condiciones para agradar a una
-mujer; es guapo y es tonto.
-
---¿Usted cree que la tontería...?
-
---Es indispensable. Yo había pensado casar a Rontignon con una viuda
-rica de aquí, madama Luxe. Como un teniente retirado no es bastante
-para producir entusiasmos en una mujer rica por sólo su posición,
-yo había pensado adornar el pecho de Rontignon con una gran cruz
-o buscarle un empleo. Aprovechando la estancia aquí de una señora
-española, la condesa de Vejer...
-
---Que no es española ni condesa... saltó Aviraneta.
-
---Cierto; pero hay que darla un nombre para señalarla.
-
---En Madrid se llamaba madama Carolina.
-
---Bien; me es igual; aprovechando la estancia aquí de madama Carolina,
-me acerqué a ella y le dije que puesto que ella trabajaba para el
-Gobierno español, yo le ayudaría a cambio de que ella concediera a mi
-sobrino un empleo, un cargo honorífico...
-
---¿Y ha trabajado usted para ella?
-
---Sí, habíamos hecho un legajo con todos los datos necesarios para
-remitirlo a Madrid, cuando las cosas se han torcido. Primeramente
-Rontignon no ha sabido aprovechar su tontería ni tampoco su arrogancia
-de hombre guapo, y madama Luxe lo ha rechazado; después Tilly, ese
-muchacho amigo de usted, un muchacho encantador, se apoderó del legajo
-formado por nosotros, y por último, la sobrina de madama Carolina...
-
---Que no es su sobrina...
-
---Cierto. Simona Busquet ha intervenido en esta cuestión, y con sus
-odios y su genio vengativo ha hecho que roben al nieto de madama de
-Aristy. Esta barbaridad ahora me la atribuyen a mí, y me molesta. Ese
-no es mi género. No me ha gustado nunca el melodrama. La alta comedia,
-quizás; el melodrama, nunca. Por estas razones voy a dejar la partida.
-
---¿Va usted a dejarla?
-
---Sí.
-
---Yo no puedo vivir aquí ya. El pobre Garat no se encuentra en estado
-de recibir a los amigos. Madama Aristy está indignada, porque cree que
-yo he indicado que roben a su nieto, cosa absurda. Voy a ir a Bayona,
-pero antes le voy a pedir a usted un favor.
-
---Usted dirá.
-
---Yo he venido a verle a usted, porque he comprendido que es usted
-un hombre fuerte. Me ha recordado usted a su excelencia el duque de
-Otranto.
-
-Aviraneta sintió un movimiento de alegría.
-
---¿Ha conocido usted a Fouché?--preguntó.
-
---Sí; he estado a su servicio. Tiene usted el mismo aire de penetración
-que él. Ahora, que quizás usted no pueda poner sus facultades al
-servicio del Estado. Hay países que desperdician su gente.
-
-Choribide había dado dos golpes buenos en la coraza de indiferencia de
-Aviraneta, uno comparándole con Fouché, el otro suponiendo que no se le
-comprendía.
-
---¿Y qué servicio quería usted de mi, señor Choribide?--preguntó.
-
---Le diré a usted. Actualmente mi sobrino Rontignon sencillamente me
-estorba. Si lo hubiera casado con madama Luxe, yo hubiera sido su
-administrador; pero no ha sido bastante hábil para enamorar a la viuda.
-Ahora quiero desprenderme de él, y como ha aparecido como un realista
-que ha mandado informes al Gobierno español por intermedio de esas
-damas del Chalet de las Hiedras, he pensado hacer valer esos servicios
-y su calidad de ex teniente de la Guardia Real para pedir para él un
-destino en España. ¿Usted, que seguramente sabrá cómo se hace esto, no
-podría escribirme una solicitud en español?
-
---Sí; lo haré.
-
---¿Ahora mismo?
-
---Sí; ahora mismo.
-
-Aviraneta escribió un borrador de solicitud y lo entregó para que lo
-copiase Choribide.
-
-Al terminar, Choribide dió las gracias a Aviraneta y murmuró
-efusivamente:
-
---¡Cómo nos desperdician, mi querido señor!
-
-Y haciendo una reverencia llena de respeto y de gracia, completamente
-siglo XVIII, Choribide se retiró y salió de la Veleta.
-
-
-
-
- LIBRO TERCERO
-
- EL DIARIO DE LACY
-
-
-
-
-I.
-
-EL SOÑADOR
-
-
-EUSEBIO de Lacy escribió con detalles su vida en los días que duró
-la expedición de los liberales en la frontera. Lacy esperaba una
-lucha más brillante, más intensa. En su diario se le ve, a pesar
-suyo, desencantado y triste. Su espíritu de soñador y de poeta
-se representaba la realidad como algo más fuerte, más noble, más
-extraordinario.
-
-Lacy tenía un entusiasmo todavía latente por los militares y por la
-guerra. Concebido en época de grandes batallas, su infancia se había
-arrullado con la música estridente de las trompetas y de los tambores.
-Más tarde había sido educado en colegios con hijos de militares
-franceses del Imperio, todos estremecidos y pasmados de asombro ante
-las glorias más o menos inventadas de Napoleón y de su ejército.
-
-Eusebio pensaba en su padre, y se lo figuraba como le había visto en
-los retratos y en las estampas, vestido de general, con el pecho lleno
-de cruces ganadas en los campos de batalla, el rostro fiero, la mirada
-relampagueante y la mano en la empuñadura de la espada.
-
-Después de los años de colegio en Francia y en España, Eusebio había
-vivido en Quimper, en casa de su madre, en un ambiente pesado,
-lánguido, de un pueblo bretón oscuro, en una sociedad levítica de
-comerciantes y de armadores, dirigida por realistas y por curas.
-
-Era aquella época de la Restauración, una época de luchas ardientes
-en que el monarquismo y el jesuitismo se aprestaban al combate contra
-las ideas revolucionarias con todas las armas; las misiones religiosas
-se esparcían por las ciudades y por los campos, Francia entera estaba
-llena de oradores elocuentes que predicaban el arrepentimiento de
-las locuras pasadas. Los misioneros quemaban en las plazas públicas
-los libros de Voltaire y los tomos de la Enciclopedia, las familias
-enviaban sus hijos a los colegios de jesuítas, las autoridades
-obedecían servilmente a las Congregaciones y todo se conseguía con
-intrigas. Por entonces se hablaba de los monstruos del 93 y del ogro de
-Córcega.
-
-Durante este tiempo, Eusebio había adorado la gloria y el ejército,
-sólo por la gloria y por contraposición a las ideas y prácticas
-clericales que trataban de imbuirle. Después fué llegando hasta él,
-cada vez con más intensidad, la influencia liberal, y reaccionando
-contra sus sueños militares, llegó a mirar a Napoleón como un
-ambicioso, antihumano y repugnante, y a sus mariscales como una tropa
-de brutos miserables dedicados únicamente a la petulancia y al robo.
-
-Lacy creyó haber matado su entusiasmo de gloria y haberlo sustituído
-por el ideal más severo de la libertad; pero por debajo de éste se
-transparentaban sus sueños de ambición militar.
-
-En su diario se ve que estos sueños pierden su brillo y decaen las
-ilusiones de Lacy.
-
-
-
-
-II.
-
-LA ENTRADA EN ESPAÑA
-
-
- _Añoa, 15 de Octubre de 1830._
-
-EL 14 de Octubre por la mañana salí de Bayona, camino de la frontera,
-con la tropa mandada por Valdés. Al atravesar la ciudad estuvo a punto
-de ocurrir un encuentro entre nuestra gente y la de Mina.
-
-Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho que iban a ser unos
-héroes; pero no se han portado heroicamente, sino todo lo contrario.
-
-La fuerza de Valdés venía dividida en cuatro compañías: una de
-extranjeros, mandada por don Francisco Mancha; otra de vascos,
-semi-independiente, la partida de Leguía; otra de navarros y
-aragoneses, a las órdenes de Malpica, y un grupo de oficiales al frente
-del cual va López Campillo.
-
-Estas compañías se han formado con ochenta o cien hombres y cada una
-tiene sus oficiales y sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco
-suses, o sean siete reales diarios.
-
-Yo voy de ayudante del coronel Valdés, y Ochoa, con el mismo cargo, a
-las órdenes de Campillo.
-
-Llevamos algunos soldados muy buenos y otros muy malos. Las tropas
-vascas y las navarras son las mejores, conocen el país y se encuentran
-entre los suyos; las extranjeras son las peores; están, naturalmente,
-formadas por lo más perdido de cada casa.
-
-No se ha podido contar con los oficiales franceses liberales, porque el
-Gobierno de Julio los ha aceptado a todos en las filas del ejército.
-
-Descontados éstos que hubieran sido útiles, los que han quedado en
-nuestras filas son aventureros, gente de presidio más que militares.
-
-Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual de esta tropa. Entre
-los extranjeros hay la más completa diversidad de tipos y de actitudes,
-se ven hombres que tienen el aire nórtico de un noruego, gentes
-rubias de cabeza pequeña y ojos azules, al lado de otros que parecen
-italianos del mediodía con el pelo crespo, los ojos negros y la mirada
-viva. Hay una gran variedad en la expresión de los unos y de los otros;
-éste tiene rasgos de energía, el otro de astucia, el de más allá de
-cobardía y de cinismo.
-
-En cambio, entre los vascos de Leguía hay tal unidad en la expresión,
-que parecen todos de la misma familia, y sólo fijándose en ellos, uno
-a uno, se advierte que no se parecen en los rasgos de la fisonomía. En
-todos ellos se ve una mezcla de audacia y de atención; más que soldados
-parecen cazadores que van a un ojeo.
-
-Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos. Uno de ellos es el
-guardabosque de Ustariz, amigo de Malpica.
-
-Este hombre, a quien todos llamamos el tío Juan, no se queja de nada,
-todo le parece bien. Es un estoico. Le suele acompañar un asistente del
-intendente Darracq, que vive en Ustariz y que se llama Alí.
-
-El tío Juan y Alí van siempre juntos, animando a los demás.
-
-Otro tipo extraño es un muchacho inglés que vino a Bayona de San
-Sebastián con Tilly. Como no conocemos su nombre y por lo que
-parece no quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito
-se ha incorporado a nuestra pequeña legión extranjera de una manera
-aristocrática e individualista; lleva dos criados a su servicio y una
-tienda de campaña. Siempre le vemos correctamente vestido, recién
-afeitado. El inglés éste parece una estatua griega por su expresión
-fría y académica. Tiene el aire de un hombre rico, su traje es
-irreprochable y sus cuellos y sus puños están siempre limpios y sus
-zapatos recién barnizados, como si fuera a pasear a Hyde Park.
-
-El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de nuestra legión
-extranjera; no parece que quiere tener relación con nosotros y ha
-debido poner sus condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos
-dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos de él.
-
-
- _Urdax, 16 Octubre._
-
-La salida de Bayona fué para mí completamente inesperada. El día 13
-me llamó Valdés, y me dijo que había sabido que los dos Gobiernos, el
-de Luis Felipe y el de Fernando, habían hecho un convenio, y que no
-teníamos otra solución que adelantarnos o abandonar la empresa. El se
-lanzaba dispuesto a todo, y al día siguiente al amanecer saldríamos
-camino de la frontera. Se dieron las órdenes necesarias para la marcha,
-y salimos de Bayona.
-
-Iban con nosotros Chapalangarra y Méndez Vigo. El 14 llegamos a Saint
-Pee. Yo dormí en el Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de
-allá y al llegar a la frontera entre Añoa y Dancharinea, Chapalangarra
-y el general Méndez Vigo se despidieron de nosotros el uno para ir a
-San Juan del Pie del Puerto, el otro a Mauleón.
-
-Hoy por la mañana hemos llegado a Urdax. Nos hemos apoderado del punto
-avanzado que abandonaron los tercios y de las armas que había aquí
-guardadas. Llevábamos una proclama, suscrita por varios jefes, dirigida
-al ejército español, invitándole a imitar al francés, pasándose a
-nuestra bandera y a librar a la patria del yugo que la oprime. Se han
-dado vivas a la libertad y a la Constitución, y se han montado dos
-piezas pequeñas de campaña que encontramos en el puesto avanzado.
-
-Como nos preocupa la cuestión de la alimentación, se han mandado
-agentes a comprar víveres a los pueblos de alrededor.
-
-Estoy deseando entrar en fuego.
-
-
- _Zugarramurdi, 17 Octubre._
-
-Esta mañana hemos dejado en Urdax a Campillo y a Malpica y hemos
-salido con las dos compañías, la de Leguía y la de Mancha, camino de
-Zugarramurdi.
-
-La razón principal de la marcha es la cuestión de las subsistencias,
-que no hay modo de resolverla en un pueblo pequeño en donde escasea
-todo.
-
-Zugarramurdi está muy cerca de Urdax, a una media legua próximamente.
-Es una aldea que se encuentra en la falda de Peñaplata en la vertiente
-de Francia.
-
-Al acercarnos al pueblo han ido nuestras dos columnas separadas,
-flanqueando el monte.
-
-En las lomas había unos grupos de tercios realistas que nos han
-recibido a tiros.
-
-En este pequeño encuentro nuestros extranjeros mandados por Mancha se
-han portado de una manera vergonzosa. Muchos a las primeras descargas
-tiraban el fusil y corrían a internarse en territorio francés.
-
-Algunos, por lo que nos han dicho, han entrado en Sara, y la gente,
-indignada por su cobardía, les ha recibido a pedradas. Ha habido quien
-ha llegado corriendo hasta Bayona.
-
-Unicamente el tío Juan, Alí, el Inglesito y algunos otros han dejado
-bien puesto el pabellón.
-
-Afortunadamente, la partida de Leguía al oir los primeros tiros corrió
-hacia el pueblo y se apoderó de él. Yo creí que los realistas se
-defenderían en las calles; pero no; han abandonado la aldea sin pelear.
-
-Ahora es de noche. A la luz de la luna veo la torre de la iglesia de
-Zugarramurdi, blanca, y unos cipreses del pequeño cementerio que la
-rodea.
-
-
- _Vera, 18 Octubre._
-
-Ayer en Zugarramurdi. Valdés, Leguía, Mancha, Campillo y Malpica,
-discutieron lo que había que hacer. De todos ellos el menos culto, pero
-el más inteligente, es Leguía.
-
-Valdés es un castellano de cabeza dura, de continente altivo y
-soberbio; no tiene flexibilidad, discurre por frases. A pesar de su
-cerrazón es simpático; tiene una cara noble, un poco alargada, y los
-ojos claros.
-
-Si a mí me preguntaran quién debía mandar nuestras fuerzas, diría que
-Leguía.
-
-Valdés y Leguía discuten sobre el mapa de Navarra. Leguía es partidario
-de ocupar Vera; Valdés no quiere.
-
-Los informes de los caseros son que Juanito el de la Rochapea va a
-entrar en Vera con sus tercios realistas y los carabineros. Leguía
-opina que sería conveniente ocupar Vera y avisar a Mina para que pasase
-en seguida a España. A Valdés no le agrada la colaboración con Mina.
-
-Después de discutir largo rato se ha resuelto que Leguía con su partida
-vaya a Vera.
-
---Usted no ataque--le ha encargado Valdés delante de mí.--La cuestión
-es ver qué disposiciones tienen las tropas realistas para nosotros.
-Si ataca usted va a decir Mina que somos unos locos, y si fracasa la
-expedición asegurará que es nuestra la culpa.
-
---¿Quiere usted que vaya con él, mi general?--le he dicho a Valdés.
-
---Sí; vaya usted.
-
---Quizás quiera venir conmigo Ochoa.
-
---Que vaya.
-
-El Inglesito al enterarse ha pedido también venir con nosotros.
-
-Leguía ha llamado a sus sargentos y ha dado la orden de que para las
-dos de la mañana esté la partida formada en la plaza. Leguía, Ochoa,
-el Inglesito y yo vamos a caballo. Llevamos una pieza de artillería
-montada en un mulo.
-
-A las dos y media la columna se ha puesto en movimiento. La noche
-estaba oscura; hemos pasado por una calle con casas hermosas, grandes,
-hemos salido del pueblo y cruzado por delante de la cueva de las brujas
-y por el Arroyo del Infierno, después hemos seguido a campo traviesa
-hasta descansar, al amanecer, en unos caseríos de Sara.
-
-A nuestra espalda dejábamos Zugarramurdi sobre el promontorio de
-Peñaplata, que entra en la tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris
-se veía un pueblecillo, Sara, y más lejos, vagamente el mar.
-
-Después de tomar el almuerzo hemos seguido adelante, bordeando el monte
-Labiaga, por unos robledales que el otoño ha dejado rojizos. El suelo
-está cubierto de hojas doradas. Es época de pasa, y por el cielo cruzan
-pájaros de todos colores...
-
- * * * * *
-
-En esto, una de las lomas lejanas se llena de siluetas de hombres que
-comienzan a hacer fuego sobre nuestra partida.
-
-Por lo que hemos sabido después, el teniente realista D. Miguel de
-Sagastibelza, comandante del puesto avanzado, ha destacado contra
-nosotros una columna formada por doscientos veinte hombres del 13 de
-línea, ciento cincuenta voluntarios realistas procedentes de Burguete,
-y trescientos soldados del batallón de tercios del Baztán.
-
-Leguía manda desplegar en guerrilla a su gente y se contesta al fuego.
-Después de una ligera escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado.
-
-¿Es que están, como dicen algunos, por nosotros y no esperan más que
-una ocasión favorable para pronunciarse en nuestro favor?
-
-No lo sé; pero así lo parece.
-
-Con la fuerza de que disponen podían, sin duda alguna, habernos hecho
-retroceder y obligarnos a meternos en Francia.
-
- * * * * *
-
-A las doce de la mañana llegamos a una cañada, desde donde divisamos
-Vera en el fondo de un valle. Vamos avanzando a caballo Leguía, Ochoa,
-el Inglesito y yo.
-
-De pronto Leguía se detiene.
-
---¿Ve usted--me dice--ese monte que está a un lado del pueblo con
-varios caseríos?
-
---Sí.
-
---Se llama Santa Bárbara. En la falda, en un repecho hacia el río que
-está allí--y señala un barranco,--hay una casa fuerte, la Casherna, y
-en la misma falda, al acercarse al valle por el lado más próximo a
-nosotros, hay un convento, el convento de Eztegara. La Casherna y el
-convento probablemente estarán ocupados por los carabineros.
-
---¿Y qué tenemos que hacer?--he preguntado yo.
-
---Dividiremos la fuerza. Usted con Antula, que es mi segundo, y con
-cincuenta hombres, se presentará delante de la Casherna e intentará
-parlamentar con la pequeña guarnición. ¿Que se rinden?, entonces
-mandará usted un hombre al caserío aquel que se llama Lecueder y
-agitará un pañuelo blanco. ¿Que no se rinden?, el hombre agitará un
-pañuelo rojo y yo me acercaré a Casherna.
-
---Está bien. Vamos a la segunda parte. Si se rinden los del fuerte ¿qué
-hacemos?--he preguntado yo.
-
---Si se rinden, deja usted diez o doce hombres en la Casherna y se van
-ustedes acercando al convento de Eztegara. Yo estaré al comienzo de
-este barrio, que es el barrio de Alzate, y esperaré subido sobre uno de
-estos montes a ver lo que ustedes hacen y cuándo llegan. Si veo que ha
-tenido usted éxito, me presentaré delante del convento e intimaré la
-rendición. Usted entonces se acercará con su gente.
-
---Creo que estamos entendidos.
-
-Leguía habla en vascuence con Antula, le hace algunas recomendaciones
-y nos separamos los dos grupos. Leguía toma por la derecha a coger el
-camino de San Juan de Luz a Vera; yo, acompañado de el Inglesito, de
-Antula y de unos cincuenta hombres, cruzo un barranco y avanzo por la
-falda de Santa Bárbara.
-
-Antula, el segundo de Leguía, es un hombre rojo, con las pupilas azules
-brillantes, las cejas y las pestañas doradas y la melena hasta los
-hombros. Viste un capisayo corto atado con unas cuerdas y tiene un aire
-salvaje y fiero. Detrás de él marcha un perro, tan parecido al amo en
-el aspecto sombrío, que se ve que está identificado con él. Mientras
-vamos andando por el monte, Antula no me dice nada; pero al divisar la
-casa fuerte me grita, hablándome de tú:
-
---¡Baja!
-
---No, no--exclamo yo, y sigo a caballo.
-
-El Inglesito hace lo mismo.
-
-Nos aproximamos a una casa vieja, aspillerada, que en el pueblo llaman
-la Casherna. Antula vuelve a decirme:
-
---¡Baja!--pero yo sigo adelante a caballo y el Inglesito también.
-
-Al acercarnos a la casa fuerte nos encontramos con un piquete de
-realistas formado por unos treinta hombres. Yo, poniendo en prensa mi
-cerebro, les dirijo una arenga hablándoles de la libertad.
-
-Los soldados de la Casherna se consultan, vacilan y dicen que se
-rendirán a condición de que les dejen marcharse cada cual adonde quiera.
-
-Acepto su proposición y los soldados se van.
-
-El Inglesito me da la mano gravemente. Ocupado el viejo cuartel,
-llamado la Casherna, y un pequeño fortín que hay más abajo, hacemos
-la seña desde Lecueder a Leguía y nos dirigimos hacia el convento de
-capuchinos de Eztegara.
-
-Este convento es un edificio no muy grande, con capilla, cementerio
-adosado a ella, vivienda para los frailes y algunos almacenes y
-corrales de ganado.
-
-Por las reglas de la Orden el tal convento debía ser un eremitorio
-de forma humilde y pobre, la iglesia pequeña y estrecha, la vivienda
-mísera y sólo capaz para ocho a doce frailes con el superior; pero
-actualmente los frailes no llevan una vida humilde, ni mucho menos.
-Está fundado el convento de Vera en 1741. Tiene exteriormente una
-muralla de ronda que rodea el rectángulo de sus campos, que por
-dos de sus lados está limitado por los arroyos Lamiocingo-Erreca y
-Convetuco-Erreca.
-
-Antula, el Inglesito y yo nos acercamos al convento y entramos en un
-caserío que se llama Botinea. Desde los agujeros del pajar veo la
-huerta del convento, sus campos de maíz, sus filas de perales y de
-manzanos, el pozo y dos grandes nísperos que hay delante de la capilla.
-
-El convento tiene todas sus puertas y ventanas cerradas.
-
-Los carabineros, en número de trescientos, se han encerrado ahí con
-su jefe D. Claudio Ichazo. Con ellos están los capuchinos armados
-y algunos voluntarios realistas. Deben hallarse todos emboscados o
-parapetados, porque no se les ve.
-
-Al acercarse Fermín Leguía al convento ha comenzado desde las ventanas
-el fuego graneado. Antula y yo hemos distribuído la gente en Botinea
-para contestar al fuego desde los agujeros del pajar.
-
-En esto en una ventana del convento ha aparecido una bandera blanca.
-
-Leguía ha mandado a Ochoa a los carabineros como parlamentario, y en
-vista de que no ha habido acuerdo se han reanudado las hostilidades.
-
-Leguía ha mandado preparar y cargar el cañón; dos artilleros lo
-han colocado delante del portillo de la huerta del convento, a una
-distancia de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo el
-obstáculo.
-
-No se ha podido pasar, porque detrás había una barricada formada con
-maderas y con carros, que se ha deshecho de nuevo a cañonazos.
-
-Hemos entrado en la huerta del convento y en la parte de vivienda de
-los frailes. Los carabineros se han encerrado en la iglesia. Parece que
-no tienen municiones, pero no quieren rendirse.
-
-Al poco rato, nueva bandera de parlamento aparece en el tejado de la
-iglesia.
-
-¿Qué hacemos? Un guerrillero de los que se han quedado en la Casherna
-viene diciendo que en el camino de Echalar han aparecido fuerzas del
-batallón de realistas número 10. Son dos compañías que manda el capitán
-D. Teodoro Carmona.
-
-¿Qué hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar. No hay más remedio que
-retirarse.
-
-Se manda aviso a los de la Casherna para que vengan al convento a
-emprender la vuelta a Zugarramurdi.
-
---¿Por dónde vamos?--pregunta Antula a Leguía,--¿hacia Oleta?
-
---No, no; a Zugarramurdi.
-
-Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos, y vamos por el
-barrio de Illecueta a coger el camino de Zugarramurdi. En el alto
-de Lizuñaga se prepara la comida. Se enciende fuego y se hierve en
-cuatro calderos grandes habas secas con tocino. Yo como con gusto y el
-Inglesito mismo no hace melindres.
-
-El postre nos lo da un pelotón de voluntarios realistas mandados por
-Carmona, que empieza a hacernos fuego.
-
-Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre ellos y los dispersa y
-los persigue de risco en risco.
-
---¡Qué tipo este Antula!--le digo a Leguía.
-
---Sí, es un gran tipo.
-
---¿Lo conoce usted desde hace mucho tiempo?
-
---Sí; desde hace mucho tiempo. ¿Que, le interesa a usted?
-
---Sí.
-
---Ya le contaré a usted su vida más tarde.
-
-Por la noche entramos de nuevo en Zugarramurdi, y Leguía explica
-a Valdés los detalles de la expedición, que no ha tenido ningún
-resultado.
-
-
-
-
-III.
-
-EL LEÑADOR DE ANTULA
-
-
- _Zugarramurdi, 19 Octubre; por la mañana._
-
-ESCRIBO en la cocina de la posada, a la luz de un candil. Está
-apuntando el día, un día turbio, húmedo y triste. Hemos estado largo
-tiempo después de cenar, fumando, bebiendo y contando historias a la
-luz de la lumbre.
-
-El Inglesito se nos ha reunido. Campillo, Malpica, Mancha y Leguía han
-contado las suyas; la que más me ha interesado, porque se refiere a
-un tipo como Antula que acabo de conocer, ha sido la de Leguía. Voy a
-transcribir su narración, no exactamente, porque el guerrillero navarro
-ha hecho una porción de divagaciones al contarla:
-
---La vida de Antula--ha dicho D. Fermín--está unida con la mía. Yo
-he nacido en Vera del Bidasoa, en Febrero de 1787, en el caserío que
-se llama Landaburuchipia. Esta casa era de mis abuelos maternos,
-Norberto de Fagoaga y Mariana de Alzate. Tenía veintiún años cuando los
-franceses entraron en España: no sabía escribir y apenas sabía leer. El
-oir los desmanes que hacían los franceses en nuestro país me impulsó a
-echarme al monte, y con Antula, que era un muchacho salvaje, leñador
-de un caserío del monte Larrun y cazador de jabalíes, me reuní al
-cabecilla Belza que operaba en las orillas del Bidasoa... No llegamos
-más que a intranquilizar al enemigo con alguna que otra correría de
-poca importancia. En un viaje que hicimos a Guipúzcoa, Antula y yo a
-recoger caballos, los franceses nos cortaron la comunicación con Belza
-y tuvimos que pasarnos a Vizcaya y a Santander. Allí tomamos parte con
-unos estudiantes en la acción de Santoña. Los estudiantes se batían sin
-orden ni táctica. En un encuentro que tuvimos en Santander el 17 de
-Julio de 1808 a Antula y a mí nos cogieron prisioneros y nos llevaron
-al Castillo Viejo de Bayona. Estuvimos presos setenta y cinco días, y
-el 2 de Octubre nos escabullimos él y yo, entramos en España y nos
-presentamos a la partida de Mina el Estudiante, que se llamaba el Corso
-terrestre. Mina había preparado el levantamiento de Navarra; en esta
-época varios generales franceses a las órdenes de Suchet, entre ellos
-el navarro Harispe, le perseguían. Javier Mina tuvo que esconderse;
-y como era hombre de muchos arrestos solía meterse en los pueblos
-ocupados por el enemigo, y presenció, vestido de aldeano entre un
-grupo de campesinos, el paso del general Suchet que iba de Zaragoza a
-Pamplona. En un pueblo que llaman Labiano, del valle de Aranguren, se
-nos echó encima una columna de tres mil hombres, e hirieron y cogieron
-prisionero a Javier Mina. La prisión de Mina produjo un desorden grande
-en sus fuerzas. Había por entonces tres partidas más en Navarra: la de
-Echeverría, el carnicero de Corella; la de Sádaba, y la del Pelado. Ni
-a Antula ni a mí nos gustaba reunirnos con esta gente de la Ribera, con
-quien no podíamos entendernos bien.
-
-Estábamos vacilando, cuando apareció el tío de Mina, D. Francisco
-Espoz, mandando una partida con los restos de la de Javier Mina. Iban
-con él Mal Alma, el Chiquito de Tafalla, Tomasito el de Azcárate y
-otros.
-
-Don Francisco tuvo diferencias con los demás jefes, y cuando logró
-afirmar su autoridad, una de las cosas que exigió de sus soldados fué
-que se cortaran el pelo al rape, quedando el sólo con el pelo largo en
-señal de superioridad y de mando.
-
-Antula era hombre orgulloso, y dijo:
-
---No me da la gana. Si se corta él el pelo me lo cortaré yo también, si
-no, no.
-
-Y dejó la partida y se marchó con su perro. Yo quedé con Mina. Al
-dividir éste su fuerza en tres batallones me hicieron a mí sargento del
-tercer batallón de Voluntarios de Navarra que mandaba D. Lucas Gorriz y
-del que era oficial Laquidain.
-
-En este batallón tomé parte en la acción de Monreal, donde me hirieron
-en la pierna derecha, y en las de Tafalla, Lerín, valle de Ulzama y
-otras muchas.
-
-Estábamos en Villarreal de Guipúzcoa, me había yo apoderado de varios
-caballos de los franceses, y el general Mina, en vista de la maña que
-me daba, me dijo en vascuence:
-
---Leguía.
-
---¿Qué?
-
---Tú preferirías andar suelto por tu país, ¿verdad?
-
---Sí.
-
---Bueno; pues escoge quince hombres y vete a la frontera de Francia, a
-la parte de las Cinco Villas, y te quedas allí de observación. Todos
-los caballos que cojas nos vendrán muy bien.
-
-Escogí mis hombres y me vine aquí. Estaba entonces incorporado al
-cuarto batallón ligero de Navarra. Al poco tiempo se me presentaron
-varios jóvenes, amigos, de los caseríos inmediatos, que algunos todavía
-están conmigo: Martín Belarra, Erauste, Mendigorri y el leñador de
-Antula con su hermano.
-
-Antula seguía tan salvaje, con sus pelos largos, su capucha, un hacha
-en el cinto y su perro al lado.
-
---Antula guizon fierra da--se decía.
-
-(Antula es hombre orgulloso.)
-
-Nuestra partida daba que hacer. Nos dedicábamos principalmente a quitar
-caballos a los franceses. En poco tiempo les cogimos en la orilla del
-Bidasoa más de cien caballos y les hicimos muchos prisioneros. Luego
-nos apoderamos del castillo de Fuenterrabía...; pero esto es capítulo
-aparte--dijo el guerrillero.
-
-Con nuestras gatadas, el jefe de la Policía francesa de San Sebastián
-y el inspector de Irún estaban ojo avizor. Se pusieron de acuerdo con
-un capitán de la gendarmería para acabar con mi partida. Emplearon
-todos los medios de seducción. Habían puesto mi cabeza a precio y al
-mismo tiempo me mandaban recados para que me pasara a su bando. Una
-de las cosas que hicieron fué mandar a dos muchachas, que engatusaron
-al hermano de Antula y a otro mozo de mi partida y les citaron en un
-caserío de Sara. Cuando fueron los mozos los gendarmes los rodearon y
-los fusilaron.
-
-Antula, que quería a su hermano, se hizo más fiero y más vengativo.
-
-Un día el superior de este convento, en donde hemos estado hoy, el
-padre Romualdo, nos citó a Antula, a Martín Belarra y a mí; dijo que
-tenía que hablarnos.
-
-La suerte hizo que confundiéramos la hora de la cita, y en vez de
-llegar al convento a las doce de la noche en punto nos presentáramos
-a las once. El portero nos abrió y pasamos. Entramos en el campo de
-delante de la iglesia, nos asomamos al claustro y vimos al prior
-hablando con diez o doce gendarmes.
-
---Son los gendarmes--me dijo Antula.--Estamos perdidos.
-
-Retrocedimos rápidamente y salimos al patio.
-
-Los gendarmes se dieron cuenta y avanzaron contra nosotros en la
-oscuridad; Martín Belarra llevaba el fusil, yo tenía pistolas. ¡Fuego!,
-le dije.
-
-Disparamos los dos. Ellos nos contestaron con una descarga. Mientras
-tanto, Antula rompía la puerta de unos cuantos hachazos y nos
-escapábamos.
-
-Sabíamos a qué atenernos respecto a los capuchinos de Vera. Estaban en
-relación con los franceses. Entre los frailes y los curas de entonces
-había unos muy patriotas que se habían lanzado al campo; otros,
-afrancesados, decían que lo mismo daba Bonaparte que Borbón.
-
-Esta gente no se preocupaba, como nosotros, principalmente del interés
-patriótico, sino del interés de la religión. Sobre todo los frailes
-que habían quedado en las zonas ocupadas por los imperiales eran en su
-mayoría afrancesados.
-
-Después de la emboscada que nos prepararon los capuchinos de Vera,
-temiendo las represalias el padre Romualdo reforzó la guardia del
-convento y llevó un retén de gendarmería.
-
-El superior, ya desenmascarado, se puso claramente contra nosotros, e
-hizo que el dueño del caserío donde vivía Antula echara de casa a la
-familia.
-
-Mi partida fué a protegerla con la intención de llevarla a un caserío
-de aquí, de Zugarramurdi; pero al pasar por Peñaplata, por la parte
-que llaman de las Tres Mugas, nos atacaron los gendarmes, y una bala
-perdida fué a dar en el hijo de Antula, que tendría dos o tres años, y
-lo mató en los brazos de su madre. Después los gendarmes entraron en el
-caserío de Antula, sacaron los pobres trastos al campo y les pegaron
-fuego.
-
-La desesperación volvió loco al leñador, que se hizo más sombrío que
-nunca. La gente le tenía espanto. Todo el mundo se echaba a temblar
-cuando le veía, seguido de su perro, con sus ojos claros y brillantes,
-sus cejas rojas, su capisayo pardo y el hacha al cinto.
-
-Tenía tal odio a los frailes, que si encontraba alguno en el camino
-sin más explicaciones le daba una paliza terrible. Al perro le pasaba
-lo mismo: siempre que veía un fraile se echaba sobre él y Antula le
-azuzaba.
-
-Un día, después de la batalla de San Marcial, siendo yo teniente y
-Antula sargento, nos encontramos al padre Romualdo en una venta de
-Echalar en compañía de un oficial inglés y de un militar del Cuerpo del
-general Longa.
-
-El padre Romualdo cantó la palinodia, y como tenía una mala idea de
-nosotros nos ofreció dinero.
-
---Ya sé que te perjudicaron los gendarmes quemándote los trastos de
-la casa--le dijo a Antula;--pues bien, para que no te quejes te voy a
-dar dos mil pesetas. ¿Estamos de acuerdo? Y tú me firmarás un recibo
-diciéndome que no te debo nada.
-
-Antula callaba.
-
---¿Será tan vil para aceptar?--pensaba yo.
-
-El padre Romualdo escribió un recibo.
-
---Firma--indicó;--te daré dos mil pesetas por la casa y quinientas por
-tu hijo.
-
-Oir esto Antula y sacar el hacha del cinto, todo fué uno. Rápidamente
-levantó el arma en el aire y se oyó un grito terrible. Había cortado al
-fraile el brazo derecho por la muñeca.
-
-Se asistió al mutilado y se buscó a Antula, que había desaparecido con
-su perro.
-
-Al terminar su narración, Leguía bebió de un trago el vaso de
-aguardiente y murmuró:
-
---Bueno, señores; vamos a dormir un rato.
-
-Y yo me tendí en un jergón con los pies hacia el fuego, pensando en
-aquel terrible Antula de los ojos brillantes y de las cejas rojas.
-
-
-
-
-IV.
-
-ATAQUE DE JUANITO
-
-
- _Zugarramurdi, 20 Octubre._
-
-JUANITO el de Rochapea conociendo nuestra posición en esta aldea de
-Zugarramurdi, se ha presentado por la mañana a atacarnos con unos mil
-quinientos a dos mil hombres.
-
-Juanito ha formado tres columnas: una al mando de Carmona, otra al de
-Sagastibelza y otra al suyo inmediato.
-
-Nosotros no llegamos a cuatrocientos hombres. Parte de nuestra gente
-ha salido del pueblo a ocupar los altos, asegurándonos de antemano la
-retirada a Francia.
-
-En el casco del pueblo y en la iglesia hemos quedado Valdés, Mancha,
-Malpica y yo con ellos, con cien hombres, la mayoría extranjeros, a
-los cuales al parecer no se les considera muy seguros: la gente de
-Campillo ha ocupado un robledal inmediato, y la partida de Leguía, en
-la que se tiene completa confianza, ha evolucionado por los alrededores.
-
-A las diez de la mañana han roto el fuego las guerrillas enemigas. Su
-objeto era rodearnos, pero no lo han podido conseguir. A pesar de la
-superioridad de las fuerzas realistas no han realizado sus planes.
-
-Los tres grupos de nuestra gente han rechazado al enemigo en todas sus
-acometidas. Campillo ha maniobrado alrededor de un robledal con gran
-pericia de guerrillero.
-
-Entre los nuestros ha habido un francés prisionero, ocho hombres
-muertos y varios desaparecidos. Entre los realistas supongo yo que
-habrán tenido las mismas bajas, quizás algunas más.
-
-Este pequeño éxito no ha servido para animar a nuestra gente. No se
-nos une nadie; no tenemos víveres ni municiones. Si sigue así, no cabe
-duda, la expedición va a ser un fracaso...
-
-
-
-
-V.
-
-CHAPALANGARRA
-
-
- _Zugarramurdi, 21 Octubre._
-
-HOY hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra en Valcarlos.
-Fiado en su gloria de guerrillero y en el influjo que creía tener entre
-sus paisanos, supuso, como muchos de los nuestros, que bastaba su
-presencia para arrastrar a los amigos y hasta a los enemigos.
-
-Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea, Chapalangarra con
-algunos de los suyos fué a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a
-sus órdenes, según me han dicho, ciento cincuenta hombres. De éstos,
-unos cien eran aventureros franceses, casi todos parisienses, gente
-levantisca y poco disciplinada. Entre los españoles iba una partida
-que había reclutado D. Joaquín Cayuela con elementos heterogéneos, y
-algunos curiosos como el poeta Espronceda.
-
-De Pablo abandonó San Juan del Pie del Puerto de noche y avanzó con
-toda su gente hasta Arnegui, aldea que tiene una parte española y otra
-francesa divididas por un riachuelo.
-
-En Arnegui dejó los cien parisienses en un grupo de casas próximo a
-la carretera llamado Ventaberri, para tener, en caso de necesidad, la
-salida libre a Francia.
-
-Hecho esto, él con un grupo de quince hombres a caballo avanzó hacía
-Valcarlos. Valcarlos, en vasco Luzaide, se encuentra en un valle
-estrecho al descender el Pirineo a la llanura de Francia.
-
-El valle de Valcarlos es el final del Barranco de Roncesvalles, que
-comienza en su parte más alta cerca del santuario de este nombre y
-termina en Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real que va de
-Burguete a San Juan del Pie del Puerto, y por su parte baja corre un
-riachuelo que contribuye a formar el Nive.
-
-Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instaló en la posada y comenzó a
-dar disposiciones para defender el pueblo.
-
-Cuando llegaron los hombres de la partida de Cayuela y los demás
-españoles, tenían ya preparado el alojamiento en las casas cerca de la
-iglesia.
-
-Mandó Chapalangarra traer materiales para cerrar la entrada de la aldea
-por el lado de Roncesvalles; pero como no había útiles ni herramientas
-no se pudo hacer nada.
-
-Al día siguiente por la mañana al levantarse el caudillo supo que
-acababa de llegar un leñador con la noticia al pueblo de que por la
-carretera iban acercándose grupos numerosos de tropas realistas.
-
-Estas tropas, salidas de Burguete, se hallaban formadas por el
-regimiento de Infantería 6.º de ligeros, por el batallón de Voluntarios
-realistas número 10 al mando del oficial D. Francisco Benito Eraso,
-comandante del cantón de Roncesvalles, y por una compañía de
-Voluntarios de Navarra.
-
-No había tiempo de fortificar la villa. Eran, además, muchas fuerzas
-las que llegaban para que Chapalangarra intentara oponerse a ellas con
-un puñado de hombres.
-
-No había más remedio que retirarse y volver a Francia, y esa fué la
-opinión de los liberales que acompañaban al jefe; pero Chapalangarra
-exaltado por su patriotismo y por su orgullo, creyó que una retirada
-tan inmediata era una vergüenza y un oprobio.
-
---Dejadme a mí hablarles primero--exclamó.--Son españoles y me oirán.
-
-Y sin hacer caso de observaciones montó a caballo y avanzó al encuentro
-de la primera patrulla de realistas.
-
-Estos, al verle y al oirle, quedaron inmóviles, sorprendidos y
-admirados.
-
---Navarros--gritó el caudillo con voz sonora.--Yo soy de Pablo,
-Chapalangarra; vuestro amigo, vuestro paisano. Vengo a sacar a la
-patria de la ignominia en que se encuentra. Gritad conmigo: ¡Viva
-España! ¡Viva la libertad!
-
-Los realistas verdaderamente absortos no salían de su admiración al ver
-a aquel loco que se les presentaba indefenso, cuando el teniente del
-sexto de Ligeros, D. Pedro Roca, volviéndose a sus soldados dijo:
-
---Voluntarios... Apunten... ¡Fuego!
-
-Los soldados dispararon una descarga cerrada, y Chapalangarra cayó al
-suelo atravesado de balazos.
-
-Algunos de los suyos que se habían detenido esperando un resultado de
-la decisión del caudillo, al oir los tiros escaparon por la carretera
-de Valcarlos a Francia dejando en poder de las tropas de Eraso una
-bandera, doce mil cartuchos y una porción de fusiles y de bayonetas.
-
-Los tercios realistas, viendo la fuga de los liberales echaron a correr
-tras ellos con tal ímpetu, que los liberales no intentaron resistir
-en ninguna parte. Unicamente los parisienses de Ventaberri soltaron
-algunos tiros, pero abandonando pronto las casas de Arnegui entraron
-en Francia. Todos hubieran sido sacrificados en territorio francés a
-no ser por un oficial de la gendarmería, que mandó aviso a los jefes
-de los tercios de que habían pasado la frontera. No hubo necesidad de
-desarmar a los fugitivos, porque habían tirado los fusiles en la huída.
-
-El cadáver de Chapalangarra, abandonado en Valcarlos en medio del
-camino, fué mutilado por los realistas de una manera bárbara y cruel.
-
-Este final ha tenido la empresa de Chapalangarra, final que ha llevado
-el desaliento a nuestra gente.
-
-¡Pobre Chapalangarra! ¡Desdichado! ¡Iluso!--dicen todos.
-
-Ahora me parece estar oyéndole hablar en Cambó, con su voz áspera y su
-mirada sombría y brillante. ¡Pobre hombre!
-
- * * * * *
-
-Quizás mañana hablen también de nosotros con lástima.
-
-
-
-
-VI.
-
-NOTICIAS DE MINA
-
-
- _Errota-sarreco-borda, 23 Octubre._
-
-ESTOY con veinte hombres en un caserío de este pequeño nombre:
-Errota-sarreco-borda. El tal nombre quiere decir, en vasco, la Borda
-del molino viejo. Cerca tengo Errota-berri (el molino nuevo) y
-Errota-echezubi (el puente de la casa del molino).
-
-Errota-sarreco-borda es un caserío pequeño del término de Zugarramurdi,
-hacia Vera. Vive aquí una viuda con tres chicos y un viejo. No hablan
-una palabra de castellano ni de francés, el leñador de Antula me sirve
-de intérprete.
-
-Estamos impacientes por saber lo que ha hecho Mina. Los partidarios
-acérrimos de Valdés desean que no se presente para poder acusarle. ¡Qué
-mezquinas pasiones!
-
-Hace dos días recibí un emisario que venía de Vera a darnos cuenta de
-la entrada de Mina en este pueblo.
-
-Por lo que nos dijo, el 18 se reunió por la noche toda la gente
-disponible que había en Bayona, y Mina la hizo formar fuera de la
-puerta de España y la pasó revista. Se contaron escasamente 350
-hombres, incluídos los 51 de la Compañía Sagrada, compuesta por
-oficiales algunos ya muy viejos que van como soldados.
-
-A la luz de las hachas se saludaron todos como amigos y juraron
-fidelidad.
-
-A Mina le acompañaban el jefe de Estado Mayor, O'Donnell, los generales
-Butrón y López Baños y el coronel Iriarte.
-
-Don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, dió la voz de marcha a sus
-voluntarios que iban de vanguardia, y comenzó la columna a alejarse de
-Bayona.
-
-Mina iba acompañado por Sanz de Mendiondo y por el capellán D. Agustín
-de Apezteguía.
-
-Después de caminar toda la noche del 18, al amanecer del día 19 hizo
-alto con sus tropas en el bosque de Saint Pee; allí permanecieron
-durante el día y al hacerse de noche rompieron la marcha amaneciendo
-cerca de Vera.
-
-Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso a la tropa y
-repartieron varias proclamas en los caseríos próximos.
-
-Al amanecer del día 21, Mina con la columna en orden de combate entró
-en el pueblo. Al acercarse al convento de capuchinos de Eztegara
-envió como parlamentario al comandante D. Felipe Tolosana; pero los
-carabineros que lo ocupaban y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la
-corneta de parlamento se retiraron, saltando la tapia que da al arroyo
-Convetucoerreca y abandonaron el pueblo.
-
-Mina parece que acusa a Leguía de falta de diplomacia con los
-carabineros en nuestra expedición anterior.
-
-Creo que le han informado mal.
-
-
- _Vera, 24 Octubre: mañana._
-
-De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi. Hemos quedado
-reducidos a unos ciento cincuenta hombres. La gente se va a la
-desbandada, sobre todo los aventureros extranjeros que venían
-principalmente en espera de botín. El Cuerpo que manda Leguía es el que
-no ha disminuído; los de Campillo y Malpica se han quedado en cuadro,
-y a Mancha no le resta más que el Inglesito, el tío Juan, Alí y otros
-tres o cuatro.
-
-Nuestra pequeña fuerza está formada por oficiales. El viejo coronel
-Malpica se desespera pensando en las deserciones; de rabia quisiera
-fusilar a medio mundo.
-
-Anteayer se recibió un oficio de Mina dirigido a Valdés. En él Mina
-nombra a Valdés gobernador del fuerte de Vera, y le dice que se
-traslade a este pueblo.
-
-Valdés ha creído ver en tal nombramiento una humillación, y me ha
-dictado un oficio lleno de violencia, afirmando que no reconoce en Mina
-mando alguno. Pasado algún rato me ha dicho:
-
---¿Qué le parece a usted?
-
---En estos momentos sería conveniente que olvidasen ustedes toda
-cuestión de amor propio.
-
---Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted otro diciendo que me
-trasladaré a Vera.
-
-Salimos el mismo día de recibir el oficio, por la noche, y llegamos
-ayer por la mañana. El gobernador del fuerte de Vera nombrado por
-Mina es D. Joaquín Sanz de Mendiondo. Envía parte de nuestra tropa al
-viejo cuartel (la Casherna), parte al pequeño fortín derruído que está
-debajo, y parte al campamento del Bidasoa instalado por Mina en la
-otra orilla del río en el término de Lesaca.
-
-Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo el curso del río ha
-llegado a Irún y ha ocupado el alto de San Marcial con dos compañías de
-guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres de la Compañía Sagrada al
-mando del Pastor. Los voluntarios realistas de Irún han huído a Francia.
-
-
- _Vera, 24 Octubre: noche._
-
-Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de que nos ataquen en Vera
-con fuerzas superiores, y ha dispuesto que Butrón, López Baños y
-O'Donnell, que iban siguiéndole, vuelvan a ocupar el campamento del
-Bidasoa en término de Lesaca con sus fuerzas. Hoy por la tarde han
-llegado, según nos han dicho.
-
-El tiempo está muy malo. El invierno se nos echa encima.
-
-Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado de alojado al pueblo, al
-barrio de Alzate. Estoy en casa de una hermana de Leguía, una señora ya
-anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una tiendecita.
-
-La hermana de D. Fermín me ha recibido muy amablemente. Es alta,
-fuerte, muy guapa. A mí me mira con lástima por verme demacrado y débil.
-
---_¡Gashúa!_--me dice a cada momento. Esto parece que quiere decir en
-vascuence: Pobrecillo. Desdichado.
-
-Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su hermana y han hablado
-largamente. En el curso de la conversación se han ocupado de mí; ella
-le preguntaba al guerrillero:
-
---¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede servir para nada. ¡Tan
-pequeño! ¡Tan _charrico_!
-
-Leguía contestaba:
-
---No, no. Este muchacho tiene nervio.
-
-Yo estoy un poco febril. Este constante llover, esta constante humedad
-me ponen muy triste. Desde la ventana de la cocina de la casa veo el
-paisaje nebuloso y la niebla amarilla y triste que forma como un telón
-en el aire. Todo está convertido en un charco.
-
-De noche, la hermana de Leguía ha encendido una gran fogata en la
-cocina y hemos estado al calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha
-venido a visitarme. La gente dice que es muy raro que en Octubre haga
-tan mal tiempo.
-
-Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos _gashúas_, como dice la
-hermana de Leguía.
-
-
-
-
-VII.
-
-EN EL FORTÍN DE VERA
-
-
- _25 Octubre: mañana._
-
-ME han dejado en el fortín de Vera con quince hombres, mientras los
-jefes hacen reconocimientos. Tengo como asesor a Antula; él sabe el
-vascuence y conoce el terreno. Han supuesto que el leñador y yo nos
-completamos.
-
-Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. La noche pasada
-ha nevado y hay todavía nieve en las cumbres. Son las doce del día.
-Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un poco el sol. Hay grandes
-espacios de cielo azul del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.
-
-Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros de todas clases, que sin
-duda vienen del Norte huyendo hacia los países del sol.
-
-Voy a describir el sitio en donde me encuentro.
-
-Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte de unos mil pies de alto
-que se llama Santa Bárbara. Este monte tiene en la cumbre una ermita
-y restos de trincheras y de otras obras de fortificación que hicieron
-los españoles cuando la guerra con la República francesa en 1794 y en
-tiempo de la Independencia.
-
-Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene una loma que se
-llama Casherna-gaña (Alto de Casherna). La razón de tal nombre es que
-hay en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió durante las
-dos invasiones francesas de cuartel, al que los franceses llamaban,
-naturalmente, la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando y
-vasconizando la palabra francesa, lo llamaron la _Casherna_.
-
-La _Casherna_ está en medio de campos fértiles y su fachada mira hacia
-el pueblo. A su lado izquierdo y abajo, como avanzando a dominar el
-camino próximo al río, hay un fortín construído por cuatro paredes
-ruinosas y una tejavana provisional. A este fortín, en donde me
-encuentro yo, se sube por la estrada que comunica el barrio de Alzate
-con Vera, por una escalera tortuosa que pasa hundida por entre dos
-muros de piedra.
-
-Desde el fortín, donde estamos de guardia, se ve enfrente el pueblo, la
-iglesia con su torre cuadrada por una de cuyas aristas va trepando una
-hiedra y su escalera exterior. Detrás del pueblo cierran el horizonte
-dos montes puntiagudos, uno de ellos con una fila de cruces que sube
-hasta lo alto, que es el Calvario, el otro con varios caseríos.
-
-A mi izquierda hay un valle por donde pasa el Bidasoa. Desde mi
-observatorio no se le ve. Se divisa únicamente el puente y sobre él una
-barriada de casas: Alcayaga, y un poco más abajo otra barriada que se
-llama Zalain. Por encima de los montes próximos se ve una cresta nevada
-como una sierra. Antula me dice que es de la Peña de Aya, del lado de
-Oyarzun.
-
-Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun con grandes manchas de
-nieve.
-
-Todos los montes de alrededor se ven ahora en las alturas blancos, en
-las faldas rojizos por los helechos que se han agostado. Las heredades
-de los valles están cubiertas por las cañas blanquecinas de los maíces
-secos; los tejados brillan por la humedad. Los chopos, los álamos, los
-castaños, tienen el follaje amarillo; los robles todavía están hojosos,
-aunque empiezan a enrojecer. En medio de esta superficie amarilla y
-cobriza que presentan los montes, se ven algunas manchas rectangulares
-de un verdor profundo de los prados.
-
-
- _25 Octubre: al medio día._
-
-La posición que defendemos en este momento, la Casherna, con su fortín,
-sería buena si contáramos con gente; pero la gente nos falta.
-
-Desde la _Casherna_ se pueden vigilar las veredas y caminos de Echalar
-y de Zugarramurdi; desde el fortín avanzado se divisa si viene alguien
-por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado de Guipúzcoa, por
-Endarlaza, o cruzando el Bidasoa, por el puente de San Miguel...
-
-Estoy mirando el pueblo iluminado por este pálido sol; a pesar de ser
-pálido y sin brillo me parece muy hermoso. Es el sol de mi patria.
-
-
- _25 Octubre: tarde._
-
-He tenido una larga conversación con Antula, que me ha hablado de
-sus hombres. ¿Qué hacen estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué
-piensan? ¿Qué proyectan?
-
-Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos y aspiraciones. Hay dos
-de cara alegre que siempre están hablando.
-
-Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen en pensar proyectos de
-comidas.
-
-El uno hace un _menú_ y el otro le pone objeciones, y al contrario.
-Discuten si empezarán su supuesto banquete con sopa de fideos o con
-sopa de pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y si un
-cochinillo asado es más propio para tercer plato que un cordero. Cada
-salsa, cada vino merece una discusión. Los demás les escuchan con gran
-interés y se ríen.
-
-Otros hablan de brujas constantemente y se ponen a mirarse con los
-ojos alucinados, y hay uno de los nuestros que canta y sobre todo
-silba admirablemente. Le llaman _Sosua_ (el mirlo). Sosua suele estar
-asomado a la muralla. Generalmente canta la primera voz y luego canta
-el acompañamiento; y no se contenta con cantar una vez, sino que canta
-muchas veces hasta aburrirse. Hoy le ha dado por una tonada triste.
-
---¿Qué dice, qué significa lo que canta?--le he preguntado a Antula.
-
---Es una canción del país del Sul que se llama Uso churia--me ha dicho
-el leñador.
-
---¿Qué significa?
-
---Esto que ha cantado dice: "¿Paloma blanca, adónde vas? Los montes de
-España están blancos de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo
-tienes en mi casa."
-
-Ahora que sé el significado de la canción me parece más triste aún. Los
-montes están blancos y aparecen como bloques de hielo en el horizonte
-gris.
-
-Sosua sigue con la canción. ¡Qué tristeza! Me parece que me van a
-enterrar.
-
-He aprendido yo la canción de Sosua, y la repito también hasta
-aburrirme.
-
-
- _25 Octubre: noche._
-
-Al oscurecer me han mandado un aviso para subir a la Casherna. Estaban
-reunidos allí Valdés, Leguía, Campillo, Malpica y Mancha.
-
-No se saben los proyectos del enemigo.
-
-Leguía es partidario de dejar la Casherna y el fortín y ocupar el
-convento de Eztegara, proveerse de víveres para un mes y defenderse
-allí. Valdés no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga contra
-nosotros, y supone que Leguía quiere vengarse de los frailes.
-
-Veremos mañana si mejora o empeora nuestra situación.
-
-
-
-
-VIII.
-
-LOS REALISTAS
-
-
- _Fortín de Vera, día 26._
-
-HEMOS pasado una malísima noche en el fortín sin poder dormir. Se nos
-ha echado encima un temporal de agua y nieve que parece que va a durar.
-
-Las tropas del campamento del Bidasoa, próximo a Lesaca, han tenido
-que trasladarse a Vera. Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen
-mandados por el general Butrón y López Baños, y marchan como oficiales
-el brigadier Sancho y los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustín
-Jáuregui y D. Epifanio Mancha.
-
-Esta columna llegó ayer al medio día a ocupar la posición que dejaron
-los nuestros en la orilla del Bidasoa y se encontraron a campo raso,
-sin techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a la intemperie
-resistiendo a pie firme la lluvia y la nieve y por la mañana entraron
-en el pueblo.
-
-Hemos fraternizado los unos y los otros, y les hemos dado lo que
-teníamos.
-
-
- _27 Octubre: al amanecer._
-
-Esta noche he dormido un poco en el barrio de Alzate, en casa de la
-hermana de Leguía. Le he indicado que me despierte a las cuatro, y a
-esta hora me he vestido y he marchado al fortín.
-
-Hay calma absoluta.
-
-No se ha recibido durante toda la noche ningún aviso de los confidentes
-acerca de los movimientos del enemigo, lo cual hace suponer que no se
-ha presentado todavía.
-
-A las cinco de la mañana han tenido una conferencia Butrón y López
-Baños con Valdés. Butrón ha dicho que en vista de que no hay peligro
-de ataque en Vera, saldrá cuando se haga de día hacia las alturas
-de Oyarzun, para reunirse a Mina que debe estar en los caseríos de
-Arichulegui.
-
-
- _27, seis de la mañana._
-
-A las cinco de la mañana se hallaban listos y formados los hombres de
-Butrón y López Baños.
-
-Estaba completamente a oscuras. Butrón no ha querido salir mientras no
-amaneciese, porque, a pesar de que no había noticias de aproximación de
-fuerzas enemigas, no tenía confianza.
-
-A las cinco y media comienza a clarear y aparece el pueblo chorreando
-agua por entre la bruma, en un cielo de nubes de plomo. La campana de
-la iglesia anuncia la primera misa. Siento una profunda tristeza. Me
-gustaría ser el último de los campesinos y vivir esa vida oscura del
-campo...
-
-
- _27, ocho de la mañana._
-
-Iba Butrón a dar la orden de marcha, cuando viene corriendo un
-centinela que estaba en el puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a
-decir que un campesino al pasar por el puente le ha dicho que por los
-altos del término de Lesaca: Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por
-donde pensaba marchar Butrón camino de Oyarzun, hay apostada mucha
-tropa.
-
-Inmediatamente se han dado órdenes de defender el puente de San Miguel,
-y Campillo, Peman y Malpica han salido con tropas y se han colocado en
-el extremo del puente. Valdés distribuye sus hombres por la orilla del
-río.
-
-López Baños y Butrón marchan al pueblo para asegurar la retirada a
-Francia. Leguía va a Santa Bárbara por si por la espalda aparece el
-enemigo. Yo me quedo en el fortín con mis quince hombres.
-
-El día está frío, húmedo y triste. Comienzan a verse grupos de tropas
-realistas en los altos y en una barriada próxima al río que se llama
-Alcayaga.
-
-Hemos tenido aviso de la distribución de las fuerzas enemigas.
-
-Las columnas realistas han maniobrado de noche sin que lo hayan
-advertido nuestros centinelas.
-
-Viene contra nosotros el general Llauder, con más de cuatro mil
-infantes, ochocientos caballos y dos piezas de artillería.
-
-La dirección de estas tropas es la siguiente:
-
-El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva, con mil quinientos
-soldados de tropa y quinientos voluntarios navarros, avanza hacia
-Yanci y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general González
-Villalobos, con mil hombres entre Cazadores, Guardia Real y Provincial
-de Burgos, más cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro, con dos
-mil hombres va a las órdenes del capitán general Llauder. Lleva éste
-el regimiento de Mallorca, los Cazadores, el 13 de línea y Voluntarios
-realistas. Van además con él el primer batallón de Milicias bilbaínas,
-al mando de D. Ignacio Unceta; el 4.º de Vizcaya y la 1.ª columna
-alavesa mandada por Verástegui.
-
-Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto.
-
-Entre nosotros se dice que algunas compañías del 13 de línea se pasarán
-a nuestro campo.
-
-Antula me pregunta si se nos reunirá Mina.
-
-Creo que no. Mina debe estar acampado en este momento en los altos de
-Pago-gaña y de Erlaiz, altos que dominan la orilla española del Bidasoa
-y están frente al monte de Biriatu.
-
-Antula cree que si Mina viniera sería otra cosa. Yo dudo que venga;
-probablemente él estará en disposición de pedir ayuda, porque será
-atacado por las tropas de Villalobos o por las milicias de Sáinz de
-Pedro.
-
-Como para darnos esperanza, los realistas han estado en los altos y
-en la otra orilla del río, en observación, sin atacarnos. En esto,
-entre los nuestros suena un tiro. (¿Será el sino de los liberales la
-torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede retroceder.
-
-
-
-
-IX.
-
-EN EL PUEBLO
-
-
- _Desde la torre de la iglesia._
-
-ESCRIBO estas notas desde la torre de la iglesia de Vera en un momento
-de tregua. Llevamos cuatro horas de fuego.
-
-La primera embestida de los realistas ha sido para ellos infructuosa.
-Al querer pasar el puente, nuestros tiradores, escondidos entre los
-maizales, han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido que
-retirarse.
-
-En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino, los realistas han
-querido utilizar una lancha para cruzar el río; pero el fuego de un
-grupo de soldados de Butrón se lo ha impedido.
-
-Estando en el fuerte de Casherna, uno de la partida de Leguía ha
-venido a decirme, de parte de su jefe, que ha aparecido un grueso
-núcleo de fuerzas por el lado de Santa Bárbara. La han visto avanzar
-por encima de un caserío que llaman Premosa.
-
-Estas fuerzas son, indudablemente, de las que manda Juanito y vienen
-de Echalar, adonde han debido ir desde Zugarramurdi en persecución de
-Valdés.
-
-Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas y dar tiempo a la retirada.
-
-He enviado uno de mis soldados a comunicar la noticia a Valdés. Este
-ha contestado que se le avise en seguida a Leguía para que vuelva y se
-reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno de los guerrilleros a
-caballo con el aviso.
-
-Como las tropas realistas son mucho más numerosas de lo que se
-figuraban los nuestros, han conferenciado Butrón, López Baños y Valdés,
-y han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín y que toda
-nuestra fuerza se refugie en el pueblo.
-
-Antula dice que de retirarse sería mejor marchar por el barrio
-de Alzate a coger el camino de Inzola; pero los jefes tienen dos
-conocedores del terreno de la partida de Leguía y saben lo que hacen.
-
-Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero han marchado los
-soldados de Butrón, que han ido ocupando las casas; después los de
-Valdés, que quedaron un momento escalonados en el camino, y por último
-Campillo, Malpica y Leguía.
-
-Los tres marchaban con sus hombres a cual más valientes. Malpica y
-Campillo iban atentos a la perfección de la maniobra. Llevaban a sus
-órdenes veteranos, entre ellos los dos franceses Alí y el tío Juan.
-
-Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose siempre, parecía
-querer demostrar su invulnerabilidad; Leguía, por el contrario, llevaba
-un fusil, disparaba, gritaba e insultaba.
-
-El Inglesito ha estado magnífico de serenidad y de elegancia.
-
-Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde el fortín a unas
-heredades que llaman de Aguerra y contribuímos a detener al enemigo.
-
-Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas en el puente y en
-el barrio de Alcayaga, y cuando vieron que no había obstáculos en el
-camino comenzaron a pasar.
-
-Mi pelotón ha sido el último que ha entrado en el pueblo.
-
-El gran peligro para nosotros era que mientras nos defendíamos de los
-que llegaban por el río, nos cogieran la delantera los del monte y nos
-cerraran el paso al pueblo.
-
-Afortunadamente no ha sido así y hemos podido llegar sin dificultad
-hasta la plaza de la iglesia, que se encuentra en un alto.
-
-Ahora nuestros hombres se están parapetando en las casas próximas.
-Tenemos ocupado el casco del pueblo. Los realistas se han apoderado de
-la Casherna y el fortín. Esperamos el nuevo ataque.
-
-
-
-
-X.
-
-POR LA TARDE
-
-
- _Caserío Achulecheco-borda._
-
-ESTOY en este caserío descansando un momento. Por ahora, para la
-pequeñez de nuestra fuerza se va verificando la retirada con algún
-orden.
-
-A las diez en punto de la mañana ha comenzado el ataque a Vera. El
-primer empuje ha sido violento, tanto que nos ha hecho creer que los
-realistas tomaban el pueblo al asalto.
-
-Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada de las dos calles en
-cuesta que suben a la plaza.
-
-Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de aquí para allá, a los
-sitios de peligro, animando a la gente. Leguía no era un hombre, sino
-un terremoto; se agitaba, vociferaba, salía a las ventanas a insultar
-al enemigo. Hace un momento les gritaba:
-
---Yo soy D. Fermín Leguía, hijo de este pueblo.
-
-Y los realistas le decían:
-
---Te conocemos. ¡Vendido! ¡Judío! ¡Traidor!
-
---¡Sois unas canallas!--vociferaba él, y disparaba su fusil.
-
-En vista del número de enemigos y de su empuje, Butrón, López Baños y
-Valdés deciden la retirada.
-
-Algunos oficiales han recorrido el camino que va a Francia, por encima
-del pueblo, y salen grupos a guardarlo.
-
-Los oficiales, como los soldados, sabemos que no hay cuartel y que
-nuestro único recurso es la retirada, y la retirada lenta con serenidad
-y orden.
-
-Los tres jefes principales son, además de valientes y de serenos,
-hombres de arranque.
-
-Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia y orgullosa; Butrón
-es animador y tranquilo; López Baños, pequeño, calvo, con una cara
-arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar que no es más
-peligroso recibir las balas que la lluvia.
-
-Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés con las fuerzas que más
-han luchado en el puente sube a los altos que dominan el pueblo y toma
-posiciones con Peman, Campillo y Malpica.
-
-Los soldados de Butrón y de López Baños siguen ocupando las casas, las
-salidas de la plaza a la carretera y la torre de la iglesia.
-
-Antula me dice que hay varios senderos para llegar al camino que va a
-Francia: uno que termina en el Calvario, el otro que serpentea por un
-robledal y sale a un caserío llamado Lasamborda, y el tercero que parte
-por cerca del caserío Cigastea. Todavía hay otro que va escalando la
-altura desde la calle de Alzate.
-
-El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de Butrón, se sitúa en los
-bordes del camino al Calvario entre los árboles y los peñascos.
-
-Una de las compañías guipuzcoanas compuesta de veintiséis hombres a
-las órdenes del capitán D. Juan Croward, se coloca en el sendero del
-robledal que pasa por el caserío Lasamborda.
-
-Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte hombres se dispone a
-defender el camino de Cigastea, y a mí me envían al que baja a la
-calle de Alzate.
-
-El fuego se generaliza con violencia por todas partes. El enemigo
-tantea los sitios más débiles de la defensa para atacar allí. Los tres
-o cuatro mil realistas van avanzando contra nosotros.
-
-En esto vemos que una columna baja de Santa Bárbara y cruza el barrio
-de Alzate.
-
-Leguía se acerca a mí.
-
---¿Ve usted aquella tropa?--me pregunta.
-
---Sí.
-
---Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen a todos. Voy con mi
-gente a detenerlos. Cuando no podamos más nos dispersaremos. Conocemos
-el país. Encontraremos sitio donde escondernos. Tienen ustedes que
-apresurar la retirada. Dígaselo usted a Valdés.
-
-No tengo yo autoridad para hacer desistir a Leguía de su intento. Don
-Fermín reune su gente, y uno detrás de otro, a la deshilada, corriendo
-por entre maizales secos, marchan de prisa hacia donde vienen los
-realistas y comienzan el fuego.
-
-Yo recibo la orden de dejar el camino y subir adonde está Valdés.
-
-En las fuerzas que mandan Butrón y López Baños hay más de treinta
-bajas entre muertos y heridos.
-
-Comunico a Valdés lo dicho por Leguía.
-
-No dice nada y da órdenes para que se apresure la retirada.
-
-Los realistas no se dan cuenta del abandono completo del pueblo hasta
-media hora después de hecho. Han supuesto, quizás, que queríamos
-ahorrar las municiones.
-
-La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego y cerrando el paso a
-los realistas. Su objeto es apoderarse de las primeras casas del barrio
-de Alzate y defenderse allí.
-
-Al ver los realistas que hemos desalojado la villa entran en la plaza,
-y se apoderan de las casas y de la torre de la iglesia. Viendo que
-estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.
-
-Un pelotón de Cazadores entra por el sendero de Lasamborda a forzar el
-paso defendido por los guipuzcoanos mandados por Croward; pero éstos a
-tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, y tienen los Cazadores que
-retirarse y dispersarse en el robledal.
-
-Por el camino del pueblo al Calvario avanza una compañía de tercios
-con ímpetu, al grito de: ¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los
-masones!
-
-El capitán Vidarte los detiene más de media hora haciéndoles bajas, y
-cuando queda sin municiones y sin gente abandona la posición.
-
-Estamos ahora en una explanada del monte que llaman Bidepartieta, donde
-se dividen dos caminos, esperando.
-
-Leguía sigue batiéndose en el fondo del valle. Al acercarse con su
-partida al convento de capuchinos, los frailes se asoman a las ventanas
-y le hacen varias descargas.
-
---¡Canalla!--grita Leguía.
-
---Ven, ven a asaltar el convento--le dicen los frailes.
-
-Leguía tiene que retroceder hacia la izquierda y entra en el barrio de
-Illecueta. Ya allí no le vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su
-partida durante largo tiempo.
-
---Este hombre nos salva--murmura Valdés.
-
-Estamos sosteniéndonos en nuestras posiciones; cuando los tercios que
-han forzado el camino del Calvario se lanzan al asalto.
-
-Al retirarse los que defienden el sendero, los tercios dan una
-acometida fuerte a la bayoneta; las tropas de Butrón creen que van a
-ser protegidas, y viendo que los tercios avanzan sin obstáculo se
-consideran cogidos y comienzan a huir.
-
-Un contratiempo inesperado contribuye a ello. Dos compañías mandadas
-por O'Donnell, emboscadas entre las matas y las piedras, con quienes se
-contaba para aquel momento, no pueden entrar en acción, se encuentran
-con la mayoría de los fusiles inservibles y con que los cartuchos son
-desproporcionados.
-
-Los de Butrón, al verse desamparados comienzan a huir a la desbandada,
-y los tercios corren tras ellos hiriendo y matando a los caídos.
-
-Los soldados de Butrón se han salvado, gracias a un pelotón de
-Infantería de la Compañía Sagrada, formada por viejos de la guerra de
-la Independencia, que se arroja a la bayoneta intrépidamente contra los
-realistas.
-
---No dan cuartel. ¡Libertad o muerte!--gritan los viejos con furia,
-acometiendo ciegos de coraje.
-
-En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos bastan para
-contener a una columna, y los viejos liberales la contienen.
-
-Retroceden un momento los tercios, los soldados de Butrón avanzan, y
-mientras tanto nosotros entramos en fuego.
-
-Pasado este mal momento la retirada comienza bajo la protección de los
-grupos escalonados en el camino. Así vamos, haciendo una marcha lenta,
-con un gran orden, dominando las alturas y los senderos de través. Un
-grupo se defiende entre las matas, las piedras y los árboles, hasta que
-no le quedan municiones. Cuando llega este momento se dispersa; los
-realistas avanzan y se encuentran con otro grupo que les cierra el paso.
-
-Constantemente vamos relevando las tropas de retaguardia.
-
-El primer avance por Bidepartieta ha costado a los realistas más de
-una hora. Dominando el camino que hemos seguido, hay por la izquierda
-un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego ya el terreno se
-despeja, y se va por estribaciones de poca altura pobladas de robles,
-de castaños y de carrascas.
-
-Cada árbol, cada peña, nos sirve de punto de resistencia. Ochoa y yo
-nos lucimos. Nos hemos batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno
-al otro. Valdés nos ha felicitado efusivamente. Para soldados bisoños
-parece que lo hemos hecho bien. El Inglesito demuestra una serenidad y
-un valor extraordinarios.
-
-Hace unos minutos, después de estar defendiendo nuestra posición
-durante un cuarto de hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar.
-
-Encontramos al paso un caserío.
-
---¿Cómo se llama este caserío?
-
---Achulecheco-borda--nos dice un hombre.
-
---¿Nos falta mucho para Francia?
-
---Sí; todavía cerca de una hora.
-
---¿Habrá algo que beber? Lo pagaremos.
-
-Una mujer nos trae una jarra de sidra y la bebemos con ansia. Ochoa
-pide pan.
-
-En este momento, a pesar del frío, siento que mi cuerpo arde.
-
-El sol ilumina el panorama lleno de nieve. Por el lado de Guipúzcoa se
-ve la peña de Aya, con sus cabezos en forma de sierra; Larrun hacia
-Francia, y hacia el interior de Navarra, Peñaplata y luego otros montes
-lejanos y vagos...
-
---¡Cómo me quedaría aquí, aunque fuera tirado en el suelo!
-
-Ochoa grita:
-
---Ya están ahí. Vamos de nuevo.
-
-El Inglesito me agarra del brazo.
-
-
-
-
-XI.
-
-FIN DEL DIARIO DE LACY
-
-
- _28 Octubre. En Frixu-baita: Urruña._
-
-YA ha terminado nuestra empresa guerrera. Estoy ahora en la cama; la
-excitación no me deja dormir. Voy a continuar mi diario. A la salida
-de Achulecheco-borda, Ochoa, el Inglesito y yo tomamos posiciones con
-nuestra gente y las defendimos el tiempo necesario. Tuvimos un muerto,
-que abandonamos, y nos retiramos en formación sin dispersarnos.
-
-Marchábamos todos con un orden verdaderamente admirable, cuando cerca
-de una cantera, a un cuarto de hora lo más de la raya de Francia, por
-un camino que sube de un barranco, apareció a nuestra retaguardia
-la cabeza de una columna de doscientos hombres pertenecientes al
-regimiento de Mallorca.
-
-Por fortuna el camino era estrecho y los realistas venían en grupos
-poco compactos.
-
---¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los masones!--gritaron ellos
-con entusiasmo al ver que rodeaban parte de nuestra gente.
-
-Valdés, que venía muy atrás, estuvo a punto de quedar copado con
-cuarenta o cincuenta hombres que le rodeaban, cuando el coronel D.
-Francisco Cía y Azanza, que llevaba a sus órdenes diez y seis lanceros
-de la columna de Butrón, algunos oficiales de la Compañía Sagrada y
-dos o tres paisanos, entre ellos D. José María Trueba, en total unos
-veinticinco jinetes, dió la orden de cargar.
-
-El terreno era malo, lleno de sinuosidades, de agujeros, de matorrales
-altos y espesos y de troncos de árboles tendidos en la tierra.
-
-El pelotón de Caballería se lanzó contra los grupos del regimiento de
-Mallorca, que lo recibieron con una descarga cerrada casi a quemarropa.
-Cuatro jinetes cayeron muertos del caballo, entre ellos el ayudante de
-Caballería D. Mariano Amorós.
-
-Pasado un momento de vacilación, los jinetes cargaron de nuevo.
-
---Libertad o muerte. ¡Viva la libertad!
-
-Los sables brillaban como rayos, pinchando, golpeando y rajando. Ochoa,
-Malpica y el Inglesito con veinte hombres se metieron por entre los
-helechos y atacaron a los realistas del regimiento de Mallorca a la
-bayoneta, por el flanco y por la espalda.
-
-Los realistas tuvieron que huir a la desbandada.
-
-Las dos cargas nuestras hicieron que quedasen prisioneros diez soldados
-realistas, dos oficiales, los hacheros y la banda de tambores.
-
-Valdés decidió quitar las armas a los enemigos y dejarles volver a sus
-banderas.
-
-Ochoa, satisfecho, se pavoneaba y había adquirido tal confianza, que se
-creía invulnerable.
-
-Subía a los altos para ver el avance de los realistas y permanecía
-quieto desafiando sus balas mirando con sus gemelos.
-
-Al comenzar la tarde aparecieron en las cimas nuevos batallones, entre
-ellos uno de la Guardia Real que parecía querer cortarnos la entrada en
-Francia.
-
-En este momento vi a Ochoa subido sobre unas peñas, tan cerca del
-enemigo, que quedé aterrado.
-
---Baja de ahí--le grité.
-
---¡Ca!--exclamó él.--No saben tirar.
-
---Loca criatura--murmuró el Inglesito.
-
---¡Baja!--volví a gritar yo.
-
---Si no saben apuntar.
-
-Acababa de decir esto, cuando una bala le dió en la cabeza y cayó
-rondando por entre las peñas.
-
-Nos acercamos a él. Estaba muerto. Tenía la cabeza abierta. Era un
-horror. Quise ver si respiraba, pero el Inglesito me agarró del brazo y
-me impulsó a seguir.
-
---No hay nada que hacer con él--me dijo.--Vamos.
-
---Sálvese usted--le dije yo.--Yo no puedo correr más... no puedo...
-
---Un esfuerzo...; ya nos falta poco. Apóyese usted en mí.
-
-Iba corriendo, cuando metí un pie entre unas matas y caí de bruces.
-Cuando quise levantarme sentí que tenía el pie dislocado y que me era
-imposible andar.
-
---Yo no puedo más--exclamé.--Escápese usted.
-
-El Inglesito me cogió por la cintura, me echó al hombro y siguió
-marchando. Yo iba llevado como por el viento.
-
-Al tocar el territorio francés, el Inglesito vió que tenía que
-apresurarse si no quería quedar prisionero. Corrió llevándome a mí
-al hombro, saltando obstáculos por encima de las piedras y de los
-helechos.
-
-Tras de esta carrera desenfrenada llegó al camino real, entró en un
-caserío de la carretera, cerca de Urruña, en donde salió una mujer
-apurada y me dejó tendido en un montón de helechos.
-
---Quédese usted aquí--me dijo.
-
---¿Y usted?
-
---Yo me voy--exclamó.--No quiero que me cojan los franceses--y sin más
-palabras desapareció.
-
-Yo hubiese querido darle las gracias, decirle que si me necesitaba
-estaba dispuesto a pagarle su servicio; pero no tuve tiempo... Me
-incorporé sobre los helechos, me quité la bota del pie dislocado, que
-me dolía mucho, cortando los cordones y esperé con resignación.
-
-Sonaban todavía tiros, cosa que no me explicaba yo estando, como
-estábamos, en territorio francés.
-
-La mujer del caserío, que parecía más tranquila, me dijo que algunos
-de mis compañeros, muertos de fatiga y confiando en que estaban ya en
-Francia, se habían echado en el suelo a descansar. Su confianza les
-perdió, porque fueron fusilados por los realistas.
-
-Añadió que la persecución en territorio francés duraba; pero que
-en aquel momento la Guardia Nacional de Urruña y un pelotón del 63
-regimiento de línea había intimado la detención a los realistas y la
-rendición y la entrega de armas a los liberales.
-
-Llevaba una hora en el caserío, cuando aparecieron Alí y el tío Juan.
-Este venía desencajado apoyado en el otro, sin poder respirar.
-
---¿Está usted herido?--le pregunté.
-
---No; el pecho, la fatiga... Me muero.
-
-Se tendió en el montón de helechos en donde yo estaba, tenía una disnea
-que no le dejaba alentar.
-
-En esto Alí me dijo que Aviraneta y Miguel Aristy se hallaban en un
-cochecito a la puerta. Era cierto.
-
---Suba usted--dijo Aristy.
-
---Aquí hay otro amigo--exclamé.
-
---¿Un español?--preguntó Aristy.
-
---No; es el guardabosque de Ustariz.
-
-Aviraneta y Miguel me ayudaron a subir a mí y después al tío Juan.
-
-Nos acomodamos los tres, y al comenzar a marchar hacia el pueblo
-tropezamos con Malpica, que venía cojeando, sucio, harapiento.
-
---Suba usted--dijo Aristy.--Nosotros iremos a pie.
-
-Aristy nos dirigió a esta casa de Urruña, llamada Frixu-baita, donde
-había alquilado dos cuartos pensando que vendríamos nosotros.
-
-Ahora estoy en la cama, febril y sin poder dormir. Aviraneta nos va a
-traer un médico.
-
-
-
-
-XII.
-
-LOS HÉROES DE LA AVENTURA
-
-
-DE los cuatro recogidos por Miguel Aristy y Aviraneta, Alí, que no
-tenía nada, se lavó, se afeitó, se puso unos pantalones azules, una
-blusa negra y una boina, y salió para Gastizar con el encargo de traer
-un carro con un colchón para transportar al tío Juan.
-
-Por la noche al salir el médico de Frixu-baita, Aviraneta le preguntó:
-
---¿Cómo están estos enfermos?
-
---Medianos. No sé cómo han podido llegar hasta aquí. El viejo francés
-está muy mal, con una bronquitis aguda muy grave.
-
---¿El joven español?
-
---Ese también mal. Me figuro que tiene, desde hace tiempo, focos
-tuberculosos en el pulmón y ha debido de tomar un golpe en el pecho.
-
---¿Y el coronel Malpica?
-
---Ese es el que ha salido mejor librado. Tiene una herida de bala en la
-pierna; pero como no ha perdido sangre y está muy animado, se curará en
-seguida.
-
---Hemos pensado transportar a los tres a sus casas.
-
---Si no es muy lejos está bien.
-
-Al día siguiente, por la mañana, Miguel Aristy aparejó su coche y llevó
-en él hasta Ustariz a Malpica y a Lacy. Al ponerse en camino, Lacy se
-encontró con un oficial español que conferenciaba con un francés.
-
---¡Lacy!--gritó.
-
---¿Eres tú Sampau?--dijo Lacy.
-
---¿De dónde vienes? ¿Qué te pasa?--exclamó Sampau.
-
---¿Y tú?
-
---Yo he venido con las tropas de Llauder persiguiendo a los liberales.
-
---Pues yo he estado con los liberales.
-
---¿De verdad?
-
---Sí.
-
---¿Has estado en Vera?
-
---Sí.
-
---¡Pensar que podía haberte matado!
-
---Y yo a ti.
-
---¿Adónde vas ahora?
-
---Voy a Ustariz, un pueblo de por aquí cerca, a descansar.
-
---¿Vives en ese pueblo?
-
---Por ahora sí.
-
---¿Estarás allá dentro de quince días?
-
---Seguramente.
-
---Pues iré a verte.
-
-Se despidió Lacy de Sampau y Aristy siguió adelante en su tílburi.
-
-Malpica y Lacy presenciaron, desde el fondo del carricoche, la división
-en grupos de los liberales españoles que hacían los oficiales franceses
-para enviarlos a los depósitos de Bourges, Perigueux y Limoges.
-
-En los jefes liberales españoles se veía la cólera y la vergüenza de la
-derrota; los soldados se manifestaban indiferentes.
-
-Ni para unos ni para otros el porvenir era muy halagüeño. El Gobierno
-francés les daría treinta céntimos de sueldo y una ración de pan a cada
-soldado y dos francos diarios a los jefes.
-
-Malpica y Lacy cruzaron por entre sus compatriotas sin ser reconocidos
-y se dirigieron a Ustariz.
-
-Por la tarde Alí se presentó en Frixu-baita con un carrito y un colchón
-a llevar al tío Juan a su casa.
-
-Pusieron al guardabosque dentro del carro arropado con mantas, y
-Aviraneta y Alí se dirigieron por Saint Pee a entrar en los robledales
-del cantón de Ustariz.
-
-Llegaron a la cabaña del tío Juan al amanecer.
-
-Esta cabaña, Aldasoro de nombre, estaba rodeada de otras cuatro o
-cinco. En el interior esperaba el intendente Darracq.
-
---¿Usted va a Ustariz?--le preguntó a Aviraneta.
-
---Sí.
-
---¿Quiere usted llevar una carta a madama de Aristy?
-
---No tengo inconveniente.
-
-Darracq se sentó a la mesa, cogió un lápiz y papel y vaciló.
-
---Es difícil decir esto--murmuró.--Casi será mejor darle el recado
-de palabra. Dígale usted a madama de Aristy que el tío Juan, el
-guardabosque, está muy grave. El tío Juan es pariente muy próximo de
-madama Aristy.
-
---Está bien; se lo diré.
-
-Aviraneta marchó a pie a Ustariz.
-
-El tiempo estaba claro. El viento soplaba con fuerza. La veleta de
-Gastizar rechinaba, y el dragón seguía amenazando a todo el mundo con
-la flecha de su lengua.
-
-
-
-
-XIII.
-
-LOS RESULTADOS DE LA EMPRESA
-
-
-UNOS días después se supo el resultado de la empresa liberal. De los
-quinientos hombres de Valdés y Butrón que habían luchado en Vera, más
-de cien habían quedado en España entre muertos, heridos y prisioneros.
-De estos últimos se aseguraba que algunos habían sido fusilados en Irún
-y que otros lo iban a ser al llegar a Pamplona.
-
-Mina y Jáuregui se habían salvado haciendo prodigios de valor. Mina
-anduvo por los montes, desorientado, perseguido y ojeado por perros de
-caza, que echaron los realistas tras él. Después de fatigas enormes,
-rendido y con las viejas heridas echando sangre, llegó a tocar Francia.
-
-En la parte de Aragón y Cataluña la invasión no se efectuó. Méndez Vigo
-quedó inmóvil en Mauleón, no habiendo podido reunir armas ni organizar
-sus tropas.
-
-Gurrea, Milans del Bosch y San Miguel no hicieron cosa eficaz en la
-frontera.
-
-En Gibraltar la salida proyectada por Torrijos, Palarea, Escalante y
-sus amigos fué impedida por el gobernador inglés de la plaza.
-
-Respecto a Fermín Leguía, a quien se creía perdido, apareció días
-después en Bayona.
-
-Algunos que llegaron de Vera contaron su persecución y trajeron unos
-versos en vascuence que había escrito el versolari Martín Coplari
-contra Leguía. Este versolari era conocido en el país por su canción
-sobre _Buenaparte_.
-
-Los versos contra Leguía empezaban así:
-
- Armada eder bat ecarridigu
- Verara, Fermín Leguiac.
-
-(Un hermoso ejército nos ha traído a Vera Fermín Leguía.)
-
-Y concluía explicando el fracaso:
-
- Comisanyura goician zuten
- Viserregueren trampiya
- Iruñiaco videa libre
- Eben ustez valentiya
- Zacu videan lertu eta
- Isuritzayo cantiya.
-
-Lo que traducido libremente quiere decir:
-
-El día de todos los santos por la mañana tenían la trampa preparada
-para el virrey. El camino de Irún libre. Ellos se creían valientes,
-pero el saco se les ha reventado en el camino y se les ha derramado el
-grano.
-
-Aviraneta, que tenía carta de seguridad y no había tomado parte en el
-movimiento, volvió a Bayona días después.
-
-Allí por mediación de Iturri se le comisionó para que secretamente
-fuera vendiendo los caballos que se habían salvado de la expedición.
-
-Aviraneta hizo el encargo y fué vendiendo los caballos guardados en el
-bosque de Saint Pee a los tratantes españoles y franceses.
-
-
-
-
- LIBRO CUARTO
-
- BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL DRAGÓN
- DE GASTIZAR
-
-
-
-
-I.
-
-EL TÍO JUAN
-
-
-AL llegar Aviraneta a Ustariz se encontró a Choribide que marchaba en
-un cochecito camino de Bayona. Choribide se detuvo a pedir noticias.
-
---Me voy de Ustariz, señor Aviraneta--dijo después.
-
---Lo siento mucho, si esto le molesta.
-
---Sí, algo me molesta. ¿Qué noticias hay? ¿Cómo ha terminado la
-expedición de los liberales españoles?
-
-Aviraneta contó lo ocurrido y la enfermedad del tío Juan el
-guardabosque.
-
---¿Y está grave?
-
---Sí, muy grave.
-
---¿No ha sospechado usted quién es este tío Juan?
-
---No.
-
---Es el marido de madama de Aristy.
-
---¿De verdad?
-
---Sí.
-
---¿Estaban separados?
-
---Sí. Más que por nada por motivos políticos y religiosos. Es absurdo.
-¿Verdad? El tío Juan ha sido siempre un ateo y un jacobino. Ella creía
-que daba un mal ejemplo a los hijos.
-
---¿Usted lo ha conocido en otro tiempo?
-
---Sí. Ya lo creo... Voy a aplazar mi viaje y voy a visitarle por si
-acaso me necesita. Le he hecho algunos favores.
-
-Choribide se dirigió hacia el bosque y Aviraneta a Gastizar. Preguntó
-por madama de Aristy, dijo a la criada que tenía que hablar a su ama
-con urgencia y pasó al salón.
-
---Señora--dijo,--vengo a traerle a usted una mala noticia. El señor
-Darracq me ha encargado que le diga a usted que el guardabosque a quien
-llaman el tío Juan, está gravemente enfermo.
-
-Madama de Aristy quedó alterada.
-
---¿Qué le ha ocurrido?--preguntó.
-
-Aviraneta contó cómo le había encontrado en Urruña de vuelta de la
-fracasada expedición liberal.
-
---¿Estaba allí Miguel, mi hijo?
-
---Sí.
-
---¿Le han dicho a usted que el tío Juan es pariente mío?
-
---Lo he adivinado--contestó Aviraneta.
-
-Madama de Aristy contempló en silencio a don Eugenio.
-
---¿Usted qué cree que debía hacer?
-
---Yo, señora, no sé la clase de resentimientos que ha habido entre
-usted y su esposo, pero supongo que éste se encuentra en el actual
-momento gravísimo, quizás moribundo. Creo que lo mejor que podría usted
-hacer sería decir a su hijo lo que ocurre, contarle los motivos de
-diferencias con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la cabaña del
-tío Juan.
-
---Sí, tiene usted razón. Eso haré. ¿Quiere usted esperar un momento?
-
---Con mucho gusto.
-
-Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel y al caballero de
-Larresore, y tuvo una explicación con ellos. Al terminarla apareció
-Miguel, intranquilo e inquieto.
-
---¿Está mal, de veras?--preguntó a Aviraneta.
-
---Sí.
-
---Hay que ir de prisa. ¿Usted no querrá volver?
-
---No tengo inconveniente.
-
---Le agradeceré a usted que venga, porque estoy un poco trastornado con
-una noticia así.
-
-Madama de Aristy había mandado por un coche, en donde iban a ir ella,
-el caballero de Larresore, el médico y el vicario Dostabat. Miguel y
-Aviraneta tomarían el tílburi.
-
-Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo la expectación del
-pueblo.
-
-Al llegar a Aldasoro bajaron y entraron a ver al enfermo. El médico
-dijo que estaba agónico y que le quedaban solamente horas de vida.
-
-Madama de Aristy habló a su marido a solas, y tras larga conversación
-le indicó que debía confesarse.
-
---No--dijo enérgicamente el tío Juan, y volvió la cabeza hacia la pared.
-
---Yo, como usted, le encargaría de esa misión a su hijo--propuso
-Aviraneta;--yo trataré también de convencerle.
-
-Aviraneta y Miguel Aristy se quedaron en el cuarto del enfermo. Este,
-sin duda, se hallaba intranquilo y receloso. De pronto se irguió en la
-cama y se quedó mirando fijamente a Aviraneta.
-
---Señor--exclamó,--que me dejen morir en paz.
-
---¿No quiere usted que venga ningún cura?
-
---No.
-
---No vendrá.
-
---¡Gracias! ¡Muchas gracias!
-
-Miguel se acercó a la cama.
-
---¿Qué hace usted aquí?--le preguntó el tío Juan de repente.--¿Qué está
-usted espiando?
-
---Soy yo Miguel... el de Gastizar.
-
-No se atrevió a decir su hijo.
-
-El tío Juan le contempló con una mirada curiosa y de anhelo.
-
---¡Ah... sí... sí!--murmuró, y se tendió de nuevo en la cama.
-
-Miguel le arregló la cubierta de la cama, y el viejo le agarró la mano
-y la besó.
-
-Miguel quedó conmovido y se le saltaron las lágrimas.
-
-Durante todo el día el enfermo estuvo desvariando. Al anochecer comenzó
-a palidecer y a ponerse lívido, y murió.
-
-Alí marchó a Ustariz por un ataúd.
-
-De noche estuvieron en la cabaña, velando al muerto. Aviraneta,
-Larresore, Choribide, el intendente Darracq y Miguel.
-
-El intendente contó la vida de su primo Aristy, que acababa de morir,
-una vida íntegra, de fanático por sus ideas.
-
---La verdad es--dijo burlonamente Choribide a Aviraneta--que ha
-tenido que venir un gascón para dar un ejemplo de consecuencia en el
-pueblo, porque lo que es Garat y yo no hemos quedado como hombres muy
-consecuentes en política.
-
---Parece que la influencia de la veleta de Gastizar es muy
-grande--replicó D. Eugenio con sorna.
-
---¡Pse! Hay que cambiar--replicó Choribide.--La vida es cambiar. Yo no
-creo que ser esclavo de sus prejuicios sea una superioridad.
-
---No; es más bien el resto de la gente quien cree eso--dijo
-burlonamente Aviraneta.
-
-Por la mañana se verificó el entierro en el mismo bosque. Los aldeanos
-de los caseríos vecinos se reunieron en Aldasoro, los hombres formaron
-un corro y las mujeres otro. Hacía una mañana hermosa y tibia, el sol
-amarillo se esparcía por el campo.
-
-Sacaron al ataúd de Aldasoro y lo colocaron en un carro de bueyes y lo
-llevaron hasta el pequeño cementerio que tenía la barriada del bosque.
-
-Allí cogieron el féretro Miguel, Ichteben el criado de Gastizar, Alí y
-Darracq, y lo dejaron sobre un montón de tierra próximo a la fosa.
-
-Bajaron la caja al fondo del hoyo que no era profundo, y fueron
-cubriéndola de tierra. Al medio día todos volvieron a Ustariz.
-
-Al día siguiente madama de Aristy hizo que se celebrara un funeral
-solemne en la iglesia por su marido.
-
-
-
-
-II.
-
-EL VERANILLO DE SAN MARTÍN
-
-
-LACY se había curado de la dislocación del pie, pero la estancia en la
-cama le había debilitado y agravado su enfermedad crónica del pecho.
-Por lo que decía el doctor Elissalde, el mejor médico de Ustariz,
-tenía ya muy pocas probabilidades de curarse. Habían mandado venir a
-un especialista de Bayona en consulta, y los dos doctores, después
-de auscultar y percutir al enfermo, habían asegurado que sólo una
-casualidad podría salvarlo.
-
---Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga
-el tamaño del ala del murciélago, como dice el padre Hipócrates,
-morirá--dijo el doctor Elissalde, sonriendo.
-
-El doctor era de estos hombres pulidos y emperifollados y un tanto
-empalagoso. Los ¡Oh! ¡Oh!, los ¡Ah! ¡Ah!, los _¡Tiens! ¡Tiens!_ y las
-frases más almibaradas estaban siempre en sus labios. Tenía una sonrisa
-de satisfacción para todo. Cuando a Miguel le decía que su amigo Lacy
-estaba desahuciado, lo decía de una manera tan jovial, tan alegre, que
-indignaba a Aristy.
-
-Aristy había tomado afecto a Lacy y hubiese querido saber un medio de
-posible curación para emplearlo.
-
-El doctor Elissalde aseguraba que era imposible. Lo único que se podría
-conseguir era que el pobre muchacho tirara un poco más.
-
---Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga el
-tamaño del ala del murciélago...--repetía el doctor sonriendo.
-
- * * * * *
-
-El tiempo que hacía invitaba a salir de casa y a pasear. Después de las
-grandes lluvias otoñales había comenzado el veranillo de San Martín,
-que parecía un verano de verdad.
-
---Hay que aprovechar el buen tiempo--decía Miguel a Lacy;--hay que
-tomar el sol. Esta es la mejor época en nuestro país...
-
-Y era cierto. El otoño es, sin duda, la estación más agradable en el
-país vasco. El campo, que en verano tiene un manto verde, uniforme,
-adquiere en otoño una variedad extraordinaria de colores; la hierba,
-los helechos rojizos, los árboles con hojas amarillas, todo toma unos
-tonos fogosos, ardientes. Hay además en el país vasco francés una
-serenidad, un reposo, que no hay en el español; el paisaje es más
-abierto, más tranquilo, más soleado, las gentes son más dulces, las
-campanas que tocan las oraciones desde lo alto de las torres son más
-melancólicas y menos imperiosas, más sentimentales y menos dogmáticas.
-
-Lacy disfrutaba de esta calma, de esta serenidad.
-
-Por la mañana al levantarse veía desde la ventana la niebla inmóvil
-que llenaba el valle de Ustariz, las casas musgosas que echaban humo
-por las chimeneas y escuchaba las campanas que retumbaban sonoras y
-acompasadas en el aire silencioso. Luego, a medida que se levantaba
-el sol, la bruma se deshacía en jirones y se desvanecía dejando el
-cielo azul. Por la tarde el calor apretaba y al anochecer comenzaba
-el frío y venían las nieblas en pelotones blancos rasando el suelo
-y la superficie de los arroyos a apoderarse de los bosques y de los
-barrancos.
-
-Miguel Aristy solía llevar a Lacy a pasear en su cochecito al sol, a
-los montes inmediatos.
-
-Los árboles estaban amarillentos y rojizos, las hojas secas jugueteaban
-por los senderos.
-
-Miguel tenía que quedarse muchas veces en su casa.
-
-Era época de grandes preparativos en el campo. Aristy dirigía las
-labores de abonar las tierras, de podar los árboles y hacía grandes
-hogueras con los hierbajos arrancados, a los que pegaba fuego al
-anochecer.
-
-Lacy, con esta atención de los enfermos, lo contemplaba todo con una
-gran curiosidad.
-
-Parecía que quería fijar en la retina por última vez las cosas del
-mundo.
-
-Lacy no se alarmaba pensando en su porvenir. Se creía muy grave, y, sin
-embargo, hacía proyectos.
-
-Lacy tenía una gran preocupación por Dolores Malpica; sentía por ella
-un entusiasmo muy próximo al amor.
-
-Hablaba constantemente de ella y de todo cuanto tuviera relación con
-ella. A Miguel le hubiese molestado, quizás en otro, este entusiasmo
-por la mujer de su hermano; pero en Lacy no le molestaba.
-
-El enfermo alternaba con este tema de conversación, los recuerdos de la
-última etapa de la fuga por los montes de Vera.
-
-Le preocupaba el pensar qué habrían hecho del cadáver de su amigo
-Ochoa. La idea que se lo hubiesen comido los perros o los cuervos le
-trastornaba.
-
-También le mortificaba la actitud del Inglesito, que le había salvado y
-había desaparecido sin dejarle ni siquiera su nombre.
-
-¿Es que le despreciaría aquel inglés? ¿Es que quizás pensaba que no le
-iban a saber agradecer su heroísmo?
-
-La idea de no poder expresarle su gratitud le entristecía.
-
- * * * * *
-
-Lacy paseaba durante las horas de sol por el campo y por la huerta de
-Gastizar. Subía con Miguel a un manzanal en un alto, y se sentaba sobre
-algún montón de hierba seca.
-
-Desde allá, la antigua casa solariega parecía rejuvenecerse,
-galvanizarse por arte mágica, cuando le daban los rayos del sol. Las
-viejas piedras de Gastizar se doraban, las vidrieras centelleaban y
-lanzaban dardos, el dragón de la veleta se agitaba en el aire azul...
-
-Al caer de la tarde el caserón parecía desde arriba un inmenso dado de
-oro; luego al inclinarse más los rayos solares, adquiría un tono de
-púrpura y parecía algo irreal y fantástico... De pronto el sol se ponía
-detrás de un robledal, y en un instante desaparecía la llamarada; la
-casa entonces era como un cadáver electrizado a quien se le acababa la
-corriente y quedaba en seguida tenebrosa, siniestra... Al momento en el
-valle todo era oscuridad, frialdad, melancolía.
-
-Lacy suspiraba y volvía a Gastizar.
-
-Casi constantemente estaba con los Aristy.
-
-Acompañaba a Miguel y miraba cómo disponía éste las labores campestres;
-solía ir con frecuencia a la biblioteca en donde Darracq le mostraba
-sus libros y las mil cosas recogidas en sus viajes.
-
-Darracq había domesticado a los gorriones, que entraban en la
-biblioteca y se acercaban a comer a su mano, Lacy se divertía dando a
-los pájaros migas de pan.
-
-Las señoras de Gastizar tenían también grandes atenciones para Lacy.
-Le guardaban el mejor sitio delante de la chimenea, le hacían postres
-delicados y le traían flores.
-
-En la sala de Gastizar había siempre por aquella época jarrones con
-inmensos ramos de crisantemos. Era uno de los lujos que madama de
-Aristy gustaba tener en su casa.
-
-Mezclados con los crisantemos, madama de Aristy ponía matas de
-heliotropo que perfumaban la estancia.
-
-Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna sonata, de violín y piano,
-de Beethoven, y se le veía a Lacy escuchar muy conmovido con la cara
-llena de lágrimas.
-
-
-
-
-III.
-
-LA FAMILIA DE CHIMISTA
-
-
-DON Valentín Malpica al llegar a su casa abrazó a su hija y a sus
-nietos.
-
---¿Qué ha pasado?--le preguntó Dolores varias veces.
-
---Nada. Un fracaso más.
-
-Don Valentín creía que estas cosas de la guerra eran sólo para hombres,
-y que con las mujeres no se debía hablar de ellas.
-
-Al día siguiente Dolores averiguó que su padre estaba herido. Malpica
-dijo que no era nada. El pensaba que sabía más que los médicos y
-que con algunas hierbas se curaría. Efectivamente, gracias a su
-constitución se curó pronto, aunque él creyó que era gracias a su
-ciencia.
-
-Don Valentín estaba acostumbrado a mandar en su casa despóticamente.
-Pronto notó con asombro la oposición que le hacía Margarita Tilly,
-defendiendo a Dolores. A D. Valentín le sorprendió tanto, que casi
-le hizo gracia. Malpica desarrollaba una gran cantidad de trabajo al
-día, aunque no siempre útil, pues el tiempo se le pasaba en hacer y
-deshacer, en ir y venir.
-
-El viejo coronel no podía aguantar el aire embebido y absorto que había
-tomado su hija desde que le había abandonado su marido.
-
---¡Muévete, dormilona!--le decía.--Te vas a quedar tonta.
-
-Margarita se indignaba.
-
---¡Bruto, más que bruto!--solía murmurar por lo bajo.
-
---Déjale--decía Dolores,--él me quiere así, a su modo.
-
-Era la manera de ser cariñoso de D. Valentín. Si tenía que recomendar
-silencio, decía: Silencio en las filas; y cuando había que prepararse
-para algo, gritaba: ¡Escuadrones!
-
-El chico Miguelito le imitaba y se reía.
-
-Margarita, convertida en amiga íntima de Dolores, se quedaba muchos
-días en Chimista. Solían ir a veces a la cocina del piso bajo, donde
-vivía Fanchon, y hacían grandes fogatas y asaban castañas en el
-rescoldo.
-
-Los días buenos, Margarita y los chicos, Grashi Erua y Chistu corrían
-por los campos.
-
-
-
-
-IV.
-
-SIMONA BUSQUET
-
-
-POCOS días después de la muerte del tío Juan, madama Aristy se presentó
-en el Chalet de las Hiedras acompañada de Ichteben, y dijo a madama
-Carolina y a Simona que hicieran el favor sin pretexto alguno de
-abandonar la casa.
-
-Madama Carolina había amenazado anteriormente a la señora de Aristy con
-divulgar en el pueblo que era la mujer de un revolucionario y regicida
-como el tío Juan. Ya no tenía arma ninguna que emplear contra la
-propietaria de Gastizar y se resignó a dejar la casa sin protesta.
-
-No así la Simona. Esta, más violenta y agresiva, puso a la señora
-de Aristy como un trapo. La insultó en su marido, en sus hijos y en
-sus amigos. Madama de Aristy, pálida y con los ojos brillantes, no
-contestó, pero al marcharse dijo con voz iracunda:
-
---Saldrá usted de aquí inmediatamente, si no la mandaré echar por los
-gendarmes.
-
-Efectivamente, salieron las dos mujeres y fueron a parar a la posada
-del Caballo Blanco.
-
-Madama Carolina a los pocos días se marchó para no volver; Simona quedó
-en Ustariz, animada por el ardor de la venganza.
-
-Manejaba a las muchachas del Bazar de París y a Marcos el del molino.
-
-Poseía por instinto esa táctica de los intrigantes que consiste en
-unir y desunir voluntades moviendo el resorte de los caracteres. Sabía
-sembrar una sospecha, cultivarla si existía, y alimentar un resquemor o
-una mala pasión con cariño. Era la única para indisponer a dos personas
-amigas.
-
-Tanta confianza llegó a tener con las dos señoritas de la Bastide y con
-su abuela, la Diosa Razón, que dejando la posada del Caballo Blanco
-fué a vivir con ellas. Intrigante y mentirosa como era Simona, llegó a
-convencer a todos de la verdad de sus embustes.
-
-Desde que se instaló en casa de las señoritas de La Bastide se la veía
-muchas veces en el mostrador despachando.
-
-Simona era una mujer bonita, con la cara muy cuadrada, la frente ancha,
-la nariz corta, los ojos muy negros, muy vivos, un poco juntos y muy
-rasgados, y el pelo castaño. Tenía una palidez mate, una expresión de
-intranquilidad y de suspicacia, unos _tics_ nerviosos que agitaban su
-rostro y una sonrisa de dolor, de ironía y de maldad.
-
-Parecía que estaba siempre dispuesta al ataque, como un cínife o una
-avispa.
-
-Simona tenía una conversación más picante y más amena que las señoritas
-de La Bastide, e hizo que la tertulia del Bazar aumentase y tomara más
-crédito.
-
-Dejó al mismo tiempo en el ambiente un semillero de rivalidades, de
-suspicacias y de complicaciones.
-
-Simona aduló y lisonjeó a Larresore y lo llevó a su campo, con la
-intención de sacarle noticias de lo que pasaba en Gastizar; pero el
-viejo caballero era maestro en malicias y en marrullerías y supo
-defenderse sin decir nunca nada en concreto.
-
-
-
-
-V.
-
-EL PRÍNCIPE QUIROMÁNTICO
-
-
-DOS o tres comisionistas solían presentarse en Ustariz todos los meses.
-Recorrían los principales comercios y hacían una parada larga en el
-Bazar de París, que era el principal establecimiento de la villa.
-
-Uno de los más asiduos de estos viajantes era el señor Pardies
-d'Espelunque, accionista y dependiente de un almacén de Burdeos.
-
-Monsieur Pardies d'Espelunques era un señor de más de cuarenta años,
-fuerte, rechoncho, moreno, de bigote largo, negro y engomado. Pardies
-era gascón, pasaba por ser de origen español y sus íntimos no le
-llamaban Joseph sino Pepito, que ellos decían _Pepitó_.
-
-Pardies tenía la cabeza grande con la melena negra y encrespada y la
-cara mefistofélica. A pesar de la hermosa cabellera que lucía mientras
-iba cubierto, en lo alto del cráneo estaba calvo, y para disimular su
-calvicie tenía el sistema de llevar los pelos de un parietal a otro,
-así que su cabeza mirada a vista de pájaro tenía un enrejado que
-parecía un dibujo topográfico hecho con tiralíneas.
-
-Pardies d'Espelunques era un hombre hablador, turbulento y exasperado,
-cínico y burlón. Solía vender sus géneros mareando a los compradores
-con su verbosidad.
-
-Pardies era elocuente, revolucionario, dantoniano, y pronunciaba las
-erres a la española. Su exclamación favorita era decir: ¡Pardies!--y
-luego añadía:--Así me llamo.
-
-Un día Pardies se presentó en Ustariz con un señor de pobre aspecto.
-Aquel señor podía ser todo menos comisionista. El comisionista en
-algunos pueblos es el representante más brillante de la civilización y
-de la elegancia. Aquel señor, a pesar de su aspecto, era comisionista.
-
-Vendía medallas, rosarios, escapularios y otras chucherías
-místico-religiosas bendecidas por el Papa y traídas de Jerusalén.
-Pardies llevó a su compañero a los distintos comercios del pueblo y
-estuvo un momento con él en el Bazar de París.
-
-La Diosa Razón del Bazar, como sus nietas, recibían siempre muy
-amablemente a Pardies y reían sus gracias.
-
---¿Cómo se llama su compañero de usted?--preguntó Martina, una de las
-señoritas de La Bastide, a Pardies.
-
---Se va usted a reir--dijo el comisionista.
-
---¿Por qué? ¿Es un nombre tan raro?
-
---Es un nombre raro para él. Se llama Rohan. Luis de Rohan. Es
-descendiente del príncipe de Rohan.
-
---¿De verdad?--preguntó, extrañada, Simona.
-
---Sí, sí.
-
-El señor de Rohan era alto, cano, afeitado, muy humilde, muy místico.
-Tendría unos cincuenta años, el pelo blanco, la cara roja, con un
-sarpullido blanquecino. Solía andar con un gabancito raído, una bufanda
-de lana y un sombrero de copa, metido hasta las orejas. Cuando marchaba
-de prisa, cortando el viento con su nariz afilada y roja y sus brazos
-largos, cojeando un poco, parecía un galgo a quien le hubiesen pegado
-una pedrada en una pata.
-
-Simona dijo que debía llevarle a Rohan a la tertulia del Bazar, y
-Pardies prometió ir con él al anochecer.
-
-Efectivamente, después de cenar en la Veleta fueron los dos al Bazar
-de París. Rohan habló con una gran unción y con un acento francés
-muy puro. Cuando su amigo Pardies cometía alguna falta gramatical le
-corregía sonriendo.
-
---¡La gramática! ¡Bastante me importa a mí la gramática!--dijo
-Pardies.--Todo eso no es más que reaccionarismo. ¡Si viniera la
-nuestra! Lo primero que haría es pedir la cabeza de todos los
-gramáticos de Francia. Ya lo creo. _¡Pardies!_ No asustarse, señoras.
-Así me llamo.
-
---No le hagan ustedes caso--replicó riendo Rohan y dirigiéndose a
-Simona y a las señoritas de La Bastide.--Es un embustero.
-
---Yo, embustero. Y la cabeza de usted pediría también, señor Rohan.
-
---Me haría usted un favor--replicó Rohan--frotándose las manos con su
-aire meloso y llorón.--¡La vida! ¡Pse! Para mí no tiene valor. Tengo fe.
-
---¡Bah! ¡Bah! Usted es un impostor príncipe. Todos esos escapularios y
-medallitas los fabrica usted en su casa y ni han estado en Jerusalén
-ni mucho menos. La impostura le viene a usted de familia.
-
---¡Qué bárbaro!--exclamó Rohan sonriendo y corrigiendo con su sonrisa
-amable el dicterio.
-
---Sí, bárbaro porque uno dice la verdad. En cambio yo tengo sangre de
-jacobino _¡Pardies!_ Así me llamo. ¿Usted sabe cómo me confirmé yo,
-señor de Rohan?
-
---No, ¿cómo quiere usted que yo sepa eso, mi querido amigo?
-
---Pues cuando yo era chico mi padre era del Comité de Salvación
-Pública de Bayona nombrado por Monestier del Puy-de-Donce. Un día mi
-padre me dijo: Vamos a comer con el ciudadano Monestier. El ciudadano
-Monestier era un _ci devant_ cura. Entramos en su casa y fuímos al
-comedor. En la mesa en vez de manteles había paños de los altares y
-las copas eran cálices.--¿Qué harías tú pequeño ciudadano--me preguntó
-Monestier--si yo te dijera que este vino es sangre de aristócratas?
-Lo bebería--contesté yo. ¡Ya lo creo! _¡Pardies!_--no asustarse,
-señoritas. Es mi nombre.
-
---¡Qué farsante!--exclamó riendo Rohan.
-
-La diosa Razón del Bazar de París sacó una tabaquera y ofreció un polvo
-de rapé al príncipe. Los dos se atiborraron las narices de tabaco y
-estornudaron con gran satisfacción. Simona, a quien no divertían las
-frases de Pardies tanto como a las señoritas de La Bastide, se puso a
-hablar con Rohan.
-
-El príncipe era un hombre un tanto misterioso, creía o aparentaba creer
-en sortilegios, en hechicerías y en amuletos.
-
-Simona era también supersticiosa y se dejó llevar por el camino a que
-le arrastraba Rohan.
-
---¿Podría usted averiguar mi sino?--le preguntó ella.
-
---Sí.
-
---¿Y decirme después qué tengo que hacer para corregirlo?
-
---También.
-
---¿Por las líneas de la mano?
-
---Sí, por las líneas de la mano.
-
---¿Ahora mismo?
-
---Será mejor mañana--contestó Rohan con su acento llorón--tengo que
-recogerme mucho, concentrar mi atención y convendría que estuviéramos
-solos.
-
---Bueno, venga usted mañana por la tarde a mi cuarto.
-
-Al día siguiente el príncipe se presentó en la habitación de Simona
-con dos libros debajo del brazo. Uno era las "Disquisiciones de magia"
-del padre Martín del Río, y el otro el tratado de "Arte magnética" del
-padre Kircher.
-
-El príncipe dejó los libros en un velador y se sentó frente a Simona
-con el sombrero de copa sobre las rodillas. Hablaron la aventurera y el
-príncipe largo rato, él siempre muy humilde, muy quejumbroso y con gran
-unción.
-
---¿Quiere usted que empecemos?--preguntó Simona.
-
---Lo que a usted le parezca.
-
-Simona mostró su mano. El señor de Rohan sacó unas grandes antiparras,
-se las colocó gravemente, cogió la mano y la estudió con meticulosidad
-abriendo y cerrando los dedos.
-
---¿Qué le dice a usted mi mano?--preguntó Simona.
-
---¡Oh, dice tanto!--exclamó Rohan con un aire elegíaco y al mismo
-tiempo de inspirado.--Aquí se ve todo su pasado. En su comienzo su
-vida es difícil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene usted cuidados
-paternos.
-
---Sí, soy hija natural--dijo Simona--no he conocido a mi padre.
-
---La mano lo dice--replicó el príncipe.--Y sin embargo usted es de
-raza aristocrática. Quizás su madre era una mujer del pueblo, pero
-su padre era un gran señor. En su infancia hay abandono, miserias,
-enfermedades. En los primeros años de su juventud hay un disgusto
-grande... una fuga de casa... después viajes por el extranjero,
-amores... vigilancia... una amistad con una mujer rubia.
-
---Cierto, todo eso es cierto--murmuró Simona.--¿Y ahora?
-
---¿Ya quiere usted pasar al presente? ¿No quiere usted saber siquiera
-lo que me dice la mano de usted de su temperamento?
-
---Sí, sí.
-
---Es usted tímida y atrevida, sensible y dura, de pasiones fogosas y al
-mismo tiempo sencilla y humilde. No le han querido a usted nunca como
-usted ha querido.
-
---Es cierto, es cierto.
-
---Está usted hoy en un momento de crisis; hay un hombre rubio que la
-quiere y dos mujeres que la odian, una ya vieja y la otra joven...
-extranjera. En este momento está usted en lucha con ellas. Las dos
-intentarán perseguirla y humillarla, pero usted podrá librarse de su
-presencia.
-
---¿Cómo?--exclamó Simona.
-
---La manera más segura sería hacer un largo viaje.
-
---No, no, no quiero eso. ¿No hay otra solución?
-
---Veré.
-
-Rohan tomó el libro del padre Kircher, lo abrió, leyó enfáticamente
-trozos en latín hasta que se detuvo en un párrafo marcándolo con el
-dedo.
-
---Será conveniente que se quite usted todas las alhajas que lleva y no
-use usted de hoy en adelante más que una mano de coral y un rubí en el
-dedo del corazón.
-
---¿Y venceré al fin a mis enemigas?
-
---Sí. El agua acabará con una de ellas y el fuego con la otra.
-
-Simona preguntó al príncipe lo que le debía.
-
---Lo que usted quiera--contestó el señor de Rohan volviendo de pronto a
-su aspecto humilde y a su aire quejumbroso.
-
-Simona alargó un luis que el príncipe lo cogió con cuidado y se lo
-metió en el bolsillo. Después el hombre largo tomó sus libros debajo
-del brazo y se retiró haciendo una reverencia. Al llegar a la calle
-en su boca había un rictus irónico y en ojos una gran alegría que se
-tradujo ostensiblemente en que de pronto el mago se frotó las manos con
-gran satisfacción.
-
-Simona se puso a pensar acerca de lo que le había dicho el príncipe
-quiromántico y quedó convencida de que era verdad. Ella era atrevida
-y tímida, humilde y orgullosa, dura y de corazón blando, ¿quién no
-se cree un producto excepcional y extraordinario de la naturaleza
-con todas las más nobles facultades y todas las más extrañas
-contradicciones? El príncipe quiromántico le había dicho la verdad.
-Nadie le había querido, existían dos mujeres que la odiaban. Todo esto
-le pareció axiomático.
-
-Las palabras del misterioso Rohan fueron produciendo en ella una gran
-agitación y llegaron a traducirse en hechos.
-
-
-
-
-VI.
-
-LA VENGANZA DE SIMONA
-
-
-SIMONA Busquet vivió durante algún tiempo anhelante pensando en las
-predicciones de Rohan. Un día el cartero le llevó un pliego que le puso
-en un estado de intranquilidad y de nerviosidad grande.
-
-A la mañana siguiente Simona se presentó en Gastizar, llamó y dijo a
-Ichteben a voz en grito que comunicara a la señora de Aristy que León,
-su hijo, acababa de ahorcarse en París. La noticia era cierta y llevó
-la desolación a Gastizar. Simona la había sabido por una carta de
-Carolina.
-
-La resignación y el recogimiento de las dos familias, la de Gastizar y
-la de Chimista, irritaron a Simona, que pensó en llevar más lejos su
-venganza.
-
-Simona, que era tan vengativa como envidiosa, había comenzado a odiar a
-una de las señoritas del Bazar y llegó a quitarle su amante Marcos, el
-gascón.
-
-Marcos se dejaba querer por las dos mujeres; la Simona le daba dinero,
-y el mozo, en vez de trabajar, se pasaba el día en la taberna bebiendo
-y jugando.
-
-Como la sed de venganza era en Simona inextinguible, pidió a Marcos
-que, como una prueba de cariño a ella, incendiase Chimista, la casa
-donde vivía Dolores Malpica. El fuego acabará con una de ellas le había
-dicho Rohan. Simona pintó a su amante una serie de ultrajes supuestos
-que le había inferido a ella la española.
-
-Marcos sabía que el negocio era grave, pero dijo que lo estudiaría.
-
-Había en la parte de atrás de Chimista dos almiares grandes de heno y
-otros dos de helecho. Un día de viento sur uno de los montones comenzó
-a arder con violencia; el fuego se comunicó a los otros tres y el
-viento llevó las llamas hacia la casa.
-
-Afortunadamente, Fanchon y Praschcu se dieron cuenta del siniestro,
-llamaron a otros vecinos y entre todos a palos apagaron el fuego.
-
-Se sospechó, sin pruebas, que había sido Marcos el gascón. Ichteben,
-el criado de Gastizar, le había visto pasar a Marcos por el puente
-hacia el pueblo dos horas antes del siniestro. Naturalmente, el autor
-material del crimen no podía ser él.
-
-Marcos fué detenido, negó toda participación en el hecho y fué
-puesto en libertad. Marcos siguió llevando su vida de holgazanería y
-de crápula, sacando siempre dinero a la Simona cada vez en mayores
-cantidades.
-
-En esto un día Mandharra, el chico del caserío de Gros Jean, el
-tramposo, vino con Praschcu, el marido de Fanchon, al pueblo y se
-dirigió al Juzgado.
-
-Praschcu contó al juez que el chico aquel había sido el que había
-pegado fuego a los montones de hierba seca de Chimista, instigado por
-Marcos el gascón.
-
-Mandharra declaró que era verdad que Marcos le había impulsado a que
-encendiera la hierba, y para darle ánimo le había emborrachado con
-aguardiente.
-
-Marcos volvió a ser preso y negó todo lo que decía el muchacho; pero
-los indicios se acumulaban contra él.
-
-Simona, pensando sin duda que la venganza la había llevado demasiado
-lejos y que las predicciones de Rohan no se cumplían al pie de la
-letra, huyó del pueblo.
-
-Marcos el gascón preguntó en la cárcel varias veces por ella, y al
-saber que se había escapado, contó al juez lo ocurrido y denunció a
-Simona como instigadora del crimen.
-
-La Simona fué presa, y Marcos y ella fueron poco después condenados a
-presidio.
-
-
-
-
-VII.
-
-NAVIDAD TRISTE
-
-
-ES el día de Navidad. Llueve; el tiempo está negro, la niebla espesa
-da una opacidad gris al ambiente. El campo encharcado, lleno de cañas
-secas de maíz, se va convirtiendo en lago turbio, que burbujea al caer
-las gruesas gotas de agua.
-
-El cielo de plomo se aclara a veces, toma otras un color de tinta,
-brilla el resplandor del sol en un monte y con tono claro y con tono
-oscuro llueve con idéntica furia.
-
-En el salón de Gastizar, al anochecer, hay un aire de pesadez y de
-tristeza. Las dos señoritas de Belsunce se aburren más que nunca; la
-una lee, la otra hace una labor; madama de Aristy dice a las muchachas
-cada cuarto de hora:
-
---Id a la guardilla y ved si hay goteras.
-
-Las muchachas suben, riendo, al desván. Las goteras cantan suavemente
-en los barreños como si fueran martillos que golpearan un tímpano.
-El desván de Gastizar muestra su armazón de vigas fuertes como el
-esqueleto de un animal gigantesco.
-
-En el suelo de madera, carcomido y combado, se ven montones de maíz;
-calabazas largas, redondas, surcadas, rugosas, unas rosadas de un color
-de carne, otras verdes como la piel de un cocodrilo; ajos muy blancos,
-cebollas irisadas y montones de heno que exhalan un olor exquisito.
-Por la claraboya abierta entra el aire húmedo y templado de la tarde,
-y se ve cruzar la lluvia en líneas brillantes que parecen varillas de
-acero. El viento se divierte en jugar por entre los pilares de madera
-que sostienen el tejado, hace por los rincones hu... hu... como un buen
-gnomo que soplara en un caracol, y arrastra por el suelo briznas de
-hierba y de helecho seco.
-
-En el salón, en la chimenea, al lado del fuego están Miguel Aristy,
-Darracq y el caballero de Larresore.
-
-Aristy está melancólico y mira ensimismado las llamas. Larresore se
-exalta en frío contra un enemigo al que, desde hace algún tiempo, tiene
-como blanco de sus tiros: el Romanticismo.
-
-Larresore se considera adversario personal de Hernani, de Víctor
-Hugo, queriendo convencerse de que este drama está muy mal, aunque
-se entusiasma con sus versos. Llama a los románticos Erostratos,
-iconoclastas, bárbaros enemigos de la tradición latina.
-
-La señorita vieja de Belsunce, otras veces le lleva la corriente y
-habla con sorna de las mujeres pálidas, lánguidas y tristes.
-
-Esta noche tradicional hay como un ambiente de frío y de tristeza en la
-casa. El señor de Aviraneta, que otras veces va de visita a Gastizar,
-hoy no ha aparecido. Se dice que el joven Lacy está tan grave, que no
-pasará del día.
-
-El caballero de Larresore, a quien molesta este aire glacial, ha hecho
-esfuerzos inútiles para animar la conversación; ha hablado durante
-largo tiempo del camino de hierro entre Liverpool y Manchester, de
-la inauguración de esta vía y del accidente ocurrido al duque de
-Wellington.
-
-En vista de que el asunto no templa los ánimos, se ha decidido a
-bromear sobre los sansimonianos. Tampoco ha tenido éxito.
-
-La criada anuncia que la cena está en la mesa, y van todos al comedor.
-
-Madama de Aristy pálida, se acuerda de su hijo León y no prueba
-bocado. Miguel está ensimismado y triste, las señoritas de Belsunce de
-mal humor, Darracq indiferente. Larresore hace esfuerzos para conservar
-su indiferencia jovial.
-
-Después de cenar, Larresore y Miguel se sientan cerca de la lumbre. Se
-oye el agua que golpea en los cristales y que entra por la chimenea a
-caer chirriando en las brasas.
-
-Y luego a lo lejos, en el campo, se escuchan voces roncas que cantan un
-villancico.
-
---¿Usted no se pregunta a veces--dice Miguel a Larresore--si la vida no
-será una estupidez?
-
-El caballero se queda mirando al fuego, y murmura:
-
---¿Y para qué hacerse esa pregunta?
-
---Sí; es la verdad, tiene usted razón. ¿Para qué?
-
-Y los dos hombres callan y sigue oyéndose el azotar de la lluvia en los
-cristales y el murmullo del viento en los árboles.
-
-
-
-
- LIBRO QUINTO
-
- LA DECADENCIA
- DEL
- DRAGÓN DE GASTIZAR
-
-
-
-
-I.
-
-LA CAZA DEL DRAGÓN
-
-
-OTRA porción de desdichas tan grandes como las anteriores presidió el
-dragón de la veleta de Gastizar por aquel tiempo; las luchas de unas
-elecciones donde hubo heridos, los estragos del cólera, la muerte de
-Lacy, el suicidio de Grashi Erua, la loca, que un día se la encontró
-flotando sobre un estanque de agua clara.
-
-La gente del pueblo, y sobre todo la gente de Gastizar, llegó a mirar a
-la veleta con cierta preocupación mal disimulada.
-
-Ciertamente no era fácil que un artefacto de hierro influyera en la
-existencia de los hombres. Pero ¿quién sabe?
-
-Al llegar el otoño la veleta de Gastizar adquirió nueva vida con los
-vientos fuertes del equinoccio.
-
-Los habitantes de Gastizar, que antes no se fijaban en si chirriaba o
-no, comenzaron a intranquilizarse con su ruido. Madama Aristy no podía
-dormir; la señorita de Belsunce, tampoco.
-
-Entonces se decidieron a quitar la veleta. Fueron Miguel, Darracq e
-Ichteben, como quien va a una caza peligrosa, una mañana antes de que
-nadie se hubiese levantado. Alicia les sintió en el desván y se unió a
-la expedición. ¿No era ella la descendiente de Gastón de Belsunce, que
-había matado al dragón de la cueva de San Pedro de Irube en el siglo XV?
-
-Miguel tomó toda clase de precauciones al salir por el tragaluz; se ató
-una cuerda a la cintura y se dispuso a salir al tejado.
-
---A ver si nos hace una herejía este viejo dragón--dijo Miguel riendo.
-
-Al arrancar la veleta, Miguel se desolló una mano y estuvo a punto
-de resbalarse. Darracq le ayudó, y entre los tres hombres y Alicia
-metieron el artefacto en la guardilla. Estuvieron contemplando el
-dragón largo tiempo.
-
---Pobre viejo.--Ya no podrás amenazar con tus garras al cielo--dijo
-Miguel como quien pronuncia una oración fúnebre;--ya no podrás
-comunicarte con aquella vieja lechuza parda que se acercaba a ti
-durante el crepúsculo. Ya no sonará tu áspero chirrido por las noches.
-¡Condenado a prisión perpetua entre unas botellas vacías y unas
-sombrereras, has perdido tu virulencia, pobre dragón de la veleta de
-Gastizar! ¡Adiós! ¡Adiós!
-
-
-
-
-II.
-
-LOS AMORES DE MARGARITA
-
-
-A la primera noticia buena se respiró en Gastizar.
-
-Esta fué la boda de Margarita Tilly y Sampau. Sampau había ido con
-mucha asiduidad a visitar a su amigo Lacy durante el invierno.
-
-Sampau estaba de guarnición en San Sebastián y le daban a menudo
-permiso para pasar la frontera.
-
-Sampau visitaba a Lacy e iba con frecuencia a Gastizar a ver a
-Margarita, a quien había conocido de chico.
-
-Sampau era un muchacho guapo que estaba muy convencido de su guapeza.
-
-Era alto, moreno; llevaba bigote y patillas cortas.
-
-La primera vez que se volvieron a ver en Chimista, Margarita y Sampau,
-no tuvieron una entrevista afectuosa.
-
-No se habían encontrado desde la infancia.
-
-Margarita había decidido no presentarse a él. Sampau quería verla y se
-lo dijo a Dolores Malpica.
-
---Está bien; iremos nosotros a verla--dijo Dolores, y en compañía del
-militar fué al piso bajo de Chimista, a casa de Fanchon, donde apareció
-Margarita, un poco pálida y con un aire desdeñoso.
-
---Margarita, ya no quieres ni verme--le dijo Sampau.
-
---No sabía que estuvieras aquí--replicó ella con marcada frialdad.
-
----He venido a ver a este pobre Lacy, que está tan enfermo.
-
-Habló Sampau de la enfermedad de Lacy y de las pocas probabilidades que
-tenía de curación.
-
-Al despedirle Sampau dijo a Dolores con cierta petulancia:
-
---Celebro que Margarita tenga la amistad de usted. Le conviene; porque
-yo creo que esta cabecita rubia está un poco destornillada.
-
-Margarita hizo un gesto de desdén.
-
---No, no--replicó Dolores.--Todos dicen ustedes lo mismo, y no es
-cierto. Aquí yo sólo sé lo que trabaja, y lo bien que lo lleva todo, y
-lo tranquila y lo juiciosa que es. Ha de ser una ama de casa excelente.
-
-Margarita se ruborizó.
-
---¿Usted lo cree así? Pues así será. Yo me figuro a Margarita montada a
-caballo, con un látigo en la mano, pero no cosiendo ni zurciendo.
-
---Pues no es así. Es una muchacha hacendosa, sencilla...
-
---Sí, será cierto--dijo Sampau;--pero no se puede negar que es una
-desagradecida. Ya ve usted cómo me ha recibido a mí. Pues sepa usted
-que yo la he llevado en brazos cuando era niña.
-
---¿De verdad?
-
---Sí. Cuando ella nació yo tendría ocho años. La recuerdo en la cuna,
-que parecía una muñeca. Luego más tarde solíamos jugar con ella su
-hermano, Lacy y yo, y como yo era el mayor y el más alto y la llevaba
-en hombros, era el preferido. Entonces creo que estaba algo enamorada
-de mí.
-
---Yo de ti--exclamó Margarita.--¡Majadero! ¡Fatuo! Eso es lo que debes
-creer tú, que todas las mujeres se enamoran de ti.
-
-Sampau hizo la observación de que Margarita estaba más guapa cuando se
-incomodaba, y ella cambió de aspecto y tomó una actitud desdeñosa.
-
-Las visitas de Sampau menudearon.
-
-Cuando el médico dijo que la enfermedad de Lacy se acercaba al
-desenlace, Sampau pidió una licencia de un mes y se estableció en la
-Veleta de Ustariz. Allí asistió en su enfermedad a su amigo, hasta que
-éste un anochecer murió dulcemente sin darse cuenta.
-
-El dolor de ver morir a Lacy acercó más a Margarita y a Sampau.
-
-A medida que Sampau y Margarita se entendían, él se hacía menos fatuo y
-ella menos desdeñosa.
-
-Sampau tomó como protectora a Dolores.
-
---Yo quisiera--le dijo un día--saber los sentimientos de Margarita por
-mí.
-
---Yo creo que le tiene a usted afecto.
-
---¿Usted cree que no me rechazará?
-
---Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella.
-
-Dolores llamó a Margarita y se sentaron los tres en el cenador de la
-huerta. Hacía un día de Abril de sol hermoso y de cielo claro.
-
-Dolores contó a Margarita lo que habían hablado ella y Sampau.
-
---Sí, Margarita--dijo Sampau;--yo te quiero.
-
---Yo también te quiero--repuso ella.
-
---Entonces ¿estás dispuesta a seguirme, a ser mi mujer?
-
---No quisiera marcharme de aquí. ¡Aquí he vivido tan feliz! Tengo tanto
-cariño a todos los de esta casa--y Margarita cogió la mano de Dolores y
-la miró con ansiedad.
-
---Ya vendrás alguna vez--dijo Dolores;--tu marido te traerá aquí.
-
---Cuando ella quiera. Ahora no falta más que una cosa: fijar el día de
-la boda.
-
-Al despedirse Sampau abrió los brazos, Margarita vaciló un momento,
-pero se echó en ellos y se desasió después palpitante y enamorada.
-
-
-
-
-III.
-
-UNA SOMBRA DE OTRA ÉPOCA
-
-
-AL proyectarse la boda de Sampau con Margarita se pensó en
-comunicárselo a las respectivas familias y a los amigos.
-
-Margarita, por lo que dijo, estaba reñida con sus tíos; sus hermanos,
-que vivían en Jersey, eran pequeños, y únicamente tenía la abuela
-paterna en un pueblecito cerca de París. Esta señora se titulaba la
-condesa de Tilly. Margarita le dió parte de su boda suponiendo que ya
-estaba bastante vieja y que no vendría; pero un día le avisaron que
-fuera a la posada de la Veleta porque acababa de llegar su abuela.
-Efectivamente, esta señora bajó de la diligencia en compañía de una
-criada vieja con una cofia blanca.
-
-La condesa de Tilly era una señora pequeña de estatura, sonrosada, con
-el pelo blanco y los ojos muy azules, que debía haber sido muy bonita.
-
-La condesa se quejó a su nieta de las pocas comodidades de la posada.
-
-Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la abuela se opuso a ir a una
-casa de campo lejana.
-
-Miguel Aristy supo la perplejidad en que se encontraba Margarita, y
-ofreció una habitación en Gastizar para la anciana señora.
-
---Que venga a casa--dijo;--la trataremos lo mejor que podamos.
-
---¡Oh, muchas gracias!... No sé si ella querrá.
-
---Se lo propondremos.
-
-Aristy fué a visitar a la condesa y quedaron los dos muy amigos. La
-abuela coqueteó con Miguel como si tuviera veinte años.
-
-Miguel se mostró con ella galante y un poco libertino. Fingió, sin
-esfuerzo, que era de la misma edad que la condesa, lo que a ella le
-divirtió muchísimo.
-
-Después de un largo rato de conversación se decidió que la anciana
-señora y su criada marcharan inmediatamente a Gastizar. La condesa se
-instaló sin escrúpulos ni ceremonias.
-
-Tenía una gracia para aceptar completamente del antiguo régimen.
-
-La criada de la condesa era el polo contrario de su ama. Era difícil
-encontrar una vieja más agria, más malhumorada, más suspicaz, más
-tacaña que la de la cofia blanca. Al día siguiente de llegar, todos los
-criados de Gastizar la odiaban fervorosamente. A pesar de esto, ella
-les dominaba porque era astuta y sagaz.
-
-Madama de Aristy y las señoritas de Belsunce quedaron entusiasmadas con
-la condesa. El caballero de Larresore le dedicó unas sonrisas y unas
-galanterías del más auténtico Versalles.
-
---Condesa--le decía el caballero de Larresore con un aire inspirado
-y sentimental;--¡en qué época nos encontramos! Nosotros, que hemos
-conocido a María Antonieta en Versalles.
-
---Yo no, yo no--decía la condesa,--yo no soy tan vieja; entonces era
-muy pequeña. Yo recuerdo que me puse de largo cuando guillotinaron a
-Luis XVI.
-
---Y lo sentiría usted, condesa, como algo atroz.
-
---Sí; pero teníamos otras muchas cosas en que pensar.
-
-La vieja señora no tenía ninguna simpatía por el caballero de
-Larresore, porque éste siempre le estaba hablando, según ella, de su
-edad.
-
---No sé para qué me recuerda este caballero tiempos pasados--decía la
-condesa.--Es una impertinencia. Otros también tienen años.
-
-Miguel le daba la razón, y le decía:
-
---Usted siempre parecerá joven, condesa.
-
-Y ella al oirle sonreía entre burlona y satisfecha.
-
-La condesa había llevado una vida accidentada; había conocido el tiempo
-de Luis XVI y los horrores de la Revolución, el Directorio, el Imperio
-y la Restauración. Al parecer había sido una mujer muy solicitada
-por los hombres, y le quedaba la facultad de seducir a la gente sin
-proponérselo.
-
-A Miguel Aristy le tomó como confidente y le contaba su vida y hasta
-sus amores.
-
---Pensar que me han perseguido Mirabeau, Barras, Talleyrand. ¡Uf! ¡Qué
-cosas ha visto una! ¡Qué horrores! ¡Qué disparates!
-
-Y unía las manos y cerraba los ojos como si sintiera el vértigo con los
-recuerdos.
-
-Otras veces preguntaba:
-
---¿Quién fué el que decretó el culto del Ser Supremo? ¿Napoleón? No.
-Fué el señor de Robespierre. ¿Verdad? Sí, fué el señor de Robespierre.
-Recuerdo que aquel día tuvimos que vender un traje mío y otro de
-mi madre para comer. Esto fué cuando la batalla de Waterloo. No...
-Después... No, no.
-
-La condesa de Tilly no era capaz de detenerse en una cosa o en una idea.
-
---Perdonadme si digo alguna vez tonterías--decía.--¡La vida me parece
-tan larga! Estoy deseando morir. ¿Usted cree que habrá alma, Miguel?
-
---Sí; supongo que sí.
-
---¿Pero alma inmortal?
-
---No sé, eso no sé; ni creo que lo sepa con certeza nadie.
-
---Sabe usted que yo he sido atea en otra época y que leí libros de
-Voltaire y de Holbach. ¡Qué horror, verdad!
-
---Sí, un completo horror.
-
---Ahora soy completamente creyente, como un niño. ¿Habrá cielo, Miguel?
-¿Eh? ¡Si no, qué vamos a hacer en la tierra, en un sitio tan frío, tan
-húmedo!
-
---No sé qué podremos hacer. La tierra es cosa poco cómoda,
-indudablemente.
-
-Margarita iba con frecuencia a Gastizar y trataba a su abuela como a
-una niña; le acostaba y le reñía.
-
-Se fijó el día de la boda de Margarita para Mayo. La ceremonia se
-verificó con gran rumbo. La condesa de Tilly se presentó ante el altar
-vestida de color de rosa y llena de joyas, y estaba tan bien con sus
-cabellos blancos y sus ojos azules, que produjo el entusiasmo de todos.
-
-Al salir de la iglesia había dos coches en la carretera; en uno
-entraron Sampau y Margarita, en el otro, la condesa de Tilly con su
-criada vieja de la cofia blanca.
-
-Larresore y Miguel besaron la mano de la condesa.
-
---¡Qué lástima que sea tan vieja, Miguel!--exclamó ella, con los ojos
-azules llenos de lágrimas.
-
---Siempre será usted encantadora--contestó él, besándole la mano.
-
-Y los dos coches tomaron el camino de Bayona, llevando uno la juventud
-y el amor, el otro la vejez y los desengaños.
-
-
-
-
-IV.
-
-EN CHALANTA
-
-
-LA víspera del día de San Juan, Sampau y Margarita, ya casados, se
-presentaron en Ustariz.
-
-Miguel les convidó a ir a Cambó, donde había fiesta, y fueron en un
-coche grande todos los de Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe
-llevaba como caballero al joven Larralde-Mauleón, que la galanteaba,
-y Alicia Belsunce a un vizconde gascón, el vizconde de Florac que le
-había empezado a hacer la corte.
-
-Había feria en Cambó. Se habían reunido una porción de vendedores
-ambulantes con coches y puestos con cuchillos, azadas, objetos de
-cocina y ferretería, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos al mercado.
-
-Hubo por la mañana gran partido de pelota, por la tarde vísperas y
-después baile.
-
-En el quiosco de la música, hecho con unos toneles y adornado con
-ramas, se tocó la música hasta las doce de la noche.
-
-A esta hora los bailarines se fueron a beber agua de la fuente de San
-Juan y se vió todo el monte iluminado con hogueras.
-
-Al día siguiente se decidió volver, por la tarde, a Ustariz. Miguel
-propuso tomar dos lanchas grandes y embarcarse en ellas.
-
-El día era caluroso, de viento Sur; no corría una ráfaga de aire y las
-hojas parecían petrificadas en la calma del ambiente.
-
-Bajaron a la orilla del río.
-
-En la proa de la primera lancha se puso Manich, un virtuoso del
-acordeón; luego se fueron instalando los demás.
-
-El acordeonista fué trenzando y destrenzando sus melodías banales y
-extrayéndolas del pulmón de su instrumento.
-
-Las dos _chalantas_ comenzaron a deslizarse despacio por el río claro.
-
-La tarde era espléndida, de una tranquilidad admirable; el cielo, azul
-puro y tranquilo.
-
-Margarita y Sampau hablaban, ella llevaba una rama por la superficie
-del agua; Alicia y el vizconde de Florac, Fernanda Luxe y el joven
-Larralde parecían dispuestos a cantar el eterno dúo de amor, tan viejo
-siempre y siempre tan nuevo. Dolores cuidaba de sus hijos.
-
---¿Y tú?--preguntó Larresore a Miguel--¿No te sientes tentado a imitar
-a esos enamorados?
-
---Ya no me quieren--contestó Miguel, y recitó estos versos de Voltaire
-a madama du Chatelet:
-
- Si vous voulez que j'aime encore
- Rendez-mois l'age des amours;
- Au crépuscule de mes jours
- Rejoignez, s'il se peut, l'aurore
- Des beaux lieux ou le dieu du vin
- Avec l'Amour tient son empire
- Le Temps qui me prend par la main
- M'avertit que je me retire
- De son inflexible rigueur
- Tirons au moins quelque avantage
- Qui n'a pas l'esprit de son age
- De son age a tout le malheur.
-
-Al anochecer llegaron las chalantas frente a Gastizar, atracaron
-al lado del árbol que salía sobre el río y fueron saltando todos a
-tierra.
-
-
-
-
-EPÍLOGO
-
-
-UN día de primavera en que estaban en el manzanal de Gastizar madama
-Aristy, las señoritas de Belsunce, madama Luxe, Larresore y Darracq,
-Miguel dijo:
-
---La verdad es que falta algo a nuestra torre de Gastizar sin la
-veleta. Yo siento la nostalgia de verla. Si pusiéramos de nuevo el
-dragón ¿qué les parecería a ustedes?
-
---¿Al dragón?--dijo con asombro la señorita de Belsunce.
-
---¡Poner la veleta!--exclamó madama Aristy casi colérica.--¡Qué
-disparate! ¡Jamás!
-
---¡Ah! ¿pero tú crees...?
-
---Yo no creo nada; pero lo que te digo es que no se pone la veleta.
-
-Todos afirmaron que era una imprudencia, una provocación instalar la
-veleta, y madama de Aristy llegó a asegurar que si se hablaba más de
-esto cogería el artefacto de hierro y lo echaría al río.
-
-La gente del pueblo estuvo también de acuerdo. Era una imprudencia el
-poner el malvado y nefasto dragón en la torre.
-
-Aquel viejo basilisco de la veleta de Gastizar les parecía a todos un
-auxiliar del destino adverso, una de aquellas esfinges de una fauna
-desaparecida que no anunciaban más que calamidades.
-
-En Gastizar y en Ustariz estaban contentos después de la caza del
-dragón. Ya no pasaba nada en el pueblo. La rueda de la existencia
-oscura seguía girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer,
-vivir, morir...
-
-A veces algún romántico se preguntaba si mejor que la inmovilidad,
-que la vida monótona e igual, no sería tener una veleta inquietante y
-perturbadora como la de Gastizar en el torreón de su casa.
-
-_Madrid, Febrero 1918._
-
-
- FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
- LIBRO PRIMERO.--EL ETERNO CONSPIRADOR
-
- I. Don Eugenio 11
-
- II. Entrevista con Mina 17
-
- III. Conversación con Aguado 25
-
- IV. La tinta simpática 33
-
- V. Preparativos 41
-
- VI. Las ideas de Tilly 45
-
- VII. Viaje a San Sebastián 53
-
- VIII. Fracasa el proyecto 67
-
- IX. Aviraneta despechado 75
-
- X. Orden de marcha 79
-
- XI. Los realistas 83
-
-
- LIBRO SEGUNDO.--EN USTARIZ
-
- I. Aviraneta y Tilly 90
-
- II. Malos vientos 93
-
- III. Las maniobras de Choribide 97
-
- IV. Margarita 107
-
- V. El niño 115
-
- VI. Choribide y Aviraneta 125
-
-
- LIBRO TERCERO.--EL DIARIO DE LACY
-
- I. El soñador 135
-
- II. La entrada en España 139
-
- III. El leñador de Antula 155
-
- IV. Ataque de Juanito 165
-
- V. Chapalangarra 167
-
- VI. Noticias de Mina 173
-
- VII. En el fortín de Vera 179
-
- VIII. Los realistas 185
-
- IX. En el pueblo 191
-
- X. Por la tarde 195
-
- XI. Fin del diario de Lacy 205
-
- XI. Los héroes de la aventura 213
-
- XII. Los resultados de la empresa 219
-
-
- LIBRO CUARTO.--BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL
- DRAGÓN DE GASTIZAR
-
- I. El tío Juan 225
-
- II. El veranillo de San Martín 233
-
- III. La familia de Chimista 241
-
- IV. Simona Busquet 245
-
- V. El príncipe quiromántico 249
-
- VI. La venganza de Simona 259
-
- VII. Navidad triste 263
-
-
- LIBRO QUINTO.--LA DECADENCIA DEL DRAGÓN DE
- GASTIZAR
-
- I. La caza del dragón 269
-
- II. Los amores de Margarita 273
-
- III. Una sombra de otra época 279
-
- IV. La chalanta 285
-
- Epílogo 289
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***
-
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-even without complying with the full terms of this agreement. See
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-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
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-works in the collection are in the public domain in the United
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- The Project Gutenberg eBook of Obras PublicadasThe Project Gutenberg eBook of Memorias de un Hombre de Acción: #(9 Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja.
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-}
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- </head>
-
-<body>
-
-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Pío Baroja
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: Los Caudillos de 1830
- Memorias de un hombre de acción, tomo 9
-
-Author: Pío Baroja
-
-Release Date: November 13, 2016 [EBook #53517]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br />
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/>
-La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p>
-
-
-
-<h2>OBRAS PUBLICADAS</h2>
-
-<p class="center">PÍO BAROJA</p>
-
-<p><span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00 ptas. <span class="smcap">La feria de los discretos</span>,
-3,50. <span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Nuevo tablado de
-Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, 3,50. <span class="smcap">El
-árbol de la ciencia</span>, 3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>,
-4,00. <span class="smcap">Los caudillos de 1830</span>, 4,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">JULIO VALLÉS</p>
-
-<p><span class="smcap">El Niño</span> (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">ENRIQUE BARBUSSE</p>
-
-<p><span class="smcap">El fuego en las trincheras</span>, 4,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">CARLOS RIVET</p>
-
-<p><span class="smcap">El último Romanof</span> (historia del Tsar de Rusia
-y su corte), 3,50 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">JUAN GUALBERTO NESSI</p>
-
-<p><span class="smcap">Aventuras del submarino alemán U...</span>, 2,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">JULIÁN SOREL</p>
-
-<p><span class="smcap">Los hombres del 98. Unamuno</span>, 2,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">LORENZO GALLEGO CARRANZA</p>
-
-<p><span class="smcap">Lecciones de Topografía.</span> Obra adaptada al nuevo
-programa de esta asignatura en la Academia de
-Infantería y aprobada como texto definitivo para
-la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
-pesetas. Contiene 32 láminas en colores.</p>
-
-
-<h2>OBRAS DE PÍO BAROJA</h2>
-
-<p><span class="smcap">Vidas sombrías</span> (agotada). <span class="smcap">Idilios Vascos</span> (agotada).
-<span class="smcap">El tablado de Arlequín</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">Nuevo
-tablado de Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>,
-3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">LAS TRILOGÍAS</p>
-
-<p class="center p2">TIERRA VASCA</p>
-
-<p><span class="smcap">La casa de Aizgorri</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">El Mayorazgo de
-Labraz</span>, 3,00. <span class="smcap">Zalacain el Aventurero</span>, 1,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA VIDA FANTÁSTICA</p>
-
-<p><span class="smcap">Camino de perfección</span>, 1,00. <span class="smcap">Inventos, aventuras
-y mixtificaciones de Silvestre Paradox</span>,
-1,00. <span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA RAZA</p>
-
-<p><span class="smcap">La dama errante</span>, 3,00. <span class="smcap">La ciudad de la niebla</span>,
-3,00. <span class="smcap">El árbol de la ciencia</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA LUCHA POR LA VIDA</p>
-
-<p><span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Mala hierba</span>, 3,50. <span class="smcap">Aurora
-roja</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">EL PASADO</p>
-
-<p><span class="smcap">La feria de los discretos</span>, 3,50. <span class="smcap">Los últimos románticos</span>,
-3,00. <span class="smcap">Las tragedias grotescas</span>, 3,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">LAS CIUDADES</p>
-
-<p><span class="smcap">César o nada</span>, 4,00. <span class="smcap">El mundo es ansi</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">EL MAR</p>
-
-<p><span class="smcap">Las inquietudes de Shanti Andía</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p>
-
-<p><span class="smcap">El aprendiz de conspirador</span>, 3,50. <span class="smcap">El escuadrón
-del Brigante</span>, 3,50. <span class="smcap">Los caminos del mundo</span>,
-3,50. <span class="smcap">Con la pluma y con el sable</span>, 3,50. <span class="smcap">Los
-recursos de la astucia</span>, 3,50. <span class="smcap">La ruta del aventurero</span>,
-3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, 4,00. <span class="smcap">Los
-caudillos de</span> 1830, 4,00.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<p class="center p6">PÍO BAROJA</p>
-
-<p class="center p2">LOS CAUDILLOS DE 1830</p>
-
-
-
-
-<hr class="chap" />
-
-<p class="i2 p6"><i>Copyright by Rafael Caro Raggio-1918.<br />
-Es propiedad.<br />
-Prohibida la reproducción.</i></p>
-
-<p class="center p2">Imp. de <span class="smcap">Alrededor del Mundo</span>, Martín de los Heros, 65.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="titlepage">
-
-<p class="center p6">PÍO BAROJA</p>
-
-<h1>LOS CAUDILLOS DE 1830</h1>
-
-<p class="center">NOVELA</p>
-
-<div class="figcenter4em"><img src="images/page1.png" width="100"
-height="124" alt="" title="" />
-</div>
-
-<p class="center p6">RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR<br />
-Calle de Ventura Rodríguez, 18<br />
-1918</p>
-</div>
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak">LIBRO PRIMERO<br />
-EL ETERNO CONSPIRADOR</h2>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_I">I.<br />
-DON EUGENIO</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Un</span> día, al anochecer, apareció en la fonda de
-Iturri un hombre que llamó la atención de
-Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado,
-con la cara y las manos curtidas por el sol. Tenía
-el aire de cansancio de los que vienen de países
-tropicales.</p>
-
-<p>Vestía redingot negro, pantalón con trabillas,
-sombrero de copa de alas grandes y corbata de
-varias vueltas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es este hombre?&mdash;preguntaron Lacy
-y Ochoa a Iturri.</p>
-
-<p>&mdash;Es un vascongado que viene de la Habana.
-Ahí está su nombre.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span></p>
-
-<p>Los dos jóvenes leyeron el nombre: Eugenio
-de Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es de los nuestros?&mdash;preguntó Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;Yo le he conocido aquí en 1824&mdash;dijo Iturri&mdash;creo
-que es liberal.</p>
-
-<p>El recién llegado escribió unas cuantas cartas
-y se metió en la cama.</p>
-
-<p>Al día siguiente preguntaron por él dos o tres
-personas, entre ellas el auditor de guerra y amigo
-íntimo de Mina, don Canuto Aguado.</p>
-
-<p>Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traía pasaporte
-del capitán general de la isla de Cuba, para
-Madrid, por la vía de Francia, pero como no se
-había presentado al cónsul español de Burdeos,
-no podía pasar a España.</p>
-
-<p>A la hora de almorzar Iturri sentó a la misma
-mesa donde comía su sobrino y Lacy al recién
-llegado y éste al saber que Eusebio era hijo del
-general Lacy estuvo muy amable con él y habló
-largamente con los dos jóvenes. Aviraneta les
-hizo alguna impresión. Tenía marcada tendencia
-por la frase amarga y el epigrama, lo que hacía
-creer que era tipo desengañado y sarcástico.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?&mdash;le
-preguntó Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué dice?</p>
-
-<p>&mdash;Poca cosa.</p>
-
-<p>&mdash;¿No está contento de la marcha de los acontecimientos?</p>
-
-<p>&mdash;Eso parece.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y el general Mina no tiene confianza?</p>
-
-<p>&mdash;Muy poca. Por lo que he podido traslucir no
-está contento de la organización de la empresa.
-Se me figura que va arrastrado por la fogosidad
-y la imprudencia de todos.</p>
-
-<p>&mdash;Es que el general está viejo, enfermo y naturalmente
-es desconfiado. Ya verá usted como
-todo sale bien&mdash;dijo Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;Mejor, mejor; ¡ojalá!</p>
-
-<p>Aviraneta contó sus viajes, y estaba hablando
-de sobremesa cuando se presentó Iturri con el
-italiano de la subprefectura que había dado los
-informes de las dos damas del Chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p>El italiano era un hombrecito calvo, de unos
-cuarenta años, la nariz arqueada y roja, el pelo
-rubio y la mirada viva a través de los lentes. Vestía
-un traje raído y sin brillo y llevaba los pantalones
-con rodilleras.</p>
-
-<p>El señor Pagani, así se llamaba, era al parecer,
-insustituíble en su oficina; sabía cuatro o cinco<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>
-idiomas a la perfección, trabajaba constantemente
-y ganaba poco.</p>
-
-<p>&mdash;Me ha explicado mi amigo Iturri su situación&mdash;dijo
-hablando el castellano perfectamente.&mdash;¿Qué
-documentos tiene usted?</p>
-
-<p>&mdash;Tengo el pasaporte del capitán general de la
-Habana para dirigirme a Madrid&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted enseñármelo?</p>
-
-<p>&mdash;Ahora vengo con él.</p>
-
-<p>Aviraneta entró en su cuarto y volvió poco
-después con unos papeles.</p>
-
-<p>&mdash;He salido de la Habana con mi pasaporte
-pensando ir a Madrid, pero como me he encontrado
-con esta agitación revolucionaria, inesperada,
-no me he atrevido a entrar en mi país.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted ha tenido que ver algo en política?&mdash;preguntó
-el italiano mirándole por encima de sus
-lentes.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, en parte&mdash;murmuró Aviraneta&mdash;yo fuí
-miliciano como otros muchos... obligado... y tuve
-que emigrar en 1823, pero no me he mezclado
-nunca activamente en política.</p>
-
-<p>El italiano contempló con desconfianza a su interlocutor,
-después tomando el pasaporte comenzó
-a leerlo despacio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Está bien... en regla&mdash;fué diciendo mientras
-leía&mdash;visado por el cónsul general francés del
-puerto de la Habana... falta la presentación al
-consulado de España en Burdeos.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, ha sido un olvido&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Esta falta&mdash;repuso el italiano&mdash;le imposibilita
-a usted para entrar en España porque se le
-considerará a usted como sospechoso y en el
-acto se le reducirá a prisión.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces no, no quiero entrar en España.</p>
-
-<p>&mdash;Dígame usted. ¿Cuál es el plan de usted?
-¿Qué es lo que usted desea?</p>
-
-<p>&mdash;Yo, la verdad, soy un hombre pacífico&mdash;afirmó
-Aviraneta&mdash;si hay esos peligros de que usted
-habla, prefiero quedarme aquí. En vez de visitar
-a mis parientes de Irún y San Sebastián, a quienes
-no he visto hace años, les pediré que vengan a
-verme. Mi plan se reduce a estar en Bayona un
-par de meses.</p>
-
-<p>&mdash;Lo bastante para hacer la expedición que proyectan
-los liberales españoles&mdash;dijo el italiano con
-ironía.</p>
-
-<p>Lacy y Ochoa sonrieron.</p>
-
-<p>&mdash;No, no&mdash;exclamó Aviraneta&mdash;eso la gente
-moza, yo ya soy viejo para esos trotes.</p>
-
-<p>&mdash;¡Hum! Quizás yo me engañe, pero no me pa<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>rece
-usted menos peligroso que estos jóvenes; en
-tal caso más.</p>
-
-<p>&mdash;Es usted muy amable, señor Pagani. No. Estoy
-cansado de verdad. ¿Y cómo arreglaremos el
-asunto para que yo me pueda quedar en Bayona?</p>
-
-<p>&mdash;Yo lo arreglaré, y si quiere usted que no le molesten
-no concurra usted a los cafés, porque están
-muy vigilados por los agentes de los dos gobiernos
-y por los espías que tiene el señor de Calomarde
-entre los mismos liberales.</p>
-
-<p>&mdash;No tenga usted cuidado. No iré a los cafés.</p>
-
-<p>&mdash;Su pasaporte de usted con los de los demás
-españoles residentes aquí los colocaré en la subprefectura
-en carpeta separada de los emigrados políticos
-y mañana por la mañana traeré a usted la
-carta de seguridad con cuyo salvoconducto no le
-molestará la policía.</p>
-
-<p>El señor Pagani se despidió de todos y al día
-siguiente por la mañana volvió trayendo la carta
-de seguridad. Aviraneta le dió un luis que al italiano
-debió parecer por los aspavientos que hizo
-al recibirlo un verdadero capital.</p>
-
-<p>Recomendó de nuevo a Aviraneta que tuviese
-cuidado con quien hablaba y añadió que si alguna
-dificultad se le ofrecía no tenía más que avisarle
-a la subprefectura por mediación de Iturri.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_II">II.<br />
-ENTREVISTA CON MINA</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Una</span> de las condiciones características de Aviraneta
-era el enterarse y darse cuenta rápidamente
-de una situación. Al tercer día de su estancia
-en Bayona don Eugenio había hablado con
-los más conspicuos constitucionales, sabía sus opiniones,
-lo que pensaban acerca de la expedición
-que se estaba preparando, las simpatías y las antipatías
-que tenían.</p>
-
-<p>Con su prudencia habitual de zorro encanecido
-en la intriga, Aviraneta no se presentó en ningún
-sitio bullanguero ni paseó por las calles en grupo
-con otros españoles.</p>
-
-<p>La tarde del tercer día de su estancia en Bayona,
-don Canuto Aguado le avisó para que acudiese
-a las nueve de la noche a su casa. Aguado<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-vivía en un tercer piso de la calle de Santa Catalina
-en el barrio de Saint Esprit, en un cuartucho
-barato, sórdido y sombrío.</p>
-
-<p>Aviraneta al anochecer, cenó, se embozó en la
-capa y se marchó por el puente de barcas a Saint
-Esprit.</p>
-
-<p>Al llegar a la calle de Santa Catalina buscó el
-número hasta dar con él. Aguado se encontraba
-esperándole en el portal.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí está Mina&mdash;le dijo.&mdash;Le he avisado
-para que hable con usted.</p>
-
-<p>Aviraneta y Aguado subieron la estrecha escalera
-de la casa, iluminándose con un cabo de vela,
-y entraron en un cuarto diminuto, con un armario
-lleno de papeles. Sentado a la mesa, a la luz melancólica
-de un pequeño quinqué de petróleo estaba
-el general don Francisco Espoz y Mina.</p>
-
-<p>El general se levantó con trabajo y estrechó
-la mano de Aviraneta. Aguado cerró la puerta
-del cuarto y los tres hombres se sentaron. Estaba
-el caudillo de la guerra de la Independencia
-avejentado y con aspecto de enfermo; tenía el
-pelo y las patillas blancas y las mejillas hundidas;
-llevaba una chaqueta de tela gruesa, un pañuelo
-de lana en el cuello y un capote sobre los hombros.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Yo recuerdo haberle visto a usted...&mdash;dijo
-Mina dirigiéndose a Aviraneta con un hablar inseguro
-y algo vacilante&mdash;si... recuerdo, hará ya
-quince años... cuando la conspiración de Renovales
-creo que era ¿no?... sí cuando la conspiración
-de Renovales. Entonces debía usted ser muy
-joven.</p>
-
-<p>&mdash;Tenía veintitrés años.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué ha hecho usted desde esa época?</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh, tantas cosas! que ya no me acuerdo.</p>
-
-<p>Aviraneta contó rápidamente cómo había sido
-ayudante del Empecinado, su viaje a Egipto y a
-Grecia, y después su estancia en Méjico.</p>
-
-<p>&mdash;Ultimamente he hecho la expedición a Tampico
-con el brigadier Barradas&mdash;terminó diciendo&mdash;y
-por la defensa de este pueblo el general Vives
-ha pedido al Gobierno la confirmación del
-empleo de Comisario ordenador de Guerra. En
-este momento, cuando iba a tomar posesión del
-cargo, llegó a la Habana la noticia de la Revolución
-de Julio de París, y a mí me avisaron por la
-Venta Carbonaria lo que se intentaba. Esto me
-movió a presentarme al capitán general y a manifestarle
-francamente mis deseos. Vives, que es
-amigo mío, intentó disuadirme, pero viendo que
-era imposible me dió el pasaporte para España.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p>
-
-<p>Aviraneta lo mostró a Mina, quien lo leyó despacio
-y después dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y ahora qué piensa usted hacer?</p>
-
-<p>&mdash;Me uniré a ustedes.</p>
-
-<p>&mdash;El caso es&mdash;murmuró Mina&mdash;que yo no voy
-a poder darle a usted cargo alguno en esta expedición...
-es tarde... cada cargo es una nueva
-fuente de riñas y de rivalidades... sí; es verdad...;
-no hablo por hablar, no... no sabe usted cómo están
-los míos, los que llaman <i>ministas</i>, con los valdesistas
-y los gurreistas... yo quisiera... pero no
-puedo... cada jefe quiere tener su partido y así
-no vamos a ninguna parte.</p>
-
-<p>&mdash;Si no tengo cargo oficial trabajaré independientemente.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted puede entrar en España, Aviraneta?</p>
-
-<p>&mdash;Estoy pregonado por el corregidor de Roa
-en la causa del Empecinado, pero supongo que
-ese proceso estará ya sobreseído.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tiene usted parientes en España?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿En dónde?</p>
-
-<p>&mdash;Aquí en el Norte, en San Sebastián y en Irún.</p>
-
-<p>&mdash;Pues entonces podrá usted pasar. Si usted
-quiere, yo haré que le firmen el pasaporte.</p>
-
-<p>&mdash;No; de ir, iré sin pasaporte. Conozco el país<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>
-y tengo amistades en la frontera. Diga usted, mi
-general, sus intenciones y sus planes; yo, conociéndolos,
-veré qué es lo que puedo hacer.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien. Habla usted con franqueza..., y
-a pesar de que yo tengo fama de zorro le hablaré
-a usted con la misma claridad. No tengo interés
-en engañarle.</p>
-
-<p>&mdash;Ni yo tampoco a usted, general.</p>
-
-<p>&mdash;Lo comprendo. Bien, no le diga usted esto a
-nadie... esto que le voy a decir... La gente lo
-sospecha... pero yo no quiero confesarlo...: voy
-arrastrado a una expedición en la que no creo...
-que me parece imposible pueda tener éxito...; usted
-me dirá ¿por qué he entrado en ella?... Por los
-amigos...; me decían que yo, como más viejo...,
-con más representación... quizás pudiera ordenar
-el movimiento... No se ha podido hacer nada...;
-mis informes me hacen creer que hay traidores
-en nuestro campo, que el Gobierno está advertido...
-y que vamos al fracaso.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y no se puede aplazar esto?&mdash;preguntó
-Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;No. Ya me echan la culpa a mí de las dilaciones...;
-el general Gerard me recomendó que
-esperase...; creí que haría algo por nosotros, y
-nada... ahora si no marcho todo el mundo dirá<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-que yo he entorpecido la expedición... que soy un
-traidor..., y voy a marchar... Si usted hubiese
-venido... antes... cuando organizábamos nuestras
-tropas... le hubiera nombrado jefe de una de
-ellas, pero esto está constituído... mal constituído...
-pero ¿qué se va a hacer?</p>
-
-<p>-Ah. Nada. De eso no hay que hablar.</p>
-
-<p>&mdash;Si usted hubiese venido antes, Aviraneta, yo
-le hubiese encomendado un trabajo comprometido...
-y peligroso.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cuál?</p>
-
-<p>Mina se detuvo, palideció y murmuró llevándose
-la mano al costado.</p>
-
-<p>&mdash;Estos días de otoño... las heridas... me duelen...;
-dígale usted, Aguado, cuál era nuestro
-proyecto.</p>
-
-<p>&mdash;La idea del general&mdash;dijo Aguado&mdash;era no
-emprender esta expedición sin tener un apoyo en
-la península. Hubiésemos querido contar con San
-Sebastián y con Santoña antes de comenzar el
-movimiento en la frontera. Las dos plazas son
-fuertes e importantes. Con San Sebastián y Pasajes
-tendríamos la defensa de la costa y el paso
-abierto a la frontera; con Santoña podíamos defender
-la parte de Santander, tener abierto el camino
-de Burgos hacia Madrid y marchando mal<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-defendernos de las tropas que vinieran de Vizcaya
-en el portillo de Gibaja y en la barca de Treto,
-y de los que llegasen de Burgos o de Asturias en
-la línea de Torrelavega.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué no han intentado ustedes eso?</p>
-
-<p>&mdash;Amigo Aviraneta&mdash;dijo Mina, ya un tanto
-aliviado del dolor,&mdash;nadie ha estudiado con calma
-nuestros proyectos... Todo el mundo cree que
-basta presentarse en la frontera... echar un discurso...
-para que el pueblo venga con nosotros...</p>
-
-<p>&mdash;¿Y no dieron ustedes, mi general, algunos pasos?&mdash;preguntó
-Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; yo había escrito a algunos amigos de San
-Sebastián... diciéndoles que esperaran órdenes.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tiene usted allí amigos de confianza?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Legarda, Amilibia, Baroja... y sobre todo
-Lorenzo Alzate.</p>
-
-<p>&mdash;Alzate es primo mío. ¿Y cree usted, mi general,
-que ya no se puede hacer tentativa alguna
-en ese sentido?</p>
-
-<p>&mdash;Eso creo.</p>
-
-<p>&mdash;Yo volveré de nuevo a estudiar la cuestión y
-hablaré con usted.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ah, bien... muy bien!... ¿Qué, nos vamos?</p>
-
-<p>&mdash;Sí&mdash;dijo Aguado.&mdash;Encienda usted la vela,
-Aviraneta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p>
-
-<p>Den Eugenio encendió una pajuela y luego el
-cabo de vela, y Aguado apagó el quinqué.</p>
-
-<p>Aviraneta tomó el candelero, y Mina, apoyado
-del brazo de Aguado, bajó las escaleras y montó
-en un cochecito que había en la calle esperándole.
-Aguado y Aviraneta marcharon a Bayona por el
-puente.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_III">III.<br />
-CONVERSACIÓN CON AGUADO</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Estaba</span> lloviendo; ni Aguado ni Aviraneta tenían
-ganas de entrar en sus casas, y se metieron
-en los soportales del Puente Nuevo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le ha parecido a usted, Mina?&mdash;le preguntó
-Aguado.</p>
-
-<p>&mdash;Sencillo, atento. Me lo figuraba así&mdash;dijo
-Aviraneta.&mdash;¿La opinión íntima acerca de la expedición
-que se proyecta es la que ha expuesto?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿No hay alguna cosa que nos haya callado?</p>
-
-<p>&mdash;No. Es decir, no ha insistido en las diferencias
-que hay entre nosotros.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo no se ha zafado de esta empresa,
-en la que tiene tan poca confianza?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Esta pregunta me demuestra que lleva usted
-lejos de nosotros mucho tiempo&mdash;dijo Aguado.&mdash;Usted
-le ha conocido a Mina cuando era un general
-liberal, uno de tantos; hoy es el mayor prestigio
-del liberalismo activo y no se puede zafar
-de una empresa así como en tiempo de Renovales.
-Mina viene arrastrado. A raíz de la Revolución
-de 1830, Mina se encontraba en los baños de Bath.
-Se le escribió contándole con detalles las jornadas
-de Julio. Los emigrados que habían acudido a
-París creían que aquella era la ocasión propicia
-para emprender un movimiento favorable, con la
-ayuda de los liberales franceses y del Gobierno de
-Luis Felipe.</p>
-
-<p>&mdash;Y lo era, sin duda.</p>
-
-<p>&mdash;Mina&mdash;siguió diciendo Aguado&mdash;se trasladó
-a París, conferenció con los emigrados españoles
-y quedó de acuerdo con ellos en hacer una intentona
-en la frontera, con ciertas condiciones. Decidido
-esto, Mina tuvo una conferencia secreta
-con el ministro de la Guerra, general Gerard.</p>
-
-<p>&mdash;Y Gerard ¿qué dijo?</p>
-
-<p>&mdash;Gerard recibió muy bien al guerrillero español,
-y le dijo que preparase su expedición a la
-chita callando. Mina fué también en compañía de
-Toreno a visitar al general Lafayette, pero no le<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-pudo ver. Mina quería formar una falanje con
-los prestigios del liberalismo internacional y lanzarla
-sobre la frontera española.</p>
-
-<p>&mdash;Era una magnífica idea.</p>
-
-<p>&mdash;Y era lo que habían prometido todos. Ya que
-los franceses habían acabado con la libertad en
-España en 1823, justo era que intentaran restablecerla
-cuando pudieran. Sin embargo, no han hecho
-nada.</p>
-
-<p>&mdash;No me choca. El francés siempre ha sido
-egoísta y roñoso para los demás.</p>
-
-<p>&mdash;Mina quería el mando único, y tenía razón,
-porque lo que se intenta no es una revolución,
-sino un movimiento militar. La revolución, en tal
-caso vendrá después. Al mismo tiempo que Mina
-hacía sus trabajos, un grupo de impacientes que
-querían obrar con independencia se puso de acuerdo
-con Calvo y con Ardouin el banquero, que
-tenían hechos empréstitos a España desde la primera
-época constitucional, y los banqueros ofrecieron
-su concurso. Llamaron a Mendizábal y le
-dieron fondos para los primeros trabajos, y decidieron
-entre todos nombrar la Junta sin consultar
-con Mina.</p>
-
-<p>&mdash;Siempre la divergencia y los celos&mdash;murmuró
-Aviraneta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;El Directorio provisional del levantamiento
-de España contra la tiranía se formó en París y
-se trasladó en seguida a Bayona. Desde aquí escribió
-a Mina preguntándole si se podría contar
-con él. Era en el fondo una impertinencia. Mina,
-un poco molesto, contestó que sí y en la segunda
-semana del mes de Septiembre se presentó en Bayona.
-El 22 de este mes se verificó la primera
-Junta del Directorio provisional, y al día siguiente
-Mina, violentándose un poco, manifestó públicamente
-su adhesión a ella. Desde el primer
-momento comenzaron las rencillas y las diferencias.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Los partidarios de Torrijos y los militares
-independientes veían que allí donde estuviera Mina
-naturalmente tenía que ser la figura principal,
-cosa que no les agradaba.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero hay algún motivo nuevo de odio?</p>
-
-<p>&mdash;Ninguno. Las causas de esto son muchas y
-antiguas; pero la más principal no es ideológica,
-sino de temperamento. Mina es un vasco como
-usted, maquiavélico, de palabra confusa y enmarañada,
-pero por dentro, claro, lucido y calculador.
-Sus enemigos Torrijos, Valdés, Alcalá
-Galiano, San Miguel, López Baños y otros mu<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>chos
-son castellanos, andaluces, asturianos, más
-fáciles de palabra, más conceptuosos, más retóricos...</p>
-
-<p>&mdash;Por una cosa o por otra, los españoles siempre
-estamos así&mdash;dijo Aviraneta con amargura.&mdash;Empiezo
-a sentir el haber venido. Allí, al menos,
-en Cuba tenía asegurada mi existencia.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, será verdad; pero no se puede vivir más
-que en el propio país; lo demás es vegetar, llevar
-una vida mísera y disminuída.</p>
-
-<p>&mdash;En eso tiene usted razón. Lo que yo no comprendo
-bien es por qué si Mina no tiene defectos
-no se le unen los demás.</p>
-
-<p>&mdash;Es que los tiene. Uno de los defectos del general,
-que a veces es un medio de defensa, es la
-desconfianza excesiva; otro es su tendencia burocrática
-y reglamentaria. Mina, que ha conspirado
-desde la primera emigración, está siempre en guardia
-con cualquiera que se le acerque; en cambio,
-Torrijos y Valdés son más efusivos y, al parecer,
-más francos. Mina trata a sus enemigos por el
-silencio, no habla de ellos; cosa que irrita; en cambio
-sus enemigos le intentan desacreditar. Se ha
-llegado a decir que Mina tiene miedo. Los partidarios
-de Valdés y de los otros echaron a volar esta
-especie, y un señor Chevallon, un francés maja<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>dero
-que venía con unos miles de francos de la
-Junta de París, ha llegado a decírselo cara a cara
-a Mina.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y Mina no le contestó con un puntapié?</p>
-
-<p>&mdash;No, porque el general es hombre que se lo
-guarda todo. Los enemigos han inventado otra
-porción de calumnias estúpidas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y esto influye algo en la opinión?</p>
-
-<p>&mdash;Nada. En España no se cree más que en el
-general.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo no mandan ustedes agentes a España
-para saber qué hacen allí?</p>
-
-<p>&mdash;Los mandamos. Ahora tenemos algunos italianos
-carbonarios esparcidos aquí por el Norte,
-gente activa; tenemos a José Monti, napolitano,
-comerciante que vive en Vitoria y va a veces a
-Pamplona; a Pedro Galloti en San Sebastián, que
-se sirve para sus informes de los quincalleros paisanos
-suyos; a un tal Arrigoni, que ha ido a Santander,
-y a un D. Juan Rumi en Gibraltar. Estábamos
-comenzando la organización. Este movimiento
-quizás eche a abajo lo que habíamos preparado
-y tengamos que comenzar de nuevo.</p>
-
-<p>&mdash;De todo esto se deduce que hay muy pocas
-probabilidades de éxito&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; tal creo yo también.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;A pesar de esto&mdash;repuso Aviraneta&mdash;yo le
-voy a hablar a Campillo. Si él quiere intentar algo
-en Santander, donde debe tener amigos, yo iré a
-San Sebastián.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo Aguado;&mdash;ténganos usted al corriente
-de lo que haya.</p>
-
-<p>&mdash;Descuide usted&mdash;contestó D. Eugenio.</p>
-
-<p>Y los dos hombres, después de darse la mano,
-salieron de los arcos y se separaron.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_IV">IV.<br />
-LA TINTA SIMPÁTICA</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente por la mañana Aviraneta contó
-a Eusebio de Lacy y a Ochoa lo que había hablado
-con Mina y con el intendente Aguado; expuso
-a los dos jóvenes su plan, que lo aceptaron
-con entusiasmo, y decidieron mandar un aviso
-a Campillo para hablar con él.</p>
-
-<p>Le citaron para después de comer en el café
-del Comercio. Estuvieron Lacy, Aviraneta, Campillo,
-en mesas separadas como si no se conocieran,
-luego se levantaron uno tras otro, recorrieron
-el puente de Saint Esprit, cruzaron el barrio de
-los judíos y fueron al campo por la carretera de
-Burdeos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p>
-
-<p>Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y
-Aviraneta contó su conversación con Mina y explicó
-su idea de tantear San Sebastián y Santoña,
-y las ventajas que tendría de poder realizarse su
-proyecto.</p>
-
-<p>Campillo no era de los enemigos declarados de
-Mina, pero desconfiaba.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cuál es el plan de usted?&mdash;preguntó Campillo.</p>
-
-<p>&mdash;Mi plan sería contar con San Sebastián y con
-Santoña antes de la expedición. Teniendo estas
-ciudades y asegurado el paso de San Sebastián
-por la frontera, se podría hacer mucho.</p>
-
-<p>&mdash;Ah, claro. ¿Y contaba usted conmigo para
-trabajar en Santoña?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado
-conocido en mi tierra y me prenderían inmediatamente
-al llegar. ¿Usted piensa entrar en
-San Sebastián?</p>
-
-<p>&mdash;Es posible; pero no diga usted a nadie nada.</p>
-
-<p>&mdash;Descuide usted, nadie lo sabrá. ¿Usted cree
-que se podrá hacer algo?</p>
-
-<p>&mdash;No sé; pero creo que vale la pena de verlo...
-hablar con los oficiales y soldados, ver lo que
-piensan.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Usted está convencido de que en esta ocasión
-Mina obra de buena fe?</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué duda cabe!</p>
-
-<p>Campillo quedó visiblemente preocupado. Dijo
-que el espíritu público no era del todo hostil a los
-liberales en Santander, donde la mayoría del comercio
-era liberal y de mucha influencia sobre la
-masa del pueblo; pero, según él, fuera de la ciudad,
-en la parte rural, el vecindario estaba sobrecogido
-por los voluntarios realistas fanatizados
-por el clero y dominados por los caciques.</p>
-
-<p>&mdash;¿No hay por los pueblos gente de la nuestra?&mdash;preguntó
-Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Cerca de Santander&mdash;contestó Campillo&mdash;vive
-un hermano mío, capitán ilimitado, relacionado
-con otros oficiales que están en la misma situación
-y cuentan con algunos soldados que sirvieron conmigo
-en la guerra de la Independencia y en 1823;
-mas esto no basta. ¿Cómo quiere Mina ganar la
-guarnición de Santoña?</p>
-
-<p>&mdash;Si se llegara a este caso&mdash;contestó Aviraneta&mdash;se
-necesitaría dinero para sobornar a los sargentos
-y a la tropa.</p>
-
-<p>&mdash;No sé si con los jefes y oficiales que hay en
-Santoña se podrá contar&mdash;dijo Campillo,&mdash;porque
-el batallón que ha reemplazado al que había es<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-nuevo en el país. Los jefes y oficiales de los Cuerpos
-facultativos son también nuevos y no conozco
-a ninguno.</p>
-
-<p>&mdash;Para sondear los ánimos de la guarnición de
-la plaza ¿no encontraríamos algún agente sagaz
-que fuera de los nuestros?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Mejor que nadie, mi hermano. No está significado
-por liberal&mdash;contestó Campillo.&mdash;¿Pero
-cómo entendernos con él, habiendo, como hay, tan
-gran vigilancia en los correos?</p>
-
-<p>Aviraneta dijo que había tintas simpáticas; pero
-era indispensable que el corresponsal supiese emplearlas.</p>
-
-<p>Después de hablar largo rato y de hacer cábalas
-acerca de lo que podía pasar, volvieron al pueblo
-los tres separados. Aviraneta escribió a su
-primo Lorenzo de Alzate diciéndole que estaba
-en Bayona, e hizo pasar la carta con una cascarota
-de Ciburu. Citaba a su primo para la semana
-próxima.</p>
-
-<p>Los días siguientes Aviraneta fué con Lacy y
-Ochoa a casa de su antiguo amigo Juan Olavarría,
-donde acudían de tertulia Mancha, Peman, el coronel
-Núñez Arenas y algunos otros militares en
-su mayoría partidarios de Valdés.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p>
-
-<p>Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramón
-Corres. Corres parecía un hombre pacífico y
-grave aunque en realidad no lo fuese tanto.</p>
-
-<p>Corres había tomado parte en la guerra de la
-Independencia y en las luchas del 20 al 23 en las
-que se batió con denuedo a las órdenes de Labisbal.
-Después emigró, fué a la isla de Jersey y allí
-se estableció de chocolatero, oficio que tenía en
-Marañón antes de la guerra de la Independencia.
-Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la
-tertulia de Olavarría se celebraba su candidez y
-su simplicidad.</p>
-
-<p>Una de estas noches al salir de casa de Olavarría
-se encontraron Aviraneta y Lacy con Campillo.
-Como llovía a chaparrón fueron a pasear a
-los arcos de la Galuperie, que en aquel momento
-estaban desiertos.</p>
-
-<p>Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour
-un quechemarin de Santoña; que el patrón, un
-convecino suyo, era un hombre honrado y de toda
-su confianza, y que había pasado la tarde y parte
-de la noche en su compañía.</p>
-
-<p>&mdash;Le he esperado a usted para decirle que se
-presenta una buena ocasión para escribir a mi
-hermano; y como yo no sé poner las cosas en
-claro, quisiera que lo hiciera usted.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Muy bien&mdash;dijo Aviraneta.&mdash;¿Cuánto tiempo
-va a estar aquí el quechemarin?</p>
-
-<p>&mdash;Estará un par de días.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces hay que escribir en seguida.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno; ahora me pondré yo a redactar las
-instrucciones, mañana las consultaré con usted y
-con Mina, y si están ustedes conformes las escribiré
-con tinta simpática y le enseñaré al patrón
-del barco la manera de emplear el reactivo para
-que él, a su vez, se la enseñe a su hermano de
-usted y aparezca lo escrito.</p>
-
-<p>&mdash;Muy bien.</p>
-
-<p>Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron
-a casa. Aviraneta y Lacy se encerraron en un
-cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron escribiendo
-disposiciones durante toda la noche, buscando
-el modo de sintetizar y de poner las cosas
-claras.</p>
-
-<p>Durmieron un poco por la madrugada, y a media
-mañana Aviraneta buscó a Aguado y en su
-compañía fué a leer su plan a Mina. El general
-estaba en la cama. Oyó atentamente lo escrito
-por Aviraneta, y dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, muy bien. Es usted un maestro.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span></p>
-
-<p>Después le leyeron las clausulas a Campillo, que
-también dió su aprobación.</p>
-
-<p>Aviraneta escribió entonces con tinta simpática
-y con letra muy apretada sus indicaciones. Encima
-redactó, de manera corriente, una carta de
-comercio.</p>
-
-<p>Llegó el patrón del quechemarin, se le enseñó
-la carta y se le dijo la manera de descubrir lo
-escrito con tinta simpática empleando el frasquito
-del reactivo.</p>
-
-<p>Al anochecer, Lacy, Campillo y Aviraneta vieron
-cómo el quechemarin salía hacia la boca del
-Adour remolcado por una lancha.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_V">V.<br />
-PREPARATIVOS</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Se</span> aproximaba el momento de la acción, y por
-ninguna parte aparecía la unidad del plan necesario
-para una empresa de aquella índole. A las
-divergencias de los españoles iban añadiendo las
-suyas los franceses, los italianos y los polacos que
-se mezclaban entre ellos.</p>
-
-<p>Los entusiastas habían conseguido que el general
-Mina se reconciliase oficialmente con sus enemigos
-Valdés y Chapalangarra. La reconciliación
-era falsa, sobre todo por parte de Valdés.</p>
-
-<p>Cada caudillo comenzó a ocupar su punto estratégico.</p>
-
-<p>Don Gaspar de Jáuregui, que tenía su banderín
-de enganche en Bayona, había formado una com<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>pañía
-de oficiales vascongados de la guerra de la
-Independencia.</p>
-
-<p>Chapalangarra reunía sus tropas en Cambó,
-Méndez Vigo en Mauleón.</p>
-
-<p>En San Juan de Pie de Puerto se iban alistando
-algunos voluntarios bajo la dirección del coronel
-de la antigua División de Navarra del tiempo de
-la guerra de la Independencia, D. Pedro Antonio
-de Barrena y de D. Félix Sarasa, que estaba con
-su hijo llamado Cholin.</p>
-
-<p>Por la parte de Oloron había también sus voluntarios
-navarros y aragoneses, que se iban reuniendo
-a las órdenes de D. Patricio Domínguez,
-del jefe de batallón Moncasi y del canónigo don
-Lorenzo Barber. Mina envió a Oloron al coronel
-D. Alejandro O'Donnell en calidad de jefe de la
-plana mayor, para resolver las dificultades técnicas.</p>
-
-<p>Gurrea había recorrido el Alto Aragón con el
-nombre de Antonio Gabara, y había hablado a sus
-amigos. Después se estableció en Bagneres de Luchon,
-donde se le fueron reuniendo sus partidarios.
-Se decía que uno de los que le seguirían sería
-el antiguo cabecilla absolutista Seperes, alias Caragol.</p>
-
-<p>A pesar de que los entusiastas e impacientes no<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>
-hablaban más que de éxitos y aseguraban que presentarse
-en la frontera y marchar triunfantes y
-sin obstáculo a Madrid sería todo uno, no se advertían
-más que dificultades y síntomas de discordia
-y de descomposición.</p>
-
-<p>Cada grupo llevaba una política contraria.</p>
-
-<p>La Junta masónica de Bayona hablaba en sus
-comunicaciones solapadamente contra Mina; los
-carbonarios hacían la guerra a los masones y mandaban
-proclamas confusas precedidas de estas iniciales:</p>
-
-<p class="p2 center">U y L.</p>
-
-<p class="p2">que quería decir Unión y Libertad, y terminaban
-con este grito:</p>
-
-<p class="p2 center">¡Vivan los h. de S. T.!</p>
-
-<p class="p2">lo que para los iniciados significaba: ¡Vivan los
-hijos de San Teobaldo!</p>
-
-<p>Los partidarios de Valdés afirmaban en todas
-partes que Mina era un traidor vendido a Calomarde;
-los de Méndez Vigo decían que Valdés
-era tan reaccionario y tan pastelero como Mina.</p>
-
-<p>La discusión iba en aumento; los ministas los
-valdesistas, los gurreistas, los masones, los comuneros,
-los carbonarios, los franceses, los italianos
-y los polacos no hacían más que intrigar y echar<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>se
-en cara unos a otros la culpa de lo que ocurría.</p>
-
-<p>En primeros de Octubre, Valdés, Chapalangarra
-y Méndez Vigo volvieron a reñir con Mina y
-dijeron que desconfiaban de sus dilaciones.</p>
-
-<p>El Gobierno de Calomarde mientras tanto estaba
-sobre aviso. No se permitía la entrada en
-España de ningún papel de carácter liberal. Se
-había establecido en la frontera una policía militar
-y el espionaje era perfecto. Se supo que entraron
-en España varios números del <i>Representante
-del Pueblo</i>, que se publicaba en Londres en
-francés, y del <i>Precursor</i>, que se imprimía en castellano
-en París, y se llegaron a coger, número por
-número, todos. Cierto que se abría la correspondencia
-con una perfecta impunidad.</p>
-
-<p>Las precauciones del Gobierno eran tales y su
-presteza y actividad tan extremadas, que hacían
-imposible que una acción tan desperdigada, tan
-anárquica y tan mal dirigida como la de los emigrados
-pudiera tener éxito.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_VI">VI.<br />
-LAS IDEAS DE TILLY</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente de enviar la carta a Santoña
-con el patrón del quechemarin se presentó
-Jorge Tilly en la fonda de Iturri.</p>
-
-<p>Venía de San Sebastián, en compañía de un joven
-inglés alto, moreno, de cabeza pequeña y enérgica.
-Habían estado los dos en Madrid, en Sevilla
-y en Barcelona. Tilly traía mucho que contar;
-había tenido una serie de aventuras y de amores
-muy extraños.</p>
-
-<p>Lacy presentó su amigo Tilly a Aviraneta, quien
-le hizo una porción de preguntas relativas a la
-situación política; todo parecía confirmar que el
-Gobierno español estaba admirablemente preparado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Enseñaste mi carta?&mdash;dijo Tilly a Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué dijeron?</p>
-
-<p>&mdash;Muchos creyeron que era una fantasía. Respecto
-del comandante Oro se duda...</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo que se duda? ¡Si ya está en España
-trabajando por Calomarde!</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, él, el francés Husson de Jour y un español,
-D. Manuel Ruiz, estaban en Vitoria cuando
-yo he pasado por allí.</p>
-
-<p>Tilly venía con un gran caudal de impresiones
-nuevas de la península; su punto de vista general
-era creer que España era un país aparte de los
-otros.</p>
-
-<p>En los días siguientes se estableció entre Tilly
-y Aviraneta una relación cortés y de suspicacia
-ambos se hablaban como para estudiarse; parecía
-que se habían adivinado los dos como intrigantes,
-y estaban en guardia.</p>
-
-<p>&mdash;He conocido a un Tilly hace unos años&mdash;le
-dijo Aviraneta.&mdash;Venía de Jersey.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, probablemente algún pariente mío.</p>
-
-<p>&mdash;¿No lo sabe usted?</p>
-
-<p>&mdash;No; somos tantos los Tillys, que no hay manera
-de saberlo. Los hay franceses, los hay alemanes,
-los hay españoles...; unos son liberales, otros
-reaccionarios.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;El que yo conocía creo que era conde.</p>
-
-<p>&mdash;Quizás; había un conde, tío de mi padre. No
-sé más. Como le digo a usted, no conozco la historia
-de estos Tillys. Respecto a mí, sólo sé que
-mi padre desapareció de casa hace años y que
-probablemente murió; mis hermanos están ahora
-con unos tíos, excepto una hermana que se encuentra
-en San Sebastián.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y tú pensarás sacar adelante a tu familia?&mdash;dijo
-Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Yo pienso ver cómo salgo adelante yo. Cada
-cual que se las arregle como pueda.</p>
-
-<p>Lacy no veía con agrado tan tranquilo egoísmo
-y afeó este sentimiento de su camarada; pero Tilly
-se rió; él creía que el ser egoísta era una condición
-necesaria para la vida.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y tu hermana?&mdash;le preguntó Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Está en San Sebastián con unas señoras amigas,
-pero no quiere quedarse con ellas; me ha
-dicho que el mejor día se escapará.</p>
-
-<p>&mdash;¿Sigue tan voluntariosa como antes?</p>
-
-<p>&mdash;Igual; no ha variado nada.</p>
-
-<p>A Tilly no le gustaba mucho hablar de la familia,
-y siguió exponiendo sus ideas. Era un producto
-de corrupción, de inmoralidad, y veía todo
-lo que fuera intriga con gran simpatía.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p>
-
-<p>Aviraneta, a quien chocaba las ideas del joven,
-le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Dónde ha estudiado usted?</p>
-
-<p>&mdash;En un colegio de frailes, en Rennes, donde,
-la verdad, creo que no aprendí nada de provecho.
-Lacy fué mi condiscípulo.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces era un tanto místico&mdash;dijo Lacy
-riendo.</p>
-
-<p>&mdash;Luego he ido aprendiendo un poco&mdash;añadió
-Lacy&mdash;a fuerza de curiosidad y de algún ingenio.
-He leído en historias y en memorias la vida de
-Napoleón, de Fouché y de Talleyrand.</p>
-
-<p>&mdash;¡Buena enseñanza!&mdash;exclamó Lacy.&mdash;Creo
-que hubiera sido mejor que hubieses leído Las
-Vidas Paralelas de Plutarco.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no lo creo así. De conocer, conozcamos
-la vida actual. Aprendamos un poco lo que es en
-una historia no falsificada y que puede comprobarse.</p>
-
-<p>&mdash;Creo que en esos libros que has leído no se
-aprende más que a mentir.</p>
-
-<p>&mdash;El que lucha para elevarse tiene que mentir&mdash;replicó
-Tilly,&mdash;por mucha suerte y por muy bien
-que le vayan las cosas tendrá que mentir. Ahí está
-el caso de Napoleón.</p>
-
-<p>&mdash;¡Tipo repugnante este Napoleón!&mdash;exclamó<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>
-Lacy.&mdash;Yo antes tenía entusiasmo por él. Ahora
-que conozco su historia, no. Es de una falta de
-nobleza y de simpatía, de un egoísmo tan bajo que
-repugna. Su epopeya es en gran parte una novela,
-una historia falsa amañada, ¡Avanza de una manera
-tan vil! Se casa con una vieja intrigante que
-es la querida de su protector Barras y que ha sido
-una cortesana, y va avanzando con ella hasta que
-le da un puntapié. Las alocuciones no las escribe
-él, las batallas no las gana siempre él, pero él se
-aprovecha siempre de todo.</p>
-
-<p>&mdash;Esa es la política&mdash;dijo Tilly.</p>
-
-<p>&mdash;Yo veo en Napoleón la falta absoluta de gracia
-y de humanidad&mdash;siguió diciendo Lacy.&mdash;Carlos
-V, el gran Federico, Gustavo Adolfo, tienen
-gracia, son a veces humanos; Napoleón es la quintaesencia
-de la bestialidad y del egoísmo. Si yo
-hubiera nacido en su tiempo y hubiera sido francés,
-hubiera sido partidario de Babeuf.</p>
-
-<p>&mdash;Yo también&mdash;dijo Aviraneta;&mdash;pero eso no
-importa. Yo estoy conforme con usted en que Napoleón
-no era simpático; pero aun así era una
-fuerza, y ¡qué fuerza!</p>
-
-<p>&mdash;Una fuerza de egoísmo.</p>
-
-<p>&mdash;Todos obramos por egoísmo&mdash;afirmó Tilly&mdash;y
-todos empleamos la mentira.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Todos, no.</p>
-
-<p>&mdash;Yo sí. Yo me siento el eje del universo. Respecto
-a la mentira, muchas veces cuando necesito
-un dato para completar un plan lo invento.</p>
-
-<p>&mdash;Eso es absurdo.</p>
-
-<p>&mdash;El señor Tilly nos va a dejar muy atrás a
-los discípulos de Maquiavelo&mdash;dijo Aviraneta con
-ironía;&mdash;le tendremos que decir como Talleyrand
-a Fouché, cuando éste hizo una de sus hábiles
-maniobras ante Luis XVIII: <i>Je vous salue mon
-mâitre</i>.</p>
-
-<p>&mdash;Usted, señor Aviraneta, nunca será discípulo
-mío, sino mi maestro&mdash;replicó Tilly con su impasibilidad
-habitual.&mdash;Si entre los liberales españoles
-hubiera muchos hombres como usted, de otro
-modo irían los asuntos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Así que para ti los liberales españoles lo hacen
-mal?&mdash;preguntó Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Muy mal.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p>&mdash;No obran con rapidez y con energía. Su historia
-es una historia de vacilaciones. Cuando tuvieron
-al rey en sus manos, en 1823, debieron
-haber acabado con él.</p>
-
-<p>&mdash;Hubiera quedado el hermano.</p>
-
-<p>&mdash;Matar a toda la familia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Tú lo hubieras hecho?</p>
-
-<p>&mdash;Yo, sí.</p>
-
-<p>&mdash;Obrando de una manera violenta se hubieran
-precipitado los acontecimientos&mdash;dijo Aviraneta,
-que era de la misma manera de pensar.</p>
-
-<p>Después de hablar de política, Lacy le preguntó
-a Tilly por su amiga lady Russell.</p>
-
-<p>&mdash;La voy a dejar&mdash;dijo Tilly.</p>
-
-<p>&mdash;Pues ¿por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Me estorba.</p>
-
-<p>&mdash;La vas a dar un disgusto.</p>
-
-<p>&mdash;Bah. Ya se consolará. Esa clase de mujeres
-necesitan hombres jóvenes. Cuando yo le deje le
-tomará otro.</p>
-
-<p>&mdash;¡Esa clase de mujeres!&mdash;exclamó Lacy&mdash;ciertamente
-no demuestras con esa frase ni ser muy
-agradecido ni muy amable.</p>
-
-<p>&mdash;Hablo de ella por lo que es&mdash;contestó Tilly,
-sencillez;&mdash;no tomo en cuenta sus beneficios
-como no tomaría sus perjuicios si me los hubiera
-hecho.</p>
-
-<p>Tilly pasó algún tiempo en Bayona, haciendo
-nuevas conquistas y dando nuevos escándalos.</p>
-
-<p>&mdash;El amigo de usted es un perdido&mdash;dijo Aviraneta
-a Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; es un muchacho que va alimentando la<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>
-parte mala de su alma con la sustancia de la buena;
-cada vez más cínico y más atrevido, va asesinando
-al buen muchacho que había en él y va a
-terminar siendo un canalla.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_VII">VII.<br />
-VIAJE A SAN SEBASTIÁN</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Unos</span> días después de esta conversación apareció
-en Bayona el primo de Aviraneta, don
-Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a
-un grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento
-de San Sebastián y comprar los útiles necesarios
-para hacer encuadernaciones, pues pensaba
-dedicarse a este trabajo por gusto.</p>
-
-<p>Alzate se hospedó en la fonda de Iturri, habló
-largamente con D. Eugenio y visitó a Mina.</p>
-
-<p>Era D. Lorenzo de Alzate hombre de mediana
-estatura, de ojos garzos y vivos y de expresión
-amable.</p>
-
-<p>Aviraneta le preguntó a su pariente si era muy
-difícil entrar en España. Alzate dijo que sí, que<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span>
-la frontera estaba muy vigilada y que la policía
-militar tenía orden de examinar detenidamente
-los pasaportes de los que entraban en España y
-de prender a los sospechosos.</p>
-
-<p>Aviraneta se enteró bien de otros extremos y
-acompañó a su primo hasta el coche. Antes de salir
-preguntó al cochero:</p>
-
-<p>&mdash;¿Tú conoces a Ganisch, a uno que tiene una
-taberna en Behobia?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Dile al pasar que mañana su amigo Eugenio,
-que ha venido de Méjico, le esperará a las doce
-del día en el puente, del lado de Francia.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno; ya se lo diré.</p>
-
-<p>Se marchó D. Lorenzo de Alzate, y por la noche
-dijo D. Eugenio en la fonda que iba a ir a
-San Sebastián.</p>
-
-<p>Ochoa y Lacy pretendieron acompañarle.</p>
-
-<p>&mdash;En tal caso prefiero que venga Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué lo prefiere usted?&mdash;preguntó Lacy,
-picado.</p>
-
-<p>&mdash;Porque usted no sabe vascuence y él sí.</p>
-
-<p>&mdash;Ah, vamos.</p>
-
-<p>Se decidió que fuera Ochoa. Este por la mañana
-pasó por casa de su paisano Beunza, que tenía un
-pequeño establecimiento de coches en la misma<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-calle de los Vascos, y le mandó aparejar un tílburi.</p>
-
-<p>Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de
-partir a Tilly.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted algo para su hermana?&mdash;le
-preguntó Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Va usted a verla?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, probablemente.</p>
-
-<p>&mdash;Vive en la calle Mayor, número seis u ocho.</p>
-
-<p>&mdash;La saludaré de su parte.</p>
-
-<p>Aviraneta había torcido el gesto al oir la conversación.</p>
-
-<p>&mdash;Amigo Ochoa&mdash;murmuró;&mdash;cuando se toma
-una misión difícil hay que pensar solamente en
-ella y no ser imprudente.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué lo dice usted?</p>
-
-<p>&mdash;Porque esta conversación, que probablemente
-no la habrá oído nadie, ha podido ser oída por
-alguien y sernos fatal.</p>
-
-<p>&mdash;Tiene usted razón&mdash;murmuró Ochoa, compungido;&mdash;tendré
-más precaución otra vez.</p>
-
-<p>Al medio día llegaron a Behobia y esperaron a
-Ganisch. Estaban comiendo en una posada, cuando
-apareció el antiguo amigo de Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;<i>¡Arrayua!</i>&mdash;dijo Ganisch al ver a D. Eugenio.
-¿De dónde vienes?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;De Méjico.</p>
-
-<p>&mdash;¡De Méjico! ¡Qué! ¿Te has hecho rico?</p>
-
-<p>&mdash;Poca cosa. ¿Y tú?</p>
-
-<p>&mdash;¡Pse! Voy viviendo. ¿Qué queríais? ¿Entrar
-en España?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Adónde vais a ir?</p>
-
-<p>&mdash;A San Sebastián.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. Tendréis que ir de boyerizos y llevar
-cada uno un carro de carbón. Así no os preguntará
-nadie nada.</p>
-
-<p>&mdash;Iremos con los carros de carbón. Tú nos dirás
-las instrucciones, dónde hay que dejarlos y
-demás.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; todo se os dirá.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cuándo pasamos a la otra orilla?</p>
-
-<p>&mdash;Por la noche. Yo saldré enfrente de Azquen
-Portu con una lancha y silbaré como en nuestros
-tiempos.</p>
-
-<p>&mdash;Muy bien.</p>
-
-<p>Comieron Aviraneta y Ochoa, pasaron la tarde
-en una taberna de Behobia de Francia, y al anochecer,
-después de cenar, fueron marchando por
-la orilla del Bidasoa hasta llegar frente a las casas
-de Azquen Portu.</p>
-
-<p>Apareció al poco rato Ganisch en su barca, silbó<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
-de la manara convenida, saltaron los dos y pasaron
-a la otra orilla y desembarcaron cerca de un
-caserío que se llamaba Chapartiena.</p>
-
-<p>&mdash;Podéis dormir aquí hasta la una&mdash;dijo Ganisch.&mdash;A
-esa hora os despertaré.</p>
-
-<p>Durmieron en Chapartiena y a media noche les
-despertó Ganisch, le dió a cada uno una ropa vieja
-y una elástica azul y les ayudó a uncir los bueyes.
-Luego les dijo lo que tenían que contestar a
-los guardias y centinelas del camino.</p>
-
-<p>Uno delante de otro, Aviraneta y Ochoa comenzaron
-a marchar camino de Irún y después de
-San Sebastián. Mientras fué de noche no hubo
-miedo; a las preguntas de los guardias contestaban
-en vascuence, como les había dicho Ganisch.</p>
-
-<p>Al hacerse de día tuvieron que tomar ciertas
-precauciones.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué tal estoy yo?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Muy bien. Todavía creo que se puede usted
-ensuciar la cara un poco más con carbón. ¿Y yo,
-estoy bien?</p>
-
-<p>&mdash;Admirablemente. Parece que no ha hecho usted
-otra cosa en su vida.</p>
-
-<p>Y los dos, dando de cuando en cuando con el
-aguijón en los cuernos de los bueyes y diciendo:
-¡Aidá! ¡Aidá!, avanzaron hacia San Sebastián.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p>
-
-<p>No les ocurrió ningún percance en el camino.
-Entraron en la ciudad por la puerta de Tierra y
-llevaron los carros, siguiendo las instrucciones de
-Ganisch, a la parte de la muralla que llamaban la
-Brecha, cerca del Cubo de Amezqueta, donde los
-descargaron. Comieron en una taberna, y al anochecer
-Aviraneta se presentó en casa de Alzate,
-quien al verle en aquellas trazas se quedó asombrado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no has venido conmigo?</p>
-
-<p>&mdash;No quería comprometerte.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué es lo que pretendes?</p>
-
-<p>Aviraneta expuso su plan de trabajar la guarnición
-de San Sebastián para que secundase el
-movimiento de los liberales.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no me has dicho esto en Bayona?&mdash;preguntó
-Alzate.</p>
-
-<p>&mdash;Porque me hubieras intentado disuadir del
-proyecto.</p>
-
-<p>&mdash;Es verdad. Puesto que tú crees en la posibilidad
-de ese plan, haremos juntos las gestiones,
-aunque de antemano te diré que la cosa me parece
-imposible. Lávate, ponte una ropa limpia y
-vamos.</p>
-
-<p>Alzate y Aviraneta salieron de casa y fueron a
-la platería de D. Vicente Legarda.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No está el principal&mdash;dijo el dependiente;&mdash;quizás
-esté en la imprenta de Baroja.</p>
-
-<p>Fueron a la Plaza de la Constitución y entraron
-en los arcos. Alzate llamó con los nudillos en
-una puerta próxima al Ayuntamiento, y pasaron
-adentro. El olor acre de la tinta de los rodillos y
-del papel mojado denunciaba la imprenta. Pasaron
-la tienda y entraron en un taller bajo de techo.
-A la luz de dos lámparas colgadas de un
-alambre, colocado horizontalmente a cierta altura,
-se veían las cajas, las prensas, los tinteros y las
-resmas de papel. En el techo había hileras de cuerdas
-de las que colgaban papeles impresos.</p>
-
-<p>Había varias personas en la imprenta. Al principio
-al entrar en ella no se las veía. Uno estaba
-como en una hamaca sostenido en las cuerdas del
-secadero de papeles, otro encaramado sobre las cajas
-y un tercero encima de un montón de papel.</p>
-
-<p>Alzate presentó a Aviraneta al impresor y a su
-hermano y el impresor después presentó a don
-Eugenio a los que estaban allá que eran Legarda,
-Zuaznavar, Orbegozo y Arrillaga. Todos ellos liberales
-se reunían a comentar los sucesos del día
-en la imprenta de Baroja.</p>
-
-<p>En esta imprenta se tiraba por entonces <i>La Estafeta</i>,
-periódico realista de don Sebastián Mi<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>ñano
-que había sucedido a la <i>Gaceta de Bayona</i>
-después de la Revolución de Julio.</p>
-
-<p>La protección de Miñano hacía que aquella imprenta
-fuera un lugar seguro para los liberales.
-Aviraneta después de ser presentado habló de las
-entrevistas que había celebrado con Mina y de la
-necesidad que tenían de contar con una base de
-operaciones en San Sebastián. Cuando acabó de
-explicarse Aviraneta, tomó la palabra uno de
-aquellos señores, el que estaba sentado en las cuerdas
-del secadero, don Vicente Legarda.</p>
-
-<p>Dijo que estaba bien pensado lo dicho por Aviraneta
-lo cual no era obstáculo para que la realización
-del proyecto fuera muy difícil o imposible.
-Respecto al espíritu público de San Sebastián en
-la mayoría del pueblo era liberal, pero no se podía
-contar ni con la guarnición ni con el elemento
-civil. El paisanaje no tenía contacto alguno con
-los soldados y a éstos les estaba prohibido expresamente
-hablar con la gente de la ciudad.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué se podría hacer para ganar a los
-oficiales?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;No sé&mdash;contestó Legarda.&mdash;Me parece una
-gran temeridad emprender la seducción de los oficiales
-no contando con mucho dinero.</p>
-
-<p>&mdash;¿No hay liberales en el ejército?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, pero estamos actualmente dominados por
-los realistas. El capitán general D. Blas de Fournás
-es un francés realista, el segundo cabo don
-Juan de la Porte-Despierres también; el jefe político
-Gironella es indefinido, y el gobernador del
-Castillo de la Mota es como la mayoría de los
-jefes acérrimo realista. Entre las autoridades de
-Marina ocurre lo propio; D. Pedro Hurtado y
-D. Francisco Echezarreta son los dos absolutistas.
-Como usted ve el momento no es muy propicio.
-Sin embargo, si se cuenta con dinero intentaremos
-ganar a los cabos y a los sargentos, principalmente
-a los del Castillo de la Mota que es la llave de
-la ciudad. Ganados el castillo y la plaza se presentaría
-una nueva dificultad de mucho bulto&mdash;añadió
-Legarda;&mdash;el proveer la ciudad de víveres
-necesarios para sostener el sitio que nos pondrían
-por mar y tierra. El resultado inevitable sería sucumbir
-a los pocos días atrayendo un sin fin de
-desgracias a la población y a los que se comprometieran
-en la defensa. Por estas razones que
-me parecen de peso, creo que el plan limitado al
-alzamiento único de San Sebastián no es práctico.
-Si los emigrados contaran, como ha dicho
-Aviraneta, con la plaza de Santoña y con elementos
-en el interior de España entonces sí se podría<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>
-esperar el triunfo, y trabajaríamos con entusiasmo,
-pero repito que aun así no se puede hacer
-nada más que a fuerza de mucho dinero.</p>
-
-<p>Las palabras de Legarda eran sensatas, lógicas
-y los que estaban en la imprenta las suscribieron.
-Alzate y Aviraneta se despidieron de todos y salieron
-a la plaza.</p>
-
-<p>Alzate llevó a dormir a su primo a una casa
-de su confianza.</p>
-
-<p>Al día siguiente Aviraneta quiso hacer nuevos
-intentos; por la mañana Ochoa y él salieron
-con sus carros de carbón y los llevaron a una
-venta del camino de Astigarraga. Al anochecer
-entraron de nuevo en San Sebastián, y Aviraneta
-fué a visitar solo al barón de Carondelet
-y a dos oficiales liberales. Después de su visita
-quedó convencido de que no se podía hacer
-nada.</p>
-
-<p>Al otro día al abrirse la puerta de Tierra salió
-don Eugenio camino de Astigarraga. Una muchacha
-alta marchó casi al mismo tiempo que
-él y se detuvo en la misma casa, a cuya puerta
-estaba Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué? ¿vamos?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, ya están uncidos los bueyes. Esta señorita
-viene con nosotros.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Esta señorita?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Es la hermana de Tilly.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué extravagancia es esa de querer venir
-en un carro?</p>
-
-<p>&mdash;Así si me buscan no me encontrarán&mdash;replicó
-ella.</p>
-
-<p>Margarita Tilly guardó la mantilla y se ató
-un pañuelo a la cabeza a estilo de casera. Llevaba
-corpiño, delantal y alpargatas.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos&mdash;dijo y tomó una cesta al brazo, y
-comenzó a marchar.</p>
-
-<p>Margarita Tilly era una muchacha de cara
-larga y expresiva, tenía los ojos azules, brillantes
-y oscuros, llenos de audacia, el mentón algo pronunciado
-y el pelo rubio. Había cierta asimetría
-en su rostro, aunque no tanta como en el de su
-hermano, asimetría que le daba gracia.</p>
-
-<p>&mdash;No sé si le tomarán a usted por una aldeana&mdash;dijo
-Aviraneta&mdash;me parece usted demasiado
-bonita.</p>
-
-<p>&mdash;Muchas gracias, don Eugenio&mdash;exclamó ella
-riendo.</p>
-
-<p>&mdash;No es galantería. Es precaución. Si a usted
-la cogen la llevarán de nuevo a casa de sus parientes
-de San Sebastián, a nosotros por de pronto
-nos meterán en la cárcel.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Bah, don Eugenio. Usted no tiene miedo a
-eso.</p>
-
-<p>&mdash;Parece que me conoce usted.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, Ochoa me ha hablado de usted.</p>
-
-<p>&mdash;Cuando pasemos por los pueblos apártese
-usted de nosotros y tome usted el aire más estúpido
-posible que pueda usted tomar&mdash;recomendó
-Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, así lo haré.</p>
-
-<p>Varias veces Margarita subió al carro que dirigía
-Aviraneta. Ochoa que iba detrás se le acercaba
-a echarla flores.</p>
-
-<p>&mdash;¡Eh! ¡Eh!&mdash;decía Aviraneta.&mdash;<i>¡Atzera!
-¡Atzera!</i> (¡Atrás! ¡Atrás!)</p>
-
-<p>No ocurrió nada en el camino, pero al acercarse
-a media tarde a Irún, Aviraneta se encontró
-con un viajero elegante que iba en un cabriolé y
-que se paró al verle.</p>
-
-<p>&mdash;¡Eugenio!&mdash;exclamó.</p>
-
-<p>Aviraneta estuvo a punto de soltar el palo y
-echar a correr.</p>
-
-<p>El joven bajó del coche y exclamó:</p>
-
-<p>&mdash;¿No me conoces?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;Joaquín Errazu, tu primo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! Es verdad. Hace ya tanto tiempo que
-no te he visto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué es esto? ¿Qué pasa? ¿Por qué vas así
-vestido?</p>
-
-<p>Aviraneta explicó a Errazu lo que habían hecho.</p>
-
-<p>&mdash;Esta señorita es una amiga nuestra que va
-a reunirse con su hermano. Es la señorita de Tilly.
-¿Tú no la podrías pasar a Behobia en tu coche?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, con mucho gusto. Si quiere le daremos de
-merendar en mi casa y luego la llevaremos a Behobia.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. Ya sabe usted, Margarita.</p>
-
-<p>Margarita se puso de nuevo la mantilla y montó
-en el cabriolé.</p>
-
-<p>Aviraneta y Ochoa llegaron a Azquen Portu,
-se lavaron y cambiaron de ropa y poco después
-pasaron en lancha a la otra orilla del Bidasoa.</p>
-
-<p>En Behobia estaba Margarita en compañía de
-Errazu, que se mostraba muy galante con ella.
-Montaron Margarita, Aviraneta y Ochoa en el
-cochecito de Beunza y se dirigieron hacia Bayona.</p>
-
-<p>&mdash;¿Está usted contenta del viaje?&mdash;preguntó
-Aviraneta a Margarita.</p>
-
-<p>&mdash;Contentísima.</p>
-
-<p>&mdash;¿Le han tratado a usted bien mis parientes
-de Irún?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Como a una reina. Me han sentado a la mesa,
-al lado del tío de usted, el cura, a tomar chocolate,
-y me han contado de usted una porción de
-diabluras que hizo usted cuando era chico.</p>
-
-<p>&mdash;El primo joven de don Eugenio creo que le
-galanteaba a usted un poco&mdash;dijo Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah! De eso no hago caso.</p>
-
-<p>Charlando los tres llegaron ya muy entrada la
-noche a Bayona, y fueron a parar a la fonda de
-Iturri.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_VIII">VIII.<br />
-FRACASA EL PROYECTO</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente el general Mina, enterado de
-la vuelta de Aviraneta, le invitó a comer a
-su casa. Don Eugenio fué obsequiado, tanto por el
-general como por su señora doña Juana Vega, a
-quien los íntimos llamaban doña Juanita.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué impresiones trae usted de San Sebastián?&mdash;preguntó
-Mina.</p>
-
-<p>&mdash;Malas.</p>
-
-<p>Y Aviraneta contó con detalles lo que le habían
-dicho los militares y paisanos con quienes había
-hablado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Así no es posible que ellos hagan algo?</p>
-
-<p>&mdash;Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el
-movimiento, ¿quién sabe?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que
-es la gente... Ha habido quien se ha acercado a
-mí a decirme que no me fíe de usted... Si propongo
-el aplazamiento, van a creer que soy un
-traidor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué haremos?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Esperaremos a ver si le contestan a Campillo...
-Avíseme usted en seguida que haya contestación...
-¿Usted qué cree que se necesitaría para
-sobornar una guarnición como la de San Sebastián?</p>
-
-<p>&mdash;Yo me figuro que para empezar se necesitarían
-unos cuarenta o cincuenta mil duros... quizás
-más.</p>
-
-<p>&mdash;Es mucho dinero...; pero, en fin..., ¿quién
-sabe?... Mendizábal es un hombre listo... comprenderá
-los motivos...</p>
-
-<p>&mdash;Y si no tiene usted medios, ¿qué va usted a
-hacer, general?</p>
-
-<p>&mdash;Ya no tengo más remedio que lanzarme. Salga
-lo que saliere.</p>
-
-<p>Aviraneta dejó la casa del general y se reunió
-con Lacy y con Ochoa, a quienes contó su entrevista.</p>
-
-<p>Dos días después, por la mañana muy temprano
-se presentó Campillo en la fonda de Iturri.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Coja usted el frasquito del reactivo&mdash;le dijo
-a Aviraneta;&mdash;creo que hay carta. Vamos a dar
-un paseo.</p>
-
-<p>Campillo, Aviraneta y Lacy se dirigieron a
-Saint Pierre de Irube y se metieron en una venta
-muy solitaria que se llamaba Bidegañeche (la
-casa en lo alto del camino). Pidieron a la dueña
-de la venta un cuartito y que les diera de almorzar.
-La dueña los subió al primer piso de la casa,
-que tenía una gran ventana al campo. Cerraron
-la puerta, y Campillo dijo que el patrón del quechemarin
-de Santoña había traído un pliego en
-blanco, doblado, como si fuera papel para hacer
-cigarrillos y que suponía estuviera escrito con
-tinta simpática.</p>
-
-<p>Sacó don Eugenio la botellita del reactivo, desdobló
-el pliego y lo untó con un pincel por sus
-cuatro caras. Campillo y Lacy miraban con atención
-por si aparecían las letras. Al secarse el papel
-se destacaron claramente.</p>
-
-<p>La carta era del hermano de López Campillo;
-decía que después de haberse enterado de las instrucciones,
-había comenzado sus trabajos y comunicado
-sus planes a un comerciante amigo suyo,
-quien le dijo que hablaría a los militares y le daría
-una respuesta en el plazo de tres días.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p>
-
-<p>Al cabo de este tiempo el amigo le había dicho
-que después de hablar con varias personas, entre
-ellas con el comandante de artillería de la plaza
-y con algunos oficiales de la misma Arma, estaba
-convencido de que todos se hallaban dispuestos a
-entrar en el movimiento siempre que se contase
-con los jefes que ocupaban altos cargos. Estos
-eran el gobernador de la plaza, brigadier Fleires;
-el teniente del rey, coronel D. Diego Rodríguez,
-y el sargento, capitán don Juan Bautista Viola.
-Respecto al gobernador militar de la provincia,
-D. Vicente González Moreno, se le tenía por realista
-acérrimo y afiliado al Ángel Exterminador.</p>
-
-<p>Los oficiales subalternos estaban dispuestos a
-tomar parte en el alzamiento con ciertas condiciones.
-Estas eran: primera, que Mina asumiese
-la responsabilidad de lo que se hiciera; segunda,
-que el mismo general respondiera de que en el
-interior de la nación secundarían el pronunciamiento,
-y tercera, que se les enviara fondos para
-ganar a los sargentos y a los soldados.</p>
-
-<p>Campillo quedó un poco extrañado de que en
-su país como en el resto de España no hubiese
-más prestigio entre los liberales que el de Mina.
-Se decidió leer la carta al auditor Aguado, y Lacy,
-Campillo y Aviraneta salieron de Bidegañeche y<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
-volvieron hacia Bayona a buscar al auditor en
-su casa de Saint Esprit.</p>
-
-<p>Aviraneta subió al piso, y dijo al auditor que
-sería conveniente marchase a ver al general y le
-preguntase cuándo podían leerle una carta importante.</p>
-
-<p>Aguado tomó un coche de los que llamaban <i>citadinas</i>,
-invitó a subir a Campillo, a Lacy y a Aviraneta,
-y fueron los cuatro a casa del general. Este
-se hallaba en la cama.</p>
-
-<p>Doña Juanita, la señora del guerrillero, pasó a
-los visitantes a la alcoba.</p>
-
-<p>Mina estaba macilento, demacrado; tenía un
-montón de papeles sobre la cama. Oyó leer la carta
-del hermano de Campillo con atención; estuvo
-largo rato pensativo, y dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Voy a reunir a los jefes y a Mendizábal y
-a exponerles el asunto. Quisiera que comprendieran
-su importancia... Usted, Aguado, podría ir
-a visitar mientras tanto al banquero Silva y explicarle
-el caso.</p>
-
-<p>&mdash;Bien. Iremos Aviraneta y yo.</p>
-
-<p>&mdash;Para la noche tendrán ustedes la contestación.</p>
-
-<p>Fueron Aviraneta y Aguado a la casa de Silva,
-un banquero judío de Saint Esprit.</p>
-
-<p>La casa era una casa pequeña y estaba en una<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>
-callejuela oscura y triste. Tenía un escaparate reforzado
-por dentro con una alambrera.</p>
-
-<p>Entraron en la oficina, que era un cuarto donde
-escribían dos empleados. Se veía en ella una
-caja de caudales grande, empotrada en la pared y
-una porción de legajos y de papeles.</p>
-
-<p>Aguado dijo lo que quería y el empleado llamó
-en una puerta, que se abrió chirriando y se volvió
-a cerrar.</p>
-
-<p>El banquero era un hombre pálido de perfil
-judío, muy fino, muy atento.</p>
-
-<p>Escuchó sonriendo lo que le decían, y dijo que
-hablaría a Mendizábal y que intentaría influir y
-hacer todo lo que estuviera de su parte.</p>
-
-<p>Al salir a la calle Aviraneta y Aguado oyeron
-risas en un balcón, volvieron la cabeza y vieron
-dos muchachas de perfil aguileño y de ojos negros,
-las dos muy bonitas, las hijas del banquero.</p>
-
-<p>Salieron de casa de Silva. Aguado se quedó en
-Saint Esprit, y dijo que por la noche al terminar
-la reunión de los caudillos en casa de Mina iría a
-decirles el resultado a la fonda de Iturri...</p>
-
-<p>Después de cenar se reunieron en el cuarto de
-Aviraneta, Lacy, Ochoa y Campillo. La impaciencia
-hizo a Lacy abrir la ventana, y para que no
-se viese la luz en la calle se apagó el quinqué. A<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-las once de la noche llegó Aguado. Ochoa fué a
-abrirle la puerta; Lacy cerró la ventana y encendió
-la luz.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;preguntaron con ansiedad al
-auditor.</p>
-
-<p>&mdash;El proyecto está rechazado. Los demás jefes,
-a quien ha expuesto Mina los propósitos de
-ustedes, han dicho que son inútiles. Están tan obcecados,
-que creen que les ha de bastar presentarse
-en la frontera para que toda España se les
-una.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué idiotismo! Qué imbecilidad!&mdash;exclamó
-Aviraneta.&mdash;¡Y tener que formar partido con
-esta gente! Es triste.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y no han dicho más?&mdash;preguntó Ochoa con
-sorna.</p>
-
-<p>&mdash;Algunos han asegurado que hay agentes de
-Calomarde que quieren desviar el movimiento.</p>
-
-<p>&mdash;Puesto que los liberales españoles son tan
-bestias&mdash;murmuró Aviraneta con ironía,&mdash;¡qué le
-vamos a hacer!</p>
-
-<p>&mdash;Respecto a usted, amigo Aviraneta&mdash;siguió
-diciendo Aguado,&mdash;se afirma que quiere usted recoger
-el fruto sin haber trabajado como los demás.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué asco de gente!</p>
-
-<p>&mdash;Al salir de la reunión&mdash;terminó diciendo el<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-auditor&mdash;he visto a Jáuregui, que me ha indicado
-que le diga a usted, Aviraneta, que hay siempre
-un puesto para usted en la Compañía Sagrada que
-ha formado con antiguos oficiales.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. Dele usted las gracias si le ve.</p>
-
-<p>Se marchó Aguado y después Campillo; Lacy
-y Ochoa se fueron a su cuarto.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_IX">IX.<br />
-AVIRANETA, DESPECHADO</h3>
-</div>
-
-<p><span class="smcap">Al</span> día siguiente, a la hora del almuerzo, se
-reunieron en la fonda de Iturri, Campillo,
-Lacy, Ochoa y Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;No le parece usted, don Eugenio&mdash;preguntó
-Lacy,&mdash;que sería conveniente que todos siguiéramos
-el mismo camino y marcháramos con el mismo
-jefe. Nosotros vamos con Valdés.</p>
-
-<p>&mdash;Yo estoy comprometido con él hace tiempo&mdash;dijo
-Campillo.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no pienso ir con nadie&mdash;repuso Aviraneta.&mdash;No
-quiero ir dirigido por imbéciles.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pero don Eugenio!</p>
-
-<p>&mdash;No, no. Ir con gente así, que no tiene medios,
-ni un golpe de vista genial para marchar al fin, es<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>
-ir a un fracaso, y a un fracaso ridículo. No, no,
-no voy. Sé cómo son estos militares españoles,
-de una inutilidad, de una suficiencia y de una majadería
-imponderables. Cuando hayan conducido
-la empresa al desastre se refugiarán en las chinchorrerías,
-en los detalles... No, no.</p>
-
-<p>Campillo se encogió de hombros y no dijo nada.
-Lacy quiso convencer a Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero de verdad no va usted a ir, don Eugenio?&mdash;le
-preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;De verdad. Conozco la guerra. Es la cosa
-más estúpida, más desordenada y sin objeto que
-pueda hacerse. Todo lo que no se realice en política
-por la inteligencia y por el cálculo, es perfectamente
-inútil. ¡La guerra! Unos hombres que
-van, otros que vienen, la mayoría sin saber porqué;
-aquí que se corre, allí que se persigue, en
-este otro lado que se fusila... plan, ninguno...; la
-casualidad...; no, no; me parece demasiado imbécil.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero va usted a negar hasta la táctica, el
-arte?</p>
-
-<p>&mdash;No creo en tal arte. Me parece una mixtificación
-de los militares. Yo no he visto en la guerra
-más que desorden, brutalidad y estupidez. Casualidad,
-casualidad y casualidad.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Pero hay una ciencia por encima de la casualidad
-y de la barbarie&mdash;exclamó Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Yo lo dudo mucho. Todo esto que hacen los
-militares no se diferencia gran cosa de las pedreas
-de chicos.</p>
-
-<p>&mdash;No, don Eugenio, no.</p>
-
-<p>&mdash;Yo creo que sí. Nunca verá usted que un patán
-pueda sustituir a un mecánico o a un matemático;
-en cambio, a un general lo sustituye un
-cura, un campesino, cualquiera, y lo hace tan bien
-como él y a veces mejor. Parece que cuando se
-ponen frente a frente dos bandos tiene que haber
-un vencedor y un vencido. ¿Pero lo hay siempre?
-¿Y cuando lo hay depende de la ciencia?
-Esto es muy dudoso. No creo que se pueda hacer
-mucho caso de las afirmaciones de estos pedantes
-de uniforme, porque en ellos la petulancia es moneda
-corriente. En fin, querido Lacy, si usted
-toma parte en la intentona lo verá.</p>
-
-<p>&mdash;¿Así que usted está decidido a no ir?</p>
-
-<p>&mdash;Completamente decidido.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué va usted a hacer?</p>
-
-<p>&mdash;Me quedaré aquí, o quizás vaya a Ustariz con
-Tilly. Aquí, en Bayona, parece que va a haber
-una vigilancia molesta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p>
-
-<p>Por más que Lacy intentó nuevamente convencerle,
-Aviraneta se aferró a decir que no iba.</p>
-
-<p>Ochoa y Lacy marcharían los dos con Valdés;
-pocos días más tarde se presentó Malpica a tomar
-el mando de su gente. Venía en compañía del
-tío Juan el guardabosque, y de Alí, el asistente
-de Víctor Darracq.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_X">X.<br />
-ORDEN DE MARCHA</h3>
-</div>
-
-
-<p><span class="smcap">El</span> 9 de Octubre, después de largas diligencias,
-los jefes liberales firmaron un acuerdo
-de acatar las órdenes de Mina. Unicamente no
-quisieron aceptar su jefatura Valdés, Méndez Vigo
-y Chapalangarra.</p>
-
-<p>Estaba ya dispuesto el plan general de la invasión.</p>
-
-<p>Por Vera entraría Mina con todo su Estado
-Mayor, formado por los generales Butrón, López
-Baños, Jáuregui, Iriarte, etc.</p>
-
-<p>Por Urdax, a tomar el camino de Elizondo y
-apoderarse del valle del Baztán, pasaría el coronel
-Valdés, nombrado por la Junta revolucionaria
-mariscal de campo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p>
-
-<p>Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona,
-iría Chapalangarra con un ciento de voluntarios
-parisienses y algunos aventureros españoles,
-entre ellos el poeta Espronceda.</p>
-
-<p>Por los Alduides cruzaría el general Espinosa,
-que se encargaría del mando de Navarra. Parte
-de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y
-León Iriarte, avanzarían al oeste en dirección del
-Baztán.</p>
-
-<p>Con esto, las tropas destacadas hacia la parte
-occidental de los Pirineos por el Gobierno de Fernando
-tendrían que dividirse. Algunas de ellas,
-comprometidas, se esperaba que hicieran causa
-común con los liberales.</p>
-
-<p>Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztán,
-Espinosa, marchando al Este, provocaría el
-alzamiento de los valles más liberales de las Aezcoas
-y del Roncal, que se darían luego la mano
-con los valles del Pirineo aragonés en donde operaría
-el general Plasencia.</p>
-
-<p>Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos
-desde Urdax hasta Irún para conservar las
-comunicaciones con Francia, y obrando en combinación
-con las fuerzas de la columna de Espinosa
-debía llamar sobre sí la atención del grueso del
-ejército español.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p>
-
-<p>El general Plasencia se correría por Oloron,
-llevando a sus órdenes al coronel Domínguez, al
-canónigo Barber y algunos otros conocedores del
-país.</p>
-
-<p>Méndez Vigo, con sus doscientos hombres, la
-mayoría carbonarios italianos y polacos, le secundaría
-avanzando hacia el Roncal. Se le reuniría
-después Vázquez Roselló que se encontraba en
-Orthez.</p>
-
-<p>Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre,
-operaría en el Alto Aragón.</p>
-
-<p>En Cataluña, la mayoría de los militares que
-pensaban tomar parte en la empresa era poco adicta
-a Mina, pero casi todos ellos se habían comprometido
-a cooperar en el movimiento.</p>
-
-<p>Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo
-navarro, había recibido un mando de la Junta
-de Bayona, que llamaban minista, y fué a Perpiñán
-a reunirse con el ex diputado D. José Grases,
-amigo de Torrijos, para preparar la entrada en
-Cataluña.</p>
-
-<p>Una de las columnas la mandaría Milans del
-Bosch llevando a Baiges como segundo; otra Miranda,
-y pasarían ambas por la Junquera. La tercera
-columna, al mando de San Miguel, entraría
-por Andorra.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p>
-
-<p>En combinación con los movimientos en la frontera
-francesa, se esperaba la salida de Torrijos,
-Manzanares y Palarea, que partirían de Gibraltar
-y marcharían por la carretera hacia Madrid. La
-tropa de Marina y la guarnición de Cádiz estaba,
-según se decía, ganada por los liberales.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_XI">XI.<br />
-LOS REALISTAS</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">El</span> Gobierno de Calomarde no se dormía mientras
-tanto. Se dieron órdenes rigurosísimas
-para vigilar la frontera, y se pusieron a precio
-las cabezas de Mina, Jáuregui y otros jefes.</p>
-
-<p>Calomarde excitó el celo y prometió recompensas
-a los militares. Toda la plana mayor del realismo
-se preparó con entusiasmo para rechazar
-la anunciada invasión de los constitucionales.</p>
-
-<p>El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra,
-con el segundo cabo de la plaza de Pamplona,
-D. Santos Ladrón, comenzó a pasar revista a
-sus fuerzas; el capitán general de Guipúzcoa, don
-Blas de Fournás, preparó las suyas.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados
-por Verástegui, Eraso, Juanito el de la Rochapea
-(Juan Villanueva), Uranga y Sáinz de
-Pedro, se acercaron a la frontera.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p>
-
-<p>El tercer batallón del regimiento del Príncipe
-se trasladó de Zaragoza a Jaca y de aquí al valle
-del Baztán avanzando hacia el Bidasoa. Se acercaron
-a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento
-de Mallorca. El primer batallón de la
-Guardia de Honor de Bilbao se estableció en Hernani.</p>
-
-<p>Las instrucciones que había recibido Llauder
-eran terribles. Por los decretos del 16 de Septiembre
-y de 1.º de Octubre, todos cuantos cayeran en
-sus manos debían ser inmediatamente pasados por
-las armas.</p>
-
-<p>El 11 de Octubre se le previno a Llauder para
-que no diera cuartel.</p>
-
-<p>Llauder era un cuco, que no creía que el absolutismo
-fuera eterno, y mandó a su ayudante a
-Madrid para que se presentara a Fernando VII y
-le intentara convencer de que una severidad excesiva
-sería perjudicial. En el momento de la lucha,
-Llauder dejó escapar algunos grupos de liberales
-que hubiera apresado con facilidad de
-proponérselo.</p>
-
-<p>Los tercios realistas, de los cuales tenían que
-salir cuatro años después los partidarios de don
-Carlos, se movieron con entusiasmo fanático. A
-ellos no había necesidad de recomendarles que no<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
-dieran cuartel. Estaban dispuestos a matar con
-una fe digna de buenos cristianos.</p>
-
-<p>De estos tercios, Alava dió un gran contingente.
-De Vitoria salieron cuarenta compañías formando
-tres columnas. Una la mandaba D. Valentín
-de Verástegui; fué a Tolosa y de aquí se
-acercó a Oyarzun y a la peña de Aya; otra salió
-a las órdenes del coronel D. José Uranga y se
-dirigió por Salvatierra a Cegama y a Segura y
-de aquí a la frontera; la tercera, mandada por
-D. Casimiro Sáinz de Pedro, avanzó por Santa
-Cruz de Campezu a tomar el camino de Estella y
-después el de la alta Navarra.</p>
-
-<p>Guipúzcoa tenía ya de antemano algunas compañías
-de voluntarios realistas en Irún; más tarde,
-a instancias del general realista Villalobos, la
-Diputación envió dos batallones completos de
-refuerzo, quedando los seis restantes en San Sebastián
-dispuestos para acudir al primer aviso al
-sitio indicado.</p>
-
-<p>En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con
-el teniente D. Miguel de Sagastibelza se acercó al
-valle del Baztán, y D. Francisco Benito Eraso se
-presentó en la frontera por el lado de Burguete a
-vigilar sus inmediaciones.</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h2 class="nobreak">LIBRO SEGUNDO<br />
-EN USTARIZ</h2></div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h3 id="II_I">I.<br />
-AVIRANETA Y TILLY</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Aviraneta</span> y Tilly se pusieron de acuerdo para
-ir a pasar unos días a Ustariz, y alquilaron
-cuartos en la Veleta. A Tilly le acompañó su hermana
-Margarita.</p>
-
-<p>Aviraneta llevaba la idea de matar el tiempo leyendo.
-La primera semana estuvo encerrado en
-su cuarto; salía únicamente los días buenos a tomar
-el sol por las tardes.</p>
-
-<p>Don Eugenio se había suscrito a un gabinete de
-lectura de Bayona, y se llevó los quince volúmenes
-de la obra de Jomini, la Historia crítica y
-militar de las campañas de la Revolución de 1792
-a 1801, y las Historias de la Revolución francesa,
-de Mignet y de Thiers, que acababan de salir por<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>
-entonces. Alternaba estas lecturas con novelas de
-Paul de Kock y de Pigault-Lebrun.</p>
-
-<p>Aviraneta no era un refinado en literatura. Leía
-a Jomini con gran atención, siguiendo las operaciones
-en el mapa, queriendo explicarse con claridad
-aquellas famosas batallas de tanta resonancia
-universal. Después leyó los "Principios de la
-estrategia", del mismo Jomini.</p>
-
-<p>Le hacía simpatizar con el autor la idea de que
-él también era un rechazado.</p>
-
-<p>Jomini, a pesar de su talento no pudo llegar a
-mandar fuerzas, a dirigir batallas, lo que tanto
-imbécil pudo hacer.</p>
-
-<p>Aviraneta sentía la tristeza del táctico, de verse
-desperdiciado, sin empleo.</p>
-
-<p>Se sentía él también una rueda de un reloj de
-otra clase o de otro tamaño, rueda inútil y que,
-sin embargo, era perfecta en su género.</p>
-
-<p>La rabia de pensar que sólo en una esfera alta
-de actividad hubiese podido desarrollar sus condiciones,
-y que la suerte y el ambiente le impedían
-escalar este puesto, empujándole automáticamente
-hacia abajo, a un medio para el cual no tenía condición
-alguna, le irritaba y le conducía a una profunda
-desesperación.</p>
-
-<p>Mientras Aviraneta leía y se desesperaba, Tilly<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-frecuentaba la sociedad de Ustariz; visitaba a la
-familia de Aristy, a quien se había presentado con
-una carta de Lacy; iba al Bazar de París a hablar
-con las dos hermanas, Martina y Delfina; se había
-hecho amigo de Choribide y de su sobrino
-Rontignon, y visitaba a las damas del Chalet de
-las Hiedras.</p>
-
-<p>Margarita los primeros días de Ustariz hizo
-algunas extravagancias y tomó fama de loca en el
-pueblo. Alquiló un caballo y pasó varias veces al
-galope por la carretera, vestida de amazona y con
-un látigo en la mano y una boina roja en la cabeza;
-otro día anduvo en lancha e hizo después varias
-inocentes travesuras.</p>
-
-<p>Al tercer día de estancia en la aldea conoció a
-Dolores, la hija del coronel Malpica, y se hizo
-amiga íntima de ella.</p>
-
-<p>Al cabo de poco tiempo de conocerla, Dolores
-era para Margarita la criatura más sabia y más
-perfecta de la tierra.</p>
-
-<p>Aviraneta leyendo en su rincón, Tilly dedicado
-a la vida social y Margarita en Chimista; así pasaron
-el tiempo en el pueblo mientras Lacy y los
-suyos se batían en España.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_II">II.<br />
-MALOS VIENTOS</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Corrían</span> malos vientos, al decir de los inteligentes,
-por los alrededores de Ustariz. La
-veleta de Gastizar parecía alarmada, y andaba nerviosa
-de la derecha a la izquierda con marcada
-intranquilidad.</p>
-
-<p>En Gastizar se sentía cierta desazón. Había tenido
-la familia varios disgustos, y todos, excepto
-Miguel que conservaba su calma, estaban alarmados.
-El primer acontecimiento desagradable de la
-serie había sido la noticia de quiénes eran las dos
-damas del Chalet de las Hiedras. Madama Aristy
-había recomendado a Miguel que no dijera nada
-ni hablara a nadie de esta cuestión.</p>
-
-<p>El segundo golpe había sido la llegada de León,
-el pintor, el marido de Dolores Malpica.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p>
-
-<p>León dijo a su madre que volvía dejando en París
-una deuda de quince mil francos.</p>
-
-<p>Madama de Aristy habló con Miguel y quedaron
-de acuerdo en que pagarían la deuda. Como
-compensación exigieron a León que se quedara a
-vivir en Ustariz constantemente.</p>
-
-<p>Otro disgusto que vino después de este, fué que
-madama Luxe dejó de aparecer por Gastizar sin
-dar ninguna explicación.</p>
-
-<p>Por último, una mañana en que madama de
-Aristy pasaba por la galería del piso principal
-sonó un tiro y cayeron los cristales rotos a sus
-pies. Madama de Aristy dió un grito y acudieron
-las criadas. Miguel y Darracq bajaron a ver lo
-que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido corrieron
-a la huerta, pero no encontraron a nadie.</p>
-
-<p>Con todo esto, la familia estaba amedrentada.</p>
-
-<p>Madama Aristy y Miguel suponían que tan
-repetidos golpes procedían de las damas del Chalet
-de las Hiedras.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cuándo se van esas mujeres?&mdash;preguntaba
-Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;Ya dentro de poco&mdash;decía su madre.&mdash;Esperemos
-sin escándalo.</p>
-
-<p>En Chimista tampoco se sentía gran contento.</p>
-
-<p>A Dolores se le había marchado su padre y le<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
-había vuelto el marido. Muchas veces Margarita
-la veía llorando.</p>
-
-<p>León al llegar a su casa pareció satisfecho y entusiasmado,
-pero pronto comenzó a aburrirse.</p>
-
-<p>León era un hombre petulante, tipo de vanidoso
-y de descontento. Tenía los tópicos de la época
-y barajaba siempre en su conversación el Arte,
-la Naturaleza, Shakespeare, Calderón, las pasiones,
-la unión de lo maravilloso y lo grotesco...
-Hablaba mal de todos los artistas, que creía que
-le estaban usurpando la gloria. Se resistía a encontrar
-bien las obras de los contemporáneos y
-hasta las de los antiguos maestros.</p>
-
-<p>Al oirle se sospechaba si se trataría de un hombre
-de genio. Al ver su obra se comprendía que
-no era más que un descontento sencillo.</p>
-
-<p>Margarita sintió por León al conocerle un profundo
-odio. El verle tan frío, tan egoísta, tan indiferente
-a todo lo que no fuera su vanidad le
-exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle.</p>
-
-<p>Había otras casas en Ustariz que se hallaban
-en un estado de intranquilidad semejante; madama
-Luxe desde hacía tiempo no quería recibir a
-nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran
-idas y venidas y misteriosas conferencias.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_III">III.<br />
-LAS MANIOBRAS DE CHORIBIDE</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Desde</span> hacía algún tiempo Choribide en complicidad
-con las damas del Chalet de las
-Hiedras intrigaba en el pueblo. Sus maniobras
-principales tendían unas a enriquecer el legajo que
-las dos mujeres de la policía hacían para Calomarde,
-las otras a acercar su sobrino Rontignon
-a madama Luxe.</p>
-
-<p>Madama Luxe tenía varios galanteadores en
-Ustariz. Uno de ellos era un tal Iragaray, hombre
-caballeresco, aunque un poco perturbado. Iragaray
-había pasado por una porción de chifladuras
-que le duraban una temporada más o menos
-larga. La última era la preocupación por las botas.
-En esta época, todo el calzado que compraba<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-o le hacían le venía mal, lo que a Iragaray le entristecía
-profundamente.</p>
-
-<p>Esta preocupación la compartía con el amor de
-madama Luxe, amor tímido y respetuoso que
-guardaba en el fondo de su alma. El comprendía
-que sólo madama Luxe le hubiese podido curar
-de esta cavilación transcendental del calzado.</p>
-
-<p>Iragaray, cuando veía a una persona que estaba
-a gusto sobre sus zapatos la envidiaba y le
-tenía por un ser superior.</p>
-
-<p>Si llegaba a ganarse su confianza, la primera
-pregunta que le hacía era ésta:</p>
-
-<p>&mdash;Perdone usted, caballero; ¿quiere usted hacerme
-el gran favor de decirme dónde se ha hecho
-usted esos zapatos?</p>
-
-<p>El preguntado, que no comprendía que contestar
-a esta pregunta fuera ningún gran favor, decía
-en qué pueblo y en qué zapatería se hacía las
-botas. Iragaray se preparaba para hacer un viaje,
-se encargaba un par de zapatos y volvía radiante;
-pero a los cuatro o cinco días se le veía haciendo
-muecas de descontento, y tenía que coger
-los zapatos nuevos y llevarlos a un rincón, spoliarium
-de sus ilusiones.</p>
-
-<p>Durante algún tiempo Iragaray veía todo negro,
-como si el mundo entero estuviera recubierto<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-de betún, hasta que encontraba una persona con
-unos zapatos, que le llegaban al alma. Si esta persona
-le era desconocida, Iragaray sufría hasta poder
-hacerla la pregunta de dónde se hacía los zapatos.</p>
-
-<p>Iragaray se había enamorado de madama Luxe,
-y abandonaba la zapatería por el amor. Le había
-contado sus cuitas a Miguel, quien le había recomendado
-mucha prudencia.</p>
-
-<p>&mdash;Todo esto va a acabar con unos cuantos zapatos
-más en el guardarropa de Iragaray&mdash;decía
-madama de Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Lo malo es que para el pobre hombre cada
-par de botas es un desengaño&mdash;añadía Miguel.</p>
-
-<p>Choribide, que sabía muy bien las chifladuras
-de Iragaray, no lo temía como rival de su sobrino,
-sino todo lo contrario; hubiera querido que el
-pobre chiflado fuera el único de los rivales de
-Rontignon.</p>
-
-<p>Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las
-mujeres del Chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p>Los documentos que él facilitaba a madama Carolina,
-aparecían oficialmente como procedentes de
-Rontignon. Se había escrito a España y Calomarde
-se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o
-a aceptar al ex teniente en el ejército español.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p>
-
-<p>Respecto a la cuestión amorosa, Choribide la
-dirigió con gran cuidado. Choribide hizo que su
-sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor
-sastrería de Bayona, alquilara un caballo y pasara
-todos los días cuatro o cinco veces por delante
-de casa de madama Luxe.</p>
-
-<p>Al cabo de una semana escribió una carta, la
-pensó mucho, comprendiendo que el estilo de 1830
-no era el de su época; y después de varios ensayos
-creyó encontrar lo que deseaba. El teniente
-Rontignon copió la carta y la dió, con una moneda
-de cinco francos, a la criada de madama Luxe.
-La carta no tuvo contestación. A los pocos días,
-Choribide escribió otra muy respetuosa y romántica
-y madame Luxe contestó. Decía que no pensaba
-casarse, que estaba dedicada a la educación
-de su hija, y aunque agradecía los homenajes del
-teniente Rontignon, le suplicaba que cesase en
-hacerle la corte.</p>
-
-<p>Choribide estudió la carta detenidamente y decidió
-primero hacer que la hija de madama Luxe,
-Fernanda, tuviera un novio, después se le ocurrió
-indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar.</p>
-
-<p>Como novio de Fernanda, ninguno mejor que
-el joven Larralde Mauleón. Larralde había cor<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>tejado
-sin gran éxito a Alicia de Belsunce, y luego
-para consolarse se dedicaba a galantear a una de
-las señoritas del Bazar de París, a la menor, Delfina,
-creyendo, y con razón, que le llegaría su
-turno.</p>
-
-<p>De las dos señoritas de La Bastide, la mayor,
-Martina, se le suponía enredada con el ingeniero
-de Montes; la pequeña, Delfina, era una histérica.
-Esta muchacha había andado con todos los hombres
-del pueblo. Siempre había tenido un amante
-o dos al mismo tiempo.</p>
-
-<p>Era una mujer lasciva. Le habían cantado varias
-veces una copla popular, que decía:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1">Dama orrec emenditu</div>
-<div class="line">Bederatzi noviyo</div>
-<div class="line">Apenas joan dan ari</div>
-<div class="line">Bayetz esandiyo.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>(Esa dama tiene lo menos nueve novios, y a
-cualquiera que se acerca a ella le dice que sí.)</p>
-
-<p>En toda la familia de las muchachas del Bazar
-había la misma herencia erótica. Por entonces, la
-Delfina estaba enredada con un mozo, a quien llamaban
-Marcos el del molino o Marcos el gascón.</p>
-
-<p>Marcos era un hombre de una osamenta fuerte,
-corpulento, la cara ancha, los pómulos salientes, la<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>
-mandíbula acusada y los ojos claros. Tenía la
-frente pequeña y arrugada, el pelo rubio, crespo
-y duro que le entraba como un pico en el entrecejo,
-las manos velludas y los brazos largos. Era
-mozo petulante, vestía grandes y anchos pantalones,
-faja encarnada y boina azul.</p>
-
-<p>El bello Marcos sacaba el dinero a Delfina, la
-pegaba, la pateaba, lo cual no era obstáculo para
-que ella estuviese enamorada de él y al mismo
-tiempo le engañase. La madre de Marcos era una
-mujer valiente, que había venido de la parte del
-Bearn. Al saber los sucesos de la Revolución de
-Julio, esta mujer cogió un fusil y fué al Ayuntamiento
-a pedir que se quitara a los concejales y
-se les sustituyera por otros revolucionarios.</p>
-
-<p>El bello Marcos no compartía las ideas de su
-madre y era realista. Sacaba algún dinero con esto
-y no le importaba otra cosa. Marcos era un conquistador
-y un sátiro; había tenido un proceso por
-robo y otro por violentar a una chiquilla, medio
-idiota, en el campo.</p>
-
-<p>Choribide pensó que debía apartar al joven Larralde
-de Delfina, y llamándole con gran reserva
-le dijo que no le convenía hacer la corte a aquella
-muchacha. Era esta una mujer depravada, una
-cosa perdida. Le aseguró que estaba embarazada de<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>
-Marcos, y que no tendría nada de particular que si
-se entregaba a él fuera únicamente por tener un
-editor responsable del desaguisado.</p>
-
-<p>Después de pintarle tan fea la situación al joven
-Larralde le puso delante la perspectiva de
-Fernanda Luxe, una muchacha encantadora llena
-de juventud y de gracia. Larralde Mauleón mordió
-en el anzuelo y comenzó a dejar de acudir al
-Bazar de París. Al mismo tiempo Choribide habló
-a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo
-que había asegurado en público que tendría
-como querida a la Delfina cuando le diera la gana.
-La muchacha, que era poco inteligente, creyó en
-lo que le decía el viejo y comenzó a tratar con
-desdén a Larralde, que determinó no volver al
-Bazar.</p>
-
-<p>Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon
-buscara a Larralde y se hiciera amigo suyo.</p>
-
-<p>Pronto pudo notar el astuto viejo que tenía en
-Gastizar enemigos de sus planes. Madama Luxe
-iba todos los días a Gastizar, hablaba allí, había
-quien suponía que miraba con buenos ojos a Miguel
-Aristy.</p>
-
-<p>Entonces a Choribide se le ocurrió escribir un
-anónimo, cogió un papel igual al que se empleaba
-en Gastizar y mandó a madama Luxe una carta<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>
-en la que se ponía por los suelos al teniente Rontignon
-y al joven Larralde.</p>
-
-<p>Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones
-a Madama Aristy; dejó un día de ir a
-Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acabó
-por romper las relaciones con la familia de
-Aristy.</p>
-
-<p>Madama Aristy era demasiado orgullosa para
-pedir ni para dar explicaciones. La ruptura se verificó.
-Era lo que quería Choribide.</p>
-
-<p>Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes
-del Chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p>Las cartas iban a Madrid y venían de allá constantemente.</p>
-
-<p>Carolina Michu estaba entregada a Choribide
-y dispuesta a seguir sus indicaciones.</p>
-
-<p>Madama Carolina no tenía un gran interés personal
-puesto en la vida de Ustariz; estaba deseando
-que pasaran aquellas circunstancias para salir
-de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba
-lo mismo a Simona. Simona no se ocupaba
-más que de Ustariz y de los que vivían en el
-pueblo.</p>
-
-<p>Al saber que madama Aristy quería echarlas
-del Chalet de las Hiedras, le tomó un odio intenso.
-Antes había coqueteado con Miguel, porque<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>
-le era simpático; después coqueteó con León, por
-ver si podía dar un disgusto a la vieja orgullosa
-de Gastizar, como llamaba ella a madama Aristy.</p>
-
-<p>Simona, que no tenía inclinación ninguna por
-León, llegó a dominarle; le sacó dinero, produjo
-un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista.</p>
-
-<p>Simona sintió tanto odio por Dolores Malpica
-como por madama Aristy; a la vieja, como ella la
-llamaba, la odiaba por su orgullo; a la española,
-por su aire de candidez y de bondad.</p>
-
-<p>León, que se creía amado por una gran dama,
-no sólo no se recataba, sino que hacía alarde de
-visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se determinó
-a pedirle explicaciones, y marido y mujer
-riñeron.</p>
-
-<p>Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y
-como mal menor se decidió que León volviera a
-París.</p>
-
-<p>Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta
-de que las damas del Chalet de las Hiedras eran
-dos aventureras, las trataba así, y era muy bien
-acogido en la casa. El y Choribide solían pasar la
-tertulia en el chalet y en el Bazar de París.</p>
-
-<p>Madama Carolina comenzaba a asustarse de la
-violencia y del fuego que ponía en sus empresas
-Simona.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Esa loca me va a comprometer&mdash;decía, y suplicaba
-a Choribide que la vigilara para que no
-hiciese alguna tontería.</p>
-
-<p>Simona tenía su centro de operaciones en el
-Bazar de París; allí solía estar intrigando con las
-dos señoritas de la Bastide, con Choribide y con
-Marcos el gascón, de quien se había hecho gran
-amiga.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_IV">IV.<br />
-MARGARITA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Todos</span> los días y a todas horas estaba Margarita
-Tilly en Chimista con su amiga Dolores.
-Margarita había tomado gran cariño a Dolores,
-para quien tenía todas sus amabilidades.</p>
-
-<p>Dolores, que pasaba en aquel momento por la
-amargura de tener a su padre expuesto a ser
-muerto y a su marido separado de ella, estaba llorando
-a cada instante. Dolores tenía un carácter
-resignado y dulce y encontraba la calma en la mayor
-contrariedad.</p>
-
-<p>Margarita se había constituído en protectora de
-Dolores. Cogía a los dos chicos, a Miguelito y a
-Dolorcitas, y se marchaba con ellos para dejar a
-la madre desahogar su pena.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p>
-
-<p>Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas
-prometía ser como su madre, dulce y tranquila.</p>
-
-<p>El chico era fanfarrón y charlatán; jugaba con
-un gato que se llamaba Chipi. Chipi era un poco
-payaso, gran cazador de pájaros, ladrón y fantástico.
-Chipi, la pequeña pantera doméstica, corría
-con Miguelito, se afilaba las uñas en los muebles
-y rasgaba la tela de los sillones; subía a los
-árboles, perseguía a las lagartijas y a las mariposas;
-hacía bufonadas y parecía incomodarse
-cuando la gente se reía. Solía divertirse mucho
-cazando musarañas, a las que martirizaba.</p>
-
-<p>Miguelito era gran ingeniero; hacía fortalezas
-con arena y las coronaba con banderas.</p>
-
-<p>Mientras él se dedicaba a la ingeniería, Dolores
-tenía a la niña en brazos y quedaba embebida.</p>
-
-<p>&mdash;No te duermas, mamá&mdash;le decía el chico.</p>
-
-<p>Margarita se sentaba en la escalera de piedra,
-adornada con tiestos, un escalón más bajo que
-Dolores, como en adoración, y solía estar hablándole
-y jugando con los chicos.</p>
-
-<p>Contaba a su amiga su vida y explicaba sus
-ideas. Dolores daba su opinión mientras hacía algún
-trabajo de costura o de media.</p>
-
-<p>Cuando Dolores tenía que trabajar, Margarita
-con los chicos salía fuera por los campos. Se ha<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>bía
-ganado la amistad de Grashi Erua, la loca,
-y de un chiquillo de diez o doce años, atrevido, a
-quien llamaban Chistu.</p>
-
-<p>Grashi Erua llevaba flores a Chimista y jugaba
-con Miguelito, por quien tenía gran cariño.</p>
-
-<p>Grashi Erua vivía en la miseria; los aldeanos
-que se habían hecho cargo de ella se habían enriquecido
-despojándola. Luego, viendo que nadie se
-presentaba a reclamarla, la quisieron obligar a
-trabajar en el campo y a servirles de criada, pero
-ella no obedecía. Era un ser montaraz e indomable.
-A veces se la veía en medio del bosque o a
-la orilla de un arroyo con una guirnalda de yedras
-o de muérdago en la cabeza, cantando una
-canción triste. Al principio los chicos le tiraban
-piedras, pero llegaron a tener por ella cierto
-temor.</p>
-
-<p>Grashi Erua solía entrar en Chimista cuando le
-parecía, ayudaba a alguna cosa a Dolores; pero
-en general no hacía más que jugar. En invierno
-se metía en la cocina cerca del fuego, y allí charlaba
-de una manera confusa e incoherente.</p>
-
-<p>Chistu, el chico vagabundo, era un pillastre a
-quien le gustaba la libertad y el aire libre. Estaba
-negro por el sol y tenía una cara viva de granuja.
-Aquí pescaba o se bañaba, allí se subía a los<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-árboles y venía con una ardilla o con una lechuza
-viva que había cogido.</p>
-
-<p>Margarita era la capitana de aquella tropa menuda.
-Grashi Erua, Chistu y los pequeños le obedecían
-sin réplica.</p>
-
-<p>Todo el día se pasaba Margarita en Chimista.
-En cambio a Gastizar iba poco, y aunque pasaba
-por delante no se detenía nunca.</p>
-
-<p>Margarita no quería nada con los de Gastizar;
-sentía gran antipatía por madama Aristy y se manifestaba
-desdeñosa con Alicia. El egoísmo y la
-discreción de ésta le producían el mayor desprecio.</p>
-
-<p>&mdash;Es un taco&mdash;solía decir.</p>
-
-<p>Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un
-torbellino. No podía tener prudencia; pero se le
-perdonaba todo por su espontaneidad y por su
-gracia.</p>
-
-<p>Era lo contrario de la señorita de Belsunce. En
-Margarita no había cálculo ni disimulo. Las simpatías
-y antipatías se desarrollaban en ella de una
-manera rápida y esporádica y no se tomaba el
-trabajo de disimularlas.</p>
-
-<p>Alicia, en cambio, era de una discreción y de
-una prudencia monjiles. Sabía guardar los pequeños
-secretos como nadie. No había miedo de que<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-dijera una inconveniencia. Medía las palabras con
-cuidado exquisito.</p>
-
-<p>Madama de Aristy, que creía éste uno de los
-mayores méritos que podía tener una persona, le
-otorgaba su benevolencia.</p>
-
-<p>Alicia era defensora de las prerrogativas aristocráticas
-de su familia. No le gustaba que se dijese
-que entre los vascos no había habido feudalismo.
-Le hubiera gustado ser feudal.</p>
-
-<p>Margarita no se preocupaba de estas cosas.
-Quería ser libre, hacer su capricho, y tenía para
-las personas y para las ideas una mirada atrevida
-y de frente.</p>
-
-<p>A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita.</p>
-
-<p>De toda la gente de Gastizar únicamente por
-Miguel tenía Margarita simpatía, y eso que Miguel
-se burlaba un poco de ella y de su insociabilidad.</p>
-
-<p>Charlaban los dos amistosamente largo tiempo.</p>
-
-<p>&mdash;Usted también habrá sido un conquistador,
-Miguel&mdash;le decía ella.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, no. Las mujeres me han hecho poco caso,
-Margarita; lo mismo de joven que de viejo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah! No le creo a usted.</p>
-
-<p>&mdash;Pues es cierto. Sin duda yo no he tenido nunca
-grandes atractivos para las damas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p>
-
-<p>Margarita no se convencía. Un día creyó que
-Miguel era un corruptor.</p>
-
-<p>En el piso bajo de Chimista vivía un matrimonio
-joven que trabajaba en los campos. El era un
-muchacho nacido en un caserío próximo; ella, la
-hija de un jardinero de Gastizar. Este jardinero,
-un normando alto y rubio, había venido de guardia
-de Aduanas y se había quedado en Gastizar.
-Fanchon, su hija, había nacido allá. Era Fanchon
-una mujer con un aire selvático; la sangre normanda
-de su padre mezclada con la vasca de su
-madre había dado un hermoso producto. Era rubia,
-blanca, con los ojos azules.</p>
-
-<p>El día que la vió Margarita hablando con Miguel
-estaba dando de comer a los cerdos y a las
-gallinas, riñendo a toda la tropa con los pies metidos
-en los zuecos y un pañuelo en la cabeza.</p>
-
-<p>En el corral, una vieja flaca y acartonada, la
-boca sin dientes, la cara llena de arrugas, tenía un
-niño rollizo en brazos.</p>
-
-<p>&mdash;Estás guapa, Fanchon&mdash;le decía Miguel con
-cierta tristeza cómica.&mdash;Yo me debía haber casado
-contigo y esa criatura sería mía.</p>
-
-<p>&mdash;A buena hora se acuerda usted&mdash;replicó ella
-con desgarro.&mdash;¿Por qué no lo pensó usted antes?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿No podríamos empezar todavía, Fanchonette?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;De manera que Praschcu, ese imbécil de tu
-marido, exige fidelidad.</p>
-
-<p>&mdash;Como la exigiría usted.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué pena!&mdash;exclamó Miguel con melancolía
-burlona.&mdash;¡Yo! ¡Que te he tenido en brazos
-cuando eras niña! ¿No podría tener un poco de
-derecho?...</p>
-
-<p>&mdash;Ninguno.</p>
-
-<p>&mdash;Eres muy cruel, Fanchon.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! Siempre está usted así. ¿Por qué no
-se casa usted de una vez?</p>
-
-<p>&mdash;No me hacen caso, chica, ya. No me hacen
-caso.</p>
-
-<p>Margarita que oyó la conversación se la contó
-a Dolores con gran misterio, y ella, riendo, volvió
-a contársela a Miguel.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_V">V.<br />
-EL NIÑO</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Una</span> tarde en que D. Eugenio y Tilly charlaban
-en el comedor de la Veleta comentando
-a Maquiavelo, se presentó Margarita que venía
-corriendo, sofocada y sin aliento.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué pasa?&mdash;le preguntó su hermano.</p>
-
-<p>&mdash;El niño... el niño de Dolores... lo han robado.</p>
-
-<p>A Tilly no le preocupaba tanto como a su hermana
-el niño de Dolores, y se encogió de hombros.</p>
-
-<p>Aviraneta preguntó cómo había ocurrido el caso.</p>
-
-<p>&mdash;Estaba, como todos los días, jugando a la
-puerta de la casa, cuando ha pasado un rebaño
-de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha
-dicho la chica que iba con el rebaño. El niño le ha<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-seguido y ha desaparecido. Se ha mirado por todos
-los alrededores y no se le ha encontrado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cuánto tiempo hace que falta?&mdash;preguntó
-Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Ya cerca de diez horas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué edad tiene el chico?</p>
-
-<p>&mdash;Cuatro años y medio.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; entonces es muy posible que lo hayan robado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué haremos?&mdash;exclamó Margarita.&mdash;La
-pobre madre figúrese usted cómo está. Vengan
-ustedes conmigo.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, vamos&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita
-dijo a su hermano:</p>
-
-<p>&mdash;Llámale a Miguel Aristy y dile lo que pasa.</p>
-
-<p>Tilly entró en Gastizar y volvió al poco rato
-solo.</p>
-
-<p>&mdash;¿No está?&mdash;le preguntó Margarita.</p>
-
-<p>&mdash;Debe estar en Chimista.</p>
-
-<p>Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron.
-Empezaba a oscurecer y el niño no
-venía. La madre estaba en la mayor desesperación.
-Miguel y Dolores habían salido por los alrededores
-llamando al niño, pero no aparecía.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, señor Aristy&mdash;dijo Aviraneta;&mdash;si<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-andan ustedes así a la casualidad, como locos, no
-encontrarán ustedes ninguna pista. Vamos a hablar
-los dos serenamente a ver si encontramos
-algún indicio.</p>
-
-<p>&mdash;Tiene usted razón. El dolor de la madre le
-perturba a uno, contagia su intranquilidad.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a un sitio donde estemos solos.</p>
-
-<p>&mdash;Entremos aquí. Sentémonos.</p>
-
-<p>Entraron en el cuarto del coronel Malpica.</p>
-
-<p>&mdash;Veamos el hecho escueto primeramente&mdash;dijo
-Aviraneta.&mdash;¿Cómo ha sucedido?</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer
-que vive aquí?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>Entró Fanchon en el cuarto, con la cara llena
-de lágrimas.</p>
-
-<p>&mdash;Cuéntanos lo que ha pasado con detalles&mdash;le
-dijo Aviraneta en vascuence.</p>
-
-<p>&mdash;Pues nada&mdash;dijo Fanchon;&mdash;el niño estaba
-jugando, como casi todos los días, por aquí, por
-delante de la casa. Ha pasado un rebaño, y el chico
-que iba detrás le ha dicho: "¿Miguelito, vienes?"
-Miguelito ha salido detrás del rebaño y no
-ha vuelto. Eso ha sido todo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tú has visto al chico que le ha llamado?&mdash;preguntó
-Aviraneta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, no le he visto. No sé si mi marido le habrá
-visto.</p>
-
-<p>&mdash;Llámalo; y si no sabe nada, pregunta por ahí
-a ver si hay alguno que haya visto al chico que
-ha llamado a Miguelito al pasar.</p>
-
-<p>Salió Fanchon corriendo del cuarto y volvió al
-poco rato, sofocada, con Praschcu, su marido.</p>
-
-<p>&mdash;Mi marido le ha visto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted le ha visto al chico que ha llamado
-a Miguelito?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién era?</p>
-
-<p>&mdash;Era un chico que llaman Mandharra, del caserío
-de Gros Jean, el tramposo&mdash;dijo Praschcu
-hablando muy despacio.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es pastor?</p>
-
-<p>&mdash;No; es un chico pobre que suele andar a veces
-pidiendo limosna y que ahora está en un caserío.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo llevaba hoy ese rebaño?</p>
-
-<p>&mdash;Mandharra iba al lado de la zagala que suele
-andar siempre con el rebaño.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ese Mandharra suele tener punto fijo donde
-dormir?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; en el caserío de Gros Jean, el tramposo,
-que se llama Beletchea (la casa del Cuervo).</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Y quién es ese caballero?</p>
-
-<p>&mdash;Ese caballero, como usted dice, no vive&mdash;contestó
-Aristy.&mdash;Viven sus hijas, que yo creo
-que están un poco locas.</p>
-
-<p>&mdash;Pues ¿qué les ocurre?</p>
-
-<p>&mdash;Son tres solteronas solitarias, que no salen
-nunca de casa. Yo las llamo las Tres Lamias. No
-quieren ver a nadie. Trabajan en el campo de
-noche, a la luz de la luna, para que no las vean.
-Y de día se asoman a mirar por entre las parras.</p>
-
-<p>&mdash;¿Viven cerca?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; a un cuarto de hora de aquí. ¿Sospecha
-usted de ellas?</p>
-
-<p>&mdash;Por ahora no. Primeramente dígame usted
-qué enemigos tiene su cuñada.</p>
-
-<p>Miguel habló de las damas del Chalet de las
-Hiedras y de sus antecedentes.</p>
-
-<p>Como no especificaba nada, Aviraneta dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a interrogar a la madre del niño.
-¿Quiere usted llamarla?</p>
-
-<p>Aristy llamó a su cuñada, que entró llorando a
-lágrima viva.</p>
-
-<p>&mdash;Una pregunta nada más&mdash;le dijo Aviraneta.&mdash;¿Tiene
-usted algún motivo para suponer que
-una de las mujeres que vive en el Chalet de las
-Hiedras le odia a usted?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, algún motivo tengo, porque hace unos días
-me envió las cartas que le había escrito mi marido
-a ella.</p>
-
-<p>&mdash;¿Las tiene usted ahí?</p>
-
-<p>&mdash;No, las rompí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted supone que se las envió la más joven
-de las dos, Simona?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Al enviarle las cartas a usted ¿no decía nada?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; me escribía un papel lleno de mala intención
-para mí.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien. Tranquilícese usted. Encontraremos
-al chico&mdash;dijo Aviraneta.&mdash;El chico no está
-perdido, está robado, y una de las mujeres del
-Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar.</p>
-
-<p>La opinión de Aviraneta era también la de
-Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Ahora vamos a ver qué hay que hacer&mdash;dijo
-Aristy.</p>
-
-<p>Aviraneta llamó a Tilly y los tres deliberaron.
-Era indudable que Simona, si era ella la que había
-preparado el robo del chico, no se había entendido
-con Mandharra, porque ella no sabía el
-vascuence ni el chico el francés. Simona se había
-valido de algún intermediario, probablemente de
-Marcos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span></p>
-
-<p>Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al
-pueblo y apoderarse de Simona y de Marcos, y
-obligarles a decir dónde estaba el niño.</p>
-
-<p>Antes de salir de Chimista, Aviraneta preguntó
-al marido de Fanchon:</p>
-
-<p>&mdash;¿Por este camino hacia el monte, en una legua
-o en dos, hay alguna cueva?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Hay una que llaman Lecebeltz (la sima
-negra).</p>
-
-<p>&mdash;Pues id a registrarla.
-Praschu, Fanchon y Grashi Erua salieron en
-aquella dirección, mientras Aviraneta, Aristy y
-Tilly se encaminaron hacia Gastizar. Entraron por
-la huerta, y andando a oscuras se dirigieron hacia
-el Chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p>&mdash;Voy a llamar más gente&mdash;dijo Aristy.</p>
-
-<p>Miguel marchó despacio hacia Gastizar y volvió
-a la media hora con Víctor Darracq y con
-Ichteben. Al acercarse Aristy a Aviraneta éste le
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Chit.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué pasa?</p>
-
-<p>&mdash;Está aquí Marcos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tendrán ahí el niño?</p>
-
-<p>&mdash;No creo.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a ver si cazamos al bello gascón.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p>
-
-<p>Esperaron más de una hora.</p>
-
-<p>&mdash;Yo conozco la casa&mdash;dijo Tilly;&mdash;si tuviera
-una escalera para subir podría arreglármelas para
-oir la conversación.</p>
-
-<p>&mdash;Yo la traeré&mdash;saltó Ichteben y desapareció en
-la oscuridad.</p>
-
-<p>Al poco rato volvió con una escalera larga. La
-aplicaron al balcón del chalet y Tilly subió con
-grandes precauciones.</p>
-
-<p>Al cuarto de hora bajó de prisa.</p>
-
-<p>&mdash;Sale Marcos&mdash;dijo;&mdash;no detenerle. Parece
-que es un mendigo viejo a quien llaman Pachi Zarra
-y también Ontza (el Buho) el que se ha llevado
-al niño. Marcos no sabe dónde lo guarda. Mañana
-les dirá dónde está.</p>
-
-<p>Salió Marcos del chalet, y cruzando la huerta
-saltó la tapia y desapareció.</p>
-
-<p>Tilly volvió a subir al balcón.</p>
-
-<p>&mdash;¿Adónde va usted?&mdash;le dijeron.</p>
-
-<p>&mdash;Voy a coger algo que he dejado ahí.</p>
-
-<p>Efectivamente; subió y bajó con un gran legajo
-en la mano.</p>
-
-<p>&mdash;Esto, que lo guarden&mdash;dijo a Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Lo guardarán. Yo voy a tranquilizar un poco
-a la madre. Mañana buscaremos a Pachi Zarra, el
-Buho.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Bueno, vamos&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>Aviraneta, Tilly y Aristy volvieron a Chimista.</p>
-
-<p>Al llegar al caserío vieron al chiquillo que venía
-medio riendo, medio llorando, en brazos de
-Grashi Erua. Lo habían encontrado en la cueva
-de Lecebeltz, como había indicado Aviraneta.</p>
-
-<p>El marido de Fanchon traía preso a Pachi Zarra
-(el Buho), un viejo con una anguarina parda,
-con el pelo y la barba blancos, que habían encontrado
-en la cueva guardando al niño.</p>
-
-<p>Dolores comenzó a sollozar de alegría al ver a
-su hijo salvo, y Margarita le acompañó en su
-contento.</p>
-
-<p>Aristy apostrofó a Pachi Zarra y le dijo que
-se fuera, que no volviera al pueblo, porque le metería
-en la cárcel.</p>
-
-<p>El Buho se marchó refunfuñando.</p>
-
-<p>Dolores dió las gracias a Aviraneta con la
-mayor efusión, y los tres hombres volvieron al
-pueblo. Al llegar a Gastizar, Tilly pidió el grueso
-legajo que había sacado del Chalet de las
-Hiedras. Se lo entregó Ichteben y fué con él a la
-fonda.</p>
-
-<p>Al día siguiente, antes de levantarse Aviraneta,
-Tilly entró en su cuarto.</p>
-
-<p>&mdash;Don Eugenio&mdash;dijo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hay?</p>
-
-<p>&mdash;Me voy. He encontrado un pequeño filón, y
-voy a ver si lo exploto. Adiós.</p>
-
-<p>Cuando Aviraneta se levantó Tilly había desaparecido.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_VI">VI.<br />
-CHORIBIDE Y AVIRANETA</h3></div>
-
-
-<p>La noticia del robo del niño se extendió por
-el pueblo, y todos los vecinos del barrio y
-de Ustariz creyeron unánimemente que eran las
-damas del Chalet de las Hiedras las que habían
-dirigido esta mala acción. Las simpatías por los
-Aristys, que estaban apagadas en la aldea, se
-despertaron y fueron muchas personas las que estuvieron
-en Gastizar a felicitar a madama Aristy
-por la salvación de su nietecillo. Madama Luxe
-escribió una carta de felicitación y Miguel fué a
-visitarla por encargo de su madre.</p>
-
-<p>Madama Luxe, interrogada acerca del motivo
-que tenía para haber roto sus relaciones con Gas<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>tizar,
-habló del anónimo que ella creía que le habían
-enviado los Aristy.</p>
-
-<p>Miguel lo leyó fríamente; después sintió tal indignación
-al pensar que la viuda se lo había atribuído
-a él, que estuvo con ella tan severo que la
-dejó bañada en lágrimas. Al día siguiente, madama
-Luxe acompañada de Fernanda fué a Gastizar
-a explicarse con madama Aristy y a pedirle perdón.
-Se quedó de acuerdo en que eran las mujeres
-del Chalet de las Hiedras las que habían escrito
-el anónimo. Estas no salieron de casa durante
-algunos días. Marcos el del molino se ocultó
-también, e iba de noche a ver a la Delfina, del
-Bazar de París, por la huerta.</p>
-
-<p>Aviraneta supo estas noticias por Esteban Irisarri,
-el posadero de la Veleta, que se las contó
-con profusión de detalles.</p>
-
-<p>Una mañana leía don Eugenio en el libro de
-Jomini la batalla de Valmy, cuando entró Esteban
-a decirle que estaba el señor Choribide preguntando
-por él.</p>
-
-<p>&mdash;¡El señor Choribide! ¡el jefe de los enemigos!&mdash;dijo
-Esteban Irisarri con voz hueca.</p>
-
-<p>&mdash;No le conozco&mdash;contestó don Eugenio.</p>
-
-<p>&mdash;¡Choribide! El amigo de esas viejas intrigantes
-del Chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Pregunta por mí?&mdash;dijo Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Que pase.</p>
-
-<p>El posadero debió quedar asombrado de la serenidad
-de Aviraneta. Abrió la puerta y se presentó
-el viejo <i>muscadin</i> elegante y currutaco.</p>
-
-<p>&mdash;¿El señor de Aviraneta?&mdash;preguntó sonriendo.</p>
-
-<p>&mdash;Soy yo. Pase usted y siéntese usted.</p>
-
-<p>Choribide entró, se sentó en el borde de la silla,
-puso el sombrero metido en el bastón y el bastón
-entre las piernas.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, señor&mdash;dijo,&mdash;me llamo Choribide, Gastón
-de Choribide. Soy vasco, como usted. He llevado
-en mi juventud una vida un tanto irregular.
-Yo no sé si usted tendrá ideas religiosas...</p>
-
-<p>&mdash;Creo que no&mdash;repuso Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Es usted de mi escuela. Si yo tuviera ideas
-religiosas diría que he sido un gran pecador. No
-teniéndolas, suelo decir que he sido un hombre
-crapuloso y de vida poco honorable.</p>
-
-<p>&mdash;¿No será usted un tanto severo consigo mismo,
-señor Choribide?&mdash;preguntó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;No, no. Muchas gracias por su opinión. Me
-hago justicia. Verá usted... Yo vivo bien dentro de
-mi modestia. No trabajo; no he trabajado nunca.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Se aburrirá usted.</p>
-
-<p>&mdash;No, no me aburro. Yo tengo un sobrino ex
-oficial de la Guardia Real, Aquiles Rontignon.
-Rontignon tiene condiciones para agradar a una
-mujer; es guapo y es tonto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted cree que la tontería...?</p>
-
-<p>&mdash;Es indispensable. Yo había pensado casar a
-Rontignon con una viuda rica de aquí, madama
-Luxe. Como un teniente retirado no es bastante
-para producir entusiasmos en una mujer rica por
-sólo su posición, yo había pensado adornar el pecho
-de Rontignon con una gran cruz o buscarle
-un empleo. Aprovechando la estancia aquí de una
-señora española, la condesa de Vejer...</p>
-
-<p>&mdash;Que no es española ni condesa... saltó Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Cierto; pero hay que darla un nombre para
-señalarla.</p>
-
-<p>&mdash;En Madrid se llamaba madama Carolina.</p>
-
-<p>&mdash;Bien; me es igual; aprovechando la estancia
-aquí de madama Carolina, me acerqué a ella y le
-dije que puesto que ella trabajaba para el Gobierno
-español, yo le ayudaría a cambio de que ella concediera
-a mi sobrino un empleo, un cargo honorífico...</p>
-
-<p>&mdash;¿Y ha trabajado usted para ella?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, habíamos hecho un legajo con todos los
-datos necesarios para remitirlo a Madrid, cuando
-las cosas se han torcido. Primeramente Rontignon
-no ha sabido aprovechar su tontería ni tampoco
-su arrogancia de hombre guapo, y madama Luxe
-lo ha rechazado; después Tilly, ese muchacho amigo
-de usted, un muchacho encantador, se apoderó
-del legajo formado por nosotros, y por último,
-la sobrina de madama Carolina...</p>
-
-<p>&mdash;Que no es su sobrina...</p>
-
-<p>&mdash;Cierto. Simona Busquet ha intervenido en
-esta cuestión, y con sus odios y su genio vengativo
-ha hecho que roben al nieto de madama de
-Aristy. Esta barbaridad ahora me la atribuyen a
-mí, y me molesta. Ese no es mi género. No me
-ha gustado nunca el melodrama. La alta comedia,
-quizás; el melodrama, nunca. Por estas razones
-voy a dejar la partida.</p>
-
-<p>&mdash;¿Va usted a dejarla?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no puedo vivir aquí ya. El pobre Garat
-no se encuentra en estado de recibir a los amigos.
-Madama Aristy está indignada, porque cree que
-yo he indicado que roben a su nieto, cosa absurda.
-Voy a ir a Bayona, pero antes le voy a pedir
-a usted un favor.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Usted dirá.</p>
-
-<p>&mdash;Yo he venido a verle a usted, porque he comprendido
-que es usted un hombre fuerte. Me ha
-recordado usted a su excelencia el duque de
-Otranto.</p>
-
-<p>Aviraneta sintió un movimiento de alegría.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ha conocido usted a Fouché?&mdash;preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; he estado a su servicio. Tiene usted el
-mismo aire de penetración que él. Ahora, que quizás
-usted no pueda poner sus facultades al servicio
-del Estado. Hay países que desperdician su
-gente.</p>
-
-<p>Choribide había dado dos golpes buenos en la
-coraza de indiferencia de Aviraneta, uno comparándole
-con Fouché, el otro suponiendo que no
-se le comprendía.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué servicio quería usted de mi, señor
-Choribide?&mdash;preguntó.</p>
-
-<p>&mdash;Le diré a usted. Actualmente mi sobrino
-Rontignon sencillamente me estorba. Si lo hubiera
-casado con madama Luxe, yo hubiera sido su
-administrador; pero no ha sido bastante hábil
-para enamorar a la viuda. Ahora quiero desprenderme
-de él, y como ha aparecido como un realista
-que ha mandado informes al Gobierno español
-por intermedio de esas damas del Chalet de las<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>
-Hiedras, he pensado hacer valer esos servicios y
-su calidad de ex teniente de la Guardia Real para
-pedir para él un destino en España. ¿Usted, que
-seguramente sabrá cómo se hace esto, no podría
-escribirme una solicitud en español?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; lo haré.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ahora mismo?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; ahora mismo.</p>
-
-<p>Aviraneta escribió un borrador de solicitud y lo
-entregó para que lo copiase Choribide.</p>
-
-<p>Al terminar, Choribide dió las gracias a Aviraneta
-y murmuró efusivamente:</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo nos desperdician, mi querido señor!</p>
-
-<p>Y haciendo una reverencia llena de respeto y
-de gracia, completamente siglo XVIII, Choribide
-se retiró y salió de la Veleta.</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak">LIBRO TERCERO<br />
-EL DIARIO DE LACY</h2></div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<h3 id="III_I">I.<br/>
-EL SOÑADOR</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Eusebio</span> de Lacy escribió con detalles su vida
-en los días que duró la expedición de los
-liberales en la frontera. Lacy esperaba una lucha
-más brillante, más intensa. En su diario se le ve,
-a pesar suyo, desencantado y triste. Su espíritu
-de soñador y de poeta se representaba la realidad
-como algo más fuerte, más noble, más extraordinario.</p>
-
-<p>Lacy tenía un entusiasmo todavía latente por
-los militares y por la guerra. Concebido en época
-de grandes batallas, su infancia se había arrullado
-con la música estridente de las trompetas y de
-los tambores. Más tarde había sido educado en
-colegios con hijos de militares franceses del Im<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>perio,
-todos estremecidos y pasmados de asombro
-ante las glorias más o menos inventadas de Napoleón
-y de su ejército.</p>
-
-<p>Eusebio pensaba en su padre, y se lo figuraba
-como le había visto en los retratos y en las estampas,
-vestido de general, con el pecho lleno de cruces
-ganadas en los campos de batalla, el rostro
-fiero, la mirada relampagueante y la mano en la
-empuñadura de la espada.</p>
-
-<p>Después de los años de colegio en Francia y
-en España, Eusebio había vivido en Quimper, en
-casa de su madre, en un ambiente pesado, lánguido,
-de un pueblo bretón oscuro, en una sociedad
-levítica de comerciantes y de armadores, dirigida
-por realistas y por curas.</p>
-
-<p>Era aquella época de la Restauración, una época
-de luchas ardientes en que el monarquismo y el
-jesuitismo se aprestaban al combate contra las
-ideas revolucionarias con todas las armas; las misiones
-religiosas se esparcían por las ciudades y
-por los campos, Francia entera estaba llena de oradores
-elocuentes que predicaban el arrepentimiento
-de las locuras pasadas. Los misioneros quemaban
-en las plazas públicas los libros de Voltaire y los tomos
-de la Enciclopedia, las familias enviaban sus
-hijos a los colegios de jesuítas, las autoridades<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
-obedecían servilmente a las Congregaciones y todo
-se conseguía con intrigas. Por entonces se hablaba
-de los monstruos del 93 y del ogro de Córcega.</p>
-
-<p>Durante este tiempo, Eusebio había adorado la
-gloria y el ejército, sólo por la gloria y por contraposición
-a las ideas y prácticas clericales que trataban
-de imbuirle. Después fué llegando hasta él,
-cada vez con más intensidad, la influencia liberal,
-y reaccionando contra sus sueños militares,
-llegó a mirar a Napoleón como un ambicioso, antihumano
-y repugnante, y a sus mariscales como
-una tropa de brutos miserables dedicados únicamente
-a la petulancia y al robo.</p>
-
-<p>Lacy creyó haber matado su entusiasmo de gloria
-y haberlo sustituído por el ideal más severo
-de la libertad; pero por debajo de éste se transparentaban
-sus sueños de ambición militar.</p>
-
-<p>En su diario se ve que estos sueños pierden su
-brillo y decaen las ilusiones de Lacy.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_II">II.<br />
-LA ENTRADA EN ESPAÑA</h3></div>
-
-
-<h4><i>Añoa, 15 de Octubre de 1830.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">El</span> 14 de Octubre por la mañana salí de Bayona,
-camino de la frontera, con la tropa
-mandada por Valdés. Al atravesar la ciudad estuvo
-a punto de ocurrir un encuentro entre nuestra
-gente y la de Mina.</p>
-
-<p>Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho
-que iban a ser unos héroes; pero no se han portado
-heroicamente, sino todo lo contrario.</p>
-
-<p>La fuerza de Valdés venía dividida en cuatro
-compañías: una de extranjeros, mandada por don
-Francisco Mancha; otra de vascos, semi-independiente,
-la partida de Leguía; otra de navarros y<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-aragoneses, a las órdenes de Malpica, y un grupo
-de oficiales al frente del cual va López Campillo.</p>
-
-<p>Estas compañías se han formado con ochenta
-o cien hombres y cada una tiene sus oficiales y
-sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco
-suses, o sean siete reales diarios.</p>
-
-<p>Yo voy de ayudante del coronel Valdés, y
-Ochoa, con el mismo cargo, a las órdenes de Campillo.</p>
-
-<p>Llevamos algunos soldados muy buenos y otros
-muy malos. Las tropas vascas y las navarras son
-las mejores, conocen el país y se encuentran entre
-los suyos; las extranjeras son las peores; están,
-naturalmente, formadas por lo más perdido
-de cada casa.</p>
-
-<p>No se ha podido contar con los oficiales franceses
-liberales, porque el Gobierno de Julio los ha
-aceptado a todos en las filas del ejército.</p>
-
-<p>Descontados éstos que hubieran sido útiles, los
-que han quedado en nuestras filas son aventureros,
-gente de presidio más que militares.</p>
-
-<p>Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual
-de esta tropa. Entre los extranjeros hay la
-más completa diversidad de tipos y de actitudes,
-se ven hombres que tienen el aire nórtico de
-un noruego, gentes rubias de cabeza pequeña y<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>
-ojos azules, al lado de otros que parecen italianos
-del mediodía con el pelo crespo, los ojos negros y
-la mirada viva. Hay una gran variedad en la
-expresión de los unos y de los otros; éste tiene
-rasgos de energía, el otro de astucia, el de más
-allá de cobardía y de cinismo.</p>
-
-<p>En cambio, entre los vascos de Leguía hay tal
-unidad en la expresión, que parecen todos de la
-misma familia, y sólo fijándose en ellos, uno a uno,
-se advierte que no se parecen en los rasgos de la
-fisonomía. En todos ellos se ve una mezcla de audacia
-y de atención; más que soldados parecen
-cazadores que van a un ojeo.</p>
-
-<p>Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos.
-Uno de ellos es el guardabosque de Ustariz,
-amigo de Malpica.</p>
-
-<p>Este hombre, a quien todos llamamos el tío
-Juan, no se queja de nada, todo le parece bien.
-Es un estoico. Le suele acompañar un asistente
-del intendente Darracq, que vive en Ustariz y que
-se llama Alí.</p>
-
-<p>El tío Juan y Alí van siempre juntos, animando
-a los demás.</p>
-
-<p>Otro tipo extraño es un muchacho inglés que
-vino a Bayona de San Sebastián con Tilly. Como
-no conocemos su nombre y por lo que parece no<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>
-quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito
-se ha incorporado a nuestra pequeña legión
-extranjera de una manera aristocrática e individualista;
-lleva dos criados a su servicio y una
-tienda de campaña. Siempre le vemos correctamente
-vestido, recién afeitado. El inglés éste parece
-una estatua griega por su expresión fría y
-académica. Tiene el aire de un hombre rico, su
-traje es irreprochable y sus cuellos y sus puños
-están siempre limpios y sus zapatos recién barnizados,
-como si fuera a pasear a Hyde Park.</p>
-
-<p>El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de
-nuestra legión extranjera; no parece que quiere
-tener relación con nosotros y ha debido poner sus
-condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos
-dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos
-de él.</p>
-
-
-<h4><i>Urdax, 16 Octubre.</i></h4>
-
-<p>La salida de Bayona fué para mí completamente
-inesperada. El día 13 me llamó Valdés, y me
-dijo que había sabido que los dos Gobiernos, el
-de Luis Felipe y el de Fernando, habían hecho un
-convenio, y que no teníamos otra solución que adelantarnos
-o abandonar la empresa. El se lanzaba
-dispuesto a todo, y al día siguiente al amanecer<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>
-saldríamos camino de la frontera. Se dieron las
-órdenes necesarias para la marcha, y salimos de
-Bayona.</p>
-
-<p>Iban con nosotros Chapalangarra y Méndez
-Vigo. El 14 llegamos a Saint Pee. Yo dormí en el
-Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de
-allá y al llegar a la frontera entre Añoa y Dancharinea,
-Chapalangarra y el general Méndez Vigo
-se despidieron de nosotros el uno para ir a
-San Juan del Pie del Puerto, el otro a Mauleón.</p>
-
-<p>Hoy por la mañana hemos llegado a Urdax. Nos
-hemos apoderado del punto avanzado que abandonaron
-los tercios y de las armas que había aquí
-guardadas. Llevábamos una proclama, suscrita
-por varios jefes, dirigida al ejército español, invitándole
-a imitar al francés, pasándose a nuestra
-bandera y a librar a la patria del yugo que
-la oprime. Se han dado vivas a la libertad y a la
-Constitución, y se han montado dos piezas pequeñas
-de campaña que encontramos en el puesto
-avanzado.</p>
-
-<p>Como nos preocupa la cuestión de la alimentación,
-se han mandado agentes a comprar víveres a
-los pueblos de alrededor.</p>
-
-<p>Estoy deseando entrar en fuego.</p>
-
-<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p>
-
-
-<h4><i>Zugarramurdi, 17 Octubre.</i></h4>
-
-<p>Esta mañana hemos dejado en Urdax a Campillo
-y a Malpica y hemos salido con las dos compañías,
-la de Leguía y la de Mancha, camino de
-Zugarramurdi.</p>
-
-<p>La razón principal de la marcha es la cuestión
-de las subsistencias, que no hay modo de resolverla
-en un pueblo pequeño en donde escasea todo.</p>
-
-<p>Zugarramurdi está muy cerca de Urdax, a una
-media legua próximamente. Es una aldea que se
-encuentra en la falda de Peñaplata en la vertiente
-de Francia.</p>
-
-<p>Al acercarnos al pueblo han ido nuestras dos
-columnas separadas, flanqueando el monte.</p>
-
-<p>En las lomas había unos grupos de tercios realistas
-que nos han recibido a tiros.</p>
-
-<p>En este pequeño encuentro nuestros extranjeros
-mandados por Mancha se han portado de una
-manera vergonzosa. Muchos a las primeras descargas
-tiraban el fusil y corrían a internarse en
-territorio francés.</p>
-
-<p>Algunos, por lo que nos han dicho, han entrado
-en Sara, y la gente, indignada por su cobardía,
-les ha recibido a pedradas. Ha habido quien ha
-llegado corriendo hasta Bayona.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p>
-
-<p>Unicamente el tío Juan, Alí, el Inglesito y algunos
-otros han dejado bien puesto el pabellón.</p>
-
-<p>Afortunadamente, la partida de Leguía al oir
-los primeros tiros corrió hacia el pueblo y se apoderó
-de él. Yo creí que los realistas se defenderían
-en las calles; pero no; han abandonado la
-aldea sin pelear.</p>
-
-<p>Ahora es de noche. A la luz de la luna veo la
-torre de la iglesia de Zugarramurdi, blanca, y
-unos cipreses del pequeño cementerio que la rodea.</p>
-
-
-<h4><i>Vera, 18 Octubre.</i></h4>
-
-<p>Ayer en Zugarramurdi. Valdés, Leguía, Mancha,
-Campillo y Malpica, discutieron lo que había
-que hacer. De todos ellos el menos culto, pero el
-más inteligente, es Leguía.</p>
-
-<p>Valdés es un castellano de cabeza dura, de continente
-altivo y soberbio; no tiene flexibilidad,
-discurre por frases. A pesar de su cerrazón es
-simpático; tiene una cara noble, un poco alargada,
-y los ojos claros.</p>
-
-<p>Si a mí me preguntaran quién debía mandar
-nuestras fuerzas, diría que Leguía.</p>
-
-<p>Valdés y Leguía discuten sobre el mapa de Navarra.
-Leguía es partidario de ocupar Vera; Valdés
-no quiere.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p>
-
-<p>Los informes de los caseros son que Juanito
-el de la Rochapea va a entrar en Vera con sus
-tercios realistas y los carabineros. Leguía opina
-que sería conveniente ocupar Vera y avisar a
-Mina para que pasase en seguida a España. A
-Valdés no le agrada la colaboración con Mina.</p>
-
-<p>Después de discutir largo rato se ha resuelto
-que Leguía con su partida vaya a Vera.</p>
-
-<p>&mdash;Usted no ataque&mdash;le ha encargado Valdés delante
-de mí.&mdash;La cuestión es ver qué disposiciones
-tienen las tropas realistas para nosotros. Si
-ataca usted va a decir Mina que somos unos locos,
-y si fracasa la expedición asegurará que es nuestra
-la culpa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted que vaya con él, mi general?&mdash;le
-he dicho a Valdés.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; vaya usted.</p>
-
-<p>&mdash;Quizás quiera venir conmigo Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;Que vaya.</p>
-
-<p>El Inglesito al enterarse ha pedido también venir
-con nosotros.</p>
-
-<p>Leguía ha llamado a sus sargentos y ha dado
-la orden de que para las dos de la mañana esté
-la partida formada en la plaza. Leguía, Ochoa, el
-Inglesito y yo vamos a caballo. Llevamos una pieza
-de artillería montada en un mulo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p>
-
-<p>A las dos y media la columna se ha puesto en
-movimiento. La noche estaba oscura; hemos pasado
-por una calle con casas hermosas, grandes,
-hemos salido del pueblo y cruzado por delante de
-la cueva de las brujas y por el Arroyo del Infierno,
-después hemos seguido a campo traviesa hasta
-descansar, al amanecer, en unos caseríos de
-Sara.</p>
-
-<p>A nuestra espalda dejábamos Zugarramurdi sobre
-el promontorio de Peñaplata, que entra en la
-tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris se veía
-un pueblecillo, Sara, y más lejos, vagamente el
-mar.</p>
-
-<p>Después de tomar el almuerzo hemos seguido
-adelante, bordeando el monte Labiaga, por unos
-robledales que el otoño ha dejado rojizos. El suelo
-está cubierto de hojas doradas. Es época de pasa,
-y por el cielo cruzan pájaros de todos colores...</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En esto, una de las lomas lejanas se llena de
-siluetas de hombres que comienzan a hacer fuego
-sobre nuestra partida.</p>
-
-<p>Por lo que hemos sabido después, el teniente
-realista D. Miguel de Sagastibelza, comandante
-del puesto avanzado, ha destacado contra nosotros
-una columna formada por doscientos veinte<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>
-hombres del 13 de línea, ciento cincuenta voluntarios
-realistas procedentes de Burguete, y trescientos
-soldados del batallón de tercios del Baztán.</p>
-
-<p>Leguía manda desplegar en guerrilla a su gente
-y se contesta al fuego. Después de una ligera
-escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado.</p>
-
-<p>¿Es que están, como dicen algunos, por nosotros
-y no esperan más que una ocasión favorable
-para pronunciarse en nuestro favor?</p>
-
-<p>No lo sé; pero así lo parece.</p>
-
-<p>Con la fuerza de que disponen podían, sin duda
-alguna, habernos hecho retroceder y obligarnos a
-meternos en Francia.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>A las doce de la mañana llegamos a una cañada,
-desde donde divisamos Vera en el fondo de
-un valle. Vamos avanzando a caballo Leguía,
-Ochoa, el Inglesito y yo.</p>
-
-<p>De pronto Leguía se detiene.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ve usted&mdash;me dice&mdash;ese monte que está a
-un lado del pueblo con varios caseríos?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Se llama Santa Bárbara. En la falda, en un
-repecho hacia el río que está allí&mdash;y señala un barranco,&mdash;hay
-una casa fuerte, la Casherna, y en
-la misma falda, al acercarse al valle por el lado<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
-más próximo a nosotros, hay un convento, el convento
-de Eztegara. La Casherna y el convento
-probablemente estarán ocupados por los carabineros.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué tenemos que hacer?&mdash;he preguntado
-yo.</p>
-
-<p>&mdash;Dividiremos la fuerza. Usted con Antula,
-que es mi segundo, y con cincuenta hombres, se
-presentará delante de la Casherna e intentará parlamentar
-con la pequeña guarnición. ¿Que se rinden?,
-entonces mandará usted un hombre al caserío
-aquel que se llama Lecueder y agitará un
-pañuelo blanco. ¿Que no se rinden?, el hombre agitará
-un pañuelo rojo y yo me acercaré a Casherna.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien. Vamos a la segunda parte. Si se
-rinden los del fuerte ¿qué hacemos?&mdash;he preguntado
-yo.</p>
-
-<p>&mdash;Si se rinden, deja usted diez o doce hombres
-en la Casherna y se van ustedes acercando al
-convento de Eztegara. Yo estaré al comienzo de
-este barrio, que es el barrio de Alzate, y esperaré
-subido sobre uno de estos montes a ver lo que ustedes
-hacen y cuándo llegan. Si veo que ha tenido
-usted éxito, me presentaré delante del convento e
-intimaré la rendición. Usted entonces se acercará
-con su gente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Creo que estamos entendidos.</p>
-
-<p>Leguía habla en vascuence con Antula, le hace
-algunas recomendaciones y nos separamos los dos
-grupos. Leguía toma por la derecha a coger el
-camino de San Juan de Luz a Vera; yo, acompañado
-de el Inglesito, de Antula y de unos cincuenta
-hombres, cruzo un barranco y avanzo por la
-falda de Santa Bárbara.</p>
-
-<p>Antula, el segundo de Leguía, es un hombre
-rojo, con las pupilas azules brillantes, las cejas y
-las pestañas doradas y la melena hasta los hombros.
-Viste un capisayo corto atado con unas cuerdas
-y tiene un aire salvaje y fiero. Detrás de él
-marcha un perro, tan parecido al amo en el aspecto
-sombrío, que se ve que está identificado con él.
-Mientras vamos andando por el monte, Antula
-no me dice nada; pero al divisar la casa fuerte
-me grita, hablándome de tú:</p>
-
-<p>&mdash;¡Baja!</p>
-
-<p>&mdash;No, no&mdash;exclamo yo, y sigo a caballo.</p>
-
-<p>El Inglesito hace lo mismo.</p>
-
-<p>Nos aproximamos a una casa vieja, aspillerada,
-que en el pueblo llaman la Casherna. Antula
-vuelve a decirme:</p>
-
-<p>&mdash;¡Baja!&mdash;pero yo sigo adelante a caballo y el
-Inglesito también.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span></p>
-
-<p>Al acercarnos a la casa fuerte nos encontramos
-con un piquete de realistas formado por unos
-treinta hombres. Yo, poniendo en prensa mi cerebro,
-les dirijo una arenga hablándoles de la libertad.</p>
-
-<p>Los soldados de la Casherna se consultan, vacilan
-y dicen que se rendirán a condición de que
-les dejen marcharse cada cual adonde quiera.</p>
-
-<p>Acepto su proposición y los soldados se van.</p>
-
-<p>El Inglesito me da la mano gravemente. Ocupado
-el viejo cuartel, llamado la Casherna, y un
-pequeño fortín que hay más abajo, hacemos la
-seña desde Lecueder a Leguía y nos dirigimos
-hacia el convento de capuchinos de Eztegara.</p>
-
-<p>Este convento es un edificio no muy grande,
-con capilla, cementerio adosado a ella, vivienda
-para los frailes y algunos almacenes y corrales de
-ganado.</p>
-
-<p>Por las reglas de la Orden el tal convento debía
-ser un eremitorio de forma humilde y pobre,
-la iglesia pequeña y estrecha, la vivienda mísera
-y sólo capaz para ocho a doce frailes con el superior;
-pero actualmente los frailes no llevan una
-vida humilde, ni mucho menos. Está fundado el
-convento de Vera en 1741. Tiene exteriormente
-una muralla de ronda que rodea el rectángulo de<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-sus campos, que por dos de sus lados está limitado
-por los arroyos Lamiocingo-Erreca y Convetuco-Erreca.</p>
-
-<p>Antula, el Inglesito y yo nos acercamos al convento
-y entramos en un caserío que se llama
-Botinea. Desde los agujeros del pajar veo la huerta
-del convento, sus campos de maíz, sus filas de
-perales y de manzanos, el pozo y dos grandes nísperos
-que hay delante de la capilla.</p>
-
-<p>El convento tiene todas sus puertas y ventanas
-cerradas.</p>
-
-<p>Los carabineros, en número de trescientos, se
-han encerrado ahí con su jefe D. Claudio Ichazo.
-Con ellos están los capuchinos armados y algunos
-voluntarios realistas. Deben hallarse todos emboscados
-o parapetados, porque no se les ve.</p>
-
-<p>Al acercarse Fermín Leguía al convento ha
-comenzado desde las ventanas el fuego graneado.
-Antula y yo hemos distribuído la gente en Botinea
-para contestar al fuego desde los agujeros
-del pajar.</p>
-
-<p>En esto en una ventana del convento ha aparecido
-una bandera blanca.</p>
-
-<p>Leguía ha mandado a Ochoa a los carabineros
-como parlamentario, y en vista de que no ha habido
-acuerdo se han reanudado las hostilidades.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p>
-
-<p>Leguía ha mandado preparar y cargar el cañón;
-dos artilleros lo han colocado delante del
-portillo de la huerta del convento, a una distancia
-de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo
-el obstáculo.</p>
-
-<p>No se ha podido pasar, porque detrás había una
-barricada formada con maderas y con carros, que
-se ha deshecho de nuevo a cañonazos.</p>
-
-<p>Hemos entrado en la huerta del convento y en
-la parte de vivienda de los frailes. Los carabineros
-se han encerrado en la iglesia. Parece que no
-tienen municiones, pero no quieren rendirse.</p>
-
-<p>Al poco rato, nueva bandera de parlamento
-aparece en el tejado de la iglesia.</p>
-
-<p>¿Qué hacemos? Un guerrillero de los que
-se han quedado en la Casherna viene diciendo que
-en el camino de Echalar han aparecido fuerzas
-del batallón de realistas número 10. Son dos compañías
-que manda el capitán D. Teodoro Carmona.</p>
-
-<p>¿Qué hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar.
-No hay más remedio que retirarse.</p>
-
-<p>Se manda aviso a los de la Casherna para que
-vengan al convento a emprender la vuelta a Zugarramurdi.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por dónde vamos?&mdash;pregunta Antula a Leguía,&mdash;¿hacia
-Oleta?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, no; a Zugarramurdi.</p>
-
-<p>Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos,
-y vamos por el barrio de Illecueta a coger
-el camino de Zugarramurdi. En el alto de Lizuñaga
-se prepara la comida. Se enciende fuego y se
-hierve en cuatro calderos grandes habas secas con
-tocino. Yo como con gusto y el Inglesito mismo
-no hace melindres.</p>
-
-<p>El postre nos lo da un pelotón de voluntarios
-realistas mandados por Carmona, que empieza a
-hacernos fuego.</p>
-
-<p>Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre
-ellos y los dispersa y los persigue de risco en
-risco.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué tipo este Antula!&mdash;le digo a Leguía.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es un gran tipo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Lo conoce usted desde hace mucho tiempo?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; desde hace mucho tiempo. ¿Que, le interesa
-a usted?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Ya le contaré a usted su vida más tarde.</p>
-
-<p>Por la noche entramos de nuevo en Zugarramurdi,
-y Leguía explica a Valdés los detalles de
-la expedición, que no ha tenido ningún resultado.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_III">III.<br />
-EL LEÑADOR DE ANTULA</h3></div>
-
-
-<h4><i>Zugarramurdi, 19 Octubre; por la mañana.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Escribo</span> en la cocina de la posada, a la luz
-de un candil. Está apuntando el día, un día
-turbio, húmedo y triste. Hemos estado largo tiempo
-después de cenar, fumando, bebiendo y contando
-historias a la luz de la lumbre.</p>
-
-<p>El Inglesito se nos ha reunido. Campillo, Malpica,
-Mancha y Leguía han contado las suyas;
-la que más me ha interesado, porque se refiere a
-un tipo como Antula que acabo de conocer, ha
-sido la de Leguía. Voy a transcribir su narración,
-no exactamente, porque el guerrillero navarro
-ha hecho una porción de divagaciones al contarla:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;La vida de Antula&mdash;ha dicho D. Fermín&mdash;está
-unida con la mía. Yo he nacido en Vera del
-Bidasoa, en Febrero de 1787, en el caserío que se
-llama Landaburuchipia. Esta casa era de mis abuelos
-maternos, Norberto de Fagoaga y Mariana de
-Alzate. Tenía veintiún años cuando los franceses
-entraron en España: no sabía escribir y apenas
-sabía leer. El oir los desmanes que hacían los
-franceses en nuestro país me impulsó a echarme
-al monte, y con Antula, que era un muchacho salvaje,
-leñador de un caserío del monte Larrun y
-cazador de jabalíes, me reuní al cabecilla Belza
-que operaba en las orillas del Bidasoa... No llegamos
-más que a intranquilizar al enemigo con
-alguna que otra correría de poca importancia. En
-un viaje que hicimos a Guipúzcoa, Antula y yo a
-recoger caballos, los franceses nos cortaron la comunicación
-con Belza y tuvimos que pasarnos a
-Vizcaya y a Santander. Allí tomamos parte con
-unos estudiantes en la acción de Santoña. Los estudiantes
-se batían sin orden ni táctica. En un
-encuentro que tuvimos en Santander el 17 de Julio
-de 1808 a Antula y a mí nos cogieron prisioneros
-y nos llevaron al Castillo Viejo de Bayona.
-Estuvimos presos setenta y cinco días, y el 2 de
-Octubre nos escabullimos él y yo, entramos en Es<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>paña
-y nos presentamos a la partida de Mina el
-Estudiante, que se llamaba el Corso terrestre. Mina
-había preparado el levantamiento de Navarra;
-en esta época varios generales franceses a las órdenes
-de Suchet, entre ellos el navarro Harispe,
-le perseguían. Javier Mina tuvo que esconderse;
-y como era hombre de muchos arrestos solía meterse
-en los pueblos ocupados por el enemigo, y
-presenció, vestido de aldeano entre un grupo de
-campesinos, el paso del general Suchet que iba de
-Zaragoza a Pamplona. En un pueblo que llaman
-Labiano, del valle de Aranguren, se nos echó encima
-una columna de tres mil hombres, e hirieron
-y cogieron prisionero a Javier Mina. La prisión
-de Mina produjo un desorden grande en sus fuerzas.
-Había por entonces tres partidas más en Navarra:
-la de Echeverría, el carnicero de Corella;
-la de Sádaba, y la del Pelado. Ni a Antula ni a
-mí nos gustaba reunirnos con esta gente de la Ribera,
-con quien no podíamos entendernos bien.</p>
-
-<p>Estábamos vacilando, cuando apareció el tío de
-Mina, D. Francisco Espoz, mandando una partida
-con los restos de la de Javier Mina. Iban con
-él Mal Alma, el Chiquito de Tafalla, Tomasito el
-de Azcárate y otros.</p>
-
-<p>Don Francisco tuvo diferencias con los demás<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>
-jefes, y cuando logró afirmar su autoridad, una
-de las cosas que exigió de sus soldados fué que se
-cortaran el pelo al rape, quedando el sólo con el
-pelo largo en señal de superioridad y de mando.</p>
-
-<p>Antula era hombre orgulloso, y dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No me da la gana. Si se corta él el pelo me lo
-cortaré yo también, si no, no.</p>
-
-<p>Y dejó la partida y se marchó con su perro. Yo
-quedé con Mina. Al dividir éste su fuerza en tres
-batallones me hicieron a mí sargento del tercer
-batallón de Voluntarios de Navarra que mandaba
-D. Lucas Gorriz y del que era oficial Laquidain.</p>
-
-<p>En este batallón tomé parte en la acción de
-Monreal, donde me hirieron en la pierna derecha,
-y en las de Tafalla, Lerín, valle de Ulzama y otras
-muchas.</p>
-
-<p>Estábamos en Villarreal de Guipúzcoa, me había
-yo apoderado de varios caballos de los franceses,
-y el general Mina, en vista de la maña que
-me daba, me dijo en vascuence:</p>
-
-<p>&mdash;Leguía.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué?</p>
-
-<p>&mdash;Tú preferirías andar suelto por tu país,
-¿verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Bueno; pues escoge quince hombres y vete a
-la frontera de Francia, a la parte de las Cinco
-Villas, y te quedas allí de observación. Todos los
-caballos que cojas nos vendrán muy bien.</p>
-
-<p>Escogí mis hombres y me vine aquí. Estaba entonces
-incorporado al cuarto batallón ligero de
-Navarra. Al poco tiempo se me presentaron varios
-jóvenes, amigos, de los caseríos inmediatos,
-que algunos todavía están conmigo: Martín Belarra,
-Erauste, Mendigorri y el leñador de Antula
-con su hermano.</p>
-
-<p>Antula seguía tan salvaje, con sus pelos largos,
-su capucha, un hacha en el cinto y su perro al
-lado.</p>
-
-<p>&mdash;Antula guizon fierra da&mdash;se decía.</p>
-
-<p>(Antula es hombre orgulloso.)</p>
-
-<p>Nuestra partida daba que hacer. Nos dedicábamos
-principalmente a quitar caballos a los franceses.
-En poco tiempo les cogimos en la orilla del
-Bidasoa más de cien caballos y les hicimos muchos
-prisioneros. Luego nos apoderamos del castillo
-de Fuenterrabía...; pero esto es capítulo
-aparte&mdash;dijo el guerrillero.</p>
-
-<p>Con nuestras gatadas, el jefe de la Policía francesa
-de San Sebastián y el inspector de Irún estaban
-ojo avizor. Se pusieron de acuerdo con un<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>
-capitán de la gendarmería para acabar con mi
-partida. Emplearon todos los medios de seducción.
-Habían puesto mi cabeza a precio y al mismo
-tiempo me mandaban recados para que me pasara
-a su bando. Una de las cosas que hicieron
-fué mandar a dos muchachas, que engatusaron al
-hermano de Antula y a otro mozo de mi partida
-y les citaron en un caserío de Sara. Cuando fueron
-los mozos los gendarmes los rodearon y los
-fusilaron.</p>
-
-<p>Antula, que quería a su hermano, se hizo más
-fiero y más vengativo.</p>
-
-<p>Un día el superior de este convento, en donde
-hemos estado hoy, el padre Romualdo, nos citó
-a Antula, a Martín Belarra y a mí; dijo que tenía
-que hablarnos.</p>
-
-<p>La suerte hizo que confundiéramos la hora de
-la cita, y en vez de llegar al convento a las doce
-de la noche en punto nos presentáramos a las
-once. El portero nos abrió y pasamos. Entramos
-en el campo de delante de la iglesia, nos asomamos
-al claustro y vimos al prior hablando con diez o
-doce gendarmes.</p>
-
-<p>&mdash;Son los gendarmes&mdash;me dijo Antula.&mdash;Estamos
-perdidos.</p>
-
-<p>Retrocedimos rápidamente y salimos al patio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span></p>
-
-<p>Los gendarmes se dieron cuenta y avanzaron
-contra nosotros en la oscuridad; Martín Belarra
-llevaba el fusil, yo tenía pistolas. ¡Fuego!, le dije.</p>
-
-<p>Disparamos los dos. Ellos nos contestaron con
-una descarga. Mientras tanto, Antula rompía la
-puerta de unos cuantos hachazos y nos escapábamos.</p>
-
-<p>Sabíamos a qué atenernos respecto a los capuchinos
-de Vera. Estaban en relación con los franceses.
-Entre los frailes y los curas de entonces
-había unos muy patriotas que se habían lanzado
-al campo; otros, afrancesados, decían que lo mismo
-daba Bonaparte que Borbón.</p>
-
-<p>Esta gente no se preocupaba, como nosotros,
-principalmente del interés patriótico, sino del interés
-de la religión. Sobre todo los frailes que
-habían quedado en las zonas ocupadas por los imperiales
-eran en su mayoría afrancesados.</p>
-
-<p>Después de la emboscada que nos prepararon
-los capuchinos de Vera, temiendo las represalias
-el padre Romualdo reforzó la guardia del convento
-y llevó un retén de gendarmería.</p>
-
-<p>El superior, ya desenmascarado, se puso claramente
-contra nosotros, e hizo que el dueño del
-caserío donde vivía Antula echara de casa a la
-familia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span></p>
-
-<p>Mi partida fué a protegerla con la intención de
-llevarla a un caserío de aquí, de Zugarramurdi;
-pero al pasar por Peñaplata, por la parte que llaman
-de las Tres Mugas, nos atacaron los gendarmes,
-y una bala perdida fué a dar en el hijo
-de Antula, que tendría dos o tres años, y lo mató
-en los brazos de su madre. Después los gendarmes
-entraron en el caserío de Antula, sacaron los
-pobres trastos al campo y les pegaron fuego.</p>
-
-<p>La desesperación volvió loco al leñador, que se
-hizo más sombrío que nunca. La gente le tenía
-espanto. Todo el mundo se echaba a temblar cuando
-le veía, seguido de su perro, con sus ojos claros
-y brillantes, sus cejas rojas, su capisayo pardo
-y el hacha al cinto.</p>
-
-<p>Tenía tal odio a los frailes, que si encontraba
-alguno en el camino sin más explicaciones le daba
-una paliza terrible. Al perro le pasaba lo mismo:
-siempre que veía un fraile se echaba sobre él y
-Antula le azuzaba.</p>
-
-<p>Un día, después de la batalla de San Marcial,
-siendo yo teniente y Antula sargento, nos encontramos
-al padre Romualdo en una venta de Echalar
-en compañía de un oficial inglés y de un militar
-del Cuerpo del general Longa.</p>
-
-<p>El padre Romualdo cantó la palinodia, y como<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>
-tenía una mala idea de nosotros nos ofreció dinero.</p>
-
-<p>&mdash;Ya sé que te perjudicaron los gendarmes quemándote
-los trastos de la casa&mdash;le dijo a Antula;&mdash;pues
-bien, para que no te quejes te voy a dar
-dos mil pesetas. ¿Estamos de acuerdo? Y tú me
-firmarás un recibo diciéndome que no te debo
-nada.</p>
-
-<p>Antula callaba.</p>
-
-<p>&mdash;¿Será tan vil para aceptar?&mdash;pensaba yo.</p>
-
-<p>El padre Romualdo escribió un recibo.</p>
-
-<p>&mdash;Firma&mdash;indicó;&mdash;te daré dos mil pesetas por
-la casa y quinientas por tu hijo.</p>
-
-<p>Oir esto Antula y sacar el hacha del cinto, todo
-fué uno. Rápidamente levantó el arma en el aire
-y se oyó un grito terrible. Había cortado al fraile
-el brazo derecho por la muñeca.</p>
-
-<p>Se asistió al mutilado y se buscó a Antula, que
-había desaparecido con su perro.</p>
-
-<p>Al terminar su narración, Leguía bebió de un
-trago el vaso de aguardiente y murmuró:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, señores; vamos a dormir un rato.</p>
-
-<p>Y yo me tendí en un jergón con los pies hacia
-el fuego, pensando en aquel terrible Antula de los
-ojos brillantes y de las cejas rojas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_IV">IV.<br />
-ATAQUE DE JUANITO</h3></div>
-
-
-<h4><i>Zugarramurdi, 20 Octubre.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Juanito</span> el de Rochapea conociendo nuestra
-posición en esta aldea de Zugarramurdi, se
-ha presentado por la mañana a atacarnos con unos
-mil quinientos a dos mil hombres.</p>
-
-<p>Juanito ha formado tres columnas: una al mando
-de Carmona, otra al de Sagastibelza y otra al
-suyo inmediato.</p>
-
-<p>Nosotros no llegamos a cuatrocientos hombres.
-Parte de nuestra gente ha salido del pueblo a ocupar
-los altos, asegurándonos de antemano la retirada
-a Francia.</p>
-
-<p>En el casco del pueblo y en la iglesia hemos quedado
-Valdés, Mancha, Malpica y yo con ellos, con<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-cien hombres, la mayoría extranjeros, a los cuales
-al parecer no se les considera muy seguros: la
-gente de Campillo ha ocupado un robledal inmediato,
-y la partida de Leguía, en la que se tiene
-completa confianza, ha evolucionado por los alrededores.</p>
-
-<p>A las diez de la mañana han roto el fuego las
-guerrillas enemigas. Su objeto era rodearnos, pero
-no lo han podido conseguir. A pesar de la superioridad
-de las fuerzas realistas no han realizado
-sus planes.</p>
-
-<p>Los tres grupos de nuestra gente han rechazado
-al enemigo en todas sus acometidas. Campillo
-ha maniobrado alrededor de un robledal con
-gran pericia de guerrillero.</p>
-
-<p>Entre los nuestros ha habido un francés prisionero,
-ocho hombres muertos y varios desaparecidos.
-Entre los realistas supongo yo que habrán
-tenido las mismas bajas, quizás algunas más.</p>
-
-<p>Este pequeño éxito no ha servido para animar
-a nuestra gente. No se nos une nadie; no tenemos
-víveres ni municiones. Si sigue así, no cabe duda,
-la expedición va a ser un fracaso...</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_V">V.<br />
-CHAPALANGARRA</h3></div>
-
-
-<h4><i>Zugarramurdi, 21 Octubre.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Hoy</span> hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra
-en Valcarlos. Fiado en su gloria
-de guerrillero y en el influjo que creía tener
-entre sus paisanos, supuso, como muchos de los
-nuestros, que bastaba su presencia para arrastrar
-a los amigos y hasta a los enemigos.</p>
-
-<p>Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea,
-Chapalangarra con algunos de los suyos fué
-a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a sus órdenes,
-según me han dicho, ciento cincuenta hombres.
-De éstos, unos cien eran aventureros franceses,
-casi todos parisienses, gente levantisca y poco disciplinada.
-Entre los españoles iba una partida que<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-había reclutado D. Joaquín Cayuela con elementos
-heterogéneos, y algunos curiosos como el poeta
-Espronceda.</p>
-
-<p>De Pablo abandonó San Juan del Pie del Puerto
-de noche y avanzó con toda su gente hasta Arnegui,
-aldea que tiene una parte española y otra
-francesa divididas por un riachuelo.</p>
-
-<p>En Arnegui dejó los cien parisienses en un grupo
-de casas próximo a la carretera llamado Ventaberri,
-para tener, en caso de necesidad, la salida
-libre a Francia.</p>
-
-<p>Hecho esto, él con un grupo de quince hombres
-a caballo avanzó hacía Valcarlos. Valcarlos, en
-vasco Luzaide, se encuentra en un valle estrecho
-al descender el Pirineo a la llanura de Francia.</p>
-
-<p>El valle de Valcarlos es el final del Barranco de
-Roncesvalles, que comienza en su parte más alta
-cerca del santuario de este nombre y termina en
-Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real
-que va de Burguete a San Juan del Pie del Puerto,
-y por su parte baja corre un riachuelo que contribuye
-a formar el Nive.</p>
-
-<p>Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instaló
-en la posada y comenzó a dar disposiciones para
-defender el pueblo.</p>
-
-<p>Cuando llegaron los hombres de la partida de<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span>
-Cayuela y los demás españoles, tenían ya preparado
-el alojamiento en las casas cerca de la iglesia.</p>
-
-<p>Mandó Chapalangarra traer materiales para cerrar
-la entrada de la aldea por el lado de Roncesvalles;
-pero como no había útiles ni herramientas
-no se pudo hacer nada.</p>
-
-<p>Al día siguiente por la mañana al levantarse el
-caudillo supo que acababa de llegar un leñador con
-la noticia al pueblo de que por la carretera iban
-acercándose grupos numerosos de tropas realistas.</p>
-
-<p>Estas tropas, salidas de Burguete, se hallaban
-formadas por el regimiento de Infantería 6.º de
-ligeros, por el batallón de Voluntarios realistas número
-10 al mando del oficial D. Francisco Benito
-Eraso, comandante del cantón de Roncesvalles, y
-por una compañía de Voluntarios de Navarra.</p>
-
-<p>No había tiempo de fortificar la villa. Eran,
-además, muchas fuerzas las que llegaban para que
-Chapalangarra intentara oponerse a ellas con un
-puñado de hombres.</p>
-
-<p>No había más remedio que retirarse y volver a
-Francia, y esa fué la opinión de los liberales que
-acompañaban al jefe; pero Chapalangarra exaltado
-por su patriotismo y por su orgullo, creyó
-que una retirada tan inmediata era una vergüenza
-y un oprobio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Dejadme a mí hablarles primero&mdash;exclamó.&mdash;Son
-españoles y me oirán.</p>
-
-<p>Y sin hacer caso de observaciones montó a caballo
-y avanzó al encuentro de la primera patrulla
-de realistas.</p>
-
-<p>Estos, al verle y al oirle, quedaron inmóviles,
-sorprendidos y admirados.</p>
-
-<p>&mdash;Navarros&mdash;gritó el caudillo con voz sonora.&mdash;Yo
-soy de Pablo, Chapalangarra; vuestro amigo,
-vuestro paisano. Vengo a sacar a la patria de la
-ignominia en que se encuentra. Gritad conmigo:
-¡Viva España! ¡Viva la libertad!</p>
-
-<p>Los realistas verdaderamente absortos no salían
-de su admiración al ver a aquel loco que se
-les presentaba indefenso, cuando el teniente del
-sexto de Ligeros, D. Pedro Roca, volviéndose a
-sus soldados dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Voluntarios... Apunten... ¡Fuego!</p>
-
-<p>Los soldados dispararon una descarga cerrada, y
-Chapalangarra cayó al suelo atravesado de balazos.</p>
-
-<p>Algunos de los suyos que se habían detenido
-esperando un resultado de la decisión del caudillo,
-al oir los tiros escaparon por la carretera de
-Valcarlos a Francia dejando en poder de las tropas
-de Eraso una bandera, doce mil cartuchos y
-una porción de fusiles y de bayonetas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p>
-
-<p>Los tercios realistas, viendo la fuga de los liberales
-echaron a correr tras ellos con tal ímpetu,
-que los liberales no intentaron resistir en ninguna
-parte. Unicamente los parisienses de Ventaberri
-soltaron algunos tiros, pero abandonando pronto
-las casas de Arnegui entraron en Francia. Todos
-hubieran sido sacrificados en territorio francés a
-no ser por un oficial de la gendarmería, que mandó
-aviso a los jefes de los tercios de que habían
-pasado la frontera. No hubo necesidad de desarmar
-a los fugitivos, porque habían tirado los fusiles
-en la huída.</p>
-
-<p>El cadáver de Chapalangarra, abandonado en
-Valcarlos en medio del camino, fué mutilado por
-los realistas de una manera bárbara y cruel.</p>
-
-<p>Este final ha tenido la empresa de Chapalangarra,
-final que ha llevado el desaliento a nuestra
-gente.</p>
-
-<p>¡Pobre Chapalangarra! ¡Desdichado! ¡Iluso!&mdash;dicen
-todos.</p>
-
-<p>Ahora me parece estar oyéndole hablar en Cambó,
-con su voz áspera y su mirada sombría y brillante.
-¡Pobre hombre!</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Quizás mañana hablen también de nosotros con
-lástima.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_VI">VI.<br />
-NOTICIAS DE MINA</h3></div>
-
-
-<h4><i>Errota-sarreco-borda, 23 Octubre.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Estoy</span> con veinte hombres en un caserío de
-este pequeño nombre: Errota-sarreco-borda.
-El tal nombre quiere decir, en vasco, la Borda
-del molino viejo. Cerca tengo Errota-berri (el molino
-nuevo) y Errota-echezubi (el puente de la
-casa del molino).</p>
-
-<p>Errota-sarreco-borda es un caserío pequeño del
-término de Zugarramurdi, hacia Vera. Vive aquí
-una viuda con tres chicos y un viejo. No hablan
-una palabra de castellano ni de francés, el leñador
-de Antula me sirve de intérprete.</p>
-
-<p>Estamos impacientes por saber lo que ha hecho<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>
-Mina. Los partidarios acérrimos de Valdés desean
-que no se presente para poder acusarle. ¡Qué mezquinas
-pasiones!</p>
-
-<p>Hace dos días recibí un emisario que venía de
-Vera a darnos cuenta de la entrada de Mina en
-este pueblo.</p>
-
-<p>Por lo que nos dijo, el 18 se reunió por la noche
-toda la gente disponible que había en Bayona, y
-Mina la hizo formar fuera de la puerta de España
-y la pasó revista. Se contaron escasamente 350
-hombres, incluídos los 51 de la Compañía Sagrada,
-compuesta por oficiales algunos ya muy viejos
-que van como soldados.</p>
-
-<p>A la luz de las hachas se saludaron todos como
-amigos y juraron fidelidad.</p>
-
-<p>A Mina le acompañaban el jefe de Estado Mayor,
-O'Donnell, los generales Butrón y López Baños
-y el coronel Iriarte.</p>
-
-<p>Don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, dió la voz
-de marcha a sus voluntarios que iban de vanguardia,
-y comenzó la columna a alejarse de Bayona.</p>
-
-<p>Mina iba acompañado por Sanz de Mendiondo
-y por el capellán D. Agustín de Apezteguía.</p>
-
-<p>Después de caminar toda la noche del 18, al
-amanecer del día 19 hizo alto con sus tropas en
-el bosque de Saint Pee; allí permanecieron duran<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>te
-el día y al hacerse de noche rompieron la marcha
-amaneciendo cerca de Vera.</p>
-
-<p>Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso
-a la tropa y repartieron varias proclamas
-en los caseríos próximos.</p>
-
-<p>Al amanecer del día 21, Mina con la columna
-en orden de combate entró en el pueblo. Al acercarse
-al convento de capuchinos de Eztegara envió
-como parlamentario al comandante D. Felipe
-Tolosana; pero los carabineros que lo ocupaban
-y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la corneta de
-parlamento se retiraron, saltando la tapia que da
-al arroyo Convetucoerreca y abandonaron el
-pueblo.</p>
-
-<p>Mina parece que acusa a Leguía de falta de
-diplomacia con los carabineros en nuestra expedición
-anterior.</p>
-
-<p>Creo que le han informado mal.</p>
-
-
-<h4><i>Vera, 24 Octubre: mañana.</i></h4>
-
-<p>De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi.
-Hemos quedado reducidos a unos ciento
-cincuenta hombres. La gente se va a la desbandada,
-sobre todo los aventureros extranjeros que
-venían principalmente en espera de botín. El Cuerpo
-que manda Leguía es el que no ha disminuí<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>do;
-los de Campillo y Malpica se han quedado en
-cuadro, y a Mancha no le resta más que el Inglesito,
-el tío Juan, Alí y otros tres o cuatro.</p>
-
-<p>Nuestra pequeña fuerza está formada por oficiales.
-El viejo coronel Malpica se desespera pensando
-en las deserciones; de rabia quisiera fusilar
-a medio mundo.</p>
-
-<p>Anteayer se recibió un oficio de Mina dirigido
-a Valdés. En él Mina nombra a Valdés gobernador
-del fuerte de Vera, y le dice que se traslade
-a este pueblo.</p>
-
-<p>Valdés ha creído ver en tal nombramiento una
-humillación, y me ha dictado un oficio lleno de
-violencia, afirmando que no reconoce en Mina
-mando alguno. Pasado algún rato me ha dicho:</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le parece a usted?</p>
-
-<p>&mdash;En estos momentos sería conveniente que olvidasen
-ustedes toda cuestión de amor propio.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted
-otro diciendo que me trasladaré a Vera.</p>
-
-<p>Salimos el mismo día de recibir el oficio, por
-la noche, y llegamos ayer por la mañana. El gobernador
-del fuerte de Vera nombrado por Mina
-es D. Joaquín Sanz de Mendiondo. Envía parte de
-nuestra tropa al viejo cuartel (la Casherna), parte
-al pequeño fortín derruído que está debajo, y par<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>te
-al campamento del Bidasoa instalado por Mina
-en la otra orilla del río en el término de Lesaca.</p>
-
-<p>Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo
-el curso del río ha llegado a Irún y ha
-ocupado el alto de San Marcial con dos compañías
-de guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres
-de la Compañía Sagrada al mando del Pastor.
-Los voluntarios realistas de Irún han huído
-a Francia.</p>
-
-
-<h4><i>Vera, 24 Octubre: noche.</i></h4>
-
-<p>Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de
-que nos ataquen en Vera con fuerzas superiores,
-y ha dispuesto que Butrón, López Baños y O'Donnell,
-que iban siguiéndole, vuelvan a ocupar el
-campamento del Bidasoa en término de Lesaca
-con sus fuerzas. Hoy por la tarde han llegado,
-según nos han dicho.</p>
-
-<p>El tiempo está muy malo. El invierno se nos
-echa encima.</p>
-
-<p>Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado
-de alojado al pueblo, al barrio de Alzate. Estoy en
-casa de una hermana de Leguía, una señora ya
-anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una
-tiendecita.</p>
-
-<p>La hermana de D. Fermín me ha recibido muy<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span>
-amablemente. Es alta, fuerte, muy guapa. A mí
-me mira con lástima por verme demacrado y débil.</p>
-
-<p>&mdash;<i>¡Gashúa!</i>&mdash;me dice a cada momento. Esto
-parece que quiere decir en vascuence: Pobrecillo.
-Desdichado.</p>
-
-<p>Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su
-hermana y han hablado largamente. En el curso
-de la conversación se han ocupado de mí; ella le
-preguntaba al guerrillero:</p>
-
-<p>&mdash;¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede
-servir para nada. ¡Tan pequeño! ¡Tan <i>charrico</i>!</p>
-
-<p>Leguía contestaba:</p>
-
-<p>&mdash;No, no. Este muchacho tiene nervio.</p>
-
-<p>Yo estoy un poco febril. Este constante llover,
-esta constante humedad me ponen muy triste. Desde
-la ventana de la cocina de la casa veo el paisaje
-nebuloso y la niebla amarilla y triste que
-forma como un telón en el aire. Todo está convertido
-en un charco.</p>
-
-<p>De noche, la hermana de Leguía ha encendido
-una gran fogata en la cocina y hemos estado al
-calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha venido
-a visitarme. La gente dice que es muy raro
-que en Octubre haga tan mal tiempo.</p>
-
-<p>Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos
-<i>gashúas</i>, como dice la hermana de Leguía.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_VII">VII.<br />
-EN EL FORTÍN DE VERA</h3></div>
-
-
-<h4><i>25 Octubre: mañana.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Me</span> han dejado en el fortín de Vera con quince
-hombres, mientras los jefes hacen reconocimientos.
-Tengo como asesor a Antula; él sabe
-el vascuence y conoce el terreno. Han supuesto
-que el leñador y yo nos completamos.</p>
-
-<p>Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme.
-La noche pasada ha nevado y hay todavía
-nieve en las cumbres. Son las doce del día.
-Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un
-poco el sol. Hay grandes espacios de cielo azul
-del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.</p>
-
-<p>Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros
-de todas clases, que sin duda vienen del Norte
-huyendo hacia los países del sol.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p>
-
-<p>Voy a describir el sitio en donde me encuentro.</p>
-
-<p>Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte
-de unos mil pies de alto que se llama Santa Bárbara.
-Este monte tiene en la cumbre una ermita y
-restos de trincheras y de otras obras de fortificación
-que hicieron los españoles cuando la guerra
-con la República francesa en 1794 y en tiempo de
-la Independencia.</p>
-
-<p>Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene
-una loma que se llama Casherna-gaña (Alto de
-Casherna). La razón de tal nombre es que hay
-en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió
-durante las dos invasiones francesas de cuartel,
-al que los franceses llamaban, naturalmente,
-la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando
-y vasconizando la palabra francesa, lo
-llamaron la <i>Casherna</i>.</p>
-
-<p>La <i>Casherna</i> está en medio de campos fértiles
-y su fachada mira hacia el pueblo. A su lado izquierdo
-y abajo, como avanzando a dominar el
-camino próximo al río, hay un fortín construído
-por cuatro paredes ruinosas y una tejavana provisional.
-A este fortín, en donde me encuentro yo,
-se sube por la estrada que comunica el barrio de
-Alzate con Vera, por una escalera tortuosa que
-pasa hundida por entre dos muros de piedra.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span></p>
-
-<p>Desde el fortín, donde estamos de guardia, se
-ve enfrente el pueblo, la iglesia con su torre cuadrada
-por una de cuyas aristas va trepando una
-hiedra y su escalera exterior. Detrás del pueblo
-cierran el horizonte dos montes puntiagudos, uno
-de ellos con una fila de cruces que sube hasta lo
-alto, que es el Calvario, el otro con varios caseríos.</p>
-
-<p>A mi izquierda hay un valle por donde pasa el
-Bidasoa. Desde mi observatorio no se le ve. Se
-divisa únicamente el puente y sobre él una barriada
-de casas: Alcayaga, y un poco más abajo otra
-barriada que se llama Zalain. Por encima de los
-montes próximos se ve una cresta nevada como
-una sierra. Antula me dice que es de la Peña de
-Aya, del lado de Oyarzun.</p>
-
-<p>Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun
-con grandes manchas de nieve.</p>
-
-<p>Todos los montes de alrededor se ven ahora
-en las alturas blancos, en las faldas rojizos por los
-helechos que se han agostado. Las heredades de los
-valles están cubiertas por las cañas blanquecinas
-de los maíces secos; los tejados brillan por la humedad.
-Los chopos, los álamos, los castaños, tienen
-el follaje amarillo; los robles todavía están
-hojosos, aunque empiezan a enrojecer. En medio<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-de esta superficie amarilla y cobriza que presentan
-los montes, se ven algunas manchas rectangulares
-de un verdor profundo de los prados.</p>
-
-
-<h4><i>25 Octubre: al medio día.</i></h4>
-
-<p>La posición que defendemos en este momento,
-la Casherna, con su fortín, sería buena si contáramos
-con gente; pero la gente nos falta.</p>
-
-<p>Desde la <i>Casherna</i> se pueden vigilar las veredas
-y caminos de Echalar y de Zugarramurdi;
-desde el fortín avanzado se divisa si viene alguien
-por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado
-de Guipúzcoa, por Endarlaza, o cruzando el Bidasoa,
-por el puente de San Miguel...</p>
-
-<p>Estoy mirando el pueblo iluminado por este
-pálido sol; a pesar de ser pálido y sin brillo me
-parece muy hermoso. Es el sol de mi patria.</p>
-
-
-<h4><i>25 Octubre: tarde.</i></h4>
-
-<p>He tenido una larga conversación con Antula,
-que me ha hablado de sus hombres. ¿Qué hacen
-estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué piensan?
-¿Qué proyectan?</p>
-
-<p>Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos
-y aspiraciones. Hay dos de cara alegre que siempre
-están hablando.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p>
-
-<p>Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen
-en pensar proyectos de comidas.</p>
-
-<p>El uno hace un <i>menú</i> y el otro le pone objeciones,
-y al contrario. Discuten si empezarán su supuesto
-banquete con sopa de fideos o con sopa de
-pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y
-si un cochinillo asado es más propio para tercer
-plato que un cordero. Cada salsa, cada vino merece
-una discusión. Los demás les escuchan con
-gran interés y se ríen.</p>
-
-<p>Otros hablan de brujas constantemente y se ponen
-a mirarse con los ojos alucinados, y hay uno
-de los nuestros que canta y sobre todo silba admirablemente.
-Le llaman <i>Sosua</i> (el mirlo). Sosua
-suele estar asomado a la muralla. Generalmente
-canta la primera voz y luego canta el acompañamiento;
-y no se contenta con cantar una vez, sino
-que canta muchas veces hasta aburrirse. Hoy le
-ha dado por una tonada triste.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué dice, qué significa lo que canta?&mdash;le he
-preguntado a Antula.</p>
-
-<p>&mdash;Es una canción del país del Sul que se llama
-Uso churia&mdash;me ha dicho el leñador.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué significa?</p>
-
-<p>&mdash;Esto que ha cantado dice: "¿Paloma blanca,
-adónde vas? Los montes de España están blancos<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>
-de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo tienes
-en mi casa."</p>
-
-<p>Ahora que sé el significado de la canción me
-parece más triste aún. Los montes están blancos
-y aparecen como bloques de hielo en el horizonte
-gris.</p>
-
-<p>Sosua sigue con la canción. ¡Qué tristeza! Me
-parece que me van a enterrar.</p>
-
-<p>He aprendido yo la canción de Sosua, y la repito
-también hasta aburrirme.</p>
-
-
-<h4><i>25 Octubre: noche.</i></h4>
-
-<p>Al oscurecer me han mandado un aviso para
-subir a la Casherna. Estaban reunidos allí Valdés,
-Leguía, Campillo, Malpica y Mancha.</p>
-
-<p>No se saben los proyectos del enemigo.</p>
-
-<p>Leguía es partidario de dejar la Casherna y el
-fortín y ocupar el convento de Eztegara, proveerse
-de víveres para un mes y defenderse allí. Valdés
-no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga
-contra nosotros, y supone que Leguía quiere vengarse
-de los frailes.</p>
-
-<p>Veremos mañana si mejora o empeora nuestra
-situación.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_VIII">VIII.<br />
-LOS REALISTAS</h3></div>
-
-
-<h4><i>Fortín de Vera, día 26.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Hemos</span> pasado una malísima noche en el fortín
-sin poder dormir. Se nos ha echado encima
-un temporal de agua y nieve que parece que
-va a durar.</p>
-
-<p>Las tropas del campamento del Bidasoa, próximo
-a Lesaca, han tenido que trasladarse a Vera.
-Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen
-mandados por el general Butrón y López Baños,
-y marchan como oficiales el brigadier Sancho y
-los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustín Jáuregui
-y D. Epifanio Mancha.</p>
-
-<p>Esta columna llegó ayer al medio día a ocupar
-la posición que dejaron los nuestros en la orilla<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>
-del Bidasoa y se encontraron a campo raso, sin
-techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a
-la intemperie resistiendo a pie firme la lluvia y la
-nieve y por la mañana entraron en el pueblo.</p>
-
-<p>Hemos fraternizado los unos y los otros, y les
-hemos dado lo que teníamos.</p>
-
-
-<h4><i>27 Octubre: al amanecer.</i></h4>
-
-<p>Esta noche he dormido un poco en el barrio de
-Alzate, en casa de la hermana de Leguía. Le he
-indicado que me despierte a las cuatro, y a esta
-hora me he vestido y he marchado al fortín.</p>
-
-<p>Hay calma absoluta.</p>
-
-<p>No se ha recibido durante toda la noche ningún
-aviso de los confidentes acerca de los movimientos
-del enemigo, lo cual hace suponer que no se
-ha presentado todavía.</p>
-
-<p>A las cinco de la mañana han tenido una conferencia
-Butrón y López Baños con Valdés. Butrón
-ha dicho que en vista de que no hay peligro
-de ataque en Vera, saldrá cuando se haga de día
-hacia las alturas de Oyarzun, para reunirse a
-Mina que debe estar en los caseríos de Arichulegui.</p>
-
-<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p>
-
-
-<h4><i>27, seis de la mañana.</i></h4>
-
-<p>A las cinco de la mañana se hallaban listos y
-formados los hombres de Butrón y López Baños.</p>
-
-<p>Estaba completamente a oscuras. Butrón no ha
-querido salir mientras no amaneciese, porque, a
-pesar de que no había noticias de aproximación
-de fuerzas enemigas, no tenía confianza.</p>
-
-<p>A las cinco y media comienza a clarear y aparece
-el pueblo chorreando agua por entre la bruma,
-en un cielo de nubes de plomo. La campana
-de la iglesia anuncia la primera misa. Siento una
-profunda tristeza. Me gustaría ser el último de los
-campesinos y vivir esa vida oscura del campo...</p>
-
-
-<h4><i>27, ocho de la mañana.</i></h4>
-
-<p>Iba Butrón a dar la orden de marcha, cuando
-viene corriendo un centinela que estaba en el
-puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a decir
-que un campesino al pasar por el puente le ha
-dicho que por los altos del término de Lesaca:
-Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por donde
-pensaba marchar Butrón camino de Oyarzun, hay
-apostada mucha tropa.</p>
-
-<p>Inmediatamente se han dado órdenes de defender
-el puente de San Miguel, y Campillo, Peman<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-y Malpica han salido con tropas y se han colocado
-en el extremo del puente. Valdés distribuye sus
-hombres por la orilla del río.</p>
-
-<p>López Baños y Butrón marchan al pueblo para
-asegurar la retirada a Francia. Leguía va a Santa
-Bárbara por si por la espalda aparece el enemigo.
-Yo me quedo en el fortín con mis quince hombres.</p>
-
-<p>El día está frío, húmedo y triste. Comienzan a
-verse grupos de tropas realistas en los altos y en
-una barriada próxima al río que se llama Alcayaga.</p>
-
-<p>Hemos tenido aviso de la distribución de las
-fuerzas enemigas.</p>
-
-<p>Las columnas realistas han maniobrado de noche
-sin que lo hayan advertido nuestros centinelas.</p>
-
-<p>Viene contra nosotros el general Llauder, con
-más de cuatro mil infantes, ochocientos caballos y
-dos piezas de artillería.</p>
-
-<p>La dirección de estas tropas es la siguiente:</p>
-
-<p>El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva,
-con mil quinientos soldados de tropa y quinientos
-voluntarios navarros, avanza hacia Yanci
-y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general
-González Villalobos, con mil hombres entre
-Cazadores, Guardia Real y Provincial de Burgos,
-más cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro,<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>
-con dos mil hombres va a las órdenes del capitán
-general Llauder. Lleva éste el regimiento de Mallorca,
-los Cazadores, el 13 de línea y Voluntarios
-realistas. Van además con él el primer batallón de
-Milicias bilbaínas, al mando de D. Ignacio Unceta;
-el 4.º de Vizcaya y la 1.ª columna alavesa
-mandada por Verástegui.</p>
-
-<p>Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto.</p>
-
-<p>Entre nosotros se dice que algunas compañías
-del 13 de línea se pasarán a nuestro campo.</p>
-
-<p>Antula me pregunta si se nos reunirá Mina.</p>
-
-<p>Creo que no. Mina debe estar acampado en este
-momento en los altos de Pago-gaña y de Erlaiz,
-altos que dominan la orilla española del Bidasoa
-y están frente al monte de Biriatu.</p>
-
-<p>Antula cree que si Mina viniera sería otra
-cosa. Yo dudo que venga; probablemente él estará
-en disposición de pedir ayuda, porque será atacado
-por las tropas de Villalobos o por las milicias
-de Sáinz de Pedro.</p>
-
-<p>Como para darnos esperanza, los realistas han
-estado en los altos y en la otra orilla del río, en
-observación, sin atacarnos. En esto, entre los nuestros
-suena un tiro. (¿Será el sino de los liberales
-la torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede
-retroceder.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_IX">IX.<br />
-EN EL PUEBLO</h3></div>
-
-
-<h4><i>Desde la torre de la iglesia.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Escribo</span> estas notas desde la torre de la iglesia
-de Vera en un momento de tregua. Llevamos
-cuatro horas de fuego.</p>
-
-<p>La primera embestida de los realistas ha sido
-para ellos infructuosa. Al querer pasar el puente,
-nuestros tiradores, escondidos entre los maizales,
-han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido
-que retirarse.</p>
-
-<p>En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino,
-los realistas han querido utilizar una lancha
-para cruzar el río; pero el fuego de un grupo de
-soldados de Butrón se lo ha impedido.</p>
-
-<p>Estando en el fuerte de Casherna, uno de la<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>
-partida de Leguía ha venido a decirme, de parte
-de su jefe, que ha aparecido un grueso núcleo
-de fuerzas por el lado de Santa Bárbara. La han
-visto avanzar por encima de un caserío que llaman
-Premosa.</p>
-
-<p>Estas fuerzas son, indudablemente, de las que
-manda Juanito y vienen de Echalar, adonde han
-debido ir desde Zugarramurdi en persecución de
-Valdés.</p>
-
-<p>Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas
-y dar tiempo a la retirada.</p>
-
-<p>He enviado uno de mis soldados a comunicar
-la noticia a Valdés. Este ha contestado que se le
-avise en seguida a Leguía para que vuelva y se
-reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno
-de los guerrilleros a caballo con el aviso.</p>
-
-<p>Como las tropas realistas son mucho más numerosas
-de lo que se figuraban los nuestros, han
-conferenciado Butrón, López Baños y Valdés, y
-han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín
-y que toda nuestra fuerza se refugie en el pueblo.</p>
-
-<p>Antula dice que de retirarse sería mejor marchar
-por el barrio de Alzate a coger el camino de
-Inzola; pero los jefes tienen dos conocedores del
-terreno de la partida de Leguía y saben lo que
-hacen.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p>
-
-<p>Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero
-han marchado los soldados de Butrón, que
-han ido ocupando las casas; después los de Valdés,
-que quedaron un momento escalonados en el
-camino, y por último Campillo, Malpica y Leguía.</p>
-
-<p>Los tres marchaban con sus hombres a cual
-más valientes. Malpica y Campillo iban atentos a
-la perfección de la maniobra. Llevaban a sus órdenes
-veteranos, entre ellos los dos franceses Alí
-y el tío Juan.</p>
-
-<p>Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose
-siempre, parecía querer demostrar su invulnerabilidad;
-Leguía, por el contrario, llevaba un
-fusil, disparaba, gritaba e insultaba.</p>
-
-<p>El Inglesito ha estado magnífico de serenidad
-y de elegancia.</p>
-
-<p>Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde
-el fortín a unas heredades que llaman de Aguerra
-y contribuímos a detener al enemigo.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas
-en el puente y en el barrio de Alcayaga, y
-cuando vieron que no había obstáculos en el camino
-comenzaron a pasar.</p>
-
-<p>Mi pelotón ha sido el último que ha entrado en
-el pueblo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p>
-
-<p>El gran peligro para nosotros era que mientras
-nos defendíamos de los que llegaban por el río, nos
-cogieran la delantera los del monte y nos cerraran
-el paso al pueblo.</p>
-
-<p>Afortunadamente no ha sido así y hemos podido
-llegar sin dificultad hasta la plaza de la iglesia,
-que se encuentra en un alto.</p>
-
-<p>Ahora nuestros hombres se están parapetando
-en las casas próximas. Tenemos ocupado el casco
-del pueblo. Los realistas se han apoderado de la
-Casherna y el fortín. Esperamos el nuevo ataque.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_X">X.<br />
-POR LA TARDE</h3></div>
-
-
-<h4><i>Caserío Achulecheco-borda.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Estoy</span> en este caserío descansando un momento.
-Por ahora, para la pequeñez de
-nuestra fuerza se va verificando la retirada con
-algún orden.</p>
-
-<p>A las diez en punto de la mañana ha comenzado
-el ataque a Vera. El primer empuje ha sido
-violento, tanto que nos ha hecho creer que los realistas
-tomaban el pueblo al asalto.</p>
-
-<p>Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada
-de las dos calles en cuesta que suben a la
-plaza.</p>
-
-<p>Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>
-aquí para allá, a los sitios de peligro, animando
-a la gente. Leguía no era un hombre, sino un terremoto;
-se agitaba, vociferaba, salía a las ventanas
-a insultar al enemigo. Hace un momento les
-gritaba:</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy D. Fermín Leguía, hijo de este pueblo.</p>
-
-<p>Y los realistas le decían:</p>
-
-<p>&mdash;Te conocemos. ¡Vendido! ¡Judío! ¡Traidor!</p>
-
-<p>&mdash;¡Sois unas canallas!&mdash;vociferaba él, y disparaba
-su fusil.</p>
-
-<p>En vista del número de enemigos y de su empuje,
-Butrón, López Baños y Valdés deciden la
-retirada.</p>
-
-<p>Algunos oficiales han recorrido el camino que
-va a Francia, por encima del pueblo, y salen grupos
-a guardarlo.</p>
-
-<p>Los oficiales, como los soldados, sabemos que
-no hay cuartel y que nuestro único recurso es
-la retirada, y la retirada lenta con serenidad y
-orden.</p>
-
-<p>Los tres jefes principales son, además de valientes
-y de serenos, hombres de arranque.</p>
-
-<p>Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia
-y orgullosa; Butrón es animador y tranquilo;
-López Baños, pequeño, calvo, con una cara<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar
-que no es más peligroso recibir las balas
-que la lluvia.</p>
-
-<p>Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés
-con las fuerzas que más han luchado en el puente
-sube a los altos que dominan el pueblo y toma posiciones
-con Peman, Campillo y Malpica.</p>
-
-<p>Los soldados de Butrón y de López Baños siguen
-ocupando las casas, las salidas de la plaza a
-la carretera y la torre de la iglesia.</p>
-
-<p>Antula me dice que hay varios senderos para
-llegar al camino que va a Francia: uno que termina
-en el Calvario, el otro que serpentea por un robledal
-y sale a un caserío llamado Lasamborda, y
-el tercero que parte por cerca del caserío Cigastea.
-Todavía hay otro que va escalando la altura
-desde la calle de Alzate.</p>
-
-<p>El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de
-Butrón, se sitúa en los bordes del camino al Calvario
-entre los árboles y los peñascos.</p>
-
-<p>Una de las compañías guipuzcoanas compuesta
-de veintiséis hombres a las órdenes del capitán
-D. Juan Croward, se coloca en el sendero del robledal
-que pasa por el caserío Lasamborda.</p>
-
-<p>Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte
-hombres se dispone a defender el camino de<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>
-Cigastea, y a mí me envían al que baja a la calle
-de Alzate.</p>
-
-<p>El fuego se generaliza con violencia por todas
-partes. El enemigo tantea los sitios más débiles
-de la defensa para atacar allí. Los tres o cuatro
-mil realistas van avanzando contra nosotros.</p>
-
-<p>En esto vemos que una columna baja de Santa
-Bárbara y cruza el barrio de Alzate.</p>
-
-<p>Leguía se acerca a mí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ve usted aquella tropa?&mdash;me pregunta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen
-a todos. Voy con mi gente a detenerlos. Cuando
-no podamos más nos dispersaremos. Conocemos
-el país. Encontraremos sitio donde escondernos.
-Tienen ustedes que apresurar la retirada. Dígaselo
-usted a Valdés.</p>
-
-<p>No tengo yo autoridad para hacer desistir a Leguía
-de su intento. Don Fermín reune su gente,
-y uno detrás de otro, a la deshilada, corriendo
-por entre maizales secos, marchan de prisa hacia
-donde vienen los realistas y comienzan el
-fuego.</p>
-
-<p>Yo recibo la orden de dejar el camino y subir
-adonde está Valdés.</p>
-
-<p>En las fuerzas que mandan Butrón y López<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>
-Baños hay más de treinta bajas entre muertos y
-heridos.</p>
-
-<p>Comunico a Valdés lo dicho por Leguía.</p>
-
-<p>No dice nada y da órdenes para que se apresure
-la retirada.</p>
-
-<p>Los realistas no se dan cuenta del abandono
-completo del pueblo hasta media hora después de
-hecho. Han supuesto, quizás, que queríamos ahorrar
-las municiones.</p>
-
-<p>La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego
-y cerrando el paso a los realistas. Su objeto
-es apoderarse de las primeras casas del barrio de
-Alzate y defenderse allí.</p>
-
-<p>Al ver los realistas que hemos desalojado
-la villa entran en la plaza, y se apoderan de
-las casas y de la torre de la iglesia. Viendo
-que estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.</p>
-
-<p>Un pelotón de Cazadores entra por el sendero
-de Lasamborda a forzar el paso defendido por
-los guipuzcoanos mandados por Croward; pero
-éstos a tiros y a bayonetazos les impiden avanzar,
-y tienen los Cazadores que retirarse y dispersarse
-en el robledal.</p>
-
-<p>Por el camino del pueblo al Calvario avanza
-una compañía de tercios con ímpetu, al grito de:<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>
-¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los
-masones!</p>
-
-<p>El capitán Vidarte los detiene más de media
-hora haciéndoles bajas, y cuando queda sin municiones
-y sin gente abandona la posición.</p>
-
-<p>Estamos ahora en una explanada del monte
-que llaman Bidepartieta, donde se dividen dos caminos,
-esperando.</p>
-
-<p>Leguía sigue batiéndose en el fondo del valle.
-Al acercarse con su partida al convento de capuchinos,
-los frailes se asoman a las ventanas y le
-hacen varias descargas.</p>
-
-<p>&mdash;¡Canalla!&mdash;grita Leguía.</p>
-
-<p>&mdash;Ven, ven a asaltar el convento&mdash;le dicen los
-frailes.</p>
-
-<p>Leguía tiene que retroceder hacia la izquierda
-y entra en el barrio de Illecueta. Ya allí no le
-vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su partida
-durante largo tiempo.</p>
-
-<p>&mdash;Este hombre nos salva&mdash;murmura Valdés.</p>
-
-<p>Estamos sosteniéndonos en nuestras posiciones;
-cuando los tercios que han forzado el camino del
-Calvario se lanzan al asalto.</p>
-
-<p>Al retirarse los que defienden el sendero, los
-tercios dan una acometida fuerte a la bayoneta;
-las tropas de Butrón creen que van a ser prote<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>gidas,
-y viendo que los tercios avanzan sin obstáculo
-se consideran cogidos y comienzan a huir.</p>
-
-<p>Un contratiempo inesperado contribuye a ello.
-Dos compañías mandadas por O'Donnell, emboscadas
-entre las matas y las piedras, con quienes
-se contaba para aquel momento, no pueden entrar
-en acción, se encuentran con la mayoría de los
-fusiles inservibles y con que los cartuchos son
-desproporcionados.</p>
-
-<p>Los de Butrón, al verse desamparados comienzan
-a huir a la desbandada, y los tercios corren
-tras ellos hiriendo y matando a los caídos.</p>
-
-<p>Los soldados de Butrón se han salvado, gracias
-a un pelotón de Infantería de la Compañía Sagrada,
-formada por viejos de la guerra de la Independencia,
-que se arroja a la bayoneta intrépidamente
-contra los realistas.</p>
-
-<p>&mdash;No dan cuartel. ¡Libertad o muerte!&mdash;gritan
-los viejos con furia, acometiendo ciegos de coraje.</p>
-
-<p>En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos
-bastan para contener a una columna, y los
-viejos liberales la contienen.</p>
-
-<p>Retroceden un momento los tercios, los soldados
-de Butrón avanzan, y mientras tanto nosotros
-entramos en fuego.</p>
-
-<p>Pasado este mal momento la retirada comienza<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
-bajo la protección de los grupos escalonados en
-el camino. Así vamos, haciendo una marcha lenta,
-con un gran orden, dominando las alturas y
-los senderos de través. Un grupo se defiende
-entre las matas, las piedras y los árboles, hasta
-que no le quedan municiones. Cuando llega este
-momento se dispersa; los realistas avanzan y
-se encuentran con otro grupo que les cierra el
-paso.</p>
-
-<p>Constantemente vamos relevando las tropas de
-retaguardia.</p>
-
-<p>El primer avance por Bidepartieta ha costado
-a los realistas más de una hora. Dominando el
-camino que hemos seguido, hay por la izquierda
-un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego
-ya el terreno se despeja, y se va por estribaciones
-de poca altura pobladas de robles, de castaños
-y de carrascas.</p>
-
-<p>Cada árbol, cada peña, nos sirve de punto de
-resistencia. Ochoa y yo nos lucimos. Nos hemos
-batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno
-al otro. Valdés nos ha felicitado efusivamente.
-Para soldados bisoños parece que lo hemos hecho
-bien. El Inglesito demuestra una serenidad y un
-valor extraordinarios.</p>
-
-<p>Hace unos minutos, después de estar defen<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>diendo
-nuestra posición durante un cuarto de
-hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar.</p>
-
-<p>Encontramos al paso un caserío.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo se llama este caserío?</p>
-
-<p>&mdash;Achulecheco-borda&mdash;nos dice un hombre.</p>
-
-<p>&mdash;¿Nos falta mucho para Francia?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; todavía cerca de una hora.</p>
-
-<p>&mdash;¿Habrá algo que beber? Lo pagaremos.</p>
-
-<p>Una mujer nos trae una jarra de sidra y la bebemos
-con ansia. Ochoa pide pan.</p>
-
-<p>En este momento, a pesar del frío, siento que
-mi cuerpo arde.</p>
-
-<p>El sol ilumina el panorama lleno de nieve. Por
-el lado de Guipúzcoa se ve la peña de Aya, con
-sus cabezos en forma de sierra; Larrun hacia
-Francia, y hacia el interior de Navarra, Peñaplata
-y luego otros montes lejanos y vagos...</p>
-
-<p>&mdash;¡Cómo me quedaría aquí, aunque fuera tirado
-en el suelo!</p>
-
-<p>Ochoa grita:</p>
-
-<p>&mdash;Ya están ahí. Vamos de nuevo.</p>
-
-<p>El Inglesito me agarra del brazo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_XI">XI.<br />
-FIN DEL DIARIO DE LACY</h3></div>
-
-
-<h4><i>28 Octubre. En Frixu-baita: Urruña.</i></h4>
-
-<p><span class="smcap">Ya</span> ha terminado nuestra empresa guerrera.
-Estoy ahora en la cama; la excitación no
-me deja dormir. Voy a continuar mi diario. A la
-salida de Achulecheco-borda, Ochoa, el Inglesito
-y yo tomamos posiciones con nuestra gente y las
-defendimos el tiempo necesario. Tuvimos un
-muerto, que abandonamos, y nos retiramos en
-formación sin dispersarnos.</p>
-
-<p>Marchábamos todos con un orden verdaderamente
-admirable, cuando cerca de una cantera, a
-un cuarto de hora lo más de la raya de Francia,
-por un camino que sube de un barranco, apareció
-a nuestra retaguardia la cabeza de una columna<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-de doscientos hombres pertenecientes al regimiento
-de Mallorca.</p>
-
-<p>Por fortuna el camino era estrecho y los realistas
-venían en grupos poco compactos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran
-los masones!&mdash;gritaron ellos con entusiasmo al
-ver que rodeaban parte de nuestra gente.</p>
-
-<p>Valdés, que venía muy atrás, estuvo a punto
-de quedar copado con cuarenta o cincuenta hombres
-que le rodeaban, cuando el coronel D. Francisco
-Cía y Azanza, que llevaba a sus órdenes diez
-y seis lanceros de la columna de Butrón, algunos
-oficiales de la Compañía Sagrada y dos o tres paisanos,
-entre ellos D. José María Trueba, en total
-unos veinticinco jinetes, dió la orden de cargar.</p>
-
-<p>El terreno era malo, lleno de sinuosidades, de
-agujeros, de matorrales altos y espesos y de troncos
-de árboles tendidos en la tierra.</p>
-
-<p>El pelotón de Caballería se lanzó contra los
-grupos del regimiento de Mallorca, que lo recibieron
-con una descarga cerrada casi a quemarropa.
-Cuatro jinetes cayeron muertos del caballo,
-entre ellos el ayudante de Caballería D. Mariano
-Amorós.</p>
-
-<p>Pasado un momento de vacilación, los jinetes
-cargaron de nuevo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Libertad o muerte. ¡Viva la libertad!</p>
-
-<p>Los sables brillaban como rayos, pinchando,
-golpeando y rajando. Ochoa, Malpica y el Inglesito
-con veinte hombres se metieron por entre los
-helechos y atacaron a los realistas del regimiento
-de Mallorca a la bayoneta, por el flanco y por la
-espalda.</p>
-
-<p>Los realistas tuvieron que huir a la desbandada.</p>
-
-<p>Las dos cargas nuestras hicieron que quedasen
-prisioneros diez soldados realistas, dos oficiales,
-los hacheros y la banda de tambores.</p>
-
-<p>Valdés decidió quitar las armas a los enemigos
-y dejarles volver a sus banderas.</p>
-
-<p>Ochoa, satisfecho, se pavoneaba y había adquirido
-tal confianza, que se creía invulnerable.</p>
-
-<p>Subía a los altos para ver el avance de los realistas
-y permanecía quieto desafiando sus balas
-mirando con sus gemelos.</p>
-
-<p>Al comenzar la tarde aparecieron en las cimas
-nuevos batallones, entre ellos uno de la Guardia
-Real que parecía querer cortarnos la entrada en
-Francia.</p>
-
-<p>En este momento vi a Ochoa subido sobre unas
-peñas, tan cerca del enemigo, que quedé aterrado.</p>
-
-<p>&mdash;Baja de ahí&mdash;le grité.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ca!&mdash;exclamó él.&mdash;No saben tirar.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Loca criatura&mdash;murmuró el Inglesito.</p>
-
-<p>&mdash;¡Baja!&mdash;volví a gritar yo.</p>
-
-<p>&mdash;Si no saben apuntar.</p>
-
-<p>Acababa de decir esto, cuando una bala le dió
-en la cabeza y cayó rondando por entre las peñas.</p>
-
-<p>Nos acercamos a él. Estaba muerto. Tenía la
-cabeza abierta. Era un horror. Quise ver si respiraba,
-pero el Inglesito me agarró del brazo y
-me impulsó a seguir.</p>
-
-<p>&mdash;No hay nada que hacer con él&mdash;me dijo.&mdash;Vamos.</p>
-
-<p>&mdash;Sálvese usted&mdash;le dije yo.&mdash;Yo no puedo correr
-más... no puedo...</p>
-
-<p>&mdash;Un esfuerzo...; ya nos falta poco. Apóyese
-usted en mí.</p>
-
-<p>Iba corriendo, cuando metí un pie entre unas
-matas y caí de bruces. Cuando quise levantarme
-sentí que tenía el pie dislocado y que me era imposible
-andar.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no puedo más&mdash;exclamé.&mdash;Escápese usted.</p>
-
-<p>El Inglesito me cogió por la cintura, me echó
-al hombro y siguió marchando. Yo iba llevado
-como por el viento.</p>
-
-<p>Al tocar el territorio francés, el Inglesito vió
-que tenía que apresurarse si no quería quedar prisionero.
-Corrió llevándome a mí al hombro, sal<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span>tando
-obstáculos por encima de las piedras y de
-los helechos.</p>
-
-<p>Tras de esta carrera desenfrenada llegó al camino
-real, entró en un caserío de la carretera,
-cerca de Urruña, en donde salió una mujer apurada
-y me dejó tendido en un montón de helechos.</p>
-
-<p>&mdash;Quédese usted aquí&mdash;me dijo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y usted?</p>
-
-<p>&mdash;Yo me voy&mdash;exclamó.&mdash;No quiero que me
-cojan los franceses&mdash;y sin más palabras desapareció.</p>
-
-<p>Yo hubiese querido darle las gracias, decirle
-que si me necesitaba estaba dispuesto a pagarle
-su servicio; pero no tuve tiempo... Me incorporé
-sobre los helechos, me quité la bota del pie dislocado,
-que me dolía mucho, cortando los cordones
-y esperé con resignación.</p>
-
-<p>Sonaban todavía tiros, cosa que no me explicaba
-yo estando, como estábamos, en territorio
-francés.</p>
-
-<p>La mujer del caserío, que parecía más tranquila,
-me dijo que algunos de mis compañeros, muertos
-de fatiga y confiando en que estaban ya en
-Francia, se habían echado en el suelo a descansar.
-Su confianza les perdió, porque fueron fusilados
-por los realistas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span></p>
-
-<p>Añadió que la persecución en territorio francés
-duraba; pero que en aquel momento la Guardia
-Nacional de Urruña y un pelotón del 63 regimiento
-de línea había intimado la detención a los realistas
-y la rendición y la entrega de armas a los
-liberales.</p>
-
-<p>Llevaba una hora en el caserío, cuando aparecieron
-Alí y el tío Juan. Este venía desencajado
-apoyado en el otro, sin poder respirar.</p>
-
-<p>&mdash;¿Está usted herido?&mdash;le pregunté.</p>
-
-<p>&mdash;No; el pecho, la fatiga... Me muero.</p>
-
-<p>Se tendió en el montón de helechos en donde
-yo estaba, tenía una disnea que no le dejaba
-alentar.</p>
-
-<p>En esto Alí me dijo que Aviraneta y Miguel
-Aristy se hallaban en un cochecito a la puerta.
-Era cierto.</p>
-
-<p>&mdash;Suba usted&mdash;dijo Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí hay otro amigo&mdash;exclamé.</p>
-
-<p>&mdash;¿Un español?&mdash;preguntó Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;No; es el guardabosque de Ustariz.</p>
-
-<p>Aviraneta y Miguel me ayudaron a subir a mí
-y después al tío Juan.</p>
-
-<p>Nos acomodamos los tres, y al comenzar a marchar
-hacia el pueblo tropezamos con Malpica, que
-venía cojeando, sucio, harapiento.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Suba usted&mdash;dijo Aristy.&mdash;Nosotros iremos
-a pie.</p>
-
-<p>Aristy nos dirigió a esta casa de Urruña, llamada
-Frixu-baita, donde había alquilado dos cuartos
-pensando que vendríamos nosotros.</p>
-
-<p>Ahora estoy en la cama, febril y sin poder dormir.
-Aviraneta nos va a traer un médico.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_XII">XII.<br />
-LOS HÉROES DE LA AVENTURA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">De</span> los cuatro recogidos por Miguel Aristy y
-Aviraneta, Alí, que no tenía nada, se lavó,
-se afeitó, se puso unos pantalones azules, una blusa
-negra y una boina, y salió para Gastizar con
-el encargo de traer un carro con un colchón para
-transportar al tío Juan.</p>
-
-<p>Por la noche al salir el médico de Frixu-baita,
-Aviraneta le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo están estos enfermos?</p>
-
-<p>&mdash;Medianos. No sé cómo han podido llegar hasta
-aquí. El viejo francés está muy mal, con una
-bronquitis aguda muy grave.</p>
-
-<p>&mdash;¿El joven español?</p>
-
-<p>&mdash;Ese también mal. Me figuro que tiene, desde<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>
-hace tiempo, focos tuberculosos en el pulmón y
-ha debido de tomar un golpe en el pecho.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y el coronel Malpica?</p>
-
-<p>&mdash;Ese es el que ha salido mejor librado. Tiene
-una herida de bala en la pierna; pero como no ha
-perdido sangre y está muy animado, se curará en
-seguida.</p>
-
-<p>&mdash;Hemos pensado transportar a los tres a sus
-casas.</p>
-
-<p>&mdash;Si no es muy lejos está bien.</p>
-
-<p>Al día siguiente, por la mañana, Miguel Aristy
-aparejó su coche y llevó en él hasta Ustariz a
-Malpica y a Lacy. Al ponerse en camino, Lacy se
-encontró con un oficial español que conferenciaba
-con un francés.</p>
-
-<p>&mdash;¡Lacy!&mdash;gritó.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eres tú Sampau?&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;¿De dónde vienes? ¿Qué te pasa?&mdash;exclamó
-Sampau.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y tú?</p>
-
-<p>&mdash;Yo he venido con las tropas de Llauder persiguiendo
-a los liberales.</p>
-
-<p>&mdash;Pues yo he estado con los liberales.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Has estado en Vera?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pensar que podía haberte matado!</p>
-
-<p>&mdash;Y yo a ti.</p>
-
-<p>&mdash;¿Adónde vas ahora?</p>
-
-<p>&mdash;Voy a Ustariz, un pueblo de por aquí cerca,
-a descansar.</p>
-
-<p>&mdash;¿Vives en ese pueblo?</p>
-
-<p>&mdash;Por ahora sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Estarás allá dentro de quince días?</p>
-
-<p>&mdash;Seguramente.</p>
-
-<p>&mdash;Pues iré a verte.</p>
-
-<p>Se despidió Lacy de Sampau y Aristy siguió
-adelante en su tílburi.</p>
-
-<p>Malpica y Lacy presenciaron, desde el fondo
-del carricoche, la división en grupos de los liberales
-españoles que hacían los oficiales franceses
-para enviarlos a los depósitos de Bourges, Perigueux
-y Limoges.</p>
-
-<p>En los jefes liberales españoles se veía la cólera
-y la vergüenza de la derrota; los soldados se
-manifestaban indiferentes.</p>
-
-<p>Ni para unos ni para otros el porvenir era muy
-halagüeño. El Gobierno francés les daría treinta
-céntimos de sueldo y una ración de pan a cada
-soldado y dos francos diarios a los jefes.</p>
-
-<p>Malpica y Lacy cruzaron por entre sus compa<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>triotas
-sin ser reconocidos y se dirigieron a Ustariz.</p>
-
-<p>Por la tarde Alí se presentó en Frixu-baita con
-un carrito y un colchón a llevar al tío Juan a su
-casa.</p>
-
-<p>Pusieron al guardabosque dentro del carro
-arropado con mantas, y Aviraneta y Alí se dirigieron
-por Saint Pee a entrar en los robledales
-del cantón de Ustariz.</p>
-
-<p>Llegaron a la cabaña del tío Juan al amanecer.</p>
-
-<p>Esta cabaña, Aldasoro de nombre, estaba rodeada
-de otras cuatro o cinco. En el interior esperaba
-el intendente Darracq.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted va a Ustariz?&mdash;le preguntó a Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted llevar una carta a madama de
-Aristy?</p>
-
-<p>&mdash;No tengo inconveniente.</p>
-
-<p>Darracq se sentó a la mesa, cogió un lápiz y
-papel y vaciló.</p>
-
-<p>&mdash;Es difícil decir esto&mdash;murmuró.&mdash;Casi será
-mejor darle el recado de palabra. Dígale usted a
-madama de Aristy que el tío Juan, el guardabosque,
-está muy grave. El tío Juan es pariente muy
-próximo de madama Aristy.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Está bien; se lo diré.</p>
-
-<p>Aviraneta marchó a pie a Ustariz.</p>
-
-<p>El tiempo estaba claro. El viento soplaba con
-fuerza. La veleta de Gastizar rechinaba, y el dragón
-seguía amenazando a todo el mundo con la
-flecha de su lengua.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_XIII">XIII.<br />
-LOS RESULTADOS DE LA EMPRESA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Unos</span> días después se supo el resultado de la
-empresa liberal. De los quinientos hombres
-de Valdés y Butrón que habían luchado en Vera,
-más de cien habían quedado en España entre muertos,
-heridos y prisioneros. De estos últimos se aseguraba
-que algunos habían sido fusilados en Irún
-y que otros lo iban a ser al llegar a Pamplona.</p>
-
-<p>Mina y Jáuregui se habían salvado haciendo
-prodigios de valor. Mina anduvo por los montes,
-desorientado, perseguido y ojeado por perros de
-caza, que echaron los realistas tras él. Después
-de fatigas enormes, rendido y con las viejas heridas
-echando sangre, llegó a tocar Francia.</p>
-
-<p>En la parte de Aragón y Cataluña la invasión
-no se efectuó. Méndez Vigo quedó inmóvil en<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>
-Mauleón, no habiendo podido reunir armas ni organizar
-sus tropas.</p>
-
-<p>Gurrea, Milans del Bosch y San Miguel no hicieron
-cosa eficaz en la frontera.</p>
-
-<p>En Gibraltar la salida proyectada por Torrijos,
-Palarea, Escalante y sus amigos fué impedida por
-el gobernador inglés de la plaza.</p>
-
-<p>Respecto a Fermín Leguía, a quien se creía perdido,
-apareció días después en Bayona.</p>
-
-<p>Algunos que llegaron de Vera contaron su persecución
-y trajeron unos versos en vascuence que
-había escrito el versolari Martín Coplari contra
-Leguía. Este versolari era conocido en el país por
-su canción sobre <i>Buenaparte</i>.</p>
-
-<p>Los versos contra Leguía empezaban así:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1">Armada eder bat ecarridigu</div>
-<div class="line">Verara, Fermín Leguiac.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>(Un hermoso ejército nos ha traído a Vera Fermín
-Leguía.)</p>
-
-<p>Y concluía explicando el fracaso:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">Comisanyura goician zuten</div>
-<div class="line">Viserregueren trampiya</div>
-<div class="line">Iruñiaco videa libre</div>
-<div class="line">Eben ustez valentiya</div>
-<div class="line">Zacu videan lertu eta</div>
-<div class="line">Isuritzayo cantiya.</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p>
-
-<p>Lo que traducido libremente quiere decir:</p>
-
-<p>El día de todos los santos por la mañana tenían
-la trampa preparada para el virrey. El camino de
-Irún libre. Ellos se creían valientes, pero el saco
-se les ha reventado en el camino y se les ha derramado
-el grano.</p>
-
-<p>Aviraneta, que tenía carta de seguridad y no
-había tomado parte en el movimiento, volvió a
-Bayona días después.</p>
-
-<p>Allí por mediación de Iturri se le comisionó
-para que secretamente fuera vendiendo los caballos
-que se habían salvado de la expedición.</p>
-
-<p>Aviraneta hizo el encargo y fué vendiendo los
-caballos guardados en el bosque de Saint Pee a
-los tratantes españoles y franceses.</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h2 class="nobreak">LIBRO CUARTO<br />
-BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL DRAGÓN
-DE GASTIZAR</h2></div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h3 id="IV_I">I.<br />
-EL TÍO JUAN</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> llegar Aviraneta a Ustariz se encontró a
-Choribide que marchaba en un cochecito camino
-de Bayona. Choribide se detuvo a pedir noticias.</p>
-
-<p>&mdash;Me voy de Ustariz, señor Aviraneta&mdash;dijo
-después.</p>
-
-<p>&mdash;Lo siento mucho, si esto le molesta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, algo me molesta. ¿Qué noticias hay? ¿Cómo
-ha terminado la expedición de los liberales
-españoles?</p>
-
-<p>Aviraneta contó lo ocurrido y la enfermedad
-del tío Juan el guardabosque.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y está grave?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, muy grave.</p>
-
-<p>&mdash;¿No ha sospechado usted quién es este tío
-Juan?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;Es el marido de madama de Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Estaban separados?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Más que por nada por motivos políticos y
-religiosos. Es absurdo. ¿Verdad? El tío Juan ha
-sido siempre un ateo y un jacobino. Ella creía que
-daba un mal ejemplo a los hijos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted lo ha conocido en otro tiempo?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Ya lo creo... Voy a aplazar mi viaje y
-voy a visitarle por si acaso me necesita. Le he
-hecho algunos favores.</p>
-
-<p>Choribide se dirigió hacia el bosque y Aviraneta
-a Gastizar. Preguntó por madama de Aristy,
-dijo a la criada que tenía que hablar a su ama
-con urgencia y pasó al salón.</p>
-
-<p>&mdash;Señora&mdash;dijo,&mdash;vengo a traerle a usted una
-mala noticia. El señor Darracq me ha encargado
-que le diga a usted que el guardabosque a quien
-llaman el tío Juan, está gravemente enfermo.</p>
-
-<p>Madama de Aristy quedó alterada.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le ha ocurrido?&mdash;preguntó.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p>
-
-<p>Aviraneta contó cómo le había encontrado en
-Urruña de vuelta de la fracasada expedición liberal.</p>
-
-<p>&mdash;¿Estaba allí Miguel, mi hijo?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Le han dicho a usted que el tío Juan es pariente
-mío?</p>
-
-<p>&mdash;Lo he adivinado&mdash;contestó Aviraneta.</p>
-
-<p>Madama de Aristy contempló en silencio a don
-Eugenio.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted qué cree que debía hacer?</p>
-
-<p>&mdash;Yo, señora, no sé la clase de resentimientos
-que ha habido entre usted y su esposo, pero supongo
-que éste se encuentra en el actual momento
-gravísimo, quizás moribundo. Creo que lo mejor
-que podría usted hacer sería decir a su hijo lo
-que ocurre, contarle los motivos de diferencias
-con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la
-cabaña del tío Juan.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, tiene usted razón. Eso haré. ¿Quiere usted
-esperar un momento?</p>
-
-<p>&mdash;Con mucho gusto.</p>
-
-<p>Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel
-y al caballero de Larresore, y tuvo una explicación
-con ellos. Al terminarla apareció Miguel, intranquilo
-e inquieto.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Está mal, de veras?&mdash;preguntó a Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Hay que ir de prisa. ¿Usted no querrá volver?</p>
-
-<p>&mdash;No tengo inconveniente.</p>
-
-<p>&mdash;Le agradeceré a usted que venga, porque estoy
-un poco trastornado con una noticia así.</p>
-
-<p>Madama de Aristy había mandado por un coche,
-en donde iban a ir ella, el caballero de Larresore,
-el médico y el vicario Dostabat. Miguel y
-Aviraneta tomarían el tílburi.</p>
-
-<p>Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo
-la expectación del pueblo.</p>
-
-<p>Al llegar a Aldasoro bajaron y entraron a ver
-al enfermo. El médico dijo que estaba agónico y
-que le quedaban solamente horas de vida.</p>
-
-<p>Madama de Aristy habló a su marido a solas,
-y tras larga conversación le indicó que debía confesarse.</p>
-
-<p>&mdash;No&mdash;dijo enérgicamente el tío Juan, y volvió
-la cabeza hacia la pared.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, como usted, le encargaría de esa misión
-a su hijo&mdash;propuso Aviraneta;&mdash;yo trataré también
-de convencerle.</p>
-
-<p>Aviraneta y Miguel Aristy se quedaron en el
-cuarto del enfermo. Este, sin duda, se hallaba in<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>tranquilo
-y receloso. De pronto se irguió en la
-cama y se quedó mirando fijamente a Aviraneta.</p>
-
-<p>&mdash;Señor&mdash;exclamó,&mdash;que me dejen morir en
-paz.</p>
-
-<p>&mdash;¿No quiere usted que venga ningún cura?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;No vendrá.</p>
-
-<p>&mdash;¡Gracias! ¡Muchas gracias!</p>
-
-<p>Miguel se acercó a la cama.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hace usted aquí?&mdash;le preguntó el tío
-Juan de repente.&mdash;¿Qué está usted espiando?</p>
-
-<p>&mdash;Soy yo Miguel... el de Gastizar.</p>
-
-<p>No se atrevió a decir su hijo.</p>
-
-<p>El tío Juan le contempló con una mirada curiosa
-y de anhelo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah... sí... sí!&mdash;murmuró, y se tendió de
-nuevo en la cama.</p>
-
-<p>Miguel le arregló la cubierta de la cama, y el
-viejo le agarró la mano y la besó.</p>
-
-<p>Miguel quedó conmovido y se le saltaron las
-lágrimas.</p>
-
-<p>Durante todo el día el enfermo estuvo desvariando.
-Al anochecer comenzó a palidecer y a ponerse
-lívido, y murió.</p>
-
-<p>Alí marchó a Ustariz por un ataúd.</p>
-
-<p>De noche estuvieron en la cabaña, velando al<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span>
-muerto. Aviraneta, Larresore, Choribide, el intendente
-Darracq y Miguel.</p>
-
-<p>El intendente contó la vida de su primo Aristy,
-que acababa de morir, una vida íntegra, de fanático
-por sus ideas.</p>
-
-<p>&mdash;La verdad es&mdash;dijo burlonamente Choribide
-a Aviraneta&mdash;que ha tenido que venir un
-gascón para dar un ejemplo de consecuencia en
-el pueblo, porque lo que es Garat y yo no hemos
-quedado como hombres muy consecuentes en
-política.</p>
-
-<p>&mdash;Parece que la influencia de la veleta de Gastizar
-es muy grande&mdash;replicó D. Eugenio con
-sorna.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pse! Hay que cambiar&mdash;replicó Choribide.&mdash;La
-vida es cambiar. Yo no creo que ser esclavo
-de sus prejuicios sea una superioridad.</p>
-
-<p>&mdash;No; es más bien el resto de la gente quien
-cree eso&mdash;dijo burlonamente Aviraneta.</p>
-
-<p>Por la mañana se verificó el entierro en el mismo
-bosque. Los aldeanos de los caseríos vecinos
-se reunieron en Aldasoro, los hombres formaron
-un corro y las mujeres otro. Hacía una mañana
-hermosa y tibia, el sol amarillo se esparcía por el
-campo.</p>
-
-<p>Sacaron al ataúd de Aldasoro y lo colocaron en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>
-un carro de bueyes y lo llevaron hasta el pequeño
-cementerio que tenía la barriada del bosque.</p>
-
-<p>Allí cogieron el féretro Miguel, Ichteben el criado
-de Gastizar, Alí y Darracq, y lo dejaron sobre
-un montón de tierra próximo a la fosa.</p>
-
-<p>Bajaron la caja al fondo del hoyo que no era
-profundo, y fueron cubriéndola de tierra. Al medio
-día todos volvieron a Ustariz.</p>
-
-<p>Al día siguiente madama de Aristy hizo que se
-celebrara un funeral solemne en la iglesia por su
-marido.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_II">II.<br />
-EL VERANILLO DE SAN MARTÍN</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Lacy</span> se había curado de la dislocación del pie,
-pero la estancia en la cama le había debilitado
-y agravado su enfermedad crónica del pecho.
-Por lo que decía el doctor Elissalde, el mejor médico
-de Ustariz, tenía ya muy pocas probabilidades
-de curarse. Habían mandado venir a un especialista
-de Bayona en consulta, y los dos doctores,
-después de auscultar y percutir al enfermo, habían
-asegurado que sólo una casualidad podría
-salvarlo.</p>
-
-<p>&mdash;Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja
-de la higuera tenga el tamaño del ala del murciélago,
-como dice el padre Hipócrates, morirá&mdash;dijo
-el doctor Elissalde, sonriendo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p>
-
-<p>El doctor era de estos hombres pulidos y emperifollados
-y un tanto empalagoso. Los ¡Oh!
-¡Oh!, los ¡Ah! ¡Ah!, los <i>¡Tiens! ¡Tiens!</i> y las
-frases más almibaradas estaban siempre en sus
-labios. Tenía una sonrisa de satisfacción para
-todo. Cuando a Miguel le decía que su amigo Lacy
-estaba desahuciado, lo decía de una manera tan
-jovial, tan alegre, que indignaba a Aristy.</p>
-
-<p>Aristy había tomado afecto a Lacy y hubiese
-querido saber un medio de posible curación para
-emplearlo.</p>
-
-<p>El doctor Elissalde aseguraba que era imposible.
-Lo único que se podría conseguir era que el
-pobre muchacho tirara un poco más.</p>
-
-<p>&mdash;Lo más tarde en la primavera, cuando la hoja
-de la higuera tenga el tamaño del ala del murciélago...&mdash;repetía
-el doctor sonriendo.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>El tiempo que hacía invitaba a salir de casa y
-a pasear. Después de las grandes lluvias otoñales
-había comenzado el veranillo de San Martín, que
-parecía un verano de verdad.</p>
-
-<p>&mdash;Hay que aprovechar el buen tiempo&mdash;decía
-Miguel a Lacy;&mdash;hay que tomar el sol. Esta es
-la mejor época en nuestro país...</p>
-
-<p>Y era cierto. El otoño es, sin duda, la estación<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>
-más agradable en el país vasco. El campo, que en
-verano tiene un manto verde, uniforme, adquiere
-en otoño una variedad extraordinaria de colores;
-la hierba, los helechos rojizos, los árboles con
-hojas amarillas, todo toma unos tonos fogosos,
-ardientes. Hay además en el país vasco francés
-una serenidad, un reposo, que no hay en
-el español; el paisaje es más abierto, más tranquilo,
-más soleado, las gentes son más dulces, las
-campanas que tocan las oraciones desde lo alto
-de las torres son más melancólicas y menos imperiosas,
-más sentimentales y menos dogmáticas.</p>
-
-<p>Lacy disfrutaba de esta calma, de esta serenidad.</p>
-
-<p>Por la mañana al levantarse veía desde la ventana
-la niebla inmóvil que llenaba el valle de Ustariz,
-las casas musgosas que echaban humo por las
-chimeneas y escuchaba las campanas que retumbaban
-sonoras y acompasadas en el aire silencioso.
-Luego, a medida que se levantaba el sol, la
-bruma se deshacía en jirones y se desvanecía dejando
-el cielo azul. Por la tarde el calor apretaba
-y al anochecer comenzaba el frío y venían las
-nieblas en pelotones blancos rasando el suelo y la
-superficie de los arroyos a apoderarse de los bosques
-y de los barrancos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span></p>
-
-<p>Miguel Aristy solía llevar a Lacy a pasear en
-su cochecito al sol, a los montes inmediatos.</p>
-
-<p>Los árboles estaban amarillentos y rojizos, las
-hojas secas jugueteaban por los senderos.</p>
-
-<p>Miguel tenía que quedarse muchas veces en su
-casa.</p>
-
-<p>Era época de grandes preparativos en el campo.
-Aristy dirigía las labores de abonar las tierras,
-de podar los árboles y hacía grandes hogueras
-con los hierbajos arrancados, a los que pegaba
-fuego al anochecer.</p>
-
-<p>Lacy, con esta atención de los enfermos, lo contemplaba
-todo con una gran curiosidad.</p>
-
-<p>Parecía que quería fijar en la retina por última
-vez las cosas del mundo.</p>
-
-<p>Lacy no se alarmaba pensando en su porvenir.
-Se creía muy grave, y, sin embargo, hacía
-proyectos.</p>
-
-<p>Lacy tenía una gran preocupación por Dolores
-Malpica; sentía por ella un entusiasmo muy próximo
-al amor.</p>
-
-<p>Hablaba constantemente de ella y de todo cuanto
-tuviera relación con ella. A Miguel le hubiese
-molestado, quizás en otro, este entusiasmo por la
-mujer de su hermano; pero en Lacy no le molestaba.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p>
-
-<p>El enfermo alternaba con este tema de conversación,
-los recuerdos de la última etapa de la fuga
-por los montes de Vera.</p>
-
-<p>Le preocupaba el pensar qué habrían hecho del
-cadáver de su amigo Ochoa. La idea que se lo hubiesen
-comido los perros o los cuervos le trastornaba.</p>
-
-<p>También le mortificaba la actitud del Inglesito,
-que le había salvado y había desaparecido sin dejarle
-ni siquiera su nombre.</p>
-
-<p>¿Es que le despreciaría aquel inglés? ¿Es que
-quizás pensaba que no le iban a saber agradecer
-su heroísmo?</p>
-
-<p>La idea de no poder expresarle su gratitud le
-entristecía.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Lacy paseaba durante las horas de sol por el
-campo y por la huerta de Gastizar. Subía con Miguel
-a un manzanal en un alto, y se sentaba
-sobre algún montón de hierba seca.</p>
-
-<p>Desde allá, la antigua casa solariega parecía rejuvenecerse,
-galvanizarse por arte mágica, cuando
-le daban los rayos del sol. Las viejas piedras de
-Gastizar se doraban, las vidrieras centelleaban y
-lanzaban dardos, el dragón de la veleta se agitaba
-en el aire azul...</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p>
-
-<p>Al caer de la tarde el caserón parecía desde
-arriba un inmenso dado de oro; luego al inclinarse
-más los rayos solares, adquiría un tono de púrpura
-y parecía algo irreal y fantástico... De pronto el
-sol se ponía detrás de un robledal, y en un instante
-desaparecía la llamarada; la casa entonces era
-como un cadáver electrizado a quien se le acababa
-la corriente y quedaba en seguida tenebrosa, siniestra...
-Al momento en el valle todo era oscuridad,
-frialdad, melancolía.</p>
-
-<p>Lacy suspiraba y volvía a Gastizar.</p>
-
-<p>Casi constantemente estaba con los Aristy.</p>
-
-<p>Acompañaba a Miguel y miraba cómo disponía
-éste las labores campestres; solía ir con frecuencia
-a la biblioteca en donde Darracq le mostraba sus
-libros y las mil cosas recogidas en sus viajes.</p>
-
-<p>Darracq había domesticado a los gorriones, que
-entraban en la biblioteca y se acercaban a comer
-a su mano, Lacy se divertía dando a los pájaros
-migas de pan.</p>
-
-<p>Las señoras de Gastizar tenían también grandes
-atenciones para Lacy. Le guardaban el mejor sitio
-delante de la chimenea, le hacían postres delicados
-y le traían flores.</p>
-
-<p>En la sala de Gastizar había siempre por aquella
-época jarrones con inmensos ramos de crisan<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>temos.
-Era uno de los lujos que madama de Aristy
-gustaba tener en su casa.</p>
-
-<p>Mezclados con los crisantemos, madama de
-Aristy ponía matas de heliotropo que perfumaban
-la estancia.</p>
-
-<p>Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna
-sonata, de violín y piano, de Beethoven, y se le
-veía a Lacy escuchar muy conmovido con la cara
-llena de lágrimas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_III">III.<br />
-LA FAMILIA DE CHIMISTA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Don</span> Valentín Malpica al llegar a su casa abrazó
-a su hija y a sus nietos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué ha pasado?&mdash;le preguntó Dolores varias
-veces.</p>
-
-<p>&mdash;Nada. Un fracaso más.</p>
-
-<p>Don Valentín creía que estas cosas de la guerra
-eran sólo para hombres, y que con las mujeres no
-se debía hablar de ellas.</p>
-
-<p>Al día siguiente Dolores averiguó que su padre
-estaba herido. Malpica dijo que no era nada. El
-pensaba que sabía más que los médicos y que con
-algunas hierbas se curaría. Efectivamente, gra<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>cias
-a su constitución se curó pronto, aunque él
-creyó que era gracias a su ciencia.</p>
-
-<p>Don Valentín estaba acostumbrado a mandar
-en su casa despóticamente. Pronto notó con asombro
-la oposición que le hacía Margarita Tilly, defendiendo
-a Dolores. A D. Valentín le sorprendió
-tanto, que casi le hizo gracia. Malpica desarrollaba
-una gran cantidad de trabajo al día, aunque
-no siempre útil, pues el tiempo se le pasaba en
-hacer y deshacer, en ir y venir.</p>
-
-<p>El viejo coronel no podía aguantar el aire embebido
-y absorto que había tomado su hija desde
-que le había abandonado su marido.</p>
-
-<p>&mdash;¡Muévete, dormilona!&mdash;le decía.&mdash;Te vas a
-quedar tonta.</p>
-
-<p>Margarita se indignaba.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bruto, más que bruto!&mdash;solía murmurar por
-lo bajo.</p>
-
-<p>&mdash;Déjale&mdash;decía Dolores,&mdash;él me quiere así, a
-su modo.</p>
-
-<p>Era la manera de ser cariñoso de D. Valentín.
-Si tenía que recomendar silencio, decía: Silencio
-en las filas; y cuando había que prepararse para
-algo, gritaba: ¡Escuadrones!</p>
-
-<p>El chico Miguelito le imitaba y se reía.</p>
-
-<p>Margarita, convertida en amiga íntima de Do<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>lores,
-se quedaba muchos días en Chimista. Solían
-ir a veces a la cocina del piso bajo, donde vivía
-Fanchon, y hacían grandes fogatas y asaban castañas
-en el rescoldo.</p>
-
-<p>Los días buenos, Margarita y los chicos, Grashi
-Erua y Chistu corrían por los campos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_IV">IV.<br />
-SIMONA BUSQUET</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Pocos</span> días después de la muerte del tío Juan,
-madama Aristy se presentó en el Chalet de
-las Hiedras acompañada de Ichteben, y dijo a madama
-Carolina y a Simona que hicieran el favor
-sin pretexto alguno de abandonar la casa.</p>
-
-<p>Madama Carolina había amenazado anteriormente
-a la señora de Aristy con divulgar en el
-pueblo que era la mujer de un revolucionario y
-regicida como el tío Juan. Ya no tenía arma ninguna
-que emplear contra la propietaria de Gastizar
-y se resignó a dejar la casa sin protesta.</p>
-
-<p>No así la Simona. Esta, más violenta y agresiva,
-puso a la señora de Aristy como un trapo. La
-insultó en su marido, en sus hijos y en sus amigos.
-Madama de Aristy, pálida y con los ojos bri<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>llantes,
-no contestó, pero al marcharse dijo con
-voz iracunda:</p>
-
-<p>&mdash;Saldrá usted de aquí inmediatamente, si no
-la mandaré echar por los gendarmes.</p>
-
-<p>Efectivamente, salieron las dos mujeres y fueron
-a parar a la posada del Caballo Blanco.</p>
-
-<p>Madama Carolina a los pocos días se marchó
-para no volver; Simona quedó en Ustariz, animada
-por el ardor de la venganza.</p>
-
-<p>Manejaba a las muchachas del Bazar de París y
-a Marcos el del molino.</p>
-
-<p>Poseía por instinto esa táctica de los intrigantes
-que consiste en unir y desunir voluntades moviendo
-el resorte de los caracteres. Sabía sembrar
-una sospecha, cultivarla si existía, y alimentar un
-resquemor o una mala pasión con cariño. Era la
-única para indisponer a dos personas amigas.</p>
-
-<p>Tanta confianza llegó a tener con las dos señoritas
-de la Bastide y con su abuela, la Diosa Razón,
-que dejando la posada del Caballo Blanco fué
-a vivir con ellas. Intrigante y mentirosa como
-era Simona, llegó a convencer a todos de la verdad
-de sus embustes.</p>
-
-<p>Desde que se instaló en casa de las señoritas de
-La Bastide se la veía muchas veces en el mostrador
-despachando.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span></p>
-
-<p>Simona era una mujer bonita, con la cara muy
-cuadrada, la frente ancha, la nariz corta, los ojos
-muy negros, muy vivos, un poco juntos y muy
-rasgados, y el pelo castaño. Tenía una palidez
-mate, una expresión de intranquilidad y de suspicacia,
-unos <i>tics</i> nerviosos que agitaban su rostro
-y una sonrisa de dolor, de ironía y de maldad.</p>
-
-<p>Parecía que estaba siempre dispuesta al ataque,
-como un cínife o una avispa.</p>
-
-<p>Simona tenía una conversación más picante y
-más amena que las señoritas de La Bastide, e hizo
-que la tertulia del Bazar aumentase y tomara más
-crédito.</p>
-
-<p>Dejó al mismo tiempo en el ambiente un semillero
-de rivalidades, de suspicacias y de complicaciones.</p>
-
-<p>Simona aduló y lisonjeó a Larresore y lo llevó
-a su campo, con la intención de sacarle noticias
-de lo que pasaba en Gastizar; pero el viejo caballero
-era maestro en malicias y en marrullerías y
-supo defenderse sin decir nunca nada en concreto.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_V">V.<br />
-EL PRÍNCIPE QUIROMÁNTICO</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Dos</span> o tres comisionistas solían presentarse en
-Ustariz todos los meses. Recorrían los principales
-comercios y hacían una parada larga en
-el Bazar de París, que era el principal establecimiento
-de la villa.</p>
-
-<p>Uno de los más asiduos de estos viajantes era
-el señor Pardies d'Espelunque, accionista y dependiente
-de un almacén de Burdeos.</p>
-
-<p>Monsieur Pardies d'Espelunques era un señor
-de más de cuarenta años, fuerte, rechoncho, moreno,
-de bigote largo, negro y engomado. Pardies era
-gascón, pasaba por ser de origen español y sus íntimos
-no le llamaban Joseph sino Pepito, que ellos
-decían <i>Pepitó</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span></p>
-
-<p>Pardies tenía la cabeza grande con la melena
-negra y encrespada y la cara mefistofélica. A pesar
-de la hermosa cabellera que lucía mientras
-iba cubierto, en lo alto del cráneo estaba calvo, y
-para disimular su calvicie tenía el sistema de
-llevar los pelos de un parietal a otro, así que su
-cabeza mirada a vista de pájaro tenía un enrejado
-que parecía un dibujo topográfico hecho con
-tiralíneas.</p>
-
-<p>Pardies d'Espelunques era un hombre hablador,
-turbulento y exasperado, cínico y burlón. Solía
-vender sus géneros mareando a los compradores
-con su verbosidad.</p>
-
-<p>Pardies era elocuente, revolucionario, dantoniano,
-y pronunciaba las erres a la española. Su
-exclamación favorita era decir: ¡Pardies!&mdash;y luego
-añadía:&mdash;Así me llamo.</p>
-
-<p>Un día Pardies se presentó en Ustariz con un
-señor de pobre aspecto. Aquel señor podía ser
-todo menos comisionista. El comisionista en algunos
-pueblos es el representante más brillante
-de la civilización y de la elegancia. Aquel señor,
-a pesar de su aspecto, era comisionista.</p>
-
-<p>Vendía medallas, rosarios, escapularios y otras
-chucherías místico-religiosas bendecidas por el
-Papa y traídas de Jerusalén. Pardies llevó a<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>
-su compañero a los distintos comercios del pueblo
-y estuvo un momento con él en el Bazar de
-París.</p>
-
-<p>La Diosa Razón del Bazar, como sus nietas, recibían
-siempre muy amablemente a Pardies y reían
-sus gracias.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo se llama su compañero de usted?&mdash;preguntó
-Martina, una de las señoritas de La Bastide,
-a Pardies.</p>
-
-<p>&mdash;Se va usted a reir&mdash;dijo el comisionista.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué? ¿Es un nombre tan raro?</p>
-
-<p>&mdash;Es un nombre raro para él. Se llama Rohan.
-Luis de Rohan. Es descendiente del príncipe de
-Rohan.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?&mdash;preguntó, extrañada, Simona.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, sí.</p>
-
-<p>El señor de Rohan era alto, cano, afeitado,
-muy humilde, muy místico. Tendría unos cincuenta
-años, el pelo blanco, la cara roja, con un sarpullido
-blanquecino. Solía andar con un gabancito
-raído, una bufanda de lana y un sombrero de
-copa, metido hasta las orejas. Cuando marchaba
-de prisa, cortando el viento con su nariz afilada
-y roja y sus brazos largos, cojeando un poco, parecía
-un galgo a quien le hubiesen pegado una pedrada
-en una pata.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span></p>
-
-<p>Simona dijo que debía llevarle a Rohan a la tertulia
-del Bazar, y Pardies prometió ir con él al
-anochecer.</p>
-
-<p>Efectivamente, después de cenar en la Veleta
-fueron los dos al Bazar de París. Rohan habló
-con una gran unción y con un acento francés
-muy puro. Cuando su amigo Pardies cometía alguna
-falta gramatical le corregía sonriendo.</p>
-
-<p>&mdash;¡La gramática! ¡Bastante me importa a mí
-la gramática!&mdash;dijo Pardies.&mdash;Todo eso no es
-más que reaccionarismo. ¡Si viniera la nuestra!
-Lo primero que haría es pedir la cabeza de todos
-los gramáticos de Francia. Ya lo creo. <i>¡Pardies!</i>
-No asustarse, señoras. Así me llamo.</p>
-
-<p>&mdash;No le hagan ustedes caso&mdash;replicó riendo
-Rohan y dirigiéndose a Simona y a las señoritas
-de La Bastide.&mdash;Es un embustero.</p>
-
-<p>&mdash;Yo, embustero. Y la cabeza de usted pediría
-también, señor Rohan.</p>
-
-<p>&mdash;Me haría usted un favor&mdash;replicó Rohan&mdash;frotándose
-las manos con su aire meloso y llorón.&mdash;¡La
-vida! ¡Pse! Para mí no tiene valor.
-Tengo fe.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah! ¡Bah! Usted es un impostor príncipe.
-Todos esos escapularios y medallitas los fabrica
-usted en su casa y ni han estado en Jerusalén ni<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span>
-mucho menos. La impostura le viene a usted de
-familia.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué bárbaro!&mdash;exclamó Rohan sonriendo y
-corrigiendo con su sonrisa amable el dicterio.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, bárbaro porque uno dice la verdad. En
-cambio yo tengo sangre de jacobino <i>¡Pardies!</i> Así
-me llamo. ¿Usted sabe cómo me confirmé yo, señor
-de Rohan?</p>
-
-<p>&mdash;No, ¿cómo quiere usted que yo sepa eso, mi
-querido amigo?</p>
-
-<p>&mdash;Pues cuando yo era chico mi padre era del
-Comité de Salvación Pública de Bayona nombrado
-por Monestier del Puy-de-Donce. Un día mi
-padre me dijo: Vamos a comer con el ciudadano
-Monestier. El ciudadano Monestier era un <i>ci devant</i>
-cura. Entramos en su casa y fuímos al comedor.
-En la mesa en vez de manteles había paños
-de los altares y las copas eran cálices.&mdash;¿Qué
-harías tú pequeño ciudadano&mdash;me preguntó Monestier&mdash;si
-yo te dijera que este vino es sangre
-de aristócratas? Lo bebería&mdash;contesté yo. ¡Ya lo
-creo! <i>¡Pardies!</i>&mdash;no asustarse, señoritas. Es mi
-nombre.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué farsante!&mdash;exclamó riendo Rohan.</p>
-
-<p>La diosa Razón del Bazar de París sacó una tabaquera
-y ofreció un polvo de rapé al príncipe.<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span>
-Los dos se atiborraron las narices de tabaco y estornudaron
-con gran satisfacción. Simona, a quien
-no divertían las frases de Pardies tanto como a
-las señoritas de La Bastide, se puso a hablar con
-Rohan.</p>
-
-<p>El príncipe era un hombre un tanto misterioso,
-creía o aparentaba creer en sortilegios, en hechicerías
-y en amuletos.</p>
-
-<p>Simona era también supersticiosa y se dejó llevar
-por el camino a que le arrastraba Rohan.</p>
-
-<p>&mdash;¿Podría usted averiguar mi sino?&mdash;le preguntó
-ella.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y decirme después qué tengo que hacer para
-corregirlo?</p>
-
-<p>&mdash;También.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por las líneas de la mano?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, por las líneas de la mano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ahora mismo?</p>
-
-<p>&mdash;Será mejor mañana&mdash;contestó Rohan con su
-acento llorón&mdash;tengo que recogerme mucho, concentrar
-mi atención y convendría que estuviéramos
-solos.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, venga usted mañana por la tarde a
-mi cuarto.</p>
-
-<p>Al día siguiente el príncipe se presentó en la<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span>
-habitación de Simona con dos libros debajo del
-brazo. Uno era las "Disquisiciones de magia" del
-padre Martín del Río, y el otro el tratado de
-"Arte magnética" del padre Kircher.</p>
-
-<p>El príncipe dejó los libros en un velador y se
-sentó frente a Simona con el sombrero de copa
-sobre las rodillas. Hablaron la aventurera y el
-príncipe largo rato, él siempre muy humilde, muy
-quejumbroso y con gran unción.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted que empecemos?&mdash;preguntó
-Simona.</p>
-
-<p>&mdash;Lo que a usted le parezca.</p>
-
-<p>Simona mostró su mano. El señor de Rohan
-sacó unas grandes antiparras, se las colocó gravemente,
-cogió la mano y la estudió con meticulosidad
-abriendo y cerrando los dedos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué le dice a usted mi mano?&mdash;preguntó
-Simona.</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh, dice tanto!&mdash;exclamó Rohan con un aire
-elegíaco y al mismo tiempo de inspirado.&mdash;Aquí
-se ve todo su pasado. En su comienzo su vida es
-difícil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene
-usted cuidados paternos.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, soy hija natural&mdash;dijo Simona&mdash;no he conocido
-a mi padre.</p>
-
-<p>&mdash;La mano lo dice&mdash;replicó el príncipe.&mdash;Y sin<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>
-embargo usted es de raza aristocrática. Quizás su
-madre era una mujer del pueblo, pero su padre
-era un gran señor. En su infancia hay abandono,
-miserias, enfermedades. En los primeros años de
-su juventud hay un disgusto grande... una fuga
-de casa... después viajes por el extranjero, amores...
-vigilancia... una amistad con una mujer
-rubia.</p>
-
-<p>&mdash;Cierto, todo eso es cierto&mdash;murmuró Simona.&mdash;¿Y
-ahora?</p>
-
-<p>&mdash;¿Ya quiere usted pasar al presente? ¿No quiere
-usted saber siquiera lo que me dice la mano
-de usted de su temperamento?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, sí.</p>
-
-<p>&mdash;Es usted tímida y atrevida, sensible y dura,
-de pasiones fogosas y al mismo tiempo sencilla y
-humilde. No le han querido a usted nunca como
-usted ha querido.</p>
-
-<p>&mdash;Es cierto, es cierto.</p>
-
-<p>&mdash;Está usted hoy en un momento de crisis; hay
-un hombre rubio que la quiere y dos mujeres que
-la odian, una ya vieja y la otra joven... extranjera.
-En este momento está usted en lucha con
-ellas. Las dos intentarán perseguirla y humillarla,
-pero usted podrá librarse de su presencia.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;exclamó Simona.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;La manera más segura sería hacer un largo
-viaje.</p>
-
-<p>&mdash;No, no, no quiero eso. ¿No hay otra solución?</p>
-
-<p>&mdash;Veré.</p>
-
-<p>Rohan tomó el libro del padre Kircher, lo abrió,
-leyó enfáticamente trozos en latín hasta que se detuvo
-en un párrafo marcándolo con el dedo.</p>
-
-<p>&mdash;Será conveniente que se quite usted todas las
-alhajas que lleva y no use usted de hoy en adelante
-más que una mano de coral y un rubí en el dedo
-del corazón.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y venceré al fin a mis enemigas?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. El agua acabará con una de ellas y el fuego
-con la otra.</p>
-
-<p>Simona preguntó al príncipe lo que le debía.</p>
-
-<p>&mdash;Lo que usted quiera&mdash;contestó el señor de Rohan
-volviendo de pronto a su aspecto humilde y
-a su aire quejumbroso.</p>
-
-<p>Simona alargó un luis que el príncipe lo cogió
-con cuidado y se lo metió en el bolsillo. Después el
-hombre largo tomó sus libros debajo del brazo y
-se retiró haciendo una reverencia. Al llegar a la
-calle en su boca había un rictus irónico y en
-ojos una gran alegría que se tradujo ostensiblemente
-en que de pronto el mago se frotó las manos
-con gran satisfacción.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p>
-
-<p>Simona se puso a pensar acerca de lo que le
-había dicho el príncipe quiromántico y quedó convencida
-de que era verdad. Ella era atrevida y tímida,
-humilde y orgullosa, dura y de corazón blando,
-¿quién no se cree un producto excepcional y
-extraordinario de la naturaleza con todas las más
-nobles facultades y todas las más extrañas contradicciones?
-El príncipe quiromántico le había
-dicho la verdad. Nadie le había querido, existían
-dos mujeres que la odiaban. Todo esto le pareció
-axiomático.</p>
-
-<p>Las palabras del misterioso Rohan fueron produciendo
-en ella una gran agitación y llegaron a
-traducirse en hechos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_VI">VI.<br />
-LA VENGANZA DE SIMONA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Simona</span> Busquet vivió durante algún tiempo anhelante
-pensando en las predicciones de Rohan.
-Un día el cartero le llevó un pliego que le
-puso en un estado de intranquilidad y de nerviosidad
-grande.</p>
-
-<p>A la mañana siguiente Simona se presentó en
-Gastizar, llamó y dijo a Ichteben a voz en grito que
-comunicara a la señora de Aristy que León, su
-hijo, acababa de ahorcarse en París. La noticia era
-cierta y llevó la desolación a Gastizar. Simona la
-había sabido por una carta de Carolina.</p>
-
-<p>La resignación y el recogimiento de las dos familias,
-la de Gastizar y la de Chimista, irritaron
-a Simona, que pensó en llevar más lejos su venganza.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span></p>
-
-<p>Simona, que era tan vengativa como envidiosa,
-había comenzado a odiar a una de las señoritas
-del Bazar y llegó a quitarle su amante Marcos,
-el gascón.</p>
-
-<p>Marcos se dejaba querer por las dos mujeres;
-la Simona le daba dinero, y el mozo, en vez de
-trabajar, se pasaba el día en la taberna bebiendo
-y jugando.</p>
-
-<p>Como la sed de venganza era en Simona inextinguible,
-pidió a Marcos que, como una prueba
-de cariño a ella, incendiase Chimista, la casa donde
-vivía Dolores Malpica. El fuego acabará con
-una de ellas le había dicho Rohan. Simona pintó a
-su amante una serie de ultrajes supuestos que le
-había inferido a ella la española.</p>
-
-<p>Marcos sabía que el negocio era grave, pero dijo
-que lo estudiaría.</p>
-
-<p>Había en la parte de atrás de Chimista dos
-almiares grandes de heno y otros dos de helecho.
-Un día de viento sur uno de los montones comenzó
-a arder con violencia; el fuego se comunicó a
-los otros tres y el viento llevó las llamas hacia la
-casa.</p>
-
-<p>Afortunadamente, Fanchon y Praschcu se dieron
-cuenta del siniestro, llamaron a otros vecinos
-y entre todos a palos apagaron el fuego.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span></p>
-
-<p>Se sospechó, sin pruebas, que había sido Marcos
-el gascón. Ichteben, el criado de Gastizar, le
-había visto pasar a Marcos por el puente hacia
-el pueblo dos horas antes del siniestro. Naturalmente,
-el autor material del crimen no podía
-ser él.</p>
-
-<p>Marcos fué detenido, negó toda participación
-en el hecho y fué puesto en libertad. Marcos siguió
-llevando su vida de holgazanería y de crápula,
-sacando siempre dinero a la Simona cada
-vez en mayores cantidades.</p>
-
-<p>En esto un día Mandharra, el chico del caserío
-de Gros Jean, el tramposo, vino con Praschcu, el
-marido de Fanchon, al pueblo y se dirigió al Juzgado.</p>
-
-<p>Praschcu contó al juez que el chico aquel había
-sido el que había pegado fuego a los montones de
-hierba seca de Chimista, instigado por Marcos el
-gascón.</p>
-
-<p>Mandharra declaró que era verdad que Marcos
-le había impulsado a que encendiera la hierba, y
-para darle ánimo le había emborrachado con
-aguardiente.</p>
-
-<p>Marcos volvió a ser preso y negó todo lo que
-decía el muchacho; pero los indicios se acumulaban
-contra él.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p>
-
-<p>Simona, pensando sin duda que la venganza la
-había llevado demasiado lejos y que las predicciones
-de Rohan no se cumplían al pie de la letra,
-huyó del pueblo.</p>
-
-<p>Marcos el gascón preguntó en la cárcel varias
-veces por ella, y al saber que se había escapado,
-contó al juez lo ocurrido y denunció a Simona
-como instigadora del crimen.</p>
-
-<p>La Simona fué presa, y Marcos y ella fueron
-poco después condenados a presidio.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="IV_VII">VII.<br />
-NAVIDAD TRISTE</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Es</span> el día de Navidad. Llueve; el tiempo está negro,
-la niebla espesa da una opacidad gris al
-ambiente. El campo encharcado, lleno de cañas secas
-de maíz, se va convirtiendo en lago turbio,
-que burbujea al caer las gruesas gotas de agua.</p>
-
-<p>El cielo de plomo se aclara a veces, toma otras
-un color de tinta, brilla el resplandor del sol
-en un monte y con tono claro y con tono oscuro
-llueve con idéntica furia.</p>
-
-<p>En el salón de Gastizar, al anochecer, hay un
-aire de pesadez y de tristeza. Las dos señoritas de
-Belsunce se aburren más que nunca; la una lee, la
-otra hace una labor; madama de Aristy dice a las
-muchachas cada cuarto de hora:</p>
-
-<p>&mdash;Id a la guardilla y ved si hay goteras.</p>
-
-<p>Las muchachas suben, riendo, al desván. Las<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span>
-goteras cantan suavemente en los barreños como
-si fueran martillos que golpearan un tímpano. El
-desván de Gastizar muestra su armazón de vigas
-fuertes como el esqueleto de un animal gigantesco.</p>
-
-<p>En el suelo de madera, carcomido y combado,
-se ven montones de maíz; calabazas largas, redondas,
-surcadas, rugosas, unas rosadas de un color de
-carne, otras verdes como la piel de un cocodrilo;
-ajos muy blancos, cebollas irisadas y montones de
-heno que exhalan un olor exquisito. Por la claraboya
-abierta entra el aire húmedo y templado de
-la tarde, y se ve cruzar la lluvia en líneas brillantes
-que parecen varillas de acero. El viento se divierte
-en jugar por entre los pilares de madera que
-sostienen el tejado, hace por los rincones hu... hu...
-como un buen gnomo que soplara en un caracol, y
-arrastra por el suelo briznas de hierba y de helecho
-seco.</p>
-
-<p>En el salón, en la chimenea, al lado del fuego
-están Miguel Aristy, Darracq y el caballero de
-Larresore.</p>
-
-<p>Aristy está melancólico y mira ensimismado las
-llamas. Larresore se exalta en frío contra un enemigo
-al que, desde hace algún tiempo, tiene como
-blanco de sus tiros: el Romanticismo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span></p>
-
-<p>Larresore se considera adversario personal de
-Hernani, de Víctor Hugo, queriendo convencerse
-de que este drama está muy mal, aunque se entusiasma
-con sus versos. Llama a los románticos
-Erostratos, iconoclastas, bárbaros enemigos de la
-tradición latina.</p>
-
-<p>La señorita vieja de Belsunce, otras veces le
-lleva la corriente y habla con sorna de las mujeres
-pálidas, lánguidas y tristes.</p>
-
-<p>Esta noche tradicional hay como un ambiente
-de frío y de tristeza en la casa. El señor de Aviraneta,
-que otras veces va de visita a Gastizar,
-hoy no ha aparecido. Se dice que el joven Lacy
-está tan grave, que no pasará del día.</p>
-
-<p>El caballero de Larresore, a quien molesta este
-aire glacial, ha hecho esfuerzos inútiles para animar
-la conversación; ha hablado durante largo
-tiempo del camino de hierro entre Liverpool y
-Manchester, de la inauguración de esta vía y del
-accidente ocurrido al duque de Wellington.</p>
-
-<p>En vista de que el asunto no templa los ánimos,
-se ha decidido a bromear sobre los sansimonianos.
-Tampoco ha tenido éxito.</p>
-
-<p>La criada anuncia que la cena está en la mesa,
-y van todos al comedor.</p>
-
-<p>Madama de Aristy pálida, se acuerda de su<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>
-hijo León y no prueba bocado. Miguel está ensimismado
-y triste, las señoritas de Belsunce de
-mal humor, Darracq indiferente. Larresore hace
-esfuerzos para conservar su indiferencia jovial.</p>
-
-<p>Después de cenar, Larresore y Miguel se sientan
-cerca de la lumbre. Se oye el agua que golpea
-en los cristales y que entra por la chimenea a
-caer chirriando en las brasas.</p>
-
-<p>Y luego a lo lejos, en el campo, se escuchan
-voces roncas que cantan un villancico.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted no se pregunta a veces&mdash;dice Miguel
-a Larresore&mdash;si la vida no será una estupidez?</p>
-
-<p>El caballero se queda mirando al fuego, y murmura:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y para qué hacerse esa pregunta?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; es la verdad, tiene usted razón. ¿Para
-qué?</p>
-
-<p>Y los dos hombres callan y sigue oyéndose el
-azotar de la lluvia en los cristales y el murmullo
-del viento en los árboles.</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak">LIBRO QUINTO<br />
-LA DECADENCIA<br />
-<span class="small">DEL</span><br />
-DRAGÓN DE GASTIZAR</h2></div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h3 id="V_I">I.<br />
-LA CAZA DEL DRAGÓN</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Otra</span> porción de desdichas tan grandes como
-las anteriores presidió el dragón de la veleta
-de Gastizar por aquel tiempo; las luchas de
-unas elecciones donde hubo heridos, los estragos
-del cólera, la muerte de Lacy, el suicidio de Grashi
-Erua, la loca, que un día se la encontró flotando
-sobre un estanque de agua clara.</p>
-
-<p>La gente del pueblo, y sobre todo la gente de
-Gastizar, llegó a mirar a la veleta con cierta preocupación
-mal disimulada.</p>
-
-<p>Ciertamente no era fácil que un artefacto de
-hierro influyera en la existencia de los hombres.
-Pero ¿quién sabe?</p>
-
-<p>Al llegar el otoño la veleta de Gastizar adqui<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>rió
-nueva vida con los vientos fuertes del equinoccio.</p>
-
-<p>Los habitantes de Gastizar, que antes no se fijaban
-en si chirriaba o no, comenzaron a intranquilizarse
-con su ruido. Madama Aristy no podía
-dormir; la señorita de Belsunce, tampoco.</p>
-
-<p>Entonces se decidieron a quitar la veleta. Fueron
-Miguel, Darracq e Ichteben, como quien va a
-una caza peligrosa, una mañana antes de que nadie
-se hubiese levantado. Alicia les sintió en el desván
-y se unió a la expedición. ¿No era ella la descendiente
-de Gastón de Belsunce, que había matado
-al dragón de la cueva de San Pedro de Irube en
-el siglo XV?</p>
-
-<p>Miguel tomó toda clase de precauciones al salir
-por el tragaluz; se ató una cuerda a la cintura
-y se dispuso a salir al tejado.</p>
-
-<p>&mdash;A ver si nos hace una herejía este viejo dragón&mdash;dijo
-Miguel riendo.</p>
-
-<p>Al arrancar la veleta, Miguel se desolló una
-mano y estuvo a punto de resbalarse. Darracq le
-ayudó, y entre los tres hombres y Alicia metieron
-el artefacto en la guardilla. Estuvieron contemplando
-el dragón largo tiempo.</p>
-
-<p>&mdash;Pobre viejo.&mdash;Ya no podrás amenazar con
-tus garras al cielo&mdash;dijo Miguel como quien pro<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>nuncia
-una oración fúnebre;&mdash;ya no podrás comunicarte
-con aquella vieja lechuza parda que se
-acercaba a ti durante el crepúsculo. Ya no sonará
-tu áspero chirrido por las noches. ¡Condenado a
-prisión perpetua entre unas botellas vacías y unas
-sombrereras, has perdido tu virulencia, pobre dragón
-de la veleta de Gastizar! ¡Adiós! ¡Adiós!</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="V_II">II.<br />
-LOS AMORES DE MARGARITA</h3></div>
-
-
-<p>A la primera noticia buena se respiró en Gastizar.</p>
-
-<p>Esta fué la boda de Margarita Tilly y Sampau.
-Sampau había ido con mucha asiduidad a visitar
-a su amigo Lacy durante el invierno.</p>
-
-<p>Sampau estaba de guarnición en San Sebastián
-y le daban a menudo permiso para pasar la frontera.</p>
-
-<p>Sampau visitaba a Lacy e iba con frecuencia a
-Gastizar a ver a Margarita, a quien había conocido
-de chico.</p>
-
-<p>Sampau era un muchacho guapo que estaba muy
-convencido de su guapeza.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span></p>
-
-<p>Era alto, moreno; llevaba bigote y patillas cortas.</p>
-
-<p>La primera vez que se volvieron a ver en Chimista,
-Margarita y Sampau, no tuvieron una entrevista
-afectuosa.</p>
-
-<p>No se habían encontrado desde la infancia.</p>
-
-<p>Margarita había decidido no presentarse a él.
-Sampau quería verla y se lo dijo a Dolores Malpica.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien; iremos nosotros a verla&mdash;dijo Dolores,
-y en compañía del militar fué al piso bajo
-de Chimista, a casa de Fanchon, donde apareció
-Margarita, un poco pálida y con un aire desdeñoso.</p>
-
-<p>&mdash;Margarita, ya no quieres ni verme&mdash;le dijo
-Sampau.</p>
-
-<p>&mdash;No sabía que estuvieras aquí&mdash;replicó ella con
-marcada frialdad.</p>
-
-<p>---He venido a ver a este pobre Lacy, que está
-tan enfermo.</p>
-
-<p>Habló Sampau de la enfermedad de Lacy y de
-las pocas probabilidades que tenía de curación.</p>
-
-<p>Al despedirle Sampau dijo a Dolores con cierta
-petulancia:</p>
-
-<p>&mdash;Celebro que Margarita tenga la amistad de
-usted. Le conviene; porque yo creo que esta cabecita
-rubia está un poco destornillada.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p>
-
-<p>Margarita hizo un gesto de desdén.</p>
-
-<p>&mdash;No, no&mdash;replicó Dolores.&mdash;Todos dicen ustedes
-lo mismo, y no es cierto. Aquí yo sólo sé lo
-que trabaja, y lo bien que lo lleva todo, y lo tranquila
-y lo juiciosa que es. Ha de ser una ama de
-casa excelente.</p>
-
-<p>Margarita se ruborizó.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted lo cree así? Pues así será. Yo me figuro
-a Margarita montada a caballo, con un látigo
-en la mano, pero no cosiendo ni zurciendo.</p>
-
-<p>&mdash;Pues no es así. Es una muchacha hacendosa,
-sencilla...</p>
-
-<p>&mdash;Sí, será cierto&mdash;dijo Sampau;&mdash;pero no se
-puede negar que es una desagradecida. Ya ve usted
-cómo me ha recibido a mí. Pues sepa usted
-que yo la he llevado en brazos cuando era niña.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Cuando ella nació yo tendría ocho años.
-La recuerdo en la cuna, que parecía una muñeca.
-Luego más tarde solíamos jugar con ella su hermano,
-Lacy y yo, y como yo era el mayor y el más
-alto y la llevaba en hombros, era el preferido. Entonces
-creo que estaba algo enamorada de mí.</p>
-
-<p>&mdash;Yo de ti&mdash;exclamó Margarita.&mdash;¡Majadero!
-¡Fatuo! Eso es lo que debes creer tú, que todas
-las mujeres se enamoran de ti.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span></p>
-
-<p>Sampau hizo la observación de que Margarita
-estaba más guapa cuando se incomodaba, y ella
-cambió de aspecto y tomó una actitud desdeñosa.</p>
-
-<p>Las visitas de Sampau menudearon.</p>
-
-<p>Cuando el médico dijo que la enfermedad de
-Lacy se acercaba al desenlace, Sampau pidió una
-licencia de un mes y se estableció en la Veleta de
-Ustariz. Allí asistió en su enfermedad a su amigo,
-hasta que éste un anochecer murió dulcemente
-sin darse cuenta.</p>
-
-<p>El dolor de ver morir a Lacy acercó más a
-Margarita y a Sampau.</p>
-
-<p>A medida que Sampau y Margarita se entendían,
-él se hacía menos fatuo y ella menos desdeñosa.</p>
-
-<p>Sampau tomó como protectora a Dolores.</p>
-
-<p>&mdash;Yo quisiera&mdash;le dijo un día&mdash;saber los sentimientos
-de Margarita por mí.</p>
-
-<p>&mdash;Yo creo que le tiene a usted afecto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted cree que no me rechazará?</p>
-
-<p>&mdash;Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella.</p>
-
-<p>Dolores llamó a Margarita y se sentaron los
-tres en el cenador de la huerta. Hacía un día de
-Abril de sol hermoso y de cielo claro.</p>
-
-<p>Dolores contó a Margarita lo que habían hablado
-ella y Sampau.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Sí, Margarita&mdash;dijo Sampau;&mdash;yo te quiero.</p>
-
-<p>&mdash;Yo también te quiero&mdash;repuso ella.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces ¿estás dispuesta a seguirme, a ser
-mi mujer?</p>
-
-<p>&mdash;No quisiera marcharme de aquí. ¡Aquí he
-vivido tan feliz! Tengo tanto cariño a todos los
-de esta casa&mdash;y Margarita cogió la mano de Dolores
-y la miró con ansiedad.</p>
-
-<p>&mdash;Ya vendrás alguna vez&mdash;dijo Dolores;&mdash;tu
-marido te traerá aquí.</p>
-
-<p>&mdash;Cuando ella quiera. Ahora no falta más que
-una cosa: fijar el día de la boda.</p>
-
-<p>Al despedirse Sampau abrió los brazos, Margarita
-vaciló un momento, pero se echó en ellos
-y se desasió después palpitante y enamorada.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="V_III">III.<br />
-UNA SOMBRA DE OTRA ÉPOCA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> proyectarse la boda de Sampau con Margarita
-se pensó en comunicárselo a las respectivas
-familias y a los amigos.</p>
-
-<p>Margarita, por lo que dijo, estaba reñida con
-sus tíos; sus hermanos, que vivían en Jersey, eran
-pequeños, y únicamente tenía la abuela paterna en
-un pueblecito cerca de París. Esta señora se titulaba
-la condesa de Tilly. Margarita le dió parte
-de su boda suponiendo que ya estaba bastante
-vieja y que no vendría; pero un día le avisaron
-que fuera a la posada de la Veleta porque acababa
-de llegar su abuela. Efectivamente, esta señora
-bajó de la diligencia en compañía de una criada
-vieja con una cofia blanca.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span></p>
-
-<p>La condesa de Tilly era una señora pequeña
-de estatura, sonrosada, con el pelo blanco y los
-ojos muy azules, que debía haber sido muy bonita.</p>
-
-<p>La condesa se quejó a su nieta de las pocas comodidades
-de la posada.</p>
-
-<p>Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la
-abuela se opuso a ir a una casa de campo lejana.</p>
-
-<p>Miguel Aristy supo la perplejidad en que se
-encontraba Margarita, y ofreció una habitación
-en Gastizar para la anciana señora.</p>
-
-<p>&mdash;Que venga a casa&mdash;dijo;&mdash;la trataremos lo
-mejor que podamos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh, muchas gracias!... No sé si ella querrá.</p>
-
-<p>&mdash;Se lo propondremos.</p>
-
-<p>Aristy fué a visitar a la condesa y quedaron los
-dos muy amigos. La abuela coqueteó con Miguel
-como si tuviera veinte años.</p>
-
-<p>Miguel se mostró con ella galante y un poco
-libertino. Fingió, sin esfuerzo, que era de la misma
-edad que la condesa, lo que a ella le divirtió
-muchísimo.</p>
-
-<p>Después de un largo rato de conversación se
-decidió que la anciana señora y su criada marcharan
-inmediatamente a Gastizar. La condesa se instaló
-sin escrúpulos ni ceremonias.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p>
-
-<p>Tenía una gracia para aceptar completamente
-del antiguo régimen.</p>
-
-<p>La criada de la condesa era el polo contrario de
-su ama. Era difícil encontrar una vieja más agria,
-más malhumorada, más suspicaz, más tacaña que
-la de la cofia blanca. Al día siguiente de llegar,
-todos los criados de Gastizar la odiaban fervorosamente.
-A pesar de esto, ella les dominaba porque
-era astuta y sagaz.</p>
-
-<p>Madama de Aristy y las señoritas de Belsunce
-quedaron entusiasmadas con la condesa. El caballero
-de Larresore le dedicó unas sonrisas y unas
-galanterías del más auténtico Versalles.</p>
-
-<p>&mdash;Condesa&mdash;le decía el caballero de Larresore
-con un aire inspirado y sentimental;&mdash;¡en qué
-época nos encontramos! Nosotros, que hemos conocido
-a María Antonieta en Versalles.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no, yo no&mdash;decía la condesa,&mdash;yo no soy
-tan vieja; entonces era muy pequeña. Yo recuerdo
-que me puse de largo cuando guillotinaron a
-Luis XVI.</p>
-
-<p>&mdash;Y lo sentiría usted, condesa, como algo
-atroz.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; pero teníamos otras muchas cosas en que
-pensar.</p>
-
-<p>La vieja señora no tenía ninguna simpatía por<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span>
-el caballero de Larresore, porque éste siempre le
-estaba hablando, según ella, de su edad.</p>
-
-<p>&mdash;No sé para qué me recuerda este caballero
-tiempos pasados&mdash;decía la condesa.&mdash;Es una impertinencia.
-Otros también tienen años.</p>
-
-<p>Miguel le daba la razón, y le decía:</p>
-
-<p>&mdash;Usted siempre parecerá joven, condesa.</p>
-
-<p>Y ella al oirle sonreía entre burlona y satisfecha.</p>
-
-<p>La condesa había llevado una vida accidentada;
-había conocido el tiempo de Luis XVI y los horrores
-de la Revolución, el Directorio, el Imperio
-y la Restauración. Al parecer había sido una mujer
-muy solicitada por los hombres, y le quedaba
-la facultad de seducir a la gente sin proponérselo.</p>
-
-<p>A Miguel Aristy le tomó como confidente y le
-contaba su vida y hasta sus amores.</p>
-
-<p>&mdash;Pensar que me han perseguido Mirabeau,
-Barras, Talleyrand. ¡Uf! ¡Qué cosas ha visto
-una! ¡Qué horrores! ¡Qué disparates!</p>
-
-<p>Y unía las manos y cerraba los ojos como si
-sintiera el vértigo con los recuerdos.</p>
-
-<p>Otras veces preguntaba:</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién fué el que decretó el culto del Ser
-Supremo? ¿Napoleón? No. Fué el señor de Robespierre.
-¿Verdad? Sí, fué el señor de Robespierre.
-Recuerdo que aquel día tuvimos que vender<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>
-un traje mío y otro de mi madre para comer. Esto
-fué cuando la batalla de Waterloo. No... Después...
-No, no.</p>
-
-<p>La condesa de Tilly no era capaz de detenerse
-en una cosa o en una idea.</p>
-
-<p>&mdash;Perdonadme si digo alguna vez tonterías&mdash;decía.&mdash;¡La
-vida me parece tan larga! Estoy deseando
-morir. ¿Usted cree que habrá alma, Miguel?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; supongo que sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero alma inmortal?</p>
-
-<p>&mdash;No sé, eso no sé; ni creo que lo sepa con
-certeza nadie.</p>
-
-<p>&mdash;Sabe usted que yo he sido atea en otra época
-y que leí libros de Voltaire y de Holbach. ¡Qué
-horror, verdad!</p>
-
-<p>&mdash;Sí, un completo horror.</p>
-
-<p>&mdash;Ahora soy completamente creyente, como un
-niño. ¿Habrá cielo, Miguel? ¿Eh? ¡Si no, qué vamos
-a hacer en la tierra, en un sitio tan frío, tan
-húmedo!</p>
-
-<p>&mdash;No sé qué podremos hacer. La tierra es cosa
-poco cómoda, indudablemente.</p>
-
-<p>Margarita iba con frecuencia a Gastizar y trataba
-a su abuela como a una niña; le acostaba y
-le reñía.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span></p>
-
-<p>Se fijó el día de la boda de Margarita para
-Mayo. La ceremonia se verificó con gran rumbo.
-La condesa de Tilly se presentó ante el altar vestida
-de color de rosa y llena de joyas, y estaba tan
-bien con sus cabellos blancos y sus ojos azules,
-que produjo el entusiasmo de todos.</p>
-
-<p>Al salir de la iglesia había dos coches en la carretera;
-en uno entraron Sampau y Margarita, en
-el otro, la condesa de Tilly con su criada vieja de
-la cofia blanca.</p>
-
-<p>Larresore y Miguel besaron la mano de la condesa.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué lástima que sea tan vieja, Miguel!&mdash;exclamó
-ella, con los ojos azules llenos de lágrimas.</p>
-
-<p>&mdash;Siempre será usted encantadora&mdash;contestó él,
-besándole la mano.</p>
-
-<p>Y los dos coches tomaron el camino de Bayona,
-llevando uno la juventud y el amor, el otro la
-vejez y los desengaños.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="V_IV">IV.<br />
-EN CHALANTA</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">La</span> víspera del día de San Juan, Sampau y Margarita,
-ya casados, se presentaron en Ustariz.</p>
-
-<p>Miguel les convidó a ir a Cambó, donde había
-fiesta, y fueron en un coche grande todos los de
-Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe
-llevaba como caballero al joven Larralde-Mauleón,
-que la galanteaba, y Alicia Belsunce a un
-vizconde gascón, el vizconde de Florac que le había
-empezado a hacer la corte.</p>
-
-<p>Había feria en Cambó. Se habían reunido una
-porción de vendedores ambulantes con coches y
-puestos con cuchillos, azadas, objetos de cocina
-y ferretería, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos
-al mercado.</p>
-
-<p>Hubo por la mañana gran partido de pelota,
-por la tarde vísperas y después baile.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span></p>
-
-<p>En el quiosco de la música, hecho con unos toneles
-y adornado con ramas, se tocó la música
-hasta las doce de la noche.</p>
-
-<p>A esta hora los bailarines se fueron a beber
-agua de la fuente de San Juan y se vió todo el
-monte iluminado con hogueras.</p>
-
-<p>Al día siguiente se decidió volver, por la tarde,
-a Ustariz. Miguel propuso tomar dos lanchas grandes
-y embarcarse en ellas.</p>
-
-<p>El día era caluroso, de viento Sur; no corría
-una ráfaga de aire y las hojas parecían petrificadas
-en la calma del ambiente.</p>
-
-<p>Bajaron a la orilla del río.</p>
-
-<p>En la proa de la primera lancha se puso Manich,
-un virtuoso del acordeón; luego se fueron instalando
-los demás.</p>
-
-<p>El acordeonista fué trenzando y destrenzando
-sus melodías banales y extrayéndolas del pulmón
-de su instrumento.</p>
-
-<p>Las dos <i>chalantas</i> comenzaron a deslizarse despacio
-por el río claro.</p>
-
-<p>La tarde era espléndida, de una tranquilidad
-admirable; el cielo, azul puro y tranquilo.</p>
-
-<p>Margarita y Sampau hablaban, ella llevaba una
-rama por la superficie del agua; Alicia y el vizconde
-de Florac, Fernanda Luxe y el joven La<span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>rralde
-parecían dispuestos a cantar el eterno dúo
-de amor, tan viejo siempre y siempre tan nuevo.
-Dolores cuidaba de sus hijos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y tú?&mdash;preguntó Larresore a Miguel&mdash;¿No
-te sientes tentado a imitar a esos enamorados?</p>
-
-<p>&mdash;Ya no me quieren&mdash;contestó Miguel, y recitó
-estos versos de Voltaire a madama du Chatelet:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1">Si vous voulez que j'aime encore</div>
-<div class="line">Rendez-mois l'age des amours;</div>
-<div class="line">Au crépuscule de mes jours</div>
-<div class="line">Rejoignez, s'il se peut, l'aurore</div>
-<div class="line">Des beaux lieux ou le dieu du vin</div>
-<div class="line">Avec l'Amour tient son empire</div>
-<div class="line">Le Temps qui me prend par la main</div>
-<div class="line">M'avertit que je me retire</div>
-<div class="line">De son inflexible rigueur</div>
-<div class="line">Tirons au moins quelque avantage</div>
-<div class="line">Qui n'a pas l'esprit de son age</div>
-<div class="line">De son age a tout le malheur.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Al anochecer llegaron las chalantas frente a
-Gastizar, atracaron al lado del árbol que salía sobre
-el río y fueron saltando todos a tierra.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="EPILOGO">EPÍLOGO</h3></div>
-
-
-<p><span class="smcap">Un</span> día de primavera en que estaban en el manzanal
-de Gastizar madama Aristy, las señoritas
-de Belsunce, madama Luxe, Larresore y Darracq,
-Miguel dijo:</p>
-
-<p>&mdash;La verdad es que falta algo a nuestra torre
-de Gastizar sin la veleta. Yo siento la nostalgia de
-verla. Si pusiéramos de nuevo el dragón ¿qué les
-parecería a ustedes?</p>
-
-<p>&mdash;¿Al dragón?&mdash;dijo con asombro la señorita
-de Belsunce.</p>
-
-<p>&mdash;¡Poner la veleta!&mdash;exclamó madama Aristy
-casi colérica.&mdash;¡Qué disparate! ¡Jamás!</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! ¿pero tú crees...?</p>
-
-<p>&mdash;Yo no creo nada; pero lo que te digo es que
-no se pone la veleta.</p>
-
-<p>Todos afirmaron que era una imprudencia, una
-provocación instalar la veleta, y madama de Aris<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>ty
-llegó a asegurar que si se hablaba más de esto
-cogería el artefacto de hierro y lo echaría al río.</p>
-
-<p>La gente del pueblo estuvo también de acuerdo.
-Era una imprudencia el poner el malvado y nefasto
-dragón en la torre.</p>
-
-<p>Aquel viejo basilisco de la veleta de Gastizar
-les parecía a todos un auxiliar del destino adverso,
-una de aquellas esfinges de una fauna desaparecida
-que no anunciaban más que calamidades.</p>
-
-<p>En Gastizar y en Ustariz estaban contentos después
-de la caza del dragón. Ya no pasaba nada en
-el pueblo. La rueda de la existencia oscura seguía
-girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer,
-vivir, morir...</p>
-
-<p>A veces algún romántico se preguntaba si mejor
-que la inmovilidad, que la vida monótona e igual,
-no sería tener una veleta inquietante y perturbadora
-como la de Gastizar en el torreón de su casa.</p>
-
-<p class="p2 i2"><i>Madrid, Febrero 1918.</i></p>
-
-
-<p class="p4 center">FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<h2>ÍNDICE</h2>
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice">
-
-<tr>
- <td class="tdr" colspan="3">Páginas.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro primero.&mdash;El eterno conspirador</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_I">Don Eugenio</a></td>
-<td class="tdrb">11</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_II">Entrevista con Mina</a></td>
-<td class="tdrb">17</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_III">Conversación con Aguado</a></td>
-<td class="tdrb">25</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_IV">La tinta simpática</a></td>
-<td class="tdrb">33</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_V">Preparativos</a></td>
-<td class="tdrb">41</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VI">Las ideas de Tilly</a></td>
-<td class="tdrb">45</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VII">Viaje a San Sebastián</a></td>
-<td class="tdrb">53</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VIII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VIII">Fracasa el proyecto</a></td>
-<td class="tdrb">67</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IX.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_IX">Aviraneta despechado</a></td>
-<td class="tdrb">75</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">X.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_X">Orden de marcha</a></td>
-<td class="tdrb">79</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">XI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_XI">Los realistas</a></td>
-<td class="tdrb">83</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro segundo.&mdash;En Ustariz</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_I">Aviraneta y Tilly</a></td>
-<td class="tdrb">90</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_II">Malos vientos</a></td>
-<td class="tdrb">93</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_III">Las maniobras de Choribide</a></td>
-<td class="tdrb">97</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_IV">Margarita</a></td>
-<td class="tdrb">107</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_V">El niño</a></td>
-<td class="tdrb">115</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_VI">Choribide y Aviraneta</a></td>
-<td class="tdrb">125</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro tercero.&mdash;El diario de Lacy</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_I">El soñador</a></td>
-<td class="tdrb">135</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_II">La entrada en España</a></td>
-<td class="tdrb">139</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_III">El leñador de Antula</a></td>
-<td class="tdrb">155</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_IV">Ataque de Juanito</a></td>
-<td class="tdrb">165<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_V">Chapalangarra</a></td>
-<td class="tdrb">167</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_VI">Noticias de Mina</a></td>
-<td class="tdrb">173</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_VII">En el fortín de Vera</a></td>
-<td class="tdrb">179</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VIII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_VIII">Los realistas</a></td>
-<td class="tdrb">185</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IX.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_IX">En el pueblo</a></td>
-<td class="tdrb">191</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">X.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_X">Por la tarde</a></td>
-<td class="tdrb">195</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">XI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_XI">Fin del diario de Lacy</a></td>
-<td class="tdrb">205</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">XII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_XII">Los héroes de la aventura</a></td>
-<td class="tdrb">213</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">XIII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_XIII">Los resultados de la empresa</a></td>
-<td class="tdrb">219</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro cuarto.&mdash;Bajo la influencia nefasta del<br />dragón de Gastizar</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_I">El tío Juan</a></td>
-<td class="tdrb">225</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_II">El veranillo de San Martín</a></td>
-<td class="tdrb">233</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_III">La familia de Chimista</a></td>
-<td class="tdrb">241</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_IV">Simona Busquet</a></td>
-<td class="tdrb">245</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_V">El príncipe quiromántico</a></td>
-<td class="tdrb">249</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_VI">La venganza de Simona</a></td>
-<td class="tdrb">259</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#IV_VII">Navidad triste</a></td>
-<td class="tdrb">263</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc smcap" colspan="2">Libro quinto.&mdash;La decadencia del dragón de<br />Gastizar</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#V_I">La caza del dragón</a></td>
-<td class="tdrb">269</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#V_II">Los amores de Margarita</a></td>
-<td class="tdrb">273</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#V_III">Una sombra de otra época</a></td>
-<td class="tdrb">279</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#V_IV">La chalanta</a></td>
-<td class="tdrb">285</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">&nbsp;</td>
-<td class="tdl"><a href="#EPILOGO">Epílogo</a></td>
-<td class="tdrb">289</td>
-</tr>
-
-</table>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-
-
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-
-<pre>
-
-
-
-
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-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***
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