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-The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte (de 5), by
-Jacinto Benavente
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-
-Title: De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte (de 5)
-
-Author: Jacinto Benavente
-
-Release Date: July 3, 2017 [EBook #55038]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS ***
-
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-
-Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals,
-Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
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- Notas del Transcriptor
-
-Se han respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
-Los errores obvios de puntuación y de imprenta se han corregido.
-
-El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.
-
-El texto en letra versalita (versalilla) se ha sustituido por
-mayúsculas.
-
-Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la
-versión electrónica.
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- * * * * *
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- De sobremesa
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- CRÓNICAS
-
- _Segunda serie_
-
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-
- Jacinto Benavente
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-
- De sobremesa
-
- CRÓNICAS
-
-
- _SEGUNDA SERIE_
-
-
- MADRID
-
- LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ
-
- Puerta del Sol, 15
-
- 1910
-
-
-
-
- ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS
-
-
- MADRID.--Imprenta Española, calle del Olivar, 8
-
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-
- [Ilustración]
-
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-
-
- De sobremesa.
-
-
-
-
- I
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-
-EL señor ministro de la Gobernación ha propuesto el mejor remedio para
-evitar conflictos en la Plaza de Toros; que el público se abstenga de
-asistir á las corridas si tanto le disgustan. El remedio es excelente,
-pero ya dijo el sabio que: Á trueque de quejarse, habían las desdichas
-de buscarse. Y el gustazo de protestar nunca se paga bastante caro.
-Tiene además, ese remedio, el peligro de caer el público en su
-eficacia y en ese caso, bien pudiera dar en aplicarlo á otros muchos
-espectáculos caros y malos, que él sostiene con su buen dinero. Pero ha
-de comprenderse que lo de ver al público echarse al redondel, no puede
-ser del gusto de ningún gobierno. Aunque bien pudieran pensar los
-espectadores que siendo ellos los toreados, ningún sitio mejor que el
-redondel les corresponde.
-
-Y á propósito de plazas de toros; los sombreros de señora van
-alcanzando sus dimensiones. En Londres acaba de presentarse una actriz
-con uno que mide un metro ochenta de diámetro, y sobre él se levantan
-todavía culminantes dos magníficas plumas de avestruz, de sesenta
-centímetros. Semejante edificio, por más señas es de color malva y
-de las plumas, una azul y la otra «assortié» al sombrero. No hay que
-decir si habrá causado sensación. Supongo que la obra en que se ha
-presentado, llevará esta acotación: La escena representa un sombrero.
-La moda es graciosa y en una mujer alta y de esbelto talle, esos
-sombreros circundan como una gran flor la linda cabecita que parece
-nimbada. Pero las mujeres bajas y rechonchillas deben evitarnos el
-espectáculo de una monstruosa seta que anda. Por fortuna, nuestras
-señoras, han sido las más dóciles en atender el ruego, más que la orden
-de presentarse en los teatros sin sombrero. En otros países, donde
-las mujeres se la dan más de «superhembras», ni ruegos, ni censuras,
-ni órdenes, han podido apear los sombreros de su cabeza... Siempre
-se dijo que cuando á una mujer se le pone una cosa en la cabeza, es
-difícil quitársela. En este caso particular, las nuestras merecen los
-mayores elogios. Nuestras mujeres son muy gobernables; no suelen ser de
-oposición más que cuando sus maridos están en el gobierno: dígalo la
-ley de asociaciones.
-
- * * * * *
-
-Menos mal; en la manifestación conmemorativa de la revolución de
-Septiembre hubo algunas levitas de buen corte y algunos pantalones de
-airosa caída y bastante camisa limpia... Menos mal, que de otro modo ya
-hubiera salido á relucir lo de ¡Cuatro desarrapados! ¡Populacherías!
-No, justamente la blusa--tan apreciada cuando vota con los gobiernos,
-tan despreciada cuando se manifiesta en contra,--es la prenda más
-retraída de manifestaciones liberales. ¡Pobre gente! Ha oído la voz
-del taimado cocodrilo ¡Bebe quieto! Dejaos de libertades y de derechos
-políticos; al pobre lo que le conviene es tener trabajo, dinero, lo
-material, lo positivo... ustedes á lo suyo... Y el pobre, bastante
-desagradecido con los que trajeron las libertades, gracias á las que
-ha podido y podrá conquistar poco á poco algo de lo suyo, se cree hoy
-más listo y más avisado, porque, como él dice: Á mí ya no me la da
-nadie. No, ¡pobrecito!, te la dan los otros; que te hacen instrumento
-suyo cuando les conviene... ¡Ah, pueblo, pueblo! Has vendido tu
-primogenitura por un plato de lentejas.
-
- * * * * *
-
-Contra los pronósticos metereológicos teatrales, «La Nube» pasó sin la
-menor protesta de los aludidos. Lo suponía; es gente que sabe con quién
-ha de gastarse los cuartos y de la que dice: «Dame pan y llámame...
-lo que quieras». Que la obra á más de haber sido aplaudida, es muy
-plausible, por la valentía que supone en un autor empresario, ponerse
-enfrente del público más decorativo y más saneado metálicamente, no
-hay para qué decirlo. En cuanto á su eficacia, ya es más discutible.
-En esta ocasión, como en otras, por ser más aparente van dirigidos
-los ataques á lo que parece causa y no es sino efecto. Las nubes, de
-cualquier género que sean, solo se forman en determinadas condiciones
-atmosféricas. La patología social debe distinguir las enfermedades
-sintomáticas de las esenciales y la nube, esa nube negra que
-entenebrece el aire de España y parece causa de muchos males, es solo
-efecto de ellos. No es ella la que tiene culpa de nuestro atraso, es
-nuestro atraso el culpable de que la nube exista. Poco se consigue con
-atacar al parásito si no se robustece la naturaleza que hace posible su
-vida. Esos espíritus, dominados por la nube, lo serían del mismo modo
-por la «cocotte» ó por la echadora de cartas ó por cualquier inventor
-de la fabricación de diamantes. Nadie abrió jamás tienda de género
-que nadie solicita. ¿Qué culpa tiene el fabricante de naipes de que
-se juegue? Excelente es la obra de Ceferino Palencia, pero, créame el
-distinguido autor, tantas veces aplaudido, la nube es algo, pero no es
-todo. ¡Á los cascos, á los cascos! ¡Dejad las arboladuras!
-
- * * * * *
-
-En cuanto deja uno Madrid por algún tiempo y vuelve á pasear por
-sus calles, cada día encuentra un teatro y una iglesia ó capilla de
-nueva planta. Así dice un señor: «Yo no sé cómo en Madrid pueden
-sostenerse tantos espectáculos». Pero hay público para todo. Como antes
-al estanco, ya cada vecino puede permitirse la comodidad de ir al
-teatro de la esquina. De este modo se establece cierta cordialidad de
-relaciones entre los actores y su público. Ya que Madrid no llenaba los
-teatros, los teatros han decidido llenar á Madrid. Y no hay duda que en
-este caso, como con el anuncio prodigado, la sugestión triunfa... No
-entrará usted en el primer teatro que se encuentra, pero al noveno ó
-décimo, cae usted. Y una vez que se entró usted en uno, ya cae usted en
-la manía coleccionista y acaba usted por recorrerlos todos.
-
-Es un error de los empresarios creer que tan formidable competencia
-les perjudica. Cuanto mayor sea el número de teatros, más irán todos
-ganando, aunque no sea más que en la comparación. Por malos que
-parezcan algunos siempre hay otros peores.
-
- * * * * *
-
-Las reformas en la indumentaria de nuestro ejército, ha dado algo que
-decir y más que murmurar. Hasta verlas realizadas no sabremos si en
-ellas se ha atendido más á lo práctico que á lo estético ó viceversa.
-Si fué á lo práctico, bien estará, si lo estético no padece. Si fué
-á lo estético, quiera Marte y no pese á su amante Venus, diosa de la
-belleza; que lo estético no sea tan alemán ó tan inglés ó tan japonés,
-que al físico nacional le caiga malamente.
-
-Un uniforme puede ser elegante en un arrogante mocetón de una guardia
-imperial, y sentarle desgarbado al airoso soldado español. La gorra de
-plato, por ejemplo, necesita elevada estatura, que no es lo general
-en nuestra raza. El soldado español es el más naturalmente elegante
-del mundo, sin afectación, sin empaque; sería lastimoso que en estas
-reformas no se hubiera tenido en cuenta lo que mas importa, el elemento
-natural, la figura. Un ejército para ser verdaderamente nacional, debe
-vestir «nacionalmente». ¿Hubiera estorbado algún artista, algún pintor
-ilustre, en la comisión reformadora? Napoleón fué un genio militar,
-pero también fué un gran maestro en estética. ¿Se figuran ustedes á
-Napoleón con un gran casco ó con un gran morrión sobre su cabeza? ¿No
-basta su inmortal sombrero para evocar toda su figura y todo su genio?
-
- * * * * *
-
-Á lo mejor recibo cartas de personas desconocidas para mí, cartas que
-yo agradezco, porque suponen más atención de la que ello merece, á
-estos ligeros apuntes semanales. Lo mismo á los que me celebran, porque
-dije lo que ellos pensaban--¡qué fácil es agradar á los lectores cuando
-se piensa lo mismo que ellos!--como á los que se indignan tal vez por
-alguna de mis apreciaciones, les diré que, yo no pretendo sustentar
-aquí doctrina de ninguna clase; que todo cuanto aquí digo es...
-semanal, y muy bien pudiera decir lo contrario á la semana siguiente;
-aunque no soy hombre de grandes contradicciones, acaso por no serlo
-tampoco de grandes afirmaciones ni negaciones.
-
-Tengan unos y otros en cuenta, que todo esto no es más que charla
-de sobremesa; que alguna vez estoy entre personas de confianza y
-puedo decir lo que pienso, pero otras, me atengo á la opinión de los
-comensales. Y ¿no eres tú siempre, lector amigo, el verdadero convidado
-de piedra, con cubierto puesto siempre á la mesa de todo escritor?
-¡Pues si tú no te aparecieras de cuando en cuando, aun habrías de
-leer cosas que te agradaran ó te indignaran mucho más, según los
-casos! Como Polonio aseguraba á Hamlet, de los cómicos, al temer si
-no se atreverían á representar cierta comedia, también yo pudiera
-decirte: Señor, como vos no os avergoncéis de oirla, ellos tampoco se
-avergonzarán de representarla.
-
- * * * * *
-
-Este último viaje de nuestros reyes á Barcelona, tal vez haya sido
-el más provechoso. La bella, la noble princesa inglesa, hoy reina de
-España, sólo habrá podido juzgar desde aquí, que tal vez Cataluña
-era una despoblada y lamentable Irlanda... ¡Tales eran sus quejas y
-clamores! Al contemplar la riqueza y prosperidad de Barcelona, su
-aspecto de gran ciudad europea, lo ameno de sus alrededores, que
-no habla de tristezas ni abandonos, no podrá por menos de pensar,
-que de Cataluña á Irlanda hay mucha distancia, y que, absolutista ó
-parlamentario, monárquico ó republicano, no habrá padecido grandes
-tiranías, ni grandes vejaciones, bajo ningún régimen de gobierno
-nacional, región que entre todas las de España sobresale por adelantada
-y por próspera.
-
-Mucho, no obstante, se han suavizado asperezas de allá, en estos
-últimos tiempos. Bien está así, que de nada nos asustamos como que
-puestos á pedir todos estamos en el mismo caso, sin salirnos de las
-aspiraciones legítimas. En cuanto á la ley de jurisdicciones, la más
-pronunciada arruga en el ceño catalanista... ¡Es tan fácil derogarla!
-El legislador espartano no consignó en sus leyes pena alguna contra
-el parricida; juzgó que en Esparta no había nadie capaz de cometer
-ese delito. Cierto que los delitos que dieron razón á esta ley--que
-no debió existir nunca en España, por el mismo motivo que aquella
-otra en Esparta,--por su falta de grandeza y lo mezquino de sus
-manifestaciones, tal vez no merecía mayor sanción que la de un agravio
-á la buena educación y al buen gusto; que no otra cosa eran aquellas
-caricaturas y aquellos dicharachos ofensivos para la patria y para el
-ejército, su más alta y noble representación.
-
-Justamente, nuestro ejército tuvo siempre el más amplio espíritu
-de tolerancia para admitir discusión sobre su organización, sobre
-sus condiciones; no digamos sobre el pacifista antimilitarismo de
-sociólogos y socialistas. Si dictadores hubo en España fueron civiles
-ó clericales; al ejército se debe cuanta libertad gozamos, él fué
-siempre freno de la reacción y acicate del progreso. Nada más injusto
-que considerarle instrumento de tiranía. Y conste que no soy nada
-militarista, que no soy de los que creen la guerra un mal necesario,
-sino muy innecesario; de los que esperan y confían en que los ejércitos
-serán en lo porvenir una decorativa policía internacional; pero esto
-solo ha de conseguirse por el mismo ejército; por eso, en su bandera,
-que aprendí á saludar desde niño, cuando aun no se acostumbraba en
-España, no saludo sólo la bandera de la patria, sino la bandera futura
-de ese ideal estado de paz, que sólo el ejército puede asegurarnos.
-
- * * * * *
-
-La distinguida escritora que firma con el risueño nombre de
-«Colombine», propone en un artículo, publicado en «España Artística»,
-la fundación de un teatro para los niños.
-
-En España, ¡triste es decirlo!, no se sabe amar á los niños. Si no
-hubiera otras pruebas, bastaría esta falta de una literatura y de un
-arte dedicada á ellos. ¿Qué libros españoles pueden leer nuestros
-niños? De la literatura clásica, ninguno. El «Quijote» es una obra de
-desencanto, de desilusión, propia para la edad razonadora. Sería cruel
-que los niños rieran con «Don Quijote», y más cruel que pensaran. De
-los escritores modernos, tal vez Galdós, en la primera parte de sus
-Episodios Nacionales, fué el único que escribió para los niños, sin
-proponérselo; quizás, por lo mismo, con mayor acierto.
-
-Digo por lo mismo, porque los escritores que deliberadamente intentan
-escribir para niños, suelen padecer el error de considerarlos demasiado
-pueriles y se creen en el caso de puerilizar su espíritu. Por esto
-las mejores obras para la infancia, son las que no fueron escritas
-con intención de conquistarla. «Robinsón Crusoé», algunas novelas de
-Dickens... En cambio, ¡cuánta ñoñería, cuánta bobada en muchos cuentos
-y narraciones pensados y escritos especialmente para los niños, que no
-pueden por menos de aburrirles!
-
-¡Un teatro para los niños! Sí, es preciso, tan preciso como un teatro
-para el pueblo. ¡Ese otro niño grande, tan poco amado también y tan mal
-entendido!
-
-Y en ese teatro, nada de ironías; la ironía, tan á propósito para
-endulzar verdades agrias ó amargas á los poderosos de la tierra, que
-de otro modo no consentirían en escucharlas, es criminal con los niños
-y con el pueblo. Para ello, entusiasmo y fe y cantos de esperanza
-llenos de poesía...
-
-Y nada de esa moral practicona, que á cada virtud ofrece su recompensa
-y cada pecadillo su castigo; esa moral que convierte el mundo en una
-distribución de premios y pudiera resumirse en un dístico por el estilo:
-
- No comáis melocotones
- porque dan indigestiones.
-
-La verdadera moral del teatro consiste, en que, aun suponiendo que Yago
-consumara su obra de perfidia, coronándose Dux de Venecia, sobre los
-cadáveres de Otelo y Desdémona, no haya espectador que entre la suerte
-de uno y otros no prefiera la de las víctimas sacrificadas á la del
-triunfador glorioso.
-
-La verdadera moral esta sobre los premios y sobre los castigos, está
-en lo mas hondo, en lo más íntimo de nosotros mismos, allí, donde está
-Dios, siempre que queremos verle y oirle... Consiste en una limpieza
-espiritual de la que solo nosotros gozamos. Nadie piensa al lavarse
-todo su cuerpo en que ha de ir desnudo por la calle, se lava uno por
-propia satisfacción y limpieza... Y aunque la ropa sea mala, va más
-tranquilo el que así se ha lavado, que los que, muy bien vestidos, solo
-se lavaron la cara y las manos.
-
-Esta moral es la que conviene al teatro y al arte dedicado á los niños
-y al pueblo.
-
-La amable escritora cita mi nombre entre los de otros escritores que,
-seguramente, no dejarán de escribir obras para ese teatro. Por mi
-parte, ¡nunca con mayor ilusión, nunca también con mayor respeto á mi
-público!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- II
-
-
-Un periódico de la cascara dulce, ya sabemos cuáles son los de la
-amarga, celebra determinadas obras de determinados escritores, por
-juzgarlas aproximación á sus ideales. Tiene el buen sentido de no
-cantar victoria definitiva. Con no tan buen sentido y en un artículo,
-por lo menos indiscreto, otro periódico liberal muy significado, se
-desata en denuestos contra los aludidos escritores y contra gran parte
-de la juventud literaria, pluralizando de un modo lastimoso, pues bien
-sabe el que escribió ese artículo, que eso de las casas de huéspedes
-y sus cocidos indigestos--aparte de no ser delito imputable y menos
-por un buen demócrata,--eso de los busca-dotes y del «Se alquila»
-levantado no reza con la mayoría de los literatos de la actual hornada.
-Eso de suponer á dos escritores poco menos que á punto de levantar
-partida porque uno eligió por asunto de una novela episodios de las
-guerras carlistas, y el otro presentó en el teatro á una hermana de
-la Caridad, que no baila la machicha, es mostrar una intransigencia
-indigna de espíritus que se juzgan por liberales. Yo no sé que mi
-obra--«La fuerza bruta»,--sea distinta de otras muchas mías, como «Alma
-triunfante», «Más fuerte que el amor», etc. Sé, en cambio, que en otras
-muchas obras, en todas, no se me ha quedado por decir nada que deje
-lugar á dudas sobre mi espíritu reaccionario. No así muchos autores
-cucos, de los que sería difícil saber por sus obras lo que piensan de
-lo divino y aun de lo humano. Si algún remordimiento escarabajea mi
-conciencia artística, es haber sacrificado muchas veces el arte á la
-predicación; pero en España... ¡hay que predicar tanto, y el teatro es
-tan buen púlpito!
-
-Bien puedo exigir algo más de reflexión al que lanza excomuniones tan
-de ligero. Ya sé que estas palabras escritas no lograrán convencerle,
-á él que solo en la oratoria cree como fuerza persuasiva y abomina de
-los que leemos cuartillas en vez de pronunciar discursos. Por eso,
-todo lo fío de su elocuencia, ella sabrá persuadirle mejor que cuanto
-yo escriba, de que fué injusto y de que fué ligero y que en momento
-de alistar fuerzas, no es la mejor ocasión para restarlas, porque,
-francamente, ¡hablar de libertad y negar libertad al arte, no es para
-convencer ni á los convencidos, cuanto más á los desconfiados!
-
- * * * * *
-
-Y ahora... El juglar caminaba por la vida y vió pasar á los soldados;
-marchaban á la guerra temerosos los bisoños; jóvenes, casi niños,
-arrancados á todos sus amores; trazando ardides para medrar sin
-peligro, los veteranos; todos ellos sin ardor y sin fe. El juglar,
-al verlos, entonó una canción á la patria, á la guerra, y sobre los
-soldados pasó con ala de fuego la visión de la gloria y sus corazones
-despreciaron la muerte...
-
---Ven con nosotros--dijeron al juglar...--Quien canta así la guerra
-será buen soldado...
-
---No--dijo el poeta.--En la batalla quizás sería el más cobarde. Supe
-infundiros valor... No pidáis otra cosa...--Y el juglar quedó solo y
-los soldados marcharon repitiendo las estrofas vibrantes de la canción
-guerrera.
-
-Por el camino pasaron unos monjes; unos con otros murmuraban de asuntos
-mundanos.
-
-El juglar entonó una canción religiosa, toda caridad, toda amor divino,
-toda fe y esperanza.
-
-Los monjes miraban al cielo.
-
---Ven con nosotros--dijeron al juglar,--serás gloria de nuestra orden y
-de nuestra casa.
-
---No--dijo el juglar,--hoy no; mañana volvería á dudar. En vez de
-ejemplo tal vez fuera escándalo...
-
-Los monjes siguieron rezando y el juglar quedó solo.
-
-Y así pasaron trabajadores y jóvenes enamorados y cortejos de boda y
-cortejos de duelo, y para todos tuvo el juglar canción adecuada y en
-todo dejó la música de sus canciones y todos le dijeron:
-
---Ven con nosotros, trabaja, ama, ríe, llora.
-
-Y él á todos dejó proseguir su camino y él siempre siguió solo...
-
---No me pidáis que vaya con vosotros. Despreciadme ó amadme, pero
-respetad mi libre canción, que solo sabe sentir y comprender vuestros
-afanes, vuestros amores, vuestras alegrías y vuestras tristezas...
-
-¿No es la Venus de Milo la expresión más sublime del Arte, no tanto por
-ser bella y por ser diosa, como por no tener brazos?
-
- * * * * *
-
-Los obreros inauguran su palacio, señal de poderío y de riquezas.
-Ahora que el elogio pudiera parecer adulación, lo mejor que podemos
-desear es que en ese palacio no entre nunca la lisonja cortesana, como
-en los palacios de los reyes y los grandes señores; que por todas sus
-puertas y ventanas llegue á todas horas la verdad, que esclarece el
-pasado y muestra el porvenir como un camino seguro. ¡Y el porvenir!...
-Las sombras son muchas. Acaso será como asegura Anatole France, en
-su «Isla de los pingüinos», el anarquismo; acaso, después--como tras
-la revolución francesa la reacción del Imperio,--será un socialismo
-despótico, una absorción del individuo por el Estado, absoluta y
-tiránica, pero después... será el verdadero socialismo, el socialismo
-individualista, en el que nadie hablará de derechos, porque todos
-comprenderán sus deberes; porque el bienestar de cada uno dependerá del
-bienestar de todos y será el reino de Dios sobre la tierra; Dios, hijo
-del hombre, el hombre mismo divinizado... ¿Cuando? No mañana, ni al
-otro siglo, ni al otro... Muchos, muchos siglos, muchas vidas... ¿qué
-importa? Será, y... ¿si no fuera? Basta creerlo. ¿No es la mejor verdad
-la más bella mentira?
-
- * * * * *
-
-Todo está compensado en el mundo: Carreras vuelve al teatro de Apolo
-y el señor obispo de Jaca se ausenta del Senado. No se juzgue la
-comparación irreverente. Amenizar la vida es, según va el mundo de
-triste, obra meritoria, ya sea en el teatro, ya en sesiones de Cortes.
-¿No fué siempre la risa el mejor vehículo de las verdades? La risa es
-la gran demoledora. Cuando se ríe de un asunto... asunto terminado.
-Por algo todos preferimos dar que llorar á dar que reir. Que se nos
-tome en serio ante todo. Perdonaremos la injuria, la calumnia, por
-monstruosas que sean. Ya es suponernos grandeza si nos juzgan capaces
-de grandes crímenes. Pero no perdonaremos nunca el ridículo. Llegaremos
-á reconciliarnos con el que nos llamó ladrones ó asesinos, nunca
-sinceramente con el que se permitió observar que nuestras corbatas eran
-de mal gusto.
-
-Los oradores que cultivan la nota jocosa son siempre temibles para
-las huestes políticas. La risa es rebelde á toda disciplina. Puede
-resistirse impávido las más tremendas imprecaciones, pero la hilaridad
-general...
-
-Lamentemos la decisión del señor obispo de Jaca. ¿Cuándo volverá á reir
-el Senado? Y es que ya sólo las palabras sinceras tienen la virtud de
-hacernos reir; por lo raras y por lo inútiles.--Es verdad, es verdad;
-decimos todos... Y como es verdad, nos reímos mucho.
-
- * * * * *
-
-¿Si estaremos desengañados de todo los españoles que, lo que nunca ha
-sucedido, á estas fechas todavía quedan billetes de Navidad en las
-loterías? Es la bancarrota de la ilusión, mas triste que la bancarrota
-de la ciencia, de que nos habló Brunetière.
-
-Poco á poco nos vamos haciendo trabajadores y formalitos. Verdad es
-que los grandes capitalistas tienen otras loterías en que emplear su
-dinero. Todos los billetes premiados. Caseros, arquitectos, maestros de
-obras, con la Gran Vía; autores dramáticos y actores, con la fundación
-del Teatro Nacional. ¡Esto es Jauja! ¿Quién quiere morirse? Sólo algún
-adorador sin esperanzas de alguna tiple. La verdad es que, cuando todo
-está tan caro, el amor inclusive, no debía permitirse la exhibición
-de carne pecadora en esas especies de tablajerías que han llegado á
-ser algunos escenarios. Es una crueldad ofrecer de continuo aperitivos
-á los que no han de saciar después su apetito. No se puede jugar con
-ninguna clase de hambre. Los escaparates de todo género son grandes
-desmoralizadores. Á mí me da tanta pena ver á un golfo hambriento
-extasiado ante el escaparate de Lhardy, como á una obrerilla ante el de
-una joyería, como á un estudiante ó humilde empleado en su delantera
-de anfiteatro, congestionado por un garrotín ó unas coplillas bien
-salpimentadas...
-
-Estoy seguro de que la última visión de casi todos los suicidas es la
-de algún escaparate deslumbrador, con sus luces eléctricas, brillantes
-en la sombra devoradora de la eternidad, como la esperanza de un
-Paraíso entreabierto.
-
- * * * * *
-
-De la Argentina, y escrita por un argentino, llega una historia de la
-vieja España, triste y consoladora al mismo tiempo. Lo segundo, por
-que su autor, Enrique Larreta, muestra en su obra--«La gloria de Don
-Ramiro»--un profundo y cuidadoso estudio de nuestra historia, y sabido
-es que comprender es amar. Lo primero porque las páginas de esa nuestra
-historia no son todo luz y alegría, aunque sean grandeza. «Una vida en
-tiempos de Felipe II», subtitula su autor á esta novela interesantísima
-para nosotros, como lo es siempre el concepto que merecemos á los
-extraños, y si el extraño es persona de quien nos importa mucho la
-simpatía, con mayor causa.
-
-Evita el autor, con excelente criterio artístico, los juicios
-personales. La historia, mas ó menos novelesca, habla por sí sola,
-y habla de pasiones violentas, de austeridad, de misticismos y de
-fanatismos, de torpezas políticas y de heroísmos guerreros... Tal vez
-no fué todo así, ni tan heroico, ni tan torpe, ni tan cruel, ni tan
-místico... La distancia, en el tiempo y en el espacio, acusa con mayor
-relieve los contrastes de luz y de sombra, que de cerca parecen mas
-fundidos, apenas perceptibles, en ese claro obscuro de los hechos
-cercanos, que, por serlo, nos parecen siempre menos heroicos, menos
-poéticos, más insignificantes... Pero ¿somos otra cosa que lo que
-parecemos? Si la verdad de nuestra historia ha de perderse entre
-leyendas, ¿no es preferible que sea entre leyendas de poesía que entre
-falsedades del vulgo?
-
-Enrique Larreta es un historiador poeta; es además un excelente
-escritor, de un estilo cuya severidad no excluye lo pintoresco, y sobre
-todo hay en su obra palpitaciones de admiración y de amor á nuestra
-España... á pesar de todo. Y esa es nuestra gloria, como fué la gloria
-de Don Ramiro la flor que una mujer enamorada dejó caer sobre su cuerpo
-muerto, en que un alma española alentó en vida, con todo lo que fué
-vida de España en aquel tiempo.
-
- * * * * *
-
-Yo no sé si la intención del autor puso el simbolismo. Propiedad de
-toda obra fuerte es tener vida propia y decirnos más de lo que su autor
-quiso decir en ella.
-
-En el Pedro Minio, de la admirable comedia de Galdós, yo veo un
-símbolo de nuestra España. Como Pedro Minio, el viejo paisano de Don
-Quijote--¡oh, la Mancha, tierra de ensueños!--el eterno enamorador,
-el eterno idealista, mal comerciante y peor trabajador; así España,
-envejecida, derrotada, aun quiere vivir alegre en la ilusión de su
-juventud, aun se embriaga de optimismo, y ante cualquier ofrecimiento,
-piensa, proyecta como Pedro Minio, edificaciones, pabellones,
-mejoras... El ideal apto de la indulgencia ofrece á los viejos la
-ilusión de la vida integral y en ella prolongan dichosos su ruinoso
-existir. Pero llegan los severos reformadores, los graves moralistas y
-á la ilusión y al alegre ensueño quieren sustituirlos con la disciplina
-monástica, con la austeridad penitenciaria; la alegría les parece
-indecorosa; nada de esparcimientos, nada de deshonestas promiscuidades
-de hombres y mujeres; acabó el reir y el bromear:--Sólo hablará usted
-con los frailes y de los temas que ellos propongan, dice la señora
-improvisada--símbolo de nuestra plutocracia--al viejo soñador, Pedro
-Minio. ¿No es esto lo que nos dicen á todas horas los que pretenden ser
-nuestros directores? Pedro Minio, como buen español, prefiere continuar
-en el ideal y alegre asilo de la Indulgencia, donde la ruinosa vejez
-goza las ilusiones de la juventud.
-
-¡Oh, excelentes reformadores y moralistas! Pedro Minio es España. Si no
-sabéis hacer cosa mejor, dejadle en el asilo de sus ilusiones. Mejor
-una vejez alegre que una juventud triste. Preferible siempre el asilo
-de la Indulgencia al de la Paciencia... que es preciso para soportaros.
-
- * * * * *
-
-Pérez Galdós, en mi opinión, nuestro primer autor dramático, no acaba
-de serlo en opinión de todos, acaso por ser nuestro primer novelista
-y haberse declarado en nuestro país incompatible el ejercicio de dos
-soberanías.
-
-Este es el país del encasillado y de las especialidades.
-
-Se estima en más al que entiende poco de una sola cosa, que al que
-entiende mucho de todas. La insistencia en un mismo asunto, basta
-á darnos autoridad en la materia. Fulano pasó su vida hablándonos
-de antigüedades fenicias ó asirias ó caldeas. ¿Quién duda que sabe
-de ellas? Mengano pintó siempre los mismos borregos: para borregos,
-Mengano. Á nadie que quiera tener unos borregos bien pintados se le
-ocurrirá encargárselos más que á Mengano. El día en que se le ocurra
-pintar una vaca, así este mugiendo de propia, todo el mundo dirá: Esto
-no es lo suyo, que vuelva á pintar borregos... ¡En borregos, el único!
-
-Somos poco amigos de trastornar nuestras ideas á cada paso; preferimos
-creer por fe á meternos en averiguaciones. Sabiendo que cada cual no
-hace más que una cosa, y siempre lo mismo, nos ahorramos el trabajo de
-examinar lo que hace.
-
-¡Y no se diga de nuestro agradecimiento á los que no hacen nada! Esos
-sí que nos ahorran quebraderos de cabeza. Por supuesto, ellos sí que se
-quitan de muchos. Para los ociosos y los vagos, la envidia es siempre
-admiración, nunca censura. ¡Bienaventurados los que jamás trabajaron,
-porque de ellos será el reino de España!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- III
-
-
-El año que, con tan buen éxito, hemos tenido el gusto de representar,
-no ha querido despedirse sin dejar una memorable fecha en la historia
-de las grandes catástrofes.
-
-Estos cataclismos, superiores á todas las previsiones humanas, son los
-únicos que tienen virtud para hacernos pensar en la muerte, como en
-algo ineludible. Todos sabemos que hemos de morir; pero con dichoso
-optimismo, todos nos creemos capaces de aplazar ilimitadamente el pago
-de ese vencimiento. Todos nos creemos lo bastante listos y somos lo
-suficiente desagradecidos, para estimar que son nuestra prudencia y
-nuestro orden de vida lo que prolonga nuestra estancia sobre la tierra,
-cuando en verdad, debiéramos agradecer como un indulto, cada hora de
-nuestra vida.
-
-Nótese, que en el fondo, sentimos cierto desprecio por los que
-tienen la imprudencia de recordarnos con su muerte, que también
-nosotros somos mortales. El que de puro viejo está ya con un pie
-en la sepultura, como suele decirse, denigra y vilipendia á sus
-contemporáneos, según van cayendo...
-
---Fulano murió ayer á los ochenta años.--¡Si no se cuidaba nada! ¡Si
-no hacía más que disparates! Ya vé usted yo qué bueno estoy con mis
-ochenta y cuatro. Pero es que yo me cuido...
-
-Esto el que se cuida, que el descuidado, atribuye á su misma
-despreocupación la buena salud de que disfruta.
-
-Y así todos; el sobrio achacará la muerte del vicioso á los excesos y
-el vicioso achacará la muerte del bien ordenado á su pazguatería. El
-que de continuo callejea y pasea y trisca, se reirá del que no sale de
-casa sin consultar barómetros y termómetros y disponer el abrigo de su
-cuerpo en consecuencia. Éste dirá del otro: ¡Anda, anda, toma ejercicio
-y aires de invierno y calores de verano!
-
-No digamos si la causa de una muerte fué por enfermedad crónica,
-accidente de viaje, ya sea en ferrocarril, automóvil ó aeroplano,
-lance de honor ó asesinato. Entonces sobre el muerto se desatarán los
-mayores denuestos: ¡Falta de higiene, imprudencia, locura, la vida
-que llevaba, la que dejó de llevar!... Crean ustedes que vivir sin dar
-lugar á murmuraciones es muy difícil, pero morir, sin exponernos á
-ellas, es casi imposible.
-
-Solo muriendo en uno de esos trastornos de la Naturaleza, podemos ir
-relativamente seguros de que no dará qué decir nuestra muerte.
-
-Esas cosas sí, le ponen á uno serio. ¡Caramba! ¡Terremotos, volcanes,
-la tierra que se abre, el cielo que se viene abajo!... Para eso no hay
-prudencia, ni vida ordenada, ni preceptos higiénicos que valgan... Eso
-nos puede suceder á todos y entonces no hay más remedio que morirse.
-Por eso estas catástrofes nos conmueven á todos. Después de leer el
-trágico relato, nadie se considera inmortal. Ni siquiera cabe el
-consuelo de culpar á los gobiernos, como en caso de epidemias, guerras
-y otras calamidades de tejas abajo.
-
-No hay idea del trastorno moral producido en algunos espíritus ante
-un «Morir tenemos», anunciado en tan expresiva forma. Durante tres ó
-cuatro días, el avaro se siente capaz de inusitadas generosidades.
-¡Es triste cosa morirse sin haber disfrutado de nada! Y se compra
-su purito de quince ó se regala con su café con media tostada. El
-malhumorado dulcifica su carácter: ¡No vale la pena de tomarse
-disgustos! La novia pudorosa se muestra más propicia á ciertas
-expansiones... ¡Mañana pudiera haber un terremoto!
-
-Por fortuna, la idea de la muerte es pasajera y solo ante un cataclismo
-de cielo y tierra, imprevisto, inevitable, consigue imprimirse
-por algunos días en nuestro pensamiento.--¿Han visto ustedes, qué
-horror?--Ya, ya... ¡una cosa horrible!...
-
-Á los pocos días nadie se acuerda y todos volvemos á creernos
-inmortales y á pensar que solo se mueren los que no viven como
-nosotros, los que hacen locuras y cometen imprudencias.
-
- * * * * *
-
-Se habla de grandes fiestas de caridad, á beneficio de las víctimas
-de Mesina. Es de esperar que el resultado sea brillante. El dinero de
-nuestros potentados, y aun el de los que sin serlo, contribuyen á las
-cargas del Estado español, tiene bien aprendido el camino de Italia;
-pero nunca fué más allá de Roma. Justo es que en esta ocasión, ya que
-de Roma misma viene el ejemplo, nuestra intransigente religiosidad
-reconozca la unidad italiana; más que esto, la verdadera y católica
-fraternidad.
-
-El Sumo Pontífice sabrá agradecer esa ofrenda, tanto como las
-destinadas al dinero de San Pedro, y al bendecirla, como padre de toda
-la cristiandad, sin fronteras ni patrias, estad seguro de que Italia la
-agradecerá con su corazón de patriota italiano. ¡Qué hermoso hubiera
-sido sobre las ruinas de Mesina, el abrazo del Papa y del rey de
-Italia! Nunca como en esta ocasión, al romper su prisión voluntaria del
-Vaticano, hubiera podido creerse el Pontífice inspirado por el Espíritu
-Santo. La infalibilidad del corazón es anterior á todos los dogmas
-proclamados en los concilios.
-
- * * * * *
-
-Yo no sé cómo ha podido decirse que el Cristianismo es una religión
-de tristeza y que el ejercicio de sus virtudes exige todo género
-de mortificaciones. La Caridad, por lo menos, cuando con motivo de
-alguna gran desdicha pública se manifiesta, reviste el aspecto más
-regocijado. Funciones teatrales, fiestas de toros, bailes, rifas...
-Los paganos, con su alegre religión, solían mostrarse más austeros y
-entristecidos en estas ocasiones. Muy dormida debe de estar caridad
-que ha menester de todo ese cosquilleo para avivarse; un severo duelo
-y una noble tristeza sentarían mejor al ofrecer la dádiva. No es
-esto murmurar, y siendo milagro tan dificultoso el de sacar dinero
-y el dinero tan empecatado, sin duda es este de los milagros en que
-puede estar más admitida la intervención diabólica. Pero, conste,
-que no hemos adelantado mucho desde los tiempos--primeros años de la
-Era Cristiana--en que los fariseos repartían sus limosnas á son de
-trompetas. En fin, ya que la Caridad en todo tiempo es más eficaz
-cuanto más sonada, quiera Dios que por esta vez, no sea más el ruido
-que las nueces: que no sea todo el metal el de las trompetas.
-
- * * * * *
-
-El arte y la moda, por lo que tiene de arte, son el último refugio
-de lo que está llamado á desaparecer ó ha desaparecido por completo.
-Por la moda resucitan el Directorio, el Imperio; hasta la época
-del buen rey Dagoberto, evocada recientemente en bellos trajes por
-hermosas actrices del Teatro Francés. Á medida que los últimos pueblos
-conservadores de sus trajes tradicionales, los van desechando para
-adoptar las modas de los más civilizados, éstos recogen piadosamente
-lo que aquéllos abandonan. Del Japón vinieron los kimonos; de Turquía
-llegan los turbantes; de Rusia los gorros de cosaco. Cuando las
-elegantes de estos países encarguen las nuevas modas á París, ¡cuál no
-será su sorpresa al ver como vuelve lo que ellas despreciaron!
-
-La moda actual es una completa mascarada histórica cosmopolita y
-zoológica. Trajes de todas las épocas, tocados de todos los países,
-plumas y pieles de toda la fauna conocida. Pieles, sobre todo. Debe de
-haber sido un invierno horrible para los gatos. Nunca se ha conocido
-un mes de Enero tan tranquilo en los tejados. Están todos haciendo de
-nutria, de armiño y de marta sobre nuestras señoras. Á su influencia se
-atribuye algunos recientes disgustos matrimoniales y algunas fugas de
-enamorados.
-
- * * * * *
-
-Todo vendrá á parar en que suban el vino, solía decirse; pero en esta
-ocasión nos vemos más apurados, pues todo ha venido á parar en que
-suben el agua; como si desde tiempo inmemorial no estuviéramos con el
-agua al cuello. Ya que por la supresión del impuesto de consumos sobre
-el vino y el cierre dominical de las tabernas, es el vino lo que se ha
-abaratado, tal vez nuestros gobernantes quieran parodiar la ingeniosa
-«boutade» de María Antonieta cuando el pueblo de París, hambriento,
-clamaba por pan, amotinado: No tienen pan, que coman bizcochos. El agua
-está cara... que beban vino. Lo malo será si con el cambio de precio
-hay también cambio de propiedades y es el agua la que se sube á la
-cabeza. Á quien no parodian nuestros directores es á Luis XV, y si él
-dijo: Detrás de mí, el diluvio; ellos dicen: Detrás de nosotros... la
-sequía.
-
-El caso es que, con este estira y afloja en la mejora de las
-costumbres, ya no nos van á quedar ni costumbres. Cuando empezábamos á
-tomar el gusto al agua y ya eran muchos los que se bañaban y algunos
-los que habían caído en la cuenta de que el agua hasta podía usarse
-como bebida, el encarecimiento de su consumo viene á dar al traste con
-tan buenos propósitos.
-
-Y que no sabe uno á quién compadecer. Si oye usted á la empresa del
-Canal, la razón está de su parte, y poco menos que le convence á usted
-de que el suyo no es un negocio industrial, sino un apostolado. Si oye
-usted al Ayuntamiento... El Ayuntamiento se lava las manos. ¡Feliz él,
-que puede permitirse ese lujo! Si oye usted á los caseros, ¡infelices
-caseros! Ser propietario hoy día es otro apostolado: ¡La contribución,
-los reparos, los inquilinos morosos, impuestos por aquí, impuestos por
-allá!... Las mejores fincas no rentan más de un cuatro por ciento. ¡Una
-miseria! Hasta los usureros, con lo mal que se ha puesto el negocio,
-rechazan ya despreciativamente las hipotecas sobre fincas.
-
-¡Si oye usted á los simples vecinos, no propietarios!...
-
-Aunque en verdad, á éstos es á los que menos se oye, debiendo ser los
-que pusieran el grito en el cielo. Saben por experiencia que si no
-es el agua, será otra cosa la que se encarezca y que todo es variar
-de dolor. Pero, cuando ni la tierra que pisamos es nuestra, ¿qué de
-particular que tampoco sea nuestra el agua que bebemos? ¡Ay! El mundo,
-como la isla de Caliban, es un sitio en que se encuentra todo lo
-necesario para la vida; excepto el modo de vivir. Y Caliban campa por
-sus respetos. Próspero lee en sus libros que el dolor es eterno y es
-inútil buscar alivio á los males fuera del espiritual de la lectura.
-Ariel proyecta la invención de un aeroplano, y cuando lo haya inventado
-dirá que el aire le pertenece, y ni el aire que respiramos será
-nuestro. ¿Quién sabe?
-
-Acaso debemos desear que el mal sea insoportable. Entonces estaremos
-más cerca de buscar el remedio.
-
- * * * * *
-
-Antes, si no en murmuraciones privadas, que éstas son responso obligado
-en el mismo cortejo funerario, por lo menos, en discursos y artículos
-necrológicos, solía respetarse la memoria de cualquier muerto ilustre,
-siquiera durante el novenario. Ahora lo hemos arreglado de otra manera,
-y como de la hora de la muerte se dijo siempre que era la hora de la
-verdad, hemos decidido no retrasarla un solo instante y que la verdad,
-como el llanto, sea sobre el difunto.
-
-Excelente determinación me parece; de este modo andara todo el mundo
-más derecho, sin confiar para nada en esa tregua de impunidad que
-parecía asegurarnos la muerte con el respeto de los vivos. ¿Qué se
-creían ustedes, señores cadáveres, que con quitarse para siempre de
-delante nos dábamos por satisfechos? ¿Que íbamos á dejarles á ustedes
-esperar muy tranquilos la hora del juicio final inapelable ó del juicio
-mas reposado de la Historia? ¡Nada, nada: respetables muertos, no sirve
-dárselas de ricos! Todo lo que puede concedérseles á ustedes es la
-satisfacción de no verse obligados á volver en demanda de explicaciones
-por las injurias, ofensas, calumnias y demás oraciones, piadoso
-recordatorio de los supervivientes. Los muertos están dispensados de
-tener honor. Ya lo dicen las papeletas de entierro: el duelo se despide
-en el cementerio.
-
-Digo, si el pobre Catulle Mende, duelista empedernido, capaz de
-batirse, como un artista del Renacimiento, por la belleza de un
-endecasílabo ó por la gracia de un madrigal, hubiera concedido
-importancia, desde el inmortal seguro á donde asiste, á los mil
-injuriosos, despectivos y desagradables comentarios á que ha dado
-ocasión su desdichada muerte...
-
-Nada se ha respetado; desde su obra literaria, á la que todo puede
-negarse, menos amenidad y sincero amor al arte, sospechoso de
-apasionada parcialidad á veces, por ser tan sincero; hasta su vida
-privada, solo culpable también de sinceridad y de amor tan ferviente á
-la vida que, por amarla demasiado, pretendió prolongar la juventud con
-amable despreocupación del ridículo.
-
-Estos fueron tus pecados y no merecías por ello tan pronta
-desconsideración. Si una severa crítica, acaso no ofrenda á tu memoria,
-las inmortales siemprevivas, razón de más para no apresurarnos tus
-contemporáneos á pisotear tan pronto las rosas que aun cubren tu
-cadáver, y aun son frescura y aroma en tus poesías, en tus cuentos, en
-tu obra toda de artista gentilísimo.
-
-Por tu amor al arte, amaste también á nuestra España, y si en tu
-«Santa Teresa» venció la fantasía francesa á la severidad española,
-como en Víctor Hugo, ¿cuál será de nuestros poetas románticos el
-que pueda arrojarte la primera piedra? No serán Lope ni Calderón,
-que á sus anchas y para su gloria, fantasearon con la Historia y la
-vida españolas; no será Zorrilla, que hoy te saludará como hermano;
-hermano en todo, hasta en lo de ver cernirse como tú, sobre su
-tumba, siniestras aves de rapiña. Por fortuna, ¡oh, poetas!, si estos
-pajarracos, con su pico, pueden roer sobre vuestros huesos la carne
-muerta, no pueden con sus parduzcas alas obscurecer la luz de vuestra
-gloria.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- IV
-
-
-Poco sabrá de la vida quien no haya vivido por edades, las edades
-todas de la humanidad. Es el hombre en sus primeros años un pequeño
-salvaje, más parecido por sus instintos al hombre primitivo que al
-ciudadano civilizado de cualquier gran nación moderna. Si la educación
-no acudiera al reparo--y no en todas partes acude,--tendríamos
-perfectos ejemplares de trogloditas, contemporáneos nuestros. No es
-preciso salir de España para encontrar pueblos enteros de ellos. La
-vida es el mejor libro de historia, abierto á todas horas, y ella nos
-ofrece continuamente vivientes ejemplares de todos los hombres, desde
-el primitivo de las cavernas, al anticipo del superhombre futuro. Con
-salvar espacios podemos retroceder en el tiempo. Hay hombres y pueblos
-enteros medioevales, los hay del siglo XVI y del XVII. Existen en
-medio de las metrópolis mas civilizadas, verdaderos salvajes. Ya dijo
-Zola, que nada puede darnos tan cabal idea de las homéricas luchas de
-la Iliada como las peleas entre jayanes de dos aldeas rivales. No en
-documentos empolvados, en textos vivientes ha de hallar el verdadero
-historiador artista, los más fieles datos para reconstruir la vida de
-los tiempos pasados.
-
-Debemos ser tolerantes con las fiestas de Carnaval, que á tantos
-espíritus superiores disgustan y escandalizan, como con una niñería
-de la humanidad, por la que han de pasar sucesivamente todos los que
-nacen. Sería muy triste que todos naciéramos sabiendo que hemos de
-aburrirnos en un baile de máscaras. Es, además, acaso por primitiva,
-esta fiesta de los disfraces, la única fiesta de la verdad. Nunca
-sigue tanto el hombre sus naturales inclinaciones como al intentar
-travestirse en estos días. Vemos con faldas y moños femeninos á los
-que debieran llevarlos todo el año; con caretas de animales á muchos,
-que ese día sólo no engañan á nadie; de bebés á otros que, solo con
-vestirse de ese modo, muestran que están en lo cierto. Y de las
-mujeres, ¿qué diremos? La que sin careta tardaría dos ó tres días en
-darse á conocer, ya está conocida apenas aparece en el baile. Dinero
-podrá no ahorrarse con una belleza encubierta, ¡pero, tiempo!...
-
-¡Si todos los negocios de este mundo pudieran tratarse con mascara,
-cuanto enojoso trámite nos ahorraríamos del mismo modo! ¡Ah, la cara,
-la cara! Mascara imperfecta que el más hábil no llegó á dominar y á
-pesar nuestro enrojece de vergüenza ó palidece de espanto, y llora ó
-ríe inoportuna, y es sensible, por curtida que esté, á escrúpulos de
-conciencia, á preceptos de educación, á preocupaciones sociales... Solo
-el que haya logrado completo dominio sobre su rostro, logrará completo
-dominio sobre los hombres. Por algo la glorificación de la belleza
-corporal ó espiritual del hombre es su escultura: la plenitud de la
-mascara.
-
- * * * * *
-
-¿Por qué cerrar en estos días las Cortes y no permitir en ellas una
-mascarada que sería también su única verdad? Los más conspicuos
-parlamentarios, tal vez bajo el incógnito de la careta se atreverían
-por una vez á decir lo que sienten. Este liberal, mal disfrazado todo
-el año hablaría como conservador; tal otro, forzado por compromisos
-electorales á oponerse á todo negocio dudoso, pediría participación
-en él, sin empacho, y tal cual, metido por complacencia, en algún
-callejón sin salida, podría hallarla con muy gentil despejo, al amparo
-de un buen disfraz. Con careta de ministeriales, los conservadores
-podrían cantar las glorias de Cataluña, y los catalanistas, con careta
-de conservadores, podrían desenmascararse del todo. Los republicanos
-podrían decir la verdad disfrazados de monárquicos, y los carlistas no
-dirían nada, porque entre conservadores y solidarios les darían dicho
-todo lo que ellos pudieran decir. Los periodistas, con achaque de no
-conocer á ninguno, suprimirían adjetivos personales y la presidencia
-no se atrevería á llamar al orden á nadie, por temor á graves
-equivocaciones. Los maceros podrían actuar á guisa de bastoneros, para
-impedir, como en los bailes, aproximaciones demasiado deshonestas.
-Serían memorables estas sesiones de Carnaval. ¡Y si se aprovechara
-para «confettis» algunas de las leyes discutidas durante el año!
-Hecha «confettis» quedó la famosa del terrorismo. En cambio, la de
-administración local es una serpentina que entre Maura y Cambó se
-arrojan jugueteando y graciosamente se enrosca sobre otras cabezas,
-como debió enroscarse la serpiente diabólica del Paraíso en el árbol
-del bien y del mal, al ofrecer á nuestra incauta madre la fruta de
-perdición.
-
- * * * * *
-
-Ningún arte tan espiritual como la música, y ninguno tan propio de
-estos días del año consagrados á la meditación y al recogimiento
-espirituales. La devoción de nuestros buenos aficionados á la música
-bien ha tenido en donde escoger en esta temporada. El cuarteto checo
-en la Filarmónica, Wagner á toda hora, y por fortuna el arte nacional,
-sin llegar todavía á «preferido», algo salió de su condición de
-«ceniciento», gracias á muy laudables empresas de nuestros músicos.
-Chapí, con su ópera, mas apreciada á cada representación, el cuarteto
-Francés, el cuarteto Vela, el quinteto de instrumentos de viento,
-nueva sociedad, de inteligentes y modestos artistas, dignos de todo
-encomio y de mayor atención por quien pueda dispensársela, sobre todo
-para mejorar su instrumental, cuyas deficiencias, vencidas en fuerza
-de arte, bastarían para obligar á la admiración. Labor es toda esta
-de inteligencia y de entusiasmo que nunca agradeceremos bastante, ya
-que nunca pagaremos lo suficiente. De todo podrá acusarse á estos
-nuestros artistas menos de interesados. Estudian y trabajan por puro
-amor al arte; tal vez por esto trabajan con preferencia en Cuaresma.
-Justo es que, después de los ayunos y penitencias, llegue la Pascua
-de Resurrección para la música nacional. No quiero ser injusto ni
-egoísta; soy el primero en reconocer que el autor dramático no está
-tan necesitado de protección oficial en España, como el compositor de
-obras musicales, que no sean género chico. La obra del Teatro Nacional,
-no será completa, si la fundación de un teatro de comedia española, no
-coincide con otro de ópera y zarzuela. Para éste cuenta el Estado con
-un edificio inmejorable; contamos con músicos y artistas en calidad y
-en cantidad importantes. ¿Qué falta?... ¡Por vida de los inconvenientes!
-
- * * * * *
-
-Como tanto se ha discutido la sinceridad del «wagnerismo» de muchos
-que dicen ser wagneristas, sin duda, la empresa del teatro Real ha
-querido ponerla á prueba, y al mismo tiempo la resistencia física de
-músicos y cantantes. Para ayer domingo estaban anunciados: «El Ocaso
-de los Dioses», por la tarde, y «Lohengrín», por la noche. No creo que
-el programa se haya cumplido, pero si así fuera, leeré hoy lunes con
-interés, las noticias, para saber cuántos profesores de la orquesta
-hubieron de ser conducidos en camilla á su domicilio al final de tan
-ruda jornada. Si solo el asistir de espectador tarde y noche supondría
-un vigor extraordinario y por ello merecería cualquiera mención
-especial, ascenso inmediato y condecoración pensionada en el cuerpo de
-«wagneristas» denodados, ¿qué decir de los ejecutantes? Para éstos sí
-que será día de prueba su fervor artístico y admirativo por el genio
-de Wagner. Vamos, que si al caer el telón y caer ellos desfallecidos,
-no reniegan de tres generaciones anteriores, por lo menos, del sublime
-músico y de las posteriores, hasta la cuarta, como una maldición
-bíblica, ya pueden dar fe de su wagnerismo.
-
- * * * * *
-
-Algo quisiera decir de la nueva ópera española «Margarita la Tornera»;
-algo de su autor tan maltratado, tan discutido, tan injuriado antes
-de ahora, que siendo estas las señales más ciertas de ser glorioso en
-España, no necesitaba de mayor triunfo, ni para satisfacción propia,
-ni para nuevos desahogos de sus enemigos. ¿Enemigos? No. Enemigos son
-los que usan nobles armas y combaten con ellas. Los que solo usan de
-su natural veneno, no pueden ser considerados como enemigos. Tienen su
-clasificación en las últimas escalas zoológicas.
-
-¿No parece ya á algunos que hemos hablado bastante de «Margarita la
-Tornera»? ¿No dicen otros que se ha abusado del bombo? ¿Del bombo?
-Y días antes del estreno nos tenían afligidos á los constantes
-admiradores del maestro Chapí, los agoreros de un fracaso...
-
-¿Que se ha hablado bastante? No tanto como de esta ópera italiana ó
-de tal otra francesa ó de aquella otra rusa, que fatigan sin cesar
-las columnas de los periódicos en todo el mundo. No tanto como del
-«Chantecler» de Rostand, ni como del Vivillo ni la Juaneca...
-
-¡Oh admirable y extraño patriotismo el nuestro, que quisiéramos una
-España grande, pero en la que todos los españoles fueran pequeños! Mal
-país de sembradores, pero excelente de tijereteros, dedicados á cimar
-cuanto amenace ser árbol en tierra de arbustos.
-
-Hay, por dicha para todos, un público, el público que no es de
-literatos ni de músicos, que tal vez no entiende de letras ni de notas,
-pero entiende con el corazón, como pedía San Pablo, al artista y á todo
-el que le habla con la honradez desinteresada del amor al arte y á la
-verdad.
-
-Ese público no ha regateado su aplauso ni su admiración al insigne
-músico español; ese público sabe cuánta generosidad supone el habernos
-ofrecido ese regalo de arte. «Margarita la tornera» le producirá á
-su autor... treinta ó cuarenta mil pesetas de menos, que dejará de
-percibir en esta temporada, por haber desatendido los trabajos del
-género chico.
-
-De modo que, en efecto, no debe hablarse más de «Margarita la Tornera».
-¡Un hombre que va á hacerse rico con una ópera! ¡Y encima un poco de
-gloria!... No, no es posible. ¡Ni que fuéramos tontos!
-
- * * * * *
-
-Lujosos trenes, coches y automóviles, forman fila, después círculo,
-después caracol, por fin masa compacta á la puerta de la humilde
-iglesia. ¿Qué sucede? ¿No sabéis? Es la devoción á la moda. La imagen
-milagrosa que, de tres peticiones, concede una. Pero una sola, y no
-puede hacérsele más de tres. De tres cosas, una. ¡Dios mío! ¿Cómo
-pueden conformarse á tal mezquindad esas bellas y elegantes damas,
-acostumbradas á conseguir todo lo que piden? Sin duda piden cosas muy
-difíciles ó imposibles, cuando se dan por muy contentas con obtener
-una. Secretos serán entre el cielo y ellas, porque en asuntos de la
-tierra, todos sabemos que si ellas desearan tres cosas, no tendrían
-para empezar con una sola.
-
-¡Quién pudiera penetrar el misterio de vuestras peticiones, y quién
-tuviera poder para exaudir todos vuestros deseos! Cierto que á
-la divinidad no es posible engañarla, pero ¡es tanto el arte de
-seducción en las mujeres! que la divinidad sonreirá bondadosa cuando
-ellas oculten entre dos peticiones insignificantes la de verdadera
-importancia. Ó, cuando las peticiones en aparente forma distinta,
-sean en realidad una misma. Yo pienso acudir uno de estos días á la
-devoción milagrosa y haré muy humilde mis tres peticiones. Un millón
-de pesetas, un millón de francos ó un millón de liras. Veremos si es
-verdad que de las tres cosas se consigue una. Con cualquiera de las
-tres me contentaría y todas las tardes verían ustedes un automóvil
-más á la puerta de la humilde iglesia, cuyo nombre y sitio no diré á
-ustedes, porque los anuncios son asunto de la administración. Y ¡qué
-mejor anuncio que tanto coche blasonado y tanta distinguida dama en la
-plazoleta antigua del Madrid viejo; este Madrid que tantos rincones
-guarda de siglos pasados en sus calles y no menos en el espíritu de sus
-nobles y bellas damas!
-
- * * * * *
-
-Si alguien dudara de los sentimientos religiosos de este país católico
-por excelencia, de la honda preocupación religiosa de nuestro espíritu,
-de lo importante que es para los gobiernos el no ofender ni menoscabar
-en nada nuestras venerandas creencias, bastaría con la más superficial
-observación de lo que significan para nosotros estos días solemnes en
-que la Iglesia, nuestra madre, conmemora la Pasión y Muerte de Jesús.
-
-En calles y templos las más expresivas muestras de verdadero fervor
-cristiano. Severidad en el adorno y en las ceremonias de iglesia;
-raudales, cuando no de arrebatada elocuencia, de sencillez evangélica,
-en los púlpitos; los pocos lugares de esparcimiento ofrecidos al
-público, como cafés, pastelerías, etc., abandonados de su habitual
-parroquia masculina, no digamos de señoras y señoritas; todas
-fidelisísimas observantes del riguroso ayuno. Las mujeres desdeñosas
-de solicitar la atención de los hombres, en estos días consagrados á
-la meditación y al recogimiento, con la mayor sencillez en su persona;
-los hombres, respetuosos con la actitud severa de ellas, sin atreverse
-á ofenderlas con un mal piropo. ¡Oh! Es un espectáculo edificante.
-La vida parece haber suspendido todo el anhelo pecaminoso con que de
-continuo nos solicita para perpetuidad de la especie y del pecado.
-
-No es de extrañar que los extranjeros que en estos días solemnes
-visiten principales ciudades de España: Madrid, Sevilla, Murcia,
-Toledo, etcétera nos juzguen de una imponente austeridad religiosa,
-que les hace más comprensible el legendario fanatismo que propagó las
-hogueras inquisitoriales de España por medio mundo.
-
-Y si en algo puede haber disculpa para tantas atrocidades cometidas
-en nombre de la Religión, nuestra mejor disculpa está en eso, en la
-sinceridad del sentimiento religioso de nuestro espíritu; el mismo
-que sobrevive con la misma sinceridad y del cual pueden hacerse cargo
-cuantos nos visitan en estos días solemnes de meditación y recogimiento.
-
- * * * * *
-
-Ningún ejercicio espiritual más propio del bondadoso escéptico en
-estos días, que la lectura de un bonito libro, recientemente publicado
-en París. Su autor, Salomón Reinach; su título «Orfeo». Historia de
-las religiones. Un substancioso compendio, acaso despreciable para
-los eruditos especialistas que sonríen desdeñosos á todo extracto de
-ciencia: pero muy de agradecer para los «pica-platos» intelectuales,
-deseosos de asomarnos á todas las ventanas y aun á todas las alacenas
-de la inteligencia, sin tiempo para otra cosa que oler donde se guisa y
-pellizcar donde se sirve. Y como bien guisado y bien servido, está el
-manual en cuestión. En un perspicaz vistazo de pájaro sobre todas las
-creencias religiosas que han inquietado al mundo.
-
-Desde la altura todas parecen en el mismo plano y, cuando menos,
-aprendemos á estimarlas lo mismo, como una necesidad universal del
-humano espíritu: niño preguntón que quisiera saber el por qué de todo,
-y á falta de verdades ciertas se contenta con suposiciones fantásticas.
-
-En los más claros y habitables aposentos de nuestra inteligencia,
-asentamos las pocas verdades que poseemos; allá, en los camaranchones
-interiores y obscuros de nuestro cerebro, ó arrinconamos los trastos
-inservibles que nos correspondieron por antiguas herencias, ó suponemos
-duendes y fantasmas que justifican nuestro horror á penetrar en ellos y
-la imposibilidad de habitarlos.
-
-Cierto que, puestos á elegir fantasmas, debiéramos elegir los más
-gratos, y es preferible imaginar duendes alegres y juguetones á trasgos
-espantables. Pero ¡ay! que son los hombres los que hicieron á sus
-dioses á su imagen y semejanza, y así hay dioses bondadosos, dioses
-crueles, dioses vengativos, dioses indiferentes, dioses ridículos,
-dioses respetables, dioses humanos y dioses divinos. Dioses para todos
-los gustos y para todas las aspiraciones.
-
-Somos el molde de nuestras creencias, y no ya cada pueblo, cada hombre,
-llevamos á nuestro dios, hecho carne en nosotros. Por eso, entre todos,
-ningún símbolo tan espiritualmente bello, como el de nuestro Dios,
-hecho hombre, hijo del hombre, hombre como nosotros; que en nosotros
-puede nacer, y en nosotros y por nosotros padecer pasión y muerte y en
-nosotros resucitar y divinizarse.
-
- * * * * *
-
-Un distinguido pintor escenógrafo y dos populares y aplaudidas tiples
-han tenido uno de sus más ruidosos éxitos... ¿En dónde, dirán ustedes?
-En la parroquia de San Sebastián.
-
-El Teatro y la Iglesia ó la Iglesia y el Teatro--las señoras
-primero--aunque alguna vez hayan andado á la greña, en el fondo han
-sido siempre buenos amigos. No es preciso remontarse á los orígenes
-del teatro ni á la representación de los Autos Sacramentales para
-demostrarlo. La capilla de la Virgen de la Novena, que el fervor de
-nuestros actores costea y sostiene sin decaimiento de su original
-esplendor, lo atestigua bien claramente hoy en día.
-
-En esta Semana Santa, con su decoración teatral y la presencia de
-nuestras más bellas actrices, la capilla de la Novena ha conseguido
-la mejor entrada. Los devotos tal vez se escandalicen; pero, nada
-importaría que los templos tuvieran algo de teatro, si los teatros
-alguna vez tuvieran algo de templo.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- V
-
-
-La capa, la española capa, prenda inseparable de la mantilla, en todo
-canto al españolismo, parecía desmentir hasta ahora, el mayor apego
-en la mujer á lo tradicional y castizo; pues mientras sobre femeniles
-cabezas pasaron mil hechuras de sombreros, relegada la mantilla á
-fiestas de religión ó de tauromaquia--los extremos se tocan y las
-tradiciones se semejan,--la capa persistía con firmeza, gallardeando
-sobre varoniles hombros, en amistosa alternativa con toda clase de
-abrigos, nobles y plebeyos; desde el gabán aforrado en nutrias ó martas
-cibelinas, á la bufanda con honores de manta.
-
-Y, en este invierno, sin prescripciones de la moda, ni de la higiene,
-la hemos visto de pronto desaparecida; tan de pronto, que mal puede
-decirse que la hemos visto desaparecer.
-
-Y el pueblo; el último baluarte siempre del casticismo pintoresco, en
-lenguaje, vestidos y costumbres, ha sido el primero en desecharla,
-sustituyéndola por la zamarra; prenda sin carácter, sin gracia, sin
-historia, sin nacionalidad.
-
-¿Habrán influído las recientes disposiciones sobre las casas de
-préstamos, con la menor facilidad en la pignoración, al desprestigio
-y abandono de la clásica prenda, considerada antes como un billete de
-Banco, valor al portador?
-
-¿Será que todas las capas madrileñas padecían cautividad, y el negarse
-los prestamistas á la renovación de papeletas, ha hecho imposible el
-rescate en esta temporada de invierno?
-
-Si así fuera, esperemos el saldo del año próximo, que volverá á
-ponerlas al alcance de todas las fortunas, sin menoscabo de la de sus
-actuales poseedores. ¡Habrá capa que pudiera estar bordada en oro, si á
-enriquecerla con tal adorno se hubiera aplicado el interés cobrado en
-tantas renovaciones!
-
-Pero, si la causa no fuera esta y la zamarra triunfara en definitiva,
-como prenda de abrigo popular, entonces la capa no tardaría en ser el
-abrigo aristocrático, y por imitación volvería á serlo de la clase
-media, y por fin volvería á ser el de las clases populares, deseosas
-siempre de igualarse con los de arriba, mientras éstos quisieran
-diferenciarse de todos.
-
-¿No están recientes las luchas y protestas de los camareros de café,
-hasta conseguir les fuera permitido el uso del bigote, por considerar
-como signo deprimente de servilismo la cara rasurada? Y he aquí, al
-poco tiempo, que ya son los mozos de café los únicos que llevan bigote,
-y todo pelo en la cara es anatematizado por la distinción y por la
-higiene. Ni una ni otra son señoras muy de fiar, por lo veleidosas.
-Ahora nos dicen las dos, puestas de acuerdo, que barbas y bigotes son
-terribles nidos de microbios y, aun cuando vaya uno para viejo, no hará
-muchos años, «leía yo, en los libros que tenía»--como dice Segismundo,
-el de «La vida es sueño», no confundirle con el de «El sueño es
-vida»,--leía yo, como iba diciendo, en mis buenos libros de higiene,
-cómo era menor la mortalidad y el peligro de la tuberculosis, entre los
-obreros que, empleados en industrias, como la fabricación de hilados
-y otras similares, dejaban crecer barbas y bigotes, que entre los
-afeitados ó barbilampiños; pues barbas y bigotes eran como red cazadora
-de partículas que, sin ese natural obstáculo, penetrarían directamente
-en los pulmones. Toda esta explicación venía muy cimentada sobre
-sólidas estadísticas y lo mismo vendrán éstas de ahora, que afirman
-todo lo contrario.
-
-Yo no sé si ahora será cuando la higiene está en la fija; de la moda,
-sé decir que, para rostros de pura cepa castellana, no puede ser más
-desfavorable. Para bien parecer un rostro varonil afeitado, necesita
-ser de buen color y armonizar con rubios cabellos que den claridad y
-juventud á la fisonomía. Pero el ceñudo castellano, de negro pelo,
-color verdinegro ó amarillento, cobra un aspecto duro de presidiario ó
-cura de facción, con el rostro afeitado, más sombrío sin el contraste
-de bigote ó barba.
-
-Y ¿qué diremos de los que deciden el afeitado sin contar con los
-veinticinco céntimos necesarios para la diaria operación? Entre éstos
-figuran muchos jóvenes artistas, que estarían mejor con su buena
-melena y todo lo que buenamente quisiera crecerles. Todo, mejor que
-verles con la pelusa de una semana, como quincenarios, y oirles decir
-todavía:--¿Sabe usted? No llevo nada en la cara porque es mucho más
-limpio y más higiénico.--¡Vaya con la limpieza y con la higiene!
-
- * * * * *
-
-De las famosas turbias del Lozoya, ninguna tan turbia como esta de
-ahora, tan de color de chocolate, que pasa de castaño obscuro. El
-Manzanares, por otra parte, celoso al cabo de los años del injusto
-predominio sobre Madrid, que su rival le usurpaba, y de las clásicas
-burlas á su pobre caudal, quiere probarnos que, si no en agua, en lodo,
-tiene fuerza bastante para alcanzar á respetables alturas. Por suerte,
-aquí todos sabemos nadar entre dos aguas, y aun entre agua y lodo,
-que no siempre el ser animal anfibio tiene sus inconvenientes, como
-aseguran en popular zarzuela.
-
-El Señor nos libre de juicios temerarios, pero es desgracia nacional
-que todo negocio y toda industria emprendidos en tierra española, aun
-los que mas beneficiosos parecen para el interés general, lleven mancha
-de origen por la pícara intervención política en todos los asuntos.
-Así el trabajo honrado y el dinero, nunca más honrado, que cuando
-al servicio del trabajador se pone, andan siempre tan desconfiados
-de emplearse en nuestra industria y en nuestros negocios. Apenas se
-proyecta algo provechoso, todo el mundo se escama: ¡Chanchullo! ¡Manos
-puercas! ¿Escuadra? un momio. ¿Gran Vía? otro momio. ¿Teatro Nacional?
-momio de ambos sexos; si ha de venir á ser refugio hospitalario de
-ruinas artísticas y literarias. De toda empresa española puede decirse,
-como de aquellas famosas Cortes: ¡deshonradas antes que nacidas!
-
-De aquí proviene que el celoso de su buena opinión huya, como el
-diablo, de intervenir en todo negocio, y vienen á parar todos ellos
-en manos de gente despreocupada, á la que, al fin y al cabo, hay que
-agradecer su despreocupación, que ya es una prueba de valentía, y tan
-necesitados estamos de emprendedores, que bien podemos decir: Hágase el
-milagro y hágalo el diablo. Hágase el negocio, aunque saliere un poco
-sucio.
-
-Todas estas desconfianzas y recelos, más son señales de nuestra
-pobretería que de nuestra moralidad. Hay tanta escasez de dinero que no
-se comprende cómo nadie puede manejarlo sin resistir á la tentación de
-quedarse con algo entre las uñas. Para juzgar de los demás no solemos
-tener más norma que nosotros mismos; lo que haríamos en su caso.
-
-Nunca he oído á ningún gran señor quejarse de que le sise su cocinero,
-ni su jefe de cuadra, ni su administrador. Verdad es que su mesa está
-bien servida, sus trenes bien presentados y á él nada le falta.
-
-Esto es lo que no nos sucede á los españoles. Á poco que nos sisen, ya
-se nota en todo, particularmente en la mesa, falta que no se disimula.
-Y no es que nuestros cocineros tengan menos conciencia que los de otras
-partes, es que damos menos dinero para la compra, y para comer bien hay
-que contar con la sisa.
-
-Somos, además, tan apegados á rancias hidalguías que, aunque tan
-necesitados de dinero, seguimos considerando como despreciables los
-medios para su adquisición; así es que preferimos buscarle ocultamente
-por caminos subterráneos, como si fuera un crimen buscarle á la luz,
-abiertamente. Aquí es todavía la mayor gloria de un político, de un
-artista, de un hombre de ciencia, decir: Murió pobre. ¿Por qué? ¿Han
-de ser solo el dinero y la independencia que da el dinero, de los que
-explotaron la influencia del político, la gloria del artista y la
-ciencia del sabio?
-
-Cuando el dinero lo compra todo, ¿no habrá algo que pueda comprar el
-dinero?
-
-Hacer valer dinero á nuestra inteligencia no es envilecerse, es
-ennoblecer al dinero.
-
-Cuando los hombres inteligentes dan en no venderse, por escrúpulos de
-conciencia, entonces es peor; porque todos los negocios van á parar á
-los tontos, que para la circunstancia, se meten á pillos: ya se sabe
-que nada imita mejor á la inteligencia que la pillería.
-
- * * * * *
-
-Se anuncia en Madrid y para fecha próxima una Exposición, la más
-simpática y la más conveniente para ejemplo y estímulo de todos: la
-Exposición de la Infancia.
-
-De todos los dicterios con que el mayor enemigo de España pudiera
-ofendernos, el de infanticidas sería, quizás, el más merecido.
-
-No será Malthus nuestro previsor apóstol; pero es, en cambio, Herodes,
-el buen reparador de nuestra prolífica imprevisión. Tan descuidados
-sembradores como descuidados cultivadores y recolectores. Al celo
-previo, en que cualquier hombre se iguala al animal, no corresponde el
-celo ulterior por la prole, en que cualquier animal puede dar lecciones
-al hombre.
-
-Y no haya ofensa para las madres y los padres españoles. ¿Cómo
-suponerlos menos amantes de sus hijos que en otros países? Los aman
-con ceguedad; pero ¡ay! con ceguedad de ignorancia, que es la peor de
-las ceguedades.
-
-Dos tristes suertes hay en el mundo; verse pájaro en manos de niño;
-verse niño en manos de padres españoles.
-
-Dijérase que la fe cristiana, en la seguridad de verlos al morir
-niños, trasplántalos ángeles al cielo; ó las inseguridades de nuestro
-vivir nacional azaroso, consuelan y hasta estimulan á los padres en la
-temprana muerte de sus hijos.
-
-No es que no los amemos mucho; es que amamos tan poco la vida, que
-acaso el haberlos traído á ella nos pesa como un remordimiento, de
-que sólo su muerte prematura puede aliviarnos...--¡Para él ha sido un
-bien!... ¡Angelitos al cielo!--¡Se ha quitado de penas!--¡Quién sabe lo
-que hubiera tenido que pasar en este mundo!--Hay en todas estas frases
-vulgares, al morir un niño, una resignación que, siendo amor, más
-parece feroz egoísmo.
-
-Y es el espíritu español, seco para el niño, y esta sequedad se refleja
-en nuestro arte, apenas esclarecido por gracias infantiles, en los
-cuadros de Murillo y en alguna imagen del Niño Jesús del escultor
-murciano Salcillo.
-
-No hay en España una literatura, un arte para los niños. Nos
-preocupamos poco de higienizar ni de alegrar su vida.--¿Hay mejor
-higiene que la alegría?--Aun los niños ricos son aquí más desgraciados
-que los niños pobres de otros países.
-
-La Exposición puede ser una buena obra, si á ella acuden con la mejor
-voluntad todos los que, sin haber perdido la fe en otra vida con su
-cielo saben que ya es bastante antesala para esperarla ésta nuestra
-tierra, tal como ella será siempre, por mucho que procuremos mejorarla
-entre todos, y no hay necesidad de hacer de ella un infierno, único
-lugar que no admite mejora; porque nada puede mejorarse en lugar donde
-no se ama, que es también lugar donde no se trabaja.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- VI
-
-
-Paréceme que, en la admiración de nuestros jóvenes por Larra, entra
-por mucho el atractivo de su fin prematuro. Hay quien juzga que fué
-mejor así; pues acaso la vida, con su roce desgastador de energías
-y suavizador de asperezas hubiera subyugado altiveces en el rebelde
-espíritu de «Fígaro», y una vez más hubiéramos asistido á la abdicación
-de una inteligencia vencida por algún interés.
-
-¿Qué importaba? ¡Hubiera sido tan interesante! De un alto entendimiento
-es tan admirable la sumisión como la rebeldía. ¿No fué admirable
-la aparente conformidad de un Campoamor, de un Valera, por todo lo
-establecido? Y después, cuando la aparente sumisión, efectiva para el
-vulgo oficial, nos ha dado autoridad y respeto, ¿no podremos con mayor
-eficacia volver á decir la verdad, á los que antes no quisieron oirla?
-
-«Fígaro» sometido, acaso nos hubiera dicho algo más profundo que
-«Fígaro» rebelde. Sobre la verdad de nuestra vida, que él creyó afirmar
-dándose muerte, está la verdad de la vida; sobre la que, acaso, podemos
-triunfar cuando más abdicamos de nuestra voluntad.
-
-Cuando hemos renunciado á nuestra dicha y nos contentamos con ver
-dichosos á los que nos rodean, es quizás cuando empezamos á serlo.
-
-¡Qué inaccesible ideal si pensamos al escribir una obra en la gloria
-sin término! ¡Qué fácil, si pensamos en comprar con su producto
-inmediato el juguete que alegre á un niño querido! ¡Vender la gloria
-remota por sonrisas cercanas! Si la gloria tiene algún camino, ¿no es
-el amor quien por él ha de llevarnos?
-
-Poner muy alto y muy lejos el ideal, tal vez es airoso pretexto para
-la caída al alcanzarle. Acerquémonos, aunque se empequeñezcan nuestros
-ideales.
-
-Fingió la fábula que el águila volaba por llegar al sol, y en realidad
-sólo vuela por traer alimento á su nido. Y por eso no es menos
-arrogante su vuelo.
-
-¡Jóvenes admiradores del fin prematuro de «Fígaro», no pretendáis volar
-tan alto por el aire, que olvidéis deberes de la tierra! El también os
-lo hubiera dicho si hubiera vuelto de su volar altivo.
-
- * * * * *
-
-_El Teatro en España_, interesante libro publicado por Francos
-Rodríguez, á mas de muy atinados juicios sobre muchas de las obras
-estrenadas en el año de 1908, contiene una parte de estadística,
-reveladora de la desproporción alarmante entre la cantidad y la calidad
-en el producto dramático. Asusta lo que devora el público en un año, y
-no será de extrañar que, por no exponerse á morir de empacho, prefiera
-ponerse á dieta rigurosa, de más rigurosa repercusión en estómagos de
-autores y comediantes.
-
-Á bien que el público toma el prudente partido de no interesarse por
-nada y ha delegado su misión de juzgador en manos de la «claque» y de
-los amigos del autor, pródigos en aplausos que ya nada significan ni á
-nada comprometen, ni siquiera á que la obra permanezca en el cartel los
-tres días de reglamento. Se ha conseguido con esto, que ya no haya más
-opinión valedera que la de la taquilla, y que los empresarios después
-del buen éxito, más ruidoso, en vez de regocijarse, digan desconfiados:
-Mañana veremos... Y lo que ven mañana es... tres pesetas.
-
-No ha de pedirse á la crítica mayor severidad que al público, y si
-éste adoptó por sistema el muy cómodo de «Dejad hacer, dejar pasar»,
-¿qué ha de decir la crítica? Por mí que hagan, y por mí que pasen.
-La indiferencia, tal vez cruel del público, es en la crítica más
-compasiva. Aquella obra es acaso el pan de una familia ó la felicidad
-de un ilusionado, ó la satisfacción vanidosa de un majadero. ¿Para qué
-privarles de esos goces materiales ó espirituales? ¿No es injusticia
-toda justicia innecesaria? ¿Pesan más los agravios al arte que la
-miseria ó la pena de un autor desdichado?
-
-Como decía aquella dama, dadivosa de suyo, para justificar sus
-prodigalidades: ¡Á una le cuesta tan poco, y ellos se quedan tan
-contentos!...
-
-Es hoy el teatro rama de la Beneficencia. Y no está mal así; que es
-tan dura la vida, que en nada puede emplearse mejor todo templo, sea
-artístico ó religioso, que en asilo benéfico del dolor y de la miseria.
-El Arte como la Divinidad es bondadoso, y sonríe sin ofenderse al que
-llega en nombre del Arte á pedir á su puerta una limosna, ya de pan,
-ya de aplauso.
-
- * * * * *
-
-Tan poco acostumbrada está la Gloria á coronar en vida frentes
-españolas y tan hecha á no llegarse á las más excelsas, si no es traída
-por mano de la muerte, que, cuando por no poder menos, la hora gloriosa
-llega en vida, no es de extrañar que la muerte crea también su hora
-llegada y sólo por ver al luchador triunfante, con razón crea que ya le
-pertenece.
-
-Era, para el músico insigne, un descanso en la lucha incesante, era el
-triunfo, concedido por los más rehacios en otorgar honores de vencedor
-á quien todavía pelea en pie con denuedo; era la gloria: pero era
-gloria española... ¡Tenía que ser la muerte!
-
-Mezquina concepción de la divinidad es considerarla como á maestro de
-párvulos, distribuyendo vales de buen comportamiento para un premio
-futuro; pero, ante el rudo corte de una noble vida, toda honrado
-trabajo y fecunda lucha, que no pudo hallar aquí justa recompensa, ¿no
-hemos de pensar en una satisfacción suprema, en una gloria sobrehumana
-de luz y de armonía?
-
-¡Ah, los que juzgáis escepticismo la ironía, no sabéis cómo el irónico
-guarda la sinceridad de su sentimiento para cuando es bien emplearlo,
-más entero cuanto menos gastado!
-
-Porque sabe de la verdadera bondad, burla de apariencias virtuosas;
-porque sabe del esfuerzo y de los sacrificios que impone el verdadero
-arte, burla de esos simuladores, bien hallados con la fácil «gloriola»,
-más contentos con aparentar que con ser. Esos que pueden reposar
-satisfechos al decir: Hemos llegado; cuando llegaron á una posición
-oficial, obtenida á fuerza de intrigas y de concesiones.
-
-Pero ante un nombre como el de Chapí, ante una vida de trabajo digno,
-en que todo se debe al propio esfuerzo, la admiración es culto y el
-respeto obliga al ejemplo... Y el cronista llora con limpio llanto,
-porque nunca lloró con llanto inútil por farsantes ni por malvados.
-
- * * * * *
-
-Sobremesa es esta de espiritual convite, de mística comunión, como en
-la última Cena de Cristo, como en torno al Santo Grial, la de sus
-caballeros guardadores, los hermanos de Percival y de Lohengrín.
-
-Sobre la vulgaridad cotidiana de nuestra vida, resplandeció la gloria
-del Arte y sus alas de luz nos elevaron, aliviados de toda terrenal
-pesadumbre, y la caricia de lo sublime estremeció nuestras almas
-transfiguradas por el divino milagro del Arte.
-
-Y cuanto hay de divino en nosotros nos habló de inmortalidad. ¿No es
-esta la verdadera, la única moralidad que debemos pedir al Arte?
-
-Después de oir «El Ocaso de los Dioses», yo no creo sinceros los
-aplausos; esa vulgar aclamación no es digna de tanta grandeza. Nadie
-palmotea ante el mar, nadie palmotea ante las tempestades, nadie ante
-la serenidad armoniosa del cielo en una noche de verano. El espíritu
-se recoge como en oración, y un silencio solemne de llanto contenido,
-el llanto bueno que purifica como fuego sagrado, es la mejor acción de
-gracias de nuestras almas.
-
-El único aplauso digno sería caer de rodillas, prosternados como ante
-la elevación eucarística.
-
- * * * * *
-
-¿Qué nos dirán ahora para justificar su desdén por el público, los
-inmaculados castellanos de las marfileñas torres? ¿Es inútil pretender
-llegar á la multitud, como ellos aseguran? ¿Solo ignorancia y grosería
-encontraremos en ella? El público madrileño respondió el domingo pasado
-y en noches sucesivas, como acaso no esperaban muchos, á cuantos
-quieren disculpar su vagancia ó su impotencia con la falta de sentido
-artístico en el público.
-
-Con ser todo admirable--pasemos por alto deficiencias en la
-interpretación y presentación de la obra,--lo más admirable, sin
-duda, lo mejor de la gloriosa jornada, fué la actitud del público;
-este admirable público madrileño, tan calumniado, pero de un instinto
-artístico tan seguro, que, al contrario que en otros países, antes
-que en la crítica sabia, hallan en el sostén y aliento los luchadores
-sinceros por nuevas formas de Arte.
-
- * * * * *
-
-Y, en el triunfo del genio, ¿será justo olvidar á su compañera
-inseparable la locura--según los modernos, algo ya anticuados
-antropólogos,--personificada en el caso de Wagner, por aquel rey Luis
-de Baviera; Nerón de poquito, Nerón todo dulzura, solo tirano en el
-Imperio del Arte?
-
-¿Hubiera triunfado el genio sin el loco? ¡Gran asunto para nueva
-trilogía! El emperador Guillermo, el rey Luis de Baviera y Wagner. La
-fuerza, la locura y el genio, unidos para gloria del imperio grande y
-fuerte.
-
-La crítica histórica minuciosa distribuirá razonablemente alabanzas y
-censuras. Todas éstas para el noble rey loco. ¿Qué importa? Él también
-fué necesario para la grande obra, y en la universal armonía, el fuerte
-y el genio llaman hermano al loco.
-
- * * * * *
-
-Después de una representación del «Ocaso de los Dioses», pensaba yo,
-cómo yerran los sintetizadores rotundos que para mayor comodidad,
-clasifican á todo pueblo del Norte, como razonador y positivista, y á
-todo pueblo meridional como idealista y soñador. Y he aquí, cómo en el
-arte germánico, perduran los mitos heroicos y legendarios, y cómo entre
-nosotros, apenas si concedemos un modesto lugar en la tradición; muy
-desposeída de leyendas, á nuestros héroes. ¡Nosotros sí que sabemos
-del Ocaso de los Dioses! Aquel gran socarrón de Cervantes fué el gran
-enterrador de España. Verdad es que el entierro fué suntuoso, con gran
-asistencia de monjas y frailes. No se puede morir más devotamente. Toda
-la herencia se nos fué en fundaciones piadosas. Esperémoslo todo de
-la desesperación de los desheredados. Cuando falte toda esperanza, la
-desesperación puede ser también madre del heroísmo.
-
-¡Triste Rocinante, triste rucio de Sancho Panza, que vais tardos y
-fatigosos por áridas llanuras, no hemos de trocaros por el caballo de
-Brunilda, que galopó sobre nubes y en carrera loca fué conducido al
-fuego, para que sobre la muerte del héroe y el perecer de los dioses,
-triunfara el amor ideal de dos almas heroicas!
-
-¡Qué impropiamente llamado «Marcha fúnebre» el mas sublime pasaje
-musical y dramático del Ocaso! Marcha al combate, al triunfo, á la
-inmortalidad, debiera llamarse.
-
-Hay en la música de Wagner más filosofía que en todos los filósofos
-alemanes. La que despierta en lo más íntimo y en lo más hondo de
-nuestro espíritu el sentimiento de inmortalidad.
-
-La Vida es un enigma, el Arte es su revelación. ¿Nos dice la verdad?
-No. ¿Para qué? Nos hace olvidarla.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- VII
-
-
-La coincidencia en el arribo á Buenos Aires de dos gloriosos
-escritores, de tan opuesto carácter y tendencias, como Anatole France y
-Blasco Ibáñez, es comidilla en círculos literarios, donde se discute en
-pro y en contra del efecto que cada uno podrá lograr con sus anunciadas
-conferencias.
-
-Cuentan, los mantenedores por el gallo francés, con el «snobismo»
-porteño, tan afecto á cuanto proceda de París, sean figurines de
-modisto, sean figurines de literatura. Confiamos, los que ponemos por
-el nuestro, fuera de méritos, que no es ocasión de parangonar, con la
-indudable supremacía que la literatura española va logrando en aquellas
-tierras, lenta, pero seguramente con el mayor entusiasmo que aportará
-nuestro Blasco Ibáñez, y el mayor conocimiento del terreno que pisa,
-con el espíritu español, más efusivo que el francés para entregarse al
-extranjero; no digamos á lo que nosotros no podemos llamar extranjero,
-por ser tan nuestro, hasta en eso de haberse entregado al francés
-incautamente.
-
-Anatole France irá, de seguro, muy poseído de su superioridad, que es
-la superioridad francesa; más dispuesto á ser admirado que á admirarse;
-irá con la misma displicencia que los grandes actores franceses en sus
-«tournées» por América, que suelen presentarse con lo más ramplón de su
-repertorio y de su equipaje; muy convencidos de que les basta con su
-nombre de París, para ser aplaudidos. Á esto se debe algunos fracasos
-muy sonados y el que hoy sean preferidas las compañías españolas é
-italianas.
-
-Yo deseo un viaje triunfal á Blasco Ibáñez, y desde ahora me atrevo á
-pronosticar que lo será seguramente; sin desconocer que para Anatole
-France serán los mayores éxtasis de los exquisitos. Lo mejor que
-pueden desear los argentinos es que el sutil ironista francés quede
-tan satisfecho de su viaje, que pretenda volver por allá, más tarde ó
-más temprano; porque si no entra en sus planes el volver... ¡ya pueden
-prepararse para leer lo que escriba de ellos á su regreso! De menos
-hizo Dios á Juana de Arco.
-
- * * * * *
-
-Á la distinguida señora que me escribe, indignada por algunas
-apreciaciones mías referentes á los padres españoles, recomiendo
-para mi disculpa y su consuelo, la lectura de un libro recientemente
-publicado en Francia: «La educación en la familia», por Thomas.
-
-Dice el autor: «Al tratar de la educación, y en particular de la
-educación de los hijos en la familia burguesa, procuramos destacar los
-pecados de los padres, persuadidos de que de ellos proviene la mayor
-parte de los males que afligen á la sociedad. La tarea es ingrata,
-porque pocas veces agradecemos las censuras.
-
-¡Cuánto más agradable sería exaltar los méritos del padre y el de
-la madre; disculpar sus errores y sus preocupaciones y cultivar con
-engaños discretos sus ilusiones! Tarea ingrata por su misma vulgaridad.
-¿No se ha dicho ya todo sobre este asunto y no llegamos demasiado
-tarde? Todo se ha dicho, pero ya que parece que no se ha oído, ¿haremos
-mal en decirlo otra vez? Es conveniente, dijo Voltaire, despertar á
-menudo la conciencia de las modistas y la de los reyes con una moral
-que puede causarles impresión. Lo mismo puede decirse de la conciencia
-de los padres.»
-
-Como vé mi ofendida comunicante, también en Francia hay padres
-descuidados, y lo mismo podría decirse de todo el mundo, y si el autor
-francés particulariza, como yo, por mi parte, es porque, además de que
-cada uno habla de la feria según le va en ella, es natural que cada uno
-hable de la feria que mejor conoce.
-
-No es que yo no haya conocido excelentes y admirables madres é
-inteligentísimos padres. Tal vez por haber conocido lo mejor, soy más
-exigente con lo mediano y con lo malo.
-
-Y si sólo á la salud física atendemos, ya no soy yo, es la estadística
-implacable la que acusa á los padres españoles. Y nos quejamos de
-Madrid, pero ¡cuando ve uno de cerca pueblos y aldeas!... Diga mi
-amable, aunque airada comunicante, que, al juzgar por sí misma,
-pretende igualar á todas las madres españolas: ¿no vió nunca en
-apreturas y bullangas callejeras, en teatros y hasta en tendido de
-sol en los toros mujeres con niños de muy corta edad, de pecho, en
-los brazos, y no sintió indignación muy justificada? ¿Es por exceso
-de cariño, es por lo que puedan gozar los angelitos á esa edad con el
-espectáculo? ¿Que son pobres mujeres sin ilustración? No siempre; que
-también en la clase media y en las más elevadas se cometen á diario,
-como esos conatos de infanticidio, que alguna vez llega á consumación
-y entonces es el acudir á los santos, porque al médico también suele
-acudirse tarde.
-
-De la educación en su parte moral no hablemos, y vuelvo á recomendar el
-supradicho libro; pero ¿quién no ha presenciado, aun en familias muy
-distinguidas, discusiones violentas entre marido y mujer, en presencia
-de los hijos? ¿Quién no conoce padres de esos que tienen por sistema
-desautorizarse mutuamente ante los hijos, por ridícula competencia
-de cariño y basta que el uno reprenda para que el otro disculpe y
-viceversa; de modo que los hijos, dueños de la situación, acaban por
-provocar á cada paso estas disidencias paternales, sabiendo que al cabo
-siempre han de resultar gananciosos?
-
-De otros muchos errores y torpezas, no menos graves por ser hijas del
-cariño, todos podemos catalogar por observación personal, un buen
-número.
-
-No vale, pues, ofenderse, señora mía. Los ejemplos hay que buscarlos
-en singular; las razones en plural. Yo sé de algunos admirables
-ejemplos de padres y de madres; pero tengo muchas razones para hablar
-como he hablado de las madres y de los padres. Por algo soy hijo de
-quien mereció el nombre de «Médico de los niños», y más que contra las
-enfermedades tuvo que luchar en su vida profesional con la ignorancia
-de muchas madres y de muchos padres. Recuerdo haberle oído decir á
-una madre que no sabía cómo expresar su agradecimiento, por creer que
-le había salvado la vida de su hijo, enfermo de difteria, entonces
-de más complicada y difícil curación que ahora.--No tiene usted que
-agradecerme nada. Su hijo se ha salvado por bien educado. No he visto
-niño más dócil para dejarse curar.
-
-Ya ven los padres cuánto importa una buena educación, hasta para las
-enfermedades de sus hijos.
-
- * * * * *
-
-Algernon Carlos Swinburne era, con Jorge Meredith, el único gran poeta
-inglés viviente; últimos los dos de aquella serie de grandes poetas
-ingleses del siglo XIX, que empezó con Byron, Wordsworth, Shelley y
-Keats, para continuar con Tennyson, Browning, Rossetti, Morris y el
-que, aunque menor, no menos «Thoug the last not least», como Cordelia;
-entre todos pudo brillar y con los mayores competir.
-
-Sus principios poéticos, de una escabrosidad que la Inglaterra oficial
-no pudo perdonarle nunca, impidieron que, á la muerte de Tennyson--que
-tan bien supo guardar todas las formas poéticas y sociales,--fuera
-Swinburne nombrado poeta de cámara; que no otra cosa viene á ser el
-título de «laureado poeta», concedido en Inglaterra.
-
-Como Shelley, como Byron, ¡qué ingleses en esto! pretendió ser un
-revolucionario social, sin conseguir ser más que un admirable poeta.
-Nunca el verso inglés, tan perfecto desde sus orígenes, con Spencer,
-con Shakespeare, con Milton, alcanzó la fluidez, la variedad, la
-armonía de las estrofas de Swinburne, de imposible traducción á otro
-idioma. ¿Cómo ni á qué lenguaje se traduce una sonata, una sinfonía de
-Beethoven?
-
-Fué el cantor de los mares y lo fué también de los niños, y al morir,
-si no el aura popular de los contemporáneos, pudo sentir sobre su
-frente el viento de los mares; el viento que él supo cantar y de quien
-él dijo cómo sentía:
-
- «The delight that his doom is forever
- To seek and desire and rejoice.
- And the sense that eternity never
- Shall silence his voice.»
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- VIII
-
-
-Cuando surge el héroe popular, ya sea héroe de un día, ya de los que
-dan nombre y gloria á toda una época, criminal ó santo, víctima ó
-triunfador, no importa estudiar la persona del héroe tanto como las
-circunstancias, el ambiente social de que fué producto. Héroes causa
-hay muy pocos; la mayor parte son héroes efecto.
-
-El héroe de estos días estaba en el ambiente; en las conversaciones
-familiares, en las tertulias de café, en las discusiones técnicas,
-en los bastidores de la política. Murmuración que apunta á ciegas,
-acusaciones injustas tal vez al particularizar, pero ¡qué lógicas al
-ser castigo, aunque no castiguen la verdadera falta!
-
-Y la falta no es de ahora, la falta es de origen; estuvo en aquella
-memorable sesión, no lejana, que hizo vibrar las fibras más hondas del
-patriotismo de aquellos, todo superficie, que lo echan todo en flores
-más que en raíces.
-
-Así se hubiera encargado de la construcción de la escuadra un gobierno
-de ángeles y los barcos hubieran caído del cielo á punto de navegar por
-esos mares, la voz popular hubiera tenido siempre que poner tilde en
-ellos, desconfiada del divino milagro.
-
-¿Por qué? Porque el país aun tiene la ropa en la orilla, tendida á
-secar, como dijo el poeta; porque la herida aún no está cicatrizada;
-porque quien una vez fué engañado en su confianza, tarda mucho en
-volver á confiar, y acaso exagera su malicia por temor á caer otra
-vez en confiado; porque el país sabe que dos ni cuatro barcos no son
-una escuadra; porque había otras cosas más urgentes que recomponer,
-y á ellas debió atenderse con preferencia, y la prisa en nuestros
-directores por atender antes que todo á lo que el país no consideraba
-tan apremiante hizo que el país desconfiara desde un principio. Aquí
-hay negocio, se dijo. No lo habrá, no debe haberlo, la intención y los
-hechos serán los más puros del mundo, pero los errores se pagan como
-las culpas, y la acusación, las murmuraciones, la calumnia quizás,
-si son injustas al señalar culpables, son justicieras al castigar la
-culpa. No es hoy, fué el día de la memorable sesión, cuando alguien
-debió levantarse y acusar muy alto. Aquel día fué cuando se engañó
-al país, y eso es lo que el país no ha perdonado, y acusando hoy sin
-pruebas, queremos creerlo, sin acertar en sus acusaciones, acusa con
-justicia.
-
- * * * * *
-
-La gente anda por las calles como de costumbre; unos á sus ocupaciones,
-otros á sus ocios, nadie piensa en asonadas ni en revoluciones; la
-mayor parte de las calles tienen piso de asfalto y las barricadas no
-son posibles sin adoquines.
-
-Pero, ante el alarde de fuerzas, el ir y venir de la policía, los
-preparativos bélicos de enarenar las calles, la gente se detuvo
-curiosa, los curiosos aumentan, se empieza á temer algo. ¿Qué va
-á pasar aquí? Los comerciantes se alarman, entornan sus puertas y
-resguardan sus vidrieras; la circulación de coches se dificulta, los
-guardias pretenden despejar la calle, se discute, se protesta; un
-guardia, malhumorado por el exceso de horas de servicio, increpa al más
-pacífico curioso, que al verse increpado tan á destiempo se insolenta
-con el guardia; un grupo toma partido por el transeúnte, increpa á su
-vez al guardia, otros guardias intervienen á favor de su compañero,
-salen los sables, gritos, carreras, atropellos.
-
-Al otro día el gobierno anuncia en nota oficiosa que no está dispuesto
-á consentir que nadie altere el orden público con ningún pretexto,
-y que tomará las más rigurosas medidas, y vuelve á desplegar gran
-aparato bélico y vuelven los curiosos á curiosear, y vuelve á repetirse
-la misma escena. Y yo pienso: ¿Quién altera el orden? Si la gente
-no viera guardias, ni arena, ni parejas de la Guardia civil... ¿con
-quién discutiría? ¿Por qué se formarían grupos á ver lo que pasaba?
-Y ¿qué pasaría? Probablemente, que la gente iría tranquilamente por
-las calles, como de costumbre, unos á sus ocupaciones, otros á sus
-ocios. Si cuando uno no quiere, dos no riñen, ¿qué será cuando, aunque
-uno quiera reñir, no tiene con quién? Pues en este procedimiento tan
-sencillo, todavía no ha caído ningún gobierno, y esta medida de sentido
-común es la única que no se le ocurre tomar para que nadie, con ningún
-pretexto pueda alterar el orden público. Y, el orden público no se
-alteraría si los del orden público no se alteraran tanto.
-
-Los detenidos ingresan por docenas en la cárcel. Si la detención se
-prolonga, mal principio van á tener las primeras elecciones con voto
-obligatorio, y si antes de ese día les dan suelta... votos seguros para
-la candidatura ministerial, ó no hay gratitud en el mundo.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- IX
-
-
-Basta que el señor obispo de Orense lo afirme, para creer que
-el baldaquino famoso, amenazando ruina, el peor día, se hubiera
-desprendido sobre los devotos y causado mayor número de víctimas que
-las ocasionadas ahora por unos disparos de fusil, de mas inminente
-efecto que el baldaquino. La letra, aunque sea episcopal, con sangre
-entra y con sangre están regadas las páginas del Evangelio y las
-páginas más gloriosas de la historia de la Iglesia; pero bueno
-hubiera sido que el señor obispo, antes de la efectiva persuasión
-de los fusiles, hubiera empleado algo de persuasión pastoral, hasta
-convencer á sus borregos de la necesaria obra. No es de creer, por
-muy duros de mollera que fuesen, capaces de resistir sobre ellas todo
-el peso del baldaquino; ni por muy recelosos, como buenos aldeanos
-gallegos, de que alguien tratara de lucrarse, como tantas veces en
-casos semejantes; á poco que el Espíritu Santo hubiera inspirado á su
-Ilustrísima, y mostrándoles además con razones la verdad del peligro,
-hubieran desatendido á su buen pastor, obligándole á valerse del brazo
-secular, como en los mejores tiempos del feudalismo episcopal; aquellos
-buenos tiempos, más recordados en Galicia que en región alguna, por la
-dramática leyenda del obispo D. Suero.
-
-Por algo el obispo de Jaca quiere, ante todo, contar con sus buenos
-órganos en la prensa; así, en casos semejantes podrá llevar la palabra
-persuasiva á sus feligreses, sin necesidad de convencerlos á tiro
-limpio. Quizás con un buen periódico se hubiera evitado el sangriento
-conflicto y muy desacertados están cuantos censuran al señor obispo de
-Jaca por su propaganda. Compárese un procedimiento con otro. Siempre
-será mejor poner periódicos que fusiles á disposición de los señores
-obispos.
-
- * * * * *
-
-¡Valiente mico! ó mejor ¡valiente «lapin»! como allá se dice, le ha
-colocado á su dulce amiga la República francesa, su aliado el Imperio
-ruso. ¡Para que veas Marianita con quien te gastas los cuartos! Por
-esta vez tu soberano amigo se ha mostrado digno de la «casquette á
-trois ponts», distintivo clásico del «souteneur» parisiense.
-
-Después de haber sido su «marmita» apresurándote á cubrirle sus
-empréstitos, en la primera ocasión que se le presenta de corresponder,
-al muy cosaco, sale con que se niega á pagarte derechos de traducción
-y representación por tus obras, fundado en que la pobreza de su país
-no le permite esos lujos; aunque le permite el de sostener á sus
-grandes duques; algo más pródigos en pagar, sin traducir, á las grandes
-«cocottes» que á los grandes escritores franceses. Estos, aparentan no
-darse por sentidos; altas razones patrióticas les obligan á ello, pero
-otras les queda dentro y la alianza franco-rusa, ya muy resquebrajada,
-quedará con esto para el divorcio; tema preferente de los escritores
-franceses.
-
-El pueblo francés, tan amante de sus artistas, no tolera desdenes ni
-ofensas para los gloriosos representantes de su intelectualidad.
-
-En cambio no sabrán agradecernos á nosotros, aunque no les debemos
-las atenciones ni el dinero que los rusos; á más de los derechos
-de traducción y de representación, nunca escatimamos, la oficial
-oficiosidad de no molestarles en lo más mínimo con el recuerdo del Dos
-de Mayo; cuya conmemoración, según rumores, quedará suprimida este año.
-
-No hay bien ni mal que cien años dure, y este recuerdo, que cumplió los
-cien años en el pasado, no era justo que durase uno más en memoria tan
-olvidadiza como la española.
-
-En vez de estas fiestas nacionales, podemos ir celebrando por
-regiones, por pueblecitos y hasta por barrios, una porción de fiestas
-conmemorativas de nuestras guerras civiles, pronunciamientos y motines.
-Así, todo quedará en casa sin molestia para los de fuera. Cada uno
-lo suyo, y á lo suyo. Por eso, ya que el Dos de Mayo no se celebre
-como fiesta nacional, en recuerdo de una gloriosa guerra por la
-Independencia española, ¿no será permitido á los madrileños celebrarla,
-siquiera como recuerdo de un motín madrileño, un modesto motincito sin
-importancia? Siquiera en el barrio de Maravillas, con mucha modestia,
-no vayan á molestarse en Francia y paguemos nosotros el enfado que no
-se han atrevido á mostrar á Rusia.
-
- * * * * *
-
-El honor de las mujeres hemos convenido desde muy antiguo, en
-localizarlo. Por fortuna para ellas y aun para nosotros, la bondad
-no es lo mismo que el honor y no tiene tan frágil asiento. El honor
-de los hombres... ya anda más repartido; por la inteligencia, por el
-corazón, por los brazos, por los bolsillos; por regiones materiales
-y espirituales. Por lo mismo es más opinable y por lo mismo no debe
-opinarse de él con tan ligera facilidad como ha dado en opinarse
-ahora, de un modo definitivo é inapelable, por medio de los llamados
-tribunales de honor. Bastaba con los tribunales de justicia, sólo
-llamados á juzgar de los hechos, único juicio que en lo humano, puede
-presumir de acercarse á la verdadera justicia. ¡Juzgar del honor! ¿Quién
-sabe de eso? ¿Quién sabe en dónde está nuestro deber más cercano, más
-imperativo?
-
-Aceptaré todavía los tribunales de honor y sus juicios, en cuerpos que
-por tener sus deberes bien definidos, al cumplimiento de ellos han de
-ajustar sus resoluciones. Pero en un círculo de sociedad, de recreo,
-fuera de las incorrecciones cometidas en él, ¿en nombre de qué justicia
-va á juzgarse?
-
-No han tenido confirmación determinaciones apuntadas con maliciosa
-intención, y la verdadera justicia y el buen gusto deben celebrarlo. El
-honor no se gana en un día, para que en un día pueda perderse. Quien
-en una hora puede dejar de ser honrado es que no lo fué nunca. Todos
-los que somos amigos del Sr. Macías sabemos que no es este su caso.
-Podríamos dudar de sus razones, hasta de su razón, nunca de su honradez.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- X
-
-
-¡Oh, el «sport» de París! En una revista representada en
-«Folies-Bergère»--el que no haya visto una de estas revistas no
-tiene idea del ingenio parisiense; es para elevar un monumento al peor
-de nuestros currinches,--se ha introducido una escena: «El presidente
-Castro en París», y ¿qué dirán ustedes que se les ha ocurrido? Hacerla
-representar por Cónsul Peter; un chimpancé inteligentísimo; superior,
-seguramente, en inteligencia al autor de la escena, al público que la
-ríe y al que sin reírse la tolera.
-
-No es ocasión de juzgar la figura política del presidente Castro, y
-mucho menos su figura particular; pero, habría de ser muy despreciable
-y siempre merecería siquiera por ciudadano de un noble país, algo más
-de consideración que la simiesca caricatura. No será por tirano por lo
-que merezca de los franceses un desprecio que no han merecido de ellos
-el zar de Rusia ni el sultán de Turquía. Ni por especulador de mal
-género, suponiendo que lo hubiera sido; cuando ellos están á partir
-un piñón con el buen Leopoldo de Bélgica y del Congo. ¿Qué espíritu
-de moral justiciera es ese, tan severo con un presidente caído, como
-tolerante con majestades encumbradas? Es que los franceses le hubieran
-perdonado todo al presidente Castro; lo que no pueden perdonarle es la
-oposición á dejar explotar su país por los especuladores franceses.
-
-Aprendan, aprendan los buenos americanos, lo que significan para
-esa Francia y su París, al que ellos adoran y á donde ellos acuden
-inocentes á copiar todos los figurines materiales y espirituales.
-París que inventó por ellos y para ellos las palabras «rastaquere» y
-«rastaquerisme»; París, que los arruina y se ríe de ellos.
-
-Por si la escena del mono, por ser en tal lugar y de tal arte, no
-mereciera tomarse en cuenta como síntoma característico, ahí está
-flamante y literaria la obra de Abel Hermant: «Trenes de lujo»; en
-donde los americanos hacen también un papel ridículo. ¡Y tan contentos!
-¿Qué dirían si en España, donde siempre se les ha tratado con respeto,
-los escritores nos permitiéramos esas desconsideraciones? Pero en
-París... ¡Ah, en París! ¡Son tan ingeniosos, tan espirituales! En
-cualquier parte un chimpancé sería un chimpancé; pero allí no; es el
-presidente de una nación americana; es todo un símbolo... ¡Ni los de
-Ibsen!
-
- * * * * *
-
-La masa neutra ha demostrado en su primera presentación y á pesar de la
-falta de ensayos, que no es tan neutra como algunos creían. ¡Gran error
-pensar que los que no están con nadie no están en contra de uno!
-
-No ha sido el despertar de ningún león, seguramente, el pacífico salir
-de sus casillas, aunque no del encasillado--todo se andará,--de los
-retraídos electores. Pero vamos, como despertar de gato doméstico,
-que duerme sosegado y vienen á molestarle, no ha estado mal el primer
-arañazo.
-
-Algunos disgustos está llamada á dar esta masa neutra, que una vez
-despierta, ha de avisparse más cada día. Malo para los gobernantes
-si lo toman en serio, y peor si lo toman á broma y las elecciones
-se convierten en «sport» á la moda. Por lo pronto, en estas
-elecciones, las señoras se han movido como nunca... ¡No sean ustedes
-maliciosos! Muy pronto habrá tés electorales y «soirees» de señoras
-compromisarias. En las reuniones cursis se jugará á sacar diputados,
-como antes á la lotería y á los estrechos. El clásico pucherazo,
-reservado para interventores traviesos y secretarios de Ayuntamiento
-marrulleros, correrá ahora á cargo de femeninas manos: más propias para
-manejar pucheros. Con el voto obligatorio, la intervención electoral de
-las mujeres será decisiva. Con cada varón votarán su esposa, su novia,
-sus amigas. Será el voto neutro. Pero la masa será lo menos neutra
-posible. Nada de medias tintas. Las mujeres son extremosas en todo; con
-Dios ó con el diablo. Por eso, con la intervención de la masa neutra
-en las votaciones, los que deben decidirse pronto por uno de estos
-extremos, son los partidos neutros. Hay que decidirse; el país ya se ha
-visto que esta decidido.
-
- * * * * *
-
-D. Enrique Vargas, en la redondez del mundo; Minuto, en la redondez
-de las plazas, publica un reglamento de apuestas, con aplicación á
-las corridas de toros, que vendrían á competir de esta suerte con los
-frontones, hipódromos, casinos veraniegos y círculos aristocráticos.
-Los verdaderos aficionados pondrán el grito en el cielo, al saber cómo
-intenta desnaturalizarse nuestro castizo espectáculo; el más típico
-ejemplar de arte por el arte mismo; estética pura.
-
-Mal síntoma es, en verdad, que ya sea preciso aderezar el filete,
-como si lo sangrante no le bastara, con esta salsilla picante. Y peor
-síntoma que haya sido un lidiador el primero que lo proponga; porque
-indica cierta desconfianza en los propios recursos para amenizar la
-fiesta.
-
-No es decir que ya no se haya puesto en práctica lo que ahora se
-pretende. Recuerdo haber jugado varias «poules» en corridas de toros,
-en que había de ganar el agraciado con el toro que más caballos
-destripase. Recuerdo también, que para mayor aliciente, jugábamos
-alguna vez una «poule» ilustrada, en las que un picador cogido valía
-por un caballo, un banderillero por dos y un matador por cuatro.
-La equivalencia, como puede juzgarse, era por sueldos. Esta última
-combinación en las apuestas hubo de suprimirse á ruegos de una
-distinguida señora, abonada á delantera de grada; porque, según nos
-dijo aquello le parecía una barbaridad, porque cuando el toro que
-se jugaba no había matado ningún caballo, no podía uno evitar el
-mal pensamiento de desear que cogiera á alguien, aunque no fuera más
-que un rasguñito, claro está... Todos los jugadores convinimos en
-que, efectivamente, se sentía uno bárbaro, y suprimimos la «poule»
-ilustrada. Nos sentíamos compasivos y era de ver cómo, en nuestro toro
-increpábamos á los monos sabios porque no daban la puntilla en el acto
-á los pobres caballos heridos... ¡Era una crueldad verlos padecer! El
-corazón humano guarda tesoros de bondad incalculables; todo está en
-saber llegar á su fibra sensible.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XI
-
-
-Por mi parte, no sé cómo corresponder á la atención del nuevo jefe
-superior de policía. Su reciente circular, encaminada á la represión de
-la blasfemia, trae, á modo de brindis, ofrecimiento ó envío, como en
-balada antigua ó modernista--los extremos se tocan,--los nombres de D.
-Mariano de Cávia, el mayor maestro, y el de este su menor discípulo.
-Y ya quisiéramos ¡pardiez! á tan poca costa, ser siempre atendidos en
-empresas de mayor empeño; porque, en verdad, si no da muy buena idea de
-la cultura de un pueblo, ese verdadero derroche de torpes vocablos y
-groseras frases y, repetidas veces, en cuanto al teatro se refiere, he
-censurado el abuso de chulerías; de eso á pedir la intervención de la
-autoridad, hay un abismo; temible siempre, como lo es toda intervención
-de la autoridad en España.
-
-La grosería en el lenguaje, es sólo síntoma de la grosería espiritual,
-que podrá taparse, pero no desaparecer con cataplasmas y parchecitos.
-Buenos reconstituyentes y depurativos á cargo de padres, maestros y
-educadores, han de ser más eficaces y procedentes.
-
-Entre tanto, sería de lamentar para nosotros, de reir para todos, que,
-los mal supuestos inspiradores de la circular, fuéramos los primeros
-en caer bajo su peso. ¿Quién puede responder de su pícara lengua en
-cualquier momento? Y que, hay días, la verdad, en que sin dos ó tres
-palabrotas bien colocadas, reventaría uno. Los fisiólogos saben que
-esto de blasfemar y palabrotear, no tiene muchas veces más importancia
-que la de cualquier otra necesidad fisiológica: una expansión de los
-nervios, un escape de energías en palabras rimbombantes que acaso no
-tienen más valor que el puramente onomatopéyico.
-
-Sabido es el cuento de aquel marinero que, desde la punta del palo
-mayor, sintió escurrírsele pies y manos, y al prorrumpir en horrible
-blasfemia, con desesperada contracción, logró asirse á una escala, casi
-en el aire y salvó su vida. El cura del barco, espectador y oyente de
-todo, le reprendió después muy severo: ¡Desdichado! ¡En tan horrible
-peligro y no encontrar otras palabras que esa infernal blasfemia! ¿No
-pensaste que Dios pudo haberte castigado? Ya puedes darle gracias.
-
---Sí, padre; tiene usted razón... Fué una barbaridad lo que dije; pero,
-mire usted, padre, como en vez de decir eso, me hubiera entretenido en
-decir: ¡Jesús mío, Virgencita mía, salvadme!... Entonces es cuando no
-agarro la cuerda y me descrismo...
-
- * * * * *
-
-Otra aplicación del sistema tan nacional, de preocuparse por lo
-sintomático, es lo de andar pensando en festejos para remediar la
-llamada crisis del comercio madrileño. ¡Pobre ciudad y pobre comercio
-los que no cuenten para atraer viajeros y compradores con otros
-recursos que unos malos festejos de feria!
-
-La gente sabe ya lo bastante, para haber aprendido que, justamente en
-días de fiestas y jolgorios, es cuando se hace más insoportable la
-estancia en cualquier parte. Esos señores comerciantes y fondistas,
-tan interesados ahora en el atractivo de las fiestas, son después
-los primeros en contribuir á que los pobres forasteros salgan de
-Madrid como gatos escaldados. No hay en Madrid un solo hotel en
-justa proporción de sus precios con sus comodidades. Hoteles que, en
-cualquier capital del mundo, se considerarían como de tercer orden,
-tienen aquí pretensiones como de primero. Del estado de calles, paseos,
-coches de alquiler, servicio de tranvía, de la novedad y buen gusto
-en los espectáculos públicos; de todo, en fin, lo que contribuye de
-un modo permanente á la atracción de viajeros en otras capitales, no
-hay para qué hablar, porque ya es milagroso, en estas condiciones, que
-Madrid no se despueble á toda prisa para pensar en que vengan los de
-fuera á gozar de sus encantos.
-
-Antes de pensar en fiestas, pensemos en barrer y en fregar la casa. Ya
-que no vengan los de fuera, que estemos más á gusto los de dentro.
-
-Y cuando se piense en fiestas, sea en verdaderas fiestas de arte.
-Bayreuth, ahora Munich, llaman gentes de todo el mundo, con sus ciclos
-wagnerianos; Dresde con su teatro de arte; Strafford-sur Avon con sus
-representaciones de obras de Shakespeare. Contamos nosotros con un
-teatro clásico que es admiración de los extranjeros; representaciones
-artísticas de sus obras más famosas atraerían, seguramente, á muchos
-de sus admiradores, franceses, ingleses, alemanes particularmente.
-Exposiciones arqueológicas, música y bailes nacionales; cabalgatas
-históricas, en que no se desdeñaran de tomar parte activa, como
-en otros países se acostumbra, sin el ridículo temor al ridículo,
-nuestros aristócratas y nuestros artistas. Mucho puede hacerse con
-buena voluntad y verdadero patriotismo, del grande; el que consiste en
-hacer cada uno lo suyo, en vez de irle pidiendo al vecino que haga por
-nosotros.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XII
-
-
-El piropo supone amabilidad y galantería; cuando era verdadero piropo
-no era lo peor que las mujeres podían oir al pasar por las calles. Con
-prohibirlo, ¿dejarán de oir groserías? El respeto á la calle que, por
-ser tan de todos, es donde menos debemos ser cada cual como somos,
-es la señal mas evidente de la cultura de un pueblo. Y aquí ¡cielo
-santo! por la calle se habla á gritos de religión y de política, y
-de mujeres y de hombres; por la calle le espetan á uno en su cara lo
-mismo la admiración que el desprecio; que el comentario á la figura
-que el juicio crítico del atavío, modesto ó llamativo; en la calle le
-para á uno cualquiera, al sol ó la lluvia, sin conocernos mas que de
-vista, y de plantón, nos refiere su lastimosa historia ó nos anuncia la
-lectura de una comedia; en la calle nos interpela el amigo francote,
-de acera á acera, sobre los asuntos más reservados:--Ya hablé con ese
-hombre... Dice que te llevara al Juzgado... Ya nos veremos... Otras
-veces, desde la plataforma de un tranvía, otro campechano, pero algo
-más discreto, nos grita, cuando vamos sentados en el interior, entre
-otros viajeros:--¿Cómo va? ¿Se le arregló á usted aquello?... ¡Aquello!
-que abre amplios horizontes á la imaginación, y lo mismo puede ser
-un pleito, que un disgusto de familia, que un órgano importante...
-¿Habrá ordenanzas de policía capaces de evitar estas y otras mil
-impertinencias callejeras, que no son piropos, ni blasfemias, ni
-vendedores ambulantes?
-
- * * * * *
-
-Acabo de leer el nuevo libro de poesías de Fernández Shaw: «La vida
-loca». Yo diría del libro y del poeta... Pero no; seamos discretos.
-El propio autor nos ha dado una provechosa, y quiero demostrar que
-aprovechada, lección de tacto y de mesura en esto de opinar sobre
-autores contemporáneos. Preguntándole un crítico su opinión sobre el
-teatro moderno, el señor Fernández Shaw no quiso en modo alguno soltar
-prenda, se limitó á sonreir. ¡Oh, la sonrisa, qué discreta opinión! Y
-á decir: No me pregunte usted. De los autores del siglo XIX, admiro á
-Tamayo y á Ayala.--Sí que es un gusto; teniendo á Zorrilla y á García
-Gutiérrez, más propios para ser admirados por un poeta. Pero el Sr.
-Fernández Shaw respondió muy juiciosamente. «No se debe opinar en
-público sobre autores vivos; otra cosa es en dedicatorias particulares.
-Preferir á unos es molestar á los otros; celebrar á todos por igual, es
-demasiado; decir francamente que todos son malos, es contradecir las
-dedicatorias... Nada, nada; lo más discreto es sonreir y remontarse á
-los muertos». Prudentísima actitud que yo tengo ahora muy en cuenta
-y, aunque sabe Dios, que sólo flores pensaba decir del nuevo libro,
-me limitaré á sonreir y á decirles á ustedes: Admiro á Góngora y á
-Garcilaso. Ni con los del siglo XVIII ni con los del siglo XIX quiero
-compromisos.
-
- * * * * *
-
-Los buenos propósitos duran poco. Leo otro libro: «Tardes del
-Sanatorio», de Silvio Kosstti, y sin saber quién sea el autor, ni
-tener de él otra noticia que su libro y nombre--suponiendo que sea el
-verdadero y no un pseudónimo, como parece,--me atrevo á opinar y á
-proclamarlo como libro de muy agradable y sabrosa lectura; libro que
-sabe á vida, entre tantos que sólo saben á libros. Libro de humor y de
-donaires, á la manera de aquel D. Francisco de Torres y Villarroel,
-original excéntrico de nuestra literatura, tan poco estudiado todavía y
-tan digno de serlo.
-
- * * * * *
-
-Un nuevo nombre viene, sacado á luz por minuciosa crítica literaria, á
-disputar una vez más á Shakespeare la paternidad de sus obras. Antes
-fué el de Bacon; después el del conde de Pembroke; ahora es el de
-Rutland... Crítica sabia, crítica erudita, que no puede resignarse
-á juzgar obras tan admirables, como obra de un comediante vulgar;
-de un hombre que no podía ser literato... Pero ¿hay literatura en
-las obras de Shakespeare? ¿Literatura personal, literatura que no
-sea la de todos los predecesores y contemporáneos suyos en el teatro
-inglés? ¿Hay en la técnica, en los asuntos, en la composición de sus
-obras algo que no esté en los demás autores de su tiempo? ¿Qué hay
-sobre todo esto en las obras de Shakespeare, para que á todas sean
-superiores? ¿Es literatura? No. Es saber de la vida, del bien y del
-mal de ella, de los palacios y de los tugurios, de los reyes y de
-los rufianes... Y para esto, ¿quién mejor que el humilde comediante?
-Shakespeare, literato, hubiera sido solo el autor de «Venus y Adonis»;
-como Cervantes lo hubiera sido solo de «La Galatea» ó del «Persiles».
-Shakespeare, como Cervantes, fueron ellos... por ser ellos; los que de
-todo sufrieron y por todo pasaron... ¡Pasaron! Esa es la grandeza de
-los espíritus superiores; pasar por todo. Los pequeños son los que no
-pasan; se quedan en cualquier parte: en la literatura, por ejemplo:
-Como esos críticos, empeñados en encontrar al literato en las obras
-de Shakespeare; sin saber encontrar al hombre; el que reveló todo el
-secreto de su alma y de su arte en aquel: «And I, Poor monster!» «Y yo
-¡Pobre monstruo!» de su «Noche de Reyes».
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XIII
-
-
-No sé si algún liberal de los fósiles, después de leer «El resplandor
-de la hoguera», la última novela de Valle Inclán, le juzgara
-definitivamente afiliado al partido carlista y le llorara muerto
-para la literatura; para la literatura liberal, que no es toda la
-literatura, por lo mismo que toda la literatura sea ante todo libertad.
-
-Por mí, sé decir que no conozco narración de nuestras guerras civiles
-tan artísticamente desapasionada de toda idea de partido. Son en ella,
-los de uno y otro bando, seres humanos de toda humanidad, y sobre ellos
-pasa, fatídica, esa ventolera de locura colectiva que de cuando en
-cuando enardece á los pueblos y los lleva á guerrear por cosas que el
-día antes nada les importaban y que, en razón, no debieran importarles
-nunca. Pasa entonces, sobre los espíritus más vulgares y pacíficos,
-un aliento de grandeza, que convierte en gran estratégico á un rudo
-cabecilla; en héroe, capaz del martirio, á un rústico idiota, en madre
-de los Gracos, á la menos cívica campesina... en temibles conspiradoras
-á buenas señoras de pueblo y á monjas bobaliconas... Los espíritus se
-afinan, se sutilizan, se subliman... ¿En nombre de una idea? ¡Bah! Esto
-de tener simpatía por una idea ó por otra, ¡depende de tan poca cosa!
-Que fueran los carlistas ó los liberales los que robaron unas gallinas
-ó los que llegaron con mal modo; que fuera de un partido ó del otro el
-que prestó los cuartos sobre las tierras... ¡Ideas! ¿Qué saben de ideas
-los que matan y los que mueren? «We are flies that gods kill for their
-sport». Como decía el rey Lear: Somos como moscas, que los dioses matan
-por pasatiempo.
-
-Este pasatiempo de los dioses, que se llama la guerra; esta fatalidad
-de las pobres moscas humanas, que las lleva á combatir unas contra
-otras, enloquecidas, parece sobre todo en la admirable narración de
-Valle-Inclán; cuyo espíritu de artista no permite vulgares filiaciones
-de partido político, ni siquiera de escuela literaria.
-
- * * * * *
-
-La Asociación Matritense de Caridad vuelve á solicitar el auxilio
-y la atención de todos, en su loable propósito de extinguir la
-mendicidad callejera. Para conseguirlo por completo hay algunos graves
-inconvenientes. Somos desconfiados y sensibleros. Para ser desconfiados
-tenemos muy buenas razones. Muchos siglos de pésima administración.
-Para ser sensibleros no tenemos tantas, si consideramos que el problema
-de la mendicidad no se remedia con sentimentalismos. Se trata de una
-enfermedad social que es preciso combatir en sus raíces. Médicos y
-sociólogos son los llamados á proponer remedios.
-
-El emplastito de los cinco céntimos, que nos quita por el momento
-al mendigo molesto de delante, si basta á tranquilizar conciencias
-fáciles, no basta á remediar miseria alguna. Sólo contribuye á fomentar
-la vagancia. Téngase en cuenta que muchos de esos pobres madrileños
-bigardos de todos conocidos, suelen ser santeros de ladrones y rateros,
-cómplices de estafas y de mil trapisondas. No poco contribuyen
-también al fomento de la vagancia y de la pillería nuestros señoritos
-chirigoteros que dan en proteger á cualquier golfo desvergonzado y
-le ríen las bufonadas y le celebran las desvergüenzas. Esa simpatía
-estaría mejor empleada en el trabajador; pero acaso les es más fácil
-ponerse en el caso del golfo y de ahí la simpatía.
-
-Triste es, también, rechazar con dureza al niño que nos tiende la mano;
-pero debemos pensar que, si explotado por sus padres ó abandonado á sí
-mismo, halla mayor facilidad en el pordioseo que en el trabajo ó en la
-escuela, será ya imposible que desista de tan fácil vida.
-
-Dejémonos, pues, de sensiblerías; dejemos también la desconfianza.
-Ayudemos entre todos á la Asociación de Caridad; que no hay motivos
-para que en Madrid sea imposible lo que ha podido ser en otras
-capitales de menos dinero, y tal vez de menos caridad. Un poco más de
-cabeza y menos corazón. Cuando habiendo contribuído todos con la mejor
-voluntad veamos que nada se ha remediado, tiempo será de considerar
-fracasadas las gestiones de la Asociación y de las autoridades, y
-podremos volver á repartir perritos chicos á tontas y locas, es decir,
-á vagos y á pillos. No hay idea de lo bien que se duerme, cuando con
-veinticinco ó treinta céntimos, cree uno haber resuelto el problema
-social y haber ganado un buen asiento de paraíso.
-
- * * * * *
-
-El aristocrático público que asiste á las representaciones de Tina de
-Lorenzo, en el teatro de la Comedia, no suele acudir hasta hora muy
-avanzada de la noche. En este tiempo se prolonga el paseo, se come
-tarde... Si alguna vez veis llegar presurosos, á las nueve en punto,
-coches y automóviles, y al levantarse el telón, veis el teatro lleno,
-podéis asegurar á qué género pertenece la comedia representada: es una
-obra verde. Ahora sí, es preciso que la verdura sea alegre; que dé que
-reir y no dé en qué pensar. Entre «La Sfumatura» y «La Donna Nuda», no
-hay comparación posible.
-
-En los turnos blancos triunfan Feuillet y Ohnet, más blancos que la
-nieve. ¡Señor! ¡Y á mí que no hay nada que me parezca tan inmoral como
-la tontería!
-
-Por fortuna, las preciosas niñas abonadas tienen cara de estar pensando
-en otra cosa. Y las mamás también, rejuvenecidas por los recuerdos del
-«Romanzo d'un giovane povero»... ¡Recuerdos y esperanzas de vida! La
-moral llama al orden desde el proscenio, con severa campanilla. Por la
-sala, la vida agita sus cascabeles que suenan á risas.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XIV
-
-
-Á las naturales bromas, inspiradas por la natural desconfianza en la
-aplicación de tanta y tanta pragmática como diluvia sobre madrileñas
-cabezas--porque en provincias, ríanse ustedes de cierres á hora fija,
-descansos dominicales, etc., etc.,--responden los ministerialísimos,
-con atribuirlas á «críticos de café». Y en esa frase ponen todo el
-desprecio que les inspiran los cuatro madrileños gatos que, á falta de
-una tertulia ministerial, donde tomarlo de gorra, van á tomar un café
-al café, con gotas de censura á la infalible política que nos gobierna.
-
-Estos críticos de café, gentecilla de poco más ó menos, con echarlo
-todo á crítica y á broma, son los que impiden el buen éxito de tanta
-sabia y moralizadora ordenanza. Se trata de prohibir la mendicidad
-callejera; el crítico de café, ¡habrá escéptico! como va de su casa
-al café por sus pasos contados y no en coche como las autoridades,
-y en cada esquina le acosan veinte pobres, y si lleva prisa, ha
-de echarse por medio de la calle, á riesgo de ser atropellado por
-los automóviles--obedientes también á lo ordenado para regular su
-marcha,--porque las aceras son círculo de recreo á los de la venerable
-y castiza orden del Plantón; á poco práctico que sea en los golfos
-de este mar, como dijo Tirso de Molina, verá cómo campan hampones,
-recién salidos de presidio, vagos de profesión, agentes de toda clase
-de negocios, toreros sin contrata, vendedores del «ful», libreros á la
-menta... ¿Cómo no ha de tomar á broma las ordenanzas?
-
-Se prohibe la blasfemia, y hasta en los salones de conferencias del
-Senado y Congreso, no hay divinidad que se respete, ni la de D.
-Antonio Maura, y los que tenemos creencias, no sabemos ya á qué santo
-encomendarnos, de quien no se haya dicho algo.
-
-Se prohibe molestar á las mujeres con piropos y se las deja á ellas en
-libertad de molestarnos, como si nosotros no tuviéramos también nuestro
-pudor y cada uno no supiera cuando le aprieta el zapato, y dónde ir á
-calzarse lo que mejor le convenga.
-
-Y cuando todo esto vemos á cada hora, ¿no ha de sernos permitida la
-más ligera crítica de café, sin vernos tratar de vulgacho? Todos no
-podemos ir á murmurar en las mismísimas antecámaras de los ministerios,
-ni en dorados salones, ni en despachos de directores de periódicos
-ministeriales. ¡Oh! No hay duda de que allí la murmuración es más
-sabrosa que en el vulgar café. Como que allí se cobra y aquí se paga.
-
-Pero en la política sucede como en el teatro; el público que paga es el
-que menos aplaude ni silba; en cambio los de la gorra, sin perjuicio de
-aparentar que aplauden en público, son los que desacreditan la obra y á
-los actores en los corrillos del vestíbulo.
-
-No, señores ministeriales, la opinión, la prensa, el país, en general,
-nunca han estado mejor dispuestos; nunca han querido «creer», tanto
-como ahora, en que sería posible mejorar en algo, nunca han esperado
-tanto... ¡Y aun lo envuelven ustedes todo en el despectivo nombre de
-críticos de café! ¡Como están ustedes tan mal acostumbrados! No han
-tenido ustedes otra verdadera oposición que la de esos críticos. Porque
-la otra no ha sido de café, precisamente: ha sido... lo que suele
-acompañarle á más del azúcar.
-
- * * * * *
-
-Nada más fácil que un poco de sociología á propósito del dispendio que
-supone la nueva banda municipal. Pero yo, que en la aldea, en donde
-paso largas temporadas, cuando llega algún pobre chicuelo á mi puerta y
-allí se para á admirar las rosas del jardín, únicas flores en tan pobre
-tierra, suelo unir á un pedazo de pan una rosa, no sin que alguien me
-advierta que con el pan bastaba, aunque yo veo cómo muchas veces, la
-boca hambrienta del chicuelo, antes que morder el pan, sonríe á la
-rosa... ¿Cómo no he de estimar en lo que vale, aunque mucho cueste,
-esta flor de arte prendida en nuestra pobreza, para alegrarla? Bien
-está el pan, pero no están mal las rosas.
-
-Y bien está la banda municipal, y por esta vez sólo plácemes merece
-nuestro Concejo. No frunza el ceño el «leader» del socialismo que, al
-fin, el socialismo, por lo que tiene de armonía social, tiene mucho de
-ideal artístico y mucho debe al arte, aunque nuestros socialistas le
-traten con despego.
-
-Magnífico instrumental, excelentes músicos, dirección entusiasta. El
-maestro Villa nada tiene que envidiar á los directores alemanes en
-precisión y en claridad, con algo que no estorba nunca, el calor y la
-sangre de la tierra. Como aquí trabaja uno por cada veinte que no hacen
-nada, ese uno trabaja por los veinte: gracias á eso vamos tirando. El
-maestro Villa es de los que trabajan.
-
-La banda madrileña, que desde hoy será orgullo de este pueblo, el del
-gracioso andar de sus mujeres, aprendido al són de músicas callejeras,
-tuvo un digno comienzo; saludar con la marcha de infantes á la
-madrileñísima infanta Doña Isabel. Después... ¿hubo alguien que pensara
-en lo que puede costar la banda? ¡Poder soberano del arte! Al salir del
-concierto, nos parecía que los faroles de la villa alumbraban con mayor
-claridad y que las calles estaban mas limpias y mejor cuidadas.
-
- * * * * *
-
-Moritz I es un chimpancé de los que alegran la vida á un «darwinista».
-¡Que ocasión para un sabio aspirante á Menelao científico! como el
-gracioso doctor de «Las tardes del Sanatorio».
-
-Pero no hay que olvidar á los de casa por los de fuera. ¿Ustedes no
-conocen á la Nena, chimpancé hembra, residente en nuestra Casa de
-fieras del Retiro? Nada tiene que envidiar á Moritz I, ni á Cónsul I y
-II, ni á la mismísima Eva mona, de la que, acaso, todos descendemos.
-Nena es una verdadera monada; posee todas las virtudes femeninas y una
-más, la de vestirse con muy poco y no llevar sombrero. Tiene adoración
-por el encargado de cuidarla, es cariñosa con los niños, rara condición
-en monos y en institutrices; sus gracias son muchas y no profesionales,
-ni enseñadas, sino de lo más espontáneo é instintivo. No debe
-avergonzarnos nuestro origen. Yo no creo á Nena capaz de ir á sonsacar
-á ningún mono Adán con la manzana. Nena se la hubiera comido ella sola.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XV
-
-
-Verdaderas fiestas de arte son las que prepara la ciudad de Munich,
-para lograr honra y provecho que á despecho de nuestro pesimista
-proverbio, bien caben en un saco. El programa no puede ser mas
-atractivo. De Julio á Agosto, en el teatro Real de la Residencia,
-festival de Mozart, en dos series de representaciones. «Las bodas de
-Fígaro», «Don Juan», «El rapto en el serrallo», «Así hacen todas»;
-obras maestras de gracia, de sentimiento, de cortesanía, propias para
-ser cantadas en salones de príncipes artistas. De Agosto á Septiembre,
-en el teatro del Príncipe Regente, ciclos wagnerianos: «Los maestros
-cantores», «Tristán é Iseo», «Tanhauser» y la trilogía con su prólogo
-«El oro del Rhin». Estas representaciones, al decir de cuantos han
-podido comparar unas y otras, exceden á las de Bayreuth por el mérito
-de los cantantes y lo perfecto de la presentación en escena. Por si no
-fuera bastante, de Junio á Septiembre actuará la compañía del teatro
-de los Artistas, la más renombrada de Alemania, bajo la dirección
-del profesor Max Rheinhardt. En el repertorio figuran: «Hamlet»,
-«Sueño en noche estival», «El mercader de Venecia», de Shakespeare;
-«Fausto», de Goethe; «Los bandidos», de Schiller; «Lisistrata», de
-Aristófanes. Obras que estamos hartos de ver por aquí, á petición de
-los distinguidos abonados á turno de moda.
-
-Con estas bagatelas basta para que á la ciudad de Munich llegue
-gente de todas partes á dejar muy gustosa su dinero. El arte bien
-administrado puede ser industria muy provechosa. No lo olviden nuestras
-inevitables comisiones cuando vuelvan á pensar, con mejor fortuna,
-en organizar festejos. El Teatro Nacional, bien organizado, pudiera
-ser excelente base para estas fiestas de arte. El Teatro español,
-antiguo y moderno, interesa más de lo que nosotros creemos á muchos
-extranjeros. No hay que juzgar por lo que signifiquemos en Francia. Es
-vulgar creencia española que, por nuestra amable vecina, nos llega á
-los españoles toda claridad intelectual. Yo creo que en muchos casos, ó
-la intercepta ó la refleja del color de sus cristales; que no son los
-más claros. Los franceses ó no se interesan por lo extranjero, ó, si se
-interesan por algo, han de decir que es suyo. Ahora mismo, admirados
-ante los bailarines rusos, aseguran que si son admirables es porque han
-recogido la tradición del baile francés, casi perdida en Francia. En
-los saltos prodigiosos del bailarín Nijinsky aplauden, más que nada, lo
-que tienen de salto hacia atrás, hacia el gran arte del baile francés.
-De los franceses procede todo; ellos solos son principio y fin de todas
-las cosas.
-
- * * * * *
-
-La Exposición de la Infancia no ha pasado de ser una plausible
-buena intención; un modesto ensayo, que no debe desanimar á sus
-organizadores, para acometer de nuevo la empresa. Tal como esta es muy
-poco, en algo de tan sagrado interés como la infancia. Una escuela
-modelo que, en efecto lo es, si recordamos muchas que hemos visto.
-Libros para niños, con vistosas, no muy artísticas cubiertas... ¡Ah,
-los libros ingleses para niños, primores de arte!
-
-En la Exposición se muestran cerrados; y si hemos de juzgar por algunos
-que en alguna ocasión hojeamos, bien están así; es como pueden ser más
-provechosos.
-
-Aun así, la Exposición debe ser visitada por todos. Lo deficiente
-es el mejor acicate al deseo de mejorar. Si hubiéramos llegado á la
-perfección, tal vez nos dormiríamos; y ahora que á muchos sabios les
-ha dado por predicar las ventajas de la ignorancia, no es hora de que
-duerman cuantos creen, como dijo Jesús, que sólo no es perdonable un
-pecado; el pecado contra el Espíritu. En España llevamos mucho tiempo
-de pecar contra él; porque el mayor pecado es la ignorancia.
-
- * * * * *
-
-Llueven censuras sobre Felipe Trigo á cada nueva novela que publica.
-Graves moralistas lanzan contra él los más terribles anatemas. Dicen
-sus detractores que abusa de la cuerda sensible amatoria. ¿No hay
-asunto más interesante para el señor Trigo que este de la sexualidad? Y
-¿creen ustedes en efecto, que hay otro mas importante? De ahí nacimos
-todos y esa es toda la vida. No sirve hacerse los desentendidos. Si
-hombres y mujeres civilizados pretenden hacer asunto de misterio de
-ese asunto, es porque saben bien que en él está el verdadero secreto
-de nuestra vida y hay pocas vidas que puedan mostrar sus secretos.
-Dime cómo amas, te diré quién eres. Obras de arte, empresas guerreras
-y políticas, heroísmos de la santidad, monstruosidades del crimen...
-Todo lo que admira ó espanta en la historia de la humanidad... ¿En
-dónde está nuestro secreto? «Behind the veil»; detrás del velo, como
-dijo Tennyson, en otro sentido, pero más exacto en éste. Detrás del
-velo pudoroso con que todos procuramos ocultar el misterio de nuestros
-amores... Todos, y más que nadie, los fanfarrones del amor... ¡Ah! De
-esos, ya se sabe: dime de lo que presumes y te diré lo que no tienes.
-De Don Juan Tenorio se sabe lo que él pregonaba, la lista de sus
-conquistas; pero también se sabe que no tuvo hijos. Hay para dar en qué
-pensar. En cambio, ¡hay tantos que no presumen y podrían llevar una
-lista más numerosa y más completa que la de Don Juan Tenorio!
-
-Y en las mujeres... ¡Pobre Don Juan, qué sabía él de las muchas mujeres
-que le harían cara sólo por el gusto de añadir uno más á su lista!
-
-Los más impenetrables secretos de la historia serían de una diafanidad
-asombrosa si los historiadores hubieran sabido darnos tan cabal cuenta
-del acto de amor, en sus personajes, como Felipe Trigo sabe dárnosla de
-los suyos en sus novelas.
-
-Por ejemplo; del proceso y prisión del príncipe D. Carlos, tan
-diversamente comentado por historiadores y poetas, yo creo... Pero
-seamos pudorosos. Si yo dijera lo que creo, se escandalizarían ustedes
-como de una novela de Felipe Trigo.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XVI
-
-
-Nuestro previsor y paternal gobierno, en vista de que el verano se
-presenta aburrido, y acaso la banda municipal, no por falta de méritos,
-sino por falta de lugares acomodados en que lucirlos, no baste á la
-amenidad de nuestra vida, ha resuelto sustituir el acreditado crimen
-misterioso de todos los veranos con algo tan interesante por lo menos:
-la guerra misteriosa. Ella será el acertijo, la inquietud y el interés
-de todos: ¿Iremos á Marruecos? ¿Vamos? ¿No vamos? ¿Tenemos que hacer
-allí? ¿No tenemos que hacer allí nada?
-
-Nuestros mejores talentos geográficos, diplomáticos, sociológicos,
-financieros, los que conocen el imperio vecino como su propia casa
-y los que pasaron cuatro días en Tánger en aventuras exóticas á lo
-Loti, hartándose de judías, que ellos toman por moras, y figurándose
-correr mil peligros en la conquista de alguna noble favorita de moro
-rico, que luego resulta ser una bella Fátima de Marsella y su dueño
-y celoso señor un apache con turbante y babuchas; todos ellos pueden
-hacer gala en artículos periodísticos y conversaciones de playa ó
-Casino de sus profundos conocimientos, y volveremos á oir aquello de:
-«El país no quiere aventuras», ó «No debemos renunciar al importante
-papel que, por nuestra historia y nuestro porvenir, estamos llamados
-á representar en Marruecos». Y habrá planos trazados en las arenosas
-playas ó en los tableros de mármol de los cafés, y habrá estadísticas
-comerciales abrumadoras. Nuestro comercio de exportación, nuestra
-industria... Y unos gritarán: «¡Guerra, guerra!», y otros clamarán que
-la guerra sería el fin de España, ese fin anunciado tantas veces y que,
-por fortuna, no llegará nunca; porque España es tan dura de pelar como
-el imperio de Marruecos, amenazado siempre también de aniquilamiento
-y ruina. ¡Nadie puede calcular la fuerza de los débiles! Ni nadie en
-mejores condiciones que ellos para atreverse á todo. Si algo debe
-hacernos dudar en acometer la aventura, es esa consideración: Por poco
-que tengamos que perder nosotros, aún tienen menos que perder ellos,
-y esa ventaja es inapreciable para toda clase de luchas. Las guerras
-y los negocios, sin dinero; es el único modo de no perder nunca. Yo
-creo que si algo nos estorba en España para volver á recobrar nuestro
-prestigio en el mundo, no es nuestra pobreza, sino los cuatro cuartos
-que tenemos. El día que nos decidamos á tirarlos por la ventana,
-empezaremos á ser alguien.
-
- * * * * *
-
-El señor ministro de la Gobernación piensa en enérgicas medidas para
-evitar que en lo sucesivo registre la crónica tauromáquica jornadas tan
-desastrosas como la última de las cinco cogidas. ¡Cinco en un solo día!
-Es demasiado. ¡Y en distintas plazas! Para que no puedan disfrutar de
-todas ellas los mismos espectadores... Es lamentable.
-
-¿Medidas enérgicas?
-
-La profusión de accidentes no es el mejor motivo para tomar medidas
-enérgicas contra la fiesta taurina. ¿Qué más enérgica medida que la de
-los mismos toros? Á pocos domingos como el de marras, no quedaba un
-torero, y asunto resuelto.
-
-¿Vendrá la supresión en absoluto? Hombre es D. Juan capaz de
-atreverse, no digo con la torería, hasta con el clero, si esto no fuera
-contra la doctrina conservadora. ¡Ah, si D. Juan fuera liberal como es
-conservador, la ley de Asociaciones no hubiera quedado en proyecto!
-
-¿Tendremos corridas á la portuguesa? ¿Se exigirá á cuantos toreros
-pisen plazas un certificado de suficiencia; bachillerato para torear
-novillos, licenciatura para toros y doctorado para miuras?
-
-¿Por dónde vendrá la muerte? Mal haría el señor ministro en querer
-precipitarla, exponiéndose por el contrario á levantar al toro,
-como cachetero desmañado. Deje, deje á toreros, ganaderos, toros y
-público, que ellos solos se bastan para concluir con la fiesta, por
-aburrimiento, que es la más segura muerte.
-
-Entre esos toreros, en vano aupados por los amigos; esos toreros de una
-estocada, que bien pudiera llamarse la estocada del hambre, cada cinco
-años; las exigencias de los eminentes, la falta de tradición en los
-aprendices toreros y en el público aficionado que ya, por no haberlo
-visto en muchos años, no sabe distinguir un volapié de una carrerilla
-de esas con que ahora se caza, no se mata, á los toros... Además, las
-clases obreras están más alejadas cada día del espectáculo, sostenido
-por la clase media desocupada y la aristocracia aburrida, y... síntoma
-significativo: á los niños de ahora no les gustan los toros. He podido
-comprobarlo en repetidas observaciones.
-
-Unos cuantos años más y habrá que sostener las corridas de toros con
-subvenciones del Estado, como una curiosidad arqueológica que puede
-interesar á los extranjeros.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XVII
-
-
-Y ¡aun hay vanidosos! Esto pensaba yo el otro día, ante el mausoleo de
-Chueca, inaugurado con... ¿solemnidad? ¡Oh, sí! Demasiada solemnidad.
-
-Amables oradores, lisonjeros poetas nos hablaron del pueblo allí
-presente para honrar á su músico... ¿El pueblo? Yo no le ví por ninguna
-parte. Allí no estábamos mas que los precisos operarios, el grupo de
-siempre, los de obligación. Y no todos. Las bellas artistas de nuestros
-teatros alegaron en disculpa de su ausencia, la hora inconveniente;
-hora de ensayos ó de sección «vermouth»... ¡Vaya por Dios! ¿Para qué
-mejor ocasión juzgarán las empresas que valía la pena de conceder un
-día de asueto á sus artistas?
-
-Y esto por Chueca, el popular, el glorioso entre todos. ¿Se entera
-usted, señor don Nadie? Usted, el que cree haber conquistado el
-derecho á la inmortalidad, con una crónica colorista ó con un soneto
-cincelado; usted, el que apenas se digna saludar á los amigos, y va
-usted, por esas calles, despreciando las baldosas que pisa; indigno
-pedestal de su grandeza... ¿No le aprovechará á usted de nada esta
-lección y tantas otras? ¡Cúrate vanidad!, como dice el Rey Lear.
-Aprende que no es preciso salir de España para que el nombre de
-Cervantes sea ignorado; que de Zorrilla, el popular poeta, no hay,
-fuera del consabido círculo, quien sepa más allá del «Tenorio»; y yo sé
-de personas bastante cultas, que confundieron al poeta con el político.
-
-¡Cómo nos engañamos unos á otros con esto de la popularidad! Se
-lamentaba un buen señor, indignamente puesto en ridículo por su
-esposa... ¡Ya ve usted! ¡Todo Madrid lo sabe!--¡Bah!--le consolaba un
-amigo;--¿todo Madrid? Váyase usted á Carabanchel.
-
-¿Es usted popular? Pues pregunte, pregunte al primero que pase por la
-calle... Y aun queda mucho mundo y otros mundos... y ¡aun hay vanidosos!
-
- * * * * *
-
-El reglamento del Teatro Español--por fin, es Español,--aun no esta
-aprobado oficialmente, y claro está que cuanto de él se anticipe,
-estará expuesto á rectificaciones. Mas, como una vez aprobado, sería
-tarde para ponerle peros, es preferible pecar de anticipado, llamando
-la atención sobre algunas ligeras enormidades anunciadas, que aun es
-tiempo de rectificar.
-
-Primeramente se anuncia que el cuadro de artistas se dividirá en dos,
-uno dramático y otro cómico. ¿Á qué esa división? En el Teatro Francés
-puede estar justificada, porque en Francia la tragedia clásica es un
-género aparte, y es tragedia desde antes de levantarse el telón hasta
-que termina, sin mezcla de comedia alguna. Pero en el Teatro Español,
-aparte media docena de tragedias á lo clásico, de que vale mas no
-acordarse, lo mismo en el teatro antiguo que en el moderno, lo trágico
-y lo cómico se entremezclan de tal manera, no ya en cada obra, sino en
-cada personaje, que esa división entre actores dramáticos y cómicos
-sólo puede conducir á promover un conflicto por obra.
-
-Se reparte «El alcalde de Zalamea». ¿Que cuadro debe representarlo? ¿El
-dramático? ¿El cómico? El papel de Don Lope de Figueroa, ¿es trágico?
-¿es cómico?
-
-¡Así que nuestros actores necesitan mucho para clasificarse y rechazar
-papeles que no creen de su cuerda! Yo soy del cuadro dramático--diría
-alguno,--y en este papel que me han repartido hay dos chistes y una
-situación cómica. Yo estoy aquí para hacer reir--diría el otro,--y al
-personaje que represento se le muere un tío, que no le deja nada, en
-el segundo acto. Suprima, suprima la comisión ese articulito. Compañía
-una; dramática y cómica. Nada de clasificaciones. Jóvenes, los jóvenes;
-actores de carácter, los veteranos; graciosos ó tristes, según pida
-el carácter de los personajes. Nada de damitas con cuarenta años de
-servicios, poniendo la boca chiquita para decir: ¡papá y mamá! Nada
-de galanes jóvenes con bisoñé y dentadura postiza. Esto en cuanto se
-refiere á la organización de la compañía.
-
-La otra pequeña atrocidad es la siguiente: El criterio para retirar las
-obras del cartel no será otro que el ingreso en taquilla. ¿Sí? Pues
-¡vive Dios! que para eso no hacía falta teatro subvencionado, y ese
-criterio es el de cualquier empresario negociante y aun no tan á punta
-de perro chico. Según ese criterio, muy expuestos estarán Lope de Vega,
-Calderón y el mismísimo Shakespeare, á tener que ceder el sitio más
-que á paso á cualquier bufonada ó melodrama de público. Todos creíamos
-que, justamente, la subvención sería para eso; para imponer una obra de
-arte, cuando el dinero del público no bastara á sostenerla.
-
-Con ese criterio, el Museo de Pinturas ya debiera de estar cerrado ó
-haberse sustituído por un «cine»; ¡si se fuera á juzgar del mérito de
-Velázquez por el número de entradas vendidas para ver sus cuadros!
-
-Claro es que no hay autor vivo que no crea sus obras del más soberano
-arte, y todos pretenderían verlas perpetuarse en el cartel, á costa del
-Estado. El criterio del ingreso es el más seguro... La obra de usted
-es una obra de arte, pero no da tres pesetas... ¡Mal, muy mal van á
-pasarlo nuestros clásicos, con Shakespeare, Molière, Ibsen, etc., en el
-nuevo Teatro Español!
-
-Los vivos, los verdaderos vivos, menos mal, ya se ingeniarán para
-tomarle el aire al abono, al público y á la dirección artística; y el
-teatro subvencionado será... un teatro más. Y es lo menos malo que
-puede sucederle.
-
-Conste que en nada de lo dicho, hay el menor deseo de destripar el
-cuento. Muy pocos se habrán interesado, mejor dicho, desinteresado
-tanto como yo, por el nuevo teatro. Por lo mismo, quisiera verle nacer
-en las condiciones más viables y, si de mí dependiera, su vida sería
-larga y próspera. ¿No es de agradecer todo esto? Porque, en fin, que
-recen y practiquen los creyentes, que algo esperan, después de todo,
-bien está... Pero, ¿los que no creemos y rezamos? Y eso me pasa á mí
-con el Teatro Español... ¡Á ver si no es virtud!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XVIII
-
-
-Si en casa del jugador poco dura la alegría, en casa del aficionado
-á toreros aun suele durar menos. Es tan natural orden de la vida
-una alternada distribución en los sucesos, que las rachas son algo
-extraordinario, y el jugador prudente se atiene en sus combinaciones al
-más probable «tierce á tout»; dejando lo de jugar á la repetida para el
-jugador de fortuna, siempre en espera de lo inusitado y fuera del orden.
-
-Del mismo modo los buenos aficionados saben de antiguo lo ocasionado
-que es con toreros y toros jugar á la repetida; como saben las empresas
-lo fácil de engañar al público, con anunciar el mismo juego.
-
-En esta temporada los aficionados quieren distraer su aburrimiento,
-dedicándose á la inocente ilusión de inventar toreros. ¡Para que
-aprendan los eminentes! Ya en tiempos del Guerra fueron muchos los que
-pusieron el mismo empeño en la misma empresa. ¡Pobres flores de una
-tarde con suerte!; todo lo más de una temporada. Y menos mal, cuando
-no dejándose «inventar», se resignan á volver al montón y no toman en
-serio un papel superior á sus fuerzas y conocimientos, que, de otra
-suerte, el desengaño suele llegar con una cornada, de las muchas que
-los espectadores tienen á su cargo.
-
-No es hora de predicar contra la sublime fiesta y no soy de los que
-creen que ella tenga gran culpa en el atraso de España. De los toros,
-como del clericalismo, creo que no son causa de nada, sino efecto de
-mucho. No son unos ni otro los que tienen la culpa de nuestro atraso;
-es nuestro atraso el que tiene la culpa de toros y de clericales.
-
-El que no tiene inteligencia bastante para pensar por sí propio, si no
-se dejara influir por un director espiritual, iría á consultar con la
-sonámbula ó con la echadora de cartas ó con el primer embaucador que
-se le presentara. El que no halla diversión más de su gusto que una
-corrida de toros, si se las suprimieran, buscaría otra más bárbara, más
-estúpida, y nada abríamos adelantado.
-
-Cuantos han combatido las corridas de toros, han fundado siempre sus
-invectivas en la parte menos vulnerable del espectáculo, lo peligroso
-y lo sangriento. ¡Bah! Si á eso fuéramos... Todo el mundo es plaza y
-toda la vida es lidia.
-
-Por esa parte, el espectáculo hasta es beneficioso; un derivativo
-muy atenuado para nuestro espíritu inquisitoral, atormentador... El
-fogueo de toros nos compensa del fogueo de herejes; cada gritería al
-presidente, acaso evita un motín popular, y cada cincuenta corridas,
-por lo menos, suponen un desgaste de ferocidad que hace imposible una
-guerra civil.
-
-No es por lo cruel, ni por lo sangriento, por donde hay que atacar al
-espectáculo, es sencillamente... por tonto.
-
-El toro bravo, verdaderamente de lidia, es un producto artificial, cada
-vez más raro y más difícil de obtener. La natural condición del toro es
-pacífica; por algo el ornamento cornamental fué siempre símbolo de la
-más apacible conformidad conyugal. Así, bien puede asegurarse que de
-cien toros, los noventa y nueve salen al coso más dispuestos á mugir
-saudades dehesiles que á meterse en pelea. Y ¡es de ver el lastimoso
-espectáculo del acoso, en torno al triste animalito! Se le persigue, se
-le azuza, se estrecha el círculo de tortura... Por fin, se consigue
-enfurecerle, empuja, derriba á ciegas... ¡Un triunfo de arte y de
-gracia!
-
-¿Qué diremos de la elegante suerte de varas? ¿Qué diremos del forzado
-valor, todo para la galería; el chulesco valor de los lidiadores? La
-palidez de los rostros, distendidos los músculos en rictus, que bien
-quisiera aparentar una sonrisa... ¡Ah, la sonrisita del torero! Un buen
-anatómico ó buen pintor pueden dar razón de ella...
-
-Y ¿qué diremos de la alegría del espectáculo? Alegre un espectáculo en
-que el espectador se pasa la tarde rabiando. Rabieta si rajaron al toro
-de un puyazo y le quitaron facultades; rabieta si no le castigaron lo
-bastante y conserva demasiado poder; rabieta si le recortan; rabieta
-si no le paran los pies; rabieta si el torero de las simpatías no
-estuvo muy afortunado, y rabieta si lo estuvo el de las antipatías...
-Rabietas regionales, si quedó Córdoba mejor que Sevilla ó Sevilla mejor
-que Madrid... Rabieta con el presidente; rabieta con el matador de las
-6.000 pesetas; rabieta y discusión acalorada con el espectador de al
-lado y con el de detrás y con los de delante... ¡Si les digo á ustedes
-que no hay diversión que se le parezca! Y después de proferir toda
-clase de insultos, de injurias, contra los toreros sobrado prudentes,
-de echarles en cara sus ganancias y sus glorias, cuando la desgracia
-ocurre y el torero es entre los cuernos y las patas del toro un
-andrajo humano... la compasión más sensiblera; una compasión que, no
-diremos mal empleada en este caso, pero sí que debiera repartirse más
-equitativamente entre el obrero víctima de un accidente en su trabajo,
-la costurera enferma de tuberculosis, de tanto darle á la aguja y
-tantas otras víctimas de un trabajo sin luz, sin aire y sin aplausos.
-
-¿Que hay exageración en todo esto? Prueben, prueben los aficionados á
-dejar de asistir á las corridas durante una temporada, y si después de
-algún tiempo, al volver á presenciar una, no sienten como yo toda la
-estupidez del ridículo espectáculo, será... ¡Triste sería! porque la
-verdad no tiene para ellos ningún camino; ni el del aburrimiento.
-
-Solo el valor de un Frascuelo, superior á las cobardías del público,
-ó el arte primoroso de un Lagartijo y su frescura y despreocupación,
-superior á los insultos de ese mismo público, ó la maestría suprema de
-un Guerra, superior á los toros, al público y al espectáculo, pueden
-dar un aire de grandeza á las corridas. Pero la excepción confirma la
-regla, y el genio es superior á todo, á la misma esfera social en que
-emplea su actividad. Han existido ladrones y asesinos de genio, que no
-disculpan por eso el robo ni el asesinato.
-
-Algo hay en los toros, no obstante, que les hace ser digno espectáculo
-de un filósofo. Si en la vida fuera todo bondad; si los hombres fueran
-siempre dignos y justos y razonables, la idea de la muerte sería
-tormento insoportable para el espíritu... ¡Dejar un mundo de delicias;
-separarse para siempre de una humanidad tan perfecta!
-
-Conviene de cuando en cuando asomarse á donde toda la estupidez y la
-bajeza humanas se muestran en toda su desnudez, para que la idea de la
-muerte no nos parezca tan triste y hasta nos sea apetecible. Y hay que
-confesar que nada para esto como una corrida de toros.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XIX
-
-
-El verano es la estación de las grandes crisis en las compañías
-teatrales. Se comprende; después de toda una larga temporada de
-invierno, los artistas con los empresarios, éstos con los artistas, y
-los artistas unos con otros, están que no pueden ya aguantarse. Tiene
-la vida del teatro algo de la vida á bordo; los primeros días todos
-los pasajeros simpatizan, todos parecen encantadores, se organiza
-toda clase de fiestas en que todos toman parte; poco á poco se van
-separando en grupos, cada día mas reducidos; en cada uno se murmura de
-los otros; al final de la travesía, ya no hay ni grupos; cada pasajero
-pasea solitario ó lee apartado de los demás, y en su interior piensa
-que en su vida ha tratado con gente más antipática y desagradable. Unos
-días más, y acabarían todos arrojándose unos á otros por las bordas en
-descomunal pelea.
-
-El teatro es lo mismo. Á principios de temporada todos se adoran, se
-recibe con efusión á los recién llegados.--Aquí, aquí es donde tiene
-usted su puesto.--¡Qué gusto verme entre ustedes!--Las actrices se
-hacen confidencias de todo género. Los actores se muestran galantes con
-todas ellas. Aquello es un paraíso... Pero no va mediada la temporada,
-cuando ya sólo se juntan unos para murmurar de los otros, y viceversa;
-y si se juntan todos es para conspirar contra el empresario ó hablar
-mal de una obra. Y al terminar la temporada, ni para eso.--«Ciascun per
-se»--como cantan en «Los Hugonotes».
-
-No hay que pensar por esto que los actores sean de peor condición que
-los demás humanos. Si en todas las profesiones el trabajo hubiera de
-ser en comunidad y las relaciones tan constantes, también veríamos
-cosas. Más separados viven unos de otros pintores, escritores,
-médicos, abogados, y no se quieren más ni mejor por eso. No hablemos
-de la fraternidad periodística... Y los chismes de bastidores no
-son nada, comparados con los de sacristía. ¡Hay cada párroco y cada
-teniente cura, que... ríanse ustedes de las primeras tiples en lo de
-despellejarse unos á otros!
-
-En fin, que la temporada próxima promete, y lo único de lamentar por mi
-parte es... que me cogerá sin dinero...
-
-Porque en el teatro, como en todo, ¡es tan agradable el papel de
-espectador!
-
- * * * * *
-
-Son muchas las personas que me escriben, unas para felicitarme, otras
-para increparme, por mis ligeras consideraciones sobre las corridas de
-toros; otras, sencillamente, para mostrarme su extrañeza.
-
---¡Hombre, usted tan aficionado antes!...
-
---¿Aficionado? Le diré á usted. Á no ser en los tiempos del Guerra á
-mi juicio el torero más asombroso, la verdad es que siempre me han
-aburrido las corridas de toros. Esto, en cuanto al espectáculo; que
-de los espectadores, ¡no se diga! Siempre he buscado la localidad más
-tranquila de la plaza. Me han indignado siempre esos energúmenos que no
-se divierten si no pasan la tarde gritando, molestando á todo el mundo;
-que si ¡Ladrón!, que si ¡Criminal!, que si ¡Por derecho!, que si ¡Á la
-cárcel!, que si la madre, que si toda la familia... todo un «specimen»
-de educación nacional. Esos energúmenos son los mismos que en el
-teatro no se contentarían con menos que ver ahorcado al autor que tuvo
-la desgracia de equivocarse; los mismos para quienes no hay político
-honrado, ni escritor que no se venda; los mismos que piden desde la
-mesa del café heroísmos sobrenaturales en la guerra, para poder decir
-ellos:--¡Qué valientes somos! ¡No hay quien pueda con nosotros!--Los
-mismos que van por esas calles perdonando honras á las mujeres... Y
-como este es el espectador, no diré más frecuente, pero sí el que da
-tono al espectáculo, él por sí solo se basta para hacer de una fiesta,
-que podía ser una de tantas como andan por esos mundos civilizados, la
-de apariencia más salvaje.
-
-En Barcelona se ha celebrado, ó va á celebrarse, una manifestación
-contra las corridas de toros. En esto ya no estoy conforme; creo que
-todo eso es contraproducente. Los toros, como tantas otras cosas,
-caerán por sí solas, cuando deban caer. Encomendemos la tarea á los
-educadores. El maestro es el que ha de acabar con los «maestros».
-
-Ha de notarse que la Iglesia, tan intransigente en ocasiones con
-el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola
-tolerancia á las corridas de toros. Las señoras, tan influídas por la
-Iglesia, no ponen tampoco todo el empeño que debieran en combatirlas.
-Nada de esto habla muy en favor de la delicadeza de sus sentimientos.
-En cuanto á la Iglesia, ya es sabido que todo lo que no sea pensar le
-ha preocupado siempre poco.
-
- * * * * *
-
-El más cordial saludo al boletín «Pro Infantia», publicado por el
-Ministerio de la Gobernación. Todo en él es buenas intenciones, que
-debemos desear no vayan á empedrar el infierno, á cuya pavimentación ya
-han contribuído no poco los legisladores españoles. Los hombres tienen
-mal gobernar; acariciemos la ilusión de que estarán mejor empleados
-nuestros desvelos en los pequeños. No olvidemos, como dijo el admirable
-poeta Wordsworth, que «el niño es el padre del hombre».
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XX
-
-
-Moral del último--esperemos que aun sea el último--crimen. Los
-periódicos se recriminan unos á otros por sus indiscreciones y juicios
-temerarios; naturalmente, los más clamorosos en lamentarlas son los que
-siempre están más dispuestos á recoger cualquier especie del arroyo.
-
-Una vez más salen á relucir las deficiencias de nuestras leyes
-procesales, en cuanto se refiere á supuestas culpabilidades y prisión
-preventiva. Y una vez más, nadie será osado á poner remedio. Lo de
-considerar á todo sospechoso como criminal es antiguo achaque de la
-Señora Justicia. Y aun peor al sospechoso que al verdadero criminal,
-que á éste, en fin, cuando ya está convicto y confeso, siempre se
-le agradece el descanso de tanta molestia como ocasionó su captura,
-y al otro, en cambio, á cada negativa se le pone peor gesto y se le
-considera como criminal más empedernido.
-
-Y es de notar, también, el mayor respeto que inspira todo delincuente
-cuanto mayor sea la fechoría cometida. Así, tal vez el raterillo
-primerizo no escape de una buena solfa, como primera diligencia; pero
-á un feroz asesino nunca le faltará un admirador que le obsequie con
-un suculento «beefsteak», para que reponga sus fuerzas, después de una
-declaración emocionante.
-
-El buen burgués, por su parte, también moraliza á cada crimen de
-estos sensacionales; habla de la corrupción de costumbres, se promete
-mayor cuidado en la selección de sus relaciones y más severidad
-con el pariente derrotado, que de vez en cuando suele pedirle dos
-pesetas:--Cuando venga el señorito Fulano, dicen á la criada, dígale
-usted que no estamos en casa, y no abra usted la puerta.
-
-Las criadas ven á un posible asesino en toda persona regularmente
-trajeada; no se arriesgan á franquear la puerta sin minuciosa
-inspección por el ventanillo, y en resumen, las casas estarán mejor
-guardadas por unos días y los parientes pobres se morirán de hambre
-más pronto. Y esta es toda la moral de estos crímenes, en que todo el
-mundo sólo atiende á los hechos, los hechos brutales, unánimemente
-reprobados por los buenos burgueses, á la hora de la digestión,
-ligeramente entorpecida por algo así, entre indignación y miedo.
-
- * * * * *
-
-Los congresistas de la Paz, los creyentes en la eficacia de los
-tribunales arbitrales, para dirimir pacíficamente toda cuestión
-internacional, estarán encantados con el feliz éxito del arbitraje
-argentino, entre el Perú y Bolivia. Ambas modernas y civilizadas
-repúblicas, acudieron muy humildemente y bien dispuestas á respetar
-el fallo del presidente de la República Argentina. ¡Para que vea el
-viejo mundo europeo cómo arreglamos estos asuntos los del nuevo!
-Pero, apenas se enteraron los de Bolivia de que el fallo no les era
-todo lo favorable que ellos apetecían, ¡adiós mi árbitro y adiós mis
-procedimientos modernos!
-
-No es el primer caso en las repúblicas americanas, y en alguno de
-estos enojosos arbitrajes anduvo la vieja madre España de por medio y
-como ahora, la república que se creyó perjudicada puso el grito en el
-cielo. Por donde, si el árbitro toma su divino papel en serio, en vez
-de un disgusto y de una guerra, pueden resultar dos guerras y muchos
-disgustos.
-
-Pasarán muchos años hasta que el cañón deje de ser el gran pacificador
-y el supremo árbitro. Para ello será preciso ante todo que las naciones
-no se preocupen tanto de añadir unas leguas de tierra á su territorio;
-como si la nación más floreciente no tuviera ya bastantes incultas y
-despobladas.
-
- * * * * *
-
-Muy moderno también, muy europeo, muy culto y muy lindo, el bando de
-nuestro señor alcalde; enderezado, con la mejor intención, á proteger á
-los animales. Muy bien está el bando, que los animales deben agradecer
-tanto como debiera ofendernos á las personas. Porque, ¿quién duda
-que si bien está el bando, mucho mejor estaría que no hubiera habido
-necesidad de dictarlo? Por eso mismo creo muy poco en su eficacia.
-¿Buenos sentimientos por ordeno y mando? Á otra puerta. Fué siempre la
-nuestra de las más cerradas á toda blandura con los animales. Y cuanto
-más cerca el hombre de la Naturaleza, cuando más parece que debiera
-sentir la simpatía por sus compañeros de trabajo, más duro se muestra
-con ellos. Parece que ya no debiera tratarse de compasión sino de
-interés propio. ¡Pues hay que ver cómo trata el labriego á su yunta y
-el carretero á sus mulas y el traficante á su infeliz borrico! Pero,
-lo que ellos dirán en su disculpa: ¿Estamos nosotros mejor tratados?
-¿Cuándo la misma Naturaleza, con sus rigores, siempre en contra del
-logro de nuestro trabajo; cuando los demás hombres son tan crueles con
-nosotros, vamos á ser nosotros más piadosos con los animales?
-
-Para la pobre gente, esto del amor á los animales, es un lujo de
-afectividad imposible para ella, como todo lujo. Para la gente rica
-suele ser una dulce forma de misantropía. Se ama á los animales...
-porque los animales no suelen ser ingratos, porque no dan malas
-contestaciones, porque los manejamos mejor que á los hombres y los
-tenemos más sujetos á nuestra voluntad. No hay que fiar mucho en la
-bondad de estos ricos que aman demasiado á los animales.
-
-Amarlos en justa proporción, tratarlos, no tan mal como á los criados
-ni mejor que á tantos niños desvalidos, sería lo justo, lo natural, lo
-que debiera hacer innecesario ese bando, en todo país digno de llamarse
-cristiano y civilizado. Pero... con la excepción de San Francisco
-de Asís, nuestra religión no fué nunca muy dulce con los animales.
-Recuérdese cómo en la Biblia, casi siempre les toca á ellos pagar el
-pato en los sacrificios. Isaac se salva; pero en su lugar se sacrifica
-á un pobre corderillo. En el mismo Evangelio, de más suave doctrina,
-Jesús lanza á la legión de demonios, expulsada de un poseído, sobre una
-piara de cerdos, que corre á arrojarse al mar, alocada por los malos
-espíritus. ¡Pobres cochinos! ¿Qué culpa tenían ellos?
-
-El origen superior atribuído al hombre por nuestra católica doctrina,
-limita el sentimiento de fraternidad universal entre el hombre y los
-demás seres de la creación. No hay en la religión cristiana ninguna
-plegaria tan hermosa como aquella del Budha: ¡Dios mío, librad del
-dolor á cuanto existe!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXI
-
-
-No podemos quejarnos del actual verano; él ha sido tardío en calor
-y en sucesos, pero bien quiere desquitarse en pocos días, y el
-calor aprieta y los sucesos se precipitan, sin tiempo apenas para
-solicitar la atención ni el par de días que se concede de comentarios
-á la actualidad más pasajera. ¿Dónde está ya la romántica boda del
-infante? ¿Dónde está ya la muerte de Don Carlos? Cualquiera de estas
-actualidades hubiera bastado en otro verano para abastecer periódicos
-y tertulias. Pero baza mayor quita menor, y nuestra baza, la que nos
-hemos creído en el caso de meter en los asuntos de Marruecos, es de tal
-importancia, que ella sola se impone á nuestra consideración, con todos
-sus prestigios seculares. Porque desde los tiempos de D. Rodrigo y la
-Cava, ¿cuándo ha dejado de ser actualidad para los españoles alguna
-cuestión africana? Dividida España en regiones, guerreando unas con
-otras muchas veces, sólo al combatir contra el agareno y en ponerse á
-su avance solían estar de acuerdo las más enemigas; y ahora que somos,
-ó parecemos, una nación unida, no hay dos... no digamos regiones,
-personas que parezcan animadas del mismo espíritu, y mientras unos
-gritan: ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! como en los mejores tiempos del
-romancero y de nuestras comedias de moros y cristianos, otros claman
-por la paz á todo trance, y no diremos á toda costa, porque la paz es
-mucho más barata.
-
-Difícil es decidirse por unos ó por otros. Los que piensan más
-razonablemente... no saben qué pensar en este caso. Ni vale refugiarse
-en las serenas regiones idealistas porque... el ideal está en todo, en
-la paz y en la guerra; en la evangélica resignación á perderlo todo
-y en la fuerte voluntad de ganar algo... Lo peor, lo más triste para
-los pueblos como para las personas, es la indecisión... Fluctuar, como
-Hamlet, resistirse á ser instrumentos conscientes del destino, para
-que, al fin, el destino se imponga brutalmente, inexorablemente, á
-nuestra indecisión.
-
-Fortimbrás, inventando pretextos pequeños para grandes acciones, es de
-mejor ejemplo que Hamlet, quien, con grandes motivos, no supo decidirse
-á la acción nunca.
-
-Por fortuna para los pueblos y para los gobiernos, en estos casos de
-incertidumbres, de desalientos, de indecisión nacional, están banderas,
-trompetas y tambores; está el marchar de las tropas juveniles, y... á
-su paso todo se olvida, es uno el sentimiento y una la aspiración. El
-mismo Pablo Iglesias daría un ¡Viva! Y decir vivir, es decir pelear.
-
- * * * * *
-
-El papel de rey destronado es siempre algo ridículo. El de rey
-aspirante, idealizado con aureolas de esperanzas que nunca nubló la
-realidad, es, en cambio, de tan romántica poesía, que una regular
-presencia y una regular discreción bastan á sostenerle con decoro. Y
-así supo sostenerle Don Carlos, muy á gusto de todos. En España muchos
-le amaban, y... á pesar de todo, nadie le odiaba. Supo salvar la
-majestad de su figura, del vencimiento y de la difamación. No fué nunca
-ridículo, cosa que no consiguen siempre muchos reyes reinantes. Dicen
-que amaba mucho á España. Era más de agradecer ese cariño, por lo mismo
-que había de expresarlo con acento extranjero.
-
- * * * * *
-
-«Azorín» ha aprovechado la ocasión de haberse publicado en el periódico
-en que él dogmatiza, ó mejor dicho, «esceptiza» á lo Montaigne,
-la fantástica noticia de mi viaje á Buenos Aires, á servir unas
-conferencias á cien mil pesetas... ¡Cincuenta mil más que Anatole
-France! Muchas gracias por la tasación, querido compañero, para
-significar su displicencia por estas idas y venidas, al mismo tiempo su
-desprecio por las glorias populares... ¡Ah! ¡La popularidad!...
-
-Claro es que yo no puedo darme por aludido. Yo estuve ya en Buenos
-Aires, y no fuí en clase de popular, ni me recibieron con músicas, ni
-pronuncié discursos, ni nos volvimos nadie loco, ni ellos conmigo, ni
-yo con ellos. Fuí... por viajar, por ver; sin darle más importancia
-que á otro viaje cualquiera. Ni me creí en el caso de publicar, á mi
-regreso, «Impresiones», «Mi viaje á la Argentina», ó cualquier otro
-libro por el estilo, porque no creo que un mes ni dos sean lo bastante
-para conocer nada, ni perorar del porvenir de la Argentina, de su
-intelectualidad, industria, etc... Lo que ví, para mí lo guardo, y lo
-que aprendiera... ya irá saliendo. Conste solamente que yo no fuí allá
-en clase de conferenciante. Sin que esto quiera decir que si alguna
-vez se me propusiera, y sobre materias de que pudiera tratar, como arte
-dramático, presentación de obras, etc., no aceptara muy gustoso, sin
-creer por eso que iba á estrechar lazos, á reconquistar América, ni
-otras fantasías castelarinas.
-
-En lo modesto de mi representación, sí procuré, mientras allí estuve,
-considerarme como, según un escritor francés, debe considerarse todo el
-que viaja por país extranjero, representante de mi propio país, y en
-toda ocasión procuré cumplir mi deber de viajero.
-
-Sabiendo muy bien que ni en sus correspondencias ni en sus
-conversaciones, muchos me tratan del mismo modo, hablé bien de todos
-los escritores españoles de quien me pidieron noticias. Por cierto que
-nadie me preguntó por «Azorín», y esto debe servirle de satisfacción,
-dado su desprecio por la popularidad.
-
-Y este era el punto á discutir. «Azorín» sostiene que el mérito de todo
-escritor está en razón inversa del número de sus admiradores. Un gran
-escritor debe ser letra cerrada para el vulgo. Quisiera yo saber cuándo
-lo fueron Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, etc. Si no es que por
-vulgo entendemos al que ni de letras sabe. Entiéndase que hablo del
-vulgo literario.
-
-Y este, en verdad, es muy reducido, aun para esos grandes hombres.
-¡Pero decir que en su tiempo ninguno fué estimado! Algunos, quizás,
-más justamente y en su punto que lo habrán sido después; al través de
-estudios críticos que los desfiguran.
-
-Ya sé yo que hay ejemplos para todo, Wagner, Bizet, Ibsen... Pero nunca
-fué el público el que los rechazó; si así hubiera sido en absoluto,
-toda reparación hubiera sido imposible. ¿Quién iba á resucitar obras
-de quien nadie se acordaba? No el público, la crítica, siempre más
-conservadora que revolucionaria, fué la que ridiculizó, combatió y
-retrasó el triunfo de muchos artistas. ¿El público? Sí... extraña, no
-comprende tal vez del todo... pero algo queda, y, como dice Bernardo
-Shaw: «El que ha visto una vez un drama de Ibsen, acaso se aburrió
-durante su representación, acaso dice: «Esto no es teatro»; pero, á
-pesar de ello, sigue pensando en él, y... acaso no le gusten los dramas
-de Ibsen; pero lo cierto es que no vuelven á gustarle los de Sardou.»
-
-No, no hay que maldecir del público y de las glorias populares.
-«Azorín» es demasiado modesto. Acaso cree que él no puede ser popular.
-Pues qué, ¿cree usted que si sólo le leyeran á usted en la tertulia de
-D. Antonio Maura, iba usted á ser tan apreciado y tan conocido? Y si ya
-cree usted que le lee toda la mayoría... ¡ahí es nada! Contar con una
-mayoría. No cuenta con más el Sr. Maura, y nos gobierna á todos.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXII
-
-
-Es para que reflexionen los partidarios de la paz á todo trance; hasta
-para pedir paz hay que armar guerra, y en verdad, sería muy triste que
-para convencernos unos á otros de que no debemos pelear con el moro,
-diéramos en pelearnos dentro de casa, sin que por eso el moro dejara de
-pelear con nosotros.
-
-Lo de cuando uno no quiere dos no riñen, no siempre es cierto entre
-particulares; pero, en fin, siempre le queda al más prudente el recurso
-de acudir á la policía ó á los jueces, si se ve atropellado y no quiere
-responder al atropello en la misma forma brutal. Por desgracia, para
-las agresiones colectivas no hay otra apelación que la fuerza, y eso
-es lo que no han comprendido muchos en esta ocasión. ¡No queremos
-guerra, no queremos guerra! Nadie la quiere; pero... ¿Vamos á llamar
-á la pareja de la esquina ó vamos á querellarnos al juez de guardia?
-¡Y que son de confianza los mirones que nos rodean para irles con el
-cuento de que no queremos belenes! ¡Ah! ¿No quieren ustedes guerra?,
-nos dirán. Pues ya están ustedes demás aquí... Y ¿qué dirán entonces
-los pacíficos? Habría aquello de: ¡Gran vergüenza! ¡Estamos vendidos!
-¡Lo último que nos quedaba!...
-
-Lo que hay es que no se saca á los niños de casa, haciéndoles creer
-que se les lleva de paseo, para meterlos en el colegio. Y no se lleva
-á un pueblo á la guerra, haciéndole creer que no se trata de semejante
-cosa. El funesto sistema de tratar al pueblo como á eterno niño, suele
-traer malas consecuencias. «Honesty is the best policy», dicen los
-ingleses. La verdad es la mayor habilidad en política. ¿Cuándo acabarán
-de comprenderlo así nuestros gobernantes? ¡Gran lástima, cuando les
-ha tocado gobernar un pueblo con tesoros inagotables de heroísmo y de
-resignación!
-
- * * * * *
-
-No es por amor propio el insistir. Pero, contra todas las razones,
-textos y ejemplos aportados por Azorín, sigo creyendo: que la
-popularidad no está nunca en razón inversa del mérito; que han sido
-pocos los talentos mal apreciados en su tiempo, y si alguno lo fué,
-tal vez tuvieron más parte en ello motivos de presencia, carácter
-antipático del artista, vida desordenada, etc.
-
-Shakespeare fué apreciado en su tiempo y no sólo logró glorioso nombre
-sino muy buen dinero, que le permitió retirarse á su lugar, «aprés
-fortune faite», como un buen comerciante. La obra de Cervantes, ni
-en cantidad ni en género, era para enriquecer á su autor, pero de su
-relativa popularidad--la popularidad es siempre relativa,--en vida
-misma del autor, ¿no existen numerosos testimonios? Azorín cita el
-ejemplo del Greco. No sería tan menospreciado en su tiempo, cuando
-nunca le faltaron encargos, que no le pagarían tan mal, cuando dejó
-fama de hombre caprichoso y dado á lujosas fantasías.
-
-¿Qué más? Yo creí halagar á mi contradictor en sus convicciones,
-diciéndole que nadie me había preguntado por él en Buenos Aires, y él
-me contesta que es allí muy conocido. Ya ve Azorín cómo se puede tener
-talento y ser apreciado.
-
-Y de mi, ¿qué voy á decirle? Soy el mismo que en el año 97; hasta mis
-concesiones al sentimentalismo burgués, pudiera demostrar con textos
-que no son de ahora... Y ¿por qué no? Tiene uno toda la obra para
-decir lo que siente y lo que piensa; después, en el desenlace, puesto
-que la vida no desenlaza nada, ¿por qué no complacer al público? Pero
-si éste, con concesiones ó sin ellas, no hubiera estado de mi parte
-desde mis comienzos como autor dramático, ¿hubiera yo podido continuar
-estrenando? El público fué mi verdadero apoyo contra la crítica, casi
-unánime en afirmar que aquello no era teatro. ¡Cuántas obras, con
-asombro de empresarios y actores, cuando parecían enterradas por la
-crítica revivían por el público! Créalo Azorín, no es el público, que
-pudiéramos llamar vulgar, es el literario el que más resistencia opone
-á toda novedad y á todo mérito. Son los intereses creados los que
-protestan siempre. El mismo Azorín declara que no hay novedad absoluta
-en ninguna forma, ni expresión de arte, que todo existía antes en el
-ambiente. Si es así, si el ambiente es anterior á la obra, ¿cómo no ha
-de caer bien la obra, que el público no puede por menos de conocer por
-suya? Azorín sabe bien que los grandes artistas son quizás los menos
-originales; su obra es de todos; alma de muchas almas.
-
-Yo me explico perfectamente la convicción de Azorín. Alguna vez,
-comparando en justicia méritos con glorias, habrá pensado que el ruido
-de su nombre es menor que el de algún autor dramático, por ejemplo.
-Esto ya es cuestión del género cultivado, no del mérito de los
-escritores. Créalo Azorín; en vida y en muerte, al cabo del año todos
-estamos en el sitio en que debemos estar; el vulgo no es tan vulgo como
-creemos.
-
-En fin, el mejor ejemplo, ¿no es el mismo Azorín? Según él, pocos
-debieran apreciarle, supuesto que la popularidad está en razón inversa
-del talento. Yo sé, aparte la broma de Buenos Aires, que son muchos
-los que le admiran como se merece. Acaso él juzgue equivocadamente del
-público, como tal vez juzga de mí: ¡Ese Benavente!--dirá,--siempre me
-lleva la contraria; se ve que me quiere mal... Azorín dirá si prefiere
-mi «malquerencia», que le lee siempre con atención y toma muy en cuenta
-sus opiniones y juicios, á la buena amistad de los que le felicitan sin
-discutirle por cada artículo... sin haberlo leído.
-
-
-
-
- XXIII
-
-
-En la más que intrincada, pintoresca selva de nuestra política, hay
-más murmullos que en la de Sigfredo, cuando nada sucede ó cuando ha
-sucedido ya todo, en cambio, cuando sucede algo, reina el silencio más
-absoluto; que, á pesar de lo absoluto, es el rey más constitucional,
-por lo irresponsable.
-
-Apenas suenan cuatro tiros, material ó moralmente, ya se sabe, silencio
-sepulcral en la selva; sus más canoras aves enmudecen y antes que en
-los valores públicos, con ser de suyo apocaditos, hay una baja sensible
-de elocuencia en nuestros mas notorios y fluidos oradores. ¡Valientes
-pájaros! ¡Y estos son los que miran de sobrehombro á la gente de pluma,
-de otra pluma!
-
-El escritor, aun sin estar amparado, en muchos casos, por la inmunidad
-parlamentaria, arrostra el peligro de la suspensión de garantías y se
-atreve á opinar, en las circunstancias más difíciles, comprometiendo
-tal vez su popularidad. ¡Pero los otros, á casita, que llueve! Y
-tenemos aquello de: Callaremos hasta que llegue el día de exigir
-responsabilidades... ¿Exigir responsabilidades? No lo dirán ustedes de
-veras. Si ese día llegara, ¿quién escaparía de ser ahorcado?, como le
-decía Hamlet á Polonio, aconsejándole tratara á los comediantes mejor
-de lo que se merecían.
-
-También justifica muy bien el mutismo aquello de: Es preciso prescindir
-de toda idea política mientras se hallan comprometidos más altos
-intereses... ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde estarán los más altos
-intereses? Y ¿qué ideas políticas serán esas que estorban precisamente
-cuando de altos intereses se trata?
-
-En los sucesos de Barcelona, por ejemplo, todos, como en Cristo,
-pusieron sus manos. ¿Quién no ha dejado caer su gota de agua ó su
-salivita para contribuir en algo á la disolución y desmoronamiento de
-lo que debiera ser más firme que roca viva, la idea de la patria? Y
-ahora... todos son á lavarse sus manos...
-
-No, no ha sido el anarquismo; ha sido el sanchopancismo burgués,
-el bien sesudo, que de un caso particular quiere deducir una regla
-de conducta para toda la vida. El mismo que dice cuando sucede un
-descarrilamiento: No se puede viajar en ferrocarril; el mismo que al
-ser una vez engañado, proclama: No puede uno fiarse de nadie. Ese buen
-sentido de gato escaldado, era el que había decidido para siempre no
-volver á meterse en aventuras. ¡Qué rica paz!--¡No queremos guerra, no
-queremos guerra! Pero al ver cómo cuatro locos--los locos, como los
-héroes, el éxito los diferencia, son los que van siempre en línea recta
-del pensamiento á la acción,--les armaban la guerra en su misma casa,
-volvieron los ojos acongojados á todo lo que ellos habían tratado de
-desprestigiar: poder del Estado, fuerza... Y los cuatro locos pagaron
-por todos, y los muchos cuerdos dicen ahora:--¡Caramba! ¡Si fuera á
-hacerse todo lo que se piensa, no se podría vivir en el mundo!
-
- * * * * *
-
-El dolor es el gran desinfectante moral. Tanto como el heroísmo
-de nuestros soldados, conforta el espíritu ver cómo de todas
-partes--¡olvidemos á los cuatro locos!--se acude y se atiende á los que
-pelean y á los que sucumben. El ambiente nacional tal vez necesitaba
-esta sacudida para purificarse.
-
-Ahora, yo desearía que esta vez, se acudiera á todo con severa
-dignidad. Nada de fiestas, nada de espectáculos benéficos. El que
-buenamente quiera divertirse, ¿por qué no?--todavía no es el fin del
-mundo,--que no invoque el pretexto del socorro, y el que no hubiese de
-dar nada, sino á cambio de una localidad de teatro ó de plaza de toros,
-más vale que no dé nada. ¡Mezquina dádiva la que necesita mejor ocasión
-que la verdadera para ofrecerse!
-
-Agradézcase á los toreros su generosidad; ofrecen su vida, pero nada
-de corridas patrióticas. Aparte el que suele traer «mala pata», no hay
-espectáculo más lastimoso. Allá, hombres que arriesgan, que pierden
-su vida; en la plaza, hombres también que la exponen y también pueden
-perderla... Y una multitud que se divierte con todo esto y cree estar
-haciendo por la patria con aplaudir á una hembra que se adorna con los
-colores nacionales ó rugir de entusiasmo por un brindis torero: ¡porque
-el toro fuera uno de esos rifeños!... Es cuestión de seriedad, de buen
-gusto. Guardemos las fiestas para el día--¡quiéralo Dios cercano!--de
-verdadera fiesta. Pongamos dignidad en nuestra dádiva. Dé cada uno
-lo que pueda, sin más estímulo. Crispa los nervios, después de leer
-hazañas y trabajos de nuestros soldados, tropezar más abajo con la
-relación de una «kermesse» en Pantanillo ó en Lagunilla, organizada por
-la colonia veraniega y las señoritas más distinguidas de la localidad.
-Tiempo habrá para todo, hasta para ser cursis.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXIV
-
-
-La opinión general, tan reacia á toda empresa guerrera en un principio,
-se halla al fin poseída de tan belicoso entusiasmo, que sería
-defraudarla no terminar, por lo menos, con la conquista del imperio
-de Marruecos. Con menos entusiasmo, pero más constancia, años ha que
-esa conquista debiera haberse llevado á cabo lo más pacíficamente del
-mundo. Pero ¡ay! el dinero de nuestros capitalistas no es tan valiente
-como nuestros soldados, y cuesta más encontrar hombres de voluntad que
-de corazón.
-
-Hemos convenido en que á ciertos pueblos sólo es posible civilizarlos
-á cañonazos. Sin duda es el medio más cómodo, aunque no sea el más
-eficaz. Yo creo que no hay pueblo tan salvaje en el mundo que se
-resista á las ventajas de la civilización, cuando los civilizadores le
-permiten disfrutar de esas ventajas. Á lo que se resiste todo el mundo
-no es á que la civilización se le entre por las puertas, sino á que
-le pase por encima. Civilización automóvil; atropella con todos los
-adelantos modernos, pero, ¡mal consuelo para el atropellado!
-
-Nada de esto es pretender quitar hierro. Aunque otra cosa afirme
-Metternich, en su admirable libro «La prudencia y el destino», no hay
-prudencia, suficiencia ó sabiduría, como quiera traducirse, «sagesse»,
-capaz de oponerse al destino de los pueblos ó de las personas. Y mucho
-menos cuando el destino tiene ya la palabra. En aquellos días de la
-Conferencia de Algeciras, gloria de nuestra diplomacia... Entonces,
-sí; entonces acaso hubiera podido escucharse la voz del prudente.
-Una nación poderosa, rival de otra no menos fuerte, sólo procuraba
-aislar á su enemiga y halagando á otras dos naciones, rivales á su
-vez en intereses, procuró conciliarlas por eso mismo. ¡Como si dos
-intereses iguales pudieran conciliarse nunca! No era preciso ser un
-Maquiavelo ni un Metternich para pensar que entre una nación interesada
-en dominar por completo á Marruecos y otra interesada en oponerse á
-esa dominación, nuestro interés, aparte simpatías de raza tan mal
-correspondidas en ocasión, estaba en inclinarnos al lado del contrapeso.
-
-Ahora sólo podemos desear que se enmiende con gloria un nuevo error
-de nuestros estadistas, hombres de pocos libros y de menos mundo. ¡Á
-Dios sean dadas! Que la gloria se logre á costa de la menor cantidad de
-sangre posible, y que la opinión, sin desmayar en sus entusiasmos, no
-llegue á exaltarse tanto que sea bien recordar aquello de «El gaitero
-de Bujalance»: un maravedí porque empiece y dos porque acabe.
-
- * * * * *
-
-Sabido es que á todos los padres les parece siempre que están muy mal
-educados los hijos... de los demás, y á los que no tienen hijos, ¡no
-se diga! Por lo que no sería mal acuerdo que cada padre se encargara
-de los hijos del vecino, y á su vez le confiara los propios, y los
-solterones ó matrimonios sin prole se hicieran cargo de los más
-rebeldes y empecatados. Y aplicando á todos los órdenes de la vida el
-sistema, acaso todo andaría mejor con este procedimiento. En España,
-por lo menos, es admirable cómo los que nunca dieron pie con bola en
-asunto propio, se echan á discurrir y disponer por los más ajenos á su
-profesión y conocimientos.
-
-Á estas horas tenemos un Napoleón ó un Moltke en cualquier ciudadano,
-antes de paz y hoy tan de guerra que no deja vivir á nadie. ¿Quién no
-tiene su plan estratégico? ¿Quién no ha tomado algo á estas horas? ¡Oh,
-país admirable en que todos entendemos de todo sin haber estudiado de
-nada!
-
-Cuentan de un zapatero remendón, de cierto pueblo, que era el más
-severo crítico de sermones. Predicador que se presentara en la fiesta
-del Santo patrono ó cualquier otra solemnidad, podía darse por perdido
-si al zapatero no le caía en gracia. El pueblo no tenía más opinión
-que la emitida con inapelable autoridad por el crítico. Sucedió que
-un predicador, advertido de antemano, al observar durante un bien
-estudiado sermón, el gesto desdeñoso del zapatero y en consecuencia
-el de todos los oyentes, se apresuró, apenas bajó del púlpito á
-preguntarle los motivos de su disgusto. ¿Qué le ha parecido á usted el
-sermón?--¡Phs! No está mal... pero poca teología.--¿Pero, usted sabe
-de teología?, preguntó el predicador asombrado.--¡Anda!, replicó el
-zapatero. ¡Pues si yo supiera de leer y escribir lo que sé de teología!
-
-¿No es este un poco el caso de todos los españoles?
-
-¡El Señor nos libre de los «teólogos» militares que andan desatados en
-estos días y no son la menor calamidad, con ser tantas las calamidades
-de la guerra!
-
- * * * * *
-
-Dice Bernardo Shaw que los ejércitos se pasan la vida preparándose
-para una guerra que, ó no sucede nunca ó cuando sucede, sucede del
-modo contrario á como se había previsto. Bueno fuera, no obstante, á
-pesar de que lo imprevisto está sobre todo, alguna mayor discreción
-en apuntar planes y posibles acciones. Hay siempre entre los rifeños
-quien se entera de todo. No hay que fiarse en esa aparente indiferencia
-salvaje, que no es tan salvaje como parece. Yo conocí en Tánger á un
-moro de la última condición; acarreaba equipajes y fregaba los suelos
-en el hotel; pues cualquiera de nuestros ministros de Estado no está
-tan enterado como él de asuntos internacionales. Hablaba, aparte del
-árabe vulgar y el hebreo, inglés, francés, español; conocía los nombres
-de todos los ministros del gobierno español entonces, sabía historias
-muy sabrosas de muchos personajes españoles, y hasta de los amantes
-de algunas damas empingorotadas, como cualquier cronista de salones.
-Era extraordinario, sin ser excepcional. Claro es, que el Rif no es la
-Cosmópolis de Tánger; pero la natural sagacidad del moro es la misma.
-¡Raza inferior, raza de salvajes! Se dice muy pronto, cuando hablan el
-odio ó la conveniencia. Acercándose con simpatía, con verdadero amor de
-civilización, en todas partes hay hombres buenos y malos, pero no hay
-razas inferiores, no hay razas de salvajes. La bondad del corazón, la
-perspicacia del entendimiento florecen en todas las tierras; aun en las
-que solo se ha sembrado odio, con pretexto de civilizarlas.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXV
-
-
-No tendrá queja el señor presidente de la Sociedad de Conciertos, en el
-mundo ministro de la Gobernación. Su soberana batuta se impone á todos.
-Que «allegro vivace», pues «allegro»; que andante «maestoso» y con
-sordina, pues ya se percibe el aleteo de una mosca. Verdad es que su
-tiempo preferido es «forte che forte», y el del país sería un «largo»
-que no tuviera fin.
-
-Que hoy podremos decirles á ustedes algo, pues todo el mundo á esperar
-noticias, con la más justificada ansiedad; que tengan ustedes un poco
-de paciencia; pues á esperar en calma: quizá, recordando aquellos
-alambicados versos, que tanto sublevaban el buen gusto de Alcestes
-el Misántropo de Molière: «Phyllis, on desespere alors q'on espere
-toujours!»
-
-¡Ah, si en tiempos de paz y de continuo todos nos preocupáramos tanto
-del avance como ahora! ¡Aquí, donde por el contrario, son tantos los
-que en todo quieren á cada paso hallar motivo, ocasión ó pretexto para
-un retroceso, y hay gente que no se hallaría á gusto con menos de
-«recular» hasta la Edad Media!
-
-¿Sucesos de Barcelona? ¡Ah! Todo es por haber fracasado la ley del
-terrorismo, y si se restableciera la Inquisición... nada habría que
-temer en lo futuro.
-
-¡El avance! ¡Santa palabra! ¡Que ella sea siempre nuestro santo y seña!
-
-Hoy por hoy no se oye otra cosa. Yo sé de algunos maridos que
-sintiéndose gubernamentales, han prohibido á su mujer hablar de
-esto. No hay idea de los horizontes que abren á la imaginación estas
-palabras, pronunciadas por labios femeninos: ¿Cuándo es el avance?
-
- * * * * *
-
-Los autores dramáticos franceses están que trinan con sus colegas de
-Italia, porque éstos pretenden defenderse no de la invasión de obras
-francesas, sino de la exclusión de las propias, por las facilidades
-que los empresarios y directores de compañía hallan en los autores
-franceses y en sus traductores para pagar derechos convencionales.
-Recuérdese el atracón de obras francesas con que suelen obsequiarnos
-las compañías italianas. ¿Preferencias artísticas? Nada de eso.
-Baratura y rico saldo. Es como el amor al teatro antiguo de algunos de
-nuestros directores artísticos... Que no hubiera facilidad de cobrar
-las refundiciones, muchas veces refundición de refundición, como una
-obra original y nuevecita, y veríamos quién se acordaba de Lope ni de
-Calderón.
-
-Por cierto que en una gacetilla del periódico «Comedia», que trasciende
-á conferencia con alguien de casa, se asegura que también algunos
-empresarios españoles piensan prescindir de las traducciones, á pesar
-de que cuentan con pocas obras originales, para evitar el disgusto de
-los autores, aunque algunos, refractarios á las traducciones, no lo
-sean tanto á los plagios. Es posible. Eso de los plagios puede probarse
-siempre. Y de los plagios de los actores, ¿no se dice nada? Porque hay
-eminencias que no viven de otra cosa. ¡Si Sarah y la Duse y la Réjane,
-Le Bargy ó Guitry cobraran derechos de traducción y reproducción!
-
- * * * * *
-
-El teatro de los Niños es una de tantas ilusiones mías; pero nada de
-monopolizar ideas; no es mía solo: son muchos los autores dispuestos
-á realizarla. Uno de ellos, el simpático López Marín, se propuso nada
-menos que edificar un teatro de nueva planta, para este especial
-objeto. Echóse á buscar capitalistas con el mayor optimismo. No le
-acompaño en él, no tratándose de consagrar como primera tiple á una
-corista distinguida por algún ricacho de aluvión ó de abrir una nueva
-tablajería escénica de carnes averiadas, bases de los más sólidos
-negocios teatrales. Ignoro el resultado de sus gestiones. Pero, en fin,
-con dinero ó sin él, con nuevo teatro ó en cualquiera de los muchos
-existentes, el Teatro de los Niños empezará en la próxima temporada,
-modestamente, como un ensayo. Como los empresarios grandes tienen
-bastante en qué pensar con su gran público, preferiremos un pequeño
-empresario y un pequeño teatro. Fernando Porredón y el Príncipe Alfonso.
-
-No es tan fácil como parece divertir á los niños, sin aburrir demasiado
-á los grandes. Los niños modernos nacen enseñados. ¡Oyen unas cosas
-en casa! El numeroso repertorio de obras infantiles con que cuenta
-el teatro inglés, no es aprovechable. Demasiado inocente. No por lo
-fantástico de sus asuntos, casi siempre basados en los cuentos de
-hadas más populares; no soy de los que abominan de la fantasía en la
-educación, como el maestro de «Los tiempos difíciles» de Dickens, con
-su muletilla: ¡Hechos, hechos! Al contrario, es preciso huir de toda
-pretensión docente, y mucho más, utilitaria. Lamartine abominaba de las
-fábulas de Lafontaine, como obra educadora. Tenía razón; su moralidad,
-mejor dicho, inmoralidad practicona, desengañada, toda malicias y
-desconfianzas de rústico, es deplorable para el espíritu de los niños,
-abierto siempre á la generosidad y á la esperanza.
-
-Contra la opinión de Lombroso, que ve en el niño á un pequeño salvaje
-y casi á un criminal en germen, y asegura que todo niño es egoísta,
-embustero y ladronzuelo, menos uno que era un encanto; uno que se le
-murió al doctor... ¡Oh, bancarrota de la ciencia en esta página de
-uno de sus libros, que contradice con lágrimas la afirmación rotunda!
-Yo creo que todos los niños son buenos... hasta que los padres y los
-educadores los hacen malos.
-
-Cuando se oye á algunos padres decir: ¡Qué niño este! ¡Es muy malo,
-muy malo!, pensad siempre: Y ustedes, ¿son ustedes buenos? Lo que hay
-es que el niño manifiesta sin fingimiento las malas cualidades que los
-padres encubren con la hipocresía que da la experiencia. Cuando ellos
-se lamentan de que el niño les pone en ridículo, sacando á relucir los
-defectos de alguna visita, ¿no será que el niño les oyó murmurar en su
-presencia de todos los conocidos y amigos?
-
-Sucede muchas veces que el niño es quien no puede explicarse por qué
-sus padres y los mayores de la casa, hablan siempre mal de alguna
-visita que él no encuentra antipática por ningún estilo. Claro es,
-que en fuerza de oir cómo los mayores la ridiculizan y menosprecian,
-él acabará también por retirarle su simpatía, aun sin explicarse las
-razones.
-
-Cuando reprendéis á un niño porque trata con altanería á un criado,
-¿estáis seguros de que no imita vuestro tono, al reprenderle cuando
-cayó en vuestro desagrado? Por lo regular, muchos padres sólo reprenden
-á sus hijos cuando les molestan á ellos, aun con juegos ó travesuras
-propias de niños; en cambio, son de una lenidad punible, cuando
-molestan á los demás, con cosas que suelen ser aprendidas de los
-padres.
-
-Entonces, dirán ustedes: más que un teatro para divertir á los niños,
-hacía falta uno para educar á los grandes... Sería inútil. Habría que
-cerrarlo. Parecería inmoral.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXVI
-
-
-Me preguntan, unos de buena fe, otros, acaso con la misma intención
-con que el cura del cuento preguntaba al muchacho si, puesto que Dios
-estaba en todas partes, estaría también en el corral de su casa; para
-poder decir: ¡Cogíte!, si en el futuro teatro de los niños tomarán
-parte principal actores infantiles. No, señores, no; no hay cogíte,
-que en casa no hay corral. Y si el teatro de los niños á divertirlos
-ha de estar dedicado, mal cumpliría, si para divertir á unos había de
-mortificar á otros. Cuando alguna obra exija algún personaje infantil,
-niña ó niño, no faltarán zangolotinos de ambos sexos que sepan dar al
-público la ilusión de la infancia.
-
-Garridos muchachotes fueron Ofelia y Julieta, en tiempos de
-Shakespeare--sin que el autor de _Un drama nuevo_ se hubiera
-enterado.--Y después de todo, de la juventud á la niñez no es tanta
-la distancia como de la juventud á la madurez bien madura, y todos
-los días vemos en esos teatros galanes y damas polleando--sobre todo,
-damas, que ya eran gallos, con sus patas de lo mismo y todo, cuando uno
-estaba en plena edad del pavo. Como que al verlos suspirando amores,
-más ó menos contrariados le dan á uno ganas de vestirse de marinero y
-rodar una naranjita, si no fuera el temor, que ellos no tienen, á la
-voz implacable que oyó en semejante caso, el famoso Sr. Patiño.
-
-No quiere esto decir que, el estudiar y representar comedias, no
-sea conveniente para los niños. Es un buen ejercicio de memoria, de
-entendimiento y de pulmones; se adquiere, además, soltura y elegancia
-en la dicción y en los modales. Para niños están escritas y para ser
-representadas por ellos, numerosas comedias inglesas y ¿quién duda que
-los ingleses saben educar á sus niños? Pero una cosa es representar
-particularmente para recreo propio y de los amigos, y otra la profesión
-teatral, más agradable en apariencia, pero no menos nociva que otras
-para la salud de los niños.
-
-Tranquilícense, pues, los que quisieran verle á uno cogerse los dedos
-á cada paso. En el teatro de los niños no habrá más niños que los
-espectadores.
-
- * * * * *
-
-Algo de bizantinismo puede parecer en las presentes circunstancias,
-preocuparse por fruslerías; aunque ¿quién sabe en el mundo cuáles serán
-las verdaderas fruslerías? Todo consiste en contemplar el hormiguero de
-la tierra ó el hormiguero de los astros, como lo contemplaba Orozco, el
-magno personaje de Galdós, limpiando en la contemplación su espíritu de
-mezquinas pasiones terrenas.
-
-Nada se dice del Teatro Nacional, nada tampoco de la concesión
-del Español. El primero, ya sabemos que lucha con dificultades de
-instalación. Pero el segundo... ¿Á qué se espera? ¿Se adjudicará,
-como siempre á última hora, sin tiempo de preparar compañía ni obras?
-No valía la pena entonces de mostrarse tan intransigentes con otros
-concesionarios, ni de negarse á ceder el teatro al Estado.
-
-Una temporada digna del que hemos convenido en llamar nuestro primer
-teatro, no se improvisa en cuatro días. Se asegura que son varios
-los solicitantes; que la santa recomendación hace de las suyas. Entre
-los nombres que suenan--y este no necesita recomendación,--figura el
-de Carmen Cobeña. De otros se habla también con grandes méritos y
-prestigio... para el teatro francés. El Ayuntamiento tiene la palabra.
-No creemos que por ser de Madrid, pretenda hacer en su teatro un Dos de
-Mayo á la inversa.
-
- * * * * *
-
-Continúan en Munich las representaciones del teatro Artístico;
-muy interesantes para todos los que de arte teatral se preocupan.
-Su sistema de _mise en scene_, que pudiera llamarse sintética ó
-simplificada, es muy digno de estudio y debiera aplicarse siempre que
-de obras de imaginación y de poesía se trata. Las obras de Shakespeare
-pueden así representarse con todos sus cuadros y mutaciones, sin el
-cansancio que producen los repetidos intermedios prolongados. Contra el
-sistema de acumular detalles, de mayor vistosidad que buen gusto, casi
-siempre, la decoración, en el teatro Artístico, es sólo un fondo de
-cuadro, lo preciso para animar á las figuras con su propio ambiente,
-sin avanzar ni sobreponerse á ellas. La armonía de luces y color es
-perfecta. En _El Mercader de Venecia_, un fondo de cortinas verdosas,
-una mesa con las tres cajas del enigma; la figura de Porcia, vestida de
-un brocado de rosa y oro; la de su dama, vestida de verde, en tono más
-claro que el fondo; la figura del príncipe de Marruecos, envuelta en un
-blanco albornoz; la del príncipe de Aragón, como figura de una talla
-del siglo XV, forman un cuadro acabado, con los más sencillos medios
-de ejecución. En el último cuadro, un muro agrisado, la sombra de unos
-pinos, bastan á proclamar toda la poética emoción de aquellas últimas
-escenas en el jardín de Porcia, saturadas de poesía.
-
-No en todas las obras representadas se ofrece el mismo artístico
-conjunto. En algunas, la _mise en scene_ es del antiguo régimen, y en
-alguna del malo. Pero en _El Mercader de Venecia_, en _Lysistrata_,
-en _Hamlet_, tienen mucho que aprender los directores de escena y los
-escenógrafos.
-
-Sabido es que en Alemania fracasó el célebre actor inglés Mr. Tree,
-que presenta las obras de Shakespeare con una suntuosidad más propia
-de comedias de magia ó revistas de espectáculos. Los alemanes,
-acostumbrados á su teatro Artístico, opinaron que en el Shakespeare de
-mister Tree, como en el conocido cuento, los árboles no dejaban ver el
-bosque. ¡Y cuando el bosque es Shakespeare!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXVII
-
-
-El Señor nos libre de jueces negligentes ó corruptibles; pero no deje
-de librarnos también de los íntegros y celosos, que apenas tropiezan
-con persona de algún viso social en el enredijo de sus actuaciones, por
-dejar bien sentada la inflexibilidad de su justicia, al menor indicio
-no dudarán en presumir la culpa; como si quisieran decirnos: Aquí, que
-no me dirán que peco.
-
-Bien está que la recta espada y la fiel balanza no distingan de clases
-ni de personas; pero no por igualar desigualemos tanto que la camisa
-limpia venga á ser un indicio de culpabilidad, y el ser grande de
-España y caballero de alguna orden, antecedentes penales. Peligrosas
-prendas son en estos tiempos la levita de los caballeros y el sombrero
-de las señoras; pero aun no deben considerarse como agravantes. Se
-puede vestir bien y ser persona decente.
-
- * * * * *
-
-Aunque otras ventajas no tuvieran las guerras--deben de tener otras
-muchas,--la más indudable es la de contribuir á la difusión de la
-cultura. Así, en España, gracias á las algaradas rifeñas, es seguro que
-cada diez ó doce años venimos á enterarnos de una porción de cosas que,
-apenas pasada la excitación guerrera, nos apresuramos á olvidar, para
-tener el gusto de volver á recordarlas á la primera ocasión.
-
-Difícil es, sin embargo, poner de acuerdo las diferentes versiones.
-Á estas horas hay quien nos ha mostrado el Rif como una tierra de
-promisión; y sólo le ha faltado enviarnos de muestra un buen racimo
-de uvas, como aquel de que nos habla la Biblia. Otros, en cambio, nos
-dicen que aquello es de una aridez que espanta; arenales ó riscos. Ello
-dependerá de la parte que cada uno mire, y lo más probable es que allí
-haya un poco de todo. Más cerca está nuestra Castilla y hay quien la
-supone una llanura sin fin, seca y desolada; mientras otros nos hablan
-de sus sierras pintorescas, de sus arboledas frondosas...
-
-Sin ir más lejos; se habló de la utilidad que en la campaña podrían
-prestar los camellos--produciendo la natural alarma en algunos
-organismos oficiales docentes.--En seguida hubo quien puso el grito
-en el desierto. ¿Camellos? Los camellos no sirven allí para nada. Y
-nos dieron un curso de zoología y otro de topografía, y á todo esto
-sin saber á qué joroba quedarnos. ¿Sirve el camello? ¿No sirve el
-camello? ¿El camello es lo mismo que el dromedario? ¿El camello tiene
-una sola joroba ó puede tener dos jorobas, como se puede ser miembro de
-dos Academias ó presidente de varias corporaciones, como D. Alejandro
-Pidal: pongo por compatibilidades?
-
-No hay duda; las guerras ilustran. La letra con sangre entra. No
-hay idea de lo que vamos aprendiendo ahora, y que nunca hubiéramos
-llegado á saber en tiempo de paz. La paz enmohece los espíritus. Sin
-las guerras napoleónicas, el espíritu de la Revolución francesa no
-se hubiera difundido tan rápidamente por Europa. Hay quien dice que
-nada se hubiera perdido y hasta que podía perdonarse el bollo por el
-coscorrón, como si todo progreso de la humanidad no hubiera costado
-muchos coscorrones.
-
-Hay quien contradice: ¿Y las conquistas de la Ciencia y del Arte y de
-la Industria, no son pacíficas? Tampoco. Pacíficas para los pueblos;
-pero los hombres de ciencia, los artistas, los industriales, los
-trabajadores, ¿no han regado con su sangre--del cuerpo y del alma,--el
-campo fecundo de sus descubrimientos, de sus creaciones, de sus
-inventos? No hay trabajo sin pena, y hasta la contemplación es dolor.
-
-¡Guerra, guerra siempre y en todo! El reino de los cielos ha de ganarse
-con violencia, nos dice el Evangelio. Sin duda, con violencia sobre
-nuestras pasiones, sobre nuestros instintos. ¿Qué mayor combate? El que
-quiera lograr algo en la vida, hay día que pueda encontrarse sin alguna
-baja en su corazón y en su entendimiento: El amor de ayer, la verdad de
-ayer, la ilusión, que parecía de toda la vida...
-
-¡Cuántos muertos enterraremos al cabo del tiempo en nosotros! Así,
-cuando alguien nos dice: Usted, que ya ha triunfado; nos da ganas de
-decirle: Triunfar, ¿dice usted?... Y yo creí que venía derrotado. Y es
-que si nos paramos á contar nuestros muertos, cualquier triunfo parece
-una derrota.
-
- * * * * *
-
-Ecos del veraneo. En la terraza de un casino.
-
-Se habla de una señora casada, que se permite los más variados y
-escandalosos coqueteos con unos y con otros.
-
---Está dando mucho que hablar--dice una amiga.
-
---Pues hace muy mal--dice otra.--Porque ella no tiene posición.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXVIII
-
-
-Peligroso sistema es el de algunos predicadores y moralistas, que
-para llevarnos después con mayor fuerza al aborrecimiento de vicios
-y pecados, van puntualizándolos y describiéndolos primeramente, con
-tal viveza de colorido, que tal vez cuando llega la ducha fría de la
-moraleja, anda ya el mismo demonio desatado por nuestra imaginación,
-impresionada por la primera parte del discurso, más pintoresca y amena
-que la segunda. Sabido es que de cien lectores de la _Divina Comedia_,
-noventa y nueve no pasan más adelante del Infierno, y si algunos pasan
-del Purgatorio, pocos son los que llegan al Paraíso.
-
-Los episodios dramáticos y pasionales del Infierno, con la sabrosa
-comidilla de saber allí á muchos ilustres personajes, interesan
-nuestra atención con mayor fuerza que las disquisiciones teológicas y
-descripción de celestiales bienaventuranzas de la segunda y la tercera
-parte.
-
-Cuando se quiere moralizar con fruto, bueno es ir á lo moral por lo más
-derecho, sin entretenerse en pinturas de inmoralidades, porque, aparte
-de que las comparaciones son odiosas, es el espíritu humano de tan
-depravada condición, desde la caída del primer hombre, que ¿quién nos
-asegura de que metidos en comparaciones no salga perdiendo la moralidad
-y todo el sermón venga á ser perdido? Sin contar con que nunca faltan
-descreidotes y socarrones, muy al tanto de los efectos oratorios, que
-acudan á divertirse con la primera parte, la de las vivas pinturas, y
-cuando toquen á moralizar salgan más que á paso y más empecatados que
-vinieron.
-
-Por todo esto, y algo más, tengo por peligrosa la publicación de
-proclamas disolventes en que se abomina de todo el orden social. Este
-admirable orden social en que tan á gusto vive una pequeña parte de
-la sociedad que, por fortuna, es la que tiene el dinero. Claro es
-que á ésta le pondrá carne de gallina la lectura de esas abominables
-proclamas, y comprenderá la buena intención al publicarlas en poner
-de manifiesto lo que tanto energúmeno piensa y maquina para acabar
-con el mundo, si les dejaran. Pero ¿y á la otra mayor parte, no tan
-bien hallada en este rico mundo? Á tanto cerebro debilitado por la
-escasa alimentación, ¿qué efecto puede producirles? Son lecturas esas
-demasiado fuertes para estómagos desfallecidos.
-
-Y ¡si después de las terribles proclamas, el moralista nos brindara con
-palabras de paz y de dulzura!, pero no; á la proclama del desorden,
-responde la del orden; no sabemos cuál más temible; energúmenos por
-abajo y energúmenos por arriba... ¡Sí que es para pacificar los
-espíritus!... Á los de casa no nos llega la camisa al cuerpo. ¡Qué
-extraño es que los de fuera quieran meterse en camisa de once varas!
-Y á todo esto sin saber si Anatole France vale ó no vale. En la duda,
-bueno es volver á leer _La Isla de los Pingüinos_, mas que traducida al
-español, adaptada á la vida española. ¡Porque vaya si estamos pingüinos
-unos y otros! Y el que quiera salirse del corro, que levante el vuelo.
-
- * * * * *
-
-Tan metidos estamos en pelea, que hasta de asunto en apariencia tan
-pacífico como la adjudicación de un teatro--verdad es que se trata del
-teatro Español, y el nombre obliga,--damos batallas y nos dividimos en
-bandos.
-
-Se habla de intereses materiales y de intereses artísticos. ¡Otro afán
-español, este de separar lo material y lo espiritual, como si fuera
-posible plena vida sin el sano consorcio de espíritu y materia!
-
-La palabra negociante está muy desacreditada, y conviene rehabilitarla.
-De lo que hay que huir es de un mal negociante, pero del que sepa
-serlo, nunca. El buen negociante sabe lo que son cantidades morales y
-sabe sumarlas. El mal negociante cree que el arte no da dinero; el buen
-negociante sabe que el arte puede dar dinero, si es verdadero arte. No
-es bueno todo lo que da dinero por esos teatros; pero obsérvese que
-siempre es lo menos malo.
-
-Yo aconsejaría á Federico Oliver, ya que por garantías artísticas
-ha conseguido la concesión del teatro, que se sintiera ahora lo más
-negociante posible, y en este caso, atento al negocio sobre todo,
-contratara una buena compañía; admitiera muy buenas obras y las
-presentara con la mayor propiedad. En esto consiste el buen éxito de
-los negocios teatrales, y del conjunto de todo esto--¡qué rareza!,
-¿verdad?--cuando se ha hecho un buen negocio, suele resultar que
-también se ha hecho arte.
-
-¡Ah! Evítense las falsificaciones. Las más corrientes en las obras
-teatrales suelen ser: de lo literario con lo soso, de lo profundo
-con lo aburrido, de lo nuevo con lo extravagante, de lo poético con
-lo cursi, de lo atrevido con lo grosero. Todas estas falsificaciones
-se encierran en una: Tener el teatro vacío y decir que fué porque
-se hizo arte y el público no supo apreciarlo. El verdadero arte del
-teatro es... hacer negocio, y el verdadero negocio es... hacer arte.
-Shakespeare y Molière ganaron mucho dinero como empresarios. No sé si
-podrá decir lo mismo el señor Reinot.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXIX
-
-
-Si alguna vez--no lo permita Clio,--me viera precisado á escribir ó
-á explicar un curso de Historia de España en los tiempos modernos,
-por cuanto á su historia política se refiere, les aseguro á ustedes
-que saldría pronto del paso. ¿Gobiernos? ¿Cambios de política?
-¿Conservadores, liberales? Es lo mismo. En España, en los modernos
-tiempos, no hemos tenido mas que un solo gobernante: el miedo.
-
-Véase la clase: período de la Restauración; miedo á los republicanos.
-Todos los esfuerzos, toda la energía y todas las habilidades del
-que por entonces fué el amo de España, no tuvieron más alto fin que
-desbaratar y quebrantar á los republicanos. Acaso hubiera sido mejor
-política educar al país y fortalecer su voluntad por si llegaba el
-caso en que tuviera que gobernarse por sí mismo... Pero no, aquel
-gran pedagogo á la antigua española era de los que consideraban á
-los pueblos como eternos niños ó incapacitados... Adelante. Período
-de la Regencia: miedo á los carlistas, concesiones y mimos á Roma y
-contemplación de toda clase de gaitas eclesiásticas... Después, hasta
-nuestros días, un poco de miedo á los obreros; coqueteos socialistas,
-leyes y disposiciones mal meditadas, como procedentes del miedo más que
-de un espíritu de justicia... Después, miedo al catalanismo. Ídem, ídem
-de lienzo, con el feliz éxito que todos hemos podido apreciar... Ahora,
-miedo á... Miedo al valor, que es un colmo; miedo siempre y á todo. Y
-¿es posible que una nación gobernada por el miedo pueda prosperar ni
-engrandecerse?
-
-Muchas vueltas da en estos días el espíritu nacional en torno al
-Gurugú; esos riscos que han llegado á ser como símbolo de la barbarie
-atrincherada entre piedras y sombras... Más debiera de preocuparnos los
-muchos _gurugús_ que tenemos en nuestra casa.
-
-Hay en España una juventud que, ó se ha educado por sí misma, ó ha
-sabido elegir mejor conductores que los designados por la sabiduría
-oficial; hay en esa juventud políticos no malogrados todavía por el
-contacto con _los viejos_, aunque por mal entendidos respetos parezcan
-dejarse dirigir por ellos... ¡Déjense de respetos que nadie ha de
-agradecerles! ¡Juventud española, adelante, arriba á la conquista del
-Gurugú nacional! El Miedo ha gobernado bastante.
-
- * * * * *
-
-En estos días, principio de la temporada teatral, es cuando mas
-compadezco á los ministros y grandes personajes. ¿Qué será de ellos
-todo el año, si uno, pobre autorcillo de comedias, con esfera de
-influencia tan reducida, se ve abrumado de solicitudes y demandas de
-recomendaciones?
-
-De todas ellas, ningunas tan embarazosas como las acompañadas de
-manuscrito; con aquello de: Deseo conocer su sincera opinión... Y aquí
-del problema. ¿Puede darse la sincera opinión? _Doit-on la dire?_ Como
-preguntaba el autor cómico francés, en asunto no menos peliagudo que
-este de opinar sinceramente sobre una comedia.
-
-Aparte la desconfianza en el propio criterio y mucho más en el del
-público. ¡Ve uno aplaudido tanto desatino! ¿Quien cae en el lazo de
-opinar sinceramente, cuando la opinión es desfavorable, y por serlo,
-inmediatamente ha de parecer equivocada, ó lo que es peor, tal vez
-envidiosa?
-
-Pedirle á uno opinión en materia tan delicada, que atañe al buen juicio
-y entendimiento del demandante, es examinarle á uno de educación más
-que de otra cosa.
-
-Del: Usted, que es una autoridad; al: ¿Quién es él para juzgar mi
-obra?, no hay más que un tramo de escalera. Y, sin embargo, hay
-ocasiones en que quisiéramos bien ser sinceros y que nuestra sinceridad
-no dejara lugar á dudas. El desengaño es triste, pero el engaño es
-cruel. Si aun las verdaderas y legítimas musas suelen causar muchos
-destrozos á su paso, ¿qué estragos no causará la _musa loca_?; esa musa
-que tan bien nos presentaron los Quintero en los lances sainetescos y
-trágicos de una bella comedia.
-
-No saben los portadores del manuscrito de sus ilusiones, el verdadero
-conflicto dramático que nos plantean al solicitar humildes una opinión
-franca.
-
-¡Cuántas veces á trueque de antipatías, con la dudosa esperanza de
-que algún día fuera mejor apreciada mi lealtad, he preferido como
-Segismundo: _Por ser piadoso contigo, ser cruel contigo ahora_!...
-¡Pero advierto una tal expresión de tristeza ante el desengaño! ¡Hay
-tan pocas verdades que compensen la pérdida de una sola ilusión! Y,
-después de todo, ¿para qué anticiparnos unos años, unas horas, á la
-verdad que ha de decidir, por fin, la vida, con su autoridad inapelable?
-
-Y aun la vida no suele convencernos. También puede equivocarse. Y
-nosotros, ya que podamos como ella equivocarnos, no seamos crueles como
-ella. ¡Permitid, señora conciencia, que nunca falte una amable mentira
-en nuestros labios, cuando alguien se llega á pedirnos una opinión
-sincera!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXX
-
-
-Sultán estar amigo, francés estar amigo, todos amigos; pero entre las
-grandes potencias y las pequeñas impotencias, entre notas diplomáticas,
-manifestaciones callejeras delante de nuestras embajadas y artículos
-periodísticos, nos están poniendo por esos mundos, cual dirían
-conservadores, si estuvieran en el poder los liberales.
-
-En vano es que de cuando en cuando, la contaduría de aquí procure
-endulzarnos tanta amarga píldora, copiando algún artículo ó sueltecillo
-de las contadurías de por ahí. Todos sabemos á qué atenernos, y el
-público hace de ellos el mismo caso que de los desacreditados reclamos
-teatrales cuando anuncian después de un fracaso en parecidos términos:
-Cada día es más aplaudida la obra tal, estrenada con tan extraordinario
-éxito. Aligeradas algunas escenas, suprimidos varios números de música,
-más seguros los actores en sus papeles y corregidas las deficiencias en
-decorado y vestuario, las representaciones se cuentan por llenos. En
-vista de tan extraordinario éxito, la empresa ha acordado rebajar el
-precio de las localidades.
-
-Una cosa así, salvo la rebaja, vienen á ser esos sueltos, soltados
-por algún amable periódico europeo, con los que se ufanan nuestros
-gobernantes, como se ufana el que soltó una paloma mensajera, al verla
-regresar con toda felicidad al palomar de procedencia.
-
-Entre tanto, vuelan á su antojo aves de rapiña; aves de mal agüero y
-toda clase de «canards».
-
-Siempre fué prudente regla de conducta lavar en casa la ropa sucia;
-ahora nos hemos vuelto rumbosos y la damos á lavar fuera, y como está
-algo pasadita, van á dejarnos sin tener que ponernos, como no sea
-un conservador atrás y un neo _alante_; traje poco á propósito para
-presentarnos en la buena sociedad europea.
-
-Los franceses, sobre todo, se exceden en demostrarnos su buena amistad.
-Están seguros de que no hemos de enfadarnos. Tenemos allí, para
-corresponderles con agradecimiento, á la flor de nuestra aristocracia y
-de nuestra elegancia, veraneando en Biarritz y vistiéndose en Bayona.
-
-En España no hay donde veranear á gusto. San Sebastián es demasiado
-ciudad para vida de veraneo, y las pequeñas playas carecen de todo
-«confort»... Es posible; pero, ¿faltan veraneantes porque faltan
-comodidades, ó faltan comodidades porque faltan veraneantes? San
-Sebastián y Biarritz no improvisaron hoteles, villas y casinos en
-espera de gente; fué la gente, prefiriendo esos, que eran pueblos de
-pescadores, y pasando por mil incomodidades en los primeros años, la
-que fué dando vida y comodidad á esos pueblos. Como ellos hay muchos en
-España, que pudieran rivalizar con las playas francesas y con la única
-de moda en España. Claro está que es más cómodo encontrarse con todo
-hecho y bien dispuesto que pasar fatigas y molestias de descubridores
-y colonizadores. Pero, ¡señoras y señores míos! El patriotismo no debe
-mostrarse sólo en caso de guerra, hay un patriotismo de la paz, tal vez
-más difícil y menos brillante, que consiste en una porción de pequeños
-sacrificios por parte de todos; pequeños sacrificios que hacen á las
-naciones grandes.
-
-Esos pequeños sacrificios, no tan penosos como labrar surcos, partir
-piedras ó sepultarse en minas, consisten para las clases pudientes
-y directoras en bien poco; en vestir algo más cursi unos cuantos
-años con lo de casa, para enriquecer á la industria y al comercio
-nacionales, y llegar á vestir con lujo y con gusto, sin necesidad de
-acudir para ello á Bayona y otras grandes capitales extranjeras; en
-conformarse con veranear modestamente en un modesto pueblecillo, para
-que vaya prosperando, y al cabo de unos años nada tenga que envidiar
-á esas encantadoras playas francesas; en aburrirse por algún tiempo
-benévolamente, como saben aburrirse los grandes señores, con nuestros
-novelistas, con nuestros autores dramáticos, con nuestros músicos, con
-nuestro pobre, pero bien intencionado arte, para que, animados nuestros
-modestos artistas con nuestra benevolencia, lleguen á sentirse grandes
-y capaces de producir grandes obras.
-
-Todo esto y algo más, por este orden, supone pequeñas molestias,
-ocultos sacrificios que no hallarán eco en las crónicas de sociedad
-ni harán figurar tanto nuestros nombres como las listas de las
-suscripciones benéficas y patrióticas. ¡Es tan fácil ser generoso y
-magnánimo y valiente, cuando todos nos miran! Lo difícil es serlo
-humildes y callados, en el anónimo de una obra donde sólo se lea un
-nombre: Patria.
-
- * * * * *
-
-Todos los días y en los sitios más céntricos, saluda uno ó procura _no_
-saludar, aunque en Madrid á nada compromete el saludo, á conocidos
-carteristas, estafadores, _chanteurs_, jugadores de ventaja, etc. etc.;
-el que más y el que menos con una docena de causas pendientes y todos
-ellos paseándose en la más dulce libertad y sin desatender los negocios
-de su profesión, mediante fianza pecuniaria ó personal, prestada por
-algún conocido tabernero.
-
-Estas facilidades no rezan con el escritor procesado por delitos de
-pluma, que no fué falsificadora. Á éste no se le excusan rigores ni
-molestias. ¡Suprema voluptuosidad de unos Nerones de poquito!
-
-No están los tiempos para hacer de tigres y se contentan con ser
-chinches. Porque toda esa rigurosidad, cuando en la conciencia de
-todos está que, por muy excepcionales que sean las circunstancias,
-no puede ser delito un mes al año, lo que no debe serlo nunca, no
-pasa de ser... chinchorrerías. Gusto de poder decir á cuatro amigos,
-frotándose las manos de gusto: Para que vean cómo las gastamos. ¡Que se
-fastidien!
-
-Sí que saben ustedes fastidiar, pero ¡si ustedes vieran que no es por
-eso!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXI
-
-
-Impacientes por recibir una ovación, los autores de la obra
-representada, con mejor éxito para la interpretación que para la obra,
-han querido aprovechar un aplauso arrancado por los intérpretes, para
-dar la obra por terminada; cuando en realidad, sólo estábamos en un
-final de acto. Ya nos disponíamos todos á regocijarnos con el fin de
-fiesta, cuando por orden superior ha vuelto á levantarse el telón con
-gran descontento de algunos impacientes. Todo por no haber rehusado
-modestamente los autores, aplausos prematuros, como es uso y costumbre,
-con la consabida fórmula: Los autores suplican al público reserve su
-juicio hasta la terminación de la obra. ¡Poco seguros deben de estar
-de su éxito personal, cuando tales impaciencias revelan! Gracias á que
-el público es bonachón de suyo y está ya resignado á todo, pero no
-es bueno jugar con él á este tira y afloja, porque cuando menos se
-espere, pudiera tirar las butacas al escenario.
-
-Todos confiamos en que el éxito será brillante, aunque la obra no dé
-grandes rendimientos. Pero aquí se trabaja por el arte. Cuando todo
-esté apaciguado, nosotros sostendremos un ejército de ocupación,
-los ingleses y los franceses explotarán las minas, y los alemanes
-explotarán á todos, vendiéndoles sus géneros. Nuestros capitalistas
-continuarán prestando al Estado y á los particulares en buenas
-condiciones, los trabajadores continuarán emigrando y no hacia el Rif,
-precisamente, porque serán tan torpes que no se habrán dado cuenta
-todavía de que nuestro porvenir está en África, como dijo la buena
-reina Isabel la Católica, que no sabemos por qué empeñaría sus joyas
-para descubrir América.
-
-Está visto que nuestra historia es una lamentable serie de
-equivocaciones, y mientras apuntamos al pájaro que está en el aire,
-dejamos escapar al que teníamos en la jaula.
-
- * * * * *
-
-Las _sufragitas_ de Londres son unas fieras y no reparan en gasto
-ni sacrificio para salirse con la suya. Encarceladas las más
-recalcitrantes, decidieron dejarse morir de hambre, para que su muerte
-pesara siempre sobre la conciencia de los hombres, sus perseguidores,
-políticos, se entiende, que de perseguirlas en otro orden de ideas, no
-serían ellas las que se dejaran morir de hambre.
-
-Ello es que los médicos y empleados de la cárcel, se vieron precisados
-á violentarlas--en el mejor sentido de la palabra,--echándolas de comer
-como quien ceba pollos. Y ahora ellas protestan como un solo hombre
-contra ese atropello en tan mala forma. ¡Si el atropello hubiera sido
-integral! Lo que dirán ellas: No sólo de pan vive el hombre, y la mujer
-mucho menos. Pero el hombre es bárbaro y tiránico hasta cuando quiere
-ser compasivo. Las atraca para no dejarlas morir de hambre material
-y grosera, y no repara en otros ayunos más espirituales, que acaso,
-remediados á tiempo, hubieran evitado la excitación política de esas
-denodadas mujeres. Pero el hombre, bárbaro y tiránico para esos ayunos
-espirituales, sólo tiene una despectiva frase: Á falta de pan buenas
-son tortas. Y esto lo saben bien las _sufragitas_.
-
-Y ¿por qué no conceder á las mujeres todos los derechos, civiles y
-políticos? Aunque ellas con uno solo se contentarían y mejor si era de
-los civiles.
-
- * * * * *
-
-Como los teatros serios aun no han inaugurado su temporada, y los
-semiserios ofrecen tan pocas novedades, el público llena los salones
-de _varietés_. Por poco dinero se siente uno sultán de un sin fin
-de odaliscas dispuestas á divertirle con danzas y canciones. Cierto
-que las hay del tiempo de Muley el Abbas, pero con las luces y el
-colorete, y considerando la eternidad del tiempo, aún dan su golpe.
-¡Ojalá!--pensarán algunos de los contemporáneos al contemplarlas--que
-uno pudiera darlo lo mismo.
-
-Los estudiantes, recién llegados para emprender sus tareas del curso,
-acuden presurosos á iniciarse en los placeres de estos paraísos
-artificiales, y desde luego empiezan á tomar apuntes.
-
-Los tangos y los garrotines se suceden, y lo que es peor, se parecen.
-La juventud relincha y patea, la formalidad se congestiona, los
-acomodadores están pálidos y ojerosos. Las odaliscas se deshacen por
-complacer al público, y lo mismo sonríen á un aplauso que á una
-grosería; allí todo es lo mismo. Lo que ellas dirán, parodiando al
-torero: Mas grosera es el hambre.
-
-Alguna vez pasa una ráfaga de belleza ó de arte, y el público guarda
-respetuosa compostura. Para que el público respete hay que empezar
-por respetarle... pero en seguida vuelve el garrotín, vuelve el
-tango, vuelve la canción grosera y las patadas y los dicharachos, y
-un matrimonio de burgués aspecto que, sin duda, entró allí por ver de
-todo, se levanta antes de que termine el espectáculo y sale presuroso.
-
---Ese señor se lleva á su señora. ¡Si no la trajera á estos sitios!
-
---Pero, ¿usted cree?--dice otro mejor informado.--Si es ella la que le
-trae á él, y es ella la que se le lleva... Y es un matrimonio que se
-lleva muy bien.
-
---Ya lo creo. Aplicado así el _cine_ es un espectáculo moralizador y
-reconstituyente.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXII
-
-
-Hay algo más triste para el escritor que no ser leído: ser
-mal interpretado. Un anónimo comunicante, persona de gran
-inteligencia--esto no lo encubre el anónimo,--me censura por no mostrar
-grandes entusiasmos bélicos. Con la lectura de anteriores artículos
-podrá convencerse de lo contrario. Fuí de los primeros en censurar
-el _sanchopancismo_ que huye de las aventuras como del agua fría
-gato escaldado. ¡Sí, que soy yo autoridad para burlarme del espíritu
-aventurero, cuando casi no me queda por correr más aventura que la de
-meterme fraile! Todos los peligros y contingencias que mi comunicante,
-con gran acierto, preveía para España de no haber aceptado la guerra
-del Rif, son para mí evidentes, y siento no poder publicar su carta,
-pues, sobre todo en lo que se refiere á la cuestión de Cataluña, es de
-una clarividencia profética.
-
-Lo que yo lamentaba no es la guerra, sino la ineficacia de sus
-resultados. Nos falta idealismo del mejor, que es el idealismo
-práctico. Triunfaremos en el Rif con las armas y no triunfaremos con
-el espíritu, y sin él todas las ametralladoras, escuadras y soldados
-del mundo son inútiles. Después que las armas y la sangre vertida nos
-hayan abierto el camino, ¿irá allí el dinero que duerme en nuestros
-Bancos, esperando la buena hipoteca ó el buen empréstito que venga á
-despertarlo? ¿Irá nuestra industria? ¿Irá nuestro comercio? Lo difícil
-no es emprender, sino persistir. Delante Don Quijote
-
- con su adarga al brazo todo fantasía;
- con su lanza en ristre, todo corazón,
-
-como canta Rubén Darío; pero detrás Sancho, con sus buenas alforjas y
-su manso rucio, á gobernar las ínsulas ganadas por su amo, con buen
-juicio y mejor sentido. Y ¡quiera Dios que algún Tirteafuera de por
-esos mundos diplomáticos no deje caer su varita privativa al primer
-bocado! Por lo demás, muy agradecido á mi comunicante por su cortés
-misiva.
-
- * * * * *
-
-Hay quien reniega de toda blandura con el enemigo y pide guerra de
-exterminio. ¿Exterminio de qué? Porque no es tan fácil exterminar una
-raza, y exterminarla á medias es dar vida perdurable al odio, y medio
-pueblo con odio vale por un pueblo entero.
-
-Los ejemplos históricos de la guerra sin cuartel no son de lo más
-convincente. Todavía sirve para espantar muchachos el recuerdo del
-duque de Alba en los Países Bajos; pero, ¿son independientes? Los
-rigores de algún general en provincias españolas, ¿han servido de algo?
-Recientes sucesos son la mejor respuesta. En Argelia y en Casablanca
-los franceses, y los ingleses en sus posesiones y en la última guerra
-del Transvaal, después de los primeros furores, ¿no tuvieron que
-pastelear dulcemente, como cualquier hijo de vecino?
-
-Dejemos el espíritu inquisitorial, único que hemos paseado por el
-mundo y así nos ha lucido el pelo. Dejemos de ser el país de las
-intransigencias feroces, donde no es raro oir, como oí yo á un buen
-señor, poseído de la mayor indignación.
-
---¡Quite usted! Al que hace eso, yo le mataba. Y ¿saben ustedes lo que
-hacía quien así se indignaba? Añadir un poco de agua á media jícara de
-chocolate. Figúrense ustedes; si á tan inocente porquería señalaba
-tan terrible pena en su código particular, ¿qué no sería en más graves
-asuntos? Yo salí aterrado del establecimiento lugar de la escena.
-
- * * * * *
-
-_Chantecler_, el más cacareante gallo de todos los gallos tapados,
-se apresta á la pelea. Las butacas para la _première_ se cotizan á
-cien francos.--Hay _premières_ de más importancia que no se cotizan
-tan alto; verdad que luego se encarece el precio en sucesivas
-representaciones.--Esta reflexión es de una _cocotte_, celosa de
-Rostand. Los palcos están _hors de prix_.
-
-De los Estados Unidos encargan localidades por lo que sea. Los que
-de mejor ó peor fe hacen el reclamo, y los que con absoluta buena fe
-protestan contra el reclamo, hablan de lo mismo y todo es reclamo. No
-parece sino que ese gallo es el mismísimo gallo de la Galia, que no
-cantó nunca más sonoro ni desde Vercingitorix á Napoleón el Grande, ni
-desde Ronsard á Víctor Hugo.
-
-Todo esto sería ridículo si no fuera simpático. No es de Rostand ni de
-su obra de lo que se trata, para los franceses, es de la supremacía
-del Arte francés, que ellos, con noble aspiración, quieren sobreponer
-al del mundo entero. Algo parecido á lo que hacemos aquí con el nuestro.
-
-Apenas alguno de nuestros escritores viaja por el mundo ó le piden
-noticias de otros escritores españoles (hay algunas excepciones), se
-arrea un formidable bombo á sí mismo, y á los demás los deja como para
-que nadie quiera saber de ellos. Así lee uno tan peregrinas cosas en
-esos libros de hispanófilos, al través de los cuales no es difícil
-descubrir al Pájaro Pinto ó Ninfa Egeria que apuntó nombres y adjetivos.
-
-Hay quien se cartea con medio mundo por el gusto de desacreditar al
-otro medio. De las obras de nuestros autores no se sabrá mucho por
-tierras extranjeras, pero de si Fulano maltrata á su señora y atormenta
-á sus niños, y si Mengano estuvo complicado en un escalo, eso, como en
-casa.
-
-Así es, que al primer escritor español que visita á un escritor
-extranjero, se le recibe con agrado; pero cuando llega el segundo...
-encierra la plata. El primero dejó preparado el terreno á los demás, y,
-para que no cupiera duda de sus afirmaciones, se llevó unas cucharas.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXIII
-
-
-Perdonen los jóvenes autores, que por varios periódicos y
-particularmente me han enviado una carta abierta, mi tardanza en
-contestarles. Falta de salud, no de buena voluntad, ha sido culpable de
-mi descortesía.
-
-Cuenten ustedes con que no han de hallar en mi respuesta ni desdenes ni
-adulaciones. Tienen ustedes mucha razón de su parte, pero no toda la
-razón; por lo menos, en los medios que quisieran ustedes emplear para
-imponerla.
-
-Aun las dificultades para darse á conocer un autor son muchas, no lo
-niego, y no pretenderé consolarles con la consideración de que son
-ahora mucho menores que en mis tiempos, con el recuerdo de luchas y
-amarguras propias, con el sinnúmero de obras que yo hube de escribir
-antes de lograr que se representara una, no la mejor, de las que tenía
-escritas, que alguna fué después también representada con mejor éxito
-que la primera. Todo esto que digo pudiera ser consuelo, pero no
-remedio, y como dice Brabancio en «Otelo»: Nunca se curaron heridas
-del corazón con emplastos para los oídos. Ustedes hablan por su
-herida y es justo acudir á ella con algún remedio práctico. Este sólo
-puede consistir en buena voluntad por parte de todos; de ustedes en
-primer término, trabajando con fe, con entusiasmo, sin desmayar por
-la primera, ni la segunda, ni muchas obras rechazadas. Todo llega á
-su hora, cuando debe llegar. ¡Si ustedes supieran cuántas veces me he
-alegrado después de no haber empezado demasiado pronto!
-
-Las empresas, dicen ustedes, no admiten obras de los desconocidos;
-desconfían de ellas. No obstante, en estos cuatro ó cinco años últimos
-ha aumentado la lista de autores seguramente en doble número que en
-cualquier período anterior de veinte años. Esto prueba mayor fecundidad
-ó mayor consumo; de cualquier modo, mas facilidades. Las empresas no
-temen tanto los fracasos posibles como los falsos éxitos. He aquí
-la plaga que todos debemos combatir. Los estrenos con el teatro
-lleno de amigos y abarrotado de _claque_; la crítica abrumada de
-recomendaciones. Nuestra crítica es con exceso benévola; de ahí que
-alguna, vez, cuando deja de serlo, parezca injusta. El público, cansado
-ya de ver obras muy aplaudidas y muy celebradas que no corresponden á
-sus esperanzas, acaba por no acudir ni á los estrenos como la firma del
-autor no le dé alguna garantía. Teatro ha habido que bien pudo poner en
-sus puertas: «Cerrado por éxitos». Todas las obras eran ovacionadas y
-ninguna daba dos reales. Esto hace á las empresas huir de los estrenos
-y preferir el repertorio, de no contar con obras de alguna garantía,
-siquiera para que el público acuda al estreno. Hay autores que se
-contentan con esta _gloriola_ del parecer y no ser, y salen á escena
-tan satisfechos, sabiendo que todo el teatro ha sido regalado por ellos
-y que las críticas ó sencillas gacetillas del día siguiente les ha
-costado mas pasos y mas recomendaciones que trabajo les costó componer
-la obra.
-
-Y ¡pobre empresario si ante el vacío de los días siguientes se decide
-á retirar la obra!--¡Cómo! ¡Un éxito de público y de prensa! ¡Y la
-obra tal que fué pateada sigue en el cartel todavía!--¿Qué quiere
-usted?--protesta el empresario.--La gente viene á verla.--Ellos no
-comprenden que de un pateo del público verdadero pueda salir una obra
-con más vida que de los aplausos de un público amañado.
-
-Verdad en los estrenos; equidad en la crítica. He aquí la mejor
-garantía para las empresas. Limítese el número de billetes de autor,
-suprímase la _claque_, si es posible, y déjense de recomendaciones para
-la crítica. ¡Una friolera! Dirán ustedes. No es tan difícil el remedio.
-Bastaría con que la Sociedad de Autores publicara el ingreso verdad de
-cada estreno y las empresas el número de localidades regaladas. Á mí no
-me duelen prendas.
-
-Ya es más difícil y atentatorio á la libertad de los empresarios,
-dueños de un negocio, imponerles la obligación de estrenar ó de no
-estrenar obras de determinados autores. En primer lugar, ¿dónde
-empieza, y sobre todo, dónde y cuándo acaba lo que ustedes llaman
-_firmas_? Y suponiendo que los autores se dividieran en categorías y
-solo pudieran estrenar en los teatros de categoría correspondiente,
-¿cómo impedir las representaciones de obras del repertorio, que serían
-obstáculo á los noveles, lo mismo que los estrenos de _firmas_?
-
-No puede decirse tampoco que éstas han abusado de un perfecto derecho
-á estrenar en los _cines_. Ni podrá suponerse que ha sido por idea
-de lucro. Cualquiera de las obras estrenadas en ellos, en teatros de
-mayor categoría les hubiera producido cuatro veces más en menor número
-de representaciones. Estoy seguro de que algunos de estos escritores
-de firma no han llevado más idea que la de complacer á un empresario
-ó á un actor amigo; la de favorecer con la mejor voluntad á un género
-de teatros populares que merece toda simpatía. Es injusto acusar de
-egoísmo ni de pretensiones de monopolios á estos autores. Cada uno de
-ellos recomienda por lo menos cinco ó seis obras de autores noveles por
-temporada.
-
-Mucho más diría á mis amables y simpáticos comunicantes si no temiera
-entrar en particularidades poco interesantes para el público.
-
-Tengo mucho gusto en ponerme á su disposición para hablar más
-largamente de este asunto y perdonen si la contestación no fué del todo
-á gusto suyo. Ya empecé diciendo que no hallarían en ella ni desdenes
-ni adulaciones.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXIV
-
-
-Si en España no pensara una el bayo y otra el que lo ensilla, y el
-bayo mejor que el palafrenero, en poco hubiera estado no tener nuestro
-poquito de asunto _Dreyfus_, con su guerra civil _ideal_, al grito de
-¡Patria, patria! de una parte, y de otra al de ¡Humanidad, humanidad!
-Por fortuna, ó por desgracia, no hay asunto que nos interese más de
-cuatro días, y á las cuestiones ideales se sobreponen las personales,
-que son las que más nos preocupan. Todo cede ante el interés de los
-nuevos nombramientos. La designación de un gobernador importa más que
-nada; dentro de poco las elecciones, y vamos viviendo.
-
-En el extranjero, aunque en apariencia parezca un disfavor, nos hacen
-el favor todavía de juzgarnos fanáticos luchadores por las ideas... Sí,
-sí; ¡buenas ideas nos dé Dios! ¡Personas, personas y personas! como
-diría Hamlet, si hubiera nacido español. Somos realistas, en el sentido
-filosófico de la palabra. Aquí las personas no son símbolo de nada,
-sino de su persona misma. Se dirá que hay pocas personas capaces de
-elevarse hasta el símbolo. Pero, no; son creyentes los que faltan, no
-son santos. Con un poco de devoción no es difícil levantar altares.
-
-Ahora, digamos: ¿Por qué siendo el pueblo más indiferente en todo, en
-Religión, en Política, en Arte, nos damos traza para parecer á los
-extraños un pueblo intolerante y fanático? ¿Es todo desconocimiento
-de los extranjeros, ó no habrá algo de culpa por nuestra parte? Esto
-es lo que debe interesarnos más que todos los dimes y diretes de
-casa y de fuera de casa. ¿Por qué somos una cosa y parecemos otra? Ó
-¿es que nosotros mismos no nos damos cuenta de lo que somos ni de lo
-que parecemos? Es lo que importa averiguar. Nada más triste que la
-inconsciencia para los pueblos y para las personas. Fanáticos por una
-idea, tuerta ó derecha, todavía podemos parecer grandes; inconscientes
-de todas, sólo podemos parecer ridículos.
-
- * * * * *
-
-¿Quién había de decirnos, pocos días antes que, en esta próxima
-conmemoración de los difuntos, nuestro más fervoroso responso
-sería por el partido conservador? ¡No somos nada! Á bien que los
-conservadores podrán consolarse con la idea de que en este país no se
-puede ser cosa mejor que difunto. Por algo, entre nosotros, tiene su
-conmemoración tanto de fiesta pagana, con su bulliciosa visita á los
-cementerios, el vistoso adorno de sepulturas, sus buñuelos de viento
-y sus representaciones del «Tenorio», á modo de auto sacramental, más
-regocijado que severo. Tierra de un glorioso pasado, nuestro mayor
-consuelo está en los muertos. Hay quien llora todavía por Felipe II, y
-quien suspira por no haber conocido á Doña Juana la Loca.
-
-Al político joven y bien intencionado se le abruma con el recuerdo de
-Cisneros, y al escritor novel se le aplasta con la balumba de nuestra
-literatura clásica. Inútil escribir después de Cervantes; vano esfuerzo
-pintar después de Velázquez.
-
-Lo que puede uno hacer de más provecho es... hacerse el muerto.
-Esto es lo que acaso no comprende el partido conservador, que ahora
-quiere mostrarse más _vivo_ que nunca. ¡Gran desconocimiento de sus
-intereses! La agitación de tantos años de mando no puede por menos de
-haber alterado su organismo. Nada mejor que el reposo y el silencio.
-Es el mejor sistema curativo para la neurastenia. Crean en mi consejo
-desinteresado: cuanto más quietecitos y más muertos parezcan, más
-pronto lograrán nuestra admiración. Los vivos molestan á todo el
-mundo. Los muertos sirven para que medio mundo moleste al otro medio,
-recordando las virtudes de los difuntos. Procuren sacar todo el partido
-posible de su papel de muertos, que es el más airoso en esta tierra de
-los recuerdos... y de los olvidos fáciles. Ellos deben saber mejor que
-nadie cómo una corona de difunto puede convertirse en aureola.
-
- * * * * *
-
-Entre todos los personajes de nuestro teatro ninguno despierta tanta
-simpatía como Don Juan Tenorio. Ningún otro podría soportar la
-periódica reaparición con tanta seguridad de aplauso. ¡Es tan español
-este Don Juan, de Zorrilla, de quien hay que creer en empresas y
-amoríos, más por lo que dice que por lo que hace, como á casi todos
-nuestros políticos!
-
-Y de un pueblo que adora á Don Juan, ¿no podrá decirse como á él mismo
-su amada: «Con Don Juan te salvarás ó te perderás con él?» Confiemos,
-como Don Juan, en la infinita misericordia divina que le abrió las
-puertas del cielo, no por sus acciones, seguramente, sino por los
-bellos versos en que supo decirlas. ¿Por qué no han de pesar tanto en
-la justicia divina las bellas palabras como las buenas obras?
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXV
-
-
-Quien llamó á París _Cabotin ville_ ¡vaya si supo ponerle nombre! Todo
-en ella reviste aspecto teatral, y no es extraño que los comediantes de
-París sean, si no los más artistas, los más actores del mundo; porque
-en todo parisién hay un comediante nato, y en toda parisiense ¡no se
-diga!
-
-El proceso Steinheil es en estos comienzos de temporada, la
-pieza de mejor éxito, y lo será, por lo menos, hasta el estreno
-de _Chanteclair_. Sólo Rostand puede competir con esa admirable
-artista hembra, que es á la vez autora y actriz en la interesante
-obra representada. Hay que convenir en que cuenta con inteligentes
-_partenaires_ para darle la réplica, y el público, por su parte,
-interviniendo en la acción, como el coro en la tragedia griega,
-contribuye á sostener el interés de la enredada trama, que para sí
-quisieran todos los escritores _rocambolistas_ y _sherlockholmistas_
-que en el mundo han sido.
-
-Difícil será para los magistrados desenlazar la obra á gusto de todos,
-y de condenar á la protagonista, todos podrán exclamar con ella misma,
-y con mayor razón que Nerón: ¡Qué artista pierde el mundo! He ahí
-una mujer que no pudo ó no supo acertar con su camino. En el teatro
-hubiera llegado á _socia_ de la Comedia Francesa. No le hubiera servido
-de poco, aparte las condiciones artísticas, su mano izquierda... ó
-su derecha ¡vaya usted á saber! con personajes políticos de talla.
-Obligada á emplear sus condiciones dramáticas en la vida, quizás el fin
-de su carrera sea lo más desastroso.
-
-Eso sí; lo de _socia_ no se lo quita nadie, y de la mejor sociedad.
-
-De lo que han sido privadas las elegantes, con el rigorismo del
-presidente no permitiendo la entrada á las señoras, es de saber á
-qué atenerse respecto al último figurín para vistas de procesos
-sensacionales ¡Cuánta exquisita _toilette_, dispuesta para la ocasión,
-habrá quedado en esos roperos! ¡Infeliz señora; tan odiada por unos,
-tan compadecida por otros... y tan envidiada por todos!... Porque
-¡vaya si se ha divertido en este mundo! Y eso será lo que acaso no la
-perdonen, aunque su inocencia quedara demostrada.
-
- * * * * *
-
-Supongamos que en cualquier parte del mundo se hubiera estrenado una
-obra póstuma de tan gran artista como el maestro Chapí, y así hubiera
-sido esa obra--y no lo es ésta--lo mas endeble é insignificante, ¡con
-qué respeto no hubiera asistido el público á la representación! El
-nuestro no lo entiende de esa manera y dió un lamentable espectáculo
-en el estreno de _El diablo con faldas_. Y eso con una obra que era
-de su agrado. Y es que esos _cines_ del garrotín y de la machicha
-son grandes centros de cultura, y hay espectador que si no berrea y
-patea y relincha y suelta cuatro palabrotas, se figura que no se ha
-divertido, y cuando asiste á otros espectáculos cambia de lugar, pero
-no de costumbres. Si el glorioso músico español, que tanto padeció
-en vida de esas irrespetuosidades de nuestro público, pudo, desde la
-región _donde asiste eternamente_, contemplar el estreno de su última
-obra, ¡qué satisfacción la suya haber abandonado este pequeño mundo!
-Cuando espera todavía la iniciativa para erigir un monumento que
-dé testimonio á la posteridad, no de su gloria, pero sí de nuestra
-gratitud, ¡pateo, protestas, groserías!... ¿Es que ya no se perdona la
-gloria ni á los muertos?
-
- * * * * *
-
-Yo, que este año me sentía un poco muerto, con tantos honores. ¡Hay
-años felices! Un teatro con mi nombre. Ustedes no saben el efecto que
-produce ir por la calle y oir de pronto á unos señores que dicen:
-¿Vamos á Benavente esta noche? ó ¿Qué _echan_ hoy en Benavente? Yo
-procuro, por no hincharme de vanidad, suponer que se refieren á
-Benavente, provincia de Zamora; pero... vamos, me siento cadáver.
-
-Además, mi retrato en el saloncillo del teatro Español. Gracias mil á
-sus amables directores; gracias también á Juan Antonio Benlliure, y
-más agradecido á todos, si ya que, por aquello de «los últimos serán
-los primeros», se acordaron de mí para anticiparme en vida este honor,
-no tardan en aumentar la galería con otros retratos que allí faltan,
-y que yo soy el primero en echar de menos, y mucho más cuando el mío
-sobra--Sellés, Galdós, Dicenta,--y sólo nombro á los que son anteriores
-por orden cronológico en la historia del Teatro Español. Sólo en la
-seguridad de que más se atendió á facilidades de ejecución, por mis
-muchas desocupaciones, puedo aceptar una primacía que de ningún modo
-me corresponde. Y si alguien lo juzga falsa modestia, no sabe que yo
-tengo una vanidad tan grande que está por encima de esas vanidades. Yo
-quisiera ser cien veces mejor autor dramático de lo que soy, y ser, sin
-embargo, el peor de todos entre cien autores más que honran el Teatro
-Español. ¡España sobre todo y sobre todos!
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXVI
-
-
-El sentido moral indignado sería muy respetable si se indignara á
-tiempo y con absoluta justicia. Por ejemplo: con tantos malos maridos
-y peores padres como andan por todas las esferas sociales; con el
-que vive á costa de su mujer ó de la ajena; con el que no repara en
-transmitir á sus hijos dolorosa herencia de enfermedades, por lograr
-su bienestar con un matrimonio conveniente; con el funcionario torpe
-ó prevaricador; con el adulterador de substancias alimenticias; con
-el usurero sin entrañas; con el explotador sin conciencia... En todos
-éstos podía emplearse mejor esa indignación derrochada por ligeros
-indicios contra mujeres indefensas, siempre respetables. La descortesía
-masculina sería disculpa en este caso, y en otros parecidos, de lo
-mismo que con ella pensaban castigar. Si así son los hombres, se
-comprende que toda mujer de sentimientos delicados procure evitarlos.
-De estas cosas, como de la influencia clerical en el espíritu de las
-mujeres, como de todos sus extravíos, tiene siempre la culpa el hombre,
-por su grosería ó por su indiferencia. La mujer necesita una fe, un
-apoyo, una creencia en algo, humano ó divino. Si el hombre renuncia á
-ser el sacerdote de su casa, en doctrina y en ejemplo, ¿cómo impedir
-que la mujer acuda á otros altares, paganos ó cristianos? La mujer
-que acude al hombre de su cariño en demanda de ayuda y consejo y le
-oye contestar desalmado: «¡Déjame en paz! ¿Qué entiendo yo de eso?
-¡Cosas de mujeres!» ¿No se sentirá desligada de él para siempre, por el
-corazón y por la inteligencia? «¡Gran cosa es entender un alma!»--dijo
-Santa Teresa.--Mientras los hombres ignoren el alma de la mujer,
-¿pueden quejarse de que ella busque ser entendida? Por algo la Iglesia
-católica, gran conocedora de la psicología femenina, viste con traje
-talar á sus ministros. Sabe que sus mejores conquistas espirituales
-son las de las mujeres que llegan desengañadas de los pantalones.
-El confesor no dice nunca como el marido: «¿Qué entiendo yo de eso?
-¡Cosas de mujeres!» El entiende de todo. Por eso domina sobre nuestras
-mujeres. No le culpen los hombres, ni las culpen á ellas; cúlpense á
-sí mismos, y no se quejen de que el sacerdote llegue á ser padre de
-familia, cuando ellos no supieron ser los sacerdotes de su casa.
-
- * * * * *
-
-De todos los problemas que deben solicitar la atención de nuestros
-gobiernos, ninguno tan urgente, tan necesario como el aumento de
-sueldos. Existe una desproporción monstruosa entre el aumento de
-necesidades en la vida moderna y la mezquindad de los sueldos; aun
-los que parecen más excesivos por comparación con los inferiores. No
-hay derecho á exigir solicitud, diligencia, ni siquiera honradez, á
-servidores que carecen de lo necesario y han de aparentar lo superfluo.
-
-Y mientras tan urgente resolución alcance á todos, me dirijo á la
-noble inteligencia y al gran corazón del nuevo director de Correos,
-señor Francos Rodríguez: ¿No cree de justicia--no he de invocar la
-compasión con tan recto espíritu--el aumento de retribución á los
-peatones de Correos, verdaderos parias entre los servidores del Estado?
-Todo el que haya residido algún tiempo en lugares donde estos humildes
-depositarios de tantos intereses prestan sus penosos servicios,
-sentirán que nada más justo ni más urgente. Y después... ¿olvidarán á
-los maestros y á toda esa clase media burocrática, tan desdeñada, que
-nunca se declaró en huelga, ni alarmó con manifestaciones, ni tiene su
-Primero de Mayo, ni sus sociedades de resistencia, ni una lujosa casa
-donde congregarse?
-
-Los gobiernos, demasiado preocupados con los que pueden hacer alarde
-de fuerza, se preocupan muy poco de los que sólo pueden hacer alarde
-de debilidad. Es preciso fortalecerlos, siquiera para contar con
-aliados el día de la gran batalla; porque al chocar de dos fuerzas
-contrarias y poderosas, nadie sabe lo que puede influir de un lado ó de
-otro la indiferencia de los neutrales que, cruzados de brazos, con la
-impasibilidad de la desesperación, exclamen: «¿Y á mí, qué?» Hay que
-procurar que todos tengan un por qué para luchar por algo.
-
- * * * * *
-
-El pueblo madrileño no ha podido demostrar sus simpatías al pueblo
-hermano en la representación visible de su monarca. Comprendo la
-difícil situación de un gobierno que, si peca de confiado, puede
-incurrir en grandes responsabilidades, y si peca de previsor desagrada
-á todos, quizás á los mismos con tan excesiva solicitud guardados.
-Los tiempos no están para excesivas confianzas; acaso tampoco para
-excesivos recelos. Lo mejor en estos casos es dejar algo en manos de
-Dios, ya que los ojos de la policía no pueden estar en todo, y algo
-también al corazón del pueblo, que siempre responde á toda confianza, y
-á quien siempre ofende todo recelo.
-
-¡Triste cosa es que el temor á un loco ó á un malvado haya impedido al
-rey de Portugal conocer al pueblo madrileño! En cambio habrá conocido
-mejor nuestra política. Cuando tantas precauciones hay que tomar--se
-habrá dicho,--no hay duda, por aquí ha pasado un Juan Franco. En
-efecto, señor. Esperemos que vuestra majestad vuelva á visitarnos
-cuando ni en España ni en Portugal quede sombra de estas pesadillas.
-Sólo en los pueblos verdaderamente libres pueden pasear los reyes
-libremente. Ahora os lo podrá decir el rey Eduardo.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXVII
-
-
-¿Se acaba la guerra? ¿No se acaba? ¿Se acabó ya? Todo hace esperar y
-creer que sí; sólo algunos espectadores del antiguo régimen echan de
-menos un final de efecto; alguna gran batalla decisiva; una apoteosis
-con bengalas y desfile general, como en zarzuela de espectáculo. No
-tienen en cuenta que la guerra moderna no admite esos finales de efecto
-preparado. Ya no son posibles caballos de Troya, buen cuadro final de
-una empeñada guerra; ni el asolamiento de ciudades y reinos, ni la
-cautividad de pueblos enteros. Hay que contentarse con un desenlace
-modesto, y es de notar que ahora les parece poca guerra á muchos de
-los que antes les pareció demasiada, y hubieran renunciado á todo
-por no vernos metidos en aventuras. No á ganar más, sino á conservar
-lo ganado debemos aspirar todos, y á que la gloriosa sangre vertida
-no sea infecunda, y esa será la mayor gloria de los que sucumbieron.
-Señores capitalistas españoles: ya que no sea todavía ley el servicio
-obligatorio para vuestros hijos, se impone el servicio obligatorio para
-vuestro dinero.
-
- * * * * *
-
-De ser cierto lo que se murmura, el solar de la Zarzuela viene á
-ser como símbolo del solar de España. De una parte, los autores y
-músicos españoles pretenden reivindicar su dominio, como de propia
-casa solariega; de otra parte, una poderosa Compañía de electricidad,
-símbolo de la ciencia y de la vida modernas, pretende hacerlo suyo, y,
-por último, otra poderosa compañía, símbolo de obscurantismo, según
-muchos--aunque no es tan negro el cuervo como sus alas, y si de cerca
-se advierte, más que de cuervo tiene de cuco el pájaro,--aspira también
-á levantar una de sus mansiones, que algunos verían complacidos, como
-monumento expiatorio. ¿Quién vencerá? ¿El Arte? ¿La Ciencia? ¿La ola
-negra? ¡Admirable asunto para un poema simbólico! Me recuerda la
-explicación que daba un pintor, de más colores que luces, á la alegoría
-de un gran techo pintado por él, en un edificio consagrado á la
-enseñanza: «De una parte los murciélagos del obscurantismo, huyendo de
-la luz; de la otra, los papagayos de la libertad, _personificando_ el
-descubrimiento de América».
-
-Debemos desear que, en esta lucha de Compañías, triunfe la que
-representa el Arte lírico español, más necesitado que nadie de templos,
-y, á no poder ser otra cosa, de capillas en que ofrecerle culto. Las
-Compañías de electricidad no necesitan un sitio céntrico; las otras,
-menos; tienen un público fiel que va á buscarlas, aunque sea al
-extrarradio. Todos sus parroquianos tienen coche propio y automóvil.
-
- * * * * *
-
-En la _Carmen_, de Merimée, como en la ópera de Bizet, inspirada en la
-novela, se sobreponen la pasión y la vida; verdad humana, á la verdad
-local; que, en este caso, debiera ser española y lo mismo pudiera ser
-japonesa, como en la _Butterfly_, de Puccini.
-
-Esta funesta Carmen, con el contoneo de sus caderas, sus toreros,
-sus contrabandistas, sus trabucos y sus navajas, ha sido la mayor
-contribuyente á la representación de esa España de pandereta, tan
-impresa en el extranjero, que nos señala como un pueblo aparte de
-Europa.
-
-Una gran artista española se atiene, en la interpretación de Carmen,
-á la verdad del novelista y del músico. Es el deber de todo artista
-intérprete. La Carmen de Merimée y de Bizet es ésa. La mujer española,
-la andaluza en particular... ¿Son así? De ningún modo. Justamente
-en España, la mujer meridional es mucho más reservada, más casta en
-sus manifestaciones amorosas, que la mujer del Norte. Ninguna menos
-provocativa, como no sea por su propia belleza, que la mujer andaluza;
-ninguna que, aun muy bajo caída, guarde siempre más esquivos pudores.
-
-Yo he visto bailadoras sevillanas que, en sus momentos de reposo,
-evocaban más el recuerdo de las vírgenes de Murillo que el de la Carmen
-de Merimée.
-
-El baile andaluz, el verdadero baile andaluz, no el adulterado por
-escenarios franceses y españoles, es de un ritmo sacerdotal, religioso;
-como Romero Torres, pintor artista, lo representó en uno de sus cuadros.
-
-_Carmen_ es una calumnia más del extranjero. Un tipo de mujer que los
-franceses no debieron buscar en España para darle más realidad. Mucho
-más parecido á Mad. Steinheil, sin ir más lejos, que á cualquier mujer
-española. Pero, en fin, digamos como el duque de Glocester en el _Rey
-Lear_: «No he de sentir desliz que dió tan buen fruto». Por admirar á
-una gran artista española, tan admirable intérprete de esa calumnia,
-démosla por bien empleada.
-
- * * * * *
-
-Á propósito del _Rey Lear_. ¿No le parece á Enrique Borrás, único
-primer actor que _llena la escena de actor_, como en sus tiempos
-Valero, Rafael Calvo y Antonio Vico, que nos debe una interpretación
-de la tragedia de Shakespeare? Hay que agrandar y que engrandecer
-ese repertorio. Tan extraordinarias condiciones de actor no pueden
-limitarse al repertorio catalán; ni siquiera al castellano:
-Shakespeare, Ibsen, esperan su intérprete en la escena española.
-Ninguno como Enrique Borrás puede acometer esa empresa, que es de
-Arte... y de dinero.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXVIII
-
-
-La Réjane, propietaria y empresaria del teatro que lleva su nombre,
-cansada de ver fracasar obras y obras, excepto _Raffles_, en que ella
-no tenía papel--otra contrariedad, capaz de entristecer el mejor éxito
-á una actriz directora,--ha discurrido convocar á la crítica, durante
-los primeros ensayos de las obras, para atender todos sus juicios y
-observaciones, y poder, con tiempo, reformar las comedias de acuerdo
-con ellos. De este modo, la obra sería de los críticos más que del
-autor, y, naturalmente, no habrían de meterse con ella al estrenarse.
-La crisis del teatro francés, acostumbrado á dominar en todo el mundo,
-es tan notoria, que empresarios y autores no saben como defenderse,
-y es natural que la Réjane, mujer inteligente, crea haber dado con
-la mejor solución. Pero, suponiendo que toda la crítica, ó una gran
-mayoría, por lo menos, fuera de una misma opinión respecto á las
-reformas, ¿no faltaría siempre el fallo inapelable del público, más
-que espectador, colaborador insustituíble en toda obra dramática?
-Difícil es explicar la causa: la psicología de las multitudes aún no se
-ha estudiado bastante; pero ¡es tan distinto el efecto de una comedia
-en la lectura ó ante un limitado auditorio, al que produce la misma
-comedia ante un público numeroso! Aun los que ya creyeron más seguro un
-juicio en el primer caso, sienten que la impresión es distinta, y no
-pueden substraerse á la influencia del público. En la lectura, en los
-ensayos, más que el efecto total de la obra, se aprecian el detalle, la
-finura de los trazos y de la observación. En las representaciones, todo
-esto se pierde, se funde en el conjunto, y el brochazo parece finísima
-pincelada, y la caricatura retrato, y lo más fuera de juicio, lo más
-encajado y, en cambio, primores de diálogos, sutilezas de observación,
-pasan inadvertidas.
-
-Sucede muchas veces con las comedias como con algunas telas, que por el
-revés tienen mejor vista, y es lo mejor que puede sucederles, porque
-lo cierto es que el público siempre ve el revés de las comedias. Por
-eso, el autor hábil debe cuidar el tejido de las dos caras: la una, de
-esmerado dibujo; la otra, de llamativos colorines.
-
- * * * * *
-
-Por los teatros madrileños han causado la natural alarma no sé qué
-nuevas disposiciones de la autoridad, que amenazan complicar la ya
-difícil marcha de los negocios teatrales. Son las tales disposiciones,
-á lo que se dice, de lo más arbitrario é injusto que darse puede, y
-las empresas, muy cargadas de razón, se aprestan á protestar contra
-ellas. Si no es que, dada la buena armonía que entre ellas reina, y la
-natural y española satisfacción de quedarse sin los dos ojos por el
-gusto de ver al vecino tuerto, no les lleva á pasar por todo, como en
-otros asuntos que les interesan: las representaciones de tarde, por
-ejemplo, en el extranjero teatro Real, que nunca estuvieron permitidas,
-con excepción de las fiestas de Navidad, y que tanto perjudican á los
-teatros nacionales.
-
-¡Dichoso país éste, en que gozamos de una Constitución y de Códigos
-que parecen garantizar todas las libertades y derechos individuales,
-para que después, cualquier tiranuelo de monterilla, entre ordenanzas,
-bandos y reglamentos de policía, deje Constitución y Códigos, derechos
-y libertades como para limpiarse las narices!
-
-Trátase, según parece, con este nuevo atropello, de reglamentar el
-número de localidades que han de venderse en contaduría y las que han
-de venderse en despacho; del precio y sobreprecio que ha de fijarse en
-días de moda ó de estreno. Como si cada uno, y tratándose de algo que
-no es artículo de primera ni aun de última necesidad, como el teatro,
-no fuera dueño en su casa, de vender cuándo, cómo y á quién mejor le
-parezca.
-
-Pero siempre fué achaque de nuestros gobernantes, altos y bajos,
-gobernar á gusto de sus amigos. Llega á casa de uno de ellos una señora
-amiga, muy sofocada:--¡Lo que pasa en este Madrid no pasa en ninguna
-parte!--¿Qué es ello?--le pregunta el señor de autoridad--Figúrese
-usted que yo quería ir esta noche al estreno de... ó á la inauguración
-ó á lo que sea. Mando esta mañana por localidades, y me dicen que
-no queda ninguna. ¿Ha visto usted qué abuso?--¡Escandaloso! ¡Esas
-empresas abusan del público! ¡Habráse visto! ¡Vender todo el teatro!
-Hay que poner orden en ello.
-
-Y ¡cataplúm!, al día siguiente _ukase_ á rajatabla para que á la buena
-amiga no vuelva á sucederle lo de quedarse sin billetes á la hora
-que le acomode ir por ellos. Las felicitaciones de los amigos bastan
-á compensar al señor autoridad de las pestes y maldiciones de los
-molestados por sus sabias y bien meditadas disposiciones.
-
-Como no se puede dar gusto á todo el mundo, es natural que se prefiera
-contentar á los amigos. Bien vale la pena de que los empresarios,
-pudiendo vender sus localidades anticipadamente, tengan la galantería
-de reservarlas para que, cuando á la buena señora amiga se le ocurra ir
-al teatro, tenga dónde escoger.
-
- * * * * *
-
-El divino Emperador de Alemania, en su deseo de fomentar por todos los
-medios la cría y reproducción de sus súbditos, se compromete á ser
-padrino del octavo hijo que se digne tener cualquier matrimonial pareja
-de su Imperio. ¿Cómo han de oponerse sus leales súbditos á tan amable
-«Creced y multiplicaos», de tanta fuerza como el divino precepto? Ya me
-figuro á los matrimonios alemanes empeñados en esta especie de juego
-de la siete y media ó la treinta y una. Cuando una señora, cansada ya
-de juego tan poco divertido para ella, se atreva á decir con cuatro
-ó cinco: «¡Me planto!» Su marido replicará furioso: «¡Cómo! ¿Vas á
-plantarte en tan buen punto?» Carta, señora. ¡Hay que abatir con ocho!
-¡Cualquiera renuncia al honor de llamar compadre al Emperador!
-
-Estas naciones montadas militarmente, y en las que todo ha de estar
-montado por el mismo orden, son un puro contrasentido. Por un lado,
-prohiben á los jóvenes contraer matrimonio mientras están sujetos
-al servicio militar; prohiben el matrimonio de los subalternos y
-dificultan el de los oficiales hasta cierta graduación y cierto sueldo.
-Y por otra parte, todo es achuchar á los ciudadanos pacíficos para
-que no se paralice la producción de soldados. ¡Cualquiera entiende el
-lío! Hay que contar también con que, ocupados en el servicio militar
-los campesinos más jóvenes y vigorosos, la producción de las tierras
-decrece, y hay menos probabilidades de que los recién nacidos puedan
-traer un pan debajo del brazo. Pero, ¿qué importa? Con que traigan
-brazos para coger el fusil de mayores, el Emperador se da por
-contento. Antes que en el campo de batalla hay que vencer al enemigo
-en lo que Góngora llamó «campo de pluma». Esto es lo que se llama
-la Nación armada, en paz y en guerra. ¡Oh! ¡Felices los matrimonios
-alemanes que, cuando ya estén más disgustados de la vida matrimonial,
-todavía continuaran en buenas relaciones con el consuelo y la
-satisfacción de complacer á su Emperador!
-
-Lo que decía aquel matrimonio que fué al teatro con sus chicos:
-«Nosotros no nos divertimos nada, pero los niños se han reído mucho».
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XXXIX
-
-
-La vida de sociedad, lánguida en otoño, estación de parada, renace
-con los rigores del invierno. Los turnos de moda en el Real, en la
-Princesa, en la Comedia, resplandecen de lujo y de elegancia. Para
-los que van y vuelven en coche, de los teatros y reuniones, Madrid es
-alegre. Para los noctámbulos callejeros hay algo más entre cielo y
-tierra de lo que suelen decirnos los revisteros de salones.
-
-La Escalerilla, los soportales de la Plaza Mayor, las puertas cocheras
-de calles poco frecuentadas, tienen también un público de abonados á
-diario: el público de todos los inviernos. Evocan horrores de campo de
-batalla los cuerpos tendidos, amontonados; y ¿qué son, sino bajas en la
-batalla de la vida? Unas por inutilidad física, otras por inutilidad
-moral; irredimibles muchos; algunos, tal vez, capaces de redención. Una
-noche y otra pasamos indiferentes ante ellos, porque las preocupaciones
-propias no dejan lugar á preocuparnos por los demás. Alguna vez,
-una clara espiritual nos predispone á la compasión, y dejamos unas
-monedas que alivian el frío y el hambre de una noche; pero ¡son tantas
-y tan largas las noches del invierno! Procuramos tranquilizar nuestra
-conciencia ó nuestro miedo, considerando la ineficacia de nuestra
-compasión individual. Las autoridades no debieran consentir esto,
-decimos, y todos asienten. ¡Es un horror!
-
-Las autoridades, en efecto, empiezan á preocuparse al principio de
-todos los inviernos, y siguen preocupándose hasta la primavera.
-
-Unos cuantos beneficios, unas cuantas raciones de sopa distribuídas,
-nos permiten creer que hemos hecho todo lo humanamente posible.
-¡Siempre ha de haber pobres y ricos! ¡Ese es el mundo!
-
-Hay asilos de noche; pero esa gente, sin duda temerosa de dar la cara á
-luz alguna, prefiere dormir á la intemperie. Ama la libertad con todos
-sus rigores. Tal vez sí; pero téngase también en cuenta que los asilos
-están todos en barrios extremos, y mucha de esa gente, que vive de las
-sobras del lujo, tiene sus negocios en el centro, y no le conviene
-alejarse tanto si ha de acudir, desde muy temprano, á sus empleos y
-negocios.
-
-Un asilo en cada distrito sería algo más práctico y más á vista de los
-ricos, que con mayor solicitud podrían acudir con mucho de lo que sobra
-en sus casas.
-
-Hay, lo sabemos, entre esa gente miserable, muchos indignos de
-compasión; si alguien puede ser indigno de compasión, y si el llegar
-á ese extremo, no fuera mayor motivo de ser compadecido. Pero ¿y los
-niños? ¿Qué culpa puede haber en los niños? Y mientras haya uno, uno
-solo que duerma al aire frío en estas noches crueles de invierno, ¿no
-es verdad que no tenemos derecho á vivir tranquilos, ni á llamarnos
-cristianos, ni á creernos civilizados?
-
- * * * * *
-
-Eduardo Marquina, el admirable poeta, no debe dejarse seducir por
-los que vuelvan á decirle, con el mejor deseo: Hay que hacer teatro,
-usted es un gran poeta, pero le falta á usted picardía teatral. ¡Hay
-que tener picardía! Y cuenta que el consejo es de quien, alguna vez,
-también se dejó seducir por complacencias y cayó en el mismo pecado.
-
-Á su hermoso romancero histórico «Doña María la Brava» nada le falta,
-y si algo le sobra es, justamente, lo que más habrán celebrado en él
-gentes expertas en teatros; las picardías teatrales. Para triunfar le
-hubiera bastado el ambiente histórico, de romancero popular, la noble
-figura de Don Álvaro de Luna, ambicioso de guerrear contra los moros
-por su rey y por su Castilla, y obligado á contiendas civiles, sin
-provecho y sin gloria. ¡Qué hermoso y claro símbolo de España!
-
-¿Por qué prefirió el poeta interesarnos con amores y asesinatos
-misteriosos? Yo, menos que nadie, le culpo; sé lo que influye en el
-artista más seguro y consciente esa preocupación de que el teatro es
-una cosa aparte.
-
-Créame el admirable poeta Eduardo Marquina: no se deje influir nunca
-por los que dicen conocer al público. El público es como las mujeres,
-sólo ama á quien le domina, aunque por el pronto parezca inclinarse á
-quien le halaga. Pero un poeta como Marquina no debe contentarse con
-ser el amante de una noche, sino el esposo de toda una vida.
-
- * * * * *
-
-Cuando empresas y autores y público padecemos á tantas señoritas de
-mejor ó de peor familia, que sin figura, sin condición alguna, y hasta
-sin vocación, se dedican al teatro, bien merece un aplauso excepcional
-la que, sin necesitar del teatro para nada, le ofrece por verdadera
-vocación todos los prestigios de su figura, de su talento y de su
-nombre ilustre. El éxito de Anita Martos, en su presentación, es de los
-que permiten toda sinceridad sin ampararse de la galantería. Tenemos
-una excelente actriz, y cuantos se interesan por el Arte dramático
-deben alentarla y sostenerla, no con el público y con la crítica, que
-en esto, como César, llegó... la vieron y venció, sino con ella misma,
-para que no desmaye en el camino emprendido, que no es todo de flores,
-y quien tantas venturas puede lograr en la vida, no es difícil que á la
-primera contrariedad renuncie á las del Arte. Hagamos votos por que los
-suyos sean de verdadera profesión. El Arte es un divino señor que bien
-merece todo sacrificio.
-
- * * * * *
-
-_¿Quién disparó?_--Novela de Joaquín Belda--bien pudiera ser el
-_Quijote_ de las novelas policíacas, de las que Sherlock Holmes es algo
-así como el Amadís de Gaula.
-
-Decir que en la novela de Belda hay risa para todo el año, es decir
-muy poco; porque estamos á fines del de gracia de 1909. No conviene
-tampoco tal avidez de placeres desordenados; según están el mundo y
-la literatura, con unas horas de regocijo sano bien puede darse por
-contento el más asiduo lector de libros modernos. Sobre la risa,
-hallaréis por adehala, y, burla burlando, primores de estilo y hasta
-un poco de verdor; con que nada echaréis de menos de lo que cualquier
-novelista del día puede ofreceros por el mismo precio y sin la risa,
-que vale más que todo; que no es lo mismo reírse de un libro que reírse
-con un libro.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XL
-
-
-Á los que andábamos á gatas--primeros animalitos femeninos á los que
-acude el hombre en su vida--cuando Juana Granier estrenaba el famoso
-«Petit Duc» del Maestro Lecoq, no puede por menos de rejuvenecernos
-el saber que la graciosa «divette» aún se halla en condiciones de dar
-juego por esos mundos y de favorecer según unos, de perturbar según
-otros, las relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania.
-
-Las mujeres no pueden soportar los irreparables ultrajes del tiempo,
-como dijo el trágico, y no tienen razón para lamentarse. La mejor edad
-para las mujeres empieza á los cuarenta años. Recuérdese qué mujeres
-son las reinas de la moda, del arte y la galantería en París. Sarah,
-la inmortal Sarah, que á sus años, á sus años había de ser, representa
-á la «Pucelle» de Orleans muy á satisfacción del público; Mme. Bartet,
-la divina, que tampoco es de ayer por la tarde, y aún interpreta las
-ingenuas de Musset y la Antígona de Sófocles; Cecilia Sorel, algo más
-nuevecita, por comparación, por eso no representa damitas jóvenes,
-pero también con lo suyo, muy bien llevado, eso sí; la Réjane, á
-quien el divorcio ha rehecho una segunda juventud, y en otro orden de
-ideas recordemos á Carolina Otero, á Émilienne d'Alençon, á Colette
-Willy, ahora en dimes y diretes con su marido por un quítame allá esas
-colaboraciones, que tanto les han producido en uno y en otro género.
-La más elemental discreción impide citar ejemplos de casa. Pero aquí,
-como en Francia, como en el mundo todo, á excepción de los países
-salvajes, el «jamonismo» impera. Esto habla muy alto en favor de la
-espiritualidad masculina, que aprecia en más lo cultivado por el saber
-y la experiencia, que lo natural sin apresto. También puede significar
-ilusión de creerse ellos más niños al aprender que con enseñar. La
-mujer tiene más vocación docente que el hombre. Verdad es que no han
-fatigado tanto su inteligencia durante el día. Además, en el camino del
-amor, como por los caminos de la vida, es menos frecuente alcanzar al
-que nos lleva delantera en la misma dirección, que encontrarse con el
-que viene en dirección contraria. Y el que va con nosotros y adonde
-nosotros, ¿qué noticias puede darnos? En cambio, el que regresa puede
-darnos informes interesantes y provechosos.
-
- * * * * *
-
-Gómez Carrillo comenta, y me dedica sus comentarios, el nuevo «sport»
-á que se han entregado los elegantes de París. Novedad de retorno,
-como todas las novedades; porque en otros tiempos, cuando la fuerza
-física era plebeya y la cultura del espíritu noble--tiempos hubo en que
-fué todo lo contrario, y así va el mundo,--fueron muchos los grandes
-señores y damas aficionados á representar comedias. Luis XIV dignábase
-danzar en los intermedios de algunas farsas de Molière; María Antonieta
-representó, en lo más florido de su corte, «El matrimonio de Fígaro»,
-con una inconsciencia propia de una cabecita que había de truncar la
-guillotina; Catalina de Rusia tuvo un teatro en su palacio y dejó todo
-un repertorio de obras, si no escrito, á lo menos inspirado por ella.
-Claro es que entonces no hacían lucro los señores de sus gracias y de
-sus aficiones; como tampoco lo hacían de los productos de sus fincas y
-de sus tierras. Pero ahora, cuando escudos nobiliarios son el mejor
-anuncio de un vino ó de unas conservas, ¿por qué no ha de sacarse
-producto de todo?
-
-Dolencia del siglo es el «exhibicionismo». La prensa moderna, causa ó
-efecto de este gran impudor público, con sus informaciones íntimas,
-con sus fotograbados, con su persecución incesante de la actualidad
-en todas las esferas sociales, nos ha quitado á todos la «miaja» de
-vergüenza que nos hacía reservar ciertas gracias para el sagrado de
-la intimidad. Ahora, cuando la gran señora y el noble caballero saben
-que todo el mundo ha de saber si pintan, si esculpen, si representan
-comedias, si voltean sobre un caballo ó si hacen cuadros plásticos en
-familia, ¿por qué no solicitar directamente el aplauso y la admiración?
-Y como el dinero es la medida y tasa de todo, ¿cómo no buscar en el
-dinero la verdad de ese aplauso y de esa admiración?
-
-En los primeros momentos podrá perjudicar á los verdaderos artistas la
-invasión de los nobles actores, pero pronto vendrá el desengaño. El
-verdadero público no es adulador. Sabido es el caso de aquella dama de
-continuo celebrada de hermosa entre las hermosas por cuantos formaban
-su círculo, y como un día quiso probar el atractivo de su hermosura en
-lugar donde se cotiza sin galanterías, padeció el más cruel desengaño.
-Á todas las sacaban á bailar menos á ella. Al otro día despidió con
-cajas destempladas á todos sus adoradores. El público se encargará de
-desengañar á muchos de estos artistas, y si alguno triunfa con arte
-verdadero, ¡bien venido sea! Y aun los que destrozan las comedias...
-¡De todos modos habían de destrozarlas, con su charla y su crítica
-insustancial, desde sus palcos ó desde sus butacas. En el escenario,
-siquiera pueden aprender lo que cuesta divertir á un público. Algo
-más que disponer una comida ó una «soirée». Todos debiéramos ser un
-rato algo de todo. Una indulgencia y una tolerancia universal harían
-entonces del mundo un Paraíso; algo aburrido, eso sí, como todos los
-paraísos.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XLI
-
-
-Muy próxima la fecha en que ha de celebrarse en la República Argentina
-el Centenario de su Independencia, no se advierte, en las esferas
-oficiales ni en las particulares, señal alguna de preparativos
-para la representación lucida de España en tan señalada fiesta.
-Desdicha es que siempre cuidados propios nos impidan estar con toda
-tranquilidad de espíritu y holgura de bolsillo necesarias para asistir
-á fiestas ajenas; pero pocas veces, como en esta ocasión, era preciso
-sobreponerse á todo y hacer lo que se debe; aunque se debiera lo que se
-hiciese, como dijo el clásico.
-
-Cuando tan traída y tan llevada anda nuestra reputación por esos
-mundos, era más urgente demostrar á todos que la vida política no es
-toda la vida española. Nuestra industria y nuestro arte pueden hacer un
-brillante papel en la Argentina; pero de nada servirá algún esfuerzo
-y algún alarde aislados sin la iniciativa y la protección oficiales.
-Queda poco tiempo; no hay que malgastarlo en nombrar comisiones.
-Piensen todos que sobre la América española, toda Europa y América
-del Norte tienen puestos sus ojos y sus manos, y entre todos tienden
-á desespañolizarla. Hasta ahora tuvimos en los naturales la mejor
-defensa. Pero ¿vamos á pedirles que sean más papistas que el Papa? Si
-nosotros, que tenemos allí mucho en qué comerciar y mucho que explotar,
-no nos acordamos de ellos, ¿van ellos á acordarse de nosotros, si para
-nada nos necesitan?
-
-El que España figure dignamente, á costa de todos los sacrificios, en
-el Centenario de la Independencia argentina, es de un interés del que
-no se han dado cuenta nuestros gobiernos. Algo más importante que unas
-elecciones.
-
- * * * * *
-
-Hoy empezará sus representaciones el «Teatro para los niños». Nada diré
-de sus principios, por tener yo tanta parte en ellos. Otros autores
-vendrán después que justifiquen el elogio. Por ahora, baste con alabar
-la intención y agradecer á la compañía del teatro y á su director,
-Fernando Porredón, el entusiasmo, la fe ciega, el desinterés absoluto,
-puestos al servicio de la idea. En compañías de pretensiones y en
-empresas de fuste no es tan fácil encontrar todo eso.
-
-No se aspira á la perfección, ni mucho menos; es un ensayo, un modesto
-ensayo de un teatro en que los niños no oirán ni verán nada que pueda
-empañar la limpidez de su corazón ni de su inteligencia. No saldrán de
-allí con adquisiciones preciosas en su vocabulario, como «la vértiga»,
-«la órdiga» y otras expresiones. No se iniciarán en los encantos del
-garrotín y del molinete.
-
-Si la idea fracasara y yo tuviera la conciencia de que no era por culpa
-mía ni de cuantos han de ayudar y servir en la empresa, hago voto
-solemne de escribir, en desagravio de mi error y agravio del ajeno,
-«Una cachunda» de gran espectáculo, que dedicaré á cuantas y á cuantos
-se lamentan de la inmoralidad en el teatro.
-
- * * * * *
-
-En Alemania, tan atenta á la reproducción y á la cría de la raza
-humana, se proyecta una ley encaminada á su selección, impidiendo
-contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades
-hereditarias ó incurables.
-
-En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el
-cultivo ó el cruce, en las especies vegetales y animales sólo al hombre
-se le permite la más inculta espontaneidad en su reproducción.
-
-El «fetiche» de la espiritualidad del amor--espiritualidad que es sólo
-una coquetería más del celo--ha impedido hasta ahora la intervención de
-la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados.
-
-El remedio no será todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera
-de la ley, justamente, queda siempre el más vasto campo al amor, y
-¡cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podrá conseguirse ¿Otro
-remedio más eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas
-consideraciones sobre este asunto. Algún día las expondré con entera
-libertad en un libro ó folleto, ó lo que salga, con espanto de muchos,
-como todas las verdades.
-
- * * * * *
-
-Oído en el día de las últimas elecciones para concejales:
-
-Un cochero de punto ve pasar desde su pescante á un compañero, fuera de
-servicio y algo apuntado de bebida.
-
---¡Eh! ¿Estás de fiesta? ¿Adonde vas?
-
---¡Á votar!
-
---¡Á votar, tú! ¿Á quién?
-
---¿Á quién ha de ser? Á los socialistas; á los hijos del trabajo... ¡Yo
-soy también un hijo del trabajo! Sólo que yo estoy reñido con mi padre.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- XLII
-
-
-Ya pareció Maese Reparos; y ¿cómo pudiera faltar? Con motivo de la
-inauguración del Teatro para los niños, hay quien advierte que los
-niños están mejor en el campo que en el teatro. ¿De veras? ¿Creen
-ustedes que yo lo había puesto en duda por un momento? Sólo que...
-¿Campo en Madrid y en invierno? Yo sólo creía que, dado el egoísmo de
-ciertos padres, incapaces de privarse de un espectáculo impropio de
-niños y capaces de llevarlos al teatro, lo mismo á un terrible drama
-con su buen adulterio, que á una comedia de malas costumbres, que á una
-chulería del género chico, donde nada bueno pueden oir los muchachos,
-siempre sería preferible que existiera un teatro en que, aunque por
-sistema no se moralice, nada se oiga al menos que pueda manchar, esta
-es la palabra, el espíritu de los niños.
-
-No es que yo considere ese teatro como remedio de todos los males;
-supongamos que es un mal menor: ya será algo. Pero, francamente, de eso
-á que unos cuantos señores, á quienes nunca se les ocurrió protestar
-por ver á los niños en otros teatros, nos vengan ahora con la monserga
-del campo y del aire puro, á propósito del Teatro para los niños, hay
-la distancia del criticarlo todo al hacer algo, aunque sea poco. Yo
-no me considero un héroe ni un bienhechor de la humanidad por haber
-patrocinado ese teatro, pero tampoco es para que se me considere como
-un malhechor. Con menos trabajo y menos entusiasmo, un par de piezas
-sicalípticas me dejarían más en limpio. ¡Bello país! ¡Cuántas veces
-hubiera uno emigrado si no hubiera uno aprendido á despreciar desde muy
-joven!
-
- * * * * *
-
-¡Vaya si está vidriosa nuestra moralidad! La gente se ha indignado
-mucho con un torero que fué ídolo de una tarde--¡cómo le gustan á
-Madrid los ídolos de un día!--por creerle culpable del suicidio de una
-señorita mejicana. Nunca he creído en el poder de seducción de los
-hombres, que, por lo regular, siempre predican á convencidas; pero en
-este caso, y según referencias, mucho menos. La señorita había mostrado
-grandes deseos de conocer al torero; la señorita aceptó una invitación
-para asistir á una juerga, y la señorita... se llamó después á engaño.
-¡Caramba con la señorita!
-
-Siempre es bueno recordar aquellos versos del maestro Tirso de Molina:
-
- «Yo aseguro,
- si como echa á galeras la justicia
- los forzados, echara las forzadas...
- que hubiera menos, y esas más honradas.»
-
- * * * * *
-
-El que ha ido bien despachado en las oraciones fúnebres ha sido el rey
-Leopoldo de Bélgica. Si por historia puede tenerse el juicio apasionado
-de los contemporáneos, no ha sido tardío para él el fallo de la
-historia.
-
-Y ¿por qué tanto rigor? Por enamorado. ¡Bah! Hubo muchos grandes
-reyes que lo fueron mucho más y con mayor escándalo. ¿Por explotador
-del Congo? ¡Ah! ¿Será Inglaterra la que pueda arrojarle la primera
-piedra? ¿Por administrador prudente de su capital? Pues qué, ¿no hemos
-censurado mil veces á los reyes pródigos y dilapidadores? ¿En qué
-quedamos? El papel de rey se va poniendo muy difícil. Lo cierto es
-que Bélgica ha prosperado bajo su reinado en industria, en comercio,
-en arte, y que el buen Leopoldo no merecía tanta severidad de los
-contemporáneos. Por fortuna, la historia tiene sus modas, y ya se sabe
-que cada cinco años las grandes figuras pasan á ser insignificantes,
-y viceversa. Hoy es moda presentar á Nerón como un monstruo, y mañana
-como á un excelente hombre. Un día escribe Voltaire su «Pucelle
-d'Orleans» con regocijo de todos, y á la vuelta de unos años se la
-canoniza. Todos hemos conocido estas alternativas de la historia con
-Don Pedro el Cruel, con Felipe II, con Isabel la Católica y otras
-grandes figuras, tan pronto admirables como despreciadas. En algo
-han de entretenerse los historiadores. Siempre hay nuevos documentos
-para la historia. Es natural. Pregunten ustedes por cualquiera de sus
-más íntimos amigos á su portero, á su criado, á otros amigos, á sus
-acreedores, etc. ¡Verán ustedes qué distintas versiones de su vida y
-costumbres! Somos una serie de imágenes falsas y ridículas, como las
-múltiples fotografías de una vista cinematográfica. El pasar rápido por
-una luz poderosa es lo que puede darnos unidad y verosimilitud. ¡El
-cielo depare á los grandes hombres un buen manipulador!
-
-
- FIN
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte
-(de 5), by Jacinto Benavente
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS ***
-
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