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-The Project Gutenberg EBook of La cruz en América, by Adan Quiroga
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-
-Title: La cruz en América
-
-Author: Adan Quiroga
-
-Release Date: January 28, 2017 [EBook #54064]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CRUZ EN AMÉRICA ***
-
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-
-Produced by Adrian Mastronardi, Paul Marshall and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive/American Libraries.)
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- Nota del Transcriptor:
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
- El símbolo ^ indica letras en sobrescrito.
- Ilustraciones en medio de párrafos fueron movidas al principio
- o final del párrafo.
- Las notas fueron movidas al final de cada capítulo.
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las
- minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas
- de tamaño normal.
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- ADAN QUIROGA
-
- LA CRUZ EN AMÉRICA
-
- (ARQUEOLOGÍA ARGENTINA)
-
- CON UN PRÓLOGO
-
- DE SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A.
- _Catedrático de Arqueología Americana
- en la Facultad de Filsofía y Letras
- de Buenos Aires_
-
- _Encargado de la Sección Lingüística
- en el Museo de La Plata, etc., etc._
-
- [Ilustración]
-
- BUENOS AIRES
- IMPRENTA Y LITOGRAFÍA «LA BUENOS AIRES»
-
- 260—BOLÍVAR—260
- MCMI
-
-
-
-
-[Ilustración: URNA FUNERARIA—AMAICHA, ENTRADA A TAFÍ Colección Quiroga]
-
-
-
-
- AL
- TENIENTE GENERAL BARTOLOMÉ MITRE
- _26 de Junio de 1901._
-
-
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-
-PRÓLOGO
-
-
-La _Cruz en América_ es el título que el Dr. Quiroga dá á su nueva
-contribución al estudio de las antigüedades de nuestro continente. A
-tal punto nos hemos empapado en la idea de que la Cruz empezó y acabó
-en el Calvario, que basta nombrarla para que se suponga que se trata
-de descubrir ó comprobar la visita de algún apóstol en el primer siglo
-de nuestra era. Pero nada de esto sucede; el símbolo, materia de este
-libro, es algo muy americano, que si procedió de algún otro continente,
-debió ser cientos y miles de años antes de producirse la solución de
-continuidad que separó las tres Américas del resto del mundo.
-
-En su trabajo, el autor, dándonos en resumen las opiniones más
-autorizadas al respecto, le niega el origen cristiano á la Cruz en
-América; pero esto no quiere decir que ella haya sido inventada en
-nuestro continente, ni tampoco que en el Norte y en el Sur procedan
-de dos invenciones sin conexión alguna entre sí. El malogrado doctor
-Brinton abogaba por la independencia de origen de todos los signos
-simbólicos y demás que se encuentran en los diferentes países; pero
-Wilson[1] opina lo contrario, y si bien concede que la Cruz es una
-cosa tan sencilla, que en todas partes y en todas las épocas ha podido
-descubrirse de nuevo, se niega á admitirlo en el caso _del swuastica_
-espiral, meandros, griegas y otros adornos por el estilo. Si todo
-esto más bien debió entrar de afuera por migración, igual suerte pudo
-caberle á la Cruz; y es muy significativo que tanto en el Norte como
-en el Sur sea la Cruz un atributo ó un símbolo de los dioses de las
-lluvias y de la atmósfera, en una palabra, uno de esos signos de una
-lengua sagrada que venimos rastreando en todo el mundo.
-
-Ahora bien; si la Cruz en América simboliza algo que pertenece á
-ciertos dioses de su mitología, igual cosa podemos decir de la Cruz en
-el Viejo Mundo. Entre las naciones de la antigüedad (los Cartagineses
-por ejemplo) á los prisioneros, y á los criminales se les daba muerte
-en Cruz, víctimas por sustitución en los sacrificios humanos. Esta
-sustitución degeneró entre los Quichuas en conejos, llamas, y más
-tarde, en las fiestas del Chiqui, en hombrecillos de masa ú otro
-sustituto, que se colgaban en el algarrobo á cuya sombra se celebraba
-aquel rito. En los pueblos de Catamarca y la Rioja, las carreras que
-acompañaban estos juegos eran incruentas, pero en Tuama de Santiago
-los corredores se hacían sangrar en la misma iglesia y el chorro que
-saltaba se dirigía hacia el altar, punto en que se hallaba la Cruz.
-
-Lo cierto es que, al rededor de la Cruz, en todas partes encontramos la
-idea de algún Dios representado, y si en América más bien se relaciona
-la Cruz con el agua y con los fenómenos atmosféricos, es porque en
-nuestro continente, la falta de agua era la que más se hacía sentir
-y, desde luego, era un dios de las lluvias al que había que invocar;
-mientras que en el Viejo Mundo, Neptuno, había tenido que ceder el
-lugar á Júpiter, aquél un dios acuático, éste atmosférico; pero como en
-todas partes al Dios de moda se le adjudicaban atributos del que dejaba
-de serlo, así había un Júpiter _Pluvius_, otro _Tonans_, etc.
-
-Vemos, pues, según nuestro autor, que tanto en el Norte como en el Sur
-de nuestra América se encuentran Cruces, espirales, meandros, y otros
-símbolos como adornos de ídolos, vasos y otros útiles.
-
-Por otra parte, los autores más modernos se inclinan á opinar que la
-raza humana desciende de una sola pareja, si bien persisten en atribuir
-á la evolución lo que nosotros explicamos sencillamente en las palabras
-del Génesis.
-
-¿Cuál es entonces la dificultad que nos priva de conceder que la Cruz,
-la espiral, el meandro, el triángulo, los escalones, y tantos otros,
-sean símbolos de una lengua sagrada que sería propia de nuestra raza
-antes de la separación que produjo las diferencias étnicas de la época
-prehistórica?
-
-Como dice Mortillet[2] el hombre cuaternario antiguo ó paleolítico, era
-cazador, nómada, sin idea, ni sentimiento de religión, en fin, parecido
-á nuestro Indio del Chaco; debió pues llegar un momento en que paso á
-ser hombre con principios de civilización, capáz de hacer el huso con
-su tortero, ya para hilar, ya para sacar fuego, y al propio tiempo con
-voluntad de invocar á un poder desconocido que hace y gobierna todas
-las cosas. En América, como en todas partes, hallamos razas que
-fácilmente asimilan cualquier civilización, como los Mexicanos en el
-Norte y los Quichuas en el Sur: y otras que, a pesar de todo, quedan
-nómadas, salvajes, cazadoras hasta el día de hoy, lo que sirve de
-disculpa á muchos para abogar por su exterminio.
-
-Si hemos de estar al monogenismo, unas y otras razas proceden de las
-migraciones, y ya se sabe que los que emigran portan consigo lo que
-tienen, lo que saben y lo que creen. Si encontramos, pues una raza
-que vive de la caza, que viste pieles y que se defiende con armas
-que corresponden á cualquiera de las edades de piedra, lo lógico es
-deducir que la migración se produjo en la época en que el país de sus
-antepasados se hallaba en el mismo atraso. Ahora si al contrario, nos
-las habemos con gentes que habitan casas, visten ropa tejida, saben
-procurarse el fuego y adornar sus armas y útiles con símbolos que
-tanto se hallan en el Viejo Mundo como en el Nuevo, lógico es también
-que concedamos que estos conocimientos los trajeron consigo en sus
-migraciones, esa familia humana que inició la civilización donde quiera
-que se halle.
-
-Dice Wilson[3] citando á Lubbock[4]: «A no dudarlo, el hombre al
-principio, se extendió poco á poco, paso á paso y año por año, por
-toda la redondez de la tierra, tal y como la mala hierba de Europa se
-extendió lenta pero seguramente por toda la superficie de Australia.»
-
-Así, pues, se extendió el hombre, el civilizado como civilizado; el
-salvaje como salvaje; y precisamente son el huso de hilar, el de sacar
-fuego, y la Cruz que nos pueden señalar el curso de las migraciones.
-
-No es mi mente establecer aquí las pruebas de que los símbolos de que
-se trata, migraron de Europa á la América del Norte y después á la del
-Sur, porque esto vendría con el tiempo; pero sí me intereso en hacer
-constar que opino con Wilson, y en contra de Brinton, que más fácil es
-concebir la hipótesis de derivaciones, que de invenciones aisladas en
-cada lugar. La experiencia nos enseña lo que le cuesta al hombre hacer
-lo que nunca ha visto, y tan es así que aún en América las naciones
-más civilizadas casi todas han estado en contacto geográfico unas con
-otras. En el Sur, desde Centro América hasta Chile, se suceden las
-naciones más adelantadas, y otro tanto se puede decir del Norte hasta
-llegar á la región mexicana. En ninguna parte hallamos un aislamiento
-de algo como lo del Perú. Si ese paralelismo del ingenio humano fuese
-un producto espontáneo, debiéramos encontrar algo como un núcleo de
-cosas mejores fuera de la región consabida; pero no: en la América,
-las civilizaciones se tocan unas con otras, están en las montañas,
-regiones que en el Viejo Mundo han dado origen á expresiones como la
-de nuestra palabra «cerril», que dice poco menos que «bárbaro». Está
-muy claro que la civilización americana contraria esta experiencia
-europea, que la poseyó en las costas, puertos de mar y ríos navegables.
-¿Qué sería lo que sucedió? La contestación se impone. En nuestro
-continente son arrinconamientos de algo que existió en otra parte; en
-donde, se revelará algún día; hoy sería prematuro indicar el lugar de
-procedencia. En todas partes vemos rastros de algo muy anterior al
-México de Montezuma y al Perú de Atauhualpa; pero aún ese algo pudo ser
-á su vez restos de continentes y adelantos perdidos.
-
-Lo que ahora falta es un trabajo geográfico con ubicación de todos los
-puntos en que se hallan Cruces en ambas Américas, es decir, un mapa
-como el de Wilson, en su _The Swastika_, porque así fácilmente podremos
-ver como hay contacto geográfico entre todos los lugares que han
-conservado señales de este símbolo.
-
-Una vez que entremos al estudio comparado de la simbología Mexicana y
-Andina, veremos que los dioses de los dos países se adornan con los
-mismos dibujos. Por ejemplo: En la introducción de Chavero[5] tenemos
-una reproducción del Códice Borgiano. En ésta se representa la estrella
-vespertina y matutina, una figura doble cargada de símbolos, muchos de
-los cuales son los nuestros, como ser: los círculos con punto (Ojos
-de Imaimana), las escaleras con meandros ó griegas y sin ellas, y
-finalmente una Cruz formada (en el copete de la figura que representa
-el lucero) por dos símbolos muy conocidos en nuestra alfarería. Si la
-Cruz es curiosa, ¿qué diremos de los escalones y triángulos? Cuesta
-creer que sean producto de la casualidad; más si suponemos que eran
-símbolos de la lengua sagrada, precisamente deberían emplearse en una y
-otra región como atributos y emblemas del culto tal ó cual.
-
-En la página 154 de la citada obra de Chavero, se reproducen Cruces
-griegas, maltesas y de San Andrés, las mismas que encontramos en las
-alfarerías y piezas en bronce de la región de Andalgalá. Estos objetos
-se hallan en el Museo de la Plata, y esperan el regreso del director
-para sacarse á luz.
-
-A propósito del Nahui Ollin, ó Cruz de San Andrés, que servía para
-determinar los equinoccios, debo dar cuenta de algo que descubrí en
-uno de mis viajes por la región calchaquina, y que es pertinente al
-asunto de que se trata, porque, la planta de la construcción que voy á
-describir, forma una Cruz perfecta de brazos más ó menos iguales.
-
-En el lugar llamado Fuerte Quemado, como á una legua al norte de
-Santa María, en la raya que divide la provincia de Catamarca de la de
-Tucumán, en el mismo riñón de Calchaquí, corre un filo de cerrillada
-que acaba en punta hacia el norte y domina la entrada al valle de Tafí,
-pero con todo el de Santa María por medio. En una de las prominencias
-de este filo se hallan levantados unos curiosos edificios: las paredes
-de un salón, una torre redonda y cuatro construcciones de la laja
-local, rodean un patio largo y angosto, guardado por el precipicio á
-los tres costados y sin más entrada que una garganta casi impasable al
-Norte.
-
-Las construcciones á que me refiero son muy curiosas, porque constan
-de cuatro paredes que se levantan dejando un espacio en Cruz entre
-ellas, sin destino posible, porque apenas si dan paso al cuerpo. La
-orientación no es de Norte y Sur, sino á los medios vientos, es decir,
-NE., SE., NO., SO.
-
-Como Montesinos y otros hablan de tales paredes como destinadas á
-determinar las horas del día, los solsticios y equinoccios, siempre he
-considerado que esta ruina en cruz fuese uno de tantos _intihuatanas_ ó
-trampas para cazar el Sol.
-
-Chavero[6] habla de la Cruz de San Andrés como símbolo de los
-cuatro movimientos del Sol—el _Nahui Ollin_—y si miramos hacia
-el Este los pasillos del _Intihuatana_ del Fuerte Quemado, forman
-justamente una Cruz de San Andrés. Cerca de allí estuvo el lugar
-llamado—_Bacamarca_—otro modo de escribir—_Huacamarca_—«la plaza
-fuerte de la _Huaca_».—El nombre y su interpretación corresponden á lo
-que allí existe ó existió.[7] Si se acepta mi hipótesis, tenemos otra
-vez aquí la Cruz como medio de determinar observaciones astronómicas.
-
-Muy significativas también son las Cruces que ocupan el lugar de
-dientes en los dos lagartos que forman los costados del disco de bronce
-(Fig. 71 B) de Andalgalá. La figura central es un ser antropomorfo que
-yo identifico con Huiracocha, el dios acuático de los Quichuas.
-
-Sabemos que la Cruz en México significaba «_el dios de las lluvias_»,
-como dice Chavero,[8] y lo mismo significa en la región Calchaquí. Esto
-lo demuestra muy bien Quiroga, quien llegó á tener este convencimiento
-sin conocer el trabajo que acabamos de citar.
-
-En todos estos lugares existía una cierta cultura, y así vemos que la
-Cruz servía para determinar el Dios del culto que se celebraba. Orlando
-esta región andina y hacia el Este, en los llanos, merodeaban las
-naciones de Mocovís, Abipones, Tobas y otras de las llamadas Guaycurús
-ó Frentonas. Los Indios estos y sus Machis ó Hechiceros verían como las
-naciones Diaguitas veneraban la Cruz y la empleaban en sus ceremonias.
-Los otros, raza de Jurís ó nómadas, no comprenderían bien aquello
-de símbolos de una lengua sagrada, pero se harían cargo que la Cruz
-encerraba algo bueno en sí y la adoptarían como amuleto. Así, pues;
-en el siglo XVIII, los Indios Abipones se hacían tatuar unas cruces
-en medio de la frente, como se puede ver en las láminas de la obra de
-Dobrizhoffer que de ellos trata.
-
-En el siglo pasado y hasta el presente, estaba y está una India Toba en
-el Asilo de Huérfanos, en Buenos Aires, con una Cruz muy bien tatuada
-en medio de la misma frente. En el ejemplo Abipón, la Cruz (griega)
-está formada por dos líneas que se cruzan; en el moderno es el espacio
-que forma la Cruz, y son los tatuajes que la perfilan. Por lo que he
-podido averiguar, son las mujeres que se adornan con tinta indeleble,
-como nuestros marineros; mientras que los hombres sólo se embijan con
-coloretes que desaparecen con el lavado.
-
-He notado en algunas urnas calchaquinas, de las que se adornan
-con pinturas antropomorfas, una crucecita griega en el punto que
-corresponde á la frente, tal y como las hallamos en las caras de las
-bellas abiponas; estas indias, según el artista de Dobrizhoffer, todo
-son, menos indias del Chaco; pero en cuanto al tatuaje podemos asegurar
-que es una fiel reproducción de lo que viera el misionero Jesuita en
-sus correrías. Ni por un sólo momento insinúa él que se trataba del
-símbolo del cristianismo.
-
-Otra cosa quiero hacer notar y es la abundancia de la Cruz en los
-objetos de alfarería en la región calchaquina propiamente dicha, y su
-escasez en los demás lugares del Oeste de Catamarca. Hay que confesar
-que el tipo de aquellos objetos es muy distinto del de estos, al grado,
-que hace sospechar que puedan corresponder á otra raza y á otro rito.
-
-En Andalgalá los vasos más hermosos ostentan figuras draconianas.
-Tinajas del tipo Santa María, de las que tantos ejemplos dá el doctor
-Quiroga, no se han encontrado al Sur del Atajo, con dos excepciones
-halladas en Choya, una aldehuela dos leguas al N. O. del Fuerte,
-pero aún éstas carecen de las fajas negras de los costados que son
-el distintivo de las de Calchaquí. Al hacer esta excepción hay que
-acordarse que á Choya, ó sea Ingamana, fué expatriada una de las tribus
-del valle de Calchaquí, en el siglo XVII, y allí se han conservado.
-Aquí, empero, nos sale al encuentro una nueva dificultad: existen
-ruinas de pueblos de indios en las faldas, mientras que los Ingamanas
-fueron colocados en el llano.
-
-Así es todo lo que se presenta en Calchaquí y los valles anejos.
-Cuesta creer que las vastas ruinas hayan pertenecido á los indios
-que hallaron los españoles. Los Misioneros no se acuerdan de nombrar
-esos sorprendentes entierros de numerosas urnas, nuevas todas, y que
-deberían responder á algún rito de la mitología local. Durante cientos
-de años las crecientes han estado dando cuenta de estas huacas, y los
-coleccionistas han destruido más que lo que han logrado para vender.
-
-Los descubrimientos de Ambrosetti en Tafí, también indican algo que si
-no es de una colonia peruana, corresponde á esa civilización anterior,
-en pos de la cual andamos todos.
-
-Cuando una vez se abre algún capítulo en la historia de los
-descubrimientos arqueológicos, nos vienen á la memoria cosas que hemos
-leído, y á que no dimos mayor importancia.
-
-Más de una vez me llamó la atención aquel incidente en la entrada de
-Juan Núñez de Prado, cuando él puso á los indios de Santiago bajo el
-amparo de la Cruz. En la parada que hizo no pudo haber convertido á
-esos indios al cristianismo porque no le alcanzó el tiempo. Hoy que
-sabemos que la Cruz se hallaba diseminada en los objetos de alfarería,
-y otros, se comprende que Prado no hizo más que utilizar una veneración
-que ya existía por el símbolo.[9]
-
-Muchos habrán creido que la noticia de Lozano carecía de importancia;
-pero después se ha visto que el tal hecho consta en documentos hoy del
-dominio público.
-
-El año 1896 el doctor José Toribio Medina publicó en Santiago de Chile
-la información levantada por Juan Núñez de Prado en su recién fundada
-ciudad del Barco, y marzo de 1551, poco antes de trasplantar la misma
-de su asiento en los llanos de Tucumán, al que después se le dió en los
-valles de Calchaquí.[10] En la 8.^a pregunta se dice lo siguiente:
-
-«8—Item si saben que estando el dicho capitán Juan Núñez Prado
-poblando en esta ciudad[11] envió á Martín de Rentería, alcalde, con
-hasta veinticinco ó treinta hombres que fuesen á conquistar é descubrir
-la tierra por ver lo que había en ella, el cual fué y llegó á Macherata
-y Collagasta y Mocata, que es cuarenta é cinco leguas de esta ciudad
-é ahí en Ligasta é Thomagasta é vió otros muchos pueblos é los cuales
-tomó posesión en nombre del dicho capitán Juan Núñez de Prado, é de
-la dicha ciudad, _poniendo cruces en los dichos pueblos_, haciendo
-entender á los caciques é indios que aquellas se ponían para que si
-viniesen cristianos, supiesen estaban en paz é no les hiciesen mal
-ni daño, ni tomasen sus haciendas, ni mujeres, ni hijos, _los cuales
-quedaron muy contentos en haber lo susodicho_ é paz con los cristianos,
-sirviéndoles muy bien». (Tiraje aparte pp. 4 y 5.)
-
-La pregunta 9 relata como en seguida salió Prado á recorrer lo visitado
-por Rentería y algo más, y continúa así:
-
-«E habiendo salido de esta dicha ciudad con veinte é ocho hombres
-que consigo llevaba, un día que se contaron diez de Noviembre del
-año pasado de quinientos é cincuenta años, estando alojado junto al
-pueblo de Tepiro[12] un cacique que llevaba consigo de Tucumán[13]
-que le había salido de paz, le dijo como en el pueblo Thomagasta[14]
-había cristianos, que eran cinco leguas más adelante; é sabido por el
-dicho capitán Juan Núñez de Prado, luego procuró de que se tomasen
-algunos indios para saber que gente era, y luego se tomaron dos ó tres
-indios los cuales dijeron que en el dicho pueblo de Thomagasta había
-cristianos é que habían estado alanceándolos é robándolos é _derrocando
-la cruz que estaba puesta_, é no embargante _que los indios les hacían
-cruces_, como les habían dicho no dejaban de matarlos é robarlos é les
-habían hecho otros muchos malos tratamientos, etc.» Ibid. p. 5.
-
-Llamado Martín de Rentería, depuso que todo esto era así, y al
-proseguir con la pregunta 9 agregó que había:
-
-«Oido decir á Pedro de Rueda é á otras personas que venían con el
-dicho Villagrán, como habían entrado alanceando los dichos indios de
-Thomagasta _llamando á la cruz que estaba puesta garabato_, diciendo:
-_que garabatos tienen aquí_ puesto los de _Tucumán_ etc.» Ibid p. 14.
-
-Es curioso que el Padre Domínico, Alonso Trueno, nada diga de las
-cruces, lo que demuestra que no fué él que las planteó.
-
-Este documento no se conocía cuando el doctor Andrés Lamas publicó su
-edición de la historia de la conquista por el P. Pedro Lozano S. J. y,
-por esta causa no se dió la importancia que merecía á la noticia que de
-ello nos diera el famoso Padre. Sus palabras son estas:
-
-«Prado, cuyo celo debemos siempre alabar, por lo que se esmeraba en
-adelantar los negocios de la fe con la autoridad y con ser ejemplo
-entre estos indios, en cuyos pueblos apenas sentaba el pie, cuando en
-piedad cristiana _hacia enarbolar cruces_, para que los bárbaros las
-adorasen.... con cuya diligencia cobraron las bárbaros tal estimación
-de la Santa Cruz, que hasta _los mismos gentiles la veneraban por el
-mayor de sus ídolos_.» Historia de la Conquista, t. IV., p. 128. Ed.
-Lamas.
-
-En su historia, el autor, refiere este episodio como si correspondiese
-á los meses posteriores al incidente con Francisco Villagrán en
-Tuamagasta, pero de la información del año 1551 se desprende que esto
-se hizo desde el primer momento de la entrada.
-
-El nombre de «_garabatos_» que la gente de Villagrán daban á estos
-signos de la Cruz, y la ninguna mención que de ellos hace el Padre
-Trueno en su declaración nos ponen en el caso de sospechar que él no
-estaba muy convencido de la eficaz fe cristiana de los indios en este
-símbolo, cuando acudían á su amparo.
-
-Por otra parte, no se halla ninguna referencia, ni en Bárcena ni en
-Techo, ni en ninguna de las cartas anuas, á estas Cruces del arte
-Calchaquí, y no obstante, como se vé en las colecciones y en los
-numerosos ejemplos citados y reproducidos por el doctor Quiroga, no hay
-signo que se presente con más frecuencia que este de la Cruz.
-
-Ya hace algún tiempo que había yo reunido algunos ejemplares de la
-Cruz en la alfarería, para un estudio sobre el simbolismo de la región
-calchaquina, que permanece aún inédito; allí hacía notar que se
-relacionaba el signo este con los dioses acuáticos y con el agua, más
-nunca llegué á identificarle con el suri y con el sapo.
-
-La identidad del suri (el avestruz americano) y de la Cruz en todo lo
-que se refiere al agua, puede decirse que ha sido descubierta entre
-nosotros por el doctor Quiroga, y seguramente es una de las partes más
-interesantes de su trabajo. Después que el doctor Quiroga llamó mi
-atención á los locos gambeteos del suri, cuando está por llover, he
-tenido ocasión de observar una de estas aves, y he notado que es el
-mejor de los barómetros. Los movimientos excéntricos de alas, patas
-y pescuezo, reproducen las figuras que se notan en los _pucos_[15]
-y tinajas, y no hay postura que se advierta en éstas, por violenta
-que sea, que no la véamos también en el ave en vida, cuando está por
-llover. Valiéndome de la advertencia de mi amigo, más de una vez en
-este año (1901) he adquirido fama de buen profeta de lluvia. Siendo,
-pues, la Cruz, como muy bien dice Quiroga, el símbolo del agua ó de
-la lluvia, y observando los _Machis_ ó Hechiceros, la conducta de los
-suris en vísperas de la lluvia, lo más natural era que se pintase lo
-uno con lo otro. Lo del sapo se impone, y la sustitución de uno de
-estos símbolos por el otro, es una de las pruebas más satisfactorias
-que nos ofrece el autor de que la Cruz, con el suri ó sin él, es
-llamativa del agua.
-
-Por lo que hace á la serpiente y su simbolismo, creó que también
-acierta Quiroga. Me consta que el vulgo nuestro, cree que una víbora
-en un lugar, en tiempo de tormenta, basta para hacer que allí caiga
-rayo; y un lindo espécimen que reservaba para un amigo naturalista en
-un rancho de mi hacienda fué destruido y arrojado lejos porque empezó
-á tronar, y los dueños de casa temían ser víctimas del rayo, si no
-se deshacían del incómodo huésped, que no necesitaba estar vivo para
-perjudicar.
-
-Como no es posible dudar ni por un momento del origen americano de la
-Cruz, en general y también en la región de Calchaquí, por el modo como
-se presenta y las combinaciones en que entra, justo es que tratemos de
-darle el lugar que le corresponde en el simbolismo de la mitología de
-nuestro hemisferio; y á esto se dedica con todo empeño el autor en su
-obra. Se ha comprobado su existencia como símbolo sagrado: se ha visto
-que, no en todas partes se presenta en la misma forma; que en una
-es atributo de un dios tal ó cual, que en otra es adorno de un vaso
-sagrado; así designamos las urnas que acompañaban á las inhumaciones
-de los cadáveres en Calchaquí. Hay pues que establecer y distribuir
-estas diferencias regionales que tanto nos ayudarán á dar al símbolo su
-completo, si bien multiforme significado.
-
-Es de esperar que en seguida alguien emprenda uno ó más trabajos
-tendentes á dar á conocer todos los ejemplares de la Cruz en Calchaquí
-que se hallan en las colecciones públicas y particulares, teniéndose
-especial cuidado de distinguir entre los de un distrito y los de otro,
-porque hasta entre estos suele haber bastante diferencia.
-
-Digna de toda atención también es la forma en que la Cruz aparece en
-la famosa lámina del Yamqui Pachacutic, clave tan preciosa para la
-arqueología del Sur como lo ha sido el alfabeto de Landa para la del
-Norte.
-
-No es este empero el lugar de hacer una disertación sobre aquella
-interesante y sugestiva lámina. El trabajo del Dr. Quiroga la dá
-á conocer para que todos puedan juzgar de su importancia con la
-reproducción del original á la vista. Yo mismo utilicé muchos de sus
-datos en mi artículo sobre los _Ojos de Imaimana_, publicado en el
-t. XX del Boletín del Instituto Geográfico. Estos dibujos
-nos dan á conocer que existía un simbolismo con signos reconocidos, y
-fundándome en esto, y en la universalidad de muchos de ellos en nuestro
-Continente, es que no trepido en hablar de una lengua sagrada con
-simbología bien conocida tanto en el Norte como en el Sur.
-
-Acordémonos también que nosotros estamos aprovechando sólo los restos
-de riquísimos antecedentes. Miles de MSS. se destruyeron en el Norte,
-miles de ídolos y otros objetos por el estilo en el Sur; pero con
-todo eso en una y otra parte encontramos esas Cruces, esos círculos
-con puntos, ó sean Ojos de Imaimana[16], escaleras, algunas con asta
-banderas, triángulos con espirales ó griegas y sin ellos, triángulos
-solos, conos, meandros ó griegas de todas formas y complicaciones,
-serpientes, dragones horrorosos, algunos con caras antropomorfas, otros
-con dos ó más cabezas; en fin todos esos signos que algo indican y que
-tanto abundan en la alfarería y otros objetos de nuestra región andina
-del Norte. Todo esto hay que aprovechar en una serie de publicaciones
-como la del Dr. Adán Quiroga, quien con singular abnegación ha dedicado
-tanto tiempo y buena parte de su fortuna en coleccionar los objetos que
-le han servido de base para este estudio.
-
-Digno de todo elogio es el trabajo con que el autor ha iniciado el
-nuevo siglo, y sépase que muchos de los objetos han sido exhumados por
-él en los propios yacimientos. Lo que ahora se publica no es más que un
-fragmento de sus investigaciones, y puedo asegurar que su colección del
-Folk-Lore y de los Petroglifos de aquella región es tan importante como
-sus descubrimientos acerca de la Cruz, si no los supera.
-
-Una vez más debemos protestar contra esas destrucciones por mayor
-de los yacimientos que contienen estos rastros de la prehistoria de
-nuestro país. El único modo de evitar el comercialismo que ha invadido
-á los colectores sería el no aceptar colección alguna que no viniese
-con los credenciales de cada objeto y de su descubrimiento y ubicación,
-y que estos fuesen á satisfacción de peritos en la materia; pues
-nuestros Museos hoy poseen datos que permiten esta clase de exigencias.
-
-Sólo el amor á la ciencia del Dr. Quiroga pudo ponerlo en posesión de
-todo aquello que le ha servido para concebir la idea de este libro,
-y mucha abnegación para escribirlo en los momentos de ocio que le
-dejaban sus tareas en la Corte de Justicia de Catamarca de la que era
-y es uno de los Ministros. Sus vacaciones las pasaba en Calchaquí, sus
-noches interpretando libros en otros idiomas, y así, á 300 leguas de la
-casa editora, ha podido llevar á feliz término su trabajo _La Cruz en
-América_.
-
- SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO.
-
-El Museo, La Plata, Agosto 21 de 1901.
-
-
-NOTAS:
-
-[1] _The Swastica_, por Thomas Wilson p. 953.
-
-[2] _Le Préhistorique_, Ed. de 1900, p. 333.
-
-[3] _The Swastica_, p. 982.
-
-[4] _Prehistoric Man_ p. 601.
-
-[5] _México á través de los siglos_, p. XV.
-
-[6] _México á través de los siglos_, t. I, p. 145.
-
-[7] Rápidamente desaparece todo, y muy en breve no quedará más rastro
-que los apuntes de mis carteras.
-
-[8] Ibid, p. 382.
-
-[9] Santiago era una colonia de los valles calchaquinos.
-
-[10] No se precisan los puntos por estar su ubicación aún en tela de
-juicio.
-
-[11] El Barco.
-
-[12] Las _cruces_, se entiende.
-
-[13] Tepiro y Tuamagasta, pueblos de Santiago del Estero, aquel al
-Norte, éste al Sur.
-
-[14] Sin duda error por Atacama cerca de Río Hondo. Véase p. 33.
-
-[15] _Pucos_ escudillas ó tazas.
-
-[16] _Imaimana_—Todas cosas. Gonzalez Holguín _in voce_.
-
-
-
-
-CAPÍTULO I
-
-LA CRUZ EN AMÉRICA
-
-JUICIO DEL CONQUISTADOR
-
-
- _La Cruz en los siglos XVI, XVII y XVIII—Juicio
- del Conquistador—Idea de un cristianismo
- antecolombiano—Los_ PAY _americanos y los
- hechiceros nativos—Juicio del indio—Monumentos y
- mitos continentales—-Pachacámac, Atticci Viracocha,
- Tonapa y Taapac—El tricéfalo de Cundinamarca
- y el Tangatanga de Chuquisaca—Escrituras
- petográficas—Quelzalcóatl, Votán, Wixepecocha,
- Botchica y Huiracocha—Manco Cápac y el Inca
- Roca—Pies esculpidos—El hombre blanco y barbado—La
- Cruz como símbolo nativo._
-
-No es la presente una obra de filosofía ni de discusión dogmática sobre
-la CRUZ en América, sinó un ensayo arqueológico. Por eso
-parecerá á algunos que el presente capítulo está demás; pero el orden
-cronológico en que ha sido tratado el asunto, así como el desarrollo
-del mismo hasta llegar á conclusiones que consideramos definitivas,
-hacen que nos ocupemos someramente de cuanto sobre el símbolo
-universal, encontrado por el Conquistador en el Continente, háse
-escrito y mentado hasta la época actual.
-
-Para los siglos XVI, XVII y XVIII fué la Cruz americana un motivo
-trascendental de religión. El conquistador ni vió, ni pudo ver en
-aquella, una combinación geométrica simbólica, sinó el signo sacrosanto
-de su fe, que portaba en sus manos junto con la espada. Las ideas de
-la época hicieron surgir en nuestro suelo, con su palabra evangélica,
-á Santo Thomé, el Apóstol del Asia y del Africa, doctrinador de
-brahamanes y etiopes. El rico material de tradiciones y leyendas
-nativas fué pacientemente acumulado y comentado. El indio, que vió
-venerado por excepción uno de sus símbolos, convino en afirmar cuanto
-interesaba á los prejuicios del misionero; y así se explican, por
-ejemplo, los párrafos de mística unción del P. Ruíz de Montoya, después
-que con el P. Cristóbal de Mendoza visitaran á Tayatí, lugar en el cual
-las gentes recibiéranles con tan extraño agasajo, refiriéndoles la
-vieja tradición[17]; como se explican las constancias anteriores de las
-tan conocidas cartas del P. Manuel de Nóbrega, de 1549 y 1552, sobre
-lo que le dijeron los brasiles[18], y las afirmaciones de la epístola
-del P. Cataldino á su Provincial, en 1613, que Lozano califica de «la
-fuente más pura de la noticia»[19].
-
-Es el Brasil la primera tierra americana que pisó Santo Tomás, bajando
-en la Bahía de todos los Santos, dejando impresas sus huellas en
-peñascos, que recuerdan las de Buda ó del Dídimo en el Ceilán, así
-como abierto el camino _Maraypé_[20]. El Paraguay de las misiones
-guaraníticas aparece como la nación más favorecida del Santo, al que
-se atribuyó anunciar la llegada futura de misioneros, y el que dejó
-abierto el camino _Peabirú_, que remataba en Carabuco peruano, por el
-que portó su gran Cruz de madera, siendo obras suyas el famoso panteón
-de Guayrarú y el pozo cercano al río Tebicuarí[21]. Memorias del Apóstol
-son también la gruta de Paraguarí[22], la piedra de Tacumbú[23] y las
-huellas de Mbalpirungá[24].
-
-Los pasos apostólicos por el resto de la América Meridional, desde
-Chile adelante, fueron seguidos por los padres agustinos Fr. Alonso de
-Ramos[25] y Fr. Antonio de la Calancha[26], tomando los jesuitas sus
-noticias del primero[27]. De su tránsito por nuestro Tucumán, que
-pudiera interesarnos por una natural curiosidad local, los cronistas
-dan brevísimas noticias: á mediados del siglo XVII el Obispo del
-Paraguay, D. Lorenzo de Grado, afirma que Santo Thomé atravesó estas
-provincias; Fr. Alonso Ramos[28], limítase á referir que lo que á
-personas curiosas oyó platicar es haber ido el Santo al Perú «por el
-Brasil, Paraguay y _Tucumán_»; lo mismo repite el P. Montoya[29],
-haciendo suya la anterior noticia; el Relator del Consejo de Indias, D.
-Antonio Rodríguez de León Pinedo, refiere que á cuatro ó cinco leguas
-de Córdoba, hacia donde llaman _Sal-si-puedes_, hay una peña en la
-que están impresas las huellas del Santo[30]; más el P. Lozano, gran
-conocedor de la historia de nuestra tierra, es de distinto parecer, no
-encontrando rastros apostólicos en el Tucumán[31].
-
-De esta nación pasaría á Chile, según una _Relación_ del P. Andrés de
-Lara y una referencia de D. Alonso de Ercilla[32].
-
-En Bolivia aparécese el Apóstol en Tarija, en cuyos términos se hizo
-famosa la Cruz de Salinas, pasando aquel á través de los Charcas al
-Perú.
-
-En el siglo XVII, especialmente, corrieron muchas mentas sobre la
-estadía del Apóstol en este último país. Santo Toribio de Mogravejo,
-arzobispo de Lima, mando levantar una capilla sobre la roca de sus
-huellas esculpidas. La Cruz de Carabuco, enterrada á orillas del
-Titicaca, fué labrada con madera que el Santo condujo desde Guairá.
-Aquél lago, Cachi, Chucuito, Chachapoyas, valles de Trujillo, Cañete
-y Calango están llenos de sagrados recuerdos. Cieza supone que el
-Ticci Viracocha salido del Titicaca es el Apóstol, y Calancha, que
-las estatuas de Muyna y de Cacha le representan. Reminiscencias de
-accidentes geológicos peruanos están ligados á obras del Santo[33].
-
-Algunos cronistas opinan que el Apóstol del Perú fué San Bartolomé, á
-causa de la manera como se representaba á Huiracocha en los templos
-dedicados á su culto[34].
-
-Los PAY americanos, ó sean Pay Zumé, Pay Abaré y Pay Tumé, los
-primeros del Brasil y el tercero del Perú, son los Apóstoles mismos,
-portadores de la Cruz en las tradiciones y monumentos nativos. Los
-nombres de Zumé y de Tumé tomáronse por corrupción de Thomé. Y en
-efecto: estos Pay aparecen como grandes doctrinadores de un nuevo orden
-de cosas en materia de religión, figurando en las leyendas míticas como
-seres extraordinarios.
-
-En el sentido americano de la palabra, _Pay_, es un profeta, un
-adivino, un mago, un hechicero, ó un gran brujo[35]; los Pay son de la
-familia de esos mismos que los misioneros encontraron y conocieron en
-el Paraguay y otros pueblos, los que predicaban ser hacedores de todas
-las cosas, dueños de las lluvias y dominadores de la tempestad, como
-el indio Antecristo de los pueblos de Piti y Mara, en el Perú, lugar
-teniente de Dios, que tanta maravilla obró, al decir del P. Ramos.
-
-Pay Zumé, el Apóstol de la epístola del P. Nóbrega, en 1552, sería un
-hechicero de extraordinarias facultades, por lo que tanto le recordaron
-brasileños y paraguayos. Lo mismo decimos de Pay Tumé[36].
-
-El nombre de _Abaré_ no podía cuadrar á ningún Apóstol, por cuanto era
-oprobioso en la gramática de la lengua, pues para el indio equivalía
-á «hombre que no gusta de mujeres», á estar á las crónicas de los
-misioneros mismos[37].
-
-El Pay Tumé del Perú, aparece ser el Pay Zumé brasileño y paraguayo,
-según Lozano, Montoya y otros[38]. Lozano consigna una breve noticia de
-Pay Tumé, tomada de una relación manuscrita del doctor don Francisco de
-Alfaro, transcribiendo Montoya el párrafo pertinente[39].
-
-En definitiva: todo cuanto se ha escrito sobre la Cruz americana
-en los siglos XVI y XVII á cerca de una supuesta predicación
-evangélica antecolombiana, no reposa sinó en fundamentos deleznables
-é inconsistentes; y el celo de los P. P. de la Compañía engañóles á
-sí mismos, ó contribuyó á que les engañara, dejándose seducir por los
-relatos de los naturales, quienes matizaban sus viejas tradiciones
-con alguna novedad española, en el propósito de propiciarse la
-buena voluntad de los aparecidos invencibles, los que llenaron de
-turbación sus espíritus, y á los que vieron adueñarse de sus tierras,
-estableciendo su imperio en todos los órdenes de la vida. Es claro,
-entonces, que los venidos del mar tendrían también precursores llegados
-por la mar; que los profetas no podrían ser advenedizos y que arribaron
-precedidos por otros profetas; que los blancos no surgieron de golpe,
-sinó que mucho antes aparecieron anunciados por otros blancos como
-ellos, con los cuales los naturales sellarían el pacto de esperarles en
-día no lejano. De tal modo se explica la antigua evangelización y el tan
-decantado y misterioso origen de los Apóstoles[40].
-
-Mucho se ha insistido, aún después del siglo XVII, en hallar pruebas
-de que la Cruz fué importada al Continente, en los mitos y monumentos
-americanos, después de sometidos á un estudio sin prevenciones, y
-cuando se hicieron á un lado las disquisiciones teológicas; pero
-examinadas tales pruebas con criterio desapasionado resultó que nada se
-había avanzado con el cambio de sistema, y que la veneración á la Cruz
-de parte de nuestros naturales, aunque un hecho comprobado, fué siempre
-un misterio, hasta que la arqueología, en lugar de la filosofía, se
-avocó la solución del problema.
-
-Los mitos y monumentos peruanos, aztecas y mayas fueron observados,
-estudiados y comentados.
-
-Pachacámac, llamado «el Invisible», aparece en primer término como
-el portador de la Cruz, no obstante el desengaño que sufrieron
-los piadosos misioneros con las noticias que Miguel Estete en sus
-_Relaciones del Descubrimiento del Perú_ ofreció del dios y de su
-templo, después de haberles visitado con don Hernando de Pizarro[41].
-
-Y es que Pachacámac era «el vivificador del mundo»; y aunque espíritu
-sútil é impalpable, no por eso dejaba de ser representado con
-singulares formas antropomorfas.
-
-Pachacámac fué la divinidad del occidente de los Andes, al cual
-chimos y yungas levantaron su templo en el valle de Lerin. Oriundo
-del mediodía, lucha con _Con_, el fetiche acuático, el cual fué por
-aquél rechazado al norte, llevándose la lluvia, lo que hace creer que
-Pachacámac sea la forma politeista del viento que produce la seca, ó el
-elemento fuego, adversario del agua, ese _ignis animal_ de que hablaba
-el clásico latino, padre de los gigantes ó de las poblaciones antiguas,
-que sin duda tendría mucho qué hacer con las grandes convulsiones
-geológicas del Perú[42].
-
-Lo propio que con Pachacámac, ó el elemento fuego, ha sucedido con
-Huiracocha, el mito acuático aymará, viendo los cronistas en Atticci
-Viracocha, el _Hacedor_, al portador de la Cruz y predicador del
-Evangelio.
-
-Es este el famoso bulto de piedra de Cacha, de que recordaba don Pedro
-de Cieza, conforme al talle de un hombre, con vestiduras largas y
-cuentas en las manos; aunque en la segunda parte de su obra niega lo de
-las cuentas, «lo cual es burla», según él mismo, lo propio que aquello
-de que tenía puestas las manos sobre los cuadriles.
-
-Este Atticci Viracocha, á estar á lo que de él refiere Cieza, de que
-«de los cerros hazía llanuras y de las llanuras hazía cerros grandes,
-haziendo fuentes en piedras vivas», podría ser considerado como el
-mito de las fuerzas terraqueas, si no supiéramos que es la gran
-divinidad politeista del agua, ó el genio de las masas líquidas, del
-lago, del mar, de las lluvias del cielo. Con Huiracocha, en el momento
-de la conquista, el pueblo incaico caminaba hacia el monoteismo, por
-la supremacia de ese _Illatici-Viracocha-Pachacámac_[43], trinidad
-sintética, en la cual confundíase el mito de Catequil de la cosmogonía
-nacional de las viejas razas, así como el Pachacámac yungueño, que
-unidos al mito de Tiahuanaco constituían una unidad vivificante y
-creadora formada por el huracán, el fuego y el agua. El nombre de
-Viracocha llegó á ser adoptado por uno de los Incas, y en la enseñanza
-esotérica del sacerdocio peruano apareció como el «Dios Desconocido»,
-de tal modo que el Titicaca, origen de los aymarás, llegó á ser la cuna
-mística de los jefes del culto heliolátrico[44].
-
-Los padres agustinos á que nos hemos referido, hablan de otra
-divinidad peruana llamada _Tunapa_, esto es, gran Sabio y Señor, y por
-veneración _Taapac_[45], ó hijo del Creador. Este aparecido discurrió
-por las provincias del Collao, las cercanías del Cuzco y otros puntos
-distantes. Era un hombre venerable en la presencia, grande en la
-estatura, zarco, barbado, destocado y vestido de cuxma, sobrio, enemigo
-de la chicha y la poligamia. Su residencia favorita fué Carabuco, en
-donde se dice que plantó la Cruz que llevaba. Fray Diego Ortiz escribe
-que en la isla del Titicaca se encontraron impresos sus pies.
-
-Para que se vea quien era Tonapa, el supuesto aparecido, basta leer lo
-que sobre este personaje mítico ha escrito el Yamqui Pachacuti, el que
-reproduce sus himnos[46].
-
-Tonapa es un dios fálico-solar. De los himnos cantados por
-_Guascaryngatopacuçiguallpa_, arrepentido de haber adorado á los
-_Huacas_, despréndese que Tonapa es un siervo de Huiracocha[47].
-
-_Tupá_ es dios, y _Thupa_ nombre de honor equivalente á «Señor», según
-Lafone Quevedo[48]; _Thupac_, significa «cosa resplandeciente», según
-Mossi[49]; de modo que _Tonapa_ es un epíteto solar, y el dios una
-encarnación de lo mismo. La morfología quichua permítenos analizar su
-nombre en estas dos formas: Tona-apa y Tonapa: la primera nos lleva al
-tema _Thonay_, «piedra de moler» ó «falo»; _Apa_ es un verbo que dice
-«llevar cargando»,—de modo que daría: «el que carga el falo»[50].
-
-Los grandes monolitos de Tiahuanaco, que Cieza atribuye á
-representaciones de Atticci Viracocha[51], fueron tomados también por
-figuraciones de los Apóstoles de la Cruz.
-
-Wiener en su obra[52] reproduce la interesantísima figura antropomorfa
-del bajo relieve central de la puerta monolítica de Tiahuanaco,
-atribuyéndola á una representación del Dios-sol. La cabeza del dios
-está rodeada de veinticuatro rayos, seis de ellos terminados en cabezas
-de león, signos de la fuerza, según el autor citado; los demás rayos
-son alusiones á la fuerza creadora del sol; las líneas como meandros
-que rodean la figura, valen por símbolos de generación; las lágrimas
-de sus ojos son alusiones á la lluvia fecundante; los pescados y
-cabezas de cóndor en el pecho, representan habitantes del agua y de los
-aires[53].
-
-Los misioneros no han citado la cabeza colosal del ídolo de pórfido
-de Collo-Collo, de 1.37m de alto, entre Tiahuanaco y la Paz, que
-debe ser otro Aticci, y el que en la banda de su frente ostenta cuatro
-_cruces_, grabadas respectivamente dos sobre el pecho de esas figuras
-marinas monstruosas que le adornan. Hagamos notar desde ya que el mito
-acuático por excelencia porta cruces.
-
-Nuestro gran monolito esculpido de Tafí es muy digno de figurar al
-lado de los monumentos megalíticos de Tiahuanaco. Sus esculturas, con
-círculos con puntos y figuras cruciformes, parecen combinar las dos
-ideas de los _Ojos_ de Ymaymana y de las _Ventanas_ de Tocapo[54].
-
-Tampoco dan cuenta los misioneros de este monumento de la prehistoria
-de nuestro Tucumán.
-
-Otro hecho que suministró argumentos en favor de los portadores blancos
-de la Cruz, fué encontrarse la _Trinidad_ como misterio americano.
-
-Efectivamente en América aparece el 3 como número sagrado; pero no lo
-es menos el 4, como lo veremos en el capítulo respectivo[55].
-
-Lozano[56] dá cuenta de un tricéfalo que adoraban los peruanos, «que
-decían eran _tres_ personas con _un_ corazón». Ruíz de Montoya[57] cita
-la trinidad de las estátuas del sol: Apointi, Churinti, Intiqua ó Qui,
-«que quiere decir el Padre y Señor Sol, el Hijo del Sol, el Hermano del
-Sol». Calancha enumera así á las personas de esta trinidad: Apu Inti,
-Churi Inti é Inti Huaoque, «padre sol, é hijo sol, y ayre ó espíritu
-sol». El P. Gerónimo Herran[58], procurador general de la Provincia
-del Paraguay, con mucha discresión atribuye al demonio el remedo
-del misterio: esta trinidad consiste en Padre, Hijo y Espíritu (no
-Santo, según él, sinó colateral de los dos), ó sean: Omequeturiqui ó
-Uragozoriso, Urasana y Urapo.
-
-La nación aymará en el Perú tenía especial veneración por el tres;
-mientras que la quichua, por el cuatro.
-
-Cuando Wiener describía su Dios-sol llamaba la atención hacia el
-singular fenómeno numérico que el ídolo ofrecía, pues hasta la grada
-central era de tres escalas, de tal suerte que la cifra 3 y sus
-múltiplos, predominaban en su ornamentación y disposición general.
-
-Podemos citar algunos otros ejemplares de trinidades americanas, como
-los de Cundinamarca, Bolivia y nuestro Calchaquí[59]. En algunos de
-ellos también, como en el dios del Perú, predomina el número 3[60].
-
-La trinidad de la altiplanicie de Colombia está representada por ese
-aparecido, anciano y barbado, que llevaba tres nombres: Botchica,
-Nemterequeteba y Zuhé, al cual representábase por un ser tricéfalo. A
-Botchica acompañaba una mujer de extraordinaria belleza que llevaba,
-como él, tres nombres: Huythaca, Chia y Yebecuayguaya; fué ella quien
-hizo desbordar el Funza y produjo un diluvio, por lo cual Botchica,
-airado, la convirtió en luna. Botchica restaurador de las cosas, que
-reino dos mil años, es ese _Idacanzas_, otro Apóstol de los misioneros.
-Su nombre de Zuhé ó Xué significa «el día», «el brillante», y de aquí
-que se le llamó «el blanco». Idacanzas quiere decir «creador del
-tiempo». Botchica, en suma, es una personificación del sol, reglando
-las estaciones, y cuya aparición ó desaparición dá lugar al día ó á
-la noche, al buen ó mal tiempo. De aquí que los caciques Muyscas,
-según refiere Piedrahita[61], tenían la pretensión de influir sobre la
-temperatura.
-
-Otra figura tricéfala que dió mucho que decir á los cronistas,
-elevándola al rango de misterio cristiano, fué el _Tangatanga_ ó la
-huaca capirotes, «que al contar de los quippus de Chuquisaca era un
-Dios y tres personas, ó uno en tres y tres en uno», al decir del P.
-Josef de Acosta, que fué quien primero dió noticia de la misteriosa
-huaca, á la cual sin duda se refería la cita de Lozano, atribuyéndole
-gran importancia el P. Montoya[62].
-
-_Tanga_, ó mejor _tanca_, según Jiménez de la Espada[63], es el tocado
-en forma de capirote que usaban las indias de Huaqui, y como la
-reeduplicación en los idiomas peruanos envuelve idea ó concepto de
-multiplicidad colectiva (como en _Zachha—Zachha_, bosque de Zachha,
-árbol), resulta que la trinidad de los Charcas en puridad viene á ser
-la _huaca capirotes_, ascendida poco á poco de figurón tricéfalo á
-misterio cristiano.
-
-Nuestro americanista Ambrosetti dió en Calchaquí con la huaca capirotes
-ó figurón policéfalo de Quilmes, que describe en una interesante
-monografía[64].
-
-Ternos de seres animados ó inanimados encuéntranse también en Perú y
-Chile, como los de la colección de Ferreira, de Lima, y del Museo de
-Santiago. Nosotros poseemos un pequeño objeto de piedra, encontrado en
-el valle de Catamarca, que representa indiscutiblemente una trinidad,
-y que tiene por emblema el triángulo de la fecundación sexual[65]. El
-disco de Chaquiago de Lafone Quevedo, que más adelante se reproducirá,
-es un _Caylle_ trinitario, con su figura central antropomorfa y sus dos
-monstruos zoomorfos laterales, que ostentan _cruces_ en sus cabezas.
-
-En Calchaquí, como el 3, aparecen ser indudablemente sagrados los
-números 2 y 4. Las figuras dobles, como los objetos fálicos de
-nuestra colección encontrados en Tinogasta y Lules, que reprodujimos
-en nuestra monografía sobre el _Falo_, suelen ser epicenas, como ese
-Uiracochanticcicapac de Pachacuti ó esos padres del universo mejicano,
-Citlatonac y Citlalicue, varón y mujer, divinidades que llevaban los
-nombres de Ometecuctli y Omecihuatl, que valen por «dos varones» y «dos
-mujeres», ó sea: «doblemente varón» y «doblemente mujer.»
-
-Los monumentos megalíticos esculpidos y las petrografías y pictografías
-fueron tomados como escritura indeleble de los portadores de la Cruz.
-
-Entre los petroglyfos adquirieron celebridad los de Calango, del valle
-de Cañete, con huellas del Santo; la piedra de Collao, mentada por D.
-Francisco de Toledo; la de Tocoregua, del corregimiento de Tunja; la
-de Colla Tupá, sobre la cual Santo Toribio de Mogravejo erigió una
-capilla; la huaca _Chasca Cóyllur_ ó _Cantacauro_, etc., sobre las que
-tan larga y erradamente debatieron los cronistas[66].
-
-La creencia arraigada por el conquistador de que los petroglyfos no
-son obra nativa, originó, sin duda, de que los peruanos atribuyeran á
-tales monumentos una clásica antigüedad, pues es más que seguro que no
-fueran obra suya. La escritura petrográfica, tanto en el Perú, como
-en nuestro Calchaquí, responde á un culto atmosférico ó acuático,
-y muy escepcionalmente heliolátrico. Respecto á los monumentos de
-Tiahuanaco, no cabe discusión que la obra es preincaica. En Calchaquí,
-si esceptuamos la piedra de Colalao (Tucumán) y unas más, no se ven
-rastros solares en las petrografías.
-
-Las rocas escritas que puede decirse que consagraron la atención del
-conquistador, fueron aquellas con pies humanos esculpidos, tomados por
-rastros de los blancos portadores de la Cruz.
-
-Lozano cita las de Itoco y Tocoregua, en Nueva Granada, y la de
-Ubaque, cerca de Bogotá[67]. Apúntanse en el Brasil y Paraguay las
-de Itapuá[68], de Parayba[69], de San Vicente, de Baipurungá[70], de
-Guayrá[71] y de la Asunción[72]. En el Perú se citan las de Piura, isla
-del Titicaca, de Callo, de Calango[73], de Chillaos, de Chachapoyas,
-«que demuestran (sus rastros) que se incaba allí el Santo á orar,
-juntas levantadas las manos al cielo, para lo cual soltaba el bordón ó
-báculo que sería de dos varas de largo, y también quedó impreso»[74],
-etc.
-
-Para dar un valor probatorio decisivo á estas piedras con pies ó manos
-esculpidos, recordábanse las huellas del Santo en Ceylán, olvidando que
-los fenicios, según el Dr. Lamas[75], solían grabar en sus inscripciones
-dos pies, uno detrás de otro, para indicar caminante, viajero, hombre
-que pasa.
-
-El señor Jiménez de la Espada[76], cree que los pies grabados en las
-rocas pueden significar esto último ó tener alguna otra significación
-en la escritura petrográfica nativa, como sucede con los rastros de las
-ocho piedras de Hambato, que atribuye á geroglífico ó signo del que
-marcha, ó á una vía, como la que usaban los mexicanos en sus pinturas;
-otras rocas de esta especie, para él, acaso conmemoran el acto solemne
-de descalzarse el Inca y poner sobre la tierra sus plantas desnudas,
-en señal de humillación deprecatoria ó de toma de posesión de un lugar
-importante ó de una frontera[77].
-
-Nuestra opinión es que los pies esculpidos pueden significar cosas
-diversas, según el carácter de la escritura de la roca ó de la roca
-misma, considerada como huaca, como señal, lindero ó mojón.
-
-Si no se trata de rocas sagradas, correspondientes á un culto
-litolátrico, los pies esculpidos en una misma dirección podrán
-indicar un camino ó rumbo dados, como si se dijese gráficamente:
-«por aquí», «por allá». El pie debe expresar el acto material de
-andar. Pueden también las rocas indicar puntos de parada ó de
-tránsito para los caminantes ó _chasques_: las piedras serán entonces
-verdaderos _tambos_. Si, por el contrario, se trata de rocas sagradas,
-posiblemente de la era fetiquista, entonces el pie esculpido será un
-rastro divino, como el del Inca en el acto de descalzarse, ó el de una
-deidad que por algún motivo se paró sobre la roca, como el de aquel
-Taapac, para predicar desde un alto peñón, ó el del Huiracocha ó el del
-dios Trueno, si la roca responde al culto acuático.
-
-En nuestra interesante cuanto numerosa colección de petroglyfos, no
-contamos con roca alguna de pies esculpidos; pero en cambio hallamos en
-Encalilla y Carrizal (valle Calchaquí) piedras con manos grabadas, una
-de estas con tres; y vayan en tal caso manos por pies, ya que unos y
-otros son rastros humanos. No sucede lo mismo en la alfarería funeraria
-de estas regiones, en la que hemos dado con ejemplares de urnas
-ceremoniales con pies pintados de negro sobre su sección ventral, los
-que en el acto reconócense por el ancho de las plantas y sus cinco
-dedos. Dos ejemplares reproduciremos: en la guarda lateral de una urna
-de Santa María (Fig. 1) aparecen representados cinco pies humanos;
-en otra urna del mismo lugar (Fig. 2) se ven en la parte superior
-ventral grupos de tres pies, que bajan de la tinaja, reproducidos en
-las guardas de la misma, junto á figuras que representan manos. En
-Calchaquí, pues, no podría hablarse de rastros apostólicos, toda vez
-que no los dejarían impresos de tan pequeñas dimensiones y sobre el
-barro cóncavo de la alfarería.
-
-[Ilustración: Fig. 1. Guarda lateral de una tinaja.]
-
-[Ilustración: Fig. 2. Urna de Santa María (Colec. Quiroga)]
-
-Desde que para nosotros la _mano_ es un símbolo que representa á
-la Tormenta ó á la divinidad atmosférica, figura monstruosa de
-fisonomía antropomorfa en Calchaquí[78], el pie debe referirse á igual
-representación, por ser, como la mano, un miembro de su cuerpo, y por
-aparecer, en el caso de la figura 2, pies y manos simbólicos
-alternados. Y es el caso de hacer una advertencia oportuna al respecto:
-los Zapotecas, en Méjico, adoraban á Huemac bajo la forma de una
-mano, demandándole la riqueza de que Quetzalcóatl era el principal
-dispensador: Itzamna, dios de carácter atmosférico salido de Yucatán,
-era representado en su templo de Izamal bajo la forma de una mano,
-_kabul_, «la mano activa»[79].
-
-Los pies ó manos pintados ó esculpidos, ó indicarían que allí se
-detenían las divinidades atmosféricas, ó que las rocas les estaban
-consagradas. En Calchaquí, en vez de pies humanos se graban comunmente
-patas de _suris_, y el avestruz, como lo demostraremos, es la Nube
-atmosférica venerada, un símbolo acuático, simplificado en sus últimos
-extremos cuando solo la pata del animal se reproduce.
-
-Muy curiosa es también la cuestión del _Hombre Blanco_ americano, que
-se confundió por los conquistadores con la del hombre europeo emigrado,
-basándose en las tradiciones quichés, nahuas, mayas, aztecas, muyscas,
-quichuas y guaraníes[80].
-
-El dios Quetzalcóatl mejicano, que reino en el Anáhuac, era un blanco
-y barbado, salido del Este; Votáan de Chiapas, es del mismo color;
-Botchica, otro blanco y barbado, cuyo itinerario comienza en Bosa,
-para seguir invariablemente de este á oeste; el Aticci Viracocha era
-igualmente blanco; Tonapa, al decir de los cronistas, fué «blanco,
-zarco, muy barbudo», lo mismo que el brillante Taapac del P. Ramos,
-descendido del cielo; finalmente, blancos fueron Manco Cápac y el Inca
-Roca.
-
-Veamos brevemente quiénes son estos personajes, que siempre, como el
-sol, caminan de naciente á poniente, detalle trascendental.
-
-Quetzalcóatl es «la serpiente emplumada», uno de los tres principales
-mitos del panteón mejicano. Tiene por atributos el pájaro verde,
-_Quetzal_, y la serpiente, _Cóatl_, dios mitad ornitomorfo y
-mitad ofídico[81]. Es una divinidad atmosférica: bajo el nombre de
-Nanihehecatl es el señor de los vientos, y bajo el de Tohil, el ser
-rugidor, epíteto dado también por los quichés de Guatemala al dios del
-rayo. Es Quetzalcóatl la encarnación del pueblo tolteca: sus viajes
-son las migraciones de este pueblo; el conflicto con Tezcatlipoca es
-sin duda el recuerdo de una revolución religiosa y política que dió
-un golpe de muerte á la preponderancia de su culto; las ciencias, las
-artes, las industrias de que es inventor, son el secular bagaje de la
-civilización tolteca; su épica historia, una condensación de la de este
-pueblo, venido de país desconocido, establecido en Tullán y después
-descendido á Cholula.
-
-Votán, el padre de la civilización de los tzendales, en la América
-Central, es otro aparecido semejante á Quetzalcóatl, que funda pueblos
-como el de Palenque ó Nachán, «ciudad de las serpientes». Votán,
-«corazón», en tzendal, es descendiente de Imos, de la raza de los
-_Chan_ ó de «las serpientes»[82]. Venido de Chivín, baja hasta la base
-del cielo por la cueva subterránea de un gran ofidio. Su semejanza con
-el dios tolteca prueba el contacto seguro de chiapas y mejicanos.
-Los dos son oriundos de país fabuloso, situado al oriente, de donde
-salen los vientos, el huracán y las nubes de la lluvia; uno y otro
-ejercen acción decisiva en la vida agrícola de sus pueblos; ambos dejan
-sucesores que llevan sus nombres y perpetúan su culto atmosférico,
-convertidos después en divinidades antropomorfas. Votán es un dios
-serpiente, ó sea el rayo. Es también un Tepodaztli, ó dios del trueno.
-Lo que le dá fisonomía peculiar, es que el pájaro de las nubes es
-extraño á su culto, por lo que en los bajorelieves de Palenque los
-dioses-pájaros y los dioses-serpientes no aparecen asociados.
-
-Otro aparecido venido del sudeste, y por mar, es Wixepecocha, el
-predicador de los zapotecas de Huatulco. Este es perseguido hasta el
-monte Cempoaltepec, á cuya cima sube, levantándose á la atmósfera y
-desvaneciéndose: esto dá á entender que se trata de un dios que vuela,
-ó del aire, como el de los toltecas.
-
-Botchica[83] es la divinidad solar, con influencia sobre la atmósfera
-que veneraron los muyscas de Cundinamarca. Botchica se tiene por el
-blanco del norte de la América Meridional, cuando en realidad el nombre
-que toma de _Zuhé_ ó _Xué_ no tiene otra significación que «brillante»,
-como es el sol. Botchica hace su camino de este á oeste, y desde Bosa
-prosigue por Muqueta y Fontebón á Sagamosa, en donde desaparece de la
-tierra para subir al cielo, por lo que recibe el nombre de Sugunza: «el
-que desaparece».
-
-A propósito del color «blanco» de Botchica, conviene recordar que
-Mixcoatl ó Itzac-Mixcóatl, la nube serpiente, es «_la blanca ó la
-brillante_ nube-serpiente»[84].
-
-Huiracocha surgió del Titicaca como un todopoderoso «resplandeciente»,
-por lo que debía ser «blanco». Es el creador de los brillantes
-astros,—del sol, de la luna y de las estrellas, á los cuales señaló
-su curso en el cielo. Desapareció en el mar, su elemento, á cuyas
-profundidades precipitóse.
-
-Inca Roca y Manco Cápac[85], que casan con sus hermanas, son hijos del
-sol, usan vestidos resplandecientes y obran prodigios. La leyenda de
-cada pareja es un verdadero mito solar, en el sentido de que sin duda
-son representaciones terrestres y antropomorfas del Sol y la Luna, de
-Inti y Mama Quilla.
-
-Manco Cápac y Mama Ocllo salen del Titicaca, llegan al ombligo del
-mundo y fundan el Cuzco, en donde levantan el templo al padre Sol. Sus
-hijos cimentan la dinastía de los Incas, de origen celeste, por lo cual
-eran estos divinizados, presentándose como tales á su pueblo en la
-fiesta de Intip-raymi, en el solsticio de Junio, en celebración de la
-muerte y resurrección del sol omnipotente.
-
-En la historia mítica de aquellos reyes la figuración del Inca Roca es
-de héroe solar. Ocupa un alto rango en la geneología de los monarcas
-del Cuzco, siendo él, según Montesinos, el verdadero fundador del
-imperio heliolátrico[86].
-
-Cuéntase que una princesa, Mama Cibaco, y una hermana suya se
-decidieron á reformar la sociedad y restablecer el antiguo culto.
-Mama Cibaco, de extraordinaria belleza, es la madre de Inca Roca. La
-hermana de aquella, una famosa maga, aconsejóle que labrase para el
-niño un vestido resplandeciente de oro y piedras preciosas, y que ya
-vestido ocultase al infante en una caverna contigua al Cuzco, en las
-ruinas de un templo del sol. Así se hizo. La princesa llama entonces á
-los habitantes del Cuzco, manifestándoles que, dormido su hijo, el sol
-habíalo llevado á los cielos para volverlo después, colocándolo en el
-real trono, pues que el astro había reconocido por vástago suyo á Inca
-Roca. El pueblo se reunió; y después de muchos sacrificios, anuncióse
-su aparición en la cueva de Chingano, saliendo de improviso de ella el
-niño resplandeciente. Entonces el pueblo le ciñó el llauto, y como Inca
-restituyó el culto del sol, proscribiendo la poligamia al casarse con
-Mama Cora.
-
-En el presente caso, como en el de Manco Cápac, diremos con Rialle[87],
-que el Inca Roca es el hijo del sol; que su vestimenta reluciente no es
-más que el reflejo de los rayos solares; que la gruta de Chingano, en
-donde se ocultó por cuatro días, no es otra cosa que la representación
-de la noche tenebrosa de donde sale en la aurora el astro diurno; que
-el casamiento de Inca Roca con su hermana Mama Cora es semejante al de
-Manco Cápac con Mama Ocllo, al de Inti con Mama Quilla.
-
-De las breves noticias que de estos mitos acabamos de dar, resulta
-que los _blancos_ americanos son divinidades ó seres atmosféricos ó
-solares, ofilátricos ó heliolátricos, hijos de la serpiente-rayo, ó
-del astro del día. Se trata, entonces, de dioses «resplandecientes», á
-los que se diría blancos, del mismo modo que se dice blanca á la luz
-del sol ó del relámpago. He ahí la explicación más natural del hombre
-blanco, con tanta más razón cuanto que el epíteto coincide con la
-calidad del dios.
-
-Pero el Marqués de Monclar en el Congreso de Luxemburgo[88] y el
-Abate Schmitz en el de Bruselas[89], afirmaron, á nuestro juicio sin
-fundamento positivo, que las personas reales, los Incas y las figuras
-ornamentales de los vasos, eran blancos y barbados.
-
-En cuanto á las figuras ornamentales blancas, el testimonio carece de
-valor como tal, pues podemos presentar ejemplares de cosas animadas, de
-blanco, cuyo original es de diverso color, como sucede en pictografías
-de Cafayate, San Lucas y otros lugares en nuestro mismo valle Calchaquí.
-
-En cuanto á que los Incas hayan sido blancos, no hay crónica ni
-narración que lo confirme. Los españoles vieron y comunicaron con los
-monarcas del Cuzco, con cuyas hermanas é hijas casaron, y sus colores
-eran cobrizos.
-
-Pero no por esto negaremos la existencia de hombres relativamente
-blancos en América, por efecto de un fenómeno etnográfico, que conviene
-estudiar detenidamente, y por las influencias de las acciones físicas
-y sociales, de las cuales el color es la resultante en todas las
-latitudes; por lo cual los indios de Vera-Paz, á 1500 m. de altura,
-por ejemplo, traían á la memoria los árabes de Argelia, según Brasseur
-de Bourbourg. Montezuma, de la planicie del Anáhuac, no era más que
-bronceado. Algunas tribus de la Pampa, que se pintan menos que las
-del Norte, tienen el color de los paisanos de la España y del sud de
-Italia[90].
-
-El problema de los hombres barbados es mucho más sencillo que el de los
-hombres blancos. Pensar que los indios americanos son absolutamente
-imberbes, como la generalidad, es un error del que podemos dar fe los
-que conocemos indios montañeses, provistos generalmente de bigote y aún
-de barba, como el indio Llampa, de Belén, cuya fotografía conseguimos
-en una reciente excursión.
-
-Como la barba es un atributo viril, cuando el indio se propone
-manifestar de una manera gráfica que lo que ha querido representar es
-un varón, entonces exagerará en sus figuraciones tal atributo, dando
-á la barba un tamaño doble y triple del que en realidad tendría el
-original.
-
-J. G. Müller hace notar que las razas americanas no son imberbes, y
-que, por consiguiente, nada hay de sorprendente que se represente con
-barba á ciertos personajes. Botchica, por ejemplo, es un ser viril, y
-la barba es un atributo de virilidad que comparte con el Viracocha de
-los aymarás, con el Quetzalcóatl de los toltecas y con el Coxcox de los
-chichimecas. En cuanto á los naturales de la República Argentina, el P.
-Bárcena habla de indios barbados en Córdoba, en carta á su Provincial;
-Ambrosetti ha publicado un grupo de calchaquíes de Luracatao y una
-familia Cainguá con varones barbados[91].
-
-Nosotros poseemos en nuestra colección una regular cantidad de pinzas
-depilatorias, que los peruanos llamaban _canipachos_[92], con las que el
-indio se arrancaba la barba.
-
-La cuestión, pues, del hombre barbado, queda así explicada[93].
-
-Reasumiendo: el conquistador encontró que en toda la América la Cruz
-era un símbolo sagrado; y, sin penetrar los orígenes y motivos de la
-figura geométrica simbólica, ni tener en cuenta su universalidad como
-tal, consideró desde el primer momento que ella fué importada á este
-Continente, pues para aquel la cruz americana tenía el mismo valor que
-el signo de su fe.
-
-Al conquistador no ocurrió que el símbolo sagrado fuese nativo, y por
-eso no indagó los antecedentes que hubieran establecido la verdad del
-tan debatido asunto.
-
-Posteriormente, cuando se detuvo á estudiar á la América y su genio
-nativo y original, entonces comenzó á comprender que no había necesidad
-de que apóstoles ú hombres blancos hubieran pisado su suelo, ni
-discurrido por sus vastas soledades, enseñando dogmas y misterios y
-dejando á la Cruz como recuerdo imperecedero de su predicación.
-
-
-NOTAS:
-
-[17] _Conquista Espiritual del Paraguay_, § XXI, págs. 95 y siguientes.
-(Bilbao, 1892).
-
-[18] Véanse P. Lozano, _Historia de la Conquista del Paraguay, Río
-de la Plata y Tucumán_, tom. I, cap. XX, pág. 452, y N. de Techo,
-_Historia de la Provincia del Paraguay_, tom. I, lib. VI, cap. IV
-(Madrid, 1897).
-
-[19] _Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay_,
-Lib. VI, cap. XVI—El P. Cataldino fundó á N. S. de Loreto en 1546, y
-era italiano (Montoya cit., VI, pág. 30).
-
-[20] Véase _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, de M. J. de la
-Espada, inserto en las Actas del Congreso de Americanistas de Bruselas
-(1879), págs. 529 y 530.
-
-[21] _Historia del Paraguay_, etc., cit., tom. I, cap. III, pág. 69.
-
-[22] De esta Gruta ocupóse Jiménez de la Espada en el referido Congreso
-de Bruselas, citando el testimonio de D. Julio Ramón César (_Descrip.
-Hist. del Paraguay_), quien dió en 1768 interesantes datos sobre la
-misma, concluyendo aquel americanista que se trataba de un monumento
-de la prehistoria, que quizá guardaría vestigios del hombre primitivo
-(Actas del Congr., tom. I, págs. 538 y 653).
-
-M. Peterken manifestó en el Congreso que sobre esta gruta corrían
-leyendas nativas en el Paraguay, y que á su juicio fué un refugio de
-pescadores (Lug. cit, págs. 651 y 652).
-
-[23] Sobre esta piedra debatió largamente el Congreso anterior de
-Luxemburgo en su 4^a sesión.
-
-[24] Lozano, Op. y lug. cits.
-
-[25] _Historia de Nuestra Señora de Copacavana_, capítulos VII á XI.
-
-[26] _Crónica moralizadora de la Orden de San Agustín_, lib. II,
-capítulos II y siguientes.
-
-[27] Ruíz de Montoya, cap. XXIII, págs. 98 á 103—Techo, tom. III, lib.
-VI. cap. IV, págs. 23 á 26—Lozano, tom. I, cap. XX.
-
-[28] Op. cit., cap. IX.
-
-[29] Cap. XXIII, pág. 102.
-
-[30] Congr. de Amer. de Bruselas, tom. I, pág. 597, nota.
-
-[31] «En toda la Provincia de Tucumán, escribe, no se encuentra
-vestigio ninguno de los que se celebran en otras regiones, ni hay
-noticia de que sus naturales tuvieron tradición sobre este particular y
-hallándose también noticias en la provincia de Santa Cruz de la Sierra,
-de que por allí discurrió nuestro sagrado apóstol, es verosímil que,
-dejando á mano izquierda el Tucumán, se encaminó desde el Paraguay al
-Perú» (tom. I, cap. XX. pág. 463).
-
-Es curioso el dato consignado por Techo á la pág. 397, tom. II.
-
-[32] _La Araucana_, Part. I, Canto II.
-
-[33] Techo, Op. y lug. cits.—Ruíz de Montoya, § XXIII, págs. 102 y
-103—Calancha, Op. cit.—_Congr. de Bruselas_, tom. I, págs. 555 á 640.
-
-[34] Garcilaso, _Comentarios Reales_, tom. II, cap. IV—Antonio de
-Pinelo, _Paraiso_, lib. II, cap. XII—Lozano, tom. I, pág. 446—Lucas
-Fernández de Piedrahita, _Historia del Nuevo Reino_, etc.
-
-[35] _Pay_, escribe Montoya en una de sus obras (_Cong. Esp. del
-Paraguay_, § XIX, pág. 96), «quiere decir Padre, y lo usurparon los
-viejos, los _magos_ y los _hechiceros_»; _Pay_, escribe en otra
-(_Tesoro de la Lengua Guaraní_, verb. _Pai_), «dice Padre, es palabra
-de respeto y con ella nombran á sus viejos _hechiceros_ y _gente
-brava_». _Pay_ escribe Calancha (Op. cit., Lib. II, cap. II), «es el
-nombre que daban á lo que ellos tenían por divino, poderoso ó sabio,
-como á Dios y á sus _encantadores_». «Los _magos_, dice Lozano (tom. I,
-cap. XX, pág. 462) se usurparon el nombre de _Pay_, para honrarse con
-él».
-
-[36] Sobre Pay Tumé ó Tumá el Abate Schmitz discurrió en el Congreso de
-Luxemburgo (_Compte-réndu du Congrès Internat. des Américanistes_, tom.
-I, pág. 363).
-
-[37] Lozano (Lug. cit., pág. 462) dice que los ancianos y magos que
-se decían Pay, «jamás se pusieron el de _Abaré_, como opuesto á su
-profesión, que era de vivir con cuantas mujeres alcanzaba su posible.»
-Ruíz de Montoya (Id. id, pág. 95) escribe que los paraguayos á los
-sacerdotes «llámanlos _Abaré_, que quiere decir _Homo segregatus
-á venere_». «Por _oprobio_ nos llaman _Abaré_», agrega en otro
-lugar, citando el ejemplo del «eunuco á natura» que vióse obligado á
-desterrarse, como los venados, por los montes (págs. 96 y 97).
-
-[38] Wiener, _Pérou et Bolivie_, Vocabuls., verb. _Pai_, pág. 786, dice
-que esta voz es el pronombre él, ella.
-
-[39] Lozano, cit., pág. 449—La cita de Alfaro, reproducida por Montoya
-(pág. 105), dice: «Cuando estuve visitando la Gobernación de Santa
-Cruz de la Sierra, supe que había en toda aquella tierra noticia de un
-Santo que llamaban Pay Tumé, el cual había venido de hacia la parte del
-Paraguay, y que había venido de muy lejos, de suerte que entendí como
-que había venido del Brasil por el Paraguay á aquellas tierras de Santa
-Cruz».
-
-[40] Sin dejar de admitirse la comunicación continental con tierras del
-norte de la América y la migración europea de los escandinavos de los
-siglos X y XI, primero á Groenlandia y después á Vinland, los Congresos
-de Americanistas de Nancy y Luxemburgo debatieron y trataron con todo
-género de reservas la evangelización de las tierras americanas por los
-Apóstoles (Nancy, 1875, _Congrès des Américanistes_, tom. I-Id. id.
-Luxemburgo, _Compte rendu des Congr._, etc.—Véanse: M. E. Beauvais,
-_Les Colonies Europ._, Ses. 2^a tom. I, pág. 174; Monseñor Timon,
-_Missions in Western New York_, Buffalo 1862, págs. 16 y siguientes;
-Palfrey, _Hist. of New England_, tom. I. págs. 56 y siguientes, etc.)
-
-En el Congreso de Bruselas el Abate Schmitz quizo reabrir la cuestión,
-pero sin éxito alguno (Bruselas, 1879, _Congr. des Amér._, tom. I,
-sesión 3^a, págs. 497 y siguientes.)
-
-[41] «Abierta la puerta, escribe, y queriendo entrar por ella, apenas
-cabía un hombre y había mucha oscuridad y no muy buen olor. Visto esto,
-trajeron candela y ansi entramos con ella en una cueva muy pequeña,
-tosca, sin ninguna labor, y en medio della estaba un madero nincado en
-la tierra, con una figura de hombre hecha en la cabeza del, mal tallada
-y mal formada y al pie, á la redonda del, muchas cosillas de oro y de
-plata ofrecidas de muchos tiempos y soterrados por aquella tierra.
-Vista la suciedad y burlería del ídolo, nos salimos afuera á preguntar
-que porque hacían caso de una cosa tan sucia y torpe como allí estaba?
-Los cuales muy espantados de nuestra osadía volvían por la honra de su
-Dios, y decían que aquel era _Pachacámac_, el cual los sanaba de sus
-enfermedades.»
-
-Sobre Pachacámac, véase Brasseur de Bourbourg, _Le Livre Sacré_, pág.
-224.
-
-[42] Para Girard de Rialle, Pachacámac no fué ni un dios ni un héroe
-solar, aunque más tarde los Incas le presentaran, como á Con y á Manco
-Ceápac, como hijo del sol. No era dios del agua, visto su antagonismo
-con Con (_Mythologie Comparée_, Cap. XVI, págs. 263 y 264).
-
-Daniel Brinton piensa con Müller y Picard que Pachacámac es el dios del
-fuego, pues que el fuego es impalpable y sútil, y reanima y vivifica.
-El fuego contiene, para los pueblos en los cuales la ciencia de la
-física es poco avanzada, los gérmenes de toda cosa, y constituye el
-elemento procreador y vital por excelencia (_Myths of the New World_,
-págs. 210, 263 y 335—Filadelfia, 1896).
-
-[43] Sobre este interesantísimo mito, véase Brasseur de Bourbourg, _Le
-Livre Sacré_, pág. 238.
-
-[44] Keane, _Man Past and Present_, págs. 424 y 425 (1899), entre
-otras cosas muy interesantes, dice de Huiracocha: «... El gran templo
-y los edificios que lo rodean inconclusos, como quedaron, se remontan
-á la época preincásica y fueron dedicados á Viracocha, dios tutelar
-de los Aymará; más la edificación fué suspendida por los Incas, para
-quienes Tiahuanaco, asiento de este culto, era un rival de Pacaritambo,
-cerca del Cuzco, centro del culto solar de los Quichuas. Después que
-se realizara la conquista del país de los Aymará, la anterior enemiga
-entre estos dos centros de cultura desapareció; las desconfianzas
-internacionales, que procedían más bien de causas políticas que de
-religión, dejaron de existir, y el mismo Viracocha ingresó al panteón
-de los Quichuas ...»
-
-La etimología del dios, de «gordura del mar», fué rechazada por
-Garcilaso (Lib. V. cap. XXI). Cieza dice que significa «espuma del
-mar», lo que es seguido por Rialle (pág. 256), teniendo _Cocha_ á la
-vez la significación de «mar» y de «lago». Lafone Quevedo (_Ojos de
-Imaymana_, Bol. del Inst. Geográf. Arg., XX, 452 y 453), dice que puede
-explicarse _co-agua-cha_==partícula verbal—_Vira_, gordura: es decir:
-«El Hacedor del Agua de la fertilidad».
-
-[45] Montoya (XXIII, pág. 99) dá una breve noticia de Taapac, que
-quiere decir, según él, «hijo del Criador», al que tentaron con
-riquezas y blanduras.
-
-[46] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_ (J. de la E.), página
-316.
-
-[47]
- Camcuna Guaca A vosotros, Guacas,
- Rimachon Llamé
- Camcamcunactamar Pues que á vosotras
- Tonapa Tarapaca Tonapa, el Tarapaca,
- Viracocha Pachayachip De Viracocha el Hacedor
- Yanan Siervo
- Ñusaca Indignado
- Chicrisuscanqui Os lanza á la maia suerte.
-
-(Lafone Quevedo, _El culto de Tonapa_—Rev. del Museo de la Plata 1892).
-
-[48] Lug. cit., pág. 14.
-
-[49] Id., pág. 29.
-
-[50] Con razón en el _Vocabulario de la Lengua Aymará_ (1612) de
-Ludovico Bertonio, verb. _Tunapa_, dice que fué «dios tenido de estos
-indios, de quien cuenten infinitas cosas, dellas muy indignas no solo
-de Dios, sino de cualquier hombre de razón».
-
-[51] La voz _Atticci_ es un calificativo de igual valer á nuestra voz
-«poderoso», ó más bien «omnipotente».
-
-Este Atticci, en la obra del P. Molina (_Rites and Laws of the Incas_
-de Clements R. Markham, Londres 1873), aparece como el dios Creador,
-del que son emanaciones ó atributos _Imaymana y Tocapo_ Viracocha
-(El tema _Imaymana_ dice «Hacedero de cosas; _Tocapo_ se descompone
-así: _Toco_, ventana—y _Apu_», señor: Señor de la Ventana)—Véase la
-interesantísima monografía de Lafone Quevedo, _Los Ojos de Imaymana
-y el Señor de la Ventana_, págs. 454 y sigtes. del Bol. del Inst.
-Geográf. Argent., Tom. XX.
-
-[52] _Pérou et Bolivie_, pág. 703.
-
-[53] Lafone Quevedo atribuyó á representación de Aticci la figura del
-dios-sol de Wiener. Según aquél, Aticci es un andrógino, padre y madre
-á la vez de los hijos dioses Imaymana y Tocapu (Op. cit., págs. 14 y
-15).
-
-[54] Este menhir fué descubierto por nuestro americanista Juan B.
-Ambrosetti, quien lo describe en sus _Monumentos Megalíticos del Valle
-de Tafí_ (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., Tom. XVIII, nos. 1 á 3,
-págs. 105 y sigtes). El menhir mide 3.10 m. de largo por un ancho casi
-constante de 0.50m y un grueso de 0.20.
-
-[55] Un ejemplo tenemos en el dios Tláloc, llamado _Napatecutli_, «el
-generoso», cuyo nombre significa «cuatro veces señor». Más interesante
-es aún el Gucumatz azteca, el que se transforma en serpiente, águila,
-tigre y sangre coagulada.
-
-[56] Tom. I, cap. XX, pág. 438.
-
-[57] Cap. XXIV, pág. 106.
-
-[58] _Relación Historial de las Misiones de los Indios que llaman
-Chiquitos_ (1726).
-
-[59] Sobre la Trinidad de los Nahuas, véase Brasseur de Bourbourg, pág.
-121.
-
-[60] «La cabeza del Dios-sol, escribe Wiener (pág. 704), está rodeada
-de 24 rayos, entre los cuales, 6 cabezas de león; el número de símbolos
-de la reproducción de la especie es de 18; los dedos que retienen los
-cetros son en número de 3; los campos que aparecen sobre los cetros,
-esceptuando la parte superior del cetro izquierdo, son 3, lo mismo
-que los pequeños campos ornando las cabezas de los cóndores, á la
-extremidad inferior de los cetros y de las coronas de león sobre los
-pedestales laterales. Es lo mismo en los campos de la cintura, que
-al primer rango son en número de 3, al segundo, en número de 6. Las
-cabezas humanas son igualmente 6, lo mismo que las cabezas de cóndor»,
-etc.
-
-[61] _Historia de las Conquistas del Nuevo Reyno de Granada_, II.
-
-[62] «Y que el Santo, escribe, les explicó la unidad de estas tres
-personas divinas, dá testimonio un ídolo que llaman _Tangatanga_, en
-que adoraban á este uno en tres y tres en uno, lo cual tengo por muy
-probable que les quedó del Apóstol, y ellos lo aplican á sus ídolos»
-(XXIV. pág. 106.)
-
-[63] _Congr. de Amer. de Bruselas_, Tom. I, pág. 576.
-
-[64] _Idolo Tangatanga—Trinidad India_ (Notas de Arqueol. Calchaquí, §
-VI, págs. 43 á 46, Buenos Aires, 1899).
-
-[65] El objeto es una especie de cuba, de 0.15 m. de alto, cuya boca
-y asiento son triángulos isóceles, de modo que figura una pirámide.
-En las tres aristas laterales, aparecen de relieve tres monstruosos
-dragones dobles, uno en cada arista, con sus dobles cabezas y dobles
-colas.
-
-No conocemos otro ejemplar tan típico, muy superior á los ternos que
-reproduce el Señor Jiménez de la Espada en su trabajo citado.
-
-[66] Véanse Techo, tomo III, libro VI, cap. IV, pág. 23. Ruíz de
-Montoya, XXV, pág. 107; Raimundo de Hurtado, _Crón. Moralíz. de la Ord.
-de S. Agust._, libro II, cap. III; siendo muy interesantes las actas
-del Congreso de Bruselas, págs. 598 á 604.
-
-[67] Tomo I, pág. 444.
-
-[68] Lozano, pág. 454.
-
-[69] Id., pág. 456.
-
-[70] Id., pág. 461.
-
-[71] Techo, lib. VI, pág. 22.
-
-[72] Montoya, pág. 98.
-
-[73] Lozano, pág. 443—Montoya, pág. 101.
-
-[74] Lozano, pág. 442—Montoya, lug. cit.
-
-[75] _Introd._ á la obra de Lozano, § IX, _in fine_.
-
-[76] Op. cit., págs. 604 y 605.
-
-[77] Así lo dá á entender el P. Ramos (_Hist. del Sant. de Copacavana_,
-cap. XIII), hablando de los rastros de Tupac Yupanqui.
-
-[78] Adán Quiroga, _El símbolo de la Mano_ (1900).
-
-[79] Rialle, cap. XIX, págs. 320 y 324.
-
-[80] Sobre este asunto consúltese á Brasseur de Bourbourg, Op. cit.,
-págs. 70 y 165.
-
-[81] A. H. Keane (cap. XI, pág. 107) traduce así el nombre de
-Quetzalcóatl: «_quezal_—the bird _Trogon resplendens_, and
-_coatl-snake_» diciendo que el dios es el «Bright-Feathered-Snake», la
-encarnación de Tonacateatl, la «Serpent-Sun»—Véase Brasseur cit., págs.
-70 y siguientes.
-
-[82] Sobre este dios, véase Brasseur cit., pág. 73.
-
-[83] Brasseur, pág. 246.
-
-[84] Brinton, cap. VI, pág. 217.
-
-Es de advertir que así como hay dioses blancos, hay excepcionalmente
-dioses negros, y el Nepatecutli mejicano tiene fisonomía negra, con
-ojos blancos.
-
-[85] Brasseur, pág. 218.
-
-[86] _Memorias Antiguas Historiales del Perú._ Para Montesinos Inca
-Roca no era blanco, ni rubio.
-
-[87] Pág. 253.
-
-[88] 4^{a}. sesión.
-
-[89] Págs. 503 y 504. El Abate fundábase en una cita de Stakemann
-(_Studien über die Indianer_).
-
-[90] Sobre este punto léase la exposición de M. Peterken en el Congreso
-de Bruselas (Tom. I, págs. 508 á 511).
-
-[91] Ambrosetti, _Anales de la Sociedad Científ. Argentina_, tom. XLI,
-pág. 41 y _Bolet. del Inst. Geográf._, tom. XV (Los indios Cainguá del
-Alto Paraná).
-
-[92] _Tres Relaciones de Antig. Peruanas_, pág. 253, nota 1
- (Footnote [329]).
-
-[93] Véase Brasseur cit., pág. 226.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II
-
-EL SIGNO CRUCIFORME
-
-SU PROFUSIÓN CONTINENTAL
-
-
- _Universalidad del símbolo—La combinación cruciforme
- como hecho matemático—La Cruz entre los Pieles
- Rojas—En Méjico—En la América Central—Sepulcros
- mejicanos en Cruz—Las tumbas de los Muyscas—El
- símbolo de la vida futura—Opinión de
- Brinton—Orientación de los sepulcros—La Cruz de
- Cazumel—Cruces de Guatulco y de Anáhuac—Cruz de
- Palenque—Su valor arqueológico—El emblema de los
- Vientos—La Cruz en Cundinamarca—La Cruz en el
- Perú—Cruces de Carabuco de Santa Cruz, de los
- Chunchos y del Cuzco—La Cruz en Chile y en el
- Tucumán—Profusión del símbolo en Calchaquí—Opinión
- del marqués de Nadaillac._
-
-Desde mediados del siglo XVIII, y aún antes, comenzó á abrirse camino
-la idea de que la Cruz no era pura y exclusivamente el signo del
-cristiano. Cruces de distintos tamaños y de diversas formas, ó más bien
-dicho signos cruciformes, aparecían en los monumentos y en los objetos
-de arte de la más remota antigüedad.
-
-Mucho costó desarraigar la creencia de que la Cruz v el signo del
-Redentor eran una cosa inseparables. La arqueología misma tenía por
-un axioma que la Cruz servía de criterium para reconocer lo que era
-posterior á Cristo y pertenecía á la era actual. Este criterio, aún
-á fines del siglo pasado, fué empleado por algunos americanistas
-para resolver el problema de nuestra Cruz continental; pues si bien
-admitieron la universalidad del símbolo, negaron obstinadamente su
-veneración de parte de las naciones que lo emplearon; y así el Abate
-Schmitz decía en pleno Congreso de Bruselas que no se podría citar
-un solo ejemplo en toda la antigüedad de los pueblos salvages, fuera
-de América, en donde la Cruz fuese venerada; que no era sinó por la
-muerte del Cristo que la Cruz se hizo un signo de salud; y que si, por
-consiguiente, se la encuentra adorada entre los pueblos salvages de la
-América, es un indicio cierto de que el cristianismo fué conocido y
-predicado[94].
-
-El Abate no tenía en cuenta que San Jerónimo mismo recordaba el alto
-valor simbólico de aquella entre los antiguos samaritanos; y olvidaba
-que en los geroglíficos egipcios el _Tau_ y la Cruz empleáronse como el
-símbolo de la vida futura, no existiendo nada tan sagrado como la Cruz
-hermética ó Isiaca, cuya invención se atribuye á Mercurio Trismegistro.
-Como símbolo sagrado de la religión, la Cruz desempeñó un papel
-importantísimo en los misterios de Isis, como lo hizo notar un eminente
-teólogo[95]. También ha tenido gran figuración como letra gerática ó
-sacerdotal, tanto que el Tau, filológicamente hablando, es la radical
-del nombre primitivo de Dios: del Thaut egipcio, del Théos griego, del
-Theut ó Theutates celta y del Thon escandinavo. Cruces llevaron los
-monumentos egipcios de ahora seis mil años. Cruces veíanse igualmente
-en manos de Horo; al cuello de Apis, de Amom y de las Vestales; y en
-los timbales de los Coribantes, y en los vasos sagrados con que se
-ofrendaba á los dioses. Lo propio sucedía en Asiria y Babilonia. En
-Europa misma, en las cercanías de Parma, de Reggio y de Módena, ó sea
-en las terramares de la Emilia, se han encontrado cruces simbólicas
-en el fondo de las vasijas, trabajadas en la alfarería muchos
-siglos antes de los romanos y del cristianismo; lo mismo que en los
-cementerios de Villanova y en las tumbas de Golasecca, en las cuales su
-culto se ha revelado de la manera más completa[96].
-
-Entre tanto, un hecho arqueológico se comprobaba: la universalidad
-del símbolo cruciforme, como la del círculo, del triángulo, del
-cuadrilátero, del gancho ó segmento del cuadrado y del meandro. Y es
-que la Cruz es una combinación geométrica natural; de manera que el
-encontrarse en América no fué motivo para establecer conclusiones de
-otro orden.
-
-No debe perderse de vista el hecho matemático de que la combinación
-cruciforme suele ser el signo general de toda la geometría celeste y
-terrestre. Los conocimientos astronómicos desempeñaban en América un
-gran papel político y social. La Cruz del Sud, visible en toda la zona
-tórrida, debió desde el primer momento impresionar los sentidos del
-indio. La perfecta orientación de las fundaciones que precedieron á los
-pueblos aztecas y quichuas, puede haberle vuelto un signo geométrico
-relacionado con aquella, por la influencia del ángulo recto; y el
-gusto por este ángulo, sin duda determinó la forma de las aberturas
-de las construcciones de Palenque, en forma de Cruz griega, cuando
-no de Tau egipcio. No olvidemos que los pueblos aztecas y quichuas
-eran esencialmente geómetras; que trazaban ángulos rectos perfectos,
-y que casi seguramente, como hemos podido comprobarlo en las ruinas
-de nuestro Calchaquí, conocieron y usaron la escuadra y la plomada.
-Además, la Cruz, mayormente si se ha trazado dentro de un círculo,
-divide las figuras ó cosas en cuatro porciones iguales, lo que pudo
-muy bien haber ocasionado su empleo como reguladora de cantidades. Las
-marchas del sol, de los astros y la dirección geográfica de los rumbos,
-indudablemente que han influido, así mismo, en su trazado.
-
-Es por algunos de estos motivos que Rialle, escribiendo sobre la Cruz
-en Cundinamarca[97], no dá trascendental importancia al hallazgo del
-signo, manifestando que, como la costumbre de trazar líneas cortándose
-en ángulos rectos se encuentra en todos los pueblos y remonta á todas
-partes, á todas las épocas prehistóricas, esta coincidencia no es digna
-de llamar la atención.
-
-Es de observar que Waldeck, en 1792, explicaba con la geometría la
-existencia de cruces en ese sistema de los fondos reticulados de los
-monumentos de Palenque, que tanto han dado qué decir, primero á los
-creyentes, y después á los arqueólogos.
-
-En nuestra América la profusión con que se encuentra el símbolo es tal,
-que dificilmente habrá existido un pueblo que no lo haya usado como
-signo sagrado, ó figurativo por lo menos.
-
-Los Pieles Rojas y demás naciones del Norte valiéronse de la Cruz como
-uno de sus símbolos hieráticos. Aparece en formas griegas en variados
-objetos[98], especialmente en su alfarería ceremonial, destinada
-á propiciar á sus _Wind Spirit_ y demás divinidades que ejercen
-influencia sobre la atmósfera, los vientos y las lluvias; y testimonio
-de ello son las ricas alfarerías depositadas en el Museo de Washington.
-Así mismo la Cruz fué empleada como figura totémica por algunas tribus
-ó familias.
-
-En Méjico, ya sabemos como llamó desde el primer momento la atención
-del conquistador, encontrándose venerada de parte de los aztecas y
-demás naciones del imperio, cuyos dioses portaban la Cruz en la mano,
-siendo ella honrada con víctimas.
-
-El P. Lozano[99], reproduce lo que sobre el sagrado signo en la América
-Central escribieron Gomara[100] y Malvenda[101]. Las cruces de Cozumel y
-de Yucatán llaman la atención de aquel cronista, diciendo que en estos
-lugares se veneraba el símbolo de la redención, sellando con él las
-lápidas de sus sepulcros, como lo registraron los españoles cuando
-descubrieron estas provincias. Desde los más remotos tiempos nahuas y
-mayas adoraban, suspendido en sus templos de Popayán y Cundinamarca, el
-emblema augusto, del mismo modo que los mejicanos[102].
-
-Fué en todo tiempo un hecho curioso y digno de llamar la atención, que
-las tumbas entre estos últimos afectasen la forma cruciforme en su
-distribución.
-
-Entre los muyscas de Cundinamarca los muertos gozaban de la vida eterna
-ó sufrían crueles castigos, siendo la última enfermedad la confirmación
-de su póstumo destino. Los hombres que perecían en la guerra y las
-mujeres muertas de parto, seguramente gozaban de la eterna felicidad,
-lo mismo que los que sucumbían de una pleuresia ó hemorragia; mientras
-que otro género de muerte fué considerada como una señal de la cólera
-de los dioses. En este último caso los muyscas no colocaban cruces
-sobre las tumbas de los extintos; más si la naturaleza de la muerte
-indicaba felicidad futura, la cabeza del cadáver era cubierta de
-_bixa_, enterrándose á este en una tumba perfumada, construyéndose
-sobre el túmulo un pequeño santuario rematado en una Cruz.
-
-Estos interesantísimos datos dícennos con claridad que la Cruz entre
-los muyscas fué un símbolo de la vida futura, lo mismo que en Yucatán,
-en donde los cuatro Bacabs ó los cuatro Vientos pasaban por los autores
-de la vida; y de aquí las cuatro urnas funerarias para cada muerto.
-
-Brinton[103] sigue la misma opinión, manifestando que la Cruz es ese
-famoso «Arbol de nuestra Vida».
-
-Refiriéndose este autor especialmente á las tumbas mejicanas en forma
-de Cruz, dice que si las tumbas de los mejicanos, como se ha asegurado,
-tuvieron tal forma, era indudablemente por relación á una resurrección
-y á una vida futuras que estaban colocadas bajo este símbolo, indicando
-que el cuerpo enterrado resucitaba bajo la acción de los cuatro
-espíritus del mundo, como la simiente enterrada recobra una nueva
-existencia cuando es regada por las lluvias primaverales.
-
-Nosotros añadiremos que la orientación de los sepulcros y sus formas,
-deberían responder especialmente á propiciar en favor del muerto la
-ayuda de los genios cardinales ó de los dioses del norte, sud, este y
-oeste, tan venerados por los pueblos del norte.
-
-En estas regiones septentrionales y centrales de la América, y
-especialmente entre los mayas de Yucatán, que adoraban la Cruz de la
-isla de Cozumel, implorábase al sagrado emblema para que cesasen las
-secas; de modo que en tales países, aparte del carácter atmosférico
-del símbolo, la Cruz representaba la vida de todas las cosas de la
-naturaleza, por acción de los fenómenos meteorológicos que hacen nacer,
-crecer y fructificar las especies animales y vegetales.
-
-Esta Cruz de Cozumel, llevada por los naturales en procesión á la
-orilla de los lagos y ríos en tiempo de seca, fué motivo de largas
-divagaciones de parte del conquistador, por más que su veneración
-no fuese el asunto principal en las creencias nativas, pues el dios
-Cozumel era la suprema divinidad de la isla, y la Cruz tan solo su
-insignia ó emblema[104].
-
-En Méjico ó Nueva España, con la primera Cruz que dieron los
-castellanos fué con la de Guatulco, la cual, según Gregorio García[105]
-tomóse por una insignia apostólica, grabada en una roca, con el retrato
-del Santo, “para memoria perpetua de cosa tan santa”. Esta Cruz es
-fama que hacía quince siglos que existía cuando don Juan de Cervantes,
-obispo de Goajaca, la hizo trasladar á su catedral.
-
-Otra famosa Cruz fué encontrada en el templo de Anáhuac, de gran
-veneración; y Cortés, en su expedición á Tabasco, dió con una de
-piedra, de cerca de tres pies de alto.
-
-Pero la más famosa de las cruces pareció ser la de Palenque, encontrada
-en unas grandiosas y seculares ruinas, desconocidas para los mismos
-naturales del país, sobre las que había crecido una gran selva en
-tiempo de la llegada de los españoles á Yucatán. Estas ruinas, para la
-arqueología americana, son los restos de las monumentales obras dejadas
-por extintos pueblos primitivos, haciendo Alejandro Lenoir remontar
-su origen á más de 3000 años, considerándolas Braseur de Bourbourg
-como anteriores á las más antiguas construcciones del viejo mundo.
-Waldeck[106] describió las ruinas á fines del siglo XVIII, dedicando
-especialmente su obra al estudio de su famosa cuanto simbólica Cruz,
-que gracias á sus dibujos, los de Stephens, de Castañeda y las
-fotografías de Charnay, ha salvado hasta nosotros, pues que ella fué
-extraída del grupo esculpido en medio del cual se encontraba con toda
-su primitiva grandeza[107].
-
-En la figura 3 ofrecemos los detalles más salientes de tan admirable
-escultura.
-
-Sobre este secular emblema, cuyo palo superior termina en una cara
-zoomorfa, aparecía asentado un pájaro fantástico, de larga cola,
-cuya cabeza y plumaje extravagantes delataban perfectamente bien su
-carácter simbólico. A este pájaro es al que, sin duda, ofrendaba el
-indio, artísticamente vestido, un niño estendido sobre sus brazos,
-estirados horizontalmente en actitud de súplica. El conjunto tenía por
-base una figura de ídolo. La Cruz aparecía sobrecargada de líneas y
-de accesorios complicados, que formaban algunos de esos símbolos cuyo
-valor no nos es desconocido. En su torno habíanse grabado caracteres
-geroglíficos.
-
-[Ilustración: Fig. 3. Cruz venerada en el templo del Sol, de Palenque.]
-
-La Cruz de Palenque, sin lugar á dudas de ningún género, es un
-interesante elemento de escritura sagrada, un símbolo, cuyo valor
-mitológico puede calcularse por haber sido esculpida sobre piedras
-sagradas, en el recinto de un templo erigido en honor del sol. Es
-para nosotros el ave, el volátil asentado encima de la Cruz, la
-figura emblemática que puede llevarnos á clasificarla como un símbolo
-atmosférico, si es que el ave, ofrendada de parte del indio, es la
-representación ornitomorfa de la Nube que produce la lluvia por acción
-del sol[108].
-
-En la América Central, más que una cosa principal del culto, la Cruz
-fué una insignia de los dioses del Aire, y figuró como un emblema
-acuático, entre otros. Sus cuatro palos, ó dos líneas que se cortan en
-ángulos rectos, representaban los cuatro vientos que traían las nubes,
-de las que caía la lluvia, que fecundaba y alentaba todas las cosas.
-
-Lo mismo sucedía en Cundinamarca. La Cruz en este país fué objeto de
-veneración á causa de aparecer como el signo gráfico figurativo de los
-puntos cardinales y de la rosa de los vientos, siendo aquellos cuatro
-puntos en toda América cuatro genios del viento, cuatro personalidades
-míticas tutelares; de modo que cuando se habla del «norte», lo que
-en realidad quiere decirse es «viento que sopla del norte». Estos
-cuatro vientos, estos cuatro genios arrastran las lluvias; y de aquí
-el importantísimo papel que desempeñan en las cosmogonías de los
-dioses-agua ó dioses-sol.
-
-En el Perú, igualmente, la Cruz aparece con mucha profusión; pero las
-cruces peruanas no han sido estudiadas por la arqueología, sinó por la
-filosofía religiosa, con su mal preparado criterio.
-
-Una breve noticia de las cruces enumeradas por los cronistas de Indias
-bastará para que nos demos cuenta exacta de la importancia que se
-atribuyó al símbolo en el pueblo de los Incas.
-
-El P. Techo[109] menciona especialmente la Cruz de Carabuco, aldea
-contigua al Titicaca, y sin duda influenciada por su civilización.
-Esta Cruz, cualquiera que sea el motivo invocado, aparece arrojada
-varias veces al agua, sobrenadando en la corriente, sin hundirse, é
-inaccesible al poder del fuego. La Cruz fué enterrada, por fin, en
-un hoyo profundo en las márgenes del lago, del cual es fama que la
-estrajo el cura Sarmiento, después de la revelación de los indios
-anansayas[110]. Es también digna de llamar la atención la influencia
-de la Cruz sobre los rayos, pues al decir de Montoya, nuestro Señor
-hacía con esta cruz muchos milagros, y principalmente «_contra los
-rayos_»[111].
-
-La de Santa Cruz de la Sierra, que dió su nombre á la provincia, fué
-mentada por Fr. Gregorio García en su _Predicación del Evangelio_. El
-cronista cuenta que esta Cruz se veía grabada en medio de una roca,
-junto á unos pies esculpidos, que se dicen ser de Pay Zumé, dato que
-nos indicaría que la Cruz de que tratamos no es otra cosa que un signo
-complementario del de los pies esculpidos, de que nos ocupamos en el
-capítulo anterior, ó sea: un símbolo acuático ó astrolátrico.
-
-Corrobora esta creencia la noticia del P. Josef de Acosta[112] de que
-los indios, cuando la adoraban, demandábanle lluvias.
-
-El P. de la Calancha escribe sobre la Cruz misteriosa de los Chunchos,
-entre las montañas; y está demás decir que para este escritor fanático
-es obra del Apóstol.
-
-De la famosa Cruz del Cuzco, que los españoles llevaron á la catedral,
-labrada «con mármol fino, de color blanco y encarnado de jaspe
-cristalino», ocupóse el Congreso de Americanistas de Luxemburgo,
-haciendo notar el marqués de Monclar[113] que la Cruz existió en el
-centro mismo del imperio de los Incas, y que era allí objeto de gran
-veneración. El marqués negaba que pudiera representar los cuatro puntos
-cardinales, como se sostenía á causa de habérsela encontrado colocada
-verticalmente, colgada de su agujero de suspensión.
-
-Lozano[114] hace referencias á esta insignia «que tuvieron en
-veneración» los ingas, siguiendo á Garcilaso de la Vega[115]; siendo de
-advertir que éste duda de los motivos de «su veneración», pues asegura
-que era simplemente venerada y no «adorada»,—«lo cual escribe, debía
-ser _por su hermosa figura_, ó por algún otro respeto que no saben
-decir».
-
-De este modo, la Cruz de mármol se convertía para Garcilaso en un
-fetiche _Canopa_.
-
-Respecto á la observación del marqués de Monclar, que la Cruz no podía
-ser emblema de los cuatro puntos cardinales á causa de su colocación
-vertical, no la juzgamos argumento serio.
-
-Los mapas murales, colgados verticalmente, figuran la planicie de la
-tierra y de los mares, no obstante. Si la Cruz representaba los puntos
-cardinales, y en tal concepto recibía veneración, no era preciso que
-estuviese horizontalmente colocada, por cuanto ella no representaría
-propiamente un signo geográfico, sinó que valdría como un emblema
-sagrado, alusivo á los cuatro vientos venidos de los cuatro rumbos; y,
-por otra parte, si en las ceremonias hacíase necesaria su disposición
-horizontal, así se efectuaría en cada caso ocurrente, colgándosela de
-nuevo.
-
-Lo que nosotros dudamos es que se haya probado que esta Cruz peruana
-representaba los puntos cardinales, por más que así lo fuese en otros
-pueblos americanos.
-
-En el imperio parece que los Incas mismos portaban la Cruz, pues, según
-Fernández, los candidatos al llauto vestían una camisa blanca «con cosa
-que se asemejaba á una cruz bordada en el pecho»[116].
-
-En Chile, en donde el Apóstol sólo estuvo de paso al decir de los
-cronistas, se han encontrado interesantes objetos arqueológicos con
-cruces. En el capítulo sobre la Cruz en los Petroglyfos tendremos, por
-ejemplo, ocasión de hacer notar las interesantes cruces con que está
-ornada la pictografía de Tinguiririca, al lado de otros símbolos de
-indiscutible valor acuático ó atmosférico, lo que podría servir para
-determinar su valor figurativo en la región andina.
-
-Nuestro Tucumán, no obstante el silencio de los cronistas, que no
-han parado su atención en las riquezas arqueológicas de la tierra,
-es, sin duda alguna, la nación americana más rica en figuraciones de
-cruces nativas, ya sea en sus petrografías ó pictografías, como en su
-espléndida cerámica, en sus ídolos, y hasta en sus diversos objetos
-artísticos de adorno ó de fantasía.
-
-Da nuestra sola colección de objetos calchaquíes podríamos presentar un
-centenar en los cuales la Cruz, hermosamente trazada, aparece pintada,
-grabada ó esculpida, siempre con marcada insistencia, y con motivos
-determinados, obedeciendo á una tendencia simbólica uniforme, sin
-excepciones que hagan vacilar al espíritu arqueológico.
-
-Es por estas circunstancias que la Cruz de Calchaquí será
-preferentemente estudiada en este libro; y á ello deberemos en gran
-parte poder arribar á conclusiones que á nuestro juicio no admiten
-réplicas, resolviendo definitivamente el ya secular problema.
-
-Tal como hasta ahora aparece el signo, y por los datos someramente
-consignados, puede decirse con el marqués de Nadaillac que la Cruz
-americana era tenida «como el símbolo de la potencia creatriz y
-fertilizante de la naturaleza»[117].
-
-
-NOTAS:
-
-[94] _Actas del Congr. de Bruselas_, tomo I, pág. 505.
-
-[95] Justo Lipsio, _De Cruce_, lib. I, cap. LVIII.
-
-[96] Sobre este punto véanse Lipsio, cit.; P. Lafitau, _Mœurs des
-sauvages Americains, comparées aux mœurs des premiers temps_,
-tom. II (París, 1724); Mortillet, _Le Signe de la Croix avant le
-Christianisme_, caps. I á IV (París, C. Reinwald, 1866); M. Peterken y
-Luciem Adam, _Congr. de Bruselas_, págs. 513, 519 y sigtes, etc.
-
-[97] Cap. XVII, pág. 287.
-
-[98] La Cruz en estos pueblos, que la ofrendaban con codornices,
-incienso y agua lustral, servía también de ornamentación, y el Dr.
-Jones enseña conchas y objetos de cobre con cruces, procedentes de
-Tenesse. Es muy interesante el ornamento de cobre encontrado en un
-_Stone-Grave_ en Zalicoffer Hill, que el marqués de Nadaillac reproduce
-en su figura 85, lo mismo que el instrumento de silex en Cruz, de la
-figura 79 (_L’Amériqne Préhistorique_, págs. 176 y 171).
-
-[99] Tom. I, pág. 437.
-
-[100] _Hist. Ind. doccil_, cap. LIII.
-
-[101] _De Antich._, ci. 3, cap. XXV.
-
-[102] Sobre la Cruz en estas naciones, véanse Ixtlilxochitl, _Hist. des
-Chichiméques_, págs. 5 y sigtes.; Sahagún, _Hist. de la Nueva España_,
-lib. I, cap. II; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, págs. 27 y sigtes.;
-Cogolludo, _Hist. de Yucatán_, lib. IV, cap. IX.
-
-[103] Op. cit., cap. IV.
-
-[104] D. Antonio de Solís (_Hist. de la Nueva España_, cap. XV, pág.
-59) dá interesante noticia de este ídolo, de fisonomía espantable, como
-los dioses de la tormenta y del huracán. «A poco trecho de la costa,
-escribe, se hallaron en el templo aquel ídolo tan venerado, fábrica de
-piedra cuadrada, y de no despreciable arquitectura. Era el ídolo de
-figura humana, pero de horrible aspecto, en que se dejaba conocer la
-semejanza de su original. Observose esta misma circunstancia en todos
-los ídolos que adoraba aquella gentilidad, diferentes en la hechura y
-en la significación, pero conformes en lo feo y abominable ... Dicen
-que se llamaba este ídolo Cozumel, y que dió á la isla el nombre que se
-conserva hoy en ella.»
-
-[105] _Origen de los Indios_, lib. V, cap. V.
-
-[106] _Découverte de la Croix de Palenque_ (1792).
-
-[107] La tabla de la Cruz de Palenque, encontrada después que la sacó
-un fanático, en una selva contigua á las ruinas, se halla en el Museo
-de Washington, y de ella dá cuenta Ch. Rau (_The Palenque Tablet,
-Smith. Cont._, tom XXII).
-
-El marqués de Nadaillac (cap. VII, pág. 325), reproduce el cuadro de
-la Cruz de Palenque, y también (pág. 326) un bajo relieve descubierto
-por M. Maler (en 1879, _Nature_, pág. 326), cerca de Palenque, muy
-semejante al anterior, con su Cruz y pájaro encima y dos indios
-ofrendando, el de la izquierda al parecer una cabeza de venado,
-llevando el de la derecha un adorno de círculo con Cruz, en su cintura.
-El indio de la izquierda vése claramente que ofrenda á la Cruz.
-
-[108] En el Congreso de Bruselas, M. Peterken decía que era necesario
-tener el espíritu muy prevenido para ver en esta Cruz una reminiscencia
-evangélica; y que ni el pájaro, ni la Cruz misma, cuya rama vertical
-termina en un pagay, se prestaban á interpretación de tanta fantasía
-(_Actas_, págs. 545 y 522). Para el conde de Charencey, la Cruz de
-Palenque era un simple emblema astronómico (Id., pág. 654).
-
-[109] Lib. VI, cap IV, págs. 23 y 24.
-
-[110] Ruíz de Montoya, caps. XXIII y XXVI, págs. 99, 100, 110 á 112;
-Alonso Ramos, cap. IX, de quien el primero toma sus noticias, y Lozano,
-cap. XX, pág. 440.
-
-El Yamqui Pachacuti (_Tres Relaciones_, pág. 238) asegura que el leño
-fué labrado en los Andes de Caravaya por Tunapa.
-
-[111] Cap. XXVI, pág. 112.
-
-[112] _Hist. Nat._ etc., lib. VII, cap. XXVII.
-
-[113] Luxemburg., 4^{a}. ses.
-
-[114] Cap. XX, pág. 437.
-
-[115] Lib. II, cap. III.
-
-[116] En la _Relación_ del pueblo de Paycabamba ó Leoquina del R. P.
-Arias Dávila (1582), aparece la Cruz incaica con el nombre de Xaygua
-(Sayhua), en la parte que el cronista refiere la lucha de Huayna Cápac
-con los Quillacincas en Gaytara, «donde dejó una señal á forma de
-mármol, tan grueso como cinco ó seis brazas, redonda y dentro de si
-_una cruz_ de plata ó semejanza á ella: su nombre de la cual se llama
-_Xaygua_, que quiere decir _nombre y señal del Inca_.»
-
-[117] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VII, pág. 327.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III
-
-LA CRUZ SIMBÓLICA
-
-EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA
-
-
- _Influencia de la religión en el valor del símbolo—La
- Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de
- Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El
- palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo de
- Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con Cruz—Material
- iconográfico de Jiménez de la Espada—La Cruz
- en los huaqueros—Telas de la Horca, Paramonga,
- Pachacámac, Chancay y Ancón—Opiniones de Jiménez
- de la Espada y M. Bollaert—La lámina simbólica del
- Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la Cruz—Una cita del
- P. Cobo—El Tau de Allchurch—La Cruz como símbolo
- astrolátrico y atmosférico._
-
-Hemos dicho, y lo repetimos nuevamente, que el asunto de la Cruz en
-el Perú, arqueológicamente considerado, no ha sido motivo de estudios
-profundos y satisfactorios, como los que se han practicado sobre el
-símbolo en otros pueblos. Los breves trabajos que al respecto hemos
-leído, apenas si pasan de acumulaciones de datos, de ligeras noticias,
-ilustradas con algunas láminas, en las que tampoco se ha tenido el
-cuidado de elegir lo mejor.
-
-Este asunto de la Cruz peruana se presenta complejo á causa de los
-cambios repentinos y trascendentales de religión y de política,
-intimamente ligadas entre sí. En la civilización aymarítica, surgida
-de los grandes lagos, es el Agua, el elemento líquido encarnado en el
-Huiracocha de Tiahuanaco, el fundamento y el objeto de la religión[118].
-Pacaritambo, de donde nace la aurora, y Chingano, en donde la luz
-explende, son otros dos grandes focos de civilización[119]. El culto al
-Sol, á ese hacedor fecundo, impónese con los Incas; y cuando alguna
-vez desmaya, vuelve á surgir de nuevo con todo su brillo secular.
-Finalmente, por actos trascendentales de política, que afianzan la
-solidez del imperio del Cuzco, las dos grandes religiones rivales se
-refunden, complementándose la una á la otra, el día en que el dios
-Huiracocha es colocado con toda su magestad, y con atributos solares,
-en los _aris_ de la heliolatría. Entonces los dioses acuáticos y
-astrolátricos combinan su acción para obrar sobre la naturaleza y
-fecundarla, produciendo las lluvias, como que también el dios-sol llora
-agua y rocío, y haciendo nacer, crecer y fructificar todas las cosas.
-
-El símbolo de la Cruz, que indiscutiblemente existió en todos los
-ciclos, tanto incásicos como preincásicos, sufrió la influencia de
-estos cambios de cultura y de religión. Símbolo acuático, cuando
-preponderó la religión aymarítica, se volvió símbolo astrolátrico
-cuando dominó la quichua; transformándose en símbolo atmosférico
-combinado, de doble valor acuático y luminoso, cuando las religiones
-se fundieron en una sola. En este último caso, la Cruz, hablando
-en términos arqueológicos, debe denominarse símbolo atmosférico,
-emblema de las nubes, de los vientos y de los fenómenos meteorológicos
-producidos por la acción del sol.
-
-Nuestro material iconográfico lo demostrará por sí mismo. En el
-ídolo aymarítico de Collo-Collo, en los monumentos primitivos, en
-los _huaqueros_ ó vasos ceremoniales del culto al Agua, aparecerá
-la Cruz; de la propia manera que figurará en el arte quichua, en
-sus construcciones, en sus dioses, en su alfarería, en sus telas,
-y, finalmente, en las representaciones astrolátricas y en la famosa
-plancha celeste del Yamqui Pachacuti, como un emblema luminoso formado
-por astros del cielo.
-
-Somos sin duda los primeros que hemos hecho estas afirmaciones respecto
-al valor simbólico de la Cruz en el Perú, afirmaciones que, por suerte,
-podremos comprobar en el desarrollo de este capítulo, en el que
-seguiremos á la Cruz en el orden en que la arqueología la ha tratado,
-sin preocuparnos de la cronología de sus alternativas simbólicas.
-
-Comenzaron los señores Rivero y Tschudi[120] por ofrecernos figuraciones
-y representaciones cruciformes del mayor interés. Entre las clásicas
-cruces presentadas distínguense las de las ruinas del palacio del
-Chimu, de los pilares del templo de Coati y de una de las esculturas de
-Tiahuanaco.
-
-M. de Bollaert publicó su interesantísimo _tupu_ de oro con cruces, que
-fué objeto de variados comentarios.
-
-Wiener, en su obra «Perú y Bolivia», ofrécenos un material interesante,
-aunque disperso, de objetos incásicos y preincásicos con cruces.
-
-En el Apéndice del trabajo de Jiménez de la Espada, presentado al
-Congreso de Bruselas[121], este distinguido americanista reproduce
-nuevos ejemplares.
-
-Los grandes monumentos de Tiahuanaco pueden admirarse en la obra
-reciente de Max Uhle y Stubel.
-
-Entre las grandes y antiquísimas construcciones que ostentan la
-insignia cruciforme, son dignas de especial mención los muros con
-bajorelieves del palacio norte en el gran Chimu, levantado sobre la
-primera de las tres grandes terrazas con ruinas por el brazo poderoso
-de los chimus, que desafiaban con sus trabajos ciclopeos á las fuerzas
-terraqueas que de tiempo en tiempo mueven el suelo que habitaron. Este
-gran muro está reproducido por Wiener[122]. Las figuraciones cruciformes
-que ostenta el mismo, talladas sobre la piedra, son numerosas; y,
-convenientemente distribuidas, adornan los frescos y bajorelieves,
-semejantes en su disposición artística á las más bellas pinturas de
-las telas peruanas, valiéndose de líneas escalonadas y rectas que
-trazan en el duro material figuras geométricas de admirable simetría.
-Estas cruces hacen recordar de otras semejantes, en bajorelieve, de
-monumentos mejicanos, viéndose con ello que en el Perú también la Cruz
-servía de ornamentación.
-
-Cieza atribuye un alto origen á los monumentos megalíticos de Tiahuanaco,
-que para él,—y vale bien la pena de consignarlo,—representan á ese
-apostólico Aticci Viracocha, al cual,según su afirmación, «fuéronle en
-muchas partes hechos templos en los cuales pusieron _bultos de piedra_ á
-su semejanza, y delante dellos hazían sacrificios. Los bultos grandes,
-agrega, _questán en el pueblo de Tiauanaco_, se tiene que fué desde
-aquellos tiempos.»
-
-Nuestro americanista Lafone Quevedo, sin conocer esta cita de Cieza,
-atribuyó muy acertadamente la cabeza del famoso ídolo de Collo-Collo y
-la imagen del Dios-Sol de Wiener á representaciones de este Aticci, el
-dios del Agua[123].
-
-Refiriéndose al ídolo de Collo-Collo, que se encuentra entre Tiahuanaco
-y La Paz, y que mide 1.37 m. de alto (Fig. 4), escribe en el lugar
-citado: «Es una cabeza de pórfido con curiosos grabados; pero lo
-que importa son los ojos (grandes círculos), que no son más que
-dos _Imaymanas_[124], de que cuelgan unos tres _Tocos_[125], ventanas.
-Es curioso que tres son los _tocos_ que cita Pachacuti. El ídolo
-representará á _Aticci Viracocha_, con los atributos de sus dos hijos
-por ojos, etc. En la banda de la frente se distingue el mismo _pescado_
-de que habla Wiener en su pág. 703.»
-
-[Ilustración: Fig. 4. Idolo de Collo-Collo.]
-
-Lo que á nuestro asunto interesa en este ídolo de Collo-Collo, ó
-figuración trina y una de Imaymana, Tocapo y Atticci, padre este último
-de los primeros, que representa al dios acuático por excelencia, son
-cabalmente esas esculturas zoomorfas de su banda frontal, con grabados
-cruciformes en sus cuerpos, tanto más cuanto que ellas han sido
-trabajadas sobre esos _pescados_ á que aluden Wiener y Lafone Quevedo.
-El pescado del dios,—no hay para qué apurar las deducciones,—es un
-atributo acuático del mismo, que expresa que impera sobre los mares
-y masas líquidas. Las dos cruces griegas sobre el primero de estos
-animales, á la izquierda, y las dos sobre el del medio, entre otras
-figuras emblemáticas, indican claramente que son símbolos acuáticos
-complementarios; y rara vez podrán encontrarse cruces dispuestas de tal
-manera, que expresen desde el primer momento su valor como caracteres ó
-signos míticos.
-
-Igualmente el dios del Aire ó de la Atmósfera, que se reproducirá en el
-capítulo siguiente, y que aparece como un monstruo ofídico, si no es
-portador de cruces, lo es al menos de _Taus_, uno de los que luce en
-su mano, llevando fálico casco en su cabeza. El Tau aparece en muchas
-ocasiones sustituyendo á la Cruz, y viceversa[126].
-
-En los grandes pueblos antiguos pueden observarse, como en Méjico,
-huacas en forma de Cruz. Un ejemplar de huaca de Pachacámac es muy
-curioso (Fig. 5).
-
-Muy interesante entre esta clase de monumentos es la «Chulpa ó Torre
-Sepulcral», que nos ofrece Squier en su libro, ya citado, sobre la
-Tierra de los Incas[127], lámina que reproduce el marqués de
-Nadaillac[128].
-
-Los estucos de la Chulpa, de blanco y rojo en cuadrados alternados,
-forman una Cruz perfecta sobre su superficie externa; siendo de
-advertir que cada uno de estos cuadrados está dividido por una
-diagonal, que deja dos triángulos, de tal manera que cuatro triángulos
-rojos y cuatro blancos hacen Cruz. Sobre la superficie total de la
-Chulpa destácase, además, pintada, una gran Cruz de San Andrés,
-adornados sus brazos con taus (cinco y seis respectivamente), y con
-un círculo en el punto de intersección de los palos del signo. La
-construcción es una mezcla de cal y arcilla.
-
-[Ilustración: Fig. 5. Huaca de Pachacámac.]
-
-Revisemos ahora el material iconográfico que nos ofrecen Jiménez de la
-Espada y Wiener, antes citados[129], fijando brevemente nuestra atención
-en la manera y forma como se presentan las cruces en los objetos y
-telas que estos americanistas reproducen.
-
-[Ilustración: Fig. 6. Huaquero con adornos cruciformes.]
-
-Jiménez de la Espada en las láminas de su trabajo (Figs. 11, 14, 15,
-16 y 17 de su Apénd.) ofrécenos poco, aunque interesante material. Los
-símbolos de los objetos son cruces maltosas ó de San Juan, como las de
-su Fig. 16, y griegas, como las 11 y 14.
-
-El autor, al reproducir sus objetos, limítase á enumerarlos; pero es
-fácil hacer algunas observaciones tendentes á insinuar las relaciones
-del símbolo de la Cruz con el Agua.
-
-El que señala con el número 11, y que reproducimos en la Fig. 6, es un
-_huaquero_ antropomorfo de vientre abultado, con su cuello arqueado,
-rematando en la cabeza y espalda del mismo. Se trata de una vasija
-para contener _agua_. En la toca ó pañolón de la figura humana van
-pintadas con alguna simetría cruces griegas. Aunque adorno, debe desde
-ya notarse que las cruces van figuradas sobre un objeto destinado á
-depósito del líquido.
-
-Igualmente es un huaquero casi circular el bellísimo objeto 17, que
-reproducimos en la Fig. 7, con una especie de pistón para llenarle de
-líquido. Al centro de la parte ventral del objeto, aparece una grande
-y artística Cruz griega, con un _toco_ doble (símbolo de fecundación)
-en el punto mismo de intersección de los palos del signo. La Cruz en
-este caso vése que ha sido el motivo de la obra; y aquella en medio
-del huaquero redondo, se parece á esos círculos con cruces, que tanto
-abundan en el Perú. El valor del símbolo, como emblema acuático, parece
-bien insinuado en el presente ejemplar.
-
-Más llamativo aún es el objeto 16 (Fig. 8), pues encima de la franja
-inferior con tres maltesas pintadas vése una segunda franja con tres
-representaciones de peces, y una tercera de animales, que sin duda son
-anfibios. Es claro que en esto caso las cruces aparecen tener
-relaciones directas con el _agua_, elemento que sirve de medio de vida
-á las especies figuradas, trayéndonos á la memoria, los grabados en la
-banda frontal del ídolo de Collo-Collo.
-
-[Ilustración: Fig. 7. Huaquero cruciforme.]
-
-En el objeto 14 (Fig. 9) las cruces dobles alternan con _tocos_ dobles,
-apareciendo en cuatro campos cuadrados, dos arriba y dos abajo, un
-toco y una Cruz, y una Cruz y un toco, respectivamente. El toco,
-recordaremos, es el símbolo de Tocapo Viracocha, una de las tres
-personas del dios de las _aguas_.
-
-Recorriendo la obra de Wiener, puede encontrarse en ella un material
-iconográfico numeroso é interesante.
-
-Revisaremos los principales ejemplares en el orden en que aparecen
-reproducidos en el libro del autor de Perú y Bolivia.
-
-En las esquinas de los rectángulos centrales de una tela del cerro de
-la Horca (Fig. 10), vénse cruces formadas por escaques, alternadas
-artísticamente. En medio de los rectángulos, reprodúcense ramas de
-vegetal. En los rectángulos laterales, aparecen unas figurillas
-humanas de rostro triangular, cuyos cuellos y brazos se cortan en
-Cruz, figurillas que en vez de pies llevan cabezas de aves,—pájaros
-simbólicos que sin duda son _suris_ ó avestruces, pero que en todo caso
-deben representar al ave de la tormenta,—por lo cual las figurillas,
-con sus ojos Imaymanas en la región ventral, serán representaciones
-atmosféricas. Las ramas de árbol darían idea de la lozanía de la
-vegetación. Las cruces contiguas valdrían por signos atmosféricos de
-lluvia[130].
-
-En otra tela con figurillas semejantes[131], aparecen artísticos
-símbolos cruciformes sobre los cuerpos de las mismas y al lado de sus
-cabezas, con taus por adornos ó penachos (Fig. 11).
-
-[Ilustración: Fig. 8. Figuración de cruces y peces.]
-
-[Ilustración: Fig. 9. Cruces alternadas con tocos.]
-
-[Ilustración: Fig. 10. Tela con pinturas simbólicas.]
-
-[Ilustración: Fig. 11. Tela de Paramonga.]
-
-Un hermoso huaquero antropomorfo encontrado en Trujillo[132], que
-representa una cara humana, luce en la frente una ancha _vincha_
-llena de labores, y sobre ellas tres campos cuadranglares, con cruces
-griegas, blancas y dobles, al centro de los mismos (Fig. 12).
-
-[Ilustración: Fig. 12. Huaquero de Trujillo]
-
-Interesantísimo es el _yuro_ doble (Fig. 13), encontrado en el
-Cuzco[133], uno de los cuales, el de la izquierda, tiene pintadas tres
-bandas horizontales en la sección ventral. Sobre cada una de las dos
-bandas inferiores figuran cruces dobles, alternadas con dobles tocos,
-de punto al centro, que al instante hacen recordar el objeto 14 de
-Jiménez de la Espada, reproducido en nuestra Fig. 9. En la banda
-superior aparecen sólo cruces, contiguas al cuello del objeto. En
-otro ancho campo ventral del yuro, al rematar las bandas cruciformes,
-destácanse figurillas animales monstruosas, de larga y arqueada cola,
-seguramente divinidades del aire, viéndose debajo de ellas, como
-adorno, los signos simbólicos de la S volcada, que también tenemos por
-acuáticos, como representativos del ruido del trueno[134]. Las cruces de
-este yuro, destinado á guardar agua, son demasiado significativas, y
-más si se tiene en cuenta que se hallan al lado de símbolos acuáticos y
-de fecundación.
-
-[Ilustración: Fig. 13. Yuro doble del Cuzco.]
-
-[Ilustración: Fig. 14. Huaquero antropomorfo de Jauja.]
-
-Ejemplar interesante es también un huaquero antropomorfo (Fig 14),
-encontrado en Jauja[135], en el cual aparecen con profusión cruces en la
-parte superior de la camiseta de la figura.
-
-De lo más típico es la procesión de hombrecillos, pintada en un vaso,
-encontrado en el Cuzco, representando una fiesta bajo los soberanos
-autóctonos, según Wiener[136], y para nosotros una danza sagrada. Esta
-lámina ha sido reproducida por Lafone Quevedo[137].
-
-Cada una de las reales figuras de la misma viste muy adornados trajes
-llenos de símbolos y lleva su respectivo casco de triángulo ó _Huampar
-Chucu_; cada una de ellas también porta con ambas manos un largo
-báculo, cuya cabeza superior termina en Cruz. Uno de estos personajes,
-el primero de la derecha (Fig. 15), tiene en una mano un Tau, y en la
-diestra un círculo, que muy bien podría ser ese espejo (también de la
-diestra) de Tezcatlipoca, lo que demostraría el origen solar de la
-figura; y si ello es así, y si solares son las demás de la serie, como
-parece, tendríamos una prueba del valor heliolátrico ó astrolátrico del
-símbolo, que á veces es una Cruz y á veces un tau de mando ó un cetro.
-
-Sin duda que son de mucho valor representativo las inscripciones
-funerarias de una tela encontrada en Pachacámac[138], encuadrada por
-líneas simbólicas, de fecundación la guarda superior (Fig. 16).
-En medio de la tela aparece una figurilla humana, de cabeza casi
-triangular, que luce un penacho de cuatro plumas, dos para cada lado,
-y en medio de ellas un triangulillo con punto al centro. Sigue á la
-cabeza sin cuello, el cuerpo, que es un triángulo isóceles doble, del
-cual, en su parte inferior, salen sus piernas, y de su parte superior
-los brazos quebrados, figurados por largas líneas, que rematan en
-cruces, las que parecen indicar manos, provistas de un solo dedo; estas
-manos, á la vez, portan armas, macanas ó cetros; cerca de los pies de
-la singular figura antropomorfa, aparecen respectivamente dos círculos,
-cada uno con rayos arqueados; y á cada lado de la cabeza de la misma,
-dos figuraciones astrolátricas, en forma de X, cuyos anchos rayos
-córtanse en Cruz; debajo de estas, á cada lado, y cerca de los marcos
-del cuadrado, siguen en una misma línea tres pequeñas cruces, unas
-después de otras, decussatas las inferiores.
-
-[Ilustración: Fig. 15. Hombrecillo del grupo de la procesión de
-Wiener.]
-
-[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]
-
-El personaje figurado, por su penacho de plumas, su crestón fálico,
-la forma triangular de su cuerpo y las armas que porta, representa
-sin duda una mítica persona, femenina, por aparecer abierto el ángulo
-inferior del primer triángulo del cuerpo y por dominar en ella esta
-combinación geométrica. A todas luces es solar, por la figuración de
-astros. Las cruces serán entonces signos ó símbolos celestes, quizá
-astros, como pensaba M. Bollaert, para quien la Cruz es la _Chasca
-Cóyllur_, ó estrella matutina. Este caso comprobaría el carácter
-astrolátrico del símbolo, lo que, repetimos, no le quitaría su valor
-atmosférico, por la influencia decisiva que se atribuyó á los astros en
-los cambios meteorológicos.
-
-[Ilustración: Fig. 17. Tela de Chancay.]
-
-Toda orlada de cruces aparece la franja superior de una tela encontrada
-en Chancay, en la que pueden contarse hasta cuarenta (Fig. 17). Sus
-signos, en vez de un círculo ó punto centrales, llevan un cuadrado
-en el lugar de la intersección de los palos. La franja inferior está
-adornada por siete figuras como arabescos, que Wiener[139] cree que son
-signos fonéticos de una escritura desconocida, y que un examen detenido
-permite reconocer en ellas al pájaro, tan común en las telas, esta vez
-representado en dos sentidos. El pájaro es casi siempre símbolo de la
-Nube: las cruces complementarias serían entonces acuáticas.
-
-[Ilustración: Fig. 18. Tela de Ancón.]
-
-Finalmente, en una muy curiosa tela de Ancón[140], dentro de un cuadrado
-con marco de líneas quebradas que hacen triángulos equiláteros aparece
-una figura de doble cuerpo triangular (Fig. 18), con la cabeza adherida
-al vértice superior del triángulo primero, totalmente negro. De los
-ángulos inferiores de este triángulo, salen sus brazos: la mano derecha
-es portadora de un tridente, y de una Cruz, la izquierda. Esta figura
-puede ser una revelación, pues nos enseña al tridente, insignia mítica
-ó de autoridad, como aparece en las Láms. 7 y 8 del trabajo de Jiménez
-de la Espada, en una relación de equivalencia simbólica con la Cruz, la
-otra suprema insignia; y quién sabe si en el caso presente no es esta
-la _xayhua_, ó señal de alguna divinidad, ó del hijo del sol, á que
-aludía D. Pedro Arias Dávila, antes citado.
-
-[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]
-
-La figurilla reproducida en la tela es á todas luces simbólica, y
-ella prueba que en el caso de la Fig. 16 las insignias cruciformes
-como brazos y manos, no son tales brazos y tales manos, sino cruces
-portadas. Y es de advertir que en las figuraciones idolátricas debe
-estudiarse cuidadosamente la mano, á veces de dos, tres y cuatro
-dedos, que indican cantidades sagradas, generalmente portadoras de las
-insignias que las caracterizan.
-
-Por lo demás, la mítica figurilla de dobles triángulos que nos ocupa,
-es una representación femenina, por estas combinaciones geométricas; y
-seguramente que un pequeño triangulillo central dentro del triángulo
-inferior, no es otra cosa que un signo sexual,—la vulva de la mujer ó
-hembra, tal como indiscutiblemente aparece en uno de nuestros dobles ó
-andróginos de Tinogasta.
-
-La Cruz en este caso será símbolo de fecundación.
-
-En cuanto á la escritura simbólica peruana, hay que observar que es
-especialmente en las telas funerarias donde los indios pintaban su
-pensamiento: la historia del muerto, las hazañas por él realizadas y
-los dioses bajo cuyo amparo se colocaba al extinto, ó los votos de que
-eran objeto de parte de los sobrevivientes[141].
-
-En Calchaquí el material sobre el cual se escribe ideológica ó
-simbólicamente el pensamiento, es la alfarería funeraria.
-
-Pasemos ahora á dar noticia del valor simbólico que en el Congreso de
-Bruselas se dió á la Cruz del Perú.
-
-Jiménez de la Espada, quien especialmente trató y debatió el
-asunto[142], muy escasas indagaciones arqueológicas nos ofrece en
-su trabajo, notable como obra de critica. Limítase este autor á
-considerar á la Cruz como signo distintivo de los padrones ó marcas
-(_xayhuas_) que señalaban la dilatación del imperio de Tahuantinsuyu.
-Cita al P. Molina[143], de quien toma el dato de que los caballeros
-en el Cápac Raymi ó fiesta de Noviembre, vestían la _huahuaclla_,
-de color negro y amarillo, y en medio una Cruz colorada; de lo que
-deduce el americanista que no hay más que indicios disconformes de la
-significación de las cruces simbólicas peruanas.
-
-Considera enseguida á la Cruz como una combinación artística ó
-arquitectónica, de fácil explicación.
-
-Basta, según él, un ligero examen de los sistemas de ornato más
-frecuentes entre los yuncas y pueblos vecinos del interior, cuya
-civilización precedió á la de los Incas, para convencerse de que el
-elemento predominante y fundamental de aquellos es el cuadrado, cuadra
-ó escaque, ya se origine del cruzamiento en ángulo recto de dos series
-de paralelas, ya del corte de un prisma de base cuadrada. Con él, no
-solamente componían las líneas y trazas generales del adorno de sus
-ropas, vasos y edificios, y los ingeniosos y peregrinos detalles de
-cenefas, orlas y frisos, si que también modificaron las elegantes
-curvas y rectas de otros ornatos al parecer exóticos, transformando
-las diagonales de cuadrados y rombos y los meandros en escalerillas, y
-las ondas y hélices, en enroscadas hojas de sierra, etc. Ahora bien,
-la agrupación de cinco cuadrados ó escaques, tres para cada palo (el
-central, común), produce una Cruz griega, y agregando otro á la parte
-inferior del palo vertical, de modo que este tenga cuatro, la latina.
-Este sistema de adorno se llamaba _collcampata_ por los quichuas.
-La Cruz maltesa, además de simbólica, puede ser también puramente
-decorativa y resultado del cruzamiento de dos diagonales, como en uno
-de los estucos del palacio de Chimu, que citamos anteriormente.
-
-Ya dijimos que M. Bollaert veía en la Cruz un signo esencialmente
-astronómico: la estrella de la mañana, la _Chasca_.
-
-Jiménez de la Espada[144] duda de tal representación, manifestando que
-no contaba con datos suficientes para decidirlo afirmativamente; y
-que antes los pocos y vagos que pudo adquirir ó vislumbrar acerca del
-simbolismo de las cruces peruanas le llevaban lejos de tal solución.
-«Si el signo, dice, de Chasca Cóyllur, del Crucero ó de cualquier otra
-de las constelaciones meridionales hubiera sido la tal cruz, es casi
-seguro que el indio collagua Pachacuti, lo hubiera diseñado así, aunque
-groseramente, en el dibujo á pluma de su _Relación_ que figura el
-testero del gran templo del Cuzco, donde estaban representados todos
-los astros y meteoros adorados por los súbditos de los Incas.»
-
-Parece increíble tal afirmación de parte de Jiménez de la Espada,
-quien fué cabalmente el que dió á luz la _Relación_ del Yamqui
-Pachacuti; pues en el referido dibujo á pluma inserto, en la
-obra del collagua[145], la Cruz aparece _dos veces_, en la parte
-superior y central del dibujo, como ya lo hicimos notar en una breve
-monografía[146].
-
-Reproduciremos la plancha ó lámina dibujada del Yanqui Pachacuti (Fig.
-19); y en detalle, los dos signos cruciformes de la misma, á que
-acabamos de referirnos (Fig. 20).
-
-En la lámina general destácanse estas dos cruces, figurando entre las
-representaciones diversas del espacio, como indicaciones ó símbolos
-astrolátricos.
-
-En el detalle de la figura 20, que ofrecemos con distintivos
-alfabéticos, vénse dos cruces, C^{1} y C^{2}, correspondientes á dos
-constelaciones celestes, que podemos denominar de la Cruz, encima y
-debajo del Sol, S, y de la Luna, L; de la estrella de gran magnitud, E,
-y del lucero ó Chasca Cóyllur, Ch.
-
-[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.]
-
-Como aparece en la lámina, un grupo simétrico de cinco grandes
-estrellas,—cuatro á las extremidades de los palos y una en el punto de
-intersección,—forman la Cruz inmisa C^{1}, cuyo palo vertical, además
-de figurado por los tres astros, lo está por la línea que entre sí los
-une; mientras que solo cuatro estrellas de magnitud, unidas por líneas
-en sentido diagonal, constituyen la Cruz decussata C^{2}, que lleva
-estas leyendas: _zara-mama_ (madre del maíz) y _chacana en general_,
-quizá la denominación de la Cruz.
-
-[Ilustración: Fig. 20. Detalles de la lámina solar del Yamqui
-Pachacuti.]
-
-Este nombre de Zara-mama puede ser una revelación, pues diría que la
-tal cruz es protectora de las sementeras de _zara_ ó de los andenes con
-maíz.
-
-En el culto litolátrico de Calchaquí, _Mama-Zara_ se llama hasta hoy á
-las piedras paradas protectoras, algunas con signos cruciformes, como
-el famoso menhir de Tafí, hoy caido, y antes de pie en medio de los
-andenes indígenas de la hacienda de la familia Frías, en Tucumán (Fig
-21).
-
-Observemos que la constelación de la Cruz, al extremo austral de la
-gran Vía-láctea, denominábase _Cata-Chillay_. _Cata_, según el Dr. V.
-F. López, equivale á «cosa sagrada», como que _cata_, según él, era el
-nombre que se daba á las flores en la fiesta solar de Raymi[147]; é
-_Illa-y_ de Chillay, ó _Ch-illa-y_, vale por «luz», y de allí el nombre
-del alma del Cosmos, _Illa_—Tecce, de Inti-_Illa_-pa, el rayo, y de
-nuestras _Illas_, amuletos ó fetiches de reproducción en forma de
-animales, fecundadores del ganado, engendrados por el rayo, la luz
-celeste ó Illapa.
-
-[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]
-
-Como una corroboración de lo que dejamos escrito, haremos una muy
-oportuna é interesante cita del P. Bernabé Cobo[148], quien, después
-de explayarse sobre el culto al Inti y Mama Quilla, sol y luna, y
-las estrellas, escribe: «_Adoraban_ también á otras _dos pequeñas_
-(estrellas), _que tiene debajo á manera de_ T, decían ser los pies y la
-cabeza; y estas también hacían veneración á otra que anda cerca desta y
-la llaman _Catachillay_».
-
-La cita de Cobo es una revelación; pero necesita ser explicada teniendo
-á la vista el precioso _Tau_ de Titicaca (Fig. 22), propiedad de
-Allchurch, y la anteriormente reproducida Plancha del Pachacuti.
-
-
-[Ilustración: Fig. 22. Tau de plata encontrado en Titicaca.]
-
-Corona al precioso objeto de plata del Titicaca el gran disco solar,
-el Sol incásico, con su cara humana y sus rayos[149], dibujado por el
-Pachacuti (Fig. 20, letra S). A la parte inferior del objeto vése el
-casco esférico de la Luna, también con su rostro alargado y de perfíl,
-dentro de aquél, de la misma manera como el Yamqui Pachacuti figura á
-su _Quilla_ (letra L). Estos dos grandes astros son el Sol y la Luna á
-que se refiere el P. Cobo. Debajo del Sol, y sujetándole cada cual con
-una mano, están dos figurillas humanas: las «dos pequeñas estrellas»
-del cronista, figuradas de una manera convencionalmente antropomorfa.
-Estas dos estrellas, «_tienen_, como dice Cobo, _á manera de_ T»,
-el Tau que aparece como Símbolo en las divinidades atmosféricas ó
-astrolátricas[150]. Las dos figurillas humanas ó «pequeñas estrellas»,
-están paradas á los extremos del crucero horizontal de aquella
-misteriosa letra.
-
-Esas pequeñas estrellas, colocadas respectivamente bajo el Sol y la
-Luna, figuran en la lámina del Yamqui (letras Ch y E del detalle), y
-llevan en la Plancha original (Fig. 19) las leyendas respectivas de
-_chasca coyllur_ y _choqchinchay_.
-
-La otra estrella de Cobo, «que anda cerca y la llaman _Catachillay_»,
-aparece igualmente en la Plancha del Pachacuti, cerca de la Chasca
-Cóyllur, y debajo de ella, también con la leyenda _cata-chillay_, para
-que la cita del cronista salga corroborada aún en este último detalle.
-
-He aquí, pues, como en la Fig. 22 que nos ocupa, tenemos al _Tau_,
-ó T sagrada, artísticamente combinada con las representaciones
-antropomorfas de los astros adorados del cielo peruano.
-
-Concluiremos, entonces, llenando los vacíos del trabajo de Jiménez de
-la Espada al respecto, estableciendo que la ✚ y T peruanos son símbolos
-sagrados astrolátricos en la heliolatría incaica, ó sean: símbolos
-de la luz y del calor del cielo que animan las cosas de la tierra, y
-símbolos acuáticos á la vez, por la acción atribuida en las mitologías
-á los astros sobre los fenómenos meteorológicos.
-
-Es por este último motivo que la Cruz figura alternando con peces y
-otras especies acuáticas; con signos de la escritura de las telas, que
-valen por fecundación producida por la lluvia ó «agua»; y es por ello
-también que el símbolo que estudiamos figura en la parte ventral de los
-huaqueros y yuros que contienen el líquido,—aquel símbolo portado por
-el Aticci Viracocha, que vimos figurar en la banda frontal del monolito
-de Collo-Collo y sobre la superficie de la Mama-zara de Tafí.
-
-
-NOTAS:
-
-[118] Sobre Tiahuanaco, véase Brasseur, pág. 223.
-
-[119] Id., pág. 241, sobre Pacaritambo.
-
-[120] _Atlas._
-
-[121] _El hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, Apénd.
-
-[122] _Péron et Bolivie_, pág. 100.
-
-[123] _Los Ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana_, § V, páginas 14
-y 15 (Bs. Aires, 1900).
-
-[124] Círculos sencillos á con punto símbolos de Imaymana Viracocha,
-que valen por gérmenes vitales, que hacen nacer las cosas.
-
-[125] Emblemas de Tocapo Viracocha, seguramente fálicos, ó de
-fecundación.
-
-[126] E. G. Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 88, (New
-York 1877) ofrécenos este curiosísimo figurón ofídico, volando por los
-aires.
-
-[127] Op. cit., cap. XIV, pág. 243.
-
-[128] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VIII, pág. 426.
-
-[129] _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú, y Péron et Bolivie_, cits.
-
-[130] Lámina de la pág. 84 de Wiener.
-
-[131] Wiener, pág. 638.
-
-[132] Wiener, pág. 620.
-
-[133] Wiener, pág. 627.
-
-[134] En el _Cuadro Histórico-Geroglífico de las Tribus Aztecas de
-Méjico_, explicado por D. José Fernández Ramírez, del Museo Nacional de
-Méjico, aparecen signos de la virgulilla saliendo del pico abierto de
-un pájaro. Las virgulillas quieren decir que el «pájaro canta.» Este
-pájaro agorero decidió la larga marcha de los aztecas.
-
-[135] Wiener, pág. 676.
-
-[136] Pág. 739.
-
-[137] _El Culto de Tonapa_, § V. pág. 16.
-
-[138] Wiener, pág. 17.
-
-[139] Págs. 766 y 767.
-
-[140] Wiener, pág. 773.
-
-[141] Wiener, en su capítulo _Sur le Langage Ecrit_, ha ensayado
-traducir algunas curiosas telas (Págs. 759 y sigtes).
-
-[142] _Actas_ cits., págs. 635 á 641.
-
-[143] _Relaciones de las fábulas y ritos de los Incas_, etc. (Obra
-publicada por C. R. Markhan en inglés).
-
-[144] Págs. 635 y 636.
-
-[145] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág. 257.
-
-[146] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz y el Falo en Calchaquí_,
-págs. 8 y 9 (Bs. Aires, 1899).
-
-[147] _Revista de Buenos Aires, IX._
-
-[148] _Historia del Nuevo Mundo_, lib. XIII, cap. VI, pág. 329.
-
-[149] Exactamente igual á este disco, es el sol que corona al dios
-peruano reproducido por nuestro distinguido historiador Pelliza con
-motivo de la reciente y bien debatida cuestión de los _Emblemas
-Nacionales_, que provocó un bien apreciado folleto de nuestro
-publicista E. S. Zeballos.
-
-[150] Wiener en la pág. 584 reproduce un objeto con T, que sale de una
-media luna.
-
-En nuestra reciente expedición hemos dado con un grande y hermoso
-disco solar, rodeado de Huayrapucas (diosas del Aire), que llevan taus
-simbólicos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV
-
-LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS
-
-
- _Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El
- Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl,
- Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira,
- Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su
- insignia cruciforme—Cruz en el escudo de
- Amimitl—Chalchihuitlicue y su cruz—Quetzalcóatl
- y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la
- cruz de sus vientos—Wixepecocha y su cruz en
- el Cempoallepec—Huitzilipochtli y su blasón
- cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra
- Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los
- cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El Tau del
- dios del Aire de Squier—La Huayrapuca calchaquí y el
- grupo atmosférico de Capayán—La Cruz ofídica—La Cruz
- y los fenómenos meteorológicos._
-
-En el capítulo anterior hemos insinuado que la Cruz como símbolo está
-relacionada á los fenómenos atmosféricos y cambios meteorológicos que
-producen la lluvia.
-
-La Cruz, en efecto, aparece portada por los dioses del Aire y los mitos
-de la Atmósfera, llevándola como cetro, como emblema, como insignia ó
-como adorno en sus manos, sobre su pecho ó en sus flotantes y sutiles
-vestiduras, con una repetición tan llamativa que el asunto es digno de
-ser tratado en capítulo especial.
-
-El temor al rayo y al huracán ha hecho nacer vivos sentimientos
-religiosos en el espíritu de los pueblos americanos; como que los
-fenómenos meteorológicos desempeñan un gran papel en la historia
-primitiva de las religiones; y es natural la divinización por parte
-del salvage del espantable desencadenamiento de las fuerzas de la
-naturaleza, ante las cuales se presenta débil y desarmado. Este temor
-religioso concluyó por transformarse en veneración piadosa al viento
-y á la tormenta, siendo convertidos en fetiches el rayo y el huracán.
-Pero los fenómenos del huracán no fueron posteriormente adorados por
-sí mismos, por cuanto el rayo parecía la manifestación de un ser
-viviente, considerándosele como el hacha terrible y centellante de un
-genio encarnado en las nubes, las cuales, á su vez, se presentaban á la
-fantasía india como volátiles ó pájaros de alas inmensas, que sacudían
-en lo alto de los cielos; y de aquí las aves míticas, como el Piguerao
-de la leyenda preincaica, cuya voz es el estampido del trueno y cuyas
-alas nerviosamente batidas producen el viento del huracán. Estos
-pajarracos á la vez son ofídicos, y suelen tener cola y aún cuerpo de
-dragón y de víbora, como la «serpiente emplumada» ó el Quetzalcóatl
-mejicano, porque el relámpago ardiente se aparece á los ojos del hombre
-primitivo como un gran dragón de fuego, animado de vida, de rabia y de
-terrible poder.
-
-El culto á la lluvia, que muchas veces se confunde con el del cielo
-mismo, es el culto al elemento agua, como el efecto fecundo de la
-acción combinada del viento y de la tormenta.
-
-El viento, la tormenta y el rayo, se vuelven personajes míticos
-vivientes, á los que el politeismo concluye por dar formas
-antropomorfas; y de aquí los Dioses del Aire, de la Tormenta, del Rayo,
-objeto de culto universal en las agrupaciones americanas, convertidos
-aquellos en los genios fecundadores de la tierra por el fenómeno de
-la lluvia en nuestro continente de grandes estensiones sin agua,
-para el cual es este líquido la vida de la tierra, que hace nacer,
-crecer y fecundar á los hombres, á los animales y á las plantas. La
-serpiente-rayo, portada en sus manos por el Aticci Viracocha peruano
-y sirviendo de cetro ó de báculo á Tláloc, se vuelve el emblema de
-la humedad, del calor, de la fertilidad, de la primavera, de las
-estaciones, y figura en primera línea, por tanto, en las cosmogonías de
-todos los pueblos agricultores.
-
-Pasemos ahora á consignar breves noticias del culto universal á los
-fenómenos atmosféricos, para que nos demos á la vez cuenta exacta del
-valor de la Cruz como símbolo meteorológico.
-
-Desde las estremidades del Norte, ó desde la _Sillán Innua_, ó casa de
-los vientos de los esquimales, aquellos soplan sobre el mundo. En las
-razas septentrionales el culto al cielo no es menos grande que el culto
-á la tierra. Las divinidades del cielo son generalmente masculinas
-y epicenas ó andróginas, y obran sobre el universo por medio de los
-fenómenos meteorológicos.
-
-En los Estados Unidos, bajo formas de monstruos ó de aves míticas, son
-adorados los dioses del Aire, bajo el nombre de «Espíritus del Viento».
-
-[Ilustración: Fig. 23. Espíritu del viento. (Estados Unidos)]
-
-[Ilustración: Fig. 24. Figura mítica de los Hayda.]
-
-Las representaciones de estos seres míticos aparecen en un interesante
-trabajo inserto en el Rapport del Smithsonian Institution, del año 93,
-titulado _Myths and Mythic animals_[151]. Nosotros los reprodujimos en
-nuestro trabajo sobre la Huayrapuca calchaquí[152], valiendo la pena de
-hacerlo nuevamente en esta ocasión (Figuras. 23, 24 y 25).
-
-Las tres figuras representan animales mitológicos. La más pequeña
-(Fig. 23),—escribimos á propósito de estos animales míticos,—se
-distingue de las otras dos en no tener garfios; y por la figurilla
-representando un ser humano, en posición horizontal, es, según los
-pieles rojas creyentes, el _Espíritu del Viento (Wind Spirit)_,
-un monstruo ó demonio llamado Skana, que quiere decir «genio
-del mal»[153]. Este demonio (tal cual sucede con la Huayrapuca
-calchaquí), según Judge Svan, ateniéndose á lo que le han contado, es
-susceptible de transformarse de todas maneras, y varias leyendas se
-les atribuyen. Las dos representaciones restantes (Figs. 24 y 25), son
-también monstruosas, genios del mal[154]. Estas dos figuras fueron
-conseguidas de algunos indios Haida que visitaron el puerto de Townsend
-(Washington) en el verano de 1884. La primera lleva el nombre de _Orca
-Haida_, y las otras dos, los de _Wasco and Mythic Raven Haida_, y
-quien escribe sobre tales figuras es Albert P. Niblac, que ha podido
-descifrarlas.
-
-[Ilustración: Fig. 25. Ave mítica de los Hayda.]
-
-No obstante las inmensas distancias que separan á los pueblos, es
-conveniente comparar estas representaciones míticas de Estados Unidos
-con el dios del Aire de Squier, que más adelante ofreceremos (Fig. 28),
-y todas estas figuras con las Huayrapucas de Calchaquí (Figs. 20 y 27),
-de rostros humanos con corona plutónica, cuerpo y cola ofídicos, la
-primera; de cabeza monstruosa con boca dentada, cuerpo y cola
-también ofídicos, las de la Fig. 27, del valor mítico de los _cóatl_
-mejicanos[155].
-
-[Ilustración: Fig. 26. Puco de Santa María 1/3 t. m. Colección
-Quiroga.]
-
-[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo. Colección
-Quiroga.]
-
-Así mismo, adoraban al viento ó á la tormenta los crecks, los dakotas y
-pieles rojas.
-
-_Huracán_, el dios de las tempestades de las Antillas, es el «alma
-del cielo» para los quichés de Guatemala, el que desempeña un papel
-importante en su cosmogonía. _Avilix_ y _Hacavitz_ son el relámpago y
-el rayo.
-
-En Nicaragua, para que lloviese, ofrecíanse grandes sacrificios al dios
-del huracán _Quiatéotl_[156].
-
-Pero la gran divinidad del cielo en Méjico y la América Central es
-_Tláloc_, el de un solo ojo, quien rige las nubes y las lluvias
-y guía los rayos, y en honor del cual se celebraban dos fiestas
-anuales, lo mismo que cuando sobrevenían calor ó seca, en cuyo caso
-sacrificábansele cuatro niños de cinco á seis años, á los que se dejaba
-morir de hambre, ó colocándolos en una canoa se les hacía hundir con
-ella en el lago sagrado[157]. Otros genios atmosféricos denominábanse
-_los Tláloc_[158], figurados por serpientes de madera, y por ídolos
-de aspecto humano las montañas, ó los _Echecatotontin_ (_checatl_,
-«aire» en mejicano antiguo). Cuando á fines de Diciembre comenzaba á
-tronar, los indios decían:—«los Tláloc vienen!»—_Calchihuitlicué_,
-la compañera de Tláloc, según Torquemada[159], es la diosa del huracán
-y de los fenómenos meteorológicos, ó está intimamente ligada á ellos.
-_Tlazolteotl_, la lúbrica, la de los placeres obcenos, es otra
-compañera de Tláloc, representando á los elementos como generadores.
-
-El señor de Tlalocán, _Tlalocatecutli_, el más alto de los Tlálocs,
-imperaba sobre la lluvia y el huracán, y era venerado por toltecas,
-chichimecas y aztecas. Figuraba como un dios antropomorfo, cuya estatua
-de blanca piedra aparecía pintada con los colores del agua, verde y
-azul, y portaba un cetro adornado de oro.
-
-El dios de la América Central, particularmente de los mayas, fué
-_Ahulneb_, el de la _Cruz_. Los cuatro vientos que producían la lluvia
-denominábanse los cuatro _Bacabs_[160].
-
-Nicaragua adoraba al dios del Aire _Chiquinau_; y Oviedo[161] cita á
-_Ecalchatl_, mito interesante de esta cosmogonía.
-
-_Mixcóatl_[162], es la nube-serpiente, antigua divinidad chichimeca,
-tenida en gran honor por los nahuas y los nicaragüenses, la que, según
-Brinton, portaba por rayos un haz de flechas en las manos, pareciéndose
-á Tonante.
-
-Quetzalcóatl[163], el «papagayo-serpiente», la nube serpiente emplumada,
-aparece como una divinidad atmosférica máxima, la que, bajo el
-nombre de _Nanihehecatl_, es «el señor de los vientos», y bajo el de
-_Tohil_[164], «el que ruge.»
-
-En _Wixepecocha_, con atributos comunes á la gran divinidad de los
-toltecas, encárnase el dios del Aire de los zapotecas, á los cuales se
-apareció como un famoso predicador.
-
-El gran _Itzamna_[165] yucateco figura como el dios nacional de la
-raza maya. Su carácter atmosférico resulta de sus propias palabras,
-respondiendo á quienes le interrogan sobre su origen (_Itzencaan_,
-_Itzenmuyal_, rocío del cielo, rocío de las nubes). Itzamna se
-dá por hijo del cielo. Él se aparece como un sabio hechicero: cura
-enfermos, resucita muertos, reparte la tierra entre sus fieles, funda
-pueblos é inventa la escritura. Sus adoradores venéranle en Izamal.
-Los naturales de la América Central consideran á Itzamna como un solo
-dios con Cuculcán, el aparecido del oeste, que llegó con diez y nueve
-compañeros, todos barbados y vestidos de largas túnicas, y que vive
-en Chichen Itza. Su nombre, como el de Quetzalcóatl, compónese de las
-voces mayas: _cuc_, «papagayo», y _can_, «serpiente»[166].
-
-Los quichés de Guatemala tenían su _Gucumatz_[167], «el
-papagayo-serpiente»,—de _guc_, «pájaro verde» y _matz_, «serpiente».
-Es un cuaternión ó cuaterno, que se transforma en un período dado de
-días en serpiente, en águila, en tigre y en sangre coagulada. Aparece
-como un dios dominador y engendrador según la biblia quiche ó Popol
-Vuh[168]. Gucumatz hace surgir la tierra de en medio de las aguas,
-invocando á ese Hurakán, el «corazón del cielo», según este libro
-sagrado.
-
-Los nahuas veneraban á otra divinidad de la atmósfera y de la
-tempestad, al cruel _Huizlopochtli_[169], dios de la guerra, que M.
-Tylor creyó identificar con _Mextli_, guerrero de cuyo nombre quiere
-derivar el de Méjico. _Huitzilin_, significa «colibrí», y es sin duda
-este irisado pájaro-mosca el emblema de la naciente primavera. Aquél
-al salir del vientre de su madre Coatlicue y cuando sus hijos, los
-Centzunhuitnahuas, y su hija Coyolxauhqui, intentan matarla á causa
-de su preñez, tírales con una serpiente de fuego, á cuyos golpes
-caen exánimes, por lo que desde entonces viénele bien el nombre que
-lleva de Tetzauhtostl, «el dios terrible». Coaticlue, la mujer de
-las serpientes, que habita la montaña de las Serpientes, es la nube
-tempestuosa preñada de rayos; una bola de blancas plumas, flotante en
-el aire, que fecundo su seno, es la nubecilla blanca que al entrar en
-el seno de la gran nube, parece iniciar la tempestad; los hijos que
-quisieron matarla, son las nubes que suben al zenit, impulsadas por el
-viento precursor del huracán, y que parecen oponiéndose y encontrando
-á la nube principal; una voz que á la madre habló de defensa desde su
-seno, es el trueno. Bernal Díaz cuenta de un page de Huitzilipochtli,
-dios de las alarmas, mensagero «rápido», llamado Paynalton, y que
-parécenos que debe ser el viento que sopla.
-
-Entre los muyscas de Cundinamarca, P. Simón[170] hace referencias á un
-_Chiminigagua_, gran receptáculo de la luz en medio de las tinieblas.
-La luz comienza á emanar de él, y su aparición dá nacimiento á los
-primeros seres, unos grandes pájaros negros que se desparramaron por el
-espacio, lanzando por sus picos una sustancia brillante, trasparente é
-impalpable, que fué el Aire.
-
-El gran dios de la atmósfera y del iris en Cundinamarca, es
-_Chuchavira_. Simón[171] relata lo universal de su culto de parte de
-su pueblo, especialmente de las mujeres en cinta; siendo fecundador,
-entonces, este dios del aire. Era representado por figurillas de oro, y
-se le consagraban esmeraldas.
-
-J. G. Müller[172] vé en el terrible _Thomagata_ otro dios solar como
-Botchica; pero este Thomagata aparece como un meteoro divinizado, como
-un espíritu de fuego cruzando el espacio, lo que demuestra que se trata
-de un dios del huracán, de la tormenta con rayos, y del trueno. En
-efecto: Thomagata anda siempre recorriendo el espacio, bajo el aspecto
-de un ser de fuego, que tiraniza á los hombres, y que exige, para
-aplacarse, grandes sacrificios humanos; y debía ser muy terrible para
-que se le figurase, como refiere Piedrahita[173], con cola de felino.
-Botchica extermina á este dios, lo que indica la sustitución entre los
-muyscas de una divinidad por otra.
-
-El dios atmosférico anterior á la heliolatría peruana, es _Catequil_,
-quien tiene un hermano, _Piguerao_, el _piscu-uira_ ó el «pájaro
-brillante» según la interpretación inadmisible de Brinton, quien
-traduce al quichua una palabra que no lo es; siendo el ave luminosa,
-por lo demás, alusión á la nube preñada de rayos, viéndose en ello que
-en el Perú la nube era representada como un ser ornitomorfo. Catequil
-tenía por arma el rayo, y los meteoritos eran las piedras que él
-lanzaba sobre la tierra. Este dios del rayo aparece como una divinidad
-fecundadora, alusión á la lluvia que riega la tierra, y por ello, sin
-duda, los Incas admitían su culto en las fiestas de verano, no obstante
-ser grato á los sacrificios sangrientos, que proscribieron los héroes
-heliolátricos.
-
-_Ataguju_ ó Atachuchu creó un ser humano, Guaman-suri, que descendió á
-la tierra y sedujo á una joven, hija y hermana de los Guachemines, los
-tenebrosos habitantes del globo. Estos mataron al amante de su hermana,
-la que sobrevivióle poco tiempo, no sin poner dos huevos en el mundo,
-de los cuales nacieron Catequil y Piguerao. Catequil, volviendo á la
-vida á su madre, y matando á los Guachemines, valiéndose de una piel de
-oro de Atachuchu, hace nacer de la tierra á los hombres.
-
-Este mito, en resumen, es interpretado por Brinton[174] de la manera
-siguiente: el hijo del cielo, personificación del cielo mismo, se une
-á una divinidad de las nubes negras de la tempestad, es decir, á la
-nube misma; los nubarrones del huracán, los tenebrosos Guachemines, son
-heridos por su rayo; Catequil, acompañado del relámpago, dispersa estas
-nubes, y después, por medio del fuego, fecunda y dá vida á la tierra, á
-la que hace fértil, suministrando el alimento á los hombres.
-
-_Pillán_, el Trueno, es la divinidad suprema de los araucanos, el
-que vive en las eminencias de la cordillera fraguando la tormenta.
-Sus hachas son los rayos, que cortan de un golpe los viejos robles.
-Esto aparece resultar de la leyenda del _Viejo Latrapai_, referida
-por un distinguido americanista chileno[175], según la cual Latrapai
-resolvió un día dar sus hijas en matrimonio á sus sobrinos Cónquel
-y Pediu, pero siempre que derribasen un bosque de robles, volteando
-cada árbol de un solo golpe, lo que consiguieron cuando bajaron las
-armas del Pillán, que ellos pidieron «llamando hachas» _cuatro_
-veces, en estos términos:—¡«Bájate, hacha del Pillán! Bájate hacha
-del Pillán! Favorécenos, soberano de los hombres; bota dos hachas
-que corten un árbol con cada golpe!»—Dicho lo cual, bajaron hachas
-por las copas de los árboles; y con ellas, cortando cada árbol de un
-golpe, satisficieron al viejo Latrapai, casando con sus hijas. Y es de
-advertir, á propósito de hachas, que las de piedra, obra del hombre
-primitivo, son tenidas como hachas del rayo por los pueblos indígenas
-que las desentierran; y es por eso que en Calchaquí, por ejemplo, se
-conjura á la tormenta de piedra ó al granizo presentándole durante un
-rato los filos sagrados de aquellas[176].
-
-En nuestro Calchaquí tenemos también un mito del viento y de la
-tormenta, que desempeña un importantísimo papel en la cosmogonía de
-este pueblo. La divinidad atmosférica calchaquí aparece aniquilando
-á las fuerzas de la naturaleza que vencieron al sol y á la luna,
-estableciendo desde entonces su imperio absoluto, lo que demuestra la
-supremacia en estas regiones de un culto acuático sobre la heliolatría.
-Tal divinidad atmosférica suprema, de cara humana, mitad antropomorfa y
-mitad ofídica, con cuerpo de dragón y cola de serpiente, es la _chasca
-Huayrapuca_, la «Madre del Viento», ó el Viento mismo, del género
-epiceno, varón y hembra á la vez, que anda corriendo por los aires,
-llevando al huracán, á la tormenta y á la lluvia, y que á nosotros nos
-cupo en suerte desenterrar del panteón calchaquí[177].
-
-Esta breve reseña de las divinidades atmosféricas continentales nos
-ha sido necesaria, para dejar así establecido que, no sólo no nos
-extraña la existencia de la Cruz venerada entre los Pieles Rojas y
-demás pueblos del norte, y entre los toltecas, los aztecas, los nahuas,
-los quichés, los muyscas, los aymarás, los quichuas, los araucanos
-y los calchaquíes, sinó que la existencia del sagrado símbolo debió
-precisamente ser un hecho entre ellos, desde el momento en que los
-cuatro palos de la cruz, como más adelante lo veremos, no son otra
-cosa que la gráfica, sencilla y natural representación de los cuatro
-puntos cardinales de donde soplan los cuatro vientos, de los cuatro
-vientos mismos, de los cuatro antepasados, las fuerzas creadoras de
-la naturaleza, ó de los cuatro genios de las cosmogonías primitivas;
-porque, como observa Brasseur[178] respecto á este último punto, los
-navajos de Méjico nacieron de cuatro espíritus; los mayas de cuatro
-genios antepasados; y en todas las historias aztecas y toltecas
-aparecen cuatro caracteres, ya sean como sacerdotes ó enviados de los
-dioses ó magestad oculta ó disfrazada, ya como guías y caudillos de
-tribus durante sus migraciones, ya como reyes y mandantes de monarquias
-después de su fundación; y aún en los tiempos de la conquista siempre
-encontramos cuatro príncipes que forman el supremo gobierno, ya sea en
-Guatemala ó ya en Méjico. Nosotros añadiremos en el Perú á los cuatro
-de la cueva de Pacaritambo, que tiraban piedras á los cuatro rumbos, y
-que volaban al cielo cuando morían[179], repitiéndose este ejemplo de
-los cuaternos en otros pueblos.
-
-Donde hay, pues, dioses de la atmósfera, del huracán, de la tormenta,
-del trueno y del rayo, seguramente existirá el símbolo complementario
-de la Cruz, tenido como emblema de alta veneración; lo contrario, la
-escepción, sería lo que cabalmente llamaría la atención en cuanto el
-caso se presentase; pero esto en realidad no acontece, como lo veremos
-por los ejemplos que pasamos á apuntar.
-
-Tláloc, la gran divinidad azteca, de cuerpo y rostro gris, vestido
-de una túnica de azul con bandas de plata en cuadro, luciendo flores
-de perlas de colores, diadema de plumas blancas y verdes, de la que
-caían á sus espaldas plumas rojas y verdes también, oro y pedrerías, y
-portando la aurea serpiente en su diestra en representación del rayo,
-con su solo ojo, todo blanco, atravesado por una línea horizontal
-negra, bajo la cual veíase el semicírculo del mismo color;—Tláloc, el
-dios de la boca tridentada, cuya estatura era rodeada por un gran
-anillo doble azul, tenía por insignia la _Cruz_, ó los cuatro vientos
-que soplan de los cuatro puntos trayendo la lluvia, sobre los que
-ejercía su imperio, repitiéndose el número cuatro en todo lo que con él
-se relacionaba[180].
-
-_Amimitl_, como _Opochtli_, el señor de los pescadores, inventor de
-redes y harpones, era uno de tantos Tlálocs, venerado en el lago
-Chalco. Como á Tláloc máximo, representábasele bajo la forma de un
-hombre de tinte gris, coronado de papeles de diversos colores y de
-plumas verdes, vistiendo un traje de igual color, semejante al hábito
-de los sacerdotes católicos. Esta divinidad acuática estaba armada de
-un cetro singular y de un escudo rojo, adornado al centro con una flor
-blanca, y _cuatro_ hojas _en Cruz_[181].
-
-La diosa de seno de esmeraldas, la divinidad de las ondas, la reina
-de los magos, la dama de la saya verde, la hermana de Tláloc, según
-Sahagún, ó compañera de este dios, al decir de Torquemada; la diosa
-de la frente azul, que portaba una corona orlada de plumas verdes y
-que lucía un collar de esmeraldas y pendientes de turquesas, vestida
-de celeste claro, como el agua de los lagos; la que tenía el poder de
-agitar las tempestades, de levantar los torbellinos, de inundar las
-tierras, _Chalchihuitlicue_, la _Matlacue_ de los tlascaltecas, lucía
-un escudo al brazo izquierdo, cuyo blasón era una flor blanca de lis de
-agua, portando en su diestra un objeto en forma _de Cruz_[182].
-
-El dios tolteca hijo de Mixcóatl, es decir, de otro dios de
-la atmósfera y de las nubes, que lleva ciertos sobrenombres
-significativos, dignos sobre todo de una divinidad del huracán, como
-que es el «papagayo-serpiente» ó la «serpiente emplumada»; el hombre
-blanco, de mirada roja resplandeciente, robusto, de larga frente, de
-cabellera y barba negras, con su insignia en una mano; el predicador
-de la montaña de _Tzotzitepec_, ó «monte del clamor»,—Quetzalcóatl,
-de quien ya nos ocupamos, viste un largo traje blanco sembrado _de
-cruces_, como una comprobación final del carácter meteorológico de tan
-curioso mito[183].
-
-El carácter atmosférico de Quetzalcóatl, queda comprobado otra vez más,
-cuando figura con el epíteto de Nanihehecatl ó «señor de los _cuatro_
-vientos», el cual tenía por símbolo _la Cruz_, como signo sagrado de
-su poder sobre el aire. No debemos olvidar que en el curso de su viaje
-hacia Tlapallán, dejó como señal de su tránsito un árbol atravesado
-horizontalmente por una flecha, formando así _una Cruz_[184].
-
-Más claramente representativa aún que la Cruz de Quetzalcóatl, es la
-del aparecido _Wixepecocha_, el que de la mar vino por el sudeste; el
-anciano que predicó á los zapotecas de Huatulco doctrinas que no fueron
-comprendidas en el primer momento; el famoso perseguido, que vaga de
-una parte á la otra, y que subiéndose á la más alta cumbre del monte
-Cempoaltepec, asciende á la atmósfera y se desvanece, sin dejar otro
-rastro visible en la tierra que las plantas de su pie impresas en las
-rocas. Este aparecido que huye en todas direcciones y que acaba por
-desvanecerse en el espacio, se parece á la nube y al viento. Antes de
-partir al monte cuya cima le sirvió de refugio, plantó _una Cruz_,
-recomendando su adoración á los habitantes de la tierra: la veneración
-al símbolo de la lluvia queda así comprobada[185].
-
-El terrible _Huitzilopochtli_ nahua[186] era un dios de la atmósfera
-y del cielo entre los aztecas, como Quetzalcóatl entre los toltecas
-y Camaxtli entre los chichimecas. Su madre Coatlicue, la muger de
-las serpientes, que habita la montaña de las Serpientes, es la nube
-del huracán despidiendo rayos. Encima de la pirámide truncada que
-era consagrada á Huitzilopochtli en Tenochtitlan, se levantaba el
-templo que guardaba su estatua. Esta tenía enormes proporciones, y
-representaba al dios en su trono, soportando un globo azul, del cual
-salían _cuatro_ bastones en forma de serpientes. El globo era emblema
-de la bóveda celeste, dominio de Huitzilopochtli; las serpientes
-simbolizaban relámpagos; los bastones servían á los sacerdotes para
-portar su imagen en las procesiones. La cabeza del dios lucía como una
-cimera un colibrí de plumas brillantes, cuyo pico y cresta eran de oro;
-su rostro, con el ceño de su crueldad, era atravesado por dos bandas
-azules horizontales, generalmente cubierto por una máscara de aquel
-metal. En su mano derecha llevaba, para servirle de báculo, un bastón
-en forma de serpiente, sobre el que se apoyaba; en su brazo izquierdo
-portaba un escudo ornado de cinco ramilletes de plumas blancas _en
-forma de Cruz_. La mano correspondiente á este brazo tenía las _cuatro_
-flechas de oro caidas del cielo, y de las que dependía el destino del
-pueblo azteca. El blasón cruciforme de este dios de la atmósfera,
-simbolizaba las nubes que traían la lluvia[187]. En la nota anterior se
-reproduce su insignia cruciforme.
-
-Sin lugar á duda alguna, sabemos que el emblema de la lluvia en la
-América Central, especialmente entre nahuas y mayas, era _la Cruz_. Las
-Casas[188], obispo de Chiapa, recuerda su veneración en estos pueblos,
-y refiere que en el principal de los manantiales ó vertientes de agua
-los nativos erigían _cuatro_ altares, en la forma de una Cruz. La Cruz,
-que los misioneros no supieron si admirar ó atribuir á Satanás, fué
-el objeto central en el gran templo de Cozumel, perseverando en los
-bajorelieves del antiquísimo pueblo de Palenque. Fr. Alonso Ramos[189]
-cuenta la gran veneración á la cruz de parte de los yucatecos. «Apenas,
-escribe, los españoles se acercaron al Continente de América, en 1518
-desembarcando en Cozumel, junto á Yucatán, hallaron _muchas cruces_,
-dentro y fuera de los templos y en su patio almenado puesta una cruz
-grande, en cuyo contorno hacían procesión los indios _pidiendo á Dios
-lluvias_, y á todas las veneraban con gran devoción», lo que prueba que
-era el símbolo de un gran dios atmosférico.
-
-Desde tiempo inmemorial la Cruz aparece siendo objeto de plegarias y
-de sacrificios de parte de nahuas y mayas, la que se suspendía como un
-emblema augusto en los templos de Popayán y Cundinamarca, significando
-«Arbol de Nuestra Vida» en lengua mejicana. Los de Yucatán imploraban á
-la Cruz cuando demandaban agua en tiempo de seca. La diosa azteca de
-las lluvias llevaba una Cruz en su mano, y en una fiesta primaveral
-en su honor víctimas humanas eran sacrificadas en cruces, atravesados
-sus cuerpos de flechas[190]. Quién sabe si esto mismo significasen los
-sacrificios humanos en cruces, ó los niños crucificados que se hallaron
-en casi todos los templos del Perú, y especialmente en los de Pasao,
-de los que recuerdan el P. de la Calancha, Zárate, Miguel Estete y
-especialmente Cieza de León, quien compara estos _crucificados_ con los
-que vió en Cali[191].
-
-El dios del templo de la isla de Cozumel, venerado especialmente por
-los mayas, se llamaba _Ahulneb_, divinidad de la lluvia y de los
-vientos, representado bajo la forma de un gigante monstruoso que
-llevaba una flecha en la mano. Su emblema era _la Cruz_, á la que
-imploraban, para que hiciera llover, los peregrinos venidos de los
-países secos, en donde el agua se guardaba en preciosas represas[192].
-
-Los _cuatro_ Bacabs de la naturaleza; las cuatro corrientes invisibles
-del aire; los cuatro seres míticos; las «cuatro _vasijas_ de arriba»,
-que en Yucatán se suponían columnas del cielo que lo sostenían en las
-cuatro partes del mundo, como grandes cariátides, estaban distribuidos
-_en Cruz_[193]. Estos cuatro Bacabs, _Kan, Muluc, Ix y Cauac_,
-correspondientes á los puntos cardinales N. S. E. y Oeste, eran dioses
-de la lluvia, y arreglaban el calendario maya. Su representación por
-_cuatro vasijas de arriba_, es sin duda una alusión á los _vasos del
-Trueno_, de los que nos ocuparemos. Los cuatro Bacabs, ó los cuatro
-viejos, escaparon en tiempo en que todos los seres se ahogaron en el
-diluvio americano.
-
-Cuando los musycas querían sacrificar en honor de las diosas de las
-aguas, estendían largas cuerdas sobre la tranquila linfa del lago,
-de tal manera que formaban _una Cruz_ gigantesca, en cuyo punto de
-intersección ofrendaban oro y esmeraldas al sagrado símbolo, como
-lo atestiguan Simón y Acosta[194]. Según Rialle[195], no obstante el
-culto preponderante de Botchica, la diosa _Batchué_ conservó toda la
-veneración de los muyscas de Cundinamarca, quienes le rendían homenage
-tendiendo en cruz dos grandes cuerdas sobre la superficie del lago,
-venerándose su intersección en la forma que dejamos apuntada. Era la
-diosa de las aguas, y tenía supremacia sobre las plantas, hijas de
-la tierra. En el capítulo respectivo comprobaremos la existencia de
-_cochas_ con cruces en Calchaquí.
-
-Del valor mitológico de la Cruz como símbolo en el Perú, nos hemos
-ocupado anteriormente.
-
-Aunque los cronistas guarden silencio sobre las relaciones entre el
-Catequil y la Cruz, porque fué asunto en que no cayeron en cuenta,
-nosotros no dudamos que esta ha debido ser su símbolo, dado el carácter
-atmosférico de la pre-incaica divinidad.
-
-El _Dios del Aire_ que nos ofrece E. G. Squier[196], y que reproducimos
-en la Fig. 28, no aparece con la Cruz; pero en cambio es portador en su
-izquierda de un largo _Tau_, igual al de las figurillas de la procesión
-de Wiener, de que antes dimos cuenta,—símbolo que, en todos los
-pueblos equivale á aquel otro, como ya lo establecimos. Este dios del
-Aire, de nombre ignorado, que bien puede ser ese Catequil, también
-celebrado escepcionalmente por los Incas en su gran festival de las
-mieses en verano, porta á su diestra un pájaro de pico abierto,
-largo cuello, cola profusamente pintada: el pájaro de la tormenta,
-símbolo de la nube, quizá el ave luminosa _Piguerao_, que nos hace
-recordar al instante el papagayo de Quetzalcóatl, Cuculcán, Gucumatz,
-y particularmente el colibrí ó pájaro-mosca de Huitzilopochtli.
-También nos trae á la memoria el ojo blanco de Tláloc, con su línea
-horizontal negra, ese ojo cuadrado, con su línea central, en la peruana
-divinidad. El cuerpo circular del pájaro de Squier, rememora el «espejo
-resplandeciente» de Tezcatlipoca, y especialmente la bola emplumada
-que flotando en el aire fecundo el seno de Caticlue, la muger de las
-serpientes.
-
-[Ilustración: Fig. 28. Dios del Aire de Squier.]
-
-Por lo demás, este Dios del Aire ofrece mucho interés: su cuerpo es
-antropomorfo, y de su parte posterior sale su gran cola de dragón,
-común á las representaciones de las divinidades atmosféricas; su
-cabeza zoomorfa, de gran boca dentada, con casquete triangular y una
-media luna por penacho, recuerda la fisonomía del _Wind Spirit_ de
-los Haidas, y, sobre todo, la de las _Huayrapucas_ de la figura 27.
-Cosas muy curiosas, son: los _linga_ y _yoni_ que la divinidad peruana
-lleva á cada lado de sus piernas; el falo, con su ingle superior y
-sus círculos Imaymanas á la parte de abajo, entre el _tau_ y el casco
-triangular de su cabeza, etc. El dios se vé que va en actitud de volar
-por los aires.
-
-[Ilustración: Fig. 29. Fragmento de calabaza (Piedra Blanca,
-Catamarca).]
-
-[Ilustración: Fig. 29 _bis_. Detalles de la anterior.]
-
-Lafone Quevedo[197], dedicando al mismo una decena de renglones, dice
-que, por sus atributos fálicos, «muy bien le vendría el nombre de
-_Punchao_.»
-
-Cada vez que vemos la figura de Squier, viénennos también á la memoria
-las Huayrapucas calchaquíes de las Figs. 29 y 29 _bis_, grabadas sobre
-un pequeño mate de barro, reproducido en la primera de estas láminas,
-apareciendo en la figura _bis_ el desarrollo del objeto total, de uno y
-otro lado. Estas figurillas _a_ y _b_, tienen cuerpo antropomorfo, cara
-zoomorfa, y aparecen en actitud de volar; y si bien no arrastran
-colas de dragón, la serpiente de escama triangulada, que simboliza al
-rayo, aparece enroscada al mango incompleto del objeto. La figurilla
-_a_, lleva en su única mano una flecha, que debe ser figuración de
-un rayo, como en los dioses toltecas y aztecas; la _b_, porta en su
-izquierda una larga flecha, y en su diestra otra, y á más el pájaro
-ó _Ave de la Tormenta_, representada simbólicamente por una cabeza y
-cuello de _Suri_ ó Avestruz, que indiscutiblemente para nosotros es
-el ave sagrada de _las nubes_ en Calchaquí, como lo explicaremos en
-el capítulo respectivo. Los ojos de las figurillas que nos ocupan son
-Imaymanas, sencillos y dobles.
-
-[Ilustración: Fig 30. Olla de barro de Capayán Colecc. Quiroga.]
-
-Indudablemente que el dios del Aire de Calchaquí está emparentado con
-el del Perú, y quién sabe si no son ambos la misma divinidad de la
-tormenta.
-
-Más en las Huayrapucas hasta ahora reproducidas no aparece el símbolo
-de la Cruz, que vamos estudiando en los dioses meteorológicos, hasta
-que damos con el grupo mítico-atmosférico de Capayán (Catamarca), en
-las fronteras del valle de Londres, grabado sobre el barro de color
-negro, en la parte anterior de la pequeña olla de la figura 30, que
-reproducimos desarrollada en la 30 _bis_. A la parte posterior de la
-olla (Fig. 30) sólo aparece la cola ofídica, con círculos Imaymanas
-grabados en la misma, sirviendo de oreja ó manija á la tinajita. Lo
-interesante es la figura mítica á la cual esta cola de serpiente
-pertenece, grabada con poca profundidad en la parte anterior del objeto
-(Fig. 30 _bis_).
-
-Estas figuras fueron ofrecidas por nosotros en nuestro trabajo sobre la
-Madre del Viento[198], y muy oportuno es reproducirlas en esta ocasión.
-
-[Ilustración: Fig. 30 _bis_. Desarrollo de la figura anterior.]
-
-Como se vé en el desarrollo del grupo mítico de la olla, al centro
-del mismo aparece un ser de interesantísimas formas humanas. Este
-ser, como los dioses mejicanos del aire, lleva en la cabeza un
-penacho de seis anchas plumas de ave. En su cara humana,—de la que
-caen pendientes,—dos serpientes que tatúan sus mejillas, sobre las
-que descansan sus cabezas, forman la nariz del ídolo en su punto de
-intersección, y sus colas arqueadas, las cejas; la boca es ovalada.
-De su barba, despréndese la caja geométrica del cuerpo, saliendo
-para dentro del cuadro, de cada una de las cuatro esquinas del
-mismo, _cuatro_ cabezas de serpiente, con ojos y boca, provistas de
-sus cuellos. Estas cuatro cabezas forman el símbolo de _la Cruz_,
-perfectamente artística y visible. Del ángulo inferior del cuadrado
-despréndense las patas zoomorfas del mítico ser, el que aparece en
-medio de las nubes y de la tormenta, provisto de grandes ojos dobles,
-con las zig-zags.
-
-El caso que acabamos de ofrecer es elocuentemente típico, y salta
-á la vista la intención del artista que grabó la Cruz, formada por
-cuatro cabezas de serpientes rayos, que insinúan lluvia. Esa Cruz
-ocupa el centro mismo de todo ese animado y viviente grupo mítico de
-la tormenta, como un símbolo de alto valor meteorológico, con sus
-palos trazados por la luz vital y resplandeciente de cuatro rayos.
-Todo en este grupo habla de _lluvia_, de _agua_ del cielo; y en las
-figuras míticas y animadas de los grupos laterales de las nubes de la
-tormenta, la greca ondulosa repítese de una manera llamativa, la cual,
-según Jiménez de la Espada[199], es en el Perú posiblemente, como entre
-etruscos y pelasgos que tantos adornos comunes tienen con los yuncas,
-una representación de la superficie más ó menos agitada del agua marina
-ó fluvial,—en este caso del _agua_ de las nubes,—pues del examen
-arqueológico de varios huaqueros peruanos resulta que al parecer tal
-cosa ha querido indicar el dicho meandro onduloso, al dárselo en las
-pinturas de aquellos por base ó sostén á los _Coohuampu_ ó «caballitos
-de totora», especie de esquifes en uso hoy todavía entre los pescadores
-de la costa de Trujillo y Santa en el Perú, y muy semejantes por su
-ligereza y material de construcción al _phaselus_ de los egipcios.
-
-De todo cuanto dejamos escrito en este capítulo, resulta plenamente
-confirmada la afirmación que hicimos de que la Cruz es el símbolo de
-los dioses americanos del Aire y de los mitos de la Tormenta; en otros
-términos: el símbolo sagrado de los fenómenos meteorológicos del cielo.
-
-Ahora bien: ¿por qué ha de ser precisamente el signo de la Cruz el
-emblema ó símbolo de los cambios meteorológicos producidos como
-fenómenos de la atmósfera? ¿por qué ha de serlo la Cruz, y no otra de
-las figuras geométricas tantas veces repetidas en la escritura indiana,
-como el círculo, el triángulo, el cuadrilátero, la greca, el arabesco,
-el meandro ú otra combinación ideológica ó simbológica cualesquiera?
-
-Porque así lo fué, y porque así debió serlo, limitarémonos á contestar
-al poner punto final al presente capítulo.
-
-En el siguiente, relacionando el símbolo con el número sagrado
-_Cuatro_, pasamos á probar esta afirmación, al parecer hecha _á priori_.
-
-
-NOTAS:
-
-[151] _Tenth Annual Report of the Bureau of Ethnology to the Secretary
-of the Smithsonian Institution_, J. W. Powell (Washington, 1893).
-
-[152] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_ (Buenos Aires,
-1899).
-
-[153] Op. cit., pág. 477, Fig. 664.
-
-[154] Id. id., pág. 480, Pl. XXXII.
-
-[155] Sobre estos dioses ofídicos, y por qué son tales los del Aire,
-véase Rialle, _Mythologie Comparée_, cap. XIX, pág. 317.
-
-[156] Véase Brinton, _The Myths of the New World_, cap. V, pág. 154, y
-sobre el dios Hurakán, Brasseur, _Le Libre Sacré_, pág. 80.
-
-[157] Sobre Tláloc, véase Torquemada, _Monarquía Indiana_, lib. VI,
-cap. 37 y Brasseur, pág. 121.
-
-[158] Brinton cit., págs. 105, 136, 189, 215.
-
-[159] Op. y lug. cit. Brasseur, pág. 70.
-
-[160] Brinton cit., págs. 97 y 117.
-
-[161] _Relación de la Provincia de Nicaragua_, pág 41 y sigtes. Sobre
-este y otros Dioses del Aire, véase también á Sahagún, _Historia de la
-Nueva España_, cap. II.
-
-[162] Brinton cit., págs. 35, 68, 190—Brasseur, pág. 92.
-
-[163] Brinton, págs. 213 y sigtes. y 335 á 338. Brasseur, pág.
-80—Rialle, cap. XIX, págs. 309 y sigtes.
-
-[164] Brinton, págs. 184 y 214.
-
-[165] Brinton, págs. 222 y 335.
-
-[166] Rialle, cap. XX.
-
-[167] Brinton, pág. 171—Brasseur, pág. 118.
-
-[168] Este libro sagrado fué traducido por Francisco de Ximénez y
-publicado después en Viena por M. Scherzer (1857).
-
-[169] Brinton, págs. 140 y 323—Rialle, cap. XX cit.—Brasseur, pág. 122.
-
-[170] _Noticias de Tierra Firme_, Part. II—Sobre este y otros mitos
-muyscas, véase también á Piedrahita, _Hist. de la Conquista del Nuevo
-Reino de Granada_ (1668) y E. Restrepo, _Aborígenes de Colombia_, Caps.
-II y III.
-
-[171] Op. y lug. cit.
-
-[172] _Amer. Urreligionen_, pág. 420 y sigtes.
-
-[173] Op. y lug. cit.
-
-[174] Brinton, cap. V. págs. 185 y sigtes.
-
-[175] R. Lenz, _De la Literatura Araucana_, págs. 16 y 17
-(Discurso—Oct. 1897—Chillan).
-
-[176] Adán Quiroga, _Hachas sagradas_ (1900).
-
-[177] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_ (Buenos Aires,
-1899)—Max Müller, á propósito de los dioses epicenos brahamanes, dice
-que sus adoradores «querían expresar algo que no fuese ni macho,
-ni hembra; ... querían algo que estuviese por cima del masculino y
-del femenino; un ser sin sexo, pero no un ser sin vida, ó un dios
-impersonal» (_Origen y desarrollo de la Religión_, Sec. III, § I, pág.
-286).
-
-[178] Brasseur, _Le Lib. Sacr._ Introd., pág. 117—Véanse también á
-Kinsborough, _Antigs—of México_, pág. 480; Ternaux Compans, _Recueil de
-pièces á la Conq. du Mexique_, pág. 307 y 310, etc.
-
-[179] Nosotros disentimos con Brinton y demás americanistas en la
-interpretación de la palabra compuesta _Pacaritambo_. Como _Pacari_ es
-«amanecer», y _tambo_, «lugar, casa», daría: «casa de orgíen», «tambo
-del nacimiento», ó sea de donde salió el sol y sus hijos los Incas. En
-otros términos: la cueva de la aurora.
-
-[180] Brinton, págs. 238 y 265—Rialle, págs. 297 á 299—Lucien Biart,
-_Les Aztéques_, pág. 85 (París 1885).
-
-Con motivo de la Cruz de Tláloc, encontrada en las ruinas toltecas de
-Téotihuacán, depositada en el Museo del Trocadero, y que Lucien Biart
-reproduce en el lugar citado, el doctor Hamy demostró de como uno de
-los atributos de Tláloc, destinado á _figurar la lluvia_, tomó á golpes
-de cincel de los escultores la forma de la Cruz cristiana.
-
-[181] Rialle, pág. 301—Brasseur, pág. 92.
-
-[182] Brinton, pág. 145—Rialle, págs 303 y 304—Brasseur, pág. 70.
-
-[183] Brinton, págs. 114, 124, 141, 172, 221 y 345—Rialle, págs. 309 á
-312, 314 y 315.
-
-[184] Rialle, págs. 310 y 313—Lucien Biart reproduce su estátua del
-Trocadero (pág. 81).
-
-_Tezcatlipoca_, el creador del espacio, portaba en su izquierda un
-escudo y cuatro flechas en Cruz. Su imagen aparece en una terracota
-encontrada en Nahualac por M. de Charnay. Lucía anillos y cordones de
-oro, plumas verdes y manto rojo (Biart cit., págs. 75 y 76).
-
-[185] Rialle, 323.
-
-[186] Véase Lucien Biart, op. cit., pág. 91, París 1885.
-
-Este autor, en el lugar citado, reproduce la insignia cruciforme de
-Huitzilipochtli, de acuerdo con el manuscrito de Le Tellier. He aquí la
-tan curiosa insignia:
-
-[Ilustración: Insignia cruciforme de Huitzilipochtli.]
-
-[187] Brinton, págs. 140 y 323—Rialle, págs. 327 á 333.
-
-[188] _Hist. Apologética_, c. 121, MS.—De la Cruz en Yucatán han
-tratado estensamente Ixtlilxochitl, _Hist. des Chichiméques_, pág.
-5 y sigtes; _Sahagún_, _Hist. de la Nueva España_, lib. I, cap. II;
-Cogolludo, _Hist. de Yucathan_, lib. IV, cap. IX; García, _Or. de los
-indios_, lib. III, pág. 109; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, pág.
-29, etc.
-
-[189] _Historia de Copacabana_ (Carta de D. Joaquín de Sosa y Lima
-cit., «Revista de la Biblioteca», Rioja 1890).
-
-Niceto de Zamacois asegura que la Cruz de Yucatán «representa al dios
-de las Lluvias» (Annual Report de Powell (1888-89), pág. 730).
-
-[190] Brinton, pág. 114.
-
-[191] _Crón. del Perú_, capits. XXVII y XLIX.
-
-[192] Rialle, págs. 299 y 326.
-
-[193] Brinton, pág 97.
-
-[194] E. Restrepo, _Los Aborígenes de Colombia_, pág. 45.
-
-[195] Págs. 278 y 279—Brinton, pág 115.
-
-[196] Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 188.
-
-[197] _Culto de Tonapa_, pág. 49.
-
-[198] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_, págs. 425 y 426
-(Bolet. del Inst. Geográf. Arg., tom. XX).
-
-[199] _Congr. de Amer. de Bruselas_, tom. I, pág. 636.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V
-
-LA CRUZ Y EL NÚMERO CUATRO
-
-
- _Los números y su valor simbólico—Predilección
- por el Cuatro en la raza americana—Los
- hechiceros Chypeway—El número cuatro y el dios
- Viztcilipuztli—Lo que escribe D. Antonio de Solís—El
- número cuatro entre aztecas, nahuas, mayas,
- quichés y muyscas—Entre peruanos y araucanos—Entre
- calchaquíes—Los cuatro puntos cardinales y los
- cuatro vientos—Los cuatro palos de la Cruz—La
- Cruz como emblema acuático—Vaso ceremonial de
- los Sia—Opinión de Stenvenson—Disentimiento con
- Brinton—La Cruz como símbolo de la Lluvia._
-
-Los números entre las diversas razas americanas tienen un valor
-simbólico en sus religiones, en sus ceremonias hieráticas, en su
-escritura sagrada y hasta en sus cosmoganías.
-
-Anteriormente hemos tenido ocasión de insinuar cuán venerados fueron
-los números dos y tres de parte de algunos pueblos aborígenes,
-citando divinidades bicéfalas y tricéfalas, ó de dos y tres en uno,
-y viceversa. El número dos representa el fenómeno bisexual, sin
-hermafroditismo en los dioses; el atributo de los creadores, ó más
-bien: hacedores _cay cari cachun_, _cay huarmi cachun_, ya sean varones
-ó hembras, para formar, reproducir ó procrear por sí mismos, como
-todopoderosos en la creación de las cosas del cielo ó de la tierra. El
-número tres, que llamaremos _tanga-tanga_, refiérese indudablemente
-á la intervención de tres cosas en el acto carnal de la generación
-de las especies; y el _Huampar Chucu_, la mitra del gran sacerdote
-que reproduce la «Relación Anónima»[200], es sin duda en el Perú el
-emblema fálico de este número sagrado, pues compónese de la alegoría
-del triángulo, el foco solar, el mortero y su mano, y hasta por sus
-formas el Huampar aparece como la ingle del miembro viril, con los
-atributos de las naturas masculina y femenina. El _Tangatanga_ ó
-figurón tricéfalo de los chancas, no es otra cosa que la representación
-antropomorfa de la referida cantidad sagrada.
-
-No nos parece, como lo asevera Brinton[201], que la veneración al número
-tres viene de tres operaciones mentales al pensar; pero sea de ello
-lo que fuere, no es esta la oportunidad de debatir tan interesante
-punto[202].
-
-El número predilecto entre las razas aborígenes es indudablemente
-el número _Cuatro_, especialmente en los pueblos en los cuales la
-heliolatría es la base fundamental de la religión, como en Méjico y
-Perú, por lo que tal predilección se ha atribuido generalmente al
-conocimiento de parte de aquellos de los equinoccios y solsticios.
-
-Sin embargo, la raza norteamericana, que no era adoradora del Sol,
-tenía como sagrado al número en cuestión, lo que prueba que esta
-particularidad ó es más antigua que la religión heliolátrica, ó debe
-explicarse de otro modo.
-
-El culto al número cuatro, como tan ingeniosamente lo ha demostrado
-Brinton[203], se origina de la veneración á los cuatro puntos
-cardinales, y obedece en cierto modo á las leyes aritméticas del
-universo. El piel roja, según el americanista, adoptó este número
-como regularizando cantidades en sus instituciones y artes; repitió
-sus múltiplos y compuestos; imaginó nuevas aplicaciones, magnificando
-constantemente su místico significado, llamándole, finalmente, en sus
-ensueños filosóficos, la clave de los secretos del universo, la fuente
-de la siempre creciente naturaleza[204].
-
-El hombre rojo era cazador, y erraba por las selvas y las praderas sin
-límites; un instinto, y no una facultad, dirigialo por la tierra, sin
-extraviarse. En una época primordial de su historia, el indio tomó
-nota de los cuatro rumbos, de los cuatro puntos cardinales, hacia los
-cuales encaminaba sus pasos, y por aquellos se guió en el desierto y
-en la noche, dignificándolos hasta convertirlos en dioses, como una
-consecuencia natural. Mucho después, cuando un progreso lento le hizo
-penetrar en otros secretos de la naturaleza; cuando se dió cuenta de la
-trayectoría del sol, constantemente entre dos puntos, y del movimiento
-de los elementos, él paró la atención en las radicales de la aritmética
-y discernió una repetición ó aplicación de este número cuatro hasta en
-las estaciones del tiempo. De aquí la adopción de parte suya de este
-número como la cantidad regulatriz, y de aquí su predilección por el
-mismo. Iguales motivos harían sagrado al cuatro en los demás pueblos,
-cazadores antes que agricultores, y fetiquistas antes que politeistas,
-aunque muchas veces el fetiquismo es una consecuencia posterior de
-la adoración al dios representado, al que se concluye por atribuirle
-voluntad propia, según Max Müller[205].
-
-Los pieles rojas creen en la existencia de cuatro espíritus,
-correspondientes á los cuatro puntos cardinales; genios de estos puntos
-se suponen los vientos que soplan, por lo que son venerados también los
-cuatro vientos, debiéndose advertir que el aire suele llevar el mismo
-nombre de la divinidad cardinal de donde sopla[206], confundiéndose
-de este modo con la dirección. De aquí es que en las ceremonias
-religiosas de aquellos indios figuraba con monótona repetición el
-número cuatro, por la conexión natural entre los movimientos del aire
-en el pensamiento y en la palabra con las operaciones del alma y la
-idea de Dios. Los creeks, especialmente, divinizaron al número cuatro,
-y en la fiesta del Busk prendían fuego _en cruz_, ó sea en las _cuatro
-esquinas_.
-
-El Este entre los dakotas, según Mr. Dorsey[207], simbolizaba la vida y
-su fuente; y de aquí la colocación del cadáver al Este, para indicar la
-esperanza de una vida futura.
-
-Estos puntos cardinales, según Brinton[208], tienen cada uno su motivo
-especial para ser venerados. Del Este sale el sol. El Oeste es la
-puesta, y trae la idea de muerte, sueño, tranquilidad, descanso de
-la labor; en ese rumbo distante reposaba el alma fatigada del astro,
-y cuando uno moría tomaba su camino. El Norte es el lugar del hielo;
-hacia el Norte caminan las sombras, y de allí vienen los truenos
-tempranos; viven en el Norte los dioses poderosos; y un témpano de
-hielo no es más que una habitación de la divinidad; en una montaña
-contigua á la estrella del Norte, creían los dakotas que existía el
-dios de las estaciones; en el Septentrión oscuro moraba la muerte de
-los attawas. El Sud, por el contrario, es la región de los vientos
-ardorosos.
-
-Para nosotros, que vivimos bajo la línea ecuatorial, no hay cuestión
-en cuanto al Este y Oeste, al naciente y poniente, rumbos sagrados por
-la salida y puesta del sol; pero los motivos de la veneración al Norte
-y al Sud serían forzosamente otros. Del Norte soplan los huracanes
-y vienen los vientos secos y ardientes, que en verano marchitan la
-naturaleza; el Sud tiene su Cruz celeste; el viento del Sud trae el
-cambio atmosférico, y tras él llega la tormenta, que produce la lluvia,
-animando á las tierras sedientas y á la vegetación que languidece.
-Aparte de esto, motivos políticos llamarían la atención del Norte, pues
-que en aquel rumbo vivían los monarcas resplandecientes y se hallaban
-erigidos los grandes imperios.
-
-Los dakotas y otras razas del Norte, lo mismo que los demás pueblos
-americanos, tienen en sus orígenes étnicos ó sociales la tradición
-de cuatro hermanos, de cuatro semidioses, de cuatro jefes, de cuatro
-caudillos ó de cuatro personajes; estos cuatro seres míticos aparecen
-vestidos con metáforas groseras, pero alusivas siempre á los cuatro
-vientos, pues que los vientos reconócense al instante en estos
-cuaternos, é indiscutiblemente aquellos son los cuatro espíritus de
-los navajos de Méjico, los cuatro genios antepasados de los mayas, los
-cuatro aparecidos de Pacaritambo de los peruanos, etc.
-
-Todo ello explica por qué en las ceremonias sacerdotales era comunmente
-repetido el número cuatro.
-
-Los hechiceros _Chipeway_, iniciando á sus neófitos en los misterios
-de la religión, interrogábanles por un lugar de los cuatro polos,
-de las cuatro grandes piedras que dejaban ante su fuego, recordando
-cuatro días, refiriendo cuatro fiestas, y repitiendo durante la escena
-religiosa este número ó sus múltiplos.
-
-Un ejemplo precioso de lo venerado que era el número cuatro ofrécenos
-D. Antonio de Solís, describiendo en la ciudad de Méjico la plaza
-del templo de Vitzcilipuztli ó dios de la guerra. «Tenía la plaza,
-dice[209], _cuatro_ puertas correspondientes en sus _cuatro_ lienzos,
-que miraban á los _cuatro_ vientos. En lo alto de los portales había
-_cuatro_ estátuas ...» El ídolo, agrega, portaba _cuatro_ varas con
-cabezas de sierpes y _cuatro_ saetas.
-
-Tenochtitlan[210], Cholula, Tezcuco y Quito estaban divididos en Cruz,
-por calles que se cortaban de norte á sur y de este á oeste, de manera
-que formaban cuatro cuarteles, mandados por cuatro jefes. La mayor
-parte de los palacios tomaban la forma arquitectónica de la Cruz. Las
-tumbas en más de un pueblo eran igualmente construidas en Cruz, y
-abríanse á lo largo de ellos avenidas correspondientes exactamente á
-los paralelos y meridianos.
-
-Los aztecas al tomar posesión de las tierras, tiraban flechas á los
-cuatro puntos cardinales. Celebraban cuatro fiestas al año, y cuatro
-veces la fiesta principal; con cuatro plegarias solemnizaban sus ritos,
-ofreciendo incienso al cielo en los cuatro puntos cardinales; la humana
-víctima del sacrificio era conducida cuatro veces al derredor del
-templo, y arrancándole el corazón, bebían su sangre en cuatro vasos,
-brindando á las cuatro partes del horizonte[211].
-
-Los nahuas vivían sugestionados por la operación del número cuatro:
-un pájaro era cogido por cuatro días; un fuego ardía y una flecha era
-tirada á los cuatro cardinales cuando el bautismo de un niño; ofrecían
-sus plegarias cuatro veces al día; sus grandes fiestas tenían lugar cada
-cuatro años; las ofrendas de sangre se hacían á los cuatro puntos del
-espacio; la jornada de las almas era de cuatro días y el luto duraba
-cuatro meses ó cuatro años.
-
-Las divinidades mejicanas de la atmósfera son grandes cuaternos, como
-Quetzalcóatl con el epíteto de Nanihehecatl, porque son «señores de los
-cuatro vientos», que preponderan hasta el día en que vencen los dioses
-heliolátricos, resultado de una revolución étnico-religiosa de los
-aztecas contra los toltecas, unos y otros simbolizados en Quetzalcóatl
-y Tezcatlipoca, el «espejo resplandeciente», vencedor éste de aquél,
-por lo que es figurado por un pájaro blanco atravesado por una flecha
-saliendo de la cresta incendiada del monte Zapatec, emblema de la nube
-asaeteada por el rayo vencedor del Sol[212].
-
-Los caribes, quichés y muyscas tienen también gran veneración por
-el número cuatro, el que se encuentra repetido en sus tradiciones
-mitológicas y etnológicas. En los calendarios nahua, apoteca y maya, el
-mes tiene cuatro semanas; su indixión se divide en cuatro períodos; el
-mundo pasa por cuatro grandes ciclos, lo que se repite periódicamente
-por la división del año solar en cuatro estaciones, que se producen
-por la lucha de cuatro gigantes aereos que dominan los vientos. En el
-_Popol Vuh_, envuelto en la obscuridad teológica, el cuaterno Gucumatz,
-después de creados los animales y de maldecidos por no tener lenguaje
-para dar las gracias á los dioses á quienes deben la vida, forma con
-maíz blanco y amarillo á los cuatro pobladores del mundo, los tigres
-del alba, de la noche, de la luna y el «distinguido», ó sean:
-Balam-Quitze, Balam-Agab, Igi-Balam y Mahuentah. Es de advertir que el
-felino es una representación heliolátrica, y numerosas cabezas de tigre
-ó león han de verse reproducidas en los dioses-soles.
-
-Notable ejemplo de cuaterno entre los quichés son los cuatro pájaros, ó
-los cuatro vientos, sobre los que se cuentan muchas leyendas, los que
-llevan nombres significativos; estos cuatro pájaros, cuatro espíritus,
-son: Xecotcovach, Camulatz, Cotzbalam y Tecumbán[213].
-
-En el Perú hemos creido observar que el número sagrado de la
-civilización del culto á Viracocha[214] ó aymará del Titicaca es el
-número tres; del que vimos anteriormente su repetición monótonamente
-intencionada en los dioses de Tiahuanaco y representaciones monolíticas
-del Aticci de las aguas. La civilización heliolátrica, al revés,
-tenía una predilección manifiesta por el número cuatro, y era esta la
-cantidad regulatriz en el imperio de los Incas. El Cuzco, como sucede
-en los pueblos de Cholula á Quito, estaba dividido en cuatro partes, en
-cuatro cuarteles, mandados por cuatro jefes. El mundo incaico constaba
-de cuatro partes, y sus tierras se encontraban repartidas entre cuatro
-predilectos. En la primera gran división, el norte tocó á Manco Cápac,
-el sud á Colla, el este á Tokay y el oeste á Pinahua. Ya hablamos de
-cuatro genios del viento, ó de los cuatro de la cueva de Pacaritambo.
-La sociedad peruana dividíase en cuatro castas: incas, curacas,
-nobles y plebeyos. En la población del imperio se contaban cuatro
-nacionalidades: Antis, Cuntis, Chinchas y Collas. El Inca llamábase
-el «señor de las cuatro partes ó de los cuatro _suyus_». Los peruanos
-celebraban cuatro fiestas, y en cada luna nueva otras de cuatro
-días, repitiéndose invariablemente el número en todas sus ceremonias
-religiosas.
-
-Los guaraníes sólo cuentan hasta cuatro.
-
-Entre los araucanos hay veneración por los cuatro gigantes aereos ó
-los cuatro vientos. En la leyenda que anteriormente citamos del Viejo
-Latrapai, recién á la _cuarta_ vez de ser llamadas las hachas, éstas
-caen tronando al suelo, por lo cual Lenz[215], anotando este pasage,
-escribe: «El número sagrado de los araucanos como casi de todos los
-indios americanos es _cuatro_: todas las invocaciones se hacen _cuatro_
-veces.»
-
-En nuestro Calchaquí también el número predilecto es el cuatro, sin
-negar por ello la veneración por el tres, comunmente repetido, y
-correspondiente al culto del Agua.
-
-En el _Folk-lore_ de esta nación hemos podido comprobar que el cuatro
-hasta hoy interviene en muchas de sus ceremonias, heredadas de la
-antigüedad. Cuatro suelen ser las invocaciones á la Pacha Mama,
-ó Tierra Madre. Cuatro golpes de pie se dan para sanar al animal
-«desortijado», y cuatro credos se rezan para curar un mal, lo mismo que
-son cuatro las palabras secretas y sagradas que se pronuncian. Cuatro
-son las grandes bacanales nativas conocidas: las del Arbol, del
-Chiqui, de la Chaya ó Pucllay y del Tincunacu, ó sean: las fiestas al
-algarrobo, propiciando las cosechas; las de conjuración al dios de
-la adversidad para que cese la seca; la de la alegría, en honor del
-Baco calchaquí en carnaval, y la de «los topamientos», celebrando el
-acto carnal del _Tincuc_, el amor y la generación. Más de un ejemplar
-de alfarerías figurando cuaternos puede presentarse. En las láminas
-mismas reproducidas en este trabajo pueden verse repeticiones del
-número cuatro: en la Fig. 21, cuatro son las esculturas cruciformes del
-menhir; en el Tangatanga vénse dobles pares laterales de caras humanas;
-en el disco de Lafone Quevedo, cuatro son las lágrimas circulares del
-ídolo, cuatro las cruces que coronan las cabezas de los dragones, etc.
-
-[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]
-
-En nuestra colección calchaquí poseemos una espléndida alfarería negra,
-que es un _Yuro ó huaquero_, formado por cuatro grandes serpientes, con
-cuatro cabezas monstruosas, de circulares ojos Imaymanas dobles. Cuando
-no tres, son cuatro las líneas de las lágrimas de lluvia de los ídolos.
-Cuatro son también casi siempre los dedos de las manos de los mismos,
-procediendo así el artista indio con prescindencia de la naturaleza
-que las ha provisto de cinco, lo que demuestra que su preocupación
-constante por el número sagrado ha podido más que el ejemplo palpable
-de la naturaleza. Un cuadilátero rectangular suele ser la boca de las
-figuras antropomorfas de las urnas funerarias. Por un cuadrilátero
-aparece figurado el príapo de un andrógino de nuestra colección.
-Finalmente, hasta hoy las gentes del oeste de Catamarca cuando sacan
-sus cuentas, la operación se efectúa sumando cantidades parciales de
-cuatro en cuatro: si venden especies, por ejemplo, hacen tantos grupos
-de cuatro cuantos son necesarios para cubrir la cantidad vendida, los
-que juntan en un solo montón á medida que se va contando; así, si se
-trata de entregar una docena de cosas, se dice: cuatro, y otros cuatro,
-y otros cuatro, son doce.
-
-Ahora bien: de este número cuatro sagrado es claro que originan los
-_cuatro palos_ de la Cruz.
-
-Nada más á propósito que esta sencilla combinación geométrica, de dos
-líneas cortándose en ángulos rectos, para figurar gráficamente la idea
-de cuatro, los cuatro rumbos, los cuatro vientos. Colocado uno de los
-brazos de la cruz en dirección norte-sur, es claro que el otro, que
-le es perdendicular, marcará la este-oeste, ofreciendo este signo una
-exacta figuración de los cuatro puntos cardinales y de la rosa de los
-vientos que soplan de los mismos. Son estos cuatro vientos, venidos de
-las cuatro partes del globo, los que constituyen esos cuaternos míticos
-del Aire y de la Tormenta, que, como vimos en el capítulo anterior,
-tienen por emblema la Cruz.
-
-Ninguno de los otros signos podría de una manera gráfica figurar de
-tótem en estos cuaternos. El círculo servirá para indicar la idea de
-redondez, como la del sol, la de la luna ó la de la tierra; pero nada
-más que esta idea; y es por ello que _Inti, Mama Quilla y Pachamama_
-son representados por figuras circulares[216]. El triángulo expresará la
-idea de tres ó de cosas trinas, y por eso este número ó sus múltiplos
-se repiten en las figuraciones monolíticas de Tiahuanaco. En nuestra
-colección poseemos, por ejemplo, un pequeño vaso de piedra, de boca
-y asiento triangulares: este hecho indicaba que el artista quería
-referirse á alguna trinidad; y, efectivamente, en cada una de las
-aristas de la figura poligonal de tres caras, como lo dijimos, aparece
-en relieve uno de esos monstruos ó dragones de cabeza deforme y larga
-cola arqueada. Las diversas combinaciones de las grecas tampoco pueden
-expresar la idea de un cuaterno; y sí, por ejemplo, el movimiento
-ondulado del agua y del aire que se arremolinan, el rugido del trueno,
-que parece ser producido por algo que dá vuelta ó como que se retuerce
-sobre sí mismo; ó la idea del acto de la cópula, por el meandro,
-cuyas líneas entran y salen. El cuadrado es la única figura que puede
-significar cuatro cosas; pero tiene el inconveniente del paralelismo
-de sus líneas y de su propia forma geométrica para una deducción
-ideológica de cuatro rumbos que entre sí se cortan, como los meridianos
-y los paralelos terrestres. Es la Cruz la única combinación que, á la
-vez que la idea de cuatro, puede indicar las direcciones de Norte y
-Sur, Este y Oeste por sus palos, partiendo del punto de intersección de
-la figura.
-
-Es de esta última manera cómo nos explicamos el por qué del sencillo
-cuaterno geométrico; de esta figura emblemática de los dioses del
-Aire, ó de los «señores de los cuatro vientos, que soplan de los
-cuatro puntos cardinales.» También dámonos cuenta del motivo por el
-cual figuren cruces en la lámina del Yamqui Pachacuti, como signos
-astronómicos con influencia sobre la atmósfera, toda vez que sus cuatro
-palos no son otra cosa que las líneas que unen á cuatro estrellas,
-respectivamente colocadas en Cruz.
-
-Los brazos de la Cruz meteorológica apuntarán hacia los puntos
-cardinales, para indicar que de los cuatro ámbitos de la tierra
-vienen los elementos aereos que forman la tormenta. En el punto de
-intersección de estos palos el fenómeno de la lluvia se producirá. Y es
-por aquel motivo, sin duda, que la Cruz de Calchaquí, como casi todas
-las americanas, tiene sus palos del mismo largo, de modo que figura
-exactamente una roseta sencilla de vientos, lo que no pasaría con la
-Cruz latina.
-
-Los brazos de la cruz, escribe Brinton[217], tenían por objeto apuntar
-hacia los puntos cardinales, para representar los cuatro vientos
-portadores de la lluvia. Para confirmar la explicación que aquí se dá,
-ocurramos á las ceremonias más sencillas de tribus menos civilizadas,
-para convencernos del significado que se advierte á través del símbolo,
-como ellos lo empleaban.
-
-«Cuando el hacedor de la lluvia (_rain maker_) de los Lenni Lenape
-solía ejercer su poder, se retiraba á un lugar solitario y dibujaba
-en la tierra una figura de la cruz, con los brazos hacia los puntos
-cardinales, colocando sobre ella un poco de tabaco, mate, un pedazo
-de género colorado, y empezaba á llamar á gritos al espíritu de las
-lluvias. Los pieles negras tenían por costumbre ordenar cantos rodados
-de los veintisqueros en las praderas en forma de cruz, en honor, como
-decían, de Natose, el viejo que manda los vientos. Los creeks, en la
-fiesta del Busk, que se celebraba, como se ha visto, en honor de los
-cuatro vientos, y de acuerdo con las leyendas instituidas por estos
-mismos, empezábanla sacando fuego de nuevo. Esto lo hacían colocando
-cuatro rajas de leña en el centro del cuadro, con las puntas hacia
-dentro en forma de cruz, mientras que las de afuera se dirigían hacia
-los puntos cardinales: en el centro de la cruz sacaban el fuego nuevo.
-La cruz, precisamente de esta forma, según Las Casas[218] era objeto
-de culto en la América del Sud, cerca de Tumaná, cuando llegaron los
-cristianos, y por mucho tiempo anterior.»
-
-Nosotros manifestamos nuestra plena conformidad á cuanto escribe
-Brinton explicando el por qué de los cuatro gráficos elementos de la
-Cruz, la razón del trazado de esta figura geométrica, cuyos cuatro
-palos constitutivos son, en efecto, correspondientes á las cuatro
-líneas que indican las direcciones de los cuatro puntos cardinales, de
-los cuatro vientos. Pero, ¿deberá decirse, en conclusión, que la Cruz
-sea precisamente el _símbolo_ de los cuatro puntos cardinales, de los
-cuatro vientos?
-
-No, contestaremos, disentiendo de las afirmaciones de Brinton en tal
-sentido[219].
-
-Los cuatro palos de la cruz, aparecen expresando efectivamente que
-cuatro cosas[220], como cuatro estrellas[221] en la lámina del Yamqui
-Pachacuti, ó que cuatro elementos de la naturaleza se combinan
-para formar la figura geométrica; pero de aquí no ha de deducirse
-forzosamente que el indio se propuso santificar ó magnificar estas
-cuatro estrellas ó cuatro elementos por la combinación de la Cruz.
-
-Las cuatro líneas, ó si se quiere cuatro elementos que constituyen el
-signo, si lo referimos á los mitos de la tormenta, pueden igualmente
-representar al viento, á la nube, al trueno y al rayo; y no es difícil
-que así sea.
-
-Puede así mismo la Cruz, como símbolo indiscutible de fecundación, ser
-también una alusión al acto de la cópula, en el cual el indio, sin
-duda, ha creido ver tomar parte á _cuatro_ cosas: al príapo, á los dos
-apéndices que de él penden y á la vulva ú órgano femenino; y no se
-olvide que en la lámina 8, reproducida atrás, la idea del número cuatro
-está implícitamente expresada en la figura priápica ó signo masculino
-del varón, representado por un cuadrilátero en el curioso andrógino.
-
-Si el viento, si la nube, si el trueno, si la tormenta y si el rayo
-tienen representaciones simbólicas distintas y típicas en la escritura
-sagrada de los pueblos americanos; si en Calchaquí, por ejemplo, el
-viento es un monstruo-dragón, la nube el ave-_suri_, el trueno la
-espiral, la tormenta una mano abierta de dedos alargados, y el rayo
-una zig-zag de cabeza ofídica, no vemos con qué propósito el hijo de
-la tierra habría introducido la confusión en su escritura simbólica,
-con la adaptación de un nuevo signo del mismo valor de otro, al cual ya
-fijó su equivalencia de antemano.
-
-El motivo de los cuatro palos de la Cruz, habrá sido sin duda la
-figuración de los cuatro vientos; pero la Cruz no es por ello el
-símbolo de esos cuatro vientos, porque estos por sí mismos poco
-llamarían la atención al espíritu del indio, con prescindencia del
-fenómeno que producen.
-
-Esos cuatro vientos olvida Brinton que traen las nubes de las cuatro
-partes del horizonte[222], y que esas nubes concluyen por convertirse en
-cataratas del cielo, dando lugar al fenómeno anhelado por los pueblos
-sedientos, que demandábanlo de la atmósfera levantando en alto sus
-cántaras vacías; la producción de ese fenómeno vivificante era lo
-que se pedía á esos dioses del aire y de la tormenta; á esos cuatro
-genios que habitaban los cuatro rincones de la tierra; á esos Tlálocs
-del Norte, Sur, Este y Oeste, como reza del exordio de la invocación
-azteca, que tenían imperio sobre el tiempo, que alimentaban la tierra,
-que favorecían la caza y que se relacionaban con la vida humana, al
-decir de Sahagún[223]; la producción de este fenómeno era lo que se
-imploraba de un estremo al otro del continente á Haokah, á Ahulneb, á
-Tláloc, á Quetzalcóatl, á Mixcóatl, á Wixepecocha, á Batchué, á Tupá, á
-Catequil, á Contici, á Pillán, á Huayrapuca.
-
-Ese fenómeno es la _Lluvia_, y la _Cruz_ su símbolo.
-
-
-NOTAS:
-
-[200] Jiménez de la Espada, _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_,
-pág. 159.
-
-[201] _Myths of the New World_, cap. III, pág. 83.
-
-[202] Sobre los números cinco y siete, véase á Brinton cit., cap. VII,
-págs. 250 y 253. En la leyenda californense de _Mem Loimi_ uno de estos
-números, también sagrado, repítese de una manera llamativa.
-
-[203] Op. cit., cap. III.
-
-[204] Id. id., pág. 85.
-
-[205] F. Max Müller, _Origen y desarrollo de la Religión_, lec. II, §
-V, pág. 99 y § VIII, pág. 117.
-
-[206] Como sucede entre los mejicanos, los cuales decían _Mictlan_ á
-las regiones frías y de la tristeza, é igualmente _Mictlan_ al viento
-norte, por ejemplo.
-
-[207] _Smithsonian_, tom. XI, pág. 337.
-
-[208] Pág. 110 y sigtes.
-
-[209] _Hist. de la Nueva España ó de la Conq. de México_, cap. XIII,
-págs. 301 y 302.
-
-[210] Una Cruz latina con un círculo central es la manera de
-representar á Tenochtitlan en el Cuadro _Histórico-Geroglífico de los
-Aztecas_, que nos ofrece don José Fernández Ramírez, del Museo de
-Méjico.
-
-[211] En la morada de Tlacaltécuchtli y su muger Chalchiutlicue, dueños
-del elemento líquido, se encontraban cuatro estanques llenos de aguas
-diversas (Lucien Biart, pág. 70).
-
-Los tlascaltecas dividieron su reino en cuatro secciones, y eran
-mandados por cuatro jefes, que resolvían en común (Id., pág. 23).
-
-En el siglo azteca, figurado por un círculo con un sol central, cuatro
-anillos de serpientes representaban los cuatro cardinales (pág. 37).
-
-Según las pinturas ideográficas conservadas en Roma, y conocidas con el
-nombre de _Colección del Vaticano_, los aztecas creían que cuatro soles
-habían iluminado la tierra; Atonathiu ó _sol de agua_, que produjo el
-diluvio; Ehécatonathiu, que produjo viento tal, que nada resistió;
-Tlénonathiu, que destruyó la tierra por el fuego, y Tlatonathiu, que
-creó las cosas existentes.
-
-[212] A. L. Gama, _Descrip. de las dos piedras_, etc., _de México_,
-sec. 26.—Brinton, cap. III, págs. 90 y sigtes.—Rialle, cap. XX, págs.
-356 á 358.
-
-[213] Brinton, _Myths of the New World_, cap. VII, pág. 242 (Myths of
-Creation).
-
-[214] Debemos, no obstante, observar que Huiracocha se nos presenta
-también como un cuaterno: Aticci, Imaymana, Tocapo y Coniraya. El
-hijo malvado de Conticci, que hacia las cosas al revés de su padre,
-_Tahuapica vivococha_, tiene en su nombre la palabra _tawa_, cuatro
-(Véase Las Casas, _De las antiguas gentes del Perú_, cap. VII, pág. 55).
-
-[215] _De la Literatura Araucana_, cit., pág. 17 (Chillan, 1897.)
-
-[216] La _Pachamama_ de la plancha del Pachacuti es un círculo.
-
-[217] Brinton, págs. 115 y 116.
-
-[218] _Historia Apologética_ M. S., cap. 125.
-
-[219] Como una prueba elocuente de que la Cruz significa en Estados
-Unidos, según Matilda Coxe Stevenson, _la lluvia de los cuatro puntos
-cardinales_, reproducimos á continuación el vaso ceremonial de los
-indios de Sia (pueblo cerca de la confluencia del río Salado con el río
-Semes, en Nuevo Méjico) para implorar _la lluvia_, y que aquel autor
-nos ofrece en la Plancha XXXV de su trabajo, junto con su desarrollo
-XXXV _bis_ (_Eleventh Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W.
-Powell, 1889-90), que reproducimos en nota, porque lo conseguimos en el
-momento mismo de poner en prensa nuestra obra.
-
-[Ilustración: Vaso ceremonial de los Sias para implorar la lluvia.]
-
-[Ilustración: Desarrollo del vaso anterior.]
-
-La gran Cruz griega aparece perfectamente pintada en la parte ventral
-del vaso, en medio de curiosísimas figuraciones atmosféricas y de
-vegetales nacidos por acción de la lluvia, que el autor del trabajo
-clasifica así:
-
- _a_ Nubes con lluvia ó derramándola.
-
- _b_ Hombres del pueblo de las Nubes.
-
- _c_ Mujeres del pueblo de las Nubes.
-
-(Estos personajes son invocados en las ceremonias para que rieguen, ó
-derramen agua desde las nubes á la tierra).
-
- _d_ Vegetación.
-
- _f_ Alguaciles (Insectos que simbolizan también la lluvia, como entre
-nosotros, cuya aparición nos hace decir que va á llover, dato interante
-del _folk-lore_ argentino común con el del americano del norte). El
-ciervo figurado indicará las especies animales que comen las hierbas.
-Esta lámina, con el signo cruciforme, es la más interesante de las que
-conocemos, y constituye toda una revelación. La Cruz, rodeada por los
-genios de las Nubes, en el arco de cuyas caras vénse gotas de agua,
-en medio de la vegetación producida, y contigua á alguaciales que
-revolotean, está expresando que es el símbolo _de la lluvia_. Sobre
-ello no pueden caber dos interpretaciones.
-
-[220] Entre los Ojibwa del Norte de Minesota, la Cruz es un símbolo
-sagrado de la sociedad de la _Midé_ ó shamanes, y tiene referencias al
-cuarto grado (Annual Report of the Bureau of Ethnology, J. W. Powell
-1888-89), _The Cross_ (cap. XX, pág. 726).
-
-[221] Los grupos de pequeñas cruces que aparecen grabadas en taladros
-de marfil, en forma de arcos, y que se ven figuradas en petroglyfos
-de Oakley Springs, Arizona, representan estrellas, para G. K. Gilbert
-(_The Cross_ cit., pág. 727).
-
-[222] [Ilustración: Piedra esculpida de Luracatao.]
-
-Debemos á nuestro distinguido é investigador amigo Enrique Mariani, de
-Molinos (Salta), el dibujo que reproducimos, de una piedra esculpida
-encontrada por él en 1899, en una de las excavaciones que practicó
-en el lugar vecino de Luracatao, valle Calchaquí. Mariani considera
-á esta piedra, con sus esculturas, «una pieza astronómica.» Salvando
-los respetos que nos ofrece su opinión, á nuestro juicio esta piedra
-esculpida puede presentarse como un interesante ejemplar representando
-los cuatro vientos que traen la tormenta (las manos, que, como
-anteriormente dijimos, son para nosotros símbolos de la tempestad),
-vientos venidos de las cuatro extremidades cardinales, que convergen á
-la atmósfera (la figura ovalada central), soplando en ella. Un astro
-(el círculo) figura en medio del cielo, y muchos puntos le rodean:
-estos puntos, como en otros casos, deben figurar gotas de lluvia.
-
-Las manos esculpidas, unas respecto de otras, aparecen distribuidas en
-Cruz. Si se las uniera por líneas, estas se cortarían formando una X
-(Cruz decussata).
-
-[223] _Hist. de la Nueva España_, cit.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI
-
-EL SÍMBOLO CRUCIFORME
-
-EN CALCHAQUÍ
-
-LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA
-
-
- _El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz
- en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras
- ceremoniales—La Tormenta y su representación
- antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito
- simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas
- griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa
- y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus
- ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del Chiqui
- y la cabeza del Avestruz—Serpientes emplumadas—Las
- varas emplumadas y las plumas en el culto al
- Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El Vaso del
- Trueno—Himno «Sumac Ñusta»—Suris con cruces—La Cruz
- y los símbolos atmosféricos—Los Pucos y sus figuras
- simbólicas—Puco de Fuerte Quemado._
-
-En ninguna de las naciones continentales vecinas, sin excluir al Perú,
-hállase con tanta profusión el símbolo de la Cruz como en los valles de
-Calchaquí, desde Rioja á Jujuy, en la región montañosa del noroeste de
-la República Argentina, y especialmente en el Yocavil catamarqueño.
-
-Si bien en la escritura ideográfica y simbológica de las telas peruanas
-el signo cruciforme aparece con bastante repetición, con distintos
-motivos y bajo diversas formas, como lo vimos en el capítulo II,
-bastará recorrer el material iconográfico que en seguida ofreceremos,
-para convencernos desde el primer momento de que la Cruz, en su
-carácter de símbolo acuático, desempeña en Calchaquí un papel mucho
-más importante y trascendental que en el Perú, reproducida aquella
-profusamente en nuestra rica cerámica, especialmente sobre la
-superficie externa de la alfarería funeraria, de cuyo interesantísimo
-estudio fuimos iniciadores el año de 1896, sin atrevernos en ese
-entonces á efectuar otra cosa que una tentativa de interpretación de
-lo que aparecía pintado con una repetición llamativa[224], fijando la
-atención en los signos cruciformes, respecto á los cuales aventuramos
-posteriormente con éxito algunas ya meditadas opiniones[225]; y,
-sea dicho en verdad: quedó desde entonces iluminado el obscuro é
-intrincado, cuanto misterioso asunto.
-
-El emblema de la Cruz encuéntrase especialmente figurado en los pechos
-ó mamas de las representaciones funerarias acuáticas, ó más bien dicho,
-de las cántaras ó vasos antropomorfos; pero raro será dar,—al menos
-nosotros no lo sabemos,—con figuraciones cruciformes en los fetiches.
-Es sobre el cuerpo de la figura mítica viviente de las urnas funerarias
-que la Cruz aparece reiteradamente repetida, sirviéndonos este solo
-hecho para llegar á establecer definitivamente su valor como emblema
-sagrado.
-
-Las cántaras ó grandes vasos votivos de dos ó tres tipos diversos,
-generalmente de unos setenta centímetros de alto, son clasificados como
-funerarios, no precisamente porque sirvan de depósito invulnerable
-de restos humanos, sinó porque son enterrados rodeando al cadáver,
-en muchos casos, como objetos sagrados que rememoran un anhelo, una
-demanda, un acto propiciatorio.
-
-Nosotros, que hemos practicado numerosas excavaciones en los valles
-de Calchaquí; que hemos removido el suelo del gran panteón de la
-Apacheta, á media jornada de Amaycha, y que hemos abierto á picadas
-los _allpataucas_ ó _mounds_ de Tafí,—contrariamente á lo que se
-ha escrito, podemos asegurar que con poca generalidad estas urnas,
-de estrecha boca circular y reducida capacidad, guardan restos de
-párvulos, sacrificados en la conjuración al Chiqui ó en la propiciación
-á los dioses atmosféricos, pues la práctica de tales sacrificios de que
-nos dá concluyentes noticias el P. Las Casas[226], y de la que quedan
-rastros visibles en Calchaquí, era excepcional, colgándose hoy mismo el
-árbol en sustitución de humanas víctimas, niños amasados con cuajada
-de leche, ó _huahuas_ de pan[227]. Dada la capacidad de las urnas, y
-examinados los restos humanos encontrados, vése que los sacrificados
-eran recién nacidos. En otras urnas descubrimos huesos de pequeños
-animales, sin duda de _cuyes_ («conejos de la tierra»), con los que
-se efectuaba tal sustitución de las humanas víctimas, lo mismo que de
-liebres, llamas, etc., cuyos despojos repartíanse en las urnas, que
-se desentierran tapadas con esos platos semiesféricos que se llaman
-_pucos_, los que también son colocados en el suelo, al lado de las
-grandes cántaras. El hecho de que estas cántaras en la generalidad
-de los casos nada guardan ó encierran, y de encontrarse en su fondo
-semillas de algarroba ó fragmentos de maíz, es prueba de que se les
-enterraba conteniendo aloja ó chicha, los licores sagrados del culto,
-empleados en todas las ceremonias, y que el calchaquí bebía sin medida
-en sus grandes bacanales. Cuando se las entierra sin cadáveres, como
-sucede frecuentemente en Tafí, este acto indica que ya sirvieron para
-el acto propiciatorio, y que fueron entregadas á la guarda de la
-Madre Tierra. Es con tales tinajas ó vasos ceremoniales para implorar
-lluvias, que se conjura á Chiqui, levantándolas vacías al cielo. En
-tal caso tienen el valor de esos vasos ceremoniales de los Sias, que
-reprodujimos.
-
-Las urnas funerarias con sus respectivos pucos pónense paradas en
-número indeterminado, desde una hasta diez, en el interior de las
-_allpataucas_ de Tafí, sea que exista muerto ó no, y rodeándolo, si
-lo hay. Cuando son una sola ó dos, colócanse en su caso á la cabecera
-del sepulcro ó á ambos extremos del mismo, correspondientes á la
-cabeza y los pies, pues generalmente el cadáver está acostado, y
-excepcionalmente sentado, como en la huaca del Medanito, en Tinogasta,
-en la que dimos con varios cadáveres afirmados á las paredes laterales
-del sepulcro, rodeados de tinajas vacías[228].
-
-Estas cántaras, cuando se encuentran llenas de chicha, de maíz y de
-algarroba, y á veces conteniendo carbón, que debe representar al
-fuego sagrado del hogar, que el indio no dejaría apagarse,—no son,
-pues, propiamente hablando, urnas cinerarias, sinó vasos votivos ó
-vasos ceremoniales, mediante los cuales se conjuraría la seca ó se
-propiciaría á los dioses benéficos de Calchaquí, para que hicieran
-llover sobre la tierra sedienta; de modo que la _allpatauca_[229], con
-sus formas como mamas, sería una especie de _apacheta_ propiciatoria
-de tierra, dentro de la cual los vasos se guardarían para continuar
-implorando por medio de ellos en estos nativos altares.
-
-Cántaras vacías, como dijimos, demandando ser llenadas de agua,
-levántanse encima de las cabezas por las personas que celebran la
-fiesta del Chiqui, la divinidad adversa y funesta que acarrea la seca
-con todo su cortejo de calamidades. Mientras estas cántaras son alzadas
-en alto, entónanse los cantos báquicos y propiciatorios, dándose
-vueltas en torno del árbol sagrado. Parte de la concurrencia, que no
-tiene tinajas, alza hacia arriba, bajándolas y subiéndolas, como si
-saltasen, las cabezas de los animales sacrificados, que generalmente
-son _talcas_ ó _huillas_, huanacos ó llamas, porque á la divinidad
-funesta, que concluye con las especies de la tierra, es necesario
-anticiparle sacrificios sangrientos para que se aplaque, y permita á
-las divinidades del aire, del rayo, del trueno y de la tormenta que
-satisfagan, por el fenómeno meteorológico de la lluvia, los anhelos de
-las tribus, que sufren de sed cuando el sol está quemando.
-
-Estas fiestas se han celebrado hasta hace poco en Machigasta, Pituil y
-Aminga (Rioja).
-
-Ofrecemos á continuación cuatro de estas urnas funerarias, cántaras
-ceremoniales ó votivas (Figuras. 31 á 34).
-
-[Ilustración: Fig. 31. De San José Col. Max. Schmidt.]
-
-[Ilustración: Fig. 32. (Quilmes)]
-
-Estas urnas están totalmente llenas de pinturas simbólicas, tanto en la
-parte reproducida de frente como en la posterior. Como salta á primera
-vista, la representación dominante en los ejemplares es una gran cara
-pintada al cuello de la urna, de fisonomía al parecer humana, lo que es
-corroborado por los brazos arqueados que figuran en la parte ventral,
-en las extremidades superiores de cuyos brazos aparecen manos de
-cuatro dedos, como se vé en las figuras 32 y 33. Estas manos suelen
-ser portadoras, en la generalidad de los casos, de un _Vaso_, como en
-la figura 31; no apareciendo en otras ocasiones ni brazos ni manos
-pintados, como en la 34, profusamente adornada de líneas simbólicas.
-
-[Ilustración: Fig. 33. Quilmes—Museo Nacional.]
-
-[Ilustration: Fig. 34. San José—Col. Max. Schmidt.]
-
-Las figuras 35 y 36 son _pucos_, ó tapas de las urnas, el primero
-figurado de pie y de lado, siendo el segundo una reproducción
-diagramática del interior de otro del mismo género, con sus curiosas
-pinturas simbólicas.
-
-[Ilustración: Fig 35. Puco de Pucarilla—Oeste de Molinos.]
-
-[Ilustración: Fig. 36.
-Interior de un puco Cafayate—Salta.]
-
-Volviendo á la figura antropomorfa de estas cuatro urnas funerarias,
-diremos que el cuello de cada una ha sido aprovechado para reproducir
-la cara, con sus extraños rasgos fisonómicos que le dan un aspecto
-típico, como de halcón ó de lechuza. Las cejas son grandes arcos de
-círculo, que se unen á uno de sus estremos para formar la nariz,
-generalmente desmesurada, como se vé en las Figs. 32 y 33, y á manera
-de largo pico de ave, como en la Fig. 34. Debajo de la nariz está la
-boca dentada (Figs. 31, 32 y 34), de grandes proporciones, formada
-por una figura rectangular ó una gruesa línea horizontal; á veces la
-boca queda suprimida, como en la Fig. 33. Estas caras siempre carecen
-de orejas. Los ojos, generalmente al sesgo, debajo de los arcos de
-las cejas, se presentan muy curiosos, y no suelen ser otra cosa que
-cabezas de serpientes (Fig. 31), cabezas de _suri_ ó avestruz, con
-Imaymanas dobles (Fig. 34), ó Imaymanas estrellados (Figs. 32 y 33),
-notándose siempre la intención del artista en tal sentido, tanto que,
-á veces, como lo veremos en figuras posteriores, suris y serpientes
-enroscadas están pintados en el rostro, con sus cabezas respectivas
-correspondiendo á los ojos en la cara que nos ocupa. Las mejillas de
-esta cara, como en los cuatro casos propuestos, están cubiertas de
-símbolos ó de figuras simbólicas.
-
-[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado (Colección Quiroga).]
-
-[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta.
-María.—Museo Nacional.]
-
-La parte ventral de las tinajas ha sido aprovechada para dar á la
-vez formas al vientre de la extraña figura de las mismas; y es en
-esta sección en la que aparecen los arcos de los brazos con las manos
-abiertas, levantadas hacia arriba, las que suelen portar un vaso, ó en
-su lugar un par de cabezas triangulares de serpientes, con sus ojos
-respectivos, como se verá en representaciones posteriores, hecho éste
-digno de llamar la atención. En los campos que dejan ambos brazos
-arqueados es muy común ver reproducido un _Suri_ en cada uno de ellos,
-con las alas abiertas y desplegadas, las canillas quebradas y dobladas,
-en actitud de correr, y con la cabeza, con su pico abierto, en
-dirección á las manos levantadas, como puede verse en las Figs. 31, 32
-y 33. Excepcionalmente, como en la Fig. 34, suelen aparecer _suris_ en
-las mejillas de la cara de la figura antropomorfa. En la Fig. 37
-presentase otro caso, viéndose en su parte ventral, de la propia manera
-que en el fragmento de urna de la Fig. 38, las dos cabezas triangulares
-con ojos, de los que salen espirales rectas, en el lugar en que las
-manos, esta vez no pintadas, suelen portar el vaso, reproducido en
-la Fig. 31. Como este vaso portado es tan interesante, conviene
-ofrecer tres láminas (Figs. 39, 40 y 41), en las que se distingue
-perfectamente, correspondiendo la última á una teja encontrada en
-Amaycha, interesante por verse la vasija de regulares proporciones,
-perfectamente destacada en relieve.
-
-[Ilustración: Fig. 39. Urna tipo Tolombón. Salta.
-Col. Inst. Geog. Arg.]
-
-[Ilustración: Fig. 40, 1/5 tam. nat. Colomé (Molinos).
-Col. Instituto Geog. Argentino.]
-
-[Ilustración: Fig. 41. (Colec. Quiroga).]
-
-[Ilustración: Fig. 42. Urna de Amaicha. Col. Quiroga. Dibujos
-rojos y negros.]
-
-[Ilustración: Fig. 43. Urna funeraria de Fuerte Quemado
-(Col. Quiroga).]
-
-Anteriormente dijimos que los ojos del rostro del cuello de la cántara
-eran cabezas de suris y de serpientes: las Figs. 42 y 43 demuestran
-claramente la verdad de tal afirmación. En la Fig. 42, el rostro está
-encuadrado por una gruesa serpiente llena de pequeños puntos ó gotas
-de agua, la que, á la mitad de su cuerpo y en su parte inferior, dá
-lugar á la formación de tres lados del rectángulo de la boca de dicho
-rostro; dentro de esta serpiente vése otra, cuyas extremidades terminan
-en cabezas dobles triangulares: estas cabezas dobles corresponden á
-los ojos del rostro. En la Fig. 43 el ejemplo es aún más patente: unos
-suris, cuyas cabezas, cuellos y patas se distinguen perfectamente,
-combínanse con serpientes enroscadas, formando _dobles_,—prueba
-evidente de esa facilidad con que el suri se transforma en otro animal:
-las cabezas de estos suris-serpientes son los ojos del rostro, siempre
-formado por las cejas arqueadas. Estos detalles deben tenerse bien
-presentes.
-
-[Ilustración: Fig. 44.]
-
-Respecto á estos suris-serpientes, en el puco de las Huayrapucas de
-Santa María, que reprodujimos en una monografía sobre la Diosa del
-Aire, tuvimos ocasión de dar con el primer ejemplar en cada una de esas
-figuras triformes, de cuerpo de _suri_ y cola puntuada de serpiente. En
-un detalle de grabado en una urna (Fig. 44), se vé á la serpiente-rayo
-zig-zag de cabezas triangulares dobles, de cuyo cuerpo sale el cuello y
-la cabeza de suri, como un curiosísimo apéndice simbólico.
-
-[Ilustración: Fig. 45. Urna de Tafí. Colección Quiroga.]
-
-Los suris de la sección ventral de las tinajas suelen á veces ser
-dobles; es decir: de dobles cabezas, como en la urna de la Fig. 45 y en
-el caso del ave bicéfala de la Fig. 46, detalle de las pinturas de un
-puco de Pucará (Molinos).
-
-[Ilustración: Fig. 46. Detalle del interior de un puco.]
-
-[Ilustración: Fig. 47. Urna de Santa María Col. Museo Nacional.]
-
-En la parte ventral del nuevo tipo de urna de la Fig. 47, vése un
-suri muy particular, cuyo cuerpo está formado por cuatro círculos
-concéntricos, curiosísima manera, sin duda, de representar ese ojo
-Imaymana del que reiteradamente nos hemos ocupado, y el que parece
-indicar que el suri que lo porta lleva en su seno todos los gérmenes de
-la vida. Tan curioso como el anterior, es el suri de cuerpo triangular
-de la Fig. 48, pintado de rojo, sobre fondo bayo.
-
-[Ilustración: Fig. 48. Detalle de una urna de Amaicha. Col. Zavaleta.]
-
-Ahora bien: ¿esta figura general, al parecer de rostro humano, de
-vientre abultado, de largos brazos, y cuyas manos portan el vaso, es en
-realidad una figura ó representación antropomorfa?
-
-Contestaremos negativamente.
-
-La figura ó representación en cuestión tiene á la vez caracteres
-humanos y animales.
-
-Si bien su cara ó rostro es más humano que animal, y sus brazos y manos
-lo son igualmente, estudiadas sus facciones en detalle, resulta que se
-trata de un ser monstruoso deforme, humano y animal á la vez, lo que
-prueba que la figura en cuestión pertenece á la época de transición
-del fetiquismo al politeismo ó antropomorfismo, no habiendo llegado á
-alcanzar la primitiva figura animal todo su desarrollo humano, como
-sucede también con el dios del Aire de Squier de la Fig. 28, cuyo
-cuerpo aparece humano, pero cuya cara es excepcionalmente animal,
-arrastrando larga cola de serpiente. Tan extraña representación, nos
-hace sospechar que puede ser la misma reproducida en nuestras urnas.
-
-Que las facciones del rostro de la figura de las urnas son humanas
-y animales, pruébanlo los ejemplares antes reproducidos. Humanos
-son el corte de la cara, los arcos de sus cejas, su boca dentada,
-aunque de forma rectangular; animales, sus ojos, cabezas de suris ó
-de serpientes; la nariz es la facción más curiosa, muy corta unas
-veces, y desmesuradamente alargada, otras; esta nariz, con las cejas
-arqueadas que convergen á formarla, dan al rostro un aspecto de ave, de
-lechuza, de halcón ó de loro, correspondiendo entonces á la nariz un
-pico de ave. Nosotros, adviértase, poseemos un ídolo muy interesante
-de Tinogasta, el que es un cuerpo humano, pero con cabeza redonda de
-loro, con cejas arqueadas en relieve, las que forman perfectamente el
-pico del ave, y con ojos grandes, vivos y salientes, exagerados con el
-relieve; y el hecho de carecer de boca, es una prueba más de que lo que
-se ha querido reproducir es un pájaro simplemente provisto de pico.
-
-La cuestión que nos hemos planteado, no obstante estos datos, sería
-de dudosa solución, si no nos la diese la misma figura de las largas
-cejas, grabada en el barro del interesantísimo vaso que reprodujimos en
-el Cap. IV, Figs. 30 y 30 _bis_.
-
-Como se vé en esta última lámina del desarrollo del vaso, la figura de
-las largas cejas, indicadas por serpientes, ocupa, en medio del grupo
-atmosférico, la cara anterior del vaso; su cuerpo está formado por
-un losange, y sus pies, sin dedos, ambos en sentido inverso, parecen
-ser animales. Este ser de rostro humano, sin embargo, es á la vez un
-animal; y demuéstralo elocuentemente la larga cola de dragón, que sale
-de su cuerpo, y que en la parte posterior del vaso aparece en relieve
-(Fig. 30), sirviendo de manija al mismo.
-
-[Ilustración: Fig. 49. Fragmento de cuello de una urna funeraria.]
-
-Si á este ejemplar se hiciese alguna objeción y no se le considerase
-como una prueba definitiva, presentaríamos á los ojos de quien lo
-dudara el fragmento de cuello de una urna funeraria de Tafí (Fig. 49),
-ejemplar mediante el cual la cuestión quedaría cerrada en sentido
-afirmativo[230].
-
-En este fragmento de urna aparece el ser de las largas cejas, con sus
-facciones prominentes y en relieve; sus cejas al juntarse forman su
-nariz, realmente humana; pero del lugar correspondiente á la boca, sale
-su grande y largo hocico como de jabalí, provisto de sus formidables
-colmillos, hocico que está indicando que al artista no ocurrió en
-momento alguno figurar una boca humana.
-
-Con estos elementos de prueba, tan decisivos á la investigación
-arqueológica, dejaremos sentado que la figura de las largas cejas
-arqueadas en la alfarería funeraria, es la representación de un ser
-viviente humano y animal á la vez, ó de un ser antropo-zoomorfo en la
-nomenclatura científica, como los que, por ejemplo, reprodujimos en las
-Figs. 26 y 29.
-
-Esto sentado:—¿qué representa en la escritura simbólica de Calchaquí
-la figura antropo-zoomorfa?
-
-Indiscutiblemente la gran divinidad atmosférica de la
-TORMENTA, la diosa de la Tempestad con todos sus atributos
-meteorológicos; esa _Sumac Ñusta_ de Garcilaso, portadora de la cántara.
-
-Ello salta al primer golpe de vista, cuando miramos á la figura
-antropo-zoomorfa, á esa Huayrapuca mítica, en medio del grupo animado
-de la tormenta, que nos ofrece el vaso de la Fig. 30 _bis_; grupo
-viviente, de grandes nubes, con rayos salidos de su seno, en el que se
-vé que todo es movimiento y acción combinados.
-
-En primer lugar, no debemos olvidar por un momento que la figura
-antropo-zoomorfa de que tratamos está reproducida en las urnas
-funerarias y cántaras ceremoniales para demandar la _lluvia_ del cielo,
-propiciando á las supremas divinidades de la atmósfera, por lo cual
-estas cántaras se levantan vacías y en alto por las tribus sedientas.
-
-En segundo lugar, todos los símbolos reproducidos en las urnas,
-tanto en su cuello como en su sección ventral, son _acuáticos_ ó
-atmosféricos, figurando en primera línea las zig-zag de los relámpagos
-y los rayos-serpientes, ó _Inti-Illapas_, los que encuadran el rostro
-de la figura que nos ocupa ó aparecen reproducidos en sus mejillas,
-como en las Figs. 42 y 43 y en la siguiente (Fig. 50), en la que se vé
-una curiosa serpiente-rayo de dobles cabezas enroscada en la mejilla
-derecha de la figura. Esta serpiente está reproducida nuevamente en
-el campo ventral opuesto. Y es de notar que en tal urna vemos otra
-vez á las manos portando dobles cabezas de serpiente, con sus guardas
-espirales rectas, en lugar del vaso.
-
-[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí. (Museo Nacional).]
-
-[Ilustración: Fig. 51. Teja de barro pintada.]
-
-Las artísticas pinturas de líneas quebradas en la parte ventral de las
-citadas Figs. 42 y 43, no son sinó representaciones simbólicas más
-sencillas y simplificadas del relámpago y del rayo de la Tormenta,
-las que aparecen perfectamente figuradas en un interesantísimo grupo
-ofídico, en la sección ventral de un fragmento de urna (Fig. 51)
-perteneciente á la colección del Instituto Geográfico Argentino,
-como si fuesen los intestinos de la figura antropo-zoomorfa. En este
-curioso grupo son muy interesantes los TAU _ofídicos_ que se
-desprenden de la línea horizontal del cuerpo de la serpiente-rayo.
-
-_Inti-Illapa_ para el calchaquí se vuelve un ser animado, lleno
-de acción y de vida; y es por ello que cobra muy curiosas formas
-zoomorfas, como aparece en el ejemplar único de la Fig. 52, ó en
-la urna ofídica de San José, que tomamos del original en nuestra
-expedición arqueológica de 1898.
-
-[Ilustración: Fig. 52. Urna funeraria de San José. (Colec. Quiroga).]
-
-Como puede verse en la lámina, cuatro grandes figuras ofídicas se
-reproducen en el centro de la urna, en cada una de las cuales se ha
-pintado su cara de dobles triángulos, con su nariz blanca, boca negra
-y su par de ojos Imaymanas de pupila circular; debajo de la cabeza
-viene el cuello, del que luego se desprende el cuerpo, aprovechando la
-zig-zag del rayo, cuyos pies son otra vez dos cabezas triangulares más
-pequeñas; un par de estas figuras está provista de brazos con manos de
-cuatro dedos, lo mismo que la que sigue más abajo, también con brazos,
-pero con pequeñas cabezas triangulares por manos. En esta urna se
-repite el número 4 de una manera llamativa.
-
-
-[Ilustración: Fig. 53.]
-
-Representación antropomorfa de la serpiente-rayo, es sin duda la
-figurilla humana 53, de rostro monstruoso, cubriendo su cabeza con un
-curioso tocado de dobles picos, los que no son sino las dobles cabezas
-triangulares de la serpiente. De la línea horizontal de sus hombros
-caen sus brazos, cuyas manos tienen tres y cuatro dedos; su traje está
-adornado por cuatro ojos Imaymanas, los mismos de las serpientes, y
-en su pecho, como figuras totémicas, luce dos aves-_suris_ pintadas,
-con sus cuerpos también de triángulos dobles las cabezas de las
-serpientes,—dato éste precioso, que desde ya establece la íntima
-relación entre el _suri_ y la serpiente, toda vez que aquel es la causa
-y ésta el efecto, como luego lo veremos.
-
-Finalmente, los demás adornos de las urnas,—las guardas griegas, los
-meandros de fecundación ó la cópula, las espirales, que al parecer
-representan la detonación ó el eco del trueno[231], los puntos repetidos
-en las cejas de la figura de las urnas y sus guardas, que no son
-otra cosa que gotas de lluvia; estos adornos, decimos, son simples
-atributos figurados de los ofidios de la atmósfera, ó sean símbolos
-meteorológicos complementarios: de todo lo que resulta que el
-simbolismo de las urnas funerarias escrito sobre el rostro y cuerpo de
-la figura antropo-zoomorfa de las mismas, es una repetida alusión á la
-lluvia. Tal verdad quedará doblemente confirmada, cuando en seguida
-establezcamos el significado de ese vaso que porta en sus manos, y el
-valor simbólico de esa AVE-SURI, tantas veces repetida en las
-mejillas de la figura y en las secciones ventrales de la misma.
-
-Por lo demás, muy llamativas son las orlas acuáticas onduladas de la
-urna de la Fig. 40.
-
-[Ilustración: Fig. 54. Urna funeraria de Santa María. (Colección
-Quiroga)]
-
-[Ilustración: Fig. 55. Museo Nacional.]
-
-De este cúmulo de datos y consideraciones resulta, entonces, clara
-y definitivamente establecido, y es la primera vez que esto se
-afirma,—que la figura antropo-zoomorfa de las urnas funerarias es la
-representación simbólica de la Tormenta ó la Tempestad, con todos sus
-atributos; esa divinidad que llora agua por sus ojos, como el Aticci de
-Wiener, lágrimas que aparecen en esa figuración de líneas que caen de
-los mismos, como se vé en las Figs. 37, 40 y 49.
-
-Después de la serpiente, es el Avestruz ó Ave-_Suri_ la representación
-simbólica más repetida en las urnas funerarias, apareciendo también en
-los pucos. Son ejemplos: las Figs. 31 á 39, 43, 45, 47, 50 y 51, á las
-que agregaremos seis reproducciones más (Figs. 54 á 59).
-
-[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.]
-
-[Ilustración: Fig. 57. Detalle de una urna. (Colec. Quiroga).]
-
-Como se vé en varias de las láminas citadas, los suris suelen
-ocupar los dos campos ventrales que dejan los brazos de la figura
-antropo-zoomorfa, y se hallan reproducidos junto al curioso vaso que
-portan sus manos. Sin embargo, en algunas ocasiones, como en las Figs.
-34, 37, 43 y detalle 57, suris aparecen pintados en una ó en ambas
-mejillas de la representación de la Tormenta. En las Figs. 58 y 59 el
-cuerpo de los suris está formado por meandros ó guardas simbólicas,
-cuyo valor conocemos de antemano, detalle significativo este último que
-demuestra de una manera concluyente que el suri es también un símbolo.
-
-Ahora bien: ¿qué valor simbólico tiene el AVE-SURI en la
-escritura sagrada de la alfarería funeraria de Calchaquí?
-
-[Ilustración: Fig. 58. San José. Col. Max. Schmidt.]
-
-[Ilustración: Fig. 59. Loma Rica. Catamarca.]
-
-Ante todo, establezcamos que la mayor parte de los pueblos americanos
-han adorado á las aves ó á los volátiles, como seres que viven en el
-aire, en la atmósfera, y que cruzan el espacio, por lo que han formado
-algunos pájaros en la categoría de dioses atmosféricos. El ave, que
-tiene el poder de cortar los vientos y de ascender de un vuelo á las
-más altas cumbres, inaccesibles al hombre; que se desliza suavemente
-por las alturas, yendo vertiginosamente de un punto al otro; que cuando
-recoge sus alas se lanza como un rayo á la tierra,—natural es que
-fuese tomada por un mensagero del mundo de arriba, y perfectamente
-explicable que en el Perú una junta de augures ó aureolos indagase
-los misteriosos secretos de que los volátiles eran poseedores, y que
-quisieran iniciarse en el lenguaje de su canto.
-
-Las analogías observadas entre el ave y la nube han sido para el indio
-hechos reales, y no simples semejanzas ó coincidencias. La nube toma
-muchas veces las formas de un pájaro gigantesco, de cuyo pico parece
-como que sale el rayo; los colores del iris suelen corresponder á los
-de las plumas del pájaro; la nube, como éste, vuela en el espacio
-y proyecta sombra sobre la tierra; la una truena y el otro canta y
-grazna; el rayo que cae se parece al vuelo rápido del pájaro que se
-clava al suelo para asir su presa; el viento que corre se supone alado,
-y de aquí las expresiones figuradas: «las alas del viento», «las
-nubes que vuelan», que para el indio son hechos reales, al decir de
-Brinton[232].
-
-El pájaro es, entonces, un símbolo significativo de importancia, y
-nada más apropiado que un volátil para representar la nube, como
-el _quetzal_ de los mejicanos, que se presenta como el señor de la
-atmósfera.
-
-Entre los pieles rojas un pájaro gigante desempeña el papel más
-importante de su cosmogonía. Los dakotas aseguran que en el oeste viven
-«los voladores», y creen que el trueno es el ruido del pájaro, agitando
-las alas; el relámpago, el fuego que resulta en su camino, como el que
-produce el bisonte corriendo por praderas pedregosas. Cosas semejantes
-refieren los algonquines, para los cuales el viento sale del pico de
-las aves y las nubes se forman por el movimiento de sus alas. Los tupis
-é iroqueses creen en el pájaro tormenta, cuyos ojos centelleantes
-producen los relámpagos. Entre los Lení-lenapes, los cris, los mandans,
-los moenitarres, los assiniboines, el pájaro Manitu reside en lo más
-alto de los cielos, y el trueno ruge cuando él baja las alas, saliendo
-el rayo de sus ojos y la lluvia de su pico. Para los dakotas, antes
-citados, el trueno es un gran pájaro que posee una numerosa prole; es
-él el que produce el eco, cuya larga repercusión es el grito de sus
-pequeñuelos. Los natches y los arkansas adoran al águila, como al ave
-sagrada. La nube del trueno es un pájaro para los caribes. Los zuñis,
-indios de los Pueblos de Nuevo Méjico, con cuatro plumas de aves, que
-simbolizan los cuatro vientos, invocan á la lluvia. La lechuza es el
-viento de uno de los cuatro cuarteles, para los chipeways. Los navajos
-creen que un cisne está parado en cada uno de los puntos cardinales,
-espíritus de las corrientes que soplan. En la América Central, el
-pájaro Voc es el mensagero de Hurakán, el dios de la tempestad. En el
-Perú, Piguerao, el hermano de Catequil, el dios de la tormenta y del
-trueno, nace de un huevo. Cuntur, el ave venerada, lleva en la sílaba
-_Cun_ la idea de lluvia, de la divinidad _Con_ ó _Cun_[233].
-
-En nuestro Calchaquí, sin duda alguna, el _Suri_ es el Pájaro de la
-Tormenta, ó la _Nube_, que lleva el agua en su seno, y cuyo pico lanza
-el rayo. Posiblemente también lo es el Cóndor, que en algunas ocasiones
-ocupa en la alfarería el lugar del avestruz, y que á veces se le
-reproduce semejante á éste.
-
-En el mito preincáico de Catequil, Atachuchu crea á un ser humano,
-el hijo del cielo, personificación del cielo mismo, que se une
-á una divinidad de las nubes negras de la tempestad, la hija de
-los Guachemines. Este hijo del cielo, que baja á la tierra, es
-_Guaman-suri_ ó _Guaman-Suri_, el ave doble, ó sea el _Halcón_ y el
-_Suri_, hecho éste sobre el que ningún americanista ha fijado la
-atención, y en el que el _Suri_ integra la personalidad mítica de una
-divinidad atmosférica, de este gran volátil biforme de la cosmogonía
-peruana, que pone dos _huevos_, correspondientes respectivamente, sin
-duda, al halcón y al suri, y de los cuales huevos salen Catequil y
-Piguerao, el rayo y el trueno.
-
-En el Folk-lore calchaquí hasta hoy el _Suri_ es el nunciador de la
-lluvia. Cuando el tiempo está para cambiar, esta gran ave nerviosa abre
-las alas, cuyas plumas desordenadas sacude, y corre al encuentro de
-la primera ráfaga húmeda de viento que llega. Cuando la descompostura
-atmosférica se anuncia con los primeros truenos lejanos, huye
-vertiginosamente de un lado al otro, describiendo grandes curvas,
-moviendo su cuello largo y flexible, abriendo su pico, y volteando
-curiosa y airosamente en el aire, doblando sus largas canillas; de
-manera que aparece como un ser fantástico, que cobra con la agitación
-de su plumage formas diversas, corriendo á medio vuelo sobre la llanura.
-
-Ningún otro animal alado más aparente que el Suri para símbolo
-significativo y representativo de las nubes. Su gran tamaño; su color
-ceniciento, como el de los nublados cargados de agua; su profuso
-plumage, que agita y sacude á voluntad, cobrando las más caprichosas
-formas, como las nubes en el espacio; la velocidad con que corre
-sobre la llanura, que rememora la carrera del viento en el cielo; su
-largo cuello nervioso, que mueve de la manera sinuosa con que huye
-la serpiente, y que en sus formas recuerda de este ofidio, terminado
-el cuello en su cabeza provista de ojos grandes, de dobles círculos,
-como los Imaymanas; su pico siempre abierto, que podría dar asidero á
-la creencia do los algonquines de que por él sale el viento; el hecho
-mismo de asir rápidamente con el pico á la víbora, arrojándola con
-fuerza á los aires cuando se dá con este reptil que mata y devora, todo
-esto y mucho más debió impresionar la imaginación del indio y embargar
-su atención, hasta convertir al Ave-Suri en el símbolo sagrado de la
-Nube de la Tormenta[234].
-
-Observemos que con la palabra _Suri_ se denominaba á esa gran porción
-nómade ó alárabe del Tucumán que luchó al Inca y á la conquista
-española[235]. También con el diminutivo _ita_ es apellido indio, como
-en _Surita_, en el caso citado por Lafone Quevedo, en el que un indio
-tenía este apodo con que era conocido, llamándose siempre _Sura_ á su
-hija[236].
-
-Un dato interesantísimo reproducido por este ilustre americanista
-en su libro _Londres y Catamarca_, y al cual no halló explicación
-satisfactoria cuando lo consignó, es una prueba elocuente del carácter
-atmosférico del Suri: nos referimos al hecho de no figurar la _cabeza
-del suri_ en los sacrificios ofrecidos al Chiqui, la divinidad funesta
-de que habla Montesinos. «De la siguiente relación, escribe aquél,
-se deduce que el _suri_, _xuri_ ó _juri_, avestruz, algo de sagrado
-contenía. Cuenta el indio Peralta, nacido en el ya abandonado Pueblo
-del Pantano, que para celebrar la fiesta del _Chiqui_ hacían reunión
-de hombres y mujeres, que se juntaban bajo de un algarrobo con varias
-tinajas llenas de aloja; en anticipación de la tal función, dos días
-antes salían los hombres al campo á correr libres, huanacos, pumas y
-otras _aves_, _menos suris_ ó avestruces, que respetaban,—y con las
-cabezas de los animales que cazaban daban vueltas al rededor del Arbol
-(el _tacu_ ó algarrobo), entonando el canto ó vidala de los Indios y
-chupando aloja más y mejor». Consignados estos datos de la ceremonia,
-Lafone Quevedo se interroga:—«¿por qué no se colgaría también la
-cabeza del _Suri_ ó _Juri_?»—y se contesta en seguida: que un indio le
-dió la explicación de que el motivo de la exclusión de la cabeza del
-Suri sería porque este tiene cabeza chica; «más yo me inclino á creer,
-añade el americanista, que la excepción hecha en favor ó contra del
-_Suri_ tiene su causa de origen en la distinción que yo acabó de hacer
-entre Juríes y Diaguitas»[237].
-
-El motivo no es ese, responderemos nosotros: la cabeza del Suri
-no debía figurar en la fiesta del Chiqui, porque el Suri no podía
-ser sacrificado, como la _talca_, la _huilla_ ó la _puma_, en la
-bacanal indígena. El Chiqui, como hemos manifestado, es la divinidad
-funesta, el dios de los maleficios, ó la «adversa fortuna», al decir
-de Montesinos[238], al que solo se aplacaba con cruentos sacrificios
-animales y aún humanos: _runa arpainyiguan_. Las bacanales del
-Chiqui celebrábanse cuando sobrevenían las grandes secas, y cuando
-se evaporaba la humedad de la tierra, porque el sol estaba quemando.
-_¡Inti rupas tian!_—en efecto, era el grito de la tribu sedienta, la
-cual levantaba en alto sus cántaras vacías en demanda de agua, y que
-enseñaba á los cielos, haciéndolas saltar, las cabezas sacrificadas
-de los animales, para aplacar á la divinidad funesta, llamando á la
-Huayrapuca á que corriese por la noche silvando, trayendo consigo las
-nubes bienhechoras de la lluvia:
-
- Huairapuca corriti.....
- Arquituta silvas, silvas purinqui:
- Huilca, talca, saltas, saltas purinqui.....
- Huipe ¡huipe! Cot! cot![239].
-
-Ahora bien: si la cruel bacanal del Chiqui se celebraba en el propósito
-de conjurarle, propiciando á las divinidades atmosféricas á la vez
-en la ceremonia de las cántaras vacías en torno del árbol,—¿cómo es
-posible que el indio sacrificase al Ave-Suri, ofreciendo sus cabezas
-cortadas y haciéndolas saltar lo mismo que á las de las talcas y las
-huillas, que perecían de sed?—¿cómo dar muerte al Suri, que es la
-Nube, la que lleva el agua anhelada en sus senos fecundos cuando la
-Huayrapuca la trae del sudoeste, entre relámpagos y truenos?
-
-Es esta la explicación sencilla de lo que aparecía como un enigma
-para Lafone Quevedo, y después para Ambrosetti; pues como estos
-americanistas no habían determinado el valor simbólico del Suri,
-emblema de la Nube, debieron recurrir ó á consignar el hecho ó á darle
-otro género poco satisfactorio de explicaciones. Sacrificar el Suri,
-sería sacrificar la Lluvia. Lejos de eso, era el Suri, era la Nube, el
-objeto propiciado de los sacrificios: por eso jamás podía figurar su
-cabeza en la fiesta del Chiqui, como no puede figurar la cabeza de la
-divinidad misma á quien se ofrece el holocausto[240].
-
-El material iconográfico de este capítulo sirve de prueba irrefutable
-del valor simbólico que atribuimos al Suri. Como se enterará el lector,
-en la mayor parte de las representaciones de esta ave de la tormenta,
-el Suri aparece en las actitudes de que dá cuenta el Folk-lore, es
-decir: con las canillas dobladas, como lanzado á la carrera, suelto el
-plumaje de sus alas, con su cuello erguido y con su pico abierto.
-
-Si fijamos la atención en las diversas reproducciones, notaremos muchas
-otras particularidades llamativas, que contribuyen á determinar más su
-significación simbólica, la que desde el primer instante salta á la
-vista, cuando se vé al Suri formando en primera línea en todo
-ese complicado conjunto escrito sobre la alfarería, que sirve
-para caracterizar á la gran figura mítica de la urna, ó sea á la
-representación antropo-zoomorfa de la Tormenta.
-
-El Suri, ya lo vimos, está especialmente pintado en la sección
-ventral de la urna, en los dos campos que forman los arcos de los
-brazos; es decir: en los lugares correspondientes á las mamas de la
-figura principal, aunque no sabemos á qué sexo pertenece la divinidad
-atmosférica en cuestión, cosa que al indio ha sido indiferente indicar,
-por la razón sencilla, sin duda, de que ha de pertenecer al género
-epiceno, pues que en el acto propiciatorio el creyente nativo invoca á
-su dios como á tal, «ya sea varón, ya sea hembra»: _cay huarmi cachun,
-cay cari cachun_.
-
-Los suris están además contiguos á ese Vaso ó cántara portada en las
-manos; y en los casos de las Figs. 31 y 39, las aves abren sus picos
-para derramar algo en aquellos: es claro que líquidos, por ser una
-vasija el continente.
-
-Los suris encuéntranse rodeados de signos ó símbolos atmosféricos; y en
-la Fig. 51 hemos visto á una de estas aves, bastante bien reproducida,
-coronando un interesantísimo grupo artístico de serpientes.
-
-Pero la más evidente indicación de que el Suri es la Nube, está en el
-hecho gráfico de que el ave aparece lanzando al rayo serpiente por
-su pico, de la propia manera que los nublados cargados de agua en el
-espacio producen las descargas eléctricas. Los dos suris de la Fig. 32
-aparecen vomitando víboras, así como los suris gemelos de la Fig. 56; y
-para que no abriguemos sospecha alguna de que tales víboras no fueran
-la serpiente-rayo, ofrecemos en detalle el pequeño Suri de la Fig. 60,
-al cual se vé con algún esfuerzo lanzando al ofidio luminoso de dobles
-cabezas triangulares.
-
-El Suri, lanzando por su pico á la víbora, es la Nube de la tormenta
-despidiendo de su seno el rayo. Ninguna otra interpretación cabría al
-respecto.
-
-[Ilustración: Fig. 60.]
-
-[Ilustración: Fig. 61.]
-
-La Nube preñada de relámpagos, es la serpiente confundiéndose con el
-Suri, ó la serpiente contribuyendo á dar sus formas características al
-ave, como en el caso de los suris ofídicos de la urna 43, en el cual
-tenemos perfectamente representada á la _Serpiente Emplumada_, ó á ese
-_Quetzalcóatl_ que impera sobre los fenómenos atmosféricos de los que
-es, más que causa, su encarnación misma.
-
-En la Fig. 44, en la que, del cuerpo de una gran serpiente sale una
-cabeza de Suri con su largo cuello, tenemos otra figuración ideográfica
-de la serpiente emplumada.
-
-Un tercer ejemplo es el más interesante: el de la Fig. 61, en el cual
-vemos que líneas quebradas, paralelas, puntuadas (gotas de lluvia), dan
-formas á una serpiente-rayo: de cada uno de los vértices de la zig-zag
-luminosa salen tres largas plumas de Suri, las mismas tres plumas, en
-forma de tres arcos, con que el artista figura las alas del ave sagrada
-en todos los ejemplares ofrecidos.
-
-Estas tres líneas curvas de las alas, en la Fig. 39 no aparecen
-juntarse á la raíz del cuello del ave, como en los demás casos, sinó
-que arrancan de la línea recta que forma la parte anterior del mismo,
-describiendo tres arcos concéntricos, paralelos al gran círculo de
-la caja del cuerpo del Suri: estos tres arcos son el _Iris_ ó Arco
-_Chuychu_, pues es de la misma manera como el Yamqui Pachacuti en su
-Plancha antes citada, figura simbólicamente el arco del cielo, con su
-leyenda respectiva.
-
-Quién, finalmente, abrigare alguna duda respecto al valor simbólico
-del Suri, examine con espíritu arqueológico las pinturas de los pucos
-de las Figs. 35 y 36, y verá en ellas, de negro, sobre fondo amarillo,
-figuradas á las nubes, con sus caprichosas y onduladas guardas. Pues
-bien: de esas figuraciones artísticamente irregulares salen cabezas de
-Suri, de modo que ellas, en el grupo de la reproducción ideográfica,
-vienen á constituir los cuerpos de los pajarracos míticos.
-
-[Ilustración: Fig. 62. Santa María. Museo Nacional.]
-
-Establecido el valor simbólico del Ave-Suri, nos explicamos
-perfectamente por qué la representación atmosférica _b_ de la Fig. 29
-_bis_, sobre la superficie de un mate ó _calabaza_ (Fig. 29) (que según
-Brinton[241] es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la
-América antigua y un símbolo de agua de igual valor que la cántara),
-porta en sus manos una cabeza de _Suri_ y una flecha: la cabeza de Suri
-es la nube, y el dardo, el rayo. Debe también recordarse que el Dios
-del Aire de Squier (Fig. 28) porta un pájaro (la nube) en su diestra.
-
-[Ilustración: Fig. 63. La anterior vista de lado.]
-
-[Ilustración: Fig. 64. Interior de un puco Santa María. Museo
-Nacional.]
-
-Que el Ave-Suri que nos ocupa es un volátil que surca los altos cielos,
-como divinidad atmosférica y luminosa, pruébanlo los suris estrellados
-de las Figs. 62, 63 y 64, que reproducimos, lo que demuestra hasta
-donde alcanzaba la concepción india del pájaro de la Tormenta. En
-efecto: los dos suris de la urna 62 tienen en sus cuerpos respectivos
-figuradas cuatro y cinco estrellas; cinco, igualmente, los de la urna
-63; y al centro del puco 64, destácase el gran pájaro de la tormenta,
-esta vez parecido al papagayo, con su cuerpo y cola cubiertos de
-ojos Imaymanas, yemas ó gérmenes, siendo estrelladas sus patas. Esta
-interesantísima y original representación, que por sí misma es una
-revelación, está rodeada por el pajarillo atmosférico de arriba, que
-corta el espacio con sus alas abiertas, y por dos serpientes laterales
-de dobles cabezas,—las serpientes del rayo,—de modo que en el puco
-en cuestión aparece totalmente reproducida la escena atmosférica de la
-tormenta, con sus rayos y con sus atributos fecundantes.
-
-No nos resta ahora sinó explicar por qué los indios de Calchaquí
-empleaban _varas emplumadas_ en las ceremonias del culto al Trueno y
-al Rayo, y por qué también en sus fiestas gentílicas adornaban _con
-plumas_ á los árboles.
-
-Lozano[242], hablando de los ídolos _Caylles_, ó imágenes labradas
-en las láminas de cobre, dice que á estos, como á las _varitas
-emplumadas_, colocaban los naturales con grandes supersticiones _en
-las labranzas_, _como protectoras_ de las mismas. El P. Guevara[243],
-refiérenos que en los templos del _Trueno_ y del _Rayo_, rociadas con
-sangre de carnero de la tierra, figuraban en las ceremonias estas
-varitas emplumadas, que «las llevaban á sus casas y sembradíos,
-prometiéndose de su virtud, contraída á presencia del numen, toda
-felicidad y abundancia».
-
-El P. Techo[244], escribe que al igual de los hebreos, los calchaquíes
-eran gentes muy supersticiosas, y que «adoraban _árboles adornados con
-plumas_ ...»
-
-Este empleo de plumas de ave en todas estas ceremonias y prácticas
-religiosas, es perfectamente explicable después de lo que dejamos
-apuntado. Observemos que las plumas figuran en los templos dedicados
-al Trueno y al Rayo; en las ceremonias propiciatorias de la abundancia
-en las sementeras; en la fiesta del Arbol, en la que, como sabemos,
-se propiciaba á los dioses de la lluvia para que la vegetación
-no se secase. Entonces, tenemos constatado el empleo de plumas
-de ave en todas las ocasiones en que demandábase el _Agua_, el
-elemento fecundador por excelencia, objeto de la religión calchaquí,
-sintéticamente considerada. Las plumas simbolizan el ave de la
-Tormenta. Luego varas emplumadas, emblemas de las serpientes emplumadas
-ó del rayo emplumado, han de figurar forzosamente en el culto acuático:
-ellas son, entonces, las protectoras de las mieses, y á las labranzas
-han de llevarse como objetos eficaces contra las seca, la piedra
-y el granizo, junto con los _Caylles_, á la manera de preciados
-amuletos[245].
-
-Réstanos ahora resolver el último problema simbólico propuesto:—¿qué
-significación tiene ese VASO ó cántara que levantan en alto
-las manos de la figura mítica de las urnas?
-
-Fácil nos parece responder á esta pregunta.
-
-Ese vaso portado por la divinidad atmoférica de la Tormenta, no puede
-ser otra cosa que el depósito sagrado del agua de la lluvia: el _Ticcu_
-ó VASO DEL TRUENO, tantas veces recordado en la mitología de
-los pueblos americanos[246].
-
-Ese vaso, perfectamente reproducido en alto relieve, con su profunda
-concavidad, en la Fig. 41, es portado por la divinidad de la Tormenta
-en las Figs. 31, 39 y 54, llevándolo á su boca misma, para beber, en el
-curioso ejemplar de la urna de la Fig. 40, á fin de que se disipe
-toda duda al respecto. Cuando ese vaso falta, como en el caso de las
-Figs. 37, 38 y 50, dos cabezas triangulares de serpientes, con sus
-repectivos apéndices espirales, aparecen en su reemplazo, diciéndonos
-claramente esta sustitución del contenido por el continente, que rayos
-de la tormenta ó agua de lluvia es lo que suele guardar la rebosante
-cántara sagrada. En el caso de la Fig. 51, en el lugar en que las manos
-se juntan con los brazos figurados por dos curvas que hacen el ángulo,
-tenemos ese grupo mítico de los relámpagos y los rayos en acción,
-inmediatamente después del Suri, ó emblema de la Nube de la tormenta,
-que los produce.
-
-Fijemos igualmente la atención en que las nubes ó los suris,
-encamínanse con sus picos abiertos á depositar el agua ó los rayos de
-la tormenta en los vasos simbólicos, como en los ya citados casos de
-las Figs. 31, 32, 33, 39, 50, etc.
-
-«El cántaro ó la calabaza, escribe Brinton[247], tratando de los Mitos
-del Agua y de la Tormenta, como símbolo de agua, fuente y preservador
-de la vida, es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la
-América antigua. Bajo el nombre de Akbal ó Huecomitl, el vaso grande ó
-primitivo ocupa lugar importante en las leyendas aztecas y mayas sobre
-el drama de la creación; con el nombre de _Tici_ (Ticcu) en el Perú, es
-_símbolo de las lluvias_, y en forma de calabaza entre los caribes y
-tupis, se menciona con frecuencia como padre ó madre (_parent_) de las
-aguas atmosféricas. Figuras colosales recortadas que llevan cántaros,
-se han desenterrado en el valle de Méjico, en Tlascala, en Yucatán y
-otras partes. Representan al dios de la lluvia, el portador del agua,
-el patrono de la agricultura.»
-
-Observemos que _Illa-Ticci_, nombre del dios acuático Viracocha,
-compónese de dos palabras, que pueden traducirse así:
-_Illa_-brillar—alusión al relámpago—y _Ticci_ ó _ticcu_—cántaro; ó,
-en otros términos:—VASO DEL TRUENO.
-
-Este Vaso del Trueno y la función que desempeña en una leyenda mítica
-del Perú, aparecen en una hermosa poesía cuyo texto quichua nos
-ofrece Garcilaso de la Vega[248], la que más abajo reproducimos, con la
-traducción castellana que hemos hecho, lo más ajustada á su original,
-en cuanto posible nos ha sido.
-
-Y antes de transcribir el himno textual y su traducción, conviene una
-brevísima explicación del mismo.
-
-En el Perú, al lado de Viracocha, existía una Diosa de la Lluvia,
-hija de este Dios de las aguas, cuyo nombre ignoramos, pero que
-incontestablemente forma parte del politeismo peruano, anterior á la
-heliolatría incásica. La diosa era portadora de _un vaso_ que contenía
-la lluvia y la nieve, el cual volcaba sobre la tierra. Cuando su
-hermano (Catequil, sin duda) rompía el vaso, entonces con el golpe
-producíase el trueno, entre relámpagos, y llovía, nevaba ó granizaba
-sobre el mundo[249]. He aquí el himno:
-
- Çumac Ñusta Bella Infanta:
- Taralláyquim El tu hermanito
- Puyñuy quita El tu cántaro
- Paquir cayan Lo está quebrando,
- Hina Mántara I por esto
- Cunuñunun Truena, relampaguéa,
- Illac pántac También caen rayos.
- Camri Ñusta I tu, Infanta,
- Unuy quita La tu Agua
- Para munqui Irás á llover,
- Muy ñinpiri I á veces
- Chichi munquim Irás á granizar,
- Riti munqui Irás á nevar.
- Pacha rúrac El Hacedor del mundo,
- Pachacámac El Creador del mundo,
- Viracocha Viracocha,
- Cay hinápac Para esto mismo
- Churasunqui Te ha colocado,
- Camasunqui Te ha creado.
-
-Este himno, tan interesante, es en sí mismo una verdadera revelación en
-el sentido de establecer el valor simbólico del vaso que en nuestras
-urnas porta la Diosa de la Lluvia ó la Tormenta, y que lleno de agua
-acerca á sus labios en la citada Fig. 40, cuya sección ventral, con
-adornos ondulados acuáticos, contribuye á dar mayor importancia á la
-interesantísima representación que estudiamos.
-
-Brinton y Rialle, respectivamente en inglés y francés, traducen el
-_Sumac Ñusta_[250].
-
-Establecida le importancia de las urnas funerarias en el culto á la
-Lluvia, y fijado el valor simbólico de las diversas figuraciones
-emblemáticas que cubren y adornan su superficie externa, el papel que
-en la alfarería funeraria desempeña el símbolo de la Cruz, determínase
-por sí mismo, sin necesidad de extremar la observación arqueológica.
-
-Desde el primer momento hay que dar por sentado que, siendo acuático
-ó atmosférico el simbolismo de tales urnas, la Cruz, trazada por dos
-líneas de iguales dimensiones, que entre sí se cortan, formando parte
-de una figura de tal equivalencia, es también un signo acuático y
-atmosférico.
-
-Ahora, determinemos la colocación y ubicación del símbolo de la Cruz
-en las pinturas de las urnas, para fijar con precisión su valor como
-emblema meteorológico, indiscutiblemente distinto, no en el sentido
-específico, sinó genérico, de los otros signos ó emblemas, cuyas
-equivalencias ideográficas hemos de antemano establecido.
-
-La Cruz, en primer lugar, aparece reproducida en el centro del cuerpo
-de los suris; y ejemplo de ello son: las Figs. 32, 33, 34, 37, 38, 39,
-50, 51, 54, 55, 57 y 60; es decir: que los casos se repiten de una
-manera verdaderamente llamativa en las láminas ofrecidas, que no son
-sinó una mínima cantidad en relación á los numerosos ejemplares de las
-colecciones.
-
-Si el Suri es la Nube de la tormenta, claro es que la Cruz, que lleva
-pintada al centro de su cuerpo, no es otra cosa que el _Agua_ de que
-la Nube es portadora en su seno, ó sea la LLUVIA. Los cuatro
-palos de la Cruz representarán claramente á los cuatro vientos que
-producen el fenómeno, al reunirse en su punto de intersección.
-
-En otros casos, como en el de la Fig. 40, dos cruces se han trazado
-en los campos ventrales que los suris suelen ocupar: los símbolos,
-entonces, equivalen á las nubes portadoras de la lluvia, ó á la lluvia
-misma.
-
-En la Fig. 45, la Cruz aparece reproducida entre las dobles cabezas de
-la Nube.
-
-Como símbolo de la lluvia, la Cruz igualmente figura al lado del vaso
-del trueno, que contiene el agua de la tormenta, como en las Figs. 37,
-39 y 40 citadas.
-
-[Ilustración: Fig. 65. Detalle de una urna.]
-
-En tal carácter, es reproducida también á manera de embijamiento en
-el rostro del ídolo de la Tormenta, como en algunas de las urnas
-ofrecidas, y especialmente en el siguiente caso de la Fig. 65, detalle
-de una urna de Santa María, en el que vénse dos hermosas cruces dobles
-pintadas en el rostro de la figura antropo-zoomorfa de la Tormenta[251].
-
-La Cruz aparece en los pucos como símbolo de lluvia, de la misma manera
-que en las urnas, como puede constatarse en las reproducciones que
-ofrecemos en el subsiguiente capítulo, y en la que va á continuación
-(Fig. 66), en la que se vé á la Cruz alternando con los suris
-simbólicos, meandros y escalones _pata-pata_[252]. Con este curioso puco
-dimos en Fuerte Quemado, formando entre las piezas de una colección
-particular.
-
-[Ilustración: Fig. 66. Interior de un puco de Fuerte Quemado.]
-
-[Ilustración: Fig. 67. Gran cruz de la sección ventral de una urna de
-Sta. María.]
-
-Cerraremos el presente capítulo reproduciendo la gran Cruz
-_collcampata_, pintada al centro de tres círculos concéntricos
-puntuados (gotas de lluvia) que ocupa toda la sección ventral de
-una urna de Santa María (Fig. 67), en la que se han eliminado las
-representaciones de los relámpagos, de los rayos, de los suris y del
-vaso del trueno, en prueba de que la Cruz es un emblema sintético, el
-símbolo figurativo de los fenómenos atmosféricos que producen la
-Lluvia[253], tal cual vimos que apareció en la lámina desarrollada
-del vaso ceremonial de los indios de Sia, en nota del capítulo
-anterior; repitiéndose el mismo hecho y principio arqueológico en ambas
-extremidades del Continente.
-
-
-NOTAS:
-
-[224] Adán Quiroga, _Antigüedades Calchaquíes—La Colección Zavaleta_,
-nos. II y III (Bolet. del Institut. Geográf. Argent., tom. XVII, cuads.
-4 á 6).
-
-[225] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz—1899_ (Bolet. del Inst
-cit., tom. XIX, cuads. 7 á 12).
-
-[226] _De las Antiguas Gentes del Perú_, pág. 91.
-
-[227] Sobre estas _huahuas_ de pan, véase á John Lubbock, _Orígenes de
-la Civilización_, pág. 314 (Ed. Madrid, 1888).
-
-[228] Adán Quiroga, _Excursiones por Pomán y Tinogasta_, § II (Bolet.
-del Instit. Geográf. Argentino, tom. XVII, 1897).
-
-[229] Techo (_Hist. de la Provincia del Paraguay_, tom. V, cap.
-XI, pág. 41), parece aludir á esta clase de enterratorios, cuando,
-á propósito de los indios del valle de Londres, escribe que «no
-enterraban los cadáveres, sino que los colocaban encima de la tierra en
-un sarcófago alto.»
-
-[230] Este fragmento de urna forma parte en la actualidad de la
-colección del Instituto Geográfico.
-
-[231] Rialle (_Myth. Comparée_, cap. VI, pág. 98), escribiendo sobre
-el fetiquismo en la naturaleza animada, manifiesta que «los Shawnis
-decían que el _roulement_ del rayo no es otra cosa que _le sifflement_
-de la gran serpiente», por lo cual hay lugar á creer, según él, que el
-sol era representado bajo la forma de una serpiente enroscada sobre sí
-misma.
-
-[232] _Myths of the New World_, cap. IV, pág. 125.
-
-[233] Véanse sobre estos temas á Brinton cit., cap. IV, págs. 120 y
-sigtes, y á Rialle, _Mith. Comp_. que le sigue, cap. VI, págs. 75 y
-sigtes.
-
-[234] Los interesantísimos datos de _Folk-lore_ que el Señor
-Daniel Granada consigna sobre el Avestruz en el Río de la Plata, y
-especialmente sobre el _Avestruz de fuego_, confirman doblemente
-nuestras creencias al respecto (_Reseña Histórico Descriptiva de
-Antiguas_ y _Modernas Supersticiones del Río de le Plata_, págs. 122,
-167 y 133-1896).
-
-[235] _Juríes_, quiere decir _xuríes_ ó _suris_, avestruces. Fernández
-de Oviedo y Valdés dá esta interpretación (_Historia de Indias_, lib.
-XLVII, cap. III), cuando escribe: «Son tan ligeros, que los indios
-comarcanos los llaman por propio nombre _juríes_, que quiere decir
-avestruces.»—Véase Lafone Quevedo, _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb.
-_Juríes_.
-
-[236] _Londres y Catamarca_, cap. XXIX, pág. 257.
-
-[237] _Londres y Catamarca_, cap. XXVIII, págs. 249 á 251.
-
-[238] _Memorias_, cap. XIV (Ed. Madrid, 1882),—_Chi_, es «cosa parada»;
-_qui_, partícula que significa ambigüedad; luego _chiqui_, dice: cosa
-_doble_, llena de _falsía_ (Véase Adán Quiroga, _Folk-lore Calchaquí_,
-Bolet. del Inst. Geográf. Argentino, tom. XVIII. págs. 5 á 12).
-
-[239] Fragmento del canto al Chiqui, tal como hoy se repite, mezcla de
-castellano y quichua.
-
-[240] Cábenos la satisfacción de manifestar que, consultada á Lafone
-Quevedo esta interpretación nuestra, después que fijamos el valor
-simbólico del Ave-Suri, este distinguido americanista adhiere á ella.
-
-[241] Briton, op. cit., cap. V, pág. 152.
-
-[242] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc.
-
-[243] _Hist. del Tuc._ etc., pág. 33.
-
-[244] _Hist. de la Prov. del Paraguay_, tom. II, cap. XXIII, pág. 397.
-
-[245] En numerosos petroglyfos aparecen grabadas patas de suri, cuya
-significación hasta hoy no se ha explicado (Véase cap. VIII).
-
-Después de lo escrito, es claro que las rocas que tales grabados
-contienen, son dedicadas al culto á la Lluvia, invocándose á las Nubes
-de la Tormenta.
-
-[246] Un ejemplo interesantísimo es el de los 4 Bacabs, antes citados,
-4 dioses mayores, representados por los 4 Canobos, ó _vasijas de
-arriba_, llamadas columnas del Cielo (Brasseur de Bourbourg, cit. por
-Lafone Quevedo en su _Culto de Tonapa_, XVII, pág. 56).
-
-[247] Op. cit., cap. V, pág. 152.
-
-[248] _Comentarios Reales_, lib. II, cap. XXVIII.
-
-[249] Según Lucien Biart (_Les Aztéques_, pág. 70) «Tláloc creó muchos
-pequeños ministros, encargados de ejecutar sus órdenes. Munidos de un
-ánfora y armados de un bastón, estos pigmeos portaban el agua donde
-el dios lo mandaba, y la derramaban en lluvia. El trueno se hacía oir
-cuando uno de ellos quebraba el ánfora, y el rayo que hería á los
-hombres no era sinó un fragmento del vaso roto.» La leyenda azteca
-concuerda en parte con la peruana.
-
-[250] Brinton, cap. V, págs. 186 y 187 y Rialle, cap. VI, pág. 259. He
-aquí las respectivas traducciones:
-
- DE BRINTON DE RIALLE
-
- Beauteous princess, Belle princesse,
- Lo, thy brother Ton frére
- Breaks thy vessel Brise ton urne
- Now in fragments. En morceaux.
- From the blow come De ce coup
- Thunder, lightning, Provient le tonnerre
- Strokes of lightning. Et les éclairs;
- And thou, princess, Et toi, princesse,
- Tak’st the water, Versant tes eaux,
- With it rainest, Tu fais pleuvoir.
- And the hail, or Tu fais tomber
- Snow dispensest, La gréle et la neige.
- Viracocha, Le créateur du monde
- World constructor, Le vivificateur du monde,
- World enliv’ner, Viracocha,
- To this office T’a donné la vie.
- Thee appointed,
- Thee created.
-
-[251] Compárense estas cruces con las peruanas de la Fig. 9, cap. III.
-
-[252] _Pata_, andén agrícola (Véase la lámina del Yamqui Pachacuti).
-
-[253] Otro ejemplar precioso con cruces, que sintetizan en estos
-emblemas los demás símbolos de la alfarería funeraria, es la urna de
-San Fernando (Belén), que encontramos en nuestra reciente expedición
-arqueológica, y que ofrecemos.
-
-[Ilustración: Urna de San Fernando (Catamarca).]
-
-Tan bella como típica alfarería, de 0.34 m. de alto, lleva dos
-artísticas cruces en su sección ventral, semejantes á la del huaquero
-cruciforme de Jiménez de la Espada, ofrecido en el cap. III.
-
-Estas cruces, de color encarnado sobre fondo rojo oscuro, no están
-grabadas ni pintadas en la urna, sinó que se destacan en relieve, lo
-que contribuye á hacer más artístico el conjunto cruciforme. Las dos
-bellas cruces, cada una con su Toco al centro, están ligadas por un
-detalle lateral común, y miden 0.12 m. de alto.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII
-
-LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS
-
-EN LOS FETICHES Y AMULETOS
-
-
- _El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan
- los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques,
- Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz
- en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de
- Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué
- sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de
- Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica
- de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas
- de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos
- totémicos—Figuraciones antropo-atmosféricas—Una
- cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos
- totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz sobre los
- escudos calchaquíes—Cruces y emblemas cruciformes en
- los Caylles—Caylla Huiracocha—Amuletos con Cruz._
-
-Después de haber presentado en el capítulo anterior numerosos
-ejemplares de urnas y vasos votivos con el símbolo cruciforme, el
-lector, recorriendo las páginas del presente, notará el contraste
-producido por la escasez relativa del material iconográfico al tratarse
-de los ídolos con cruces. La falta de láminas de fetiches é imágenes
-antropomorfas con el símbolo que estudiamos, no es una omisión nuestra,
-sino del artista calchaquí, el que, con manifiesta intención, ha
-eliminado la Cruz en todas las figuraciones é imágenes que no tengan
-por objeto el culto del agua ó de alguno de los fenómenos atmosféricos;
-prueba negativa, trascendental por cierto, del valor mitológico de la
-Cruz como símbolo acuático.
-
-Hemos recorrido minuciosamente el rico material de las colecciones
-particulares y de nuestros Museos, en busca de figuras con el
-símbolo, y hemos llegado á la conclusión de que éste no aparece
-grabado ó pintado en los fetiches, tan abundantes en Calchaquí, que
-su era fetiquista ha dejado con ellos recuerdos imperecederos. Este
-hecho nos demuestra que el signo que nos ocupa no parece sinó una
-concepción sugerida en pleno dominio del politeismo, cuando se impuso
-la heliolatría sobre el culto de las cosas inanimadas, y cuando
-los grandes y variados fenómenos de la atmósfera fueron dotados de
-espíritu y de voluntad supremos, después que los hombres de esa segunda
-generación en el progreso de la civilización humana, de que habla
-Lubbock[254], alzaran las manos al cielo é invocaran y clamaran al
-Sol[255].
-
-No podemos decir otro tanto de la era en que ya hizo su aparición el
-antropomorfismo, manifestación politeista de las razas; porque si bien
-es verdad que tampoco los dioses antropomorfos generalmente ostentan la
-insignia de la Cruz, ella parece, sin embargo, como una combinación
-emblemática en las figuraciones humanas de las divinidades acuáticas ó
-atmosféricas, con una repetición demasiado insinuante para atraer sobre
-las mismas la investigación arqueológica.
-
-Dado el papel que los dioses lares y penates nativos desempeñaban
-en el culto de los hogares calchaquíes, natural parece que no se
-presentaran adornados con la insignia cruciforme, toda vez que ellos se
-limitaban á ser guardianes de cada individualidad, amparándoles contra
-cualquier daño que pudiera sobrevenirle, por lo que cada cual labraba
-á su modo la imagen de su dios, atribuyéndole á su antojo determinada
-virtud. En vano, entonces, han de buscarse cruces en los rostros del
-_Caclla_ ó «dios-mejilla»[256]; ni en la cara ó pechos del _Guasimáyoc_
-ó «dueño de casa»[257]; del _Guauque_ ó «ídolo de cada persona,
-que le representa»[258]; del _Pururauca_ ó «dios de todo género y
-especie»[259]; ó, finalmente, del _Canopa_ ó «dios del individuo»[260];
-pues propiamente hablando, todos estos ídolos personales, de cualquier
-clase que fuesen, no simbolizaban una súplica, sinó que constituían un
-amuleto.
-
-Otra cosa sucede cuando tales representaciones, figuraciones ó ídolos
-aparecen perfectamente vinculados con el culto al agua, ó, dejando de
-figurar como guardianes de la persona, son objeto de una súplica, ó
-sirven de intermediarios de una demanda de lluvia, como sucede, por
-ejemplo, con los _Caylles_, ó dioses imágenes de las siembras, y, con
-mayor razón con las vasijas ó vasos antropomorfos, ídolos ú objetos
-sagrados de formas apropiadas para contener y guardar el líquido que
-aplaca la sed de la familia y de la tribu. En tales casos, cruces
-adornarán á estas imágenes ó cosas del culto; y nada de extraordinario
-habría en su empleo por parte del artista, iniciado, como se
-presentaría á nuestros ojos, en el secreto de la simbología, la que,
-ahorrándole tiempo, daríale ocasión de ofrecer con toda su intención
-el objeto sagrado, de tales ó cuales virtudes, á la adoración del
-creyente; porque seguramente un símbolo herirá más su imaginación y
-despertará mayormente su atención que su figuración aparente y real,
-por las confusiones que puede traer, ó por las interpretaciones dudosas
-á que puede prestarse.
-
-Pero antes de pasar adelante,—y en este punto tiene forzosamente
-que ser deficiente el capítulo,—conviene observar que nuestras
-afirmaciones respecto á la ausencia de la Cruz en los fetiches é ídolos
-personales, no pueden tener el carácter de absolutas; porque si bien
-es verdad que hasta hoy no se han encontrado figuraciones idolátricas
-de tales especies con los signos cruciformes, pueden muy bien aparecer
-mañana; pero en tal caso nos permitiríamos recomendar que se aplicasen
-las facultades de observación arqueológica al objeto hallado con su
-símbolo, á fin de establecer qué relaciones directas ó indirectas puede
-tener la cosa figurada con el agua ó con el fenómeno de la lluvia. En
-este sentido, no nos extrañaría, por ejemplo, que se nos presentaran
-representaciones animales de patos ó de nutrias (que poseemos en
-nuestra colección) con el símbolo de la Cruz, por la razón sencilla de
-que aquellos viven en los ríos y en las lagunas, y éstas tienen sus
-habitaciones en los esteros ó terrenos húmedos de las vertientes, ó
-contiguas al agua. El caso excepcional del surifetiche es una prueba
-de ello; lo mismo que el del sapofetiche, del que nos ocuparemos en el
-capítulo subsiguiente, por los motivos dados respecto al primero, y
-por ser el agua el medio en que vive el batracio, lo que se advierte
-desde el primer momento, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo de
-imaginación[261].
-
-[Ilustración: Fig. 68. Idolo-tinaja (Col. Quiroga).]
-
-Los ejemplares de figuraciones antropomorfas que aparecen llevando la
-Cruz, son indiscutiblemente acuáticos; es decir: que ellos son objeto
-de un voto para que llueva; y, más propiamente que ídolos, deben
-denominarse vasijas votivas antropomorfas, toda vez que al labrarles,
-el indio se propuso, más que nada, ofrecernos un vaso ó una urna
-para contener agua, sobre los cuales, es verdad, las figuraciones
-idolátricas constituyen sus distintivos salientes.
-
-La Fig. 68, ó el Idolo-Tinaja de Amaycha, es el más notable de los
-ejemplares que puede citarse; y, aunque un rostro humano con sus
-facciones se destaca á la izquierda, saliendo de un cuerpo provisto
-de brazos en relieve, el objeto, considerado en conjunto, no es
-propiamente un ídolo, sino una urna sagrada antropomorfa, del mismo
-estilo de las tinajas funerarias reproducidas en el capítulo anterior,
-y cuyo empleo en el culto acuático de Calchaquí nos es perfectamente
-conocido.
-
-La interesantísima figura idolátrica de la izquierda, de rostro pintado
-con cuadros rojos alternados, en cuyas orejas aparecen figurados
-artísticos moños hechos con las trenzas anudadas del cabello (el moño
-esterior roto), lleva, en los lugares correspondientes á sus mamas, dos
-cruces perfectas sobre campos artísticos amarillos. Sus manos portan
-una flauta, con agujerillos para producir el sonido, por lo cual la
-figura nos hace recordar la Doncella de la Flauta (_Flute maiden_) de
-Estados Unidos. Las pinturas de rojo obscuro sobre el fondo amarillo
-de la urna, son muy interesantes. Las del cuello del vaso consisten en
-líneas quebradas paralelas: estas líneas quebradas, llenas de puntos,
-son figuraciones simbólicas del rayo-serpiente, correspondiendo á gotas
-de agua los puntos que las adornan. En los campos ventrales de la urna
-aparece el adorno saliente de la guarda en espiral, arbolada á ambos
-costados laterales. Esta espiral, como ya lo hemos dicho, es para
-nosotros la figuración simbólica del trueno que ruge.
-
-Claramente podemos, entonces, difinir las relaciones íntimas de la
-figura antropomorfa con el fenómeno de la lluvia, á la cual llamaría
-aquella tocando su flauta, produciéndose el trueno, figurado en las
-espirales, por la simpatía con el sonido del instrumento musical[262].
-
-[Ilustración: Fig. 69. Idolo de Santa María. 1/2 tamaño natural.
-(Colección Quiroga).]
-
-Es de advertir, para corroborar este último aserto, que poseemos en
-nuestra colección un interesante ídolo de barro antropo-zoomorfo,
-últimamente adquirido en Tinogasta, el que en aquel lugar es tenido por
-«Dios de la Lluvia», el mismo que lleva abierto un agujerillo al centro
-de su región craneal, soplando el cual (el ídolo es hueco) se producen
-notas graves y agudas, con las que se llama al Trueno, fenómeno
-meteorológico que, según el P. Techo[263], era, con el relámpago,
-adorado por los calchaquíes como «divinidad menor.»
-
-Más directamente relacionado con este orden de ideas está el ídolo de
-la Fig. 69, con anchas cruces negras al fondo de sus artísticos campos,
-en los lugares correspondientes á las mamas.
-
-La fisonomía de este ídolo es funeraria. De sus ojos redondos y
-salientes caen tres gruesas líneas negras,—sus lágrimas,—las que, por
-otro fenómeno de simpatía, tenían por objeto, sin duda, hacer llorar á
-las nubes, á las cuales se presentaría la figura lacrimosa, haciéndoles
-_muna-muna_, para emplear una gráfica expresión nativa, como si se les
-dijera:—«mirad como ésta siempre llora, y vosotras no podéis llorar
-como ella.»
-
-El objeto es todo hueco, y de la parte ventral del mismo sale el
-cuello del vaso, cuyos bordes son asidos por las manos en relieve de
-la figura. No se trata nuevamente de un ídolo, propiamente hablando,
-sinó de un vaso votivo acuático, de formas antropomorfas. Tanto la
-gargantilla de su cuello, como la orla que contornea sus brazos en la
-parte inferior, aparecen llenas de puntos, ó gotas de agua.
-
-Fijando bien la atención sobre esta vasija antropomorfa, veremos que
-ella no es otra cosa que una nueva y curiosa reproducción de ese vaso
-que sugetan las manos de la figura antropo-zoomorfa de las urnas
-funerarias, tanto por sus formas, por salir de la parte ventral del
-objeto, como por ser portado en las mismas condiciones. Se trata,
-entonces, de una figuración antropomorfa del Trueno, ó más bien dicho:
-de una reproducción antropomorfa del _Vaso del Trueno_.
-
-Las cruces, en el presente, pintadas sobre las mamas del vaso votivo,
-no pueden causarnos extrañeza alguna: al contrario, ellas expresan
-gráficamente la intención del artista: de referir el vaso al culto de
-la Lluvia.
-
-Otro ejemplar interesante es el del pequeño vaso de Ambato, de barro
-negro, perfectamente cocido, que dá formas á una singular figurilla
-humana, cuyos miembros principales aparecen en relieve, y de cuya nariz
-repártese simétricamente el cuerpo de una serpiente grabada que se
-desarrolla en las mejillas del ídolo (Fig. 70). El ofidio en su rostro,
-está indicando á las claras que se trata de una figuración de carácter
-atmosférico, quizá la misma de la alfarería funeraria, mucho más cuando
-ella hace de la vasija un vaso antropomorfo para contener líquidos. Un
-detalle interesante es el de las manos abiertas, que parece llevar á la
-boca, desmesuradamente abierta, indicando que la figura humana sufre
-de sed, demandando agua al cielo, lo que se vé más claramente en dos
-ejemplares de urnas de nuestra colección, en las cuales sus manijas
-son un par de figurillas humanas, que se destacan en relieve, las que,
-mirando al cielo, llevan las manos al labio inferior, abriendo las
-bocas sedientas.
-
-[Ilustración: Fig. 70. Vaso antropomorfo de Ambato (Catamarca).
-(Col. Quiroga).]
-
-[Ilustración: Fig. 70 _bis_. Grabado en la parte posterior del vaso.]
-
-A la parte posterior del vaso aparece grabado un curioso figurón
-triforme y zoomorfo, constituido por un grupo único de dos Huayrapucas
-de dobles cabezas y un sapo central bicéfalo. Las Huayrapucas
-son figuraciones alusivas á la tormenta, y el sapo simboliza
-agua fecundadora, por los ojos Imaymanas dobles de sus cabezas
-cuadrangulares (Fig. 70 _bis_).
-
-Pues bien: una Cruz artística aparece distintamente grabada sobre
-el dorso del batracio, cruz que nos hace recordar á la bellísima
-maltesa[264] peruana, reproducida por Jiménez de la Espada, y de la que
-dimos noticia en el capítulo III.
-
-En el presente, se ofrece un caso de símbolo cruciforme manifiestamente
-intencionado, si se tiene en consideración cuanto hemos dejado apuntado.
-
-[Ilustración: Fig. 30 _bis_.]
-
-La Cruz, al centro del figurón triforme, sobre la superficie de un vaso
-votivo acuático, es la gráfica expresión de que _lluvia_ se demanda, ó
-de que el fenómeno atmosférico se ha producido ó está para producirse.
-
-No hay,—para citar un último ejemplar de vaso ó tinaja con el signo
-cruciforme, para qué insistir sobre la trascendental importancia del
-símbolo formado por cuatro cabezas de serpientes, en el caso de la ya
-citada Lam. 30 _bis_, ó sea dentro del cuerpo cuadrangular de la figura
-antropo-zoomorfa del grupo atmosférico de Capayán, Cruz ofídica que
-reproducimos en detalle (Fig. 71 A.)
-
-[Ilustración: Fig. 71 A. Cruz simbólica de las serpientes (Capayán).]
-
-En ningún ejemplar como en este del grupo, el signo cruciforme puede
-tener un valor más visiblemente típico de lluvia, si se considera el
-dato notable de que cuatro serpientes dan lugar á la formación del
-mismo; y sabido es que la idea de agua es inseparable de la figuración
-ofídica, cualquiera que sea su forma, y cualquiera que sea la ocasión
-en que tal figuración aparezca en la cerámica[265].
-
-[Ilustración: Fig. 71 B. Disco de cobre de Lafone Quevedo (Catamarca).]
-
-La aparición de dobles cruces maltesas en las cabezas de los monstruos
-dragones del famoso disco de Lafone Quevedo, que reproducimos en la
-Fig. 71 B, se querrá tal vez citar como una escepción culminante á
-la regla de la carencia del símbolo en los dioses personales; pero
-no es así, porque el disco no puede clasificarse entre los lares y
-penates. El grupo trinitario figurado con tanto arte en el mismo, no
-es otra cosa que un nuevo é interesantísimo ejemplar antropo-zoomorfo
-atmosférico constituido por la figura humana central, con su sol en la
-cabeza, el copón ó vaso del trueno en su pecho, y por los dos monstruos
-dragones ofídicos, de patas estrelladas, con los círculos fecundantes
-sobre sus cuerpos, ó sean dos Huayrapucas ó figuraciones zoomorfas del
-viento que trae la tormenta. Esta trinidad calchaquí es, pues, nada más
-que la representación acuática por excelencia de ese Aticci Viracocha
-del bajo relieve de Pashash y del dintel de la puerta monolítica de
-Tiahuanaco[266]. Nada más lógico, entonces, que las dobles cruces en las
-cabezas de las Huayrapucas, que traen las nubes y producen el fenómeno
-de las lluvias tormentosas ó de la tempestad; y son, cabalmente, los
-símbolos los que concluyen por caracterizar de una manera gráfica el
-valor mítico de la simbólica figuración atmosférica que nos ocupa.
-
-Antes de pasar adelante, conviene resolver la cuestión de por qué los
-ídolos llevan figuradas las cruces en sus pechos ó mamas, y por qué
-tales cruces son griegas, ó de brazos de iguales dimensiones; pues
-debemos recordar, á propósito de estos problemas arqueológicos, que
-los suris con cruces en las urnas funerarias y las cruces en los
-ídolos antes reproducidos, aparecen respectivamente en los lugares
-correspondientes á las mamas de las figuras antropozoomorfas y
-demás representaciones humanas; lo mismo que debemos dejar sentada
-la antes insinuada observación de que los palos de las cruces son
-invariablemente del mismo largo en tales figuraciones, es decir: que
-los signos son griegos, y no latinos como el de nuestra Cruz cristiana.
-
-Las imágenes idolátricas, generalmente del género epiceno (_cay
-huarmi cachun, cay cari cachun_), llevan la Cruz en los lugares
-correspondientes á las mamas, en el sentido figurado de que ellas
-derraman el agua ó el líquido vital que alimenta todas las cosas, pues
-las mamas contienen la leche que nutre en la especie de los mamíferos
-á las creaturas recién nacidas, humanas ó animales. La Cruz sobre las
-mamas, expresa claramente la idea de que ellas son el continente del
-elemento fecundante por excelencia. La diosa atmosférica de California
-lleva el agua en sus pechos fecundos. Lo propio acontece con nuestras
-divinidades de la tormenta, portando el símbolo acuático en los lugares
-correspondientes á ambos pechos, sin necesidad de figurarlos, como
-en algunos ejemplares de _zemes_ calchaquíes, que hemos atribuido,
-sin afirmarlo definitivamente, á representaciones de _hapi-nuños_
-(_hapiy-nuños_), «fantasmas ó duendes que solían aparecer con _dos
-tetas largas_, que podían asir de ellas», al decir de Fernández y
-Holguín[267].
-
-Que los cuatro palos de la Cruz sean de iguales dimensiones, ya se les
-considere alusiones á los cuatro rumbos ó á los cuatro vientos, también
-es perfectamente explicable, porque no hay rumbos ó vientos mayores ó
-menores, cortos ó largos, toda vez que el indio, en donde quiera que
-estuviese ubicado, creería encontrarse en el punto céntrico ó de origen
-de un horizonte circular que limitaba la tierra, correspondiendo á los
-cuatro vientos ó los cuatro rumbos los cuatro radios de ese círculo,
-ó líneas de iguales dimensiones, que se cortaban perpendicularmente
-entre sí, formando el signo de la Cruz, cuya intersección representa
-exactamente al citado punto de ubicación ú origen. Un ejemplo notable
-nos ofrece el nombre de la capital del imperio incaico, ó del _Cuzco_,
-que significa _ombligo_; es decir: parte céntrica del cuerpo terrestre
-ó punto de origen de los cuatro _suyos_[268].
-
-El gran monolito esculpido de Tafí, que reprodujimos en el capítulo
-III, habrá observado el lector que presenta cuatro interesantes
-grabados cruciformes, con un círculo sencillo ó puntuado al centro de
-cada uno de ellos, alternando con otros como _spectacles_, ó Imaymanas
-unidos entre sí por una línea. Estas esculturas cruciformes sobre el
-fálico menhir,—resto grandioso que prueba la obstinación fetiquista
-de estas razas por un viejo culto litolátrico,—tienen la más sencilla
-explicación.
-
-El monolito ó menhir esculpido en cuestión, es un gran fetiche,
-_huaca_ ó _villca_, protector de los andenes ó pequeñas extensiones
-labrados, cuya tierra está sostenida por alineamientos de pequeñas
-piedras paradas, menhir que se levanta en medio de tales andenes.
-Este monolito, como cualquier otro de su género, llámase _Mama-Zara_,
-_Maíz-madre_ ó _Madre del Maíz_, nombres con los que es conocido hasta
-hoy en Cafayate y otros pueblos de los valles.
-
-Una _Mamazara_, levantándose en medio de los andenes ó de las labranzas
-(lo mismo que una _Huaza_ á la puerta ó bastidor del rastrajo
-sembrado), protege á la sementera de maíz, la que prospera bajo su
-patrocinio, evitando el gusano en la raíz, y preservándola de los
-hielos, de la piedra, de los vientos ardorosos, de la langosta y de
-otras plagas. Pero el fetiche de piedra, obrando por la acción propia
-ó combinada con la del cielo, tiene la virtud especial de hacer llover
-oportunamente sobre la siembra, atrayendo á las nubes; pues «entre
-los calchaquíes, como escribe el presbítero Toscano (quien desempeñó
-durante muchos años el curato de Cafayate y pueblos contiguos),
-se llamaban _Mamasaras_ á unas piedras labradas y perfectamente
-pulimentadas, que se colocaban en medio de las sementeras para que
-tuvieran _agua_ oportuna y abundante, atribuyéndoles virtud especial
-para producir _la lluvia_»[269].
-
-En el fragmento de la lámina del Yamqui Pachacuti que ofrecimos en el
-capítulo III (Fig. 21 bis), vemos simbólicamente representada en el
-grupo astrolátrico C^2 á esta Mamazara, grupo que en el original (Fig.
-21) lleva esta leyenda: «_Zaramama-chacana_ en general». Pues bien:
-esta _Zaramama_ está figurada por cuatro grandes estrellas unidas entre
-sí por dos líneas que se cortan formando _una Cruz_, como si la Cruz
-misma fuera el emblema ó símbolo de tal «Madre del Maíz», y quién sabe
-si la palabra _chacana_[270] de la leyenda no sea el nombre con que los
-quichuas conocían al símbolo, al que en ciertas condiciones vimos que
-llamaban _xaygua_.
-
-Estos breves y muy interesantes antecedentes, sirven para explicar
-con cuánta razón el indio de Tafí esculpió cuatro artísticos signos
-cruciformes en la Mamazara monolítica, protectora de las siembras,
-sobre las cuales hace caer _lluvias_ oportunas, la misma que tiene su
-representación simbólica en la carta sagrada de la heliolatría quichua,
-por la acción del sol y de los astros sobre los elementos, cuando el
-culto al astro del día se sobrepuso al del viejo Aticci Viracocha del
-panteón de Tiahuanaco.
-
-Fijemos, finalmente, la atención en lo interesante de los signos
-cruciformes de la Mamazara de Tafí, con su círculo simple ó con punto
-respectivo en el lugar correspondiente á la intersección de los brazos,
-círculo que vale por «germen vital, _yema_ ó _brote_», y que expresa
-de una manera acabada y concluyente la idea de una lluvia oportuna
-haciendo brotar, crecer y fructificar la mies preciada del indio.
-
-Otro dato interesantísimo de _Folk-lore_ conviene apuntar con este
-motivo.
-
-Nos referimos al hecho de colocarse por los naturales piedras paradas
-protectoras, que llaman á la lluvia, en cualquiera eminencia, en
-toda la extensión del valle de Santa María ó de Yocavil. Hoy, en vez
-de piedras, se colocan de pie cruces cristianas sobre las colinas y
-los morros de los cerros, cruces protectoras que pueden contarse por
-centenares. Ahora, preguntamos: ¿la sustitución cristiana de las cruces
-á los menhires nativos, no es obra de una de esas raras coincidencias
-ó puntos de contacto de creencia y creencia, mediante los cuales
-el símbolo cristiano de la Cruz hace las veces del símbolo pagano,
-adquiriendo en tal caso una doble virtud protectora, como conjuro de
-la piedra y del granizo, y como un singular amuleto propiciatorio de
-las lluvias?—Nosotros, no nos limitamos á sospecharlo, sinó que casi
-nos atrevemos á establecerlo en sentido afirmativo. Si así fuere, esta
-prueba del valor de la Cruz como símbolo acuático calchaquí, no solo no
-admitiría réplica, sinó que sería decisiva y trascendental[271].
-
-En nuestra reciente expedición á los valles de Londres, hemos podido
-observar en el pueblo de Colpes (Pomán) trojes ó pirhuas con cruces.
-Las pirhuas de formas fálicas, levantadas sobre un bastidor de cuatro
-horcones, que guardan la preciada algarroba, remataban en un penacho de
-_aibe_ ó pasto de campo; y de en medio de este penacho salía una Cruz
-de madera. Esta Cruz, según pudimos informarnos, á la vez que guardián
-del producto de los tacuiles, propiciaba para el año venidero una
-abundante cosecha de algarroba. Para que tal cosecha fuera abundante,
-es claro que habría necesidad de que lloviese. La Cruz de las
-pirhuas, en buenos términos, equivalía á un amuleto de las lluvias,
-confundiéndose en el espíritu del indio actual el valor cristiano con
-el valor nativo del símbolo.
-
-Sobre la despensa de un grupo de ranchos de Bisbis, camino de Hualfín
-á Andalgalá, otra Cruz de madera habíase colocado. Los indios de la
-casa negáronse por completo á explicarnos que significaba aquella Cruz
-sobre el rancho en el cual se depositaban los granos, la algarroba
-y el charqui. Esto mismo hízonos comprender que se trataba de una
-superstición nativa; y que la Cruz en el caso actual desempeñaría el
-mismo papel que la de la pirhua de Colpes.
-
-[Ilustración: Fig. 72 Molinos (Salta). Tam. nat.]
-
-En dos ejemplares de figuras dobles, andróginos, ó con representaciones
-masculinas y femeninas (_cay huarmi cachun, cay cari cachun_), ó si se
-quiere _huacanquis_ ó _Cayam-Carumi_, huacas de los amores, que por el
-hechizo del _Tincuc_ forzaban el libre albedrío[272], aparecen hermosas
-cruces griegas, en una forma y colocación llamativas.
-
-El Huacanqui de la Fig. 72, de la colección Zavaleta, es uno de los
-ejemplares interesantes.
-
-Sobre una lámina de hueso (el material suele ser piedra blanca ó
-negra), y dentro de dos secciones rectangulares iguales, aparecen dos
-figurillas humanas, de esas que, al decir de Montesinos[273], «hacen
-apariencia de dos personas que se abrazan». La de la izquierda está
-muy borrada, á causa del desgaste natural del material óseo, pues
-posiblemente el amuleto era objeto de contínuos frotamientos; en
-cambio, la de la derecha aparece perfectamente con todos sus detalles:
-esta figurilla es femenina por el triangulillo correspondiente á su
-vulva, como en el caso de la inferior de un amuleto de Tinogasta[274].
-
-La figurilla anterior que nos ocupa, de brazos y piernas doblados,
-unos y otros miembros con tres dedos, presenta un cuerpo geométrico
-cuadrangular, como en el caso de la representación de la Fig. 30 _bis_;
-al centro de este cuadrado, y en la parte correspondiente á la mitad
-del pecho, cuatro triangulillos, ó cuatro emblemas fálicos femeninos,
-simétricamente distribuidos, forman una interesante Cruz simbólica.
-
-En el andrógino de piedra negra, reproducido en la nota, y á su parte
-posterior, en el punto mismo en que las figurillas humanas (varón y
-mujer) juntan sus pies, aparece esculpida, como se vé en el detalle
-de la derecha, una artística Cruz, á los estremos de cuyos palos
-superior é inferior se han calado dos morterillos de boca perfectamente
-circular: en estos morterillos, y sobre esta Cruz, ofreceríanse, sin
-duda, las ofrendas propiciatorias, siendo el mortero con su mano
-otro objeto fálico emblemático, que vimos aparecer en el _Huampar_
-incaico.[275].
-
-Ahora bien: ¿qué motivos pueden haber decidido al artista indio á
-grabar cruces en estos huacanquis ó amuletos «para rendir por el amor
-el libre albedrío»?
-
-Dos, sin duda: el primero, que el amuleto se consagra al acto carnal
-de la fecundación y de la reproducción de la especie; el segundo, que
-estos amuletos, por lo mismo que se refieren á la procreación, tienen
-un origen atmosférico, como la lluvia fecundante y reproductora, pues
-de la propia manera que los meteoritos son lanzados sobre la tierra por
-los dioses de la tormenta, estos amuletos son arrojados por el rayo
-que cae, desprendido con estruendo de las nubes, de modo que también
-son _illas_, ó preciados talismanes de _Illapa_; pues, al decir de
-Montesinos, á estos preciados amuletos de maleficio amatorio, ídolos ó
-huacas de los amores, «fingen los hechiceros que los hallan cuando _el
-relámpago se despide de la nube con gran trueno, y cae el rayo_, y
-donde cae los encuentran ...»[276]. El hecho mismo de guardarse al
-idolillo en una cesta llena de _plumas de colores_ (dato que también
-consigna Montesinos, como se lee en la nota), prueba su origen
-atmosférico, pues las plumas recuerdan al pájaro de la tormenta, y sus
-colores los del iris ó _chuychu_ formado en las nubes.
-
-Sobre los escudos calchaquíes con que se cubren figuras humanas
-labradas en cobre, pintadas en las tinajas, en las rocas, ó grabadas
-en los petroglyfos, suelen aparecer signos y figuras simbólicas,
-animales y geométricas muy curiosos, que aún no han sido estudiados,
-siendo notables en tal sentido los escudos que portan los reales
-personajes de la Gruta de Carahuasi (Salta)[277]. Nosotros atribuimos
-á representaciones _totémicas_ tales figuraciones, siendo ellas, sin
-duda, emblemas ó insignias de los personajes que portan los escudos,
-ó de sus familias, de sus tribus y de sus pueblos. Es de advertir que
-cuando los personajes no llevan escudos, suelen tener pintados sobre
-su pecho los referidos tótem[278]. Que familias de indios tucumanos han
-adoptado su distintivo entre los de su raza, convirtiéndolo en apellido
-común, tomado de nombres de héroes, de animales ó de cosas animadas
-ó inanimadas,—resulta indiscutible cuando se recorren los padrones
-que los españoles levantaran en el período de la colonia, censando á
-la población nativa[279]; y así, indios hay que llevan los siguientes
-apellidos: Atagualpa (Yumansuma, 1699), Inca (Chicligasta, 1721), Inga
-(Colalao, 1699), Colla (San Miguel, 1771), Illapa (Chuchagasta, 1699),
-Vilca (Tolombón, 1699), Pisco (Colalao, 1699), Surita (Marapa, 1721),
-Chilca (Choromoros, 1771), Patay (Tafí, 1699), Chuncha, Chicha, Choclo,
-Sapaca, Guasca, Coca (Colalao, 1699), etc., etc.
-
-[Ilustración: Fig. 53.]
-
-[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.]
-
-Sobre los escudos de Carahuasi pueden verse reproducidos espirales,
-meandros, animales y otras figuras simbólicas, una de ellas cruciforme.
-
-[Ilustración: Fig. 58 San José. Col. Max. Schmidt.]
-
-[Ilustración: Fig. 59 Loma Rica. Catamarca.]
-
-En el capítulo anterior hemos tenido ocasión de reproducir, para
-no abundar en ejemplos, figurillas humanas sobre cuyos pechos se
-ven pintados símbolos diversos: dos suris, de cuerpo de dobles
-triángulos en la Fig. 53; un suri y una serpiente, respectivamente,
-en las figurillas del cuerpo de la urna 56; un suri y meandros de la
-fecundación ó de la cópula sobre el escudo superior de la derecha en
-la urna 58; dobles serpientes rayos, formados por quebradas paralelas
-llenas de puntos, sobre los escudos de las figurillas de la urna 59;
-dos suris sobre el escudo de la representación de la urna 63, etc.
-Estas figurillas humanas, reproducidas en el lugar correspondiente al
-rostro de la imagen antropo-zoomorfa de las urnas, son seguramente
-representaciones _antropo-atmosféricas_, que llevan como distintivo
-totémico símbolos que representan á las nubes, al rayo y á la lluvia
-fecundadora; más bien dicho: son habitantes del pueblo de las nubes,
-tales como aparecen hombres y mujeres en la lámina de los Sias (Cap. V).
-
-[Ilustración: Fig. 63 Urna de Santa María vista de lado.]
-
-Bien, pues: la Cruz suele también, en casos escepcionales, figurar como
-insignia sagrada ó tótem en tales representaciones.
-
-La Cruz, no sólo aparece como símbolo del culto, según escribe
-Schoolcraft[280], sinó que suele ser venerada y tenida como signo
-distintivo, quizá religioso, en los sepulcros y amuletos, ó como
-emblema ó _tótem_ de las tribus y familias, apareciendo en este último
-carácter en la biografía de Wingemund, jefe de los Delawares, cuya
-artística Cruz totémica reproduce el autor.
-
-Posiblemente igual cosa sucedía en Calchaquí, pues que la Cruz aparece
-sobre el escudo ó pecho de las figuraciones á que antes nos hemos
-referido, lo que indudablemente determina el carácter atmosférico ó
-acuático de las mismas.
-
-La figurilla á la izquierda del cuello de la urna 58, por ejemplo,
-lleva en sus vestidos distintivamente pintada la Cruz, de negro sobre
-fondo amarillo.
-
-En la Fig. 73 reproducimos un interesante detalle de un complicado
-petroglyfo de Andaguala, que tomamos en nuestra penúltima expedición á
-los valles calchaquíes. La escritura total y profusa de la roca es
-ideográfica, viéndose esculpidos canales y fuentes de agua, de modo
-que indiscutiblemente se trata de una piedra sagrada votiva para
-propiciar á la lluvia, que en los áridos y secos valles alimenta
-estanques y canales. La Cruz sobre el escudo, en el detalle reproducido
-del petroglyfo, es el complemento simbólico de la escritura sagrada,
-expresando claramente un anhelo de lluvia.
-
-[Ilustración: Fig. 73. Escudo con Cruz en un petroglyfo de Andaguala.]
-
-[Ilustración: Fig. 74 1/5 Tamaño natural Cachi.—Colección Zavaleta.]
-
-Ahora reproduzcamos las figuras humanas gemelas con dobles signos
-cruciformes, que sobre la superficie de un gran disco de cobre de Cachi
-(Salta), aparecen sobresalir de relieve (Fig. 74). Este disco ha sido
-descrito por el americanista Ambrosetti, en un trabajo suyo de alguna
-importancia, titulado «Placas pectorales y Discos de Bronce»[281]. «De
-los discos de bronce, escribe, es el mejor que conozco: tiene unos
-26 centímetros de diámetro. Su interior está ocupado por dos figuras
-humanas con largos trages que presentan la forma de escudos (lo que
-luego sostiene), recortados á cada lado en su parte media, y con
-las aspas superiores muy largas ... Sobre estos escudos (como los de
-Carahuasi) vemos siempre dibujos que bien pudieron ó ser _totems_
-de tribus ó distintivos personales de cada jefe. En el disco que
-nos ocupa, las cruces parecidas á las maltesas son casi exclusivas
-en los escudos; en uno de ellos hay dos dispuestas en sentido
-vertical, y en el otro las mismas dos, diagonalmente, de izquierda
-á derecha, hallándose interceptadas por un doble zig-zag combinado,
-que baja en la diagonal contraria. De los personajes que llevan los
-escudos, no aparece más que parte de las piernas con indicación de
-los pies, marchando ambos hacia la derecha. Sus caras están trazadas
-sencillamente. La cabeza adornada con una diadema (como me parece
-haberlo demostrado en el cap. XIV, figuras 96 y 97) y debajo de estas,
-dos triangulillos indicarían grandes aros.»
-
-Ambrosetti no aserto á clasificar esta y demás imágenes humanas
-idolátricas labradas, sobre láminas, discos y planchas de cobre y
-bronce.
-
-Estos dioses-imagen se dominaban _Caylles_, y eran protectores de las
-sementeras, como las varitas emplumadas de que hemos tratado en otra
-ocasión.
-
-Lafone Quevedo, por su parte, insinuó esta clasificación[282].
-
-Fúndase ella en la siguiente, interesante noticia de Lozano[283]: «A
-otros ídolos que llamaban _Caylle_ (veneraban los Calchaquíes), _cuyas
-imágenes labradas en láminas de cobre_ traían consigo, y eran las
-joyas de su mayor aprecio; y así dichas láminas, _como las varitas
-emplumadas_, las ponían con grandes supersticiones en sus casas, en
-sus _sementeras_, y sus Pueblos, creyendo firmemente que con estos
-instrumentos vinculaban á aquellos sitios la felicidad, sobre que
-decían notables desvaríos, y que era imposible se acercase por allí la
-piedra, la langosta, la epidemia ni otra alguna cosa que les pudiese
-dañar.»
-
-Estos _Caylles_ vemos, por la cita de Lozano, que son protectores de
-las sementeras, pareciendo, en términos generales, poseer las misma
-virtudes que las Mamazaras y Huazas, de que antes nos ocupamos. Son,
-por tanto, las láminas, discos y planchas que los contienen labrados,
-amuletos propiciatorios de la _lluvia_; y de la oración del Padre
-Molina[284] resulta que _Caylle_, varón ó hembra, es un nombre ó
-atributo del Viracocha _acuático_, sinónimo de Imaymana, ese gran
-«hacedero de todas las cosas.» La oración de Molina, dice:
-
- Aticci Viracochan, CAYLLA _Viracochan_[285]
- tocapu acnupu Viracochan, camac
- Churac cari cachuy uarmicachun
- nispa llutac, etc.
-
-Este Caylla Viracochan aparece comprobado en el disco de Lafone Quevedo
-(Fig. 71 B), cuya figura central es un _Huiracocha_ y un _Caylla_,
-puesto que es una imagen labrada en una lámina de cobre.
-
-El _Caylle_ ó _Caylla_ es, pues, un dios de la lluvia, protector
-de las cosechas; y para que no abriguemos duda alguna al respecto,
-reproduzcamos la placa con Caille de la Figura 75.
-
-[Ilustración: Fig. 75. Cachi (Salta) 1/2 tam. nat.]
-
-En esta interesante lámina vemos al dios-imagen, cuya cabeza sobresale
-de la placa, con su cuello largo, luciendo un collar de tres vueltas;
-de sus hombros á la cintura, el cuerpo aparece cortado por dos líneas
-en forma de X, ó cruz decussata; en el vientre abultado, dos líneas
-transversales forman distintamente _una Cruz_, con ojos Imaymanas en
-triángulo entre sus brazos; en el espacio inferior, un arco de óvalo,
-dividido por una línea, indica el órgano genital femenino del ídolo. Lo
-más curioso son sus largos brazos doblados, en actitud de adoración,
-desprendidos de sus hombros, terminados aquellos en manos que portan,
-cada una, _gajos de árbol_ al parecer, cuyas ramas concluyen en
-circulillos, que deben ser _frutas_. Se trata quizá de plantas de maíz
-ó _Zara_, lo que es indiferente á nuestro propósito, pues lo único
-que nos interesa es dejar establecido que ha querido reproducirse un
-_vegetal_, para demostrar acabadamente que el dios-imagen es protector
-de la agricultura, al mismo que se invoca en el acto propiciatorio á la
-Madre Tierra para que llueva, para que lo sembrado fructifique, para
-que no caiga piedra, ni sobrevengan heladas; ó como dice el calchaquí:
-
- Amata inapa
- Suceda angacho:
- Adyita pococho,
- Amataj casacho:
- Kusiya ¡Kusiya!
-
-[Ilustración: Fig. 76. 1/5 tam. nat. Col. Zavaleta.]
-
-Nada más natural, entonces, que estos Caylles, ó dioses propiciatorios
-de las buenas cosechas, lleven labradas en sus cuerpos las insignias
-cruciformes atmosféricas, quedando así establecido una vez más que la
-_Cruz_ es símbolo de _lluvia_.
-
-Observemos, finalmente, que cuando los rostros ó representaciones de
-Caylles son sencillos y varios, aparecen distribuidos _en Cruz_ sobre
-el disco, como en el caso de la Fig. 76; lo mismo en el de la Fig. 77,
-en la que se ven las dos de las caras laterales sustituidas por dos
-serpientes-rayos. Esto demuestra nuevamente su equivalencia atmosférica;
-las caras superior é inferior van adornadas con esas espirales del
-trueno ó del ruido que produce, lo que también es revelador[286].
-
-[Ilustración: Fig. 77. 1/3 tamaño natural Col. Museo Nacional.]
-
-[Ilustración: Fig. 78. Amuleto de las Cruces (Col. Zavaleta).]
-
-Cerremos este capítulo manifestando que en nuestra colección poseemos
-dos pequeños y curiosos amuletos de piedra, muy semejantes el uno al
-otro, por lo que solo reproducimos el de la Fig. 78, ambos con la
-insignia cruciforme doble al centro del talismán.
-
-Estos amuletos, con sus agujerillos respectivos para ser colgados al
-cuello, tendrían, sin duda alguna, la virtud de hacer llover.
-
-
-NOTAS:
-
-[254] John Lubbock, _Orígenes de la Civilización_, pág. 178.
-
-[255] G. de Mortillet (_Le Signe de la Croix_, cap. III, pág. 96),
-tratando del cementerio de Villanova hacía notar que la Cruz, tan
-abundante en los cilindros de dos cabezas, parece disminuir con la
-aparición de representaciones de objetos orgánicos (Véanse sus Figs. 44
-á 47).
-
-[256] Adán Quiroga, _Cacllas_ y _Caylles_ (1899)—J. Toscano, _La Región
-Calchaquina_, pág. 74.
-
-[257] Toscano, cit., pág. 73.
-
-[258] Bernabé Cobo, _Historia del Nuevo Mundo_, tom. III, págs. 336 y
-339; _Relación_ del Yamqui Pachacuti, págs 155 y 156.
-
-[259] Cobo cit., págs. 334, 335 y 346, tom. III.
-
-[260] Adán Quiroga, _Canopas_ (1899)—Toscano cit., pág. 73.
-
-[261] En el Viejo Continente la Cruz es más frecuente en la época de
-bronce, disminuyendo en cuanto comienzan á aparecer las figuraciones
-orgánicas. Hablando Mortillet del cementerio de Villanova, escribe:
-«Hecho curioso á constatar: la Cruz parece disminuir con la aparición
-de representaciones de objetos orgánicos. En Villanova, donde se vé ya
-serpientes, gansos y pequeños _bonshommes_, ella parece menos frecuente
-que en la época de bronce, en la que no existe la menor representación
-orgánica, aún vegetal. En la necrópolis de Marzabotto los dibujos
-etruscos y los ídolos la han reemplazado casi completamente» (_Le Signe
-de la Croix_, cap. II, págs. 96 y 97).
-
-[262] Es curioso que los marineros ingleses acostumbran llamar el
-viento, silvando, cuando reina la calma en el mar.
-
-[263] _Hist. de la Provincia del Paraguay_, lib. III, cap. XXII, tom.
-II, pág. 398.
-
-[264] Entre los indios moki la Cruz maltesa ✚ es el emblema de una
-virgen, y significa la virginidad (_Annual Report_, etc., 1888-89,
-_Picture writing of the American Indian_, y Garrick Mallery, The Cross,
-cap. XX, pág. 729).
-
-[265] Véanse _El Símbolo de la Serpiente en la Alfarería funeraria_, de
-J. B. Ambrosetti, y _The Serpent Symbol in America_, de E. G. Squier,
-etc.
-
-[266] Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 702 y 703.
-
-[Ilustración: Dios-Sol de Wiener]
-
-En el Dios-Sol, llamado así por este autor, que reproducimos, vénse los
-monstruos dragones ó Huayrapucas del disco de Lafone Quevedo, rodeando
-la cara circular de Aticci. Estos monstruos son cuatro, y claro es que
-representan los cuatro vientos.
-
-[267] Fernández y Holguín, _Dicc._, verb. _hapiyñuños_—Véanse Adán
-Quiroga, _Supay, Mikilo y los Hapiyñuños_ (Revista de Der. Hist.
-y Letras), tom. I, págs. 122 y sigtes., Buenos Aires, 1898; _Tres
-Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág 232 y sigtes. (M. J. de la
-E., Madrid 1879).
-
-[268] Entre los Dakotas la Cruz griega representa los cuatro vientos
-que provienen de las cuatro cavernas, en las que el alma de los hombres
-existía antes de su encarnación en el cuerpo humano (_Annual Report_,
-Op. cit., _The Cross_, pág. 724).
-
-La Cruz _latina_, era y es usada por los mismos Dakotas en la pintura,
-y significa, tanto en pictografía como en la figuración de los signos
-del movimiento, el _mosquito-hawk_ (halcón de los mosquitos), llamado
-generalmente _dragon fly_ (alguacil)—Op. y lug. cit., pág. 725.
-
-Estos alguaciles vimos figurados en la Plancha XXXV del capítulo V,
-nota; y efectivamente que una Cruz latina figura su largo cuerpo,
-del cual salen para arriba y para abajo sus aletas. No olvidemos la
-relación entre los alguaciles y el agua.
-
-[269] _La Región Calchaquina_, cap. VII. pág. 73 (Buenos Aires, 1898).
-
-[270] _Chacatasca_, crucificado. Esta palabra encierra una raíz _chaca_.
-
-[271] Véase Adán Quiroga, _Mamazaras y Huazas_ (1900).
-
-[272] Montesinos, _Memorias Antiguas Historiales del Perú_, pág. 211
-(Publicadas por el Dr. V. F. López en la «Rev. de Buenos Aires», tom.
-XXII)—Véase nuestro artículo _El Tincunacu_ («La Provincia», Tucumán,
-Setiembre de 1898).
-
-[273] Op. y lug. cits.
-
-[274] El amuleto es el siguiente:
-
-[Ilustration: Andrógino de Tinogasta.]
-
-[275] Adán Quiroga, _El culto fetiquista de Mortero_ (1897)—Lafone
-Quevedo, _Culto de Tonapa_, pág. 15.
-
-[276] Montesinos cit., quien agrega: «Nombran á estos ídolos _Huacanqui
-ó Cayam Carumi_; véndence en mucho precio, y el uso de ellos dura hasta
-hoy entre las mujeres; intrúyenlas el enemigo común en que ayunen las
-lunas nuevas, que se abstengan de conversación con varón por tres días
-y así serán amadas. Ponen al ídolo en una canastilla adornada de plumas
-de varios colores, y algunas yerbas olorosas, échanle harina de maíz
-que renueva todos los meses, y con la que quitan supersticiosamente se
-limpian el rostro haciendo varias ceremonias.»
-
-Ambrosetti (_Notas de Arqueolog. Calchaquí_, IV, págs. 33 á 37), ha
-escrito párrafos interesantes sobre estos Huacanquis.
-
-[277] Véase Ambrosetti, _Las grutas Pintadas y los Petroglyfos de la
-Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Arg.—Buenos Aires).
-
-[278] Sobre clasificación de totemismo y fetichismo, véase el
-interesante capítulo de John Lubbock (_Orígenes de la Civilización_)
-pág. 178 (Madrid, 1888).
-
-[279] _Empadronamientos_, Legajo 14 (Archivo de Tucumán).
-
-[280] Schoolcraft, _Indian Tribes_, lib. II, cap. III, pág. 91.
-
-[281] _Notas de Arqueología Calchaquí_, § VII, págs. 136 á 138.
-
-[282] _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb. CAILLE (Buenos Aires, 1898),
-sobre el que escribe: «Ídolos de los indios Calchaquinos». Eran, según
-el Padre Lozano, «imágenes labradas en láminas de cobre», que traían
-consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, etc. De estas láminas,
-existen varias, y una de ellas de singular valor artístisco. Caille es
-voz del Cacan, porque la usaban los Calchaquinos. (págs. 61 y 62).
-
-[283] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc.
-
-[284] Markham, _Rites and Laws of the Incas_, pág. 33. Lafone Quevedo,
-_Los ojos de Imaymana_, etc., pág. 452, Bolet. del Inst. Geográf.
-Argent., tom. XX, Núms. 7 á 12.
-
-[285] Aquí _Caylla_ sustituye á Imaymana, pues como dice Lafone Quevedo
-en el lugar apuntado en la nota anterior, «por eliminación llegamos á
-saber que el Dios _Imaymana_ llamábase también _Cailla_».
-
-[286] La Cruz, como observa Mortillet, no solo aparece en el viejo
-mundo dibujada por líneas que se cortan, sino de diferentes maneras,
-como por cuatro ó cinco círculos convenientemente distribuidos, como en
-los ejemplares de los cilindros de Villanova, figuras 95 y 96,—lo cual
-no puede ser efecto de la casualidad, pues que se ha tenido intención
-formal de figurar la Cruz. Ciertas monedas de Raimundo de Turena nos
-muestran una Cruz compuesta de una O gótica al centro y cuatro anillos
-que forman los brazos. La numismática de Normandia ofrece también
-cruces formadas por anillos, distribuidos regularmente (Mortillet, _Le
-Signe de la Croix_, cap. V, págs. 167 y 168).
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII
-
-LA CRUZ EN LAS PETROGRAFÍAS
-
-Y PICTOGRAFÍAS
-
-
- _Escritura figurativa é ideográfica en las Petrografías
- y Pictografías de Calchaquí—Opiniones de Mallery,
- de Brinton y de Keane—El símbolo de la Cruz en los
- petroglyfos—Por qué las cruces no son profusas en
- ellos—La Cruz no es una combinación figurativa,
- sinó simbólica—Pictografías de la Gruta de
- Tinguiririca: interpretación de Barros Grez—Gruta
- de Carahuasi: monografía de Ambrosetti—Gran Gruta
- de Siquimi—Cruces en los petroglyfos de San
- Lucas, Quilmes, Andaguala, Encalilla, Ampajango,
- San Fernando y Cerro Negro—Rosetas y Cochas con
- Cruz—Patas de Suris: roca de Quilmes—El Ave-Suri
- de la Gruta de Cafayate—Estanques unidos en
- Cruz—Ejemplares de Loma Colorada, Quilmes y
- Ampajango—Andenes con cruces: ejemplares de
- Ampajango y Cerro Negro—Hombrecillos con los brazos
- en Cruz—Deducciones._
-
-Un estudio detenido y paciente de las petrografías y pictografías de
-Calchaquí, efectuado sobre nuestra colección de dibujos y fotografías
-tomados _in situ_[287], colección la más interesante por su número de
-cuantas conozcamos, nos ha hecho llegar á la conclusión de que los
-petroglyfos de esta sección andina constituyen un asunto arqueológico y
-etnográfico trascendental.
-
-Ese estudio comparativo de dos centenares de piedras grabadas y
-pintadas, ha dado por resultado que lleguemos á establecer que sobre
-ellas el indio ha expresado su pensamiento, escribiendo indeleblemente,
-de una manera figurativa é ideográfica, y excepcionalmente simbólica,
-una demanda, una súplica, un voto á las divinidades, con dos propósitos
-fundamentales: que fructifiquen las mieses, y que se reproduzcan los
-ganados; propósitos que pueden concretarse en uno solo: que llueva[288].
-
-La escritura petrográfica no es tal escritura, propiamente hablando.
-Se trata de simples dibujos convencionales, que responden á
-ritualidades ó á una forma figurativa de expresión ideográfica, por
-signos que representan objetos ó cosas sobre las que se implora la
-acción bienhechora de las divinidades. Las piedras grabadas deben
-considerarse, pues, como piedras votivas.
-
-Nuestra escritura petrográfica es, como la define Garrick Mallery[289],
-«un medio de expresar pensamientos ó hechos por medio de dibujos, que
-al principio se redujeron á la representación de objetos naturales
-ó artificiales». Esta cita encierra una verdad que hemos podido
-constatar en Calchaquí: que la escritura fué en un principio puramente
-representativa,—y tal es el carácter de la mayor parte de los
-petroglyfos,—hasta que concluyó por ser excepcionalmente simbólica.
-Ejemplos de lo uno y de lo otro son, para no citar más casos, los
-grandes cuadros reproducidos respectivamente en Carahuasi (Salta) y
-Siquimí (Catamarca); en el primero se figura una marcha militar de
-reales combatientes[290]; en el segundo, una escena indiscutiblemente
-cosmogónica ó mítica, en la que todos los elementos, al parecer, están
-simbólicamente representados[291].
-
-Es inexacta, entonces, la aseveración que en un trabajo póstumo[292]
-hace Brinton, criticando, cabalmente, los estudios comparativos de
-nuestros petroglyfos, efectuados por Moreno y von Ihering[293], al
-manifestar que «mucho se ha escrito de cotejo de petroglyfos, y que
-tanto Moreno como von Ihering se han lanzado sin ambages á interpretar
-é identificar estos signos sin arte; y que nada, empero, ha resultado
-de las semejanzas indicadas por ellos; porque son las que se hallan en
-todas partes entre dibujos tan sin motivo como lo son estos».
-
-Lo que decimos de Brinton observamos también á Mr. Keane, quien critica
-las interpretaciones de Latourneau[294].
-
-En el Perú las esculturas monolíticas son perfectamente intencionadas,
-habiendo este país llegado al pleno desarrollo de la escritura
-simbólica; y en los ejemplares cuya interpretación hemos podido
-penetrar, ni una representación, ni un signo, ni siquiera una línea
-aparecen superfluos. Aún en los grabados ó esculturas puramente
-figurativas, la naturaleza y el arte se combinan de tal modo, que
-nada está de más ni de menos. Tal sucede, por ejemplo, con el inmenso
-bloc esculpido de la fuente de Cuonchaca, en el que se ven figurados
-la montaña, el río, la casa, el canal, el tunel, el acueducto, la
-labranza, el trono del poder, por lo que ha dicho perfectamente Wiener
-que la escultura en cuestión «es una obra de filosofía, y que el
-pensador que la ha concebido había observado y comprendido la lucha del
-civilizador indígena contra la naturaleza rebelde».
-
-Puede que las afirmaciones de Brinton y de Keane sean exactas respecto
-de pueblos salvajes, ó cuya cultura es apenas rudimentaria[295]; pero
-son caprichosas, aplicadas á Calchaquí y sus petroglyfos; pues apenas
-nos iniciamos en el secreto de su escritura petrográfica, dámonos
-cuenta de la intención de todo cuanto se ha grabado, considerado el
-petroglyfo en conjunto; que en cuanto á los detalles, estos sí que
-no obedecen á regla artística alguna, en verdad,—pues que lo escrito
-no son letras, ni sílabas, ni caracteres fonéticos. Tal sucede, por
-ejemplo, con el petroglyfo de Condorhuasi, que reproducimos (Fig. 79).
-
-[Ilustración: Fig. 79 Gran roca grabada en Condorhuasi.]
-
-Se trata de una gran roca votiva. El artista ha figurado en ella
-canales con mucha profusión, que son esos grabados como ofidios,—y
-estanques, los circulillos que parecen hacer de cabeza de aquellos.
-Estos canales son profundos en otros casos, y los depósitos han sido
-calados de la misma manera que los morteros, para que ninguna duda se
-abrigue al respecto; á más de que el Yamqui Pachacuti en su Plancha
-simbólica representa á _Mama Cocha_ (el mar, lago ó laguna) por un
-grabado en forma de corazón, del cual sale una línea, cuya cabeza es un
-círculo, ó sean: el canal sacado de la _Cocha_, llevando el agua al
-depósito ó estanque. El indio en la roca echaría el líquido por los
-canales sinuosos y en los morterillos, para que el sol lo evaporase,
-llamando á la lluvia por simpatía, después de expresar de esta manera
-su anhelo de que los canales y depósitos del suelo, figurados en la
-piedra, estén provistos de agua. Ahora bien: en el detalle, sin duda,
-el indio podrá ser tan caprichoso como se quiera, pues lo mismo le daba
-grabar un canal y un depósito, que cinco, que diez, ó más, como en el
-caso presente, y á estos canales trazar más ó menos irregularmente, más
-cortos ó más largos,—que en los terrenos accidentados no hay un canal
-igual á otro; el indio conduce el agua por sus acequias, evitando las
-corrientes rápidas de los desniveles, por lo que forzosamente aquellas
-tienen que ser sinuosas, como una víbora que anda, y á ello responde lo
-caprichoso de su figuración sobre las rocas de Calchaquí[296].
-
-Esto sentado, cabe en seguida manifestar que la Cruz rara vez figura
-como signo ó emblema en las petrografías y pictografías.
-
-Este hecho, perfectamente comprobado, tiene una explicación muy
-sencilla.
-
-Desde que la expresión del pensamiento es tan primitiva en las rocas
-escritas, cuyos grabados y esculturas hay que hacer remontar á muchos
-siglos atrás; desde que son obra de esa era en que el indio reproduce
-y figura las cosas sin valerse de símbolos, como lo efectuó
-posteriormente en la alfarería funeraria, la que acusa un gran paso en
-la civilización nativa; desde que las rocas con escritura simbólica ó
-mixta constituyen la excepción y no la regla; y desde que la Cruz en
-su carácter de símbolo debe considerarse como una verdadera concepción
-emblemática de la raza, fruto de un arte y de un criterio superiores,
-y no una combinación representativa, es natural y lógico que no
-aparezca grabada entre las figuraciones y signos de un culto al cual
-la litolatría primitiva daría origen, ó que solo se vea reproducida
-por excepción, cuando ya las formas convencionales, particulares
-é individuales, fueron adoptadas por el pueblo ó por la tribu,
-convirtiéndose en emblemas ó insignias nacionales, hasta adquirir
-definitivamente su valor unitario y típico de símbolos.
-
-Comenzaremos por hacer notar la existencia de varios signos cruciformes
-en las paredes externas de la Gruta de Tinguiririca, en el Cajón
-del mismo nombre, y en las alturas de la Cordillera, por haber sido
-sus curiosas inscripciones motivo de un trabajo de interpretación,
-presentado al primer Congreso Latino Americano en Buenos Aires por un
-distinguido arqueólogo chileno, el señor Daniel Barros Grez[297].
-
-Muy ingeniosamente el señor Barros Grez traduce las inscripciones que
-nos ocupan, las que, según los recuerdos que conservamos de la sesión
-respectiva, se refieren á la marcha de la Luna, desde la conjunción al
-plenilunio, y la del Sol. A los signos cruciformes toma el autor por
-figuraciones de árboles del bosque y símbolos cardinales de la tierra.
-
-Tenemos á la vista la plancha que de estas pictografías nos ofrece el
-arqueólogo alemán Carlos Itolp[298], quien en 1885, viéndose obligado
-á buscar abrigo entre los peñascos de la cima, descubrió la Gruta,
-sobre cuyas paredes externas aparecen las pictografías, resultando del
-análisis químico de las pinturas que el rojo era arcilla colorada, el
-negro, también arcilla, y el blanco, caolín ó ceniza. Este autor, según
-el lugar y en las circunstancias bajo las cuales encontró los signos,
-es de parecer que estos son de origen indio, á pesar de que sus formas
-regulares hagan recordar más á los egipcios que á los araucanos. Los
-dibujos parecen trazados con el dedo. Cabado el suelo de la gruta, el
-señor Itolp dió con siete esqueletos de nativos[299].
-
-[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]
-
-La lámina que este arqueólogo presenta, consta de ocho renglones
-escritos con caracteres simbólicos regulares y varios, del estilo
-de algunos de nuestros petroglifos de Ampajango y Cafayate. En los
-renglones escritos, á excepción de los tercero y séptimo (en el 3^o
-aparece una T volcada), vénse los signos cruciformes repetidos,
-consistentes en dos líneas que se cortan, formando ángulos rectos,
-horizontal la una, y vertical la otra. Los símbolos restantes,
-consisten: en círculos con punto ó sin punto, ó sean ojos Imaymanas,
-gérmenes ó yemas de fecundación; en ventanas abiertas, como U[300], y
-en _tocos_ que recuerdan del emblema fálico del Tocapo Viracocha; en
-líneas quebradas, que bien pueden figurar cerros, como lo quiere el
-señor Barros Grez, y aparecen dentro de la Pacha Mama del Yamqui; en
-sinuosas, que para nosotros son canales (uno de ellos con su estanque)
-ó arroyos, y que en la precitada carta simbólica llevan la leyenda de
-río: ó _Pillcomayo_; en figuras onduladas, que quizá representan el
-movimiento del agua ó de las linfas; en espirales, que tenemos por
-símbolos del trueno que ruge; en puntos, ó gotas de lluvia; en líneas
-que al cortarse entre sí forman cuadrados, como un damero, exactamente
-iguales á la figuración de los _pata_ ó andenes de la plancha del
-Yamqui (Fig. 21); en dos grupos de seis cortas líneas verticales,
-indicaciones numerales, múltiplos del _tres_ sagrado (el dios acuático
-es trino y uno); en líneas que forman una cara humana, con ojos, cejas,
-nariz y boca, y debajo de ella (como si fuese su barba) un Imaymana con
-punto; en un círculo con _tres_ puntos distribuidos en triángulo,
-que dan al conjunto un aspecto de cara humana, correspondiendo los
-dos puntos superiores á los ojos y el inferior á la boca, como si se
-tratase de una figuración del _Inti_, etc.
-
-[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.]
-
-Ahora bien: ¿cómo podría clasificarse esta gruta en las eminencias
-de los cerros, con cadáveres en el suelo, y con tales inscripciones
-simbólicas en sus muros externos?
-
-Para nosotros es uno de esos templos, cuevas ó antros del _machi_,
-en los cuales este propiciaría con cruentos sacrificios á los dioses
-atmosféricos.
-
-Las inscripciones parecen destinadas á invocar á Imaymana, Tocapo y
-Aticci Viracocha, esa _trinidad_ mítica, que impera sobre las _cochas_;
-que derrama gérmenes vitales en la sierra y la llanura; que rige las
-nubes y la lluvia, alimentando arroyos y canales, y regando _patas_
-ó andenes sembrados. Las _cruces_, alternando entre tantas y tan
-expresivas figuraciones simbólicas acuáticas, son seguramente alusiones
-complementarias á la producción del fenómeno atmosférico de la
-_lluvia_, tan anhelado por los araucanos como por los calchaquíes[301].
-
-La famosa Gruta de Carahuasi, de este lado de los valles, en Salta,
-es de un estilo completamente distinto de la anterior: se trata de
-pictografías figurativas, y no simbólicas. El indio se ha mostrado en
-ella un artista, combinando colores y reproduciendo personajes, escudos
-y animales con una fidelidad llamativa. Los colores vivos contrastan
-los unos con los otros: el negro con el blanco, el plomo con el rojo,
-el amarillo con el cáscara. Los personajes reales, empuñando cetros en
-sus manos, portando arcos de flechas y cabezas humanas, se destacan
-en fila, con sus penachos adornando sus cabezas, de una, dos, tres,
-seis y siete plumas de colores. Las pequeñas llamas marchan en una
-misma dirección con sus cargas sobre el espinazo. Cinco escudos de
-colores distintos, de raras y artísticas formas, llevan figurados
-meandros, espirales, _tocos_ y animalillos. Encima, destácanse unos
-veinte guerreros: diez y nueve de color amarillo, y uno de plomo; casi
-todos lucen plumas en sus cabezas, y varios portan hachas, _thoquis_
-ó insignias de mando. Detrás de tres escudos, aparecen grupos de
-guerreros, pintados de plomo, apuntando á una misma dirección. Y en
-el centro del cuadro, en medio de los escudos, vése una gran _Cruz_
-latina, de color amarillo, de anchos brazos, símbolo que también,
-en forma de una decussata lleva pintada sobre su pecho el penúltimo
-personaje real de la sección inferior: este personage gasta larga
-túnica, luce medias de color, un penacho de tres plumas rojas, y es
-portador de un _thoqui_ sobre sus hombros.
-
-Tales son, á grandes rasgos, las pinturas de la Gruta de Pampa
-Grande, de forma abovedada, abierta en la roca viva, en cuyas paredes
-estas pinturas ocupan un area de 2.15m por 1.30, las que Ambrosetti
-reprodujo el año 1895[302], y cuya monografía de interpretación creemos
-que no debe aún tomarse como trabajo definitivo, por más que sea digna
-de considerarse.
-
-El más interesante de todos los monumentos megalíticos y petrográficos
-de Calchaquí y sus fonteras, es la gran Gruta de Siquimí (hoy
-Chiquimí), en las eminencias de la sierra de Muñoz, casi frente á
-San José (Catamarca, valle de Santa María), que nos cupo en suerte
-descubrir en nuestra expedición de 1898, y cuyos interesantísimos
-grabados sobre la arenisca de sus paredes fueron tomados por Holmberg
-en cinco láminas distintas, que tal es la profusión de los grabados,
-algunos de ellos borrados por el tiempo y la intemperie.
-
-La Gruta debe haber sido la obra de las aguas torrentosas, que han
-cavado la arenisca; es abovedada; sus dimensiones son notables, pues
-mide veintidós metros de largo, por cinco de ancho y otro tanto de
-alto, pudiendo, por tanto, penetrarse á ella á caballo.
-
-El trabajo artístico de esta Gruta puede que sea contemporáneo de la
-de Carahuasi, por las numerosas figuraciones de escudos semejantes
-á los de esta. Los escudos llevan grabados totémicos. Abundan en la
-petrografía toda clase de símbolos artísticos y profusamente grabados.
-Varias figuras humanas, al parecer representaciones míticas, completan
-y caracterizan el gran cuadro étnico-arqueológico. Desde el primer
-golpe de vista, cualquiera se dá cuenta que se ha querido reproducir
-una intrincada escena cósmica y atmosférica, alguna de esas grandiosas
-leyendas míticas, como la de Huayrapuca ó _La_ Viento[303], ó de las
-formidables batallas del _Nublado_, _Intillapa_ y _Huayra-Muyuh_ (el
-Remolino).
-
-Pues bien: en medio del cuadro atmosférico, y entre los símbolos
-meteorológicos, destácase una grande y artística _Cruz_ doble, alusión
-indiscutible á la _lluvia fecundadora_, como que en seguida una figura
-humana, de vientre abultado y salientes mamas, ostenta, en el lugar del
-cuerpo correspondiente á su natura, un mortero circular, calado con
-alguna profundidad, como si la figura con este interesante detalle,
-dijéranos:—«habrá moliendas, porque cae lluvia».
-
-Entre los numerosos petroglyfos que hemos coleccionado en los valles,
-desde San Lucas á Ampajango,—este último lugar al sud del valle de
-Santa María,—varios ejemplares ofrecen en sus grabados la insignia de
-la Cruz, cuya colocación figurativa debe estudiarse.
-
-Los tres siguientes (Figs. 80, 81 y 82) son de San Lucas.
-
-[Ilustración: Fig. 80. Petroglyfo de San Lucas.]
-
-Estos tres petroglyfos, con grabados figurativos, son piedras votivas
-acuáticas. Sobre la superficie de los dos primeros, como salta á
-primera vista, se han trazado canales, con esas líneas sinuosas, que
-parecen representar serpientes,—canales que rematan en circulillos ó
-figuras curvas ó circulares, especialmente en el petroglyfo 81. Estas
-figuras circulares son _cochas_, lagunas ó estanques, que proveen de
-agua á los canales que de ellos salen, ó que son provistas por tales
-canales. En el petroglyfo 80, algunos trazados convencionales parecen
-representar batracios y otros animales acuáticos, sin duda para que sea
-más llamativa la alusión á agua; tres huanacos ó llamas, caminando en
-direcciones distintas, están figurados por dibujos simples y sencillos:
-estos animales buscan agua para aplacar su sed, como que toman hacia
-los estanques ó canales. En la Fig. 82 vénse grabados depósitos de agua
-circulares, y una manada de huanacos, que sin duda va en busca del
-líquido.
-
-[Ilustración: Fig. 81. Petroglyfo de San Lucas.]
-
-[Ilustración: Fig. 82. Petroglyfo de San Lucas.]
-
-Sobre estas tres piedras acuáticas aparecen reproducidas cruces, en el
-interior de tres figuras formadas por líneas curvas: esas figuras son
-_cochas_, ó depósitos de agua llovida, de los cuales salen canales,
-como se vé perfectamente bien en la Fig. 80, y muy especialmente en la
-81. Las cruces en estos tres casos, que recuerdan las cuerdas en Cruz
-en el lago de Batchué, expresan, de una manera que no deja lugar á
-dudas, que las cochas ó los estanques están llenos de _agua de lluvia_,
-y que los animales figurados tienen qué beber.
-
-Es de advertir que las cochas (generalmente circulares) en las Figs.
-81 y 82 han tomado formas de rosetas: así lo exijía al artista la
-figuración cruciforme, pues que las rosetas mismas tienen forma de
-cruces; además, como se verá en la plancha del Pachacuti, rosetas son
-los símbolos de las «nubes, niebla ó _pocoy_».
-
-Una cuarta roseta con Cruz aparece como detalle en el penúltimo de
-los petroglyfos, más adelante reproducido (Fig. 89), de Cerro Negro
-(Tinogasta), para dejar sentado que estas figuraciones no son casuales.
-
-[Ilustración: Fig. 79. Gran roca grabada en Condorhuasi.]
-
-En el petroglyfo de la Fig. 79, y contigua á un grupo de canales y
-á otro de cochas, aparece una figura como escudo, con una Cruz al
-interior del óvalo del mismo: esa figura, sin duda, no es tal escudo,
-sinó una cocha regular, unida á otra como corazón, á la parte superior.
-
-Para que no se crea que nuestras afirmaciones carecen de sólido
-fundamento, aparte de lo que los petroglyfos mismos nos indican, véase
-en la plancha del Pachacuti (Fig. 21), á la derecha de la pareja
-humana, de qué manera éste, como lo dijimos, representa á _mama-cocha_,
-valiéndose de una figura «corazonada», formada por líneas curbas, de la
-cual sale una recta, que termina en un círculo (canal y estanque, estos
-últimos).
-
-El gran petroglyfo de Quilmes, de la Fig. 83, es muy interesante. Las
-figuras circulares, que aparecen de blanco sobre fondo negro, son
-morterillos calados en la roca, de dos y más centímetros de diámetro,
-por alguna profundidad. Tales morterillos demuestran de una manera
-concluyente que los círculos grabados de otras petrografías son
-equivalentes á los mismos, ó sean depósitos de agua. Los morterillos
-de la piedra votiva serían llenados de líquido, á fin de que éste se
-evaporase con el sol, llamándose así por simpatía á las nubes y á la
-lluvia. Varios de esos morterillos están unidos por grabados como
-canaletas,—las acequias de que dimos cuenta.
-
-[Ilustración: Fig. 83. Petroglyfo de Quilmes.]
-
-En el petroglyfo que nos ocupa notaremos varios grabados como flechas:
-son figuraciones de esas patas de suri, de tres dedos, tan comunes en
-las petrografías. Los rastros del ave de las nubes sobre las piedras
-votivas acuáticas, indican el culto rendido á las nubes para que hagan
-llover. Algunas de las figurillas, en el punto en que los tres dedos se
-juntan formando dos ángulos agudos, tienen calados morterillos, alusión
-á la necesidad de que sean llenados de agua llovida.
-
-Una gran ave-suri, con su cuerpo ovalado, largas piernas y patas con
-tres dedos, está pintada de blanco en una de las paredes laterales de
-una roca de San Isidro (Cafayate), que forma una obscura y estensa
-gruta, de varios metros de largo (Fig. 84), en la que dimos con
-restos humanos,—antro sagrado de sacrificios, sin duda, en el cual
-los sacerdotes, los _humaníyoc, turpentáes y alcahuizas_ ofrecerían
-víctimas humanas para propiciar á las nubes del cielo. Es este el más
-curioso ejemplar de suri reproducido en los momentos megalíticos de
-Calchaquí.
-
-[Ilustración: Fig. 84. Pictografía de Cafayate (Salta).]
-
-[Ilustración: Fig. 85. Petroglyfo de Loma Colorada.]
-
-Es muy digno de notarse en el petroglyfo de Quilmes (Fig. 83), el
-grabado cruciforme inferior de la derecha, consistente en cuatro
-estanques distribuidos en Cruz, y unidos por caladuras que forman el
-símbolo,—nueva y gráfica prueba del valor acuático del mismo.
-
-En el petroglyfo de Loma Colorada, en Encalilla (Fig. 85), vemos
-también á la parte inferior de la lámina, una curiosa Cruz, terminada
-á la parte superior en pata de suri (ave-nube) y á la inferior en un
-estanque ó depósito de agua, datos estos muy reveladores.
-
-El petroglyfo del distrito de Ampajango (Fig. 86), lugar en donde
-coleccionamos sesenta y tantas petrografías, una Cruz aparece encima de
-un canal y entre dos depósitos de agua.
-
-[Ilustración: Fig. 86. Petroglyfo de Ampajango (0.80).]
-
-[Ilustración: Fig. 87. Detalles de un petroglyfo en la puerta de
-Ampajango (1.27 × 0.80).]
-
-En la lámina de detalles de un petroglyfo de la Puerta del mismo
-Ampajango (Fig. 87), se vé una Cruz latina, cuyo palo superior y brazos
-laterales terminan también en depósitos de agua. Esta Cruz aparece
-grabada en parte sobre el cuerpo de una figura zoomorfa, al parecer
-atmosférica, si se tiene en cuenta que ofrece el mismo aspecto de
-las Huayrapucas de la Fig. 27 (Cap. IV), y entre grupos de andenes.
-Un detalle muy interesante en el petroglyfo, es el de la figura
-cuadrangular de la izquierda, ó andén regular, de cada uno de cuyos
-ángulos sale grabada una Cruz (el andén lleva tres puntos internos).
-Las cruces, en este caso, aparecen sustituidas á los círculos de la
-figura cuadrangular de encima.
-
-El último de los detalles de dos petroglyfos de Cerro Negro, más
-adelante reproducidos en la Figura 89, es un cuadrado (seguramente
-andén), cuyas diagonales grabadas se cortan en Cruz. Encima del
-cuadrado vése también un pequeño símbolo, con brazos y palo superior
-arbolados. No lejos de este cuadrado están figurados un árbol[304] y dos
-canales, con sus estanques respectivos, lo que dá una idea cabal de
-andén cultivado.
-
-[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo Colección
-Quiroga.]
-
-En el capítulo anterior (Fig. 73), reprodujimos un curioso escudo,
-con el signo cruciforme en medio. Es un detalle de una interesante
-piedra grabada, que lleva el n^{o}. 112 de nuestra colección.
-Encuéntrase parada, mirando al naciente, en las cercanías de Andaguala,
-y es conocida en los valles con el nombre de «Piedra Pintada del
-Portezuelo»[305].
-
-En el petroglyfo de la Fig. 88, de Ampajango, vemos reproducidas
-varias figurillas humanas, grabadas de una manera convencionalmente
-primitiva, con el trazado de líneas rectas y curbas que se cortan entre
-sí, figurando el cuerpo, los brazos, con sus manos y el cuello, y las
-piernas á la parte inferior. Esas figurillas aparecen con los brazos
-abiertos, perpendiculares á la línea del cuerpo, de suerte que toman
-proporciones cruciformes, especialmente las dos primeras de la
-izquierda, que no parecen otra cosa sino cruces[306]. En el petroglyfo
-85, dos ejemplares se repiten, como en numerosos casos, pues tal suele
-ser la manera cómo suelen reproducirse las figurillas humanas.
-
-[Ilustración: Fig. 88. Petroglyfo de Ampajango.]
-
-El hecho que acabamos de apuntar nos llamó siempre la atención, pues
-solo en las piedras votivas acuáticas aparecen las figurillas humanas
-en Cruz; no así en la alfarería funeraria, en la que vemos que es otra
-la posición de los brazos, sueltos para abajo, como en los hombrecillos
-de las Figs. 53 y otras del capítulo VI. Tal hecho daría lugar á una
-sencilla explicación: si la Cruz es el símbolo de la lluvia, muy
-natural sería que en el acto propiciatorio demandándola, el indio mismo
-formase una Cruz, abriendo horizontalmente sus brazos, de modo que
-estos fuesen perpendiculares á la línea vertical del cuerpo.
-
-[Ilustración: Fig. 53.]
-
-Es muy oportuno en esta ocasión reproducir interesantes detalles de
-petroglyfos de Cerro Negro, Tinogasta (Prov. de Catamarca), á los que
-anteriormente hemos hecho referencias (Fig. 89 A).
-
-[Ilustración: Fig. 89 A.—Detalles de petroglyfos de Cerro Negro.]
-
-Estos detalles comienzan con una _cocha_, laguna ó depósito artificial
-de agua, y terminan con un andén, ambos con el signo cruciforme, por
-los motivos dados. Después de la cocha, vénse dos largas rosetas,
-unidas entre sí, también con grabados cruciformes, pudiendo ser
-aquellas una manera convencional, exijida por motivos artísticos, de
-reproducir la primera de las figuras. El detalle cuarto, es una Cruz
-grabada sobre una [symbol] (ese volcada), curioso símbolo que aparece
-con profusión en una gran roca escrita del Divisadero de Quilmes.
-
-Finalmente, en el departamento vecino de Belén, lugar de San Fernando,
-dimos entre un grupo de ocho petroglyfos sobre piedra revestida de
-negro betún, con el que reproducimos en la Fig. 89 B, muy digno de
-llamar la atención por la repetición de sus artísticos símbolos de
-la citada S volcada y de los dobles meandros, cuya disposición llamó
-nuestra curiosidad arqueológica.
-
-[Ilustración: Fig. 89 B.—Petroglyfo de San Fernando (Belén).]
-
-La piedra grabada mide 0.75 m. de largo, por otro tanto de ancho.
-
-Al pie del petroglyfo vése una artística y bien esculpida Cruz griega,
-como complemento de los símbolos en él reproducidos.
-
-Los palos de esta Cruz, que salta á la vista desde el primer momento,
-son del ancho del pulgar, calados en la piedra con alguna profundidad,
-y de algunos centímetros de largo.
-
-Dificilmente podrá ofrecerse otro caso en que la Cruz aparezca más
-distintivamente figurada, y al lado de un toco con línea al centro.
-
-
-NOTAS:
-
-[287] La mayor parte de los dibujos son obra de nuestro distinguido
-compañero de expedición. Eduardo A. Holmberg, cuya colaboración ha sido
-siempre de mucho mérito y eficacia para los que en el país dedicámonos
-á esta clase de estudios.
-
-[288] Nuestra obra sobre _Petrografías y Pictografías de la Región
-Cacano-Calchaquí_ está terminada (1899-1900).
-
-[289] _Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W. Powell
-(1888-89), _Picture-Writing_, pág. 25.—Véase también á Mallery, op.
-cit., y su interesante trabajo _Pictographs of the North American
-Indian_ (tom. IV. Con 83 planchas).—Sobre grabados de la roca Tinéri,
-J. Crevaux, _Voyages dans l’Amérique du Sud_, X, págs. 210 y 211
-(París, 1883).
-
-[290] J. B. Ambrosetti, _Las grutas pintadas y los Petroglyfos de la
-Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., tom. XVI, págs.
-312 á 334).
-
-[291] A. Quiroga, op. cit., cap. V, _Gran gruta de Siquimí_
-(petrografías).
-
-[292] _El Calchaquí, Problema Arqueológico_ (_The American
-Antropologist_), vol. I, January 1899, en cuyo artículo ocúpase de
-nuestra obra _Calchaquí_ (Tucumán. 1897).
-
-[293] F. P. Moreno (Revista del Museo de la Plata, 1890) sobre la roca
-traquítica del bajo de Canota, etc.—_Die Calchaquís_, Von Dr. A. von
-Ihering, Das Ausland—Janr. LXIV, Nos. 48 y 49.
-
-[294] Keane (_Man Past and Present_ 1899). pág. 30, escribe: «El hombre
-primitivo balbucea y garabatéa (_bawl_ y _scrawl_) siempre por un mismo
-estilo,»—y por eso critica que M. Latourneau se tome el trabajo de
-comparar cinco garabatos Libios de estos, que se hallan en el Museo
-Bardo, en Tunes, con otros de igual especie encontrados en la Bretaña y
-en dólmenes Islandeses, á saber:—«el círculo pelado y con punto en el
-centro O ⊙, la cruz en su forma más simple ✚, el gancho y segmento del
-cuadrado; todos los cuales se ven en los sistemas Feniceos, Keltiveros,
-Etruscos, Libios ó Tauregos».
-
-[295] Nuestro naturalista Eduardo L. Holmberg, por ejemplo, refiérenos
-cuán caprichosas son las pinturas de los salvages Pampas, las que
-carecen de intención artística. (_La Sierra de Curá-Malal_, Buenos
-Aires, 1884). Tratando este autor del arte Pampa, y con motivo de
-las figuras humanas de ocre rojo de la «Gruta de los Espíritus»,
-interrogaba en esta forma sobre los motivos de las pinturas á un
-cautivo de Namuncurá:
-
-—«¿Y no serán hechas (las figuras) para ahuyentar al Hualichu, para
-propiciarse á la Luna, al Sol.....?»
-
-—«No, señor (contestó el cautivo) estas figuras las hacen los indios
-_para entretenerse_, cuando no tienen otra cosa qué hacer» (pág. 50).
-
-«Los comentarios huelgan en casos como éste.»
-
-[296] Muy atinadas observaciones sobre estos temas hacen A. D’Orbigny,
-_L’Homme Américain_, tom. I, págs. 126 á 140: Angrand, _Lettres sur
-Tiahuanaco_ á M. Daly, y Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 567, 703,
-etc.
-
-Es de advertir que la lámina 79 fué tomada por nuestro auxiliar
-dibujante, señor Wenceslao Gomez.
-
-[297] El señor Presidente del Congreso Latino-Americano, Dr. Paulino
-Alfonso, hizo la exposición del trabajo de Grez, que lleva por título:
-_Interpretación de la Inscripción Prehistórica de la Casa Pintada del
-Cajón de Tinguiririca_ (tom. V de la publicación del primer Congreso
-Científico Latino Americano, Buenos Aires, 1900).
-
-[298] _Indianicche Zeichnungen in der Casa Pintada, Tinguiririca_, Fig.
-1 (Santiago de Chile, 1888).
-
-[299] Carlos Itolp, _Conferencia en la Sociedad Científica Alemana de
-Santiago_ (22 de Agosto de 1888).
-
-[300] Posiblemente cántaras con boca, ó vasos del Trueno, divinidad de
-Arauco.
-
-[301] Lo más seguro de todo es que las pictografías de Tinguiririca
-sean, como la Plancha del Pachacuti, una tabla ó clave de los símbolos,
-generalmente acuáticos, empleados por los naturales de allende la
-Cordillera, entre los que se ven muchos de ellos comunes á los
-peruanos, si no la mayor parte.
-
-[302] _Las Grutas Pintadas_, etc., cit. (Bolet. del Inst. Geográf.
-Argent. tom. XVI, cuads. 5 á 8, págs. 312 á 334).—La reproducción de la
-Gruta en colores, fué hecha por Eduardo A. Holmberg, y publicada con el
-trabajo citado.
-
-[303] En los valles, á la «Madre del Viento» llaman simplemente _La
-Viento_, con el artículo en femenino, para distinguir su sexo.
-
-[304] En la plancha del Yamqui (Fig. 21) un árbol de ramas espirales
-dirigidas hacia el tallo, lleva la leyenda de «árbol _maliqui_.»
-
-[305] Es de advertir que los indios llaman «piedra pintada» á toda
-piedra escrita, aunque ninguno de sus dibujos sea pintado.
-
-[306] Muy semejantes á estos hombrecillos son los que reproducen los
-Kiatéxamut, una tribu Sunuit, en E. Unidos. Estas figurillas, con
-cruces, aparecen del modo siguiente:
-
-[Illustration]
-
-Las figurillas humanas con Cruz en la cabeza, son tenidas por un
-espíritu maligno, ó demonio de los Shamanes (Annual Report of the
-Bureau of Ethnology (1888-89), _Picture Writing of the American
-Indian_, y Garrick Mallery, cap. XX, pág. 729).
-
-
-
-
-CAPÍTULO IX
-
-LOS SÍMBOLOS COMBINADOS DE LA CRUZ Y DEL SAPO
-
-
- _El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El Sapo
- y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano, entreriano
- y pampa—Ceremonia con la Cruz de ceniza—Batracios
- simbólicos en la alfarería ceremonial y
- funeraria—Urnas de Santa María y San José—El
- Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos del Instituto
- Geográfico Argentino—Los símbolos combinados del
- Sapo y de la Cruz—El Urubú y el Sapo: Folk-lore
- brasileño—El «Señor del Agua»—Conclusiones._
-
-Poseemos en nuestra colección dos pequeños amuletos de piedra verdosa
-que representan Sapos, así como algunos otros curiosos objetos sobre
-los que aparecen estos batracios. En un trabajo inédito estudiando los
-«Fetiches», reproducimos dos objetos zoomorfos de piedra que igualmente
-los representan, sentados sobre sus patas traseras, uno de los cuales
-ofrece una caladura ventral, sin duda para ofrendarlo ó propiciarlo,
-si, como no lo dudamos, este animal fué también venerado en la religión
-fetiquista de Calchaquí.
-
-En las vasijas para depositar agua, el Sapo suele figurar de relieve
-á sus bordes, en actitud de saltar ó de penetrar á la vasija, lo que
-demuestra, á la vez que la predilección del Sapo por el agua y la
-humedad,—que no han de faltar en su vivienda,—la intención manifiesta
-del indio de expresar un deseo ó un anhelo.
-
-En el folk-lore calchaquí el Sapo aparece intimamente vinculado al
-fenómeno de la lluvia; y la creencia fetiquista del pueblo bajo,
-heredada de la antigüedad, atribuye á este animal y á la rana la
-virtud de hacer llover por acción propia, atrayendo, bajo ciertas
-circunstancias y condiciones, á las nubes; siendo el trueno lejano
-el anuncio de que su voluntad se cumple y de que su acción se hace
-sentir en la atmósfera, no obstante no poder ascender á ella como los
-volátiles.
-
-Cuando en Calchaquí la seca se prolonga y la naturaleza comienza á
-languidecer bajo la acción enervante del calor, remuévense las piedras
-contiguas á las vertientes y manantiales, y no bien se dá con un
-sapo debajo de ellas, tómase al animal, y atándosele con una cuerda
-de la pata, se le cuelga de la rama de un árbol, para que perezca en
-tan tristes condiciones si no quiso ó no supo llamar á las nubes.
-Otras veces se le estaquea en el suelo, con el vientre abultado para
-arriba, á fin de que le abrase el sol canicular, castigándosele con
-un gajo de ortiga ó _rupachico_[307], á fin de que precipite el
-cambio meteorológico[308]. Entonces es cuando se dice que el fetiche
-crucificado y castigado implora el auxilio de las nubes, produciéndose
-la lluvia, con lo que ya obtiene su liberación. Este mismo sacrificio
-del pobre sapo tiene lugar cuando se oye el ruido lejano de la piedra,
-en el propósito de que deje inmediatamente de caer, librándose las
-mieses de tan terrible azote.
-
-El valle de Catamarca está formado por dos sierras: la del oeste, lleva
-la denominación de _Ambato_ ó Ampato (Sapo), nombre que sin duda es una
-reminiscencia del gran fetiche de la montaña, que guarda en su seno
-centenares de corrientes de agua, y que alimenta numerosos rebaños de
-ganados de la tierra[309].
-
-Es de advertir que el sapo es tenido por un gran mago, y que á él se
-acude en los asuntos de los conjuros y de la hechicería, siendo muy
-curioso, como lo comprobamos en Tolombón, la manera de demandársele
-que haga _daño_ á determinada persona. Semejante intervención del sapo
-en auxilio de magos, de hechiceros y de brujos, parece que es casi
-universal.
-
-Si saliendo de Calchaquí recogemos los datos del folk-lore de otras
-regiones del país, tendremos que el sapo en casi todas partes es
-también un fetiche animado que hace llover. En San Luis cuelgan, como
-entre nosotros, al exterior, y de una pata, á un sapo vivo de la rama
-de un árbol. En Entre Ríos, estaquéanle con espinas de naranjo, pero
-sobre una _Cruz de ceniza_. En la Pampa Central echan sapos vivos á
-los jagüeles, para que estos siempre conserven agua, pues dicen que
-aquellos animales son los que se encargan de abrir las vertientes[310].
-
-El uso de la _Cruz de ceniza_ en Entre Ríos, como en Calchaquí, para
-hacer llover y _conjurar el granizo_, es un dato revelador, á la vez
-que la aplicación gráfica de la Cruz que los sapos calchaquíes llevan
-pintada sobre el dorso de su cuerpo en la alfarería funeraria. El sapo
-colocado sobre la Cruz, equivale á una doble invocación acuática. La
-Cruz de ceniza, debe ser una reminiscencia del fuego sagrado, pues que
-á ceniza reduce lo que quema[311].
-
-Es sobre todo en la cerámica calchaquí en la cual el sapo aparece con
-marcada repetición, casi siempre pintado, las más de las veces de una
-manera convencional, hasta llegar á ser simbólicamente representado,
-como sucede con los demás seres animados ó inanimados figurados en las
-urnas, para que se aumenten los misterios del lenguaje sagrado escrito
-de las mismas, que por suerte vamos descifrando, como lo prueba este
-libro.
-
-En la alfarería funeraria,—urnas, ó _pucos_ que les sirven de tapa y
-de objetos complementarios de culto,—sabemos que, dado el carácter
-determinado de tal alfarería, sólo figuran en ella animales ó seres que
-producen la lluvia ó que tienen acción directa ó indirecta sobre
-el fenómeno meteorológico,—razón por la cual son tan profusas las
-representaciones de serpientes y de suris. Pues bien: el sapo aparece,
-así mismo, y debió forzosamente aparecer, entre las complicadas
-figuraciones simbólicas de las urnas y los pucos, y á veces en los
-campos preferidos para pintar serpientes y suris, detalle interesante
-y concluyente, que nos revela que el minucioso cuanto intencionado
-artista indio sustituía, por algún motivo especial fundado en la
-creencia popular, el sapo al reptil y al ave sagrados.
-
-[Ilustración: Fig. 90. Urna de Sta. María Col. Max. Schmidt.]
-
-[Ilustración: Fig. 91. Urna de San José Esp. Ambrosetti.]
-
-Dos curiosas urnas funerarias de Santa María y de San José (Figs. 90 y
-91), demuestran el aserto que dejamos apuntado. En la urna de la Fig.
-90, á la parte ventral de la misma, y en los campos que dejan los arcos
-de los brazos de la representación general antropo-zoomorfa, vénse
-simbólicamente reproducidos dos sapos ó ranas, con sus cuerpos formados
-por losanges reticulados, provistos en los ángulos superiores de dobles
-cabezas triangulares con los puntos de los ojos, y saliendo de los
-ángulos laterales, para arriba y para abajo, las manos y las patas, con
-cuatro dedos cada miembro. Es exactamente en estos mismos campos en los
-que se reproducen los emplumados suris, con sus cuerpos ajedrezados,
-lo que también se repite en los de los batracios; aquellos campos, son
-los campos atmosféricos, contiguos al vaso del Trueno. Como se vé, al
-artista ó sacerdote indio ha sido indiferente pintar sapos ó suris en
-tales lugares, lo que quiere decir que tanto los unos como los otros
-llaman á la lluvia, y representan á la nube ó tienen acción directa
-sobre ella[312]. En la urna de la Fig. 91, en el cuello de la misma, y
-bajo el arco de las cejas funerarias del figurón biforme, aparece un
-sapo ó rana, esta vez de cuerpo oval, con los puntos del agua y las
-guardas espirales en su interior, enseñando su cabeza de triángulos
-dobles con los puntos de los ojos, y sus manos y patas (de sólo tres
-dedos) indicados por líneas quebradas. Es este campo del cuello,
-igualmente, el lugar en que siempre figura la serpiente, símbolo del
-rayo, y por ende de la lluvia; y para que el hecho de la sustitución
-sea doblemente llamativo, tenemos que en el campo opuesto de la derecha
-está figurada una gran serpiente, en forma de S, cuyas estremidades
-terminan en dobles cabezas flamígeras triangulares. Debajo del sapo,
-y en el campo contiguo á la boca, repítense de nuevo las figuraciones
-ofídicas.
-
-[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí Museo Nacional.]
-
-[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado Colec. Quiroga.]
-
-[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta.
-María—Mus. Nacional.]
-
-Un hecho que debemos apresurarnos á apuntar, para que no pase
-inadvertido, es el de que las cabezas de los batracios en cuestión, así
-como las de otros que á continuación se reproducirán, son exactamente
-iguales á las cabezas simbólicas de las serpientes, figuradas en el
-primer caso hasta con los ganchos espirales que suelen llevar como
-apéndice las segundas (Véanse los sapos de las Figs. 91 y 92 y las
-cabezas de serpiente de esta última y de las Figs. 37, 38 y 50. Cap.
-VI). Esta particularidad parece demostrar que el sapo simbólico tiene
-atributos de la serpiente-rayo, ó, lo que es lo mismo, que el sapo es
-seguramente uno de los símbolos con que se representa uno de tantos
-fenómenos de la tormenta: la lluvia misma, posiblemente, ó la piedra ó
-granizo, por ser sólidos[313].
-
-[Ilustración: Fig. 92. Mitad de un puco visto de ambos lados. La parte
-superior es la interna. Pucarilla (Salta).]
-
-En el fondo del muy curioso puco del Instituto Geográfico (Fig. 92),
-que se reproduce en seguida, aparece en el campo semi-circular superior
-una gran serpiente en forma de [symbol] (ese volcada), con sus dobles
-cabezas triangulares, provistas de los ganchos espirales. En el campo
-inferior, debajo de los suris con cruces (uno de los que lanza por su
-pico la serpiente), á la vuelta del arco doble del círculo central del
-puco y en lugar de tales serpientes, vénse las figuras simbólicas de
-una trinidad curiosa de sapos, para el primero de los cuales la cabeza
-del segundo es común. Las dobles cabezas de los dos sapos restantes son
-exactamente iguales á las cabezas ofídicas del campo superior, lo
-que se repite en el puco de la Fig. 93, de la misma colección del
-Instituto Geográfico, viéndose en este dos sapos con cabezas de dobles
-triángulos (sin ganchos), esta vez con esos ojos Imaymanas que tanto
-caracterizaron á los figurones ofiolátricos de la preciosa urna de San
-José, en la urna Fig. 52 (Cap. VI). En el campo superior del puco 93,
-que nos ocupa, aparecen cuatro suris, con cruces griegas al centro
-del cuerpo, sobre artísticos fondos, y debajo de ellos una pintura
-simbólica de cuatro cabezas y cuellos de suris, que toman de una manera
-completamente figurativa las formas caprichosamente onduladas de nubes.
-En este puco faltan las serpientes, que aparecieron en el anterior.
-
-[Ilustración: Fig. 93. Exterior de un puco San Carlos (Salta).]
-
-[Ilustración: Fig. 94. Parte inferior de una urna. Cafayate. Col.
-Inst. Geog.]
-
-[Ilustración: Fig. 95. Urna de San José (Catamarca) Col. Max. Schmidt.]
-
-Ahora, fijemos la atención sobre ese revelador detalle, que sin duda no
-ha escapado al lector observador: nos referimos á las cruces que los
-tres sapos del puco de la Fig. 92 llevan reproducidas sobre el dorso
-de sus respectivos cuerpos, lo mismo que sobre el de los dos del puco
-93. A estos ejemplares interesantísimos, añadiremos los de los cuatro
-sapos con sus diversas cruces de la urna Fig. 94, griegas las de los
-sapos inferiores dentro de campos cruciformes, lo mismo que las de
-arriba, con cuadrados (que recuerdan los andenes) en sus respectivos
-puntos de intersección. Finalmente, agregaremos el ejemplar de la urna
-Fig. 95, de San José, al fondo de cuya ancha franja ventral, y en el
-lugar mismo en que figuran los meandros de fecundación ó de la cópula,
-de la urna anterior, se destacan, pintados de negro, tres sapos de
-caras de apariencia humana, con sus manos y patas quebradas, de tres
-y cuatro dedos: cada uno de estos sapos lleva cruces negras en fondos
-cruciformes blancos, al centro dorsal del cuerpo cuadrangular de los
-animales.
-
-Después de estas breves explicaciones, y de revisado el material
-iconográfico en el que aparecen batracios, es el caso de que nos
-interroguemos:—¿por qué el símbolo de la Cruz aparece repetidamente
-figurado sobre la región dorsal de los sapos?—¿qué significación tiene
-en la escritura esta doble combinación de símbolos?
-
-A nuestro entender, el sapo simbólico es equivalente á Agua: _yaco_. Su
-símbolo, combinado con el de la Cruz atmosférica, diría: _Agua llovida_.
-
-Que del sapo el indio ha hecho un símbolo, es incuestionable, cuando
-se vé la forma como le ha reproducido en la alfarería, de una manera
-convencionalmente distintiva, combinando el cuadrado ó _toco_ con
-el triángulo, la línea quebrada y los meandros espirales. Que este
-símbolo es acuático, dícelo bien claro el hecho de figurar como tal
-signo combinado en la alfarería funeraria, en las vasijas que contienen
-el líquido, al lado de la serpiente y del suri, ó en sustitución del
-ofidio del rayo y del pájaro de la tormenta. Además, el sapo suele
-aparecer de relieve al borde de la boca de las vasijas, en actitud
-de introducirse á las mismas, ó aparece ascendiendo siempre desde el
-asiento de las tinajas á sus bocas, como en las Figs. 90, 94 y 95,—en
-estos dos últimos casos varios sapos, unos tras otros, en busca del
-agua contenida en aquellas. El sapo mora en los pantanos, junto á las
-_chilcas_ ó bajo las cortaderas, y elige para viviendas suelos huecos y
-grutas húmedas. Su elemento es el agua, en donde crece, se desarrolla,
-se alimenta y procrea, especialmente el agua parada de las lagunas ó de
-los estanques, ó el agua caida del cielo. De aquí se origina, como es
-natural, la creencia fetiquista en nuestra campaña de que el sapo posee
-la virtud ó acción propia de «hacer llover».
-
-El batracio, dirigiéndose á la boca de las urnas acuáticas y de las
-tinajas ó vasijas, hace desde el primer momento nacer la idea del
-contenido líquido de las mismas, aunque estén vacías, como en los
-jagüeles secos á los que se arrojan sapos vivos. El sapo figurado de
-relieve al borde de aquellas, expresa que deben llenarse de agua. El
-sapo de los pucos semiesféricos, que sirven de tapa á las urnas,
-significa, sin duda, agua caida de la atmósfera.
-
-Un sapo largado de las nubes; una cosa sólida lanzada por la tormenta,
-parece ser la piedra ó el granizo, el agua congelada, cayendo sobre la
-tierra: en el folk-lore del Amazonas hallamos una curiosa leyenda al
-respecto: un sapo es arrojado del cielo á la tierra por _un ave_, el
-Urubú ó Cuervo _Negro_ (_Cathartes foetens_)[314].
-
-El Cuervo negro, en resumen, fué invitado juntamente con el sapo á unas
-fiestas en el cielo. El sapo aceptó ir en compañía del Cuervo, el que
-no atinaba cómo su compadre pudiera, sin alas, osar á tanto. En el día
-fijado, el negro Cuervo se presenta en casa de aquél. El sapo díjole
-que como él gustaba marchar muy dulcemente, le permitiese ir adelante.
-Su propósito era, como lo efectuó, esconderse en la guitarra que el
-Cuervo portaría para tocar en las fiestas del cielo, de manera que este
-le llevase por los aires. Llegado el Cuervo al cielo, le interrogaron
-por el Sapo, contestando aquel que su compadre no podía permitirse tan
-largos paseos. Después de tales palabras, dejó á un lado la guitarra,
-sentándose á la mesa. El Sapo sale de su escondite, y, con asombro
-general, se aparece á los convidados, divirtiéndose, cantando y
-danzando. Concluido el baile, todo el mundo se retira. El Sapo, viendo
-distraído al Cuervo, se mete sigilosamente de nuevo en la guitarra. El
-Urubú se puso de vuelta, sabiendo que traía un huésped dentro de su
-instrumento. En cierta parte del cielo el Cuervo, sin ruido, vuelca su
-guitarra, y el Sapo cae de las nubes, gritando á las piedras y á las
-rocas del suelo que se hicieran á un lado[315]. El Urubú replícale que
-no tuviese cuidado alguno, pues que volaba perfectamente. Lo que no
-impidió que el Sapo, al caer, se diera un golpe formidable. Esta fué la
-causa de que le salieran las manchas de su piel[316].
-
-El americanista Ambrosetti, á nuestro parecer con muy juicioso
-criterio, interpreta la fábula del Amazonas. «En esta fábula,
-escribe[317], veo repetido el mito de Catequil y Piguerao, y quitándole
-la parte pintoresca, para mi lo que ha querido decir, en un principio,
-es: simplemente que Piguerao, el pájaro de la tormenta, al cruzar por
-el cielo llevando á Catequil, el rayo, lleva también, á pesar suyo, al
-Sapo, que bien puede ser _el granizo_, y que sacudiéndose fastidiado,
-lo arroja á la tierra».
-
-Volviendo á la figuración simbólica del sapo, y á su valor mítico de
-«agua», no debemos olvidar que el batracio llama á las nubes, y que
-para significar que es cosa que suele estar arriba ó caer de lo alto,
-se le suspende con una cuerda de la rama, haciéndosele andar como
-péndolo en el aire, entre la copa del árbol y el suelo.
-
-El canto de las ranas en los pozos ó los charcos, cuando es bullicioso
-é intermitente á la vez, suele ser tomado por anuncio seguro de lluvia.
-
-En la Rioja perdura hasta hoy una leyenda india, según la cual el Sapo
-aparece ser el _Señor del Agua_[318], ó de las _Cochas_: fué un sapo, al
-cavar su cueva en la humedad, el que abrió la primera vertiente del
-Famatima. Ya constatamos en la Pampa Central una tradición semejante.
-
-Nada más lógico, entonces, que la Cruz, el símbolo acuático por
-excelencia, aparezca sobre el cuerpo del Sapo como una insignia, como
-un emblema, como un tótem, si se quiere, de este Señor del Agua; y nada
-más expresivo que los símbolos combinados del Sapo y de la Cruz para
-que leamos en la escritura sagrada de la alfarería funeraria: «agua
-caida de las nubes», ó «agua llovida».
-
-[Ilustración: Fig. 96. Sapos pintados sobre urnas funerarias.]
-
-[Ilustración: Fig. 97. Interior de un puco Tolombón. Col. Inst. Geog.]
-
-Es este, sin duda alguna, el motivo de que aparezca lleno de puntos
-(gotas de lluvia), geométricamente distribuidos, el pequeño sapo de la
-Fig. 96; y con adornos cuadrangulares (posiblemente alusión á andenes),
-su compañero de la derecha, figurillas estas pintadas sobre una urna
-del Museo Nacional. Dos series de adornos cuadrangulares, en dobles
-secciones triangulares del cuerpo de grandes sapos, aparecen en el
-interior de un puco de Tolombón, reproducidos en la Fig. 97. Tales
-adornos figuraron anteriormente sobre los dorsos de los sapos de la
-urna de la Fig. 90.
-
-Reasumiendo las ideas de este capítulo, y después de lo establecido:
-¿quién no creería observar totalmente reproducido el fenómeno
-atmosférico de la Tormenta en el interesante puco de la Fig. 92,
-viendo en el campo superior en la serpiente de doble espiral, con los
-apéndices ondulados de su cuerpo, al relámpago, al rayo y al trueno;
-tomando por gotas los puntos de esa franja de la izquierda, paralela
-al cuerpo del ofidio; teniendo, en el campo inferior, á los suris
-por representantes de las nubes, y á los sapos, con sus cruces, por
-símbolos de agua líquida ó congelada que cae de las mismas?
-
-
-NOTAS:
-
-[307] _Ropachicoc_ (Véase el _Dicc. Quichua_ del P. Diego de Torrez
-Rubio).
-
-[308] Sobre castigos inflingidos á los fetiches, léase John Lubbock,
-_Orígs. de la Civiliz._, pág. 189 y sigtes.
-
-[309] Sobre los bramidos del Ambato, véase Daniel Granada, _Reseña
-Hist. Descrip. de las Antigs. y Moderns. Supersticiones del Río de la
-Plata_, pág. 144 (1896).
-
-[310] J. B. Ambrosetti, _Notas de Arqueol. Calchaquí_, págs. 237 y 238.
-
-Seguramente que el ilustrado americanista Benigno T. Martínez nos
-suministrará preciosos datos de folk-lore ribereño cuando de á luz
-su tan esperada obra sobre la etnografía del Río de la Plata y sus
-afluentes.
-
-[311] A. Ambrosetti, lug. cit., llamó también mucho la atención esta
-ceremonia, sobre la que escribe: «Curiosísima es también la cruz
-de ceniza sobre la que estaquean al sapo en Entre Ríos, pues en el
-valle Calchaquí hacen la misma cruz, y le ponen un _huevo parado en
-el centro_ (á nuestro juicio el huevo sustituye al ojo Imaymana,
-germen ó yema) para _conjurar el granizo_, y más curiosa es todavía
-la persistencia con que el sapo se halla representado en la alfarería
-funeraria, mostrando una cruz en el cuerpo».
-
-[312] Que el elemento atmosférico Sapo simbólico aparece muchas veces
-como inseparable del ave de la tormenta, pruébalo el espíritu de la
-leyenda del Sapo y el Urubú (cuervo), que se reproduce al final, según
-la cual el ave y el Sapo caen desde las nubes á la tierra, después de
-pasear por el cielo.
-
-En Catamarca, lo mismo que en Entre Ríos, con pocas variantes, perdura
-otra singular leyenda, según la cual el Sapo corre tan velozmente como
-el Suri, el ave de la tormenta, llegando siempre juntos al final de la
-carrera, ó á la raya, señalada con un mortero.
-
-Un día se encontraron el Sapo y el Suri. Cruzadas las palabras de
-cumplimiento, y después de ponderar el Suri la ligereza de su carrera
-por los campos, el Sapo le dijo que él era capáz de ganarlo, por más
-que le viera saltar tan menudo sobre el suelo.
-
-—¡Vd!... Pero, si yo no corro, sino vuelo!—dijo el Suri.
-
-—¡No importa! probemos, probemos, y verá,—replicó el Sapo.
-
-—¡Pero si Vd. irá saltando, saltando despacito; yo volando, volando;
-con mis largas canillas, ayudado por mis alas no habrá suelo que no se
-acabe.....
-
-—No importa: probemos, probemos: le ganaré, compadre.
-
-—¡Vd. ganarme!....
-
-—Le juego mis prendas.
-
-—Acepto; pero lo robo, compadre.
-
-Y eligieron un largo campo para correr. Al final de la cancha,
-colocaron un mortero, que señalaba la raya.
-
-El astuto Sapo dió cuenta de la apuesta á los suyos; y eligiendo
-compañeros que se le parecieran, los colocó escondidos á lo largo de la
-cancha, y al más vivo de todos dentro del montero, á fin de que unos
-tras otros, aparecieran siempre durante la carrera, engañando así al
-Suri.
-
-El Suri parte huyendo. Con asombro suyo, vé siempre saltando al Sapo á
-su lado. Llega aquel á la raya, y cuando alardea de triunfo, sentándose
-en el mortero, el sapo que estaba dentro del mismo, le grita:—¡alto,
-que yo llegué de antemano!—De modo que éste fué el ganador.
-
-El Suri es la nube. Su carrera, es la que le impulsa el viento en el
-aire. El mortero es el objeto en el que se muelen las mieses producidas
-por la lluvia, de que aquel es portador. El Sapo, junto con la nube,
-llegando al mortero, representa, sin duda, otro elemento atmosférico.
-
-[313] Así, sería posible que, para que no caigan ni piedra ni granizo,
-y sí lluvia, se castigaran con _rupachico_ á los sapos estaqueados.
-
-[314] _L’Urubú et le Crapaud_, pág. 203 y sigtes. del _Folk-lore
-Brésilien_, por F. J. De Santa Anna Nery, París 1899 (cit., por
-Ambrosetti, _Notas_ etc., págs. 236 y 237).
-
-[315] «Retrerez-vous pierres et rochis, criat’il en approchant de
-terre, ou je vous écrase».
-
-[316] Tan interesante fábula ha dado tema á la siguiente poesía:
-
- EL SAPO Y EL URUBÚ
-
- Invitados á unas fiestas en el Cielo
- Son el Sapo y Urubú de largo vuelo.
- «Oh! compadre! me han contado que va á irse
- Á las fiestas,—dijo el Cuervo, por reirse.
- Sí, mi amigo,—dice el Sapo, muy ufano,
- Ir mañana he decidido, bien temprano.
- Más que todo, una ascensión me es necesaria ...,
- Que harto sufro con mi vida sedentaria.
- A seguirle me dispongo, pero cuento
- Con que lleve, bien templado, su instrumento».
- «Tengo lista mi vihuela,—dijo el Cuervo,
- Y usted cuente, señor Sapo, con un siervo;
- Más su bombo precisamos en la fiesta
- El bum! bum! acompasado de la orquesta».
- El buen Cuervo, con luciente, negro traje
- Está listo de mañana para el viaje.
- «Buenos días»; «que los tenga; tome asiento,
- Dijo el Sapo,—deje á un lado su instrumento».
- «Usted sabe que yo marcho dulcemente»....
- «Si le place, partiré primeramente».
- Y metióse, sin ser visto, en la vihuela.
- A la hora el Urubú con ella vuela.
- Cuando llega, le interrogan los del cielo
- Por el Sapo y otras cosas de este suelo.
- «Vaya! vaya! ¿imaginabais,—les contesta,
- Que aquel joven asistiera á vuestra fiesta
- Por vivísimo que fuera su deseo,
- Cuando es largo para el Cuervo este paseo?
- Si en la tierra ni cien saltos aventura,
- ¿Es posible que remonte tal altura?»
- Lo cual dicho, su vihuela deja á un lado,
- Ocupando su lugar de convidado.
- De improviso, deja el Sapo su escondite,
- Y aparece muy finchado, en el convite.
- Gran asombro en la asamblea! Baila y canta
- Con el trémolo fugaz de su garganta.
- Cuando acaba, todo el mundo victorea,
- Y es el mismo del aplauso en la asamblea.
- Canta el Cuervo, y habla el Cuervo. Mientras dura
- Su discurso, el ardidoso se apresura
- O ocultarse nuevamente en la guitarra,
- Pues termina ya la célica fanfarra.
- Baja el Cuervo del empíreo firmamento,
- Más ya sabe quién hospeda en su instrumento.
- ¡Como nunca, la venganza es oportuna!
- Cuando pasa por debajo de la Luna,
- De improviso la vihuela vuelca y baja,
- Escapando por la boca de la caja
- El viajero de los aires y del cielo
- Sin más alas que sus patas para el vuelo.
- De las nubes cae el Sapo, como cosa,
- Y así grita con palabra lastimosa:
- «No en vosotras, piedras, rocas, de mi pecho!
- Oh! arenas! preparadme vuestro lecho!»
- Malicioso el Urubú, cuando súplica,
- «¡Es tan rápido su vuelo,—le réplica,
- Y seguro al mismo tiempo, mi compadre,
- Que sin duda fué un águila su madre!»
-
- * * * * *
-
- Cuenta el Sapo que las manchas de su lomo
- Le salieron con su caida como un plomo;
- Pero niega que esta historia, ya muy vieja,
- Tener pueda su estilada moraleja.
-
-[317] _Notas_ cit., pág. 237.
-
-[318] En nuestro Pomán hay un lugarejo que se denomina _Apoycco_
-(Apu-Yaco), que dice:—Agua Señor—por la construcción de la doble
-palabra quichua.
-
-
-
-
-CAPÍTULO X
-
-RESUMEN SINTÉTICO
-
-CONCLUSIONES FINALES
-
-
- _Síntesis de la obra—La Cruz como emblema
- sagrado—Motivos con que se la ha empleado—Su
- adopción general como combinación mítica y
- artística—Unidad de su valor simbólico—Contactos
- y migraciones de las naciones americanas—La forma
- geométrica de la Cruz—La Cruz en Calchaquí—Síntesis
- arqueológica—El volátil de la Tormenta—Loros en las
- Huacas de Chañar Yaco—Huaca de Yocavil—La Cruz y los
- fenómenos atmosféricos—Universalidad del culto al
- Agua y á las masas líquidas—La Cruz es el símbolo de
- la Lluvia._
-
-Estas últimas páginas, condensación de las múltiples ideas emitidas
-y desarrolladas en la obra, han sido escritas por la necesidad
-imprescindible de sostener su unidad, y por arribar á una solución
-sintética y única del problema arqueológico debatido, después de
-haberlo encarado bajo todas sus faces, tratando de establecer el valor
-precolombiano del signo de la Cruz en las diversas formas y maneras
-cómo se presenta, ya en calidad de emblema de los dioses, de símbolo de
-su culto ó de carácter hierático de un misterioso lenguaje escrito.
-
-En primer lugar, debe dejarse definitivamente sentado el hecho de su
-universalidad, de tal manera que pueda decirse que en América la Cruz
-ha sido una insignia religiosa empleada por los pueblos que salieron
-del imperio absoluto del fetiquismo, para entrar al período en que las
-religiones se valen de signos convencionales en la expresión de las
-disquisiciones intelectuales y de las ideas consagradas por la creencia
-colectiva.
-
-Naturalmente que, estudiada la Cruz como emblema sagrado, prescindimos
-de su valor arquitectónico de combinación geométrica de dos líneas,
-que entre sí se cortan para formar ángulos rectos. Su empleo en la
-arquitectura y ornamentación nativas, en la mayor parte de los casos,
-sería naturalmente sugerido por el gusto á la línea recta y sus
-combinaciones, con prescindencia de las ideas religiosas del pueblo que
-la incorporaba á las modalidades de su arte pictórico ó escultural.
-
-Nosotros, como se ha visto en este trabajo, nos hemos ocupado de la
-Cruz en cada ocasión en que el hombre americano la ha trazado, grabado
-ó pintado con algún intento ideológico; es decir, cuando se ha valido
-del signo autóctono para figurar una cosa, ó expresar alguna idea: como
-el agua, los vientos, la lluvia, la acción de los astros.
-
-Muchas de las razas primitivas continentales han sido dotadas de
-una rara fantasía, y la Cruz ha figurado en sus manifestaciones
-imaginativas y en sus creaciones artísticas como la expresión
-representativa de cualquier cosa ó asunto sobrenaturales, ya el símbolo
-aparezca en la roca, en el muro del templo, en la huaca, en la tela de
-vestir ó en la alfarería doméstica; porque en todos los momentos de
-las razas, individuales ó colectivos, aún en aquellos más naturales y
-sencillos de la vida ordinaria, las divinidades eran la causa, aunque
-fueran mediata, de los sucesos, haciéndose sentir su acción en los
-hechos y actos más trascendentales, como en los nimios ó triviales.
-Cuanto menos puede el brazo del hombre, tanto más interviene la mano de
-los dioses.
-
-De aquí que la Cruz simbólica aparezca reproducida con variados
-motivos, y sobre cualquier cosa ú objeto. Un vaso, por ejemplo, lleva
-labrado ó pintado el signo sobre su superficie externa, de la propia
-manera que un ídolo lo porta sobre su pecho ó en su rostro; y es que,
-aunque el primero de estos objetos sea destinado al uso diario de
-beber agua, en ciertas ocasiones se emplea como aparato ceremonial,
-como instrumento del culto, como cosa sagrada, como cuando sirve para
-implorar á las divinidades. El grabado ó pintura de tal Cruz, fué
-decidido desde el primer momento por necesidades que pueden ocurrir en
-el acto de beber. Cuando la Cruz aparece sobre un ídolo, la cuestión
-se presenta simplificada, porque aquella insinúa por sí misma uno de
-los atributos del dios, desde que los otros símbolos, el círculo,
-el meandro, la espiral expresan á la vez la acción potencial de la
-divinidad que los porta.
-
-En cuanto á su profusión continental y á la rara unidad de su valor
-en los diversos pueblos americanos del norte, del sud ó del centro,
-la cuestión es árdua, en el segundo extremo; que en lo relativo al
-primero, podría decirse que ello es el resultado del hecho matemático
-de que la combinación cruciforme es adaptable como el signo general de
-la geometría celeste y terrestre.
-
-En efecto: que un piel roja, un delaware, un sia, un maya, un azteca,
-un muysca, un peruano y un calchaquí empleen la Cruz como un signo ó
-emblema religioso, puede explicarse fácilmente por el papel político
-y social de los conocimientos astronómicos de gran parte de estos
-pueblos, que, como los del sud, venerarían al crucero, visible para
-ellos; ó por la aplicación, de parte de todos, de la geometría, en la
-cual eran versados, influyendo especialmente en el dibujo del signo el
-gusto por el ángulo recto, como que figuras elementales ó radicales
-geométricas eran los demás símbolos venerados, cuyo trazado ocurre á
-cualquier inteligencia: el círculo, el cuadrilátero, el triángulo y
-otras combinaciones de líneas curvas y rectas. Pero que en América
-tenga también la Cruz un valor universal como símbolo acuático, asunto
-es éste sobre el cual cuanto más se reflexiona, más se arraiga la
-convicción de que no hay otra manera de explicarlo sinó estableciendo
-desde luego las migraciones y contactos de los pueblos entre sí,
-mayormente si se tiene en cuenta, por ejemplo, que las divinidades
-atmosféricas portadoras de la Cruz aparecen al norte y en el sud
-dotadas de atributos idénticos, siéndoles muchas cosas comunes, como
-su figuración de ofidio, de volátil ó de una combinación de uno y
-otro, tal cual sucede con Quetzalcóatl, Gucumatz, Kukulkán, Catequil,
-Huayrapuca, los seres ó pájaros serpientes,—lo que no es concebible
-atribuir á mera casualidad, sino á influencias de una cultura sobre
-otra cultura, de una religión sobre otra religión; lo que equivale á
-decir: á una influencia mediata ó inmediata azteca ó maya sobre Perú
-y Calchaquí, ó viceversa, á una influencia peruana y calchaquí sobre
-Yucatán y Méjico, no obstante las inmensas distancias que separan
-á estos cuatro pueblos. Por eso creemos que la arqueología y la
-antropología van bien encaminadas cuando estudian comparativamente
-monumentos, religiones y razas, hasta que lleguen con procedimientos
-prácticos á establecer definitivamente la verdad, tantas veces
-sospechada, de las migraciones de agrupaciones humanas de norte á sur
-y de sur á norte, exterminándose, desalojándose, ó transformándose
-por la cruza después del avasallamiento, dando así con la clave de
-tanto fenómeno etnológico, como el de la igualdad de diversos tipos
-craneológicos en regiones distantes: el de Bolivia y Perú en Méjico;
-el del tehuelche de la Pampa en la Tierra del Fuego, por ejemplo;
-y vale la pena de consignar que algunas de estas migraciones están
-demostradas ó en vías de demostrarse: la de los chancas ó piernas al
-Perú, y la de otras razas que derribaron el imperio; la de los peruanos
-á la Argentina y Chile[319]. En el Río Negro se han encontrado restos de
-una raza dolicocéfala; indios yaganes viven arrinconados en la Tierra
-del Fuego; araucanos, para no ir lejos, han ocupado el territorio que
-fué de los taluhet, divihet y chechehet, ramas del tronco patagónico,
-uno de los grandes grupos de la Raza Pampeana de D’Orbigny; lules
-y vilelas, el Chaco Guaycurú; las razas Guaraní, Chaco-guaycurú,
-Pampa-patagona y Pampa, el Río de la Plata, seguramente[320]. Un
-estudio especial sobre las cosas, como sobre el uso del tabaco y la
-alimentación por medio del maíz, de parte de tanto pueblo americano,
-podría contribuir eficazmente á ilustrar estos problemas[321].
-
-En Méjico y Perú hemos visto figurar á la Cruz como signo astronómico
-venerado; y posiblemente en los pueblos meridionales la distribución
-de las estrellas de la Cruz del Sud, como lo dijimos, ha decidido su
-figuración, tal cual apareció en la lámina del Yamqui Pachacuti. La
-Cruz en tal caso, más que un emblema general del cielo, es un signo de
-carácter particularmente astrolátrico, que representa la determinante
-acción de los cuerpos celestes en la producción de los fenómenos
-atmosféricos.
-
-En cuanto á la forma geométrica del símbolo, ella ha sido
-indiscutiblemente determinada por la veneración al número sagrado 4,
-ó á cuatro cosas, distribuidas de tal manera que unidas entre sí por
-líneas, se corten en ángulos rectos, figurando un signo cruciforme
-con palos de iguales dimensiones, pues las cuatro cosas se suponen
-equidistantes de un punto común, ó sea el de intersección de las líneas
-que respectivamente los unen. Estas cuatro cosas son especialmente: los
-cuatro genios animados del mundo, que habitan las cuatro extremidades
-del mismo; las cuatro grandes cariátides vivientes que sostienen el
-globo; las cuatro divinidades cardinales, el norte, sud, este y oeste;
-los cuatro hermanos ascendientes[322], venidos de las cuatro partes del
-mundo, por los cuales, por ejemplo, los tupis del Brasil se creen
-engendrados, lo mismo que los guaraníes del Paraguay, como los muyscas
-de Bogatá por los cuatro gefes del dios Nemqueteba, los nahuas de
-Méjico por cuatro familias originales,—número que es doblado por
-los ottoes y pawnes; las cuatro estaciones del año, con sus diversas
-temperaturas y productos, obra de los genios de los cuatro vientos, al
-pensar de algonkines, cherokees, choctaws, creeks, aztecas, muyscas,
-peruanos y araucanos; finalmente, los cuatro vientos ó espíritus
-cardinales, invocados por los pueblos americanos como los portadores
-de la seca, de los huracanes, de la humedad, de la lluvia, según la
-manera y el lugar cómo y de donde soplan; y así, el viento norte es
-el de Mictla ó de la Muerte para los aztecas, mientras que el este es
-el del paraiso ó de Tlalocavitl, el mismo viento que para los dakotas
-simboliza la vida y la fuente de las cosas.
-
-Los cuatro palos de la Cruz suelen en América ser comunmente de iguales
-dimensiones, por la razón sencilla de que aparecen como diámetros de
-un horizonte siempre circular para los ojos del indio, contemplando en
-todas direcciones las llanuras ó los desiertos, de modo que él se cree
-colocado en toda ocasión en un punto céntrico ó de origen[323]. De aquí,
-sin duda, que sea tan profuso en el simbolismo continental el círculo
-con diámetros cortándose perpendicularmente entre sí, ó el doble
-símbolo combinado del círculo y de la Cruz, esculpido en las figuras
-humanas de la tabla y bajorelieves de Palenque, y pintado con profusión
-en telas y alfarerías peruanas, y no pocas veces sobre los objetos
-calchaquíes.
-
-Son, sobre todo, estos cuatro vientos, que soplan de las cuatro
-direcciones cardinales de la tierra, los que han determinado la forma
-geométrica y simplificada de una Cruz, por la unión con líneas rectas
-del norte y sud, del este y oeste, respectivamente. Y es en el punto de
-intersección de las líneas en el cual la persona, la tribu ó la nación
-se creen ubicadas; y es así mismo en tal punto, lugar de la ubicación
-de una zona terrestre, en donde los vientos venidos, que acarrean las
-nubes lejanas, producen su acción, dando lugar al nublado, al trueno,
-al rayo, y luego á la lluvia.
-
-Tal es el motivo por el cual la Cruz se vuelve el símbolo sintético de
-todos los accidentes y fenómenos atmosféricos, obrando con su poderosa
-acción en el cielo y en la tierra.
-
-No solo corrobora, sino prueba esta afirmación arqueológica el hecho de
-que gran número de mitos atmosféricos, de divinidades del viento, del
-trueno, de la tormenta y de la lluvia, llevan como insignia ó
-emblema la Cruz, ya entre sus manos, en su escudo, en su túnica ó
-en sus flotantes vestiduras. Tláloc, Amimitl, Chalchihuitlicue ó
-Mataclue, Tzotzitepec, Quetzalcóatl[324] ó Nanihehecatl, Wixepecocha,
-Huitzilipochtli, Gucumatz, Ahulneb, los Bacabs, Batchué, Atticci
-Viracocha, tienen por insignia la Cruz, ó la llevan figurada, cuando no
-constituyen cuaternos sagrados, el principio del símbolo cruciforme.
-
-Después de haber estudiado en cinco capítulos sucesivos á la Cruz como
-emblema sagrado en los diversos pueblos continentales, del VI al IX
-inclusive, nos concretamos á establecer su valor simbólico en nuestro
-Tucumán, asunto que no se ha tratado hasta hoy detenidamente.
-
-Desde el primer momento advertimos que en ninguna otra sección
-geográfica, como en la tucumana, y especialmente calchaquí, al noroeste
-de la Argentina, la Cruz se encuentra tan reiteradamente repetida,
-al grado de que pueden contarse, entre las diversas colecciones
-existentes, cerca de tres centenares de objetos con la figura
-cruciforme[325].
-
-De la revista minuciosa que hemos practicado de objetos cruciformes
-calchaquíes tanto en la alfarería funeraria (urnas y pucos) como en
-ídolos, amuletos, petrografías y pictografías, ha resultado que la Cruz
-en estas regiones argentinas fué un símbolo sagrado transcendental,
-cuyo valor atmosférico y acuático es indiscutible.
-
-Nuestros descubrimientos fundamentales han sido: en primer lugar,
-la determinación representativa de esa figuración antropo-zoomorfa,
-reproducida reiteradamente sobre las paredes anterior y posterior
-de las urnas, la que no es otra cosa, en definitiva, que la gran
-divinidad de la Atmósfera ó del Cielo fetiche, portadora del Vaso
-del Trueno[326], dispensadora de las lluvias; en segundo lugar, la
-equivalencia del símbolo antes misterioso del Avestruz ó Suri, que
-aquella representación mítica lleva pintado entre los arcos de sus
-brazos singulares, resolviendo de una manera concluyente que el ave de
-nuestros desiertos es ese mismo Pájaro de la Tormenta de otros pueblos,
-ó la figuración ornitomorfa de las nubes de la lluvia[327].
-
-Y no tan solo el Ave-suri, sino también otros volátiles, al parecer,
-simbolizan la Nube: el cóndor v el loro; pues si fijamos la atención
-en los diversos pájaros reproducidos en la alfarería funeraria que
-ofrecimos en el capítulo VI, y especialmente en la forma de sus
-cabezas, con sus ojos y picos, al instante notaremos que en muchos
-casos son cóndores y loros, ó pájaros convencionalmente mixtos ó
-dobles, más que suris sencillos, los volátiles que el artista se
-ha propuesto figurar. El cóndor, ave negra de gran tamaño, podrá
-representar la obscura nube de la tempestad; el loro, pájaro pequeño,
-las primeras nubes que anuncian la tormenta, ó las nubes irisadas,
-por los colores amarillo, verde y rojo de las plumas del ave, siendo
-muy oportuno recordar que en el lejano norte el _Quetzal_ de la
-tormenta es un papagayo. Los hermosos loros de cuentas de malaquita,
-que Lafone Quevedo encontró dentro de las urnas de Chañar Yaco (entre
-Andalgalá y Belén), nos ofrecen, sin duda, una prueba concluyente de
-la representación atmosférica de estos verdes volátiles, que en largas
-bandadas atraviesan los secos horizontes de Calchaquí, figurando los
-movimientos accidentados de una nube que se desliza por el espacio. Los
-loros de malaquita, dentro de las urnas para propiciar agua del cielo,
-claro es que son, en su carácter de símbolos de la nube de la lluvia,
-el motivo del acto cruento propiciatorio, en aquel lugar desierto
-de Chañar Yaco, antes habitado, que ha poco visitamos, y en el cual
-escasamente brota un miserable raudal de agua salobre[328].
-
-En la solución de aquellos dos interesantísimos, cuanto intrincados
-problemas arqueológicos, ninguna dificultad se nos podía oponer para
-establecer el valor mítico de la Cruz, que los suris llevan reproducida
-en la caja de sus cuerpos, símbolo que excepcionalmente aparece sólo y
-sin combinaciones en el rostro de la figura antropo-zoomorfa, ó en la
-sección ventral de las urnas, como un signo sintético, en este caso,
-por la eliminación de los demás, de reconocido valor acuático.
-
-Si el Avestruz, figura simbólica en el conjunto atmosférico de las
-urnas, es la Nube, claro que la Cruz que el animal alado lleva como
-emblema en su cuerpo, al centro mismo de la figuración del Ave de la
-Tormenta, representará el fenómeno que la nube produce, ó sea la Lluvia.
-
-Esta Cruz, figuración gráfica de los cuatro vientos que han acarreado
-las nubes de la tormenta, es invariablemente, en el caso en cuestión,
-de palos iguales, ó Cruz griega, por los motivos que en los lugares
-pertinentes se adujeron.
-
-Muchos ídolos, de indiscutible carácter acuático, llevan la Cruz sobre
-su pecho, indicando el símbolo uno de sus atributos potenciales. Tal
-símbolo cruciforme suele generalmente aparecer pintado en los ídolos
-en los lugares correspondientes á ambas mamas, con lo que el indio se
-propone expresar de una manera metafórica, mediante una concepción
-imaginativa, que el líquido vital, como la leche nutritiva, sale y
-surge del seno fecundo de sus divinidades, para alimentar con aquel
-cuanto en la tierra germina, nace y crece.
-
-Otros ídolos de carácter ofilátrico portan también la Cruz, la que en
-algunas ocasiones, como en el grupo atmosférico de Capayán y en un yuro
-de cuatro serpientes de nuestra colección, aparece formada por cabezas
-de ofidios, siendo en tales casos indiscutible su valor de símbolo
-atmosférico combinado y mixto.
-
-La Mamazara ó monolito esculpido de Tafí aparece con signos
-cruciformes; y en la lámina del Pachacuti una Cruz en forma de X lleva,
-con la leyenda de «chacana en general», la de «zara-mama». Estas
-mamazaras son piedras paradas, protectoras de los sembrados, y, por lo
-tanto, huacas á las cuales se imploran lluvias.
-
-Los Caylles, protectores de las siembras, más de una vez llevan el
-signo cruciforme labrado sobre la plancha de cobre; ó las pequeñas
-figuras que adornan los mismos, aparecen de tal manera alternados
-sobre el objeto sagrado, que forman las cuatro radicales de una Cruz.
-Y estos Caylles, aparte de ser preciados amuletos para propiciar la
-producción de los frutos de la tierra, sabemos que pertenecen al culto
-de Huiracocha, el mito acuático por excelencia, ó son atributos del
-dios, conocido también, según la relación del P. Molina, con el nombre
-de «Caylla Uiracochan».
-
-En los amuletos de fecundación ó de procreación, hemos visto figurar á
-la Cruz; y en cuanto á los huacanquis que la llevan, labrados estos con
-material de piedra lanzado por el rayo, tenemos, á más de su origen,
-el dato elocuente de que son cuidadosamente guardados en una «cesta de
-plumas», alusión al volátil de la tormenta.
-
-La Cruz se ha esculpido con regular profusión en los petroglyfos de
-Calchaquí, apareciendo generalmente al lado de figuraciones acuáticas.
-Las _cochas_, ó depósitos de agua, se reproducen atravesadas por
-cruces, hecho que recuerda la Cruz de cuerdas en el lago de Batchué.
-Los petroglyfos, en general, son huacas sagradas para implorar lluvias.
-
-En las pictografías las cruces aparecen excepcionalmente, y su valor es
-igual al de los petroglyfos.
-
-Los símbolos combinados de la Cruz y del Sapo, fetiche animado que
-vive en la humedad ó en el agua, su medio, y que en algunas leyendas
-míticas es el granizo ó la piedra que caen de las nubes,—concluyen
-por determinar de una manera definitiva el valor sagrado del signo
-cruciforme, tantas veces empleado con insinuantes motivos.
-
-Interesantísimo es el hallazgo realizado el año pasado, 1900, en el
-valle de Yocavil, en lo más alto de un cerro, entre San José y Punta
-de Hualasto. Buscándose un derrotero de minas, se notó en el suelo
-una rara prominencia á manera de _mound_, y muchas piedras encima de
-ella, que se reconoció que fueron amontonadas por la mano del hombre.
-Practicada la excavación, dióse con una huaca que contenía cinco
-cadáveres, acostados de espaldas, sucesivamente en línea; uno de ellos
-presentaba el cráneo fracturado, visiblemente á golpes de maza. En
-medio de los cadáveres, con sus brazos abiertos á manera
-de T, pues el palo superior era muy poco alargado, habíase colocado una
-Cruz de madera, regularmente conservada, de un metro y cuarto de alto,
-más ó menos. Los cadáveres eran de nativos, tanto por las formas de sus
-cráneos, como por las telas que vestían, por las armas y otros objetos
-enterrados con ellos. La Cruz aparecía indiscutiblemente americana,
-recordando en sus formas á la de Tláloc, llevando grabados caracteres
-simbólicos nativos, algunos de ellos regularmente visibles[329].
-
-¿Se trataría en el caso de la huaca de Yocavil de un sacrificio de
-adultos en tiempo de las grandes sequías, que de cuando en cuando ponen
-en peligro la vegetación y matan de sed á los animales del valle, en
-el cual los sacrificios cruentos estuvieron en boga en otras épocas,
-como lo delata la profusión de urnas funerarias con cadáveres de
-párbulos?—Nosotros no lo sabemos; pero posiblemente ha sucedido así
-en la región en que se imploraba á la Huayrapuca, y en que se rociaban
-con sangre humana las huacas de piedra de Ampajango y Andaguala, con
-su misteriosa escritura ideológica, alusiva á la producción de los
-anhelados fenómenos meteorológicos.
-
-Los datos recogidos por el folk-lore autorizan á afirmar que la Cruz
-es hasta hoy el símbolo conspícuo de los cambios atmosféricos. La
-eliminación de la cabeza del Suri, ó de la Nube portadora de la Cruz,
-en los sacrificios al Chiqui; la colocación de cruces en los altos
-morros; en medio de los rastrojos sembrados en sustitución de las
-mamazaras y huazas, y sobre los trojes ó pirhuas que guardan el maíz y
-la algarroba de las exiguas cosechas rurales, son hechos insinuantes,
-reveladores, que delatan á través del tiempo la persistente
-trascendencia de un culto extinto.
-
-En conclusión: la adoración al Agua y á las masas líquidas es un hecho
-innegable, universalmente reconocido y comprobado en toda nuestra
-América. La Cruz es la figura transcendental en el simbolismo del culto
-acuático, que hacía del hombre primitivo un observador constante de
-la atmósfera, á la cual levantaba sus ojos para ver flotar entre las
-nubes á esas divinidades cuyo rostro y cuyas formas ideó su fantasía,
-portadoras del vaso resplandeciente y estruendoso.
-
-En una palabra: la LLUVIA es el motivo fundamental de la
-religión, y la CRUZ, su símbolo.
-
-FIN
-
-
-NOTAS:
-
-[319] Barros Grez (_Gaucho_, Actas del Primer Congr. Latino-Amer., sec.
-IV, págs. 21 y 22) sostiene, por ejemplo, que los antiguos indios que
-poblaron á Cauquenes pasaron de las Pampas Argentinas á Chile, y que
-lejos de ser originarios de la Pampa, procedían de un pueblo venido de
-las zonas intertropicales.
-
-[320] A D’Orbigny, _L’Homme Américain_, tom. II, págs. 90 y siguientes;
-P. Mantegazza, _Río de la Plata_, etc., pág. 400 y sigtes. (Milán,
-1877); G. Pelleschi, _Otto mesi nel Gran Ciacco_, pág. 247 y siguientes
-(Firenze, 1881); F. F. Outes, _Los Querandíes_, caps. I y III (Bs.
-Aires, 1897); Guido Boggiani, _Lingüística Sudamericana_. Congreso
-Lat-Amer. cit., sec. IV, § V, págs. 242 y sigtes.; Lafone Quevedo, _La
-Raza Pampeana y la Raza Guaraní_, Actas del Congreso cit., part. 4^a,
-§ III (1900); Benigno T. Martínez, _Etnografía del Río de la Plata_
-(1898); P. Scalabrini, _Demostración filológica de los conocimientos
-de los Indios_ (1898); F. Ameghino, _Excursiones en la Prov. de Buenos
-Aires_ (Bolet. de la Academia de Ciencias de Córdoba, VI), y las
-monografías de M. R. Trelles, V. F. López, G. Burmeister, F. P. Moreno,
-etc. Generalidades sobre el asunto, pueden verse en _La Antropología
-y Craneología_ de Robert Lehmann Nitsche (Rev. del Museo de la Plata,
-tom. IX, págs. 21 y sigtes., 1898) y en las obras _General Anthropology
-and Ethnology_ (1886) y _The American Race_ (New York, 1891) de D. G.
-Brinton, etc.
-
-[321] J. W. Harshberger, _Maize_ (1893).
-
-[322] Los nombres de los cuatro hermanos Wabun, Kabun, Kabibonokka y
-Shawano, significan en algolkin los cuatro cardinales y los cuatro
-vientos que de ellos soplan.
-
-[323] Barros Grez (_Congr. Cient. Lat.-Americano_, IV., pág. 200), en
-su estudio de interpretación de las pictografías de Tinguiririca, á
-propósito de la Fig. 11 de su lámina, ó de la Cruz griega, dice que
-ella es el signo de la _tierra_, con sus cuatro puntos cardinales, que
-han figurado con esta misma significación en otras piedras escritas.
-
-[324] Este dios, no obstante haber sido sustituido más tarde por
-Motezuma, el último continuó siendo «el Señor de los vientos y de las
-aguas» (Squier, _Travels in Nicaragua_, II, págs. 3 y 4).
-
-[325] Además de la nuestra, la de Lafone Quevedo, Museo Nacional, de la
-Plata é Instituto Geográfico, la colección Zavaleta (cuyo material no
-hemos podido aprovechar en este trabajo, á causa de estar encajonada en
-el Museo Nacional) es rica en alfarerías con cruces, y como lo hicimos
-notar en una monografía describiendo y clasificando la misma, cruces
-de cuadrados alternados, rojos y amarillos, pueden verse en diez urnas
-funerarias de Tafí y en cinco de Amaicha; los suris con cruces son
-también numerosos, sobre la parte ventral de otras urnas, siendo dignas
-de especial mención las que llevan los nos. 11, 19, 42, 63 etc. (Adán
-Quiroga, _La Colección Zavaleta_—tom. VII., cuads. 4 á 7 n^o II del
-Bolet. del Institut. Geográf. Argent., Buenos Aires, 1896).
-
-[326] El _Vaso_, como símbolo de agua, fuente de la vida, es una figura
-conspicua en los mitos y artes americanos. El gran vaso Huecomitl
-juega un gran rol en el drama de la creación, entre mayas y aztecas.
-El vaso Ticci ó Ticcu del Perú, es un interesante símbolo atmosférico.
-En el valle de Méjico, en Tlascala y Yucatán se han exhumado imágenes
-portadoras de vasos. Estos vasos son una representación de los dioses
-del lago, de las aguas y de la agricultura.
-
-D. Jesús Sánchez ha hecho una buena colección de interesantes
-ejemplares de vasos-símbolos en un artículo que publicó en el tom.
-I de los _Anales del Museo de Méjico_. Leo V. Frobenius, en la
-_Revista Antrop. de Berlín_ (1895) estudio al vaso en las primitivas
-concepciones cosmogónicas (Brinton, _The Myths of the New World_, cap.
-V., página 152).
-
-Nosotros poseemos una regular colección de vasos simbólicos de nuestro
-Calchaquí, que aún no hemos estudiado.
-
-[327] De la propia manera que en las razas del sur y del centro, en las
-del norte figura invariablemente un ave mítica en sus cosmogonías y
-en las leyendas diluvianas, que guardan íntima conexión con las de la
-creación.
-
-Los algonquines tienen su cuervo sagrado; lo mismo los thlinquit,
-con su gran volátil de la tormenta. A sus pájaros míticos llaman
-respectivamente Estas, Nikilstlas, Kanoakeluh y Caugy, los carrier,
-haidah, kwakiutl y tshimsshians. Yetl es el pájaro de los esquimales;
-los natchez tienen su ave cardinal; un pájaro sobre un árbol aparece
-en el diluvio del Codex Mejicano; un ave es un gran personage entre
-los aztecas, y en el Codeice Chimalpopoca figuran las aves míticas
-Xecotcovach, Cotzbalam y Tecumbalam (A. Krause, _The Thlinquit
-Indian_., cap. X; Brasseur, _Le Liv. Sacré_, pág. 27; Id., _Hist. du
-Mexique_, Cod. Chimolpop.; F. Desjardins, _Le Pérou avant la Conq.
-Espagn._, págs. 26 y sigtes).
-
-[328] Lafone Quevedo, en sus _Huacas de Chañar Yaco_, limitóse á
-consignar el hallazgo curioso de los loros de malaquita dentro de
-las urnas funerarias, sin darse cuenta de este hecho, de sencilla
-explicación para nosotros.
-
-[329] El facultativo alemán Dr. Bruno S. Scharn se ha dignado darnos
-estas noticias, desde su residencia de Santa María, por considerar muy
-interesante el caso.
-
-
-
-
-ÍNDICES
-
-
-
-
- ÍNDICE GENERAL
- PÁG.
-
- CAPÍTULO I
-
- LA CRUZ EN AMÉRICA
-
- JUICIO DEL CONQUISTADOR
-
- La Cruz en los siglos XVI, XVII y XVIII—Juicio
- del Conquistador—Idea de un cristianismo
- antecolombiano—Los PAY americanos y los hechiceros
- nativos—Juicio del indio—Monumentos y mitos
- continentales—Pachacàmac, Atticci Viracocha,
- Tonapa y Taapac—El tricéfalo de Cundinamarca
- y el Tangatanga de Chuquisaca—Escrituras
- petrográficas—Quetzalcòatl, Votán, Wixepecocha,
- Bochica y Huiracocha—Manco Càpac y el Inca Roca—Pies
- esculpidos—El hombre blanco y barbado—La Cruz como
- símbolo nativo. 1
-
-
- CAPÍTULO II
-
- EL SIGNO CRUCIFORME
-
- SU PROFUSIÓN CONTINENTAL
-
- Universalidad del símbolo—La combinación cruciforme
- como hecho matemático—La Cruz entre los Pieles
- Rojas—En Méjico—En la América Central—Sepulcros
- mejicanos en Cruz—Las tumbas de los Muyscas—El
- símbolo de la Vida Futura—Opinión de
- Brinton—Orientación de los sepulcros—La Cruz de
- Cozumel—Cruces de Guatulco y de Anáhuac—Cruz de
- Palenque—Su valor arqueológico—El emblema de los
- Vientos—La Cruz en Cundinamarca—La Cruz en el
- Perú—Cruces de Carabuco, de Santa Cruz, de los
- Chunchos y del Cuzco—La Cruz en Chile y en el
- Tucumán—Profusión del símbolo en Calchaquí—Opinión
- del marqués de Nadaillac 31
-
-
- CAPÍTULO III
-
- LA CRUZ SIMBÓLICA
-
- EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA
-
- Influencia de la religión en el valor del símbolo—La
- Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de
- Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El
- palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo
- de Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con
- Cruz—Material iconográfico de Jiménez de la
- Espada—La Cruz en los huaqueros—Telas de la Horca,
- Paramonga, Pachacàmac, Chancay y Ancón—Opiniones
- de Jiménez de la Espada y M. Bollaert—La lámina
- simbólica del Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la
- Cruz—Una cita del P. Cobo—El Tau de Allchurch—La
- Cruz como símbolo astrolátrico y atmosférico 47
-
-
- CAPÍTULO IV
-
- LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE
-
- Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS
-
- Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El
- Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl,
- Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira,
- Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su
- insignia cruciforme—Cruz en el escudo de
- Amimitl—Chalchihuitlicue y su Cruz—Quetzalcóatl
- y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la
- Cruz de sus vientos—Wixepecocha y su Cruz en
- el Cempoaltepec—Huizlopochtli y su blasón
- cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra
- Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los
- cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El
- Tau del dios del Aire de Squier—La Huayrapuca
- calchaquí y el grupo atmosférico de Capayán—La Cruz
- ofídica—La Cruz y los fenómenos meteorológicos. 75
-
-
- CAPÍTULO V
-
- LA CRUZ Y EL NÚMERO CUATRO
-
- Los números y su valor simbólico—Predilección
- por el Cuatro en la raza americana—Los
- hechiceros Chypeway—El número cuatro y el dios
- Viztcilipuztli—Lo que escribe D. Antonio de
- Solís—El número cuatro entre aztecas, nahuas,
- mayas, quichés y muyscas—Entre peruanos y
- araucanos—Entre calchaquíes—Los cuatro
- puntos cardinales y los cuatro vientos—Los
- cuatro palos de la Cruz—La Cruz como emblema
- acuático—Vaso ceremonial de los Sia—Opinión de
- Stevenson—Disentimiento con Brinton—La Cruz como
- símbolo de la Lluvia. 103
-
-
- CAPÍTULO VI
-
- EL SÍMBOLO CRUCIFORME EN CALCHAQUÍ
-
- LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA
-
- El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz
- en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras
- ceremoniales—La Tormenta y su representación
- antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito
- simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas
- griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa
- y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus
- ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del
- Chiqui y la cabeza del Avestruz—Serpientes
- emplumadas—Las varas emplumadas y las plumas en el
- culto al Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El
- Vaso del Trueno—Himno «Sumaac Ñusta»—Suris con
- cruces—La Cruz y los símbolos atmosféricos—Los
- Pucos y sus figuras simbólicas—Puco de Fuerte
- Quemado. 123
-
-
- CAPÍTULO VII
-
- LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS
-
- EN LOS FETICHES Y AMULETOS
-
- El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan
- los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques,
- Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz
- en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de
- Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué
- sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de
- Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica
- de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas
- de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos
- totémicos—Figuraciones antropo atmosféricas—Una
- cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos
- totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz
- sobre los escudos calchaquíes—Cruces y
- emblemas cruciformes en los Caylles—Caylla
- Huiracocha—Amuletos con Cruz. 165
-
-
- CAPÍTULO VIII
-
- LA CRUZ EN LAS PETROGRAFÍAS
-
- Y PICTOGRAFÍAS
-
- Escritura figurativa é ideográfica en las Petrografías
- y Pictografías de Calchaquí—Opiniones de Mallery,
- de Brinton y de Keane—El símbolo de la Cruz en los
- Petroglyfos—Por qué las cruces no son profusas en
- ellos—La Cruz no es una combinación figurativa,
- sino simbólica—Pictografías de la Gruta de
- Tinguiririca: interpretación de Barros Grez—Gruta
- de Carahuasi: monografía de Ambrosetti—Gran Gruta
- de Siquimí—Cruces en los petroglyfos de San
- Lucas, Quilmes, Andaguala, Encalilla, Ampajango,
- San Fernando y Cerro Negro—Rosetas y Cochas
- con Cruz—Patas de Suris: roca de Quilmes—El
- Ave-Suri de la Gruta de Cafayate—Estanques unidos
- en Cruz—Ejemplares de Loma Colorada, Quilmes
- y Ampajango—Andenes con cruces: ejemplares de
- Ampajango y Cerro Negro—Hombrecillos con los brazos
- en Cruz—Deducciones. 197
-
-
- CAPÍTULO IX
-
- LOS SÍMBOLOS COMBINADOS
-
- DE LA CRUZ Y DEL SAPO
-
- El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El
- Sapo y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano,
- entreriano y pampa—Ceremonia con la Cruz de
- ceniza—Batracios simbólicos en la alfarería
- ceremonial y funeraria—Urnas de Santa María y
- San José—El Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos
- del Instituto Geográfico Argentino—Los símbolos
- combinados del Sapo y de la Cruz—El Urubú y
- el Sapo: folk-lore brasileño—El «Señor del
- Agua»—Conclusiones. 221
-
-
- CAPÍTULO X
-
- RESUMEN SINTÉTICO
-
- CONCLUSIONES FINALES
-
- Síntesis de la obra—La Cruz como emblema
- sagrado—Motivos con que se la ha empleado—Su
- adopción general como combinación mítica y
- artística—Unidad de su valor simbólico—Contactos
- y migraciones de las naciones americanas—La
- forma geométrica de la Cruz—La Cruz en
- Calchaquí—Síntesis arqueológica—El volátil
- de la Tormenta—Loros en las Huacas de Chañar
- Yaco—Huaca de Yocavil—La Cruz y los fenómenos
- atmosféricos—Universalidad del culto al Agua y á
- las masas líquidas—La Cruz es el símbolo de la
- Lluvia. 239
-
-
-
-
- ÍNDICES PARCIALES
-
-
-I.—DE AUTORES
-
- Acosta, J. de, 16, 42, 96.
- Adam, L., 33.
- Alfaro, F. de, 7.
- Alfonso, P., 203.
- Allchurch, 71.
- Ambrosetti, J. B., 14, 17, 29, 175, 186, 190, 191, 199, 208, 224, 233.
- Ameghino, F., 244.
- Anales de la S. Cient. Argent., 29.
- Anales del Museo de Méjico, 248.
- Angrand, M., 202.
- Animal Report of the Bureau of Ethnology, 78, 79, 94, 104, 118, 119,
- 174, 179, 198, 217.
- Arias Dávila, P., 44, 65.
- Atlas de Rivero-Tschudi, 49.
-
- Bárcena, P. A., 28.
- Barros Grez, D., 203, 205, 243, 246.
- Brasseur de Bourbourg, 9, 10, 15, 22 á 25, 28, 29, 39, 48, 81,
- 82, 83, 88, 90, 91, 157, 249.
- Beauvais, M. E., 8.
- Bertonio, L., 12.
- Biart, L. 90, 91, 92, 109, 159.
- Boletín del Inst. Geográf. Argentino, 11, 13, 14, 29, 100, 124, 127,
- 150, 192, 199, 208, 247.
- Boletín de la Academia de Ciencias de Córdoba, 246.
- Bollaert, M., de, 50, 63, 67.
- Boggiani, G., 244.
- Brinton, D. G., 9, 25, 37, 81, 82, 83, 85, 86, 89, 90, 91, 93, 95,
- 96, 104, 105, 107, 110, 111, 116, 117, 120, 145,
- 146, 158,160, 199, 200, 244, 248.
- Burmeister, G., 244.
-
- Calancha, A. de la, 3, 5, 6, 14, 43, 95.
- Calendario apoteca, 110.
- maya, 95.
- nahua, 110.
- Cataldino, P., 2.
- César, J. R., 3.
- Charencey, C. de, 41.
- Charnay, M. de, 91.
- Cieza, P. de, 10, 50, 51.
- Cobo, P. B. de, 71, 73, 167.
- Cogolludo, F., 36, 94.
- Codex Mejicano, 249.
- Congreso de Amer. de Bruselas, 3, 4, 8, 16, 18, 27, 28, 32,
- 33, 41, 50,66, 100.
- Luxemburgo, 3, 6, 8, 43.
- Nancy, 8.
- Congreso Latino Americano, 243, 244, 246.
- Crevaux, J., 198.
- Codex Chimalpopoca, 249.
-
- Daly, M., 202.
- Desjardins, F., 249.
- Díaz, B., 84.
- D’Orbigny, A., 202, 243.
- Dorsey, M., 106.
-
- Empadronamientos, 187.
- Ercilla, A. de, 4.
- Estete, M., 8, 95.
-
- Fernández, D., 44.
- Fernández y Holguín, 178.
- Fernández Ramírez, J., 61, 108.
- Frobenius, L. V., 248.
-
- Gama, A. L., 110.
- García, G., 38, 42, 94.
- Garcilaso de la Vega, I., 5, 11, 43, 138, 159.
- Gilbert, G. K., 119.
- Gomara, F., 35.
- Grado, L. de, 4.
- Granada, D., 148, 223.
- Guevara, P. J., 156.
-
- Hamy, D., 90.
- Harshberger, J. W., 244.
- Herran, G., 14.
- Holmberg, E. A., 198, 208.
- Holmberg, E. L., 200, 201.
- Hurtado, R. de, 18.
-
- Ihering, Dr. A. von, 199.
- Itolp, C., 204.
- Ixtlilxochitl, 36, 94.
-
- Jerónimo, S., 32.
- Jiménez de la Espada, M., 3, 12, 16, 17, 19, 50, 54, 60, 65 á 68,
- 74, 101, 104, 164, 178.
- Jones, Dr., 35.
-
- Keane, A. H., 11, 23, 200.
- Kingsboroug, L., 88.
- Krause, A., 249.
-
- Lafitau, P., 33.
- Lafone Quevedo, S. A., 11, 12, 13, 17, 51, 53, 62, 98, 148, 149,
- 151, 157, 177, 185, 191, 192, 193, 244, 250.
- Lamas, A., 19.
- Lara, P. A. de, 4.
- Las Casas, B. de, 94, 111, 117, 125.
- Latourneau, M., 200.
- Lehmann, Nitsche, R., 244.
- Lenz, R., 86, 112.
- Lenoir, A., 39.
- León, P. C. de, 11, 95.
- Le Tellier, 92.
- Lipsio, J., 33.
- López, V. F., 183, 244.
- Lozano, P., 2, 4, 5, 6, 7, 14, 16, 19, 35, 43, 156, 191, 192.
- Lubbock, J., 125, 166, 186, 222.
-
- Maler, M., 39.
- Malvenda, P., 36.
- Mallery, G., 174, 198, 217.
- Mantegazza, P., 243.
- Mariani, E., 120.
- Markham, C. R., 13, 66, 192.
- Martínez, B. T., 224, 244.
- Mendoza, C. de, 2.
- Molina, P. J., 12, 66, 192, 251.
- Monchar, M. de, 27, 43.
- Montesinos, F., 25, 149, 150, 183, 184, 185, 186.
- Moreno, F. P., 199, 244.
- Mortillet, G. de, 33, 166, 169, 195.
- Mossi, P. M., 12.
- Müller, F. Max, 88, 106.
- Müller, J. G., 9, 28, 85.
-
- Nadaillac, M. de, 31, 35, 39, 45, 53.
- Niblac, A. P., 79.
- Nóbrega, M. de, 26.
-
- Ortiz, Fr. D., 11.
- Oviedo y Valdés, F. de, 82, 148.
- Outes, F. F., 244.
-
- Pachacuti, J. de S., 12, 17, 42, 49, 68, 69, 71, 73, 115, 116, 154,
- 163, 167, 181, 201, 205, 207, 212, 216.
- Palacios, D. G., 36, 94.
- Palfrey, M., 8.
- Pelliza, M., 73.
- Pelleschi, G., 243.
- Peterken, M., 3, 28, 33, 41.
- Picard, M., 9.
- Piedrahita, L. F. de, 5, 16, 84, 85.
- Pinedo, A. R. de L., 4.
- Pinelo, A. de, 5.
- Popol Vuh, 83, 110.
- Powel, J. W., 78, 94, 118, 119.
-
- Quiroga, A., 21, 68, 78, 87, 88, 100, 124, 127, 150, 167, 178,
- 182, 185, 199, 247.
-
- Ramos, A. de, 3, 4, 6, 20, 22, 42, 94.
- Rau, Ch., 39.
- Relación Anónima, 104.
- Restrepo, E., 84, 96.
- Revista Antropológica de Berlín, 248.
- Revista del Museo de la Plata, 12, 199, 244.
- de la Biblioteca, 94.
- de Buenos Aires, 71, 183.
- Rialle, G. de, 9, 22, 25, 34, 80, 82, 83, 90, 91, 92,
- 93, 95, 96, 110, 141, 146, 160.
- Rivero y Tschudi, 49.
- Ruíz de Montoya, P., 2, 4, 6, 7, 11, 14, 16, 18, 19, 42.
-
- Sánchez, J., 248.
- Sahagún, B., 36, 82, 90, 94, 121.
- Santa Ana Nery, F. J. de, 233.
- Scalabrini, P., 244.
- Scherzer, M., 83.
- Scharn, B., 253.
- Schmidt, M., 128.
- Schmitz, Ab., 6, 8, 27, 32.
- Schoolcraft, H. R., 189.
- Simón, P., 84, 85, 96.
- Solís, A. de, 38, 108.
- Sosa y Lima, J. de, 94.
- Squier, E. G., 53, 79, 96, 97, 136, 154, 175, 247.
- Stakeman, 27.
- Stevenson, M. C., 118.
- Stubel, R., 50.
- Svan, J., 79.
-
- Techo, N. de, 2, 5, 18, 42, 127, 156, 171.
- Ternaux Compans, 88.
- Timon, M., 8.
- Toledo, F. de, 18.
- Torquemada, J., 81, 90.
- Torrez Rubio, P. D., 222.
- Toscano, J., 167, 180.
- Trelles, M. R., 244.
- Tylor, E. B., 83.
-
- Uhle, M., 50.
- Uhle y Stubel, M. R., 50.
-
- Waldeck, de, 35, 39.
- Wiener, C., 7, 13, 15, 50, 51, 53, 54, 58, 60 á 66,
- 73, 96, 142, 177, 200, 202.
-
- Ximénez, E. de, 83.
-
- Zamacois, N. de, 94.
- Zárate, M., 95.
- Zeballos, E. S., 73.
-
-II.—DE MATERIAS
-
- Abaré, Pay, 5.
- Acuático, atributo, 53, 177.
- culto, 18, 20, 41, 48, 49, 58, 166, 167.
- dios, 90, 167.
- emblema, 41, 42, 44, 49, 53, 56, 61, 64, 74.
- invocación, 224.
- símbolo, 124, 139, 161, 182, 207, 232.
- Adivino, 5.
- Agua, culto al, 112.
- señor del, 236.
- diosa del, 96, 159.
- elemento, 56, 57, 61, 101, 157, 232.
- símbolo del, 158, 170.
- llovida, 232, 233.
- Aguila, ave sagrada, 83, 146.
- Ahulneb, divinidad, 82, 95, 121, 247.
- Aire, cuaterno del, 114.
- dios del, 24, 41, 53, 76
- á 80, 82, 85, 96, 97, 99, 102, 136, 154.
- diosa del, 73, 134.
- sustancia, 84.
- Akbal, vaso primitivo, 158.
- Alarma, dios de la, 84.
- Alcahuiza, bruja, 214.
- Alfarería funeraria, 203, 218, 224, 232.
- Algarrobo, fiesta del, 113.
- Algoukines, tribu, 146, 148, 245.
- Alguaciles, insectos simbólicos, 119, 179.
- Aloja, licor sagrado, 126, 149.
- Altares, los cuatro, 94.
- Allpatauca, túmulo de tierra, 125, 126, 127.
- Amaycha, pueblo, 125.
- ídolo de, 170.
- urna de, 132, 133, 247.
- Ambato, cerro, 223.
- vaso del, 172, 173.
- Amimitl, dios, 90, 247.
- Aminga, pueblo, 128.
- Ampajango, petroglyfos de, 204, 215, 216.
- Amuleto, talismán, 157, 167, 182, 184, 185, 195, 251, 252.
- Anáhuac, Cruz de, 38.
- Ancón, tela de, 64.
- Andaguala, petroglyfos de, 189, 190.
- Andalgalá, pueblo, 183.
- Andén, 180, 215.
- Andrés, Cruz de San, 54.
- Andrógino, dios, 77, 114.
- falo, 120.
- objeto, 183, 185.
- ser, 65.
- Anfora, vaso sagrado, 159.
- Antepasados, los cuatro, 88.
- Antillas, las, 80.
- Antis, nacionalidad, 112.
- Antropo-atmosférica, figuración, 188.
- Antropomorfo, dios, 81, 166.
- objeto, 56, 61, 63, 170.
- ser, 77, 97, 131, 135, 136, 141.
- vasija, 172.
- vaso, 124.
- Antropo-zoomorfa, cosa, figura, 138, 140, 152, 163, 170 á 175,
- 178, 188, 226.
- Apacheta, piedras amontonadas, 127.
- panteón de la, 125.
- Aparecido, nativo, 83, 91, 108.
- Apellidos indios, 187.
- Apo Inti, estatua solar, 14.
- Apóstoles, rastro de los, 19, 42, 44.
- Apu, 13.
- Arabesco, símbolo, 102.
- Araucana, rara, 86, 88, 112, 207.
- escritura, 204.
- Arbol, fiesta del, 113, 150.
- figuración del, 204.
- sagrado, 125, 127, 149, 156.
- simbólico, 193, 216.
- Ari, altar, 48.
- Arizona, petroglyfos de, 119.
- Arkansas, tribu, 146.
- Arquitectónica, combinación, 66.
- Assiniboines, indios, 146.
- Astrolátrico, carácter, 63.
- culto, 48, 62.
- divinidad, 73.
- emblema, 42, 49, 68, 74.
- figuración, 63.
- Astronómico, emblema, 41.
- objeto, 120.
- signo, 116.
- Asunción, roca escrita de, 19.
- Ataguju, vel, Atachuchu, 86, 147.
- Atmosférico, culto, 18, 22, 24, 44, 150.
- dios, 73, 82 á 89, 90, 91, 92, 110, 138, 178, 248.
- grupo, 137, 156, 175, 210.
- mito, 70, 99, 215.
- ofidio, 141, 173.
- ser, 27, 81, 98, 144, 177.
- símbolo, 49, 58, 139, 161, 164.
- valor, 63, 167, 173.
- campos, 226.
- Atonatiu, sol de agua, 109.
- Atticci Viracocha, dios acuático trino, 5, 10, 12, 13, 51, 74,
- 77, 111, 207, 247.
- Ave mítica, 76, 78, 79, 144, 145.
- Avestruz, ave mítica, 99, 147.
- de fuego, 148.
- símbolo del, 22, 147 á 155.
- Ave-Suri, pájaro mítico, 141, 142 á 149, 213, 214.
- Aymará, nación, 11, 28, 48, 49, 88, 111.
- Ayuno, 186.
- Azteca, pueblo, 34, 35, 61, 110, 245.
- culto, 121.
- leyenda, 158.
- raza, 81, 92, 93, 109.
- siglo, 109.
-
- Bacabs, divinidades, 37, 82, 95, 96, 157, 247.
- Bacanales nativas, 150.
- Baipurungá, roca escrita de, 19.
- Balam-Quitze, poblador del
- orbe, 111.
- Agab, 11.
- Barbado, hombre, 28, 29, 91.
- Bartolomé, Apóstol, 5.
- Batchué, diosa, 96, 121, 247.
- Batracio simbólico, 233.
- Bautismo, ceremonia del, 109.
- Biforme, volátil, 147.
- Bicéfala, divinidad, 103.
- ave, 135.
- Bisbis, Cruz de, 183.
- Blanco, aparecido, 82.
- hombre, 22 á 28.
- Bochica, dios solar, 15, 16, 24, 28, 85, 96.
- Bogotá, pueblo, 19.
- Bolivia, nación, 15.
- Bosa, lugar de, 24.
- Brasil, nación, 3, 5, 19.
- Brujo, hechicero, 6.
- Busk, fiesta de, 106, 117.
-
- Cacha, estatua de, 5.
- Cachi, caylle de, 193.
- disco de, 190.
- Caclla, dios mejilla, 167.
- Cafayate, lugar de, 180.
- pictografías de, 27, 204.
- urna de, 130, 231.
- Calabaza, símbolo, 98, 154, 158.
- Calango, petroglyfo de, 18, 19.
- Calchaquí, nación, 15 á 22, 27, 34, 87, 88, 99, 112, 120, 123,
- 125, 166, 189, 202, 207.
- alfarería, 144.
- cruces de, 45, 116.
- indio, 140, 180, 186.
- Cali, lugar, 95.
- California, diosa de, 178.
- Callo, roca escrita de, 19.
- Camulatz, volátil sagrado, 111.
- Canipacho, pinza depilatoria, 29.
- Canobos, vasijas de arriba, 157.
- Canopa, dios individual, 43, 167.
- Canota, piedra escrita de, 199.
- Cantacauro, piedra de, 18.
- Cántara sagrada, 121, 125, 126, 150, 158, 159.
- simbólica, 154.
- Cañete, Cruz de, 5, 18.
- Cápac Raymi, fiesta de, 66.
- Capayán, grupo atmosférico de, 174, 175.
- lugar de, 99.
- Carabuco, Cruz de, 3, 5, 11, 42.
- Caracteres fonéticos, 201.
- Carahuasi, gruta de, 199, 209.
- pictografías de, 186, 187.
- Caravaya, Andes de, 42.
- Cardinales, divinidades, 106.
- genios, 41, 43, 101, 146.
- puntos, 105, 109, 114, 117, 118.
- símbolos, 204.
- Caribe, raza, 110, 158.
- Castas, 112.
- Catachillay, estrella, 70, 71, 73.
- Catamarca, valle de, 17, 114, 223 y 226.
- Catequil, divinidad, 10, 85, 86, 96, 97, 121, 146, 159, 236.
- Cauac, Bacab, 95.
- Caudillos, los cuatro, 108.
- Cauquenes, indios de, 243.
- Cavernas, las cuatro, 179.
- Cayam-Carumi, amuleto, 186.
- Caylla Viracocha, divinidad, 192, 193, 251.
- Caylle, dios de la agricultura, 17, 156, 157, 168, 191 á 194, 251.
- Celeste, bóveda, su símbolo, 93.
- Cempoaltepec, monte sagrado, 24, 92.
- Centzunhuitnahuas, seres divinos, 83.
- Cerro Negro, petroglyfos de, 212, 215, 218.
- Chachapoyas, roca de, 19.
- Chalchihuitlicue, diosa, 90, 109, 247.
- Chalco, lago sagrado, 90.
- Chanca, raza, 104, 243.
- Chancay, tela de, 64.
- Chañar Yaco, huacas de, 250, 251.
- Chaquiago, disco de, 17.
- Charcas, los, 4.
- Chasca, estrella, 67.
- Chasca-Cóyllur, lucero, 8, 63, 67, 68, 73.
- Chasque, mensagero, 20.
- Chaya, fiesta calchaquí, 113.
- Chechehet, indios, 213.
- Cherokees, indios, 245.
- Creeks, indios, 80, 106, 117.
- Chiapas, raza, 24.
- Chicha, licor sagrado, 126.
- Chincha, nacionalidad, 112.
- Chichen Itza, lugar sagrado, 83.
- Chichimeca, nación, 28, 81, 82.
- Chile nación, 3, 17, 44.
- Chillaos, roca escrita de, 19.
- Chiminigagua, receptáculo luminoso, 84.
- Chimu, palacio del, 49, 50, 67.
- los, 50.
- Chingano, cueva de, 26, 48.
- Chipeway, tribu, 146.
- hechiceros, 108.
- Chiqui, dios, 113, 125, 127, 149, 150, 151.
- Chiquinau, divinidad, 82.
- Cholula, pueblo, 23, 108, 111.
- Choqchinchay, lucero, 73.
- Choctaws, indios, 245.
- Chuchavira, divinidad, 85.
- Chulpa, torre sepulcral, 53, 54.
- Chunchos, Cruz de los, 43.
- Chuquisaca, trinidad de, 16.
- Churi Inti, estatua solar, 14.
- Chuychu, arco del cielo, 154, 186.
- Cielo, alma del, 80.
- columnas del, 95, 157.
- culto al, 77.
- Cinco, número sagrado, 104.
- Citlalicue, dios epiceno, 17.
- Citlatonac, dios epicero, 17.
- Círculo, figurado, 207.
- representación del, 115, 200.
- símbolo del, 34, 54, 102, 163, 176.
- Cisne, ave cardinal, 146.
- Coati, templo de, 49.
- Coaticlue, diosa, 84, 93, 97.
- Cóatl, serpiente, 80.
- Cocha, masa de agua, 11, 96, 202, 207, 210, 211, 218, 236.
- Colalao, piedra de, 18.
- Colibrí, ave sagrada, 83.
- Colomé, urna de, 132.
- Colpes, pueblo de, 182.
- Cruz de, 183.
- Colla, nacionalidad, 112.
- el predilecto, 111.
- Collao, piedra de, 18.
- Collcampata, adorno, 67.
- Cruz, 163.
- Collo-Collo, ídolo de, 12, 49, 51, 52, 57, 74.
- Coohampu, caballito de totora, 101.
- Con vel Cun, dios acuático, 9, 146.
- Cóndor, ave sagrada, 146.
- Coniraya, Viracocha, dios, 111.
- Condorhuasi, petroglyfo de, 201.
- Cónquel, nombre araucano, 87.
- Contici Viracocha, dios, 121.
- Cotzbalam, volátil sagrado, 111.
- Coxcox, divinidad, 28.
- Coyolxauqui, ser divino, 83.
- Cozumel, Cruz de, 36, 37.
- dios, 38.
- templo de, 94, 95.
- Creeks, indios, 245.
- Cris, indios, 146.
- Crucero, signo del, 67.
- Cruces protectoras, 182, 183.
- Crucificados, niños, 95.
- Cruz totémica, 216.
- constelación de la, 68, 70.
- de ceniza, 223, 224.
- del Sud, 244, 245.
- Cuadrado, símbolo, 64, 102, 113, 115, 205.
- Cuarteles, los cuatro, 109, 111, 146.
- Cuatro, número sagrado, 14, 15, 17, 37, 41, 44, 87, 89, 90, 91,
- 93, 102, 106 á 121, 141, 244, 245, 246.
- Cuaterno sagrado, 83, 89, 108, 110, 111, 113, 114, 115, 116.
- Cuculcán, el Aparecido, 83, 97.
- Cuervo Negro, 233.
- Cuonchaca, fuente de, 200.
- Cundinamarca, nación, 15, 34, 84, 85, 96.
- cruz de, 36, 41.
- Curaca, jefe de tribu, 112.
- Cunti, nacionalidad, 112.
- Curá-Malal, gruta de, 201.
- Cuy, conejo de la tierra, 126.
- Cuzco, centro solar, 11, 48.
- cruz del, 43.
- monarcas del, 27.
- pueblo del, 25, 60, 62, 111, 179.
- templo del, 68.
-
- Dakotas, indios, 80, 106, 107, 145, 146, 179.
- Daño, maleficio, 223.
- Decussata, Cruz, 70, 193, 208.
- Delawares, indios, 189, 242.
- Didihet, indios, 243.
- Dias, los cuatro, 109.
- Diluvio americano, 15, 96, 109.
- Dios-imagen, 193.
- protector, 193.
- sol, 12, 13, 15, 51, 111, 177.
- Disco solar, 71, 73.
- de cobre, 190, 191.
- Divisadero, roca escrita del, 219.
- Dobles, los, 133.
- cruces, 175, 177, 210.
- suris, 135.
- Doctrinador nativo, 5, 82, 92.
- Dólmenes, 200.
- Dos, número sagrado, 17, 65, 103.
- Dragones, monstruos simbólicos, 175, 176, 177.
- Dragon-fly, alguacil, 179.
-
- Ecalchatl, divinidad, 82.
- Echecatotontin, ídolos, 81.
- Ehécatonathiu, mito, 109.
- Emblemas meteorológicos, 161, 162.
- nacionales, 73, 203.
- Emplumada, bola, 97.
- serpiente 153.
- Encalilla, petroglyfo de, 214.
- Entre Ríos, provincia de, 226.
- folk-lore, 224.
- Epicenas, divinidades, 17, 77, 87, 88, 152, 178.
- Equinoccios, noción de los, 104.
- Escuadra, uso de la, 34.
- Escritura simbólica, 65, 152, 189, 190, 198, 199, 200.
- Espejo resplandeciente, 97.
- Espiral, símbolo, 139, 141, 170, 195, 208.
- guarda simbólica, 170, 227.
- Espíritus, los cuatro, 37, 111, 146.
- gruta de los, 201.
- Esquimales, raza, 77.
- Estaciones, las cuatro, 110.
- emblema de las, 77.
- Estados Unidos, nación, 77, 79.
- Estanques, los cuatro, 109.
- Este, rumbo sagrado, 106, 107, 121.
- Estrellas, adoración á las, 71.
- antropomorfas, 73.
- las cuatro, 116.
- representadas, 119.
-
- Fálico, emblema, 185.
- objeto, 63, 180.
- Falo, 17, 98.
- Fecundación, símbolo de la, 65, 66.
- Felino, animal sagrado, 85.
- heliolátrico, 111.
- Fertilidad, emblema de la, 77.
- Fetiches, 125, 166 á 168, 221, 223.
- Fiestas, las cuatro, 108, 109, 112.
- Figuras onduladas, símbolo, 205.
- Flauta ceremonial, 170.
- Flecha simbólica, 154.
- Fontebón, lugar, 24.
- Fuego, espíritu de, 85.
- sagrado, 127.
- Funeraria, alfarería, 66, 124, 138.
- inscripción, 59, 62, 63, 64.
- tela, 65.
- urna, 126, 139, 142, 170.
- Fuerte Quemado, puco de, 163.
- urna de, 131, 133, 228.
- Funza, río del diluvio, 15.
-
- Gaytara, pueblo, 44.
- Genios, los cuatro, 88, 108, 112.
- Geómetras nativos, 34.
- Gigantes, los cuatro, 110.
- aereos, 112.
- Granizo, conjuro del, 224.
- fenómeno del, 236.
- Greca simbólica, 101, 102, 115.
- Griega, Cruz, 56, 67, 118, 177 á 180, 220.
- guarda simbólica, 141.
- Guachemines, habitantes tenebrosos, 86, 147.
- Guaman-suri, hijo del cielo, 86, 147.
- Guaraní, raza, 112.
- Guaraníticas, misiones, 3.
- Guascar Inga, himnos de, 12.
- Guatemala, nación, 83, 89.
- Guatulco, Cruz de, 38.
- Guayrá, roca escrita de, 19.
- Guayrarú, panteón de, 3.
- Gucumatz, dios, 83, 97, 110, 242.
-
- Hacedero de cosas, 13.
- Hacedor, 10.
- Hacha, instrumento sagrado, 87, 112.
- Haida, indios, 79, 98.
- Halcón, ave simbólica, 136, 147.
- Hambato, piedra esculpida de, 19.
- Haokah, dios del viento, 121.
- Hapiyñuño, duende mítico, 178.
- Hechicería, 223.
- Hechicero, 6.
- Heliolatría, 25, 48, 62, 74, 86, 104, 105, 164.
- Hermafroditismo, 103.
- Hermanos, los cuatro, 108.
- Himno del Pachacuti, 12.
- Huaca, fetiche, 12, 20, 180, 183.
- capirotes, 16.
- Huacanqui, amuleto de amor, 183, 185, 186.
- Huahua, infante, 125.
- Huahuaclla, vestido, 66.
- Huayra Muyuh, el Remolino, 210.
- Hualfín, lugar de, 183.
- Hualichu, genio del mal, 201.
- Huampar, Chucu, insignia, 62, 185.
- Huanaco, animal de Sacrificio, 127.
- figuración del, 210, 211.
- Huaoque, Inti, 14.
- Huaquero, vasija, 49, 55, 57, 60, 61, 74, 113.
- Huaqui, tanga de, 16.
- Huatulco, lugar, 24, 92.
- Huayna Cápac, 44.
- Huayrapuca, diosa del viento, 73, 79, 87, 98, 99, 121, 134, 138,
- 150, 151, 173, 176, 177, 209, 215, 216.
- Huaza, piedra sagrada, 180, 182, 192.
- Huecomitl, vaso primitivo, 158.
- Huellas apostólicas, 3 á 6.
- Huemac, divinidad, 22.
- Huevo sagrado, 146, 147.
- Huilla, animal de Sacrificio, 127, 150, 151.
- Huiracocha, dios acuático, 5, 9, 10, 11, 20, 25, 48, 111, 159, 160,
- 192, 193.
- Huitzilopochtli, dios, 83, 92, 93, 97.
- insignia de, 92.
- page de, 84.
- Huracán, dios del, 76, 85, 89.
- Hurakán, divinidad, 80, 81, 83, 146.
- Humaniyoc, el de la cabeza, 214.
- Humedad, emblema de la, 77.
-
- Idacanzas, mito, 16.
- Ideográfica, escritura, 124, 198.
- Idolátrica, figuración, 170.
- Idolo, 168, 170.
- Illa, fetiche de reproducción, 159, 185.
- Illapa, el rayo, 185.
- Illa Ticci, vel Tecce, 10, 71, 159.
- Imaymana, atributo de Viracocha, 11, 13, 14, 51, 111, 179, 197, 207.
- ojos de, 99, 113, 130, 140, 141, 148, 155, 173, 193, 230.
- Imos, divinidad, 23.
- Inca, soberano de los quichuas, 20, 25, 44, 48, 68, 86, 112.
- roca, 25.
- imperio del, 43, 66, 111.
- cruz del, 44.
- señal del, 44, 66.
- Inmisa, Cruz, 68.
- Igi-Balam, poblador del mundo, 111.
- Inti, sol, 25, 115, 207.
- Inti Illapa, 139, 140, 210.
- Intip Raymi, fiesta de, 25.
- Intiqua, estatua solar, 14.
- Iris, dios del, 84.
- figuración del, 154, 186.
- Iroqueses, indios, 146.
- Itapuá, roca escrita de, 19.
- Itoco, roca escrita de, 19.
- Itzac-Mixcóatl, divinidad, 25.
- Itzamna, divinidad, 22, 82, 83.
- Itzencaan, epíteto, 82.
- Itzenmuyal, epíteto, 82.
- Ix, Bacab, 95.
- Izamal, templo de, 22, 83.
-
- Jauja, pueblo de, 61.
- Jefes, los cuatro, 108, 109.
- Jujuy, provincia de, 3.
- Juríes, vel suríes, 148.
-
- Kabibokka, persona de un cuaterno, 245.
- Kabul, mano simbólica, 22.
- Kabun, cuaterno, persona del, 245.
- Kan, Bacab, 95.
- Kanoakeluh, ave mítica, 249.
- Kiatéxamut, indios, 217.
- Kukulcán, dios, 242.
-
- Lago sagrado, 81, 96.
- Lares, dioses, 167.
- Latina, Cruz, 67, 116, 178, 179, 208, 215.
- Latrapai, leyenda de, 86, 112.
- Lechuza, ave sagrada, 146.
- Lenni Lenapes, indios, 116, 146.
- Linea sinuosa, símbolo, 205, 210.
- Línga, 98.
- Litolátrico, culto, 180.
- Loma Colorada, petroglyfo de, 214.
- Loma Rica, urna de, 144.
- Londres, valle de, 99, 127, 182.
- Loro, ave simbólica, 136, 249.
- Lules, ídolo de, 17.
- indios, 243.
- Luminoso, emblema, 49.
- Luna, vel Quilla, 25, 68, 73.
- Luracatao, lugar de, 29, 120.
- Llampa, indio barbado, 28.
- Lluvia, demanda de, 42, 94, 138, 167, 190, 198.
- figuración de la, 90, 142, 153, 163, 174, 210.
- símbolo de la, 92, 93, 119, 121, 158, 162, 194, 207.
- dios de la, 94, 95, 159, 171, 173.
- diosa de la, 160.
- fenómeno de la, 74 á 77, 101, 107, 116, 117, 128,
- 177, 180, 222, 250.
- culto á la, 77, 157, 161, 253, 254.
- hacedor de la, 116, 146.
- espíritu de la, 117.
- acción de la, 119.
- nunciador de la, 147.
- por simpatía, 172.
- vaso de la, 172.
-
- Machi, médico adivino, 207.
- Machigasta, pueblo, 128.
- Madre del Agua, 158.
- Madre Tierra, fetiche, 126, 194.
- Mahuentah, poblador del mundo, 111.
- Maíz, 110, 244.
- madre del, 180.
- madre, 180.
- Mal, genio del, 79.
- Malteza, Cruz, 56, 67, 174, 175.
- Mallqui, árbol simbólico, 216.
- Mama Cibaco, heroina solar, 25.
- Mama Cacha, el mar, 201, 212.
- Mama Cora, heroina solar, 25.
- Mama Quilla, luna fetiche, 25, 71, 115.
- Mama Ocllo, hija del sol, 25.
- Mama Zara, fetiche, 70, 74, 180, 181, 192, 251.
- Manco Cápac, hijo del sol, 25, 26, 111.
- Mandans, indios, 146.
- Manitu, pájaro mítico, 146.
- Mano, símbolo de la, 20, 21, 22, 121.
- Mar, venidos por, 7.
- Maraypé, camino, 3.
- Marzabotto, necrópolis de, 169.
- Mataclue, diosa, 90, 247.
- Maya, nación, 37, 82, 93.
- calendario, 95, 110.
- Mbalpirungá, huellas de, 3.
- Meandro, ornamentación, 67.
- doble, 219.
- símbolo, 102, 115, 141, 163, 188.
- tótem, 208.
- Medanito, huaca de, 126.
- Megalíticos, monumentos, 18.
- Méjico, nación, 22, 35, 36, 58, 81, 88, 104, 108, 145, 242, 245.
- Mem Loimi, diosa, 104.
- Menhir de Tafí, 70, 113, 180.
- Meteoro divino, 85.
- Meteorológico, fenómeno, 37, 64, 76, 77, 102.
- carácter, 91.
- dios, 99.
- símbolo, 77, 101, 116, 141.
- Mextli, guerrero, 83.
- Mictlan, viento, región, 106.
- Midé, sociedad de la, 119.
- Mikilo, genio de daño, 178.
- Minessota, país, 119.
- Mitos aztecas, 9.
- mayas, 9.
- peruanos, 9.
- Mixcóatl, nube serpiente, 25, 82, 91, 121.
- Moenitarres, indios, 146.
- Moki, indios, 174.
- Monolitos, 111, 179, 205.
- Montezuma, 28.
- Mortero, símbolo del, 210.
- Mosquito-hawk, 179.
- Motezuma, héroe divino, 247.
- Mound, túmulo, 125, 252.
- Muluc, Bacab, 95.
- Muñoz, Cerro de, 209.
- Muyna, estatua de, 5.
- Muysca, nación, 36, 84, 85, 96, 242.
-
- Nachán, lugar de, 23.
- Nahua, nación, 82, 83, 92, 93, 245.
- Nahualac, lugar, 91.
- Namuncurá, gefe de tribu, 201.
- Nanihecatl, epíteto divino, 23, 82, 91, 110.
- Natches, indios, 146.
- Notose, viejo de los vientos, 117.
- Naturaleza, fuente de la, 105.
- Navajos, raza, 88, 146.
- Nemqueteteba, persona trina, 15, 245.
- Nepatecutli, divinidad, 25.
- Nicaragua, pueblo de, 81, 82.
- Nikilstlas, ave mítica, 249.
- Normandia, numismática de, 195.
- Norte, genio del, 41,
- rumbo sagrado, 107, 121.
- Nube, culto á la, 41, 146.
- hombre de la, 119, 189.
- mujer de la, 119, 189.
- genio de la, 119, 162.
- dios de la, 82, 91.
- habitante de la, 189.
- ave de la, 99, 110, 113.
- emblema de la, 110, 147 á 156, 162, 188.
- cabeza de la, 102.
- símbolo de la, 64, 85, 145 á 148.
- emplumada, 82.
- Nublado, fenómeno viviente, 210.
- Nueva Granada, nación, 119.
- Nuevo Méjico, nación, 118.
-
- Ogótica, 195.
- Oakley Springs, petroglyfo de, 119.
- Oeste, rumbo sagrado, 107, 121.
- Ofídico, animal, 99, 140.
- dios, 80.
- grupo, 139, 175.
- ser, 79, 80.
- símbolo, 100, 173.
- vaso, 140.
- Ojibwa, indios, 119.
- Ojos Imaymana, 13, 14.
- Omecihuatl, dios epiceno, 17.
- Omequeturiqui, persona trina, 15.
- Ometecutli, doble varón, 17.
- Onduladas, formas, 230.
- Opochtli, dios, 90.
- Orientados, edificios, 34, 37.
- Ornamentación, 50, 89.
- Ornitomorfa, figuración 39, 41, 85.
-
- Pacaritambo, 11, 48, 89, 108, 112.
- Pachacámac, divinidad, 9, 10.
- huaca de, 54.
- lugar de, 53, 65.
- tela de, 62, 63.
- Pachacuti, Plancha de, 68 á 71, 116, 181, 201, 206, 207, 212.
- Pachamama, divinidad, 112, 115, 205.
- Padre del Agua, 158.
- Pagay, remo indígena, 41.
- Pájaro, ave mítica, 39, 41, 61, 61, 83, 84, 85, 97, 110, 116.
- de la tormenta, 146, 155, 248.
- mosca, 83, 97.
- ofídico, 76.
- simbólico, 154.
- Pájaros, los cuatro, 111.
- míticos 14, 41, 145, 146, 147.
- Palacios en Cruz, 109.
- Palenque, lugar de, 23, 94.
- bajo relieve de, 24.
- Cruz de, 34, 35, 37 á 41.
- Pampa, pictografía de la, 200, 201.
- Pampa Grande, gruta de, 208
- Papagayo, pájaro mítico, 97.
- serpiente, 82, 83, 91.
- Paraguarí, gruta de, 3.
- Paraguay, nación del, 3, 19.
- Paramonga, tela de, 60.
- Parayba, roca escrita de, 19.
- Partes, las cuatro, 114.
- Pasao, templo de, 95.
- Pashash, bajo relieve de, 177.
- Pata, andén, 205, 207.
- Pata, de Suri, símbolo, 157, 213, 214.
- Pata-pata, escalón simbólico, 163.
- Patas estrelladas, 176.
- Pawnes, indios, 245.
- Pay, los, 5.
- Paycabamba, pueblo, 44.
- Paynalton, mensagero rápido, 84.
- Paz, ídolo de la, 51.
- Peabirú, camino del Apóstol, 3.
- Pediu, nombre araucano, 87.
- Penates, dioses, 167.
- Personales, dioses, 175.
- Perú, nación del, 5, 17, 19, 41, 49, 56, 66, 85, 89,
- 99, 101, 104, 123, 159.
- Peruana, Cruz, 41, 47, 48.
- tela, 50.
- Petrografías, 18, 20, 44, 186, 189, 190, 197 á 220.
- Petroglyfos, 157, 198 á 210, 252.
- Pictografías, 18, 27, 44, 179, 198, 214.
- Pies, escultura de, 19 á 21, 42, 92.
- Piedra, culto á la, 40.
- Piedras, las cuatro, 108.
- paradas, 182.
- votivas acuáticas, 210, 213.
- Piel Negra, tribu, 117.
- Piel Roja, tribu, 35, 88, 105, 106, 145.
- Piernas, indios, 243.
- Piguerao, pájaro mítico, 75, 85, 86, 97, 146, 147, 236.
- Pillán, dios, 86, 87, 121.
- Pillcomayo, río, 205.
- Pinahua, el predilecto, 111.
- Pinturas ideográficas, 109, 154, 204, 208.
- Pirhua, Cruz en la, 183.
- troj, 182.
- Pituil, lugar de, 128.
- Piura, roca de, 19.
- Plantas, hijas de la tierra, 96.
- Plegarias, las cuatro, 109.
- Plomada, uso de la, 34.
- Plumas, emblemas, 93, 146, 156, 157, 186, 208.
- Pobladores, los cuatro, 111.
- Politeismo, 166.
- Polos, los cuatro, 108.
- Popayán, Cruz de, 36.
- Portezuela, piedra pintada de, 216.
- Predicación antecolombiana, 7, 32, 42, 43, 91, 92.
- Predilectos, los cuatro, 111.
- Preincásicos, objetos, 150.
- Primavera, emblema de la, 77.
- Pucará, urna de, 135.
- Pucarilla, puco de, 129, 229.
- Puco, tapa de urna, 126, 129, 244, 233.
- Pukllay, fiesta del, 113.
- Puma, animal de sacrificio, 150.
- Punchao, 98.
- Punta de Hualasto, 252.
- Pururauca, dios de toda especie, 167.
-
- Quetzal, papagayo mítico, 145.
- Quetzalcóatl, divinidad, 22, 23, 28, 76, 82, 91, 93,
- 97, 110, 121, 153.
- Quiateótl, dios, 81.
- Quiché, nación, 80, 83, 88.
- Quichuas, panteón de los, 11.
- raza, 22, 34, 67, 88.
- Quilmes, huaca policéfala de, 17.
- petroglyfo de, 212, 213, 214.
- urna de, 128, 129.
- Quilla, luna, 73.
- Quillacincas, indios, 44.
- Quito, pueblo, 108, 111.
-
- Rana, fetiche, 222, 226, 227.
- Rayo, dios del, 85, 89, 147.
- fetiche, 76, 185.
- hacha del, 87.
- culto al, 156.
- personage mítico, 77.
- serpiente, 139, 170.
- templo del, 156.
- Relámpago, símbolo, 93.
- divinidad del, 171.
- fenómeno del, 76, 185.
- Resurrección, creencia en la, 37.
- Rincones, los cuatro, 121.
- Rioja, provincia de la, 123, 236.
- Roca, escritura en la, 38.
- Roseta, símbolo, 212, 218.
- con Cruz, 212.
-
- S. símbolo, 112, 219, 227, 229.
- Sacrificios humanos, 87, 94, 109, 125 á 128, 150.
- Sagamosa, lugar, 24.
- Salado, río, 118.
- San Carlos, puco de, 230.
- Salinas, Cruz de, 4.
- Sal-si-puedes, roca escrita de, 4.
- San Fernando, urna de, 164.
- petrografías de, 219.
- San Isidro, petrografías de, 213, 214.
- San José, urna de, 128, 129, 140, 144, 225, 230, 231.
- pueblo, 209.
- San Lucas, pictografía de, 27.
- petrografías de, 210, 211.
- San Luis, 223.
- Santa, pueblo de, 101.
- Santa Cruz de la Sierra, 42.
- Santa María, lugar de, 21, 182, 209.
- urnas de, 131, 135, 162, 163, 225, 228.
- ídolo de, 134, 171.
- puco, 155.
- Santos, Bahía de T. los, 3.
- San Vicente, roca de, 19.
- Sapo, fetiche, 169, 221, 222.
- símbolo del, 221 á 237.
- Semes, río, 118.
- Sepulcral, torre, 53.
- Serpiente, símbolo de la, 81, 93, 133, 174, 175.
- de fuego, 84.
- mujer de la, 84.
- emplumada, 76, 91, 153.
- montaña de la, 93.
- rayo, 77, 139, 140, 228.
- varas con cabeza de, 108.
- doble, 188.
- Shamanes, tribu, 119.
- demonio de los, 217.
- Shawnis, tribu, 141.
- Shawano, cuaderno, 245.
- Sia, indios de, 218, 126.
- Siete, número Sagrado, 104.
- Sillán Innua, región, 77.
- Simbólica, escultura, 124, 173, 174.
- pintura, 128, 173.
- Siquimí, gruta escrita de, 119, 209.
- Skana, monstruo mítico, 78.
- Sol, personificación del, 16, 24.
- culto al, 11, 25, 48, 68, 166.
- templo del, 25.
- incásico, 71.
- peruano, 73.
- Soles, los cuatro, 109.
- Solesticios, conocimiento de los, 104.
- Spirit, los Wind, 35.
- Stone-Grave, 35.
- Sud, Cruz del, 34.
- rumbo sagrado, 107, 121.
- Sugunza, divinidad, 24.
- Sumac Ñusta, imno peruano, 138, 159, 160, 161.
- Sunuit, tribu, 217.
- Sura, apodo, 148.
- Suri, símbolo, 22, 58, 120, 131, 134, 135, 166, 188.
- cabezas de, 136.
- ave mítica, 99, 130, 146 á 155, 161, 162, 248.
- serpiente, 134, 188.
- fetiche, 169.
- Surita, aplicado indio, 148.
- Supay, diablo, 178.
- Suyus, rumbos geográficos, 179.
- los cuatro, 112.
-
- T, símbolo, 71, 73, 74, 204, 253.
- Taapac, divinidad, 11, 20.
- Tabasco, Cruz de, 38.
- Taco vel tacu, algarrobo, 149, 151.
- Tacuiles, algarrobales, 182.
- Tacumbú, piedra de, 3.
- Tafí, manolito de, 13, 71, 74, 179, 181, 205.
- lugar de, 74, 126.
- panteón de, 125.
- urnas de, 134, 137, 139, 228, 247.
- Tahuapica Viracocha, 111.
- Tahuantinsuyu, imperio de, 66.
- Talca, animal de Sacrificio, 127, 150.
- Taluhet, indios, 243.
- Tambo, 20.
- Tangatanga, trinidad, 16, 104, 113.
- Tarija, tránsito por, 4.
- Tau simbólico, 32, 53, 62, 63, 73, 76, 98.
- ofídico, 140.
- Tayatí, lugar de, 2.
- Tebicuarí, pozo de, 3.
- Tecumbán, volátil sagrado, 111.
- Tehuelches, indios, 243.
- Tempestad, divinidad, 138, 146.
- Templo de Viracocha, 11.
- Tensse, Cruz de, 35.
- Tenochtitlan, pueblo, 93, 108.
- Teotihuacán, lugar, 90.
- Tepodazli, divinidad, 24.
- Ternos, 17.
- Tetzauhtostl, dios, 84.
- Tezcatlipoca, divinidad, 23, 62, 91, 97, 110.
- Tezcuco, pueblo, 108.
- Thomagata, meteoro divino, 85.
- Thomé, Santo, 2 á 5, 38.
- Thonay, piedra, 12.
- Thoqui, insignia, 208.
- Thupa, 12, 121.
- Tiahuanaco, centro de, 11, 13, 48.
- monolitos de, 12 á 15, 18, 50, 115, 177.
- panteón de, 181.
- esculturas de, 49.
- dioses de, 111.
- Ticci vel Tici, vaso mítico, 157, 158, 159, 248.
- Tierra, culto á la, 77.
- Tierra Madre, 112.
- Tigre, cabeza de, 111.
- Tincuc, acto carnal, 113.
- hechizo, 183.
- Tincunacu, fiesta del, 113, 183.
- Tinéri, roca escrita de, 198.
- Tinguiririca, pictografía de, 44, 203, 204, 207, 246.
- Tinogasta, ídolo de, 17, 136, 171.
- pueblo de, 65, 126.
- amuleto de, 184, 185.
- Titicaca, lago de, 10, 25.
- tau del, 71.
- Cruz de, 5, 42.
- roca de, 19.
- civilización del, 42, 111.
- Tlacaltécuchtli, dios, 109.
- Tláloc, dios, 77, 81, 89, 90, 97, 121, 159, 247.
- los genios, 81, 90, 121.
- compañera de, 81.
- ministro de, 159.
- Tlalocán, señor de, 81.
- Tlalocatécutli, alto Tláloc, 81.
- Tlalocavitl, paraiso, 245.
- Tlapallá, lugar sagrado, 91.
- Tlascala, pueblo, 159.
- Tlascalteca, raza, 109.
- Tlathonathiu, creador, 109.
- Tlazoltéotl, diosa, 81.
- Tocapo Viracocha, 11, 13, 14, 51, 58, 111, 205.
- Toco, ventana, 51, 56, 58, 164, 205, 208, 220.
- Tocoregua, roca escrita de, 18, 19.
- Tohil, dios rugidor, 23, 82.
- Tokay, el predilecto, 111.
- Tolombón, urna de, 132, 237.
- Tolteca, nación, 28, 81, 82, 90, 93, 110.
- Tonapa, divinidad, 11, 12, 98, 157.
- Topamientos, los, 113.
- Tormenta, símbolo de la, 21.
- culto á la, 76.
- ave de la, 58, 99, 146, 151.
- personage mítico, 77, 163.
- mito de la, 87, 102, 114, 162.
- fenómeno de la, 107.
- Tótem, 35, 141, 186, 188, 189, 191, 209.
- Tránsito del Apóstol, 4.
- Tres, número sagrado, 14, 15, 17, 65, 104, 111, 112, 125.
- Triángulo, símbolo, 17, 63, 61, 65, 102.
- figura del, 115, 141.
- Tricéfalo, dios, 14, 103.
- figurón, 104.
- Tridente, insignia, 65.
- Triforme, figura, 134, 173, 174.
- Trinidad, misterio nativo, 14 á 17, 115, 177.
- Trinitario, grupo, 175.
- Trocadero, museo del, 90.
- Trueno, divinidad, 20, 24, 47, 86, 89, 146, 147, 171.
- figuración del, 141, 172.
- culto al, 156, 171.
- templo, del, 156.
- vaso del, 95, 157 á 160, 172, 226.
- Trujillo, pueblo de, 60.
- Tucumán, pueblo de, 70.
- nación del, 18, 44, 148.
- tránsito por el, 4.
- Tullán, pueblo de, 23.
- Tumaná, Cruz de, 117.
- Tumbas mejicanas, 36, 37.
- cruces en las, 36, 37.
- en Cruz, 109.
- Tumé, Pay, 5, 7.
- Tupa, piedra de Colla, 18.
- Tupá, 12.
- Tupis, indios, 146, 148.
- Tupu, adorno, 50.
- Turpentae, mago, 214.
- Tzendal, lengua, 23.
- Tzotzitepec, monte sagrado, 91.
- dios, 247.
-
- U, símbolo, 205.
- Uragozoriso, persona trinitaria, 15.
- Urapa, persona trinitaria, 15.
- Urasana, persona trinitaria, 15.
- Uricocochanticcicápac, dios epicero, 17.
- Urna funeraria, 126, 139, 142, 170, 172, 247.
- Urubú, cuervo negro, 226, 234, 235.
-
- Vasijas las cuatro, 95.
- antropomorfas, 168.
- Vaso ceremonial, 118, 126.
- del trueno, 156 á 160, 176, 248.
- funerario, 125.
- sagrado, 125, 129.
- votivo, 127, 172.
- Varas emplumadas, emblemas, 156, 192.
- Ventana, Señor de la, 13, 14.
- Vera, Paz, indios de, 28.
- Verano, fiestas de, 86.
- Vía Láctea, 70.
- Víbora, figuración, 202.
- Víctimas humanas, 214.
- Vida, Arbol de Nuestra, 37, 94.
- Viejos, los cuatro, 95.
- Viento figurado, 120, 162.
- casa del, 77.
- dios del, 84.
- Madre del, 87, 100.
- mito del, 87.
- personage mítico, 77, 106.
- Vientos, los cuatro, 41, 82, 88, 111, 114, 117, 120, 121, 177, 179.
- rosa de los, 41, 144.
- señor de los, 82, 110, 112, 116.
- Villanueva, cilindro de, 195.
- cementerio de, 166, 169.
- Villca, fetiche, 180.
- Vincha, faja, 160.
- Virginidad, emblema de la, 174.
- Virgulilla, símbolio de la, 61.
- Vitzcilipuztli, dios, 108.
- Voc, pájaro mensagero, 146.
- Voladores, los, 145.
- Volátil, símbolo, 76, 145, 155.
- Votán, divinidad, 23, 24.
-
- Wabun, persona de un cuaterno, 245.
- Wind Spirit, figura mítica, 78, 98.
- Wingemund, gefe de tribu, 189.
- Wixepecocha, divinidad, 24, 82, 91, 121, 217.
-
- X, Cruz en forma de, 63.
- Xayhua, Cruz, 44, 65, 66, 181.
- Xecotcovach, volátil sagrado, 111, 249.
- Xué, nombre solar, 16, 24.
-
- Yebecuayguaya, nombre trinitario, 15.
- Yocavil, valle de, 124, 182.
- huaca de, 252, 253.
- Yoni, 98.
- Yucatán, Cruz de, 36.
- pueblo de, 37, 82, 94, 95, 159, 242.
- Yucateca, nación, 94.
- Yunca, raza, 66, 101.
- Yuro, objetos para agua, 60, 64, 113.
-
- Zalicoffer, Hill, lugar, 35.
- Zapatec, monte sagrado, 110.
- Zapoteca, nación, 22, 24, 82, 92.
- Zara, maíz, 70, 193.
- Zara mama, fetiche, 70, 181.
- Zemes, fetiches, 178.
- Zoomorfa, figuración, 39, 99, 140, 173, 215.
- Zuhé, nombre Solar, 16.
- Zumé, Pay, 5, 42.
- Zuñis, indios, 146.
-
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-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CRUZ EN AMÉRICA ***
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