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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: La cruz en América - -Author: Adan Quiroga - -Release Date: January 28, 2017 [EBook #54064] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CRUZ EN AMÉRICA *** - - - - -Produced by Adrian Mastronardi, Paul Marshall and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/American Libraries.) - - - - - - - Nota del Transcriptor: - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - Páginas en blanco han sido eliminadas. - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - El símbolo ^ indica letras en sobrescrito. - Ilustraciones en medio de párrafos fueron movidas al principio - o final del párrafo. - Las notas fueron movidas al final de cada capítulo. - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las - minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas - de tamaño normal. - - - - - ADAN QUIROGA - - LA CRUZ EN AMÉRICA - - (ARQUEOLOGÍA ARGENTINA) - - CON UN PRÓLOGO - - DE SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO, M. A. - _Catedrático de Arqueología Americana - en la Facultad de Filsofía y Letras - de Buenos Aires_ - - _Encargado de la Sección Lingüística - en el Museo de La Plata, etc., etc._ - - [Ilustración] - - BUENOS AIRES - IMPRENTA Y LITOGRAFÍA «LA BUENOS AIRES» - - 260—BOLÍVAR—260 - MCMI - - - - -[Ilustración: URNA FUNERARIA—AMAICHA, ENTRADA A TAFÍ Colección Quiroga] - - - - - AL - TENIENTE GENERAL BARTOLOMÉ MITRE - _26 de Junio de 1901._ - - - - -PRÓLOGO - - -La _Cruz en América_ es el título que el Dr. Quiroga dá á su nueva -contribución al estudio de las antigüedades de nuestro continente. A -tal punto nos hemos empapado en la idea de que la Cruz empezó y acabó -en el Calvario, que basta nombrarla para que se suponga que se trata -de descubrir ó comprobar la visita de algún apóstol en el primer siglo -de nuestra era. Pero nada de esto sucede; el símbolo, materia de este -libro, es algo muy americano, que si procedió de algún otro continente, -debió ser cientos y miles de años antes de producirse la solución de -continuidad que separó las tres Américas del resto del mundo. - -En su trabajo, el autor, dándonos en resumen las opiniones más -autorizadas al respecto, le niega el origen cristiano á la Cruz en -América; pero esto no quiere decir que ella haya sido inventada en -nuestro continente, ni tampoco que en el Norte y en el Sur procedan -de dos invenciones sin conexión alguna entre sí. El malogrado doctor -Brinton abogaba por la independencia de origen de todos los signos -simbólicos y demás que se encuentran en los diferentes países; pero -Wilson[1] opina lo contrario, y si bien concede que la Cruz es una -cosa tan sencilla, que en todas partes y en todas las épocas ha podido -descubrirse de nuevo, se niega á admitirlo en el caso _del swuastica_ -espiral, meandros, griegas y otros adornos por el estilo. Si todo -esto más bien debió entrar de afuera por migración, igual suerte pudo -caberle á la Cruz; y es muy significativo que tanto en el Norte como -en el Sur sea la Cruz un atributo ó un símbolo de los dioses de las -lluvias y de la atmósfera, en una palabra, uno de esos signos de una -lengua sagrada que venimos rastreando en todo el mundo. - -Ahora bien; si la Cruz en América simboliza algo que pertenece á -ciertos dioses de su mitología, igual cosa podemos decir de la Cruz en -el Viejo Mundo. Entre las naciones de la antigüedad (los Cartagineses -por ejemplo) á los prisioneros, y á los criminales se les daba muerte -en Cruz, víctimas por sustitución en los sacrificios humanos. Esta -sustitución degeneró entre los Quichuas en conejos, llamas, y más -tarde, en las fiestas del Chiqui, en hombrecillos de masa ú otro -sustituto, que se colgaban en el algarrobo á cuya sombra se celebraba -aquel rito. En los pueblos de Catamarca y la Rioja, las carreras que -acompañaban estos juegos eran incruentas, pero en Tuama de Santiago -los corredores se hacían sangrar en la misma iglesia y el chorro que -saltaba se dirigía hacia el altar, punto en que se hallaba la Cruz. - -Lo cierto es que, al rededor de la Cruz, en todas partes encontramos la -idea de algún Dios representado, y si en América más bien se relaciona -la Cruz con el agua y con los fenómenos atmosféricos, es porque en -nuestro continente, la falta de agua era la que más se hacía sentir -y, desde luego, era un dios de las lluvias al que había que invocar; -mientras que en el Viejo Mundo, Neptuno, había tenido que ceder el -lugar á Júpiter, aquél un dios acuático, éste atmosférico; pero como en -todas partes al Dios de moda se le adjudicaban atributos del que dejaba -de serlo, así había un Júpiter _Pluvius_, otro _Tonans_, etc. - -Vemos, pues, según nuestro autor, que tanto en el Norte como en el Sur -de nuestra América se encuentran Cruces, espirales, meandros, y otros -símbolos como adornos de ídolos, vasos y otros útiles. - -Por otra parte, los autores más modernos se inclinan á opinar que la -raza humana desciende de una sola pareja, si bien persisten en atribuir -á la evolución lo que nosotros explicamos sencillamente en las palabras -del Génesis. - -¿Cuál es entonces la dificultad que nos priva de conceder que la Cruz, -la espiral, el meandro, el triángulo, los escalones, y tantos otros, -sean símbolos de una lengua sagrada que sería propia de nuestra raza -antes de la separación que produjo las diferencias étnicas de la época -prehistórica? - -Como dice Mortillet[2] el hombre cuaternario antiguo ó paleolítico, era -cazador, nómada, sin idea, ni sentimiento de religión, en fin, parecido -á nuestro Indio del Chaco; debió pues llegar un momento en que paso á -ser hombre con principios de civilización, capáz de hacer el huso con -su tortero, ya para hilar, ya para sacar fuego, y al propio tiempo con -voluntad de invocar á un poder desconocido que hace y gobierna todas -las cosas. En América, como en todas partes, hallamos razas que -fácilmente asimilan cualquier civilización, como los Mexicanos en el -Norte y los Quichuas en el Sur: y otras que, a pesar de todo, quedan -nómadas, salvajes, cazadoras hasta el día de hoy, lo que sirve de -disculpa á muchos para abogar por su exterminio. - -Si hemos de estar al monogenismo, unas y otras razas proceden de las -migraciones, y ya se sabe que los que emigran portan consigo lo que -tienen, lo que saben y lo que creen. Si encontramos, pues una raza -que vive de la caza, que viste pieles y que se defiende con armas -que corresponden á cualquiera de las edades de piedra, lo lógico es -deducir que la migración se produjo en la época en que el país de sus -antepasados se hallaba en el mismo atraso. Ahora si al contrario, nos -las habemos con gentes que habitan casas, visten ropa tejida, saben -procurarse el fuego y adornar sus armas y útiles con símbolos que -tanto se hallan en el Viejo Mundo como en el Nuevo, lógico es también -que concedamos que estos conocimientos los trajeron consigo en sus -migraciones, esa familia humana que inició la civilización donde quiera -que se halle. - -Dice Wilson[3] citando á Lubbock[4]: «A no dudarlo, el hombre al -principio, se extendió poco á poco, paso á paso y año por año, por -toda la redondez de la tierra, tal y como la mala hierba de Europa se -extendió lenta pero seguramente por toda la superficie de Australia.» - -Así, pues, se extendió el hombre, el civilizado como civilizado; el -salvaje como salvaje; y precisamente son el huso de hilar, el de sacar -fuego, y la Cruz que nos pueden señalar el curso de las migraciones. - -No es mi mente establecer aquí las pruebas de que los símbolos de que -se trata, migraron de Europa á la América del Norte y después á la del -Sur, porque esto vendría con el tiempo; pero sí me intereso en hacer -constar que opino con Wilson, y en contra de Brinton, que más fácil es -concebir la hipótesis de derivaciones, que de invenciones aisladas en -cada lugar. La experiencia nos enseña lo que le cuesta al hombre hacer -lo que nunca ha visto, y tan es así que aún en América las naciones -más civilizadas casi todas han estado en contacto geográfico unas con -otras. En el Sur, desde Centro América hasta Chile, se suceden las -naciones más adelantadas, y otro tanto se puede decir del Norte hasta -llegar á la región mexicana. En ninguna parte hallamos un aislamiento -de algo como lo del Perú. Si ese paralelismo del ingenio humano fuese -un producto espontáneo, debiéramos encontrar algo como un núcleo de -cosas mejores fuera de la región consabida; pero no: en la América, -las civilizaciones se tocan unas con otras, están en las montañas, -regiones que en el Viejo Mundo han dado origen á expresiones como la -de nuestra palabra «cerril», que dice poco menos que «bárbaro». Está -muy claro que la civilización americana contraria esta experiencia -europea, que la poseyó en las costas, puertos de mar y ríos navegables. -¿Qué sería lo que sucedió? La contestación se impone. En nuestro -continente son arrinconamientos de algo que existió en otra parte; en -donde, se revelará algún día; hoy sería prematuro indicar el lugar de -procedencia. En todas partes vemos rastros de algo muy anterior al -México de Montezuma y al Perú de Atauhualpa; pero aún ese algo pudo ser -á su vez restos de continentes y adelantos perdidos. - -Lo que ahora falta es un trabajo geográfico con ubicación de todos los -puntos en que se hallan Cruces en ambas Américas, es decir, un mapa -como el de Wilson, en su _The Swastika_, porque así fácilmente podremos -ver como hay contacto geográfico entre todos los lugares que han -conservado señales de este símbolo. - -Una vez que entremos al estudio comparado de la simbología Mexicana y -Andina, veremos que los dioses de los dos países se adornan con los -mismos dibujos. Por ejemplo: En la introducción de Chavero[5] tenemos -una reproducción del Códice Borgiano. En ésta se representa la estrella -vespertina y matutina, una figura doble cargada de símbolos, muchos de -los cuales son los nuestros, como ser: los círculos con punto (Ojos -de Imaimana), las escaleras con meandros ó griegas y sin ellas, y -finalmente una Cruz formada (en el copete de la figura que representa -el lucero) por dos símbolos muy conocidos en nuestra alfarería. Si la -Cruz es curiosa, ¿qué diremos de los escalones y triángulos? Cuesta -creer que sean producto de la casualidad; más si suponemos que eran -símbolos de la lengua sagrada, precisamente deberían emplearse en una y -otra región como atributos y emblemas del culto tal ó cual. - -En la página 154 de la citada obra de Chavero, se reproducen Cruces -griegas, maltesas y de San Andrés, las mismas que encontramos en las -alfarerías y piezas en bronce de la región de Andalgalá. Estos objetos -se hallan en el Museo de la Plata, y esperan el regreso del director -para sacarse á luz. - -A propósito del Nahui Ollin, ó Cruz de San Andrés, que servía para -determinar los equinoccios, debo dar cuenta de algo que descubrí en -uno de mis viajes por la región calchaquina, y que es pertinente al -asunto de que se trata, porque, la planta de la construcción que voy á -describir, forma una Cruz perfecta de brazos más ó menos iguales. - -En el lugar llamado Fuerte Quemado, como á una legua al norte de -Santa María, en la raya que divide la provincia de Catamarca de la de -Tucumán, en el mismo riñón de Calchaquí, corre un filo de cerrillada -que acaba en punta hacia el norte y domina la entrada al valle de Tafí, -pero con todo el de Santa María por medio. En una de las prominencias -de este filo se hallan levantados unos curiosos edificios: las paredes -de un salón, una torre redonda y cuatro construcciones de la laja -local, rodean un patio largo y angosto, guardado por el precipicio á -los tres costados y sin más entrada que una garganta casi impasable al -Norte. - -Las construcciones á que me refiero son muy curiosas, porque constan -de cuatro paredes que se levantan dejando un espacio en Cruz entre -ellas, sin destino posible, porque apenas si dan paso al cuerpo. La -orientación no es de Norte y Sur, sino á los medios vientos, es decir, -NE., SE., NO., SO. - -Como Montesinos y otros hablan de tales paredes como destinadas á -determinar las horas del día, los solsticios y equinoccios, siempre he -considerado que esta ruina en cruz fuese uno de tantos _intihuatanas_ ó -trampas para cazar el Sol. - -Chavero[6] habla de la Cruz de San Andrés como símbolo de los -cuatro movimientos del Sol—el _Nahui Ollin_—y si miramos hacia -el Este los pasillos del _Intihuatana_ del Fuerte Quemado, forman -justamente una Cruz de San Andrés. Cerca de allí estuvo el lugar -llamado—_Bacamarca_—otro modo de escribir—_Huacamarca_—«la plaza -fuerte de la _Huaca_».—El nombre y su interpretación corresponden á lo -que allí existe ó existió.[7] Si se acepta mi hipótesis, tenemos otra -vez aquí la Cruz como medio de determinar observaciones astronómicas. - -Muy significativas también son las Cruces que ocupan el lugar de -dientes en los dos lagartos que forman los costados del disco de bronce -(Fig. 71 B) de Andalgalá. La figura central es un ser antropomorfo que -yo identifico con Huiracocha, el dios acuático de los Quichuas. - -Sabemos que la Cruz en México significaba «_el dios de las lluvias_», -como dice Chavero,[8] y lo mismo significa en la región Calchaquí. Esto -lo demuestra muy bien Quiroga, quien llegó á tener este convencimiento -sin conocer el trabajo que acabamos de citar. - -En todos estos lugares existía una cierta cultura, y así vemos que la -Cruz servía para determinar el Dios del culto que se celebraba. Orlando -esta región andina y hacia el Este, en los llanos, merodeaban las -naciones de Mocovís, Abipones, Tobas y otras de las llamadas Guaycurús -ó Frentonas. Los Indios estos y sus Machis ó Hechiceros verían como las -naciones Diaguitas veneraban la Cruz y la empleaban en sus ceremonias. -Los otros, raza de Jurís ó nómadas, no comprenderían bien aquello -de símbolos de una lengua sagrada, pero se harían cargo que la Cruz -encerraba algo bueno en sí y la adoptarían como amuleto. Así, pues; -en el siglo XVIII, los Indios Abipones se hacían tatuar unas cruces -en medio de la frente, como se puede ver en las láminas de la obra de -Dobrizhoffer que de ellos trata. - -En el siglo pasado y hasta el presente, estaba y está una India Toba en -el Asilo de Huérfanos, en Buenos Aires, con una Cruz muy bien tatuada -en medio de la misma frente. En el ejemplo Abipón, la Cruz (griega) -está formada por dos líneas que se cruzan; en el moderno es el espacio -que forma la Cruz, y son los tatuajes que la perfilan. Por lo que he -podido averiguar, son las mujeres que se adornan con tinta indeleble, -como nuestros marineros; mientras que los hombres sólo se embijan con -coloretes que desaparecen con el lavado. - -He notado en algunas urnas calchaquinas, de las que se adornan -con pinturas antropomorfas, una crucecita griega en el punto que -corresponde á la frente, tal y como las hallamos en las caras de las -bellas abiponas; estas indias, según el artista de Dobrizhoffer, todo -son, menos indias del Chaco; pero en cuanto al tatuaje podemos asegurar -que es una fiel reproducción de lo que viera el misionero Jesuita en -sus correrías. Ni por un sólo momento insinúa él que se trataba del -símbolo del cristianismo. - -Otra cosa quiero hacer notar y es la abundancia de la Cruz en los -objetos de alfarería en la región calchaquina propiamente dicha, y su -escasez en los demás lugares del Oeste de Catamarca. Hay que confesar -que el tipo de aquellos objetos es muy distinto del de estos, al grado, -que hace sospechar que puedan corresponder á otra raza y á otro rito. - -En Andalgalá los vasos más hermosos ostentan figuras draconianas. -Tinajas del tipo Santa María, de las que tantos ejemplos dá el doctor -Quiroga, no se han encontrado al Sur del Atajo, con dos excepciones -halladas en Choya, una aldehuela dos leguas al N. O. del Fuerte, -pero aún éstas carecen de las fajas negras de los costados que son -el distintivo de las de Calchaquí. Al hacer esta excepción hay que -acordarse que á Choya, ó sea Ingamana, fué expatriada una de las tribus -del valle de Calchaquí, en el siglo XVII, y allí se han conservado. -Aquí, empero, nos sale al encuentro una nueva dificultad: existen -ruinas de pueblos de indios en las faldas, mientras que los Ingamanas -fueron colocados en el llano. - -Así es todo lo que se presenta en Calchaquí y los valles anejos. -Cuesta creer que las vastas ruinas hayan pertenecido á los indios -que hallaron los españoles. Los Misioneros no se acuerdan de nombrar -esos sorprendentes entierros de numerosas urnas, nuevas todas, y que -deberían responder á algún rito de la mitología local. Durante cientos -de años las crecientes han estado dando cuenta de estas huacas, y los -coleccionistas han destruido más que lo que han logrado para vender. - -Los descubrimientos de Ambrosetti en Tafí, también indican algo que si -no es de una colonia peruana, corresponde á esa civilización anterior, -en pos de la cual andamos todos. - -Cuando una vez se abre algún capítulo en la historia de los -descubrimientos arqueológicos, nos vienen á la memoria cosas que hemos -leído, y á que no dimos mayor importancia. - -Más de una vez me llamó la atención aquel incidente en la entrada de -Juan Núñez de Prado, cuando él puso á los indios de Santiago bajo el -amparo de la Cruz. En la parada que hizo no pudo haber convertido á -esos indios al cristianismo porque no le alcanzó el tiempo. Hoy que -sabemos que la Cruz se hallaba diseminada en los objetos de alfarería, -y otros, se comprende que Prado no hizo más que utilizar una veneración -que ya existía por el símbolo.[9] - -Muchos habrán creido que la noticia de Lozano carecía de importancia; -pero después se ha visto que el tal hecho consta en documentos hoy del -dominio público. - -El año 1896 el doctor José Toribio Medina publicó en Santiago de Chile -la información levantada por Juan Núñez de Prado en su recién fundada -ciudad del Barco, y marzo de 1551, poco antes de trasplantar la misma -de su asiento en los llanos de Tucumán, al que después se le dió en los -valles de Calchaquí.[10] En la 8.^a pregunta se dice lo siguiente: - -«8—Item si saben que estando el dicho capitán Juan Núñez Prado -poblando en esta ciudad[11] envió á Martín de Rentería, alcalde, con -hasta veinticinco ó treinta hombres que fuesen á conquistar é descubrir -la tierra por ver lo que había en ella, el cual fué y llegó á Macherata -y Collagasta y Mocata, que es cuarenta é cinco leguas de esta ciudad -é ahí en Ligasta é Thomagasta é vió otros muchos pueblos é los cuales -tomó posesión en nombre del dicho capitán Juan Núñez de Prado, é de -la dicha ciudad, _poniendo cruces en los dichos pueblos_, haciendo -entender á los caciques é indios que aquellas se ponían para que si -viniesen cristianos, supiesen estaban en paz é no les hiciesen mal -ni daño, ni tomasen sus haciendas, ni mujeres, ni hijos, _los cuales -quedaron muy contentos en haber lo susodicho_ é paz con los cristianos, -sirviéndoles muy bien». (Tiraje aparte pp. 4 y 5.) - -La pregunta 9 relata como en seguida salió Prado á recorrer lo visitado -por Rentería y algo más, y continúa así: - -«E habiendo salido de esta dicha ciudad con veinte é ocho hombres -que consigo llevaba, un día que se contaron diez de Noviembre del -año pasado de quinientos é cincuenta años, estando alojado junto al -pueblo de Tepiro[12] un cacique que llevaba consigo de Tucumán[13] -que le había salido de paz, le dijo como en el pueblo Thomagasta[14] -había cristianos, que eran cinco leguas más adelante; é sabido por el -dicho capitán Juan Núñez de Prado, luego procuró de que se tomasen -algunos indios para saber que gente era, y luego se tomaron dos ó tres -indios los cuales dijeron que en el dicho pueblo de Thomagasta había -cristianos é que habían estado alanceándolos é robándolos é _derrocando -la cruz que estaba puesta_, é no embargante _que los indios les hacían -cruces_, como les habían dicho no dejaban de matarlos é robarlos é les -habían hecho otros muchos malos tratamientos, etc.» Ibid. p. 5. - -Llamado Martín de Rentería, depuso que todo esto era así, y al -proseguir con la pregunta 9 agregó que había: - -«Oido decir á Pedro de Rueda é á otras personas que venían con el -dicho Villagrán, como habían entrado alanceando los dichos indios de -Thomagasta _llamando á la cruz que estaba puesta garabato_, diciendo: -_que garabatos tienen aquí_ puesto los de _Tucumán_ etc.» Ibid p. 14. - -Es curioso que el Padre Domínico, Alonso Trueno, nada diga de las -cruces, lo que demuestra que no fué él que las planteó. - -Este documento no se conocía cuando el doctor Andrés Lamas publicó su -edición de la historia de la conquista por el P. Pedro Lozano S. J. y, -por esta causa no se dió la importancia que merecía á la noticia que de -ello nos diera el famoso Padre. Sus palabras son estas: - -«Prado, cuyo celo debemos siempre alabar, por lo que se esmeraba en -adelantar los negocios de la fe con la autoridad y con ser ejemplo -entre estos indios, en cuyos pueblos apenas sentaba el pie, cuando en -piedad cristiana _hacia enarbolar cruces_, para que los bárbaros las -adorasen.... con cuya diligencia cobraron las bárbaros tal estimación -de la Santa Cruz, que hasta _los mismos gentiles la veneraban por el -mayor de sus ídolos_.» Historia de la Conquista, t. IV., p. 128. Ed. -Lamas. - -En su historia, el autor, refiere este episodio como si correspondiese -á los meses posteriores al incidente con Francisco Villagrán en -Tuamagasta, pero de la información del año 1551 se desprende que esto -se hizo desde el primer momento de la entrada. - -El nombre de «_garabatos_» que la gente de Villagrán daban á estos -signos de la Cruz, y la ninguna mención que de ellos hace el Padre -Trueno en su declaración nos ponen en el caso de sospechar que él no -estaba muy convencido de la eficaz fe cristiana de los indios en este -símbolo, cuando acudían á su amparo. - -Por otra parte, no se halla ninguna referencia, ni en Bárcena ni en -Techo, ni en ninguna de las cartas anuas, á estas Cruces del arte -Calchaquí, y no obstante, como se vé en las colecciones y en los -numerosos ejemplos citados y reproducidos por el doctor Quiroga, no hay -signo que se presente con más frecuencia que este de la Cruz. - -Ya hace algún tiempo que había yo reunido algunos ejemplares de la -Cruz en la alfarería, para un estudio sobre el simbolismo de la región -calchaquina, que permanece aún inédito; allí hacía notar que se -relacionaba el signo este con los dioses acuáticos y con el agua, más -nunca llegué á identificarle con el suri y con el sapo. - -La identidad del suri (el avestruz americano) y de la Cruz en todo lo -que se refiere al agua, puede decirse que ha sido descubierta entre -nosotros por el doctor Quiroga, y seguramente es una de las partes más -interesantes de su trabajo. Después que el doctor Quiroga llamó mi -atención á los locos gambeteos del suri, cuando está por llover, he -tenido ocasión de observar una de estas aves, y he notado que es el -mejor de los barómetros. Los movimientos excéntricos de alas, patas -y pescuezo, reproducen las figuras que se notan en los _pucos_[15] -y tinajas, y no hay postura que se advierta en éstas, por violenta -que sea, que no la véamos también en el ave en vida, cuando está por -llover. Valiéndome de la advertencia de mi amigo, más de una vez en -este año (1901) he adquirido fama de buen profeta de lluvia. Siendo, -pues, la Cruz, como muy bien dice Quiroga, el símbolo del agua ó de -la lluvia, y observando los _Machis_ ó Hechiceros, la conducta de los -suris en vísperas de la lluvia, lo más natural era que se pintase lo -uno con lo otro. Lo del sapo se impone, y la sustitución de uno de -estos símbolos por el otro, es una de las pruebas más satisfactorias -que nos ofrece el autor de que la Cruz, con el suri ó sin él, es -llamativa del agua. - -Por lo que hace á la serpiente y su simbolismo, creó que también -acierta Quiroga. Me consta que el vulgo nuestro, cree que una víbora -en un lugar, en tiempo de tormenta, basta para hacer que allí caiga -rayo; y un lindo espécimen que reservaba para un amigo naturalista en -un rancho de mi hacienda fué destruido y arrojado lejos porque empezó -á tronar, y los dueños de casa temían ser víctimas del rayo, si no -se deshacían del incómodo huésped, que no necesitaba estar vivo para -perjudicar. - -Como no es posible dudar ni por un momento del origen americano de la -Cruz, en general y también en la región de Calchaquí, por el modo como -se presenta y las combinaciones en que entra, justo es que tratemos de -darle el lugar que le corresponde en el simbolismo de la mitología de -nuestro hemisferio; y á esto se dedica con todo empeño el autor en su -obra. Se ha comprobado su existencia como símbolo sagrado: se ha visto -que, no en todas partes se presenta en la misma forma; que en una -es atributo de un dios tal ó cual, que en otra es adorno de un vaso -sagrado; así designamos las urnas que acompañaban á las inhumaciones -de los cadáveres en Calchaquí. Hay pues que establecer y distribuir -estas diferencias regionales que tanto nos ayudarán á dar al símbolo su -completo, si bien multiforme significado. - -Es de esperar que en seguida alguien emprenda uno ó más trabajos -tendentes á dar á conocer todos los ejemplares de la Cruz en Calchaquí -que se hallan en las colecciones públicas y particulares, teniéndose -especial cuidado de distinguir entre los de un distrito y los de otro, -porque hasta entre estos suele haber bastante diferencia. - -Digna de toda atención también es la forma en que la Cruz aparece en -la famosa lámina del Yamqui Pachacutic, clave tan preciosa para la -arqueología del Sur como lo ha sido el alfabeto de Landa para la del -Norte. - -No es este empero el lugar de hacer una disertación sobre aquella -interesante y sugestiva lámina. El trabajo del Dr. Quiroga la dá -á conocer para que todos puedan juzgar de su importancia con la -reproducción del original á la vista. Yo mismo utilicé muchos de sus -datos en mi artículo sobre los _Ojos de Imaimana_, publicado en el -t. XX del Boletín del Instituto Geográfico. Estos dibujos -nos dan á conocer que existía un simbolismo con signos reconocidos, y -fundándome en esto, y en la universalidad de muchos de ellos en nuestro -Continente, es que no trepido en hablar de una lengua sagrada con -simbología bien conocida tanto en el Norte como en el Sur. - -Acordémonos también que nosotros estamos aprovechando sólo los restos -de riquísimos antecedentes. Miles de MSS. se destruyeron en el Norte, -miles de ídolos y otros objetos por el estilo en el Sur; pero con -todo eso en una y otra parte encontramos esas Cruces, esos círculos -con puntos, ó sean Ojos de Imaimana[16], escaleras, algunas con asta -banderas, triángulos con espirales ó griegas y sin ellos, triángulos -solos, conos, meandros ó griegas de todas formas y complicaciones, -serpientes, dragones horrorosos, algunos con caras antropomorfas, otros -con dos ó más cabezas; en fin todos esos signos que algo indican y que -tanto abundan en la alfarería y otros objetos de nuestra región andina -del Norte. Todo esto hay que aprovechar en una serie de publicaciones -como la del Dr. Adán Quiroga, quien con singular abnegación ha dedicado -tanto tiempo y buena parte de su fortuna en coleccionar los objetos que -le han servido de base para este estudio. - -Digno de todo elogio es el trabajo con que el autor ha iniciado el -nuevo siglo, y sépase que muchos de los objetos han sido exhumados por -él en los propios yacimientos. Lo que ahora se publica no es más que un -fragmento de sus investigaciones, y puedo asegurar que su colección del -Folk-Lore y de los Petroglifos de aquella región es tan importante como -sus descubrimientos acerca de la Cruz, si no los supera. - -Una vez más debemos protestar contra esas destrucciones por mayor -de los yacimientos que contienen estos rastros de la prehistoria de -nuestro país. El único modo de evitar el comercialismo que ha invadido -á los colectores sería el no aceptar colección alguna que no viniese -con los credenciales de cada objeto y de su descubrimiento y ubicación, -y que estos fuesen á satisfacción de peritos en la materia; pues -nuestros Museos hoy poseen datos que permiten esta clase de exigencias. - -Sólo el amor á la ciencia del Dr. Quiroga pudo ponerlo en posesión de -todo aquello que le ha servido para concebir la idea de este libro, -y mucha abnegación para escribirlo en los momentos de ocio que le -dejaban sus tareas en la Corte de Justicia de Catamarca de la que era -y es uno de los Ministros. Sus vacaciones las pasaba en Calchaquí, sus -noches interpretando libros en otros idiomas, y así, á 300 leguas de la -casa editora, ha podido llevar á feliz término su trabajo _La Cruz en -América_. - - SAMUEL A. LAFONE QUEVEDO. - -El Museo, La Plata, Agosto 21 de 1901. - - -NOTAS: - -[1] _The Swastica_, por Thomas Wilson p. 953. - -[2] _Le Préhistorique_, Ed. de 1900, p. 333. - -[3] _The Swastica_, p. 982. - -[4] _Prehistoric Man_ p. 601. - -[5] _México á través de los siglos_, p. XV. - -[6] _México á través de los siglos_, t. I, p. 145. - -[7] Rápidamente desaparece todo, y muy en breve no quedará más rastro -que los apuntes de mis carteras. - -[8] Ibid, p. 382. - -[9] Santiago era una colonia de los valles calchaquinos. - -[10] No se precisan los puntos por estar su ubicación aún en tela de -juicio. - -[11] El Barco. - -[12] Las _cruces_, se entiende. - -[13] Tepiro y Tuamagasta, pueblos de Santiago del Estero, aquel al -Norte, éste al Sur. - -[14] Sin duda error por Atacama cerca de Río Hondo. Véase p. 33. - -[15] _Pucos_ escudillas ó tazas. - -[16] _Imaimana_—Todas cosas. Gonzalez Holguín _in voce_. - - - - -CAPÍTULO I - -LA CRUZ EN AMÉRICA - -JUICIO DEL CONQUISTADOR - - - _La Cruz en los siglos XVI, XVII y XVIII—Juicio - del Conquistador—Idea de un cristianismo - antecolombiano—Los_ PAY _americanos y los - hechiceros nativos—Juicio del indio—Monumentos y - mitos continentales—-Pachacámac, Atticci Viracocha, - Tonapa y Taapac—El tricéfalo de Cundinamarca - y el Tangatanga de Chuquisaca—Escrituras - petográficas—Quelzalcóatl, Votán, Wixepecocha, - Botchica y Huiracocha—Manco Cápac y el Inca - Roca—Pies esculpidos—El hombre blanco y barbado—La - Cruz como símbolo nativo._ - -No es la presente una obra de filosofía ni de discusión dogmática sobre -la CRUZ en América, sinó un ensayo arqueológico. Por eso -parecerá á algunos que el presente capítulo está demás; pero el orden -cronológico en que ha sido tratado el asunto, así como el desarrollo -del mismo hasta llegar á conclusiones que consideramos definitivas, -hacen que nos ocupemos someramente de cuanto sobre el símbolo -universal, encontrado por el Conquistador en el Continente, háse -escrito y mentado hasta la época actual. - -Para los siglos XVI, XVII y XVIII fué la Cruz americana un motivo -trascendental de religión. El conquistador ni vió, ni pudo ver en -aquella, una combinación geométrica simbólica, sinó el signo sacrosanto -de su fe, que portaba en sus manos junto con la espada. Las ideas de -la época hicieron surgir en nuestro suelo, con su palabra evangélica, -á Santo Thomé, el Apóstol del Asia y del Africa, doctrinador de -brahamanes y etiopes. El rico material de tradiciones y leyendas -nativas fué pacientemente acumulado y comentado. El indio, que vió -venerado por excepción uno de sus símbolos, convino en afirmar cuanto -interesaba á los prejuicios del misionero; y así se explican, por -ejemplo, los párrafos de mística unción del P. Ruíz de Montoya, después -que con el P. Cristóbal de Mendoza visitaran á Tayatí, lugar en el cual -las gentes recibiéranles con tan extraño agasajo, refiriéndoles la -vieja tradición[17]; como se explican las constancias anteriores de las -tan conocidas cartas del P. Manuel de Nóbrega, de 1549 y 1552, sobre -lo que le dijeron los brasiles[18], y las afirmaciones de la epístola -del P. Cataldino á su Provincial, en 1613, que Lozano califica de «la -fuente más pura de la noticia»[19]. - -Es el Brasil la primera tierra americana que pisó Santo Tomás, bajando -en la Bahía de todos los Santos, dejando impresas sus huellas en -peñascos, que recuerdan las de Buda ó del Dídimo en el Ceilán, así -como abierto el camino _Maraypé_[20]. El Paraguay de las misiones -guaraníticas aparece como la nación más favorecida del Santo, al que -se atribuyó anunciar la llegada futura de misioneros, y el que dejó -abierto el camino _Peabirú_, que remataba en Carabuco peruano, por el -que portó su gran Cruz de madera, siendo obras suyas el famoso panteón -de Guayrarú y el pozo cercano al río Tebicuarí[21]. Memorias del Apóstol -son también la gruta de Paraguarí[22], la piedra de Tacumbú[23] y las -huellas de Mbalpirungá[24]. - -Los pasos apostólicos por el resto de la América Meridional, desde -Chile adelante, fueron seguidos por los padres agustinos Fr. Alonso de -Ramos[25] y Fr. Antonio de la Calancha[26], tomando los jesuitas sus -noticias del primero[27]. De su tránsito por nuestro Tucumán, que -pudiera interesarnos por una natural curiosidad local, los cronistas -dan brevísimas noticias: á mediados del siglo XVII el Obispo del -Paraguay, D. Lorenzo de Grado, afirma que Santo Thomé atravesó estas -provincias; Fr. Alonso Ramos[28], limítase á referir que lo que á -personas curiosas oyó platicar es haber ido el Santo al Perú «por el -Brasil, Paraguay y _Tucumán_»; lo mismo repite el P. Montoya[29], -haciendo suya la anterior noticia; el Relator del Consejo de Indias, D. -Antonio Rodríguez de León Pinedo, refiere que á cuatro ó cinco leguas -de Córdoba, hacia donde llaman _Sal-si-puedes_, hay una peña en la -que están impresas las huellas del Santo[30]; más el P. Lozano, gran -conocedor de la historia de nuestra tierra, es de distinto parecer, no -encontrando rastros apostólicos en el Tucumán[31]. - -De esta nación pasaría á Chile, según una _Relación_ del P. Andrés de -Lara y una referencia de D. Alonso de Ercilla[32]. - -En Bolivia aparécese el Apóstol en Tarija, en cuyos términos se hizo -famosa la Cruz de Salinas, pasando aquel á través de los Charcas al -Perú. - -En el siglo XVII, especialmente, corrieron muchas mentas sobre la -estadía del Apóstol en este último país. Santo Toribio de Mogravejo, -arzobispo de Lima, mando levantar una capilla sobre la roca de sus -huellas esculpidas. La Cruz de Carabuco, enterrada á orillas del -Titicaca, fué labrada con madera que el Santo condujo desde Guairá. -Aquél lago, Cachi, Chucuito, Chachapoyas, valles de Trujillo, Cañete -y Calango están llenos de sagrados recuerdos. Cieza supone que el -Ticci Viracocha salido del Titicaca es el Apóstol, y Calancha, que -las estatuas de Muyna y de Cacha le representan. Reminiscencias de -accidentes geológicos peruanos están ligados á obras del Santo[33]. - -Algunos cronistas opinan que el Apóstol del Perú fué San Bartolomé, á -causa de la manera como se representaba á Huiracocha en los templos -dedicados á su culto[34]. - -Los PAY americanos, ó sean Pay Zumé, Pay Abaré y Pay Tumé, los -primeros del Brasil y el tercero del Perú, son los Apóstoles mismos, -portadores de la Cruz en las tradiciones y monumentos nativos. Los -nombres de Zumé y de Tumé tomáronse por corrupción de Thomé. Y en -efecto: estos Pay aparecen como grandes doctrinadores de un nuevo orden -de cosas en materia de religión, figurando en las leyendas míticas como -seres extraordinarios. - -En el sentido americano de la palabra, _Pay_, es un profeta, un -adivino, un mago, un hechicero, ó un gran brujo[35]; los Pay son de la -familia de esos mismos que los misioneros encontraron y conocieron en -el Paraguay y otros pueblos, los que predicaban ser hacedores de todas -las cosas, dueños de las lluvias y dominadores de la tempestad, como -el indio Antecristo de los pueblos de Piti y Mara, en el Perú, lugar -teniente de Dios, que tanta maravilla obró, al decir del P. Ramos. - -Pay Zumé, el Apóstol de la epístola del P. Nóbrega, en 1552, sería un -hechicero de extraordinarias facultades, por lo que tanto le recordaron -brasileños y paraguayos. Lo mismo decimos de Pay Tumé[36]. - -El nombre de _Abaré_ no podía cuadrar á ningún Apóstol, por cuanto era -oprobioso en la gramática de la lengua, pues para el indio equivalía -á «hombre que no gusta de mujeres», á estar á las crónicas de los -misioneros mismos[37]. - -El Pay Tumé del Perú, aparece ser el Pay Zumé brasileño y paraguayo, -según Lozano, Montoya y otros[38]. Lozano consigna una breve noticia de -Pay Tumé, tomada de una relación manuscrita del doctor don Francisco de -Alfaro, transcribiendo Montoya el párrafo pertinente[39]. - -En definitiva: todo cuanto se ha escrito sobre la Cruz americana -en los siglos XVI y XVII á cerca de una supuesta predicación -evangélica antecolombiana, no reposa sinó en fundamentos deleznables -é inconsistentes; y el celo de los P. P. de la Compañía engañóles á -sí mismos, ó contribuyó á que les engañara, dejándose seducir por los -relatos de los naturales, quienes matizaban sus viejas tradiciones -con alguna novedad española, en el propósito de propiciarse la -buena voluntad de los aparecidos invencibles, los que llenaron de -turbación sus espíritus, y á los que vieron adueñarse de sus tierras, -estableciendo su imperio en todos los órdenes de la vida. Es claro, -entonces, que los venidos del mar tendrían también precursores llegados -por la mar; que los profetas no podrían ser advenedizos y que arribaron -precedidos por otros profetas; que los blancos no surgieron de golpe, -sinó que mucho antes aparecieron anunciados por otros blancos como -ellos, con los cuales los naturales sellarían el pacto de esperarles en -día no lejano. De tal modo se explica la antigua evangelización y el tan -decantado y misterioso origen de los Apóstoles[40]. - -Mucho se ha insistido, aún después del siglo XVII, en hallar pruebas -de que la Cruz fué importada al Continente, en los mitos y monumentos -americanos, después de sometidos á un estudio sin prevenciones, y -cuando se hicieron á un lado las disquisiciones teológicas; pero -examinadas tales pruebas con criterio desapasionado resultó que nada se -había avanzado con el cambio de sistema, y que la veneración á la Cruz -de parte de nuestros naturales, aunque un hecho comprobado, fué siempre -un misterio, hasta que la arqueología, en lugar de la filosofía, se -avocó la solución del problema. - -Los mitos y monumentos peruanos, aztecas y mayas fueron observados, -estudiados y comentados. - -Pachacámac, llamado «el Invisible», aparece en primer término como -el portador de la Cruz, no obstante el desengaño que sufrieron -los piadosos misioneros con las noticias que Miguel Estete en sus -_Relaciones del Descubrimiento del Perú_ ofreció del dios y de su -templo, después de haberles visitado con don Hernando de Pizarro[41]. - -Y es que Pachacámac era «el vivificador del mundo»; y aunque espíritu -sútil é impalpable, no por eso dejaba de ser representado con -singulares formas antropomorfas. - -Pachacámac fué la divinidad del occidente de los Andes, al cual -chimos y yungas levantaron su templo en el valle de Lerin. Oriundo -del mediodía, lucha con _Con_, el fetiche acuático, el cual fué por -aquél rechazado al norte, llevándose la lluvia, lo que hace creer que -Pachacámac sea la forma politeista del viento que produce la seca, ó el -elemento fuego, adversario del agua, ese _ignis animal_ de que hablaba -el clásico latino, padre de los gigantes ó de las poblaciones antiguas, -que sin duda tendría mucho qué hacer con las grandes convulsiones -geológicas del Perú[42]. - -Lo propio que con Pachacámac, ó el elemento fuego, ha sucedido con -Huiracocha, el mito acuático aymará, viendo los cronistas en Atticci -Viracocha, el _Hacedor_, al portador de la Cruz y predicador del -Evangelio. - -Es este el famoso bulto de piedra de Cacha, de que recordaba don Pedro -de Cieza, conforme al talle de un hombre, con vestiduras largas y -cuentas en las manos; aunque en la segunda parte de su obra niega lo de -las cuentas, «lo cual es burla», según él mismo, lo propio que aquello -de que tenía puestas las manos sobre los cuadriles. - -Este Atticci Viracocha, á estar á lo que de él refiere Cieza, de que -«de los cerros hazía llanuras y de las llanuras hazía cerros grandes, -haziendo fuentes en piedras vivas», podría ser considerado como el -mito de las fuerzas terraqueas, si no supiéramos que es la gran -divinidad politeista del agua, ó el genio de las masas líquidas, del -lago, del mar, de las lluvias del cielo. Con Huiracocha, en el momento -de la conquista, el pueblo incaico caminaba hacia el monoteismo, por -la supremacia de ese _Illatici-Viracocha-Pachacámac_[43], trinidad -sintética, en la cual confundíase el mito de Catequil de la cosmogonía -nacional de las viejas razas, así como el Pachacámac yungueño, que -unidos al mito de Tiahuanaco constituían una unidad vivificante y -creadora formada por el huracán, el fuego y el agua. El nombre de -Viracocha llegó á ser adoptado por uno de los Incas, y en la enseñanza -esotérica del sacerdocio peruano apareció como el «Dios Desconocido», -de tal modo que el Titicaca, origen de los aymarás, llegó á ser la cuna -mística de los jefes del culto heliolátrico[44]. - -Los padres agustinos á que nos hemos referido, hablan de otra -divinidad peruana llamada _Tunapa_, esto es, gran Sabio y Señor, y por -veneración _Taapac_[45], ó hijo del Creador. Este aparecido discurrió -por las provincias del Collao, las cercanías del Cuzco y otros puntos -distantes. Era un hombre venerable en la presencia, grande en la -estatura, zarco, barbado, destocado y vestido de cuxma, sobrio, enemigo -de la chicha y la poligamia. Su residencia favorita fué Carabuco, en -donde se dice que plantó la Cruz que llevaba. Fray Diego Ortiz escribe -que en la isla del Titicaca se encontraron impresos sus pies. - -Para que se vea quien era Tonapa, el supuesto aparecido, basta leer lo -que sobre este personaje mítico ha escrito el Yamqui Pachacuti, el que -reproduce sus himnos[46]. - -Tonapa es un dios fálico-solar. De los himnos cantados por -_Guascaryngatopacuçiguallpa_, arrepentido de haber adorado á los -_Huacas_, despréndese que Tonapa es un siervo de Huiracocha[47]. - -_Tupá_ es dios, y _Thupa_ nombre de honor equivalente á «Señor», según -Lafone Quevedo[48]; _Thupac_, significa «cosa resplandeciente», según -Mossi[49]; de modo que _Tonapa_ es un epíteto solar, y el dios una -encarnación de lo mismo. La morfología quichua permítenos analizar su -nombre en estas dos formas: Tona-apa y Tonapa: la primera nos lleva al -tema _Thonay_, «piedra de moler» ó «falo»; _Apa_ es un verbo que dice -«llevar cargando»,—de modo que daría: «el que carga el falo»[50]. - -Los grandes monolitos de Tiahuanaco, que Cieza atribuye á -representaciones de Atticci Viracocha[51], fueron tomados también por -figuraciones de los Apóstoles de la Cruz. - -Wiener en su obra[52] reproduce la interesantísima figura antropomorfa -del bajo relieve central de la puerta monolítica de Tiahuanaco, -atribuyéndola á una representación del Dios-sol. La cabeza del dios -está rodeada de veinticuatro rayos, seis de ellos terminados en cabezas -de león, signos de la fuerza, según el autor citado; los demás rayos -son alusiones á la fuerza creadora del sol; las líneas como meandros -que rodean la figura, valen por símbolos de generación; las lágrimas -de sus ojos son alusiones á la lluvia fecundante; los pescados y -cabezas de cóndor en el pecho, representan habitantes del agua y de los -aires[53]. - -Los misioneros no han citado la cabeza colosal del ídolo de pórfido -de Collo-Collo, de 1.37m de alto, entre Tiahuanaco y la Paz, que -debe ser otro Aticci, y el que en la banda de su frente ostenta cuatro -_cruces_, grabadas respectivamente dos sobre el pecho de esas figuras -marinas monstruosas que le adornan. Hagamos notar desde ya que el mito -acuático por excelencia porta cruces. - -Nuestro gran monolito esculpido de Tafí es muy digno de figurar al -lado de los monumentos megalíticos de Tiahuanaco. Sus esculturas, con -círculos con puntos y figuras cruciformes, parecen combinar las dos -ideas de los _Ojos_ de Ymaymana y de las _Ventanas_ de Tocapo[54]. - -Tampoco dan cuenta los misioneros de este monumento de la prehistoria -de nuestro Tucumán. - -Otro hecho que suministró argumentos en favor de los portadores blancos -de la Cruz, fué encontrarse la _Trinidad_ como misterio americano. - -Efectivamente en América aparece el 3 como número sagrado; pero no lo -es menos el 4, como lo veremos en el capítulo respectivo[55]. - -Lozano[56] dá cuenta de un tricéfalo que adoraban los peruanos, «que -decían eran _tres_ personas con _un_ corazón». Ruíz de Montoya[57] cita -la trinidad de las estátuas del sol: Apointi, Churinti, Intiqua ó Qui, -«que quiere decir el Padre y Señor Sol, el Hijo del Sol, el Hermano del -Sol». Calancha enumera así á las personas de esta trinidad: Apu Inti, -Churi Inti é Inti Huaoque, «padre sol, é hijo sol, y ayre ó espíritu -sol». El P. Gerónimo Herran[58], procurador general de la Provincia -del Paraguay, con mucha discresión atribuye al demonio el remedo -del misterio: esta trinidad consiste en Padre, Hijo y Espíritu (no -Santo, según él, sinó colateral de los dos), ó sean: Omequeturiqui ó -Uragozoriso, Urasana y Urapo. - -La nación aymará en el Perú tenía especial veneración por el tres; -mientras que la quichua, por el cuatro. - -Cuando Wiener describía su Dios-sol llamaba la atención hacia el -singular fenómeno numérico que el ídolo ofrecía, pues hasta la grada -central era de tres escalas, de tal suerte que la cifra 3 y sus -múltiplos, predominaban en su ornamentación y disposición general. - -Podemos citar algunos otros ejemplares de trinidades americanas, como -los de Cundinamarca, Bolivia y nuestro Calchaquí[59]. En algunos de -ellos también, como en el dios del Perú, predomina el número 3[60]. - -La trinidad de la altiplanicie de Colombia está representada por ese -aparecido, anciano y barbado, que llevaba tres nombres: Botchica, -Nemterequeteba y Zuhé, al cual representábase por un ser tricéfalo. A -Botchica acompañaba una mujer de extraordinaria belleza que llevaba, -como él, tres nombres: Huythaca, Chia y Yebecuayguaya; fué ella quien -hizo desbordar el Funza y produjo un diluvio, por lo cual Botchica, -airado, la convirtió en luna. Botchica restaurador de las cosas, que -reino dos mil años, es ese _Idacanzas_, otro Apóstol de los misioneros. -Su nombre de Zuhé ó Xué significa «el día», «el brillante», y de aquí -que se le llamó «el blanco». Idacanzas quiere decir «creador del -tiempo». Botchica, en suma, es una personificación del sol, reglando -las estaciones, y cuya aparición ó desaparición dá lugar al día ó á -la noche, al buen ó mal tiempo. De aquí que los caciques Muyscas, -según refiere Piedrahita[61], tenían la pretensión de influir sobre la -temperatura. - -Otra figura tricéfala que dió mucho que decir á los cronistas, -elevándola al rango de misterio cristiano, fué el _Tangatanga_ ó la -huaca capirotes, «que al contar de los quippus de Chuquisaca era un -Dios y tres personas, ó uno en tres y tres en uno», al decir del P. -Josef de Acosta, que fué quien primero dió noticia de la misteriosa -huaca, á la cual sin duda se refería la cita de Lozano, atribuyéndole -gran importancia el P. Montoya[62]. - -_Tanga_, ó mejor _tanca_, según Jiménez de la Espada[63], es el tocado -en forma de capirote que usaban las indias de Huaqui, y como la -reeduplicación en los idiomas peruanos envuelve idea ó concepto de -multiplicidad colectiva (como en _Zachha—Zachha_, bosque de Zachha, -árbol), resulta que la trinidad de los Charcas en puridad viene á ser -la _huaca capirotes_, ascendida poco á poco de figurón tricéfalo á -misterio cristiano. - -Nuestro americanista Ambrosetti dió en Calchaquí con la huaca capirotes -ó figurón policéfalo de Quilmes, que describe en una interesante -monografía[64]. - -Ternos de seres animados ó inanimados encuéntranse también en Perú y -Chile, como los de la colección de Ferreira, de Lima, y del Museo de -Santiago. Nosotros poseemos un pequeño objeto de piedra, encontrado en -el valle de Catamarca, que representa indiscutiblemente una trinidad, -y que tiene por emblema el triángulo de la fecundación sexual[65]. El -disco de Chaquiago de Lafone Quevedo, que más adelante se reproducirá, -es un _Caylle_ trinitario, con su figura central antropomorfa y sus dos -monstruos zoomorfos laterales, que ostentan _cruces_ en sus cabezas. - -En Calchaquí, como el 3, aparecen ser indudablemente sagrados los -números 2 y 4. Las figuras dobles, como los objetos fálicos de -nuestra colección encontrados en Tinogasta y Lules, que reprodujimos -en nuestra monografía sobre el _Falo_, suelen ser epicenas, como ese -Uiracochanticcicapac de Pachacuti ó esos padres del universo mejicano, -Citlatonac y Citlalicue, varón y mujer, divinidades que llevaban los -nombres de Ometecuctli y Omecihuatl, que valen por «dos varones» y «dos -mujeres», ó sea: «doblemente varón» y «doblemente mujer.» - -Los monumentos megalíticos esculpidos y las petrografías y pictografías -fueron tomados como escritura indeleble de los portadores de la Cruz. - -Entre los petroglyfos adquirieron celebridad los de Calango, del valle -de Cañete, con huellas del Santo; la piedra de Collao, mentada por D. -Francisco de Toledo; la de Tocoregua, del corregimiento de Tunja; la -de Colla Tupá, sobre la cual Santo Toribio de Mogravejo erigió una -capilla; la huaca _Chasca Cóyllur_ ó _Cantacauro_, etc., sobre las que -tan larga y erradamente debatieron los cronistas[66]. - -La creencia arraigada por el conquistador de que los petroglyfos no -son obra nativa, originó, sin duda, de que los peruanos atribuyeran á -tales monumentos una clásica antigüedad, pues es más que seguro que no -fueran obra suya. La escritura petrográfica, tanto en el Perú, como -en nuestro Calchaquí, responde á un culto atmosférico ó acuático, -y muy escepcionalmente heliolátrico. Respecto á los monumentos de -Tiahuanaco, no cabe discusión que la obra es preincaica. En Calchaquí, -si esceptuamos la piedra de Colalao (Tucumán) y unas más, no se ven -rastros solares en las petrografías. - -Las rocas escritas que puede decirse que consagraron la atención del -conquistador, fueron aquellas con pies humanos esculpidos, tomados por -rastros de los blancos portadores de la Cruz. - -Lozano cita las de Itoco y Tocoregua, en Nueva Granada, y la de -Ubaque, cerca de Bogotá[67]. Apúntanse en el Brasil y Paraguay las -de Itapuá[68], de Parayba[69], de San Vicente, de Baipurungá[70], de -Guayrá[71] y de la Asunción[72]. En el Perú se citan las de Piura, isla -del Titicaca, de Callo, de Calango[73], de Chillaos, de Chachapoyas, -«que demuestran (sus rastros) que se incaba allí el Santo á orar, -juntas levantadas las manos al cielo, para lo cual soltaba el bordón ó -báculo que sería de dos varas de largo, y también quedó impreso»[74], -etc. - -Para dar un valor probatorio decisivo á estas piedras con pies ó manos -esculpidos, recordábanse las huellas del Santo en Ceylán, olvidando que -los fenicios, según el Dr. Lamas[75], solían grabar en sus inscripciones -dos pies, uno detrás de otro, para indicar caminante, viajero, hombre -que pasa. - -El señor Jiménez de la Espada[76], cree que los pies grabados en las -rocas pueden significar esto último ó tener alguna otra significación -en la escritura petrográfica nativa, como sucede con los rastros de las -ocho piedras de Hambato, que atribuye á geroglífico ó signo del que -marcha, ó á una vía, como la que usaban los mexicanos en sus pinturas; -otras rocas de esta especie, para él, acaso conmemoran el acto solemne -de descalzarse el Inca y poner sobre la tierra sus plantas desnudas, -en señal de humillación deprecatoria ó de toma de posesión de un lugar -importante ó de una frontera[77]. - -Nuestra opinión es que los pies esculpidos pueden significar cosas -diversas, según el carácter de la escritura de la roca ó de la roca -misma, considerada como huaca, como señal, lindero ó mojón. - -Si no se trata de rocas sagradas, correspondientes á un culto -litolátrico, los pies esculpidos en una misma dirección podrán -indicar un camino ó rumbo dados, como si se dijese gráficamente: -«por aquí», «por allá». El pie debe expresar el acto material de -andar. Pueden también las rocas indicar puntos de parada ó de -tránsito para los caminantes ó _chasques_: las piedras serán entonces -verdaderos _tambos_. Si, por el contrario, se trata de rocas sagradas, -posiblemente de la era fetiquista, entonces el pie esculpido será un -rastro divino, como el del Inca en el acto de descalzarse, ó el de una -deidad que por algún motivo se paró sobre la roca, como el de aquel -Taapac, para predicar desde un alto peñón, ó el del Huiracocha ó el del -dios Trueno, si la roca responde al culto acuático. - -En nuestra interesante cuanto numerosa colección de petroglyfos, no -contamos con roca alguna de pies esculpidos; pero en cambio hallamos en -Encalilla y Carrizal (valle Calchaquí) piedras con manos grabadas, una -de estas con tres; y vayan en tal caso manos por pies, ya que unos y -otros son rastros humanos. No sucede lo mismo en la alfarería funeraria -de estas regiones, en la que hemos dado con ejemplares de urnas -ceremoniales con pies pintados de negro sobre su sección ventral, los -que en el acto reconócense por el ancho de las plantas y sus cinco -dedos. Dos ejemplares reproduciremos: en la guarda lateral de una urna -de Santa María (Fig. 1) aparecen representados cinco pies humanos; -en otra urna del mismo lugar (Fig. 2) se ven en la parte superior -ventral grupos de tres pies, que bajan de la tinaja, reproducidos en -las guardas de la misma, junto á figuras que representan manos. En -Calchaquí, pues, no podría hablarse de rastros apostólicos, toda vez -que no los dejarían impresos de tan pequeñas dimensiones y sobre el -barro cóncavo de la alfarería. - -[Ilustración: Fig. 1. Guarda lateral de una tinaja.] - -[Ilustración: Fig. 2. Urna de Santa María (Colec. Quiroga)] - -Desde que para nosotros la _mano_ es un símbolo que representa á -la Tormenta ó á la divinidad atmosférica, figura monstruosa de -fisonomía antropomorfa en Calchaquí[78], el pie debe referirse á igual -representación, por ser, como la mano, un miembro de su cuerpo, y por -aparecer, en el caso de la figura 2, pies y manos simbólicos -alternados. Y es el caso de hacer una advertencia oportuna al respecto: -los Zapotecas, en Méjico, adoraban á Huemac bajo la forma de una -mano, demandándole la riqueza de que Quetzalcóatl era el principal -dispensador: Itzamna, dios de carácter atmosférico salido de Yucatán, -era representado en su templo de Izamal bajo la forma de una mano, -_kabul_, «la mano activa»[79]. - -Los pies ó manos pintados ó esculpidos, ó indicarían que allí se -detenían las divinidades atmosféricas, ó que las rocas les estaban -consagradas. En Calchaquí, en vez de pies humanos se graban comunmente -patas de _suris_, y el avestruz, como lo demostraremos, es la Nube -atmosférica venerada, un símbolo acuático, simplificado en sus últimos -extremos cuando solo la pata del animal se reproduce. - -Muy curiosa es también la cuestión del _Hombre Blanco_ americano, que -se confundió por los conquistadores con la del hombre europeo emigrado, -basándose en las tradiciones quichés, nahuas, mayas, aztecas, muyscas, -quichuas y guaraníes[80]. - -El dios Quetzalcóatl mejicano, que reino en el Anáhuac, era un blanco -y barbado, salido del Este; Votáan de Chiapas, es del mismo color; -Botchica, otro blanco y barbado, cuyo itinerario comienza en Bosa, -para seguir invariablemente de este á oeste; el Aticci Viracocha era -igualmente blanco; Tonapa, al decir de los cronistas, fué «blanco, -zarco, muy barbudo», lo mismo que el brillante Taapac del P. Ramos, -descendido del cielo; finalmente, blancos fueron Manco Cápac y el Inca -Roca. - -Veamos brevemente quiénes son estos personajes, que siempre, como el -sol, caminan de naciente á poniente, detalle trascendental. - -Quetzalcóatl es «la serpiente emplumada», uno de los tres principales -mitos del panteón mejicano. Tiene por atributos el pájaro verde, -_Quetzal_, y la serpiente, _Cóatl_, dios mitad ornitomorfo y -mitad ofídico[81]. Es una divinidad atmosférica: bajo el nombre de -Nanihehecatl es el señor de los vientos, y bajo el de Tohil, el ser -rugidor, epíteto dado también por los quichés de Guatemala al dios del -rayo. Es Quetzalcóatl la encarnación del pueblo tolteca: sus viajes -son las migraciones de este pueblo; el conflicto con Tezcatlipoca es -sin duda el recuerdo de una revolución religiosa y política que dió -un golpe de muerte á la preponderancia de su culto; las ciencias, las -artes, las industrias de que es inventor, son el secular bagaje de la -civilización tolteca; su épica historia, una condensación de la de este -pueblo, venido de país desconocido, establecido en Tullán y después -descendido á Cholula. - -Votán, el padre de la civilización de los tzendales, en la América -Central, es otro aparecido semejante á Quetzalcóatl, que funda pueblos -como el de Palenque ó Nachán, «ciudad de las serpientes». Votán, -«corazón», en tzendal, es descendiente de Imos, de la raza de los -_Chan_ ó de «las serpientes»[82]. Venido de Chivín, baja hasta la base -del cielo por la cueva subterránea de un gran ofidio. Su semejanza con -el dios tolteca prueba el contacto seguro de chiapas y mejicanos. -Los dos son oriundos de país fabuloso, situado al oriente, de donde -salen los vientos, el huracán y las nubes de la lluvia; uno y otro -ejercen acción decisiva en la vida agrícola de sus pueblos; ambos dejan -sucesores que llevan sus nombres y perpetúan su culto atmosférico, -convertidos después en divinidades antropomorfas. Votán es un dios -serpiente, ó sea el rayo. Es también un Tepodaztli, ó dios del trueno. -Lo que le dá fisonomía peculiar, es que el pájaro de las nubes es -extraño á su culto, por lo que en los bajorelieves de Palenque los -dioses-pájaros y los dioses-serpientes no aparecen asociados. - -Otro aparecido venido del sudeste, y por mar, es Wixepecocha, el -predicador de los zapotecas de Huatulco. Este es perseguido hasta el -monte Cempoaltepec, á cuya cima sube, levantándose á la atmósfera y -desvaneciéndose: esto dá á entender que se trata de un dios que vuela, -ó del aire, como el de los toltecas. - -Botchica[83] es la divinidad solar, con influencia sobre la atmósfera -que veneraron los muyscas de Cundinamarca. Botchica se tiene por el -blanco del norte de la América Meridional, cuando en realidad el nombre -que toma de _Zuhé_ ó _Xué_ no tiene otra significación que «brillante», -como es el sol. Botchica hace su camino de este á oeste, y desde Bosa -prosigue por Muqueta y Fontebón á Sagamosa, en donde desaparece de la -tierra para subir al cielo, por lo que recibe el nombre de Sugunza: «el -que desaparece». - -A propósito del color «blanco» de Botchica, conviene recordar que -Mixcoatl ó Itzac-Mixcóatl, la nube serpiente, es «_la blanca ó la -brillante_ nube-serpiente»[84]. - -Huiracocha surgió del Titicaca como un todopoderoso «resplandeciente», -por lo que debía ser «blanco». Es el creador de los brillantes -astros,—del sol, de la luna y de las estrellas, á los cuales señaló -su curso en el cielo. Desapareció en el mar, su elemento, á cuyas -profundidades precipitóse. - -Inca Roca y Manco Cápac[85], que casan con sus hermanas, son hijos del -sol, usan vestidos resplandecientes y obran prodigios. La leyenda de -cada pareja es un verdadero mito solar, en el sentido de que sin duda -son representaciones terrestres y antropomorfas del Sol y la Luna, de -Inti y Mama Quilla. - -Manco Cápac y Mama Ocllo salen del Titicaca, llegan al ombligo del -mundo y fundan el Cuzco, en donde levantan el templo al padre Sol. Sus -hijos cimentan la dinastía de los Incas, de origen celeste, por lo cual -eran estos divinizados, presentándose como tales á su pueblo en la -fiesta de Intip-raymi, en el solsticio de Junio, en celebración de la -muerte y resurrección del sol omnipotente. - -En la historia mítica de aquellos reyes la figuración del Inca Roca es -de héroe solar. Ocupa un alto rango en la geneología de los monarcas -del Cuzco, siendo él, según Montesinos, el verdadero fundador del -imperio heliolátrico[86]. - -Cuéntase que una princesa, Mama Cibaco, y una hermana suya se -decidieron á reformar la sociedad y restablecer el antiguo culto. -Mama Cibaco, de extraordinaria belleza, es la madre de Inca Roca. La -hermana de aquella, una famosa maga, aconsejóle que labrase para el -niño un vestido resplandeciente de oro y piedras preciosas, y que ya -vestido ocultase al infante en una caverna contigua al Cuzco, en las -ruinas de un templo del sol. Así se hizo. La princesa llama entonces á -los habitantes del Cuzco, manifestándoles que, dormido su hijo, el sol -habíalo llevado á los cielos para volverlo después, colocándolo en el -real trono, pues que el astro había reconocido por vástago suyo á Inca -Roca. El pueblo se reunió; y después de muchos sacrificios, anuncióse -su aparición en la cueva de Chingano, saliendo de improviso de ella el -niño resplandeciente. Entonces el pueblo le ciñó el llauto, y como Inca -restituyó el culto del sol, proscribiendo la poligamia al casarse con -Mama Cora. - -En el presente caso, como en el de Manco Cápac, diremos con Rialle[87], -que el Inca Roca es el hijo del sol; que su vestimenta reluciente no es -más que el reflejo de los rayos solares; que la gruta de Chingano, en -donde se ocultó por cuatro días, no es otra cosa que la representación -de la noche tenebrosa de donde sale en la aurora el astro diurno; que -el casamiento de Inca Roca con su hermana Mama Cora es semejante al de -Manco Cápac con Mama Ocllo, al de Inti con Mama Quilla. - -De las breves noticias que de estos mitos acabamos de dar, resulta -que los _blancos_ americanos son divinidades ó seres atmosféricos ó -solares, ofilátricos ó heliolátricos, hijos de la serpiente-rayo, ó -del astro del día. Se trata, entonces, de dioses «resplandecientes», á -los que se diría blancos, del mismo modo que se dice blanca á la luz -del sol ó del relámpago. He ahí la explicación más natural del hombre -blanco, con tanta más razón cuanto que el epíteto coincide con la -calidad del dios. - -Pero el Marqués de Monclar en el Congreso de Luxemburgo[88] y el -Abate Schmitz en el de Bruselas[89], afirmaron, á nuestro juicio sin -fundamento positivo, que las personas reales, los Incas y las figuras -ornamentales de los vasos, eran blancos y barbados. - -En cuanto á las figuras ornamentales blancas, el testimonio carece de -valor como tal, pues podemos presentar ejemplares de cosas animadas, de -blanco, cuyo original es de diverso color, como sucede en pictografías -de Cafayate, San Lucas y otros lugares en nuestro mismo valle Calchaquí. - -En cuanto á que los Incas hayan sido blancos, no hay crónica ni -narración que lo confirme. Los españoles vieron y comunicaron con los -monarcas del Cuzco, con cuyas hermanas é hijas casaron, y sus colores -eran cobrizos. - -Pero no por esto negaremos la existencia de hombres relativamente -blancos en América, por efecto de un fenómeno etnográfico, que conviene -estudiar detenidamente, y por las influencias de las acciones físicas -y sociales, de las cuales el color es la resultante en todas las -latitudes; por lo cual los indios de Vera-Paz, á 1500 m. de altura, -por ejemplo, traían á la memoria los árabes de Argelia, según Brasseur -de Bourbourg. Montezuma, de la planicie del Anáhuac, no era más que -bronceado. Algunas tribus de la Pampa, que se pintan menos que las -del Norte, tienen el color de los paisanos de la España y del sud de -Italia[90]. - -El problema de los hombres barbados es mucho más sencillo que el de los -hombres blancos. Pensar que los indios americanos son absolutamente -imberbes, como la generalidad, es un error del que podemos dar fe los -que conocemos indios montañeses, provistos generalmente de bigote y aún -de barba, como el indio Llampa, de Belén, cuya fotografía conseguimos -en una reciente excursión. - -Como la barba es un atributo viril, cuando el indio se propone -manifestar de una manera gráfica que lo que ha querido representar es -un varón, entonces exagerará en sus figuraciones tal atributo, dando -á la barba un tamaño doble y triple del que en realidad tendría el -original. - -J. G. Müller hace notar que las razas americanas no son imberbes, y -que, por consiguiente, nada hay de sorprendente que se represente con -barba á ciertos personajes. Botchica, por ejemplo, es un ser viril, y -la barba es un atributo de virilidad que comparte con el Viracocha de -los aymarás, con el Quetzalcóatl de los toltecas y con el Coxcox de los -chichimecas. En cuanto á los naturales de la República Argentina, el P. -Bárcena habla de indios barbados en Córdoba, en carta á su Provincial; -Ambrosetti ha publicado un grupo de calchaquíes de Luracatao y una -familia Cainguá con varones barbados[91]. - -Nosotros poseemos en nuestra colección una regular cantidad de pinzas -depilatorias, que los peruanos llamaban _canipachos_[92], con las que el -indio se arrancaba la barba. - -La cuestión, pues, del hombre barbado, queda así explicada[93]. - -Reasumiendo: el conquistador encontró que en toda la América la Cruz -era un símbolo sagrado; y, sin penetrar los orígenes y motivos de la -figura geométrica simbólica, ni tener en cuenta su universalidad como -tal, consideró desde el primer momento que ella fué importada á este -Continente, pues para aquel la cruz americana tenía el mismo valor que -el signo de su fe. - -Al conquistador no ocurrió que el símbolo sagrado fuese nativo, y por -eso no indagó los antecedentes que hubieran establecido la verdad del -tan debatido asunto. - -Posteriormente, cuando se detuvo á estudiar á la América y su genio -nativo y original, entonces comenzó á comprender que no había necesidad -de que apóstoles ú hombres blancos hubieran pisado su suelo, ni -discurrido por sus vastas soledades, enseñando dogmas y misterios y -dejando á la Cruz como recuerdo imperecedero de su predicación. - - -NOTAS: - -[17] _Conquista Espiritual del Paraguay_, § XXI, págs. 95 y siguientes. -(Bilbao, 1892). - -[18] Véanse P. Lozano, _Historia de la Conquista del Paraguay, Río -de la Plata y Tucumán_, tom. I, cap. XX, pág. 452, y N. de Techo, -_Historia de la Provincia del Paraguay_, tom. I, lib. VI, cap. IV -(Madrid, 1897). - -[19] _Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay_, -Lib. VI, cap. XVI—El P. Cataldino fundó á N. S. de Loreto en 1546, y -era italiano (Montoya cit., VI, pág. 30). - -[20] Véase _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, de M. J. de la -Espada, inserto en las Actas del Congreso de Americanistas de Bruselas -(1879), págs. 529 y 530. - -[21] _Historia del Paraguay_, etc., cit., tom. I, cap. III, pág. 69. - -[22] De esta Gruta ocupóse Jiménez de la Espada en el referido Congreso -de Bruselas, citando el testimonio de D. Julio Ramón César (_Descrip. -Hist. del Paraguay_), quien dió en 1768 interesantes datos sobre la -misma, concluyendo aquel americanista que se trataba de un monumento -de la prehistoria, que quizá guardaría vestigios del hombre primitivo -(Actas del Congr., tom. I, págs. 538 y 653). - -M. Peterken manifestó en el Congreso que sobre esta gruta corrían -leyendas nativas en el Paraguay, y que á su juicio fué un refugio de -pescadores (Lug. cit, págs. 651 y 652). - -[23] Sobre esta piedra debatió largamente el Congreso anterior de -Luxemburgo en su 4^a sesión. - -[24] Lozano, Op. y lug. cits. - -[25] _Historia de Nuestra Señora de Copacavana_, capítulos VII á XI. - -[26] _Crónica moralizadora de la Orden de San Agustín_, lib. II, -capítulos II y siguientes. - -[27] Ruíz de Montoya, cap. XXIII, págs. 98 á 103—Techo, tom. III, lib. -VI. cap. IV, págs. 23 á 26—Lozano, tom. I, cap. XX. - -[28] Op. cit., cap. IX. - -[29] Cap. XXIII, pág. 102. - -[30] Congr. de Amer. de Bruselas, tom. I, pág. 597, nota. - -[31] «En toda la Provincia de Tucumán, escribe, no se encuentra -vestigio ninguno de los que se celebran en otras regiones, ni hay -noticia de que sus naturales tuvieron tradición sobre este particular y -hallándose también noticias en la provincia de Santa Cruz de la Sierra, -de que por allí discurrió nuestro sagrado apóstol, es verosímil que, -dejando á mano izquierda el Tucumán, se encaminó desde el Paraguay al -Perú» (tom. I, cap. XX. pág. 463). - -Es curioso el dato consignado por Techo á la pág. 397, tom. II. - -[32] _La Araucana_, Part. I, Canto II. - -[33] Techo, Op. y lug. cits.—Ruíz de Montoya, § XXIII, págs. 102 y -103—Calancha, Op. cit.—_Congr. de Bruselas_, tom. I, págs. 555 á 640. - -[34] Garcilaso, _Comentarios Reales_, tom. II, cap. IV—Antonio de -Pinelo, _Paraiso_, lib. II, cap. XII—Lozano, tom. I, pág. 446—Lucas -Fernández de Piedrahita, _Historia del Nuevo Reino_, etc. - -[35] _Pay_, escribe Montoya en una de sus obras (_Cong. Esp. del -Paraguay_, § XIX, pág. 96), «quiere decir Padre, y lo usurparon los -viejos, los _magos_ y los _hechiceros_»; _Pay_, escribe en otra -(_Tesoro de la Lengua Guaraní_, verb. _Pai_), «dice Padre, es palabra -de respeto y con ella nombran á sus viejos _hechiceros_ y _gente -brava_». _Pay_ escribe Calancha (Op. cit., Lib. II, cap. II), «es el -nombre que daban á lo que ellos tenían por divino, poderoso ó sabio, -como á Dios y á sus _encantadores_». «Los _magos_, dice Lozano (tom. I, -cap. XX, pág. 462) se usurparon el nombre de _Pay_, para honrarse con -él». - -[36] Sobre Pay Tumé ó Tumá el Abate Schmitz discurrió en el Congreso de -Luxemburgo (_Compte-réndu du Congrès Internat. des Américanistes_, tom. -I, pág. 363). - -[37] Lozano (Lug. cit., pág. 462) dice que los ancianos y magos que -se decían Pay, «jamás se pusieron el de _Abaré_, como opuesto á su -profesión, que era de vivir con cuantas mujeres alcanzaba su posible.» -Ruíz de Montoya (Id. id, pág. 95) escribe que los paraguayos á los -sacerdotes «llámanlos _Abaré_, que quiere decir _Homo segregatus -á venere_». «Por _oprobio_ nos llaman _Abaré_», agrega en otro -lugar, citando el ejemplo del «eunuco á natura» que vióse obligado á -desterrarse, como los venados, por los montes (págs. 96 y 97). - -[38] Wiener, _Pérou et Bolivie_, Vocabuls., verb. _Pai_, pág. 786, dice -que esta voz es el pronombre él, ella. - -[39] Lozano, cit., pág. 449—La cita de Alfaro, reproducida por Montoya -(pág. 105), dice: «Cuando estuve visitando la Gobernación de Santa -Cruz de la Sierra, supe que había en toda aquella tierra noticia de un -Santo que llamaban Pay Tumé, el cual había venido de hacia la parte del -Paraguay, y que había venido de muy lejos, de suerte que entendí como -que había venido del Brasil por el Paraguay á aquellas tierras de Santa -Cruz». - -[40] Sin dejar de admitirse la comunicación continental con tierras del -norte de la América y la migración europea de los escandinavos de los -siglos X y XI, primero á Groenlandia y después á Vinland, los Congresos -de Americanistas de Nancy y Luxemburgo debatieron y trataron con todo -género de reservas la evangelización de las tierras americanas por los -Apóstoles (Nancy, 1875, _Congrès des Américanistes_, tom. I-Id. id. -Luxemburgo, _Compte rendu des Congr._, etc.—Véanse: M. E. Beauvais, -_Les Colonies Europ._, Ses. 2^a tom. I, pág. 174; Monseñor Timon, -_Missions in Western New York_, Buffalo 1862, págs. 16 y siguientes; -Palfrey, _Hist. of New England_, tom. I. págs. 56 y siguientes, etc.) - -En el Congreso de Bruselas el Abate Schmitz quizo reabrir la cuestión, -pero sin éxito alguno (Bruselas, 1879, _Congr. des Amér._, tom. I, -sesión 3^a, págs. 497 y siguientes.) - -[41] «Abierta la puerta, escribe, y queriendo entrar por ella, apenas -cabía un hombre y había mucha oscuridad y no muy buen olor. Visto esto, -trajeron candela y ansi entramos con ella en una cueva muy pequeña, -tosca, sin ninguna labor, y en medio della estaba un madero nincado en -la tierra, con una figura de hombre hecha en la cabeza del, mal tallada -y mal formada y al pie, á la redonda del, muchas cosillas de oro y de -plata ofrecidas de muchos tiempos y soterrados por aquella tierra. -Vista la suciedad y burlería del ídolo, nos salimos afuera á preguntar -que porque hacían caso de una cosa tan sucia y torpe como allí estaba? -Los cuales muy espantados de nuestra osadía volvían por la honra de su -Dios, y decían que aquel era _Pachacámac_, el cual los sanaba de sus -enfermedades.» - -Sobre Pachacámac, véase Brasseur de Bourbourg, _Le Livre Sacré_, pág. -224. - -[42] Para Girard de Rialle, Pachacámac no fué ni un dios ni un héroe -solar, aunque más tarde los Incas le presentaran, como á Con y á Manco -Ceápac, como hijo del sol. No era dios del agua, visto su antagonismo -con Con (_Mythologie Comparée_, Cap. XVI, págs. 263 y 264). - -Daniel Brinton piensa con Müller y Picard que Pachacámac es el dios del -fuego, pues que el fuego es impalpable y sútil, y reanima y vivifica. -El fuego contiene, para los pueblos en los cuales la ciencia de la -física es poco avanzada, los gérmenes de toda cosa, y constituye el -elemento procreador y vital por excelencia (_Myths of the New World_, -págs. 210, 263 y 335—Filadelfia, 1896). - -[43] Sobre este interesantísimo mito, véase Brasseur de Bourbourg, _Le -Livre Sacré_, pág. 238. - -[44] Keane, _Man Past and Present_, págs. 424 y 425 (1899), entre -otras cosas muy interesantes, dice de Huiracocha: «... El gran templo -y los edificios que lo rodean inconclusos, como quedaron, se remontan -á la época preincásica y fueron dedicados á Viracocha, dios tutelar -de los Aymará; más la edificación fué suspendida por los Incas, para -quienes Tiahuanaco, asiento de este culto, era un rival de Pacaritambo, -cerca del Cuzco, centro del culto solar de los Quichuas. Después que -se realizara la conquista del país de los Aymará, la anterior enemiga -entre estos dos centros de cultura desapareció; las desconfianzas -internacionales, que procedían más bien de causas políticas que de -religión, dejaron de existir, y el mismo Viracocha ingresó al panteón -de los Quichuas ...» - -La etimología del dios, de «gordura del mar», fué rechazada por -Garcilaso (Lib. V. cap. XXI). Cieza dice que significa «espuma del -mar», lo que es seguido por Rialle (pág. 256), teniendo _Cocha_ á la -vez la significación de «mar» y de «lago». Lafone Quevedo (_Ojos de -Imaymana_, Bol. del Inst. Geográf. Arg., XX, 452 y 453), dice que puede -explicarse _co-agua-cha_==partícula verbal—_Vira_, gordura: es decir: -«El Hacedor del Agua de la fertilidad». - -[45] Montoya (XXIII, pág. 99) dá una breve noticia de Taapac, que -quiere decir, según él, «hijo del Criador», al que tentaron con -riquezas y blanduras. - -[46] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_ (J. de la E.), página -316. - -[47] - Camcuna Guaca A vosotros, Guacas, - Rimachon Llamé - Camcamcunactamar Pues que á vosotras - Tonapa Tarapaca Tonapa, el Tarapaca, - Viracocha Pachayachip De Viracocha el Hacedor - Yanan Siervo - Ñusaca Indignado - Chicrisuscanqui Os lanza á la maia suerte. - -(Lafone Quevedo, _El culto de Tonapa_—Rev. del Museo de la Plata 1892). - -[48] Lug. cit., pág. 14. - -[49] Id., pág. 29. - -[50] Con razón en el _Vocabulario de la Lengua Aymará_ (1612) de -Ludovico Bertonio, verb. _Tunapa_, dice que fué «dios tenido de estos -indios, de quien cuenten infinitas cosas, dellas muy indignas no solo -de Dios, sino de cualquier hombre de razón». - -[51] La voz _Atticci_ es un calificativo de igual valer á nuestra voz -«poderoso», ó más bien «omnipotente». - -Este Atticci, en la obra del P. Molina (_Rites and Laws of the Incas_ -de Clements R. Markham, Londres 1873), aparece como el dios Creador, -del que son emanaciones ó atributos _Imaymana y Tocapo_ Viracocha -(El tema _Imaymana_ dice «Hacedero de cosas; _Tocapo_ se descompone -así: _Toco_, ventana—y _Apu_», señor: Señor de la Ventana)—Véase la -interesantísima monografía de Lafone Quevedo, _Los Ojos de Imaymana -y el Señor de la Ventana_, págs. 454 y sigtes. del Bol. del Inst. -Geográf. Argent., Tom. XX. - -[52] _Pérou et Bolivie_, pág. 703. - -[53] Lafone Quevedo atribuyó á representación de Aticci la figura del -dios-sol de Wiener. Según aquél, Aticci es un andrógino, padre y madre -á la vez de los hijos dioses Imaymana y Tocapu (Op. cit., págs. 14 y -15). - -[54] Este menhir fué descubierto por nuestro americanista Juan B. -Ambrosetti, quien lo describe en sus _Monumentos Megalíticos del Valle -de Tafí_ (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., Tom. XVIII, nos. 1 á 3, -págs. 105 y sigtes). El menhir mide 3.10 m. de largo por un ancho casi -constante de 0.50m y un grueso de 0.20. - -[55] Un ejemplo tenemos en el dios Tláloc, llamado _Napatecutli_, «el -generoso», cuyo nombre significa «cuatro veces señor». Más interesante -es aún el Gucumatz azteca, el que se transforma en serpiente, águila, -tigre y sangre coagulada. - -[56] Tom. I, cap. XX, pág. 438. - -[57] Cap. XXIV, pág. 106. - -[58] _Relación Historial de las Misiones de los Indios que llaman -Chiquitos_ (1726). - -[59] Sobre la Trinidad de los Nahuas, véase Brasseur de Bourbourg, pág. -121. - -[60] «La cabeza del Dios-sol, escribe Wiener (pág. 704), está rodeada -de 24 rayos, entre los cuales, 6 cabezas de león; el número de símbolos -de la reproducción de la especie es de 18; los dedos que retienen los -cetros son en número de 3; los campos que aparecen sobre los cetros, -esceptuando la parte superior del cetro izquierdo, son 3, lo mismo -que los pequeños campos ornando las cabezas de los cóndores, á la -extremidad inferior de los cetros y de las coronas de león sobre los -pedestales laterales. Es lo mismo en los campos de la cintura, que -al primer rango son en número de 3, al segundo, en número de 6. Las -cabezas humanas son igualmente 6, lo mismo que las cabezas de cóndor», -etc. - -[61] _Historia de las Conquistas del Nuevo Reyno de Granada_, II. - -[62] «Y que el Santo, escribe, les explicó la unidad de estas tres -personas divinas, dá testimonio un ídolo que llaman _Tangatanga_, en -que adoraban á este uno en tres y tres en uno, lo cual tengo por muy -probable que les quedó del Apóstol, y ellos lo aplican á sus ídolos» -(XXIV. pág. 106.) - -[63] _Congr. de Amer. de Bruselas_, Tom. I, pág. 576. - -[64] _Idolo Tangatanga—Trinidad India_ (Notas de Arqueol. Calchaquí, § -VI, págs. 43 á 46, Buenos Aires, 1899). - -[65] El objeto es una especie de cuba, de 0.15 m. de alto, cuya boca -y asiento son triángulos isóceles, de modo que figura una pirámide. -En las tres aristas laterales, aparecen de relieve tres monstruosos -dragones dobles, uno en cada arista, con sus dobles cabezas y dobles -colas. - -No conocemos otro ejemplar tan típico, muy superior á los ternos que -reproduce el Señor Jiménez de la Espada en su trabajo citado. - -[66] Véanse Techo, tomo III, libro VI, cap. IV, pág. 23. Ruíz de -Montoya, XXV, pág. 107; Raimundo de Hurtado, _Crón. Moralíz. de la Ord. -de S. Agust._, libro II, cap. III; siendo muy interesantes las actas -del Congreso de Bruselas, págs. 598 á 604. - -[67] Tomo I, pág. 444. - -[68] Lozano, pág. 454. - -[69] Id., pág. 456. - -[70] Id., pág. 461. - -[71] Techo, lib. VI, pág. 22. - -[72] Montoya, pág. 98. - -[73] Lozano, pág. 443—Montoya, pág. 101. - -[74] Lozano, pág. 442—Montoya, lug. cit. - -[75] _Introd._ á la obra de Lozano, § IX, _in fine_. - -[76] Op. cit., págs. 604 y 605. - -[77] Así lo dá á entender el P. Ramos (_Hist. del Sant. de Copacavana_, -cap. XIII), hablando de los rastros de Tupac Yupanqui. - -[78] Adán Quiroga, _El símbolo de la Mano_ (1900). - -[79] Rialle, cap. XIX, págs. 320 y 324. - -[80] Sobre este asunto consúltese á Brasseur de Bourbourg, Op. cit., -págs. 70 y 165. - -[81] A. H. Keane (cap. XI, pág. 107) traduce así el nombre de -Quetzalcóatl: «_quezal_—the bird _Trogon resplendens_, and -_coatl-snake_» diciendo que el dios es el «Bright-Feathered-Snake», la -encarnación de Tonacateatl, la «Serpent-Sun»—Véase Brasseur cit., págs. -70 y siguientes. - -[82] Sobre este dios, véase Brasseur cit., pág. 73. - -[83] Brasseur, pág. 246. - -[84] Brinton, cap. VI, pág. 217. - -Es de advertir que así como hay dioses blancos, hay excepcionalmente -dioses negros, y el Nepatecutli mejicano tiene fisonomía negra, con -ojos blancos. - -[85] Brasseur, pág. 218. - -[86] _Memorias Antiguas Historiales del Perú._ Para Montesinos Inca -Roca no era blanco, ni rubio. - -[87] Pág. 253. - -[88] 4^{a}. sesión. - -[89] Págs. 503 y 504. El Abate fundábase en una cita de Stakemann -(_Studien über die Indianer_). - -[90] Sobre este punto léase la exposición de M. Peterken en el Congreso -de Bruselas (Tom. I, págs. 508 á 511). - -[91] Ambrosetti, _Anales de la Sociedad Científ. Argentina_, tom. XLI, -pág. 41 y _Bolet. del Inst. Geográf._, tom. XV (Los indios Cainguá del -Alto Paraná). - -[92] _Tres Relaciones de Antig. Peruanas_, pág. 253, nota 1 - (Footnote [329]). - -[93] Véase Brasseur cit., pág. 226. - - - - -CAPÍTULO II - -EL SIGNO CRUCIFORME - -SU PROFUSIÓN CONTINENTAL - - - _Universalidad del símbolo—La combinación cruciforme - como hecho matemático—La Cruz entre los Pieles - Rojas—En Méjico—En la América Central—Sepulcros - mejicanos en Cruz—Las tumbas de los Muyscas—El - símbolo de la vida futura—Opinión de - Brinton—Orientación de los sepulcros—La Cruz de - Cazumel—Cruces de Guatulco y de Anáhuac—Cruz de - Palenque—Su valor arqueológico—El emblema de los - Vientos—La Cruz en Cundinamarca—La Cruz en el - Perú—Cruces de Carabuco de Santa Cruz, de los - Chunchos y del Cuzco—La Cruz en Chile y en el - Tucumán—Profusión del símbolo en Calchaquí—Opinión - del marqués de Nadaillac._ - -Desde mediados del siglo XVIII, y aún antes, comenzó á abrirse camino -la idea de que la Cruz no era pura y exclusivamente el signo del -cristiano. Cruces de distintos tamaños y de diversas formas, ó más bien -dicho signos cruciformes, aparecían en los monumentos y en los objetos -de arte de la más remota antigüedad. - -Mucho costó desarraigar la creencia de que la Cruz v el signo del -Redentor eran una cosa inseparables. La arqueología misma tenía por -un axioma que la Cruz servía de criterium para reconocer lo que era -posterior á Cristo y pertenecía á la era actual. Este criterio, aún -á fines del siglo pasado, fué empleado por algunos americanistas -para resolver el problema de nuestra Cruz continental; pues si bien -admitieron la universalidad del símbolo, negaron obstinadamente su -veneración de parte de las naciones que lo emplearon; y así el Abate -Schmitz decía en pleno Congreso de Bruselas que no se podría citar -un solo ejemplo en toda la antigüedad de los pueblos salvages, fuera -de América, en donde la Cruz fuese venerada; que no era sinó por la -muerte del Cristo que la Cruz se hizo un signo de salud; y que si, por -consiguiente, se la encuentra adorada entre los pueblos salvages de la -América, es un indicio cierto de que el cristianismo fué conocido y -predicado[94]. - -El Abate no tenía en cuenta que San Jerónimo mismo recordaba el alto -valor simbólico de aquella entre los antiguos samaritanos; y olvidaba -que en los geroglíficos egipcios el _Tau_ y la Cruz empleáronse como el -símbolo de la vida futura, no existiendo nada tan sagrado como la Cruz -hermética ó Isiaca, cuya invención se atribuye á Mercurio Trismegistro. -Como símbolo sagrado de la religión, la Cruz desempeñó un papel -importantísimo en los misterios de Isis, como lo hizo notar un eminente -teólogo[95]. También ha tenido gran figuración como letra gerática ó -sacerdotal, tanto que el Tau, filológicamente hablando, es la radical -del nombre primitivo de Dios: del Thaut egipcio, del Théos griego, del -Theut ó Theutates celta y del Thon escandinavo. Cruces llevaron los -monumentos egipcios de ahora seis mil años. Cruces veíanse igualmente -en manos de Horo; al cuello de Apis, de Amom y de las Vestales; y en -los timbales de los Coribantes, y en los vasos sagrados con que se -ofrendaba á los dioses. Lo propio sucedía en Asiria y Babilonia. En -Europa misma, en las cercanías de Parma, de Reggio y de Módena, ó sea -en las terramares de la Emilia, se han encontrado cruces simbólicas -en el fondo de las vasijas, trabajadas en la alfarería muchos -siglos antes de los romanos y del cristianismo; lo mismo que en los -cementerios de Villanova y en las tumbas de Golasecca, en las cuales su -culto se ha revelado de la manera más completa[96]. - -Entre tanto, un hecho arqueológico se comprobaba: la universalidad -del símbolo cruciforme, como la del círculo, del triángulo, del -cuadrilátero, del gancho ó segmento del cuadrado y del meandro. Y es -que la Cruz es una combinación geométrica natural; de manera que el -encontrarse en América no fué motivo para establecer conclusiones de -otro orden. - -No debe perderse de vista el hecho matemático de que la combinación -cruciforme suele ser el signo general de toda la geometría celeste y -terrestre. Los conocimientos astronómicos desempeñaban en América un -gran papel político y social. La Cruz del Sud, visible en toda la zona -tórrida, debió desde el primer momento impresionar los sentidos del -indio. La perfecta orientación de las fundaciones que precedieron á los -pueblos aztecas y quichuas, puede haberle vuelto un signo geométrico -relacionado con aquella, por la influencia del ángulo recto; y el -gusto por este ángulo, sin duda determinó la forma de las aberturas -de las construcciones de Palenque, en forma de Cruz griega, cuando -no de Tau egipcio. No olvidemos que los pueblos aztecas y quichuas -eran esencialmente geómetras; que trazaban ángulos rectos perfectos, -y que casi seguramente, como hemos podido comprobarlo en las ruinas -de nuestro Calchaquí, conocieron y usaron la escuadra y la plomada. -Además, la Cruz, mayormente si se ha trazado dentro de un círculo, -divide las figuras ó cosas en cuatro porciones iguales, lo que pudo -muy bien haber ocasionado su empleo como reguladora de cantidades. Las -marchas del sol, de los astros y la dirección geográfica de los rumbos, -indudablemente que han influido, así mismo, en su trazado. - -Es por algunos de estos motivos que Rialle, escribiendo sobre la Cruz -en Cundinamarca[97], no dá trascendental importancia al hallazgo del -signo, manifestando que, como la costumbre de trazar líneas cortándose -en ángulos rectos se encuentra en todos los pueblos y remonta á todas -partes, á todas las épocas prehistóricas, esta coincidencia no es digna -de llamar la atención. - -Es de observar que Waldeck, en 1792, explicaba con la geometría la -existencia de cruces en ese sistema de los fondos reticulados de los -monumentos de Palenque, que tanto han dado qué decir, primero á los -creyentes, y después á los arqueólogos. - -En nuestra América la profusión con que se encuentra el símbolo es tal, -que dificilmente habrá existido un pueblo que no lo haya usado como -signo sagrado, ó figurativo por lo menos. - -Los Pieles Rojas y demás naciones del Norte valiéronse de la Cruz como -uno de sus símbolos hieráticos. Aparece en formas griegas en variados -objetos[98], especialmente en su alfarería ceremonial, destinada -á propiciar á sus _Wind Spirit_ y demás divinidades que ejercen -influencia sobre la atmósfera, los vientos y las lluvias; y testimonio -de ello son las ricas alfarerías depositadas en el Museo de Washington. -Así mismo la Cruz fué empleada como figura totémica por algunas tribus -ó familias. - -En Méjico, ya sabemos como llamó desde el primer momento la atención -del conquistador, encontrándose venerada de parte de los aztecas y -demás naciones del imperio, cuyos dioses portaban la Cruz en la mano, -siendo ella honrada con víctimas. - -El P. Lozano[99], reproduce lo que sobre el sagrado signo en la América -Central escribieron Gomara[100] y Malvenda[101]. Las cruces de Cozumel y -de Yucatán llaman la atención de aquel cronista, diciendo que en estos -lugares se veneraba el símbolo de la redención, sellando con él las -lápidas de sus sepulcros, como lo registraron los españoles cuando -descubrieron estas provincias. Desde los más remotos tiempos nahuas y -mayas adoraban, suspendido en sus templos de Popayán y Cundinamarca, el -emblema augusto, del mismo modo que los mejicanos[102]. - -Fué en todo tiempo un hecho curioso y digno de llamar la atención, que -las tumbas entre estos últimos afectasen la forma cruciforme en su -distribución. - -Entre los muyscas de Cundinamarca los muertos gozaban de la vida eterna -ó sufrían crueles castigos, siendo la última enfermedad la confirmación -de su póstumo destino. Los hombres que perecían en la guerra y las -mujeres muertas de parto, seguramente gozaban de la eterna felicidad, -lo mismo que los que sucumbían de una pleuresia ó hemorragia; mientras -que otro género de muerte fué considerada como una señal de la cólera -de los dioses. En este último caso los muyscas no colocaban cruces -sobre las tumbas de los extintos; más si la naturaleza de la muerte -indicaba felicidad futura, la cabeza del cadáver era cubierta de -_bixa_, enterrándose á este en una tumba perfumada, construyéndose -sobre el túmulo un pequeño santuario rematado en una Cruz. - -Estos interesantísimos datos dícennos con claridad que la Cruz entre -los muyscas fué un símbolo de la vida futura, lo mismo que en Yucatán, -en donde los cuatro Bacabs ó los cuatro Vientos pasaban por los autores -de la vida; y de aquí las cuatro urnas funerarias para cada muerto. - -Brinton[103] sigue la misma opinión, manifestando que la Cruz es ese -famoso «Arbol de nuestra Vida». - -Refiriéndose este autor especialmente á las tumbas mejicanas en forma -de Cruz, dice que si las tumbas de los mejicanos, como se ha asegurado, -tuvieron tal forma, era indudablemente por relación á una resurrección -y á una vida futuras que estaban colocadas bajo este símbolo, indicando -que el cuerpo enterrado resucitaba bajo la acción de los cuatro -espíritus del mundo, como la simiente enterrada recobra una nueva -existencia cuando es regada por las lluvias primaverales. - -Nosotros añadiremos que la orientación de los sepulcros y sus formas, -deberían responder especialmente á propiciar en favor del muerto la -ayuda de los genios cardinales ó de los dioses del norte, sud, este y -oeste, tan venerados por los pueblos del norte. - -En estas regiones septentrionales y centrales de la América, y -especialmente entre los mayas de Yucatán, que adoraban la Cruz de la -isla de Cozumel, implorábase al sagrado emblema para que cesasen las -secas; de modo que en tales países, aparte del carácter atmosférico -del símbolo, la Cruz representaba la vida de todas las cosas de la -naturaleza, por acción de los fenómenos meteorológicos que hacen nacer, -crecer y fructificar las especies animales y vegetales. - -Esta Cruz de Cozumel, llevada por los naturales en procesión á la -orilla de los lagos y ríos en tiempo de seca, fué motivo de largas -divagaciones de parte del conquistador, por más que su veneración -no fuese el asunto principal en las creencias nativas, pues el dios -Cozumel era la suprema divinidad de la isla, y la Cruz tan solo su -insignia ó emblema[104]. - -En Méjico ó Nueva España, con la primera Cruz que dieron los -castellanos fué con la de Guatulco, la cual, según Gregorio García[105] -tomóse por una insignia apostólica, grabada en una roca, con el retrato -del Santo, “para memoria perpetua de cosa tan santa”. Esta Cruz es -fama que hacía quince siglos que existía cuando don Juan de Cervantes, -obispo de Goajaca, la hizo trasladar á su catedral. - -Otra famosa Cruz fué encontrada en el templo de Anáhuac, de gran -veneración; y Cortés, en su expedición á Tabasco, dió con una de -piedra, de cerca de tres pies de alto. - -Pero la más famosa de las cruces pareció ser la de Palenque, encontrada -en unas grandiosas y seculares ruinas, desconocidas para los mismos -naturales del país, sobre las que había crecido una gran selva en -tiempo de la llegada de los españoles á Yucatán. Estas ruinas, para la -arqueología americana, son los restos de las monumentales obras dejadas -por extintos pueblos primitivos, haciendo Alejandro Lenoir remontar -su origen á más de 3000 años, considerándolas Braseur de Bourbourg -como anteriores á las más antiguas construcciones del viejo mundo. -Waldeck[106] describió las ruinas á fines del siglo XVIII, dedicando -especialmente su obra al estudio de su famosa cuanto simbólica Cruz, -que gracias á sus dibujos, los de Stephens, de Castañeda y las -fotografías de Charnay, ha salvado hasta nosotros, pues que ella fué -extraída del grupo esculpido en medio del cual se encontraba con toda -su primitiva grandeza[107]. - -En la figura 3 ofrecemos los detalles más salientes de tan admirable -escultura. - -Sobre este secular emblema, cuyo palo superior termina en una cara -zoomorfa, aparecía asentado un pájaro fantástico, de larga cola, -cuya cabeza y plumaje extravagantes delataban perfectamente bien su -carácter simbólico. A este pájaro es al que, sin duda, ofrendaba el -indio, artísticamente vestido, un niño estendido sobre sus brazos, -estirados horizontalmente en actitud de súplica. El conjunto tenía por -base una figura de ídolo. La Cruz aparecía sobrecargada de líneas y -de accesorios complicados, que formaban algunos de esos símbolos cuyo -valor no nos es desconocido. En su torno habíanse grabado caracteres -geroglíficos. - -[Ilustración: Fig. 3. Cruz venerada en el templo del Sol, de Palenque.] - -La Cruz de Palenque, sin lugar á dudas de ningún género, es un -interesante elemento de escritura sagrada, un símbolo, cuyo valor -mitológico puede calcularse por haber sido esculpida sobre piedras -sagradas, en el recinto de un templo erigido en honor del sol. Es -para nosotros el ave, el volátil asentado encima de la Cruz, la -figura emblemática que puede llevarnos á clasificarla como un símbolo -atmosférico, si es que el ave, ofrendada de parte del indio, es la -representación ornitomorfa de la Nube que produce la lluvia por acción -del sol[108]. - -En la América Central, más que una cosa principal del culto, la Cruz -fué una insignia de los dioses del Aire, y figuró como un emblema -acuático, entre otros. Sus cuatro palos, ó dos líneas que se cortan en -ángulos rectos, representaban los cuatro vientos que traían las nubes, -de las que caía la lluvia, que fecundaba y alentaba todas las cosas. - -Lo mismo sucedía en Cundinamarca. La Cruz en este país fué objeto de -veneración á causa de aparecer como el signo gráfico figurativo de los -puntos cardinales y de la rosa de los vientos, siendo aquellos cuatro -puntos en toda América cuatro genios del viento, cuatro personalidades -míticas tutelares; de modo que cuando se habla del «norte», lo que -en realidad quiere decirse es «viento que sopla del norte». Estos -cuatro vientos, estos cuatro genios arrastran las lluvias; y de aquí -el importantísimo papel que desempeñan en las cosmogonías de los -dioses-agua ó dioses-sol. - -En el Perú, igualmente, la Cruz aparece con mucha profusión; pero las -cruces peruanas no han sido estudiadas por la arqueología, sinó por la -filosofía religiosa, con su mal preparado criterio. - -Una breve noticia de las cruces enumeradas por los cronistas de Indias -bastará para que nos demos cuenta exacta de la importancia que se -atribuyó al símbolo en el pueblo de los Incas. - -El P. Techo[109] menciona especialmente la Cruz de Carabuco, aldea -contigua al Titicaca, y sin duda influenciada por su civilización. -Esta Cruz, cualquiera que sea el motivo invocado, aparece arrojada -varias veces al agua, sobrenadando en la corriente, sin hundirse, é -inaccesible al poder del fuego. La Cruz fué enterrada, por fin, en -un hoyo profundo en las márgenes del lago, del cual es fama que la -estrajo el cura Sarmiento, después de la revelación de los indios -anansayas[110]. Es también digna de llamar la atención la influencia -de la Cruz sobre los rayos, pues al decir de Montoya, nuestro Señor -hacía con esta cruz muchos milagros, y principalmente «_contra los -rayos_»[111]. - -La de Santa Cruz de la Sierra, que dió su nombre á la provincia, fué -mentada por Fr. Gregorio García en su _Predicación del Evangelio_. El -cronista cuenta que esta Cruz se veía grabada en medio de una roca, -junto á unos pies esculpidos, que se dicen ser de Pay Zumé, dato que -nos indicaría que la Cruz de que tratamos no es otra cosa que un signo -complementario del de los pies esculpidos, de que nos ocupamos en el -capítulo anterior, ó sea: un símbolo acuático ó astrolátrico. - -Corrobora esta creencia la noticia del P. Josef de Acosta[112] de que -los indios, cuando la adoraban, demandábanle lluvias. - -El P. de la Calancha escribe sobre la Cruz misteriosa de los Chunchos, -entre las montañas; y está demás decir que para este escritor fanático -es obra del Apóstol. - -De la famosa Cruz del Cuzco, que los españoles llevaron á la catedral, -labrada «con mármol fino, de color blanco y encarnado de jaspe -cristalino», ocupóse el Congreso de Americanistas de Luxemburgo, -haciendo notar el marqués de Monclar[113] que la Cruz existió en el -centro mismo del imperio de los Incas, y que era allí objeto de gran -veneración. El marqués negaba que pudiera representar los cuatro puntos -cardinales, como se sostenía á causa de habérsela encontrado colocada -verticalmente, colgada de su agujero de suspensión. - -Lozano[114] hace referencias á esta insignia «que tuvieron en -veneración» los ingas, siguiendo á Garcilaso de la Vega[115]; siendo de -advertir que éste duda de los motivos de «su veneración», pues asegura -que era simplemente venerada y no «adorada»,—«lo cual escribe, debía -ser _por su hermosa figura_, ó por algún otro respeto que no saben -decir». - -De este modo, la Cruz de mármol se convertía para Garcilaso en un -fetiche _Canopa_. - -Respecto á la observación del marqués de Monclar, que la Cruz no podía -ser emblema de los cuatro puntos cardinales á causa de su colocación -vertical, no la juzgamos argumento serio. - -Los mapas murales, colgados verticalmente, figuran la planicie de la -tierra y de los mares, no obstante. Si la Cruz representaba los puntos -cardinales, y en tal concepto recibía veneración, no era preciso que -estuviese horizontalmente colocada, por cuanto ella no representaría -propiamente un signo geográfico, sinó que valdría como un emblema -sagrado, alusivo á los cuatro vientos venidos de los cuatro rumbos; y, -por otra parte, si en las ceremonias hacíase necesaria su disposición -horizontal, así se efectuaría en cada caso ocurrente, colgándosela de -nuevo. - -Lo que nosotros dudamos es que se haya probado que esta Cruz peruana -representaba los puntos cardinales, por más que así lo fuese en otros -pueblos americanos. - -En el imperio parece que los Incas mismos portaban la Cruz, pues, según -Fernández, los candidatos al llauto vestían una camisa blanca «con cosa -que se asemejaba á una cruz bordada en el pecho»[116]. - -En Chile, en donde el Apóstol sólo estuvo de paso al decir de los -cronistas, se han encontrado interesantes objetos arqueológicos con -cruces. En el capítulo sobre la Cruz en los Petroglyfos tendremos, por -ejemplo, ocasión de hacer notar las interesantes cruces con que está -ornada la pictografía de Tinguiririca, al lado de otros símbolos de -indiscutible valor acuático ó atmosférico, lo que podría servir para -determinar su valor figurativo en la región andina. - -Nuestro Tucumán, no obstante el silencio de los cronistas, que no -han parado su atención en las riquezas arqueológicas de la tierra, -es, sin duda alguna, la nación americana más rica en figuraciones de -cruces nativas, ya sea en sus petrografías ó pictografías, como en su -espléndida cerámica, en sus ídolos, y hasta en sus diversos objetos -artísticos de adorno ó de fantasía. - -Da nuestra sola colección de objetos calchaquíes podríamos presentar un -centenar en los cuales la Cruz, hermosamente trazada, aparece pintada, -grabada ó esculpida, siempre con marcada insistencia, y con motivos -determinados, obedeciendo á una tendencia simbólica uniforme, sin -excepciones que hagan vacilar al espíritu arqueológico. - -Es por estas circunstancias que la Cruz de Calchaquí será -preferentemente estudiada en este libro; y á ello deberemos en gran -parte poder arribar á conclusiones que á nuestro juicio no admiten -réplicas, resolviendo definitivamente el ya secular problema. - -Tal como hasta ahora aparece el signo, y por los datos someramente -consignados, puede decirse con el marqués de Nadaillac que la Cruz -americana era tenida «como el símbolo de la potencia creatriz y -fertilizante de la naturaleza»[117]. - - -NOTAS: - -[94] _Actas del Congr. de Bruselas_, tomo I, pág. 505. - -[95] Justo Lipsio, _De Cruce_, lib. I, cap. LVIII. - -[96] Sobre este punto véanse Lipsio, cit.; P. Lafitau, _Mœurs des -sauvages Americains, comparées aux mœurs des premiers temps_, -tom. II (París, 1724); Mortillet, _Le Signe de la Croix avant le -Christianisme_, caps. I á IV (París, C. Reinwald, 1866); M. Peterken y -Luciem Adam, _Congr. de Bruselas_, págs. 513, 519 y sigtes, etc. - -[97] Cap. XVII, pág. 287. - -[98] La Cruz en estos pueblos, que la ofrendaban con codornices, -incienso y agua lustral, servía también de ornamentación, y el Dr. -Jones enseña conchas y objetos de cobre con cruces, procedentes de -Tenesse. Es muy interesante el ornamento de cobre encontrado en un -_Stone-Grave_ en Zalicoffer Hill, que el marqués de Nadaillac reproduce -en su figura 85, lo mismo que el instrumento de silex en Cruz, de la -figura 79 (_L’Amériqne Préhistorique_, págs. 176 y 171). - -[99] Tom. I, pág. 437. - -[100] _Hist. Ind. doccil_, cap. LIII. - -[101] _De Antich._, ci. 3, cap. XXV. - -[102] Sobre la Cruz en estas naciones, véanse Ixtlilxochitl, _Hist. des -Chichiméques_, págs. 5 y sigtes.; Sahagún, _Hist. de la Nueva España_, -lib. I, cap. II; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, págs. 27 y sigtes.; -Cogolludo, _Hist. de Yucatán_, lib. IV, cap. IX. - -[103] Op. cit., cap. IV. - -[104] D. Antonio de Solís (_Hist. de la Nueva España_, cap. XV, pág. -59) dá interesante noticia de este ídolo, de fisonomía espantable, como -los dioses de la tormenta y del huracán. «A poco trecho de la costa, -escribe, se hallaron en el templo aquel ídolo tan venerado, fábrica de -piedra cuadrada, y de no despreciable arquitectura. Era el ídolo de -figura humana, pero de horrible aspecto, en que se dejaba conocer la -semejanza de su original. Observose esta misma circunstancia en todos -los ídolos que adoraba aquella gentilidad, diferentes en la hechura y -en la significación, pero conformes en lo feo y abominable ... Dicen -que se llamaba este ídolo Cozumel, y que dió á la isla el nombre que se -conserva hoy en ella.» - -[105] _Origen de los Indios_, lib. V, cap. V. - -[106] _Découverte de la Croix de Palenque_ (1792). - -[107] La tabla de la Cruz de Palenque, encontrada después que la sacó -un fanático, en una selva contigua á las ruinas, se halla en el Museo -de Washington, y de ella dá cuenta Ch. Rau (_The Palenque Tablet, -Smith. Cont._, tom XXII). - -El marqués de Nadaillac (cap. VII, pág. 325), reproduce el cuadro de -la Cruz de Palenque, y también (pág. 326) un bajo relieve descubierto -por M. Maler (en 1879, _Nature_, pág. 326), cerca de Palenque, muy -semejante al anterior, con su Cruz y pájaro encima y dos indios -ofrendando, el de la izquierda al parecer una cabeza de venado, -llevando el de la derecha un adorno de círculo con Cruz, en su cintura. -El indio de la izquierda vése claramente que ofrenda á la Cruz. - -[108] En el Congreso de Bruselas, M. Peterken decía que era necesario -tener el espíritu muy prevenido para ver en esta Cruz una reminiscencia -evangélica; y que ni el pájaro, ni la Cruz misma, cuya rama vertical -termina en un pagay, se prestaban á interpretación de tanta fantasía -(_Actas_, págs. 545 y 522). Para el conde de Charencey, la Cruz de -Palenque era un simple emblema astronómico (Id., pág. 654). - -[109] Lib. VI, cap IV, págs. 23 y 24. - -[110] Ruíz de Montoya, caps. XXIII y XXVI, págs. 99, 100, 110 á 112; -Alonso Ramos, cap. IX, de quien el primero toma sus noticias, y Lozano, -cap. XX, pág. 440. - -El Yamqui Pachacuti (_Tres Relaciones_, pág. 238) asegura que el leño -fué labrado en los Andes de Caravaya por Tunapa. - -[111] Cap. XXVI, pág. 112. - -[112] _Hist. Nat._ etc., lib. VII, cap. XXVII. - -[113] Luxemburg., 4^{a}. ses. - -[114] Cap. XX, pág. 437. - -[115] Lib. II, cap. III. - -[116] En la _Relación_ del pueblo de Paycabamba ó Leoquina del R. P. -Arias Dávila (1582), aparece la Cruz incaica con el nombre de Xaygua -(Sayhua), en la parte que el cronista refiere la lucha de Huayna Cápac -con los Quillacincas en Gaytara, «donde dejó una señal á forma de -mármol, tan grueso como cinco ó seis brazas, redonda y dentro de si -_una cruz_ de plata ó semejanza á ella: su nombre de la cual se llama -_Xaygua_, que quiere decir _nombre y señal del Inca_.» - -[117] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VII, pág. 327. - - - - -CAPÍTULO III - -LA CRUZ SIMBÓLICA - -EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA - - - _Influencia de la religión en el valor del símbolo—La - Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de - Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El - palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo de - Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con Cruz—Material - iconográfico de Jiménez de la Espada—La Cruz - en los huaqueros—Telas de la Horca, Paramonga, - Pachacámac, Chancay y Ancón—Opiniones de Jiménez - de la Espada y M. Bollaert—La lámina simbólica del - Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la Cruz—Una cita del - P. Cobo—El Tau de Allchurch—La Cruz como símbolo - astrolátrico y atmosférico._ - -Hemos dicho, y lo repetimos nuevamente, que el asunto de la Cruz en -el Perú, arqueológicamente considerado, no ha sido motivo de estudios -profundos y satisfactorios, como los que se han practicado sobre el -símbolo en otros pueblos. Los breves trabajos que al respecto hemos -leído, apenas si pasan de acumulaciones de datos, de ligeras noticias, -ilustradas con algunas láminas, en las que tampoco se ha tenido el -cuidado de elegir lo mejor. - -Este asunto de la Cruz peruana se presenta complejo á causa de los -cambios repentinos y trascendentales de religión y de política, -intimamente ligadas entre sí. En la civilización aymarítica, surgida -de los grandes lagos, es el Agua, el elemento líquido encarnado en el -Huiracocha de Tiahuanaco, el fundamento y el objeto de la religión[118]. -Pacaritambo, de donde nace la aurora, y Chingano, en donde la luz -explende, son otros dos grandes focos de civilización[119]. El culto al -Sol, á ese hacedor fecundo, impónese con los Incas; y cuando alguna -vez desmaya, vuelve á surgir de nuevo con todo su brillo secular. -Finalmente, por actos trascendentales de política, que afianzan la -solidez del imperio del Cuzco, las dos grandes religiones rivales se -refunden, complementándose la una á la otra, el día en que el dios -Huiracocha es colocado con toda su magestad, y con atributos solares, -en los _aris_ de la heliolatría. Entonces los dioses acuáticos y -astrolátricos combinan su acción para obrar sobre la naturaleza y -fecundarla, produciendo las lluvias, como que también el dios-sol llora -agua y rocío, y haciendo nacer, crecer y fructificar todas las cosas. - -El símbolo de la Cruz, que indiscutiblemente existió en todos los -ciclos, tanto incásicos como preincásicos, sufrió la influencia de -estos cambios de cultura y de religión. Símbolo acuático, cuando -preponderó la religión aymarítica, se volvió símbolo astrolátrico -cuando dominó la quichua; transformándose en símbolo atmosférico -combinado, de doble valor acuático y luminoso, cuando las religiones -se fundieron en una sola. En este último caso, la Cruz, hablando -en términos arqueológicos, debe denominarse símbolo atmosférico, -emblema de las nubes, de los vientos y de los fenómenos meteorológicos -producidos por la acción del sol. - -Nuestro material iconográfico lo demostrará por sí mismo. En el -ídolo aymarítico de Collo-Collo, en los monumentos primitivos, en -los _huaqueros_ ó vasos ceremoniales del culto al Agua, aparecerá -la Cruz; de la propia manera que figurará en el arte quichua, en -sus construcciones, en sus dioses, en su alfarería, en sus telas, -y, finalmente, en las representaciones astrolátricas y en la famosa -plancha celeste del Yamqui Pachacuti, como un emblema luminoso formado -por astros del cielo. - -Somos sin duda los primeros que hemos hecho estas afirmaciones respecto -al valor simbólico de la Cruz en el Perú, afirmaciones que, por suerte, -podremos comprobar en el desarrollo de este capítulo, en el que -seguiremos á la Cruz en el orden en que la arqueología la ha tratado, -sin preocuparnos de la cronología de sus alternativas simbólicas. - -Comenzaron los señores Rivero y Tschudi[120] por ofrecernos figuraciones -y representaciones cruciformes del mayor interés. Entre las clásicas -cruces presentadas distínguense las de las ruinas del palacio del -Chimu, de los pilares del templo de Coati y de una de las esculturas de -Tiahuanaco. - -M. de Bollaert publicó su interesantísimo _tupu_ de oro con cruces, que -fué objeto de variados comentarios. - -Wiener, en su obra «Perú y Bolivia», ofrécenos un material interesante, -aunque disperso, de objetos incásicos y preincásicos con cruces. - -En el Apéndice del trabajo de Jiménez de la Espada, presentado al -Congreso de Bruselas[121], este distinguido americanista reproduce -nuevos ejemplares. - -Los grandes monumentos de Tiahuanaco pueden admirarse en la obra -reciente de Max Uhle y Stubel. - -Entre las grandes y antiquísimas construcciones que ostentan la -insignia cruciforme, son dignas de especial mención los muros con -bajorelieves del palacio norte en el gran Chimu, levantado sobre la -primera de las tres grandes terrazas con ruinas por el brazo poderoso -de los chimus, que desafiaban con sus trabajos ciclopeos á las fuerzas -terraqueas que de tiempo en tiempo mueven el suelo que habitaron. Este -gran muro está reproducido por Wiener[122]. Las figuraciones cruciformes -que ostenta el mismo, talladas sobre la piedra, son numerosas; y, -convenientemente distribuidas, adornan los frescos y bajorelieves, -semejantes en su disposición artística á las más bellas pinturas de -las telas peruanas, valiéndose de líneas escalonadas y rectas que -trazan en el duro material figuras geométricas de admirable simetría. -Estas cruces hacen recordar de otras semejantes, en bajorelieve, de -monumentos mejicanos, viéndose con ello que en el Perú también la Cruz -servía de ornamentación. - -Cieza atribuye un alto origen á los monumentos megalíticos de Tiahuanaco, -que para él,—y vale bien la pena de consignarlo,—representan á ese -apostólico Aticci Viracocha, al cual,según su afirmación, «fuéronle en -muchas partes hechos templos en los cuales pusieron _bultos de piedra_ á -su semejanza, y delante dellos hazían sacrificios. Los bultos grandes, -agrega, _questán en el pueblo de Tiauanaco_, se tiene que fué desde -aquellos tiempos.» - -Nuestro americanista Lafone Quevedo, sin conocer esta cita de Cieza, -atribuyó muy acertadamente la cabeza del famoso ídolo de Collo-Collo y -la imagen del Dios-Sol de Wiener á representaciones de este Aticci, el -dios del Agua[123]. - -Refiriéndose al ídolo de Collo-Collo, que se encuentra entre Tiahuanaco -y La Paz, y que mide 1.37 m. de alto (Fig. 4), escribe en el lugar -citado: «Es una cabeza de pórfido con curiosos grabados; pero lo -que importa son los ojos (grandes círculos), que no son más que -dos _Imaymanas_[124], de que cuelgan unos tres _Tocos_[125], ventanas. -Es curioso que tres son los _tocos_ que cita Pachacuti. El ídolo -representará á _Aticci Viracocha_, con los atributos de sus dos hijos -por ojos, etc. En la banda de la frente se distingue el mismo _pescado_ -de que habla Wiener en su pág. 703.» - -[Ilustración: Fig. 4. Idolo de Collo-Collo.] - -Lo que á nuestro asunto interesa en este ídolo de Collo-Collo, ó -figuración trina y una de Imaymana, Tocapo y Atticci, padre este último -de los primeros, que representa al dios acuático por excelencia, son -cabalmente esas esculturas zoomorfas de su banda frontal, con grabados -cruciformes en sus cuerpos, tanto más cuanto que ellas han sido -trabajadas sobre esos _pescados_ á que aluden Wiener y Lafone Quevedo. -El pescado del dios,—no hay para qué apurar las deducciones,—es un -atributo acuático del mismo, que expresa que impera sobre los mares -y masas líquidas. Las dos cruces griegas sobre el primero de estos -animales, á la izquierda, y las dos sobre el del medio, entre otras -figuras emblemáticas, indican claramente que son símbolos acuáticos -complementarios; y rara vez podrán encontrarse cruces dispuestas de tal -manera, que expresen desde el primer momento su valor como caracteres ó -signos míticos. - -Igualmente el dios del Aire ó de la Atmósfera, que se reproducirá en el -capítulo siguiente, y que aparece como un monstruo ofídico, si no es -portador de cruces, lo es al menos de _Taus_, uno de los que luce en -su mano, llevando fálico casco en su cabeza. El Tau aparece en muchas -ocasiones sustituyendo á la Cruz, y viceversa[126]. - -En los grandes pueblos antiguos pueden observarse, como en Méjico, -huacas en forma de Cruz. Un ejemplar de huaca de Pachacámac es muy -curioso (Fig. 5). - -Muy interesante entre esta clase de monumentos es la «Chulpa ó Torre -Sepulcral», que nos ofrece Squier en su libro, ya citado, sobre la -Tierra de los Incas[127], lámina que reproduce el marqués de -Nadaillac[128]. - -Los estucos de la Chulpa, de blanco y rojo en cuadrados alternados, -forman una Cruz perfecta sobre su superficie externa; siendo de -advertir que cada uno de estos cuadrados está dividido por una -diagonal, que deja dos triángulos, de tal manera que cuatro triángulos -rojos y cuatro blancos hacen Cruz. Sobre la superficie total de la -Chulpa destácase, además, pintada, una gran Cruz de San Andrés, -adornados sus brazos con taus (cinco y seis respectivamente), y con -un círculo en el punto de intersección de los palos del signo. La -construcción es una mezcla de cal y arcilla. - -[Ilustración: Fig. 5. Huaca de Pachacámac.] - -Revisemos ahora el material iconográfico que nos ofrecen Jiménez de la -Espada y Wiener, antes citados[129], fijando brevemente nuestra atención -en la manera y forma como se presentan las cruces en los objetos y -telas que estos americanistas reproducen. - -[Ilustración: Fig. 6. Huaquero con adornos cruciformes.] - -Jiménez de la Espada en las láminas de su trabajo (Figs. 11, 14, 15, -16 y 17 de su Apénd.) ofrécenos poco, aunque interesante material. Los -símbolos de los objetos son cruces maltosas ó de San Juan, como las de -su Fig. 16, y griegas, como las 11 y 14. - -El autor, al reproducir sus objetos, limítase á enumerarlos; pero es -fácil hacer algunas observaciones tendentes á insinuar las relaciones -del símbolo de la Cruz con el Agua. - -El que señala con el número 11, y que reproducimos en la Fig. 6, es un -_huaquero_ antropomorfo de vientre abultado, con su cuello arqueado, -rematando en la cabeza y espalda del mismo. Se trata de una vasija -para contener _agua_. En la toca ó pañolón de la figura humana van -pintadas con alguna simetría cruces griegas. Aunque adorno, debe desde -ya notarse que las cruces van figuradas sobre un objeto destinado á -depósito del líquido. - -Igualmente es un huaquero casi circular el bellísimo objeto 17, que -reproducimos en la Fig. 7, con una especie de pistón para llenarle de -líquido. Al centro de la parte ventral del objeto, aparece una grande -y artística Cruz griega, con un _toco_ doble (símbolo de fecundación) -en el punto mismo de intersección de los palos del signo. La Cruz en -este caso vése que ha sido el motivo de la obra; y aquella en medio -del huaquero redondo, se parece á esos círculos con cruces, que tanto -abundan en el Perú. El valor del símbolo, como emblema acuático, parece -bien insinuado en el presente ejemplar. - -Más llamativo aún es el objeto 16 (Fig. 8), pues encima de la franja -inferior con tres maltesas pintadas vése una segunda franja con tres -representaciones de peces, y una tercera de animales, que sin duda son -anfibios. Es claro que en esto caso las cruces aparecen tener -relaciones directas con el _agua_, elemento que sirve de medio de vida -á las especies figuradas, trayéndonos á la memoria, los grabados en la -banda frontal del ídolo de Collo-Collo. - -[Ilustración: Fig. 7. Huaquero cruciforme.] - -En el objeto 14 (Fig. 9) las cruces dobles alternan con _tocos_ dobles, -apareciendo en cuatro campos cuadrados, dos arriba y dos abajo, un -toco y una Cruz, y una Cruz y un toco, respectivamente. El toco, -recordaremos, es el símbolo de Tocapo Viracocha, una de las tres -personas del dios de las _aguas_. - -Recorriendo la obra de Wiener, puede encontrarse en ella un material -iconográfico numeroso é interesante. - -Revisaremos los principales ejemplares en el orden en que aparecen -reproducidos en el libro del autor de Perú y Bolivia. - -En las esquinas de los rectángulos centrales de una tela del cerro de -la Horca (Fig. 10), vénse cruces formadas por escaques, alternadas -artísticamente. En medio de los rectángulos, reprodúcense ramas de -vegetal. En los rectángulos laterales, aparecen unas figurillas -humanas de rostro triangular, cuyos cuellos y brazos se cortan en -Cruz, figurillas que en vez de pies llevan cabezas de aves,—pájaros -simbólicos que sin duda son _suris_ ó avestruces, pero que en todo caso -deben representar al ave de la tormenta,—por lo cual las figurillas, -con sus ojos Imaymanas en la región ventral, serán representaciones -atmosféricas. Las ramas de árbol darían idea de la lozanía de la -vegetación. Las cruces contiguas valdrían por signos atmosféricos de -lluvia[130]. - -En otra tela con figurillas semejantes[131], aparecen artísticos -símbolos cruciformes sobre los cuerpos de las mismas y al lado de sus -cabezas, con taus por adornos ó penachos (Fig. 11). - -[Ilustración: Fig. 8. Figuración de cruces y peces.] - -[Ilustración: Fig. 9. Cruces alternadas con tocos.] - -[Ilustración: Fig. 10. Tela con pinturas simbólicas.] - -[Ilustración: Fig. 11. Tela de Paramonga.] - -Un hermoso huaquero antropomorfo encontrado en Trujillo[132], que -representa una cara humana, luce en la frente una ancha _vincha_ -llena de labores, y sobre ellas tres campos cuadranglares, con cruces -griegas, blancas y dobles, al centro de los mismos (Fig. 12). - -[Ilustración: Fig. 12. Huaquero de Trujillo] - -Interesantísimo es el _yuro_ doble (Fig. 13), encontrado en el -Cuzco[133], uno de los cuales, el de la izquierda, tiene pintadas tres -bandas horizontales en la sección ventral. Sobre cada una de las dos -bandas inferiores figuran cruces dobles, alternadas con dobles tocos, -de punto al centro, que al instante hacen recordar el objeto 14 de -Jiménez de la Espada, reproducido en nuestra Fig. 9. En la banda -superior aparecen sólo cruces, contiguas al cuello del objeto. En -otro ancho campo ventral del yuro, al rematar las bandas cruciformes, -destácanse figurillas animales monstruosas, de larga y arqueada cola, -seguramente divinidades del aire, viéndose debajo de ellas, como -adorno, los signos simbólicos de la S volcada, que también tenemos por -acuáticos, como representativos del ruido del trueno[134]. Las cruces de -este yuro, destinado á guardar agua, son demasiado significativas, y -más si se tiene en cuenta que se hallan al lado de símbolos acuáticos y -de fecundación. - -[Ilustración: Fig. 13. Yuro doble del Cuzco.] - -[Ilustración: Fig. 14. Huaquero antropomorfo de Jauja.] - -Ejemplar interesante es también un huaquero antropomorfo (Fig 14), -encontrado en Jauja[135], en el cual aparecen con profusión cruces en la -parte superior de la camiseta de la figura. - -De lo más típico es la procesión de hombrecillos, pintada en un vaso, -encontrado en el Cuzco, representando una fiesta bajo los soberanos -autóctonos, según Wiener[136], y para nosotros una danza sagrada. Esta -lámina ha sido reproducida por Lafone Quevedo[137]. - -Cada una de las reales figuras de la misma viste muy adornados trajes -llenos de símbolos y lleva su respectivo casco de triángulo ó _Huampar -Chucu_; cada una de ellas también porta con ambas manos un largo -báculo, cuya cabeza superior termina en Cruz. Uno de estos personajes, -el primero de la derecha (Fig. 15), tiene en una mano un Tau, y en la -diestra un círculo, que muy bien podría ser ese espejo (también de la -diestra) de Tezcatlipoca, lo que demostraría el origen solar de la -figura; y si ello es así, y si solares son las demás de la serie, como -parece, tendríamos una prueba del valor heliolátrico ó astrolátrico del -símbolo, que á veces es una Cruz y á veces un tau de mando ó un cetro. - -Sin duda que son de mucho valor representativo las inscripciones -funerarias de una tela encontrada en Pachacámac[138], encuadrada por -líneas simbólicas, de fecundación la guarda superior (Fig. 16). -En medio de la tela aparece una figurilla humana, de cabeza casi -triangular, que luce un penacho de cuatro plumas, dos para cada lado, -y en medio de ellas un triangulillo con punto al centro. Sigue á la -cabeza sin cuello, el cuerpo, que es un triángulo isóceles doble, del -cual, en su parte inferior, salen sus piernas, y de su parte superior -los brazos quebrados, figurados por largas líneas, que rematan en -cruces, las que parecen indicar manos, provistas de un solo dedo; estas -manos, á la vez, portan armas, macanas ó cetros; cerca de los pies de -la singular figura antropomorfa, aparecen respectivamente dos círculos, -cada uno con rayos arqueados; y á cada lado de la cabeza de la misma, -dos figuraciones astrolátricas, en forma de X, cuyos anchos rayos -córtanse en Cruz; debajo de estas, á cada lado, y cerca de los marcos -del cuadrado, siguen en una misma línea tres pequeñas cruces, unas -después de otras, decussatas las inferiores. - -[Ilustración: Fig. 15. Hombrecillo del grupo de la procesión de -Wiener.] - -[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.] - -El personaje figurado, por su penacho de plumas, su crestón fálico, -la forma triangular de su cuerpo y las armas que porta, representa -sin duda una mítica persona, femenina, por aparecer abierto el ángulo -inferior del primer triángulo del cuerpo y por dominar en ella esta -combinación geométrica. A todas luces es solar, por la figuración de -astros. Las cruces serán entonces signos ó símbolos celestes, quizá -astros, como pensaba M. Bollaert, para quien la Cruz es la _Chasca -Cóyllur_, ó estrella matutina. Este caso comprobaría el carácter -astrolátrico del símbolo, lo que, repetimos, no le quitaría su valor -atmosférico, por la influencia decisiva que se atribuyó á los astros en -los cambios meteorológicos. - -[Ilustración: Fig. 17. Tela de Chancay.] - -Toda orlada de cruces aparece la franja superior de una tela encontrada -en Chancay, en la que pueden contarse hasta cuarenta (Fig. 17). Sus -signos, en vez de un círculo ó punto centrales, llevan un cuadrado -en el lugar de la intersección de los palos. La franja inferior está -adornada por siete figuras como arabescos, que Wiener[139] cree que son -signos fonéticos de una escritura desconocida, y que un examen detenido -permite reconocer en ellas al pájaro, tan común en las telas, esta vez -representado en dos sentidos. El pájaro es casi siempre símbolo de la -Nube: las cruces complementarias serían entonces acuáticas. - -[Ilustración: Fig. 18. Tela de Ancón.] - -Finalmente, en una muy curiosa tela de Ancón[140], dentro de un cuadrado -con marco de líneas quebradas que hacen triángulos equiláteros aparece -una figura de doble cuerpo triangular (Fig. 18), con la cabeza adherida -al vértice superior del triángulo primero, totalmente negro. De los -ángulos inferiores de este triángulo, salen sus brazos: la mano derecha -es portadora de un tridente, y de una Cruz, la izquierda. Esta figura -puede ser una revelación, pues nos enseña al tridente, insignia mítica -ó de autoridad, como aparece en las Láms. 7 y 8 del trabajo de Jiménez -de la Espada, en una relación de equivalencia simbólica con la Cruz, la -otra suprema insignia; y quién sabe si en el caso presente no es esta -la _xayhua_, ó señal de alguna divinidad, ó del hijo del sol, á que -aludía D. Pedro Arias Dávila, antes citado. - -[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.] - -La figurilla reproducida en la tela es á todas luces simbólica, y -ella prueba que en el caso de la Fig. 16 las insignias cruciformes -como brazos y manos, no son tales brazos y tales manos, sino cruces -portadas. Y es de advertir que en las figuraciones idolátricas debe -estudiarse cuidadosamente la mano, á veces de dos, tres y cuatro -dedos, que indican cantidades sagradas, generalmente portadoras de las -insignias que las caracterizan. - -Por lo demás, la mítica figurilla de dobles triángulos que nos ocupa, -es una representación femenina, por estas combinaciones geométricas; y -seguramente que un pequeño triangulillo central dentro del triángulo -inferior, no es otra cosa que un signo sexual,—la vulva de la mujer ó -hembra, tal como indiscutiblemente aparece en uno de nuestros dobles ó -andróginos de Tinogasta. - -La Cruz en este caso será símbolo de fecundación. - -En cuanto á la escritura simbólica peruana, hay que observar que es -especialmente en las telas funerarias donde los indios pintaban su -pensamiento: la historia del muerto, las hazañas por él realizadas y -los dioses bajo cuyo amparo se colocaba al extinto, ó los votos de que -eran objeto de parte de los sobrevivientes[141]. - -En Calchaquí el material sobre el cual se escribe ideológica ó -simbólicamente el pensamiento, es la alfarería funeraria. - -Pasemos ahora á dar noticia del valor simbólico que en el Congreso de -Bruselas se dió á la Cruz del Perú. - -Jiménez de la Espada, quien especialmente trató y debatió el -asunto[142], muy escasas indagaciones arqueológicas nos ofrece en -su trabajo, notable como obra de critica. Limítase este autor á -considerar á la Cruz como signo distintivo de los padrones ó marcas -(_xayhuas_) que señalaban la dilatación del imperio de Tahuantinsuyu. -Cita al P. Molina[143], de quien toma el dato de que los caballeros -en el Cápac Raymi ó fiesta de Noviembre, vestían la _huahuaclla_, -de color negro y amarillo, y en medio una Cruz colorada; de lo que -deduce el americanista que no hay más que indicios disconformes de la -significación de las cruces simbólicas peruanas. - -Considera enseguida á la Cruz como una combinación artística ó -arquitectónica, de fácil explicación. - -Basta, según él, un ligero examen de los sistemas de ornato más -frecuentes entre los yuncas y pueblos vecinos del interior, cuya -civilización precedió á la de los Incas, para convencerse de que el -elemento predominante y fundamental de aquellos es el cuadrado, cuadra -ó escaque, ya se origine del cruzamiento en ángulo recto de dos series -de paralelas, ya del corte de un prisma de base cuadrada. Con él, no -solamente componían las líneas y trazas generales del adorno de sus -ropas, vasos y edificios, y los ingeniosos y peregrinos detalles de -cenefas, orlas y frisos, si que también modificaron las elegantes -curvas y rectas de otros ornatos al parecer exóticos, transformando -las diagonales de cuadrados y rombos y los meandros en escalerillas, y -las ondas y hélices, en enroscadas hojas de sierra, etc. Ahora bien, -la agrupación de cinco cuadrados ó escaques, tres para cada palo (el -central, común), produce una Cruz griega, y agregando otro á la parte -inferior del palo vertical, de modo que este tenga cuatro, la latina. -Este sistema de adorno se llamaba _collcampata_ por los quichuas. -La Cruz maltesa, además de simbólica, puede ser también puramente -decorativa y resultado del cruzamiento de dos diagonales, como en uno -de los estucos del palacio de Chimu, que citamos anteriormente. - -Ya dijimos que M. Bollaert veía en la Cruz un signo esencialmente -astronómico: la estrella de la mañana, la _Chasca_. - -Jiménez de la Espada[144] duda de tal representación, manifestando que -no contaba con datos suficientes para decidirlo afirmativamente; y -que antes los pocos y vagos que pudo adquirir ó vislumbrar acerca del -simbolismo de las cruces peruanas le llevaban lejos de tal solución. -«Si el signo, dice, de Chasca Cóyllur, del Crucero ó de cualquier otra -de las constelaciones meridionales hubiera sido la tal cruz, es casi -seguro que el indio collagua Pachacuti, lo hubiera diseñado así, aunque -groseramente, en el dibujo á pluma de su _Relación_ que figura el -testero del gran templo del Cuzco, donde estaban representados todos -los astros y meteoros adorados por los súbditos de los Incas.» - -Parece increíble tal afirmación de parte de Jiménez de la Espada, -quien fué cabalmente el que dió á luz la _Relación_ del Yamqui -Pachacuti; pues en el referido dibujo á pluma inserto, en la -obra del collagua[145], la Cruz aparece _dos veces_, en la parte -superior y central del dibujo, como ya lo hicimos notar en una breve -monografía[146]. - -Reproduciremos la plancha ó lámina dibujada del Yanqui Pachacuti (Fig. -19); y en detalle, los dos signos cruciformes de la misma, á que -acabamos de referirnos (Fig. 20). - -En la lámina general destácanse estas dos cruces, figurando entre las -representaciones diversas del espacio, como indicaciones ó símbolos -astrolátricos. - -En el detalle de la figura 20, que ofrecemos con distintivos -alfabéticos, vénse dos cruces, C^{1} y C^{2}, correspondientes á dos -constelaciones celestes, que podemos denominar de la Cruz, encima y -debajo del Sol, S, y de la Luna, L; de la estrella de gran magnitud, E, -y del lucero ó Chasca Cóyllur, Ch. - -[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.] - -Como aparece en la lámina, un grupo simétrico de cinco grandes -estrellas,—cuatro á las extremidades de los palos y una en el punto de -intersección,—forman la Cruz inmisa C^{1}, cuyo palo vertical, además -de figurado por los tres astros, lo está por la línea que entre sí los -une; mientras que solo cuatro estrellas de magnitud, unidas por líneas -en sentido diagonal, constituyen la Cruz decussata C^{2}, que lleva -estas leyendas: _zara-mama_ (madre del maíz) y _chacana en general_, -quizá la denominación de la Cruz. - -[Ilustración: Fig. 20. Detalles de la lámina solar del Yamqui -Pachacuti.] - -Este nombre de Zara-mama puede ser una revelación, pues diría que la -tal cruz es protectora de las sementeras de _zara_ ó de los andenes con -maíz. - -En el culto litolátrico de Calchaquí, _Mama-Zara_ se llama hasta hoy á -las piedras paradas protectoras, algunas con signos cruciformes, como -el famoso menhir de Tafí, hoy caido, y antes de pie en medio de los -andenes indígenas de la hacienda de la familia Frías, en Tucumán (Fig -21). - -Observemos que la constelación de la Cruz, al extremo austral de la -gran Vía-láctea, denominábase _Cata-Chillay_. _Cata_, según el Dr. V. -F. López, equivale á «cosa sagrada», como que _cata_, según él, era el -nombre que se daba á las flores en la fiesta solar de Raymi[147]; é -_Illa-y_ de Chillay, ó _Ch-illa-y_, vale por «luz», y de allí el nombre -del alma del Cosmos, _Illa_—Tecce, de Inti-_Illa_-pa, el rayo, y de -nuestras _Illas_, amuletos ó fetiches de reproducción en forma de -animales, fecundadores del ganado, engendrados por el rayo, la luz -celeste ó Illapa. - -[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.] - -Como una corroboración de lo que dejamos escrito, haremos una muy -oportuna é interesante cita del P. Bernabé Cobo[148], quien, después -de explayarse sobre el culto al Inti y Mama Quilla, sol y luna, y -las estrellas, escribe: «_Adoraban_ también á otras _dos pequeñas_ -(estrellas), _que tiene debajo á manera de_ T, decían ser los pies y la -cabeza; y estas también hacían veneración á otra que anda cerca desta y -la llaman _Catachillay_». - -La cita de Cobo es una revelación; pero necesita ser explicada teniendo -á la vista el precioso _Tau_ de Titicaca (Fig. 22), propiedad de -Allchurch, y la anteriormente reproducida Plancha del Pachacuti. - - -[Ilustración: Fig. 22. Tau de plata encontrado en Titicaca.] - -Corona al precioso objeto de plata del Titicaca el gran disco solar, -el Sol incásico, con su cara humana y sus rayos[149], dibujado por el -Pachacuti (Fig. 20, letra S). A la parte inferior del objeto vése el -casco esférico de la Luna, también con su rostro alargado y de perfíl, -dentro de aquél, de la misma manera como el Yamqui Pachacuti figura á -su _Quilla_ (letra L). Estos dos grandes astros son el Sol y la Luna á -que se refiere el P. Cobo. Debajo del Sol, y sujetándole cada cual con -una mano, están dos figurillas humanas: las «dos pequeñas estrellas» -del cronista, figuradas de una manera convencionalmente antropomorfa. -Estas dos estrellas, «_tienen_, como dice Cobo, _á manera de_ T», -el Tau que aparece como Símbolo en las divinidades atmosféricas ó -astrolátricas[150]. Las dos figurillas humanas ó «pequeñas estrellas», -están paradas á los extremos del crucero horizontal de aquella -misteriosa letra. - -Esas pequeñas estrellas, colocadas respectivamente bajo el Sol y la -Luna, figuran en la lámina del Yamqui (letras Ch y E del detalle), y -llevan en la Plancha original (Fig. 19) las leyendas respectivas de -_chasca coyllur_ y _choqchinchay_. - -La otra estrella de Cobo, «que anda cerca y la llaman _Catachillay_», -aparece igualmente en la Plancha del Pachacuti, cerca de la Chasca -Cóyllur, y debajo de ella, también con la leyenda _cata-chillay_, para -que la cita del cronista salga corroborada aún en este último detalle. - -He aquí, pues, como en la Fig. 22 que nos ocupa, tenemos al _Tau_, -ó T sagrada, artísticamente combinada con las representaciones -antropomorfas de los astros adorados del cielo peruano. - -Concluiremos, entonces, llenando los vacíos del trabajo de Jiménez de -la Espada al respecto, estableciendo que la ✚ y T peruanos son símbolos -sagrados astrolátricos en la heliolatría incaica, ó sean: símbolos -de la luz y del calor del cielo que animan las cosas de la tierra, y -símbolos acuáticos á la vez, por la acción atribuida en las mitologías -á los astros sobre los fenómenos meteorológicos. - -Es por este último motivo que la Cruz figura alternando con peces y -otras especies acuáticas; con signos de la escritura de las telas, que -valen por fecundación producida por la lluvia ó «agua»; y es por ello -también que el símbolo que estudiamos figura en la parte ventral de los -huaqueros y yuros que contienen el líquido,—aquel símbolo portado por -el Aticci Viracocha, que vimos figurar en la banda frontal del monolito -de Collo-Collo y sobre la superficie de la Mama-zara de Tafí. - - -NOTAS: - -[118] Sobre Tiahuanaco, véase Brasseur, pág. 223. - -[119] Id., pág. 241, sobre Pacaritambo. - -[120] _Atlas._ - -[121] _El hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, Apénd. - -[122] _Péron et Bolivie_, pág. 100. - -[123] _Los Ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana_, § V, páginas 14 -y 15 (Bs. Aires, 1900). - -[124] Círculos sencillos á con punto símbolos de Imaymana Viracocha, -que valen por gérmenes vitales, que hacen nacer las cosas. - -[125] Emblemas de Tocapo Viracocha, seguramente fálicos, ó de -fecundación. - -[126] E. G. Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 88, (New -York 1877) ofrécenos este curiosísimo figurón ofídico, volando por los -aires. - -[127] Op. cit., cap. XIV, pág. 243. - -[128] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VIII, pág. 426. - -[129] _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú, y Péron et Bolivie_, cits. - -[130] Lámina de la pág. 84 de Wiener. - -[131] Wiener, pág. 638. - -[132] Wiener, pág. 620. - -[133] Wiener, pág. 627. - -[134] En el _Cuadro Histórico-Geroglífico de las Tribus Aztecas de -Méjico_, explicado por D. José Fernández Ramírez, del Museo Nacional de -Méjico, aparecen signos de la virgulilla saliendo del pico abierto de -un pájaro. Las virgulillas quieren decir que el «pájaro canta.» Este -pájaro agorero decidió la larga marcha de los aztecas. - -[135] Wiener, pág. 676. - -[136] Pág. 739. - -[137] _El Culto de Tonapa_, § V. pág. 16. - -[138] Wiener, pág. 17. - -[139] Págs. 766 y 767. - -[140] Wiener, pág. 773. - -[141] Wiener, en su capítulo _Sur le Langage Ecrit_, ha ensayado -traducir algunas curiosas telas (Págs. 759 y sigtes). - -[142] _Actas_ cits., págs. 635 á 641. - -[143] _Relaciones de las fábulas y ritos de los Incas_, etc. (Obra -publicada por C. R. Markhan en inglés). - -[144] Págs. 635 y 636. - -[145] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág. 257. - -[146] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz y el Falo en Calchaquí_, -págs. 8 y 9 (Bs. Aires, 1899). - -[147] _Revista de Buenos Aires, IX._ - -[148] _Historia del Nuevo Mundo_, lib. XIII, cap. VI, pág. 329. - -[149] Exactamente igual á este disco, es el sol que corona al dios -peruano reproducido por nuestro distinguido historiador Pelliza con -motivo de la reciente y bien debatida cuestión de los _Emblemas -Nacionales_, que provocó un bien apreciado folleto de nuestro -publicista E. S. Zeballos. - -[150] Wiener en la pág. 584 reproduce un objeto con T, que sale de una -media luna. - -En nuestra reciente expedición hemos dado con un grande y hermoso -disco solar, rodeado de Huayrapucas (diosas del Aire), que llevan taus -simbólicos. - - - - -CAPÍTULO IV - -LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS - - - _Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El - Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl, - Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira, - Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su - insignia cruciforme—Cruz en el escudo de - Amimitl—Chalchihuitlicue y su cruz—Quetzalcóatl - y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la - cruz de sus vientos—Wixepecocha y su cruz en - el Cempoallepec—Huitzilipochtli y su blasón - cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra - Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los - cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El Tau del - dios del Aire de Squier—La Huayrapuca calchaquí y el - grupo atmosférico de Capayán—La Cruz ofídica—La Cruz - y los fenómenos meteorológicos._ - -En el capítulo anterior hemos insinuado que la Cruz como símbolo está -relacionada á los fenómenos atmosféricos y cambios meteorológicos que -producen la lluvia. - -La Cruz, en efecto, aparece portada por los dioses del Aire y los mitos -de la Atmósfera, llevándola como cetro, como emblema, como insignia ó -como adorno en sus manos, sobre su pecho ó en sus flotantes y sutiles -vestiduras, con una repetición tan llamativa que el asunto es digno de -ser tratado en capítulo especial. - -El temor al rayo y al huracán ha hecho nacer vivos sentimientos -religiosos en el espíritu de los pueblos americanos; como que los -fenómenos meteorológicos desempeñan un gran papel en la historia -primitiva de las religiones; y es natural la divinización por parte -del salvage del espantable desencadenamiento de las fuerzas de la -naturaleza, ante las cuales se presenta débil y desarmado. Este temor -religioso concluyó por transformarse en veneración piadosa al viento -y á la tormenta, siendo convertidos en fetiches el rayo y el huracán. -Pero los fenómenos del huracán no fueron posteriormente adorados por -sí mismos, por cuanto el rayo parecía la manifestación de un ser -viviente, considerándosele como el hacha terrible y centellante de un -genio encarnado en las nubes, las cuales, á su vez, se presentaban á la -fantasía india como volátiles ó pájaros de alas inmensas, que sacudían -en lo alto de los cielos; y de aquí las aves míticas, como el Piguerao -de la leyenda preincaica, cuya voz es el estampido del trueno y cuyas -alas nerviosamente batidas producen el viento del huracán. Estos -pajarracos á la vez son ofídicos, y suelen tener cola y aún cuerpo de -dragón y de víbora, como la «serpiente emplumada» ó el Quetzalcóatl -mejicano, porque el relámpago ardiente se aparece á los ojos del hombre -primitivo como un gran dragón de fuego, animado de vida, de rabia y de -terrible poder. - -El culto á la lluvia, que muchas veces se confunde con el del cielo -mismo, es el culto al elemento agua, como el efecto fecundo de la -acción combinada del viento y de la tormenta. - -El viento, la tormenta y el rayo, se vuelven personajes míticos -vivientes, á los que el politeismo concluye por dar formas -antropomorfas; y de aquí los Dioses del Aire, de la Tormenta, del Rayo, -objeto de culto universal en las agrupaciones americanas, convertidos -aquellos en los genios fecundadores de la tierra por el fenómeno de -la lluvia en nuestro continente de grandes estensiones sin agua, -para el cual es este líquido la vida de la tierra, que hace nacer, -crecer y fecundar á los hombres, á los animales y á las plantas. La -serpiente-rayo, portada en sus manos por el Aticci Viracocha peruano -y sirviendo de cetro ó de báculo á Tláloc, se vuelve el emblema de -la humedad, del calor, de la fertilidad, de la primavera, de las -estaciones, y figura en primera línea, por tanto, en las cosmogonías de -todos los pueblos agricultores. - -Pasemos ahora á consignar breves noticias del culto universal á los -fenómenos atmosféricos, para que nos demos á la vez cuenta exacta del -valor de la Cruz como símbolo meteorológico. - -Desde las estremidades del Norte, ó desde la _Sillán Innua_, ó casa de -los vientos de los esquimales, aquellos soplan sobre el mundo. En las -razas septentrionales el culto al cielo no es menos grande que el culto -á la tierra. Las divinidades del cielo son generalmente masculinas -y epicenas ó andróginas, y obran sobre el universo por medio de los -fenómenos meteorológicos. - -En los Estados Unidos, bajo formas de monstruos ó de aves míticas, son -adorados los dioses del Aire, bajo el nombre de «Espíritus del Viento». - -[Ilustración: Fig. 23. Espíritu del viento. (Estados Unidos)] - -[Ilustración: Fig. 24. Figura mítica de los Hayda.] - -Las representaciones de estos seres míticos aparecen en un interesante -trabajo inserto en el Rapport del Smithsonian Institution, del año 93, -titulado _Myths and Mythic animals_[151]. Nosotros los reprodujimos en -nuestro trabajo sobre la Huayrapuca calchaquí[152], valiendo la pena de -hacerlo nuevamente en esta ocasión (Figuras. 23, 24 y 25). - -Las tres figuras representan animales mitológicos. La más pequeña -(Fig. 23),—escribimos á propósito de estos animales míticos,—se -distingue de las otras dos en no tener garfios; y por la figurilla -representando un ser humano, en posición horizontal, es, según los -pieles rojas creyentes, el _Espíritu del Viento (Wind Spirit)_, -un monstruo ó demonio llamado Skana, que quiere decir «genio -del mal»[153]. Este demonio (tal cual sucede con la Huayrapuca -calchaquí), según Judge Svan, ateniéndose á lo que le han contado, es -susceptible de transformarse de todas maneras, y varias leyendas se -les atribuyen. Las dos representaciones restantes (Figs. 24 y 25), son -también monstruosas, genios del mal[154]. Estas dos figuras fueron -conseguidas de algunos indios Haida que visitaron el puerto de Townsend -(Washington) en el verano de 1884. La primera lleva el nombre de _Orca -Haida_, y las otras dos, los de _Wasco and Mythic Raven Haida_, y -quien escribe sobre tales figuras es Albert P. Niblac, que ha podido -descifrarlas. - -[Ilustración: Fig. 25. Ave mítica de los Hayda.] - -No obstante las inmensas distancias que separan á los pueblos, es -conveniente comparar estas representaciones míticas de Estados Unidos -con el dios del Aire de Squier, que más adelante ofreceremos (Fig. 28), -y todas estas figuras con las Huayrapucas de Calchaquí (Figs. 20 y 27), -de rostros humanos con corona plutónica, cuerpo y cola ofídicos, la -primera; de cabeza monstruosa con boca dentada, cuerpo y cola -también ofídicos, las de la Fig. 27, del valor mítico de los _cóatl_ -mejicanos[155]. - -[Ilustración: Fig. 26. Puco de Santa María 1/3 t. m. Colección -Quiroga.] - -[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo. Colección -Quiroga.] - -Así mismo, adoraban al viento ó á la tormenta los crecks, los dakotas y -pieles rojas. - -_Huracán_, el dios de las tempestades de las Antillas, es el «alma -del cielo» para los quichés de Guatemala, el que desempeña un papel -importante en su cosmogonía. _Avilix_ y _Hacavitz_ son el relámpago y -el rayo. - -En Nicaragua, para que lloviese, ofrecíanse grandes sacrificios al dios -del huracán _Quiatéotl_[156]. - -Pero la gran divinidad del cielo en Méjico y la América Central es -_Tláloc_, el de un solo ojo, quien rige las nubes y las lluvias -y guía los rayos, y en honor del cual se celebraban dos fiestas -anuales, lo mismo que cuando sobrevenían calor ó seca, en cuyo caso -sacrificábansele cuatro niños de cinco á seis años, á los que se dejaba -morir de hambre, ó colocándolos en una canoa se les hacía hundir con -ella en el lago sagrado[157]. Otros genios atmosféricos denominábanse -_los Tláloc_[158], figurados por serpientes de madera, y por ídolos -de aspecto humano las montañas, ó los _Echecatotontin_ (_checatl_, -«aire» en mejicano antiguo). Cuando á fines de Diciembre comenzaba á -tronar, los indios decían:—«los Tláloc vienen!»—_Calchihuitlicué_, -la compañera de Tláloc, según Torquemada[159], es la diosa del huracán -y de los fenómenos meteorológicos, ó está intimamente ligada á ellos. -_Tlazolteotl_, la lúbrica, la de los placeres obcenos, es otra -compañera de Tláloc, representando á los elementos como generadores. - -El señor de Tlalocán, _Tlalocatecutli_, el más alto de los Tlálocs, -imperaba sobre la lluvia y el huracán, y era venerado por toltecas, -chichimecas y aztecas. Figuraba como un dios antropomorfo, cuya estatua -de blanca piedra aparecía pintada con los colores del agua, verde y -azul, y portaba un cetro adornado de oro. - -El dios de la América Central, particularmente de los mayas, fué -_Ahulneb_, el de la _Cruz_. Los cuatro vientos que producían la lluvia -denominábanse los cuatro _Bacabs_[160]. - -Nicaragua adoraba al dios del Aire _Chiquinau_; y Oviedo[161] cita á -_Ecalchatl_, mito interesante de esta cosmogonía. - -_Mixcóatl_[162], es la nube-serpiente, antigua divinidad chichimeca, -tenida en gran honor por los nahuas y los nicaragüenses, la que, según -Brinton, portaba por rayos un haz de flechas en las manos, pareciéndose -á Tonante. - -Quetzalcóatl[163], el «papagayo-serpiente», la nube serpiente emplumada, -aparece como una divinidad atmosférica máxima, la que, bajo el -nombre de _Nanihehecatl_, es «el señor de los vientos», y bajo el de -_Tohil_[164], «el que ruge.» - -En _Wixepecocha_, con atributos comunes á la gran divinidad de los -toltecas, encárnase el dios del Aire de los zapotecas, á los cuales se -apareció como un famoso predicador. - -El gran _Itzamna_[165] yucateco figura como el dios nacional de la -raza maya. Su carácter atmosférico resulta de sus propias palabras, -respondiendo á quienes le interrogan sobre su origen (_Itzencaan_, -_Itzenmuyal_, rocío del cielo, rocío de las nubes). Itzamna se -dá por hijo del cielo. Él se aparece como un sabio hechicero: cura -enfermos, resucita muertos, reparte la tierra entre sus fieles, funda -pueblos é inventa la escritura. Sus adoradores venéranle en Izamal. -Los naturales de la América Central consideran á Itzamna como un solo -dios con Cuculcán, el aparecido del oeste, que llegó con diez y nueve -compañeros, todos barbados y vestidos de largas túnicas, y que vive -en Chichen Itza. Su nombre, como el de Quetzalcóatl, compónese de las -voces mayas: _cuc_, «papagayo», y _can_, «serpiente»[166]. - -Los quichés de Guatemala tenían su _Gucumatz_[167], «el -papagayo-serpiente»,—de _guc_, «pájaro verde» y _matz_, «serpiente». -Es un cuaternión ó cuaterno, que se transforma en un período dado de -días en serpiente, en águila, en tigre y en sangre coagulada. Aparece -como un dios dominador y engendrador según la biblia quiche ó Popol -Vuh[168]. Gucumatz hace surgir la tierra de en medio de las aguas, -invocando á ese Hurakán, el «corazón del cielo», según este libro -sagrado. - -Los nahuas veneraban á otra divinidad de la atmósfera y de la -tempestad, al cruel _Huizlopochtli_[169], dios de la guerra, que M. -Tylor creyó identificar con _Mextli_, guerrero de cuyo nombre quiere -derivar el de Méjico. _Huitzilin_, significa «colibrí», y es sin duda -este irisado pájaro-mosca el emblema de la naciente primavera. Aquél -al salir del vientre de su madre Coatlicue y cuando sus hijos, los -Centzunhuitnahuas, y su hija Coyolxauhqui, intentan matarla á causa -de su preñez, tírales con una serpiente de fuego, á cuyos golpes -caen exánimes, por lo que desde entonces viénele bien el nombre que -lleva de Tetzauhtostl, «el dios terrible». Coaticlue, la mujer de -las serpientes, que habita la montaña de las Serpientes, es la nube -tempestuosa preñada de rayos; una bola de blancas plumas, flotante en -el aire, que fecundo su seno, es la nubecilla blanca que al entrar en -el seno de la gran nube, parece iniciar la tempestad; los hijos que -quisieron matarla, son las nubes que suben al zenit, impulsadas por el -viento precursor del huracán, y que parecen oponiéndose y encontrando -á la nube principal; una voz que á la madre habló de defensa desde su -seno, es el trueno. Bernal Díaz cuenta de un page de Huitzilipochtli, -dios de las alarmas, mensagero «rápido», llamado Paynalton, y que -parécenos que debe ser el viento que sopla. - -Entre los muyscas de Cundinamarca, P. Simón[170] hace referencias á un -_Chiminigagua_, gran receptáculo de la luz en medio de las tinieblas. -La luz comienza á emanar de él, y su aparición dá nacimiento á los -primeros seres, unos grandes pájaros negros que se desparramaron por el -espacio, lanzando por sus picos una sustancia brillante, trasparente é -impalpable, que fué el Aire. - -El gran dios de la atmósfera y del iris en Cundinamarca, es -_Chuchavira_. Simón[171] relata lo universal de su culto de parte de -su pueblo, especialmente de las mujeres en cinta; siendo fecundador, -entonces, este dios del aire. Era representado por figurillas de oro, y -se le consagraban esmeraldas. - -J. G. Müller[172] vé en el terrible _Thomagata_ otro dios solar como -Botchica; pero este Thomagata aparece como un meteoro divinizado, como -un espíritu de fuego cruzando el espacio, lo que demuestra que se trata -de un dios del huracán, de la tormenta con rayos, y del trueno. En -efecto: Thomagata anda siempre recorriendo el espacio, bajo el aspecto -de un ser de fuego, que tiraniza á los hombres, y que exige, para -aplacarse, grandes sacrificios humanos; y debía ser muy terrible para -que se le figurase, como refiere Piedrahita[173], con cola de felino. -Botchica extermina á este dios, lo que indica la sustitución entre los -muyscas de una divinidad por otra. - -El dios atmosférico anterior á la heliolatría peruana, es _Catequil_, -quien tiene un hermano, _Piguerao_, el _piscu-uira_ ó el «pájaro -brillante» según la interpretación inadmisible de Brinton, quien -traduce al quichua una palabra que no lo es; siendo el ave luminosa, -por lo demás, alusión á la nube preñada de rayos, viéndose en ello que -en el Perú la nube era representada como un ser ornitomorfo. Catequil -tenía por arma el rayo, y los meteoritos eran las piedras que él -lanzaba sobre la tierra. Este dios del rayo aparece como una divinidad -fecundadora, alusión á la lluvia que riega la tierra, y por ello, sin -duda, los Incas admitían su culto en las fiestas de verano, no obstante -ser grato á los sacrificios sangrientos, que proscribieron los héroes -heliolátricos. - -_Ataguju_ ó Atachuchu creó un ser humano, Guaman-suri, que descendió á -la tierra y sedujo á una joven, hija y hermana de los Guachemines, los -tenebrosos habitantes del globo. Estos mataron al amante de su hermana, -la que sobrevivióle poco tiempo, no sin poner dos huevos en el mundo, -de los cuales nacieron Catequil y Piguerao. Catequil, volviendo á la -vida á su madre, y matando á los Guachemines, valiéndose de una piel de -oro de Atachuchu, hace nacer de la tierra á los hombres. - -Este mito, en resumen, es interpretado por Brinton[174] de la manera -siguiente: el hijo del cielo, personificación del cielo mismo, se une -á una divinidad de las nubes negras de la tempestad, es decir, á la -nube misma; los nubarrones del huracán, los tenebrosos Guachemines, son -heridos por su rayo; Catequil, acompañado del relámpago, dispersa estas -nubes, y después, por medio del fuego, fecunda y dá vida á la tierra, á -la que hace fértil, suministrando el alimento á los hombres. - -_Pillán_, el Trueno, es la divinidad suprema de los araucanos, el -que vive en las eminencias de la cordillera fraguando la tormenta. -Sus hachas son los rayos, que cortan de un golpe los viejos robles. -Esto aparece resultar de la leyenda del _Viejo Latrapai_, referida -por un distinguido americanista chileno[175], según la cual Latrapai -resolvió un día dar sus hijas en matrimonio á sus sobrinos Cónquel -y Pediu, pero siempre que derribasen un bosque de robles, volteando -cada árbol de un solo golpe, lo que consiguieron cuando bajaron las -armas del Pillán, que ellos pidieron «llamando hachas» _cuatro_ -veces, en estos términos:—¡«Bájate, hacha del Pillán! Bájate hacha -del Pillán! Favorécenos, soberano de los hombres; bota dos hachas -que corten un árbol con cada golpe!»—Dicho lo cual, bajaron hachas -por las copas de los árboles; y con ellas, cortando cada árbol de un -golpe, satisficieron al viejo Latrapai, casando con sus hijas. Y es de -advertir, á propósito de hachas, que las de piedra, obra del hombre -primitivo, son tenidas como hachas del rayo por los pueblos indígenas -que las desentierran; y es por eso que en Calchaquí, por ejemplo, se -conjura á la tormenta de piedra ó al granizo presentándole durante un -rato los filos sagrados de aquellas[176]. - -En nuestro Calchaquí tenemos también un mito del viento y de la -tormenta, que desempeña un importantísimo papel en la cosmogonía de -este pueblo. La divinidad atmosférica calchaquí aparece aniquilando -á las fuerzas de la naturaleza que vencieron al sol y á la luna, -estableciendo desde entonces su imperio absoluto, lo que demuestra la -supremacia en estas regiones de un culto acuático sobre la heliolatría. -Tal divinidad atmosférica suprema, de cara humana, mitad antropomorfa y -mitad ofídica, con cuerpo de dragón y cola de serpiente, es la _chasca -Huayrapuca_, la «Madre del Viento», ó el Viento mismo, del género -epiceno, varón y hembra á la vez, que anda corriendo por los aires, -llevando al huracán, á la tormenta y á la lluvia, y que á nosotros nos -cupo en suerte desenterrar del panteón calchaquí[177]. - -Esta breve reseña de las divinidades atmosféricas continentales nos -ha sido necesaria, para dejar así establecido que, no sólo no nos -extraña la existencia de la Cruz venerada entre los Pieles Rojas y -demás pueblos del norte, y entre los toltecas, los aztecas, los nahuas, -los quichés, los muyscas, los aymarás, los quichuas, los araucanos -y los calchaquíes, sinó que la existencia del sagrado símbolo debió -precisamente ser un hecho entre ellos, desde el momento en que los -cuatro palos de la cruz, como más adelante lo veremos, no son otra -cosa que la gráfica, sencilla y natural representación de los cuatro -puntos cardinales de donde soplan los cuatro vientos, de los cuatro -vientos mismos, de los cuatro antepasados, las fuerzas creadoras de -la naturaleza, ó de los cuatro genios de las cosmogonías primitivas; -porque, como observa Brasseur[178] respecto á este último punto, los -navajos de Méjico nacieron de cuatro espíritus; los mayas de cuatro -genios antepasados; y en todas las historias aztecas y toltecas -aparecen cuatro caracteres, ya sean como sacerdotes ó enviados de los -dioses ó magestad oculta ó disfrazada, ya como guías y caudillos de -tribus durante sus migraciones, ya como reyes y mandantes de monarquias -después de su fundación; y aún en los tiempos de la conquista siempre -encontramos cuatro príncipes que forman el supremo gobierno, ya sea en -Guatemala ó ya en Méjico. Nosotros añadiremos en el Perú á los cuatro -de la cueva de Pacaritambo, que tiraban piedras á los cuatro rumbos, y -que volaban al cielo cuando morían[179], repitiéndose este ejemplo de -los cuaternos en otros pueblos. - -Donde hay, pues, dioses de la atmósfera, del huracán, de la tormenta, -del trueno y del rayo, seguramente existirá el símbolo complementario -de la Cruz, tenido como emblema de alta veneración; lo contrario, la -escepción, sería lo que cabalmente llamaría la atención en cuanto el -caso se presentase; pero esto en realidad no acontece, como lo veremos -por los ejemplos que pasamos á apuntar. - -Tláloc, la gran divinidad azteca, de cuerpo y rostro gris, vestido -de una túnica de azul con bandas de plata en cuadro, luciendo flores -de perlas de colores, diadema de plumas blancas y verdes, de la que -caían á sus espaldas plumas rojas y verdes también, oro y pedrerías, y -portando la aurea serpiente en su diestra en representación del rayo, -con su solo ojo, todo blanco, atravesado por una línea horizontal -negra, bajo la cual veíase el semicírculo del mismo color;—Tláloc, el -dios de la boca tridentada, cuya estatura era rodeada por un gran -anillo doble azul, tenía por insignia la _Cruz_, ó los cuatro vientos -que soplan de los cuatro puntos trayendo la lluvia, sobre los que -ejercía su imperio, repitiéndose el número cuatro en todo lo que con él -se relacionaba[180]. - -_Amimitl_, como _Opochtli_, el señor de los pescadores, inventor de -redes y harpones, era uno de tantos Tlálocs, venerado en el lago -Chalco. Como á Tláloc máximo, representábasele bajo la forma de un -hombre de tinte gris, coronado de papeles de diversos colores y de -plumas verdes, vistiendo un traje de igual color, semejante al hábito -de los sacerdotes católicos. Esta divinidad acuática estaba armada de -un cetro singular y de un escudo rojo, adornado al centro con una flor -blanca, y _cuatro_ hojas _en Cruz_[181]. - -La diosa de seno de esmeraldas, la divinidad de las ondas, la reina -de los magos, la dama de la saya verde, la hermana de Tláloc, según -Sahagún, ó compañera de este dios, al decir de Torquemada; la diosa -de la frente azul, que portaba una corona orlada de plumas verdes y -que lucía un collar de esmeraldas y pendientes de turquesas, vestida -de celeste claro, como el agua de los lagos; la que tenía el poder de -agitar las tempestades, de levantar los torbellinos, de inundar las -tierras, _Chalchihuitlicue_, la _Matlacue_ de los tlascaltecas, lucía -un escudo al brazo izquierdo, cuyo blasón era una flor blanca de lis de -agua, portando en su diestra un objeto en forma _de Cruz_[182]. - -El dios tolteca hijo de Mixcóatl, es decir, de otro dios de -la atmósfera y de las nubes, que lleva ciertos sobrenombres -significativos, dignos sobre todo de una divinidad del huracán, como -que es el «papagayo-serpiente» ó la «serpiente emplumada»; el hombre -blanco, de mirada roja resplandeciente, robusto, de larga frente, de -cabellera y barba negras, con su insignia en una mano; el predicador -de la montaña de _Tzotzitepec_, ó «monte del clamor»,—Quetzalcóatl, -de quien ya nos ocupamos, viste un largo traje blanco sembrado _de -cruces_, como una comprobación final del carácter meteorológico de tan -curioso mito[183]. - -El carácter atmosférico de Quetzalcóatl, queda comprobado otra vez más, -cuando figura con el epíteto de Nanihehecatl ó «señor de los _cuatro_ -vientos», el cual tenía por símbolo _la Cruz_, como signo sagrado de -su poder sobre el aire. No debemos olvidar que en el curso de su viaje -hacia Tlapallán, dejó como señal de su tránsito un árbol atravesado -horizontalmente por una flecha, formando así _una Cruz_[184]. - -Más claramente representativa aún que la Cruz de Quetzalcóatl, es la -del aparecido _Wixepecocha_, el que de la mar vino por el sudeste; el -anciano que predicó á los zapotecas de Huatulco doctrinas que no fueron -comprendidas en el primer momento; el famoso perseguido, que vaga de -una parte á la otra, y que subiéndose á la más alta cumbre del monte -Cempoaltepec, asciende á la atmósfera y se desvanece, sin dejar otro -rastro visible en la tierra que las plantas de su pie impresas en las -rocas. Este aparecido que huye en todas direcciones y que acaba por -desvanecerse en el espacio, se parece á la nube y al viento. Antes de -partir al monte cuya cima le sirvió de refugio, plantó _una Cruz_, -recomendando su adoración á los habitantes de la tierra: la veneración -al símbolo de la lluvia queda así comprobada[185]. - -El terrible _Huitzilopochtli_ nahua[186] era un dios de la atmósfera -y del cielo entre los aztecas, como Quetzalcóatl entre los toltecas -y Camaxtli entre los chichimecas. Su madre Coatlicue, la muger de -las serpientes, que habita la montaña de las Serpientes, es la nube -del huracán despidiendo rayos. Encima de la pirámide truncada que -era consagrada á Huitzilopochtli en Tenochtitlan, se levantaba el -templo que guardaba su estatua. Esta tenía enormes proporciones, y -representaba al dios en su trono, soportando un globo azul, del cual -salían _cuatro_ bastones en forma de serpientes. El globo era emblema -de la bóveda celeste, dominio de Huitzilopochtli; las serpientes -simbolizaban relámpagos; los bastones servían á los sacerdotes para -portar su imagen en las procesiones. La cabeza del dios lucía como una -cimera un colibrí de plumas brillantes, cuyo pico y cresta eran de oro; -su rostro, con el ceño de su crueldad, era atravesado por dos bandas -azules horizontales, generalmente cubierto por una máscara de aquel -metal. En su mano derecha llevaba, para servirle de báculo, un bastón -en forma de serpiente, sobre el que se apoyaba; en su brazo izquierdo -portaba un escudo ornado de cinco ramilletes de plumas blancas _en -forma de Cruz_. La mano correspondiente á este brazo tenía las _cuatro_ -flechas de oro caidas del cielo, y de las que dependía el destino del -pueblo azteca. El blasón cruciforme de este dios de la atmósfera, -simbolizaba las nubes que traían la lluvia[187]. En la nota anterior se -reproduce su insignia cruciforme. - -Sin lugar á duda alguna, sabemos que el emblema de la lluvia en la -América Central, especialmente entre nahuas y mayas, era _la Cruz_. Las -Casas[188], obispo de Chiapa, recuerda su veneración en estos pueblos, -y refiere que en el principal de los manantiales ó vertientes de agua -los nativos erigían _cuatro_ altares, en la forma de una Cruz. La Cruz, -que los misioneros no supieron si admirar ó atribuir á Satanás, fué -el objeto central en el gran templo de Cozumel, perseverando en los -bajorelieves del antiquísimo pueblo de Palenque. Fr. Alonso Ramos[189] -cuenta la gran veneración á la cruz de parte de los yucatecos. «Apenas, -escribe, los españoles se acercaron al Continente de América, en 1518 -desembarcando en Cozumel, junto á Yucatán, hallaron _muchas cruces_, -dentro y fuera de los templos y en su patio almenado puesta una cruz -grande, en cuyo contorno hacían procesión los indios _pidiendo á Dios -lluvias_, y á todas las veneraban con gran devoción», lo que prueba que -era el símbolo de un gran dios atmosférico. - -Desde tiempo inmemorial la Cruz aparece siendo objeto de plegarias y -de sacrificios de parte de nahuas y mayas, la que se suspendía como un -emblema augusto en los templos de Popayán y Cundinamarca, significando -«Arbol de Nuestra Vida» en lengua mejicana. Los de Yucatán imploraban á -la Cruz cuando demandaban agua en tiempo de seca. La diosa azteca de -las lluvias llevaba una Cruz en su mano, y en una fiesta primaveral -en su honor víctimas humanas eran sacrificadas en cruces, atravesados -sus cuerpos de flechas[190]. Quién sabe si esto mismo significasen los -sacrificios humanos en cruces, ó los niños crucificados que se hallaron -en casi todos los templos del Perú, y especialmente en los de Pasao, -de los que recuerdan el P. de la Calancha, Zárate, Miguel Estete y -especialmente Cieza de León, quien compara estos _crucificados_ con los -que vió en Cali[191]. - -El dios del templo de la isla de Cozumel, venerado especialmente por -los mayas, se llamaba _Ahulneb_, divinidad de la lluvia y de los -vientos, representado bajo la forma de un gigante monstruoso que -llevaba una flecha en la mano. Su emblema era _la Cruz_, á la que -imploraban, para que hiciera llover, los peregrinos venidos de los -países secos, en donde el agua se guardaba en preciosas represas[192]. - -Los _cuatro_ Bacabs de la naturaleza; las cuatro corrientes invisibles -del aire; los cuatro seres míticos; las «cuatro _vasijas_ de arriba», -que en Yucatán se suponían columnas del cielo que lo sostenían en las -cuatro partes del mundo, como grandes cariátides, estaban distribuidos -_en Cruz_[193]. Estos cuatro Bacabs, _Kan, Muluc, Ix y Cauac_, -correspondientes á los puntos cardinales N. S. E. y Oeste, eran dioses -de la lluvia, y arreglaban el calendario maya. Su representación por -_cuatro vasijas de arriba_, es sin duda una alusión á los _vasos del -Trueno_, de los que nos ocuparemos. Los cuatro Bacabs, ó los cuatro -viejos, escaparon en tiempo en que todos los seres se ahogaron en el -diluvio americano. - -Cuando los musycas querían sacrificar en honor de las diosas de las -aguas, estendían largas cuerdas sobre la tranquila linfa del lago, -de tal manera que formaban _una Cruz_ gigantesca, en cuyo punto de -intersección ofrendaban oro y esmeraldas al sagrado símbolo, como -lo atestiguan Simón y Acosta[194]. Según Rialle[195], no obstante el -culto preponderante de Botchica, la diosa _Batchué_ conservó toda la -veneración de los muyscas de Cundinamarca, quienes le rendían homenage -tendiendo en cruz dos grandes cuerdas sobre la superficie del lago, -venerándose su intersección en la forma que dejamos apuntada. Era la -diosa de las aguas, y tenía supremacia sobre las plantas, hijas de -la tierra. En el capítulo respectivo comprobaremos la existencia de -_cochas_ con cruces en Calchaquí. - -Del valor mitológico de la Cruz como símbolo en el Perú, nos hemos -ocupado anteriormente. - -Aunque los cronistas guarden silencio sobre las relaciones entre el -Catequil y la Cruz, porque fué asunto en que no cayeron en cuenta, -nosotros no dudamos que esta ha debido ser su símbolo, dado el carácter -atmosférico de la pre-incaica divinidad. - -El _Dios del Aire_ que nos ofrece E. G. Squier[196], y que reproducimos -en la Fig. 28, no aparece con la Cruz; pero en cambio es portador en su -izquierda de un largo _Tau_, igual al de las figurillas de la procesión -de Wiener, de que antes dimos cuenta,—símbolo que, en todos los -pueblos equivale á aquel otro, como ya lo establecimos. Este dios del -Aire, de nombre ignorado, que bien puede ser ese Catequil, también -celebrado escepcionalmente por los Incas en su gran festival de las -mieses en verano, porta á su diestra un pájaro de pico abierto, -largo cuello, cola profusamente pintada: el pájaro de la tormenta, -símbolo de la nube, quizá el ave luminosa _Piguerao_, que nos hace -recordar al instante el papagayo de Quetzalcóatl, Cuculcán, Gucumatz, -y particularmente el colibrí ó pájaro-mosca de Huitzilopochtli. -También nos trae á la memoria el ojo blanco de Tláloc, con su línea -horizontal negra, ese ojo cuadrado, con su línea central, en la peruana -divinidad. El cuerpo circular del pájaro de Squier, rememora el «espejo -resplandeciente» de Tezcatlipoca, y especialmente la bola emplumada -que flotando en el aire fecundo el seno de Caticlue, la muger de las -serpientes. - -[Ilustración: Fig. 28. Dios del Aire de Squier.] - -Por lo demás, este Dios del Aire ofrece mucho interés: su cuerpo es -antropomorfo, y de su parte posterior sale su gran cola de dragón, -común á las representaciones de las divinidades atmosféricas; su -cabeza zoomorfa, de gran boca dentada, con casquete triangular y una -media luna por penacho, recuerda la fisonomía del _Wind Spirit_ de -los Haidas, y, sobre todo, la de las _Huayrapucas_ de la figura 27. -Cosas muy curiosas, son: los _linga_ y _yoni_ que la divinidad peruana -lleva á cada lado de sus piernas; el falo, con su ingle superior y -sus círculos Imaymanas á la parte de abajo, entre el _tau_ y el casco -triangular de su cabeza, etc. El dios se vé que va en actitud de volar -por los aires. - -[Ilustración: Fig. 29. Fragmento de calabaza (Piedra Blanca, -Catamarca).] - -[Ilustración: Fig. 29 _bis_. Detalles de la anterior.] - -Lafone Quevedo[197], dedicando al mismo una decena de renglones, dice -que, por sus atributos fálicos, «muy bien le vendría el nombre de -_Punchao_.» - -Cada vez que vemos la figura de Squier, viénennos también á la memoria -las Huayrapucas calchaquíes de las Figs. 29 y 29 _bis_, grabadas sobre -un pequeño mate de barro, reproducido en la primera de estas láminas, -apareciendo en la figura _bis_ el desarrollo del objeto total, de uno y -otro lado. Estas figurillas _a_ y _b_, tienen cuerpo antropomorfo, cara -zoomorfa, y aparecen en actitud de volar; y si bien no arrastran -colas de dragón, la serpiente de escama triangulada, que simboliza al -rayo, aparece enroscada al mango incompleto del objeto. La figurilla -_a_, lleva en su única mano una flecha, que debe ser figuración de -un rayo, como en los dioses toltecas y aztecas; la _b_, porta en su -izquierda una larga flecha, y en su diestra otra, y á más el pájaro -ó _Ave de la Tormenta_, representada simbólicamente por una cabeza y -cuello de _Suri_ ó Avestruz, que indiscutiblemente para nosotros es -el ave sagrada de _las nubes_ en Calchaquí, como lo explicaremos en -el capítulo respectivo. Los ojos de las figurillas que nos ocupan son -Imaymanas, sencillos y dobles. - -[Ilustración: Fig 30. Olla de barro de Capayán Colecc. Quiroga.] - -Indudablemente que el dios del Aire de Calchaquí está emparentado con -el del Perú, y quién sabe si no son ambos la misma divinidad de la -tormenta. - -Más en las Huayrapucas hasta ahora reproducidas no aparece el símbolo -de la Cruz, que vamos estudiando en los dioses meteorológicos, hasta -que damos con el grupo mítico-atmosférico de Capayán (Catamarca), en -las fronteras del valle de Londres, grabado sobre el barro de color -negro, en la parte anterior de la pequeña olla de la figura 30, que -reproducimos desarrollada en la 30 _bis_. A la parte posterior de la -olla (Fig. 30) sólo aparece la cola ofídica, con círculos Imaymanas -grabados en la misma, sirviendo de oreja ó manija á la tinajita. Lo -interesante es la figura mítica á la cual esta cola de serpiente -pertenece, grabada con poca profundidad en la parte anterior del objeto -(Fig. 30 _bis_). - -Estas figuras fueron ofrecidas por nosotros en nuestro trabajo sobre la -Madre del Viento[198], y muy oportuno es reproducirlas en esta ocasión. - -[Ilustración: Fig. 30 _bis_. Desarrollo de la figura anterior.] - -Como se vé en el desarrollo del grupo mítico de la olla, al centro -del mismo aparece un ser de interesantísimas formas humanas. Este -ser, como los dioses mejicanos del aire, lleva en la cabeza un -penacho de seis anchas plumas de ave. En su cara humana,—de la que -caen pendientes,—dos serpientes que tatúan sus mejillas, sobre las -que descansan sus cabezas, forman la nariz del ídolo en su punto de -intersección, y sus colas arqueadas, las cejas; la boca es ovalada. -De su barba, despréndese la caja geométrica del cuerpo, saliendo -para dentro del cuadro, de cada una de las cuatro esquinas del -mismo, _cuatro_ cabezas de serpiente, con ojos y boca, provistas de -sus cuellos. Estas cuatro cabezas forman el símbolo de _la Cruz_, -perfectamente artística y visible. Del ángulo inferior del cuadrado -despréndense las patas zoomorfas del mítico ser, el que aparece en -medio de las nubes y de la tormenta, provisto de grandes ojos dobles, -con las zig-zags. - -El caso que acabamos de ofrecer es elocuentemente típico, y salta -á la vista la intención del artista que grabó la Cruz, formada por -cuatro cabezas de serpientes rayos, que insinúan lluvia. Esa Cruz -ocupa el centro mismo de todo ese animado y viviente grupo mítico de -la tormenta, como un símbolo de alto valor meteorológico, con sus -palos trazados por la luz vital y resplandeciente de cuatro rayos. -Todo en este grupo habla de _lluvia_, de _agua_ del cielo; y en las -figuras míticas y animadas de los grupos laterales de las nubes de la -tormenta, la greca ondulosa repítese de una manera llamativa, la cual, -según Jiménez de la Espada[199], es en el Perú posiblemente, como entre -etruscos y pelasgos que tantos adornos comunes tienen con los yuncas, -una representación de la superficie más ó menos agitada del agua marina -ó fluvial,—en este caso del _agua_ de las nubes,—pues del examen -arqueológico de varios huaqueros peruanos resulta que al parecer tal -cosa ha querido indicar el dicho meandro onduloso, al dárselo en las -pinturas de aquellos por base ó sostén á los _Coohuampu_ ó «caballitos -de totora», especie de esquifes en uso hoy todavía entre los pescadores -de la costa de Trujillo y Santa en el Perú, y muy semejantes por su -ligereza y material de construcción al _phaselus_ de los egipcios. - -De todo cuanto dejamos escrito en este capítulo, resulta plenamente -confirmada la afirmación que hicimos de que la Cruz es el símbolo de -los dioses americanos del Aire y de los mitos de la Tormenta; en otros -términos: el símbolo sagrado de los fenómenos meteorológicos del cielo. - -Ahora bien: ¿por qué ha de ser precisamente el signo de la Cruz el -emblema ó símbolo de los cambios meteorológicos producidos como -fenómenos de la atmósfera? ¿por qué ha de serlo la Cruz, y no otra de -las figuras geométricas tantas veces repetidas en la escritura indiana, -como el círculo, el triángulo, el cuadrilátero, la greca, el arabesco, -el meandro ú otra combinación ideológica ó simbológica cualesquiera? - -Porque así lo fué, y porque así debió serlo, limitarémonos á contestar -al poner punto final al presente capítulo. - -En el siguiente, relacionando el símbolo con el número sagrado -_Cuatro_, pasamos á probar esta afirmación, al parecer hecha _á priori_. - - -NOTAS: - -[151] _Tenth Annual Report of the Bureau of Ethnology to the Secretary -of the Smithsonian Institution_, J. W. Powell (Washington, 1893). - -[152] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_ (Buenos Aires, -1899). - -[153] Op. cit., pág. 477, Fig. 664. - -[154] Id. id., pág. 480, Pl. XXXII. - -[155] Sobre estos dioses ofídicos, y por qué son tales los del Aire, -véase Rialle, _Mythologie Comparée_, cap. XIX, pág. 317. - -[156] Véase Brinton, _The Myths of the New World_, cap. V, pág. 154, y -sobre el dios Hurakán, Brasseur, _Le Libre Sacré_, pág. 80. - -[157] Sobre Tláloc, véase Torquemada, _Monarquía Indiana_, lib. VI, -cap. 37 y Brasseur, pág. 121. - -[158] Brinton cit., págs. 105, 136, 189, 215. - -[159] Op. y lug. cit. Brasseur, pág. 70. - -[160] Brinton cit., págs. 97 y 117. - -[161] _Relación de la Provincia de Nicaragua_, pág 41 y sigtes. Sobre -este y otros Dioses del Aire, véase también á Sahagún, _Historia de la -Nueva España_, cap. II. - -[162] Brinton cit., págs. 35, 68, 190—Brasseur, pág. 92. - -[163] Brinton, págs. 213 y sigtes. y 335 á 338. Brasseur, pág. -80—Rialle, cap. XIX, págs. 309 y sigtes. - -[164] Brinton, págs. 184 y 214. - -[165] Brinton, págs. 222 y 335. - -[166] Rialle, cap. XX. - -[167] Brinton, pág. 171—Brasseur, pág. 118. - -[168] Este libro sagrado fué traducido por Francisco de Ximénez y -publicado después en Viena por M. Scherzer (1857). - -[169] Brinton, págs. 140 y 323—Rialle, cap. XX cit.—Brasseur, pág. 122. - -[170] _Noticias de Tierra Firme_, Part. II—Sobre este y otros mitos -muyscas, véase también á Piedrahita, _Hist. de la Conquista del Nuevo -Reino de Granada_ (1668) y E. Restrepo, _Aborígenes de Colombia_, Caps. -II y III. - -[171] Op. y lug. cit. - -[172] _Amer. Urreligionen_, pág. 420 y sigtes. - -[173] Op. y lug. cit. - -[174] Brinton, cap. V. págs. 185 y sigtes. - -[175] R. Lenz, _De la Literatura Araucana_, págs. 16 y 17 -(Discurso—Oct. 1897—Chillan). - -[176] Adán Quiroga, _Hachas sagradas_ (1900). - -[177] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_ (Buenos Aires, -1899)—Max Müller, á propósito de los dioses epicenos brahamanes, dice -que sus adoradores «querían expresar algo que no fuese ni macho, -ni hembra; ... querían algo que estuviese por cima del masculino y -del femenino; un ser sin sexo, pero no un ser sin vida, ó un dios -impersonal» (_Origen y desarrollo de la Religión_, Sec. III, § I, pág. -286). - -[178] Brasseur, _Le Lib. Sacr._ Introd., pág. 117—Véanse también á -Kinsborough, _Antigs—of México_, pág. 480; Ternaux Compans, _Recueil de -pièces á la Conq. du Mexique_, pág. 307 y 310, etc. - -[179] Nosotros disentimos con Brinton y demás americanistas en la -interpretación de la palabra compuesta _Pacaritambo_. Como _Pacari_ es -«amanecer», y _tambo_, «lugar, casa», daría: «casa de orgíen», «tambo -del nacimiento», ó sea de donde salió el sol y sus hijos los Incas. En -otros términos: la cueva de la aurora. - -[180] Brinton, págs. 238 y 265—Rialle, págs. 297 á 299—Lucien Biart, -_Les Aztéques_, pág. 85 (París 1885). - -Con motivo de la Cruz de Tláloc, encontrada en las ruinas toltecas de -Téotihuacán, depositada en el Museo del Trocadero, y que Lucien Biart -reproduce en el lugar citado, el doctor Hamy demostró de como uno de -los atributos de Tláloc, destinado á _figurar la lluvia_, tomó á golpes -de cincel de los escultores la forma de la Cruz cristiana. - -[181] Rialle, pág. 301—Brasseur, pág. 92. - -[182] Brinton, pág. 145—Rialle, págs 303 y 304—Brasseur, pág. 70. - -[183] Brinton, págs. 114, 124, 141, 172, 221 y 345—Rialle, págs. 309 á -312, 314 y 315. - -[184] Rialle, págs. 310 y 313—Lucien Biart reproduce su estátua del -Trocadero (pág. 81). - -_Tezcatlipoca_, el creador del espacio, portaba en su izquierda un -escudo y cuatro flechas en Cruz. Su imagen aparece en una terracota -encontrada en Nahualac por M. de Charnay. Lucía anillos y cordones de -oro, plumas verdes y manto rojo (Biart cit., págs. 75 y 76). - -[185] Rialle, 323. - -[186] Véase Lucien Biart, op. cit., pág. 91, París 1885. - -Este autor, en el lugar citado, reproduce la insignia cruciforme de -Huitzilipochtli, de acuerdo con el manuscrito de Le Tellier. He aquí la -tan curiosa insignia: - -[Ilustración: Insignia cruciforme de Huitzilipochtli.] - -[187] Brinton, págs. 140 y 323—Rialle, págs. 327 á 333. - -[188] _Hist. Apologética_, c. 121, MS.—De la Cruz en Yucatán han -tratado estensamente Ixtlilxochitl, _Hist. des Chichiméques_, pág. -5 y sigtes; _Sahagún_, _Hist. de la Nueva España_, lib. I, cap. II; -Cogolludo, _Hist. de Yucathan_, lib. IV, cap. IX; García, _Or. de los -indios_, lib. III, pág. 109; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, pág. -29, etc. - -[189] _Historia de Copacabana_ (Carta de D. Joaquín de Sosa y Lima -cit., «Revista de la Biblioteca», Rioja 1890). - -Niceto de Zamacois asegura que la Cruz de Yucatán «representa al dios -de las Lluvias» (Annual Report de Powell (1888-89), pág. 730). - -[190] Brinton, pág. 114. - -[191] _Crón. del Perú_, capits. XXVII y XLIX. - -[192] Rialle, págs. 299 y 326. - -[193] Brinton, pág 97. - -[194] E. Restrepo, _Los Aborígenes de Colombia_, pág. 45. - -[195] Págs. 278 y 279—Brinton, pág 115. - -[196] Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 188. - -[197] _Culto de Tonapa_, pág. 49. - -[198] Adán Quiroga, _Huayrapuca ó la Madre del Viento_, págs. 425 y 426 -(Bolet. del Inst. Geográf. Arg., tom. XX). - -[199] _Congr. de Amer. de Bruselas_, tom. I, pág. 636. - - - - -CAPÍTULO V - -LA CRUZ Y EL NÚMERO CUATRO - - - _Los números y su valor simbólico—Predilección - por el Cuatro en la raza americana—Los - hechiceros Chypeway—El número cuatro y el dios - Viztcilipuztli—Lo que escribe D. Antonio de Solís—El - número cuatro entre aztecas, nahuas, mayas, - quichés y muyscas—Entre peruanos y araucanos—Entre - calchaquíes—Los cuatro puntos cardinales y los - cuatro vientos—Los cuatro palos de la Cruz—La - Cruz como emblema acuático—Vaso ceremonial de - los Sia—Opinión de Stenvenson—Disentimiento con - Brinton—La Cruz como símbolo de la Lluvia._ - -Los números entre las diversas razas americanas tienen un valor -simbólico en sus religiones, en sus ceremonias hieráticas, en su -escritura sagrada y hasta en sus cosmoganías. - -Anteriormente hemos tenido ocasión de insinuar cuán venerados fueron -los números dos y tres de parte de algunos pueblos aborígenes, -citando divinidades bicéfalas y tricéfalas, ó de dos y tres en uno, -y viceversa. El número dos representa el fenómeno bisexual, sin -hermafroditismo en los dioses; el atributo de los creadores, ó más -bien: hacedores _cay cari cachun_, _cay huarmi cachun_, ya sean varones -ó hembras, para formar, reproducir ó procrear por sí mismos, como -todopoderosos en la creación de las cosas del cielo ó de la tierra. El -número tres, que llamaremos _tanga-tanga_, refiérese indudablemente -á la intervención de tres cosas en el acto carnal de la generación -de las especies; y el _Huampar Chucu_, la mitra del gran sacerdote -que reproduce la «Relación Anónima»[200], es sin duda en el Perú el -emblema fálico de este número sagrado, pues compónese de la alegoría -del triángulo, el foco solar, el mortero y su mano, y hasta por sus -formas el Huampar aparece como la ingle del miembro viril, con los -atributos de las naturas masculina y femenina. El _Tangatanga_ ó -figurón tricéfalo de los chancas, no es otra cosa que la representación -antropomorfa de la referida cantidad sagrada. - -No nos parece, como lo asevera Brinton[201], que la veneración al número -tres viene de tres operaciones mentales al pensar; pero sea de ello -lo que fuere, no es esta la oportunidad de debatir tan interesante -punto[202]. - -El número predilecto entre las razas aborígenes es indudablemente -el número _Cuatro_, especialmente en los pueblos en los cuales la -heliolatría es la base fundamental de la religión, como en Méjico y -Perú, por lo que tal predilección se ha atribuido generalmente al -conocimiento de parte de aquellos de los equinoccios y solsticios. - -Sin embargo, la raza norteamericana, que no era adoradora del Sol, -tenía como sagrado al número en cuestión, lo que prueba que esta -particularidad ó es más antigua que la religión heliolátrica, ó debe -explicarse de otro modo. - -El culto al número cuatro, como tan ingeniosamente lo ha demostrado -Brinton[203], se origina de la veneración á los cuatro puntos -cardinales, y obedece en cierto modo á las leyes aritméticas del -universo. El piel roja, según el americanista, adoptó este número -como regularizando cantidades en sus instituciones y artes; repitió -sus múltiplos y compuestos; imaginó nuevas aplicaciones, magnificando -constantemente su místico significado, llamándole, finalmente, en sus -ensueños filosóficos, la clave de los secretos del universo, la fuente -de la siempre creciente naturaleza[204]. - -El hombre rojo era cazador, y erraba por las selvas y las praderas sin -límites; un instinto, y no una facultad, dirigialo por la tierra, sin -extraviarse. En una época primordial de su historia, el indio tomó -nota de los cuatro rumbos, de los cuatro puntos cardinales, hacia los -cuales encaminaba sus pasos, y por aquellos se guió en el desierto y -en la noche, dignificándolos hasta convertirlos en dioses, como una -consecuencia natural. Mucho después, cuando un progreso lento le hizo -penetrar en otros secretos de la naturaleza; cuando se dió cuenta de la -trayectoría del sol, constantemente entre dos puntos, y del movimiento -de los elementos, él paró la atención en las radicales de la aritmética -y discernió una repetición ó aplicación de este número cuatro hasta en -las estaciones del tiempo. De aquí la adopción de parte suya de este -número como la cantidad regulatriz, y de aquí su predilección por el -mismo. Iguales motivos harían sagrado al cuatro en los demás pueblos, -cazadores antes que agricultores, y fetiquistas antes que politeistas, -aunque muchas veces el fetiquismo es una consecuencia posterior de -la adoración al dios representado, al que se concluye por atribuirle -voluntad propia, según Max Müller[205]. - -Los pieles rojas creen en la existencia de cuatro espíritus, -correspondientes á los cuatro puntos cardinales; genios de estos puntos -se suponen los vientos que soplan, por lo que son venerados también los -cuatro vientos, debiéndose advertir que el aire suele llevar el mismo -nombre de la divinidad cardinal de donde sopla[206], confundiéndose -de este modo con la dirección. De aquí es que en las ceremonias -religiosas de aquellos indios figuraba con monótona repetición el -número cuatro, por la conexión natural entre los movimientos del aire -en el pensamiento y en la palabra con las operaciones del alma y la -idea de Dios. Los creeks, especialmente, divinizaron al número cuatro, -y en la fiesta del Busk prendían fuego _en cruz_, ó sea en las _cuatro -esquinas_. - -El Este entre los dakotas, según Mr. Dorsey[207], simbolizaba la vida y -su fuente; y de aquí la colocación del cadáver al Este, para indicar la -esperanza de una vida futura. - -Estos puntos cardinales, según Brinton[208], tienen cada uno su motivo -especial para ser venerados. Del Este sale el sol. El Oeste es la -puesta, y trae la idea de muerte, sueño, tranquilidad, descanso de -la labor; en ese rumbo distante reposaba el alma fatigada del astro, -y cuando uno moría tomaba su camino. El Norte es el lugar del hielo; -hacia el Norte caminan las sombras, y de allí vienen los truenos -tempranos; viven en el Norte los dioses poderosos; y un témpano de -hielo no es más que una habitación de la divinidad; en una montaña -contigua á la estrella del Norte, creían los dakotas que existía el -dios de las estaciones; en el Septentrión oscuro moraba la muerte de -los attawas. El Sud, por el contrario, es la región de los vientos -ardorosos. - -Para nosotros, que vivimos bajo la línea ecuatorial, no hay cuestión -en cuanto al Este y Oeste, al naciente y poniente, rumbos sagrados por -la salida y puesta del sol; pero los motivos de la veneración al Norte -y al Sud serían forzosamente otros. Del Norte soplan los huracanes -y vienen los vientos secos y ardientes, que en verano marchitan la -naturaleza; el Sud tiene su Cruz celeste; el viento del Sud trae el -cambio atmosférico, y tras él llega la tormenta, que produce la lluvia, -animando á las tierras sedientas y á la vegetación que languidece. -Aparte de esto, motivos políticos llamarían la atención del Norte, pues -que en aquel rumbo vivían los monarcas resplandecientes y se hallaban -erigidos los grandes imperios. - -Los dakotas y otras razas del Norte, lo mismo que los demás pueblos -americanos, tienen en sus orígenes étnicos ó sociales la tradición -de cuatro hermanos, de cuatro semidioses, de cuatro jefes, de cuatro -caudillos ó de cuatro personajes; estos cuatro seres míticos aparecen -vestidos con metáforas groseras, pero alusivas siempre á los cuatro -vientos, pues que los vientos reconócense al instante en estos -cuaternos, é indiscutiblemente aquellos son los cuatro espíritus de -los navajos de Méjico, los cuatro genios antepasados de los mayas, los -cuatro aparecidos de Pacaritambo de los peruanos, etc. - -Todo ello explica por qué en las ceremonias sacerdotales era comunmente -repetido el número cuatro. - -Los hechiceros _Chipeway_, iniciando á sus neófitos en los misterios -de la religión, interrogábanles por un lugar de los cuatro polos, -de las cuatro grandes piedras que dejaban ante su fuego, recordando -cuatro días, refiriendo cuatro fiestas, y repitiendo durante la escena -religiosa este número ó sus múltiplos. - -Un ejemplo precioso de lo venerado que era el número cuatro ofrécenos -D. Antonio de Solís, describiendo en la ciudad de Méjico la plaza -del templo de Vitzcilipuztli ó dios de la guerra. «Tenía la plaza, -dice[209], _cuatro_ puertas correspondientes en sus _cuatro_ lienzos, -que miraban á los _cuatro_ vientos. En lo alto de los portales había -_cuatro_ estátuas ...» El ídolo, agrega, portaba _cuatro_ varas con -cabezas de sierpes y _cuatro_ saetas. - -Tenochtitlan[210], Cholula, Tezcuco y Quito estaban divididos en Cruz, -por calles que se cortaban de norte á sur y de este á oeste, de manera -que formaban cuatro cuarteles, mandados por cuatro jefes. La mayor -parte de los palacios tomaban la forma arquitectónica de la Cruz. Las -tumbas en más de un pueblo eran igualmente construidas en Cruz, y -abríanse á lo largo de ellos avenidas correspondientes exactamente á -los paralelos y meridianos. - -Los aztecas al tomar posesión de las tierras, tiraban flechas á los -cuatro puntos cardinales. Celebraban cuatro fiestas al año, y cuatro -veces la fiesta principal; con cuatro plegarias solemnizaban sus ritos, -ofreciendo incienso al cielo en los cuatro puntos cardinales; la humana -víctima del sacrificio era conducida cuatro veces al derredor del -templo, y arrancándole el corazón, bebían su sangre en cuatro vasos, -brindando á las cuatro partes del horizonte[211]. - -Los nahuas vivían sugestionados por la operación del número cuatro: -un pájaro era cogido por cuatro días; un fuego ardía y una flecha era -tirada á los cuatro cardinales cuando el bautismo de un niño; ofrecían -sus plegarias cuatro veces al día; sus grandes fiestas tenían lugar cada -cuatro años; las ofrendas de sangre se hacían á los cuatro puntos del -espacio; la jornada de las almas era de cuatro días y el luto duraba -cuatro meses ó cuatro años. - -Las divinidades mejicanas de la atmósfera son grandes cuaternos, como -Quetzalcóatl con el epíteto de Nanihehecatl, porque son «señores de los -cuatro vientos», que preponderan hasta el día en que vencen los dioses -heliolátricos, resultado de una revolución étnico-religiosa de los -aztecas contra los toltecas, unos y otros simbolizados en Quetzalcóatl -y Tezcatlipoca, el «espejo resplandeciente», vencedor éste de aquél, -por lo que es figurado por un pájaro blanco atravesado por una flecha -saliendo de la cresta incendiada del monte Zapatec, emblema de la nube -asaeteada por el rayo vencedor del Sol[212]. - -Los caribes, quichés y muyscas tienen también gran veneración por -el número cuatro, el que se encuentra repetido en sus tradiciones -mitológicas y etnológicas. En los calendarios nahua, apoteca y maya, el -mes tiene cuatro semanas; su indixión se divide en cuatro períodos; el -mundo pasa por cuatro grandes ciclos, lo que se repite periódicamente -por la división del año solar en cuatro estaciones, que se producen -por la lucha de cuatro gigantes aereos que dominan los vientos. En el -_Popol Vuh_, envuelto en la obscuridad teológica, el cuaterno Gucumatz, -después de creados los animales y de maldecidos por no tener lenguaje -para dar las gracias á los dioses á quienes deben la vida, forma con -maíz blanco y amarillo á los cuatro pobladores del mundo, los tigres -del alba, de la noche, de la luna y el «distinguido», ó sean: -Balam-Quitze, Balam-Agab, Igi-Balam y Mahuentah. Es de advertir que el -felino es una representación heliolátrica, y numerosas cabezas de tigre -ó león han de verse reproducidas en los dioses-soles. - -Notable ejemplo de cuaterno entre los quichés son los cuatro pájaros, ó -los cuatro vientos, sobre los que se cuentan muchas leyendas, los que -llevan nombres significativos; estos cuatro pájaros, cuatro espíritus, -son: Xecotcovach, Camulatz, Cotzbalam y Tecumbán[213]. - -En el Perú hemos creido observar que el número sagrado de la -civilización del culto á Viracocha[214] ó aymará del Titicaca es el -número tres; del que vimos anteriormente su repetición monótonamente -intencionada en los dioses de Tiahuanaco y representaciones monolíticas -del Aticci de las aguas. La civilización heliolátrica, al revés, -tenía una predilección manifiesta por el número cuatro, y era esta la -cantidad regulatriz en el imperio de los Incas. El Cuzco, como sucede -en los pueblos de Cholula á Quito, estaba dividido en cuatro partes, en -cuatro cuarteles, mandados por cuatro jefes. El mundo incaico constaba -de cuatro partes, y sus tierras se encontraban repartidas entre cuatro -predilectos. En la primera gran división, el norte tocó á Manco Cápac, -el sud á Colla, el este á Tokay y el oeste á Pinahua. Ya hablamos de -cuatro genios del viento, ó de los cuatro de la cueva de Pacaritambo. -La sociedad peruana dividíase en cuatro castas: incas, curacas, -nobles y plebeyos. En la población del imperio se contaban cuatro -nacionalidades: Antis, Cuntis, Chinchas y Collas. El Inca llamábase -el «señor de las cuatro partes ó de los cuatro _suyus_». Los peruanos -celebraban cuatro fiestas, y en cada luna nueva otras de cuatro -días, repitiéndose invariablemente el número en todas sus ceremonias -religiosas. - -Los guaraníes sólo cuentan hasta cuatro. - -Entre los araucanos hay veneración por los cuatro gigantes aereos ó -los cuatro vientos. En la leyenda que anteriormente citamos del Viejo -Latrapai, recién á la _cuarta_ vez de ser llamadas las hachas, éstas -caen tronando al suelo, por lo cual Lenz[215], anotando este pasage, -escribe: «El número sagrado de los araucanos como casi de todos los -indios americanos es _cuatro_: todas las invocaciones se hacen _cuatro_ -veces.» - -En nuestro Calchaquí también el número predilecto es el cuatro, sin -negar por ello la veneración por el tres, comunmente repetido, y -correspondiente al culto del Agua. - -En el _Folk-lore_ de esta nación hemos podido comprobar que el cuatro -hasta hoy interviene en muchas de sus ceremonias, heredadas de la -antigüedad. Cuatro suelen ser las invocaciones á la Pacha Mama, -ó Tierra Madre. Cuatro golpes de pie se dan para sanar al animal -«desortijado», y cuatro credos se rezan para curar un mal, lo mismo que -son cuatro las palabras secretas y sagradas que se pronuncian. Cuatro -son las grandes bacanales nativas conocidas: las del Arbol, del -Chiqui, de la Chaya ó Pucllay y del Tincunacu, ó sean: las fiestas al -algarrobo, propiciando las cosechas; las de conjuración al dios de -la adversidad para que cese la seca; la de la alegría, en honor del -Baco calchaquí en carnaval, y la de «los topamientos», celebrando el -acto carnal del _Tincuc_, el amor y la generación. Más de un ejemplar -de alfarerías figurando cuaternos puede presentarse. En las láminas -mismas reproducidas en este trabajo pueden verse repeticiones del -número cuatro: en la Fig. 21, cuatro son las esculturas cruciformes del -menhir; en el Tangatanga vénse dobles pares laterales de caras humanas; -en el disco de Lafone Quevedo, cuatro son las lágrimas circulares del -ídolo, cuatro las cruces que coronan las cabezas de los dragones, etc. - -[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.] - -En nuestra colección calchaquí poseemos una espléndida alfarería negra, -que es un _Yuro ó huaquero_, formado por cuatro grandes serpientes, con -cuatro cabezas monstruosas, de circulares ojos Imaymanas dobles. Cuando -no tres, son cuatro las líneas de las lágrimas de lluvia de los ídolos. -Cuatro son también casi siempre los dedos de las manos de los mismos, -procediendo así el artista indio con prescindencia de la naturaleza -que las ha provisto de cinco, lo que demuestra que su preocupación -constante por el número sagrado ha podido más que el ejemplo palpable -de la naturaleza. Un cuadilátero rectangular suele ser la boca de las -figuras antropomorfas de las urnas funerarias. Por un cuadrilátero -aparece figurado el príapo de un andrógino de nuestra colección. -Finalmente, hasta hoy las gentes del oeste de Catamarca cuando sacan -sus cuentas, la operación se efectúa sumando cantidades parciales de -cuatro en cuatro: si venden especies, por ejemplo, hacen tantos grupos -de cuatro cuantos son necesarios para cubrir la cantidad vendida, los -que juntan en un solo montón á medida que se va contando; así, si se -trata de entregar una docena de cosas, se dice: cuatro, y otros cuatro, -y otros cuatro, son doce. - -Ahora bien: de este número cuatro sagrado es claro que originan los -_cuatro palos_ de la Cruz. - -Nada más á propósito que esta sencilla combinación geométrica, de dos -líneas cortándose en ángulos rectos, para figurar gráficamente la idea -de cuatro, los cuatro rumbos, los cuatro vientos. Colocado uno de los -brazos de la cruz en dirección norte-sur, es claro que el otro, que -le es perdendicular, marcará la este-oeste, ofreciendo este signo una -exacta figuración de los cuatro puntos cardinales y de la rosa de los -vientos que soplan de los mismos. Son estos cuatro vientos, venidos de -las cuatro partes del globo, los que constituyen esos cuaternos míticos -del Aire y de la Tormenta, que, como vimos en el capítulo anterior, -tienen por emblema la Cruz. - -Ninguno de los otros signos podría de una manera gráfica figurar de -tótem en estos cuaternos. El círculo servirá para indicar la idea de -redondez, como la del sol, la de la luna ó la de la tierra; pero nada -más que esta idea; y es por ello que _Inti, Mama Quilla y Pachamama_ -son representados por figuras circulares[216]. El triángulo expresará la -idea de tres ó de cosas trinas, y por eso este número ó sus múltiplos -se repiten en las figuraciones monolíticas de Tiahuanaco. En nuestra -colección poseemos, por ejemplo, un pequeño vaso de piedra, de boca -y asiento triangulares: este hecho indicaba que el artista quería -referirse á alguna trinidad; y, efectivamente, en cada una de las -aristas de la figura poligonal de tres caras, como lo dijimos, aparece -en relieve uno de esos monstruos ó dragones de cabeza deforme y larga -cola arqueada. Las diversas combinaciones de las grecas tampoco pueden -expresar la idea de un cuaterno; y sí, por ejemplo, el movimiento -ondulado del agua y del aire que se arremolinan, el rugido del trueno, -que parece ser producido por algo que dá vuelta ó como que se retuerce -sobre sí mismo; ó la idea del acto de la cópula, por el meandro, -cuyas líneas entran y salen. El cuadrado es la única figura que puede -significar cuatro cosas; pero tiene el inconveniente del paralelismo -de sus líneas y de su propia forma geométrica para una deducción -ideológica de cuatro rumbos que entre sí se cortan, como los meridianos -y los paralelos terrestres. Es la Cruz la única combinación que, á la -vez que la idea de cuatro, puede indicar las direcciones de Norte y -Sur, Este y Oeste por sus palos, partiendo del punto de intersección de -la figura. - -Es de esta última manera cómo nos explicamos el por qué del sencillo -cuaterno geométrico; de esta figura emblemática de los dioses del -Aire, ó de los «señores de los cuatro vientos, que soplan de los -cuatro puntos cardinales.» También dámonos cuenta del motivo por el -cual figuren cruces en la lámina del Yamqui Pachacuti, como signos -astronómicos con influencia sobre la atmósfera, toda vez que sus cuatro -palos no son otra cosa que las líneas que unen á cuatro estrellas, -respectivamente colocadas en Cruz. - -Los brazos de la Cruz meteorológica apuntarán hacia los puntos -cardinales, para indicar que de los cuatro ámbitos de la tierra -vienen los elementos aereos que forman la tormenta. En el punto de -intersección de estos palos el fenómeno de la lluvia se producirá. Y es -por aquel motivo, sin duda, que la Cruz de Calchaquí, como casi todas -las americanas, tiene sus palos del mismo largo, de modo que figura -exactamente una roseta sencilla de vientos, lo que no pasaría con la -Cruz latina. - -Los brazos de la cruz, escribe Brinton[217], tenían por objeto apuntar -hacia los puntos cardinales, para representar los cuatro vientos -portadores de la lluvia. Para confirmar la explicación que aquí se dá, -ocurramos á las ceremonias más sencillas de tribus menos civilizadas, -para convencernos del significado que se advierte á través del símbolo, -como ellos lo empleaban. - -«Cuando el hacedor de la lluvia (_rain maker_) de los Lenni Lenape -solía ejercer su poder, se retiraba á un lugar solitario y dibujaba -en la tierra una figura de la cruz, con los brazos hacia los puntos -cardinales, colocando sobre ella un poco de tabaco, mate, un pedazo -de género colorado, y empezaba á llamar á gritos al espíritu de las -lluvias. Los pieles negras tenían por costumbre ordenar cantos rodados -de los veintisqueros en las praderas en forma de cruz, en honor, como -decían, de Natose, el viejo que manda los vientos. Los creeks, en la -fiesta del Busk, que se celebraba, como se ha visto, en honor de los -cuatro vientos, y de acuerdo con las leyendas instituidas por estos -mismos, empezábanla sacando fuego de nuevo. Esto lo hacían colocando -cuatro rajas de leña en el centro del cuadro, con las puntas hacia -dentro en forma de cruz, mientras que las de afuera se dirigían hacia -los puntos cardinales: en el centro de la cruz sacaban el fuego nuevo. -La cruz, precisamente de esta forma, según Las Casas[218] era objeto -de culto en la América del Sud, cerca de Tumaná, cuando llegaron los -cristianos, y por mucho tiempo anterior.» - -Nosotros manifestamos nuestra plena conformidad á cuanto escribe -Brinton explicando el por qué de los cuatro gráficos elementos de la -Cruz, la razón del trazado de esta figura geométrica, cuyos cuatro -palos constitutivos son, en efecto, correspondientes á las cuatro -líneas que indican las direcciones de los cuatro puntos cardinales, de -los cuatro vientos. Pero, ¿deberá decirse, en conclusión, que la Cruz -sea precisamente el _símbolo_ de los cuatro puntos cardinales, de los -cuatro vientos? - -No, contestaremos, disentiendo de las afirmaciones de Brinton en tal -sentido[219]. - -Los cuatro palos de la cruz, aparecen expresando efectivamente que -cuatro cosas[220], como cuatro estrellas[221] en la lámina del Yamqui -Pachacuti, ó que cuatro elementos de la naturaleza se combinan -para formar la figura geométrica; pero de aquí no ha de deducirse -forzosamente que el indio se propuso santificar ó magnificar estas -cuatro estrellas ó cuatro elementos por la combinación de la Cruz. - -Las cuatro líneas, ó si se quiere cuatro elementos que constituyen el -signo, si lo referimos á los mitos de la tormenta, pueden igualmente -representar al viento, á la nube, al trueno y al rayo; y no es difícil -que así sea. - -Puede así mismo la Cruz, como símbolo indiscutible de fecundación, ser -también una alusión al acto de la cópula, en el cual el indio, sin -duda, ha creido ver tomar parte á _cuatro_ cosas: al príapo, á los dos -apéndices que de él penden y á la vulva ú órgano femenino; y no se -olvide que en la lámina 8, reproducida atrás, la idea del número cuatro -está implícitamente expresada en la figura priápica ó signo masculino -del varón, representado por un cuadrilátero en el curioso andrógino. - -Si el viento, si la nube, si el trueno, si la tormenta y si el rayo -tienen representaciones simbólicas distintas y típicas en la escritura -sagrada de los pueblos americanos; si en Calchaquí, por ejemplo, el -viento es un monstruo-dragón, la nube el ave-_suri_, el trueno la -espiral, la tormenta una mano abierta de dedos alargados, y el rayo -una zig-zag de cabeza ofídica, no vemos con qué propósito el hijo de -la tierra habría introducido la confusión en su escritura simbólica, -con la adaptación de un nuevo signo del mismo valor de otro, al cual ya -fijó su equivalencia de antemano. - -El motivo de los cuatro palos de la Cruz, habrá sido sin duda la -figuración de los cuatro vientos; pero la Cruz no es por ello el -símbolo de esos cuatro vientos, porque estos por sí mismos poco -llamarían la atención al espíritu del indio, con prescindencia del -fenómeno que producen. - -Esos cuatro vientos olvida Brinton que traen las nubes de las cuatro -partes del horizonte[222], y que esas nubes concluyen por convertirse en -cataratas del cielo, dando lugar al fenómeno anhelado por los pueblos -sedientos, que demandábanlo de la atmósfera levantando en alto sus -cántaras vacías; la producción de ese fenómeno vivificante era lo -que se pedía á esos dioses del aire y de la tormenta; á esos cuatro -genios que habitaban los cuatro rincones de la tierra; á esos Tlálocs -del Norte, Sur, Este y Oeste, como reza del exordio de la invocación -azteca, que tenían imperio sobre el tiempo, que alimentaban la tierra, -que favorecían la caza y que se relacionaban con la vida humana, al -decir de Sahagún[223]; la producción de este fenómeno era lo que se -imploraba de un estremo al otro del continente á Haokah, á Ahulneb, á -Tláloc, á Quetzalcóatl, á Mixcóatl, á Wixepecocha, á Batchué, á Tupá, á -Catequil, á Contici, á Pillán, á Huayrapuca. - -Ese fenómeno es la _Lluvia_, y la _Cruz_ su símbolo. - - -NOTAS: - -[200] Jiménez de la Espada, _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, -pág. 159. - -[201] _Myths of the New World_, cap. III, pág. 83. - -[202] Sobre los números cinco y siete, véase á Brinton cit., cap. VII, -págs. 250 y 253. En la leyenda californense de _Mem Loimi_ uno de estos -números, también sagrado, repítese de una manera llamativa. - -[203] Op. cit., cap. III. - -[204] Id. id., pág. 85. - -[205] F. Max Müller, _Origen y desarrollo de la Religión_, lec. II, § -V, pág. 99 y § VIII, pág. 117. - -[206] Como sucede entre los mejicanos, los cuales decían _Mictlan_ á -las regiones frías y de la tristeza, é igualmente _Mictlan_ al viento -norte, por ejemplo. - -[207] _Smithsonian_, tom. XI, pág. 337. - -[208] Pág. 110 y sigtes. - -[209] _Hist. de la Nueva España ó de la Conq. de México_, cap. XIII, -págs. 301 y 302. - -[210] Una Cruz latina con un círculo central es la manera de -representar á Tenochtitlan en el Cuadro _Histórico-Geroglífico de los -Aztecas_, que nos ofrece don José Fernández Ramírez, del Museo de -Méjico. - -[211] En la morada de Tlacaltécuchtli y su muger Chalchiutlicue, dueños -del elemento líquido, se encontraban cuatro estanques llenos de aguas -diversas (Lucien Biart, pág. 70). - -Los tlascaltecas dividieron su reino en cuatro secciones, y eran -mandados por cuatro jefes, que resolvían en común (Id., pág. 23). - -En el siglo azteca, figurado por un círculo con un sol central, cuatro -anillos de serpientes representaban los cuatro cardinales (pág. 37). - -Según las pinturas ideográficas conservadas en Roma, y conocidas con el -nombre de _Colección del Vaticano_, los aztecas creían que cuatro soles -habían iluminado la tierra; Atonathiu ó _sol de agua_, que produjo el -diluvio; Ehécatonathiu, que produjo viento tal, que nada resistió; -Tlénonathiu, que destruyó la tierra por el fuego, y Tlatonathiu, que -creó las cosas existentes. - -[212] A. L. Gama, _Descrip. de las dos piedras_, etc., _de México_, -sec. 26.—Brinton, cap. III, págs. 90 y sigtes.—Rialle, cap. XX, págs. -356 á 358. - -[213] Brinton, _Myths of the New World_, cap. VII, pág. 242 (Myths of -Creation). - -[214] Debemos, no obstante, observar que Huiracocha se nos presenta -también como un cuaterno: Aticci, Imaymana, Tocapo y Coniraya. El -hijo malvado de Conticci, que hacia las cosas al revés de su padre, -_Tahuapica vivococha_, tiene en su nombre la palabra _tawa_, cuatro -(Véase Las Casas, _De las antiguas gentes del Perú_, cap. VII, pág. 55). - -[215] _De la Literatura Araucana_, cit., pág. 17 (Chillan, 1897.) - -[216] La _Pachamama_ de la plancha del Pachacuti es un círculo. - -[217] Brinton, págs. 115 y 116. - -[218] _Historia Apologética_ M. S., cap. 125. - -[219] Como una prueba elocuente de que la Cruz significa en Estados -Unidos, según Matilda Coxe Stevenson, _la lluvia de los cuatro puntos -cardinales_, reproducimos á continuación el vaso ceremonial de los -indios de Sia (pueblo cerca de la confluencia del río Salado con el río -Semes, en Nuevo Méjico) para implorar _la lluvia_, y que aquel autor -nos ofrece en la Plancha XXXV de su trabajo, junto con su desarrollo -XXXV _bis_ (_Eleventh Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W. -Powell, 1889-90), que reproducimos en nota, porque lo conseguimos en el -momento mismo de poner en prensa nuestra obra. - -[Ilustración: Vaso ceremonial de los Sias para implorar la lluvia.] - -[Ilustración: Desarrollo del vaso anterior.] - -La gran Cruz griega aparece perfectamente pintada en la parte ventral -del vaso, en medio de curiosísimas figuraciones atmosféricas y de -vegetales nacidos por acción de la lluvia, que el autor del trabajo -clasifica así: - - _a_ Nubes con lluvia ó derramándola. - - _b_ Hombres del pueblo de las Nubes. - - _c_ Mujeres del pueblo de las Nubes. - -(Estos personajes son invocados en las ceremonias para que rieguen, ó -derramen agua desde las nubes á la tierra). - - _d_ Vegetación. - - _f_ Alguaciles (Insectos que simbolizan también la lluvia, como entre -nosotros, cuya aparición nos hace decir que va á llover, dato interante -del _folk-lore_ argentino común con el del americano del norte). El -ciervo figurado indicará las especies animales que comen las hierbas. -Esta lámina, con el signo cruciforme, es la más interesante de las que -conocemos, y constituye toda una revelación. La Cruz, rodeada por los -genios de las Nubes, en el arco de cuyas caras vénse gotas de agua, -en medio de la vegetación producida, y contigua á alguaciales que -revolotean, está expresando que es el símbolo _de la lluvia_. Sobre -ello no pueden caber dos interpretaciones. - -[220] Entre los Ojibwa del Norte de Minesota, la Cruz es un símbolo -sagrado de la sociedad de la _Midé_ ó shamanes, y tiene referencias al -cuarto grado (Annual Report of the Bureau of Ethnology, J. W. Powell -1888-89), _The Cross_ (cap. XX, pág. 726). - -[221] Los grupos de pequeñas cruces que aparecen grabadas en taladros -de marfil, en forma de arcos, y que se ven figuradas en petroglyfos -de Oakley Springs, Arizona, representan estrellas, para G. K. Gilbert -(_The Cross_ cit., pág. 727). - -[222] [Ilustración: Piedra esculpida de Luracatao.] - -Debemos á nuestro distinguido é investigador amigo Enrique Mariani, de -Molinos (Salta), el dibujo que reproducimos, de una piedra esculpida -encontrada por él en 1899, en una de las excavaciones que practicó -en el lugar vecino de Luracatao, valle Calchaquí. Mariani considera -á esta piedra, con sus esculturas, «una pieza astronómica.» Salvando -los respetos que nos ofrece su opinión, á nuestro juicio esta piedra -esculpida puede presentarse como un interesante ejemplar representando -los cuatro vientos que traen la tormenta (las manos, que, como -anteriormente dijimos, son para nosotros símbolos de la tempestad), -vientos venidos de las cuatro extremidades cardinales, que convergen á -la atmósfera (la figura ovalada central), soplando en ella. Un astro -(el círculo) figura en medio del cielo, y muchos puntos le rodean: -estos puntos, como en otros casos, deben figurar gotas de lluvia. - -Las manos esculpidas, unas respecto de otras, aparecen distribuidas en -Cruz. Si se las uniera por líneas, estas se cortarían formando una X -(Cruz decussata). - -[223] _Hist. de la Nueva España_, cit. - - - - -CAPÍTULO VI - -EL SÍMBOLO CRUCIFORME - -EN CALCHAQUÍ - -LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA - - - _El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz - en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras - ceremoniales—La Tormenta y su representación - antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito - simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas - griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa - y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus - ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del Chiqui - y la cabeza del Avestruz—Serpientes emplumadas—Las - varas emplumadas y las plumas en el culto al - Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El Vaso del - Trueno—Himno «Sumac Ñusta»—Suris con cruces—La Cruz - y los símbolos atmosféricos—Los Pucos y sus figuras - simbólicas—Puco de Fuerte Quemado._ - -En ninguna de las naciones continentales vecinas, sin excluir al Perú, -hállase con tanta profusión el símbolo de la Cruz como en los valles de -Calchaquí, desde Rioja á Jujuy, en la región montañosa del noroeste de -la República Argentina, y especialmente en el Yocavil catamarqueño. - -Si bien en la escritura ideográfica y simbológica de las telas peruanas -el signo cruciforme aparece con bastante repetición, con distintos -motivos y bajo diversas formas, como lo vimos en el capítulo II, -bastará recorrer el material iconográfico que en seguida ofreceremos, -para convencernos desde el primer momento de que la Cruz, en su -carácter de símbolo acuático, desempeña en Calchaquí un papel mucho -más importante y trascendental que en el Perú, reproducida aquella -profusamente en nuestra rica cerámica, especialmente sobre la -superficie externa de la alfarería funeraria, de cuyo interesantísimo -estudio fuimos iniciadores el año de 1896, sin atrevernos en ese -entonces á efectuar otra cosa que una tentativa de interpretación de -lo que aparecía pintado con una repetición llamativa[224], fijando la -atención en los signos cruciformes, respecto á los cuales aventuramos -posteriormente con éxito algunas ya meditadas opiniones[225]; y, -sea dicho en verdad: quedó desde entonces iluminado el obscuro é -intrincado, cuanto misterioso asunto. - -El emblema de la Cruz encuéntrase especialmente figurado en los pechos -ó mamas de las representaciones funerarias acuáticas, ó más bien dicho, -de las cántaras ó vasos antropomorfos; pero raro será dar,—al menos -nosotros no lo sabemos,—con figuraciones cruciformes en los fetiches. -Es sobre el cuerpo de la figura mítica viviente de las urnas funerarias -que la Cruz aparece reiteradamente repetida, sirviéndonos este solo -hecho para llegar á establecer definitivamente su valor como emblema -sagrado. - -Las cántaras ó grandes vasos votivos de dos ó tres tipos diversos, -generalmente de unos setenta centímetros de alto, son clasificados como -funerarios, no precisamente porque sirvan de depósito invulnerable -de restos humanos, sinó porque son enterrados rodeando al cadáver, -en muchos casos, como objetos sagrados que rememoran un anhelo, una -demanda, un acto propiciatorio. - -Nosotros, que hemos practicado numerosas excavaciones en los valles -de Calchaquí; que hemos removido el suelo del gran panteón de la -Apacheta, á media jornada de Amaycha, y que hemos abierto á picadas -los _allpataucas_ ó _mounds_ de Tafí,—contrariamente á lo que se -ha escrito, podemos asegurar que con poca generalidad estas urnas, -de estrecha boca circular y reducida capacidad, guardan restos de -párvulos, sacrificados en la conjuración al Chiqui ó en la propiciación -á los dioses atmosféricos, pues la práctica de tales sacrificios de que -nos dá concluyentes noticias el P. Las Casas[226], y de la que quedan -rastros visibles en Calchaquí, era excepcional, colgándose hoy mismo el -árbol en sustitución de humanas víctimas, niños amasados con cuajada -de leche, ó _huahuas_ de pan[227]. Dada la capacidad de las urnas, y -examinados los restos humanos encontrados, vése que los sacrificados -eran recién nacidos. En otras urnas descubrimos huesos de pequeños -animales, sin duda de _cuyes_ («conejos de la tierra»), con los que -se efectuaba tal sustitución de las humanas víctimas, lo mismo que de -liebres, llamas, etc., cuyos despojos repartíanse en las urnas, que -se desentierran tapadas con esos platos semiesféricos que se llaman -_pucos_, los que también son colocados en el suelo, al lado de las -grandes cántaras. El hecho de que estas cántaras en la generalidad -de los casos nada guardan ó encierran, y de encontrarse en su fondo -semillas de algarroba ó fragmentos de maíz, es prueba de que se les -enterraba conteniendo aloja ó chicha, los licores sagrados del culto, -empleados en todas las ceremonias, y que el calchaquí bebía sin medida -en sus grandes bacanales. Cuando se las entierra sin cadáveres, como -sucede frecuentemente en Tafí, este acto indica que ya sirvieron para -el acto propiciatorio, y que fueron entregadas á la guarda de la -Madre Tierra. Es con tales tinajas ó vasos ceremoniales para implorar -lluvias, que se conjura á Chiqui, levantándolas vacías al cielo. En -tal caso tienen el valor de esos vasos ceremoniales de los Sias, que -reprodujimos. - -Las urnas funerarias con sus respectivos pucos pónense paradas en -número indeterminado, desde una hasta diez, en el interior de las -_allpataucas_ de Tafí, sea que exista muerto ó no, y rodeándolo, si -lo hay. Cuando son una sola ó dos, colócanse en su caso á la cabecera -del sepulcro ó á ambos extremos del mismo, correspondientes á la -cabeza y los pies, pues generalmente el cadáver está acostado, y -excepcionalmente sentado, como en la huaca del Medanito, en Tinogasta, -en la que dimos con varios cadáveres afirmados á las paredes laterales -del sepulcro, rodeados de tinajas vacías[228]. - -Estas cántaras, cuando se encuentran llenas de chicha, de maíz y de -algarroba, y á veces conteniendo carbón, que debe representar al -fuego sagrado del hogar, que el indio no dejaría apagarse,—no son, -pues, propiamente hablando, urnas cinerarias, sinó vasos votivos ó -vasos ceremoniales, mediante los cuales se conjuraría la seca ó se -propiciaría á los dioses benéficos de Calchaquí, para que hicieran -llover sobre la tierra sedienta; de modo que la _allpatauca_[229], con -sus formas como mamas, sería una especie de _apacheta_ propiciatoria -de tierra, dentro de la cual los vasos se guardarían para continuar -implorando por medio de ellos en estos nativos altares. - -Cántaras vacías, como dijimos, demandando ser llenadas de agua, -levántanse encima de las cabezas por las personas que celebran la -fiesta del Chiqui, la divinidad adversa y funesta que acarrea la seca -con todo su cortejo de calamidades. Mientras estas cántaras son alzadas -en alto, entónanse los cantos báquicos y propiciatorios, dándose -vueltas en torno del árbol sagrado. Parte de la concurrencia, que no -tiene tinajas, alza hacia arriba, bajándolas y subiéndolas, como si -saltasen, las cabezas de los animales sacrificados, que generalmente -son _talcas_ ó _huillas_, huanacos ó llamas, porque á la divinidad -funesta, que concluye con las especies de la tierra, es necesario -anticiparle sacrificios sangrientos para que se aplaque, y permita á -las divinidades del aire, del rayo, del trueno y de la tormenta que -satisfagan, por el fenómeno meteorológico de la lluvia, los anhelos de -las tribus, que sufren de sed cuando el sol está quemando. - -Estas fiestas se han celebrado hasta hace poco en Machigasta, Pituil y -Aminga (Rioja). - -Ofrecemos á continuación cuatro de estas urnas funerarias, cántaras -ceremoniales ó votivas (Figuras. 31 á 34). - -[Ilustración: Fig. 31. De San José Col. Max. Schmidt.] - -[Ilustración: Fig. 32. (Quilmes)] - -Estas urnas están totalmente llenas de pinturas simbólicas, tanto en la -parte reproducida de frente como en la posterior. Como salta á primera -vista, la representación dominante en los ejemplares es una gran cara -pintada al cuello de la urna, de fisonomía al parecer humana, lo que es -corroborado por los brazos arqueados que figuran en la parte ventral, -en las extremidades superiores de cuyos brazos aparecen manos de -cuatro dedos, como se vé en las figuras 32 y 33. Estas manos suelen -ser portadoras, en la generalidad de los casos, de un _Vaso_, como en -la figura 31; no apareciendo en otras ocasiones ni brazos ni manos -pintados, como en la 34, profusamente adornada de líneas simbólicas. - -[Ilustración: Fig. 33. Quilmes—Museo Nacional.] - -[Ilustration: Fig. 34. San José—Col. Max. Schmidt.] - -Las figuras 35 y 36 son _pucos_, ó tapas de las urnas, el primero -figurado de pie y de lado, siendo el segundo una reproducción -diagramática del interior de otro del mismo género, con sus curiosas -pinturas simbólicas. - -[Ilustración: Fig 35. Puco de Pucarilla—Oeste de Molinos.] - -[Ilustración: Fig. 36. -Interior de un puco Cafayate—Salta.] - -Volviendo á la figura antropomorfa de estas cuatro urnas funerarias, -diremos que el cuello de cada una ha sido aprovechado para reproducir -la cara, con sus extraños rasgos fisonómicos que le dan un aspecto -típico, como de halcón ó de lechuza. Las cejas son grandes arcos de -círculo, que se unen á uno de sus estremos para formar la nariz, -generalmente desmesurada, como se vé en las Figs. 32 y 33, y á manera -de largo pico de ave, como en la Fig. 34. Debajo de la nariz está la -boca dentada (Figs. 31, 32 y 34), de grandes proporciones, formada -por una figura rectangular ó una gruesa línea horizontal; á veces la -boca queda suprimida, como en la Fig. 33. Estas caras siempre carecen -de orejas. Los ojos, generalmente al sesgo, debajo de los arcos de -las cejas, se presentan muy curiosos, y no suelen ser otra cosa que -cabezas de serpientes (Fig. 31), cabezas de _suri_ ó avestruz, con -Imaymanas dobles (Fig. 34), ó Imaymanas estrellados (Figs. 32 y 33), -notándose siempre la intención del artista en tal sentido, tanto que, -á veces, como lo veremos en figuras posteriores, suris y serpientes -enroscadas están pintados en el rostro, con sus cabezas respectivas -correspondiendo á los ojos en la cara que nos ocupa. Las mejillas de -esta cara, como en los cuatro casos propuestos, están cubiertas de -símbolos ó de figuras simbólicas. - -[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado (Colección Quiroga).] - -[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta. -María.—Museo Nacional.] - -La parte ventral de las tinajas ha sido aprovechada para dar á la -vez formas al vientre de la extraña figura de las mismas; y es en -esta sección en la que aparecen los arcos de los brazos con las manos -abiertas, levantadas hacia arriba, las que suelen portar un vaso, ó en -su lugar un par de cabezas triangulares de serpientes, con sus ojos -respectivos, como se verá en representaciones posteriores, hecho éste -digno de llamar la atención. En los campos que dejan ambos brazos -arqueados es muy común ver reproducido un _Suri_ en cada uno de ellos, -con las alas abiertas y desplegadas, las canillas quebradas y dobladas, -en actitud de correr, y con la cabeza, con su pico abierto, en -dirección á las manos levantadas, como puede verse en las Figs. 31, 32 -y 33. Excepcionalmente, como en la Fig. 34, suelen aparecer _suris_ en -las mejillas de la cara de la figura antropomorfa. En la Fig. 37 -presentase otro caso, viéndose en su parte ventral, de la propia manera -que en el fragmento de urna de la Fig. 38, las dos cabezas triangulares -con ojos, de los que salen espirales rectas, en el lugar en que las -manos, esta vez no pintadas, suelen portar el vaso, reproducido en -la Fig. 31. Como este vaso portado es tan interesante, conviene -ofrecer tres láminas (Figs. 39, 40 y 41), en las que se distingue -perfectamente, correspondiendo la última á una teja encontrada en -Amaycha, interesante por verse la vasija de regulares proporciones, -perfectamente destacada en relieve. - -[Ilustración: Fig. 39. Urna tipo Tolombón. Salta. -Col. Inst. Geog. Arg.] - -[Ilustración: Fig. 40, 1/5 tam. nat. Colomé (Molinos). -Col. Instituto Geog. Argentino.] - -[Ilustración: Fig. 41. (Colec. Quiroga).] - -[Ilustración: Fig. 42. Urna de Amaicha. Col. Quiroga. Dibujos -rojos y negros.] - -[Ilustración: Fig. 43. Urna funeraria de Fuerte Quemado -(Col. Quiroga).] - -Anteriormente dijimos que los ojos del rostro del cuello de la cántara -eran cabezas de suris y de serpientes: las Figs. 42 y 43 demuestran -claramente la verdad de tal afirmación. En la Fig. 42, el rostro está -encuadrado por una gruesa serpiente llena de pequeños puntos ó gotas -de agua, la que, á la mitad de su cuerpo y en su parte inferior, dá -lugar á la formación de tres lados del rectángulo de la boca de dicho -rostro; dentro de esta serpiente vése otra, cuyas extremidades terminan -en cabezas dobles triangulares: estas cabezas dobles corresponden á -los ojos del rostro. En la Fig. 43 el ejemplo es aún más patente: unos -suris, cuyas cabezas, cuellos y patas se distinguen perfectamente, -combínanse con serpientes enroscadas, formando _dobles_,—prueba -evidente de esa facilidad con que el suri se transforma en otro animal: -las cabezas de estos suris-serpientes son los ojos del rostro, siempre -formado por las cejas arqueadas. Estos detalles deben tenerse bien -presentes. - -[Ilustración: Fig. 44.] - -Respecto á estos suris-serpientes, en el puco de las Huayrapucas de -Santa María, que reprodujimos en una monografía sobre la Diosa del -Aire, tuvimos ocasión de dar con el primer ejemplar en cada una de esas -figuras triformes, de cuerpo de _suri_ y cola puntuada de serpiente. En -un detalle de grabado en una urna (Fig. 44), se vé á la serpiente-rayo -zig-zag de cabezas triangulares dobles, de cuyo cuerpo sale el cuello y -la cabeza de suri, como un curiosísimo apéndice simbólico. - -[Ilustración: Fig. 45. Urna de Tafí. Colección Quiroga.] - -Los suris de la sección ventral de las tinajas suelen á veces ser -dobles; es decir: de dobles cabezas, como en la urna de la Fig. 45 y en -el caso del ave bicéfala de la Fig. 46, detalle de las pinturas de un -puco de Pucará (Molinos). - -[Ilustración: Fig. 46. Detalle del interior de un puco.] - -[Ilustración: Fig. 47. Urna de Santa María Col. Museo Nacional.] - -En la parte ventral del nuevo tipo de urna de la Fig. 47, vése un -suri muy particular, cuyo cuerpo está formado por cuatro círculos -concéntricos, curiosísima manera, sin duda, de representar ese ojo -Imaymana del que reiteradamente nos hemos ocupado, y el que parece -indicar que el suri que lo porta lleva en su seno todos los gérmenes de -la vida. Tan curioso como el anterior, es el suri de cuerpo triangular -de la Fig. 48, pintado de rojo, sobre fondo bayo. - -[Ilustración: Fig. 48. Detalle de una urna de Amaicha. Col. Zavaleta.] - -Ahora bien: ¿esta figura general, al parecer de rostro humano, de -vientre abultado, de largos brazos, y cuyas manos portan el vaso, es en -realidad una figura ó representación antropomorfa? - -Contestaremos negativamente. - -La figura ó representación en cuestión tiene á la vez caracteres -humanos y animales. - -Si bien su cara ó rostro es más humano que animal, y sus brazos y manos -lo son igualmente, estudiadas sus facciones en detalle, resulta que se -trata de un ser monstruoso deforme, humano y animal á la vez, lo que -prueba que la figura en cuestión pertenece á la época de transición -del fetiquismo al politeismo ó antropomorfismo, no habiendo llegado á -alcanzar la primitiva figura animal todo su desarrollo humano, como -sucede también con el dios del Aire de Squier de la Fig. 28, cuyo -cuerpo aparece humano, pero cuya cara es excepcionalmente animal, -arrastrando larga cola de serpiente. Tan extraña representación, nos -hace sospechar que puede ser la misma reproducida en nuestras urnas. - -Que las facciones del rostro de la figura de las urnas son humanas -y animales, pruébanlo los ejemplares antes reproducidos. Humanos -son el corte de la cara, los arcos de sus cejas, su boca dentada, -aunque de forma rectangular; animales, sus ojos, cabezas de suris ó -de serpientes; la nariz es la facción más curiosa, muy corta unas -veces, y desmesuradamente alargada, otras; esta nariz, con las cejas -arqueadas que convergen á formarla, dan al rostro un aspecto de ave, de -lechuza, de halcón ó de loro, correspondiendo entonces á la nariz un -pico de ave. Nosotros, adviértase, poseemos un ídolo muy interesante -de Tinogasta, el que es un cuerpo humano, pero con cabeza redonda de -loro, con cejas arqueadas en relieve, las que forman perfectamente el -pico del ave, y con ojos grandes, vivos y salientes, exagerados con el -relieve; y el hecho de carecer de boca, es una prueba más de que lo que -se ha querido reproducir es un pájaro simplemente provisto de pico. - -La cuestión que nos hemos planteado, no obstante estos datos, sería -de dudosa solución, si no nos la diese la misma figura de las largas -cejas, grabada en el barro del interesantísimo vaso que reprodujimos en -el Cap. IV, Figs. 30 y 30 _bis_. - -Como se vé en esta última lámina del desarrollo del vaso, la figura de -las largas cejas, indicadas por serpientes, ocupa, en medio del grupo -atmosférico, la cara anterior del vaso; su cuerpo está formado por -un losange, y sus pies, sin dedos, ambos en sentido inverso, parecen -ser animales. Este ser de rostro humano, sin embargo, es á la vez un -animal; y demuéstralo elocuentemente la larga cola de dragón, que sale -de su cuerpo, y que en la parte posterior del vaso aparece en relieve -(Fig. 30), sirviendo de manija al mismo. - -[Ilustración: Fig. 49. Fragmento de cuello de una urna funeraria.] - -Si á este ejemplar se hiciese alguna objeción y no se le considerase -como una prueba definitiva, presentaríamos á los ojos de quien lo -dudara el fragmento de cuello de una urna funeraria de Tafí (Fig. 49), -ejemplar mediante el cual la cuestión quedaría cerrada en sentido -afirmativo[230]. - -En este fragmento de urna aparece el ser de las largas cejas, con sus -facciones prominentes y en relieve; sus cejas al juntarse forman su -nariz, realmente humana; pero del lugar correspondiente á la boca, sale -su grande y largo hocico como de jabalí, provisto de sus formidables -colmillos, hocico que está indicando que al artista no ocurrió en -momento alguno figurar una boca humana. - -Con estos elementos de prueba, tan decisivos á la investigación -arqueológica, dejaremos sentado que la figura de las largas cejas -arqueadas en la alfarería funeraria, es la representación de un ser -viviente humano y animal á la vez, ó de un ser antropo-zoomorfo en la -nomenclatura científica, como los que, por ejemplo, reprodujimos en las -Figs. 26 y 29. - -Esto sentado:—¿qué representa en la escritura simbólica de Calchaquí -la figura antropo-zoomorfa? - -Indiscutiblemente la gran divinidad atmosférica de la -TORMENTA, la diosa de la Tempestad con todos sus atributos -meteorológicos; esa _Sumac Ñusta_ de Garcilaso, portadora de la cántara. - -Ello salta al primer golpe de vista, cuando miramos á la figura -antropo-zoomorfa, á esa Huayrapuca mítica, en medio del grupo animado -de la tormenta, que nos ofrece el vaso de la Fig. 30 _bis_; grupo -viviente, de grandes nubes, con rayos salidos de su seno, en el que se -vé que todo es movimiento y acción combinados. - -En primer lugar, no debemos olvidar por un momento que la figura -antropo-zoomorfa de que tratamos está reproducida en las urnas -funerarias y cántaras ceremoniales para demandar la _lluvia_ del cielo, -propiciando á las supremas divinidades de la atmósfera, por lo cual -estas cántaras se levantan vacías y en alto por las tribus sedientas. - -En segundo lugar, todos los símbolos reproducidos en las urnas, -tanto en su cuello como en su sección ventral, son _acuáticos_ ó -atmosféricos, figurando en primera línea las zig-zag de los relámpagos -y los rayos-serpientes, ó _Inti-Illapas_, los que encuadran el rostro -de la figura que nos ocupa ó aparecen reproducidos en sus mejillas, -como en las Figs. 42 y 43 y en la siguiente (Fig. 50), en la que se vé -una curiosa serpiente-rayo de dobles cabezas enroscada en la mejilla -derecha de la figura. Esta serpiente está reproducida nuevamente en -el campo ventral opuesto. Y es de notar que en tal urna vemos otra -vez á las manos portando dobles cabezas de serpiente, con sus guardas -espirales rectas, en lugar del vaso. - -[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí. (Museo Nacional).] - -[Ilustración: Fig. 51. Teja de barro pintada.] - -Las artísticas pinturas de líneas quebradas en la parte ventral de las -citadas Figs. 42 y 43, no son sinó representaciones simbólicas más -sencillas y simplificadas del relámpago y del rayo de la Tormenta, -las que aparecen perfectamente figuradas en un interesantísimo grupo -ofídico, en la sección ventral de un fragmento de urna (Fig. 51) -perteneciente á la colección del Instituto Geográfico Argentino, -como si fuesen los intestinos de la figura antropo-zoomorfa. En este -curioso grupo son muy interesantes los TAU _ofídicos_ que se -desprenden de la línea horizontal del cuerpo de la serpiente-rayo. - -_Inti-Illapa_ para el calchaquí se vuelve un ser animado, lleno -de acción y de vida; y es por ello que cobra muy curiosas formas -zoomorfas, como aparece en el ejemplar único de la Fig. 52, ó en -la urna ofídica de San José, que tomamos del original en nuestra -expedición arqueológica de 1898. - -[Ilustración: Fig. 52. Urna funeraria de San José. (Colec. Quiroga).] - -Como puede verse en la lámina, cuatro grandes figuras ofídicas se -reproducen en el centro de la urna, en cada una de las cuales se ha -pintado su cara de dobles triángulos, con su nariz blanca, boca negra -y su par de ojos Imaymanas de pupila circular; debajo de la cabeza -viene el cuello, del que luego se desprende el cuerpo, aprovechando la -zig-zag del rayo, cuyos pies son otra vez dos cabezas triangulares más -pequeñas; un par de estas figuras está provista de brazos con manos de -cuatro dedos, lo mismo que la que sigue más abajo, también con brazos, -pero con pequeñas cabezas triangulares por manos. En esta urna se -repite el número 4 de una manera llamativa. - - -[Ilustración: Fig. 53.] - -Representación antropomorfa de la serpiente-rayo, es sin duda la -figurilla humana 53, de rostro monstruoso, cubriendo su cabeza con un -curioso tocado de dobles picos, los que no son sino las dobles cabezas -triangulares de la serpiente. De la línea horizontal de sus hombros -caen sus brazos, cuyas manos tienen tres y cuatro dedos; su traje está -adornado por cuatro ojos Imaymanas, los mismos de las serpientes, y -en su pecho, como figuras totémicas, luce dos aves-_suris_ pintadas, -con sus cuerpos también de triángulos dobles las cabezas de las -serpientes,—dato éste precioso, que desde ya establece la íntima -relación entre el _suri_ y la serpiente, toda vez que aquel es la causa -y ésta el efecto, como luego lo veremos. - -Finalmente, los demás adornos de las urnas,—las guardas griegas, los -meandros de fecundación ó la cópula, las espirales, que al parecer -representan la detonación ó el eco del trueno[231], los puntos repetidos -en las cejas de la figura de las urnas y sus guardas, que no son -otra cosa que gotas de lluvia; estos adornos, decimos, son simples -atributos figurados de los ofidios de la atmósfera, ó sean símbolos -meteorológicos complementarios: de todo lo que resulta que el -simbolismo de las urnas funerarias escrito sobre el rostro y cuerpo de -la figura antropo-zoomorfa de las mismas, es una repetida alusión á la -lluvia. Tal verdad quedará doblemente confirmada, cuando en seguida -establezcamos el significado de ese vaso que porta en sus manos, y el -valor simbólico de esa AVE-SURI, tantas veces repetida en las -mejillas de la figura y en las secciones ventrales de la misma. - -Por lo demás, muy llamativas son las orlas acuáticas onduladas de la -urna de la Fig. 40. - -[Ilustración: Fig. 54. Urna funeraria de Santa María. (Colección -Quiroga)] - -[Ilustración: Fig. 55. Museo Nacional.] - -De este cúmulo de datos y consideraciones resulta, entonces, clara -y definitivamente establecido, y es la primera vez que esto se -afirma,—que la figura antropo-zoomorfa de las urnas funerarias es la -representación simbólica de la Tormenta ó la Tempestad, con todos sus -atributos; esa divinidad que llora agua por sus ojos, como el Aticci de -Wiener, lágrimas que aparecen en esa figuración de líneas que caen de -los mismos, como se vé en las Figs. 37, 40 y 49. - -Después de la serpiente, es el Avestruz ó Ave-_Suri_ la representación -simbólica más repetida en las urnas funerarias, apareciendo también en -los pucos. Son ejemplos: las Figs. 31 á 39, 43, 45, 47, 50 y 51, á las -que agregaremos seis reproducciones más (Figs. 54 á 59). - -[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.] - -[Ilustración: Fig. 57. Detalle de una urna. (Colec. Quiroga).] - -Como se vé en varias de las láminas citadas, los suris suelen -ocupar los dos campos ventrales que dejan los brazos de la figura -antropo-zoomorfa, y se hallan reproducidos junto al curioso vaso que -portan sus manos. Sin embargo, en algunas ocasiones, como en las Figs. -34, 37, 43 y detalle 57, suris aparecen pintados en una ó en ambas -mejillas de la representación de la Tormenta. En las Figs. 58 y 59 el -cuerpo de los suris está formado por meandros ó guardas simbólicas, -cuyo valor conocemos de antemano, detalle significativo este último que -demuestra de una manera concluyente que el suri es también un símbolo. - -Ahora bien: ¿qué valor simbólico tiene el AVE-SURI en la -escritura sagrada de la alfarería funeraria de Calchaquí? - -[Ilustración: Fig. 58. San José. Col. Max. Schmidt.] - -[Ilustración: Fig. 59. Loma Rica. Catamarca.] - -Ante todo, establezcamos que la mayor parte de los pueblos americanos -han adorado á las aves ó á los volátiles, como seres que viven en el -aire, en la atmósfera, y que cruzan el espacio, por lo que han formado -algunos pájaros en la categoría de dioses atmosféricos. El ave, que -tiene el poder de cortar los vientos y de ascender de un vuelo á las -más altas cumbres, inaccesibles al hombre; que se desliza suavemente -por las alturas, yendo vertiginosamente de un punto al otro; que cuando -recoge sus alas se lanza como un rayo á la tierra,—natural es que -fuese tomada por un mensagero del mundo de arriba, y perfectamente -explicable que en el Perú una junta de augures ó aureolos indagase -los misteriosos secretos de que los volátiles eran poseedores, y que -quisieran iniciarse en el lenguaje de su canto. - -Las analogías observadas entre el ave y la nube han sido para el indio -hechos reales, y no simples semejanzas ó coincidencias. La nube toma -muchas veces las formas de un pájaro gigantesco, de cuyo pico parece -como que sale el rayo; los colores del iris suelen corresponder á los -de las plumas del pájaro; la nube, como éste, vuela en el espacio -y proyecta sombra sobre la tierra; la una truena y el otro canta y -grazna; el rayo que cae se parece al vuelo rápido del pájaro que se -clava al suelo para asir su presa; el viento que corre se supone alado, -y de aquí las expresiones figuradas: «las alas del viento», «las -nubes que vuelan», que para el indio son hechos reales, al decir de -Brinton[232]. - -El pájaro es, entonces, un símbolo significativo de importancia, y -nada más apropiado que un volátil para representar la nube, como -el _quetzal_ de los mejicanos, que se presenta como el señor de la -atmósfera. - -Entre los pieles rojas un pájaro gigante desempeña el papel más -importante de su cosmogonía. Los dakotas aseguran que en el oeste viven -«los voladores», y creen que el trueno es el ruido del pájaro, agitando -las alas; el relámpago, el fuego que resulta en su camino, como el que -produce el bisonte corriendo por praderas pedregosas. Cosas semejantes -refieren los algonquines, para los cuales el viento sale del pico de -las aves y las nubes se forman por el movimiento de sus alas. Los tupis -é iroqueses creen en el pájaro tormenta, cuyos ojos centelleantes -producen los relámpagos. Entre los Lení-lenapes, los cris, los mandans, -los moenitarres, los assiniboines, el pájaro Manitu reside en lo más -alto de los cielos, y el trueno ruge cuando él baja las alas, saliendo -el rayo de sus ojos y la lluvia de su pico. Para los dakotas, antes -citados, el trueno es un gran pájaro que posee una numerosa prole; es -él el que produce el eco, cuya larga repercusión es el grito de sus -pequeñuelos. Los natches y los arkansas adoran al águila, como al ave -sagrada. La nube del trueno es un pájaro para los caribes. Los zuñis, -indios de los Pueblos de Nuevo Méjico, con cuatro plumas de aves, que -simbolizan los cuatro vientos, invocan á la lluvia. La lechuza es el -viento de uno de los cuatro cuarteles, para los chipeways. Los navajos -creen que un cisne está parado en cada uno de los puntos cardinales, -espíritus de las corrientes que soplan. En la América Central, el -pájaro Voc es el mensagero de Hurakán, el dios de la tempestad. En el -Perú, Piguerao, el hermano de Catequil, el dios de la tormenta y del -trueno, nace de un huevo. Cuntur, el ave venerada, lleva en la sílaba -_Cun_ la idea de lluvia, de la divinidad _Con_ ó _Cun_[233]. - -En nuestro Calchaquí, sin duda alguna, el _Suri_ es el Pájaro de la -Tormenta, ó la _Nube_, que lleva el agua en su seno, y cuyo pico lanza -el rayo. Posiblemente también lo es el Cóndor, que en algunas ocasiones -ocupa en la alfarería el lugar del avestruz, y que á veces se le -reproduce semejante á éste. - -En el mito preincáico de Catequil, Atachuchu crea á un ser humano, -el hijo del cielo, personificación del cielo mismo, que se une -á una divinidad de las nubes negras de la tempestad, la hija de -los Guachemines. Este hijo del cielo, que baja á la tierra, es -_Guaman-suri_ ó _Guaman-Suri_, el ave doble, ó sea el _Halcón_ y el -_Suri_, hecho éste sobre el que ningún americanista ha fijado la -atención, y en el que el _Suri_ integra la personalidad mítica de una -divinidad atmosférica, de este gran volátil biforme de la cosmogonía -peruana, que pone dos _huevos_, correspondientes respectivamente, sin -duda, al halcón y al suri, y de los cuales huevos salen Catequil y -Piguerao, el rayo y el trueno. - -En el Folk-lore calchaquí hasta hoy el _Suri_ es el nunciador de la -lluvia. Cuando el tiempo está para cambiar, esta gran ave nerviosa abre -las alas, cuyas plumas desordenadas sacude, y corre al encuentro de -la primera ráfaga húmeda de viento que llega. Cuando la descompostura -atmosférica se anuncia con los primeros truenos lejanos, huye -vertiginosamente de un lado al otro, describiendo grandes curvas, -moviendo su cuello largo y flexible, abriendo su pico, y volteando -curiosa y airosamente en el aire, doblando sus largas canillas; de -manera que aparece como un ser fantástico, que cobra con la agitación -de su plumage formas diversas, corriendo á medio vuelo sobre la llanura. - -Ningún otro animal alado más aparente que el Suri para símbolo -significativo y representativo de las nubes. Su gran tamaño; su color -ceniciento, como el de los nublados cargados de agua; su profuso -plumage, que agita y sacude á voluntad, cobrando las más caprichosas -formas, como las nubes en el espacio; la velocidad con que corre -sobre la llanura, que rememora la carrera del viento en el cielo; su -largo cuello nervioso, que mueve de la manera sinuosa con que huye -la serpiente, y que en sus formas recuerda de este ofidio, terminado -el cuello en su cabeza provista de ojos grandes, de dobles círculos, -como los Imaymanas; su pico siempre abierto, que podría dar asidero á -la creencia do los algonquines de que por él sale el viento; el hecho -mismo de asir rápidamente con el pico á la víbora, arrojándola con -fuerza á los aires cuando se dá con este reptil que mata y devora, todo -esto y mucho más debió impresionar la imaginación del indio y embargar -su atención, hasta convertir al Ave-Suri en el símbolo sagrado de la -Nube de la Tormenta[234]. - -Observemos que con la palabra _Suri_ se denominaba á esa gran porción -nómade ó alárabe del Tucumán que luchó al Inca y á la conquista -española[235]. También con el diminutivo _ita_ es apellido indio, como -en _Surita_, en el caso citado por Lafone Quevedo, en el que un indio -tenía este apodo con que era conocido, llamándose siempre _Sura_ á su -hija[236]. - -Un dato interesantísimo reproducido por este ilustre americanista -en su libro _Londres y Catamarca_, y al cual no halló explicación -satisfactoria cuando lo consignó, es una prueba elocuente del carácter -atmosférico del Suri: nos referimos al hecho de no figurar la _cabeza -del suri_ en los sacrificios ofrecidos al Chiqui, la divinidad funesta -de que habla Montesinos. «De la siguiente relación, escribe aquél, -se deduce que el _suri_, _xuri_ ó _juri_, avestruz, algo de sagrado -contenía. Cuenta el indio Peralta, nacido en el ya abandonado Pueblo -del Pantano, que para celebrar la fiesta del _Chiqui_ hacían reunión -de hombres y mujeres, que se juntaban bajo de un algarrobo con varias -tinajas llenas de aloja; en anticipación de la tal función, dos días -antes salían los hombres al campo á correr libres, huanacos, pumas y -otras _aves_, _menos suris_ ó avestruces, que respetaban,—y con las -cabezas de los animales que cazaban daban vueltas al rededor del Arbol -(el _tacu_ ó algarrobo), entonando el canto ó vidala de los Indios y -chupando aloja más y mejor». Consignados estos datos de la ceremonia, -Lafone Quevedo se interroga:—«¿por qué no se colgaría también la -cabeza del _Suri_ ó _Juri_?»—y se contesta en seguida: que un indio le -dió la explicación de que el motivo de la exclusión de la cabeza del -Suri sería porque este tiene cabeza chica; «más yo me inclino á creer, -añade el americanista, que la excepción hecha en favor ó contra del -_Suri_ tiene su causa de origen en la distinción que yo acabó de hacer -entre Juríes y Diaguitas»[237]. - -El motivo no es ese, responderemos nosotros: la cabeza del Suri -no debía figurar en la fiesta del Chiqui, porque el Suri no podía -ser sacrificado, como la _talca_, la _huilla_ ó la _puma_, en la -bacanal indígena. El Chiqui, como hemos manifestado, es la divinidad -funesta, el dios de los maleficios, ó la «adversa fortuna», al decir -de Montesinos[238], al que solo se aplacaba con cruentos sacrificios -animales y aún humanos: _runa arpainyiguan_. Las bacanales del -Chiqui celebrábanse cuando sobrevenían las grandes secas, y cuando -se evaporaba la humedad de la tierra, porque el sol estaba quemando. -_¡Inti rupas tian!_—en efecto, era el grito de la tribu sedienta, la -cual levantaba en alto sus cántaras vacías en demanda de agua, y que -enseñaba á los cielos, haciéndolas saltar, las cabezas sacrificadas -de los animales, para aplacar á la divinidad funesta, llamando á la -Huayrapuca á que corriese por la noche silvando, trayendo consigo las -nubes bienhechoras de la lluvia: - - Huairapuca corriti..... - Arquituta silvas, silvas purinqui: - Huilca, talca, saltas, saltas purinqui..... - Huipe ¡huipe! Cot! cot![239]. - -Ahora bien: si la cruel bacanal del Chiqui se celebraba en el propósito -de conjurarle, propiciando á las divinidades atmosféricas á la vez -en la ceremonia de las cántaras vacías en torno del árbol,—¿cómo es -posible que el indio sacrificase al Ave-Suri, ofreciendo sus cabezas -cortadas y haciéndolas saltar lo mismo que á las de las talcas y las -huillas, que perecían de sed?—¿cómo dar muerte al Suri, que es la -Nube, la que lleva el agua anhelada en sus senos fecundos cuando la -Huayrapuca la trae del sudoeste, entre relámpagos y truenos? - -Es esta la explicación sencilla de lo que aparecía como un enigma -para Lafone Quevedo, y después para Ambrosetti; pues como estos -americanistas no habían determinado el valor simbólico del Suri, -emblema de la Nube, debieron recurrir ó á consignar el hecho ó á darle -otro género poco satisfactorio de explicaciones. Sacrificar el Suri, -sería sacrificar la Lluvia. Lejos de eso, era el Suri, era la Nube, el -objeto propiciado de los sacrificios: por eso jamás podía figurar su -cabeza en la fiesta del Chiqui, como no puede figurar la cabeza de la -divinidad misma á quien se ofrece el holocausto[240]. - -El material iconográfico de este capítulo sirve de prueba irrefutable -del valor simbólico que atribuimos al Suri. Como se enterará el lector, -en la mayor parte de las representaciones de esta ave de la tormenta, -el Suri aparece en las actitudes de que dá cuenta el Folk-lore, es -decir: con las canillas dobladas, como lanzado á la carrera, suelto el -plumaje de sus alas, con su cuello erguido y con su pico abierto. - -Si fijamos la atención en las diversas reproducciones, notaremos muchas -otras particularidades llamativas, que contribuyen á determinar más su -significación simbólica, la que desde el primer instante salta á la -vista, cuando se vé al Suri formando en primera línea en todo -ese complicado conjunto escrito sobre la alfarería, que sirve -para caracterizar á la gran figura mítica de la urna, ó sea á la -representación antropo-zoomorfa de la Tormenta. - -El Suri, ya lo vimos, está especialmente pintado en la sección -ventral de la urna, en los dos campos que forman los arcos de los -brazos; es decir: en los lugares correspondientes á las mamas de la -figura principal, aunque no sabemos á qué sexo pertenece la divinidad -atmosférica en cuestión, cosa que al indio ha sido indiferente indicar, -por la razón sencilla, sin duda, de que ha de pertenecer al género -epiceno, pues que en el acto propiciatorio el creyente nativo invoca á -su dios como á tal, «ya sea varón, ya sea hembra»: _cay huarmi cachun, -cay cari cachun_. - -Los suris están además contiguos á ese Vaso ó cántara portada en las -manos; y en los casos de las Figs. 31 y 39, las aves abren sus picos -para derramar algo en aquellos: es claro que líquidos, por ser una -vasija el continente. - -Los suris encuéntranse rodeados de signos ó símbolos atmosféricos; y en -la Fig. 51 hemos visto á una de estas aves, bastante bien reproducida, -coronando un interesantísimo grupo artístico de serpientes. - -Pero la más evidente indicación de que el Suri es la Nube, está en el -hecho gráfico de que el ave aparece lanzando al rayo serpiente por -su pico, de la propia manera que los nublados cargados de agua en el -espacio producen las descargas eléctricas. Los dos suris de la Fig. 32 -aparecen vomitando víboras, así como los suris gemelos de la Fig. 56; y -para que no abriguemos sospecha alguna de que tales víboras no fueran -la serpiente-rayo, ofrecemos en detalle el pequeño Suri de la Fig. 60, -al cual se vé con algún esfuerzo lanzando al ofidio luminoso de dobles -cabezas triangulares. - -El Suri, lanzando por su pico á la víbora, es la Nube de la tormenta -despidiendo de su seno el rayo. Ninguna otra interpretación cabría al -respecto. - -[Ilustración: Fig. 60.] - -[Ilustración: Fig. 61.] - -La Nube preñada de relámpagos, es la serpiente confundiéndose con el -Suri, ó la serpiente contribuyendo á dar sus formas características al -ave, como en el caso de los suris ofídicos de la urna 43, en el cual -tenemos perfectamente representada á la _Serpiente Emplumada_, ó á ese -_Quetzalcóatl_ que impera sobre los fenómenos atmosféricos de los que -es, más que causa, su encarnación misma. - -En la Fig. 44, en la que, del cuerpo de una gran serpiente sale una -cabeza de Suri con su largo cuello, tenemos otra figuración ideográfica -de la serpiente emplumada. - -Un tercer ejemplo es el más interesante: el de la Fig. 61, en el cual -vemos que líneas quebradas, paralelas, puntuadas (gotas de lluvia), dan -formas á una serpiente-rayo: de cada uno de los vértices de la zig-zag -luminosa salen tres largas plumas de Suri, las mismas tres plumas, en -forma de tres arcos, con que el artista figura las alas del ave sagrada -en todos los ejemplares ofrecidos. - -Estas tres líneas curvas de las alas, en la Fig. 39 no aparecen -juntarse á la raíz del cuello del ave, como en los demás casos, sinó -que arrancan de la línea recta que forma la parte anterior del mismo, -describiendo tres arcos concéntricos, paralelos al gran círculo de -la caja del cuerpo del Suri: estos tres arcos son el _Iris_ ó Arco -_Chuychu_, pues es de la misma manera como el Yamqui Pachacuti en su -Plancha antes citada, figura simbólicamente el arco del cielo, con su -leyenda respectiva. - -Quién, finalmente, abrigare alguna duda respecto al valor simbólico -del Suri, examine con espíritu arqueológico las pinturas de los pucos -de las Figs. 35 y 36, y verá en ellas, de negro, sobre fondo amarillo, -figuradas á las nubes, con sus caprichosas y onduladas guardas. Pues -bien: de esas figuraciones artísticamente irregulares salen cabezas de -Suri, de modo que ellas, en el grupo de la reproducción ideográfica, -vienen á constituir los cuerpos de los pajarracos míticos. - -[Ilustración: Fig. 62. Santa María. Museo Nacional.] - -Establecido el valor simbólico del Ave-Suri, nos explicamos -perfectamente por qué la representación atmosférica _b_ de la Fig. 29 -_bis_, sobre la superficie de un mate ó _calabaza_ (Fig. 29) (que según -Brinton[241] es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la -América antigua y un símbolo de agua de igual valor que la cántara), -porta en sus manos una cabeza de _Suri_ y una flecha: la cabeza de Suri -es la nube, y el dardo, el rayo. Debe también recordarse que el Dios -del Aire de Squier (Fig. 28) porta un pájaro (la nube) en su diestra. - -[Ilustración: Fig. 63. La anterior vista de lado.] - -[Ilustración: Fig. 64. Interior de un puco Santa María. Museo -Nacional.] - -Que el Ave-Suri que nos ocupa es un volátil que surca los altos cielos, -como divinidad atmosférica y luminosa, pruébanlo los suris estrellados -de las Figs. 62, 63 y 64, que reproducimos, lo que demuestra hasta -donde alcanzaba la concepción india del pájaro de la Tormenta. En -efecto: los dos suris de la urna 62 tienen en sus cuerpos respectivos -figuradas cuatro y cinco estrellas; cinco, igualmente, los de la urna -63; y al centro del puco 64, destácase el gran pájaro de la tormenta, -esta vez parecido al papagayo, con su cuerpo y cola cubiertos de -ojos Imaymanas, yemas ó gérmenes, siendo estrelladas sus patas. Esta -interesantísima y original representación, que por sí misma es una -revelación, está rodeada por el pajarillo atmosférico de arriba, que -corta el espacio con sus alas abiertas, y por dos serpientes laterales -de dobles cabezas,—las serpientes del rayo,—de modo que en el puco -en cuestión aparece totalmente reproducida la escena atmosférica de la -tormenta, con sus rayos y con sus atributos fecundantes. - -No nos resta ahora sinó explicar por qué los indios de Calchaquí -empleaban _varas emplumadas_ en las ceremonias del culto al Trueno y -al Rayo, y por qué también en sus fiestas gentílicas adornaban _con -plumas_ á los árboles. - -Lozano[242], hablando de los ídolos _Caylles_, ó imágenes labradas -en las láminas de cobre, dice que á estos, como á las _varitas -emplumadas_, colocaban los naturales con grandes supersticiones _en -las labranzas_, _como protectoras_ de las mismas. El P. Guevara[243], -refiérenos que en los templos del _Trueno_ y del _Rayo_, rociadas con -sangre de carnero de la tierra, figuraban en las ceremonias estas -varitas emplumadas, que «las llevaban á sus casas y sembradíos, -prometiéndose de su virtud, contraída á presencia del numen, toda -felicidad y abundancia». - -El P. Techo[244], escribe que al igual de los hebreos, los calchaquíes -eran gentes muy supersticiosas, y que «adoraban _árboles adornados con -plumas_ ...» - -Este empleo de plumas de ave en todas estas ceremonias y prácticas -religiosas, es perfectamente explicable después de lo que dejamos -apuntado. Observemos que las plumas figuran en los templos dedicados -al Trueno y al Rayo; en las ceremonias propiciatorias de la abundancia -en las sementeras; en la fiesta del Arbol, en la que, como sabemos, -se propiciaba á los dioses de la lluvia para que la vegetación -no se secase. Entonces, tenemos constatado el empleo de plumas -de ave en todas las ocasiones en que demandábase el _Agua_, el -elemento fecundador por excelencia, objeto de la religión calchaquí, -sintéticamente considerada. Las plumas simbolizan el ave de la -Tormenta. Luego varas emplumadas, emblemas de las serpientes emplumadas -ó del rayo emplumado, han de figurar forzosamente en el culto acuático: -ellas son, entonces, las protectoras de las mieses, y á las labranzas -han de llevarse como objetos eficaces contra las seca, la piedra -y el granizo, junto con los _Caylles_, á la manera de preciados -amuletos[245]. - -Réstanos ahora resolver el último problema simbólico propuesto:—¿qué -significación tiene ese VASO ó cántara que levantan en alto -las manos de la figura mítica de las urnas? - -Fácil nos parece responder á esta pregunta. - -Ese vaso portado por la divinidad atmoférica de la Tormenta, no puede -ser otra cosa que el depósito sagrado del agua de la lluvia: el _Ticcu_ -ó VASO DEL TRUENO, tantas veces recordado en la mitología de -los pueblos americanos[246]. - -Ese vaso, perfectamente reproducido en alto relieve, con su profunda -concavidad, en la Fig. 41, es portado por la divinidad de la Tormenta -en las Figs. 31, 39 y 54, llevándolo á su boca misma, para beber, en el -curioso ejemplar de la urna de la Fig. 40, á fin de que se disipe -toda duda al respecto. Cuando ese vaso falta, como en el caso de las -Figs. 37, 38 y 50, dos cabezas triangulares de serpientes, con sus -repectivos apéndices espirales, aparecen en su reemplazo, diciéndonos -claramente esta sustitución del contenido por el continente, que rayos -de la tormenta ó agua de lluvia es lo que suele guardar la rebosante -cántara sagrada. En el caso de la Fig. 51, en el lugar en que las manos -se juntan con los brazos figurados por dos curvas que hacen el ángulo, -tenemos ese grupo mítico de los relámpagos y los rayos en acción, -inmediatamente después del Suri, ó emblema de la Nube de la tormenta, -que los produce. - -Fijemos igualmente la atención en que las nubes ó los suris, -encamínanse con sus picos abiertos á depositar el agua ó los rayos de -la tormenta en los vasos simbólicos, como en los ya citados casos de -las Figs. 31, 32, 33, 39, 50, etc. - -«El cántaro ó la calabaza, escribe Brinton[247], tratando de los Mitos -del Agua y de la Tormenta, como símbolo de agua, fuente y preservador -de la vida, es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la -América antigua. Bajo el nombre de Akbal ó Huecomitl, el vaso grande ó -primitivo ocupa lugar importante en las leyendas aztecas y mayas sobre -el drama de la creación; con el nombre de _Tici_ (Ticcu) en el Perú, es -_símbolo de las lluvias_, y en forma de calabaza entre los caribes y -tupis, se menciona con frecuencia como padre ó madre (_parent_) de las -aguas atmosféricas. Figuras colosales recortadas que llevan cántaros, -se han desenterrado en el valle de Méjico, en Tlascala, en Yucatán y -otras partes. Representan al dios de la lluvia, el portador del agua, -el patrono de la agricultura.» - -Observemos que _Illa-Ticci_, nombre del dios acuático Viracocha, -compónese de dos palabras, que pueden traducirse así: -_Illa_-brillar—alusión al relámpago—y _Ticci_ ó _ticcu_—cántaro; ó, -en otros términos:—VASO DEL TRUENO. - -Este Vaso del Trueno y la función que desempeña en una leyenda mítica -del Perú, aparecen en una hermosa poesía cuyo texto quichua nos -ofrece Garcilaso de la Vega[248], la que más abajo reproducimos, con la -traducción castellana que hemos hecho, lo más ajustada á su original, -en cuanto posible nos ha sido. - -Y antes de transcribir el himno textual y su traducción, conviene una -brevísima explicación del mismo. - -En el Perú, al lado de Viracocha, existía una Diosa de la Lluvia, -hija de este Dios de las aguas, cuyo nombre ignoramos, pero que -incontestablemente forma parte del politeismo peruano, anterior á la -heliolatría incásica. La diosa era portadora de _un vaso_ que contenía -la lluvia y la nieve, el cual volcaba sobre la tierra. Cuando su -hermano (Catequil, sin duda) rompía el vaso, entonces con el golpe -producíase el trueno, entre relámpagos, y llovía, nevaba ó granizaba -sobre el mundo[249]. He aquí el himno: - - Çumac Ñusta Bella Infanta: - Taralláyquim El tu hermanito - Puyñuy quita El tu cántaro - Paquir cayan Lo está quebrando, - Hina Mántara I por esto - Cunuñunun Truena, relampaguéa, - Illac pántac También caen rayos. - Camri Ñusta I tu, Infanta, - Unuy quita La tu Agua - Para munqui Irás á llover, - Muy ñinpiri I á veces - Chichi munquim Irás á granizar, - Riti munqui Irás á nevar. - Pacha rúrac El Hacedor del mundo, - Pachacámac El Creador del mundo, - Viracocha Viracocha, - Cay hinápac Para esto mismo - Churasunqui Te ha colocado, - Camasunqui Te ha creado. - -Este himno, tan interesante, es en sí mismo una verdadera revelación en -el sentido de establecer el valor simbólico del vaso que en nuestras -urnas porta la Diosa de la Lluvia ó la Tormenta, y que lleno de agua -acerca á sus labios en la citada Fig. 40, cuya sección ventral, con -adornos ondulados acuáticos, contribuye á dar mayor importancia á la -interesantísima representación que estudiamos. - -Brinton y Rialle, respectivamente en inglés y francés, traducen el -_Sumac Ñusta_[250]. - -Establecida le importancia de las urnas funerarias en el culto á la -Lluvia, y fijado el valor simbólico de las diversas figuraciones -emblemáticas que cubren y adornan su superficie externa, el papel que -en la alfarería funeraria desempeña el símbolo de la Cruz, determínase -por sí mismo, sin necesidad de extremar la observación arqueológica. - -Desde el primer momento hay que dar por sentado que, siendo acuático -ó atmosférico el simbolismo de tales urnas, la Cruz, trazada por dos -líneas de iguales dimensiones, que entre sí se cortan, formando parte -de una figura de tal equivalencia, es también un signo acuático y -atmosférico. - -Ahora, determinemos la colocación y ubicación del símbolo de la Cruz -en las pinturas de las urnas, para fijar con precisión su valor como -emblema meteorológico, indiscutiblemente distinto, no en el sentido -específico, sinó genérico, de los otros signos ó emblemas, cuyas -equivalencias ideográficas hemos de antemano establecido. - -La Cruz, en primer lugar, aparece reproducida en el centro del cuerpo -de los suris; y ejemplo de ello son: las Figs. 32, 33, 34, 37, 38, 39, -50, 51, 54, 55, 57 y 60; es decir: que los casos se repiten de una -manera verdaderamente llamativa en las láminas ofrecidas, que no son -sinó una mínima cantidad en relación á los numerosos ejemplares de las -colecciones. - -Si el Suri es la Nube de la tormenta, claro es que la Cruz, que lleva -pintada al centro de su cuerpo, no es otra cosa que el _Agua_ de que -la Nube es portadora en su seno, ó sea la LLUVIA. Los cuatro -palos de la Cruz representarán claramente á los cuatro vientos que -producen el fenómeno, al reunirse en su punto de intersección. - -En otros casos, como en el de la Fig. 40, dos cruces se han trazado -en los campos ventrales que los suris suelen ocupar: los símbolos, -entonces, equivalen á las nubes portadoras de la lluvia, ó á la lluvia -misma. - -En la Fig. 45, la Cruz aparece reproducida entre las dobles cabezas de -la Nube. - -Como símbolo de la lluvia, la Cruz igualmente figura al lado del vaso -del trueno, que contiene el agua de la tormenta, como en las Figs. 37, -39 y 40 citadas. - -[Ilustración: Fig. 65. Detalle de una urna.] - -En tal carácter, es reproducida también á manera de embijamiento en -el rostro del ídolo de la Tormenta, como en algunas de las urnas -ofrecidas, y especialmente en el siguiente caso de la Fig. 65, detalle -de una urna de Santa María, en el que vénse dos hermosas cruces dobles -pintadas en el rostro de la figura antropo-zoomorfa de la Tormenta[251]. - -La Cruz aparece en los pucos como símbolo de lluvia, de la misma manera -que en las urnas, como puede constatarse en las reproducciones que -ofrecemos en el subsiguiente capítulo, y en la que va á continuación -(Fig. 66), en la que se vé á la Cruz alternando con los suris -simbólicos, meandros y escalones _pata-pata_[252]. Con este curioso puco -dimos en Fuerte Quemado, formando entre las piezas de una colección -particular. - -[Ilustración: Fig. 66. Interior de un puco de Fuerte Quemado.] - -[Ilustración: Fig. 67. Gran cruz de la sección ventral de una urna de -Sta. María.] - -Cerraremos el presente capítulo reproduciendo la gran Cruz -_collcampata_, pintada al centro de tres círculos concéntricos -puntuados (gotas de lluvia) que ocupa toda la sección ventral de -una urna de Santa María (Fig. 67), en la que se han eliminado las -representaciones de los relámpagos, de los rayos, de los suris y del -vaso del trueno, en prueba de que la Cruz es un emblema sintético, el -símbolo figurativo de los fenómenos atmosféricos que producen la -Lluvia[253], tal cual vimos que apareció en la lámina desarrollada -del vaso ceremonial de los indios de Sia, en nota del capítulo -anterior; repitiéndose el mismo hecho y principio arqueológico en ambas -extremidades del Continente. - - -NOTAS: - -[224] Adán Quiroga, _Antigüedades Calchaquíes—La Colección Zavaleta_, -nos. II y III (Bolet. del Institut. Geográf. Argent., tom. XVII, cuads. -4 á 6). - -[225] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz—1899_ (Bolet. del Inst -cit., tom. XIX, cuads. 7 á 12). - -[226] _De las Antiguas Gentes del Perú_, pág. 91. - -[227] Sobre estas _huahuas_ de pan, véase á John Lubbock, _Orígenes de -la Civilización_, pág. 314 (Ed. Madrid, 1888). - -[228] Adán Quiroga, _Excursiones por Pomán y Tinogasta_, § II (Bolet. -del Instit. Geográf. Argentino, tom. XVII, 1897). - -[229] Techo (_Hist. de la Provincia del Paraguay_, tom. V, cap. -XI, pág. 41), parece aludir á esta clase de enterratorios, cuando, -á propósito de los indios del valle de Londres, escribe que «no -enterraban los cadáveres, sino que los colocaban encima de la tierra en -un sarcófago alto.» - -[230] Este fragmento de urna forma parte en la actualidad de la -colección del Instituto Geográfico. - -[231] Rialle (_Myth. Comparée_, cap. VI, pág. 98), escribiendo sobre -el fetiquismo en la naturaleza animada, manifiesta que «los Shawnis -decían que el _roulement_ del rayo no es otra cosa que _le sifflement_ -de la gran serpiente», por lo cual hay lugar á creer, según él, que el -sol era representado bajo la forma de una serpiente enroscada sobre sí -misma. - -[232] _Myths of the New World_, cap. IV, pág. 125. - -[233] Véanse sobre estos temas á Brinton cit., cap. IV, págs. 120 y -sigtes, y á Rialle, _Mith. Comp_. que le sigue, cap. VI, págs. 75 y -sigtes. - -[234] Los interesantísimos datos de _Folk-lore_ que el Señor -Daniel Granada consigna sobre el Avestruz en el Río de la Plata, y -especialmente sobre el _Avestruz de fuego_, confirman doblemente -nuestras creencias al respecto (_Reseña Histórico Descriptiva de -Antiguas_ y _Modernas Supersticiones del Río de le Plata_, págs. 122, -167 y 133-1896). - -[235] _Juríes_, quiere decir _xuríes_ ó _suris_, avestruces. Fernández -de Oviedo y Valdés dá esta interpretación (_Historia de Indias_, lib. -XLVII, cap. III), cuando escribe: «Son tan ligeros, que los indios -comarcanos los llaman por propio nombre _juríes_, que quiere decir -avestruces.»—Véase Lafone Quevedo, _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb. -_Juríes_. - -[236] _Londres y Catamarca_, cap. XXIX, pág. 257. - -[237] _Londres y Catamarca_, cap. XXVIII, págs. 249 á 251. - -[238] _Memorias_, cap. XIV (Ed. Madrid, 1882),—_Chi_, es «cosa parada»; -_qui_, partícula que significa ambigüedad; luego _chiqui_, dice: cosa -_doble_, llena de _falsía_ (Véase Adán Quiroga, _Folk-lore Calchaquí_, -Bolet. del Inst. Geográf. Argentino, tom. XVIII. págs. 5 á 12). - -[239] Fragmento del canto al Chiqui, tal como hoy se repite, mezcla de -castellano y quichua. - -[240] Cábenos la satisfacción de manifestar que, consultada á Lafone -Quevedo esta interpretación nuestra, después que fijamos el valor -simbólico del Ave-Suri, este distinguido americanista adhiere á ella. - -[241] Briton, op. cit., cap. V, pág. 152. - -[242] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc. - -[243] _Hist. del Tuc._ etc., pág. 33. - -[244] _Hist. de la Prov. del Paraguay_, tom. II, cap. XXIII, pág. 397. - -[245] En numerosos petroglyfos aparecen grabadas patas de suri, cuya -significación hasta hoy no se ha explicado (Véase cap. VIII). - -Después de lo escrito, es claro que las rocas que tales grabados -contienen, son dedicadas al culto á la Lluvia, invocándose á las Nubes -de la Tormenta. - -[246] Un ejemplo interesantísimo es el de los 4 Bacabs, antes citados, -4 dioses mayores, representados por los 4 Canobos, ó _vasijas de -arriba_, llamadas columnas del Cielo (Brasseur de Bourbourg, cit. por -Lafone Quevedo en su _Culto de Tonapa_, XVII, pág. 56). - -[247] Op. cit., cap. V, pág. 152. - -[248] _Comentarios Reales_, lib. II, cap. XXVIII. - -[249] Según Lucien Biart (_Les Aztéques_, pág. 70) «Tláloc creó muchos -pequeños ministros, encargados de ejecutar sus órdenes. Munidos de un -ánfora y armados de un bastón, estos pigmeos portaban el agua donde -el dios lo mandaba, y la derramaban en lluvia. El trueno se hacía oir -cuando uno de ellos quebraba el ánfora, y el rayo que hería á los -hombres no era sinó un fragmento del vaso roto.» La leyenda azteca -concuerda en parte con la peruana. - -[250] Brinton, cap. V, págs. 186 y 187 y Rialle, cap. VI, pág. 259. He -aquí las respectivas traducciones: - - DE BRINTON DE RIALLE - - Beauteous princess, Belle princesse, - Lo, thy brother Ton frére - Breaks thy vessel Brise ton urne - Now in fragments. En morceaux. - From the blow come De ce coup - Thunder, lightning, Provient le tonnerre - Strokes of lightning. Et les éclairs; - And thou, princess, Et toi, princesse, - Tak’st the water, Versant tes eaux, - With it rainest, Tu fais pleuvoir. - And the hail, or Tu fais tomber - Snow dispensest, La gréle et la neige. - Viracocha, Le créateur du monde - World constructor, Le vivificateur du monde, - World enliv’ner, Viracocha, - To this office T’a donné la vie. - Thee appointed, - Thee created. - -[251] Compárense estas cruces con las peruanas de la Fig. 9, cap. III. - -[252] _Pata_, andén agrícola (Véase la lámina del Yamqui Pachacuti). - -[253] Otro ejemplar precioso con cruces, que sintetizan en estos -emblemas los demás símbolos de la alfarería funeraria, es la urna de -San Fernando (Belén), que encontramos en nuestra reciente expedición -arqueológica, y que ofrecemos. - -[Ilustración: Urna de San Fernando (Catamarca).] - -Tan bella como típica alfarería, de 0.34 m. de alto, lleva dos -artísticas cruces en su sección ventral, semejantes á la del huaquero -cruciforme de Jiménez de la Espada, ofrecido en el cap. III. - -Estas cruces, de color encarnado sobre fondo rojo oscuro, no están -grabadas ni pintadas en la urna, sinó que se destacan en relieve, lo -que contribuye á hacer más artístico el conjunto cruciforme. Las dos -bellas cruces, cada una con su Toco al centro, están ligadas por un -detalle lateral común, y miden 0.12 m. de alto. - - - - -CAPÍTULO VII - -LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS - -EN LOS FETICHES Y AMULETOS - - - _El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan - los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques, - Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz - en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de - Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué - sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de - Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica - de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas - de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos - totémicos—Figuraciones antropo-atmosféricas—Una - cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos - totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz sobre los - escudos calchaquíes—Cruces y emblemas cruciformes en - los Caylles—Caylla Huiracocha—Amuletos con Cruz._ - -Después de haber presentado en el capítulo anterior numerosos -ejemplares de urnas y vasos votivos con el símbolo cruciforme, el -lector, recorriendo las páginas del presente, notará el contraste -producido por la escasez relativa del material iconográfico al tratarse -de los ídolos con cruces. La falta de láminas de fetiches é imágenes -antropomorfas con el símbolo que estudiamos, no es una omisión nuestra, -sino del artista calchaquí, el que, con manifiesta intención, ha -eliminado la Cruz en todas las figuraciones é imágenes que no tengan -por objeto el culto del agua ó de alguno de los fenómenos atmosféricos; -prueba negativa, trascendental por cierto, del valor mitológico de la -Cruz como símbolo acuático. - -Hemos recorrido minuciosamente el rico material de las colecciones -particulares y de nuestros Museos, en busca de figuras con el -símbolo, y hemos llegado á la conclusión de que éste no aparece -grabado ó pintado en los fetiches, tan abundantes en Calchaquí, que -su era fetiquista ha dejado con ellos recuerdos imperecederos. Este -hecho nos demuestra que el signo que nos ocupa no parece sinó una -concepción sugerida en pleno dominio del politeismo, cuando se impuso -la heliolatría sobre el culto de las cosas inanimadas, y cuando -los grandes y variados fenómenos de la atmósfera fueron dotados de -espíritu y de voluntad supremos, después que los hombres de esa segunda -generación en el progreso de la civilización humana, de que habla -Lubbock[254], alzaran las manos al cielo é invocaran y clamaran al -Sol[255]. - -No podemos decir otro tanto de la era en que ya hizo su aparición el -antropomorfismo, manifestación politeista de las razas; porque si bien -es verdad que tampoco los dioses antropomorfos generalmente ostentan la -insignia de la Cruz, ella parece, sin embargo, como una combinación -emblemática en las figuraciones humanas de las divinidades acuáticas ó -atmosféricas, con una repetición demasiado insinuante para atraer sobre -las mismas la investigación arqueológica. - -Dado el papel que los dioses lares y penates nativos desempeñaban -en el culto de los hogares calchaquíes, natural parece que no se -presentaran adornados con la insignia cruciforme, toda vez que ellos se -limitaban á ser guardianes de cada individualidad, amparándoles contra -cualquier daño que pudiera sobrevenirle, por lo que cada cual labraba -á su modo la imagen de su dios, atribuyéndole á su antojo determinada -virtud. En vano, entonces, han de buscarse cruces en los rostros del -_Caclla_ ó «dios-mejilla»[256]; ni en la cara ó pechos del _Guasimáyoc_ -ó «dueño de casa»[257]; del _Guauque_ ó «ídolo de cada persona, -que le representa»[258]; del _Pururauca_ ó «dios de todo género y -especie»[259]; ó, finalmente, del _Canopa_ ó «dios del individuo»[260]; -pues propiamente hablando, todos estos ídolos personales, de cualquier -clase que fuesen, no simbolizaban una súplica, sinó que constituían un -amuleto. - -Otra cosa sucede cuando tales representaciones, figuraciones ó ídolos -aparecen perfectamente vinculados con el culto al agua, ó, dejando de -figurar como guardianes de la persona, son objeto de una súplica, ó -sirven de intermediarios de una demanda de lluvia, como sucede, por -ejemplo, con los _Caylles_, ó dioses imágenes de las siembras, y, con -mayor razón con las vasijas ó vasos antropomorfos, ídolos ú objetos -sagrados de formas apropiadas para contener y guardar el líquido que -aplaca la sed de la familia y de la tribu. En tales casos, cruces -adornarán á estas imágenes ó cosas del culto; y nada de extraordinario -habría en su empleo por parte del artista, iniciado, como se -presentaría á nuestros ojos, en el secreto de la simbología, la que, -ahorrándole tiempo, daríale ocasión de ofrecer con toda su intención -el objeto sagrado, de tales ó cuales virtudes, á la adoración del -creyente; porque seguramente un símbolo herirá más su imaginación y -despertará mayormente su atención que su figuración aparente y real, -por las confusiones que puede traer, ó por las interpretaciones dudosas -á que puede prestarse. - -Pero antes de pasar adelante,—y en este punto tiene forzosamente -que ser deficiente el capítulo,—conviene observar que nuestras -afirmaciones respecto á la ausencia de la Cruz en los fetiches é ídolos -personales, no pueden tener el carácter de absolutas; porque si bien -es verdad que hasta hoy no se han encontrado figuraciones idolátricas -de tales especies con los signos cruciformes, pueden muy bien aparecer -mañana; pero en tal caso nos permitiríamos recomendar que se aplicasen -las facultades de observación arqueológica al objeto hallado con su -símbolo, á fin de establecer qué relaciones directas ó indirectas puede -tener la cosa figurada con el agua ó con el fenómeno de la lluvia. En -este sentido, no nos extrañaría, por ejemplo, que se nos presentaran -representaciones animales de patos ó de nutrias (que poseemos en -nuestra colección) con el símbolo de la Cruz, por la razón sencilla de -que aquellos viven en los ríos y en las lagunas, y éstas tienen sus -habitaciones en los esteros ó terrenos húmedos de las vertientes, ó -contiguas al agua. El caso excepcional del surifetiche es una prueba -de ello; lo mismo que el del sapofetiche, del que nos ocuparemos en el -capítulo subsiguiente, por los motivos dados respecto al primero, y -por ser el agua el medio en que vive el batracio, lo que se advierte -desde el primer momento, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo de -imaginación[261]. - -[Ilustración: Fig. 68. Idolo-tinaja (Col. Quiroga).] - -Los ejemplares de figuraciones antropomorfas que aparecen llevando la -Cruz, son indiscutiblemente acuáticos; es decir: que ellos son objeto -de un voto para que llueva; y, más propiamente que ídolos, deben -denominarse vasijas votivas antropomorfas, toda vez que al labrarles, -el indio se propuso, más que nada, ofrecernos un vaso ó una urna -para contener agua, sobre los cuales, es verdad, las figuraciones -idolátricas constituyen sus distintivos salientes. - -La Fig. 68, ó el Idolo-Tinaja de Amaycha, es el más notable de los -ejemplares que puede citarse; y, aunque un rostro humano con sus -facciones se destaca á la izquierda, saliendo de un cuerpo provisto -de brazos en relieve, el objeto, considerado en conjunto, no es -propiamente un ídolo, sino una urna sagrada antropomorfa, del mismo -estilo de las tinajas funerarias reproducidas en el capítulo anterior, -y cuyo empleo en el culto acuático de Calchaquí nos es perfectamente -conocido. - -La interesantísima figura idolátrica de la izquierda, de rostro pintado -con cuadros rojos alternados, en cuyas orejas aparecen figurados -artísticos moños hechos con las trenzas anudadas del cabello (el moño -esterior roto), lleva, en los lugares correspondientes á sus mamas, dos -cruces perfectas sobre campos artísticos amarillos. Sus manos portan -una flauta, con agujerillos para producir el sonido, por lo cual la -figura nos hace recordar la Doncella de la Flauta (_Flute maiden_) de -Estados Unidos. Las pinturas de rojo obscuro sobre el fondo amarillo -de la urna, son muy interesantes. Las del cuello del vaso consisten en -líneas quebradas paralelas: estas líneas quebradas, llenas de puntos, -son figuraciones simbólicas del rayo-serpiente, correspondiendo á gotas -de agua los puntos que las adornan. En los campos ventrales de la urna -aparece el adorno saliente de la guarda en espiral, arbolada á ambos -costados laterales. Esta espiral, como ya lo hemos dicho, es para -nosotros la figuración simbólica del trueno que ruge. - -Claramente podemos, entonces, difinir las relaciones íntimas de la -figura antropomorfa con el fenómeno de la lluvia, á la cual llamaría -aquella tocando su flauta, produciéndose el trueno, figurado en las -espirales, por la simpatía con el sonido del instrumento musical[262]. - -[Ilustración: Fig. 69. Idolo de Santa María. 1/2 tamaño natural. -(Colección Quiroga).] - -Es de advertir, para corroborar este último aserto, que poseemos en -nuestra colección un interesante ídolo de barro antropo-zoomorfo, -últimamente adquirido en Tinogasta, el que en aquel lugar es tenido por -«Dios de la Lluvia», el mismo que lleva abierto un agujerillo al centro -de su región craneal, soplando el cual (el ídolo es hueco) se producen -notas graves y agudas, con las que se llama al Trueno, fenómeno -meteorológico que, según el P. Techo[263], era, con el relámpago, -adorado por los calchaquíes como «divinidad menor.» - -Más directamente relacionado con este orden de ideas está el ídolo de -la Fig. 69, con anchas cruces negras al fondo de sus artísticos campos, -en los lugares correspondientes á las mamas. - -La fisonomía de este ídolo es funeraria. De sus ojos redondos y -salientes caen tres gruesas líneas negras,—sus lágrimas,—las que, por -otro fenómeno de simpatía, tenían por objeto, sin duda, hacer llorar á -las nubes, á las cuales se presentaría la figura lacrimosa, haciéndoles -_muna-muna_, para emplear una gráfica expresión nativa, como si se les -dijera:—«mirad como ésta siempre llora, y vosotras no podéis llorar -como ella.» - -El objeto es todo hueco, y de la parte ventral del mismo sale el -cuello del vaso, cuyos bordes son asidos por las manos en relieve de -la figura. No se trata nuevamente de un ídolo, propiamente hablando, -sinó de un vaso votivo acuático, de formas antropomorfas. Tanto la -gargantilla de su cuello, como la orla que contornea sus brazos en la -parte inferior, aparecen llenas de puntos, ó gotas de agua. - -Fijando bien la atención sobre esta vasija antropomorfa, veremos que -ella no es otra cosa que una nueva y curiosa reproducción de ese vaso -que sugetan las manos de la figura antropo-zoomorfa de las urnas -funerarias, tanto por sus formas, por salir de la parte ventral del -objeto, como por ser portado en las mismas condiciones. Se trata, -entonces, de una figuración antropomorfa del Trueno, ó más bien dicho: -de una reproducción antropomorfa del _Vaso del Trueno_. - -Las cruces, en el presente, pintadas sobre las mamas del vaso votivo, -no pueden causarnos extrañeza alguna: al contrario, ellas expresan -gráficamente la intención del artista: de referir el vaso al culto de -la Lluvia. - -Otro ejemplar interesante es el del pequeño vaso de Ambato, de barro -negro, perfectamente cocido, que dá formas á una singular figurilla -humana, cuyos miembros principales aparecen en relieve, y de cuya nariz -repártese simétricamente el cuerpo de una serpiente grabada que se -desarrolla en las mejillas del ídolo (Fig. 70). El ofidio en su rostro, -está indicando á las claras que se trata de una figuración de carácter -atmosférico, quizá la misma de la alfarería funeraria, mucho más cuando -ella hace de la vasija un vaso antropomorfo para contener líquidos. Un -detalle interesante es el de las manos abiertas, que parece llevar á la -boca, desmesuradamente abierta, indicando que la figura humana sufre -de sed, demandando agua al cielo, lo que se vé más claramente en dos -ejemplares de urnas de nuestra colección, en las cuales sus manijas -son un par de figurillas humanas, que se destacan en relieve, las que, -mirando al cielo, llevan las manos al labio inferior, abriendo las -bocas sedientas. - -[Ilustración: Fig. 70. Vaso antropomorfo de Ambato (Catamarca). -(Col. Quiroga).] - -[Ilustración: Fig. 70 _bis_. Grabado en la parte posterior del vaso.] - -A la parte posterior del vaso aparece grabado un curioso figurón -triforme y zoomorfo, constituido por un grupo único de dos Huayrapucas -de dobles cabezas y un sapo central bicéfalo. Las Huayrapucas -son figuraciones alusivas á la tormenta, y el sapo simboliza -agua fecundadora, por los ojos Imaymanas dobles de sus cabezas -cuadrangulares (Fig. 70 _bis_). - -Pues bien: una Cruz artística aparece distintamente grabada sobre -el dorso del batracio, cruz que nos hace recordar á la bellísima -maltesa[264] peruana, reproducida por Jiménez de la Espada, y de la que -dimos noticia en el capítulo III. - -En el presente, se ofrece un caso de símbolo cruciforme manifiestamente -intencionado, si se tiene en consideración cuanto hemos dejado apuntado. - -[Ilustración: Fig. 30 _bis_.] - -La Cruz, al centro del figurón triforme, sobre la superficie de un vaso -votivo acuático, es la gráfica expresión de que _lluvia_ se demanda, ó -de que el fenómeno atmosférico se ha producido ó está para producirse. - -No hay,—para citar un último ejemplar de vaso ó tinaja con el signo -cruciforme, para qué insistir sobre la trascendental importancia del -símbolo formado por cuatro cabezas de serpientes, en el caso de la ya -citada Lam. 30 _bis_, ó sea dentro del cuerpo cuadrangular de la figura -antropo-zoomorfa del grupo atmosférico de Capayán, Cruz ofídica que -reproducimos en detalle (Fig. 71 A.) - -[Ilustración: Fig. 71 A. Cruz simbólica de las serpientes (Capayán).] - -En ningún ejemplar como en este del grupo, el signo cruciforme puede -tener un valor más visiblemente típico de lluvia, si se considera el -dato notable de que cuatro serpientes dan lugar á la formación del -mismo; y sabido es que la idea de agua es inseparable de la figuración -ofídica, cualquiera que sea su forma, y cualquiera que sea la ocasión -en que tal figuración aparezca en la cerámica[265]. - -[Ilustración: Fig. 71 B. Disco de cobre de Lafone Quevedo (Catamarca).] - -La aparición de dobles cruces maltesas en las cabezas de los monstruos -dragones del famoso disco de Lafone Quevedo, que reproducimos en la -Fig. 71 B, se querrá tal vez citar como una escepción culminante á -la regla de la carencia del símbolo en los dioses personales; pero -no es así, porque el disco no puede clasificarse entre los lares y -penates. El grupo trinitario figurado con tanto arte en el mismo, no -es otra cosa que un nuevo é interesantísimo ejemplar antropo-zoomorfo -atmosférico constituido por la figura humana central, con su sol en la -cabeza, el copón ó vaso del trueno en su pecho, y por los dos monstruos -dragones ofídicos, de patas estrelladas, con los círculos fecundantes -sobre sus cuerpos, ó sean dos Huayrapucas ó figuraciones zoomorfas del -viento que trae la tormenta. Esta trinidad calchaquí es, pues, nada más -que la representación acuática por excelencia de ese Aticci Viracocha -del bajo relieve de Pashash y del dintel de la puerta monolítica de -Tiahuanaco[266]. Nada más lógico, entonces, que las dobles cruces en las -cabezas de las Huayrapucas, que traen las nubes y producen el fenómeno -de las lluvias tormentosas ó de la tempestad; y son, cabalmente, los -símbolos los que concluyen por caracterizar de una manera gráfica el -valor mítico de la simbólica figuración atmosférica que nos ocupa. - -Antes de pasar adelante, conviene resolver la cuestión de por qué los -ídolos llevan figuradas las cruces en sus pechos ó mamas, y por qué -tales cruces son griegas, ó de brazos de iguales dimensiones; pues -debemos recordar, á propósito de estos problemas arqueológicos, que -los suris con cruces en las urnas funerarias y las cruces en los -ídolos antes reproducidos, aparecen respectivamente en los lugares -correspondientes á las mamas de las figuras antropozoomorfas y -demás representaciones humanas; lo mismo que debemos dejar sentada -la antes insinuada observación de que los palos de las cruces son -invariablemente del mismo largo en tales figuraciones, es decir: que -los signos son griegos, y no latinos como el de nuestra Cruz cristiana. - -Las imágenes idolátricas, generalmente del género epiceno (_cay -huarmi cachun, cay cari cachun_), llevan la Cruz en los lugares -correspondientes á las mamas, en el sentido figurado de que ellas -derraman el agua ó el líquido vital que alimenta todas las cosas, pues -las mamas contienen la leche que nutre en la especie de los mamíferos -á las creaturas recién nacidas, humanas ó animales. La Cruz sobre las -mamas, expresa claramente la idea de que ellas son el continente del -elemento fecundante por excelencia. La diosa atmosférica de California -lleva el agua en sus pechos fecundos. Lo propio acontece con nuestras -divinidades de la tormenta, portando el símbolo acuático en los lugares -correspondientes á ambos pechos, sin necesidad de figurarlos, como -en algunos ejemplares de _zemes_ calchaquíes, que hemos atribuido, -sin afirmarlo definitivamente, á representaciones de _hapi-nuños_ -(_hapiy-nuños_), «fantasmas ó duendes que solían aparecer con _dos -tetas largas_, que podían asir de ellas», al decir de Fernández y -Holguín[267]. - -Que los cuatro palos de la Cruz sean de iguales dimensiones, ya se les -considere alusiones á los cuatro rumbos ó á los cuatro vientos, también -es perfectamente explicable, porque no hay rumbos ó vientos mayores ó -menores, cortos ó largos, toda vez que el indio, en donde quiera que -estuviese ubicado, creería encontrarse en el punto céntrico ó de origen -de un horizonte circular que limitaba la tierra, correspondiendo á los -cuatro vientos ó los cuatro rumbos los cuatro radios de ese círculo, -ó líneas de iguales dimensiones, que se cortaban perpendicularmente -entre sí, formando el signo de la Cruz, cuya intersección representa -exactamente al citado punto de ubicación ú origen. Un ejemplo notable -nos ofrece el nombre de la capital del imperio incaico, ó del _Cuzco_, -que significa _ombligo_; es decir: parte céntrica del cuerpo terrestre -ó punto de origen de los cuatro _suyos_[268]. - -El gran monolito esculpido de Tafí, que reprodujimos en el capítulo -III, habrá observado el lector que presenta cuatro interesantes -grabados cruciformes, con un círculo sencillo ó puntuado al centro de -cada uno de ellos, alternando con otros como _spectacles_, ó Imaymanas -unidos entre sí por una línea. Estas esculturas cruciformes sobre el -fálico menhir,—resto grandioso que prueba la obstinación fetiquista -de estas razas por un viejo culto litolátrico,—tienen la más sencilla -explicación. - -El monolito ó menhir esculpido en cuestión, es un gran fetiche, -_huaca_ ó _villca_, protector de los andenes ó pequeñas extensiones -labrados, cuya tierra está sostenida por alineamientos de pequeñas -piedras paradas, menhir que se levanta en medio de tales andenes. -Este monolito, como cualquier otro de su género, llámase _Mama-Zara_, -_Maíz-madre_ ó _Madre del Maíz_, nombres con los que es conocido hasta -hoy en Cafayate y otros pueblos de los valles. - -Una _Mamazara_, levantándose en medio de los andenes ó de las labranzas -(lo mismo que una _Huaza_ á la puerta ó bastidor del rastrajo -sembrado), protege á la sementera de maíz, la que prospera bajo su -patrocinio, evitando el gusano en la raíz, y preservándola de los -hielos, de la piedra, de los vientos ardorosos, de la langosta y de -otras plagas. Pero el fetiche de piedra, obrando por la acción propia -ó combinada con la del cielo, tiene la virtud especial de hacer llover -oportunamente sobre la siembra, atrayendo á las nubes; pues «entre -los calchaquíes, como escribe el presbítero Toscano (quien desempeñó -durante muchos años el curato de Cafayate y pueblos contiguos), -se llamaban _Mamasaras_ á unas piedras labradas y perfectamente -pulimentadas, que se colocaban en medio de las sementeras para que -tuvieran _agua_ oportuna y abundante, atribuyéndoles virtud especial -para producir _la lluvia_»[269]. - -En el fragmento de la lámina del Yamqui Pachacuti que ofrecimos en el -capítulo III (Fig. 21 bis), vemos simbólicamente representada en el -grupo astrolátrico C^2 á esta Mamazara, grupo que en el original (Fig. -21) lleva esta leyenda: «_Zaramama-chacana_ en general». Pues bien: -esta _Zaramama_ está figurada por cuatro grandes estrellas unidas entre -sí por dos líneas que se cortan formando _una Cruz_, como si la Cruz -misma fuera el emblema ó símbolo de tal «Madre del Maíz», y quién sabe -si la palabra _chacana_[270] de la leyenda no sea el nombre con que los -quichuas conocían al símbolo, al que en ciertas condiciones vimos que -llamaban _xaygua_. - -Estos breves y muy interesantes antecedentes, sirven para explicar -con cuánta razón el indio de Tafí esculpió cuatro artísticos signos -cruciformes en la Mamazara monolítica, protectora de las siembras, -sobre las cuales hace caer _lluvias_ oportunas, la misma que tiene su -representación simbólica en la carta sagrada de la heliolatría quichua, -por la acción del sol y de los astros sobre los elementos, cuando el -culto al astro del día se sobrepuso al del viejo Aticci Viracocha del -panteón de Tiahuanaco. - -Fijemos, finalmente, la atención en lo interesante de los signos -cruciformes de la Mamazara de Tafí, con su círculo simple ó con punto -respectivo en el lugar correspondiente á la intersección de los brazos, -círculo que vale por «germen vital, _yema_ ó _brote_», y que expresa -de una manera acabada y concluyente la idea de una lluvia oportuna -haciendo brotar, crecer y fructificar la mies preciada del indio. - -Otro dato interesantísimo de _Folk-lore_ conviene apuntar con este -motivo. - -Nos referimos al hecho de colocarse por los naturales piedras paradas -protectoras, que llaman á la lluvia, en cualquiera eminencia, en -toda la extensión del valle de Santa María ó de Yocavil. Hoy, en vez -de piedras, se colocan de pie cruces cristianas sobre las colinas y -los morros de los cerros, cruces protectoras que pueden contarse por -centenares. Ahora, preguntamos: ¿la sustitución cristiana de las cruces -á los menhires nativos, no es obra de una de esas raras coincidencias -ó puntos de contacto de creencia y creencia, mediante los cuales -el símbolo cristiano de la Cruz hace las veces del símbolo pagano, -adquiriendo en tal caso una doble virtud protectora, como conjuro de -la piedra y del granizo, y como un singular amuleto propiciatorio de -las lluvias?—Nosotros, no nos limitamos á sospecharlo, sinó que casi -nos atrevemos á establecerlo en sentido afirmativo. Si así fuere, esta -prueba del valor de la Cruz como símbolo acuático calchaquí, no solo no -admitiría réplica, sinó que sería decisiva y trascendental[271]. - -En nuestra reciente expedición á los valles de Londres, hemos podido -observar en el pueblo de Colpes (Pomán) trojes ó pirhuas con cruces. -Las pirhuas de formas fálicas, levantadas sobre un bastidor de cuatro -horcones, que guardan la preciada algarroba, remataban en un penacho de -_aibe_ ó pasto de campo; y de en medio de este penacho salía una Cruz -de madera. Esta Cruz, según pudimos informarnos, á la vez que guardián -del producto de los tacuiles, propiciaba para el año venidero una -abundante cosecha de algarroba. Para que tal cosecha fuera abundante, -es claro que habría necesidad de que lloviese. La Cruz de las -pirhuas, en buenos términos, equivalía á un amuleto de las lluvias, -confundiéndose en el espíritu del indio actual el valor cristiano con -el valor nativo del símbolo. - -Sobre la despensa de un grupo de ranchos de Bisbis, camino de Hualfín -á Andalgalá, otra Cruz de madera habíase colocado. Los indios de la -casa negáronse por completo á explicarnos que significaba aquella Cruz -sobre el rancho en el cual se depositaban los granos, la algarroba -y el charqui. Esto mismo hízonos comprender que se trataba de una -superstición nativa; y que la Cruz en el caso actual desempeñaría el -mismo papel que la de la pirhua de Colpes. - -[Ilustración: Fig. 72 Molinos (Salta). Tam. nat.] - -En dos ejemplares de figuras dobles, andróginos, ó con representaciones -masculinas y femeninas (_cay huarmi cachun, cay cari cachun_), ó si se -quiere _huacanquis_ ó _Cayam-Carumi_, huacas de los amores, que por el -hechizo del _Tincuc_ forzaban el libre albedrío[272], aparecen hermosas -cruces griegas, en una forma y colocación llamativas. - -El Huacanqui de la Fig. 72, de la colección Zavaleta, es uno de los -ejemplares interesantes. - -Sobre una lámina de hueso (el material suele ser piedra blanca ó -negra), y dentro de dos secciones rectangulares iguales, aparecen dos -figurillas humanas, de esas que, al decir de Montesinos[273], «hacen -apariencia de dos personas que se abrazan». La de la izquierda está -muy borrada, á causa del desgaste natural del material óseo, pues -posiblemente el amuleto era objeto de contínuos frotamientos; en -cambio, la de la derecha aparece perfectamente con todos sus detalles: -esta figurilla es femenina por el triangulillo correspondiente á su -vulva, como en el caso de la inferior de un amuleto de Tinogasta[274]. - -La figurilla anterior que nos ocupa, de brazos y piernas doblados, -unos y otros miembros con tres dedos, presenta un cuerpo geométrico -cuadrangular, como en el caso de la representación de la Fig. 30 _bis_; -al centro de este cuadrado, y en la parte correspondiente á la mitad -del pecho, cuatro triangulillos, ó cuatro emblemas fálicos femeninos, -simétricamente distribuidos, forman una interesante Cruz simbólica. - -En el andrógino de piedra negra, reproducido en la nota, y á su parte -posterior, en el punto mismo en que las figurillas humanas (varón y -mujer) juntan sus pies, aparece esculpida, como se vé en el detalle -de la derecha, una artística Cruz, á los estremos de cuyos palos -superior é inferior se han calado dos morterillos de boca perfectamente -circular: en estos morterillos, y sobre esta Cruz, ofreceríanse, sin -duda, las ofrendas propiciatorias, siendo el mortero con su mano -otro objeto fálico emblemático, que vimos aparecer en el _Huampar_ -incaico.[275]. - -Ahora bien: ¿qué motivos pueden haber decidido al artista indio á -grabar cruces en estos huacanquis ó amuletos «para rendir por el amor -el libre albedrío»? - -Dos, sin duda: el primero, que el amuleto se consagra al acto carnal -de la fecundación y de la reproducción de la especie; el segundo, que -estos amuletos, por lo mismo que se refieren á la procreación, tienen -un origen atmosférico, como la lluvia fecundante y reproductora, pues -de la propia manera que los meteoritos son lanzados sobre la tierra por -los dioses de la tormenta, estos amuletos son arrojados por el rayo -que cae, desprendido con estruendo de las nubes, de modo que también -son _illas_, ó preciados talismanes de _Illapa_; pues, al decir de -Montesinos, á estos preciados amuletos de maleficio amatorio, ídolos ó -huacas de los amores, «fingen los hechiceros que los hallan cuando _el -relámpago se despide de la nube con gran trueno, y cae el rayo_, y -donde cae los encuentran ...»[276]. El hecho mismo de guardarse al -idolillo en una cesta llena de _plumas de colores_ (dato que también -consigna Montesinos, como se lee en la nota), prueba su origen -atmosférico, pues las plumas recuerdan al pájaro de la tormenta, y sus -colores los del iris ó _chuychu_ formado en las nubes. - -Sobre los escudos calchaquíes con que se cubren figuras humanas -labradas en cobre, pintadas en las tinajas, en las rocas, ó grabadas -en los petroglyfos, suelen aparecer signos y figuras simbólicas, -animales y geométricas muy curiosos, que aún no han sido estudiados, -siendo notables en tal sentido los escudos que portan los reales -personajes de la Gruta de Carahuasi (Salta)[277]. Nosotros atribuimos -á representaciones _totémicas_ tales figuraciones, siendo ellas, sin -duda, emblemas ó insignias de los personajes que portan los escudos, -ó de sus familias, de sus tribus y de sus pueblos. Es de advertir que -cuando los personajes no llevan escudos, suelen tener pintados sobre -su pecho los referidos tótem[278]. Que familias de indios tucumanos han -adoptado su distintivo entre los de su raza, convirtiéndolo en apellido -común, tomado de nombres de héroes, de animales ó de cosas animadas -ó inanimadas,—resulta indiscutible cuando se recorren los padrones -que los españoles levantaran en el período de la colonia, censando á -la población nativa[279]; y así, indios hay que llevan los siguientes -apellidos: Atagualpa (Yumansuma, 1699), Inca (Chicligasta, 1721), Inga -(Colalao, 1699), Colla (San Miguel, 1771), Illapa (Chuchagasta, 1699), -Vilca (Tolombón, 1699), Pisco (Colalao, 1699), Surita (Marapa, 1721), -Chilca (Choromoros, 1771), Patay (Tafí, 1699), Chuncha, Chicha, Choclo, -Sapaca, Guasca, Coca (Colalao, 1699), etc., etc. - -[Ilustración: Fig. 53.] - -[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.] - -Sobre los escudos de Carahuasi pueden verse reproducidos espirales, -meandros, animales y otras figuras simbólicas, una de ellas cruciforme. - -[Ilustración: Fig. 58 San José. Col. Max. Schmidt.] - -[Ilustración: Fig. 59 Loma Rica. Catamarca.] - -En el capítulo anterior hemos tenido ocasión de reproducir, para -no abundar en ejemplos, figurillas humanas sobre cuyos pechos se -ven pintados símbolos diversos: dos suris, de cuerpo de dobles -triángulos en la Fig. 53; un suri y una serpiente, respectivamente, -en las figurillas del cuerpo de la urna 56; un suri y meandros de la -fecundación ó de la cópula sobre el escudo superior de la derecha en -la urna 58; dobles serpientes rayos, formados por quebradas paralelas -llenas de puntos, sobre los escudos de las figurillas de la urna 59; -dos suris sobre el escudo de la representación de la urna 63, etc. -Estas figurillas humanas, reproducidas en el lugar correspondiente al -rostro de la imagen antropo-zoomorfa de las urnas, son seguramente -representaciones _antropo-atmosféricas_, que llevan como distintivo -totémico símbolos que representan á las nubes, al rayo y á la lluvia -fecundadora; más bien dicho: son habitantes del pueblo de las nubes, -tales como aparecen hombres y mujeres en la lámina de los Sias (Cap. V). - -[Ilustración: Fig. 63 Urna de Santa María vista de lado.] - -Bien, pues: la Cruz suele también, en casos escepcionales, figurar como -insignia sagrada ó tótem en tales representaciones. - -La Cruz, no sólo aparece como símbolo del culto, según escribe -Schoolcraft[280], sinó que suele ser venerada y tenida como signo -distintivo, quizá religioso, en los sepulcros y amuletos, ó como -emblema ó _tótem_ de las tribus y familias, apareciendo en este último -carácter en la biografía de Wingemund, jefe de los Delawares, cuya -artística Cruz totémica reproduce el autor. - -Posiblemente igual cosa sucedía en Calchaquí, pues que la Cruz aparece -sobre el escudo ó pecho de las figuraciones á que antes nos hemos -referido, lo que indudablemente determina el carácter atmosférico ó -acuático de las mismas. - -La figurilla á la izquierda del cuello de la urna 58, por ejemplo, -lleva en sus vestidos distintivamente pintada la Cruz, de negro sobre -fondo amarillo. - -En la Fig. 73 reproducimos un interesante detalle de un complicado -petroglyfo de Andaguala, que tomamos en nuestra penúltima expedición á -los valles calchaquíes. La escritura total y profusa de la roca es -ideográfica, viéndose esculpidos canales y fuentes de agua, de modo -que indiscutiblemente se trata de una piedra sagrada votiva para -propiciar á la lluvia, que en los áridos y secos valles alimenta -estanques y canales. La Cruz sobre el escudo, en el detalle reproducido -del petroglyfo, es el complemento simbólico de la escritura sagrada, -expresando claramente un anhelo de lluvia. - -[Ilustración: Fig. 73. Escudo con Cruz en un petroglyfo de Andaguala.] - -[Ilustración: Fig. 74 1/5 Tamaño natural Cachi.—Colección Zavaleta.] - -Ahora reproduzcamos las figuras humanas gemelas con dobles signos -cruciformes, que sobre la superficie de un gran disco de cobre de Cachi -(Salta), aparecen sobresalir de relieve (Fig. 74). Este disco ha sido -descrito por el americanista Ambrosetti, en un trabajo suyo de alguna -importancia, titulado «Placas pectorales y Discos de Bronce»[281]. «De -los discos de bronce, escribe, es el mejor que conozco: tiene unos -26 centímetros de diámetro. Su interior está ocupado por dos figuras -humanas con largos trages que presentan la forma de escudos (lo que -luego sostiene), recortados á cada lado en su parte media, y con -las aspas superiores muy largas ... Sobre estos escudos (como los de -Carahuasi) vemos siempre dibujos que bien pudieron ó ser _totems_ -de tribus ó distintivos personales de cada jefe. En el disco que -nos ocupa, las cruces parecidas á las maltesas son casi exclusivas -en los escudos; en uno de ellos hay dos dispuestas en sentido -vertical, y en el otro las mismas dos, diagonalmente, de izquierda -á derecha, hallándose interceptadas por un doble zig-zag combinado, -que baja en la diagonal contraria. De los personajes que llevan los -escudos, no aparece más que parte de las piernas con indicación de -los pies, marchando ambos hacia la derecha. Sus caras están trazadas -sencillamente. La cabeza adornada con una diadema (como me parece -haberlo demostrado en el cap. XIV, figuras 96 y 97) y debajo de estas, -dos triangulillos indicarían grandes aros.» - -Ambrosetti no aserto á clasificar esta y demás imágenes humanas -idolátricas labradas, sobre láminas, discos y planchas de cobre y -bronce. - -Estos dioses-imagen se dominaban _Caylles_, y eran protectores de las -sementeras, como las varitas emplumadas de que hemos tratado en otra -ocasión. - -Lafone Quevedo, por su parte, insinuó esta clasificación[282]. - -Fúndase ella en la siguiente, interesante noticia de Lozano[283]: «A -otros ídolos que llamaban _Caylle_ (veneraban los Calchaquíes), _cuyas -imágenes labradas en láminas de cobre_ traían consigo, y eran las -joyas de su mayor aprecio; y así dichas láminas, _como las varitas -emplumadas_, las ponían con grandes supersticiones en sus casas, en -sus _sementeras_, y sus Pueblos, creyendo firmemente que con estos -instrumentos vinculaban á aquellos sitios la felicidad, sobre que -decían notables desvaríos, y que era imposible se acercase por allí la -piedra, la langosta, la epidemia ni otra alguna cosa que les pudiese -dañar.» - -Estos _Caylles_ vemos, por la cita de Lozano, que son protectores de -las sementeras, pareciendo, en términos generales, poseer las misma -virtudes que las Mamazaras y Huazas, de que antes nos ocupamos. Son, -por tanto, las láminas, discos y planchas que los contienen labrados, -amuletos propiciatorios de la _lluvia_; y de la oración del Padre -Molina[284] resulta que _Caylle_, varón ó hembra, es un nombre ó -atributo del Viracocha _acuático_, sinónimo de Imaymana, ese gran -«hacedero de todas las cosas.» La oración de Molina, dice: - - Aticci Viracochan, CAYLLA _Viracochan_[285] - tocapu acnupu Viracochan, camac - Churac cari cachuy uarmicachun - nispa llutac, etc. - -Este Caylla Viracochan aparece comprobado en el disco de Lafone Quevedo -(Fig. 71 B), cuya figura central es un _Huiracocha_ y un _Caylla_, -puesto que es una imagen labrada en una lámina de cobre. - -El _Caylle_ ó _Caylla_ es, pues, un dios de la lluvia, protector -de las cosechas; y para que no abriguemos duda alguna al respecto, -reproduzcamos la placa con Caille de la Figura 75. - -[Ilustración: Fig. 75. Cachi (Salta) 1/2 tam. nat.] - -En esta interesante lámina vemos al dios-imagen, cuya cabeza sobresale -de la placa, con su cuello largo, luciendo un collar de tres vueltas; -de sus hombros á la cintura, el cuerpo aparece cortado por dos líneas -en forma de X, ó cruz decussata; en el vientre abultado, dos líneas -transversales forman distintamente _una Cruz_, con ojos Imaymanas en -triángulo entre sus brazos; en el espacio inferior, un arco de óvalo, -dividido por una línea, indica el órgano genital femenino del ídolo. Lo -más curioso son sus largos brazos doblados, en actitud de adoración, -desprendidos de sus hombros, terminados aquellos en manos que portan, -cada una, _gajos de árbol_ al parecer, cuyas ramas concluyen en -circulillos, que deben ser _frutas_. Se trata quizá de plantas de maíz -ó _Zara_, lo que es indiferente á nuestro propósito, pues lo único -que nos interesa es dejar establecido que ha querido reproducirse un -_vegetal_, para demostrar acabadamente que el dios-imagen es protector -de la agricultura, al mismo que se invoca en el acto propiciatorio á la -Madre Tierra para que llueva, para que lo sembrado fructifique, para -que no caiga piedra, ni sobrevengan heladas; ó como dice el calchaquí: - - Amata inapa - Suceda angacho: - Adyita pococho, - Amataj casacho: - Kusiya ¡Kusiya! - -[Ilustración: Fig. 76. 1/5 tam. nat. Col. Zavaleta.] - -Nada más natural, entonces, que estos Caylles, ó dioses propiciatorios -de las buenas cosechas, lleven labradas en sus cuerpos las insignias -cruciformes atmosféricas, quedando así establecido una vez más que la -_Cruz_ es símbolo de _lluvia_. - -Observemos, finalmente, que cuando los rostros ó representaciones de -Caylles son sencillos y varios, aparecen distribuidos _en Cruz_ sobre -el disco, como en el caso de la Fig. 76; lo mismo en el de la Fig. 77, -en la que se ven las dos de las caras laterales sustituidas por dos -serpientes-rayos. Esto demuestra nuevamente su equivalencia atmosférica; -las caras superior é inferior van adornadas con esas espirales del -trueno ó del ruido que produce, lo que también es revelador[286]. - -[Ilustración: Fig. 77. 1/3 tamaño natural Col. Museo Nacional.] - -[Ilustración: Fig. 78. Amuleto de las Cruces (Col. Zavaleta).] - -Cerremos este capítulo manifestando que en nuestra colección poseemos -dos pequeños y curiosos amuletos de piedra, muy semejantes el uno al -otro, por lo que solo reproducimos el de la Fig. 78, ambos con la -insignia cruciforme doble al centro del talismán. - -Estos amuletos, con sus agujerillos respectivos para ser colgados al -cuello, tendrían, sin duda alguna, la virtud de hacer llover. - - -NOTAS: - -[254] John Lubbock, _Orígenes de la Civilización_, pág. 178. - -[255] G. de Mortillet (_Le Signe de la Croix_, cap. III, pág. 96), -tratando del cementerio de Villanova hacía notar que la Cruz, tan -abundante en los cilindros de dos cabezas, parece disminuir con la -aparición de representaciones de objetos orgánicos (Véanse sus Figs. 44 -á 47). - -[256] Adán Quiroga, _Cacllas_ y _Caylles_ (1899)—J. Toscano, _La Región -Calchaquina_, pág. 74. - -[257] Toscano, cit., pág. 73. - -[258] Bernabé Cobo, _Historia del Nuevo Mundo_, tom. III, págs. 336 y -339; _Relación_ del Yamqui Pachacuti, págs 155 y 156. - -[259] Cobo cit., págs. 334, 335 y 346, tom. III. - -[260] Adán Quiroga, _Canopas_ (1899)—Toscano cit., pág. 73. - -[261] En el Viejo Continente la Cruz es más frecuente en la época de -bronce, disminuyendo en cuanto comienzan á aparecer las figuraciones -orgánicas. Hablando Mortillet del cementerio de Villanova, escribe: -«Hecho curioso á constatar: la Cruz parece disminuir con la aparición -de representaciones de objetos orgánicos. En Villanova, donde se vé ya -serpientes, gansos y pequeños _bonshommes_, ella parece menos frecuente -que en la época de bronce, en la que no existe la menor representación -orgánica, aún vegetal. En la necrópolis de Marzabotto los dibujos -etruscos y los ídolos la han reemplazado casi completamente» (_Le Signe -de la Croix_, cap. II, págs. 96 y 97). - -[262] Es curioso que los marineros ingleses acostumbran llamar el -viento, silvando, cuando reina la calma en el mar. - -[263] _Hist. de la Provincia del Paraguay_, lib. III, cap. XXII, tom. -II, pág. 398. - -[264] Entre los indios moki la Cruz maltesa ✚ es el emblema de una -virgen, y significa la virginidad (_Annual Report_, etc., 1888-89, -_Picture writing of the American Indian_, y Garrick Mallery, The Cross, -cap. XX, pág. 729). - -[265] Véanse _El Símbolo de la Serpiente en la Alfarería funeraria_, de -J. B. Ambrosetti, y _The Serpent Symbol in America_, de E. G. Squier, -etc. - -[266] Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 702 y 703. - -[Ilustración: Dios-Sol de Wiener] - -En el Dios-Sol, llamado así por este autor, que reproducimos, vénse los -monstruos dragones ó Huayrapucas del disco de Lafone Quevedo, rodeando -la cara circular de Aticci. Estos monstruos son cuatro, y claro es que -representan los cuatro vientos. - -[267] Fernández y Holguín, _Dicc._, verb. _hapiyñuños_—Véanse Adán -Quiroga, _Supay, Mikilo y los Hapiyñuños_ (Revista de Der. Hist. -y Letras), tom. I, págs. 122 y sigtes., Buenos Aires, 1898; _Tres -Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág 232 y sigtes. (M. J. de la -E., Madrid 1879). - -[268] Entre los Dakotas la Cruz griega representa los cuatro vientos -que provienen de las cuatro cavernas, en las que el alma de los hombres -existía antes de su encarnación en el cuerpo humano (_Annual Report_, -Op. cit., _The Cross_, pág. 724). - -La Cruz _latina_, era y es usada por los mismos Dakotas en la pintura, -y significa, tanto en pictografía como en la figuración de los signos -del movimiento, el _mosquito-hawk_ (halcón de los mosquitos), llamado -generalmente _dragon fly_ (alguacil)—Op. y lug. cit., pág. 725. - -Estos alguaciles vimos figurados en la Plancha XXXV del capítulo V, -nota; y efectivamente que una Cruz latina figura su largo cuerpo, -del cual salen para arriba y para abajo sus aletas. No olvidemos la -relación entre los alguaciles y el agua. - -[269] _La Región Calchaquina_, cap. VII. pág. 73 (Buenos Aires, 1898). - -[270] _Chacatasca_, crucificado. Esta palabra encierra una raíz _chaca_. - -[271] Véase Adán Quiroga, _Mamazaras y Huazas_ (1900). - -[272] Montesinos, _Memorias Antiguas Historiales del Perú_, pág. 211 -(Publicadas por el Dr. V. F. López en la «Rev. de Buenos Aires», tom. -XXII)—Véase nuestro artículo _El Tincunacu_ («La Provincia», Tucumán, -Setiembre de 1898). - -[273] Op. y lug. cits. - -[274] El amuleto es el siguiente: - -[Ilustration: Andrógino de Tinogasta.] - -[275] Adán Quiroga, _El culto fetiquista de Mortero_ (1897)—Lafone -Quevedo, _Culto de Tonapa_, pág. 15. - -[276] Montesinos cit., quien agrega: «Nombran á estos ídolos _Huacanqui -ó Cayam Carumi_; véndence en mucho precio, y el uso de ellos dura hasta -hoy entre las mujeres; intrúyenlas el enemigo común en que ayunen las -lunas nuevas, que se abstengan de conversación con varón por tres días -y así serán amadas. Ponen al ídolo en una canastilla adornada de plumas -de varios colores, y algunas yerbas olorosas, échanle harina de maíz -que renueva todos los meses, y con la que quitan supersticiosamente se -limpian el rostro haciendo varias ceremonias.» - -Ambrosetti (_Notas de Arqueolog. Calchaquí_, IV, págs. 33 á 37), ha -escrito párrafos interesantes sobre estos Huacanquis. - -[277] Véase Ambrosetti, _Las grutas Pintadas y los Petroglyfos de la -Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Arg.—Buenos Aires). - -[278] Sobre clasificación de totemismo y fetichismo, véase el -interesante capítulo de John Lubbock (_Orígenes de la Civilización_) -pág. 178 (Madrid, 1888). - -[279] _Empadronamientos_, Legajo 14 (Archivo de Tucumán). - -[280] Schoolcraft, _Indian Tribes_, lib. II, cap. III, pág. 91. - -[281] _Notas de Arqueología Calchaquí_, § VII, págs. 136 á 138. - -[282] _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb. CAILLE (Buenos Aires, 1898), -sobre el que escribe: «Ídolos de los indios Calchaquinos». Eran, según -el Padre Lozano, «imágenes labradas en láminas de cobre», que traían -consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, etc. De estas láminas, -existen varias, y una de ellas de singular valor artístisco. Caille es -voz del Cacan, porque la usaban los Calchaquinos. (págs. 61 y 62). - -[283] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc. - -[284] Markham, _Rites and Laws of the Incas_, pág. 33. Lafone Quevedo, -_Los ojos de Imaymana_, etc., pág. 452, Bolet. del Inst. Geográf. -Argent., tom. XX, Núms. 7 á 12. - -[285] Aquí _Caylla_ sustituye á Imaymana, pues como dice Lafone Quevedo -en el lugar apuntado en la nota anterior, «por eliminación llegamos á -saber que el Dios _Imaymana_ llamábase también _Cailla_». - -[286] La Cruz, como observa Mortillet, no solo aparece en el viejo -mundo dibujada por líneas que se cortan, sino de diferentes maneras, -como por cuatro ó cinco círculos convenientemente distribuidos, como en -los ejemplares de los cilindros de Villanova, figuras 95 y 96,—lo cual -no puede ser efecto de la casualidad, pues que se ha tenido intención -formal de figurar la Cruz. Ciertas monedas de Raimundo de Turena nos -muestran una Cruz compuesta de una O gótica al centro y cuatro anillos -que forman los brazos. La numismática de Normandia ofrece también -cruces formadas por anillos, distribuidos regularmente (Mortillet, _Le -Signe de la Croix_, cap. V, págs. 167 y 168). - - - - -CAPÍTULO VIII - -LA CRUZ EN LAS PETROGRAFÍAS - -Y PICTOGRAFÍAS - - - _Escritura figurativa é ideográfica en las Petrografías - y Pictografías de Calchaquí—Opiniones de Mallery, - de Brinton y de Keane—El símbolo de la Cruz en los - petroglyfos—Por qué las cruces no son profusas en - ellos—La Cruz no es una combinación figurativa, - sinó simbólica—Pictografías de la Gruta de - Tinguiririca: interpretación de Barros Grez—Gruta - de Carahuasi: monografía de Ambrosetti—Gran Gruta - de Siquimi—Cruces en los petroglyfos de San - Lucas, Quilmes, Andaguala, Encalilla, Ampajango, - San Fernando y Cerro Negro—Rosetas y Cochas con - Cruz—Patas de Suris: roca de Quilmes—El Ave-Suri - de la Gruta de Cafayate—Estanques unidos en - Cruz—Ejemplares de Loma Colorada, Quilmes y - Ampajango—Andenes con cruces: ejemplares de - Ampajango y Cerro Negro—Hombrecillos con los brazos - en Cruz—Deducciones._ - -Un estudio detenido y paciente de las petrografías y pictografías de -Calchaquí, efectuado sobre nuestra colección de dibujos y fotografías -tomados _in situ_[287], colección la más interesante por su número de -cuantas conozcamos, nos ha hecho llegar á la conclusión de que los -petroglyfos de esta sección andina constituyen un asunto arqueológico y -etnográfico trascendental. - -Ese estudio comparativo de dos centenares de piedras grabadas y -pintadas, ha dado por resultado que lleguemos á establecer que sobre -ellas el indio ha expresado su pensamiento, escribiendo indeleblemente, -de una manera figurativa é ideográfica, y excepcionalmente simbólica, -una demanda, una súplica, un voto á las divinidades, con dos propósitos -fundamentales: que fructifiquen las mieses, y que se reproduzcan los -ganados; propósitos que pueden concretarse en uno solo: que llueva[288]. - -La escritura petrográfica no es tal escritura, propiamente hablando. -Se trata de simples dibujos convencionales, que responden á -ritualidades ó á una forma figurativa de expresión ideográfica, por -signos que representan objetos ó cosas sobre las que se implora la -acción bienhechora de las divinidades. Las piedras grabadas deben -considerarse, pues, como piedras votivas. - -Nuestra escritura petrográfica es, como la define Garrick Mallery[289], -«un medio de expresar pensamientos ó hechos por medio de dibujos, que -al principio se redujeron á la representación de objetos naturales -ó artificiales». Esta cita encierra una verdad que hemos podido -constatar en Calchaquí: que la escritura fué en un principio puramente -representativa,—y tal es el carácter de la mayor parte de los -petroglyfos,—hasta que concluyó por ser excepcionalmente simbólica. -Ejemplos de lo uno y de lo otro son, para no citar más casos, los -grandes cuadros reproducidos respectivamente en Carahuasi (Salta) y -Siquimí (Catamarca); en el primero se figura una marcha militar de -reales combatientes[290]; en el segundo, una escena indiscutiblemente -cosmogónica ó mítica, en la que todos los elementos, al parecer, están -simbólicamente representados[291]. - -Es inexacta, entonces, la aseveración que en un trabajo póstumo[292] -hace Brinton, criticando, cabalmente, los estudios comparativos de -nuestros petroglyfos, efectuados por Moreno y von Ihering[293], al -manifestar que «mucho se ha escrito de cotejo de petroglyfos, y que -tanto Moreno como von Ihering se han lanzado sin ambages á interpretar -é identificar estos signos sin arte; y que nada, empero, ha resultado -de las semejanzas indicadas por ellos; porque son las que se hallan en -todas partes entre dibujos tan sin motivo como lo son estos». - -Lo que decimos de Brinton observamos también á Mr. Keane, quien critica -las interpretaciones de Latourneau[294]. - -En el Perú las esculturas monolíticas son perfectamente intencionadas, -habiendo este país llegado al pleno desarrollo de la escritura -simbólica; y en los ejemplares cuya interpretación hemos podido -penetrar, ni una representación, ni un signo, ni siquiera una línea -aparecen superfluos. Aún en los grabados ó esculturas puramente -figurativas, la naturaleza y el arte se combinan de tal modo, que -nada está de más ni de menos. Tal sucede, por ejemplo, con el inmenso -bloc esculpido de la fuente de Cuonchaca, en el que se ven figurados -la montaña, el río, la casa, el canal, el tunel, el acueducto, la -labranza, el trono del poder, por lo que ha dicho perfectamente Wiener -que la escultura en cuestión «es una obra de filosofía, y que el -pensador que la ha concebido había observado y comprendido la lucha del -civilizador indígena contra la naturaleza rebelde». - -Puede que las afirmaciones de Brinton y de Keane sean exactas respecto -de pueblos salvajes, ó cuya cultura es apenas rudimentaria[295]; pero -son caprichosas, aplicadas á Calchaquí y sus petroglyfos; pues apenas -nos iniciamos en el secreto de su escritura petrográfica, dámonos -cuenta de la intención de todo cuanto se ha grabado, considerado el -petroglyfo en conjunto; que en cuanto á los detalles, estos sí que -no obedecen á regla artística alguna, en verdad,—pues que lo escrito -no son letras, ni sílabas, ni caracteres fonéticos. Tal sucede, por -ejemplo, con el petroglyfo de Condorhuasi, que reproducimos (Fig. 79). - -[Ilustración: Fig. 79 Gran roca grabada en Condorhuasi.] - -Se trata de una gran roca votiva. El artista ha figurado en ella -canales con mucha profusión, que son esos grabados como ofidios,—y -estanques, los circulillos que parecen hacer de cabeza de aquellos. -Estos canales son profundos en otros casos, y los depósitos han sido -calados de la misma manera que los morteros, para que ninguna duda se -abrigue al respecto; á más de que el Yamqui Pachacuti en su Plancha -simbólica representa á _Mama Cocha_ (el mar, lago ó laguna) por un -grabado en forma de corazón, del cual sale una línea, cuya cabeza es un -círculo, ó sean: el canal sacado de la _Cocha_, llevando el agua al -depósito ó estanque. El indio en la roca echaría el líquido por los -canales sinuosos y en los morterillos, para que el sol lo evaporase, -llamando á la lluvia por simpatía, después de expresar de esta manera -su anhelo de que los canales y depósitos del suelo, figurados en la -piedra, estén provistos de agua. Ahora bien: en el detalle, sin duda, -el indio podrá ser tan caprichoso como se quiera, pues lo mismo le daba -grabar un canal y un depósito, que cinco, que diez, ó más, como en el -caso presente, y á estos canales trazar más ó menos irregularmente, más -cortos ó más largos,—que en los terrenos accidentados no hay un canal -igual á otro; el indio conduce el agua por sus acequias, evitando las -corrientes rápidas de los desniveles, por lo que forzosamente aquellas -tienen que ser sinuosas, como una víbora que anda, y á ello responde lo -caprichoso de su figuración sobre las rocas de Calchaquí[296]. - -Esto sentado, cabe en seguida manifestar que la Cruz rara vez figura -como signo ó emblema en las petrografías y pictografías. - -Este hecho, perfectamente comprobado, tiene una explicación muy -sencilla. - -Desde que la expresión del pensamiento es tan primitiva en las rocas -escritas, cuyos grabados y esculturas hay que hacer remontar á muchos -siglos atrás; desde que son obra de esa era en que el indio reproduce -y figura las cosas sin valerse de símbolos, como lo efectuó -posteriormente en la alfarería funeraria, la que acusa un gran paso en -la civilización nativa; desde que las rocas con escritura simbólica ó -mixta constituyen la excepción y no la regla; y desde que la Cruz en -su carácter de símbolo debe considerarse como una verdadera concepción -emblemática de la raza, fruto de un arte y de un criterio superiores, -y no una combinación representativa, es natural y lógico que no -aparezca grabada entre las figuraciones y signos de un culto al cual -la litolatría primitiva daría origen, ó que solo se vea reproducida -por excepción, cuando ya las formas convencionales, particulares -é individuales, fueron adoptadas por el pueblo ó por la tribu, -convirtiéndose en emblemas ó insignias nacionales, hasta adquirir -definitivamente su valor unitario y típico de símbolos. - -Comenzaremos por hacer notar la existencia de varios signos cruciformes -en las paredes externas de la Gruta de Tinguiririca, en el Cajón -del mismo nombre, y en las alturas de la Cordillera, por haber sido -sus curiosas inscripciones motivo de un trabajo de interpretación, -presentado al primer Congreso Latino Americano en Buenos Aires por un -distinguido arqueólogo chileno, el señor Daniel Barros Grez[297]. - -Muy ingeniosamente el señor Barros Grez traduce las inscripciones que -nos ocupan, las que, según los recuerdos que conservamos de la sesión -respectiva, se refieren á la marcha de la Luna, desde la conjunción al -plenilunio, y la del Sol. A los signos cruciformes toma el autor por -figuraciones de árboles del bosque y símbolos cardinales de la tierra. - -Tenemos á la vista la plancha que de estas pictografías nos ofrece el -arqueólogo alemán Carlos Itolp[298], quien en 1885, viéndose obligado -á buscar abrigo entre los peñascos de la cima, descubrió la Gruta, -sobre cuyas paredes externas aparecen las pictografías, resultando del -análisis químico de las pinturas que el rojo era arcilla colorada, el -negro, también arcilla, y el blanco, caolín ó ceniza. Este autor, según -el lugar y en las circunstancias bajo las cuales encontró los signos, -es de parecer que estos son de origen indio, á pesar de que sus formas -regulares hagan recordar más á los egipcios que á los araucanos. Los -dibujos parecen trazados con el dedo. Cabado el suelo de la gruta, el -señor Itolp dió con siete esqueletos de nativos[299]. - -[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.] - -La lámina que este arqueólogo presenta, consta de ocho renglones -escritos con caracteres simbólicos regulares y varios, del estilo -de algunos de nuestros petroglifos de Ampajango y Cafayate. En los -renglones escritos, á excepción de los tercero y séptimo (en el 3^o -aparece una T volcada), vénse los signos cruciformes repetidos, -consistentes en dos líneas que se cortan, formando ángulos rectos, -horizontal la una, y vertical la otra. Los símbolos restantes, -consisten: en círculos con punto ó sin punto, ó sean ojos Imaymanas, -gérmenes ó yemas de fecundación; en ventanas abiertas, como U[300], y -en _tocos_ que recuerdan del emblema fálico del Tocapo Viracocha; en -líneas quebradas, que bien pueden figurar cerros, como lo quiere el -señor Barros Grez, y aparecen dentro de la Pacha Mama del Yamqui; en -sinuosas, que para nosotros son canales (uno de ellos con su estanque) -ó arroyos, y que en la precitada carta simbólica llevan la leyenda de -río: ó _Pillcomayo_; en figuras onduladas, que quizá representan el -movimiento del agua ó de las linfas; en espirales, que tenemos por -símbolos del trueno que ruge; en puntos, ó gotas de lluvia; en líneas -que al cortarse entre sí forman cuadrados, como un damero, exactamente -iguales á la figuración de los _pata_ ó andenes de la plancha del -Yamqui (Fig. 21); en dos grupos de seis cortas líneas verticales, -indicaciones numerales, múltiplos del _tres_ sagrado (el dios acuático -es trino y uno); en líneas que forman una cara humana, con ojos, cejas, -nariz y boca, y debajo de ella (como si fuese su barba) un Imaymana con -punto; en un círculo con _tres_ puntos distribuidos en triángulo, -que dan al conjunto un aspecto de cara humana, correspondiendo los -dos puntos superiores á los ojos y el inferior á la boca, como si se -tratase de una figuración del _Inti_, etc. - -[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.] - -Ahora bien: ¿cómo podría clasificarse esta gruta en las eminencias -de los cerros, con cadáveres en el suelo, y con tales inscripciones -simbólicas en sus muros externos? - -Para nosotros es uno de esos templos, cuevas ó antros del _machi_, -en los cuales este propiciaría con cruentos sacrificios á los dioses -atmosféricos. - -Las inscripciones parecen destinadas á invocar á Imaymana, Tocapo y -Aticci Viracocha, esa _trinidad_ mítica, que impera sobre las _cochas_; -que derrama gérmenes vitales en la sierra y la llanura; que rige las -nubes y la lluvia, alimentando arroyos y canales, y regando _patas_ -ó andenes sembrados. Las _cruces_, alternando entre tantas y tan -expresivas figuraciones simbólicas acuáticas, son seguramente alusiones -complementarias á la producción del fenómeno atmosférico de la -_lluvia_, tan anhelado por los araucanos como por los calchaquíes[301]. - -La famosa Gruta de Carahuasi, de este lado de los valles, en Salta, -es de un estilo completamente distinto de la anterior: se trata de -pictografías figurativas, y no simbólicas. El indio se ha mostrado en -ella un artista, combinando colores y reproduciendo personajes, escudos -y animales con una fidelidad llamativa. Los colores vivos contrastan -los unos con los otros: el negro con el blanco, el plomo con el rojo, -el amarillo con el cáscara. Los personajes reales, empuñando cetros en -sus manos, portando arcos de flechas y cabezas humanas, se destacan -en fila, con sus penachos adornando sus cabezas, de una, dos, tres, -seis y siete plumas de colores. Las pequeñas llamas marchan en una -misma dirección con sus cargas sobre el espinazo. Cinco escudos de -colores distintos, de raras y artísticas formas, llevan figurados -meandros, espirales, _tocos_ y animalillos. Encima, destácanse unos -veinte guerreros: diez y nueve de color amarillo, y uno de plomo; casi -todos lucen plumas en sus cabezas, y varios portan hachas, _thoquis_ -ó insignias de mando. Detrás de tres escudos, aparecen grupos de -guerreros, pintados de plomo, apuntando á una misma dirección. Y en -el centro del cuadro, en medio de los escudos, vése una gran _Cruz_ -latina, de color amarillo, de anchos brazos, símbolo que también, -en forma de una decussata lleva pintada sobre su pecho el penúltimo -personaje real de la sección inferior: este personage gasta larga -túnica, luce medias de color, un penacho de tres plumas rojas, y es -portador de un _thoqui_ sobre sus hombros. - -Tales son, á grandes rasgos, las pinturas de la Gruta de Pampa -Grande, de forma abovedada, abierta en la roca viva, en cuyas paredes -estas pinturas ocupan un area de 2.15m por 1.30, las que Ambrosetti -reprodujo el año 1895[302], y cuya monografía de interpretación creemos -que no debe aún tomarse como trabajo definitivo, por más que sea digna -de considerarse. - -El más interesante de todos los monumentos megalíticos y petrográficos -de Calchaquí y sus fonteras, es la gran Gruta de Siquimí (hoy -Chiquimí), en las eminencias de la sierra de Muñoz, casi frente á -San José (Catamarca, valle de Santa María), que nos cupo en suerte -descubrir en nuestra expedición de 1898, y cuyos interesantísimos -grabados sobre la arenisca de sus paredes fueron tomados por Holmberg -en cinco láminas distintas, que tal es la profusión de los grabados, -algunos de ellos borrados por el tiempo y la intemperie. - -La Gruta debe haber sido la obra de las aguas torrentosas, que han -cavado la arenisca; es abovedada; sus dimensiones son notables, pues -mide veintidós metros de largo, por cinco de ancho y otro tanto de -alto, pudiendo, por tanto, penetrarse á ella á caballo. - -El trabajo artístico de esta Gruta puede que sea contemporáneo de la -de Carahuasi, por las numerosas figuraciones de escudos semejantes -á los de esta. Los escudos llevan grabados totémicos. Abundan en la -petrografía toda clase de símbolos artísticos y profusamente grabados. -Varias figuras humanas, al parecer representaciones míticas, completan -y caracterizan el gran cuadro étnico-arqueológico. Desde el primer -golpe de vista, cualquiera se dá cuenta que se ha querido reproducir -una intrincada escena cósmica y atmosférica, alguna de esas grandiosas -leyendas míticas, como la de Huayrapuca ó _La_ Viento[303], ó de las -formidables batallas del _Nublado_, _Intillapa_ y _Huayra-Muyuh_ (el -Remolino). - -Pues bien: en medio del cuadro atmosférico, y entre los símbolos -meteorológicos, destácase una grande y artística _Cruz_ doble, alusión -indiscutible á la _lluvia fecundadora_, como que en seguida una figura -humana, de vientre abultado y salientes mamas, ostenta, en el lugar del -cuerpo correspondiente á su natura, un mortero circular, calado con -alguna profundidad, como si la figura con este interesante detalle, -dijéranos:—«habrá moliendas, porque cae lluvia». - -Entre los numerosos petroglyfos que hemos coleccionado en los valles, -desde San Lucas á Ampajango,—este último lugar al sud del valle de -Santa María,—varios ejemplares ofrecen en sus grabados la insignia de -la Cruz, cuya colocación figurativa debe estudiarse. - -Los tres siguientes (Figs. 80, 81 y 82) son de San Lucas. - -[Ilustración: Fig. 80. Petroglyfo de San Lucas.] - -Estos tres petroglyfos, con grabados figurativos, son piedras votivas -acuáticas. Sobre la superficie de los dos primeros, como salta á -primera vista, se han trazado canales, con esas líneas sinuosas, que -parecen representar serpientes,—canales que rematan en circulillos ó -figuras curvas ó circulares, especialmente en el petroglyfo 81. Estas -figuras circulares son _cochas_, lagunas ó estanques, que proveen de -agua á los canales que de ellos salen, ó que son provistas por tales -canales. En el petroglyfo 80, algunos trazados convencionales parecen -representar batracios y otros animales acuáticos, sin duda para que sea -más llamativa la alusión á agua; tres huanacos ó llamas, caminando en -direcciones distintas, están figurados por dibujos simples y sencillos: -estos animales buscan agua para aplacar su sed, como que toman hacia -los estanques ó canales. En la Fig. 82 vénse grabados depósitos de agua -circulares, y una manada de huanacos, que sin duda va en busca del -líquido. - -[Ilustración: Fig. 81. Petroglyfo de San Lucas.] - -[Ilustración: Fig. 82. Petroglyfo de San Lucas.] - -Sobre estas tres piedras acuáticas aparecen reproducidas cruces, en el -interior de tres figuras formadas por líneas curvas: esas figuras son -_cochas_, ó depósitos de agua llovida, de los cuales salen canales, -como se vé perfectamente bien en la Fig. 80, y muy especialmente en la -81. Las cruces en estos tres casos, que recuerdan las cuerdas en Cruz -en el lago de Batchué, expresan, de una manera que no deja lugar á -dudas, que las cochas ó los estanques están llenos de _agua de lluvia_, -y que los animales figurados tienen qué beber. - -Es de advertir que las cochas (generalmente circulares) en las Figs. -81 y 82 han tomado formas de rosetas: así lo exijía al artista la -figuración cruciforme, pues que las rosetas mismas tienen forma de -cruces; además, como se verá en la plancha del Pachacuti, rosetas son -los símbolos de las «nubes, niebla ó _pocoy_». - -Una cuarta roseta con Cruz aparece como detalle en el penúltimo de -los petroglyfos, más adelante reproducido (Fig. 89), de Cerro Negro -(Tinogasta), para dejar sentado que estas figuraciones no son casuales. - -[Ilustración: Fig. 79. Gran roca grabada en Condorhuasi.] - -En el petroglyfo de la Fig. 79, y contigua á un grupo de canales y -á otro de cochas, aparece una figura como escudo, con una Cruz al -interior del óvalo del mismo: esa figura, sin duda, no es tal escudo, -sinó una cocha regular, unida á otra como corazón, á la parte superior. - -Para que no se crea que nuestras afirmaciones carecen de sólido -fundamento, aparte de lo que los petroglyfos mismos nos indican, véase -en la plancha del Pachacuti (Fig. 21), á la derecha de la pareja -humana, de qué manera éste, como lo dijimos, representa á _mama-cocha_, -valiéndose de una figura «corazonada», formada por líneas curbas, de la -cual sale una recta, que termina en un círculo (canal y estanque, estos -últimos). - -El gran petroglyfo de Quilmes, de la Fig. 83, es muy interesante. Las -figuras circulares, que aparecen de blanco sobre fondo negro, son -morterillos calados en la roca, de dos y más centímetros de diámetro, -por alguna profundidad. Tales morterillos demuestran de una manera -concluyente que los círculos grabados de otras petrografías son -equivalentes á los mismos, ó sean depósitos de agua. Los morterillos -de la piedra votiva serían llenados de líquido, á fin de que éste se -evaporase con el sol, llamándose así por simpatía á las nubes y á la -lluvia. Varios de esos morterillos están unidos por grabados como -canaletas,—las acequias de que dimos cuenta. - -[Ilustración: Fig. 83. Petroglyfo de Quilmes.] - -En el petroglyfo que nos ocupa notaremos varios grabados como flechas: -son figuraciones de esas patas de suri, de tres dedos, tan comunes en -las petrografías. Los rastros del ave de las nubes sobre las piedras -votivas acuáticas, indican el culto rendido á las nubes para que hagan -llover. Algunas de las figurillas, en el punto en que los tres dedos se -juntan formando dos ángulos agudos, tienen calados morterillos, alusión -á la necesidad de que sean llenados de agua llovida. - -Una gran ave-suri, con su cuerpo ovalado, largas piernas y patas con -tres dedos, está pintada de blanco en una de las paredes laterales de -una roca de San Isidro (Cafayate), que forma una obscura y estensa -gruta, de varios metros de largo (Fig. 84), en la que dimos con -restos humanos,—antro sagrado de sacrificios, sin duda, en el cual -los sacerdotes, los _humaníyoc, turpentáes y alcahuizas_ ofrecerían -víctimas humanas para propiciar á las nubes del cielo. Es este el más -curioso ejemplar de suri reproducido en los momentos megalíticos de -Calchaquí. - -[Ilustración: Fig. 84. Pictografía de Cafayate (Salta).] - -[Ilustración: Fig. 85. Petroglyfo de Loma Colorada.] - -Es muy digno de notarse en el petroglyfo de Quilmes (Fig. 83), el -grabado cruciforme inferior de la derecha, consistente en cuatro -estanques distribuidos en Cruz, y unidos por caladuras que forman el -símbolo,—nueva y gráfica prueba del valor acuático del mismo. - -En el petroglyfo de Loma Colorada, en Encalilla (Fig. 85), vemos -también á la parte inferior de la lámina, una curiosa Cruz, terminada -á la parte superior en pata de suri (ave-nube) y á la inferior en un -estanque ó depósito de agua, datos estos muy reveladores. - -El petroglyfo del distrito de Ampajango (Fig. 86), lugar en donde -coleccionamos sesenta y tantas petrografías, una Cruz aparece encima de -un canal y entre dos depósitos de agua. - -[Ilustración: Fig. 86. Petroglyfo de Ampajango (0.80).] - -[Ilustración: Fig. 87. Detalles de un petroglyfo en la puerta de -Ampajango (1.27 × 0.80).] - -En la lámina de detalles de un petroglyfo de la Puerta del mismo -Ampajango (Fig. 87), se vé una Cruz latina, cuyo palo superior y brazos -laterales terminan también en depósitos de agua. Esta Cruz aparece -grabada en parte sobre el cuerpo de una figura zoomorfa, al parecer -atmosférica, si se tiene en cuenta que ofrece el mismo aspecto de -las Huayrapucas de la Fig. 27 (Cap. IV), y entre grupos de andenes. -Un detalle muy interesante en el petroglyfo, es el de la figura -cuadrangular de la izquierda, ó andén regular, de cada uno de cuyos -ángulos sale grabada una Cruz (el andén lleva tres puntos internos). -Las cruces, en este caso, aparecen sustituidas á los círculos de la -figura cuadrangular de encima. - -El último de los detalles de dos petroglyfos de Cerro Negro, más -adelante reproducidos en la Figura 89, es un cuadrado (seguramente -andén), cuyas diagonales grabadas se cortan en Cruz. Encima del -cuadrado vése también un pequeño símbolo, con brazos y palo superior -arbolados. No lejos de este cuadrado están figurados un árbol[304] y dos -canales, con sus estanques respectivos, lo que dá una idea cabal de -andén cultivado. - -[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo Colección -Quiroga.] - -En el capítulo anterior (Fig. 73), reprodujimos un curioso escudo, -con el signo cruciforme en medio. Es un detalle de una interesante -piedra grabada, que lleva el n^{o}. 112 de nuestra colección. -Encuéntrase parada, mirando al naciente, en las cercanías de Andaguala, -y es conocida en los valles con el nombre de «Piedra Pintada del -Portezuelo»[305]. - -En el petroglyfo de la Fig. 88, de Ampajango, vemos reproducidas -varias figurillas humanas, grabadas de una manera convencionalmente -primitiva, con el trazado de líneas rectas y curbas que se cortan entre -sí, figurando el cuerpo, los brazos, con sus manos y el cuello, y las -piernas á la parte inferior. Esas figurillas aparecen con los brazos -abiertos, perpendiculares á la línea del cuerpo, de suerte que toman -proporciones cruciformes, especialmente las dos primeras de la -izquierda, que no parecen otra cosa sino cruces[306]. En el petroglyfo -85, dos ejemplares se repiten, como en numerosos casos, pues tal suele -ser la manera cómo suelen reproducirse las figurillas humanas. - -[Ilustración: Fig. 88. Petroglyfo de Ampajango.] - -El hecho que acabamos de apuntar nos llamó siempre la atención, pues -solo en las piedras votivas acuáticas aparecen las figurillas humanas -en Cruz; no así en la alfarería funeraria, en la que vemos que es otra -la posición de los brazos, sueltos para abajo, como en los hombrecillos -de las Figs. 53 y otras del capítulo VI. Tal hecho daría lugar á una -sencilla explicación: si la Cruz es el símbolo de la lluvia, muy -natural sería que en el acto propiciatorio demandándola, el indio mismo -formase una Cruz, abriendo horizontalmente sus brazos, de modo que -estos fuesen perpendiculares á la línea vertical del cuerpo. - -[Ilustración: Fig. 53.] - -Es muy oportuno en esta ocasión reproducir interesantes detalles de -petroglyfos de Cerro Negro, Tinogasta (Prov. de Catamarca), á los que -anteriormente hemos hecho referencias (Fig. 89 A). - -[Ilustración: Fig. 89 A.—Detalles de petroglyfos de Cerro Negro.] - -Estos detalles comienzan con una _cocha_, laguna ó depósito artificial -de agua, y terminan con un andén, ambos con el signo cruciforme, por -los motivos dados. Después de la cocha, vénse dos largas rosetas, -unidas entre sí, también con grabados cruciformes, pudiendo ser -aquellas una manera convencional, exijida por motivos artísticos, de -reproducir la primera de las figuras. El detalle cuarto, es una Cruz -grabada sobre una [symbol] (ese volcada), curioso símbolo que aparece -con profusión en una gran roca escrita del Divisadero de Quilmes. - -Finalmente, en el departamento vecino de Belén, lugar de San Fernando, -dimos entre un grupo de ocho petroglyfos sobre piedra revestida de -negro betún, con el que reproducimos en la Fig. 89 B, muy digno de -llamar la atención por la repetición de sus artísticos símbolos de -la citada S volcada y de los dobles meandros, cuya disposición llamó -nuestra curiosidad arqueológica. - -[Ilustración: Fig. 89 B.—Petroglyfo de San Fernando (Belén).] - -La piedra grabada mide 0.75 m. de largo, por otro tanto de ancho. - -Al pie del petroglyfo vése una artística y bien esculpida Cruz griega, -como complemento de los símbolos en él reproducidos. - -Los palos de esta Cruz, que salta á la vista desde el primer momento, -son del ancho del pulgar, calados en la piedra con alguna profundidad, -y de algunos centímetros de largo. - -Dificilmente podrá ofrecerse otro caso en que la Cruz aparezca más -distintivamente figurada, y al lado de un toco con línea al centro. - - -NOTAS: - -[287] La mayor parte de los dibujos son obra de nuestro distinguido -compañero de expedición. Eduardo A. Holmberg, cuya colaboración ha sido -siempre de mucho mérito y eficacia para los que en el país dedicámonos -á esta clase de estudios. - -[288] Nuestra obra sobre _Petrografías y Pictografías de la Región -Cacano-Calchaquí_ está terminada (1899-1900). - -[289] _Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W. Powell -(1888-89), _Picture-Writing_, pág. 25.—Véase también á Mallery, op. -cit., y su interesante trabajo _Pictographs of the North American -Indian_ (tom. IV. Con 83 planchas).—Sobre grabados de la roca Tinéri, -J. Crevaux, _Voyages dans l’Amérique du Sud_, X, págs. 210 y 211 -(París, 1883). - -[290] J. B. Ambrosetti, _Las grutas pintadas y los Petroglyfos de la -Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., tom. XVI, págs. -312 á 334). - -[291] A. Quiroga, op. cit., cap. V, _Gran gruta de Siquimí_ -(petrografías). - -[292] _El Calchaquí, Problema Arqueológico_ (_The American -Antropologist_), vol. I, January 1899, en cuyo artículo ocúpase de -nuestra obra _Calchaquí_ (Tucumán. 1897). - -[293] F. P. Moreno (Revista del Museo de la Plata, 1890) sobre la roca -traquítica del bajo de Canota, etc.—_Die Calchaquís_, Von Dr. A. von -Ihering, Das Ausland—Janr. LXIV, Nos. 48 y 49. - -[294] Keane (_Man Past and Present_ 1899). pág. 30, escribe: «El hombre -primitivo balbucea y garabatéa (_bawl_ y _scrawl_) siempre por un mismo -estilo,»—y por eso critica que M. Latourneau se tome el trabajo de -comparar cinco garabatos Libios de estos, que se hallan en el Museo -Bardo, en Tunes, con otros de igual especie encontrados en la Bretaña y -en dólmenes Islandeses, á saber:—«el círculo pelado y con punto en el -centro O ⊙, la cruz en su forma más simple ✚, el gancho y segmento del -cuadrado; todos los cuales se ven en los sistemas Feniceos, Keltiveros, -Etruscos, Libios ó Tauregos». - -[295] Nuestro naturalista Eduardo L. Holmberg, por ejemplo, refiérenos -cuán caprichosas son las pinturas de los salvages Pampas, las que -carecen de intención artística. (_La Sierra de Curá-Malal_, Buenos -Aires, 1884). Tratando este autor del arte Pampa, y con motivo de -las figuras humanas de ocre rojo de la «Gruta de los Espíritus», -interrogaba en esta forma sobre los motivos de las pinturas á un -cautivo de Namuncurá: - -—«¿Y no serán hechas (las figuras) para ahuyentar al Hualichu, para -propiciarse á la Luna, al Sol.....?» - -—«No, señor (contestó el cautivo) estas figuras las hacen los indios -_para entretenerse_, cuando no tienen otra cosa qué hacer» (pág. 50). - -«Los comentarios huelgan en casos como éste.» - -[296] Muy atinadas observaciones sobre estos temas hacen A. D’Orbigny, -_L’Homme Américain_, tom. I, págs. 126 á 140: Angrand, _Lettres sur -Tiahuanaco_ á M. Daly, y Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 567, 703, -etc. - -Es de advertir que la lámina 79 fué tomada por nuestro auxiliar -dibujante, señor Wenceslao Gomez. - -[297] El señor Presidente del Congreso Latino-Americano, Dr. Paulino -Alfonso, hizo la exposición del trabajo de Grez, que lleva por título: -_Interpretación de la Inscripción Prehistórica de la Casa Pintada del -Cajón de Tinguiririca_ (tom. V de la publicación del primer Congreso -Científico Latino Americano, Buenos Aires, 1900). - -[298] _Indianicche Zeichnungen in der Casa Pintada, Tinguiririca_, Fig. -1 (Santiago de Chile, 1888). - -[299] Carlos Itolp, _Conferencia en la Sociedad Científica Alemana de -Santiago_ (22 de Agosto de 1888). - -[300] Posiblemente cántaras con boca, ó vasos del Trueno, divinidad de -Arauco. - -[301] Lo más seguro de todo es que las pictografías de Tinguiririca -sean, como la Plancha del Pachacuti, una tabla ó clave de los símbolos, -generalmente acuáticos, empleados por los naturales de allende la -Cordillera, entre los que se ven muchos de ellos comunes á los -peruanos, si no la mayor parte. - -[302] _Las Grutas Pintadas_, etc., cit. (Bolet. del Inst. Geográf. -Argent. tom. XVI, cuads. 5 á 8, págs. 312 á 334).—La reproducción de la -Gruta en colores, fué hecha por Eduardo A. Holmberg, y publicada con el -trabajo citado. - -[303] En los valles, á la «Madre del Viento» llaman simplemente _La -Viento_, con el artículo en femenino, para distinguir su sexo. - -[304] En la plancha del Yamqui (Fig. 21) un árbol de ramas espirales -dirigidas hacia el tallo, lleva la leyenda de «árbol _maliqui_.» - -[305] Es de advertir que los indios llaman «piedra pintada» á toda -piedra escrita, aunque ninguno de sus dibujos sea pintado. - -[306] Muy semejantes á estos hombrecillos son los que reproducen los -Kiatéxamut, una tribu Sunuit, en E. Unidos. Estas figurillas, con -cruces, aparecen del modo siguiente: - -[Illustration] - -Las figurillas humanas con Cruz en la cabeza, son tenidas por un -espíritu maligno, ó demonio de los Shamanes (Annual Report of the -Bureau of Ethnology (1888-89), _Picture Writing of the American -Indian_, y Garrick Mallery, cap. XX, pág. 729). - - - - -CAPÍTULO IX - -LOS SÍMBOLOS COMBINADOS DE LA CRUZ Y DEL SAPO - - - _El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El Sapo - y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano, entreriano - y pampa—Ceremonia con la Cruz de ceniza—Batracios - simbólicos en la alfarería ceremonial y - funeraria—Urnas de Santa María y San José—El - Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos del Instituto - Geográfico Argentino—Los símbolos combinados del - Sapo y de la Cruz—El Urubú y el Sapo: Folk-lore - brasileño—El «Señor del Agua»—Conclusiones._ - -Poseemos en nuestra colección dos pequeños amuletos de piedra verdosa -que representan Sapos, así como algunos otros curiosos objetos sobre -los que aparecen estos batracios. En un trabajo inédito estudiando los -«Fetiches», reproducimos dos objetos zoomorfos de piedra que igualmente -los representan, sentados sobre sus patas traseras, uno de los cuales -ofrece una caladura ventral, sin duda para ofrendarlo ó propiciarlo, -si, como no lo dudamos, este animal fué también venerado en la religión -fetiquista de Calchaquí. - -En las vasijas para depositar agua, el Sapo suele figurar de relieve -á sus bordes, en actitud de saltar ó de penetrar á la vasija, lo que -demuestra, á la vez que la predilección del Sapo por el agua y la -humedad,—que no han de faltar en su vivienda,—la intención manifiesta -del indio de expresar un deseo ó un anhelo. - -En el folk-lore calchaquí el Sapo aparece intimamente vinculado al -fenómeno de la lluvia; y la creencia fetiquista del pueblo bajo, -heredada de la antigüedad, atribuye á este animal y á la rana la -virtud de hacer llover por acción propia, atrayendo, bajo ciertas -circunstancias y condiciones, á las nubes; siendo el trueno lejano -el anuncio de que su voluntad se cumple y de que su acción se hace -sentir en la atmósfera, no obstante no poder ascender á ella como los -volátiles. - -Cuando en Calchaquí la seca se prolonga y la naturaleza comienza á -languidecer bajo la acción enervante del calor, remuévense las piedras -contiguas á las vertientes y manantiales, y no bien se dá con un -sapo debajo de ellas, tómase al animal, y atándosele con una cuerda -de la pata, se le cuelga de la rama de un árbol, para que perezca en -tan tristes condiciones si no quiso ó no supo llamar á las nubes. -Otras veces se le estaquea en el suelo, con el vientre abultado para -arriba, á fin de que le abrase el sol canicular, castigándosele con -un gajo de ortiga ó _rupachico_[307], á fin de que precipite el -cambio meteorológico[308]. Entonces es cuando se dice que el fetiche -crucificado y castigado implora el auxilio de las nubes, produciéndose -la lluvia, con lo que ya obtiene su liberación. Este mismo sacrificio -del pobre sapo tiene lugar cuando se oye el ruido lejano de la piedra, -en el propósito de que deje inmediatamente de caer, librándose las -mieses de tan terrible azote. - -El valle de Catamarca está formado por dos sierras: la del oeste, lleva -la denominación de _Ambato_ ó Ampato (Sapo), nombre que sin duda es una -reminiscencia del gran fetiche de la montaña, que guarda en su seno -centenares de corrientes de agua, y que alimenta numerosos rebaños de -ganados de la tierra[309]. - -Es de advertir que el sapo es tenido por un gran mago, y que á él se -acude en los asuntos de los conjuros y de la hechicería, siendo muy -curioso, como lo comprobamos en Tolombón, la manera de demandársele -que haga _daño_ á determinada persona. Semejante intervención del sapo -en auxilio de magos, de hechiceros y de brujos, parece que es casi -universal. - -Si saliendo de Calchaquí recogemos los datos del folk-lore de otras -regiones del país, tendremos que el sapo en casi todas partes es -también un fetiche animado que hace llover. En San Luis cuelgan, como -entre nosotros, al exterior, y de una pata, á un sapo vivo de la rama -de un árbol. En Entre Ríos, estaquéanle con espinas de naranjo, pero -sobre una _Cruz de ceniza_. En la Pampa Central echan sapos vivos á -los jagüeles, para que estos siempre conserven agua, pues dicen que -aquellos animales son los que se encargan de abrir las vertientes[310]. - -El uso de la _Cruz de ceniza_ en Entre Ríos, como en Calchaquí, para -hacer llover y _conjurar el granizo_, es un dato revelador, á la vez -que la aplicación gráfica de la Cruz que los sapos calchaquíes llevan -pintada sobre el dorso de su cuerpo en la alfarería funeraria. El sapo -colocado sobre la Cruz, equivale á una doble invocación acuática. La -Cruz de ceniza, debe ser una reminiscencia del fuego sagrado, pues que -á ceniza reduce lo que quema[311]. - -Es sobre todo en la cerámica calchaquí en la cual el sapo aparece con -marcada repetición, casi siempre pintado, las más de las veces de una -manera convencional, hasta llegar á ser simbólicamente representado, -como sucede con los demás seres animados ó inanimados figurados en las -urnas, para que se aumenten los misterios del lenguaje sagrado escrito -de las mismas, que por suerte vamos descifrando, como lo prueba este -libro. - -En la alfarería funeraria,—urnas, ó _pucos_ que les sirven de tapa y -de objetos complementarios de culto,—sabemos que, dado el carácter -determinado de tal alfarería, sólo figuran en ella animales ó seres que -producen la lluvia ó que tienen acción directa ó indirecta sobre -el fenómeno meteorológico,—razón por la cual son tan profusas las -representaciones de serpientes y de suris. Pues bien: el sapo aparece, -así mismo, y debió forzosamente aparecer, entre las complicadas -figuraciones simbólicas de las urnas y los pucos, y á veces en los -campos preferidos para pintar serpientes y suris, detalle interesante -y concluyente, que nos revela que el minucioso cuanto intencionado -artista indio sustituía, por algún motivo especial fundado en la -creencia popular, el sapo al reptil y al ave sagrados. - -[Ilustración: Fig. 90. Urna de Sta. María Col. Max. Schmidt.] - -[Ilustración: Fig. 91. Urna de San José Esp. Ambrosetti.] - -Dos curiosas urnas funerarias de Santa María y de San José (Figs. 90 y -91), demuestran el aserto que dejamos apuntado. En la urna de la Fig. -90, á la parte ventral de la misma, y en los campos que dejan los arcos -de los brazos de la representación general antropo-zoomorfa, vénse -simbólicamente reproducidos dos sapos ó ranas, con sus cuerpos formados -por losanges reticulados, provistos en los ángulos superiores de dobles -cabezas triangulares con los puntos de los ojos, y saliendo de los -ángulos laterales, para arriba y para abajo, las manos y las patas, con -cuatro dedos cada miembro. Es exactamente en estos mismos campos en los -que se reproducen los emplumados suris, con sus cuerpos ajedrezados, -lo que también se repite en los de los batracios; aquellos campos, son -los campos atmosféricos, contiguos al vaso del Trueno. Como se vé, al -artista ó sacerdote indio ha sido indiferente pintar sapos ó suris en -tales lugares, lo que quiere decir que tanto los unos como los otros -llaman á la lluvia, y representan á la nube ó tienen acción directa -sobre ella[312]. En la urna de la Fig. 91, en el cuello de la misma, y -bajo el arco de las cejas funerarias del figurón biforme, aparece un -sapo ó rana, esta vez de cuerpo oval, con los puntos del agua y las -guardas espirales en su interior, enseñando su cabeza de triángulos -dobles con los puntos de los ojos, y sus manos y patas (de sólo tres -dedos) indicados por líneas quebradas. Es este campo del cuello, -igualmente, el lugar en que siempre figura la serpiente, símbolo del -rayo, y por ende de la lluvia; y para que el hecho de la sustitución -sea doblemente llamativo, tenemos que en el campo opuesto de la derecha -está figurada una gran serpiente, en forma de S, cuyas estremidades -terminan en dobles cabezas flamígeras triangulares. Debajo del sapo, -y en el campo contiguo á la boca, repítense de nuevo las figuraciones -ofídicas. - -[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí Museo Nacional.] - -[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado Colec. Quiroga.] - -[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta. -María—Mus. Nacional.] - -Un hecho que debemos apresurarnos á apuntar, para que no pase -inadvertido, es el de que las cabezas de los batracios en cuestión, así -como las de otros que á continuación se reproducirán, son exactamente -iguales á las cabezas simbólicas de las serpientes, figuradas en el -primer caso hasta con los ganchos espirales que suelen llevar como -apéndice las segundas (Véanse los sapos de las Figs. 91 y 92 y las -cabezas de serpiente de esta última y de las Figs. 37, 38 y 50. Cap. -VI). Esta particularidad parece demostrar que el sapo simbólico tiene -atributos de la serpiente-rayo, ó, lo que es lo mismo, que el sapo es -seguramente uno de los símbolos con que se representa uno de tantos -fenómenos de la tormenta: la lluvia misma, posiblemente, ó la piedra ó -granizo, por ser sólidos[313]. - -[Ilustración: Fig. 92. Mitad de un puco visto de ambos lados. La parte -superior es la interna. Pucarilla (Salta).] - -En el fondo del muy curioso puco del Instituto Geográfico (Fig. 92), -que se reproduce en seguida, aparece en el campo semi-circular superior -una gran serpiente en forma de [symbol] (ese volcada), con sus dobles -cabezas triangulares, provistas de los ganchos espirales. En el campo -inferior, debajo de los suris con cruces (uno de los que lanza por su -pico la serpiente), á la vuelta del arco doble del círculo central del -puco y en lugar de tales serpientes, vénse las figuras simbólicas de -una trinidad curiosa de sapos, para el primero de los cuales la cabeza -del segundo es común. Las dobles cabezas de los dos sapos restantes son -exactamente iguales á las cabezas ofídicas del campo superior, lo -que se repite en el puco de la Fig. 93, de la misma colección del -Instituto Geográfico, viéndose en este dos sapos con cabezas de dobles -triángulos (sin ganchos), esta vez con esos ojos Imaymanas que tanto -caracterizaron á los figurones ofiolátricos de la preciosa urna de San -José, en la urna Fig. 52 (Cap. VI). En el campo superior del puco 93, -que nos ocupa, aparecen cuatro suris, con cruces griegas al centro -del cuerpo, sobre artísticos fondos, y debajo de ellos una pintura -simbólica de cuatro cabezas y cuellos de suris, que toman de una manera -completamente figurativa las formas caprichosamente onduladas de nubes. -En este puco faltan las serpientes, que aparecieron en el anterior. - -[Ilustración: Fig. 93. Exterior de un puco San Carlos (Salta).] - -[Ilustración: Fig. 94. Parte inferior de una urna. Cafayate. Col. -Inst. Geog.] - -[Ilustración: Fig. 95. Urna de San José (Catamarca) Col. Max. Schmidt.] - -Ahora, fijemos la atención sobre ese revelador detalle, que sin duda no -ha escapado al lector observador: nos referimos á las cruces que los -tres sapos del puco de la Fig. 92 llevan reproducidas sobre el dorso -de sus respectivos cuerpos, lo mismo que sobre el de los dos del puco -93. A estos ejemplares interesantísimos, añadiremos los de los cuatro -sapos con sus diversas cruces de la urna Fig. 94, griegas las de los -sapos inferiores dentro de campos cruciformes, lo mismo que las de -arriba, con cuadrados (que recuerdan los andenes) en sus respectivos -puntos de intersección. Finalmente, agregaremos el ejemplar de la urna -Fig. 95, de San José, al fondo de cuya ancha franja ventral, y en el -lugar mismo en que figuran los meandros de fecundación ó de la cópula, -de la urna anterior, se destacan, pintados de negro, tres sapos de -caras de apariencia humana, con sus manos y patas quebradas, de tres -y cuatro dedos: cada uno de estos sapos lleva cruces negras en fondos -cruciformes blancos, al centro dorsal del cuerpo cuadrangular de los -animales. - -Después de estas breves explicaciones, y de revisado el material -iconográfico en el que aparecen batracios, es el caso de que nos -interroguemos:—¿por qué el símbolo de la Cruz aparece repetidamente -figurado sobre la región dorsal de los sapos?—¿qué significación tiene -en la escritura esta doble combinación de símbolos? - -A nuestro entender, el sapo simbólico es equivalente á Agua: _yaco_. Su -símbolo, combinado con el de la Cruz atmosférica, diría: _Agua llovida_. - -Que del sapo el indio ha hecho un símbolo, es incuestionable, cuando -se vé la forma como le ha reproducido en la alfarería, de una manera -convencionalmente distintiva, combinando el cuadrado ó _toco_ con -el triángulo, la línea quebrada y los meandros espirales. Que este -símbolo es acuático, dícelo bien claro el hecho de figurar como tal -signo combinado en la alfarería funeraria, en las vasijas que contienen -el líquido, al lado de la serpiente y del suri, ó en sustitución del -ofidio del rayo y del pájaro de la tormenta. Además, el sapo suele -aparecer de relieve al borde de la boca de las vasijas, en actitud -de introducirse á las mismas, ó aparece ascendiendo siempre desde el -asiento de las tinajas á sus bocas, como en las Figs. 90, 94 y 95,—en -estos dos últimos casos varios sapos, unos tras otros, en busca del -agua contenida en aquellas. El sapo mora en los pantanos, junto á las -_chilcas_ ó bajo las cortaderas, y elige para viviendas suelos huecos y -grutas húmedas. Su elemento es el agua, en donde crece, se desarrolla, -se alimenta y procrea, especialmente el agua parada de las lagunas ó de -los estanques, ó el agua caida del cielo. De aquí se origina, como es -natural, la creencia fetiquista en nuestra campaña de que el sapo posee -la virtud ó acción propia de «hacer llover». - -El batracio, dirigiéndose á la boca de las urnas acuáticas y de las -tinajas ó vasijas, hace desde el primer momento nacer la idea del -contenido líquido de las mismas, aunque estén vacías, como en los -jagüeles secos á los que se arrojan sapos vivos. El sapo figurado de -relieve al borde de aquellas, expresa que deben llenarse de agua. El -sapo de los pucos semiesféricos, que sirven de tapa á las urnas, -significa, sin duda, agua caida de la atmósfera. - -Un sapo largado de las nubes; una cosa sólida lanzada por la tormenta, -parece ser la piedra ó el granizo, el agua congelada, cayendo sobre la -tierra: en el folk-lore del Amazonas hallamos una curiosa leyenda al -respecto: un sapo es arrojado del cielo á la tierra por _un ave_, el -Urubú ó Cuervo _Negro_ (_Cathartes foetens_)[314]. - -El Cuervo negro, en resumen, fué invitado juntamente con el sapo á unas -fiestas en el cielo. El sapo aceptó ir en compañía del Cuervo, el que -no atinaba cómo su compadre pudiera, sin alas, osar á tanto. En el día -fijado, el negro Cuervo se presenta en casa de aquél. El sapo díjole -que como él gustaba marchar muy dulcemente, le permitiese ir adelante. -Su propósito era, como lo efectuó, esconderse en la guitarra que el -Cuervo portaría para tocar en las fiestas del cielo, de manera que este -le llevase por los aires. Llegado el Cuervo al cielo, le interrogaron -por el Sapo, contestando aquel que su compadre no podía permitirse tan -largos paseos. Después de tales palabras, dejó á un lado la guitarra, -sentándose á la mesa. El Sapo sale de su escondite, y, con asombro -general, se aparece á los convidados, divirtiéndose, cantando y -danzando. Concluido el baile, todo el mundo se retira. El Sapo, viendo -distraído al Cuervo, se mete sigilosamente de nuevo en la guitarra. El -Urubú se puso de vuelta, sabiendo que traía un huésped dentro de su -instrumento. En cierta parte del cielo el Cuervo, sin ruido, vuelca su -guitarra, y el Sapo cae de las nubes, gritando á las piedras y á las -rocas del suelo que se hicieran á un lado[315]. El Urubú replícale que -no tuviese cuidado alguno, pues que volaba perfectamente. Lo que no -impidió que el Sapo, al caer, se diera un golpe formidable. Esta fué la -causa de que le salieran las manchas de su piel[316]. - -El americanista Ambrosetti, á nuestro parecer con muy juicioso -criterio, interpreta la fábula del Amazonas. «En esta fábula, -escribe[317], veo repetido el mito de Catequil y Piguerao, y quitándole -la parte pintoresca, para mi lo que ha querido decir, en un principio, -es: simplemente que Piguerao, el pájaro de la tormenta, al cruzar por -el cielo llevando á Catequil, el rayo, lleva también, á pesar suyo, al -Sapo, que bien puede ser _el granizo_, y que sacudiéndose fastidiado, -lo arroja á la tierra». - -Volviendo á la figuración simbólica del sapo, y á su valor mítico de -«agua», no debemos olvidar que el batracio llama á las nubes, y que -para significar que es cosa que suele estar arriba ó caer de lo alto, -se le suspende con una cuerda de la rama, haciéndosele andar como -péndolo en el aire, entre la copa del árbol y el suelo. - -El canto de las ranas en los pozos ó los charcos, cuando es bullicioso -é intermitente á la vez, suele ser tomado por anuncio seguro de lluvia. - -En la Rioja perdura hasta hoy una leyenda india, según la cual el Sapo -aparece ser el _Señor del Agua_[318], ó de las _Cochas_: fué un sapo, al -cavar su cueva en la humedad, el que abrió la primera vertiente del -Famatima. Ya constatamos en la Pampa Central una tradición semejante. - -Nada más lógico, entonces, que la Cruz, el símbolo acuático por -excelencia, aparezca sobre el cuerpo del Sapo como una insignia, como -un emblema, como un tótem, si se quiere, de este Señor del Agua; y nada -más expresivo que los símbolos combinados del Sapo y de la Cruz para -que leamos en la escritura sagrada de la alfarería funeraria: «agua -caida de las nubes», ó «agua llovida». - -[Ilustración: Fig. 96. Sapos pintados sobre urnas funerarias.] - -[Ilustración: Fig. 97. Interior de un puco Tolombón. Col. Inst. Geog.] - -Es este, sin duda alguna, el motivo de que aparezca lleno de puntos -(gotas de lluvia), geométricamente distribuidos, el pequeño sapo de la -Fig. 96; y con adornos cuadrangulares (posiblemente alusión á andenes), -su compañero de la derecha, figurillas estas pintadas sobre una urna -del Museo Nacional. Dos series de adornos cuadrangulares, en dobles -secciones triangulares del cuerpo de grandes sapos, aparecen en el -interior de un puco de Tolombón, reproducidos en la Fig. 97. Tales -adornos figuraron anteriormente sobre los dorsos de los sapos de la -urna de la Fig. 90. - -Reasumiendo las ideas de este capítulo, y después de lo establecido: -¿quién no creería observar totalmente reproducido el fenómeno -atmosférico de la Tormenta en el interesante puco de la Fig. 92, -viendo en el campo superior en la serpiente de doble espiral, con los -apéndices ondulados de su cuerpo, al relámpago, al rayo y al trueno; -tomando por gotas los puntos de esa franja de la izquierda, paralela -al cuerpo del ofidio; teniendo, en el campo inferior, á los suris -por representantes de las nubes, y á los sapos, con sus cruces, por -símbolos de agua líquida ó congelada que cae de las mismas? - - -NOTAS: - -[307] _Ropachicoc_ (Véase el _Dicc. Quichua_ del P. Diego de Torrez -Rubio). - -[308] Sobre castigos inflingidos á los fetiches, léase John Lubbock, -_Orígs. de la Civiliz._, pág. 189 y sigtes. - -[309] Sobre los bramidos del Ambato, véase Daniel Granada, _Reseña -Hist. Descrip. de las Antigs. y Moderns. Supersticiones del Río de la -Plata_, pág. 144 (1896). - -[310] J. B. Ambrosetti, _Notas de Arqueol. Calchaquí_, págs. 237 y 238. - -Seguramente que el ilustrado americanista Benigno T. Martínez nos -suministrará preciosos datos de folk-lore ribereño cuando de á luz -su tan esperada obra sobre la etnografía del Río de la Plata y sus -afluentes. - -[311] A. Ambrosetti, lug. cit., llamó también mucho la atención esta -ceremonia, sobre la que escribe: «Curiosísima es también la cruz -de ceniza sobre la que estaquean al sapo en Entre Ríos, pues en el -valle Calchaquí hacen la misma cruz, y le ponen un _huevo parado en -el centro_ (á nuestro juicio el huevo sustituye al ojo Imaymana, -germen ó yema) para _conjurar el granizo_, y más curiosa es todavía -la persistencia con que el sapo se halla representado en la alfarería -funeraria, mostrando una cruz en el cuerpo». - -[312] Que el elemento atmosférico Sapo simbólico aparece muchas veces -como inseparable del ave de la tormenta, pruébalo el espíritu de la -leyenda del Sapo y el Urubú (cuervo), que se reproduce al final, según -la cual el ave y el Sapo caen desde las nubes á la tierra, después de -pasear por el cielo. - -En Catamarca, lo mismo que en Entre Ríos, con pocas variantes, perdura -otra singular leyenda, según la cual el Sapo corre tan velozmente como -el Suri, el ave de la tormenta, llegando siempre juntos al final de la -carrera, ó á la raya, señalada con un mortero. - -Un día se encontraron el Sapo y el Suri. Cruzadas las palabras de -cumplimiento, y después de ponderar el Suri la ligereza de su carrera -por los campos, el Sapo le dijo que él era capáz de ganarlo, por más -que le viera saltar tan menudo sobre el suelo. - -—¡Vd!... Pero, si yo no corro, sino vuelo!—dijo el Suri. - -—¡No importa! probemos, probemos, y verá,—replicó el Sapo. - -—¡Pero si Vd. irá saltando, saltando despacito; yo volando, volando; -con mis largas canillas, ayudado por mis alas no habrá suelo que no se -acabe..... - -—No importa: probemos, probemos: le ganaré, compadre. - -—¡Vd. ganarme!.... - -—Le juego mis prendas. - -—Acepto; pero lo robo, compadre. - -Y eligieron un largo campo para correr. Al final de la cancha, -colocaron un mortero, que señalaba la raya. - -El astuto Sapo dió cuenta de la apuesta á los suyos; y eligiendo -compañeros que se le parecieran, los colocó escondidos á lo largo de la -cancha, y al más vivo de todos dentro del montero, á fin de que unos -tras otros, aparecieran siempre durante la carrera, engañando así al -Suri. - -El Suri parte huyendo. Con asombro suyo, vé siempre saltando al Sapo á -su lado. Llega aquel á la raya, y cuando alardea de triunfo, sentándose -en el mortero, el sapo que estaba dentro del mismo, le grita:—¡alto, -que yo llegué de antemano!—De modo que éste fué el ganador. - -El Suri es la nube. Su carrera, es la que le impulsa el viento en el -aire. El mortero es el objeto en el que se muelen las mieses producidas -por la lluvia, de que aquel es portador. El Sapo, junto con la nube, -llegando al mortero, representa, sin duda, otro elemento atmosférico. - -[313] Así, sería posible que, para que no caigan ni piedra ni granizo, -y sí lluvia, se castigaran con _rupachico_ á los sapos estaqueados. - -[314] _L’Urubú et le Crapaud_, pág. 203 y sigtes. del _Folk-lore -Brésilien_, por F. J. De Santa Anna Nery, París 1899 (cit., por -Ambrosetti, _Notas_ etc., págs. 236 y 237). - -[315] «Retrerez-vous pierres et rochis, criat’il en approchant de -terre, ou je vous écrase». - -[316] Tan interesante fábula ha dado tema á la siguiente poesía: - - EL SAPO Y EL URUBÚ - - Invitados á unas fiestas en el Cielo - Son el Sapo y Urubú de largo vuelo. - «Oh! compadre! me han contado que va á irse - Á las fiestas,—dijo el Cuervo, por reirse. - Sí, mi amigo,—dice el Sapo, muy ufano, - Ir mañana he decidido, bien temprano. - Más que todo, una ascensión me es necesaria ..., - Que harto sufro con mi vida sedentaria. - A seguirle me dispongo, pero cuento - Con que lleve, bien templado, su instrumento». - «Tengo lista mi vihuela,—dijo el Cuervo, - Y usted cuente, señor Sapo, con un siervo; - Más su bombo precisamos en la fiesta - El bum! bum! acompasado de la orquesta». - El buen Cuervo, con luciente, negro traje - Está listo de mañana para el viaje. - «Buenos días»; «que los tenga; tome asiento, - Dijo el Sapo,—deje á un lado su instrumento». - «Usted sabe que yo marcho dulcemente».... - «Si le place, partiré primeramente». - Y metióse, sin ser visto, en la vihuela. - A la hora el Urubú con ella vuela. - Cuando llega, le interrogan los del cielo - Por el Sapo y otras cosas de este suelo. - «Vaya! vaya! ¿imaginabais,—les contesta, - Que aquel joven asistiera á vuestra fiesta - Por vivísimo que fuera su deseo, - Cuando es largo para el Cuervo este paseo? - Si en la tierra ni cien saltos aventura, - ¿Es posible que remonte tal altura?» - Lo cual dicho, su vihuela deja á un lado, - Ocupando su lugar de convidado. - De improviso, deja el Sapo su escondite, - Y aparece muy finchado, en el convite. - Gran asombro en la asamblea! Baila y canta - Con el trémolo fugaz de su garganta. - Cuando acaba, todo el mundo victorea, - Y es el mismo del aplauso en la asamblea. - Canta el Cuervo, y habla el Cuervo. Mientras dura - Su discurso, el ardidoso se apresura - O ocultarse nuevamente en la guitarra, - Pues termina ya la célica fanfarra. - Baja el Cuervo del empíreo firmamento, - Más ya sabe quién hospeda en su instrumento. - ¡Como nunca, la venganza es oportuna! - Cuando pasa por debajo de la Luna, - De improviso la vihuela vuelca y baja, - Escapando por la boca de la caja - El viajero de los aires y del cielo - Sin más alas que sus patas para el vuelo. - De las nubes cae el Sapo, como cosa, - Y así grita con palabra lastimosa: - «No en vosotras, piedras, rocas, de mi pecho! - Oh! arenas! preparadme vuestro lecho!» - Malicioso el Urubú, cuando súplica, - «¡Es tan rápido su vuelo,—le réplica, - Y seguro al mismo tiempo, mi compadre, - Que sin duda fué un águila su madre!» - - * * * * * - - Cuenta el Sapo que las manchas de su lomo - Le salieron con su caida como un plomo; - Pero niega que esta historia, ya muy vieja, - Tener pueda su estilada moraleja. - -[317] _Notas_ cit., pág. 237. - -[318] En nuestro Pomán hay un lugarejo que se denomina _Apoycco_ -(Apu-Yaco), que dice:—Agua Señor—por la construcción de la doble -palabra quichua. - - - - -CAPÍTULO X - -RESUMEN SINTÉTICO - -CONCLUSIONES FINALES - - - _Síntesis de la obra—La Cruz como emblema - sagrado—Motivos con que se la ha empleado—Su - adopción general como combinación mítica y - artística—Unidad de su valor simbólico—Contactos - y migraciones de las naciones americanas—La forma - geométrica de la Cruz—La Cruz en Calchaquí—Síntesis - arqueológica—El volátil de la Tormenta—Loros en las - Huacas de Chañar Yaco—Huaca de Yocavil—La Cruz y los - fenómenos atmosféricos—Universalidad del culto al - Agua y á las masas líquidas—La Cruz es el símbolo de - la Lluvia._ - -Estas últimas páginas, condensación de las múltiples ideas emitidas -y desarrolladas en la obra, han sido escritas por la necesidad -imprescindible de sostener su unidad, y por arribar á una solución -sintética y única del problema arqueológico debatido, después de -haberlo encarado bajo todas sus faces, tratando de establecer el valor -precolombiano del signo de la Cruz en las diversas formas y maneras -cómo se presenta, ya en calidad de emblema de los dioses, de símbolo de -su culto ó de carácter hierático de un misterioso lenguaje escrito. - -En primer lugar, debe dejarse definitivamente sentado el hecho de su -universalidad, de tal manera que pueda decirse que en América la Cruz -ha sido una insignia religiosa empleada por los pueblos que salieron -del imperio absoluto del fetiquismo, para entrar al período en que las -religiones se valen de signos convencionales en la expresión de las -disquisiciones intelectuales y de las ideas consagradas por la creencia -colectiva. - -Naturalmente que, estudiada la Cruz como emblema sagrado, prescindimos -de su valor arquitectónico de combinación geométrica de dos líneas, -que entre sí se cortan para formar ángulos rectos. Su empleo en la -arquitectura y ornamentación nativas, en la mayor parte de los casos, -sería naturalmente sugerido por el gusto á la línea recta y sus -combinaciones, con prescindencia de las ideas religiosas del pueblo que -la incorporaba á las modalidades de su arte pictórico ó escultural. - -Nosotros, como se ha visto en este trabajo, nos hemos ocupado de la -Cruz en cada ocasión en que el hombre americano la ha trazado, grabado -ó pintado con algún intento ideológico; es decir, cuando se ha valido -del signo autóctono para figurar una cosa, ó expresar alguna idea: como -el agua, los vientos, la lluvia, la acción de los astros. - -Muchas de las razas primitivas continentales han sido dotadas de -una rara fantasía, y la Cruz ha figurado en sus manifestaciones -imaginativas y en sus creaciones artísticas como la expresión -representativa de cualquier cosa ó asunto sobrenaturales, ya el símbolo -aparezca en la roca, en el muro del templo, en la huaca, en la tela de -vestir ó en la alfarería doméstica; porque en todos los momentos de -las razas, individuales ó colectivos, aún en aquellos más naturales y -sencillos de la vida ordinaria, las divinidades eran la causa, aunque -fueran mediata, de los sucesos, haciéndose sentir su acción en los -hechos y actos más trascendentales, como en los nimios ó triviales. -Cuanto menos puede el brazo del hombre, tanto más interviene la mano de -los dioses. - -De aquí que la Cruz simbólica aparezca reproducida con variados -motivos, y sobre cualquier cosa ú objeto. Un vaso, por ejemplo, lleva -labrado ó pintado el signo sobre su superficie externa, de la propia -manera que un ídolo lo porta sobre su pecho ó en su rostro; y es que, -aunque el primero de estos objetos sea destinado al uso diario de -beber agua, en ciertas ocasiones se emplea como aparato ceremonial, -como instrumento del culto, como cosa sagrada, como cuando sirve para -implorar á las divinidades. El grabado ó pintura de tal Cruz, fué -decidido desde el primer momento por necesidades que pueden ocurrir en -el acto de beber. Cuando la Cruz aparece sobre un ídolo, la cuestión -se presenta simplificada, porque aquella insinúa por sí misma uno de -los atributos del dios, desde que los otros símbolos, el círculo, -el meandro, la espiral expresan á la vez la acción potencial de la -divinidad que los porta. - -En cuanto á su profusión continental y á la rara unidad de su valor -en los diversos pueblos americanos del norte, del sud ó del centro, -la cuestión es árdua, en el segundo extremo; que en lo relativo al -primero, podría decirse que ello es el resultado del hecho matemático -de que la combinación cruciforme es adaptable como el signo general de -la geometría celeste y terrestre. - -En efecto: que un piel roja, un delaware, un sia, un maya, un azteca, -un muysca, un peruano y un calchaquí empleen la Cruz como un signo ó -emblema religioso, puede explicarse fácilmente por el papel político -y social de los conocimientos astronómicos de gran parte de estos -pueblos, que, como los del sud, venerarían al crucero, visible para -ellos; ó por la aplicación, de parte de todos, de la geometría, en la -cual eran versados, influyendo especialmente en el dibujo del signo el -gusto por el ángulo recto, como que figuras elementales ó radicales -geométricas eran los demás símbolos venerados, cuyo trazado ocurre á -cualquier inteligencia: el círculo, el cuadrilátero, el triángulo y -otras combinaciones de líneas curvas y rectas. Pero que en América -tenga también la Cruz un valor universal como símbolo acuático, asunto -es éste sobre el cual cuanto más se reflexiona, más se arraiga la -convicción de que no hay otra manera de explicarlo sinó estableciendo -desde luego las migraciones y contactos de los pueblos entre sí, -mayormente si se tiene en cuenta, por ejemplo, que las divinidades -atmosféricas portadoras de la Cruz aparecen al norte y en el sud -dotadas de atributos idénticos, siéndoles muchas cosas comunes, como -su figuración de ofidio, de volátil ó de una combinación de uno y -otro, tal cual sucede con Quetzalcóatl, Gucumatz, Kukulkán, Catequil, -Huayrapuca, los seres ó pájaros serpientes,—lo que no es concebible -atribuir á mera casualidad, sino á influencias de una cultura sobre -otra cultura, de una religión sobre otra religión; lo que equivale á -decir: á una influencia mediata ó inmediata azteca ó maya sobre Perú -y Calchaquí, ó viceversa, á una influencia peruana y calchaquí sobre -Yucatán y Méjico, no obstante las inmensas distancias que separan -á estos cuatro pueblos. Por eso creemos que la arqueología y la -antropología van bien encaminadas cuando estudian comparativamente -monumentos, religiones y razas, hasta que lleguen con procedimientos -prácticos á establecer definitivamente la verdad, tantas veces -sospechada, de las migraciones de agrupaciones humanas de norte á sur -y de sur á norte, exterminándose, desalojándose, ó transformándose -por la cruza después del avasallamiento, dando así con la clave de -tanto fenómeno etnológico, como el de la igualdad de diversos tipos -craneológicos en regiones distantes: el de Bolivia y Perú en Méjico; -el del tehuelche de la Pampa en la Tierra del Fuego, por ejemplo; -y vale la pena de consignar que algunas de estas migraciones están -demostradas ó en vías de demostrarse: la de los chancas ó piernas al -Perú, y la de otras razas que derribaron el imperio; la de los peruanos -á la Argentina y Chile[319]. En el Río Negro se han encontrado restos de -una raza dolicocéfala; indios yaganes viven arrinconados en la Tierra -del Fuego; araucanos, para no ir lejos, han ocupado el territorio que -fué de los taluhet, divihet y chechehet, ramas del tronco patagónico, -uno de los grandes grupos de la Raza Pampeana de D’Orbigny; lules -y vilelas, el Chaco Guaycurú; las razas Guaraní, Chaco-guaycurú, -Pampa-patagona y Pampa, el Río de la Plata, seguramente[320]. Un -estudio especial sobre las cosas, como sobre el uso del tabaco y la -alimentación por medio del maíz, de parte de tanto pueblo americano, -podría contribuir eficazmente á ilustrar estos problemas[321]. - -En Méjico y Perú hemos visto figurar á la Cruz como signo astronómico -venerado; y posiblemente en los pueblos meridionales la distribución -de las estrellas de la Cruz del Sud, como lo dijimos, ha decidido su -figuración, tal cual apareció en la lámina del Yamqui Pachacuti. La -Cruz en tal caso, más que un emblema general del cielo, es un signo de -carácter particularmente astrolátrico, que representa la determinante -acción de los cuerpos celestes en la producción de los fenómenos -atmosféricos. - -En cuanto á la forma geométrica del símbolo, ella ha sido -indiscutiblemente determinada por la veneración al número sagrado 4, -ó á cuatro cosas, distribuidas de tal manera que unidas entre sí por -líneas, se corten en ángulos rectos, figurando un signo cruciforme -con palos de iguales dimensiones, pues las cuatro cosas se suponen -equidistantes de un punto común, ó sea el de intersección de las líneas -que respectivamente los unen. Estas cuatro cosas son especialmente: los -cuatro genios animados del mundo, que habitan las cuatro extremidades -del mismo; las cuatro grandes cariátides vivientes que sostienen el -globo; las cuatro divinidades cardinales, el norte, sud, este y oeste; -los cuatro hermanos ascendientes[322], venidos de las cuatro partes del -mundo, por los cuales, por ejemplo, los tupis del Brasil se creen -engendrados, lo mismo que los guaraníes del Paraguay, como los muyscas -de Bogatá por los cuatro gefes del dios Nemqueteba, los nahuas de -Méjico por cuatro familias originales,—número que es doblado por -los ottoes y pawnes; las cuatro estaciones del año, con sus diversas -temperaturas y productos, obra de los genios de los cuatro vientos, al -pensar de algonkines, cherokees, choctaws, creeks, aztecas, muyscas, -peruanos y araucanos; finalmente, los cuatro vientos ó espíritus -cardinales, invocados por los pueblos americanos como los portadores -de la seca, de los huracanes, de la humedad, de la lluvia, según la -manera y el lugar cómo y de donde soplan; y así, el viento norte es -el de Mictla ó de la Muerte para los aztecas, mientras que el este es -el del paraiso ó de Tlalocavitl, el mismo viento que para los dakotas -simboliza la vida y la fuente de las cosas. - -Los cuatro palos de la Cruz suelen en América ser comunmente de iguales -dimensiones, por la razón sencilla de que aparecen como diámetros de -un horizonte siempre circular para los ojos del indio, contemplando en -todas direcciones las llanuras ó los desiertos, de modo que él se cree -colocado en toda ocasión en un punto céntrico ó de origen[323]. De aquí, -sin duda, que sea tan profuso en el simbolismo continental el círculo -con diámetros cortándose perpendicularmente entre sí, ó el doble -símbolo combinado del círculo y de la Cruz, esculpido en las figuras -humanas de la tabla y bajorelieves de Palenque, y pintado con profusión -en telas y alfarerías peruanas, y no pocas veces sobre los objetos -calchaquíes. - -Son, sobre todo, estos cuatro vientos, que soplan de las cuatro -direcciones cardinales de la tierra, los que han determinado la forma -geométrica y simplificada de una Cruz, por la unión con líneas rectas -del norte y sud, del este y oeste, respectivamente. Y es en el punto de -intersección de las líneas en el cual la persona, la tribu ó la nación -se creen ubicadas; y es así mismo en tal punto, lugar de la ubicación -de una zona terrestre, en donde los vientos venidos, que acarrean las -nubes lejanas, producen su acción, dando lugar al nublado, al trueno, -al rayo, y luego á la lluvia. - -Tal es el motivo por el cual la Cruz se vuelve el símbolo sintético de -todos los accidentes y fenómenos atmosféricos, obrando con su poderosa -acción en el cielo y en la tierra. - -No solo corrobora, sino prueba esta afirmación arqueológica el hecho de -que gran número de mitos atmosféricos, de divinidades del viento, del -trueno, de la tormenta y de la lluvia, llevan como insignia ó -emblema la Cruz, ya entre sus manos, en su escudo, en su túnica ó -en sus flotantes vestiduras. Tláloc, Amimitl, Chalchihuitlicue ó -Mataclue, Tzotzitepec, Quetzalcóatl[324] ó Nanihehecatl, Wixepecocha, -Huitzilipochtli, Gucumatz, Ahulneb, los Bacabs, Batchué, Atticci -Viracocha, tienen por insignia la Cruz, ó la llevan figurada, cuando no -constituyen cuaternos sagrados, el principio del símbolo cruciforme. - -Después de haber estudiado en cinco capítulos sucesivos á la Cruz como -emblema sagrado en los diversos pueblos continentales, del VI al IX -inclusive, nos concretamos á establecer su valor simbólico en nuestro -Tucumán, asunto que no se ha tratado hasta hoy detenidamente. - -Desde el primer momento advertimos que en ninguna otra sección -geográfica, como en la tucumana, y especialmente calchaquí, al noroeste -de la Argentina, la Cruz se encuentra tan reiteradamente repetida, -al grado de que pueden contarse, entre las diversas colecciones -existentes, cerca de tres centenares de objetos con la figura -cruciforme[325]. - -De la revista minuciosa que hemos practicado de objetos cruciformes -calchaquíes tanto en la alfarería funeraria (urnas y pucos) como en -ídolos, amuletos, petrografías y pictografías, ha resultado que la Cruz -en estas regiones argentinas fué un símbolo sagrado transcendental, -cuyo valor atmosférico y acuático es indiscutible. - -Nuestros descubrimientos fundamentales han sido: en primer lugar, -la determinación representativa de esa figuración antropo-zoomorfa, -reproducida reiteradamente sobre las paredes anterior y posterior -de las urnas, la que no es otra cosa, en definitiva, que la gran -divinidad de la Atmósfera ó del Cielo fetiche, portadora del Vaso -del Trueno[326], dispensadora de las lluvias; en segundo lugar, la -equivalencia del símbolo antes misterioso del Avestruz ó Suri, que -aquella representación mítica lleva pintado entre los arcos de sus -brazos singulares, resolviendo de una manera concluyente que el ave de -nuestros desiertos es ese mismo Pájaro de la Tormenta de otros pueblos, -ó la figuración ornitomorfa de las nubes de la lluvia[327]. - -Y no tan solo el Ave-suri, sino también otros volátiles, al parecer, -simbolizan la Nube: el cóndor v el loro; pues si fijamos la atención -en los diversos pájaros reproducidos en la alfarería funeraria que -ofrecimos en el capítulo VI, y especialmente en la forma de sus -cabezas, con sus ojos y picos, al instante notaremos que en muchos -casos son cóndores y loros, ó pájaros convencionalmente mixtos ó -dobles, más que suris sencillos, los volátiles que el artista se -ha propuesto figurar. El cóndor, ave negra de gran tamaño, podrá -representar la obscura nube de la tempestad; el loro, pájaro pequeño, -las primeras nubes que anuncian la tormenta, ó las nubes irisadas, -por los colores amarillo, verde y rojo de las plumas del ave, siendo -muy oportuno recordar que en el lejano norte el _Quetzal_ de la -tormenta es un papagayo. Los hermosos loros de cuentas de malaquita, -que Lafone Quevedo encontró dentro de las urnas de Chañar Yaco (entre -Andalgalá y Belén), nos ofrecen, sin duda, una prueba concluyente de -la representación atmosférica de estos verdes volátiles, que en largas -bandadas atraviesan los secos horizontes de Calchaquí, figurando los -movimientos accidentados de una nube que se desliza por el espacio. Los -loros de malaquita, dentro de las urnas para propiciar agua del cielo, -claro es que son, en su carácter de símbolos de la nube de la lluvia, -el motivo del acto cruento propiciatorio, en aquel lugar desierto -de Chañar Yaco, antes habitado, que ha poco visitamos, y en el cual -escasamente brota un miserable raudal de agua salobre[328]. - -En la solución de aquellos dos interesantísimos, cuanto intrincados -problemas arqueológicos, ninguna dificultad se nos podía oponer para -establecer el valor mítico de la Cruz, que los suris llevan reproducida -en la caja de sus cuerpos, símbolo que excepcionalmente aparece sólo y -sin combinaciones en el rostro de la figura antropo-zoomorfa, ó en la -sección ventral de las urnas, como un signo sintético, en este caso, -por la eliminación de los demás, de reconocido valor acuático. - -Si el Avestruz, figura simbólica en el conjunto atmosférico de las -urnas, es la Nube, claro que la Cruz que el animal alado lleva como -emblema en su cuerpo, al centro mismo de la figuración del Ave de la -Tormenta, representará el fenómeno que la nube produce, ó sea la Lluvia. - -Esta Cruz, figuración gráfica de los cuatro vientos que han acarreado -las nubes de la tormenta, es invariablemente, en el caso en cuestión, -de palos iguales, ó Cruz griega, por los motivos que en los lugares -pertinentes se adujeron. - -Muchos ídolos, de indiscutible carácter acuático, llevan la Cruz sobre -su pecho, indicando el símbolo uno de sus atributos potenciales. Tal -símbolo cruciforme suele generalmente aparecer pintado en los ídolos -en los lugares correspondientes á ambas mamas, con lo que el indio se -propone expresar de una manera metafórica, mediante una concepción -imaginativa, que el líquido vital, como la leche nutritiva, sale y -surge del seno fecundo de sus divinidades, para alimentar con aquel -cuanto en la tierra germina, nace y crece. - -Otros ídolos de carácter ofilátrico portan también la Cruz, la que en -algunas ocasiones, como en el grupo atmosférico de Capayán y en un yuro -de cuatro serpientes de nuestra colección, aparece formada por cabezas -de ofidios, siendo en tales casos indiscutible su valor de símbolo -atmosférico combinado y mixto. - -La Mamazara ó monolito esculpido de Tafí aparece con signos -cruciformes; y en la lámina del Pachacuti una Cruz en forma de X lleva, -con la leyenda de «chacana en general», la de «zara-mama». Estas -mamazaras son piedras paradas, protectoras de los sembrados, y, por lo -tanto, huacas á las cuales se imploran lluvias. - -Los Caylles, protectores de las siembras, más de una vez llevan el -signo cruciforme labrado sobre la plancha de cobre; ó las pequeñas -figuras que adornan los mismos, aparecen de tal manera alternados -sobre el objeto sagrado, que forman las cuatro radicales de una Cruz. -Y estos Caylles, aparte de ser preciados amuletos para propiciar la -producción de los frutos de la tierra, sabemos que pertenecen al culto -de Huiracocha, el mito acuático por excelencia, ó son atributos del -dios, conocido también, según la relación del P. Molina, con el nombre -de «Caylla Uiracochan». - -En los amuletos de fecundación ó de procreación, hemos visto figurar á -la Cruz; y en cuanto á los huacanquis que la llevan, labrados estos con -material de piedra lanzado por el rayo, tenemos, á más de su origen, -el dato elocuente de que son cuidadosamente guardados en una «cesta de -plumas», alusión al volátil de la tormenta. - -La Cruz se ha esculpido con regular profusión en los petroglyfos de -Calchaquí, apareciendo generalmente al lado de figuraciones acuáticas. -Las _cochas_, ó depósitos de agua, se reproducen atravesadas por -cruces, hecho que recuerda la Cruz de cuerdas en el lago de Batchué. -Los petroglyfos, en general, son huacas sagradas para implorar lluvias. - -En las pictografías las cruces aparecen excepcionalmente, y su valor es -igual al de los petroglyfos. - -Los símbolos combinados de la Cruz y del Sapo, fetiche animado que -vive en la humedad ó en el agua, su medio, y que en algunas leyendas -míticas es el granizo ó la piedra que caen de las nubes,—concluyen -por determinar de una manera definitiva el valor sagrado del signo -cruciforme, tantas veces empleado con insinuantes motivos. - -Interesantísimo es el hallazgo realizado el año pasado, 1900, en el -valle de Yocavil, en lo más alto de un cerro, entre San José y Punta -de Hualasto. Buscándose un derrotero de minas, se notó en el suelo -una rara prominencia á manera de _mound_, y muchas piedras encima de -ella, que se reconoció que fueron amontonadas por la mano del hombre. -Practicada la excavación, dióse con una huaca que contenía cinco -cadáveres, acostados de espaldas, sucesivamente en línea; uno de ellos -presentaba el cráneo fracturado, visiblemente á golpes de maza. En -medio de los cadáveres, con sus brazos abiertos á manera -de T, pues el palo superior era muy poco alargado, habíase colocado una -Cruz de madera, regularmente conservada, de un metro y cuarto de alto, -más ó menos. Los cadáveres eran de nativos, tanto por las formas de sus -cráneos, como por las telas que vestían, por las armas y otros objetos -enterrados con ellos. La Cruz aparecía indiscutiblemente americana, -recordando en sus formas á la de Tláloc, llevando grabados caracteres -simbólicos nativos, algunos de ellos regularmente visibles[329]. - -¿Se trataría en el caso de la huaca de Yocavil de un sacrificio de -adultos en tiempo de las grandes sequías, que de cuando en cuando ponen -en peligro la vegetación y matan de sed á los animales del valle, en -el cual los sacrificios cruentos estuvieron en boga en otras épocas, -como lo delata la profusión de urnas funerarias con cadáveres de -párbulos?—Nosotros no lo sabemos; pero posiblemente ha sucedido así -en la región en que se imploraba á la Huayrapuca, y en que se rociaban -con sangre humana las huacas de piedra de Ampajango y Andaguala, con -su misteriosa escritura ideológica, alusiva á la producción de los -anhelados fenómenos meteorológicos. - -Los datos recogidos por el folk-lore autorizan á afirmar que la Cruz -es hasta hoy el símbolo conspícuo de los cambios atmosféricos. La -eliminación de la cabeza del Suri, ó de la Nube portadora de la Cruz, -en los sacrificios al Chiqui; la colocación de cruces en los altos -morros; en medio de los rastrojos sembrados en sustitución de las -mamazaras y huazas, y sobre los trojes ó pirhuas que guardan el maíz y -la algarroba de las exiguas cosechas rurales, son hechos insinuantes, -reveladores, que delatan á través del tiempo la persistente -trascendencia de un culto extinto. - -En conclusión: la adoración al Agua y á las masas líquidas es un hecho -innegable, universalmente reconocido y comprobado en toda nuestra -América. La Cruz es la figura transcendental en el simbolismo del culto -acuático, que hacía del hombre primitivo un observador constante de -la atmósfera, á la cual levantaba sus ojos para ver flotar entre las -nubes á esas divinidades cuyo rostro y cuyas formas ideó su fantasía, -portadoras del vaso resplandeciente y estruendoso. - -En una palabra: la LLUVIA es el motivo fundamental de la -religión, y la CRUZ, su símbolo. - -FIN - - -NOTAS: - -[319] Barros Grez (_Gaucho_, Actas del Primer Congr. Latino-Amer., sec. -IV, págs. 21 y 22) sostiene, por ejemplo, que los antiguos indios que -poblaron á Cauquenes pasaron de las Pampas Argentinas á Chile, y que -lejos de ser originarios de la Pampa, procedían de un pueblo venido de -las zonas intertropicales. - -[320] A D’Orbigny, _L’Homme Américain_, tom. II, págs. 90 y siguientes; -P. Mantegazza, _Río de la Plata_, etc., pág. 400 y sigtes. (Milán, -1877); G. Pelleschi, _Otto mesi nel Gran Ciacco_, pág. 247 y siguientes -(Firenze, 1881); F. F. Outes, _Los Querandíes_, caps. I y III (Bs. -Aires, 1897); Guido Boggiani, _Lingüística Sudamericana_. Congreso -Lat-Amer. cit., sec. IV, § V, págs. 242 y sigtes.; Lafone Quevedo, _La -Raza Pampeana y la Raza Guaraní_, Actas del Congreso cit., part. 4^a, -§ III (1900); Benigno T. Martínez, _Etnografía del Río de la Plata_ -(1898); P. Scalabrini, _Demostración filológica de los conocimientos -de los Indios_ (1898); F. Ameghino, _Excursiones en la Prov. de Buenos -Aires_ (Bolet. de la Academia de Ciencias de Córdoba, VI), y las -monografías de M. R. Trelles, V. F. López, G. Burmeister, F. P. Moreno, -etc. Generalidades sobre el asunto, pueden verse en _La Antropología -y Craneología_ de Robert Lehmann Nitsche (Rev. del Museo de la Plata, -tom. IX, págs. 21 y sigtes., 1898) y en las obras _General Anthropology -and Ethnology_ (1886) y _The American Race_ (New York, 1891) de D. G. -Brinton, etc. - -[321] J. W. Harshberger, _Maize_ (1893). - -[322] Los nombres de los cuatro hermanos Wabun, Kabun, Kabibonokka y -Shawano, significan en algolkin los cuatro cardinales y los cuatro -vientos que de ellos soplan. - -[323] Barros Grez (_Congr. Cient. Lat.-Americano_, IV., pág. 200), en -su estudio de interpretación de las pictografías de Tinguiririca, á -propósito de la Fig. 11 de su lámina, ó de la Cruz griega, dice que -ella es el signo de la _tierra_, con sus cuatro puntos cardinales, que -han figurado con esta misma significación en otras piedras escritas. - -[324] Este dios, no obstante haber sido sustituido más tarde por -Motezuma, el último continuó siendo «el Señor de los vientos y de las -aguas» (Squier, _Travels in Nicaragua_, II, págs. 3 y 4). - -[325] Además de la nuestra, la de Lafone Quevedo, Museo Nacional, de la -Plata é Instituto Geográfico, la colección Zavaleta (cuyo material no -hemos podido aprovechar en este trabajo, á causa de estar encajonada en -el Museo Nacional) es rica en alfarerías con cruces, y como lo hicimos -notar en una monografía describiendo y clasificando la misma, cruces -de cuadrados alternados, rojos y amarillos, pueden verse en diez urnas -funerarias de Tafí y en cinco de Amaicha; los suris con cruces son -también numerosos, sobre la parte ventral de otras urnas, siendo dignas -de especial mención las que llevan los nos. 11, 19, 42, 63 etc. (Adán -Quiroga, _La Colección Zavaleta_—tom. VII., cuads. 4 á 7 n^o II del -Bolet. del Institut. Geográf. Argent., Buenos Aires, 1896). - -[326] El _Vaso_, como símbolo de agua, fuente de la vida, es una figura -conspicua en los mitos y artes americanos. El gran vaso Huecomitl -juega un gran rol en el drama de la creación, entre mayas y aztecas. -El vaso Ticci ó Ticcu del Perú, es un interesante símbolo atmosférico. -En el valle de Méjico, en Tlascala y Yucatán se han exhumado imágenes -portadoras de vasos. Estos vasos son una representación de los dioses -del lago, de las aguas y de la agricultura. - -D. Jesús Sánchez ha hecho una buena colección de interesantes -ejemplares de vasos-símbolos en un artículo que publicó en el tom. -I de los _Anales del Museo de Méjico_. Leo V. Frobenius, en la -_Revista Antrop. de Berlín_ (1895) estudio al vaso en las primitivas -concepciones cosmogónicas (Brinton, _The Myths of the New World_, cap. -V., página 152). - -Nosotros poseemos una regular colección de vasos simbólicos de nuestro -Calchaquí, que aún no hemos estudiado. - -[327] De la propia manera que en las razas del sur y del centro, en las -del norte figura invariablemente un ave mítica en sus cosmogonías y -en las leyendas diluvianas, que guardan íntima conexión con las de la -creación. - -Los algonquines tienen su cuervo sagrado; lo mismo los thlinquit, -con su gran volátil de la tormenta. A sus pájaros míticos llaman -respectivamente Estas, Nikilstlas, Kanoakeluh y Caugy, los carrier, -haidah, kwakiutl y tshimsshians. Yetl es el pájaro de los esquimales; -los natchez tienen su ave cardinal; un pájaro sobre un árbol aparece -en el diluvio del Codex Mejicano; un ave es un gran personage entre -los aztecas, y en el Codeice Chimalpopoca figuran las aves míticas -Xecotcovach, Cotzbalam y Tecumbalam (A. Krause, _The Thlinquit -Indian_., cap. X; Brasseur, _Le Liv. Sacré_, pág. 27; Id., _Hist. du -Mexique_, Cod. Chimolpop.; F. Desjardins, _Le Pérou avant la Conq. -Espagn._, págs. 26 y sigtes). - -[328] Lafone Quevedo, en sus _Huacas de Chañar Yaco_, limitóse á -consignar el hallazgo curioso de los loros de malaquita dentro de -las urnas funerarias, sin darse cuenta de este hecho, de sencilla -explicación para nosotros. - -[329] El facultativo alemán Dr. Bruno S. Scharn se ha dignado darnos -estas noticias, desde su residencia de Santa María, por considerar muy -interesante el caso. - - - - -ÍNDICES - - - - - ÍNDICE GENERAL - PÁG. - - CAPÍTULO I - - LA CRUZ EN AMÉRICA - - JUICIO DEL CONQUISTADOR - - La Cruz en los siglos XVI, XVII y XVIII—Juicio - del Conquistador—Idea de un cristianismo - antecolombiano—Los PAY americanos y los hechiceros - nativos—Juicio del indio—Monumentos y mitos - continentales—Pachacàmac, Atticci Viracocha, - Tonapa y Taapac—El tricéfalo de Cundinamarca - y el Tangatanga de Chuquisaca—Escrituras - petrográficas—Quetzalcòatl, Votán, Wixepecocha, - Bochica y Huiracocha—Manco Càpac y el Inca Roca—Pies - esculpidos—El hombre blanco y barbado—La Cruz como - símbolo nativo. 1 - - - CAPÍTULO II - - EL SIGNO CRUCIFORME - - SU PROFUSIÓN CONTINENTAL - - Universalidad del símbolo—La combinación cruciforme - como hecho matemático—La Cruz entre los Pieles - Rojas—En Méjico—En la América Central—Sepulcros - mejicanos en Cruz—Las tumbas de los Muyscas—El - símbolo de la Vida Futura—Opinión de - Brinton—Orientación de los sepulcros—La Cruz de - Cozumel—Cruces de Guatulco y de Anáhuac—Cruz de - Palenque—Su valor arqueológico—El emblema de los - Vientos—La Cruz en Cundinamarca—La Cruz en el - Perú—Cruces de Carabuco, de Santa Cruz, de los - Chunchos y del Cuzco—La Cruz en Chile y en el - Tucumán—Profusión del símbolo en Calchaquí—Opinión - del marqués de Nadaillac 31 - - - CAPÍTULO III - - LA CRUZ SIMBÓLICA - - EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA - - Influencia de la religión en el valor del símbolo—La - Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de - Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El - palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo - de Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con - Cruz—Material iconográfico de Jiménez de la - Espada—La Cruz en los huaqueros—Telas de la Horca, - Paramonga, Pachacàmac, Chancay y Ancón—Opiniones - de Jiménez de la Espada y M. Bollaert—La lámina - simbólica del Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la - Cruz—Una cita del P. Cobo—El Tau de Allchurch—La - Cruz como símbolo astrolátrico y atmosférico 47 - - - CAPÍTULO IV - - LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE - - Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS - - Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El - Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl, - Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira, - Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su - insignia cruciforme—Cruz en el escudo de - Amimitl—Chalchihuitlicue y su Cruz—Quetzalcóatl - y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la - Cruz de sus vientos—Wixepecocha y su Cruz en - el Cempoaltepec—Huizlopochtli y su blasón - cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra - Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los - cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El - Tau del dios del Aire de Squier—La Huayrapuca - calchaquí y el grupo atmosférico de Capayán—La Cruz - ofídica—La Cruz y los fenómenos meteorológicos. 75 - - - CAPÍTULO V - - LA CRUZ Y EL NÚMERO CUATRO - - Los números y su valor simbólico—Predilección - por el Cuatro en la raza americana—Los - hechiceros Chypeway—El número cuatro y el dios - Viztcilipuztli—Lo que escribe D. Antonio de - Solís—El número cuatro entre aztecas, nahuas, - mayas, quichés y muyscas—Entre peruanos y - araucanos—Entre calchaquíes—Los cuatro - puntos cardinales y los cuatro vientos—Los - cuatro palos de la Cruz—La Cruz como emblema - acuático—Vaso ceremonial de los Sia—Opinión de - Stevenson—Disentimiento con Brinton—La Cruz como - símbolo de la Lluvia. 103 - - - CAPÍTULO VI - - EL SÍMBOLO CRUCIFORME EN CALCHAQUÍ - - LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA - - El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz - en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras - ceremoniales—La Tormenta y su representación - antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito - simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas - griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa - y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus - ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del - Chiqui y la cabeza del Avestruz—Serpientes - emplumadas—Las varas emplumadas y las plumas en el - culto al Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El - Vaso del Trueno—Himno «Sumaac Ñusta»—Suris con - cruces—La Cruz y los símbolos atmosféricos—Los - Pucos y sus figuras simbólicas—Puco de Fuerte - Quemado. 123 - - - CAPÍTULO VII - - LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS - - EN LOS FETICHES Y AMULETOS - - El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan - los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques, - Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz - en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de - Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué - sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de - Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica - de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas - de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos - totémicos—Figuraciones antropo atmosféricas—Una - cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos - totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz - sobre los escudos calchaquíes—Cruces y - emblemas cruciformes en los Caylles—Caylla - Huiracocha—Amuletos con Cruz. 165 - - - CAPÍTULO VIII - - LA CRUZ EN LAS PETROGRAFÍAS - - Y PICTOGRAFÍAS - - Escritura figurativa é ideográfica en las Petrografías - y Pictografías de Calchaquí—Opiniones de Mallery, - de Brinton y de Keane—El símbolo de la Cruz en los - Petroglyfos—Por qué las cruces no son profusas en - ellos—La Cruz no es una combinación figurativa, - sino simbólica—Pictografías de la Gruta de - Tinguiririca: interpretación de Barros Grez—Gruta - de Carahuasi: monografía de Ambrosetti—Gran Gruta - de Siquimí—Cruces en los petroglyfos de San - Lucas, Quilmes, Andaguala, Encalilla, Ampajango, - San Fernando y Cerro Negro—Rosetas y Cochas - con Cruz—Patas de Suris: roca de Quilmes—El - Ave-Suri de la Gruta de Cafayate—Estanques unidos - en Cruz—Ejemplares de Loma Colorada, Quilmes - y Ampajango—Andenes con cruces: ejemplares de - Ampajango y Cerro Negro—Hombrecillos con los brazos - en Cruz—Deducciones. 197 - - - CAPÍTULO IX - - LOS SÍMBOLOS COMBINADOS - - DE LA CRUZ Y DEL SAPO - - El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El - Sapo y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano, - entreriano y pampa—Ceremonia con la Cruz de - ceniza—Batracios simbólicos en la alfarería - ceremonial y funeraria—Urnas de Santa María y - San José—El Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos - del Instituto Geográfico Argentino—Los símbolos - combinados del Sapo y de la Cruz—El Urubú y - el Sapo: folk-lore brasileño—El «Señor del - Agua»—Conclusiones. 221 - - - CAPÍTULO X - - RESUMEN SINTÉTICO - - CONCLUSIONES FINALES - - Síntesis de la obra—La Cruz como emblema - sagrado—Motivos con que se la ha empleado—Su - adopción general como combinación mítica y - artística—Unidad de su valor simbólico—Contactos - y migraciones de las naciones americanas—La - forma geométrica de la Cruz—La Cruz en - Calchaquí—Síntesis arqueológica—El volátil - de la Tormenta—Loros en las Huacas de Chañar - Yaco—Huaca de Yocavil—La Cruz y los fenómenos - atmosféricos—Universalidad del culto al Agua y á - las masas líquidas—La Cruz es el símbolo de la - Lluvia. 239 - - - - - ÍNDICES PARCIALES - - -I.—DE AUTORES - - Acosta, J. de, 16, 42, 96. - Adam, L., 33. - Alfaro, F. de, 7. - Alfonso, P., 203. - Allchurch, 71. - Ambrosetti, J. B., 14, 17, 29, 175, 186, 190, 191, 199, 208, 224, 233. - Ameghino, F., 244. - Anales de la S. Cient. Argent., 29. - Anales del Museo de Méjico, 248. - Angrand, M., 202. - Animal Report of the Bureau of Ethnology, 78, 79, 94, 104, 118, 119, - 174, 179, 198, 217. - Arias Dávila, P., 44, 65. - Atlas de Rivero-Tschudi, 49. - - Bárcena, P. A., 28. - Barros Grez, D., 203, 205, 243, 246. - Brasseur de Bourbourg, 9, 10, 15, 22 á 25, 28, 29, 39, 48, 81, - 82, 83, 88, 90, 91, 157, 249. - Beauvais, M. E., 8. - Bertonio, L., 12. - Biart, L. 90, 91, 92, 109, 159. - Boletín del Inst. Geográf. Argentino, 11, 13, 14, 29, 100, 124, 127, - 150, 192, 199, 208, 247. - Boletín de la Academia de Ciencias de Córdoba, 246. - Bollaert, M., de, 50, 63, 67. - Boggiani, G., 244. - Brinton, D. G., 9, 25, 37, 81, 82, 83, 85, 86, 89, 90, 91, 93, 95, - 96, 104, 105, 107, 110, 111, 116, 117, 120, 145, - 146, 158,160, 199, 200, 244, 248. - Burmeister, G., 244. - - Calancha, A. de la, 3, 5, 6, 14, 43, 95. - Calendario apoteca, 110. - maya, 95. - nahua, 110. - Cataldino, P., 2. - César, J. R., 3. - Charencey, C. de, 41. - Charnay, M. de, 91. - Cieza, P. de, 10, 50, 51. - Cobo, P. B. de, 71, 73, 167. - Cogolludo, F., 36, 94. - Codex Mejicano, 249. - Congreso de Amer. de Bruselas, 3, 4, 8, 16, 18, 27, 28, 32, - 33, 41, 50,66, 100. - Luxemburgo, 3, 6, 8, 43. - Nancy, 8. - Congreso Latino Americano, 243, 244, 246. - Crevaux, J., 198. - Codex Chimalpopoca, 249. - - Daly, M., 202. - Desjardins, F., 249. - Díaz, B., 84. - D’Orbigny, A., 202, 243. - Dorsey, M., 106. - - Empadronamientos, 187. - Ercilla, A. de, 4. - Estete, M., 8, 95. - - Fernández, D., 44. - Fernández y Holguín, 178. - Fernández Ramírez, J., 61, 108. - Frobenius, L. V., 248. - - Gama, A. L., 110. - García, G., 38, 42, 94. - Garcilaso de la Vega, I., 5, 11, 43, 138, 159. - Gilbert, G. K., 119. - Gomara, F., 35. - Grado, L. de, 4. - Granada, D., 148, 223. - Guevara, P. J., 156. - - Hamy, D., 90. - Harshberger, J. W., 244. - Herran, G., 14. - Holmberg, E. A., 198, 208. - Holmberg, E. L., 200, 201. - Hurtado, R. de, 18. - - Ihering, Dr. A. von, 199. - Itolp, C., 204. - Ixtlilxochitl, 36, 94. - - Jerónimo, S., 32. - Jiménez de la Espada, M., 3, 12, 16, 17, 19, 50, 54, 60, 65 á 68, - 74, 101, 104, 164, 178. - Jones, Dr., 35. - - Keane, A. H., 11, 23, 200. - Kingsboroug, L., 88. - Krause, A., 249. - - Lafitau, P., 33. - Lafone Quevedo, S. A., 11, 12, 13, 17, 51, 53, 62, 98, 148, 149, - 151, 157, 177, 185, 191, 192, 193, 244, 250. - Lamas, A., 19. - Lara, P. A. de, 4. - Las Casas, B. de, 94, 111, 117, 125. - Latourneau, M., 200. - Lehmann, Nitsche, R., 244. - Lenz, R., 86, 112. - Lenoir, A., 39. - León, P. C. de, 11, 95. - Le Tellier, 92. - Lipsio, J., 33. - López, V. F., 183, 244. - Lozano, P., 2, 4, 5, 6, 7, 14, 16, 19, 35, 43, 156, 191, 192. - Lubbock, J., 125, 166, 186, 222. - - Maler, M., 39. - Malvenda, P., 36. - Mallery, G., 174, 198, 217. - Mantegazza, P., 243. - Mariani, E., 120. - Markham, C. R., 13, 66, 192. - Martínez, B. T., 224, 244. - Mendoza, C. de, 2. - Molina, P. J., 12, 66, 192, 251. - Monchar, M. de, 27, 43. - Montesinos, F., 25, 149, 150, 183, 184, 185, 186. - Moreno, F. P., 199, 244. - Mortillet, G. de, 33, 166, 169, 195. - Mossi, P. M., 12. - Müller, F. Max, 88, 106. - Müller, J. G., 9, 28, 85. - - Nadaillac, M. de, 31, 35, 39, 45, 53. - Niblac, A. P., 79. - Nóbrega, M. de, 26. - - Ortiz, Fr. D., 11. - Oviedo y Valdés, F. de, 82, 148. - Outes, F. F., 244. - - Pachacuti, J. de S., 12, 17, 42, 49, 68, 69, 71, 73, 115, 116, 154, - 163, 167, 181, 201, 205, 207, 212, 216. - Palacios, D. G., 36, 94. - Palfrey, M., 8. - Pelliza, M., 73. - Pelleschi, G., 243. - Peterken, M., 3, 28, 33, 41. - Picard, M., 9. - Piedrahita, L. F. de, 5, 16, 84, 85. - Pinedo, A. R. de L., 4. - Pinelo, A. de, 5. - Popol Vuh, 83, 110. - Powel, J. W., 78, 94, 118, 119. - - Quiroga, A., 21, 68, 78, 87, 88, 100, 124, 127, 150, 167, 178, - 182, 185, 199, 247. - - Ramos, A. de, 3, 4, 6, 20, 22, 42, 94. - Rau, Ch., 39. - Relación Anónima, 104. - Restrepo, E., 84, 96. - Revista Antropológica de Berlín, 248. - Revista del Museo de la Plata, 12, 199, 244. - de la Biblioteca, 94. - de Buenos Aires, 71, 183. - Rialle, G. de, 9, 22, 25, 34, 80, 82, 83, 90, 91, 92, - 93, 95, 96, 110, 141, 146, 160. - Rivero y Tschudi, 49. - Ruíz de Montoya, P., 2, 4, 6, 7, 11, 14, 16, 18, 19, 42. - - Sánchez, J., 248. - Sahagún, B., 36, 82, 90, 94, 121. - Santa Ana Nery, F. J. de, 233. - Scalabrini, P., 244. - Scherzer, M., 83. - Scharn, B., 253. - Schmidt, M., 128. - Schmitz, Ab., 6, 8, 27, 32. - Schoolcraft, H. R., 189. - Simón, P., 84, 85, 96. - Solís, A. de, 38, 108. - Sosa y Lima, J. de, 94. - Squier, E. G., 53, 79, 96, 97, 136, 154, 175, 247. - Stakeman, 27. - Stevenson, M. C., 118. - Stubel, R., 50. - Svan, J., 79. - - Techo, N. de, 2, 5, 18, 42, 127, 156, 171. - Ternaux Compans, 88. - Timon, M., 8. - Toledo, F. de, 18. - Torquemada, J., 81, 90. - Torrez Rubio, P. D., 222. - Toscano, J., 167, 180. - Trelles, M. R., 244. - Tylor, E. B., 83. - - Uhle, M., 50. - Uhle y Stubel, M. R., 50. - - Waldeck, de, 35, 39. - Wiener, C., 7, 13, 15, 50, 51, 53, 54, 58, 60 á 66, - 73, 96, 142, 177, 200, 202. - - Ximénez, E. de, 83. - - Zamacois, N. de, 94. - Zárate, M., 95. - Zeballos, E. S., 73. - -II.—DE MATERIAS - - Abaré, Pay, 5. - Acuático, atributo, 53, 177. - culto, 18, 20, 41, 48, 49, 58, 166, 167. - dios, 90, 167. - emblema, 41, 42, 44, 49, 53, 56, 61, 64, 74. - invocación, 224. - símbolo, 124, 139, 161, 182, 207, 232. - Adivino, 5. - Agua, culto al, 112. - señor del, 236. - diosa del, 96, 159. - elemento, 56, 57, 61, 101, 157, 232. - símbolo del, 158, 170. - llovida, 232, 233. - Aguila, ave sagrada, 83, 146. - Ahulneb, divinidad, 82, 95, 121, 247. - Aire, cuaterno del, 114. - dios del, 24, 41, 53, 76 - á 80, 82, 85, 96, 97, 99, 102, 136, 154. - diosa del, 73, 134. - sustancia, 84. - Akbal, vaso primitivo, 158. - Alarma, dios de la, 84. - Alcahuiza, bruja, 214. - Alfarería funeraria, 203, 218, 224, 232. - Algarrobo, fiesta del, 113. - Algoukines, tribu, 146, 148, 245. - Alguaciles, insectos simbólicos, 119, 179. - Aloja, licor sagrado, 126, 149. - Altares, los cuatro, 94. - Allpatauca, túmulo de tierra, 125, 126, 127. - Amaycha, pueblo, 125. - ídolo de, 170. - urna de, 132, 133, 247. - Ambato, cerro, 223. - vaso del, 172, 173. - Amimitl, dios, 90, 247. - Aminga, pueblo, 128. - Ampajango, petroglyfos de, 204, 215, 216. - Amuleto, talismán, 157, 167, 182, 184, 185, 195, 251, 252. - Anáhuac, Cruz de, 38. - Ancón, tela de, 64. - Andaguala, petroglyfos de, 189, 190. - Andalgalá, pueblo, 183. - Andén, 180, 215. - Andrés, Cruz de San, 54. - Andrógino, dios, 77, 114. - falo, 120. - objeto, 183, 185. - ser, 65. - Anfora, vaso sagrado, 159. - Antepasados, los cuatro, 88. - Antillas, las, 80. - Antis, nacionalidad, 112. - Antropo-atmosférica, figuración, 188. - Antropomorfo, dios, 81, 166. - objeto, 56, 61, 63, 170. - ser, 77, 97, 131, 135, 136, 141. - vasija, 172. - vaso, 124. - Antropo-zoomorfa, cosa, figura, 138, 140, 152, 163, 170 á 175, - 178, 188, 226. - Apacheta, piedras amontonadas, 127. - panteón de la, 125. - Aparecido, nativo, 83, 91, 108. - Apellidos indios, 187. - Apo Inti, estatua solar, 14. - Apóstoles, rastro de los, 19, 42, 44. - Apu, 13. - Arabesco, símbolo, 102. - Araucana, rara, 86, 88, 112, 207. - escritura, 204. - Arbol, fiesta del, 113, 150. - figuración del, 204. - sagrado, 125, 127, 149, 156. - simbólico, 193, 216. - Ari, altar, 48. - Arizona, petroglyfos de, 119. - Arkansas, tribu, 146. - Arquitectónica, combinación, 66. - Assiniboines, indios, 146. - Astrolátrico, carácter, 63. - culto, 48, 62. - divinidad, 73. - emblema, 42, 49, 68, 74. - figuración, 63. - Astronómico, emblema, 41. - objeto, 120. - signo, 116. - Asunción, roca escrita de, 19. - Ataguju, vel, Atachuchu, 86, 147. - Atmosférico, culto, 18, 22, 24, 44, 150. - dios, 73, 82 á 89, 90, 91, 92, 110, 138, 178, 248. - grupo, 137, 156, 175, 210. - mito, 70, 99, 215. - ofidio, 141, 173. - ser, 27, 81, 98, 144, 177. - símbolo, 49, 58, 139, 161, 164. - valor, 63, 167, 173. - campos, 226. - Atonatiu, sol de agua, 109. - Atticci Viracocha, dios acuático trino, 5, 10, 12, 13, 51, 74, - 77, 111, 207, 247. - Ave mítica, 76, 78, 79, 144, 145. - Avestruz, ave mítica, 99, 147. - de fuego, 148. - símbolo del, 22, 147 á 155. - Ave-Suri, pájaro mítico, 141, 142 á 149, 213, 214. - Aymará, nación, 11, 28, 48, 49, 88, 111. - Ayuno, 186. - Azteca, pueblo, 34, 35, 61, 110, 245. - culto, 121. - leyenda, 158. - raza, 81, 92, 93, 109. - siglo, 109. - - Bacabs, divinidades, 37, 82, 95, 96, 157, 247. - Bacanales nativas, 150. - Baipurungá, roca escrita de, 19. - Balam-Quitze, poblador del - orbe, 111. - Agab, 11. - Barbado, hombre, 28, 29, 91. - Bartolomé, Apóstol, 5. - Batchué, diosa, 96, 121, 247. - Batracio simbólico, 233. - Bautismo, ceremonia del, 109. - Biforme, volátil, 147. - Bicéfala, divinidad, 103. - ave, 135. - Bisbis, Cruz de, 183. - Blanco, aparecido, 82. - hombre, 22 á 28. - Bochica, dios solar, 15, 16, 24, 28, 85, 96. - Bogotá, pueblo, 19. - Bolivia, nación, 15. - Bosa, lugar de, 24. - Brasil, nación, 3, 5, 19. - Brujo, hechicero, 6. - Busk, fiesta de, 106, 117. - - Cacha, estatua de, 5. - Cachi, caylle de, 193. - disco de, 190. - Caclla, dios mejilla, 167. - Cafayate, lugar de, 180. - pictografías de, 27, 204. - urna de, 130, 231. - Calabaza, símbolo, 98, 154, 158. - Calango, petroglyfo de, 18, 19. - Calchaquí, nación, 15 á 22, 27, 34, 87, 88, 99, 112, 120, 123, - 125, 166, 189, 202, 207. - alfarería, 144. - cruces de, 45, 116. - indio, 140, 180, 186. - Cali, lugar, 95. - California, diosa de, 178. - Callo, roca escrita de, 19. - Camulatz, volátil sagrado, 111. - Canipacho, pinza depilatoria, 29. - Canobos, vasijas de arriba, 157. - Canopa, dios individual, 43, 167. - Canota, piedra escrita de, 199. - Cantacauro, piedra de, 18. - Cántara sagrada, 121, 125, 126, 150, 158, 159. - simbólica, 154. - Cañete, Cruz de, 5, 18. - Cápac Raymi, fiesta de, 66. - Capayán, grupo atmosférico de, 174, 175. - lugar de, 99. - Carabuco, Cruz de, 3, 5, 11, 42. - Caracteres fonéticos, 201. - Carahuasi, gruta de, 199, 209. - pictografías de, 186, 187. - Caravaya, Andes de, 42. - Cardinales, divinidades, 106. - genios, 41, 43, 101, 146. - puntos, 105, 109, 114, 117, 118. - símbolos, 204. - Caribe, raza, 110, 158. - Castas, 112. - Catachillay, estrella, 70, 71, 73. - Catamarca, valle de, 17, 114, 223 y 226. - Catequil, divinidad, 10, 85, 86, 96, 97, 121, 146, 159, 236. - Cauac, Bacab, 95. - Caudillos, los cuatro, 108. - Cauquenes, indios de, 243. - Cavernas, las cuatro, 179. - Cayam-Carumi, amuleto, 186. - Caylla Viracocha, divinidad, 192, 193, 251. - Caylle, dios de la agricultura, 17, 156, 157, 168, 191 á 194, 251. - Celeste, bóveda, su símbolo, 93. - Cempoaltepec, monte sagrado, 24, 92. - Centzunhuitnahuas, seres divinos, 83. - Cerro Negro, petroglyfos de, 212, 215, 218. - Chachapoyas, roca de, 19. - Chalchihuitlicue, diosa, 90, 109, 247. - Chalco, lago sagrado, 90. - Chanca, raza, 104, 243. - Chancay, tela de, 64. - Chañar Yaco, huacas de, 250, 251. - Chaquiago, disco de, 17. - Charcas, los, 4. - Chasca, estrella, 67. - Chasca-Cóyllur, lucero, 8, 63, 67, 68, 73. - Chasque, mensagero, 20. - Chaya, fiesta calchaquí, 113. - Chechehet, indios, 213. - Cherokees, indios, 245. - Creeks, indios, 80, 106, 117. - Chiapas, raza, 24. - Chicha, licor sagrado, 126. - Chincha, nacionalidad, 112. - Chichen Itza, lugar sagrado, 83. - Chichimeca, nación, 28, 81, 82. - Chile nación, 3, 17, 44. - Chillaos, roca escrita de, 19. - Chiminigagua, receptáculo luminoso, 84. - Chimu, palacio del, 49, 50, 67. - los, 50. - Chingano, cueva de, 26, 48. - Chipeway, tribu, 146. - hechiceros, 108. - Chiqui, dios, 113, 125, 127, 149, 150, 151. - Chiquinau, divinidad, 82. - Cholula, pueblo, 23, 108, 111. - Choqchinchay, lucero, 73. - Choctaws, indios, 245. - Chuchavira, divinidad, 85. - Chulpa, torre sepulcral, 53, 54. - Chunchos, Cruz de los, 43. - Chuquisaca, trinidad de, 16. - Churi Inti, estatua solar, 14. - Chuychu, arco del cielo, 154, 186. - Cielo, alma del, 80. - columnas del, 95, 157. - culto al, 77. - Cinco, número sagrado, 104. - Citlalicue, dios epiceno, 17. - Citlatonac, dios epicero, 17. - Círculo, figurado, 207. - representación del, 115, 200. - símbolo del, 34, 54, 102, 163, 176. - Cisne, ave cardinal, 146. - Coati, templo de, 49. - Coaticlue, diosa, 84, 93, 97. - Cóatl, serpiente, 80. - Cocha, masa de agua, 11, 96, 202, 207, 210, 211, 218, 236. - Colalao, piedra de, 18. - Colibrí, ave sagrada, 83. - Colomé, urna de, 132. - Colpes, pueblo de, 182. - Cruz de, 183. - Colla, nacionalidad, 112. - el predilecto, 111. - Collao, piedra de, 18. - Collcampata, adorno, 67. - Cruz, 163. - Collo-Collo, ídolo de, 12, 49, 51, 52, 57, 74. - Coohampu, caballito de totora, 101. - Con vel Cun, dios acuático, 9, 146. - Cóndor, ave sagrada, 146. - Coniraya, Viracocha, dios, 111. - Condorhuasi, petroglyfo de, 201. - Cónquel, nombre araucano, 87. - Contici Viracocha, dios, 121. - Cotzbalam, volátil sagrado, 111. - Coxcox, divinidad, 28. - Coyolxauqui, ser divino, 83. - Cozumel, Cruz de, 36, 37. - dios, 38. - templo de, 94, 95. - Creeks, indios, 245. - Cris, indios, 146. - Crucero, signo del, 67. - Cruces protectoras, 182, 183. - Crucificados, niños, 95. - Cruz totémica, 216. - constelación de la, 68, 70. - de ceniza, 223, 224. - del Sud, 244, 245. - Cuadrado, símbolo, 64, 102, 113, 115, 205. - Cuarteles, los cuatro, 109, 111, 146. - Cuatro, número sagrado, 14, 15, 17, 37, 41, 44, 87, 89, 90, 91, - 93, 102, 106 á 121, 141, 244, 245, 246. - Cuaterno sagrado, 83, 89, 108, 110, 111, 113, 114, 115, 116. - Cuculcán, el Aparecido, 83, 97. - Cuervo Negro, 233. - Cuonchaca, fuente de, 200. - Cundinamarca, nación, 15, 34, 84, 85, 96. - cruz de, 36, 41. - Curaca, jefe de tribu, 112. - Cunti, nacionalidad, 112. - Curá-Malal, gruta de, 201. - Cuy, conejo de la tierra, 126. - Cuzco, centro solar, 11, 48. - cruz del, 43. - monarcas del, 27. - pueblo del, 25, 60, 62, 111, 179. - templo del, 68. - - Dakotas, indios, 80, 106, 107, 145, 146, 179. - Daño, maleficio, 223. - Decussata, Cruz, 70, 193, 208. - Delawares, indios, 189, 242. - Didihet, indios, 243. - Dias, los cuatro, 109. - Diluvio americano, 15, 96, 109. - Dios-imagen, 193. - protector, 193. - sol, 12, 13, 15, 51, 111, 177. - Disco solar, 71, 73. - de cobre, 190, 191. - Divisadero, roca escrita del, 219. - Dobles, los, 133. - cruces, 175, 177, 210. - suris, 135. - Doctrinador nativo, 5, 82, 92. - Dólmenes, 200. - Dos, número sagrado, 17, 65, 103. - Dragones, monstruos simbólicos, 175, 176, 177. - Dragon-fly, alguacil, 179. - - Ecalchatl, divinidad, 82. - Echecatotontin, ídolos, 81. - Ehécatonathiu, mito, 109. - Emblemas meteorológicos, 161, 162. - nacionales, 73, 203. - Emplumada, bola, 97. - serpiente 153. - Encalilla, petroglyfo de, 214. - Entre Ríos, provincia de, 226. - folk-lore, 224. - Epicenas, divinidades, 17, 77, 87, 88, 152, 178. - Equinoccios, noción de los, 104. - Escuadra, uso de la, 34. - Escritura simbólica, 65, 152, 189, 190, 198, 199, 200. - Espejo resplandeciente, 97. - Espiral, símbolo, 139, 141, 170, 195, 208. - guarda simbólica, 170, 227. - Espíritus, los cuatro, 37, 111, 146. - gruta de los, 201. - Esquimales, raza, 77. - Estaciones, las cuatro, 110. - emblema de las, 77. - Estados Unidos, nación, 77, 79. - Estanques, los cuatro, 109. - Este, rumbo sagrado, 106, 107, 121. - Estrellas, adoración á las, 71. - antropomorfas, 73. - las cuatro, 116. - representadas, 119. - - Fálico, emblema, 185. - objeto, 63, 180. - Falo, 17, 98. - Fecundación, símbolo de la, 65, 66. - Felino, animal sagrado, 85. - heliolátrico, 111. - Fertilidad, emblema de la, 77. - Fetiches, 125, 166 á 168, 221, 223. - Fiestas, las cuatro, 108, 109, 112. - Figuras onduladas, símbolo, 205. - Flauta ceremonial, 170. - Flecha simbólica, 154. - Fontebón, lugar, 24. - Fuego, espíritu de, 85. - sagrado, 127. - Funeraria, alfarería, 66, 124, 138. - inscripción, 59, 62, 63, 64. - tela, 65. - urna, 126, 139, 142, 170. - Fuerte Quemado, puco de, 163. - urna de, 131, 133, 228. - Funza, río del diluvio, 15. - - Gaytara, pueblo, 44. - Genios, los cuatro, 88, 108, 112. - Geómetras nativos, 34. - Gigantes, los cuatro, 110. - aereos, 112. - Granizo, conjuro del, 224. - fenómeno del, 236. - Greca simbólica, 101, 102, 115. - Griega, Cruz, 56, 67, 118, 177 á 180, 220. - guarda simbólica, 141. - Guachemines, habitantes tenebrosos, 86, 147. - Guaman-suri, hijo del cielo, 86, 147. - Guaraní, raza, 112. - Guaraníticas, misiones, 3. - Guascar Inga, himnos de, 12. - Guatemala, nación, 83, 89. - Guatulco, Cruz de, 38. - Guayrá, roca escrita de, 19. - Guayrarú, panteón de, 3. - Gucumatz, dios, 83, 97, 110, 242. - - Hacedero de cosas, 13. - Hacedor, 10. - Hacha, instrumento sagrado, 87, 112. - Haida, indios, 79, 98. - Halcón, ave simbólica, 136, 147. - Hambato, piedra esculpida de, 19. - Haokah, dios del viento, 121. - Hapiyñuño, duende mítico, 178. - Hechicería, 223. - Hechicero, 6. - Heliolatría, 25, 48, 62, 74, 86, 104, 105, 164. - Hermafroditismo, 103. - Hermanos, los cuatro, 108. - Himno del Pachacuti, 12. - Huaca, fetiche, 12, 20, 180, 183. - capirotes, 16. - Huacanqui, amuleto de amor, 183, 185, 186. - Huahua, infante, 125. - Huahuaclla, vestido, 66. - Huayra Muyuh, el Remolino, 210. - Hualfín, lugar de, 183. - Hualichu, genio del mal, 201. - Huampar, Chucu, insignia, 62, 185. - Huanaco, animal de Sacrificio, 127. - figuración del, 210, 211. - Huaoque, Inti, 14. - Huaquero, vasija, 49, 55, 57, 60, 61, 74, 113. - Huaqui, tanga de, 16. - Huatulco, lugar, 24, 92. - Huayna Cápac, 44. - Huayrapuca, diosa del viento, 73, 79, 87, 98, 99, 121, 134, 138, - 150, 151, 173, 176, 177, 209, 215, 216. - Huaza, piedra sagrada, 180, 182, 192. - Huecomitl, vaso primitivo, 158. - Huellas apostólicas, 3 á 6. - Huemac, divinidad, 22. - Huevo sagrado, 146, 147. - Huilla, animal de Sacrificio, 127, 150, 151. - Huiracocha, dios acuático, 5, 9, 10, 11, 20, 25, 48, 111, 159, 160, - 192, 193. - Huitzilopochtli, dios, 83, 92, 93, 97. - insignia de, 92. - page de, 84. - Huracán, dios del, 76, 85, 89. - Hurakán, divinidad, 80, 81, 83, 146. - Humaniyoc, el de la cabeza, 214. - Humedad, emblema de la, 77. - - Idacanzas, mito, 16. - Ideográfica, escritura, 124, 198. - Idolátrica, figuración, 170. - Idolo, 168, 170. - Illa, fetiche de reproducción, 159, 185. - Illapa, el rayo, 185. - Illa Ticci, vel Tecce, 10, 71, 159. - Imaymana, atributo de Viracocha, 11, 13, 14, 51, 111, 179, 197, 207. - ojos de, 99, 113, 130, 140, 141, 148, 155, 173, 193, 230. - Imos, divinidad, 23. - Inca, soberano de los quichuas, 20, 25, 44, 48, 68, 86, 112. - roca, 25. - imperio del, 43, 66, 111. - cruz del, 44. - señal del, 44, 66. - Inmisa, Cruz, 68. - Igi-Balam, poblador del mundo, 111. - Inti, sol, 25, 115, 207. - Inti Illapa, 139, 140, 210. - Intip Raymi, fiesta de, 25. - Intiqua, estatua solar, 14. - Iris, dios del, 84. - figuración del, 154, 186. - Iroqueses, indios, 146. - Itapuá, roca escrita de, 19. - Itoco, roca escrita de, 19. - Itzac-Mixcóatl, divinidad, 25. - Itzamna, divinidad, 22, 82, 83. - Itzencaan, epíteto, 82. - Itzenmuyal, epíteto, 82. - Ix, Bacab, 95. - Izamal, templo de, 22, 83. - - Jauja, pueblo de, 61. - Jefes, los cuatro, 108, 109. - Jujuy, provincia de, 3. - Juríes, vel suríes, 148. - - Kabibokka, persona de un cuaterno, 245. - Kabul, mano simbólica, 22. - Kabun, cuaterno, persona del, 245. - Kan, Bacab, 95. - Kanoakeluh, ave mítica, 249. - Kiatéxamut, indios, 217. - Kukulcán, dios, 242. - - Lago sagrado, 81, 96. - Lares, dioses, 167. - Latina, Cruz, 67, 116, 178, 179, 208, 215. - Latrapai, leyenda de, 86, 112. - Lechuza, ave sagrada, 146. - Lenni Lenapes, indios, 116, 146. - Linea sinuosa, símbolo, 205, 210. - Línga, 98. - Litolátrico, culto, 180. - Loma Colorada, petroglyfo de, 214. - Loma Rica, urna de, 144. - Londres, valle de, 99, 127, 182. - Loro, ave simbólica, 136, 249. - Lules, ídolo de, 17. - indios, 243. - Luminoso, emblema, 49. - Luna, vel Quilla, 25, 68, 73. - Luracatao, lugar de, 29, 120. - Llampa, indio barbado, 28. - Lluvia, demanda de, 42, 94, 138, 167, 190, 198. - figuración de la, 90, 142, 153, 163, 174, 210. - símbolo de la, 92, 93, 119, 121, 158, 162, 194, 207. - dios de la, 94, 95, 159, 171, 173. - diosa de la, 160. - fenómeno de la, 74 á 77, 101, 107, 116, 117, 128, - 177, 180, 222, 250. - culto á la, 77, 157, 161, 253, 254. - hacedor de la, 116, 146. - espíritu de la, 117. - acción de la, 119. - nunciador de la, 147. - por simpatía, 172. - vaso de la, 172. - - Machi, médico adivino, 207. - Machigasta, pueblo, 128. - Madre del Agua, 158. - Madre Tierra, fetiche, 126, 194. - Mahuentah, poblador del mundo, 111. - Maíz, 110, 244. - madre del, 180. - madre, 180. - Mal, genio del, 79. - Malteza, Cruz, 56, 67, 174, 175. - Mallqui, árbol simbólico, 216. - Mama Cibaco, heroina solar, 25. - Mama Cacha, el mar, 201, 212. - Mama Cora, heroina solar, 25. - Mama Quilla, luna fetiche, 25, 71, 115. - Mama Ocllo, hija del sol, 25. - Mama Zara, fetiche, 70, 74, 180, 181, 192, 251. - Manco Cápac, hijo del sol, 25, 26, 111. - Mandans, indios, 146. - Manitu, pájaro mítico, 146. - Mano, símbolo de la, 20, 21, 22, 121. - Mar, venidos por, 7. - Maraypé, camino, 3. - Marzabotto, necrópolis de, 169. - Mataclue, diosa, 90, 247. - Maya, nación, 37, 82, 93. - calendario, 95, 110. - Mbalpirungá, huellas de, 3. - Meandro, ornamentación, 67. - doble, 219. - símbolo, 102, 115, 141, 163, 188. - tótem, 208. - Medanito, huaca de, 126. - Megalíticos, monumentos, 18. - Méjico, nación, 22, 35, 36, 58, 81, 88, 104, 108, 145, 242, 245. - Mem Loimi, diosa, 104. - Menhir de Tafí, 70, 113, 180. - Meteoro divino, 85. - Meteorológico, fenómeno, 37, 64, 76, 77, 102. - carácter, 91. - dios, 99. - símbolo, 77, 101, 116, 141. - Mextli, guerrero, 83. - Mictlan, viento, región, 106. - Midé, sociedad de la, 119. - Mikilo, genio de daño, 178. - Minessota, país, 119. - Mitos aztecas, 9. - mayas, 9. - peruanos, 9. - Mixcóatl, nube serpiente, 25, 82, 91, 121. - Moenitarres, indios, 146. - Moki, indios, 174. - Monolitos, 111, 179, 205. - Montezuma, 28. - Mortero, símbolo del, 210. - Mosquito-hawk, 179. - Motezuma, héroe divino, 247. - Mound, túmulo, 125, 252. - Muluc, Bacab, 95. - Muñoz, Cerro de, 209. - Muyna, estatua de, 5. - Muysca, nación, 36, 84, 85, 96, 242. - - Nachán, lugar de, 23. - Nahua, nación, 82, 83, 92, 93, 245. - Nahualac, lugar, 91. - Namuncurá, gefe de tribu, 201. - Nanihecatl, epíteto divino, 23, 82, 91, 110. - Natches, indios, 146. - Notose, viejo de los vientos, 117. - Naturaleza, fuente de la, 105. - Navajos, raza, 88, 146. - Nemqueteteba, persona trina, 15, 245. - Nepatecutli, divinidad, 25. - Nicaragua, pueblo de, 81, 82. - Nikilstlas, ave mítica, 249. - Normandia, numismática de, 195. - Norte, genio del, 41, - rumbo sagrado, 107, 121. - Nube, culto á la, 41, 146. - hombre de la, 119, 189. - mujer de la, 119, 189. - genio de la, 119, 162. - dios de la, 82, 91. - habitante de la, 189. - ave de la, 99, 110, 113. - emblema de la, 110, 147 á 156, 162, 188. - cabeza de la, 102. - símbolo de la, 64, 85, 145 á 148. - emplumada, 82. - Nublado, fenómeno viviente, 210. - Nueva Granada, nación, 119. - Nuevo Méjico, nación, 118. - - Ogótica, 195. - Oakley Springs, petroglyfo de, 119. - Oeste, rumbo sagrado, 107, 121. - Ofídico, animal, 99, 140. - dios, 80. - grupo, 139, 175. - ser, 79, 80. - símbolo, 100, 173. - vaso, 140. - Ojibwa, indios, 119. - Ojos Imaymana, 13, 14. - Omecihuatl, dios epiceno, 17. - Omequeturiqui, persona trina, 15. - Ometecutli, doble varón, 17. - Onduladas, formas, 230. - Opochtli, dios, 90. - Orientados, edificios, 34, 37. - Ornamentación, 50, 89. - Ornitomorfa, figuración 39, 41, 85. - - Pacaritambo, 11, 48, 89, 108, 112. - Pachacámac, divinidad, 9, 10. - huaca de, 54. - lugar de, 53, 65. - tela de, 62, 63. - Pachacuti, Plancha de, 68 á 71, 116, 181, 201, 206, 207, 212. - Pachamama, divinidad, 112, 115, 205. - Padre del Agua, 158. - Pagay, remo indígena, 41. - Pájaro, ave mítica, 39, 41, 61, 61, 83, 84, 85, 97, 110, 116. - de la tormenta, 146, 155, 248. - mosca, 83, 97. - ofídico, 76. - simbólico, 154. - Pájaros, los cuatro, 111. - míticos 14, 41, 145, 146, 147. - Palacios en Cruz, 109. - Palenque, lugar de, 23, 94. - bajo relieve de, 24. - Cruz de, 34, 35, 37 á 41. - Pampa, pictografía de la, 200, 201. - Pampa Grande, gruta de, 208 - Papagayo, pájaro mítico, 97. - serpiente, 82, 83, 91. - Paraguarí, gruta de, 3. - Paraguay, nación del, 3, 19. - Paramonga, tela de, 60. - Parayba, roca escrita de, 19. - Partes, las cuatro, 114. - Pasao, templo de, 95. - Pashash, bajo relieve de, 177. - Pata, andén, 205, 207. - Pata, de Suri, símbolo, 157, 213, 214. - Pata-pata, escalón simbólico, 163. - Patas estrelladas, 176. - Pawnes, indios, 245. - Pay, los, 5. - Paycabamba, pueblo, 44. - Paynalton, mensagero rápido, 84. - Paz, ídolo de la, 51. - Peabirú, camino del Apóstol, 3. - Pediu, nombre araucano, 87. - Penates, dioses, 167. - Personales, dioses, 175. - Perú, nación del, 5, 17, 19, 41, 49, 56, 66, 85, 89, - 99, 101, 104, 123, 159. - Peruana, Cruz, 41, 47, 48. - tela, 50. - Petrografías, 18, 20, 44, 186, 189, 190, 197 á 220. - Petroglyfos, 157, 198 á 210, 252. - Pictografías, 18, 27, 44, 179, 198, 214. - Pies, escultura de, 19 á 21, 42, 92. - Piedra, culto á la, 40. - Piedras, las cuatro, 108. - paradas, 182. - votivas acuáticas, 210, 213. - Piel Negra, tribu, 117. - Piel Roja, tribu, 35, 88, 105, 106, 145. - Piernas, indios, 243. - Piguerao, pájaro mítico, 75, 85, 86, 97, 146, 147, 236. - Pillán, dios, 86, 87, 121. - Pillcomayo, río, 205. - Pinahua, el predilecto, 111. - Pinturas ideográficas, 109, 154, 204, 208. - Pirhua, Cruz en la, 183. - troj, 182. - Pituil, lugar de, 128. - Piura, roca de, 19. - Plantas, hijas de la tierra, 96. - Plegarias, las cuatro, 109. - Plomada, uso de la, 34. - Plumas, emblemas, 93, 146, 156, 157, 186, 208. - Pobladores, los cuatro, 111. - Politeismo, 166. - Polos, los cuatro, 108. - Popayán, Cruz de, 36. - Portezuela, piedra pintada de, 216. - Predicación antecolombiana, 7, 32, 42, 43, 91, 92. - Predilectos, los cuatro, 111. - Preincásicos, objetos, 150. - Primavera, emblema de la, 77. - Pucará, urna de, 135. - Pucarilla, puco de, 129, 229. - Puco, tapa de urna, 126, 129, 244, 233. - Pukllay, fiesta del, 113. - Puma, animal de sacrificio, 150. - Punchao, 98. - Punta de Hualasto, 252. - Pururauca, dios de toda especie, 167. - - Quetzal, papagayo mítico, 145. - Quetzalcóatl, divinidad, 22, 23, 28, 76, 82, 91, 93, - 97, 110, 121, 153. - Quiateótl, dios, 81. - Quiché, nación, 80, 83, 88. - Quichuas, panteón de los, 11. - raza, 22, 34, 67, 88. - Quilmes, huaca policéfala de, 17. - petroglyfo de, 212, 213, 214. - urna de, 128, 129. - Quilla, luna, 73. - Quillacincas, indios, 44. - Quito, pueblo, 108, 111. - - Rana, fetiche, 222, 226, 227. - Rayo, dios del, 85, 89, 147. - fetiche, 76, 185. - hacha del, 87. - culto al, 156. - personage mítico, 77. - serpiente, 139, 170. - templo del, 156. - Relámpago, símbolo, 93. - divinidad del, 171. - fenómeno del, 76, 185. - Resurrección, creencia en la, 37. - Rincones, los cuatro, 121. - Rioja, provincia de la, 123, 236. - Roca, escritura en la, 38. - Roseta, símbolo, 212, 218. - con Cruz, 212. - - S. símbolo, 112, 219, 227, 229. - Sacrificios humanos, 87, 94, 109, 125 á 128, 150. - Sagamosa, lugar, 24. - Salado, río, 118. - San Carlos, puco de, 230. - Salinas, Cruz de, 4. - Sal-si-puedes, roca escrita de, 4. - San Fernando, urna de, 164. - petrografías de, 219. - San Isidro, petrografías de, 213, 214. - San José, urna de, 128, 129, 140, 144, 225, 230, 231. - pueblo, 209. - San Lucas, pictografía de, 27. - petrografías de, 210, 211. - San Luis, 223. - Santa, pueblo de, 101. - Santa Cruz de la Sierra, 42. - Santa María, lugar de, 21, 182, 209. - urnas de, 131, 135, 162, 163, 225, 228. - ídolo de, 134, 171. - puco, 155. - Santos, Bahía de T. los, 3. - San Vicente, roca de, 19. - Sapo, fetiche, 169, 221, 222. - símbolo del, 221 á 237. - Semes, río, 118. - Sepulcral, torre, 53. - Serpiente, símbolo de la, 81, 93, 133, 174, 175. - de fuego, 84. - mujer de la, 84. - emplumada, 76, 91, 153. - montaña de la, 93. - rayo, 77, 139, 140, 228. - varas con cabeza de, 108. - doble, 188. - Shamanes, tribu, 119. - demonio de los, 217. - Shawnis, tribu, 141. - Shawano, cuaderno, 245. - Sia, indios de, 218, 126. - Siete, número Sagrado, 104. - Sillán Innua, región, 77. - Simbólica, escultura, 124, 173, 174. - pintura, 128, 173. - Siquimí, gruta escrita de, 119, 209. - Skana, monstruo mítico, 78. - Sol, personificación del, 16, 24. - culto al, 11, 25, 48, 68, 166. - templo del, 25. - incásico, 71. - peruano, 73. - Soles, los cuatro, 109. - Solesticios, conocimiento de los, 104. - Spirit, los Wind, 35. - Stone-Grave, 35. - Sud, Cruz del, 34. - rumbo sagrado, 107, 121. - Sugunza, divinidad, 24. - Sumac Ñusta, imno peruano, 138, 159, 160, 161. - Sunuit, tribu, 217. - Sura, apodo, 148. - Suri, símbolo, 22, 58, 120, 131, 134, 135, 166, 188. - cabezas de, 136. - ave mítica, 99, 130, 146 á 155, 161, 162, 248. - serpiente, 134, 188. - fetiche, 169. - Surita, aplicado indio, 148. - Supay, diablo, 178. - Suyus, rumbos geográficos, 179. - los cuatro, 112. - - T, símbolo, 71, 73, 74, 204, 253. - Taapac, divinidad, 11, 20. - Tabasco, Cruz de, 38. - Taco vel tacu, algarrobo, 149, 151. - Tacuiles, algarrobales, 182. - Tacumbú, piedra de, 3. - Tafí, manolito de, 13, 71, 74, 179, 181, 205. - lugar de, 74, 126. - panteón de, 125. - urnas de, 134, 137, 139, 228, 247. - Tahuapica Viracocha, 111. - Tahuantinsuyu, imperio de, 66. - Talca, animal de Sacrificio, 127, 150. - Taluhet, indios, 243. - Tambo, 20. - Tangatanga, trinidad, 16, 104, 113. - Tarija, tránsito por, 4. - Tau simbólico, 32, 53, 62, 63, 73, 76, 98. - ofídico, 140. - Tayatí, lugar de, 2. - Tebicuarí, pozo de, 3. - Tecumbán, volátil sagrado, 111. - Tehuelches, indios, 243. - Tempestad, divinidad, 138, 146. - Templo de Viracocha, 11. - Tensse, Cruz de, 35. - Tenochtitlan, pueblo, 93, 108. - Teotihuacán, lugar, 90. - Tepodazli, divinidad, 24. - Ternos, 17. - Tetzauhtostl, dios, 84. - Tezcatlipoca, divinidad, 23, 62, 91, 97, 110. - Tezcuco, pueblo, 108. - Thomagata, meteoro divino, 85. - Thomé, Santo, 2 á 5, 38. - Thonay, piedra, 12. - Thoqui, insignia, 208. - Thupa, 12, 121. - Tiahuanaco, centro de, 11, 13, 48. - monolitos de, 12 á 15, 18, 50, 115, 177. - panteón de, 181. - esculturas de, 49. - dioses de, 111. - Ticci vel Tici, vaso mítico, 157, 158, 159, 248. - Tierra, culto á la, 77. - Tierra Madre, 112. - Tigre, cabeza de, 111. - Tincuc, acto carnal, 113. - hechizo, 183. - Tincunacu, fiesta del, 113, 183. - Tinéri, roca escrita de, 198. - Tinguiririca, pictografía de, 44, 203, 204, 207, 246. - Tinogasta, ídolo de, 17, 136, 171. - pueblo de, 65, 126. - amuleto de, 184, 185. - Titicaca, lago de, 10, 25. - tau del, 71. - Cruz de, 5, 42. - roca de, 19. - civilización del, 42, 111. - Tlacaltécuchtli, dios, 109. - Tláloc, dios, 77, 81, 89, 90, 97, 121, 159, 247. - los genios, 81, 90, 121. - compañera de, 81. - ministro de, 159. - Tlalocán, señor de, 81. - Tlalocatécutli, alto Tláloc, 81. - Tlalocavitl, paraiso, 245. - Tlapallá, lugar sagrado, 91. - Tlascala, pueblo, 159. - Tlascalteca, raza, 109. - Tlathonathiu, creador, 109. - Tlazoltéotl, diosa, 81. - Tocapo Viracocha, 11, 13, 14, 51, 58, 111, 205. - Toco, ventana, 51, 56, 58, 164, 205, 208, 220. - Tocoregua, roca escrita de, 18, 19. - Tohil, dios rugidor, 23, 82. - Tokay, el predilecto, 111. - Tolombón, urna de, 132, 237. - Tolteca, nación, 28, 81, 82, 90, 93, 110. - Tonapa, divinidad, 11, 12, 98, 157. - Topamientos, los, 113. - Tormenta, símbolo de la, 21. - culto á la, 76. - ave de la, 58, 99, 146, 151. - personage mítico, 77, 163. - mito de la, 87, 102, 114, 162. - fenómeno de la, 107. - Tótem, 35, 141, 186, 188, 189, 191, 209. - Tránsito del Apóstol, 4. - Tres, número sagrado, 14, 15, 17, 65, 104, 111, 112, 125. - Triángulo, símbolo, 17, 63, 61, 65, 102. - figura del, 115, 141. - Tricéfalo, dios, 14, 103. - figurón, 104. - Tridente, insignia, 65. - Triforme, figura, 134, 173, 174. - Trinidad, misterio nativo, 14 á 17, 115, 177. - Trinitario, grupo, 175. - Trocadero, museo del, 90. - Trueno, divinidad, 20, 24, 47, 86, 89, 146, 147, 171. - figuración del, 141, 172. - culto al, 156, 171. - templo, del, 156. - vaso del, 95, 157 á 160, 172, 226. - Trujillo, pueblo de, 60. - Tucumán, pueblo de, 70. - nación del, 18, 44, 148. - tránsito por el, 4. - Tullán, pueblo de, 23. - Tumaná, Cruz de, 117. - Tumbas mejicanas, 36, 37. - cruces en las, 36, 37. - en Cruz, 109. - Tumé, Pay, 5, 7. - Tupa, piedra de Colla, 18. - Tupá, 12. - Tupis, indios, 146, 148. - Tupu, adorno, 50. - Turpentae, mago, 214. - Tzendal, lengua, 23. - Tzotzitepec, monte sagrado, 91. - dios, 247. - - U, símbolo, 205. - Uragozoriso, persona trinitaria, 15. - Urapa, persona trinitaria, 15. - Urasana, persona trinitaria, 15. - Uricocochanticcicápac, dios epicero, 17. - Urna funeraria, 126, 139, 142, 170, 172, 247. - Urubú, cuervo negro, 226, 234, 235. - - Vasijas las cuatro, 95. - antropomorfas, 168. - Vaso ceremonial, 118, 126. - del trueno, 156 á 160, 176, 248. - funerario, 125. - sagrado, 125, 129. - votivo, 127, 172. - Varas emplumadas, emblemas, 156, 192. - Ventana, Señor de la, 13, 14. - Vera, Paz, indios de, 28. - Verano, fiestas de, 86. - Vía Láctea, 70. - Víbora, figuración, 202. - Víctimas humanas, 214. - Vida, Arbol de Nuestra, 37, 94. - Viejos, los cuatro, 95. - Viento figurado, 120, 162. - casa del, 77. - dios del, 84. - Madre del, 87, 100. - mito del, 87. - personage mítico, 77, 106. - Vientos, los cuatro, 41, 82, 88, 111, 114, 117, 120, 121, 177, 179. - rosa de los, 41, 144. - señor de los, 82, 110, 112, 116. - Villanueva, cilindro de, 195. - cementerio de, 166, 169. - Villca, fetiche, 180. - Vincha, faja, 160. - Virginidad, emblema de la, 174. - Virgulilla, símbolio de la, 61. - Vitzcilipuztli, dios, 108. - Voc, pájaro mensagero, 146. - Voladores, los, 145. - Volátil, símbolo, 76, 145, 155. - Votán, divinidad, 23, 24. - - Wabun, persona de un cuaterno, 245. - Wind Spirit, figura mítica, 78, 98. - Wingemund, gefe de tribu, 189. - Wixepecocha, divinidad, 24, 82, 91, 121, 217. - - X, Cruz en forma de, 63. - Xayhua, Cruz, 44, 65, 66, 181. - Xecotcovach, volátil sagrado, 111, 249. - Xué, nombre solar, 16, 24. - - Yebecuayguaya, nombre trinitario, 15. - Yocavil, valle de, 124, 182. - huaca de, 252, 253. - Yoni, 98. - Yucatán, Cruz de, 36. - pueblo de, 37, 82, 94, 95, 159, 242. - Yucateca, nación, 94. - Yunca, raza, 66, 101. - Yuro, objetos para agua, 60, 64, 113. - - Zalicoffer, Hill, lugar, 35. - Zapatec, monte sagrado, 110. - Zapoteca, nación, 22, 24, 82, 92. - Zara, maíz, 70, 193. - Zara mama, fetiche, 70, 181. - Zemes, fetiches, 178. - Zoomorfa, figuración, 39, 99, 140, 173, 215. - Zuhé, nombre Solar, 16. - Zumé, Pay, 5, 42. - Zuñis, indios, 146. - - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of La cruz en América, by Adan Quiroga - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CRUZ EN AMÉRICA *** - -***** This file should be named 54064-0.txt or 54064-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/4/0/6/54064/ - -Produced by Adrian Mastronardi, Paul Marshall and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/American Libraries.) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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