summaryrefslogtreecommitdiff
diff options
context:
space:
mode:
authornfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-02-09 18:02:28 -0800
committernfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-02-09 18:02:28 -0800
commitd8bfb31ac393d3823648d0a7e9c672283d7a1fed (patch)
tree830ea9caf32031f9fa9069b9d80e0e60cc83a8d8
parenta81520081f15bb0859cd9fbb60fd540c2ae0667b (diff)
Sentinels relocatedHEADmain
-rw-r--r--59631-0.txt8623
-rw-r--r--59631-8.txt9010
-rw-r--r--59631-h/59631-h.htm414
3 files changed, 8625 insertions, 9422 deletions
diff --git a/59631-0.txt b/59631-0.txt
new file mode 100644
index 0000000..3bd730b
--- /dev/null
+++ b/59631-0.txt
@@ -0,0 +1,8623 @@
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 ***
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+ LA CASA DE LOS CUERVOS
+
+
+ OBRAS DE HUGO WAST
+
+ NOVELAS
+
+ =Alegre.=--6.ª edición.--Librería Ollendorff, París
+ (en prensa).
+
+ =Pequeñas Grandes Almas.=--Montaner y Simón,
+ Barcelona.
+
+ =Flor de Durazno.=--5.ª edición.--Librería Ollendorff,
+ París.
+
+ =Fuente Sellada.=--Librería Ollendorff, París.
+
+ =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--Biblioteca
+ Patria, Madrid.
+
+ =Fantasías y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada.
+
+ =La Casa de los Cuervos.=--Biblioteca del Ateneo Nacional.
+ Buenos Aires.
+
+
+ POESÍAS
+
+ =Rimas de Amor.=--2.ª edición.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada).
+
+
+ VARIOS
+
+ =¿A dónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?=--3.ª
+ edición.
+
+ =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biológico).--Librería
+ Alfa y Omega, Buenos Aires.
+
+ =Un País mal administrado.=--(Estudio económico).
+ Arnoldo Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada).
+
+
+ EN PREPARACIÓN
+
+ =Las bases de la sociología.=
+
+ =Un País mal administrado.=--2.ª edición.
+
+
+
+
+
+ HUGO WAST
+
+ LA CASA DE LOS CUERVOS
+
+ PRIMER PREMIO
+
+ EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL
+
+ NUEVA EDICIÓN
+
+ 6.° MILLAR
+
+ BUENOS AIRES
+ Agencia General de Librería y Publicaciones
+ 1571--Rivadavia--1573
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ PRIMERA PARTE
+ Pág.
+
+ I.--Don Serafín Aldabas 9
+
+ II.--¡Una voce poco fa! 22
+
+ III.--La conspiración 34
+
+ IV.--La levita de Cullen 49
+
+ V.--En la tarde del baile 58
+
+ VI.--Una sombra en el hueco de la puerta 65
+
+ VII.--El indio José 76
+
+ VIII.--El baile de Montarón 95
+
+ IX.--El pañuelo rojo 113
+
+ X.--La noche trágica de Syra 128
+
+ XI.--La derrota 139
+
+
+ SEGUNDA PARTE
+
+ I.--¡Por el alma de los muertos! 161
+
+ II.--La mala nueva 174
+
+ III.--La mano suave 184
+
+ IV.--La yerra 194
+
+ V.--El secreto 208
+
+ VI.--Sobre las huellas de Insúa 224
+
+
+ TERCERA PARTE
+
+
+ I.--En la casa de Bayo 245
+
+ II.--El aviso 259
+
+ III.--El incendio del garzal 267
+
+ IV.--Yo lo maté, pero voy a morir 293
+
+ V.--La batalla de los Cachos 304
+
+
+
+
+
+ PRIMERA PARTE
+
+
+ LA CASA DE LOS CUERVOS
+
+
+
+
+ I
+
+ Don Serafín Aldabas
+
+En los días de sol, durante el húmedo invierno, aquellas casas viejas
+toman su expresión evocadora y triste.
+
+Detrás de sus tapias roídas por el tiempo y coronadas a veces de
+enredaderas, asoman las copas redondas de los naranjos, con su espeso
+follaje y su fruta dorada.
+
+En la parte que el sol no calienta, el musgo extiende su terciopelo
+verde, como un suave tapiz. Crecen los yuyos en las grietas de los
+oscuros adobes manchados por la cal del antiguo revoque; se ve en un
+muro el hueco de una alhacena con estantes de algarrobo, y sobre un
+tejado, que en las noches de luna ya no se anima con el paseo de los
+gatos, la ventana de una bohardilla y una chimenea, que ha tiempo no se
+envuelve en el humo azulado y tibio del hogar.
+
+En los barrios centrales de Santa Fe, ese tipo de casa ha ido
+desapareciendo, mas quedan vestigios de ellas en los barrios del Sur
+y hasta hace poco manteníase intacta, en la calle que en los tiempos
+de este relato llamaban "de la Matriz derecha", la casa en que durante
+cuarenta años, don Serafín Aldabas enseñó a leer a los niños, que por
+alguna razón no hallaban sitio en el colegio de los Jesuítas.
+
+Estaba en la acera del Sur, casi en la esquina de la plaza, vecindad
+que aprovechaba don Serafín para oír la banda, que tocaba, jueves y
+domingos, en invierno, a la hora precisa en que terminaba su clase.
+
+Cubierto el cráneo puntiagudo, mondo ya, con un casquete negro de
+lustrina, enfundado en una estrecha levita, enjuto de carnes, los ojos
+azules, fugitivos, las piernas flojas, las manos largas e inhábiles,
+cuando no esgrimían el puntero o la palmeta, en la silueta obscura de
+don Serafín, no había más detalle interesante que la gruesa cadena
+de plata de su reloj, un hermoso reloj de oro, de una antigua marca
+inglesa, toda la fortuna que trajo de su patria.
+
+Envolvíase severamente, aun en los días de calor, en una capa con forro
+de terciopelo carmesí, y como a todo propósito, para salir de una duda,
+para eludir una respuesta, para resolver un problema consultaba el
+reloj, un buen tercio de la vida del maestro se pausaba en desabotonar
+y abotonar su levita.
+
+Era de la Coruña, y sus traviesos discípulos que habían sorprendido
+la imperceptible dificultad con que pronunciaba la o, llamábanle
+"Curuña", mote al cual, después de treinta años, se iba acostumbrando.
+
+Llegado al país en los tiempos más sangrientos del gobierno de Rozas,
+tímido como una polla, conservaba, no obstante, una extraordinaria
+afición a la política que sólo concebía rodeada de misterios, de tal
+modo que su imaginación enviciada transformaba las cosas más simples en
+espeluznantes incidentes.
+
+Y en la Santa Fe del año 77, no necesitaba forzar la fantasía para
+llenarse de sobresaltos, sin que, en verdad, como en los tiempos de
+Rozas, corrieran peligro los vecinos madrugadores de tropezar en la
+acera con el cuerpo de algún unitario degollado a cercén, mientras
+por otra calle los mazorqueros paseaban un carro cargado de cabezas,
+pregonando su siniestra mercancía como si fueran zapallos.
+
+Pero, aun sin llegar a esos extremos, la vida era angustiada por las
+frecuentes revoluciones que se tramaban contra el Gobierno, para
+derrocar a don Servando Bayo, y destruir la influencia omnipotente del
+doctor Simón de Iriondo.
+
+En Santa Fe no era posible desinteresarse de la política: o se era
+opositor, o se era gubernista.
+
+Sólo el mísero don Serafín Aldabas, no tenía derecho a ser ni lo uno
+ni lo otro. Por su escuela habían pasado casi todos los jóvenes que
+militaban en el partido liberal, y esto lo vinculaba con hondos afectos
+a la causa de la revolución.
+
+Mas no le era permitido dejar traslucir sus inclinaciones, sin
+riesgo para su escuela, que no vivía de las insignificantes cuotas,
+impagas con frecuencia, de sus alumnos, sino de una subvención de
+cuarenta pesos mensuales que le otorgaba el gobierno, y que algunas
+indiscreciones habían puesto ya en peligro.
+
+Hacía un mes que funcionaban las clases, después de las vacaciones,
+mediaba Abril, y todavía el humilde "Curuña" no había percibido un solo
+peso del vencido semestre.
+
+Don Pablo Ferrer, el catalán dueño del almacén de la esquina en que
+don Serafín se surtía, empezaba a torcerle el gesto, cuando concluida
+la clase el maestro, envuelto en su capa que le prestaba un poco de
+majestad, cruzaba la calle, hacia la plaza, persiguiendo la ocasión
+de encontrarse con el gobernador Bayo, que a esa hora abandonaba su
+despacho del Cabildo.
+
+La plaza era entonces, como hoy, de una manzana entera, pero
+encuadrábanla construcciones más bajas, y eso parecía agrandarla.
+
+Al naciente tenía el colegio de los Jesuítas ocupando las dos terceras
+partes de la cuadra, que completaban algunas casas de tejas. Al Sur,
+alzábase el Cabildo, con su mole blanca y pesada, sus dos pisos con
+recova de gruesos pilares y arco romano y su azotea resguardada por una
+sencilla baranda de hierro.
+
+Todavía se ve en la esquina de San Gerónimo, una de las raras casas
+de alto que había entonces, y que parecían ser indicio de riqueza, no
+obstante sus paredones lisos, sin adornos ni pilastras, y el pobre
+hueco de sus ventanales y de sus puertas pequeñas y su baranda de
+hierro en el tejado.
+
+De las casas que formaban el costado del poniente, quedan muchas, con
+algunos cambios que las modernizan sin embellecerlas, revoques de
+portland, balcones y adornos del más abominable Luis XV.
+
+Ha desaparecido el local en que durante años funcionó el café del
+Plata, lugar de cita de los opositores; pero subsiste al lado de la
+construcción que hoy se levanta en lugar del célebre café, el vetusto
+caserón que ocupara el Club del Orden, centro de aristocracia y de
+conspiraciones.
+
+La Iglesia Matriz en el lado Norte de la plaza permanece tal cual era,
+con sus dos torrecillas humildes y el enmohecido gallo de su veleta,
+pero el resto de la cuadra ha sufrido un cambio profundo a excepción de
+la casa que don Simón de Iriondo inauguró por aquellos años y que era
+con sus dos pisos de galería a la calle y lo estudiado de sus líneas,
+la más hermosa de la ciudad.
+
+Invariablemente, al dar las cinco de la tarde don Serafín Aldabas
+suspendía la clase. Su magnífico reloj "Losada", según podía leerse en
+la esfera, abierto sobre el pupitre, le señalaba la hora sin discrepar
+un minuto en un año con el cuadrante solar del colegio de los Jesuítas.
+
+En el preciso momento cortaba la lección, aún cuando fuera en mitad de
+una frase, poníase de pie, imitado por sus bulliciosos alumnos, que al
+levantarse tumbaban los escaños y coreaba un "Ave María".
+
+Y después, mientras ellos se desparramaban por la plaza, espantando
+a las pacíficas gallinas del vecindario, atraídas por el trébol que
+crecía alrededor de la glorieta, don Serafín seguía el ancho camino
+enarenado, con la secreta esperanza de encontrar al Gobernador, al
+doctor Iriondo o a cualquiera de los hombres poderosos, para brindarles
+un saludo y una sonrisa que prolongara la existencia de la subvención.
+
+Cuando veía acercarse a alguien, don Serafín procuraba imprimir a su
+persona un andar solemne; mas su casquete de lustrina, sus largas
+piernas deformadas por las rodilleras de sus pantalones, su capa en
+lo más recio del verano, y sus pies juanetudos, le quitaban toda
+solemnidad.
+
+No obstante, la gente le apreciaba, y retribuía su saludo con afecto,
+aunque no tan ceremoniosamente como él habría querido; y era un triunfo
+para él, cuando alguno se acercaba a preguntarle la hora.
+
+Su "Losada" era famoso en la ciudad, y aun el Gobernador solía rendirle
+ese homenaje consultándole.
+
+Don Serafín, con el casquete en la mano, miraba el reloj y respondía:
+
+--Son las cinco y siete minutos y medio, excelentísimo Señor.
+
+Y luego agregaba, con la emoción de un desacato, a la suprema autoridad
+que a un paso de él, le atendía de igual a igual:
+
+--¿Se podría saber qué hora es en el reloj de V. E.?
+
+El Gobernador, con un leve gesto de impaciencia, sacaba una antigua
+saboneta de llave, y constataba alguna diferencia, que provocaba el
+invariable comentario de don Serafín.
+
+--¡Si V. E. tuviera un "Losada"...!
+
+Cuando finalizó el sexto mes impago, como coincidiera con el término
+de las vacaciones, durante las cuales don Serafín no había percibido
+un ochavo de sus alumnos, se encontró en apuro tan grave que resolvió
+confiar su cuita al Gobernador en la primera ocasión que tuviera el
+honor de ser consultado por la hora.
+
+Pero fuese que el reloj de don Servando Bayo marchase mejor, o que su
+propietario hubiera perdido su afición a la exactitud, el hecho es
+que don Serafín irritaba sus juanetes dando vueltas innumerables a la
+plaza, sin que el Gobernador se dignara hacer más que contestar sus
+saludos.
+
+Y aun esos encuentros se hicieron raros. El Gobernador salía tarde
+de su despacho, acompañado siempre por alguien, y sin detenerse
+llegaba hasta su casa, a la vuelta del Cabildo, y se encerraba como si
+tuviera un cúmulo de trabajo o la estadía en la calle se hubiera hecho
+peligrosa.
+
+Solamente una vez, en aquellos primeros días de Abril se detuvo en la
+plaza, y fué porque se encontró con don Simón de Iriondo, que lo tomó
+del brazo y lo llevó por las callejas enarenadas del centro.
+
+Era jueves y la banda de policía tocaba un trozo del "Barbero de
+Sevilla", música que en la vida sin pasiones de don Serafín, había
+llegado a ser una pasión.
+
+Por eso, en cuanto sonaron los primeros compases de la sinfonía, se
+acercó hasta el kiosco del centro, rodeado de acacias, sentóse en un
+banco resecado por el sol, y se puso a escuchar, sin acordarse del
+mundo.
+
+Las retretas en verano se hacían a la noche; pero ya en Abril, con
+el tiempo fresco, se adoptaba el horario de la tarde. La gente
+desacostumbrada, en los primeros días apenas concurría, por lo que en
+esa ocasión, aparte de don Serafín y de algunos niños que jugaban en el
+trebolar del centro, sólo se veía la pareja de personajes oficiales, el
+Gobernador y el doctor de Iriondo, conversando frente a la casa de éste.
+
+La alta y elegante figura de Iriondo, contrastaba con la de Bayo,
+hombre grueso y bajo.
+
+Don Simón vestía de levita, y en ese momento llevaba en la mano el
+sombrero de copa gris, lo que permitía apreciar la extraordinaria
+hermosura de aquella cabeza inteligente de caudillo, que tenía con el
+cabello profuso, peinado hacia atrás, la elegancia violenta y a la vez
+fácil de los gestos del león.
+
+Los dos, solos, estaban de pie bajo una acacia. Iriondo hablaba con
+vehemencia pero en voz baja, y el Gobernador le escuchaba, rayando con
+la contera del bastón la arena del suelo.
+
+En el aire tibio y como dorado de aquella tarde otoñal, se
+desparramaban las notas animadas y profundas de "Una voce poco fa".
+
+Don Serafín bebía con fruición la música admirable, alejado mil leguas
+de su escuela arruinada, de su semestre impago, de sus botines que
+reclamaban la media suela, de sus pobres pantalones, cuyo decoro se
+salvaba aún, gracias a la amplitud de la capa.
+
+Distraído así, no vió llegar hasta él a Bayo y a Iriondo, y sólo cuando
+éste apoyó su mano firme sobre su hombro, advirtió su presencia.
+
+--¡Doctor Iriondo! ¡Excelentísimo señor Gobernador!--exclamó don
+Serafín, alzándose del banco, con una profunda reverencia y echando
+mano al reloj.
+
+--¿Qué hora es, don Serafín?--le interrogó Iriondo, complaciente con la
+inofensiva manía del maestro.
+
+--Las cinco y cincuenta y siete minutos y algunos...
+
+--¡Don Serafín!--le interrumpió el Gobernador,--¿percibe siempre la
+subvención de la escuela?
+
+--¡Ah, señor don Servando!--exclamó el mísero guardando su reloj con
+mano trémula--mi escuela se muere de hambre...
+
+--¿Con maestro y todo?--insinuó risueñamente don Simón.
+
+--Hace seis meses, Excelentísimo Señor...
+
+Don Serafín vacilaba, porque era un cargo que iba a arrojar sobre el
+gobierno. Mas Iriondo, que conocía el estado precario de las finanzas
+no tuvo reparo en concluir la frase.
+
+--¿Seis meses que no le pagan?
+
+--Así es, doctor Iriondo; y cómo...
+
+--Mañana cobrará--dijo el Gobernador--Vaya a verme al despacho a las
+ocho en punto.
+
+--Ah, Señor...
+
+Iba a explicar que a esa hora empezaba su clase, pero se calló. Daría
+vacación, inventando algún pretexto; los alumnos le agradecerían y él
+iría a cobrar.
+
+Mientras hablaban desarrollábanse los últimos compases de la música de
+Rossini. Calló luego la banda y los músicos empezaron a enfundar sus
+instrumentos para marcharse.
+
+Don Serafín reventaba de vanidad, viendo que todos miraban su compañía
+con los dos hombres poderosos de la provincia.
+
+Iriondo saludaba a cada uno de los que pasaban frente a él, con
+un gesto amable. El Gobernador golpeaba el suelo con el bastón.
+Aquella nerviosidad, en él, hombre flemático, era señal de graves
+preocupaciones.
+
+El director de la banda se acercó a saludarlos, pero Bayo no le
+dispensó una acogida muy afectuosa y el pobre músico se fué, consolado
+con el cordial apretón de manos de Iriondo. Don Serafín comenzaba a
+sentirse intranquilo, ignorando si debía irse o quedarse.
+
+Anochecía rápidamente. Los niños que jugaban, habían desaparecido, con
+lo que la plaza quedó silenciosa y desierta.
+
+Don Simón tomó del brazo al Gobernador, y dieron algunos pasos. Bayo
+se volvió a don Serafín, el cual echó mano al reloj.
+
+--¿Hace mucho que no ve a Cullen?
+
+El maestro pensó un momento sin comprender.
+
+--A don Patricio Cullen--explicó Bayo.
+
+--¡Ah! Dos meses a lo menos, señor don Servando.
+
+--¿Y a Montarón?
+
+--Don Pedro Montarón estuvo ayer en mi casa--respondió con cierta
+vanidad el maestro.
+
+--¿Fué de visita?--¿No le preguntó por...?
+
+Don Simón hizo un gesto que contuvo al Gobernador en mitad de la frase.
+Se mordió los labios, y entonces Iriondo, poniendo la mano sobre el
+hombro de don Serafín, le dijo con insinuante diplomacia:
+
+--La subvención de su escuela es de cien pesos ¿no?
+
+--¡Oh, qué esperanza! ¡Cuarenta pesos, no más!
+
+--¿No más? ¡Señor Gobernador! Este meritorio servidor de la provincia
+no podrá vivir con eso...
+
+--Vaya mañana a verme--dijo Bayo--a las ocho en punto.--Y luego
+agregó:--¿Tiene en su escuela algún niño pariente de Montarón?
+
+--No, señor Gobernador. Don Pedro Montarón fué a pedirme nuevas de mi
+sobrino el capitán Insúa...
+
+No bien don Serafín oyó el sonido de su propia voz, pronunciando aquel
+nombre, se le estrechó el corazón, porque recordó que Insúa y Montarón
+constituían con don Patricio Cullen el eje de las revoluciones contra
+el gobierno de Bayo y al revelarle a éste el objeto de la visita,
+quizás estaba comprometiendo algún plan.
+
+No hablaron más y allí se separaron.
+
+En el crepúsculo escaso ya, don Serafín vió a Iriondo entrar en su
+casa, llevando siempre del brazo al Gobernador.
+
+El se quedó sólo un momento, en la plaza, perseguido por el rumor de su
+propia voz indiscreta.
+
+La luz de la lámpara recién encendida en el boliche de don Pablo
+Ferrer, frente a la Matriz, hizo variar el rumbo de sus pensamientos.
+
+Ahora podría pasar, sin avergonzarse, por aquella esquina, porque le
+iban a pagar la subvención y su desgraciada cuenta sería cancelada.
+
+Se encaminó a su casa, cruzó la calle acercándose al almacén, para que
+Ferrer lo viera y si acaso, lo llamara. Mas cuando él pasó, el áspero
+catalán estaba arreglando el tubo de su humosa lámpara, pendiente de
+uno de los tirantes del techo, y no lo vió.
+
+Cruzó de nuevo el arroyo y entró en su escuela, empujando la puerta de
+calle, asegurada por una gruesa piedra.
+
+--¡Rosarito, Rosarito!--gritó.
+
+Rosarito era su hija, toda la poesía de la vida del pobre hombre, y
+todo lo que le había hecho amar el trabajo y soportar la miseria.
+
+Tenía diez y ocho años, y su sola presencia llenaba la casa.
+
+A la voz de su padre corrió la niña hasta el zaguán obscuro, y antes de
+que él le hablara de su extraordinaria aventura, ella le dijo al oído
+con voz trémula:
+
+--Está Francisco Insúa, papá, y no quiere que nadie lo sepa.
+
+Los remordimientos de Don Serafín recrudecieron y empezó a sospechar
+que todo, desde las ausencias del Gobernador hasta la invitación a ir a
+su despacho, tenía relación con la repentina llegada del capitán Insúa.
+
+
+
+
+II
+
+Una voce poco fa!
+
+
+La vida del maestro encerraba una novela que el mundo había olvidado.
+
+Muchos años antes, tantos que él mismo ya no quería contarlos, porque
+su recuerdo se hacía más doloroso cuanto más lejano, él, joven, lleno
+aún de las ilusiones que le habían hecho cruzar el mar, recién llegado
+a Santa Fe, encontró un puesto de cajero y tenedor de libros en la casa
+de comercio de don Agustín Insúa, uno de los estancieros más fuertes
+del país.
+
+Insúa tenía muchos hijos, pero sólo una hija, la menor, que en el
+tiempo en que don Serafín comenzó a hacer números en los grandes
+libros de su padre, era una deliciosa chicuela de siete años, rubia y
+de ojos azules, que más de una vez volcó el tintero sobre las páginas
+que el tenedor de libros iba llenando con signos misteriosos para
+ella. Él se encadenó a la casa obscura y triste en que su patrón vivía
+enriqueciéndose, por aquel rayo de sol que entraba casi a la misma
+hora, cuando su padre abandonaba el escritorio y quedaba el empleado
+solo.
+
+Éste fingía no verla, para gozar mejor de la sorpresa que ella misma
+simulaba, cuando sintiéndola detrás se volvía de pronto y la alzaba en
+los brazos y la ponía encima del alto pupitre donde él trabajaba de pie.
+
+Allí se quedaba Rosarito--era su nombre--muy seria, esperando que su
+amigo concluyera la tarea; y había que ver cómo volaba la pluma de ave
+sobre el áspero papel de hilo de los libros, trazando esos viriles y
+hermosos números españoles, hoy pasados de moda.
+
+Cuando era invierno hacía un intenso frío en la pieza de techo de paja,
+paredes de adobe encalados y piso de ladrillos desnudos; mas el cajero
+sentía que los ojos de la niña, siguiendo los movimientos de su mano
+desde lo alto del pupitre, le caldeaban el corazón y le desentumecían
+los dedos.
+
+Y cuando era verano, y la lóbrega estancia sofocaba como un horno, la
+sola idea de que ella estaba allí, mirándolo siempre, aunque él no la
+mirara, le refrescaba la frente y le aligeraba el monótono trabajo.
+
+Ella aguardaba seriecita y silenciosa, a que el cajero espolvoreara de
+arenilla las páginas frescas, señal de que el trabajo había concluído,
+y cerrara con estrépito aquellos libros enormes, que le daban la
+ilusión de un saber inconmensurable en su gran amigo, y guardara su
+reloj de oro, su hermoso reloj más seguro que el sol, según decían.
+
+Entonces él la bajaba del pupitre, la sentaba a su lado o en sus
+rodillas y le contaba cuentos de reyes y de sultanes y de moros; y
+acordándose de su pueblo, le hablaba de los pescadores que salen al
+alba en sus barcas de velas abigarradas y vuelven al entrar la noche,
+cuando alguna tormenta no los deja dormidos para siempre bajo las olas
+del mar.
+
+Pasaron largos años, variando apenas los episodios de aquella amistad
+que iba trocándose en amor silencioso y apacible.
+
+Don Agustín Insúa, viudo desde el nacimiento de su hija, absorto en sus
+complicados negocios, no sospechó nunca el idilio que se iba tejiendo
+en su propia casa, y cuando un día alguien le contó lo que pasaba,
+montó en cólera y cayó como un huracán sobre el cajero y sobre la niña,
+que era ya una linda joven de diez y ocho años.
+
+Ambos confesaron la verdad; el empleado fué despedido, por haber alzado
+los ojos hasta la hija del patrón, y ella enviada a un colegio de
+Buenos Aires, para que olvidara su locura.
+
+Ni él ni ella olvidaron, y cuando algunos años después volvió Rosarito,
+mayor de edad y libre para disponer de su corazón y de su persona,
+con una férrea voluntad que nadie habría sospechado bajo su grácil
+hermosura, huyó de su casa y fué a pedir asilo a una tía, y se casó
+con su fiel amigo, desafiando el rencor de toda la familia.
+
+Durante muchos meses el episodio fué en Santa Fe el asunto palpitante,
+que se comentaba en todas las reuniones.
+
+El padre se vengó de la hija, traspasando sus bienes cuantiosos en
+forma que a su muerte, que ocurrió poco después, los hijos lo tuvieran
+todo y ella nada.
+
+Uno de sus hermanos, sin embargo, condolido de su situación, le donó la
+casa en que don Serafín instaló su escuela, único medio de vida que le
+quedó después de su aventura.
+
+Pero eran felices en su humildad, rayana en la miseria, y cuando tres
+años después Rosarito murió al nacer su hija, el pobre maestro creyó
+que el mundo se iba a quebrar y que él se hundiría en el espacio como
+un pedazo de estrella.
+
+No ocurrió la catástrofe. Las gentes continuaron haciendo su vida
+ordinaria; sus cuñados ni siquiera fueron al entierro, y él mismo
+siguió viviendo una vida más obscura, envuelto en inofensivas manías
+que amortiguaban su dolor, y odiando casi a la chicuela, que crecía
+ignorante del mal que había hecho; hasta que un día, como un volcán que
+renace, irrumpió en el corazón del maestro, que se hacía viejo, un amor
+inmenso hacia la niña, que llevaba el nombre de su madre.
+
+No tenía de ella otro rasgo que los ojos azules, profundos como el
+cielo en las noches de luna, y aquella amable seriedad que la hacía
+estarse horas enteras mirando trabajar al maestro.
+
+La niña creció sola en el antiguo caserón de la escuela. Una mulata
+fiel, hija de una esclava de los Insúa, sirvióles allí hasta que murió,
+y enseñó a Rosarito a rezar y a ser dueña de casa, mientras su padre la
+atiborraba con su ciencia, y después de las lecciones, le llenaba la
+cabeza con los mismos cuentos de reyes y de sultanes y de pescadores,
+que le conquistaron el amor de la madre.
+
+Cuando murió la criada, se resignaron a vivir solos, cargando Rosarito,
+que tenía quince años, con todo el quehacer de la casa.
+
+El maestro daba sus clases en un largo salón, enladrillado, que tenía
+una puerta a la calle, y un techo de madera labrada, como si toda la
+riqueza de sus dueños, en los tiempos en que se construyó, hubiera
+querido hacerse ver en las gruesas y profusas vigas de cedro, con
+prodigiosos adornos a escoplo.
+
+Ya en los años de don Serafín, aquella casa más que secular, se
+apreciaba como un tesoro, por los que a ojo calculaban el valor del
+cedro empleado en sus techos.
+
+Y don Serafín en los días de hambre, llamaba a su hija y le mostraba
+aquello:
+
+--¿Sabes? ¡si nosotros quisiéramos!
+
+Cuando la niña era pequeña, asistía a las clases y aprendía a la par
+de los otros alumnos: cuando fué mayor, y quedaron solos, mientras su
+padre repetía las lecciones, ella adentro trabajaba como un ama y como
+una criada, en la cocina, en el lavadero, en el jardín.
+
+El patio era grande y cuadrado. En dos de sus lados había corredores
+de teja, con pilares de algarrobo. En los otros dos, que daban al Sur
+y al Oeste, solamente la tapia cubierta de plantas de diamela, que
+se encaramaban hasta el borde, y en primavera se nevaban de flores
+capitosas.
+
+En el centro del patio, crecían profusamente las plantas que entonces
+se estilaban, cuidadas todas por la mano experta de la niña.
+
+Por una puertita falsa abierta en la tapia del Sur, pasábase a una
+huerta contigua, llena de naranjos, en la que había además una
+antiquísima higuera, maravillosa por su frondosidad, que había hecho
+alrededor de su tronco, a causa de sus ramas perezosas, caídas hasta
+el suelo y sostenidas por puntales, una enorme estancia, a donde sólo
+se podía entrar por algunos boquetes, abiertos disimuladamente en el
+ramaje.
+
+En la huerta se criaban las gallinas, que completaban la fortuna del
+maestro.
+
+Rosarito amaba su jardín y su huerta, donde estaban todas sus
+amistades. Las gentes parecían olvidadas de la novela del maestro, pero
+continuaba pesando sobre ellos un inexplicable ostracismo, del que por
+su parte no trató nunca de salir.
+
+Orgullosa por instinto de raza, lastimábala el poco aprecio que hacían
+de su padre, cuyo apellido Aldabas, no tenía realmente la sonoridad
+aristocrática del de su madre.
+
+Rara vez salía, como no fuera a la misa del alba, los domingos, y
+algunos días en que estaba triste, y anhelaba un consuelo más alto que
+el que podían darle las gentes, que apenas la conocían. Pasaba por la
+plaza, para llegar al colegio de los Jesuítas, y en su ignorancia de
+las modas, se vestía siempre como le enseñó la mulata que la criara, de
+blanco y con un manto celeste.
+
+Algunas veces llevaba a la Virgen de los Milagros un ramo de flores
+de su jardín, y cuando cruzaba por la calle, las gentes se volvían a
+mirarla, porque era su figura como un sueño que pasa.
+
+Por eso prefería las horas en que las calles estaban solitarias y
+cerradas las puertas.
+
+En la humildad de su vida también ella, que había heredado la ternura
+de su madre, iba siguiendo la trama de un romance, desconocido de
+todos, y cuya intriga le ponía en los ojos azules una pincelada de
+ensueño, y en la frente pura una arruga leve, en que se adivinaba su
+voluntad, templada para todas las batallas que podía reservarle el
+destino.
+
+La tía lejana, en cuya casa halló refugio su madre, muerta hacía
+tiempo, dejó un niño al cuidado del maestro.
+
+Francisco Insúa entró así en la casa de Rosarito, mayor que ella
+bastantes años, de tal modo que cuando ella no era más que una
+chicuela, él era ya un precoz hombrecito que jugaba a las revoluciones.
+
+Se criaron juntos en la escuela. Él la protegía como a una hermanita,
+y los otros alumnos, que alguna vez se hubieran vengado en ella de las
+penitencias del maestro, debieron respetarla porque Francisco Insúa
+estaba siempre pronto a repartir puñetazos entre los que hubieran osado
+tocar uno solo de los rebeldes cabellos castaños que llenaban de sombra
+sus ojos inocentes.
+
+Pero Francisco debió abandonar la escuela de don Serafín, porque ni la
+estéril gramática ni la complicada aritmética, las dos materias fuertes
+de la institución, llegaron a interesarle nunca, y de la Historia
+Sagrada, que se les hacía leer en la obra de Mazo, no sacó en limpio
+más que una profunda admiración por los filisteos gigantes y por el
+incontrastable Sansón.
+
+Lo hicieron ingresar entonces en el colegio de los Jesuítas, donde
+no pudo estar tres años; disgustóle la férrea disciplina y se hizo
+expulsar.
+
+Turbulento y fuerte, acaudillaba a todos los muchachos de su edad,
+sometidos a él por la destreza insuperable con que boleaba patos y
+chorlitos en las orillas del Salado, y por su bravura en las peleas y
+aun por su descreimiento en las cosas que no se veían.
+
+Una noche hizo una apuesta, saltó las tapias del cementerio de San
+Antonio y se fué a apedrear las lechuzas entre las cruces de los
+sepulcros; y para más estupor de sus camaradas, se quedó a dormir en la
+capilla, que habían dejado abierta.
+
+A la mañana siguiente llegó a casa del maestro, pálido pero sonriendo,
+para disipar la angustia de Rosarito que había pasado la noche llorando
+por él.
+
+Sólo a ella le confió la verdadera historia de aquella aventura, que le
+había ganado para siempre la admiración de cuantos llegaron a saberla,
+pero que dejó en su alma un germen de terror supersticioso.
+
+--"Ya ves--le dijo--yo no creo en las ánimas, pero anoche tuve miedo,
+miedo de veras. La capilla estaba obscura, y para que entrara un poco
+de luz cuando saliera la luna, dejé entornada la puerta y me eché a
+dormir sobre la tarima del altar. Me despertó el ruido de la puerta
+que se cerró de golpe, como si alguien la hubiera atropellado; pensé
+que era el viento, pero cerca del techo había una claraboya y a la luz
+de la luna, alta ya, se veían las ramas de un ciprés inmóvil. No era
+el viento. Quise saber quién había entrado, pero no me animé; tuve
+miedo de moverme, sin saber por qué. Me quedé quieto, sin respirar,
+pareciéndome que algo andaba cerca de mí, no por el suelo como un
+hombre, sino por el aire como un ave, o como un alma en pena, y que era
+algo tan grande que llenaba la iglesia. Sentí un aletazo en la cara y
+me quedé helado, la cabeza pegada en la tarima, cerrando los ojos para
+no ver, pero conteniendo la respiración para oír mejor. Me pareció
+entonces que "aquello" estaba allí, a mi cabecera y que respiraba como
+un niño. No sé cuánto tiempo pasé de ese modo; oí las campanas de Santo
+Domingo que tocaban antes del alba y abrí los ojos. La iglesia negra y
+silenciosa, parecía atravesada por una espada de oro, y era un rayo de
+luna.
+
+"Por la claraboya veíanse las ramas del ciprés, que empezaban a temblar
+al viento de la mañana. Sintiendo siempre cerca de mí aquello que había
+entrado a pasar la noche conmigo, me atreví a mirar y ví un cuervo
+inmóvil como un adorno del altar, posado en una esquina, negro, de
+cabeza pelada y de ojos brillantes que me miraban fijamente. Me paré
+de un salto, pero él no se movió, y entonces ví una mano blanca, larga
+como de una mujer, con un anillo en el dedo, que el cuervo tenía entre
+las garras. Tuve miedo, porque no miraba su comida, me miraba a mí,
+como si me hubiera penetrado el olor de cadáver que despedía la mano, y
+el cuervo creyera que yo era el muerto."
+
+A los años, aquella aventura que él le confió, permanecía viva como un
+relato reciente, en la memoria de Rosarito.
+
+Él le había dicho: ¿No contarás a nadie que tuve miedo? Y ella se lo
+prometió y había cumplido.
+
+Francisco Insúa, heredero de una gran fortuna en campos y haciendas,
+desde que fué hombre pasaba lo más del tiempo en sus estancias, bajando
+rara vez a la ciudad, casi siempre con propósitos revolucionarios.
+
+Un gobernador amigo, caso extraordinario, pues era enemigo por sistema
+de todos los gobiernos, agracióle con el cargo honorífico de capitán
+de guardias nacionales, y con esa designación llegó a los tiempos
+de Iriondo y de Bayo, que no conocieron adversario más perseverante
+y activo, por lo cual, cada vez que llegaba a la ciudad, la policía
+echaba detrás de él sus mejores pesquisantes, para seguirle los pasos.
+
+Una tarde--aquella tarde en que don Serafín tuvo la buena fortuna de
+hallarse con el Gobernador y con Iriondo,--Rosarito, sola, en la gran
+casa que empezaba a anegarse dulcemente en la sombra de la noche,
+sentada sobre un poyo del jardín, en el centro del patio cuadrado,
+escuchaba la música de la retreta, que llegaba a oleadas, mezclada con
+el perfume otoñal de las magnolias, que se deshojaban a su vera.
+
+Sentía el alma entristecida por la soledad en que les dejara el hombre
+que la quería como a una hermana y a quien ella amaba como a un novio.
+
+El día anterior estuvo don Pedro Montarón a pedir noticias de él, y eso
+era señal para ella de que algo se tramaba. Llenábasele de angustia el
+corazón, adivinando los riesgos de aquellas aventuras, pero alegrábala
+el presentimiento de que él vendría.
+
+"Una voce poco fa", tocaba en la plaza la banda de policía, y las
+frases vehementes de esa música, le daban la impresión de que si ella,
+alguna vez no se decidía a confesarle su amor, él pasaría a su lado sin
+sospecharlo.
+
+Sintió que la puerta de calle se abría, arrastrando la piedra que la
+calzaba, y creyendo que fuera su padre, se quedó allí, persiguiendo su
+ensueño, entre las sombras de la noche que habían ganado el jardín.
+
+Sólo vió que era Francisco Insúa, cuando él la apretó en sus brazos y
+la besó en la frente.
+
+--¡Francisco!
+
+Él la hizo callar.
+
+--Que nadie sepa mi llegada. ¿Tu padre? ¿Está en la plaza? ¿Mi cuarto?
+
+En el caserón de la escuela había siempre lista para él una pieza, que
+Rosarito cuidaba con incansable esperanza.
+
+Pero esa vez tenía otros designios.
+
+--Ahora no quiero dormir allí. Es necesario que si alguien viene y
+entra de improviso, no sospeche mi presencia. Debo esconderme; dos o
+tres días, nada más. Arriba, en la guardilla del techo, sobre las vigas
+del cielorraso, estaré seguro y cómodo.
+
+Ella lo miraba hablar, penetrada de admiración y de ternura, y llena de
+recelos.
+
+Cuando llegó don Serafín, ya el capitán Insúa tenía su escondrijo,
+difícil de encontrar, y podía aguardar, sin peligro, la visita de los
+que con él tramaban la revolución.
+
+
+
+
+III
+
+La conspiración
+
+
+Al toque de ánimas esa noche, la ciudad parecía desierta.
+
+En la calle de Comercio, que cruzaba los barrios más poblados, no se
+veía un solo farol encendido. Durante el día se había estado anunciando
+la tormenta, que a esa hora barría con impetuosas rachas de viento y de
+lluvia el polvo del arroyo, que pronto fué un lodazal.
+
+Cuando el trueno callaba sentíase la voz lamentable de la campana de
+San Francisco, obstinada en anunciar a las gentes que habían dado las
+ocho y debían rezar por las almas de los muertos.
+
+Don Patricio Cullen, el jefe de los adversarios del gobierno, tenía su
+casa en la calle principal, a poco más de dos cuadras de la plaza, y
+no lejos de una esquina, donde esa noche, a la luz de los relámpagos,
+podía advertirse la presencia de dos hombres, embozados en capas
+obscuras, que desde hacía más de una hora desafiaban allí el vendaval y
+la lluvia.
+
+Uno de ellos era don Braulio Jarque, jefe de policía, a quien el
+gobernador Bayo encomendaba la seguridad de su gobierno; y el otro
+era su secretario y cuñado, el joven teniente de milicias nacionales
+Carmelo Borja.
+
+Jarque era español, amigo, casi camarada de don Serafín Aldabas, aunque
+más joven y llegado al país muchos años después que él.
+
+Ocupado en la policía como escribiente en los tiempos de Iriondo,
+eleváronle al rango de comisario, y de tal manera acreditó su sagacidad
+en descubrir los planes revolucionarios y hacerlos abortar, la más
+grave misión de la policía de aquel tiempo, que Bayo, en su gobierno,
+lo hizo jefe, y los revolucionarios tuvieron que reconocer en él un
+enemigo terrible, que por vías misteriosas se apoderaba de todos sus
+secretos.
+
+Y así las revoluciones dejaron de ser calaveradas repentinas e
+improvisadas, hechas sin plan y sin más propósito que mantener la
+alarma entre los hombres de gobierno, y debieron transformarse, a
+lo menos mientras Jarque estuviera en la policía, en un arte de
+conspiración prolijo y difícil.
+
+Era el jefe un hombre frío y perseverante, de físico mezquino, calvo
+a los cuarenta años, con una pierna más corta que le hacía rengar,
+defecto que él procuraba disimular, porque era vanidoso, y comprendía
+lo mal que sentaba a la majestad de su cargo.
+
+Hacía dos años que se había casado con Gabriela Borja, casamiento
+inesperado, que no debía ser feliz, por cuanto él vivía en la ciudad,
+mientras ella se quedaba al lado de su madre, viuda, en la antigua
+estancia de los Borja, que llamaban "la casa de los cuervos", como a
+ocho leguas al Nordeste de Santa Fe, sobre el arroyo de Leyes.
+
+Desde algunos meses atrás, Jarque, gracias a los espías que tenía
+diseminados en las estancias de los opositores mismos, Cullen,
+Montarón e Insúa, comprendía que se estaba urdiendo una revolución,
+cuyo desenlace no parecía lejano, a juzgar por lo frecuente de ciertas
+visitas sospechosas, y de algún movimiento de peonadas en las colonias
+del Norte, Helvecia y California, donde los revolucionarios tenían una
+gran popularidad entre los colonos extranjeros.
+
+Lo que desorientaba todos los cálculos era la inacción, aparente a
+lo menos, del capitán Insúa, quien no se movía de su estancia, ni
+demostraba preocuparse por la "yerra" de su hacienda, que se anunciaba
+para dos o tres meses más tarde.
+
+Cuando Insúa marcaba los terneros de sus vacadas, cosa que hacía en
+el otoño, era una fiesta de dos semanas para todos los criollos de
+aquellos lugares, que acudían a prestar su ayuda, con el propósito de
+participar en el interminable jolgorio de la faena; y había años que
+los "tarjadores", que llevaban la cuenta de los animales marcados,
+haciendo tarjas con el cuchillo en ramitas peladas, contaban al final
+de la "yerra", diez mil rayas, que significaban diez mil terneros
+puestos bajo la célebre marca de Insúa, un corazón partido por una
+flecha.
+
+Aquellas fiestas en que llegaban a reunirse hasta doscientos peones,
+solían servir de preludio a la revolución. Las conversaciones, el
+relato de aventuras políticas, el licor repartido sin tasa, caña del
+Paraguay, apenas rebajada con agua, encendían el entusiasmo opositor, y
+sin más preparativos, se ponían en marcha a caballo, hacia la capital,
+a la que entraban de noche, rumbo a la policía, mal armados, disparando
+trabucazos al azar, siendo rechazados fácilmente y con escasas pérdidas.
+
+Cuando Jarque se hizo cargo de la policía, hiciéronse más raras
+tales asonadas. Sabíase que el jefe no deseaba que se concluyeran
+los movimientos revolucionarios, sin que él tuviera ocasión de hacer
+un escarmiento. Creíasele capaz de fusilar sin proceso alguno a los
+cabecillas que cayeran en sus manos, aunque eso hubiera de costarle
+el cargo a él y el gobierno a los suyos; pero todos, hartos de la
+intranquilidad en que vivían, cerraban los ojos y le dejaban hacer.
+
+Las revoluciones entraron así en un período de laboriosa preparación,
+pues los opositores habían comprendido el riesgo de toda aventura
+mientras aquel hombre estuviera contra ellos, y era preciso no jugar
+ningún lance, sino con las mayores probabilidades de éxito.
+
+Hacían la revolución, como una función normal en su vida política, sin
+grandes odios personales, por el sólo deseo de tumbar un gobierno, que
+los mantenía a raya; y se resignaron a esperar hasta que se ofrecieran
+las circunstancias propicias, que un día Jarque tuvo la sospecha de que
+habían llegado.
+
+Don Pedro Montarón iba a dar un gran baile, celebrando el compromiso de
+su hija Syra con el teniente Carmelo Borja, secretario de Jarque.
+
+Montarón era el Creso de los opositores, la bolsa abierta siempre para
+costear las revoluciones.
+
+El jefe de policía sospechó que aquel baile podía ser un pretexto
+para atraer a los hombres del gobierno, relacionados con él, y que
+no obstante la diversidad de opiniones políticas, no se negarían a
+asistir. Retenidos en la fiesta, podía el capitán Insúa con su gente
+caer sobre la ciudad desprevenida, y aun hacer prisioneros a los
+asistentes a ella.
+
+Sus sospechas se confirmaron cuando le hicieron saber que Montarón
+había visitado al inofensivo don Serafín, y por el Gobernador supo el
+objeto de aquella visita, indicadora de que en la ciudad se esperaba la
+llegada de Insúa.
+
+Pero el joven revolucionario astuto y acostumbrado a aquellos lances,
+logró entrar en Santa Fe, sin que lo advirtiera la policía de Jarque,
+de modo que esa noche, mientras el jefe con su secretario, se
+guarecían de la tormenta bajo el alero de aquella esquina que les
+permitía observar la casa de don Patricio Cullen, estaban lejos de
+sospechar que él ya estuviera en sitio seguro, aguardando precisamente
+a Cullen y a Montarón con quienes debía planear los detalles de la
+revolución para la noche del baile.
+
+Hacia el extremo de la galería del naciente, había en la escuela una
+extensa pieza, cuyas puertas y ventanas daban al patio. Era el comedor,
+el punto de cita, por estar lejos de la calle y próximo a la huerta,
+para el caso de una sorpresa de la policía.
+
+Al toque de ánimas, esa noche, había concluído la cena frugal, y
+don Serafín buscó su silla hamaca, en que solía dormitar después de
+comer, la acercó a la puerta entornada, para mirar el patio, inundado
+de lluvia, que chispeaba a la luz de los relámpagos, y se quedó
+allí distraído mientras llegaba el sueño, persiguiendo las siluetas
+esfumadas de sus antiguos recuerdos.
+
+Junto a la mesa--una mesa de algarrobo lustrado, con aletas que se
+plegaban o se abrían para agrandarla--sentáronse Rosarito e Insúa, a
+relatar la historia de los días pasados sin verse.
+
+Una lámpara con pantalla de cartón, fabricada por la niña, diseñaba un
+disco luminoso en el centro de la mesa, acusando con fuertes contrastes
+las facciones del joven, sus ojos grandes y obscuros, su tez pálida
+tostada por el sol, su barba negra recortada al uso de entonces, su
+pecho fuerte, sus manos poderosas, que de cuando en cuando se posaban
+sobre la tabla, donde ella, que lo miraba con los ojos iluminados por
+los pensamientos cariñosos, tenía puesta una de las suyas, que se
+abandonaba confiada en la de él.
+
+Los ángulos de la pieza quedaban en la sombra. Dos escaños, arrimados
+a la pared, a uno y otro lado, recordaban el tiempo en que don Serafín
+tenía pupilos en su escuela, y mayor concurrencia a su mesa. Una
+alhacena, en el fondo, cubierta con una cortinilla rosada, y una
+rinconera con un vaso de flores, completaban el mueblaje de la pieza
+enorme y fría, con sus paredes pintadas a la cal, y su cielorraso de
+lienzo, que a cada racha de viento se alzaba como un pecho fatigado y
+crujía como si fuera a rasgarse.
+
+A cada ruido Insúa intranquilo miraba a su alrededor, y Rosarito
+sonreía.
+
+--Siempre es así--le decía.
+
+Y él continuaba el relato de su vida, que ella atendía con ansiedad,
+buscando en los innumerables cuadros de aquel tiempo en que tanto
+pensara en él, la huella de algún pensamiento que él le hubiera
+dedicado enteramente.
+
+Montarón fué el primero en llegar a la cita. Entró al lóbrego caserón
+de la escuela, no por la puerta de calle, sino por la huerta, cuyas
+tapias escaló, porque daban a los fondos de su casa.
+
+Era un hombre de cincuenta años, bajito, regordete, pero ágil y
+movedizo. Todo rasurado y muy pulcro, con los tupidos cabellos grises
+cortados al rape, su fisonomía rubicunda, animada por una constante
+sonrisa, tenía algo de eclesiástico.
+
+Era muy rico, y al revés de Insúa, no tenía una sola vaca, pero sí
+mucho dinero contante, ganado en empresas bancarias.
+
+Uruguayo, radicado en Santa Fe desde largo tiempo atrás, se hallaba tan
+vinculado a su suelo por sus negocios y sus amistades, que allí pensaba
+morir.
+
+Al ruido que hizo sacudiéndose las botas y la capa embarrada, despertó
+don Serafín, que se alzó de la silla alarmado, sacando su reloj.
+
+--¡Señor don Pedro!--dijo con profunda reverencia.
+
+--¡Señor don Serafín!--respondió estrechándole la mano, y entró al
+comedor, desvaneciendo con su llegada la tela de ensueño que envolvía,
+a los ojos cándidos de Rosarito, aquel cuadro familiar.
+
+Abrazó fuertemente a Insúa, arrastró uno de los escaños hasta la mesa,
+negándose a aceptar ninguna de las sillas que le ofrecieron, y se sentó
+buscando la sombra de la pantalla, para observar mejor.
+
+Su sonrisa maliciosa hizo ruborizar a Rosarito.
+
+Antes de que hablara ninguno de ellos, cohibidos como estaban por
+diferentes sentimientos, un empujón dado a la puerta de la calle, cuya
+piedra se arrastró sobre las losas del zaguán, les anunció la llegada
+de un nuevo contertulio.
+
+Debía de ser don Patricio Cullen, por lo cual Insúa salió a recibirlo
+y a trancar la puerta, que dejaron entornada, a fin de que el jefe de
+los revolucionarios entrara sin llamar.
+
+Don Serafín, que no le esperaba, viéndole llegar sintió crecer su
+alarma y tornó a mirar el reloj, con aquel gesto a que recurría en los
+casos apurados.
+
+Adivinó qué podía significar aquella reunión y cuchicheó al oído de
+Cullen:
+
+--¿Así pues, señor don Patricio, se trata de una revolución?
+
+Don Patricio le apretó la mano con una gran cordialidad y le respondió
+sonriendo:
+
+--Si fuera así, mi amigo, ¿podríamos contar con usted?
+
+--¿Conmigo?--exclamó el maestro, retirando su silla del hueco de la
+puerta, como si la palabra comprometedora de Cullen hubiera resonado en
+toda la ciudad y él temiera la repentina irrupción de la policía.
+
+--Sí, don Serafín; necesitamos que usted nos dé la hora para que
+todos nuestros relojes estén de acuerdo. El secreto del éxito en las
+revoluciones está en que se produzcan en el momento preciso.
+
+--¡Ah, señor don Patricio!--respondió súbitamente interesado el
+maestro--si ustedes tuvieran un "Losada"...
+
+El ex gobernador de Santa Fe había tomado asiento ya en la silla que le
+ofreció Rosarito, junto a la de Insúa, la que ella ocupaba.
+
+Don Serafín en pie, aguardando una explicación que no vino, miraba con
+nueva angustia el cuadro alarmante que alumbraba su pacífica lámpara.
+
+Era amigo de aquellos tres hombres reunidos para conspirar, sin duda, y
+era como el padre de uno de ellos, y a pesar de eso y de su afición a
+las intriguillas políticas, la cosa parecía más seria que de costumbre,
+y la conspiración se realizaba allí, bajo el techo de su escuela, cuya
+existencia estaba en mano del gobierno, que la subvencionaba.
+
+--¡Señores!--les dijo; pero la voz se le anudó en la garganta.
+
+Los tres lo miraron.
+
+--Usted nos dará la hora;--volvió a indicarle don Patricio, con amable
+sonrisa,--hasta entonces sea sordo, ciego y mudo.
+
+--Mudo sobre todo, mi tío--añadió Insúa, haciendo luego una seña a
+Rosarito para que los dejasen solos.
+
+El maestro salió suspirando y palpando su reloj, con una explicable
+angustia, desde que acababan de manifestarle que en su preciosa máquina
+estaba encerrado el minuto decisivo de la revolución.
+
+--¡Mi reloj, mi reloj!--exclamaba, siguiendo dócilmente a su hija, que
+lo hizo acostarse.
+
+--¿Es seguro ese hombre?--preguntó Cullen cuando quedaron solos.
+
+La luz de la lámpara daba de lleno sobre la figura majestuosa de don
+Patricio, y su barba castaña, abierta sobre el pecho adquiría tonos
+dorados.
+
+--Completamente seguro--respondió Insúa--y su casa debe ser hoy el
+punto de cita menos sospechoso.
+
+Montarón arrugó la nariz, con gesto de duda.
+
+--No tanto. Ayer me crucé en la puerta con uno de los pesquisas de
+Jarque. Por lo que se hizo el indiferente al verme, sospecho que no
+dejó de notar mi presencia en el sitio. Por eso he venido hoy como un
+ladrón o como un enamorado, saltando las tapias, procedimiento que
+aconsejaría a don Patricio, si viviera más cerca.
+
+Don Patricio sonrió; era muy grueso y lo que para aquel hombrecillo
+rechoncho, pero ágil, resultaba un juego, para él habría sido lo más
+difícil de la revolución.
+
+--La noche es a propósito para merodeos de esta clase--observó
+Cullen.--Yo he podido salir sin que nadie me viera, porque en toda la
+calle Comercio, embarrada y tenebrosa, no se hallaría alma viviente.
+La luz de los relámpagos me guiaba, para no estrellarme contra las
+rejas salientes de las ventanas, y para cruzar sin riesgos mayores los
+fangales de cada esquina.
+
+Hablaba despacio, con voz suave, insinuando más que diciendo lo que
+pensaba. Montarón le escuchaba con una sonrisa que podía seguir
+siendo un gesto de duda; Insúa, grave y triste, como oprimido por un
+presentimiento.
+
+Afuera, la lluvia, más intensa que a la hora de ánimas, seguía cantando
+en los caños de teja, de donde caían chorros sonoros que corrían luego
+por los albañales a engrosar el torrente de la calle.
+
+Un momento prestaron oído a los rumores que venían de afuera. Insúa
+pensó en Rosarito, dormida quizás, y comenzó luego a explicar su plan
+revolucionario.
+
+Tenía listos ciento veinte hombres, acampados a esas horas en los
+sauzales del arroyo de Leyes; a la mañana se pondrían en marcha sobre
+la ciudad, según las órdenes que les había dejado, y entrarían a la
+oración.
+
+Tenían dos chalanas cargadas de leña, en que llegarían al puerto,
+cruzando la laguna. Otros estaban ya en la ciudad, adonde habían
+llegado en carros de colonos, tirados por buenos caballos, que les
+servirían para montar, o habían entrado como peones de estancia, a
+buscar provisiones.
+
+--¿Bien armados?--preguntó Montarón.
+
+--Estos no; tienen sus cuchillos, que pueden ser lanzas, atados en una
+caña tacuara.
+
+--¿Y los otros?
+
+--Los que vienen en las chalanas son los suizos de Helvecia, armados
+con carabinas y con rémingtons. Algunos criollos tienen trabucos. La
+munición es escasa, pero no se necesitará mucha.
+
+--Así es--observó Cullen--el éxito está en sorprender a la policía. Si
+no entramos en el primer asalto, la batalla está perdida, y no habrá
+más que desbandarse y buscar refugio donde sea posible hallarlo.
+
+La luz de la lámpara le molestaba, por lo cual había buscado la sombra
+y hablaba desde allí. Sólo Insúa permanecía al lado de la mesa y sus
+ademanes y el brillo de sus ojos se armonizaban con todos los rasgos de
+su lujosa juventud.
+
+--Y los que han llegado--interrogó--¿dónde están?
+
+--En la barraca de Fosco, a orillas del río, al Sud, que es donde
+atracarán las chalanas, para estar más cerca de la policía.
+
+Hubo una pausa, en que los tres prestaron oído al rumor de la lluvia,
+que de cuando en cuando se ahogaba en el fragor de un trueno.
+
+--Mi mayor confianza está en lo que hagamos en el baile--dijo Montarón,
+bajando la voz--Iriondo y Bayo irán; Jarque ciertamente no faltará, y
+como no estarán prevenidos, en cuanto suenen los primeros tiros en la
+plaza podremos tomarlos como en una ratonera.
+
+Insúa no parecía participar de esa opinión.
+
+--Eso no es pelear--objetó--eso es entrampar a los hombres, como si
+fueran ratones. Prefiero el ataque, lanza en ristre, al frente de mi
+caballería...
+
+--Ellos son más y están mejor armados.
+
+--Nuestros hombres no pelean por la paga, como los de ellos; y esa es
+una ventaja que compensa el número y la diferencia de las armas.
+
+--Tendremos que ir contra el batallón "7 de Abril", que es de línea,
+capitán--observó Montarón.
+
+--Mejor; eso enardece. Lo que desmoraliza es pelear contra flojos que
+se esconden o disparan.
+
+Tras un momento de silencio, Cullen, deseando armonizar las dos
+opiniones, dijo acercándose a la luz:
+
+--Las dos cosas deben hacerse. Es necesario el asalto a la policía,
+y al mismo tiempo la celada del baile. Una maniobra sin la otra nos
+llevaría al fracaso, que ha sido siempre el término de nuestras
+revoluciones. El capitán Insúa mandará el asalto; y nosotros, en el
+baile, en cuanto suenen los primeros tiros, aprovechando la sorpresa
+de los iriondistas, caeremos sobre ellos. Apresados Iriondo y Bayo, la
+tropa del gobierno se rendirá. Hay entre ellos partidarios nuestros que
+iniciarán el desbande.
+
+Hizo una pausa, esperando alguna observación, y como no la hubo,
+prosiguió, con su voz suave y sus ademanes tranquilos:
+
+--Por otra parte, ni Bayo, ni Iriondo son niños. Es verdad que toda
+nuestra mozada distinguida estará en el baile, y se pondrá a nuestro
+lado, pero las cosas no se llevarán a cabo sin riesgos; porque supongo
+que no serán esos dos los únicos iriondistas que habrá invitado usted a
+su fiesta.
+
+--He invitado a todos los que significan algo--respondió Montarón--no
+sé quienes irán, mas podemos contar con que no faltarán ni el ministro
+Pizarro, ni el doctor Zavalla, y habrá que tenerlos en cuenta;--y
+agregó haciendo uso de un término gauchesco--no son gente de arriar con
+la mano.
+
+Insúa acabó por aceptar la importancia de aquella maniobra, que, en
+verdad, podía ser más eficaz que las briosas acometidas de sus paisanos
+a caballo, sembrando de muertos las calles de Santa Fe y huyendo una
+hora después del ataque.
+
+Mediaba la noche y la lluvia había escampado, cuando los conspiradores,
+después de precisar los detalles de su plan, disolvieron la reunión.
+
+Don Pedro Montarón escurrióse de nuevo hacia la huerta, y saltó la
+tapia. Don Patricio Cullen, se envolvió en una capa obscura, con
+vueltas de terciopelo, y salió franca y gallardamente a la calle, como
+si nadie pudiera sospechar de él.
+
+Al cruzar la esquina de la Matriz, no vió entre los arcos del pórtico
+una sombra cautelosa, que acechaba su paso. Era Jarque, quien no había
+querido confiar a nadie la delicada misión de averiguar las andanzas
+del jefe de los revolucionarios.
+
+Don Patricio llegó a su casa, tranquilizado por la misma siniestra
+lobreguez de la ciudad dormida entre los barriales de sus calles sin
+empedrado.
+
+Cuando Insúa apagó la lámpara y salió del comedor para llegar hasta
+el escondrijo en que debía pasar la noche encontró en la galería a
+Rosarito, cuyos ojos fieles radiaban en la sombra.
+
+Insúa le estrechó la mano y le dijo con voz baja una frase que a ella
+la hizo estremecerse:
+
+--¡Has nacido para mujer de un revolucionario!
+
+
+
+
+IV
+
+La levita de Cullen
+
+
+Fué ese el primer día frío del otoño que empezaba a dorar el follaje
+de los árboles caducos y las frutas de los naranjos entre el verde
+lustroso de sus hojas persistentes, y alfombraba el suelo húmedo de las
+huertas, con el manto amarillo de las hojas secas.
+
+La lluvia de la noche había lavado el cielo, y el sol se miraba
+esplendoroso en los charcos de las calles, donde los niños, que no iban
+a la escuela, chapoteaban el barro con los pies desnudos.
+
+A las ocho en punto, la puerta de la escuela de Don Serafín, estaba
+sitiada por una banda turbulenta de escolares, sorprendidos por lo
+extraordinario del caso.
+
+¿Qué podía haberle ocurrido al puntualísimo "Curuña", que no había
+abierto a la hora precisa, como acostumbraba, para que esa fuera la
+señal de arreglar los relojes del barrio?
+
+A las ocho y cuarto empezaron los chicuelos a armar una tormentosa
+baraúnda, ante la puerta cerrada.
+
+Los de familias pudientes habían sacado esa mañana por primera vez
+en el año, sus capas o sus abrigos de invierno, porque el pampero
+que traía el frío de las nieves del Sur, daba la señal de cambiar de
+ropa. Los más pobres, habrían tiritado bajo sus trajecitos de brin,
+si la algazara y el movimiento no les hubiera hecho bullir la sangre.
+Casi todos, en bolsas de tela, suspendidas de un bramante que les
+cruzaba la espalda, llevaban sus librejos envejecidos por el manoseo de
+algunas generaciones de escolares, que se los pasaban unos a otros, al
+abandonar las aulas.
+
+Algunos revelaban su pobreza, no sólo en su traje inadecuado para la
+estación, sino en el detalle sobrado elocuente de carecer de libros y
+cuadernos, lo cual les obligaba a aprender en los Mazos rotosos que don
+Serafín ponía a disposición de ellos en la clase.
+
+No eran los menos bulliciosos, empero. Todos, pobres y ricos, picados
+por la curiosidad golpeaban la puerta gritando ansiosos por entrar
+no al aula, donde se aburrían, sino al patio bajo cuyas anchurosas
+galerías podrían jugar a la rayuela o las bolitas si es que "Curuña"
+estaba enfermo o había muerto y se imponía la vacación.
+
+No estaba muerto el mísero, mas habría deseado estarlo, porque en ese
+momento pasaba las angustias de un ajusticiado, bajo el ojo severo de
+su amigo Jarque.
+
+Se levantó más temprano que de costumbre, y por lo menos una hora antes
+de las ocho, estuvo dispuesto para acudir a la cita que le diera el
+gobernador la noche antes.
+
+No era cosa mayor su traje, pero envuelto en su capa--regalo del
+capitán Insúa--podía disimular la fementida levita y engañar al
+espectador en cuanto a la integridad de los pantalones.
+
+Cuando empezó a trepar las escaleras del Cabildo, hacia el despacho
+del gobernador, recordó su pecado de esa noche dando albergue a los
+conspiradores y le temblaron las rodillas.
+
+Parecióle un calvario aquella ascensión y cuando llegó a la sala de
+espera, donde aguardaban los postulantes, consultó su reloj para
+comprobar la marcha de un péndulo que allí había.
+
+En este momento se le acercó Jarque y lo tomó del brazo y lo llevó
+con alguna prisa, que llenó de pavor al maestro, ó la oficina de la
+Jefatura de Policía, que formaba cuadro con el salón de espera, en una
+de las alas del edificio.
+
+Entraron al despacho, una pieza grande y fría, con pobrísimos muebles,
+una mesa de caoba y algunas sillas de estera. Jarque cerró la puerta,
+aumentando la confusión del maestro, que todo trémulo, buscó asiento,
+sin atreverse a despegar los labios ni a hacer más gesto que el de
+consultar su reloj, el cual marcaba las ocho menos cuarto.
+
+Por fin, mientras el jefe acercaba otra silla, se animó a decirle con
+cierta altivez que sonó bien en sus propios oídos:
+
+--Te advierto, Braulio, que tengo una cita con el señor Gobernador.
+
+--¿A qué hora?
+
+--A las ocho; y estaba haciendo tiempo...
+
+Jarque echó una despreciativa mirada sobre el reloj que don Serafín
+tenía en la mano, y sentándosele al lado, le dijo con tono zumbón:
+
+--Tu reloj atrasa, muchacho. Hace un cuarto de hora que el gobernador
+te esperaba; ahora, me ha encargado tu asunto, porque él atiende a
+otros visitantes.
+
+Don Serafín se había puesto de pie, con el pelo encrespado por la
+indignación.
+
+--¡El "Losada", señor jefe de policía, no atrasa nunca!
+
+--Entonces está parado--le respondió Jarque, haciéndolo sentar de nuevo.
+
+El maestro acercó al oído su maravillosa máquina, y constató con horror
+que en efecto se había parado algunos minutos antes, falto de cuerda.
+
+--¡Ah, miserable!--exclamó golpeándose la frente.--He deshonrado
+mi reloj. Por primera vez en treinta años, anoche por culpa de las
+visitas, me acosté sin darle cuerda.
+
+Jarque sonreía.
+
+--¿Tuviste visitas, Serafín? ¿Haces tertulia ahora? ¿Estás por casar tu
+hija?
+
+El maestro, que daba cuerda a su "Losada", se quedó frío al oír
+aquello. Un poco más y en su turbación habría puesto al astuto jefe de
+policía sobre la pista de la conspiración tramada en su casa.
+
+Jarque observó la ingrata impresión que causó su pregunta, y para no
+espantar la caza, se puso a hablar del asunto que más interesaba a su
+amigo.
+
+--Realmente--le iba diciendo--era una iniquidad que un hombre del
+mérito de don Serafín Aldabas, que servía a la provincia con tanta
+abnegación, educando a los futuros ciudadanos, pasara miserias por
+negligencias del gobierno en cumplir sus promesas.
+
+--¿No es verdad?--exclamó encantado el maestro--es lo que digo; un
+maestro es un servidor de la provincia.
+
+La misma subvención--seguíale diciendo el jefe--era irrisoria; ya el
+Gobernador se lo había dicho. Debía dársele cuarenta pesos por lo menos.
+
+--¿Cuarenta pesos? Es lo que tengo ahora.
+
+--¿Sí? Bueno; eso mismo es poco; habría que ponerle cincuenta...
+
+--Cien me dijo ayer el señor Gobernador.
+
+--Bueno; cuanto más mejor; ya me encargaré de recordárselo.
+
+--Y sobre todo--insinuó dulcemente don Serafín--que me paguen los seis
+meses que me adeudan.
+
+--¡Oh, por supuesto!
+
+--¿No sería posible hoy?
+
+El jefe sacudió la cabeza.
+
+--¿No hay fondos, quizás? ¿y la mitad... la tercera parte... un mes
+siquiera?
+
+Jarque hacía señas de que no era posible.
+
+--Hay fondos--dijo--y la voluntad del Gobernador era mandar pagarte;
+pero hoy mismo le han traído una denuncia que te compromete.
+
+Don Serafín sintió que las piernas le empezaban a temblar, y echó mano
+del reloj.
+
+Jarque se puso a mirarlo y sus ojos astutos lo turbaron más.
+
+--Deja el reloj, Serafín; y si no quieres perderte dime la verdad: ¿a
+qué fué don Patricio Cullen a tu casa anoche?
+
+El maestro se quedó lívido, pero decidido a morir antes que delatar a
+sus amigos, contestó con un soplo de voz:
+
+--A visitarme...
+
+--Aprovechando la bondad de la noche... ¿eh? ¡Serafín!, ¡Serafín!
+
+--No; la noche era mala, muy mala, quizás la peor que he pasado en mi
+vida...
+
+--Sí, lo creo; y esa visita a esa hora, y la turbación que muestras y
+que dice estás mintiendo, han puesto en peligro la subvención de tu
+escuela, y lo que es más grave, tu seguridad personal. ¿Por qué me
+engañas? Don Patricio no fué a visitarte.
+
+Don Serafín tuvo entonces un rayo de luz. Se acordó de algunos rasgos
+nobilísimos del carácter de Cullen, el cual disimulaba sus caridades
+con tacto exquisito y se animó a echar una mentira salvadora.
+
+--¡Oh, Braulio! ¡Desconfías de mí! Sabrás, entonces, toda mi vergüenza:
+Don Patricio fué a llevarme una levita.
+
+--¿Una levita?--exclamó Jarque sorprendido.--¿Para qué te fué a llevar
+una levita?
+
+--¡Mira!--contestó don Serafín, poniéndose de pie, y dejando caer la
+capa, con el gesto de Friné delante de sus jueces.
+
+Y Jarque pudo ver, en efecto, que su amigo tenía urgente necesidad de
+una levita, porque la que llevaba no merecía tal nombre, pues a más
+de los faldones que le faltaban, empleados en menesteres escolares,
+carecía de forros y los bolsillos no habrían podido cumplir su misión
+de tales.
+
+La capa de don Serafín guardaba celosamente aquel secreto y por eso, de
+su levita ningún ojo extraño conocía más que las solapas.
+
+Jarque se echó a reír, ante la figura desguarnecida de su amigo, y éste
+se puso rojo de cólera.
+
+--¿Lo ves? ¿Lo sabes ya? ¿Comprendes ahora todo el valor del obsequio,
+y toda la nobleza de ese hombre, que no ha querido enviármelo con una
+criada charlatana, sino que ha ido él mismo, en persona, en una noche
+desagradable, a llevármelo, como una prueba de afecto?
+
+Se arrebozó de nuevo en la capa y se dejó caer sobre una silla.
+
+--¿Y por qué no te la has puesto?
+
+Don Serafín tartamudeó un instante:
+
+--Pues, porque--¡ahí verás!--no tenemos el mismo cuerpo, y Rosarito ha
+debido encargarse de achicarla.
+
+Jarque pareció satisfecho y el maestro se quedó íntimamente halagado
+por su destreza, que había despistado al astuto jefe de los polizontes,
+y pensó que bajo su capa se ocultaba un fino espíritu revolucionario.
+
+Hablaron luego de otras cosas, y de pronto Jarque preguntó:
+
+--¿Siempre es tu hija tan bonita?
+
+--Es como antes.
+
+--¿Y siempre tan hacendosa?, ¡aquellas empanadas que ella hacía!...
+
+Rosarito tenía una habilidad muy celebrada entre sus relaciones para
+confeccionar empanadas exquisitas, con que alguna vez obsequió a
+Jarque, como a algunos otros personajes de la ciudad.
+
+--Cuando las haga--dijo el maestro--te haré mandar media docena.
+
+--Gracias; prefiero ir un día de estos a comerlas en tu propia mesa.
+
+--Cuando gustes, Braulio--respondió tristemente don Serafín, pensando
+si su hija no habría perdido ya la habilidad, dado el tiempo que no se
+hacían empanadas en su casa, por falta de recursos.
+
+El jefe se había quedado caviloso.
+
+--¿No sería posible hoy?--dijo.
+
+El maestro vaciló. ¿Cómo iba a costear el gasto?
+
+--Te seré franco, Braulio. Si hoy me pagaran, siquiera un mes, podría
+surtirme de nuevo en el almacén, y habría en casa cómo hacer empanadas.
+Si no...
+
+El jefe de policía no aguardó más. Escribió unas líneas, que metió en
+un sobre y mandó con un ayudante a su destinatario, que don Serafín no
+pudo saber quién era, pero que debía ser el ministro o el Gobernador
+mismo, porque volvió al cabo de pocos minutos con otro sobre en que
+venía el dinero de cinco de los meses atrasados, doscientos pesos.
+
+Deslumbrado por aquella fortuna, el maestro bajó tambaleando las
+escaleras del Cabildo, atravesó la plaza a grandes zancadas, sin
+cuidarse de su capa que flotaba a sus espaldas como dos alas abiertas,
+permitiendo a los ojos profanos iniciarse en el secreto de aquella
+levita misteriosa.
+
+
+
+
+V
+
+En la tarde del baile
+
+
+La imagen de Syra Montarón, a los veinte años, debe perdurar en la
+memoria de los que la conocieron, como queda en los ojos la impresión
+del sol, cuando se lo mira.
+
+En los países tropicales, el tipo de la hija de Montarón, es más común
+que en las orillas del Paraná. Pero aun así, en la pequeña ciudad de
+entonces, que los naranjos de las huertas sahumaban de azahar, con
+sus calles desiertas y sus tapias oscuras, roídas por el musgo, y sus
+siestas estivales, silenciosas y largas, y sus dos ríos y su gran
+laguna, que la ceñían en un abrazo de frescura, Syra Montarón estaba
+más en el marco apropiado para su belleza de reina mora, que la suave
+hija del maestro, con su vestido blanco y su manto azul, como una
+aparición.
+
+Durante cinco años había permanecido enclaustrada en un colegio de
+Buenos Aires, saliendo solamente en los veranos, que pasaba en una
+quinta próxima a la gran ciudad, en casa de sus abuelos; y cuando al
+cumplir veinte años, volvió a Santa Fe, traía con las galas novedosas,
+adquiridas allí, y que eran raras en las tiendas santafesinas, una
+sabia coquetería de porteña.
+
+Su madre, una paraguaya melancólica, con quien Montarón se casó en uno
+de sus viajes, pasábase los días en su dormitorio, que daba a la calle,
+chupando naranjas y leyendo novelas.
+
+Syra tenía de ella la cabellera negra y abundante con reflejos de oro
+a la cruda luz del sol, y la tez pálida, con un leve color de trigo en
+la era. Pero sus ojos, negros también, no aparecían, como los de ella,
+anegados en la penumbra de un alma perezosa; sino encendidos en la
+llama de una voluntad imperiosa, que se adivinaba, asimismo, en su boca
+algo grande, roja, de firme dibujo.
+
+La casa de Montarón en la calle del Cabildo, a media cuadra de la
+plaza, era de dos pisos, recién construída con un lujo desusado
+entonces, por el mismo arquitecto que edificó la de don Simón de
+Iriondo, lo cual halagaba la vanidad del opulento banquero.
+
+Bajo los corredores que daban a la calle, enlosados de mármol, paseaban
+los galanes. En los primeros tiempos de la llegada de Syra, fueron
+muchos, hasta que ella los alejó con sus desdenes, que sólo uno de
+ellos perdonó, porque estaba profundamente enamorado.
+
+Era Borja, el teniente de milicias, joven y gallardo, con su vistoso
+uniforme, su chaqueta de paño azul, galoneada de oro, pantalón rojo con
+franja dorada, su deslumbrante espadín que rozaba las paredes, con un
+ruido metálico, que un día fué para Syra la señal de salir al balcón a
+verle pasar.
+
+Y eso ocurrió en la pasada primavera, cuando en la plaza se vestían
+las acacias de racimos blancos, cuyo perfume penetrante trastornaba el
+corazón y la cabeza. Syra sintió llegar el amor, como un sol que nace,
+y ella le confesó que lo amaba, y que había tardado en decírselo, para
+probar su constancia.
+
+El opulento Montarón quería festejar el compromiso oficial de su hija
+con una fiesta, que sería a la vez una hábil celada.
+
+En la tarde del baile, Syra llena de presentimientos que la
+angustiaban, fué a casa de una vecina amiga, donde solía encontrarse
+con su novio.
+
+Vestía de luto, por un duelo de familia, y el traje negro, que esa
+noche dejaría de usar, ponía en su soberana figura una nota trágica,
+que Carmelo Borja observó con frío en el alma.
+
+Se hallaban solos, en un patio de naranjos que la tarde llenaba de
+sombras. La tierra vertía agua, por la lluvia reciente, y entraron
+a una pieza, que tenía sobre el patio una ventana enrejada, en cuyo
+dintel se sentaron, buscando las últimas luces del crepúsculo.
+
+Sin haberse hablado, habíanse trasmitido la indefinible pesadumbre que
+embargaba sus almas.
+
+Syra conocía las opiniones políticas de su padre, y día por día
+aguardaba el estallido de una revolución en que él o su novio,
+combatiendo en filas opuestas, podían hallar la muerte.
+
+Montarón conservaba una relación lo más estrecha posible, dadas sus
+ideas, con las familias de los hombres contra cuyo gobierno conspiraba,
+y cuando su hija le anunció el noviazgo con el joven militar,
+secretario de Jarque, ni por un momento vaciló en franquearle la
+entrada de su hogar.
+
+Y en las tertulias frecuentes que se hacían los días de visita,
+Montarón siempre dueño de casa y dueño de sí mismo, sabía ser
+exquisito, aun con los adversarios que asistían a ellas, y en quienes
+producía la impresión de que Jarque lo había curado de sus veleidades
+revolucionarias, no dejando llegar a término ningún complot.
+
+Syra comprendía, empero, que su padre tramaba la caída de Bayo.
+Continuos y misteriosos "chasques" o mensajeros, que llegaban de noche,
+y entraban, sin llamar, por una puertecilla falsa, le daban a entender
+que se aproximaba, quizás, el desenlace temido.
+
+Montarón disimulaba ante ella, no queriendo exponerse al evento de su
+discreción de mujer enamorada.
+
+En la noche de la lluvia, Syra sorprendió a su padre llegando de la
+huerta, con el traje embarrado, indicio elocuente de su excursión harto
+sospechosa a esa hora y con ese tiempo, y como en los últimos días
+habían aumentado las maniobras sospechosas, que la alarmaban, adivinó
+que los sucesos estaban próximos, y se llenó de terror.
+
+En cualquier movimiento revolucionario, su novio, por su cargo, tenía
+señalado un puesto de peligro.
+
+¿Cómo advertirle sin descubrir a su padre?
+
+Doña Celia, que pasaba su vida en la hamaca o en un sillón frente a una
+ventana de la calle, anegada en su modorra habitual, no era capaz de
+desahogarla del peso de aquellos temores.
+
+En la tarde del baile, vió a su padre alistar unas armas, y sintiéndose
+morir, bajo la angustia, corrió a la casa vecina donde al entrar la
+noche solía encontrarse con su novio.
+
+Cuando se halló frente a él, le faltó la voz, y se echó a llorar,
+escondiendo la cara sobre el hombro de él.
+
+Borja también presentía los sucesos que se aproximaban. Jarque se
+había apoderado de los hilos de la conjuración, y aunque ignoraba las
+circunstancias en que se desarrollaría el episodio revolucionario,
+comprendía que estaban envueltos en una intriga, que no podía tener más
+que un sangriento desenlace.
+
+Aquel llanto de Syra, cuyo padre debía ser de los más comprometidos,
+aumentó su zozobra, porque era evidente señal de que ella había
+sorprendido algo que no podía confiarle.
+
+--¡Syra! ¡Syra!--le dijo--antes me hiciste sufrir con desdenes, y ahora
+me haces sufrir con misterios, ocultándome lo que te apena.
+
+--Es cierto--dijo ella, apartándose y dejando de llorar.--Has sufrido,
+porque no adivinaste que te quise desde el primer día en que te ví,
+aunque no lo pareciera, porque fuí injusta y coqueta. Y ahora sufres,
+porque tengo un secreto y no te lo puedo confiar.
+
+Sospechó él de qué se trataba, y no quiso hablar, por no obligarla a
+traicionar a su padre.
+
+Ella continuó diciéndole:
+
+--Estoy llena de miedo. Yo no sé nada, me parece que he soñado lo que
+he visto, porque ni siquiera puedo decir que he visto algo; y me parece
+que todo se vuelve en contra de nosotros. Estamos a tres horas de la
+fiesta, y me vengo a llorar...
+
+Él le acarició la cabeza que había vuelto a apoyar en su hombro, como
+buscando un refugio que la salvara de las visiones que la acosaban.
+
+--Me da miedo la tarde, y me da miedo la noche que llega. Carmelo...
+¿no temen nada, nada?...
+
+--¿Qué podríamos temer? Todo está tranquilo, a su fiesta irán amigos
+y adversarios del gobierno, y será ésa una ocasión de acercarse, de
+tratarse, quizás de hacer la paz que todos anhelan.
+
+Un rato habló así, tranquilizándola, y sintiendo que sus propias
+razones le tranquilizaban a él mismo, haciéndole ver cuán vanos y
+ridículos eran los recelos.
+
+--Esta noche, Syra, te pido que cantes los versos del doctor Goyena,
+los que comienzan así: "Cuentan los sabios que la blanca luna..."
+
+Ella no lo había besado nunca, pero esa vez, dominando todo su pudor,
+acercó su cara a la de él y lo besó apasionadamente, como si fuera a
+partir para un largo viaje.
+
+Y salió huyendo de la casa, sin saludar a nadie, atravesando medrosa el
+patio, en que la noche había caído como un crespón negro, envolviendo
+los sombríos naranjos de amargo perfume.
+
+
+
+
+VI
+
+Una sombra en el hueco de la puerta
+
+
+Borja no ignoraba que el día anterior Jarque, su jefe, había tenido un
+encuentro que podía ser un grave indicio.
+
+Por la mañana a eso de las nueve, don Serafín volvió a su escuela que
+resonaba con la bulla de los niños, a los cuales Rosarito les había
+franqueado la entrada para que jugasen en el recinto abrigado de las
+galerías.
+
+Ella misma, después de llevar el desayuno a Insúa que se aburría en
+la soledad de su escondrijo, bajó a jugar con ellos. El patio estaba
+empapado por la lluvia, pero las galerías anchas, con su techo de
+cañas, cubierto con largas pajas de las islas, y sostenido por sólidos
+pilares de algarrobo, tenían un piso de tierra endurecida, donde los
+chicuelos más hábiles podían dibujar sus complicados cuadros de rayuela.
+
+Rosarito se sentó en un rincón, donde la cocina formaba un reparo, en
+el extremo del corredor, y los más pequeños corrieron a ella, para que
+les contara aquellos cuentos que iluminaron la niñez de su madre.
+
+La niña era como un hada en el sombrío recinto de la escuela.
+
+Cuando en las horas de clase, por animar un poco a los alumnos, entraba
+al salón, buscando un sitio vacío en los bancos, todos la reclamaban
+para tenerla cerca, y aun cuando fuera la clase de gramática, si estaba
+ella, y los niños podían ver sus ojos animadores y su boca juvenil que
+sonreía, y su vestido alegre, en la pesada tristeza de las cosas viejas
+que llenaban el aula, los minutos parecían tener alas y volar.
+
+El maestro no se inmutaba por la presencia radiante, y seguía llamando
+al pizarrón, uno por uno, a los chicuelos, para que dieran la lección.
+
+Les entregaba un mezquino pedacito de tiza, y se calaba las gafas para
+vigilar los garabatos que la trémula mano trazaba en el tablero. Y
+cuando el niño se equivocaba, corría él con el desgarrado faldón de su
+levita en la mano y borraba lo escrito.
+
+--¿Quién mató a César?--decía a modo de comentario invariable, y los
+alumnos en coro gritaban:
+
+--¡Bruto!
+
+Don Serafín tenía una regla larga como un puntero, que manejaba
+nerviosamente. Se quitaba su casquete de seda, porque el mucho hablar
+le hacía sudar el cráneo; alzaba las gafas hasta la frente, donde
+revoloteaban algunos mechoncitos grises, con aire más divertido que
+el de los alumnos, y aquello era señal de que comenzaba la clase de
+gramática.
+
+Llamaba a uno de los niños hasta su estrado; se envolvía cuidadosamente
+en la capa, celoso del misterio de su levita, y preguntaba alzando la
+regla y mirando al alumno con sus ojillos glaucos:
+
+--¿Cuántos son los acentos?
+
+El interrogado se quedaba pensativo, y don Serafín le insinuaba,
+marcando cada palabra con un reglazo en el pupitre:
+
+--¡Tres! Agudo, grave y es... drú... julo.
+
+Cuando decía "drú" se iba a fondo, con la regla a guisa de florete
+y pinchaba al niño en la barriga, con gran regocijo de la infantil
+concurrencia.
+
+La lección de los acentos era, por su episodio, lo más ameno de la
+gramática.
+
+Concluída la clase, los niños se ponían de pie y rezaban un avemaría,
+que entonaba el maestro, y luego con sus libros y sus gorras en la
+mano, salían en ruidoso tropel a la calle, dejando en el aire confinado
+del salón el polvo de los rojos ladrillos, flotando en un rayo de sol,
+que entraba a veces como una espada fulgurante.
+
+Si estaba Rosarito, la última mirada era para ella, que se quedaba con
+el corazón estremecido, porque los amaba a todos.
+
+Cuando su padre volvió, la mañana en que fué al Cabildo, no era ya hora
+de iniciar la clase, por lo cual despidieron a los niños que jugaban
+en las galerías, cerraron la puerta de calle, y llamaron a Insúa, que
+bajó de su buhardilla, contento como un prisionero libertado.
+
+A él y a Rosarito les relató don Serafín su conferencia con el jefe
+de policía, detallando prolijamente la manera en que eludió toda
+contestación comprometedora.
+
+Nunca había querido dejar adivinar de Insúa su pobreza rayana en la
+miseria, mas tuvo esa vez que confesar el episodio de la levita,
+mezclado con su pequeña aventura de esa mañana, y todo lo dijo
+sonriente, enrojeciendo a veces de vergüenza, pero satisfecho de su
+inesperada habilidad para burlar al fino sabueso del gobierno.
+
+--Hoy Jarque vendrá a comer tus empanadas, Rosarito, hija mía...
+
+La niña se alarmó oyendo aquello, porque sospechó que eso podría ser
+un pretexto para una visita del jefe, pero no el verdadero motivo. Sin
+duda quería comprobar lo dicho por su padre.
+
+Se vistió con su sencillo traje de salir, y se fué al boliche de don
+Pablo Ferrer; pagó la cuenta, y se aprovisionó de lo que le hacía falta
+para confeccionar sus empanadas; y luego corrió a casa de don Patricio
+Cullen.
+
+Llena de confusión refirió al caudillo de los revolucionarios aquella
+aventura de la levita, que la obligaba a pedir una, a fin de que Jarque
+la hallara, en verdad arreglándola al cuerpo de su padre. Y fué tan
+afortunada y hábil, que esa tarde, a la hora de la siesta, en que el
+jefe de policía acudió a la escuela, pudo obsequiarle con empanadas
+sacadas del horno, sirviéndoselas en una punta de la mesa del comedor y
+atendiéndole ella desde la otra, donde a toda prisa descosía una levita
+de don Patricio Cullen, para adaptarla al mezquino cuerpo de Aldabas,
+cuya voz se oía explicando la lección de los acentos.
+
+Pero Jarque no se dejó engañar del todo. Los indicios que había
+sorprendido de estar cerca la revolución eran tan evidentes, que
+perdida una pista, buscaba otra, seguro de sorprender el complot.
+
+Se estuvo toda la tarde en la escuela, porque teniendo la certeza de
+que la revolución no estallaría sin que Insúa llegara a la ciudad,
+quería a toda costa saber si él estaba ya en Santa Fe o iba a llegar de
+un momento a otro.
+
+Cuando anocheció, algo decepcionado se despidió del maestro, que había
+concluído su clase y de su hija que seguía trabajando en la levita. Mas
+se fué tranquilo, porque la ausencia de Insúa podía significar que la
+revolución aún tardaría.
+
+No bien se hubo marchado bajó Insúa de su escondrijo, donde había
+pasado cuatro mortales horas oliendo el cedro secular de las vigas del
+techo; y como era necesario prevenir para esa misma noche al dueño de
+la barraca donde se refugiarían los revolucionarios que llegaran por
+el río, aprovechó para salir la obscuridad que reinaba, con el cielo
+nublado, amenazando lluvia.
+
+La barraca de Fosco, al Sur de la ciudad, a pocos pasos del arroyo
+Quillá, un brazo del río, era un vasto recinto cuadrado, con paredes
+de tapia, detrás de las cuales se amontonaban cargamentos copiosos de
+frutos del país, cueros, cerdas, huesos, lanas a la espera de un barco
+que los llevara a Buenos Aires.
+
+El anterior dueño de la barraca se había arruinado, y un colono suizo
+de Helvecia, que logró algunos años de buenas cosechas, se quedó con
+ella y abandonó el campo.
+
+Era Fosco; vivía con su familia haciendo un modesto negocio que le
+permitía tener influencia entre sus compatriotas, partidarios de Cullen
+todos, y esperar el triunfo de la revolución, que estaba dispuesto a
+ayudar, para tumbar el gobierno.
+
+En la obscuridad de la noche Insúa vió aparecer a lo lejos la masa
+negra de la coposa arboleda que rodeaba la barraca, haciendo más
+discreto el refugio.
+
+En esos lugares no había ya casas ni calles. Las carreteras, acolchadas
+de tierra blanda, transformadas por la lluvia en profundos barrizales,
+descendían la barranca hasta el desplayado del riacho. Cerca del agua,
+que no se veía en la sombra, al borde mismo de la pequeña barranca,
+crecía un aromito y a su sombra se alzaba una casucha de paja y de
+barro, de algún barquero, que vivía allí a la vera de su barca.
+
+Ladraban los perros al áspero rumor de los árboles, que se mecían al
+viento en la sombría y misteriosa quinta de Fosco.
+
+Insúa no pudo dejar de sentir un estremecimiento, como un aletazo del
+miedo, al llegar a aquellos lugares en que podía hallar la muerte, si
+Jarque daba con su pista.
+
+Marchaba a grandes trancos, hundiendo sus botas en el barro para no
+perder tiempo en buscar senderos enjutos. Iba embozado en una capa, con
+que en las calles del centro había disimulado su figura, para pasar sin
+que le reconocieran.
+
+Desde el portón de fierro que servía de entrada a la barraca, cerrado a
+esa hora, vió la casa blanqueando en la sombra, sin luz, como dormida.
+
+Llamó con las señales que sus dueños conocían.
+
+Fosco estaba advertido por el mismo don Patricio de la inminencia de
+una revolución, a la que se disponía prestar su concurso, tanto más
+apreciable, cuanto que la ubicación de la barraca debía esa vez hacerla
+poco sospechosa.
+
+Generalmente los revolucionarios invadían la ciudad por el Norte,
+viniendo de las estancias de Cullen o de Insúa, y era casi seguro que
+el mayor empeño de la policía se pondría en vigilar el camino de Santa
+Rosa, descuidando la barraca a orillas del río, excelente lugar de
+desembarco, por la menor distancia a que de allí estaba el Cabildo, que
+iban a atacar.
+
+A la señal de Insúa, un poderoso mastín de largas lanas se echó
+sobre la puerta, que poco después abrió Fosco, acallando al perro y
+recatándose aún, por si no eran los amigos que esperaba.
+
+De una numerosa familia, Fosco no conservaba consigo más que a su mujer
+y a una hija, a quienes halló Insúa en la pieza del piso bajo de la
+casa, cuando entró con el suizo por guía.
+
+--¡Señor capitán!--le dijeron al saludarle, y él notó en sus ojos la
+misma luz de inteligencia con que le acogiera el dueño de casa. Era
+gente fiel, dispuesta a servirle hasta la muerte.
+
+Fosco andaba cerca de los sesenta años, pero de recia musculatura, y
+buen tirador, podía ser un buen soldado.
+
+En el comedor, al lado de la alhacena, veíase colgado un rémington,
+enaceitado y limpio, señal del aprecio en que lo tenían.
+
+Insúa sonrió echándole una mirada significativa.
+
+--Señor capitán--le dijo Fosco.--En Helvecia éramos cien familias
+suizas. Todos los hombres tiraban como yo, y todos estaban y están hoy
+dispuestos a hacerse matar en la revolución.
+
+Insúa le apretó la mano, sin decirle palabra, y tomó asiento al lado de
+la mesa, bajo la luz de la lámpara. Fosco y las dos mujeres permanecían
+de pie. Sabían que en aquella intentona por derrocar al gobierno se
+jugaban la libertad, la paz, la fortuna y quizás la vida, pero estaban
+dispuestos.
+
+Como Insúa vacilaba en hablar, Fosco mandó a las mujeres que salieran
+del cuarto, y una vez solos dijo:
+
+--Son fieles y discretas, pero es mejor que ignoren lo que ha de
+ocurrir.
+
+--Así es--respondió Insúa.--Mañana vendrán nuestros amigos. Viajan en
+chalanas cargadas de leña, por el río, y atracarán en la costa del
+arroyo, a cien metros de aquí. Otros están llegando desde ayer, en
+carros y a caballo, como si fueran gente de campo que viene a hacer
+provisiones. Esta noche, llegarán los que faltan, y, sin duda, buscarán
+albergue en la barraca, para estar al habla. Son los más seguros los
+que así vienen, pero en las chalanas está el grueso de las fuerzas. Las
+manda Alarcón que sabe hacer las cosas y el indio José...
+
+--¿José Golondrina?--preguntó vivamente Fosco.
+
+--Sí; ¿lo conoce?
+
+--Lo conozco; lo conocí en Helvecia--vaciló un momento y dijo:--Yo no
+lo creía bueno para esto.
+
+--¿Por qué?
+
+--No sé, a la verdad no sé; pero nunca me ha parecido hombre de
+confianza.
+
+--Es mi asistente hace años--observó Insúa.
+
+--Entonces debe ser bueno--contestó sin mucha convicción el colono.
+
+Insúa continuó dando instrucciones, para que todos obraran de acuerdo y
+no se perdiera ni un minuto ni un hombre. Las revoluciones fracasaban
+siempre por falta de organización, y con esa dura experiencia, habían
+aprendido lo que valía el orden en toda batalla.
+
+Cuando no tuvo más que recomendar, volvió a la ciudad, donde se
+encontraría con Cullen y Montarón.
+
+Veíanse algunos faroles encendidos en las esquinas, uno precisamente
+en el ángulo que hacía cruz con la iglesia Matriz. Derramaba un fulgor
+mezquino, que parecía más débil ante el gran cuadro sombrío de la
+plaza, con sus negras acacias, que un viento suave mecía desgranando
+sus hojas secas.
+
+Insúa tranquilo por la soledad de las calles, se atrevió a pasar
+cerca del farol, y al llegar a la esquina de la escuela, se encontró
+bruscamente con Jarque.
+
+Supo que era él, porque al moverse para no cruzarse en su camino,
+observó que rengaba, mas tuvo la esperanza de que no lo hubiera
+conocido, por lo que iba embozado en la capa, y para despistar sus
+sospechas no se detuvo ante la puerta del maestro, sino que pasó de
+largo, como si allí no viviera.
+
+Sintió que le seguía y apretó el paso, con la seguridad de
+adelantársele y anduvo así, un cuarto de hora, haciendo recodos, y
+cruzando calles; cuando supuso que el jefe de policía había abandonado
+su persecución, regresó a la calle de la Matriz.
+
+El farol de la esquina se había apagado, y era extraño, porque el
+viento apenas soplaba.
+
+Nada se veía en la calle lóbrega. El almacén de Ferrer estaba cerrado,
+y todo el barrio, parecía dormido bajo los oscuros tejados a dos
+aguas. En una guardilla, a lo lejos temblaba una luz.
+
+Llegó Insúa hasta la puerta de la escuela, y la empujó de golpe, y al
+entrar vió que del hueco de una puerta casi contigua, salía un hombre,
+que sin duda estuvo al acecho.
+
+Comprendió que Jarque en vez de seguirle a través de las calles,
+sospechando quién era, lo había aguardado allí, para cerciorarse de
+ello, y averiguar lo que tanto le interesaba.
+
+Era un episodio lamentable, porque obligaba a los revolucionarios a
+variar sus planes.
+
+
+
+
+VII
+
+El indio José
+
+
+En los sauzales del arroyo de Leyes acamparon los hombres que mandaba
+Juan Alarcón.
+
+Era la época de las lluvias y los campos bajos del litoral estaban
+anegados. El Saladillo Dulce, riacho que allí cerca se juntaba con el
+arroyo de Leyes, y que suele ver mermar su caudal de agua hasta secarse
+enteramente, entonces tenía un ancho de media legua y avanzaba en
+una turbia napa que el viento rizaba en olas pequeñas, fatigando las
+plantas acuáticas que se alzaban del fondo y salían al sol, sirviendo
+de guía a los que se aventuraban por el curso tortuoso y difícil.
+
+Insúa había ideado bien aquella invasión de la ciudad por el río. La
+inundación había hecho huir a los escasos pobladores de las márgenes,
+y la pequeña expedición que se embarcó en el Saladillo, a la altura de
+Helvecia, de donde había llegado cruzando a caballo campos de Cullen,
+hizo el viaje sin hallar a nadie.
+
+Navegaba en dos grandes lanchones de fondo plano que podían marchar en
+dos cuartas de agua, y llevaban a popa del mayor una pequeña canoa para
+explorar los bañados.
+
+En las isletas verdes y montuosas, que se alzaban como una ondulación
+de aquellas tierras bajas, veíanse ranchos, de los cuales uno que otro
+seguía habitado por míseros paisanos, que vivían en el agua, pescando
+con espinel o cazando nutrias para trocar sus cueros en las pulperías
+de tierra adentro por azúcar y yerba o tabaco.
+
+Al ver pasar los lanchones llenos de gente, acostumbrados como estaban
+a las repetidas intentonas revolucionarias, y vecinos de los Cachos,
+paraje donde los Cullen tenían una de sus estancias, habitual refugio
+de los opositores, adivinaban el objeto de la expedición.
+
+Una de las lanchas llamábase "Mocoretá".
+
+Era la mayor, tenía un medio puente y a bordo cabían holgados 30
+hombres. Una trinquetilla que hinchaba el viento húmedo del Este la
+hacía marchar.
+
+A popa un baqueano, conocedor de las inverosímiles revueltas del cauce,
+llevaba el timón. A proa un mocetón flaco y ágil, con una larga caña
+sondeaba la hondura, cantando rítmicamente con voz aniñada:
+
+--¡Cuatro cuartas! ¡cuatro largas! ¡cinco escasas! ¡cuatro a la marca!
+
+Algunas veces cruzaban un remanso y la punta de la caña no alcanzaba el
+fondo:
+
+--¡No toca!--gritaba el sondeador, y todos respiraban satisfechos,
+porque se alejaba el peligro de una varadura contra aquellas barrancas
+de greda pegajosa, donde se adhería con fuerza la panza de la
+embarcación, obligándoles a echarse al agua, para sacarla del mal paso
+a fuerza de hombros.
+
+El viento era frío y arreaba gruesas y redondas nubes desde el mar
+lejano, por lo cual el sol, brillando solo a ratos, no alcanzaba a
+secarles las ropas mojadas, y así debían seguir el viaje, tiritando.
+
+La otra lancha se llamaba "La Avispa". En ella iba Alarcón, y navegaba
+sin sondear, porque él conocía perfectamente el curso del Saladillo;
+pero siendo menos marina, por sus perfiles pesados, era más lenta y
+marchaba detrás, impulsada por una velita triangular a proa y por los
+botadores, largas perchas que dos hombres afirmaban contra la costa o
+contra el fondo del río, conforme a la hondura.
+
+En ambas lanchas, por orden de Alarcón se guardaba silencio. Solamente
+se oía el grito agudo del sondeador en la primera y de cuando en cuando
+la voz breve y ronca del indio José Golondrina que la mandaba.
+
+Pero cuando pasaban cerca de alguna de las isletas de la costa y
+divisaban algún cazador de nutrias, inmóvil, en la orilla, afirmado en
+su largo fusil, compañero inseparable de su soledad, o en la "fija",
+especie de arpón terrible en su mano segura, no siempre los hombres,
+aburridos de la inacción, acallaban un saludo o un comentario malicioso.
+
+Los cazadores de nutrias eran generalmente hombres enflaquecidos por la
+vida miserable que llevaban viviendo en los esteros, consumidos por las
+sabandijas, rudos y huraños, descalzos, vestidos con una camisa y una
+manta o un pedazo de arpillera que les rodeaba las piernas.
+
+Y los de las lanchas, peones de estancia o colonos de Helvecia, mejor
+alimentados y vestidos, reíanse de su miseria o de su flacura:
+
+--¡Lindo cebo para un chicharrón!--decía un gringuito joven, rubio,
+de la colonia suiza, donde don Patricio encontraba sus más fieles
+partidarios.
+
+Llamábase Moor; iba en la lancha "Mocoretá".
+
+A pesar de su juventud se le tenía en mucho porque manejaba el fusil
+con una insuperable destreza.
+
+Alarcón lo reprendía cada vez que hacía reír a sus hombres a costa
+de algún "nutriero". Después de todo, no era muy difícil que alguno
+de éstos, picado por las bromas o simplemente deseoso de ganarse una
+recompensa, saltara en su canoa, que podía navegar a través de los
+esteros, cortando los campos inundados y llegara antes que ellos a
+Santa Fe, con la denuncia de que los revolucionarios marchaban sobre la
+ciudad.
+
+Tal peligro crecía a medida que se aproximaban a la laguna de Setúbal,
+región más poblada, que se vigilaba con gran cuidado por la gente del
+gobierno.
+
+Hacia mediodía el sol abrió y cambió el viento. Navegaban ya en
+el curso profundo y encajonado del arroyo de Leyes, cuyas orillas
+cubiertas de sauzales, solían servir de escondite a los gauchos
+matreros, ladrones de haciendas, que huían de los policianos.
+
+Alarcón dió orden de atracar en una isleta de la margen izquierda y los
+dos lanchones se arrimaron lentamente a la costa, cubierta de carrizas
+verdes y de camalotes aguachentos que chupaban los sábalos.
+
+Siguiendo como hasta entonces en aquella marcha, y ayudados por la
+correntada más fuerte del arroyo de Leyes, debían llegar al puerto de
+la ciudad poco después de la oración, y eso era un peligro.
+
+Insúa había ordenado que no entraran antes de las once de la noche,
+hora en que menguaba la vigilancia de la policía.
+
+Además era necesario cargar de leña las dos lanchas, en forma que
+permitiera ir a los hombres a bordo, disimulando su presencia. Se
+necesitaban para ello largas varas flexibles, y allí el tupido sauzal
+ofrecía cargamento fácil de cortar, para toda una flota.
+
+Teniendo, pues, varias horas libres, antes de ponerse en marcha
+nuevamente, los tripulantes saltaron a tierra, regocijados con la
+perspectiva de poder encender fuego en el centro de la isleta y tomar
+mate sin riesgo de llamar la atención de los policianos, si es que
+merodeaban por allí.
+
+La presencia de las lanchas con tres o cuatro hacheros cargándolas, no
+despertaría sospechas, porque el negocio de la leña ocupaba a muchos en
+Santa Fe.
+
+Bajo la bóveda sombría que formaban los sauces, creciendo estrechados
+unos por otros, el suelo estaba lodoso y cubierto de pastos de agua.
+
+Cuatro hombres, con sendas hachas, se pusieron a la obra.
+
+Los troncos delgados y rectos, vestidos de enredaderas floridas, a
+pesar del otoño que llenaba la fronda de hojas doradas, caían sin ruido
+sobre el húmedo colchón de pasto.
+
+De la tierra empapada subía un vaho penetrante y cálido, mezcla de
+todos los olores de aquellas hierbas corrompidas por la humedad, y del
+humus secular que tapizaba la isla con una capa fofa y negra.
+
+Hacia el interior, el suelo se alzaba y aparecía más árido y seco.
+
+Crecían allí los "curupíes" y los aromitos y algún algarrobo de áspero
+tronco y vasta copa.
+
+Buscando sitio a propósito para encender el fuego, marchaban en grupo
+Alarcón, José Golondrina y Moor, el joven suizo. Pronto hallaron lo
+que deseaban: un espeso rodeo de árboles, donde había leña fuerte en
+abundancia y podía hacerse una hoguera con ramas secas, que no dieran
+humo.
+
+--Mi teniente--dijo Moor a Alarcón, así que la llama flameó alegremente
+en el discreto reparo del boscaje--yo estoy gordo y tierno, y los
+compañeros tienen hambre. Si me dejo estar aquí, mientras ellos
+matean, me van a asar con cuero. Si me voy a rodar tierras, todavía
+puedo dar con alguna ternera orejana que me libre y nos quite el hambre.
+
+Los paisanos en cuclillas, alrededor del fuego, unos, echados otros de
+bruces sobre el musgo seco que alfombraba la tierra, y de pie los más,
+tranquilos, esperando los sucesos, comentaron aquella salida con una
+carcajada aprobatoria.
+
+Alarcón vaciló un momento.
+
+Había sido poco previsor y sus hombres estaban casi en ayunas, desde el
+amanecer, hora en que les repartió un churrasco, la última ración de la
+carne que le dieron en Helvecia.
+
+Iba a autorizar al suizo para que se rebuscase la ternera, entre las
+haciendas numerosas que pastaban en los alrededores, cuando habló José
+Golondrina, que había callado hasta entonces.
+
+--Mi teniente--dijo alzando apenas la voz, en cuclillas, según estaba
+mirando al suelo, como si hablara para sí mismo--no hay necesidad de
+carnear ajeno; si usté quiere, aquí cerca hay relaciones que pueden
+darnos o vendernos una vaquilla.
+
+--¿Dónde?
+
+--A media legua al naciente, en la Casa de los Cuervos.
+
+--¿Conocés el paraje?
+
+--Sí, mi teniente.
+
+--¿Conocés a los dueños?
+
+--Sí, mi teniente.
+
+--Bueno, andá.
+
+El indio se levantó; era petizo, gordo, de tez amarilla, con tonos de
+aceituna, pero de facciones extraordinariamente finas.
+
+Hablaba poco y era habitualmente esquivo a la compañía de los hombres.
+
+Fuerte, diestro, conocedor de todos los secretos recursos de las islas,
+nadador como uno de los yacarés que poblaban las aguas fangosas de
+aquellos riachos, Insúa lo consideraba elemento indispensable en sus
+excursiones y le daba cierta jerarquía sobre todos, después de Alarcón.
+
+Y esto era motivo de un oculto rencor del indio hacia su amo,
+considerándose pospuesto con injusticia, en la tropa revolucionaria.
+
+Disimulaba sus sentimientos bajo una untuosa sumisión, que no había
+logrado engañar, sin embargo, el ojo experto de Alarcón, el cual
+recelaba de la fidelidad de José Golondrina.
+
+Por eso, cuando lo vió alejarse hacia el centro de la isleta, buscando
+un sendero para ir hacia donde él había dicho, lo llamó con un silbido.
+
+--Vamos los dos--le dijo.
+
+--Vamos,--contestó José Golondrina sin volver la cara.
+
+Y quedaron los hombres allí, mandados por Moor, que era el tercero, no
+obstante su juventud, en la jerarquía establecida por Insúa.
+
+Y el fuego chisporroteaba alegremente, devorando las secas ramillas de
+los aromitos, y haciendo brasas grandes y rojas con la madera fuerte de
+los algarrobos.
+
+Tres pavas de hierro, negras de hollín, empezaban a cantar la alegre
+canción del agua dispuesta para el mate, confortante y engañador para
+los estómagos vacíos, y mientras eso ocurría, aquel muchachón que
+sondeaba en la lancha la profundidad del río, y que era a la vez el
+despensero, distribuía "los vicios"--azúcar y yerba--entre los que
+habían de cebar el mate.
+
+Un pichel de ginebra, tasado por Alarcón, circulaba en la rueda,
+despertando a su paso las conversaciones, chispeantes como la hoguera.
+
+Juan Alarcón marchaba al lado del indio chafando con su paso firme los
+camalotes que cubrían la tierra en las hondonadas, señalando los sitios
+hasta donde había llegado el agua de las crecientes.
+
+Era un mozo de treinta años, vestido con esmero, chambergo de alas
+rectas y anchas, botas amarillas y cuidadas, tirador guarnecido de
+monedas de plata y largo facón que le cruzaba la espalda, a más del
+revólver que brillaba al alcance de la mano.
+
+Difícilmente se habría hallado un tipo de criollo más hermoso. Era
+nativo de San José del Rincón, donde una mezcla ignorada de sangres, ha
+producido una casta absolutamente especial de morenos de ojos azules y
+facciones caucásicas.
+
+Alarcón era en los rodeos el más fuerte entre toda la peonada, y sus
+brazos firmes como un palenque, y sus manos sólidas, como un torno,
+bastaban para sujetar un novillo arisco, cogiéndolo por los cuernos y
+clavándolo en la tierra sobre las cuatro pezuñas rígidas.
+
+Insúa que no toleraba superioridad en nadie, porque él también poseía
+suma destreza para los trabajos del campo, y su vigor se comentaba aun
+en los sitios donde no se le conocía sino por el relato de sus hazañas,
+había concluído por resignarse a ser menos fuerte que aquel hermoso
+gaucho de tez ligeramente tostada y de ojos profundamente azules.
+
+Se habían conocido de niños, en las andanzas de Insúa por el Rincón,
+como años después Alarcón anduviera rodando de estancia en estancia,
+buscando un patrón que supiera apreciar su trabajo en lo que valía,
+el joven caudillo lo llevó a su lado y lo hizo su capataz en el
+establecimiento y su teniente en las campañas revolucionarias.
+
+José Golondrina no podía olvidar que Alarcón le había privado a él
+de esos mismos cargos, y tenía, para agravar sus enconos, motivos
+especiales que venían de muy lejos.
+
+El padre de Insúa poseía una gran estancia en los quebrachales de
+Calchaquí.
+
+Allí había nacido José Golondrina, hijo de una india criada al amparo
+de las casas.
+
+Contábase que un cacique poderoso, jefe de una de las tribus más
+grandes que hubo en aquellas regiones, perseguido por el ejército de
+línea, se refugió en la estancia de Insúa, y al huir de nuevo cuando la
+tropa se acercaba, dejó entre otras mujeres, a su hija, que encomendó
+al amo, diciéndole que alguna vez volvería a buscarla de su Chaco
+misterioso, donde criaría hermosos caballos para él.
+
+La indiecita llegó a ser una hermosa muchacha y no faltó quien dijera
+que el niño que un día nació de ella, el indio José, mayor que
+Francisco Insúa algunos años, era el hijo primogénito del dueño de
+la estancia, y habría sido el heredero de toda aquella riqueza a no
+cruzarse en su destino el niño blanco, de casta noble.
+
+Fuese que Insúa creyera realmente en aquel parentesco, que se había
+hecho una leyenda, fuese que se hubiese acostumbrado a los servicios de
+José Golondrina, éste permanecía siempre con él, mas no en la estancia
+de Calchaquí, a donde no le había enviado desde niño, sino en la de la
+costa, donde estaba el centro de sus recursos, y que era generalmente
+el punto de cita de los revolucionarios en la campaña.
+
+Pero el indio conservaba en la memoria la impresión indeleble de los
+paisajes de Calchaquí, y el recuerdo de aquel hermoso campo, cubierto
+de bosques de veinte leguas cuadradas, donde podría albergarse toda
+su tribu, que ahora vagaba errante por el Chaco, lo perseguía con
+implacable tenacidad.
+
+Un día, siendo él niño, muerta ya su madre, una india vieja, de las
+que quedaron en la estancia cuando el cacique huyó y que pasaba por
+hechicera entre las gentes simples de aquellos lugares, le contó su
+historia y le enseñó a malquerer al hijo del amo, a Francisco Insúa, a
+quien allí no conocían aún, pero de cuya existencia en la ciudad lejana
+se hablaba entre los peones.
+
+"Todos estos campos eran de la tribu antes de venir los cristianos--le
+dijo la india, abarcando con un gesto el vasto quebrachal, donde tenía
+su rancho, lejos de las otras casas.--El abuelo de tu abuelo, era
+el cacique más poderoso del Chaco, y una vez puso, en contra de los
+blancos, mil lanzas y ganó la batalla.
+
+"Y yo he visto en las estrellas, que este monte será otra vez de la
+tribu, cuando muera ese niño que ha nacido en Santa Fe, y vuelva a ser
+amo nuestro un hombre que sea hijo de los hijos del último cacique."
+
+En el espíritu taciturno de José Golondrina, aquella predicción
+engendró una llama que le consumía.
+
+Callado, sumiso, bravo en todos los trabajos, se preparaba
+pacientemente para los días que habían de venir.
+
+Lo que hubiera en él de sangre blanca estaba anegado en la ola
+ancestral de sangre orgullosa de cacique, que le hacía sentirse indio
+hasta la médula de los huesos, y encendía en su corazón la silenciosa
+esperanza de ser algún día el redentor de su tribu.
+
+Insúa recelando quizás aquella ambición, nunca lo mandó a su estancia
+de Calchaquí y como el volver a los campos donde pasó su sombría
+niñez, era la secreta obsesión de José Golondrina, nunca quiso él,
+por su parte, alejarse de la otra estancia, donde se fraguaban las
+revoluciones que alguna vez podían servir a sus planes.
+
+Y así vió prepararse aquélla, en cuya aventura se encontraban lanzados
+ya, y fué desde el primer momento el más activo de los colaboradores
+del capitán sin lograr con ello deshacer totalmente las prevenciones de
+Alarcón.
+
+Caminaba ahorra al lado de éste, hacia la Casa de los Cuervos, royendo
+sus pensamientos, cuando el otro que marchaba en silencio, como si le
+costara cambiar palabras con el indio, le dijo de pronto:
+
+--Me has dicho que conocías al capataz.
+
+--Sí, señor.
+
+--Yo soy de estos lugares, y sin embargo no lo conozco.
+
+--No es raro; murió ya el dueño; se vendió la estancia y cambiaron el
+personal.
+
+--¿No era el finado Liborio Borja?
+
+--Sí, señor.
+
+--Y hoy, ¿quién es el dueño?
+
+--Será su viuda, que vive en la estancia...
+
+Se calló un momento, como si hubiera deseado no hablar más, pero
+Alarcón lo interrogó:
+
+--¿No es de la viuda ya?
+
+--No, señor, la vendieron.
+
+--¿Sabés a quién la vendieron?
+
+El indio vaciló un momento.
+
+--A don Braulio Jarque--respondió luego.
+
+--Jarque... ¿Quién es Jarque?--preguntó Alarcón deteniéndose en medio
+del campo, a tiempo que hacia el Este se dibujaban las copas sombrías
+de unos grandes eucaliptus.
+
+José Golondrina agachó la cabeza y dijo no saber quién era Jarque,
+aparte de lo dicho, y Alarcón volvió a ponerse en marcha, repitiendo
+aquel nombre, seguro de haberlo oído en alguna parte.
+
+La Casa de los Cuervos estaba sobre una altura adonde no llegaban
+las más altas crecientes, sobre la margen misma del arroyo de Leyes,
+caudaloso y profundo, comunicándose con el Paraná, como un brazo de él
+que era.
+
+La construcción era buena y antigua, dos alas de piezas bajas techadas
+con firmes totoras, formando una escuadra con anchas galerías a uno
+y otro lado, pintada toda de rosa, con puertas y ventanas verdes, y
+poblado de naranjos el patio anchuroso, y todo el cuadro envuelto en un
+bosque de eucaliptus, a través de cuyo espeso follaje apenas se veía la
+casa como una mancha clara.
+
+En los últimos tiempos, la estancia había cambiado varias veces de
+dueño, quedando siempre en la familia, y a la muerte de Liborio Borja,
+ocurrida un año atrás, su viuda, para redimir las deudas que pesaban
+sobre ella la vendió a Braulio Jarque, el marido de su hija Gabriela,
+la cual vivía con ella.
+
+Como el nuevo propietario no manifestara afición a la vida campera,
+encargóse doña Carmen de Borja de administrarla junto con la hacienda,
+que pastaba en esos campos, y que era ahora toda su fortuna.
+
+Al llegar a la calle de eucaliptus, que se abría en dos hileras a un
+costado de la casa y conducía hasta su entrada principal, Alarcón,
+preocupado siempre por el nombre de Jarque, que alguna vez había oído,
+se acordó de quién era.
+
+José Golondrina calmaba a los perros, que habían salido a ladrar a los
+visitantes, y que se acallaron súbitamente al sentir su voz.
+
+Alarcón tuvo la sospecha de que el indio había querido adelantársele,
+para hacer llevar a Jarque en la ciudad con algunos de los peones de la
+estancia, la noticia de la expedición.
+
+Había salido el capataz y Alarcón miró a José, mas no advirtió que
+parecieran reconocerse.
+
+El indio se hizo a un lado, sin hablar palabra, y el capataz saludó
+a Alarcón que le pidió una ternera para carnear y dar de comer a su
+gente, colonos y leñeros que iban a la ciudad a surtirse de víveres
+diversos.
+
+Así habló, y agregó para evitar toda suspicacia en aquel paisano
+reservado, que le atendía frunciendo el ceño:
+
+--Compraría una ternera, si no me pide caro.
+
+El capataz entró en las casas a consultar con el ama, cuya silueta se
+vió aparecer un momento en la galería, y volvió con el permiso de
+arrear el primer animal gordo que hallaran en el potrero.
+
+Montó a caballo y los guió hasta el sitio en que a esa hora debía
+hallarse la mayor parte de la hacienda.
+
+Alarcón y su compañero caminaban a pie, detrás de él, que iba
+enumerando las buenas condiciones de los campos aquellos, cuya tierra
+negra daba unos pastos de engorde superior.
+
+Cuando encontraron lo que necesitaban, una vaquilla mansa, que se
+dejó echar el lazo en los cuernos pulidos y negros, Alarcón pagó
+sin regatear los quince pesos que le pidieron por ella y se juzgó
+afortunado viendo que el capataz no insistía en acompañarles hasta la
+costa.
+
+--Tengo que encerrar los terneros de las lecheras--dijo--y se despidió
+allí mismo.
+
+Marcharon los dos, José tirando del lazo, arrastrando a veces al animal
+que empezaba a rebelarse, y atrás Alarcón arreándolo con una varilla
+y pensando que si el capataz hubiera llegado hasta la costa no habría
+dejado de recelar de tanta gente reunida allí.
+
+Y aquella imprudencia que le había hecho cometer el indio, no le
+pareció que fuera involuntaria.
+
+Mientras marchaban por un senderito en el tupido pastizal verde, que
+alfombraba la altura desprovista allí de monte, vieron venir una majada
+de ovejas que parecía vagar sin pastor y sin perros.
+
+José Golondrina mostró las ovejas a Alarcón.
+
+--La cuidan los cuervos--le dijo--y por eso es el nombre de la estancia.
+
+Y era así en efecto.
+
+Desde muchos años atrás en la propiedad de los Borja, dos cuervos
+criados en las casas cuidaban la majada, con un maravilloso instinto,
+que rayaba en leyenda.
+
+Por la mañana al salir el sol, en verano, y en invierno a la hora en
+que el frío amenguaba, los dos cuervos, que dormían sobre un algarrobo
+seco, frente a una de las ventanas de la casa, volaban hasta el
+corral de las ovejas, y a aletazos y a picotones las hacían salir,
+las conducían a través de los campos, en las lomas donde el pasto era
+tierno y la tierra seca y al caer la tarde las obligaban a volver.
+
+Los tímidos animales, acostumbrados ya, obedecían a los cuervos como
+habrían obedecido a un pastor, y de tal manera los dos pajarracos se
+habían vinculado a la vida de la estancia, que ésta tomó su nombre de
+ellos, y se rodeó de una fama misteriosa.
+
+--Son eternos--dijo el indio José--y cuentan los viejos que ellos saben
+y anuncian las cosas tristes que han de ocurrir.
+
+La majada pasó cerca de los dos hombres que llevaban la vaca.
+
+Sobre una de las ovejas de adelante, prendidas sus garras sobre el
+vellón iba uno de los cuervos y de igual modo el otro se dejaba llevar
+por la que iba atrás de todas.
+
+Era risueño el caso, y no obstante Alarcón no sintió ganas de reír,
+cuando los ojuelos de uno de los cuervos, como dos pequeños brillantes
+negros se posaron sobre él.
+
+Atardecía rápidamente, y debieron apretar el paso para no extraviarse
+en el sauzal, si los tomaba la noche antes de haber alcanzado las
+barcas.
+
+En aquellos terrenos bajos no era fácil hallar los senderos, por donde
+podían pasar sin hundirse en las aguas muertas de los bañados.
+
+Debían a más carnear la vaca y asar la carne en una hoguera y esa
+operación preocupaba a Alarcón porque el fuego en la noche podía atraer
+sobre ellos algunas de las partidas de policianos que solían recorrer
+la laguna Setúbal y llegar hasta el arroyo de Leyes, a caballo unas
+veces por la costa y otras en un vaporcito del puerto siguiendo el
+curso del río.
+
+La noche caía rápidamente, porque en esa estación los días eran cortos.
+
+Llegaron al sauzal con las últimas luces del crepúsculo.
+
+Estaba silencioso y sólo se oía el ruido de los pájaros asustados que
+levantaban el vuelo, atropellando las ramas.
+
+--Es raro--dijo Alarcón.--¿Nos habremos perdido?
+
+El indio lo miró y los ojos le brillaron en la sombra.
+
+Alarcón echó a correr hacia la orilla del río. No se veía a nadie.
+Saltaba sobre los camalotes que cedían como un colchón bajo sus pies.
+Extrañaba el silencio, porque estaba seguro de haber dejado a su gente
+en esa dirección, y de no verla, por lo menos debía oír el ruido de las
+hachas cortando la leña.
+
+Cuando llegó al borde de la isla, que lamía el riacho curvo y lento,
+al sitio mismo donde fondearon las chalanas, lo que se conocía por
+estar las carrizas pisoteadas y sembrada la tierra de varas de sauce
+cortadas, soltó una maldición.
+
+Las lanchas habían desaparecido y sobre el agua, tersa como un cristal
+negro, a esa hora, no se divisaba hacia ningún rumbo la mancha más
+obscura, que en la noche,--que envolvía ya todas las cosas,--le hubiera
+indicado la presencia de sus embarcaciones.
+
+
+
+
+VIII
+
+El baile de Montarón
+
+
+Temprano, en la noche del baile, se encendieron las guirnaldas de
+faroles que corrían a lo largo de las cornisas, llenando la calle de
+luz.
+
+En la casa de Montarón, el piso bajo estaba destinado a la familia. Se
+subía a los salones del baile, situados arriba, por una ancha escalera
+de caracol, adornada esa vez con flores y cubierta por un camino
+rojo de tripe, hasta una galería interior cerrada con una mampara de
+cristales.
+
+Allí se abrían las tres anchas puertas del deslumbrante salón, que
+ocupaba todo el frente de la casa, y se doblaba en dos alas, a cada
+extremo, constituídas por varios saloncitos suntuosos, dispuestos
+para el ambigú los de la derecha, y los otros para la tertulia de las
+señoras mayores o de los hombres que no gustaban de la danza.
+
+Las ventanas del corredor de la calle estaban cerradas, mas alcanzaba
+a oírse la algazara de los curiosos agolpados abajo, en el pórtico,
+sirvientes del barrio en su mayoría, que daban las buenas noches a cada
+pareja que entraba.
+
+Poco a poco, a medida que se animaba la escena, fueron estrechando
+el cerco, hasta bloquear totalmente la puerta del zaguán, con zócalo
+de mármol blanco, que reflejaba la luz de un gran farol de bronce,
+pendiente del techo.
+
+Hacia las nueve de la noche habían comenzado a llegar los invitados.
+
+Era lo más distinguido de la sociedad de Santa Fe.
+
+Las damas en cabeza, para lucir mejor los altos peinados; y con amplios
+y crujientes vestidos de seda; escotadas las jóvenes y aun algunas que
+habían dejado de serlo; y los hombres de frac y chistera, envueltos en
+sus capas.
+
+Con una nerviosa solicitud, hacía Montarón los honores de la casa.
+
+Atravesaba pausadamente, con una dama del brazo, el vestíbulo iluminado
+por los faroles chinescos colgados de las ramas de los naranjos, en el
+patio inmenso como una huerta; subía la escalera, y después de cambiar
+algunas palabras corteses arriba, en el gran salón, bajaba, saltando de
+dos en dos los escalones.
+
+Su fisonomía habitualmente regocijada, tenía esa noche un sello visible
+de preocupación, y el mismo empeño que ponía en disimular, había
+chocado a Syra, la cual seguía a su padre, en todos sus movimientos,
+con ojos angustiados.
+
+Rasurado prolijamente, pequeño, y rosado como un jovencito, su
+fisonomía no era ciertamente la de un conspirador, y el mismo Jarque,
+observándolo esa noche, no estaba seguro de que al rededor de aquella
+movediza personilla pudiera tejerse una revolución.
+
+El jefe de policía llegó temprano, con su secretario, el teniente Borja.
+
+Montarón, que se sentía espiado por su hija, para desorientar sus
+sospechas se puso a hablar con Jarque, mientras ella más tranquila
+junto a su novio, paseaba de su brazo por el salón.
+
+La luz de las arañas de caireles, doraba su negra cabellera, recogida
+en un peinado bajo y prendida sobre la nuca, con dos o tres alfileres
+de brillantes.
+
+La inquietud de esa tarde, manteníala aún aturdida y apasionada,
+fulgurantes los magníficos ojos, que habrían querido penetrar en las
+almas para ver qué nefastos designios se ocultaban en ellas, que
+pudieran hacer peligrar la vida del hombre que amaba, en cuyo brazo
+firme se apoyaba su mano trémula.
+
+Borja sabía, que por falta de nuevos indicios, los recelos de Jarque
+habían disminuído, y confiado en su sagacidad sólo pensaba en la gloria
+de esa fiesta, en que Syra mostraba su amor a los ojos de todos los que
+pudieran haber dudado.
+
+Festejábase su compromiso, y las amables visiones con que se llenaba
+su espíritu, no daban lugar a las sombrías sospechas que su novia le
+sugiriera esa tarde.
+
+Conocíanse todos los hombres que podían entrar en la revolución, por lo
+cual, a cada nuevo concurrente que llegaba al salón, Borja, habituado
+a su oficio, indagaba si era de los sospechosos, sin interrumpir, no
+obstante su charla con Syra.
+
+Don Servando Bayo entró de los primeros con el doctor Pizarro, su
+ministro.
+
+Llegó de rigurosa etiqueta, correcto y tranquilo, y Syra viéndolo se
+sintió aliviada.
+
+Un momento después llegó Cullen, a quien seguía la mirada cautelosa
+de Jarque, situado afuera del salón, en la galería de cristales,
+conversando con Montarón, mas sin perder un solo gesto de los hombres
+que le interesaba vigilar.
+
+La fisonomía despreocupada de Cullen, sus maneras afables,
+distinguidas, su palabra suave, superficial y amena con las damas,
+desorientaban toda sospecha.
+
+Acercóse a los novios y al cumplimentarlos su voz fué tan natural que
+Borja sintió desvanecerse sus últimos recelos, y al apartarse de él,
+buscando el refugio discreto de uno de los salones de las alas, donde
+podía hacer sus confidencias a la niña, le dijo, aludiendo por primera
+vez en el baile, a las alarmas que ella le confiara esa tarde:
+
+--Ya ves, Syra; si Cullen está aquí, siendo el jefe de los opositores,
+es porque nada se prepara. ¿Estaría así, tan afable y tranquilo si
+hubiera el peligro de una revolución?
+
+La mano de Syra temblaba. Alta, maravillosamente esbelta, vestida de
+blanco, pálida por una emoción que, a pesar de esas buenas razones no
+podía dominar, permanecía de pie al lado de él, que se había sentado en
+un sillón invitándola.
+
+Él no pudo ver quién era el que entraba al salón, haciendo cesar el
+rumor de las conversaciones, de tal modo que sólo se oía la música de
+la orquesta en la galería de cristal; pero ella, atenta a los detalles
+de la fiesta, sintió como un golpe en el corazón, pues lo que faltaba
+para confirmar sus sospechas, era la presencia en la ciudad del capitán
+Insúa, y era él, precisamente, el que acababa de entrar.
+
+Borja, a quien Jarque le había confiado el encuentro de la noche
+anterior a la puerta de la escuela, se alzó del sillón, calmoso y
+tranquilo, cuando Syra, con los labios apretados por la nueva emoción,
+le dijo:
+
+--¡Insúa! ¡Allí está Insúa! ¡Oh, Dios mío!
+
+Hacía más de un año que Insúa no venía a la ciudad, y no obstante su
+vida de hombre de campo, era en los salones un perfecto caballero que
+llevaba con fácil elegancia el traje de etiqueta y dominaba todos los
+secretos de la cortesía.
+
+Jarque al verle llegar sintió que se derrumbaba el laborioso edificio
+de sus conjeturas, porque si Insúa estaba allí, vestido de frac;
+si tenía a su lado a Montarón, que le contaba prolijamente cómo se
+injertaban los rosales; si Cullen se pajeaba en el salón atendiendo a
+las damas, todos con la más natural despreocupación, era porque el
+temido complot sólo existía en su imaginación.
+
+Para no prolongar su actitud de vigilante, con un poco de despecho,
+abandonó su sitio junto a la puerta de la galería y entró al salón.
+
+La orquesta, cuyos principales elementos había hecho venir Montarón de
+Buenos Aires, empezaba a animar el ambiente con sus piezas de baile.
+
+Tocó lanceros y se formaron las parejas para sus elegantes y armoniosas
+figuras.
+
+Syra y su novio ocuparon un sitio frente a Insúa, que parecía absorto
+en decir gentilezas a su compañera en la danza.
+
+--Si debiéramos temer algo--murmuró Borja al oído de la hija de
+Montarón--Insúa no estaría aquí. Es el brazo derecho de Cullen y el
+verdadero jefe de todos los ataques de caballería.
+
+Syra tranquilizada por aquellas razones, miraba al arrogante caudillo,
+que en las combinaciones de la danza, le daba la mano para acompañarla
+en algunas figuras.
+
+Habría deseado saber, si ya no era para esa noche, para cuándo serían
+los siniestros designios que se ocultaban en aquella altiva cabeza
+juvenil y enérgica, que los saludaba con tanta gracia, al pasar por su
+lado, a ella y a su novio.
+
+Insúa, desde que entró en el salón, comprendió que algunos ojos lo
+vigilaban.
+
+En un rincón, Jarque sentado, parecía dormitar, pues según su
+costumbre, entornaba los párpados. Insúa, no obstante esa disimulada
+apariencia, sentía sobre él la mirada del jefe de policía.
+
+En otro lugar, Bayo, con Cullen y Montarón, atendía algunas damas
+indiferentes al baile.
+
+Insúa miraba de cuando en cuando ese grupo. Iriondo no había llegado
+aún, y su tardanza le tenía inquieto, pues podrían verse obligados
+a modificar sus planes, si todas las cosas no pasaban como estaban
+previstas.
+
+Su misma presencia en la fiesta, no era lo que habría convenido, mas
+debió ir para despistar a Jarque, el cual, sin duda alguna, lo había
+conocido la noche anterior cuando entró él a la escuela, de regreso de
+la barraca de Fosco.
+
+Estando en la ciudad, más extraño habría sido no ir, que ir a casa de
+Montarón, al que lo ligaba una antigua amistad.
+
+De acuerdo los tres principales conjurados, se fijó la hora de la
+revolución.
+
+Insúa saldría del baile a las once, procurando no ser visto, y se
+reuniría con su gente en la orilla del río, y desde allí invadiría la
+ciudad, marchando sobre la policía.
+
+Antes de atacar, Insúa volvería a la sala de baile, para ayudar a sus
+amigos a caer sobre Iriondo y Bayo, y los hombres del gobierno, no bien
+sonaran los primeros tiros. Alarcón mandaría el asalto, y echaría un
+pelotón de hombres sobre la casa de Montarón, para ayudarles.
+
+La trama del complot era simple; y a Insúa sólo le preocupaba la
+ausencia de Iriondo, que por ser la verdadera cabeza del gobierno,
+podía hacer abortar los planes no concurriendo a la fiesta.
+
+Pero terminados los primeros lanceros, a cosa de las diez, cuando los
+caballeros agradecían a sus damas y las llevaban del brazo hasta los
+sillones colocados a lo largo de las paredes, se produjo un repentino
+silencio por la entrada de alguien.
+
+Era Iriondo; venía solo, circunstancia que no escapó a los
+revolucionarios, pues era ese un gesto habitual de él, cuando
+sospechaba que había peligro, y a fin de mostrar su valor personal o
+su presencia de espíritu; Montarón, más solícito que nunca le salió al
+encuentro, deshaciéndose en cumplimientos, que Iriondo acogía con una
+reservada cortesía, gustando la impresión que causaba con su presencia.
+
+No era ya la actitud algo bravía de Insúa, lo que atraía las miradas:
+era su manera superior de presentarse, natural y elegante, tranquilo
+y serio, correspondiendo todos sus ademanes, a motivos exteriores,
+sin que tuviera que sonreír ni saludar, para imponerse a los que lo
+rodeaban.
+
+Más de un año hacía que Insúa no se encontraba con él, y al verle así,
+tan dueño de sí mismo, adelantándose a saludarlo, a él que si no podía
+vencerle estaba resuelto a matarlo, sintió conmovida la confianza que
+hasta ese momento lo animaba.
+
+Montarón, inquieto y movedizo, exageraba visiblemente sus atenciones
+descuidando a los otros visitantes y provocando, sin duda, mayores
+sospechas en el jefe de policía, que se había vuelto a sentar en un
+rincón solitario, después de saludar a Iriondo.
+
+Cullen, acostumbrado a aquellas emociones, disimulaba perfectamente
+y en sus ademanes no se transparentaba nada que no fuese su finura
+de hombre culto, capaz de alternar sin esfuerzo con sus propios
+adversarios.
+
+Bayo parecía ignorarlo todo, atendiendo solamente lo que Pizarro le
+relataba con animada mímica.
+
+Ocupaban los dos un pequeño sofá de nogal acolchado de damasco, y
+sobre ellos caía la luz de un candelabro lleno de bujías, puesto a sus
+espaldas sobre una consola.
+
+Tenían al frente, sobre otra consola igual, un gran espejo que les
+permitía mirar todo el salón sin volver la cabeza.
+
+Iriondo con algunos amigos, se refugió en uno de los saloncitos, y su
+ausencia calmó un tanto los nervios de Insúa, que volvió a mezclarse en
+las danzas, con una ardiente fiebre de placer, como si la lucha cercana
+en que podía morir, no le preocupase, o redoblara su entusiasmo por
+gozar de aquellos fugitivos minutos.
+
+Montarón salió hasta la galería, por esquivar las pupilas de Jarque,
+cuyos ojos semicerrados nadie sabía dónde miraban, aunque él en todo
+momento sentía la impresión de que estudiaban cada uno de los gestos
+que él hacía.
+
+La hora en que habían convenido que Insúa saliera, estaba próxima y no
+se veía cómo podría abandonar el salón sin hacer notar su ausencia.
+
+El banquero empezaba a ponerse nervioso; desde la penumbra de la
+galería vió a Cullen, en apariencia tranquilo, conversando con algunas
+señoras, pero puesta la mano sobre el reloj, como si él también
+sintiera la ansiedad de los minutos que volaban.
+
+Montarón vió pasar a su hija, radiante, del brazo del joven militar, y
+empezó a torturarle un remordimiento, que durante el día lo acosara, y
+que ahora despertaba de nuevo en su corazón angustiado.
+
+Habían convenido los revolucionarios que en gracia de aquel amor, cuya
+fiesta servía a sus planes, pondrían empeño especial en ahorrar la vida
+de Carmelo Borja, pero aun así comprendíase el gran peligro que debía
+correr.
+
+Por encima de todas sus ambiciones, Montarón miraba a su hija, como
+el motivo de todas ellas. Y ahora que la suerte estaba echada, y
+pronunciada quizás, la sentencia de muerte de muchos de aquellos
+brillantes militares que llenaban el salón, presentía el rencor de la
+joven, perdurable y sangriento, cayendo sobre la cabeza de aquel que
+atentara contra la vida de su novio.
+
+Conocía su temperamento ardoroso, capaz de madurar en silencio una
+venganza y comprendía que él mismo no escaparía al encono de esa alma
+apasionada, si por obra de él se desgarraban las ilusiones de aquella
+hermosa noche de fiesta.
+
+Por un momento con el corazón oprimido, deseó el fracaso del complot.
+
+Se sintió viejo por el amor de su hija, a quien había vuelto a tener a
+su lado, después de muchos años de ausencia, y estimó la paz de su vida
+cerca de ella, en mucho más que sus inquietas ambiciones políticas.
+
+Miró el reloj y vió que sólo faltaban algunos minutos para las once.
+
+Iba a entrar al salón, cuando desde el lugar en que estaba oyó la voz
+de Jarque, hablando a su hija.
+
+--Si usted canta "El Ciprés", yo le acompaño en el piano.
+
+El jefe de policía era apasionado por la música, y sus gustos,
+en armonía con los de la época, le hacían preferir las canciones
+románticas y tristes, que se cantaban como salmodias desgarradoras.
+
+Tocaba regularmente el piano, y entre todos los versos que había
+oído cantar a Syra, con su espléndida voz, llena de sentimiento,
+escogía siempre esa endecha lacrimosa del Ciprés, en cuya sombra se
+transformaba el alma vengativa del amante muerto y olvidado.
+
+Syra recordó el pedido que esa tarde le hiciera su novio; eran hermosos
+los versos de Goyena: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." pero
+gustábanle más los del "Ciprés", y esa noche sentíase llevada por
+fuerzas misteriosas, a cantar su invencible tristeza.
+
+Montarón asistiendo a la escena, comprendió que si Jarque iba al piano,
+Insúa aprovecharía su descuido para salir sin ser visto, y los sucesos
+que un instante había deseado que no ocurrieran, sólo dependerían ya de
+la mano de Dios.
+
+Vió levantarse al jefe y cruzar el salón con su desairada figura, y
+por una reacción de su temperamento versátil, pensó que era mejor que
+sucedieran las cosas que con tanta audacia habían preparado, para
+derrocar el gobierno que execraban.
+
+Después de todo Borja era militar y sabría defenderse, y él mismo en su
+casa, hallaría manera de salvarlo.
+
+Por encima del frac tocó disimuladamente su revólver.
+
+Estaba dispuesto a jugarse la vida para que la parte del programa
+confiada a él, que era apresar a Bayo, se ejecutara con toda perfección.
+
+Allí cerca, en el patio sombreado por los naranjos, ocho o diez
+paisanos, llegados la noche anterior, e introducidos por él mismo en la
+casa sin que nadie los viera, aguardaban su señal, mezclados entre el
+grupo denso de curiosos que había invadido el zaguán, y se derramaba ya
+por las galerías.
+
+En cuanto sonaron las cuerdas del piano bajo los dedos de Jarque, Insúa
+salió del salón.
+
+Envuelto en su capa, a fin de ocultar el frac, con un chambergo en
+lugar del sombrero de copa, escurrióse hasta la huerta para salir por
+la escuela de don Serafín, de modo que los policianos de Jarque, de
+guardia frente a la casa de Montarón, no pudieron notar su escapada.
+
+Syra había empezado a cantar con una voz extraordinariamente conmovida:
+
+ Si por mi tumba pasas un día
+ y amante evocas el alma mía,
+ verás un ave sobre un ciprés;
+ habla con ella, que mi alma es.
+
+De pie, al lado de Jarque, su admirable figura de blanco, con pequeño
+escote, y al cuello un collar de perlas que parecían desgranar sobre
+el hermoso pecho su oriente sedoso y viviente, Syra hacía temblar el
+corazón de su novio.
+
+Y si aquella alma encarnada en el ave del ciprés no fuera la de ella
+sino la de él, ¿cuál sería el destino de la hermosa joven que lo amaba?
+
+Si él moría, pensaba Borja, ella algún día, cuando lo hubiera olvidado
+sería de otro.
+
+La idea de la muerte que evocaba en su canto se le hizo cruel como
+nunca. Pensó que podían ser verdad los oscuros presentimientos de Syra.
+Miró a su alrededor buscando a los jefes de la oposición, para ver si
+alguien faltaba, y notó inmediatamente la ausencia de Insúa.
+
+Vió a Iriondo y a Bayo, en un grupo, conversando de cosas que parecían
+absorber toda su atención, porque se habían retirado al fondo de uno de
+los saloncitos.
+
+Syra seguía cantando y era tal la sugestión de su voz, que los
+concurrentes se acercaban poco a poco al piano para no perder una nota
+de la triste canción:
+
+ Si tú me nombras, si tú me llamas,
+ Si allí repites que aún me amas,...
+
+Borja se imaginó a Insúa corriendo por las oscuras calles para reunir a
+su gente.
+
+Aguzaba el oído y parecíale sentir el rumor de pasos de una patrulla,
+ahogado por doliente música, en que temblaba el alma de su novia.
+
+Aproximóse a Jarque arrebatado por el espíritu romántico de los
+fúnebres versos, y le tocó en el hombro.
+
+Jarque lo miró con mirada abstraída y sin pensamiento y siguió haciendo
+correr sus dedos sobre el armonioso teclado.
+
+Por no alarmar a Syra, no se atrevió a insistir y aguardó angustiado el
+final de la canción.
+
+Cuando la niña, con los ojos llenos de lágrimas se volvió hacia él,
+después del último verso, el joven teniente le dijo:
+
+--Ahora, algo menos triste, los versos de Goyena: "Cuentan los sabios
+que la blanca luna..."
+
+Jarque se había levantado, porque Syra iba a cantar acompañándose ella
+misma.
+
+Cuando la vió sentarse en el pequeño taburete del piano, Borja
+aprovechó la ocasión para hacer notar al jefe la ausencia de Insúa,
+indicio grave, sin duda.
+
+Rápidamente Jarque resolvió lo que debían hacer.
+
+--Te vienes tú conmigo, sin decir palabra.
+
+Y así, mientras Syra comparaba sus miradas con la fuerza misteriosa de
+la luna que mueve las aguas del mar, Jarque y su secretario, salían del
+salón, se envolvían en sus capas y se echaban a la calle.
+
+En la esquina del Cabildo se acercó Jarque a dos de sus agentes de
+policía, encargados de vigilar la casa de Montarón: estaban alerta y
+fumaban para matar el tiempo.
+
+--¿No habéis visto a nadie?
+
+--No, señor jefe.
+
+--¿Nadie ha salido del baile?
+
+--Nadie, señor.
+
+--Sin embargo, hay una persona que no está allí. Os habréis dormido.
+
+Los serenos guardaron silencio. Uno de ellos dijo luego:
+
+--Por la puerta no ha salido nadie. Si alguien falta puede haberse
+escondido en la casa misma o haber salido por los fondos.
+
+Borja que oía sin decir palabra, mirando hacia la plaza en cuya esquina
+estaban, agarró de pronto el brazo de Jarque y le mostró un bulto que
+cruzaba furtivamente por el lado opuesto, y que se destacaba entre
+los troncos de los paraísos, sobre el fondo claro de una casa recién
+blanqueada.
+
+Echaron a correr los dos, con la sospecha de que les interesaba detener
+a aquel transeúnte trasnochador.
+
+Jarque sereno y valiente, sacó su revólver para llevarlo presto.
+Borja a quien el espadín colgante al cinto le estorbaba al andar, lo
+desprendió tomándolo en la mano, pronto a desnudarlo.
+
+De reojo observaba a Jarque, el cual marchaba ágilmente a su lado,
+cojeando mucho, pero sin ruido, como si anduviera en puntas de pie.
+Fruncía el ceño para ver mejor y estiraba el pescuezo, con una ansiedad
+de lebrel que persigue su presa.
+
+Su instinto, más seguro que su vista, le hacía comprender que era Insúa
+el bulto que al llegar ellos al centro de la plaza desapareció como si
+lo hubiera tragado la tierra.
+
+Y era Insúa, en verdad, que había penetrado en la casa de don Serafín
+Aldabas, salvando las tapias de la huerta por el mismo camino que solía
+hacer Montarón.
+
+Ágil y fuerte como era, saltaba los obstáculos apoyándose en los puños,
+sin mancharse apenas el frac.
+
+Tenía empeño en volver intacto a la sala del baile, para encargarse
+él mismo de apresar a Iriondo, y era necesario que ninguna huella
+sospechosa de aquella correría quedara en su traje.
+
+Al llegar al jardín de la escuela, en la sombra de la galería del Sur,
+divisó la silueta gentil de Rosarito, que velaba a esa hora, sentada en
+la silla hamaca de su padre, pensando o rezando.
+
+--¿Sos vos, Francisco?--le dijo la niña acercándosele;--habría tenido
+miedo, si en estos días no me hubieras acostumbrado a tus misterios.
+
+La dulzura de aquella frase en que la niña se asociaba secretamente a
+sus empresas, penetró en el corazón turbulento del revolucionario, que
+se sintió inundado por una ola de afecto hacia la compañera de su niñez.
+
+Ésta volvía a hablar. Él le tomó una mano, fría por la emoción, entre
+las dos suyas ardientes como si tuviera fiebre.
+
+--¿Ha concluído ya el baile?
+
+--No; si hubieras ido...
+
+--Esas cosas no son para mí--observó ella, y agregó, deseosa de entrar
+en el secreto de aquella vida que amaba--¿por qué has salido?
+
+Insúa queriendo llevarse como un talismán que le diera suerte los votos
+de la niña, le contestó al oído:
+
+--¡La revolución! Dentro de media hora, seremos dueños del Cabildo.
+Piensa en nosotros, Rosarito...
+
+Ella, que sospechaba la existencia de la conspiración tembló, sin
+embargo, como una copa de cristal sobre la que estalla un trueno.
+
+--¡Dios mío!--exclamó apretando con sus manos las del joven
+revolucionario--¡Francisco, Francisco! ¿y si no volvieras más?
+
+--Volveré--respondió él, que tenía fe en su estrella.
+
+Rosarito se sintió ganada por la misma confianza que a él lo animaba,
+pero pensó que su vida brillante se alejaría más, con el triunfo, de la
+humilde existencia de ella.
+
+Feliz, no obstante, con las cosas que a él le regocijaban, le deseó la
+victoria y como él sintiera en su mano la caricia tibia de una lágrima
+de ella, que lloraba en la sombra, sin que pudiera ver sus ojos azules
+anegados en llanto, saboreó de nuevo aquella ola de misteriosa dulzura
+que lo acercaba a ella.
+
+Y para templar mejor su espíritu la tomó en los brazos, la apretó
+contra su pecho vigoroso, y la besó en los labios, que sonrieron a
+través de las lágrimas, sonrisa que tampoco él vió, y que fué en el
+alma solitaria de la niña, como una estrella que se levanta.
+
+
+
+
+IX
+
+El pañuelo rojo
+
+
+La puerta de la escuela se cerró sin ruido tras aquel bulto negro, que
+se perdió inmediatamente entre los paraísos de la plaza.
+
+La gente de Insúa aguardaba la señal del ataque en la barraca de Fosco.
+
+Las chalanas que mandaba Alarcón se habían atrasado, y un día entero se
+las esperó con temor de que no llegaran a tiempo.
+
+Fosco veía en aquella tardanza maniobras de José Golondrina, cuya
+lealtad desconfiaba; pero la verdad era otra.
+
+Cuando Alarcón y el indio José llegaron, arreando la vaca, a la orilla
+del arroyo de Leyes, encontraron que las chalanas y la gente habían
+desaparecido.
+
+Era de noche ya y las pesquisas para averiguar el rumbo que hubieran
+tomado, se hacían imposibles en el tupido sauzal que les cerraba el
+horizonte por todos lados.
+
+Alarcón, sin decir palabra, intentó treparse en uno de los sauces más
+altos, para escudriñar el río, que de una gran anchura allí, y lleno de
+curvas y de isletas montuosas, aparecía en la obscuridad como un charco
+de agua quieta y negra.
+
+Lo detuvo la voz tranquila del indio que decía:
+
+--Aquí está el gringo Moor.
+
+De un salto Alarcón se echó al suelo, y el joven le informó en voz baja
+como si temiera ser oído, lo que ocurrió durante su ausencia.
+
+Deseoso de arponear algunos sábalos, esa tarde para asarlos en la
+hoguera encendida en el montecito de algarrobos, él con un compañero
+conocedor de aquellos lugares, cruzaron el río en una de las canoas de
+las chalanas, buscando un sitio donde el bañado de la otra orilla era
+abundante en pescados.
+
+Llevaba la fija, arpón terrible con su hierro dentado y su mango de
+caña tacuara, que Moor empezó a manejar, no bien llegaron al lado
+opuesto, ensartando de un golpe recio los sábalos de estrecho lomo que
+nadaban a flor de agua entre las altas hierbas acuáticas.
+
+Al cortar así las aguas playas del bañado, avanzaron de nuevo hasta el
+río, curvo como una herradura, y a los rayos del sol que caía, vió Moor
+a breve distancia, una lancha blanca fondeada contra el sauzal.
+
+Dióle un vuelco el corazón, y se aplanó sobre la canoa para no ser
+visto, quedando oculto a medias entre las pajas que cubrían el bañado.
+
+La embarcación a la vista tenía una chimenea, y por ella conoció que
+era la lancha a vapor con que el gobierno vigilaba el puerto y la
+laguna y que a esa sazón remontaba los riachos para prevenir toda
+intentona por allí.
+
+Por el humo que arrojaba la chimenea sospechó el joven suizo que estaba
+lista para marchar, río arriba sin duda, y no esperó más para volver
+adonde había dejado las chalanas.
+
+A impulso de las palas, que movían echados en el fondo de la canoa,
+cruzó el bañado refulgente como una placa de oro a los rayos del sol
+poniente.
+
+En pocos minutos llegó, y ordenó a su gente que se embarcara, y con
+los largos botadores empezaron a contornear la costa de la isleta de
+la Casa de los Cuervos, cuyos sauzales podían ofrecerle un refugio en
+alguno de los profundos ramblones que se internaban en ella, como una
+bahía.
+
+Y así fué; cuando la lancha del gobierno pasó siguiendo el cauce del
+arroyo de Leyes frente al lugar en que habían estado fondeadas las dos
+chalanas de los revolucionarios, ya éstos se hallaban escondidos en
+un brazo del riacho, donde no podía entrar el vaporcito, por su mayor
+calado, y como el crepúsculo empezaba a difuminar el paisaje, ninguno
+de sus tripulantes advirtió la presencia de las embarcaciones.
+
+Alarcón apretó cordialmente la mano del bravo mocetón que los había
+salvado de aquella sorpresa, aunque en el encuentro, defendiéndose con
+sus hombres, habría podido vencer a los otros.
+
+Pero era arriesgar el éxito de la revolución, y valía más eludir todo
+incidente, que pudiera anunciar su paso, antes de que estuviera sobre
+la ciudad.
+
+El día estaba perdido, sin embargo; no era prudente echarse a navegar
+teniendo próxima la rápida embarcación, que no tardaría en regresar,
+porque una legua más arriba, no hallaría agua bastante para su calado.
+
+Era así preferible aguardar hasta la noche siguiente, en que con mucha
+probabilidad habría cesado la infructuosa vigilancia del río, para
+entrar en la ciudad una o dos horas antes del momento fijado para la
+revolución.
+
+Y fué ese el motivo que dilató un día entero la llegada de las fuerzas
+de Alarcón. A eso de las ocho de la noche, casi a la hora del baile,
+fondeaban ambas chalanas en el extremo Sur de la calle de la Matriz
+doblando, como se llamaba entonces a la calle de San Gerónimo.
+
+En la barraca de Fosco, adonde con infinitas precauciones fueron
+refugiándose uno a uno los revolucionarios, se reunieron más de cien,
+y aunque no todos bien armados, la aventura parecía tan bien dispuesta
+que ninguno dudaba del triunfo.
+
+A las once de la noche debía Insúa ir en su busca, para dirigir el
+ataque, pero la sospecha de que el complot no era ya un misterio para
+los de la policía, hizo variar un tanto aquel plan.
+
+Insúa se limitaría a dar breves instrucciones a su gente reunida en la
+barraca de Fosco; encargaría a Alarcón la dirección del ataque, y él
+regresaría a la sala del baile, para ayudar a sus amigos a apresar a
+Iriondo y a Bayo en cuanto sonaran los primeros tiros.
+
+Su presencia en la fiesta, mantendría a Jarque en la duda, sobre
+aquellos sucesos que presentía.
+
+No todo ocurrió, sin embargo, como él lo pensara.
+
+Su breve demora en el patio de la escuela, despidiéndose de Rosarito,
+dió tiempo a Jarque y a Borja para llegar a la plaza al mismo tiempo
+que él.
+
+Alcanzó a ver, en la noche clara, la silueta de aquellos dos
+hombres que aparecían en la calle de la esquina de Montarón, y para
+despistarlos, si acaso tenían intenciones de seguirle, corrió por el
+costado de la plaza, que daba sobre la casa de Iriondo, y dobló hacia
+el norte por la calle del Comercio.
+
+Allí dió vuelta a la manzana, y siguió corriendo como una sombra
+impalpable y silenciosa, unas cuantas cuadras hacia el poniente.
+
+De trecho en trecho se refugiaba en el hueco de algún portal o detrás
+de alguna de esas ventanas salientes, en las casas de las gentes
+acomodadas y miraba si alguien le seguía.
+
+Todo era silencio en la ciudad tenebrosa, dormida bajo el manto límpido
+de un cielo sin estrellas.
+
+Un viento suave del Sur traía dispersas armonías de la sala del baile.
+Volvió a correr, y cuando las casas de las aceras empezaban a ser más
+raras y pobres, y comenzaban los yuyales y los cercos de ramas de los
+suburbios, dobló hacia el Sur, siguiendo la franja sombría de un pencal.
+
+Los perros, que abundaban allí, ladraban a la luna que salía,
+destiñendo el azul intenso del horizonte.
+
+Debían de ser las once y media, y en la barraca de Fosco seguramente le
+aguardaban impacientes y listos para el combate.
+
+Fué a echar a correr, a la sombra de los tunales, cuando le pareció
+sentir un ruido metálico, como de una espada que se golpea.
+
+Calle derecha, hacia el norte, alcanzó a ver de nuevo las mismas
+dos siluetas de la plaza, y comprendió que eran vigilantes que lo
+perseguían y habían dado ya con su pista.
+
+Como no podía correr sin exponerse a ser visto, se metió por entre el
+pencal, defendiéndose con su capa de las espinas y aguardó que llegaran.
+
+Marchaban rápidamente, corriendo a trechos, y pasaron tan cerca del
+sitio en que Insúa se había escondido, que los pudo conocer, al uno
+porque rengaba al correr, y al otro, porque vió la contera de una
+espada asomar por debajo de la capa.
+
+--¡El novio de Syra!--pensó el revolucionario, recordando con qué
+empeño Montarón les rogó que ahorraran su vida, si acaso entraba él en
+la lucha.
+
+Ese pensamiento le hizo vacilar, ante el proyecto que como un rayo de
+luz se le presentaba en ese instante. Debía seguirles, sin dejarse
+ver, y cuando estuvieran cerca de la barranca, saltar sobre ellos y
+matarlos, privando así al gobierno de sus mejores servidores.
+
+No quiso pensar más, para evitar la compasión que podía nacer en su
+alma, recordando la súplica de Montarón. Empuñó su revólver y cruzó de
+nuevo por debajo de los espinosos cactus y salió a la calle.
+
+Las dos siluetas se perdían ya a lo lejos, entre las sombras de los
+matorrales de la acera, donde crecían algunos corpulentos paraísos.
+
+Jarque y Borja, maravillados de la repentina desaparición de Insúa, se
+habían echado a correr, cuando al desembocar una calleja apareció la
+mole oscura y chata de la antigua barraca de Fosco.
+
+Jarque se detuvo y por primera vez se le ocurrió que ése podía ser el
+escondrijo de los revolucionarios.
+
+¿Cómo no lo habían pensado antes, sabiendo que el ex-colono de Helvecia
+vivía en un impenetrable misterio que les había hecho creer que era
+alguna inofensiva manía del hombre viejo?
+
+Se detuvo, agitado por la carrera, a unos cien pasos de la entrada del
+vetusto caserón.
+
+--¡Que me lleve el diablo si no se ha metido aquí!--dijo con fastidio y
+entre dientes.
+
+Vaciló un momento entre avanzar o volverse, para traer un piquete
+con que rodear la vasta construcción, que se veía allí, reposando
+plácidamente bajo los rayos dorados de la luna que ascendía.
+
+Borja a su lado escudriñaba el caserío, por si algún indicio les
+revelaba lo que querían saber.
+
+De pronto un terrible empellón lo tumbó en tierra, y sonó un tiro. El
+fogonazo lo deslumbró, y cayó enredado en su larga capa, y el revólver
+que empuñaba en la mano izquierda saltó a varios pasos de allí. Tenía
+la espada en la derecha, y quiso incorporarse, a tiempo que Jarque, el
+cual no parecía herido, gritaba haciendo fuego contra Insúa, que se
+echaba sobre él.
+
+--¡Ah! ¡misera...!--exclamó, y la palabra se rompió entre sus dientes
+apretados, y cayó herido en la frente por otro balazo cuyo estampido
+ensordeció a Borja, quien, ciego de furor, arremetió con su espada.
+
+Insúa vió el relámpago del acero y saltó como un jaguar; pero la punta
+penetró en el flotante paño de su capa, que se desprendió de sus
+hombros y cayó cubriendo al cuerpo palpitante de Jarque.
+
+--Ríndase, no quiero matarlo--dijo con su voz breve y tranquila
+apuntando a Borja, que arrancó su espada con violencia y se echó de
+nuevo sobre su adversario.
+
+A la luz de la luna bañando la extensa planicie, en cuyo centro se
+desarrollaba la sangrienta escena, veíase a Insúa de frac, la blanca
+pechera, señalando el sitio en que debían herirle, y lleno de elegancia
+el gesto de su mano que empuñaba el revólver apuntando al joven
+teniente, que un momento se quedó paralizado ante aquella serenidad,
+que parecía atarle los brazos.
+
+En la cercana barraca de Fosco, el rumor de la lucha en la hora
+señalada para que estallara la revolución, despertó una extraordinaria
+inquietud.
+
+Los cien hombres allí encerrados corrieron a sus armas; los jinetes
+montaron en sus caballos asustados por el ruido y el movimiento y
+Alarcón y Fosco fueron hasta el portón de madera de la entrada, que
+tenía roído el borde de abajo, por donde el perro guardián sacaba el
+hocico y ladraba.
+
+Abrieron cautelosamente y como a cien pasos alcanzaron a ver el fulgor
+de la espada cortando el humo del segundo disparo.
+
+Alarcón reconoció a Insúa, comprendió que se batía y corrió, seguido de
+un grupo de hombres.
+
+Oyó el jefe revolucionario el tropel de su gente que corría, llenando
+la noche con el metálico rumor de las armas, y dijo a Borja, que había
+saltado por sobre el cuerpo de Jarque para coger su revólver que
+brillaba en tierra a dos pasos de allí.
+
+--No se mueva o lo mato--y añadió con dulzura, sin dejar de
+apuntarle,--quiero que viva para su novia.
+
+El joven teniente sintió la penetrante ironía de aquella compasión.
+
+--¡Cobarde!--gritó--¡A él lo has muerto a traición y yo lo voy a
+vengar!--y volvió a cargar con su espada sobre la blanca pechera que
+atraía sus furiosas estocadas, que el revolucionario esquivaba con
+ágiles movimientos.
+
+En un salto que dió Borja, asentó el pie sobre el revólver de Jarque, y
+antes que Insúa previniera su acción, arrojó la espada y alzó el arma
+del suelo.
+
+Insúa no pestañeó y de un balazo en el pecho lo echó por tierra.
+
+--¡Oh, Dios!--exclamó Borja, abriendo los brazos y cayendo de espaldas.
+La capa, como una gran ala rota, quedó abierta debajo de su cuerpo. Era
+de paño azul, pero por su forro de terciopelo rojo, parecía una gran
+mancha de sangre, tiñendo el pasto verde que alfombraba la planicie.
+
+Alarcón y sus hombres llegaron en ese momento. Insúa con tristeza les
+señaló el cuadro y les dijo:
+
+--No quería matarlo, pero él se empeñó.
+
+Cogió su revólver sin prisa, como si todo peligro hubiera pasado, y fué
+a recoger su capa negra, echada como un manto fúnebre sobre el cuerpo
+aún tibio de Jarque. La sacudió y se envolvió en ella.
+
+Dió sus órdenes precisas; la gente debía marcharse enseguida y atacar
+el Cabildo. Un piquete debía al mismo tiempo invadir la casa de
+Montarón, adonde él habría llegado ya, para ayudar a sus amigos.
+
+Y con esas palabras separáronse dejando sobre el campo verde los dos
+cuerpos inmóviles que la luna envolvía en su luz impasible.
+
+Por la acera sombría de la calleja que trepaba la barranca, se adelantó
+Insúa casi corriendo.
+
+Tan rápida fué la escena, que no le parecía verdad que en unos minutos
+hubiera suprimido el mayor de los obstáculos con que tropezaban los
+planes revolucionarios, aquella implacable vigilancia de Jarque, que
+estuvo a punto de desbaratar todo el complot.
+
+Llegó a la esquina de la calle del Cabildo.
+
+Era menor el número de los curiosos agolpados a la entrada de la casa
+de Montarón. El sueño y el frío de la noche, habían ahuyentado a
+muchos, y los que aún quedaban, yacían dormidos contra los pilares o
+en los rincones del zaguán, esperando que la fiesta concluyera, para
+acompañar, algunos a sus amos, otros a quien quisiera aceptar sus
+servicios, alumbrándoles el camino con un farolillo de aceite.
+
+Los dos vigilantes apostados en la entrada, cabeceaban rendidos de
+cansancio y no vieron pasar a Insúa, que subió tranquilamente hasta la
+sala de baile, llena de la enervante armonía de una vieja mazurca.
+
+En la galería de cristales, donde estaban los músicos, se despojó de su
+capa, y fué a entrar al salón, cuando una mano vigorosa lo detuvo por
+el brazo.
+
+No era un gesto afectuoso, ni era violento u hostil; mas Insúa se
+volvió con ira para ver quién era.
+
+Hallóse con Iriondo, a cuyo lado debió pasar, pero a quien no había
+visto.
+
+Mirábalo con aquella serena mirada que se imponía aun sobre los que por
+primera vez se encontraban con él, y podían ignorar su prestigio y su
+poder.
+
+Le soltó el brazo y le tomó de la mano que Insúa no se atrevió a
+retirar, para no comprometer sus planes con alguna intempestiva
+brusquedad.
+
+--Hay allí--le dijo Iriondo en voz baja, señalando el salón--una niña
+que pregunta por su novio, que salió con usted.
+
+La mayor parte de los farolillos chinescos que iluminaban el patio y
+la escalera se habían consumido, y aquel lugar en que estaban los dos
+hombres, quedaba en la penumbra, fuera del cuadro luminoso de la puerta.
+
+Pero Insúa alcanzó a discernir en el gesto y en la mirada de Iriondo
+una sagaz intención, y respondió exagerando la calma que empezaba a
+perder:
+
+--Yo no he salido con ningún novio, doctor Iriondo.
+
+--¿Ha salido solo?
+
+--Solo.
+
+--Yo ando siempre así--observó el jefe de los gubernistas, abandonando
+la mano de su adversario--sobre todo cuando me dicen que hay peligro en
+andar solo.
+
+Pasó un breve momento de silencio.
+
+Insúa no encontraba respuesta que dar, temiendo siempre delatarse y
+echaba de menos la serenidad con que pensaba y ordenaba sus ideas en
+medio de una batalla. ¿Por qué, pues, no lograba dominar la impresión
+que aquel hombre le causaba con sus frases intencionadas?
+
+Para librarse de la presencia de Iriondo que lo desconcertaba, fué a
+entrar al salón, pero él lo detuvo de nuevo, con el mismo gesto sin
+violencia, que no podía rechazar.
+
+--¿Va a entrar así? ¿No ve cómo está manchada su pechera?
+
+Insúa miró la alba pechera de su camisa y se puso pálido.
+
+Una gran mancha roja ocupaba toda la parte baja, donde se abotonaba el
+chaleco.
+
+Se volvió bruscamente, evitando la luz, y dijo sacando del bolsillo un
+pañuelo de seda color escarlata:
+
+--Llevaba aquí el pañuelo y al lavarme seguramente lo he mojado y se ha
+desteñido...
+
+Había perdido completamente su calma y la voz le temblaba.
+
+Con ansia esperaba que sonara el primer tiro frente al Cabildo para
+arrojarse contra aquel hombre más temible por su serenidad que por su
+fuerza.
+
+Iriondo sonreía.
+
+En este momento apareció en la puerta del salón, por donde se veía el
+cuadro brillante del baile, la magnífica figura de Syra.
+
+--¡Ah, Insúa!--exclamó al verle, acercándosele con un apasionado
+interés, mientras él se acomodaba con mano trémula, el pañuelo rojo
+sobre su manchada pechera.--¿No salió el teniente Borja con usted?
+
+Insúa se estremeció. Una inmensa angustia se pintaba en aquella
+hermosa cara, y la voz temblaba como una imploración.
+
+Dominó violentamente sus nervios, se acercó a la joven que esperaba su
+respuesta con una indescriptible ansiedad, y le ofreció el brazo, que
+ella no aceptó, volviendo a preguntarle:
+
+--¿No salió con usted, capitán? ¿Verdad que no salió con usted?
+
+El estampido de una descarga apagó brutalmente la armonía de la
+orquesta.
+
+Se produjo un remolino en la concurrencia del salón. Sin preocuparse de
+su compañera que se había erguido al rumor de la lucha, y le increpaba
+preguntándole por su novio, Insúa corrió a la galería para arrojarse
+sobre Iriondo, mas éste previó su ataque, cerrándole el paso, y en un
+ademán siempre mesurado y amistoso, con el brazo izquierdo lo tomó por
+la cintura, lo llevó hacia afuera y tranquilamente le dijo:
+
+--Explíqueme qué es eso.
+
+Y como Insúa quisiera librarse de aquel abrazo, Iriondo con mucha
+calma alzó su mano derecha en que tenía un revólver, se lo puso a dos
+pulgadas de la frente, y le volvió a hablar con su palabra serena e
+imperiosa:
+
+--Si se mueve, lo mato.
+
+A la primera descarga, sucedió un vivo tiroteo, y la calle oscura se
+iluminó con la luz de los fogonazos, llenándose a la vez con el humo
+acre de la pólvora.
+
+El tropel y la gritería de los que invadieron la casa, y el estrepitoso
+tumulto que se alzó en el salón, cuyas puertas se cerraron con
+violencia, dejando en la sombra la galería de cristales, de donde los
+músicos huyeron, permitió a Insúa alejar de un manotón el revólver que
+le amenazaba.
+
+Salió el tiro sin herirle y él con su gran fuerza, se zafó del terrible
+brazo de Iriondo, mas al echarse atrás buscando su propio revólver en
+momentos en que volaban hechos trizas los cristales de la galería,
+invadida por una ola de gentes, revolucionarios y gubernistas,
+mezclados con los soldados de Jarque que no distinguían a unos de
+otros, constató que Iriondo se lo había sustraído al pasarle la mano
+por la cintura.
+
+--¡Ah, traidor!--exclamó con impotente rabia, sintiéndose desarmado, y
+como a una orden del jefe de los gubernistas, cuya alta figura dominaba
+a todos, los soldados se echaron sobre Insúa, éste dió un empellón
+a los que le cerraban el paso, y no pudiendo bajar por la escalera,
+atropelló la puerta del salón, que se abrió con estrépito, cruzó el
+recinto que era una colosal batahola de hombres que luchaban y damas
+que parecían muertas sobre la alfombra, salió al balcón y encaramándose
+hasta la balaustrada saltó hacia el tejado de la casa vecina, buscando
+un sitio por donde echarse a tierra para tomar su puesto en el combate
+contra el Cabildo.
+
+
+
+
+X
+
+La noche trágica de Syra
+
+
+A la primera descarga, Syra, intensamente pálida, con los ojos
+dilatados por el terror, se llevó la mano al corazón, sintiendo una
+gran angustia y se abatió sobre un sillón, llorando como un niño
+castigado. ¡No había ya remedio!...
+
+Las demás mujeres, sorprendidas por la revolución, se agruparon en la
+sala del ambigú, para escapar de las balas que empezaban a entrar por
+las maderas del balcón, destrozando los cristales. Algunos hombres las
+atendían, pocos, porque casi todos habían bajado al patio donde el
+tumulto era indescriptible.
+
+En el salón, con sus muebles revueltos y sus puertas cerradas por
+Montarón, sólo quedaban Cullen y Bayo, sentado éste, pálido y ceñudo,
+comprendiéndolo todo, pero sin hacer un gesto que pudiera provocar una
+violencia, y el otro de pie, a su lado, atento a los movimientos de su
+prisionero.
+
+Por un resto de cortesía, Montarón no se acercaba a su huésped
+traicionado. Iba hasta el grupo de las mujeres enloquecidas, preguntaba
+por doña Celia, desmayada, miraba a su hija llorando, con la cara
+escondida y volvía a la puerta que de afuera golpeaban de cuando en
+cuando, sin lograr abrirla.
+
+Pensaba en la suerte de Iriondo, apresado seguramente por Insúa en la
+galería de cristales.
+
+En la plaza, frente al Cabildo se batían los revolucionarios contra los
+policianos que respondían con un vivo tiroteo. Una bala dió en la araña
+del centro del salón y desprendió un manojo de caireles hechos trizas.
+
+Montarón miró a su hija, que al sentir el ruido de los cristales rotos
+se puso de pie, y muda, dominando una desesperación que hacía dar
+gritos a las otras mujeres, corrió a la puerta de la galería, en donde
+resonaban de nuevo furiosos golpes.
+
+Su padre abrió los brazos para contenerla, pero ella lo rechazó con un
+solo ademán que a él le heló la sangre en el corazón.
+
+--¡Hija mía!--exclamó él, y ella bruscamente como si aquel grito le
+volviera el sentido y la esperanza, sintiendo una inmensa necesidad de
+consuelo, se volvió a él y se echó llorando sobre su pecho.
+
+Él no habló, porque le acosaba el remordimiento de aquel dolor
+silencioso en que había anegado a su hija.
+
+Nada sabía aún de lo que le habría pasado, mas tenía el presentimiento
+de que la desgracia de ella iba a ser su desgracia.
+
+Fué en ese momento cuando se oyó que en la galería crecía el bullicio,
+y se sintió desembocar una oleada de gente que Montarón creyó amigos
+por lo que abrió la puerta del salón, apartando suavemente a su hija.
+
+Y esa maniobra salvó a Insúa, el cual, acosado por Iriondo, que había
+sabido prevenir su asalto, y vencido por el número, cruzó como un
+relámpago hacia el balcón, a donde Syra lo siguió mezclada entre los
+hombres que le perseguían y segura de que él podría decirle dónde
+estaba su novio.
+
+Pero al verle saltar la balaustrada y disparar por los tejados vecinos
+hacia la plaza, iluminada por el fogonazo de las descargas quiso
+seguirle, como si su esperanza huyera con él, mas alguien la contuvo y
+entonces echó a correr, a través del salón, buscando la escalera del
+patio sin detenerse a ver lo que ocurría a su padre y a Cullen rodeados
+ya por gentes de la policía, que Iriondo mandaba con voz serena y
+ademanes precisos.
+
+Un poco más pálido, el cabello más revuelto, la mirada más brillante,
+eso era todo lo que en él se podía notar de extraordinario. Bayo a su
+lado, puesto de pie ya, sin decir palabra, apoyaba esas órdenes con sus
+gestos.
+
+Despeñándose casi por la escalera sembrada de flores desprendidas de
+las guirnaldas, llegó Syra al zaguán, y como a nadie viera, salió a la
+calle y corrió hacia la plaza, donde era la lucha.
+
+Veía las cosas nubladas por el humo acre de la pólvora que se le
+agarraba a la garganta, y los fogonazos, que brillaban como entre una
+neblina, apenas servían para guiarla, con su luz despiadada. Al llegar
+a la esquina estuvo a punto de ser envuelta por un pelotón de hombres
+que desfilaban a lo largo de las paredes guareciéndose de los tiros que
+llovían de todas partes.
+
+Eran revolucionarios y marchaban sobre la casa de Montarón en auxilio
+de los amigos.
+
+Uno de ellos se detuvo al ver a Syra. Fué un segundo no más, por
+mirarle la cara.
+
+--¿El teniente Borja?--le preguntó ella juntando las manos.
+
+Y el revolucionario, que un rato antes había asistido a la rápida
+escena que tuvo lugar a pocos pasos de la barraca de Fosco, le contestó
+con una torpe sonrisa:
+
+--¡Allá quedó, niña! junto al río.
+
+Syra no vió el ademán en que le indicaba el Sur y echó a correr hacia
+el Oeste buscando el río, a cuya orilla había ido por ese lado alguna
+vez.
+
+Pasó de nuevo frente a su casa que los revolucionarios invadían, oyó
+tiros y corrió con ansias, sin detenerse, hasta que dejó de sentir el
+siniestro silbido de las balas, que había ido persiguiéndola en su
+carrera como una pesadilla.
+
+Se detuvo un momento para organizar sus ideas.
+
+Parecíale, hundiendo los pies en el colchón de polvo de la calle que
+marchaba en sueños, y que ella misma, vestida de blanco con la negra
+cabellera desprendida y flotante, no era más que un fantasma.
+
+Oíanse las descargas en la plaza, y volviendo la cara podía ver el
+relámpago que precedía a cada estampido. El silencio de la noche
+agrandaba los lejanos rumores de la lucha. Y Syra sentía confusamente
+al pasar, que puertas y ventanas se abrían y cerraban con cautela.
+
+Por aquella parte las casas eran más raras y las calles más estrechas
+se dilataban hacia el Salado, bordeadas de pencales impenetrables, por
+sus temibles espinas.
+
+Los canes alborotados por los tiros, aullaban con furia, y al rumor
+de los pasos de Syra que volvía a correr se arrojaban contra ella sin
+salir, no obstante, del cercado de pencas, medrosos también ellos en
+aquella siniestra noche.
+
+La luna serena y majestuosa, prendida como un broche de oro en el
+límpido cielo azul, alumbraba con indiferencia la ciudad poblada de
+ruidos, y en la calleja estrecha, por donde Syra corría, sus rayos
+prolongaban las sombras temerosas de las plantas que se extendían como
+garras sobre la acongojada criatura.
+
+Había al final de la calle un gran ombú que cerraba el paso. Las
+lluvias agrietaban allí el terreno y el árbol frondoso mostraba sus
+gruesas raíces descarnadas y blancas, que a la luz de la luna parecían
+brazos y piernas de muertos ya rígidos.
+
+Syra se detuvo mirando extraviada aquellas extrañas figuras. Pensó en
+su novio:--"¡Allá quedó!"--le habían dicho--"junto al río".
+
+--¿Qué río? ¿Había un río por ese lado? ¿Cuándo llegaría? Si estaba
+muerto tenía todo el tiempo que quisiera para esperarla. Si estaba vivo
+y deseaba decirle algo, y si era posible curarle, restañar su sangre y
+vendar sus heridas... ¡oh, Dios! ¿cuándo llegaría?
+
+Se apretó la cabeza con las manos, sintiendo como martillazos en las
+sienes, el latido de sus arterias.
+
+Comenzaba a desvariar. A ratos pensaba que todo era un sueño, tan
+brutal hallaba el cambio de escena. El salón brillante, la luz, la
+alegría, la música, el amor; y luego la noche, con sus sombras y
+rumores terribles, y aquella frase que sin duda había soñado: "¡Allá
+quedó!"
+
+¿Qué significaba eso? ¿Era acaso una consigna dada al joven militar?
+¿Estaba de guardia junto al río? ¿Y dónde era el río?
+
+Trepó la barranca. A la sombra del ombú crecían tupidas enredaderas,
+entre cuyo matorral brillaban las luciérnagas. Las anchas ramas
+cerraban el horizonte, pero subida ya sobre el borde, Syra vió el
+campo, extendido como una tela limpia y tersa, hacia el río Salado,
+cuyas aguas no alcanzaban a verse desde allí, pero que en las grandes
+crecientes lo inundaban.
+
+De ese lado no había casas; algunas vacas rumiaban echadas en el pasto.
+
+Syra se puso a correr de nuevo, con más miedo al hallarse sola,
+pareciéndole que detrás de ella corría la muerte, para llegar antes a
+donde estaba su novio o para avisarle que era tarde ya y que en vano se
+fatigaba.
+
+El campo desenvolvía ante ella el terciopelo de su suave y fresco
+pastizal, sin una ondulación, pero sus ojos nada veían de lo que
+buscaban. Y seguía corriendo, sin noción de los rumbos, torciendo su
+camino hacia el Sur.
+
+De vez en cuando sentía que el suelo cedía bajo sus pies como una
+húmeda esponja, y el frío le volvía un instante la sensación de la
+realidad; se acercaba a los varillales, que crecían a la margen del
+río, y donde, según los cuentos de su niñez, se guarecían los yacarés
+en las horas de sol.
+
+Se apartaba horrorizada de aquellos lugares, y volvía a correr sobre el
+paño verde del bañado, sintiendo el cansancio que parecía romperle los
+muslos.
+
+¿A dónde iba? ¿Por qué la habían engañado haciéndola ir por aquel
+desierto buscando su amor?
+
+Ya no se oían los tiros. La ciudad, cuyas casas blancas se dibujaban a
+lo lejos entre las sombras de las calles, se había vuelto a dormir sin
+duda; y ella estaba allí, perdida en medio del campo, sin más compañía
+que la fría luz de la luna, que empezaba a nublarse y los estridentes
+ladridos de los perros, que se enfurecían al verla correr como un
+blanco fantasma.
+
+En su memoria fatigada se perdían los detalles de las cosas. Sólo sabía
+que buscaba a su novio y debía hallarle muerto o vivo. Cuando caminaba
+despacio, el zumbido suave de la brisa anunciadora del alba, le daba
+la impresión pavorosa de un lamento, y por no oírlo y por llegar más
+pronto a donde él estaba, llamándola sin duda, con la esperanza de que
+llegara antes que la muerte, echaba a correr de nuevo.
+
+--Allá quedó, junto al río--le habían dicho riendo.
+
+Por fin el río que buscaba le cerró el paso. Era allí estrecho y
+encajonado por una barranca no muy alta, vestida de césped húmedo bajo
+el rocío de la noche.
+
+Era el arroyo del Quillá, que media legua más al Oeste se junta con el
+Salado.
+
+A corta distancia, hacia la ciudad, se veía como un escalón una segunda
+barranca, más alta y desnuda, donde se encaramaban las primeras
+habitaciones, algunos ranchos, y más allá la masa oscura de la barraca
+de Fosco, ceñida por sus tapias cubiertas de musgo, y por el bosque
+sombrío de quietos naranjos y quejumbrosos eucaliptus.
+
+Syra vió pasar por delante de ella un grupo de hombres en marcha
+precipitada hacia el río. No supo quiénes eran; habría deseado
+preguntarles dónde se hallaba, pero antes que los alcanzara, ellos
+habían saltado en una lancha y huían rumbo a la isla, que no tocaron,
+sin embargo, siguiendo su costa corriente arriba.
+
+La niña se quedó un rato mirando la embarcación, que ya no era más que
+una pincelada negra sobre el agua turbia que la corriente llenaba de
+arrugas; la noche se tornó negra como un antro, nublada la luna por
+algunas nubes tormentosas.
+
+A algunos pasos de allí vió una casucha de barro, por cuya puerta
+apenas entornada se escapaba un hilo de luz.
+
+Fué una esperanza para la infeliz que empezaba a sentirse ganada por el
+descorazonamiento. Llamó a la puerta, y como no le contestaran entró de
+golpe.
+
+Un candil de sebo, puesto sobre el ángulo de una mesa alumbraba un
+cuadro siniestro.
+
+Sobre una mísera cama yacía un hombre, rígido, con los ojos cerrados y
+la boca crispada en un gesto de dolor, y el pecho desnudo y manchado de
+sangre, que parecía negra como la tinta.
+
+Syra dió un grito. Una mujer que lloraba arrodillada a la cabecera de
+la cama, alzó la cara y viéndola dijo con una voz dulce y doliente:
+
+--Me lo han muerto, niña. Era soldado y estaba de guardia en la plaza;
+los revolucionarios lo han herido y ha tenido tiempo de llegar hasta
+su rancho para morir junto a mí y a sus hijitos. ¿Por qué me lo han
+muerto, niña?
+
+Una chiquela de cuatro años, silenciosa, con los ojos dilatados por
+el miedo, sentada a los pies de la cama, miraba sin comprender la
+terrible escena de su padre asesinando y semejante a una madre pequeña,
+acallaba al hermanito que estaba sobre sus rodillas, gimiendo de rato
+en rato, como si hasta él llegara la ola del dolor.
+
+Syra llorando se arrodilló junto a la viuda.
+
+--¡También a mí, también a mí!--decía en un sollozo que la sacudía
+entera, y no podía concluir la frase.--Hace horas que lo busco, muerto
+o vivo: "quedó junto al río", me han dicho riéndose y he corrido por la
+orilla del río, buscándolo sin encontrarlo.
+
+La mujer se paró, tomó de la mano a Syra, salió hasta la puerta y le
+dijo señalándole en el campo un punto más oscuro que las sombras.
+
+--¡Allá, allá! ¡Yo he visto dos hombres! Deben estar muertos a estas
+horas. Allá fueron los primeros tiros...
+
+Y Syra corrió, mientras ella volvía adentro a seguir llorando su
+prematura viudez.
+
+Por una desgarradura de las nubes, apareció el disco dorado de la luna
+que bañó de claridad el campo verde, en el preciso momento en que Syra
+llegaba hasta los cadáveres de Borja y de Jarque...
+
+Las gentes que moraban en las casuchas de barro y de paja de aquellos
+barrios apartados, en aquella noche sangrienta no oyeron nada más
+pavoroso que el alarido de horror de Syra, rasgando el silencio en que
+había quedado la ciudad.
+
+Las mujeres se taparon la cara y los hombres se estremecieron, como si
+la muerte misma les hubiera llamado por sus nombres, a la puerta de sus
+casas.
+
+En la barraca de Fosco, de donde éste había huído en las chalanas
+de los revolucionarios, que volvían derrotados, las dos mujeres que
+quedaron solas temblaron toda la noche, oyendo, cerca de allí, el
+lamento de Syra sobre el cuerpo rígido y yerto de su novio.
+
+Y cuando el alba fría se derramó sobre el pueblo disipando las
+angustias de la noche, los que andaban en busca de la hija de Montarón,
+dieron con ella, sentada, como si aún esperase algo, junto al cadáver
+del teniente Borja.
+
+Los primeros rayos del sol iluminaban el cuadro.
+
+Syra al ver llegar aquella gente se incorporó, alta y hermosa, vestida
+de blanco, el negro cabello suelto a la espalda, como una onda de dolor.
+
+--¡Allí está el que buscan!--les dijo señalando a Jarque, tendido de
+costado, y como dormido entre los pliegues de su capa--¡éste es mío y
+yo soy de él! ¡Ni lo toquen ni me toquen!
+
+Los que la buscaban, impresionados por el aire de tragedia que había en
+todos sus gestos, se quedaron inmóviles, y ella al ver su estupor, se
+echó a reír con una risa desgarradora.
+
+--¿Me creen loca? No, estoy cuerda y quiero vivir, por su memoria, para
+vengarle y vengarme... no sólo del asesino, sino de los que pagaron al
+asesino...
+
+
+
+
+XI
+
+La derrota
+
+
+Fué un salto magnífico. De la balaustrada de la galería que daba a la
+calle, en la casa de Montarón, Insúa se arrojó sobre el tejado vecino.
+
+Sintió que una teja cedía bajo sus pies, pero era ágil como un jaguar y
+salvó el obstáculo. El techo, a dos aguas, caía de una parte sobre la
+calle, de la otra, sobre un patio interior, y cubierto de musgo como
+estaba, e impregnado de rocío, hacía peligroso el andar.
+
+Los que corrieron detrás del revolucionario, detuviéronse sorprendidos.
+Uno de ellos tenía una carabina y le apuntó. La distancia era corta y
+la noche clara, por lo cual el tiro no podía errarse; pero Insúa había
+previsto que le harían fuego, y salvando la cumbrera del techo, se puso
+a correr hacia la esquina, guareciéndose en el alero inclinado que daba
+hacia el patio.
+
+Ante aquella maniobra que imposibilitaba el tirarle, el hombre de la
+carabina trepó a la balaustrada y desde ella saltó sobre el tejado,
+para cazar el fugitivo como a un gato, persiguiéndolo por las azoteas.
+Pero fuese que le estorbara el arma o que no tuviese la agilidad de
+Insúa, resbaló sobre las tejas mojadas por el relente de la noche, y
+soltando una maldición se estrelló en la calle.
+
+El revolucionario alcanzó a verlo y seguro de que se limitarían ya a
+aguardarlo en la vereda del costado de la plaza, para atraparle cuando
+quisiera bajarse por allí, buscó manera de escurrirse hasta el patio de
+la casa en cuyo techo andaba.
+
+Era un boliche, cuya pieza principal daba a la esquina, con dos puertas
+en ángulo recto, que se abrían una sobre la calle de la plaza, otra
+sobre la calle del Cabildo, separadas por un parante de algarrobo
+labrado.
+
+La gente del boliche, un matrimonio de catalanes sin hijos, tímidos
+como liebres, pero acostumbrados ya a las revoluciones, que tenían por
+teatro inevitable aquel barrio de la ciudad, al oír los primeros tiros,
+habían atrancado sus puertas decididos a morir antes que abrir a nadie.
+
+Insúa pudo bajarse al patio solitario, donde un cuzquillo olvidado por
+sus dueños, le ladró con furia al principio, y corrió luego a lamerle
+las manos.
+
+A cada descarga, el jefe revolucionario sentía el vuelco de su corazón.
+Ya las cosas se tornaban en favor del gobierno, fracasado el recurso de
+la sorpresa con que contaban. Pero aun así, confiaba Insúa llegar a
+tiempo a la plaza para arrojar sus hombres como una avalancha sobre el
+Cabildo y entrar en él apoderándose del gobierno de la ciudad.
+
+Reconoció de una ojeada el patio donde había caído.
+
+Era cuadrado y pequeño, lleno de plantas, que en la sombra afectaban
+formas fantásticas. Entre unas enredaderas descubrió una puertecilla
+que sin duda abría paso a la huerta; la franqueó y atravesó corriendo
+un tupido plantío de tártago, donde cacareaban las gallinas alarmadas.
+Trepó sobre la tapia del fondo, que era muy ancha, y comprendió que
+caminando sobre ella podría llegar hasta la huerta de la escuela, donde
+recogería sus armas y se lanzaría a la plaza a ayudar a su gente.
+
+Agazapándose para no ser visto, corrió sobre el filo de la pared que se
+desmoronaba al pasar él, y en pocos minutos llegó hasta la escuela.
+
+En un rincón del patio halló a don Serafín enloquecido de terror,
+mientras su hija, en el zaguán, no se alejaba de la puerta, lista para
+prestar auxilio a quien se lo pidiera, pensando en que podía ser él.
+
+--¡Hijo mío!--le gritó el anciano al verle llegar, abrazándose a
+él--¿qué es lo que ocurre?
+
+Con algunas amables palabras le infundió confianza de que allí no podía
+temer nada, y cambiando su incómodo traje de etiqueta por otro más
+holgado, se envolvió en un poncho de vicuña, tomó sus armas y corrió
+hacia la calle.
+
+En el zaguán se cruzó con la hija del maestro, que nada le dijo por no
+demorarle, mas lo siguió con los ojos angustiados hasta que llegó a la
+plaza.
+
+Allí le envolvió un tropel de gente en que reconoció a una parte de sus
+hombres que empezaban a desorientarse ante la sangrienta resistencia de
+los soldados del gobierno, que se batían sin peligro casi, parapetados
+en el Cabildo, y bien provistos de armas de fuego con que mantenían a
+raya a los asaltantes.
+
+--¡Muchachos!--gritóles Insúa, dándose a conocer.--¡Al Cabildo! ¡Viva
+la revolución!
+
+Y su grito como un toque de clarín, vibrante en el intervalo de dos
+descargas, reanimó el entusiasmo ya decaído de los revolucionarios, que
+se agruparon a su alrededor haciendo frente de nuevo.
+
+Los gubernistas comprendieron por qué reaccionaron sus atacantes, y un
+capitán que mandaba la tropa organizó un piquete y lo mandó a rodear
+para tomar a los revolucionarios por la espalda.
+
+A la aparición de Insúa, sus hombres enardecidos de nuevo, se
+tendieron a lo largo del costado sur de la plaza, parapetados detrás
+de los árboles y arreció el fuego que hacían, mordiendo con rabia los
+cartuchos de sus largos fusiles de chispa, con el áspero amargor de la
+pólvora en la boca.
+
+Los hombres de a caballo, diezmados en un asalto infructuoso, se
+agruparon alrededor de Insúa, detrás del quiosco, que les resguardaba
+un tanto de las balas del Cabildo.
+
+Insúa tranquilamente les daba instrucciones, porque iban a atacar de
+nuevo, lanza en ristre. Temblaban ya las astas en las manos nerviosas
+y retiñían las espuelas de los jinetes, entusiasmados por aquella
+voz serena, que apagado el trueno de una descarga, seguía explicando
+la maniobra, cuando un tiro aislado que parecía venir de la casa de
+Iriondo, le cortó la palabra.
+
+Estaba Insúa de pie teniendo su caballo de la rienda, porque el montar
+él iba a ser señal del ataque.
+
+Se llevó la mano al hombro y dijo:
+
+--Estoy herido.
+
+No cayó, empero, mas sintió que se le nublaba la vista.
+
+--¡José, José Golondrina!--había gritado Alarcón al sentir el tiro de
+aquella parte, con la sospecha de que él hubiera sido, pues acababa de
+verlo correr hacia ese lado.
+
+El indio llegaba en este momento con la carabina en la mano. Alarcón se
+echó sobre él.
+
+--¿Quién tiró? ¿Vos, miserable?
+
+--¡Allá, allá!--contestó el indio tranquilamente, señalando la esquina
+norte de la plaza que daba sobre la calle del Comercio.--Viene un
+piquete.
+
+Como una respuesta a tal advertencia, la tropa que venía a coparlos por
+la espalda les abrió un fuego mortífero que desmontó a varios jinetes,
+sembrando el espanto entre todos. Insúa tuvo apenas tiempo de subir
+a caballo sostenido por uno de sus hombres. No podía saber si eran
+muchos o pocos los que así atacaban, la revolución estaba perdida.
+
+Ya no debían atinar sino a salvarse de caer prisioneros para aguardar
+tiempos mejores en que la suerte les acompañara.
+
+Gritó:--¡Alto el fuego! ¡Sálvense, muchachos!, ¡será para otra vez!--y
+espoleó su caballo, que dió un salto al arrancar, agitándole violenta y
+dolorosamente el brazo roto.
+
+Todos se desbandaron. Los de a pie corrieron hacia el río para
+embarcarse en las chalanas y pasar a las islas antes que clarease el
+día. Los de a caballo tomaron hacia el norte, buscando el camino de
+Santa Rosa y de Helvecia, donde estaban sus hogares.
+
+Más de treinta quedaron tendidos sobre el pasto verde y suave de la
+plaza, que el sol de esa mañana haría brillar manchado de sangre.
+
+La persecución de los fugitivos no pudo organizarse inmediatamente
+porque los caballos de la policía no estaban listos.
+
+Insúa corrió entre un grupo de los suyos unas cuantas cuadras, pero fué
+quedándose rezagado sin que lo observaran.
+
+Dolíale horriblemente la herida, lo que lo obligaba a ir constantemente
+sosteniéndose el brazo, para que no se le moviera con el traqueteo de
+la marcha.
+
+A los pocos minutos pensó que debía volver a la escuela, donde la hija
+del maestro lo vendaría para que así pudiera huir.
+
+Volvió, en efecto, siguiendo las calles apartadas y solitarias.
+
+Rosarito había visto pasar el tropel de los fugitivos y comprendió que
+la revolución estaba vencida.
+
+¿Quiénes eran los muertos?
+
+Helada de espanto, temerosa de saber la verdad, permanecía en el
+hueco de la puerta sin moverse, acechando todos los ruidos que podían
+darle un indicio de lo que ocurría, rezando por los que agonizaban y
+temblando de que sus rezos pudieran acompañar el alma del hombre que
+amaba, cuando sintió el sordo paso del caballo de Insúa, que llegó
+hasta la puerta.
+
+Don Serafín clamaba por su hija desde el rincón en donde se refugió a
+los primeros tiros. Pero Rosarito oyó la otra voz que la llamaba desde
+la calle, y acudió a ella.
+
+--Todo se ha concluído--le dijo Insúa sencillamente--estoy herido,
+¿querés vendarme?
+
+--¡Ay!--exclamó ella juntando las manos--¡madre mía del Rosario!--y
+corrió adentro a buscar un gran pañuelo de seda que podría utilizar y
+un frasco de árnica.
+
+--¡Rosarito! ¡Hija mía!--gemía el viejo.
+
+--Papá, ¡Francisco viene herido!--Perdió el miedo don Serafín con
+aquella noticia y corrió a la puerta. Y allí los dos, a riesgo de
+ser sorprendidos por la gente del gobierno, vendaron al jefe de los
+revolucionarios que no aceptó quedarse en la escuela, refugio harto
+sospechoso y huyó de nuevo, en su excelente caballo, dominando el
+dolor de la herida y sintiendo a lo lejos temblar la tierra bajo los
+cascos de la caballería del gobierno, que ya se había lanzado en su
+persecución.
+
+Todavía era de noche, mas el alba no debía estar lejana.
+
+Insúa se encaminó hacia el Noroeste de la ciudad, dispuesto a desviarse
+de la carretera que generalmente seguían para ir a Santa Rosa, y que a
+esa hora debía estar ya ocupada por la policía.
+
+Quedaba aislado de sus compañeros, pero eso no le importaba; marcharía
+solo, hasta que no pudiera más, y si acaso lo vencía el dolor o la
+fiebre, antes de llegar a Santa Rosa, se refugiaría en la estancia
+de Cullen cerca de los "Cachos" o se escondería en los impenetrables
+sauzales del arroyo de Leyes, donde seguramente encontraría quien lo
+ayudara, entre el paisanaje matrero que allí merodeaba.
+
+Llevaba el brazo firmemente vendado y sujeto por un cabestrillo al
+cuerpo, lo que le permitía galopar, sin grandes sufrimientos y así
+marchó largo rato, mecido por el andar acompasado de su buen caballo.
+
+Los terrones menudos y flojos del camino se quebraban bajo sus cascos
+con un leve crujido, y reinaba un gran silencio, pues hasta los grillos
+nocturnos habían callado, ante el alba que llegaba.
+
+Empezó a sufrir de sed, pero como había ya pasado el último rancho
+de la ciudad, siguió galopando con la esperanza de encontrar alguna
+vivienda a donde acudir.
+
+Clareaba ya el día, cuando entre el monte de algarrobos y ñandubays, a
+la vera del camino, vió brillar el fogón de un rancho solitario.
+
+A aquella distancia de la ciudad, era arriesgado mostrarse a nadie,
+pues denunciaba así el rumbo en que marchaba, pero la sed avivada
+por un viento tibio del norte, que empezaba a soplar, causábale una
+insoportable angustia, y se resolvió a pedir de beber, sin bajarse del
+caballo.
+
+Al acercarse ladráronle los perros, y se asomó el dueño del rancho
+que tomaba mate en rueda familiar, a la luz de un candil de sebo. Sin
+mayores explicaciones, aquel paisano taciturno y cortés, fué por el
+agua que Insúa le pidió, y sobre el caballo mismo inquietado por los
+perros, bebió el revolucionario con ansia un agua salobre, pero fresca.
+
+Y siguió galopando a la luz del día que despertaba ya los maravillosos
+rumores de la selva.
+
+Prestaba oído a todo ruido sospechoso, deteniéndose a veces, pero no
+sentía más que el canto de los pájaros, más numerosos que nunca en el
+otoño que reinaba, y de cuando en cuando el zumbido metálico de las
+alas de una perdiz, que se levantaba a su paso.
+
+El viento norte se había acentuado, y comenzaba a apretar el calor.
+
+Insúa para librarse de los rayos del sol, comprendiendo que ya se había
+alejado con exceso del camino de Santa Rosa, y que a esa hora las
+patrullas del gobierno debían haberse replegado a la ciudad, se internó
+en el monte.
+
+Era tupida la arboleda y los churquis espinosos que nacían al pie de
+los ásperos ñandubays, le cerraban el paso a cada instante, obligándolo
+a buscar los senderitos tortuosos abiertos por la hacienda, hacia los
+comederos o las aguadas.
+
+Algunos toros salvajes mugían sintiéndole pasar; escarbaban la tierra
+con rabia y echaban a andar desdeñosos, buscando no al hombre, sino al
+rival, que de lejos contestaba a su grito de guerra.
+
+Las vacas inquietas y curiosas huían, deteniéndose a trechos y
+volviendo la cabeza para mirar al fugitivo, a cuyos ojos el paisaje
+aparecía cubierto por ese velo de ensueño con que la fiebre parece
+envolver las cosas.
+
+Tenía sed, una sed terrible, que le hacía marchar con la cabeza baja,
+la mirada avizora, buscando en el monte los charcos de agua fétida en
+que se abrevaban las vacas.
+
+Pensaba en sus amigos de Santa Fe, presos sin duda, a esas horas y en
+cierta manera deshonrados por la derrota. Sentía impulsos de correr,
+lleno de saña contra el hombre invencible, que con un solo gesto había
+hecho abortar aquella noche el complot urdido en su contra.
+
+La fiebre que le martillaba el cráneo, nacía más que de su herida,
+del dolor y de la vergüenza de haber sido afrentado por él con tanta
+gentileza. Sus amigos, al menos, no habían sufrido el latigazo de
+aquella voz amable que le decía:
+
+--¿No vé cómo está manchada la pechera de su camisa?
+
+¡Ah! La sangre de los muertos por su mano se había vengado cruelmente
+en su orgullo de jefe, derrotado por la sonrisa de un hombre:
+
+--"¿Va a entrar así al salón del baile?"
+
+Apretó los ijares de su caballo y se lanzó a la carrera por entre el
+monte, como cuando en su estancia perseguía la hacienda para traerla
+al rodeo. Las altas ramas extendidas como zarpas bajábanse a veces y
+le obligaban a echarse sobre el cuello de su caballo, para no romperse
+el cráneo contra ellas. Los matorrales, cuya ramazón flexible crujía
+violentamente, cerrábanse tras él, tironeándole con sus mil uñas el
+poncho que flotaba desgarrado a sus espaldas.
+
+El caballo tenía la boca ensangrentada y palpitantes los flancos y
+empapados en sudor.
+
+Insúa corría, castigada su alma con los siniestros recuerdos de esa
+noche, en que su mano había derramado sangre inocente, y en su carrera
+desatinada sus ojos encendidos por la fiebre, hallaban perfiles
+fantásticos y medrosos en todos los detalles del cuadro que le rodeaba.
+
+Sentía una sed tan terrible que una vez pasó la mano por el ijar
+mojado en sudor de su caballo, y fué a beber. Pero era de un sabor
+insoportable aquel líquido acre y tibio. ¿Dónde estaban los charcos en
+que bebía la hacienda?
+
+Miró el sol, por entre las copas despeinadas de los algarrobos y torció
+bruscamente hacia el Este. Quería llegar a la laguna de Setúbal, para
+arrojarse con caballo y todo en su onda fresca y beber a sus anchas,
+aunque allí lo hubieran de prender.
+
+Los revolucionarios, sin duda, habían tomado por el camino de San José
+del Rincón. Para reunírseles, él debía seguir la costa, vadear el
+Saladillo y la pequeña laguna de San Pedro, en la punta norte de la
+de Setúbal, y alcanzar así el arroyo de Leyes, donde no era imposible
+que se cruzara con alguna de sus chalanas, si Alarcón o cualquiera de
+sus hombres se habían atrevido a huir por el río, camino que tenía sus
+ventajas y sus riesgos.
+
+Galopó como una hora, torturado por la sed, que traía sobre él
+infinitas alucinaciones, haciéndole creer en cada revuelta del bosque
+en un charco fresco de agua; hasta que raleándose la arboleda, divisó a
+lo lejos la cinta azul y plácida de la hermosa laguna.
+
+El caballo, sediento como el amo, relinchó olfateándola, y sus cascos
+herrados llamearon al sol, sobre la llanura, que se desenvolvía como un
+manto verde, a lo largo de la costa, cortada por el blanco perfil del
+camino.
+
+Al cruzarlo, no vió Insúa, alucinado como iba por el agua azulada y
+brillante, una nube de polvo que ascendía de la carretera, hacia la
+parte del Sur, donde estaba la ciudad.
+
+Llegó hasta la barranca, no muy alta, y con grietas por donde bajaban
+las haciendas, y entró en la laguna hasta que el agua llegó al pecho
+del caballo.
+
+Se quitó el sombrero, lo llenó de agua y se puso a beber con una
+inmensa fruición, sintiendo la frescura del líquido puro que le
+aligeraba la sangre en las venas.
+
+El caballo bebía también interminablemente, haciendo sonar las coscojas
+del freno y resoplando, a cada espumilla que la corriente le traía
+hasta el hocico, cuando de pronto apareció sobre la barranca, cien
+metros más atrás, un grupo de jinetes de rojas bombachas, con sables
+que brillaban al sol, y carabinas que alzaban sobre sus cabezas, dando
+alaridos de júbilo.
+
+Insúa miró y comprendió. Estaba perdido; eran los policianos del
+gobierno, de cuyas manos no podía escapar, porque antes que él volviera
+a trepar la barranca, ellos le cerrarían el paso. Pensó en hacerse
+matar, pero la idea de que muerto él, el gobierno quedaría triunfante
+y tranquilo para siempre, le encendió un áspero deseo de vivir para
+vengar su derrota.
+
+Por un lado la laguna, que se extendía ante él como una inmensa tela
+azul, ancha de leguas. Por el otro la barranca, las bombachas rojas, la
+prisión o la muerte.
+
+Eligió la laguna, castigó a su caballo y se arrojó con la insensata
+esperanza de llegar a la otra costa, cuyos verdes sauzales se divisaban
+en lontananza.
+
+El caballo manoteó algunos pasos, perdiendo pie, y luego sin vacilar,
+como si hubiera comprendido que era la salvación de los dos, se dejó
+hundir hasta el pescuezo, y empezó a nadar, soplando, con las narices
+a flor de agua, y los ojos fijos en la orilla lejana. Insúa tiró la
+carabina, que hasta entonces llevara a bandolera, y el poncho que se
+arrastraba sobre el agua, haciendo peso y con la mano derecha se agarró
+a la crín flotante de su caballo.
+
+Era un tostado, morrudo, de cabeza descarnada y mirada inteligente.
+Criado en la estancia de Insúa, había husmeado la querencia del otro
+lado de la vasta laguna, y nadaba con fe en sus remos poderosos.
+
+Los policianos habían conocido a Insúa, por el poncho y el caballo,
+y para no perder la extraordinaria fortuna que la casualidad les
+deparaba, apartáronse de la barranca, se extendieron en una línea
+prolongada, y cayeron bruscamente, al galope de sus caballos
+enardecidos por sus gritos, sobre el sitio por donde había bajado Insúa
+hasta el agua. Pero esos minutos perdidos en la maniobra, con que
+quisieron impedir su fuga, permitieron al revolucionario alejarse un
+buen trecho de la orilla.
+
+Los policianos que nunca imaginaron que se arrojaría a la laguna, al
+ver apenas a flor de agua la cabeza del caballo y los hombros de él,
+que se achicaba cuanto podía, le insultaron con rabia.
+
+Uno de ellos se echó a nado, pero su caballo no aquerenciado en la
+otra costa, dió unos cuantos respingos, y se volvió. En vano su dueño
+le golpeó el testuz con el cabo de su rebenque; aquella intentona sólo
+sirvió para dar tiempo a que el fugitivo ganara unos cien metros más, y
+sólo se divisaba ya como un punto negro sobre el agua que se quebraba
+en trémulos reflejos a los rayos del sol.
+
+Entonces el jefe de la patrulla echó pie a tierra y le apuntó con su
+carabina y tranquilamente, como si se tratara de tirar sobre un pájaro
+o sobre un yacaré, levantó el gatillo. Inclinaba la cabeza sobre el
+hombro derecho, para ver mejor, y se había echado atrás el kepí, cuya
+visera verde tocaba con el caño reluciente del arma. Era hombre de gran
+destreza en su manejo, pero el blanco movible que se alejaba siempre,
+y la excitación de su pulso agitado por la violenta carrera de toda la
+mañana, le hicieron errar el tiro. La bala se perdió a veinte pasos del
+lugar donde se veía a Insúa, avanzando siempre hacia el centro de la
+laguna.
+
+Volvió a tirar y fué lo mismo.
+
+--¡Pie a tierra!--gritó a sus hombres--¡y fuego sobre él!
+
+Los veinte soldados que formaban la patrulla, arrodillados al borde de
+la barranca, empezaron a ametrallar al fugitivo. Las balas cada vez
+picaban más cerca de él, porque la puntería se afinaba. De pronto se le
+vió desaparecer, y sólo su caballo siguió nadando.
+
+Los hombres se incorporaron dando un grito.
+
+--¡Una bala en la cabeza! lo hemos muerto, y con las pupilas dilatadas,
+siguieron el rastro que en el agua iba trazando el valiente corcel
+del caudillo, que nadaba con la misma serenidad que si la otra orilla
+hubiera estado a veinte metros.
+
+Insúa había desaparecido, y los hombres iban a montar ya, seguros de
+haberle herido de muerte, cuando surgió de nuevo su cabeza, junto al
+cuello del caballo.
+
+--¡Maldición!--rugió el jefe de la patrulla--¡se escondió para que no
+le tiráramos!
+
+En ese minuto de expectativa, el revolucionario se había puesto fuera
+del alcance de las carabinas.
+
+Siguiéronle mirando hasta que el punto negro se perdió en la lontananza
+del agua, que agitaba el viento. Entonces todos montaron, y volvieron
+riendas hacia la ciudad.
+
+--¡Se ahogará antes de llegar al medio de la laguna!--dijo uno de ellos
+y todos creyeron así.
+
+Durante una hora, quizás, resistió el joven caudillo la sensación
+violenta que le producía ir a merced de su caballo, con la mano
+acalambrada en su larga crín. No podía valerse más que de la derecha,
+porque la otra herida, era un miembro absolutamente inútil.
+
+La frescura del agua le había adormecido el dolor, pero se entumecía
+poco a poco, y sentía que el sueño se apoderaba de todo el cuerpo, como
+un veneno mortal.
+
+Si se dormía, estaba perdido. Se soltaría de su caballo y se iría al
+fondo. Pensó que quizás ese término a sus padecimientos valía más que
+la lucha por vivir; pero la prodigiosa energía que le hacía ser lo que
+era le siguió sosteniendo. Llegó, sin embargo un momento, en que aun
+luchando contra la terrible modorra que le invadía con el frío del
+agua y la fiebre de la herida, dejó que sus ojos se cerraran, y toda
+su fuerza fué impotente para abrirlos, porque se durmió, sintiendo al
+principio que su mano seguía agarrada a la crín, y luego, que poco
+a poco, suavemente, se dejaba invadir ella también por la deliciosa
+sensación de abandonarse y descansar.
+
+ * * * * *
+
+Cuando abrió los ojos creyó que soñaba.
+
+Una habitación cuadrada, de piso de ladrillo, de techo bajo, con
+tirantes de palma enjalbegados, cubiertos de esas ásperas totoras de
+los bañados, impenetrables a la lluvia.
+
+Una ventana ancha de vidrios pequeños, por donde mirábanse las copas de
+unos altos eucaliptus, que el viento balanceaba.
+
+Y a un lado de la ventana, un algarrobo seco, del cual no se veía más
+que una rama, estirada, como un brazo descarnado, cenicienta y pelada,
+y sobre ella, inmóviles, como un símbolo de eternidad, dos enormes
+pájaros negros cuyas plumas sin brillo les daban un fúnebre color de
+crespón.
+
+Insúa, que observaba con los ojos muy abiertos, desde una cama blanda y
+limpia, aquel cuadro que sin duda le pintaba la fiebre, sintió que la
+sangre se le helaba en las venas.
+
+Siempre la vista de los cuervos, desde la noche que pasó en el
+cementerio, obsesionado por los ojos de diamantes de aquel que veló
+a su lado, devorando la mano de una muerta, le causaba una siniestra
+impresión.
+
+Alguien lo habló. Se volvió para ver quién era y se halló con un
+paisano de barba encanecida, que estaba allí a su cabecera, con el
+sombrero puesto, en mangas de camisa, castigando las botas con la lonja
+de un talero.
+
+--¿Qué significa esto? ¿Dónde estoy?
+
+Y el paisano le contestó con una hospitalaria sonrisa que dejó al
+descubierto sus dientes amarillentos y fuertes:
+
+--En la estancia de doña Carmen de Borja...
+
+--¿Carmen de Borja?--repitió él.
+
+--Sí, y de la niña Gabriela...
+
+--¿Gabriela?
+
+--Gabriela Borja de Jarque...
+
+--¡Ah!--exclamó Insúa y volvió la cara a la pared, penetrado hasta la
+médula de los huesos por el recuerdo de la noche de la revolución.
+
+--Por mal nombre--asentó el paisano--le llaman la Casa de los
+Cuervos.
+
+
+
+
+SEGUNDA PARTE
+
+
+
+
+I
+
+¡Por el alma de los muertos!
+
+
+La sombra de la barranca, donde estaba situada la Casa de los Cuervos,
+prolongábase hasta el medio del riacho porque el sol se iba entrando.
+Los altos eucaliptus, que llegaban hasta el borde mismo, pintaban sus
+copas en el agua serena, que corría sin murmullo, royendo suavemente
+la greda de la costa, o haciendo estremecer con su caricia las hierbas
+acuáticas, en la otra banda donde el campo era bajo.
+
+El sol que trasponía ya el bosque, reflejaba un disco trémulo en la
+faja del río, que pronto iba a llenarse de sombra, y Gabriela, sola en
+su bote, que la había llevado corriente arriba, gracias a la vela, en
+una de sus excursiones de ensueño, descendía aprovechando la corriente
+y siguiendo por un capricho la línea indecisa que pintaban en el agua
+las copas de los árboles, dormidos ante la vecindad de la noche.
+
+De vez en cuando, con un golpe de timón rectificaba la marcha del bote,
+una de cuyas bordas se bañaba en el sol dorado de aquella tarde de
+otoño.
+
+La embarcación era pequeña, fina de formas, pintada de blanco, y
+llevaba su nombre a proa, en letras negras: "La Espuma".
+
+De lejos, realmente, atracada a la barranca en los días de marejada,
+cuando el agua profunda del riacho se llenaba de espuma, el bote
+parecía un copo más danzando en la resaca arrojada por el viento contra
+la costa escarpada de la Casa de los Cuervos.
+
+"La Espuma" era la compañera de los sueños de Gabriela.
+
+Cuando se casó, dos años antes, con aquel español que compró el campo
+de su padre, éste, que había de morir poco después, le preguntó qué
+regalo de boda quería que le hiciera; y Gabriela, sabiendo que estaba
+pobre, como que era una de las secretas razones que tuvo para casarse,
+sin gran amor, para que su padre pudiera conservar el campo, no le
+pidió joyas ni vestidos, le pidió un bote para pasear por el dédalo
+de arroyos, bordeados de sauces, que hacían el encanto de aquellos
+paisajes.
+
+Pasaban largas temporadas en la estancia y era el bote su gran
+distracción. Lo conducía admirablemente. Tenía un par de remos finos
+y ligeros, y una velita blanca, que se tendía en una curva quebrada
+como el ala de una gaviota, y hacía volar el esquife con un apacible
+chapoteo del agua, rota por la quilla.
+
+Cuando murió su padre, Gabriela hacía ya seis meses que estaba casada
+con Jarque, a quien el gobierno acababa de nombrar jefe de policía.
+
+Sus ilusiones ajadas por las severas realidades de la vida, no le
+pedían nada ya. Sólo deseaba acompañar a su madre, doña Carmen Liendo
+de Borja, que se había establecido definitivamente en la Casa de los
+Cuervos, para cuidar de los intereses que dejara su marido al morir,
+bastante embrollados.
+
+Jarque le permitió irse con ella, y se quedó solo. En su vida práctica,
+sin grandes pasiones, absorbido por las preocupaciones políticas, el
+amor no ocupaba ningún lugar. Se había casado fríamente, llegado a la
+mitad de la existencia, para no hacer solo la otra mitad, y de pronto
+se encontraba con que el matrimonio era una impedimenta para seguir
+las sutiles pesquisas antirevolucionarias en que estaba empeñado, las
+cuales con frecuencia le tenían noches enteras fuera de su casa.
+
+De tarde en tarde, cuando sus tareas se lo permitían, hacía su viaje
+a la Casa de los Cuervos, yendo casi siempre en la lancha a vapor del
+gobierno. Visitaba a la familia, acompañado de Carmelo, su cuñado, a
+quien había hecho secretario de policía; examinaba la marcha de las
+cosas en la estancia, el estado del campo que era suyo, de las vacas,
+que algún día serían de su mujer, y se volvía a la ciudad, satisfecho
+de tener tan equilibradas todas sus pasiones.
+
+Gabriela tornaba a sus paseos en bote. Él le había regalado una hermosa
+escopeta Lefaucheux, y de sus excursiones solía volver con el fondo de
+la embarcación lleno de patos, cazados en los esteros, o de gallinetas
+sorprendidas cuando se acercaban a la costa, que el bote rozaba al
+pasar sin ruido, como un copo de espuma.
+
+Había en la estancia un muchachón de quince años, hijo adoptivo del
+capataz, diestro en los trabajos del campo, sobre todo en las cosas del
+río, pesca y manejo de embarcaciones. Él guiaba la canoa que tenían
+para las necesidades de la casa. Iba al sauzal a traer leña, y a veces
+hasta Santa Fe a buscar provisiones.
+
+Gabriela solía invitarlo a acompañarla, y él, alto, flaco y flexible
+como una varilla, corría al bote, con una gran alegría, porque aquellos
+paseos, siguiendo el canal profundo del arroyo de Leyes, o internándose
+en los esteros, que desaguaban allí, eran su sueño dorado. La niña
+tiraba bien, al vuelo o en tierra, y cuando la pieza caía, él como un
+perro, iba en su busca, aun cuando tuviera que meterse en el agua hasta
+la cintura.
+
+Cuando el tiempo era bueno, y soplaba viento favorable, se tendía la
+vela, que hacía crujir el palo, y se daba entera libertad al bote, para
+correr a sus anchas sobre el agua del riacho, turbia, con largas vetas
+amarillas, hasta la laguna, que era para Gabriela como un mar.
+
+La joven se sentaba al timón, dejando que Jesús dormitara a proa o
+espiara la caza.
+
+Parecía absorta en la maniobra, en el timón con que de trecho en
+trecho, de un golpe, enderezaba el esquife; o en la escota de la
+vela, tensa a veces, como una cuerda de guitarra, y otras floja e
+indecisa, castigando como un látigo los maderos. Gabriela atendía todo,
+pero su pensamiento vagaba en lejanas regiones, más allá del río, más
+allá de la laguna, más allá del mar desconocido, a donde marchaban
+inevitablemente, todas las gotas de todos los ríos, lo mismo de las
+olas que se rompían contra la barranca, que las que ella acariciaba con
+su mano pequeña, abandonada por encima de la borda.
+
+¡Todo iba al mar! y su pensamiento se confundía como una gaviota
+perdida en el océano, persiguiendo la visión de aquellas cosas
+sin sentido, que la dejaban triste, como si su vida actual no
+correspondiera con sus ideales de antes.
+
+Gabriela tenía veinte años. El aire y el sol del campo, habían dado un
+ligero color trigueño a su tez purísima, que irradiaba su juventud,
+como el cristal de un vaso de luz. Y esa luminosidad de su cutis,
+atenuaba el contraste que habrían producido en su tipo de morena, sus
+ojos garzos, como la flor del lino, y sus cabellos castaños, casi
+rubios, que al sol parecían vivientes culebras de oro. Esbelta y ágil,
+viéndola remar, con sus brazos firmes, diseñando en el ademán la
+curva llena del pecho, nadie la hubiera creído propicia para aquellas
+fantasías que la llenaban de ensueños.
+
+Vestía de luto, por su padre, y en la barquilla blanca, que marchaba
+la vela sonora al viento, sentada a la popa, con la mirada abstraída,
+desinteresada de las cosas próximas, parecía la heroína de una
+romántica leyenda.
+
+Su madre preguntábase a veces si aquel matrimonio repentino no había
+tronchado sus ilusiones de niña, y si no estaba allí la raíz de la
+indisimulable melancolía que envolvía como un velo aquella radiante
+juventud. Mas era el yerno tan afable y caballeresco, y estaba la madre
+tan lejos ya de la edad en que la fantasía es el motor del alma, que
+desechaba el importuno pensamiento, y se quedaba tranquila dejando a su
+hija entregada a sus excursiones, mientras ella cuidaba de la casa.
+
+Era una dama de aspecto severo, en su riguroso luto de viuda, que
+enaltaba más su figura frágil, en apariencia, y austera como la de una
+abadesa.
+
+Blanca, pálida, de ojos negros, perspicaces, que descifraban
+perfectamente las intenciones de los que la trataban por negocios;
+incansable para la menuda labor de ama de casa; madrugadora, siempre
+alerta, desde la muerte de su marido, había concentrado todas las
+potencias de su alma, en hacer progresar la fortuna que algún día sería
+de sus hijos.
+
+Tenía por el varón, que era el mayor, una pasión que desbordaba en
+todas sus palabras.
+
+Tres o cuatro días antes de esa tarde, había estado en la Casa de los
+Cuervos. Fué con Jarque, al cual la dama notó preocupado por causas que
+no decía. El joven, en cambio, entusiasmado por su nuevo galón que
+lucía en la bocamanga de su vistosa chaqueta azul, y en su kepí, la
+hacía parte de sus proyectos de grandeza y de sus ensueños de amor.
+
+¡Oh, sus sueños de amor! Doña Carmen tenía en el alma impresa la imagen
+de Syra, a quien viera poco tiempo antes, cuando fué a la ciudad a
+pedir su mano.
+
+Aquel compromiso que debía celebrarse con una gran fiesta, en casa de
+Montarón, alegrábala por él, pero, sin que hubiera podido explicar la
+íntima razón de sus recelos, tenía el corazón extrañamente oprimido
+y todo, en su casa, en el campo, en el río, en el cielo, le traía la
+evocación de los ojos de Syra, apasionados y tristes.
+
+Esa tarde--la tarde del baile--Gabriela llegó en su bote hasta la
+barranca, poco antes de entrarse el sol.
+
+Venía sola por lo que ella misma tuvo que hacer la maniobra de amarrar
+su embarcación al poste clavado en la costa con ese objeto. La barranca
+no era alta, un metro y medio de tierra amarilla, contra la cual el
+río golpeaba sus olas en los días de viento. El terreno subía aún
+más al alejarse de la orilla, de tal modo que las casas edificadas a
+cien pasos de distancia, estaban a una altura a donde no llegaban las
+crecientes.
+
+El primitivo dueño de la Casa de los Cuervos, para sanear el ambiente,
+había formado al rededor de ella, un bosque de eucaliptus, prolijamente
+plantados en hileras.
+
+Los árboles eran enormes ya, y sus copas se besaban con un melancólico
+rumor de hojas, en las noches serenas en que sólo soplaba la tenue
+brisa de la laguna.
+
+Arrancaba desde el frente principal de las casas, una avenida de
+eucaliptus, los más gruesos, porque fueron los plantados primeros, que
+corrían paralelos al riacho. Aquella avenida, envuelta en los reflejos
+dorados del sol que se entraba, parecía una vieja pintura.
+
+Al llegar a ella, Gabriela se detuvo amedrentada, arrimándose a uno de
+los troncos, mondados por el otoño, que les arrancaba la corteza en
+largos girones. En el fondo vió la alta figura enlutada de su madre,
+que se alejaba, a pasos medidos, achicándose su silueta. Luego la vió
+volver caminando suavemente, como si sus pies no tocaran la tierra,
+alfombrada de las hojas secas, desprendidas por las copas sombrías que
+se cruzaban en lo alto.
+
+Veía, como si lo viera por primera vez, las dos prolongadas hileras,
+que se estrechaban a lo lejos, de los eucaliptus dormidos sobre el
+fondo claro del cielo. La luz del crepúsculo suavizaba sus perfiles,
+y ponía en sus troncos una pincelada de oro, que les comunicaba la
+penetrante tristeza de los bosques muertos.
+
+Había en el ambiente una gran calma. Sólo se oía el grito de las vacas
+lecheras que salían del corral, con sus terneros, que a la noche serían
+recogidos en los chiqueros.
+
+Gabriela bebía con los ojos la hermosura del paisaje otoñal. Su madre
+llegóse a ella, haciendo crujir levemente la alfombra de hojas secas.
+Llevaba las manos blancas, de gran señora, metidas en las mangas de su
+traje negro.
+
+--Vamos a rezar--le dijo.
+
+A la oración, en la Casa de los Cuervos, se rezaba el rosario, reunidos
+amos y peones.
+
+Cada día la dama, que coreaba el rezo, decía al empezar por quién debía
+de rogarse.
+
+--Por las almas del purgatorio.
+
+--Por los caminantes y navegantes.
+
+--Por los príncipes cristianos.
+
+--Por los parientes difuntos.
+
+Y esa vez, cuando todos estuvieron de rodillas, en la pieza que servía
+de oratorio, cuyo testero ocupaban una infinidad de cuadros de santos,
+presididos por un crucifijo de bronce y una gran estampa de la Virgen
+del Carmen, así que se hubieron persignado, se oyó en el devoto
+silencio, la voz de la dama que decía:
+
+--Recemos por el alma de los que hoy han de morir.
+
+Gabriela arrodillada al lado de su madre, sobre una alfombrita que
+acolchaba los rojos ladrillos del piso, sintió un escalofrío al oír
+aquello. Vió de nuevo el cuadro de los eucaliptus, tal como le había
+impresionado.
+
+Ya la noche envolvía el campo, y en el silencio de los animales y
+las cosas que se dormían, empezaba a oírse el susurro de las hojas,
+estremecidas por la brisa que despertaba.
+
+La majada estaba ya en el corral. En el patio graznó uno de los
+cuervos, señal de que volaban a pararse sobre el árbol seco en que
+pasaban la noche.
+
+Don Goyo, el capataz, llegó en ese momento a rezar con todos el rosario.
+
+Era un hombre entrado en años, a juzgar por las barbas encanecidas.
+Rezaba de pie, afirmado contra la pared, cerca de la puerta, por donde
+a cada ruido echaba una ojeada al patio. De día usaba botas, como un
+signo de la importancia de su cargo; y al anochecer, por economía,
+se quedaba descalzo, la bombacha arremangada, con lo que su figura
+corpulenta, no muy alta, perdía casi todo su prestigio.
+
+Contestaba al rezo con voz sonora. A su lado su mujer, ña Floriana,
+pasado el primer misterio del rosario se sentaba a la turca, sobre el
+suelo acolchado con su pollera.
+
+Más joven que el marido, más blanca también, tenía en sus facciones
+endurecidas por el trabajo, rastros de antigua belleza. Rezaba
+devotamente, y como la perseguían los bostezos, provocados según el
+ama por la cola del diablo que se le entraba en la boca, cada vez que
+bostezaba hacía sobre la boca abierta la señal de la cruz.
+
+No tenían hijos; el único que tuvieron, y que murió casi al nacer,
+de haber vivido debía ser de la edad de Carmelo Borja, al cual ña
+Floriana sirvió de nodriza.
+
+Por eso el joven teniente, secretario de Jarque, era para la mujer del
+capataz como un hijo, que ella idolatraba y colmaba de mimos.
+
+Una chicuela excesivamente morocha, con el pelo encrespado, que se
+moría de sueño, estaba acurrucada en un rincón.
+
+Tendría diez años, y servía a la mesa de los señores.
+
+Era toda la gente de la casa, sin contar a Jesús, que no acudió al
+rosario, porque andaba afuera lidiando con los terneros.
+
+En la Casa de los Cuervos se acostaban temprano para estar listos al
+alba.
+
+Esa noche, pasado el primer sueño, Gabriela se despertó sobresaltada.
+Dormía en la misma pieza de su madre, por tenerle compañía, aunque
+muchas veces la dama, andariega y misteriosa, se levantaba a deshora a
+rezar, junto a la ventana, mirando al campo por los postigos abiertos,
+en las noches frías, o en el corredor de la casa, en el buen tiempo,
+mientras la niña temblaba de miedo sintiendo sus pasos y su voz que
+salmodiaba.
+
+Al abrir los ojos vió, por la ancha ventana de cristales pequeños,
+el campo bañado por la luna, cuya luz plateada blanqueaba como un
+esqueleto, las ramas del árbol seco donde dormían los cuervos.
+
+Una sombra que vió moverse contra los cristales, le hizo incorporarse
+en la cama.
+
+--¡Jesús, mamá!--exclamó, conociendo que era ella.
+
+Doña Carmen de Borja no le contestó; ni siquiera pareció haber oído.
+Gabriela saltó del lecho y corrió hacia ella que con la frente pegada a
+uno de los vidrios miraba al campo.
+
+La tocó en el hombro; no se movió. Le habló de nuevo y entonces ella le
+dijo, señalando el árbol donde dormían los cuervos:
+
+--¡Mirá, Gabriela!
+
+La joven vió, con inmensa sorpresa, sobre la rama que se extendía
+horizontalmente, las figuras encapuchadas y siniestras de tres cuervos.
+
+¿De dónde venía el tercero que jamás había rondado las casas?
+
+Gabriela pegó también su frente sobre el frío vidrio para mirar mejor,
+ansiosa de que aquello que se le antojaba de mal augurio, fuese un
+error de sus ojos. Pero la luna, con una infinita serenidad, hacía
+la noche de una extraordinaria limpidez, y se veían hasta los más
+delicados perfiles de las cosas cercanas.
+
+Había tres cuervos, y mientras los miraban, voló uno de ellos, que
+revoloteó desorientado un momento, y atropelló la casa, haciendo
+temblar con el áspero golpe de su ala los cristales de la ventana.
+
+Gabriela dió un grito y corrió al fondo de la pieza.
+
+Cuando volvió a mirar, el cuervo se había perdido ya detrás de la
+cortina de eucaliptus.
+
+--Recemos, Gabriela--le dijo su madre.--Esta es la noche del baile en
+Santa Fe, y yo he tenido siempre miedo de lo que en ella puede ocurrir.
+
+Y rezaron las dos, la madre con su voz profunda, que no temblaba, y
+la niña toda temerosa, sintiendo afuera el rumor de las copas de los
+eucaliptus que gemían al viento como almas en pena.
+
+
+
+
+II
+
+La mala nueva
+
+
+Al otro día el viento soplaba del Norte, llenando el bosque de rumores
+de hojas caducas. La mañana era tibia y el cielo puro aún, por lo cual
+Gabriela se decidió a realizar una excursión, que hacía mucho ansiaba,
+llegar hasta la laguna.
+
+Esa noche se durmió tarde, después de la medrosa visión de los cuervos,
+y cuando se despertó supo que su madre había salido a recorrer el
+campo, en su cochecito de dos ruedas que manejaba ella misma.
+
+Llamó entonces a Jesús y lo mandó que preparara el bote, para ir lejos.
+
+Se vistió a prisa; metió en una canasta algunas provisiones, agitado ya
+su espíritu por la perspectiva de la aventura que significaba para ella
+aquel paseo, y con su escopeta al hombro, corrió al bote, cuya blanca
+vela se agitaba alegremente a lo largo del mástil, acariciada por el
+viento.
+
+En cuanto amarró la escota, y se hinchó el trapo, "La Espuma" partió
+como una gaviota, navegando de costado porque el viento la tomaba de
+babor.
+
+El arroyo de Leyes cambiaba bruscamente de rumbo frente a la Casa de
+los Cuervos, de tal manera que corría durante un buen trecho de Oeste a
+Este, para rectificar más adelante la curva, y llegar hasta la laguna
+en un cajón derecho de Norte a Sur.
+
+Gabriela conocía bien el curso del riacho, y sabía acortar su camino,
+atravesando las cañadas, y seguir por los ramblones con su bote ligero
+y dócil al timón o al remo.
+
+Pero esa vez navegaba por el lecho del río, aprovechando todo el viento
+que arrugaba su lomo hinchado por la creciente, que inundaba las islas
+bajas y unía los esteros en un vasto mar de agua plomiza.
+
+La cortina de sauces, de fronda espesa, salpicada por las flores
+blancas de las enredaderas que trepaban por sus largos troncos
+desnudos, impedía ver más allá de la costa.
+
+Cuando alguna gallineta asomaba por encima de los camalotes o de las
+altas carrizas verdes, que acolchaban la barranca, Gabriela abandonaba
+el timón, se echaba la escopeta a la cara y hacía fuego, casi siempre
+con éxito, aunque hubiera tirado al vuelo.
+
+Esa mañana, sin embargo, no le entusiasmaba la caza, que le hacía
+perder tiempo. Quería aprovechar todos sus minutos para llegar lo más
+lejos que pudiera. La boca de la laguna no estaba más que a tres
+leguas, y su bote si el viento no caía, ayudado por la corriente, podía
+hacerlas en dos horas. No pensaba en lo penoso que sería la vuelta río
+arriba, y viento en contra quizás.
+
+Miraba pasar las costas verdes, animadas por la vida alegre de los
+pajaritos que en ruidosas bandadas perseguían los insectos en los
+carrizales, y aquella visión de alas llenábale el alma con la nebulosa
+impresión de un sueño.
+
+En las curvas del río, contra la lengua de tierra que avanzaba,
+formábase una pequeña rompiente, donde la correntada arrojaba las
+ramillas y las hojas que traía de lejos, y las blondas de espumas
+que vestían sus aguas turbias, batidas contra la costa gredosa, se
+condensaban en copos espesos y amarillos, como la manteca, que el bote
+cortaba con su proa.
+
+El viento no la acompañó hasta el fin. Cayó de golpe, y ella y Jesús
+tuvieron que empuñar los remos, para ayudar a la mano invisible de la
+corriente que llevaba el esquife a la deriva.
+
+Ya se veía el vasto manto azul de la hermosa laguna. A lo lejos, hacia
+el poniente, albeaba al sol la cenefa de espuma de la costa, y se
+divisaba detrás la pincelada roja de la barranca.
+
+Gabriela palmoteó de entusiasmo cuando el cajón del arroyo de Leyes se
+abrió, de golpe casi, y el bote se encontró como desorientado, lejos de
+los sauzales que guiaban su rumbo y sacudido por un oleaje más fuerte,
+que batía sonoramente sus costados.
+
+--¡Niña Gabriela!--exclamó de pronto Jesús, que había parado de
+remar.--¡Mire allá!
+
+--¿Qué hay?
+
+--¡Allá, hacia el medio! ¡Mire! un caballo que va cruzando la laguna.
+
+Gabriela soltó los remos y miró, haciendo pantalla de sus manos para
+defender los ojos de la áspera luz que se reflejaba en el agua.
+
+Estaban como a trescientos metros del punto que llamaba la atención del
+muchacho. Era un caballo sin duda; chispeaban las gotas que arrojaba
+con sus resoplidos cada vez que una ola rompía sobre él.
+
+--Es extraño--pensó la joven que conocía el instinto de los
+animales--¿cómo se ha atrevido a cruzar la laguna, habiendo paso por el
+río?
+
+El bote corría hacia él, y como el caballo avanzaba, pronto se le pudo
+observar mejor; parecía cansado; la orilla, de donde partiera estaba
+lejos, apenas se veía, y ya no tenía más remedio que llegar hasta la
+otra costa.
+
+De repente Jesús volvió a gritar:
+
+--¡Hay un hombre! mire, niña, ¡agarrado a la clina!
+
+Cuando el bote se acercó más, Gabriela con el corazón palpitante, gritó
+al dueño del caballo, ofreciéndole pasarlo, y como él no respondiera,
+pues parecía muerto o desmayado, aunque su mano crispada no soltaba
+la clina, de unos cuantos golpes de remo se puso al lado. El caballo,
+un momento pareció desorientarse; miró al bote blanco, sus dos
+tripulantes, los remos que batían el agua, y perdió de vista la costa.
+Volvió la cabeza, hacia el otro lado, y arrancó con más fuerza.
+
+Fué entonces cuando Insúa, aletargado por la frialdad del agua soltó la
+crín y se hundió.
+
+Pero Jesús que espiaba la escena con una profunda ansiedad, arrojóse
+del bote y nadando como un yacaré se zambulló en el mismo sitio en que
+acababa de desaparecer el desconocido, y lo alcanzó a sacar.
+
+--¡Bravo, Jesús!--exclamó Gabriela estirándole un remo, de cuya punta
+se agarró el muchacho, que resoplaba entre alegre y asustado de su
+propia hazaña.
+
+Ni él, ni ella se habían preocupado de saber si el hombre vivía para
+sacarle del agua, y cuando a costa de grandes esfuerzos, lograron
+izarlo a bordo y vieron que caía como una masa inerte, y que estaba
+frío, los dos se pusieron lívidos de espanto:
+
+--¡Está muerto!
+
+¡El horrible minuto que pasaron entonces al lado de aquel cadáver que
+habían rescatado, con riesgo de irse a pique!
+
+Pero Jesús, que se había acercado a él, observó sus narices que
+temblaban como si respirara.
+
+--¡Está vivo!--gritó--¡está desmayado! ¡mire, niña Gabriela, cómo
+respira!
+
+Sacado del agua, que lo entumecía, renació la vida en aquel cuerpo
+joven y robusto.
+
+Gabriela empuñó valientemente los remos.
+
+--¡Pronto, Jesús! yo voy a remar; dale friegas, ¡lo que tiene es que se
+está muriendo de frío, y que ha perdido sangre!
+
+El bote no era más que un punto sobre la extensa planicie de agua,
+agitada por el viento que empezaba ahora a soplar del Sureste, llenando
+de nieblas el día.
+
+Gabriela quiso saber la hora, pero el sol se había nublado y el cielo
+ceniciento parecía pegado al agua obscura, con largas vetas amarillas,
+por la greda del fondo.
+
+Pasaban algunos camalotes que servían a la niña como punto de mira para
+saber si avanzaban hacia la costa, que no se veía ya, borrada por la
+neblina.
+
+Dejó los remos un momento y armó la vela, que podía ser útil. Jesús,
+en tanto, con alguna torpeza, pero con un incansable vigor, hacía
+reaccionar la sangre de los miembros ateridos de Insúa. Gabriela se
+acordó de sus provisiones; tenía pan, queso y carne fría, pero más que
+todo habría valido un trago de cognac o de vino; pero no había en su
+canasta.
+
+Insúa permanecía sin sentido; respiraba bien, echado de espaldas sobre
+el fondo del bote. Para friccionarlo mejor Jesús le abrió la camisa, y
+su ancho, musculoso pecho, manchado de sangre, se alzaba a compás de la
+respiración.
+
+La vela se hinchó, pero el viento era escaso, y la joven debió empuñar
+de nuevo los remos, alejándose imperceptiblemente del centro de la
+laguna. El caballo de Insúa había desaparecido entre la niebla.
+
+Una hora larga tardó Gabriela en llegar a la desembocadura del arroyo
+de Leyes, remando contra la corriente. El sudor le pegaba rizos de
+cabello en la frente, enrojecida por la fatiga.
+
+--¡Jesús, no puedo más!--dijo al fin, y entregó los remos al muchacho y
+ella se sentó, rendida, en el banco donde estaba apoyada la cabeza de
+Insúa, sobre el poncho mojado, una de cuyas puntas le cubría el pecho.
+
+Gabriela conocía pocas personas en Santa Fe, pero aquellas facciones
+varoniles, aquella línea audaz, casi ofensiva del mentón, que la barba
+negra acentuaba con fuerza, no le eran totalmente desconocidas.
+
+¿Quién era? ¿Quién podía ser?
+
+De repente se acordó, como si un rayo hubiera hecho una repentina luz
+en su memoria.
+
+--¡Insúa, Insúa!--pensó, asociando el recuerdo de algunas
+conversaciones oídas a su marido en la última visita. Y se le ocurrió
+que si aquel hombre estaba allí, herido, recogido en forma tan extraña,
+era porque en Santa Fe había estallado esa noche la revolución, que se
+temía, y lo habían vencido.
+
+¡Oh, los muertos, las preces por los muertos, que esa noche rezaron en
+la estancia y aquella siniestra visión nocturna de los tres cuervos
+sobre el árbol seco, a la luz de la luna! ¿Fué un sueño? ¿Fué un
+augurio? ¿Fué un episodio sin sentido?
+
+Una terrible congoja le llenó el alma. Desesperada miró la vela que
+el húmedo viento del Sureste apenas hinchaba. Debían marchar así,
+remontando la corriente del río a fuerza de remos. Tomó una larga
+percha que solía servirles en los bañados para impulsar el bote,
+cuando no podían remar por falta de agua, y trató de ayudar a Jesús,
+apoyándola en el fondo del río. Pero allí era profundo y el botador se
+hundió sin resultado. Se sentó de nuevo, resignada a esperar su turno,
+una vez que Jesús se rindiera de fatiga.
+
+--¿Estás cansado, Jesús?
+
+--¡No, niña!
+
+Las márgenes verdes pasaban lentamente, pero como el agua corría con
+más fuerza, la ilusión era de que el bote no avanzaba.
+
+--Dame los remos, Jesús.
+
+--No, niña; no estoy cansado. Dentro de un rato.
+
+Debían de ser las doce. Insúa, dormido o aletargado, continuaba
+inmóvil, envuelto siempre en sus ropas mojadas, y haciendo ver que
+estaba vivo por el rumor de su respiración. No estaban ni a la tercera
+parte de la distancia a la Casa de los Cuervos cuando Jesús soltó los
+remos.
+
+--¡No puedo más, niña!--dijo con tristeza. Y Gabriela de nuevo comenzó
+a remar.--La terrible incertidumbre de lo que en Santa Fe podía haber
+pasado, aquellos sucesos desconocidos de que aquel hombre desmayado
+en el fondo de "La Espuma" podía tener la clave, le daban una
+desesperación que se transmitía a sus remos.
+
+--Se va a cansar--le decía suavemente el muchacho, cuya frente morena
+brillaba sudorosa.
+
+Y así hicieron toda la jornada.
+
+Había cerrado ya la noche cuando llegaron a la vuelta del río, donde
+estaba la Casa de los Cuervos. Un farol sobre la barranca les indicó el
+sitio donde debían atracar. La negrita Encarnación tenía la luz y dijo
+a Gabriela cuando la proa del bote tocó el fondeadero:
+
+--Don Goyo y los peones salieron a buscarla, niña. La señora está
+llorando.
+
+Gabriela saltó a tierra.
+
+--¡Qué hay!--preguntó a Floriana, que al rumor de las voces salió de
+las casas.
+
+--¡Ah, niña Gabriela! ¿No sabe lo que ha sucedido?--y se echó en tierra
+gimiendo como un perro castigado.
+
+--¡Qué hay, Floriana! ¿qué hay, Dios mío?--y como aquella masa humana,
+tendida en el suelo no tenía voz, sino llantos y gritos, corrió hacia
+las casas, sintiendo crecer la angustia que la había atormentado y a la
+vez sostenido en su ruda jornada.
+
+Y fué su madre a la que halló en el dormitorio, sentada junto a la
+ventana donde esa noche rezaron por el alma de los muertos, la que
+le dió la noticia que dos mensajeros del gobernador Bayo acababan de
+traerle.
+
+Su madre refería aquellas cosas horribles, sin el más leve temblor en
+la voz. La pieza estaba obscura, pero Gabriela veía lucir sus ojos en
+la profunda sombra.
+
+Cuando lo supo todo, habló ella entre sollozos, y contó su aventura, y
+aún tuvo fuerzas para decir que el hombre que había salvado era el jefe
+de esa revolución que enlutaba la casa.
+
+--¿Y ese hombre?--preguntó lentamente doña Carmen cuando Gabriela
+terminó su relato--¿está en el bote?
+
+--Sí.
+
+Y se abatió en su silla, con la frente pegada en los vidrios de la
+ventana que daba al campo, donde la niebla, como un tul, esfumaba los
+contornos de las cosas.
+
+
+
+
+III
+
+La mano suave
+
+
+La arboleda tenebrosa que rodeaba la Casa de los Cuervos parecía en la
+noche un inmenso crespón.
+
+Doña Carmen de Borja llegaba de la ciudad a donde había dado el último
+adiós a los restos de su hijo, y donde le contaron lo que se sabía de
+su muerte.
+
+Habían pasado tres días ya, y sus labios permanecían plegados; ni
+una queja le arrancaba el dolor, ni una imprecación contra los que
+troncharon aquella vida que era el sol de su vejez.
+
+Al llegar a las casas ladráronla los perros, sin conocerla. Bajóse
+del caballo que montaba, con gran maestría, y entró al comedor, pieza
+vasta, desnuda y sonora bajo los pasos. Allí estaba su hija que la
+esperaba con la ansiedad de conocer detalles de la inmensa desgracia
+caída sobre ellas. Pero la madre no habló, y la hija se encerró a
+llorar en la nueva alcoba que ocupaba, por haber cedido al inesperado
+huésped la mejor de la casa.
+
+En la cena, que fué silenciosa y lúgubre, oyéndose afuera el medroso
+rumor del monte y del río, y en la cocina el llanto inacabable de
+Floriana, doña Carmen interrogó a Gabriela por el herido.
+
+--Tuvo mucha fiebre, y pasó sin conocimiento el primer día. Le lavé la
+herida con agua de cepacaballo, y Jesús lo veló por la noche. Ayer de
+mañana ya conoció y el día fué bueno. A la tarde le volvió la fiebre
+que no lo ha abandonado en todo el día de hoy.
+
+--Es un hombre fuerte--murmuró la dama--y es joven. Yo lo conocí
+niño--y después de una pausa:--hay que seguir lavándolo con lo mismo.
+¿Cómo es la herida?
+
+Gabriela describió el balazo de Insúa, a la altura del hombro izquierdo.
+
+--¿Tiene adentro la bala?
+
+--Son cosas que no sé--respondió Gabriela pensativa.
+
+Doña Carmen mandó llamar al capataz y le dijo:
+
+--Mañana de madrugada, irás a llamar al cura de San Pedro; sabe de
+heridas, y creo que ha sido médico en su tierra.
+
+Había impuesto desde el primer momento la orden más severa de guardar
+el secreto del herido que ocultaban en la casa, porque sin duda la
+policía podía enterarse y perseguirlo, y todos desde el capataz a la
+negrita Encarnación, estaban mudos respecto de aquella aventura.
+
+Don Julián del Monte, el cura de San Pedro, un malagueño alto, fornido,
+atezado como un visir, de ojos negros y fogosos, que contrastaban con
+la suavidad de sus palabras y las huellas visibles de una edad que
+podía estar entre los cincuenta y los sesenta años, llegó a eso de las
+ocho de la siguiente mañana.
+
+Montaba bien, la sotana arremangada, y se cubría la cabeza, que
+blanqueaba ya, con un chambergo negro.
+
+Nadie conocía la historia de aquel andaluz, que sin desmentir su raza,
+era reconcentrado y suave, por temperamento o por voluntad, como si
+temiera el exceso de las palabras.
+
+Sabían de él que ejercía con celo de apóstol su ministerio de párroco,
+en una zona extensísima; que amaba los niños, que montaba bien y cazaba
+mejor, y eso bastaba para que viviera respetado.
+
+A la hora en que él llegó, Insúa estaba despierto, y había saludado con
+una sonrisa dolorosa a Jesús, que a la cabecera de su cama cuidaba su
+sueño, mandado por Gabriela.
+
+Dos días antes, un momento vió el enfermo a la joven, y le quedó una
+dudosa impresión de vergüenza y de dulzura por estar en manos de ella.
+Después, la fiebre que era altísima le privó del conocimiento, pero
+esa mañana sintiéndose mejor preguntó por ella a tiempo que ella misma
+entraba con el cura.
+
+Insúa quiso incorporarse, mas al esforzar el brazo izquierdo lanzó un
+grito, se recostó de nuevo, cerrando los ojos.
+
+--El dolor es más fuerte que yo--murmuró sonriendo.
+
+El cura se le acercó y le estrechó la mano:
+
+--Yo lo conozco de nombre y de fama, señor capitán, y vengo a ver su
+arañazo.
+
+Y con mano experta desató las vendas puestas por Gabriela, que
+observaba silenciosa, desde los pies de la cama.
+
+La herida era grande, a la altura del hombro izquierdo; la bala había
+roto la primera costilla y perforado el omóplato, pero sin fuerzas para
+salir, estaba perdida entre la carne y el hueso, a la espalda.
+
+El brazo estaba sano, pero falto de apoyo oscilaba como si hubiera sido
+lesionado también, y a cada movimiento que se le imprimía, la cara del
+enfermo se crispaba de dolor, mientras sus ojos imploraban disculpas a
+Gabriela, que iba alcanzando al cura las cosas que le pedía.
+
+De un tajo rápido con una navaja de barba, abrió la carne y extrajo la
+bala.
+
+--Ahora se curará, señor capitán--dijo después de lavarle prolijamente
+con infusiones de hierbas y vendarle bien.
+
+Insúa no respondió; la fiebre volvía a apoderarse de él y lo hacía
+delirar. Durante varios días la temperatura, indicio de una grave
+infección, fué muy alta, y lo tuvo amodorrado.
+
+El cura venía de mañana, quitaba las vendas, lavaba la herida, ayudado
+siempre por Gabriela, y luego se marchaba, a caballo, hasta la orilla
+del río, buscando el vado, que no era frente a las casas, sino más
+lejos, en los sauzales. Allí Jesús lo esperaba con la canoa, porque
+el río estaba crecido y no daba paso a pie; desensillaban el caballo,
+que cruzaba a nado, llevado de la rienda, por don Julián desde la
+embarcación, hasta la orilla opuesta donde él mismo ensillaba, y tomaba
+al galope el camino de San Pedro.
+
+Doña Carmen nunca entraba al cuarto del enfermo.
+
+Enlutada como antes, pero con un pliegue más hondo de dolor, en la
+comisura de los labios, atendía prolijamente todas las cosas que con
+él se relacionaban, y sin nombrarlo jamás, parecía tenerle a toda hora
+presente.
+
+Al caer la tarde reuníanse en el oratorio y rezaban el rosario.
+
+La dama hacía coro, y aplicaba siempre las preces por el alma de los
+muertos en la revolución. No nombraba a su hijo, como si hubiera temido
+que le faltara la voz.
+
+Floriana rezaba plañendo, hasta que una noche doña Carmen le dijo:
+
+--Yo soy su madre, y no me lamento así.
+
+La mujer guardó silencio desde entonces, pero rezaba arrebozada en su
+manto, y su cabeza temblaba con los sollozos incontenibles.
+
+Un día Gabriela dijo en la mesa:
+
+--Hoy ha amanecido sin fiebre.
+
+La madre la miró; pareció que iba a hablar, pero no dijo nada.
+
+--Sin fiebre y con hambre--agregó sonriendo un poco Gabriela,
+íntimamente halagada de aquella curación que en parte se debía a sus
+cuidados.
+
+Y esa tarde, Insúa que dormía tranquilamente por primera vez, quizás,
+desde que estaba enfermo, abrió los ojos sin sueño ya, y vió a corta
+distancia de su cama, sentada en una mecedora, a Gabriela que leía,
+velándole.
+
+No hizo ningún movimiento para que ella no alzara los ojos del libro, y
+se puso a examinarla despacio, saboreando su hermosura, más conmovedora
+en su luto y en la tristeza que envolvía la casa. Entregado a esa
+contemplación lo sorprendió la mirada de ella, que al volver una
+página, quiso espiar a su enfermo. Se puso encendida viendo que él la
+observaba, quizás hacía un largo rato.
+
+--Hoy no ha venido don Julián;--le dijo, cerrando el libro--ayer lo
+encontró ya bastante bien...
+
+--¿Don Julián? ¿Quién es don Julián, señorita?--dijo él avergonzado de
+que siempre se le hablara de sus dolencias; y luego recordando:--¡ah,
+el cura! lo he visto en medio de la fiebre, y no me acordaba.
+
+--Ha sido médico en su tierra y por eso lo llamamos.
+
+--Tiene buena mano, pero no es a él, sin duda, al que más debo...
+
+--¿A quién entonces?--interrogó ella involuntariamente.
+
+--A usted, señorita...
+
+--Señora,--corrigió ella suavemente.
+
+--¡Ah!--dijo él recordando lo que el primer día que se vió en la Casa
+de los Cuervos, le refirió el capataz.
+
+Y se quedó callado, evocando los recuerdos de la noche de la
+revolución, que no había tenido tiempo de ordenar en su cerebro
+fatigado, y que ya le parecían lejanos como un sueño.
+
+Un pesado silencio se hizo entre los dos. Afuera balaban los terneros,
+porque era la hora en que Floriana ordeñaba las lecheras.
+
+Gabriela para escapar de aquella situación, que sin saber por qué
+recónditos motivos la hacía callar a ella al mismo tiempo que a él, se
+acercó a la ventana, y luego dijo:
+
+--No sé si un vaso de leche al pie de la vaca, le sentaría bien. Voy a
+preguntarle a mama--y salió.
+
+El rumor de sus faldas se había apagado, y él, no obstante lo sentía
+aún, como un apacible zumbido de dulces abejas.
+
+Tenía vergüenza, una profunda vergüenza de que una mujer tan hermosa
+hubiera sido su enfermera en los largos días de fiebre, en que no era
+dueño de sí mismo.
+
+¿Se habría quejado? A cada gesto que hacía para cambiar de posición un
+dolor intenso en el hombro le obligaba a apretar los labios para no
+gritar, y de todas sus miserias, aquella le parecía la más vergonzosa.
+
+¿Qué idea habían de formarse de él, los que le oyeran quejarse como una
+mujer o un niño?
+
+Un rato después vino Jesús, con un tibio y espumoso vaso de leche, que
+el enfermo bebió con desgano, y sólo porque el muchacho le dijo:
+
+--Que lo tome todo, me encargó la niña Gabriela.
+
+Insúa se quedó solo, mirando declinar el día, y con el oído atento a
+los rumores de afuera, en que a veces venía mezclada la voz de ella.
+Cuando la sombra invadió la arboleda, y en la estancia del enfermo se
+hizo la noche, vino Gabriela con una lámpara, que le hacía resplandecer
+el rostro y lucir los ojos garzos.
+
+--Usted me mima--le dijo él, y ella contestó cualquier cosa y se fué
+dejándolo con la esperanza de que volvería a sentarse a su lado.
+
+Mas no volvió: dos o tres veces la sintió hablar en la galería
+contigua, o en la pieza de al lado, y fué todo.
+
+Jesús le trajo una taza de caldo que bebió a disgusto por complacerla
+secretamente. Volvióle la fiebre y pensaba que en aquella casa era un
+estorbo su presencia, por lo cual debía partir al alba. Se lo dijo así
+al muchacho, que lo miró extrañado y llevó la nueva a su ama.
+
+Cuando ésta vino, después de cenar, Insúa tenía la mirada febriciente
+y estaba intranquilo, deseoso de quejarse no de dolor, sino de su mala
+suerte, que lo tenía allí, clavado en el lecho, molestando a personas
+a quien no conocía. Algo dijo al ver a Gabriela y ella dulcemente le
+replicó:
+
+--No se preocupe de ello, lo cuidamos con gusto y no es molestia.
+
+Y con su mano pequeña y suave le tomó el pulso, y le palpó la frente,
+con lo que él se aquietó.
+
+--Tiene fiebre; le voy a lavar la herida; como me ha enseñado don
+Julián.
+
+Aquietado súbitamente por el halago de aquella mano, Insúa se resignó a
+que ella misma hiciese de enfermera, tratándolo como a un niño que no
+puede valerse, y conociendo de cerca su miseria.
+
+Y mientras ella le aseaba la herida, que iba cerrando aunque
+lentamente, él que apelaba a todo su vigor para no exhalar un quejido,
+volvió a sentir la vergüenza de que delante de la joven en las otras
+curaciones que no recordaba, pudiera haberse mostrado flojo.
+
+Pareció comprenderlo Gabriela, sin que él hablara, y al terminar le
+dijo:
+
+--Es usted un hombre fuerte, señor capitán. Dice don Julián que su
+herida es terriblemente dolorosa, y usted no se queja.
+
+Insúa saboreó sin contestar la dulzura de aquella palabra, y esa noche
+se durmió tranquilo, como si ella velara a su lado, olvidado de todas
+las cosas que hacían singularmente penosa su presencia en la Casa de
+los Cuervos.
+
+
+
+
+IV
+
+La yerra
+
+
+¿Era eso el amor?
+
+Su corazón había dormido tantos años, que ella pudo creer que el
+letargo sería eterno, y he aquí, que en las más inverosímiles
+circunstancias, como en un cuento de niños se prendaba de un hombre.
+
+Había mandado ensillar temprano su caballo, para salir al campo a
+vigilar ella misma el trabajo de la peonada que recogía la majada,
+porque se iba a parar rodeo. Su madre, amaneció con una fuerte jaqueca,
+y ella debía sustituirla.
+
+Sobre el caballo era ágil y su talle fino adquiría una suprema
+elegancia, hija de una larga costumbre.
+
+Había tomado la rienda y estaba a punto de saltar, ayudada por Jesús,
+cuando Insúa apareció en la galería. Se levantaba hacía una semana y
+aunque conservaba el brazo encabestrillado, no parecía un convaleciente.
+
+Se le acercó y le dijo:
+
+--¿Por qué quiere seguir tratándome como enfermo? Si manda que me
+ensillen un caballo, puedo serle útil en el campo. ¿No sabe que es mi
+oficio?
+
+Gabriela, sin pensar más, deseosa de complacerle, mandó ensillarle un
+caballo, y algunos minutos después, partían los dos, al galope, hacia
+el campo.
+
+No vió la joven aparecer en el cuadro de la puerta que daba al camino,
+la sombría figura de doña Carmen de Borja, que al verlos salir juntos,
+sintió una llamarada de indignación subirle al rostro.
+
+--¡Oh, Dios mío!--clamó llevándose las manos a la cabeza. Reprimió,
+sin embargo, su disgusto, y volvió a sus quehaceres, como si para ella
+fuera Insúa el mismo hombre que era para todos, en la Casa de los
+Cuervos, donde se había ganado las voluntades.
+
+El galope de los caballos sonaba acompasado. Gabriela cerraba los ojos,
+dejándose llevar, y sentía llenársele el corazón de una gran dulzura.
+
+¿Era eso el amor? Insúa le había dicho al salir:
+
+--Ya no es prudente que siga en su casa. Hace tres semanas que soy su
+huésped, y por mucho misterio que se quiera guardar, no tardará el
+gobierno en saber dónde estoy. Dicen que me hace buscar.
+
+--En nuestra casa, señor capitán, no pensará nunca.
+
+--Pero lo harán pensar. Yo debo irme ya. He mandado un chasque a
+Alarcón. No crea, Gabriela, que es mi gusto... ¿sabe? siento alejarme
+de esta casa, que ha sido un puerto para mí.
+
+--Habíamos quedado--murmuró Gabriela--en que no se acordaría más de eso.
+
+--No lo digo porque a usted le deba la vida. No le gusta que lo
+recuerde, y cumplo mi palabra. Pero es que le debo más que la vida...
+
+--¿Qué es?--preguntó involuntariamente la joven, notando que él se
+había callado.
+
+--Le debo la primera ilusión, que me ha hecho comprender realmente el
+valor de la vida, que también le debo...
+
+El corazón de ella latió con fuerza, agitado sin duda por la carrera
+desenfrenada de los dos caballos, que sintiendo suave la brida, volaban
+sobre el campo verde.
+
+Se quedaron en silencio. Cruzaban el monte, chafando la hierba
+quebradiza por la helada de esa noche, que había quemado la punta
+de los pastos y llenado de escarcha como azúcar en polvo, las ramas
+escuetas de los algarrobos y ñandubays, que despertaban al sol de la
+hermosa mañana.
+
+De la última lluvia, había aún charcos en las hondonadas del terreno, y
+estaban cubiertos de un frágil cristal de hielo, que saltaba en agujas
+lucientes, bajo el casco de los corceles. Insúa contuvo al suyo.
+
+--¿Le hace mal galopar?--preguntó Gabriela, siendo esa su primera
+palabra, después de lo que él le dijera.
+
+--No, Gabriela; pero quisiera alargar estos minutos que estoy con
+usted; y me parece que el galope los acorta.
+
+Hablaba lentamente, repitiendo las palabras cuando no se oían bien, y
+había una vaga tristeza en el timbre de su voz.
+
+Por primera vez en su vida apasionada, sentía la nostalgia de la paz.
+Era una sensación penetrante y desconocida para él, que le hacía desear
+que el tiempo no corriera, como si las cosas que habían de venir
+hubieran de ser fatalmente tristes.
+
+Su espíritu positivo se había dejado envolver en la niebla de misterio
+que flotaba sobre la Casa de los Cuervos, y su voluntad parecía
+enervada. A media noche solía despertarse, y por la ventana, veía
+en la misma rama seca a los dos cuervos dormidos, y sentía el rumor
+inacabable de los eucaliptus, desvelados con el viento de la noche.
+
+Y pensaba en Gabriela, cuya hermosura era la única nota luminosa del
+cuadro. ¿Pero cómo podía amarla él, que tenía sus manos bañadas en la
+sangre de aquellos dos hombres que cayeron los primeros en la noche de
+la revolución?
+
+Cuando le asaltaba el horroroso recuerdo, quería huir de la casa,
+y siempre era ella en una forma o en otra, con su halago o con sus
+razones, la que lo disuadía de un propósito que, en verdad, debía
+rechazar.
+
+El gobierno le perseguía. Al principio se le dió por muerto, y días
+enteros recorrieron la laguna y el puerto algunas lanchas, buscando su
+cadáver. Después nació la sospecha de que vivía, oculto en los sauzales
+con los paisanos matreros. Algunas patrullas merodeaban por las islas,
+y aun llegaron a la Casa de los Cuervos. Insúa oyó una tarde el ruido
+de los sables en la galería, y la voz tranquila de doña Carmen de Borja
+que respondía a los hombres, quitándoles toda sospecha de que allí
+pudiera estar el que buscaban.
+
+Desde ese día llamóle más la atención la actitud de la dama para con
+él. Ni una sola vez había entrado en su cuarto durante la gravedad.
+
+Y después, cuando él se levantó, y salió afuera y pudo asistir a la
+mesa y a la oración, y se multiplicaron las ocasiones de encontrarse,
+parecióle observar en ella un especial empeño en esquivarle.
+
+Insúa se estremecía pensando que pudiera haber penetrado el horrible
+secreto que de noche le desvelaba y le sugería la fuga. Pero si la
+madre sabía, ¿por qué ignoraba la hija?
+
+--He mandado un chasque a Alarcón--volvió a decirle Insúa, mientras
+cruzaban al tranco un alto pajal, que escondía el cuerpo entero de sus
+caballos;--es necesario que me vaya, para no comprometerles. Mi gente,
+además...
+
+Gabriela lo miró; a su corazón que bebía la dulzura de aquellas
+palabras, en que a través de las ideas indiferentes se traslucía el
+amor, llegó la onda amarga de una sospecha que a menudo le asaltaba:
+Insúa preparaba una nueva revolución.
+
+Las miradas de ambos se encontraron: él vió en sus ojos una llama leal
+como un rayo de sol, y se dejó vencer por la confianza.
+
+--Mi gente me espera, porque quiere vengar la derrota. ¿Será discreta?
+Me dicen que en Santa Fe nuestros amigos están libres, porque no ha
+habido pruebas contra ellos, y aunque se les vigila no tardarán en
+alzarse de nuevo contra el gobierno. Y yo, usted lo comprende, tengo
+que acompañarles...
+
+Dejó de hablar porque en el rostro de ella, animado un momento por
+aquella confidencia, que era una prueba de amor, se pintó una gran
+tristeza.
+
+--¿Qué le pasa, Gabriela?
+
+Habían llegado a la orilla del pajonal, y ella castigó su caballo que
+partió al galope, seguido por el de Insúa.
+
+--¡Nada! no me pasa nada--respondió sin mirarlo.--Usted no tiene otro
+pensamiento que la revolución. ¿No sabe el daño que me hace? ¿Piensa
+alguna vez en los muertos?
+
+Como una puñalada sintió Insúa aquella respuesta.
+
+¿Así, pues, ella sabía lo que sabría la madre? Y aquel secreto que le
+roía el alma, prohibiéndole dejarse mecer por las ilusiones que nacían,
+¿no era ya un secreto?
+
+¿Qué iba a hacer? ¿Por qué ella lo había dejado acercarse,
+envolviéndole en su gracia que lo embriagó como un vino jamás gustado?
+
+Galopaban los dos por la orilla del monte. De cada uno de los charcos
+en que se deshacía la escarcha, irradiaba el deslumbrante reflejo
+del sol, que se quebraba en los cristales de hielo. El cielo, puro y
+desteñido, sólo hacia el horizonte mostraba un grupo de nubecillas
+apelotonadas como un montón de caracoles rosados.
+
+Gabriela, impresionada por la hermosura de la mañana, sentía su corazón
+pronto a fundirse como aquellas agujas de escarcha.
+
+Insúa marchaba detrás de ella, y como los pájaros enmudecidos por el
+frío, callaban ocultos en las isletas abrigadas del monte, cuando
+se apagaba el ruido de los cascos de los caballos, por cruzar algún
+terreno arenoso, se oía el apacible gemido de la brisa que oreaba las
+pajas brillantes de rocío.
+
+Gabriela refrenó un tanto su aparente fuga, y se dejó alcanzar por
+Insúa, que galopó un largo rato a su lado sin decirle palabra. Ella
+temblaba porque parecía pesarle ahora lo que había dicho.
+
+Intrigada por el silencio de él, volvió la cara y lo miró, y casi
+dió un grito, porque fué un rayo de luz, y ante sus facciones
+descompuestas, tuvo la evidencia de lo que hacía tiempo flotaba en su
+alma como una sospecha.
+
+No necesitó que él le dijera nada para comprenderlo todo. Lo hubiera
+leído en un libro, y no lo habría visto tan claro como en cada uno de
+los gestos que recordaba de él, y que ahora se aclaraban para ella, su
+reserva, su miedo al delirio de la fiebre, que podía comprometerle,
+su disgusto cada vez que se aludía a la noche de la revolución en que
+murieron su marido y su hermano, a quienes él nunca nombraba, como si
+tuviera horror a su memoria.
+
+Tenía la clave de todo, y quizá también de aquella inexplicable
+esquivez de su madre, que huía de encontrarse con él.
+
+¡Ay, Dios! y ella lo había dejado entrar en su alma.
+
+Todos los cuadros del campo, los rincones del monte, donde la arboleda
+era más tupida, las cañadas llenas de varillas, las azules lagunas en
+que bebía la hacienda, las barrancas del río, vestidas de carrizas, los
+sauzales de la margen, todo tenía para ella una sugestión poderosa,
+porque durante años había vivido en su amistad sembrando en cada uno de
+los pliegues de la naturaleza, un poco de sus sueños de niña.
+
+Había pasado aquella época, y la cruda realidad de su matrimonio sin
+poesía y sin amor, había ajado aquellas impalpables ilusiones que la
+envolvieran como un velo de luz. Sin saber cómo, de pronto, por un
+golpe teatral, su destino cambiaba, y volvía a agitarse en ella la
+misma esperanza, a cuyo calor nacieran las ilusiones de antaño. Y su
+sueño se rompía cruelmente. ¿Cómo podía amar ella a aquel hombre que
+tenía sus manos teñidas en una sangre que le pedía venganza?...
+
+Al volver una isleta del bosque, donde el camino doblaba bruscamente,
+los dos, que seguían marchando juntos, sin cambiar una palabra,
+entregados a sus pensamientos, halláronse con la punta de la hacienda
+que venían arreando los peones.
+
+Ese día estaba señalado para la yerra. Doña Carmen de Borja marcaba
+todas las crías del año, para que no se confundieran con las de las
+estancias vecinas, en muchas de las cuales no se usaba marca ninguna.
+
+La hacienda de doña Carmen no era muy numerosa. No obstante, un año
+con otro pasaban bajo el hierro enrojecido al fuego, cuatrocientos o
+quinientos terneros, que servían para reponer los animales vendidos o
+carneados en el año y para aumentar el capital primitivo. La operación
+era una fiesta, en la que se daban cita desde meses atrás, los peones
+del contorno para prestar su ayuda y comer y beber con la abundancia
+que caracterizaba esas ruidosas jornadas.
+
+Reunían la vacada en un vasto corral, de palo a pique, un poste de
+ñandubay clavado contra otro y otro, de tal modo que ni los perros
+podían disparar, cuando quedaban dentro, y allí uno por uno iban
+sacando los terneros, para marcarlos junto a la tranquera.
+
+Al ver la hacienda que desembocaba, Gabriela se detuvo; Insúa caminó
+algunos pasos y se detuvo también; estaba irritado consigo mismo, con
+su propio destino, que parecía burlarse de él.
+
+La joven esperó que llegara el capataz, para comunicarle el mensaje de
+su madre, y después cuando hubo pasado toda la hacienda rodeada por los
+peones, desfilando lentamente, envuelta en una nube de polvo que se
+doraba al sol, siguieron los dos, al tranco, detrás de todos.
+
+Los mugidos de los toros coléricos, por ir mezclados con sus rivales,
+el balido de los terneros, que se iban quedando a la trasera,
+contestando a las madres que marchaban adelante, los gritos de los
+peones, persiguiendo a los animales que se escapaban del montón, los
+ladridos de los perros, jadeantes y embravecidos, apagaban las voces, y
+les sirvió de pretexto para no hablar.
+
+Cuando llegaron a las casas no habían cruzado una palabra.
+
+Ya a la puerta del corral, en una fogata que encendiera Floriana, tres
+marcas de hierro con un pequeño mango de hueso en el extremo de la
+barra, se estaban calentando.
+
+Don Julián, convidado a la fiesta, acababa de llegar. Se había puesto
+una sotana vieja, color tabaco en el pecho y en los codos. Quería
+estar pronto para ayudar a los peones en su ruda faena.
+
+--Vamos a marcar terneros, no más, porque no hay hacienda grande
+orejana--le dijo don Goyo, cuando el cura entusiasta le dió un vigoroso
+apretón de manos.
+
+--Lo siento, porque tenía ganas de desherrumbrarme las coyunturas.
+
+Abrió los brazos poderosos, y su ancho pecho se dilató, absorbiendo una
+gran bocanada de aire frío, cargado del viscoso relente de las islas,
+que la brisa empezaba a barrer.
+
+Insúa que llegaba en ese instante, lo saludó sin bajarse del caballo, y
+los dos se quedaron allí, mirando los preliminares de la operación.
+
+Antes de encerrar la hacienda en la ensenada--nombre que daban al
+extenso corral--era necesario apartar las vacas ajenas, que llegaban
+confundidas, para no marcar sus terneros como si fueran de la estancia.
+Cada uno de los capataces de los campos colindantes, designaba los
+animales que le pertenecían y los peones entraban dando gritos, en
+el montón, para apartarlos de allí, arreando o pechándolos con el
+encuentro de sus caballos.
+
+Insúa silencioso, con el ceño fruncido, pensando a ratos en otras
+cosas, miraba la escena que no lograba interesarle.
+
+Las vacas desorientadas, remolineaban entrando de a pequeños grupos en
+la ensenada. Había más de quince hombres, que corrían revoleando los
+taleros, y gritando: ¡huajá! ¡huajá!, alarido de guerra que enardecía a
+los perros.
+
+El capataz conversaba con el cura, vigilando la operación; de cuando
+en cuando daba un grito, y espoleaba a su caballo, un tostado fogoso,
+mojado en sudor, que volteaba un novillo de un pechazo.
+
+El espacio en que se paraba el rodeo era amplio, libre de árboles,
+para que la gente pudiera correr sin riesgo, roída la hierba en el
+sitio en que acostumbraba detenerse la hacienda, visible la tierra
+negra, floja y lodosa, por el chapaleo de las pezuñas. El contorno era
+verde, tapizado de pasto que la helada de esa noche había ennegrecido a
+trechos. A poca distancia, la punta del bañado, cubierta de camalotes,
+parecía continuar el campo terso y firme, pero cuando algún peón
+siguiendo un animal fugado del rodeo, se metía hasta allí al galope, de
+cada pata del caballo se alzaba un surtidor de agua, que semejaba un
+chorro de plata a la luz del sol.
+
+En las violentas curvas que la faena obligaba a hacer, conforme el
+capricho del animal que perseguían, los caballos en su impetuoso galope
+se tendían como si fueran a caer de costado.
+
+En el aparte de la hacienda ajena, una de las vacas de doña Carmen de
+Borja huyó dando botes, la cola alzada y tiesa, y dos hombres se fueron
+tras ella, para volverla al corral. A la distancia en la llanura, sin
+términos de comparación, sus siluetas comenzaron a achicarse.
+
+De pronto el animal fugitivo, fatigado quizás, se detuvo en seco, y uno
+de los peones, sin tiempo para desviar su montura cayó como una tromba
+sobre él, y rodaron por tierra.
+
+--¡Huajá!--gritaron desde el rodeo al verlo caer, y se oyó la
+contestación del paisano que respondía de lejos, levantándose y
+volviendo a montar:
+
+--¡No es nada, hermanos! ¡Siga la farra!
+
+Por las orillas del rodeo circulaba la yeguada, dando vueltas, oyéndose
+apenas el ruido del cencerro de la yegua madrina que marchaba adelante,
+y detrás de ella, desfilando una a una, toda la manada, los potrillos
+al lado de las madres.
+
+Más allá era la serenidad de la naturaleza, que trabajaba en silencio
+la vida de todos, bajo el toldo azul del cielo invernal.
+
+Insúa comparaba esa indiferencia de las cosas, en que durante tantos
+años había vivido, dejándose penetrar por su belleza tranquila, con
+la fiebre de la interna batalla a que de golpe lo había arrojado el
+destino.
+
+¿Quién hubiera creído de él aquella repentina pasión que empezaba a
+morderle como un can rabioso?
+
+¿Y ella? ¿No era ella la misma la verdadera culpable de que él se
+sintiera irresistiblemente arrastrado por aquel amor que era como una
+burla trágica a todas las nociones de honor que imponían y aceptaban
+las gentes?
+
+La vió llegar al rodeo, acompañando a su madre, que le saludó con la
+inexplicable esquivez de siempre, poniéndose a hablar con el capataz
+sobre la yerra que iba a comenzar.
+
+Gabriela tenía los ojos lucientes, como si hubiera llorado, y en el
+rostro llevaba la marca del horror, por lo que había adivinado. Insúa
+esperó, la cabeza agachada, mirando al suelo, que parecía temblar con
+el tropel de la hacienda. La joven llegó hasta él, y sencillamente le
+dijo:
+
+--Ha llegado Alarcón. El que usted esperaba para irse.
+
+Y aquellas sencillas palabras, cayeron en su corazón como una
+sentencia. Debía partir; ella se lo decía.
+
+
+
+
+V
+
+El secreto
+
+
+En la alta noche, doña Carmen de Borja, sintiendo quieta a su hija, que
+dormía en su cuarto y que en un principio había aparecido intranquila,
+se levantó sin ruido, fatigada de esa cama en que no podía conciliar el
+sueño, y arrebozada en un manto, se llegó hasta el comedor.
+
+Las tinieblas que reinaban allí, el silencio temeroso de su soledad,
+roto bruscamente por el crujido de las maderas de algún mueble, la
+atmósfera impregnada aún con el vaho de la cena, todo le inspiró el
+deseo de respirar el aire frío y puro de la galería.
+
+Corrió los pasadores de la puerta y salió.
+
+No había luna, pero las estrellas dejaban caer sobre la tierra el
+discreto resplandor de su luz cenicienta, buscando entre el follaje de
+los eucaliptus dormidos, alguna abertura para llegar hasta el suelo.
+
+Todo reposaba; en los árboles, los raros pájaros que desafiaban el
+invierno; las bestias en el campo; las ovejas en el corral; los
+perros, alerta el oído para sorprender los rumores sospechosos, que se
+agrandaban con el vasto silencio, dormían amontonados, en la cocina; un
+cuzquito lanudo, se había trepado sobre el fogón y roncaba suavemente,
+con el hocico pegado a la ceniza tibia del rescoldo.
+
+Y en la rama de siempre dormían los cuervos que la dama no podía ver,
+pues quedaban del otro lado de las casas.
+
+Aquella calma apaciguó sus pensamientos tumultuosos, y le trajo a la
+memoria con más nitidez que en toda la velada la palabra del cura, a
+quien esa tarde llamó al oratorio, para confiarle su tremenda angustia.
+
+--¡Padre!--le había dicho, arrodillada a los pies de él, que la
+escuchaba sentado en un viejo sillón de cuero, la cabeza apoyada en la
+mano.--¡Padre! Mi pobre Carmelo ha sido muerto por él; Jarque también,
+y él, ahora, ama a Gabriela, que no puede saber nada de este horrible
+secreto, que me pesa como una lápida. Yo habría querido equivocarme,
+pero cada día estoy más segura de que ella también lo ama. ¿Por qué, él
+que sabe cuál es su crimen, ha venido hasta aquí, y ha turbado la paz
+de mi casa con ese amor que es otro crimen?
+
+Doña Carmen se puso a sollozar, y el cura, con su voz llena y viril, de
+maestro que indica la senda, le dijo:
+
+--El amor puede adueñarse del hombre, sin que esté en su mano
+libertarse.
+
+--Así es; también lo pienso yo,--respondió la dama.
+
+--¿Sabía él que aquí vivía la viuda de Jarque?
+
+--No, padre. Mi hija lo salvó, cuando se estaba ahogando y lo trajo
+en su bote. Volvió al conocimiento estando ya en esta casa, y yo no
+supe quién era el que así recibíamos como un huésped, digno de nuestra
+caridad, sino cuando ya era tarde para cerrarle la puerta. Dos días
+pasé en la ciudad, preguntando cómo fué la muerte de mi Carmelo; para
+algunos era un misterio, pero no faltó quien me hiciera el relato.
+Cuando volví a mi casa, el horror de cuidar a ese hombre que veía
+ensangrentado con la sangre de mi hijo, me hizo egoísta y abandoné la
+tarea a Gabriela, que lo ignoraba todo. Nunca pensé en lo que jamás
+debí descuidar. Ella ha vivido triste, como una viuda, toda su vida;
+ha presentido el amor, pero no lo ha gustado, porque su matrimonio
+no llenaba su corazón. Y libre, por la muerte de su marido, aquel
+hombre a quien había salvado, que era cortés y hermoso, que tenía el
+prestigio de un soldado valiente, y que empezaba a amarla sin que yo lo
+supiera, no podía menos de entrar en el alma de mi hija. Y así fué; yo
+he comprendido que si él la quiere, sinceramente, como creo, ella está
+embriagada por un amor que es lo que había soñado.
+
+--¿Y ella? ¿Ella... puede saber?--preguntó el cura con un ligero
+temblor en la voz, porque recordó que esa mañana, en el rodeo, algo
+extraordinario revelaban los gestos de Gabriela, cuando se acercó a
+Insúa.
+
+--Ella no puede saber--respondió la madre;--si lo hubiera sabido en un
+principio, no habría llegado a enamorarse de ese hombre. Y ésa es mi
+culpa no habérselo dicho. El crimen es de él, que sabiéndolo se llegó
+a ella y la amó. ¡Santo Dios! me tiembla el corazón y me parece oír,
+cada vez que pienso en esto, que mi pobre Carmelo se lamenta de que así
+hayamos vengado su sangre.
+
+--La venganza--murmuró el cura--es miseria nuestra. Las almas de los
+muertos, que han visto a Dios, no pueden sentirla ni desearla.
+
+--Y ahora--prosiguió doña Carmen--me aflige el presentimiento de las
+cosas que pueden ocurrir, si Gabriela, que está enamorada, llega a
+saber qué abismo le separa de ese hombre. Yo soy su madre, y le debo
+ahora una dicha que antes por motivos egoístas no le dí. Su padre
+quiso casarla, ella consintió, porque era buena y sumisa; y yo, que
+debía oponerme, pues conocía su alma, y sabía sus sueños, no me opuse,
+y también consentí. Fué su desgracia, quizás por culpa mía. Ahora no
+tengo valor para contrariar de nuevo sus ilusiones, y prefiero guardar
+para mí el horrendo secreto, que conozco sin que nadie sospeche.
+
+Con sus manos finas y largas, se tapó el rostro descompuesto por el
+dolor y murmuró sofocando el grito de venganza que se alzaba en ella:
+
+--¡Oh, mi Carmelo, mi Carmelo!
+
+Don Julián tenía, no obstante su aparente simplicidad, una larga
+experiencia que le hacía discreto y sagaz en sus consejos, y humano
+por encima de todo, en cuanto se lo permitían sus rígidos principios
+religiosos y morales.
+
+Aquello que le confesaba la dama, no era todo misterio para él, que
+había husmeado el secreto que pesaba sobre ella en su propia esquivez,
+y en la sombría reserva de Insúa, cuando se comentaba la noche de la
+revolución, en que lo hirieron.
+
+Conocía también los sueños de Gabriela, rotos por aquel matrimonio
+sin amor, que fraguó su padre, y alguna vez había temido que la
+desesperación entrara en el espíritu romántico de la joven, confinada
+en el estrecho horizonte de la Casa de los Cuervos.
+
+Pensó también que Insúa no era en realidad un criminal, sino un
+combatiente que se defiende o ataca, sin odio y sin más propósito que
+la victoria para un ideal, y que habría sido injusto equiparar su culpa
+a la de un hombre que hubiera muerto al marido para casarse con la
+viuda.
+
+--¿Cómo llegaron a usted los detalles de la muerte de su hijo y de su
+yerno? ¿Quién le contó? ¿Hay muchos que lo sepan?--interrogó el cura a
+doña Carmen.
+
+Y ella entonces le hizo el relato. En la noche del entierro en casa de
+una parienta, un indio se acercó a contarle con toda reserva lo que sus
+ojos habían visto. Nadie más--le dijo--sabía nada de aquello, y nadie
+debía saberlo, era el nombre del que había quitado la vida a Carmelo
+Borja y a Braulio Jarque.
+
+--¿Y ese indio quién era, y qué interés tenía en decírselo a usted y en
+callarlo a los otros?
+
+--Era uno de los revolucionarios, que en los primeros momentos había
+pasado inadvertido, pero que deseaba ganarse mi voluntad para que
+yo influyera ante el gobernador, mi pariente, si acaso llegaban a
+prenderle.
+
+No quería huir, porque había desertado y los compañeros se vengarían;
+conocía los secretos de la revolución; había presenciado la lucha de
+Insúa, y estaba resuelto a callar, pero que el capitán no lo castigara
+si algún día se sabía por él el horrendo secreto.
+
+La madre siguió acumulando los detalles del relato que el indio le
+hiciera, mientras don Julián pesaba en su conciencia el bien y el
+mal que podía haber en esconder a todos el secreto que el acaso o la
+providencia ponía en sus manos, y dejar que las cosas siguieran sin
+violencia su curso natural.
+
+Cuando la dama se alzó del reclinatorio en que había hecho aquella
+confesión que revolvía todos sus dolores, su corazón estaba sometido a
+lo que pudiera ser la voluntad de Dios.
+
+Pero esa noche la soledad o el silencio, que envolvía la casa dormida,
+despertó de nuevo en ella la rebelión que la palabra del cura había
+apagado. Escuchaba la voz de su hijo muerto, que clamaba por el crimen
+que se iba a consumar, permitiendo aquel amor, y todo lo que en ella
+había de humano se sublevaba sintiendo aquel lamento, que turbaba su
+sueño.
+
+Se levantó, por eso, y buscó la calma de sus nervios paseándose en la
+galería, donde la infinita quietud de la noche apenas turbada por el
+rumor del agua del río, volvió la paz a su espíritu.
+
+Y mientras ella paseaba, temblando de frío, creyendo a su hija dormida,
+ésta incorporada en su lecho, llena de espanto, veía por el postigo
+abierto de la ventana pasar y repasar la sombra de su madre.
+
+La había sentido salir, y tuvo vergüenza de hablarla, porque también
+su conciencia era como un mar agitado, en que luchaban el nuevo amor,
+con todas las fuerzas de su vida naciente, y el sentimiento de aquella
+venganza que ella debía ejercer para acallar la voz de los muertos.
+
+¡Oh, si su madre supiera--pensaba--que ella estaba a punto de doblarse
+como una caña ante el huracán de la pasión!
+
+Y volvía a hostigarla aquella duda:
+
+¿Ignoraba su madre lo que ella adivinó esa mañana? Si ignoraba, ¿por
+qué huía de su huésped como si le horrorizara su vista? Y si sabía,
+¿por qué había callado, por qué no se llegó hasta ella, para detenerla
+al borde de este amor que era un crimen?
+
+Con los ojos dilatados en la oscuridad, crispadas las manos sobre las
+cobijas, estuvo un largo rato dudando si debía saltar de la cama, para
+ir hacia su madre y pintarle su tortura.
+
+A esa misma hora, otro pensamiento hacía su misma dolorosa jornada.
+
+Insúa se había acostado temprano, con el pretexto de su partida que
+sería al alba, pero en realidad por no encontrarse más con Gabriela,
+cuyas palabras al anunciarle la llegada de Alarcón le quitaron toda
+esperanza.
+
+Antes pensaba con pena en el momento en que abandonaría la Casa de los
+Cuervos, para acompañar a sus amigos en la nueva campaña que se iba a
+emprender. Y ahora, lo veía llegar como un alivio, y su partida era una
+fuga, de aquellos lugares en que se había encendido la primera ilusión
+de su vida.
+
+Se estremecía de horror ante la evidencia de que ella esa mañana leyó
+en sus ojos la verdad que fué su pesadilla en sus horas de fiebre.
+¿Cómo había llegado a comprender ella la maldición que pesaba sobre él?
+
+¿Pero había comprendido en efecto? ¿Sabía que era viuda por él, que no
+tenía hermano por él?
+
+Revolvía en su memoria todos los detalles de ese día, y serenábase
+como un lago su alma atormentada, recordando que esa noche, después de
+la cena, al despedirse de Gabriela, mientras sus labios le temblaban,
+balbuceando la despedida, ella lo envolvió en una profunda mirada
+dolorida, que fué su primera confesión de amor.
+
+En la insomne noche, parecíale que los ojos luminosos dejaban caer
+sobre él una apacible luz de perdón, porque habían comprendido que
+era su destino, y no su voluntad, el que había tejido aquella intriga
+siniestra.
+
+¡Ay! ¡pero a esa intriga debía ella su libertad de amarle!
+
+Alarcón hasta altas horas de la noche le estuvo relatando, en voz baja,
+las circunstancias en que se preparaba la revolución.
+
+El gobierno estaba alerta como nunca, y deseoso de tomar represalias
+que curasen de raíz aquella perpetua zozobra en que le obligaban a
+vivir.
+
+Con la muerte inopinada de Jarque había perdido todas las pruebas
+con que hubiera podido caer sobre los cabecillas. Ni contra Cullen,
+ni contra Montarón, ni contra ninguno de los conjurados que en la
+noche del baile debían apresar a Iriondo y a Bayo, se pudo probar
+nada en concreto. Ellos mismos, al ver cómo Iriondo escapó de las
+manos de Insúa, invirtiéndose los papeles y teniendo éste que huir,
+permanecieron quietos, en una actitud que podía ser sospechosa para
+los que poseían los hilos de la conjuración, pero que no tenía nada de
+hostil contra los hombres del gobierno, que aguardaron en la casa de
+Montarón, llena de tropa, el fin de la refriega que se libraba en la
+plaza.
+
+La muerte de Jarque, el adversario más temible que tenían los
+opositores, alentóles a vengar cuanto antes aquella derrota, y
+sigilosamente, aleccionados por la experiencia de sucesos, en cuanto
+recibieron noticias de que Insúa vivía, empezaron los preparativos de
+la nueva revolución que había de terminar sangrientamente en la batalla
+de los Cachos.
+
+Oyendo a Alarcón, Insúa podía medir el cambio profundo que en esos días
+se había producido en él. Ya esas cosas parecíanle sin sentido.
+
+¿Qué le importaba a él quién gobernara, si el poder se le presentaba
+como la más estéril de las vanidades?
+
+Pensaba en su drama interior, cuyo desenlace no podía prever y sentía
+deseos de entrar en la acción, buscando en la lucha el reposo de su
+corazón y de su conciencia atormentada.
+
+Cuando Alarcón se durmió, comparó la serenidad de aquel sueño, con
+el suyo agitado por la fiebre de ese imposible amor. Y sin embargo,
+los ojos de ella, que no podían haberle mentido, le habían hablado de
+perdón.
+
+Faltaba mucho aún para el alba, cuando despertó a su compañero para que
+fuera a ensillar los caballos, que habían dejado en el corral de las
+vacas a fin de tenerlos cerca.
+
+Alarcón había dormido sobre un apero de montar, y comenzó sin ruido a
+juntar las caronas, mientras Insúa se vestía, precipitadamente, sin
+decir una palabra, dejando traslucir en sus gestos la impaciencia de
+aquella partida, que era como una fuga en medio de la noche.
+
+Dominado por su propia voluntad imperiosa, ya no pensaba más que en sus
+amigos, en su deber, en la lucha.
+
+Su pequeña maleta pronta, abrió la puerta que daba a la galería, y
+salió antes que Alarcón. Encandilado por la luz de adentro, no vió la
+sombra huraña de doña Carmen de Borja, que aún se paseaba por allí,
+escabulléndose hacia el comedor.
+
+Llegó hasta el patio, cuya tierra endurecida, apenas mojaba el rocío, y
+sintió en la avenida de los eucaliptus el áspero graznar de los gansos
+que advertían su presencia.
+
+Hacía un frío intenso, mas no fué ese frío el que le hizo temblar,
+corriéndole por la médula de los huesos. En la sombra siniestra de la
+arboleda, a donde había llegado, ansioso de movimiento, percibió el
+susurro de las alas de uno de los cuervos, que pasó rozando su cabeza.
+
+Supersticioso como era tuvo miedo, aunque en la nueva aventura no podía
+jugarse más que la vida, que ya apenas le importaba. Para calmar sus
+nervios, sintiendo pasos y creyendo que era Alarcón se echó a reír,
+dispuesto a contarle el motivo de su pueril recelo.
+
+Se volvió, y oyó la voz de Gabriela que le hablaba en la sombra donde
+apenas se veía su grácil figura.
+
+--¿Se vá?
+
+--¡Oh, Gabriela! ¿por qué ha venido?--respondió él, como un reproche,
+estremecido de gratitud hasta el fondo de su alma.
+
+--No le había dicho adiós--dijo ella con dulzura--y era de mal augurio
+dejarlo partir así, como si huyera de la casa.
+
+Insúa se le acercó y le tomó la pequeña mano temblorosa.
+
+--Es como una huída, en verdad...
+
+--¿Y por qué?--interrogó ella, vencida en su largo insomnio por el
+amor, y resuelta a guardar su terrible secreto. Con tal que él no
+supiera que ella sabía de aquel abismo de sangre que les separaba, ¿por
+qué no había de amarlo? ¿Cómo podía él nunca sospechar que ella fingía?
+
+Él le contestaba:
+
+--¿Para qué había de quedarme? Ayer le dije que a usted le debía la
+primera ilusión de mi vida. Ahora...
+
+--¿Ahora qué?--preguntó ella ansiosa, sintiendo que vacilaba y que
+temblaban sus manos.
+
+--Ahora esa ilusión se ha desvanecido. Mi vida no tiene sentido ya;
+usted misma ayer me lo dijo, anunciándome la llegada de Alarcón. "Ha
+venido el que esperaba para irse". ¿No fué así?
+
+--Ayer sí, ayer fué así;--dijo con reprimida vehemencia la joven.--¡Hoy
+no! ¡hoy no! ¿Por qué se ha de ir?
+
+--¿Y por qué había de quedarme?
+
+Y ella en un relámpago de voluntad, sintiendo que él no hablaría nunca,
+desconfiando quizás de que ella hubiese penetrado su secreto:
+
+--¿Si yo se lo pidiera...?
+
+--¡Oh, Gabriela!
+
+--¿Se quedaría?
+
+De nuevo sintióse pasar el cuervo, echando sobre sus cabezas un viento
+cargado de tufo salvaje. Pero ninguno de los dos tuvo miedo.
+
+Ella dijo simplemente:
+
+--Cuando vuelan los cuervos de noche es que alguien se acerca.
+
+Después hablaron, y la confesión del escondido amor brotó con fuerza,
+como una llama que disipó en sus corazones el frío y la niebla de las
+angustiosas horas pasadas.
+
+Cuando volvió Alarcón trayendo los caballos, Jesús había llegado con un
+farol, y alumbraba el sitio. Empezaron a ensillar. Insúa hablaba con
+Gabriela, en voz baja, mirando su rostro que la luz rojiza del farol
+alumbraba como una de las estampas del oratorio.
+
+Graznaron otra vez los gansos, y el ladrido de los perros confirmó lo
+que anunciara uno de los cuervos. Sintióse la voz de un hombre que
+decía:
+
+--Manso, Batallón, Cuzco, ¡soy yo, ¡soy yo!--aplacando a los perros que
+conociéndole dejaron de ladrar.
+
+Llegóse él hasta el grupo, y Gabriela dijo:
+
+--Es el ovejero.
+
+Era un viejito descarnado, pequeño, ágil aún, vestido miserablemente,
+con una vieja chaqueta azul de militar y un cuero de oveja sujeto a la
+cintura con una huasca.
+
+Saludó con voz apagada y acercándose al capataz, que en ese momento
+aparecía, le contó en voz baja que esa noche había llegado al rancho
+donde él vivía, a una legua de distancia, un hombre que parecía andaba
+sobre el rastro del capitán Insúa.
+
+--¿Cómo es ese hombre?--preguntó Insúa oyendo aquello.
+
+--Aindiado, capitán; quizás indio de veras.
+
+--José Golondrina--murmuró Alarcón.
+
+--Entonces habrá que hacerle venir--dijo Insúa.
+
+Alarcón que cinchaba su caballo, dejó el correón y se volvió hacia el
+capitán.
+
+--Será mejor que no sepa donde estamos.
+
+Lo dijo como para que Insúa no más lo oyera.
+
+El ovejero continuó:
+
+--Por lo que me ha parecido entender, no es de los revolucionarios,
+más bien del gobierno. Entró en mi rancho, al anochecer; me pidió
+carne y le dí media pierna de oveja. Me dijo que era poco y me compró
+un costillar. Salió para el monte, diciendo que iba a ponerlo en las
+alforjas. Yo creo que no era así, y que alguien, que no quería dejarse
+ver, lo esperaba allí. Tal vez son varios los compañeros; el perro que
+tengo ladró toda la noche, estando ya ese hombre en el rancho. Cuando
+lo ví dormido, me salí, y aquí estoy avisándoles y para lo que gusten
+mandarme.
+
+Hablaba despacio, con voz monótona, pero se adivinaba en sus ojos
+chispeantes, a pesar de la calma de sus facciones, la sagacidad del
+paisano, que lee las intenciones en la cara más impasible.
+
+Un momento Insúa había tenido la intención de quedarse en la Casa
+de los Cuervos para ganar mejor aquella alma que se venía a él, y
+averiguar si doña Carmen de Borja, huraña con él, se negaría a darle su
+hija. Mas al oír hablar al ovejero comprendió que el gobierno estaba
+sobre su pista, y que José Golondrina servía sus planes. Tenían, sin
+duda, la consigna de llevarle vivo o muerto, y aunque habría sido su
+gusto pelear contra la patrulla que sin duda acompañaba al indio, cedió
+al pedido de Gabriela que mandaba ya en él, y resolvió huir, dejando
+la promesa de volver y llevando la gran esperanza que ella había
+encendido en su corazón.
+
+Y así, cuando estuvieron ensillados los caballos, besó la mano que
+Gabriela le tendía, y con el capataz que había de guiarles hasta
+el vado, en donde estaba la canoa para pasar el río, crecido aún,
+partieron al galope, haciendo resonar en la noche la tierra endurecida
+por la helada.
+
+Gabriela siguió con la mirada ansiosa las siluetas que pronto se
+perdieron en la sombra.
+
+Estaba próxima el alba y ya los cuervos revoloteaban desde su árbol
+al corral de las ovejas, que empezaban a balar, por el frío de la
+madrugada, y al entrar en la galería, sintió Gabriela el susurro de las
+alas de uno de ellos que pasaba rozando el muro.
+
+
+
+
+VI
+
+Sobre las huellas de Insúa
+
+
+A pie, cruzando por los atajos del monte, en la niebla precursora del
+alba, llegó ñor Basilio, el ovejero, al rancho en que vivía solo, desde
+hacía veinte años.
+
+De lejos vió la llama del hogar, encendido por su huésped de esa noche.
+Cuando entró, hallólo sentado sobre la osamenta de una cabeza de vaca,
+atizando el fuego que ardía sobre el suelo de tierra en medio del
+rancho. En una "pava" de hierro, ennegrecida por el hollín, empezaba a
+calentarse el agua para el mate.
+
+--¡Buenos días!--se dijeron sin mucha efusión.
+
+Ñor Basilio sacó de un rincón una especie de morral de cuero, donde
+guardaba la yerba y el azúcar, tomó el mate, vaciado de la yerba
+vieja, y empezó a cebar, tasando con escrúpulo, los ingredientes del
+rico desayuno. Era sumamente pobre, cuidaba de la majada a un tanto
+por ciento en las crías, y sólo cuando vendía la lana de la esquila,
+hacíase de algún dinerillo para yerba y azúcar. Tabaco no compraba;
+cultivábalo él mismo en un cuadrito rodeado de ramillas para librarlo
+de algunas gallinas que a esa hora empezaban a esponjarse, ante el día
+que llegaba, en una ramadita a la vera del rancho.
+
+José Golondrina, silencioso, sentado en la osamenta, miraba ir y venir
+al ovejero que preparaba el mate. Lo vió ponerse en cluquillas al lado
+del fuego, y coger la pava, que borbotaba con el hervor del agua, y
+brindarle enseguida el primer mate.
+
+--¡Sírvase!
+
+El indio, callado siempre, sorbió el contenido del mate, y al devolver
+la pequeña vasija, lustrada por los años de uso, dijo a ñor Basilio con
+una leve intención:
+
+--Yo soy madrugador, pero usté me gana.
+
+--Así parece,--contestó el otro.
+
+--Esa sendita que se ve entre las pajas, ¿va a la Casa de los
+Cuervos?--y señalaba una raya clara trazada en el pastizal.
+
+--¿Tiene viaje para allá?--interrogó el viejo.
+
+El indio movió la cabeza sin decir nada.
+
+--Si quiere lo acompaño para que no se pierda en el monte.
+
+--No he de perderme--respondió José Golondrina.--Yo soy baqueano de
+estos campos, aunque hace años no vengo.
+
+--Nunca lo vide por aquí--observó el ovejero, dándole otro mate.
+
+El indio se puso de pie y salió del rancho. Afuera ya el alba iluminaba
+el paisaje con su luz cenicienta.
+
+Una bandada de patos "siririses", pasó silbando por encima del rancho,
+y José Golondrina se estremeció, porque era un buen cazador al vuelo.
+
+--Qué tiro se ha perdido--dijo; mas no oyó que ñor Basilio le
+contestara nada. De cuando en cuando se miraban los dos, como si el uno
+desconfiara del otro. Cuando se encontraba con los pequeños ojuelos
+interrogadores del dueño del rancho, bajaba la cabeza, como si algo se
+le hubiera caído.
+
+--Voy a ensillar--dijo, concluyendo el tercer mate, que tomó arrimado a
+la puerta.
+
+En ese momento, sobre la nítida raya del horizonte, sobre la infinita
+llanura de la isla de enfrente, apareció el disco rojo del sol, y el
+inmenso paisaje pareció vibrar herido por su luz.
+
+El gallo cantó batiendo ruidosamente las alas, y escarbando la tierra
+dura como una arcilla quemada, frente a la puerta del rancho.
+
+Ñor Basilio salió con el mate en la mano, para espiar las andanzas de
+su huésped. Por lo que había oído esa noche, el personaje no era de
+mucha confianza.
+
+Lo vió cruzar el pajonal, que ondulaba al sol, con reflejos plateados.
+A lo lejos, a un tiro de fusil, en la orilla del monte, se veía el
+caballo que dejara el indio, maneado y sin freno, para que paciera a su
+gusto en la noche, alerta, relinchando al dueño que se le acercaba.
+
+José Golondrina lo enfrenó, quitóle la manea, y montó en pelo, para ir
+hasta el rancho, en busca de su apero, que le sirvió de cama. Antes,
+sin embargo, se internó en el monte, obscuro aún con la sombra alargada
+de los árboles.
+
+--Va a avisar a los compañeros--pensó el viejo.--Este hombre anda en
+malas andanzas. Que Dios lo ayude.
+
+Y se metió de nuevo en el rancho, satisfecho de haber llegado a
+constatar que el indio no andaba solo.
+
+Media hora después, cuatro hombres a caballo, cruzaban el tupido
+algarrobal, siguiendo un sendero abierto entre la hierba profusa, por
+el paso de hacienda, en dirección a la Casa de los Cuervos.
+
+Uno de ellos, José Golondrina, marchaba adelante de los otros,
+sirviéndoles de guía.
+
+Eran dos soldados, sin otro distintivo que la gorra, el sable y
+carabina, y un alférez, jovencito y rubio, como un extranjero, embozado
+en una capa de paño azul, con forro de bayeta roja, por debajo de cuyos
+bordes aparecía la extremidad de la espada.
+
+--Dicen que es bonita la viuda de Jarque--díjole sonriendo uno de los
+hombres que marchaba a su lado.
+
+El alférez, que venía pensando en ello, alzó la voz dirigiéndose a José
+Golondrina, que apenas se volvió:
+
+--¿Quién la conoce? ¿Vos, indio?
+
+--No, mi alférez.
+
+--Es lástima; podrías darme datos.
+
+Siguieron al trote, distinguiéndose del ruido sordo de los cascos en la
+hierba ennegrecida por la helada de la noche, el ruido de los sables
+que se golpeaban.
+
+José Golondrina revolvía sus viejas memorias. Pensaba en su tribu, en
+su obscuro destino, en su fortuna, si aquel hombre, que iban a buscar
+moría.
+
+Había hablado con el gobernador Bayo en la ciudad, y sin confiarle el
+motivo de su odio, habíase hecho el eje de la persecución del gobierno
+contra Insúa, de cuya existencia tenían ya indicios seguros.
+
+En la noche de la revolución, él, que hiciera fuego sobre su jefe,
+debió huir y refugiarse en la primera casa, cuyas tapias pudo saltar,
+para escapar a la saña de los milicianos vencedores, que pasaban
+sableando a los revolucionarios fugitivos.
+
+Aquella casa era de los parientes que dieron hospedaje a doña Carmen de
+Borja, cuando llegó de la estancia para enterrar a su hijo, que allí
+se veló.
+
+En el tumulto de la gente que acudió el primer día, pasó el indio
+inadvertido, pero después lo apresaron, y entonces aprovechando la
+circunstancia de conocer el secreto de la muerte de Carmelo Borja, por
+lo que oyera la noche de la revolución, logró hablar con su madre,
+y revelóselo, y en cambio de aquella revelación que había de ser la
+pesadilla de la infeliz mujer, le pidió que hablara a Bayo en su
+nombre, para que le dejaran libre.
+
+Cuatro días pasó en un calabozo, con las piernas en la barra de
+grillos, solo, temblando de frío, cuando una mañana, el gobernador en
+persona, llegó hasta su prisión deseoso de hablarle.
+
+Sabíase de la muerte de Insúa, mas no se había dado aún con su cadáver,
+por lo cual, José Golondrina, que era desconfiado y astuto, tuvo la
+sospecha de que había escapado vivo de sus perseguidores, para quienes
+la noticia de que habían logrado concluir con el temido caudillo fué
+ocasión de un premio.
+
+--No debe haber muerto--dijo el indio al Gobernador, que le escuchaba
+de pie, junto a la barra de grillos.--Si el señor quiere, yo daré con
+él.
+
+--Si está vivo--contestó Bayo.--¿Y si está muerto?
+
+--Daré lo mismo con su cuerpo.
+
+El aire sombrío e inteligente del preso, interesó a Bayo, que lo mandó
+poner en libertad, y le encargó de la pesquisa.
+
+Con una patrulla recorrió José Golondrina el río, la laguna, los
+sauzales de las islas, y llegó hasta la Casa de los Cuervos, cuando
+Insúa estaba allí, luchando aún con la muerte.
+
+Doña Carmen de Borja habló con el indio, disipando su sospecha, y él
+la creyó porque nunca habría imaginado que aquella mujer que tenía los
+ojos enrojecidos de llorar a su hijo, escondiera en su misma casa al
+matador.
+
+Algunos días después José Golondrina, de quien el gobernador Bayo no
+estaba muy satisfecho, entró en la casa de Montarón, como peón para los
+servicios pesados, partir leña, traer agua del río, cuidar la huerta.
+Nadie sabía allí de dónde venía: contó una historia y le creyeron.
+
+Era sumiso y callado e inspiraba confianza, y él, poco a poco,
+atisbando con astucia, se enteraba de algunos importantes secretos que
+a nadie confiaba, mientras no llegara la hora.
+
+Don Patricio Cullen iba con escasa frecuencia, mas conocíase que la
+relación era estrecha y cultivada entre Montarón y él. José Golondrina
+más de una vez llevó mensajes de éste, que ahorraban una visita.
+
+A ninguno de los dos les había desengañado el fracaso. Por el
+contrario, su pasión política se exacerbó ante la derrota, y
+aprovechando las nuevas circunstancias, en que la muerte de Jarque
+dejaba las cosas, no bien recibieron noticias de que Insúa vivía,
+empezaron a tramar una nueva revolución.
+
+José Golondrina seguía de cerca la conjuración. Así tuvo noticias de
+Insúa, aunque no llegó a saber cuál era su paradero.
+
+Y fué entonces cuando la astucia del indio le procuró el más eficaz de
+sus colaboradores, para aquella empresa de odio que tramaba.
+
+Syra permanecía en casa de sus padres, aunque en los primeros días
+huyera de ella. Mas no tenía trato con nadie. Aislada, voluntariamente,
+en su cuarto, dejaba correr su vida en una sombría tristeza, llena de
+rencor y guardando en su alma apasionada la memoria del muerto, cuya
+sangre, en su traje de baile, que solía ponerse a solas, le pedía
+venganza.
+
+El indio se enteró de la historia de la joven, y vió que podría hacerla
+servir admirablemente sus planes, sin que lo advirtiera, y empezó a
+rondar en su cercanía para que le tomara apego.
+
+Así estaban las cosas, cuando un día, Cullen en una visita a Montarón,
+dejó escapar el nombre de la Casa de los Cuervos, en momentos en que se
+acercaba el indio, que les servía el mate. Por el tono de la voz, por
+la alarma que pareció causarles el que alguien hubiera oído aquello,
+comprendió José Golondrina que doña Carmen de Borja le había engañado
+cuando él fué a la Casa de los Cuervos en busca del capitán.
+
+Y resolvió ir otra vez. Salió esa noche de la casa de Montarón, sin ser
+visto, y fué a ver a Bayo, y le prometió de nuevo dar con el paradero
+del perseguido caudillo, el único de los jefes de la revolución contra
+el cual podía hacerse un proceso que cortara para siempre en él la
+vocación revolucionaria.
+
+Bayo, que vivía intranquilo, rodeado de enemigos, contra los cuales no
+tenía pruebas, aceptó la propuesta del indio, y mandó con él aquellos
+tres hombres que pasaron la noche en las cercanías del rancho de ñor
+Basilio.
+
+El sendero que seguían por entre el monte llegó pronto al bañado, que
+se extendía a mitad del camino entre el rancho del ovejero y la Casa de
+los Cuervos. Cuando llegaron allí, se lanzaron al galope, el alférez y
+sus dos hombres adelante, el indio José detrás, mirando con ojo experto
+los campos y las haciendas que hallaban al paso.
+
+De pronto dió un grito. En el bañado, entre la caballada que pacía las
+hierbas altas y frescas, nacidas en aquel suelo empapado, divisó el
+caballo de Insúa, el mismo en que huyó la noche de la revolución, un
+tostado magnífico, de largas clinas, descarnado y musculoso, que su
+dueño al partir esa noche había dejado en la estancia a fin de tenerlo
+cerca de la ciudad, para la próxima campaña.
+
+Creyó que era eso señal evidente de que el capitán estaba allí, y como
+los hombres que galopaban adelante no se hubieran dado cuenta de su
+exclamación, no dijo nada, y llegaron así a la Casa de los Cuervos.
+
+La irrupción de aquellos cuatro hombres armados en el patio de los
+eucaliptus, provocó grande alarma. Ladraron violentamente los perros,
+los sirvientes corrieron adentro, en busca del ama, que salió al rato,
+cuando ya el alférez había echado pie a tierra ahuyentando los canes a
+rebencazos, como dueño y señor de la morada.
+
+El gesto severo de doña Carmen de Borja le impuso mayor respeto. Habló,
+no obstante, con altanería:
+
+--Veníamos en busca de Francisco Insúa.
+
+--Aquí no está--respondió secamente la dama.
+
+--El gobierno sabe que aquí se esconde.
+
+--Se equivoca el gobierno.
+
+--Tiene denuncias, señora.
+
+--Lo han engañado.
+
+Apareció Gabriela en ese momento, al lado de su madre, asustada ante
+aquella violencia, por la suerte del hombre que amaba, y a quien podían
+aún perseguir y alcanzar en el campo.
+
+--¡Mama! que registren, que pierdan tiempo--dijo hablando al oído a
+doña Carmen.
+
+El alférez, al ver a Gabriela, había cambiado de actitud y se
+aproximaba almibarado y lleno de disculpas:
+
+--Quizás sea así, señora; pero esas denuncias lo obligan a proceder en
+esta forma, y yo no podría evitarlo.
+
+Había llegado hasta la galería, donde estaban ambas mujeres, de pie,
+cuando José Golondrina, que estudiaba ávidamente la cara ansiosa de
+Gabriela, se acercó bruscamente, y dijo con sonrisa maligna:
+
+--Mi alférez, diga usted que hemos visto el caballo del capitán
+comiendo en el bañado.
+
+La joven juntó las manos llena de angustia, creyendo que Insúa se
+hubiera detenido en el monte con algún propósito que no sospechaba, y
+hubiera soltado su caballo.
+
+Pero el indio explicó, mirándola siempre con una mirada que le entraba
+en el alma como una hoja fría:
+
+--El tostado malacara; lo acabo de ver yo, que lo conozco bien.
+
+El indio vió animarse las facciones de Gabriela, y pensó que aquella
+hermosa mujer habría sido una reina digna para su tribu, si algún día
+se cumplía la palabra de la adivina.
+
+--Mama, que registren--dijo Gabriela.
+
+--Vos, José Golondrina--observó duramente doña Carmen--ya has venido a
+mi casa en busca de lo mismo: ¿qué hallaste?
+
+--Su merced disculpe--respondió el indio, bajando al suelo sus ojos
+obscuros y maliciosos;--yo era mandado entonces y ahora. Me dicen que
+busque y busco.
+
+Echó pie a tierra, sonándole el sable y las espuelas de anchas rodajas
+de plata. Un poncho de lana gruesa le cubría, arrastrando los flecos.
+
+El alférez habría deseado quedar bien con aquella familia por merecer
+de Gabriela una buena palabra que algún día le sirviera para tornar a
+la casa. Pero aquel indio, mal dispuesto, podía perderle, y se resolvió
+a ordenar el registro.
+
+--Es un nuevo agravio que se me hace--protestó doña Carmen de Borja--y
+yo me quejaré a mi primo el Gobernador.
+
+--Él lo ha ordenado--observó el indio.
+
+--¡Miserable!--contestóle ella en secreto, de modo que sólo él la
+oyera--yo te salvé de la barra, y es la segunda vez que asaltan mi
+casa, por denuncias tuyas.
+
+El indio sonrió y pasó la puerta que le abrían para comenzar el
+registro.
+
+En el cuarto, frente al árbol de los cuervos donde hasta el día
+antes estuviera Insúa, halló a Gabriela, que huía del alférez cuyas
+insinuantes miradas le sublevaban.
+
+--No lo hallarán--dijo la joven con ira--porque no está aquí.
+
+José Golondrina que registraba los rincones, se volvió a ella, y le
+dijo espiando su actitud:
+
+--¡Mejor para él!
+
+--¿Por qué? Yo no lo conozco, pero sé que sabría defenderse, porque es
+un hombre valiente.
+
+--Peor para él, entonces, porque tendríamos que matarle.
+
+Gabriela se inmutó.
+
+--Esa es la orden--dijo el indio observando aquella impresión.
+
+--¡Oh!--exclamó la joven intensamente pálida:--¿Es posible que se den
+esas órdenes?
+
+José Golondrina sonrió y Gabriela comprendió, por la malevolencia de
+su sonrisa, que había adivinado el secreto de su alma. Se quedaron
+silenciosos un instante: ella sentía crecer la angustia de su corazón,
+ante la mirada penetrante de aquel hombre, mas no se atrevía a
+alejarse, por miedo de provocar su encono. Habría deseado, por el
+contrario, hallar una palabra que aplacara su odio contra el hombre que
+ella amaba.
+
+--¿Por qué lo persiguen?--se animó a decir.
+
+El indio no respondió, siguió sonriendo, con amarga ironía.
+
+--¿Le ha hecho a usted algún mal?--insistió la joven.
+
+Él contestó que no, moviendo la cabeza, y sonriendo siempre.
+
+--Entonces, ¿por qué lo odia y quiere matarle?
+
+El indio habló despacio, con indefinible tristeza en la voz:
+
+--¿Por qué si no lo conoce lo defiende? ¿No comprende que los hombres
+que la sigan y la vean como yo, van a odiarlo a él, sólo porque usted
+parece enamorada?
+
+Gabriela tembló. ¿Lo amaba tanto en verdad que ya hasta los ojos
+extraños adivinaban su amor?
+
+José Golondrina se acercó a ella:
+
+--¿No ve, niña, que quien la vea la ha de querer y se ha de poner
+celoso de que usted lo defienda?
+
+Había desaparecido de sus torvas facciones el gesto que hacía
+desconfiar de él, y sólo se notaba la emoción con que decía algo que
+era como una confesión de amor.
+
+Gabriela, que temía al indio, por Insúa más que por ella, aún
+aterrorizada por aquella palabra, no quiso alejarse, y oyó al indio que
+le dijo:
+
+--Es la tercera ocasión que me llego a esta casa, y no es la primera
+vez que la veo. ¿No sabe, niña, que un hombre puede llegar a querer con
+sólo una vez que encuentre a una mujer?
+
+--No hable así--respondióle Gabriela acercándose a la puerta;--le diré
+al alférez que usted ha venido no a buscar a un revolucionario sino a
+conquistar a una mujer.
+
+José Golondrina volvió a sonreír.
+
+--También él hubiera hecho lo mismo si la hubiera visto como yo
+pidiendo perdón por un hombre que no es su marido...
+
+--¡Yo no he pedido perdón!
+
+--Ni su hermano...
+
+--Yo no he pedido perdón para él que es valiente--protestó Gabriela,
+temiendo que el indio aludiendo a su marido y a su hermano, quisiera
+hacerle saber que conocía quién les había dado muerte. Se sintieron
+pasos en la pieza vecina.
+
+El indio se le acercó; ella fué a abrir la puerta; pero él con un gesto
+la detuvo y le dijo:
+
+--No tenga miedo de mí.
+
+--No, no tengo,--respondió ella con orgullo--¡no tengo miedo de nadie!
+
+--Ni por usted ni por él...
+
+Oyó apenas la palabra, mas se inflamó la esperanza de que si ganaba el
+corazón de aquel hombre, pudiera proteger mejor la vida de Insúa en
+peligro.
+
+--Ni por él--repitió el indio mirándola fijamente, como si con la
+respuesta que ella iba a dar con su palabra o con sus acciones,
+pendiera toda su suerte.
+
+Y cuando ella, sin hablar, mostró en sus ojos cuánto le complacía
+la seguridad que él le brindaba, y cuánto amaba al caudillo
+revolucionario, el indio se echó a reír con amargura, como si al
+adueñarse del secreto de ella, se esfumara su propia esperanza. Alargó
+la mano obscura y nerviosa y la cogió con fuerza de un brazo.
+
+Ella gritó. Él cerró con violencia la puerta que ella abriera, y le
+dijo al oído, quemándola con su aliento:
+
+--¡Está enamorada, enamorada de él! ¡Qué miseria! ¿No sabe que él...?
+
+Llena de miedo y de horror Gabriela se echó atrás a tiempo que se abría
+la puerta y entraba don Julián, el cura, como un ventarrón atraído por
+el grito de ella.
+
+Sonaron dos bofetadas.
+
+--¡Miserable!--rugió el cura.
+
+El indio, doblegado por aquel brazo hercúleo que se abatía sobre él,
+soltó a Gabriela, y se incorporó, con el odio pintado en el rostro
+cárdeno como un verdugón.
+
+Le temblaron los labios, descoloridos: no pudo hablar, y sólo cuando
+salió de la pieza, logró dominar su cólera salvaje, y dijo sordamente
+volviéndose al cura, que atendía a Gabriela, desmayada en el suelo:
+
+--¡Ah, la mala mujer! Yo seré la venganza de ellos, y ella será mi
+esclava... Nadie le oyó; por toda la casa circulaban los soldados
+registrando minuciosamente los últimos rincones para dar con el
+caudillo.
+
+En el patio, doña Carmen de Borja contestaba con dureza las preguntas
+del alférez.
+
+Un instante le azotó el alma el recuerdo de su hijo muerto por el
+hombre sobre cuyos pasos podía ella poner a la justicia que lo
+perseguía. Pero fué un aletazo negro, como el que en la noche
+siniestra de la revolución, le anunció su desgracia.
+
+Cuando los soldados partieron desengañados, después de registrar la
+casa, la silueta severa de la dama quedó un rato en el mismo sitio,
+mirándolos alejarse.
+
+--¡Dios mío, qué horror!--exclamó entrándose.--¡Yo lo perdono y ella lo
+ama!
+
+
+
+
+TERCERA PARTE
+
+
+
+
+I
+
+En la casa de Bayo
+
+
+Jarque se había llevado a la tumba el peligroso secreto de don Serafín
+Aldabas, en cuya escuela se reunían, los conjurados, para la revolución
+de Marzo. Y a esa discreción, impuesta por la muerte, debió sin duda el
+maestro, el que no se suprimiera la modesta pensión del gobierno, que
+le hacía vivir.
+
+Pero los apuros del erario provincial agraváronse hacia mediados del
+año 77, y de nuevo empezaron a acumularse los meses impagos, y a ver el
+mísero don Serafín crecer su deuda en el boliche del catalán.
+
+Menos mal que a la vuelta de la escuela, en el Café del Plata, frente
+a la plaza 25 de Mayo, tenía dos alumnas, a quienes daba lecciones a
+domicilio: y si bien sus ganancias no eran gran cosa, su situación de
+maestro otorgábale crédito en el negocio, lo que le permitía sacar
+al fiado algunos comestibles, en los momentos de apuro, cuando su
+Rosarito le sonreía, advirtiéndole que estaban obligados a vivir de
+"mazamorra" hasta que Dios quisiera.
+
+Ocurría, sin embargo, un fenómeno, causa de hondas preocupaciones para
+el inocente maestro de escuela.
+
+El Café del Plata era el nidal de los opositores.
+
+En el buen tiempo, su patio encuadrado por la galería de tejas,
+sombreado por hermosos naranjos, que le daban más carácter nacional
+que los malos cromos de la batalla de Caseros, con que su dueño había
+adornado las paredes, congregaba a los enemigos del gobierno, que
+buscaban en aquellas tertulias una ocasión de hablar mal contra los
+hombres del Cabildo.
+
+La oposición al gobierno de don Servando Bayo, detrás del cual se
+notaba la mano de hierro, enguantada de seda, del doctor Iriondo,
+había agrupado a las familias más distinguidas de Santa Fe, en torno
+de don Patricio Cullen, y aunque en el grupo figuraran muchos hombres
+de convicciones católicas, predominaba una tendencia contraria, que
+justificaba el nombre de "liberales", adoptado por ellos, en la lucha
+política.
+
+El gobierno, por su parte, gozaba de grandes prestigios ante el pueblo,
+donde se imponía la figura de Iriondo, seductora y enérgica.
+
+Don Serafín había observado que cuando sus angustias crecían, porque no
+le pagaban la pensión, aumentaba su crédito en el Café del Plata. Más,
+parecíale haber observado, también, que se agravaron grandemente las
+dificultades que experimentaba para cobrar del gobierno, con su entrada
+a la casa, aunque era notorio que no iba como conspirador.
+
+De donde para el maestro surgía un formidable problema: ¿aquéllos no me
+pagan, porque éstos me ayudan, o me ayudan éstos porque aquéllos no me
+pagan?
+
+Cada tarde al entrar al café, por la sala de la calle que cruzaba
+con paso blando y presuroso, como para que si había algún espía
+comprendiera que él no era un conspirador, proponíase el mismo
+problema, miraba el reloj, buscando la respuesta, y volvía a guardarlo,
+resignado a su confusión.
+
+Anclado así de proa y de popa, seguía viviendo mísera y apaciblemente,
+sin otro horizonte que su escuela ni más ilusiones que sonreír a
+Rosarito, cuyos ojos profundos y dulces jamás desmentían sus sonrisas.
+
+¡Ah, su hija! cómo había sabido acolchar su miseria para hacérsela
+amable. Por ella vivía y para ella quería vivir, sin saber bien qué
+podía hacer él para hacerla feliz.
+
+Un día estuvo a punto de penetrar el enigma de su alma inocente.
+
+Fué cuando se recibió en la ciudad la noticia de la muerte de Insúa.
+¡Cómo lloró su niña! Al alba del día siguiente, la vió salir enlutada,
+en dirección a la iglesia de los jesuítas, donde, según le contaron,
+pasó una hora rezando ante el altar de la Virgen de los Milagros.
+
+Cuando volvió, ella le dijo:
+
+--Tata, no ha muerto; no es verdad que haya muerto.
+
+--¿Quién te lo ha dicho?
+
+--Nadie; lo sé yo, que no creeré en su muerte mientras no vea su cuerpo.
+
+Su padre movió la cabeza.
+
+--Todos lo dicen, sin embargo,--murmuró tristemente, deseoso de no
+desengañarla ni de halagar su ilusión.
+
+Por escasa experiencia que tuviera del mundo, sospechó que su hija
+estaba enamorada, y se llenó de pena, porque era justamente ese amor el
+ideal que venía cultivando en el secreto de su corazón, como el único
+medio de asegurar el porvenir de su hija.
+
+Y ahora lo veía hundirse, sin que él hubiera tenido tiempo ni
+resolución de confiarlo a nadie.
+
+Diez días pasaron así, bajo la angustiosa incertidumbre. La convicción
+de su hija le llegó a contagiar, y también él dudó de la muerte de su
+sobrino, hasta que un día, un mensaje de él, con todo misterio, les
+mostró que, en verdad, el corazón de Rosarito no había mentido.
+
+Más tarde se divulgó en la ciudad, por otros conductos, lo que ellos
+sabían, que Insúa no había muerto.
+
+Hacia fines de Junio, salía una vez del Café del Plata, después de su
+lección, cuando en la calle, de noche ya, por la brevedad de los días
+de invierno, al arrebozarse en la capa, a fin de librarse del áspero
+viento del Sur, alguien le tomó del brazo y le arrastró en dirección
+opuesta a la de su casa.
+
+Lleno de sorpresa, no distinguió en un principio más que una alta
+figura negra, pero conoció quién era en cuanto le habló, después de
+alejarse un trecho del cuadro de luz que pintaba en la vereda el
+mezquino farol del café.
+
+--¡Ilustrísimo doctor Zavalla!
+
+--No me ponga motes, don Serafín, no soy obispo.
+
+--¡Señor Canónigo!
+
+--¡No soy canónigo!
+
+--¡Señor...!
+
+Alto, gallardo, envuelto en un manteo con forro de seda, caminaba
+a prisa, llevando del brazo al endeble maestro que se deshacía en
+cortesías ante la inesperada muestra de afecto de uno de los hombres
+más poderosos de la situación.
+
+Habían recrudecido extraordinariamente las alarmas revolucionarias, y
+los hombres del gobierno comprendían que vivían sobre un volcán.
+
+Casi a diario llegaban al Cabildo denuncias de que se preparaba un
+vasto complot. Don Patricio Cullen había abandonado repentinamente la
+ciudad, dábasele como residente en su estancia "Los Algarrobos", donde
+en medio de las colonias extranjeras, de reciente fundación, estaba el
+foco de las fuerzas con que podía contar para todo movimiento.
+
+El gobierno sabía esto; mas lo desazonaba el absoluto misterio que
+rodeaba el paradero de Insúa, el más bravo y audaz de los jefes
+revolucionarios.
+
+Señalábase su presencia en su estancia del Norte, y cuando el gobierno
+que lo perseguía para enjuiciarlo por la revolución de Marzo, destacaba
+una partida en su busca, sabíase que había pasado como una exhalación a
+Entre Ríos o rondaba cerca de Santa Fe, al habla con los opositores.
+
+Hacía un mes, sin embargo, que se le había perdido la pista. No se
+tenía el más leve indicio de su paso. Ignorábase si estaba cerca o
+lejos, lo cual preocupaba extraordinariamente a los gubernistas. Podía,
+y eran sospechas vehementes de la policía, estar oculto en la misma
+ciudad, en cuyo caso debía vivir con el arma al brazo, considerando
+inminente la revolución.
+
+Todas las noches los consejeros del gobierno celebraban su reunión; en
+la casa de Iriondo frente a la plaza, algunas veces, o en la casa del
+gobernador Bayo, a la vuelta del Cabildo, y allí, con todo misterio,
+se discutían y se pesaban las informaciones que llevaba el jefe de
+policía, don Manuel Echagüe.
+
+Hacia la casa de Bayo, donde era la tertulia de esa noche, marchaba
+presuroso don Manuel María Zavalla, embozado en su lujoso manteo,
+debajo de cuyos pliegues elegantes no habría nadie extrañado que
+apareciera la contera de una espada.
+
+Al cruzar la plaza, obscura y temerosa, mas no para un hombre de sus
+arrestos, tuvo la inspiración de torcer su camino a fin de pasar por la
+vereda misma del Café del Plata, llevado por la curiosidad de atisbar
+algo y aun atraído por el peligro de algún incidente con cualquiera de
+sus adversarios.
+
+Estaban la plaza y la calle solitarias, alumbradas por los cuatro
+faroles de las esquinas, que parecían más bien espesar la obscuridad de
+una noche sin estrellas.
+
+Al enfrentar al café, en cuyo interior sentíase el pacífico
+chasquido de las bolas de billar, vió salir a don Serafín Aldabas,
+cuyo parentesco y amistad con Insúa recordó al momento, haciéndole
+interesante el inofensivo personaje.
+
+Lo tomó del brazo y le habló como si de tiempo atrás hubiera estado
+buscando la ocasión de encontrarle.
+
+--Dicen las malas lenguas que es usted opositor, don Serafín.
+
+El maestro alzó los brazos, clamando al cielo.
+
+Su capa batida por el viento se arrancó de sus hombros y cayó hacia
+abajo. Zavalla se echó a reír, porque le vino a la mente el recuerdo
+de Friné, convenciendo a sus jueces de que era una calumnia la
+acusación que le enrostraban.
+
+Ayudóle a arrebozarse de nuevo y siguió caminando a prisa, agarrado a
+su brazo.
+
+--Si es mentira eso, como lo he creído siempre, y si no tiene apuro,
+véngase conmigo por un minuto hasta lo del gobernador. Yo tengo que
+hablarle del subsidio de su escuela...
+
+--¡Oh, señor don Manuel María!
+
+--Y de su hija Rosarito... ¿no es mi ahijada?
+
+--En efecto, señor don Manuel...
+
+Llegaban al ancho portal de la casa de Bayo. Subieron los tres
+escalones de piedra, y Zavalla, guiando al maestro, entró sin llamar a
+una de las piezas laterales del ancho zaguán, iluminado apenas por un
+gran farol de hierro, pendiente del techo.
+
+La pieza estaba desierta. Zavalla se sentó en el sofá, arreglándose
+los pliegues de su traje talar, y atrajo al maestro, cuidadosamente
+arrebujado.
+
+Sobre una mesa redonda de mármol, con rojo pie de caoba, que estaba en
+el centro, ardían cuatro velas de esperma en un candelabro de plata.
+
+En la pieza contigua sentíanse voces de hombre. Alguien que hablaba
+acaloradamente con voz timbrada y varonil que parecía que pudiera oírse
+desde la calle a través de las gruesas maderas de las puertas, al
+notar la presencia del recién llegado se calló y se asomó hasta donde
+acababan de buscar asiento Zavalla y don Serafín.
+
+Era el doctor Pizarro, el ministro de Bayo.
+
+Saludó muy sorprendido al nuevo visitante, y como Zavalla le hiciese
+una seña para que los dejara solos, se volvió, mientras don Serafín de
+pie formulaba sus salutaciones y sus excusas. Sintióse de nuevo su voz,
+más discreta. Escuchábasele con profunda atención, pues siendo varios
+los que allí estaban, sólo hablaba él, mas sus palabras no se percibían
+desde el rincón donde el maestro dedicaba toda su atención a lo que le
+iba diciendo Zavalla.
+
+--¿Andan bien sus negocios, don Serafín? Con seguridad que el gobierno
+le adeuda algunos meses...
+
+--¡Doce!...--suspiró el pedagogo.
+
+Zavalla hizo un gesto de desaprobación.
+
+--No está bien eso; pero ya me lo explico: se dicen tan graves cosas de
+usted...
+
+Hizo una pausa llena de intención, mirando en las pupilas a su
+interlocutor, que maquinalmente sacó su reloj y se puso a darle cuerda.
+
+--¡Son calumnias, señor don Manuel!--exclamó con un hilo de voz.--Si no
+fueran esas lecciones que doy en el Café del Plata, me habría muerto de
+hambre ya.
+
+--Bueno, lo creo. Lo esencial es que esté vivo hasta ahora. Yo mismo
+hablaré hoy con el gobernador, para que le paguen el atraso, y le
+aumenten la subvención.
+
+Don Serafín se acordó de Jarque, y sonrió con amargura. Con que se la
+pagaran sería bastante...
+
+--¿Me espera un minuto?--díjole de pronto Zavalla, como si acabara de
+tener una inspiración.
+
+Se levantó, dejando sentado al maestro, y fué hacia la pieza vecina,
+cuya puerta habían cerrado.
+
+Don Serafín miró su magnífico reloj.
+
+--¡Las siete! ¿qué dirá Rosarito de mi tardanza?
+
+Era tan medida la existencia de Don Serafín, que cinco minutos de
+retraso en volver a su casa, alarmaban a la niña, la que sospechaba
+toda clase de peligros pendientes sobre aquel hombre bueno y tímido
+como un niño.
+
+Pasado un rato, Zavalla volvió agitando un papel, cuya escritura fresca
+temía borronear.
+
+--Con esto, mañana, podrá cobrar sus doce meses atrasados.
+
+Don Serafín dió un salto.
+
+--¡Los doce meses!--exclamó, calculando que al día siguiente sería
+poderoso, con aquellos atrasos cobrados de un golpe.
+
+--Sí, los doce... ¿Me he engañado? era difícil, porque el erario anda
+flojo, pero hice valer un supremo argumento.
+
+El maestro enarcó las cejas, poniéndose de pie al lado de su
+interlocutor que se agachó, murmurándole al oído:
+
+--Le dije que necesitaba plata para el casamiento.
+
+--¿El casamiento? ¿Qué casamiento?
+
+Zavalla lo miró con una benévola sonrisa.
+
+--¿A mí, que soy su padrino, me lo oculta?
+
+--¡No comprendo!--balbuceó don Serafín, echando mano al reloj, como en
+todas sus sorpresas.
+
+--Pero, don Serafín, si ya hay muchos que lo saben, que Rosarito se
+casa..
+
+--¿Que Rosarito se casa?--interrogó en el colmo de la estupefacción el
+maestro.--¿Con quién dicen que se casa?
+
+--Con Insúa, con Francisco Insúa, que ha venido a eso, a casarse...
+
+El maestro sonrió con tristeza, deshecha su ilusión.
+
+--No es verdad--dijo sacudiendo la cabeza.--Francisco no ha venido.
+
+Y entonces Zavalla, simulando una gran sorpresa, exclamó:
+
+--¿Que no ha venido Francisco? ¿Y entonces dónde está?
+
+Don Serafín recapacitó un segundo, bajo la mirada inquisidora de
+Zavalla.
+
+--En lo de doña Carmen de Borja, respondió.
+
+--¿En la Casa de los Cuervos? Allí estuvo, pero ahora...
+
+--Ahora, ahora está allí.
+
+Cuando don Serafín, exultante de alegría, llegó un rato después a su
+casa, donde Rosarito le aguardaba con angustia, y le contó la escena,
+y le enseñó el papel que al día siguiente se trocaría en dinero y
+le refirió lo del comentado noviazgo, ella que lo escuchaba pálida,
+sospechando alguna intriga, juntó las manos:
+
+--¡Oh, tata! ¿por qué le dijo dónde estaba Francisco?
+
+Y sólo entonces comprendió el mísero don Serafín que había caído en una
+hábil celada, revelando el secreto de que en ese momento dependía la
+suerte de la revolución.
+
+Insúa, en verdad, había vuelto y hacía un mes que se mantenía oculto
+en la Casa de los Cuervos. Eran contados y fieles los que sabían su
+paradero, y como aquel sitio fuera registrado vanamente dos veces, el
+gobernador, atendiendo a la protesta de su prima doña Carmen de Borja,
+había resuelto que no se la molestase más, ya que era inútil.
+
+El caudillo, desde allí, al habla con los dos o tres que tenían los
+hilos del complot, en Santa Fe, preparaba el estallido, que debía
+producirse no bien don Patricio Cullen bajara del Norte, con sus
+montoneros.
+
+Rosarito comprendió todo el alcance de la indiscreción de su padre.
+Ella conocía la Casa de los Cuervos, pues el año antes, en las
+vacaciones, Jarque los había llevado a los dos, por una breve
+temporada.
+
+Sentóse junto a la mesa, sobre la cual ardía un humoso velón, cuya
+vacilante luz dejaba en densa tiniebla los extremos de aquella pieza,
+que aparecía más grande con la pobreza de sus muebles, y daba de lleno
+sobre su rostro inteligente.
+
+Su padre la miraba arrepentido y ansioso, esperando la solución que
+ella le sugiriera.
+
+--Tata--le dijo--si no se le avisa antes de mañana, lo habrán puesto
+preso. Lo buscan para enjuiciarlo; además quieren tenerlo en seguro
+para impedir la revolución.
+
+Don Serafín asintió con la cabeza y continuó callado.
+
+--Esta noche mismo yo me iré a la Casa de los Cuervos, y le avisaré
+para que huya.
+
+Se paró, y su rostro quedó en la sombra, donde lucían sus ojos, como si
+estuvieran iluminados por la sola luz de su alma.
+
+--¿Vas a ir?--gimió el maestro, que jamás se había separado de su hija.
+
+--Sí, tata. Tenemos que salvarlo, y sólo yo puedo ir hoy mismo. Algún
+canoero me llevará. Antes del alba; saliendo ahora habré pasado la
+laguna, y en dos o tres horas más estaremos en la Casa de los Cuervos.
+Ningún piquete que no salga enseguida, podría adelantárseme. Si Dios
+me ayuda así lo salvaremos.
+
+Don Serafín agachó la cabeza resignado. La niña se envolvió en su
+manto y se fué a la barraca de Fosco donde podrían informarle sobre un
+canoero de confianza.
+
+Al pasar frente a Santo Domingo, sonaba el toque de ánimas, y
+aquellas campanadas lúgubres vibraron como si tocaran en su corazón,
+anunciándole próximas desgracias.
+
+Se estremeció de terror, y para vencer su miedo, se santiguó y echó a
+correr.
+
+
+
+
+II
+
+El aviso
+
+
+La tarde cayó como un velo ceniciento sobre el campo, cubierto de pajas
+sobre el río dormido, sin una arruga entre las inmóviles carrizas,
+sobre el alma de la niña, que se llenó de tristeza, viendo morir el
+último día en que aún pudo guardar su ilusión.
+
+Esa mañana, al rayar el alba, había llegado, en efecto, a la Casa de
+los Cuervos, rendida, porque para abreviar la jornada y llegar antes
+que nadie, tuvo que ayudar al canoero.
+
+La travesía de la laguna habíanla hecho, siguiendo la costa, con un
+buen viento que hinchaba alegremente la vela.
+
+De cuando en cuando el canoero, sentado en el taco de popa, daba un
+golpe de pala para rectificar el rumbo de la embarcación. Ésta a veces
+tocaba el fondo gredoso, porque no siempre el agua era profunda; a
+veces la pala se hundía toda entera, y el canoero se quedaba tranquilo
+por un rato.
+
+Rosarito al pie del mástil, arrebozada en un manto obscuro, temblando
+de frío y de ansiedad, miraba la costa, como una faja negra, y la vasta
+napa de agua agitada por el viento de la noche, que arrojaba sus olas
+negras contra las bordas de la canoa.
+
+Cuando entraron en el arroyo de Leyes, la vela se desinfló. El viento
+calmaba, y allí apenas se sentía, resguardado el lugar por los tupidos
+sauzales de las orillas.
+
+El canoero dejó la pala y tomó el botador.
+
+--Usté, niña, si puede, ayúdeme con la pala, de proa.
+
+Fueron las primeras palabras que pronunció. Parecía haber hecho dormido
+el viaje hasta entonces. Rosarito obedeció, sin darse cuenta de cuál
+podía ser el servicio que prestaran sus fuerzas. Pero remó con brío,
+desentumeciéndose con el ejercicio, sintiéndose luego jadeante, pero
+decidida a remar hasta que hubiera llegado, para que aquel hombre no se
+descorazonara en la extraña aventura.
+
+No le había preguntado por qué viajaba de noche y sola. En aquellos
+tiempos de revoluciones, los hombres discretos no pretendían informarse
+de las cosas que no les atañían, por raras que le pareciesen.
+
+Le pagaban bien y aunque era ruda la jornada, no tenía derecho de
+quejarse, cuando aquella niña se mostraba infatigable y valiente.
+
+Bogaban cerca de la margen. Las altas hierbas acuáticas rozaban la
+borda, con un ruido de papeles ajados, y llegaban a poner su caricia
+húmeda y fría, por el rocío, en la mano de Rosarito, que se estremecía
+a su contacto.
+
+La barca deslizábase dejando una estela en que se quebraba la luz
+de las estrellas, que empezaban a dormirse en el cielo, ante la
+cercanía del alba. El agua chapoteaba contra la costa gredosa, y aquel
+ruido monótono, mezclado al concierto nocturno de los grillos y de
+los camalotes podridos en el barro, iba anegando en somnolencia el
+pensamiento de la niña.
+
+Dejó la pala y se sentó sobre el taco de proa. El manto que le cubría
+la espalda, caía fuera de la borda, mojándose una punta.
+
+--Estoy cansada--dijo, como una disculpa.
+
+--Ya me parecía que así había de ser--contestó el canoero dando un
+empellón más fuerte, como para mostrar que la canoa marchaba por él y
+no por ella.
+
+Rosarito se adormeció temblando de frío, al dejar el violento ejercicio.
+
+Ya no tenía miedo, ni del hombre que le acompañaba, ni de la noche que
+le envolvía, ni de las hierbas húmedas que le besaban la mano al pasar,
+con el contacto viscoso de una víbora o de un sapo. Una gran ilusión
+se levantaba en su corazón, como el lucero que en ese momento anunciaba
+el alba...
+
+Cuando ella fuera hasta "él" y le dijera que había hecho aquel viaje
+descabellado, sin pensar en peligro ninguno, por anunciarle que debía
+huir, él, sin que ella hablara más, comprendería su amor y adivinaría
+el temple de su carácter, que la hacía digna de ser la mujer de un
+caudillo.
+
+¿Pero en verdad, comprendería él que ella lo amaba, que lo había amado
+siempre?
+
+Sintió en los labios el beso de aquella noche triste, en que oyendo las
+descargas de los soldados que se batían en la plaza, ella creyó morir.
+¿Por qué la había besado antes de ir al combate si no era para decirle
+que también él la amaba?
+
+Su ensueño duró hasta que llegaron a la Casa de los Cuervos, cuando la
+ceniza de la escarcha brillaba sobre los campos a la luz de la aurora.
+
+El canoero, que conocía el lugar, dijo:
+
+--Aquí es.
+
+Y Rosarito se levantó de golpe, pensando que podía hallar a Insúa al
+saltar a tierra.
+
+Todo el campo aparecía como sembrado de sal, y más que en el frío,
+mostrábase el invierno en la ausencia de los pájaros, y en el gran
+silencio que reinaba sobre la tierra despierta ya.
+
+Sólo en las casas sentíase el ruido que hacía un peón, martillando un
+freno, que se había doblado; y en la isla de enfrente la algarabía
+áspera de las gallinetas y de los chajás, que saludaban al nuevo sol
+que empezaba a salir.
+
+Llegó el capataz, al oír ladrar los perros, y Rosarito preguntó por
+Insúa, y tuvo que explicarle de qué se trataba, para que el desconfiado
+campesino los hiciera pasar hasta el patio de los naranjos, donde ella
+vió los cuervos, que daban nombre a la estancia. Los dos pajarracos,
+posados en el suelo, devoraban su ración de la mañana, antes de salir
+al campo de las ovejas. Al pasar Rosarito se levantaron, y ella sintió
+el viento y el tufo que arrojaban sus alas.
+
+No pensó en nada triste, porque allí estaba Insúa, que la habló,
+inmensamente sorprendido de verla.
+
+--¿Qué hay?
+
+Y ella le contó. Y él quiso ver entonces la canoa en que había venido,
+y fueron los dos hasta la orilla del río, y bajaron la barranca. Ya no
+estaba el canoero, que había ido hasta las casas con el capataz, pero
+la pequeña embarcación, con la proa en tierra, parecía reposar de su
+larga jornada, junto al bote de Gabriela que se balanceaba en el agua.
+
+Insúa comprendió la suma de valor y de destreza que había gastado
+la niña en su aventura. Se volvió a ella, que estaba a su lado,
+estremecida, esperando aquella palabra con que había venido soñando.
+
+Mas no la dijo. Le apretó la mano.
+
+--Gracias, Rosarito. Voy a salir enseguida, porque ellos no tardarán.
+
+Subieron hasta las casas, juntos los dos. Rosarito silenciosa y
+desencantada; él contándole a grandes rasgos lo que podía decirse de
+la revolución que preparaban, y que estaba fijada para algunos días
+después.
+
+Recibida con afecto en la Casa de los Cuervos, la hija del maestro
+empezó a comprender qué sortilegio había apresado aquella alma errante,
+que ella perseguía con amor hacía tantos años.
+
+En pocos minutos se hicieron los preparativos de la fuga. Alarcón
+ensilló los caballos y cuando todo estaba listo, Rosarito vió a Insúa
+apartarse con Gabriela, siguiendo la calle de los eucaliptus, sombría
+a pesar de los rayos oblicuos del sol que se filtraba por entre sus
+troncos; y sus ojos se abrieron a la triste verdad.
+
+No pudo esconder sus lágrimas, cuando los vió venir. Pensó que él la
+habría besado, como en aquella noche inolvidable en que él le robó un
+beso para que le sirviera de talismán en la batalla.
+
+--¿Por qué lloras, Rosarito?--le preguntó él, subiendo a caballo.--No
+hay peligro para mí; no se ha fundido la bala que ha de matarme...
+
+--¡Que Dios te bendiga!--le dijo, como una madre o como una hermana.
+
+Él partió al galope seguido de Alarcón. Gabriela se había entrado. La
+silueta severa de doña Carmen de Borja, que un momento se pintara en
+la galería, bañada de sol, desapareció como una sombra.
+
+Cumplida su misión Rosarito pensó volverse, mas no la dejaron,
+haciéndola ver que si la gente del gobierno, que sin duda vigilaba
+el río, la veía pasar en canoa, adivinaría que ella había sido la
+mensajera, y expondría a su padre a persecuciones o venganzas.
+
+Haría mejor en aguardar dos o tres días antes de partir, y entonces se
+iría en volanta, lo cual se prestaría a menos sospechas.
+
+Accedió, y esa tarde fué sola hasta la barranca, a despedir el canoero
+que se volvía, y cuando él partió, ella se quedó mirando cómo se
+entraba aquel sol que esa mañana vió salir, con una extrema ilusión.
+
+A lo lejos el monte quieto, iba espesando su faja sombría. El grito de
+una lechuza, a la puerta de su cueva, rompía el gran silencio, apenas
+turbado por el melancólico rumor del río.
+
+Sobre las nubes cobrizas de Occidente, el sol parecía un enorme sello
+de lacre, que teñía el cielo con un reflejo cárdeno.
+
+Callaba el viento, que durante todo el día había silbado en los duros
+espartillos del campo, pero a ratos la brisa del río, con un frío
+aletazo, hacía temblar a la niña, que miraba las cosas, poniendo en
+cada una un poco de su tristeza.
+
+Se echó a llorar, sentada en el bote de Gabriela, que parecía una
+gaviota dormida.
+
+No sintió correr el tiempo. Cuando la fueron a llamar era de noche, y
+en el árbol seco dormían ya los cuervos.
+
+
+
+
+III
+
+El incendio del garzal
+
+
+Aquella zona de la costa, que el río inunda cuando crece o que
+las lluvias anegan, transformándola en un lago inmenso, de escasa
+profundidad, debía ser el pasaje de las montoneras revolucionarias, y
+el gobierno continuamente destacaba piquetes que la vigilaran.
+
+La tarea no era fácil. Saliéndose del camino de Helvecia, que cruzaba
+por allí, el terreno era liso como un plato, sin monte, sino a lo
+lejos, pero cubierto de pajales, tupidos y altos, donde se guarecía la
+hacienda matrera, y donde podía esconderse perfectamente un hombre a
+caballo.
+
+Acercarse a aquellas isletas sospechosas, con aire de ir a explorarlas,
+era exponerse a recibir una bala de un enemigo invisible.
+
+A fines de Junio del año 77, los lugares que se inundaron por las
+lluvias estaban secos, pues hacía tres meses que no llovía y se habían
+transformado en un escondrijo admirable para el gauchaje alzado, que
+merodeaba por aquellos lugares viviendo de rapiñas y pernoctando en los
+pajales misteriosos, llenos de extraños rumores en los días de viento.
+
+Los mismos soldados del gobierno, en ciertas ocasiones aprovechaban el
+fácil escondrijo, ya para hacer noche, ya para observar sin ser vistos,
+a los viajeros que podían pasar por el camino.
+
+Y así fué como Insúa y Alarcón, que vadearon el río buscando el mejor
+camino para la estancia de "Los Algarrobos", donde esperaban reunirse
+con Cullen, estuvieron a punto de caer en poder de uno de los piquetes
+que vigilaban las costas.
+
+Cuando la partida gubernista los vió pasar por el camino limpio, de
+lejos reconoció al caudillo revolucionario, cuyo poncho blanco de
+vicuña flotaba a sus espaldas como un albornoz.
+
+--¡Son ellos!--dijo el jefe.--¡Vamos, muchachos!
+
+Crujieron las pajas, tronchadas por los cascos de las cabalgaduras
+y surgió sobre el camino la figura salvaje de los seis hombres que
+componían la partida, vestidos a medias de militares y a medias de
+gauchos.
+
+Insúa y su compañero, que se alejaban al trote, resguardados por un
+pequeño monte de chañares, que en aquel sitio obligaba al camino a
+hacer un recodo, sintieron el ruido a sus espaldas, y a través de los
+árboles vieron la avalancha de hombres que se lanzaba sobre ellos.
+
+El pensamiento de echar pie a tierra y contener a balazos a los seis
+policianos, fué el primer recurso que se le ofreció al revolucionario.
+Pero sólo Alarcón tenía su carabina. Él llevaba su revólver, ineficaz
+a esa distancia para un blanco tan movible como el que presentaban sus
+adversarios, lanzados al galope.
+
+Además, todos ellos, armados de carabinas, habrían podido con más éxito
+contestar su agresión.
+
+--¿Es bueno tu caballo?--preguntó a su compañero que montaba un zaino
+obscuro.
+
+--Es de "Los Algarrobos"--contestó simplemente Alarcón, haciendo el
+elogio, porque don Patricio Cullen tenía en su estancia una cría de
+caballos muy acreditada.
+
+--Castigá entonces--díjole Insúa que montaba su famoso tostado.
+
+Y los dos, agachados sobre el cuello de sus cabalgaduras, empezaron una
+carrera frenética que había de durar mientras los otros no cejaran en
+su persecución.
+
+El montecito de chañares les salvó del tiroteo que los perseguidores
+pudieron dirigirles al sorprenderlos a menos de medio tiro de
+rémington; y cuando, más allá, el obstáculo desapareció, la distancia
+había aumentado sensiblemente, dificultando la puntería.
+
+Pronto sintieron el silbido de las balas.
+
+Insúa se echó a reír, espoleando su caballo.
+
+--No está fundida la que me ha de matar--dijo repitiendo las palabras
+que había dicho a Rosarito.
+
+Tenía fe en su estrella. Alarcón, sin embargo, serio y triste, le
+respondió:
+
+--Toda la noche he sentido graznar a los cuervos. Dicen que eso anuncia
+desgracia.
+
+Pronto dos de los perseguidores, mal montados, fueron quedándose
+atrás. Se detuvieron, abandonando la partida, echaron pie a tierra y
+hubieran comenzado el fuego en condiciones mejores, si sus propios
+compañeros que corrían sobre la misma línea del camino, detrás de los
+dos revolucionarios que huían a quinientos metros de distancia, no los
+hubieran defendido cubriéndolos con sus cuerpos.
+
+--¡Que Dios los ayude!--dijo uno, dejando el fusil y poniéndose a
+arreglar el apero de su caballo, que humeaba sudoroso.--Van bien
+montados y no los alcanzaremos.
+
+La persecución duró algunos minutos más. Sobre el camino blanco
+brillaba al sol una prolongada nube de polvo, que señalaba el paso de
+los hombres. No había viento y quedaba flotando extenso rato a lo largo
+de los pajales verdes.
+
+El jefe de la partida, sintiendo que su mismo caballo empezaba a
+aflojar, y viendo cada vez más distantes a los dos fugitivos, soltó una
+maldición y se detuvo.
+
+--¡Alto!--dijo--¡a esos no los alcanzan ni las balas! Llevan caballos
+de la marca de Cullen.
+
+--O de la de Insúa--respondió uno de los soldados--el tostado del
+capitán es de su estancia del norte. Yo lo conozco; tiene fama de ser
+el mejor parejero de estos pagos...
+
+Durante algunos minutos, parados en el camino, siguieron con la vista
+el pequeño grupo de los revolucionarios, que se iba achicando, hasta
+que desapareció entre el polvo del camino y los pajales.
+
+--Los cuervos han mentido--dijo Insúa a Alarcón, conteniendo su
+caballo, al notar que sus perseguidores habían renunciado a alcanzarlos.
+
+--Falta mucho para que se entre el sol--observó Alarcón.--Además, lo
+que no sucede hoy, sucede mañana.
+
+--¿Estás con miedo?
+
+--No, mi capitán.
+
+--No hablés entonces de cosas tristes.
+
+Siguieron al tranco, refrenando sus corceles enardecidos por aquella
+media hora de fuga frenética.
+
+Insúa pensaba que la partida que lo había sorprendido no debía ser la
+única apostada en el camino de "Los Algarrobos", y que siguiéndolo
+corrían el riesgo de tropezar con alguna otra de la cual no pudieran
+evadirse con tanta fortuna.
+
+Los caballos hacia el mediodía necesitaban descansar.
+
+Estaban a la altura de Mocoretá, lugar aislado, entre el Saladillo
+y los bañados de la costa del río San Javier. Llegándose hasta allí
+podrían tomar un camino menos peligroso, a través del Campo del Medio,
+tierra de amigos, que confinaba con la colonia Helvecia, donde Insúa
+contaba con el mejor núcleo de gente para la revolución, los colonos
+suizos, tiradores eximios, comprometidos a levantarse y a seguir a
+Insúa, cuando don Patricio Cullen les diera la señal que aguardaban
+hacía tiempo.
+
+Insúa y su compañero seguían a lo largo del Saladillo tortuoso,
+cuya margen escarpada en aquella altura, estaba poblada de bosques
+enmarañados, de algarrobos y ñandubays. Galopaban buscando "los
+limpios", y en el profundo silencio que bajo la comba de los árboles
+reinaba como un tácito gesto del invierno, no se oía, aparte de las
+sordas pisadas de los caballos, más que el crujido de alguna rama
+demasiado seca, desgajándose sobre la tierra cubierta de musgo.
+
+De pronto gritó una lechuza, y Alarcón, que sabía interpretar los mil
+indicios del monte, se detuvo y dijo en voz baja:
+
+--Debe de haber algún rancho por aquí.
+
+Insúa asintió y comenzaron a marchar al tranco, prestando oído a cuanto
+rumor sospechoso llegaba hasta ellos.
+
+La lechuza gritó de nuevo, y Alarcón echó pie a tierra, se acostó y
+miró en la dirección de su grito por debajo de los árboles.
+
+--Hay un rancho--dijo--como a dos cuadras de aquí.
+
+Volvió a montar. El rancho quedaba entre ellos y el río. Si habían de
+cruzar éste para llegar a Mocoretá, les era menester seguir la costa,
+buscando un vado.
+
+Aquella habitación humana, que no conocían, se les hizo sospechosa.
+
+--Debe de ser de no ha mucho--murmuró Alarcón.
+
+Caminaron un trecho callados, y luego oyeron ladrar a los perros que
+los habían sentido.
+
+--Pasemos de largo y al galope--dijo Insúa.
+
+Castigaron los caballos y cruzaron a cierta distancia del rancho, que
+daba sobre la barranca, a breve trecho del río. En un corralito de
+ramas vieron algunos caballos, pero ni una sola persona se asomó a la
+puerta, por más que los perros les ladraron hasta que se perdieron de
+nuevo entre el monte.
+
+--Es raro--pensaba Insúa--allí había alguien. ¿Por qué no ha salido?
+
+Un momento tuvo intención de volverse, sospechando que el rancho
+pudiera servir de refugio a algún espía del gobierno, puesto allí en el
+vado, por donde pasaban los que iban a Helvecia, a través del Campo del
+Medio.
+
+Desechó tal idea, que le habría demorado, y se acercó a la costa,
+buscando un paso, que les permitiera cruzar el cauce del riacho, sin
+desensillar y montados.
+
+No fué difícil hallarlo. Vieron huellas de hacienda que había pasado,
+y enderezaron por allí. Los caballos olían el agua resoplando; la
+corriente era fuerte, pero escasa la profundidad, y así, minutos
+después galopaban sobre la otra margen, tierras bajas, anegadas por el
+río y por las lluvias y cubiertas de tacuruces, pequeños montículos de
+tierra en que anidaban las hormigas, por temor al agua, y de ásperos
+espartillos, en que el viento se arrastraba gimiendo.
+
+No había arboleda. La pradera desnuda, color de pizarra, se dilataba
+hacia el Este en una vasta zona, en que la vista no hallaba lindes.
+Hacia el Norte se divisaba una faja obscura y lejana; eran los montes
+de Mocoretá, algarrobos enormes, con uno que otro fresco ñandubay,
+abierto como un paraguas sobre un tronco recto y de ruda corteza.
+
+Faltaba mucho aún para que se entrara el sol, cuando llegaron a las
+primeras filas de árboles. De allí el Campo del Medio no distaba más
+de cuatro leguas, y habrían podido alcanzarlo antes de la noche. Pero
+los caballos estaban cansados por el largo galope y convenía hacerlos
+reposar algunas horas, a fin de tenerlos bien y llegar en la madrugada,
+disponiendo de todo un día para hablar a la gente de esos contornos.
+
+Insúa conocía a un cuidador de haciendas, que tenía un "puesto" por
+aquellos lugares de Mocoretá, y se dirigieron a su rancho.
+
+Ellos mismos, en ayunas aún, sentían ansia de tomar algunos mates, lo
+que les sería suficiente, si no había otra cosa, pues en más de una
+ocasión habían soportado largas abstinencias, sin otro alimento que
+los cimarrones que les brindaban en las miserables chozas de aquellos
+campos semidesiertos donde hallaban amigos o conocidos.
+
+Sobre lo más alto de la suave lomada, en que crecía el monte frondoso y
+virgen, en un trozo de campo, limpiado con el hacha, estaba el "puesto"
+del paisano cuidador de las haciendas de Mocoretá.
+
+Vivía con su corta familia, dos o tres personas, más aisladas del mundo
+que él mismo, porque siquiera él, en los días de fiesta solía llegarse
+a caballo hasta la colonia, donde había carreras o jugadas de taba.
+
+Un grimillón de perros, que le ayudaban a rejuntar las vacas, cuando
+paraba rodeo, salieron al encuentro de los dos viajeros, y a sus
+ladridos apareció el paisano en el patio de tierra dura, y luego su
+mujer en el umbral de la puerta, con un chicuelo en brazos.
+
+La luna saldría tarde esa noche, e Insúa pasó las horas tomando mates
+amargos que le cebaba Alarcón, esperando su salida, para marchar de
+nuevo, mientras los caballos pastaban atados a un largo lazo, el
+pasto fino, aún verde, que los árboles frondosos habían librado de las
+heladas.
+
+El puestero tenía carne abundante de un novillo sacrificado días antes,
+y así pudieron "churrasquear" al amor del fuego, encendido en mitad de
+aquel rancho de paja.
+
+La noche llegó pronto, profunda, sin estrellas y ventosa, del lado del
+Sur. Hacía frío, y se estaba bien en el interior de la choza, alumbrada
+por un pábilo que ardía en un plato lleno de pellas de sebo. Mas cuando
+contaban con un rato aún de reposo, sintieron ladrar los perros, señal
+de que alguien llegaba, y poco después el rumor de algunos jinetes que
+invadieron al galope el pequeño patio frente a la puerta cerrada.
+
+Oyóse ruido de armas.
+
+Insúa y Alarcón se miraron. El caudillo revolucionario vió que su
+compañero, rápido y silencioso calzaba la puerta por dentro con un
+mortero de algarrobo, y con el filoso facón, que le servía para cortar
+la carne, se ponía a abrir un boquete cortando la paja atada en
+"quinchos" con guascas, que formaban la pared del rancho, en el lado
+opuesto a la entrada.
+
+El puestero contestaba en tanto a los que de afuera le hablaban.
+
+--¡Abra, amigo!
+
+--¿Quiénes son?
+
+--Hombres de bien; abra y no tema.
+
+Sentíase rumor de sables que se golpeaban.
+
+--Me ha pillado dormido--decía el paisano entretanto, comprendiendo que
+un minuto que lograra detenerlos en la parte de afuera, sería bastante
+para que sus dos huéspedes se escaparan.
+
+Después ya sabría él cómo arreglarse con los soldados.
+
+La mujer temblorosa permanecía en un rincón. Insúa ayudaba a Alarcón
+que cortaba sin ruido los quinchos de paja.
+
+De afuera sacudieron la puerta, y se oyó una voz, más baja y melosa,
+que decía:
+
+--Abra no más y no salga que hace frío.
+
+--José Golondrina--murmuró Alarcón al oído de su jefe.
+
+Y era él en efecto. Dos días antes había salido de Santa Fe con una
+partida a la que servía de baqueano para batir las rutas y llevar
+noticias de lo que pudieran observar. Habían pernoctado en el rancho,
+construido expresamente sobre el vado, donde vivía un isleño que era
+un espía, y se disponían a seguir por la margen del Saladillo hacia el
+norte, cuando esa tarde vieron pasar a Insúa y a su ayudante.
+
+José Golondrina dijo al jefe de la partida:
+
+--Yo conozco estos pagos. Hay un "puesto" en Mocoretá, y allí han de
+parar hasta que descansen los caballos que van sudados. La luna sale
+tarde y no se han de ir antes que salga.
+
+Y el jefe, que conocía la astucia del indio, los dejó pasar sin
+mostrarse y se preparó para caer sobre ellos cuando estuvieran
+"mateando" en el rancho.
+
+Y ocurrió como lo habían previsto.
+
+Agolpados todos cerca de la puerta, aguardaron que el dueño les
+abriese, seguros de coger a Insúa y a Alarcón en aquella ratonera.
+
+Mas la tardanza en ejecutar la operación tan simple de quitar la
+tranca, disgustó al jefe de la partida, el cual sospechó algo.
+
+--¡Abra, canejo!--gritó impaciente; y sin esperar más, volvió su
+caballo, poniéndolo de ancas contra la puerta, le pegó un sofrenón
+brusco, y el animal dolorido dió tan formidable empellón, que las
+maderas crujieron y la puerta cayó con marco y todo.
+
+Los cuatro hombres de la partida, se precipitaron al interior del
+rancho, menos José el indio, que se quedó fuera mirando hacia el monte,
+que en la densa obscuridad aparecía como una mancha de tinta.
+
+Vió cruzar dos hombres, y gritó:
+
+--No pierda tiempo, mi jefe; ya no están ahí; ¡allá van corriendo, para
+ganar el monte!
+
+Un coro de maldiciones respondió, y un grito de dolor rasgó la noche.
+
+El jefe acababa de ver el ancho boquete abierto en los quinchos de la
+pared, que el puestero había querido en vano disimular, arrojando un
+apero.
+
+Comprendió que lo habían burlado.
+
+Era un paisano flaco, pequeño, con ojos crueles.
+
+Miró al puestero que temblaba de miedo, y rápido, como un gato del
+monte cayó sobre él, y le enterró el facón en el vientre.
+
+La mujer dió un grito, y el pobre hombre cayó como un buey fulminado,
+mientras la gente de la partida corría hacia el monte, donde se habían
+refugiado ya Insúa y Alarcón.
+
+Éste llevaba su carabina, mas no convenía hacer frente. En la
+obscuridad de la noche, no habría podido apuntar; lo mejor era buscar
+los caballos que pastaban por allí, cortar los lazos y saltar sobre
+ellos, que estaban ensillados, con las riendas al pescuezo.
+
+Cuando penetraron en la sombra del monte, oyeron el grito del indio
+José, y luego sintieron el tropel de los soldados que corrían.
+
+Pero en pocos segundos habían saltado sobre sus caballos, y huían, como
+dos centauros, tendidos sobre el cuello, a través del bosque, sufriendo
+a cada instante el chicotazo de las ramas espinosas que no podían
+esquivar.
+
+Detrás, como una avalancha, partieron sus cinco perseguidores.
+
+El monte, de grandes algarrobos seculares, era limpio de zarzas, y
+podían huir sin grandes tropiezos. De cuando en cuando les disparaban
+algún tiro cuya bala se perdía silbando, lejos de ellos.
+
+Y así corrieron, aumentando la distancia, por entre la densa arboleda,
+sin riesgo de que pudieran rodearles, hasta que llegaron a un terreno
+bajo, donde no había árboles, y que se extendía en un solo pastizal,
+ilimitado, suave y fresco.
+
+La luna salía, llenando de luz el bañado, sobre el cual se dibujaban
+nítidamente las siluetas de los dos fugitivos.
+
+Insúa temió que viéndoles les hicieran fuego, mas no ocurrió eso; sus
+perseguidores, llegados a la vasta planicie, abriéronse en dos alas,
+para rodearlos.
+
+--¡Maldición!--dijo Insúa, sintiendo que su caballo cansado, por la
+carrera de todo el día, empezaba a aflojar.
+
+--¡No importa, mi capitán!--respondióle su compañero, que empezaba
+también a quedarse atrás--si ganamos el garzal, no nos agarrarán en
+toda la noche.
+
+Al frente, en la línea que seguían, a la luz de la luna, divisábase
+el garzal, un inmenso pajonal, en cuyo centro, en una isleta casi
+inaccesible de totoras, hierbas altas y fuertes como cañas, anidaban
+millares de garzas, tuyangos y ocós, toda la fauna acuática de aquellas
+regiones, con la seguridad de que hasta allí el hombre no era capaz de
+llegar.
+
+Veíase que la intención de sus perseguidores era impedirles alcanzar
+este refugio, porque las alas empezaban a cerrarse, y como iban bien
+montados, con caballos frescos, no hubiera sido imposible que lograran
+su intento, si los caballos de los dos revolucionarios no hubieran
+hecho un supremo esfuerzo, ya en el linde del garzal, donde penetraron
+a saltos, quebrando las altas totoras, resecas por el invierno.
+
+Alarcón marchaba adelante; Insúa le seguía, por la brecha que él
+formaba aplastando las cañas. De cuando en cuando torcía bruscamente
+el rumbo, de manera que no pudieran verlos desde afuera. La tupida
+cortina de totoras se alzaba como un murallón. Ni aun de día habrían
+podido seguirles con facilidad sus perseguidores, y a esa hora la tarea
+resultaba imposible y expuesta, porque Alarcón, que conservaba su
+carabina e Insúa su revólver, los habrían fusilado a mansalva, antes
+que ellos pudieran verles.
+
+Por eso, cuando minutos después llegaron los soldados hasta el garzal,
+detuviéronse indecisos. Había huellas que podían guiarles, pero ya
+entre las cañas, altas de cuatro metros, tronchadas en diversas
+direcciones por las haciendas que sabían refugiarse allí, no era
+posible en la noche, hallar las verdaderas señales del paso de Insúa.
+
+--Hay que cuidar la parte del Este--dijo el indio José.--Por ese lado
+han de salir, buscando el camino de Helvecia, a través del Campo del
+Medio.
+
+Toda la partida, en efecto, continuó al galope, por la costa del
+inmenso garzal, que parecía un mar de plata, a los rayos de la luna que
+fundían todos los perfiles.
+
+De vez en cuando sentíase el vigilante grito de los chajás, que
+adivinaban la presencia de los hombres. Algunas brujas, grandes aves
+nocturnas, revoloteaban, manchando con sus sombras el cielo azul,
+inundado de luz.
+
+Insúa y Alarcón avanzaban siempre hacia el centro del garzal. Cuando
+llegaron a los escondidos lugares donde las aves acuáticas tenían
+sus refugios, a cada paso que daban, encabritábanseles los caballos,
+asustados, porque de entre sus patas se alzaban gritando los ocós y
+las garzas, que dormían en sus nidos de cañas dobladas, cimentadas con
+barro, a breve distancia del suelo.
+
+Un lodo pegajoso, indicio de que durante el verano y el otoño todo el
+terreno estaba anegado, hacía más fatigosa la marcha. Los caballos
+rendidos, se paraban. Dábanles un resuello, y con las espuelas
+ensangrentadas ya, los obligaban a marchar, resoplando, medrosos, ante
+aquellas sombras que surgían del suelo bruscamente, y aquel perpetuo
+crujido de las cañas que estallaban al quebrarse.
+
+Así llegaron al centro, donde había una laguna, en que los patos
+dormían en bandadas inmensas, que se alzaron con un ruido de granizo,
+al sentir a los dos hombres.
+
+El sitio era limpio, alejado casi media legua de la orilla. No había
+totoras, y la tierra cubierta de verdes canutillos, parecía un fresco
+tapiz, mas los caballos se negaban a entrar, conociendo que debajo de
+los pastos había un metro de agua.
+
+Entre las totoras de la orilla, donde el suelo era firme, aunque
+barroso y húmedo, se quedaron los dos fugitivos, y echaron pie a tierra
+para dejar descansar sus caballos.
+
+--Por esta noche no hay peligro--dijo Insúa, desensillando su caballo,
+para soltarlo atado con el lazo que llevaba arrollado.
+
+Del lomo sudoroso de los animales se alzaba un vaho denso. El frío era
+penetrante y parecía caer como una lluvia impalpable y helada, del
+cielo limpio, barrido por el viento.
+
+--Se van a pasmar--dijo Alarcón, cortando un puñado de paja seca y
+friccionando rudamente la piel humeante de su caballo.
+
+Insúa, silencioso, pensaba en cosas lejanas. La vida tenía ahora para
+él más precio, y aún envuelto en la emoción de la lucha, sentía las
+ligaduras que ataban su corazón a la Casa de los Cuervos.
+
+--¡Oh! ¡Gabriela, Gabriela!--pensó--¡qué profundamente has entrado en
+mi alma!
+
+Alarcón dejó los caballos y se puso a construir una ancha cama, a la
+manera de los nidos de las garzas, de totoras entretejidas y dobladas.
+No bien estuvo dispuesta una, Insúa se tendió sobre ella con el aire de
+un hombre rendido, y se envolvió en su blanco poncho de vicuña.
+
+Su compañero sonrió adivinando en qué pensaba el caudillo.
+
+--Yo haré la guardia, mi capitán--le dijo.
+
+--Hasta la media noche--respondió Insúa--a esa hora yo te relevaré.
+Partiremos antes del alba.
+
+Pero antes de la hora, en el viento que empezaba a soplar con fuerza
+del lado Sur, llegó una obscura cortina de humo, cálido y acre.
+
+--¡Mi capitán, mi capitán!--gritó Alarcón.
+
+Insúa saltó de su lecho de totoras.
+
+--Han incendiado el garzal.
+
+Los caballos empezaban a asustarse. Hacia el Sur sentíanse ya los
+gritos de las aves sorprendidas por el fuego, pero aún no llegaba hasta
+ellos el chisporroteo de la llama.
+
+La columna de humo envolvía el garzal, sin levantarse mucho, porque
+arriba el viento la desgarraba, y sus blancas volutas, iluminadas por
+la luna, se enredaban como banderas entre los haces de totoras.
+
+En un minuto estuvieron ensillados los dos caballos, que amujaban las
+orejas y cavaban la tierra con sus cascos impacientes.
+
+Cuando Insúa iba a saltar, Alarcón dijo:
+
+--Mi capitán, no monte en el suyo, monte en el mío, y deme su poncho.
+Así nos confundirán, y podremos escapar con facilidad.
+
+Insúa que fiaba en la sagacidad de su compañero, aceptó el cambio, y
+subió en el otro caballo, mientras Alarcón saltaba sobre el tostado
+famoso del caudillo.
+
+Entre las rachas de humo que se hacían más espesas, contornearon
+la laguna del garzal, sobre la cual revoloteaban millares de aves,
+graznando, encandiladas por el incendio, y entraron entre los totorales
+de la opuesta orilla, azuzando a sus caballos, más acostumbrados ya a
+romper las cañas con el pecho.
+
+De pronto dijo Insúa, deteniéndose:
+
+--Si han incendiado el garzal por la parte del Sur, deben cuidar el
+Norte.
+
+--Así ha de ser--contestó Alarcón.
+
+--Entonces es preferible buscar camino al naciente.
+
+--Yo creo, mi capitán, que debemos separarnos. Usted hacia el Norte, yo
+hacia el naciente, aunque ellos vigilen por allí. Si han incendiado el
+Sur, el viento que es pampero, ha de haber hecho correr el fuego por
+todo el poniente.
+
+Y así se apartaron, citándose para el camino de Helvecia. Al
+despedirse, Alarcón estiró la mano a su jefe.
+
+--Adiós, mi capitán. Aunque me maten, no se olvide de mí.
+
+En la noche, entre el humo y el reflejo del incendio que llegaba ya, el
+valiente revolucionario, con el poncho blanco flameando a sus espaldas,
+agitado por el viento, parecía un caballero de leyenda.
+
+Insúa tuvo miedo al verle, tan fantástica era su figura en el cuadro
+aquel, y tembló recordando sus presentimientos de esa mañana.
+
+Le apretó la mano con extraordinaria efusión y se separaron los dos,
+Insúa hacia el Norte, Alarcón hacia el Este, donde quedaba el camino
+del Campo del Medio.
+
+El jefe sentía el incendio a su izquierda, como si el viento,
+remolineando, sin dirección fija, hubiera hecho correr la llama por
+el contorno de esa parte del garzal, cuyas totoras resecas eran un
+admirable pasto para el fuego.
+
+Corría más la llama que él, y eran como dos brazos de oro fundido
+que le perseguían para estrecharlo antes de que saliera de entre los
+totorales.
+
+Llegó a pensar que habría sido mejor buscar una salida hacia el
+naciente, aun defendiéndose a tiros, porque por allí el incendio no
+debía haber llegado todavía.
+
+El caballo espoleado con crueldad avanzaba dando botes. A veces caía,
+resbalándose sobre las totoras, enredadas al rededor de un nido, en que
+algunos polluelos estiraban sus largos pescuezos ansiosos.
+
+Insúa lo hostigaba, sintiendo en la espalda el aire abrasado, y el
+pobre animal, lleno de pavor más que de bríos, soplaba con furia y se
+alzaba temblando, para marchar rompiendo siempre aquella inmensa malla
+de pajas crepitantes y lustrosas.
+
+Cuando llegó al borde del garzal, cerca ya del bañado, una racha de
+viento desgarró la cortina de humo, que lo envolvía todo, y él pudo ver
+hacia el naciente el incendio más pavoroso como si le hubieran dado
+contrafuego.
+
+Tembló por su compañero. Fué a volver, en su auxilio, por la brecha que
+él mismo había abierto, pero una inmensa columna de humo se alzó de
+pronto, a un centenar de pasos, de donde él estaba, entre las totoras
+que acababa de cruzar, anunciándole que todo aquello no era más que un
+solo brasero.
+
+El cielo que se había cubierto de nubes, se enrojecía con vívidos
+lamparones, que desgarraban la negrura de la noche con reflejos
+sanguinolentos. Altas, muy altas, veíanse cruzar las garzas
+encandiladas, y graznaban las gaviotas que habían acudido al
+espectáculo.
+
+En el horizonte hacia el Este, pintábase ya la barra limpia, color de
+oro, anunciadora de la mañana.
+
+Un minuto que perdiera, sería su muerte, pensó el revolucionario,
+sintiendo los gritos de uno de los hombres, que de lejos a su
+izquierda, le había visto a la luz del incendio, y se echaba a correr
+sobre él.
+
+Espoleó su caballo, y empezó a cruzar el bañado, seco en ese tiempo,
+pero difícil por la aspereza de la tierra que la hacienda había
+hollado y cubierto de infinitas madejas de camalotes resistentes como
+pequeños cordeles.
+
+Marchaba con honda pena, preocupado por la suerte de Alarcón, que podía
+haberse visto envuelto en las llamas, sin camino de regreso hacia la
+laguna del garzal, donde habría podido librarse del incendio.
+
+La luz se hizo, cuando llegó al linde del bañado con el monte, y los
+cascos del caballo tocaron la anhelada tierra firme.
+
+Su perseguidor de la izquierda, lo saludó con un tiro cuya bala sintió
+silbar, y vió entonces a la derecha el grupo de los soldados que se
+echaban sobre él, a todo lo que daban sus caballos.
+
+Y empezó de nuevo la carrera, a través del monte, lleno de silencio y
+de sombra, azotándose con las ramas espinosas que se alargaban sobre
+él, como para detenerlo a traición, oyendo el resonante galope que le
+perseguía como un trueno lejano, y el alarido de los perros, por donde
+comprendía que iba menguando la distancia y que su caballo empezaba
+a aflojar. Hasta que, de pronto, parecióle que todo se anegaba en el
+silencio invernal del bosque, y volvió la cara no oyendo ya ni a los
+perros ni a los hombres, y observó que habían desaparecido.
+
+Comprendió que engañados por el cambio de poncho y de caballo, que le
+sugiriera Alarcón, creían haber perseguido a éste, y se volvían para
+rodear en el garzal incendiado al jefe de los revolucionarios, seguros
+ya de no dejarle escapar.
+
+Alarcón en tanto, quebrando la valla de totoras había marchado hacia el
+Este de la lagunita donde pasaron la noche.
+
+Estaba seguro de que por esa parte se encontraría con los soldados, y
+ese era su oculto propósito. Se haría perseguir, con su poncho blanco,
+iluminado por el alba que clareaba ya, y daría tiempo a su jefe para
+escapar.
+
+Mas he aquí que siguiendo su penoso camino, cuando se había internado
+profundamente entre aquellos tupidos y recios pajales, una extensa
+faja incendiada le cerró el camino con su vaho de infierno. El viento
+era contrario a la llama, pero de vez en cuando algún remolino caía
+sobre ella y mesándola en todas direcciones la hacía penetrar en rojas
+lenguas a través de las cañas secas y sonoras.
+
+Buscó una salida y no hallándola, oblicuó hacia el norte, porque la
+gran masa de fuego llegaba del sur, arrastrada por el pampero. Y
+después de marchar un rato, un aletazo del viento arrojó sobre él una
+obscura cenefa de llamas envueltas en el humo áspero de los pastos
+verdes.
+
+Tenía que volver, y con paciencia, comprendiendo que debía esperar en
+medio de la laguna que sus perseguidores cayeran sobre él cuando el
+incendio hubiera devastado su inexpugnable refugio, volvió riendas y
+empezó a desandar su jornada, siguiendo sus propias huellas.
+
+Y de nuevo la llama que había avanzado rodeando la laguna le cortó el
+paso.
+
+Ni para el Norte, ni para el Sur; ni para la izquierda, ni para la
+derecha. Todo estaba incendiado. Quiso cruzar la napa de fuego que
+lo separaba de la laguna donde podía salvarse, y el caballo se le
+encabritó y volviendo grupas empezó a patear las llamas que corrían
+como millones de culebras de oro.
+
+Debía morir, y se resignó, con ese fatalismo criollo que se allana
+mansamente al destino.
+
+Ya él lo había presentido, oyendo graznar a los cuervos, y aunque su
+jefe no creía, él tenía ya la muerte en el alma.
+
+Había una isleta libre entre la mar de fuego que avanzaba por todos los
+rumbos, se retiró al centro, y se puso a mirar con sus ojos azules,
+serenos, la llama que llegaba en su busca. Las cañas se retorcían
+gimiendo, y en la parte húmeda y verde que se hundía en la tierra,
+estallaban cohetes que asustaban al caballo.
+
+Alarcón lo palmeó en el cuello para aquietarlo. Echó pie a tierra y se
+puso a desensillar pensando que era una tristeza que se perdiera aquel
+soberbio tostado que se había hecho tan famoso como su dueño. Quitóle
+después el freno, lo enderezó hacia el Este, y le dió un lonjazo para
+que tratara de salvarse huyendo a través del fuego.
+
+Pero fué en vano; el animal corrió hasta las llamas, tronchando las
+totoras; y allí bruscamente, volvió el anca, y se puso a dar coces sin
+alejarse del fuego que avanzaba sobre él.
+
+Alarcón agachó la cabeza para no verlo. Sentía los gritos de los
+polluelos que se asaban en los nidos, y arriba, sobre su cabeza, la
+protesta de miriadas de garzas blancas y gansos rosados, que volaban
+sobre las nubes, asistiendo al incendio de su refugio y de su prole.
+
+Un rumor como si centenares de carros volaran sobre la llanura
+producían las llamas mesadas por el viento, entre las altas cañas que
+podían ocultar un hombre montado.
+
+El humo y el calor de horno que le envolvía empezaban a desvanecerle.
+El fuego estaba a cincuenta pasos de él, y envolvía totalmente el sitio
+en que su caballo moría pateando siempre al invisible enemigo.
+
+Comenzó a salirle sangre por la nariz, y como de pie no podía respirar,
+miró por última vez el cielo, manchado de nubes ahumadas y el sol que
+ascendía, haciendo huir la noche en el sombrío bosque, por donde a esa
+hora galopaba su jefe, y se echó en tierra pegando la cara con el barro
+fresco, que pudo hallar al pie de las totoras, envuelto en el poncho
+blanco de Insúa.
+
+ * * * * *
+
+Cuando al caer la tarde se extinguía el inmenso brasero del garzal que
+había ardido todo el día, José Golondrina, que acechara ansiosamente
+para impedir la fuga del que todos creían que se estaba quemando allí
+adentro, montó a caballo, y se internó en la llanura cubierta de ceniza
+y de matas ennegrecidas que se desmoronaban bajo las pisadas del
+caballo.
+
+De algunos montículos, donde habían estado más tupidas las totoras,
+surgían aún haces de chispas, que caían como un polvo de oro sobre el
+rescoldo tibio.
+
+A tres cuadras de la laguna halló el cadáver del caballo de Insúa, y a
+poco más allá, el cuerpo del que creyó su rival, con la cara sobre la
+tierra blanca de cenizas, como dormido en el profundo silencio de la
+tarde.
+
+Reconoció su poncho blanco de vicuña, quemado en parte, su lujoso
+apero, sus armas, y echó pie a tierra, y con el taco de su bota pisó
+el cuello del muerto, que envolvía la manta, sintiendo que la carne
+calcinada se desmoronaba también como aquellos montículos de que estaba
+sembrado el garzal.
+
+Y sus ojos pardos se llenaron de luces, que brillaron un momento, como
+los haces de chispas que surgían de entre las matas encendidas aún,
+cayendo como una lluvia de oro sobre el rescoldo tibio.
+
+Y pensó que ahora podía reinar sobre su tribu reconstituída por él.
+
+
+
+
+IV
+
+Yo lo maté, pero voy a morir...
+
+
+Días antes Syra, que rara vez salía desde la muerte de su novio, visitó
+a las vecinas, en cuya casa solía verse con él.
+
+Empezaban a encenderse las luces cuando ella terminó su visita, y se
+marchó.
+
+En la calle solitaria a esa hora, encontróse con una negra vieja, hija
+de los esclavos de otros tiempos, limonera, que caminaba pegada a las
+paredes, estirando una mano seca a los raros transeúntes.
+
+Conocíala Syra y la socorría en día fijo de la semana.
+
+La vieja se le acercó, y le dijo en voz baja:
+
+--¡Amita! me mandan a buscarla, si quiere ir, en interés del hombre que
+llora.
+
+--¿Quién te manda?
+
+--José el indio.
+
+--¿Dónde está?
+
+--En el cementerio de San Antonio.
+
+--¿Qué quiere de mí?
+
+--No me lo ha dicho.
+
+Pensó Syra un momento, arrimada contra uno de los pilares de su casa, a
+la cual había llegado, y tuvo el presentimiento de que la vieja esclava
+decía la verdad, y que las misteriosas palabras con que había aludido a
+su novio muerto, tenían realmente relación con la extraña cita.
+
+Observó si alguien más la había visto, y creyendo que no, se arrebozó
+en su chal como una mora, descubriendo los ojos nada más, y siguió la
+calle del Cabildo, hacia el Oeste, para doblar al Norte tres cuadras
+más allá.
+
+El velo ceniciento que el crepúsculo había arrojado sobre la ciudad, se
+iba oscureciendo como un denso crespón, y cuando Syra llegó frente a
+las tapias del cementerio de San Antonio, cuya capilla abandonada, al
+borde de la calle, en aquellos arrabales silenciosos, parecía llena de
+las almas de los muertos, era casi de noche, y no vió la silueta del
+indio, acurrucado contra la puerta.
+
+--Niña Syra--le dijo, y ella tembló ante aquella voz que parecía surgir
+de la tierra.
+
+Él se paró y le murmuró al oído.
+
+--¿Siempre se acuerda de él?
+
+Syra lo miró, y vió sus ojos lucientes como los de un gato en la sombra.
+
+--¿Qué te importa?
+
+--¿Lo has olvidado, entonces?
+
+--¿Para eso me has llamado?
+
+--Sí, niña, para eso. Quería saber si después de muerto, iba a seguir
+siendo agraviado.
+
+--¿Por quién?
+
+--Si su merced me manda, niña,--dijo con voz sumisa el indio,--yo le
+diré; pero si lo ha olvidado ya, y no piensa vengarlo, no quiera saber
+lo que iba a contarle.
+
+Chilló una lechuza bajo el alero de la capilla, y su grito glacial
+entró en el alma de la joven como un escalofrío. ¿Qué podía ser aquello
+que el indio le iba a contar? Ella sentía pasar los días cargados de
+odio, porque en su corazón apasionado, no se aplacaba el amargo anhelo
+de vengar aquella sangre que manchó su traje de baile y de novia.
+
+--¿Qué me vas a contar?--dijo simplemente--yo no lo he olvidado.
+
+--Pero en su casa sí--respondió el indio--en la Casa de los Cuervos, ya
+ni su madre lo recuerda, y su hermana está para casarse con el que lo
+mató.
+
+Dijo estas palabras en voz baja, no más fuertes que el susurro del
+áspero ciprés que había al lado de la capilla, mas parecióle a Syra que
+la voz retumbó como un trueno, y miró a su alrededor, por si alguien
+había que pudiera escucharle.
+
+El camposanto, sembrado de cruces negras, parecía un vasto sudario
+arrojado sobre millares de muertos que yacían juntos, marcando con sus
+cuerpos el pequeño relieve de los túmulos blancos.
+
+Ni una luz se veía en ese barrio, de tapias roídas por el tiempo, y de
+pencales verdes y espinosos, señalando el linde de las heredades.
+
+Llegada la noche, aquellos parajes siniestros, adonde Syra no había
+temido acercarse, quedaban librados a los cuervos, a las lechuzas y a
+los perros sin amo.
+
+Los perros ladraban en las noches de luna; las aves callaban, y el
+enorme silencio pesaba allí durante horas, como una lámina de plomo,
+hasta que al toque de ánimas, que llegaba de todas las torres de la
+ciudad, graznaban las lechuzas y resonaba el eco en la sombría capilla,
+cuya puerta solía abrir el viento.
+
+--¿No has mentido?
+
+--No, niña.
+
+--¿Vas a jurar?
+
+--Sí, por la tierra donde duerme mi madre--dijo él, y Syra creyó en su
+palabra.
+
+Esa misma noche habló a Montarón, y le anunció que se iría a la Casa de
+los Cuervos a pasar una temporada de campo.
+
+El repentino capricho pareció explicable y sus padres accedieron a
+mandarla en una volanta, que salió dos días después, cuando ya Rosarito
+estaba de vuelta y José Golondrina perseguía en el garzal a los dos
+fugitivos.
+
+Syra llegó a la Casa de los Cuervos como una amiga, disimulando su
+amargura, para saber mejor aquella terrible verdad que le habían
+confiado.
+
+Doña Carmen de Borja, ante aquella joven enlutada, que compartía
+su dolor, pero que la miraba con ojos extraños que buscaban su
+pensamiento, sintió miedo, temiendo por el secreto de aquel perdón que
+había dado a Insúa en el fondo de su alma y que nadie comprendería, si
+llegaba a saberse todo lo que ella sabía de la muerte de su hijo.
+
+Y Gabriela tembló por su amor, como si en los ojos fulgurantes de Syra
+hubiera leído una sentencia; y como si ella y su madre se hubieran
+puesto de acuerdo, jamás nombraban al ausente en quien vivían pensando.
+
+No nombraban tampoco a los muertos, de quienes parecían haberse
+olvidado todos en aquella casa, y cuyo recuerdo Syra había venido a
+avivar, como una cicatriz que duele y se abre.
+
+A la siesta se reunían las tres mujeres en la galería bañada por el
+dorado sol de invierno y dejaban correr el tiempo, sin despegar los
+labios, como si sus pensamientos se hablaran en silencio.
+
+Los peones se acercaban a pedir órdenes a la dama, que solía
+levantarse, dejando sola a Gabriela y a Syra.
+
+Gabriela sentía los ojos de la hija de Montarón clavados sobre ella.
+Sugestionada por aquella persecución alzaba la frente, y la miraba.
+Syra, enlutada como una viuda, le sonreía, sin hablarle, mas su sonrisa
+no era amistosa.
+
+Cuando algún incidente imponía la conversación, los espíritus parecían
+alejados y las palabras surgían sin cordialidad.
+
+A veces, sin motivo, se acercaba la mujer del capataz, que rondaba
+aquellas escenas, como un perro fiel, husmeando la sangre del amo.
+
+Gabriela pensaba que ña Floriana había adivinado su secreto, porque
+jamás mencionaba a Insúa, como si tal nombre le amargara los labios; y
+si era así, la astucia de aquella mujer podría haber comprendido los
+sombríos proyectos de Syra, que compartía con ella sola el deseo de
+vengar a los muertos.
+
+Pasaban los días y aún Syra ignoraba si en verdad doña Carmen y su hija
+conocían que el hombre que albergaran en su casa era el matador de
+Carmelo y de Jarque.
+
+Pero de aquellas escenas de pesado silencio, surgía la terrible
+sospecha de que ambas lo sabían y callaban para no romper el encanto
+del amor que nacía.
+
+Una tarde llegó ñor Basilio el ovejero, y dijo a doña Carmen:
+
+--En el campo de Mocoretá han quemado vivo al capitán Insúa. Uno de los
+que andaban en su busca de parte del gobierno ha dormido en mi rancho y
+me lo ha contado.
+
+Doña Carmen guardó el secreto. Nadie habría podido sospechar la
+tormenta de encontradas pasiones que se levantó en su alma, porque su
+rostro permaneció inmutable.
+
+Un poco más de ternura hubo en sus ojos al mirar a su hija; y en el
+pliegue de sus labios una fuerza mayor para imponer el silencio a las
+expresiones de rencor satisfecho que querían desbordar.
+
+Pero esa noche todo cambió. A la hora de la cena sintieron llegar un
+caballo, que se acercó entre el ladrar de los perros hasta el árbol en
+que los cuervos dormían.
+
+Gabriela corrió a mirar y dijo:
+
+--¡Insúa!
+
+La madre fué a desengañarla, contándole la historia que le habían
+referido, cuando entró el capataz y lo anunció, y luego el mismo
+capitán, que llegó con aire de fiesta.
+
+Sin que nadie lo advirtiera, Syra corrió a su cuarto, cuya puerta daba
+sobre el corredor y se encerró por no verle.
+
+Insúa se sentó a la mesa, y alejados los sirvientes, habló a la madre y
+a la hija.
+
+Había mandado un chasque a don Julián, a fin de que esa misma noche
+llegara a casa de doña Carmen y debía estar al caer.
+
+Era extraño lo que iba a decir, pero en su vida todo era así, extraño.
+
+Doña Carmen escuchaba en severo silencio, con los ojos posados sobre el
+plato y las manos tiesas sobre el mantel. También en la vida de ella
+todo era extraño.
+
+Insúa prosiguió:
+
+--Quiero llevarme, señora, el talismán que ha de darme suerte. La
+revolución va a estallar en el plazo de tres días. Todo está pronto, y
+yo vengo a casarme, para que el amor de mi esposa sea mi fortuna en la
+batalla.
+
+Gabriela había dado un grito. Insúa se puso de pie y esperó la
+respuesta. Doña Carmen bajó la cabeza asintiendo, mas no habló.
+
+Sintióse rumor en el patio y todos salieron de la galería. Era don
+Julián que llegaba.
+
+--¿Será esta noche?--preguntó la dama a Insúa.
+
+--Sí, señora--contestó él, inclinándose.
+
+Doña Carmen llamó a la mujer del capataz y le dijo lo que había, a fin
+de que preparase el oratorio donde debía de ser la ceremonia.
+
+En la obscuridad del patio no vió el gesto de horror con que la mujer
+se apretó la cabeza.
+
+Insúa y Gabriela se paseaban en la galería del lado en que estaban los
+cuervos. Uno de ellos, despierto, se espulgaba y sentían el áspero roce
+de su pico en el negro plumaje.
+
+En el cuarto de los huéspedes doña Carmen atendía a don Julián.
+El comedor había quedado a obscuras, y nadie vió por eso entrar a
+Floriana, que se acercó hasta la pieza donde Syra se había refugiado y
+la llamó suavemente.
+
+No le abrieron; quizá no oyeron la señal, que repitió dos veces, sin
+resultado. La joven, sin embargo, no dormía; sentíanse sus pasos y el
+rumor de su ropa.
+
+Floriana miró por el agujero de la llave, y a la luz escasa de la vela,
+vió algo cuyo significado no comprendió. ¿Quién estaba allí? ¿Syra o
+Gabriela? ¿Quién era la novia que había venido a buscar el capitán
+Insúa? ¿Por qué si era Gabriela, Syra se vestía de blanco como si ella
+fuese?
+
+Corrió al oratorio a concluir los preparativos de aquella fiesta que le
+llenaba el alma de rencores y a poco sintió la voz de don Julián que
+entraba con una maleta, en que traía un roquete, una estola y un libro.
+
+Y luego llegaron todos. Gabriela vestida de negro, tal como estaba;
+Insúa como si terminada la ceremonia hubiera de partir al combate, doña
+Carmen de Borja, pálida, como una muerta, plegados los labios para no
+quejarse, y los peones, que habían de servir de testigos.
+
+Se cerró la puerta, para que el viento no apagara las velas que ardían
+en dos candelabros iluminando crudamente la imagen de la Virgen rodeada
+de flores, y la alta silueta del cura, que hojeaba el libro, para leer
+las preces.
+
+--Falta la niña Syra--dijo Floriana.
+
+Doña Carmen hizo un gesto para que callara. Don Julián no la había
+oído, y llamó a Insúa y a Gabriela, y comenzó a leer aquella augusta
+alocución, que esa noche ponía un horror de tragedia en el corazón de
+todos.
+
+De pronto sonó una carcajada en el patio, que a Insúa le heló la
+sangre; se oyó el graznar del cuervo despertado por el ruido, y la
+puerta del oratorio se abrió con violencia, y entró Syra, vestida de
+blanco, semejante a una novia, hermosa como una aparición, con el
+cabello suelto, como si no hubiera podido concluir su tocado, con la
+frente iluminada, y los ojos ardientes, y la risa en la boca crispada.
+
+Apartó con fuerza a los que le cerraban el paso y corrió al altar y
+tomó a Gabriela de un brazo, y le dijo mostrando una gran mancha de
+sangre que tenía sobre el pecho, en el albo traje de baile:
+
+--¡Yo era su novia, y él lo mató!
+
+Y todos sintieron correr por sus venas el horror de haber comprendido,
+sin que ella dijera más, lo que significaba aquella sangre, quién era
+el muerto y quién era el matador.
+
+Se abrió de nuevo la puerta, y una racha fría de viento apagó las
+luces, y sintióse en el gran silencio que se hizo el aletazo de un gran
+pájaro que había entrado sin que nadie lo viera, y que pugnaba por
+hallar la salida.
+
+Se oyó entonces la voz de Insúa:
+
+--¡Es cierto, es cierto! ¡Yo lo maté!
+
+Se le vió, en la sombra, acercarse a Gabriela que había caído desmayada
+en brazos de su madre, no se oyó el ruido de su beso en la frente de
+la joven, pero sí la voz de él más tranquila, hablando desde el umbral
+de la puerta, como un adiós a la Casa de los Cuervos.
+
+--Yo lo maté, pero voy a morir.
+
+No hubo un gesto de nadie para responderle, ni se tendió una mano amiga
+para detenerle.
+
+Salió; se oyó el graznar del cuervo, y luego el rumor del galope de un
+caballo, que se alejaba por la calle sombría de los eucaliptus.
+
+
+
+
+V
+
+La batalla de los Cachos
+
+
+Una mañana, el catorce de Junio, Rosarito entró despavorida en el
+salón donde su padre estaba dando clase, a una veintena de chiquillos
+adormilados.
+
+--¡Tata!--dijo simplemente--¡la revolución!--a Francisco anoche lo han
+muerto, según dicen.
+
+Y cayó arrodillada en el suelo, llorando y escondiéndose la cara entre
+las manos, mientras los chicuelos aprovechaban el estupor causado en el
+maestro por aquella noticia, para desbandarse y huir de la escuela.
+
+Desde tres días antes vivía la gente en Santa Fe aguardando la hora de
+la revolución. Sabían, los que estaban en el secreto, que don Patricio
+Cullen, desde "Los Algarrobos", bajaba con su gente hacia la ciudad,
+sublevando las campañas con ardorosas proclamas.
+
+Sus montoneros a caballo, mal armados, no habrían podido resistir el
+empuje de las fuerzas del gobierno, que contaba, como núcleo principal
+de su defensa, con el histórico batallón "7 de Abril" al mando del
+coronel Raimundo Oroño. Pero sabían que Francisco Insúa bajaba
+simultáneamente a encontrarse con Cullen, al frente de los "Suizos",
+colonos de Helvecia, y de más al Norte aún, de la Colonia Galense,
+de Romang, de Alejandra, donde la causa de los revolucionarios había
+reclutado sus mejores tropas.
+
+Aquellos extranjeros, tiradores de primer orden, bien armados con
+fusiles de precisión, valían mucho más que las revueltas montoneras que
+traía Cullen.
+
+La revolución debía estallar en la ciudad, no bien se supiera que
+Cullen o Insúa llegaban, y hubo un momento en que su triunfo pareció
+seguro a los dirigentes de la conspiración, porque el gobernador Bayo,
+ignorante de todo, o confiado en exceso, habíase ausentado de la ciudad
+para asistir a las fiestas que en esos días celebraban en el pueblo de
+San Carlos.
+
+Montarón con un grupo de revolucionarios se encargó de apresarlo, pero
+el gobernador tuvo aviso de que la muerte de Insúa que días antes
+le comunicaran en secreto no era verdad, y que se le había visto en
+Helvecia, moviendo su gente.
+
+Esto le obligó a regresar, frustrando el plan de Montarón; y como
+se supiera que los revolucionarios avanzaban sobre Santa Fe, se
+destacó una compañía del batallón "7 de Abril", para que marchara a su
+encuentro, dejando el resto de la fuerza para cuidar la ciudad.
+
+Los soldados del gobierno debían procurar unirse con la gente que desde
+San José del Rincón llevaba el coronel don Nazario Ocampo, fuerza de
+caballería de línea, muy apreciable, no por su número, sino por su
+calidad; y con las del coronel don Francisco Romero, que debía cruzar
+desde Santa Rosa con quinientos hombres, bien armados, para cortar
+la retirada de los revolucionarios, cuando bajasen a lo largo del
+Saladillo.
+
+Ocurrió, sin embargo, que el 13 de Junio, al mediodía, el jefe de las
+tropas del gobierno que marchaban hacia el Norte, recibió noticias
+de que Insúa había llegado al paso de los "Cachos", y se preparaba a
+vadear el Saladillo, buscando la margen derecha, para seguir el camino
+a Santa Fe.
+
+El coronel Oroño, dudando de aquella nueva, mas deseando prevenir
+el ataque si era verdad, destacó una compañía de veinte hombres a
+caballo, al mando del alférez don Pedro Viñas, para que efectuara un
+reconocimiento hasta el mencionado paso.
+
+Y allí, aquel día, al caer de la tarde, se inició la sangrienta batalla
+de los "Cachos".
+
+Insúa bajaba, en efecto, con su gente. La margen izquierda que a causa
+de las vueltas del Saladillo, quedaba al Norte, estaba anegada por un
+repunte del riacho en los últimos días.
+
+Los altos pajales podían servirles para acercarse sin ser vistos, hasta
+el paso que buscaban, donde había dos grandes canoas, en que podían
+cruzar sin mojar sus ropas ni sus armas.
+
+No todos venían a caballo; algunos, los suizos en su mayor parte
+marchaban a pie, alegremente con sus rifles al hombro, y sus
+cartucheras a la cintura.
+
+Insúa triste, buscando la muerte más que la victoria, hacía su jornada
+en silencio y sin odio.
+
+Cuando llegaron al vado, desde la otra orilla, que estaba a un tiro
+de carabina, les hicieron una descarga. Era la gente del gobierno,
+parapetada detrás de unas pilas de leña cortada, que algunos canoeros
+habían amontonado y que servían de admirable trinchera.
+
+No era fácil saber el número de los enemigos, pero Insúa dió orden de
+cruzar el río, y unos a caballo y otros en canoa empezaron la maniobra,
+bajo el fuego de los soldados del "7 de Abril".
+
+Un grupo de suizos, rodilla en tierra desde los pajales, empezó un vivo
+tiroteo, protegiendo a los suyos que cruzaban el río.
+
+El sol se iba entrando, pero el ojo experto de aquellos excelentes
+rifleros, descubría detrás de los montones de leña al enemigo apenas
+visible y empezaba a diezmarlo. De cuando en cuando se oía un grito:
+un hombre se paraba, abría los brazos y caía y los tiradores reían.
+
+La primera canoa, llena de hombres, armados de rifles, al llegar a la
+mitad del río se fué a pique acribillada a balazos por los del gobierno
+que apuntaban a sus tablas.
+
+Y entonces se vió a Insúa, que en la otra orilla permanecía a caballo,
+mandando la maniobra, con un soberbio desdén de la muerte que zumbaba
+a sus oídos, echar pie a tierra y meterse en el agua empujando la otra
+canoa.
+
+La llevó así hasta que el agua le dió al pecho, y de un poderoso envión
+la arrojó hacia el medio, animando a su gente, con aquel absurdo valor
+del hombre indiferente a las cosas que puedan ocurrir.
+
+Veíase claramente que los soldados del gobierno lo habían conocido,
+no obstante la sombra crepuscular, y que tiraban sobre él, a cuyo
+alrededor en el agua, picaban las balas salpicándole el rostro.
+
+Se volvió a la orilla y montó de nuevo en su caballo y esperó el
+resultado de aquella maniobra.
+
+Ya algunos de los suyos,--lanceros que cruzaban a nado, a la par de sus
+caballos,--empezaban a llegar a la opuesta orilla, y la segunda canoa
+cargada de rifleros, había pasado de la mitad del río, cuando se vió
+a los del gobierno aprovechar las sombras de la noche para dejar sus
+barricadas, abandonando un puesto que no podían sostener.
+
+Cesó el fuego, mas con el último tiro, se vió a Insúa que abría los
+brazos y caía del caballo, de bruces sobre una mata de chilcas.
+
+Cuando lo alzaron, sobre unas parihuelas, sonreía, como si hubiera
+visto venir lo que anhelaba.
+
+--Sigan peleando, muchachos--les dijo.
+
+Cruzaron el río, y lo llevaron al rancho de un pescador, cercano a la
+orilla, y lo dejaron allí, porque tuvieron noticia de que la gente
+del gobierno acampaba en San Pedro, a cosa de tres leguas, y convenía
+atacarla antes que recibiera los refuerzos que se esperaban de Santa
+Rosa.
+
+Pero nada pudo hacerse esa noche, porque el enemigo, al llegar ellos
+había abandonado también aquel punto, y cuando a la mañana siguiente
+llegó Cullen con su tropa, se estrelló con las fuerzas del coronel
+Romero, bien armadas, y no tuvo el apoyo de la caballería con que
+contaba, ni de Insúa, del cual no halló quien le diera noticias.
+
+Pelearon rudamente, pero sus montoneros se desbandaron y él tuvo que
+huir, por la orilla izquierda del Saladillo, con rumbo a Helvecia.
+
+Montaba un caballo tordillo, parejero, que no era de su estancia, y
+cuyas condiciones no conocía.
+
+Perseguido de cerca, en los primeros momentos ganó larga distancia,
+pero pronto conoció que el caballo se le cansaba.
+
+Su asistente, Juan Félix López, sin apartarse de él, le decía:
+
+--Castigue, don Patricio; castigue su caballo.
+
+El jefe de los revolucionarios, comprendiendo que su caballo estaba
+rendido bajo su peso, respondía:
+
+--A mí me conocen y me quieren. Si caigo en manos de ellos, no tengo
+que temer. Vos sí; vos debés huir.
+
+Llegaron así al monte, a la isleta de las Estacas, y allí Cullen
+comprendió que su caballo no daría más y se detuvo.
+
+Una avalancha de gauchos del gobierno dando alaridos, se echó sobre él.
+
+Saltó del caballo uno de ellos; era José Golondrina, y lo tomó de la
+rienda.
+
+--¡Bájese!--le dijo,--y como no obedeciera al instante, le tiró un
+lanzazo y lo derribó. En el suelo, uno de los más abyectos secuaces
+llamado el "Lechuza", lo tomó de la barba.
+
+--A mi padre--alcanzó a decirle don Patricio--lo degolló Rozas; no me
+maten como a él. Mátenme a balazos.
+
+Pero "Lechuza" le cortó la cabeza, mientras la pequeña tropa de gauchos
+y de indios se cebaba en su cuerpo cribándolo a lanzazos, lo mismo que
+al de su compañero López.
+
+La muerte de Cullen produjo un inmenso estupor en la ciudad, donde ni
+sus adversarios más encarnizados habían creído que pudiera llegarse a
+ese extremo.
+
+Cuando se recibió la noticia, Rosarito, acompañada de su padre, había
+salido ya en busca de Insúa, herido la víspera.
+
+La campaña tranquila se bañaba en el sol de la tarde, indiferente a
+aquellas pasiones que manchaban su suelo.
+
+Don Serafín, acurrucado en un rincón, envuelto en su capa, iba contando
+historias análogas a aquel episodio, que había visto en su vida.
+Rosarito llevaba las riendas del tílbury en que viajaban al trote por
+el solitario camino blanco. Ella no oía a su padre; pensaba en las
+cosas tristes que rebalsaban en su alma, y tenía en los labios la
+amargura de una queja. Pensaba que si él había muerto, lo hallaría
+donde le habían dicho, velado por Gabriela; que si aún vivía, él no
+volvería a besarla como en la noche de la revolución, porque su rival
+estaría presente.
+
+Sabía que no había esperanza de salvarle. El que les llevó la noticia,
+enviado por Insúa mismo, les había explicado cómo era la herida y cómo
+ni el mismo Insúa pensaba vivir.
+
+Así como mandó avisarles a ellos, pensaba Rosarito que habría mandado
+avisar a la Casa de los Cuervos, no lejana de allí.
+
+Mas cuando llegaron al paso de "Los Cachos", hallaron al caudillo
+revolucionario muriendo solo en el ranchito abandonado.
+
+Estaba tendido en la tierra, sobre un apero, y tenía cerrados los ojos.
+Como obscurecía ya, no conoció en la penumbra a los que llegaban, y
+Rosarito, hincada a su lado, le dijo su nombre y le vió sonreír, y le
+habló de su amor y de Dios, para endulzarle aquella hora suprema, y
+él que en nada creía, sintió su alma iluminada por aquella verdad que
+bajaba en tal momento sobre él, y lloró con grandes lágrimas cálidas.
+
+--¿La has llamado?--le preguntó Rosarito, y él hizo señas de que no, y
+la miró con profunda ternura, como diciéndole que ella refundía en sí
+sola todas las mujeres que podía amar: su madre, su hermana y su novia.
+
+Y ella comprendió, y cuando al siguiente día cerró él los ojos para
+siempre, tranquilo como si hubiera hallado la verdad y el amor, ella
+pensó que era su viuda, y lloró sobre su cuerpo frío, sintiendo en el
+fondo de su dolor, la humilde alegría de saber que por fin él la había
+comprendido.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ Tip. y Enc. NUEVA ÉPOCA
+ San Martín 850--SANTA FE
+
+
+ HUGO WAST
+ La Casa de los Cuervos
+
+ PRIMER PREMIO
+ EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL
+
+
+ NUEVA EDICIÓN
+
+
+ BUENOS AIRES
+ Agencia General de Librería y Publicaciones
+ 1571--Rivadavia--1573
+
+
+
+
+ OBRAS DE HUGO WAST
+
+ NOVELAS
+
+ =Alegre.=--19.º millar.--Librería Ollendorff, París.
+
+ =Pequeñas Grandes Almas.=--11.º millar.--Montaner
+ y Simón, Barcelona.
+
+ =Flor de Durazno.=--27.º millar.--Librería Ollendorff,
+ París.
+
+ =Fuente Sellada.=--17.º millar.--Librería Ollendorff, París.
+
+ =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--4.º millar.--Biblioteca
+ Patria, Madrid.
+
+ =Fantasías y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada.
+
+ =La Casa de los Cuervos.=--9.º millar.--Agencia
+ General de Librería, Buenos Aires.
+
+
+ POESÍAS
+
+ =Rimas de Amor.=--2.ª edición.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada).
+
+
+ VARIOS
+
+ =¿A dónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?=--3.ª
+ edición.
+
+ =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biológico).--Librería
+ Alfa y Omega, Buenos Aires.
+
+ =Un País mal administrado.=--(Estudio económico).--Arnoldo
+ Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada).
+
+
+ EN PREPARACIÓN
+
+ =Las bases de la sociología.=
+
+ =Un País mal administrado.=--2.ª edición.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+Las palabras en negritas están indicadas con el =signo igual=.
+
+Algunas reglas de acentuación del castellano cuando esta obra fue
+publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se
+realizó la transcripción. El criterio utilizado para llevar a cabo esta
+transcripción ha sido el de respetar la ortografía original, salvo en
+caso de errores evidentes de impresión y/o puntuación, los cuales han
+sido corregidos. El Transcriptor también ha respetado ciertos modismos
+empleados por el autor, que son típicos del castellano que se habla en
+ciertas zonas de Argentina.
+
+El Transcriptor desea aclarar que el autor menciona en el texto un
+personaje real de la historia argentina, Rosas, pero en el texto es
+mencionado como Rozas. Se ha respetado la ortografía del original.
+
+El ÍNDICE en la obra original se encontraba al final del
+libro. El Transcriptor decidió colocarla al principio de la obra.
+
+
+La cubierta del libro ha sido modificada por el Transcriptor y ha sido
+agregada al dominio público.
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 ***
diff --git a/59631-8.txt b/59631-8.txt
deleted file mode 100644
index 4928987..0000000
--- a/59631-8.txt
+++ /dev/null
@@ -1,9010 +0,0 @@
-The Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: La Casa de los Cuervos
-
-Author: Hugo Wast
-
-Release Date: May 30, 2019 [EBook #59631]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS ***
-
-
-
-
-Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
-
-
-
- LA CASA DE LOS CUERVOS
-
-
- OBRAS DE HUGO WAST
-
- NOVELAS
-
- =Alegre.=--6. edicin.--Librera Ollendorff, Pars
- (en prensa).
-
- =Pequeas Grandes Almas.=--Montaner y Simn,
- Barcelona.
-
- =Flor de Durazno.=--5. edicin.--Librera Ollendorff,
- Pars.
-
- =Fuente Sellada.=--Librera Ollendorff, Pars.
-
- =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--Biblioteca
- Patria, Madrid.
-
- =Fantasas y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada.
-
- =La Casa de los Cuervos.=--Biblioteca del Ateneo Nacional.
- Buenos Aires.
-
-
- POESAS
-
- =Rimas de Amor.=--2. edicin.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada).
-
-
- VARIOS
-
- =A dnde nos lleva nuestro pantesmo de Estado?=--3.
- edicin.
-
- =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biolgico).--Librera
- Alfa y Omega, Buenos Aires.
-
- =Un Pas mal administrado.=--(Estudio econmico).
- Arnoldo Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada).
-
-
- EN PREPARACIN
-
- =Las bases de la sociologa.=
-
- =Un Pas mal administrado.=--2. edicin.
-
-
-
-
-
- HUGO WAST
-
- LA CASA DE LOS CUERVOS
-
- PRIMER PREMIO
-
- EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL
-
- NUEVA EDICIN
-
- 6. MILLAR
-
- BUENOS AIRES
- Agencia General de Librera y Publicaciones
- 1571--Rivadavia--1573
-
-
-
-
- NDICE
-
-
- PRIMERA PARTE
- Pg.
-
- I.--Don Serafn Aldabas 9
-
- II.--Una voce poco fa! 22
-
- III.--La conspiracin 34
-
- IV.--La levita de Cullen 49
-
- V.--En la tarde del baile 58
-
- VI.--Una sombra en el hueco de la puerta 65
-
- VII.--El indio Jos 76
-
- VIII.--El baile de Montarn 95
-
- IX.--El pauelo rojo 113
-
- X.--La noche trgica de Syra 128
-
- XI.--La derrota 139
-
-
- SEGUNDA PARTE
-
- I.--Por el alma de los muertos! 161
-
- II.--La mala nueva 174
-
- III.--La mano suave 184
-
- IV.--La yerra 194
-
- V.--El secreto 208
-
- VI.--Sobre las huellas de Insa 224
-
-
- TERCERA PARTE
-
-
- I.--En la casa de Bayo 245
-
- II.--El aviso 259
-
- III.--El incendio del garzal 267
-
- IV.--Yo lo mat, pero voy a morir 293
-
- V.--La batalla de los Cachos 304
-
-
-
-
-
- PRIMERA PARTE
-
-
- LA CASA DE LOS CUERVOS
-
-
-
-
- I
-
- Don Serafn Aldabas
-
-En los das de sol, durante el hmedo invierno, aquellas casas viejas
-toman su expresin evocadora y triste.
-
-Detrs de sus tapias rodas por el tiempo y coronadas a veces de
-enredaderas, asoman las copas redondas de los naranjos, con su espeso
-follaje y su fruta dorada.
-
-En la parte que el sol no calienta, el musgo extiende su terciopelo
-verde, como un suave tapiz. Crecen los yuyos en las grietas de los
-oscuros adobes manchados por la cal del antiguo revoque; se ve en un
-muro el hueco de una alhacena con estantes de algarrobo, y sobre un
-tejado, que en las noches de luna ya no se anima con el paseo de los
-gatos, la ventana de una bohardilla y una chimenea, que ha tiempo no se
-envuelve en el humo azulado y tibio del hogar.
-
-En los barrios centrales de Santa Fe, ese tipo de casa ha ido
-desapareciendo, mas quedan vestigios de ellas en los barrios del Sur
-y hasta hace poco mantenase intacta, en la calle que en los tiempos
-de este relato llamaban "de la Matriz derecha", la casa en que durante
-cuarenta aos, don Serafn Aldabas ense a leer a los nios, que por
-alguna razn no hallaban sitio en el colegio de los Jesutas.
-
-Estaba en la acera del Sur, casi en la esquina de la plaza, vecindad
-que aprovechaba don Serafn para or la banda, que tocaba, jueves y
-domingos, en invierno, a la hora precisa en que terminaba su clase.
-
-Cubierto el crneo puntiagudo, mondo ya, con un casquete negro de
-lustrina, enfundado en una estrecha levita, enjuto de carnes, los ojos
-azules, fugitivos, las piernas flojas, las manos largas e inhbiles,
-cuando no esgriman el puntero o la palmeta, en la silueta obscura de
-don Serafn, no haba ms detalle interesante que la gruesa cadena
-de plata de su reloj, un hermoso reloj de oro, de una antigua marca
-inglesa, toda la fortuna que trajo de su patria.
-
-Envolvase severamente, aun en los das de calor, en una capa con forro
-de terciopelo carmes, y como a todo propsito, para salir de una duda,
-para eludir una respuesta, para resolver un problema consultaba el
-reloj, un buen tercio de la vida del maestro se pausaba en desabotonar
-y abotonar su levita.
-
-Era de la Corua, y sus traviesos discpulos que haban sorprendido
-la imperceptible dificultad con que pronunciaba la o, llambanle
-"Curua", mote al cual, despus de treinta aos, se iba acostumbrando.
-
-Llegado al pas en los tiempos ms sangrientos del gobierno de Rozas,
-tmido como una polla, conservaba, no obstante, una extraordinaria
-aficin a la poltica que slo conceba rodeada de misterios, de tal
-modo que su imaginacin enviciada transformaba las cosas ms simples en
-espeluznantes incidentes.
-
-Y en la Santa Fe del ao 77, no necesitaba forzar la fantasa para
-llenarse de sobresaltos, sin que, en verdad, como en los tiempos de
-Rozas, corrieran peligro los vecinos madrugadores de tropezar en la
-acera con el cuerpo de algn unitario degollado a cercn, mientras
-por otra calle los mazorqueros paseaban un carro cargado de cabezas,
-pregonando su siniestra mercanca como si fueran zapallos.
-
-Pero, aun sin llegar a esos extremos, la vida era angustiada por las
-frecuentes revoluciones que se tramaban contra el Gobierno, para
-derrocar a don Servando Bayo, y destruir la influencia omnipotente del
-doctor Simn de Iriondo.
-
-En Santa Fe no era posible desinteresarse de la poltica: o se era
-opositor, o se era gubernista.
-
-Slo el msero don Serafn Aldabas, no tena derecho a ser ni lo uno
-ni lo otro. Por su escuela haban pasado casi todos los jvenes que
-militaban en el partido liberal, y esto lo vinculaba con hondos afectos
-a la causa de la revolucin.
-
-Mas no le era permitido dejar traslucir sus inclinaciones, sin
-riesgo para su escuela, que no viva de las insignificantes cuotas,
-impagas con frecuencia, de sus alumnos, sino de una subvencin de
-cuarenta pesos mensuales que le otorgaba el gobierno, y que algunas
-indiscreciones haban puesto ya en peligro.
-
-Haca un mes que funcionaban las clases, despus de las vacaciones,
-mediaba Abril, y todava el humilde "Curua" no haba percibido un solo
-peso del vencido semestre.
-
-Don Pablo Ferrer, el cataln dueo del almacn de la esquina en que
-don Serafn se surta, empezaba a torcerle el gesto, cuando concluida
-la clase el maestro, envuelto en su capa que le prestaba un poco de
-majestad, cruzaba la calle, hacia la plaza, persiguiendo la ocasin
-de encontrarse con el gobernador Bayo, que a esa hora abandonaba su
-despacho del Cabildo.
-
-La plaza era entonces, como hoy, de una manzana entera, pero
-encuadrbanla construcciones ms bajas, y eso pareca agrandarla.
-
-Al naciente tena el colegio de los Jesutas ocupando las dos terceras
-partes de la cuadra, que completaban algunas casas de tejas. Al Sur,
-alzbase el Cabildo, con su mole blanca y pesada, sus dos pisos con
-recova de gruesos pilares y arco romano y su azotea resguardada por una
-sencilla baranda de hierro.
-
-Todava se ve en la esquina de San Gernimo, una de las raras casas
-de alto que haba entonces, y que parecan ser indicio de riqueza, no
-obstante sus paredones lisos, sin adornos ni pilastras, y el pobre
-hueco de sus ventanales y de sus puertas pequeas y su baranda de
-hierro en el tejado.
-
-De las casas que formaban el costado del poniente, quedan muchas, con
-algunos cambios que las modernizan sin embellecerlas, revoques de
-portland, balcones y adornos del ms abominable Luis XV.
-
-Ha desaparecido el local en que durante aos funcion el caf del
-Plata, lugar de cita de los opositores; pero subsiste al lado de la
-construccin que hoy se levanta en lugar del clebre caf, el vetusto
-casern que ocupara el Club del Orden, centro de aristocracia y de
-conspiraciones.
-
-La Iglesia Matriz en el lado Norte de la plaza permanece tal cual era,
-con sus dos torrecillas humildes y el enmohecido gallo de su veleta,
-pero el resto de la cuadra ha sufrido un cambio profundo a excepcin de
-la casa que don Simn de Iriondo inaugur por aquellos aos y que era
-con sus dos pisos de galera a la calle y lo estudiado de sus lneas,
-la ms hermosa de la ciudad.
-
-Invariablemente, al dar las cinco de la tarde don Serafn Aldabas
-suspenda la clase. Su magnfico reloj "Losada", segn poda leerse en
-la esfera, abierto sobre el pupitre, le sealaba la hora sin discrepar
-un minuto en un ao con el cuadrante solar del colegio de los Jesutas.
-
-En el preciso momento cortaba la leccin, an cuando fuera en mitad de
-una frase, ponase de pie, imitado por sus bulliciosos alumnos, que al
-levantarse tumbaban los escaos y coreaba un "Ave Mara".
-
-Y despus, mientras ellos se desparramaban por la plaza, espantando
-a las pacficas gallinas del vecindario, atradas por el trbol que
-creca alrededor de la glorieta, don Serafn segua el ancho camino
-enarenado, con la secreta esperanza de encontrar al Gobernador, al
-doctor Iriondo o a cualquiera de los hombres poderosos, para brindarles
-un saludo y una sonrisa que prolongara la existencia de la subvencin.
-
-Cuando vea acercarse a alguien, don Serafn procuraba imprimir a su
-persona un andar solemne; mas su casquete de lustrina, sus largas
-piernas deformadas por las rodilleras de sus pantalones, su capa en
-lo ms recio del verano, y sus pies juanetudos, le quitaban toda
-solemnidad.
-
-No obstante, la gente le apreciaba, y retribua su saludo con afecto,
-aunque no tan ceremoniosamente como l habra querido; y era un triunfo
-para l, cuando alguno se acercaba a preguntarle la hora.
-
-Su "Losada" era famoso en la ciudad, y aun el Gobernador sola rendirle
-ese homenaje consultndole.
-
-Don Serafn, con el casquete en la mano, miraba el reloj y responda:
-
---Son las cinco y siete minutos y medio, excelentsimo Seor.
-
-Y luego agregaba, con la emocin de un desacato, a la suprema autoridad
-que a un paso de l, le atenda de igual a igual:
-
---Se podra saber qu hora es en el reloj de V. E.?
-
-El Gobernador, con un leve gesto de impaciencia, sacaba una antigua
-saboneta de llave, y constataba alguna diferencia, que provocaba el
-invariable comentario de don Serafn.
-
---Si V. E. tuviera un "Losada"...!
-
-Cuando finaliz el sexto mes impago, como coincidiera con el trmino
-de las vacaciones, durante las cuales don Serafn no haba percibido
-un ochavo de sus alumnos, se encontr en apuro tan grave que resolvi
-confiar su cuita al Gobernador en la primera ocasin que tuviera el
-honor de ser consultado por la hora.
-
-Pero fuese que el reloj de don Servando Bayo marchase mejor, o que su
-propietario hubiera perdido su aficin a la exactitud, el hecho es
-que don Serafn irritaba sus juanetes dando vueltas innumerables a la
-plaza, sin que el Gobernador se dignara hacer ms que contestar sus
-saludos.
-
-Y aun esos encuentros se hicieron raros. El Gobernador sala tarde
-de su despacho, acompaado siempre por alguien, y sin detenerse
-llegaba hasta su casa, a la vuelta del Cabildo, y se encerraba como si
-tuviera un cmulo de trabajo o la estada en la calle se hubiera hecho
-peligrosa.
-
-Solamente una vez, en aquellos primeros das de Abril se detuvo en la
-plaza, y fu porque se encontr con don Simn de Iriondo, que lo tom
-del brazo y lo llev por las callejas enarenadas del centro.
-
-Era jueves y la banda de polica tocaba un trozo del "Barbero de
-Sevilla", msica que en la vida sin pasiones de don Serafn, haba
-llegado a ser una pasin.
-
-Por eso, en cuanto sonaron los primeros compases de la sinfona, se
-acerc hasta el kiosco del centro, rodeado de acacias, sentse en un
-banco resecado por el sol, y se puso a escuchar, sin acordarse del
-mundo.
-
-Las retretas en verano se hacan a la noche; pero ya en Abril, con
-el tiempo fresco, se adoptaba el horario de la tarde. La gente
-desacostumbrada, en los primeros das apenas concurra, por lo que en
-esa ocasin, aparte de don Serafn y de algunos nios que jugaban en el
-trebolar del centro, slo se vea la pareja de personajes oficiales, el
-Gobernador y el doctor de Iriondo, conversando frente a la casa de ste.
-
-La alta y elegante figura de Iriondo, contrastaba con la de Bayo,
-hombre grueso y bajo.
-
-Don Simn vesta de levita, y en ese momento llevaba en la mano el
-sombrero de copa gris, lo que permita apreciar la extraordinaria
-hermosura de aquella cabeza inteligente de caudillo, que tena con el
-cabello profuso, peinado hacia atrs, la elegancia violenta y a la vez
-fcil de los gestos del len.
-
-Los dos, solos, estaban de pie bajo una acacia. Iriondo hablaba con
-vehemencia pero en voz baja, y el Gobernador le escuchaba, rayando con
-la contera del bastn la arena del suelo.
-
-En el aire tibio y como dorado de aquella tarde otoal, se
-desparramaban las notas animadas y profundas de "Una voce poco fa".
-
-Don Serafn beba con fruicin la msica admirable, alejado mil leguas
-de su escuela arruinada, de su semestre impago, de sus botines que
-reclamaban la media suela, de sus pobres pantalones, cuyo decoro se
-salvaba an, gracias a la amplitud de la capa.
-
-Distrado as, no vi llegar hasta l a Bayo y a Iriondo, y slo cuando
-ste apoy su mano firme sobre su hombro, advirti su presencia.
-
---Doctor Iriondo! Excelentsimo seor Gobernador!--exclam don
-Serafn, alzndose del banco, con una profunda reverencia y echando
-mano al reloj.
-
---Qu hora es, don Serafn?--le interrog Iriondo, complaciente con la
-inofensiva mana del maestro.
-
---Las cinco y cincuenta y siete minutos y algunos...
-
---Don Serafn!--le interrumpi el Gobernador,--percibe siempre la
-subvencin de la escuela?
-
---Ah, seor don Servando!--exclam el msero guardando su reloj con
-mano trmula--mi escuela se muere de hambre...
-
---Con maestro y todo?--insinu risueamente don Simn.
-
---Hace seis meses, Excelentsimo Seor...
-
-Don Serafn vacilaba, porque era un cargo que iba a arrojar sobre el
-gobierno. Mas Iriondo, que conoca el estado precario de las finanzas
-no tuvo reparo en concluir la frase.
-
---Seis meses que no le pagan?
-
---As es, doctor Iriondo; y cmo...
-
---Maana cobrar--dijo el Gobernador--Vaya a verme al despacho a las
-ocho en punto.
-
---Ah, Seor...
-
-Iba a explicar que a esa hora empezaba su clase, pero se call. Dara
-vacacin, inventando algn pretexto; los alumnos le agradeceran y l
-ira a cobrar.
-
-Mientras hablaban desarrollbanse los ltimos compases de la msica de
-Rossini. Call luego la banda y los msicos empezaron a enfundar sus
-instrumentos para marcharse.
-
-Don Serafn reventaba de vanidad, viendo que todos miraban su compaa
-con los dos hombres poderosos de la provincia.
-
-Iriondo saludaba a cada uno de los que pasaban frente a l, con
-un gesto amable. El Gobernador golpeaba el suelo con el bastn.
-Aquella nerviosidad, en l, hombre flemtico, era seal de graves
-preocupaciones.
-
-El director de la banda se acerc a saludarlos, pero Bayo no le
-dispens una acogida muy afectuosa y el pobre msico se fu, consolado
-con el cordial apretn de manos de Iriondo. Don Serafn comenzaba a
-sentirse intranquilo, ignorando si deba irse o quedarse.
-
-Anocheca rpidamente. Los nios que jugaban, haban desaparecido, con
-lo que la plaza qued silenciosa y desierta.
-
-Don Simn tom del brazo al Gobernador, y dieron algunos pasos. Bayo
-se volvi a don Serafn, el cual ech mano al reloj.
-
---Hace mucho que no ve a Cullen?
-
-El maestro pens un momento sin comprender.
-
---A don Patricio Cullen--explic Bayo.
-
---Ah! Dos meses a lo menos, seor don Servando.
-
---Y a Montarn?
-
---Don Pedro Montarn estuvo ayer en mi casa--respondi con cierta
-vanidad el maestro.
-
---Fu de visita?--No le pregunt por...?
-
-Don Simn hizo un gesto que contuvo al Gobernador en mitad de la frase.
-Se mordi los labios, y entonces Iriondo, poniendo la mano sobre el
-hombro de don Serafn, le dijo con insinuante diplomacia:
-
---La subvencin de su escuela es de cien pesos no?
-
---Oh, qu esperanza! Cuarenta pesos, no ms!
-
---No ms? Seor Gobernador! Este meritorio servidor de la provincia
-no podr vivir con eso...
-
---Vaya maana a verme--dijo Bayo--a las ocho en punto.--Y luego
-agreg:--Tiene en su escuela algn nio pariente de Montarn?
-
---No, seor Gobernador. Don Pedro Montarn fu a pedirme nuevas de mi
-sobrino el capitn Insa...
-
-No bien don Serafn oy el sonido de su propia voz, pronunciando aquel
-nombre, se le estrech el corazn, porque record que Insa y Montarn
-constituan con don Patricio Cullen el eje de las revoluciones contra
-el gobierno de Bayo y al revelarle a ste el objeto de la visita,
-quizs estaba comprometiendo algn plan.
-
-No hablaron ms y all se separaron.
-
-En el crepsculo escaso ya, don Serafn vi a Iriondo entrar en su
-casa, llevando siempre del brazo al Gobernador.
-
-El se qued slo un momento, en la plaza, perseguido por el rumor de su
-propia voz indiscreta.
-
-La luz de la lmpara recin encendida en el boliche de don Pablo
-Ferrer, frente a la Matriz, hizo variar el rumbo de sus pensamientos.
-
-Ahora podra pasar, sin avergonzarse, por aquella esquina, porque le
-iban a pagar la subvencin y su desgraciada cuenta sera cancelada.
-
-Se encamin a su casa, cruz la calle acercndose al almacn, para que
-Ferrer lo viera y si acaso, lo llamara. Mas cuando l pas, el spero
-cataln estaba arreglando el tubo de su humosa lmpara, pendiente de
-uno de los tirantes del techo, y no lo vi.
-
-Cruz de nuevo el arroyo y entr en su escuela, empujando la puerta de
-calle, asegurada por una gruesa piedra.
-
---Rosarito, Rosarito!--grit.
-
-Rosarito era su hija, toda la poesa de la vida del pobre hombre, y
-todo lo que le haba hecho amar el trabajo y soportar la miseria.
-
-Tena diez y ocho aos, y su sola presencia llenaba la casa.
-
-A la voz de su padre corri la nia hasta el zagun obscuro, y antes de
-que l le hablara de su extraordinaria aventura, ella le dijo al odo
-con voz trmula:
-
---Est Francisco Insa, pap, y no quiere que nadie lo sepa.
-
-Los remordimientos de Don Serafn recrudecieron y empez a sospechar
-que todo, desde las ausencias del Gobernador hasta la invitacin a ir a
-su despacho, tena relacin con la repentina llegada del capitn Insa.
-
-
-
-
-II
-
-Una voce poco fa!
-
-
-La vida del maestro encerraba una novela que el mundo haba olvidado.
-
-Muchos aos antes, tantos que l mismo ya no quera contarlos, porque
-su recuerdo se haca ms doloroso cuanto ms lejano, l, joven, lleno
-an de las ilusiones que le haban hecho cruzar el mar, recin llegado
-a Santa Fe, encontr un puesto de cajero y tenedor de libros en la casa
-de comercio de don Agustn Insa, uno de los estancieros ms fuertes
-del pas.
-
-Insa tena muchos hijos, pero slo una hija, la menor, que en el
-tiempo en que don Serafn comenz a hacer nmeros en los grandes
-libros de su padre, era una deliciosa chicuela de siete aos, rubia y
-de ojos azules, que ms de una vez volc el tintero sobre las pginas
-que el tenedor de libros iba llenando con signos misteriosos para
-ella. l se encaden a la casa obscura y triste en que su patrn viva
-enriquecindose, por aquel rayo de sol que entraba casi a la misma
-hora, cuando su padre abandonaba el escritorio y quedaba el empleado
-solo.
-
-ste finga no verla, para gozar mejor de la sorpresa que ella misma
-simulaba, cuando sintindola detrs se volva de pronto y la alzaba en
-los brazos y la pona encima del alto pupitre donde l trabajaba de pie.
-
-All se quedaba Rosarito--era su nombre--muy seria, esperando que su
-amigo concluyera la tarea; y haba que ver cmo volaba la pluma de ave
-sobre el spero papel de hilo de los libros, trazando esos viriles y
-hermosos nmeros espaoles, hoy pasados de moda.
-
-Cuando era invierno haca un intenso fro en la pieza de techo de paja,
-paredes de adobe encalados y piso de ladrillos desnudos; mas el cajero
-senta que los ojos de la nia, siguiendo los movimientos de su mano
-desde lo alto del pupitre, le caldeaban el corazn y le desentumecan
-los dedos.
-
-Y cuando era verano, y la lbrega estancia sofocaba como un horno, la
-sola idea de que ella estaba all, mirndolo siempre, aunque l no la
-mirara, le refrescaba la frente y le aligeraba el montono trabajo.
-
-Ella aguardaba seriecita y silenciosa, a que el cajero espolvoreara de
-arenilla las pginas frescas, seal de que el trabajo haba concludo,
-y cerrara con estrpito aquellos libros enormes, que le daban la
-ilusin de un saber inconmensurable en su gran amigo, y guardara su
-reloj de oro, su hermoso reloj ms seguro que el sol, segn decan.
-
-Entonces l la bajaba del pupitre, la sentaba a su lado o en sus
-rodillas y le contaba cuentos de reyes y de sultanes y de moros; y
-acordndose de su pueblo, le hablaba de los pescadores que salen al
-alba en sus barcas de velas abigarradas y vuelven al entrar la noche,
-cuando alguna tormenta no los deja dormidos para siempre bajo las olas
-del mar.
-
-Pasaron largos aos, variando apenas los episodios de aquella amistad
-que iba trocndose en amor silencioso y apacible.
-
-Don Agustn Insa, viudo desde el nacimiento de su hija, absorto en sus
-complicados negocios, no sospech nunca el idilio que se iba tejiendo
-en su propia casa, y cuando un da alguien le cont lo que pasaba,
-mont en clera y cay como un huracn sobre el cajero y sobre la nia,
-que era ya una linda joven de diez y ocho aos.
-
-Ambos confesaron la verdad; el empleado fu despedido, por haber alzado
-los ojos hasta la hija del patrn, y ella enviada a un colegio de
-Buenos Aires, para que olvidara su locura.
-
-Ni l ni ella olvidaron, y cuando algunos aos despus volvi Rosarito,
-mayor de edad y libre para disponer de su corazn y de su persona,
-con una frrea voluntad que nadie habra sospechado bajo su grcil
-hermosura, huy de su casa y fu a pedir asilo a una ta, y se cas
-con su fiel amigo, desafiando el rencor de toda la familia.
-
-Durante muchos meses el episodio fu en Santa Fe el asunto palpitante,
-que se comentaba en todas las reuniones.
-
-El padre se veng de la hija, traspasando sus bienes cuantiosos en
-forma que a su muerte, que ocurri poco despus, los hijos lo tuvieran
-todo y ella nada.
-
-Uno de sus hermanos, sin embargo, condolido de su situacin, le don la
-casa en que don Serafn instal su escuela, nico medio de vida que le
-qued despus de su aventura.
-
-Pero eran felices en su humildad, rayana en la miseria, y cuando tres
-aos despus Rosarito muri al nacer su hija, el pobre maestro crey
-que el mundo se iba a quebrar y que l se hundira en el espacio como
-un pedazo de estrella.
-
-No ocurri la catstrofe. Las gentes continuaron haciendo su vida
-ordinaria; sus cuados ni siquiera fueron al entierro, y l mismo
-sigui viviendo una vida ms obscura, envuelto en inofensivas manas
-que amortiguaban su dolor, y odiando casi a la chicuela, que creca
-ignorante del mal que haba hecho; hasta que un da, como un volcn que
-renace, irrumpi en el corazn del maestro, que se haca viejo, un amor
-inmenso hacia la nia, que llevaba el nombre de su madre.
-
-No tena de ella otro rasgo que los ojos azules, profundos como el
-cielo en las noches de luna, y aquella amable seriedad que la haca
-estarse horas enteras mirando trabajar al maestro.
-
-La nia creci sola en el antiguo casern de la escuela. Una mulata
-fiel, hija de una esclava de los Insa, sirviles all hasta que muri,
-y ense a Rosarito a rezar y a ser duea de casa, mientras su padre la
-atiborraba con su ciencia, y despus de las lecciones, le llenaba la
-cabeza con los mismos cuentos de reyes y de sultanes y de pescadores,
-que le conquistaron el amor de la madre.
-
-Cuando muri la criada, se resignaron a vivir solos, cargando Rosarito,
-que tena quince aos, con todo el quehacer de la casa.
-
-El maestro daba sus clases en un largo saln, enladrillado, que tena
-una puerta a la calle, y un techo de madera labrada, como si toda la
-riqueza de sus dueos, en los tiempos en que se construy, hubiera
-querido hacerse ver en las gruesas y profusas vigas de cedro, con
-prodigiosos adornos a escoplo.
-
-Ya en los aos de don Serafn, aquella casa ms que secular, se
-apreciaba como un tesoro, por los que a ojo calculaban el valor del
-cedro empleado en sus techos.
-
-Y don Serafn en los das de hambre, llamaba a su hija y le mostraba
-aquello:
-
---Sabes? si nosotros quisiramos!
-
-Cuando la nia era pequea, asista a las clases y aprenda a la par
-de los otros alumnos: cuando fu mayor, y quedaron solos, mientras su
-padre repeta las lecciones, ella adentro trabajaba como un ama y como
-una criada, en la cocina, en el lavadero, en el jardn.
-
-El patio era grande y cuadrado. En dos de sus lados haba corredores
-de teja, con pilares de algarrobo. En los otros dos, que daban al Sur
-y al Oeste, solamente la tapia cubierta de plantas de diamela, que
-se encaramaban hasta el borde, y en primavera se nevaban de flores
-capitosas.
-
-En el centro del patio, crecan profusamente las plantas que entonces
-se estilaban, cuidadas todas por la mano experta de la nia.
-
-Por una puertita falsa abierta en la tapia del Sur, pasbase a una
-huerta contigua, llena de naranjos, en la que haba adems una
-antiqusima higuera, maravillosa por su frondosidad, que haba hecho
-alrededor de su tronco, a causa de sus ramas perezosas, cadas hasta
-el suelo y sostenidas por puntales, una enorme estancia, a donde slo
-se poda entrar por algunos boquetes, abiertos disimuladamente en el
-ramaje.
-
-En la huerta se criaban las gallinas, que completaban la fortuna del
-maestro.
-
-Rosarito amaba su jardn y su huerta, donde estaban todas sus
-amistades. Las gentes parecan olvidadas de la novela del maestro, pero
-continuaba pesando sobre ellos un inexplicable ostracismo, del que por
-su parte no trat nunca de salir.
-
-Orgullosa por instinto de raza, lastimbala el poco aprecio que hacan
-de su padre, cuyo apellido Aldabas, no tena realmente la sonoridad
-aristocrtica del de su madre.
-
-Rara vez sala, como no fuera a la misa del alba, los domingos, y
-algunos das en que estaba triste, y anhelaba un consuelo ms alto que
-el que podan darle las gentes, que apenas la conocan. Pasaba por la
-plaza, para llegar al colegio de los Jesutas, y en su ignorancia de
-las modas, se vesta siempre como le ense la mulata que la criara, de
-blanco y con un manto celeste.
-
-Algunas veces llevaba a la Virgen de los Milagros un ramo de flores
-de su jardn, y cuando cruzaba por la calle, las gentes se volvan a
-mirarla, porque era su figura como un sueo que pasa.
-
-Por eso prefera las horas en que las calles estaban solitarias y
-cerradas las puertas.
-
-En la humildad de su vida tambin ella, que haba heredado la ternura
-de su madre, iba siguiendo la trama de un romance, desconocido de
-todos, y cuya intriga le pona en los ojos azules una pincelada de
-ensueo, y en la frente pura una arruga leve, en que se adivinaba su
-voluntad, templada para todas las batallas que poda reservarle el
-destino.
-
-La ta lejana, en cuya casa hall refugio su madre, muerta haca
-tiempo, dej un nio al cuidado del maestro.
-
-Francisco Insa entr as en la casa de Rosarito, mayor que ella
-bastantes aos, de tal modo que cuando ella no era ms que una
-chicuela, l era ya un precoz hombrecito que jugaba a las revoluciones.
-
-Se criaron juntos en la escuela. l la protega como a una hermanita,
-y los otros alumnos, que alguna vez se hubieran vengado en ella de las
-penitencias del maestro, debieron respetarla porque Francisco Insa
-estaba siempre pronto a repartir puetazos entre los que hubieran osado
-tocar uno solo de los rebeldes cabellos castaos que llenaban de sombra
-sus ojos inocentes.
-
-Pero Francisco debi abandonar la escuela de don Serafn, porque ni la
-estril gramtica ni la complicada aritmtica, las dos materias fuertes
-de la institucin, llegaron a interesarle nunca, y de la Historia
-Sagrada, que se les haca leer en la obra de Mazo, no sac en limpio
-ms que una profunda admiracin por los filisteos gigantes y por el
-incontrastable Sansn.
-
-Lo hicieron ingresar entonces en el colegio de los Jesutas, donde
-no pudo estar tres aos; disgustle la frrea disciplina y se hizo
-expulsar.
-
-Turbulento y fuerte, acaudillaba a todos los muchachos de su edad,
-sometidos a l por la destreza insuperable con que boleaba patos y
-chorlitos en las orillas del Salado, y por su bravura en las peleas y
-aun por su descreimiento en las cosas que no se vean.
-
-Una noche hizo una apuesta, salt las tapias del cementerio de San
-Antonio y se fu a apedrear las lechuzas entre las cruces de los
-sepulcros; y para ms estupor de sus camaradas, se qued a dormir en la
-capilla, que haban dejado abierta.
-
-A la maana siguiente lleg a casa del maestro, plido pero sonriendo,
-para disipar la angustia de Rosarito que haba pasado la noche llorando
-por l.
-
-Slo a ella le confi la verdadera historia de aquella aventura, que le
-haba ganado para siempre la admiracin de cuantos llegaron a saberla,
-pero que dej en su alma un germen de terror supersticioso.
-
---"Ya ves--le dijo--yo no creo en las nimas, pero anoche tuve miedo,
-miedo de veras. La capilla estaba obscura, y para que entrara un poco
-de luz cuando saliera la luna, dej entornada la puerta y me ech a
-dormir sobre la tarima del altar. Me despert el ruido de la puerta
-que se cerr de golpe, como si alguien la hubiera atropellado; pens
-que era el viento, pero cerca del techo haba una claraboya y a la luz
-de la luna, alta ya, se vean las ramas de un ciprs inmvil. No era
-el viento. Quise saber quin haba entrado, pero no me anim; tuve
-miedo de moverme, sin saber por qu. Me qued quieto, sin respirar,
-parecindome que algo andaba cerca de m, no por el suelo como un
-hombre, sino por el aire como un ave, o como un alma en pena, y que era
-algo tan grande que llenaba la iglesia. Sent un aletazo en la cara y
-me qued helado, la cabeza pegada en la tarima, cerrando los ojos para
-no ver, pero conteniendo la respiracin para or mejor. Me pareci
-entonces que "aquello" estaba all, a mi cabecera y que respiraba como
-un nio. No s cunto tiempo pas de ese modo; o las campanas de Santo
-Domingo que tocaban antes del alba y abr los ojos. La iglesia negra y
-silenciosa, pareca atravesada por una espada de oro, y era un rayo de
-luna.
-
-"Por la claraboya veanse las ramas del ciprs, que empezaban a temblar
-al viento de la maana. Sintiendo siempre cerca de m aquello que haba
-entrado a pasar la noche conmigo, me atrev a mirar y v un cuervo
-inmvil como un adorno del altar, posado en una esquina, negro, de
-cabeza pelada y de ojos brillantes que me miraban fijamente. Me par
-de un salto, pero l no se movi, y entonces v una mano blanca, larga
-como de una mujer, con un anillo en el dedo, que el cuervo tena entre
-las garras. Tuve miedo, porque no miraba su comida, me miraba a m,
-como si me hubiera penetrado el olor de cadver que despeda la mano, y
-el cuervo creyera que yo era el muerto."
-
-A los aos, aquella aventura que l le confi, permaneca viva como un
-relato reciente, en la memoria de Rosarito.
-
-l le haba dicho: No contars a nadie que tuve miedo? Y ella se lo
-prometi y haba cumplido.
-
-Francisco Insa, heredero de una gran fortuna en campos y haciendas,
-desde que fu hombre pasaba lo ms del tiempo en sus estancias, bajando
-rara vez a la ciudad, casi siempre con propsitos revolucionarios.
-
-Un gobernador amigo, caso extraordinario, pues era enemigo por sistema
-de todos los gobiernos, agracile con el cargo honorfico de capitn
-de guardias nacionales, y con esa designacin lleg a los tiempos
-de Iriondo y de Bayo, que no conocieron adversario ms perseverante
-y activo, por lo cual, cada vez que llegaba a la ciudad, la polica
-echaba detrs de l sus mejores pesquisantes, para seguirle los pasos.
-
-Una tarde--aquella tarde en que don Serafn tuvo la buena fortuna de
-hallarse con el Gobernador y con Iriondo,--Rosarito, sola, en la gran
-casa que empezaba a anegarse dulcemente en la sombra de la noche,
-sentada sobre un poyo del jardn, en el centro del patio cuadrado,
-escuchaba la msica de la retreta, que llegaba a oleadas, mezclada con
-el perfume otoal de las magnolias, que se deshojaban a su vera.
-
-Senta el alma entristecida por la soledad en que les dejara el hombre
-que la quera como a una hermana y a quien ella amaba como a un novio.
-
-El da anterior estuvo don Pedro Montarn a pedir noticias de l, y eso
-era seal para ella de que algo se tramaba. Llenbasele de angustia el
-corazn, adivinando los riesgos de aquellas aventuras, pero alegrbala
-el presentimiento de que l vendra.
-
-"Una voce poco fa", tocaba en la plaza la banda de polica, y las
-frases vehementes de esa msica, le daban la impresin de que si ella,
-alguna vez no se decida a confesarle su amor, l pasara a su lado sin
-sospecharlo.
-
-Sinti que la puerta de calle se abra, arrastrando la piedra que la
-calzaba, y creyendo que fuera su padre, se qued all, persiguiendo su
-ensueo, entre las sombras de la noche que haban ganado el jardn.
-
-Slo vi que era Francisco Insa, cuando l la apret en sus brazos y
-la bes en la frente.
-
---Francisco!
-
-l la hizo callar.
-
---Que nadie sepa mi llegada. Tu padre? Est en la plaza? Mi cuarto?
-
-En el casern de la escuela haba siempre lista para l una pieza, que
-Rosarito cuidaba con incansable esperanza.
-
-Pero esa vez tena otros designios.
-
---Ahora no quiero dormir all. Es necesario que si alguien viene y
-entra de improviso, no sospeche mi presencia. Debo esconderme; dos o
-tres das, nada ms. Arriba, en la guardilla del techo, sobre las vigas
-del cielorraso, estar seguro y cmodo.
-
-Ella lo miraba hablar, penetrada de admiracin y de ternura, y llena de
-recelos.
-
-Cuando lleg don Serafn, ya el capitn Insa tena su escondrijo,
-difcil de encontrar, y poda aguardar, sin peligro, la visita de los
-que con l tramaban la revolucin.
-
-
-
-
-III
-
-La conspiracin
-
-
-Al toque de nimas esa noche, la ciudad pareca desierta.
-
-En la calle de Comercio, que cruzaba los barrios ms poblados, no se
-vea un solo farol encendido. Durante el da se haba estado anunciando
-la tormenta, que a esa hora barra con impetuosas rachas de viento y de
-lluvia el polvo del arroyo, que pronto fu un lodazal.
-
-Cuando el trueno callaba sentase la voz lamentable de la campana de
-San Francisco, obstinada en anunciar a las gentes que haban dado las
-ocho y deban rezar por las almas de los muertos.
-
-Don Patricio Cullen, el jefe de los adversarios del gobierno, tena su
-casa en la calle principal, a poco ms de dos cuadras de la plaza, y
-no lejos de una esquina, donde esa noche, a la luz de los relmpagos,
-poda advertirse la presencia de dos hombres, embozados en capas
-obscuras, que desde haca ms de una hora desafiaban all el vendaval y
-la lluvia.
-
-Uno de ellos era don Braulio Jarque, jefe de polica, a quien el
-gobernador Bayo encomendaba la seguridad de su gobierno; y el otro
-era su secretario y cuado, el joven teniente de milicias nacionales
-Carmelo Borja.
-
-Jarque era espaol, amigo, casi camarada de don Serafn Aldabas, aunque
-ms joven y llegado al pas muchos aos despus que l.
-
-Ocupado en la polica como escribiente en los tiempos de Iriondo,
-elevronle al rango de comisario, y de tal manera acredit su sagacidad
-en descubrir los planes revolucionarios y hacerlos abortar, la ms
-grave misin de la polica de aquel tiempo, que Bayo, en su gobierno,
-lo hizo jefe, y los revolucionarios tuvieron que reconocer en l un
-enemigo terrible, que por vas misteriosas se apoderaba de todos sus
-secretos.
-
-Y as las revoluciones dejaron de ser calaveradas repentinas e
-improvisadas, hechas sin plan y sin ms propsito que mantener la
-alarma entre los hombres de gobierno, y debieron transformarse, a
-lo menos mientras Jarque estuviera en la polica, en un arte de
-conspiracin prolijo y difcil.
-
-Era el jefe un hombre fro y perseverante, de fsico mezquino, calvo
-a los cuarenta aos, con una pierna ms corta que le haca rengar,
-defecto que l procuraba disimular, porque era vanidoso, y comprenda
-lo mal que sentaba a la majestad de su cargo.
-
-Haca dos aos que se haba casado con Gabriela Borja, casamiento
-inesperado, que no deba ser feliz, por cuanto l viva en la ciudad,
-mientras ella se quedaba al lado de su madre, viuda, en la antigua
-estancia de los Borja, que llamaban "la casa de los cuervos", como a
-ocho leguas al Nordeste de Santa Fe, sobre el arroyo de Leyes.
-
-Desde algunos meses atrs, Jarque, gracias a los espas que tena
-diseminados en las estancias de los opositores mismos, Cullen,
-Montarn e Insa, comprenda que se estaba urdiendo una revolucin,
-cuyo desenlace no pareca lejano, a juzgar por lo frecuente de ciertas
-visitas sospechosas, y de algn movimiento de peonadas en las colonias
-del Norte, Helvecia y California, donde los revolucionarios tenan una
-gran popularidad entre los colonos extranjeros.
-
-Lo que desorientaba todos los clculos era la inaccin, aparente a
-lo menos, del capitn Insa, quien no se mova de su estancia, ni
-demostraba preocuparse por la "yerra" de su hacienda, que se anunciaba
-para dos o tres meses ms tarde.
-
-Cuando Insa marcaba los terneros de sus vacadas, cosa que haca en
-el otoo, era una fiesta de dos semanas para todos los criollos de
-aquellos lugares, que acudan a prestar su ayuda, con el propsito de
-participar en el interminable jolgorio de la faena; y haba aos que
-los "tarjadores", que llevaban la cuenta de los animales marcados,
-haciendo tarjas con el cuchillo en ramitas peladas, contaban al final
-de la "yerra", diez mil rayas, que significaban diez mil terneros
-puestos bajo la clebre marca de Insa, un corazn partido por una
-flecha.
-
-Aquellas fiestas en que llegaban a reunirse hasta doscientos peones,
-solan servir de preludio a la revolucin. Las conversaciones, el
-relato de aventuras polticas, el licor repartido sin tasa, caa del
-Paraguay, apenas rebajada con agua, encendan el entusiasmo opositor, y
-sin ms preparativos, se ponan en marcha a caballo, hacia la capital,
-a la que entraban de noche, rumbo a la polica, mal armados, disparando
-trabucazos al azar, siendo rechazados fcilmente y con escasas prdidas.
-
-Cuando Jarque se hizo cargo de la polica, hicironse ms raras
-tales asonadas. Sabase que el jefe no deseaba que se concluyeran
-los movimientos revolucionarios, sin que l tuviera ocasin de hacer
-un escarmiento. Creasele capaz de fusilar sin proceso alguno a los
-cabecillas que cayeran en sus manos, aunque eso hubiera de costarle
-el cargo a l y el gobierno a los suyos; pero todos, hartos de la
-intranquilidad en que vivan, cerraban los ojos y le dejaban hacer.
-
-Las revoluciones entraron as en un perodo de laboriosa preparacin,
-pues los opositores haban comprendido el riesgo de toda aventura
-mientras aquel hombre estuviera contra ellos, y era preciso no jugar
-ningn lance, sino con las mayores probabilidades de xito.
-
-Hacan la revolucin, como una funcin normal en su vida poltica, sin
-grandes odios personales, por el slo deseo de tumbar un gobierno, que
-los mantena a raya; y se resignaron a esperar hasta que se ofrecieran
-las circunstancias propicias, que un da Jarque tuvo la sospecha de que
-haban llegado.
-
-Don Pedro Montarn iba a dar un gran baile, celebrando el compromiso de
-su hija Syra con el teniente Carmelo Borja, secretario de Jarque.
-
-Montarn era el Creso de los opositores, la bolsa abierta siempre para
-costear las revoluciones.
-
-El jefe de polica sospech que aquel baile poda ser un pretexto
-para atraer a los hombres del gobierno, relacionados con l, y que
-no obstante la diversidad de opiniones polticas, no se negaran a
-asistir. Retenidos en la fiesta, poda el capitn Insa con su gente
-caer sobre la ciudad desprevenida, y aun hacer prisioneros a los
-asistentes a ella.
-
-Sus sospechas se confirmaron cuando le hicieron saber que Montarn
-haba visitado al inofensivo don Serafn, y por el Gobernador supo el
-objeto de aquella visita, indicadora de que en la ciudad se esperaba la
-llegada de Insa.
-
-Pero el joven revolucionario astuto y acostumbrado a aquellos lances,
-logr entrar en Santa Fe, sin que lo advirtiera la polica de Jarque,
-de modo que esa noche, mientras el jefe con su secretario, se
-guarecan de la tormenta bajo el alero de aquella esquina que les
-permita observar la casa de don Patricio Cullen, estaban lejos de
-sospechar que l ya estuviera en sitio seguro, aguardando precisamente
-a Cullen y a Montarn con quienes deba planear los detalles de la
-revolucin para la noche del baile.
-
-Hacia el extremo de la galera del naciente, haba en la escuela una
-extensa pieza, cuyas puertas y ventanas daban al patio. Era el comedor,
-el punto de cita, por estar lejos de la calle y prximo a la huerta,
-para el caso de una sorpresa de la polica.
-
-Al toque de nimas, esa noche, haba concludo la cena frugal, y
-don Serafn busc su silla hamaca, en que sola dormitar despus de
-comer, la acerc a la puerta entornada, para mirar el patio, inundado
-de lluvia, que chispeaba a la luz de los relmpagos, y se qued
-all distrado mientras llegaba el sueo, persiguiendo las siluetas
-esfumadas de sus antiguos recuerdos.
-
-Junto a la mesa--una mesa de algarrobo lustrado, con aletas que se
-plegaban o se abran para agrandarla--sentronse Rosarito e Insa, a
-relatar la historia de los das pasados sin verse.
-
-Una lmpara con pantalla de cartn, fabricada por la nia, diseaba un
-disco luminoso en el centro de la mesa, acusando con fuertes contrastes
-las facciones del joven, sus ojos grandes y obscuros, su tez plida
-tostada por el sol, su barba negra recortada al uso de entonces, su
-pecho fuerte, sus manos poderosas, que de cuando en cuando se posaban
-sobre la tabla, donde ella, que lo miraba con los ojos iluminados por
-los pensamientos cariosos, tena puesta una de las suyas, que se
-abandonaba confiada en la de l.
-
-Los ngulos de la pieza quedaban en la sombra. Dos escaos, arrimados
-a la pared, a uno y otro lado, recordaban el tiempo en que don Serafn
-tena pupilos en su escuela, y mayor concurrencia a su mesa. Una
-alhacena, en el fondo, cubierta con una cortinilla rosada, y una
-rinconera con un vaso de flores, completaban el mueblaje de la pieza
-enorme y fra, con sus paredes pintadas a la cal, y su cielorraso de
-lienzo, que a cada racha de viento se alzaba como un pecho fatigado y
-cruja como si fuera a rasgarse.
-
-A cada ruido Insa intranquilo miraba a su alrededor, y Rosarito
-sonrea.
-
---Siempre es as--le deca.
-
-Y l continuaba el relato de su vida, que ella atenda con ansiedad,
-buscando en los innumerables cuadros de aquel tiempo en que tanto
-pensara en l, la huella de algn pensamiento que l le hubiera
-dedicado enteramente.
-
-Montarn fu el primero en llegar a la cita. Entr al lbrego casern
-de la escuela, no por la puerta de calle, sino por la huerta, cuyas
-tapias escal, porque daban a los fondos de su casa.
-
-Era un hombre de cincuenta aos, bajito, regordete, pero gil y
-movedizo. Todo rasurado y muy pulcro, con los tupidos cabellos grises
-cortados al rape, su fisonoma rubicunda, animada por una constante
-sonrisa, tena algo de eclesistico.
-
-Era muy rico, y al revs de Insa, no tena una sola vaca, pero s
-mucho dinero contante, ganado en empresas bancarias.
-
-Uruguayo, radicado en Santa Fe desde largo tiempo atrs, se hallaba tan
-vinculado a su suelo por sus negocios y sus amistades, que all pensaba
-morir.
-
-Al ruido que hizo sacudindose las botas y la capa embarrada, despert
-don Serafn, que se alz de la silla alarmado, sacando su reloj.
-
---Seor don Pedro!--dijo con profunda reverencia.
-
---Seor don Serafn!--respondi estrechndole la mano, y entr al
-comedor, desvaneciendo con su llegada la tela de ensueo que envolva,
-a los ojos cndidos de Rosarito, aquel cuadro familiar.
-
-Abraz fuertemente a Insa, arrastr uno de los escaos hasta la mesa,
-negndose a aceptar ninguna de las sillas que le ofrecieron, y se sent
-buscando la sombra de la pantalla, para observar mejor.
-
-Su sonrisa maliciosa hizo ruborizar a Rosarito.
-
-Antes de que hablara ninguno de ellos, cohibidos como estaban por
-diferentes sentimientos, un empujn dado a la puerta de la calle, cuya
-piedra se arrastr sobre las losas del zagun, les anunci la llegada
-de un nuevo contertulio.
-
-Deba de ser don Patricio Cullen, por lo cual Insa sali a recibirlo
-y a trancar la puerta, que dejaron entornada, a fin de que el jefe de
-los revolucionarios entrara sin llamar.
-
-Don Serafn, que no le esperaba, vindole llegar sinti crecer su
-alarma y torn a mirar el reloj, con aquel gesto a que recurra en los
-casos apurados.
-
-Adivin qu poda significar aquella reunin y cuchiche al odo de
-Cullen:
-
---As pues, seor don Patricio, se trata de una revolucin?
-
-Don Patricio le apret la mano con una gran cordialidad y le respondi
-sonriendo:
-
---Si fuera as, mi amigo, podramos contar con usted?
-
---Conmigo?--exclam el maestro, retirando su silla del hueco de la
-puerta, como si la palabra comprometedora de Cullen hubiera resonado en
-toda la ciudad y l temiera la repentina irrupcin de la polica.
-
---S, don Serafn; necesitamos que usted nos d la hora para que
-todos nuestros relojes estn de acuerdo. El secreto del xito en las
-revoluciones est en que se produzcan en el momento preciso.
-
---Ah, seor don Patricio!--respondi sbitamente interesado el
-maestro--si ustedes tuvieran un "Losada"...
-
-El ex gobernador de Santa Fe haba tomado asiento ya en la silla que le
-ofreci Rosarito, junto a la de Insa, la que ella ocupaba.
-
-Don Serafn en pie, aguardando una explicacin que no vino, miraba con
-nueva angustia el cuadro alarmante que alumbraba su pacfica lmpara.
-
-Era amigo de aquellos tres hombres reunidos para conspirar, sin duda, y
-era como el padre de uno de ellos, y a pesar de eso y de su aficin a
-las intriguillas polticas, la cosa pareca ms seria que de costumbre,
-y la conspiracin se realizaba all, bajo el techo de su escuela, cuya
-existencia estaba en mano del gobierno, que la subvencionaba.
-
---Seores!--les dijo; pero la voz se le anud en la garganta.
-
-Los tres lo miraron.
-
---Usted nos dar la hora;--volvi a indicarle don Patricio, con amable
-sonrisa,--hasta entonces sea sordo, ciego y mudo.
-
---Mudo sobre todo, mi to--aadi Insa, haciendo luego una sea a
-Rosarito para que los dejasen solos.
-
-El maestro sali suspirando y palpando su reloj, con una explicable
-angustia, desde que acababan de manifestarle que en su preciosa mquina
-estaba encerrado el minuto decisivo de la revolucin.
-
---Mi reloj, mi reloj!--exclamaba, siguiendo dcilmente a su hija, que
-lo hizo acostarse.
-
---Es seguro ese hombre?--pregunt Cullen cuando quedaron solos.
-
-La luz de la lmpara daba de lleno sobre la figura majestuosa de don
-Patricio, y su barba castaa, abierta sobre el pecho adquira tonos
-dorados.
-
---Completamente seguro--respondi Insa--y su casa debe ser hoy el
-punto de cita menos sospechoso.
-
-Montarn arrug la nariz, con gesto de duda.
-
---No tanto. Ayer me cruc en la puerta con uno de los pesquisas de
-Jarque. Por lo que se hizo el indiferente al verme, sospecho que no
-dej de notar mi presencia en el sitio. Por eso he venido hoy como un
-ladrn o como un enamorado, saltando las tapias, procedimiento que
-aconsejara a don Patricio, si viviera ms cerca.
-
-Don Patricio sonri; era muy grueso y lo que para aquel hombrecillo
-rechoncho, pero gil, resultaba un juego, para l habra sido lo ms
-difcil de la revolucin.
-
---La noche es a propsito para merodeos de esta clase--observ
-Cullen.--Yo he podido salir sin que nadie me viera, porque en toda la
-calle Comercio, embarrada y tenebrosa, no se hallara alma viviente.
-La luz de los relmpagos me guiaba, para no estrellarme contra las
-rejas salientes de las ventanas, y para cruzar sin riesgos mayores los
-fangales de cada esquina.
-
-Hablaba despacio, con voz suave, insinuando ms que diciendo lo que
-pensaba. Montarn le escuchaba con una sonrisa que poda seguir
-siendo un gesto de duda; Insa, grave y triste, como oprimido por un
-presentimiento.
-
-Afuera, la lluvia, ms intensa que a la hora de nimas, segua cantando
-en los caos de teja, de donde caan chorros sonoros que corran luego
-por los albaales a engrosar el torrente de la calle.
-
-Un momento prestaron odo a los rumores que venan de afuera. Insa
-pens en Rosarito, dormida quizs, y comenz luego a explicar su plan
-revolucionario.
-
-Tena listos ciento veinte hombres, acampados a esas horas en los
-sauzales del arroyo de Leyes; a la maana se pondran en marcha sobre
-la ciudad, segn las rdenes que les haba dejado, y entraran a la
-oracin.
-
-Tenan dos chalanas cargadas de lea, en que llegaran al puerto,
-cruzando la laguna. Otros estaban ya en la ciudad, adonde haban
-llegado en carros de colonos, tirados por buenos caballos, que les
-serviran para montar, o haban entrado como peones de estancia, a
-buscar provisiones.
-
---Bien armados?--pregunt Montarn.
-
---Estos no; tienen sus cuchillos, que pueden ser lanzas, atados en una
-caa tacuara.
-
---Y los otros?
-
---Los que vienen en las chalanas son los suizos de Helvecia, armados
-con carabinas y con rmingtons. Algunos criollos tienen trabucos. La
-municin es escasa, pero no se necesitar mucha.
-
---As es--observ Cullen--el xito est en sorprender a la polica. Si
-no entramos en el primer asalto, la batalla est perdida, y no habr
-ms que desbandarse y buscar refugio donde sea posible hallarlo.
-
-La luz de la lmpara le molestaba, por lo cual haba buscado la sombra
-y hablaba desde all. Slo Insa permaneca al lado de la mesa y sus
-ademanes y el brillo de sus ojos se armonizaban con todos los rasgos de
-su lujosa juventud.
-
---Y los que han llegado--interrog--dnde estn?
-
---En la barraca de Fosco, a orillas del ro, al Sud, que es donde
-atracarn las chalanas, para estar ms cerca de la polica.
-
-Hubo una pausa, en que los tres prestaron odo al rumor de la lluvia,
-que de cuando en cuando se ahogaba en el fragor de un trueno.
-
---Mi mayor confianza est en lo que hagamos en el baile--dijo Montarn,
-bajando la voz--Iriondo y Bayo irn; Jarque ciertamente no faltar, y
-como no estarn prevenidos, en cuanto suenen los primeros tiros en la
-plaza podremos tomarlos como en una ratonera.
-
-Insa no pareca participar de esa opinin.
-
---Eso no es pelear--objet--eso es entrampar a los hombres, como si
-fueran ratones. Prefiero el ataque, lanza en ristre, al frente de mi
-caballera...
-
---Ellos son ms y estn mejor armados.
-
---Nuestros hombres no pelean por la paga, como los de ellos; y esa es
-una ventaja que compensa el nmero y la diferencia de las armas.
-
---Tendremos que ir contra el batalln "7 de Abril", que es de lnea,
-capitn--observ Montarn.
-
---Mejor; eso enardece. Lo que desmoraliza es pelear contra flojos que
-se esconden o disparan.
-
-Tras un momento de silencio, Cullen, deseando armonizar las dos
-opiniones, dijo acercndose a la luz:
-
---Las dos cosas deben hacerse. Es necesario el asalto a la polica,
-y al mismo tiempo la celada del baile. Una maniobra sin la otra nos
-llevara al fracaso, que ha sido siempre el trmino de nuestras
-revoluciones. El capitn Insa mandar el asalto; y nosotros, en el
-baile, en cuanto suenen los primeros tiros, aprovechando la sorpresa
-de los iriondistas, caeremos sobre ellos. Apresados Iriondo y Bayo, la
-tropa del gobierno se rendir. Hay entre ellos partidarios nuestros que
-iniciarn el desbande.
-
-Hizo una pausa, esperando alguna observacin, y como no la hubo,
-prosigui, con su voz suave y sus ademanes tranquilos:
-
---Por otra parte, ni Bayo, ni Iriondo son nios. Es verdad que toda
-nuestra mozada distinguida estar en el baile, y se pondr a nuestro
-lado, pero las cosas no se llevarn a cabo sin riesgos; porque supongo
-que no sern esos dos los nicos iriondistas que habr invitado usted a
-su fiesta.
-
---He invitado a todos los que significan algo--respondi Montarn--no
-s quienes irn, mas podemos contar con que no faltarn ni el ministro
-Pizarro, ni el doctor Zavalla, y habr que tenerlos en cuenta;--y
-agreg haciendo uso de un trmino gauchesco--no son gente de arriar con
-la mano.
-
-Insa acab por aceptar la importancia de aquella maniobra, que, en
-verdad, poda ser ms eficaz que las briosas acometidas de sus paisanos
-a caballo, sembrando de muertos las calles de Santa Fe y huyendo una
-hora despus del ataque.
-
-Mediaba la noche y la lluvia haba escampado, cuando los conspiradores,
-despus de precisar los detalles de su plan, disolvieron la reunin.
-
-Don Pedro Montarn escurrise de nuevo hacia la huerta, y salt la
-tapia. Don Patricio Cullen, se envolvi en una capa obscura, con
-vueltas de terciopelo, y sali franca y gallardamente a la calle, como
-si nadie pudiera sospechar de l.
-
-Al cruzar la esquina de la Matriz, no vi entre los arcos del prtico
-una sombra cautelosa, que acechaba su paso. Era Jarque, quien no haba
-querido confiar a nadie la delicada misin de averiguar las andanzas
-del jefe de los revolucionarios.
-
-Don Patricio lleg a su casa, tranquilizado por la misma siniestra
-lobreguez de la ciudad dormida entre los barriales de sus calles sin
-empedrado.
-
-Cuando Insa apag la lmpara y sali del comedor para llegar hasta
-el escondrijo en que deba pasar la noche encontr en la galera a
-Rosarito, cuyos ojos fieles radiaban en la sombra.
-
-Insa le estrech la mano y le dijo con voz baja una frase que a ella
-la hizo estremecerse:
-
---Has nacido para mujer de un revolucionario!
-
-
-
-
-IV
-
-La levita de Cullen
-
-
-Fu ese el primer da fro del otoo que empezaba a dorar el follaje
-de los rboles caducos y las frutas de los naranjos entre el verde
-lustroso de sus hojas persistentes, y alfombraba el suelo hmedo de las
-huertas, con el manto amarillo de las hojas secas.
-
-La lluvia de la noche haba lavado el cielo, y el sol se miraba
-esplendoroso en los charcos de las calles, donde los nios, que no iban
-a la escuela, chapoteaban el barro con los pies desnudos.
-
-A las ocho en punto, la puerta de la escuela de Don Serafn, estaba
-sitiada por una banda turbulenta de escolares, sorprendidos por lo
-extraordinario del caso.
-
-Qu poda haberle ocurrido al puntualsimo "Curua", que no haba
-abierto a la hora precisa, como acostumbraba, para que esa fuera la
-seal de arreglar los relojes del barrio?
-
-A las ocho y cuarto empezaron los chicuelos a armar una tormentosa
-baranda, ante la puerta cerrada.
-
-Los de familias pudientes haban sacado esa maana por primera vez
-en el ao, sus capas o sus abrigos de invierno, porque el pampero
-que traa el fro de las nieves del Sur, daba la seal de cambiar de
-ropa. Los ms pobres, habran tiritado bajo sus trajecitos de brin,
-si la algazara y el movimiento no les hubiera hecho bullir la sangre.
-Casi todos, en bolsas de tela, suspendidas de un bramante que les
-cruzaba la espalda, llevaban sus librejos envejecidos por el manoseo de
-algunas generaciones de escolares, que se los pasaban unos a otros, al
-abandonar las aulas.
-
-Algunos revelaban su pobreza, no slo en su traje inadecuado para la
-estacin, sino en el detalle sobrado elocuente de carecer de libros y
-cuadernos, lo cual les obligaba a aprender en los Mazos rotosos que don
-Serafn pona a disposicin de ellos en la clase.
-
-No eran los menos bulliciosos, empero. Todos, pobres y ricos, picados
-por la curiosidad golpeaban la puerta gritando ansiosos por entrar
-no al aula, donde se aburran, sino al patio bajo cuyas anchurosas
-galeras podran jugar a la rayuela o las bolitas si es que "Curua"
-estaba enfermo o haba muerto y se impona la vacacin.
-
-No estaba muerto el msero, mas habra deseado estarlo, porque en ese
-momento pasaba las angustias de un ajusticiado, bajo el ojo severo de
-su amigo Jarque.
-
-Se levant ms temprano que de costumbre, y por lo menos una hora antes
-de las ocho, estuvo dispuesto para acudir a la cita que le diera el
-gobernador la noche antes.
-
-No era cosa mayor su traje, pero envuelto en su capa--regalo del
-capitn Insa--poda disimular la fementida levita y engaar al
-espectador en cuanto a la integridad de los pantalones.
-
-Cuando empez a trepar las escaleras del Cabildo, hacia el despacho
-del gobernador, record su pecado de esa noche dando albergue a los
-conspiradores y le temblaron las rodillas.
-
-Parecile un calvario aquella ascensin y cuando lleg a la sala de
-espera, donde aguardaban los postulantes, consult su reloj para
-comprobar la marcha de un pndulo que all haba.
-
-En este momento se le acerc Jarque y lo tom del brazo y lo llev
-con alguna prisa, que llen de pavor al maestro, la oficina de la
-Jefatura de Polica, que formaba cuadro con el saln de espera, en una
-de las alas del edificio.
-
-Entraron al despacho, una pieza grande y fra, con pobrsimos muebles,
-una mesa de caoba y algunas sillas de estera. Jarque cerr la puerta,
-aumentando la confusin del maestro, que todo trmulo, busc asiento,
-sin atreverse a despegar los labios ni a hacer ms gesto que el de
-consultar su reloj, el cual marcaba las ocho menos cuarto.
-
-Por fin, mientras el jefe acercaba otra silla, se anim a decirle con
-cierta altivez que son bien en sus propios odos:
-
---Te advierto, Braulio, que tengo una cita con el seor Gobernador.
-
---A qu hora?
-
---A las ocho; y estaba haciendo tiempo...
-
-Jarque ech una despreciativa mirada sobre el reloj que don Serafn
-tena en la mano, y sentndosele al lado, le dijo con tono zumbn:
-
---Tu reloj atrasa, muchacho. Hace un cuarto de hora que el gobernador
-te esperaba; ahora, me ha encargado tu asunto, porque l atiende a
-otros visitantes.
-
-Don Serafn se haba puesto de pie, con el pelo encrespado por la
-indignacin.
-
---El "Losada", seor jefe de polica, no atrasa nunca!
-
---Entonces est parado--le respondi Jarque, hacindolo sentar de nuevo.
-
-El maestro acerc al odo su maravillosa mquina, y constat con horror
-que en efecto se haba parado algunos minutos antes, falto de cuerda.
-
---Ah, miserable!--exclam golpendose la frente.--He deshonrado
-mi reloj. Por primera vez en treinta aos, anoche por culpa de las
-visitas, me acost sin darle cuerda.
-
-Jarque sonrea.
-
---Tuviste visitas, Serafn? Haces tertulia ahora? Ests por casar tu
-hija?
-
-El maestro, que daba cuerda a su "Losada", se qued fro al or
-aquello. Un poco ms y en su turbacin habra puesto al astuto jefe de
-polica sobre la pista de la conspiracin tramada en su casa.
-
-Jarque observ la ingrata impresin que caus su pregunta, y para no
-espantar la caza, se puso a hablar del asunto que ms interesaba a su
-amigo.
-
---Realmente--le iba diciendo--era una iniquidad que un hombre del
-mrito de don Serafn Aldabas, que serva a la provincia con tanta
-abnegacin, educando a los futuros ciudadanos, pasara miserias por
-negligencias del gobierno en cumplir sus promesas.
-
---No es verdad?--exclam encantado el maestro--es lo que digo; un
-maestro es un servidor de la provincia.
-
-La misma subvencin--seguale diciendo el jefe--era irrisoria; ya el
-Gobernador se lo haba dicho. Deba drsele cuarenta pesos por lo menos.
-
---Cuarenta pesos? Es lo que tengo ahora.
-
---S? Bueno; eso mismo es poco; habra que ponerle cincuenta...
-
---Cien me dijo ayer el seor Gobernador.
-
---Bueno; cuanto ms mejor; ya me encargar de recordrselo.
-
---Y sobre todo--insinu dulcemente don Serafn--que me paguen los seis
-meses que me adeudan.
-
---Oh, por supuesto!
-
---No sera posible hoy?
-
-El jefe sacudi la cabeza.
-
---No hay fondos, quizs? y la mitad... la tercera parte... un mes
-siquiera?
-
-Jarque haca seas de que no era posible.
-
---Hay fondos--dijo--y la voluntad del Gobernador era mandar pagarte;
-pero hoy mismo le han trado una denuncia que te compromete.
-
-Don Serafn sinti que las piernas le empezaban a temblar, y ech mano
-del reloj.
-
-Jarque se puso a mirarlo y sus ojos astutos lo turbaron ms.
-
---Deja el reloj, Serafn; y si no quieres perderte dime la verdad: a
-qu fu don Patricio Cullen a tu casa anoche?
-
-El maestro se qued lvido, pero decidido a morir antes que delatar a
-sus amigos, contest con un soplo de voz:
-
---A visitarme...
-
---Aprovechando la bondad de la noche... eh? Serafn!, Serafn!
-
---No; la noche era mala, muy mala, quizs la peor que he pasado en mi
-vida...
-
---S, lo creo; y esa visita a esa hora, y la turbacin que muestras y
-que dice ests mintiendo, han puesto en peligro la subvencin de tu
-escuela, y lo que es ms grave, tu seguridad personal. Por qu me
-engaas? Don Patricio no fu a visitarte.
-
-Don Serafn tuvo entonces un rayo de luz. Se acord de algunos rasgos
-nobilsimos del carcter de Cullen, el cual disimulaba sus caridades
-con tacto exquisito y se anim a echar una mentira salvadora.
-
---Oh, Braulio! Desconfas de m! Sabrs, entonces, toda mi vergenza:
-Don Patricio fu a llevarme una levita.
-
---Una levita?--exclam Jarque sorprendido.--Para qu te fu a llevar
-una levita?
-
---Mira!--contest don Serafn, ponindose de pie, y dejando caer la
-capa, con el gesto de Frin delante de sus jueces.
-
-Y Jarque pudo ver, en efecto, que su amigo tena urgente necesidad de
-una levita, porque la que llevaba no mereca tal nombre, pues a ms
-de los faldones que le faltaban, empleados en menesteres escolares,
-careca de forros y los bolsillos no habran podido cumplir su misin
-de tales.
-
-La capa de don Serafn guardaba celosamente aquel secreto y por eso, de
-su levita ningn ojo extrao conoca ms que las solapas.
-
-Jarque se ech a rer, ante la figura desguarnecida de su amigo, y ste
-se puso rojo de clera.
-
---Lo ves? Lo sabes ya? Comprendes ahora todo el valor del obsequio,
-y toda la nobleza de ese hombre, que no ha querido envirmelo con una
-criada charlatana, sino que ha ido l mismo, en persona, en una noche
-desagradable, a llevrmelo, como una prueba de afecto?
-
-Se arreboz de nuevo en la capa y se dej caer sobre una silla.
-
---Y por qu no te la has puesto?
-
-Don Serafn tartamude un instante:
-
---Pues, porque--ah vers!--no tenemos el mismo cuerpo, y Rosarito ha
-debido encargarse de achicarla.
-
-Jarque pareci satisfecho y el maestro se qued ntimamente halagado
-por su destreza, que haba despistado al astuto jefe de los polizontes,
-y pens que bajo su capa se ocultaba un fino espritu revolucionario.
-
-Hablaron luego de otras cosas, y de pronto Jarque pregunt:
-
---Siempre es tu hija tan bonita?
-
---Es como antes.
-
---Y siempre tan hacendosa?, aquellas empanadas que ella haca!...
-
-Rosarito tena una habilidad muy celebrada entre sus relaciones para
-confeccionar empanadas exquisitas, con que alguna vez obsequi a
-Jarque, como a algunos otros personajes de la ciudad.
-
---Cuando las haga--dijo el maestro--te har mandar media docena.
-
---Gracias; prefiero ir un da de estos a comerlas en tu propia mesa.
-
---Cuando gustes, Braulio--respondi tristemente don Serafn, pensando
-si su hija no habra perdido ya la habilidad, dado el tiempo que no se
-hacan empanadas en su casa, por falta de recursos.
-
-El jefe se haba quedado caviloso.
-
---No sera posible hoy?--dijo.
-
-El maestro vacil. Cmo iba a costear el gasto?
-
---Te ser franco, Braulio. Si hoy me pagaran, siquiera un mes, podra
-surtirme de nuevo en el almacn, y habra en casa cmo hacer empanadas.
-Si no...
-
-El jefe de polica no aguard ms. Escribi unas lneas, que meti en
-un sobre y mand con un ayudante a su destinatario, que don Serafn no
-pudo saber quin era, pero que deba ser el ministro o el Gobernador
-mismo, porque volvi al cabo de pocos minutos con otro sobre en que
-vena el dinero de cinco de los meses atrasados, doscientos pesos.
-
-Deslumbrado por aquella fortuna, el maestro baj tambaleando las
-escaleras del Cabildo, atraves la plaza a grandes zancadas, sin
-cuidarse de su capa que flotaba a sus espaldas como dos alas abiertas,
-permitiendo a los ojos profanos iniciarse en el secreto de aquella
-levita misteriosa.
-
-
-
-
-V
-
-En la tarde del baile
-
-
-La imagen de Syra Montarn, a los veinte aos, debe perdurar en la
-memoria de los que la conocieron, como queda en los ojos la impresin
-del sol, cuando se lo mira.
-
-En los pases tropicales, el tipo de la hija de Montarn, es ms comn
-que en las orillas del Paran. Pero aun as, en la pequea ciudad de
-entonces, que los naranjos de las huertas sahumaban de azahar, con
-sus calles desiertas y sus tapias oscuras, rodas por el musgo, y sus
-siestas estivales, silenciosas y largas, y sus dos ros y su gran
-laguna, que la cean en un abrazo de frescura, Syra Montarn estaba
-ms en el marco apropiado para su belleza de reina mora, que la suave
-hija del maestro, con su vestido blanco y su manto azul, como una
-aparicin.
-
-Durante cinco aos haba permanecido enclaustrada en un colegio de
-Buenos Aires, saliendo solamente en los veranos, que pasaba en una
-quinta prxima a la gran ciudad, en casa de sus abuelos; y cuando al
-cumplir veinte aos, volvi a Santa Fe, traa con las galas novedosas,
-adquiridas all, y que eran raras en las tiendas santafesinas, una
-sabia coquetera de portea.
-
-Su madre, una paraguaya melanclica, con quien Montarn se cas en uno
-de sus viajes, pasbase los das en su dormitorio, que daba a la calle,
-chupando naranjas y leyendo novelas.
-
-Syra tena de ella la cabellera negra y abundante con reflejos de oro
-a la cruda luz del sol, y la tez plida, con un leve color de trigo en
-la era. Pero sus ojos, negros tambin, no aparecan, como los de ella,
-anegados en la penumbra de un alma perezosa; sino encendidos en la
-llama de una voluntad imperiosa, que se adivinaba, asimismo, en su boca
-algo grande, roja, de firme dibujo.
-
-La casa de Montarn en la calle del Cabildo, a media cuadra de la
-plaza, era de dos pisos, recin construda con un lujo desusado
-entonces, por el mismo arquitecto que edific la de don Simn de
-Iriondo, lo cual halagaba la vanidad del opulento banquero.
-
-Bajo los corredores que daban a la calle, enlosados de mrmol, paseaban
-los galanes. En los primeros tiempos de la llegada de Syra, fueron
-muchos, hasta que ella los alej con sus desdenes, que slo uno de
-ellos perdon, porque estaba profundamente enamorado.
-
-Era Borja, el teniente de milicias, joven y gallardo, con su vistoso
-uniforme, su chaqueta de pao azul, galoneada de oro, pantaln rojo con
-franja dorada, su deslumbrante espadn que rozaba las paredes, con un
-ruido metlico, que un da fu para Syra la seal de salir al balcn a
-verle pasar.
-
-Y eso ocurri en la pasada primavera, cuando en la plaza se vestan
-las acacias de racimos blancos, cuyo perfume penetrante trastornaba el
-corazn y la cabeza. Syra sinti llegar el amor, como un sol que nace,
-y ella le confes que lo amaba, y que haba tardado en decrselo, para
-probar su constancia.
-
-El opulento Montarn quera festejar el compromiso oficial de su hija
-con una fiesta, que sera a la vez una hbil celada.
-
-En la tarde del baile, Syra llena de presentimientos que la
-angustiaban, fu a casa de una vecina amiga, donde sola encontrarse
-con su novio.
-
-Vesta de luto, por un duelo de familia, y el traje negro, que esa
-noche dejara de usar, pona en su soberana figura una nota trgica,
-que Carmelo Borja observ con fro en el alma.
-
-Se hallaban solos, en un patio de naranjos que la tarde llenaba de
-sombras. La tierra verta agua, por la lluvia reciente, y entraron
-a una pieza, que tena sobre el patio una ventana enrejada, en cuyo
-dintel se sentaron, buscando las ltimas luces del crepsculo.
-
-Sin haberse hablado, habanse trasmitido la indefinible pesadumbre que
-embargaba sus almas.
-
-Syra conoca las opiniones polticas de su padre, y da por da
-aguardaba el estallido de una revolucin en que l o su novio,
-combatiendo en filas opuestas, podan hallar la muerte.
-
-Montarn conservaba una relacin lo ms estrecha posible, dadas sus
-ideas, con las familias de los hombres contra cuyo gobierno conspiraba,
-y cuando su hija le anunci el noviazgo con el joven militar,
-secretario de Jarque, ni por un momento vacil en franquearle la
-entrada de su hogar.
-
-Y en las tertulias frecuentes que se hacan los das de visita,
-Montarn siempre dueo de casa y dueo de s mismo, saba ser
-exquisito, aun con los adversarios que asistan a ellas, y en quienes
-produca la impresin de que Jarque lo haba curado de sus veleidades
-revolucionarias, no dejando llegar a trmino ningn complot.
-
-Syra comprenda, empero, que su padre tramaba la cada de Bayo.
-Continuos y misteriosos "chasques" o mensajeros, que llegaban de noche,
-y entraban, sin llamar, por una puertecilla falsa, le daban a entender
-que se aproximaba, quizs, el desenlace temido.
-
-Montarn disimulaba ante ella, no queriendo exponerse al evento de su
-discrecin de mujer enamorada.
-
-En la noche de la lluvia, Syra sorprendi a su padre llegando de la
-huerta, con el traje embarrado, indicio elocuente de su excursin harto
-sospechosa a esa hora y con ese tiempo, y como en los ltimos das
-haban aumentado las maniobras sospechosas, que la alarmaban, adivin
-que los sucesos estaban prximos, y se llen de terror.
-
-En cualquier movimiento revolucionario, su novio, por su cargo, tena
-sealado un puesto de peligro.
-
-Cmo advertirle sin descubrir a su padre?
-
-Doa Celia, que pasaba su vida en la hamaca o en un silln frente a una
-ventana de la calle, anegada en su modorra habitual, no era capaz de
-desahogarla del peso de aquellos temores.
-
-En la tarde del baile, vi a su padre alistar unas armas, y sintindose
-morir, bajo la angustia, corri a la casa vecina donde al entrar la
-noche sola encontrarse con su novio.
-
-Cuando se hall frente a l, le falt la voz, y se ech a llorar,
-escondiendo la cara sobre el hombro de l.
-
-Borja tambin presenta los sucesos que se aproximaban. Jarque se
-haba apoderado de los hilos de la conjuracin, y aunque ignoraba las
-circunstancias en que se desarrollara el episodio revolucionario,
-comprenda que estaban envueltos en una intriga, que no poda tener ms
-que un sangriento desenlace.
-
-Aquel llanto de Syra, cuyo padre deba ser de los ms comprometidos,
-aument su zozobra, porque era evidente seal de que ella haba
-sorprendido algo que no poda confiarle.
-
---Syra! Syra!--le dijo--antes me hiciste sufrir con desdenes, y ahora
-me haces sufrir con misterios, ocultndome lo que te apena.
-
---Es cierto--dijo ella, apartndose y dejando de llorar.--Has sufrido,
-porque no adivinaste que te quise desde el primer da en que te v,
-aunque no lo pareciera, porque fu injusta y coqueta. Y ahora sufres,
-porque tengo un secreto y no te lo puedo confiar.
-
-Sospech l de qu se trataba, y no quiso hablar, por no obligarla a
-traicionar a su padre.
-
-Ella continu dicindole:
-
---Estoy llena de miedo. Yo no s nada, me parece que he soado lo que
-he visto, porque ni siquiera puedo decir que he visto algo; y me parece
-que todo se vuelve en contra de nosotros. Estamos a tres horas de la
-fiesta, y me vengo a llorar...
-
-l le acarici la cabeza que haba vuelto a apoyar en su hombro, como
-buscando un refugio que la salvara de las visiones que la acosaban.
-
---Me da miedo la tarde, y me da miedo la noche que llega. Carmelo...
-no temen nada, nada?...
-
---Qu podramos temer? Todo est tranquilo, a su fiesta irn amigos
-y adversarios del gobierno, y ser sa una ocasin de acercarse, de
-tratarse, quizs de hacer la paz que todos anhelan.
-
-Un rato habl as, tranquilizndola, y sintiendo que sus propias
-razones le tranquilizaban a l mismo, hacindole ver cun vanos y
-ridculos eran los recelos.
-
---Esta noche, Syra, te pido que cantes los versos del doctor Goyena,
-los que comienzan as: "Cuentan los sabios que la blanca luna..."
-
-Ella no lo haba besado nunca, pero esa vez, dominando todo su pudor,
-acerc su cara a la de l y lo bes apasionadamente, como si fuera a
-partir para un largo viaje.
-
-Y sali huyendo de la casa, sin saludar a nadie, atravesando medrosa el
-patio, en que la noche haba cado como un crespn negro, envolviendo
-los sombros naranjos de amargo perfume.
-
-
-
-
-VI
-
-Una sombra en el hueco de la puerta
-
-
-Borja no ignoraba que el da anterior Jarque, su jefe, haba tenido un
-encuentro que poda ser un grave indicio.
-
-Por la maana a eso de las nueve, don Serafn volvi a su escuela que
-resonaba con la bulla de los nios, a los cuales Rosarito les haba
-franqueado la entrada para que jugasen en el recinto abrigado de las
-galeras.
-
-Ella misma, despus de llevar el desayuno a Insa que se aburra en
-la soledad de su escondrijo, baj a jugar con ellos. El patio estaba
-empapado por la lluvia, pero las galeras anchas, con su techo de
-caas, cubierto con largas pajas de las islas, y sostenido por slidos
-pilares de algarrobo, tenan un piso de tierra endurecida, donde los
-chicuelos ms hbiles podan dibujar sus complicados cuadros de rayuela.
-
-Rosarito se sent en un rincn, donde la cocina formaba un reparo, en
-el extremo del corredor, y los ms pequeos corrieron a ella, para que
-les contara aquellos cuentos que iluminaron la niez de su madre.
-
-La nia era como un hada en el sombro recinto de la escuela.
-
-Cuando en las horas de clase, por animar un poco a los alumnos, entraba
-al saln, buscando un sitio vaco en los bancos, todos la reclamaban
-para tenerla cerca, y aun cuando fuera la clase de gramtica, si estaba
-ella, y los nios podan ver sus ojos animadores y su boca juvenil que
-sonrea, y su vestido alegre, en la pesada tristeza de las cosas viejas
-que llenaban el aula, los minutos parecan tener alas y volar.
-
-El maestro no se inmutaba por la presencia radiante, y segua llamando
-al pizarrn, uno por uno, a los chicuelos, para que dieran la leccin.
-
-Les entregaba un mezquino pedacito de tiza, y se calaba las gafas para
-vigilar los garabatos que la trmula mano trazaba en el tablero. Y
-cuando el nio se equivocaba, corra l con el desgarrado faldn de su
-levita en la mano y borraba lo escrito.
-
---Quin mat a Csar?--deca a modo de comentario invariable, y los
-alumnos en coro gritaban:
-
---Bruto!
-
-Don Serafn tena una regla larga como un puntero, que manejaba
-nerviosamente. Se quitaba su casquete de seda, porque el mucho hablar
-le haca sudar el crneo; alzaba las gafas hasta la frente, donde
-revoloteaban algunos mechoncitos grises, con aire ms divertido que
-el de los alumnos, y aquello era seal de que comenzaba la clase de
-gramtica.
-
-Llamaba a uno de los nios hasta su estrado; se envolva cuidadosamente
-en la capa, celoso del misterio de su levita, y preguntaba alzando la
-regla y mirando al alumno con sus ojillos glaucos:
-
---Cuntos son los acentos?
-
-El interrogado se quedaba pensativo, y don Serafn le insinuaba,
-marcando cada palabra con un reglazo en el pupitre:
-
---Tres! Agudo, grave y es... dr... julo.
-
-Cuando deca "dr" se iba a fondo, con la regla a guisa de florete
-y pinchaba al nio en la barriga, con gran regocijo de la infantil
-concurrencia.
-
-La leccin de los acentos era, por su episodio, lo ms ameno de la
-gramtica.
-
-Concluda la clase, los nios se ponan de pie y rezaban un avemara,
-que entonaba el maestro, y luego con sus libros y sus gorras en la
-mano, salan en ruidoso tropel a la calle, dejando en el aire confinado
-del saln el polvo de los rojos ladrillos, flotando en un rayo de sol,
-que entraba a veces como una espada fulgurante.
-
-Si estaba Rosarito, la ltima mirada era para ella, que se quedaba con
-el corazn estremecido, porque los amaba a todos.
-
-Cuando su padre volvi, la maana en que fu al Cabildo, no era ya hora
-de iniciar la clase, por lo cual despidieron a los nios que jugaban
-en las galeras, cerraron la puerta de calle, y llamaron a Insa, que
-baj de su buhardilla, contento como un prisionero libertado.
-
-A l y a Rosarito les relat don Serafn su conferencia con el jefe
-de polica, detallando prolijamente la manera en que eludi toda
-contestacin comprometedora.
-
-Nunca haba querido dejar adivinar de Insa su pobreza rayana en la
-miseria, mas tuvo esa vez que confesar el episodio de la levita,
-mezclado con su pequea aventura de esa maana, y todo lo dijo
-sonriente, enrojeciendo a veces de vergenza, pero satisfecho de su
-inesperada habilidad para burlar al fino sabueso del gobierno.
-
---Hoy Jarque vendr a comer tus empanadas, Rosarito, hija ma...
-
-La nia se alarm oyendo aquello, porque sospech que eso podra ser
-un pretexto para una visita del jefe, pero no el verdadero motivo. Sin
-duda quera comprobar lo dicho por su padre.
-
-Se visti con su sencillo traje de salir, y se fu al boliche de don
-Pablo Ferrer; pag la cuenta, y se aprovision de lo que le haca falta
-para confeccionar sus empanadas; y luego corri a casa de don Patricio
-Cullen.
-
-Llena de confusin refiri al caudillo de los revolucionarios aquella
-aventura de la levita, que la obligaba a pedir una, a fin de que Jarque
-la hallara, en verdad arreglndola al cuerpo de su padre. Y fu tan
-afortunada y hbil, que esa tarde, a la hora de la siesta, en que el
-jefe de polica acudi a la escuela, pudo obsequiarle con empanadas
-sacadas del horno, sirvindoselas en una punta de la mesa del comedor y
-atendindole ella desde la otra, donde a toda prisa descosa una levita
-de don Patricio Cullen, para adaptarla al mezquino cuerpo de Aldabas,
-cuya voz se oa explicando la leccin de los acentos.
-
-Pero Jarque no se dej engaar del todo. Los indicios que haba
-sorprendido de estar cerca la revolucin eran tan evidentes, que
-perdida una pista, buscaba otra, seguro de sorprender el complot.
-
-Se estuvo toda la tarde en la escuela, porque teniendo la certeza de
-que la revolucin no estallara sin que Insa llegara a la ciudad,
-quera a toda costa saber si l estaba ya en Santa Fe o iba a llegar de
-un momento a otro.
-
-Cuando anocheci, algo decepcionado se despidi del maestro, que haba
-concludo su clase y de su hija que segua trabajando en la levita. Mas
-se fu tranquilo, porque la ausencia de Insa poda significar que la
-revolucin an tardara.
-
-No bien se hubo marchado baj Insa de su escondrijo, donde haba
-pasado cuatro mortales horas oliendo el cedro secular de las vigas del
-techo; y como era necesario prevenir para esa misma noche al dueo de
-la barraca donde se refugiaran los revolucionarios que llegaran por
-el ro, aprovech para salir la obscuridad que reinaba, con el cielo
-nublado, amenazando lluvia.
-
-La barraca de Fosco, al Sur de la ciudad, a pocos pasos del arroyo
-Quill, un brazo del ro, era un vasto recinto cuadrado, con paredes
-de tapia, detrs de las cuales se amontonaban cargamentos copiosos de
-frutos del pas, cueros, cerdas, huesos, lanas a la espera de un barco
-que los llevara a Buenos Aires.
-
-El anterior dueo de la barraca se haba arruinado, y un colono suizo
-de Helvecia, que logr algunos aos de buenas cosechas, se qued con
-ella y abandon el campo.
-
-Era Fosco; viva con su familia haciendo un modesto negocio que le
-permita tener influencia entre sus compatriotas, partidarios de Cullen
-todos, y esperar el triunfo de la revolucin, que estaba dispuesto a
-ayudar, para tumbar el gobierno.
-
-En la obscuridad de la noche Insa vi aparecer a lo lejos la masa
-negra de la coposa arboleda que rodeaba la barraca, haciendo ms
-discreto el refugio.
-
-En esos lugares no haba ya casas ni calles. Las carreteras, acolchadas
-de tierra blanda, transformadas por la lluvia en profundos barrizales,
-descendan la barranca hasta el desplayado del riacho. Cerca del agua,
-que no se vea en la sombra, al borde mismo de la pequea barranca,
-creca un aromito y a su sombra se alzaba una casucha de paja y de
-barro, de algn barquero, que viva all a la vera de su barca.
-
-Ladraban los perros al spero rumor de los rboles, que se mecan al
-viento en la sombra y misteriosa quinta de Fosco.
-
-Insa no pudo dejar de sentir un estremecimiento, como un aletazo del
-miedo, al llegar a aquellos lugares en que poda hallar la muerte, si
-Jarque daba con su pista.
-
-Marchaba a grandes trancos, hundiendo sus botas en el barro para no
-perder tiempo en buscar senderos enjutos. Iba embozado en una capa, con
-que en las calles del centro haba disimulado su figura, para pasar sin
-que le reconocieran.
-
-Desde el portn de fierro que serva de entrada a la barraca, cerrado a
-esa hora, vi la casa blanqueando en la sombra, sin luz, como dormida.
-
-Llam con las seales que sus dueos conocan.
-
-Fosco estaba advertido por el mismo don Patricio de la inminencia de
-una revolucin, a la que se dispona prestar su concurso, tanto ms
-apreciable, cuanto que la ubicacin de la barraca deba esa vez hacerla
-poco sospechosa.
-
-Generalmente los revolucionarios invadan la ciudad por el Norte,
-viniendo de las estancias de Cullen o de Insa, y era casi seguro que
-el mayor empeo de la polica se pondra en vigilar el camino de Santa
-Rosa, descuidando la barraca a orillas del ro, excelente lugar de
-desembarco, por la menor distancia a que de all estaba el Cabildo, que
-iban a atacar.
-
-A la seal de Insa, un poderoso mastn de largas lanas se ech
-sobre la puerta, que poco despus abri Fosco, acallando al perro y
-recatndose an, por si no eran los amigos que esperaba.
-
-De una numerosa familia, Fosco no conservaba consigo ms que a su mujer
-y a una hija, a quienes hall Insa en la pieza del piso bajo de la
-casa, cuando entr con el suizo por gua.
-
---Seor capitn!--le dijeron al saludarle, y l not en sus ojos la
-misma luz de inteligencia con que le acogiera el dueo de casa. Era
-gente fiel, dispuesta a servirle hasta la muerte.
-
-Fosco andaba cerca de los sesenta aos, pero de recia musculatura, y
-buen tirador, poda ser un buen soldado.
-
-En el comedor, al lado de la alhacena, vease colgado un rmington,
-enaceitado y limpio, seal del aprecio en que lo tenan.
-
-Insa sonri echndole una mirada significativa.
-
---Seor capitn--le dijo Fosco.--En Helvecia ramos cien familias
-suizas. Todos los hombres tiraban como yo, y todos estaban y estn hoy
-dispuestos a hacerse matar en la revolucin.
-
-Insa le apret la mano, sin decirle palabra, y tom asiento al lado de
-la mesa, bajo la luz de la lmpara. Fosco y las dos mujeres permanecan
-de pie. Saban que en aquella intentona por derrocar al gobierno se
-jugaban la libertad, la paz, la fortuna y quizs la vida, pero estaban
-dispuestos.
-
-Como Insa vacilaba en hablar, Fosco mand a las mujeres que salieran
-del cuarto, y una vez solos dijo:
-
---Son fieles y discretas, pero es mejor que ignoren lo que ha de
-ocurrir.
-
---As es--respondi Insa.--Maana vendrn nuestros amigos. Viajan en
-chalanas cargadas de lea, por el ro, y atracarn en la costa del
-arroyo, a cien metros de aqu. Otros estn llegando desde ayer, en
-carros y a caballo, como si fueran gente de campo que viene a hacer
-provisiones. Esta noche, llegarn los que faltan, y, sin duda, buscarn
-albergue en la barraca, para estar al habla. Son los ms seguros los
-que as vienen, pero en las chalanas est el grueso de las fuerzas. Las
-manda Alarcn que sabe hacer las cosas y el indio Jos...
-
---Jos Golondrina?--pregunt vivamente Fosco.
-
---S; lo conoce?
-
---Lo conozco; lo conoc en Helvecia--vacil un momento y dijo:--Yo no
-lo crea bueno para esto.
-
---Por qu?
-
---No s, a la verdad no s; pero nunca me ha parecido hombre de
-confianza.
-
---Es mi asistente hace aos--observ Insa.
-
---Entonces debe ser bueno--contest sin mucha conviccin el colono.
-
-Insa continu dando instrucciones, para que todos obraran de acuerdo y
-no se perdiera ni un minuto ni un hombre. Las revoluciones fracasaban
-siempre por falta de organizacin, y con esa dura experiencia, haban
-aprendido lo que vala el orden en toda batalla.
-
-Cuando no tuvo ms que recomendar, volvi a la ciudad, donde se
-encontrara con Cullen y Montarn.
-
-Veanse algunos faroles encendidos en las esquinas, uno precisamente
-en el ngulo que haca cruz con la iglesia Matriz. Derramaba un fulgor
-mezquino, que pareca ms dbil ante el gran cuadro sombro de la
-plaza, con sus negras acacias, que un viento suave meca desgranando
-sus hojas secas.
-
-Insa tranquilo por la soledad de las calles, se atrevi a pasar
-cerca del farol, y al llegar a la esquina de la escuela, se encontr
-bruscamente con Jarque.
-
-Supo que era l, porque al moverse para no cruzarse en su camino,
-observ que rengaba, mas tuvo la esperanza de que no lo hubiera
-conocido, por lo que iba embozado en la capa, y para despistar sus
-sospechas no se detuvo ante la puerta del maestro, sino que pas de
-largo, como si all no viviera.
-
-Sinti que le segua y apret el paso, con la seguridad de
-adelantrsele y anduvo as, un cuarto de hora, haciendo recodos, y
-cruzando calles; cuando supuso que el jefe de polica haba abandonado
-su persecucin, regres a la calle de la Matriz.
-
-El farol de la esquina se haba apagado, y era extrao, porque el
-viento apenas soplaba.
-
-Nada se vea en la calle lbrega. El almacn de Ferrer estaba cerrado,
-y todo el barrio, pareca dormido bajo los oscuros tejados a dos
-aguas. En una guardilla, a lo lejos temblaba una luz.
-
-Lleg Insa hasta la puerta de la escuela, y la empuj de golpe, y al
-entrar vi que del hueco de una puerta casi contigua, sala un hombre,
-que sin duda estuvo al acecho.
-
-Comprendi que Jarque en vez de seguirle a travs de las calles,
-sospechando quin era, lo haba aguardado all, para cerciorarse de
-ello, y averiguar lo que tanto le interesaba.
-
-Era un episodio lamentable, porque obligaba a los revolucionarios a
-variar sus planes.
-
-
-
-
-VII
-
-El indio Jos
-
-
-En los sauzales del arroyo de Leyes acamparon los hombres que mandaba
-Juan Alarcn.
-
-Era la poca de las lluvias y los campos bajos del litoral estaban
-anegados. El Saladillo Dulce, riacho que all cerca se juntaba con el
-arroyo de Leyes, y que suele ver mermar su caudal de agua hasta secarse
-enteramente, entonces tena un ancho de media legua y avanzaba en
-una turbia napa que el viento rizaba en olas pequeas, fatigando las
-plantas acuticas que se alzaban del fondo y salan al sol, sirviendo
-de gua a los que se aventuraban por el curso tortuoso y difcil.
-
-Insa haba ideado bien aquella invasin de la ciudad por el ro. La
-inundacin haba hecho huir a los escasos pobladores de las mrgenes,
-y la pequea expedicin que se embarc en el Saladillo, a la altura de
-Helvecia, de donde haba llegado cruzando a caballo campos de Cullen,
-hizo el viaje sin hallar a nadie.
-
-Navegaba en dos grandes lanchones de fondo plano que podan marchar en
-dos cuartas de agua, y llevaban a popa del mayor una pequea canoa para
-explorar los baados.
-
-En las isletas verdes y montuosas, que se alzaban como una ondulacin
-de aquellas tierras bajas, veanse ranchos, de los cuales uno que otro
-segua habitado por mseros paisanos, que vivan en el agua, pescando
-con espinel o cazando nutrias para trocar sus cueros en las pulperas
-de tierra adentro por azcar y yerba o tabaco.
-
-Al ver pasar los lanchones llenos de gente, acostumbrados como estaban
-a las repetidas intentonas revolucionarias, y vecinos de los Cachos,
-paraje donde los Cullen tenan una de sus estancias, habitual refugio
-de los opositores, adivinaban el objeto de la expedicin.
-
-Una de las lanchas llambase "Mocoret".
-
-Era la mayor, tena un medio puente y a bordo caban holgados 30
-hombres. Una trinquetilla que hinchaba el viento hmedo del Este la
-haca marchar.
-
-A popa un baqueano, conocedor de las inverosmiles revueltas del cauce,
-llevaba el timn. A proa un mocetn flaco y gil, con una larga caa
-sondeaba la hondura, cantando rtmicamente con voz aniada:
-
---Cuatro cuartas! cuatro largas! cinco escasas! cuatro a la marca!
-
-Algunas veces cruzaban un remanso y la punta de la caa no alcanzaba el
-fondo:
-
---No toca!--gritaba el sondeador, y todos respiraban satisfechos,
-porque se alejaba el peligro de una varadura contra aquellas barrancas
-de greda pegajosa, donde se adhera con fuerza la panza de la
-embarcacin, obligndoles a echarse al agua, para sacarla del mal paso
-a fuerza de hombros.
-
-El viento era fro y arreaba gruesas y redondas nubes desde el mar
-lejano, por lo cual el sol, brillando solo a ratos, no alcanzaba a
-secarles las ropas mojadas, y as deban seguir el viaje, tiritando.
-
-La otra lancha se llamaba "La Avispa". En ella iba Alarcn, y navegaba
-sin sondear, porque l conoca perfectamente el curso del Saladillo;
-pero siendo menos marina, por sus perfiles pesados, era ms lenta y
-marchaba detrs, impulsada por una velita triangular a proa y por los
-botadores, largas perchas que dos hombres afirmaban contra la costa o
-contra el fondo del ro, conforme a la hondura.
-
-En ambas lanchas, por orden de Alarcn se guardaba silencio. Solamente
-se oa el grito agudo del sondeador en la primera y de cuando en cuando
-la voz breve y ronca del indio Jos Golondrina que la mandaba.
-
-Pero cuando pasaban cerca de alguna de las isletas de la costa y
-divisaban algn cazador de nutrias, inmvil, en la orilla, afirmado en
-su largo fusil, compaero inseparable de su soledad, o en la "fija",
-especie de arpn terrible en su mano segura, no siempre los hombres,
-aburridos de la inaccin, acallaban un saludo o un comentario malicioso.
-
-Los cazadores de nutrias eran generalmente hombres enflaquecidos por la
-vida miserable que llevaban viviendo en los esteros, consumidos por las
-sabandijas, rudos y huraos, descalzos, vestidos con una camisa y una
-manta o un pedazo de arpillera que les rodeaba las piernas.
-
-Y los de las lanchas, peones de estancia o colonos de Helvecia, mejor
-alimentados y vestidos, reanse de su miseria o de su flacura:
-
---Lindo cebo para un chicharrn!--deca un gringuito joven, rubio,
-de la colonia suiza, donde don Patricio encontraba sus ms fieles
-partidarios.
-
-Llambase Moor; iba en la lancha "Mocoret".
-
-A pesar de su juventud se le tena en mucho porque manejaba el fusil
-con una insuperable destreza.
-
-Alarcn lo reprenda cada vez que haca rer a sus hombres a costa
-de algn "nutriero". Despus de todo, no era muy difcil que alguno
-de stos, picado por las bromas o simplemente deseoso de ganarse una
-recompensa, saltara en su canoa, que poda navegar a travs de los
-esteros, cortando los campos inundados y llegara antes que ellos a
-Santa Fe, con la denuncia de que los revolucionarios marchaban sobre la
-ciudad.
-
-Tal peligro creca a medida que se aproximaban a la laguna de Setbal,
-regin ms poblada, que se vigilaba con gran cuidado por la gente del
-gobierno.
-
-Hacia medioda el sol abri y cambi el viento. Navegaban ya en
-el curso profundo y encajonado del arroyo de Leyes, cuyas orillas
-cubiertas de sauzales, solan servir de escondite a los gauchos
-matreros, ladrones de haciendas, que huan de los policianos.
-
-Alarcn di orden de atracar en una isleta de la margen izquierda y los
-dos lanchones se arrimaron lentamente a la costa, cubierta de carrizas
-verdes y de camalotes aguachentos que chupaban los sbalos.
-
-Siguiendo como hasta entonces en aquella marcha, y ayudados por la
-correntada ms fuerte del arroyo de Leyes, deban llegar al puerto de
-la ciudad poco despus de la oracin, y eso era un peligro.
-
-Insa haba ordenado que no entraran antes de las once de la noche,
-hora en que menguaba la vigilancia de la polica.
-
-Adems era necesario cargar de lea las dos lanchas, en forma que
-permitiera ir a los hombres a bordo, disimulando su presencia. Se
-necesitaban para ello largas varas flexibles, y all el tupido sauzal
-ofreca cargamento fcil de cortar, para toda una flota.
-
-Teniendo, pues, varias horas libres, antes de ponerse en marcha
-nuevamente, los tripulantes saltaron a tierra, regocijados con la
-perspectiva de poder encender fuego en el centro de la isleta y tomar
-mate sin riesgo de llamar la atencin de los policianos, si es que
-merodeaban por all.
-
-La presencia de las lanchas con tres o cuatro hacheros cargndolas, no
-despertara sospechas, porque el negocio de la lea ocupaba a muchos en
-Santa Fe.
-
-Bajo la bveda sombra que formaban los sauces, creciendo estrechados
-unos por otros, el suelo estaba lodoso y cubierto de pastos de agua.
-
-Cuatro hombres, con sendas hachas, se pusieron a la obra.
-
-Los troncos delgados y rectos, vestidos de enredaderas floridas, a
-pesar del otoo que llenaba la fronda de hojas doradas, caan sin ruido
-sobre el hmedo colchn de pasto.
-
-De la tierra empapada suba un vaho penetrante y clido, mezcla de
-todos los olores de aquellas hierbas corrompidas por la humedad, y del
-humus secular que tapizaba la isla con una capa fofa y negra.
-
-Hacia el interior, el suelo se alzaba y apareca ms rido y seco.
-
-Crecan all los "curupes" y los aromitos y algn algarrobo de spero
-tronco y vasta copa.
-
-Buscando sitio a propsito para encender el fuego, marchaban en grupo
-Alarcn, Jos Golondrina y Moor, el joven suizo. Pronto hallaron lo
-que deseaban: un espeso rodeo de rboles, donde haba lea fuerte en
-abundancia y poda hacerse una hoguera con ramas secas, que no dieran
-humo.
-
---Mi teniente--dijo Moor a Alarcn, as que la llama flame alegremente
-en el discreto reparo del boscaje--yo estoy gordo y tierno, y los
-compaeros tienen hambre. Si me dejo estar aqu, mientras ellos
-matean, me van a asar con cuero. Si me voy a rodar tierras, todava
-puedo dar con alguna ternera orejana que me libre y nos quite el hambre.
-
-Los paisanos en cuclillas, alrededor del fuego, unos, echados otros de
-bruces sobre el musgo seco que alfombraba la tierra, y de pie los ms,
-tranquilos, esperando los sucesos, comentaron aquella salida con una
-carcajada aprobatoria.
-
-Alarcn vacil un momento.
-
-Haba sido poco previsor y sus hombres estaban casi en ayunas, desde el
-amanecer, hora en que les reparti un churrasco, la ltima racin de la
-carne que le dieron en Helvecia.
-
-Iba a autorizar al suizo para que se rebuscase la ternera, entre las
-haciendas numerosas que pastaban en los alrededores, cuando habl Jos
-Golondrina, que haba callado hasta entonces.
-
---Mi teniente--dijo alzando apenas la voz, en cuclillas, segn estaba
-mirando al suelo, como si hablara para s mismo--no hay necesidad de
-carnear ajeno; si ust quiere, aqu cerca hay relaciones que pueden
-darnos o vendernos una vaquilla.
-
---Dnde?
-
---A media legua al naciente, en la Casa de los Cuervos.
-
---Conocs el paraje?
-
---S, mi teniente.
-
---Conocs a los dueos?
-
---S, mi teniente.
-
---Bueno, and.
-
-El indio se levant; era petizo, gordo, de tez amarilla, con tonos de
-aceituna, pero de facciones extraordinariamente finas.
-
-Hablaba poco y era habitualmente esquivo a la compaa de los hombres.
-
-Fuerte, diestro, conocedor de todos los secretos recursos de las islas,
-nadador como uno de los yacars que poblaban las aguas fangosas de
-aquellos riachos, Insa lo consideraba elemento indispensable en sus
-excursiones y le daba cierta jerarqua sobre todos, despus de Alarcn.
-
-Y esto era motivo de un oculto rencor del indio hacia su amo,
-considerndose pospuesto con injusticia, en la tropa revolucionaria.
-
-Disimulaba sus sentimientos bajo una untuosa sumisin, que no haba
-logrado engaar, sin embargo, el ojo experto de Alarcn, el cual
-recelaba de la fidelidad de Jos Golondrina.
-
-Por eso, cuando lo vi alejarse hacia el centro de la isleta, buscando
-un sendero para ir hacia donde l haba dicho, lo llam con un silbido.
-
---Vamos los dos--le dijo.
-
---Vamos,--contest Jos Golondrina sin volver la cara.
-
-Y quedaron los hombres all, mandados por Moor, que era el tercero, no
-obstante su juventud, en la jerarqua establecida por Insa.
-
-Y el fuego chisporroteaba alegremente, devorando las secas ramillas de
-los aromitos, y haciendo brasas grandes y rojas con la madera fuerte de
-los algarrobos.
-
-Tres pavas de hierro, negras de holln, empezaban a cantar la alegre
-cancin del agua dispuesta para el mate, confortante y engaador para
-los estmagos vacos, y mientras eso ocurra, aquel muchachn que
-sondeaba en la lancha la profundidad del ro, y que era a la vez el
-despensero, distribua "los vicios"--azcar y yerba--entre los que
-haban de cebar el mate.
-
-Un pichel de ginebra, tasado por Alarcn, circulaba en la rueda,
-despertando a su paso las conversaciones, chispeantes como la hoguera.
-
-Juan Alarcn marchaba al lado del indio chafando con su paso firme los
-camalotes que cubran la tierra en las hondonadas, sealando los sitios
-hasta donde haba llegado el agua de las crecientes.
-
-Era un mozo de treinta aos, vestido con esmero, chambergo de alas
-rectas y anchas, botas amarillas y cuidadas, tirador guarnecido de
-monedas de plata y largo facn que le cruzaba la espalda, a ms del
-revlver que brillaba al alcance de la mano.
-
-Difcilmente se habra hallado un tipo de criollo ms hermoso. Era
-nativo de San Jos del Rincn, donde una mezcla ignorada de sangres, ha
-producido una casta absolutamente especial de morenos de ojos azules y
-facciones caucsicas.
-
-Alarcn era en los rodeos el ms fuerte entre toda la peonada, y sus
-brazos firmes como un palenque, y sus manos slidas, como un torno,
-bastaban para sujetar un novillo arisco, cogindolo por los cuernos y
-clavndolo en la tierra sobre las cuatro pezuas rgidas.
-
-Insa que no toleraba superioridad en nadie, porque l tambin posea
-suma destreza para los trabajos del campo, y su vigor se comentaba aun
-en los sitios donde no se le conoca sino por el relato de sus hazaas,
-haba concludo por resignarse a ser menos fuerte que aquel hermoso
-gaucho de tez ligeramente tostada y de ojos profundamente azules.
-
-Se haban conocido de nios, en las andanzas de Insa por el Rincn,
-como aos despus Alarcn anduviera rodando de estancia en estancia,
-buscando un patrn que supiera apreciar su trabajo en lo que vala,
-el joven caudillo lo llev a su lado y lo hizo su capataz en el
-establecimiento y su teniente en las campaas revolucionarias.
-
-Jos Golondrina no poda olvidar que Alarcn le haba privado a l
-de esos mismos cargos, y tena, para agravar sus enconos, motivos
-especiales que venan de muy lejos.
-
-El padre de Insa posea una gran estancia en los quebrachales de
-Calchaqu.
-
-All haba nacido Jos Golondrina, hijo de una india criada al amparo
-de las casas.
-
-Contbase que un cacique poderoso, jefe de una de las tribus ms
-grandes que hubo en aquellas regiones, perseguido por el ejrcito de
-lnea, se refugi en la estancia de Insa, y al huir de nuevo cuando la
-tropa se acercaba, dej entre otras mujeres, a su hija, que encomend
-al amo, dicindole que alguna vez volvera a buscarla de su Chaco
-misterioso, donde criara hermosos caballos para l.
-
-La indiecita lleg a ser una hermosa muchacha y no falt quien dijera
-que el nio que un da naci de ella, el indio Jos, mayor que
-Francisco Insa algunos aos, era el hijo primognito del dueo de
-la estancia, y habra sido el heredero de toda aquella riqueza a no
-cruzarse en su destino el nio blanco, de casta noble.
-
-Fuese que Insa creyera realmente en aquel parentesco, que se haba
-hecho una leyenda, fuese que se hubiese acostumbrado a los servicios de
-Jos Golondrina, ste permaneca siempre con l, mas no en la estancia
-de Calchaqu, a donde no le haba enviado desde nio, sino en la de la
-costa, donde estaba el centro de sus recursos, y que era generalmente
-el punto de cita de los revolucionarios en la campaa.
-
-Pero el indio conservaba en la memoria la impresin indeleble de los
-paisajes de Calchaqu, y el recuerdo de aquel hermoso campo, cubierto
-de bosques de veinte leguas cuadradas, donde podra albergarse toda
-su tribu, que ahora vagaba errante por el Chaco, lo persegua con
-implacable tenacidad.
-
-Un da, siendo l nio, muerta ya su madre, una india vieja, de las
-que quedaron en la estancia cuando el cacique huy y que pasaba por
-hechicera entre las gentes simples de aquellos lugares, le cont su
-historia y le ense a malquerer al hijo del amo, a Francisco Insa, a
-quien all no conocan an, pero de cuya existencia en la ciudad lejana
-se hablaba entre los peones.
-
-"Todos estos campos eran de la tribu antes de venir los cristianos--le
-dijo la india, abarcando con un gesto el vasto quebrachal, donde tena
-su rancho, lejos de las otras casas.--El abuelo de tu abuelo, era
-el cacique ms poderoso del Chaco, y una vez puso, en contra de los
-blancos, mil lanzas y gan la batalla.
-
-"Y yo he visto en las estrellas, que este monte ser otra vez de la
-tribu, cuando muera ese nio que ha nacido en Santa Fe, y vuelva a ser
-amo nuestro un hombre que sea hijo de los hijos del ltimo cacique."
-
-En el espritu taciturno de Jos Golondrina, aquella prediccin
-engendr una llama que le consuma.
-
-Callado, sumiso, bravo en todos los trabajos, se preparaba
-pacientemente para los das que haban de venir.
-
-Lo que hubiera en l de sangre blanca estaba anegado en la ola
-ancestral de sangre orgullosa de cacique, que le haca sentirse indio
-hasta la mdula de los huesos, y encenda en su corazn la silenciosa
-esperanza de ser algn da el redentor de su tribu.
-
-Insa recelando quizs aquella ambicin, nunca lo mand a su estancia
-de Calchaqu y como el volver a los campos donde pas su sombra
-niez, era la secreta obsesin de Jos Golondrina, nunca quiso l,
-por su parte, alejarse de la otra estancia, donde se fraguaban las
-revoluciones que alguna vez podan servir a sus planes.
-
-Y as vi prepararse aqulla, en cuya aventura se encontraban lanzados
-ya, y fu desde el primer momento el ms activo de los colaboradores
-del capitn sin lograr con ello deshacer totalmente las prevenciones de
-Alarcn.
-
-Caminaba ahorra al lado de ste, hacia la Casa de los Cuervos, royendo
-sus pensamientos, cuando el otro que marchaba en silencio, como si le
-costara cambiar palabras con el indio, le dijo de pronto:
-
---Me has dicho que conocas al capataz.
-
---S, seor.
-
---Yo soy de estos lugares, y sin embargo no lo conozco.
-
---No es raro; muri ya el dueo; se vendi la estancia y cambiaron el
-personal.
-
---No era el finado Liborio Borja?
-
---S, seor.
-
---Y hoy, quin es el dueo?
-
---Ser su viuda, que vive en la estancia...
-
-Se call un momento, como si hubiera deseado no hablar ms, pero
-Alarcn lo interrog:
-
---No es de la viuda ya?
-
---No, seor, la vendieron.
-
---Sabs a quin la vendieron?
-
-El indio vacil un momento.
-
---A don Braulio Jarque--respondi luego.
-
---Jarque... Quin es Jarque?--pregunt Alarcn detenindose en medio
-del campo, a tiempo que hacia el Este se dibujaban las copas sombras
-de unos grandes eucaliptus.
-
-Jos Golondrina agach la cabeza y dijo no saber quin era Jarque,
-aparte de lo dicho, y Alarcn volvi a ponerse en marcha, repitiendo
-aquel nombre, seguro de haberlo odo en alguna parte.
-
-La Casa de los Cuervos estaba sobre una altura adonde no llegaban
-las ms altas crecientes, sobre la margen misma del arroyo de Leyes,
-caudaloso y profundo, comunicndose con el Paran, como un brazo de l
-que era.
-
-La construccin era buena y antigua, dos alas de piezas bajas techadas
-con firmes totoras, formando una escuadra con anchas galeras a uno
-y otro lado, pintada toda de rosa, con puertas y ventanas verdes, y
-poblado de naranjos el patio anchuroso, y todo el cuadro envuelto en un
-bosque de eucaliptus, a travs de cuyo espeso follaje apenas se vea la
-casa como una mancha clara.
-
-En los ltimos tiempos, la estancia haba cambiado varias veces de
-dueo, quedando siempre en la familia, y a la muerte de Liborio Borja,
-ocurrida un ao atrs, su viuda, para redimir las deudas que pesaban
-sobre ella la vendi a Braulio Jarque, el marido de su hija Gabriela,
-la cual viva con ella.
-
-Como el nuevo propietario no manifestara aficin a la vida campera,
-encargse doa Carmen de Borja de administrarla junto con la hacienda,
-que pastaba en esos campos, y que era ahora toda su fortuna.
-
-Al llegar a la calle de eucaliptus, que se abra en dos hileras a un
-costado de la casa y conduca hasta su entrada principal, Alarcn,
-preocupado siempre por el nombre de Jarque, que alguna vez haba odo,
-se acord de quin era.
-
-Jos Golondrina calmaba a los perros, que haban salido a ladrar a los
-visitantes, y que se acallaron sbitamente al sentir su voz.
-
-Alarcn tuvo la sospecha de que el indio haba querido adelantrsele,
-para hacer llevar a Jarque en la ciudad con algunos de los peones de la
-estancia, la noticia de la expedicin.
-
-Haba salido el capataz y Alarcn mir a Jos, mas no advirti que
-parecieran reconocerse.
-
-El indio se hizo a un lado, sin hablar palabra, y el capataz salud
-a Alarcn que le pidi una ternera para carnear y dar de comer a su
-gente, colonos y leeros que iban a la ciudad a surtirse de vveres
-diversos.
-
-As habl, y agreg para evitar toda suspicacia en aquel paisano
-reservado, que le atenda frunciendo el ceo:
-
---Comprara una ternera, si no me pide caro.
-
-El capataz entr en las casas a consultar con el ama, cuya silueta se
-vi aparecer un momento en la galera, y volvi con el permiso de
-arrear el primer animal gordo que hallaran en el potrero.
-
-Mont a caballo y los gui hasta el sitio en que a esa hora deba
-hallarse la mayor parte de la hacienda.
-
-Alarcn y su compaero caminaban a pie, detrs de l, que iba
-enumerando las buenas condiciones de los campos aquellos, cuya tierra
-negra daba unos pastos de engorde superior.
-
-Cuando encontraron lo que necesitaban, una vaquilla mansa, que se
-dej echar el lazo en los cuernos pulidos y negros, Alarcn pag
-sin regatear los quince pesos que le pidieron por ella y se juzg
-afortunado viendo que el capataz no insista en acompaarles hasta la
-costa.
-
---Tengo que encerrar los terneros de las lecheras--dijo--y se despidi
-all mismo.
-
-Marcharon los dos, Jos tirando del lazo, arrastrando a veces al animal
-que empezaba a rebelarse, y atrs Alarcn arrendolo con una varilla
-y pensando que si el capataz hubiera llegado hasta la costa no habra
-dejado de recelar de tanta gente reunida all.
-
-Y aquella imprudencia que le haba hecho cometer el indio, no le
-pareci que fuera involuntaria.
-
-Mientras marchaban por un senderito en el tupido pastizal verde, que
-alfombraba la altura desprovista all de monte, vieron venir una majada
-de ovejas que pareca vagar sin pastor y sin perros.
-
-Jos Golondrina mostr las ovejas a Alarcn.
-
---La cuidan los cuervos--le dijo--y por eso es el nombre de la estancia.
-
-Y era as en efecto.
-
-Desde muchos aos atrs en la propiedad de los Borja, dos cuervos
-criados en las casas cuidaban la majada, con un maravilloso instinto,
-que rayaba en leyenda.
-
-Por la maana al salir el sol, en verano, y en invierno a la hora en
-que el fro amenguaba, los dos cuervos, que dorman sobre un algarrobo
-seco, frente a una de las ventanas de la casa, volaban hasta el
-corral de las ovejas, y a aletazos y a picotones las hacan salir,
-las conducan a travs de los campos, en las lomas donde el pasto era
-tierno y la tierra seca y al caer la tarde las obligaban a volver.
-
-Los tmidos animales, acostumbrados ya, obedecan a los cuervos como
-habran obedecido a un pastor, y de tal manera los dos pajarracos se
-haban vinculado a la vida de la estancia, que sta tom su nombre de
-ellos, y se rode de una fama misteriosa.
-
---Son eternos--dijo el indio Jos--y cuentan los viejos que ellos saben
-y anuncian las cosas tristes que han de ocurrir.
-
-La majada pas cerca de los dos hombres que llevaban la vaca.
-
-Sobre una de las ovejas de adelante, prendidas sus garras sobre el
-velln iba uno de los cuervos y de igual modo el otro se dejaba llevar
-por la que iba atrs de todas.
-
-Era risueo el caso, y no obstante Alarcn no sinti ganas de rer,
-cuando los ojuelos de uno de los cuervos, como dos pequeos brillantes
-negros se posaron sobre l.
-
-Atardeca rpidamente, y debieron apretar el paso para no extraviarse
-en el sauzal, si los tomaba la noche antes de haber alcanzado las
-barcas.
-
-En aquellos terrenos bajos no era fcil hallar los senderos, por donde
-podan pasar sin hundirse en las aguas muertas de los baados.
-
-Deban a ms carnear la vaca y asar la carne en una hoguera y esa
-operacin preocupaba a Alarcn porque el fuego en la noche poda atraer
-sobre ellos algunas de las partidas de policianos que solan recorrer
-la laguna Setbal y llegar hasta el arroyo de Leyes, a caballo unas
-veces por la costa y otras en un vaporcito del puerto siguiendo el
-curso del ro.
-
-La noche caa rpidamente, porque en esa estacin los das eran cortos.
-
-Llegaron al sauzal con las ltimas luces del crepsculo.
-
-Estaba silencioso y slo se oa el ruido de los pjaros asustados que
-levantaban el vuelo, atropellando las ramas.
-
---Es raro--dijo Alarcn.--Nos habremos perdido?
-
-El indio lo mir y los ojos le brillaron en la sombra.
-
-Alarcn ech a correr hacia la orilla del ro. No se vea a nadie.
-Saltaba sobre los camalotes que cedan como un colchn bajo sus pies.
-Extraaba el silencio, porque estaba seguro de haber dejado a su gente
-en esa direccin, y de no verla, por lo menos deba or el ruido de las
-hachas cortando la lea.
-
-Cuando lleg al borde de la isla, que lama el riacho curvo y lento,
-al sitio mismo donde fondearon las chalanas, lo que se conoca por
-estar las carrizas pisoteadas y sembrada la tierra de varas de sauce
-cortadas, solt una maldicin.
-
-Las lanchas haban desaparecido y sobre el agua, tersa como un cristal
-negro, a esa hora, no se divisaba hacia ningn rumbo la mancha ms
-obscura, que en la noche,--que envolva ya todas las cosas,--le hubiera
-indicado la presencia de sus embarcaciones.
-
-
-
-
-VIII
-
-El baile de Montarn
-
-
-Temprano, en la noche del baile, se encendieron las guirnaldas de
-faroles que corran a lo largo de las cornisas, llenando la calle de
-luz.
-
-En la casa de Montarn, el piso bajo estaba destinado a la familia. Se
-suba a los salones del baile, situados arriba, por una ancha escalera
-de caracol, adornada esa vez con flores y cubierta por un camino
-rojo de tripe, hasta una galera interior cerrada con una mampara de
-cristales.
-
-All se abran las tres anchas puertas del deslumbrante saln, que
-ocupaba todo el frente de la casa, y se doblaba en dos alas, a cada
-extremo, constitudas por varios saloncitos suntuosos, dispuestos
-para el ambig los de la derecha, y los otros para la tertulia de las
-seoras mayores o de los hombres que no gustaban de la danza.
-
-Las ventanas del corredor de la calle estaban cerradas, mas alcanzaba
-a orse la algazara de los curiosos agolpados abajo, en el prtico,
-sirvientes del barrio en su mayora, que daban las buenas noches a cada
-pareja que entraba.
-
-Poco a poco, a medida que se animaba la escena, fueron estrechando
-el cerco, hasta bloquear totalmente la puerta del zagun, con zcalo
-de mrmol blanco, que reflejaba la luz de un gran farol de bronce,
-pendiente del techo.
-
-Hacia las nueve de la noche haban comenzado a llegar los invitados.
-
-Era lo ms distinguido de la sociedad de Santa Fe.
-
-Las damas en cabeza, para lucir mejor los altos peinados; y con amplios
-y crujientes vestidos de seda; escotadas las jvenes y aun algunas que
-haban dejado de serlo; y los hombres de frac y chistera, envueltos en
-sus capas.
-
-Con una nerviosa solicitud, haca Montarn los honores de la casa.
-
-Atravesaba pausadamente, con una dama del brazo, el vestbulo iluminado
-por los faroles chinescos colgados de las ramas de los naranjos, en el
-patio inmenso como una huerta; suba la escalera, y despus de cambiar
-algunas palabras corteses arriba, en el gran saln, bajaba, saltando de
-dos en dos los escalones.
-
-Su fisonoma habitualmente regocijada, tena esa noche un sello visible
-de preocupacin, y el mismo empeo que pona en disimular, haba
-chocado a Syra, la cual segua a su padre, en todos sus movimientos,
-con ojos angustiados.
-
-Rasurado prolijamente, pequeo, y rosado como un jovencito, su
-fisonoma no era ciertamente la de un conspirador, y el mismo Jarque,
-observndolo esa noche, no estaba seguro de que al rededor de aquella
-movediza personilla pudiera tejerse una revolucin.
-
-El jefe de polica lleg temprano, con su secretario, el teniente Borja.
-
-Montarn, que se senta espiado por su hija, para desorientar sus
-sospechas se puso a hablar con Jarque, mientras ella ms tranquila
-junto a su novio, paseaba de su brazo por el saln.
-
-La luz de las araas de caireles, doraba su negra cabellera, recogida
-en un peinado bajo y prendida sobre la nuca, con dos o tres alfileres
-de brillantes.
-
-La inquietud de esa tarde, mantenala an aturdida y apasionada,
-fulgurantes los magnficos ojos, que habran querido penetrar en las
-almas para ver qu nefastos designios se ocultaban en ellas, que
-pudieran hacer peligrar la vida del hombre que amaba, en cuyo brazo
-firme se apoyaba su mano trmula.
-
-Borja saba, que por falta de nuevos indicios, los recelos de Jarque
-haban disminudo, y confiado en su sagacidad slo pensaba en la gloria
-de esa fiesta, en que Syra mostraba su amor a los ojos de todos los que
-pudieran haber dudado.
-
-Festejbase su compromiso, y las amables visiones con que se llenaba
-su espritu, no daban lugar a las sombras sospechas que su novia le
-sugiriera esa tarde.
-
-Conocanse todos los hombres que podan entrar en la revolucin, por lo
-cual, a cada nuevo concurrente que llegaba al saln, Borja, habituado
-a su oficio, indagaba si era de los sospechosos, sin interrumpir, no
-obstante su charla con Syra.
-
-Don Servando Bayo entr de los primeros con el doctor Pizarro, su
-ministro.
-
-Lleg de rigurosa etiqueta, correcto y tranquilo, y Syra vindolo se
-sinti aliviada.
-
-Un momento despus lleg Cullen, a quien segua la mirada cautelosa
-de Jarque, situado afuera del saln, en la galera de cristales,
-conversando con Montarn, mas sin perder un solo gesto de los hombres
-que le interesaba vigilar.
-
-La fisonoma despreocupada de Cullen, sus maneras afables,
-distinguidas, su palabra suave, superficial y amena con las damas,
-desorientaban toda sospecha.
-
-Acercse a los novios y al cumplimentarlos su voz fu tan natural que
-Borja sinti desvanecerse sus ltimos recelos, y al apartarse de l,
-buscando el refugio discreto de uno de los salones de las alas, donde
-poda hacer sus confidencias a la nia, le dijo, aludiendo por primera
-vez en el baile, a las alarmas que ella le confiara esa tarde:
-
---Ya ves, Syra; si Cullen est aqu, siendo el jefe de los opositores,
-es porque nada se prepara. Estara as, tan afable y tranquilo si
-hubiera el peligro de una revolucin?
-
-La mano de Syra temblaba. Alta, maravillosamente esbelta, vestida de
-blanco, plida por una emocin que, a pesar de esas buenas razones no
-poda dominar, permaneca de pie al lado de l, que se haba sentado en
-un silln invitndola.
-
-l no pudo ver quin era el que entraba al saln, haciendo cesar el
-rumor de las conversaciones, de tal modo que slo se oa la msica de
-la orquesta en la galera de cristal; pero ella, atenta a los detalles
-de la fiesta, sinti como un golpe en el corazn, pues lo que faltaba
-para confirmar sus sospechas, era la presencia en la ciudad del capitn
-Insa, y era l, precisamente, el que acababa de entrar.
-
-Borja, a quien Jarque le haba confiado el encuentro de la noche
-anterior a la puerta de la escuela, se alz del silln, calmoso y
-tranquilo, cuando Syra, con los labios apretados por la nueva emocin,
-le dijo:
-
---Insa! All est Insa! Oh, Dios mo!
-
-Haca ms de un ao que Insa no vena a la ciudad, y no obstante su
-vida de hombre de campo, era en los salones un perfecto caballero que
-llevaba con fcil elegancia el traje de etiqueta y dominaba todos los
-secretos de la cortesa.
-
-Jarque al verle llegar sinti que se derrumbaba el laborioso edificio
-de sus conjeturas, porque si Insa estaba all, vestido de frac;
-si tena a su lado a Montarn, que le contaba prolijamente cmo se
-injertaban los rosales; si Cullen se pajeaba en el saln atendiendo a
-las damas, todos con la ms natural despreocupacin, era porque el
-temido complot slo exista en su imaginacin.
-
-Para no prolongar su actitud de vigilante, con un poco de despecho,
-abandon su sitio junto a la puerta de la galera y entr al saln.
-
-La orquesta, cuyos principales elementos haba hecho venir Montarn de
-Buenos Aires, empezaba a animar el ambiente con sus piezas de baile.
-
-Toc lanceros y se formaron las parejas para sus elegantes y armoniosas
-figuras.
-
-Syra y su novio ocuparon un sitio frente a Insa, que pareca absorto
-en decir gentilezas a su compaera en la danza.
-
---Si debiramos temer algo--murmur Borja al odo de la hija de
-Montarn--Insa no estara aqu. Es el brazo derecho de Cullen y el
-verdadero jefe de todos los ataques de caballera.
-
-Syra tranquilizada por aquellas razones, miraba al arrogante caudillo,
-que en las combinaciones de la danza, le daba la mano para acompaarla
-en algunas figuras.
-
-Habra deseado saber, si ya no era para esa noche, para cundo seran
-los siniestros designios que se ocultaban en aquella altiva cabeza
-juvenil y enrgica, que los saludaba con tanta gracia, al pasar por su
-lado, a ella y a su novio.
-
-Insa, desde que entr en el saln, comprendi que algunos ojos lo
-vigilaban.
-
-En un rincn, Jarque sentado, pareca dormitar, pues segn su
-costumbre, entornaba los prpados. Insa, no obstante esa disimulada
-apariencia, senta sobre l la mirada del jefe de polica.
-
-En otro lugar, Bayo, con Cullen y Montarn, atenda algunas damas
-indiferentes al baile.
-
-Insa miraba de cuando en cuando ese grupo. Iriondo no haba llegado
-an, y su tardanza le tena inquieto, pues podran verse obligados
-a modificar sus planes, si todas las cosas no pasaban como estaban
-previstas.
-
-Su misma presencia en la fiesta, no era lo que habra convenido, mas
-debi ir para despistar a Jarque, el cual, sin duda alguna, lo haba
-conocido la noche anterior cuando entr l a la escuela, de regreso de
-la barraca de Fosco.
-
-Estando en la ciudad, ms extrao habra sido no ir, que ir a casa de
-Montarn, al que lo ligaba una antigua amistad.
-
-De acuerdo los tres principales conjurados, se fij la hora de la
-revolucin.
-
-Insa saldra del baile a las once, procurando no ser visto, y se
-reunira con su gente en la orilla del ro, y desde all invadira la
-ciudad, marchando sobre la polica.
-
-Antes de atacar, Insa volvera a la sala de baile, para ayudar a sus
-amigos a caer sobre Iriondo y Bayo, y los hombres del gobierno, no bien
-sonaran los primeros tiros. Alarcn mandara el asalto, y echara un
-pelotn de hombres sobre la casa de Montarn, para ayudarles.
-
-La trama del complot era simple; y a Insa slo le preocupaba la
-ausencia de Iriondo, que por ser la verdadera cabeza del gobierno,
-poda hacer abortar los planes no concurriendo a la fiesta.
-
-Pero terminados los primeros lanceros, a cosa de las diez, cuando los
-caballeros agradecan a sus damas y las llevaban del brazo hasta los
-sillones colocados a lo largo de las paredes, se produjo un repentino
-silencio por la entrada de alguien.
-
-Era Iriondo; vena solo, circunstancia que no escap a los
-revolucionarios, pues era ese un gesto habitual de l, cuando
-sospechaba que haba peligro, y a fin de mostrar su valor personal o
-su presencia de espritu; Montarn, ms solcito que nunca le sali al
-encuentro, deshacindose en cumplimientos, que Iriondo acoga con una
-reservada cortesa, gustando la impresin que causaba con su presencia.
-
-No era ya la actitud algo brava de Insa, lo que atraa las miradas:
-era su manera superior de presentarse, natural y elegante, tranquilo
-y serio, correspondiendo todos sus ademanes, a motivos exteriores,
-sin que tuviera que sonrer ni saludar, para imponerse a los que lo
-rodeaban.
-
-Ms de un ao haca que Insa no se encontraba con l, y al verle as,
-tan dueo de s mismo, adelantndose a saludarlo, a l que si no poda
-vencerle estaba resuelto a matarlo, sinti conmovida la confianza que
-hasta ese momento lo animaba.
-
-Montarn, inquieto y movedizo, exageraba visiblemente sus atenciones
-descuidando a los otros visitantes y provocando, sin duda, mayores
-sospechas en el jefe de polica, que se haba vuelto a sentar en un
-rincn solitario, despus de saludar a Iriondo.
-
-Cullen, acostumbrado a aquellas emociones, disimulaba perfectamente
-y en sus ademanes no se transparentaba nada que no fuese su finura
-de hombre culto, capaz de alternar sin esfuerzo con sus propios
-adversarios.
-
-Bayo pareca ignorarlo todo, atendiendo solamente lo que Pizarro le
-relataba con animada mmica.
-
-Ocupaban los dos un pequeo sof de nogal acolchado de damasco, y
-sobre ellos caa la luz de un candelabro lleno de bujas, puesto a sus
-espaldas sobre una consola.
-
-Tenan al frente, sobre otra consola igual, un gran espejo que les
-permita mirar todo el saln sin volver la cabeza.
-
-Iriondo con algunos amigos, se refugi en uno de los saloncitos, y su
-ausencia calm un tanto los nervios de Insa, que volvi a mezclarse en
-las danzas, con una ardiente fiebre de placer, como si la lucha cercana
-en que poda morir, no le preocupase, o redoblara su entusiasmo por
-gozar de aquellos fugitivos minutos.
-
-Montarn sali hasta la galera, por esquivar las pupilas de Jarque,
-cuyos ojos semicerrados nadie saba dnde miraban, aunque l en todo
-momento senta la impresin de que estudiaban cada uno de los gestos
-que l haca.
-
-La hora en que haban convenido que Insa saliera, estaba prxima y no
-se vea cmo podra abandonar el saln sin hacer notar su ausencia.
-
-El banquero empezaba a ponerse nervioso; desde la penumbra de la
-galera vi a Cullen, en apariencia tranquilo, conversando con algunas
-seoras, pero puesta la mano sobre el reloj, como si l tambin
-sintiera la ansiedad de los minutos que volaban.
-
-Montarn vi pasar a su hija, radiante, del brazo del joven militar, y
-empez a torturarle un remordimiento, que durante el da lo acosara, y
-que ahora despertaba de nuevo en su corazn angustiado.
-
-Haban convenido los revolucionarios que en gracia de aquel amor, cuya
-fiesta serva a sus planes, pondran empeo especial en ahorrar la vida
-de Carmelo Borja, pero aun as comprendase el gran peligro que deba
-correr.
-
-Por encima de todas sus ambiciones, Montarn miraba a su hija, como
-el motivo de todas ellas. Y ahora que la suerte estaba echada, y
-pronunciada quizs, la sentencia de muerte de muchos de aquellos
-brillantes militares que llenaban el saln, presenta el rencor de la
-joven, perdurable y sangriento, cayendo sobre la cabeza de aquel que
-atentara contra la vida de su novio.
-
-Conoca su temperamento ardoroso, capaz de madurar en silencio una
-venganza y comprenda que l mismo no escapara al encono de esa alma
-apasionada, si por obra de l se desgarraban las ilusiones de aquella
-hermosa noche de fiesta.
-
-Por un momento con el corazn oprimido, dese el fracaso del complot.
-
-Se sinti viejo por el amor de su hija, a quien haba vuelto a tener a
-su lado, despus de muchos aos de ausencia, y estim la paz de su vida
-cerca de ella, en mucho ms que sus inquietas ambiciones polticas.
-
-Mir el reloj y vi que slo faltaban algunos minutos para las once.
-
-Iba a entrar al saln, cuando desde el lugar en que estaba oy la voz
-de Jarque, hablando a su hija.
-
---Si usted canta "El Ciprs", yo le acompao en el piano.
-
-El jefe de polica era apasionado por la msica, y sus gustos,
-en armona con los de la poca, le hacan preferir las canciones
-romnticas y tristes, que se cantaban como salmodias desgarradoras.
-
-Tocaba regularmente el piano, y entre todos los versos que haba
-odo cantar a Syra, con su esplndida voz, llena de sentimiento,
-escoga siempre esa endecha lacrimosa del Ciprs, en cuya sombra se
-transformaba el alma vengativa del amante muerto y olvidado.
-
-Syra record el pedido que esa tarde le hiciera su novio; eran hermosos
-los versos de Goyena: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." pero
-gustbanle ms los del "Ciprs", y esa noche sentase llevada por
-fuerzas misteriosas, a cantar su invencible tristeza.
-
-Montarn asistiendo a la escena, comprendi que si Jarque iba al piano,
-Insa aprovechara su descuido para salir sin ser visto, y los sucesos
-que un instante haba deseado que no ocurrieran, slo dependeran ya de
-la mano de Dios.
-
-Vi levantarse al jefe y cruzar el saln con su desairada figura, y
-por una reaccin de su temperamento verstil, pens que era mejor que
-sucedieran las cosas que con tanta audacia haban preparado, para
-derrocar el gobierno que execraban.
-
-Despus de todo Borja era militar y sabra defenderse, y l mismo en su
-casa, hallara manera de salvarlo.
-
-Por encima del frac toc disimuladamente su revlver.
-
-Estaba dispuesto a jugarse la vida para que la parte del programa
-confiada a l, que era apresar a Bayo, se ejecutara con toda perfeccin.
-
-All cerca, en el patio sombreado por los naranjos, ocho o diez
-paisanos, llegados la noche anterior, e introducidos por l mismo en la
-casa sin que nadie los viera, aguardaban su seal, mezclados entre el
-grupo denso de curiosos que haba invadido el zagun, y se derramaba ya
-por las galeras.
-
-En cuanto sonaron las cuerdas del piano bajo los dedos de Jarque, Insa
-sali del saln.
-
-Envuelto en su capa, a fin de ocultar el frac, con un chambergo en
-lugar del sombrero de copa, escurrise hasta la huerta para salir por
-la escuela de don Serafn, de modo que los policianos de Jarque, de
-guardia frente a la casa de Montarn, no pudieron notar su escapada.
-
-Syra haba empezado a cantar con una voz extraordinariamente conmovida:
-
- Si por mi tumba pasas un da
- y amante evocas el alma ma,
- vers un ave sobre un ciprs;
- habla con ella, que mi alma es.
-
-De pie, al lado de Jarque, su admirable figura de blanco, con pequeo
-escote, y al cuello un collar de perlas que parecan desgranar sobre
-el hermoso pecho su oriente sedoso y viviente, Syra haca temblar el
-corazn de su novio.
-
-Y si aquella alma encarnada en el ave del ciprs no fuera la de ella
-sino la de l, cul sera el destino de la hermosa joven que lo amaba?
-
-Si l mora, pensaba Borja, ella algn da, cuando lo hubiera olvidado
-sera de otro.
-
-La idea de la muerte que evocaba en su canto se le hizo cruel como
-nunca. Pens que podan ser verdad los oscuros presentimientos de Syra.
-Mir a su alrededor buscando a los jefes de la oposicin, para ver si
-alguien faltaba, y not inmediatamente la ausencia de Insa.
-
-Vi a Iriondo y a Bayo, en un grupo, conversando de cosas que parecan
-absorber toda su atencin, porque se haban retirado al fondo de uno de
-los saloncitos.
-
-Syra segua cantando y era tal la sugestin de su voz, que los
-concurrentes se acercaban poco a poco al piano para no perder una nota
-de la triste cancin:
-
- Si t me nombras, si t me llamas,
- Si all repites que an me amas,...
-
-Borja se imagin a Insa corriendo por las oscuras calles para reunir a
-su gente.
-
-Aguzaba el odo y parecale sentir el rumor de pasos de una patrulla,
-ahogado por doliente msica, en que temblaba el alma de su novia.
-
-Aproximse a Jarque arrebatado por el espritu romntico de los
-fnebres versos, y le toc en el hombro.
-
-Jarque lo mir con mirada abstrada y sin pensamiento y sigui haciendo
-correr sus dedos sobre el armonioso teclado.
-
-Por no alarmar a Syra, no se atrevi a insistir y aguard angustiado el
-final de la cancin.
-
-Cuando la nia, con los ojos llenos de lgrimas se volvi hacia l,
-despus del ltimo verso, el joven teniente le dijo:
-
---Ahora, algo menos triste, los versos de Goyena: "Cuentan los sabios
-que la blanca luna..."
-
-Jarque se haba levantado, porque Syra iba a cantar acompandose ella
-misma.
-
-Cuando la vi sentarse en el pequeo taburete del piano, Borja
-aprovech la ocasin para hacer notar al jefe la ausencia de Insa,
-indicio grave, sin duda.
-
-Rpidamente Jarque resolvi lo que deban hacer.
-
---Te vienes t conmigo, sin decir palabra.
-
-Y as, mientras Syra comparaba sus miradas con la fuerza misteriosa de
-la luna que mueve las aguas del mar, Jarque y su secretario, salan del
-saln, se envolvan en sus capas y se echaban a la calle.
-
-En la esquina del Cabildo se acerc Jarque a dos de sus agentes de
-polica, encargados de vigilar la casa de Montarn: estaban alerta y
-fumaban para matar el tiempo.
-
---No habis visto a nadie?
-
---No, seor jefe.
-
---Nadie ha salido del baile?
-
---Nadie, seor.
-
---Sin embargo, hay una persona que no est all. Os habris dormido.
-
-Los serenos guardaron silencio. Uno de ellos dijo luego:
-
---Por la puerta no ha salido nadie. Si alguien falta puede haberse
-escondido en la casa misma o haber salido por los fondos.
-
-Borja que oa sin decir palabra, mirando hacia la plaza en cuya esquina
-estaban, agarr de pronto el brazo de Jarque y le mostr un bulto que
-cruzaba furtivamente por el lado opuesto, y que se destacaba entre
-los troncos de los parasos, sobre el fondo claro de una casa recin
-blanqueada.
-
-Echaron a correr los dos, con la sospecha de que les interesaba detener
-a aquel transente trasnochador.
-
-Jarque sereno y valiente, sac su revlver para llevarlo presto.
-Borja a quien el espadn colgante al cinto le estorbaba al andar, lo
-desprendi tomndolo en la mano, pronto a desnudarlo.
-
-De reojo observaba a Jarque, el cual marchaba gilmente a su lado,
-cojeando mucho, pero sin ruido, como si anduviera en puntas de pie.
-Frunca el ceo para ver mejor y estiraba el pescuezo, con una ansiedad
-de lebrel que persigue su presa.
-
-Su instinto, ms seguro que su vista, le haca comprender que era Insa
-el bulto que al llegar ellos al centro de la plaza desapareci como si
-lo hubiera tragado la tierra.
-
-Y era Insa, en verdad, que haba penetrado en la casa de don Serafn
-Aldabas, salvando las tapias de la huerta por el mismo camino que sola
-hacer Montarn.
-
-gil y fuerte como era, saltaba los obstculos apoyndose en los puos,
-sin mancharse apenas el frac.
-
-Tena empeo en volver intacto a la sala del baile, para encargarse
-l mismo de apresar a Iriondo, y era necesario que ninguna huella
-sospechosa de aquella correra quedara en su traje.
-
-Al llegar al jardn de la escuela, en la sombra de la galera del Sur,
-divis la silueta gentil de Rosarito, que velaba a esa hora, sentada en
-la silla hamaca de su padre, pensando o rezando.
-
---Sos vos, Francisco?--le dijo la nia acercndosele;--habra tenido
-miedo, si en estos das no me hubieras acostumbrado a tus misterios.
-
-La dulzura de aquella frase en que la nia se asociaba secretamente a
-sus empresas, penetr en el corazn turbulento del revolucionario, que
-se sinti inundado por una ola de afecto hacia la compaera de su niez.
-
-sta volva a hablar. l le tom una mano, fra por la emocin, entre
-las dos suyas ardientes como si tuviera fiebre.
-
---Ha concludo ya el baile?
-
---No; si hubieras ido...
-
---Esas cosas no son para m--observ ella, y agreg, deseosa de entrar
-en el secreto de aquella vida que amaba--por qu has salido?
-
-Insa queriendo llevarse como un talismn que le diera suerte los votos
-de la nia, le contest al odo:
-
---La revolucin! Dentro de media hora, seremos dueos del Cabildo.
-Piensa en nosotros, Rosarito...
-
-Ella, que sospechaba la existencia de la conspiracin tembl, sin
-embargo, como una copa de cristal sobre la que estalla un trueno.
-
---Dios mo!--exclam apretando con sus manos las del joven
-revolucionario--Francisco, Francisco! y si no volvieras ms?
-
---Volver--respondi l, que tena fe en su estrella.
-
-Rosarito se sinti ganada por la misma confianza que a l lo animaba,
-pero pens que su vida brillante se alejara ms, con el triunfo, de la
-humilde existencia de ella.
-
-Feliz, no obstante, con las cosas que a l le regocijaban, le dese la
-victoria y como l sintiera en su mano la caricia tibia de una lgrima
-de ella, que lloraba en la sombra, sin que pudiera ver sus ojos azules
-anegados en llanto, sabore de nuevo aquella ola de misteriosa dulzura
-que lo acercaba a ella.
-
-Y para templar mejor su espritu la tom en los brazos, la apret
-contra su pecho vigoroso, y la bes en los labios, que sonrieron a
-travs de las lgrimas, sonrisa que tampoco l vi, y que fu en el
-alma solitaria de la nia, como una estrella que se levanta.
-
-
-
-
-IX
-
-El pauelo rojo
-
-
-La puerta de la escuela se cerr sin ruido tras aquel bulto negro, que
-se perdi inmediatamente entre los parasos de la plaza.
-
-La gente de Insa aguardaba la seal del ataque en la barraca de Fosco.
-
-Las chalanas que mandaba Alarcn se haban atrasado, y un da entero se
-las esper con temor de que no llegaran a tiempo.
-
-Fosco vea en aquella tardanza maniobras de Jos Golondrina, cuya
-lealtad desconfiaba; pero la verdad era otra.
-
-Cuando Alarcn y el indio Jos llegaron, arreando la vaca, a la orilla
-del arroyo de Leyes, encontraron que las chalanas y la gente haban
-desaparecido.
-
-Era de noche ya y las pesquisas para averiguar el rumbo que hubieran
-tomado, se hacan imposibles en el tupido sauzal que les cerraba el
-horizonte por todos lados.
-
-Alarcn, sin decir palabra, intent treparse en uno de los sauces ms
-altos, para escudriar el ro, que de una gran anchura all, y lleno de
-curvas y de isletas montuosas, apareca en la obscuridad como un charco
-de agua quieta y negra.
-
-Lo detuvo la voz tranquila del indio que deca:
-
---Aqu est el gringo Moor.
-
-De un salto Alarcn se ech al suelo, y el joven le inform en voz baja
-como si temiera ser odo, lo que ocurri durante su ausencia.
-
-Deseoso de arponear algunos sbalos, esa tarde para asarlos en la
-hoguera encendida en el montecito de algarrobos, l con un compaero
-conocedor de aquellos lugares, cruzaron el ro en una de las canoas de
-las chalanas, buscando un sitio donde el baado de la otra orilla era
-abundante en pescados.
-
-Llevaba la fija, arpn terrible con su hierro dentado y su mango de
-caa tacuara, que Moor empez a manejar, no bien llegaron al lado
-opuesto, ensartando de un golpe recio los sbalos de estrecho lomo que
-nadaban a flor de agua entre las altas hierbas acuticas.
-
-Al cortar as las aguas playas del baado, avanzaron de nuevo hasta el
-ro, curvo como una herradura, y a los rayos del sol que caa, vi Moor
-a breve distancia, una lancha blanca fondeada contra el sauzal.
-
-Dile un vuelco el corazn, y se aplan sobre la canoa para no ser
-visto, quedando oculto a medias entre las pajas que cubran el baado.
-
-La embarcacin a la vista tena una chimenea, y por ella conoci que
-era la lancha a vapor con que el gobierno vigilaba el puerto y la
-laguna y que a esa sazn remontaba los riachos para prevenir toda
-intentona por all.
-
-Por el humo que arrojaba la chimenea sospech el joven suizo que estaba
-lista para marchar, ro arriba sin duda, y no esper ms para volver
-adonde haba dejado las chalanas.
-
-A impulso de las palas, que movan echados en el fondo de la canoa,
-cruz el baado refulgente como una placa de oro a los rayos del sol
-poniente.
-
-En pocos minutos lleg, y orden a su gente que se embarcara, y con
-los largos botadores empezaron a contornear la costa de la isleta de
-la Casa de los Cuervos, cuyos sauzales podan ofrecerle un refugio en
-alguno de los profundos ramblones que se internaban en ella, como una
-baha.
-
-Y as fu; cuando la lancha del gobierno pas siguiendo el cauce del
-arroyo de Leyes frente al lugar en que haban estado fondeadas las dos
-chalanas de los revolucionarios, ya stos se hallaban escondidos en
-un brazo del riacho, donde no poda entrar el vaporcito, por su mayor
-calado, y como el crepsculo empezaba a difuminar el paisaje, ninguno
-de sus tripulantes advirti la presencia de las embarcaciones.
-
-Alarcn apret cordialmente la mano del bravo mocetn que los haba
-salvado de aquella sorpresa, aunque en el encuentro, defendindose con
-sus hombres, habra podido vencer a los otros.
-
-Pero era arriesgar el xito de la revolucin, y vala ms eludir todo
-incidente, que pudiera anunciar su paso, antes de que estuviera sobre
-la ciudad.
-
-El da estaba perdido, sin embargo; no era prudente echarse a navegar
-teniendo prxima la rpida embarcacin, que no tardara en regresar,
-porque una legua ms arriba, no hallara agua bastante para su calado.
-
-Era as preferible aguardar hasta la noche siguiente, en que con mucha
-probabilidad habra cesado la infructuosa vigilancia del ro, para
-entrar en la ciudad una o dos horas antes del momento fijado para la
-revolucin.
-
-Y fu ese el motivo que dilat un da entero la llegada de las fuerzas
-de Alarcn. A eso de las ocho de la noche, casi a la hora del baile,
-fondeaban ambas chalanas en el extremo Sur de la calle de la Matriz
-doblando, como se llamaba entonces a la calle de San Gernimo.
-
-En la barraca de Fosco, adonde con infinitas precauciones fueron
-refugindose uno a uno los revolucionarios, se reunieron ms de cien,
-y aunque no todos bien armados, la aventura pareca tan bien dispuesta
-que ninguno dudaba del triunfo.
-
-A las once de la noche deba Insa ir en su busca, para dirigir el
-ataque, pero la sospecha de que el complot no era ya un misterio para
-los de la polica, hizo variar un tanto aquel plan.
-
-Insa se limitara a dar breves instrucciones a su gente reunida en la
-barraca de Fosco; encargara a Alarcn la direccin del ataque, y l
-regresara a la sala del baile, para ayudar a sus amigos a apresar a
-Iriondo y a Bayo en cuanto sonaran los primeros tiros.
-
-Su presencia en la fiesta, mantendra a Jarque en la duda, sobre
-aquellos sucesos que presenta.
-
-No todo ocurri, sin embargo, como l lo pensara.
-
-Su breve demora en el patio de la escuela, despidindose de Rosarito,
-di tiempo a Jarque y a Borja para llegar a la plaza al mismo tiempo
-que l.
-
-Alcanz a ver, en la noche clara, la silueta de aquellos dos
-hombres que aparecan en la calle de la esquina de Montarn, y para
-despistarlos, si acaso tenan intenciones de seguirle, corri por el
-costado de la plaza, que daba sobre la casa de Iriondo, y dobl hacia
-el norte por la calle del Comercio.
-
-All di vuelta a la manzana, y sigui corriendo como una sombra
-impalpable y silenciosa, unas cuantas cuadras hacia el poniente.
-
-De trecho en trecho se refugiaba en el hueco de algn portal o detrs
-de alguna de esas ventanas salientes, en las casas de las gentes
-acomodadas y miraba si alguien le segua.
-
-Todo era silencio en la ciudad tenebrosa, dormida bajo el manto lmpido
-de un cielo sin estrellas.
-
-Un viento suave del Sur traa dispersas armonas de la sala del baile.
-Volvi a correr, y cuando las casas de las aceras empezaban a ser ms
-raras y pobres, y comenzaban los yuyales y los cercos de ramas de los
-suburbios, dobl hacia el Sur, siguiendo la franja sombra de un pencal.
-
-Los perros, que abundaban all, ladraban a la luna que sala,
-destiendo el azul intenso del horizonte.
-
-Deban de ser las once y media, y en la barraca de Fosco seguramente le
-aguardaban impacientes y listos para el combate.
-
-Fu a echar a correr, a la sombra de los tunales, cuando le pareci
-sentir un ruido metlico, como de una espada que se golpea.
-
-Calle derecha, hacia el norte, alcanz a ver de nuevo las mismas
-dos siluetas de la plaza, y comprendi que eran vigilantes que lo
-perseguan y haban dado ya con su pista.
-
-Como no poda correr sin exponerse a ser visto, se meti por entre el
-pencal, defendindose con su capa de las espinas y aguard que llegaran.
-
-Marchaban rpidamente, corriendo a trechos, y pasaron tan cerca del
-sitio en que Insa se haba escondido, que los pudo conocer, al uno
-porque rengaba al correr, y al otro, porque vi la contera de una
-espada asomar por debajo de la capa.
-
---El novio de Syra!--pens el revolucionario, recordando con qu
-empeo Montarn les rog que ahorraran su vida, si acaso entraba l en
-la lucha.
-
-Ese pensamiento le hizo vacilar, ante el proyecto que como un rayo de
-luz se le presentaba en ese instante. Deba seguirles, sin dejarse
-ver, y cuando estuvieran cerca de la barranca, saltar sobre ellos y
-matarlos, privando as al gobierno de sus mejores servidores.
-
-No quiso pensar ms, para evitar la compasin que poda nacer en su
-alma, recordando la splica de Montarn. Empu su revlver y cruz de
-nuevo por debajo de los espinosos cactus y sali a la calle.
-
-Las dos siluetas se perdan ya a lo lejos, entre las sombras de los
-matorrales de la acera, donde crecan algunos corpulentos parasos.
-
-Jarque y Borja, maravillados de la repentina desaparicin de Insa, se
-haban echado a correr, cuando al desembocar una calleja apareci la
-mole oscura y chata de la antigua barraca de Fosco.
-
-Jarque se detuvo y por primera vez se le ocurri que se poda ser el
-escondrijo de los revolucionarios.
-
-Cmo no lo haban pensado antes, sabiendo que el ex-colono de Helvecia
-viva en un impenetrable misterio que les haba hecho creer que era
-alguna inofensiva mana del hombre viejo?
-
-Se detuvo, agitado por la carrera, a unos cien pasos de la entrada del
-vetusto casern.
-
---Que me lleve el diablo si no se ha metido aqu!--dijo con fastidio y
-entre dientes.
-
-Vacil un momento entre avanzar o volverse, para traer un piquete
-con que rodear la vasta construccin, que se vea all, reposando
-plcidamente bajo los rayos dorados de la luna que ascenda.
-
-Borja a su lado escudriaba el casero, por si algn indicio les
-revelaba lo que queran saber.
-
-De pronto un terrible empelln lo tumb en tierra, y son un tiro. El
-fogonazo lo deslumbr, y cay enredado en su larga capa, y el revlver
-que empuaba en la mano izquierda salt a varios pasos de all. Tena
-la espada en la derecha, y quiso incorporarse, a tiempo que Jarque, el
-cual no pareca herido, gritaba haciendo fuego contra Insa, que se
-echaba sobre l.
-
---Ah! misera...!--exclam, y la palabra se rompi entre sus dientes
-apretados, y cay herido en la frente por otro balazo cuyo estampido
-ensordeci a Borja, quien, ciego de furor, arremeti con su espada.
-
-Insa vi el relmpago del acero y salt como un jaguar; pero la punta
-penetr en el flotante pao de su capa, que se desprendi de sus
-hombros y cay cubriendo al cuerpo palpitante de Jarque.
-
---Rndase, no quiero matarlo--dijo con su voz breve y tranquila
-apuntando a Borja, que arranc su espada con violencia y se ech de
-nuevo sobre su adversario.
-
-A la luz de la luna baando la extensa planicie, en cuyo centro se
-desarrollaba la sangrienta escena, vease a Insa de frac, la blanca
-pechera, sealando el sitio en que deban herirle, y lleno de elegancia
-el gesto de su mano que empuaba el revlver apuntando al joven
-teniente, que un momento se qued paralizado ante aquella serenidad,
-que pareca atarle los brazos.
-
-En la cercana barraca de Fosco, el rumor de la lucha en la hora
-sealada para que estallara la revolucin, despert una extraordinaria
-inquietud.
-
-Los cien hombres all encerrados corrieron a sus armas; los jinetes
-montaron en sus caballos asustados por el ruido y el movimiento y
-Alarcn y Fosco fueron hasta el portn de madera de la entrada, que
-tena rodo el borde de abajo, por donde el perro guardin sacaba el
-hocico y ladraba.
-
-Abrieron cautelosamente y como a cien pasos alcanzaron a ver el fulgor
-de la espada cortando el humo del segundo disparo.
-
-Alarcn reconoci a Insa, comprendi que se bata y corri, seguido de
-un grupo de hombres.
-
-Oy el jefe revolucionario el tropel de su gente que corra, llenando
-la noche con el metlico rumor de las armas, y dijo a Borja, que haba
-saltado por sobre el cuerpo de Jarque para coger su revlver que
-brillaba en tierra a dos pasos de all.
-
---No se mueva o lo mato--y aadi con dulzura, sin dejar de
-apuntarle,--quiero que viva para su novia.
-
-El joven teniente sinti la penetrante irona de aquella compasin.
-
---Cobarde!--grit--A l lo has muerto a traicin y yo lo voy a
-vengar!--y volvi a cargar con su espada sobre la blanca pechera que
-atraa sus furiosas estocadas, que el revolucionario esquivaba con
-giles movimientos.
-
-En un salto que di Borja, asent el pie sobre el revlver de Jarque, y
-antes que Insa previniera su accin, arroj la espada y alz el arma
-del suelo.
-
-Insa no pestae y de un balazo en el pecho lo ech por tierra.
-
---Oh, Dios!--exclam Borja, abriendo los brazos y cayendo de espaldas.
-La capa, como una gran ala rota, qued abierta debajo de su cuerpo. Era
-de pao azul, pero por su forro de terciopelo rojo, pareca una gran
-mancha de sangre, tiendo el pasto verde que alfombraba la planicie.
-
-Alarcn y sus hombres llegaron en ese momento. Insa con tristeza les
-seal el cuadro y les dijo:
-
---No quera matarlo, pero l se empe.
-
-Cogi su revlver sin prisa, como si todo peligro hubiera pasado, y fu
-a recoger su capa negra, echada como un manto fnebre sobre el cuerpo
-an tibio de Jarque. La sacudi y se envolvi en ella.
-
-Di sus rdenes precisas; la gente deba marcharse enseguida y atacar
-el Cabildo. Un piquete deba al mismo tiempo invadir la casa de
-Montarn, adonde l habra llegado ya, para ayudar a sus amigos.
-
-Y con esas palabras separronse dejando sobre el campo verde los dos
-cuerpos inmviles que la luna envolva en su luz impasible.
-
-Por la acera sombra de la calleja que trepaba la barranca, se adelant
-Insa casi corriendo.
-
-Tan rpida fu la escena, que no le pareca verdad que en unos minutos
-hubiera suprimido el mayor de los obstculos con que tropezaban los
-planes revolucionarios, aquella implacable vigilancia de Jarque, que
-estuvo a punto de desbaratar todo el complot.
-
-Lleg a la esquina de la calle del Cabildo.
-
-Era menor el nmero de los curiosos agolpados a la entrada de la casa
-de Montarn. El sueo y el fro de la noche, haban ahuyentado a
-muchos, y los que an quedaban, yacan dormidos contra los pilares o
-en los rincones del zagun, esperando que la fiesta concluyera, para
-acompaar, algunos a sus amos, otros a quien quisiera aceptar sus
-servicios, alumbrndoles el camino con un farolillo de aceite.
-
-Los dos vigilantes apostados en la entrada, cabeceaban rendidos de
-cansancio y no vieron pasar a Insa, que subi tranquilamente hasta la
-sala de baile, llena de la enervante armona de una vieja mazurca.
-
-En la galera de cristales, donde estaban los msicos, se despoj de su
-capa, y fu a entrar al saln, cuando una mano vigorosa lo detuvo por
-el brazo.
-
-No era un gesto afectuoso, ni era violento u hostil; mas Insa se
-volvi con ira para ver quin era.
-
-Hallse con Iriondo, a cuyo lado debi pasar, pero a quien no haba
-visto.
-
-Mirbalo con aquella serena mirada que se impona aun sobre los que por
-primera vez se encontraban con l, y podan ignorar su prestigio y su
-poder.
-
-Le solt el brazo y le tom de la mano que Insa no se atrevi a
-retirar, para no comprometer sus planes con alguna intempestiva
-brusquedad.
-
---Hay all--le dijo Iriondo en voz baja, sealando el saln--una nia
-que pregunta por su novio, que sali con usted.
-
-La mayor parte de los farolillos chinescos que iluminaban el patio y
-la escalera se haban consumido, y aquel lugar en que estaban los dos
-hombres, quedaba en la penumbra, fuera del cuadro luminoso de la puerta.
-
-Pero Insa alcanz a discernir en el gesto y en la mirada de Iriondo
-una sagaz intencin, y respondi exagerando la calma que empezaba a
-perder:
-
---Yo no he salido con ningn novio, doctor Iriondo.
-
---Ha salido solo?
-
---Solo.
-
---Yo ando siempre as--observ el jefe de los gubernistas, abandonando
-la mano de su adversario--sobre todo cuando me dicen que hay peligro en
-andar solo.
-
-Pas un breve momento de silencio.
-
-Insa no encontraba respuesta que dar, temiendo siempre delatarse y
-echaba de menos la serenidad con que pensaba y ordenaba sus ideas en
-medio de una batalla. Por qu, pues, no lograba dominar la impresin
-que aquel hombre le causaba con sus frases intencionadas?
-
-Para librarse de la presencia de Iriondo que lo desconcertaba, fu a
-entrar al saln, pero l lo detuvo de nuevo, con el mismo gesto sin
-violencia, que no poda rechazar.
-
---Va a entrar as? No ve cmo est manchada su pechera?
-
-Insa mir la alba pechera de su camisa y se puso plido.
-
-Una gran mancha roja ocupaba toda la parte baja, donde se abotonaba el
-chaleco.
-
-Se volvi bruscamente, evitando la luz, y dijo sacando del bolsillo un
-pauelo de seda color escarlata:
-
---Llevaba aqu el pauelo y al lavarme seguramente lo he mojado y se ha
-desteido...
-
-Haba perdido completamente su calma y la voz le temblaba.
-
-Con ansia esperaba que sonara el primer tiro frente al Cabildo para
-arrojarse contra aquel hombre ms temible por su serenidad que por su
-fuerza.
-
-Iriondo sonrea.
-
-En este momento apareci en la puerta del saln, por donde se vea el
-cuadro brillante del baile, la magnfica figura de Syra.
-
---Ah, Insa!--exclam al verle, acercndosele con un apasionado
-inters, mientras l se acomodaba con mano trmula, el pauelo rojo
-sobre su manchada pechera.--No sali el teniente Borja con usted?
-
-Insa se estremeci. Una inmensa angustia se pintaba en aquella
-hermosa cara, y la voz temblaba como una imploracin.
-
-Domin violentamente sus nervios, se acerc a la joven que esperaba su
-respuesta con una indescriptible ansiedad, y le ofreci el brazo, que
-ella no acept, volviendo a preguntarle:
-
---No sali con usted, capitn? Verdad que no sali con usted?
-
-El estampido de una descarga apag brutalmente la armona de la
-orquesta.
-
-Se produjo un remolino en la concurrencia del saln. Sin preocuparse de
-su compaera que se haba erguido al rumor de la lucha, y le increpaba
-preguntndole por su novio, Insa corri a la galera para arrojarse
-sobre Iriondo, mas ste previ su ataque, cerrndole el paso, y en un
-ademn siempre mesurado y amistoso, con el brazo izquierdo lo tom por
-la cintura, lo llev hacia afuera y tranquilamente le dijo:
-
---Explqueme qu es eso.
-
-Y como Insa quisiera librarse de aquel abrazo, Iriondo con mucha
-calma alz su mano derecha en que tena un revlver, se lo puso a dos
-pulgadas de la frente, y le volvi a hablar con su palabra serena e
-imperiosa:
-
---Si se mueve, lo mato.
-
-A la primera descarga, sucedi un vivo tiroteo, y la calle oscura se
-ilumin con la luz de los fogonazos, llenndose a la vez con el humo
-acre de la plvora.
-
-El tropel y la gritera de los que invadieron la casa, y el estrepitoso
-tumulto que se alz en el saln, cuyas puertas se cerraron con
-violencia, dejando en la sombra la galera de cristales, de donde los
-msicos huyeron, permiti a Insa alejar de un manotn el revlver que
-le amenazaba.
-
-Sali el tiro sin herirle y l con su gran fuerza, se zaf del terrible
-brazo de Iriondo, mas al echarse atrs buscando su propio revlver en
-momentos en que volaban hechos trizas los cristales de la galera,
-invadida por una ola de gentes, revolucionarios y gubernistas,
-mezclados con los soldados de Jarque que no distinguan a unos de
-otros, constat que Iriondo se lo haba sustrado al pasarle la mano
-por la cintura.
-
---Ah, traidor!--exclam con impotente rabia, sintindose desarmado, y
-como a una orden del jefe de los gubernistas, cuya alta figura dominaba
-a todos, los soldados se echaron sobre Insa, ste di un empelln
-a los que le cerraban el paso, y no pudiendo bajar por la escalera,
-atropell la puerta del saln, que se abri con estrpito, cruz el
-recinto que era una colosal batahola de hombres que luchaban y damas
-que parecan muertas sobre la alfombra, sali al balcn y encaramndose
-hasta la balaustrada salt hacia el tejado de la casa vecina, buscando
-un sitio por donde echarse a tierra para tomar su puesto en el combate
-contra el Cabildo.
-
-
-
-
-X
-
-La noche trgica de Syra
-
-
-A la primera descarga, Syra, intensamente plida, con los ojos
-dilatados por el terror, se llev la mano al corazn, sintiendo una
-gran angustia y se abati sobre un silln, llorando como un nio
-castigado. No haba ya remedio!...
-
-Las dems mujeres, sorprendidas por la revolucin, se agruparon en la
-sala del ambig, para escapar de las balas que empezaban a entrar por
-las maderas del balcn, destrozando los cristales. Algunos hombres las
-atendan, pocos, porque casi todos haban bajado al patio donde el
-tumulto era indescriptible.
-
-En el saln, con sus muebles revueltos y sus puertas cerradas por
-Montarn, slo quedaban Cullen y Bayo, sentado ste, plido y ceudo,
-comprendindolo todo, pero sin hacer un gesto que pudiera provocar una
-violencia, y el otro de pie, a su lado, atento a los movimientos de su
-prisionero.
-
-Por un resto de cortesa, Montarn no se acercaba a su husped
-traicionado. Iba hasta el grupo de las mujeres enloquecidas, preguntaba
-por doa Celia, desmayada, miraba a su hija llorando, con la cara
-escondida y volva a la puerta que de afuera golpeaban de cuando en
-cuando, sin lograr abrirla.
-
-Pensaba en la suerte de Iriondo, apresado seguramente por Insa en la
-galera de cristales.
-
-En la plaza, frente al Cabildo se batan los revolucionarios contra los
-policianos que respondan con un vivo tiroteo. Una bala di en la araa
-del centro del saln y desprendi un manojo de caireles hechos trizas.
-
-Montarn mir a su hija, que al sentir el ruido de los cristales rotos
-se puso de pie, y muda, dominando una desesperacin que haca dar
-gritos a las otras mujeres, corri a la puerta de la galera, en donde
-resonaban de nuevo furiosos golpes.
-
-Su padre abri los brazos para contenerla, pero ella lo rechaz con un
-solo ademn que a l le hel la sangre en el corazn.
-
---Hija ma!--exclam l, y ella bruscamente como si aquel grito le
-volviera el sentido y la esperanza, sintiendo una inmensa necesidad de
-consuelo, se volvi a l y se ech llorando sobre su pecho.
-
-l no habl, porque le acosaba el remordimiento de aquel dolor
-silencioso en que haba anegado a su hija.
-
-Nada saba an de lo que le habra pasado, mas tena el presentimiento
-de que la desgracia de ella iba a ser su desgracia.
-
-Fu en ese momento cuando se oy que en la galera creca el bullicio,
-y se sinti desembocar una oleada de gente que Montarn crey amigos
-por lo que abri la puerta del saln, apartando suavemente a su hija.
-
-Y esa maniobra salv a Insa, el cual, acosado por Iriondo, que haba
-sabido prevenir su asalto, y vencido por el nmero, cruz como un
-relmpago hacia el balcn, a donde Syra lo sigui mezclada entre los
-hombres que le perseguan y segura de que l podra decirle dnde
-estaba su novio.
-
-Pero al verle saltar la balaustrada y disparar por los tejados vecinos
-hacia la plaza, iluminada por el fogonazo de las descargas quiso
-seguirle, como si su esperanza huyera con l, mas alguien la contuvo y
-entonces ech a correr, a travs del saln, buscando la escalera del
-patio sin detenerse a ver lo que ocurra a su padre y a Cullen rodeados
-ya por gentes de la polica, que Iriondo mandaba con voz serena y
-ademanes precisos.
-
-Un poco ms plido, el cabello ms revuelto, la mirada ms brillante,
-eso era todo lo que en l se poda notar de extraordinario. Bayo a su
-lado, puesto de pie ya, sin decir palabra, apoyaba esas rdenes con sus
-gestos.
-
-Despendose casi por la escalera sembrada de flores desprendidas de
-las guirnaldas, lleg Syra al zagun, y como a nadie viera, sali a la
-calle y corri hacia la plaza, donde era la lucha.
-
-Vea las cosas nubladas por el humo acre de la plvora que se le
-agarraba a la garganta, y los fogonazos, que brillaban como entre una
-neblina, apenas servan para guiarla, con su luz despiadada. Al llegar
-a la esquina estuvo a punto de ser envuelta por un pelotn de hombres
-que desfilaban a lo largo de las paredes guarecindose de los tiros que
-llovan de todas partes.
-
-Eran revolucionarios y marchaban sobre la casa de Montarn en auxilio
-de los amigos.
-
-Uno de ellos se detuvo al ver a Syra. Fu un segundo no ms, por
-mirarle la cara.
-
---El teniente Borja?--le pregunt ella juntando las manos.
-
-Y el revolucionario, que un rato antes haba asistido a la rpida
-escena que tuvo lugar a pocos pasos de la barraca de Fosco, le contest
-con una torpe sonrisa:
-
---All qued, nia! junto al ro.
-
-Syra no vi el ademn en que le indicaba el Sur y ech a correr hacia
-el Oeste buscando el ro, a cuya orilla haba ido por ese lado alguna
-vez.
-
-Pas de nuevo frente a su casa que los revolucionarios invadan, oy
-tiros y corri con ansias, sin detenerse, hasta que dej de sentir el
-siniestro silbido de las balas, que haba ido persiguindola en su
-carrera como una pesadilla.
-
-Se detuvo un momento para organizar sus ideas.
-
-Parecale, hundiendo los pies en el colchn de polvo de la calle que
-marchaba en sueos, y que ella misma, vestida de blanco con la negra
-cabellera desprendida y flotante, no era ms que un fantasma.
-
-Oanse las descargas en la plaza, y volviendo la cara poda ver el
-relmpago que preceda a cada estampido. El silencio de la noche
-agrandaba los lejanos rumores de la lucha. Y Syra senta confusamente
-al pasar, que puertas y ventanas se abran y cerraban con cautela.
-
-Por aquella parte las casas eran ms raras y las calles ms estrechas
-se dilataban hacia el Salado, bordeadas de pencales impenetrables, por
-sus temibles espinas.
-
-Los canes alborotados por los tiros, aullaban con furia, y al rumor
-de los pasos de Syra que volva a correr se arrojaban contra ella sin
-salir, no obstante, del cercado de pencas, medrosos tambin ellos en
-aquella siniestra noche.
-
-La luna serena y majestuosa, prendida como un broche de oro en el
-lmpido cielo azul, alumbraba con indiferencia la ciudad poblada de
-ruidos, y en la calleja estrecha, por donde Syra corra, sus rayos
-prolongaban las sombras temerosas de las plantas que se extendan como
-garras sobre la acongojada criatura.
-
-Haba al final de la calle un gran omb que cerraba el paso. Las
-lluvias agrietaban all el terreno y el rbol frondoso mostraba sus
-gruesas races descarnadas y blancas, que a la luz de la luna parecan
-brazos y piernas de muertos ya rgidos.
-
-Syra se detuvo mirando extraviada aquellas extraas figuras. Pens en
-su novio:--"All qued!"--le haban dicho--"junto al ro".
-
---Qu ro? Haba un ro por ese lado? Cundo llegara? Si estaba
-muerto tena todo el tiempo que quisiera para esperarla. Si estaba vivo
-y deseaba decirle algo, y si era posible curarle, restaar su sangre y
-vendar sus heridas... oh, Dios! cundo llegara?
-
-Se apret la cabeza con las manos, sintiendo como martillazos en las
-sienes, el latido de sus arterias.
-
-Comenzaba a desvariar. A ratos pensaba que todo era un sueo, tan
-brutal hallaba el cambio de escena. El saln brillante, la luz, la
-alegra, la msica, el amor; y luego la noche, con sus sombras y
-rumores terribles, y aquella frase que sin duda haba soado: "All
-qued!"
-
-Qu significaba eso? Era acaso una consigna dada al joven militar?
-Estaba de guardia junto al ro? Y dnde era el ro?
-
-Trep la barranca. A la sombra del omb crecan tupidas enredaderas,
-entre cuyo matorral brillaban las lucirnagas. Las anchas ramas
-cerraban el horizonte, pero subida ya sobre el borde, Syra vi el
-campo, extendido como una tela limpia y tersa, hacia el ro Salado,
-cuyas aguas no alcanzaban a verse desde all, pero que en las grandes
-crecientes lo inundaban.
-
-De ese lado no haba casas; algunas vacas rumiaban echadas en el pasto.
-
-Syra se puso a correr de nuevo, con ms miedo al hallarse sola,
-parecindole que detrs de ella corra la muerte, para llegar antes a
-donde estaba su novio o para avisarle que era tarde ya y que en vano se
-fatigaba.
-
-El campo desenvolva ante ella el terciopelo de su suave y fresco
-pastizal, sin una ondulacin, pero sus ojos nada vean de lo que
-buscaban. Y segua corriendo, sin nocin de los rumbos, torciendo su
-camino hacia el Sur.
-
-De vez en cuando senta que el suelo ceda bajo sus pies como una
-hmeda esponja, y el fro le volva un instante la sensacin de la
-realidad; se acercaba a los varillales, que crecan a la margen del
-ro, y donde, segn los cuentos de su niez, se guarecan los yacars
-en las horas de sol.
-
-Se apartaba horrorizada de aquellos lugares, y volva a correr sobre el
-pao verde del baado, sintiendo el cansancio que pareca romperle los
-muslos.
-
-A dnde iba? Por qu la haban engaado hacindola ir por aquel
-desierto buscando su amor?
-
-Ya no se oan los tiros. La ciudad, cuyas casas blancas se dibujaban a
-lo lejos entre las sombras de las calles, se haba vuelto a dormir sin
-duda; y ella estaba all, perdida en medio del campo, sin ms compaa
-que la fra luz de la luna, que empezaba a nublarse y los estridentes
-ladridos de los perros, que se enfurecan al verla correr como un
-blanco fantasma.
-
-En su memoria fatigada se perdan los detalles de las cosas. Slo saba
-que buscaba a su novio y deba hallarle muerto o vivo. Cuando caminaba
-despacio, el zumbido suave de la brisa anunciadora del alba, le daba
-la impresin pavorosa de un lamento, y por no orlo y por llegar ms
-pronto a donde l estaba, llamndola sin duda, con la esperanza de que
-llegara antes que la muerte, echaba a correr de nuevo.
-
---All qued, junto al ro--le haban dicho riendo.
-
-Por fin el ro que buscaba le cerr el paso. Era all estrecho y
-encajonado por una barranca no muy alta, vestida de csped hmedo bajo
-el roco de la noche.
-
-Era el arroyo del Quill, que media legua ms al Oeste se junta con el
-Salado.
-
-A corta distancia, hacia la ciudad, se vea como un escaln una segunda
-barranca, ms alta y desnuda, donde se encaramaban las primeras
-habitaciones, algunos ranchos, y ms all la masa oscura de la barraca
-de Fosco, ceida por sus tapias cubiertas de musgo, y por el bosque
-sombro de quietos naranjos y quejumbrosos eucaliptus.
-
-Syra vi pasar por delante de ella un grupo de hombres en marcha
-precipitada hacia el ro. No supo quines eran; habra deseado
-preguntarles dnde se hallaba, pero antes que los alcanzara, ellos
-haban saltado en una lancha y huan rumbo a la isla, que no tocaron,
-sin embargo, siguiendo su costa corriente arriba.
-
-La nia se qued un rato mirando la embarcacin, que ya no era ms que
-una pincelada negra sobre el agua turbia que la corriente llenaba de
-arrugas; la noche se torn negra como un antro, nublada la luna por
-algunas nubes tormentosas.
-
-A algunos pasos de all vi una casucha de barro, por cuya puerta
-apenas entornada se escapaba un hilo de luz.
-
-Fu una esperanza para la infeliz que empezaba a sentirse ganada por el
-descorazonamiento. Llam a la puerta, y como no le contestaran entr de
-golpe.
-
-Un candil de sebo, puesto sobre el ngulo de una mesa alumbraba un
-cuadro siniestro.
-
-Sobre una msera cama yaca un hombre, rgido, con los ojos cerrados y
-la boca crispada en un gesto de dolor, y el pecho desnudo y manchado de
-sangre, que pareca negra como la tinta.
-
-Syra di un grito. Una mujer que lloraba arrodillada a la cabecera de
-la cama, alz la cara y vindola dijo con una voz dulce y doliente:
-
---Me lo han muerto, nia. Era soldado y estaba de guardia en la plaza;
-los revolucionarios lo han herido y ha tenido tiempo de llegar hasta
-su rancho para morir junto a m y a sus hijitos. Por qu me lo han
-muerto, nia?
-
-Una chiquela de cuatro aos, silenciosa, con los ojos dilatados por
-el miedo, sentada a los pies de la cama, miraba sin comprender la
-terrible escena de su padre asesinando y semejante a una madre pequea,
-acallaba al hermanito que estaba sobre sus rodillas, gimiendo de rato
-en rato, como si hasta l llegara la ola del dolor.
-
-Syra llorando se arrodill junto a la viuda.
-
---Tambin a m, tambin a m!--deca en un sollozo que la sacuda
-entera, y no poda concluir la frase.--Hace horas que lo busco, muerto
-o vivo: "qued junto al ro", me han dicho rindose y he corrido por la
-orilla del ro, buscndolo sin encontrarlo.
-
-La mujer se par, tom de la mano a Syra, sali hasta la puerta y le
-dijo sealndole en el campo un punto ms oscuro que las sombras.
-
---All, all! Yo he visto dos hombres! Deben estar muertos a estas
-horas. All fueron los primeros tiros...
-
-Y Syra corri, mientras ella volva adentro a seguir llorando su
-prematura viudez.
-
-Por una desgarradura de las nubes, apareci el disco dorado de la luna
-que ba de claridad el campo verde, en el preciso momento en que Syra
-llegaba hasta los cadveres de Borja y de Jarque...
-
-Las gentes que moraban en las casuchas de barro y de paja de aquellos
-barrios apartados, en aquella noche sangrienta no oyeron nada ms
-pavoroso que el alarido de horror de Syra, rasgando el silencio en que
-haba quedado la ciudad.
-
-Las mujeres se taparon la cara y los hombres se estremecieron, como si
-la muerte misma les hubiera llamado por sus nombres, a la puerta de sus
-casas.
-
-En la barraca de Fosco, de donde ste haba hudo en las chalanas
-de los revolucionarios, que volvan derrotados, las dos mujeres que
-quedaron solas temblaron toda la noche, oyendo, cerca de all, el
-lamento de Syra sobre el cuerpo rgido y yerto de su novio.
-
-Y cuando el alba fra se derram sobre el pueblo disipando las
-angustias de la noche, los que andaban en busca de la hija de Montarn,
-dieron con ella, sentada, como si an esperase algo, junto al cadver
-del teniente Borja.
-
-Los primeros rayos del sol iluminaban el cuadro.
-
-Syra al ver llegar aquella gente se incorpor, alta y hermosa, vestida
-de blanco, el negro cabello suelto a la espalda, como una onda de dolor.
-
---All est el que buscan!--les dijo sealando a Jarque, tendido de
-costado, y como dormido entre los pliegues de su capa--ste es mo y
-yo soy de l! Ni lo toquen ni me toquen!
-
-Los que la buscaban, impresionados por el aire de tragedia que haba en
-todos sus gestos, se quedaron inmviles, y ella al ver su estupor, se
-ech a rer con una risa desgarradora.
-
---Me creen loca? No, estoy cuerda y quiero vivir, por su memoria, para
-vengarle y vengarme... no slo del asesino, sino de los que pagaron al
-asesino...
-
-
-
-
-XI
-
-La derrota
-
-
-Fu un salto magnfico. De la balaustrada de la galera que daba a la
-calle, en la casa de Montarn, Insa se arroj sobre el tejado vecino.
-
-Sinti que una teja ceda bajo sus pies, pero era gil como un jaguar y
-salv el obstculo. El techo, a dos aguas, caa de una parte sobre la
-calle, de la otra, sobre un patio interior, y cubierto de musgo como
-estaba, e impregnado de roco, haca peligroso el andar.
-
-Los que corrieron detrs del revolucionario, detuvironse sorprendidos.
-Uno de ellos tena una carabina y le apunt. La distancia era corta y
-la noche clara, por lo cual el tiro no poda errarse; pero Insa haba
-previsto que le haran fuego, y salvando la cumbrera del techo, se puso
-a correr hacia la esquina, guarecindose en el alero inclinado que daba
-hacia el patio.
-
-Ante aquella maniobra que imposibilitaba el tirarle, el hombre de la
-carabina trep a la balaustrada y desde ella salt sobre el tejado,
-para cazar el fugitivo como a un gato, persiguindolo por las azoteas.
-Pero fuese que le estorbara el arma o que no tuviese la agilidad de
-Insa, resbal sobre las tejas mojadas por el relente de la noche, y
-soltando una maldicin se estrell en la calle.
-
-El revolucionario alcanz a verlo y seguro de que se limitaran ya a
-aguardarlo en la vereda del costado de la plaza, para atraparle cuando
-quisiera bajarse por all, busc manera de escurrirse hasta el patio de
-la casa en cuyo techo andaba.
-
-Era un boliche, cuya pieza principal daba a la esquina, con dos puertas
-en ngulo recto, que se abran una sobre la calle de la plaza, otra
-sobre la calle del Cabildo, separadas por un parante de algarrobo
-labrado.
-
-La gente del boliche, un matrimonio de catalanes sin hijos, tmidos
-como liebres, pero acostumbrados ya a las revoluciones, que tenan por
-teatro inevitable aquel barrio de la ciudad, al or los primeros tiros,
-haban atrancado sus puertas decididos a morir antes que abrir a nadie.
-
-Insa pudo bajarse al patio solitario, donde un cuzquillo olvidado por
-sus dueos, le ladr con furia al principio, y corri luego a lamerle
-las manos.
-
-A cada descarga, el jefe revolucionario senta el vuelco de su corazn.
-Ya las cosas se tornaban en favor del gobierno, fracasado el recurso de
-la sorpresa con que contaban. Pero aun as, confiaba Insa llegar a
-tiempo a la plaza para arrojar sus hombres como una avalancha sobre el
-Cabildo y entrar en l apoderndose del gobierno de la ciudad.
-
-Reconoci de una ojeada el patio donde haba cado.
-
-Era cuadrado y pequeo, lleno de plantas, que en la sombra afectaban
-formas fantsticas. Entre unas enredaderas descubri una puertecilla
-que sin duda abra paso a la huerta; la franque y atraves corriendo
-un tupido planto de trtago, donde cacareaban las gallinas alarmadas.
-Trep sobre la tapia del fondo, que era muy ancha, y comprendi que
-caminando sobre ella podra llegar hasta la huerta de la escuela, donde
-recogera sus armas y se lanzara a la plaza a ayudar a su gente.
-
-Agazapndose para no ser visto, corri sobre el filo de la pared que se
-desmoronaba al pasar l, y en pocos minutos lleg hasta la escuela.
-
-En un rincn del patio hall a don Serafn enloquecido de terror,
-mientras su hija, en el zagun, no se alejaba de la puerta, lista para
-prestar auxilio a quien se lo pidiera, pensando en que poda ser l.
-
---Hijo mo!--le grit el anciano al verle llegar, abrazndose a
-l--qu es lo que ocurre?
-
-Con algunas amables palabras le infundi confianza de que all no poda
-temer nada, y cambiando su incmodo traje de etiqueta por otro ms
-holgado, se envolvi en un poncho de vicua, tom sus armas y corri
-hacia la calle.
-
-En el zagun se cruz con la hija del maestro, que nada le dijo por no
-demorarle, mas lo sigui con los ojos angustiados hasta que lleg a la
-plaza.
-
-All le envolvi un tropel de gente en que reconoci a una parte de sus
-hombres que empezaban a desorientarse ante la sangrienta resistencia de
-los soldados del gobierno, que se batan sin peligro casi, parapetados
-en el Cabildo, y bien provistos de armas de fuego con que mantenan a
-raya a los asaltantes.
-
---Muchachos!--gritles Insa, dndose a conocer.--Al Cabildo! Viva
-la revolucin!
-
-Y su grito como un toque de clarn, vibrante en el intervalo de dos
-descargas, reanim el entusiasmo ya decado de los revolucionarios, que
-se agruparon a su alrededor haciendo frente de nuevo.
-
-Los gubernistas comprendieron por qu reaccionaron sus atacantes, y un
-capitn que mandaba la tropa organiz un piquete y lo mand a rodear
-para tomar a los revolucionarios por la espalda.
-
-A la aparicin de Insa, sus hombres enardecidos de nuevo, se
-tendieron a lo largo del costado sur de la plaza, parapetados detrs
-de los rboles y arreci el fuego que hacan, mordiendo con rabia los
-cartuchos de sus largos fusiles de chispa, con el spero amargor de la
-plvora en la boca.
-
-Los hombres de a caballo, diezmados en un asalto infructuoso, se
-agruparon alrededor de Insa, detrs del quiosco, que les resguardaba
-un tanto de las balas del Cabildo.
-
-Insa tranquilamente les daba instrucciones, porque iban a atacar de
-nuevo, lanza en ristre. Temblaban ya las astas en las manos nerviosas
-y retian las espuelas de los jinetes, entusiasmados por aquella
-voz serena, que apagado el trueno de una descarga, segua explicando
-la maniobra, cuando un tiro aislado que pareca venir de la casa de
-Iriondo, le cort la palabra.
-
-Estaba Insa de pie teniendo su caballo de la rienda, porque el montar
-l iba a ser seal del ataque.
-
-Se llev la mano al hombro y dijo:
-
---Estoy herido.
-
-No cay, empero, mas sinti que se le nublaba la vista.
-
---Jos, Jos Golondrina!--haba gritado Alarcn al sentir el tiro de
-aquella parte, con la sospecha de que l hubiera sido, pues acababa de
-verlo correr hacia ese lado.
-
-El indio llegaba en este momento con la carabina en la mano. Alarcn se
-ech sobre l.
-
---Quin tir? Vos, miserable?
-
---All, all!--contest el indio tranquilamente, sealando la esquina
-norte de la plaza que daba sobre la calle del Comercio.--Viene un
-piquete.
-
-Como una respuesta a tal advertencia, la tropa que vena a coparlos por
-la espalda les abri un fuego mortfero que desmont a varios jinetes,
-sembrando el espanto entre todos. Insa tuvo apenas tiempo de subir
-a caballo sostenido por uno de sus hombres. No poda saber si eran
-muchos o pocos los que as atacaban, la revolucin estaba perdida.
-
-Ya no deban atinar sino a salvarse de caer prisioneros para aguardar
-tiempos mejores en que la suerte les acompaara.
-
-Grit:--Alto el fuego! Slvense, muchachos!, ser para otra vez!--y
-espole su caballo, que di un salto al arrancar, agitndole violenta y
-dolorosamente el brazo roto.
-
-Todos se desbandaron. Los de a pie corrieron hacia el ro para
-embarcarse en las chalanas y pasar a las islas antes que clarease el
-da. Los de a caballo tomaron hacia el norte, buscando el camino de
-Santa Rosa y de Helvecia, donde estaban sus hogares.
-
-Ms de treinta quedaron tendidos sobre el pasto verde y suave de la
-plaza, que el sol de esa maana hara brillar manchado de sangre.
-
-La persecucin de los fugitivos no pudo organizarse inmediatamente
-porque los caballos de la polica no estaban listos.
-
-Insa corri entre un grupo de los suyos unas cuantas cuadras, pero fu
-quedndose rezagado sin que lo observaran.
-
-Dolale horriblemente la herida, lo que lo obligaba a ir constantemente
-sostenindose el brazo, para que no se le moviera con el traqueteo de
-la marcha.
-
-A los pocos minutos pens que deba volver a la escuela, donde la hija
-del maestro lo vendara para que as pudiera huir.
-
-Volvi, en efecto, siguiendo las calles apartadas y solitarias.
-
-Rosarito haba visto pasar el tropel de los fugitivos y comprendi que
-la revolucin estaba vencida.
-
-Quines eran los muertos?
-
-Helada de espanto, temerosa de saber la verdad, permaneca en el
-hueco de la puerta sin moverse, acechando todos los ruidos que podan
-darle un indicio de lo que ocurra, rezando por los que agonizaban y
-temblando de que sus rezos pudieran acompaar el alma del hombre que
-amaba, cuando sinti el sordo paso del caballo de Insa, que lleg
-hasta la puerta.
-
-Don Serafn clamaba por su hija desde el rincn en donde se refugi a
-los primeros tiros. Pero Rosarito oy la otra voz que la llamaba desde
-la calle, y acudi a ella.
-
---Todo se ha concludo--le dijo Insa sencillamente--estoy herido,
-quers vendarme?
-
---Ay!--exclam ella juntando las manos--madre ma del Rosario!--y
-corri adentro a buscar un gran pauelo de seda que podra utilizar y
-un frasco de rnica.
-
---Rosarito! Hija ma!--gema el viejo.
-
---Pap, Francisco viene herido!--Perdi el miedo don Serafn con
-aquella noticia y corri a la puerta. Y all los dos, a riesgo de
-ser sorprendidos por la gente del gobierno, vendaron al jefe de los
-revolucionarios que no acept quedarse en la escuela, refugio harto
-sospechoso y huy de nuevo, en su excelente caballo, dominando el
-dolor de la herida y sintiendo a lo lejos temblar la tierra bajo los
-cascos de la caballera del gobierno, que ya se haba lanzado en su
-persecucin.
-
-Todava era de noche, mas el alba no deba estar lejana.
-
-Insa se encamin hacia el Noroeste de la ciudad, dispuesto a desviarse
-de la carretera que generalmente seguan para ir a Santa Rosa, y que a
-esa hora deba estar ya ocupada por la polica.
-
-Quedaba aislado de sus compaeros, pero eso no le importaba; marchara
-solo, hasta que no pudiera ms, y si acaso lo venca el dolor o la
-fiebre, antes de llegar a Santa Rosa, se refugiara en la estancia
-de Cullen cerca de los "Cachos" o se escondera en los impenetrables
-sauzales del arroyo de Leyes, donde seguramente encontrara quien lo
-ayudara, entre el paisanaje matrero que all merodeaba.
-
-Llevaba el brazo firmemente vendado y sujeto por un cabestrillo al
-cuerpo, lo que le permita galopar, sin grandes sufrimientos y as
-march largo rato, mecido por el andar acompasado de su buen caballo.
-
-Los terrones menudos y flojos del camino se quebraban bajo sus cascos
-con un leve crujido, y reinaba un gran silencio, pues hasta los grillos
-nocturnos haban callado, ante el alba que llegaba.
-
-Empez a sufrir de sed, pero como haba ya pasado el ltimo rancho
-de la ciudad, sigui galopando con la esperanza de encontrar alguna
-vivienda a donde acudir.
-
-Clareaba ya el da, cuando entre el monte de algarrobos y andubays, a
-la vera del camino, vi brillar el fogn de un rancho solitario.
-
-A aquella distancia de la ciudad, era arriesgado mostrarse a nadie,
-pues denunciaba as el rumbo en que marchaba, pero la sed avivada
-por un viento tibio del norte, que empezaba a soplar, causbale una
-insoportable angustia, y se resolvi a pedir de beber, sin bajarse del
-caballo.
-
-Al acercarse ladrronle los perros, y se asom el dueo del rancho
-que tomaba mate en rueda familiar, a la luz de un candil de sebo. Sin
-mayores explicaciones, aquel paisano taciturno y corts, fu por el
-agua que Insa le pidi, y sobre el caballo mismo inquietado por los
-perros, bebi el revolucionario con ansia un agua salobre, pero fresca.
-
-Y sigui galopando a la luz del da que despertaba ya los maravillosos
-rumores de la selva.
-
-Prestaba odo a todo ruido sospechoso, detenindose a veces, pero no
-senta ms que el canto de los pjaros, ms numerosos que nunca en el
-otoo que reinaba, y de cuando en cuando el zumbido metlico de las
-alas de una perdiz, que se levantaba a su paso.
-
-El viento norte se haba acentuado, y comenzaba a apretar el calor.
-
-Insa para librarse de los rayos del sol, comprendiendo que ya se haba
-alejado con exceso del camino de Santa Rosa, y que a esa hora las
-patrullas del gobierno deban haberse replegado a la ciudad, se intern
-en el monte.
-
-Era tupida la arboleda y los churquis espinosos que nacan al pie de
-los speros andubays, le cerraban el paso a cada instante, obligndolo
-a buscar los senderitos tortuosos abiertos por la hacienda, hacia los
-comederos o las aguadas.
-
-Algunos toros salvajes mugan sintindole pasar; escarbaban la tierra
-con rabia y echaban a andar desdeosos, buscando no al hombre, sino al
-rival, que de lejos contestaba a su grito de guerra.
-
-Las vacas inquietas y curiosas huan, detenindose a trechos y
-volviendo la cabeza para mirar al fugitivo, a cuyos ojos el paisaje
-apareca cubierto por ese velo de ensueo con que la fiebre parece
-envolver las cosas.
-
-Tena sed, una sed terrible, que le haca marchar con la cabeza baja,
-la mirada avizora, buscando en el monte los charcos de agua ftida en
-que se abrevaban las vacas.
-
-Pensaba en sus amigos de Santa Fe, presos sin duda, a esas horas y en
-cierta manera deshonrados por la derrota. Senta impulsos de correr,
-lleno de saa contra el hombre invencible, que con un solo gesto haba
-hecho abortar aquella noche el complot urdido en su contra.
-
-La fiebre que le martillaba el crneo, naca ms que de su herida,
-del dolor y de la vergenza de haber sido afrentado por l con tanta
-gentileza. Sus amigos, al menos, no haban sufrido el latigazo de
-aquella voz amable que le deca:
-
---No v cmo est manchada la pechera de su camisa?
-
-Ah! La sangre de los muertos por su mano se haba vengado cruelmente
-en su orgullo de jefe, derrotado por la sonrisa de un hombre:
-
---"Va a entrar as al saln del baile?"
-
-Apret los ijares de su caballo y se lanz a la carrera por entre el
-monte, como cuando en su estancia persegua la hacienda para traerla
-al rodeo. Las altas ramas extendidas como zarpas bajbanse a veces y
-le obligaban a echarse sobre el cuello de su caballo, para no romperse
-el crneo contra ellas. Los matorrales, cuya ramazn flexible cruja
-violentamente, cerrbanse tras l, tironendole con sus mil uas el
-poncho que flotaba desgarrado a sus espaldas.
-
-El caballo tena la boca ensangrentada y palpitantes los flancos y
-empapados en sudor.
-
-Insa corra, castigada su alma con los siniestros recuerdos de esa
-noche, en que su mano haba derramado sangre inocente, y en su carrera
-desatinada sus ojos encendidos por la fiebre, hallaban perfiles
-fantsticos y medrosos en todos los detalles del cuadro que le rodeaba.
-
-Senta una sed tan terrible que una vez pas la mano por el ijar
-mojado en sudor de su caballo, y fu a beber. Pero era de un sabor
-insoportable aquel lquido acre y tibio. Dnde estaban los charcos en
-que beba la hacienda?
-
-Mir el sol, por entre las copas despeinadas de los algarrobos y torci
-bruscamente hacia el Este. Quera llegar a la laguna de Setbal, para
-arrojarse con caballo y todo en su onda fresca y beber a sus anchas,
-aunque all lo hubieran de prender.
-
-Los revolucionarios, sin duda, haban tomado por el camino de San Jos
-del Rincn. Para reunrseles, l deba seguir la costa, vadear el
-Saladillo y la pequea laguna de San Pedro, en la punta norte de la
-de Setbal, y alcanzar as el arroyo de Leyes, donde no era imposible
-que se cruzara con alguna de sus chalanas, si Alarcn o cualquiera de
-sus hombres se haban atrevido a huir por el ro, camino que tena sus
-ventajas y sus riesgos.
-
-Galop como una hora, torturado por la sed, que traa sobre l
-infinitas alucinaciones, hacindole creer en cada revuelta del bosque
-en un charco fresco de agua; hasta que ralendose la arboleda, divis a
-lo lejos la cinta azul y plcida de la hermosa laguna.
-
-El caballo, sediento como el amo, relinch olfatendola, y sus cascos
-herrados llamearon al sol, sobre la llanura, que se desenvolva como un
-manto verde, a lo largo de la costa, cortada por el blanco perfil del
-camino.
-
-Al cruzarlo, no vi Insa, alucinado como iba por el agua azulada y
-brillante, una nube de polvo que ascenda de la carretera, hacia la
-parte del Sur, donde estaba la ciudad.
-
-Lleg hasta la barranca, no muy alta, y con grietas por donde bajaban
-las haciendas, y entr en la laguna hasta que el agua lleg al pecho
-del caballo.
-
-Se quit el sombrero, lo llen de agua y se puso a beber con una
-inmensa fruicin, sintiendo la frescura del lquido puro que le
-aligeraba la sangre en las venas.
-
-El caballo beba tambin interminablemente, haciendo sonar las coscojas
-del freno y resoplando, a cada espumilla que la corriente le traa
-hasta el hocico, cuando de pronto apareci sobre la barranca, cien
-metros ms atrs, un grupo de jinetes de rojas bombachas, con sables
-que brillaban al sol, y carabinas que alzaban sobre sus cabezas, dando
-alaridos de jbilo.
-
-Insa mir y comprendi. Estaba perdido; eran los policianos del
-gobierno, de cuyas manos no poda escapar, porque antes que l volviera
-a trepar la barranca, ellos le cerraran el paso. Pens en hacerse
-matar, pero la idea de que muerto l, el gobierno quedara triunfante
-y tranquilo para siempre, le encendi un spero deseo de vivir para
-vengar su derrota.
-
-Por un lado la laguna, que se extenda ante l como una inmensa tela
-azul, ancha de leguas. Por el otro la barranca, las bombachas rojas, la
-prisin o la muerte.
-
-Eligi la laguna, castig a su caballo y se arroj con la insensata
-esperanza de llegar a la otra costa, cuyos verdes sauzales se divisaban
-en lontananza.
-
-El caballo manote algunos pasos, perdiendo pie, y luego sin vacilar,
-como si hubiera comprendido que era la salvacin de los dos, se dej
-hundir hasta el pescuezo, y empez a nadar, soplando, con las narices
-a flor de agua, y los ojos fijos en la orilla lejana. Insa tir la
-carabina, que hasta entonces llevara a bandolera, y el poncho que se
-arrastraba sobre el agua, haciendo peso y con la mano derecha se agarr
-a la crn flotante de su caballo.
-
-Era un tostado, morrudo, de cabeza descarnada y mirada inteligente.
-Criado en la estancia de Insa, haba husmeado la querencia del otro
-lado de la vasta laguna, y nadaba con fe en sus remos poderosos.
-
-Los policianos haban conocido a Insa, por el poncho y el caballo,
-y para no perder la extraordinaria fortuna que la casualidad les
-deparaba, apartronse de la barranca, se extendieron en una lnea
-prolongada, y cayeron bruscamente, al galope de sus caballos
-enardecidos por sus gritos, sobre el sitio por donde haba bajado Insa
-hasta el agua. Pero esos minutos perdidos en la maniobra, con que
-quisieron impedir su fuga, permitieron al revolucionario alejarse un
-buen trecho de la orilla.
-
-Los policianos que nunca imaginaron que se arrojara a la laguna, al
-ver apenas a flor de agua la cabeza del caballo y los hombros de l,
-que se achicaba cuanto poda, le insultaron con rabia.
-
-Uno de ellos se ech a nado, pero su caballo no aquerenciado en la
-otra costa, di unos cuantos respingos, y se volvi. En vano su dueo
-le golpe el testuz con el cabo de su rebenque; aquella intentona slo
-sirvi para dar tiempo a que el fugitivo ganara unos cien metros ms, y
-slo se divisaba ya como un punto negro sobre el agua que se quebraba
-en trmulos reflejos a los rayos del sol.
-
-Entonces el jefe de la patrulla ech pie a tierra y le apunt con su
-carabina y tranquilamente, como si se tratara de tirar sobre un pjaro
-o sobre un yacar, levant el gatillo. Inclinaba la cabeza sobre el
-hombro derecho, para ver mejor, y se haba echado atrs el kep, cuya
-visera verde tocaba con el cao reluciente del arma. Era hombre de gran
-destreza en su manejo, pero el blanco movible que se alejaba siempre,
-y la excitacin de su pulso agitado por la violenta carrera de toda la
-maana, le hicieron errar el tiro. La bala se perdi a veinte pasos del
-lugar donde se vea a Insa, avanzando siempre hacia el centro de la
-laguna.
-
-Volvi a tirar y fu lo mismo.
-
---Pie a tierra!--grit a sus hombres--y fuego sobre l!
-
-Los veinte soldados que formaban la patrulla, arrodillados al borde de
-la barranca, empezaron a ametrallar al fugitivo. Las balas cada vez
-picaban ms cerca de l, porque la puntera se afinaba. De pronto se le
-vi desaparecer, y slo su caballo sigui nadando.
-
-Los hombres se incorporaron dando un grito.
-
---Una bala en la cabeza! lo hemos muerto, y con las pupilas dilatadas,
-siguieron el rastro que en el agua iba trazando el valiente corcel
-del caudillo, que nadaba con la misma serenidad que si la otra orilla
-hubiera estado a veinte metros.
-
-Insa haba desaparecido, y los hombres iban a montar ya, seguros de
-haberle herido de muerte, cuando surgi de nuevo su cabeza, junto al
-cuello del caballo.
-
---Maldicin!--rugi el jefe de la patrulla--se escondi para que no
-le tirramos!
-
-En ese minuto de expectativa, el revolucionario se haba puesto fuera
-del alcance de las carabinas.
-
-Siguironle mirando hasta que el punto negro se perdi en la lontananza
-del agua, que agitaba el viento. Entonces todos montaron, y volvieron
-riendas hacia la ciudad.
-
---Se ahogar antes de llegar al medio de la laguna!--dijo uno de ellos
-y todos creyeron as.
-
-Durante una hora, quizs, resisti el joven caudillo la sensacin
-violenta que le produca ir a merced de su caballo, con la mano
-acalambrada en su larga crn. No poda valerse ms que de la derecha,
-porque la otra herida, era un miembro absolutamente intil.
-
-La frescura del agua le haba adormecido el dolor, pero se entumeca
-poco a poco, y senta que el sueo se apoderaba de todo el cuerpo, como
-un veneno mortal.
-
-Si se dorma, estaba perdido. Se soltara de su caballo y se ira al
-fondo. Pens que quizs ese trmino a sus padecimientos vala ms que
-la lucha por vivir; pero la prodigiosa energa que le haca ser lo que
-era le sigui sosteniendo. Lleg, sin embargo un momento, en que aun
-luchando contra la terrible modorra que le invada con el fro del
-agua y la fiebre de la herida, dej que sus ojos se cerraran, y toda
-su fuerza fu impotente para abrirlos, porque se durmi, sintiendo al
-principio que su mano segua agarrada a la crn, y luego, que poco
-a poco, suavemente, se dejaba invadir ella tambin por la deliciosa
-sensacin de abandonarse y descansar.
-
- * * * * *
-
-Cuando abri los ojos crey que soaba.
-
-Una habitacin cuadrada, de piso de ladrillo, de techo bajo, con
-tirantes de palma enjalbegados, cubiertos de esas speras totoras de
-los baados, impenetrables a la lluvia.
-
-Una ventana ancha de vidrios pequeos, por donde mirbanse las copas de
-unos altos eucaliptus, que el viento balanceaba.
-
-Y a un lado de la ventana, un algarrobo seco, del cual no se vea ms
-que una rama, estirada, como un brazo descarnado, cenicienta y pelada,
-y sobre ella, inmviles, como un smbolo de eternidad, dos enormes
-pjaros negros cuyas plumas sin brillo les daban un fnebre color de
-crespn.
-
-Insa, que observaba con los ojos muy abiertos, desde una cama blanda y
-limpia, aquel cuadro que sin duda le pintaba la fiebre, sinti que la
-sangre se le helaba en las venas.
-
-Siempre la vista de los cuervos, desde la noche que pas en el
-cementerio, obsesionado por los ojos de diamantes de aquel que vel
-a su lado, devorando la mano de una muerta, le causaba una siniestra
-impresin.
-
-Alguien lo habl. Se volvi para ver quin era y se hall con un
-paisano de barba encanecida, que estaba all a su cabecera, con el
-sombrero puesto, en mangas de camisa, castigando las botas con la lonja
-de un talero.
-
---Qu significa esto? Dnde estoy?
-
-Y el paisano le contest con una hospitalaria sonrisa que dej al
-descubierto sus dientes amarillentos y fuertes:
-
---En la estancia de doa Carmen de Borja...
-
---Carmen de Borja?--repiti l.
-
---S, y de la nia Gabriela...
-
---Gabriela?
-
---Gabriela Borja de Jarque...
-
---Ah!--exclam Insa y volvi la cara a la pared, penetrado hasta la
-mdula de los huesos por el recuerdo de la noche de la revolucin.
-
---Por mal nombre--asent el paisano--le llaman la Casa de los
-Cuervos.
-
-
-
-
-SEGUNDA PARTE
-
-
-
-
-I
-
-Por el alma de los muertos!
-
-
-La sombra de la barranca, donde estaba situada la Casa de los Cuervos,
-prolongbase hasta el medio del riacho porque el sol se iba entrando.
-Los altos eucaliptus, que llegaban hasta el borde mismo, pintaban sus
-copas en el agua serena, que corra sin murmullo, royendo suavemente
-la greda de la costa, o haciendo estremecer con su caricia las hierbas
-acuticas, en la otra banda donde el campo era bajo.
-
-El sol que traspona ya el bosque, reflejaba un disco trmulo en la
-faja del ro, que pronto iba a llenarse de sombra, y Gabriela, sola en
-su bote, que la haba llevado corriente arriba, gracias a la vela, en
-una de sus excursiones de ensueo, descenda aprovechando la corriente
-y siguiendo por un capricho la lnea indecisa que pintaban en el agua
-las copas de los rboles, dormidos ante la vecindad de la noche.
-
-De vez en cuando, con un golpe de timn rectificaba la marcha del bote,
-una de cuyas bordas se baaba en el sol dorado de aquella tarde de
-otoo.
-
-La embarcacin era pequea, fina de formas, pintada de blanco, y
-llevaba su nombre a proa, en letras negras: "La Espuma".
-
-De lejos, realmente, atracada a la barranca en los das de marejada,
-cuando el agua profunda del riacho se llenaba de espuma, el bote
-pareca un copo ms danzando en la resaca arrojada por el viento contra
-la costa escarpada de la Casa de los Cuervos.
-
-"La Espuma" era la compaera de los sueos de Gabriela.
-
-Cuando se cas, dos aos antes, con aquel espaol que compr el campo
-de su padre, ste, que haba de morir poco despus, le pregunt qu
-regalo de boda quera que le hiciera; y Gabriela, sabiendo que estaba
-pobre, como que era una de las secretas razones que tuvo para casarse,
-sin gran amor, para que su padre pudiera conservar el campo, no le
-pidi joyas ni vestidos, le pidi un bote para pasear por el ddalo
-de arroyos, bordeados de sauces, que hacan el encanto de aquellos
-paisajes.
-
-Pasaban largas temporadas en la estancia y era el bote su gran
-distraccin. Lo conduca admirablemente. Tena un par de remos finos
-y ligeros, y una velita blanca, que se tenda en una curva quebrada
-como el ala de una gaviota, y haca volar el esquife con un apacible
-chapoteo del agua, rota por la quilla.
-
-Cuando muri su padre, Gabriela haca ya seis meses que estaba casada
-con Jarque, a quien el gobierno acababa de nombrar jefe de polica.
-
-Sus ilusiones ajadas por las severas realidades de la vida, no le
-pedan nada ya. Slo deseaba acompaar a su madre, doa Carmen Liendo
-de Borja, que se haba establecido definitivamente en la Casa de los
-Cuervos, para cuidar de los intereses que dejara su marido al morir,
-bastante embrollados.
-
-Jarque le permiti irse con ella, y se qued solo. En su vida prctica,
-sin grandes pasiones, absorbido por las preocupaciones polticas, el
-amor no ocupaba ningn lugar. Se haba casado framente, llegado a la
-mitad de la existencia, para no hacer solo la otra mitad, y de pronto
-se encontraba con que el matrimonio era una impedimenta para seguir
-las sutiles pesquisas antirevolucionarias en que estaba empeado, las
-cuales con frecuencia le tenan noches enteras fuera de su casa.
-
-De tarde en tarde, cuando sus tareas se lo permitan, haca su viaje
-a la Casa de los Cuervos, yendo casi siempre en la lancha a vapor del
-gobierno. Visitaba a la familia, acompaado de Carmelo, su cuado, a
-quien haba hecho secretario de polica; examinaba la marcha de las
-cosas en la estancia, el estado del campo que era suyo, de las vacas,
-que algn da seran de su mujer, y se volva a la ciudad, satisfecho
-de tener tan equilibradas todas sus pasiones.
-
-Gabriela tornaba a sus paseos en bote. l le haba regalado una hermosa
-escopeta Lefaucheux, y de sus excursiones sola volver con el fondo de
-la embarcacin lleno de patos, cazados en los esteros, o de gallinetas
-sorprendidas cuando se acercaban a la costa, que el bote rozaba al
-pasar sin ruido, como un copo de espuma.
-
-Haba en la estancia un muchachn de quince aos, hijo adoptivo del
-capataz, diestro en los trabajos del campo, sobre todo en las cosas del
-ro, pesca y manejo de embarcaciones. l guiaba la canoa que tenan
-para las necesidades de la casa. Iba al sauzal a traer lea, y a veces
-hasta Santa Fe a buscar provisiones.
-
-Gabriela sola invitarlo a acompaarla, y l, alto, flaco y flexible
-como una varilla, corra al bote, con una gran alegra, porque aquellos
-paseos, siguiendo el canal profundo del arroyo de Leyes, o internndose
-en los esteros, que desaguaban all, eran su sueo dorado. La nia
-tiraba bien, al vuelo o en tierra, y cuando la pieza caa, l como un
-perro, iba en su busca, aun cuando tuviera que meterse en el agua hasta
-la cintura.
-
-Cuando el tiempo era bueno, y soplaba viento favorable, se tenda la
-vela, que haca crujir el palo, y se daba entera libertad al bote, para
-correr a sus anchas sobre el agua del riacho, turbia, con largas vetas
-amarillas, hasta la laguna, que era para Gabriela como un mar.
-
-La joven se sentaba al timn, dejando que Jess dormitara a proa o
-espiara la caza.
-
-Pareca absorta en la maniobra, en el timn con que de trecho en
-trecho, de un golpe, enderezaba el esquife; o en la escota de la
-vela, tensa a veces, como una cuerda de guitarra, y otras floja e
-indecisa, castigando como un ltigo los maderos. Gabriela atenda todo,
-pero su pensamiento vagaba en lejanas regiones, ms all del ro, ms
-all de la laguna, ms all del mar desconocido, a donde marchaban
-inevitablemente, todas las gotas de todos los ros, lo mismo de las
-olas que se rompan contra la barranca, que las que ella acariciaba con
-su mano pequea, abandonada por encima de la borda.
-
-Todo iba al mar! y su pensamiento se confunda como una gaviota
-perdida en el ocano, persiguiendo la visin de aquellas cosas
-sin sentido, que la dejaban triste, como si su vida actual no
-correspondiera con sus ideales de antes.
-
-Gabriela tena veinte aos. El aire y el sol del campo, haban dado un
-ligero color trigueo a su tez pursima, que irradiaba su juventud,
-como el cristal de un vaso de luz. Y esa luminosidad de su cutis,
-atenuaba el contraste que habran producido en su tipo de morena, sus
-ojos garzos, como la flor del lino, y sus cabellos castaos, casi
-rubios, que al sol parecan vivientes culebras de oro. Esbelta y gil,
-vindola remar, con sus brazos firmes, diseando en el ademn la
-curva llena del pecho, nadie la hubiera credo propicia para aquellas
-fantasas que la llenaban de ensueos.
-
-Vesta de luto, por su padre, y en la barquilla blanca, que marchaba
-la vela sonora al viento, sentada a la popa, con la mirada abstrada,
-desinteresada de las cosas prximas, pareca la herona de una
-romntica leyenda.
-
-Su madre preguntbase a veces si aquel matrimonio repentino no haba
-tronchado sus ilusiones de nia, y si no estaba all la raz de la
-indisimulable melancola que envolva como un velo aquella radiante
-juventud. Mas era el yerno tan afable y caballeresco, y estaba la madre
-tan lejos ya de la edad en que la fantasa es el motor del alma, que
-desechaba el importuno pensamiento, y se quedaba tranquila dejando a su
-hija entregada a sus excursiones, mientras ella cuidaba de la casa.
-
-Era una dama de aspecto severo, en su riguroso luto de viuda, que
-enaltaba ms su figura frgil, en apariencia, y austera como la de una
-abadesa.
-
-Blanca, plida, de ojos negros, perspicaces, que descifraban
-perfectamente las intenciones de los que la trataban por negocios;
-incansable para la menuda labor de ama de casa; madrugadora, siempre
-alerta, desde la muerte de su marido, haba concentrado todas las
-potencias de su alma, en hacer progresar la fortuna que algn da sera
-de sus hijos.
-
-Tena por el varn, que era el mayor, una pasin que desbordaba en
-todas sus palabras.
-
-Tres o cuatro das antes de esa tarde, haba estado en la Casa de los
-Cuervos. Fu con Jarque, al cual la dama not preocupado por causas que
-no deca. El joven, en cambio, entusiasmado por su nuevo galn que
-luca en la bocamanga de su vistosa chaqueta azul, y en su kep, la
-haca parte de sus proyectos de grandeza y de sus ensueos de amor.
-
-Oh, sus sueos de amor! Doa Carmen tena en el alma impresa la imagen
-de Syra, a quien viera poco tiempo antes, cuando fu a la ciudad a
-pedir su mano.
-
-Aquel compromiso que deba celebrarse con una gran fiesta, en casa de
-Montarn, alegrbala por l, pero, sin que hubiera podido explicar la
-ntima razn de sus recelos, tena el corazn extraamente oprimido
-y todo, en su casa, en el campo, en el ro, en el cielo, le traa la
-evocacin de los ojos de Syra, apasionados y tristes.
-
-Esa tarde--la tarde del baile--Gabriela lleg en su bote hasta la
-barranca, poco antes de entrarse el sol.
-
-Vena sola por lo que ella misma tuvo que hacer la maniobra de amarrar
-su embarcacin al poste clavado en la costa con ese objeto. La barranca
-no era alta, un metro y medio de tierra amarilla, contra la cual el
-ro golpeaba sus olas en los das de viento. El terreno suba an
-ms al alejarse de la orilla, de tal modo que las casas edificadas a
-cien pasos de distancia, estaban a una altura a donde no llegaban las
-crecientes.
-
-El primitivo dueo de la Casa de los Cuervos, para sanear el ambiente,
-haba formado al rededor de ella, un bosque de eucaliptus, prolijamente
-plantados en hileras.
-
-Los rboles eran enormes ya, y sus copas se besaban con un melanclico
-rumor de hojas, en las noches serenas en que slo soplaba la tenue
-brisa de la laguna.
-
-Arrancaba desde el frente principal de las casas, una avenida de
-eucaliptus, los ms gruesos, porque fueron los plantados primeros, que
-corran paralelos al riacho. Aquella avenida, envuelta en los reflejos
-dorados del sol que se entraba, pareca una vieja pintura.
-
-Al llegar a ella, Gabriela se detuvo amedrentada, arrimndose a uno de
-los troncos, mondados por el otoo, que les arrancaba la corteza en
-largos girones. En el fondo vi la alta figura enlutada de su madre,
-que se alejaba, a pasos medidos, achicndose su silueta. Luego la vi
-volver caminando suavemente, como si sus pies no tocaran la tierra,
-alfombrada de las hojas secas, desprendidas por las copas sombras que
-se cruzaban en lo alto.
-
-Vea, como si lo viera por primera vez, las dos prolongadas hileras,
-que se estrechaban a lo lejos, de los eucaliptus dormidos sobre el
-fondo claro del cielo. La luz del crepsculo suavizaba sus perfiles,
-y pona en sus troncos una pincelada de oro, que les comunicaba la
-penetrante tristeza de los bosques muertos.
-
-Haba en el ambiente una gran calma. Slo se oa el grito de las vacas
-lecheras que salan del corral, con sus terneros, que a la noche seran
-recogidos en los chiqueros.
-
-Gabriela beba con los ojos la hermosura del paisaje otoal. Su madre
-llegse a ella, haciendo crujir levemente la alfombra de hojas secas.
-Llevaba las manos blancas, de gran seora, metidas en las mangas de su
-traje negro.
-
---Vamos a rezar--le dijo.
-
-A la oracin, en la Casa de los Cuervos, se rezaba el rosario, reunidos
-amos y peones.
-
-Cada da la dama, que coreaba el rezo, deca al empezar por quin deba
-de rogarse.
-
---Por las almas del purgatorio.
-
---Por los caminantes y navegantes.
-
---Por los prncipes cristianos.
-
---Por los parientes difuntos.
-
-Y esa vez, cuando todos estuvieron de rodillas, en la pieza que serva
-de oratorio, cuyo testero ocupaban una infinidad de cuadros de santos,
-presididos por un crucifijo de bronce y una gran estampa de la Virgen
-del Carmen, as que se hubieron persignado, se oy en el devoto
-silencio, la voz de la dama que deca:
-
---Recemos por el alma de los que hoy han de morir.
-
-Gabriela arrodillada al lado de su madre, sobre una alfombrita que
-acolchaba los rojos ladrillos del piso, sinti un escalofro al or
-aquello. Vi de nuevo el cuadro de los eucaliptus, tal como le haba
-impresionado.
-
-Ya la noche envolva el campo, y en el silencio de los animales y
-las cosas que se dorman, empezaba a orse el susurro de las hojas,
-estremecidas por la brisa que despertaba.
-
-La majada estaba ya en el corral. En el patio grazn uno de los
-cuervos, seal de que volaban a pararse sobre el rbol seco en que
-pasaban la noche.
-
-Don Goyo, el capataz, lleg en ese momento a rezar con todos el rosario.
-
-Era un hombre entrado en aos, a juzgar por las barbas encanecidas.
-Rezaba de pie, afirmado contra la pared, cerca de la puerta, por donde
-a cada ruido echaba una ojeada al patio. De da usaba botas, como un
-signo de la importancia de su cargo; y al anochecer, por economa,
-se quedaba descalzo, la bombacha arremangada, con lo que su figura
-corpulenta, no muy alta, perda casi todo su prestigio.
-
-Contestaba al rezo con voz sonora. A su lado su mujer, a Floriana,
-pasado el primer misterio del rosario se sentaba a la turca, sobre el
-suelo acolchado con su pollera.
-
-Ms joven que el marido, ms blanca tambin, tena en sus facciones
-endurecidas por el trabajo, rastros de antigua belleza. Rezaba
-devotamente, y como la perseguan los bostezos, provocados segn el
-ama por la cola del diablo que se le entraba en la boca, cada vez que
-bostezaba haca sobre la boca abierta la seal de la cruz.
-
-No tenan hijos; el nico que tuvieron, y que muri casi al nacer,
-de haber vivido deba ser de la edad de Carmelo Borja, al cual a
-Floriana sirvi de nodriza.
-
-Por eso el joven teniente, secretario de Jarque, era para la mujer del
-capataz como un hijo, que ella idolatraba y colmaba de mimos.
-
-Una chicuela excesivamente morocha, con el pelo encrespado, que se
-mora de sueo, estaba acurrucada en un rincn.
-
-Tendra diez aos, y serva a la mesa de los seores.
-
-Era toda la gente de la casa, sin contar a Jess, que no acudi al
-rosario, porque andaba afuera lidiando con los terneros.
-
-En la Casa de los Cuervos se acostaban temprano para estar listos al
-alba.
-
-Esa noche, pasado el primer sueo, Gabriela se despert sobresaltada.
-Dorma en la misma pieza de su madre, por tenerle compaa, aunque
-muchas veces la dama, andariega y misteriosa, se levantaba a deshora a
-rezar, junto a la ventana, mirando al campo por los postigos abiertos,
-en las noches fras, o en el corredor de la casa, en el buen tiempo,
-mientras la nia temblaba de miedo sintiendo sus pasos y su voz que
-salmodiaba.
-
-Al abrir los ojos vi, por la ancha ventana de cristales pequeos,
-el campo baado por la luna, cuya luz plateada blanqueaba como un
-esqueleto, las ramas del rbol seco donde dorman los cuervos.
-
-Una sombra que vi moverse contra los cristales, le hizo incorporarse
-en la cama.
-
---Jess, mam!--exclam, conociendo que era ella.
-
-Doa Carmen de Borja no le contest; ni siquiera pareci haber odo.
-Gabriela salt del lecho y corri hacia ella que con la frente pegada a
-uno de los vidrios miraba al campo.
-
-La toc en el hombro; no se movi. Le habl de nuevo y entonces ella le
-dijo, sealando el rbol donde dorman los cuervos:
-
---Mir, Gabriela!
-
-La joven vi, con inmensa sorpresa, sobre la rama que se extenda
-horizontalmente, las figuras encapuchadas y siniestras de tres cuervos.
-
-De dnde vena el tercero que jams haba rondado las casas?
-
-Gabriela peg tambin su frente sobre el fro vidrio para mirar mejor,
-ansiosa de que aquello que se le antojaba de mal augurio, fuese un
-error de sus ojos. Pero la luna, con una infinita serenidad, haca
-la noche de una extraordinaria limpidez, y se vean hasta los ms
-delicados perfiles de las cosas cercanas.
-
-Haba tres cuervos, y mientras los miraban, vol uno de ellos, que
-revolote desorientado un momento, y atropell la casa, haciendo
-temblar con el spero golpe de su ala los cristales de la ventana.
-
-Gabriela di un grito y corri al fondo de la pieza.
-
-Cuando volvi a mirar, el cuervo se haba perdido ya detrs de la
-cortina de eucaliptus.
-
---Recemos, Gabriela--le dijo su madre.--Esta es la noche del baile en
-Santa Fe, y yo he tenido siempre miedo de lo que en ella puede ocurrir.
-
-Y rezaron las dos, la madre con su voz profunda, que no temblaba, y
-la nia toda temerosa, sintiendo afuera el rumor de las copas de los
-eucaliptus que geman al viento como almas en pena.
-
-
-
-
-II
-
-La mala nueva
-
-
-Al otro da el viento soplaba del Norte, llenando el bosque de rumores
-de hojas caducas. La maana era tibia y el cielo puro an, por lo cual
-Gabriela se decidi a realizar una excursin, que haca mucho ansiaba,
-llegar hasta la laguna.
-
-Esa noche se durmi tarde, despus de la medrosa visin de los cuervos,
-y cuando se despert supo que su madre haba salido a recorrer el
-campo, en su cochecito de dos ruedas que manejaba ella misma.
-
-Llam entonces a Jess y lo mand que preparara el bote, para ir lejos.
-
-Se visti a prisa; meti en una canasta algunas provisiones, agitado ya
-su espritu por la perspectiva de la aventura que significaba para ella
-aquel paseo, y con su escopeta al hombro, corri al bote, cuya blanca
-vela se agitaba alegremente a lo largo del mstil, acariciada por el
-viento.
-
-En cuanto amarr la escota, y se hinch el trapo, "La Espuma" parti
-como una gaviota, navegando de costado porque el viento la tomaba de
-babor.
-
-El arroyo de Leyes cambiaba bruscamente de rumbo frente a la Casa de
-los Cuervos, de tal manera que corra durante un buen trecho de Oeste a
-Este, para rectificar ms adelante la curva, y llegar hasta la laguna
-en un cajn derecho de Norte a Sur.
-
-Gabriela conoca bien el curso del riacho, y saba acortar su camino,
-atravesando las caadas, y seguir por los ramblones con su bote ligero
-y dcil al timn o al remo.
-
-Pero esa vez navegaba por el lecho del ro, aprovechando todo el viento
-que arrugaba su lomo hinchado por la creciente, que inundaba las islas
-bajas y una los esteros en un vasto mar de agua plomiza.
-
-La cortina de sauces, de fronda espesa, salpicada por las flores
-blancas de las enredaderas que trepaban por sus largos troncos
-desnudos, impeda ver ms all de la costa.
-
-Cuando alguna gallineta asomaba por encima de los camalotes o de las
-altas carrizas verdes, que acolchaban la barranca, Gabriela abandonaba
-el timn, se echaba la escopeta a la cara y haca fuego, casi siempre
-con xito, aunque hubiera tirado al vuelo.
-
-Esa maana, sin embargo, no le entusiasmaba la caza, que le haca
-perder tiempo. Quera aprovechar todos sus minutos para llegar lo ms
-lejos que pudiera. La boca de la laguna no estaba ms que a tres
-leguas, y su bote si el viento no caa, ayudado por la corriente, poda
-hacerlas en dos horas. No pensaba en lo penoso que sera la vuelta ro
-arriba, y viento en contra quizs.
-
-Miraba pasar las costas verdes, animadas por la vida alegre de los
-pajaritos que en ruidosas bandadas perseguan los insectos en los
-carrizales, y aquella visin de alas llenbale el alma con la nebulosa
-impresin de un sueo.
-
-En las curvas del ro, contra la lengua de tierra que avanzaba,
-formbase una pequea rompiente, donde la correntada arrojaba las
-ramillas y las hojas que traa de lejos, y las blondas de espumas
-que vestan sus aguas turbias, batidas contra la costa gredosa, se
-condensaban en copos espesos y amarillos, como la manteca, que el bote
-cortaba con su proa.
-
-El viento no la acompa hasta el fin. Cay de golpe, y ella y Jess
-tuvieron que empuar los remos, para ayudar a la mano invisible de la
-corriente que llevaba el esquife a la deriva.
-
-Ya se vea el vasto manto azul de la hermosa laguna. A lo lejos, hacia
-el poniente, albeaba al sol la cenefa de espuma de la costa, y se
-divisaba detrs la pincelada roja de la barranca.
-
-Gabriela palmote de entusiasmo cuando el cajn del arroyo de Leyes se
-abri, de golpe casi, y el bote se encontr como desorientado, lejos de
-los sauzales que guiaban su rumbo y sacudido por un oleaje ms fuerte,
-que bata sonoramente sus costados.
-
---Nia Gabriela!--exclam de pronto Jess, que haba parado de
-remar.--Mire all!
-
---Qu hay?
-
---All, hacia el medio! Mire! un caballo que va cruzando la laguna.
-
-Gabriela solt los remos y mir, haciendo pantalla de sus manos para
-defender los ojos de la spera luz que se reflejaba en el agua.
-
-Estaban como a trescientos metros del punto que llamaba la atencin del
-muchacho. Era un caballo sin duda; chispeaban las gotas que arrojaba
-con sus resoplidos cada vez que una ola rompa sobre l.
-
---Es extrao--pens la joven que conoca el instinto de los
-animales--cmo se ha atrevido a cruzar la laguna, habiendo paso por el
-ro?
-
-El bote corra hacia l, y como el caballo avanzaba, pronto se le pudo
-observar mejor; pareca cansado; la orilla, de donde partiera estaba
-lejos, apenas se vea, y ya no tena ms remedio que llegar hasta la
-otra costa.
-
-De repente Jess volvi a gritar:
-
---Hay un hombre! mire, nia, agarrado a la clina!
-
-Cuando el bote se acerc ms, Gabriela con el corazn palpitante, grit
-al dueo del caballo, ofrecindole pasarlo, y como l no respondiera,
-pues pareca muerto o desmayado, aunque su mano crispada no soltaba
-la clina, de unos cuantos golpes de remo se puso al lado. El caballo,
-un momento pareci desorientarse; mir al bote blanco, sus dos
-tripulantes, los remos que batan el agua, y perdi de vista la costa.
-Volvi la cabeza, hacia el otro lado, y arranc con ms fuerza.
-
-Fu entonces cuando Insa, aletargado por la frialdad del agua solt la
-crn y se hundi.
-
-Pero Jess que espiaba la escena con una profunda ansiedad, arrojse
-del bote y nadando como un yacar se zambull en el mismo sitio en que
-acababa de desaparecer el desconocido, y lo alcanz a sacar.
-
---Bravo, Jess!--exclam Gabriela estirndole un remo, de cuya punta
-se agarr el muchacho, que resoplaba entre alegre y asustado de su
-propia hazaa.
-
-Ni l, ni ella se haban preocupado de saber si el hombre viva para
-sacarle del agua, y cuando a costa de grandes esfuerzos, lograron
-izarlo a bordo y vieron que caa como una masa inerte, y que estaba
-fro, los dos se pusieron lvidos de espanto:
-
---Est muerto!
-
-El horrible minuto que pasaron entonces al lado de aquel cadver que
-haban rescatado, con riesgo de irse a pique!
-
-Pero Jess, que se haba acercado a l, observ sus narices que
-temblaban como si respirara.
-
---Est vivo!--grit--est desmayado! mire, nia Gabriela, cmo
-respira!
-
-Sacado del agua, que lo entumeca, renaci la vida en aquel cuerpo
-joven y robusto.
-
-Gabriela empu valientemente los remos.
-
---Pronto, Jess! yo voy a remar; dale friegas, lo que tiene es que se
-est muriendo de fro, y que ha perdido sangre!
-
-El bote no era ms que un punto sobre la extensa planicie de agua,
-agitada por el viento que empezaba ahora a soplar del Sureste, llenando
-de nieblas el da.
-
-Gabriela quiso saber la hora, pero el sol se haba nublado y el cielo
-ceniciento pareca pegado al agua obscura, con largas vetas amarillas,
-por la greda del fondo.
-
-Pasaban algunos camalotes que servan a la nia como punto de mira para
-saber si avanzaban hacia la costa, que no se vea ya, borrada por la
-neblina.
-
-Dej los remos un momento y arm la vela, que poda ser til. Jess,
-en tanto, con alguna torpeza, pero con un incansable vigor, haca
-reaccionar la sangre de los miembros ateridos de Insa. Gabriela se
-acord de sus provisiones; tena pan, queso y carne fra, pero ms que
-todo habra valido un trago de cognac o de vino; pero no haba en su
-canasta.
-
-Insa permaneca sin sentido; respiraba bien, echado de espaldas sobre
-el fondo del bote. Para friccionarlo mejor Jess le abri la camisa, y
-su ancho, musculoso pecho, manchado de sangre, se alzaba a comps de la
-respiracin.
-
-La vela se hinch, pero el viento era escaso, y la joven debi empuar
-de nuevo los remos, alejndose imperceptiblemente del centro de la
-laguna. El caballo de Insa haba desaparecido entre la niebla.
-
-Una hora larga tard Gabriela en llegar a la desembocadura del arroyo
-de Leyes, remando contra la corriente. El sudor le pegaba rizos de
-cabello en la frente, enrojecida por la fatiga.
-
---Jess, no puedo ms!--dijo al fin, y entreg los remos al muchacho y
-ella se sent, rendida, en el banco donde estaba apoyada la cabeza de
-Insa, sobre el poncho mojado, una de cuyas puntas le cubra el pecho.
-
-Gabriela conoca pocas personas en Santa Fe, pero aquellas facciones
-varoniles, aquella lnea audaz, casi ofensiva del mentn, que la barba
-negra acentuaba con fuerza, no le eran totalmente desconocidas.
-
-Quin era? Quin poda ser?
-
-De repente se acord, como si un rayo hubiera hecho una repentina luz
-en su memoria.
-
---Insa, Insa!--pens, asociando el recuerdo de algunas
-conversaciones odas a su marido en la ltima visita. Y se le ocurri
-que si aquel hombre estaba all, herido, recogido en forma tan extraa,
-era porque en Santa Fe haba estallado esa noche la revolucin, que se
-tema, y lo haban vencido.
-
-Oh, los muertos, las preces por los muertos, que esa noche rezaron en
-la estancia y aquella siniestra visin nocturna de los tres cuervos
-sobre el rbol seco, a la luz de la luna! Fu un sueo? Fu un
-augurio? Fu un episodio sin sentido?
-
-Una terrible congoja le llen el alma. Desesperada mir la vela que
-el hmedo viento del Sureste apenas hinchaba. Deban marchar as,
-remontando la corriente del ro a fuerza de remos. Tom una larga
-percha que sola servirles en los baados para impulsar el bote,
-cuando no podan remar por falta de agua, y trat de ayudar a Jess,
-apoyndola en el fondo del ro. Pero all era profundo y el botador se
-hundi sin resultado. Se sent de nuevo, resignada a esperar su turno,
-una vez que Jess se rindiera de fatiga.
-
---Ests cansado, Jess?
-
---No, nia!
-
-Las mrgenes verdes pasaban lentamente, pero como el agua corra con
-ms fuerza, la ilusin era de que el bote no avanzaba.
-
---Dame los remos, Jess.
-
---No, nia; no estoy cansado. Dentro de un rato.
-
-Deban de ser las doce. Insa, dormido o aletargado, continuaba
-inmvil, envuelto siempre en sus ropas mojadas, y haciendo ver que
-estaba vivo por el rumor de su respiracin. No estaban ni a la tercera
-parte de la distancia a la Casa de los Cuervos cuando Jess solt los
-remos.
-
---No puedo ms, nia!--dijo con tristeza. Y Gabriela de nuevo comenz
-a remar.--La terrible incertidumbre de lo que en Santa Fe poda haber
-pasado, aquellos sucesos desconocidos de que aquel hombre desmayado
-en el fondo de "La Espuma" poda tener la clave, le daban una
-desesperacin que se transmita a sus remos.
-
---Se va a cansar--le deca suavemente el muchacho, cuya frente morena
-brillaba sudorosa.
-
-Y as hicieron toda la jornada.
-
-Haba cerrado ya la noche cuando llegaron a la vuelta del ro, donde
-estaba la Casa de los Cuervos. Un farol sobre la barranca les indic el
-sitio donde deban atracar. La negrita Encarnacin tena la luz y dijo
-a Gabriela cuando la proa del bote toc el fondeadero:
-
---Don Goyo y los peones salieron a buscarla, nia. La seora est
-llorando.
-
-Gabriela salt a tierra.
-
---Qu hay!--pregunt a Floriana, que al rumor de las voces sali de
-las casas.
-
---Ah, nia Gabriela! No sabe lo que ha sucedido?--y se ech en tierra
-gimiendo como un perro castigado.
-
---Qu hay, Floriana! qu hay, Dios mo?--y como aquella masa humana,
-tendida en el suelo no tena voz, sino llantos y gritos, corri hacia
-las casas, sintiendo crecer la angustia que la haba atormentado y a la
-vez sostenido en su ruda jornada.
-
-Y fu su madre a la que hall en el dormitorio, sentada junto a la
-ventana donde esa noche rezaron por el alma de los muertos, la que
-le di la noticia que dos mensajeros del gobernador Bayo acababan de
-traerle.
-
-Su madre refera aquellas cosas horribles, sin el ms leve temblor en
-la voz. La pieza estaba obscura, pero Gabriela vea lucir sus ojos en
-la profunda sombra.
-
-Cuando lo supo todo, habl ella entre sollozos, y cont su aventura, y
-an tuvo fuerzas para decir que el hombre que haba salvado era el jefe
-de esa revolucin que enlutaba la casa.
-
---Y ese hombre?--pregunt lentamente doa Carmen cuando Gabriela
-termin su relato--est en el bote?
-
---S.
-
-Y se abati en su silla, con la frente pegada en los vidrios de la
-ventana que daba al campo, donde la niebla, como un tul, esfumaba los
-contornos de las cosas.
-
-
-
-
-III
-
-La mano suave
-
-
-La arboleda tenebrosa que rodeaba la Casa de los Cuervos pareca en la
-noche un inmenso crespn.
-
-Doa Carmen de Borja llegaba de la ciudad a donde haba dado el ltimo
-adis a los restos de su hijo, y donde le contaron lo que se saba de
-su muerte.
-
-Haban pasado tres das ya, y sus labios permanecan plegados; ni
-una queja le arrancaba el dolor, ni una imprecacin contra los que
-troncharon aquella vida que era el sol de su vejez.
-
-Al llegar a las casas ladrronla los perros, sin conocerla. Bajse
-del caballo que montaba, con gran maestra, y entr al comedor, pieza
-vasta, desnuda y sonora bajo los pasos. All estaba su hija que la
-esperaba con la ansiedad de conocer detalles de la inmensa desgracia
-cada sobre ellas. Pero la madre no habl, y la hija se encerr a
-llorar en la nueva alcoba que ocupaba, por haber cedido al inesperado
-husped la mejor de la casa.
-
-En la cena, que fu silenciosa y lgubre, oyndose afuera el medroso
-rumor del monte y del ro, y en la cocina el llanto inacabable de
-Floriana, doa Carmen interrog a Gabriela por el herido.
-
---Tuvo mucha fiebre, y pas sin conocimiento el primer da. Le lav la
-herida con agua de cepacaballo, y Jess lo vel por la noche. Ayer de
-maana ya conoci y el da fu bueno. A la tarde le volvi la fiebre
-que no lo ha abandonado en todo el da de hoy.
-
---Es un hombre fuerte--murmur la dama--y es joven. Yo lo conoc
-nio--y despus de una pausa:--hay que seguir lavndolo con lo mismo.
-Cmo es la herida?
-
-Gabriela describi el balazo de Insa, a la altura del hombro izquierdo.
-
---Tiene adentro la bala?
-
---Son cosas que no s--respondi Gabriela pensativa.
-
-Doa Carmen mand llamar al capataz y le dijo:
-
---Maana de madrugada, irs a llamar al cura de San Pedro; sabe de
-heridas, y creo que ha sido mdico en su tierra.
-
-Haba impuesto desde el primer momento la orden ms severa de guardar
-el secreto del herido que ocultaban en la casa, porque sin duda la
-polica poda enterarse y perseguirlo, y todos desde el capataz a la
-negrita Encarnacin, estaban mudos respecto de aquella aventura.
-
-Don Julin del Monte, el cura de San Pedro, un malagueo alto, fornido,
-atezado como un visir, de ojos negros y fogosos, que contrastaban con
-la suavidad de sus palabras y las huellas visibles de una edad que
-poda estar entre los cincuenta y los sesenta aos, lleg a eso de las
-ocho de la siguiente maana.
-
-Montaba bien, la sotana arremangada, y se cubra la cabeza, que
-blanqueaba ya, con un chambergo negro.
-
-Nadie conoca la historia de aquel andaluz, que sin desmentir su raza,
-era reconcentrado y suave, por temperamento o por voluntad, como si
-temiera el exceso de las palabras.
-
-Saban de l que ejerca con celo de apstol su ministerio de prroco,
-en una zona extenssima; que amaba los nios, que montaba bien y cazaba
-mejor, y eso bastaba para que viviera respetado.
-
-A la hora en que l lleg, Insa estaba despierto, y haba saludado con
-una sonrisa dolorosa a Jess, que a la cabecera de su cama cuidaba su
-sueo, mandado por Gabriela.
-
-Dos das antes, un momento vi el enfermo a la joven, y le qued una
-dudosa impresin de vergenza y de dulzura por estar en manos de ella.
-Despus, la fiebre que era altsima le priv del conocimiento, pero
-esa maana sintindose mejor pregunt por ella a tiempo que ella misma
-entraba con el cura.
-
-Insa quiso incorporarse, mas al esforzar el brazo izquierdo lanz un
-grito, se recost de nuevo, cerrando los ojos.
-
---El dolor es ms fuerte que yo--murmur sonriendo.
-
-El cura se le acerc y le estrech la mano:
-
---Yo lo conozco de nombre y de fama, seor capitn, y vengo a ver su
-araazo.
-
-Y con mano experta desat las vendas puestas por Gabriela, que
-observaba silenciosa, desde los pies de la cama.
-
-La herida era grande, a la altura del hombro izquierdo; la bala haba
-roto la primera costilla y perforado el omplato, pero sin fuerzas para
-salir, estaba perdida entre la carne y el hueso, a la espalda.
-
-El brazo estaba sano, pero falto de apoyo oscilaba como si hubiera sido
-lesionado tambin, y a cada movimiento que se le imprima, la cara del
-enfermo se crispaba de dolor, mientras sus ojos imploraban disculpas a
-Gabriela, que iba alcanzando al cura las cosas que le peda.
-
-De un tajo rpido con una navaja de barba, abri la carne y extrajo la
-bala.
-
---Ahora se curar, seor capitn--dijo despus de lavarle prolijamente
-con infusiones de hierbas y vendarle bien.
-
-Insa no respondi; la fiebre volva a apoderarse de l y lo haca
-delirar. Durante varios das la temperatura, indicio de una grave
-infeccin, fu muy alta, y lo tuvo amodorrado.
-
-El cura vena de maana, quitaba las vendas, lavaba la herida, ayudado
-siempre por Gabriela, y luego se marchaba, a caballo, hasta la orilla
-del ro, buscando el vado, que no era frente a las casas, sino ms
-lejos, en los sauzales. All Jess lo esperaba con la canoa, porque
-el ro estaba crecido y no daba paso a pie; desensillaban el caballo,
-que cruzaba a nado, llevado de la rienda, por don Julin desde la
-embarcacin, hasta la orilla opuesta donde l mismo ensillaba, y tomaba
-al galope el camino de San Pedro.
-
-Doa Carmen nunca entraba al cuarto del enfermo.
-
-Enlutada como antes, pero con un pliegue ms hondo de dolor, en la
-comisura de los labios, atenda prolijamente todas las cosas que con
-l se relacionaban, y sin nombrarlo jams, pareca tenerle a toda hora
-presente.
-
-Al caer la tarde reunanse en el oratorio y rezaban el rosario.
-
-La dama haca coro, y aplicaba siempre las preces por el alma de los
-muertos en la revolucin. No nombraba a su hijo, como si hubiera temido
-que le faltara la voz.
-
-Floriana rezaba plaendo, hasta que una noche doa Carmen le dijo:
-
---Yo soy su madre, y no me lamento as.
-
-La mujer guard silencio desde entonces, pero rezaba arrebozada en su
-manto, y su cabeza temblaba con los sollozos incontenibles.
-
-Un da Gabriela dijo en la mesa:
-
---Hoy ha amanecido sin fiebre.
-
-La madre la mir; pareci que iba a hablar, pero no dijo nada.
-
---Sin fiebre y con hambre--agreg sonriendo un poco Gabriela,
-ntimamente halagada de aquella curacin que en parte se deba a sus
-cuidados.
-
-Y esa tarde, Insa que dorma tranquilamente por primera vez, quizs,
-desde que estaba enfermo, abri los ojos sin sueo ya, y vi a corta
-distancia de su cama, sentada en una mecedora, a Gabriela que lea,
-velndole.
-
-No hizo ningn movimiento para que ella no alzara los ojos del libro, y
-se puso a examinarla despacio, saboreando su hermosura, ms conmovedora
-en su luto y en la tristeza que envolva la casa. Entregado a esa
-contemplacin lo sorprendi la mirada de ella, que al volver una
-pgina, quiso espiar a su enfermo. Se puso encendida viendo que l la
-observaba, quizs haca un largo rato.
-
---Hoy no ha venido don Julin;--le dijo, cerrando el libro--ayer lo
-encontr ya bastante bien...
-
---Don Julin? Quin es don Julin, seorita?--dijo l avergonzado de
-que siempre se le hablara de sus dolencias; y luego recordando:--ah,
-el cura! lo he visto en medio de la fiebre, y no me acordaba.
-
---Ha sido mdico en su tierra y por eso lo llamamos.
-
---Tiene buena mano, pero no es a l, sin duda, al que ms debo...
-
---A quin entonces?--interrog ella involuntariamente.
-
---A usted, seorita...
-
---Seora,--corrigi ella suavemente.
-
---Ah!--dijo l recordando lo que el primer da que se vi en la Casa
-de los Cuervos, le refiri el capataz.
-
-Y se qued callado, evocando los recuerdos de la noche de la
-revolucin, que no haba tenido tiempo de ordenar en su cerebro
-fatigado, y que ya le parecan lejanos como un sueo.
-
-Un pesado silencio se hizo entre los dos. Afuera balaban los terneros,
-porque era la hora en que Floriana ordeaba las lecheras.
-
-Gabriela para escapar de aquella situacin, que sin saber por qu
-recnditos motivos la haca callar a ella al mismo tiempo que a l, se
-acerc a la ventana, y luego dijo:
-
---No s si un vaso de leche al pie de la vaca, le sentara bien. Voy a
-preguntarle a mama--y sali.
-
-El rumor de sus faldas se haba apagado, y l, no obstante lo senta
-an, como un apacible zumbido de dulces abejas.
-
-Tena vergenza, una profunda vergenza de que una mujer tan hermosa
-hubiera sido su enfermera en los largos das de fiebre, en que no era
-dueo de s mismo.
-
-Se habra quejado? A cada gesto que haca para cambiar de posicin un
-dolor intenso en el hombro le obligaba a apretar los labios para no
-gritar, y de todas sus miserias, aquella le pareca la ms vergonzosa.
-
-Qu idea haban de formarse de l, los que le oyeran quejarse como una
-mujer o un nio?
-
-Un rato despus vino Jess, con un tibio y espumoso vaso de leche, que
-el enfermo bebi con desgano, y slo porque el muchacho le dijo:
-
---Que lo tome todo, me encarg la nia Gabriela.
-
-Insa se qued solo, mirando declinar el da, y con el odo atento a
-los rumores de afuera, en que a veces vena mezclada la voz de ella.
-Cuando la sombra invadi la arboleda, y en la estancia del enfermo se
-hizo la noche, vino Gabriela con una lmpara, que le haca resplandecer
-el rostro y lucir los ojos garzos.
-
---Usted me mima--le dijo l, y ella contest cualquier cosa y se fu
-dejndolo con la esperanza de que volvera a sentarse a su lado.
-
-Mas no volvi: dos o tres veces la sinti hablar en la galera
-contigua, o en la pieza de al lado, y fu todo.
-
-Jess le trajo una taza de caldo que bebi a disgusto por complacerla
-secretamente. Volvile la fiebre y pensaba que en aquella casa era un
-estorbo su presencia, por lo cual deba partir al alba. Se lo dijo as
-al muchacho, que lo mir extraado y llev la nueva a su ama.
-
-Cuando sta vino, despus de cenar, Insa tena la mirada febriciente
-y estaba intranquilo, deseoso de quejarse no de dolor, sino de su mala
-suerte, que lo tena all, clavado en el lecho, molestando a personas
-a quien no conoca. Algo dijo al ver a Gabriela y ella dulcemente le
-replic:
-
---No se preocupe de ello, lo cuidamos con gusto y no es molestia.
-
-Y con su mano pequea y suave le tom el pulso, y le palp la frente,
-con lo que l se aquiet.
-
---Tiene fiebre; le voy a lavar la herida; como me ha enseado don
-Julin.
-
-Aquietado sbitamente por el halago de aquella mano, Insa se resign a
-que ella misma hiciese de enfermera, tratndolo como a un nio que no
-puede valerse, y conociendo de cerca su miseria.
-
-Y mientras ella le aseaba la herida, que iba cerrando aunque
-lentamente, l que apelaba a todo su vigor para no exhalar un quejido,
-volvi a sentir la vergenza de que delante de la joven en las otras
-curaciones que no recordaba, pudiera haberse mostrado flojo.
-
-Pareci comprenderlo Gabriela, sin que l hablara, y al terminar le
-dijo:
-
---Es usted un hombre fuerte, seor capitn. Dice don Julin que su
-herida es terriblemente dolorosa, y usted no se queja.
-
-Insa sabore sin contestar la dulzura de aquella palabra, y esa noche
-se durmi tranquilo, como si ella velara a su lado, olvidado de todas
-las cosas que hacan singularmente penosa su presencia en la Casa de
-los Cuervos.
-
-
-
-
-IV
-
-La yerra
-
-
-Era eso el amor?
-
-Su corazn haba dormido tantos aos, que ella pudo creer que el
-letargo sera eterno, y he aqu, que en las ms inverosmiles
-circunstancias, como en un cuento de nios se prendaba de un hombre.
-
-Haba mandado ensillar temprano su caballo, para salir al campo a
-vigilar ella misma el trabajo de la peonada que recoga la majada,
-porque se iba a parar rodeo. Su madre, amaneci con una fuerte jaqueca,
-y ella deba sustituirla.
-
-Sobre el caballo era gil y su talle fino adquira una suprema
-elegancia, hija de una larga costumbre.
-
-Haba tomado la rienda y estaba a punto de saltar, ayudada por Jess,
-cuando Insa apareci en la galera. Se levantaba haca una semana y
-aunque conservaba el brazo encabestrillado, no pareca un convaleciente.
-
-Se le acerc y le dijo:
-
---Por qu quiere seguir tratndome como enfermo? Si manda que me
-ensillen un caballo, puedo serle til en el campo. No sabe que es mi
-oficio?
-
-Gabriela, sin pensar ms, deseosa de complacerle, mand ensillarle un
-caballo, y algunos minutos despus, partan los dos, al galope, hacia
-el campo.
-
-No vi la joven aparecer en el cuadro de la puerta que daba al camino,
-la sombra figura de doa Carmen de Borja, que al verlos salir juntos,
-sinti una llamarada de indignacin subirle al rostro.
-
---Oh, Dios mo!--clam llevndose las manos a la cabeza. Reprimi,
-sin embargo, su disgusto, y volvi a sus quehaceres, como si para ella
-fuera Insa el mismo hombre que era para todos, en la Casa de los
-Cuervos, donde se haba ganado las voluntades.
-
-El galope de los caballos sonaba acompasado. Gabriela cerraba los ojos,
-dejndose llevar, y senta llenrsele el corazn de una gran dulzura.
-
-Era eso el amor? Insa le haba dicho al salir:
-
---Ya no es prudente que siga en su casa. Hace tres semanas que soy su
-husped, y por mucho misterio que se quiera guardar, no tardar el
-gobierno en saber dnde estoy. Dicen que me hace buscar.
-
---En nuestra casa, seor capitn, no pensar nunca.
-
---Pero lo harn pensar. Yo debo irme ya. He mandado un chasque a
-Alarcn. No crea, Gabriela, que es mi gusto... sabe? siento alejarme
-de esta casa, que ha sido un puerto para m.
-
---Habamos quedado--murmur Gabriela--en que no se acordara ms de eso.
-
---No lo digo porque a usted le deba la vida. No le gusta que lo
-recuerde, y cumplo mi palabra. Pero es que le debo ms que la vida...
-
---Qu es?--pregunt involuntariamente la joven, notando que l se
-haba callado.
-
---Le debo la primera ilusin, que me ha hecho comprender realmente el
-valor de la vida, que tambin le debo...
-
-El corazn de ella lati con fuerza, agitado sin duda por la carrera
-desenfrenada de los dos caballos, que sintiendo suave la brida, volaban
-sobre el campo verde.
-
-Se quedaron en silencio. Cruzaban el monte, chafando la hierba
-quebradiza por la helada de esa noche, que haba quemado la punta
-de los pastos y llenado de escarcha como azcar en polvo, las ramas
-escuetas de los algarrobos y andubays, que despertaban al sol de la
-hermosa maana.
-
-De la ltima lluvia, haba an charcos en las hondonadas del terreno, y
-estaban cubiertos de un frgil cristal de hielo, que saltaba en agujas
-lucientes, bajo el casco de los corceles. Insa contuvo al suyo.
-
---Le hace mal galopar?--pregunt Gabriela, siendo esa su primera
-palabra, despus de lo que l le dijera.
-
---No, Gabriela; pero quisiera alargar estos minutos que estoy con
-usted; y me parece que el galope los acorta.
-
-Hablaba lentamente, repitiendo las palabras cuando no se oan bien, y
-haba una vaga tristeza en el timbre de su voz.
-
-Por primera vez en su vida apasionada, senta la nostalgia de la paz.
-Era una sensacin penetrante y desconocida para l, que le haca desear
-que el tiempo no corriera, como si las cosas que haban de venir
-hubieran de ser fatalmente tristes.
-
-Su espritu positivo se haba dejado envolver en la niebla de misterio
-que flotaba sobre la Casa de los Cuervos, y su voluntad pareca
-enervada. A media noche sola despertarse, y por la ventana, vea
-en la misma rama seca a los dos cuervos dormidos, y senta el rumor
-inacabable de los eucaliptus, desvelados con el viento de la noche.
-
-Y pensaba en Gabriela, cuya hermosura era la nica nota luminosa del
-cuadro. Pero cmo poda amarla l, que tena sus manos baadas en la
-sangre de aquellos dos hombres que cayeron los primeros en la noche de
-la revolucin?
-
-Cuando le asaltaba el horroroso recuerdo, quera huir de la casa,
-y siempre era ella en una forma o en otra, con su halago o con sus
-razones, la que lo disuada de un propsito que, en verdad, deba
-rechazar.
-
-El gobierno le persegua. Al principio se le di por muerto, y das
-enteros recorrieron la laguna y el puerto algunas lanchas, buscando su
-cadver. Despus naci la sospecha de que viva, oculto en los sauzales
-con los paisanos matreros. Algunas patrullas merodeaban por las islas,
-y aun llegaron a la Casa de los Cuervos. Insa oy una tarde el ruido
-de los sables en la galera, y la voz tranquila de doa Carmen de Borja
-que responda a los hombres, quitndoles toda sospecha de que all
-pudiera estar el que buscaban.
-
-Desde ese da llamle ms la atencin la actitud de la dama para con
-l. Ni una sola vez haba entrado en su cuarto durante la gravedad.
-
-Y despus, cuando l se levant, y sali afuera y pudo asistir a la
-mesa y a la oracin, y se multiplicaron las ocasiones de encontrarse,
-parecile observar en ella un especial empeo en esquivarle.
-
-Insa se estremeca pensando que pudiera haber penetrado el horrible
-secreto que de noche le desvelaba y le sugera la fuga. Pero si la
-madre saba, por qu ignoraba la hija?
-
---He mandado un chasque a Alarcn--volvi a decirle Insa, mientras
-cruzaban al tranco un alto pajal, que esconda el cuerpo entero de sus
-caballos;--es necesario que me vaya, para no comprometerles. Mi gente,
-adems...
-
-Gabriela lo mir; a su corazn que beba la dulzura de aquellas
-palabras, en que a travs de las ideas indiferentes se trasluca el
-amor, lleg la onda amarga de una sospecha que a menudo le asaltaba:
-Insa preparaba una nueva revolucin.
-
-Las miradas de ambos se encontraron: l vi en sus ojos una llama leal
-como un rayo de sol, y se dej vencer por la confianza.
-
---Mi gente me espera, porque quiere vengar la derrota. Ser discreta?
-Me dicen que en Santa Fe nuestros amigos estn libres, porque no ha
-habido pruebas contra ellos, y aunque se les vigila no tardarn en
-alzarse de nuevo contra el gobierno. Y yo, usted lo comprende, tengo
-que acompaarles...
-
-Dej de hablar porque en el rostro de ella, animado un momento por
-aquella confidencia, que era una prueba de amor, se pint una gran
-tristeza.
-
---Qu le pasa, Gabriela?
-
-Haban llegado a la orilla del pajonal, y ella castig su caballo que
-parti al galope, seguido por el de Insa.
-
---Nada! no me pasa nada--respondi sin mirarlo.--Usted no tiene otro
-pensamiento que la revolucin. No sabe el dao que me hace? Piensa
-alguna vez en los muertos?
-
-Como una pualada sinti Insa aquella respuesta.
-
-As, pues, ella saba lo que sabra la madre? Y aquel secreto que le
-roa el alma, prohibindole dejarse mecer por las ilusiones que nacan,
-no era ya un secreto?
-
-Qu iba a hacer? Por qu ella lo haba dejado acercarse,
-envolvindole en su gracia que lo embriag como un vino jams gustado?
-
-Galopaban los dos por la orilla del monte. De cada uno de los charcos
-en que se deshaca la escarcha, irradiaba el deslumbrante reflejo
-del sol, que se quebraba en los cristales de hielo. El cielo, puro y
-desteido, slo hacia el horizonte mostraba un grupo de nubecillas
-apelotonadas como un montn de caracoles rosados.
-
-Gabriela, impresionada por la hermosura de la maana, senta su corazn
-pronto a fundirse como aquellas agujas de escarcha.
-
-Insa marchaba detrs de ella, y como los pjaros enmudecidos por el
-fro, callaban ocultos en las isletas abrigadas del monte, cuando
-se apagaba el ruido de los cascos de los caballos, por cruzar algn
-terreno arenoso, se oa el apacible gemido de la brisa que oreaba las
-pajas brillantes de roco.
-
-Gabriela refren un tanto su aparente fuga, y se dej alcanzar por
-Insa, que galop un largo rato a su lado sin decirle palabra. Ella
-temblaba porque pareca pesarle ahora lo que haba dicho.
-
-Intrigada por el silencio de l, volvi la cara y lo mir, y casi
-di un grito, porque fu un rayo de luz, y ante sus facciones
-descompuestas, tuvo la evidencia de lo que haca tiempo flotaba en su
-alma como una sospecha.
-
-No necesit que l le dijera nada para comprenderlo todo. Lo hubiera
-ledo en un libro, y no lo habra visto tan claro como en cada uno de
-los gestos que recordaba de l, y que ahora se aclaraban para ella, su
-reserva, su miedo al delirio de la fiebre, que poda comprometerle,
-su disgusto cada vez que se aluda a la noche de la revolucin en que
-murieron su marido y su hermano, a quienes l nunca nombraba, como si
-tuviera horror a su memoria.
-
-Tena la clave de todo, y quiz tambin de aquella inexplicable
-esquivez de su madre, que hua de encontrarse con l.
-
-Ay, Dios! y ella lo haba dejado entrar en su alma.
-
-Todos los cuadros del campo, los rincones del monte, donde la arboleda
-era ms tupida, las caadas llenas de varillas, las azules lagunas en
-que beba la hacienda, las barrancas del ro, vestidas de carrizas, los
-sauzales de la margen, todo tena para ella una sugestin poderosa,
-porque durante aos haba vivido en su amistad sembrando en cada uno de
-los pliegues de la naturaleza, un poco de sus sueos de nia.
-
-Haba pasado aquella poca, y la cruda realidad de su matrimonio sin
-poesa y sin amor, haba ajado aquellas impalpables ilusiones que la
-envolvieran como un velo de luz. Sin saber cmo, de pronto, por un
-golpe teatral, su destino cambiaba, y volva a agitarse en ella la
-misma esperanza, a cuyo calor nacieran las ilusiones de antao. Y su
-sueo se rompa cruelmente. Cmo poda amar ella a aquel hombre que
-tena sus manos teidas en una sangre que le peda venganza?...
-
-Al volver una isleta del bosque, donde el camino doblaba bruscamente,
-los dos, que seguan marchando juntos, sin cambiar una palabra,
-entregados a sus pensamientos, hallronse con la punta de la hacienda
-que venan arreando los peones.
-
-Ese da estaba sealado para la yerra. Doa Carmen de Borja marcaba
-todas las cras del ao, para que no se confundieran con las de las
-estancias vecinas, en muchas de las cuales no se usaba marca ninguna.
-
-La hacienda de doa Carmen no era muy numerosa. No obstante, un ao
-con otro pasaban bajo el hierro enrojecido al fuego, cuatrocientos o
-quinientos terneros, que servan para reponer los animales vendidos o
-carneados en el ao y para aumentar el capital primitivo. La operacin
-era una fiesta, en la que se daban cita desde meses atrs, los peones
-del contorno para prestar su ayuda y comer y beber con la abundancia
-que caracterizaba esas ruidosas jornadas.
-
-Reunan la vacada en un vasto corral, de palo a pique, un poste de
-andubay clavado contra otro y otro, de tal modo que ni los perros
-podan disparar, cuando quedaban dentro, y all uno por uno iban
-sacando los terneros, para marcarlos junto a la tranquera.
-
-Al ver la hacienda que desembocaba, Gabriela se detuvo; Insa camin
-algunos pasos y se detuvo tambin; estaba irritado consigo mismo, con
-su propio destino, que pareca burlarse de l.
-
-La joven esper que llegara el capataz, para comunicarle el mensaje de
-su madre, y despus cuando hubo pasado toda la hacienda rodeada por los
-peones, desfilando lentamente, envuelta en una nube de polvo que se
-doraba al sol, siguieron los dos, al tranco, detrs de todos.
-
-Los mugidos de los toros colricos, por ir mezclados con sus rivales,
-el balido de los terneros, que se iban quedando a la trasera,
-contestando a las madres que marchaban adelante, los gritos de los
-peones, persiguiendo a los animales que se escapaban del montn, los
-ladridos de los perros, jadeantes y embravecidos, apagaban las voces, y
-les sirvi de pretexto para no hablar.
-
-Cuando llegaron a las casas no haban cruzado una palabra.
-
-Ya a la puerta del corral, en una fogata que encendiera Floriana, tres
-marcas de hierro con un pequeo mango de hueso en el extremo de la
-barra, se estaban calentando.
-
-Don Julin, convidado a la fiesta, acababa de llegar. Se haba puesto
-una sotana vieja, color tabaco en el pecho y en los codos. Quera
-estar pronto para ayudar a los peones en su ruda faena.
-
---Vamos a marcar terneros, no ms, porque no hay hacienda grande
-orejana--le dijo don Goyo, cuando el cura entusiasta le di un vigoroso
-apretn de manos.
-
---Lo siento, porque tena ganas de desherrumbrarme las coyunturas.
-
-Abri los brazos poderosos, y su ancho pecho se dilat, absorbiendo una
-gran bocanada de aire fro, cargado del viscoso relente de las islas,
-que la brisa empezaba a barrer.
-
-Insa que llegaba en ese instante, lo salud sin bajarse del caballo, y
-los dos se quedaron all, mirando los preliminares de la operacin.
-
-Antes de encerrar la hacienda en la ensenada--nombre que daban al
-extenso corral--era necesario apartar las vacas ajenas, que llegaban
-confundidas, para no marcar sus terneros como si fueran de la estancia.
-Cada uno de los capataces de los campos colindantes, designaba los
-animales que le pertenecan y los peones entraban dando gritos, en
-el montn, para apartarlos de all, arreando o pechndolos con el
-encuentro de sus caballos.
-
-Insa silencioso, con el ceo fruncido, pensando a ratos en otras
-cosas, miraba la escena que no lograba interesarle.
-
-Las vacas desorientadas, remolineaban entrando de a pequeos grupos en
-la ensenada. Haba ms de quince hombres, que corran revoleando los
-taleros, y gritando: huaj! huaj!, alarido de guerra que enardeca a
-los perros.
-
-El capataz conversaba con el cura, vigilando la operacin; de cuando
-en cuando daba un grito, y espoleaba a su caballo, un tostado fogoso,
-mojado en sudor, que volteaba un novillo de un pechazo.
-
-El espacio en que se paraba el rodeo era amplio, libre de rboles,
-para que la gente pudiera correr sin riesgo, roda la hierba en el
-sitio en que acostumbraba detenerse la hacienda, visible la tierra
-negra, floja y lodosa, por el chapaleo de las pezuas. El contorno era
-verde, tapizado de pasto que la helada de esa noche haba ennegrecido a
-trechos. A poca distancia, la punta del baado, cubierta de camalotes,
-pareca continuar el campo terso y firme, pero cuando algn pen
-siguiendo un animal fugado del rodeo, se meta hasta all al galope, de
-cada pata del caballo se alzaba un surtidor de agua, que semejaba un
-chorro de plata a la luz del sol.
-
-En las violentas curvas que la faena obligaba a hacer, conforme el
-capricho del animal que perseguan, los caballos en su impetuoso galope
-se tendan como si fueran a caer de costado.
-
-En el aparte de la hacienda ajena, una de las vacas de doa Carmen de
-Borja huy dando botes, la cola alzada y tiesa, y dos hombres se fueron
-tras ella, para volverla al corral. A la distancia en la llanura, sin
-trminos de comparacin, sus siluetas comenzaron a achicarse.
-
-De pronto el animal fugitivo, fatigado quizs, se detuvo en seco, y uno
-de los peones, sin tiempo para desviar su montura cay como una tromba
-sobre l, y rodaron por tierra.
-
---Huaj!--gritaron desde el rodeo al verlo caer, y se oy la
-contestacin del paisano que responda de lejos, levantndose y
-volviendo a montar:
-
---No es nada, hermanos! Siga la farra!
-
-Por las orillas del rodeo circulaba la yeguada, dando vueltas, oyndose
-apenas el ruido del cencerro de la yegua madrina que marchaba adelante,
-y detrs de ella, desfilando una a una, toda la manada, los potrillos
-al lado de las madres.
-
-Ms all era la serenidad de la naturaleza, que trabajaba en silencio
-la vida de todos, bajo el toldo azul del cielo invernal.
-
-Insa comparaba esa indiferencia de las cosas, en que durante tantos
-aos haba vivido, dejndose penetrar por su belleza tranquila, con
-la fiebre de la interna batalla a que de golpe lo haba arrojado el
-destino.
-
-Quin hubiera credo de l aquella repentina pasin que empezaba a
-morderle como un can rabioso?
-
-Y ella? No era ella la misma la verdadera culpable de que l se
-sintiera irresistiblemente arrastrado por aquel amor que era como una
-burla trgica a todas las nociones de honor que imponan y aceptaban
-las gentes?
-
-La vi llegar al rodeo, acompaando a su madre, que le salud con la
-inexplicable esquivez de siempre, ponindose a hablar con el capataz
-sobre la yerra que iba a comenzar.
-
-Gabriela tena los ojos lucientes, como si hubiera llorado, y en el
-rostro llevaba la marca del horror, por lo que haba adivinado. Insa
-esper, la cabeza agachada, mirando al suelo, que pareca temblar con
-el tropel de la hacienda. La joven lleg hasta l, y sencillamente le
-dijo:
-
---Ha llegado Alarcn. El que usted esperaba para irse.
-
-Y aquellas sencillas palabras, cayeron en su corazn como una
-sentencia. Deba partir; ella se lo deca.
-
-
-
-
-V
-
-El secreto
-
-
-En la alta noche, doa Carmen de Borja, sintiendo quieta a su hija, que
-dorma en su cuarto y que en un principio haba aparecido intranquila,
-se levant sin ruido, fatigada de esa cama en que no poda conciliar el
-sueo, y arrebozada en un manto, se lleg hasta el comedor.
-
-Las tinieblas que reinaban all, el silencio temeroso de su soledad,
-roto bruscamente por el crujido de las maderas de algn mueble, la
-atmsfera impregnada an con el vaho de la cena, todo le inspir el
-deseo de respirar el aire fro y puro de la galera.
-
-Corri los pasadores de la puerta y sali.
-
-No haba luna, pero las estrellas dejaban caer sobre la tierra el
-discreto resplandor de su luz cenicienta, buscando entre el follaje de
-los eucaliptus dormidos, alguna abertura para llegar hasta el suelo.
-
-Todo reposaba; en los rboles, los raros pjaros que desafiaban el
-invierno; las bestias en el campo; las ovejas en el corral; los
-perros, alerta el odo para sorprender los rumores sospechosos, que se
-agrandaban con el vasto silencio, dorman amontonados, en la cocina; un
-cuzquito lanudo, se haba trepado sobre el fogn y roncaba suavemente,
-con el hocico pegado a la ceniza tibia del rescoldo.
-
-Y en la rama de siempre dorman los cuervos que la dama no poda ver,
-pues quedaban del otro lado de las casas.
-
-Aquella calma apacigu sus pensamientos tumultuosos, y le trajo a la
-memoria con ms nitidez que en toda la velada la palabra del cura, a
-quien esa tarde llam al oratorio, para confiarle su tremenda angustia.
-
---Padre!--le haba dicho, arrodillada a los pies de l, que la
-escuchaba sentado en un viejo silln de cuero, la cabeza apoyada en la
-mano.--Padre! Mi pobre Carmelo ha sido muerto por l; Jarque tambin,
-y l, ahora, ama a Gabriela, que no puede saber nada de este horrible
-secreto, que me pesa como una lpida. Yo habra querido equivocarme,
-pero cada da estoy ms segura de que ella tambin lo ama. Por qu, l
-que sabe cul es su crimen, ha venido hasta aqu, y ha turbado la paz
-de mi casa con ese amor que es otro crimen?
-
-Doa Carmen se puso a sollozar, y el cura, con su voz llena y viril, de
-maestro que indica la senda, le dijo:
-
---El amor puede aduearse del hombre, sin que est en su mano
-libertarse.
-
---As es; tambin lo pienso yo,--respondi la dama.
-
---Saba l que aqu viva la viuda de Jarque?
-
---No, padre. Mi hija lo salv, cuando se estaba ahogando y lo trajo
-en su bote. Volvi al conocimiento estando ya en esta casa, y yo no
-supe quin era el que as recibamos como un husped, digno de nuestra
-caridad, sino cuando ya era tarde para cerrarle la puerta. Dos das
-pas en la ciudad, preguntando cmo fu la muerte de mi Carmelo; para
-algunos era un misterio, pero no falt quien me hiciera el relato.
-Cuando volv a mi casa, el horror de cuidar a ese hombre que vea
-ensangrentado con la sangre de mi hijo, me hizo egosta y abandon la
-tarea a Gabriela, que lo ignoraba todo. Nunca pens en lo que jams
-deb descuidar. Ella ha vivido triste, como una viuda, toda su vida;
-ha presentido el amor, pero no lo ha gustado, porque su matrimonio
-no llenaba su corazn. Y libre, por la muerte de su marido, aquel
-hombre a quien haba salvado, que era corts y hermoso, que tena el
-prestigio de un soldado valiente, y que empezaba a amarla sin que yo lo
-supiera, no poda menos de entrar en el alma de mi hija. Y as fu; yo
-he comprendido que si l la quiere, sinceramente, como creo, ella est
-embriagada por un amor que es lo que haba soado.
-
---Y ella? Ella... puede saber?--pregunt el cura con un ligero
-temblor en la voz, porque record que esa maana, en el rodeo, algo
-extraordinario revelaban los gestos de Gabriela, cuando se acerc a
-Insa.
-
---Ella no puede saber--respondi la madre;--si lo hubiera sabido en un
-principio, no habra llegado a enamorarse de ese hombre. Y sa es mi
-culpa no habrselo dicho. El crimen es de l, que sabindolo se lleg
-a ella y la am. Santo Dios! me tiembla el corazn y me parece or,
-cada vez que pienso en esto, que mi pobre Carmelo se lamenta de que as
-hayamos vengado su sangre.
-
---La venganza--murmur el cura--es miseria nuestra. Las almas de los
-muertos, que han visto a Dios, no pueden sentirla ni desearla.
-
---Y ahora--prosigui doa Carmen--me aflige el presentimiento de las
-cosas que pueden ocurrir, si Gabriela, que est enamorada, llega a
-saber qu abismo le separa de ese hombre. Yo soy su madre, y le debo
-ahora una dicha que antes por motivos egostas no le d. Su padre
-quiso casarla, ella consinti, porque era buena y sumisa; y yo, que
-deba oponerme, pues conoca su alma, y saba sus sueos, no me opuse,
-y tambin consent. Fu su desgracia, quizs por culpa ma. Ahora no
-tengo valor para contrariar de nuevo sus ilusiones, y prefiero guardar
-para m el horrendo secreto, que conozco sin que nadie sospeche.
-
-Con sus manos finas y largas, se tap el rostro descompuesto por el
-dolor y murmur sofocando el grito de venganza que se alzaba en ella:
-
---Oh, mi Carmelo, mi Carmelo!
-
-Don Julin tena, no obstante su aparente simplicidad, una larga
-experiencia que le haca discreto y sagaz en sus consejos, y humano
-por encima de todo, en cuanto se lo permitan sus rgidos principios
-religiosos y morales.
-
-Aquello que le confesaba la dama, no era todo misterio para l, que
-haba husmeado el secreto que pesaba sobre ella en su propia esquivez,
-y en la sombra reserva de Insa, cuando se comentaba la noche de la
-revolucin, en que lo hirieron.
-
-Conoca tambin los sueos de Gabriela, rotos por aquel matrimonio
-sin amor, que fragu su padre, y alguna vez haba temido que la
-desesperacin entrara en el espritu romntico de la joven, confinada
-en el estrecho horizonte de la Casa de los Cuervos.
-
-Pens tambin que Insa no era en realidad un criminal, sino un
-combatiente que se defiende o ataca, sin odio y sin ms propsito que
-la victoria para un ideal, y que habra sido injusto equiparar su culpa
-a la de un hombre que hubiera muerto al marido para casarse con la
-viuda.
-
---Cmo llegaron a usted los detalles de la muerte de su hijo y de su
-yerno? Quin le cont? Hay muchos que lo sepan?--interrog el cura a
-doa Carmen.
-
-Y ella entonces le hizo el relato. En la noche del entierro en casa de
-una parienta, un indio se acerc a contarle con toda reserva lo que sus
-ojos haban visto. Nadie ms--le dijo--saba nada de aquello, y nadie
-deba saberlo, era el nombre del que haba quitado la vida a Carmelo
-Borja y a Braulio Jarque.
-
---Y ese indio quin era, y qu inters tena en decrselo a usted y en
-callarlo a los otros?
-
---Era uno de los revolucionarios, que en los primeros momentos haba
-pasado inadvertido, pero que deseaba ganarse mi voluntad para que
-yo influyera ante el gobernador, mi pariente, si acaso llegaban a
-prenderle.
-
-No quera huir, porque haba desertado y los compaeros se vengaran;
-conoca los secretos de la revolucin; haba presenciado la lucha de
-Insa, y estaba resuelto a callar, pero que el capitn no lo castigara
-si algn da se saba por l el horrendo secreto.
-
-La madre sigui acumulando los detalles del relato que el indio le
-hiciera, mientras don Julin pesaba en su conciencia el bien y el
-mal que poda haber en esconder a todos el secreto que el acaso o la
-providencia pona en sus manos, y dejar que las cosas siguieran sin
-violencia su curso natural.
-
-Cuando la dama se alz del reclinatorio en que haba hecho aquella
-confesin que revolva todos sus dolores, su corazn estaba sometido a
-lo que pudiera ser la voluntad de Dios.
-
-Pero esa noche la soledad o el silencio, que envolva la casa dormida,
-despert de nuevo en ella la rebelin que la palabra del cura haba
-apagado. Escuchaba la voz de su hijo muerto, que clamaba por el crimen
-que se iba a consumar, permitiendo aquel amor, y todo lo que en ella
-haba de humano se sublevaba sintiendo aquel lamento, que turbaba su
-sueo.
-
-Se levant, por eso, y busc la calma de sus nervios pasendose en la
-galera, donde la infinita quietud de la noche apenas turbada por el
-rumor del agua del ro, volvi la paz a su espritu.
-
-Y mientras ella paseaba, temblando de fro, creyendo a su hija dormida,
-sta incorporada en su lecho, llena de espanto, vea por el postigo
-abierto de la ventana pasar y repasar la sombra de su madre.
-
-La haba sentido salir, y tuvo vergenza de hablarla, porque tambin
-su conciencia era como un mar agitado, en que luchaban el nuevo amor,
-con todas las fuerzas de su vida naciente, y el sentimiento de aquella
-venganza que ella deba ejercer para acallar la voz de los muertos.
-
-Oh, si su madre supiera--pensaba--que ella estaba a punto de doblarse
-como una caa ante el huracn de la pasin!
-
-Y volva a hostigarla aquella duda:
-
-Ignoraba su madre lo que ella adivin esa maana? Si ignoraba, por
-qu hua de su husped como si le horrorizara su vista? Y si saba,
-por qu haba callado, por qu no se lleg hasta ella, para detenerla
-al borde de este amor que era un crimen?
-
-Con los ojos dilatados en la oscuridad, crispadas las manos sobre las
-cobijas, estuvo un largo rato dudando si deba saltar de la cama, para
-ir hacia su madre y pintarle su tortura.
-
-A esa misma hora, otro pensamiento haca su misma dolorosa jornada.
-
-Insa se haba acostado temprano, con el pretexto de su partida que
-sera al alba, pero en realidad por no encontrarse ms con Gabriela,
-cuyas palabras al anunciarle la llegada de Alarcn le quitaron toda
-esperanza.
-
-Antes pensaba con pena en el momento en que abandonara la Casa de los
-Cuervos, para acompaar a sus amigos en la nueva campaa que se iba a
-emprender. Y ahora, lo vea llegar como un alivio, y su partida era una
-fuga, de aquellos lugares en que se haba encendido la primera ilusin
-de su vida.
-
-Se estremeca de horror ante la evidencia de que ella esa maana ley
-en sus ojos la verdad que fu su pesadilla en sus horas de fiebre.
-Cmo haba llegado a comprender ella la maldicin que pesaba sobre l?
-
-Pero haba comprendido en efecto? Saba que era viuda por l, que no
-tena hermano por l?
-
-Revolva en su memoria todos los detalles de ese da, y serenbase
-como un lago su alma atormentada, recordando que esa noche, despus de
-la cena, al despedirse de Gabriela, mientras sus labios le temblaban,
-balbuceando la despedida, ella lo envolvi en una profunda mirada
-dolorida, que fu su primera confesin de amor.
-
-En la insomne noche, parecale que los ojos luminosos dejaban caer
-sobre l una apacible luz de perdn, porque haban comprendido que
-era su destino, y no su voluntad, el que haba tejido aquella intriga
-siniestra.
-
-Ay! pero a esa intriga deba ella su libertad de amarle!
-
-Alarcn hasta altas horas de la noche le estuvo relatando, en voz baja,
-las circunstancias en que se preparaba la revolucin.
-
-El gobierno estaba alerta como nunca, y deseoso de tomar represalias
-que curasen de raz aquella perpetua zozobra en que le obligaban a
-vivir.
-
-Con la muerte inopinada de Jarque haba perdido todas las pruebas
-con que hubiera podido caer sobre los cabecillas. Ni contra Cullen,
-ni contra Montarn, ni contra ninguno de los conjurados que en la
-noche del baile deban apresar a Iriondo y a Bayo, se pudo probar
-nada en concreto. Ellos mismos, al ver cmo Iriondo escap de las
-manos de Insa, invirtindose los papeles y teniendo ste que huir,
-permanecieron quietos, en una actitud que poda ser sospechosa para
-los que posean los hilos de la conjuracin, pero que no tena nada de
-hostil contra los hombres del gobierno, que aguardaron en la casa de
-Montarn, llena de tropa, el fin de la refriega que se libraba en la
-plaza.
-
-La muerte de Jarque, el adversario ms temible que tenan los
-opositores, alentles a vengar cuanto antes aquella derrota, y
-sigilosamente, aleccionados por la experiencia de sucesos, en cuanto
-recibieron noticias de que Insa viva, empezaron los preparativos de
-la nueva revolucin que haba de terminar sangrientamente en la batalla
-de los Cachos.
-
-Oyendo a Alarcn, Insa poda medir el cambio profundo que en esos das
-se haba producido en l. Ya esas cosas parecanle sin sentido.
-
-Qu le importaba a l quin gobernara, si el poder se le presentaba
-como la ms estril de las vanidades?
-
-Pensaba en su drama interior, cuyo desenlace no poda prever y senta
-deseos de entrar en la accin, buscando en la lucha el reposo de su
-corazn y de su conciencia atormentada.
-
-Cuando Alarcn se durmi, compar la serenidad de aquel sueo, con
-el suyo agitado por la fiebre de ese imposible amor. Y sin embargo,
-los ojos de ella, que no podan haberle mentido, le haban hablado de
-perdn.
-
-Faltaba mucho an para el alba, cuando despert a su compaero para que
-fuera a ensillar los caballos, que haban dejado en el corral de las
-vacas a fin de tenerlos cerca.
-
-Alarcn haba dormido sobre un apero de montar, y comenz sin ruido a
-juntar las caronas, mientras Insa se vesta, precipitadamente, sin
-decir una palabra, dejando traslucir en sus gestos la impaciencia de
-aquella partida, que era como una fuga en medio de la noche.
-
-Dominado por su propia voluntad imperiosa, ya no pensaba ms que en sus
-amigos, en su deber, en la lucha.
-
-Su pequea maleta pronta, abri la puerta que daba a la galera, y
-sali antes que Alarcn. Encandilado por la luz de adentro, no vi la
-sombra huraa de doa Carmen de Borja, que an se paseaba por all,
-escabullndose hacia el comedor.
-
-Lleg hasta el patio, cuya tierra endurecida, apenas mojaba el roco, y
-sinti en la avenida de los eucaliptus el spero graznar de los gansos
-que advertan su presencia.
-
-Haca un fro intenso, mas no fu ese fro el que le hizo temblar,
-corrindole por la mdula de los huesos. En la sombra siniestra de la
-arboleda, a donde haba llegado, ansioso de movimiento, percibi el
-susurro de las alas de uno de los cuervos, que pas rozando su cabeza.
-
-Supersticioso como era tuvo miedo, aunque en la nueva aventura no poda
-jugarse ms que la vida, que ya apenas le importaba. Para calmar sus
-nervios, sintiendo pasos y creyendo que era Alarcn se ech a rer,
-dispuesto a contarle el motivo de su pueril recelo.
-
-Se volvi, y oy la voz de Gabriela que le hablaba en la sombra donde
-apenas se vea su grcil figura.
-
---Se v?
-
---Oh, Gabriela! por qu ha venido?--respondi l, como un reproche,
-estremecido de gratitud hasta el fondo de su alma.
-
---No le haba dicho adis--dijo ella con dulzura--y era de mal augurio
-dejarlo partir as, como si huyera de la casa.
-
-Insa se le acerc y le tom la pequea mano temblorosa.
-
---Es como una huda, en verdad...
-
---Y por qu?--interrog ella, vencida en su largo insomnio por el
-amor, y resuelta a guardar su terrible secreto. Con tal que l no
-supiera que ella saba de aquel abismo de sangre que les separaba, por
-qu no haba de amarlo? Cmo poda l nunca sospechar que ella finga?
-
-l le contestaba:
-
---Para qu haba de quedarme? Ayer le dije que a usted le deba la
-primera ilusin de mi vida. Ahora...
-
---Ahora qu?--pregunt ella ansiosa, sintiendo que vacilaba y que
-temblaban sus manos.
-
---Ahora esa ilusin se ha desvanecido. Mi vida no tiene sentido ya;
-usted misma ayer me lo dijo, anuncindome la llegada de Alarcn. "Ha
-venido el que esperaba para irse". No fu as?
-
---Ayer s, ayer fu as;--dijo con reprimida vehemencia la joven.--Hoy
-no! hoy no! Por qu se ha de ir?
-
---Y por qu haba de quedarme?
-
-Y ella en un relmpago de voluntad, sintiendo que l no hablara nunca,
-desconfiando quizs de que ella hubiese penetrado su secreto:
-
---Si yo se lo pidiera...?
-
---Oh, Gabriela!
-
---Se quedara?
-
-De nuevo sintise pasar el cuervo, echando sobre sus cabezas un viento
-cargado de tufo salvaje. Pero ninguno de los dos tuvo miedo.
-
-Ella dijo simplemente:
-
---Cuando vuelan los cuervos de noche es que alguien se acerca.
-
-Despus hablaron, y la confesin del escondido amor brot con fuerza,
-como una llama que disip en sus corazones el fro y la niebla de las
-angustiosas horas pasadas.
-
-Cuando volvi Alarcn trayendo los caballos, Jess haba llegado con un
-farol, y alumbraba el sitio. Empezaron a ensillar. Insa hablaba con
-Gabriela, en voz baja, mirando su rostro que la luz rojiza del farol
-alumbraba como una de las estampas del oratorio.
-
-Graznaron otra vez los gansos, y el ladrido de los perros confirm lo
-que anunciara uno de los cuervos. Sintise la voz de un hombre que
-deca:
-
---Manso, Batalln, Cuzco, soy yo, soy yo!--aplacando a los perros que
-conocindole dejaron de ladrar.
-
-Llegse l hasta el grupo, y Gabriela dijo:
-
---Es el ovejero.
-
-Era un viejito descarnado, pequeo, gil an, vestido miserablemente,
-con una vieja chaqueta azul de militar y un cuero de oveja sujeto a la
-cintura con una huasca.
-
-Salud con voz apagada y acercndose al capataz, que en ese momento
-apareca, le cont en voz baja que esa noche haba llegado al rancho
-donde l viva, a una legua de distancia, un hombre que pareca andaba
-sobre el rastro del capitn Insa.
-
---Cmo es ese hombre?--pregunt Insa oyendo aquello.
-
---Aindiado, capitn; quizs indio de veras.
-
---Jos Golondrina--murmur Alarcn.
-
---Entonces habr que hacerle venir--dijo Insa.
-
-Alarcn que cinchaba su caballo, dej el corren y se volvi hacia el
-capitn.
-
---Ser mejor que no sepa donde estamos.
-
-Lo dijo como para que Insa no ms lo oyera.
-
-El ovejero continu:
-
---Por lo que me ha parecido entender, no es de los revolucionarios,
-ms bien del gobierno. Entr en mi rancho, al anochecer; me pidi
-carne y le d media pierna de oveja. Me dijo que era poco y me compr
-un costillar. Sali para el monte, diciendo que iba a ponerlo en las
-alforjas. Yo creo que no era as, y que alguien, que no quera dejarse
-ver, lo esperaba all. Tal vez son varios los compaeros; el perro que
-tengo ladr toda la noche, estando ya ese hombre en el rancho. Cuando
-lo v dormido, me sal, y aqu estoy avisndoles y para lo que gusten
-mandarme.
-
-Hablaba despacio, con voz montona, pero se adivinaba en sus ojos
-chispeantes, a pesar de la calma de sus facciones, la sagacidad del
-paisano, que lee las intenciones en la cara ms impasible.
-
-Un momento Insa haba tenido la intencin de quedarse en la Casa
-de los Cuervos para ganar mejor aquella alma que se vena a l, y
-averiguar si doa Carmen de Borja, huraa con l, se negara a darle su
-hija. Mas al or hablar al ovejero comprendi que el gobierno estaba
-sobre su pista, y que Jos Golondrina serva sus planes. Tenan, sin
-duda, la consigna de llevarle vivo o muerto, y aunque habra sido su
-gusto pelear contra la patrulla que sin duda acompaaba al indio, cedi
-al pedido de Gabriela que mandaba ya en l, y resolvi huir, dejando
-la promesa de volver y llevando la gran esperanza que ella haba
-encendido en su corazn.
-
-Y as, cuando estuvieron ensillados los caballos, bes la mano que
-Gabriela le tenda, y con el capataz que haba de guiarles hasta
-el vado, en donde estaba la canoa para pasar el ro, crecido an,
-partieron al galope, haciendo resonar en la noche la tierra endurecida
-por la helada.
-
-Gabriela sigui con la mirada ansiosa las siluetas que pronto se
-perdieron en la sombra.
-
-Estaba prxima el alba y ya los cuervos revoloteaban desde su rbol
-al corral de las ovejas, que empezaban a balar, por el fro de la
-madrugada, y al entrar en la galera, sinti Gabriela el susurro de las
-alas de uno de ellos que pasaba rozando el muro.
-
-
-
-
-VI
-
-Sobre las huellas de Insa
-
-
-A pie, cruzando por los atajos del monte, en la niebla precursora del
-alba, lleg or Basilio, el ovejero, al rancho en que viva solo, desde
-haca veinte aos.
-
-De lejos vi la llama del hogar, encendido por su husped de esa noche.
-Cuando entr, halllo sentado sobre la osamenta de una cabeza de vaca,
-atizando el fuego que arda sobre el suelo de tierra en medio del
-rancho. En una "pava" de hierro, ennegrecida por el holln, empezaba a
-calentarse el agua para el mate.
-
---Buenos das!--se dijeron sin mucha efusin.
-
-or Basilio sac de un rincn una especie de morral de cuero, donde
-guardaba la yerba y el azcar, tom el mate, vaciado de la yerba
-vieja, y empez a cebar, tasando con escrpulo, los ingredientes del
-rico desayuno. Era sumamente pobre, cuidaba de la majada a un tanto
-por ciento en las cras, y slo cuando venda la lana de la esquila,
-hacase de algn dinerillo para yerba y azcar. Tabaco no compraba;
-cultivbalo l mismo en un cuadrito rodeado de ramillas para librarlo
-de algunas gallinas que a esa hora empezaban a esponjarse, ante el da
-que llegaba, en una ramadita a la vera del rancho.
-
-Jos Golondrina, silencioso, sentado en la osamenta, miraba ir y venir
-al ovejero que preparaba el mate. Lo vi ponerse en cluquillas al lado
-del fuego, y coger la pava, que borbotaba con el hervor del agua, y
-brindarle enseguida el primer mate.
-
---Srvase!
-
-El indio, callado siempre, sorbi el contenido del mate, y al devolver
-la pequea vasija, lustrada por los aos de uso, dijo a or Basilio con
-una leve intencin:
-
---Yo soy madrugador, pero ust me gana.
-
---As parece,--contest el otro.
-
---Esa sendita que se ve entre las pajas, va a la Casa de los
-Cuervos?--y sealaba una raya clara trazada en el pastizal.
-
---Tiene viaje para all?--interrog el viejo.
-
-El indio movi la cabeza sin decir nada.
-
---Si quiere lo acompao para que no se pierda en el monte.
-
---No he de perderme--respondi Jos Golondrina.--Yo soy baqueano de
-estos campos, aunque hace aos no vengo.
-
---Nunca lo vide por aqu--observ el ovejero, dndole otro mate.
-
-El indio se puso de pie y sali del rancho. Afuera ya el alba iluminaba
-el paisaje con su luz cenicienta.
-
-Una bandada de patos "siririses", pas silbando por encima del rancho,
-y Jos Golondrina se estremeci, porque era un buen cazador al vuelo.
-
---Qu tiro se ha perdido--dijo; mas no oy que or Basilio le
-contestara nada. De cuando en cuando se miraban los dos, como si el uno
-desconfiara del otro. Cuando se encontraba con los pequeos ojuelos
-interrogadores del dueo del rancho, bajaba la cabeza, como si algo se
-le hubiera cado.
-
---Voy a ensillar--dijo, concluyendo el tercer mate, que tom arrimado a
-la puerta.
-
-En ese momento, sobre la ntida raya del horizonte, sobre la infinita
-llanura de la isla de enfrente, apareci el disco rojo del sol, y el
-inmenso paisaje pareci vibrar herido por su luz.
-
-El gallo cant batiendo ruidosamente las alas, y escarbando la tierra
-dura como una arcilla quemada, frente a la puerta del rancho.
-
-or Basilio sali con el mate en la mano, para espiar las andanzas de
-su husped. Por lo que haba odo esa noche, el personaje no era de
-mucha confianza.
-
-Lo vi cruzar el pajonal, que ondulaba al sol, con reflejos plateados.
-A lo lejos, a un tiro de fusil, en la orilla del monte, se vea el
-caballo que dejara el indio, maneado y sin freno, para que paciera a su
-gusto en la noche, alerta, relinchando al dueo que se le acercaba.
-
-Jos Golondrina lo enfren, quitle la manea, y mont en pelo, para ir
-hasta el rancho, en busca de su apero, que le sirvi de cama. Antes,
-sin embargo, se intern en el monte, obscuro an con la sombra alargada
-de los rboles.
-
---Va a avisar a los compaeros--pens el viejo.--Este hombre anda en
-malas andanzas. Que Dios lo ayude.
-
-Y se meti de nuevo en el rancho, satisfecho de haber llegado a
-constatar que el indio no andaba solo.
-
-Media hora despus, cuatro hombres a caballo, cruzaban el tupido
-algarrobal, siguiendo un sendero abierto entre la hierba profusa, por
-el paso de hacienda, en direccin a la Casa de los Cuervos.
-
-Uno de ellos, Jos Golondrina, marchaba adelante de los otros,
-sirvindoles de gua.
-
-Eran dos soldados, sin otro distintivo que la gorra, el sable y
-carabina, y un alfrez, jovencito y rubio, como un extranjero, embozado
-en una capa de pao azul, con forro de bayeta roja, por debajo de cuyos
-bordes apareca la extremidad de la espada.
-
---Dicen que es bonita la viuda de Jarque--djole sonriendo uno de los
-hombres que marchaba a su lado.
-
-El alfrez, que vena pensando en ello, alz la voz dirigindose a Jos
-Golondrina, que apenas se volvi:
-
---Quin la conoce? Vos, indio?
-
---No, mi alfrez.
-
---Es lstima; podras darme datos.
-
-Siguieron al trote, distinguindose del ruido sordo de los cascos en la
-hierba ennegrecida por la helada de la noche, el ruido de los sables
-que se golpeaban.
-
-Jos Golondrina revolva sus viejas memorias. Pensaba en su tribu, en
-su obscuro destino, en su fortuna, si aquel hombre, que iban a buscar
-mora.
-
-Haba hablado con el gobernador Bayo en la ciudad, y sin confiarle el
-motivo de su odio, habase hecho el eje de la persecucin del gobierno
-contra Insa, de cuya existencia tenan ya indicios seguros.
-
-En la noche de la revolucin, l, que hiciera fuego sobre su jefe,
-debi huir y refugiarse en la primera casa, cuyas tapias pudo saltar,
-para escapar a la saa de los milicianos vencedores, que pasaban
-sableando a los revolucionarios fugitivos.
-
-Aquella casa era de los parientes que dieron hospedaje a doa Carmen de
-Borja, cuando lleg de la estancia para enterrar a su hijo, que all
-se vel.
-
-En el tumulto de la gente que acudi el primer da, pas el indio
-inadvertido, pero despus lo apresaron, y entonces aprovechando la
-circunstancia de conocer el secreto de la muerte de Carmelo Borja, por
-lo que oyera la noche de la revolucin, logr hablar con su madre,
-y revelselo, y en cambio de aquella revelacin que haba de ser la
-pesadilla de la infeliz mujer, le pidi que hablara a Bayo en su
-nombre, para que le dejaran libre.
-
-Cuatro das pas en un calabozo, con las piernas en la barra de
-grillos, solo, temblando de fro, cuando una maana, el gobernador en
-persona, lleg hasta su prisin deseoso de hablarle.
-
-Sabase de la muerte de Insa, mas no se haba dado an con su cadver,
-por lo cual, Jos Golondrina, que era desconfiado y astuto, tuvo la
-sospecha de que haba escapado vivo de sus perseguidores, para quienes
-la noticia de que haban logrado concluir con el temido caudillo fu
-ocasin de un premio.
-
---No debe haber muerto--dijo el indio al Gobernador, que le escuchaba
-de pie, junto a la barra de grillos.--Si el seor quiere, yo dar con
-l.
-
---Si est vivo--contest Bayo.--Y si est muerto?
-
---Dar lo mismo con su cuerpo.
-
-El aire sombro e inteligente del preso, interes a Bayo, que lo mand
-poner en libertad, y le encarg de la pesquisa.
-
-Con una patrulla recorri Jos Golondrina el ro, la laguna, los
-sauzales de las islas, y lleg hasta la Casa de los Cuervos, cuando
-Insa estaba all, luchando an con la muerte.
-
-Doa Carmen de Borja habl con el indio, disipando su sospecha, y l
-la crey porque nunca habra imaginado que aquella mujer que tena los
-ojos enrojecidos de llorar a su hijo, escondiera en su misma casa al
-matador.
-
-Algunos das despus Jos Golondrina, de quien el gobernador Bayo no
-estaba muy satisfecho, entr en la casa de Montarn, como pen para los
-servicios pesados, partir lea, traer agua del ro, cuidar la huerta.
-Nadie saba all de dnde vena: cont una historia y le creyeron.
-
-Era sumiso y callado e inspiraba confianza, y l, poco a poco,
-atisbando con astucia, se enteraba de algunos importantes secretos que
-a nadie confiaba, mientras no llegara la hora.
-
-Don Patricio Cullen iba con escasa frecuencia, mas conocase que la
-relacin era estrecha y cultivada entre Montarn y l. Jos Golondrina
-ms de una vez llev mensajes de ste, que ahorraban una visita.
-
-A ninguno de los dos les haba desengaado el fracaso. Por el
-contrario, su pasin poltica se exacerb ante la derrota, y
-aprovechando las nuevas circunstancias, en que la muerte de Jarque
-dejaba las cosas, no bien recibieron noticias de que Insa viva,
-empezaron a tramar una nueva revolucin.
-
-Jos Golondrina segua de cerca la conjuracin. As tuvo noticias de
-Insa, aunque no lleg a saber cul era su paradero.
-
-Y fu entonces cuando la astucia del indio le procur el ms eficaz de
-sus colaboradores, para aquella empresa de odio que tramaba.
-
-Syra permaneca en casa de sus padres, aunque en los primeros das
-huyera de ella. Mas no tena trato con nadie. Aislada, voluntariamente,
-en su cuarto, dejaba correr su vida en una sombra tristeza, llena de
-rencor y guardando en su alma apasionada la memoria del muerto, cuya
-sangre, en su traje de baile, que sola ponerse a solas, le peda
-venganza.
-
-El indio se enter de la historia de la joven, y vi que podra hacerla
-servir admirablemente sus planes, sin que lo advirtiera, y empez a
-rondar en su cercana para que le tomara apego.
-
-As estaban las cosas, cuando un da, Cullen en una visita a Montarn,
-dej escapar el nombre de la Casa de los Cuervos, en momentos en que se
-acercaba el indio, que les serva el mate. Por el tono de la voz, por
-la alarma que pareci causarles el que alguien hubiera odo aquello,
-comprendi Jos Golondrina que doa Carmen de Borja le haba engaado
-cuando l fu a la Casa de los Cuervos en busca del capitn.
-
-Y resolvi ir otra vez. Sali esa noche de la casa de Montarn, sin ser
-visto, y fu a ver a Bayo, y le prometi de nuevo dar con el paradero
-del perseguido caudillo, el nico de los jefes de la revolucin contra
-el cual poda hacerse un proceso que cortara para siempre en l la
-vocacin revolucionaria.
-
-Bayo, que viva intranquilo, rodeado de enemigos, contra los cuales no
-tena pruebas, acept la propuesta del indio, y mand con l aquellos
-tres hombres que pasaron la noche en las cercanas del rancho de or
-Basilio.
-
-El sendero que seguan por entre el monte lleg pronto al baado, que
-se extenda a mitad del camino entre el rancho del ovejero y la Casa de
-los Cuervos. Cuando llegaron all, se lanzaron al galope, el alfrez y
-sus dos hombres adelante, el indio Jos detrs, mirando con ojo experto
-los campos y las haciendas que hallaban al paso.
-
-De pronto di un grito. En el baado, entre la caballada que paca las
-hierbas altas y frescas, nacidas en aquel suelo empapado, divis el
-caballo de Insa, el mismo en que huy la noche de la revolucin, un
-tostado magnfico, de largas clinas, descarnado y musculoso, que su
-dueo al partir esa noche haba dejado en la estancia a fin de tenerlo
-cerca de la ciudad, para la prxima campaa.
-
-Crey que era eso seal evidente de que el capitn estaba all, y como
-los hombres que galopaban adelante no se hubieran dado cuenta de su
-exclamacin, no dijo nada, y llegaron as a la Casa de los Cuervos.
-
-La irrupcin de aquellos cuatro hombres armados en el patio de los
-eucaliptus, provoc grande alarma. Ladraron violentamente los perros,
-los sirvientes corrieron adentro, en busca del ama, que sali al rato,
-cuando ya el alfrez haba echado pie a tierra ahuyentando los canes a
-rebencazos, como dueo y seor de la morada.
-
-El gesto severo de doa Carmen de Borja le impuso mayor respeto. Habl,
-no obstante, con altanera:
-
---Venamos en busca de Francisco Insa.
-
---Aqu no est--respondi secamente la dama.
-
---El gobierno sabe que aqu se esconde.
-
---Se equivoca el gobierno.
-
---Tiene denuncias, seora.
-
---Lo han engaado.
-
-Apareci Gabriela en ese momento, al lado de su madre, asustada ante
-aquella violencia, por la suerte del hombre que amaba, y a quien podan
-an perseguir y alcanzar en el campo.
-
---Mama! que registren, que pierdan tiempo--dijo hablando al odo a
-doa Carmen.
-
-El alfrez, al ver a Gabriela, haba cambiado de actitud y se
-aproximaba almibarado y lleno de disculpas:
-
---Quizs sea as, seora; pero esas denuncias lo obligan a proceder en
-esta forma, y yo no podra evitarlo.
-
-Haba llegado hasta la galera, donde estaban ambas mujeres, de pie,
-cuando Jos Golondrina, que estudiaba vidamente la cara ansiosa de
-Gabriela, se acerc bruscamente, y dijo con sonrisa maligna:
-
---Mi alfrez, diga usted que hemos visto el caballo del capitn
-comiendo en el baado.
-
-La joven junt las manos llena de angustia, creyendo que Insa se
-hubiera detenido en el monte con algn propsito que no sospechaba, y
-hubiera soltado su caballo.
-
-Pero el indio explic, mirndola siempre con una mirada que le entraba
-en el alma como una hoja fra:
-
---El tostado malacara; lo acabo de ver yo, que lo conozco bien.
-
-El indio vi animarse las facciones de Gabriela, y pens que aquella
-hermosa mujer habra sido una reina digna para su tribu, si algn da
-se cumpla la palabra de la adivina.
-
---Mama, que registren--dijo Gabriela.
-
---Vos, Jos Golondrina--observ duramente doa Carmen--ya has venido a
-mi casa en busca de lo mismo: qu hallaste?
-
---Su merced disculpe--respondi el indio, bajando al suelo sus ojos
-obscuros y maliciosos;--yo era mandado entonces y ahora. Me dicen que
-busque y busco.
-
-Ech pie a tierra, sonndole el sable y las espuelas de anchas rodajas
-de plata. Un poncho de lana gruesa le cubra, arrastrando los flecos.
-
-El alfrez habra deseado quedar bien con aquella familia por merecer
-de Gabriela una buena palabra que algn da le sirviera para tornar a
-la casa. Pero aquel indio, mal dispuesto, poda perderle, y se resolvi
-a ordenar el registro.
-
---Es un nuevo agravio que se me hace--protest doa Carmen de Borja--y
-yo me quejar a mi primo el Gobernador.
-
---l lo ha ordenado--observ el indio.
-
---Miserable!--contestle ella en secreto, de modo que slo l la
-oyera--yo te salv de la barra, y es la segunda vez que asaltan mi
-casa, por denuncias tuyas.
-
-El indio sonri y pas la puerta que le abran para comenzar el
-registro.
-
-En el cuarto, frente al rbol de los cuervos donde hasta el da
-antes estuviera Insa, hall a Gabriela, que hua del alfrez cuyas
-insinuantes miradas le sublevaban.
-
---No lo hallarn--dijo la joven con ira--porque no est aqu.
-
-Jos Golondrina que registraba los rincones, se volvi a ella, y le
-dijo espiando su actitud:
-
---Mejor para l!
-
---Por qu? Yo no lo conozco, pero s que sabra defenderse, porque es
-un hombre valiente.
-
---Peor para l, entonces, porque tendramos que matarle.
-
-Gabriela se inmut.
-
---Esa es la orden--dijo el indio observando aquella impresin.
-
---Oh!--exclam la joven intensamente plida:--Es posible que se den
-esas rdenes?
-
-Jos Golondrina sonri y Gabriela comprendi, por la malevolencia de
-su sonrisa, que haba adivinado el secreto de su alma. Se quedaron
-silenciosos un instante: ella senta crecer la angustia de su corazn,
-ante la mirada penetrante de aquel hombre, mas no se atreva a
-alejarse, por miedo de provocar su encono. Habra deseado, por el
-contrario, hallar una palabra que aplacara su odio contra el hombre que
-ella amaba.
-
---Por qu lo persiguen?--se anim a decir.
-
-El indio no respondi, sigui sonriendo, con amarga irona.
-
---Le ha hecho a usted algn mal?--insisti la joven.
-
-l contest que no, moviendo la cabeza, y sonriendo siempre.
-
---Entonces, por qu lo odia y quiere matarle?
-
-El indio habl despacio, con indefinible tristeza en la voz:
-
---Por qu si no lo conoce lo defiende? No comprende que los hombres
-que la sigan y la vean como yo, van a odiarlo a l, slo porque usted
-parece enamorada?
-
-Gabriela tembl. Lo amaba tanto en verdad que ya hasta los ojos
-extraos adivinaban su amor?
-
-Jos Golondrina se acerc a ella:
-
---No ve, nia, que quien la vea la ha de querer y se ha de poner
-celoso de que usted lo defienda?
-
-Haba desaparecido de sus torvas facciones el gesto que haca
-desconfiar de l, y slo se notaba la emocin con que deca algo que
-era como una confesin de amor.
-
-Gabriela, que tema al indio, por Insa ms que por ella, an
-aterrorizada por aquella palabra, no quiso alejarse, y oy al indio que
-le dijo:
-
---Es la tercera ocasin que me llego a esta casa, y no es la primera
-vez que la veo. No sabe, nia, que un hombre puede llegar a querer con
-slo una vez que encuentre a una mujer?
-
---No hable as--respondile Gabriela acercndose a la puerta;--le dir
-al alfrez que usted ha venido no a buscar a un revolucionario sino a
-conquistar a una mujer.
-
-Jos Golondrina volvi a sonrer.
-
---Tambin l hubiera hecho lo mismo si la hubiera visto como yo
-pidiendo perdn por un hombre que no es su marido...
-
---Yo no he pedido perdn!
-
---Ni su hermano...
-
---Yo no he pedido perdn para l que es valiente--protest Gabriela,
-temiendo que el indio aludiendo a su marido y a su hermano, quisiera
-hacerle saber que conoca quin les haba dado muerte. Se sintieron
-pasos en la pieza vecina.
-
-El indio se le acerc; ella fu a abrir la puerta; pero l con un gesto
-la detuvo y le dijo:
-
---No tenga miedo de m.
-
---No, no tengo,--respondi ella con orgullo--no tengo miedo de nadie!
-
---Ni por usted ni por l...
-
-Oy apenas la palabra, mas se inflam la esperanza de que si ganaba el
-corazn de aquel hombre, pudiera proteger mejor la vida de Insa en
-peligro.
-
---Ni por l--repiti el indio mirndola fijamente, como si con la
-respuesta que ella iba a dar con su palabra o con sus acciones,
-pendiera toda su suerte.
-
-Y cuando ella, sin hablar, mostr en sus ojos cunto le complaca
-la seguridad que l le brindaba, y cunto amaba al caudillo
-revolucionario, el indio se ech a rer con amargura, como si al
-aduearse del secreto de ella, se esfumara su propia esperanza. Alarg
-la mano obscura y nerviosa y la cogi con fuerza de un brazo.
-
-Ella grit. l cerr con violencia la puerta que ella abriera, y le
-dijo al odo, quemndola con su aliento:
-
---Est enamorada, enamorada de l! Qu miseria! No sabe que l...?
-
-Llena de miedo y de horror Gabriela se ech atrs a tiempo que se abra
-la puerta y entraba don Julin, el cura, como un ventarrn atrado por
-el grito de ella.
-
-Sonaron dos bofetadas.
-
---Miserable!--rugi el cura.
-
-El indio, doblegado por aquel brazo hercleo que se abata sobre l,
-solt a Gabriela, y se incorpor, con el odio pintado en el rostro
-crdeno como un verdugn.
-
-Le temblaron los labios, descoloridos: no pudo hablar, y slo cuando
-sali de la pieza, logr dominar su clera salvaje, y dijo sordamente
-volvindose al cura, que atenda a Gabriela, desmayada en el suelo:
-
---Ah, la mala mujer! Yo ser la venganza de ellos, y ella ser mi
-esclava... Nadie le oy; por toda la casa circulaban los soldados
-registrando minuciosamente los ltimos rincones para dar con el
-caudillo.
-
-En el patio, doa Carmen de Borja contestaba con dureza las preguntas
-del alfrez.
-
-Un instante le azot el alma el recuerdo de su hijo muerto por el
-hombre sobre cuyos pasos poda ella poner a la justicia que lo
-persegua. Pero fu un aletazo negro, como el que en la noche
-siniestra de la revolucin, le anunci su desgracia.
-
-Cuando los soldados partieron desengaados, despus de registrar la
-casa, la silueta severa de la dama qued un rato en el mismo sitio,
-mirndolos alejarse.
-
---Dios mo, qu horror!--exclam entrndose.--Yo lo perdono y ella lo
-ama!
-
-
-
-
-TERCERA PARTE
-
-
-
-
-I
-
-En la casa de Bayo
-
-
-Jarque se haba llevado a la tumba el peligroso secreto de don Serafn
-Aldabas, en cuya escuela se reunan, los conjurados, para la revolucin
-de Marzo. Y a esa discrecin, impuesta por la muerte, debi sin duda el
-maestro, el que no se suprimiera la modesta pensin del gobierno, que
-le haca vivir.
-
-Pero los apuros del erario provincial agravronse hacia mediados del
-ao 77, y de nuevo empezaron a acumularse los meses impagos, y a ver el
-msero don Serafn crecer su deuda en el boliche del cataln.
-
-Menos mal que a la vuelta de la escuela, en el Caf del Plata, frente
-a la plaza 25 de Mayo, tena dos alumnas, a quienes daba lecciones a
-domicilio: y si bien sus ganancias no eran gran cosa, su situacin de
-maestro otorgbale crdito en el negocio, lo que le permita sacar
-al fiado algunos comestibles, en los momentos de apuro, cuando su
-Rosarito le sonrea, advirtindole que estaban obligados a vivir de
-"mazamorra" hasta que Dios quisiera.
-
-Ocurra, sin embargo, un fenmeno, causa de hondas preocupaciones para
-el inocente maestro de escuela.
-
-El Caf del Plata era el nidal de los opositores.
-
-En el buen tiempo, su patio encuadrado por la galera de tejas,
-sombreado por hermosos naranjos, que le daban ms carcter nacional
-que los malos cromos de la batalla de Caseros, con que su dueo haba
-adornado las paredes, congregaba a los enemigos del gobierno, que
-buscaban en aquellas tertulias una ocasin de hablar mal contra los
-hombres del Cabildo.
-
-La oposicin al gobierno de don Servando Bayo, detrs del cual se
-notaba la mano de hierro, enguantada de seda, del doctor Iriondo,
-haba agrupado a las familias ms distinguidas de Santa Fe, en torno
-de don Patricio Cullen, y aunque en el grupo figuraran muchos hombres
-de convicciones catlicas, predominaba una tendencia contraria, que
-justificaba el nombre de "liberales", adoptado por ellos, en la lucha
-poltica.
-
-El gobierno, por su parte, gozaba de grandes prestigios ante el pueblo,
-donde se impona la figura de Iriondo, seductora y enrgica.
-
-Don Serafn haba observado que cuando sus angustias crecan, porque no
-le pagaban la pensin, aumentaba su crdito en el Caf del Plata. Ms,
-parecale haber observado, tambin, que se agravaron grandemente las
-dificultades que experimentaba para cobrar del gobierno, con su entrada
-a la casa, aunque era notorio que no iba como conspirador.
-
-De donde para el maestro surga un formidable problema: aqullos no me
-pagan, porque stos me ayudan, o me ayudan stos porque aqullos no me
-pagan?
-
-Cada tarde al entrar al caf, por la sala de la calle que cruzaba
-con paso blando y presuroso, como para que si haba algn espa
-comprendiera que l no era un conspirador, proponase el mismo
-problema, miraba el reloj, buscando la respuesta, y volva a guardarlo,
-resignado a su confusin.
-
-Anclado as de proa y de popa, segua viviendo msera y apaciblemente,
-sin otro horizonte que su escuela ni ms ilusiones que sonrer a
-Rosarito, cuyos ojos profundos y dulces jams desmentan sus sonrisas.
-
-Ah, su hija! cmo haba sabido acolchar su miseria para hacrsela
-amable. Por ella viva y para ella quera vivir, sin saber bien qu
-poda hacer l para hacerla feliz.
-
-Un da estuvo a punto de penetrar el enigma de su alma inocente.
-
-Fu cuando se recibi en la ciudad la noticia de la muerte de Insa.
-Cmo llor su nia! Al alba del da siguiente, la vi salir enlutada,
-en direccin a la iglesia de los jesutas, donde, segn le contaron,
-pas una hora rezando ante el altar de la Virgen de los Milagros.
-
-Cuando volvi, ella le dijo:
-
---Tata, no ha muerto; no es verdad que haya muerto.
-
---Quin te lo ha dicho?
-
---Nadie; lo s yo, que no creer en su muerte mientras no vea su cuerpo.
-
-Su padre movi la cabeza.
-
---Todos lo dicen, sin embargo,--murmur tristemente, deseoso de no
-desengaarla ni de halagar su ilusin.
-
-Por escasa experiencia que tuviera del mundo, sospech que su hija
-estaba enamorada, y se llen de pena, porque era justamente ese amor el
-ideal que vena cultivando en el secreto de su corazn, como el nico
-medio de asegurar el porvenir de su hija.
-
-Y ahora lo vea hundirse, sin que l hubiera tenido tiempo ni
-resolucin de confiarlo a nadie.
-
-Diez das pasaron as, bajo la angustiosa incertidumbre. La conviccin
-de su hija le lleg a contagiar, y tambin l dud de la muerte de su
-sobrino, hasta que un da, un mensaje de l, con todo misterio, les
-mostr que, en verdad, el corazn de Rosarito no haba mentido.
-
-Ms tarde se divulg en la ciudad, por otros conductos, lo que ellos
-saban, que Insa no haba muerto.
-
-Hacia fines de Junio, sala una vez del Caf del Plata, despus de su
-leccin, cuando en la calle, de noche ya, por la brevedad de los das
-de invierno, al arrebozarse en la capa, a fin de librarse del spero
-viento del Sur, alguien le tom del brazo y le arrastr en direccin
-opuesta a la de su casa.
-
-Lleno de sorpresa, no distingui en un principio ms que una alta
-figura negra, pero conoci quin era en cuanto le habl, despus de
-alejarse un trecho del cuadro de luz que pintaba en la vereda el
-mezquino farol del caf.
-
---Ilustrsimo doctor Zavalla!
-
---No me ponga motes, don Serafn, no soy obispo.
-
---Seor Cannigo!
-
---No soy cannigo!
-
---Seor...!
-
-Alto, gallardo, envuelto en un manteo con forro de seda, caminaba
-a prisa, llevando del brazo al endeble maestro que se deshaca en
-cortesas ante la inesperada muestra de afecto de uno de los hombres
-ms poderosos de la situacin.
-
-Haban recrudecido extraordinariamente las alarmas revolucionarias, y
-los hombres del gobierno comprendan que vivan sobre un volcn.
-
-Casi a diario llegaban al Cabildo denuncias de que se preparaba un
-vasto complot. Don Patricio Cullen haba abandonado repentinamente la
-ciudad, dbasele como residente en su estancia "Los Algarrobos", donde
-en medio de las colonias extranjeras, de reciente fundacin, estaba el
-foco de las fuerzas con que poda contar para todo movimiento.
-
-El gobierno saba esto; mas lo desazonaba el absoluto misterio que
-rodeaba el paradero de Insa, el ms bravo y audaz de los jefes
-revolucionarios.
-
-Sealbase su presencia en su estancia del Norte, y cuando el gobierno
-que lo persegua para enjuiciarlo por la revolucin de Marzo, destacaba
-una partida en su busca, sabase que haba pasado como una exhalacin a
-Entre Ros o rondaba cerca de Santa Fe, al habla con los opositores.
-
-Haca un mes, sin embargo, que se le haba perdido la pista. No se
-tena el ms leve indicio de su paso. Ignorbase si estaba cerca o
-lejos, lo cual preocupaba extraordinariamente a los gubernistas. Poda,
-y eran sospechas vehementes de la polica, estar oculto en la misma
-ciudad, en cuyo caso deba vivir con el arma al brazo, considerando
-inminente la revolucin.
-
-Todas las noches los consejeros del gobierno celebraban su reunin; en
-la casa de Iriondo frente a la plaza, algunas veces, o en la casa del
-gobernador Bayo, a la vuelta del Cabildo, y all, con todo misterio,
-se discutan y se pesaban las informaciones que llevaba el jefe de
-polica, don Manuel Echage.
-
-Hacia la casa de Bayo, donde era la tertulia de esa noche, marchaba
-presuroso don Manuel Mara Zavalla, embozado en su lujoso manteo,
-debajo de cuyos pliegues elegantes no habra nadie extraado que
-apareciera la contera de una espada.
-
-Al cruzar la plaza, obscura y temerosa, mas no para un hombre de sus
-arrestos, tuvo la inspiracin de torcer su camino a fin de pasar por la
-vereda misma del Caf del Plata, llevado por la curiosidad de atisbar
-algo y aun atrado por el peligro de algn incidente con cualquiera de
-sus adversarios.
-
-Estaban la plaza y la calle solitarias, alumbradas por los cuatro
-faroles de las esquinas, que parecan ms bien espesar la obscuridad de
-una noche sin estrellas.
-
-Al enfrentar al caf, en cuyo interior sentase el pacfico
-chasquido de las bolas de billar, vi salir a don Serafn Aldabas,
-cuyo parentesco y amistad con Insa record al momento, hacindole
-interesante el inofensivo personaje.
-
-Lo tom del brazo y le habl como si de tiempo atrs hubiera estado
-buscando la ocasin de encontrarle.
-
---Dicen las malas lenguas que es usted opositor, don Serafn.
-
-El maestro alz los brazos, clamando al cielo.
-
-Su capa batida por el viento se arranc de sus hombros y cay hacia
-abajo. Zavalla se ech a rer, porque le vino a la mente el recuerdo
-de Frin, convenciendo a sus jueces de que era una calumnia la
-acusacin que le enrostraban.
-
-Ayudle a arrebozarse de nuevo y sigui caminando a prisa, agarrado a
-su brazo.
-
---Si es mentira eso, como lo he credo siempre, y si no tiene apuro,
-vngase conmigo por un minuto hasta lo del gobernador. Yo tengo que
-hablarle del subsidio de su escuela...
-
---Oh, seor don Manuel Mara!
-
---Y de su hija Rosarito... no es mi ahijada?
-
---En efecto, seor don Manuel...
-
-Llegaban al ancho portal de la casa de Bayo. Subieron los tres
-escalones de piedra, y Zavalla, guiando al maestro, entr sin llamar a
-una de las piezas laterales del ancho zagun, iluminado apenas por un
-gran farol de hierro, pendiente del techo.
-
-La pieza estaba desierta. Zavalla se sent en el sof, arreglndose
-los pliegues de su traje talar, y atrajo al maestro, cuidadosamente
-arrebujado.
-
-Sobre una mesa redonda de mrmol, con rojo pie de caoba, que estaba en
-el centro, ardan cuatro velas de esperma en un candelabro de plata.
-
-En la pieza contigua sentanse voces de hombre. Alguien que hablaba
-acaloradamente con voz timbrada y varonil que pareca que pudiera orse
-desde la calle a travs de las gruesas maderas de las puertas, al
-notar la presencia del recin llegado se call y se asom hasta donde
-acababan de buscar asiento Zavalla y don Serafn.
-
-Era el doctor Pizarro, el ministro de Bayo.
-
-Salud muy sorprendido al nuevo visitante, y como Zavalla le hiciese
-una sea para que los dejara solos, se volvi, mientras don Serafn de
-pie formulaba sus salutaciones y sus excusas. Sintise de nuevo su voz,
-ms discreta. Escuchbasele con profunda atencin, pues siendo varios
-los que all estaban, slo hablaba l, mas sus palabras no se perciban
-desde el rincn donde el maestro dedicaba toda su atencin a lo que le
-iba diciendo Zavalla.
-
---Andan bien sus negocios, don Serafn? Con seguridad que el gobierno
-le adeuda algunos meses...
-
---Doce!...--suspir el pedagogo.
-
-Zavalla hizo un gesto de desaprobacin.
-
---No est bien eso; pero ya me lo explico: se dicen tan graves cosas de
-usted...
-
-Hizo una pausa llena de intencin, mirando en las pupilas a su
-interlocutor, que maquinalmente sac su reloj y se puso a darle cuerda.
-
---Son calumnias, seor don Manuel!--exclam con un hilo de voz.--Si no
-fueran esas lecciones que doy en el Caf del Plata, me habra muerto de
-hambre ya.
-
---Bueno, lo creo. Lo esencial es que est vivo hasta ahora. Yo mismo
-hablar hoy con el gobernador, para que le paguen el atraso, y le
-aumenten la subvencin.
-
-Don Serafn se acord de Jarque, y sonri con amargura. Con que se la
-pagaran sera bastante...
-
---Me espera un minuto?--djole de pronto Zavalla, como si acabara de
-tener una inspiracin.
-
-Se levant, dejando sentado al maestro, y fu hacia la pieza vecina,
-cuya puerta haban cerrado.
-
-Don Serafn mir su magnfico reloj.
-
---Las siete! qu dir Rosarito de mi tardanza?
-
-Era tan medida la existencia de Don Serafn, que cinco minutos de
-retraso en volver a su casa, alarmaban a la nia, la que sospechaba
-toda clase de peligros pendientes sobre aquel hombre bueno y tmido
-como un nio.
-
-Pasado un rato, Zavalla volvi agitando un papel, cuya escritura fresca
-tema borronear.
-
---Con esto, maana, podr cobrar sus doce meses atrasados.
-
-Don Serafn di un salto.
-
---Los doce meses!--exclam, calculando que al da siguiente sera
-poderoso, con aquellos atrasos cobrados de un golpe.
-
---S, los doce... Me he engaado? era difcil, porque el erario anda
-flojo, pero hice valer un supremo argumento.
-
-El maestro enarc las cejas, ponindose de pie al lado de su
-interlocutor que se agach, murmurndole al odo:
-
---Le dije que necesitaba plata para el casamiento.
-
---El casamiento? Qu casamiento?
-
-Zavalla lo mir con una benvola sonrisa.
-
---A m, que soy su padrino, me lo oculta?
-
---No comprendo!--balbuce don Serafn, echando mano al reloj, como en
-todas sus sorpresas.
-
---Pero, don Serafn, si ya hay muchos que lo saben, que Rosarito se
-casa..
-
---Que Rosarito se casa?--interrog en el colmo de la estupefaccin el
-maestro.--Con quin dicen que se casa?
-
---Con Insa, con Francisco Insa, que ha venido a eso, a casarse...
-
-El maestro sonri con tristeza, deshecha su ilusin.
-
---No es verdad--dijo sacudiendo la cabeza.--Francisco no ha venido.
-
-Y entonces Zavalla, simulando una gran sorpresa, exclam:
-
---Que no ha venido Francisco? Y entonces dnde est?
-
-Don Serafn recapacit un segundo, bajo la mirada inquisidora de
-Zavalla.
-
---En lo de doa Carmen de Borja, respondi.
-
---En la Casa de los Cuervos? All estuvo, pero ahora...
-
---Ahora, ahora est all.
-
-Cuando don Serafn, exultante de alegra, lleg un rato despus a su
-casa, donde Rosarito le aguardaba con angustia, y le cont la escena,
-y le ense el papel que al da siguiente se trocara en dinero y
-le refiri lo del comentado noviazgo, ella que lo escuchaba plida,
-sospechando alguna intriga, junt las manos:
-
---Oh, tata! por qu le dijo dnde estaba Francisco?
-
-Y slo entonces comprendi el msero don Serafn que haba cado en una
-hbil celada, revelando el secreto de que en ese momento dependa la
-suerte de la revolucin.
-
-Insa, en verdad, haba vuelto y haca un mes que se mantena oculto
-en la Casa de los Cuervos. Eran contados y fieles los que saban su
-paradero, y como aquel sitio fuera registrado vanamente dos veces, el
-gobernador, atendiendo a la protesta de su prima doa Carmen de Borja,
-haba resuelto que no se la molestase ms, ya que era intil.
-
-El caudillo, desde all, al habla con los dos o tres que tenan los
-hilos del complot, en Santa Fe, preparaba el estallido, que deba
-producirse no bien don Patricio Cullen bajara del Norte, con sus
-montoneros.
-
-Rosarito comprendi todo el alcance de la indiscrecin de su padre.
-Ella conoca la Casa de los Cuervos, pues el ao antes, en las
-vacaciones, Jarque los haba llevado a los dos, por una breve
-temporada.
-
-Sentse junto a la mesa, sobre la cual arda un humoso veln, cuya
-vacilante luz dejaba en densa tiniebla los extremos de aquella pieza,
-que apareca ms grande con la pobreza de sus muebles, y daba de lleno
-sobre su rostro inteligente.
-
-Su padre la miraba arrepentido y ansioso, esperando la solucin que
-ella le sugiriera.
-
---Tata--le dijo--si no se le avisa antes de maana, lo habrn puesto
-preso. Lo buscan para enjuiciarlo; adems quieren tenerlo en seguro
-para impedir la revolucin.
-
-Don Serafn asinti con la cabeza y continu callado.
-
---Esta noche mismo yo me ir a la Casa de los Cuervos, y le avisar
-para que huya.
-
-Se par, y su rostro qued en la sombra, donde lucan sus ojos, como si
-estuvieran iluminados por la sola luz de su alma.
-
---Vas a ir?--gimi el maestro, que jams se haba separado de su hija.
-
---S, tata. Tenemos que salvarlo, y slo yo puedo ir hoy mismo. Algn
-canoero me llevar. Antes del alba; saliendo ahora habr pasado la
-laguna, y en dos o tres horas ms estaremos en la Casa de los Cuervos.
-Ningn piquete que no salga enseguida, podra adelantrseme. Si Dios
-me ayuda as lo salvaremos.
-
-Don Serafn agach la cabeza resignado. La nia se envolvi en su
-manto y se fu a la barraca de Fosco donde podran informarle sobre un
-canoero de confianza.
-
-Al pasar frente a Santo Domingo, sonaba el toque de nimas, y
-aquellas campanadas lgubres vibraron como si tocaran en su corazn,
-anuncindole prximas desgracias.
-
-Se estremeci de terror, y para vencer su miedo, se santigu y ech a
-correr.
-
-
-
-
-II
-
-El aviso
-
-
-La tarde cay como un velo ceniciento sobre el campo, cubierto de pajas
-sobre el ro dormido, sin una arruga entre las inmviles carrizas,
-sobre el alma de la nia, que se llen de tristeza, viendo morir el
-ltimo da en que an pudo guardar su ilusin.
-
-Esa maana, al rayar el alba, haba llegado, en efecto, a la Casa de
-los Cuervos, rendida, porque para abreviar la jornada y llegar antes
-que nadie, tuvo que ayudar al canoero.
-
-La travesa de la laguna habanla hecho, siguiendo la costa, con un
-buen viento que hinchaba alegremente la vela.
-
-De cuando en cuando el canoero, sentado en el taco de popa, daba un
-golpe de pala para rectificar el rumbo de la embarcacin. sta a veces
-tocaba el fondo gredoso, porque no siempre el agua era profunda; a
-veces la pala se hunda toda entera, y el canoero se quedaba tranquilo
-por un rato.
-
-Rosarito al pie del mstil, arrebozada en un manto obscuro, temblando
-de fro y de ansiedad, miraba la costa, como una faja negra, y la vasta
-napa de agua agitada por el viento de la noche, que arrojaba sus olas
-negras contra las bordas de la canoa.
-
-Cuando entraron en el arroyo de Leyes, la vela se desinfl. El viento
-calmaba, y all apenas se senta, resguardado el lugar por los tupidos
-sauzales de las orillas.
-
-El canoero dej la pala y tom el botador.
-
---Ust, nia, si puede, aydeme con la pala, de proa.
-
-Fueron las primeras palabras que pronunci. Pareca haber hecho dormido
-el viaje hasta entonces. Rosarito obedeci, sin darse cuenta de cul
-poda ser el servicio que prestaran sus fuerzas. Pero rem con bro,
-desentumecindose con el ejercicio, sintindose luego jadeante, pero
-decidida a remar hasta que hubiera llegado, para que aquel hombre no se
-descorazonara en la extraa aventura.
-
-No le haba preguntado por qu viajaba de noche y sola. En aquellos
-tiempos de revoluciones, los hombres discretos no pretendan informarse
-de las cosas que no les ataan, por raras que le pareciesen.
-
-Le pagaban bien y aunque era ruda la jornada, no tena derecho de
-quejarse, cuando aquella nia se mostraba infatigable y valiente.
-
-Bogaban cerca de la margen. Las altas hierbas acuticas rozaban la
-borda, con un ruido de papeles ajados, y llegaban a poner su caricia
-hmeda y fra, por el roco, en la mano de Rosarito, que se estremeca
-a su contacto.
-
-La barca deslizbase dejando una estela en que se quebraba la luz
-de las estrellas, que empezaban a dormirse en el cielo, ante la
-cercana del alba. El agua chapoteaba contra la costa gredosa, y aquel
-ruido montono, mezclado al concierto nocturno de los grillos y de
-los camalotes podridos en el barro, iba anegando en somnolencia el
-pensamiento de la nia.
-
-Dej la pala y se sent sobre el taco de proa. El manto que le cubra
-la espalda, caa fuera de la borda, mojndose una punta.
-
---Estoy cansada--dijo, como una disculpa.
-
---Ya me pareca que as haba de ser--contest el canoero dando un
-empelln ms fuerte, como para mostrar que la canoa marchaba por l y
-no por ella.
-
-Rosarito se adormeci temblando de fro, al dejar el violento ejercicio.
-
-Ya no tena miedo, ni del hombre que le acompaaba, ni de la noche que
-le envolva, ni de las hierbas hmedas que le besaban la mano al pasar,
-con el contacto viscoso de una vbora o de un sapo. Una gran ilusin
-se levantaba en su corazn, como el lucero que en ese momento anunciaba
-el alba...
-
-Cuando ella fuera hasta "l" y le dijera que haba hecho aquel viaje
-descabellado, sin pensar en peligro ninguno, por anunciarle que deba
-huir, l, sin que ella hablara ms, comprendera su amor y adivinara
-el temple de su carcter, que la haca digna de ser la mujer de un
-caudillo.
-
-Pero en verdad, comprendera l que ella lo amaba, que lo haba amado
-siempre?
-
-Sinti en los labios el beso de aquella noche triste, en que oyendo las
-descargas de los soldados que se batan en la plaza, ella crey morir.
-Por qu la haba besado antes de ir al combate si no era para decirle
-que tambin l la amaba?
-
-Su ensueo dur hasta que llegaron a la Casa de los Cuervos, cuando la
-ceniza de la escarcha brillaba sobre los campos a la luz de la aurora.
-
-El canoero, que conoca el lugar, dijo:
-
---Aqu es.
-
-Y Rosarito se levant de golpe, pensando que poda hallar a Insa al
-saltar a tierra.
-
-Todo el campo apareca como sembrado de sal, y ms que en el fro,
-mostrbase el invierno en la ausencia de los pjaros, y en el gran
-silencio que reinaba sobre la tierra despierta ya.
-
-Slo en las casas sentase el ruido que haca un pen, martillando un
-freno, que se haba doblado; y en la isla de enfrente la algaraba
-spera de las gallinetas y de los chajs, que saludaban al nuevo sol
-que empezaba a salir.
-
-Lleg el capataz, al or ladrar los perros, y Rosarito pregunt por
-Insa, y tuvo que explicarle de qu se trataba, para que el desconfiado
-campesino los hiciera pasar hasta el patio de los naranjos, donde ella
-vi los cuervos, que daban nombre a la estancia. Los dos pajarracos,
-posados en el suelo, devoraban su racin de la maana, antes de salir
-al campo de las ovejas. Al pasar Rosarito se levantaron, y ella sinti
-el viento y el tufo que arrojaban sus alas.
-
-No pens en nada triste, porque all estaba Insa, que la habl,
-inmensamente sorprendido de verla.
-
---Qu hay?
-
-Y ella le cont. Y l quiso ver entonces la canoa en que haba venido,
-y fueron los dos hasta la orilla del ro, y bajaron la barranca. Ya no
-estaba el canoero, que haba ido hasta las casas con el capataz, pero
-la pequea embarcacin, con la proa en tierra, pareca reposar de su
-larga jornada, junto al bote de Gabriela que se balanceaba en el agua.
-
-Insa comprendi la suma de valor y de destreza que haba gastado
-la nia en su aventura. Se volvi a ella, que estaba a su lado,
-estremecida, esperando aquella palabra con que haba venido soando.
-
-Mas no la dijo. Le apret la mano.
-
---Gracias, Rosarito. Voy a salir enseguida, porque ellos no tardarn.
-
-Subieron hasta las casas, juntos los dos. Rosarito silenciosa y
-desencantada; l contndole a grandes rasgos lo que poda decirse de
-la revolucin que preparaban, y que estaba fijada para algunos das
-despus.
-
-Recibida con afecto en la Casa de los Cuervos, la hija del maestro
-empez a comprender qu sortilegio haba apresado aquella alma errante,
-que ella persegua con amor haca tantos aos.
-
-En pocos minutos se hicieron los preparativos de la fuga. Alarcn
-ensill los caballos y cuando todo estaba listo, Rosarito vi a Insa
-apartarse con Gabriela, siguiendo la calle de los eucaliptus, sombra
-a pesar de los rayos oblicuos del sol que se filtraba por entre sus
-troncos; y sus ojos se abrieron a la triste verdad.
-
-No pudo esconder sus lgrimas, cuando los vi venir. Pens que l la
-habra besado, como en aquella noche inolvidable en que l le rob un
-beso para que le sirviera de talismn en la batalla.
-
---Por qu lloras, Rosarito?--le pregunt l, subiendo a caballo.--No
-hay peligro para m; no se ha fundido la bala que ha de matarme...
-
---Que Dios te bendiga!--le dijo, como una madre o como una hermana.
-
-l parti al galope seguido de Alarcn. Gabriela se haba entrado. La
-silueta severa de doa Carmen de Borja, que un momento se pintara en
-la galera, baada de sol, desapareci como una sombra.
-
-Cumplida su misin Rosarito pens volverse, mas no la dejaron,
-hacindola ver que si la gente del gobierno, que sin duda vigilaba
-el ro, la vea pasar en canoa, adivinara que ella haba sido la
-mensajera, y expondra a su padre a persecuciones o venganzas.
-
-Hara mejor en aguardar dos o tres das antes de partir, y entonces se
-ira en volanta, lo cual se prestara a menos sospechas.
-
-Accedi, y esa tarde fu sola hasta la barranca, a despedir el canoero
-que se volva, y cuando l parti, ella se qued mirando cmo se
-entraba aquel sol que esa maana vi salir, con una extrema ilusin.
-
-A lo lejos el monte quieto, iba espesando su faja sombra. El grito de
-una lechuza, a la puerta de su cueva, rompa el gran silencio, apenas
-turbado por el melanclico rumor del ro.
-
-Sobre las nubes cobrizas de Occidente, el sol pareca un enorme sello
-de lacre, que tea el cielo con un reflejo crdeno.
-
-Callaba el viento, que durante todo el da haba silbado en los duros
-espartillos del campo, pero a ratos la brisa del ro, con un fro
-aletazo, haca temblar a la nia, que miraba las cosas, poniendo en
-cada una un poco de su tristeza.
-
-Se ech a llorar, sentada en el bote de Gabriela, que pareca una
-gaviota dormida.
-
-No sinti correr el tiempo. Cuando la fueron a llamar era de noche, y
-en el rbol seco dorman ya los cuervos.
-
-
-
-
-III
-
-El incendio del garzal
-
-
-Aquella zona de la costa, que el ro inunda cuando crece o que
-las lluvias anegan, transformndola en un lago inmenso, de escasa
-profundidad, deba ser el pasaje de las montoneras revolucionarias, y
-el gobierno continuamente destacaba piquetes que la vigilaran.
-
-La tarea no era fcil. Salindose del camino de Helvecia, que cruzaba
-por all, el terreno era liso como un plato, sin monte, sino a lo
-lejos, pero cubierto de pajales, tupidos y altos, donde se guareca la
-hacienda matrera, y donde poda esconderse perfectamente un hombre a
-caballo.
-
-Acercarse a aquellas isletas sospechosas, con aire de ir a explorarlas,
-era exponerse a recibir una bala de un enemigo invisible.
-
-A fines de Junio del ao 77, los lugares que se inundaron por las
-lluvias estaban secos, pues haca tres meses que no llova y se haban
-transformado en un escondrijo admirable para el gauchaje alzado, que
-merodeaba por aquellos lugares viviendo de rapias y pernoctando en los
-pajales misteriosos, llenos de extraos rumores en los das de viento.
-
-Los mismos soldados del gobierno, en ciertas ocasiones aprovechaban el
-fcil escondrijo, ya para hacer noche, ya para observar sin ser vistos,
-a los viajeros que podan pasar por el camino.
-
-Y as fu como Insa y Alarcn, que vadearon el ro buscando el mejor
-camino para la estancia de "Los Algarrobos", donde esperaban reunirse
-con Cullen, estuvieron a punto de caer en poder de uno de los piquetes
-que vigilaban las costas.
-
-Cuando la partida gubernista los vi pasar por el camino limpio, de
-lejos reconoci al caudillo revolucionario, cuyo poncho blanco de
-vicua flotaba a sus espaldas como un albornoz.
-
---Son ellos!--dijo el jefe.--Vamos, muchachos!
-
-Crujieron las pajas, tronchadas por los cascos de las cabalgaduras
-y surgi sobre el camino la figura salvaje de los seis hombres que
-componan la partida, vestidos a medias de militares y a medias de
-gauchos.
-
-Insa y su compaero, que se alejaban al trote, resguardados por un
-pequeo monte de chaares, que en aquel sitio obligaba al camino a
-hacer un recodo, sintieron el ruido a sus espaldas, y a travs de los
-rboles vieron la avalancha de hombres que se lanzaba sobre ellos.
-
-El pensamiento de echar pie a tierra y contener a balazos a los seis
-policianos, fu el primer recurso que se le ofreci al revolucionario.
-Pero slo Alarcn tena su carabina. l llevaba su revlver, ineficaz
-a esa distancia para un blanco tan movible como el que presentaban sus
-adversarios, lanzados al galope.
-
-Adems, todos ellos, armados de carabinas, habran podido con ms xito
-contestar su agresin.
-
---Es bueno tu caballo?--pregunt a su compaero que montaba un zaino
-obscuro.
-
---Es de "Los Algarrobos"--contest simplemente Alarcn, haciendo el
-elogio, porque don Patricio Cullen tena en su estancia una cra de
-caballos muy acreditada.
-
---Castig entonces--djole Insa que montaba su famoso tostado.
-
-Y los dos, agachados sobre el cuello de sus cabalgaduras, empezaron una
-carrera frentica que haba de durar mientras los otros no cejaran en
-su persecucin.
-
-El montecito de chaares les salv del tiroteo que los perseguidores
-pudieron dirigirles al sorprenderlos a menos de medio tiro de
-rmington; y cuando, ms all, el obstculo desapareci, la distancia
-haba aumentado sensiblemente, dificultando la puntera.
-
-Pronto sintieron el silbido de las balas.
-
-Insa se ech a rer, espoleando su caballo.
-
---No est fundida la que me ha de matar--dijo repitiendo las palabras
-que haba dicho a Rosarito.
-
-Tena fe en su estrella. Alarcn, sin embargo, serio y triste, le
-respondi:
-
---Toda la noche he sentido graznar a los cuervos. Dicen que eso anuncia
-desgracia.
-
-Pronto dos de los perseguidores, mal montados, fueron quedndose
-atrs. Se detuvieron, abandonando la partida, echaron pie a tierra y
-hubieran comenzado el fuego en condiciones mejores, si sus propios
-compaeros que corran sobre la misma lnea del camino, detrs de los
-dos revolucionarios que huan a quinientos metros de distancia, no los
-hubieran defendido cubrindolos con sus cuerpos.
-
---Que Dios los ayude!--dijo uno, dejando el fusil y ponindose a
-arreglar el apero de su caballo, que humeaba sudoroso.--Van bien
-montados y no los alcanzaremos.
-
-La persecucin dur algunos minutos ms. Sobre el camino blanco
-brillaba al sol una prolongada nube de polvo, que sealaba el paso de
-los hombres. No haba viento y quedaba flotando extenso rato a lo largo
-de los pajales verdes.
-
-El jefe de la partida, sintiendo que su mismo caballo empezaba a
-aflojar, y viendo cada vez ms distantes a los dos fugitivos, solt una
-maldicin y se detuvo.
-
---Alto!--dijo--a esos no los alcanzan ni las balas! Llevan caballos
-de la marca de Cullen.
-
---O de la de Insa--respondi uno de los soldados--el tostado del
-capitn es de su estancia del norte. Yo lo conozco; tiene fama de ser
-el mejor parejero de estos pagos...
-
-Durante algunos minutos, parados en el camino, siguieron con la vista
-el pequeo grupo de los revolucionarios, que se iba achicando, hasta
-que desapareci entre el polvo del camino y los pajales.
-
---Los cuervos han mentido--dijo Insa a Alarcn, conteniendo su
-caballo, al notar que sus perseguidores haban renunciado a alcanzarlos.
-
---Falta mucho para que se entre el sol--observ Alarcn.--Adems, lo
-que no sucede hoy, sucede maana.
-
---Ests con miedo?
-
---No, mi capitn.
-
---No habls entonces de cosas tristes.
-
-Siguieron al tranco, refrenando sus corceles enardecidos por aquella
-media hora de fuga frentica.
-
-Insa pensaba que la partida que lo haba sorprendido no deba ser la
-nica apostada en el camino de "Los Algarrobos", y que siguindolo
-corran el riesgo de tropezar con alguna otra de la cual no pudieran
-evadirse con tanta fortuna.
-
-Los caballos hacia el medioda necesitaban descansar.
-
-Estaban a la altura de Mocoret, lugar aislado, entre el Saladillo
-y los baados de la costa del ro San Javier. Llegndose hasta all
-podran tomar un camino menos peligroso, a travs del Campo del Medio,
-tierra de amigos, que confinaba con la colonia Helvecia, donde Insa
-contaba con el mejor ncleo de gente para la revolucin, los colonos
-suizos, tiradores eximios, comprometidos a levantarse y a seguir a
-Insa, cuando don Patricio Cullen les diera la seal que aguardaban
-haca tiempo.
-
-Insa y su compaero seguan a lo largo del Saladillo tortuoso,
-cuya margen escarpada en aquella altura, estaba poblada de bosques
-enmaraados, de algarrobos y andubays. Galopaban buscando "los
-limpios", y en el profundo silencio que bajo la comba de los rboles
-reinaba como un tcito gesto del invierno, no se oa, aparte de las
-sordas pisadas de los caballos, ms que el crujido de alguna rama
-demasiado seca, desgajndose sobre la tierra cubierta de musgo.
-
-De pronto grit una lechuza, y Alarcn, que saba interpretar los mil
-indicios del monte, se detuvo y dijo en voz baja:
-
---Debe de haber algn rancho por aqu.
-
-Insa asinti y comenzaron a marchar al tranco, prestando odo a cuanto
-rumor sospechoso llegaba hasta ellos.
-
-La lechuza grit de nuevo, y Alarcn ech pie a tierra, se acost y
-mir en la direccin de su grito por debajo de los rboles.
-
---Hay un rancho--dijo--como a dos cuadras de aqu.
-
-Volvi a montar. El rancho quedaba entre ellos y el ro. Si haban de
-cruzar ste para llegar a Mocoret, les era menester seguir la costa,
-buscando un vado.
-
-Aquella habitacin humana, que no conocan, se les hizo sospechosa.
-
---Debe de ser de no ha mucho--murmur Alarcn.
-
-Caminaron un trecho callados, y luego oyeron ladrar a los perros que
-los haban sentido.
-
---Pasemos de largo y al galope--dijo Insa.
-
-Castigaron los caballos y cruzaron a cierta distancia del rancho, que
-daba sobre la barranca, a breve trecho del ro. En un corralito de
-ramas vieron algunos caballos, pero ni una sola persona se asom a la
-puerta, por ms que los perros les ladraron hasta que se perdieron de
-nuevo entre el monte.
-
---Es raro--pensaba Insa--all haba alguien. Por qu no ha salido?
-
-Un momento tuvo intencin de volverse, sospechando que el rancho
-pudiera servir de refugio a algn espa del gobierno, puesto all en el
-vado, por donde pasaban los que iban a Helvecia, a travs del Campo del
-Medio.
-
-Desech tal idea, que le habra demorado, y se acerc a la costa,
-buscando un paso, que les permitiera cruzar el cauce del riacho, sin
-desensillar y montados.
-
-No fu difcil hallarlo. Vieron huellas de hacienda que haba pasado,
-y enderezaron por all. Los caballos olan el agua resoplando; la
-corriente era fuerte, pero escasa la profundidad, y as, minutos
-despus galopaban sobre la otra margen, tierras bajas, anegadas por el
-ro y por las lluvias y cubiertas de tacuruces, pequeos montculos de
-tierra en que anidaban las hormigas, por temor al agua, y de speros
-espartillos, en que el viento se arrastraba gimiendo.
-
-No haba arboleda. La pradera desnuda, color de pizarra, se dilataba
-hacia el Este en una vasta zona, en que la vista no hallaba lindes.
-Hacia el Norte se divisaba una faja obscura y lejana; eran los montes
-de Mocoret, algarrobos enormes, con uno que otro fresco andubay,
-abierto como un paraguas sobre un tronco recto y de ruda corteza.
-
-Faltaba mucho an para que se entrara el sol, cuando llegaron a las
-primeras filas de rboles. De all el Campo del Medio no distaba ms
-de cuatro leguas, y habran podido alcanzarlo antes de la noche. Pero
-los caballos estaban cansados por el largo galope y convena hacerlos
-reposar algunas horas, a fin de tenerlos bien y llegar en la madrugada,
-disponiendo de todo un da para hablar a la gente de esos contornos.
-
-Insa conoca a un cuidador de haciendas, que tena un "puesto" por
-aquellos lugares de Mocoret, y se dirigieron a su rancho.
-
-Ellos mismos, en ayunas an, sentan ansia de tomar algunos mates, lo
-que les sera suficiente, si no haba otra cosa, pues en ms de una
-ocasin haban soportado largas abstinencias, sin otro alimento que
-los cimarrones que les brindaban en las miserables chozas de aquellos
-campos semidesiertos donde hallaban amigos o conocidos.
-
-Sobre lo ms alto de la suave lomada, en que creca el monte frondoso y
-virgen, en un trozo de campo, limpiado con el hacha, estaba el "puesto"
-del paisano cuidador de las haciendas de Mocoret.
-
-Viva con su corta familia, dos o tres personas, ms aisladas del mundo
-que l mismo, porque siquiera l, en los das de fiesta sola llegarse
-a caballo hasta la colonia, donde haba carreras o jugadas de taba.
-
-Un grimilln de perros, que le ayudaban a rejuntar las vacas, cuando
-paraba rodeo, salieron al encuentro de los dos viajeros, y a sus
-ladridos apareci el paisano en el patio de tierra dura, y luego su
-mujer en el umbral de la puerta, con un chicuelo en brazos.
-
-La luna saldra tarde esa noche, e Insa pas las horas tomando mates
-amargos que le cebaba Alarcn, esperando su salida, para marchar de
-nuevo, mientras los caballos pastaban atados a un largo lazo, el
-pasto fino, an verde, que los rboles frondosos haban librado de las
-heladas.
-
-El puestero tena carne abundante de un novillo sacrificado das antes,
-y as pudieron "churrasquear" al amor del fuego, encendido en mitad de
-aquel rancho de paja.
-
-La noche lleg pronto, profunda, sin estrellas y ventosa, del lado del
-Sur. Haca fro, y se estaba bien en el interior de la choza, alumbrada
-por un pbilo que arda en un plato lleno de pellas de sebo. Mas cuando
-contaban con un rato an de reposo, sintieron ladrar los perros, seal
-de que alguien llegaba, y poco despus el rumor de algunos jinetes que
-invadieron al galope el pequeo patio frente a la puerta cerrada.
-
-Oyse ruido de armas.
-
-Insa y Alarcn se miraron. El caudillo revolucionario vi que su
-compaero, rpido y silencioso calzaba la puerta por dentro con un
-mortero de algarrobo, y con el filoso facn, que le serva para cortar
-la carne, se pona a abrir un boquete cortando la paja atada en
-"quinchos" con guascas, que formaban la pared del rancho, en el lado
-opuesto a la entrada.
-
-El puestero contestaba en tanto a los que de afuera le hablaban.
-
---Abra, amigo!
-
---Quines son?
-
---Hombres de bien; abra y no tema.
-
-Sentase rumor de sables que se golpeaban.
-
---Me ha pillado dormido--deca el paisano entretanto, comprendiendo que
-un minuto que lograra detenerlos en la parte de afuera, sera bastante
-para que sus dos huspedes se escaparan.
-
-Despus ya sabra l cmo arreglarse con los soldados.
-
-La mujer temblorosa permaneca en un rincn. Insa ayudaba a Alarcn
-que cortaba sin ruido los quinchos de paja.
-
-De afuera sacudieron la puerta, y se oy una voz, ms baja y melosa,
-que deca:
-
---Abra no ms y no salga que hace fro.
-
---Jos Golondrina--murmur Alarcn al odo de su jefe.
-
-Y era l en efecto. Dos das antes haba salido de Santa Fe con una
-partida a la que serva de baqueano para batir las rutas y llevar
-noticias de lo que pudieran observar. Haban pernoctado en el rancho,
-construido expresamente sobre el vado, donde viva un isleo que era
-un espa, y se disponan a seguir por la margen del Saladillo hacia el
-norte, cuando esa tarde vieron pasar a Insa y a su ayudante.
-
-Jos Golondrina dijo al jefe de la partida:
-
---Yo conozco estos pagos. Hay un "puesto" en Mocoret, y all han de
-parar hasta que descansen los caballos que van sudados. La luna sale
-tarde y no se han de ir antes que salga.
-
-Y el jefe, que conoca la astucia del indio, los dej pasar sin
-mostrarse y se prepar para caer sobre ellos cuando estuvieran
-"mateando" en el rancho.
-
-Y ocurri como lo haban previsto.
-
-Agolpados todos cerca de la puerta, aguardaron que el dueo les
-abriese, seguros de coger a Insa y a Alarcn en aquella ratonera.
-
-Mas la tardanza en ejecutar la operacin tan simple de quitar la
-tranca, disgust al jefe de la partida, el cual sospech algo.
-
---Abra, canejo!--grit impaciente; y sin esperar ms, volvi su
-caballo, ponindolo de ancas contra la puerta, le peg un sofrenn
-brusco, y el animal dolorido di tan formidable empelln, que las
-maderas crujieron y la puerta cay con marco y todo.
-
-Los cuatro hombres de la partida, se precipitaron al interior del
-rancho, menos Jos el indio, que se qued fuera mirando hacia el monte,
-que en la densa obscuridad apareca como una mancha de tinta.
-
-Vi cruzar dos hombres, y grit:
-
---No pierda tiempo, mi jefe; ya no estn ah; all van corriendo, para
-ganar el monte!
-
-Un coro de maldiciones respondi, y un grito de dolor rasg la noche.
-
-El jefe acababa de ver el ancho boquete abierto en los quinchos de la
-pared, que el puestero haba querido en vano disimular, arrojando un
-apero.
-
-Comprendi que lo haban burlado.
-
-Era un paisano flaco, pequeo, con ojos crueles.
-
-Mir al puestero que temblaba de miedo, y rpido, como un gato del
-monte cay sobre l, y le enterr el facn en el vientre.
-
-La mujer di un grito, y el pobre hombre cay como un buey fulminado,
-mientras la gente de la partida corra hacia el monte, donde se haban
-refugiado ya Insa y Alarcn.
-
-ste llevaba su carabina, mas no convena hacer frente. En la
-obscuridad de la noche, no habra podido apuntar; lo mejor era buscar
-los caballos que pastaban por all, cortar los lazos y saltar sobre
-ellos, que estaban ensillados, con las riendas al pescuezo.
-
-Cuando penetraron en la sombra del monte, oyeron el grito del indio
-Jos, y luego sintieron el tropel de los soldados que corran.
-
-Pero en pocos segundos haban saltado sobre sus caballos, y huan, como
-dos centauros, tendidos sobre el cuello, a travs del bosque, sufriendo
-a cada instante el chicotazo de las ramas espinosas que no podan
-esquivar.
-
-Detrs, como una avalancha, partieron sus cinco perseguidores.
-
-El monte, de grandes algarrobos seculares, era limpio de zarzas, y
-podan huir sin grandes tropiezos. De cuando en cuando les disparaban
-algn tiro cuya bala se perda silbando, lejos de ellos.
-
-Y as corrieron, aumentando la distancia, por entre la densa arboleda,
-sin riesgo de que pudieran rodearles, hasta que llegaron a un terreno
-bajo, donde no haba rboles, y que se extenda en un solo pastizal,
-ilimitado, suave y fresco.
-
-La luna sala, llenando de luz el baado, sobre el cual se dibujaban
-ntidamente las siluetas de los dos fugitivos.
-
-Insa temi que vindoles les hicieran fuego, mas no ocurri eso; sus
-perseguidores, llegados a la vasta planicie, abrironse en dos alas,
-para rodearlos.
-
---Maldicin!--dijo Insa, sintiendo que su caballo cansado, por la
-carrera de todo el da, empezaba a aflojar.
-
---No importa, mi capitn!--respondile su compaero, que empezaba
-tambin a quedarse atrs--si ganamos el garzal, no nos agarrarn en
-toda la noche.
-
-Al frente, en la lnea que seguan, a la luz de la luna, divisbase
-el garzal, un inmenso pajonal, en cuyo centro, en una isleta casi
-inaccesible de totoras, hierbas altas y fuertes como caas, anidaban
-millares de garzas, tuyangos y ocs, toda la fauna acutica de aquellas
-regiones, con la seguridad de que hasta all el hombre no era capaz de
-llegar.
-
-Vease que la intencin de sus perseguidores era impedirles alcanzar
-este refugio, porque las alas empezaban a cerrarse, y como iban bien
-montados, con caballos frescos, no hubiera sido imposible que lograran
-su intento, si los caballos de los dos revolucionarios no hubieran
-hecho un supremo esfuerzo, ya en el linde del garzal, donde penetraron
-a saltos, quebrando las altas totoras, resecas por el invierno.
-
-Alarcn marchaba adelante; Insa le segua, por la brecha que l
-formaba aplastando las caas. De cuando en cuando torca bruscamente
-el rumbo, de manera que no pudieran verlos desde afuera. La tupida
-cortina de totoras se alzaba como un muralln. Ni aun de da habran
-podido seguirles con facilidad sus perseguidores, y a esa hora la tarea
-resultaba imposible y expuesta, porque Alarcn, que conservaba su
-carabina e Insa su revlver, los habran fusilado a mansalva, antes
-que ellos pudieran verles.
-
-Por eso, cuando minutos despus llegaron los soldados hasta el garzal,
-detuvironse indecisos. Haba huellas que podan guiarles, pero ya
-entre las caas, altas de cuatro metros, tronchadas en diversas
-direcciones por las haciendas que saban refugiarse all, no era
-posible en la noche, hallar las verdaderas seales del paso de Insa.
-
---Hay que cuidar la parte del Este--dijo el indio Jos.--Por ese lado
-han de salir, buscando el camino de Helvecia, a travs del Campo del
-Medio.
-
-Toda la partida, en efecto, continu al galope, por la costa del
-inmenso garzal, que pareca un mar de plata, a los rayos de la luna que
-fundan todos los perfiles.
-
-De vez en cuando sentase el vigilante grito de los chajs, que
-adivinaban la presencia de los hombres. Algunas brujas, grandes aves
-nocturnas, revoloteaban, manchando con sus sombras el cielo azul,
-inundado de luz.
-
-Insa y Alarcn avanzaban siempre hacia el centro del garzal. Cuando
-llegaron a los escondidos lugares donde las aves acuticas tenan
-sus refugios, a cada paso que daban, encabritbanseles los caballos,
-asustados, porque de entre sus patas se alzaban gritando los ocs y
-las garzas, que dorman en sus nidos de caas dobladas, cimentadas con
-barro, a breve distancia del suelo.
-
-Un lodo pegajoso, indicio de que durante el verano y el otoo todo el
-terreno estaba anegado, haca ms fatigosa la marcha. Los caballos
-rendidos, se paraban. Dbanles un resuello, y con las espuelas
-ensangrentadas ya, los obligaban a marchar, resoplando, medrosos, ante
-aquellas sombras que surgan del suelo bruscamente, y aquel perpetuo
-crujido de las caas que estallaban al quebrarse.
-
-As llegaron al centro, donde haba una laguna, en que los patos
-dorman en bandadas inmensas, que se alzaron con un ruido de granizo,
-al sentir a los dos hombres.
-
-El sitio era limpio, alejado casi media legua de la orilla. No haba
-totoras, y la tierra cubierta de verdes canutillos, pareca un fresco
-tapiz, mas los caballos se negaban a entrar, conociendo que debajo de
-los pastos haba un metro de agua.
-
-Entre las totoras de la orilla, donde el suelo era firme, aunque
-barroso y hmedo, se quedaron los dos fugitivos, y echaron pie a tierra
-para dejar descansar sus caballos.
-
---Por esta noche no hay peligro--dijo Insa, desensillando su caballo,
-para soltarlo atado con el lazo que llevaba arrollado.
-
-Del lomo sudoroso de los animales se alzaba un vaho denso. El fro era
-penetrante y pareca caer como una lluvia impalpable y helada, del
-cielo limpio, barrido por el viento.
-
---Se van a pasmar--dijo Alarcn, cortando un puado de paja seca y
-friccionando rudamente la piel humeante de su caballo.
-
-Insa, silencioso, pensaba en cosas lejanas. La vida tena ahora para
-l ms precio, y an envuelto en la emocin de la lucha, senta las
-ligaduras que ataban su corazn a la Casa de los Cuervos.
-
---Oh! Gabriela, Gabriela!--pens--qu profundamente has entrado en
-mi alma!
-
-Alarcn dej los caballos y se puso a construir una ancha cama, a la
-manera de los nidos de las garzas, de totoras entretejidas y dobladas.
-No bien estuvo dispuesta una, Insa se tendi sobre ella con el aire de
-un hombre rendido, y se envolvi en su blanco poncho de vicua.
-
-Su compaero sonri adivinando en qu pensaba el caudillo.
-
---Yo har la guardia, mi capitn--le dijo.
-
---Hasta la media noche--respondi Insa--a esa hora yo te relevar.
-Partiremos antes del alba.
-
-Pero antes de la hora, en el viento que empezaba a soplar con fuerza
-del lado Sur, lleg una obscura cortina de humo, clido y acre.
-
---Mi capitn, mi capitn!--grit Alarcn.
-
-Insa salt de su lecho de totoras.
-
---Han incendiado el garzal.
-
-Los caballos empezaban a asustarse. Hacia el Sur sentanse ya los
-gritos de las aves sorprendidas por el fuego, pero an no llegaba hasta
-ellos el chisporroteo de la llama.
-
-La columna de humo envolva el garzal, sin levantarse mucho, porque
-arriba el viento la desgarraba, y sus blancas volutas, iluminadas por
-la luna, se enredaban como banderas entre los haces de totoras.
-
-En un minuto estuvieron ensillados los dos caballos, que amujaban las
-orejas y cavaban la tierra con sus cascos impacientes.
-
-Cuando Insa iba a saltar, Alarcn dijo:
-
---Mi capitn, no monte en el suyo, monte en el mo, y deme su poncho.
-As nos confundirn, y podremos escapar con facilidad.
-
-Insa que fiaba en la sagacidad de su compaero, acept el cambio, y
-subi en el otro caballo, mientras Alarcn saltaba sobre el tostado
-famoso del caudillo.
-
-Entre las rachas de humo que se hacan ms espesas, contornearon
-la laguna del garzal, sobre la cual revoloteaban millares de aves,
-graznando, encandiladas por el incendio, y entraron entre los totorales
-de la opuesta orilla, azuzando a sus caballos, ms acostumbrados ya a
-romper las caas con el pecho.
-
-De pronto dijo Insa, detenindose:
-
---Si han incendiado el garzal por la parte del Sur, deben cuidar el
-Norte.
-
---As ha de ser--contest Alarcn.
-
---Entonces es preferible buscar camino al naciente.
-
---Yo creo, mi capitn, que debemos separarnos. Usted hacia el Norte, yo
-hacia el naciente, aunque ellos vigilen por all. Si han incendiado el
-Sur, el viento que es pampero, ha de haber hecho correr el fuego por
-todo el poniente.
-
-Y as se apartaron, citndose para el camino de Helvecia. Al
-despedirse, Alarcn estir la mano a su jefe.
-
---Adis, mi capitn. Aunque me maten, no se olvide de m.
-
-En la noche, entre el humo y el reflejo del incendio que llegaba ya, el
-valiente revolucionario, con el poncho blanco flameando a sus espaldas,
-agitado por el viento, pareca un caballero de leyenda.
-
-Insa tuvo miedo al verle, tan fantstica era su figura en el cuadro
-aquel, y tembl recordando sus presentimientos de esa maana.
-
-Le apret la mano con extraordinaria efusin y se separaron los dos,
-Insa hacia el Norte, Alarcn hacia el Este, donde quedaba el camino
-del Campo del Medio.
-
-El jefe senta el incendio a su izquierda, como si el viento,
-remolineando, sin direccin fija, hubiera hecho correr la llama por
-el contorno de esa parte del garzal, cuyas totoras resecas eran un
-admirable pasto para el fuego.
-
-Corra ms la llama que l, y eran como dos brazos de oro fundido
-que le perseguan para estrecharlo antes de que saliera de entre los
-totorales.
-
-Lleg a pensar que habra sido mejor buscar una salida hacia el
-naciente, aun defendindose a tiros, porque por all el incendio no
-deba haber llegado todava.
-
-El caballo espoleado con crueldad avanzaba dando botes. A veces caa,
-resbalndose sobre las totoras, enredadas al rededor de un nido, en que
-algunos polluelos estiraban sus largos pescuezos ansiosos.
-
-Insa lo hostigaba, sintiendo en la espalda el aire abrasado, y el
-pobre animal, lleno de pavor ms que de bros, soplaba con furia y se
-alzaba temblando, para marchar rompiendo siempre aquella inmensa malla
-de pajas crepitantes y lustrosas.
-
-Cuando lleg al borde del garzal, cerca ya del baado, una racha de
-viento desgarr la cortina de humo, que lo envolva todo, y l pudo ver
-hacia el naciente el incendio ms pavoroso como si le hubieran dado
-contrafuego.
-
-Tembl por su compaero. Fu a volver, en su auxilio, por la brecha que
-l mismo haba abierto, pero una inmensa columna de humo se alz de
-pronto, a un centenar de pasos, de donde l estaba, entre las totoras
-que acababa de cruzar, anuncindole que todo aquello no era ms que un
-solo brasero.
-
-El cielo que se haba cubierto de nubes, se enrojeca con vvidos
-lamparones, que desgarraban la negrura de la noche con reflejos
-sanguinolentos. Altas, muy altas, veanse cruzar las garzas
-encandiladas, y graznaban las gaviotas que haban acudido al
-espectculo.
-
-En el horizonte hacia el Este, pintbase ya la barra limpia, color de
-oro, anunciadora de la maana.
-
-Un minuto que perdiera, sera su muerte, pens el revolucionario,
-sintiendo los gritos de uno de los hombres, que de lejos a su
-izquierda, le haba visto a la luz del incendio, y se echaba a correr
-sobre l.
-
-Espole su caballo, y empez a cruzar el baado, seco en ese tiempo,
-pero difcil por la aspereza de la tierra que la hacienda haba
-hollado y cubierto de infinitas madejas de camalotes resistentes como
-pequeos cordeles.
-
-Marchaba con honda pena, preocupado por la suerte de Alarcn, que poda
-haberse visto envuelto en las llamas, sin camino de regreso hacia la
-laguna del garzal, donde habra podido librarse del incendio.
-
-La luz se hizo, cuando lleg al linde del baado con el monte, y los
-cascos del caballo tocaron la anhelada tierra firme.
-
-Su perseguidor de la izquierda, lo salud con un tiro cuya bala sinti
-silbar, y vi entonces a la derecha el grupo de los soldados que se
-echaban sobre l, a todo lo que daban sus caballos.
-
-Y empez de nuevo la carrera, a travs del monte, lleno de silencio y
-de sombra, azotndose con las ramas espinosas que se alargaban sobre
-l, como para detenerlo a traicin, oyendo el resonante galope que le
-persegua como un trueno lejano, y el alarido de los perros, por donde
-comprenda que iba menguando la distancia y que su caballo empezaba
-a aflojar. Hasta que, de pronto, parecile que todo se anegaba en el
-silencio invernal del bosque, y volvi la cara no oyendo ya ni a los
-perros ni a los hombres, y observ que haban desaparecido.
-
-Comprendi que engaados por el cambio de poncho y de caballo, que le
-sugiriera Alarcn, crean haber perseguido a ste, y se volvan para
-rodear en el garzal incendiado al jefe de los revolucionarios, seguros
-ya de no dejarle escapar.
-
-Alarcn en tanto, quebrando la valla de totoras haba marchado hacia el
-Este de la lagunita donde pasaron la noche.
-
-Estaba seguro de que por esa parte se encontrara con los soldados, y
-ese era su oculto propsito. Se hara perseguir, con su poncho blanco,
-iluminado por el alba que clareaba ya, y dara tiempo a su jefe para
-escapar.
-
-Mas he aqu que siguiendo su penoso camino, cuando se haba internado
-profundamente entre aquellos tupidos y recios pajales, una extensa
-faja incendiada le cerr el camino con su vaho de infierno. El viento
-era contrario a la llama, pero de vez en cuando algn remolino caa
-sobre ella y mesndola en todas direcciones la haca penetrar en rojas
-lenguas a travs de las caas secas y sonoras.
-
-Busc una salida y no hallndola, oblicu hacia el norte, porque la
-gran masa de fuego llegaba del sur, arrastrada por el pampero. Y
-despus de marchar un rato, un aletazo del viento arroj sobre l una
-obscura cenefa de llamas envueltas en el humo spero de los pastos
-verdes.
-
-Tena que volver, y con paciencia, comprendiendo que deba esperar en
-medio de la laguna que sus perseguidores cayeran sobre l cuando el
-incendio hubiera devastado su inexpugnable refugio, volvi riendas y
-empez a desandar su jornada, siguiendo sus propias huellas.
-
-Y de nuevo la llama que haba avanzado rodeando la laguna le cort el
-paso.
-
-Ni para el Norte, ni para el Sur; ni para la izquierda, ni para la
-derecha. Todo estaba incendiado. Quiso cruzar la napa de fuego que
-lo separaba de la laguna donde poda salvarse, y el caballo se le
-encabrit y volviendo grupas empez a patear las llamas que corran
-como millones de culebras de oro.
-
-Deba morir, y se resign, con ese fatalismo criollo que se allana
-mansamente al destino.
-
-Ya l lo haba presentido, oyendo graznar a los cuervos, y aunque su
-jefe no crea, l tena ya la muerte en el alma.
-
-Haba una isleta libre entre la mar de fuego que avanzaba por todos los
-rumbos, se retir al centro, y se puso a mirar con sus ojos azules,
-serenos, la llama que llegaba en su busca. Las caas se retorcan
-gimiendo, y en la parte hmeda y verde que se hunda en la tierra,
-estallaban cohetes que asustaban al caballo.
-
-Alarcn lo palme en el cuello para aquietarlo. Ech pie a tierra y se
-puso a desensillar pensando que era una tristeza que se perdiera aquel
-soberbio tostado que se haba hecho tan famoso como su dueo. Quitle
-despus el freno, lo enderez hacia el Este, y le di un lonjazo para
-que tratara de salvarse huyendo a travs del fuego.
-
-Pero fu en vano; el animal corri hasta las llamas, tronchando las
-totoras; y all bruscamente, volvi el anca, y se puso a dar coces sin
-alejarse del fuego que avanzaba sobre l.
-
-Alarcn agach la cabeza para no verlo. Senta los gritos de los
-polluelos que se asaban en los nidos, y arriba, sobre su cabeza, la
-protesta de miriadas de garzas blancas y gansos rosados, que volaban
-sobre las nubes, asistiendo al incendio de su refugio y de su prole.
-
-Un rumor como si centenares de carros volaran sobre la llanura
-producan las llamas mesadas por el viento, entre las altas caas que
-podan ocultar un hombre montado.
-
-El humo y el calor de horno que le envolva empezaban a desvanecerle.
-El fuego estaba a cincuenta pasos de l, y envolva totalmente el sitio
-en que su caballo mora pateando siempre al invisible enemigo.
-
-Comenz a salirle sangre por la nariz, y como de pie no poda respirar,
-mir por ltima vez el cielo, manchado de nubes ahumadas y el sol que
-ascenda, haciendo huir la noche en el sombro bosque, por donde a esa
-hora galopaba su jefe, y se ech en tierra pegando la cara con el barro
-fresco, que pudo hallar al pie de las totoras, envuelto en el poncho
-blanco de Insa.
-
- * * * * *
-
-Cuando al caer la tarde se extingua el inmenso brasero del garzal que
-haba ardido todo el da, Jos Golondrina, que acechara ansiosamente
-para impedir la fuga del que todos crean que se estaba quemando all
-adentro, mont a caballo, y se intern en la llanura cubierta de ceniza
-y de matas ennegrecidas que se desmoronaban bajo las pisadas del
-caballo.
-
-De algunos montculos, donde haban estado ms tupidas las totoras,
-surgan an haces de chispas, que caan como un polvo de oro sobre el
-rescoldo tibio.
-
-A tres cuadras de la laguna hall el cadver del caballo de Insa, y a
-poco ms all, el cuerpo del que crey su rival, con la cara sobre la
-tierra blanca de cenizas, como dormido en el profundo silencio de la
-tarde.
-
-Reconoci su poncho blanco de vicua, quemado en parte, su lujoso
-apero, sus armas, y ech pie a tierra, y con el taco de su bota pis
-el cuello del muerto, que envolva la manta, sintiendo que la carne
-calcinada se desmoronaba tambin como aquellos montculos de que estaba
-sembrado el garzal.
-
-Y sus ojos pardos se llenaron de luces, que brillaron un momento, como
-los haces de chispas que surgan de entre las matas encendidas an,
-cayendo como una lluvia de oro sobre el rescoldo tibio.
-
-Y pens que ahora poda reinar sobre su tribu reconstituda por l.
-
-
-
-
-IV
-
-Yo lo mat, pero voy a morir...
-
-
-Das antes Syra, que rara vez sala desde la muerte de su novio, visit
-a las vecinas, en cuya casa sola verse con l.
-
-Empezaban a encenderse las luces cuando ella termin su visita, y se
-march.
-
-En la calle solitaria a esa hora, encontrse con una negra vieja, hija
-de los esclavos de otros tiempos, limonera, que caminaba pegada a las
-paredes, estirando una mano seca a los raros transentes.
-
-Conocala Syra y la socorra en da fijo de la semana.
-
-La vieja se le acerc, y le dijo en voz baja:
-
---Amita! me mandan a buscarla, si quiere ir, en inters del hombre que
-llora.
-
---Quin te manda?
-
---Jos el indio.
-
---Dnde est?
-
---En el cementerio de San Antonio.
-
---Qu quiere de m?
-
---No me lo ha dicho.
-
-Pens Syra un momento, arrimada contra uno de los pilares de su casa, a
-la cual haba llegado, y tuvo el presentimiento de que la vieja esclava
-deca la verdad, y que las misteriosas palabras con que haba aludido a
-su novio muerto, tenan realmente relacin con la extraa cita.
-
-Observ si alguien ms la haba visto, y creyendo que no, se arreboz
-en su chal como una mora, descubriendo los ojos nada ms, y sigui la
-calle del Cabildo, hacia el Oeste, para doblar al Norte tres cuadras
-ms all.
-
-El velo ceniciento que el crepsculo haba arrojado sobre la ciudad, se
-iba oscureciendo como un denso crespn, y cuando Syra lleg frente a
-las tapias del cementerio de San Antonio, cuya capilla abandonada, al
-borde de la calle, en aquellos arrabales silenciosos, pareca llena de
-las almas de los muertos, era casi de noche, y no vi la silueta del
-indio, acurrucado contra la puerta.
-
---Nia Syra--le dijo, y ella tembl ante aquella voz que pareca surgir
-de la tierra.
-
-l se par y le murmur al odo.
-
---Siempre se acuerda de l?
-
-Syra lo mir, y vi sus ojos lucientes como los de un gato en la sombra.
-
---Qu te importa?
-
---Lo has olvidado, entonces?
-
---Para eso me has llamado?
-
---S, nia, para eso. Quera saber si despus de muerto, iba a seguir
-siendo agraviado.
-
---Por quin?
-
---Si su merced me manda, nia,--dijo con voz sumisa el indio,--yo le
-dir; pero si lo ha olvidado ya, y no piensa vengarlo, no quiera saber
-lo que iba a contarle.
-
-Chill una lechuza bajo el alero de la capilla, y su grito glacial
-entr en el alma de la joven como un escalofro. Qu poda ser aquello
-que el indio le iba a contar? Ella senta pasar los das cargados de
-odio, porque en su corazn apasionado, no se aplacaba el amargo anhelo
-de vengar aquella sangre que manch su traje de baile y de novia.
-
---Qu me vas a contar?--dijo simplemente--yo no lo he olvidado.
-
---Pero en su casa s--respondi el indio--en la Casa de los Cuervos, ya
-ni su madre lo recuerda, y su hermana est para casarse con el que lo
-mat.
-
-Dijo estas palabras en voz baja, no ms fuertes que el susurro del
-spero ciprs que haba al lado de la capilla, mas parecile a Syra que
-la voz retumb como un trueno, y mir a su alrededor, por si alguien
-haba que pudiera escucharle.
-
-El camposanto, sembrado de cruces negras, pareca un vasto sudario
-arrojado sobre millares de muertos que yacan juntos, marcando con sus
-cuerpos el pequeo relieve de los tmulos blancos.
-
-Ni una luz se vea en ese barrio, de tapias rodas por el tiempo, y de
-pencales verdes y espinosos, sealando el linde de las heredades.
-
-Llegada la noche, aquellos parajes siniestros, adonde Syra no haba
-temido acercarse, quedaban librados a los cuervos, a las lechuzas y a
-los perros sin amo.
-
-Los perros ladraban en las noches de luna; las aves callaban, y el
-enorme silencio pesaba all durante horas, como una lmina de plomo,
-hasta que al toque de nimas, que llegaba de todas las torres de la
-ciudad, graznaban las lechuzas y resonaba el eco en la sombra capilla,
-cuya puerta sola abrir el viento.
-
---No has mentido?
-
---No, nia.
-
---Vas a jurar?
-
---S, por la tierra donde duerme mi madre--dijo l, y Syra crey en su
-palabra.
-
-Esa misma noche habl a Montarn, y le anunci que se ira a la Casa de
-los Cuervos a pasar una temporada de campo.
-
-El repentino capricho pareci explicable y sus padres accedieron a
-mandarla en una volanta, que sali dos das despus, cuando ya Rosarito
-estaba de vuelta y Jos Golondrina persegua en el garzal a los dos
-fugitivos.
-
-Syra lleg a la Casa de los Cuervos como una amiga, disimulando su
-amargura, para saber mejor aquella terrible verdad que le haban
-confiado.
-
-Doa Carmen de Borja, ante aquella joven enlutada, que comparta
-su dolor, pero que la miraba con ojos extraos que buscaban su
-pensamiento, sinti miedo, temiendo por el secreto de aquel perdn que
-haba dado a Insa en el fondo de su alma y que nadie comprendera, si
-llegaba a saberse todo lo que ella saba de la muerte de su hijo.
-
-Y Gabriela tembl por su amor, como si en los ojos fulgurantes de Syra
-hubiera ledo una sentencia; y como si ella y su madre se hubieran
-puesto de acuerdo, jams nombraban al ausente en quien vivan pensando.
-
-No nombraban tampoco a los muertos, de quienes parecan haberse
-olvidado todos en aquella casa, y cuyo recuerdo Syra haba venido a
-avivar, como una cicatriz que duele y se abre.
-
-A la siesta se reunan las tres mujeres en la galera baada por el
-dorado sol de invierno y dejaban correr el tiempo, sin despegar los
-labios, como si sus pensamientos se hablaran en silencio.
-
-Los peones se acercaban a pedir rdenes a la dama, que sola
-levantarse, dejando sola a Gabriela y a Syra.
-
-Gabriela senta los ojos de la hija de Montarn clavados sobre ella.
-Sugestionada por aquella persecucin alzaba la frente, y la miraba.
-Syra, enlutada como una viuda, le sonrea, sin hablarle, mas su sonrisa
-no era amistosa.
-
-Cuando algn incidente impona la conversacin, los espritus parecan
-alejados y las palabras surgan sin cordialidad.
-
-A veces, sin motivo, se acercaba la mujer del capataz, que rondaba
-aquellas escenas, como un perro fiel, husmeando la sangre del amo.
-
-Gabriela pensaba que a Floriana haba adivinado su secreto, porque
-jams mencionaba a Insa, como si tal nombre le amargara los labios; y
-si era as, la astucia de aquella mujer podra haber comprendido los
-sombros proyectos de Syra, que comparta con ella sola el deseo de
-vengar a los muertos.
-
-Pasaban los das y an Syra ignoraba si en verdad doa Carmen y su hija
-conocan que el hombre que albergaran en su casa era el matador de
-Carmelo y de Jarque.
-
-Pero de aquellas escenas de pesado silencio, surga la terrible
-sospecha de que ambas lo saban y callaban para no romper el encanto
-del amor que naca.
-
-Una tarde lleg or Basilio el ovejero, y dijo a doa Carmen:
-
---En el campo de Mocoret han quemado vivo al capitn Insa. Uno de los
-que andaban en su busca de parte del gobierno ha dormido en mi rancho y
-me lo ha contado.
-
-Doa Carmen guard el secreto. Nadie habra podido sospechar la
-tormenta de encontradas pasiones que se levant en su alma, porque su
-rostro permaneci inmutable.
-
-Un poco ms de ternura hubo en sus ojos al mirar a su hija; y en el
-pliegue de sus labios una fuerza mayor para imponer el silencio a las
-expresiones de rencor satisfecho que queran desbordar.
-
-Pero esa noche todo cambi. A la hora de la cena sintieron llegar un
-caballo, que se acerc entre el ladrar de los perros hasta el rbol en
-que los cuervos dorman.
-
-Gabriela corri a mirar y dijo:
-
---Insa!
-
-La madre fu a desengaarla, contndole la historia que le haban
-referido, cuando entr el capataz y lo anunci, y luego el mismo
-capitn, que lleg con aire de fiesta.
-
-Sin que nadie lo advirtiera, Syra corri a su cuarto, cuya puerta daba
-sobre el corredor y se encerr por no verle.
-
-Insa se sent a la mesa, y alejados los sirvientes, habl a la madre y
-a la hija.
-
-Haba mandado un chasque a don Julin, a fin de que esa misma noche
-llegara a casa de doa Carmen y deba estar al caer.
-
-Era extrao lo que iba a decir, pero en su vida todo era as, extrao.
-
-Doa Carmen escuchaba en severo silencio, con los ojos posados sobre el
-plato y las manos tiesas sobre el mantel. Tambin en la vida de ella
-todo era extrao.
-
-Insa prosigui:
-
---Quiero llevarme, seora, el talismn que ha de darme suerte. La
-revolucin va a estallar en el plazo de tres das. Todo est pronto, y
-yo vengo a casarme, para que el amor de mi esposa sea mi fortuna en la
-batalla.
-
-Gabriela haba dado un grito. Insa se puso de pie y esper la
-respuesta. Doa Carmen baj la cabeza asintiendo, mas no habl.
-
-Sintise rumor en el patio y todos salieron de la galera. Era don
-Julin que llegaba.
-
---Ser esta noche?--pregunt la dama a Insa.
-
---S, seora--contest l, inclinndose.
-
-Doa Carmen llam a la mujer del capataz y le dijo lo que haba, a fin
-de que preparase el oratorio donde deba de ser la ceremonia.
-
-En la obscuridad del patio no vi el gesto de horror con que la mujer
-se apret la cabeza.
-
-Insa y Gabriela se paseaban en la galera del lado en que estaban los
-cuervos. Uno de ellos, despierto, se espulgaba y sentan el spero roce
-de su pico en el negro plumaje.
-
-En el cuarto de los huspedes doa Carmen atenda a don Julin.
-El comedor haba quedado a obscuras, y nadie vi por eso entrar a
-Floriana, que se acerc hasta la pieza donde Syra se haba refugiado y
-la llam suavemente.
-
-No le abrieron; quiz no oyeron la seal, que repiti dos veces, sin
-resultado. La joven, sin embargo, no dorma; sentanse sus pasos y el
-rumor de su ropa.
-
-Floriana mir por el agujero de la llave, y a la luz escasa de la vela,
-vi algo cuyo significado no comprendi. Quin estaba all? Syra o
-Gabriela? Quin era la novia que haba venido a buscar el capitn
-Insa? Por qu si era Gabriela, Syra se vesta de blanco como si ella
-fuese?
-
-Corri al oratorio a concluir los preparativos de aquella fiesta que le
-llenaba el alma de rencores y a poco sinti la voz de don Julin que
-entraba con una maleta, en que traa un roquete, una estola y un libro.
-
-Y luego llegaron todos. Gabriela vestida de negro, tal como estaba;
-Insa como si terminada la ceremonia hubiera de partir al combate, doa
-Carmen de Borja, plida, como una muerta, plegados los labios para no
-quejarse, y los peones, que haban de servir de testigos.
-
-Se cerr la puerta, para que el viento no apagara las velas que ardan
-en dos candelabros iluminando crudamente la imagen de la Virgen rodeada
-de flores, y la alta silueta del cura, que hojeaba el libro, para leer
-las preces.
-
---Falta la nia Syra--dijo Floriana.
-
-Doa Carmen hizo un gesto para que callara. Don Julin no la haba
-odo, y llam a Insa y a Gabriela, y comenz a leer aquella augusta
-alocucin, que esa noche pona un horror de tragedia en el corazn de
-todos.
-
-De pronto son una carcajada en el patio, que a Insa le hel la
-sangre; se oy el graznar del cuervo despertado por el ruido, y la
-puerta del oratorio se abri con violencia, y entr Syra, vestida de
-blanco, semejante a una novia, hermosa como una aparicin, con el
-cabello suelto, como si no hubiera podido concluir su tocado, con la
-frente iluminada, y los ojos ardientes, y la risa en la boca crispada.
-
-Apart con fuerza a los que le cerraban el paso y corri al altar y
-tom a Gabriela de un brazo, y le dijo mostrando una gran mancha de
-sangre que tena sobre el pecho, en el albo traje de baile:
-
---Yo era su novia, y l lo mat!
-
-Y todos sintieron correr por sus venas el horror de haber comprendido,
-sin que ella dijera ms, lo que significaba aquella sangre, quin era
-el muerto y quin era el matador.
-
-Se abri de nuevo la puerta, y una racha fra de viento apag las
-luces, y sintise en el gran silencio que se hizo el aletazo de un gran
-pjaro que haba entrado sin que nadie lo viera, y que pugnaba por
-hallar la salida.
-
-Se oy entonces la voz de Insa:
-
---Es cierto, es cierto! Yo lo mat!
-
-Se le vi, en la sombra, acercarse a Gabriela que haba cado desmayada
-en brazos de su madre, no se oy el ruido de su beso en la frente de
-la joven, pero s la voz de l ms tranquila, hablando desde el umbral
-de la puerta, como un adis a la Casa de los Cuervos.
-
---Yo lo mat, pero voy a morir.
-
-No hubo un gesto de nadie para responderle, ni se tendi una mano amiga
-para detenerle.
-
-Sali; se oy el graznar del cuervo, y luego el rumor del galope de un
-caballo, que se alejaba por la calle sombra de los eucaliptus.
-
-
-
-
-V
-
-La batalla de los Cachos
-
-
-Una maana, el catorce de Junio, Rosarito entr despavorida en el
-saln donde su padre estaba dando clase, a una veintena de chiquillos
-adormilados.
-
---Tata!--dijo simplemente--la revolucin!--a Francisco anoche lo han
-muerto, segn dicen.
-
-Y cay arrodillada en el suelo, llorando y escondindose la cara entre
-las manos, mientras los chicuelos aprovechaban el estupor causado en el
-maestro por aquella noticia, para desbandarse y huir de la escuela.
-
-Desde tres das antes viva la gente en Santa Fe aguardando la hora de
-la revolucin. Saban, los que estaban en el secreto, que don Patricio
-Cullen, desde "Los Algarrobos", bajaba con su gente hacia la ciudad,
-sublevando las campaas con ardorosas proclamas.
-
-Sus montoneros a caballo, mal armados, no habran podido resistir el
-empuje de las fuerzas del gobierno, que contaba, como ncleo principal
-de su defensa, con el histrico batalln "7 de Abril" al mando del
-coronel Raimundo Oroo. Pero saban que Francisco Insa bajaba
-simultneamente a encontrarse con Cullen, al frente de los "Suizos",
-colonos de Helvecia, y de ms al Norte an, de la Colonia Galense,
-de Romang, de Alejandra, donde la causa de los revolucionarios haba
-reclutado sus mejores tropas.
-
-Aquellos extranjeros, tiradores de primer orden, bien armados con
-fusiles de precisin, valan mucho ms que las revueltas montoneras que
-traa Cullen.
-
-La revolucin deba estallar en la ciudad, no bien se supiera que
-Cullen o Insa llegaban, y hubo un momento en que su triunfo pareci
-seguro a los dirigentes de la conspiracin, porque el gobernador Bayo,
-ignorante de todo, o confiado en exceso, habase ausentado de la ciudad
-para asistir a las fiestas que en esos das celebraban en el pueblo de
-San Carlos.
-
-Montarn con un grupo de revolucionarios se encarg de apresarlo, pero
-el gobernador tuvo aviso de que la muerte de Insa que das antes
-le comunicaran en secreto no era verdad, y que se le haba visto en
-Helvecia, moviendo su gente.
-
-Esto le oblig a regresar, frustrando el plan de Montarn; y como
-se supiera que los revolucionarios avanzaban sobre Santa Fe, se
-destac una compaa del batalln "7 de Abril", para que marchara a su
-encuentro, dejando el resto de la fuerza para cuidar la ciudad.
-
-Los soldados del gobierno deban procurar unirse con la gente que desde
-San Jos del Rincn llevaba el coronel don Nazario Ocampo, fuerza de
-caballera de lnea, muy apreciable, no por su nmero, sino por su
-calidad; y con las del coronel don Francisco Romero, que deba cruzar
-desde Santa Rosa con quinientos hombres, bien armados, para cortar
-la retirada de los revolucionarios, cuando bajasen a lo largo del
-Saladillo.
-
-Ocurri, sin embargo, que el 13 de Junio, al medioda, el jefe de las
-tropas del gobierno que marchaban hacia el Norte, recibi noticias
-de que Insa haba llegado al paso de los "Cachos", y se preparaba a
-vadear el Saladillo, buscando la margen derecha, para seguir el camino
-a Santa Fe.
-
-El coronel Oroo, dudando de aquella nueva, mas deseando prevenir
-el ataque si era verdad, destac una compaa de veinte hombres a
-caballo, al mando del alfrez don Pedro Vias, para que efectuara un
-reconocimiento hasta el mencionado paso.
-
-Y all, aquel da, al caer de la tarde, se inici la sangrienta batalla
-de los "Cachos".
-
-Insa bajaba, en efecto, con su gente. La margen izquierda que a causa
-de las vueltas del Saladillo, quedaba al Norte, estaba anegada por un
-repunte del riacho en los ltimos das.
-
-Los altos pajales podan servirles para acercarse sin ser vistos, hasta
-el paso que buscaban, donde haba dos grandes canoas, en que podan
-cruzar sin mojar sus ropas ni sus armas.
-
-No todos venan a caballo; algunos, los suizos en su mayor parte
-marchaban a pie, alegremente con sus rifles al hombro, y sus
-cartucheras a la cintura.
-
-Insa triste, buscando la muerte ms que la victoria, haca su jornada
-en silencio y sin odio.
-
-Cuando llegaron al vado, desde la otra orilla, que estaba a un tiro
-de carabina, les hicieron una descarga. Era la gente del gobierno,
-parapetada detrs de unas pilas de lea cortada, que algunos canoeros
-haban amontonado y que servan de admirable trinchera.
-
-No era fcil saber el nmero de los enemigos, pero Insa di orden de
-cruzar el ro, y unos a caballo y otros en canoa empezaron la maniobra,
-bajo el fuego de los soldados del "7 de Abril".
-
-Un grupo de suizos, rodilla en tierra desde los pajales, empez un vivo
-tiroteo, protegiendo a los suyos que cruzaban el ro.
-
-El sol se iba entrando, pero el ojo experto de aquellos excelentes
-rifleros, descubra detrs de los montones de lea al enemigo apenas
-visible y empezaba a diezmarlo. De cuando en cuando se oa un grito:
-un hombre se paraba, abra los brazos y caa y los tiradores rean.
-
-La primera canoa, llena de hombres, armados de rifles, al llegar a la
-mitad del ro se fu a pique acribillada a balazos por los del gobierno
-que apuntaban a sus tablas.
-
-Y entonces se vi a Insa, que en la otra orilla permaneca a caballo,
-mandando la maniobra, con un soberbio desdn de la muerte que zumbaba
-a sus odos, echar pie a tierra y meterse en el agua empujando la otra
-canoa.
-
-La llev as hasta que el agua le di al pecho, y de un poderoso envin
-la arroj hacia el medio, animando a su gente, con aquel absurdo valor
-del hombre indiferente a las cosas que puedan ocurrir.
-
-Vease claramente que los soldados del gobierno lo haban conocido,
-no obstante la sombra crepuscular, y que tiraban sobre l, a cuyo
-alrededor en el agua, picaban las balas salpicndole el rostro.
-
-Se volvi a la orilla y mont de nuevo en su caballo y esper el
-resultado de aquella maniobra.
-
-Ya algunos de los suyos,--lanceros que cruzaban a nado, a la par de sus
-caballos,--empezaban a llegar a la opuesta orilla, y la segunda canoa
-cargada de rifleros, haba pasado de la mitad del ro, cuando se vi
-a los del gobierno aprovechar las sombras de la noche para dejar sus
-barricadas, abandonando un puesto que no podan sostener.
-
-Ces el fuego, mas con el ltimo tiro, se vi a Insa que abra los
-brazos y caa del caballo, de bruces sobre una mata de chilcas.
-
-Cuando lo alzaron, sobre unas parihuelas, sonrea, como si hubiera
-visto venir lo que anhelaba.
-
---Sigan peleando, muchachos--les dijo.
-
-Cruzaron el ro, y lo llevaron al rancho de un pescador, cercano a la
-orilla, y lo dejaron all, porque tuvieron noticia de que la gente
-del gobierno acampaba en San Pedro, a cosa de tres leguas, y convena
-atacarla antes que recibiera los refuerzos que se esperaban de Santa
-Rosa.
-
-Pero nada pudo hacerse esa noche, porque el enemigo, al llegar ellos
-haba abandonado tambin aquel punto, y cuando a la maana siguiente
-lleg Cullen con su tropa, se estrell con las fuerzas del coronel
-Romero, bien armadas, y no tuvo el apoyo de la caballera con que
-contaba, ni de Insa, del cual no hall quien le diera noticias.
-
-Pelearon rudamente, pero sus montoneros se desbandaron y l tuvo que
-huir, por la orilla izquierda del Saladillo, con rumbo a Helvecia.
-
-Montaba un caballo tordillo, parejero, que no era de su estancia, y
-cuyas condiciones no conoca.
-
-Perseguido de cerca, en los primeros momentos gan larga distancia,
-pero pronto conoci que el caballo se le cansaba.
-
-Su asistente, Juan Flix Lpez, sin apartarse de l, le deca:
-
---Castigue, don Patricio; castigue su caballo.
-
-El jefe de los revolucionarios, comprendiendo que su caballo estaba
-rendido bajo su peso, responda:
-
---A m me conocen y me quieren. Si caigo en manos de ellos, no tengo
-que temer. Vos s; vos debs huir.
-
-Llegaron as al monte, a la isleta de las Estacas, y all Cullen
-comprendi que su caballo no dara ms y se detuvo.
-
-Una avalancha de gauchos del gobierno dando alaridos, se ech sobre l.
-
-Salt del caballo uno de ellos; era Jos Golondrina, y lo tom de la
-rienda.
-
---Bjese!--le dijo,--y como no obedeciera al instante, le tir un
-lanzazo y lo derrib. En el suelo, uno de los ms abyectos secuaces
-llamado el "Lechuza", lo tom de la barba.
-
---A mi padre--alcanz a decirle don Patricio--lo degoll Rozas; no me
-maten como a l. Mtenme a balazos.
-
-Pero "Lechuza" le cort la cabeza, mientras la pequea tropa de gauchos
-y de indios se cebaba en su cuerpo cribndolo a lanzazos, lo mismo que
-al de su compaero Lpez.
-
-La muerte de Cullen produjo un inmenso estupor en la ciudad, donde ni
-sus adversarios ms encarnizados haban credo que pudiera llegarse a
-ese extremo.
-
-Cuando se recibi la noticia, Rosarito, acompaada de su padre, haba
-salido ya en busca de Insa, herido la vspera.
-
-La campaa tranquila se baaba en el sol de la tarde, indiferente a
-aquellas pasiones que manchaban su suelo.
-
-Don Serafn, acurrucado en un rincn, envuelto en su capa, iba contando
-historias anlogas a aquel episodio, que haba visto en su vida.
-Rosarito llevaba las riendas del tlbury en que viajaban al trote por
-el solitario camino blanco. Ella no oa a su padre; pensaba en las
-cosas tristes que rebalsaban en su alma, y tena en los labios la
-amargura de una queja. Pensaba que si l haba muerto, lo hallara
-donde le haban dicho, velado por Gabriela; que si an viva, l no
-volvera a besarla como en la noche de la revolucin, porque su rival
-estara presente.
-
-Saba que no haba esperanza de salvarle. El que les llev la noticia,
-enviado por Insa mismo, les haba explicado cmo era la herida y cmo
-ni el mismo Insa pensaba vivir.
-
-As como mand avisarles a ellos, pensaba Rosarito que habra mandado
-avisar a la Casa de los Cuervos, no lejana de all.
-
-Mas cuando llegaron al paso de "Los Cachos", hallaron al caudillo
-revolucionario muriendo solo en el ranchito abandonado.
-
-Estaba tendido en la tierra, sobre un apero, y tena cerrados los ojos.
-Como obscureca ya, no conoci en la penumbra a los que llegaban, y
-Rosarito, hincada a su lado, le dijo su nombre y le vi sonrer, y le
-habl de su amor y de Dios, para endulzarle aquella hora suprema, y
-l que en nada crea, sinti su alma iluminada por aquella verdad que
-bajaba en tal momento sobre l, y llor con grandes lgrimas clidas.
-
---La has llamado?--le pregunt Rosarito, y l hizo seas de que no, y
-la mir con profunda ternura, como dicindole que ella refunda en s
-sola todas las mujeres que poda amar: su madre, su hermana y su novia.
-
-Y ella comprendi, y cuando al siguiente da cerr l los ojos para
-siempre, tranquilo como si hubiera hallado la verdad y el amor, ella
-pens que era su viuda, y llor sobre su cuerpo fro, sintiendo en el
-fondo de su dolor, la humilde alegra de saber que por fin l la haba
-comprendido.
-
-
- * * * * *
-
-
- Tip. y Enc. NUEVA POCA
- San Martn 850--SANTA FE
-
-
- HUGO WAST
- La Casa de los Cuervos
-
- PRIMER PREMIO
- EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL
-
-
- NUEVA EDICIN
-
-
- BUENOS AIRES
- Agencia General de Librera y Publicaciones
- 1571--Rivadavia--1573
-
-
-
-
- OBRAS DE HUGO WAST
-
- NOVELAS
-
- =Alegre.=--19. millar.--Librera Ollendorff, Pars.
-
- =Pequeas Grandes Almas.=--11. millar.--Montaner
- y Simn, Barcelona.
-
- =Flor de Durazno.=--27. millar.--Librera Ollendorff,
- Pars.
-
- =Fuente Sellada.=--17. millar.--Librera Ollendorff, Pars.
-
- =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--4. millar.--Biblioteca
- Patria, Madrid.
-
- =Fantasas y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada.
-
- =La Casa de los Cuervos.=--9. millar.--Agencia
- General de Librera, Buenos Aires.
-
-
- POESAS
-
- =Rimas de Amor.=--2. edicin.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada).
-
-
- VARIOS
-
- =A dnde nos lleva nuestro pantesmo de Estado?=--3.
- edicin.
-
- =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biolgico).--Librera
- Alfa y Omega, Buenos Aires.
-
- =Un Pas mal administrado.=--(Estudio econmico).--Arnoldo
- Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada).
-
-
- EN PREPARACIN
-
- =Las bases de la sociologa.=
-
- =Un Pas mal administrado.=--2. edicin.
-
-
- * * * * *
-
-
- NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
-
-Las palabras en negritas estn indicadas con el =signo igual=.
-
-Algunas reglas de acentuacin del castellano cuando esta obra fue
-publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se
-realiz la transcripcin. El criterio utilizado para llevar a cabo esta
-transcripcin ha sido el de respetar la ortografa original, salvo en
-caso de errores evidentes de impresin y/o puntuacin, los cuales han
-sido corregidos. El Transcriptor tambin ha respetado ciertos modismos
-empleados por el autor, que son tpicos del castellano que se habla en
-ciertas zonas de Argentina.
-
-El Transcriptor desea aclarar que el autor menciona en el texto un
-personaje real de la historia argentina, Rosas, pero en el texto es
-mencionado como Rozas. Se ha respetado la ortografa del original.
-
-El NDICE en la obra original se encontraba al final del
-libro. El Transcriptor decidi colocarla al principio de la obra.
-
-
-La cubierta del libro ha sido modificada por el Transcriptor y ha sido
-agregada al dominio pblico.
-
-
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS ***
-
-***** This file should be named 59631-8.txt or 59631-8.zip *****
-This and all associated files of various formats will be found in:
- http://www.gutenberg.org/5/9/6/3/59631/
-
-Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
-specific permission. If you do not charge anything for copies of this
-eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
-for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
-performances and research. They may be modified and printed and given
-away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
-not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
-trademark license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country outside the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you'll have to check the laws of the country where you
- are located before using this ebook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
-
-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-
diff --git a/59631-h/59631-h.htm b/59631-h/59631-h.htm
index ce3e457..9f05e09 100644
--- a/59631-h/59631-h.htm
+++ b/59631-h/59631-h.htm
@@ -145,43 +145,7 @@ table.toc {
<body>
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: La Casa de los Cuervos
-
-Author: Hugo Wast
-
-Release Date: May 30, 2019 [EBook #59631]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS ***
-
-
-
-
-Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
+<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 ***</div>
<div class="figcenter" style="width: 547px;">
@@ -11173,381 +11137,7 @@ agregada al dominio pblico.</p>
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS ***
-
-***** This file should be named 59631-h.htm or 59631-h.zip *****
-This and all associated files of various formats will be found in:
- http://www.gutenberg.org/5/9/6/3/59631/
-
-Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
-specific permission. If you do not charge anything for copies of this
-eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
-for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
-performances and research. They may be modified and printed and given
-away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
-not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
-trademark license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country outside the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you'll have to check the laws of the country where you
- are located before using this ebook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
-
-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-
-
-
-</pre>
+<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 ***</div>
</body>
</html>