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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte (de 5) - -Author: Jacinto Benavente - -Release Date: July 3, 2017 [EBook #55038] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - Notas del Transcriptor - -Se han respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Los errores obvios de puntuación y de imprenta se han corregido. - -El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_. - -El texto en letra versalita (versalilla) se ha sustituido por -mayúsculas. - -Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la -versión electrónica. - - * * * * * - - - - - De sobremesa - - CRÓNICAS - - _Segunda serie_ - - - - - Jacinto Benavente - - - De sobremesa - - CRÓNICAS - - - _SEGUNDA SERIE_ - - - MADRID - - LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ - - Puerta del Sol, 15 - - 1910 - - - - - ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS - - - MADRID.--Imprenta Española, calle del Olivar, 8 - - - - - [Ilustración] - - - - - De sobremesa. - - - - - I - - -EL señor ministro de la Gobernación ha propuesto el mejor remedio para -evitar conflictos en la Plaza de Toros; que el público se abstenga de -asistir á las corridas si tanto le disgustan. El remedio es excelente, -pero ya dijo el sabio que: Á trueque de quejarse, habían las desdichas -de buscarse. Y el gustazo de protestar nunca se paga bastante caro. -Tiene además, ese remedio, el peligro de caer el público en su -eficacia y en ese caso, bien pudiera dar en aplicarlo á otros muchos -espectáculos caros y malos, que él sostiene con su buen dinero. Pero ha -de comprenderse que lo de ver al público echarse al redondel, no puede -ser del gusto de ningún gobierno. Aunque bien pudieran pensar los -espectadores que siendo ellos los toreados, ningún sitio mejor que el -redondel les corresponde. - -Y á propósito de plazas de toros; los sombreros de señora van -alcanzando sus dimensiones. En Londres acaba de presentarse una actriz -con uno que mide un metro ochenta de diámetro, y sobre él se levantan -todavía culminantes dos magníficas plumas de avestruz, de sesenta -centímetros. Semejante edificio, por más señas es de color malva y -de las plumas, una azul y la otra «assortié» al sombrero. No hay que -decir si habrá causado sensación. Supongo que la obra en que se ha -presentado, llevará esta acotación: La escena representa un sombrero. -La moda es graciosa y en una mujer alta y de esbelto talle, esos -sombreros circundan como una gran flor la linda cabecita que parece -nimbada. Pero las mujeres bajas y rechonchillas deben evitarnos el -espectáculo de una monstruosa seta que anda. Por fortuna, nuestras -señoras, han sido las más dóciles en atender el ruego, más que la orden -de presentarse en los teatros sin sombrero. En otros países, donde -las mujeres se la dan más de «superhembras», ni ruegos, ni censuras, -ni órdenes, han podido apear los sombreros de su cabeza... Siempre -se dijo que cuando á una mujer se le pone una cosa en la cabeza, es -difícil quitársela. En este caso particular, las nuestras merecen los -mayores elogios. Nuestras mujeres son muy gobernables; no suelen ser de -oposición más que cuando sus maridos están en el gobierno: dígalo la -ley de asociaciones. - - * * * * * - -Menos mal; en la manifestación conmemorativa de la revolución de -Septiembre hubo algunas levitas de buen corte y algunos pantalones de -airosa caída y bastante camisa limpia... Menos mal, que de otro modo ya -hubiera salido á relucir lo de ¡Cuatro desarrapados! ¡Populacherías! -No, justamente la blusa--tan apreciada cuando vota con los gobiernos, -tan despreciada cuando se manifiesta en contra,--es la prenda más -retraída de manifestaciones liberales. ¡Pobre gente! Ha oído la voz -del taimado cocodrilo ¡Bebe quieto! Dejaos de libertades y de derechos -políticos; al pobre lo que le conviene es tener trabajo, dinero, lo -material, lo positivo... ustedes á lo suyo... Y el pobre, bastante -desagradecido con los que trajeron las libertades, gracias á las que -ha podido y podrá conquistar poco á poco algo de lo suyo, se cree hoy -más listo y más avisado, porque, como él dice: Á mí ya no me la da -nadie. No, ¡pobrecito!, te la dan los otros; que te hacen instrumento -suyo cuando les conviene... ¡Ah, pueblo, pueblo! Has vendido tu -primogenitura por un plato de lentejas. - - * * * * * - -Contra los pronósticos metereológicos teatrales, «La Nube» pasó sin la -menor protesta de los aludidos. Lo suponía; es gente que sabe con quién -ha de gastarse los cuartos y de la que dice: «Dame pan y llámame... -lo que quieras». Que la obra á más de haber sido aplaudida, es muy -plausible, por la valentía que supone en un autor empresario, ponerse -enfrente del público más decorativo y más saneado metálicamente, no -hay para qué decirlo. En cuanto á su eficacia, ya es más discutible. -En esta ocasión, como en otras, por ser más aparente van dirigidos -los ataques á lo que parece causa y no es sino efecto. Las nubes, de -cualquier género que sean, solo se forman en determinadas condiciones -atmosféricas. La patología social debe distinguir las enfermedades -sintomáticas de las esenciales y la nube, esa nube negra que -entenebrece el aire de España y parece causa de muchos males, es solo -efecto de ellos. No es ella la que tiene culpa de nuestro atraso, es -nuestro atraso el culpable de que la nube exista. Poco se consigue con -atacar al parásito si no se robustece la naturaleza que hace posible su -vida. Esos espíritus, dominados por la nube, lo serían del mismo modo -por la «cocotte» ó por la echadora de cartas ó por cualquier inventor -de la fabricación de diamantes. Nadie abrió jamás tienda de género -que nadie solicita. ¿Qué culpa tiene el fabricante de naipes de que -se juegue? Excelente es la obra de Ceferino Palencia, pero, créame el -distinguido autor, tantas veces aplaudido, la nube es algo, pero no es -todo. ¡Á los cascos, á los cascos! ¡Dejad las arboladuras! - - * * * * * - -En cuanto deja uno Madrid por algún tiempo y vuelve á pasear por -sus calles, cada día encuentra un teatro y una iglesia ó capilla de -nueva planta. Así dice un señor: «Yo no sé cómo en Madrid pueden -sostenerse tantos espectáculos». Pero hay público para todo. Como antes -al estanco, ya cada vecino puede permitirse la comodidad de ir al -teatro de la esquina. De este modo se establece cierta cordialidad de -relaciones entre los actores y su público. Ya que Madrid no llenaba los -teatros, los teatros han decidido llenar á Madrid. Y no hay duda que en -este caso, como con el anuncio prodigado, la sugestión triunfa... No -entrará usted en el primer teatro que se encuentra, pero al noveno ó -décimo, cae usted. Y una vez que se entró usted en uno, ya cae usted en -la manía coleccionista y acaba usted por recorrerlos todos. - -Es un error de los empresarios creer que tan formidable competencia -les perjudica. Cuanto mayor sea el número de teatros, más irán todos -ganando, aunque no sea más que en la comparación. Por malos que -parezcan algunos siempre hay otros peores. - - * * * * * - -Las reformas en la indumentaria de nuestro ejército, ha dado algo que -decir y más que murmurar. Hasta verlas realizadas no sabremos si en -ellas se ha atendido más á lo práctico que á lo estético ó viceversa. -Si fué á lo práctico, bien estará, si lo estético no padece. Si fué -á lo estético, quiera Marte y no pese á su amante Venus, diosa de la -belleza; que lo estético no sea tan alemán ó tan inglés ó tan japonés, -que al físico nacional le caiga malamente. - -Un uniforme puede ser elegante en un arrogante mocetón de una guardia -imperial, y sentarle desgarbado al airoso soldado español. La gorra de -plato, por ejemplo, necesita elevada estatura, que no es lo general -en nuestra raza. El soldado español es el más naturalmente elegante -del mundo, sin afectación, sin empaque; sería lastimoso que en estas -reformas no se hubiera tenido en cuenta lo que mas importa, el elemento -natural, la figura. Un ejército para ser verdaderamente nacional, debe -vestir «nacionalmente». ¿Hubiera estorbado algún artista, algún pintor -ilustre, en la comisión reformadora? Napoleón fué un genio militar, -pero también fué un gran maestro en estética. ¿Se figuran ustedes á -Napoleón con un gran casco ó con un gran morrión sobre su cabeza? ¿No -basta su inmortal sombrero para evocar toda su figura y todo su genio? - - * * * * * - -Á lo mejor recibo cartas de personas desconocidas para mí, cartas que -yo agradezco, porque suponen más atención de la que ello merece, á -estos ligeros apuntes semanales. Lo mismo á los que me celebran, porque -dije lo que ellos pensaban--¡qué fácil es agradar á los lectores cuando -se piensa lo mismo que ellos!--como á los que se indignan tal vez por -alguna de mis apreciaciones, les diré que, yo no pretendo sustentar -aquí doctrina de ninguna clase; que todo cuanto aquí digo es... -semanal, y muy bien pudiera decir lo contrario á la semana siguiente; -aunque no soy hombre de grandes contradicciones, acaso por no serlo -tampoco de grandes afirmaciones ni negaciones. - -Tengan unos y otros en cuenta, que todo esto no es más que charla -de sobremesa; que alguna vez estoy entre personas de confianza y -puedo decir lo que pienso, pero otras, me atengo á la opinión de los -comensales. Y ¿no eres tú siempre, lector amigo, el verdadero convidado -de piedra, con cubierto puesto siempre á la mesa de todo escritor? -¡Pues si tú no te aparecieras de cuando en cuando, aun habrías de -leer cosas que te agradaran ó te indignaran mucho más, según los -casos! Como Polonio aseguraba á Hamlet, de los cómicos, al temer si -no se atreverían á representar cierta comedia, también yo pudiera -decirte: Señor, como vos no os avergoncéis de oirla, ellos tampoco se -avergonzarán de representarla. - - * * * * * - -Este último viaje de nuestros reyes á Barcelona, tal vez haya sido -el más provechoso. La bella, la noble princesa inglesa, hoy reina de -España, sólo habrá podido juzgar desde aquí, que tal vez Cataluña -era una despoblada y lamentable Irlanda... ¡Tales eran sus quejas y -clamores! Al contemplar la riqueza y prosperidad de Barcelona, su -aspecto de gran ciudad europea, lo ameno de sus alrededores, que -no habla de tristezas ni abandonos, no podrá por menos de pensar, -que de Cataluña á Irlanda hay mucha distancia, y que, absolutista ó -parlamentario, monárquico ó republicano, no habrá padecido grandes -tiranías, ni grandes vejaciones, bajo ningún régimen de gobierno -nacional, región que entre todas las de España sobresale por adelantada -y por próspera. - -Mucho, no obstante, se han suavizado asperezas de allá, en estos -últimos tiempos. Bien está así, que de nada nos asustamos como que -puestos á pedir todos estamos en el mismo caso, sin salirnos de las -aspiraciones legítimas. En cuanto á la ley de jurisdicciones, la más -pronunciada arruga en el ceño catalanista... ¡Es tan fácil derogarla! -El legislador espartano no consignó en sus leyes pena alguna contra -el parricida; juzgó que en Esparta no había nadie capaz de cometer -ese delito. Cierto que los delitos que dieron razón á esta ley--que -no debió existir nunca en España, por el mismo motivo que aquella -otra en Esparta,--por su falta de grandeza y lo mezquino de sus -manifestaciones, tal vez no merecía mayor sanción que la de un agravio -á la buena educación y al buen gusto; que no otra cosa eran aquellas -caricaturas y aquellos dicharachos ofensivos para la patria y para el -ejército, su más alta y noble representación. - -Justamente, nuestro ejército tuvo siempre el más amplio espíritu -de tolerancia para admitir discusión sobre su organización, sobre -sus condiciones; no digamos sobre el pacifista antimilitarismo de -sociólogos y socialistas. Si dictadores hubo en España fueron civiles -ó clericales; al ejército se debe cuanta libertad gozamos, él fué -siempre freno de la reacción y acicate del progreso. Nada más injusto -que considerarle instrumento de tiranía. Y conste que no soy nada -militarista, que no soy de los que creen la guerra un mal necesario, -sino muy innecesario; de los que esperan y confían en que los ejércitos -serán en lo porvenir una decorativa policía internacional; pero esto -solo ha de conseguirse por el mismo ejército; por eso, en su bandera, -que aprendí á saludar desde niño, cuando aun no se acostumbraba en -España, no saludo sólo la bandera de la patria, sino la bandera futura -de ese ideal estado de paz, que sólo el ejército puede asegurarnos. - - * * * * * - -La distinguida escritora que firma con el risueño nombre de -«Colombine», propone en un artículo, publicado en «España Artística», -la fundación de un teatro para los niños. - -En España, ¡triste es decirlo!, no se sabe amar á los niños. Si no -hubiera otras pruebas, bastaría esta falta de una literatura y de un -arte dedicada á ellos. ¿Qué libros españoles pueden leer nuestros -niños? De la literatura clásica, ninguno. El «Quijote» es una obra de -desencanto, de desilusión, propia para la edad razonadora. Sería cruel -que los niños rieran con «Don Quijote», y más cruel que pensaran. De -los escritores modernos, tal vez Galdós, en la primera parte de sus -Episodios Nacionales, fué el único que escribió para los niños, sin -proponérselo; quizás, por lo mismo, con mayor acierto. - -Digo por lo mismo, porque los escritores que deliberadamente intentan -escribir para niños, suelen padecer el error de considerarlos demasiado -pueriles y se creen en el caso de puerilizar su espíritu. Por esto -las mejores obras para la infancia, son las que no fueron escritas -con intención de conquistarla. «Robinsón Crusoé», algunas novelas de -Dickens... En cambio, ¡cuánta ñoñería, cuánta bobada en muchos cuentos -y narraciones pensados y escritos especialmente para los niños, que no -pueden por menos de aburrirles! - -¡Un teatro para los niños! Sí, es preciso, tan preciso como un teatro -para el pueblo. ¡Ese otro niño grande, tan poco amado también y tan mal -entendido! - -Y en ese teatro, nada de ironías; la ironía, tan á propósito para -endulzar verdades agrias ó amargas á los poderosos de la tierra, que -de otro modo no consentirían en escucharlas, es criminal con los niños -y con el pueblo. Para ello, entusiasmo y fe y cantos de esperanza -llenos de poesía... - -Y nada de esa moral practicona, que á cada virtud ofrece su recompensa -y cada pecadillo su castigo; esa moral que convierte el mundo en una -distribución de premios y pudiera resumirse en un dístico por el estilo: - - No comáis melocotones - porque dan indigestiones. - -La verdadera moral del teatro consiste, en que, aun suponiendo que Yago -consumara su obra de perfidia, coronándose Dux de Venecia, sobre los -cadáveres de Otelo y Desdémona, no haya espectador que entre la suerte -de uno y otros no prefiera la de las víctimas sacrificadas á la del -triunfador glorioso. - -La verdadera moral esta sobre los premios y sobre los castigos, está -en lo mas hondo, en lo más íntimo de nosotros mismos, allí, donde está -Dios, siempre que queremos verle y oirle... Consiste en una limpieza -espiritual de la que solo nosotros gozamos. Nadie piensa al lavarse -todo su cuerpo en que ha de ir desnudo por la calle, se lava uno por -propia satisfacción y limpieza... Y aunque la ropa sea mala, va más -tranquilo el que así se ha lavado, que los que, muy bien vestidos, solo -se lavaron la cara y las manos. - -Esta moral es la que conviene al teatro y al arte dedicado á los niños -y al pueblo. - -La amable escritora cita mi nombre entre los de otros escritores que, -seguramente, no dejarán de escribir obras para ese teatro. Por mi -parte, ¡nunca con mayor ilusión, nunca también con mayor respeto á mi -público! - - [Ilustración] - - - - - II - - -Un periódico de la cascara dulce, ya sabemos cuáles son los de la -amarga, celebra determinadas obras de determinados escritores, por -juzgarlas aproximación á sus ideales. Tiene el buen sentido de no -cantar victoria definitiva. Con no tan buen sentido y en un artículo, -por lo menos indiscreto, otro periódico liberal muy significado, se -desata en denuestos contra los aludidos escritores y contra gran parte -de la juventud literaria, pluralizando de un modo lastimoso, pues bien -sabe el que escribió ese artículo, que eso de las casas de huéspedes -y sus cocidos indigestos--aparte de no ser delito imputable y menos -por un buen demócrata,--eso de los busca-dotes y del «Se alquila» -levantado no reza con la mayoría de los literatos de la actual hornada. -Eso de suponer á dos escritores poco menos que á punto de levantar -partida porque uno eligió por asunto de una novela episodios de las -guerras carlistas, y el otro presentó en el teatro á una hermana de -la Caridad, que no baila la machicha, es mostrar una intransigencia -indigna de espíritus que se juzgan por liberales. Yo no sé que mi -obra--«La fuerza bruta»,--sea distinta de otras muchas mías, como «Alma -triunfante», «Más fuerte que el amor», etc. Sé, en cambio, que en otras -muchas obras, en todas, no se me ha quedado por decir nada que deje -lugar á dudas sobre mi espíritu reaccionario. No así muchos autores -cucos, de los que sería difícil saber por sus obras lo que piensan de -lo divino y aun de lo humano. Si algún remordimiento escarabajea mi -conciencia artística, es haber sacrificado muchas veces el arte á la -predicación; pero en España... ¡hay que predicar tanto, y el teatro es -tan buen púlpito! - -Bien puedo exigir algo más de reflexión al que lanza excomuniones tan -de ligero. Ya sé que estas palabras escritas no lograrán convencerle, -á él que solo en la oratoria cree como fuerza persuasiva y abomina de -los que leemos cuartillas en vez de pronunciar discursos. Por eso, -todo lo fío de su elocuencia, ella sabrá persuadirle mejor que cuanto -yo escriba, de que fué injusto y de que fué ligero y que en momento -de alistar fuerzas, no es la mejor ocasión para restarlas, porque, -francamente, ¡hablar de libertad y negar libertad al arte, no es para -convencer ni á los convencidos, cuanto más á los desconfiados! - - * * * * * - -Y ahora... El juglar caminaba por la vida y vió pasar á los soldados; -marchaban á la guerra temerosos los bisoños; jóvenes, casi niños, -arrancados á todos sus amores; trazando ardides para medrar sin -peligro, los veteranos; todos ellos sin ardor y sin fe. El juglar, -al verlos, entonó una canción á la patria, á la guerra, y sobre los -soldados pasó con ala de fuego la visión de la gloria y sus corazones -despreciaron la muerte... - ---Ven con nosotros--dijeron al juglar...--Quien canta así la guerra -será buen soldado... - ---No--dijo el poeta.--En la batalla quizás sería el más cobarde. Supe -infundiros valor... No pidáis otra cosa...--Y el juglar quedó solo y -los soldados marcharon repitiendo las estrofas vibrantes de la canción -guerrera. - -Por el camino pasaron unos monjes; unos con otros murmuraban de asuntos -mundanos. - -El juglar entonó una canción religiosa, toda caridad, toda amor divino, -toda fe y esperanza. - -Los monjes miraban al cielo. - ---Ven con nosotros--dijeron al juglar,--serás gloria de nuestra orden y -de nuestra casa. - ---No--dijo el juglar,--hoy no; mañana volvería á dudar. En vez de -ejemplo tal vez fuera escándalo... - -Los monjes siguieron rezando y el juglar quedó solo. - -Y así pasaron trabajadores y jóvenes enamorados y cortejos de boda y -cortejos de duelo, y para todos tuvo el juglar canción adecuada y en -todo dejó la música de sus canciones y todos le dijeron: - ---Ven con nosotros, trabaja, ama, ríe, llora. - -Y él á todos dejó proseguir su camino y él siempre siguió solo... - ---No me pidáis que vaya con vosotros. Despreciadme ó amadme, pero -respetad mi libre canción, que solo sabe sentir y comprender vuestros -afanes, vuestros amores, vuestras alegrías y vuestras tristezas... - -¿No es la Venus de Milo la expresión más sublime del Arte, no tanto por -ser bella y por ser diosa, como por no tener brazos? - - * * * * * - -Los obreros inauguran su palacio, señal de poderío y de riquezas. -Ahora que el elogio pudiera parecer adulación, lo mejor que podemos -desear es que en ese palacio no entre nunca la lisonja cortesana, como -en los palacios de los reyes y los grandes señores; que por todas sus -puertas y ventanas llegue á todas horas la verdad, que esclarece el -pasado y muestra el porvenir como un camino seguro. ¡Y el porvenir!... -Las sombras son muchas. Acaso será como asegura Anatole France, en -su «Isla de los pingüinos», el anarquismo; acaso, después--como tras -la revolución francesa la reacción del Imperio,--será un socialismo -despótico, una absorción del individuo por el Estado, absoluta y -tiránica, pero después... será el verdadero socialismo, el socialismo -individualista, en el que nadie hablará de derechos, porque todos -comprenderán sus deberes; porque el bienestar de cada uno dependerá del -bienestar de todos y será el reino de Dios sobre la tierra; Dios, hijo -del hombre, el hombre mismo divinizado... ¿Cuando? No mañana, ni al -otro siglo, ni al otro... Muchos, muchos siglos, muchas vidas... ¿qué -importa? Será, y... ¿si no fuera? Basta creerlo. ¿No es la mejor verdad -la más bella mentira? - - * * * * * - -Todo está compensado en el mundo: Carreras vuelve al teatro de Apolo -y el señor obispo de Jaca se ausenta del Senado. No se juzgue la -comparación irreverente. Amenizar la vida es, según va el mundo de -triste, obra meritoria, ya sea en el teatro, ya en sesiones de Cortes. -¿No fué siempre la risa el mejor vehículo de las verdades? La risa es -la gran demoledora. Cuando se ríe de un asunto... asunto terminado. -Por algo todos preferimos dar que llorar á dar que reir. Que se nos -tome en serio ante todo. Perdonaremos la injuria, la calumnia, por -monstruosas que sean. Ya es suponernos grandeza si nos juzgan capaces -de grandes crímenes. Pero no perdonaremos nunca el ridículo. Llegaremos -á reconciliarnos con el que nos llamó ladrones ó asesinos, nunca -sinceramente con el que se permitió observar que nuestras corbatas eran -de mal gusto. - -Los oradores que cultivan la nota jocosa son siempre temibles para -las huestes políticas. La risa es rebelde á toda disciplina. Puede -resistirse impávido las más tremendas imprecaciones, pero la hilaridad -general... - -Lamentemos la decisión del señor obispo de Jaca. ¿Cuándo volverá á reir -el Senado? Y es que ya sólo las palabras sinceras tienen la virtud de -hacernos reir; por lo raras y por lo inútiles.--Es verdad, es verdad; -decimos todos... Y como es verdad, nos reímos mucho. - - * * * * * - -¿Si estaremos desengañados de todo los españoles que, lo que nunca ha -sucedido, á estas fechas todavía quedan billetes de Navidad en las -loterías? Es la bancarrota de la ilusión, mas triste que la bancarrota -de la ciencia, de que nos habló Brunetière. - -Poco á poco nos vamos haciendo trabajadores y formalitos. Verdad es -que los grandes capitalistas tienen otras loterías en que emplear su -dinero. Todos los billetes premiados. Caseros, arquitectos, maestros de -obras, con la Gran Vía; autores dramáticos y actores, con la fundación -del Teatro Nacional. ¡Esto es Jauja! ¿Quién quiere morirse? Sólo algún -adorador sin esperanzas de alguna tiple. La verdad es que, cuando todo -está tan caro, el amor inclusive, no debía permitirse la exhibición -de carne pecadora en esas especies de tablajerías que han llegado á -ser algunos escenarios. Es una crueldad ofrecer de continuo aperitivos -á los que no han de saciar después su apetito. No se puede jugar con -ninguna clase de hambre. Los escaparates de todo género son grandes -desmoralizadores. Á mí me da tanta pena ver á un golfo hambriento -extasiado ante el escaparate de Lhardy, como á una obrerilla ante el de -una joyería, como á un estudiante ó humilde empleado en su delantera -de anfiteatro, congestionado por un garrotín ó unas coplillas bien -salpimentadas... - -Estoy seguro de que la última visión de casi todos los suicidas es la -de algún escaparate deslumbrador, con sus luces eléctricas, brillantes -en la sombra devoradora de la eternidad, como la esperanza de un -Paraíso entreabierto. - - * * * * * - -De la Argentina, y escrita por un argentino, llega una historia de la -vieja España, triste y consoladora al mismo tiempo. Lo segundo, por -que su autor, Enrique Larreta, muestra en su obra--«La gloria de Don -Ramiro»--un profundo y cuidadoso estudio de nuestra historia, y sabido -es que comprender es amar. Lo primero porque las páginas de esa nuestra -historia no son todo luz y alegría, aunque sean grandeza. «Una vida en -tiempos de Felipe II», subtitula su autor á esta novela interesantísima -para nosotros, como lo es siempre el concepto que merecemos á los -extraños, y si el extraño es persona de quien nos importa mucho la -simpatía, con mayor causa. - -Evita el autor, con excelente criterio artístico, los juicios -personales. La historia, mas ó menos novelesca, habla por sí sola, -y habla de pasiones violentas, de austeridad, de misticismos y de -fanatismos, de torpezas políticas y de heroísmos guerreros... Tal vez -no fué todo así, ni tan heroico, ni tan torpe, ni tan cruel, ni tan -místico... La distancia, en el tiempo y en el espacio, acusa con mayor -relieve los contrastes de luz y de sombra, que de cerca parecen mas -fundidos, apenas perceptibles, en ese claro obscuro de los hechos -cercanos, que, por serlo, nos parecen siempre menos heroicos, menos -poéticos, más insignificantes... Pero ¿somos otra cosa que lo que -parecemos? Si la verdad de nuestra historia ha de perderse entre -leyendas, ¿no es preferible que sea entre leyendas de poesía que entre -falsedades del vulgo? - -Enrique Larreta es un historiador poeta; es además un excelente -escritor, de un estilo cuya severidad no excluye lo pintoresco, y sobre -todo hay en su obra palpitaciones de admiración y de amor á nuestra -España... á pesar de todo. Y esa es nuestra gloria, como fué la gloria -de Don Ramiro la flor que una mujer enamorada dejó caer sobre su cuerpo -muerto, en que un alma española alentó en vida, con todo lo que fué -vida de España en aquel tiempo. - - * * * * * - -Yo no sé si la intención del autor puso el simbolismo. Propiedad de -toda obra fuerte es tener vida propia y decirnos más de lo que su autor -quiso decir en ella. - -En el Pedro Minio, de la admirable comedia de Galdós, yo veo un -símbolo de nuestra España. Como Pedro Minio, el viejo paisano de Don -Quijote--¡oh, la Mancha, tierra de ensueños!--el eterno enamorador, -el eterno idealista, mal comerciante y peor trabajador; así España, -envejecida, derrotada, aun quiere vivir alegre en la ilusión de su -juventud, aun se embriaga de optimismo, y ante cualquier ofrecimiento, -piensa, proyecta como Pedro Minio, edificaciones, pabellones, -mejoras... El ideal apto de la indulgencia ofrece á los viejos la -ilusión de la vida integral y en ella prolongan dichosos su ruinoso -existir. Pero llegan los severos reformadores, los graves moralistas y -á la ilusión y al alegre ensueño quieren sustituirlos con la disciplina -monástica, con la austeridad penitenciaria; la alegría les parece -indecorosa; nada de esparcimientos, nada de deshonestas promiscuidades -de hombres y mujeres; acabó el reir y el bromear:--Sólo hablará usted -con los frailes y de los temas que ellos propongan, dice la señora -improvisada--símbolo de nuestra plutocracia--al viejo soñador, Pedro -Minio. ¿No es esto lo que nos dicen á todas horas los que pretenden ser -nuestros directores? Pedro Minio, como buen español, prefiere continuar -en el ideal y alegre asilo de la Indulgencia, donde la ruinosa vejez -goza las ilusiones de la juventud. - -¡Oh, excelentes reformadores y moralistas! Pedro Minio es España. Si no -sabéis hacer cosa mejor, dejadle en el asilo de sus ilusiones. Mejor -una vejez alegre que una juventud triste. Preferible siempre el asilo -de la Indulgencia al de la Paciencia... que es preciso para soportaros. - - * * * * * - -Pérez Galdós, en mi opinión, nuestro primer autor dramático, no acaba -de serlo en opinión de todos, acaso por ser nuestro primer novelista -y haberse declarado en nuestro país incompatible el ejercicio de dos -soberanías. - -Este es el país del encasillado y de las especialidades. - -Se estima en más al que entiende poco de una sola cosa, que al que -entiende mucho de todas. La insistencia en un mismo asunto, basta -á darnos autoridad en la materia. Fulano pasó su vida hablándonos -de antigüedades fenicias ó asirias ó caldeas. ¿Quién duda que sabe -de ellas? Mengano pintó siempre los mismos borregos: para borregos, -Mengano. Á nadie que quiera tener unos borregos bien pintados se le -ocurrirá encargárselos más que á Mengano. El día en que se le ocurra -pintar una vaca, así este mugiendo de propia, todo el mundo dirá: Esto -no es lo suyo, que vuelva á pintar borregos... ¡En borregos, el único! - -Somos poco amigos de trastornar nuestras ideas á cada paso; preferimos -creer por fe á meternos en averiguaciones. Sabiendo que cada cual no -hace más que una cosa, y siempre lo mismo, nos ahorramos el trabajo de -examinar lo que hace. - -¡Y no se diga de nuestro agradecimiento á los que no hacen nada! Esos -sí que nos ahorran quebraderos de cabeza. Por supuesto, ellos sí que se -quitan de muchos. Para los ociosos y los vagos, la envidia es siempre -admiración, nunca censura. ¡Bienaventurados los que jamás trabajaron, -porque de ellos será el reino de España! - - [Ilustración] - - - - - III - - -El año que, con tan buen éxito, hemos tenido el gusto de representar, -no ha querido despedirse sin dejar una memorable fecha en la historia -de las grandes catástrofes. - -Estos cataclismos, superiores á todas las previsiones humanas, son los -únicos que tienen virtud para hacernos pensar en la muerte, como en -algo ineludible. Todos sabemos que hemos de morir; pero con dichoso -optimismo, todos nos creemos capaces de aplazar ilimitadamente el pago -de ese vencimiento. Todos nos creemos lo bastante listos y somos lo -suficiente desagradecidos, para estimar que son nuestra prudencia y -nuestro orden de vida lo que prolonga nuestra estancia sobre la tierra, -cuando en verdad, debiéramos agradecer como un indulto, cada hora de -nuestra vida. - -Nótese, que en el fondo, sentimos cierto desprecio por los que -tienen la imprudencia de recordarnos con su muerte, que también -nosotros somos mortales. El que de puro viejo está ya con un pie -en la sepultura, como suele decirse, denigra y vilipendia á sus -contemporáneos, según van cayendo... - ---Fulano murió ayer á los ochenta años.--¡Si no se cuidaba nada! ¡Si -no hacía más que disparates! Ya vé usted yo qué bueno estoy con mis -ochenta y cuatro. Pero es que yo me cuido... - -Esto el que se cuida, que el descuidado, atribuye á su misma -despreocupación la buena salud de que disfruta. - -Y así todos; el sobrio achacará la muerte del vicioso á los excesos y -el vicioso achacará la muerte del bien ordenado á su pazguatería. El -que de continuo callejea y pasea y trisca, se reirá del que no sale de -casa sin consultar barómetros y termómetros y disponer el abrigo de su -cuerpo en consecuencia. Éste dirá del otro: ¡Anda, anda, toma ejercicio -y aires de invierno y calores de verano! - -No digamos si la causa de una muerte fué por enfermedad crónica, -accidente de viaje, ya sea en ferrocarril, automóvil ó aeroplano, -lance de honor ó asesinato. Entonces sobre el muerto se desatarán los -mayores denuestos: ¡Falta de higiene, imprudencia, locura, la vida -que llevaba, la que dejó de llevar!... Crean ustedes que vivir sin dar -lugar á murmuraciones es muy difícil, pero morir, sin exponernos á -ellas, es casi imposible. - -Solo muriendo en uno de esos trastornos de la Naturaleza, podemos ir -relativamente seguros de que no dará qué decir nuestra muerte. - -Esas cosas sí, le ponen á uno serio. ¡Caramba! ¡Terremotos, volcanes, -la tierra que se abre, el cielo que se viene abajo!... Para eso no hay -prudencia, ni vida ordenada, ni preceptos higiénicos que valgan... Eso -nos puede suceder á todos y entonces no hay más remedio que morirse. -Por eso estas catástrofes nos conmueven á todos. Después de leer el -trágico relato, nadie se considera inmortal. Ni siquiera cabe el -consuelo de culpar á los gobiernos, como en caso de epidemias, guerras -y otras calamidades de tejas abajo. - -No hay idea del trastorno moral producido en algunos espíritus ante -un «Morir tenemos», anunciado en tan expresiva forma. Durante tres ó -cuatro días, el avaro se siente capaz de inusitadas generosidades. -¡Es triste cosa morirse sin haber disfrutado de nada! Y se compra -su purito de quince ó se regala con su café con media tostada. El -malhumorado dulcifica su carácter: ¡No vale la pena de tomarse -disgustos! La novia pudorosa se muestra más propicia á ciertas -expansiones... ¡Mañana pudiera haber un terremoto! - -Por fortuna, la idea de la muerte es pasajera y solo ante un cataclismo -de cielo y tierra, imprevisto, inevitable, consigue imprimirse -por algunos días en nuestro pensamiento.--¿Han visto ustedes, qué -horror?--Ya, ya... ¡una cosa horrible!... - -Á los pocos días nadie se acuerda y todos volvemos á creernos -inmortales y á pensar que solo se mueren los que no viven como -nosotros, los que hacen locuras y cometen imprudencias. - - * * * * * - -Se habla de grandes fiestas de caridad, á beneficio de las víctimas -de Mesina. Es de esperar que el resultado sea brillante. El dinero de -nuestros potentados, y aun el de los que sin serlo, contribuyen á las -cargas del Estado español, tiene bien aprendido el camino de Italia; -pero nunca fué más allá de Roma. Justo es que en esta ocasión, ya que -de Roma misma viene el ejemplo, nuestra intransigente religiosidad -reconozca la unidad italiana; más que esto, la verdadera y católica -fraternidad. - -El Sumo Pontífice sabrá agradecer esa ofrenda, tanto como las -destinadas al dinero de San Pedro, y al bendecirla, como padre de toda -la cristiandad, sin fronteras ni patrias, estad seguro de que Italia la -agradecerá con su corazón de patriota italiano. ¡Qué hermoso hubiera -sido sobre las ruinas de Mesina, el abrazo del Papa y del rey de -Italia! Nunca como en esta ocasión, al romper su prisión voluntaria del -Vaticano, hubiera podido creerse el Pontífice inspirado por el Espíritu -Santo. La infalibilidad del corazón es anterior á todos los dogmas -proclamados en los concilios. - - * * * * * - -Yo no sé cómo ha podido decirse que el Cristianismo es una religión -de tristeza y que el ejercicio de sus virtudes exige todo género -de mortificaciones. La Caridad, por lo menos, cuando con motivo de -alguna gran desdicha pública se manifiesta, reviste el aspecto más -regocijado. Funciones teatrales, fiestas de toros, bailes, rifas... -Los paganos, con su alegre religión, solían mostrarse más austeros y -entristecidos en estas ocasiones. Muy dormida debe de estar caridad -que ha menester de todo ese cosquilleo para avivarse; un severo duelo -y una noble tristeza sentarían mejor al ofrecer la dádiva. No es -esto murmurar, y siendo milagro tan dificultoso el de sacar dinero -y el dinero tan empecatado, sin duda es este de los milagros en que -puede estar más admitida la intervención diabólica. Pero, conste, -que no hemos adelantado mucho desde los tiempos--primeros años de la -Era Cristiana--en que los fariseos repartían sus limosnas á son de -trompetas. En fin, ya que la Caridad en todo tiempo es más eficaz -cuanto más sonada, quiera Dios que por esta vez, no sea más el ruido -que las nueces: que no sea todo el metal el de las trompetas. - - * * * * * - -El arte y la moda, por lo que tiene de arte, son el último refugio -de lo que está llamado á desaparecer ó ha desaparecido por completo. -Por la moda resucitan el Directorio, el Imperio; hasta la época -del buen rey Dagoberto, evocada recientemente en bellos trajes por -hermosas actrices del Teatro Francés. Á medida que los últimos pueblos -conservadores de sus trajes tradicionales, los van desechando para -adoptar las modas de los más civilizados, éstos recogen piadosamente -lo que aquéllos abandonan. Del Japón vinieron los kimonos; de Turquía -llegan los turbantes; de Rusia los gorros de cosaco. Cuando las -elegantes de estos países encarguen las nuevas modas á París, ¡cuál no -será su sorpresa al ver como vuelve lo que ellas despreciaron! - -La moda actual es una completa mascarada histórica cosmopolita y -zoológica. Trajes de todas las épocas, tocados de todos los países, -plumas y pieles de toda la fauna conocida. Pieles, sobre todo. Debe de -haber sido un invierno horrible para los gatos. Nunca se ha conocido -un mes de Enero tan tranquilo en los tejados. Están todos haciendo de -nutria, de armiño y de marta sobre nuestras señoras. Á su influencia se -atribuye algunos recientes disgustos matrimoniales y algunas fugas de -enamorados. - - * * * * * - -Todo vendrá á parar en que suban el vino, solía decirse; pero en esta -ocasión nos vemos más apurados, pues todo ha venido á parar en que -suben el agua; como si desde tiempo inmemorial no estuviéramos con el -agua al cuello. Ya que por la supresión del impuesto de consumos sobre -el vino y el cierre dominical de las tabernas, es el vino lo que se ha -abaratado, tal vez nuestros gobernantes quieran parodiar la ingeniosa -«boutade» de María Antonieta cuando el pueblo de París, hambriento, -clamaba por pan, amotinado: No tienen pan, que coman bizcochos. El agua -está cara... que beban vino. Lo malo será si con el cambio de precio -hay también cambio de propiedades y es el agua la que se sube á la -cabeza. Á quien no parodian nuestros directores es á Luis XV, y si él -dijo: Detrás de mí, el diluvio; ellos dicen: Detrás de nosotros... la -sequía. - -El caso es que, con este estira y afloja en la mejora de las -costumbres, ya no nos van á quedar ni costumbres. Cuando empezábamos á -tomar el gusto al agua y ya eran muchos los que se bañaban y algunos -los que habían caído en la cuenta de que el agua hasta podía usarse -como bebida, el encarecimiento de su consumo viene á dar al traste con -tan buenos propósitos. - -Y que no sabe uno á quién compadecer. Si oye usted á la empresa del -Canal, la razón está de su parte, y poco menos que le convence á usted -de que el suyo no es un negocio industrial, sino un apostolado. Si oye -usted al Ayuntamiento... El Ayuntamiento se lava las manos. ¡Feliz él, -que puede permitirse ese lujo! Si oye usted á los caseros, ¡infelices -caseros! Ser propietario hoy día es otro apostolado: ¡La contribución, -los reparos, los inquilinos morosos, impuestos por aquí, impuestos por -allá!... Las mejores fincas no rentan más de un cuatro por ciento. ¡Una -miseria! Hasta los usureros, con lo mal que se ha puesto el negocio, -rechazan ya despreciativamente las hipotecas sobre fincas. - -¡Si oye usted á los simples vecinos, no propietarios!... - -Aunque en verdad, á éstos es á los que menos se oye, debiendo ser los -que pusieran el grito en el cielo. Saben por experiencia que si no -es el agua, será otra cosa la que se encarezca y que todo es variar -de dolor. Pero, cuando ni la tierra que pisamos es nuestra, ¿qué de -particular que tampoco sea nuestra el agua que bebemos? ¡Ay! El mundo, -como la isla de Caliban, es un sitio en que se encuentra todo lo -necesario para la vida; excepto el modo de vivir. Y Caliban campa por -sus respetos. Próspero lee en sus libros que el dolor es eterno y es -inútil buscar alivio á los males fuera del espiritual de la lectura. -Ariel proyecta la invención de un aeroplano, y cuando lo haya inventado -dirá que el aire le pertenece, y ni el aire que respiramos será -nuestro. ¿Quién sabe? - -Acaso debemos desear que el mal sea insoportable. Entonces estaremos -más cerca de buscar el remedio. - - * * * * * - -Antes, si no en murmuraciones privadas, que éstas son responso obligado -en el mismo cortejo funerario, por lo menos, en discursos y artículos -necrológicos, solía respetarse la memoria de cualquier muerto ilustre, -siquiera durante el novenario. Ahora lo hemos arreglado de otra manera, -y como de la hora de la muerte se dijo siempre que era la hora de la -verdad, hemos decidido no retrasarla un solo instante y que la verdad, -como el llanto, sea sobre el difunto. - -Excelente determinación me parece; de este modo andara todo el mundo -más derecho, sin confiar para nada en esa tregua de impunidad que -parecía asegurarnos la muerte con el respeto de los vivos. ¿Qué se -creían ustedes, señores cadáveres, que con quitarse para siempre de -delante nos dábamos por satisfechos? ¿Que íbamos á dejarles á ustedes -esperar muy tranquilos la hora del juicio final inapelable ó del juicio -mas reposado de la Historia? ¡Nada, nada: respetables muertos, no sirve -dárselas de ricos! Todo lo que puede concedérseles á ustedes es la -satisfacción de no verse obligados á volver en demanda de explicaciones -por las injurias, ofensas, calumnias y demás oraciones, piadoso -recordatorio de los supervivientes. Los muertos están dispensados de -tener honor. Ya lo dicen las papeletas de entierro: el duelo se despide -en el cementerio. - -Digo, si el pobre Catulle Mende, duelista empedernido, capaz de -batirse, como un artista del Renacimiento, por la belleza de un -endecasílabo ó por la gracia de un madrigal, hubiera concedido -importancia, desde el inmortal seguro á donde asiste, á los mil -injuriosos, despectivos y desagradables comentarios á que ha dado -ocasión su desdichada muerte... - -Nada se ha respetado; desde su obra literaria, á la que todo puede -negarse, menos amenidad y sincero amor al arte, sospechoso de -apasionada parcialidad á veces, por ser tan sincero; hasta su vida -privada, solo culpable también de sinceridad y de amor tan ferviente á -la vida que, por amarla demasiado, pretendió prolongar la juventud con -amable despreocupación del ridículo. - -Estos fueron tus pecados y no merecías por ello tan pronta -desconsideración. Si una severa crítica, acaso no ofrenda á tu memoria, -las inmortales siemprevivas, razón de más para no apresurarnos tus -contemporáneos á pisotear tan pronto las rosas que aun cubren tu -cadáver, y aun son frescura y aroma en tus poesías, en tus cuentos, en -tu obra toda de artista gentilísimo. - -Por tu amor al arte, amaste también á nuestra España, y si en tu -«Santa Teresa» venció la fantasía francesa á la severidad española, -como en Víctor Hugo, ¿cuál será de nuestros poetas románticos el -que pueda arrojarte la primera piedra? No serán Lope ni Calderón, -que á sus anchas y para su gloria, fantasearon con la Historia y la -vida españolas; no será Zorrilla, que hoy te saludará como hermano; -hermano en todo, hasta en lo de ver cernirse como tú, sobre su -tumba, siniestras aves de rapiña. Por fortuna, ¡oh, poetas!, si estos -pajarracos, con su pico, pueden roer sobre vuestros huesos la carne -muerta, no pueden con sus parduzcas alas obscurecer la luz de vuestra -gloria. - - [Ilustración] - - - - - IV - - -Poco sabrá de la vida quien no haya vivido por edades, las edades -todas de la humanidad. Es el hombre en sus primeros años un pequeño -salvaje, más parecido por sus instintos al hombre primitivo que al -ciudadano civilizado de cualquier gran nación moderna. Si la educación -no acudiera al reparo--y no en todas partes acude,--tendríamos -perfectos ejemplares de trogloditas, contemporáneos nuestros. No es -preciso salir de España para encontrar pueblos enteros de ellos. La -vida es el mejor libro de historia, abierto á todas horas, y ella nos -ofrece continuamente vivientes ejemplares de todos los hombres, desde -el primitivo de las cavernas, al anticipo del superhombre futuro. Con -salvar espacios podemos retroceder en el tiempo. Hay hombres y pueblos -enteros medioevales, los hay del siglo XVI y del XVII. Existen en -medio de las metrópolis mas civilizadas, verdaderos salvajes. Ya dijo -Zola, que nada puede darnos tan cabal idea de las homéricas luchas de -la Iliada como las peleas entre jayanes de dos aldeas rivales. No en -documentos empolvados, en textos vivientes ha de hallar el verdadero -historiador artista, los más fieles datos para reconstruir la vida de -los tiempos pasados. - -Debemos ser tolerantes con las fiestas de Carnaval, que á tantos -espíritus superiores disgustan y escandalizan, como con una niñería -de la humanidad, por la que han de pasar sucesivamente todos los que -nacen. Sería muy triste que todos naciéramos sabiendo que hemos de -aburrirnos en un baile de máscaras. Es, además, acaso por primitiva, -esta fiesta de los disfraces, la única fiesta de la verdad. Nunca -sigue tanto el hombre sus naturales inclinaciones como al intentar -travestirse en estos días. Vemos con faldas y moños femeninos á los -que debieran llevarlos todo el año; con caretas de animales á muchos, -que ese día sólo no engañan á nadie; de bebés á otros que, solo con -vestirse de ese modo, muestran que están en lo cierto. Y de las -mujeres, ¿qué diremos? La que sin careta tardaría dos ó tres días en -darse á conocer, ya está conocida apenas aparece en el baile. Dinero -podrá no ahorrarse con una belleza encubierta, ¡pero, tiempo!... - -¡Si todos los negocios de este mundo pudieran tratarse con mascara, -cuanto enojoso trámite nos ahorraríamos del mismo modo! ¡Ah, la cara, -la cara! Mascara imperfecta que el más hábil no llegó á dominar y á -pesar nuestro enrojece de vergüenza ó palidece de espanto, y llora ó -ríe inoportuna, y es sensible, por curtida que esté, á escrúpulos de -conciencia, á preceptos de educación, á preocupaciones sociales... Solo -el que haya logrado completo dominio sobre su rostro, logrará completo -dominio sobre los hombres. Por algo la glorificación de la belleza -corporal ó espiritual del hombre es su escultura: la plenitud de la -mascara. - - * * * * * - -¿Por qué cerrar en estos días las Cortes y no permitir en ellas una -mascarada que sería también su única verdad? Los más conspicuos -parlamentarios, tal vez bajo el incógnito de la careta se atreverían -por una vez á decir lo que sienten. Este liberal, mal disfrazado todo -el año hablaría como conservador; tal otro, forzado por compromisos -electorales á oponerse á todo negocio dudoso, pediría participación -en él, sin empacho, y tal cual, metido por complacencia, en algún -callejón sin salida, podría hallarla con muy gentil despejo, al amparo -de un buen disfraz. Con careta de ministeriales, los conservadores -podrían cantar las glorias de Cataluña, y los catalanistas, con careta -de conservadores, podrían desenmascararse del todo. Los republicanos -podrían decir la verdad disfrazados de monárquicos, y los carlistas no -dirían nada, porque entre conservadores y solidarios les darían dicho -todo lo que ellos pudieran decir. Los periodistas, con achaque de no -conocer á ninguno, suprimirían adjetivos personales y la presidencia -no se atrevería á llamar al orden á nadie, por temor á graves -equivocaciones. Los maceros podrían actuar á guisa de bastoneros, para -impedir, como en los bailes, aproximaciones demasiado deshonestas. -Serían memorables estas sesiones de Carnaval. ¡Y si se aprovechara -para «confettis» algunas de las leyes discutidas durante el año! -Hecha «confettis» quedó la famosa del terrorismo. En cambio, la de -administración local es una serpentina que entre Maura y Cambó se -arrojan jugueteando y graciosamente se enrosca sobre otras cabezas, -como debió enroscarse la serpiente diabólica del Paraíso en el árbol -del bien y del mal, al ofrecer á nuestra incauta madre la fruta de -perdición. - - * * * * * - -Ningún arte tan espiritual como la música, y ninguno tan propio de -estos días del año consagrados á la meditación y al recogimiento -espirituales. La devoción de nuestros buenos aficionados á la música -bien ha tenido en donde escoger en esta temporada. El cuarteto checo -en la Filarmónica, Wagner á toda hora, y por fortuna el arte nacional, -sin llegar todavía á «preferido», algo salió de su condición de -«ceniciento», gracias á muy laudables empresas de nuestros músicos. -Chapí, con su ópera, mas apreciada á cada representación, el cuarteto -Francés, el cuarteto Vela, el quinteto de instrumentos de viento, -nueva sociedad, de inteligentes y modestos artistas, dignos de todo -encomio y de mayor atención por quien pueda dispensársela, sobre todo -para mejorar su instrumental, cuyas deficiencias, vencidas en fuerza -de arte, bastarían para obligar á la admiración. Labor es toda esta -de inteligencia y de entusiasmo que nunca agradeceremos bastante, ya -que nunca pagaremos lo suficiente. De todo podrá acusarse á estos -nuestros artistas menos de interesados. Estudian y trabajan por puro -amor al arte; tal vez por esto trabajan con preferencia en Cuaresma. -Justo es que, después de los ayunos y penitencias, llegue la Pascua -de Resurrección para la música nacional. No quiero ser injusto ni -egoísta; soy el primero en reconocer que el autor dramático no está -tan necesitado de protección oficial en España, como el compositor de -obras musicales, que no sean género chico. La obra del Teatro Nacional, -no será completa, si la fundación de un teatro de comedia española, no -coincide con otro de ópera y zarzuela. Para éste cuenta el Estado con -un edificio inmejorable; contamos con músicos y artistas en calidad y -en cantidad importantes. ¿Qué falta?... ¡Por vida de los inconvenientes! - - * * * * * - -Como tanto se ha discutido la sinceridad del «wagnerismo» de muchos -que dicen ser wagneristas, sin duda, la empresa del teatro Real ha -querido ponerla á prueba, y al mismo tiempo la resistencia física de -músicos y cantantes. Para ayer domingo estaban anunciados: «El Ocaso -de los Dioses», por la tarde, y «Lohengrín», por la noche. No creo que -el programa se haya cumplido, pero si así fuera, leeré hoy lunes con -interés, las noticias, para saber cuántos profesores de la orquesta -hubieron de ser conducidos en camilla á su domicilio al final de tan -ruda jornada. Si solo el asistir de espectador tarde y noche supondría -un vigor extraordinario y por ello merecería cualquiera mención -especial, ascenso inmediato y condecoración pensionada en el cuerpo de -«wagneristas» denodados, ¿qué decir de los ejecutantes? Para éstos sí -que será día de prueba su fervor artístico y admirativo por el genio -de Wagner. Vamos, que si al caer el telón y caer ellos desfallecidos, -no reniegan de tres generaciones anteriores, por lo menos, del sublime -músico y de las posteriores, hasta la cuarta, como una maldición -bíblica, ya pueden dar fe de su wagnerismo. - - * * * * * - -Algo quisiera decir de la nueva ópera española «Margarita la Tornera»; -algo de su autor tan maltratado, tan discutido, tan injuriado antes -de ahora, que siendo estas las señales más ciertas de ser glorioso en -España, no necesitaba de mayor triunfo, ni para satisfacción propia, -ni para nuevos desahogos de sus enemigos. ¿Enemigos? No. Enemigos son -los que usan nobles armas y combaten con ellas. Los que solo usan de -su natural veneno, no pueden ser considerados como enemigos. Tienen su -clasificación en las últimas escalas zoológicas. - -¿No parece ya á algunos que hemos hablado bastante de «Margarita la -Tornera»? ¿No dicen otros que se ha abusado del bombo? ¿Del bombo? -Y días antes del estreno nos tenían afligidos á los constantes -admiradores del maestro Chapí, los agoreros de un fracaso... - -¿Que se ha hablado bastante? No tanto como de esta ópera italiana ó -de tal otra francesa ó de aquella otra rusa, que fatigan sin cesar -las columnas de los periódicos en todo el mundo. No tanto como del -«Chantecler» de Rostand, ni como del Vivillo ni la Juaneca... - -¡Oh admirable y extraño patriotismo el nuestro, que quisiéramos una -España grande, pero en la que todos los españoles fueran pequeños! Mal -país de sembradores, pero excelente de tijereteros, dedicados á cimar -cuanto amenace ser árbol en tierra de arbustos. - -Hay, por dicha para todos, un público, el público que no es de -literatos ni de músicos, que tal vez no entiende de letras ni de notas, -pero entiende con el corazón, como pedía San Pablo, al artista y á todo -el que le habla con la honradez desinteresada del amor al arte y á la -verdad. - -Ese público no ha regateado su aplauso ni su admiración al insigne -músico español; ese público sabe cuánta generosidad supone el habernos -ofrecido ese regalo de arte. «Margarita la tornera» le producirá á -su autor... treinta ó cuarenta mil pesetas de menos, que dejará de -percibir en esta temporada, por haber desatendido los trabajos del -género chico. - -De modo que, en efecto, no debe hablarse más de «Margarita la Tornera». -¡Un hombre que va á hacerse rico con una ópera! ¡Y encima un poco de -gloria!... No, no es posible. ¡Ni que fuéramos tontos! - - * * * * * - -Lujosos trenes, coches y automóviles, forman fila, después círculo, -después caracol, por fin masa compacta á la puerta de la humilde -iglesia. ¿Qué sucede? ¿No sabéis? Es la devoción á la moda. La imagen -milagrosa que, de tres peticiones, concede una. Pero una sola, y no -puede hacérsele más de tres. De tres cosas, una. ¡Dios mío! ¿Cómo -pueden conformarse á tal mezquindad esas bellas y elegantes damas, -acostumbradas á conseguir todo lo que piden? Sin duda piden cosas muy -difíciles ó imposibles, cuando se dan por muy contentas con obtener -una. Secretos serán entre el cielo y ellas, porque en asuntos de la -tierra, todos sabemos que si ellas desearan tres cosas, no tendrían -para empezar con una sola. - -¡Quién pudiera penetrar el misterio de vuestras peticiones, y quién -tuviera poder para exaudir todos vuestros deseos! Cierto que á -la divinidad no es posible engañarla, pero ¡es tanto el arte de -seducción en las mujeres! que la divinidad sonreirá bondadosa cuando -ellas oculten entre dos peticiones insignificantes la de verdadera -importancia. Ó, cuando las peticiones en aparente forma distinta, -sean en realidad una misma. Yo pienso acudir uno de estos días á la -devoción milagrosa y haré muy humilde mis tres peticiones. Un millón -de pesetas, un millón de francos ó un millón de liras. Veremos si es -verdad que de las tres cosas se consigue una. Con cualquiera de las -tres me contentaría y todas las tardes verían ustedes un automóvil -más á la puerta de la humilde iglesia, cuyo nombre y sitio no diré á -ustedes, porque los anuncios son asunto de la administración. Y ¡qué -mejor anuncio que tanto coche blasonado y tanta distinguida dama en la -plazoleta antigua del Madrid viejo; este Madrid que tantos rincones -guarda de siglos pasados en sus calles y no menos en el espíritu de sus -nobles y bellas damas! - - * * * * * - -Si alguien dudara de los sentimientos religiosos de este país católico -por excelencia, de la honda preocupación religiosa de nuestro espíritu, -de lo importante que es para los gobiernos el no ofender ni menoscabar -en nada nuestras venerandas creencias, bastaría con la más superficial -observación de lo que significan para nosotros estos días solemnes en -que la Iglesia, nuestra madre, conmemora la Pasión y Muerte de Jesús. - -En calles y templos las más expresivas muestras de verdadero fervor -cristiano. Severidad en el adorno y en las ceremonias de iglesia; -raudales, cuando no de arrebatada elocuencia, de sencillez evangélica, -en los púlpitos; los pocos lugares de esparcimiento ofrecidos al -público, como cafés, pastelerías, etc., abandonados de su habitual -parroquia masculina, no digamos de señoras y señoritas; todas -fidelisísimas observantes del riguroso ayuno. Las mujeres desdeñosas -de solicitar la atención de los hombres, en estos días consagrados á -la meditación y al recogimiento, con la mayor sencillez en su persona; -los hombres, respetuosos con la actitud severa de ellas, sin atreverse -á ofenderlas con un mal piropo. ¡Oh! Es un espectáculo edificante. -La vida parece haber suspendido todo el anhelo pecaminoso con que de -continuo nos solicita para perpetuidad de la especie y del pecado. - -No es de extrañar que los extranjeros que en estos días solemnes -visiten principales ciudades de España: Madrid, Sevilla, Murcia, -Toledo, etcétera nos juzguen de una imponente austeridad religiosa, -que les hace más comprensible el legendario fanatismo que propagó las -hogueras inquisitoriales de España por medio mundo. - -Y si en algo puede haber disculpa para tantas atrocidades cometidas -en nombre de la Religión, nuestra mejor disculpa está en eso, en la -sinceridad del sentimiento religioso de nuestro espíritu; el mismo -que sobrevive con la misma sinceridad y del cual pueden hacerse cargo -cuantos nos visitan en estos días solemnes de meditación y recogimiento. - - * * * * * - -Ningún ejercicio espiritual más propio del bondadoso escéptico en -estos días, que la lectura de un bonito libro, recientemente publicado -en París. Su autor, Salomón Reinach; su título «Orfeo». Historia de -las religiones. Un substancioso compendio, acaso despreciable para -los eruditos especialistas que sonríen desdeñosos á todo extracto de -ciencia: pero muy de agradecer para los «pica-platos» intelectuales, -deseosos de asomarnos á todas las ventanas y aun á todas las alacenas -de la inteligencia, sin tiempo para otra cosa que oler donde se guisa y -pellizcar donde se sirve. Y como bien guisado y bien servido, está el -manual en cuestión. En un perspicaz vistazo de pájaro sobre todas las -creencias religiosas que han inquietado al mundo. - -Desde la altura todas parecen en el mismo plano y, cuando menos, -aprendemos á estimarlas lo mismo, como una necesidad universal del -humano espíritu: niño preguntón que quisiera saber el por qué de todo, -y á falta de verdades ciertas se contenta con suposiciones fantásticas. - -En los más claros y habitables aposentos de nuestra inteligencia, -asentamos las pocas verdades que poseemos; allá, en los camaranchones -interiores y obscuros de nuestro cerebro, ó arrinconamos los trastos -inservibles que nos correspondieron por antiguas herencias, ó suponemos -duendes y fantasmas que justifican nuestro horror á penetrar en ellos y -la imposibilidad de habitarlos. - -Cierto que, puestos á elegir fantasmas, debiéramos elegir los más -gratos, y es preferible imaginar duendes alegres y juguetones á trasgos -espantables. Pero ¡ay! que son los hombres los que hicieron á sus -dioses á su imagen y semejanza, y así hay dioses bondadosos, dioses -crueles, dioses vengativos, dioses indiferentes, dioses ridículos, -dioses respetables, dioses humanos y dioses divinos. Dioses para todos -los gustos y para todas las aspiraciones. - -Somos el molde de nuestras creencias, y no ya cada pueblo, cada hombre, -llevamos á nuestro dios, hecho carne en nosotros. Por eso, entre todos, -ningún símbolo tan espiritualmente bello, como el de nuestro Dios, -hecho hombre, hijo del hombre, hombre como nosotros; que en nosotros -puede nacer, y en nosotros y por nosotros padecer pasión y muerte y en -nosotros resucitar y divinizarse. - - * * * * * - -Un distinguido pintor escenógrafo y dos populares y aplaudidas tiples -han tenido uno de sus más ruidosos éxitos... ¿En dónde, dirán ustedes? -En la parroquia de San Sebastián. - -El Teatro y la Iglesia ó la Iglesia y el Teatro--las señoras -primero--aunque alguna vez hayan andado á la greña, en el fondo han -sido siempre buenos amigos. No es preciso remontarse á los orígenes -del teatro ni á la representación de los Autos Sacramentales para -demostrarlo. La capilla de la Virgen de la Novena, que el fervor de -nuestros actores costea y sostiene sin decaimiento de su original -esplendor, lo atestigua bien claramente hoy en día. - -En esta Semana Santa, con su decoración teatral y la presencia de -nuestras más bellas actrices, la capilla de la Novena ha conseguido -la mejor entrada. Los devotos tal vez se escandalicen; pero, nada -importaría que los templos tuvieran algo de teatro, si los teatros -alguna vez tuvieran algo de templo. - - [Ilustración] - - - - - V - - -La capa, la española capa, prenda inseparable de la mantilla, en todo -canto al españolismo, parecía desmentir hasta ahora, el mayor apego -en la mujer á lo tradicional y castizo; pues mientras sobre femeniles -cabezas pasaron mil hechuras de sombreros, relegada la mantilla á -fiestas de religión ó de tauromaquia--los extremos se tocan y las -tradiciones se semejan,--la capa persistía con firmeza, gallardeando -sobre varoniles hombros, en amistosa alternativa con toda clase de -abrigos, nobles y plebeyos; desde el gabán aforrado en nutrias ó martas -cibelinas, á la bufanda con honores de manta. - -Y, en este invierno, sin prescripciones de la moda, ni de la higiene, -la hemos visto de pronto desaparecida; tan de pronto, que mal puede -decirse que la hemos visto desaparecer. - -Y el pueblo; el último baluarte siempre del casticismo pintoresco, en -lenguaje, vestidos y costumbres, ha sido el primero en desecharla, -sustituyéndola por la zamarra; prenda sin carácter, sin gracia, sin -historia, sin nacionalidad. - -¿Habrán influído las recientes disposiciones sobre las casas de -préstamos, con la menor facilidad en la pignoración, al desprestigio -y abandono de la clásica prenda, considerada antes como un billete de -Banco, valor al portador? - -¿Será que todas las capas madrileñas padecían cautividad, y el negarse -los prestamistas á la renovación de papeletas, ha hecho imposible el -rescate en esta temporada de invierno? - -Si así fuera, esperemos el saldo del año próximo, que volverá á -ponerlas al alcance de todas las fortunas, sin menoscabo de la de sus -actuales poseedores. ¡Habrá capa que pudiera estar bordada en oro, si á -enriquecerla con tal adorno se hubiera aplicado el interés cobrado en -tantas renovaciones! - -Pero, si la causa no fuera esta y la zamarra triunfara en definitiva, -como prenda de abrigo popular, entonces la capa no tardaría en ser el -abrigo aristocrático, y por imitación volvería á serlo de la clase -media, y por fin volvería á ser el de las clases populares, deseosas -siempre de igualarse con los de arriba, mientras éstos quisieran -diferenciarse de todos. - -¿No están recientes las luchas y protestas de los camareros de café, -hasta conseguir les fuera permitido el uso del bigote, por considerar -como signo deprimente de servilismo la cara rasurada? Y he aquí, al -poco tiempo, que ya son los mozos de café los únicos que llevan bigote, -y todo pelo en la cara es anatematizado por la distinción y por la -higiene. Ni una ni otra son señoras muy de fiar, por lo veleidosas. -Ahora nos dicen las dos, puestas de acuerdo, que barbas y bigotes son -terribles nidos de microbios y, aun cuando vaya uno para viejo, no hará -muchos años, «leía yo, en los libros que tenía»--como dice Segismundo, -el de «La vida es sueño», no confundirle con el de «El sueño es -vida»,--leía yo, como iba diciendo, en mis buenos libros de higiene, -cómo era menor la mortalidad y el peligro de la tuberculosis, entre los -obreros que, empleados en industrias, como la fabricación de hilados -y otras similares, dejaban crecer barbas y bigotes, que entre los -afeitados ó barbilampiños; pues barbas y bigotes eran como red cazadora -de partículas que, sin ese natural obstáculo, penetrarían directamente -en los pulmones. Toda esta explicación venía muy cimentada sobre -sólidas estadísticas y lo mismo vendrán éstas de ahora, que afirman -todo lo contrario. - -Yo no sé si ahora será cuando la higiene está en la fija; de la moda, -sé decir que, para rostros de pura cepa castellana, no puede ser más -desfavorable. Para bien parecer un rostro varonil afeitado, necesita -ser de buen color y armonizar con rubios cabellos que den claridad y -juventud á la fisonomía. Pero el ceñudo castellano, de negro pelo, -color verdinegro ó amarillento, cobra un aspecto duro de presidiario ó -cura de facción, con el rostro afeitado, más sombrío sin el contraste -de bigote ó barba. - -Y ¿qué diremos de los que deciden el afeitado sin contar con los -veinticinco céntimos necesarios para la diaria operación? Entre éstos -figuran muchos jóvenes artistas, que estarían mejor con su buena -melena y todo lo que buenamente quisiera crecerles. Todo, mejor que -verles con la pelusa de una semana, como quincenarios, y oirles decir -todavía:--¿Sabe usted? No llevo nada en la cara porque es mucho más -limpio y más higiénico.--¡Vaya con la limpieza y con la higiene! - - * * * * * - -De las famosas turbias del Lozoya, ninguna tan turbia como esta de -ahora, tan de color de chocolate, que pasa de castaño obscuro. El -Manzanares, por otra parte, celoso al cabo de los años del injusto -predominio sobre Madrid, que su rival le usurpaba, y de las clásicas -burlas á su pobre caudal, quiere probarnos que, si no en agua, en lodo, -tiene fuerza bastante para alcanzar á respetables alturas. Por suerte, -aquí todos sabemos nadar entre dos aguas, y aun entre agua y lodo, -que no siempre el ser animal anfibio tiene sus inconvenientes, como -aseguran en popular zarzuela. - -El Señor nos libre de juicios temerarios, pero es desgracia nacional -que todo negocio y toda industria emprendidos en tierra española, aun -los que mas beneficiosos parecen para el interés general, lleven mancha -de origen por la pícara intervención política en todos los asuntos. -Así el trabajo honrado y el dinero, nunca más honrado, que cuando -al servicio del trabajador se pone, andan siempre tan desconfiados -de emplearse en nuestra industria y en nuestros negocios. Apenas se -proyecta algo provechoso, todo el mundo se escama: ¡Chanchullo! ¡Manos -puercas! ¿Escuadra? un momio. ¿Gran Vía? otro momio. ¿Teatro Nacional? -momio de ambos sexos; si ha de venir á ser refugio hospitalario de -ruinas artísticas y literarias. De toda empresa española puede decirse, -como de aquellas famosas Cortes: ¡deshonradas antes que nacidas! - -De aquí proviene que el celoso de su buena opinión huya, como el -diablo, de intervenir en todo negocio, y vienen á parar todos ellos -en manos de gente despreocupada, á la que, al fin y al cabo, hay que -agradecer su despreocupación, que ya es una prueba de valentía, y tan -necesitados estamos de emprendedores, que bien podemos decir: Hágase el -milagro y hágalo el diablo. Hágase el negocio, aunque saliere un poco -sucio. - -Todas estas desconfianzas y recelos, más son señales de nuestra -pobretería que de nuestra moralidad. Hay tanta escasez de dinero que no -se comprende cómo nadie puede manejarlo sin resistir á la tentación de -quedarse con algo entre las uñas. Para juzgar de los demás no solemos -tener más norma que nosotros mismos; lo que haríamos en su caso. - -Nunca he oído á ningún gran señor quejarse de que le sise su cocinero, -ni su jefe de cuadra, ni su administrador. Verdad es que su mesa está -bien servida, sus trenes bien presentados y á él nada le falta. - -Esto es lo que no nos sucede á los españoles. Á poco que nos sisen, ya -se nota en todo, particularmente en la mesa, falta que no se disimula. -Y no es que nuestros cocineros tengan menos conciencia que los de otras -partes, es que damos menos dinero para la compra, y para comer bien hay -que contar con la sisa. - -Somos, además, tan apegados á rancias hidalguías que, aunque tan -necesitados de dinero, seguimos considerando como despreciables los -medios para su adquisición; así es que preferimos buscarle ocultamente -por caminos subterráneos, como si fuera un crimen buscarle á la luz, -abiertamente. Aquí es todavía la mayor gloria de un político, de un -artista, de un hombre de ciencia, decir: Murió pobre. ¿Por qué? ¿Han -de ser solo el dinero y la independencia que da el dinero, de los que -explotaron la influencia del político, la gloria del artista y la -ciencia del sabio? - -Cuando el dinero lo compra todo, ¿no habrá algo que pueda comprar el -dinero? - -Hacer valer dinero á nuestra inteligencia no es envilecerse, es -ennoblecer al dinero. - -Cuando los hombres inteligentes dan en no venderse, por escrúpulos de -conciencia, entonces es peor; porque todos los negocios van á parar á -los tontos, que para la circunstancia, se meten á pillos: ya se sabe -que nada imita mejor á la inteligencia que la pillería. - - * * * * * - -Se anuncia en Madrid y para fecha próxima una Exposición, la más -simpática y la más conveniente para ejemplo y estímulo de todos: la -Exposición de la Infancia. - -De todos los dicterios con que el mayor enemigo de España pudiera -ofendernos, el de infanticidas sería, quizás, el más merecido. - -No será Malthus nuestro previsor apóstol; pero es, en cambio, Herodes, -el buen reparador de nuestra prolífica imprevisión. Tan descuidados -sembradores como descuidados cultivadores y recolectores. Al celo -previo, en que cualquier hombre se iguala al animal, no corresponde el -celo ulterior por la prole, en que cualquier animal puede dar lecciones -al hombre. - -Y no haya ofensa para las madres y los padres españoles. ¿Cómo -suponerlos menos amantes de sus hijos que en otros países? Los aman -con ceguedad; pero ¡ay! con ceguedad de ignorancia, que es la peor de -las ceguedades. - -Dos tristes suertes hay en el mundo; verse pájaro en manos de niño; -verse niño en manos de padres españoles. - -Dijérase que la fe cristiana, en la seguridad de verlos al morir -niños, trasplántalos ángeles al cielo; ó las inseguridades de nuestro -vivir nacional azaroso, consuelan y hasta estimulan á los padres en la -temprana muerte de sus hijos. - -No es que no los amemos mucho; es que amamos tan poco la vida, que -acaso el haberlos traído á ella nos pesa como un remordimiento, de -que sólo su muerte prematura puede aliviarnos...--¡Para él ha sido un -bien!... ¡Angelitos al cielo!--¡Se ha quitado de penas!--¡Quién sabe lo -que hubiera tenido que pasar en este mundo!--Hay en todas estas frases -vulgares, al morir un niño, una resignación que, siendo amor, más -parece feroz egoísmo. - -Y es el espíritu español, seco para el niño, y esta sequedad se refleja -en nuestro arte, apenas esclarecido por gracias infantiles, en los -cuadros de Murillo y en alguna imagen del Niño Jesús del escultor -murciano Salcillo. - -No hay en España una literatura, un arte para los niños. Nos -preocupamos poco de higienizar ni de alegrar su vida.--¿Hay mejor -higiene que la alegría?--Aun los niños ricos son aquí más desgraciados -que los niños pobres de otros países. - -La Exposición puede ser una buena obra, si á ella acuden con la mejor -voluntad todos los que, sin haber perdido la fe en otra vida con su -cielo saben que ya es bastante antesala para esperarla ésta nuestra -tierra, tal como ella será siempre, por mucho que procuremos mejorarla -entre todos, y no hay necesidad de hacer de ella un infierno, único -lugar que no admite mejora; porque nada puede mejorarse en lugar donde -no se ama, que es también lugar donde no se trabaja. - - [Ilustración] - - - - - VI - - -Paréceme que, en la admiración de nuestros jóvenes por Larra, entra -por mucho el atractivo de su fin prematuro. Hay quien juzga que fué -mejor así; pues acaso la vida, con su roce desgastador de energías -y suavizador de asperezas hubiera subyugado altiveces en el rebelde -espíritu de «Fígaro», y una vez más hubiéramos asistido á la abdicación -de una inteligencia vencida por algún interés. - -¿Qué importaba? ¡Hubiera sido tan interesante! De un alto entendimiento -es tan admirable la sumisión como la rebeldía. ¿No fué admirable -la aparente conformidad de un Campoamor, de un Valera, por todo lo -establecido? Y después, cuando la aparente sumisión, efectiva para el -vulgo oficial, nos ha dado autoridad y respeto, ¿no podremos con mayor -eficacia volver á decir la verdad, á los que antes no quisieron oirla? - -«Fígaro» sometido, acaso nos hubiera dicho algo más profundo que -«Fígaro» rebelde. Sobre la verdad de nuestra vida, que él creyó afirmar -dándose muerte, está la verdad de la vida; sobre la que, acaso, podemos -triunfar cuando más abdicamos de nuestra voluntad. - -Cuando hemos renunciado á nuestra dicha y nos contentamos con ver -dichosos á los que nos rodean, es quizás cuando empezamos á serlo. - -¡Qué inaccesible ideal si pensamos al escribir una obra en la gloria -sin término! ¡Qué fácil, si pensamos en comprar con su producto -inmediato el juguete que alegre á un niño querido! ¡Vender la gloria -remota por sonrisas cercanas! Si la gloria tiene algún camino, ¿no es -el amor quien por él ha de llevarnos? - -Poner muy alto y muy lejos el ideal, tal vez es airoso pretexto para -la caída al alcanzarle. Acerquémonos, aunque se empequeñezcan nuestros -ideales. - -Fingió la fábula que el águila volaba por llegar al sol, y en realidad -sólo vuela por traer alimento á su nido. Y por eso no es menos -arrogante su vuelo. - -¡Jóvenes admiradores del fin prematuro de «Fígaro», no pretendáis volar -tan alto por el aire, que olvidéis deberes de la tierra! El también os -lo hubiera dicho si hubiera vuelto de su volar altivo. - - * * * * * - -_El Teatro en España_, interesante libro publicado por Francos -Rodríguez, á mas de muy atinados juicios sobre muchas de las obras -estrenadas en el año de 1908, contiene una parte de estadística, -reveladora de la desproporción alarmante entre la cantidad y la calidad -en el producto dramático. Asusta lo que devora el público en un año, y -no será de extrañar que, por no exponerse á morir de empacho, prefiera -ponerse á dieta rigurosa, de más rigurosa repercusión en estómagos de -autores y comediantes. - -Á bien que el público toma el prudente partido de no interesarse por -nada y ha delegado su misión de juzgador en manos de la «claque» y de -los amigos del autor, pródigos en aplausos que ya nada significan ni á -nada comprometen, ni siquiera á que la obra permanezca en el cartel los -tres días de reglamento. Se ha conseguido con esto, que ya no haya más -opinión valedera que la de la taquilla, y que los empresarios después -del buen éxito, más ruidoso, en vez de regocijarse, digan desconfiados: -Mañana veremos... Y lo que ven mañana es... tres pesetas. - -No ha de pedirse á la crítica mayor severidad que al público, y si -éste adoptó por sistema el muy cómodo de «Dejad hacer, dejar pasar», -¿qué ha de decir la crítica? Por mí que hagan, y por mí que pasen. -La indiferencia, tal vez cruel del público, es en la crítica más -compasiva. Aquella obra es acaso el pan de una familia ó la felicidad -de un ilusionado, ó la satisfacción vanidosa de un majadero. ¿Para qué -privarles de esos goces materiales ó espirituales? ¿No es injusticia -toda justicia innecesaria? ¿Pesan más los agravios al arte que la -miseria ó la pena de un autor desdichado? - -Como decía aquella dama, dadivosa de suyo, para justificar sus -prodigalidades: ¡Á una le cuesta tan poco, y ellos se quedan tan -contentos!... - -Es hoy el teatro rama de la Beneficencia. Y no está mal así; que es -tan dura la vida, que en nada puede emplearse mejor todo templo, sea -artístico ó religioso, que en asilo benéfico del dolor y de la miseria. -El Arte como la Divinidad es bondadoso, y sonríe sin ofenderse al que -llega en nombre del Arte á pedir á su puerta una limosna, ya de pan, -ya de aplauso. - - * * * * * - -Tan poco acostumbrada está la Gloria á coronar en vida frentes -españolas y tan hecha á no llegarse á las más excelsas, si no es traída -por mano de la muerte, que, cuando por no poder menos, la hora gloriosa -llega en vida, no es de extrañar que la muerte crea también su hora -llegada y sólo por ver al luchador triunfante, con razón crea que ya le -pertenece. - -Era, para el músico insigne, un descanso en la lucha incesante, era el -triunfo, concedido por los más rehacios en otorgar honores de vencedor -á quien todavía pelea en pie con denuedo; era la gloria: pero era -gloria española... ¡Tenía que ser la muerte! - -Mezquina concepción de la divinidad es considerarla como á maestro de -párvulos, distribuyendo vales de buen comportamiento para un premio -futuro; pero, ante el rudo corte de una noble vida, toda honrado -trabajo y fecunda lucha, que no pudo hallar aquí justa recompensa, ¿no -hemos de pensar en una satisfacción suprema, en una gloria sobrehumana -de luz y de armonía? - -¡Ah, los que juzgáis escepticismo la ironía, no sabéis cómo el irónico -guarda la sinceridad de su sentimiento para cuando es bien emplearlo, -más entero cuanto menos gastado! - -Porque sabe de la verdadera bondad, burla de apariencias virtuosas; -porque sabe del esfuerzo y de los sacrificios que impone el verdadero -arte, burla de esos simuladores, bien hallados con la fácil «gloriola», -más contentos con aparentar que con ser. Esos que pueden reposar -satisfechos al decir: Hemos llegado; cuando llegaron á una posición -oficial, obtenida á fuerza de intrigas y de concesiones. - -Pero ante un nombre como el de Chapí, ante una vida de trabajo digno, -en que todo se debe al propio esfuerzo, la admiración es culto y el -respeto obliga al ejemplo... Y el cronista llora con limpio llanto, -porque nunca lloró con llanto inútil por farsantes ni por malvados. - - * * * * * - -Sobremesa es esta de espiritual convite, de mística comunión, como en -la última Cena de Cristo, como en torno al Santo Grial, la de sus -caballeros guardadores, los hermanos de Percival y de Lohengrín. - -Sobre la vulgaridad cotidiana de nuestra vida, resplandeció la gloria -del Arte y sus alas de luz nos elevaron, aliviados de toda terrenal -pesadumbre, y la caricia de lo sublime estremeció nuestras almas -transfiguradas por el divino milagro del Arte. - -Y cuanto hay de divino en nosotros nos habló de inmortalidad. ¿No es -esta la verdadera, la única moralidad que debemos pedir al Arte? - -Después de oir «El Ocaso de los Dioses», yo no creo sinceros los -aplausos; esa vulgar aclamación no es digna de tanta grandeza. Nadie -palmotea ante el mar, nadie palmotea ante las tempestades, nadie ante -la serenidad armoniosa del cielo en una noche de verano. El espíritu -se recoge como en oración, y un silencio solemne de llanto contenido, -el llanto bueno que purifica como fuego sagrado, es la mejor acción de -gracias de nuestras almas. - -El único aplauso digno sería caer de rodillas, prosternados como ante -la elevación eucarística. - - * * * * * - -¿Qué nos dirán ahora para justificar su desdén por el público, los -inmaculados castellanos de las marfileñas torres? ¿Es inútil pretender -llegar á la multitud, como ellos aseguran? ¿Solo ignorancia y grosería -encontraremos en ella? El público madrileño respondió el domingo pasado -y en noches sucesivas, como acaso no esperaban muchos, á cuantos -quieren disculpar su vagancia ó su impotencia con la falta de sentido -artístico en el público. - -Con ser todo admirable--pasemos por alto deficiencias en la -interpretación y presentación de la obra,--lo más admirable, sin -duda, lo mejor de la gloriosa jornada, fué la actitud del público; -este admirable público madrileño, tan calumniado, pero de un instinto -artístico tan seguro, que, al contrario que en otros países, antes -que en la crítica sabia, hallan en el sostén y aliento los luchadores -sinceros por nuevas formas de Arte. - - * * * * * - -Y, en el triunfo del genio, ¿será justo olvidar á su compañera -inseparable la locura--según los modernos, algo ya anticuados -antropólogos,--personificada en el caso de Wagner, por aquel rey Luis -de Baviera; Nerón de poquito, Nerón todo dulzura, solo tirano en el -Imperio del Arte? - -¿Hubiera triunfado el genio sin el loco? ¡Gran asunto para nueva -trilogía! El emperador Guillermo, el rey Luis de Baviera y Wagner. La -fuerza, la locura y el genio, unidos para gloria del imperio grande y -fuerte. - -La crítica histórica minuciosa distribuirá razonablemente alabanzas y -censuras. Todas éstas para el noble rey loco. ¿Qué importa? Él también -fué necesario para la grande obra, y en la universal armonía, el fuerte -y el genio llaman hermano al loco. - - * * * * * - -Después de una representación del «Ocaso de los Dioses», pensaba yo, -cómo yerran los sintetizadores rotundos que para mayor comodidad, -clasifican á todo pueblo del Norte, como razonador y positivista, y á -todo pueblo meridional como idealista y soñador. Y he aquí, cómo en el -arte germánico, perduran los mitos heroicos y legendarios, y cómo entre -nosotros, apenas si concedemos un modesto lugar en la tradición; muy -desposeída de leyendas, á nuestros héroes. ¡Nosotros sí que sabemos -del Ocaso de los Dioses! Aquel gran socarrón de Cervantes fué el gran -enterrador de España. Verdad es que el entierro fué suntuoso, con gran -asistencia de monjas y frailes. No se puede morir más devotamente. Toda -la herencia se nos fué en fundaciones piadosas. Esperémoslo todo de -la desesperación de los desheredados. Cuando falte toda esperanza, la -desesperación puede ser también madre del heroísmo. - -¡Triste Rocinante, triste rucio de Sancho Panza, que vais tardos y -fatigosos por áridas llanuras, no hemos de trocaros por el caballo de -Brunilda, que galopó sobre nubes y en carrera loca fué conducido al -fuego, para que sobre la muerte del héroe y el perecer de los dioses, -triunfara el amor ideal de dos almas heroicas! - -¡Qué impropiamente llamado «Marcha fúnebre» el mas sublime pasaje -musical y dramático del Ocaso! Marcha al combate, al triunfo, á la -inmortalidad, debiera llamarse. - -Hay en la música de Wagner más filosofía que en todos los filósofos -alemanes. La que despierta en lo más íntimo y en lo más hondo de -nuestro espíritu el sentimiento de inmortalidad. - -La Vida es un enigma, el Arte es su revelación. ¿Nos dice la verdad? -No. ¿Para qué? Nos hace olvidarla. - - [Ilustración] - - - - - VII - - -La coincidencia en el arribo á Buenos Aires de dos gloriosos -escritores, de tan opuesto carácter y tendencias, como Anatole France y -Blasco Ibáñez, es comidilla en círculos literarios, donde se discute en -pro y en contra del efecto que cada uno podrá lograr con sus anunciadas -conferencias. - -Cuentan, los mantenedores por el gallo francés, con el «snobismo» -porteño, tan afecto á cuanto proceda de París, sean figurines de -modisto, sean figurines de literatura. Confiamos, los que ponemos por -el nuestro, fuera de méritos, que no es ocasión de parangonar, con la -indudable supremacía que la literatura española va logrando en aquellas -tierras, lenta, pero seguramente con el mayor entusiasmo que aportará -nuestro Blasco Ibáñez, y el mayor conocimiento del terreno que pisa, -con el espíritu español, más efusivo que el francés para entregarse al -extranjero; no digamos á lo que nosotros no podemos llamar extranjero, -por ser tan nuestro, hasta en eso de haberse entregado al francés -incautamente. - -Anatole France irá, de seguro, muy poseído de su superioridad, que es -la superioridad francesa; más dispuesto á ser admirado que á admirarse; -irá con la misma displicencia que los grandes actores franceses en sus -«tournées» por América, que suelen presentarse con lo más ramplón de su -repertorio y de su equipaje; muy convencidos de que les basta con su -nombre de París, para ser aplaudidos. Á esto se debe algunos fracasos -muy sonados y el que hoy sean preferidas las compañías españolas é -italianas. - -Yo deseo un viaje triunfal á Blasco Ibáñez, y desde ahora me atrevo á -pronosticar que lo será seguramente; sin desconocer que para Anatole -France serán los mayores éxtasis de los exquisitos. Lo mejor que -pueden desear los argentinos es que el sutil ironista francés quede -tan satisfecho de su viaje, que pretenda volver por allá, más tarde ó -más temprano; porque si no entra en sus planes el volver... ¡ya pueden -prepararse para leer lo que escriba de ellos á su regreso! De menos -hizo Dios á Juana de Arco. - - * * * * * - -Á la distinguida señora que me escribe, indignada por algunas -apreciaciones mías referentes á los padres españoles, recomiendo -para mi disculpa y su consuelo, la lectura de un libro recientemente -publicado en Francia: «La educación en la familia», por Thomas. - -Dice el autor: «Al tratar de la educación, y en particular de la -educación de los hijos en la familia burguesa, procuramos destacar los -pecados de los padres, persuadidos de que de ellos proviene la mayor -parte de los males que afligen á la sociedad. La tarea es ingrata, -porque pocas veces agradecemos las censuras. - -¡Cuánto más agradable sería exaltar los méritos del padre y el de -la madre; disculpar sus errores y sus preocupaciones y cultivar con -engaños discretos sus ilusiones! Tarea ingrata por su misma vulgaridad. -¿No se ha dicho ya todo sobre este asunto y no llegamos demasiado -tarde? Todo se ha dicho, pero ya que parece que no se ha oído, ¿haremos -mal en decirlo otra vez? Es conveniente, dijo Voltaire, despertar á -menudo la conciencia de las modistas y la de los reyes con una moral -que puede causarles impresión. Lo mismo puede decirse de la conciencia -de los padres.» - -Como vé mi ofendida comunicante, también en Francia hay padres -descuidados, y lo mismo podría decirse de todo el mundo, y si el autor -francés particulariza, como yo, por mi parte, es porque, además de que -cada uno habla de la feria según le va en ella, es natural que cada uno -hable de la feria que mejor conoce. - -No es que yo no haya conocido excelentes y admirables madres é -inteligentísimos padres. Tal vez por haber conocido lo mejor, soy más -exigente con lo mediano y con lo malo. - -Y si sólo á la salud física atendemos, ya no soy yo, es la estadística -implacable la que acusa á los padres españoles. Y nos quejamos de -Madrid, pero ¡cuando ve uno de cerca pueblos y aldeas!... Diga mi -amable, aunque airada comunicante, que, al juzgar por sí misma, -pretende igualar á todas las madres españolas: ¿no vió nunca en -apreturas y bullangas callejeras, en teatros y hasta en tendido de -sol en los toros mujeres con niños de muy corta edad, de pecho, en -los brazos, y no sintió indignación muy justificada? ¿Es por exceso -de cariño, es por lo que puedan gozar los angelitos á esa edad con el -espectáculo? ¿Que son pobres mujeres sin ilustración? No siempre; que -también en la clase media y en las más elevadas se cometen á diario, -como esos conatos de infanticidio, que alguna vez llega á consumación -y entonces es el acudir á los santos, porque al médico también suele -acudirse tarde. - -De la educación en su parte moral no hablemos, y vuelvo á recomendar el -supradicho libro; pero ¿quién no ha presenciado, aun en familias muy -distinguidas, discusiones violentas entre marido y mujer, en presencia -de los hijos? ¿Quién no conoce padres de esos que tienen por sistema -desautorizarse mutuamente ante los hijos, por ridícula competencia -de cariño y basta que el uno reprenda para que el otro disculpe y -viceversa; de modo que los hijos, dueños de la situación, acaban por -provocar á cada paso estas disidencias paternales, sabiendo que al cabo -siempre han de resultar gananciosos? - -De otros muchos errores y torpezas, no menos graves por ser hijas del -cariño, todos podemos catalogar por observación personal, un buen -número. - -No vale, pues, ofenderse, señora mía. Los ejemplos hay que buscarlos -en singular; las razones en plural. Yo sé de algunos admirables -ejemplos de padres y de madres; pero tengo muchas razones para hablar -como he hablado de las madres y de los padres. Por algo soy hijo de -quien mereció el nombre de «Médico de los niños», y más que contra las -enfermedades tuvo que luchar en su vida profesional con la ignorancia -de muchas madres y de muchos padres. Recuerdo haberle oído decir á -una madre que no sabía cómo expresar su agradecimiento, por creer que -le había salvado la vida de su hijo, enfermo de difteria, entonces -de más complicada y difícil curación que ahora.--No tiene usted que -agradecerme nada. Su hijo se ha salvado por bien educado. No he visto -niño más dócil para dejarse curar. - -Ya ven los padres cuánto importa una buena educación, hasta para las -enfermedades de sus hijos. - - * * * * * - -Algernon Carlos Swinburne era, con Jorge Meredith, el único gran poeta -inglés viviente; últimos los dos de aquella serie de grandes poetas -ingleses del siglo XIX, que empezó con Byron, Wordsworth, Shelley y -Keats, para continuar con Tennyson, Browning, Rossetti, Morris y el -que, aunque menor, no menos «Thoug the last not least», como Cordelia; -entre todos pudo brillar y con los mayores competir. - -Sus principios poéticos, de una escabrosidad que la Inglaterra oficial -no pudo perdonarle nunca, impidieron que, á la muerte de Tennyson--que -tan bien supo guardar todas las formas poéticas y sociales,--fuera -Swinburne nombrado poeta de cámara; que no otra cosa viene á ser el -título de «laureado poeta», concedido en Inglaterra. - -Como Shelley, como Byron, ¡qué ingleses en esto! pretendió ser un -revolucionario social, sin conseguir ser más que un admirable poeta. -Nunca el verso inglés, tan perfecto desde sus orígenes, con Spencer, -con Shakespeare, con Milton, alcanzó la fluidez, la variedad, la -armonía de las estrofas de Swinburne, de imposible traducción á otro -idioma. ¿Cómo ni á qué lenguaje se traduce una sonata, una sinfonía de -Beethoven? - -Fué el cantor de los mares y lo fué también de los niños, y al morir, -si no el aura popular de los contemporáneos, pudo sentir sobre su -frente el viento de los mares; el viento que él supo cantar y de quien -él dijo cómo sentía: - - «The delight that his doom is forever - To seek and desire and rejoice. - And the sense that eternity never - Shall silence his voice.» - - [Ilustración] - - - - - VIII - - -Cuando surge el héroe popular, ya sea héroe de un día, ya de los que -dan nombre y gloria á toda una época, criminal ó santo, víctima ó -triunfador, no importa estudiar la persona del héroe tanto como las -circunstancias, el ambiente social de que fué producto. Héroes causa -hay muy pocos; la mayor parte son héroes efecto. - -El héroe de estos días estaba en el ambiente; en las conversaciones -familiares, en las tertulias de café, en las discusiones técnicas, -en los bastidores de la política. Murmuración que apunta á ciegas, -acusaciones injustas tal vez al particularizar, pero ¡qué lógicas al -ser castigo, aunque no castiguen la verdadera falta! - -Y la falta no es de ahora, la falta es de origen; estuvo en aquella -memorable sesión, no lejana, que hizo vibrar las fibras más hondas del -patriotismo de aquellos, todo superficie, que lo echan todo en flores -más que en raíces. - -Así se hubiera encargado de la construcción de la escuadra un gobierno -de ángeles y los barcos hubieran caído del cielo á punto de navegar por -esos mares, la voz popular hubiera tenido siempre que poner tilde en -ellos, desconfiada del divino milagro. - -¿Por qué? Porque el país aun tiene la ropa en la orilla, tendida á -secar, como dijo el poeta; porque la herida aún no está cicatrizada; -porque quien una vez fué engañado en su confianza, tarda mucho en -volver á confiar, y acaso exagera su malicia por temor á caer otra -vez en confiado; porque el país sabe que dos ni cuatro barcos no son -una escuadra; porque había otras cosas más urgentes que recomponer, -y á ellas debió atenderse con preferencia, y la prisa en nuestros -directores por atender antes que todo á lo que el país no consideraba -tan apremiante hizo que el país desconfiara desde un principio. Aquí -hay negocio, se dijo. No lo habrá, no debe haberlo, la intención y los -hechos serán los más puros del mundo, pero los errores se pagan como -las culpas, y la acusación, las murmuraciones, la calumnia quizás, -si son injustas al señalar culpables, son justicieras al castigar la -culpa. No es hoy, fué el día de la memorable sesión, cuando alguien -debió levantarse y acusar muy alto. Aquel día fué cuando se engañó -al país, y eso es lo que el país no ha perdonado, y acusando hoy sin -pruebas, queremos creerlo, sin acertar en sus acusaciones, acusa con -justicia. - - * * * * * - -La gente anda por las calles como de costumbre; unos á sus ocupaciones, -otros á sus ocios, nadie piensa en asonadas ni en revoluciones; la -mayor parte de las calles tienen piso de asfalto y las barricadas no -son posibles sin adoquines. - -Pero, ante el alarde de fuerzas, el ir y venir de la policía, los -preparativos bélicos de enarenar las calles, la gente se detuvo -curiosa, los curiosos aumentan, se empieza á temer algo. ¿Qué va -á pasar aquí? Los comerciantes se alarman, entornan sus puertas y -resguardan sus vidrieras; la circulación de coches se dificulta, los -guardias pretenden despejar la calle, se discute, se protesta; un -guardia, malhumorado por el exceso de horas de servicio, increpa al más -pacífico curioso, que al verse increpado tan á destiempo se insolenta -con el guardia; un grupo toma partido por el transeúnte, increpa á su -vez al guardia, otros guardias intervienen á favor de su compañero, -salen los sables, gritos, carreras, atropellos. - -Al otro día el gobierno anuncia en nota oficiosa que no está dispuesto -á consentir que nadie altere el orden público con ningún pretexto, -y que tomará las más rigurosas medidas, y vuelve á desplegar gran -aparato bélico y vuelven los curiosos á curiosear, y vuelve á repetirse -la misma escena. Y yo pienso: ¿Quién altera el orden? Si la gente -no viera guardias, ni arena, ni parejas de la Guardia civil... ¿con -quién discutiría? ¿Por qué se formarían grupos á ver lo que pasaba? -Y ¿qué pasaría? Probablemente, que la gente iría tranquilamente por -las calles, como de costumbre, unos á sus ocupaciones, otros á sus -ocios. Si cuando uno no quiere, dos no riñen, ¿qué será cuando, aunque -uno quiera reñir, no tiene con quién? Pues en este procedimiento tan -sencillo, todavía no ha caído ningún gobierno, y esta medida de sentido -común es la única que no se le ocurre tomar para que nadie, con ningún -pretexto pueda alterar el orden público. Y, el orden público no se -alteraría si los del orden público no se alteraran tanto. - -Los detenidos ingresan por docenas en la cárcel. Si la detención se -prolonga, mal principio van á tener las primeras elecciones con voto -obligatorio, y si antes de ese día les dan suelta... votos seguros para -la candidatura ministerial, ó no hay gratitud en el mundo. - - [Ilustración] - - - - - IX - - -Basta que el señor obispo de Orense lo afirme, para creer que -el baldaquino famoso, amenazando ruina, el peor día, se hubiera -desprendido sobre los devotos y causado mayor número de víctimas que -las ocasionadas ahora por unos disparos de fusil, de mas inminente -efecto que el baldaquino. La letra, aunque sea episcopal, con sangre -entra y con sangre están regadas las páginas del Evangelio y las -páginas más gloriosas de la historia de la Iglesia; pero bueno -hubiera sido que el señor obispo, antes de la efectiva persuasión -de los fusiles, hubiera empleado algo de persuasión pastoral, hasta -convencer á sus borregos de la necesaria obra. No es de creer, por -muy duros de mollera que fuesen, capaces de resistir sobre ellas todo -el peso del baldaquino; ni por muy recelosos, como buenos aldeanos -gallegos, de que alguien tratara de lucrarse, como tantas veces en -casos semejantes; á poco que el Espíritu Santo hubiera inspirado á su -Ilustrísima, y mostrándoles además con razones la verdad del peligro, -hubieran desatendido á su buen pastor, obligándole á valerse del brazo -secular, como en los mejores tiempos del feudalismo episcopal; aquellos -buenos tiempos, más recordados en Galicia que en región alguna, por la -dramática leyenda del obispo D. Suero. - -Por algo el obispo de Jaca quiere, ante todo, contar con sus buenos -órganos en la prensa; así, en casos semejantes podrá llevar la palabra -persuasiva á sus feligreses, sin necesidad de convencerlos á tiro -limpio. Quizás con un buen periódico se hubiera evitado el sangriento -conflicto y muy desacertados están cuantos censuran al señor obispo de -Jaca por su propaganda. Compárese un procedimiento con otro. Siempre -será mejor poner periódicos que fusiles á disposición de los señores -obispos. - - * * * * * - -¡Valiente mico! ó mejor ¡valiente «lapin»! como allá se dice, le ha -colocado á su dulce amiga la República francesa, su aliado el Imperio -ruso. ¡Para que veas Marianita con quien te gastas los cuartos! Por -esta vez tu soberano amigo se ha mostrado digno de la «casquette á -trois ponts», distintivo clásico del «souteneur» parisiense. - -Después de haber sido su «marmita» apresurándote á cubrirle sus -empréstitos, en la primera ocasión que se le presenta de corresponder, -al muy cosaco, sale con que se niega á pagarte derechos de traducción -y representación por tus obras, fundado en que la pobreza de su país -no le permite esos lujos; aunque le permite el de sostener á sus -grandes duques; algo más pródigos en pagar, sin traducir, á las grandes -«cocottes» que á los grandes escritores franceses. Estos, aparentan no -darse por sentidos; altas razones patrióticas les obligan á ello, pero -otras les queda dentro y la alianza franco-rusa, ya muy resquebrajada, -quedará con esto para el divorcio; tema preferente de los escritores -franceses. - -El pueblo francés, tan amante de sus artistas, no tolera desdenes ni -ofensas para los gloriosos representantes de su intelectualidad. - -En cambio no sabrán agradecernos á nosotros, aunque no les debemos -las atenciones ni el dinero que los rusos; á más de los derechos -de traducción y de representación, nunca escatimamos, la oficial -oficiosidad de no molestarles en lo más mínimo con el recuerdo del Dos -de Mayo; cuya conmemoración, según rumores, quedará suprimida este año. - -No hay bien ni mal que cien años dure, y este recuerdo, que cumplió los -cien años en el pasado, no era justo que durase uno más en memoria tan -olvidadiza como la española. - -En vez de estas fiestas nacionales, podemos ir celebrando por -regiones, por pueblecitos y hasta por barrios, una porción de fiestas -conmemorativas de nuestras guerras civiles, pronunciamientos y motines. -Así, todo quedará en casa sin molestia para los de fuera. Cada uno -lo suyo, y á lo suyo. Por eso, ya que el Dos de Mayo no se celebre -como fiesta nacional, en recuerdo de una gloriosa guerra por la -Independencia española, ¿no será permitido á los madrileños celebrarla, -siquiera como recuerdo de un motín madrileño, un modesto motincito sin -importancia? Siquiera en el barrio de Maravillas, con mucha modestia, -no vayan á molestarse en Francia y paguemos nosotros el enfado que no -se han atrevido á mostrar á Rusia. - - * * * * * - -El honor de las mujeres hemos convenido desde muy antiguo, en -localizarlo. Por fortuna para ellas y aun para nosotros, la bondad -no es lo mismo que el honor y no tiene tan frágil asiento. El honor -de los hombres... ya anda más repartido; por la inteligencia, por el -corazón, por los brazos, por los bolsillos; por regiones materiales -y espirituales. Por lo mismo es más opinable y por lo mismo no debe -opinarse de él con tan ligera facilidad como ha dado en opinarse -ahora, de un modo definitivo é inapelable, por medio de los llamados -tribunales de honor. Bastaba con los tribunales de justicia, sólo -llamados á juzgar de los hechos, único juicio que en lo humano, puede -presumir de acercarse á la verdadera justicia. ¡Juzgar del honor! ¿Quién -sabe de eso? ¿Quién sabe en dónde está nuestro deber más cercano, más -imperativo? - -Aceptaré todavía los tribunales de honor y sus juicios, en cuerpos que -por tener sus deberes bien definidos, al cumplimiento de ellos han de -ajustar sus resoluciones. Pero en un círculo de sociedad, de recreo, -fuera de las incorrecciones cometidas en él, ¿en nombre de qué justicia -va á juzgarse? - -No han tenido confirmación determinaciones apuntadas con maliciosa -intención, y la verdadera justicia y el buen gusto deben celebrarlo. El -honor no se gana en un día, para que en un día pueda perderse. Quien -en una hora puede dejar de ser honrado es que no lo fué nunca. Todos -los que somos amigos del Sr. Macías sabemos que no es este su caso. -Podríamos dudar de sus razones, hasta de su razón, nunca de su honradez. - - [Ilustración] - - - - - X - - -¡Oh, el «sport» de París! En una revista representada en -«Folies-Bergère»--el que no haya visto una de estas revistas no -tiene idea del ingenio parisiense; es para elevar un monumento al peor -de nuestros currinches,--se ha introducido una escena: «El presidente -Castro en París», y ¿qué dirán ustedes que se les ha ocurrido? Hacerla -representar por Cónsul Peter; un chimpancé inteligentísimo; superior, -seguramente, en inteligencia al autor de la escena, al público que la -ríe y al que sin reírse la tolera. - -No es ocasión de juzgar la figura política del presidente Castro, y -mucho menos su figura particular; pero, habría de ser muy despreciable -y siempre merecería siquiera por ciudadano de un noble país, algo más -de consideración que la simiesca caricatura. No será por tirano por lo -que merezca de los franceses un desprecio que no han merecido de ellos -el zar de Rusia ni el sultán de Turquía. Ni por especulador de mal -género, suponiendo que lo hubiera sido; cuando ellos están á partir -un piñón con el buen Leopoldo de Bélgica y del Congo. ¿Qué espíritu -de moral justiciera es ese, tan severo con un presidente caído, como -tolerante con majestades encumbradas? Es que los franceses le hubieran -perdonado todo al presidente Castro; lo que no pueden perdonarle es la -oposición á dejar explotar su país por los especuladores franceses. - -Aprendan, aprendan los buenos americanos, lo que significan para -esa Francia y su París, al que ellos adoran y á donde ellos acuden -inocentes á copiar todos los figurines materiales y espirituales. -París que inventó por ellos y para ellos las palabras «rastaquere» y -«rastaquerisme»; París, que los arruina y se ríe de ellos. - -Por si la escena del mono, por ser en tal lugar y de tal arte, no -mereciera tomarse en cuenta como síntoma característico, ahí está -flamante y literaria la obra de Abel Hermant: «Trenes de lujo»; en -donde los americanos hacen también un papel ridículo. ¡Y tan contentos! -¿Qué dirían si en España, donde siempre se les ha tratado con respeto, -los escritores nos permitiéramos esas desconsideraciones? Pero en -París... ¡Ah, en París! ¡Son tan ingeniosos, tan espirituales! En -cualquier parte un chimpancé sería un chimpancé; pero allí no; es el -presidente de una nación americana; es todo un símbolo... ¡Ni los de -Ibsen! - - * * * * * - -La masa neutra ha demostrado en su primera presentación y á pesar de la -falta de ensayos, que no es tan neutra como algunos creían. ¡Gran error -pensar que los que no están con nadie no están en contra de uno! - -No ha sido el despertar de ningún león, seguramente, el pacífico salir -de sus casillas, aunque no del encasillado--todo se andará,--de los -retraídos electores. Pero vamos, como despertar de gato doméstico, -que duerme sosegado y vienen á molestarle, no ha estado mal el primer -arañazo. - -Algunos disgustos está llamada á dar esta masa neutra, que una vez -despierta, ha de avisparse más cada día. Malo para los gobernantes -si lo toman en serio, y peor si lo toman á broma y las elecciones -se convierten en «sport» á la moda. Por lo pronto, en estas -elecciones, las señoras se han movido como nunca... ¡No sean ustedes -maliciosos! Muy pronto habrá tés electorales y «soirees» de señoras -compromisarias. En las reuniones cursis se jugará á sacar diputados, -como antes á la lotería y á los estrechos. El clásico pucherazo, -reservado para interventores traviesos y secretarios de Ayuntamiento -marrulleros, correrá ahora á cargo de femeninas manos: más propias para -manejar pucheros. Con el voto obligatorio, la intervención electoral de -las mujeres será decisiva. Con cada varón votarán su esposa, su novia, -sus amigas. Será el voto neutro. Pero la masa será lo menos neutra -posible. Nada de medias tintas. Las mujeres son extremosas en todo; con -Dios ó con el diablo. Por eso, con la intervención de la masa neutra -en las votaciones, los que deben decidirse pronto por uno de estos -extremos, son los partidos neutros. Hay que decidirse; el país ya se ha -visto que esta decidido. - - * * * * * - -D. Enrique Vargas, en la redondez del mundo; Minuto, en la redondez -de las plazas, publica un reglamento de apuestas, con aplicación á -las corridas de toros, que vendrían á competir de esta suerte con los -frontones, hipódromos, casinos veraniegos y círculos aristocráticos. -Los verdaderos aficionados pondrán el grito en el cielo, al saber cómo -intenta desnaturalizarse nuestro castizo espectáculo; el más típico -ejemplar de arte por el arte mismo; estética pura. - -Mal síntoma es, en verdad, que ya sea preciso aderezar el filete, -como si lo sangrante no le bastara, con esta salsilla picante. Y peor -síntoma que haya sido un lidiador el primero que lo proponga; porque -indica cierta desconfianza en los propios recursos para amenizar la -fiesta. - -No es decir que ya no se haya puesto en práctica lo que ahora se -pretende. Recuerdo haber jugado varias «poules» en corridas de toros, -en que había de ganar el agraciado con el toro que más caballos -destripase. Recuerdo también, que para mayor aliciente, jugábamos -alguna vez una «poule» ilustrada, en las que un picador cogido valía -por un caballo, un banderillero por dos y un matador por cuatro. -La equivalencia, como puede juzgarse, era por sueldos. Esta última -combinación en las apuestas hubo de suprimirse á ruegos de una -distinguida señora, abonada á delantera de grada; porque, según nos -dijo aquello le parecía una barbaridad, porque cuando el toro que -se jugaba no había matado ningún caballo, no podía uno evitar el -mal pensamiento de desear que cogiera á alguien, aunque no fuera más -que un rasguñito, claro está... Todos los jugadores convinimos en -que, efectivamente, se sentía uno bárbaro, y suprimimos la «poule» -ilustrada. Nos sentíamos compasivos y era de ver cómo, en nuestro toro -increpábamos á los monos sabios porque no daban la puntilla en el acto -á los pobres caballos heridos... ¡Era una crueldad verlos padecer! El -corazón humano guarda tesoros de bondad incalculables; todo está en -saber llegar á su fibra sensible. - - [Ilustración] - - - - - XI - - -Por mi parte, no sé cómo corresponder á la atención del nuevo jefe -superior de policía. Su reciente circular, encaminada á la represión de -la blasfemia, trae, á modo de brindis, ofrecimiento ó envío, como en -balada antigua ó modernista--los extremos se tocan,--los nombres de D. -Mariano de Cávia, el mayor maestro, y el de este su menor discípulo. -Y ya quisiéramos ¡pardiez! á tan poca costa, ser siempre atendidos en -empresas de mayor empeño; porque, en verdad, si no da muy buena idea de -la cultura de un pueblo, ese verdadero derroche de torpes vocablos y -groseras frases y, repetidas veces, en cuanto al teatro se refiere, he -censurado el abuso de chulerías; de eso á pedir la intervención de la -autoridad, hay un abismo; temible siempre, como lo es toda intervención -de la autoridad en España. - -La grosería en el lenguaje, es sólo síntoma de la grosería espiritual, -que podrá taparse, pero no desaparecer con cataplasmas y parchecitos. -Buenos reconstituyentes y depurativos á cargo de padres, maestros y -educadores, han de ser más eficaces y procedentes. - -Entre tanto, sería de lamentar para nosotros, de reir para todos, que, -los mal supuestos inspiradores de la circular, fuéramos los primeros -en caer bajo su peso. ¿Quién puede responder de su pícara lengua en -cualquier momento? Y que, hay días, la verdad, en que sin dos ó tres -palabrotas bien colocadas, reventaría uno. Los fisiólogos saben que -esto de blasfemar y palabrotear, no tiene muchas veces más importancia -que la de cualquier otra necesidad fisiológica: una expansión de los -nervios, un escape de energías en palabras rimbombantes que acaso no -tienen más valor que el puramente onomatopéyico. - -Sabido es el cuento de aquel marinero que, desde la punta del palo -mayor, sintió escurrírsele pies y manos, y al prorrumpir en horrible -blasfemia, con desesperada contracción, logró asirse á una escala, casi -en el aire y salvó su vida. El cura del barco, espectador y oyente de -todo, le reprendió después muy severo: ¡Desdichado! ¡En tan horrible -peligro y no encontrar otras palabras que esa infernal blasfemia! ¿No -pensaste que Dios pudo haberte castigado? Ya puedes darle gracias. - ---Sí, padre; tiene usted razón... Fué una barbaridad lo que dije; pero, -mire usted, padre, como en vez de decir eso, me hubiera entretenido en -decir: ¡Jesús mío, Virgencita mía, salvadme!... Entonces es cuando no -agarro la cuerda y me descrismo... - - * * * * * - -Otra aplicación del sistema tan nacional, de preocuparse por lo -sintomático, es lo de andar pensando en festejos para remediar la -llamada crisis del comercio madrileño. ¡Pobre ciudad y pobre comercio -los que no cuenten para atraer viajeros y compradores con otros -recursos que unos malos festejos de feria! - -La gente sabe ya lo bastante, para haber aprendido que, justamente en -días de fiestas y jolgorios, es cuando se hace más insoportable la -estancia en cualquier parte. Esos señores comerciantes y fondistas, -tan interesados ahora en el atractivo de las fiestas, son después -los primeros en contribuir á que los pobres forasteros salgan de -Madrid como gatos escaldados. No hay en Madrid un solo hotel en -justa proporción de sus precios con sus comodidades. Hoteles que, en -cualquier capital del mundo, se considerarían como de tercer orden, -tienen aquí pretensiones como de primero. Del estado de calles, paseos, -coches de alquiler, servicio de tranvía, de la novedad y buen gusto -en los espectáculos públicos; de todo, en fin, lo que contribuye de -un modo permanente á la atracción de viajeros en otras capitales, no -hay para qué hablar, porque ya es milagroso, en estas condiciones, que -Madrid no se despueble á toda prisa para pensar en que vengan los de -fuera á gozar de sus encantos. - -Antes de pensar en fiestas, pensemos en barrer y en fregar la casa. Ya -que no vengan los de fuera, que estemos más á gusto los de dentro. - -Y cuando se piense en fiestas, sea en verdaderas fiestas de arte. -Bayreuth, ahora Munich, llaman gentes de todo el mundo, con sus ciclos -wagnerianos; Dresde con su teatro de arte; Strafford-sur Avon con sus -representaciones de obras de Shakespeare. Contamos nosotros con un -teatro clásico que es admiración de los extranjeros; representaciones -artísticas de sus obras más famosas atraerían, seguramente, á muchos -de sus admiradores, franceses, ingleses, alemanes particularmente. -Exposiciones arqueológicas, música y bailes nacionales; cabalgatas -históricas, en que no se desdeñaran de tomar parte activa, como -en otros países se acostumbra, sin el ridículo temor al ridículo, -nuestros aristócratas y nuestros artistas. Mucho puede hacerse con -buena voluntad y verdadero patriotismo, del grande; el que consiste en -hacer cada uno lo suyo, en vez de irle pidiendo al vecino que haga por -nosotros. - - [Ilustración] - - - - - XII - - -El piropo supone amabilidad y galantería; cuando era verdadero piropo -no era lo peor que las mujeres podían oir al pasar por las calles. Con -prohibirlo, ¿dejarán de oir groserías? El respeto á la calle que, por -ser tan de todos, es donde menos debemos ser cada cual como somos, -es la señal mas evidente de la cultura de un pueblo. Y aquí ¡cielo -santo! por la calle se habla á gritos de religión y de política, y -de mujeres y de hombres; por la calle le espetan á uno en su cara lo -mismo la admiración que el desprecio; que el comentario á la figura -que el juicio crítico del atavío, modesto ó llamativo; en la calle le -para á uno cualquiera, al sol ó la lluvia, sin conocernos mas que de -vista, y de plantón, nos refiere su lastimosa historia ó nos anuncia la -lectura de una comedia; en la calle nos interpela el amigo francote, -de acera á acera, sobre los asuntos más reservados:--Ya hablé con ese -hombre... Dice que te llevara al Juzgado... Ya nos veremos... Otras -veces, desde la plataforma de un tranvía, otro campechano, pero algo -más discreto, nos grita, cuando vamos sentados en el interior, entre -otros viajeros:--¿Cómo va? ¿Se le arregló á usted aquello?... ¡Aquello! -que abre amplios horizontes á la imaginación, y lo mismo puede ser -un pleito, que un disgusto de familia, que un órgano importante... -¿Habrá ordenanzas de policía capaces de evitar estas y otras mil -impertinencias callejeras, que no son piropos, ni blasfemias, ni -vendedores ambulantes? - - * * * * * - -Acabo de leer el nuevo libro de poesías de Fernández Shaw: «La vida -loca». Yo diría del libro y del poeta... Pero no; seamos discretos. -El propio autor nos ha dado una provechosa, y quiero demostrar que -aprovechada, lección de tacto y de mesura en esto de opinar sobre -autores contemporáneos. Preguntándole un crítico su opinión sobre el -teatro moderno, el señor Fernández Shaw no quiso en modo alguno soltar -prenda, se limitó á sonreir. ¡Oh, la sonrisa, qué discreta opinión! Y -á decir: No me pregunte usted. De los autores del siglo XIX, admiro á -Tamayo y á Ayala.--Sí que es un gusto; teniendo á Zorrilla y á García -Gutiérrez, más propios para ser admirados por un poeta. Pero el Sr. -Fernández Shaw respondió muy juiciosamente. «No se debe opinar en -público sobre autores vivos; otra cosa es en dedicatorias particulares. -Preferir á unos es molestar á los otros; celebrar á todos por igual, es -demasiado; decir francamente que todos son malos, es contradecir las -dedicatorias... Nada, nada; lo más discreto es sonreir y remontarse á -los muertos». Prudentísima actitud que yo tengo ahora muy en cuenta -y, aunque sabe Dios, que sólo flores pensaba decir del nuevo libro, -me limitaré á sonreir y á decirles á ustedes: Admiro á Góngora y á -Garcilaso. Ni con los del siglo XVIII ni con los del siglo XIX quiero -compromisos. - - * * * * * - -Los buenos propósitos duran poco. Leo otro libro: «Tardes del -Sanatorio», de Silvio Kosstti, y sin saber quién sea el autor, ni -tener de él otra noticia que su libro y nombre--suponiendo que sea el -verdadero y no un pseudónimo, como parece,--me atrevo á opinar y á -proclamarlo como libro de muy agradable y sabrosa lectura; libro que -sabe á vida, entre tantos que sólo saben á libros. Libro de humor y de -donaires, á la manera de aquel D. Francisco de Torres y Villarroel, -original excéntrico de nuestra literatura, tan poco estudiado todavía y -tan digno de serlo. - - * * * * * - -Un nuevo nombre viene, sacado á luz por minuciosa crítica literaria, á -disputar una vez más á Shakespeare la paternidad de sus obras. Antes -fué el de Bacon; después el del conde de Pembroke; ahora es el de -Rutland... Crítica sabia, crítica erudita, que no puede resignarse -á juzgar obras tan admirables, como obra de un comediante vulgar; -de un hombre que no podía ser literato... Pero ¿hay literatura en -las obras de Shakespeare? ¿Literatura personal, literatura que no -sea la de todos los predecesores y contemporáneos suyos en el teatro -inglés? ¿Hay en la técnica, en los asuntos, en la composición de sus -obras algo que no esté en los demás autores de su tiempo? ¿Qué hay -sobre todo esto en las obras de Shakespeare, para que á todas sean -superiores? ¿Es literatura? No. Es saber de la vida, del bien y del -mal de ella, de los palacios y de los tugurios, de los reyes y de -los rufianes... Y para esto, ¿quién mejor que el humilde comediante? -Shakespeare, literato, hubiera sido solo el autor de «Venus y Adonis»; -como Cervantes lo hubiera sido solo de «La Galatea» ó del «Persiles». -Shakespeare, como Cervantes, fueron ellos... por ser ellos; los que de -todo sufrieron y por todo pasaron... ¡Pasaron! Esa es la grandeza de -los espíritus superiores; pasar por todo. Los pequeños son los que no -pasan; se quedan en cualquier parte: en la literatura, por ejemplo: -Como esos críticos, empeñados en encontrar al literato en las obras -de Shakespeare; sin saber encontrar al hombre; el que reveló todo el -secreto de su alma y de su arte en aquel: «And I, Poor monster!» «Y yo -¡Pobre monstruo!» de su «Noche de Reyes». - - [Ilustración] - - - - - XIII - - -No sé si algún liberal de los fósiles, después de leer «El resplandor -de la hoguera», la última novela de Valle Inclán, le juzgara -definitivamente afiliado al partido carlista y le llorara muerto -para la literatura; para la literatura liberal, que no es toda la -literatura, por lo mismo que toda la literatura sea ante todo libertad. - -Por mí, sé decir que no conozco narración de nuestras guerras civiles -tan artísticamente desapasionada de toda idea de partido. Son en ella, -los de uno y otro bando, seres humanos de toda humanidad, y sobre ellos -pasa, fatídica, esa ventolera de locura colectiva que de cuando en -cuando enardece á los pueblos y los lleva á guerrear por cosas que el -día antes nada les importaban y que, en razón, no debieran importarles -nunca. Pasa entonces, sobre los espíritus más vulgares y pacíficos, -un aliento de grandeza, que convierte en gran estratégico á un rudo -cabecilla; en héroe, capaz del martirio, á un rústico idiota, en madre -de los Gracos, á la menos cívica campesina... en temibles conspiradoras -á buenas señoras de pueblo y á monjas bobaliconas... Los espíritus se -afinan, se sutilizan, se subliman... ¿En nombre de una idea? ¡Bah! Esto -de tener simpatía por una idea ó por otra, ¡depende de tan poca cosa! -Que fueran los carlistas ó los liberales los que robaron unas gallinas -ó los que llegaron con mal modo; que fuera de un partido ó del otro el -que prestó los cuartos sobre las tierras... ¡Ideas! ¿Qué saben de ideas -los que matan y los que mueren? «We are flies that gods kill for their -sport». Como decía el rey Lear: Somos como moscas, que los dioses matan -por pasatiempo. - -Este pasatiempo de los dioses, que se llama la guerra; esta fatalidad -de las pobres moscas humanas, que las lleva á combatir unas contra -otras, enloquecidas, parece sobre todo en la admirable narración de -Valle-Inclán; cuyo espíritu de artista no permite vulgares filiaciones -de partido político, ni siquiera de escuela literaria. - - * * * * * - -La Asociación Matritense de Caridad vuelve á solicitar el auxilio -y la atención de todos, en su loable propósito de extinguir la -mendicidad callejera. Para conseguirlo por completo hay algunos graves -inconvenientes. Somos desconfiados y sensibleros. Para ser desconfiados -tenemos muy buenas razones. Muchos siglos de pésima administración. -Para ser sensibleros no tenemos tantas, si consideramos que el problema -de la mendicidad no se remedia con sentimentalismos. Se trata de una -enfermedad social que es preciso combatir en sus raíces. Médicos y -sociólogos son los llamados á proponer remedios. - -El emplastito de los cinco céntimos, que nos quita por el momento -al mendigo molesto de delante, si basta á tranquilizar conciencias -fáciles, no basta á remediar miseria alguna. Sólo contribuye á fomentar -la vagancia. Téngase en cuenta que muchos de esos pobres madrileños -bigardos de todos conocidos, suelen ser santeros de ladrones y rateros, -cómplices de estafas y de mil trapisondas. No poco contribuyen -también al fomento de la vagancia y de la pillería nuestros señoritos -chirigoteros que dan en proteger á cualquier golfo desvergonzado y -le ríen las bufonadas y le celebran las desvergüenzas. Esa simpatía -estaría mejor empleada en el trabajador; pero acaso les es más fácil -ponerse en el caso del golfo y de ahí la simpatía. - -Triste es, también, rechazar con dureza al niño que nos tiende la mano; -pero debemos pensar que, si explotado por sus padres ó abandonado á sí -mismo, halla mayor facilidad en el pordioseo que en el trabajo ó en la -escuela, será ya imposible que desista de tan fácil vida. - -Dejémonos, pues, de sensiblerías; dejemos también la desconfianza. -Ayudemos entre todos á la Asociación de Caridad; que no hay motivos -para que en Madrid sea imposible lo que ha podido ser en otras -capitales de menos dinero, y tal vez de menos caridad. Un poco más de -cabeza y menos corazón. Cuando habiendo contribuído todos con la mejor -voluntad veamos que nada se ha remediado, tiempo será de considerar -fracasadas las gestiones de la Asociación y de las autoridades, y -podremos volver á repartir perritos chicos á tontas y locas, es decir, -á vagos y á pillos. No hay idea de lo bien que se duerme, cuando con -veinticinco ó treinta céntimos, cree uno haber resuelto el problema -social y haber ganado un buen asiento de paraíso. - - * * * * * - -El aristocrático público que asiste á las representaciones de Tina de -Lorenzo, en el teatro de la Comedia, no suele acudir hasta hora muy -avanzada de la noche. En este tiempo se prolonga el paseo, se come -tarde... Si alguna vez veis llegar presurosos, á las nueve en punto, -coches y automóviles, y al levantarse el telón, veis el teatro lleno, -podéis asegurar á qué género pertenece la comedia representada: es una -obra verde. Ahora sí, es preciso que la verdura sea alegre; que dé que -reir y no dé en qué pensar. Entre «La Sfumatura» y «La Donna Nuda», no -hay comparación posible. - -En los turnos blancos triunfan Feuillet y Ohnet, más blancos que la -nieve. ¡Señor! ¡Y á mí que no hay nada que me parezca tan inmoral como -la tontería! - -Por fortuna, las preciosas niñas abonadas tienen cara de estar pensando -en otra cosa. Y las mamás también, rejuvenecidas por los recuerdos del -«Romanzo d'un giovane povero»... ¡Recuerdos y esperanzas de vida! La -moral llama al orden desde el proscenio, con severa campanilla. Por la -sala, la vida agita sus cascabeles que suenan á risas. - - [Ilustración] - - - - - XIV - - -Á las naturales bromas, inspiradas por la natural desconfianza en la -aplicación de tanta y tanta pragmática como diluvia sobre madrileñas -cabezas--porque en provincias, ríanse ustedes de cierres á hora fija, -descansos dominicales, etc., etc.,--responden los ministerialísimos, -con atribuirlas á «críticos de café». Y en esa frase ponen todo el -desprecio que les inspiran los cuatro madrileños gatos que, á falta de -una tertulia ministerial, donde tomarlo de gorra, van á tomar un café -al café, con gotas de censura á la infalible política que nos gobierna. - -Estos críticos de café, gentecilla de poco más ó menos, con echarlo -todo á crítica y á broma, son los que impiden el buen éxito de tanta -sabia y moralizadora ordenanza. Se trata de prohibir la mendicidad -callejera; el crítico de café, ¡habrá escéptico! como va de su casa -al café por sus pasos contados y no en coche como las autoridades, -y en cada esquina le acosan veinte pobres, y si lleva prisa, ha -de echarse por medio de la calle, á riesgo de ser atropellado por -los automóviles--obedientes también á lo ordenado para regular su -marcha,--porque las aceras son círculo de recreo á los de la venerable -y castiza orden del Plantón; á poco práctico que sea en los golfos -de este mar, como dijo Tirso de Molina, verá cómo campan hampones, -recién salidos de presidio, vagos de profesión, agentes de toda clase -de negocios, toreros sin contrata, vendedores del «ful», libreros á la -menta... ¿Cómo no ha de tomar á broma las ordenanzas? - -Se prohibe la blasfemia, y hasta en los salones de conferencias del -Senado y Congreso, no hay divinidad que se respete, ni la de D. -Antonio Maura, y los que tenemos creencias, no sabemos ya á qué santo -encomendarnos, de quien no se haya dicho algo. - -Se prohibe molestar á las mujeres con piropos y se las deja á ellas en -libertad de molestarnos, como si nosotros no tuviéramos también nuestro -pudor y cada uno no supiera cuando le aprieta el zapato, y dónde ir á -calzarse lo que mejor le convenga. - -Y cuando todo esto vemos á cada hora, ¿no ha de sernos permitida la -más ligera crítica de café, sin vernos tratar de vulgacho? Todos no -podemos ir á murmurar en las mismísimas antecámaras de los ministerios, -ni en dorados salones, ni en despachos de directores de periódicos -ministeriales. ¡Oh! No hay duda de que allí la murmuración es más -sabrosa que en el vulgar café. Como que allí se cobra y aquí se paga. - -Pero en la política sucede como en el teatro; el público que paga es el -que menos aplaude ni silba; en cambio los de la gorra, sin perjuicio de -aparentar que aplauden en público, son los que desacreditan la obra y á -los actores en los corrillos del vestíbulo. - -No, señores ministeriales, la opinión, la prensa, el país, en general, -nunca han estado mejor dispuestos; nunca han querido «creer», tanto -como ahora, en que sería posible mejorar en algo, nunca han esperado -tanto... ¡Y aun lo envuelven ustedes todo en el despectivo nombre de -críticos de café! ¡Como están ustedes tan mal acostumbrados! No han -tenido ustedes otra verdadera oposición que la de esos críticos. Porque -la otra no ha sido de café, precisamente: ha sido... lo que suele -acompañarle á más del azúcar. - - * * * * * - -Nada más fácil que un poco de sociología á propósito del dispendio que -supone la nueva banda municipal. Pero yo, que en la aldea, en donde -paso largas temporadas, cuando llega algún pobre chicuelo á mi puerta y -allí se para á admirar las rosas del jardín, únicas flores en tan pobre -tierra, suelo unir á un pedazo de pan una rosa, no sin que alguien me -advierta que con el pan bastaba, aunque yo veo cómo muchas veces, la -boca hambrienta del chicuelo, antes que morder el pan, sonríe á la -rosa... ¿Cómo no he de estimar en lo que vale, aunque mucho cueste, -esta flor de arte prendida en nuestra pobreza, para alegrarla? Bien -está el pan, pero no están mal las rosas. - -Y bien está la banda municipal, y por esta vez sólo plácemes merece -nuestro Concejo. No frunza el ceño el «leader» del socialismo que, al -fin, el socialismo, por lo que tiene de armonía social, tiene mucho de -ideal artístico y mucho debe al arte, aunque nuestros socialistas le -traten con despego. - -Magnífico instrumental, excelentes músicos, dirección entusiasta. El -maestro Villa nada tiene que envidiar á los directores alemanes en -precisión y en claridad, con algo que no estorba nunca, el calor y la -sangre de la tierra. Como aquí trabaja uno por cada veinte que no hacen -nada, ese uno trabaja por los veinte: gracias á eso vamos tirando. El -maestro Villa es de los que trabajan. - -La banda madrileña, que desde hoy será orgullo de este pueblo, el del -gracioso andar de sus mujeres, aprendido al són de músicas callejeras, -tuvo un digno comienzo; saludar con la marcha de infantes á la -madrileñísima infanta Doña Isabel. Después... ¿hubo alguien que pensara -en lo que puede costar la banda? ¡Poder soberano del arte! Al salir del -concierto, nos parecía que los faroles de la villa alumbraban con mayor -claridad y que las calles estaban mas limpias y mejor cuidadas. - - * * * * * - -Moritz I es un chimpancé de los que alegran la vida á un «darwinista». -¡Que ocasión para un sabio aspirante á Menelao científico! como el -gracioso doctor de «Las tardes del Sanatorio». - -Pero no hay que olvidar á los de casa por los de fuera. ¿Ustedes no -conocen á la Nena, chimpancé hembra, residente en nuestra Casa de -fieras del Retiro? Nada tiene que envidiar á Moritz I, ni á Cónsul I y -II, ni á la mismísima Eva mona, de la que, acaso, todos descendemos. -Nena es una verdadera monada; posee todas las virtudes femeninas y una -más, la de vestirse con muy poco y no llevar sombrero. Tiene adoración -por el encargado de cuidarla, es cariñosa con los niños, rara condición -en monos y en institutrices; sus gracias son muchas y no profesionales, -ni enseñadas, sino de lo más espontáneo é instintivo. No debe -avergonzarnos nuestro origen. Yo no creo á Nena capaz de ir á sonsacar -á ningún mono Adán con la manzana. Nena se la hubiera comido ella sola. - - [Ilustración] - - - - - XV - - -Verdaderas fiestas de arte son las que prepara la ciudad de Munich, -para lograr honra y provecho que á despecho de nuestro pesimista -proverbio, bien caben en un saco. El programa no puede ser mas -atractivo. De Julio á Agosto, en el teatro Real de la Residencia, -festival de Mozart, en dos series de representaciones. «Las bodas de -Fígaro», «Don Juan», «El rapto en el serrallo», «Así hacen todas»; -obras maestras de gracia, de sentimiento, de cortesanía, propias para -ser cantadas en salones de príncipes artistas. De Agosto á Septiembre, -en el teatro del Príncipe Regente, ciclos wagnerianos: «Los maestros -cantores», «Tristán é Iseo», «Tanhauser» y la trilogía con su prólogo -«El oro del Rhin». Estas representaciones, al decir de cuantos han -podido comparar unas y otras, exceden á las de Bayreuth por el mérito -de los cantantes y lo perfecto de la presentación en escena. Por si no -fuera bastante, de Junio á Septiembre actuará la compañía del teatro -de los Artistas, la más renombrada de Alemania, bajo la dirección -del profesor Max Rheinhardt. En el repertorio figuran: «Hamlet», -«Sueño en noche estival», «El mercader de Venecia», de Shakespeare; -«Fausto», de Goethe; «Los bandidos», de Schiller; «Lisistrata», de -Aristófanes. Obras que estamos hartos de ver por aquí, á petición de -los distinguidos abonados á turno de moda. - -Con estas bagatelas basta para que á la ciudad de Munich llegue -gente de todas partes á dejar muy gustosa su dinero. El arte bien -administrado puede ser industria muy provechosa. No lo olviden nuestras -inevitables comisiones cuando vuelvan á pensar, con mejor fortuna, -en organizar festejos. El Teatro Nacional, bien organizado, pudiera -ser excelente base para estas fiestas de arte. El Teatro español, -antiguo y moderno, interesa más de lo que nosotros creemos á muchos -extranjeros. No hay que juzgar por lo que signifiquemos en Francia. Es -vulgar creencia española que, por nuestra amable vecina, nos llega á -los españoles toda claridad intelectual. Yo creo que en muchos casos, ó -la intercepta ó la refleja del color de sus cristales; que no son los -más claros. Los franceses ó no se interesan por lo extranjero, ó, si se -interesan por algo, han de decir que es suyo. Ahora mismo, admirados -ante los bailarines rusos, aseguran que si son admirables es porque han -recogido la tradición del baile francés, casi perdida en Francia. En -los saltos prodigiosos del bailarín Nijinsky aplauden, más que nada, lo -que tienen de salto hacia atrás, hacia el gran arte del baile francés. -De los franceses procede todo; ellos solos son principio y fin de todas -las cosas. - - * * * * * - -La Exposición de la Infancia no ha pasado de ser una plausible -buena intención; un modesto ensayo, que no debe desanimar á sus -organizadores, para acometer de nuevo la empresa. Tal como esta es muy -poco, en algo de tan sagrado interés como la infancia. Una escuela -modelo que, en efecto lo es, si recordamos muchas que hemos visto. -Libros para niños, con vistosas, no muy artísticas cubiertas... ¡Ah, -los libros ingleses para niños, primores de arte! - -En la Exposición se muestran cerrados; y si hemos de juzgar por algunos -que en alguna ocasión hojeamos, bien están así; es como pueden ser más -provechosos. - -Aun así, la Exposición debe ser visitada por todos. Lo deficiente -es el mejor acicate al deseo de mejorar. Si hubiéramos llegado á la -perfección, tal vez nos dormiríamos; y ahora que á muchos sabios les -ha dado por predicar las ventajas de la ignorancia, no es hora de que -duerman cuantos creen, como dijo Jesús, que sólo no es perdonable un -pecado; el pecado contra el Espíritu. En España llevamos mucho tiempo -de pecar contra él; porque el mayor pecado es la ignorancia. - - * * * * * - -Llueven censuras sobre Felipe Trigo á cada nueva novela que publica. -Graves moralistas lanzan contra él los más terribles anatemas. Dicen -sus detractores que abusa de la cuerda sensible amatoria. ¿No hay -asunto más interesante para el señor Trigo que este de la sexualidad? Y -¿creen ustedes en efecto, que hay otro mas importante? De ahí nacimos -todos y esa es toda la vida. No sirve hacerse los desentendidos. Si -hombres y mujeres civilizados pretenden hacer asunto de misterio de -ese asunto, es porque saben bien que en él está el verdadero secreto -de nuestra vida y hay pocas vidas que puedan mostrar sus secretos. -Dime cómo amas, te diré quién eres. Obras de arte, empresas guerreras -y políticas, heroísmos de la santidad, monstruosidades del crimen... -Todo lo que admira ó espanta en la historia de la humanidad... ¿En -dónde está nuestro secreto? «Behind the veil»; detrás del velo, como -dijo Tennyson, en otro sentido, pero más exacto en éste. Detrás del -velo pudoroso con que todos procuramos ocultar el misterio de nuestros -amores... Todos, y más que nadie, los fanfarrones del amor... ¡Ah! De -esos, ya se sabe: dime de lo que presumes y te diré lo que no tienes. -De Don Juan Tenorio se sabe lo que él pregonaba, la lista de sus -conquistas; pero también se sabe que no tuvo hijos. Hay para dar en qué -pensar. En cambio, ¡hay tantos que no presumen y podrían llevar una -lista más numerosa y más completa que la de Don Juan Tenorio! - -Y en las mujeres... ¡Pobre Don Juan, qué sabía él de las muchas mujeres -que le harían cara sólo por el gusto de añadir uno más á su lista! - -Los más impenetrables secretos de la historia serían de una diafanidad -asombrosa si los historiadores hubieran sabido darnos tan cabal cuenta -del acto de amor, en sus personajes, como Felipe Trigo sabe dárnosla de -los suyos en sus novelas. - -Por ejemplo; del proceso y prisión del príncipe D. Carlos, tan -diversamente comentado por historiadores y poetas, yo creo... Pero -seamos pudorosos. Si yo dijera lo que creo, se escandalizarían ustedes -como de una novela de Felipe Trigo. - - [Ilustración] - - - - - XVI - - -Nuestro previsor y paternal gobierno, en vista de que el verano se -presenta aburrido, y acaso la banda municipal, no por falta de méritos, -sino por falta de lugares acomodados en que lucirlos, no baste á la -amenidad de nuestra vida, ha resuelto sustituir el acreditado crimen -misterioso de todos los veranos con algo tan interesante por lo menos: -la guerra misteriosa. Ella será el acertijo, la inquietud y el interés -de todos: ¿Iremos á Marruecos? ¿Vamos? ¿No vamos? ¿Tenemos que hacer -allí? ¿No tenemos que hacer allí nada? - -Nuestros mejores talentos geográficos, diplomáticos, sociológicos, -financieros, los que conocen el imperio vecino como su propia casa -y los que pasaron cuatro días en Tánger en aventuras exóticas á lo -Loti, hartándose de judías, que ellos toman por moras, y figurándose -correr mil peligros en la conquista de alguna noble favorita de moro -rico, que luego resulta ser una bella Fátima de Marsella y su dueño -y celoso señor un apache con turbante y babuchas; todos ellos pueden -hacer gala en artículos periodísticos y conversaciones de playa ó -Casino de sus profundos conocimientos, y volveremos á oir aquello de: -«El país no quiere aventuras», ó «No debemos renunciar al importante -papel que, por nuestra historia y nuestro porvenir, estamos llamados -á representar en Marruecos». Y habrá planos trazados en las arenosas -playas ó en los tableros de mármol de los cafés, y habrá estadísticas -comerciales abrumadoras. Nuestro comercio de exportación, nuestra -industria... Y unos gritarán: «¡Guerra, guerra!», y otros clamarán que -la guerra sería el fin de España, ese fin anunciado tantas veces y que, -por fortuna, no llegará nunca; porque España es tan dura de pelar como -el imperio de Marruecos, amenazado siempre también de aniquilamiento -y ruina. ¡Nadie puede calcular la fuerza de los débiles! Ni nadie en -mejores condiciones que ellos para atreverse á todo. Si algo debe -hacernos dudar en acometer la aventura, es esa consideración: Por poco -que tengamos que perder nosotros, aún tienen menos que perder ellos, -y esa ventaja es inapreciable para toda clase de luchas. Las guerras -y los negocios, sin dinero; es el único modo de no perder nunca. Yo -creo que si algo nos estorba en España para volver á recobrar nuestro -prestigio en el mundo, no es nuestra pobreza, sino los cuatro cuartos -que tenemos. El día que nos decidamos á tirarlos por la ventana, -empezaremos á ser alguien. - - * * * * * - -El señor ministro de la Gobernación piensa en enérgicas medidas para -evitar que en lo sucesivo registre la crónica tauromáquica jornadas tan -desastrosas como la última de las cinco cogidas. ¡Cinco en un solo día! -Es demasiado. ¡Y en distintas plazas! Para que no puedan disfrutar de -todas ellas los mismos espectadores... Es lamentable. - -¿Medidas enérgicas? - -La profusión de accidentes no es el mejor motivo para tomar medidas -enérgicas contra la fiesta taurina. ¿Qué más enérgica medida que la de -los mismos toros? Á pocos domingos como el de marras, no quedaba un -torero, y asunto resuelto. - -¿Vendrá la supresión en absoluto? Hombre es D. Juan capaz de -atreverse, no digo con la torería, hasta con el clero, si esto no fuera -contra la doctrina conservadora. ¡Ah, si D. Juan fuera liberal como es -conservador, la ley de Asociaciones no hubiera quedado en proyecto! - -¿Tendremos corridas á la portuguesa? ¿Se exigirá á cuantos toreros -pisen plazas un certificado de suficiencia; bachillerato para torear -novillos, licenciatura para toros y doctorado para miuras? - -¿Por dónde vendrá la muerte? Mal haría el señor ministro en querer -precipitarla, exponiéndose por el contrario á levantar al toro, -como cachetero desmañado. Deje, deje á toreros, ganaderos, toros y -público, que ellos solos se bastan para concluir con la fiesta, por -aburrimiento, que es la más segura muerte. - -Entre esos toreros, en vano aupados por los amigos; esos toreros de una -estocada, que bien pudiera llamarse la estocada del hambre, cada cinco -años; las exigencias de los eminentes, la falta de tradición en los -aprendices toreros y en el público aficionado que ya, por no haberlo -visto en muchos años, no sabe distinguir un volapié de una carrerilla -de esas con que ahora se caza, no se mata, á los toros... Además, las -clases obreras están más alejadas cada día del espectáculo, sostenido -por la clase media desocupada y la aristocracia aburrida, y... síntoma -significativo: á los niños de ahora no les gustan los toros. He podido -comprobarlo en repetidas observaciones. - -Unos cuantos años más y habrá que sostener las corridas de toros con -subvenciones del Estado, como una curiosidad arqueológica que puede -interesar á los extranjeros. - - [Ilustración] - - - - - XVII - - -Y ¡aun hay vanidosos! Esto pensaba yo el otro día, ante el mausoleo de -Chueca, inaugurado con... ¿solemnidad? ¡Oh, sí! Demasiada solemnidad. - -Amables oradores, lisonjeros poetas nos hablaron del pueblo allí -presente para honrar á su músico... ¿El pueblo? Yo no le ví por ninguna -parte. Allí no estábamos mas que los precisos operarios, el grupo de -siempre, los de obligación. Y no todos. Las bellas artistas de nuestros -teatros alegaron en disculpa de su ausencia, la hora inconveniente; -hora de ensayos ó de sección «vermouth»... ¡Vaya por Dios! ¿Para qué -mejor ocasión juzgarán las empresas que valía la pena de conceder un -día de asueto á sus artistas? - -Y esto por Chueca, el popular, el glorioso entre todos. ¿Se entera -usted, señor don Nadie? Usted, el que cree haber conquistado el -derecho á la inmortalidad, con una crónica colorista ó con un soneto -cincelado; usted, el que apenas se digna saludar á los amigos, y va -usted, por esas calles, despreciando las baldosas que pisa; indigno -pedestal de su grandeza... ¿No le aprovechará á usted de nada esta -lección y tantas otras? ¡Cúrate vanidad!, como dice el Rey Lear. -Aprende que no es preciso salir de España para que el nombre de -Cervantes sea ignorado; que de Zorrilla, el popular poeta, no hay, -fuera del consabido círculo, quien sepa más allá del «Tenorio»; y yo sé -de personas bastante cultas, que confundieron al poeta con el político. - -¡Cómo nos engañamos unos á otros con esto de la popularidad! Se -lamentaba un buen señor, indignamente puesto en ridículo por su -esposa... ¡Ya ve usted! ¡Todo Madrid lo sabe!--¡Bah!--le consolaba un -amigo;--¿todo Madrid? Váyase usted á Carabanchel. - -¿Es usted popular? Pues pregunte, pregunte al primero que pase por la -calle... Y aun queda mucho mundo y otros mundos... y ¡aun hay vanidosos! - - * * * * * - -El reglamento del Teatro Español--por fin, es Español,--aun no esta -aprobado oficialmente, y claro está que cuanto de él se anticipe, -estará expuesto á rectificaciones. Mas, como una vez aprobado, sería -tarde para ponerle peros, es preferible pecar de anticipado, llamando -la atención sobre algunas ligeras enormidades anunciadas, que aun es -tiempo de rectificar. - -Primeramente se anuncia que el cuadro de artistas se dividirá en dos, -uno dramático y otro cómico. ¿Á qué esa división? En el Teatro Francés -puede estar justificada, porque en Francia la tragedia clásica es un -género aparte, y es tragedia desde antes de levantarse el telón hasta -que termina, sin mezcla de comedia alguna. Pero en el Teatro Español, -aparte media docena de tragedias á lo clásico, de que vale mas no -acordarse, lo mismo en el teatro antiguo que en el moderno, lo trágico -y lo cómico se entremezclan de tal manera, no ya en cada obra, sino en -cada personaje, que esa división entre actores dramáticos y cómicos -sólo puede conducir á promover un conflicto por obra. - -Se reparte «El alcalde de Zalamea». ¿Que cuadro debe representarlo? ¿El -dramático? ¿El cómico? El papel de Don Lope de Figueroa, ¿es trágico? -¿es cómico? - -¡Así que nuestros actores necesitan mucho para clasificarse y rechazar -papeles que no creen de su cuerda! Yo soy del cuadro dramático--diría -alguno,--y en este papel que me han repartido hay dos chistes y una -situación cómica. Yo estoy aquí para hacer reir--diría el otro,--y al -personaje que represento se le muere un tío, que no le deja nada, en -el segundo acto. Suprima, suprima la comisión ese articulito. Compañía -una; dramática y cómica. Nada de clasificaciones. Jóvenes, los jóvenes; -actores de carácter, los veteranos; graciosos ó tristes, según pida -el carácter de los personajes. Nada de damitas con cuarenta años de -servicios, poniendo la boca chiquita para decir: ¡papá y mamá! Nada -de galanes jóvenes con bisoñé y dentadura postiza. Esto en cuanto se -refiere á la organización de la compañía. - -La otra pequeña atrocidad es la siguiente: El criterio para retirar las -obras del cartel no será otro que el ingreso en taquilla. ¿Sí? Pues -¡vive Dios! que para eso no hacía falta teatro subvencionado, y ese -criterio es el de cualquier empresario negociante y aun no tan á punta -de perro chico. Según ese criterio, muy expuestos estarán Lope de Vega, -Calderón y el mismísimo Shakespeare, á tener que ceder el sitio más -que á paso á cualquier bufonada ó melodrama de público. Todos creíamos -que, justamente, la subvención sería para eso; para imponer una obra de -arte, cuando el dinero del público no bastara á sostenerla. - -Con ese criterio, el Museo de Pinturas ya debiera de estar cerrado ó -haberse sustituído por un «cine»; ¡si se fuera á juzgar del mérito de -Velázquez por el número de entradas vendidas para ver sus cuadros! - -Claro es que no hay autor vivo que no crea sus obras del más soberano -arte, y todos pretenderían verlas perpetuarse en el cartel, á costa del -Estado. El criterio del ingreso es el más seguro... La obra de usted -es una obra de arte, pero no da tres pesetas... ¡Mal, muy mal van á -pasarlo nuestros clásicos, con Shakespeare, Molière, Ibsen, etc., en el -nuevo Teatro Español! - -Los vivos, los verdaderos vivos, menos mal, ya se ingeniarán para -tomarle el aire al abono, al público y á la dirección artística; y el -teatro subvencionado será... un teatro más. Y es lo menos malo que -puede sucederle. - -Conste que en nada de lo dicho, hay el menor deseo de destripar el -cuento. Muy pocos se habrán interesado, mejor dicho, desinteresado -tanto como yo, por el nuevo teatro. Por lo mismo, quisiera verle nacer -en las condiciones más viables y, si de mí dependiera, su vida sería -larga y próspera. ¿No es de agradecer todo esto? Porque, en fin, que -recen y practiquen los creyentes, que algo esperan, después de todo, -bien está... Pero, ¿los que no creemos y rezamos? Y eso me pasa á mí -con el Teatro Español... ¡Á ver si no es virtud! - - [Ilustración] - - - - - XVIII - - -Si en casa del jugador poco dura la alegría, en casa del aficionado -á toreros aun suele durar menos. Es tan natural orden de la vida -una alternada distribución en los sucesos, que las rachas son algo -extraordinario, y el jugador prudente se atiene en sus combinaciones al -más probable «tierce á tout»; dejando lo de jugar á la repetida para el -jugador de fortuna, siempre en espera de lo inusitado y fuera del orden. - -Del mismo modo los buenos aficionados saben de antiguo lo ocasionado -que es con toreros y toros jugar á la repetida; como saben las empresas -lo fácil de engañar al público, con anunciar el mismo juego. - -En esta temporada los aficionados quieren distraer su aburrimiento, -dedicándose á la inocente ilusión de inventar toreros. ¡Para que -aprendan los eminentes! Ya en tiempos del Guerra fueron muchos los que -pusieron el mismo empeño en la misma empresa. ¡Pobres flores de una -tarde con suerte!; todo lo más de una temporada. Y menos mal, cuando -no dejándose «inventar», se resignan á volver al montón y no toman en -serio un papel superior á sus fuerzas y conocimientos, que, de otra -suerte, el desengaño suele llegar con una cornada, de las muchas que -los espectadores tienen á su cargo. - -No es hora de predicar contra la sublime fiesta y no soy de los que -creen que ella tenga gran culpa en el atraso de España. De los toros, -como del clericalismo, creo que no son causa de nada, sino efecto de -mucho. No son unos ni otro los que tienen la culpa de nuestro atraso; -es nuestro atraso el que tiene la culpa de toros y de clericales. - -El que no tiene inteligencia bastante para pensar por sí propio, si no -se dejara influir por un director espiritual, iría á consultar con la -sonámbula ó con la echadora de cartas ó con el primer embaucador que -se le presentara. El que no halla diversión más de su gusto que una -corrida de toros, si se las suprimieran, buscaría otra más bárbara, más -estúpida, y nada abríamos adelantado. - -Cuantos han combatido las corridas de toros, han fundado siempre sus -invectivas en la parte menos vulnerable del espectáculo, lo peligroso -y lo sangriento. ¡Bah! Si á eso fuéramos... Todo el mundo es plaza y -toda la vida es lidia. - -Por esa parte, el espectáculo hasta es beneficioso; un derivativo -muy atenuado para nuestro espíritu inquisitoral, atormentador... El -fogueo de toros nos compensa del fogueo de herejes; cada gritería al -presidente, acaso evita un motín popular, y cada cincuenta corridas, -por lo menos, suponen un desgaste de ferocidad que hace imposible una -guerra civil. - -No es por lo cruel, ni por lo sangriento, por donde hay que atacar al -espectáculo, es sencillamente... por tonto. - -El toro bravo, verdaderamente de lidia, es un producto artificial, cada -vez más raro y más difícil de obtener. La natural condición del toro es -pacífica; por algo el ornamento cornamental fué siempre símbolo de la -más apacible conformidad conyugal. Así, bien puede asegurarse que de -cien toros, los noventa y nueve salen al coso más dispuestos á mugir -saudades dehesiles que á meterse en pelea. Y ¡es de ver el lastimoso -espectáculo del acoso, en torno al triste animalito! Se le persigue, se -le azuza, se estrecha el círculo de tortura... Por fin, se consigue -enfurecerle, empuja, derriba á ciegas... ¡Un triunfo de arte y de -gracia! - -¿Qué diremos de la elegante suerte de varas? ¿Qué diremos del forzado -valor, todo para la galería; el chulesco valor de los lidiadores? La -palidez de los rostros, distendidos los músculos en rictus, que bien -quisiera aparentar una sonrisa... ¡Ah, la sonrisita del torero! Un buen -anatómico ó buen pintor pueden dar razón de ella... - -Y ¿qué diremos de la alegría del espectáculo? Alegre un espectáculo en -que el espectador se pasa la tarde rabiando. Rabieta si rajaron al toro -de un puyazo y le quitaron facultades; rabieta si no le castigaron lo -bastante y conserva demasiado poder; rabieta si le recortan; rabieta -si no le paran los pies; rabieta si el torero de las simpatías no -estuvo muy afortunado, y rabieta si lo estuvo el de las antipatías... -Rabietas regionales, si quedó Córdoba mejor que Sevilla ó Sevilla mejor -que Madrid... Rabieta con el presidente; rabieta con el matador de las -6.000 pesetas; rabieta y discusión acalorada con el espectador de al -lado y con el de detrás y con los de delante... ¡Si les digo á ustedes -que no hay diversión que se le parezca! Y después de proferir toda -clase de insultos, de injurias, contra los toreros sobrado prudentes, -de echarles en cara sus ganancias y sus glorias, cuando la desgracia -ocurre y el torero es entre los cuernos y las patas del toro un -andrajo humano... la compasión más sensiblera; una compasión que, no -diremos mal empleada en este caso, pero sí que debiera repartirse más -equitativamente entre el obrero víctima de un accidente en su trabajo, -la costurera enferma de tuberculosis, de tanto darle á la aguja y -tantas otras víctimas de un trabajo sin luz, sin aire y sin aplausos. - -¿Que hay exageración en todo esto? Prueben, prueben los aficionados á -dejar de asistir á las corridas durante una temporada, y si después de -algún tiempo, al volver á presenciar una, no sienten como yo toda la -estupidez del ridículo espectáculo, será... ¡Triste sería! porque la -verdad no tiene para ellos ningún camino; ni el del aburrimiento. - -Solo el valor de un Frascuelo, superior á las cobardías del público, -ó el arte primoroso de un Lagartijo y su frescura y despreocupación, -superior á los insultos de ese mismo público, ó la maestría suprema de -un Guerra, superior á los toros, al público y al espectáculo, pueden -dar un aire de grandeza á las corridas. Pero la excepción confirma la -regla, y el genio es superior á todo, á la misma esfera social en que -emplea su actividad. Han existido ladrones y asesinos de genio, que no -disculpan por eso el robo ni el asesinato. - -Algo hay en los toros, no obstante, que les hace ser digno espectáculo -de un filósofo. Si en la vida fuera todo bondad; si los hombres fueran -siempre dignos y justos y razonables, la idea de la muerte sería -tormento insoportable para el espíritu... ¡Dejar un mundo de delicias; -separarse para siempre de una humanidad tan perfecta! - -Conviene de cuando en cuando asomarse á donde toda la estupidez y la -bajeza humanas se muestran en toda su desnudez, para que la idea de la -muerte no nos parezca tan triste y hasta nos sea apetecible. Y hay que -confesar que nada para esto como una corrida de toros. - - [Ilustración] - - - - - XIX - - -El verano es la estación de las grandes crisis en las compañías -teatrales. Se comprende; después de toda una larga temporada de -invierno, los artistas con los empresarios, éstos con los artistas, y -los artistas unos con otros, están que no pueden ya aguantarse. Tiene -la vida del teatro algo de la vida á bordo; los primeros días todos -los pasajeros simpatizan, todos parecen encantadores, se organiza -toda clase de fiestas en que todos toman parte; poco á poco se van -separando en grupos, cada día mas reducidos; en cada uno se murmura de -los otros; al final de la travesía, ya no hay ni grupos; cada pasajero -pasea solitario ó lee apartado de los demás, y en su interior piensa -que en su vida ha tratado con gente más antipática y desagradable. Unos -días más, y acabarían todos arrojándose unos á otros por las bordas en -descomunal pelea. - -El teatro es lo mismo. Á principios de temporada todos se adoran, se -recibe con efusión á los recién llegados.--Aquí, aquí es donde tiene -usted su puesto.--¡Qué gusto verme entre ustedes!--Las actrices se -hacen confidencias de todo género. Los actores se muestran galantes con -todas ellas. Aquello es un paraíso... Pero no va mediada la temporada, -cuando ya sólo se juntan unos para murmurar de los otros, y viceversa; -y si se juntan todos es para conspirar contra el empresario ó hablar -mal de una obra. Y al terminar la temporada, ni para eso.--«Ciascun per -se»--como cantan en «Los Hugonotes». - -No hay que pensar por esto que los actores sean de peor condición que -los demás humanos. Si en todas las profesiones el trabajo hubiera de -ser en comunidad y las relaciones tan constantes, también veríamos -cosas. Más separados viven unos de otros pintores, escritores, -médicos, abogados, y no se quieren más ni mejor por eso. No hablemos -de la fraternidad periodística... Y los chismes de bastidores no -son nada, comparados con los de sacristía. ¡Hay cada párroco y cada -teniente cura, que... ríanse ustedes de las primeras tiples en lo de -despellejarse unos á otros! - -En fin, que la temporada próxima promete, y lo único de lamentar por mi -parte es... que me cogerá sin dinero... - -Porque en el teatro, como en todo, ¡es tan agradable el papel de -espectador! - - * * * * * - -Son muchas las personas que me escriben, unas para felicitarme, otras -para increparme, por mis ligeras consideraciones sobre las corridas de -toros; otras, sencillamente, para mostrarme su extrañeza. - ---¡Hombre, usted tan aficionado antes!... - ---¿Aficionado? Le diré á usted. Á no ser en los tiempos del Guerra á -mi juicio el torero más asombroso, la verdad es que siempre me han -aburrido las corridas de toros. Esto, en cuanto al espectáculo; que -de los espectadores, ¡no se diga! Siempre he buscado la localidad más -tranquila de la plaza. Me han indignado siempre esos energúmenos que no -se divierten si no pasan la tarde gritando, molestando á todo el mundo; -que si ¡Ladrón!, que si ¡Criminal!, que si ¡Por derecho!, que si ¡Á la -cárcel!, que si la madre, que si toda la familia... todo un «specimen» -de educación nacional. Esos energúmenos son los mismos que en el -teatro no se contentarían con menos que ver ahorcado al autor que tuvo -la desgracia de equivocarse; los mismos para quienes no hay político -honrado, ni escritor que no se venda; los mismos que piden desde la -mesa del café heroísmos sobrenaturales en la guerra, para poder decir -ellos:--¡Qué valientes somos! ¡No hay quien pueda con nosotros!--Los -mismos que van por esas calles perdonando honras á las mujeres... Y -como este es el espectador, no diré más frecuente, pero sí el que da -tono al espectáculo, él por sí solo se basta para hacer de una fiesta, -que podía ser una de tantas como andan por esos mundos civilizados, la -de apariencia más salvaje. - -En Barcelona se ha celebrado, ó va á celebrarse, una manifestación -contra las corridas de toros. En esto ya no estoy conforme; creo que -todo eso es contraproducente. Los toros, como tantas otras cosas, -caerán por sí solas, cuando deban caer. Encomendemos la tarea á los -educadores. El maestro es el que ha de acabar con los «maestros». - -Ha de notarse que la Iglesia, tan intransigente en ocasiones con -el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola -tolerancia á las corridas de toros. Las señoras, tan influídas por la -Iglesia, no ponen tampoco todo el empeño que debieran en combatirlas. -Nada de esto habla muy en favor de la delicadeza de sus sentimientos. -En cuanto á la Iglesia, ya es sabido que todo lo que no sea pensar le -ha preocupado siempre poco. - - * * * * * - -El más cordial saludo al boletín «Pro Infantia», publicado por el -Ministerio de la Gobernación. Todo en él es buenas intenciones, que -debemos desear no vayan á empedrar el infierno, á cuya pavimentación ya -han contribuído no poco los legisladores españoles. Los hombres tienen -mal gobernar; acariciemos la ilusión de que estarán mejor empleados -nuestros desvelos en los pequeños. No olvidemos, como dijo el admirable -poeta Wordsworth, que «el niño es el padre del hombre». - - [Ilustración] - - - - - XX - - -Moral del último--esperemos que aun sea el último--crimen. Los -periódicos se recriminan unos á otros por sus indiscreciones y juicios -temerarios; naturalmente, los más clamorosos en lamentarlas son los que -siempre están más dispuestos á recoger cualquier especie del arroyo. - -Una vez más salen á relucir las deficiencias de nuestras leyes -procesales, en cuanto se refiere á supuestas culpabilidades y prisión -preventiva. Y una vez más, nadie será osado á poner remedio. Lo de -considerar á todo sospechoso como criminal es antiguo achaque de la -Señora Justicia. Y aun peor al sospechoso que al verdadero criminal, -que á éste, en fin, cuando ya está convicto y confeso, siempre se -le agradece el descanso de tanta molestia como ocasionó su captura, -y al otro, en cambio, á cada negativa se le pone peor gesto y se le -considera como criminal más empedernido. - -Y es de notar, también, el mayor respeto que inspira todo delincuente -cuanto mayor sea la fechoría cometida. Así, tal vez el raterillo -primerizo no escape de una buena solfa, como primera diligencia; pero -á un feroz asesino nunca le faltará un admirador que le obsequie con -un suculento «beefsteak», para que reponga sus fuerzas, después de una -declaración emocionante. - -El buen burgués, por su parte, también moraliza á cada crimen de -estos sensacionales; habla de la corrupción de costumbres, se promete -mayor cuidado en la selección de sus relaciones y más severidad -con el pariente derrotado, que de vez en cuando suele pedirle dos -pesetas:--Cuando venga el señorito Fulano, dicen á la criada, dígale -usted que no estamos en casa, y no abra usted la puerta. - -Las criadas ven á un posible asesino en toda persona regularmente -trajeada; no se arriesgan á franquear la puerta sin minuciosa -inspección por el ventanillo, y en resumen, las casas estarán mejor -guardadas por unos días y los parientes pobres se morirán de hambre -más pronto. Y esta es toda la moral de estos crímenes, en que todo el -mundo sólo atiende á los hechos, los hechos brutales, unánimemente -reprobados por los buenos burgueses, á la hora de la digestión, -ligeramente entorpecida por algo así, entre indignación y miedo. - - * * * * * - -Los congresistas de la Paz, los creyentes en la eficacia de los -tribunales arbitrales, para dirimir pacíficamente toda cuestión -internacional, estarán encantados con el feliz éxito del arbitraje -argentino, entre el Perú y Bolivia. Ambas modernas y civilizadas -repúblicas, acudieron muy humildemente y bien dispuestas á respetar -el fallo del presidente de la República Argentina. ¡Para que vea el -viejo mundo europeo cómo arreglamos estos asuntos los del nuevo! -Pero, apenas se enteraron los de Bolivia de que el fallo no les era -todo lo favorable que ellos apetecían, ¡adiós mi árbitro y adiós mis -procedimientos modernos! - -No es el primer caso en las repúblicas americanas, y en alguno de -estos enojosos arbitrajes anduvo la vieja madre España de por medio y -como ahora, la república que se creyó perjudicada puso el grito en el -cielo. Por donde, si el árbitro toma su divino papel en serio, en vez -de un disgusto y de una guerra, pueden resultar dos guerras y muchos -disgustos. - -Pasarán muchos años hasta que el cañón deje de ser el gran pacificador -y el supremo árbitro. Para ello será preciso ante todo que las naciones -no se preocupen tanto de añadir unas leguas de tierra á su territorio; -como si la nación más floreciente no tuviera ya bastantes incultas y -despobladas. - - * * * * * - -Muy moderno también, muy europeo, muy culto y muy lindo, el bando de -nuestro señor alcalde; enderezado, con la mejor intención, á proteger á -los animales. Muy bien está el bando, que los animales deben agradecer -tanto como debiera ofendernos á las personas. Porque, ¿quién duda -que si bien está el bando, mucho mejor estaría que no hubiera habido -necesidad de dictarlo? Por eso mismo creo muy poco en su eficacia. -¿Buenos sentimientos por ordeno y mando? Á otra puerta. Fué siempre la -nuestra de las más cerradas á toda blandura con los animales. Y cuanto -más cerca el hombre de la Naturaleza, cuando más parece que debiera -sentir la simpatía por sus compañeros de trabajo, más duro se muestra -con ellos. Parece que ya no debiera tratarse de compasión sino de -interés propio. ¡Pues hay que ver cómo trata el labriego á su yunta y -el carretero á sus mulas y el traficante á su infeliz borrico! Pero, -lo que ellos dirán en su disculpa: ¿Estamos nosotros mejor tratados? -¿Cuándo la misma Naturaleza, con sus rigores, siempre en contra del -logro de nuestro trabajo; cuando los demás hombres son tan crueles con -nosotros, vamos á ser nosotros más piadosos con los animales? - -Para la pobre gente, esto del amor á los animales, es un lujo de -afectividad imposible para ella, como todo lujo. Para la gente rica -suele ser una dulce forma de misantropía. Se ama á los animales... -porque los animales no suelen ser ingratos, porque no dan malas -contestaciones, porque los manejamos mejor que á los hombres y los -tenemos más sujetos á nuestra voluntad. No hay que fiar mucho en la -bondad de estos ricos que aman demasiado á los animales. - -Amarlos en justa proporción, tratarlos, no tan mal como á los criados -ni mejor que á tantos niños desvalidos, sería lo justo, lo natural, lo -que debiera hacer innecesario ese bando, en todo país digno de llamarse -cristiano y civilizado. Pero... con la excepción de San Francisco -de Asís, nuestra religión no fué nunca muy dulce con los animales. -Recuérdese cómo en la Biblia, casi siempre les toca á ellos pagar el -pato en los sacrificios. Isaac se salva; pero en su lugar se sacrifica -á un pobre corderillo. En el mismo Evangelio, de más suave doctrina, -Jesús lanza á la legión de demonios, expulsada de un poseído, sobre una -piara de cerdos, que corre á arrojarse al mar, alocada por los malos -espíritus. ¡Pobres cochinos! ¿Qué culpa tenían ellos? - -El origen superior atribuído al hombre por nuestra católica doctrina, -limita el sentimiento de fraternidad universal entre el hombre y los -demás seres de la creación. No hay en la religión cristiana ninguna -plegaria tan hermosa como aquella del Budha: ¡Dios mío, librad del -dolor á cuanto existe! - - [Ilustración] - - - - - XXI - - -No podemos quejarnos del actual verano; él ha sido tardío en calor -y en sucesos, pero bien quiere desquitarse en pocos días, y el -calor aprieta y los sucesos se precipitan, sin tiempo apenas para -solicitar la atención ni el par de días que se concede de comentarios -á la actualidad más pasajera. ¿Dónde está ya la romántica boda del -infante? ¿Dónde está ya la muerte de Don Carlos? Cualquiera de estas -actualidades hubiera bastado en otro verano para abastecer periódicos -y tertulias. Pero baza mayor quita menor, y nuestra baza, la que nos -hemos creído en el caso de meter en los asuntos de Marruecos, es de tal -importancia, que ella sola se impone á nuestra consideración, con todos -sus prestigios seculares. Porque desde los tiempos de D. Rodrigo y la -Cava, ¿cuándo ha dejado de ser actualidad para los españoles alguna -cuestión africana? Dividida España en regiones, guerreando unas con -otras muchas veces, sólo al combatir contra el agareno y en ponerse á -su avance solían estar de acuerdo las más enemigas; y ahora que somos, -ó parecemos, una nación unida, no hay dos... no digamos regiones, -personas que parezcan animadas del mismo espíritu, y mientras unos -gritan: ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! como en los mejores tiempos del -romancero y de nuestras comedias de moros y cristianos, otros claman -por la paz á todo trance, y no diremos á toda costa, porque la paz es -mucho más barata. - -Difícil es decidirse por unos ó por otros. Los que piensan más -razonablemente... no saben qué pensar en este caso. Ni vale refugiarse -en las serenas regiones idealistas porque... el ideal está en todo, en -la paz y en la guerra; en la evangélica resignación á perderlo todo -y en la fuerte voluntad de ganar algo... Lo peor, lo más triste para -los pueblos como para las personas, es la indecisión... Fluctuar, como -Hamlet, resistirse á ser instrumentos conscientes del destino, para -que, al fin, el destino se imponga brutalmente, inexorablemente, á -nuestra indecisión. - -Fortimbrás, inventando pretextos pequeños para grandes acciones, es de -mejor ejemplo que Hamlet, quien, con grandes motivos, no supo decidirse -á la acción nunca. - -Por fortuna para los pueblos y para los gobiernos, en estos casos de -incertidumbres, de desalientos, de indecisión nacional, están banderas, -trompetas y tambores; está el marchar de las tropas juveniles, y... á -su paso todo se olvida, es uno el sentimiento y una la aspiración. El -mismo Pablo Iglesias daría un ¡Viva! Y decir vivir, es decir pelear. - - * * * * * - -El papel de rey destronado es siempre algo ridículo. El de rey -aspirante, idealizado con aureolas de esperanzas que nunca nubló la -realidad, es, en cambio, de tan romántica poesía, que una regular -presencia y una regular discreción bastan á sostenerle con decoro. Y -así supo sostenerle Don Carlos, muy á gusto de todos. En España muchos -le amaban, y... á pesar de todo, nadie le odiaba. Supo salvar la -majestad de su figura, del vencimiento y de la difamación. No fué nunca -ridículo, cosa que no consiguen siempre muchos reyes reinantes. Dicen -que amaba mucho á España. Era más de agradecer ese cariño, por lo mismo -que había de expresarlo con acento extranjero. - - * * * * * - -«Azorín» ha aprovechado la ocasión de haberse publicado en el periódico -en que él dogmatiza, ó mejor dicho, «esceptiza» á lo Montaigne, -la fantástica noticia de mi viaje á Buenos Aires, á servir unas -conferencias á cien mil pesetas... ¡Cincuenta mil más que Anatole -France! Muchas gracias por la tasación, querido compañero, para -significar su displicencia por estas idas y venidas, al mismo tiempo su -desprecio por las glorias populares... ¡Ah! ¡La popularidad!... - -Claro es que yo no puedo darme por aludido. Yo estuve ya en Buenos -Aires, y no fuí en clase de popular, ni me recibieron con músicas, ni -pronuncié discursos, ni nos volvimos nadie loco, ni ellos conmigo, ni -yo con ellos. Fuí... por viajar, por ver; sin darle más importancia -que á otro viaje cualquiera. Ni me creí en el caso de publicar, á mi -regreso, «Impresiones», «Mi viaje á la Argentina», ó cualquier otro -libro por el estilo, porque no creo que un mes ni dos sean lo bastante -para conocer nada, ni perorar del porvenir de la Argentina, de su -intelectualidad, industria, etc... Lo que ví, para mí lo guardo, y lo -que aprendiera... ya irá saliendo. Conste solamente que yo no fuí allá -en clase de conferenciante. Sin que esto quiera decir que si alguna -vez se me propusiera, y sobre materias de que pudiera tratar, como arte -dramático, presentación de obras, etc., no aceptara muy gustoso, sin -creer por eso que iba á estrechar lazos, á reconquistar América, ni -otras fantasías castelarinas. - -En lo modesto de mi representación, sí procuré, mientras allí estuve, -considerarme como, según un escritor francés, debe considerarse todo el -que viaja por país extranjero, representante de mi propio país, y en -toda ocasión procuré cumplir mi deber de viajero. - -Sabiendo muy bien que ni en sus correspondencias ni en sus -conversaciones, muchos me tratan del mismo modo, hablé bien de todos -los escritores españoles de quien me pidieron noticias. Por cierto que -nadie me preguntó por «Azorín», y esto debe servirle de satisfacción, -dado su desprecio por la popularidad. - -Y este era el punto á discutir. «Azorín» sostiene que el mérito de todo -escritor está en razón inversa del número de sus admiradores. Un gran -escritor debe ser letra cerrada para el vulgo. Quisiera yo saber cuándo -lo fueron Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, etc. Si no es que por -vulgo entendemos al que ni de letras sabe. Entiéndase que hablo del -vulgo literario. - -Y este, en verdad, es muy reducido, aun para esos grandes hombres. -¡Pero decir que en su tiempo ninguno fué estimado! Algunos, quizás, -más justamente y en su punto que lo habrán sido después; al través de -estudios críticos que los desfiguran. - -Ya sé yo que hay ejemplos para todo, Wagner, Bizet, Ibsen... Pero nunca -fué el público el que los rechazó; si así hubiera sido en absoluto, -toda reparación hubiera sido imposible. ¿Quién iba á resucitar obras -de quien nadie se acordaba? No el público, la crítica, siempre más -conservadora que revolucionaria, fué la que ridiculizó, combatió y -retrasó el triunfo de muchos artistas. ¿El público? Sí... extraña, no -comprende tal vez del todo... pero algo queda, y, como dice Bernardo -Shaw: «El que ha visto una vez un drama de Ibsen, acaso se aburrió -durante su representación, acaso dice: «Esto no es teatro»; pero, á -pesar de ello, sigue pensando en él, y... acaso no le gusten los dramas -de Ibsen; pero lo cierto es que no vuelven á gustarle los de Sardou.» - -No, no hay que maldecir del público y de las glorias populares. -«Azorín» es demasiado modesto. Acaso cree que él no puede ser popular. -Pues qué, ¿cree usted que si sólo le leyeran á usted en la tertulia de -D. Antonio Maura, iba usted á ser tan apreciado y tan conocido? Y si ya -cree usted que le lee toda la mayoría... ¡ahí es nada! Contar con una -mayoría. No cuenta con más el Sr. Maura, y nos gobierna á todos. - - [Ilustración] - - - - - XXII - - -Es para que reflexionen los partidarios de la paz á todo trance; hasta -para pedir paz hay que armar guerra, y en verdad, sería muy triste que -para convencernos unos á otros de que no debemos pelear con el moro, -diéramos en pelearnos dentro de casa, sin que por eso el moro dejara de -pelear con nosotros. - -Lo de cuando uno no quiere dos no riñen, no siempre es cierto entre -particulares; pero, en fin, siempre le queda al más prudente el recurso -de acudir á la policía ó á los jueces, si se ve atropellado y no quiere -responder al atropello en la misma forma brutal. Por desgracia, para -las agresiones colectivas no hay otra apelación que la fuerza, y eso -es lo que no han comprendido muchos en esta ocasión. ¡No queremos -guerra, no queremos guerra! Nadie la quiere; pero... ¿Vamos á llamar -á la pareja de la esquina ó vamos á querellarnos al juez de guardia? -¡Y que son de confianza los mirones que nos rodean para irles con el -cuento de que no queremos belenes! ¡Ah! ¿No quieren ustedes guerra?, -nos dirán. Pues ya están ustedes demás aquí... Y ¿qué dirán entonces -los pacíficos? Habría aquello de: ¡Gran vergüenza! ¡Estamos vendidos! -¡Lo último que nos quedaba!... - -Lo que hay es que no se saca á los niños de casa, haciéndoles creer -que se les lleva de paseo, para meterlos en el colegio. Y no se lleva -á un pueblo á la guerra, haciéndole creer que no se trata de semejante -cosa. El funesto sistema de tratar al pueblo como á eterno niño, suele -traer malas consecuencias. «Honesty is the best policy», dicen los -ingleses. La verdad es la mayor habilidad en política. ¿Cuándo acabarán -de comprenderlo así nuestros gobernantes? ¡Gran lástima, cuando les -ha tocado gobernar un pueblo con tesoros inagotables de heroísmo y de -resignación! - - * * * * * - -No es por amor propio el insistir. Pero, contra todas las razones, -textos y ejemplos aportados por Azorín, sigo creyendo: que la -popularidad no está nunca en razón inversa del mérito; que han sido -pocos los talentos mal apreciados en su tiempo, y si alguno lo fué, -tal vez tuvieron más parte en ello motivos de presencia, carácter -antipático del artista, vida desordenada, etc. - -Shakespeare fué apreciado en su tiempo y no sólo logró glorioso nombre -sino muy buen dinero, que le permitió retirarse á su lugar, «aprés -fortune faite», como un buen comerciante. La obra de Cervantes, ni -en cantidad ni en género, era para enriquecer á su autor, pero de su -relativa popularidad--la popularidad es siempre relativa,--en vida -misma del autor, ¿no existen numerosos testimonios? Azorín cita el -ejemplo del Greco. No sería tan menospreciado en su tiempo, cuando -nunca le faltaron encargos, que no le pagarían tan mal, cuando dejó -fama de hombre caprichoso y dado á lujosas fantasías. - -¿Qué más? Yo creí halagar á mi contradictor en sus convicciones, -diciéndole que nadie me había preguntado por él en Buenos Aires, y él -me contesta que es allí muy conocido. Ya ve Azorín cómo se puede tener -talento y ser apreciado. - -Y de mi, ¿qué voy á decirle? Soy el mismo que en el año 97; hasta mis -concesiones al sentimentalismo burgués, pudiera demostrar con textos -que no son de ahora... Y ¿por qué no? Tiene uno toda la obra para -decir lo que siente y lo que piensa; después, en el desenlace, puesto -que la vida no desenlaza nada, ¿por qué no complacer al público? Pero -si éste, con concesiones ó sin ellas, no hubiera estado de mi parte -desde mis comienzos como autor dramático, ¿hubiera yo podido continuar -estrenando? El público fué mi verdadero apoyo contra la crítica, casi -unánime en afirmar que aquello no era teatro. ¡Cuántas obras, con -asombro de empresarios y actores, cuando parecían enterradas por la -crítica revivían por el público! Créalo Azorín, no es el público, que -pudiéramos llamar vulgar, es el literario el que más resistencia opone -á toda novedad y á todo mérito. Son los intereses creados los que -protestan siempre. El mismo Azorín declara que no hay novedad absoluta -en ninguna forma, ni expresión de arte, que todo existía antes en el -ambiente. Si es así, si el ambiente es anterior á la obra, ¿cómo no ha -de caer bien la obra, que el público no puede por menos de conocer por -suya? Azorín sabe bien que los grandes artistas son quizás los menos -originales; su obra es de todos; alma de muchas almas. - -Yo me explico perfectamente la convicción de Azorín. Alguna vez, -comparando en justicia méritos con glorias, habrá pensado que el ruido -de su nombre es menor que el de algún autor dramático, por ejemplo. -Esto ya es cuestión del género cultivado, no del mérito de los -escritores. Créalo Azorín; en vida y en muerte, al cabo del año todos -estamos en el sitio en que debemos estar; el vulgo no es tan vulgo como -creemos. - -En fin, el mejor ejemplo, ¿no es el mismo Azorín? Según él, pocos -debieran apreciarle, supuesto que la popularidad está en razón inversa -del talento. Yo sé, aparte la broma de Buenos Aires, que son muchos -los que le admiran como se merece. Acaso él juzgue equivocadamente del -público, como tal vez juzga de mí: ¡Ese Benavente!--dirá,--siempre me -lleva la contraria; se ve que me quiere mal... Azorín dirá si prefiere -mi «malquerencia», que le lee siempre con atención y toma muy en cuenta -sus opiniones y juicios, á la buena amistad de los que le felicitan sin -discutirle por cada artículo... sin haberlo leído. - - - - - XXIII - - -En la más que intrincada, pintoresca selva de nuestra política, hay -más murmullos que en la de Sigfredo, cuando nada sucede ó cuando ha -sucedido ya todo, en cambio, cuando sucede algo, reina el silencio más -absoluto; que, á pesar de lo absoluto, es el rey más constitucional, -por lo irresponsable. - -Apenas suenan cuatro tiros, material ó moralmente, ya se sabe, silencio -sepulcral en la selva; sus más canoras aves enmudecen y antes que en -los valores públicos, con ser de suyo apocaditos, hay una baja sensible -de elocuencia en nuestros mas notorios y fluidos oradores. ¡Valientes -pájaros! ¡Y estos son los que miran de sobrehombro á la gente de pluma, -de otra pluma! - -El escritor, aun sin estar amparado, en muchos casos, por la inmunidad -parlamentaria, arrostra el peligro de la suspensión de garantías y se -atreve á opinar, en las circunstancias más difíciles, comprometiendo -tal vez su popularidad. ¡Pero los otros, á casita, que llueve! Y -tenemos aquello de: Callaremos hasta que llegue el día de exigir -responsabilidades... ¿Exigir responsabilidades? No lo dirán ustedes de -veras. Si ese día llegara, ¿quién escaparía de ser ahorcado?, como le -decía Hamlet á Polonio, aconsejándole tratara á los comediantes mejor -de lo que se merecían. - -También justifica muy bien el mutismo aquello de: Es preciso prescindir -de toda idea política mientras se hallan comprometidos más altos -intereses... ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde estarán los más altos -intereses? Y ¿qué ideas políticas serán esas que estorban precisamente -cuando de altos intereses se trata? - -En los sucesos de Barcelona, por ejemplo, todos, como en Cristo, -pusieron sus manos. ¿Quién no ha dejado caer su gota de agua ó su -salivita para contribuir en algo á la disolución y desmoronamiento de -lo que debiera ser más firme que roca viva, la idea de la patria? Y -ahora... todos son á lavarse sus manos... - -No, no ha sido el anarquismo; ha sido el sanchopancismo burgués, -el bien sesudo, que de un caso particular quiere deducir una regla -de conducta para toda la vida. El mismo que dice cuando sucede un -descarrilamiento: No se puede viajar en ferrocarril; el mismo que al -ser una vez engañado, proclama: No puede uno fiarse de nadie. Ese buen -sentido de gato escaldado, era el que había decidido para siempre no -volver á meterse en aventuras. ¡Qué rica paz!--¡No queremos guerra, no -queremos guerra! Pero al ver cómo cuatro locos--los locos, como los -héroes, el éxito los diferencia, son los que van siempre en línea recta -del pensamiento á la acción,--les armaban la guerra en su misma casa, -volvieron los ojos acongojados á todo lo que ellos habían tratado de -desprestigiar: poder del Estado, fuerza... Y los cuatro locos pagaron -por todos, y los muchos cuerdos dicen ahora:--¡Caramba! ¡Si fuera á -hacerse todo lo que se piensa, no se podría vivir en el mundo! - - * * * * * - -El dolor es el gran desinfectante moral. Tanto como el heroísmo -de nuestros soldados, conforta el espíritu ver cómo de todas -partes--¡olvidemos á los cuatro locos!--se acude y se atiende á los que -pelean y á los que sucumben. El ambiente nacional tal vez necesitaba -esta sacudida para purificarse. - -Ahora, yo desearía que esta vez, se acudiera á todo con severa -dignidad. Nada de fiestas, nada de espectáculos benéficos. El que -buenamente quiera divertirse, ¿por qué no?--todavía no es el fin del -mundo,--que no invoque el pretexto del socorro, y el que no hubiese de -dar nada, sino á cambio de una localidad de teatro ó de plaza de toros, -más vale que no dé nada. ¡Mezquina dádiva la que necesita mejor ocasión -que la verdadera para ofrecerse! - -Agradézcase á los toreros su generosidad; ofrecen su vida, pero nada -de corridas patrióticas. Aparte el que suele traer «mala pata», no hay -espectáculo más lastimoso. Allá, hombres que arriesgan, que pierden -su vida; en la plaza, hombres también que la exponen y también pueden -perderla... Y una multitud que se divierte con todo esto y cree estar -haciendo por la patria con aplaudir á una hembra que se adorna con los -colores nacionales ó rugir de entusiasmo por un brindis torero: ¡porque -el toro fuera uno de esos rifeños!... Es cuestión de seriedad, de buen -gusto. Guardemos las fiestas para el día--¡quiéralo Dios cercano!--de -verdadera fiesta. Pongamos dignidad en nuestra dádiva. Dé cada uno -lo que pueda, sin más estímulo. Crispa los nervios, después de leer -hazañas y trabajos de nuestros soldados, tropezar más abajo con la -relación de una «kermesse» en Pantanillo ó en Lagunilla, organizada por -la colonia veraniega y las señoritas más distinguidas de la localidad. -Tiempo habrá para todo, hasta para ser cursis. - - [Ilustración] - - - - - XXIV - - -La opinión general, tan reacia á toda empresa guerrera en un principio, -se halla al fin poseída de tan belicoso entusiasmo, que sería -defraudarla no terminar, por lo menos, con la conquista del imperio -de Marruecos. Con menos entusiasmo, pero más constancia, años ha que -esa conquista debiera haberse llevado á cabo lo más pacíficamente del -mundo. Pero ¡ay! el dinero de nuestros capitalistas no es tan valiente -como nuestros soldados, y cuesta más encontrar hombres de voluntad que -de corazón. - -Hemos convenido en que á ciertos pueblos sólo es posible civilizarlos -á cañonazos. Sin duda es el medio más cómodo, aunque no sea el más -eficaz. Yo creo que no hay pueblo tan salvaje en el mundo que se -resista á las ventajas de la civilización, cuando los civilizadores le -permiten disfrutar de esas ventajas. Á lo que se resiste todo el mundo -no es á que la civilización se le entre por las puertas, sino á que -le pase por encima. Civilización automóvil; atropella con todos los -adelantos modernos, pero, ¡mal consuelo para el atropellado! - -Nada de esto es pretender quitar hierro. Aunque otra cosa afirme -Metternich, en su admirable libro «La prudencia y el destino», no hay -prudencia, suficiencia ó sabiduría, como quiera traducirse, «sagesse», -capaz de oponerse al destino de los pueblos ó de las personas. Y mucho -menos cuando el destino tiene ya la palabra. En aquellos días de la -Conferencia de Algeciras, gloria de nuestra diplomacia... Entonces, -sí; entonces acaso hubiera podido escucharse la voz del prudente. -Una nación poderosa, rival de otra no menos fuerte, sólo procuraba -aislar á su enemiga y halagando á otras dos naciones, rivales á su -vez en intereses, procuró conciliarlas por eso mismo. ¡Como si dos -intereses iguales pudieran conciliarse nunca! No era preciso ser un -Maquiavelo ni un Metternich para pensar que entre una nación interesada -en dominar por completo á Marruecos y otra interesada en oponerse á -esa dominación, nuestro interés, aparte simpatías de raza tan mal -correspondidas en ocasión, estaba en inclinarnos al lado del contrapeso. - -Ahora sólo podemos desear que se enmiende con gloria un nuevo error -de nuestros estadistas, hombres de pocos libros y de menos mundo. ¡Á -Dios sean dadas! Que la gloria se logre á costa de la menor cantidad de -sangre posible, y que la opinión, sin desmayar en sus entusiasmos, no -llegue á exaltarse tanto que sea bien recordar aquello de «El gaitero -de Bujalance»: un maravedí porque empiece y dos porque acabe. - - * * * * * - -Sabido es que á todos los padres les parece siempre que están muy mal -educados los hijos... de los demás, y á los que no tienen hijos, ¡no -se diga! Por lo que no sería mal acuerdo que cada padre se encargara -de los hijos del vecino, y á su vez le confiara los propios, y los -solterones ó matrimonios sin prole se hicieran cargo de los más -rebeldes y empecatados. Y aplicando á todos los órdenes de la vida el -sistema, acaso todo andaría mejor con este procedimiento. En España, -por lo menos, es admirable cómo los que nunca dieron pie con bola en -asunto propio, se echan á discurrir y disponer por los más ajenos á su -profesión y conocimientos. - -Á estas horas tenemos un Napoleón ó un Moltke en cualquier ciudadano, -antes de paz y hoy tan de guerra que no deja vivir á nadie. ¿Quién no -tiene su plan estratégico? ¿Quién no ha tomado algo á estas horas? ¡Oh, -país admirable en que todos entendemos de todo sin haber estudiado de -nada! - -Cuentan de un zapatero remendón, de cierto pueblo, que era el más -severo crítico de sermones. Predicador que se presentara en la fiesta -del Santo patrono ó cualquier otra solemnidad, podía darse por perdido -si al zapatero no le caía en gracia. El pueblo no tenía más opinión -que la emitida con inapelable autoridad por el crítico. Sucedió que -un predicador, advertido de antemano, al observar durante un bien -estudiado sermón, el gesto desdeñoso del zapatero y en consecuencia -el de todos los oyentes, se apresuró, apenas bajó del púlpito á -preguntarle los motivos de su disgusto. ¿Qué le ha parecido á usted el -sermón?--¡Phs! No está mal... pero poca teología.--¿Pero, usted sabe -de teología?, preguntó el predicador asombrado.--¡Anda!, replicó el -zapatero. ¡Pues si yo supiera de leer y escribir lo que sé de teología! - -¿No es este un poco el caso de todos los españoles? - -¡El Señor nos libre de los «teólogos» militares que andan desatados en -estos días y no son la menor calamidad, con ser tantas las calamidades -de la guerra! - - * * * * * - -Dice Bernardo Shaw que los ejércitos se pasan la vida preparándose -para una guerra que, ó no sucede nunca ó cuando sucede, sucede del -modo contrario á como se había previsto. Bueno fuera, no obstante, á -pesar de que lo imprevisto está sobre todo, alguna mayor discreción -en apuntar planes y posibles acciones. Hay siempre entre los rifeños -quien se entera de todo. No hay que fiarse en esa aparente indiferencia -salvaje, que no es tan salvaje como parece. Yo conocí en Tánger á un -moro de la última condición; acarreaba equipajes y fregaba los suelos -en el hotel; pues cualquiera de nuestros ministros de Estado no está -tan enterado como él de asuntos internacionales. Hablaba, aparte del -árabe vulgar y el hebreo, inglés, francés, español; conocía los nombres -de todos los ministros del gobierno español entonces, sabía historias -muy sabrosas de muchos personajes españoles, y hasta de los amantes -de algunas damas empingorotadas, como cualquier cronista de salones. -Era extraordinario, sin ser excepcional. Claro es, que el Rif no es la -Cosmópolis de Tánger; pero la natural sagacidad del moro es la misma. -¡Raza inferior, raza de salvajes! Se dice muy pronto, cuando hablan el -odio ó la conveniencia. Acercándose con simpatía, con verdadero amor de -civilización, en todas partes hay hombres buenos y malos, pero no hay -razas inferiores, no hay razas de salvajes. La bondad del corazón, la -perspicacia del entendimiento florecen en todas las tierras; aun en las -que solo se ha sembrado odio, con pretexto de civilizarlas. - - [Ilustración] - - - - - XXV - - -No tendrá queja el señor presidente de la Sociedad de Conciertos, en el -mundo ministro de la Gobernación. Su soberana batuta se impone á todos. -Que «allegro vivace», pues «allegro»; que andante «maestoso» y con -sordina, pues ya se percibe el aleteo de una mosca. Verdad es que su -tiempo preferido es «forte che forte», y el del país sería un «largo» -que no tuviera fin. - -Que hoy podremos decirles á ustedes algo, pues todo el mundo á esperar -noticias, con la más justificada ansiedad; que tengan ustedes un poco -de paciencia; pues á esperar en calma: quizá, recordando aquellos -alambicados versos, que tanto sublevaban el buen gusto de Alcestes -el Misántropo de Molière: «Phyllis, on desespere alors q'on espere -toujours!» - -¡Ah, si en tiempos de paz y de continuo todos nos preocupáramos tanto -del avance como ahora! ¡Aquí, donde por el contrario, son tantos los -que en todo quieren á cada paso hallar motivo, ocasión ó pretexto para -un retroceso, y hay gente que no se hallaría á gusto con menos de -«recular» hasta la Edad Media! - -¿Sucesos de Barcelona? ¡Ah! Todo es por haber fracasado la ley del -terrorismo, y si se restableciera la Inquisición... nada habría que -temer en lo futuro. - -¡El avance! ¡Santa palabra! ¡Que ella sea siempre nuestro santo y seña! - -Hoy por hoy no se oye otra cosa. Yo sé de algunos maridos que -sintiéndose gubernamentales, han prohibido á su mujer hablar de -esto. No hay idea de los horizontes que abren á la imaginación estas -palabras, pronunciadas por labios femeninos: ¿Cuándo es el avance? - - * * * * * - -Los autores dramáticos franceses están que trinan con sus colegas de -Italia, porque éstos pretenden defenderse no de la invasión de obras -francesas, sino de la exclusión de las propias, por las facilidades -que los empresarios y directores de compañía hallan en los autores -franceses y en sus traductores para pagar derechos convencionales. -Recuérdese el atracón de obras francesas con que suelen obsequiarnos -las compañías italianas. ¿Preferencias artísticas? Nada de eso. -Baratura y rico saldo. Es como el amor al teatro antiguo de algunos de -nuestros directores artísticos... Que no hubiera facilidad de cobrar -las refundiciones, muchas veces refundición de refundición, como una -obra original y nuevecita, y veríamos quién se acordaba de Lope ni de -Calderón. - -Por cierto que en una gacetilla del periódico «Comedia», que trasciende -á conferencia con alguien de casa, se asegura que también algunos -empresarios españoles piensan prescindir de las traducciones, á pesar -de que cuentan con pocas obras originales, para evitar el disgusto de -los autores, aunque algunos, refractarios á las traducciones, no lo -sean tanto á los plagios. Es posible. Eso de los plagios puede probarse -siempre. Y de los plagios de los actores, ¿no se dice nada? Porque hay -eminencias que no viven de otra cosa. ¡Si Sarah y la Duse y la Réjane, -Le Bargy ó Guitry cobraran derechos de traducción y reproducción! - - * * * * * - -El teatro de los Niños es una de tantas ilusiones mías; pero nada de -monopolizar ideas; no es mía solo: son muchos los autores dispuestos -á realizarla. Uno de ellos, el simpático López Marín, se propuso nada -menos que edificar un teatro de nueva planta, para este especial -objeto. Echóse á buscar capitalistas con el mayor optimismo. No le -acompaño en él, no tratándose de consagrar como primera tiple á una -corista distinguida por algún ricacho de aluvión ó de abrir una nueva -tablajería escénica de carnes averiadas, bases de los más sólidos -negocios teatrales. Ignoro el resultado de sus gestiones. Pero, en fin, -con dinero ó sin él, con nuevo teatro ó en cualquiera de los muchos -existentes, el Teatro de los Niños empezará en la próxima temporada, -modestamente, como un ensayo. Como los empresarios grandes tienen -bastante en qué pensar con su gran público, preferiremos un pequeño -empresario y un pequeño teatro. Fernando Porredón y el Príncipe Alfonso. - -No es tan fácil como parece divertir á los niños, sin aburrir demasiado -á los grandes. Los niños modernos nacen enseñados. ¡Oyen unas cosas -en casa! El numeroso repertorio de obras infantiles con que cuenta -el teatro inglés, no es aprovechable. Demasiado inocente. No por lo -fantástico de sus asuntos, casi siempre basados en los cuentos de -hadas más populares; no soy de los que abominan de la fantasía en la -educación, como el maestro de «Los tiempos difíciles» de Dickens, con -su muletilla: ¡Hechos, hechos! Al contrario, es preciso huir de toda -pretensión docente, y mucho más, utilitaria. Lamartine abominaba de las -fábulas de Lafontaine, como obra educadora. Tenía razón; su moralidad, -mejor dicho, inmoralidad practicona, desengañada, toda malicias y -desconfianzas de rústico, es deplorable para el espíritu de los niños, -abierto siempre á la generosidad y á la esperanza. - -Contra la opinión de Lombroso, que ve en el niño á un pequeño salvaje -y casi á un criminal en germen, y asegura que todo niño es egoísta, -embustero y ladronzuelo, menos uno que era un encanto; uno que se le -murió al doctor... ¡Oh, bancarrota de la ciencia en esta página de -uno de sus libros, que contradice con lágrimas la afirmación rotunda! -Yo creo que todos los niños son buenos... hasta que los padres y los -educadores los hacen malos. - -Cuando se oye á algunos padres decir: ¡Qué niño este! ¡Es muy malo, -muy malo!, pensad siempre: Y ustedes, ¿son ustedes buenos? Lo que hay -es que el niño manifiesta sin fingimiento las malas cualidades que los -padres encubren con la hipocresía que da la experiencia. Cuando ellos -se lamentan de que el niño les pone en ridículo, sacando á relucir los -defectos de alguna visita, ¿no será que el niño les oyó murmurar en su -presencia de todos los conocidos y amigos? - -Sucede muchas veces que el niño es quien no puede explicarse por qué -sus padres y los mayores de la casa, hablan siempre mal de alguna -visita que él no encuentra antipática por ningún estilo. Claro es, -que en fuerza de oir cómo los mayores la ridiculizan y menosprecian, -él acabará también por retirarle su simpatía, aun sin explicarse las -razones. - -Cuando reprendéis á un niño porque trata con altanería á un criado, -¿estáis seguros de que no imita vuestro tono, al reprenderle cuando -cayó en vuestro desagrado? Por lo regular, muchos padres sólo reprenden -á sus hijos cuando les molestan á ellos, aun con juegos ó travesuras -propias de niños; en cambio, son de una lenidad punible, cuando -molestan á los demás, con cosas que suelen ser aprendidas de los -padres. - -Entonces, dirán ustedes: más que un teatro para divertir á los niños, -hacía falta uno para educar á los grandes... Sería inútil. Habría que -cerrarlo. Parecería inmoral. - - [Ilustración] - - - - - XXVI - - -Me preguntan, unos de buena fe, otros, acaso con la misma intención -con que el cura del cuento preguntaba al muchacho si, puesto que Dios -estaba en todas partes, estaría también en el corral de su casa; para -poder decir: ¡Cogíte!, si en el futuro teatro de los niños tomarán -parte principal actores infantiles. No, señores, no; no hay cogíte, -que en casa no hay corral. Y si el teatro de los niños á divertirlos -ha de estar dedicado, mal cumpliría, si para divertir á unos había de -mortificar á otros. Cuando alguna obra exija algún personaje infantil, -niña ó niño, no faltarán zangolotinos de ambos sexos que sepan dar al -público la ilusión de la infancia. - -Garridos muchachotes fueron Ofelia y Julieta, en tiempos de -Shakespeare--sin que el autor de _Un drama nuevo_ se hubiera -enterado.--Y después de todo, de la juventud á la niñez no es tanta -la distancia como de la juventud á la madurez bien madura, y todos -los días vemos en esos teatros galanes y damas polleando--sobre todo, -damas, que ya eran gallos, con sus patas de lo mismo y todo, cuando uno -estaba en plena edad del pavo. Como que al verlos suspirando amores, -más ó menos contrariados le dan á uno ganas de vestirse de marinero y -rodar una naranjita, si no fuera el temor, que ellos no tienen, á la -voz implacable que oyó en semejante caso, el famoso Sr. Patiño. - -No quiere esto decir que, el estudiar y representar comedias, no -sea conveniente para los niños. Es un buen ejercicio de memoria, de -entendimiento y de pulmones; se adquiere, además, soltura y elegancia -en la dicción y en los modales. Para niños están escritas y para ser -representadas por ellos, numerosas comedias inglesas y ¿quién duda que -los ingleses saben educar á sus niños? Pero una cosa es representar -particularmente para recreo propio y de los amigos, y otra la profesión -teatral, más agradable en apariencia, pero no menos nociva que otras -para la salud de los niños. - -Tranquilícense, pues, los que quisieran verle á uno cogerse los dedos -á cada paso. En el teatro de los niños no habrá más niños que los -espectadores. - - * * * * * - -Algo de bizantinismo puede parecer en las presentes circunstancias, -preocuparse por fruslerías; aunque ¿quién sabe en el mundo cuáles serán -las verdaderas fruslerías? Todo consiste en contemplar el hormiguero de -la tierra ó el hormiguero de los astros, como lo contemplaba Orozco, el -magno personaje de Galdós, limpiando en la contemplación su espíritu de -mezquinas pasiones terrenas. - -Nada se dice del Teatro Nacional, nada tampoco de la concesión -del Español. El primero, ya sabemos que lucha con dificultades de -instalación. Pero el segundo... ¿Á qué se espera? ¿Se adjudicará, -como siempre á última hora, sin tiempo de preparar compañía ni obras? -No valía la pena entonces de mostrarse tan intransigentes con otros -concesionarios, ni de negarse á ceder el teatro al Estado. - -Una temporada digna del que hemos convenido en llamar nuestro primer -teatro, no se improvisa en cuatro días. Se asegura que son varios -los solicitantes; que la santa recomendación hace de las suyas. Entre -los nombres que suenan--y este no necesita recomendación,--figura el -de Carmen Cobeña. De otros se habla también con grandes méritos y -prestigio... para el teatro francés. El Ayuntamiento tiene la palabra. -No creemos que por ser de Madrid, pretenda hacer en su teatro un Dos de -Mayo á la inversa. - - * * * * * - -Continúan en Munich las representaciones del teatro Artístico; -muy interesantes para todos los que de arte teatral se preocupan. -Su sistema de _mise en scene_, que pudiera llamarse sintética ó -simplificada, es muy digno de estudio y debiera aplicarse siempre que -de obras de imaginación y de poesía se trata. Las obras de Shakespeare -pueden así representarse con todos sus cuadros y mutaciones, sin el -cansancio que producen los repetidos intermedios prolongados. Contra el -sistema de acumular detalles, de mayor vistosidad que buen gusto, casi -siempre, la decoración, en el teatro Artístico, es sólo un fondo de -cuadro, lo preciso para animar á las figuras con su propio ambiente, -sin avanzar ni sobreponerse á ellas. La armonía de luces y color es -perfecta. En _El Mercader de Venecia_, un fondo de cortinas verdosas, -una mesa con las tres cajas del enigma; la figura de Porcia, vestida de -un brocado de rosa y oro; la de su dama, vestida de verde, en tono más -claro que el fondo; la figura del príncipe de Marruecos, envuelta en un -blanco albornoz; la del príncipe de Aragón, como figura de una talla -del siglo XV, forman un cuadro acabado, con los más sencillos medios -de ejecución. En el último cuadro, un muro agrisado, la sombra de unos -pinos, bastan á proclamar toda la poética emoción de aquellas últimas -escenas en el jardín de Porcia, saturadas de poesía. - -No en todas las obras representadas se ofrece el mismo artístico -conjunto. En algunas, la _mise en scene_ es del antiguo régimen, y en -alguna del malo. Pero en _El Mercader de Venecia_, en _Lysistrata_, -en _Hamlet_, tienen mucho que aprender los directores de escena y los -escenógrafos. - -Sabido es que en Alemania fracasó el célebre actor inglés Mr. Tree, -que presenta las obras de Shakespeare con una suntuosidad más propia -de comedias de magia ó revistas de espectáculos. Los alemanes, -acostumbrados á su teatro Artístico, opinaron que en el Shakespeare de -mister Tree, como en el conocido cuento, los árboles no dejaban ver el -bosque. ¡Y cuando el bosque es Shakespeare! - - [Ilustración] - - - - - XXVII - - -El Señor nos libre de jueces negligentes ó corruptibles; pero no deje -de librarnos también de los íntegros y celosos, que apenas tropiezan -con persona de algún viso social en el enredijo de sus actuaciones, por -dejar bien sentada la inflexibilidad de su justicia, al menor indicio -no dudarán en presumir la culpa; como si quisieran decirnos: Aquí, que -no me dirán que peco. - -Bien está que la recta espada y la fiel balanza no distingan de clases -ni de personas; pero no por igualar desigualemos tanto que la camisa -limpia venga á ser un indicio de culpabilidad, y el ser grande de -España y caballero de alguna orden, antecedentes penales. Peligrosas -prendas son en estos tiempos la levita de los caballeros y el sombrero -de las señoras; pero aun no deben considerarse como agravantes. Se -puede vestir bien y ser persona decente. - - * * * * * - -Aunque otras ventajas no tuvieran las guerras--deben de tener otras -muchas,--la más indudable es la de contribuir á la difusión de la -cultura. Así, en España, gracias á las algaradas rifeñas, es seguro que -cada diez ó doce años venimos á enterarnos de una porción de cosas que, -apenas pasada la excitación guerrera, nos apresuramos á olvidar, para -tener el gusto de volver á recordarlas á la primera ocasión. - -Difícil es, sin embargo, poner de acuerdo las diferentes versiones. -Á estas horas hay quien nos ha mostrado el Rif como una tierra de -promisión; y sólo le ha faltado enviarnos de muestra un buen racimo -de uvas, como aquel de que nos habla la Biblia. Otros, en cambio, nos -dicen que aquello es de una aridez que espanta; arenales ó riscos. Ello -dependerá de la parte que cada uno mire, y lo más probable es que allí -haya un poco de todo. Más cerca está nuestra Castilla y hay quien la -supone una llanura sin fin, seca y desolada; mientras otros nos hablan -de sus sierras pintorescas, de sus arboledas frondosas... - -Sin ir más lejos; se habló de la utilidad que en la campaña podrían -prestar los camellos--produciendo la natural alarma en algunos -organismos oficiales docentes.--En seguida hubo quien puso el grito -en el desierto. ¿Camellos? Los camellos no sirven allí para nada. Y -nos dieron un curso de zoología y otro de topografía, y á todo esto -sin saber á qué joroba quedarnos. ¿Sirve el camello? ¿No sirve el -camello? ¿El camello es lo mismo que el dromedario? ¿El camello tiene -una sola joroba ó puede tener dos jorobas, como se puede ser miembro de -dos Academias ó presidente de varias corporaciones, como D. Alejandro -Pidal: pongo por compatibilidades? - -No hay duda; las guerras ilustran. La letra con sangre entra. No -hay idea de lo que vamos aprendiendo ahora, y que nunca hubiéramos -llegado á saber en tiempo de paz. La paz enmohece los espíritus. Sin -las guerras napoleónicas, el espíritu de la Revolución francesa no -se hubiera difundido tan rápidamente por Europa. Hay quien dice que -nada se hubiera perdido y hasta que podía perdonarse el bollo por el -coscorrón, como si todo progreso de la humanidad no hubiera costado -muchos coscorrones. - -Hay quien contradice: ¿Y las conquistas de la Ciencia y del Arte y de -la Industria, no son pacíficas? Tampoco. Pacíficas para los pueblos; -pero los hombres de ciencia, los artistas, los industriales, los -trabajadores, ¿no han regado con su sangre--del cuerpo y del alma,--el -campo fecundo de sus descubrimientos, de sus creaciones, de sus -inventos? No hay trabajo sin pena, y hasta la contemplación es dolor. - -¡Guerra, guerra siempre y en todo! El reino de los cielos ha de ganarse -con violencia, nos dice el Evangelio. Sin duda, con violencia sobre -nuestras pasiones, sobre nuestros instintos. ¿Qué mayor combate? El que -quiera lograr algo en la vida, hay día que pueda encontrarse sin alguna -baja en su corazón y en su entendimiento: El amor de ayer, la verdad de -ayer, la ilusión, que parecía de toda la vida... - -¡Cuántos muertos enterraremos al cabo del tiempo en nosotros! Así, -cuando alguien nos dice: Usted, que ya ha triunfado; nos da ganas de -decirle: Triunfar, ¿dice usted?... Y yo creí que venía derrotado. Y es -que si nos paramos á contar nuestros muertos, cualquier triunfo parece -una derrota. - - * * * * * - -Ecos del veraneo. En la terraza de un casino. - -Se habla de una señora casada, que se permite los más variados y -escandalosos coqueteos con unos y con otros. - ---Está dando mucho que hablar--dice una amiga. - ---Pues hace muy mal--dice otra.--Porque ella no tiene posición. - - [Ilustración] - - - - - XXVIII - - -Peligroso sistema es el de algunos predicadores y moralistas, que -para llevarnos después con mayor fuerza al aborrecimiento de vicios -y pecados, van puntualizándolos y describiéndolos primeramente, con -tal viveza de colorido, que tal vez cuando llega la ducha fría de la -moraleja, anda ya el mismo demonio desatado por nuestra imaginación, -impresionada por la primera parte del discurso, más pintoresca y amena -que la segunda. Sabido es que de cien lectores de la _Divina Comedia_, -noventa y nueve no pasan más adelante del Infierno, y si algunos pasan -del Purgatorio, pocos son los que llegan al Paraíso. - -Los episodios dramáticos y pasionales del Infierno, con la sabrosa -comidilla de saber allí á muchos ilustres personajes, interesan -nuestra atención con mayor fuerza que las disquisiciones teológicas y -descripción de celestiales bienaventuranzas de la segunda y la tercera -parte. - -Cuando se quiere moralizar con fruto, bueno es ir á lo moral por lo más -derecho, sin entretenerse en pinturas de inmoralidades, porque, aparte -de que las comparaciones son odiosas, es el espíritu humano de tan -depravada condición, desde la caída del primer hombre, que ¿quién nos -asegura de que metidos en comparaciones no salga perdiendo la moralidad -y todo el sermón venga á ser perdido? Sin contar con que nunca faltan -descreidotes y socarrones, muy al tanto de los efectos oratorios, que -acudan á divertirse con la primera parte, la de las vivas pinturas, y -cuando toquen á moralizar salgan más que á paso y más empecatados que -vinieron. - -Por todo esto, y algo más, tengo por peligrosa la publicación de -proclamas disolventes en que se abomina de todo el orden social. Este -admirable orden social en que tan á gusto vive una pequeña parte de -la sociedad que, por fortuna, es la que tiene el dinero. Claro es -que á ésta le pondrá carne de gallina la lectura de esas abominables -proclamas, y comprenderá la buena intención al publicarlas en poner -de manifiesto lo que tanto energúmeno piensa y maquina para acabar -con el mundo, si les dejaran. Pero ¿y á la otra mayor parte, no tan -bien hallada en este rico mundo? Á tanto cerebro debilitado por la -escasa alimentación, ¿qué efecto puede producirles? Son lecturas esas -demasiado fuertes para estómagos desfallecidos. - -Y ¡si después de las terribles proclamas, el moralista nos brindara con -palabras de paz y de dulzura!, pero no; á la proclama del desorden, -responde la del orden; no sabemos cuál más temible; energúmenos por -abajo y energúmenos por arriba... ¡Sí que es para pacificar los -espíritus!... Á los de casa no nos llega la camisa al cuerpo. ¡Qué -extraño es que los de fuera quieran meterse en camisa de once varas! -Y á todo esto sin saber si Anatole France vale ó no vale. En la duda, -bueno es volver á leer _La Isla de los Pingüinos_, mas que traducida al -español, adaptada á la vida española. ¡Porque vaya si estamos pingüinos -unos y otros! Y el que quiera salirse del corro, que levante el vuelo. - - * * * * * - -Tan metidos estamos en pelea, que hasta de asunto en apariencia tan -pacífico como la adjudicación de un teatro--verdad es que se trata del -teatro Español, y el nombre obliga,--damos batallas y nos dividimos en -bandos. - -Se habla de intereses materiales y de intereses artísticos. ¡Otro afán -español, este de separar lo material y lo espiritual, como si fuera -posible plena vida sin el sano consorcio de espíritu y materia! - -La palabra negociante está muy desacreditada, y conviene rehabilitarla. -De lo que hay que huir es de un mal negociante, pero del que sepa -serlo, nunca. El buen negociante sabe lo que son cantidades morales y -sabe sumarlas. El mal negociante cree que el arte no da dinero; el buen -negociante sabe que el arte puede dar dinero, si es verdadero arte. No -es bueno todo lo que da dinero por esos teatros; pero obsérvese que -siempre es lo menos malo. - -Yo aconsejaría á Federico Oliver, ya que por garantías artísticas -ha conseguido la concesión del teatro, que se sintiera ahora lo más -negociante posible, y en este caso, atento al negocio sobre todo, -contratara una buena compañía; admitiera muy buenas obras y las -presentara con la mayor propiedad. En esto consiste el buen éxito de -los negocios teatrales, y del conjunto de todo esto--¡qué rareza!, -¿verdad?--cuando se ha hecho un buen negocio, suele resultar que -también se ha hecho arte. - -¡Ah! Evítense las falsificaciones. Las más corrientes en las obras -teatrales suelen ser: de lo literario con lo soso, de lo profundo -con lo aburrido, de lo nuevo con lo extravagante, de lo poético con -lo cursi, de lo atrevido con lo grosero. Todas estas falsificaciones -se encierran en una: Tener el teatro vacío y decir que fué porque -se hizo arte y el público no supo apreciarlo. El verdadero arte del -teatro es... hacer negocio, y el verdadero negocio es... hacer arte. -Shakespeare y Molière ganaron mucho dinero como empresarios. No sé si -podrá decir lo mismo el señor Reinot. - - [Ilustración] - - - - - XXIX - - -Si alguna vez--no lo permita Clio,--me viera precisado á escribir ó -á explicar un curso de Historia de España en los tiempos modernos, -por cuanto á su historia política se refiere, les aseguro á ustedes -que saldría pronto del paso. ¿Gobiernos? ¿Cambios de política? -¿Conservadores, liberales? Es lo mismo. En España, en los modernos -tiempos, no hemos tenido mas que un solo gobernante: el miedo. - -Véase la clase: período de la Restauración; miedo á los republicanos. -Todos los esfuerzos, toda la energía y todas las habilidades del -que por entonces fué el amo de España, no tuvieron más alto fin que -desbaratar y quebrantar á los republicanos. Acaso hubiera sido mejor -política educar al país y fortalecer su voluntad por si llegaba el -caso en que tuviera que gobernarse por sí mismo... Pero no, aquel -gran pedagogo á la antigua española era de los que consideraban á -los pueblos como eternos niños ó incapacitados... Adelante. Período -de la Regencia: miedo á los carlistas, concesiones y mimos á Roma y -contemplación de toda clase de gaitas eclesiásticas... Después, hasta -nuestros días, un poco de miedo á los obreros; coqueteos socialistas, -leyes y disposiciones mal meditadas, como procedentes del miedo más que -de un espíritu de justicia... Después, miedo al catalanismo. Ídem, ídem -de lienzo, con el feliz éxito que todos hemos podido apreciar... Ahora, -miedo á... Miedo al valor, que es un colmo; miedo siempre y á todo. Y -¿es posible que una nación gobernada por el miedo pueda prosperar ni -engrandecerse? - -Muchas vueltas da en estos días el espíritu nacional en torno al -Gurugú; esos riscos que han llegado á ser como símbolo de la barbarie -atrincherada entre piedras y sombras... Más debiera de preocuparnos los -muchos _gurugús_ que tenemos en nuestra casa. - -Hay en España una juventud que, ó se ha educado por sí misma, ó ha -sabido elegir mejor conductores que los designados por la sabiduría -oficial; hay en esa juventud políticos no malogrados todavía por el -contacto con _los viejos_, aunque por mal entendidos respetos parezcan -dejarse dirigir por ellos... ¡Déjense de respetos que nadie ha de -agradecerles! ¡Juventud española, adelante, arriba á la conquista del -Gurugú nacional! El Miedo ha gobernado bastante. - - * * * * * - -En estos días, principio de la temporada teatral, es cuando mas -compadezco á los ministros y grandes personajes. ¿Qué será de ellos -todo el año, si uno, pobre autorcillo de comedias, con esfera de -influencia tan reducida, se ve abrumado de solicitudes y demandas de -recomendaciones? - -De todas ellas, ningunas tan embarazosas como las acompañadas de -manuscrito; con aquello de: Deseo conocer su sincera opinión... Y aquí -del problema. ¿Puede darse la sincera opinión? _Doit-on la dire?_ Como -preguntaba el autor cómico francés, en asunto no menos peliagudo que -este de opinar sinceramente sobre una comedia. - -Aparte la desconfianza en el propio criterio y mucho más en el del -público. ¡Ve uno aplaudido tanto desatino! ¿Quien cae en el lazo de -opinar sinceramente, cuando la opinión es desfavorable, y por serlo, -inmediatamente ha de parecer equivocada, ó lo que es peor, tal vez -envidiosa? - -Pedirle á uno opinión en materia tan delicada, que atañe al buen juicio -y entendimiento del demandante, es examinarle á uno de educación más -que de otra cosa. - -Del: Usted, que es una autoridad; al: ¿Quién es él para juzgar mi -obra?, no hay más que un tramo de escalera. Y, sin embargo, hay -ocasiones en que quisiéramos bien ser sinceros y que nuestra sinceridad -no dejara lugar á dudas. El desengaño es triste, pero el engaño es -cruel. Si aun las verdaderas y legítimas musas suelen causar muchos -destrozos á su paso, ¿qué estragos no causará la _musa loca_?; esa musa -que tan bien nos presentaron los Quintero en los lances sainetescos y -trágicos de una bella comedia. - -No saben los portadores del manuscrito de sus ilusiones, el verdadero -conflicto dramático que nos plantean al solicitar humildes una opinión -franca. - -¡Cuántas veces á trueque de antipatías, con la dudosa esperanza de -que algún día fuera mejor apreciada mi lealtad, he preferido como -Segismundo: _Por ser piadoso contigo, ser cruel contigo ahora_!... -¡Pero advierto una tal expresión de tristeza ante el desengaño! ¡Hay -tan pocas verdades que compensen la pérdida de una sola ilusión! Y, -después de todo, ¿para qué anticiparnos unos años, unas horas, á la -verdad que ha de decidir, por fin, la vida, con su autoridad inapelable? - -Y aun la vida no suele convencernos. También puede equivocarse. Y -nosotros, ya que podamos como ella equivocarnos, no seamos crueles como -ella. ¡Permitid, señora conciencia, que nunca falte una amable mentira -en nuestros labios, cuando alguien se llega á pedirnos una opinión -sincera! - - [Ilustración] - - - - - XXX - - -Sultán estar amigo, francés estar amigo, todos amigos; pero entre las -grandes potencias y las pequeñas impotencias, entre notas diplomáticas, -manifestaciones callejeras delante de nuestras embajadas y artículos -periodísticos, nos están poniendo por esos mundos, cual dirían -conservadores, si estuvieran en el poder los liberales. - -En vano es que de cuando en cuando, la contaduría de aquí procure -endulzarnos tanta amarga píldora, copiando algún artículo ó sueltecillo -de las contadurías de por ahí. Todos sabemos á qué atenernos, y el -público hace de ellos el mismo caso que de los desacreditados reclamos -teatrales cuando anuncian después de un fracaso en parecidos términos: -Cada día es más aplaudida la obra tal, estrenada con tan extraordinario -éxito. Aligeradas algunas escenas, suprimidos varios números de música, -más seguros los actores en sus papeles y corregidas las deficiencias en -decorado y vestuario, las representaciones se cuentan por llenos. En -vista de tan extraordinario éxito, la empresa ha acordado rebajar el -precio de las localidades. - -Una cosa así, salvo la rebaja, vienen á ser esos sueltos, soltados -por algún amable periódico europeo, con los que se ufanan nuestros -gobernantes, como se ufana el que soltó una paloma mensajera, al verla -regresar con toda felicidad al palomar de procedencia. - -Entre tanto, vuelan á su antojo aves de rapiña; aves de mal agüero y -toda clase de «canards». - -Siempre fué prudente regla de conducta lavar en casa la ropa sucia; -ahora nos hemos vuelto rumbosos y la damos á lavar fuera, y como está -algo pasadita, van á dejarnos sin tener que ponernos, como no sea -un conservador atrás y un neo _alante_; traje poco á propósito para -presentarnos en la buena sociedad europea. - -Los franceses, sobre todo, se exceden en demostrarnos su buena amistad. -Están seguros de que no hemos de enfadarnos. Tenemos allí, para -corresponderles con agradecimiento, á la flor de nuestra aristocracia y -de nuestra elegancia, veraneando en Biarritz y vistiéndose en Bayona. - -En España no hay donde veranear á gusto. San Sebastián es demasiado -ciudad para vida de veraneo, y las pequeñas playas carecen de todo -«confort»... Es posible; pero, ¿faltan veraneantes porque faltan -comodidades, ó faltan comodidades porque faltan veraneantes? San -Sebastián y Biarritz no improvisaron hoteles, villas y casinos en -espera de gente; fué la gente, prefiriendo esos, que eran pueblos de -pescadores, y pasando por mil incomodidades en los primeros años, la -que fué dando vida y comodidad á esos pueblos. Como ellos hay muchos en -España, que pudieran rivalizar con las playas francesas y con la única -de moda en España. Claro está que es más cómodo encontrarse con todo -hecho y bien dispuesto que pasar fatigas y molestias de descubridores -y colonizadores. Pero, ¡señoras y señores míos! El patriotismo no debe -mostrarse sólo en caso de guerra, hay un patriotismo de la paz, tal vez -más difícil y menos brillante, que consiste en una porción de pequeños -sacrificios por parte de todos; pequeños sacrificios que hacen á las -naciones grandes. - -Esos pequeños sacrificios, no tan penosos como labrar surcos, partir -piedras ó sepultarse en minas, consisten para las clases pudientes -y directoras en bien poco; en vestir algo más cursi unos cuantos -años con lo de casa, para enriquecer á la industria y al comercio -nacionales, y llegar á vestir con lujo y con gusto, sin necesidad de -acudir para ello á Bayona y otras grandes capitales extranjeras; en -conformarse con veranear modestamente en un modesto pueblecillo, para -que vaya prosperando, y al cabo de unos años nada tenga que envidiar -á esas encantadoras playas francesas; en aburrirse por algún tiempo -benévolamente, como saben aburrirse los grandes señores, con nuestros -novelistas, con nuestros autores dramáticos, con nuestros músicos, con -nuestro pobre, pero bien intencionado arte, para que, animados nuestros -modestos artistas con nuestra benevolencia, lleguen á sentirse grandes -y capaces de producir grandes obras. - -Todo esto y algo más, por este orden, supone pequeñas molestias, -ocultos sacrificios que no hallarán eco en las crónicas de sociedad -ni harán figurar tanto nuestros nombres como las listas de las -suscripciones benéficas y patrióticas. ¡Es tan fácil ser generoso y -magnánimo y valiente, cuando todos nos miran! Lo difícil es serlo -humildes y callados, en el anónimo de una obra donde sólo se lea un -nombre: Patria. - - * * * * * - -Todos los días y en los sitios más céntricos, saluda uno ó procura _no_ -saludar, aunque en Madrid á nada compromete el saludo, á conocidos -carteristas, estafadores, _chanteurs_, jugadores de ventaja, etc. etc.; -el que más y el que menos con una docena de causas pendientes y todos -ellos paseándose en la más dulce libertad y sin desatender los negocios -de su profesión, mediante fianza pecuniaria ó personal, prestada por -algún conocido tabernero. - -Estas facilidades no rezan con el escritor procesado por delitos de -pluma, que no fué falsificadora. Á éste no se le excusan rigores ni -molestias. ¡Suprema voluptuosidad de unos Nerones de poquito! - -No están los tiempos para hacer de tigres y se contentan con ser -chinches. Porque toda esa rigurosidad, cuando en la conciencia de -todos está que, por muy excepcionales que sean las circunstancias, -no puede ser delito un mes al año, lo que no debe serlo nunca, no -pasa de ser... chinchorrerías. Gusto de poder decir á cuatro amigos, -frotándose las manos de gusto: Para que vean cómo las gastamos. ¡Que se -fastidien! - -Sí que saben ustedes fastidiar, pero ¡si ustedes vieran que no es por -eso! - - [Ilustración] - - - - - XXXI - - -Impacientes por recibir una ovación, los autores de la obra -representada, con mejor éxito para la interpretación que para la obra, -han querido aprovechar un aplauso arrancado por los intérpretes, para -dar la obra por terminada; cuando en realidad, sólo estábamos en un -final de acto. Ya nos disponíamos todos á regocijarnos con el fin de -fiesta, cuando por orden superior ha vuelto á levantarse el telón con -gran descontento de algunos impacientes. Todo por no haber rehusado -modestamente los autores, aplausos prematuros, como es uso y costumbre, -con la consabida fórmula: Los autores suplican al público reserve su -juicio hasta la terminación de la obra. ¡Poco seguros deben de estar -de su éxito personal, cuando tales impaciencias revelan! Gracias á que -el público es bonachón de suyo y está ya resignado á todo, pero no -es bueno jugar con él á este tira y afloja, porque cuando menos se -espere, pudiera tirar las butacas al escenario. - -Todos confiamos en que el éxito será brillante, aunque la obra no dé -grandes rendimientos. Pero aquí se trabaja por el arte. Cuando todo -esté apaciguado, nosotros sostendremos un ejército de ocupación, -los ingleses y los franceses explotarán las minas, y los alemanes -explotarán á todos, vendiéndoles sus géneros. Nuestros capitalistas -continuarán prestando al Estado y á los particulares en buenas -condiciones, los trabajadores continuarán emigrando y no hacia el Rif, -precisamente, porque serán tan torpes que no se habrán dado cuenta -todavía de que nuestro porvenir está en África, como dijo la buena -reina Isabel la Católica, que no sabemos por qué empeñaría sus joyas -para descubrir América. - -Está visto que nuestra historia es una lamentable serie de -equivocaciones, y mientras apuntamos al pájaro que está en el aire, -dejamos escapar al que teníamos en la jaula. - - * * * * * - -Las _sufragitas_ de Londres son unas fieras y no reparan en gasto -ni sacrificio para salirse con la suya. Encarceladas las más -recalcitrantes, decidieron dejarse morir de hambre, para que su muerte -pesara siempre sobre la conciencia de los hombres, sus perseguidores, -políticos, se entiende, que de perseguirlas en otro orden de ideas, no -serían ellas las que se dejaran morir de hambre. - -Ello es que los médicos y empleados de la cárcel, se vieron precisados -á violentarlas--en el mejor sentido de la palabra,--echándolas de comer -como quien ceba pollos. Y ahora ellas protestan como un solo hombre -contra ese atropello en tan mala forma. ¡Si el atropello hubiera sido -integral! Lo que dirán ellas: No sólo de pan vive el hombre, y la mujer -mucho menos. Pero el hombre es bárbaro y tiránico hasta cuando quiere -ser compasivo. Las atraca para no dejarlas morir de hambre material -y grosera, y no repara en otros ayunos más espirituales, que acaso, -remediados á tiempo, hubieran evitado la excitación política de esas -denodadas mujeres. Pero el hombre, bárbaro y tiránico para esos ayunos -espirituales, sólo tiene una despectiva frase: Á falta de pan buenas -son tortas. Y esto lo saben bien las _sufragitas_. - -Y ¿por qué no conceder á las mujeres todos los derechos, civiles y -políticos? Aunque ellas con uno solo se contentarían y mejor si era de -los civiles. - - * * * * * - -Como los teatros serios aun no han inaugurado su temporada, y los -semiserios ofrecen tan pocas novedades, el público llena los salones -de _varietés_. Por poco dinero se siente uno sultán de un sin fin -de odaliscas dispuestas á divertirle con danzas y canciones. Cierto -que las hay del tiempo de Muley el Abbas, pero con las luces y el -colorete, y considerando la eternidad del tiempo, aún dan su golpe. -¡Ojalá!--pensarán algunos de los contemporáneos al contemplarlas--que -uno pudiera darlo lo mismo. - -Los estudiantes, recién llegados para emprender sus tareas del curso, -acuden presurosos á iniciarse en los placeres de estos paraísos -artificiales, y desde luego empiezan á tomar apuntes. - -Los tangos y los garrotines se suceden, y lo que es peor, se parecen. -La juventud relincha y patea, la formalidad se congestiona, los -acomodadores están pálidos y ojerosos. Las odaliscas se deshacen por -complacer al público, y lo mismo sonríen á un aplauso que á una -grosería; allí todo es lo mismo. Lo que ellas dirán, parodiando al -torero: Mas grosera es el hambre. - -Alguna vez pasa una ráfaga de belleza ó de arte, y el público guarda -respetuosa compostura. Para que el público respete hay que empezar -por respetarle... pero en seguida vuelve el garrotín, vuelve el -tango, vuelve la canción grosera y las patadas y los dicharachos, y -un matrimonio de burgués aspecto que, sin duda, entró allí por ver de -todo, se levanta antes de que termine el espectáculo y sale presuroso. - ---Ese señor se lleva á su señora. ¡Si no la trajera á estos sitios! - ---Pero, ¿usted cree?--dice otro mejor informado.--Si es ella la que le -trae á él, y es ella la que se le lleva... Y es un matrimonio que se -lleva muy bien. - ---Ya lo creo. Aplicado así el _cine_ es un espectáculo moralizador y -reconstituyente. - - [Ilustración] - - - - - XXXII - - -Hay algo más triste para el escritor que no ser leído: ser -mal interpretado. Un anónimo comunicante, persona de gran -inteligencia--esto no lo encubre el anónimo,--me censura por no mostrar -grandes entusiasmos bélicos. Con la lectura de anteriores artículos -podrá convencerse de lo contrario. Fuí de los primeros en censurar -el _sanchopancismo_ que huye de las aventuras como del agua fría -gato escaldado. ¡Sí, que soy yo autoridad para burlarme del espíritu -aventurero, cuando casi no me queda por correr más aventura que la de -meterme fraile! Todos los peligros y contingencias que mi comunicante, -con gran acierto, preveía para España de no haber aceptado la guerra -del Rif, son para mí evidentes, y siento no poder publicar su carta, -pues, sobre todo en lo que se refiere á la cuestión de Cataluña, es de -una clarividencia profética. - -Lo que yo lamentaba no es la guerra, sino la ineficacia de sus -resultados. Nos falta idealismo del mejor, que es el idealismo -práctico. Triunfaremos en el Rif con las armas y no triunfaremos con -el espíritu, y sin él todas las ametralladoras, escuadras y soldados -del mundo son inútiles. Después que las armas y la sangre vertida nos -hayan abierto el camino, ¿irá allí el dinero que duerme en nuestros -Bancos, esperando la buena hipoteca ó el buen empréstito que venga á -despertarlo? ¿Irá nuestra industria? ¿Irá nuestro comercio? Lo difícil -no es emprender, sino persistir. Delante Don Quijote - - con su adarga al brazo todo fantasía; - con su lanza en ristre, todo corazón, - -como canta Rubén Darío; pero detrás Sancho, con sus buenas alforjas y -su manso rucio, á gobernar las ínsulas ganadas por su amo, con buen -juicio y mejor sentido. Y ¡quiera Dios que algún Tirteafuera de por -esos mundos diplomáticos no deje caer su varita privativa al primer -bocado! Por lo demás, muy agradecido á mi comunicante por su cortés -misiva. - - * * * * * - -Hay quien reniega de toda blandura con el enemigo y pide guerra de -exterminio. ¿Exterminio de qué? Porque no es tan fácil exterminar una -raza, y exterminarla á medias es dar vida perdurable al odio, y medio -pueblo con odio vale por un pueblo entero. - -Los ejemplos históricos de la guerra sin cuartel no son de lo más -convincente. Todavía sirve para espantar muchachos el recuerdo del -duque de Alba en los Países Bajos; pero, ¿son independientes? Los -rigores de algún general en provincias españolas, ¿han servido de algo? -Recientes sucesos son la mejor respuesta. En Argelia y en Casablanca -los franceses, y los ingleses en sus posesiones y en la última guerra -del Transvaal, después de los primeros furores, ¿no tuvieron que -pastelear dulcemente, como cualquier hijo de vecino? - -Dejemos el espíritu inquisitorial, único que hemos paseado por el -mundo y así nos ha lucido el pelo. Dejemos de ser el país de las -intransigencias feroces, donde no es raro oir, como oí yo á un buen -señor, poseído de la mayor indignación. - ---¡Quite usted! Al que hace eso, yo le mataba. Y ¿saben ustedes lo que -hacía quien así se indignaba? Añadir un poco de agua á media jícara de -chocolate. Figúrense ustedes; si á tan inocente porquería señalaba -tan terrible pena en su código particular, ¿qué no sería en más graves -asuntos? Yo salí aterrado del establecimiento lugar de la escena. - - * * * * * - -_Chantecler_, el más cacareante gallo de todos los gallos tapados, -se apresta á la pelea. Las butacas para la _première_ se cotizan á -cien francos.--Hay _premières_ de más importancia que no se cotizan -tan alto; verdad que luego se encarece el precio en sucesivas -representaciones.--Esta reflexión es de una _cocotte_, celosa de -Rostand. Los palcos están _hors de prix_. - -De los Estados Unidos encargan localidades por lo que sea. Los que -de mejor ó peor fe hacen el reclamo, y los que con absoluta buena fe -protestan contra el reclamo, hablan de lo mismo y todo es reclamo. No -parece sino que ese gallo es el mismísimo gallo de la Galia, que no -cantó nunca más sonoro ni desde Vercingitorix á Napoleón el Grande, ni -desde Ronsard á Víctor Hugo. - -Todo esto sería ridículo si no fuera simpático. No es de Rostand ni de -su obra de lo que se trata, para los franceses, es de la supremacía -del Arte francés, que ellos, con noble aspiración, quieren sobreponer -al del mundo entero. Algo parecido á lo que hacemos aquí con el nuestro. - -Apenas alguno de nuestros escritores viaja por el mundo ó le piden -noticias de otros escritores españoles (hay algunas excepciones), se -arrea un formidable bombo á sí mismo, y á los demás los deja como para -que nadie quiera saber de ellos. Así lee uno tan peregrinas cosas en -esos libros de hispanófilos, al través de los cuales no es difícil -descubrir al Pájaro Pinto ó Ninfa Egeria que apuntó nombres y adjetivos. - -Hay quien se cartea con medio mundo por el gusto de desacreditar al -otro medio. De las obras de nuestros autores no se sabrá mucho por -tierras extranjeras, pero de si Fulano maltrata á su señora y atormenta -á sus niños, y si Mengano estuvo complicado en un escalo, eso, como en -casa. - -Así es, que al primer escritor español que visita á un escritor -extranjero, se le recibe con agrado; pero cuando llega el segundo... -encierra la plata. El primero dejó preparado el terreno á los demás, y, -para que no cupiera duda de sus afirmaciones, se llevó unas cucharas. - - [Ilustración] - - - - - XXXIII - - -Perdonen los jóvenes autores, que por varios periódicos y -particularmente me han enviado una carta abierta, mi tardanza en -contestarles. Falta de salud, no de buena voluntad, ha sido culpable de -mi descortesía. - -Cuenten ustedes con que no han de hallar en mi respuesta ni desdenes ni -adulaciones. Tienen ustedes mucha razón de su parte, pero no toda la -razón; por lo menos, en los medios que quisieran ustedes emplear para -imponerla. - -Aun las dificultades para darse á conocer un autor son muchas, no lo -niego, y no pretenderé consolarles con la consideración de que son -ahora mucho menores que en mis tiempos, con el recuerdo de luchas y -amarguras propias, con el sinnúmero de obras que yo hube de escribir -antes de lograr que se representara una, no la mejor, de las que tenía -escritas, que alguna fué después también representada con mejor éxito -que la primera. Todo esto que digo pudiera ser consuelo, pero no -remedio, y como dice Brabancio en «Otelo»: Nunca se curaron heridas -del corazón con emplastos para los oídos. Ustedes hablan por su -herida y es justo acudir á ella con algún remedio práctico. Este sólo -puede consistir en buena voluntad por parte de todos; de ustedes en -primer término, trabajando con fe, con entusiasmo, sin desmayar por -la primera, ni la segunda, ni muchas obras rechazadas. Todo llega á -su hora, cuando debe llegar. ¡Si ustedes supieran cuántas veces me he -alegrado después de no haber empezado demasiado pronto! - -Las empresas, dicen ustedes, no admiten obras de los desconocidos; -desconfían de ellas. No obstante, en estos cuatro ó cinco años últimos -ha aumentado la lista de autores seguramente en doble número que en -cualquier período anterior de veinte años. Esto prueba mayor fecundidad -ó mayor consumo; de cualquier modo, mas facilidades. Las empresas no -temen tanto los fracasos posibles como los falsos éxitos. He aquí -la plaga que todos debemos combatir. Los estrenos con el teatro -lleno de amigos y abarrotado de _claque_; la crítica abrumada de -recomendaciones. Nuestra crítica es con exceso benévola; de ahí que -alguna, vez, cuando deja de serlo, parezca injusta. El público, cansado -ya de ver obras muy aplaudidas y muy celebradas que no corresponden á -sus esperanzas, acaba por no acudir ni á los estrenos como la firma del -autor no le dé alguna garantía. Teatro ha habido que bien pudo poner en -sus puertas: «Cerrado por éxitos». Todas las obras eran ovacionadas y -ninguna daba dos reales. Esto hace á las empresas huir de los estrenos -y preferir el repertorio, de no contar con obras de alguna garantía, -siquiera para que el público acuda al estreno. Hay autores que se -contentan con esta _gloriola_ del parecer y no ser, y salen á escena -tan satisfechos, sabiendo que todo el teatro ha sido regalado por ellos -y que las críticas ó sencillas gacetillas del día siguiente les ha -costado mas pasos y mas recomendaciones que trabajo les costó componer -la obra. - -Y ¡pobre empresario si ante el vacío de los días siguientes se decide -á retirar la obra!--¡Cómo! ¡Un éxito de público y de prensa! ¡Y la -obra tal que fué pateada sigue en el cartel todavía!--¿Qué quiere -usted?--protesta el empresario.--La gente viene á verla.--Ellos no -comprenden que de un pateo del público verdadero pueda salir una obra -con más vida que de los aplausos de un público amañado. - -Verdad en los estrenos; equidad en la crítica. He aquí la mejor -garantía para las empresas. Limítese el número de billetes de autor, -suprímase la _claque_, si es posible, y déjense de recomendaciones para -la crítica. ¡Una friolera! Dirán ustedes. No es tan difícil el remedio. -Bastaría con que la Sociedad de Autores publicara el ingreso verdad de -cada estreno y las empresas el número de localidades regaladas. Á mí no -me duelen prendas. - -Ya es más difícil y atentatorio á la libertad de los empresarios, -dueños de un negocio, imponerles la obligación de estrenar ó de no -estrenar obras de determinados autores. En primer lugar, ¿dónde -empieza, y sobre todo, dónde y cuándo acaba lo que ustedes llaman -_firmas_? Y suponiendo que los autores se dividieran en categorías y -solo pudieran estrenar en los teatros de categoría correspondiente, -¿cómo impedir las representaciones de obras del repertorio, que serían -obstáculo á los noveles, lo mismo que los estrenos de _firmas_? - -No puede decirse tampoco que éstas han abusado de un perfecto derecho -á estrenar en los _cines_. Ni podrá suponerse que ha sido por idea -de lucro. Cualquiera de las obras estrenadas en ellos, en teatros de -mayor categoría les hubiera producido cuatro veces más en menor número -de representaciones. Estoy seguro de que algunos de estos escritores -de firma no han llevado más idea que la de complacer á un empresario -ó á un actor amigo; la de favorecer con la mejor voluntad á un género -de teatros populares que merece toda simpatía. Es injusto acusar de -egoísmo ni de pretensiones de monopolios á estos autores. Cada uno de -ellos recomienda por lo menos cinco ó seis obras de autores noveles por -temporada. - -Mucho más diría á mis amables y simpáticos comunicantes si no temiera -entrar en particularidades poco interesantes para el público. - -Tengo mucho gusto en ponerme á su disposición para hablar más -largamente de este asunto y perdonen si la contestación no fué del todo -á gusto suyo. Ya empecé diciendo que no hallarían en ella ni desdenes -ni adulaciones. - - [Ilustración] - - - - - XXXIV - - -Si en España no pensara una el bayo y otra el que lo ensilla, y el -bayo mejor que el palafrenero, en poco hubiera estado no tener nuestro -poquito de asunto _Dreyfus_, con su guerra civil _ideal_, al grito de -¡Patria, patria! de una parte, y de otra al de ¡Humanidad, humanidad! -Por fortuna, ó por desgracia, no hay asunto que nos interese más de -cuatro días, y á las cuestiones ideales se sobreponen las personales, -que son las que más nos preocupan. Todo cede ante el interés de los -nuevos nombramientos. La designación de un gobernador importa más que -nada; dentro de poco las elecciones, y vamos viviendo. - -En el extranjero, aunque en apariencia parezca un disfavor, nos hacen -el favor todavía de juzgarnos fanáticos luchadores por las ideas... Sí, -sí; ¡buenas ideas nos dé Dios! ¡Personas, personas y personas! como -diría Hamlet, si hubiera nacido español. Somos realistas, en el sentido -filosófico de la palabra. Aquí las personas no son símbolo de nada, -sino de su persona misma. Se dirá que hay pocas personas capaces de -elevarse hasta el símbolo. Pero, no; son creyentes los que faltan, no -son santos. Con un poco de devoción no es difícil levantar altares. - -Ahora, digamos: ¿Por qué siendo el pueblo más indiferente en todo, en -Religión, en Política, en Arte, nos damos traza para parecer á los -extraños un pueblo intolerante y fanático? ¿Es todo desconocimiento -de los extranjeros, ó no habrá algo de culpa por nuestra parte? Esto -es lo que debe interesarnos más que todos los dimes y diretes de -casa y de fuera de casa. ¿Por qué somos una cosa y parecemos otra? Ó -¿es que nosotros mismos no nos damos cuenta de lo que somos ni de lo -que parecemos? Es lo que importa averiguar. Nada más triste que la -inconsciencia para los pueblos y para las personas. Fanáticos por una -idea, tuerta ó derecha, todavía podemos parecer grandes; inconscientes -de todas, sólo podemos parecer ridículos. - - * * * * * - -¿Quién había de decirnos, pocos días antes que, en esta próxima -conmemoración de los difuntos, nuestro más fervoroso responso -sería por el partido conservador? ¡No somos nada! Á bien que los -conservadores podrán consolarse con la idea de que en este país no se -puede ser cosa mejor que difunto. Por algo, entre nosotros, tiene su -conmemoración tanto de fiesta pagana, con su bulliciosa visita á los -cementerios, el vistoso adorno de sepulturas, sus buñuelos de viento -y sus representaciones del «Tenorio», á modo de auto sacramental, más -regocijado que severo. Tierra de un glorioso pasado, nuestro mayor -consuelo está en los muertos. Hay quien llora todavía por Felipe II, y -quien suspira por no haber conocido á Doña Juana la Loca. - -Al político joven y bien intencionado se le abruma con el recuerdo de -Cisneros, y al escritor novel se le aplasta con la balumba de nuestra -literatura clásica. Inútil escribir después de Cervantes; vano esfuerzo -pintar después de Velázquez. - -Lo que puede uno hacer de más provecho es... hacerse el muerto. -Esto es lo que acaso no comprende el partido conservador, que ahora -quiere mostrarse más _vivo_ que nunca. ¡Gran desconocimiento de sus -intereses! La agitación de tantos años de mando no puede por menos de -haber alterado su organismo. Nada mejor que el reposo y el silencio. -Es el mejor sistema curativo para la neurastenia. Crean en mi consejo -desinteresado: cuanto más quietecitos y más muertos parezcan, más -pronto lograrán nuestra admiración. Los vivos molestan á todo el -mundo. Los muertos sirven para que medio mundo moleste al otro medio, -recordando las virtudes de los difuntos. Procuren sacar todo el partido -posible de su papel de muertos, que es el más airoso en esta tierra de -los recuerdos... y de los olvidos fáciles. Ellos deben saber mejor que -nadie cómo una corona de difunto puede convertirse en aureola. - - * * * * * - -Entre todos los personajes de nuestro teatro ninguno despierta tanta -simpatía como Don Juan Tenorio. Ningún otro podría soportar la -periódica reaparición con tanta seguridad de aplauso. ¡Es tan español -este Don Juan, de Zorrilla, de quien hay que creer en empresas y -amoríos, más por lo que dice que por lo que hace, como á casi todos -nuestros políticos! - -Y de un pueblo que adora á Don Juan, ¿no podrá decirse como á él mismo -su amada: «Con Don Juan te salvarás ó te perderás con él?» Confiemos, -como Don Juan, en la infinita misericordia divina que le abrió las -puertas del cielo, no por sus acciones, seguramente, sino por los -bellos versos en que supo decirlas. ¿Por qué no han de pesar tanto en -la justicia divina las bellas palabras como las buenas obras? - - [Ilustración] - - - - - XXXV - - -Quien llamó á París _Cabotin ville_ ¡vaya si supo ponerle nombre! Todo -en ella reviste aspecto teatral, y no es extraño que los comediantes de -París sean, si no los más artistas, los más actores del mundo; porque -en todo parisién hay un comediante nato, y en toda parisiense ¡no se -diga! - -El proceso Steinheil es en estos comienzos de temporada, la -pieza de mejor éxito, y lo será, por lo menos, hasta el estreno -de _Chanteclair_. Sólo Rostand puede competir con esa admirable -artista hembra, que es á la vez autora y actriz en la interesante -obra representada. Hay que convenir en que cuenta con inteligentes -_partenaires_ para darle la réplica, y el público, por su parte, -interviniendo en la acción, como el coro en la tragedia griega, -contribuye á sostener el interés de la enredada trama, que para sí -quisieran todos los escritores _rocambolistas_ y _sherlockholmistas_ -que en el mundo han sido. - -Difícil será para los magistrados desenlazar la obra á gusto de todos, -y de condenar á la protagonista, todos podrán exclamar con ella misma, -y con mayor razón que Nerón: ¡Qué artista pierde el mundo! He ahí -una mujer que no pudo ó no supo acertar con su camino. En el teatro -hubiera llegado á _socia_ de la Comedia Francesa. No le hubiera servido -de poco, aparte las condiciones artísticas, su mano izquierda... ó -su derecha ¡vaya usted á saber! con personajes políticos de talla. -Obligada á emplear sus condiciones dramáticas en la vida, quizás el fin -de su carrera sea lo más desastroso. - -Eso sí; lo de _socia_ no se lo quita nadie, y de la mejor sociedad. - -De lo que han sido privadas las elegantes, con el rigorismo del -presidente no permitiendo la entrada á las señoras, es de saber á -qué atenerse respecto al último figurín para vistas de procesos -sensacionales ¡Cuánta exquisita _toilette_, dispuesta para la ocasión, -habrá quedado en esos roperos! ¡Infeliz señora; tan odiada por unos, -tan compadecida por otros... y tan envidiada por todos!... Porque -¡vaya si se ha divertido en este mundo! Y eso será lo que acaso no la -perdonen, aunque su inocencia quedara demostrada. - - * * * * * - -Supongamos que en cualquier parte del mundo se hubiera estrenado una -obra póstuma de tan gran artista como el maestro Chapí, y así hubiera -sido esa obra--y no lo es ésta--lo mas endeble é insignificante, ¡con -qué respeto no hubiera asistido el público á la representación! El -nuestro no lo entiende de esa manera y dió un lamentable espectáculo -en el estreno de _El diablo con faldas_. Y eso con una obra que era -de su agrado. Y es que esos _cines_ del garrotín y de la machicha -son grandes centros de cultura, y hay espectador que si no berrea y -patea y relincha y suelta cuatro palabrotas, se figura que no se ha -divertido, y cuando asiste á otros espectáculos cambia de lugar, pero -no de costumbres. Si el glorioso músico español, que tanto padeció -en vida de esas irrespetuosidades de nuestro público, pudo, desde la -región _donde asiste eternamente_, contemplar el estreno de su última -obra, ¡qué satisfacción la suya haber abandonado este pequeño mundo! -Cuando espera todavía la iniciativa para erigir un monumento que -dé testimonio á la posteridad, no de su gloria, pero sí de nuestra -gratitud, ¡pateo, protestas, groserías!... ¿Es que ya no se perdona la -gloria ni á los muertos? - - * * * * * - -Yo, que este año me sentía un poco muerto, con tantos honores. ¡Hay -años felices! Un teatro con mi nombre. Ustedes no saben el efecto que -produce ir por la calle y oir de pronto á unos señores que dicen: -¿Vamos á Benavente esta noche? ó ¿Qué _echan_ hoy en Benavente? Yo -procuro, por no hincharme de vanidad, suponer que se refieren á -Benavente, provincia de Zamora; pero... vamos, me siento cadáver. - -Además, mi retrato en el saloncillo del teatro Español. Gracias mil á -sus amables directores; gracias también á Juan Antonio Benlliure, y -más agradecido á todos, si ya que, por aquello de «los últimos serán -los primeros», se acordaron de mí para anticiparme en vida este honor, -no tardan en aumentar la galería con otros retratos que allí faltan, -y que yo soy el primero en echar de menos, y mucho más cuando el mío -sobra--Sellés, Galdós, Dicenta,--y sólo nombro á los que son anteriores -por orden cronológico en la historia del Teatro Español. Sólo en la -seguridad de que más se atendió á facilidades de ejecución, por mis -muchas desocupaciones, puedo aceptar una primacía que de ningún modo -me corresponde. Y si alguien lo juzga falsa modestia, no sabe que yo -tengo una vanidad tan grande que está por encima de esas vanidades. Yo -quisiera ser cien veces mejor autor dramático de lo que soy, y ser, sin -embargo, el peor de todos entre cien autores más que honran el Teatro -Español. ¡España sobre todo y sobre todos! - - [Ilustración] - - - - - XXXVI - - -El sentido moral indignado sería muy respetable si se indignara á -tiempo y con absoluta justicia. Por ejemplo: con tantos malos maridos -y peores padres como andan por todas las esferas sociales; con el -que vive á costa de su mujer ó de la ajena; con el que no repara en -transmitir á sus hijos dolorosa herencia de enfermedades, por lograr -su bienestar con un matrimonio conveniente; con el funcionario torpe -ó prevaricador; con el adulterador de substancias alimenticias; con -el usurero sin entrañas; con el explotador sin conciencia... En todos -éstos podía emplearse mejor esa indignación derrochada por ligeros -indicios contra mujeres indefensas, siempre respetables. La descortesía -masculina sería disculpa en este caso, y en otros parecidos, de lo -mismo que con ella pensaban castigar. Si así son los hombres, se -comprende que toda mujer de sentimientos delicados procure evitarlos. -De estas cosas, como de la influencia clerical en el espíritu de las -mujeres, como de todos sus extravíos, tiene siempre la culpa el hombre, -por su grosería ó por su indiferencia. La mujer necesita una fe, un -apoyo, una creencia en algo, humano ó divino. Si el hombre renuncia á -ser el sacerdote de su casa, en doctrina y en ejemplo, ¿cómo impedir -que la mujer acuda á otros altares, paganos ó cristianos? La mujer -que acude al hombre de su cariño en demanda de ayuda y consejo y le -oye contestar desalmado: «¡Déjame en paz! ¿Qué entiendo yo de eso? -¡Cosas de mujeres!» ¿No se sentirá desligada de él para siempre, por el -corazón y por la inteligencia? «¡Gran cosa es entender un alma!»--dijo -Santa Teresa.--Mientras los hombres ignoren el alma de la mujer, -¿pueden quejarse de que ella busque ser entendida? Por algo la Iglesia -católica, gran conocedora de la psicología femenina, viste con traje -talar á sus ministros. Sabe que sus mejores conquistas espirituales -son las de las mujeres que llegan desengañadas de los pantalones. -El confesor no dice nunca como el marido: «¿Qué entiendo yo de eso? -¡Cosas de mujeres!» El entiende de todo. Por eso domina sobre nuestras -mujeres. No le culpen los hombres, ni las culpen á ellas; cúlpense á -sí mismos, y no se quejen de que el sacerdote llegue á ser padre de -familia, cuando ellos no supieron ser los sacerdotes de su casa. - - * * * * * - -De todos los problemas que deben solicitar la atención de nuestros -gobiernos, ninguno tan urgente, tan necesario como el aumento de -sueldos. Existe una desproporción monstruosa entre el aumento de -necesidades en la vida moderna y la mezquindad de los sueldos; aun -los que parecen más excesivos por comparación con los inferiores. No -hay derecho á exigir solicitud, diligencia, ni siquiera honradez, á -servidores que carecen de lo necesario y han de aparentar lo superfluo. - -Y mientras tan urgente resolución alcance á todos, me dirijo á la -noble inteligencia y al gran corazón del nuevo director de Correos, -señor Francos Rodríguez: ¿No cree de justicia--no he de invocar la -compasión con tan recto espíritu--el aumento de retribución á los -peatones de Correos, verdaderos parias entre los servidores del Estado? -Todo el que haya residido algún tiempo en lugares donde estos humildes -depositarios de tantos intereses prestan sus penosos servicios, -sentirán que nada más justo ni más urgente. Y después... ¿olvidarán á -los maestros y á toda esa clase media burocrática, tan desdeñada, que -nunca se declaró en huelga, ni alarmó con manifestaciones, ni tiene su -Primero de Mayo, ni sus sociedades de resistencia, ni una lujosa casa -donde congregarse? - -Los gobiernos, demasiado preocupados con los que pueden hacer alarde -de fuerza, se preocupan muy poco de los que sólo pueden hacer alarde -de debilidad. Es preciso fortalecerlos, siquiera para contar con -aliados el día de la gran batalla; porque al chocar de dos fuerzas -contrarias y poderosas, nadie sabe lo que puede influir de un lado ó de -otro la indiferencia de los neutrales que, cruzados de brazos, con la -impasibilidad de la desesperación, exclamen: «¿Y á mí, qué?» Hay que -procurar que todos tengan un por qué para luchar por algo. - - * * * * * - -El pueblo madrileño no ha podido demostrar sus simpatías al pueblo -hermano en la representación visible de su monarca. Comprendo la -difícil situación de un gobierno que, si peca de confiado, puede -incurrir en grandes responsabilidades, y si peca de previsor desagrada -á todos, quizás á los mismos con tan excesiva solicitud guardados. -Los tiempos no están para excesivas confianzas; acaso tampoco para -excesivos recelos. Lo mejor en estos casos es dejar algo en manos de -Dios, ya que los ojos de la policía no pueden estar en todo, y algo -también al corazón del pueblo, que siempre responde á toda confianza, y -á quien siempre ofende todo recelo. - -¡Triste cosa es que el temor á un loco ó á un malvado haya impedido al -rey de Portugal conocer al pueblo madrileño! En cambio habrá conocido -mejor nuestra política. Cuando tantas precauciones hay que tomar--se -habrá dicho,--no hay duda, por aquí ha pasado un Juan Franco. En -efecto, señor. Esperemos que vuestra majestad vuelva á visitarnos -cuando ni en España ni en Portugal quede sombra de estas pesadillas. -Sólo en los pueblos verdaderamente libres pueden pasear los reyes -libremente. Ahora os lo podrá decir el rey Eduardo. - - [Ilustración] - - - - - XXXVII - - -¿Se acaba la guerra? ¿No se acaba? ¿Se acabó ya? Todo hace esperar y -creer que sí; sólo algunos espectadores del antiguo régimen echan de -menos un final de efecto; alguna gran batalla decisiva; una apoteosis -con bengalas y desfile general, como en zarzuela de espectáculo. No -tienen en cuenta que la guerra moderna no admite esos finales de efecto -preparado. Ya no son posibles caballos de Troya, buen cuadro final de -una empeñada guerra; ni el asolamiento de ciudades y reinos, ni la -cautividad de pueblos enteros. Hay que contentarse con un desenlace -modesto, y es de notar que ahora les parece poca guerra á muchos de -los que antes les pareció demasiada, y hubieran renunciado á todo -por no vernos metidos en aventuras. No á ganar más, sino á conservar -lo ganado debemos aspirar todos, y á que la gloriosa sangre vertida -no sea infecunda, y esa será la mayor gloria de los que sucumbieron. -Señores capitalistas españoles: ya que no sea todavía ley el servicio -obligatorio para vuestros hijos, se impone el servicio obligatorio para -vuestro dinero. - - * * * * * - -De ser cierto lo que se murmura, el solar de la Zarzuela viene á -ser como símbolo del solar de España. De una parte, los autores y -músicos españoles pretenden reivindicar su dominio, como de propia -casa solariega; de otra parte, una poderosa Compañía de electricidad, -símbolo de la ciencia y de la vida modernas, pretende hacerlo suyo, y, -por último, otra poderosa compañía, símbolo de obscurantismo, según -muchos--aunque no es tan negro el cuervo como sus alas, y si de cerca -se advierte, más que de cuervo tiene de cuco el pájaro,--aspira también -á levantar una de sus mansiones, que algunos verían complacidos, como -monumento expiatorio. ¿Quién vencerá? ¿El Arte? ¿La Ciencia? ¿La ola -negra? ¡Admirable asunto para un poema simbólico! Me recuerda la -explicación que daba un pintor, de más colores que luces, á la alegoría -de un gran techo pintado por él, en un edificio consagrado á la -enseñanza: «De una parte los murciélagos del obscurantismo, huyendo de -la luz; de la otra, los papagayos de la libertad, _personificando_ el -descubrimiento de América». - -Debemos desear que, en esta lucha de Compañías, triunfe la que -representa el Arte lírico español, más necesitado que nadie de templos, -y, á no poder ser otra cosa, de capillas en que ofrecerle culto. Las -Compañías de electricidad no necesitan un sitio céntrico; las otras, -menos; tienen un público fiel que va á buscarlas, aunque sea al -extrarradio. Todos sus parroquianos tienen coche propio y automóvil. - - * * * * * - -En la _Carmen_, de Merimée, como en la ópera de Bizet, inspirada en la -novela, se sobreponen la pasión y la vida; verdad humana, á la verdad -local; que, en este caso, debiera ser española y lo mismo pudiera ser -japonesa, como en la _Butterfly_, de Puccini. - -Esta funesta Carmen, con el contoneo de sus caderas, sus toreros, -sus contrabandistas, sus trabucos y sus navajas, ha sido la mayor -contribuyente á la representación de esa España de pandereta, tan -impresa en el extranjero, que nos señala como un pueblo aparte de -Europa. - -Una gran artista española se atiene, en la interpretación de Carmen, -á la verdad del novelista y del músico. Es el deber de todo artista -intérprete. La Carmen de Merimée y de Bizet es ésa. La mujer española, -la andaluza en particular... ¿Son así? De ningún modo. Justamente -en España, la mujer meridional es mucho más reservada, más casta en -sus manifestaciones amorosas, que la mujer del Norte. Ninguna menos -provocativa, como no sea por su propia belleza, que la mujer andaluza; -ninguna que, aun muy bajo caída, guarde siempre más esquivos pudores. - -Yo he visto bailadoras sevillanas que, en sus momentos de reposo, -evocaban más el recuerdo de las vírgenes de Murillo que el de la Carmen -de Merimée. - -El baile andaluz, el verdadero baile andaluz, no el adulterado por -escenarios franceses y españoles, es de un ritmo sacerdotal, religioso; -como Romero Torres, pintor artista, lo representó en uno de sus cuadros. - -_Carmen_ es una calumnia más del extranjero. Un tipo de mujer que los -franceses no debieron buscar en España para darle más realidad. Mucho -más parecido á Mad. Steinheil, sin ir más lejos, que á cualquier mujer -española. Pero, en fin, digamos como el duque de Glocester en el _Rey -Lear_: «No he de sentir desliz que dió tan buen fruto». Por admirar á -una gran artista española, tan admirable intérprete de esa calumnia, -démosla por bien empleada. - - * * * * * - -Á propósito del _Rey Lear_. ¿No le parece á Enrique Borrás, único -primer actor que _llena la escena de actor_, como en sus tiempos -Valero, Rafael Calvo y Antonio Vico, que nos debe una interpretación -de la tragedia de Shakespeare? Hay que agrandar y que engrandecer -ese repertorio. Tan extraordinarias condiciones de actor no pueden -limitarse al repertorio catalán; ni siquiera al castellano: -Shakespeare, Ibsen, esperan su intérprete en la escena española. -Ninguno como Enrique Borrás puede acometer esa empresa, que es de -Arte... y de dinero. - - [Ilustración] - - - - - XXXVIII - - -La Réjane, propietaria y empresaria del teatro que lleva su nombre, -cansada de ver fracasar obras y obras, excepto _Raffles_, en que ella -no tenía papel--otra contrariedad, capaz de entristecer el mejor éxito -á una actriz directora,--ha discurrido convocar á la crítica, durante -los primeros ensayos de las obras, para atender todos sus juicios y -observaciones, y poder, con tiempo, reformar las comedias de acuerdo -con ellos. De este modo, la obra sería de los críticos más que del -autor, y, naturalmente, no habrían de meterse con ella al estrenarse. -La crisis del teatro francés, acostumbrado á dominar en todo el mundo, -es tan notoria, que empresarios y autores no saben como defenderse, -y es natural que la Réjane, mujer inteligente, crea haber dado con -la mejor solución. Pero, suponiendo que toda la crítica, ó una gran -mayoría, por lo menos, fuera de una misma opinión respecto á las -reformas, ¿no faltaría siempre el fallo inapelable del público, más -que espectador, colaborador insustituíble en toda obra dramática? -Difícil es explicar la causa: la psicología de las multitudes aún no se -ha estudiado bastante; pero ¡es tan distinto el efecto de una comedia -en la lectura ó ante un limitado auditorio, al que produce la misma -comedia ante un público numeroso! Aun los que ya creyeron más seguro un -juicio en el primer caso, sienten que la impresión es distinta, y no -pueden substraerse á la influencia del público. En la lectura, en los -ensayos, más que el efecto total de la obra, se aprecian el detalle, la -finura de los trazos y de la observación. En las representaciones, todo -esto se pierde, se funde en el conjunto, y el brochazo parece finísima -pincelada, y la caricatura retrato, y lo más fuera de juicio, lo más -encajado y, en cambio, primores de diálogos, sutilezas de observación, -pasan inadvertidas. - -Sucede muchas veces con las comedias como con algunas telas, que por el -revés tienen mejor vista, y es lo mejor que puede sucederles, porque -lo cierto es que el público siempre ve el revés de las comedias. Por -eso, el autor hábil debe cuidar el tejido de las dos caras: la una, de -esmerado dibujo; la otra, de llamativos colorines. - - * * * * * - -Por los teatros madrileños han causado la natural alarma no sé qué -nuevas disposiciones de la autoridad, que amenazan complicar la ya -difícil marcha de los negocios teatrales. Son las tales disposiciones, -á lo que se dice, de lo más arbitrario é injusto que darse puede, y -las empresas, muy cargadas de razón, se aprestan á protestar contra -ellas. Si no es que, dada la buena armonía que entre ellas reina, y la -natural y española satisfacción de quedarse sin los dos ojos por el -gusto de ver al vecino tuerto, no les lleva á pasar por todo, como en -otros asuntos que les interesan: las representaciones de tarde, por -ejemplo, en el extranjero teatro Real, que nunca estuvieron permitidas, -con excepción de las fiestas de Navidad, y que tanto perjudican á los -teatros nacionales. - -¡Dichoso país éste, en que gozamos de una Constitución y de Códigos -que parecen garantizar todas las libertades y derechos individuales, -para que después, cualquier tiranuelo de monterilla, entre ordenanzas, -bandos y reglamentos de policía, deje Constitución y Códigos, derechos -y libertades como para limpiarse las narices! - -Trátase, según parece, con este nuevo atropello, de reglamentar el -número de localidades que han de venderse en contaduría y las que han -de venderse en despacho; del precio y sobreprecio que ha de fijarse en -días de moda ó de estreno. Como si cada uno, y tratándose de algo que -no es artículo de primera ni aun de última necesidad, como el teatro, -no fuera dueño en su casa, de vender cuándo, cómo y á quién mejor le -parezca. - -Pero siempre fué achaque de nuestros gobernantes, altos y bajos, -gobernar á gusto de sus amigos. Llega á casa de uno de ellos una señora -amiga, muy sofocada:--¡Lo que pasa en este Madrid no pasa en ninguna -parte!--¿Qué es ello?--le pregunta el señor de autoridad--Figúrese -usted que yo quería ir esta noche al estreno de... ó á la inauguración -ó á lo que sea. Mando esta mañana por localidades, y me dicen que -no queda ninguna. ¿Ha visto usted qué abuso?--¡Escandaloso! ¡Esas -empresas abusan del público! ¡Habráse visto! ¡Vender todo el teatro! -Hay que poner orden en ello. - -Y ¡cataplúm!, al día siguiente _ukase_ á rajatabla para que á la buena -amiga no vuelva á sucederle lo de quedarse sin billetes á la hora -que le acomode ir por ellos. Las felicitaciones de los amigos bastan -á compensar al señor autoridad de las pestes y maldiciones de los -molestados por sus sabias y bien meditadas disposiciones. - -Como no se puede dar gusto á todo el mundo, es natural que se prefiera -contentar á los amigos. Bien vale la pena de que los empresarios, -pudiendo vender sus localidades anticipadamente, tengan la galantería -de reservarlas para que, cuando á la buena señora amiga se le ocurra ir -al teatro, tenga dónde escoger. - - * * * * * - -El divino Emperador de Alemania, en su deseo de fomentar por todos los -medios la cría y reproducción de sus súbditos, se compromete á ser -padrino del octavo hijo que se digne tener cualquier matrimonial pareja -de su Imperio. ¿Cómo han de oponerse sus leales súbditos á tan amable -«Creced y multiplicaos», de tanta fuerza como el divino precepto? Ya me -figuro á los matrimonios alemanes empeñados en esta especie de juego -de la siete y media ó la treinta y una. Cuando una señora, cansada ya -de juego tan poco divertido para ella, se atreva á decir con cuatro -ó cinco: «¡Me planto!» Su marido replicará furioso: «¡Cómo! ¿Vas á -plantarte en tan buen punto?» Carta, señora. ¡Hay que abatir con ocho! -¡Cualquiera renuncia al honor de llamar compadre al Emperador! - -Estas naciones montadas militarmente, y en las que todo ha de estar -montado por el mismo orden, son un puro contrasentido. Por un lado, -prohiben á los jóvenes contraer matrimonio mientras están sujetos -al servicio militar; prohiben el matrimonio de los subalternos y -dificultan el de los oficiales hasta cierta graduación y cierto sueldo. -Y por otra parte, todo es achuchar á los ciudadanos pacíficos para -que no se paralice la producción de soldados. ¡Cualquiera entiende el -lío! Hay que contar también con que, ocupados en el servicio militar -los campesinos más jóvenes y vigorosos, la producción de las tierras -decrece, y hay menos probabilidades de que los recién nacidos puedan -traer un pan debajo del brazo. Pero, ¿qué importa? Con que traigan -brazos para coger el fusil de mayores, el Emperador se da por -contento. Antes que en el campo de batalla hay que vencer al enemigo -en lo que Góngora llamó «campo de pluma». Esto es lo que se llama -la Nación armada, en paz y en guerra. ¡Oh! ¡Felices los matrimonios -alemanes que, cuando ya estén más disgustados de la vida matrimonial, -todavía continuaran en buenas relaciones con el consuelo y la -satisfacción de complacer á su Emperador! - -Lo que decía aquel matrimonio que fué al teatro con sus chicos: -«Nosotros no nos divertimos nada, pero los niños se han reído mucho». - - [Ilustración] - - - - - XXXIX - - -La vida de sociedad, lánguida en otoño, estación de parada, renace -con los rigores del invierno. Los turnos de moda en el Real, en la -Princesa, en la Comedia, resplandecen de lujo y de elegancia. Para -los que van y vuelven en coche, de los teatros y reuniones, Madrid es -alegre. Para los noctámbulos callejeros hay algo más entre cielo y -tierra de lo que suelen decirnos los revisteros de salones. - -La Escalerilla, los soportales de la Plaza Mayor, las puertas cocheras -de calles poco frecuentadas, tienen también un público de abonados á -diario: el público de todos los inviernos. Evocan horrores de campo de -batalla los cuerpos tendidos, amontonados; y ¿qué son, sino bajas en la -batalla de la vida? Unas por inutilidad física, otras por inutilidad -moral; irredimibles muchos; algunos, tal vez, capaces de redención. Una -noche y otra pasamos indiferentes ante ellos, porque las preocupaciones -propias no dejan lugar á preocuparnos por los demás. Alguna vez, -una clara espiritual nos predispone á la compasión, y dejamos unas -monedas que alivian el frío y el hambre de una noche; pero ¡son tantas -y tan largas las noches del invierno! Procuramos tranquilizar nuestra -conciencia ó nuestro miedo, considerando la ineficacia de nuestra -compasión individual. Las autoridades no debieran consentir esto, -decimos, y todos asienten. ¡Es un horror! - -Las autoridades, en efecto, empiezan á preocuparse al principio de -todos los inviernos, y siguen preocupándose hasta la primavera. - -Unos cuantos beneficios, unas cuantas raciones de sopa distribuídas, -nos permiten creer que hemos hecho todo lo humanamente posible. -¡Siempre ha de haber pobres y ricos! ¡Ese es el mundo! - -Hay asilos de noche; pero esa gente, sin duda temerosa de dar la cara á -luz alguna, prefiere dormir á la intemperie. Ama la libertad con todos -sus rigores. Tal vez sí; pero téngase también en cuenta que los asilos -están todos en barrios extremos, y mucha de esa gente, que vive de las -sobras del lujo, tiene sus negocios en el centro, y no le conviene -alejarse tanto si ha de acudir, desde muy temprano, á sus empleos y -negocios. - -Un asilo en cada distrito sería algo más práctico y más á vista de los -ricos, que con mayor solicitud podrían acudir con mucho de lo que sobra -en sus casas. - -Hay, lo sabemos, entre esa gente miserable, muchos indignos de -compasión; si alguien puede ser indigno de compasión, y si el llegar -á ese extremo, no fuera mayor motivo de ser compadecido. Pero ¿y los -niños? ¿Qué culpa puede haber en los niños? Y mientras haya uno, uno -solo que duerma al aire frío en estas noches crueles de invierno, ¿no -es verdad que no tenemos derecho á vivir tranquilos, ni á llamarnos -cristianos, ni á creernos civilizados? - - * * * * * - -Eduardo Marquina, el admirable poeta, no debe dejarse seducir por -los que vuelvan á decirle, con el mejor deseo: Hay que hacer teatro, -usted es un gran poeta, pero le falta á usted picardía teatral. ¡Hay -que tener picardía! Y cuenta que el consejo es de quien, alguna vez, -también se dejó seducir por complacencias y cayó en el mismo pecado. - -Á su hermoso romancero histórico «Doña María la Brava» nada le falta, -y si algo le sobra es, justamente, lo que más habrán celebrado en él -gentes expertas en teatros; las picardías teatrales. Para triunfar le -hubiera bastado el ambiente histórico, de romancero popular, la noble -figura de Don Álvaro de Luna, ambicioso de guerrear contra los moros -por su rey y por su Castilla, y obligado á contiendas civiles, sin -provecho y sin gloria. ¡Qué hermoso y claro símbolo de España! - -¿Por qué prefirió el poeta interesarnos con amores y asesinatos -misteriosos? Yo, menos que nadie, le culpo; sé lo que influye en el -artista más seguro y consciente esa preocupación de que el teatro es -una cosa aparte. - -Créame el admirable poeta Eduardo Marquina: no se deje influir nunca -por los que dicen conocer al público. El público es como las mujeres, -sólo ama á quien le domina, aunque por el pronto parezca inclinarse á -quien le halaga. Pero un poeta como Marquina no debe contentarse con -ser el amante de una noche, sino el esposo de toda una vida. - - * * * * * - -Cuando empresas y autores y público padecemos á tantas señoritas de -mejor ó de peor familia, que sin figura, sin condición alguna, y hasta -sin vocación, se dedican al teatro, bien merece un aplauso excepcional -la que, sin necesitar del teatro para nada, le ofrece por verdadera -vocación todos los prestigios de su figura, de su talento y de su -nombre ilustre. El éxito de Anita Martos, en su presentación, es de los -que permiten toda sinceridad sin ampararse de la galantería. Tenemos -una excelente actriz, y cuantos se interesan por el Arte dramático -deben alentarla y sostenerla, no con el público y con la crítica, que -en esto, como César, llegó... la vieron y venció, sino con ella misma, -para que no desmaye en el camino emprendido, que no es todo de flores, -y quien tantas venturas puede lograr en la vida, no es difícil que á la -primera contrariedad renuncie á las del Arte. Hagamos votos por que los -suyos sean de verdadera profesión. El Arte es un divino señor que bien -merece todo sacrificio. - - * * * * * - -_¿Quién disparó?_--Novela de Joaquín Belda--bien pudiera ser el -_Quijote_ de las novelas policíacas, de las que Sherlock Holmes es algo -así como el Amadís de Gaula. - -Decir que en la novela de Belda hay risa para todo el año, es decir -muy poco; porque estamos á fines del de gracia de 1909. No conviene -tampoco tal avidez de placeres desordenados; según están el mundo y -la literatura, con unas horas de regocijo sano bien puede darse por -contento el más asiduo lector de libros modernos. Sobre la risa, -hallaréis por adehala, y, burla burlando, primores de estilo y hasta -un poco de verdor; con que nada echaréis de menos de lo que cualquier -novelista del día puede ofreceros por el mismo precio y sin la risa, -que vale más que todo; que no es lo mismo reírse de un libro que reírse -con un libro. - - [Ilustración] - - - - - XL - - -Á los que andábamos á gatas--primeros animalitos femeninos á los que -acude el hombre en su vida--cuando Juana Granier estrenaba el famoso -«Petit Duc» del Maestro Lecoq, no puede por menos de rejuvenecernos -el saber que la graciosa «divette» aún se halla en condiciones de dar -juego por esos mundos y de favorecer según unos, de perturbar según -otros, las relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania. - -Las mujeres no pueden soportar los irreparables ultrajes del tiempo, -como dijo el trágico, y no tienen razón para lamentarse. La mejor edad -para las mujeres empieza á los cuarenta años. Recuérdese qué mujeres -son las reinas de la moda, del arte y la galantería en París. Sarah, -la inmortal Sarah, que á sus años, á sus años había de ser, representa -á la «Pucelle» de Orleans muy á satisfacción del público; Mme. Bartet, -la divina, que tampoco es de ayer por la tarde, y aún interpreta las -ingenuas de Musset y la Antígona de Sófocles; Cecilia Sorel, algo más -nuevecita, por comparación, por eso no representa damitas jóvenes, -pero también con lo suyo, muy bien llevado, eso sí; la Réjane, á -quien el divorcio ha rehecho una segunda juventud, y en otro orden de -ideas recordemos á Carolina Otero, á Émilienne d'Alençon, á Colette -Willy, ahora en dimes y diretes con su marido por un quítame allá esas -colaboraciones, que tanto les han producido en uno y en otro género. -La más elemental discreción impide citar ejemplos de casa. Pero aquí, -como en Francia, como en el mundo todo, á excepción de los países -salvajes, el «jamonismo» impera. Esto habla muy alto en favor de la -espiritualidad masculina, que aprecia en más lo cultivado por el saber -y la experiencia, que lo natural sin apresto. También puede significar -ilusión de creerse ellos más niños al aprender que con enseñar. La -mujer tiene más vocación docente que el hombre. Verdad es que no han -fatigado tanto su inteligencia durante el día. Además, en el camino del -amor, como por los caminos de la vida, es menos frecuente alcanzar al -que nos lleva delantera en la misma dirección, que encontrarse con el -que viene en dirección contraria. Y el que va con nosotros y adonde -nosotros, ¿qué noticias puede darnos? En cambio, el que regresa puede -darnos informes interesantes y provechosos. - - * * * * * - -Gómez Carrillo comenta, y me dedica sus comentarios, el nuevo «sport» -á que se han entregado los elegantes de París. Novedad de retorno, -como todas las novedades; porque en otros tiempos, cuando la fuerza -física era plebeya y la cultura del espíritu noble--tiempos hubo en que -fué todo lo contrario, y así va el mundo,--fueron muchos los grandes -señores y damas aficionados á representar comedias. Luis XIV dignábase -danzar en los intermedios de algunas farsas de Molière; María Antonieta -representó, en lo más florido de su corte, «El matrimonio de Fígaro», -con una inconsciencia propia de una cabecita que había de truncar la -guillotina; Catalina de Rusia tuvo un teatro en su palacio y dejó todo -un repertorio de obras, si no escrito, á lo menos inspirado por ella. -Claro es que entonces no hacían lucro los señores de sus gracias y de -sus aficiones; como tampoco lo hacían de los productos de sus fincas y -de sus tierras. Pero ahora, cuando escudos nobiliarios son el mejor -anuncio de un vino ó de unas conservas, ¿por qué no ha de sacarse -producto de todo? - -Dolencia del siglo es el «exhibicionismo». La prensa moderna, causa ó -efecto de este gran impudor público, con sus informaciones íntimas, -con sus fotograbados, con su persecución incesante de la actualidad -en todas las esferas sociales, nos ha quitado á todos la «miaja» de -vergüenza que nos hacía reservar ciertas gracias para el sagrado de -la intimidad. Ahora, cuando la gran señora y el noble caballero saben -que todo el mundo ha de saber si pintan, si esculpen, si representan -comedias, si voltean sobre un caballo ó si hacen cuadros plásticos en -familia, ¿por qué no solicitar directamente el aplauso y la admiración? -Y como el dinero es la medida y tasa de todo, ¿cómo no buscar en el -dinero la verdad de ese aplauso y de esa admiración? - -En los primeros momentos podrá perjudicar á los verdaderos artistas la -invasión de los nobles actores, pero pronto vendrá el desengaño. El -verdadero público no es adulador. Sabido es el caso de aquella dama de -continuo celebrada de hermosa entre las hermosas por cuantos formaban -su círculo, y como un día quiso probar el atractivo de su hermosura en -lugar donde se cotiza sin galanterías, padeció el más cruel desengaño. -Á todas las sacaban á bailar menos á ella. Al otro día despidió con -cajas destempladas á todos sus adoradores. El público se encargará de -desengañar á muchos de estos artistas, y si alguno triunfa con arte -verdadero, ¡bien venido sea! Y aun los que destrozan las comedias... -¡De todos modos habían de destrozarlas, con su charla y su crítica -insustancial, desde sus palcos ó desde sus butacas. En el escenario, -siquiera pueden aprender lo que cuesta divertir á un público. Algo -más que disponer una comida ó una «soirée». Todos debiéramos ser un -rato algo de todo. Una indulgencia y una tolerancia universal harían -entonces del mundo un Paraíso; algo aburrido, eso sí, como todos los -paraísos. - - [Ilustración] - - - - - XLI - - -Muy próxima la fecha en que ha de celebrarse en la República Argentina -el Centenario de su Independencia, no se advierte, en las esferas -oficiales ni en las particulares, señal alguna de preparativos -para la representación lucida de España en tan señalada fiesta. -Desdicha es que siempre cuidados propios nos impidan estar con toda -tranquilidad de espíritu y holgura de bolsillo necesarias para asistir -á fiestas ajenas; pero pocas veces, como en esta ocasión, era preciso -sobreponerse á todo y hacer lo que se debe; aunque se debiera lo que se -hiciese, como dijo el clásico. - -Cuando tan traída y tan llevada anda nuestra reputación por esos -mundos, era más urgente demostrar á todos que la vida política no es -toda la vida española. Nuestra industria y nuestro arte pueden hacer un -brillante papel en la Argentina; pero de nada servirá algún esfuerzo -y algún alarde aislados sin la iniciativa y la protección oficiales. -Queda poco tiempo; no hay que malgastarlo en nombrar comisiones. -Piensen todos que sobre la América española, toda Europa y América -del Norte tienen puestos sus ojos y sus manos, y entre todos tienden -á desespañolizarla. Hasta ahora tuvimos en los naturales la mejor -defensa. Pero ¿vamos á pedirles que sean más papistas que el Papa? Si -nosotros, que tenemos allí mucho en qué comerciar y mucho que explotar, -no nos acordamos de ellos, ¿van ellos á acordarse de nosotros, si para -nada nos necesitan? - -El que España figure dignamente, á costa de todos los sacrificios, en -el Centenario de la Independencia argentina, es de un interés del que -no se han dado cuenta nuestros gobiernos. Algo más importante que unas -elecciones. - - * * * * * - -Hoy empezará sus representaciones el «Teatro para los niños». Nada diré -de sus principios, por tener yo tanta parte en ellos. Otros autores -vendrán después que justifiquen el elogio. Por ahora, baste con alabar -la intención y agradecer á la compañía del teatro y á su director, -Fernando Porredón, el entusiasmo, la fe ciega, el desinterés absoluto, -puestos al servicio de la idea. En compañías de pretensiones y en -empresas de fuste no es tan fácil encontrar todo eso. - -No se aspira á la perfección, ni mucho menos; es un ensayo, un modesto -ensayo de un teatro en que los niños no oirán ni verán nada que pueda -empañar la limpidez de su corazón ni de su inteligencia. No saldrán de -allí con adquisiciones preciosas en su vocabulario, como «la vértiga», -«la órdiga» y otras expresiones. No se iniciarán en los encantos del -garrotín y del molinete. - -Si la idea fracasara y yo tuviera la conciencia de que no era por culpa -mía ni de cuantos han de ayudar y servir en la empresa, hago voto -solemne de escribir, en desagravio de mi error y agravio del ajeno, -«Una cachunda» de gran espectáculo, que dedicaré á cuantas y á cuantos -se lamentan de la inmoralidad en el teatro. - - * * * * * - -En Alemania, tan atenta á la reproducción y á la cría de la raza -humana, se proyecta una ley encaminada á su selección, impidiendo -contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades -hereditarias ó incurables. - -En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el -cultivo ó el cruce, en las especies vegetales y animales sólo al hombre -se le permite la más inculta espontaneidad en su reproducción. - -El «fetiche» de la espiritualidad del amor--espiritualidad que es sólo -una coquetería más del celo--ha impedido hasta ahora la intervención de -la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados. - -El remedio no será todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera -de la ley, justamente, queda siempre el más vasto campo al amor, y -¡cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podrá conseguirse ¿Otro -remedio más eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas -consideraciones sobre este asunto. Algún día las expondré con entera -libertad en un libro ó folleto, ó lo que salga, con espanto de muchos, -como todas las verdades. - - * * * * * - -Oído en el día de las últimas elecciones para concejales: - -Un cochero de punto ve pasar desde su pescante á un compañero, fuera de -servicio y algo apuntado de bebida. - ---¡Eh! ¿Estás de fiesta? ¿Adonde vas? - ---¡Á votar! - ---¡Á votar, tú! ¿Á quién? - ---¿Á quién ha de ser? Á los socialistas; á los hijos del trabajo... ¡Yo -soy también un hijo del trabajo! Sólo que yo estoy reñido con mi padre. - - [Ilustración] - - - - - XLII - - -Ya pareció Maese Reparos; y ¿cómo pudiera faltar? Con motivo de la -inauguración del Teatro para los niños, hay quien advierte que los -niños están mejor en el campo que en el teatro. ¿De veras? ¿Creen -ustedes que yo lo había puesto en duda por un momento? Sólo que... -¿Campo en Madrid y en invierno? Yo sólo creía que, dado el egoísmo de -ciertos padres, incapaces de privarse de un espectáculo impropio de -niños y capaces de llevarlos al teatro, lo mismo á un terrible drama -con su buen adulterio, que á una comedia de malas costumbres, que á una -chulería del género chico, donde nada bueno pueden oir los muchachos, -siempre sería preferible que existiera un teatro en que, aunque por -sistema no se moralice, nada se oiga al menos que pueda manchar, esta -es la palabra, el espíritu de los niños. - -No es que yo considere ese teatro como remedio de todos los males; -supongamos que es un mal menor: ya será algo. Pero, francamente, de eso -á que unos cuantos señores, á quienes nunca se les ocurrió protestar -por ver á los niños en otros teatros, nos vengan ahora con la monserga -del campo y del aire puro, á propósito del Teatro para los niños, hay -la distancia del criticarlo todo al hacer algo, aunque sea poco. Yo -no me considero un héroe ni un bienhechor de la humanidad por haber -patrocinado ese teatro, pero tampoco es para que se me considere como -un malhechor. Con menos trabajo y menos entusiasmo, un par de piezas -sicalípticas me dejarían más en limpio. ¡Bello país! ¡Cuántas veces -hubiera uno emigrado si no hubiera uno aprendido á despreciar desde muy -joven! - - * * * * * - -¡Vaya si está vidriosa nuestra moralidad! La gente se ha indignado -mucho con un torero que fué ídolo de una tarde--¡cómo le gustan á -Madrid los ídolos de un día!--por creerle culpable del suicidio de una -señorita mejicana. Nunca he creído en el poder de seducción de los -hombres, que, por lo regular, siempre predican á convencidas; pero en -este caso, y según referencias, mucho menos. La señorita había mostrado -grandes deseos de conocer al torero; la señorita aceptó una invitación -para asistir á una juerga, y la señorita... se llamó después á engaño. -¡Caramba con la señorita! - -Siempre es bueno recordar aquellos versos del maestro Tirso de Molina: - - «Yo aseguro, - si como echa á galeras la justicia - los forzados, echara las forzadas... - que hubiera menos, y esas más honradas.» - - * * * * * - -El que ha ido bien despachado en las oraciones fúnebres ha sido el rey -Leopoldo de Bélgica. Si por historia puede tenerse el juicio apasionado -de los contemporáneos, no ha sido tardío para él el fallo de la -historia. - -Y ¿por qué tanto rigor? Por enamorado. ¡Bah! Hubo muchos grandes -reyes que lo fueron mucho más y con mayor escándalo. ¿Por explotador -del Congo? ¡Ah! ¿Será Inglaterra la que pueda arrojarle la primera -piedra? ¿Por administrador prudente de su capital? Pues qué, ¿no hemos -censurado mil veces á los reyes pródigos y dilapidadores? ¿En qué -quedamos? El papel de rey se va poniendo muy difícil. Lo cierto es -que Bélgica ha prosperado bajo su reinado en industria, en comercio, -en arte, y que el buen Leopoldo no merecía tanta severidad de los -contemporáneos. Por fortuna, la historia tiene sus modas, y ya se sabe -que cada cinco años las grandes figuras pasan á ser insignificantes, -y viceversa. Hoy es moda presentar á Nerón como un monstruo, y mañana -como á un excelente hombre. Un día escribe Voltaire su «Pucelle -d'Orleans» con regocijo de todos, y á la vuelta de unos años se la -canoniza. Todos hemos conocido estas alternativas de la historia con -Don Pedro el Cruel, con Felipe II, con Isabel la Católica y otras -grandes figuras, tan pronto admirables como despreciadas. En algo -han de entretenerse los historiadores. Siempre hay nuevos documentos -para la historia. Es natural. Pregunten ustedes por cualquiera de sus -más íntimos amigos á su portero, á su criado, á otros amigos, á sus -acreedores, etc. ¡Verán ustedes qué distintas versiones de su vida y -costumbres! Somos una serie de imágenes falsas y ridículas, como las -múltiples fotografías de una vista cinematográfica. El pasar rápido por -una luz poderosa es lo que puede darnos unidad y verosimilitud. ¡El -cielo depare á los grandes hombres un buen manipulador! - - - FIN - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte -(de 5), by Jacinto Benavente - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS *** - -***** This file should be named 55038-8.txt or 55038-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/5/0/3/55038/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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