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diff --git a/59631-0.txt b/59631-0.txt new file mode 100644 index 0000000..3bd730b --- /dev/null +++ b/59631-0.txt @@ -0,0 +1,8623 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 *** + + + + + + + + + + + + + LA CASA DE LOS CUERVOS + + + OBRAS DE HUGO WAST + + NOVELAS + + =Alegre.=--6.ª edición.--Librería Ollendorff, París + (en prensa). + + =Pequeñas Grandes Almas.=--Montaner y Simón, + Barcelona. + + =Flor de Durazno.=--5.ª edición.--Librería Ollendorff, + París. + + =Fuente Sellada.=--Librería Ollendorff, París. + + =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--Biblioteca + Patria, Madrid. + + =Fantasías y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada. + + =La Casa de los Cuervos.=--Biblioteca del Ateneo Nacional. + Buenos Aires. + + + POESÍAS + + =Rimas de Amor.=--2.ª edición.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada). + + + VARIOS + + =¿A dónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?=--3.ª + edición. + + =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biológico).--Librería + Alfa y Omega, Buenos Aires. + + =Un País mal administrado.=--(Estudio económico). + Arnoldo Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada). + + + EN PREPARACIÓN + + =Las bases de la sociología.= + + =Un País mal administrado.=--2.ª edición. + + + + + + HUGO WAST + + LA CASA DE LOS CUERVOS + + PRIMER PREMIO + + EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL + + NUEVA EDICIÓN + + 6.° MILLAR + + BUENOS AIRES + Agencia General de Librería y Publicaciones + 1571--Rivadavia--1573 + + + + + ÍNDICE + + + PRIMERA PARTE + Pág. + + I.--Don Serafín Aldabas 9 + + II.--¡Una voce poco fa! 22 + + III.--La conspiración 34 + + IV.--La levita de Cullen 49 + + V.--En la tarde del baile 58 + + VI.--Una sombra en el hueco de la puerta 65 + + VII.--El indio José 76 + + VIII.--El baile de Montarón 95 + + IX.--El pañuelo rojo 113 + + X.--La noche trágica de Syra 128 + + XI.--La derrota 139 + + + SEGUNDA PARTE + + I.--¡Por el alma de los muertos! 161 + + II.--La mala nueva 174 + + III.--La mano suave 184 + + IV.--La yerra 194 + + V.--El secreto 208 + + VI.--Sobre las huellas de Insúa 224 + + + TERCERA PARTE + + + I.--En la casa de Bayo 245 + + II.--El aviso 259 + + III.--El incendio del garzal 267 + + IV.--Yo lo maté, pero voy a morir 293 + + V.--La batalla de los Cachos 304 + + + + + + PRIMERA PARTE + + + LA CASA DE LOS CUERVOS + + + + + I + + Don Serafín Aldabas + +En los días de sol, durante el húmedo invierno, aquellas casas viejas +toman su expresión evocadora y triste. + +Detrás de sus tapias roídas por el tiempo y coronadas a veces de +enredaderas, asoman las copas redondas de los naranjos, con su espeso +follaje y su fruta dorada. + +En la parte que el sol no calienta, el musgo extiende su terciopelo +verde, como un suave tapiz. Crecen los yuyos en las grietas de los +oscuros adobes manchados por la cal del antiguo revoque; se ve en un +muro el hueco de una alhacena con estantes de algarrobo, y sobre un +tejado, que en las noches de luna ya no se anima con el paseo de los +gatos, la ventana de una bohardilla y una chimenea, que ha tiempo no se +envuelve en el humo azulado y tibio del hogar. + +En los barrios centrales de Santa Fe, ese tipo de casa ha ido +desapareciendo, mas quedan vestigios de ellas en los barrios del Sur +y hasta hace poco manteníase intacta, en la calle que en los tiempos +de este relato llamaban "de la Matriz derecha", la casa en que durante +cuarenta años, don Serafín Aldabas enseñó a leer a los niños, que por +alguna razón no hallaban sitio en el colegio de los Jesuítas. + +Estaba en la acera del Sur, casi en la esquina de la plaza, vecindad +que aprovechaba don Serafín para oír la banda, que tocaba, jueves y +domingos, en invierno, a la hora precisa en que terminaba su clase. + +Cubierto el cráneo puntiagudo, mondo ya, con un casquete negro de +lustrina, enfundado en una estrecha levita, enjuto de carnes, los ojos +azules, fugitivos, las piernas flojas, las manos largas e inhábiles, +cuando no esgrimían el puntero o la palmeta, en la silueta obscura de +don Serafín, no había más detalle interesante que la gruesa cadena +de plata de su reloj, un hermoso reloj de oro, de una antigua marca +inglesa, toda la fortuna que trajo de su patria. + +Envolvíase severamente, aun en los días de calor, en una capa con forro +de terciopelo carmesí, y como a todo propósito, para salir de una duda, +para eludir una respuesta, para resolver un problema consultaba el +reloj, un buen tercio de la vida del maestro se pausaba en desabotonar +y abotonar su levita. + +Era de la Coruña, y sus traviesos discípulos que habían sorprendido +la imperceptible dificultad con que pronunciaba la o, llamábanle +"Curuña", mote al cual, después de treinta años, se iba acostumbrando. + +Llegado al país en los tiempos más sangrientos del gobierno de Rozas, +tímido como una polla, conservaba, no obstante, una extraordinaria +afición a la política que sólo concebía rodeada de misterios, de tal +modo que su imaginación enviciada transformaba las cosas más simples en +espeluznantes incidentes. + +Y en la Santa Fe del año 77, no necesitaba forzar la fantasía para +llenarse de sobresaltos, sin que, en verdad, como en los tiempos de +Rozas, corrieran peligro los vecinos madrugadores de tropezar en la +acera con el cuerpo de algún unitario degollado a cercén, mientras +por otra calle los mazorqueros paseaban un carro cargado de cabezas, +pregonando su siniestra mercancía como si fueran zapallos. + +Pero, aun sin llegar a esos extremos, la vida era angustiada por las +frecuentes revoluciones que se tramaban contra el Gobierno, para +derrocar a don Servando Bayo, y destruir la influencia omnipotente del +doctor Simón de Iriondo. + +En Santa Fe no era posible desinteresarse de la política: o se era +opositor, o se era gubernista. + +Sólo el mísero don Serafín Aldabas, no tenía derecho a ser ni lo uno +ni lo otro. Por su escuela habían pasado casi todos los jóvenes que +militaban en el partido liberal, y esto lo vinculaba con hondos afectos +a la causa de la revolución. + +Mas no le era permitido dejar traslucir sus inclinaciones, sin +riesgo para su escuela, que no vivía de las insignificantes cuotas, +impagas con frecuencia, de sus alumnos, sino de una subvención de +cuarenta pesos mensuales que le otorgaba el gobierno, y que algunas +indiscreciones habían puesto ya en peligro. + +Hacía un mes que funcionaban las clases, después de las vacaciones, +mediaba Abril, y todavía el humilde "Curuña" no había percibido un solo +peso del vencido semestre. + +Don Pablo Ferrer, el catalán dueño del almacén de la esquina en que +don Serafín se surtía, empezaba a torcerle el gesto, cuando concluida +la clase el maestro, envuelto en su capa que le prestaba un poco de +majestad, cruzaba la calle, hacia la plaza, persiguiendo la ocasión +de encontrarse con el gobernador Bayo, que a esa hora abandonaba su +despacho del Cabildo. + +La plaza era entonces, como hoy, de una manzana entera, pero +encuadrábanla construcciones más bajas, y eso parecía agrandarla. + +Al naciente tenía el colegio de los Jesuítas ocupando las dos terceras +partes de la cuadra, que completaban algunas casas de tejas. Al Sur, +alzábase el Cabildo, con su mole blanca y pesada, sus dos pisos con +recova de gruesos pilares y arco romano y su azotea resguardada por una +sencilla baranda de hierro. + +Todavía se ve en la esquina de San Gerónimo, una de las raras casas +de alto que había entonces, y que parecían ser indicio de riqueza, no +obstante sus paredones lisos, sin adornos ni pilastras, y el pobre +hueco de sus ventanales y de sus puertas pequeñas y su baranda de +hierro en el tejado. + +De las casas que formaban el costado del poniente, quedan muchas, con +algunos cambios que las modernizan sin embellecerlas, revoques de +portland, balcones y adornos del más abominable Luis XV. + +Ha desaparecido el local en que durante años funcionó el café del +Plata, lugar de cita de los opositores; pero subsiste al lado de la +construcción que hoy se levanta en lugar del célebre café, el vetusto +caserón que ocupara el Club del Orden, centro de aristocracia y de +conspiraciones. + +La Iglesia Matriz en el lado Norte de la plaza permanece tal cual era, +con sus dos torrecillas humildes y el enmohecido gallo de su veleta, +pero el resto de la cuadra ha sufrido un cambio profundo a excepción de +la casa que don Simón de Iriondo inauguró por aquellos años y que era +con sus dos pisos de galería a la calle y lo estudiado de sus líneas, +la más hermosa de la ciudad. + +Invariablemente, al dar las cinco de la tarde don Serafín Aldabas +suspendía la clase. Su magnífico reloj "Losada", según podía leerse en +la esfera, abierto sobre el pupitre, le señalaba la hora sin discrepar +un minuto en un año con el cuadrante solar del colegio de los Jesuítas. + +En el preciso momento cortaba la lección, aún cuando fuera en mitad de +una frase, poníase de pie, imitado por sus bulliciosos alumnos, que al +levantarse tumbaban los escaños y coreaba un "Ave María". + +Y después, mientras ellos se desparramaban por la plaza, espantando +a las pacíficas gallinas del vecindario, atraídas por el trébol que +crecía alrededor de la glorieta, don Serafín seguía el ancho camino +enarenado, con la secreta esperanza de encontrar al Gobernador, al +doctor Iriondo o a cualquiera de los hombres poderosos, para brindarles +un saludo y una sonrisa que prolongara la existencia de la subvención. + +Cuando veía acercarse a alguien, don Serafín procuraba imprimir a su +persona un andar solemne; mas su casquete de lustrina, sus largas +piernas deformadas por las rodilleras de sus pantalones, su capa en +lo más recio del verano, y sus pies juanetudos, le quitaban toda +solemnidad. + +No obstante, la gente le apreciaba, y retribuía su saludo con afecto, +aunque no tan ceremoniosamente como él habría querido; y era un triunfo +para él, cuando alguno se acercaba a preguntarle la hora. + +Su "Losada" era famoso en la ciudad, y aun el Gobernador solía rendirle +ese homenaje consultándole. + +Don Serafín, con el casquete en la mano, miraba el reloj y respondía: + +--Son las cinco y siete minutos y medio, excelentísimo Señor. + +Y luego agregaba, con la emoción de un desacato, a la suprema autoridad +que a un paso de él, le atendía de igual a igual: + +--¿Se podría saber qué hora es en el reloj de V. E.? + +El Gobernador, con un leve gesto de impaciencia, sacaba una antigua +saboneta de llave, y constataba alguna diferencia, que provocaba el +invariable comentario de don Serafín. + +--¡Si V. E. tuviera un "Losada"...! + +Cuando finalizó el sexto mes impago, como coincidiera con el término +de las vacaciones, durante las cuales don Serafín no había percibido +un ochavo de sus alumnos, se encontró en apuro tan grave que resolvió +confiar su cuita al Gobernador en la primera ocasión que tuviera el +honor de ser consultado por la hora. + +Pero fuese que el reloj de don Servando Bayo marchase mejor, o que su +propietario hubiera perdido su afición a la exactitud, el hecho es +que don Serafín irritaba sus juanetes dando vueltas innumerables a la +plaza, sin que el Gobernador se dignara hacer más que contestar sus +saludos. + +Y aun esos encuentros se hicieron raros. El Gobernador salía tarde +de su despacho, acompañado siempre por alguien, y sin detenerse +llegaba hasta su casa, a la vuelta del Cabildo, y se encerraba como si +tuviera un cúmulo de trabajo o la estadía en la calle se hubiera hecho +peligrosa. + +Solamente una vez, en aquellos primeros días de Abril se detuvo en la +plaza, y fué porque se encontró con don Simón de Iriondo, que lo tomó +del brazo y lo llevó por las callejas enarenadas del centro. + +Era jueves y la banda de policía tocaba un trozo del "Barbero de +Sevilla", música que en la vida sin pasiones de don Serafín, había +llegado a ser una pasión. + +Por eso, en cuanto sonaron los primeros compases de la sinfonía, se +acercó hasta el kiosco del centro, rodeado de acacias, sentóse en un +banco resecado por el sol, y se puso a escuchar, sin acordarse del +mundo. + +Las retretas en verano se hacían a la noche; pero ya en Abril, con +el tiempo fresco, se adoptaba el horario de la tarde. La gente +desacostumbrada, en los primeros días apenas concurría, por lo que en +esa ocasión, aparte de don Serafín y de algunos niños que jugaban en el +trebolar del centro, sólo se veía la pareja de personajes oficiales, el +Gobernador y el doctor de Iriondo, conversando frente a la casa de éste. + +La alta y elegante figura de Iriondo, contrastaba con la de Bayo, +hombre grueso y bajo. + +Don Simón vestía de levita, y en ese momento llevaba en la mano el +sombrero de copa gris, lo que permitía apreciar la extraordinaria +hermosura de aquella cabeza inteligente de caudillo, que tenía con el +cabello profuso, peinado hacia atrás, la elegancia violenta y a la vez +fácil de los gestos del león. + +Los dos, solos, estaban de pie bajo una acacia. Iriondo hablaba con +vehemencia pero en voz baja, y el Gobernador le escuchaba, rayando con +la contera del bastón la arena del suelo. + +En el aire tibio y como dorado de aquella tarde otoñal, se +desparramaban las notas animadas y profundas de "Una voce poco fa". + +Don Serafín bebía con fruición la música admirable, alejado mil leguas +de su escuela arruinada, de su semestre impago, de sus botines que +reclamaban la media suela, de sus pobres pantalones, cuyo decoro se +salvaba aún, gracias a la amplitud de la capa. + +Distraído así, no vió llegar hasta él a Bayo y a Iriondo, y sólo cuando +éste apoyó su mano firme sobre su hombro, advirtió su presencia. + +--¡Doctor Iriondo! ¡Excelentísimo señor Gobernador!--exclamó don +Serafín, alzándose del banco, con una profunda reverencia y echando +mano al reloj. + +--¿Qué hora es, don Serafín?--le interrogó Iriondo, complaciente con la +inofensiva manía del maestro. + +--Las cinco y cincuenta y siete minutos y algunos... + +--¡Don Serafín!--le interrumpió el Gobernador,--¿percibe siempre la +subvención de la escuela? + +--¡Ah, señor don Servando!--exclamó el mísero guardando su reloj con +mano trémula--mi escuela se muere de hambre... + +--¿Con maestro y todo?--insinuó risueñamente don Simón. + +--Hace seis meses, Excelentísimo Señor... + +Don Serafín vacilaba, porque era un cargo que iba a arrojar sobre el +gobierno. Mas Iriondo, que conocía el estado precario de las finanzas +no tuvo reparo en concluir la frase. + +--¿Seis meses que no le pagan? + +--Así es, doctor Iriondo; y cómo... + +--Mañana cobrará--dijo el Gobernador--Vaya a verme al despacho a las +ocho en punto. + +--Ah, Señor... + +Iba a explicar que a esa hora empezaba su clase, pero se calló. Daría +vacación, inventando algún pretexto; los alumnos le agradecerían y él +iría a cobrar. + +Mientras hablaban desarrollábanse los últimos compases de la música de +Rossini. Calló luego la banda y los músicos empezaron a enfundar sus +instrumentos para marcharse. + +Don Serafín reventaba de vanidad, viendo que todos miraban su compañía +con los dos hombres poderosos de la provincia. + +Iriondo saludaba a cada uno de los que pasaban frente a él, con +un gesto amable. El Gobernador golpeaba el suelo con el bastón. +Aquella nerviosidad, en él, hombre flemático, era señal de graves +preocupaciones. + +El director de la banda se acercó a saludarlos, pero Bayo no le +dispensó una acogida muy afectuosa y el pobre músico se fué, consolado +con el cordial apretón de manos de Iriondo. Don Serafín comenzaba a +sentirse intranquilo, ignorando si debía irse o quedarse. + +Anochecía rápidamente. Los niños que jugaban, habían desaparecido, con +lo que la plaza quedó silenciosa y desierta. + +Don Simón tomó del brazo al Gobernador, y dieron algunos pasos. Bayo +se volvió a don Serafín, el cual echó mano al reloj. + +--¿Hace mucho que no ve a Cullen? + +El maestro pensó un momento sin comprender. + +--A don Patricio Cullen--explicó Bayo. + +--¡Ah! Dos meses a lo menos, señor don Servando. + +--¿Y a Montarón? + +--Don Pedro Montarón estuvo ayer en mi casa--respondió con cierta +vanidad el maestro. + +--¿Fué de visita?--¿No le preguntó por...? + +Don Simón hizo un gesto que contuvo al Gobernador en mitad de la frase. +Se mordió los labios, y entonces Iriondo, poniendo la mano sobre el +hombro de don Serafín, le dijo con insinuante diplomacia: + +--La subvención de su escuela es de cien pesos ¿no? + +--¡Oh, qué esperanza! ¡Cuarenta pesos, no más! + +--¿No más? ¡Señor Gobernador! Este meritorio servidor de la provincia +no podrá vivir con eso... + +--Vaya mañana a verme--dijo Bayo--a las ocho en punto.--Y luego +agregó:--¿Tiene en su escuela algún niño pariente de Montarón? + +--No, señor Gobernador. Don Pedro Montarón fué a pedirme nuevas de mi +sobrino el capitán Insúa... + +No bien don Serafín oyó el sonido de su propia voz, pronunciando aquel +nombre, se le estrechó el corazón, porque recordó que Insúa y Montarón +constituían con don Patricio Cullen el eje de las revoluciones contra +el gobierno de Bayo y al revelarle a éste el objeto de la visita, +quizás estaba comprometiendo algún plan. + +No hablaron más y allí se separaron. + +En el crepúsculo escaso ya, don Serafín vió a Iriondo entrar en su +casa, llevando siempre del brazo al Gobernador. + +El se quedó sólo un momento, en la plaza, perseguido por el rumor de su +propia voz indiscreta. + +La luz de la lámpara recién encendida en el boliche de don Pablo +Ferrer, frente a la Matriz, hizo variar el rumbo de sus pensamientos. + +Ahora podría pasar, sin avergonzarse, por aquella esquina, porque le +iban a pagar la subvención y su desgraciada cuenta sería cancelada. + +Se encaminó a su casa, cruzó la calle acercándose al almacén, para que +Ferrer lo viera y si acaso, lo llamara. Mas cuando él pasó, el áspero +catalán estaba arreglando el tubo de su humosa lámpara, pendiente de +uno de los tirantes del techo, y no lo vió. + +Cruzó de nuevo el arroyo y entró en su escuela, empujando la puerta de +calle, asegurada por una gruesa piedra. + +--¡Rosarito, Rosarito!--gritó. + +Rosarito era su hija, toda la poesía de la vida del pobre hombre, y +todo lo que le había hecho amar el trabajo y soportar la miseria. + +Tenía diez y ocho años, y su sola presencia llenaba la casa. + +A la voz de su padre corrió la niña hasta el zaguán obscuro, y antes de +que él le hablara de su extraordinaria aventura, ella le dijo al oído +con voz trémula: + +--Está Francisco Insúa, papá, y no quiere que nadie lo sepa. + +Los remordimientos de Don Serafín recrudecieron y empezó a sospechar +que todo, desde las ausencias del Gobernador hasta la invitación a ir a +su despacho, tenía relación con la repentina llegada del capitán Insúa. + + + + +II + +Una voce poco fa! + + +La vida del maestro encerraba una novela que el mundo había olvidado. + +Muchos años antes, tantos que él mismo ya no quería contarlos, porque +su recuerdo se hacía más doloroso cuanto más lejano, él, joven, lleno +aún de las ilusiones que le habían hecho cruzar el mar, recién llegado +a Santa Fe, encontró un puesto de cajero y tenedor de libros en la casa +de comercio de don Agustín Insúa, uno de los estancieros más fuertes +del país. + +Insúa tenía muchos hijos, pero sólo una hija, la menor, que en el +tiempo en que don Serafín comenzó a hacer números en los grandes +libros de su padre, era una deliciosa chicuela de siete años, rubia y +de ojos azules, que más de una vez volcó el tintero sobre las páginas +que el tenedor de libros iba llenando con signos misteriosos para +ella. Él se encadenó a la casa obscura y triste en que su patrón vivía +enriqueciéndose, por aquel rayo de sol que entraba casi a la misma +hora, cuando su padre abandonaba el escritorio y quedaba el empleado +solo. + +Éste fingía no verla, para gozar mejor de la sorpresa que ella misma +simulaba, cuando sintiéndola detrás se volvía de pronto y la alzaba en +los brazos y la ponía encima del alto pupitre donde él trabajaba de pie. + +Allí se quedaba Rosarito--era su nombre--muy seria, esperando que su +amigo concluyera la tarea; y había que ver cómo volaba la pluma de ave +sobre el áspero papel de hilo de los libros, trazando esos viriles y +hermosos números españoles, hoy pasados de moda. + +Cuando era invierno hacía un intenso frío en la pieza de techo de paja, +paredes de adobe encalados y piso de ladrillos desnudos; mas el cajero +sentía que los ojos de la niña, siguiendo los movimientos de su mano +desde lo alto del pupitre, le caldeaban el corazón y le desentumecían +los dedos. + +Y cuando era verano, y la lóbrega estancia sofocaba como un horno, la +sola idea de que ella estaba allí, mirándolo siempre, aunque él no la +mirara, le refrescaba la frente y le aligeraba el monótono trabajo. + +Ella aguardaba seriecita y silenciosa, a que el cajero espolvoreara de +arenilla las páginas frescas, señal de que el trabajo había concluído, +y cerrara con estrépito aquellos libros enormes, que le daban la +ilusión de un saber inconmensurable en su gran amigo, y guardara su +reloj de oro, su hermoso reloj más seguro que el sol, según decían. + +Entonces él la bajaba del pupitre, la sentaba a su lado o en sus +rodillas y le contaba cuentos de reyes y de sultanes y de moros; y +acordándose de su pueblo, le hablaba de los pescadores que salen al +alba en sus barcas de velas abigarradas y vuelven al entrar la noche, +cuando alguna tormenta no los deja dormidos para siempre bajo las olas +del mar. + +Pasaron largos años, variando apenas los episodios de aquella amistad +que iba trocándose en amor silencioso y apacible. + +Don Agustín Insúa, viudo desde el nacimiento de su hija, absorto en sus +complicados negocios, no sospechó nunca el idilio que se iba tejiendo +en su propia casa, y cuando un día alguien le contó lo que pasaba, +montó en cólera y cayó como un huracán sobre el cajero y sobre la niña, +que era ya una linda joven de diez y ocho años. + +Ambos confesaron la verdad; el empleado fué despedido, por haber alzado +los ojos hasta la hija del patrón, y ella enviada a un colegio de +Buenos Aires, para que olvidara su locura. + +Ni él ni ella olvidaron, y cuando algunos años después volvió Rosarito, +mayor de edad y libre para disponer de su corazón y de su persona, +con una férrea voluntad que nadie habría sospechado bajo su grácil +hermosura, huyó de su casa y fué a pedir asilo a una tía, y se casó +con su fiel amigo, desafiando el rencor de toda la familia. + +Durante muchos meses el episodio fué en Santa Fe el asunto palpitante, +que se comentaba en todas las reuniones. + +El padre se vengó de la hija, traspasando sus bienes cuantiosos en +forma que a su muerte, que ocurrió poco después, los hijos lo tuvieran +todo y ella nada. + +Uno de sus hermanos, sin embargo, condolido de su situación, le donó la +casa en que don Serafín instaló su escuela, único medio de vida que le +quedó después de su aventura. + +Pero eran felices en su humildad, rayana en la miseria, y cuando tres +años después Rosarito murió al nacer su hija, el pobre maestro creyó +que el mundo se iba a quebrar y que él se hundiría en el espacio como +un pedazo de estrella. + +No ocurrió la catástrofe. Las gentes continuaron haciendo su vida +ordinaria; sus cuñados ni siquiera fueron al entierro, y él mismo +siguió viviendo una vida más obscura, envuelto en inofensivas manías +que amortiguaban su dolor, y odiando casi a la chicuela, que crecía +ignorante del mal que había hecho; hasta que un día, como un volcán que +renace, irrumpió en el corazón del maestro, que se hacía viejo, un amor +inmenso hacia la niña, que llevaba el nombre de su madre. + +No tenía de ella otro rasgo que los ojos azules, profundos como el +cielo en las noches de luna, y aquella amable seriedad que la hacía +estarse horas enteras mirando trabajar al maestro. + +La niña creció sola en el antiguo caserón de la escuela. Una mulata +fiel, hija de una esclava de los Insúa, sirvióles allí hasta que murió, +y enseñó a Rosarito a rezar y a ser dueña de casa, mientras su padre la +atiborraba con su ciencia, y después de las lecciones, le llenaba la +cabeza con los mismos cuentos de reyes y de sultanes y de pescadores, +que le conquistaron el amor de la madre. + +Cuando murió la criada, se resignaron a vivir solos, cargando Rosarito, +que tenía quince años, con todo el quehacer de la casa. + +El maestro daba sus clases en un largo salón, enladrillado, que tenía +una puerta a la calle, y un techo de madera labrada, como si toda la +riqueza de sus dueños, en los tiempos en que se construyó, hubiera +querido hacerse ver en las gruesas y profusas vigas de cedro, con +prodigiosos adornos a escoplo. + +Ya en los años de don Serafín, aquella casa más que secular, se +apreciaba como un tesoro, por los que a ojo calculaban el valor del +cedro empleado en sus techos. + +Y don Serafín en los días de hambre, llamaba a su hija y le mostraba +aquello: + +--¿Sabes? ¡si nosotros quisiéramos! + +Cuando la niña era pequeña, asistía a las clases y aprendía a la par +de los otros alumnos: cuando fué mayor, y quedaron solos, mientras su +padre repetía las lecciones, ella adentro trabajaba como un ama y como +una criada, en la cocina, en el lavadero, en el jardín. + +El patio era grande y cuadrado. En dos de sus lados había corredores +de teja, con pilares de algarrobo. En los otros dos, que daban al Sur +y al Oeste, solamente la tapia cubierta de plantas de diamela, que +se encaramaban hasta el borde, y en primavera se nevaban de flores +capitosas. + +En el centro del patio, crecían profusamente las plantas que entonces +se estilaban, cuidadas todas por la mano experta de la niña. + +Por una puertita falsa abierta en la tapia del Sur, pasábase a una +huerta contigua, llena de naranjos, en la que había además una +antiquísima higuera, maravillosa por su frondosidad, que había hecho +alrededor de su tronco, a causa de sus ramas perezosas, caídas hasta +el suelo y sostenidas por puntales, una enorme estancia, a donde sólo +se podía entrar por algunos boquetes, abiertos disimuladamente en el +ramaje. + +En la huerta se criaban las gallinas, que completaban la fortuna del +maestro. + +Rosarito amaba su jardín y su huerta, donde estaban todas sus +amistades. Las gentes parecían olvidadas de la novela del maestro, pero +continuaba pesando sobre ellos un inexplicable ostracismo, del que por +su parte no trató nunca de salir. + +Orgullosa por instinto de raza, lastimábala el poco aprecio que hacían +de su padre, cuyo apellido Aldabas, no tenía realmente la sonoridad +aristocrática del de su madre. + +Rara vez salía, como no fuera a la misa del alba, los domingos, y +algunos días en que estaba triste, y anhelaba un consuelo más alto que +el que podían darle las gentes, que apenas la conocían. Pasaba por la +plaza, para llegar al colegio de los Jesuítas, y en su ignorancia de +las modas, se vestía siempre como le enseñó la mulata que la criara, de +blanco y con un manto celeste. + +Algunas veces llevaba a la Virgen de los Milagros un ramo de flores +de su jardín, y cuando cruzaba por la calle, las gentes se volvían a +mirarla, porque era su figura como un sueño que pasa. + +Por eso prefería las horas en que las calles estaban solitarias y +cerradas las puertas. + +En la humildad de su vida también ella, que había heredado la ternura +de su madre, iba siguiendo la trama de un romance, desconocido de +todos, y cuya intriga le ponía en los ojos azules una pincelada de +ensueño, y en la frente pura una arruga leve, en que se adivinaba su +voluntad, templada para todas las batallas que podía reservarle el +destino. + +La tía lejana, en cuya casa halló refugio su madre, muerta hacía +tiempo, dejó un niño al cuidado del maestro. + +Francisco Insúa entró así en la casa de Rosarito, mayor que ella +bastantes años, de tal modo que cuando ella no era más que una +chicuela, él era ya un precoz hombrecito que jugaba a las revoluciones. + +Se criaron juntos en la escuela. Él la protegía como a una hermanita, +y los otros alumnos, que alguna vez se hubieran vengado en ella de las +penitencias del maestro, debieron respetarla porque Francisco Insúa +estaba siempre pronto a repartir puñetazos entre los que hubieran osado +tocar uno solo de los rebeldes cabellos castaños que llenaban de sombra +sus ojos inocentes. + +Pero Francisco debió abandonar la escuela de don Serafín, porque ni la +estéril gramática ni la complicada aritmética, las dos materias fuertes +de la institución, llegaron a interesarle nunca, y de la Historia +Sagrada, que se les hacía leer en la obra de Mazo, no sacó en limpio +más que una profunda admiración por los filisteos gigantes y por el +incontrastable Sansón. + +Lo hicieron ingresar entonces en el colegio de los Jesuítas, donde +no pudo estar tres años; disgustóle la férrea disciplina y se hizo +expulsar. + +Turbulento y fuerte, acaudillaba a todos los muchachos de su edad, +sometidos a él por la destreza insuperable con que boleaba patos y +chorlitos en las orillas del Salado, y por su bravura en las peleas y +aun por su descreimiento en las cosas que no se veían. + +Una noche hizo una apuesta, saltó las tapias del cementerio de San +Antonio y se fué a apedrear las lechuzas entre las cruces de los +sepulcros; y para más estupor de sus camaradas, se quedó a dormir en la +capilla, que habían dejado abierta. + +A la mañana siguiente llegó a casa del maestro, pálido pero sonriendo, +para disipar la angustia de Rosarito que había pasado la noche llorando +por él. + +Sólo a ella le confió la verdadera historia de aquella aventura, que le +había ganado para siempre la admiración de cuantos llegaron a saberla, +pero que dejó en su alma un germen de terror supersticioso. + +--"Ya ves--le dijo--yo no creo en las ánimas, pero anoche tuve miedo, +miedo de veras. La capilla estaba obscura, y para que entrara un poco +de luz cuando saliera la luna, dejé entornada la puerta y me eché a +dormir sobre la tarima del altar. Me despertó el ruido de la puerta +que se cerró de golpe, como si alguien la hubiera atropellado; pensé +que era el viento, pero cerca del techo había una claraboya y a la luz +de la luna, alta ya, se veían las ramas de un ciprés inmóvil. No era +el viento. Quise saber quién había entrado, pero no me animé; tuve +miedo de moverme, sin saber por qué. Me quedé quieto, sin respirar, +pareciéndome que algo andaba cerca de mí, no por el suelo como un +hombre, sino por el aire como un ave, o como un alma en pena, y que era +algo tan grande que llenaba la iglesia. Sentí un aletazo en la cara y +me quedé helado, la cabeza pegada en la tarima, cerrando los ojos para +no ver, pero conteniendo la respiración para oír mejor. Me pareció +entonces que "aquello" estaba allí, a mi cabecera y que respiraba como +un niño. No sé cuánto tiempo pasé de ese modo; oí las campanas de Santo +Domingo que tocaban antes del alba y abrí los ojos. La iglesia negra y +silenciosa, parecía atravesada por una espada de oro, y era un rayo de +luna. + +"Por la claraboya veíanse las ramas del ciprés, que empezaban a temblar +al viento de la mañana. Sintiendo siempre cerca de mí aquello que había +entrado a pasar la noche conmigo, me atreví a mirar y ví un cuervo +inmóvil como un adorno del altar, posado en una esquina, negro, de +cabeza pelada y de ojos brillantes que me miraban fijamente. Me paré +de un salto, pero él no se movió, y entonces ví una mano blanca, larga +como de una mujer, con un anillo en el dedo, que el cuervo tenía entre +las garras. Tuve miedo, porque no miraba su comida, me miraba a mí, +como si me hubiera penetrado el olor de cadáver que despedía la mano, y +el cuervo creyera que yo era el muerto." + +A los años, aquella aventura que él le confió, permanecía viva como un +relato reciente, en la memoria de Rosarito. + +Él le había dicho: ¿No contarás a nadie que tuve miedo? Y ella se lo +prometió y había cumplido. + +Francisco Insúa, heredero de una gran fortuna en campos y haciendas, +desde que fué hombre pasaba lo más del tiempo en sus estancias, bajando +rara vez a la ciudad, casi siempre con propósitos revolucionarios. + +Un gobernador amigo, caso extraordinario, pues era enemigo por sistema +de todos los gobiernos, agracióle con el cargo honorífico de capitán +de guardias nacionales, y con esa designación llegó a los tiempos +de Iriondo y de Bayo, que no conocieron adversario más perseverante +y activo, por lo cual, cada vez que llegaba a la ciudad, la policía +echaba detrás de él sus mejores pesquisantes, para seguirle los pasos. + +Una tarde--aquella tarde en que don Serafín tuvo la buena fortuna de +hallarse con el Gobernador y con Iriondo,--Rosarito, sola, en la gran +casa que empezaba a anegarse dulcemente en la sombra de la noche, +sentada sobre un poyo del jardín, en el centro del patio cuadrado, +escuchaba la música de la retreta, que llegaba a oleadas, mezclada con +el perfume otoñal de las magnolias, que se deshojaban a su vera. + +Sentía el alma entristecida por la soledad en que les dejara el hombre +que la quería como a una hermana y a quien ella amaba como a un novio. + +El día anterior estuvo don Pedro Montarón a pedir noticias de él, y eso +era señal para ella de que algo se tramaba. Llenábasele de angustia el +corazón, adivinando los riesgos de aquellas aventuras, pero alegrábala +el presentimiento de que él vendría. + +"Una voce poco fa", tocaba en la plaza la banda de policía, y las +frases vehementes de esa música, le daban la impresión de que si ella, +alguna vez no se decidía a confesarle su amor, él pasaría a su lado sin +sospecharlo. + +Sintió que la puerta de calle se abría, arrastrando la piedra que la +calzaba, y creyendo que fuera su padre, se quedó allí, persiguiendo su +ensueño, entre las sombras de la noche que habían ganado el jardín. + +Sólo vió que era Francisco Insúa, cuando él la apretó en sus brazos y +la besó en la frente. + +--¡Francisco! + +Él la hizo callar. + +--Que nadie sepa mi llegada. ¿Tu padre? ¿Está en la plaza? ¿Mi cuarto? + +En el caserón de la escuela había siempre lista para él una pieza, que +Rosarito cuidaba con incansable esperanza. + +Pero esa vez tenía otros designios. + +--Ahora no quiero dormir allí. Es necesario que si alguien viene y +entra de improviso, no sospeche mi presencia. Debo esconderme; dos o +tres días, nada más. Arriba, en la guardilla del techo, sobre las vigas +del cielorraso, estaré seguro y cómodo. + +Ella lo miraba hablar, penetrada de admiración y de ternura, y llena de +recelos. + +Cuando llegó don Serafín, ya el capitán Insúa tenía su escondrijo, +difícil de encontrar, y podía aguardar, sin peligro, la visita de los +que con él tramaban la revolución. + + + + +III + +La conspiración + + +Al toque de ánimas esa noche, la ciudad parecía desierta. + +En la calle de Comercio, que cruzaba los barrios más poblados, no se +veía un solo farol encendido. Durante el día se había estado anunciando +la tormenta, que a esa hora barría con impetuosas rachas de viento y de +lluvia el polvo del arroyo, que pronto fué un lodazal. + +Cuando el trueno callaba sentíase la voz lamentable de la campana de +San Francisco, obstinada en anunciar a las gentes que habían dado las +ocho y debían rezar por las almas de los muertos. + +Don Patricio Cullen, el jefe de los adversarios del gobierno, tenía su +casa en la calle principal, a poco más de dos cuadras de la plaza, y +no lejos de una esquina, donde esa noche, a la luz de los relámpagos, +podía advertirse la presencia de dos hombres, embozados en capas +obscuras, que desde hacía más de una hora desafiaban allí el vendaval y +la lluvia. + +Uno de ellos era don Braulio Jarque, jefe de policía, a quien el +gobernador Bayo encomendaba la seguridad de su gobierno; y el otro +era su secretario y cuñado, el joven teniente de milicias nacionales +Carmelo Borja. + +Jarque era español, amigo, casi camarada de don Serafín Aldabas, aunque +más joven y llegado al país muchos años después que él. + +Ocupado en la policía como escribiente en los tiempos de Iriondo, +eleváronle al rango de comisario, y de tal manera acreditó su sagacidad +en descubrir los planes revolucionarios y hacerlos abortar, la más +grave misión de la policía de aquel tiempo, que Bayo, en su gobierno, +lo hizo jefe, y los revolucionarios tuvieron que reconocer en él un +enemigo terrible, que por vías misteriosas se apoderaba de todos sus +secretos. + +Y así las revoluciones dejaron de ser calaveradas repentinas e +improvisadas, hechas sin plan y sin más propósito que mantener la +alarma entre los hombres de gobierno, y debieron transformarse, a +lo menos mientras Jarque estuviera en la policía, en un arte de +conspiración prolijo y difícil. + +Era el jefe un hombre frío y perseverante, de físico mezquino, calvo +a los cuarenta años, con una pierna más corta que le hacía rengar, +defecto que él procuraba disimular, porque era vanidoso, y comprendía +lo mal que sentaba a la majestad de su cargo. + +Hacía dos años que se había casado con Gabriela Borja, casamiento +inesperado, que no debía ser feliz, por cuanto él vivía en la ciudad, +mientras ella se quedaba al lado de su madre, viuda, en la antigua +estancia de los Borja, que llamaban "la casa de los cuervos", como a +ocho leguas al Nordeste de Santa Fe, sobre el arroyo de Leyes. + +Desde algunos meses atrás, Jarque, gracias a los espías que tenía +diseminados en las estancias de los opositores mismos, Cullen, +Montarón e Insúa, comprendía que se estaba urdiendo una revolución, +cuyo desenlace no parecía lejano, a juzgar por lo frecuente de ciertas +visitas sospechosas, y de algún movimiento de peonadas en las colonias +del Norte, Helvecia y California, donde los revolucionarios tenían una +gran popularidad entre los colonos extranjeros. + +Lo que desorientaba todos los cálculos era la inacción, aparente a +lo menos, del capitán Insúa, quien no se movía de su estancia, ni +demostraba preocuparse por la "yerra" de su hacienda, que se anunciaba +para dos o tres meses más tarde. + +Cuando Insúa marcaba los terneros de sus vacadas, cosa que hacía en +el otoño, era una fiesta de dos semanas para todos los criollos de +aquellos lugares, que acudían a prestar su ayuda, con el propósito de +participar en el interminable jolgorio de la faena; y había años que +los "tarjadores", que llevaban la cuenta de los animales marcados, +haciendo tarjas con el cuchillo en ramitas peladas, contaban al final +de la "yerra", diez mil rayas, que significaban diez mil terneros +puestos bajo la célebre marca de Insúa, un corazón partido por una +flecha. + +Aquellas fiestas en que llegaban a reunirse hasta doscientos peones, +solían servir de preludio a la revolución. Las conversaciones, el +relato de aventuras políticas, el licor repartido sin tasa, caña del +Paraguay, apenas rebajada con agua, encendían el entusiasmo opositor, y +sin más preparativos, se ponían en marcha a caballo, hacia la capital, +a la que entraban de noche, rumbo a la policía, mal armados, disparando +trabucazos al azar, siendo rechazados fácilmente y con escasas pérdidas. + +Cuando Jarque se hizo cargo de la policía, hiciéronse más raras +tales asonadas. Sabíase que el jefe no deseaba que se concluyeran +los movimientos revolucionarios, sin que él tuviera ocasión de hacer +un escarmiento. Creíasele capaz de fusilar sin proceso alguno a los +cabecillas que cayeran en sus manos, aunque eso hubiera de costarle +el cargo a él y el gobierno a los suyos; pero todos, hartos de la +intranquilidad en que vivían, cerraban los ojos y le dejaban hacer. + +Las revoluciones entraron así en un período de laboriosa preparación, +pues los opositores habían comprendido el riesgo de toda aventura +mientras aquel hombre estuviera contra ellos, y era preciso no jugar +ningún lance, sino con las mayores probabilidades de éxito. + +Hacían la revolución, como una función normal en su vida política, sin +grandes odios personales, por el sólo deseo de tumbar un gobierno, que +los mantenía a raya; y se resignaron a esperar hasta que se ofrecieran +las circunstancias propicias, que un día Jarque tuvo la sospecha de que +habían llegado. + +Don Pedro Montarón iba a dar un gran baile, celebrando el compromiso de +su hija Syra con el teniente Carmelo Borja, secretario de Jarque. + +Montarón era el Creso de los opositores, la bolsa abierta siempre para +costear las revoluciones. + +El jefe de policía sospechó que aquel baile podía ser un pretexto +para atraer a los hombres del gobierno, relacionados con él, y que +no obstante la diversidad de opiniones políticas, no se negarían a +asistir. Retenidos en la fiesta, podía el capitán Insúa con su gente +caer sobre la ciudad desprevenida, y aun hacer prisioneros a los +asistentes a ella. + +Sus sospechas se confirmaron cuando le hicieron saber que Montarón +había visitado al inofensivo don Serafín, y por el Gobernador supo el +objeto de aquella visita, indicadora de que en la ciudad se esperaba la +llegada de Insúa. + +Pero el joven revolucionario astuto y acostumbrado a aquellos lances, +logró entrar en Santa Fe, sin que lo advirtiera la policía de Jarque, +de modo que esa noche, mientras el jefe con su secretario, se +guarecían de la tormenta bajo el alero de aquella esquina que les +permitía observar la casa de don Patricio Cullen, estaban lejos de +sospechar que él ya estuviera en sitio seguro, aguardando precisamente +a Cullen y a Montarón con quienes debía planear los detalles de la +revolución para la noche del baile. + +Hacia el extremo de la galería del naciente, había en la escuela una +extensa pieza, cuyas puertas y ventanas daban al patio. Era el comedor, +el punto de cita, por estar lejos de la calle y próximo a la huerta, +para el caso de una sorpresa de la policía. + +Al toque de ánimas, esa noche, había concluído la cena frugal, y +don Serafín buscó su silla hamaca, en que solía dormitar después de +comer, la acercó a la puerta entornada, para mirar el patio, inundado +de lluvia, que chispeaba a la luz de los relámpagos, y se quedó +allí distraído mientras llegaba el sueño, persiguiendo las siluetas +esfumadas de sus antiguos recuerdos. + +Junto a la mesa--una mesa de algarrobo lustrado, con aletas que se +plegaban o se abrían para agrandarla--sentáronse Rosarito e Insúa, a +relatar la historia de los días pasados sin verse. + +Una lámpara con pantalla de cartón, fabricada por la niña, diseñaba un +disco luminoso en el centro de la mesa, acusando con fuertes contrastes +las facciones del joven, sus ojos grandes y obscuros, su tez pálida +tostada por el sol, su barba negra recortada al uso de entonces, su +pecho fuerte, sus manos poderosas, que de cuando en cuando se posaban +sobre la tabla, donde ella, que lo miraba con los ojos iluminados por +los pensamientos cariñosos, tenía puesta una de las suyas, que se +abandonaba confiada en la de él. + +Los ángulos de la pieza quedaban en la sombra. Dos escaños, arrimados +a la pared, a uno y otro lado, recordaban el tiempo en que don Serafín +tenía pupilos en su escuela, y mayor concurrencia a su mesa. Una +alhacena, en el fondo, cubierta con una cortinilla rosada, y una +rinconera con un vaso de flores, completaban el mueblaje de la pieza +enorme y fría, con sus paredes pintadas a la cal, y su cielorraso de +lienzo, que a cada racha de viento se alzaba como un pecho fatigado y +crujía como si fuera a rasgarse. + +A cada ruido Insúa intranquilo miraba a su alrededor, y Rosarito +sonreía. + +--Siempre es así--le decía. + +Y él continuaba el relato de su vida, que ella atendía con ansiedad, +buscando en los innumerables cuadros de aquel tiempo en que tanto +pensara en él, la huella de algún pensamiento que él le hubiera +dedicado enteramente. + +Montarón fué el primero en llegar a la cita. Entró al lóbrego caserón +de la escuela, no por la puerta de calle, sino por la huerta, cuyas +tapias escaló, porque daban a los fondos de su casa. + +Era un hombre de cincuenta años, bajito, regordete, pero ágil y +movedizo. Todo rasurado y muy pulcro, con los tupidos cabellos grises +cortados al rape, su fisonomía rubicunda, animada por una constante +sonrisa, tenía algo de eclesiástico. + +Era muy rico, y al revés de Insúa, no tenía una sola vaca, pero sí +mucho dinero contante, ganado en empresas bancarias. + +Uruguayo, radicado en Santa Fe desde largo tiempo atrás, se hallaba tan +vinculado a su suelo por sus negocios y sus amistades, que allí pensaba +morir. + +Al ruido que hizo sacudiéndose las botas y la capa embarrada, despertó +don Serafín, que se alzó de la silla alarmado, sacando su reloj. + +--¡Señor don Pedro!--dijo con profunda reverencia. + +--¡Señor don Serafín!--respondió estrechándole la mano, y entró al +comedor, desvaneciendo con su llegada la tela de ensueño que envolvía, +a los ojos cándidos de Rosarito, aquel cuadro familiar. + +Abrazó fuertemente a Insúa, arrastró uno de los escaños hasta la mesa, +negándose a aceptar ninguna de las sillas que le ofrecieron, y se sentó +buscando la sombra de la pantalla, para observar mejor. + +Su sonrisa maliciosa hizo ruborizar a Rosarito. + +Antes de que hablara ninguno de ellos, cohibidos como estaban por +diferentes sentimientos, un empujón dado a la puerta de la calle, cuya +piedra se arrastró sobre las losas del zaguán, les anunció la llegada +de un nuevo contertulio. + +Debía de ser don Patricio Cullen, por lo cual Insúa salió a recibirlo +y a trancar la puerta, que dejaron entornada, a fin de que el jefe de +los revolucionarios entrara sin llamar. + +Don Serafín, que no le esperaba, viéndole llegar sintió crecer su +alarma y tornó a mirar el reloj, con aquel gesto a que recurría en los +casos apurados. + +Adivinó qué podía significar aquella reunión y cuchicheó al oído de +Cullen: + +--¿Así pues, señor don Patricio, se trata de una revolución? + +Don Patricio le apretó la mano con una gran cordialidad y le respondió +sonriendo: + +--Si fuera así, mi amigo, ¿podríamos contar con usted? + +--¿Conmigo?--exclamó el maestro, retirando su silla del hueco de la +puerta, como si la palabra comprometedora de Cullen hubiera resonado en +toda la ciudad y él temiera la repentina irrupción de la policía. + +--Sí, don Serafín; necesitamos que usted nos dé la hora para que +todos nuestros relojes estén de acuerdo. El secreto del éxito en las +revoluciones está en que se produzcan en el momento preciso. + +--¡Ah, señor don Patricio!--respondió súbitamente interesado el +maestro--si ustedes tuvieran un "Losada"... + +El ex gobernador de Santa Fe había tomado asiento ya en la silla que le +ofreció Rosarito, junto a la de Insúa, la que ella ocupaba. + +Don Serafín en pie, aguardando una explicación que no vino, miraba con +nueva angustia el cuadro alarmante que alumbraba su pacífica lámpara. + +Era amigo de aquellos tres hombres reunidos para conspirar, sin duda, y +era como el padre de uno de ellos, y a pesar de eso y de su afición a +las intriguillas políticas, la cosa parecía más seria que de costumbre, +y la conspiración se realizaba allí, bajo el techo de su escuela, cuya +existencia estaba en mano del gobierno, que la subvencionaba. + +--¡Señores!--les dijo; pero la voz se le anudó en la garganta. + +Los tres lo miraron. + +--Usted nos dará la hora;--volvió a indicarle don Patricio, con amable +sonrisa,--hasta entonces sea sordo, ciego y mudo. + +--Mudo sobre todo, mi tío--añadió Insúa, haciendo luego una seña a +Rosarito para que los dejasen solos. + +El maestro salió suspirando y palpando su reloj, con una explicable +angustia, desde que acababan de manifestarle que en su preciosa máquina +estaba encerrado el minuto decisivo de la revolución. + +--¡Mi reloj, mi reloj!--exclamaba, siguiendo dócilmente a su hija, que +lo hizo acostarse. + +--¿Es seguro ese hombre?--preguntó Cullen cuando quedaron solos. + +La luz de la lámpara daba de lleno sobre la figura majestuosa de don +Patricio, y su barba castaña, abierta sobre el pecho adquiría tonos +dorados. + +--Completamente seguro--respondió Insúa--y su casa debe ser hoy el +punto de cita menos sospechoso. + +Montarón arrugó la nariz, con gesto de duda. + +--No tanto. Ayer me crucé en la puerta con uno de los pesquisas de +Jarque. Por lo que se hizo el indiferente al verme, sospecho que no +dejó de notar mi presencia en el sitio. Por eso he venido hoy como un +ladrón o como un enamorado, saltando las tapias, procedimiento que +aconsejaría a don Patricio, si viviera más cerca. + +Don Patricio sonrió; era muy grueso y lo que para aquel hombrecillo +rechoncho, pero ágil, resultaba un juego, para él habría sido lo más +difícil de la revolución. + +--La noche es a propósito para merodeos de esta clase--observó +Cullen.--Yo he podido salir sin que nadie me viera, porque en toda la +calle Comercio, embarrada y tenebrosa, no se hallaría alma viviente. +La luz de los relámpagos me guiaba, para no estrellarme contra las +rejas salientes de las ventanas, y para cruzar sin riesgos mayores los +fangales de cada esquina. + +Hablaba despacio, con voz suave, insinuando más que diciendo lo que +pensaba. Montarón le escuchaba con una sonrisa que podía seguir +siendo un gesto de duda; Insúa, grave y triste, como oprimido por un +presentimiento. + +Afuera, la lluvia, más intensa que a la hora de ánimas, seguía cantando +en los caños de teja, de donde caían chorros sonoros que corrían luego +por los albañales a engrosar el torrente de la calle. + +Un momento prestaron oído a los rumores que venían de afuera. Insúa +pensó en Rosarito, dormida quizás, y comenzó luego a explicar su plan +revolucionario. + +Tenía listos ciento veinte hombres, acampados a esas horas en los +sauzales del arroyo de Leyes; a la mañana se pondrían en marcha sobre +la ciudad, según las órdenes que les había dejado, y entrarían a la +oración. + +Tenían dos chalanas cargadas de leña, en que llegarían al puerto, +cruzando la laguna. Otros estaban ya en la ciudad, adonde habían +llegado en carros de colonos, tirados por buenos caballos, que les +servirían para montar, o habían entrado como peones de estancia, a +buscar provisiones. + +--¿Bien armados?--preguntó Montarón. + +--Estos no; tienen sus cuchillos, que pueden ser lanzas, atados en una +caña tacuara. + +--¿Y los otros? + +--Los que vienen en las chalanas son los suizos de Helvecia, armados +con carabinas y con rémingtons. Algunos criollos tienen trabucos. La +munición es escasa, pero no se necesitará mucha. + +--Así es--observó Cullen--el éxito está en sorprender a la policía. Si +no entramos en el primer asalto, la batalla está perdida, y no habrá +más que desbandarse y buscar refugio donde sea posible hallarlo. + +La luz de la lámpara le molestaba, por lo cual había buscado la sombra +y hablaba desde allí. Sólo Insúa permanecía al lado de la mesa y sus +ademanes y el brillo de sus ojos se armonizaban con todos los rasgos de +su lujosa juventud. + +--Y los que han llegado--interrogó--¿dónde están? + +--En la barraca de Fosco, a orillas del río, al Sud, que es donde +atracarán las chalanas, para estar más cerca de la policía. + +Hubo una pausa, en que los tres prestaron oído al rumor de la lluvia, +que de cuando en cuando se ahogaba en el fragor de un trueno. + +--Mi mayor confianza está en lo que hagamos en el baile--dijo Montarón, +bajando la voz--Iriondo y Bayo irán; Jarque ciertamente no faltará, y +como no estarán prevenidos, en cuanto suenen los primeros tiros en la +plaza podremos tomarlos como en una ratonera. + +Insúa no parecía participar de esa opinión. + +--Eso no es pelear--objetó--eso es entrampar a los hombres, como si +fueran ratones. Prefiero el ataque, lanza en ristre, al frente de mi +caballería... + +--Ellos son más y están mejor armados. + +--Nuestros hombres no pelean por la paga, como los de ellos; y esa es +una ventaja que compensa el número y la diferencia de las armas. + +--Tendremos que ir contra el batallón "7 de Abril", que es de línea, +capitán--observó Montarón. + +--Mejor; eso enardece. Lo que desmoraliza es pelear contra flojos que +se esconden o disparan. + +Tras un momento de silencio, Cullen, deseando armonizar las dos +opiniones, dijo acercándose a la luz: + +--Las dos cosas deben hacerse. Es necesario el asalto a la policía, +y al mismo tiempo la celada del baile. Una maniobra sin la otra nos +llevaría al fracaso, que ha sido siempre el término de nuestras +revoluciones. El capitán Insúa mandará el asalto; y nosotros, en el +baile, en cuanto suenen los primeros tiros, aprovechando la sorpresa +de los iriondistas, caeremos sobre ellos. Apresados Iriondo y Bayo, la +tropa del gobierno se rendirá. Hay entre ellos partidarios nuestros que +iniciarán el desbande. + +Hizo una pausa, esperando alguna observación, y como no la hubo, +prosiguió, con su voz suave y sus ademanes tranquilos: + +--Por otra parte, ni Bayo, ni Iriondo son niños. Es verdad que toda +nuestra mozada distinguida estará en el baile, y se pondrá a nuestro +lado, pero las cosas no se llevarán a cabo sin riesgos; porque supongo +que no serán esos dos los únicos iriondistas que habrá invitado usted a +su fiesta. + +--He invitado a todos los que significan algo--respondió Montarón--no +sé quienes irán, mas podemos contar con que no faltarán ni el ministro +Pizarro, ni el doctor Zavalla, y habrá que tenerlos en cuenta;--y +agregó haciendo uso de un término gauchesco--no son gente de arriar con +la mano. + +Insúa acabó por aceptar la importancia de aquella maniobra, que, en +verdad, podía ser más eficaz que las briosas acometidas de sus paisanos +a caballo, sembrando de muertos las calles de Santa Fe y huyendo una +hora después del ataque. + +Mediaba la noche y la lluvia había escampado, cuando los conspiradores, +después de precisar los detalles de su plan, disolvieron la reunión. + +Don Pedro Montarón escurrióse de nuevo hacia la huerta, y saltó la +tapia. Don Patricio Cullen, se envolvió en una capa obscura, con +vueltas de terciopelo, y salió franca y gallardamente a la calle, como +si nadie pudiera sospechar de él. + +Al cruzar la esquina de la Matriz, no vió entre los arcos del pórtico +una sombra cautelosa, que acechaba su paso. Era Jarque, quien no había +querido confiar a nadie la delicada misión de averiguar las andanzas +del jefe de los revolucionarios. + +Don Patricio llegó a su casa, tranquilizado por la misma siniestra +lobreguez de la ciudad dormida entre los barriales de sus calles sin +empedrado. + +Cuando Insúa apagó la lámpara y salió del comedor para llegar hasta +el escondrijo en que debía pasar la noche encontró en la galería a +Rosarito, cuyos ojos fieles radiaban en la sombra. + +Insúa le estrechó la mano y le dijo con voz baja una frase que a ella +la hizo estremecerse: + +--¡Has nacido para mujer de un revolucionario! + + + + +IV + +La levita de Cullen + + +Fué ese el primer día frío del otoño que empezaba a dorar el follaje +de los árboles caducos y las frutas de los naranjos entre el verde +lustroso de sus hojas persistentes, y alfombraba el suelo húmedo de las +huertas, con el manto amarillo de las hojas secas. + +La lluvia de la noche había lavado el cielo, y el sol se miraba +esplendoroso en los charcos de las calles, donde los niños, que no iban +a la escuela, chapoteaban el barro con los pies desnudos. + +A las ocho en punto, la puerta de la escuela de Don Serafín, estaba +sitiada por una banda turbulenta de escolares, sorprendidos por lo +extraordinario del caso. + +¿Qué podía haberle ocurrido al puntualísimo "Curuña", que no había +abierto a la hora precisa, como acostumbraba, para que esa fuera la +señal de arreglar los relojes del barrio? + +A las ocho y cuarto empezaron los chicuelos a armar una tormentosa +baraúnda, ante la puerta cerrada. + +Los de familias pudientes habían sacado esa mañana por primera vez +en el año, sus capas o sus abrigos de invierno, porque el pampero +que traía el frío de las nieves del Sur, daba la señal de cambiar de +ropa. Los más pobres, habrían tiritado bajo sus trajecitos de brin, +si la algazara y el movimiento no les hubiera hecho bullir la sangre. +Casi todos, en bolsas de tela, suspendidas de un bramante que les +cruzaba la espalda, llevaban sus librejos envejecidos por el manoseo de +algunas generaciones de escolares, que se los pasaban unos a otros, al +abandonar las aulas. + +Algunos revelaban su pobreza, no sólo en su traje inadecuado para la +estación, sino en el detalle sobrado elocuente de carecer de libros y +cuadernos, lo cual les obligaba a aprender en los Mazos rotosos que don +Serafín ponía a disposición de ellos en la clase. + +No eran los menos bulliciosos, empero. Todos, pobres y ricos, picados +por la curiosidad golpeaban la puerta gritando ansiosos por entrar +no al aula, donde se aburrían, sino al patio bajo cuyas anchurosas +galerías podrían jugar a la rayuela o las bolitas si es que "Curuña" +estaba enfermo o había muerto y se imponía la vacación. + +No estaba muerto el mísero, mas habría deseado estarlo, porque en ese +momento pasaba las angustias de un ajusticiado, bajo el ojo severo de +su amigo Jarque. + +Se levantó más temprano que de costumbre, y por lo menos una hora antes +de las ocho, estuvo dispuesto para acudir a la cita que le diera el +gobernador la noche antes. + +No era cosa mayor su traje, pero envuelto en su capa--regalo del +capitán Insúa--podía disimular la fementida levita y engañar al +espectador en cuanto a la integridad de los pantalones. + +Cuando empezó a trepar las escaleras del Cabildo, hacia el despacho +del gobernador, recordó su pecado de esa noche dando albergue a los +conspiradores y le temblaron las rodillas. + +Parecióle un calvario aquella ascensión y cuando llegó a la sala de +espera, donde aguardaban los postulantes, consultó su reloj para +comprobar la marcha de un péndulo que allí había. + +En este momento se le acercó Jarque y lo tomó del brazo y lo llevó +con alguna prisa, que llenó de pavor al maestro, ó la oficina de la +Jefatura de Policía, que formaba cuadro con el salón de espera, en una +de las alas del edificio. + +Entraron al despacho, una pieza grande y fría, con pobrísimos muebles, +una mesa de caoba y algunas sillas de estera. Jarque cerró la puerta, +aumentando la confusión del maestro, que todo trémulo, buscó asiento, +sin atreverse a despegar los labios ni a hacer más gesto que el de +consultar su reloj, el cual marcaba las ocho menos cuarto. + +Por fin, mientras el jefe acercaba otra silla, se animó a decirle con +cierta altivez que sonó bien en sus propios oídos: + +--Te advierto, Braulio, que tengo una cita con el señor Gobernador. + +--¿A qué hora? + +--A las ocho; y estaba haciendo tiempo... + +Jarque echó una despreciativa mirada sobre el reloj que don Serafín +tenía en la mano, y sentándosele al lado, le dijo con tono zumbón: + +--Tu reloj atrasa, muchacho. Hace un cuarto de hora que el gobernador +te esperaba; ahora, me ha encargado tu asunto, porque él atiende a +otros visitantes. + +Don Serafín se había puesto de pie, con el pelo encrespado por la +indignación. + +--¡El "Losada", señor jefe de policía, no atrasa nunca! + +--Entonces está parado--le respondió Jarque, haciéndolo sentar de nuevo. + +El maestro acercó al oído su maravillosa máquina, y constató con horror +que en efecto se había parado algunos minutos antes, falto de cuerda. + +--¡Ah, miserable!--exclamó golpeándose la frente.--He deshonrado +mi reloj. Por primera vez en treinta años, anoche por culpa de las +visitas, me acosté sin darle cuerda. + +Jarque sonreía. + +--¿Tuviste visitas, Serafín? ¿Haces tertulia ahora? ¿Estás por casar tu +hija? + +El maestro, que daba cuerda a su "Losada", se quedó frío al oír +aquello. Un poco más y en su turbación habría puesto al astuto jefe de +policía sobre la pista de la conspiración tramada en su casa. + +Jarque observó la ingrata impresión que causó su pregunta, y para no +espantar la caza, se puso a hablar del asunto que más interesaba a su +amigo. + +--Realmente--le iba diciendo--era una iniquidad que un hombre del +mérito de don Serafín Aldabas, que servía a la provincia con tanta +abnegación, educando a los futuros ciudadanos, pasara miserias por +negligencias del gobierno en cumplir sus promesas. + +--¿No es verdad?--exclamó encantado el maestro--es lo que digo; un +maestro es un servidor de la provincia. + +La misma subvención--seguíale diciendo el jefe--era irrisoria; ya el +Gobernador se lo había dicho. Debía dársele cuarenta pesos por lo menos. + +--¿Cuarenta pesos? Es lo que tengo ahora. + +--¿Sí? Bueno; eso mismo es poco; habría que ponerle cincuenta... + +--Cien me dijo ayer el señor Gobernador. + +--Bueno; cuanto más mejor; ya me encargaré de recordárselo. + +--Y sobre todo--insinuó dulcemente don Serafín--que me paguen los seis +meses que me adeudan. + +--¡Oh, por supuesto! + +--¿No sería posible hoy? + +El jefe sacudió la cabeza. + +--¿No hay fondos, quizás? ¿y la mitad... la tercera parte... un mes +siquiera? + +Jarque hacía señas de que no era posible. + +--Hay fondos--dijo--y la voluntad del Gobernador era mandar pagarte; +pero hoy mismo le han traído una denuncia que te compromete. + +Don Serafín sintió que las piernas le empezaban a temblar, y echó mano +del reloj. + +Jarque se puso a mirarlo y sus ojos astutos lo turbaron más. + +--Deja el reloj, Serafín; y si no quieres perderte dime la verdad: ¿a +qué fué don Patricio Cullen a tu casa anoche? + +El maestro se quedó lívido, pero decidido a morir antes que delatar a +sus amigos, contestó con un soplo de voz: + +--A visitarme... + +--Aprovechando la bondad de la noche... ¿eh? ¡Serafín!, ¡Serafín! + +--No; la noche era mala, muy mala, quizás la peor que he pasado en mi +vida... + +--Sí, lo creo; y esa visita a esa hora, y la turbación que muestras y +que dice estás mintiendo, han puesto en peligro la subvención de tu +escuela, y lo que es más grave, tu seguridad personal. ¿Por qué me +engañas? Don Patricio no fué a visitarte. + +Don Serafín tuvo entonces un rayo de luz. Se acordó de algunos rasgos +nobilísimos del carácter de Cullen, el cual disimulaba sus caridades +con tacto exquisito y se animó a echar una mentira salvadora. + +--¡Oh, Braulio! ¡Desconfías de mí! Sabrás, entonces, toda mi vergüenza: +Don Patricio fué a llevarme una levita. + +--¿Una levita?--exclamó Jarque sorprendido.--¿Para qué te fué a llevar +una levita? + +--¡Mira!--contestó don Serafín, poniéndose de pie, y dejando caer la +capa, con el gesto de Friné delante de sus jueces. + +Y Jarque pudo ver, en efecto, que su amigo tenía urgente necesidad de +una levita, porque la que llevaba no merecía tal nombre, pues a más +de los faldones que le faltaban, empleados en menesteres escolares, +carecía de forros y los bolsillos no habrían podido cumplir su misión +de tales. + +La capa de don Serafín guardaba celosamente aquel secreto y por eso, de +su levita ningún ojo extraño conocía más que las solapas. + +Jarque se echó a reír, ante la figura desguarnecida de su amigo, y éste +se puso rojo de cólera. + +--¿Lo ves? ¿Lo sabes ya? ¿Comprendes ahora todo el valor del obsequio, +y toda la nobleza de ese hombre, que no ha querido enviármelo con una +criada charlatana, sino que ha ido él mismo, en persona, en una noche +desagradable, a llevármelo, como una prueba de afecto? + +Se arrebozó de nuevo en la capa y se dejó caer sobre una silla. + +--¿Y por qué no te la has puesto? + +Don Serafín tartamudeó un instante: + +--Pues, porque--¡ahí verás!--no tenemos el mismo cuerpo, y Rosarito ha +debido encargarse de achicarla. + +Jarque pareció satisfecho y el maestro se quedó íntimamente halagado +por su destreza, que había despistado al astuto jefe de los polizontes, +y pensó que bajo su capa se ocultaba un fino espíritu revolucionario. + +Hablaron luego de otras cosas, y de pronto Jarque preguntó: + +--¿Siempre es tu hija tan bonita? + +--Es como antes. + +--¿Y siempre tan hacendosa?, ¡aquellas empanadas que ella hacía!... + +Rosarito tenía una habilidad muy celebrada entre sus relaciones para +confeccionar empanadas exquisitas, con que alguna vez obsequió a +Jarque, como a algunos otros personajes de la ciudad. + +--Cuando las haga--dijo el maestro--te haré mandar media docena. + +--Gracias; prefiero ir un día de estos a comerlas en tu propia mesa. + +--Cuando gustes, Braulio--respondió tristemente don Serafín, pensando +si su hija no habría perdido ya la habilidad, dado el tiempo que no se +hacían empanadas en su casa, por falta de recursos. + +El jefe se había quedado caviloso. + +--¿No sería posible hoy?--dijo. + +El maestro vaciló. ¿Cómo iba a costear el gasto? + +--Te seré franco, Braulio. Si hoy me pagaran, siquiera un mes, podría +surtirme de nuevo en el almacén, y habría en casa cómo hacer empanadas. +Si no... + +El jefe de policía no aguardó más. Escribió unas líneas, que metió en +un sobre y mandó con un ayudante a su destinatario, que don Serafín no +pudo saber quién era, pero que debía ser el ministro o el Gobernador +mismo, porque volvió al cabo de pocos minutos con otro sobre en que +venía el dinero de cinco de los meses atrasados, doscientos pesos. + +Deslumbrado por aquella fortuna, el maestro bajó tambaleando las +escaleras del Cabildo, atravesó la plaza a grandes zancadas, sin +cuidarse de su capa que flotaba a sus espaldas como dos alas abiertas, +permitiendo a los ojos profanos iniciarse en el secreto de aquella +levita misteriosa. + + + + +V + +En la tarde del baile + + +La imagen de Syra Montarón, a los veinte años, debe perdurar en la +memoria de los que la conocieron, como queda en los ojos la impresión +del sol, cuando se lo mira. + +En los países tropicales, el tipo de la hija de Montarón, es más común +que en las orillas del Paraná. Pero aun así, en la pequeña ciudad de +entonces, que los naranjos de las huertas sahumaban de azahar, con +sus calles desiertas y sus tapias oscuras, roídas por el musgo, y sus +siestas estivales, silenciosas y largas, y sus dos ríos y su gran +laguna, que la ceñían en un abrazo de frescura, Syra Montarón estaba +más en el marco apropiado para su belleza de reina mora, que la suave +hija del maestro, con su vestido blanco y su manto azul, como una +aparición. + +Durante cinco años había permanecido enclaustrada en un colegio de +Buenos Aires, saliendo solamente en los veranos, que pasaba en una +quinta próxima a la gran ciudad, en casa de sus abuelos; y cuando al +cumplir veinte años, volvió a Santa Fe, traía con las galas novedosas, +adquiridas allí, y que eran raras en las tiendas santafesinas, una +sabia coquetería de porteña. + +Su madre, una paraguaya melancólica, con quien Montarón se casó en uno +de sus viajes, pasábase los días en su dormitorio, que daba a la calle, +chupando naranjas y leyendo novelas. + +Syra tenía de ella la cabellera negra y abundante con reflejos de oro +a la cruda luz del sol, y la tez pálida, con un leve color de trigo en +la era. Pero sus ojos, negros también, no aparecían, como los de ella, +anegados en la penumbra de un alma perezosa; sino encendidos en la +llama de una voluntad imperiosa, que se adivinaba, asimismo, en su boca +algo grande, roja, de firme dibujo. + +La casa de Montarón en la calle del Cabildo, a media cuadra de la +plaza, era de dos pisos, recién construída con un lujo desusado +entonces, por el mismo arquitecto que edificó la de don Simón de +Iriondo, lo cual halagaba la vanidad del opulento banquero. + +Bajo los corredores que daban a la calle, enlosados de mármol, paseaban +los galanes. En los primeros tiempos de la llegada de Syra, fueron +muchos, hasta que ella los alejó con sus desdenes, que sólo uno de +ellos perdonó, porque estaba profundamente enamorado. + +Era Borja, el teniente de milicias, joven y gallardo, con su vistoso +uniforme, su chaqueta de paño azul, galoneada de oro, pantalón rojo con +franja dorada, su deslumbrante espadín que rozaba las paredes, con un +ruido metálico, que un día fué para Syra la señal de salir al balcón a +verle pasar. + +Y eso ocurrió en la pasada primavera, cuando en la plaza se vestían +las acacias de racimos blancos, cuyo perfume penetrante trastornaba el +corazón y la cabeza. Syra sintió llegar el amor, como un sol que nace, +y ella le confesó que lo amaba, y que había tardado en decírselo, para +probar su constancia. + +El opulento Montarón quería festejar el compromiso oficial de su hija +con una fiesta, que sería a la vez una hábil celada. + +En la tarde del baile, Syra llena de presentimientos que la +angustiaban, fué a casa de una vecina amiga, donde solía encontrarse +con su novio. + +Vestía de luto, por un duelo de familia, y el traje negro, que esa +noche dejaría de usar, ponía en su soberana figura una nota trágica, +que Carmelo Borja observó con frío en el alma. + +Se hallaban solos, en un patio de naranjos que la tarde llenaba de +sombras. La tierra vertía agua, por la lluvia reciente, y entraron +a una pieza, que tenía sobre el patio una ventana enrejada, en cuyo +dintel se sentaron, buscando las últimas luces del crepúsculo. + +Sin haberse hablado, habíanse trasmitido la indefinible pesadumbre que +embargaba sus almas. + +Syra conocía las opiniones políticas de su padre, y día por día +aguardaba el estallido de una revolución en que él o su novio, +combatiendo en filas opuestas, podían hallar la muerte. + +Montarón conservaba una relación lo más estrecha posible, dadas sus +ideas, con las familias de los hombres contra cuyo gobierno conspiraba, +y cuando su hija le anunció el noviazgo con el joven militar, +secretario de Jarque, ni por un momento vaciló en franquearle la +entrada de su hogar. + +Y en las tertulias frecuentes que se hacían los días de visita, +Montarón siempre dueño de casa y dueño de sí mismo, sabía ser +exquisito, aun con los adversarios que asistían a ellas, y en quienes +producía la impresión de que Jarque lo había curado de sus veleidades +revolucionarias, no dejando llegar a término ningún complot. + +Syra comprendía, empero, que su padre tramaba la caída de Bayo. +Continuos y misteriosos "chasques" o mensajeros, que llegaban de noche, +y entraban, sin llamar, por una puertecilla falsa, le daban a entender +que se aproximaba, quizás, el desenlace temido. + +Montarón disimulaba ante ella, no queriendo exponerse al evento de su +discreción de mujer enamorada. + +En la noche de la lluvia, Syra sorprendió a su padre llegando de la +huerta, con el traje embarrado, indicio elocuente de su excursión harto +sospechosa a esa hora y con ese tiempo, y como en los últimos días +habían aumentado las maniobras sospechosas, que la alarmaban, adivinó +que los sucesos estaban próximos, y se llenó de terror. + +En cualquier movimiento revolucionario, su novio, por su cargo, tenía +señalado un puesto de peligro. + +¿Cómo advertirle sin descubrir a su padre? + +Doña Celia, que pasaba su vida en la hamaca o en un sillón frente a una +ventana de la calle, anegada en su modorra habitual, no era capaz de +desahogarla del peso de aquellos temores. + +En la tarde del baile, vió a su padre alistar unas armas, y sintiéndose +morir, bajo la angustia, corrió a la casa vecina donde al entrar la +noche solía encontrarse con su novio. + +Cuando se halló frente a él, le faltó la voz, y se echó a llorar, +escondiendo la cara sobre el hombro de él. + +Borja también presentía los sucesos que se aproximaban. Jarque se +había apoderado de los hilos de la conjuración, y aunque ignoraba las +circunstancias en que se desarrollaría el episodio revolucionario, +comprendía que estaban envueltos en una intriga, que no podía tener más +que un sangriento desenlace. + +Aquel llanto de Syra, cuyo padre debía ser de los más comprometidos, +aumentó su zozobra, porque era evidente señal de que ella había +sorprendido algo que no podía confiarle. + +--¡Syra! ¡Syra!--le dijo--antes me hiciste sufrir con desdenes, y ahora +me haces sufrir con misterios, ocultándome lo que te apena. + +--Es cierto--dijo ella, apartándose y dejando de llorar.--Has sufrido, +porque no adivinaste que te quise desde el primer día en que te ví, +aunque no lo pareciera, porque fuí injusta y coqueta. Y ahora sufres, +porque tengo un secreto y no te lo puedo confiar. + +Sospechó él de qué se trataba, y no quiso hablar, por no obligarla a +traicionar a su padre. + +Ella continuó diciéndole: + +--Estoy llena de miedo. Yo no sé nada, me parece que he soñado lo que +he visto, porque ni siquiera puedo decir que he visto algo; y me parece +que todo se vuelve en contra de nosotros. Estamos a tres horas de la +fiesta, y me vengo a llorar... + +Él le acarició la cabeza que había vuelto a apoyar en su hombro, como +buscando un refugio que la salvara de las visiones que la acosaban. + +--Me da miedo la tarde, y me da miedo la noche que llega. Carmelo... +¿no temen nada, nada?... + +--¿Qué podríamos temer? Todo está tranquilo, a su fiesta irán amigos +y adversarios del gobierno, y será ésa una ocasión de acercarse, de +tratarse, quizás de hacer la paz que todos anhelan. + +Un rato habló así, tranquilizándola, y sintiendo que sus propias +razones le tranquilizaban a él mismo, haciéndole ver cuán vanos y +ridículos eran los recelos. + +--Esta noche, Syra, te pido que cantes los versos del doctor Goyena, +los que comienzan así: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." + +Ella no lo había besado nunca, pero esa vez, dominando todo su pudor, +acercó su cara a la de él y lo besó apasionadamente, como si fuera a +partir para un largo viaje. + +Y salió huyendo de la casa, sin saludar a nadie, atravesando medrosa el +patio, en que la noche había caído como un crespón negro, envolviendo +los sombríos naranjos de amargo perfume. + + + + +VI + +Una sombra en el hueco de la puerta + + +Borja no ignoraba que el día anterior Jarque, su jefe, había tenido un +encuentro que podía ser un grave indicio. + +Por la mañana a eso de las nueve, don Serafín volvió a su escuela que +resonaba con la bulla de los niños, a los cuales Rosarito les había +franqueado la entrada para que jugasen en el recinto abrigado de las +galerías. + +Ella misma, después de llevar el desayuno a Insúa que se aburría en +la soledad de su escondrijo, bajó a jugar con ellos. El patio estaba +empapado por la lluvia, pero las galerías anchas, con su techo de +cañas, cubierto con largas pajas de las islas, y sostenido por sólidos +pilares de algarrobo, tenían un piso de tierra endurecida, donde los +chicuelos más hábiles podían dibujar sus complicados cuadros de rayuela. + +Rosarito se sentó en un rincón, donde la cocina formaba un reparo, en +el extremo del corredor, y los más pequeños corrieron a ella, para que +les contara aquellos cuentos que iluminaron la niñez de su madre. + +La niña era como un hada en el sombrío recinto de la escuela. + +Cuando en las horas de clase, por animar un poco a los alumnos, entraba +al salón, buscando un sitio vacío en los bancos, todos la reclamaban +para tenerla cerca, y aun cuando fuera la clase de gramática, si estaba +ella, y los niños podían ver sus ojos animadores y su boca juvenil que +sonreía, y su vestido alegre, en la pesada tristeza de las cosas viejas +que llenaban el aula, los minutos parecían tener alas y volar. + +El maestro no se inmutaba por la presencia radiante, y seguía llamando +al pizarrón, uno por uno, a los chicuelos, para que dieran la lección. + +Les entregaba un mezquino pedacito de tiza, y se calaba las gafas para +vigilar los garabatos que la trémula mano trazaba en el tablero. Y +cuando el niño se equivocaba, corría él con el desgarrado faldón de su +levita en la mano y borraba lo escrito. + +--¿Quién mató a César?--decía a modo de comentario invariable, y los +alumnos en coro gritaban: + +--¡Bruto! + +Don Serafín tenía una regla larga como un puntero, que manejaba +nerviosamente. Se quitaba su casquete de seda, porque el mucho hablar +le hacía sudar el cráneo; alzaba las gafas hasta la frente, donde +revoloteaban algunos mechoncitos grises, con aire más divertido que +el de los alumnos, y aquello era señal de que comenzaba la clase de +gramática. + +Llamaba a uno de los niños hasta su estrado; se envolvía cuidadosamente +en la capa, celoso del misterio de su levita, y preguntaba alzando la +regla y mirando al alumno con sus ojillos glaucos: + +--¿Cuántos son los acentos? + +El interrogado se quedaba pensativo, y don Serafín le insinuaba, +marcando cada palabra con un reglazo en el pupitre: + +--¡Tres! Agudo, grave y es... drú... julo. + +Cuando decía "drú" se iba a fondo, con la regla a guisa de florete +y pinchaba al niño en la barriga, con gran regocijo de la infantil +concurrencia. + +La lección de los acentos era, por su episodio, lo más ameno de la +gramática. + +Concluída la clase, los niños se ponían de pie y rezaban un avemaría, +que entonaba el maestro, y luego con sus libros y sus gorras en la +mano, salían en ruidoso tropel a la calle, dejando en el aire confinado +del salón el polvo de los rojos ladrillos, flotando en un rayo de sol, +que entraba a veces como una espada fulgurante. + +Si estaba Rosarito, la última mirada era para ella, que se quedaba con +el corazón estremecido, porque los amaba a todos. + +Cuando su padre volvió, la mañana en que fué al Cabildo, no era ya hora +de iniciar la clase, por lo cual despidieron a los niños que jugaban +en las galerías, cerraron la puerta de calle, y llamaron a Insúa, que +bajó de su buhardilla, contento como un prisionero libertado. + +A él y a Rosarito les relató don Serafín su conferencia con el jefe +de policía, detallando prolijamente la manera en que eludió toda +contestación comprometedora. + +Nunca había querido dejar adivinar de Insúa su pobreza rayana en la +miseria, mas tuvo esa vez que confesar el episodio de la levita, +mezclado con su pequeña aventura de esa mañana, y todo lo dijo +sonriente, enrojeciendo a veces de vergüenza, pero satisfecho de su +inesperada habilidad para burlar al fino sabueso del gobierno. + +--Hoy Jarque vendrá a comer tus empanadas, Rosarito, hija mía... + +La niña se alarmó oyendo aquello, porque sospechó que eso podría ser +un pretexto para una visita del jefe, pero no el verdadero motivo. Sin +duda quería comprobar lo dicho por su padre. + +Se vistió con su sencillo traje de salir, y se fué al boliche de don +Pablo Ferrer; pagó la cuenta, y se aprovisionó de lo que le hacía falta +para confeccionar sus empanadas; y luego corrió a casa de don Patricio +Cullen. + +Llena de confusión refirió al caudillo de los revolucionarios aquella +aventura de la levita, que la obligaba a pedir una, a fin de que Jarque +la hallara, en verdad arreglándola al cuerpo de su padre. Y fué tan +afortunada y hábil, que esa tarde, a la hora de la siesta, en que el +jefe de policía acudió a la escuela, pudo obsequiarle con empanadas +sacadas del horno, sirviéndoselas en una punta de la mesa del comedor y +atendiéndole ella desde la otra, donde a toda prisa descosía una levita +de don Patricio Cullen, para adaptarla al mezquino cuerpo de Aldabas, +cuya voz se oía explicando la lección de los acentos. + +Pero Jarque no se dejó engañar del todo. Los indicios que había +sorprendido de estar cerca la revolución eran tan evidentes, que +perdida una pista, buscaba otra, seguro de sorprender el complot. + +Se estuvo toda la tarde en la escuela, porque teniendo la certeza de +que la revolución no estallaría sin que Insúa llegara a la ciudad, +quería a toda costa saber si él estaba ya en Santa Fe o iba a llegar de +un momento a otro. + +Cuando anocheció, algo decepcionado se despidió del maestro, que había +concluído su clase y de su hija que seguía trabajando en la levita. Mas +se fué tranquilo, porque la ausencia de Insúa podía significar que la +revolución aún tardaría. + +No bien se hubo marchado bajó Insúa de su escondrijo, donde había +pasado cuatro mortales horas oliendo el cedro secular de las vigas del +techo; y como era necesario prevenir para esa misma noche al dueño de +la barraca donde se refugiarían los revolucionarios que llegaran por +el río, aprovechó para salir la obscuridad que reinaba, con el cielo +nublado, amenazando lluvia. + +La barraca de Fosco, al Sur de la ciudad, a pocos pasos del arroyo +Quillá, un brazo del río, era un vasto recinto cuadrado, con paredes +de tapia, detrás de las cuales se amontonaban cargamentos copiosos de +frutos del país, cueros, cerdas, huesos, lanas a la espera de un barco +que los llevara a Buenos Aires. + +El anterior dueño de la barraca se había arruinado, y un colono suizo +de Helvecia, que logró algunos años de buenas cosechas, se quedó con +ella y abandonó el campo. + +Era Fosco; vivía con su familia haciendo un modesto negocio que le +permitía tener influencia entre sus compatriotas, partidarios de Cullen +todos, y esperar el triunfo de la revolución, que estaba dispuesto a +ayudar, para tumbar el gobierno. + +En la obscuridad de la noche Insúa vió aparecer a lo lejos la masa +negra de la coposa arboleda que rodeaba la barraca, haciendo más +discreto el refugio. + +En esos lugares no había ya casas ni calles. Las carreteras, acolchadas +de tierra blanda, transformadas por la lluvia en profundos barrizales, +descendían la barranca hasta el desplayado del riacho. Cerca del agua, +que no se veía en la sombra, al borde mismo de la pequeña barranca, +crecía un aromito y a su sombra se alzaba una casucha de paja y de +barro, de algún barquero, que vivía allí a la vera de su barca. + +Ladraban los perros al áspero rumor de los árboles, que se mecían al +viento en la sombría y misteriosa quinta de Fosco. + +Insúa no pudo dejar de sentir un estremecimiento, como un aletazo del +miedo, al llegar a aquellos lugares en que podía hallar la muerte, si +Jarque daba con su pista. + +Marchaba a grandes trancos, hundiendo sus botas en el barro para no +perder tiempo en buscar senderos enjutos. Iba embozado en una capa, con +que en las calles del centro había disimulado su figura, para pasar sin +que le reconocieran. + +Desde el portón de fierro que servía de entrada a la barraca, cerrado a +esa hora, vió la casa blanqueando en la sombra, sin luz, como dormida. + +Llamó con las señales que sus dueños conocían. + +Fosco estaba advertido por el mismo don Patricio de la inminencia de +una revolución, a la que se disponía prestar su concurso, tanto más +apreciable, cuanto que la ubicación de la barraca debía esa vez hacerla +poco sospechosa. + +Generalmente los revolucionarios invadían la ciudad por el Norte, +viniendo de las estancias de Cullen o de Insúa, y era casi seguro que +el mayor empeño de la policía se pondría en vigilar el camino de Santa +Rosa, descuidando la barraca a orillas del río, excelente lugar de +desembarco, por la menor distancia a que de allí estaba el Cabildo, que +iban a atacar. + +A la señal de Insúa, un poderoso mastín de largas lanas se echó +sobre la puerta, que poco después abrió Fosco, acallando al perro y +recatándose aún, por si no eran los amigos que esperaba. + +De una numerosa familia, Fosco no conservaba consigo más que a su mujer +y a una hija, a quienes halló Insúa en la pieza del piso bajo de la +casa, cuando entró con el suizo por guía. + +--¡Señor capitán!--le dijeron al saludarle, y él notó en sus ojos la +misma luz de inteligencia con que le acogiera el dueño de casa. Era +gente fiel, dispuesta a servirle hasta la muerte. + +Fosco andaba cerca de los sesenta años, pero de recia musculatura, y +buen tirador, podía ser un buen soldado. + +En el comedor, al lado de la alhacena, veíase colgado un rémington, +enaceitado y limpio, señal del aprecio en que lo tenían. + +Insúa sonrió echándole una mirada significativa. + +--Señor capitán--le dijo Fosco.--En Helvecia éramos cien familias +suizas. Todos los hombres tiraban como yo, y todos estaban y están hoy +dispuestos a hacerse matar en la revolución. + +Insúa le apretó la mano, sin decirle palabra, y tomó asiento al lado de +la mesa, bajo la luz de la lámpara. Fosco y las dos mujeres permanecían +de pie. Sabían que en aquella intentona por derrocar al gobierno se +jugaban la libertad, la paz, la fortuna y quizás la vida, pero estaban +dispuestos. + +Como Insúa vacilaba en hablar, Fosco mandó a las mujeres que salieran +del cuarto, y una vez solos dijo: + +--Son fieles y discretas, pero es mejor que ignoren lo que ha de +ocurrir. + +--Así es--respondió Insúa.--Mañana vendrán nuestros amigos. Viajan en +chalanas cargadas de leña, por el río, y atracarán en la costa del +arroyo, a cien metros de aquí. Otros están llegando desde ayer, en +carros y a caballo, como si fueran gente de campo que viene a hacer +provisiones. Esta noche, llegarán los que faltan, y, sin duda, buscarán +albergue en la barraca, para estar al habla. Son los más seguros los +que así vienen, pero en las chalanas está el grueso de las fuerzas. Las +manda Alarcón que sabe hacer las cosas y el indio José... + +--¿José Golondrina?--preguntó vivamente Fosco. + +--Sí; ¿lo conoce? + +--Lo conozco; lo conocí en Helvecia--vaciló un momento y dijo:--Yo no +lo creía bueno para esto. + +--¿Por qué? + +--No sé, a la verdad no sé; pero nunca me ha parecido hombre de +confianza. + +--Es mi asistente hace años--observó Insúa. + +--Entonces debe ser bueno--contestó sin mucha convicción el colono. + +Insúa continuó dando instrucciones, para que todos obraran de acuerdo y +no se perdiera ni un minuto ni un hombre. Las revoluciones fracasaban +siempre por falta de organización, y con esa dura experiencia, habían +aprendido lo que valía el orden en toda batalla. + +Cuando no tuvo más que recomendar, volvió a la ciudad, donde se +encontraría con Cullen y Montarón. + +Veíanse algunos faroles encendidos en las esquinas, uno precisamente +en el ángulo que hacía cruz con la iglesia Matriz. Derramaba un fulgor +mezquino, que parecía más débil ante el gran cuadro sombrío de la +plaza, con sus negras acacias, que un viento suave mecía desgranando +sus hojas secas. + +Insúa tranquilo por la soledad de las calles, se atrevió a pasar +cerca del farol, y al llegar a la esquina de la escuela, se encontró +bruscamente con Jarque. + +Supo que era él, porque al moverse para no cruzarse en su camino, +observó que rengaba, mas tuvo la esperanza de que no lo hubiera +conocido, por lo que iba embozado en la capa, y para despistar sus +sospechas no se detuvo ante la puerta del maestro, sino que pasó de +largo, como si allí no viviera. + +Sintió que le seguía y apretó el paso, con la seguridad de +adelantársele y anduvo así, un cuarto de hora, haciendo recodos, y +cruzando calles; cuando supuso que el jefe de policía había abandonado +su persecución, regresó a la calle de la Matriz. + +El farol de la esquina se había apagado, y era extraño, porque el +viento apenas soplaba. + +Nada se veía en la calle lóbrega. El almacén de Ferrer estaba cerrado, +y todo el barrio, parecía dormido bajo los oscuros tejados a dos +aguas. En una guardilla, a lo lejos temblaba una luz. + +Llegó Insúa hasta la puerta de la escuela, y la empujó de golpe, y al +entrar vió que del hueco de una puerta casi contigua, salía un hombre, +que sin duda estuvo al acecho. + +Comprendió que Jarque en vez de seguirle a través de las calles, +sospechando quién era, lo había aguardado allí, para cerciorarse de +ello, y averiguar lo que tanto le interesaba. + +Era un episodio lamentable, porque obligaba a los revolucionarios a +variar sus planes. + + + + +VII + +El indio José + + +En los sauzales del arroyo de Leyes acamparon los hombres que mandaba +Juan Alarcón. + +Era la época de las lluvias y los campos bajos del litoral estaban +anegados. El Saladillo Dulce, riacho que allí cerca se juntaba con el +arroyo de Leyes, y que suele ver mermar su caudal de agua hasta secarse +enteramente, entonces tenía un ancho de media legua y avanzaba en +una turbia napa que el viento rizaba en olas pequeñas, fatigando las +plantas acuáticas que se alzaban del fondo y salían al sol, sirviendo +de guía a los que se aventuraban por el curso tortuoso y difícil. + +Insúa había ideado bien aquella invasión de la ciudad por el río. La +inundación había hecho huir a los escasos pobladores de las márgenes, +y la pequeña expedición que se embarcó en el Saladillo, a la altura de +Helvecia, de donde había llegado cruzando a caballo campos de Cullen, +hizo el viaje sin hallar a nadie. + +Navegaba en dos grandes lanchones de fondo plano que podían marchar en +dos cuartas de agua, y llevaban a popa del mayor una pequeña canoa para +explorar los bañados. + +En las isletas verdes y montuosas, que se alzaban como una ondulación +de aquellas tierras bajas, veíanse ranchos, de los cuales uno que otro +seguía habitado por míseros paisanos, que vivían en el agua, pescando +con espinel o cazando nutrias para trocar sus cueros en las pulperías +de tierra adentro por azúcar y yerba o tabaco. + +Al ver pasar los lanchones llenos de gente, acostumbrados como estaban +a las repetidas intentonas revolucionarias, y vecinos de los Cachos, +paraje donde los Cullen tenían una de sus estancias, habitual refugio +de los opositores, adivinaban el objeto de la expedición. + +Una de las lanchas llamábase "Mocoretá". + +Era la mayor, tenía un medio puente y a bordo cabían holgados 30 +hombres. Una trinquetilla que hinchaba el viento húmedo del Este la +hacía marchar. + +A popa un baqueano, conocedor de las inverosímiles revueltas del cauce, +llevaba el timón. A proa un mocetón flaco y ágil, con una larga caña +sondeaba la hondura, cantando rítmicamente con voz aniñada: + +--¡Cuatro cuartas! ¡cuatro largas! ¡cinco escasas! ¡cuatro a la marca! + +Algunas veces cruzaban un remanso y la punta de la caña no alcanzaba el +fondo: + +--¡No toca!--gritaba el sondeador, y todos respiraban satisfechos, +porque se alejaba el peligro de una varadura contra aquellas barrancas +de greda pegajosa, donde se adhería con fuerza la panza de la +embarcación, obligándoles a echarse al agua, para sacarla del mal paso +a fuerza de hombros. + +El viento era frío y arreaba gruesas y redondas nubes desde el mar +lejano, por lo cual el sol, brillando solo a ratos, no alcanzaba a +secarles las ropas mojadas, y así debían seguir el viaje, tiritando. + +La otra lancha se llamaba "La Avispa". En ella iba Alarcón, y navegaba +sin sondear, porque él conocía perfectamente el curso del Saladillo; +pero siendo menos marina, por sus perfiles pesados, era más lenta y +marchaba detrás, impulsada por una velita triangular a proa y por los +botadores, largas perchas que dos hombres afirmaban contra la costa o +contra el fondo del río, conforme a la hondura. + +En ambas lanchas, por orden de Alarcón se guardaba silencio. Solamente +se oía el grito agudo del sondeador en la primera y de cuando en cuando +la voz breve y ronca del indio José Golondrina que la mandaba. + +Pero cuando pasaban cerca de alguna de las isletas de la costa y +divisaban algún cazador de nutrias, inmóvil, en la orilla, afirmado en +su largo fusil, compañero inseparable de su soledad, o en la "fija", +especie de arpón terrible en su mano segura, no siempre los hombres, +aburridos de la inacción, acallaban un saludo o un comentario malicioso. + +Los cazadores de nutrias eran generalmente hombres enflaquecidos por la +vida miserable que llevaban viviendo en los esteros, consumidos por las +sabandijas, rudos y huraños, descalzos, vestidos con una camisa y una +manta o un pedazo de arpillera que les rodeaba las piernas. + +Y los de las lanchas, peones de estancia o colonos de Helvecia, mejor +alimentados y vestidos, reíanse de su miseria o de su flacura: + +--¡Lindo cebo para un chicharrón!--decía un gringuito joven, rubio, +de la colonia suiza, donde don Patricio encontraba sus más fieles +partidarios. + +Llamábase Moor; iba en la lancha "Mocoretá". + +A pesar de su juventud se le tenía en mucho porque manejaba el fusil +con una insuperable destreza. + +Alarcón lo reprendía cada vez que hacía reír a sus hombres a costa +de algún "nutriero". Después de todo, no era muy difícil que alguno +de éstos, picado por las bromas o simplemente deseoso de ganarse una +recompensa, saltara en su canoa, que podía navegar a través de los +esteros, cortando los campos inundados y llegara antes que ellos a +Santa Fe, con la denuncia de que los revolucionarios marchaban sobre la +ciudad. + +Tal peligro crecía a medida que se aproximaban a la laguna de Setúbal, +región más poblada, que se vigilaba con gran cuidado por la gente del +gobierno. + +Hacia mediodía el sol abrió y cambió el viento. Navegaban ya en +el curso profundo y encajonado del arroyo de Leyes, cuyas orillas +cubiertas de sauzales, solían servir de escondite a los gauchos +matreros, ladrones de haciendas, que huían de los policianos. + +Alarcón dió orden de atracar en una isleta de la margen izquierda y los +dos lanchones se arrimaron lentamente a la costa, cubierta de carrizas +verdes y de camalotes aguachentos que chupaban los sábalos. + +Siguiendo como hasta entonces en aquella marcha, y ayudados por la +correntada más fuerte del arroyo de Leyes, debían llegar al puerto de +la ciudad poco después de la oración, y eso era un peligro. + +Insúa había ordenado que no entraran antes de las once de la noche, +hora en que menguaba la vigilancia de la policía. + +Además era necesario cargar de leña las dos lanchas, en forma que +permitiera ir a los hombres a bordo, disimulando su presencia. Se +necesitaban para ello largas varas flexibles, y allí el tupido sauzal +ofrecía cargamento fácil de cortar, para toda una flota. + +Teniendo, pues, varias horas libres, antes de ponerse en marcha +nuevamente, los tripulantes saltaron a tierra, regocijados con la +perspectiva de poder encender fuego en el centro de la isleta y tomar +mate sin riesgo de llamar la atención de los policianos, si es que +merodeaban por allí. + +La presencia de las lanchas con tres o cuatro hacheros cargándolas, no +despertaría sospechas, porque el negocio de la leña ocupaba a muchos en +Santa Fe. + +Bajo la bóveda sombría que formaban los sauces, creciendo estrechados +unos por otros, el suelo estaba lodoso y cubierto de pastos de agua. + +Cuatro hombres, con sendas hachas, se pusieron a la obra. + +Los troncos delgados y rectos, vestidos de enredaderas floridas, a +pesar del otoño que llenaba la fronda de hojas doradas, caían sin ruido +sobre el húmedo colchón de pasto. + +De la tierra empapada subía un vaho penetrante y cálido, mezcla de +todos los olores de aquellas hierbas corrompidas por la humedad, y del +humus secular que tapizaba la isla con una capa fofa y negra. + +Hacia el interior, el suelo se alzaba y aparecía más árido y seco. + +Crecían allí los "curupíes" y los aromitos y algún algarrobo de áspero +tronco y vasta copa. + +Buscando sitio a propósito para encender el fuego, marchaban en grupo +Alarcón, José Golondrina y Moor, el joven suizo. Pronto hallaron lo +que deseaban: un espeso rodeo de árboles, donde había leña fuerte en +abundancia y podía hacerse una hoguera con ramas secas, que no dieran +humo. + +--Mi teniente--dijo Moor a Alarcón, así que la llama flameó alegremente +en el discreto reparo del boscaje--yo estoy gordo y tierno, y los +compañeros tienen hambre. Si me dejo estar aquí, mientras ellos +matean, me van a asar con cuero. Si me voy a rodar tierras, todavía +puedo dar con alguna ternera orejana que me libre y nos quite el hambre. + +Los paisanos en cuclillas, alrededor del fuego, unos, echados otros de +bruces sobre el musgo seco que alfombraba la tierra, y de pie los más, +tranquilos, esperando los sucesos, comentaron aquella salida con una +carcajada aprobatoria. + +Alarcón vaciló un momento. + +Había sido poco previsor y sus hombres estaban casi en ayunas, desde el +amanecer, hora en que les repartió un churrasco, la última ración de la +carne que le dieron en Helvecia. + +Iba a autorizar al suizo para que se rebuscase la ternera, entre las +haciendas numerosas que pastaban en los alrededores, cuando habló José +Golondrina, que había callado hasta entonces. + +--Mi teniente--dijo alzando apenas la voz, en cuclillas, según estaba +mirando al suelo, como si hablara para sí mismo--no hay necesidad de +carnear ajeno; si usté quiere, aquí cerca hay relaciones que pueden +darnos o vendernos una vaquilla. + +--¿Dónde? + +--A media legua al naciente, en la Casa de los Cuervos. + +--¿Conocés el paraje? + +--Sí, mi teniente. + +--¿Conocés a los dueños? + +--Sí, mi teniente. + +--Bueno, andá. + +El indio se levantó; era petizo, gordo, de tez amarilla, con tonos de +aceituna, pero de facciones extraordinariamente finas. + +Hablaba poco y era habitualmente esquivo a la compañía de los hombres. + +Fuerte, diestro, conocedor de todos los secretos recursos de las islas, +nadador como uno de los yacarés que poblaban las aguas fangosas de +aquellos riachos, Insúa lo consideraba elemento indispensable en sus +excursiones y le daba cierta jerarquía sobre todos, después de Alarcón. + +Y esto era motivo de un oculto rencor del indio hacia su amo, +considerándose pospuesto con injusticia, en la tropa revolucionaria. + +Disimulaba sus sentimientos bajo una untuosa sumisión, que no había +logrado engañar, sin embargo, el ojo experto de Alarcón, el cual +recelaba de la fidelidad de José Golondrina. + +Por eso, cuando lo vió alejarse hacia el centro de la isleta, buscando +un sendero para ir hacia donde él había dicho, lo llamó con un silbido. + +--Vamos los dos--le dijo. + +--Vamos,--contestó José Golondrina sin volver la cara. + +Y quedaron los hombres allí, mandados por Moor, que era el tercero, no +obstante su juventud, en la jerarquía establecida por Insúa. + +Y el fuego chisporroteaba alegremente, devorando las secas ramillas de +los aromitos, y haciendo brasas grandes y rojas con la madera fuerte de +los algarrobos. + +Tres pavas de hierro, negras de hollín, empezaban a cantar la alegre +canción del agua dispuesta para el mate, confortante y engañador para +los estómagos vacíos, y mientras eso ocurría, aquel muchachón que +sondeaba en la lancha la profundidad del río, y que era a la vez el +despensero, distribuía "los vicios"--azúcar y yerba--entre los que +habían de cebar el mate. + +Un pichel de ginebra, tasado por Alarcón, circulaba en la rueda, +despertando a su paso las conversaciones, chispeantes como la hoguera. + +Juan Alarcón marchaba al lado del indio chafando con su paso firme los +camalotes que cubrían la tierra en las hondonadas, señalando los sitios +hasta donde había llegado el agua de las crecientes. + +Era un mozo de treinta años, vestido con esmero, chambergo de alas +rectas y anchas, botas amarillas y cuidadas, tirador guarnecido de +monedas de plata y largo facón que le cruzaba la espalda, a más del +revólver que brillaba al alcance de la mano. + +Difícilmente se habría hallado un tipo de criollo más hermoso. Era +nativo de San José del Rincón, donde una mezcla ignorada de sangres, ha +producido una casta absolutamente especial de morenos de ojos azules y +facciones caucásicas. + +Alarcón era en los rodeos el más fuerte entre toda la peonada, y sus +brazos firmes como un palenque, y sus manos sólidas, como un torno, +bastaban para sujetar un novillo arisco, cogiéndolo por los cuernos y +clavándolo en la tierra sobre las cuatro pezuñas rígidas. + +Insúa que no toleraba superioridad en nadie, porque él también poseía +suma destreza para los trabajos del campo, y su vigor se comentaba aun +en los sitios donde no se le conocía sino por el relato de sus hazañas, +había concluído por resignarse a ser menos fuerte que aquel hermoso +gaucho de tez ligeramente tostada y de ojos profundamente azules. + +Se habían conocido de niños, en las andanzas de Insúa por el Rincón, +como años después Alarcón anduviera rodando de estancia en estancia, +buscando un patrón que supiera apreciar su trabajo en lo que valía, +el joven caudillo lo llevó a su lado y lo hizo su capataz en el +establecimiento y su teniente en las campañas revolucionarias. + +José Golondrina no podía olvidar que Alarcón le había privado a él +de esos mismos cargos, y tenía, para agravar sus enconos, motivos +especiales que venían de muy lejos. + +El padre de Insúa poseía una gran estancia en los quebrachales de +Calchaquí. + +Allí había nacido José Golondrina, hijo de una india criada al amparo +de las casas. + +Contábase que un cacique poderoso, jefe de una de las tribus más +grandes que hubo en aquellas regiones, perseguido por el ejército de +línea, se refugió en la estancia de Insúa, y al huir de nuevo cuando la +tropa se acercaba, dejó entre otras mujeres, a su hija, que encomendó +al amo, diciéndole que alguna vez volvería a buscarla de su Chaco +misterioso, donde criaría hermosos caballos para él. + +La indiecita llegó a ser una hermosa muchacha y no faltó quien dijera +que el niño que un día nació de ella, el indio José, mayor que +Francisco Insúa algunos años, era el hijo primogénito del dueño de +la estancia, y habría sido el heredero de toda aquella riqueza a no +cruzarse en su destino el niño blanco, de casta noble. + +Fuese que Insúa creyera realmente en aquel parentesco, que se había +hecho una leyenda, fuese que se hubiese acostumbrado a los servicios de +José Golondrina, éste permanecía siempre con él, mas no en la estancia +de Calchaquí, a donde no le había enviado desde niño, sino en la de la +costa, donde estaba el centro de sus recursos, y que era generalmente +el punto de cita de los revolucionarios en la campaña. + +Pero el indio conservaba en la memoria la impresión indeleble de los +paisajes de Calchaquí, y el recuerdo de aquel hermoso campo, cubierto +de bosques de veinte leguas cuadradas, donde podría albergarse toda +su tribu, que ahora vagaba errante por el Chaco, lo perseguía con +implacable tenacidad. + +Un día, siendo él niño, muerta ya su madre, una india vieja, de las +que quedaron en la estancia cuando el cacique huyó y que pasaba por +hechicera entre las gentes simples de aquellos lugares, le contó su +historia y le enseñó a malquerer al hijo del amo, a Francisco Insúa, a +quien allí no conocían aún, pero de cuya existencia en la ciudad lejana +se hablaba entre los peones. + +"Todos estos campos eran de la tribu antes de venir los cristianos--le +dijo la india, abarcando con un gesto el vasto quebrachal, donde tenía +su rancho, lejos de las otras casas.--El abuelo de tu abuelo, era +el cacique más poderoso del Chaco, y una vez puso, en contra de los +blancos, mil lanzas y ganó la batalla. + +"Y yo he visto en las estrellas, que este monte será otra vez de la +tribu, cuando muera ese niño que ha nacido en Santa Fe, y vuelva a ser +amo nuestro un hombre que sea hijo de los hijos del último cacique." + +En el espíritu taciturno de José Golondrina, aquella predicción +engendró una llama que le consumía. + +Callado, sumiso, bravo en todos los trabajos, se preparaba +pacientemente para los días que habían de venir. + +Lo que hubiera en él de sangre blanca estaba anegado en la ola +ancestral de sangre orgullosa de cacique, que le hacía sentirse indio +hasta la médula de los huesos, y encendía en su corazón la silenciosa +esperanza de ser algún día el redentor de su tribu. + +Insúa recelando quizás aquella ambición, nunca lo mandó a su estancia +de Calchaquí y como el volver a los campos donde pasó su sombría +niñez, era la secreta obsesión de José Golondrina, nunca quiso él, +por su parte, alejarse de la otra estancia, donde se fraguaban las +revoluciones que alguna vez podían servir a sus planes. + +Y así vió prepararse aquélla, en cuya aventura se encontraban lanzados +ya, y fué desde el primer momento el más activo de los colaboradores +del capitán sin lograr con ello deshacer totalmente las prevenciones de +Alarcón. + +Caminaba ahorra al lado de éste, hacia la Casa de los Cuervos, royendo +sus pensamientos, cuando el otro que marchaba en silencio, como si le +costara cambiar palabras con el indio, le dijo de pronto: + +--Me has dicho que conocías al capataz. + +--Sí, señor. + +--Yo soy de estos lugares, y sin embargo no lo conozco. + +--No es raro; murió ya el dueño; se vendió la estancia y cambiaron el +personal. + +--¿No era el finado Liborio Borja? + +--Sí, señor. + +--Y hoy, ¿quién es el dueño? + +--Será su viuda, que vive en la estancia... + +Se calló un momento, como si hubiera deseado no hablar más, pero +Alarcón lo interrogó: + +--¿No es de la viuda ya? + +--No, señor, la vendieron. + +--¿Sabés a quién la vendieron? + +El indio vaciló un momento. + +--A don Braulio Jarque--respondió luego. + +--Jarque... ¿Quién es Jarque?--preguntó Alarcón deteniéndose en medio +del campo, a tiempo que hacia el Este se dibujaban las copas sombrías +de unos grandes eucaliptus. + +José Golondrina agachó la cabeza y dijo no saber quién era Jarque, +aparte de lo dicho, y Alarcón volvió a ponerse en marcha, repitiendo +aquel nombre, seguro de haberlo oído en alguna parte. + +La Casa de los Cuervos estaba sobre una altura adonde no llegaban +las más altas crecientes, sobre la margen misma del arroyo de Leyes, +caudaloso y profundo, comunicándose con el Paraná, como un brazo de él +que era. + +La construcción era buena y antigua, dos alas de piezas bajas techadas +con firmes totoras, formando una escuadra con anchas galerías a uno +y otro lado, pintada toda de rosa, con puertas y ventanas verdes, y +poblado de naranjos el patio anchuroso, y todo el cuadro envuelto en un +bosque de eucaliptus, a través de cuyo espeso follaje apenas se veía la +casa como una mancha clara. + +En los últimos tiempos, la estancia había cambiado varias veces de +dueño, quedando siempre en la familia, y a la muerte de Liborio Borja, +ocurrida un año atrás, su viuda, para redimir las deudas que pesaban +sobre ella la vendió a Braulio Jarque, el marido de su hija Gabriela, +la cual vivía con ella. + +Como el nuevo propietario no manifestara afición a la vida campera, +encargóse doña Carmen de Borja de administrarla junto con la hacienda, +que pastaba en esos campos, y que era ahora toda su fortuna. + +Al llegar a la calle de eucaliptus, que se abría en dos hileras a un +costado de la casa y conducía hasta su entrada principal, Alarcón, +preocupado siempre por el nombre de Jarque, que alguna vez había oído, +se acordó de quién era. + +José Golondrina calmaba a los perros, que habían salido a ladrar a los +visitantes, y que se acallaron súbitamente al sentir su voz. + +Alarcón tuvo la sospecha de que el indio había querido adelantársele, +para hacer llevar a Jarque en la ciudad con algunos de los peones de la +estancia, la noticia de la expedición. + +Había salido el capataz y Alarcón miró a José, mas no advirtió que +parecieran reconocerse. + +El indio se hizo a un lado, sin hablar palabra, y el capataz saludó +a Alarcón que le pidió una ternera para carnear y dar de comer a su +gente, colonos y leñeros que iban a la ciudad a surtirse de víveres +diversos. + +Así habló, y agregó para evitar toda suspicacia en aquel paisano +reservado, que le atendía frunciendo el ceño: + +--Compraría una ternera, si no me pide caro. + +El capataz entró en las casas a consultar con el ama, cuya silueta se +vió aparecer un momento en la galería, y volvió con el permiso de +arrear el primer animal gordo que hallaran en el potrero. + +Montó a caballo y los guió hasta el sitio en que a esa hora debía +hallarse la mayor parte de la hacienda. + +Alarcón y su compañero caminaban a pie, detrás de él, que iba +enumerando las buenas condiciones de los campos aquellos, cuya tierra +negra daba unos pastos de engorde superior. + +Cuando encontraron lo que necesitaban, una vaquilla mansa, que se +dejó echar el lazo en los cuernos pulidos y negros, Alarcón pagó +sin regatear los quince pesos que le pidieron por ella y se juzgó +afortunado viendo que el capataz no insistía en acompañarles hasta la +costa. + +--Tengo que encerrar los terneros de las lecheras--dijo--y se despidió +allí mismo. + +Marcharon los dos, José tirando del lazo, arrastrando a veces al animal +que empezaba a rebelarse, y atrás Alarcón arreándolo con una varilla +y pensando que si el capataz hubiera llegado hasta la costa no habría +dejado de recelar de tanta gente reunida allí. + +Y aquella imprudencia que le había hecho cometer el indio, no le +pareció que fuera involuntaria. + +Mientras marchaban por un senderito en el tupido pastizal verde, que +alfombraba la altura desprovista allí de monte, vieron venir una majada +de ovejas que parecía vagar sin pastor y sin perros. + +José Golondrina mostró las ovejas a Alarcón. + +--La cuidan los cuervos--le dijo--y por eso es el nombre de la estancia. + +Y era así en efecto. + +Desde muchos años atrás en la propiedad de los Borja, dos cuervos +criados en las casas cuidaban la majada, con un maravilloso instinto, +que rayaba en leyenda. + +Por la mañana al salir el sol, en verano, y en invierno a la hora en +que el frío amenguaba, los dos cuervos, que dormían sobre un algarrobo +seco, frente a una de las ventanas de la casa, volaban hasta el +corral de las ovejas, y a aletazos y a picotones las hacían salir, +las conducían a través de los campos, en las lomas donde el pasto era +tierno y la tierra seca y al caer la tarde las obligaban a volver. + +Los tímidos animales, acostumbrados ya, obedecían a los cuervos como +habrían obedecido a un pastor, y de tal manera los dos pajarracos se +habían vinculado a la vida de la estancia, que ésta tomó su nombre de +ellos, y se rodeó de una fama misteriosa. + +--Son eternos--dijo el indio José--y cuentan los viejos que ellos saben +y anuncian las cosas tristes que han de ocurrir. + +La majada pasó cerca de los dos hombres que llevaban la vaca. + +Sobre una de las ovejas de adelante, prendidas sus garras sobre el +vellón iba uno de los cuervos y de igual modo el otro se dejaba llevar +por la que iba atrás de todas. + +Era risueño el caso, y no obstante Alarcón no sintió ganas de reír, +cuando los ojuelos de uno de los cuervos, como dos pequeños brillantes +negros se posaron sobre él. + +Atardecía rápidamente, y debieron apretar el paso para no extraviarse +en el sauzal, si los tomaba la noche antes de haber alcanzado las +barcas. + +En aquellos terrenos bajos no era fácil hallar los senderos, por donde +podían pasar sin hundirse en las aguas muertas de los bañados. + +Debían a más carnear la vaca y asar la carne en una hoguera y esa +operación preocupaba a Alarcón porque el fuego en la noche podía atraer +sobre ellos algunas de las partidas de policianos que solían recorrer +la laguna Setúbal y llegar hasta el arroyo de Leyes, a caballo unas +veces por la costa y otras en un vaporcito del puerto siguiendo el +curso del río. + +La noche caía rápidamente, porque en esa estación los días eran cortos. + +Llegaron al sauzal con las últimas luces del crepúsculo. + +Estaba silencioso y sólo se oía el ruido de los pájaros asustados que +levantaban el vuelo, atropellando las ramas. + +--Es raro--dijo Alarcón.--¿Nos habremos perdido? + +El indio lo miró y los ojos le brillaron en la sombra. + +Alarcón echó a correr hacia la orilla del río. No se veía a nadie. +Saltaba sobre los camalotes que cedían como un colchón bajo sus pies. +Extrañaba el silencio, porque estaba seguro de haber dejado a su gente +en esa dirección, y de no verla, por lo menos debía oír el ruido de las +hachas cortando la leña. + +Cuando llegó al borde de la isla, que lamía el riacho curvo y lento, +al sitio mismo donde fondearon las chalanas, lo que se conocía por +estar las carrizas pisoteadas y sembrada la tierra de varas de sauce +cortadas, soltó una maldición. + +Las lanchas habían desaparecido y sobre el agua, tersa como un cristal +negro, a esa hora, no se divisaba hacia ningún rumbo la mancha más +obscura, que en la noche,--que envolvía ya todas las cosas,--le hubiera +indicado la presencia de sus embarcaciones. + + + + +VIII + +El baile de Montarón + + +Temprano, en la noche del baile, se encendieron las guirnaldas de +faroles que corrían a lo largo de las cornisas, llenando la calle de +luz. + +En la casa de Montarón, el piso bajo estaba destinado a la familia. Se +subía a los salones del baile, situados arriba, por una ancha escalera +de caracol, adornada esa vez con flores y cubierta por un camino +rojo de tripe, hasta una galería interior cerrada con una mampara de +cristales. + +Allí se abrían las tres anchas puertas del deslumbrante salón, que +ocupaba todo el frente de la casa, y se doblaba en dos alas, a cada +extremo, constituídas por varios saloncitos suntuosos, dispuestos +para el ambigú los de la derecha, y los otros para la tertulia de las +señoras mayores o de los hombres que no gustaban de la danza. + +Las ventanas del corredor de la calle estaban cerradas, mas alcanzaba +a oírse la algazara de los curiosos agolpados abajo, en el pórtico, +sirvientes del barrio en su mayoría, que daban las buenas noches a cada +pareja que entraba. + +Poco a poco, a medida que se animaba la escena, fueron estrechando +el cerco, hasta bloquear totalmente la puerta del zaguán, con zócalo +de mármol blanco, que reflejaba la luz de un gran farol de bronce, +pendiente del techo. + +Hacia las nueve de la noche habían comenzado a llegar los invitados. + +Era lo más distinguido de la sociedad de Santa Fe. + +Las damas en cabeza, para lucir mejor los altos peinados; y con amplios +y crujientes vestidos de seda; escotadas las jóvenes y aun algunas que +habían dejado de serlo; y los hombres de frac y chistera, envueltos en +sus capas. + +Con una nerviosa solicitud, hacía Montarón los honores de la casa. + +Atravesaba pausadamente, con una dama del brazo, el vestíbulo iluminado +por los faroles chinescos colgados de las ramas de los naranjos, en el +patio inmenso como una huerta; subía la escalera, y después de cambiar +algunas palabras corteses arriba, en el gran salón, bajaba, saltando de +dos en dos los escalones. + +Su fisonomía habitualmente regocijada, tenía esa noche un sello visible +de preocupación, y el mismo empeño que ponía en disimular, había +chocado a Syra, la cual seguía a su padre, en todos sus movimientos, +con ojos angustiados. + +Rasurado prolijamente, pequeño, y rosado como un jovencito, su +fisonomía no era ciertamente la de un conspirador, y el mismo Jarque, +observándolo esa noche, no estaba seguro de que al rededor de aquella +movediza personilla pudiera tejerse una revolución. + +El jefe de policía llegó temprano, con su secretario, el teniente Borja. + +Montarón, que se sentía espiado por su hija, para desorientar sus +sospechas se puso a hablar con Jarque, mientras ella más tranquila +junto a su novio, paseaba de su brazo por el salón. + +La luz de las arañas de caireles, doraba su negra cabellera, recogida +en un peinado bajo y prendida sobre la nuca, con dos o tres alfileres +de brillantes. + +La inquietud de esa tarde, manteníala aún aturdida y apasionada, +fulgurantes los magníficos ojos, que habrían querido penetrar en las +almas para ver qué nefastos designios se ocultaban en ellas, que +pudieran hacer peligrar la vida del hombre que amaba, en cuyo brazo +firme se apoyaba su mano trémula. + +Borja sabía, que por falta de nuevos indicios, los recelos de Jarque +habían disminuído, y confiado en su sagacidad sólo pensaba en la gloria +de esa fiesta, en que Syra mostraba su amor a los ojos de todos los que +pudieran haber dudado. + +Festejábase su compromiso, y las amables visiones con que se llenaba +su espíritu, no daban lugar a las sombrías sospechas que su novia le +sugiriera esa tarde. + +Conocíanse todos los hombres que podían entrar en la revolución, por lo +cual, a cada nuevo concurrente que llegaba al salón, Borja, habituado +a su oficio, indagaba si era de los sospechosos, sin interrumpir, no +obstante su charla con Syra. + +Don Servando Bayo entró de los primeros con el doctor Pizarro, su +ministro. + +Llegó de rigurosa etiqueta, correcto y tranquilo, y Syra viéndolo se +sintió aliviada. + +Un momento después llegó Cullen, a quien seguía la mirada cautelosa +de Jarque, situado afuera del salón, en la galería de cristales, +conversando con Montarón, mas sin perder un solo gesto de los hombres +que le interesaba vigilar. + +La fisonomía despreocupada de Cullen, sus maneras afables, +distinguidas, su palabra suave, superficial y amena con las damas, +desorientaban toda sospecha. + +Acercóse a los novios y al cumplimentarlos su voz fué tan natural que +Borja sintió desvanecerse sus últimos recelos, y al apartarse de él, +buscando el refugio discreto de uno de los salones de las alas, donde +podía hacer sus confidencias a la niña, le dijo, aludiendo por primera +vez en el baile, a las alarmas que ella le confiara esa tarde: + +--Ya ves, Syra; si Cullen está aquí, siendo el jefe de los opositores, +es porque nada se prepara. ¿Estaría así, tan afable y tranquilo si +hubiera el peligro de una revolución? + +La mano de Syra temblaba. Alta, maravillosamente esbelta, vestida de +blanco, pálida por una emoción que, a pesar de esas buenas razones no +podía dominar, permanecía de pie al lado de él, que se había sentado en +un sillón invitándola. + +Él no pudo ver quién era el que entraba al salón, haciendo cesar el +rumor de las conversaciones, de tal modo que sólo se oía la música de +la orquesta en la galería de cristal; pero ella, atenta a los detalles +de la fiesta, sintió como un golpe en el corazón, pues lo que faltaba +para confirmar sus sospechas, era la presencia en la ciudad del capitán +Insúa, y era él, precisamente, el que acababa de entrar. + +Borja, a quien Jarque le había confiado el encuentro de la noche +anterior a la puerta de la escuela, se alzó del sillón, calmoso y +tranquilo, cuando Syra, con los labios apretados por la nueva emoción, +le dijo: + +--¡Insúa! ¡Allí está Insúa! ¡Oh, Dios mío! + +Hacía más de un año que Insúa no venía a la ciudad, y no obstante su +vida de hombre de campo, era en los salones un perfecto caballero que +llevaba con fácil elegancia el traje de etiqueta y dominaba todos los +secretos de la cortesía. + +Jarque al verle llegar sintió que se derrumbaba el laborioso edificio +de sus conjeturas, porque si Insúa estaba allí, vestido de frac; +si tenía a su lado a Montarón, que le contaba prolijamente cómo se +injertaban los rosales; si Cullen se pajeaba en el salón atendiendo a +las damas, todos con la más natural despreocupación, era porque el +temido complot sólo existía en su imaginación. + +Para no prolongar su actitud de vigilante, con un poco de despecho, +abandonó su sitio junto a la puerta de la galería y entró al salón. + +La orquesta, cuyos principales elementos había hecho venir Montarón de +Buenos Aires, empezaba a animar el ambiente con sus piezas de baile. + +Tocó lanceros y se formaron las parejas para sus elegantes y armoniosas +figuras. + +Syra y su novio ocuparon un sitio frente a Insúa, que parecía absorto +en decir gentilezas a su compañera en la danza. + +--Si debiéramos temer algo--murmuró Borja al oído de la hija de +Montarón--Insúa no estaría aquí. Es el brazo derecho de Cullen y el +verdadero jefe de todos los ataques de caballería. + +Syra tranquilizada por aquellas razones, miraba al arrogante caudillo, +que en las combinaciones de la danza, le daba la mano para acompañarla +en algunas figuras. + +Habría deseado saber, si ya no era para esa noche, para cuándo serían +los siniestros designios que se ocultaban en aquella altiva cabeza +juvenil y enérgica, que los saludaba con tanta gracia, al pasar por su +lado, a ella y a su novio. + +Insúa, desde que entró en el salón, comprendió que algunos ojos lo +vigilaban. + +En un rincón, Jarque sentado, parecía dormitar, pues según su +costumbre, entornaba los párpados. Insúa, no obstante esa disimulada +apariencia, sentía sobre él la mirada del jefe de policía. + +En otro lugar, Bayo, con Cullen y Montarón, atendía algunas damas +indiferentes al baile. + +Insúa miraba de cuando en cuando ese grupo. Iriondo no había llegado +aún, y su tardanza le tenía inquieto, pues podrían verse obligados +a modificar sus planes, si todas las cosas no pasaban como estaban +previstas. + +Su misma presencia en la fiesta, no era lo que habría convenido, mas +debió ir para despistar a Jarque, el cual, sin duda alguna, lo había +conocido la noche anterior cuando entró él a la escuela, de regreso de +la barraca de Fosco. + +Estando en la ciudad, más extraño habría sido no ir, que ir a casa de +Montarón, al que lo ligaba una antigua amistad. + +De acuerdo los tres principales conjurados, se fijó la hora de la +revolución. + +Insúa saldría del baile a las once, procurando no ser visto, y se +reuniría con su gente en la orilla del río, y desde allí invadiría la +ciudad, marchando sobre la policía. + +Antes de atacar, Insúa volvería a la sala de baile, para ayudar a sus +amigos a caer sobre Iriondo y Bayo, y los hombres del gobierno, no bien +sonaran los primeros tiros. Alarcón mandaría el asalto, y echaría un +pelotón de hombres sobre la casa de Montarón, para ayudarles. + +La trama del complot era simple; y a Insúa sólo le preocupaba la +ausencia de Iriondo, que por ser la verdadera cabeza del gobierno, +podía hacer abortar los planes no concurriendo a la fiesta. + +Pero terminados los primeros lanceros, a cosa de las diez, cuando los +caballeros agradecían a sus damas y las llevaban del brazo hasta los +sillones colocados a lo largo de las paredes, se produjo un repentino +silencio por la entrada de alguien. + +Era Iriondo; venía solo, circunstancia que no escapó a los +revolucionarios, pues era ese un gesto habitual de él, cuando +sospechaba que había peligro, y a fin de mostrar su valor personal o +su presencia de espíritu; Montarón, más solícito que nunca le salió al +encuentro, deshaciéndose en cumplimientos, que Iriondo acogía con una +reservada cortesía, gustando la impresión que causaba con su presencia. + +No era ya la actitud algo bravía de Insúa, lo que atraía las miradas: +era su manera superior de presentarse, natural y elegante, tranquilo +y serio, correspondiendo todos sus ademanes, a motivos exteriores, +sin que tuviera que sonreír ni saludar, para imponerse a los que lo +rodeaban. + +Más de un año hacía que Insúa no se encontraba con él, y al verle así, +tan dueño de sí mismo, adelantándose a saludarlo, a él que si no podía +vencerle estaba resuelto a matarlo, sintió conmovida la confianza que +hasta ese momento lo animaba. + +Montarón, inquieto y movedizo, exageraba visiblemente sus atenciones +descuidando a los otros visitantes y provocando, sin duda, mayores +sospechas en el jefe de policía, que se había vuelto a sentar en un +rincón solitario, después de saludar a Iriondo. + +Cullen, acostumbrado a aquellas emociones, disimulaba perfectamente +y en sus ademanes no se transparentaba nada que no fuese su finura +de hombre culto, capaz de alternar sin esfuerzo con sus propios +adversarios. + +Bayo parecía ignorarlo todo, atendiendo solamente lo que Pizarro le +relataba con animada mímica. + +Ocupaban los dos un pequeño sofá de nogal acolchado de damasco, y +sobre ellos caía la luz de un candelabro lleno de bujías, puesto a sus +espaldas sobre una consola. + +Tenían al frente, sobre otra consola igual, un gran espejo que les +permitía mirar todo el salón sin volver la cabeza. + +Iriondo con algunos amigos, se refugió en uno de los saloncitos, y su +ausencia calmó un tanto los nervios de Insúa, que volvió a mezclarse en +las danzas, con una ardiente fiebre de placer, como si la lucha cercana +en que podía morir, no le preocupase, o redoblara su entusiasmo por +gozar de aquellos fugitivos minutos. + +Montarón salió hasta la galería, por esquivar las pupilas de Jarque, +cuyos ojos semicerrados nadie sabía dónde miraban, aunque él en todo +momento sentía la impresión de que estudiaban cada uno de los gestos +que él hacía. + +La hora en que habían convenido que Insúa saliera, estaba próxima y no +se veía cómo podría abandonar el salón sin hacer notar su ausencia. + +El banquero empezaba a ponerse nervioso; desde la penumbra de la +galería vió a Cullen, en apariencia tranquilo, conversando con algunas +señoras, pero puesta la mano sobre el reloj, como si él también +sintiera la ansiedad de los minutos que volaban. + +Montarón vió pasar a su hija, radiante, del brazo del joven militar, y +empezó a torturarle un remordimiento, que durante el día lo acosara, y +que ahora despertaba de nuevo en su corazón angustiado. + +Habían convenido los revolucionarios que en gracia de aquel amor, cuya +fiesta servía a sus planes, pondrían empeño especial en ahorrar la vida +de Carmelo Borja, pero aun así comprendíase el gran peligro que debía +correr. + +Por encima de todas sus ambiciones, Montarón miraba a su hija, como +el motivo de todas ellas. Y ahora que la suerte estaba echada, y +pronunciada quizás, la sentencia de muerte de muchos de aquellos +brillantes militares que llenaban el salón, presentía el rencor de la +joven, perdurable y sangriento, cayendo sobre la cabeza de aquel que +atentara contra la vida de su novio. + +Conocía su temperamento ardoroso, capaz de madurar en silencio una +venganza y comprendía que él mismo no escaparía al encono de esa alma +apasionada, si por obra de él se desgarraban las ilusiones de aquella +hermosa noche de fiesta. + +Por un momento con el corazón oprimido, deseó el fracaso del complot. + +Se sintió viejo por el amor de su hija, a quien había vuelto a tener a +su lado, después de muchos años de ausencia, y estimó la paz de su vida +cerca de ella, en mucho más que sus inquietas ambiciones políticas. + +Miró el reloj y vió que sólo faltaban algunos minutos para las once. + +Iba a entrar al salón, cuando desde el lugar en que estaba oyó la voz +de Jarque, hablando a su hija. + +--Si usted canta "El Ciprés", yo le acompaño en el piano. + +El jefe de policía era apasionado por la música, y sus gustos, +en armonía con los de la época, le hacían preferir las canciones +románticas y tristes, que se cantaban como salmodias desgarradoras. + +Tocaba regularmente el piano, y entre todos los versos que había +oído cantar a Syra, con su espléndida voz, llena de sentimiento, +escogía siempre esa endecha lacrimosa del Ciprés, en cuya sombra se +transformaba el alma vengativa del amante muerto y olvidado. + +Syra recordó el pedido que esa tarde le hiciera su novio; eran hermosos +los versos de Goyena: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." pero +gustábanle más los del "Ciprés", y esa noche sentíase llevada por +fuerzas misteriosas, a cantar su invencible tristeza. + +Montarón asistiendo a la escena, comprendió que si Jarque iba al piano, +Insúa aprovecharía su descuido para salir sin ser visto, y los sucesos +que un instante había deseado que no ocurrieran, sólo dependerían ya de +la mano de Dios. + +Vió levantarse al jefe y cruzar el salón con su desairada figura, y +por una reacción de su temperamento versátil, pensó que era mejor que +sucedieran las cosas que con tanta audacia habían preparado, para +derrocar el gobierno que execraban. + +Después de todo Borja era militar y sabría defenderse, y él mismo en su +casa, hallaría manera de salvarlo. + +Por encima del frac tocó disimuladamente su revólver. + +Estaba dispuesto a jugarse la vida para que la parte del programa +confiada a él, que era apresar a Bayo, se ejecutara con toda perfección. + +Allí cerca, en el patio sombreado por los naranjos, ocho o diez +paisanos, llegados la noche anterior, e introducidos por él mismo en la +casa sin que nadie los viera, aguardaban su señal, mezclados entre el +grupo denso de curiosos que había invadido el zaguán, y se derramaba ya +por las galerías. + +En cuanto sonaron las cuerdas del piano bajo los dedos de Jarque, Insúa +salió del salón. + +Envuelto en su capa, a fin de ocultar el frac, con un chambergo en +lugar del sombrero de copa, escurrióse hasta la huerta para salir por +la escuela de don Serafín, de modo que los policianos de Jarque, de +guardia frente a la casa de Montarón, no pudieron notar su escapada. + +Syra había empezado a cantar con una voz extraordinariamente conmovida: + + Si por mi tumba pasas un día + y amante evocas el alma mía, + verás un ave sobre un ciprés; + habla con ella, que mi alma es. + +De pie, al lado de Jarque, su admirable figura de blanco, con pequeño +escote, y al cuello un collar de perlas que parecían desgranar sobre +el hermoso pecho su oriente sedoso y viviente, Syra hacía temblar el +corazón de su novio. + +Y si aquella alma encarnada en el ave del ciprés no fuera la de ella +sino la de él, ¿cuál sería el destino de la hermosa joven que lo amaba? + +Si él moría, pensaba Borja, ella algún día, cuando lo hubiera olvidado +sería de otro. + +La idea de la muerte que evocaba en su canto se le hizo cruel como +nunca. Pensó que podían ser verdad los oscuros presentimientos de Syra. +Miró a su alrededor buscando a los jefes de la oposición, para ver si +alguien faltaba, y notó inmediatamente la ausencia de Insúa. + +Vió a Iriondo y a Bayo, en un grupo, conversando de cosas que parecían +absorber toda su atención, porque se habían retirado al fondo de uno de +los saloncitos. + +Syra seguía cantando y era tal la sugestión de su voz, que los +concurrentes se acercaban poco a poco al piano para no perder una nota +de la triste canción: + + Si tú me nombras, si tú me llamas, + Si allí repites que aún me amas,... + +Borja se imaginó a Insúa corriendo por las oscuras calles para reunir a +su gente. + +Aguzaba el oído y parecíale sentir el rumor de pasos de una patrulla, +ahogado por doliente música, en que temblaba el alma de su novia. + +Aproximóse a Jarque arrebatado por el espíritu romántico de los +fúnebres versos, y le tocó en el hombro. + +Jarque lo miró con mirada abstraída y sin pensamiento y siguió haciendo +correr sus dedos sobre el armonioso teclado. + +Por no alarmar a Syra, no se atrevió a insistir y aguardó angustiado el +final de la canción. + +Cuando la niña, con los ojos llenos de lágrimas se volvió hacia él, +después del último verso, el joven teniente le dijo: + +--Ahora, algo menos triste, los versos de Goyena: "Cuentan los sabios +que la blanca luna..." + +Jarque se había levantado, porque Syra iba a cantar acompañándose ella +misma. + +Cuando la vió sentarse en el pequeño taburete del piano, Borja +aprovechó la ocasión para hacer notar al jefe la ausencia de Insúa, +indicio grave, sin duda. + +Rápidamente Jarque resolvió lo que debían hacer. + +--Te vienes tú conmigo, sin decir palabra. + +Y así, mientras Syra comparaba sus miradas con la fuerza misteriosa de +la luna que mueve las aguas del mar, Jarque y su secretario, salían del +salón, se envolvían en sus capas y se echaban a la calle. + +En la esquina del Cabildo se acercó Jarque a dos de sus agentes de +policía, encargados de vigilar la casa de Montarón: estaban alerta y +fumaban para matar el tiempo. + +--¿No habéis visto a nadie? + +--No, señor jefe. + +--¿Nadie ha salido del baile? + +--Nadie, señor. + +--Sin embargo, hay una persona que no está allí. Os habréis dormido. + +Los serenos guardaron silencio. Uno de ellos dijo luego: + +--Por la puerta no ha salido nadie. Si alguien falta puede haberse +escondido en la casa misma o haber salido por los fondos. + +Borja que oía sin decir palabra, mirando hacia la plaza en cuya esquina +estaban, agarró de pronto el brazo de Jarque y le mostró un bulto que +cruzaba furtivamente por el lado opuesto, y que se destacaba entre +los troncos de los paraísos, sobre el fondo claro de una casa recién +blanqueada. + +Echaron a correr los dos, con la sospecha de que les interesaba detener +a aquel transeúnte trasnochador. + +Jarque sereno y valiente, sacó su revólver para llevarlo presto. +Borja a quien el espadín colgante al cinto le estorbaba al andar, lo +desprendió tomándolo en la mano, pronto a desnudarlo. + +De reojo observaba a Jarque, el cual marchaba ágilmente a su lado, +cojeando mucho, pero sin ruido, como si anduviera en puntas de pie. +Fruncía el ceño para ver mejor y estiraba el pescuezo, con una ansiedad +de lebrel que persigue su presa. + +Su instinto, más seguro que su vista, le hacía comprender que era Insúa +el bulto que al llegar ellos al centro de la plaza desapareció como si +lo hubiera tragado la tierra. + +Y era Insúa, en verdad, que había penetrado en la casa de don Serafín +Aldabas, salvando las tapias de la huerta por el mismo camino que solía +hacer Montarón. + +Ágil y fuerte como era, saltaba los obstáculos apoyándose en los puños, +sin mancharse apenas el frac. + +Tenía empeño en volver intacto a la sala del baile, para encargarse +él mismo de apresar a Iriondo, y era necesario que ninguna huella +sospechosa de aquella correría quedara en su traje. + +Al llegar al jardín de la escuela, en la sombra de la galería del Sur, +divisó la silueta gentil de Rosarito, que velaba a esa hora, sentada en +la silla hamaca de su padre, pensando o rezando. + +--¿Sos vos, Francisco?--le dijo la niña acercándosele;--habría tenido +miedo, si en estos días no me hubieras acostumbrado a tus misterios. + +La dulzura de aquella frase en que la niña se asociaba secretamente a +sus empresas, penetró en el corazón turbulento del revolucionario, que +se sintió inundado por una ola de afecto hacia la compañera de su niñez. + +Ésta volvía a hablar. Él le tomó una mano, fría por la emoción, entre +las dos suyas ardientes como si tuviera fiebre. + +--¿Ha concluído ya el baile? + +--No; si hubieras ido... + +--Esas cosas no son para mí--observó ella, y agregó, deseosa de entrar +en el secreto de aquella vida que amaba--¿por qué has salido? + +Insúa queriendo llevarse como un talismán que le diera suerte los votos +de la niña, le contestó al oído: + +--¡La revolución! Dentro de media hora, seremos dueños del Cabildo. +Piensa en nosotros, Rosarito... + +Ella, que sospechaba la existencia de la conspiración tembló, sin +embargo, como una copa de cristal sobre la que estalla un trueno. + +--¡Dios mío!--exclamó apretando con sus manos las del joven +revolucionario--¡Francisco, Francisco! ¿y si no volvieras más? + +--Volveré--respondió él, que tenía fe en su estrella. + +Rosarito se sintió ganada por la misma confianza que a él lo animaba, +pero pensó que su vida brillante se alejaría más, con el triunfo, de la +humilde existencia de ella. + +Feliz, no obstante, con las cosas que a él le regocijaban, le deseó la +victoria y como él sintiera en su mano la caricia tibia de una lágrima +de ella, que lloraba en la sombra, sin que pudiera ver sus ojos azules +anegados en llanto, saboreó de nuevo aquella ola de misteriosa dulzura +que lo acercaba a ella. + +Y para templar mejor su espíritu la tomó en los brazos, la apretó +contra su pecho vigoroso, y la besó en los labios, que sonrieron a +través de las lágrimas, sonrisa que tampoco él vió, y que fué en el +alma solitaria de la niña, como una estrella que se levanta. + + + + +IX + +El pañuelo rojo + + +La puerta de la escuela se cerró sin ruido tras aquel bulto negro, que +se perdió inmediatamente entre los paraísos de la plaza. + +La gente de Insúa aguardaba la señal del ataque en la barraca de Fosco. + +Las chalanas que mandaba Alarcón se habían atrasado, y un día entero se +las esperó con temor de que no llegaran a tiempo. + +Fosco veía en aquella tardanza maniobras de José Golondrina, cuya +lealtad desconfiaba; pero la verdad era otra. + +Cuando Alarcón y el indio José llegaron, arreando la vaca, a la orilla +del arroyo de Leyes, encontraron que las chalanas y la gente habían +desaparecido. + +Era de noche ya y las pesquisas para averiguar el rumbo que hubieran +tomado, se hacían imposibles en el tupido sauzal que les cerraba el +horizonte por todos lados. + +Alarcón, sin decir palabra, intentó treparse en uno de los sauces más +altos, para escudriñar el río, que de una gran anchura allí, y lleno de +curvas y de isletas montuosas, aparecía en la obscuridad como un charco +de agua quieta y negra. + +Lo detuvo la voz tranquila del indio que decía: + +--Aquí está el gringo Moor. + +De un salto Alarcón se echó al suelo, y el joven le informó en voz baja +como si temiera ser oído, lo que ocurrió durante su ausencia. + +Deseoso de arponear algunos sábalos, esa tarde para asarlos en la +hoguera encendida en el montecito de algarrobos, él con un compañero +conocedor de aquellos lugares, cruzaron el río en una de las canoas de +las chalanas, buscando un sitio donde el bañado de la otra orilla era +abundante en pescados. + +Llevaba la fija, arpón terrible con su hierro dentado y su mango de +caña tacuara, que Moor empezó a manejar, no bien llegaron al lado +opuesto, ensartando de un golpe recio los sábalos de estrecho lomo que +nadaban a flor de agua entre las altas hierbas acuáticas. + +Al cortar así las aguas playas del bañado, avanzaron de nuevo hasta el +río, curvo como una herradura, y a los rayos del sol que caía, vió Moor +a breve distancia, una lancha blanca fondeada contra el sauzal. + +Dióle un vuelco el corazón, y se aplanó sobre la canoa para no ser +visto, quedando oculto a medias entre las pajas que cubrían el bañado. + +La embarcación a la vista tenía una chimenea, y por ella conoció que +era la lancha a vapor con que el gobierno vigilaba el puerto y la +laguna y que a esa sazón remontaba los riachos para prevenir toda +intentona por allí. + +Por el humo que arrojaba la chimenea sospechó el joven suizo que estaba +lista para marchar, río arriba sin duda, y no esperó más para volver +adonde había dejado las chalanas. + +A impulso de las palas, que movían echados en el fondo de la canoa, +cruzó el bañado refulgente como una placa de oro a los rayos del sol +poniente. + +En pocos minutos llegó, y ordenó a su gente que se embarcara, y con +los largos botadores empezaron a contornear la costa de la isleta de +la Casa de los Cuervos, cuyos sauzales podían ofrecerle un refugio en +alguno de los profundos ramblones que se internaban en ella, como una +bahía. + +Y así fué; cuando la lancha del gobierno pasó siguiendo el cauce del +arroyo de Leyes frente al lugar en que habían estado fondeadas las dos +chalanas de los revolucionarios, ya éstos se hallaban escondidos en +un brazo del riacho, donde no podía entrar el vaporcito, por su mayor +calado, y como el crepúsculo empezaba a difuminar el paisaje, ninguno +de sus tripulantes advirtió la presencia de las embarcaciones. + +Alarcón apretó cordialmente la mano del bravo mocetón que los había +salvado de aquella sorpresa, aunque en el encuentro, defendiéndose con +sus hombres, habría podido vencer a los otros. + +Pero era arriesgar el éxito de la revolución, y valía más eludir todo +incidente, que pudiera anunciar su paso, antes de que estuviera sobre +la ciudad. + +El día estaba perdido, sin embargo; no era prudente echarse a navegar +teniendo próxima la rápida embarcación, que no tardaría en regresar, +porque una legua más arriba, no hallaría agua bastante para su calado. + +Era así preferible aguardar hasta la noche siguiente, en que con mucha +probabilidad habría cesado la infructuosa vigilancia del río, para +entrar en la ciudad una o dos horas antes del momento fijado para la +revolución. + +Y fué ese el motivo que dilató un día entero la llegada de las fuerzas +de Alarcón. A eso de las ocho de la noche, casi a la hora del baile, +fondeaban ambas chalanas en el extremo Sur de la calle de la Matriz +doblando, como se llamaba entonces a la calle de San Gerónimo. + +En la barraca de Fosco, adonde con infinitas precauciones fueron +refugiándose uno a uno los revolucionarios, se reunieron más de cien, +y aunque no todos bien armados, la aventura parecía tan bien dispuesta +que ninguno dudaba del triunfo. + +A las once de la noche debía Insúa ir en su busca, para dirigir el +ataque, pero la sospecha de que el complot no era ya un misterio para +los de la policía, hizo variar un tanto aquel plan. + +Insúa se limitaría a dar breves instrucciones a su gente reunida en la +barraca de Fosco; encargaría a Alarcón la dirección del ataque, y él +regresaría a la sala del baile, para ayudar a sus amigos a apresar a +Iriondo y a Bayo en cuanto sonaran los primeros tiros. + +Su presencia en la fiesta, mantendría a Jarque en la duda, sobre +aquellos sucesos que presentía. + +No todo ocurrió, sin embargo, como él lo pensara. + +Su breve demora en el patio de la escuela, despidiéndose de Rosarito, +dió tiempo a Jarque y a Borja para llegar a la plaza al mismo tiempo +que él. + +Alcanzó a ver, en la noche clara, la silueta de aquellos dos +hombres que aparecían en la calle de la esquina de Montarón, y para +despistarlos, si acaso tenían intenciones de seguirle, corrió por el +costado de la plaza, que daba sobre la casa de Iriondo, y dobló hacia +el norte por la calle del Comercio. + +Allí dió vuelta a la manzana, y siguió corriendo como una sombra +impalpable y silenciosa, unas cuantas cuadras hacia el poniente. + +De trecho en trecho se refugiaba en el hueco de algún portal o detrás +de alguna de esas ventanas salientes, en las casas de las gentes +acomodadas y miraba si alguien le seguía. + +Todo era silencio en la ciudad tenebrosa, dormida bajo el manto límpido +de un cielo sin estrellas. + +Un viento suave del Sur traía dispersas armonías de la sala del baile. +Volvió a correr, y cuando las casas de las aceras empezaban a ser más +raras y pobres, y comenzaban los yuyales y los cercos de ramas de los +suburbios, dobló hacia el Sur, siguiendo la franja sombría de un pencal. + +Los perros, que abundaban allí, ladraban a la luna que salía, +destiñendo el azul intenso del horizonte. + +Debían de ser las once y media, y en la barraca de Fosco seguramente le +aguardaban impacientes y listos para el combate. + +Fué a echar a correr, a la sombra de los tunales, cuando le pareció +sentir un ruido metálico, como de una espada que se golpea. + +Calle derecha, hacia el norte, alcanzó a ver de nuevo las mismas +dos siluetas de la plaza, y comprendió que eran vigilantes que lo +perseguían y habían dado ya con su pista. + +Como no podía correr sin exponerse a ser visto, se metió por entre el +pencal, defendiéndose con su capa de las espinas y aguardó que llegaran. + +Marchaban rápidamente, corriendo a trechos, y pasaron tan cerca del +sitio en que Insúa se había escondido, que los pudo conocer, al uno +porque rengaba al correr, y al otro, porque vió la contera de una +espada asomar por debajo de la capa. + +--¡El novio de Syra!--pensó el revolucionario, recordando con qué +empeño Montarón les rogó que ahorraran su vida, si acaso entraba él en +la lucha. + +Ese pensamiento le hizo vacilar, ante el proyecto que como un rayo de +luz se le presentaba en ese instante. Debía seguirles, sin dejarse +ver, y cuando estuvieran cerca de la barranca, saltar sobre ellos y +matarlos, privando así al gobierno de sus mejores servidores. + +No quiso pensar más, para evitar la compasión que podía nacer en su +alma, recordando la súplica de Montarón. Empuñó su revólver y cruzó de +nuevo por debajo de los espinosos cactus y salió a la calle. + +Las dos siluetas se perdían ya a lo lejos, entre las sombras de los +matorrales de la acera, donde crecían algunos corpulentos paraísos. + +Jarque y Borja, maravillados de la repentina desaparición de Insúa, se +habían echado a correr, cuando al desembocar una calleja apareció la +mole oscura y chata de la antigua barraca de Fosco. + +Jarque se detuvo y por primera vez se le ocurrió que ése podía ser el +escondrijo de los revolucionarios. + +¿Cómo no lo habían pensado antes, sabiendo que el ex-colono de Helvecia +vivía en un impenetrable misterio que les había hecho creer que era +alguna inofensiva manía del hombre viejo? + +Se detuvo, agitado por la carrera, a unos cien pasos de la entrada del +vetusto caserón. + +--¡Que me lleve el diablo si no se ha metido aquí!--dijo con fastidio y +entre dientes. + +Vaciló un momento entre avanzar o volverse, para traer un piquete +con que rodear la vasta construcción, que se veía allí, reposando +plácidamente bajo los rayos dorados de la luna que ascendía. + +Borja a su lado escudriñaba el caserío, por si algún indicio les +revelaba lo que querían saber. + +De pronto un terrible empellón lo tumbó en tierra, y sonó un tiro. El +fogonazo lo deslumbró, y cayó enredado en su larga capa, y el revólver +que empuñaba en la mano izquierda saltó a varios pasos de allí. Tenía +la espada en la derecha, y quiso incorporarse, a tiempo que Jarque, el +cual no parecía herido, gritaba haciendo fuego contra Insúa, que se +echaba sobre él. + +--¡Ah! ¡misera...!--exclamó, y la palabra se rompió entre sus dientes +apretados, y cayó herido en la frente por otro balazo cuyo estampido +ensordeció a Borja, quien, ciego de furor, arremetió con su espada. + +Insúa vió el relámpago del acero y saltó como un jaguar; pero la punta +penetró en el flotante paño de su capa, que se desprendió de sus +hombros y cayó cubriendo al cuerpo palpitante de Jarque. + +--Ríndase, no quiero matarlo--dijo con su voz breve y tranquila +apuntando a Borja, que arrancó su espada con violencia y se echó de +nuevo sobre su adversario. + +A la luz de la luna bañando la extensa planicie, en cuyo centro se +desarrollaba la sangrienta escena, veíase a Insúa de frac, la blanca +pechera, señalando el sitio en que debían herirle, y lleno de elegancia +el gesto de su mano que empuñaba el revólver apuntando al joven +teniente, que un momento se quedó paralizado ante aquella serenidad, +que parecía atarle los brazos. + +En la cercana barraca de Fosco, el rumor de la lucha en la hora +señalada para que estallara la revolución, despertó una extraordinaria +inquietud. + +Los cien hombres allí encerrados corrieron a sus armas; los jinetes +montaron en sus caballos asustados por el ruido y el movimiento y +Alarcón y Fosco fueron hasta el portón de madera de la entrada, que +tenía roído el borde de abajo, por donde el perro guardián sacaba el +hocico y ladraba. + +Abrieron cautelosamente y como a cien pasos alcanzaron a ver el fulgor +de la espada cortando el humo del segundo disparo. + +Alarcón reconoció a Insúa, comprendió que se batía y corrió, seguido de +un grupo de hombres. + +Oyó el jefe revolucionario el tropel de su gente que corría, llenando +la noche con el metálico rumor de las armas, y dijo a Borja, que había +saltado por sobre el cuerpo de Jarque para coger su revólver que +brillaba en tierra a dos pasos de allí. + +--No se mueva o lo mato--y añadió con dulzura, sin dejar de +apuntarle,--quiero que viva para su novia. + +El joven teniente sintió la penetrante ironía de aquella compasión. + +--¡Cobarde!--gritó--¡A él lo has muerto a traición y yo lo voy a +vengar!--y volvió a cargar con su espada sobre la blanca pechera que +atraía sus furiosas estocadas, que el revolucionario esquivaba con +ágiles movimientos. + +En un salto que dió Borja, asentó el pie sobre el revólver de Jarque, y +antes que Insúa previniera su acción, arrojó la espada y alzó el arma +del suelo. + +Insúa no pestañeó y de un balazo en el pecho lo echó por tierra. + +--¡Oh, Dios!--exclamó Borja, abriendo los brazos y cayendo de espaldas. +La capa, como una gran ala rota, quedó abierta debajo de su cuerpo. Era +de paño azul, pero por su forro de terciopelo rojo, parecía una gran +mancha de sangre, tiñendo el pasto verde que alfombraba la planicie. + +Alarcón y sus hombres llegaron en ese momento. Insúa con tristeza les +señaló el cuadro y les dijo: + +--No quería matarlo, pero él se empeñó. + +Cogió su revólver sin prisa, como si todo peligro hubiera pasado, y fué +a recoger su capa negra, echada como un manto fúnebre sobre el cuerpo +aún tibio de Jarque. La sacudió y se envolvió en ella. + +Dió sus órdenes precisas; la gente debía marcharse enseguida y atacar +el Cabildo. Un piquete debía al mismo tiempo invadir la casa de +Montarón, adonde él habría llegado ya, para ayudar a sus amigos. + +Y con esas palabras separáronse dejando sobre el campo verde los dos +cuerpos inmóviles que la luna envolvía en su luz impasible. + +Por la acera sombría de la calleja que trepaba la barranca, se adelantó +Insúa casi corriendo. + +Tan rápida fué la escena, que no le parecía verdad que en unos minutos +hubiera suprimido el mayor de los obstáculos con que tropezaban los +planes revolucionarios, aquella implacable vigilancia de Jarque, que +estuvo a punto de desbaratar todo el complot. + +Llegó a la esquina de la calle del Cabildo. + +Era menor el número de los curiosos agolpados a la entrada de la casa +de Montarón. El sueño y el frío de la noche, habían ahuyentado a +muchos, y los que aún quedaban, yacían dormidos contra los pilares o +en los rincones del zaguán, esperando que la fiesta concluyera, para +acompañar, algunos a sus amos, otros a quien quisiera aceptar sus +servicios, alumbrándoles el camino con un farolillo de aceite. + +Los dos vigilantes apostados en la entrada, cabeceaban rendidos de +cansancio y no vieron pasar a Insúa, que subió tranquilamente hasta la +sala de baile, llena de la enervante armonía de una vieja mazurca. + +En la galería de cristales, donde estaban los músicos, se despojó de su +capa, y fué a entrar al salón, cuando una mano vigorosa lo detuvo por +el brazo. + +No era un gesto afectuoso, ni era violento u hostil; mas Insúa se +volvió con ira para ver quién era. + +Hallóse con Iriondo, a cuyo lado debió pasar, pero a quien no había +visto. + +Mirábalo con aquella serena mirada que se imponía aun sobre los que por +primera vez se encontraban con él, y podían ignorar su prestigio y su +poder. + +Le soltó el brazo y le tomó de la mano que Insúa no se atrevió a +retirar, para no comprometer sus planes con alguna intempestiva +brusquedad. + +--Hay allí--le dijo Iriondo en voz baja, señalando el salón--una niña +que pregunta por su novio, que salió con usted. + +La mayor parte de los farolillos chinescos que iluminaban el patio y +la escalera se habían consumido, y aquel lugar en que estaban los dos +hombres, quedaba en la penumbra, fuera del cuadro luminoso de la puerta. + +Pero Insúa alcanzó a discernir en el gesto y en la mirada de Iriondo +una sagaz intención, y respondió exagerando la calma que empezaba a +perder: + +--Yo no he salido con ningún novio, doctor Iriondo. + +--¿Ha salido solo? + +--Solo. + +--Yo ando siempre así--observó el jefe de los gubernistas, abandonando +la mano de su adversario--sobre todo cuando me dicen que hay peligro en +andar solo. + +Pasó un breve momento de silencio. + +Insúa no encontraba respuesta que dar, temiendo siempre delatarse y +echaba de menos la serenidad con que pensaba y ordenaba sus ideas en +medio de una batalla. ¿Por qué, pues, no lograba dominar la impresión +que aquel hombre le causaba con sus frases intencionadas? + +Para librarse de la presencia de Iriondo que lo desconcertaba, fué a +entrar al salón, pero él lo detuvo de nuevo, con el mismo gesto sin +violencia, que no podía rechazar. + +--¿Va a entrar así? ¿No ve cómo está manchada su pechera? + +Insúa miró la alba pechera de su camisa y se puso pálido. + +Una gran mancha roja ocupaba toda la parte baja, donde se abotonaba el +chaleco. + +Se volvió bruscamente, evitando la luz, y dijo sacando del bolsillo un +pañuelo de seda color escarlata: + +--Llevaba aquí el pañuelo y al lavarme seguramente lo he mojado y se ha +desteñido... + +Había perdido completamente su calma y la voz le temblaba. + +Con ansia esperaba que sonara el primer tiro frente al Cabildo para +arrojarse contra aquel hombre más temible por su serenidad que por su +fuerza. + +Iriondo sonreía. + +En este momento apareció en la puerta del salón, por donde se veía el +cuadro brillante del baile, la magnífica figura de Syra. + +--¡Ah, Insúa!--exclamó al verle, acercándosele con un apasionado +interés, mientras él se acomodaba con mano trémula, el pañuelo rojo +sobre su manchada pechera.--¿No salió el teniente Borja con usted? + +Insúa se estremeció. Una inmensa angustia se pintaba en aquella +hermosa cara, y la voz temblaba como una imploración. + +Dominó violentamente sus nervios, se acercó a la joven que esperaba su +respuesta con una indescriptible ansiedad, y le ofreció el brazo, que +ella no aceptó, volviendo a preguntarle: + +--¿No salió con usted, capitán? ¿Verdad que no salió con usted? + +El estampido de una descarga apagó brutalmente la armonía de la +orquesta. + +Se produjo un remolino en la concurrencia del salón. Sin preocuparse de +su compañera que se había erguido al rumor de la lucha, y le increpaba +preguntándole por su novio, Insúa corrió a la galería para arrojarse +sobre Iriondo, mas éste previó su ataque, cerrándole el paso, y en un +ademán siempre mesurado y amistoso, con el brazo izquierdo lo tomó por +la cintura, lo llevó hacia afuera y tranquilamente le dijo: + +--Explíqueme qué es eso. + +Y como Insúa quisiera librarse de aquel abrazo, Iriondo con mucha +calma alzó su mano derecha en que tenía un revólver, se lo puso a dos +pulgadas de la frente, y le volvió a hablar con su palabra serena e +imperiosa: + +--Si se mueve, lo mato. + +A la primera descarga, sucedió un vivo tiroteo, y la calle oscura se +iluminó con la luz de los fogonazos, llenándose a la vez con el humo +acre de la pólvora. + +El tropel y la gritería de los que invadieron la casa, y el estrepitoso +tumulto que se alzó en el salón, cuyas puertas se cerraron con +violencia, dejando en la sombra la galería de cristales, de donde los +músicos huyeron, permitió a Insúa alejar de un manotón el revólver que +le amenazaba. + +Salió el tiro sin herirle y él con su gran fuerza, se zafó del terrible +brazo de Iriondo, mas al echarse atrás buscando su propio revólver en +momentos en que volaban hechos trizas los cristales de la galería, +invadida por una ola de gentes, revolucionarios y gubernistas, +mezclados con los soldados de Jarque que no distinguían a unos de +otros, constató que Iriondo se lo había sustraído al pasarle la mano +por la cintura. + +--¡Ah, traidor!--exclamó con impotente rabia, sintiéndose desarmado, y +como a una orden del jefe de los gubernistas, cuya alta figura dominaba +a todos, los soldados se echaron sobre Insúa, éste dió un empellón +a los que le cerraban el paso, y no pudiendo bajar por la escalera, +atropelló la puerta del salón, que se abrió con estrépito, cruzó el +recinto que era una colosal batahola de hombres que luchaban y damas +que parecían muertas sobre la alfombra, salió al balcón y encaramándose +hasta la balaustrada saltó hacia el tejado de la casa vecina, buscando +un sitio por donde echarse a tierra para tomar su puesto en el combate +contra el Cabildo. + + + + +X + +La noche trágica de Syra + + +A la primera descarga, Syra, intensamente pálida, con los ojos +dilatados por el terror, se llevó la mano al corazón, sintiendo una +gran angustia y se abatió sobre un sillón, llorando como un niño +castigado. ¡No había ya remedio!... + +Las demás mujeres, sorprendidas por la revolución, se agruparon en la +sala del ambigú, para escapar de las balas que empezaban a entrar por +las maderas del balcón, destrozando los cristales. Algunos hombres las +atendían, pocos, porque casi todos habían bajado al patio donde el +tumulto era indescriptible. + +En el salón, con sus muebles revueltos y sus puertas cerradas por +Montarón, sólo quedaban Cullen y Bayo, sentado éste, pálido y ceñudo, +comprendiéndolo todo, pero sin hacer un gesto que pudiera provocar una +violencia, y el otro de pie, a su lado, atento a los movimientos de su +prisionero. + +Por un resto de cortesía, Montarón no se acercaba a su huésped +traicionado. Iba hasta el grupo de las mujeres enloquecidas, preguntaba +por doña Celia, desmayada, miraba a su hija llorando, con la cara +escondida y volvía a la puerta que de afuera golpeaban de cuando en +cuando, sin lograr abrirla. + +Pensaba en la suerte de Iriondo, apresado seguramente por Insúa en la +galería de cristales. + +En la plaza, frente al Cabildo se batían los revolucionarios contra los +policianos que respondían con un vivo tiroteo. Una bala dió en la araña +del centro del salón y desprendió un manojo de caireles hechos trizas. + +Montarón miró a su hija, que al sentir el ruido de los cristales rotos +se puso de pie, y muda, dominando una desesperación que hacía dar +gritos a las otras mujeres, corrió a la puerta de la galería, en donde +resonaban de nuevo furiosos golpes. + +Su padre abrió los brazos para contenerla, pero ella lo rechazó con un +solo ademán que a él le heló la sangre en el corazón. + +--¡Hija mía!--exclamó él, y ella bruscamente como si aquel grito le +volviera el sentido y la esperanza, sintiendo una inmensa necesidad de +consuelo, se volvió a él y se echó llorando sobre su pecho. + +Él no habló, porque le acosaba el remordimiento de aquel dolor +silencioso en que había anegado a su hija. + +Nada sabía aún de lo que le habría pasado, mas tenía el presentimiento +de que la desgracia de ella iba a ser su desgracia. + +Fué en ese momento cuando se oyó que en la galería crecía el bullicio, +y se sintió desembocar una oleada de gente que Montarón creyó amigos +por lo que abrió la puerta del salón, apartando suavemente a su hija. + +Y esa maniobra salvó a Insúa, el cual, acosado por Iriondo, que había +sabido prevenir su asalto, y vencido por el número, cruzó como un +relámpago hacia el balcón, a donde Syra lo siguió mezclada entre los +hombres que le perseguían y segura de que él podría decirle dónde +estaba su novio. + +Pero al verle saltar la balaustrada y disparar por los tejados vecinos +hacia la plaza, iluminada por el fogonazo de las descargas quiso +seguirle, como si su esperanza huyera con él, mas alguien la contuvo y +entonces echó a correr, a través del salón, buscando la escalera del +patio sin detenerse a ver lo que ocurría a su padre y a Cullen rodeados +ya por gentes de la policía, que Iriondo mandaba con voz serena y +ademanes precisos. + +Un poco más pálido, el cabello más revuelto, la mirada más brillante, +eso era todo lo que en él se podía notar de extraordinario. Bayo a su +lado, puesto de pie ya, sin decir palabra, apoyaba esas órdenes con sus +gestos. + +Despeñándose casi por la escalera sembrada de flores desprendidas de +las guirnaldas, llegó Syra al zaguán, y como a nadie viera, salió a la +calle y corrió hacia la plaza, donde era la lucha. + +Veía las cosas nubladas por el humo acre de la pólvora que se le +agarraba a la garganta, y los fogonazos, que brillaban como entre una +neblina, apenas servían para guiarla, con su luz despiadada. Al llegar +a la esquina estuvo a punto de ser envuelta por un pelotón de hombres +que desfilaban a lo largo de las paredes guareciéndose de los tiros que +llovían de todas partes. + +Eran revolucionarios y marchaban sobre la casa de Montarón en auxilio +de los amigos. + +Uno de ellos se detuvo al ver a Syra. Fué un segundo no más, por +mirarle la cara. + +--¿El teniente Borja?--le preguntó ella juntando las manos. + +Y el revolucionario, que un rato antes había asistido a la rápida +escena que tuvo lugar a pocos pasos de la barraca de Fosco, le contestó +con una torpe sonrisa: + +--¡Allá quedó, niña! junto al río. + +Syra no vió el ademán en que le indicaba el Sur y echó a correr hacia +el Oeste buscando el río, a cuya orilla había ido por ese lado alguna +vez. + +Pasó de nuevo frente a su casa que los revolucionarios invadían, oyó +tiros y corrió con ansias, sin detenerse, hasta que dejó de sentir el +siniestro silbido de las balas, que había ido persiguiéndola en su +carrera como una pesadilla. + +Se detuvo un momento para organizar sus ideas. + +Parecíale, hundiendo los pies en el colchón de polvo de la calle que +marchaba en sueños, y que ella misma, vestida de blanco con la negra +cabellera desprendida y flotante, no era más que un fantasma. + +Oíanse las descargas en la plaza, y volviendo la cara podía ver el +relámpago que precedía a cada estampido. El silencio de la noche +agrandaba los lejanos rumores de la lucha. Y Syra sentía confusamente +al pasar, que puertas y ventanas se abrían y cerraban con cautela. + +Por aquella parte las casas eran más raras y las calles más estrechas +se dilataban hacia el Salado, bordeadas de pencales impenetrables, por +sus temibles espinas. + +Los canes alborotados por los tiros, aullaban con furia, y al rumor +de los pasos de Syra que volvía a correr se arrojaban contra ella sin +salir, no obstante, del cercado de pencas, medrosos también ellos en +aquella siniestra noche. + +La luna serena y majestuosa, prendida como un broche de oro en el +límpido cielo azul, alumbraba con indiferencia la ciudad poblada de +ruidos, y en la calleja estrecha, por donde Syra corría, sus rayos +prolongaban las sombras temerosas de las plantas que se extendían como +garras sobre la acongojada criatura. + +Había al final de la calle un gran ombú que cerraba el paso. Las +lluvias agrietaban allí el terreno y el árbol frondoso mostraba sus +gruesas raíces descarnadas y blancas, que a la luz de la luna parecían +brazos y piernas de muertos ya rígidos. + +Syra se detuvo mirando extraviada aquellas extrañas figuras. Pensó en +su novio:--"¡Allá quedó!"--le habían dicho--"junto al río". + +--¿Qué río? ¿Había un río por ese lado? ¿Cuándo llegaría? Si estaba +muerto tenía todo el tiempo que quisiera para esperarla. Si estaba vivo +y deseaba decirle algo, y si era posible curarle, restañar su sangre y +vendar sus heridas... ¡oh, Dios! ¿cuándo llegaría? + +Se apretó la cabeza con las manos, sintiendo como martillazos en las +sienes, el latido de sus arterias. + +Comenzaba a desvariar. A ratos pensaba que todo era un sueño, tan +brutal hallaba el cambio de escena. El salón brillante, la luz, la +alegría, la música, el amor; y luego la noche, con sus sombras y +rumores terribles, y aquella frase que sin duda había soñado: "¡Allá +quedó!" + +¿Qué significaba eso? ¿Era acaso una consigna dada al joven militar? +¿Estaba de guardia junto al río? ¿Y dónde era el río? + +Trepó la barranca. A la sombra del ombú crecían tupidas enredaderas, +entre cuyo matorral brillaban las luciérnagas. Las anchas ramas +cerraban el horizonte, pero subida ya sobre el borde, Syra vió el +campo, extendido como una tela limpia y tersa, hacia el río Salado, +cuyas aguas no alcanzaban a verse desde allí, pero que en las grandes +crecientes lo inundaban. + +De ese lado no había casas; algunas vacas rumiaban echadas en el pasto. + +Syra se puso a correr de nuevo, con más miedo al hallarse sola, +pareciéndole que detrás de ella corría la muerte, para llegar antes a +donde estaba su novio o para avisarle que era tarde ya y que en vano se +fatigaba. + +El campo desenvolvía ante ella el terciopelo de su suave y fresco +pastizal, sin una ondulación, pero sus ojos nada veían de lo que +buscaban. Y seguía corriendo, sin noción de los rumbos, torciendo su +camino hacia el Sur. + +De vez en cuando sentía que el suelo cedía bajo sus pies como una +húmeda esponja, y el frío le volvía un instante la sensación de la +realidad; se acercaba a los varillales, que crecían a la margen del +río, y donde, según los cuentos de su niñez, se guarecían los yacarés +en las horas de sol. + +Se apartaba horrorizada de aquellos lugares, y volvía a correr sobre el +paño verde del bañado, sintiendo el cansancio que parecía romperle los +muslos. + +¿A dónde iba? ¿Por qué la habían engañado haciéndola ir por aquel +desierto buscando su amor? + +Ya no se oían los tiros. La ciudad, cuyas casas blancas se dibujaban a +lo lejos entre las sombras de las calles, se había vuelto a dormir sin +duda; y ella estaba allí, perdida en medio del campo, sin más compañía +que la fría luz de la luna, que empezaba a nublarse y los estridentes +ladridos de los perros, que se enfurecían al verla correr como un +blanco fantasma. + +En su memoria fatigada se perdían los detalles de las cosas. Sólo sabía +que buscaba a su novio y debía hallarle muerto o vivo. Cuando caminaba +despacio, el zumbido suave de la brisa anunciadora del alba, le daba +la impresión pavorosa de un lamento, y por no oírlo y por llegar más +pronto a donde él estaba, llamándola sin duda, con la esperanza de que +llegara antes que la muerte, echaba a correr de nuevo. + +--Allá quedó, junto al río--le habían dicho riendo. + +Por fin el río que buscaba le cerró el paso. Era allí estrecho y +encajonado por una barranca no muy alta, vestida de césped húmedo bajo +el rocío de la noche. + +Era el arroyo del Quillá, que media legua más al Oeste se junta con el +Salado. + +A corta distancia, hacia la ciudad, se veía como un escalón una segunda +barranca, más alta y desnuda, donde se encaramaban las primeras +habitaciones, algunos ranchos, y más allá la masa oscura de la barraca +de Fosco, ceñida por sus tapias cubiertas de musgo, y por el bosque +sombrío de quietos naranjos y quejumbrosos eucaliptus. + +Syra vió pasar por delante de ella un grupo de hombres en marcha +precipitada hacia el río. No supo quiénes eran; habría deseado +preguntarles dónde se hallaba, pero antes que los alcanzara, ellos +habían saltado en una lancha y huían rumbo a la isla, que no tocaron, +sin embargo, siguiendo su costa corriente arriba. + +La niña se quedó un rato mirando la embarcación, que ya no era más que +una pincelada negra sobre el agua turbia que la corriente llenaba de +arrugas; la noche se tornó negra como un antro, nublada la luna por +algunas nubes tormentosas. + +A algunos pasos de allí vió una casucha de barro, por cuya puerta +apenas entornada se escapaba un hilo de luz. + +Fué una esperanza para la infeliz que empezaba a sentirse ganada por el +descorazonamiento. Llamó a la puerta, y como no le contestaran entró de +golpe. + +Un candil de sebo, puesto sobre el ángulo de una mesa alumbraba un +cuadro siniestro. + +Sobre una mísera cama yacía un hombre, rígido, con los ojos cerrados y +la boca crispada en un gesto de dolor, y el pecho desnudo y manchado de +sangre, que parecía negra como la tinta. + +Syra dió un grito. Una mujer que lloraba arrodillada a la cabecera de +la cama, alzó la cara y viéndola dijo con una voz dulce y doliente: + +--Me lo han muerto, niña. Era soldado y estaba de guardia en la plaza; +los revolucionarios lo han herido y ha tenido tiempo de llegar hasta +su rancho para morir junto a mí y a sus hijitos. ¿Por qué me lo han +muerto, niña? + +Una chiquela de cuatro años, silenciosa, con los ojos dilatados por +el miedo, sentada a los pies de la cama, miraba sin comprender la +terrible escena de su padre asesinando y semejante a una madre pequeña, +acallaba al hermanito que estaba sobre sus rodillas, gimiendo de rato +en rato, como si hasta él llegara la ola del dolor. + +Syra llorando se arrodilló junto a la viuda. + +--¡También a mí, también a mí!--decía en un sollozo que la sacudía +entera, y no podía concluir la frase.--Hace horas que lo busco, muerto +o vivo: "quedó junto al río", me han dicho riéndose y he corrido por la +orilla del río, buscándolo sin encontrarlo. + +La mujer se paró, tomó de la mano a Syra, salió hasta la puerta y le +dijo señalándole en el campo un punto más oscuro que las sombras. + +--¡Allá, allá! ¡Yo he visto dos hombres! Deben estar muertos a estas +horas. Allá fueron los primeros tiros... + +Y Syra corrió, mientras ella volvía adentro a seguir llorando su +prematura viudez. + +Por una desgarradura de las nubes, apareció el disco dorado de la luna +que bañó de claridad el campo verde, en el preciso momento en que Syra +llegaba hasta los cadáveres de Borja y de Jarque... + +Las gentes que moraban en las casuchas de barro y de paja de aquellos +barrios apartados, en aquella noche sangrienta no oyeron nada más +pavoroso que el alarido de horror de Syra, rasgando el silencio en que +había quedado la ciudad. + +Las mujeres se taparon la cara y los hombres se estremecieron, como si +la muerte misma les hubiera llamado por sus nombres, a la puerta de sus +casas. + +En la barraca de Fosco, de donde éste había huído en las chalanas +de los revolucionarios, que volvían derrotados, las dos mujeres que +quedaron solas temblaron toda la noche, oyendo, cerca de allí, el +lamento de Syra sobre el cuerpo rígido y yerto de su novio. + +Y cuando el alba fría se derramó sobre el pueblo disipando las +angustias de la noche, los que andaban en busca de la hija de Montarón, +dieron con ella, sentada, como si aún esperase algo, junto al cadáver +del teniente Borja. + +Los primeros rayos del sol iluminaban el cuadro. + +Syra al ver llegar aquella gente se incorporó, alta y hermosa, vestida +de blanco, el negro cabello suelto a la espalda, como una onda de dolor. + +--¡Allí está el que buscan!--les dijo señalando a Jarque, tendido de +costado, y como dormido entre los pliegues de su capa--¡éste es mío y +yo soy de él! ¡Ni lo toquen ni me toquen! + +Los que la buscaban, impresionados por el aire de tragedia que había en +todos sus gestos, se quedaron inmóviles, y ella al ver su estupor, se +echó a reír con una risa desgarradora. + +--¿Me creen loca? No, estoy cuerda y quiero vivir, por su memoria, para +vengarle y vengarme... no sólo del asesino, sino de los que pagaron al +asesino... + + + + +XI + +La derrota + + +Fué un salto magnífico. De la balaustrada de la galería que daba a la +calle, en la casa de Montarón, Insúa se arrojó sobre el tejado vecino. + +Sintió que una teja cedía bajo sus pies, pero era ágil como un jaguar y +salvó el obstáculo. El techo, a dos aguas, caía de una parte sobre la +calle, de la otra, sobre un patio interior, y cubierto de musgo como +estaba, e impregnado de rocío, hacía peligroso el andar. + +Los que corrieron detrás del revolucionario, detuviéronse sorprendidos. +Uno de ellos tenía una carabina y le apuntó. La distancia era corta y +la noche clara, por lo cual el tiro no podía errarse; pero Insúa había +previsto que le harían fuego, y salvando la cumbrera del techo, se puso +a correr hacia la esquina, guareciéndose en el alero inclinado que daba +hacia el patio. + +Ante aquella maniobra que imposibilitaba el tirarle, el hombre de la +carabina trepó a la balaustrada y desde ella saltó sobre el tejado, +para cazar el fugitivo como a un gato, persiguiéndolo por las azoteas. +Pero fuese que le estorbara el arma o que no tuviese la agilidad de +Insúa, resbaló sobre las tejas mojadas por el relente de la noche, y +soltando una maldición se estrelló en la calle. + +El revolucionario alcanzó a verlo y seguro de que se limitarían ya a +aguardarlo en la vereda del costado de la plaza, para atraparle cuando +quisiera bajarse por allí, buscó manera de escurrirse hasta el patio de +la casa en cuyo techo andaba. + +Era un boliche, cuya pieza principal daba a la esquina, con dos puertas +en ángulo recto, que se abrían una sobre la calle de la plaza, otra +sobre la calle del Cabildo, separadas por un parante de algarrobo +labrado. + +La gente del boliche, un matrimonio de catalanes sin hijos, tímidos +como liebres, pero acostumbrados ya a las revoluciones, que tenían por +teatro inevitable aquel barrio de la ciudad, al oír los primeros tiros, +habían atrancado sus puertas decididos a morir antes que abrir a nadie. + +Insúa pudo bajarse al patio solitario, donde un cuzquillo olvidado por +sus dueños, le ladró con furia al principio, y corrió luego a lamerle +las manos. + +A cada descarga, el jefe revolucionario sentía el vuelco de su corazón. +Ya las cosas se tornaban en favor del gobierno, fracasado el recurso de +la sorpresa con que contaban. Pero aun así, confiaba Insúa llegar a +tiempo a la plaza para arrojar sus hombres como una avalancha sobre el +Cabildo y entrar en él apoderándose del gobierno de la ciudad. + +Reconoció de una ojeada el patio donde había caído. + +Era cuadrado y pequeño, lleno de plantas, que en la sombra afectaban +formas fantásticas. Entre unas enredaderas descubrió una puertecilla +que sin duda abría paso a la huerta; la franqueó y atravesó corriendo +un tupido plantío de tártago, donde cacareaban las gallinas alarmadas. +Trepó sobre la tapia del fondo, que era muy ancha, y comprendió que +caminando sobre ella podría llegar hasta la huerta de la escuela, donde +recogería sus armas y se lanzaría a la plaza a ayudar a su gente. + +Agazapándose para no ser visto, corrió sobre el filo de la pared que se +desmoronaba al pasar él, y en pocos minutos llegó hasta la escuela. + +En un rincón del patio halló a don Serafín enloquecido de terror, +mientras su hija, en el zaguán, no se alejaba de la puerta, lista para +prestar auxilio a quien se lo pidiera, pensando en que podía ser él. + +--¡Hijo mío!--le gritó el anciano al verle llegar, abrazándose a +él--¿qué es lo que ocurre? + +Con algunas amables palabras le infundió confianza de que allí no podía +temer nada, y cambiando su incómodo traje de etiqueta por otro más +holgado, se envolvió en un poncho de vicuña, tomó sus armas y corrió +hacia la calle. + +En el zaguán se cruzó con la hija del maestro, que nada le dijo por no +demorarle, mas lo siguió con los ojos angustiados hasta que llegó a la +plaza. + +Allí le envolvió un tropel de gente en que reconoció a una parte de sus +hombres que empezaban a desorientarse ante la sangrienta resistencia de +los soldados del gobierno, que se batían sin peligro casi, parapetados +en el Cabildo, y bien provistos de armas de fuego con que mantenían a +raya a los asaltantes. + +--¡Muchachos!--gritóles Insúa, dándose a conocer.--¡Al Cabildo! ¡Viva +la revolución! + +Y su grito como un toque de clarín, vibrante en el intervalo de dos +descargas, reanimó el entusiasmo ya decaído de los revolucionarios, que +se agruparon a su alrededor haciendo frente de nuevo. + +Los gubernistas comprendieron por qué reaccionaron sus atacantes, y un +capitán que mandaba la tropa organizó un piquete y lo mandó a rodear +para tomar a los revolucionarios por la espalda. + +A la aparición de Insúa, sus hombres enardecidos de nuevo, se +tendieron a lo largo del costado sur de la plaza, parapetados detrás +de los árboles y arreció el fuego que hacían, mordiendo con rabia los +cartuchos de sus largos fusiles de chispa, con el áspero amargor de la +pólvora en la boca. + +Los hombres de a caballo, diezmados en un asalto infructuoso, se +agruparon alrededor de Insúa, detrás del quiosco, que les resguardaba +un tanto de las balas del Cabildo. + +Insúa tranquilamente les daba instrucciones, porque iban a atacar de +nuevo, lanza en ristre. Temblaban ya las astas en las manos nerviosas +y retiñían las espuelas de los jinetes, entusiasmados por aquella +voz serena, que apagado el trueno de una descarga, seguía explicando +la maniobra, cuando un tiro aislado que parecía venir de la casa de +Iriondo, le cortó la palabra. + +Estaba Insúa de pie teniendo su caballo de la rienda, porque el montar +él iba a ser señal del ataque. + +Se llevó la mano al hombro y dijo: + +--Estoy herido. + +No cayó, empero, mas sintió que se le nublaba la vista. + +--¡José, José Golondrina!--había gritado Alarcón al sentir el tiro de +aquella parte, con la sospecha de que él hubiera sido, pues acababa de +verlo correr hacia ese lado. + +El indio llegaba en este momento con la carabina en la mano. Alarcón se +echó sobre él. + +--¿Quién tiró? ¿Vos, miserable? + +--¡Allá, allá!--contestó el indio tranquilamente, señalando la esquina +norte de la plaza que daba sobre la calle del Comercio.--Viene un +piquete. + +Como una respuesta a tal advertencia, la tropa que venía a coparlos por +la espalda les abrió un fuego mortífero que desmontó a varios jinetes, +sembrando el espanto entre todos. Insúa tuvo apenas tiempo de subir +a caballo sostenido por uno de sus hombres. No podía saber si eran +muchos o pocos los que así atacaban, la revolución estaba perdida. + +Ya no debían atinar sino a salvarse de caer prisioneros para aguardar +tiempos mejores en que la suerte les acompañara. + +Gritó:--¡Alto el fuego! ¡Sálvense, muchachos!, ¡será para otra vez!--y +espoleó su caballo, que dió un salto al arrancar, agitándole violenta y +dolorosamente el brazo roto. + +Todos se desbandaron. Los de a pie corrieron hacia el río para +embarcarse en las chalanas y pasar a las islas antes que clarease el +día. Los de a caballo tomaron hacia el norte, buscando el camino de +Santa Rosa y de Helvecia, donde estaban sus hogares. + +Más de treinta quedaron tendidos sobre el pasto verde y suave de la +plaza, que el sol de esa mañana haría brillar manchado de sangre. + +La persecución de los fugitivos no pudo organizarse inmediatamente +porque los caballos de la policía no estaban listos. + +Insúa corrió entre un grupo de los suyos unas cuantas cuadras, pero fué +quedándose rezagado sin que lo observaran. + +Dolíale horriblemente la herida, lo que lo obligaba a ir constantemente +sosteniéndose el brazo, para que no se le moviera con el traqueteo de +la marcha. + +A los pocos minutos pensó que debía volver a la escuela, donde la hija +del maestro lo vendaría para que así pudiera huir. + +Volvió, en efecto, siguiendo las calles apartadas y solitarias. + +Rosarito había visto pasar el tropel de los fugitivos y comprendió que +la revolución estaba vencida. + +¿Quiénes eran los muertos? + +Helada de espanto, temerosa de saber la verdad, permanecía en el +hueco de la puerta sin moverse, acechando todos los ruidos que podían +darle un indicio de lo que ocurría, rezando por los que agonizaban y +temblando de que sus rezos pudieran acompañar el alma del hombre que +amaba, cuando sintió el sordo paso del caballo de Insúa, que llegó +hasta la puerta. + +Don Serafín clamaba por su hija desde el rincón en donde se refugió a +los primeros tiros. Pero Rosarito oyó la otra voz que la llamaba desde +la calle, y acudió a ella. + +--Todo se ha concluído--le dijo Insúa sencillamente--estoy herido, +¿querés vendarme? + +--¡Ay!--exclamó ella juntando las manos--¡madre mía del Rosario!--y +corrió adentro a buscar un gran pañuelo de seda que podría utilizar y +un frasco de árnica. + +--¡Rosarito! ¡Hija mía!--gemía el viejo. + +--Papá, ¡Francisco viene herido!--Perdió el miedo don Serafín con +aquella noticia y corrió a la puerta. Y allí los dos, a riesgo de +ser sorprendidos por la gente del gobierno, vendaron al jefe de los +revolucionarios que no aceptó quedarse en la escuela, refugio harto +sospechoso y huyó de nuevo, en su excelente caballo, dominando el +dolor de la herida y sintiendo a lo lejos temblar la tierra bajo los +cascos de la caballería del gobierno, que ya se había lanzado en su +persecución. + +Todavía era de noche, mas el alba no debía estar lejana. + +Insúa se encaminó hacia el Noroeste de la ciudad, dispuesto a desviarse +de la carretera que generalmente seguían para ir a Santa Rosa, y que a +esa hora debía estar ya ocupada por la policía. + +Quedaba aislado de sus compañeros, pero eso no le importaba; marcharía +solo, hasta que no pudiera más, y si acaso lo vencía el dolor o la +fiebre, antes de llegar a Santa Rosa, se refugiaría en la estancia +de Cullen cerca de los "Cachos" o se escondería en los impenetrables +sauzales del arroyo de Leyes, donde seguramente encontraría quien lo +ayudara, entre el paisanaje matrero que allí merodeaba. + +Llevaba el brazo firmemente vendado y sujeto por un cabestrillo al +cuerpo, lo que le permitía galopar, sin grandes sufrimientos y así +marchó largo rato, mecido por el andar acompasado de su buen caballo. + +Los terrones menudos y flojos del camino se quebraban bajo sus cascos +con un leve crujido, y reinaba un gran silencio, pues hasta los grillos +nocturnos habían callado, ante el alba que llegaba. + +Empezó a sufrir de sed, pero como había ya pasado el último rancho +de la ciudad, siguió galopando con la esperanza de encontrar alguna +vivienda a donde acudir. + +Clareaba ya el día, cuando entre el monte de algarrobos y ñandubays, a +la vera del camino, vió brillar el fogón de un rancho solitario. + +A aquella distancia de la ciudad, era arriesgado mostrarse a nadie, +pues denunciaba así el rumbo en que marchaba, pero la sed avivada +por un viento tibio del norte, que empezaba a soplar, causábale una +insoportable angustia, y se resolvió a pedir de beber, sin bajarse del +caballo. + +Al acercarse ladráronle los perros, y se asomó el dueño del rancho +que tomaba mate en rueda familiar, a la luz de un candil de sebo. Sin +mayores explicaciones, aquel paisano taciturno y cortés, fué por el +agua que Insúa le pidió, y sobre el caballo mismo inquietado por los +perros, bebió el revolucionario con ansia un agua salobre, pero fresca. + +Y siguió galopando a la luz del día que despertaba ya los maravillosos +rumores de la selva. + +Prestaba oído a todo ruido sospechoso, deteniéndose a veces, pero no +sentía más que el canto de los pájaros, más numerosos que nunca en el +otoño que reinaba, y de cuando en cuando el zumbido metálico de las +alas de una perdiz, que se levantaba a su paso. + +El viento norte se había acentuado, y comenzaba a apretar el calor. + +Insúa para librarse de los rayos del sol, comprendiendo que ya se había +alejado con exceso del camino de Santa Rosa, y que a esa hora las +patrullas del gobierno debían haberse replegado a la ciudad, se internó +en el monte. + +Era tupida la arboleda y los churquis espinosos que nacían al pie de +los ásperos ñandubays, le cerraban el paso a cada instante, obligándolo +a buscar los senderitos tortuosos abiertos por la hacienda, hacia los +comederos o las aguadas. + +Algunos toros salvajes mugían sintiéndole pasar; escarbaban la tierra +con rabia y echaban a andar desdeñosos, buscando no al hombre, sino al +rival, que de lejos contestaba a su grito de guerra. + +Las vacas inquietas y curiosas huían, deteniéndose a trechos y +volviendo la cabeza para mirar al fugitivo, a cuyos ojos el paisaje +aparecía cubierto por ese velo de ensueño con que la fiebre parece +envolver las cosas. + +Tenía sed, una sed terrible, que le hacía marchar con la cabeza baja, +la mirada avizora, buscando en el monte los charcos de agua fétida en +que se abrevaban las vacas. + +Pensaba en sus amigos de Santa Fe, presos sin duda, a esas horas y en +cierta manera deshonrados por la derrota. Sentía impulsos de correr, +lleno de saña contra el hombre invencible, que con un solo gesto había +hecho abortar aquella noche el complot urdido en su contra. + +La fiebre que le martillaba el cráneo, nacía más que de su herida, +del dolor y de la vergüenza de haber sido afrentado por él con tanta +gentileza. Sus amigos, al menos, no habían sufrido el latigazo de +aquella voz amable que le decía: + +--¿No vé cómo está manchada la pechera de su camisa? + +¡Ah! La sangre de los muertos por su mano se había vengado cruelmente +en su orgullo de jefe, derrotado por la sonrisa de un hombre: + +--"¿Va a entrar así al salón del baile?" + +Apretó los ijares de su caballo y se lanzó a la carrera por entre el +monte, como cuando en su estancia perseguía la hacienda para traerla +al rodeo. Las altas ramas extendidas como zarpas bajábanse a veces y +le obligaban a echarse sobre el cuello de su caballo, para no romperse +el cráneo contra ellas. Los matorrales, cuya ramazón flexible crujía +violentamente, cerrábanse tras él, tironeándole con sus mil uñas el +poncho que flotaba desgarrado a sus espaldas. + +El caballo tenía la boca ensangrentada y palpitantes los flancos y +empapados en sudor. + +Insúa corría, castigada su alma con los siniestros recuerdos de esa +noche, en que su mano había derramado sangre inocente, y en su carrera +desatinada sus ojos encendidos por la fiebre, hallaban perfiles +fantásticos y medrosos en todos los detalles del cuadro que le rodeaba. + +Sentía una sed tan terrible que una vez pasó la mano por el ijar +mojado en sudor de su caballo, y fué a beber. Pero era de un sabor +insoportable aquel líquido acre y tibio. ¿Dónde estaban los charcos en +que bebía la hacienda? + +Miró el sol, por entre las copas despeinadas de los algarrobos y torció +bruscamente hacia el Este. Quería llegar a la laguna de Setúbal, para +arrojarse con caballo y todo en su onda fresca y beber a sus anchas, +aunque allí lo hubieran de prender. + +Los revolucionarios, sin duda, habían tomado por el camino de San José +del Rincón. Para reunírseles, él debía seguir la costa, vadear el +Saladillo y la pequeña laguna de San Pedro, en la punta norte de la +de Setúbal, y alcanzar así el arroyo de Leyes, donde no era imposible +que se cruzara con alguna de sus chalanas, si Alarcón o cualquiera de +sus hombres se habían atrevido a huir por el río, camino que tenía sus +ventajas y sus riesgos. + +Galopó como una hora, torturado por la sed, que traía sobre él +infinitas alucinaciones, haciéndole creer en cada revuelta del bosque +en un charco fresco de agua; hasta que raleándose la arboleda, divisó a +lo lejos la cinta azul y plácida de la hermosa laguna. + +El caballo, sediento como el amo, relinchó olfateándola, y sus cascos +herrados llamearon al sol, sobre la llanura, que se desenvolvía como un +manto verde, a lo largo de la costa, cortada por el blanco perfil del +camino. + +Al cruzarlo, no vió Insúa, alucinado como iba por el agua azulada y +brillante, una nube de polvo que ascendía de la carretera, hacia la +parte del Sur, donde estaba la ciudad. + +Llegó hasta la barranca, no muy alta, y con grietas por donde bajaban +las haciendas, y entró en la laguna hasta que el agua llegó al pecho +del caballo. + +Se quitó el sombrero, lo llenó de agua y se puso a beber con una +inmensa fruición, sintiendo la frescura del líquido puro que le +aligeraba la sangre en las venas. + +El caballo bebía también interminablemente, haciendo sonar las coscojas +del freno y resoplando, a cada espumilla que la corriente le traía +hasta el hocico, cuando de pronto apareció sobre la barranca, cien +metros más atrás, un grupo de jinetes de rojas bombachas, con sables +que brillaban al sol, y carabinas que alzaban sobre sus cabezas, dando +alaridos de júbilo. + +Insúa miró y comprendió. Estaba perdido; eran los policianos del +gobierno, de cuyas manos no podía escapar, porque antes que él volviera +a trepar la barranca, ellos le cerrarían el paso. Pensó en hacerse +matar, pero la idea de que muerto él, el gobierno quedaría triunfante +y tranquilo para siempre, le encendió un áspero deseo de vivir para +vengar su derrota. + +Por un lado la laguna, que se extendía ante él como una inmensa tela +azul, ancha de leguas. Por el otro la barranca, las bombachas rojas, la +prisión o la muerte. + +Eligió la laguna, castigó a su caballo y se arrojó con la insensata +esperanza de llegar a la otra costa, cuyos verdes sauzales se divisaban +en lontananza. + +El caballo manoteó algunos pasos, perdiendo pie, y luego sin vacilar, +como si hubiera comprendido que era la salvación de los dos, se dejó +hundir hasta el pescuezo, y empezó a nadar, soplando, con las narices +a flor de agua, y los ojos fijos en la orilla lejana. Insúa tiró la +carabina, que hasta entonces llevara a bandolera, y el poncho que se +arrastraba sobre el agua, haciendo peso y con la mano derecha se agarró +a la crín flotante de su caballo. + +Era un tostado, morrudo, de cabeza descarnada y mirada inteligente. +Criado en la estancia de Insúa, había husmeado la querencia del otro +lado de la vasta laguna, y nadaba con fe en sus remos poderosos. + +Los policianos habían conocido a Insúa, por el poncho y el caballo, +y para no perder la extraordinaria fortuna que la casualidad les +deparaba, apartáronse de la barranca, se extendieron en una línea +prolongada, y cayeron bruscamente, al galope de sus caballos +enardecidos por sus gritos, sobre el sitio por donde había bajado Insúa +hasta el agua. Pero esos minutos perdidos en la maniobra, con que +quisieron impedir su fuga, permitieron al revolucionario alejarse un +buen trecho de la orilla. + +Los policianos que nunca imaginaron que se arrojaría a la laguna, al +ver apenas a flor de agua la cabeza del caballo y los hombros de él, +que se achicaba cuanto podía, le insultaron con rabia. + +Uno de ellos se echó a nado, pero su caballo no aquerenciado en la +otra costa, dió unos cuantos respingos, y se volvió. En vano su dueño +le golpeó el testuz con el cabo de su rebenque; aquella intentona sólo +sirvió para dar tiempo a que el fugitivo ganara unos cien metros más, y +sólo se divisaba ya como un punto negro sobre el agua que se quebraba +en trémulos reflejos a los rayos del sol. + +Entonces el jefe de la patrulla echó pie a tierra y le apuntó con su +carabina y tranquilamente, como si se tratara de tirar sobre un pájaro +o sobre un yacaré, levantó el gatillo. Inclinaba la cabeza sobre el +hombro derecho, para ver mejor, y se había echado atrás el kepí, cuya +visera verde tocaba con el caño reluciente del arma. Era hombre de gran +destreza en su manejo, pero el blanco movible que se alejaba siempre, +y la excitación de su pulso agitado por la violenta carrera de toda la +mañana, le hicieron errar el tiro. La bala se perdió a veinte pasos del +lugar donde se veía a Insúa, avanzando siempre hacia el centro de la +laguna. + +Volvió a tirar y fué lo mismo. + +--¡Pie a tierra!--gritó a sus hombres--¡y fuego sobre él! + +Los veinte soldados que formaban la patrulla, arrodillados al borde de +la barranca, empezaron a ametrallar al fugitivo. Las balas cada vez +picaban más cerca de él, porque la puntería se afinaba. De pronto se le +vió desaparecer, y sólo su caballo siguió nadando. + +Los hombres se incorporaron dando un grito. + +--¡Una bala en la cabeza! lo hemos muerto, y con las pupilas dilatadas, +siguieron el rastro que en el agua iba trazando el valiente corcel +del caudillo, que nadaba con la misma serenidad que si la otra orilla +hubiera estado a veinte metros. + +Insúa había desaparecido, y los hombres iban a montar ya, seguros de +haberle herido de muerte, cuando surgió de nuevo su cabeza, junto al +cuello del caballo. + +--¡Maldición!--rugió el jefe de la patrulla--¡se escondió para que no +le tiráramos! + +En ese minuto de expectativa, el revolucionario se había puesto fuera +del alcance de las carabinas. + +Siguiéronle mirando hasta que el punto negro se perdió en la lontananza +del agua, que agitaba el viento. Entonces todos montaron, y volvieron +riendas hacia la ciudad. + +--¡Se ahogará antes de llegar al medio de la laguna!--dijo uno de ellos +y todos creyeron así. + +Durante una hora, quizás, resistió el joven caudillo la sensación +violenta que le producía ir a merced de su caballo, con la mano +acalambrada en su larga crín. No podía valerse más que de la derecha, +porque la otra herida, era un miembro absolutamente inútil. + +La frescura del agua le había adormecido el dolor, pero se entumecía +poco a poco, y sentía que el sueño se apoderaba de todo el cuerpo, como +un veneno mortal. + +Si se dormía, estaba perdido. Se soltaría de su caballo y se iría al +fondo. Pensó que quizás ese término a sus padecimientos valía más que +la lucha por vivir; pero la prodigiosa energía que le hacía ser lo que +era le siguió sosteniendo. Llegó, sin embargo un momento, en que aun +luchando contra la terrible modorra que le invadía con el frío del +agua y la fiebre de la herida, dejó que sus ojos se cerraran, y toda +su fuerza fué impotente para abrirlos, porque se durmió, sintiendo al +principio que su mano seguía agarrada a la crín, y luego, que poco +a poco, suavemente, se dejaba invadir ella también por la deliciosa +sensación de abandonarse y descansar. + + * * * * * + +Cuando abrió los ojos creyó que soñaba. + +Una habitación cuadrada, de piso de ladrillo, de techo bajo, con +tirantes de palma enjalbegados, cubiertos de esas ásperas totoras de +los bañados, impenetrables a la lluvia. + +Una ventana ancha de vidrios pequeños, por donde mirábanse las copas de +unos altos eucaliptus, que el viento balanceaba. + +Y a un lado de la ventana, un algarrobo seco, del cual no se veía más +que una rama, estirada, como un brazo descarnado, cenicienta y pelada, +y sobre ella, inmóviles, como un símbolo de eternidad, dos enormes +pájaros negros cuyas plumas sin brillo les daban un fúnebre color de +crespón. + +Insúa, que observaba con los ojos muy abiertos, desde una cama blanda y +limpia, aquel cuadro que sin duda le pintaba la fiebre, sintió que la +sangre se le helaba en las venas. + +Siempre la vista de los cuervos, desde la noche que pasó en el +cementerio, obsesionado por los ojos de diamantes de aquel que veló +a su lado, devorando la mano de una muerta, le causaba una siniestra +impresión. + +Alguien lo habló. Se volvió para ver quién era y se halló con un +paisano de barba encanecida, que estaba allí a su cabecera, con el +sombrero puesto, en mangas de camisa, castigando las botas con la lonja +de un talero. + +--¿Qué significa esto? ¿Dónde estoy? + +Y el paisano le contestó con una hospitalaria sonrisa que dejó al +descubierto sus dientes amarillentos y fuertes: + +--En la estancia de doña Carmen de Borja... + +--¿Carmen de Borja?--repitió él. + +--Sí, y de la niña Gabriela... + +--¿Gabriela? + +--Gabriela Borja de Jarque... + +--¡Ah!--exclamó Insúa y volvió la cara a la pared, penetrado hasta la +médula de los huesos por el recuerdo de la noche de la revolución. + +--Por mal nombre--asentó el paisano--le llaman la Casa de los +Cuervos. + + + + +SEGUNDA PARTE + + + + +I + +¡Por el alma de los muertos! + + +La sombra de la barranca, donde estaba situada la Casa de los Cuervos, +prolongábase hasta el medio del riacho porque el sol se iba entrando. +Los altos eucaliptus, que llegaban hasta el borde mismo, pintaban sus +copas en el agua serena, que corría sin murmullo, royendo suavemente +la greda de la costa, o haciendo estremecer con su caricia las hierbas +acuáticas, en la otra banda donde el campo era bajo. + +El sol que trasponía ya el bosque, reflejaba un disco trémulo en la +faja del río, que pronto iba a llenarse de sombra, y Gabriela, sola en +su bote, que la había llevado corriente arriba, gracias a la vela, en +una de sus excursiones de ensueño, descendía aprovechando la corriente +y siguiendo por un capricho la línea indecisa que pintaban en el agua +las copas de los árboles, dormidos ante la vecindad de la noche. + +De vez en cuando, con un golpe de timón rectificaba la marcha del bote, +una de cuyas bordas se bañaba en el sol dorado de aquella tarde de +otoño. + +La embarcación era pequeña, fina de formas, pintada de blanco, y +llevaba su nombre a proa, en letras negras: "La Espuma". + +De lejos, realmente, atracada a la barranca en los días de marejada, +cuando el agua profunda del riacho se llenaba de espuma, el bote +parecía un copo más danzando en la resaca arrojada por el viento contra +la costa escarpada de la Casa de los Cuervos. + +"La Espuma" era la compañera de los sueños de Gabriela. + +Cuando se casó, dos años antes, con aquel español que compró el campo +de su padre, éste, que había de morir poco después, le preguntó qué +regalo de boda quería que le hiciera; y Gabriela, sabiendo que estaba +pobre, como que era una de las secretas razones que tuvo para casarse, +sin gran amor, para que su padre pudiera conservar el campo, no le +pidió joyas ni vestidos, le pidió un bote para pasear por el dédalo +de arroyos, bordeados de sauces, que hacían el encanto de aquellos +paisajes. + +Pasaban largas temporadas en la estancia y era el bote su gran +distracción. Lo conducía admirablemente. Tenía un par de remos finos +y ligeros, y una velita blanca, que se tendía en una curva quebrada +como el ala de una gaviota, y hacía volar el esquife con un apacible +chapoteo del agua, rota por la quilla. + +Cuando murió su padre, Gabriela hacía ya seis meses que estaba casada +con Jarque, a quien el gobierno acababa de nombrar jefe de policía. + +Sus ilusiones ajadas por las severas realidades de la vida, no le +pedían nada ya. Sólo deseaba acompañar a su madre, doña Carmen Liendo +de Borja, que se había establecido definitivamente en la Casa de los +Cuervos, para cuidar de los intereses que dejara su marido al morir, +bastante embrollados. + +Jarque le permitió irse con ella, y se quedó solo. En su vida práctica, +sin grandes pasiones, absorbido por las preocupaciones políticas, el +amor no ocupaba ningún lugar. Se había casado fríamente, llegado a la +mitad de la existencia, para no hacer solo la otra mitad, y de pronto +se encontraba con que el matrimonio era una impedimenta para seguir +las sutiles pesquisas antirevolucionarias en que estaba empeñado, las +cuales con frecuencia le tenían noches enteras fuera de su casa. + +De tarde en tarde, cuando sus tareas se lo permitían, hacía su viaje +a la Casa de los Cuervos, yendo casi siempre en la lancha a vapor del +gobierno. Visitaba a la familia, acompañado de Carmelo, su cuñado, a +quien había hecho secretario de policía; examinaba la marcha de las +cosas en la estancia, el estado del campo que era suyo, de las vacas, +que algún día serían de su mujer, y se volvía a la ciudad, satisfecho +de tener tan equilibradas todas sus pasiones. + +Gabriela tornaba a sus paseos en bote. Él le había regalado una hermosa +escopeta Lefaucheux, y de sus excursiones solía volver con el fondo de +la embarcación lleno de patos, cazados en los esteros, o de gallinetas +sorprendidas cuando se acercaban a la costa, que el bote rozaba al +pasar sin ruido, como un copo de espuma. + +Había en la estancia un muchachón de quince años, hijo adoptivo del +capataz, diestro en los trabajos del campo, sobre todo en las cosas del +río, pesca y manejo de embarcaciones. Él guiaba la canoa que tenían +para las necesidades de la casa. Iba al sauzal a traer leña, y a veces +hasta Santa Fe a buscar provisiones. + +Gabriela solía invitarlo a acompañarla, y él, alto, flaco y flexible +como una varilla, corría al bote, con una gran alegría, porque aquellos +paseos, siguiendo el canal profundo del arroyo de Leyes, o internándose +en los esteros, que desaguaban allí, eran su sueño dorado. La niña +tiraba bien, al vuelo o en tierra, y cuando la pieza caía, él como un +perro, iba en su busca, aun cuando tuviera que meterse en el agua hasta +la cintura. + +Cuando el tiempo era bueno, y soplaba viento favorable, se tendía la +vela, que hacía crujir el palo, y se daba entera libertad al bote, para +correr a sus anchas sobre el agua del riacho, turbia, con largas vetas +amarillas, hasta la laguna, que era para Gabriela como un mar. + +La joven se sentaba al timón, dejando que Jesús dormitara a proa o +espiara la caza. + +Parecía absorta en la maniobra, en el timón con que de trecho en +trecho, de un golpe, enderezaba el esquife; o en la escota de la +vela, tensa a veces, como una cuerda de guitarra, y otras floja e +indecisa, castigando como un látigo los maderos. Gabriela atendía todo, +pero su pensamiento vagaba en lejanas regiones, más allá del río, más +allá de la laguna, más allá del mar desconocido, a donde marchaban +inevitablemente, todas las gotas de todos los ríos, lo mismo de las +olas que se rompían contra la barranca, que las que ella acariciaba con +su mano pequeña, abandonada por encima de la borda. + +¡Todo iba al mar! y su pensamiento se confundía como una gaviota +perdida en el océano, persiguiendo la visión de aquellas cosas +sin sentido, que la dejaban triste, como si su vida actual no +correspondiera con sus ideales de antes. + +Gabriela tenía veinte años. El aire y el sol del campo, habían dado un +ligero color trigueño a su tez purísima, que irradiaba su juventud, +como el cristal de un vaso de luz. Y esa luminosidad de su cutis, +atenuaba el contraste que habrían producido en su tipo de morena, sus +ojos garzos, como la flor del lino, y sus cabellos castaños, casi +rubios, que al sol parecían vivientes culebras de oro. Esbelta y ágil, +viéndola remar, con sus brazos firmes, diseñando en el ademán la +curva llena del pecho, nadie la hubiera creído propicia para aquellas +fantasías que la llenaban de ensueños. + +Vestía de luto, por su padre, y en la barquilla blanca, que marchaba +la vela sonora al viento, sentada a la popa, con la mirada abstraída, +desinteresada de las cosas próximas, parecía la heroína de una +romántica leyenda. + +Su madre preguntábase a veces si aquel matrimonio repentino no había +tronchado sus ilusiones de niña, y si no estaba allí la raíz de la +indisimulable melancolía que envolvía como un velo aquella radiante +juventud. Mas era el yerno tan afable y caballeresco, y estaba la madre +tan lejos ya de la edad en que la fantasía es el motor del alma, que +desechaba el importuno pensamiento, y se quedaba tranquila dejando a su +hija entregada a sus excursiones, mientras ella cuidaba de la casa. + +Era una dama de aspecto severo, en su riguroso luto de viuda, que +enaltaba más su figura frágil, en apariencia, y austera como la de una +abadesa. + +Blanca, pálida, de ojos negros, perspicaces, que descifraban +perfectamente las intenciones de los que la trataban por negocios; +incansable para la menuda labor de ama de casa; madrugadora, siempre +alerta, desde la muerte de su marido, había concentrado todas las +potencias de su alma, en hacer progresar la fortuna que algún día sería +de sus hijos. + +Tenía por el varón, que era el mayor, una pasión que desbordaba en +todas sus palabras. + +Tres o cuatro días antes de esa tarde, había estado en la Casa de los +Cuervos. Fué con Jarque, al cual la dama notó preocupado por causas que +no decía. El joven, en cambio, entusiasmado por su nuevo galón que +lucía en la bocamanga de su vistosa chaqueta azul, y en su kepí, la +hacía parte de sus proyectos de grandeza y de sus ensueños de amor. + +¡Oh, sus sueños de amor! Doña Carmen tenía en el alma impresa la imagen +de Syra, a quien viera poco tiempo antes, cuando fué a la ciudad a +pedir su mano. + +Aquel compromiso que debía celebrarse con una gran fiesta, en casa de +Montarón, alegrábala por él, pero, sin que hubiera podido explicar la +íntima razón de sus recelos, tenía el corazón extrañamente oprimido +y todo, en su casa, en el campo, en el río, en el cielo, le traía la +evocación de los ojos de Syra, apasionados y tristes. + +Esa tarde--la tarde del baile--Gabriela llegó en su bote hasta la +barranca, poco antes de entrarse el sol. + +Venía sola por lo que ella misma tuvo que hacer la maniobra de amarrar +su embarcación al poste clavado en la costa con ese objeto. La barranca +no era alta, un metro y medio de tierra amarilla, contra la cual el +río golpeaba sus olas en los días de viento. El terreno subía aún +más al alejarse de la orilla, de tal modo que las casas edificadas a +cien pasos de distancia, estaban a una altura a donde no llegaban las +crecientes. + +El primitivo dueño de la Casa de los Cuervos, para sanear el ambiente, +había formado al rededor de ella, un bosque de eucaliptus, prolijamente +plantados en hileras. + +Los árboles eran enormes ya, y sus copas se besaban con un melancólico +rumor de hojas, en las noches serenas en que sólo soplaba la tenue +brisa de la laguna. + +Arrancaba desde el frente principal de las casas, una avenida de +eucaliptus, los más gruesos, porque fueron los plantados primeros, que +corrían paralelos al riacho. Aquella avenida, envuelta en los reflejos +dorados del sol que se entraba, parecía una vieja pintura. + +Al llegar a ella, Gabriela se detuvo amedrentada, arrimándose a uno de +los troncos, mondados por el otoño, que les arrancaba la corteza en +largos girones. En el fondo vió la alta figura enlutada de su madre, +que se alejaba, a pasos medidos, achicándose su silueta. Luego la vió +volver caminando suavemente, como si sus pies no tocaran la tierra, +alfombrada de las hojas secas, desprendidas por las copas sombrías que +se cruzaban en lo alto. + +Veía, como si lo viera por primera vez, las dos prolongadas hileras, +que se estrechaban a lo lejos, de los eucaliptus dormidos sobre el +fondo claro del cielo. La luz del crepúsculo suavizaba sus perfiles, +y ponía en sus troncos una pincelada de oro, que les comunicaba la +penetrante tristeza de los bosques muertos. + +Había en el ambiente una gran calma. Sólo se oía el grito de las vacas +lecheras que salían del corral, con sus terneros, que a la noche serían +recogidos en los chiqueros. + +Gabriela bebía con los ojos la hermosura del paisaje otoñal. Su madre +llegóse a ella, haciendo crujir levemente la alfombra de hojas secas. +Llevaba las manos blancas, de gran señora, metidas en las mangas de su +traje negro. + +--Vamos a rezar--le dijo. + +A la oración, en la Casa de los Cuervos, se rezaba el rosario, reunidos +amos y peones. + +Cada día la dama, que coreaba el rezo, decía al empezar por quién debía +de rogarse. + +--Por las almas del purgatorio. + +--Por los caminantes y navegantes. + +--Por los príncipes cristianos. + +--Por los parientes difuntos. + +Y esa vez, cuando todos estuvieron de rodillas, en la pieza que servía +de oratorio, cuyo testero ocupaban una infinidad de cuadros de santos, +presididos por un crucifijo de bronce y una gran estampa de la Virgen +del Carmen, así que se hubieron persignado, se oyó en el devoto +silencio, la voz de la dama que decía: + +--Recemos por el alma de los que hoy han de morir. + +Gabriela arrodillada al lado de su madre, sobre una alfombrita que +acolchaba los rojos ladrillos del piso, sintió un escalofrío al oír +aquello. Vió de nuevo el cuadro de los eucaliptus, tal como le había +impresionado. + +Ya la noche envolvía el campo, y en el silencio de los animales y +las cosas que se dormían, empezaba a oírse el susurro de las hojas, +estremecidas por la brisa que despertaba. + +La majada estaba ya en el corral. En el patio graznó uno de los +cuervos, señal de que volaban a pararse sobre el árbol seco en que +pasaban la noche. + +Don Goyo, el capataz, llegó en ese momento a rezar con todos el rosario. + +Era un hombre entrado en años, a juzgar por las barbas encanecidas. +Rezaba de pie, afirmado contra la pared, cerca de la puerta, por donde +a cada ruido echaba una ojeada al patio. De día usaba botas, como un +signo de la importancia de su cargo; y al anochecer, por economía, +se quedaba descalzo, la bombacha arremangada, con lo que su figura +corpulenta, no muy alta, perdía casi todo su prestigio. + +Contestaba al rezo con voz sonora. A su lado su mujer, ña Floriana, +pasado el primer misterio del rosario se sentaba a la turca, sobre el +suelo acolchado con su pollera. + +Más joven que el marido, más blanca también, tenía en sus facciones +endurecidas por el trabajo, rastros de antigua belleza. Rezaba +devotamente, y como la perseguían los bostezos, provocados según el +ama por la cola del diablo que se le entraba en la boca, cada vez que +bostezaba hacía sobre la boca abierta la señal de la cruz. + +No tenían hijos; el único que tuvieron, y que murió casi al nacer, +de haber vivido debía ser de la edad de Carmelo Borja, al cual ña +Floriana sirvió de nodriza. + +Por eso el joven teniente, secretario de Jarque, era para la mujer del +capataz como un hijo, que ella idolatraba y colmaba de mimos. + +Una chicuela excesivamente morocha, con el pelo encrespado, que se +moría de sueño, estaba acurrucada en un rincón. + +Tendría diez años, y servía a la mesa de los señores. + +Era toda la gente de la casa, sin contar a Jesús, que no acudió al +rosario, porque andaba afuera lidiando con los terneros. + +En la Casa de los Cuervos se acostaban temprano para estar listos al +alba. + +Esa noche, pasado el primer sueño, Gabriela se despertó sobresaltada. +Dormía en la misma pieza de su madre, por tenerle compañía, aunque +muchas veces la dama, andariega y misteriosa, se levantaba a deshora a +rezar, junto a la ventana, mirando al campo por los postigos abiertos, +en las noches frías, o en el corredor de la casa, en el buen tiempo, +mientras la niña temblaba de miedo sintiendo sus pasos y su voz que +salmodiaba. + +Al abrir los ojos vió, por la ancha ventana de cristales pequeños, +el campo bañado por la luna, cuya luz plateada blanqueaba como un +esqueleto, las ramas del árbol seco donde dormían los cuervos. + +Una sombra que vió moverse contra los cristales, le hizo incorporarse +en la cama. + +--¡Jesús, mamá!--exclamó, conociendo que era ella. + +Doña Carmen de Borja no le contestó; ni siquiera pareció haber oído. +Gabriela saltó del lecho y corrió hacia ella que con la frente pegada a +uno de los vidrios miraba al campo. + +La tocó en el hombro; no se movió. Le habló de nuevo y entonces ella le +dijo, señalando el árbol donde dormían los cuervos: + +--¡Mirá, Gabriela! + +La joven vió, con inmensa sorpresa, sobre la rama que se extendía +horizontalmente, las figuras encapuchadas y siniestras de tres cuervos. + +¿De dónde venía el tercero que jamás había rondado las casas? + +Gabriela pegó también su frente sobre el frío vidrio para mirar mejor, +ansiosa de que aquello que se le antojaba de mal augurio, fuese un +error de sus ojos. Pero la luna, con una infinita serenidad, hacía +la noche de una extraordinaria limpidez, y se veían hasta los más +delicados perfiles de las cosas cercanas. + +Había tres cuervos, y mientras los miraban, voló uno de ellos, que +revoloteó desorientado un momento, y atropelló la casa, haciendo +temblar con el áspero golpe de su ala los cristales de la ventana. + +Gabriela dió un grito y corrió al fondo de la pieza. + +Cuando volvió a mirar, el cuervo se había perdido ya detrás de la +cortina de eucaliptus. + +--Recemos, Gabriela--le dijo su madre.--Esta es la noche del baile en +Santa Fe, y yo he tenido siempre miedo de lo que en ella puede ocurrir. + +Y rezaron las dos, la madre con su voz profunda, que no temblaba, y +la niña toda temerosa, sintiendo afuera el rumor de las copas de los +eucaliptus que gemían al viento como almas en pena. + + + + +II + +La mala nueva + + +Al otro día el viento soplaba del Norte, llenando el bosque de rumores +de hojas caducas. La mañana era tibia y el cielo puro aún, por lo cual +Gabriela se decidió a realizar una excursión, que hacía mucho ansiaba, +llegar hasta la laguna. + +Esa noche se durmió tarde, después de la medrosa visión de los cuervos, +y cuando se despertó supo que su madre había salido a recorrer el +campo, en su cochecito de dos ruedas que manejaba ella misma. + +Llamó entonces a Jesús y lo mandó que preparara el bote, para ir lejos. + +Se vistió a prisa; metió en una canasta algunas provisiones, agitado ya +su espíritu por la perspectiva de la aventura que significaba para ella +aquel paseo, y con su escopeta al hombro, corrió al bote, cuya blanca +vela se agitaba alegremente a lo largo del mástil, acariciada por el +viento. + +En cuanto amarró la escota, y se hinchó el trapo, "La Espuma" partió +como una gaviota, navegando de costado porque el viento la tomaba de +babor. + +El arroyo de Leyes cambiaba bruscamente de rumbo frente a la Casa de +los Cuervos, de tal manera que corría durante un buen trecho de Oeste a +Este, para rectificar más adelante la curva, y llegar hasta la laguna +en un cajón derecho de Norte a Sur. + +Gabriela conocía bien el curso del riacho, y sabía acortar su camino, +atravesando las cañadas, y seguir por los ramblones con su bote ligero +y dócil al timón o al remo. + +Pero esa vez navegaba por el lecho del río, aprovechando todo el viento +que arrugaba su lomo hinchado por la creciente, que inundaba las islas +bajas y unía los esteros en un vasto mar de agua plomiza. + +La cortina de sauces, de fronda espesa, salpicada por las flores +blancas de las enredaderas que trepaban por sus largos troncos +desnudos, impedía ver más allá de la costa. + +Cuando alguna gallineta asomaba por encima de los camalotes o de las +altas carrizas verdes, que acolchaban la barranca, Gabriela abandonaba +el timón, se echaba la escopeta a la cara y hacía fuego, casi siempre +con éxito, aunque hubiera tirado al vuelo. + +Esa mañana, sin embargo, no le entusiasmaba la caza, que le hacía +perder tiempo. Quería aprovechar todos sus minutos para llegar lo más +lejos que pudiera. La boca de la laguna no estaba más que a tres +leguas, y su bote si el viento no caía, ayudado por la corriente, podía +hacerlas en dos horas. No pensaba en lo penoso que sería la vuelta río +arriba, y viento en contra quizás. + +Miraba pasar las costas verdes, animadas por la vida alegre de los +pajaritos que en ruidosas bandadas perseguían los insectos en los +carrizales, y aquella visión de alas llenábale el alma con la nebulosa +impresión de un sueño. + +En las curvas del río, contra la lengua de tierra que avanzaba, +formábase una pequeña rompiente, donde la correntada arrojaba las +ramillas y las hojas que traía de lejos, y las blondas de espumas +que vestían sus aguas turbias, batidas contra la costa gredosa, se +condensaban en copos espesos y amarillos, como la manteca, que el bote +cortaba con su proa. + +El viento no la acompañó hasta el fin. Cayó de golpe, y ella y Jesús +tuvieron que empuñar los remos, para ayudar a la mano invisible de la +corriente que llevaba el esquife a la deriva. + +Ya se veía el vasto manto azul de la hermosa laguna. A lo lejos, hacia +el poniente, albeaba al sol la cenefa de espuma de la costa, y se +divisaba detrás la pincelada roja de la barranca. + +Gabriela palmoteó de entusiasmo cuando el cajón del arroyo de Leyes se +abrió, de golpe casi, y el bote se encontró como desorientado, lejos de +los sauzales que guiaban su rumbo y sacudido por un oleaje más fuerte, +que batía sonoramente sus costados. + +--¡Niña Gabriela!--exclamó de pronto Jesús, que había parado de +remar.--¡Mire allá! + +--¿Qué hay? + +--¡Allá, hacia el medio! ¡Mire! un caballo que va cruzando la laguna. + +Gabriela soltó los remos y miró, haciendo pantalla de sus manos para +defender los ojos de la áspera luz que se reflejaba en el agua. + +Estaban como a trescientos metros del punto que llamaba la atención del +muchacho. Era un caballo sin duda; chispeaban las gotas que arrojaba +con sus resoplidos cada vez que una ola rompía sobre él. + +--Es extraño--pensó la joven que conocía el instinto de los +animales--¿cómo se ha atrevido a cruzar la laguna, habiendo paso por el +río? + +El bote corría hacia él, y como el caballo avanzaba, pronto se le pudo +observar mejor; parecía cansado; la orilla, de donde partiera estaba +lejos, apenas se veía, y ya no tenía más remedio que llegar hasta la +otra costa. + +De repente Jesús volvió a gritar: + +--¡Hay un hombre! mire, niña, ¡agarrado a la clina! + +Cuando el bote se acercó más, Gabriela con el corazón palpitante, gritó +al dueño del caballo, ofreciéndole pasarlo, y como él no respondiera, +pues parecía muerto o desmayado, aunque su mano crispada no soltaba +la clina, de unos cuantos golpes de remo se puso al lado. El caballo, +un momento pareció desorientarse; miró al bote blanco, sus dos +tripulantes, los remos que batían el agua, y perdió de vista la costa. +Volvió la cabeza, hacia el otro lado, y arrancó con más fuerza. + +Fué entonces cuando Insúa, aletargado por la frialdad del agua soltó la +crín y se hundió. + +Pero Jesús que espiaba la escena con una profunda ansiedad, arrojóse +del bote y nadando como un yacaré se zambulló en el mismo sitio en que +acababa de desaparecer el desconocido, y lo alcanzó a sacar. + +--¡Bravo, Jesús!--exclamó Gabriela estirándole un remo, de cuya punta +se agarró el muchacho, que resoplaba entre alegre y asustado de su +propia hazaña. + +Ni él, ni ella se habían preocupado de saber si el hombre vivía para +sacarle del agua, y cuando a costa de grandes esfuerzos, lograron +izarlo a bordo y vieron que caía como una masa inerte, y que estaba +frío, los dos se pusieron lívidos de espanto: + +--¡Está muerto! + +¡El horrible minuto que pasaron entonces al lado de aquel cadáver que +habían rescatado, con riesgo de irse a pique! + +Pero Jesús, que se había acercado a él, observó sus narices que +temblaban como si respirara. + +--¡Está vivo!--gritó--¡está desmayado! ¡mire, niña Gabriela, cómo +respira! + +Sacado del agua, que lo entumecía, renació la vida en aquel cuerpo +joven y robusto. + +Gabriela empuñó valientemente los remos. + +--¡Pronto, Jesús! yo voy a remar; dale friegas, ¡lo que tiene es que se +está muriendo de frío, y que ha perdido sangre! + +El bote no era más que un punto sobre la extensa planicie de agua, +agitada por el viento que empezaba ahora a soplar del Sureste, llenando +de nieblas el día. + +Gabriela quiso saber la hora, pero el sol se había nublado y el cielo +ceniciento parecía pegado al agua obscura, con largas vetas amarillas, +por la greda del fondo. + +Pasaban algunos camalotes que servían a la niña como punto de mira para +saber si avanzaban hacia la costa, que no se veía ya, borrada por la +neblina. + +Dejó los remos un momento y armó la vela, que podía ser útil. Jesús, +en tanto, con alguna torpeza, pero con un incansable vigor, hacía +reaccionar la sangre de los miembros ateridos de Insúa. Gabriela se +acordó de sus provisiones; tenía pan, queso y carne fría, pero más que +todo habría valido un trago de cognac o de vino; pero no había en su +canasta. + +Insúa permanecía sin sentido; respiraba bien, echado de espaldas sobre +el fondo del bote. Para friccionarlo mejor Jesús le abrió la camisa, y +su ancho, musculoso pecho, manchado de sangre, se alzaba a compás de la +respiración. + +La vela se hinchó, pero el viento era escaso, y la joven debió empuñar +de nuevo los remos, alejándose imperceptiblemente del centro de la +laguna. El caballo de Insúa había desaparecido entre la niebla. + +Una hora larga tardó Gabriela en llegar a la desembocadura del arroyo +de Leyes, remando contra la corriente. El sudor le pegaba rizos de +cabello en la frente, enrojecida por la fatiga. + +--¡Jesús, no puedo más!--dijo al fin, y entregó los remos al muchacho y +ella se sentó, rendida, en el banco donde estaba apoyada la cabeza de +Insúa, sobre el poncho mojado, una de cuyas puntas le cubría el pecho. + +Gabriela conocía pocas personas en Santa Fe, pero aquellas facciones +varoniles, aquella línea audaz, casi ofensiva del mentón, que la barba +negra acentuaba con fuerza, no le eran totalmente desconocidas. + +¿Quién era? ¿Quién podía ser? + +De repente se acordó, como si un rayo hubiera hecho una repentina luz +en su memoria. + +--¡Insúa, Insúa!--pensó, asociando el recuerdo de algunas +conversaciones oídas a su marido en la última visita. Y se le ocurrió +que si aquel hombre estaba allí, herido, recogido en forma tan extraña, +era porque en Santa Fe había estallado esa noche la revolución, que se +temía, y lo habían vencido. + +¡Oh, los muertos, las preces por los muertos, que esa noche rezaron en +la estancia y aquella siniestra visión nocturna de los tres cuervos +sobre el árbol seco, a la luz de la luna! ¿Fué un sueño? ¿Fué un +augurio? ¿Fué un episodio sin sentido? + +Una terrible congoja le llenó el alma. Desesperada miró la vela que +el húmedo viento del Sureste apenas hinchaba. Debían marchar así, +remontando la corriente del río a fuerza de remos. Tomó una larga +percha que solía servirles en los bañados para impulsar el bote, +cuando no podían remar por falta de agua, y trató de ayudar a Jesús, +apoyándola en el fondo del río. Pero allí era profundo y el botador se +hundió sin resultado. Se sentó de nuevo, resignada a esperar su turno, +una vez que Jesús se rindiera de fatiga. + +--¿Estás cansado, Jesús? + +--¡No, niña! + +Las márgenes verdes pasaban lentamente, pero como el agua corría con +más fuerza, la ilusión era de que el bote no avanzaba. + +--Dame los remos, Jesús. + +--No, niña; no estoy cansado. Dentro de un rato. + +Debían de ser las doce. Insúa, dormido o aletargado, continuaba +inmóvil, envuelto siempre en sus ropas mojadas, y haciendo ver que +estaba vivo por el rumor de su respiración. No estaban ni a la tercera +parte de la distancia a la Casa de los Cuervos cuando Jesús soltó los +remos. + +--¡No puedo más, niña!--dijo con tristeza. Y Gabriela de nuevo comenzó +a remar.--La terrible incertidumbre de lo que en Santa Fe podía haber +pasado, aquellos sucesos desconocidos de que aquel hombre desmayado +en el fondo de "La Espuma" podía tener la clave, le daban una +desesperación que se transmitía a sus remos. + +--Se va a cansar--le decía suavemente el muchacho, cuya frente morena +brillaba sudorosa. + +Y así hicieron toda la jornada. + +Había cerrado ya la noche cuando llegaron a la vuelta del río, donde +estaba la Casa de los Cuervos. Un farol sobre la barranca les indicó el +sitio donde debían atracar. La negrita Encarnación tenía la luz y dijo +a Gabriela cuando la proa del bote tocó el fondeadero: + +--Don Goyo y los peones salieron a buscarla, niña. La señora está +llorando. + +Gabriela saltó a tierra. + +--¡Qué hay!--preguntó a Floriana, que al rumor de las voces salió de +las casas. + +--¡Ah, niña Gabriela! ¿No sabe lo que ha sucedido?--y se echó en tierra +gimiendo como un perro castigado. + +--¡Qué hay, Floriana! ¿qué hay, Dios mío?--y como aquella masa humana, +tendida en el suelo no tenía voz, sino llantos y gritos, corrió hacia +las casas, sintiendo crecer la angustia que la había atormentado y a la +vez sostenido en su ruda jornada. + +Y fué su madre a la que halló en el dormitorio, sentada junto a la +ventana donde esa noche rezaron por el alma de los muertos, la que +le dió la noticia que dos mensajeros del gobernador Bayo acababan de +traerle. + +Su madre refería aquellas cosas horribles, sin el más leve temblor en +la voz. La pieza estaba obscura, pero Gabriela veía lucir sus ojos en +la profunda sombra. + +Cuando lo supo todo, habló ella entre sollozos, y contó su aventura, y +aún tuvo fuerzas para decir que el hombre que había salvado era el jefe +de esa revolución que enlutaba la casa. + +--¿Y ese hombre?--preguntó lentamente doña Carmen cuando Gabriela +terminó su relato--¿está en el bote? + +--Sí. + +Y se abatió en su silla, con la frente pegada en los vidrios de la +ventana que daba al campo, donde la niebla, como un tul, esfumaba los +contornos de las cosas. + + + + +III + +La mano suave + + +La arboleda tenebrosa que rodeaba la Casa de los Cuervos parecía en la +noche un inmenso crespón. + +Doña Carmen de Borja llegaba de la ciudad a donde había dado el último +adiós a los restos de su hijo, y donde le contaron lo que se sabía de +su muerte. + +Habían pasado tres días ya, y sus labios permanecían plegados; ni +una queja le arrancaba el dolor, ni una imprecación contra los que +troncharon aquella vida que era el sol de su vejez. + +Al llegar a las casas ladráronla los perros, sin conocerla. Bajóse +del caballo que montaba, con gran maestría, y entró al comedor, pieza +vasta, desnuda y sonora bajo los pasos. Allí estaba su hija que la +esperaba con la ansiedad de conocer detalles de la inmensa desgracia +caída sobre ellas. Pero la madre no habló, y la hija se encerró a +llorar en la nueva alcoba que ocupaba, por haber cedido al inesperado +huésped la mejor de la casa. + +En la cena, que fué silenciosa y lúgubre, oyéndose afuera el medroso +rumor del monte y del río, y en la cocina el llanto inacabable de +Floriana, doña Carmen interrogó a Gabriela por el herido. + +--Tuvo mucha fiebre, y pasó sin conocimiento el primer día. Le lavé la +herida con agua de cepacaballo, y Jesús lo veló por la noche. Ayer de +mañana ya conoció y el día fué bueno. A la tarde le volvió la fiebre +que no lo ha abandonado en todo el día de hoy. + +--Es un hombre fuerte--murmuró la dama--y es joven. Yo lo conocí +niño--y después de una pausa:--hay que seguir lavándolo con lo mismo. +¿Cómo es la herida? + +Gabriela describió el balazo de Insúa, a la altura del hombro izquierdo. + +--¿Tiene adentro la bala? + +--Son cosas que no sé--respondió Gabriela pensativa. + +Doña Carmen mandó llamar al capataz y le dijo: + +--Mañana de madrugada, irás a llamar al cura de San Pedro; sabe de +heridas, y creo que ha sido médico en su tierra. + +Había impuesto desde el primer momento la orden más severa de guardar +el secreto del herido que ocultaban en la casa, porque sin duda la +policía podía enterarse y perseguirlo, y todos desde el capataz a la +negrita Encarnación, estaban mudos respecto de aquella aventura. + +Don Julián del Monte, el cura de San Pedro, un malagueño alto, fornido, +atezado como un visir, de ojos negros y fogosos, que contrastaban con +la suavidad de sus palabras y las huellas visibles de una edad que +podía estar entre los cincuenta y los sesenta años, llegó a eso de las +ocho de la siguiente mañana. + +Montaba bien, la sotana arremangada, y se cubría la cabeza, que +blanqueaba ya, con un chambergo negro. + +Nadie conocía la historia de aquel andaluz, que sin desmentir su raza, +era reconcentrado y suave, por temperamento o por voluntad, como si +temiera el exceso de las palabras. + +Sabían de él que ejercía con celo de apóstol su ministerio de párroco, +en una zona extensísima; que amaba los niños, que montaba bien y cazaba +mejor, y eso bastaba para que viviera respetado. + +A la hora en que él llegó, Insúa estaba despierto, y había saludado con +una sonrisa dolorosa a Jesús, que a la cabecera de su cama cuidaba su +sueño, mandado por Gabriela. + +Dos días antes, un momento vió el enfermo a la joven, y le quedó una +dudosa impresión de vergüenza y de dulzura por estar en manos de ella. +Después, la fiebre que era altísima le privó del conocimiento, pero +esa mañana sintiéndose mejor preguntó por ella a tiempo que ella misma +entraba con el cura. + +Insúa quiso incorporarse, mas al esforzar el brazo izquierdo lanzó un +grito, se recostó de nuevo, cerrando los ojos. + +--El dolor es más fuerte que yo--murmuró sonriendo. + +El cura se le acercó y le estrechó la mano: + +--Yo lo conozco de nombre y de fama, señor capitán, y vengo a ver su +arañazo. + +Y con mano experta desató las vendas puestas por Gabriela, que +observaba silenciosa, desde los pies de la cama. + +La herida era grande, a la altura del hombro izquierdo; la bala había +roto la primera costilla y perforado el omóplato, pero sin fuerzas para +salir, estaba perdida entre la carne y el hueso, a la espalda. + +El brazo estaba sano, pero falto de apoyo oscilaba como si hubiera sido +lesionado también, y a cada movimiento que se le imprimía, la cara del +enfermo se crispaba de dolor, mientras sus ojos imploraban disculpas a +Gabriela, que iba alcanzando al cura las cosas que le pedía. + +De un tajo rápido con una navaja de barba, abrió la carne y extrajo la +bala. + +--Ahora se curará, señor capitán--dijo después de lavarle prolijamente +con infusiones de hierbas y vendarle bien. + +Insúa no respondió; la fiebre volvía a apoderarse de él y lo hacía +delirar. Durante varios días la temperatura, indicio de una grave +infección, fué muy alta, y lo tuvo amodorrado. + +El cura venía de mañana, quitaba las vendas, lavaba la herida, ayudado +siempre por Gabriela, y luego se marchaba, a caballo, hasta la orilla +del río, buscando el vado, que no era frente a las casas, sino más +lejos, en los sauzales. Allí Jesús lo esperaba con la canoa, porque +el río estaba crecido y no daba paso a pie; desensillaban el caballo, +que cruzaba a nado, llevado de la rienda, por don Julián desde la +embarcación, hasta la orilla opuesta donde él mismo ensillaba, y tomaba +al galope el camino de San Pedro. + +Doña Carmen nunca entraba al cuarto del enfermo. + +Enlutada como antes, pero con un pliegue más hondo de dolor, en la +comisura de los labios, atendía prolijamente todas las cosas que con +él se relacionaban, y sin nombrarlo jamás, parecía tenerle a toda hora +presente. + +Al caer la tarde reuníanse en el oratorio y rezaban el rosario. + +La dama hacía coro, y aplicaba siempre las preces por el alma de los +muertos en la revolución. No nombraba a su hijo, como si hubiera temido +que le faltara la voz. + +Floriana rezaba plañendo, hasta que una noche doña Carmen le dijo: + +--Yo soy su madre, y no me lamento así. + +La mujer guardó silencio desde entonces, pero rezaba arrebozada en su +manto, y su cabeza temblaba con los sollozos incontenibles. + +Un día Gabriela dijo en la mesa: + +--Hoy ha amanecido sin fiebre. + +La madre la miró; pareció que iba a hablar, pero no dijo nada. + +--Sin fiebre y con hambre--agregó sonriendo un poco Gabriela, +íntimamente halagada de aquella curación que en parte se debía a sus +cuidados. + +Y esa tarde, Insúa que dormía tranquilamente por primera vez, quizás, +desde que estaba enfermo, abrió los ojos sin sueño ya, y vió a corta +distancia de su cama, sentada en una mecedora, a Gabriela que leía, +velándole. + +No hizo ningún movimiento para que ella no alzara los ojos del libro, y +se puso a examinarla despacio, saboreando su hermosura, más conmovedora +en su luto y en la tristeza que envolvía la casa. Entregado a esa +contemplación lo sorprendió la mirada de ella, que al volver una +página, quiso espiar a su enfermo. Se puso encendida viendo que él la +observaba, quizás hacía un largo rato. + +--Hoy no ha venido don Julián;--le dijo, cerrando el libro--ayer lo +encontró ya bastante bien... + +--¿Don Julián? ¿Quién es don Julián, señorita?--dijo él avergonzado de +que siempre se le hablara de sus dolencias; y luego recordando:--¡ah, +el cura! lo he visto en medio de la fiebre, y no me acordaba. + +--Ha sido médico en su tierra y por eso lo llamamos. + +--Tiene buena mano, pero no es a él, sin duda, al que más debo... + +--¿A quién entonces?--interrogó ella involuntariamente. + +--A usted, señorita... + +--Señora,--corrigió ella suavemente. + +--¡Ah!--dijo él recordando lo que el primer día que se vió en la Casa +de los Cuervos, le refirió el capataz. + +Y se quedó callado, evocando los recuerdos de la noche de la +revolución, que no había tenido tiempo de ordenar en su cerebro +fatigado, y que ya le parecían lejanos como un sueño. + +Un pesado silencio se hizo entre los dos. Afuera balaban los terneros, +porque era la hora en que Floriana ordeñaba las lecheras. + +Gabriela para escapar de aquella situación, que sin saber por qué +recónditos motivos la hacía callar a ella al mismo tiempo que a él, se +acercó a la ventana, y luego dijo: + +--No sé si un vaso de leche al pie de la vaca, le sentaría bien. Voy a +preguntarle a mama--y salió. + +El rumor de sus faldas se había apagado, y él, no obstante lo sentía +aún, como un apacible zumbido de dulces abejas. + +Tenía vergüenza, una profunda vergüenza de que una mujer tan hermosa +hubiera sido su enfermera en los largos días de fiebre, en que no era +dueño de sí mismo. + +¿Se habría quejado? A cada gesto que hacía para cambiar de posición un +dolor intenso en el hombro le obligaba a apretar los labios para no +gritar, y de todas sus miserias, aquella le parecía la más vergonzosa. + +¿Qué idea habían de formarse de él, los que le oyeran quejarse como una +mujer o un niño? + +Un rato después vino Jesús, con un tibio y espumoso vaso de leche, que +el enfermo bebió con desgano, y sólo porque el muchacho le dijo: + +--Que lo tome todo, me encargó la niña Gabriela. + +Insúa se quedó solo, mirando declinar el día, y con el oído atento a +los rumores de afuera, en que a veces venía mezclada la voz de ella. +Cuando la sombra invadió la arboleda, y en la estancia del enfermo se +hizo la noche, vino Gabriela con una lámpara, que le hacía resplandecer +el rostro y lucir los ojos garzos. + +--Usted me mima--le dijo él, y ella contestó cualquier cosa y se fué +dejándolo con la esperanza de que volvería a sentarse a su lado. + +Mas no volvió: dos o tres veces la sintió hablar en la galería +contigua, o en la pieza de al lado, y fué todo. + +Jesús le trajo una taza de caldo que bebió a disgusto por complacerla +secretamente. Volvióle la fiebre y pensaba que en aquella casa era un +estorbo su presencia, por lo cual debía partir al alba. Se lo dijo así +al muchacho, que lo miró extrañado y llevó la nueva a su ama. + +Cuando ésta vino, después de cenar, Insúa tenía la mirada febriciente +y estaba intranquilo, deseoso de quejarse no de dolor, sino de su mala +suerte, que lo tenía allí, clavado en el lecho, molestando a personas +a quien no conocía. Algo dijo al ver a Gabriela y ella dulcemente le +replicó: + +--No se preocupe de ello, lo cuidamos con gusto y no es molestia. + +Y con su mano pequeña y suave le tomó el pulso, y le palpó la frente, +con lo que él se aquietó. + +--Tiene fiebre; le voy a lavar la herida; como me ha enseñado don +Julián. + +Aquietado súbitamente por el halago de aquella mano, Insúa se resignó a +que ella misma hiciese de enfermera, tratándolo como a un niño que no +puede valerse, y conociendo de cerca su miseria. + +Y mientras ella le aseaba la herida, que iba cerrando aunque +lentamente, él que apelaba a todo su vigor para no exhalar un quejido, +volvió a sentir la vergüenza de que delante de la joven en las otras +curaciones que no recordaba, pudiera haberse mostrado flojo. + +Pareció comprenderlo Gabriela, sin que él hablara, y al terminar le +dijo: + +--Es usted un hombre fuerte, señor capitán. Dice don Julián que su +herida es terriblemente dolorosa, y usted no se queja. + +Insúa saboreó sin contestar la dulzura de aquella palabra, y esa noche +se durmió tranquilo, como si ella velara a su lado, olvidado de todas +las cosas que hacían singularmente penosa su presencia en la Casa de +los Cuervos. + + + + +IV + +La yerra + + +¿Era eso el amor? + +Su corazón había dormido tantos años, que ella pudo creer que el +letargo sería eterno, y he aquí, que en las más inverosímiles +circunstancias, como en un cuento de niños se prendaba de un hombre. + +Había mandado ensillar temprano su caballo, para salir al campo a +vigilar ella misma el trabajo de la peonada que recogía la majada, +porque se iba a parar rodeo. Su madre, amaneció con una fuerte jaqueca, +y ella debía sustituirla. + +Sobre el caballo era ágil y su talle fino adquiría una suprema +elegancia, hija de una larga costumbre. + +Había tomado la rienda y estaba a punto de saltar, ayudada por Jesús, +cuando Insúa apareció en la galería. Se levantaba hacía una semana y +aunque conservaba el brazo encabestrillado, no parecía un convaleciente. + +Se le acercó y le dijo: + +--¿Por qué quiere seguir tratándome como enfermo? Si manda que me +ensillen un caballo, puedo serle útil en el campo. ¿No sabe que es mi +oficio? + +Gabriela, sin pensar más, deseosa de complacerle, mandó ensillarle un +caballo, y algunos minutos después, partían los dos, al galope, hacia +el campo. + +No vió la joven aparecer en el cuadro de la puerta que daba al camino, +la sombría figura de doña Carmen de Borja, que al verlos salir juntos, +sintió una llamarada de indignación subirle al rostro. + +--¡Oh, Dios mío!--clamó llevándose las manos a la cabeza. Reprimió, +sin embargo, su disgusto, y volvió a sus quehaceres, como si para ella +fuera Insúa el mismo hombre que era para todos, en la Casa de los +Cuervos, donde se había ganado las voluntades. + +El galope de los caballos sonaba acompasado. Gabriela cerraba los ojos, +dejándose llevar, y sentía llenársele el corazón de una gran dulzura. + +¿Era eso el amor? Insúa le había dicho al salir: + +--Ya no es prudente que siga en su casa. Hace tres semanas que soy su +huésped, y por mucho misterio que se quiera guardar, no tardará el +gobierno en saber dónde estoy. Dicen que me hace buscar. + +--En nuestra casa, señor capitán, no pensará nunca. + +--Pero lo harán pensar. Yo debo irme ya. He mandado un chasque a +Alarcón. No crea, Gabriela, que es mi gusto... ¿sabe? siento alejarme +de esta casa, que ha sido un puerto para mí. + +--Habíamos quedado--murmuró Gabriela--en que no se acordaría más de eso. + +--No lo digo porque a usted le deba la vida. No le gusta que lo +recuerde, y cumplo mi palabra. Pero es que le debo más que la vida... + +--¿Qué es?--preguntó involuntariamente la joven, notando que él se +había callado. + +--Le debo la primera ilusión, que me ha hecho comprender realmente el +valor de la vida, que también le debo... + +El corazón de ella latió con fuerza, agitado sin duda por la carrera +desenfrenada de los dos caballos, que sintiendo suave la brida, volaban +sobre el campo verde. + +Se quedaron en silencio. Cruzaban el monte, chafando la hierba +quebradiza por la helada de esa noche, que había quemado la punta +de los pastos y llenado de escarcha como azúcar en polvo, las ramas +escuetas de los algarrobos y ñandubays, que despertaban al sol de la +hermosa mañana. + +De la última lluvia, había aún charcos en las hondonadas del terreno, y +estaban cubiertos de un frágil cristal de hielo, que saltaba en agujas +lucientes, bajo el casco de los corceles. Insúa contuvo al suyo. + +--¿Le hace mal galopar?--preguntó Gabriela, siendo esa su primera +palabra, después de lo que él le dijera. + +--No, Gabriela; pero quisiera alargar estos minutos que estoy con +usted; y me parece que el galope los acorta. + +Hablaba lentamente, repitiendo las palabras cuando no se oían bien, y +había una vaga tristeza en el timbre de su voz. + +Por primera vez en su vida apasionada, sentía la nostalgia de la paz. +Era una sensación penetrante y desconocida para él, que le hacía desear +que el tiempo no corriera, como si las cosas que habían de venir +hubieran de ser fatalmente tristes. + +Su espíritu positivo se había dejado envolver en la niebla de misterio +que flotaba sobre la Casa de los Cuervos, y su voluntad parecía +enervada. A media noche solía despertarse, y por la ventana, veía +en la misma rama seca a los dos cuervos dormidos, y sentía el rumor +inacabable de los eucaliptus, desvelados con el viento de la noche. + +Y pensaba en Gabriela, cuya hermosura era la única nota luminosa del +cuadro. ¿Pero cómo podía amarla él, que tenía sus manos bañadas en la +sangre de aquellos dos hombres que cayeron los primeros en la noche de +la revolución? + +Cuando le asaltaba el horroroso recuerdo, quería huir de la casa, +y siempre era ella en una forma o en otra, con su halago o con sus +razones, la que lo disuadía de un propósito que, en verdad, debía +rechazar. + +El gobierno le perseguía. Al principio se le dió por muerto, y días +enteros recorrieron la laguna y el puerto algunas lanchas, buscando su +cadáver. Después nació la sospecha de que vivía, oculto en los sauzales +con los paisanos matreros. Algunas patrullas merodeaban por las islas, +y aun llegaron a la Casa de los Cuervos. Insúa oyó una tarde el ruido +de los sables en la galería, y la voz tranquila de doña Carmen de Borja +que respondía a los hombres, quitándoles toda sospecha de que allí +pudiera estar el que buscaban. + +Desde ese día llamóle más la atención la actitud de la dama para con +él. Ni una sola vez había entrado en su cuarto durante la gravedad. + +Y después, cuando él se levantó, y salió afuera y pudo asistir a la +mesa y a la oración, y se multiplicaron las ocasiones de encontrarse, +parecióle observar en ella un especial empeño en esquivarle. + +Insúa se estremecía pensando que pudiera haber penetrado el horrible +secreto que de noche le desvelaba y le sugería la fuga. Pero si la +madre sabía, ¿por qué ignoraba la hija? + +--He mandado un chasque a Alarcón--volvió a decirle Insúa, mientras +cruzaban al tranco un alto pajal, que escondía el cuerpo entero de sus +caballos;--es necesario que me vaya, para no comprometerles. Mi gente, +además... + +Gabriela lo miró; a su corazón que bebía la dulzura de aquellas +palabras, en que a través de las ideas indiferentes se traslucía el +amor, llegó la onda amarga de una sospecha que a menudo le asaltaba: +Insúa preparaba una nueva revolución. + +Las miradas de ambos se encontraron: él vió en sus ojos una llama leal +como un rayo de sol, y se dejó vencer por la confianza. + +--Mi gente me espera, porque quiere vengar la derrota. ¿Será discreta? +Me dicen que en Santa Fe nuestros amigos están libres, porque no ha +habido pruebas contra ellos, y aunque se les vigila no tardarán en +alzarse de nuevo contra el gobierno. Y yo, usted lo comprende, tengo +que acompañarles... + +Dejó de hablar porque en el rostro de ella, animado un momento por +aquella confidencia, que era una prueba de amor, se pintó una gran +tristeza. + +--¿Qué le pasa, Gabriela? + +Habían llegado a la orilla del pajonal, y ella castigó su caballo que +partió al galope, seguido por el de Insúa. + +--¡Nada! no me pasa nada--respondió sin mirarlo.--Usted no tiene otro +pensamiento que la revolución. ¿No sabe el daño que me hace? ¿Piensa +alguna vez en los muertos? + +Como una puñalada sintió Insúa aquella respuesta. + +¿Así, pues, ella sabía lo que sabría la madre? Y aquel secreto que le +roía el alma, prohibiéndole dejarse mecer por las ilusiones que nacían, +¿no era ya un secreto? + +¿Qué iba a hacer? ¿Por qué ella lo había dejado acercarse, +envolviéndole en su gracia que lo embriagó como un vino jamás gustado? + +Galopaban los dos por la orilla del monte. De cada uno de los charcos +en que se deshacía la escarcha, irradiaba el deslumbrante reflejo +del sol, que se quebraba en los cristales de hielo. El cielo, puro y +desteñido, sólo hacia el horizonte mostraba un grupo de nubecillas +apelotonadas como un montón de caracoles rosados. + +Gabriela, impresionada por la hermosura de la mañana, sentía su corazón +pronto a fundirse como aquellas agujas de escarcha. + +Insúa marchaba detrás de ella, y como los pájaros enmudecidos por el +frío, callaban ocultos en las isletas abrigadas del monte, cuando +se apagaba el ruido de los cascos de los caballos, por cruzar algún +terreno arenoso, se oía el apacible gemido de la brisa que oreaba las +pajas brillantes de rocío. + +Gabriela refrenó un tanto su aparente fuga, y se dejó alcanzar por +Insúa, que galopó un largo rato a su lado sin decirle palabra. Ella +temblaba porque parecía pesarle ahora lo que había dicho. + +Intrigada por el silencio de él, volvió la cara y lo miró, y casi +dió un grito, porque fué un rayo de luz, y ante sus facciones +descompuestas, tuvo la evidencia de lo que hacía tiempo flotaba en su +alma como una sospecha. + +No necesitó que él le dijera nada para comprenderlo todo. Lo hubiera +leído en un libro, y no lo habría visto tan claro como en cada uno de +los gestos que recordaba de él, y que ahora se aclaraban para ella, su +reserva, su miedo al delirio de la fiebre, que podía comprometerle, +su disgusto cada vez que se aludía a la noche de la revolución en que +murieron su marido y su hermano, a quienes él nunca nombraba, como si +tuviera horror a su memoria. + +Tenía la clave de todo, y quizá también de aquella inexplicable +esquivez de su madre, que huía de encontrarse con él. + +¡Ay, Dios! y ella lo había dejado entrar en su alma. + +Todos los cuadros del campo, los rincones del monte, donde la arboleda +era más tupida, las cañadas llenas de varillas, las azules lagunas en +que bebía la hacienda, las barrancas del río, vestidas de carrizas, los +sauzales de la margen, todo tenía para ella una sugestión poderosa, +porque durante años había vivido en su amistad sembrando en cada uno de +los pliegues de la naturaleza, un poco de sus sueños de niña. + +Había pasado aquella época, y la cruda realidad de su matrimonio sin +poesía y sin amor, había ajado aquellas impalpables ilusiones que la +envolvieran como un velo de luz. Sin saber cómo, de pronto, por un +golpe teatral, su destino cambiaba, y volvía a agitarse en ella la +misma esperanza, a cuyo calor nacieran las ilusiones de antaño. Y su +sueño se rompía cruelmente. ¿Cómo podía amar ella a aquel hombre que +tenía sus manos teñidas en una sangre que le pedía venganza?... + +Al volver una isleta del bosque, donde el camino doblaba bruscamente, +los dos, que seguían marchando juntos, sin cambiar una palabra, +entregados a sus pensamientos, halláronse con la punta de la hacienda +que venían arreando los peones. + +Ese día estaba señalado para la yerra. Doña Carmen de Borja marcaba +todas las crías del año, para que no se confundieran con las de las +estancias vecinas, en muchas de las cuales no se usaba marca ninguna. + +La hacienda de doña Carmen no era muy numerosa. No obstante, un año +con otro pasaban bajo el hierro enrojecido al fuego, cuatrocientos o +quinientos terneros, que servían para reponer los animales vendidos o +carneados en el año y para aumentar el capital primitivo. La operación +era una fiesta, en la que se daban cita desde meses atrás, los peones +del contorno para prestar su ayuda y comer y beber con la abundancia +que caracterizaba esas ruidosas jornadas. + +Reunían la vacada en un vasto corral, de palo a pique, un poste de +ñandubay clavado contra otro y otro, de tal modo que ni los perros +podían disparar, cuando quedaban dentro, y allí uno por uno iban +sacando los terneros, para marcarlos junto a la tranquera. + +Al ver la hacienda que desembocaba, Gabriela se detuvo; Insúa caminó +algunos pasos y se detuvo también; estaba irritado consigo mismo, con +su propio destino, que parecía burlarse de él. + +La joven esperó que llegara el capataz, para comunicarle el mensaje de +su madre, y después cuando hubo pasado toda la hacienda rodeada por los +peones, desfilando lentamente, envuelta en una nube de polvo que se +doraba al sol, siguieron los dos, al tranco, detrás de todos. + +Los mugidos de los toros coléricos, por ir mezclados con sus rivales, +el balido de los terneros, que se iban quedando a la trasera, +contestando a las madres que marchaban adelante, los gritos de los +peones, persiguiendo a los animales que se escapaban del montón, los +ladridos de los perros, jadeantes y embravecidos, apagaban las voces, y +les sirvió de pretexto para no hablar. + +Cuando llegaron a las casas no habían cruzado una palabra. + +Ya a la puerta del corral, en una fogata que encendiera Floriana, tres +marcas de hierro con un pequeño mango de hueso en el extremo de la +barra, se estaban calentando. + +Don Julián, convidado a la fiesta, acababa de llegar. Se había puesto +una sotana vieja, color tabaco en el pecho y en los codos. Quería +estar pronto para ayudar a los peones en su ruda faena. + +--Vamos a marcar terneros, no más, porque no hay hacienda grande +orejana--le dijo don Goyo, cuando el cura entusiasta le dió un vigoroso +apretón de manos. + +--Lo siento, porque tenía ganas de desherrumbrarme las coyunturas. + +Abrió los brazos poderosos, y su ancho pecho se dilató, absorbiendo una +gran bocanada de aire frío, cargado del viscoso relente de las islas, +que la brisa empezaba a barrer. + +Insúa que llegaba en ese instante, lo saludó sin bajarse del caballo, y +los dos se quedaron allí, mirando los preliminares de la operación. + +Antes de encerrar la hacienda en la ensenada--nombre que daban al +extenso corral--era necesario apartar las vacas ajenas, que llegaban +confundidas, para no marcar sus terneros como si fueran de la estancia. +Cada uno de los capataces de los campos colindantes, designaba los +animales que le pertenecían y los peones entraban dando gritos, en +el montón, para apartarlos de allí, arreando o pechándolos con el +encuentro de sus caballos. + +Insúa silencioso, con el ceño fruncido, pensando a ratos en otras +cosas, miraba la escena que no lograba interesarle. + +Las vacas desorientadas, remolineaban entrando de a pequeños grupos en +la ensenada. Había más de quince hombres, que corrían revoleando los +taleros, y gritando: ¡huajá! ¡huajá!, alarido de guerra que enardecía a +los perros. + +El capataz conversaba con el cura, vigilando la operación; de cuando +en cuando daba un grito, y espoleaba a su caballo, un tostado fogoso, +mojado en sudor, que volteaba un novillo de un pechazo. + +El espacio en que se paraba el rodeo era amplio, libre de árboles, +para que la gente pudiera correr sin riesgo, roída la hierba en el +sitio en que acostumbraba detenerse la hacienda, visible la tierra +negra, floja y lodosa, por el chapaleo de las pezuñas. El contorno era +verde, tapizado de pasto que la helada de esa noche había ennegrecido a +trechos. A poca distancia, la punta del bañado, cubierta de camalotes, +parecía continuar el campo terso y firme, pero cuando algún peón +siguiendo un animal fugado del rodeo, se metía hasta allí al galope, de +cada pata del caballo se alzaba un surtidor de agua, que semejaba un +chorro de plata a la luz del sol. + +En las violentas curvas que la faena obligaba a hacer, conforme el +capricho del animal que perseguían, los caballos en su impetuoso galope +se tendían como si fueran a caer de costado. + +En el aparte de la hacienda ajena, una de las vacas de doña Carmen de +Borja huyó dando botes, la cola alzada y tiesa, y dos hombres se fueron +tras ella, para volverla al corral. A la distancia en la llanura, sin +términos de comparación, sus siluetas comenzaron a achicarse. + +De pronto el animal fugitivo, fatigado quizás, se detuvo en seco, y uno +de los peones, sin tiempo para desviar su montura cayó como una tromba +sobre él, y rodaron por tierra. + +--¡Huajá!--gritaron desde el rodeo al verlo caer, y se oyó la +contestación del paisano que respondía de lejos, levantándose y +volviendo a montar: + +--¡No es nada, hermanos! ¡Siga la farra! + +Por las orillas del rodeo circulaba la yeguada, dando vueltas, oyéndose +apenas el ruido del cencerro de la yegua madrina que marchaba adelante, +y detrás de ella, desfilando una a una, toda la manada, los potrillos +al lado de las madres. + +Más allá era la serenidad de la naturaleza, que trabajaba en silencio +la vida de todos, bajo el toldo azul del cielo invernal. + +Insúa comparaba esa indiferencia de las cosas, en que durante tantos +años había vivido, dejándose penetrar por su belleza tranquila, con +la fiebre de la interna batalla a que de golpe lo había arrojado el +destino. + +¿Quién hubiera creído de él aquella repentina pasión que empezaba a +morderle como un can rabioso? + +¿Y ella? ¿No era ella la misma la verdadera culpable de que él se +sintiera irresistiblemente arrastrado por aquel amor que era como una +burla trágica a todas las nociones de honor que imponían y aceptaban +las gentes? + +La vió llegar al rodeo, acompañando a su madre, que le saludó con la +inexplicable esquivez de siempre, poniéndose a hablar con el capataz +sobre la yerra que iba a comenzar. + +Gabriela tenía los ojos lucientes, como si hubiera llorado, y en el +rostro llevaba la marca del horror, por lo que había adivinado. Insúa +esperó, la cabeza agachada, mirando al suelo, que parecía temblar con +el tropel de la hacienda. La joven llegó hasta él, y sencillamente le +dijo: + +--Ha llegado Alarcón. El que usted esperaba para irse. + +Y aquellas sencillas palabras, cayeron en su corazón como una +sentencia. Debía partir; ella se lo decía. + + + + +V + +El secreto + + +En la alta noche, doña Carmen de Borja, sintiendo quieta a su hija, que +dormía en su cuarto y que en un principio había aparecido intranquila, +se levantó sin ruido, fatigada de esa cama en que no podía conciliar el +sueño, y arrebozada en un manto, se llegó hasta el comedor. + +Las tinieblas que reinaban allí, el silencio temeroso de su soledad, +roto bruscamente por el crujido de las maderas de algún mueble, la +atmósfera impregnada aún con el vaho de la cena, todo le inspiró el +deseo de respirar el aire frío y puro de la galería. + +Corrió los pasadores de la puerta y salió. + +No había luna, pero las estrellas dejaban caer sobre la tierra el +discreto resplandor de su luz cenicienta, buscando entre el follaje de +los eucaliptus dormidos, alguna abertura para llegar hasta el suelo. + +Todo reposaba; en los árboles, los raros pájaros que desafiaban el +invierno; las bestias en el campo; las ovejas en el corral; los +perros, alerta el oído para sorprender los rumores sospechosos, que se +agrandaban con el vasto silencio, dormían amontonados, en la cocina; un +cuzquito lanudo, se había trepado sobre el fogón y roncaba suavemente, +con el hocico pegado a la ceniza tibia del rescoldo. + +Y en la rama de siempre dormían los cuervos que la dama no podía ver, +pues quedaban del otro lado de las casas. + +Aquella calma apaciguó sus pensamientos tumultuosos, y le trajo a la +memoria con más nitidez que en toda la velada la palabra del cura, a +quien esa tarde llamó al oratorio, para confiarle su tremenda angustia. + +--¡Padre!--le había dicho, arrodillada a los pies de él, que la +escuchaba sentado en un viejo sillón de cuero, la cabeza apoyada en la +mano.--¡Padre! Mi pobre Carmelo ha sido muerto por él; Jarque también, +y él, ahora, ama a Gabriela, que no puede saber nada de este horrible +secreto, que me pesa como una lápida. Yo habría querido equivocarme, +pero cada día estoy más segura de que ella también lo ama. ¿Por qué, él +que sabe cuál es su crimen, ha venido hasta aquí, y ha turbado la paz +de mi casa con ese amor que es otro crimen? + +Doña Carmen se puso a sollozar, y el cura, con su voz llena y viril, de +maestro que indica la senda, le dijo: + +--El amor puede adueñarse del hombre, sin que esté en su mano +libertarse. + +--Así es; también lo pienso yo,--respondió la dama. + +--¿Sabía él que aquí vivía la viuda de Jarque? + +--No, padre. Mi hija lo salvó, cuando se estaba ahogando y lo trajo +en su bote. Volvió al conocimiento estando ya en esta casa, y yo no +supe quién era el que así recibíamos como un huésped, digno de nuestra +caridad, sino cuando ya era tarde para cerrarle la puerta. Dos días +pasé en la ciudad, preguntando cómo fué la muerte de mi Carmelo; para +algunos era un misterio, pero no faltó quien me hiciera el relato. +Cuando volví a mi casa, el horror de cuidar a ese hombre que veía +ensangrentado con la sangre de mi hijo, me hizo egoísta y abandoné la +tarea a Gabriela, que lo ignoraba todo. Nunca pensé en lo que jamás +debí descuidar. Ella ha vivido triste, como una viuda, toda su vida; +ha presentido el amor, pero no lo ha gustado, porque su matrimonio +no llenaba su corazón. Y libre, por la muerte de su marido, aquel +hombre a quien había salvado, que era cortés y hermoso, que tenía el +prestigio de un soldado valiente, y que empezaba a amarla sin que yo lo +supiera, no podía menos de entrar en el alma de mi hija. Y así fué; yo +he comprendido que si él la quiere, sinceramente, como creo, ella está +embriagada por un amor que es lo que había soñado. + +--¿Y ella? ¿Ella... puede saber?--preguntó el cura con un ligero +temblor en la voz, porque recordó que esa mañana, en el rodeo, algo +extraordinario revelaban los gestos de Gabriela, cuando se acercó a +Insúa. + +--Ella no puede saber--respondió la madre;--si lo hubiera sabido en un +principio, no habría llegado a enamorarse de ese hombre. Y ésa es mi +culpa no habérselo dicho. El crimen es de él, que sabiéndolo se llegó +a ella y la amó. ¡Santo Dios! me tiembla el corazón y me parece oír, +cada vez que pienso en esto, que mi pobre Carmelo se lamenta de que así +hayamos vengado su sangre. + +--La venganza--murmuró el cura--es miseria nuestra. Las almas de los +muertos, que han visto a Dios, no pueden sentirla ni desearla. + +--Y ahora--prosiguió doña Carmen--me aflige el presentimiento de las +cosas que pueden ocurrir, si Gabriela, que está enamorada, llega a +saber qué abismo le separa de ese hombre. Yo soy su madre, y le debo +ahora una dicha que antes por motivos egoístas no le dí. Su padre +quiso casarla, ella consintió, porque era buena y sumisa; y yo, que +debía oponerme, pues conocía su alma, y sabía sus sueños, no me opuse, +y también consentí. Fué su desgracia, quizás por culpa mía. Ahora no +tengo valor para contrariar de nuevo sus ilusiones, y prefiero guardar +para mí el horrendo secreto, que conozco sin que nadie sospeche. + +Con sus manos finas y largas, se tapó el rostro descompuesto por el +dolor y murmuró sofocando el grito de venganza que se alzaba en ella: + +--¡Oh, mi Carmelo, mi Carmelo! + +Don Julián tenía, no obstante su aparente simplicidad, una larga +experiencia que le hacía discreto y sagaz en sus consejos, y humano +por encima de todo, en cuanto se lo permitían sus rígidos principios +religiosos y morales. + +Aquello que le confesaba la dama, no era todo misterio para él, que +había husmeado el secreto que pesaba sobre ella en su propia esquivez, +y en la sombría reserva de Insúa, cuando se comentaba la noche de la +revolución, en que lo hirieron. + +Conocía también los sueños de Gabriela, rotos por aquel matrimonio +sin amor, que fraguó su padre, y alguna vez había temido que la +desesperación entrara en el espíritu romántico de la joven, confinada +en el estrecho horizonte de la Casa de los Cuervos. + +Pensó también que Insúa no era en realidad un criminal, sino un +combatiente que se defiende o ataca, sin odio y sin más propósito que +la victoria para un ideal, y que habría sido injusto equiparar su culpa +a la de un hombre que hubiera muerto al marido para casarse con la +viuda. + +--¿Cómo llegaron a usted los detalles de la muerte de su hijo y de su +yerno? ¿Quién le contó? ¿Hay muchos que lo sepan?--interrogó el cura a +doña Carmen. + +Y ella entonces le hizo el relato. En la noche del entierro en casa de +una parienta, un indio se acercó a contarle con toda reserva lo que sus +ojos habían visto. Nadie más--le dijo--sabía nada de aquello, y nadie +debía saberlo, era el nombre del que había quitado la vida a Carmelo +Borja y a Braulio Jarque. + +--¿Y ese indio quién era, y qué interés tenía en decírselo a usted y en +callarlo a los otros? + +--Era uno de los revolucionarios, que en los primeros momentos había +pasado inadvertido, pero que deseaba ganarse mi voluntad para que +yo influyera ante el gobernador, mi pariente, si acaso llegaban a +prenderle. + +No quería huir, porque había desertado y los compañeros se vengarían; +conocía los secretos de la revolución; había presenciado la lucha de +Insúa, y estaba resuelto a callar, pero que el capitán no lo castigara +si algún día se sabía por él el horrendo secreto. + +La madre siguió acumulando los detalles del relato que el indio le +hiciera, mientras don Julián pesaba en su conciencia el bien y el +mal que podía haber en esconder a todos el secreto que el acaso o la +providencia ponía en sus manos, y dejar que las cosas siguieran sin +violencia su curso natural. + +Cuando la dama se alzó del reclinatorio en que había hecho aquella +confesión que revolvía todos sus dolores, su corazón estaba sometido a +lo que pudiera ser la voluntad de Dios. + +Pero esa noche la soledad o el silencio, que envolvía la casa dormida, +despertó de nuevo en ella la rebelión que la palabra del cura había +apagado. Escuchaba la voz de su hijo muerto, que clamaba por el crimen +que se iba a consumar, permitiendo aquel amor, y todo lo que en ella +había de humano se sublevaba sintiendo aquel lamento, que turbaba su +sueño. + +Se levantó, por eso, y buscó la calma de sus nervios paseándose en la +galería, donde la infinita quietud de la noche apenas turbada por el +rumor del agua del río, volvió la paz a su espíritu. + +Y mientras ella paseaba, temblando de frío, creyendo a su hija dormida, +ésta incorporada en su lecho, llena de espanto, veía por el postigo +abierto de la ventana pasar y repasar la sombra de su madre. + +La había sentido salir, y tuvo vergüenza de hablarla, porque también +su conciencia era como un mar agitado, en que luchaban el nuevo amor, +con todas las fuerzas de su vida naciente, y el sentimiento de aquella +venganza que ella debía ejercer para acallar la voz de los muertos. + +¡Oh, si su madre supiera--pensaba--que ella estaba a punto de doblarse +como una caña ante el huracán de la pasión! + +Y volvía a hostigarla aquella duda: + +¿Ignoraba su madre lo que ella adivinó esa mañana? Si ignoraba, ¿por +qué huía de su huésped como si le horrorizara su vista? Y si sabía, +¿por qué había callado, por qué no se llegó hasta ella, para detenerla +al borde de este amor que era un crimen? + +Con los ojos dilatados en la oscuridad, crispadas las manos sobre las +cobijas, estuvo un largo rato dudando si debía saltar de la cama, para +ir hacia su madre y pintarle su tortura. + +A esa misma hora, otro pensamiento hacía su misma dolorosa jornada. + +Insúa se había acostado temprano, con el pretexto de su partida que +sería al alba, pero en realidad por no encontrarse más con Gabriela, +cuyas palabras al anunciarle la llegada de Alarcón le quitaron toda +esperanza. + +Antes pensaba con pena en el momento en que abandonaría la Casa de los +Cuervos, para acompañar a sus amigos en la nueva campaña que se iba a +emprender. Y ahora, lo veía llegar como un alivio, y su partida era una +fuga, de aquellos lugares en que se había encendido la primera ilusión +de su vida. + +Se estremecía de horror ante la evidencia de que ella esa mañana leyó +en sus ojos la verdad que fué su pesadilla en sus horas de fiebre. +¿Cómo había llegado a comprender ella la maldición que pesaba sobre él? + +¿Pero había comprendido en efecto? ¿Sabía que era viuda por él, que no +tenía hermano por él? + +Revolvía en su memoria todos los detalles de ese día, y serenábase +como un lago su alma atormentada, recordando que esa noche, después de +la cena, al despedirse de Gabriela, mientras sus labios le temblaban, +balbuceando la despedida, ella lo envolvió en una profunda mirada +dolorida, que fué su primera confesión de amor. + +En la insomne noche, parecíale que los ojos luminosos dejaban caer +sobre él una apacible luz de perdón, porque habían comprendido que +era su destino, y no su voluntad, el que había tejido aquella intriga +siniestra. + +¡Ay! ¡pero a esa intriga debía ella su libertad de amarle! + +Alarcón hasta altas horas de la noche le estuvo relatando, en voz baja, +las circunstancias en que se preparaba la revolución. + +El gobierno estaba alerta como nunca, y deseoso de tomar represalias +que curasen de raíz aquella perpetua zozobra en que le obligaban a +vivir. + +Con la muerte inopinada de Jarque había perdido todas las pruebas +con que hubiera podido caer sobre los cabecillas. Ni contra Cullen, +ni contra Montarón, ni contra ninguno de los conjurados que en la +noche del baile debían apresar a Iriondo y a Bayo, se pudo probar +nada en concreto. Ellos mismos, al ver cómo Iriondo escapó de las +manos de Insúa, invirtiéndose los papeles y teniendo éste que huir, +permanecieron quietos, en una actitud que podía ser sospechosa para +los que poseían los hilos de la conjuración, pero que no tenía nada de +hostil contra los hombres del gobierno, que aguardaron en la casa de +Montarón, llena de tropa, el fin de la refriega que se libraba en la +plaza. + +La muerte de Jarque, el adversario más temible que tenían los +opositores, alentóles a vengar cuanto antes aquella derrota, y +sigilosamente, aleccionados por la experiencia de sucesos, en cuanto +recibieron noticias de que Insúa vivía, empezaron los preparativos de +la nueva revolución que había de terminar sangrientamente en la batalla +de los Cachos. + +Oyendo a Alarcón, Insúa podía medir el cambio profundo que en esos días +se había producido en él. Ya esas cosas parecíanle sin sentido. + +¿Qué le importaba a él quién gobernara, si el poder se le presentaba +como la más estéril de las vanidades? + +Pensaba en su drama interior, cuyo desenlace no podía prever y sentía +deseos de entrar en la acción, buscando en la lucha el reposo de su +corazón y de su conciencia atormentada. + +Cuando Alarcón se durmió, comparó la serenidad de aquel sueño, con +el suyo agitado por la fiebre de ese imposible amor. Y sin embargo, +los ojos de ella, que no podían haberle mentido, le habían hablado de +perdón. + +Faltaba mucho aún para el alba, cuando despertó a su compañero para que +fuera a ensillar los caballos, que habían dejado en el corral de las +vacas a fin de tenerlos cerca. + +Alarcón había dormido sobre un apero de montar, y comenzó sin ruido a +juntar las caronas, mientras Insúa se vestía, precipitadamente, sin +decir una palabra, dejando traslucir en sus gestos la impaciencia de +aquella partida, que era como una fuga en medio de la noche. + +Dominado por su propia voluntad imperiosa, ya no pensaba más que en sus +amigos, en su deber, en la lucha. + +Su pequeña maleta pronta, abrió la puerta que daba a la galería, y +salió antes que Alarcón. Encandilado por la luz de adentro, no vió la +sombra huraña de doña Carmen de Borja, que aún se paseaba por allí, +escabulléndose hacia el comedor. + +Llegó hasta el patio, cuya tierra endurecida, apenas mojaba el rocío, y +sintió en la avenida de los eucaliptus el áspero graznar de los gansos +que advertían su presencia. + +Hacía un frío intenso, mas no fué ese frío el que le hizo temblar, +corriéndole por la médula de los huesos. En la sombra siniestra de la +arboleda, a donde había llegado, ansioso de movimiento, percibió el +susurro de las alas de uno de los cuervos, que pasó rozando su cabeza. + +Supersticioso como era tuvo miedo, aunque en la nueva aventura no podía +jugarse más que la vida, que ya apenas le importaba. Para calmar sus +nervios, sintiendo pasos y creyendo que era Alarcón se echó a reír, +dispuesto a contarle el motivo de su pueril recelo. + +Se volvió, y oyó la voz de Gabriela que le hablaba en la sombra donde +apenas se veía su grácil figura. + +--¿Se vá? + +--¡Oh, Gabriela! ¿por qué ha venido?--respondió él, como un reproche, +estremecido de gratitud hasta el fondo de su alma. + +--No le había dicho adiós--dijo ella con dulzura--y era de mal augurio +dejarlo partir así, como si huyera de la casa. + +Insúa se le acercó y le tomó la pequeña mano temblorosa. + +--Es como una huída, en verdad... + +--¿Y por qué?--interrogó ella, vencida en su largo insomnio por el +amor, y resuelta a guardar su terrible secreto. Con tal que él no +supiera que ella sabía de aquel abismo de sangre que les separaba, ¿por +qué no había de amarlo? ¿Cómo podía él nunca sospechar que ella fingía? + +Él le contestaba: + +--¿Para qué había de quedarme? Ayer le dije que a usted le debía la +primera ilusión de mi vida. Ahora... + +--¿Ahora qué?--preguntó ella ansiosa, sintiendo que vacilaba y que +temblaban sus manos. + +--Ahora esa ilusión se ha desvanecido. Mi vida no tiene sentido ya; +usted misma ayer me lo dijo, anunciándome la llegada de Alarcón. "Ha +venido el que esperaba para irse". ¿No fué así? + +--Ayer sí, ayer fué así;--dijo con reprimida vehemencia la joven.--¡Hoy +no! ¡hoy no! ¿Por qué se ha de ir? + +--¿Y por qué había de quedarme? + +Y ella en un relámpago de voluntad, sintiendo que él no hablaría nunca, +desconfiando quizás de que ella hubiese penetrado su secreto: + +--¿Si yo se lo pidiera...? + +--¡Oh, Gabriela! + +--¿Se quedaría? + +De nuevo sintióse pasar el cuervo, echando sobre sus cabezas un viento +cargado de tufo salvaje. Pero ninguno de los dos tuvo miedo. + +Ella dijo simplemente: + +--Cuando vuelan los cuervos de noche es que alguien se acerca. + +Después hablaron, y la confesión del escondido amor brotó con fuerza, +como una llama que disipó en sus corazones el frío y la niebla de las +angustiosas horas pasadas. + +Cuando volvió Alarcón trayendo los caballos, Jesús había llegado con un +farol, y alumbraba el sitio. Empezaron a ensillar. Insúa hablaba con +Gabriela, en voz baja, mirando su rostro que la luz rojiza del farol +alumbraba como una de las estampas del oratorio. + +Graznaron otra vez los gansos, y el ladrido de los perros confirmó lo +que anunciara uno de los cuervos. Sintióse la voz de un hombre que +decía: + +--Manso, Batallón, Cuzco, ¡soy yo, ¡soy yo!--aplacando a los perros que +conociéndole dejaron de ladrar. + +Llegóse él hasta el grupo, y Gabriela dijo: + +--Es el ovejero. + +Era un viejito descarnado, pequeño, ágil aún, vestido miserablemente, +con una vieja chaqueta azul de militar y un cuero de oveja sujeto a la +cintura con una huasca. + +Saludó con voz apagada y acercándose al capataz, que en ese momento +aparecía, le contó en voz baja que esa noche había llegado al rancho +donde él vivía, a una legua de distancia, un hombre que parecía andaba +sobre el rastro del capitán Insúa. + +--¿Cómo es ese hombre?--preguntó Insúa oyendo aquello. + +--Aindiado, capitán; quizás indio de veras. + +--José Golondrina--murmuró Alarcón. + +--Entonces habrá que hacerle venir--dijo Insúa. + +Alarcón que cinchaba su caballo, dejó el correón y se volvió hacia el +capitán. + +--Será mejor que no sepa donde estamos. + +Lo dijo como para que Insúa no más lo oyera. + +El ovejero continuó: + +--Por lo que me ha parecido entender, no es de los revolucionarios, +más bien del gobierno. Entró en mi rancho, al anochecer; me pidió +carne y le dí media pierna de oveja. Me dijo que era poco y me compró +un costillar. Salió para el monte, diciendo que iba a ponerlo en las +alforjas. Yo creo que no era así, y que alguien, que no quería dejarse +ver, lo esperaba allí. Tal vez son varios los compañeros; el perro que +tengo ladró toda la noche, estando ya ese hombre en el rancho. Cuando +lo ví dormido, me salí, y aquí estoy avisándoles y para lo que gusten +mandarme. + +Hablaba despacio, con voz monótona, pero se adivinaba en sus ojos +chispeantes, a pesar de la calma de sus facciones, la sagacidad del +paisano, que lee las intenciones en la cara más impasible. + +Un momento Insúa había tenido la intención de quedarse en la Casa +de los Cuervos para ganar mejor aquella alma que se venía a él, y +averiguar si doña Carmen de Borja, huraña con él, se negaría a darle su +hija. Mas al oír hablar al ovejero comprendió que el gobierno estaba +sobre su pista, y que José Golondrina servía sus planes. Tenían, sin +duda, la consigna de llevarle vivo o muerto, y aunque habría sido su +gusto pelear contra la patrulla que sin duda acompañaba al indio, cedió +al pedido de Gabriela que mandaba ya en él, y resolvió huir, dejando +la promesa de volver y llevando la gran esperanza que ella había +encendido en su corazón. + +Y así, cuando estuvieron ensillados los caballos, besó la mano que +Gabriela le tendía, y con el capataz que había de guiarles hasta +el vado, en donde estaba la canoa para pasar el río, crecido aún, +partieron al galope, haciendo resonar en la noche la tierra endurecida +por la helada. + +Gabriela siguió con la mirada ansiosa las siluetas que pronto se +perdieron en la sombra. + +Estaba próxima el alba y ya los cuervos revoloteaban desde su árbol +al corral de las ovejas, que empezaban a balar, por el frío de la +madrugada, y al entrar en la galería, sintió Gabriela el susurro de las +alas de uno de ellos que pasaba rozando el muro. + + + + +VI + +Sobre las huellas de Insúa + + +A pie, cruzando por los atajos del monte, en la niebla precursora del +alba, llegó ñor Basilio, el ovejero, al rancho en que vivía solo, desde +hacía veinte años. + +De lejos vió la llama del hogar, encendido por su huésped de esa noche. +Cuando entró, hallólo sentado sobre la osamenta de una cabeza de vaca, +atizando el fuego que ardía sobre el suelo de tierra en medio del +rancho. En una "pava" de hierro, ennegrecida por el hollín, empezaba a +calentarse el agua para el mate. + +--¡Buenos días!--se dijeron sin mucha efusión. + +Ñor Basilio sacó de un rincón una especie de morral de cuero, donde +guardaba la yerba y el azúcar, tomó el mate, vaciado de la yerba +vieja, y empezó a cebar, tasando con escrúpulo, los ingredientes del +rico desayuno. Era sumamente pobre, cuidaba de la majada a un tanto +por ciento en las crías, y sólo cuando vendía la lana de la esquila, +hacíase de algún dinerillo para yerba y azúcar. Tabaco no compraba; +cultivábalo él mismo en un cuadrito rodeado de ramillas para librarlo +de algunas gallinas que a esa hora empezaban a esponjarse, ante el día +que llegaba, en una ramadita a la vera del rancho. + +José Golondrina, silencioso, sentado en la osamenta, miraba ir y venir +al ovejero que preparaba el mate. Lo vió ponerse en cluquillas al lado +del fuego, y coger la pava, que borbotaba con el hervor del agua, y +brindarle enseguida el primer mate. + +--¡Sírvase! + +El indio, callado siempre, sorbió el contenido del mate, y al devolver +la pequeña vasija, lustrada por los años de uso, dijo a ñor Basilio con +una leve intención: + +--Yo soy madrugador, pero usté me gana. + +--Así parece,--contestó el otro. + +--Esa sendita que se ve entre las pajas, ¿va a la Casa de los +Cuervos?--y señalaba una raya clara trazada en el pastizal. + +--¿Tiene viaje para allá?--interrogó el viejo. + +El indio movió la cabeza sin decir nada. + +--Si quiere lo acompaño para que no se pierda en el monte. + +--No he de perderme--respondió José Golondrina.--Yo soy baqueano de +estos campos, aunque hace años no vengo. + +--Nunca lo vide por aquí--observó el ovejero, dándole otro mate. + +El indio se puso de pie y salió del rancho. Afuera ya el alba iluminaba +el paisaje con su luz cenicienta. + +Una bandada de patos "siririses", pasó silbando por encima del rancho, +y José Golondrina se estremeció, porque era un buen cazador al vuelo. + +--Qué tiro se ha perdido--dijo; mas no oyó que ñor Basilio le +contestara nada. De cuando en cuando se miraban los dos, como si el uno +desconfiara del otro. Cuando se encontraba con los pequeños ojuelos +interrogadores del dueño del rancho, bajaba la cabeza, como si algo se +le hubiera caído. + +--Voy a ensillar--dijo, concluyendo el tercer mate, que tomó arrimado a +la puerta. + +En ese momento, sobre la nítida raya del horizonte, sobre la infinita +llanura de la isla de enfrente, apareció el disco rojo del sol, y el +inmenso paisaje pareció vibrar herido por su luz. + +El gallo cantó batiendo ruidosamente las alas, y escarbando la tierra +dura como una arcilla quemada, frente a la puerta del rancho. + +Ñor Basilio salió con el mate en la mano, para espiar las andanzas de +su huésped. Por lo que había oído esa noche, el personaje no era de +mucha confianza. + +Lo vió cruzar el pajonal, que ondulaba al sol, con reflejos plateados. +A lo lejos, a un tiro de fusil, en la orilla del monte, se veía el +caballo que dejara el indio, maneado y sin freno, para que paciera a su +gusto en la noche, alerta, relinchando al dueño que se le acercaba. + +José Golondrina lo enfrenó, quitóle la manea, y montó en pelo, para ir +hasta el rancho, en busca de su apero, que le sirvió de cama. Antes, +sin embargo, se internó en el monte, obscuro aún con la sombra alargada +de los árboles. + +--Va a avisar a los compañeros--pensó el viejo.--Este hombre anda en +malas andanzas. Que Dios lo ayude. + +Y se metió de nuevo en el rancho, satisfecho de haber llegado a +constatar que el indio no andaba solo. + +Media hora después, cuatro hombres a caballo, cruzaban el tupido +algarrobal, siguiendo un sendero abierto entre la hierba profusa, por +el paso de hacienda, en dirección a la Casa de los Cuervos. + +Uno de ellos, José Golondrina, marchaba adelante de los otros, +sirviéndoles de guía. + +Eran dos soldados, sin otro distintivo que la gorra, el sable y +carabina, y un alférez, jovencito y rubio, como un extranjero, embozado +en una capa de paño azul, con forro de bayeta roja, por debajo de cuyos +bordes aparecía la extremidad de la espada. + +--Dicen que es bonita la viuda de Jarque--díjole sonriendo uno de los +hombres que marchaba a su lado. + +El alférez, que venía pensando en ello, alzó la voz dirigiéndose a José +Golondrina, que apenas se volvió: + +--¿Quién la conoce? ¿Vos, indio? + +--No, mi alférez. + +--Es lástima; podrías darme datos. + +Siguieron al trote, distinguiéndose del ruido sordo de los cascos en la +hierba ennegrecida por la helada de la noche, el ruido de los sables +que se golpeaban. + +José Golondrina revolvía sus viejas memorias. Pensaba en su tribu, en +su obscuro destino, en su fortuna, si aquel hombre, que iban a buscar +moría. + +Había hablado con el gobernador Bayo en la ciudad, y sin confiarle el +motivo de su odio, habíase hecho el eje de la persecución del gobierno +contra Insúa, de cuya existencia tenían ya indicios seguros. + +En la noche de la revolución, él, que hiciera fuego sobre su jefe, +debió huir y refugiarse en la primera casa, cuyas tapias pudo saltar, +para escapar a la saña de los milicianos vencedores, que pasaban +sableando a los revolucionarios fugitivos. + +Aquella casa era de los parientes que dieron hospedaje a doña Carmen de +Borja, cuando llegó de la estancia para enterrar a su hijo, que allí +se veló. + +En el tumulto de la gente que acudió el primer día, pasó el indio +inadvertido, pero después lo apresaron, y entonces aprovechando la +circunstancia de conocer el secreto de la muerte de Carmelo Borja, por +lo que oyera la noche de la revolución, logró hablar con su madre, +y revelóselo, y en cambio de aquella revelación que había de ser la +pesadilla de la infeliz mujer, le pidió que hablara a Bayo en su +nombre, para que le dejaran libre. + +Cuatro días pasó en un calabozo, con las piernas en la barra de +grillos, solo, temblando de frío, cuando una mañana, el gobernador en +persona, llegó hasta su prisión deseoso de hablarle. + +Sabíase de la muerte de Insúa, mas no se había dado aún con su cadáver, +por lo cual, José Golondrina, que era desconfiado y astuto, tuvo la +sospecha de que había escapado vivo de sus perseguidores, para quienes +la noticia de que habían logrado concluir con el temido caudillo fué +ocasión de un premio. + +--No debe haber muerto--dijo el indio al Gobernador, que le escuchaba +de pie, junto a la barra de grillos.--Si el señor quiere, yo daré con +él. + +--Si está vivo--contestó Bayo.--¿Y si está muerto? + +--Daré lo mismo con su cuerpo. + +El aire sombrío e inteligente del preso, interesó a Bayo, que lo mandó +poner en libertad, y le encargó de la pesquisa. + +Con una patrulla recorrió José Golondrina el río, la laguna, los +sauzales de las islas, y llegó hasta la Casa de los Cuervos, cuando +Insúa estaba allí, luchando aún con la muerte. + +Doña Carmen de Borja habló con el indio, disipando su sospecha, y él +la creyó porque nunca habría imaginado que aquella mujer que tenía los +ojos enrojecidos de llorar a su hijo, escondiera en su misma casa al +matador. + +Algunos días después José Golondrina, de quien el gobernador Bayo no +estaba muy satisfecho, entró en la casa de Montarón, como peón para los +servicios pesados, partir leña, traer agua del río, cuidar la huerta. +Nadie sabía allí de dónde venía: contó una historia y le creyeron. + +Era sumiso y callado e inspiraba confianza, y él, poco a poco, +atisbando con astucia, se enteraba de algunos importantes secretos que +a nadie confiaba, mientras no llegara la hora. + +Don Patricio Cullen iba con escasa frecuencia, mas conocíase que la +relación era estrecha y cultivada entre Montarón y él. José Golondrina +más de una vez llevó mensajes de éste, que ahorraban una visita. + +A ninguno de los dos les había desengañado el fracaso. Por el +contrario, su pasión política se exacerbó ante la derrota, y +aprovechando las nuevas circunstancias, en que la muerte de Jarque +dejaba las cosas, no bien recibieron noticias de que Insúa vivía, +empezaron a tramar una nueva revolución. + +José Golondrina seguía de cerca la conjuración. Así tuvo noticias de +Insúa, aunque no llegó a saber cuál era su paradero. + +Y fué entonces cuando la astucia del indio le procuró el más eficaz de +sus colaboradores, para aquella empresa de odio que tramaba. + +Syra permanecía en casa de sus padres, aunque en los primeros días +huyera de ella. Mas no tenía trato con nadie. Aislada, voluntariamente, +en su cuarto, dejaba correr su vida en una sombría tristeza, llena de +rencor y guardando en su alma apasionada la memoria del muerto, cuya +sangre, en su traje de baile, que solía ponerse a solas, le pedía +venganza. + +El indio se enteró de la historia de la joven, y vió que podría hacerla +servir admirablemente sus planes, sin que lo advirtiera, y empezó a +rondar en su cercanía para que le tomara apego. + +Así estaban las cosas, cuando un día, Cullen en una visita a Montarón, +dejó escapar el nombre de la Casa de los Cuervos, en momentos en que se +acercaba el indio, que les servía el mate. Por el tono de la voz, por +la alarma que pareció causarles el que alguien hubiera oído aquello, +comprendió José Golondrina que doña Carmen de Borja le había engañado +cuando él fué a la Casa de los Cuervos en busca del capitán. + +Y resolvió ir otra vez. Salió esa noche de la casa de Montarón, sin ser +visto, y fué a ver a Bayo, y le prometió de nuevo dar con el paradero +del perseguido caudillo, el único de los jefes de la revolución contra +el cual podía hacerse un proceso que cortara para siempre en él la +vocación revolucionaria. + +Bayo, que vivía intranquilo, rodeado de enemigos, contra los cuales no +tenía pruebas, aceptó la propuesta del indio, y mandó con él aquellos +tres hombres que pasaron la noche en las cercanías del rancho de ñor +Basilio. + +El sendero que seguían por entre el monte llegó pronto al bañado, que +se extendía a mitad del camino entre el rancho del ovejero y la Casa de +los Cuervos. Cuando llegaron allí, se lanzaron al galope, el alférez y +sus dos hombres adelante, el indio José detrás, mirando con ojo experto +los campos y las haciendas que hallaban al paso. + +De pronto dió un grito. En el bañado, entre la caballada que pacía las +hierbas altas y frescas, nacidas en aquel suelo empapado, divisó el +caballo de Insúa, el mismo en que huyó la noche de la revolución, un +tostado magnífico, de largas clinas, descarnado y musculoso, que su +dueño al partir esa noche había dejado en la estancia a fin de tenerlo +cerca de la ciudad, para la próxima campaña. + +Creyó que era eso señal evidente de que el capitán estaba allí, y como +los hombres que galopaban adelante no se hubieran dado cuenta de su +exclamación, no dijo nada, y llegaron así a la Casa de los Cuervos. + +La irrupción de aquellos cuatro hombres armados en el patio de los +eucaliptus, provocó grande alarma. Ladraron violentamente los perros, +los sirvientes corrieron adentro, en busca del ama, que salió al rato, +cuando ya el alférez había echado pie a tierra ahuyentando los canes a +rebencazos, como dueño y señor de la morada. + +El gesto severo de doña Carmen de Borja le impuso mayor respeto. Habló, +no obstante, con altanería: + +--Veníamos en busca de Francisco Insúa. + +--Aquí no está--respondió secamente la dama. + +--El gobierno sabe que aquí se esconde. + +--Se equivoca el gobierno. + +--Tiene denuncias, señora. + +--Lo han engañado. + +Apareció Gabriela en ese momento, al lado de su madre, asustada ante +aquella violencia, por la suerte del hombre que amaba, y a quien podían +aún perseguir y alcanzar en el campo. + +--¡Mama! que registren, que pierdan tiempo--dijo hablando al oído a +doña Carmen. + +El alférez, al ver a Gabriela, había cambiado de actitud y se +aproximaba almibarado y lleno de disculpas: + +--Quizás sea así, señora; pero esas denuncias lo obligan a proceder en +esta forma, y yo no podría evitarlo. + +Había llegado hasta la galería, donde estaban ambas mujeres, de pie, +cuando José Golondrina, que estudiaba ávidamente la cara ansiosa de +Gabriela, se acercó bruscamente, y dijo con sonrisa maligna: + +--Mi alférez, diga usted que hemos visto el caballo del capitán +comiendo en el bañado. + +La joven juntó las manos llena de angustia, creyendo que Insúa se +hubiera detenido en el monte con algún propósito que no sospechaba, y +hubiera soltado su caballo. + +Pero el indio explicó, mirándola siempre con una mirada que le entraba +en el alma como una hoja fría: + +--El tostado malacara; lo acabo de ver yo, que lo conozco bien. + +El indio vió animarse las facciones de Gabriela, y pensó que aquella +hermosa mujer habría sido una reina digna para su tribu, si algún día +se cumplía la palabra de la adivina. + +--Mama, que registren--dijo Gabriela. + +--Vos, José Golondrina--observó duramente doña Carmen--ya has venido a +mi casa en busca de lo mismo: ¿qué hallaste? + +--Su merced disculpe--respondió el indio, bajando al suelo sus ojos +obscuros y maliciosos;--yo era mandado entonces y ahora. Me dicen que +busque y busco. + +Echó pie a tierra, sonándole el sable y las espuelas de anchas rodajas +de plata. Un poncho de lana gruesa le cubría, arrastrando los flecos. + +El alférez habría deseado quedar bien con aquella familia por merecer +de Gabriela una buena palabra que algún día le sirviera para tornar a +la casa. Pero aquel indio, mal dispuesto, podía perderle, y se resolvió +a ordenar el registro. + +--Es un nuevo agravio que se me hace--protestó doña Carmen de Borja--y +yo me quejaré a mi primo el Gobernador. + +--Él lo ha ordenado--observó el indio. + +--¡Miserable!--contestóle ella en secreto, de modo que sólo él la +oyera--yo te salvé de la barra, y es la segunda vez que asaltan mi +casa, por denuncias tuyas. + +El indio sonrió y pasó la puerta que le abrían para comenzar el +registro. + +En el cuarto, frente al árbol de los cuervos donde hasta el día +antes estuviera Insúa, halló a Gabriela, que huía del alférez cuyas +insinuantes miradas le sublevaban. + +--No lo hallarán--dijo la joven con ira--porque no está aquí. + +José Golondrina que registraba los rincones, se volvió a ella, y le +dijo espiando su actitud: + +--¡Mejor para él! + +--¿Por qué? Yo no lo conozco, pero sé que sabría defenderse, porque es +un hombre valiente. + +--Peor para él, entonces, porque tendríamos que matarle. + +Gabriela se inmutó. + +--Esa es la orden--dijo el indio observando aquella impresión. + +--¡Oh!--exclamó la joven intensamente pálida:--¿Es posible que se den +esas órdenes? + +José Golondrina sonrió y Gabriela comprendió, por la malevolencia de +su sonrisa, que había adivinado el secreto de su alma. Se quedaron +silenciosos un instante: ella sentía crecer la angustia de su corazón, +ante la mirada penetrante de aquel hombre, mas no se atrevía a +alejarse, por miedo de provocar su encono. Habría deseado, por el +contrario, hallar una palabra que aplacara su odio contra el hombre que +ella amaba. + +--¿Por qué lo persiguen?--se animó a decir. + +El indio no respondió, siguió sonriendo, con amarga ironía. + +--¿Le ha hecho a usted algún mal?--insistió la joven. + +Él contestó que no, moviendo la cabeza, y sonriendo siempre. + +--Entonces, ¿por qué lo odia y quiere matarle? + +El indio habló despacio, con indefinible tristeza en la voz: + +--¿Por qué si no lo conoce lo defiende? ¿No comprende que los hombres +que la sigan y la vean como yo, van a odiarlo a él, sólo porque usted +parece enamorada? + +Gabriela tembló. ¿Lo amaba tanto en verdad que ya hasta los ojos +extraños adivinaban su amor? + +José Golondrina se acercó a ella: + +--¿No ve, niña, que quien la vea la ha de querer y se ha de poner +celoso de que usted lo defienda? + +Había desaparecido de sus torvas facciones el gesto que hacía +desconfiar de él, y sólo se notaba la emoción con que decía algo que +era como una confesión de amor. + +Gabriela, que temía al indio, por Insúa más que por ella, aún +aterrorizada por aquella palabra, no quiso alejarse, y oyó al indio que +le dijo: + +--Es la tercera ocasión que me llego a esta casa, y no es la primera +vez que la veo. ¿No sabe, niña, que un hombre puede llegar a querer con +sólo una vez que encuentre a una mujer? + +--No hable así--respondióle Gabriela acercándose a la puerta;--le diré +al alférez que usted ha venido no a buscar a un revolucionario sino a +conquistar a una mujer. + +José Golondrina volvió a sonreír. + +--También él hubiera hecho lo mismo si la hubiera visto como yo +pidiendo perdón por un hombre que no es su marido... + +--¡Yo no he pedido perdón! + +--Ni su hermano... + +--Yo no he pedido perdón para él que es valiente--protestó Gabriela, +temiendo que el indio aludiendo a su marido y a su hermano, quisiera +hacerle saber que conocía quién les había dado muerte. Se sintieron +pasos en la pieza vecina. + +El indio se le acercó; ella fué a abrir la puerta; pero él con un gesto +la detuvo y le dijo: + +--No tenga miedo de mí. + +--No, no tengo,--respondió ella con orgullo--¡no tengo miedo de nadie! + +--Ni por usted ni por él... + +Oyó apenas la palabra, mas se inflamó la esperanza de que si ganaba el +corazón de aquel hombre, pudiera proteger mejor la vida de Insúa en +peligro. + +--Ni por él--repitió el indio mirándola fijamente, como si con la +respuesta que ella iba a dar con su palabra o con sus acciones, +pendiera toda su suerte. + +Y cuando ella, sin hablar, mostró en sus ojos cuánto le complacía +la seguridad que él le brindaba, y cuánto amaba al caudillo +revolucionario, el indio se echó a reír con amargura, como si al +adueñarse del secreto de ella, se esfumara su propia esperanza. Alargó +la mano obscura y nerviosa y la cogió con fuerza de un brazo. + +Ella gritó. Él cerró con violencia la puerta que ella abriera, y le +dijo al oído, quemándola con su aliento: + +--¡Está enamorada, enamorada de él! ¡Qué miseria! ¿No sabe que él...? + +Llena de miedo y de horror Gabriela se echó atrás a tiempo que se abría +la puerta y entraba don Julián, el cura, como un ventarrón atraído por +el grito de ella. + +Sonaron dos bofetadas. + +--¡Miserable!--rugió el cura. + +El indio, doblegado por aquel brazo hercúleo que se abatía sobre él, +soltó a Gabriela, y se incorporó, con el odio pintado en el rostro +cárdeno como un verdugón. + +Le temblaron los labios, descoloridos: no pudo hablar, y sólo cuando +salió de la pieza, logró dominar su cólera salvaje, y dijo sordamente +volviéndose al cura, que atendía a Gabriela, desmayada en el suelo: + +--¡Ah, la mala mujer! Yo seré la venganza de ellos, y ella será mi +esclava... Nadie le oyó; por toda la casa circulaban los soldados +registrando minuciosamente los últimos rincones para dar con el +caudillo. + +En el patio, doña Carmen de Borja contestaba con dureza las preguntas +del alférez. + +Un instante le azotó el alma el recuerdo de su hijo muerto por el +hombre sobre cuyos pasos podía ella poner a la justicia que lo +perseguía. Pero fué un aletazo negro, como el que en la noche +siniestra de la revolución, le anunció su desgracia. + +Cuando los soldados partieron desengañados, después de registrar la +casa, la silueta severa de la dama quedó un rato en el mismo sitio, +mirándolos alejarse. + +--¡Dios mío, qué horror!--exclamó entrándose.--¡Yo lo perdono y ella lo +ama! + + + + +TERCERA PARTE + + + + +I + +En la casa de Bayo + + +Jarque se había llevado a la tumba el peligroso secreto de don Serafín +Aldabas, en cuya escuela se reunían, los conjurados, para la revolución +de Marzo. Y a esa discreción, impuesta por la muerte, debió sin duda el +maestro, el que no se suprimiera la modesta pensión del gobierno, que +le hacía vivir. + +Pero los apuros del erario provincial agraváronse hacia mediados del +año 77, y de nuevo empezaron a acumularse los meses impagos, y a ver el +mísero don Serafín crecer su deuda en el boliche del catalán. + +Menos mal que a la vuelta de la escuela, en el Café del Plata, frente +a la plaza 25 de Mayo, tenía dos alumnas, a quienes daba lecciones a +domicilio: y si bien sus ganancias no eran gran cosa, su situación de +maestro otorgábale crédito en el negocio, lo que le permitía sacar +al fiado algunos comestibles, en los momentos de apuro, cuando su +Rosarito le sonreía, advirtiéndole que estaban obligados a vivir de +"mazamorra" hasta que Dios quisiera. + +Ocurría, sin embargo, un fenómeno, causa de hondas preocupaciones para +el inocente maestro de escuela. + +El Café del Plata era el nidal de los opositores. + +En el buen tiempo, su patio encuadrado por la galería de tejas, +sombreado por hermosos naranjos, que le daban más carácter nacional +que los malos cromos de la batalla de Caseros, con que su dueño había +adornado las paredes, congregaba a los enemigos del gobierno, que +buscaban en aquellas tertulias una ocasión de hablar mal contra los +hombres del Cabildo. + +La oposición al gobierno de don Servando Bayo, detrás del cual se +notaba la mano de hierro, enguantada de seda, del doctor Iriondo, +había agrupado a las familias más distinguidas de Santa Fe, en torno +de don Patricio Cullen, y aunque en el grupo figuraran muchos hombres +de convicciones católicas, predominaba una tendencia contraria, que +justificaba el nombre de "liberales", adoptado por ellos, en la lucha +política. + +El gobierno, por su parte, gozaba de grandes prestigios ante el pueblo, +donde se imponía la figura de Iriondo, seductora y enérgica. + +Don Serafín había observado que cuando sus angustias crecían, porque no +le pagaban la pensión, aumentaba su crédito en el Café del Plata. Más, +parecíale haber observado, también, que se agravaron grandemente las +dificultades que experimentaba para cobrar del gobierno, con su entrada +a la casa, aunque era notorio que no iba como conspirador. + +De donde para el maestro surgía un formidable problema: ¿aquéllos no me +pagan, porque éstos me ayudan, o me ayudan éstos porque aquéllos no me +pagan? + +Cada tarde al entrar al café, por la sala de la calle que cruzaba +con paso blando y presuroso, como para que si había algún espía +comprendiera que él no era un conspirador, proponíase el mismo +problema, miraba el reloj, buscando la respuesta, y volvía a guardarlo, +resignado a su confusión. + +Anclado así de proa y de popa, seguía viviendo mísera y apaciblemente, +sin otro horizonte que su escuela ni más ilusiones que sonreír a +Rosarito, cuyos ojos profundos y dulces jamás desmentían sus sonrisas. + +¡Ah, su hija! cómo había sabido acolchar su miseria para hacérsela +amable. Por ella vivía y para ella quería vivir, sin saber bien qué +podía hacer él para hacerla feliz. + +Un día estuvo a punto de penetrar el enigma de su alma inocente. + +Fué cuando se recibió en la ciudad la noticia de la muerte de Insúa. +¡Cómo lloró su niña! Al alba del día siguiente, la vió salir enlutada, +en dirección a la iglesia de los jesuítas, donde, según le contaron, +pasó una hora rezando ante el altar de la Virgen de los Milagros. + +Cuando volvió, ella le dijo: + +--Tata, no ha muerto; no es verdad que haya muerto. + +--¿Quién te lo ha dicho? + +--Nadie; lo sé yo, que no creeré en su muerte mientras no vea su cuerpo. + +Su padre movió la cabeza. + +--Todos lo dicen, sin embargo,--murmuró tristemente, deseoso de no +desengañarla ni de halagar su ilusión. + +Por escasa experiencia que tuviera del mundo, sospechó que su hija +estaba enamorada, y se llenó de pena, porque era justamente ese amor el +ideal que venía cultivando en el secreto de su corazón, como el único +medio de asegurar el porvenir de su hija. + +Y ahora lo veía hundirse, sin que él hubiera tenido tiempo ni +resolución de confiarlo a nadie. + +Diez días pasaron así, bajo la angustiosa incertidumbre. La convicción +de su hija le llegó a contagiar, y también él dudó de la muerte de su +sobrino, hasta que un día, un mensaje de él, con todo misterio, les +mostró que, en verdad, el corazón de Rosarito no había mentido. + +Más tarde se divulgó en la ciudad, por otros conductos, lo que ellos +sabían, que Insúa no había muerto. + +Hacia fines de Junio, salía una vez del Café del Plata, después de su +lección, cuando en la calle, de noche ya, por la brevedad de los días +de invierno, al arrebozarse en la capa, a fin de librarse del áspero +viento del Sur, alguien le tomó del brazo y le arrastró en dirección +opuesta a la de su casa. + +Lleno de sorpresa, no distinguió en un principio más que una alta +figura negra, pero conoció quién era en cuanto le habló, después de +alejarse un trecho del cuadro de luz que pintaba en la vereda el +mezquino farol del café. + +--¡Ilustrísimo doctor Zavalla! + +--No me ponga motes, don Serafín, no soy obispo. + +--¡Señor Canónigo! + +--¡No soy canónigo! + +--¡Señor...! + +Alto, gallardo, envuelto en un manteo con forro de seda, caminaba +a prisa, llevando del brazo al endeble maestro que se deshacía en +cortesías ante la inesperada muestra de afecto de uno de los hombres +más poderosos de la situación. + +Habían recrudecido extraordinariamente las alarmas revolucionarias, y +los hombres del gobierno comprendían que vivían sobre un volcán. + +Casi a diario llegaban al Cabildo denuncias de que se preparaba un +vasto complot. Don Patricio Cullen había abandonado repentinamente la +ciudad, dábasele como residente en su estancia "Los Algarrobos", donde +en medio de las colonias extranjeras, de reciente fundación, estaba el +foco de las fuerzas con que podía contar para todo movimiento. + +El gobierno sabía esto; mas lo desazonaba el absoluto misterio que +rodeaba el paradero de Insúa, el más bravo y audaz de los jefes +revolucionarios. + +Señalábase su presencia en su estancia del Norte, y cuando el gobierno +que lo perseguía para enjuiciarlo por la revolución de Marzo, destacaba +una partida en su busca, sabíase que había pasado como una exhalación a +Entre Ríos o rondaba cerca de Santa Fe, al habla con los opositores. + +Hacía un mes, sin embargo, que se le había perdido la pista. No se +tenía el más leve indicio de su paso. Ignorábase si estaba cerca o +lejos, lo cual preocupaba extraordinariamente a los gubernistas. Podía, +y eran sospechas vehementes de la policía, estar oculto en la misma +ciudad, en cuyo caso debía vivir con el arma al brazo, considerando +inminente la revolución. + +Todas las noches los consejeros del gobierno celebraban su reunión; en +la casa de Iriondo frente a la plaza, algunas veces, o en la casa del +gobernador Bayo, a la vuelta del Cabildo, y allí, con todo misterio, +se discutían y se pesaban las informaciones que llevaba el jefe de +policía, don Manuel Echagüe. + +Hacia la casa de Bayo, donde era la tertulia de esa noche, marchaba +presuroso don Manuel María Zavalla, embozado en su lujoso manteo, +debajo de cuyos pliegues elegantes no habría nadie extrañado que +apareciera la contera de una espada. + +Al cruzar la plaza, obscura y temerosa, mas no para un hombre de sus +arrestos, tuvo la inspiración de torcer su camino a fin de pasar por la +vereda misma del Café del Plata, llevado por la curiosidad de atisbar +algo y aun atraído por el peligro de algún incidente con cualquiera de +sus adversarios. + +Estaban la plaza y la calle solitarias, alumbradas por los cuatro +faroles de las esquinas, que parecían más bien espesar la obscuridad de +una noche sin estrellas. + +Al enfrentar al café, en cuyo interior sentíase el pacífico +chasquido de las bolas de billar, vió salir a don Serafín Aldabas, +cuyo parentesco y amistad con Insúa recordó al momento, haciéndole +interesante el inofensivo personaje. + +Lo tomó del brazo y le habló como si de tiempo atrás hubiera estado +buscando la ocasión de encontrarle. + +--Dicen las malas lenguas que es usted opositor, don Serafín. + +El maestro alzó los brazos, clamando al cielo. + +Su capa batida por el viento se arrancó de sus hombros y cayó hacia +abajo. Zavalla se echó a reír, porque le vino a la mente el recuerdo +de Friné, convenciendo a sus jueces de que era una calumnia la +acusación que le enrostraban. + +Ayudóle a arrebozarse de nuevo y siguió caminando a prisa, agarrado a +su brazo. + +--Si es mentira eso, como lo he creído siempre, y si no tiene apuro, +véngase conmigo por un minuto hasta lo del gobernador. Yo tengo que +hablarle del subsidio de su escuela... + +--¡Oh, señor don Manuel María! + +--Y de su hija Rosarito... ¿no es mi ahijada? + +--En efecto, señor don Manuel... + +Llegaban al ancho portal de la casa de Bayo. Subieron los tres +escalones de piedra, y Zavalla, guiando al maestro, entró sin llamar a +una de las piezas laterales del ancho zaguán, iluminado apenas por un +gran farol de hierro, pendiente del techo. + +La pieza estaba desierta. Zavalla se sentó en el sofá, arreglándose +los pliegues de su traje talar, y atrajo al maestro, cuidadosamente +arrebujado. + +Sobre una mesa redonda de mármol, con rojo pie de caoba, que estaba en +el centro, ardían cuatro velas de esperma en un candelabro de plata. + +En la pieza contigua sentíanse voces de hombre. Alguien que hablaba +acaloradamente con voz timbrada y varonil que parecía que pudiera oírse +desde la calle a través de las gruesas maderas de las puertas, al +notar la presencia del recién llegado se calló y se asomó hasta donde +acababan de buscar asiento Zavalla y don Serafín. + +Era el doctor Pizarro, el ministro de Bayo. + +Saludó muy sorprendido al nuevo visitante, y como Zavalla le hiciese +una seña para que los dejara solos, se volvió, mientras don Serafín de +pie formulaba sus salutaciones y sus excusas. Sintióse de nuevo su voz, +más discreta. Escuchábasele con profunda atención, pues siendo varios +los que allí estaban, sólo hablaba él, mas sus palabras no se percibían +desde el rincón donde el maestro dedicaba toda su atención a lo que le +iba diciendo Zavalla. + +--¿Andan bien sus negocios, don Serafín? Con seguridad que el gobierno +le adeuda algunos meses... + +--¡Doce!...--suspiró el pedagogo. + +Zavalla hizo un gesto de desaprobación. + +--No está bien eso; pero ya me lo explico: se dicen tan graves cosas de +usted... + +Hizo una pausa llena de intención, mirando en las pupilas a su +interlocutor, que maquinalmente sacó su reloj y se puso a darle cuerda. + +--¡Son calumnias, señor don Manuel!--exclamó con un hilo de voz.--Si no +fueran esas lecciones que doy en el Café del Plata, me habría muerto de +hambre ya. + +--Bueno, lo creo. Lo esencial es que esté vivo hasta ahora. Yo mismo +hablaré hoy con el gobernador, para que le paguen el atraso, y le +aumenten la subvención. + +Don Serafín se acordó de Jarque, y sonrió con amargura. Con que se la +pagaran sería bastante... + +--¿Me espera un minuto?--díjole de pronto Zavalla, como si acabara de +tener una inspiración. + +Se levantó, dejando sentado al maestro, y fué hacia la pieza vecina, +cuya puerta habían cerrado. + +Don Serafín miró su magnífico reloj. + +--¡Las siete! ¿qué dirá Rosarito de mi tardanza? + +Era tan medida la existencia de Don Serafín, que cinco minutos de +retraso en volver a su casa, alarmaban a la niña, la que sospechaba +toda clase de peligros pendientes sobre aquel hombre bueno y tímido +como un niño. + +Pasado un rato, Zavalla volvió agitando un papel, cuya escritura fresca +temía borronear. + +--Con esto, mañana, podrá cobrar sus doce meses atrasados. + +Don Serafín dió un salto. + +--¡Los doce meses!--exclamó, calculando que al día siguiente sería +poderoso, con aquellos atrasos cobrados de un golpe. + +--Sí, los doce... ¿Me he engañado? era difícil, porque el erario anda +flojo, pero hice valer un supremo argumento. + +El maestro enarcó las cejas, poniéndose de pie al lado de su +interlocutor que se agachó, murmurándole al oído: + +--Le dije que necesitaba plata para el casamiento. + +--¿El casamiento? ¿Qué casamiento? + +Zavalla lo miró con una benévola sonrisa. + +--¿A mí, que soy su padrino, me lo oculta? + +--¡No comprendo!--balbuceó don Serafín, echando mano al reloj, como en +todas sus sorpresas. + +--Pero, don Serafín, si ya hay muchos que lo saben, que Rosarito se +casa.. + +--¿Que Rosarito se casa?--interrogó en el colmo de la estupefacción el +maestro.--¿Con quién dicen que se casa? + +--Con Insúa, con Francisco Insúa, que ha venido a eso, a casarse... + +El maestro sonrió con tristeza, deshecha su ilusión. + +--No es verdad--dijo sacudiendo la cabeza.--Francisco no ha venido. + +Y entonces Zavalla, simulando una gran sorpresa, exclamó: + +--¿Que no ha venido Francisco? ¿Y entonces dónde está? + +Don Serafín recapacitó un segundo, bajo la mirada inquisidora de +Zavalla. + +--En lo de doña Carmen de Borja, respondió. + +--¿En la Casa de los Cuervos? Allí estuvo, pero ahora... + +--Ahora, ahora está allí. + +Cuando don Serafín, exultante de alegría, llegó un rato después a su +casa, donde Rosarito le aguardaba con angustia, y le contó la escena, +y le enseñó el papel que al día siguiente se trocaría en dinero y +le refirió lo del comentado noviazgo, ella que lo escuchaba pálida, +sospechando alguna intriga, juntó las manos: + +--¡Oh, tata! ¿por qué le dijo dónde estaba Francisco? + +Y sólo entonces comprendió el mísero don Serafín que había caído en una +hábil celada, revelando el secreto de que en ese momento dependía la +suerte de la revolución. + +Insúa, en verdad, había vuelto y hacía un mes que se mantenía oculto +en la Casa de los Cuervos. Eran contados y fieles los que sabían su +paradero, y como aquel sitio fuera registrado vanamente dos veces, el +gobernador, atendiendo a la protesta de su prima doña Carmen de Borja, +había resuelto que no se la molestase más, ya que era inútil. + +El caudillo, desde allí, al habla con los dos o tres que tenían los +hilos del complot, en Santa Fe, preparaba el estallido, que debía +producirse no bien don Patricio Cullen bajara del Norte, con sus +montoneros. + +Rosarito comprendió todo el alcance de la indiscreción de su padre. +Ella conocía la Casa de los Cuervos, pues el año antes, en las +vacaciones, Jarque los había llevado a los dos, por una breve +temporada. + +Sentóse junto a la mesa, sobre la cual ardía un humoso velón, cuya +vacilante luz dejaba en densa tiniebla los extremos de aquella pieza, +que aparecía más grande con la pobreza de sus muebles, y daba de lleno +sobre su rostro inteligente. + +Su padre la miraba arrepentido y ansioso, esperando la solución que +ella le sugiriera. + +--Tata--le dijo--si no se le avisa antes de mañana, lo habrán puesto +preso. Lo buscan para enjuiciarlo; además quieren tenerlo en seguro +para impedir la revolución. + +Don Serafín asintió con la cabeza y continuó callado. + +--Esta noche mismo yo me iré a la Casa de los Cuervos, y le avisaré +para que huya. + +Se paró, y su rostro quedó en la sombra, donde lucían sus ojos, como si +estuvieran iluminados por la sola luz de su alma. + +--¿Vas a ir?--gimió el maestro, que jamás se había separado de su hija. + +--Sí, tata. Tenemos que salvarlo, y sólo yo puedo ir hoy mismo. Algún +canoero me llevará. Antes del alba; saliendo ahora habré pasado la +laguna, y en dos o tres horas más estaremos en la Casa de los Cuervos. +Ningún piquete que no salga enseguida, podría adelantárseme. Si Dios +me ayuda así lo salvaremos. + +Don Serafín agachó la cabeza resignado. La niña se envolvió en su +manto y se fué a la barraca de Fosco donde podrían informarle sobre un +canoero de confianza. + +Al pasar frente a Santo Domingo, sonaba el toque de ánimas, y +aquellas campanadas lúgubres vibraron como si tocaran en su corazón, +anunciándole próximas desgracias. + +Se estremeció de terror, y para vencer su miedo, se santiguó y echó a +correr. + + + + +II + +El aviso + + +La tarde cayó como un velo ceniciento sobre el campo, cubierto de pajas +sobre el río dormido, sin una arruga entre las inmóviles carrizas, +sobre el alma de la niña, que se llenó de tristeza, viendo morir el +último día en que aún pudo guardar su ilusión. + +Esa mañana, al rayar el alba, había llegado, en efecto, a la Casa de +los Cuervos, rendida, porque para abreviar la jornada y llegar antes +que nadie, tuvo que ayudar al canoero. + +La travesía de la laguna habíanla hecho, siguiendo la costa, con un +buen viento que hinchaba alegremente la vela. + +De cuando en cuando el canoero, sentado en el taco de popa, daba un +golpe de pala para rectificar el rumbo de la embarcación. Ésta a veces +tocaba el fondo gredoso, porque no siempre el agua era profunda; a +veces la pala se hundía toda entera, y el canoero se quedaba tranquilo +por un rato. + +Rosarito al pie del mástil, arrebozada en un manto obscuro, temblando +de frío y de ansiedad, miraba la costa, como una faja negra, y la vasta +napa de agua agitada por el viento de la noche, que arrojaba sus olas +negras contra las bordas de la canoa. + +Cuando entraron en el arroyo de Leyes, la vela se desinfló. El viento +calmaba, y allí apenas se sentía, resguardado el lugar por los tupidos +sauzales de las orillas. + +El canoero dejó la pala y tomó el botador. + +--Usté, niña, si puede, ayúdeme con la pala, de proa. + +Fueron las primeras palabras que pronunció. Parecía haber hecho dormido +el viaje hasta entonces. Rosarito obedeció, sin darse cuenta de cuál +podía ser el servicio que prestaran sus fuerzas. Pero remó con brío, +desentumeciéndose con el ejercicio, sintiéndose luego jadeante, pero +decidida a remar hasta que hubiera llegado, para que aquel hombre no se +descorazonara en la extraña aventura. + +No le había preguntado por qué viajaba de noche y sola. En aquellos +tiempos de revoluciones, los hombres discretos no pretendían informarse +de las cosas que no les atañían, por raras que le pareciesen. + +Le pagaban bien y aunque era ruda la jornada, no tenía derecho de +quejarse, cuando aquella niña se mostraba infatigable y valiente. + +Bogaban cerca de la margen. Las altas hierbas acuáticas rozaban la +borda, con un ruido de papeles ajados, y llegaban a poner su caricia +húmeda y fría, por el rocío, en la mano de Rosarito, que se estremecía +a su contacto. + +La barca deslizábase dejando una estela en que se quebraba la luz +de las estrellas, que empezaban a dormirse en el cielo, ante la +cercanía del alba. El agua chapoteaba contra la costa gredosa, y aquel +ruido monótono, mezclado al concierto nocturno de los grillos y de +los camalotes podridos en el barro, iba anegando en somnolencia el +pensamiento de la niña. + +Dejó la pala y se sentó sobre el taco de proa. El manto que le cubría +la espalda, caía fuera de la borda, mojándose una punta. + +--Estoy cansada--dijo, como una disculpa. + +--Ya me parecía que así había de ser--contestó el canoero dando un +empellón más fuerte, como para mostrar que la canoa marchaba por él y +no por ella. + +Rosarito se adormeció temblando de frío, al dejar el violento ejercicio. + +Ya no tenía miedo, ni del hombre que le acompañaba, ni de la noche que +le envolvía, ni de las hierbas húmedas que le besaban la mano al pasar, +con el contacto viscoso de una víbora o de un sapo. Una gran ilusión +se levantaba en su corazón, como el lucero que en ese momento anunciaba +el alba... + +Cuando ella fuera hasta "él" y le dijera que había hecho aquel viaje +descabellado, sin pensar en peligro ninguno, por anunciarle que debía +huir, él, sin que ella hablara más, comprendería su amor y adivinaría +el temple de su carácter, que la hacía digna de ser la mujer de un +caudillo. + +¿Pero en verdad, comprendería él que ella lo amaba, que lo había amado +siempre? + +Sintió en los labios el beso de aquella noche triste, en que oyendo las +descargas de los soldados que se batían en la plaza, ella creyó morir. +¿Por qué la había besado antes de ir al combate si no era para decirle +que también él la amaba? + +Su ensueño duró hasta que llegaron a la Casa de los Cuervos, cuando la +ceniza de la escarcha brillaba sobre los campos a la luz de la aurora. + +El canoero, que conocía el lugar, dijo: + +--Aquí es. + +Y Rosarito se levantó de golpe, pensando que podía hallar a Insúa al +saltar a tierra. + +Todo el campo aparecía como sembrado de sal, y más que en el frío, +mostrábase el invierno en la ausencia de los pájaros, y en el gran +silencio que reinaba sobre la tierra despierta ya. + +Sólo en las casas sentíase el ruido que hacía un peón, martillando un +freno, que se había doblado; y en la isla de enfrente la algarabía +áspera de las gallinetas y de los chajás, que saludaban al nuevo sol +que empezaba a salir. + +Llegó el capataz, al oír ladrar los perros, y Rosarito preguntó por +Insúa, y tuvo que explicarle de qué se trataba, para que el desconfiado +campesino los hiciera pasar hasta el patio de los naranjos, donde ella +vió los cuervos, que daban nombre a la estancia. Los dos pajarracos, +posados en el suelo, devoraban su ración de la mañana, antes de salir +al campo de las ovejas. Al pasar Rosarito se levantaron, y ella sintió +el viento y el tufo que arrojaban sus alas. + +No pensó en nada triste, porque allí estaba Insúa, que la habló, +inmensamente sorprendido de verla. + +--¿Qué hay? + +Y ella le contó. Y él quiso ver entonces la canoa en que había venido, +y fueron los dos hasta la orilla del río, y bajaron la barranca. Ya no +estaba el canoero, que había ido hasta las casas con el capataz, pero +la pequeña embarcación, con la proa en tierra, parecía reposar de su +larga jornada, junto al bote de Gabriela que se balanceaba en el agua. + +Insúa comprendió la suma de valor y de destreza que había gastado +la niña en su aventura. Se volvió a ella, que estaba a su lado, +estremecida, esperando aquella palabra con que había venido soñando. + +Mas no la dijo. Le apretó la mano. + +--Gracias, Rosarito. Voy a salir enseguida, porque ellos no tardarán. + +Subieron hasta las casas, juntos los dos. Rosarito silenciosa y +desencantada; él contándole a grandes rasgos lo que podía decirse de +la revolución que preparaban, y que estaba fijada para algunos días +después. + +Recibida con afecto en la Casa de los Cuervos, la hija del maestro +empezó a comprender qué sortilegio había apresado aquella alma errante, +que ella perseguía con amor hacía tantos años. + +En pocos minutos se hicieron los preparativos de la fuga. Alarcón +ensilló los caballos y cuando todo estaba listo, Rosarito vió a Insúa +apartarse con Gabriela, siguiendo la calle de los eucaliptus, sombría +a pesar de los rayos oblicuos del sol que se filtraba por entre sus +troncos; y sus ojos se abrieron a la triste verdad. + +No pudo esconder sus lágrimas, cuando los vió venir. Pensó que él la +habría besado, como en aquella noche inolvidable en que él le robó un +beso para que le sirviera de talismán en la batalla. + +--¿Por qué lloras, Rosarito?--le preguntó él, subiendo a caballo.--No +hay peligro para mí; no se ha fundido la bala que ha de matarme... + +--¡Que Dios te bendiga!--le dijo, como una madre o como una hermana. + +Él partió al galope seguido de Alarcón. Gabriela se había entrado. La +silueta severa de doña Carmen de Borja, que un momento se pintara en +la galería, bañada de sol, desapareció como una sombra. + +Cumplida su misión Rosarito pensó volverse, mas no la dejaron, +haciéndola ver que si la gente del gobierno, que sin duda vigilaba +el río, la veía pasar en canoa, adivinaría que ella había sido la +mensajera, y expondría a su padre a persecuciones o venganzas. + +Haría mejor en aguardar dos o tres días antes de partir, y entonces se +iría en volanta, lo cual se prestaría a menos sospechas. + +Accedió, y esa tarde fué sola hasta la barranca, a despedir el canoero +que se volvía, y cuando él partió, ella se quedó mirando cómo se +entraba aquel sol que esa mañana vió salir, con una extrema ilusión. + +A lo lejos el monte quieto, iba espesando su faja sombría. El grito de +una lechuza, a la puerta de su cueva, rompía el gran silencio, apenas +turbado por el melancólico rumor del río. + +Sobre las nubes cobrizas de Occidente, el sol parecía un enorme sello +de lacre, que teñía el cielo con un reflejo cárdeno. + +Callaba el viento, que durante todo el día había silbado en los duros +espartillos del campo, pero a ratos la brisa del río, con un frío +aletazo, hacía temblar a la niña, que miraba las cosas, poniendo en +cada una un poco de su tristeza. + +Se echó a llorar, sentada en el bote de Gabriela, que parecía una +gaviota dormida. + +No sintió correr el tiempo. Cuando la fueron a llamar era de noche, y +en el árbol seco dormían ya los cuervos. + + + + +III + +El incendio del garzal + + +Aquella zona de la costa, que el río inunda cuando crece o que +las lluvias anegan, transformándola en un lago inmenso, de escasa +profundidad, debía ser el pasaje de las montoneras revolucionarias, y +el gobierno continuamente destacaba piquetes que la vigilaran. + +La tarea no era fácil. Saliéndose del camino de Helvecia, que cruzaba +por allí, el terreno era liso como un plato, sin monte, sino a lo +lejos, pero cubierto de pajales, tupidos y altos, donde se guarecía la +hacienda matrera, y donde podía esconderse perfectamente un hombre a +caballo. + +Acercarse a aquellas isletas sospechosas, con aire de ir a explorarlas, +era exponerse a recibir una bala de un enemigo invisible. + +A fines de Junio del año 77, los lugares que se inundaron por las +lluvias estaban secos, pues hacía tres meses que no llovía y se habían +transformado en un escondrijo admirable para el gauchaje alzado, que +merodeaba por aquellos lugares viviendo de rapiñas y pernoctando en los +pajales misteriosos, llenos de extraños rumores en los días de viento. + +Los mismos soldados del gobierno, en ciertas ocasiones aprovechaban el +fácil escondrijo, ya para hacer noche, ya para observar sin ser vistos, +a los viajeros que podían pasar por el camino. + +Y así fué como Insúa y Alarcón, que vadearon el río buscando el mejor +camino para la estancia de "Los Algarrobos", donde esperaban reunirse +con Cullen, estuvieron a punto de caer en poder de uno de los piquetes +que vigilaban las costas. + +Cuando la partida gubernista los vió pasar por el camino limpio, de +lejos reconoció al caudillo revolucionario, cuyo poncho blanco de +vicuña flotaba a sus espaldas como un albornoz. + +--¡Son ellos!--dijo el jefe.--¡Vamos, muchachos! + +Crujieron las pajas, tronchadas por los cascos de las cabalgaduras +y surgió sobre el camino la figura salvaje de los seis hombres que +componían la partida, vestidos a medias de militares y a medias de +gauchos. + +Insúa y su compañero, que se alejaban al trote, resguardados por un +pequeño monte de chañares, que en aquel sitio obligaba al camino a +hacer un recodo, sintieron el ruido a sus espaldas, y a través de los +árboles vieron la avalancha de hombres que se lanzaba sobre ellos. + +El pensamiento de echar pie a tierra y contener a balazos a los seis +policianos, fué el primer recurso que se le ofreció al revolucionario. +Pero sólo Alarcón tenía su carabina. Él llevaba su revólver, ineficaz +a esa distancia para un blanco tan movible como el que presentaban sus +adversarios, lanzados al galope. + +Además, todos ellos, armados de carabinas, habrían podido con más éxito +contestar su agresión. + +--¿Es bueno tu caballo?--preguntó a su compañero que montaba un zaino +obscuro. + +--Es de "Los Algarrobos"--contestó simplemente Alarcón, haciendo el +elogio, porque don Patricio Cullen tenía en su estancia una cría de +caballos muy acreditada. + +--Castigá entonces--díjole Insúa que montaba su famoso tostado. + +Y los dos, agachados sobre el cuello de sus cabalgaduras, empezaron una +carrera frenética que había de durar mientras los otros no cejaran en +su persecución. + +El montecito de chañares les salvó del tiroteo que los perseguidores +pudieron dirigirles al sorprenderlos a menos de medio tiro de +rémington; y cuando, más allá, el obstáculo desapareció, la distancia +había aumentado sensiblemente, dificultando la puntería. + +Pronto sintieron el silbido de las balas. + +Insúa se echó a reír, espoleando su caballo. + +--No está fundida la que me ha de matar--dijo repitiendo las palabras +que había dicho a Rosarito. + +Tenía fe en su estrella. Alarcón, sin embargo, serio y triste, le +respondió: + +--Toda la noche he sentido graznar a los cuervos. Dicen que eso anuncia +desgracia. + +Pronto dos de los perseguidores, mal montados, fueron quedándose +atrás. Se detuvieron, abandonando la partida, echaron pie a tierra y +hubieran comenzado el fuego en condiciones mejores, si sus propios +compañeros que corrían sobre la misma línea del camino, detrás de los +dos revolucionarios que huían a quinientos metros de distancia, no los +hubieran defendido cubriéndolos con sus cuerpos. + +--¡Que Dios los ayude!--dijo uno, dejando el fusil y poniéndose a +arreglar el apero de su caballo, que humeaba sudoroso.--Van bien +montados y no los alcanzaremos. + +La persecución duró algunos minutos más. Sobre el camino blanco +brillaba al sol una prolongada nube de polvo, que señalaba el paso de +los hombres. No había viento y quedaba flotando extenso rato a lo largo +de los pajales verdes. + +El jefe de la partida, sintiendo que su mismo caballo empezaba a +aflojar, y viendo cada vez más distantes a los dos fugitivos, soltó una +maldición y se detuvo. + +--¡Alto!--dijo--¡a esos no los alcanzan ni las balas! Llevan caballos +de la marca de Cullen. + +--O de la de Insúa--respondió uno de los soldados--el tostado del +capitán es de su estancia del norte. Yo lo conozco; tiene fama de ser +el mejor parejero de estos pagos... + +Durante algunos minutos, parados en el camino, siguieron con la vista +el pequeño grupo de los revolucionarios, que se iba achicando, hasta +que desapareció entre el polvo del camino y los pajales. + +--Los cuervos han mentido--dijo Insúa a Alarcón, conteniendo su +caballo, al notar que sus perseguidores habían renunciado a alcanzarlos. + +--Falta mucho para que se entre el sol--observó Alarcón.--Además, lo +que no sucede hoy, sucede mañana. + +--¿Estás con miedo? + +--No, mi capitán. + +--No hablés entonces de cosas tristes. + +Siguieron al tranco, refrenando sus corceles enardecidos por aquella +media hora de fuga frenética. + +Insúa pensaba que la partida que lo había sorprendido no debía ser la +única apostada en el camino de "Los Algarrobos", y que siguiéndolo +corrían el riesgo de tropezar con alguna otra de la cual no pudieran +evadirse con tanta fortuna. + +Los caballos hacia el mediodía necesitaban descansar. + +Estaban a la altura de Mocoretá, lugar aislado, entre el Saladillo +y los bañados de la costa del río San Javier. Llegándose hasta allí +podrían tomar un camino menos peligroso, a través del Campo del Medio, +tierra de amigos, que confinaba con la colonia Helvecia, donde Insúa +contaba con el mejor núcleo de gente para la revolución, los colonos +suizos, tiradores eximios, comprometidos a levantarse y a seguir a +Insúa, cuando don Patricio Cullen les diera la señal que aguardaban +hacía tiempo. + +Insúa y su compañero seguían a lo largo del Saladillo tortuoso, +cuya margen escarpada en aquella altura, estaba poblada de bosques +enmarañados, de algarrobos y ñandubays. Galopaban buscando "los +limpios", y en el profundo silencio que bajo la comba de los árboles +reinaba como un tácito gesto del invierno, no se oía, aparte de las +sordas pisadas de los caballos, más que el crujido de alguna rama +demasiado seca, desgajándose sobre la tierra cubierta de musgo. + +De pronto gritó una lechuza, y Alarcón, que sabía interpretar los mil +indicios del monte, se detuvo y dijo en voz baja: + +--Debe de haber algún rancho por aquí. + +Insúa asintió y comenzaron a marchar al tranco, prestando oído a cuanto +rumor sospechoso llegaba hasta ellos. + +La lechuza gritó de nuevo, y Alarcón echó pie a tierra, se acostó y +miró en la dirección de su grito por debajo de los árboles. + +--Hay un rancho--dijo--como a dos cuadras de aquí. + +Volvió a montar. El rancho quedaba entre ellos y el río. Si habían de +cruzar éste para llegar a Mocoretá, les era menester seguir la costa, +buscando un vado. + +Aquella habitación humana, que no conocían, se les hizo sospechosa. + +--Debe de ser de no ha mucho--murmuró Alarcón. + +Caminaron un trecho callados, y luego oyeron ladrar a los perros que +los habían sentido. + +--Pasemos de largo y al galope--dijo Insúa. + +Castigaron los caballos y cruzaron a cierta distancia del rancho, que +daba sobre la barranca, a breve trecho del río. En un corralito de +ramas vieron algunos caballos, pero ni una sola persona se asomó a la +puerta, por más que los perros les ladraron hasta que se perdieron de +nuevo entre el monte. + +--Es raro--pensaba Insúa--allí había alguien. ¿Por qué no ha salido? + +Un momento tuvo intención de volverse, sospechando que el rancho +pudiera servir de refugio a algún espía del gobierno, puesto allí en el +vado, por donde pasaban los que iban a Helvecia, a través del Campo del +Medio. + +Desechó tal idea, que le habría demorado, y se acercó a la costa, +buscando un paso, que les permitiera cruzar el cauce del riacho, sin +desensillar y montados. + +No fué difícil hallarlo. Vieron huellas de hacienda que había pasado, +y enderezaron por allí. Los caballos olían el agua resoplando; la +corriente era fuerte, pero escasa la profundidad, y así, minutos +después galopaban sobre la otra margen, tierras bajas, anegadas por el +río y por las lluvias y cubiertas de tacuruces, pequeños montículos de +tierra en que anidaban las hormigas, por temor al agua, y de ásperos +espartillos, en que el viento se arrastraba gimiendo. + +No había arboleda. La pradera desnuda, color de pizarra, se dilataba +hacia el Este en una vasta zona, en que la vista no hallaba lindes. +Hacia el Norte se divisaba una faja obscura y lejana; eran los montes +de Mocoretá, algarrobos enormes, con uno que otro fresco ñandubay, +abierto como un paraguas sobre un tronco recto y de ruda corteza. + +Faltaba mucho aún para que se entrara el sol, cuando llegaron a las +primeras filas de árboles. De allí el Campo del Medio no distaba más +de cuatro leguas, y habrían podido alcanzarlo antes de la noche. Pero +los caballos estaban cansados por el largo galope y convenía hacerlos +reposar algunas horas, a fin de tenerlos bien y llegar en la madrugada, +disponiendo de todo un día para hablar a la gente de esos contornos. + +Insúa conocía a un cuidador de haciendas, que tenía un "puesto" por +aquellos lugares de Mocoretá, y se dirigieron a su rancho. + +Ellos mismos, en ayunas aún, sentían ansia de tomar algunos mates, lo +que les sería suficiente, si no había otra cosa, pues en más de una +ocasión habían soportado largas abstinencias, sin otro alimento que +los cimarrones que les brindaban en las miserables chozas de aquellos +campos semidesiertos donde hallaban amigos o conocidos. + +Sobre lo más alto de la suave lomada, en que crecía el monte frondoso y +virgen, en un trozo de campo, limpiado con el hacha, estaba el "puesto" +del paisano cuidador de las haciendas de Mocoretá. + +Vivía con su corta familia, dos o tres personas, más aisladas del mundo +que él mismo, porque siquiera él, en los días de fiesta solía llegarse +a caballo hasta la colonia, donde había carreras o jugadas de taba. + +Un grimillón de perros, que le ayudaban a rejuntar las vacas, cuando +paraba rodeo, salieron al encuentro de los dos viajeros, y a sus +ladridos apareció el paisano en el patio de tierra dura, y luego su +mujer en el umbral de la puerta, con un chicuelo en brazos. + +La luna saldría tarde esa noche, e Insúa pasó las horas tomando mates +amargos que le cebaba Alarcón, esperando su salida, para marchar de +nuevo, mientras los caballos pastaban atados a un largo lazo, el +pasto fino, aún verde, que los árboles frondosos habían librado de las +heladas. + +El puestero tenía carne abundante de un novillo sacrificado días antes, +y así pudieron "churrasquear" al amor del fuego, encendido en mitad de +aquel rancho de paja. + +La noche llegó pronto, profunda, sin estrellas y ventosa, del lado del +Sur. Hacía frío, y se estaba bien en el interior de la choza, alumbrada +por un pábilo que ardía en un plato lleno de pellas de sebo. Mas cuando +contaban con un rato aún de reposo, sintieron ladrar los perros, señal +de que alguien llegaba, y poco después el rumor de algunos jinetes que +invadieron al galope el pequeño patio frente a la puerta cerrada. + +Oyóse ruido de armas. + +Insúa y Alarcón se miraron. El caudillo revolucionario vió que su +compañero, rápido y silencioso calzaba la puerta por dentro con un +mortero de algarrobo, y con el filoso facón, que le servía para cortar +la carne, se ponía a abrir un boquete cortando la paja atada en +"quinchos" con guascas, que formaban la pared del rancho, en el lado +opuesto a la entrada. + +El puestero contestaba en tanto a los que de afuera le hablaban. + +--¡Abra, amigo! + +--¿Quiénes son? + +--Hombres de bien; abra y no tema. + +Sentíase rumor de sables que se golpeaban. + +--Me ha pillado dormido--decía el paisano entretanto, comprendiendo que +un minuto que lograra detenerlos en la parte de afuera, sería bastante +para que sus dos huéspedes se escaparan. + +Después ya sabría él cómo arreglarse con los soldados. + +La mujer temblorosa permanecía en un rincón. Insúa ayudaba a Alarcón +que cortaba sin ruido los quinchos de paja. + +De afuera sacudieron la puerta, y se oyó una voz, más baja y melosa, +que decía: + +--Abra no más y no salga que hace frío. + +--José Golondrina--murmuró Alarcón al oído de su jefe. + +Y era él en efecto. Dos días antes había salido de Santa Fe con una +partida a la que servía de baqueano para batir las rutas y llevar +noticias de lo que pudieran observar. Habían pernoctado en el rancho, +construido expresamente sobre el vado, donde vivía un isleño que era +un espía, y se disponían a seguir por la margen del Saladillo hacia el +norte, cuando esa tarde vieron pasar a Insúa y a su ayudante. + +José Golondrina dijo al jefe de la partida: + +--Yo conozco estos pagos. Hay un "puesto" en Mocoretá, y allí han de +parar hasta que descansen los caballos que van sudados. La luna sale +tarde y no se han de ir antes que salga. + +Y el jefe, que conocía la astucia del indio, los dejó pasar sin +mostrarse y se preparó para caer sobre ellos cuando estuvieran +"mateando" en el rancho. + +Y ocurrió como lo habían previsto. + +Agolpados todos cerca de la puerta, aguardaron que el dueño les +abriese, seguros de coger a Insúa y a Alarcón en aquella ratonera. + +Mas la tardanza en ejecutar la operación tan simple de quitar la +tranca, disgustó al jefe de la partida, el cual sospechó algo. + +--¡Abra, canejo!--gritó impaciente; y sin esperar más, volvió su +caballo, poniéndolo de ancas contra la puerta, le pegó un sofrenón +brusco, y el animal dolorido dió tan formidable empellón, que las +maderas crujieron y la puerta cayó con marco y todo. + +Los cuatro hombres de la partida, se precipitaron al interior del +rancho, menos José el indio, que se quedó fuera mirando hacia el monte, +que en la densa obscuridad aparecía como una mancha de tinta. + +Vió cruzar dos hombres, y gritó: + +--No pierda tiempo, mi jefe; ya no están ahí; ¡allá van corriendo, para +ganar el monte! + +Un coro de maldiciones respondió, y un grito de dolor rasgó la noche. + +El jefe acababa de ver el ancho boquete abierto en los quinchos de la +pared, que el puestero había querido en vano disimular, arrojando un +apero. + +Comprendió que lo habían burlado. + +Era un paisano flaco, pequeño, con ojos crueles. + +Miró al puestero que temblaba de miedo, y rápido, como un gato del +monte cayó sobre él, y le enterró el facón en el vientre. + +La mujer dió un grito, y el pobre hombre cayó como un buey fulminado, +mientras la gente de la partida corría hacia el monte, donde se habían +refugiado ya Insúa y Alarcón. + +Éste llevaba su carabina, mas no convenía hacer frente. En la +obscuridad de la noche, no habría podido apuntar; lo mejor era buscar +los caballos que pastaban por allí, cortar los lazos y saltar sobre +ellos, que estaban ensillados, con las riendas al pescuezo. + +Cuando penetraron en la sombra del monte, oyeron el grito del indio +José, y luego sintieron el tropel de los soldados que corrían. + +Pero en pocos segundos habían saltado sobre sus caballos, y huían, como +dos centauros, tendidos sobre el cuello, a través del bosque, sufriendo +a cada instante el chicotazo de las ramas espinosas que no podían +esquivar. + +Detrás, como una avalancha, partieron sus cinco perseguidores. + +El monte, de grandes algarrobos seculares, era limpio de zarzas, y +podían huir sin grandes tropiezos. De cuando en cuando les disparaban +algún tiro cuya bala se perdía silbando, lejos de ellos. + +Y así corrieron, aumentando la distancia, por entre la densa arboleda, +sin riesgo de que pudieran rodearles, hasta que llegaron a un terreno +bajo, donde no había árboles, y que se extendía en un solo pastizal, +ilimitado, suave y fresco. + +La luna salía, llenando de luz el bañado, sobre el cual se dibujaban +nítidamente las siluetas de los dos fugitivos. + +Insúa temió que viéndoles les hicieran fuego, mas no ocurrió eso; sus +perseguidores, llegados a la vasta planicie, abriéronse en dos alas, +para rodearlos. + +--¡Maldición!--dijo Insúa, sintiendo que su caballo cansado, por la +carrera de todo el día, empezaba a aflojar. + +--¡No importa, mi capitán!--respondióle su compañero, que empezaba +también a quedarse atrás--si ganamos el garzal, no nos agarrarán en +toda la noche. + +Al frente, en la línea que seguían, a la luz de la luna, divisábase +el garzal, un inmenso pajonal, en cuyo centro, en una isleta casi +inaccesible de totoras, hierbas altas y fuertes como cañas, anidaban +millares de garzas, tuyangos y ocós, toda la fauna acuática de aquellas +regiones, con la seguridad de que hasta allí el hombre no era capaz de +llegar. + +Veíase que la intención de sus perseguidores era impedirles alcanzar +este refugio, porque las alas empezaban a cerrarse, y como iban bien +montados, con caballos frescos, no hubiera sido imposible que lograran +su intento, si los caballos de los dos revolucionarios no hubieran +hecho un supremo esfuerzo, ya en el linde del garzal, donde penetraron +a saltos, quebrando las altas totoras, resecas por el invierno. + +Alarcón marchaba adelante; Insúa le seguía, por la brecha que él +formaba aplastando las cañas. De cuando en cuando torcía bruscamente +el rumbo, de manera que no pudieran verlos desde afuera. La tupida +cortina de totoras se alzaba como un murallón. Ni aun de día habrían +podido seguirles con facilidad sus perseguidores, y a esa hora la tarea +resultaba imposible y expuesta, porque Alarcón, que conservaba su +carabina e Insúa su revólver, los habrían fusilado a mansalva, antes +que ellos pudieran verles. + +Por eso, cuando minutos después llegaron los soldados hasta el garzal, +detuviéronse indecisos. Había huellas que podían guiarles, pero ya +entre las cañas, altas de cuatro metros, tronchadas en diversas +direcciones por las haciendas que sabían refugiarse allí, no era +posible en la noche, hallar las verdaderas señales del paso de Insúa. + +--Hay que cuidar la parte del Este--dijo el indio José.--Por ese lado +han de salir, buscando el camino de Helvecia, a través del Campo del +Medio. + +Toda la partida, en efecto, continuó al galope, por la costa del +inmenso garzal, que parecía un mar de plata, a los rayos de la luna que +fundían todos los perfiles. + +De vez en cuando sentíase el vigilante grito de los chajás, que +adivinaban la presencia de los hombres. Algunas brujas, grandes aves +nocturnas, revoloteaban, manchando con sus sombras el cielo azul, +inundado de luz. + +Insúa y Alarcón avanzaban siempre hacia el centro del garzal. Cuando +llegaron a los escondidos lugares donde las aves acuáticas tenían +sus refugios, a cada paso que daban, encabritábanseles los caballos, +asustados, porque de entre sus patas se alzaban gritando los ocós y +las garzas, que dormían en sus nidos de cañas dobladas, cimentadas con +barro, a breve distancia del suelo. + +Un lodo pegajoso, indicio de que durante el verano y el otoño todo el +terreno estaba anegado, hacía más fatigosa la marcha. Los caballos +rendidos, se paraban. Dábanles un resuello, y con las espuelas +ensangrentadas ya, los obligaban a marchar, resoplando, medrosos, ante +aquellas sombras que surgían del suelo bruscamente, y aquel perpetuo +crujido de las cañas que estallaban al quebrarse. + +Así llegaron al centro, donde había una laguna, en que los patos +dormían en bandadas inmensas, que se alzaron con un ruido de granizo, +al sentir a los dos hombres. + +El sitio era limpio, alejado casi media legua de la orilla. No había +totoras, y la tierra cubierta de verdes canutillos, parecía un fresco +tapiz, mas los caballos se negaban a entrar, conociendo que debajo de +los pastos había un metro de agua. + +Entre las totoras de la orilla, donde el suelo era firme, aunque +barroso y húmedo, se quedaron los dos fugitivos, y echaron pie a tierra +para dejar descansar sus caballos. + +--Por esta noche no hay peligro--dijo Insúa, desensillando su caballo, +para soltarlo atado con el lazo que llevaba arrollado. + +Del lomo sudoroso de los animales se alzaba un vaho denso. El frío era +penetrante y parecía caer como una lluvia impalpable y helada, del +cielo limpio, barrido por el viento. + +--Se van a pasmar--dijo Alarcón, cortando un puñado de paja seca y +friccionando rudamente la piel humeante de su caballo. + +Insúa, silencioso, pensaba en cosas lejanas. La vida tenía ahora para +él más precio, y aún envuelto en la emoción de la lucha, sentía las +ligaduras que ataban su corazón a la Casa de los Cuervos. + +--¡Oh! ¡Gabriela, Gabriela!--pensó--¡qué profundamente has entrado en +mi alma! + +Alarcón dejó los caballos y se puso a construir una ancha cama, a la +manera de los nidos de las garzas, de totoras entretejidas y dobladas. +No bien estuvo dispuesta una, Insúa se tendió sobre ella con el aire de +un hombre rendido, y se envolvió en su blanco poncho de vicuña. + +Su compañero sonrió adivinando en qué pensaba el caudillo. + +--Yo haré la guardia, mi capitán--le dijo. + +--Hasta la media noche--respondió Insúa--a esa hora yo te relevaré. +Partiremos antes del alba. + +Pero antes de la hora, en el viento que empezaba a soplar con fuerza +del lado Sur, llegó una obscura cortina de humo, cálido y acre. + +--¡Mi capitán, mi capitán!--gritó Alarcón. + +Insúa saltó de su lecho de totoras. + +--Han incendiado el garzal. + +Los caballos empezaban a asustarse. Hacia el Sur sentíanse ya los +gritos de las aves sorprendidas por el fuego, pero aún no llegaba hasta +ellos el chisporroteo de la llama. + +La columna de humo envolvía el garzal, sin levantarse mucho, porque +arriba el viento la desgarraba, y sus blancas volutas, iluminadas por +la luna, se enredaban como banderas entre los haces de totoras. + +En un minuto estuvieron ensillados los dos caballos, que amujaban las +orejas y cavaban la tierra con sus cascos impacientes. + +Cuando Insúa iba a saltar, Alarcón dijo: + +--Mi capitán, no monte en el suyo, monte en el mío, y deme su poncho. +Así nos confundirán, y podremos escapar con facilidad. + +Insúa que fiaba en la sagacidad de su compañero, aceptó el cambio, y +subió en el otro caballo, mientras Alarcón saltaba sobre el tostado +famoso del caudillo. + +Entre las rachas de humo que se hacían más espesas, contornearon +la laguna del garzal, sobre la cual revoloteaban millares de aves, +graznando, encandiladas por el incendio, y entraron entre los totorales +de la opuesta orilla, azuzando a sus caballos, más acostumbrados ya a +romper las cañas con el pecho. + +De pronto dijo Insúa, deteniéndose: + +--Si han incendiado el garzal por la parte del Sur, deben cuidar el +Norte. + +--Así ha de ser--contestó Alarcón. + +--Entonces es preferible buscar camino al naciente. + +--Yo creo, mi capitán, que debemos separarnos. Usted hacia el Norte, yo +hacia el naciente, aunque ellos vigilen por allí. Si han incendiado el +Sur, el viento que es pampero, ha de haber hecho correr el fuego por +todo el poniente. + +Y así se apartaron, citándose para el camino de Helvecia. Al +despedirse, Alarcón estiró la mano a su jefe. + +--Adiós, mi capitán. Aunque me maten, no se olvide de mí. + +En la noche, entre el humo y el reflejo del incendio que llegaba ya, el +valiente revolucionario, con el poncho blanco flameando a sus espaldas, +agitado por el viento, parecía un caballero de leyenda. + +Insúa tuvo miedo al verle, tan fantástica era su figura en el cuadro +aquel, y tembló recordando sus presentimientos de esa mañana. + +Le apretó la mano con extraordinaria efusión y se separaron los dos, +Insúa hacia el Norte, Alarcón hacia el Este, donde quedaba el camino +del Campo del Medio. + +El jefe sentía el incendio a su izquierda, como si el viento, +remolineando, sin dirección fija, hubiera hecho correr la llama por +el contorno de esa parte del garzal, cuyas totoras resecas eran un +admirable pasto para el fuego. + +Corría más la llama que él, y eran como dos brazos de oro fundido +que le perseguían para estrecharlo antes de que saliera de entre los +totorales. + +Llegó a pensar que habría sido mejor buscar una salida hacia el +naciente, aun defendiéndose a tiros, porque por allí el incendio no +debía haber llegado todavía. + +El caballo espoleado con crueldad avanzaba dando botes. A veces caía, +resbalándose sobre las totoras, enredadas al rededor de un nido, en que +algunos polluelos estiraban sus largos pescuezos ansiosos. + +Insúa lo hostigaba, sintiendo en la espalda el aire abrasado, y el +pobre animal, lleno de pavor más que de bríos, soplaba con furia y se +alzaba temblando, para marchar rompiendo siempre aquella inmensa malla +de pajas crepitantes y lustrosas. + +Cuando llegó al borde del garzal, cerca ya del bañado, una racha de +viento desgarró la cortina de humo, que lo envolvía todo, y él pudo ver +hacia el naciente el incendio más pavoroso como si le hubieran dado +contrafuego. + +Tembló por su compañero. Fué a volver, en su auxilio, por la brecha que +él mismo había abierto, pero una inmensa columna de humo se alzó de +pronto, a un centenar de pasos, de donde él estaba, entre las totoras +que acababa de cruzar, anunciándole que todo aquello no era más que un +solo brasero. + +El cielo que se había cubierto de nubes, se enrojecía con vívidos +lamparones, que desgarraban la negrura de la noche con reflejos +sanguinolentos. Altas, muy altas, veíanse cruzar las garzas +encandiladas, y graznaban las gaviotas que habían acudido al +espectáculo. + +En el horizonte hacia el Este, pintábase ya la barra limpia, color de +oro, anunciadora de la mañana. + +Un minuto que perdiera, sería su muerte, pensó el revolucionario, +sintiendo los gritos de uno de los hombres, que de lejos a su +izquierda, le había visto a la luz del incendio, y se echaba a correr +sobre él. + +Espoleó su caballo, y empezó a cruzar el bañado, seco en ese tiempo, +pero difícil por la aspereza de la tierra que la hacienda había +hollado y cubierto de infinitas madejas de camalotes resistentes como +pequeños cordeles. + +Marchaba con honda pena, preocupado por la suerte de Alarcón, que podía +haberse visto envuelto en las llamas, sin camino de regreso hacia la +laguna del garzal, donde habría podido librarse del incendio. + +La luz se hizo, cuando llegó al linde del bañado con el monte, y los +cascos del caballo tocaron la anhelada tierra firme. + +Su perseguidor de la izquierda, lo saludó con un tiro cuya bala sintió +silbar, y vió entonces a la derecha el grupo de los soldados que se +echaban sobre él, a todo lo que daban sus caballos. + +Y empezó de nuevo la carrera, a través del monte, lleno de silencio y +de sombra, azotándose con las ramas espinosas que se alargaban sobre +él, como para detenerlo a traición, oyendo el resonante galope que le +perseguía como un trueno lejano, y el alarido de los perros, por donde +comprendía que iba menguando la distancia y que su caballo empezaba +a aflojar. Hasta que, de pronto, parecióle que todo se anegaba en el +silencio invernal del bosque, y volvió la cara no oyendo ya ni a los +perros ni a los hombres, y observó que habían desaparecido. + +Comprendió que engañados por el cambio de poncho y de caballo, que le +sugiriera Alarcón, creían haber perseguido a éste, y se volvían para +rodear en el garzal incendiado al jefe de los revolucionarios, seguros +ya de no dejarle escapar. + +Alarcón en tanto, quebrando la valla de totoras había marchado hacia el +Este de la lagunita donde pasaron la noche. + +Estaba seguro de que por esa parte se encontraría con los soldados, y +ese era su oculto propósito. Se haría perseguir, con su poncho blanco, +iluminado por el alba que clareaba ya, y daría tiempo a su jefe para +escapar. + +Mas he aquí que siguiendo su penoso camino, cuando se había internado +profundamente entre aquellos tupidos y recios pajales, una extensa +faja incendiada le cerró el camino con su vaho de infierno. El viento +era contrario a la llama, pero de vez en cuando algún remolino caía +sobre ella y mesándola en todas direcciones la hacía penetrar en rojas +lenguas a través de las cañas secas y sonoras. + +Buscó una salida y no hallándola, oblicuó hacia el norte, porque la +gran masa de fuego llegaba del sur, arrastrada por el pampero. Y +después de marchar un rato, un aletazo del viento arrojó sobre él una +obscura cenefa de llamas envueltas en el humo áspero de los pastos +verdes. + +Tenía que volver, y con paciencia, comprendiendo que debía esperar en +medio de la laguna que sus perseguidores cayeran sobre él cuando el +incendio hubiera devastado su inexpugnable refugio, volvió riendas y +empezó a desandar su jornada, siguiendo sus propias huellas. + +Y de nuevo la llama que había avanzado rodeando la laguna le cortó el +paso. + +Ni para el Norte, ni para el Sur; ni para la izquierda, ni para la +derecha. Todo estaba incendiado. Quiso cruzar la napa de fuego que +lo separaba de la laguna donde podía salvarse, y el caballo se le +encabritó y volviendo grupas empezó a patear las llamas que corrían +como millones de culebras de oro. + +Debía morir, y se resignó, con ese fatalismo criollo que se allana +mansamente al destino. + +Ya él lo había presentido, oyendo graznar a los cuervos, y aunque su +jefe no creía, él tenía ya la muerte en el alma. + +Había una isleta libre entre la mar de fuego que avanzaba por todos los +rumbos, se retiró al centro, y se puso a mirar con sus ojos azules, +serenos, la llama que llegaba en su busca. Las cañas se retorcían +gimiendo, y en la parte húmeda y verde que se hundía en la tierra, +estallaban cohetes que asustaban al caballo. + +Alarcón lo palmeó en el cuello para aquietarlo. Echó pie a tierra y se +puso a desensillar pensando que era una tristeza que se perdiera aquel +soberbio tostado que se había hecho tan famoso como su dueño. Quitóle +después el freno, lo enderezó hacia el Este, y le dió un lonjazo para +que tratara de salvarse huyendo a través del fuego. + +Pero fué en vano; el animal corrió hasta las llamas, tronchando las +totoras; y allí bruscamente, volvió el anca, y se puso a dar coces sin +alejarse del fuego que avanzaba sobre él. + +Alarcón agachó la cabeza para no verlo. Sentía los gritos de los +polluelos que se asaban en los nidos, y arriba, sobre su cabeza, la +protesta de miriadas de garzas blancas y gansos rosados, que volaban +sobre las nubes, asistiendo al incendio de su refugio y de su prole. + +Un rumor como si centenares de carros volaran sobre la llanura +producían las llamas mesadas por el viento, entre las altas cañas que +podían ocultar un hombre montado. + +El humo y el calor de horno que le envolvía empezaban a desvanecerle. +El fuego estaba a cincuenta pasos de él, y envolvía totalmente el sitio +en que su caballo moría pateando siempre al invisible enemigo. + +Comenzó a salirle sangre por la nariz, y como de pie no podía respirar, +miró por última vez el cielo, manchado de nubes ahumadas y el sol que +ascendía, haciendo huir la noche en el sombrío bosque, por donde a esa +hora galopaba su jefe, y se echó en tierra pegando la cara con el barro +fresco, que pudo hallar al pie de las totoras, envuelto en el poncho +blanco de Insúa. + + * * * * * + +Cuando al caer la tarde se extinguía el inmenso brasero del garzal que +había ardido todo el día, José Golondrina, que acechara ansiosamente +para impedir la fuga del que todos creían que se estaba quemando allí +adentro, montó a caballo, y se internó en la llanura cubierta de ceniza +y de matas ennegrecidas que se desmoronaban bajo las pisadas del +caballo. + +De algunos montículos, donde habían estado más tupidas las totoras, +surgían aún haces de chispas, que caían como un polvo de oro sobre el +rescoldo tibio. + +A tres cuadras de la laguna halló el cadáver del caballo de Insúa, y a +poco más allá, el cuerpo del que creyó su rival, con la cara sobre la +tierra blanca de cenizas, como dormido en el profundo silencio de la +tarde. + +Reconoció su poncho blanco de vicuña, quemado en parte, su lujoso +apero, sus armas, y echó pie a tierra, y con el taco de su bota pisó +el cuello del muerto, que envolvía la manta, sintiendo que la carne +calcinada se desmoronaba también como aquellos montículos de que estaba +sembrado el garzal. + +Y sus ojos pardos se llenaron de luces, que brillaron un momento, como +los haces de chispas que surgían de entre las matas encendidas aún, +cayendo como una lluvia de oro sobre el rescoldo tibio. + +Y pensó que ahora podía reinar sobre su tribu reconstituída por él. + + + + +IV + +Yo lo maté, pero voy a morir... + + +Días antes Syra, que rara vez salía desde la muerte de su novio, visitó +a las vecinas, en cuya casa solía verse con él. + +Empezaban a encenderse las luces cuando ella terminó su visita, y se +marchó. + +En la calle solitaria a esa hora, encontróse con una negra vieja, hija +de los esclavos de otros tiempos, limonera, que caminaba pegada a las +paredes, estirando una mano seca a los raros transeúntes. + +Conocíala Syra y la socorría en día fijo de la semana. + +La vieja se le acercó, y le dijo en voz baja: + +--¡Amita! me mandan a buscarla, si quiere ir, en interés del hombre que +llora. + +--¿Quién te manda? + +--José el indio. + +--¿Dónde está? + +--En el cementerio de San Antonio. + +--¿Qué quiere de mí? + +--No me lo ha dicho. + +Pensó Syra un momento, arrimada contra uno de los pilares de su casa, a +la cual había llegado, y tuvo el presentimiento de que la vieja esclava +decía la verdad, y que las misteriosas palabras con que había aludido a +su novio muerto, tenían realmente relación con la extraña cita. + +Observó si alguien más la había visto, y creyendo que no, se arrebozó +en su chal como una mora, descubriendo los ojos nada más, y siguió la +calle del Cabildo, hacia el Oeste, para doblar al Norte tres cuadras +más allá. + +El velo ceniciento que el crepúsculo había arrojado sobre la ciudad, se +iba oscureciendo como un denso crespón, y cuando Syra llegó frente a +las tapias del cementerio de San Antonio, cuya capilla abandonada, al +borde de la calle, en aquellos arrabales silenciosos, parecía llena de +las almas de los muertos, era casi de noche, y no vió la silueta del +indio, acurrucado contra la puerta. + +--Niña Syra--le dijo, y ella tembló ante aquella voz que parecía surgir +de la tierra. + +Él se paró y le murmuró al oído. + +--¿Siempre se acuerda de él? + +Syra lo miró, y vió sus ojos lucientes como los de un gato en la sombra. + +--¿Qué te importa? + +--¿Lo has olvidado, entonces? + +--¿Para eso me has llamado? + +--Sí, niña, para eso. Quería saber si después de muerto, iba a seguir +siendo agraviado. + +--¿Por quién? + +--Si su merced me manda, niña,--dijo con voz sumisa el indio,--yo le +diré; pero si lo ha olvidado ya, y no piensa vengarlo, no quiera saber +lo que iba a contarle. + +Chilló una lechuza bajo el alero de la capilla, y su grito glacial +entró en el alma de la joven como un escalofrío. ¿Qué podía ser aquello +que el indio le iba a contar? Ella sentía pasar los días cargados de +odio, porque en su corazón apasionado, no se aplacaba el amargo anhelo +de vengar aquella sangre que manchó su traje de baile y de novia. + +--¿Qué me vas a contar?--dijo simplemente--yo no lo he olvidado. + +--Pero en su casa sí--respondió el indio--en la Casa de los Cuervos, ya +ni su madre lo recuerda, y su hermana está para casarse con el que lo +mató. + +Dijo estas palabras en voz baja, no más fuertes que el susurro del +áspero ciprés que había al lado de la capilla, mas parecióle a Syra que +la voz retumbó como un trueno, y miró a su alrededor, por si alguien +había que pudiera escucharle. + +El camposanto, sembrado de cruces negras, parecía un vasto sudario +arrojado sobre millares de muertos que yacían juntos, marcando con sus +cuerpos el pequeño relieve de los túmulos blancos. + +Ni una luz se veía en ese barrio, de tapias roídas por el tiempo, y de +pencales verdes y espinosos, señalando el linde de las heredades. + +Llegada la noche, aquellos parajes siniestros, adonde Syra no había +temido acercarse, quedaban librados a los cuervos, a las lechuzas y a +los perros sin amo. + +Los perros ladraban en las noches de luna; las aves callaban, y el +enorme silencio pesaba allí durante horas, como una lámina de plomo, +hasta que al toque de ánimas, que llegaba de todas las torres de la +ciudad, graznaban las lechuzas y resonaba el eco en la sombría capilla, +cuya puerta solía abrir el viento. + +--¿No has mentido? + +--No, niña. + +--¿Vas a jurar? + +--Sí, por la tierra donde duerme mi madre--dijo él, y Syra creyó en su +palabra. + +Esa misma noche habló a Montarón, y le anunció que se iría a la Casa de +los Cuervos a pasar una temporada de campo. + +El repentino capricho pareció explicable y sus padres accedieron a +mandarla en una volanta, que salió dos días después, cuando ya Rosarito +estaba de vuelta y José Golondrina perseguía en el garzal a los dos +fugitivos. + +Syra llegó a la Casa de los Cuervos como una amiga, disimulando su +amargura, para saber mejor aquella terrible verdad que le habían +confiado. + +Doña Carmen de Borja, ante aquella joven enlutada, que compartía +su dolor, pero que la miraba con ojos extraños que buscaban su +pensamiento, sintió miedo, temiendo por el secreto de aquel perdón que +había dado a Insúa en el fondo de su alma y que nadie comprendería, si +llegaba a saberse todo lo que ella sabía de la muerte de su hijo. + +Y Gabriela tembló por su amor, como si en los ojos fulgurantes de Syra +hubiera leído una sentencia; y como si ella y su madre se hubieran +puesto de acuerdo, jamás nombraban al ausente en quien vivían pensando. + +No nombraban tampoco a los muertos, de quienes parecían haberse +olvidado todos en aquella casa, y cuyo recuerdo Syra había venido a +avivar, como una cicatriz que duele y se abre. + +A la siesta se reunían las tres mujeres en la galería bañada por el +dorado sol de invierno y dejaban correr el tiempo, sin despegar los +labios, como si sus pensamientos se hablaran en silencio. + +Los peones se acercaban a pedir órdenes a la dama, que solía +levantarse, dejando sola a Gabriela y a Syra. + +Gabriela sentía los ojos de la hija de Montarón clavados sobre ella. +Sugestionada por aquella persecución alzaba la frente, y la miraba. +Syra, enlutada como una viuda, le sonreía, sin hablarle, mas su sonrisa +no era amistosa. + +Cuando algún incidente imponía la conversación, los espíritus parecían +alejados y las palabras surgían sin cordialidad. + +A veces, sin motivo, se acercaba la mujer del capataz, que rondaba +aquellas escenas, como un perro fiel, husmeando la sangre del amo. + +Gabriela pensaba que ña Floriana había adivinado su secreto, porque +jamás mencionaba a Insúa, como si tal nombre le amargara los labios; y +si era así, la astucia de aquella mujer podría haber comprendido los +sombríos proyectos de Syra, que compartía con ella sola el deseo de +vengar a los muertos. + +Pasaban los días y aún Syra ignoraba si en verdad doña Carmen y su hija +conocían que el hombre que albergaran en su casa era el matador de +Carmelo y de Jarque. + +Pero de aquellas escenas de pesado silencio, surgía la terrible +sospecha de que ambas lo sabían y callaban para no romper el encanto +del amor que nacía. + +Una tarde llegó ñor Basilio el ovejero, y dijo a doña Carmen: + +--En el campo de Mocoretá han quemado vivo al capitán Insúa. Uno de los +que andaban en su busca de parte del gobierno ha dormido en mi rancho y +me lo ha contado. + +Doña Carmen guardó el secreto. Nadie habría podido sospechar la +tormenta de encontradas pasiones que se levantó en su alma, porque su +rostro permaneció inmutable. + +Un poco más de ternura hubo en sus ojos al mirar a su hija; y en el +pliegue de sus labios una fuerza mayor para imponer el silencio a las +expresiones de rencor satisfecho que querían desbordar. + +Pero esa noche todo cambió. A la hora de la cena sintieron llegar un +caballo, que se acercó entre el ladrar de los perros hasta el árbol en +que los cuervos dormían. + +Gabriela corrió a mirar y dijo: + +--¡Insúa! + +La madre fué a desengañarla, contándole la historia que le habían +referido, cuando entró el capataz y lo anunció, y luego el mismo +capitán, que llegó con aire de fiesta. + +Sin que nadie lo advirtiera, Syra corrió a su cuarto, cuya puerta daba +sobre el corredor y se encerró por no verle. + +Insúa se sentó a la mesa, y alejados los sirvientes, habló a la madre y +a la hija. + +Había mandado un chasque a don Julián, a fin de que esa misma noche +llegara a casa de doña Carmen y debía estar al caer. + +Era extraño lo que iba a decir, pero en su vida todo era así, extraño. + +Doña Carmen escuchaba en severo silencio, con los ojos posados sobre el +plato y las manos tiesas sobre el mantel. También en la vida de ella +todo era extraño. + +Insúa prosiguió: + +--Quiero llevarme, señora, el talismán que ha de darme suerte. La +revolución va a estallar en el plazo de tres días. Todo está pronto, y +yo vengo a casarme, para que el amor de mi esposa sea mi fortuna en la +batalla. + +Gabriela había dado un grito. Insúa se puso de pie y esperó la +respuesta. Doña Carmen bajó la cabeza asintiendo, mas no habló. + +Sintióse rumor en el patio y todos salieron de la galería. Era don +Julián que llegaba. + +--¿Será esta noche?--preguntó la dama a Insúa. + +--Sí, señora--contestó él, inclinándose. + +Doña Carmen llamó a la mujer del capataz y le dijo lo que había, a fin +de que preparase el oratorio donde debía de ser la ceremonia. + +En la obscuridad del patio no vió el gesto de horror con que la mujer +se apretó la cabeza. + +Insúa y Gabriela se paseaban en la galería del lado en que estaban los +cuervos. Uno de ellos, despierto, se espulgaba y sentían el áspero roce +de su pico en el negro plumaje. + +En el cuarto de los huéspedes doña Carmen atendía a don Julián. +El comedor había quedado a obscuras, y nadie vió por eso entrar a +Floriana, que se acercó hasta la pieza donde Syra se había refugiado y +la llamó suavemente. + +No le abrieron; quizá no oyeron la señal, que repitió dos veces, sin +resultado. La joven, sin embargo, no dormía; sentíanse sus pasos y el +rumor de su ropa. + +Floriana miró por el agujero de la llave, y a la luz escasa de la vela, +vió algo cuyo significado no comprendió. ¿Quién estaba allí? ¿Syra o +Gabriela? ¿Quién era la novia que había venido a buscar el capitán +Insúa? ¿Por qué si era Gabriela, Syra se vestía de blanco como si ella +fuese? + +Corrió al oratorio a concluir los preparativos de aquella fiesta que le +llenaba el alma de rencores y a poco sintió la voz de don Julián que +entraba con una maleta, en que traía un roquete, una estola y un libro. + +Y luego llegaron todos. Gabriela vestida de negro, tal como estaba; +Insúa como si terminada la ceremonia hubiera de partir al combate, doña +Carmen de Borja, pálida, como una muerta, plegados los labios para no +quejarse, y los peones, que habían de servir de testigos. + +Se cerró la puerta, para que el viento no apagara las velas que ardían +en dos candelabros iluminando crudamente la imagen de la Virgen rodeada +de flores, y la alta silueta del cura, que hojeaba el libro, para leer +las preces. + +--Falta la niña Syra--dijo Floriana. + +Doña Carmen hizo un gesto para que callara. Don Julián no la había +oído, y llamó a Insúa y a Gabriela, y comenzó a leer aquella augusta +alocución, que esa noche ponía un horror de tragedia en el corazón de +todos. + +De pronto sonó una carcajada en el patio, que a Insúa le heló la +sangre; se oyó el graznar del cuervo despertado por el ruido, y la +puerta del oratorio se abrió con violencia, y entró Syra, vestida de +blanco, semejante a una novia, hermosa como una aparición, con el +cabello suelto, como si no hubiera podido concluir su tocado, con la +frente iluminada, y los ojos ardientes, y la risa en la boca crispada. + +Apartó con fuerza a los que le cerraban el paso y corrió al altar y +tomó a Gabriela de un brazo, y le dijo mostrando una gran mancha de +sangre que tenía sobre el pecho, en el albo traje de baile: + +--¡Yo era su novia, y él lo mató! + +Y todos sintieron correr por sus venas el horror de haber comprendido, +sin que ella dijera más, lo que significaba aquella sangre, quién era +el muerto y quién era el matador. + +Se abrió de nuevo la puerta, y una racha fría de viento apagó las +luces, y sintióse en el gran silencio que se hizo el aletazo de un gran +pájaro que había entrado sin que nadie lo viera, y que pugnaba por +hallar la salida. + +Se oyó entonces la voz de Insúa: + +--¡Es cierto, es cierto! ¡Yo lo maté! + +Se le vió, en la sombra, acercarse a Gabriela que había caído desmayada +en brazos de su madre, no se oyó el ruido de su beso en la frente de +la joven, pero sí la voz de él más tranquila, hablando desde el umbral +de la puerta, como un adiós a la Casa de los Cuervos. + +--Yo lo maté, pero voy a morir. + +No hubo un gesto de nadie para responderle, ni se tendió una mano amiga +para detenerle. + +Salió; se oyó el graznar del cuervo, y luego el rumor del galope de un +caballo, que se alejaba por la calle sombría de los eucaliptus. + + + + +V + +La batalla de los Cachos + + +Una mañana, el catorce de Junio, Rosarito entró despavorida en el +salón donde su padre estaba dando clase, a una veintena de chiquillos +adormilados. + +--¡Tata!--dijo simplemente--¡la revolución!--a Francisco anoche lo han +muerto, según dicen. + +Y cayó arrodillada en el suelo, llorando y escondiéndose la cara entre +las manos, mientras los chicuelos aprovechaban el estupor causado en el +maestro por aquella noticia, para desbandarse y huir de la escuela. + +Desde tres días antes vivía la gente en Santa Fe aguardando la hora de +la revolución. Sabían, los que estaban en el secreto, que don Patricio +Cullen, desde "Los Algarrobos", bajaba con su gente hacia la ciudad, +sublevando las campañas con ardorosas proclamas. + +Sus montoneros a caballo, mal armados, no habrían podido resistir el +empuje de las fuerzas del gobierno, que contaba, como núcleo principal +de su defensa, con el histórico batallón "7 de Abril" al mando del +coronel Raimundo Oroño. Pero sabían que Francisco Insúa bajaba +simultáneamente a encontrarse con Cullen, al frente de los "Suizos", +colonos de Helvecia, y de más al Norte aún, de la Colonia Galense, +de Romang, de Alejandra, donde la causa de los revolucionarios había +reclutado sus mejores tropas. + +Aquellos extranjeros, tiradores de primer orden, bien armados con +fusiles de precisión, valían mucho más que las revueltas montoneras que +traía Cullen. + +La revolución debía estallar en la ciudad, no bien se supiera que +Cullen o Insúa llegaban, y hubo un momento en que su triunfo pareció +seguro a los dirigentes de la conspiración, porque el gobernador Bayo, +ignorante de todo, o confiado en exceso, habíase ausentado de la ciudad +para asistir a las fiestas que en esos días celebraban en el pueblo de +San Carlos. + +Montarón con un grupo de revolucionarios se encargó de apresarlo, pero +el gobernador tuvo aviso de que la muerte de Insúa que días antes +le comunicaran en secreto no era verdad, y que se le había visto en +Helvecia, moviendo su gente. + +Esto le obligó a regresar, frustrando el plan de Montarón; y como +se supiera que los revolucionarios avanzaban sobre Santa Fe, se +destacó una compañía del batallón "7 de Abril", para que marchara a su +encuentro, dejando el resto de la fuerza para cuidar la ciudad. + +Los soldados del gobierno debían procurar unirse con la gente que desde +San José del Rincón llevaba el coronel don Nazario Ocampo, fuerza de +caballería de línea, muy apreciable, no por su número, sino por su +calidad; y con las del coronel don Francisco Romero, que debía cruzar +desde Santa Rosa con quinientos hombres, bien armados, para cortar +la retirada de los revolucionarios, cuando bajasen a lo largo del +Saladillo. + +Ocurrió, sin embargo, que el 13 de Junio, al mediodía, el jefe de las +tropas del gobierno que marchaban hacia el Norte, recibió noticias +de que Insúa había llegado al paso de los "Cachos", y se preparaba a +vadear el Saladillo, buscando la margen derecha, para seguir el camino +a Santa Fe. + +El coronel Oroño, dudando de aquella nueva, mas deseando prevenir +el ataque si era verdad, destacó una compañía de veinte hombres a +caballo, al mando del alférez don Pedro Viñas, para que efectuara un +reconocimiento hasta el mencionado paso. + +Y allí, aquel día, al caer de la tarde, se inició la sangrienta batalla +de los "Cachos". + +Insúa bajaba, en efecto, con su gente. La margen izquierda que a causa +de las vueltas del Saladillo, quedaba al Norte, estaba anegada por un +repunte del riacho en los últimos días. + +Los altos pajales podían servirles para acercarse sin ser vistos, hasta +el paso que buscaban, donde había dos grandes canoas, en que podían +cruzar sin mojar sus ropas ni sus armas. + +No todos venían a caballo; algunos, los suizos en su mayor parte +marchaban a pie, alegremente con sus rifles al hombro, y sus +cartucheras a la cintura. + +Insúa triste, buscando la muerte más que la victoria, hacía su jornada +en silencio y sin odio. + +Cuando llegaron al vado, desde la otra orilla, que estaba a un tiro +de carabina, les hicieron una descarga. Era la gente del gobierno, +parapetada detrás de unas pilas de leña cortada, que algunos canoeros +habían amontonado y que servían de admirable trinchera. + +No era fácil saber el número de los enemigos, pero Insúa dió orden de +cruzar el río, y unos a caballo y otros en canoa empezaron la maniobra, +bajo el fuego de los soldados del "7 de Abril". + +Un grupo de suizos, rodilla en tierra desde los pajales, empezó un vivo +tiroteo, protegiendo a los suyos que cruzaban el río. + +El sol se iba entrando, pero el ojo experto de aquellos excelentes +rifleros, descubría detrás de los montones de leña al enemigo apenas +visible y empezaba a diezmarlo. De cuando en cuando se oía un grito: +un hombre se paraba, abría los brazos y caía y los tiradores reían. + +La primera canoa, llena de hombres, armados de rifles, al llegar a la +mitad del río se fué a pique acribillada a balazos por los del gobierno +que apuntaban a sus tablas. + +Y entonces se vió a Insúa, que en la otra orilla permanecía a caballo, +mandando la maniobra, con un soberbio desdén de la muerte que zumbaba +a sus oídos, echar pie a tierra y meterse en el agua empujando la otra +canoa. + +La llevó así hasta que el agua le dió al pecho, y de un poderoso envión +la arrojó hacia el medio, animando a su gente, con aquel absurdo valor +del hombre indiferente a las cosas que puedan ocurrir. + +Veíase claramente que los soldados del gobierno lo habían conocido, +no obstante la sombra crepuscular, y que tiraban sobre él, a cuyo +alrededor en el agua, picaban las balas salpicándole el rostro. + +Se volvió a la orilla y montó de nuevo en su caballo y esperó el +resultado de aquella maniobra. + +Ya algunos de los suyos,--lanceros que cruzaban a nado, a la par de sus +caballos,--empezaban a llegar a la opuesta orilla, y la segunda canoa +cargada de rifleros, había pasado de la mitad del río, cuando se vió +a los del gobierno aprovechar las sombras de la noche para dejar sus +barricadas, abandonando un puesto que no podían sostener. + +Cesó el fuego, mas con el último tiro, se vió a Insúa que abría los +brazos y caía del caballo, de bruces sobre una mata de chilcas. + +Cuando lo alzaron, sobre unas parihuelas, sonreía, como si hubiera +visto venir lo que anhelaba. + +--Sigan peleando, muchachos--les dijo. + +Cruzaron el río, y lo llevaron al rancho de un pescador, cercano a la +orilla, y lo dejaron allí, porque tuvieron noticia de que la gente +del gobierno acampaba en San Pedro, a cosa de tres leguas, y convenía +atacarla antes que recibiera los refuerzos que se esperaban de Santa +Rosa. + +Pero nada pudo hacerse esa noche, porque el enemigo, al llegar ellos +había abandonado también aquel punto, y cuando a la mañana siguiente +llegó Cullen con su tropa, se estrelló con las fuerzas del coronel +Romero, bien armadas, y no tuvo el apoyo de la caballería con que +contaba, ni de Insúa, del cual no halló quien le diera noticias. + +Pelearon rudamente, pero sus montoneros se desbandaron y él tuvo que +huir, por la orilla izquierda del Saladillo, con rumbo a Helvecia. + +Montaba un caballo tordillo, parejero, que no era de su estancia, y +cuyas condiciones no conocía. + +Perseguido de cerca, en los primeros momentos ganó larga distancia, +pero pronto conoció que el caballo se le cansaba. + +Su asistente, Juan Félix López, sin apartarse de él, le decía: + +--Castigue, don Patricio; castigue su caballo. + +El jefe de los revolucionarios, comprendiendo que su caballo estaba +rendido bajo su peso, respondía: + +--A mí me conocen y me quieren. Si caigo en manos de ellos, no tengo +que temer. Vos sí; vos debés huir. + +Llegaron así al monte, a la isleta de las Estacas, y allí Cullen +comprendió que su caballo no daría más y se detuvo. + +Una avalancha de gauchos del gobierno dando alaridos, se echó sobre él. + +Saltó del caballo uno de ellos; era José Golondrina, y lo tomó de la +rienda. + +--¡Bájese!--le dijo,--y como no obedeciera al instante, le tiró un +lanzazo y lo derribó. En el suelo, uno de los más abyectos secuaces +llamado el "Lechuza", lo tomó de la barba. + +--A mi padre--alcanzó a decirle don Patricio--lo degolló Rozas; no me +maten como a él. Mátenme a balazos. + +Pero "Lechuza" le cortó la cabeza, mientras la pequeña tropa de gauchos +y de indios se cebaba en su cuerpo cribándolo a lanzazos, lo mismo que +al de su compañero López. + +La muerte de Cullen produjo un inmenso estupor en la ciudad, donde ni +sus adversarios más encarnizados habían creído que pudiera llegarse a +ese extremo. + +Cuando se recibió la noticia, Rosarito, acompañada de su padre, había +salido ya en busca de Insúa, herido la víspera. + +La campaña tranquila se bañaba en el sol de la tarde, indiferente a +aquellas pasiones que manchaban su suelo. + +Don Serafín, acurrucado en un rincón, envuelto en su capa, iba contando +historias análogas a aquel episodio, que había visto en su vida. +Rosarito llevaba las riendas del tílbury en que viajaban al trote por +el solitario camino blanco. Ella no oía a su padre; pensaba en las +cosas tristes que rebalsaban en su alma, y tenía en los labios la +amargura de una queja. Pensaba que si él había muerto, lo hallaría +donde le habían dicho, velado por Gabriela; que si aún vivía, él no +volvería a besarla como en la noche de la revolución, porque su rival +estaría presente. + +Sabía que no había esperanza de salvarle. El que les llevó la noticia, +enviado por Insúa mismo, les había explicado cómo era la herida y cómo +ni el mismo Insúa pensaba vivir. + +Así como mandó avisarles a ellos, pensaba Rosarito que habría mandado +avisar a la Casa de los Cuervos, no lejana de allí. + +Mas cuando llegaron al paso de "Los Cachos", hallaron al caudillo +revolucionario muriendo solo en el ranchito abandonado. + +Estaba tendido en la tierra, sobre un apero, y tenía cerrados los ojos. +Como obscurecía ya, no conoció en la penumbra a los que llegaban, y +Rosarito, hincada a su lado, le dijo su nombre y le vió sonreír, y le +habló de su amor y de Dios, para endulzarle aquella hora suprema, y +él que en nada creía, sintió su alma iluminada por aquella verdad que +bajaba en tal momento sobre él, y lloró con grandes lágrimas cálidas. + +--¿La has llamado?--le preguntó Rosarito, y él hizo señas de que no, y +la miró con profunda ternura, como diciéndole que ella refundía en sí +sola todas las mujeres que podía amar: su madre, su hermana y su novia. + +Y ella comprendió, y cuando al siguiente día cerró él los ojos para +siempre, tranquilo como si hubiera hallado la verdad y el amor, ella +pensó que era su viuda, y lloró sobre su cuerpo frío, sintiendo en el +fondo de su dolor, la humilde alegría de saber que por fin él la había +comprendido. + + + * * * * * + + + Tip. y Enc. NUEVA ÉPOCA + San Martín 850--SANTA FE + + + HUGO WAST + La Casa de los Cuervos + + PRIMER PREMIO + EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL + + + NUEVA EDICIÓN + + + BUENOS AIRES + Agencia General de Librería y Publicaciones + 1571--Rivadavia--1573 + + + + + OBRAS DE HUGO WAST + + NOVELAS + + =Alegre.=--19.º millar.--Librería Ollendorff, París. + + =Pequeñas Grandes Almas.=--11.º millar.--Montaner + y Simón, Barcelona. + + =Flor de Durazno.=--27.º millar.--Librería Ollendorff, + París. + + =Fuente Sellada.=--17.º millar.--Librería Ollendorff, París. + + =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--4.º millar.--Biblioteca + Patria, Madrid. + + =Fantasías y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada. + + =La Casa de los Cuervos.=--9.º millar.--Agencia + General de Librería, Buenos Aires. + + + POESÍAS + + =Rimas de Amor.=--2.ª edición.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada). + + + VARIOS + + =¿A dónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?=--3.ª + edición. + + =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biológico).--Librería + Alfa y Omega, Buenos Aires. + + =Un País mal administrado.=--(Estudio económico).--Arnoldo + Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada). + + + EN PREPARACIÓN + + =Las bases de la sociología.= + + =Un País mal administrado.=--2.ª edición. + + + * * * * * + + + NOTAS DEL TRANSCRIPTOR + +Las palabras en negritas están indicadas con el =signo igual=. + +Algunas reglas de acentuación del castellano cuando esta obra fue +publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se +realizó la transcripción. El criterio utilizado para llevar a cabo esta +transcripción ha sido el de respetar la ortografía original, salvo en +caso de errores evidentes de impresión y/o puntuación, los cuales han +sido corregidos. El Transcriptor también ha respetado ciertos modismos +empleados por el autor, que son típicos del castellano que se habla en +ciertas zonas de Argentina. + +El Transcriptor desea aclarar que el autor menciona en el texto un +personaje real de la historia argentina, Rosas, pero en el texto es +mencionado como Rozas. Se ha respetado la ortografía del original. + +El ÍNDICE en la obra original se encontraba al final del +libro. El Transcriptor decidió colocarla al principio de la obra. + + +La cubierta del libro ha sido modificada por el Transcriptor y ha sido +agregada al dominio público. + + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 *** diff --git a/59631-8.txt b/59631-8.txt deleted file mode 100644 index 4928987..0000000 --- a/59631-8.txt +++ /dev/null @@ -1,9010 +0,0 @@ -The Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: La Casa de los Cuervos - -Author: Hugo Wast - -Release Date: May 30, 2019 [EBook #59631] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS *** - - - - -Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - - - - - LA CASA DE LOS CUERVOS - - - OBRAS DE HUGO WAST - - NOVELAS - - =Alegre.=--6. edicin.--Librera Ollendorff, Pars - (en prensa). - - =Pequeas Grandes Almas.=--Montaner y Simn, - Barcelona. - - =Flor de Durazno.=--5. edicin.--Librera Ollendorff, - Pars. - - =Fuente Sellada.=--Librera Ollendorff, Pars. - - =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--Biblioteca - Patria, Madrid. - - =Fantasas y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada. - - =La Casa de los Cuervos.=--Biblioteca del Ateneo Nacional. - Buenos Aires. - - - POESAS - - =Rimas de Amor.=--2. edicin.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada). - - - VARIOS - - =A dnde nos lleva nuestro pantesmo de Estado?=--3. - edicin. - - =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biolgico).--Librera - Alfa y Omega, Buenos Aires. - - =Un Pas mal administrado.=--(Estudio econmico). - Arnoldo Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada). - - - EN PREPARACIN - - =Las bases de la sociologa.= - - =Un Pas mal administrado.=--2. edicin. - - - - - - HUGO WAST - - LA CASA DE LOS CUERVOS - - PRIMER PREMIO - - EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL - - NUEVA EDICIN - - 6. MILLAR - - BUENOS AIRES - Agencia General de Librera y Publicaciones - 1571--Rivadavia--1573 - - - - - NDICE - - - PRIMERA PARTE - Pg. - - I.--Don Serafn Aldabas 9 - - II.--Una voce poco fa! 22 - - III.--La conspiracin 34 - - IV.--La levita de Cullen 49 - - V.--En la tarde del baile 58 - - VI.--Una sombra en el hueco de la puerta 65 - - VII.--El indio Jos 76 - - VIII.--El baile de Montarn 95 - - IX.--El pauelo rojo 113 - - X.--La noche trgica de Syra 128 - - XI.--La derrota 139 - - - SEGUNDA PARTE - - I.--Por el alma de los muertos! 161 - - II.--La mala nueva 174 - - III.--La mano suave 184 - - IV.--La yerra 194 - - V.--El secreto 208 - - VI.--Sobre las huellas de Insa 224 - - - TERCERA PARTE - - - I.--En la casa de Bayo 245 - - II.--El aviso 259 - - III.--El incendio del garzal 267 - - IV.--Yo lo mat, pero voy a morir 293 - - V.--La batalla de los Cachos 304 - - - - - - PRIMERA PARTE - - - LA CASA DE LOS CUERVOS - - - - - I - - Don Serafn Aldabas - -En los das de sol, durante el hmedo invierno, aquellas casas viejas -toman su expresin evocadora y triste. - -Detrs de sus tapias rodas por el tiempo y coronadas a veces de -enredaderas, asoman las copas redondas de los naranjos, con su espeso -follaje y su fruta dorada. - -En la parte que el sol no calienta, el musgo extiende su terciopelo -verde, como un suave tapiz. Crecen los yuyos en las grietas de los -oscuros adobes manchados por la cal del antiguo revoque; se ve en un -muro el hueco de una alhacena con estantes de algarrobo, y sobre un -tejado, que en las noches de luna ya no se anima con el paseo de los -gatos, la ventana de una bohardilla y una chimenea, que ha tiempo no se -envuelve en el humo azulado y tibio del hogar. - -En los barrios centrales de Santa Fe, ese tipo de casa ha ido -desapareciendo, mas quedan vestigios de ellas en los barrios del Sur -y hasta hace poco mantenase intacta, en la calle que en los tiempos -de este relato llamaban "de la Matriz derecha", la casa en que durante -cuarenta aos, don Serafn Aldabas ense a leer a los nios, que por -alguna razn no hallaban sitio en el colegio de los Jesutas. - -Estaba en la acera del Sur, casi en la esquina de la plaza, vecindad -que aprovechaba don Serafn para or la banda, que tocaba, jueves y -domingos, en invierno, a la hora precisa en que terminaba su clase. - -Cubierto el crneo puntiagudo, mondo ya, con un casquete negro de -lustrina, enfundado en una estrecha levita, enjuto de carnes, los ojos -azules, fugitivos, las piernas flojas, las manos largas e inhbiles, -cuando no esgriman el puntero o la palmeta, en la silueta obscura de -don Serafn, no haba ms detalle interesante que la gruesa cadena -de plata de su reloj, un hermoso reloj de oro, de una antigua marca -inglesa, toda la fortuna que trajo de su patria. - -Envolvase severamente, aun en los das de calor, en una capa con forro -de terciopelo carmes, y como a todo propsito, para salir de una duda, -para eludir una respuesta, para resolver un problema consultaba el -reloj, un buen tercio de la vida del maestro se pausaba en desabotonar -y abotonar su levita. - -Era de la Corua, y sus traviesos discpulos que haban sorprendido -la imperceptible dificultad con que pronunciaba la o, llambanle -"Curua", mote al cual, despus de treinta aos, se iba acostumbrando. - -Llegado al pas en los tiempos ms sangrientos del gobierno de Rozas, -tmido como una polla, conservaba, no obstante, una extraordinaria -aficin a la poltica que slo conceba rodeada de misterios, de tal -modo que su imaginacin enviciada transformaba las cosas ms simples en -espeluznantes incidentes. - -Y en la Santa Fe del ao 77, no necesitaba forzar la fantasa para -llenarse de sobresaltos, sin que, en verdad, como en los tiempos de -Rozas, corrieran peligro los vecinos madrugadores de tropezar en la -acera con el cuerpo de algn unitario degollado a cercn, mientras -por otra calle los mazorqueros paseaban un carro cargado de cabezas, -pregonando su siniestra mercanca como si fueran zapallos. - -Pero, aun sin llegar a esos extremos, la vida era angustiada por las -frecuentes revoluciones que se tramaban contra el Gobierno, para -derrocar a don Servando Bayo, y destruir la influencia omnipotente del -doctor Simn de Iriondo. - -En Santa Fe no era posible desinteresarse de la poltica: o se era -opositor, o se era gubernista. - -Slo el msero don Serafn Aldabas, no tena derecho a ser ni lo uno -ni lo otro. Por su escuela haban pasado casi todos los jvenes que -militaban en el partido liberal, y esto lo vinculaba con hondos afectos -a la causa de la revolucin. - -Mas no le era permitido dejar traslucir sus inclinaciones, sin -riesgo para su escuela, que no viva de las insignificantes cuotas, -impagas con frecuencia, de sus alumnos, sino de una subvencin de -cuarenta pesos mensuales que le otorgaba el gobierno, y que algunas -indiscreciones haban puesto ya en peligro. - -Haca un mes que funcionaban las clases, despus de las vacaciones, -mediaba Abril, y todava el humilde "Curua" no haba percibido un solo -peso del vencido semestre. - -Don Pablo Ferrer, el cataln dueo del almacn de la esquina en que -don Serafn se surta, empezaba a torcerle el gesto, cuando concluida -la clase el maestro, envuelto en su capa que le prestaba un poco de -majestad, cruzaba la calle, hacia la plaza, persiguiendo la ocasin -de encontrarse con el gobernador Bayo, que a esa hora abandonaba su -despacho del Cabildo. - -La plaza era entonces, como hoy, de una manzana entera, pero -encuadrbanla construcciones ms bajas, y eso pareca agrandarla. - -Al naciente tena el colegio de los Jesutas ocupando las dos terceras -partes de la cuadra, que completaban algunas casas de tejas. Al Sur, -alzbase el Cabildo, con su mole blanca y pesada, sus dos pisos con -recova de gruesos pilares y arco romano y su azotea resguardada por una -sencilla baranda de hierro. - -Todava se ve en la esquina de San Gernimo, una de las raras casas -de alto que haba entonces, y que parecan ser indicio de riqueza, no -obstante sus paredones lisos, sin adornos ni pilastras, y el pobre -hueco de sus ventanales y de sus puertas pequeas y su baranda de -hierro en el tejado. - -De las casas que formaban el costado del poniente, quedan muchas, con -algunos cambios que las modernizan sin embellecerlas, revoques de -portland, balcones y adornos del ms abominable Luis XV. - -Ha desaparecido el local en que durante aos funcion el caf del -Plata, lugar de cita de los opositores; pero subsiste al lado de la -construccin que hoy se levanta en lugar del clebre caf, el vetusto -casern que ocupara el Club del Orden, centro de aristocracia y de -conspiraciones. - -La Iglesia Matriz en el lado Norte de la plaza permanece tal cual era, -con sus dos torrecillas humildes y el enmohecido gallo de su veleta, -pero el resto de la cuadra ha sufrido un cambio profundo a excepcin de -la casa que don Simn de Iriondo inaugur por aquellos aos y que era -con sus dos pisos de galera a la calle y lo estudiado de sus lneas, -la ms hermosa de la ciudad. - -Invariablemente, al dar las cinco de la tarde don Serafn Aldabas -suspenda la clase. Su magnfico reloj "Losada", segn poda leerse en -la esfera, abierto sobre el pupitre, le sealaba la hora sin discrepar -un minuto en un ao con el cuadrante solar del colegio de los Jesutas. - -En el preciso momento cortaba la leccin, an cuando fuera en mitad de -una frase, ponase de pie, imitado por sus bulliciosos alumnos, que al -levantarse tumbaban los escaos y coreaba un "Ave Mara". - -Y despus, mientras ellos se desparramaban por la plaza, espantando -a las pacficas gallinas del vecindario, atradas por el trbol que -creca alrededor de la glorieta, don Serafn segua el ancho camino -enarenado, con la secreta esperanza de encontrar al Gobernador, al -doctor Iriondo o a cualquiera de los hombres poderosos, para brindarles -un saludo y una sonrisa que prolongara la existencia de la subvencin. - -Cuando vea acercarse a alguien, don Serafn procuraba imprimir a su -persona un andar solemne; mas su casquete de lustrina, sus largas -piernas deformadas por las rodilleras de sus pantalones, su capa en -lo ms recio del verano, y sus pies juanetudos, le quitaban toda -solemnidad. - -No obstante, la gente le apreciaba, y retribua su saludo con afecto, -aunque no tan ceremoniosamente como l habra querido; y era un triunfo -para l, cuando alguno se acercaba a preguntarle la hora. - -Su "Losada" era famoso en la ciudad, y aun el Gobernador sola rendirle -ese homenaje consultndole. - -Don Serafn, con el casquete en la mano, miraba el reloj y responda: - ---Son las cinco y siete minutos y medio, excelentsimo Seor. - -Y luego agregaba, con la emocin de un desacato, a la suprema autoridad -que a un paso de l, le atenda de igual a igual: - ---Se podra saber qu hora es en el reloj de V. E.? - -El Gobernador, con un leve gesto de impaciencia, sacaba una antigua -saboneta de llave, y constataba alguna diferencia, que provocaba el -invariable comentario de don Serafn. - ---Si V. E. tuviera un "Losada"...! - -Cuando finaliz el sexto mes impago, como coincidiera con el trmino -de las vacaciones, durante las cuales don Serafn no haba percibido -un ochavo de sus alumnos, se encontr en apuro tan grave que resolvi -confiar su cuita al Gobernador en la primera ocasin que tuviera el -honor de ser consultado por la hora. - -Pero fuese que el reloj de don Servando Bayo marchase mejor, o que su -propietario hubiera perdido su aficin a la exactitud, el hecho es -que don Serafn irritaba sus juanetes dando vueltas innumerables a la -plaza, sin que el Gobernador se dignara hacer ms que contestar sus -saludos. - -Y aun esos encuentros se hicieron raros. El Gobernador sala tarde -de su despacho, acompaado siempre por alguien, y sin detenerse -llegaba hasta su casa, a la vuelta del Cabildo, y se encerraba como si -tuviera un cmulo de trabajo o la estada en la calle se hubiera hecho -peligrosa. - -Solamente una vez, en aquellos primeros das de Abril se detuvo en la -plaza, y fu porque se encontr con don Simn de Iriondo, que lo tom -del brazo y lo llev por las callejas enarenadas del centro. - -Era jueves y la banda de polica tocaba un trozo del "Barbero de -Sevilla", msica que en la vida sin pasiones de don Serafn, haba -llegado a ser una pasin. - -Por eso, en cuanto sonaron los primeros compases de la sinfona, se -acerc hasta el kiosco del centro, rodeado de acacias, sentse en un -banco resecado por el sol, y se puso a escuchar, sin acordarse del -mundo. - -Las retretas en verano se hacan a la noche; pero ya en Abril, con -el tiempo fresco, se adoptaba el horario de la tarde. La gente -desacostumbrada, en los primeros das apenas concurra, por lo que en -esa ocasin, aparte de don Serafn y de algunos nios que jugaban en el -trebolar del centro, slo se vea la pareja de personajes oficiales, el -Gobernador y el doctor de Iriondo, conversando frente a la casa de ste. - -La alta y elegante figura de Iriondo, contrastaba con la de Bayo, -hombre grueso y bajo. - -Don Simn vesta de levita, y en ese momento llevaba en la mano el -sombrero de copa gris, lo que permita apreciar la extraordinaria -hermosura de aquella cabeza inteligente de caudillo, que tena con el -cabello profuso, peinado hacia atrs, la elegancia violenta y a la vez -fcil de los gestos del len. - -Los dos, solos, estaban de pie bajo una acacia. Iriondo hablaba con -vehemencia pero en voz baja, y el Gobernador le escuchaba, rayando con -la contera del bastn la arena del suelo. - -En el aire tibio y como dorado de aquella tarde otoal, se -desparramaban las notas animadas y profundas de "Una voce poco fa". - -Don Serafn beba con fruicin la msica admirable, alejado mil leguas -de su escuela arruinada, de su semestre impago, de sus botines que -reclamaban la media suela, de sus pobres pantalones, cuyo decoro se -salvaba an, gracias a la amplitud de la capa. - -Distrado as, no vi llegar hasta l a Bayo y a Iriondo, y slo cuando -ste apoy su mano firme sobre su hombro, advirti su presencia. - ---Doctor Iriondo! Excelentsimo seor Gobernador!--exclam don -Serafn, alzndose del banco, con una profunda reverencia y echando -mano al reloj. - ---Qu hora es, don Serafn?--le interrog Iriondo, complaciente con la -inofensiva mana del maestro. - ---Las cinco y cincuenta y siete minutos y algunos... - ---Don Serafn!--le interrumpi el Gobernador,--percibe siempre la -subvencin de la escuela? - ---Ah, seor don Servando!--exclam el msero guardando su reloj con -mano trmula--mi escuela se muere de hambre... - ---Con maestro y todo?--insinu risueamente don Simn. - ---Hace seis meses, Excelentsimo Seor... - -Don Serafn vacilaba, porque era un cargo que iba a arrojar sobre el -gobierno. Mas Iriondo, que conoca el estado precario de las finanzas -no tuvo reparo en concluir la frase. - ---Seis meses que no le pagan? - ---As es, doctor Iriondo; y cmo... - ---Maana cobrar--dijo el Gobernador--Vaya a verme al despacho a las -ocho en punto. - ---Ah, Seor... - -Iba a explicar que a esa hora empezaba su clase, pero se call. Dara -vacacin, inventando algn pretexto; los alumnos le agradeceran y l -ira a cobrar. - -Mientras hablaban desarrollbanse los ltimos compases de la msica de -Rossini. Call luego la banda y los msicos empezaron a enfundar sus -instrumentos para marcharse. - -Don Serafn reventaba de vanidad, viendo que todos miraban su compaa -con los dos hombres poderosos de la provincia. - -Iriondo saludaba a cada uno de los que pasaban frente a l, con -un gesto amable. El Gobernador golpeaba el suelo con el bastn. -Aquella nerviosidad, en l, hombre flemtico, era seal de graves -preocupaciones. - -El director de la banda se acerc a saludarlos, pero Bayo no le -dispens una acogida muy afectuosa y el pobre msico se fu, consolado -con el cordial apretn de manos de Iriondo. Don Serafn comenzaba a -sentirse intranquilo, ignorando si deba irse o quedarse. - -Anocheca rpidamente. Los nios que jugaban, haban desaparecido, con -lo que la plaza qued silenciosa y desierta. - -Don Simn tom del brazo al Gobernador, y dieron algunos pasos. Bayo -se volvi a don Serafn, el cual ech mano al reloj. - ---Hace mucho que no ve a Cullen? - -El maestro pens un momento sin comprender. - ---A don Patricio Cullen--explic Bayo. - ---Ah! Dos meses a lo menos, seor don Servando. - ---Y a Montarn? - ---Don Pedro Montarn estuvo ayer en mi casa--respondi con cierta -vanidad el maestro. - ---Fu de visita?--No le pregunt por...? - -Don Simn hizo un gesto que contuvo al Gobernador en mitad de la frase. -Se mordi los labios, y entonces Iriondo, poniendo la mano sobre el -hombro de don Serafn, le dijo con insinuante diplomacia: - ---La subvencin de su escuela es de cien pesos no? - ---Oh, qu esperanza! Cuarenta pesos, no ms! - ---No ms? Seor Gobernador! Este meritorio servidor de la provincia -no podr vivir con eso... - ---Vaya maana a verme--dijo Bayo--a las ocho en punto.--Y luego -agreg:--Tiene en su escuela algn nio pariente de Montarn? - ---No, seor Gobernador. Don Pedro Montarn fu a pedirme nuevas de mi -sobrino el capitn Insa... - -No bien don Serafn oy el sonido de su propia voz, pronunciando aquel -nombre, se le estrech el corazn, porque record que Insa y Montarn -constituan con don Patricio Cullen el eje de las revoluciones contra -el gobierno de Bayo y al revelarle a ste el objeto de la visita, -quizs estaba comprometiendo algn plan. - -No hablaron ms y all se separaron. - -En el crepsculo escaso ya, don Serafn vi a Iriondo entrar en su -casa, llevando siempre del brazo al Gobernador. - -El se qued slo un momento, en la plaza, perseguido por el rumor de su -propia voz indiscreta. - -La luz de la lmpara recin encendida en el boliche de don Pablo -Ferrer, frente a la Matriz, hizo variar el rumbo de sus pensamientos. - -Ahora podra pasar, sin avergonzarse, por aquella esquina, porque le -iban a pagar la subvencin y su desgraciada cuenta sera cancelada. - -Se encamin a su casa, cruz la calle acercndose al almacn, para que -Ferrer lo viera y si acaso, lo llamara. Mas cuando l pas, el spero -cataln estaba arreglando el tubo de su humosa lmpara, pendiente de -uno de los tirantes del techo, y no lo vi. - -Cruz de nuevo el arroyo y entr en su escuela, empujando la puerta de -calle, asegurada por una gruesa piedra. - ---Rosarito, Rosarito!--grit. - -Rosarito era su hija, toda la poesa de la vida del pobre hombre, y -todo lo que le haba hecho amar el trabajo y soportar la miseria. - -Tena diez y ocho aos, y su sola presencia llenaba la casa. - -A la voz de su padre corri la nia hasta el zagun obscuro, y antes de -que l le hablara de su extraordinaria aventura, ella le dijo al odo -con voz trmula: - ---Est Francisco Insa, pap, y no quiere que nadie lo sepa. - -Los remordimientos de Don Serafn recrudecieron y empez a sospechar -que todo, desde las ausencias del Gobernador hasta la invitacin a ir a -su despacho, tena relacin con la repentina llegada del capitn Insa. - - - - -II - -Una voce poco fa! - - -La vida del maestro encerraba una novela que el mundo haba olvidado. - -Muchos aos antes, tantos que l mismo ya no quera contarlos, porque -su recuerdo se haca ms doloroso cuanto ms lejano, l, joven, lleno -an de las ilusiones que le haban hecho cruzar el mar, recin llegado -a Santa Fe, encontr un puesto de cajero y tenedor de libros en la casa -de comercio de don Agustn Insa, uno de los estancieros ms fuertes -del pas. - -Insa tena muchos hijos, pero slo una hija, la menor, que en el -tiempo en que don Serafn comenz a hacer nmeros en los grandes -libros de su padre, era una deliciosa chicuela de siete aos, rubia y -de ojos azules, que ms de una vez volc el tintero sobre las pginas -que el tenedor de libros iba llenando con signos misteriosos para -ella. l se encaden a la casa obscura y triste en que su patrn viva -enriquecindose, por aquel rayo de sol que entraba casi a la misma -hora, cuando su padre abandonaba el escritorio y quedaba el empleado -solo. - -ste finga no verla, para gozar mejor de la sorpresa que ella misma -simulaba, cuando sintindola detrs se volva de pronto y la alzaba en -los brazos y la pona encima del alto pupitre donde l trabajaba de pie. - -All se quedaba Rosarito--era su nombre--muy seria, esperando que su -amigo concluyera la tarea; y haba que ver cmo volaba la pluma de ave -sobre el spero papel de hilo de los libros, trazando esos viriles y -hermosos nmeros espaoles, hoy pasados de moda. - -Cuando era invierno haca un intenso fro en la pieza de techo de paja, -paredes de adobe encalados y piso de ladrillos desnudos; mas el cajero -senta que los ojos de la nia, siguiendo los movimientos de su mano -desde lo alto del pupitre, le caldeaban el corazn y le desentumecan -los dedos. - -Y cuando era verano, y la lbrega estancia sofocaba como un horno, la -sola idea de que ella estaba all, mirndolo siempre, aunque l no la -mirara, le refrescaba la frente y le aligeraba el montono trabajo. - -Ella aguardaba seriecita y silenciosa, a que el cajero espolvoreara de -arenilla las pginas frescas, seal de que el trabajo haba concludo, -y cerrara con estrpito aquellos libros enormes, que le daban la -ilusin de un saber inconmensurable en su gran amigo, y guardara su -reloj de oro, su hermoso reloj ms seguro que el sol, segn decan. - -Entonces l la bajaba del pupitre, la sentaba a su lado o en sus -rodillas y le contaba cuentos de reyes y de sultanes y de moros; y -acordndose de su pueblo, le hablaba de los pescadores que salen al -alba en sus barcas de velas abigarradas y vuelven al entrar la noche, -cuando alguna tormenta no los deja dormidos para siempre bajo las olas -del mar. - -Pasaron largos aos, variando apenas los episodios de aquella amistad -que iba trocndose en amor silencioso y apacible. - -Don Agustn Insa, viudo desde el nacimiento de su hija, absorto en sus -complicados negocios, no sospech nunca el idilio que se iba tejiendo -en su propia casa, y cuando un da alguien le cont lo que pasaba, -mont en clera y cay como un huracn sobre el cajero y sobre la nia, -que era ya una linda joven de diez y ocho aos. - -Ambos confesaron la verdad; el empleado fu despedido, por haber alzado -los ojos hasta la hija del patrn, y ella enviada a un colegio de -Buenos Aires, para que olvidara su locura. - -Ni l ni ella olvidaron, y cuando algunos aos despus volvi Rosarito, -mayor de edad y libre para disponer de su corazn y de su persona, -con una frrea voluntad que nadie habra sospechado bajo su grcil -hermosura, huy de su casa y fu a pedir asilo a una ta, y se cas -con su fiel amigo, desafiando el rencor de toda la familia. - -Durante muchos meses el episodio fu en Santa Fe el asunto palpitante, -que se comentaba en todas las reuniones. - -El padre se veng de la hija, traspasando sus bienes cuantiosos en -forma que a su muerte, que ocurri poco despus, los hijos lo tuvieran -todo y ella nada. - -Uno de sus hermanos, sin embargo, condolido de su situacin, le don la -casa en que don Serafn instal su escuela, nico medio de vida que le -qued despus de su aventura. - -Pero eran felices en su humildad, rayana en la miseria, y cuando tres -aos despus Rosarito muri al nacer su hija, el pobre maestro crey -que el mundo se iba a quebrar y que l se hundira en el espacio como -un pedazo de estrella. - -No ocurri la catstrofe. Las gentes continuaron haciendo su vida -ordinaria; sus cuados ni siquiera fueron al entierro, y l mismo -sigui viviendo una vida ms obscura, envuelto en inofensivas manas -que amortiguaban su dolor, y odiando casi a la chicuela, que creca -ignorante del mal que haba hecho; hasta que un da, como un volcn que -renace, irrumpi en el corazn del maestro, que se haca viejo, un amor -inmenso hacia la nia, que llevaba el nombre de su madre. - -No tena de ella otro rasgo que los ojos azules, profundos como el -cielo en las noches de luna, y aquella amable seriedad que la haca -estarse horas enteras mirando trabajar al maestro. - -La nia creci sola en el antiguo casern de la escuela. Una mulata -fiel, hija de una esclava de los Insa, sirviles all hasta que muri, -y ense a Rosarito a rezar y a ser duea de casa, mientras su padre la -atiborraba con su ciencia, y despus de las lecciones, le llenaba la -cabeza con los mismos cuentos de reyes y de sultanes y de pescadores, -que le conquistaron el amor de la madre. - -Cuando muri la criada, se resignaron a vivir solos, cargando Rosarito, -que tena quince aos, con todo el quehacer de la casa. - -El maestro daba sus clases en un largo saln, enladrillado, que tena -una puerta a la calle, y un techo de madera labrada, como si toda la -riqueza de sus dueos, en los tiempos en que se construy, hubiera -querido hacerse ver en las gruesas y profusas vigas de cedro, con -prodigiosos adornos a escoplo. - -Ya en los aos de don Serafn, aquella casa ms que secular, se -apreciaba como un tesoro, por los que a ojo calculaban el valor del -cedro empleado en sus techos. - -Y don Serafn en los das de hambre, llamaba a su hija y le mostraba -aquello: - ---Sabes? si nosotros quisiramos! - -Cuando la nia era pequea, asista a las clases y aprenda a la par -de los otros alumnos: cuando fu mayor, y quedaron solos, mientras su -padre repeta las lecciones, ella adentro trabajaba como un ama y como -una criada, en la cocina, en el lavadero, en el jardn. - -El patio era grande y cuadrado. En dos de sus lados haba corredores -de teja, con pilares de algarrobo. En los otros dos, que daban al Sur -y al Oeste, solamente la tapia cubierta de plantas de diamela, que -se encaramaban hasta el borde, y en primavera se nevaban de flores -capitosas. - -En el centro del patio, crecan profusamente las plantas que entonces -se estilaban, cuidadas todas por la mano experta de la nia. - -Por una puertita falsa abierta en la tapia del Sur, pasbase a una -huerta contigua, llena de naranjos, en la que haba adems una -antiqusima higuera, maravillosa por su frondosidad, que haba hecho -alrededor de su tronco, a causa de sus ramas perezosas, cadas hasta -el suelo y sostenidas por puntales, una enorme estancia, a donde slo -se poda entrar por algunos boquetes, abiertos disimuladamente en el -ramaje. - -En la huerta se criaban las gallinas, que completaban la fortuna del -maestro. - -Rosarito amaba su jardn y su huerta, donde estaban todas sus -amistades. Las gentes parecan olvidadas de la novela del maestro, pero -continuaba pesando sobre ellos un inexplicable ostracismo, del que por -su parte no trat nunca de salir. - -Orgullosa por instinto de raza, lastimbala el poco aprecio que hacan -de su padre, cuyo apellido Aldabas, no tena realmente la sonoridad -aristocrtica del de su madre. - -Rara vez sala, como no fuera a la misa del alba, los domingos, y -algunos das en que estaba triste, y anhelaba un consuelo ms alto que -el que podan darle las gentes, que apenas la conocan. Pasaba por la -plaza, para llegar al colegio de los Jesutas, y en su ignorancia de -las modas, se vesta siempre como le ense la mulata que la criara, de -blanco y con un manto celeste. - -Algunas veces llevaba a la Virgen de los Milagros un ramo de flores -de su jardn, y cuando cruzaba por la calle, las gentes se volvan a -mirarla, porque era su figura como un sueo que pasa. - -Por eso prefera las horas en que las calles estaban solitarias y -cerradas las puertas. - -En la humildad de su vida tambin ella, que haba heredado la ternura -de su madre, iba siguiendo la trama de un romance, desconocido de -todos, y cuya intriga le pona en los ojos azules una pincelada de -ensueo, y en la frente pura una arruga leve, en que se adivinaba su -voluntad, templada para todas las batallas que poda reservarle el -destino. - -La ta lejana, en cuya casa hall refugio su madre, muerta haca -tiempo, dej un nio al cuidado del maestro. - -Francisco Insa entr as en la casa de Rosarito, mayor que ella -bastantes aos, de tal modo que cuando ella no era ms que una -chicuela, l era ya un precoz hombrecito que jugaba a las revoluciones. - -Se criaron juntos en la escuela. l la protega como a una hermanita, -y los otros alumnos, que alguna vez se hubieran vengado en ella de las -penitencias del maestro, debieron respetarla porque Francisco Insa -estaba siempre pronto a repartir puetazos entre los que hubieran osado -tocar uno solo de los rebeldes cabellos castaos que llenaban de sombra -sus ojos inocentes. - -Pero Francisco debi abandonar la escuela de don Serafn, porque ni la -estril gramtica ni la complicada aritmtica, las dos materias fuertes -de la institucin, llegaron a interesarle nunca, y de la Historia -Sagrada, que se les haca leer en la obra de Mazo, no sac en limpio -ms que una profunda admiracin por los filisteos gigantes y por el -incontrastable Sansn. - -Lo hicieron ingresar entonces en el colegio de los Jesutas, donde -no pudo estar tres aos; disgustle la frrea disciplina y se hizo -expulsar. - -Turbulento y fuerte, acaudillaba a todos los muchachos de su edad, -sometidos a l por la destreza insuperable con que boleaba patos y -chorlitos en las orillas del Salado, y por su bravura en las peleas y -aun por su descreimiento en las cosas que no se vean. - -Una noche hizo una apuesta, salt las tapias del cementerio de San -Antonio y se fu a apedrear las lechuzas entre las cruces de los -sepulcros; y para ms estupor de sus camaradas, se qued a dormir en la -capilla, que haban dejado abierta. - -A la maana siguiente lleg a casa del maestro, plido pero sonriendo, -para disipar la angustia de Rosarito que haba pasado la noche llorando -por l. - -Slo a ella le confi la verdadera historia de aquella aventura, que le -haba ganado para siempre la admiracin de cuantos llegaron a saberla, -pero que dej en su alma un germen de terror supersticioso. - ---"Ya ves--le dijo--yo no creo en las nimas, pero anoche tuve miedo, -miedo de veras. La capilla estaba obscura, y para que entrara un poco -de luz cuando saliera la luna, dej entornada la puerta y me ech a -dormir sobre la tarima del altar. Me despert el ruido de la puerta -que se cerr de golpe, como si alguien la hubiera atropellado; pens -que era el viento, pero cerca del techo haba una claraboya y a la luz -de la luna, alta ya, se vean las ramas de un ciprs inmvil. No era -el viento. Quise saber quin haba entrado, pero no me anim; tuve -miedo de moverme, sin saber por qu. Me qued quieto, sin respirar, -parecindome que algo andaba cerca de m, no por el suelo como un -hombre, sino por el aire como un ave, o como un alma en pena, y que era -algo tan grande que llenaba la iglesia. Sent un aletazo en la cara y -me qued helado, la cabeza pegada en la tarima, cerrando los ojos para -no ver, pero conteniendo la respiracin para or mejor. Me pareci -entonces que "aquello" estaba all, a mi cabecera y que respiraba como -un nio. No s cunto tiempo pas de ese modo; o las campanas de Santo -Domingo que tocaban antes del alba y abr los ojos. La iglesia negra y -silenciosa, pareca atravesada por una espada de oro, y era un rayo de -luna. - -"Por la claraboya veanse las ramas del ciprs, que empezaban a temblar -al viento de la maana. Sintiendo siempre cerca de m aquello que haba -entrado a pasar la noche conmigo, me atrev a mirar y v un cuervo -inmvil como un adorno del altar, posado en una esquina, negro, de -cabeza pelada y de ojos brillantes que me miraban fijamente. Me par -de un salto, pero l no se movi, y entonces v una mano blanca, larga -como de una mujer, con un anillo en el dedo, que el cuervo tena entre -las garras. Tuve miedo, porque no miraba su comida, me miraba a m, -como si me hubiera penetrado el olor de cadver que despeda la mano, y -el cuervo creyera que yo era el muerto." - -A los aos, aquella aventura que l le confi, permaneca viva como un -relato reciente, en la memoria de Rosarito. - -l le haba dicho: No contars a nadie que tuve miedo? Y ella se lo -prometi y haba cumplido. - -Francisco Insa, heredero de una gran fortuna en campos y haciendas, -desde que fu hombre pasaba lo ms del tiempo en sus estancias, bajando -rara vez a la ciudad, casi siempre con propsitos revolucionarios. - -Un gobernador amigo, caso extraordinario, pues era enemigo por sistema -de todos los gobiernos, agracile con el cargo honorfico de capitn -de guardias nacionales, y con esa designacin lleg a los tiempos -de Iriondo y de Bayo, que no conocieron adversario ms perseverante -y activo, por lo cual, cada vez que llegaba a la ciudad, la polica -echaba detrs de l sus mejores pesquisantes, para seguirle los pasos. - -Una tarde--aquella tarde en que don Serafn tuvo la buena fortuna de -hallarse con el Gobernador y con Iriondo,--Rosarito, sola, en la gran -casa que empezaba a anegarse dulcemente en la sombra de la noche, -sentada sobre un poyo del jardn, en el centro del patio cuadrado, -escuchaba la msica de la retreta, que llegaba a oleadas, mezclada con -el perfume otoal de las magnolias, que se deshojaban a su vera. - -Senta el alma entristecida por la soledad en que les dejara el hombre -que la quera como a una hermana y a quien ella amaba como a un novio. - -El da anterior estuvo don Pedro Montarn a pedir noticias de l, y eso -era seal para ella de que algo se tramaba. Llenbasele de angustia el -corazn, adivinando los riesgos de aquellas aventuras, pero alegrbala -el presentimiento de que l vendra. - -"Una voce poco fa", tocaba en la plaza la banda de polica, y las -frases vehementes de esa msica, le daban la impresin de que si ella, -alguna vez no se decida a confesarle su amor, l pasara a su lado sin -sospecharlo. - -Sinti que la puerta de calle se abra, arrastrando la piedra que la -calzaba, y creyendo que fuera su padre, se qued all, persiguiendo su -ensueo, entre las sombras de la noche que haban ganado el jardn. - -Slo vi que era Francisco Insa, cuando l la apret en sus brazos y -la bes en la frente. - ---Francisco! - -l la hizo callar. - ---Que nadie sepa mi llegada. Tu padre? Est en la plaza? Mi cuarto? - -En el casern de la escuela haba siempre lista para l una pieza, que -Rosarito cuidaba con incansable esperanza. - -Pero esa vez tena otros designios. - ---Ahora no quiero dormir all. Es necesario que si alguien viene y -entra de improviso, no sospeche mi presencia. Debo esconderme; dos o -tres das, nada ms. Arriba, en la guardilla del techo, sobre las vigas -del cielorraso, estar seguro y cmodo. - -Ella lo miraba hablar, penetrada de admiracin y de ternura, y llena de -recelos. - -Cuando lleg don Serafn, ya el capitn Insa tena su escondrijo, -difcil de encontrar, y poda aguardar, sin peligro, la visita de los -que con l tramaban la revolucin. - - - - -III - -La conspiracin - - -Al toque de nimas esa noche, la ciudad pareca desierta. - -En la calle de Comercio, que cruzaba los barrios ms poblados, no se -vea un solo farol encendido. Durante el da se haba estado anunciando -la tormenta, que a esa hora barra con impetuosas rachas de viento y de -lluvia el polvo del arroyo, que pronto fu un lodazal. - -Cuando el trueno callaba sentase la voz lamentable de la campana de -San Francisco, obstinada en anunciar a las gentes que haban dado las -ocho y deban rezar por las almas de los muertos. - -Don Patricio Cullen, el jefe de los adversarios del gobierno, tena su -casa en la calle principal, a poco ms de dos cuadras de la plaza, y -no lejos de una esquina, donde esa noche, a la luz de los relmpagos, -poda advertirse la presencia de dos hombres, embozados en capas -obscuras, que desde haca ms de una hora desafiaban all el vendaval y -la lluvia. - -Uno de ellos era don Braulio Jarque, jefe de polica, a quien el -gobernador Bayo encomendaba la seguridad de su gobierno; y el otro -era su secretario y cuado, el joven teniente de milicias nacionales -Carmelo Borja. - -Jarque era espaol, amigo, casi camarada de don Serafn Aldabas, aunque -ms joven y llegado al pas muchos aos despus que l. - -Ocupado en la polica como escribiente en los tiempos de Iriondo, -elevronle al rango de comisario, y de tal manera acredit su sagacidad -en descubrir los planes revolucionarios y hacerlos abortar, la ms -grave misin de la polica de aquel tiempo, que Bayo, en su gobierno, -lo hizo jefe, y los revolucionarios tuvieron que reconocer en l un -enemigo terrible, que por vas misteriosas se apoderaba de todos sus -secretos. - -Y as las revoluciones dejaron de ser calaveradas repentinas e -improvisadas, hechas sin plan y sin ms propsito que mantener la -alarma entre los hombres de gobierno, y debieron transformarse, a -lo menos mientras Jarque estuviera en la polica, en un arte de -conspiracin prolijo y difcil. - -Era el jefe un hombre fro y perseverante, de fsico mezquino, calvo -a los cuarenta aos, con una pierna ms corta que le haca rengar, -defecto que l procuraba disimular, porque era vanidoso, y comprenda -lo mal que sentaba a la majestad de su cargo. - -Haca dos aos que se haba casado con Gabriela Borja, casamiento -inesperado, que no deba ser feliz, por cuanto l viva en la ciudad, -mientras ella se quedaba al lado de su madre, viuda, en la antigua -estancia de los Borja, que llamaban "la casa de los cuervos", como a -ocho leguas al Nordeste de Santa Fe, sobre el arroyo de Leyes. - -Desde algunos meses atrs, Jarque, gracias a los espas que tena -diseminados en las estancias de los opositores mismos, Cullen, -Montarn e Insa, comprenda que se estaba urdiendo una revolucin, -cuyo desenlace no pareca lejano, a juzgar por lo frecuente de ciertas -visitas sospechosas, y de algn movimiento de peonadas en las colonias -del Norte, Helvecia y California, donde los revolucionarios tenan una -gran popularidad entre los colonos extranjeros. - -Lo que desorientaba todos los clculos era la inaccin, aparente a -lo menos, del capitn Insa, quien no se mova de su estancia, ni -demostraba preocuparse por la "yerra" de su hacienda, que se anunciaba -para dos o tres meses ms tarde. - -Cuando Insa marcaba los terneros de sus vacadas, cosa que haca en -el otoo, era una fiesta de dos semanas para todos los criollos de -aquellos lugares, que acudan a prestar su ayuda, con el propsito de -participar en el interminable jolgorio de la faena; y haba aos que -los "tarjadores", que llevaban la cuenta de los animales marcados, -haciendo tarjas con el cuchillo en ramitas peladas, contaban al final -de la "yerra", diez mil rayas, que significaban diez mil terneros -puestos bajo la clebre marca de Insa, un corazn partido por una -flecha. - -Aquellas fiestas en que llegaban a reunirse hasta doscientos peones, -solan servir de preludio a la revolucin. Las conversaciones, el -relato de aventuras polticas, el licor repartido sin tasa, caa del -Paraguay, apenas rebajada con agua, encendan el entusiasmo opositor, y -sin ms preparativos, se ponan en marcha a caballo, hacia la capital, -a la que entraban de noche, rumbo a la polica, mal armados, disparando -trabucazos al azar, siendo rechazados fcilmente y con escasas prdidas. - -Cuando Jarque se hizo cargo de la polica, hicironse ms raras -tales asonadas. Sabase que el jefe no deseaba que se concluyeran -los movimientos revolucionarios, sin que l tuviera ocasin de hacer -un escarmiento. Creasele capaz de fusilar sin proceso alguno a los -cabecillas que cayeran en sus manos, aunque eso hubiera de costarle -el cargo a l y el gobierno a los suyos; pero todos, hartos de la -intranquilidad en que vivan, cerraban los ojos y le dejaban hacer. - -Las revoluciones entraron as en un perodo de laboriosa preparacin, -pues los opositores haban comprendido el riesgo de toda aventura -mientras aquel hombre estuviera contra ellos, y era preciso no jugar -ningn lance, sino con las mayores probabilidades de xito. - -Hacan la revolucin, como una funcin normal en su vida poltica, sin -grandes odios personales, por el slo deseo de tumbar un gobierno, que -los mantena a raya; y se resignaron a esperar hasta que se ofrecieran -las circunstancias propicias, que un da Jarque tuvo la sospecha de que -haban llegado. - -Don Pedro Montarn iba a dar un gran baile, celebrando el compromiso de -su hija Syra con el teniente Carmelo Borja, secretario de Jarque. - -Montarn era el Creso de los opositores, la bolsa abierta siempre para -costear las revoluciones. - -El jefe de polica sospech que aquel baile poda ser un pretexto -para atraer a los hombres del gobierno, relacionados con l, y que -no obstante la diversidad de opiniones polticas, no se negaran a -asistir. Retenidos en la fiesta, poda el capitn Insa con su gente -caer sobre la ciudad desprevenida, y aun hacer prisioneros a los -asistentes a ella. - -Sus sospechas se confirmaron cuando le hicieron saber que Montarn -haba visitado al inofensivo don Serafn, y por el Gobernador supo el -objeto de aquella visita, indicadora de que en la ciudad se esperaba la -llegada de Insa. - -Pero el joven revolucionario astuto y acostumbrado a aquellos lances, -logr entrar en Santa Fe, sin que lo advirtiera la polica de Jarque, -de modo que esa noche, mientras el jefe con su secretario, se -guarecan de la tormenta bajo el alero de aquella esquina que les -permita observar la casa de don Patricio Cullen, estaban lejos de -sospechar que l ya estuviera en sitio seguro, aguardando precisamente -a Cullen y a Montarn con quienes deba planear los detalles de la -revolucin para la noche del baile. - -Hacia el extremo de la galera del naciente, haba en la escuela una -extensa pieza, cuyas puertas y ventanas daban al patio. Era el comedor, -el punto de cita, por estar lejos de la calle y prximo a la huerta, -para el caso de una sorpresa de la polica. - -Al toque de nimas, esa noche, haba concludo la cena frugal, y -don Serafn busc su silla hamaca, en que sola dormitar despus de -comer, la acerc a la puerta entornada, para mirar el patio, inundado -de lluvia, que chispeaba a la luz de los relmpagos, y se qued -all distrado mientras llegaba el sueo, persiguiendo las siluetas -esfumadas de sus antiguos recuerdos. - -Junto a la mesa--una mesa de algarrobo lustrado, con aletas que se -plegaban o se abran para agrandarla--sentronse Rosarito e Insa, a -relatar la historia de los das pasados sin verse. - -Una lmpara con pantalla de cartn, fabricada por la nia, diseaba un -disco luminoso en el centro de la mesa, acusando con fuertes contrastes -las facciones del joven, sus ojos grandes y obscuros, su tez plida -tostada por el sol, su barba negra recortada al uso de entonces, su -pecho fuerte, sus manos poderosas, que de cuando en cuando se posaban -sobre la tabla, donde ella, que lo miraba con los ojos iluminados por -los pensamientos cariosos, tena puesta una de las suyas, que se -abandonaba confiada en la de l. - -Los ngulos de la pieza quedaban en la sombra. Dos escaos, arrimados -a la pared, a uno y otro lado, recordaban el tiempo en que don Serafn -tena pupilos en su escuela, y mayor concurrencia a su mesa. Una -alhacena, en el fondo, cubierta con una cortinilla rosada, y una -rinconera con un vaso de flores, completaban el mueblaje de la pieza -enorme y fra, con sus paredes pintadas a la cal, y su cielorraso de -lienzo, que a cada racha de viento se alzaba como un pecho fatigado y -cruja como si fuera a rasgarse. - -A cada ruido Insa intranquilo miraba a su alrededor, y Rosarito -sonrea. - ---Siempre es as--le deca. - -Y l continuaba el relato de su vida, que ella atenda con ansiedad, -buscando en los innumerables cuadros de aquel tiempo en que tanto -pensara en l, la huella de algn pensamiento que l le hubiera -dedicado enteramente. - -Montarn fu el primero en llegar a la cita. Entr al lbrego casern -de la escuela, no por la puerta de calle, sino por la huerta, cuyas -tapias escal, porque daban a los fondos de su casa. - -Era un hombre de cincuenta aos, bajito, regordete, pero gil y -movedizo. Todo rasurado y muy pulcro, con los tupidos cabellos grises -cortados al rape, su fisonoma rubicunda, animada por una constante -sonrisa, tena algo de eclesistico. - -Era muy rico, y al revs de Insa, no tena una sola vaca, pero s -mucho dinero contante, ganado en empresas bancarias. - -Uruguayo, radicado en Santa Fe desde largo tiempo atrs, se hallaba tan -vinculado a su suelo por sus negocios y sus amistades, que all pensaba -morir. - -Al ruido que hizo sacudindose las botas y la capa embarrada, despert -don Serafn, que se alz de la silla alarmado, sacando su reloj. - ---Seor don Pedro!--dijo con profunda reverencia. - ---Seor don Serafn!--respondi estrechndole la mano, y entr al -comedor, desvaneciendo con su llegada la tela de ensueo que envolva, -a los ojos cndidos de Rosarito, aquel cuadro familiar. - -Abraz fuertemente a Insa, arrastr uno de los escaos hasta la mesa, -negndose a aceptar ninguna de las sillas que le ofrecieron, y se sent -buscando la sombra de la pantalla, para observar mejor. - -Su sonrisa maliciosa hizo ruborizar a Rosarito. - -Antes de que hablara ninguno de ellos, cohibidos como estaban por -diferentes sentimientos, un empujn dado a la puerta de la calle, cuya -piedra se arrastr sobre las losas del zagun, les anunci la llegada -de un nuevo contertulio. - -Deba de ser don Patricio Cullen, por lo cual Insa sali a recibirlo -y a trancar la puerta, que dejaron entornada, a fin de que el jefe de -los revolucionarios entrara sin llamar. - -Don Serafn, que no le esperaba, vindole llegar sinti crecer su -alarma y torn a mirar el reloj, con aquel gesto a que recurra en los -casos apurados. - -Adivin qu poda significar aquella reunin y cuchiche al odo de -Cullen: - ---As pues, seor don Patricio, se trata de una revolucin? - -Don Patricio le apret la mano con una gran cordialidad y le respondi -sonriendo: - ---Si fuera as, mi amigo, podramos contar con usted? - ---Conmigo?--exclam el maestro, retirando su silla del hueco de la -puerta, como si la palabra comprometedora de Cullen hubiera resonado en -toda la ciudad y l temiera la repentina irrupcin de la polica. - ---S, don Serafn; necesitamos que usted nos d la hora para que -todos nuestros relojes estn de acuerdo. El secreto del xito en las -revoluciones est en que se produzcan en el momento preciso. - ---Ah, seor don Patricio!--respondi sbitamente interesado el -maestro--si ustedes tuvieran un "Losada"... - -El ex gobernador de Santa Fe haba tomado asiento ya en la silla que le -ofreci Rosarito, junto a la de Insa, la que ella ocupaba. - -Don Serafn en pie, aguardando una explicacin que no vino, miraba con -nueva angustia el cuadro alarmante que alumbraba su pacfica lmpara. - -Era amigo de aquellos tres hombres reunidos para conspirar, sin duda, y -era como el padre de uno de ellos, y a pesar de eso y de su aficin a -las intriguillas polticas, la cosa pareca ms seria que de costumbre, -y la conspiracin se realizaba all, bajo el techo de su escuela, cuya -existencia estaba en mano del gobierno, que la subvencionaba. - ---Seores!--les dijo; pero la voz se le anud en la garganta. - -Los tres lo miraron. - ---Usted nos dar la hora;--volvi a indicarle don Patricio, con amable -sonrisa,--hasta entonces sea sordo, ciego y mudo. - ---Mudo sobre todo, mi to--aadi Insa, haciendo luego una sea a -Rosarito para que los dejasen solos. - -El maestro sali suspirando y palpando su reloj, con una explicable -angustia, desde que acababan de manifestarle que en su preciosa mquina -estaba encerrado el minuto decisivo de la revolucin. - ---Mi reloj, mi reloj!--exclamaba, siguiendo dcilmente a su hija, que -lo hizo acostarse. - ---Es seguro ese hombre?--pregunt Cullen cuando quedaron solos. - -La luz de la lmpara daba de lleno sobre la figura majestuosa de don -Patricio, y su barba castaa, abierta sobre el pecho adquira tonos -dorados. - ---Completamente seguro--respondi Insa--y su casa debe ser hoy el -punto de cita menos sospechoso. - -Montarn arrug la nariz, con gesto de duda. - ---No tanto. Ayer me cruc en la puerta con uno de los pesquisas de -Jarque. Por lo que se hizo el indiferente al verme, sospecho que no -dej de notar mi presencia en el sitio. Por eso he venido hoy como un -ladrn o como un enamorado, saltando las tapias, procedimiento que -aconsejara a don Patricio, si viviera ms cerca. - -Don Patricio sonri; era muy grueso y lo que para aquel hombrecillo -rechoncho, pero gil, resultaba un juego, para l habra sido lo ms -difcil de la revolucin. - ---La noche es a propsito para merodeos de esta clase--observ -Cullen.--Yo he podido salir sin que nadie me viera, porque en toda la -calle Comercio, embarrada y tenebrosa, no se hallara alma viviente. -La luz de los relmpagos me guiaba, para no estrellarme contra las -rejas salientes de las ventanas, y para cruzar sin riesgos mayores los -fangales de cada esquina. - -Hablaba despacio, con voz suave, insinuando ms que diciendo lo que -pensaba. Montarn le escuchaba con una sonrisa que poda seguir -siendo un gesto de duda; Insa, grave y triste, como oprimido por un -presentimiento. - -Afuera, la lluvia, ms intensa que a la hora de nimas, segua cantando -en los caos de teja, de donde caan chorros sonoros que corran luego -por los albaales a engrosar el torrente de la calle. - -Un momento prestaron odo a los rumores que venan de afuera. Insa -pens en Rosarito, dormida quizs, y comenz luego a explicar su plan -revolucionario. - -Tena listos ciento veinte hombres, acampados a esas horas en los -sauzales del arroyo de Leyes; a la maana se pondran en marcha sobre -la ciudad, segn las rdenes que les haba dejado, y entraran a la -oracin. - -Tenan dos chalanas cargadas de lea, en que llegaran al puerto, -cruzando la laguna. Otros estaban ya en la ciudad, adonde haban -llegado en carros de colonos, tirados por buenos caballos, que les -serviran para montar, o haban entrado como peones de estancia, a -buscar provisiones. - ---Bien armados?--pregunt Montarn. - ---Estos no; tienen sus cuchillos, que pueden ser lanzas, atados en una -caa tacuara. - ---Y los otros? - ---Los que vienen en las chalanas son los suizos de Helvecia, armados -con carabinas y con rmingtons. Algunos criollos tienen trabucos. La -municin es escasa, pero no se necesitar mucha. - ---As es--observ Cullen--el xito est en sorprender a la polica. Si -no entramos en el primer asalto, la batalla est perdida, y no habr -ms que desbandarse y buscar refugio donde sea posible hallarlo. - -La luz de la lmpara le molestaba, por lo cual haba buscado la sombra -y hablaba desde all. Slo Insa permaneca al lado de la mesa y sus -ademanes y el brillo de sus ojos se armonizaban con todos los rasgos de -su lujosa juventud. - ---Y los que han llegado--interrog--dnde estn? - ---En la barraca de Fosco, a orillas del ro, al Sud, que es donde -atracarn las chalanas, para estar ms cerca de la polica. - -Hubo una pausa, en que los tres prestaron odo al rumor de la lluvia, -que de cuando en cuando se ahogaba en el fragor de un trueno. - ---Mi mayor confianza est en lo que hagamos en el baile--dijo Montarn, -bajando la voz--Iriondo y Bayo irn; Jarque ciertamente no faltar, y -como no estarn prevenidos, en cuanto suenen los primeros tiros en la -plaza podremos tomarlos como en una ratonera. - -Insa no pareca participar de esa opinin. - ---Eso no es pelear--objet--eso es entrampar a los hombres, como si -fueran ratones. Prefiero el ataque, lanza en ristre, al frente de mi -caballera... - ---Ellos son ms y estn mejor armados. - ---Nuestros hombres no pelean por la paga, como los de ellos; y esa es -una ventaja que compensa el nmero y la diferencia de las armas. - ---Tendremos que ir contra el batalln "7 de Abril", que es de lnea, -capitn--observ Montarn. - ---Mejor; eso enardece. Lo que desmoraliza es pelear contra flojos que -se esconden o disparan. - -Tras un momento de silencio, Cullen, deseando armonizar las dos -opiniones, dijo acercndose a la luz: - ---Las dos cosas deben hacerse. Es necesario el asalto a la polica, -y al mismo tiempo la celada del baile. Una maniobra sin la otra nos -llevara al fracaso, que ha sido siempre el trmino de nuestras -revoluciones. El capitn Insa mandar el asalto; y nosotros, en el -baile, en cuanto suenen los primeros tiros, aprovechando la sorpresa -de los iriondistas, caeremos sobre ellos. Apresados Iriondo y Bayo, la -tropa del gobierno se rendir. Hay entre ellos partidarios nuestros que -iniciarn el desbande. - -Hizo una pausa, esperando alguna observacin, y como no la hubo, -prosigui, con su voz suave y sus ademanes tranquilos: - ---Por otra parte, ni Bayo, ni Iriondo son nios. Es verdad que toda -nuestra mozada distinguida estar en el baile, y se pondr a nuestro -lado, pero las cosas no se llevarn a cabo sin riesgos; porque supongo -que no sern esos dos los nicos iriondistas que habr invitado usted a -su fiesta. - ---He invitado a todos los que significan algo--respondi Montarn--no -s quienes irn, mas podemos contar con que no faltarn ni el ministro -Pizarro, ni el doctor Zavalla, y habr que tenerlos en cuenta;--y -agreg haciendo uso de un trmino gauchesco--no son gente de arriar con -la mano. - -Insa acab por aceptar la importancia de aquella maniobra, que, en -verdad, poda ser ms eficaz que las briosas acometidas de sus paisanos -a caballo, sembrando de muertos las calles de Santa Fe y huyendo una -hora despus del ataque. - -Mediaba la noche y la lluvia haba escampado, cuando los conspiradores, -despus de precisar los detalles de su plan, disolvieron la reunin. - -Don Pedro Montarn escurrise de nuevo hacia la huerta, y salt la -tapia. Don Patricio Cullen, se envolvi en una capa obscura, con -vueltas de terciopelo, y sali franca y gallardamente a la calle, como -si nadie pudiera sospechar de l. - -Al cruzar la esquina de la Matriz, no vi entre los arcos del prtico -una sombra cautelosa, que acechaba su paso. Era Jarque, quien no haba -querido confiar a nadie la delicada misin de averiguar las andanzas -del jefe de los revolucionarios. - -Don Patricio lleg a su casa, tranquilizado por la misma siniestra -lobreguez de la ciudad dormida entre los barriales de sus calles sin -empedrado. - -Cuando Insa apag la lmpara y sali del comedor para llegar hasta -el escondrijo en que deba pasar la noche encontr en la galera a -Rosarito, cuyos ojos fieles radiaban en la sombra. - -Insa le estrech la mano y le dijo con voz baja una frase que a ella -la hizo estremecerse: - ---Has nacido para mujer de un revolucionario! - - - - -IV - -La levita de Cullen - - -Fu ese el primer da fro del otoo que empezaba a dorar el follaje -de los rboles caducos y las frutas de los naranjos entre el verde -lustroso de sus hojas persistentes, y alfombraba el suelo hmedo de las -huertas, con el manto amarillo de las hojas secas. - -La lluvia de la noche haba lavado el cielo, y el sol se miraba -esplendoroso en los charcos de las calles, donde los nios, que no iban -a la escuela, chapoteaban el barro con los pies desnudos. - -A las ocho en punto, la puerta de la escuela de Don Serafn, estaba -sitiada por una banda turbulenta de escolares, sorprendidos por lo -extraordinario del caso. - -Qu poda haberle ocurrido al puntualsimo "Curua", que no haba -abierto a la hora precisa, como acostumbraba, para que esa fuera la -seal de arreglar los relojes del barrio? - -A las ocho y cuarto empezaron los chicuelos a armar una tormentosa -baranda, ante la puerta cerrada. - -Los de familias pudientes haban sacado esa maana por primera vez -en el ao, sus capas o sus abrigos de invierno, porque el pampero -que traa el fro de las nieves del Sur, daba la seal de cambiar de -ropa. Los ms pobres, habran tiritado bajo sus trajecitos de brin, -si la algazara y el movimiento no les hubiera hecho bullir la sangre. -Casi todos, en bolsas de tela, suspendidas de un bramante que les -cruzaba la espalda, llevaban sus librejos envejecidos por el manoseo de -algunas generaciones de escolares, que se los pasaban unos a otros, al -abandonar las aulas. - -Algunos revelaban su pobreza, no slo en su traje inadecuado para la -estacin, sino en el detalle sobrado elocuente de carecer de libros y -cuadernos, lo cual les obligaba a aprender en los Mazos rotosos que don -Serafn pona a disposicin de ellos en la clase. - -No eran los menos bulliciosos, empero. Todos, pobres y ricos, picados -por la curiosidad golpeaban la puerta gritando ansiosos por entrar -no al aula, donde se aburran, sino al patio bajo cuyas anchurosas -galeras podran jugar a la rayuela o las bolitas si es que "Curua" -estaba enfermo o haba muerto y se impona la vacacin. - -No estaba muerto el msero, mas habra deseado estarlo, porque en ese -momento pasaba las angustias de un ajusticiado, bajo el ojo severo de -su amigo Jarque. - -Se levant ms temprano que de costumbre, y por lo menos una hora antes -de las ocho, estuvo dispuesto para acudir a la cita que le diera el -gobernador la noche antes. - -No era cosa mayor su traje, pero envuelto en su capa--regalo del -capitn Insa--poda disimular la fementida levita y engaar al -espectador en cuanto a la integridad de los pantalones. - -Cuando empez a trepar las escaleras del Cabildo, hacia el despacho -del gobernador, record su pecado de esa noche dando albergue a los -conspiradores y le temblaron las rodillas. - -Parecile un calvario aquella ascensin y cuando lleg a la sala de -espera, donde aguardaban los postulantes, consult su reloj para -comprobar la marcha de un pndulo que all haba. - -En este momento se le acerc Jarque y lo tom del brazo y lo llev -con alguna prisa, que llen de pavor al maestro, la oficina de la -Jefatura de Polica, que formaba cuadro con el saln de espera, en una -de las alas del edificio. - -Entraron al despacho, una pieza grande y fra, con pobrsimos muebles, -una mesa de caoba y algunas sillas de estera. Jarque cerr la puerta, -aumentando la confusin del maestro, que todo trmulo, busc asiento, -sin atreverse a despegar los labios ni a hacer ms gesto que el de -consultar su reloj, el cual marcaba las ocho menos cuarto. - -Por fin, mientras el jefe acercaba otra silla, se anim a decirle con -cierta altivez que son bien en sus propios odos: - ---Te advierto, Braulio, que tengo una cita con el seor Gobernador. - ---A qu hora? - ---A las ocho; y estaba haciendo tiempo... - -Jarque ech una despreciativa mirada sobre el reloj que don Serafn -tena en la mano, y sentndosele al lado, le dijo con tono zumbn: - ---Tu reloj atrasa, muchacho. Hace un cuarto de hora que el gobernador -te esperaba; ahora, me ha encargado tu asunto, porque l atiende a -otros visitantes. - -Don Serafn se haba puesto de pie, con el pelo encrespado por la -indignacin. - ---El "Losada", seor jefe de polica, no atrasa nunca! - ---Entonces est parado--le respondi Jarque, hacindolo sentar de nuevo. - -El maestro acerc al odo su maravillosa mquina, y constat con horror -que en efecto se haba parado algunos minutos antes, falto de cuerda. - ---Ah, miserable!--exclam golpendose la frente.--He deshonrado -mi reloj. Por primera vez en treinta aos, anoche por culpa de las -visitas, me acost sin darle cuerda. - -Jarque sonrea. - ---Tuviste visitas, Serafn? Haces tertulia ahora? Ests por casar tu -hija? - -El maestro, que daba cuerda a su "Losada", se qued fro al or -aquello. Un poco ms y en su turbacin habra puesto al astuto jefe de -polica sobre la pista de la conspiracin tramada en su casa. - -Jarque observ la ingrata impresin que caus su pregunta, y para no -espantar la caza, se puso a hablar del asunto que ms interesaba a su -amigo. - ---Realmente--le iba diciendo--era una iniquidad que un hombre del -mrito de don Serafn Aldabas, que serva a la provincia con tanta -abnegacin, educando a los futuros ciudadanos, pasara miserias por -negligencias del gobierno en cumplir sus promesas. - ---No es verdad?--exclam encantado el maestro--es lo que digo; un -maestro es un servidor de la provincia. - -La misma subvencin--seguale diciendo el jefe--era irrisoria; ya el -Gobernador se lo haba dicho. Deba drsele cuarenta pesos por lo menos. - ---Cuarenta pesos? Es lo que tengo ahora. - ---S? Bueno; eso mismo es poco; habra que ponerle cincuenta... - ---Cien me dijo ayer el seor Gobernador. - ---Bueno; cuanto ms mejor; ya me encargar de recordrselo. - ---Y sobre todo--insinu dulcemente don Serafn--que me paguen los seis -meses que me adeudan. - ---Oh, por supuesto! - ---No sera posible hoy? - -El jefe sacudi la cabeza. - ---No hay fondos, quizs? y la mitad... la tercera parte... un mes -siquiera? - -Jarque haca seas de que no era posible. - ---Hay fondos--dijo--y la voluntad del Gobernador era mandar pagarte; -pero hoy mismo le han trado una denuncia que te compromete. - -Don Serafn sinti que las piernas le empezaban a temblar, y ech mano -del reloj. - -Jarque se puso a mirarlo y sus ojos astutos lo turbaron ms. - ---Deja el reloj, Serafn; y si no quieres perderte dime la verdad: a -qu fu don Patricio Cullen a tu casa anoche? - -El maestro se qued lvido, pero decidido a morir antes que delatar a -sus amigos, contest con un soplo de voz: - ---A visitarme... - ---Aprovechando la bondad de la noche... eh? Serafn!, Serafn! - ---No; la noche era mala, muy mala, quizs la peor que he pasado en mi -vida... - ---S, lo creo; y esa visita a esa hora, y la turbacin que muestras y -que dice ests mintiendo, han puesto en peligro la subvencin de tu -escuela, y lo que es ms grave, tu seguridad personal. Por qu me -engaas? Don Patricio no fu a visitarte. - -Don Serafn tuvo entonces un rayo de luz. Se acord de algunos rasgos -nobilsimos del carcter de Cullen, el cual disimulaba sus caridades -con tacto exquisito y se anim a echar una mentira salvadora. - ---Oh, Braulio! Desconfas de m! Sabrs, entonces, toda mi vergenza: -Don Patricio fu a llevarme una levita. - ---Una levita?--exclam Jarque sorprendido.--Para qu te fu a llevar -una levita? - ---Mira!--contest don Serafn, ponindose de pie, y dejando caer la -capa, con el gesto de Frin delante de sus jueces. - -Y Jarque pudo ver, en efecto, que su amigo tena urgente necesidad de -una levita, porque la que llevaba no mereca tal nombre, pues a ms -de los faldones que le faltaban, empleados en menesteres escolares, -careca de forros y los bolsillos no habran podido cumplir su misin -de tales. - -La capa de don Serafn guardaba celosamente aquel secreto y por eso, de -su levita ningn ojo extrao conoca ms que las solapas. - -Jarque se ech a rer, ante la figura desguarnecida de su amigo, y ste -se puso rojo de clera. - ---Lo ves? Lo sabes ya? Comprendes ahora todo el valor del obsequio, -y toda la nobleza de ese hombre, que no ha querido envirmelo con una -criada charlatana, sino que ha ido l mismo, en persona, en una noche -desagradable, a llevrmelo, como una prueba de afecto? - -Se arreboz de nuevo en la capa y se dej caer sobre una silla. - ---Y por qu no te la has puesto? - -Don Serafn tartamude un instante: - ---Pues, porque--ah vers!--no tenemos el mismo cuerpo, y Rosarito ha -debido encargarse de achicarla. - -Jarque pareci satisfecho y el maestro se qued ntimamente halagado -por su destreza, que haba despistado al astuto jefe de los polizontes, -y pens que bajo su capa se ocultaba un fino espritu revolucionario. - -Hablaron luego de otras cosas, y de pronto Jarque pregunt: - ---Siempre es tu hija tan bonita? - ---Es como antes. - ---Y siempre tan hacendosa?, aquellas empanadas que ella haca!... - -Rosarito tena una habilidad muy celebrada entre sus relaciones para -confeccionar empanadas exquisitas, con que alguna vez obsequi a -Jarque, como a algunos otros personajes de la ciudad. - ---Cuando las haga--dijo el maestro--te har mandar media docena. - ---Gracias; prefiero ir un da de estos a comerlas en tu propia mesa. - ---Cuando gustes, Braulio--respondi tristemente don Serafn, pensando -si su hija no habra perdido ya la habilidad, dado el tiempo que no se -hacan empanadas en su casa, por falta de recursos. - -El jefe se haba quedado caviloso. - ---No sera posible hoy?--dijo. - -El maestro vacil. Cmo iba a costear el gasto? - ---Te ser franco, Braulio. Si hoy me pagaran, siquiera un mes, podra -surtirme de nuevo en el almacn, y habra en casa cmo hacer empanadas. -Si no... - -El jefe de polica no aguard ms. Escribi unas lneas, que meti en -un sobre y mand con un ayudante a su destinatario, que don Serafn no -pudo saber quin era, pero que deba ser el ministro o el Gobernador -mismo, porque volvi al cabo de pocos minutos con otro sobre en que -vena el dinero de cinco de los meses atrasados, doscientos pesos. - -Deslumbrado por aquella fortuna, el maestro baj tambaleando las -escaleras del Cabildo, atraves la plaza a grandes zancadas, sin -cuidarse de su capa que flotaba a sus espaldas como dos alas abiertas, -permitiendo a los ojos profanos iniciarse en el secreto de aquella -levita misteriosa. - - - - -V - -En la tarde del baile - - -La imagen de Syra Montarn, a los veinte aos, debe perdurar en la -memoria de los que la conocieron, como queda en los ojos la impresin -del sol, cuando se lo mira. - -En los pases tropicales, el tipo de la hija de Montarn, es ms comn -que en las orillas del Paran. Pero aun as, en la pequea ciudad de -entonces, que los naranjos de las huertas sahumaban de azahar, con -sus calles desiertas y sus tapias oscuras, rodas por el musgo, y sus -siestas estivales, silenciosas y largas, y sus dos ros y su gran -laguna, que la cean en un abrazo de frescura, Syra Montarn estaba -ms en el marco apropiado para su belleza de reina mora, que la suave -hija del maestro, con su vestido blanco y su manto azul, como una -aparicin. - -Durante cinco aos haba permanecido enclaustrada en un colegio de -Buenos Aires, saliendo solamente en los veranos, que pasaba en una -quinta prxima a la gran ciudad, en casa de sus abuelos; y cuando al -cumplir veinte aos, volvi a Santa Fe, traa con las galas novedosas, -adquiridas all, y que eran raras en las tiendas santafesinas, una -sabia coquetera de portea. - -Su madre, una paraguaya melanclica, con quien Montarn se cas en uno -de sus viajes, pasbase los das en su dormitorio, que daba a la calle, -chupando naranjas y leyendo novelas. - -Syra tena de ella la cabellera negra y abundante con reflejos de oro -a la cruda luz del sol, y la tez plida, con un leve color de trigo en -la era. Pero sus ojos, negros tambin, no aparecan, como los de ella, -anegados en la penumbra de un alma perezosa; sino encendidos en la -llama de una voluntad imperiosa, que se adivinaba, asimismo, en su boca -algo grande, roja, de firme dibujo. - -La casa de Montarn en la calle del Cabildo, a media cuadra de la -plaza, era de dos pisos, recin construda con un lujo desusado -entonces, por el mismo arquitecto que edific la de don Simn de -Iriondo, lo cual halagaba la vanidad del opulento banquero. - -Bajo los corredores que daban a la calle, enlosados de mrmol, paseaban -los galanes. En los primeros tiempos de la llegada de Syra, fueron -muchos, hasta que ella los alej con sus desdenes, que slo uno de -ellos perdon, porque estaba profundamente enamorado. - -Era Borja, el teniente de milicias, joven y gallardo, con su vistoso -uniforme, su chaqueta de pao azul, galoneada de oro, pantaln rojo con -franja dorada, su deslumbrante espadn que rozaba las paredes, con un -ruido metlico, que un da fu para Syra la seal de salir al balcn a -verle pasar. - -Y eso ocurri en la pasada primavera, cuando en la plaza se vestan -las acacias de racimos blancos, cuyo perfume penetrante trastornaba el -corazn y la cabeza. Syra sinti llegar el amor, como un sol que nace, -y ella le confes que lo amaba, y que haba tardado en decrselo, para -probar su constancia. - -El opulento Montarn quera festejar el compromiso oficial de su hija -con una fiesta, que sera a la vez una hbil celada. - -En la tarde del baile, Syra llena de presentimientos que la -angustiaban, fu a casa de una vecina amiga, donde sola encontrarse -con su novio. - -Vesta de luto, por un duelo de familia, y el traje negro, que esa -noche dejara de usar, pona en su soberana figura una nota trgica, -que Carmelo Borja observ con fro en el alma. - -Se hallaban solos, en un patio de naranjos que la tarde llenaba de -sombras. La tierra verta agua, por la lluvia reciente, y entraron -a una pieza, que tena sobre el patio una ventana enrejada, en cuyo -dintel se sentaron, buscando las ltimas luces del crepsculo. - -Sin haberse hablado, habanse trasmitido la indefinible pesadumbre que -embargaba sus almas. - -Syra conoca las opiniones polticas de su padre, y da por da -aguardaba el estallido de una revolucin en que l o su novio, -combatiendo en filas opuestas, podan hallar la muerte. - -Montarn conservaba una relacin lo ms estrecha posible, dadas sus -ideas, con las familias de los hombres contra cuyo gobierno conspiraba, -y cuando su hija le anunci el noviazgo con el joven militar, -secretario de Jarque, ni por un momento vacil en franquearle la -entrada de su hogar. - -Y en las tertulias frecuentes que se hacan los das de visita, -Montarn siempre dueo de casa y dueo de s mismo, saba ser -exquisito, aun con los adversarios que asistan a ellas, y en quienes -produca la impresin de que Jarque lo haba curado de sus veleidades -revolucionarias, no dejando llegar a trmino ningn complot. - -Syra comprenda, empero, que su padre tramaba la cada de Bayo. -Continuos y misteriosos "chasques" o mensajeros, que llegaban de noche, -y entraban, sin llamar, por una puertecilla falsa, le daban a entender -que se aproximaba, quizs, el desenlace temido. - -Montarn disimulaba ante ella, no queriendo exponerse al evento de su -discrecin de mujer enamorada. - -En la noche de la lluvia, Syra sorprendi a su padre llegando de la -huerta, con el traje embarrado, indicio elocuente de su excursin harto -sospechosa a esa hora y con ese tiempo, y como en los ltimos das -haban aumentado las maniobras sospechosas, que la alarmaban, adivin -que los sucesos estaban prximos, y se llen de terror. - -En cualquier movimiento revolucionario, su novio, por su cargo, tena -sealado un puesto de peligro. - -Cmo advertirle sin descubrir a su padre? - -Doa Celia, que pasaba su vida en la hamaca o en un silln frente a una -ventana de la calle, anegada en su modorra habitual, no era capaz de -desahogarla del peso de aquellos temores. - -En la tarde del baile, vi a su padre alistar unas armas, y sintindose -morir, bajo la angustia, corri a la casa vecina donde al entrar la -noche sola encontrarse con su novio. - -Cuando se hall frente a l, le falt la voz, y se ech a llorar, -escondiendo la cara sobre el hombro de l. - -Borja tambin presenta los sucesos que se aproximaban. Jarque se -haba apoderado de los hilos de la conjuracin, y aunque ignoraba las -circunstancias en que se desarrollara el episodio revolucionario, -comprenda que estaban envueltos en una intriga, que no poda tener ms -que un sangriento desenlace. - -Aquel llanto de Syra, cuyo padre deba ser de los ms comprometidos, -aument su zozobra, porque era evidente seal de que ella haba -sorprendido algo que no poda confiarle. - ---Syra! Syra!--le dijo--antes me hiciste sufrir con desdenes, y ahora -me haces sufrir con misterios, ocultndome lo que te apena. - ---Es cierto--dijo ella, apartndose y dejando de llorar.--Has sufrido, -porque no adivinaste que te quise desde el primer da en que te v, -aunque no lo pareciera, porque fu injusta y coqueta. Y ahora sufres, -porque tengo un secreto y no te lo puedo confiar. - -Sospech l de qu se trataba, y no quiso hablar, por no obligarla a -traicionar a su padre. - -Ella continu dicindole: - ---Estoy llena de miedo. Yo no s nada, me parece que he soado lo que -he visto, porque ni siquiera puedo decir que he visto algo; y me parece -que todo se vuelve en contra de nosotros. Estamos a tres horas de la -fiesta, y me vengo a llorar... - -l le acarici la cabeza que haba vuelto a apoyar en su hombro, como -buscando un refugio que la salvara de las visiones que la acosaban. - ---Me da miedo la tarde, y me da miedo la noche que llega. Carmelo... -no temen nada, nada?... - ---Qu podramos temer? Todo est tranquilo, a su fiesta irn amigos -y adversarios del gobierno, y ser sa una ocasin de acercarse, de -tratarse, quizs de hacer la paz que todos anhelan. - -Un rato habl as, tranquilizndola, y sintiendo que sus propias -razones le tranquilizaban a l mismo, hacindole ver cun vanos y -ridculos eran los recelos. - ---Esta noche, Syra, te pido que cantes los versos del doctor Goyena, -los que comienzan as: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." - -Ella no lo haba besado nunca, pero esa vez, dominando todo su pudor, -acerc su cara a la de l y lo bes apasionadamente, como si fuera a -partir para un largo viaje. - -Y sali huyendo de la casa, sin saludar a nadie, atravesando medrosa el -patio, en que la noche haba cado como un crespn negro, envolviendo -los sombros naranjos de amargo perfume. - - - - -VI - -Una sombra en el hueco de la puerta - - -Borja no ignoraba que el da anterior Jarque, su jefe, haba tenido un -encuentro que poda ser un grave indicio. - -Por la maana a eso de las nueve, don Serafn volvi a su escuela que -resonaba con la bulla de los nios, a los cuales Rosarito les haba -franqueado la entrada para que jugasen en el recinto abrigado de las -galeras. - -Ella misma, despus de llevar el desayuno a Insa que se aburra en -la soledad de su escondrijo, baj a jugar con ellos. El patio estaba -empapado por la lluvia, pero las galeras anchas, con su techo de -caas, cubierto con largas pajas de las islas, y sostenido por slidos -pilares de algarrobo, tenan un piso de tierra endurecida, donde los -chicuelos ms hbiles podan dibujar sus complicados cuadros de rayuela. - -Rosarito se sent en un rincn, donde la cocina formaba un reparo, en -el extremo del corredor, y los ms pequeos corrieron a ella, para que -les contara aquellos cuentos que iluminaron la niez de su madre. - -La nia era como un hada en el sombro recinto de la escuela. - -Cuando en las horas de clase, por animar un poco a los alumnos, entraba -al saln, buscando un sitio vaco en los bancos, todos la reclamaban -para tenerla cerca, y aun cuando fuera la clase de gramtica, si estaba -ella, y los nios podan ver sus ojos animadores y su boca juvenil que -sonrea, y su vestido alegre, en la pesada tristeza de las cosas viejas -que llenaban el aula, los minutos parecan tener alas y volar. - -El maestro no se inmutaba por la presencia radiante, y segua llamando -al pizarrn, uno por uno, a los chicuelos, para que dieran la leccin. - -Les entregaba un mezquino pedacito de tiza, y se calaba las gafas para -vigilar los garabatos que la trmula mano trazaba en el tablero. Y -cuando el nio se equivocaba, corra l con el desgarrado faldn de su -levita en la mano y borraba lo escrito. - ---Quin mat a Csar?--deca a modo de comentario invariable, y los -alumnos en coro gritaban: - ---Bruto! - -Don Serafn tena una regla larga como un puntero, que manejaba -nerviosamente. Se quitaba su casquete de seda, porque el mucho hablar -le haca sudar el crneo; alzaba las gafas hasta la frente, donde -revoloteaban algunos mechoncitos grises, con aire ms divertido que -el de los alumnos, y aquello era seal de que comenzaba la clase de -gramtica. - -Llamaba a uno de los nios hasta su estrado; se envolva cuidadosamente -en la capa, celoso del misterio de su levita, y preguntaba alzando la -regla y mirando al alumno con sus ojillos glaucos: - ---Cuntos son los acentos? - -El interrogado se quedaba pensativo, y don Serafn le insinuaba, -marcando cada palabra con un reglazo en el pupitre: - ---Tres! Agudo, grave y es... dr... julo. - -Cuando deca "dr" se iba a fondo, con la regla a guisa de florete -y pinchaba al nio en la barriga, con gran regocijo de la infantil -concurrencia. - -La leccin de los acentos era, por su episodio, lo ms ameno de la -gramtica. - -Concluda la clase, los nios se ponan de pie y rezaban un avemara, -que entonaba el maestro, y luego con sus libros y sus gorras en la -mano, salan en ruidoso tropel a la calle, dejando en el aire confinado -del saln el polvo de los rojos ladrillos, flotando en un rayo de sol, -que entraba a veces como una espada fulgurante. - -Si estaba Rosarito, la ltima mirada era para ella, que se quedaba con -el corazn estremecido, porque los amaba a todos. - -Cuando su padre volvi, la maana en que fu al Cabildo, no era ya hora -de iniciar la clase, por lo cual despidieron a los nios que jugaban -en las galeras, cerraron la puerta de calle, y llamaron a Insa, que -baj de su buhardilla, contento como un prisionero libertado. - -A l y a Rosarito les relat don Serafn su conferencia con el jefe -de polica, detallando prolijamente la manera en que eludi toda -contestacin comprometedora. - -Nunca haba querido dejar adivinar de Insa su pobreza rayana en la -miseria, mas tuvo esa vez que confesar el episodio de la levita, -mezclado con su pequea aventura de esa maana, y todo lo dijo -sonriente, enrojeciendo a veces de vergenza, pero satisfecho de su -inesperada habilidad para burlar al fino sabueso del gobierno. - ---Hoy Jarque vendr a comer tus empanadas, Rosarito, hija ma... - -La nia se alarm oyendo aquello, porque sospech que eso podra ser -un pretexto para una visita del jefe, pero no el verdadero motivo. Sin -duda quera comprobar lo dicho por su padre. - -Se visti con su sencillo traje de salir, y se fu al boliche de don -Pablo Ferrer; pag la cuenta, y se aprovision de lo que le haca falta -para confeccionar sus empanadas; y luego corri a casa de don Patricio -Cullen. - -Llena de confusin refiri al caudillo de los revolucionarios aquella -aventura de la levita, que la obligaba a pedir una, a fin de que Jarque -la hallara, en verdad arreglndola al cuerpo de su padre. Y fu tan -afortunada y hbil, que esa tarde, a la hora de la siesta, en que el -jefe de polica acudi a la escuela, pudo obsequiarle con empanadas -sacadas del horno, sirvindoselas en una punta de la mesa del comedor y -atendindole ella desde la otra, donde a toda prisa descosa una levita -de don Patricio Cullen, para adaptarla al mezquino cuerpo de Aldabas, -cuya voz se oa explicando la leccin de los acentos. - -Pero Jarque no se dej engaar del todo. Los indicios que haba -sorprendido de estar cerca la revolucin eran tan evidentes, que -perdida una pista, buscaba otra, seguro de sorprender el complot. - -Se estuvo toda la tarde en la escuela, porque teniendo la certeza de -que la revolucin no estallara sin que Insa llegara a la ciudad, -quera a toda costa saber si l estaba ya en Santa Fe o iba a llegar de -un momento a otro. - -Cuando anocheci, algo decepcionado se despidi del maestro, que haba -concludo su clase y de su hija que segua trabajando en la levita. Mas -se fu tranquilo, porque la ausencia de Insa poda significar que la -revolucin an tardara. - -No bien se hubo marchado baj Insa de su escondrijo, donde haba -pasado cuatro mortales horas oliendo el cedro secular de las vigas del -techo; y como era necesario prevenir para esa misma noche al dueo de -la barraca donde se refugiaran los revolucionarios que llegaran por -el ro, aprovech para salir la obscuridad que reinaba, con el cielo -nublado, amenazando lluvia. - -La barraca de Fosco, al Sur de la ciudad, a pocos pasos del arroyo -Quill, un brazo del ro, era un vasto recinto cuadrado, con paredes -de tapia, detrs de las cuales se amontonaban cargamentos copiosos de -frutos del pas, cueros, cerdas, huesos, lanas a la espera de un barco -que los llevara a Buenos Aires. - -El anterior dueo de la barraca se haba arruinado, y un colono suizo -de Helvecia, que logr algunos aos de buenas cosechas, se qued con -ella y abandon el campo. - -Era Fosco; viva con su familia haciendo un modesto negocio que le -permita tener influencia entre sus compatriotas, partidarios de Cullen -todos, y esperar el triunfo de la revolucin, que estaba dispuesto a -ayudar, para tumbar el gobierno. - -En la obscuridad de la noche Insa vi aparecer a lo lejos la masa -negra de la coposa arboleda que rodeaba la barraca, haciendo ms -discreto el refugio. - -En esos lugares no haba ya casas ni calles. Las carreteras, acolchadas -de tierra blanda, transformadas por la lluvia en profundos barrizales, -descendan la barranca hasta el desplayado del riacho. Cerca del agua, -que no se vea en la sombra, al borde mismo de la pequea barranca, -creca un aromito y a su sombra se alzaba una casucha de paja y de -barro, de algn barquero, que viva all a la vera de su barca. - -Ladraban los perros al spero rumor de los rboles, que se mecan al -viento en la sombra y misteriosa quinta de Fosco. - -Insa no pudo dejar de sentir un estremecimiento, como un aletazo del -miedo, al llegar a aquellos lugares en que poda hallar la muerte, si -Jarque daba con su pista. - -Marchaba a grandes trancos, hundiendo sus botas en el barro para no -perder tiempo en buscar senderos enjutos. Iba embozado en una capa, con -que en las calles del centro haba disimulado su figura, para pasar sin -que le reconocieran. - -Desde el portn de fierro que serva de entrada a la barraca, cerrado a -esa hora, vi la casa blanqueando en la sombra, sin luz, como dormida. - -Llam con las seales que sus dueos conocan. - -Fosco estaba advertido por el mismo don Patricio de la inminencia de -una revolucin, a la que se dispona prestar su concurso, tanto ms -apreciable, cuanto que la ubicacin de la barraca deba esa vez hacerla -poco sospechosa. - -Generalmente los revolucionarios invadan la ciudad por el Norte, -viniendo de las estancias de Cullen o de Insa, y era casi seguro que -el mayor empeo de la polica se pondra en vigilar el camino de Santa -Rosa, descuidando la barraca a orillas del ro, excelente lugar de -desembarco, por la menor distancia a que de all estaba el Cabildo, que -iban a atacar. - -A la seal de Insa, un poderoso mastn de largas lanas se ech -sobre la puerta, que poco despus abri Fosco, acallando al perro y -recatndose an, por si no eran los amigos que esperaba. - -De una numerosa familia, Fosco no conservaba consigo ms que a su mujer -y a una hija, a quienes hall Insa en la pieza del piso bajo de la -casa, cuando entr con el suizo por gua. - ---Seor capitn!--le dijeron al saludarle, y l not en sus ojos la -misma luz de inteligencia con que le acogiera el dueo de casa. Era -gente fiel, dispuesta a servirle hasta la muerte. - -Fosco andaba cerca de los sesenta aos, pero de recia musculatura, y -buen tirador, poda ser un buen soldado. - -En el comedor, al lado de la alhacena, vease colgado un rmington, -enaceitado y limpio, seal del aprecio en que lo tenan. - -Insa sonri echndole una mirada significativa. - ---Seor capitn--le dijo Fosco.--En Helvecia ramos cien familias -suizas. Todos los hombres tiraban como yo, y todos estaban y estn hoy -dispuestos a hacerse matar en la revolucin. - -Insa le apret la mano, sin decirle palabra, y tom asiento al lado de -la mesa, bajo la luz de la lmpara. Fosco y las dos mujeres permanecan -de pie. Saban que en aquella intentona por derrocar al gobierno se -jugaban la libertad, la paz, la fortuna y quizs la vida, pero estaban -dispuestos. - -Como Insa vacilaba en hablar, Fosco mand a las mujeres que salieran -del cuarto, y una vez solos dijo: - ---Son fieles y discretas, pero es mejor que ignoren lo que ha de -ocurrir. - ---As es--respondi Insa.--Maana vendrn nuestros amigos. Viajan en -chalanas cargadas de lea, por el ro, y atracarn en la costa del -arroyo, a cien metros de aqu. Otros estn llegando desde ayer, en -carros y a caballo, como si fueran gente de campo que viene a hacer -provisiones. Esta noche, llegarn los que faltan, y, sin duda, buscarn -albergue en la barraca, para estar al habla. Son los ms seguros los -que as vienen, pero en las chalanas est el grueso de las fuerzas. Las -manda Alarcn que sabe hacer las cosas y el indio Jos... - ---Jos Golondrina?--pregunt vivamente Fosco. - ---S; lo conoce? - ---Lo conozco; lo conoc en Helvecia--vacil un momento y dijo:--Yo no -lo crea bueno para esto. - ---Por qu? - ---No s, a la verdad no s; pero nunca me ha parecido hombre de -confianza. - ---Es mi asistente hace aos--observ Insa. - ---Entonces debe ser bueno--contest sin mucha conviccin el colono. - -Insa continu dando instrucciones, para que todos obraran de acuerdo y -no se perdiera ni un minuto ni un hombre. Las revoluciones fracasaban -siempre por falta de organizacin, y con esa dura experiencia, haban -aprendido lo que vala el orden en toda batalla. - -Cuando no tuvo ms que recomendar, volvi a la ciudad, donde se -encontrara con Cullen y Montarn. - -Veanse algunos faroles encendidos en las esquinas, uno precisamente -en el ngulo que haca cruz con la iglesia Matriz. Derramaba un fulgor -mezquino, que pareca ms dbil ante el gran cuadro sombro de la -plaza, con sus negras acacias, que un viento suave meca desgranando -sus hojas secas. - -Insa tranquilo por la soledad de las calles, se atrevi a pasar -cerca del farol, y al llegar a la esquina de la escuela, se encontr -bruscamente con Jarque. - -Supo que era l, porque al moverse para no cruzarse en su camino, -observ que rengaba, mas tuvo la esperanza de que no lo hubiera -conocido, por lo que iba embozado en la capa, y para despistar sus -sospechas no se detuvo ante la puerta del maestro, sino que pas de -largo, como si all no viviera. - -Sinti que le segua y apret el paso, con la seguridad de -adelantrsele y anduvo as, un cuarto de hora, haciendo recodos, y -cruzando calles; cuando supuso que el jefe de polica haba abandonado -su persecucin, regres a la calle de la Matriz. - -El farol de la esquina se haba apagado, y era extrao, porque el -viento apenas soplaba. - -Nada se vea en la calle lbrega. El almacn de Ferrer estaba cerrado, -y todo el barrio, pareca dormido bajo los oscuros tejados a dos -aguas. En una guardilla, a lo lejos temblaba una luz. - -Lleg Insa hasta la puerta de la escuela, y la empuj de golpe, y al -entrar vi que del hueco de una puerta casi contigua, sala un hombre, -que sin duda estuvo al acecho. - -Comprendi que Jarque en vez de seguirle a travs de las calles, -sospechando quin era, lo haba aguardado all, para cerciorarse de -ello, y averiguar lo que tanto le interesaba. - -Era un episodio lamentable, porque obligaba a los revolucionarios a -variar sus planes. - - - - -VII - -El indio Jos - - -En los sauzales del arroyo de Leyes acamparon los hombres que mandaba -Juan Alarcn. - -Era la poca de las lluvias y los campos bajos del litoral estaban -anegados. El Saladillo Dulce, riacho que all cerca se juntaba con el -arroyo de Leyes, y que suele ver mermar su caudal de agua hasta secarse -enteramente, entonces tena un ancho de media legua y avanzaba en -una turbia napa que el viento rizaba en olas pequeas, fatigando las -plantas acuticas que se alzaban del fondo y salan al sol, sirviendo -de gua a los que se aventuraban por el curso tortuoso y difcil. - -Insa haba ideado bien aquella invasin de la ciudad por el ro. La -inundacin haba hecho huir a los escasos pobladores de las mrgenes, -y la pequea expedicin que se embarc en el Saladillo, a la altura de -Helvecia, de donde haba llegado cruzando a caballo campos de Cullen, -hizo el viaje sin hallar a nadie. - -Navegaba en dos grandes lanchones de fondo plano que podan marchar en -dos cuartas de agua, y llevaban a popa del mayor una pequea canoa para -explorar los baados. - -En las isletas verdes y montuosas, que se alzaban como una ondulacin -de aquellas tierras bajas, veanse ranchos, de los cuales uno que otro -segua habitado por mseros paisanos, que vivan en el agua, pescando -con espinel o cazando nutrias para trocar sus cueros en las pulperas -de tierra adentro por azcar y yerba o tabaco. - -Al ver pasar los lanchones llenos de gente, acostumbrados como estaban -a las repetidas intentonas revolucionarias, y vecinos de los Cachos, -paraje donde los Cullen tenan una de sus estancias, habitual refugio -de los opositores, adivinaban el objeto de la expedicin. - -Una de las lanchas llambase "Mocoret". - -Era la mayor, tena un medio puente y a bordo caban holgados 30 -hombres. Una trinquetilla que hinchaba el viento hmedo del Este la -haca marchar. - -A popa un baqueano, conocedor de las inverosmiles revueltas del cauce, -llevaba el timn. A proa un mocetn flaco y gil, con una larga caa -sondeaba la hondura, cantando rtmicamente con voz aniada: - ---Cuatro cuartas! cuatro largas! cinco escasas! cuatro a la marca! - -Algunas veces cruzaban un remanso y la punta de la caa no alcanzaba el -fondo: - ---No toca!--gritaba el sondeador, y todos respiraban satisfechos, -porque se alejaba el peligro de una varadura contra aquellas barrancas -de greda pegajosa, donde se adhera con fuerza la panza de la -embarcacin, obligndoles a echarse al agua, para sacarla del mal paso -a fuerza de hombros. - -El viento era fro y arreaba gruesas y redondas nubes desde el mar -lejano, por lo cual el sol, brillando solo a ratos, no alcanzaba a -secarles las ropas mojadas, y as deban seguir el viaje, tiritando. - -La otra lancha se llamaba "La Avispa". En ella iba Alarcn, y navegaba -sin sondear, porque l conoca perfectamente el curso del Saladillo; -pero siendo menos marina, por sus perfiles pesados, era ms lenta y -marchaba detrs, impulsada por una velita triangular a proa y por los -botadores, largas perchas que dos hombres afirmaban contra la costa o -contra el fondo del ro, conforme a la hondura. - -En ambas lanchas, por orden de Alarcn se guardaba silencio. Solamente -se oa el grito agudo del sondeador en la primera y de cuando en cuando -la voz breve y ronca del indio Jos Golondrina que la mandaba. - -Pero cuando pasaban cerca de alguna de las isletas de la costa y -divisaban algn cazador de nutrias, inmvil, en la orilla, afirmado en -su largo fusil, compaero inseparable de su soledad, o en la "fija", -especie de arpn terrible en su mano segura, no siempre los hombres, -aburridos de la inaccin, acallaban un saludo o un comentario malicioso. - -Los cazadores de nutrias eran generalmente hombres enflaquecidos por la -vida miserable que llevaban viviendo en los esteros, consumidos por las -sabandijas, rudos y huraos, descalzos, vestidos con una camisa y una -manta o un pedazo de arpillera que les rodeaba las piernas. - -Y los de las lanchas, peones de estancia o colonos de Helvecia, mejor -alimentados y vestidos, reanse de su miseria o de su flacura: - ---Lindo cebo para un chicharrn!--deca un gringuito joven, rubio, -de la colonia suiza, donde don Patricio encontraba sus ms fieles -partidarios. - -Llambase Moor; iba en la lancha "Mocoret". - -A pesar de su juventud se le tena en mucho porque manejaba el fusil -con una insuperable destreza. - -Alarcn lo reprenda cada vez que haca rer a sus hombres a costa -de algn "nutriero". Despus de todo, no era muy difcil que alguno -de stos, picado por las bromas o simplemente deseoso de ganarse una -recompensa, saltara en su canoa, que poda navegar a travs de los -esteros, cortando los campos inundados y llegara antes que ellos a -Santa Fe, con la denuncia de que los revolucionarios marchaban sobre la -ciudad. - -Tal peligro creca a medida que se aproximaban a la laguna de Setbal, -regin ms poblada, que se vigilaba con gran cuidado por la gente del -gobierno. - -Hacia medioda el sol abri y cambi el viento. Navegaban ya en -el curso profundo y encajonado del arroyo de Leyes, cuyas orillas -cubiertas de sauzales, solan servir de escondite a los gauchos -matreros, ladrones de haciendas, que huan de los policianos. - -Alarcn di orden de atracar en una isleta de la margen izquierda y los -dos lanchones se arrimaron lentamente a la costa, cubierta de carrizas -verdes y de camalotes aguachentos que chupaban los sbalos. - -Siguiendo como hasta entonces en aquella marcha, y ayudados por la -correntada ms fuerte del arroyo de Leyes, deban llegar al puerto de -la ciudad poco despus de la oracin, y eso era un peligro. - -Insa haba ordenado que no entraran antes de las once de la noche, -hora en que menguaba la vigilancia de la polica. - -Adems era necesario cargar de lea las dos lanchas, en forma que -permitiera ir a los hombres a bordo, disimulando su presencia. Se -necesitaban para ello largas varas flexibles, y all el tupido sauzal -ofreca cargamento fcil de cortar, para toda una flota. - -Teniendo, pues, varias horas libres, antes de ponerse en marcha -nuevamente, los tripulantes saltaron a tierra, regocijados con la -perspectiva de poder encender fuego en el centro de la isleta y tomar -mate sin riesgo de llamar la atencin de los policianos, si es que -merodeaban por all. - -La presencia de las lanchas con tres o cuatro hacheros cargndolas, no -despertara sospechas, porque el negocio de la lea ocupaba a muchos en -Santa Fe. - -Bajo la bveda sombra que formaban los sauces, creciendo estrechados -unos por otros, el suelo estaba lodoso y cubierto de pastos de agua. - -Cuatro hombres, con sendas hachas, se pusieron a la obra. - -Los troncos delgados y rectos, vestidos de enredaderas floridas, a -pesar del otoo que llenaba la fronda de hojas doradas, caan sin ruido -sobre el hmedo colchn de pasto. - -De la tierra empapada suba un vaho penetrante y clido, mezcla de -todos los olores de aquellas hierbas corrompidas por la humedad, y del -humus secular que tapizaba la isla con una capa fofa y negra. - -Hacia el interior, el suelo se alzaba y apareca ms rido y seco. - -Crecan all los "curupes" y los aromitos y algn algarrobo de spero -tronco y vasta copa. - -Buscando sitio a propsito para encender el fuego, marchaban en grupo -Alarcn, Jos Golondrina y Moor, el joven suizo. Pronto hallaron lo -que deseaban: un espeso rodeo de rboles, donde haba lea fuerte en -abundancia y poda hacerse una hoguera con ramas secas, que no dieran -humo. - ---Mi teniente--dijo Moor a Alarcn, as que la llama flame alegremente -en el discreto reparo del boscaje--yo estoy gordo y tierno, y los -compaeros tienen hambre. Si me dejo estar aqu, mientras ellos -matean, me van a asar con cuero. Si me voy a rodar tierras, todava -puedo dar con alguna ternera orejana que me libre y nos quite el hambre. - -Los paisanos en cuclillas, alrededor del fuego, unos, echados otros de -bruces sobre el musgo seco que alfombraba la tierra, y de pie los ms, -tranquilos, esperando los sucesos, comentaron aquella salida con una -carcajada aprobatoria. - -Alarcn vacil un momento. - -Haba sido poco previsor y sus hombres estaban casi en ayunas, desde el -amanecer, hora en que les reparti un churrasco, la ltima racin de la -carne que le dieron en Helvecia. - -Iba a autorizar al suizo para que se rebuscase la ternera, entre las -haciendas numerosas que pastaban en los alrededores, cuando habl Jos -Golondrina, que haba callado hasta entonces. - ---Mi teniente--dijo alzando apenas la voz, en cuclillas, segn estaba -mirando al suelo, como si hablara para s mismo--no hay necesidad de -carnear ajeno; si ust quiere, aqu cerca hay relaciones que pueden -darnos o vendernos una vaquilla. - ---Dnde? - ---A media legua al naciente, en la Casa de los Cuervos. - ---Conocs el paraje? - ---S, mi teniente. - ---Conocs a los dueos? - ---S, mi teniente. - ---Bueno, and. - -El indio se levant; era petizo, gordo, de tez amarilla, con tonos de -aceituna, pero de facciones extraordinariamente finas. - -Hablaba poco y era habitualmente esquivo a la compaa de los hombres. - -Fuerte, diestro, conocedor de todos los secretos recursos de las islas, -nadador como uno de los yacars que poblaban las aguas fangosas de -aquellos riachos, Insa lo consideraba elemento indispensable en sus -excursiones y le daba cierta jerarqua sobre todos, despus de Alarcn. - -Y esto era motivo de un oculto rencor del indio hacia su amo, -considerndose pospuesto con injusticia, en la tropa revolucionaria. - -Disimulaba sus sentimientos bajo una untuosa sumisin, que no haba -logrado engaar, sin embargo, el ojo experto de Alarcn, el cual -recelaba de la fidelidad de Jos Golondrina. - -Por eso, cuando lo vi alejarse hacia el centro de la isleta, buscando -un sendero para ir hacia donde l haba dicho, lo llam con un silbido. - ---Vamos los dos--le dijo. - ---Vamos,--contest Jos Golondrina sin volver la cara. - -Y quedaron los hombres all, mandados por Moor, que era el tercero, no -obstante su juventud, en la jerarqua establecida por Insa. - -Y el fuego chisporroteaba alegremente, devorando las secas ramillas de -los aromitos, y haciendo brasas grandes y rojas con la madera fuerte de -los algarrobos. - -Tres pavas de hierro, negras de holln, empezaban a cantar la alegre -cancin del agua dispuesta para el mate, confortante y engaador para -los estmagos vacos, y mientras eso ocurra, aquel muchachn que -sondeaba en la lancha la profundidad del ro, y que era a la vez el -despensero, distribua "los vicios"--azcar y yerba--entre los que -haban de cebar el mate. - -Un pichel de ginebra, tasado por Alarcn, circulaba en la rueda, -despertando a su paso las conversaciones, chispeantes como la hoguera. - -Juan Alarcn marchaba al lado del indio chafando con su paso firme los -camalotes que cubran la tierra en las hondonadas, sealando los sitios -hasta donde haba llegado el agua de las crecientes. - -Era un mozo de treinta aos, vestido con esmero, chambergo de alas -rectas y anchas, botas amarillas y cuidadas, tirador guarnecido de -monedas de plata y largo facn que le cruzaba la espalda, a ms del -revlver que brillaba al alcance de la mano. - -Difcilmente se habra hallado un tipo de criollo ms hermoso. Era -nativo de San Jos del Rincn, donde una mezcla ignorada de sangres, ha -producido una casta absolutamente especial de morenos de ojos azules y -facciones caucsicas. - -Alarcn era en los rodeos el ms fuerte entre toda la peonada, y sus -brazos firmes como un palenque, y sus manos slidas, como un torno, -bastaban para sujetar un novillo arisco, cogindolo por los cuernos y -clavndolo en la tierra sobre las cuatro pezuas rgidas. - -Insa que no toleraba superioridad en nadie, porque l tambin posea -suma destreza para los trabajos del campo, y su vigor se comentaba aun -en los sitios donde no se le conoca sino por el relato de sus hazaas, -haba concludo por resignarse a ser menos fuerte que aquel hermoso -gaucho de tez ligeramente tostada y de ojos profundamente azules. - -Se haban conocido de nios, en las andanzas de Insa por el Rincn, -como aos despus Alarcn anduviera rodando de estancia en estancia, -buscando un patrn que supiera apreciar su trabajo en lo que vala, -el joven caudillo lo llev a su lado y lo hizo su capataz en el -establecimiento y su teniente en las campaas revolucionarias. - -Jos Golondrina no poda olvidar que Alarcn le haba privado a l -de esos mismos cargos, y tena, para agravar sus enconos, motivos -especiales que venan de muy lejos. - -El padre de Insa posea una gran estancia en los quebrachales de -Calchaqu. - -All haba nacido Jos Golondrina, hijo de una india criada al amparo -de las casas. - -Contbase que un cacique poderoso, jefe de una de las tribus ms -grandes que hubo en aquellas regiones, perseguido por el ejrcito de -lnea, se refugi en la estancia de Insa, y al huir de nuevo cuando la -tropa se acercaba, dej entre otras mujeres, a su hija, que encomend -al amo, dicindole que alguna vez volvera a buscarla de su Chaco -misterioso, donde criara hermosos caballos para l. - -La indiecita lleg a ser una hermosa muchacha y no falt quien dijera -que el nio que un da naci de ella, el indio Jos, mayor que -Francisco Insa algunos aos, era el hijo primognito del dueo de -la estancia, y habra sido el heredero de toda aquella riqueza a no -cruzarse en su destino el nio blanco, de casta noble. - -Fuese que Insa creyera realmente en aquel parentesco, que se haba -hecho una leyenda, fuese que se hubiese acostumbrado a los servicios de -Jos Golondrina, ste permaneca siempre con l, mas no en la estancia -de Calchaqu, a donde no le haba enviado desde nio, sino en la de la -costa, donde estaba el centro de sus recursos, y que era generalmente -el punto de cita de los revolucionarios en la campaa. - -Pero el indio conservaba en la memoria la impresin indeleble de los -paisajes de Calchaqu, y el recuerdo de aquel hermoso campo, cubierto -de bosques de veinte leguas cuadradas, donde podra albergarse toda -su tribu, que ahora vagaba errante por el Chaco, lo persegua con -implacable tenacidad. - -Un da, siendo l nio, muerta ya su madre, una india vieja, de las -que quedaron en la estancia cuando el cacique huy y que pasaba por -hechicera entre las gentes simples de aquellos lugares, le cont su -historia y le ense a malquerer al hijo del amo, a Francisco Insa, a -quien all no conocan an, pero de cuya existencia en la ciudad lejana -se hablaba entre los peones. - -"Todos estos campos eran de la tribu antes de venir los cristianos--le -dijo la india, abarcando con un gesto el vasto quebrachal, donde tena -su rancho, lejos de las otras casas.--El abuelo de tu abuelo, era -el cacique ms poderoso del Chaco, y una vez puso, en contra de los -blancos, mil lanzas y gan la batalla. - -"Y yo he visto en las estrellas, que este monte ser otra vez de la -tribu, cuando muera ese nio que ha nacido en Santa Fe, y vuelva a ser -amo nuestro un hombre que sea hijo de los hijos del ltimo cacique." - -En el espritu taciturno de Jos Golondrina, aquella prediccin -engendr una llama que le consuma. - -Callado, sumiso, bravo en todos los trabajos, se preparaba -pacientemente para los das que haban de venir. - -Lo que hubiera en l de sangre blanca estaba anegado en la ola -ancestral de sangre orgullosa de cacique, que le haca sentirse indio -hasta la mdula de los huesos, y encenda en su corazn la silenciosa -esperanza de ser algn da el redentor de su tribu. - -Insa recelando quizs aquella ambicin, nunca lo mand a su estancia -de Calchaqu y como el volver a los campos donde pas su sombra -niez, era la secreta obsesin de Jos Golondrina, nunca quiso l, -por su parte, alejarse de la otra estancia, donde se fraguaban las -revoluciones que alguna vez podan servir a sus planes. - -Y as vi prepararse aqulla, en cuya aventura se encontraban lanzados -ya, y fu desde el primer momento el ms activo de los colaboradores -del capitn sin lograr con ello deshacer totalmente las prevenciones de -Alarcn. - -Caminaba ahorra al lado de ste, hacia la Casa de los Cuervos, royendo -sus pensamientos, cuando el otro que marchaba en silencio, como si le -costara cambiar palabras con el indio, le dijo de pronto: - ---Me has dicho que conocas al capataz. - ---S, seor. - ---Yo soy de estos lugares, y sin embargo no lo conozco. - ---No es raro; muri ya el dueo; se vendi la estancia y cambiaron el -personal. - ---No era el finado Liborio Borja? - ---S, seor. - ---Y hoy, quin es el dueo? - ---Ser su viuda, que vive en la estancia... - -Se call un momento, como si hubiera deseado no hablar ms, pero -Alarcn lo interrog: - ---No es de la viuda ya? - ---No, seor, la vendieron. - ---Sabs a quin la vendieron? - -El indio vacil un momento. - ---A don Braulio Jarque--respondi luego. - ---Jarque... Quin es Jarque?--pregunt Alarcn detenindose en medio -del campo, a tiempo que hacia el Este se dibujaban las copas sombras -de unos grandes eucaliptus. - -Jos Golondrina agach la cabeza y dijo no saber quin era Jarque, -aparte de lo dicho, y Alarcn volvi a ponerse en marcha, repitiendo -aquel nombre, seguro de haberlo odo en alguna parte. - -La Casa de los Cuervos estaba sobre una altura adonde no llegaban -las ms altas crecientes, sobre la margen misma del arroyo de Leyes, -caudaloso y profundo, comunicndose con el Paran, como un brazo de l -que era. - -La construccin era buena y antigua, dos alas de piezas bajas techadas -con firmes totoras, formando una escuadra con anchas galeras a uno -y otro lado, pintada toda de rosa, con puertas y ventanas verdes, y -poblado de naranjos el patio anchuroso, y todo el cuadro envuelto en un -bosque de eucaliptus, a travs de cuyo espeso follaje apenas se vea la -casa como una mancha clara. - -En los ltimos tiempos, la estancia haba cambiado varias veces de -dueo, quedando siempre en la familia, y a la muerte de Liborio Borja, -ocurrida un ao atrs, su viuda, para redimir las deudas que pesaban -sobre ella la vendi a Braulio Jarque, el marido de su hija Gabriela, -la cual viva con ella. - -Como el nuevo propietario no manifestara aficin a la vida campera, -encargse doa Carmen de Borja de administrarla junto con la hacienda, -que pastaba en esos campos, y que era ahora toda su fortuna. - -Al llegar a la calle de eucaliptus, que se abra en dos hileras a un -costado de la casa y conduca hasta su entrada principal, Alarcn, -preocupado siempre por el nombre de Jarque, que alguna vez haba odo, -se acord de quin era. - -Jos Golondrina calmaba a los perros, que haban salido a ladrar a los -visitantes, y que se acallaron sbitamente al sentir su voz. - -Alarcn tuvo la sospecha de que el indio haba querido adelantrsele, -para hacer llevar a Jarque en la ciudad con algunos de los peones de la -estancia, la noticia de la expedicin. - -Haba salido el capataz y Alarcn mir a Jos, mas no advirti que -parecieran reconocerse. - -El indio se hizo a un lado, sin hablar palabra, y el capataz salud -a Alarcn que le pidi una ternera para carnear y dar de comer a su -gente, colonos y leeros que iban a la ciudad a surtirse de vveres -diversos. - -As habl, y agreg para evitar toda suspicacia en aquel paisano -reservado, que le atenda frunciendo el ceo: - ---Comprara una ternera, si no me pide caro. - -El capataz entr en las casas a consultar con el ama, cuya silueta se -vi aparecer un momento en la galera, y volvi con el permiso de -arrear el primer animal gordo que hallaran en el potrero. - -Mont a caballo y los gui hasta el sitio en que a esa hora deba -hallarse la mayor parte de la hacienda. - -Alarcn y su compaero caminaban a pie, detrs de l, que iba -enumerando las buenas condiciones de los campos aquellos, cuya tierra -negra daba unos pastos de engorde superior. - -Cuando encontraron lo que necesitaban, una vaquilla mansa, que se -dej echar el lazo en los cuernos pulidos y negros, Alarcn pag -sin regatear los quince pesos que le pidieron por ella y se juzg -afortunado viendo que el capataz no insista en acompaarles hasta la -costa. - ---Tengo que encerrar los terneros de las lecheras--dijo--y se despidi -all mismo. - -Marcharon los dos, Jos tirando del lazo, arrastrando a veces al animal -que empezaba a rebelarse, y atrs Alarcn arrendolo con una varilla -y pensando que si el capataz hubiera llegado hasta la costa no habra -dejado de recelar de tanta gente reunida all. - -Y aquella imprudencia que le haba hecho cometer el indio, no le -pareci que fuera involuntaria. - -Mientras marchaban por un senderito en el tupido pastizal verde, que -alfombraba la altura desprovista all de monte, vieron venir una majada -de ovejas que pareca vagar sin pastor y sin perros. - -Jos Golondrina mostr las ovejas a Alarcn. - ---La cuidan los cuervos--le dijo--y por eso es el nombre de la estancia. - -Y era as en efecto. - -Desde muchos aos atrs en la propiedad de los Borja, dos cuervos -criados en las casas cuidaban la majada, con un maravilloso instinto, -que rayaba en leyenda. - -Por la maana al salir el sol, en verano, y en invierno a la hora en -que el fro amenguaba, los dos cuervos, que dorman sobre un algarrobo -seco, frente a una de las ventanas de la casa, volaban hasta el -corral de las ovejas, y a aletazos y a picotones las hacan salir, -las conducan a travs de los campos, en las lomas donde el pasto era -tierno y la tierra seca y al caer la tarde las obligaban a volver. - -Los tmidos animales, acostumbrados ya, obedecan a los cuervos como -habran obedecido a un pastor, y de tal manera los dos pajarracos se -haban vinculado a la vida de la estancia, que sta tom su nombre de -ellos, y se rode de una fama misteriosa. - ---Son eternos--dijo el indio Jos--y cuentan los viejos que ellos saben -y anuncian las cosas tristes que han de ocurrir. - -La majada pas cerca de los dos hombres que llevaban la vaca. - -Sobre una de las ovejas de adelante, prendidas sus garras sobre el -velln iba uno de los cuervos y de igual modo el otro se dejaba llevar -por la que iba atrs de todas. - -Era risueo el caso, y no obstante Alarcn no sinti ganas de rer, -cuando los ojuelos de uno de los cuervos, como dos pequeos brillantes -negros se posaron sobre l. - -Atardeca rpidamente, y debieron apretar el paso para no extraviarse -en el sauzal, si los tomaba la noche antes de haber alcanzado las -barcas. - -En aquellos terrenos bajos no era fcil hallar los senderos, por donde -podan pasar sin hundirse en las aguas muertas de los baados. - -Deban a ms carnear la vaca y asar la carne en una hoguera y esa -operacin preocupaba a Alarcn porque el fuego en la noche poda atraer -sobre ellos algunas de las partidas de policianos que solan recorrer -la laguna Setbal y llegar hasta el arroyo de Leyes, a caballo unas -veces por la costa y otras en un vaporcito del puerto siguiendo el -curso del ro. - -La noche caa rpidamente, porque en esa estacin los das eran cortos. - -Llegaron al sauzal con las ltimas luces del crepsculo. - -Estaba silencioso y slo se oa el ruido de los pjaros asustados que -levantaban el vuelo, atropellando las ramas. - ---Es raro--dijo Alarcn.--Nos habremos perdido? - -El indio lo mir y los ojos le brillaron en la sombra. - -Alarcn ech a correr hacia la orilla del ro. No se vea a nadie. -Saltaba sobre los camalotes que cedan como un colchn bajo sus pies. -Extraaba el silencio, porque estaba seguro de haber dejado a su gente -en esa direccin, y de no verla, por lo menos deba or el ruido de las -hachas cortando la lea. - -Cuando lleg al borde de la isla, que lama el riacho curvo y lento, -al sitio mismo donde fondearon las chalanas, lo que se conoca por -estar las carrizas pisoteadas y sembrada la tierra de varas de sauce -cortadas, solt una maldicin. - -Las lanchas haban desaparecido y sobre el agua, tersa como un cristal -negro, a esa hora, no se divisaba hacia ningn rumbo la mancha ms -obscura, que en la noche,--que envolva ya todas las cosas,--le hubiera -indicado la presencia de sus embarcaciones. - - - - -VIII - -El baile de Montarn - - -Temprano, en la noche del baile, se encendieron las guirnaldas de -faroles que corran a lo largo de las cornisas, llenando la calle de -luz. - -En la casa de Montarn, el piso bajo estaba destinado a la familia. Se -suba a los salones del baile, situados arriba, por una ancha escalera -de caracol, adornada esa vez con flores y cubierta por un camino -rojo de tripe, hasta una galera interior cerrada con una mampara de -cristales. - -All se abran las tres anchas puertas del deslumbrante saln, que -ocupaba todo el frente de la casa, y se doblaba en dos alas, a cada -extremo, constitudas por varios saloncitos suntuosos, dispuestos -para el ambig los de la derecha, y los otros para la tertulia de las -seoras mayores o de los hombres que no gustaban de la danza. - -Las ventanas del corredor de la calle estaban cerradas, mas alcanzaba -a orse la algazara de los curiosos agolpados abajo, en el prtico, -sirvientes del barrio en su mayora, que daban las buenas noches a cada -pareja que entraba. - -Poco a poco, a medida que se animaba la escena, fueron estrechando -el cerco, hasta bloquear totalmente la puerta del zagun, con zcalo -de mrmol blanco, que reflejaba la luz de un gran farol de bronce, -pendiente del techo. - -Hacia las nueve de la noche haban comenzado a llegar los invitados. - -Era lo ms distinguido de la sociedad de Santa Fe. - -Las damas en cabeza, para lucir mejor los altos peinados; y con amplios -y crujientes vestidos de seda; escotadas las jvenes y aun algunas que -haban dejado de serlo; y los hombres de frac y chistera, envueltos en -sus capas. - -Con una nerviosa solicitud, haca Montarn los honores de la casa. - -Atravesaba pausadamente, con una dama del brazo, el vestbulo iluminado -por los faroles chinescos colgados de las ramas de los naranjos, en el -patio inmenso como una huerta; suba la escalera, y despus de cambiar -algunas palabras corteses arriba, en el gran saln, bajaba, saltando de -dos en dos los escalones. - -Su fisonoma habitualmente regocijada, tena esa noche un sello visible -de preocupacin, y el mismo empeo que pona en disimular, haba -chocado a Syra, la cual segua a su padre, en todos sus movimientos, -con ojos angustiados. - -Rasurado prolijamente, pequeo, y rosado como un jovencito, su -fisonoma no era ciertamente la de un conspirador, y el mismo Jarque, -observndolo esa noche, no estaba seguro de que al rededor de aquella -movediza personilla pudiera tejerse una revolucin. - -El jefe de polica lleg temprano, con su secretario, el teniente Borja. - -Montarn, que se senta espiado por su hija, para desorientar sus -sospechas se puso a hablar con Jarque, mientras ella ms tranquila -junto a su novio, paseaba de su brazo por el saln. - -La luz de las araas de caireles, doraba su negra cabellera, recogida -en un peinado bajo y prendida sobre la nuca, con dos o tres alfileres -de brillantes. - -La inquietud de esa tarde, mantenala an aturdida y apasionada, -fulgurantes los magnficos ojos, que habran querido penetrar en las -almas para ver qu nefastos designios se ocultaban en ellas, que -pudieran hacer peligrar la vida del hombre que amaba, en cuyo brazo -firme se apoyaba su mano trmula. - -Borja saba, que por falta de nuevos indicios, los recelos de Jarque -haban disminudo, y confiado en su sagacidad slo pensaba en la gloria -de esa fiesta, en que Syra mostraba su amor a los ojos de todos los que -pudieran haber dudado. - -Festejbase su compromiso, y las amables visiones con que se llenaba -su espritu, no daban lugar a las sombras sospechas que su novia le -sugiriera esa tarde. - -Conocanse todos los hombres que podan entrar en la revolucin, por lo -cual, a cada nuevo concurrente que llegaba al saln, Borja, habituado -a su oficio, indagaba si era de los sospechosos, sin interrumpir, no -obstante su charla con Syra. - -Don Servando Bayo entr de los primeros con el doctor Pizarro, su -ministro. - -Lleg de rigurosa etiqueta, correcto y tranquilo, y Syra vindolo se -sinti aliviada. - -Un momento despus lleg Cullen, a quien segua la mirada cautelosa -de Jarque, situado afuera del saln, en la galera de cristales, -conversando con Montarn, mas sin perder un solo gesto de los hombres -que le interesaba vigilar. - -La fisonoma despreocupada de Cullen, sus maneras afables, -distinguidas, su palabra suave, superficial y amena con las damas, -desorientaban toda sospecha. - -Acercse a los novios y al cumplimentarlos su voz fu tan natural que -Borja sinti desvanecerse sus ltimos recelos, y al apartarse de l, -buscando el refugio discreto de uno de los salones de las alas, donde -poda hacer sus confidencias a la nia, le dijo, aludiendo por primera -vez en el baile, a las alarmas que ella le confiara esa tarde: - ---Ya ves, Syra; si Cullen est aqu, siendo el jefe de los opositores, -es porque nada se prepara. Estara as, tan afable y tranquilo si -hubiera el peligro de una revolucin? - -La mano de Syra temblaba. Alta, maravillosamente esbelta, vestida de -blanco, plida por una emocin que, a pesar de esas buenas razones no -poda dominar, permaneca de pie al lado de l, que se haba sentado en -un silln invitndola. - -l no pudo ver quin era el que entraba al saln, haciendo cesar el -rumor de las conversaciones, de tal modo que slo se oa la msica de -la orquesta en la galera de cristal; pero ella, atenta a los detalles -de la fiesta, sinti como un golpe en el corazn, pues lo que faltaba -para confirmar sus sospechas, era la presencia en la ciudad del capitn -Insa, y era l, precisamente, el que acababa de entrar. - -Borja, a quien Jarque le haba confiado el encuentro de la noche -anterior a la puerta de la escuela, se alz del silln, calmoso y -tranquilo, cuando Syra, con los labios apretados por la nueva emocin, -le dijo: - ---Insa! All est Insa! Oh, Dios mo! - -Haca ms de un ao que Insa no vena a la ciudad, y no obstante su -vida de hombre de campo, era en los salones un perfecto caballero que -llevaba con fcil elegancia el traje de etiqueta y dominaba todos los -secretos de la cortesa. - -Jarque al verle llegar sinti que se derrumbaba el laborioso edificio -de sus conjeturas, porque si Insa estaba all, vestido de frac; -si tena a su lado a Montarn, que le contaba prolijamente cmo se -injertaban los rosales; si Cullen se pajeaba en el saln atendiendo a -las damas, todos con la ms natural despreocupacin, era porque el -temido complot slo exista en su imaginacin. - -Para no prolongar su actitud de vigilante, con un poco de despecho, -abandon su sitio junto a la puerta de la galera y entr al saln. - -La orquesta, cuyos principales elementos haba hecho venir Montarn de -Buenos Aires, empezaba a animar el ambiente con sus piezas de baile. - -Toc lanceros y se formaron las parejas para sus elegantes y armoniosas -figuras. - -Syra y su novio ocuparon un sitio frente a Insa, que pareca absorto -en decir gentilezas a su compaera en la danza. - ---Si debiramos temer algo--murmur Borja al odo de la hija de -Montarn--Insa no estara aqu. Es el brazo derecho de Cullen y el -verdadero jefe de todos los ataques de caballera. - -Syra tranquilizada por aquellas razones, miraba al arrogante caudillo, -que en las combinaciones de la danza, le daba la mano para acompaarla -en algunas figuras. - -Habra deseado saber, si ya no era para esa noche, para cundo seran -los siniestros designios que se ocultaban en aquella altiva cabeza -juvenil y enrgica, que los saludaba con tanta gracia, al pasar por su -lado, a ella y a su novio. - -Insa, desde que entr en el saln, comprendi que algunos ojos lo -vigilaban. - -En un rincn, Jarque sentado, pareca dormitar, pues segn su -costumbre, entornaba los prpados. Insa, no obstante esa disimulada -apariencia, senta sobre l la mirada del jefe de polica. - -En otro lugar, Bayo, con Cullen y Montarn, atenda algunas damas -indiferentes al baile. - -Insa miraba de cuando en cuando ese grupo. Iriondo no haba llegado -an, y su tardanza le tena inquieto, pues podran verse obligados -a modificar sus planes, si todas las cosas no pasaban como estaban -previstas. - -Su misma presencia en la fiesta, no era lo que habra convenido, mas -debi ir para despistar a Jarque, el cual, sin duda alguna, lo haba -conocido la noche anterior cuando entr l a la escuela, de regreso de -la barraca de Fosco. - -Estando en la ciudad, ms extrao habra sido no ir, que ir a casa de -Montarn, al que lo ligaba una antigua amistad. - -De acuerdo los tres principales conjurados, se fij la hora de la -revolucin. - -Insa saldra del baile a las once, procurando no ser visto, y se -reunira con su gente en la orilla del ro, y desde all invadira la -ciudad, marchando sobre la polica. - -Antes de atacar, Insa volvera a la sala de baile, para ayudar a sus -amigos a caer sobre Iriondo y Bayo, y los hombres del gobierno, no bien -sonaran los primeros tiros. Alarcn mandara el asalto, y echara un -pelotn de hombres sobre la casa de Montarn, para ayudarles. - -La trama del complot era simple; y a Insa slo le preocupaba la -ausencia de Iriondo, que por ser la verdadera cabeza del gobierno, -poda hacer abortar los planes no concurriendo a la fiesta. - -Pero terminados los primeros lanceros, a cosa de las diez, cuando los -caballeros agradecan a sus damas y las llevaban del brazo hasta los -sillones colocados a lo largo de las paredes, se produjo un repentino -silencio por la entrada de alguien. - -Era Iriondo; vena solo, circunstancia que no escap a los -revolucionarios, pues era ese un gesto habitual de l, cuando -sospechaba que haba peligro, y a fin de mostrar su valor personal o -su presencia de espritu; Montarn, ms solcito que nunca le sali al -encuentro, deshacindose en cumplimientos, que Iriondo acoga con una -reservada cortesa, gustando la impresin que causaba con su presencia. - -No era ya la actitud algo brava de Insa, lo que atraa las miradas: -era su manera superior de presentarse, natural y elegante, tranquilo -y serio, correspondiendo todos sus ademanes, a motivos exteriores, -sin que tuviera que sonrer ni saludar, para imponerse a los que lo -rodeaban. - -Ms de un ao haca que Insa no se encontraba con l, y al verle as, -tan dueo de s mismo, adelantndose a saludarlo, a l que si no poda -vencerle estaba resuelto a matarlo, sinti conmovida la confianza que -hasta ese momento lo animaba. - -Montarn, inquieto y movedizo, exageraba visiblemente sus atenciones -descuidando a los otros visitantes y provocando, sin duda, mayores -sospechas en el jefe de polica, que se haba vuelto a sentar en un -rincn solitario, despus de saludar a Iriondo. - -Cullen, acostumbrado a aquellas emociones, disimulaba perfectamente -y en sus ademanes no se transparentaba nada que no fuese su finura -de hombre culto, capaz de alternar sin esfuerzo con sus propios -adversarios. - -Bayo pareca ignorarlo todo, atendiendo solamente lo que Pizarro le -relataba con animada mmica. - -Ocupaban los dos un pequeo sof de nogal acolchado de damasco, y -sobre ellos caa la luz de un candelabro lleno de bujas, puesto a sus -espaldas sobre una consola. - -Tenan al frente, sobre otra consola igual, un gran espejo que les -permita mirar todo el saln sin volver la cabeza. - -Iriondo con algunos amigos, se refugi en uno de los saloncitos, y su -ausencia calm un tanto los nervios de Insa, que volvi a mezclarse en -las danzas, con una ardiente fiebre de placer, como si la lucha cercana -en que poda morir, no le preocupase, o redoblara su entusiasmo por -gozar de aquellos fugitivos minutos. - -Montarn sali hasta la galera, por esquivar las pupilas de Jarque, -cuyos ojos semicerrados nadie saba dnde miraban, aunque l en todo -momento senta la impresin de que estudiaban cada uno de los gestos -que l haca. - -La hora en que haban convenido que Insa saliera, estaba prxima y no -se vea cmo podra abandonar el saln sin hacer notar su ausencia. - -El banquero empezaba a ponerse nervioso; desde la penumbra de la -galera vi a Cullen, en apariencia tranquilo, conversando con algunas -seoras, pero puesta la mano sobre el reloj, como si l tambin -sintiera la ansiedad de los minutos que volaban. - -Montarn vi pasar a su hija, radiante, del brazo del joven militar, y -empez a torturarle un remordimiento, que durante el da lo acosara, y -que ahora despertaba de nuevo en su corazn angustiado. - -Haban convenido los revolucionarios que en gracia de aquel amor, cuya -fiesta serva a sus planes, pondran empeo especial en ahorrar la vida -de Carmelo Borja, pero aun as comprendase el gran peligro que deba -correr. - -Por encima de todas sus ambiciones, Montarn miraba a su hija, como -el motivo de todas ellas. Y ahora que la suerte estaba echada, y -pronunciada quizs, la sentencia de muerte de muchos de aquellos -brillantes militares que llenaban el saln, presenta el rencor de la -joven, perdurable y sangriento, cayendo sobre la cabeza de aquel que -atentara contra la vida de su novio. - -Conoca su temperamento ardoroso, capaz de madurar en silencio una -venganza y comprenda que l mismo no escapara al encono de esa alma -apasionada, si por obra de l se desgarraban las ilusiones de aquella -hermosa noche de fiesta. - -Por un momento con el corazn oprimido, dese el fracaso del complot. - -Se sinti viejo por el amor de su hija, a quien haba vuelto a tener a -su lado, despus de muchos aos de ausencia, y estim la paz de su vida -cerca de ella, en mucho ms que sus inquietas ambiciones polticas. - -Mir el reloj y vi que slo faltaban algunos minutos para las once. - -Iba a entrar al saln, cuando desde el lugar en que estaba oy la voz -de Jarque, hablando a su hija. - ---Si usted canta "El Ciprs", yo le acompao en el piano. - -El jefe de polica era apasionado por la msica, y sus gustos, -en armona con los de la poca, le hacan preferir las canciones -romnticas y tristes, que se cantaban como salmodias desgarradoras. - -Tocaba regularmente el piano, y entre todos los versos que haba -odo cantar a Syra, con su esplndida voz, llena de sentimiento, -escoga siempre esa endecha lacrimosa del Ciprs, en cuya sombra se -transformaba el alma vengativa del amante muerto y olvidado. - -Syra record el pedido que esa tarde le hiciera su novio; eran hermosos -los versos de Goyena: "Cuentan los sabios que la blanca luna..." pero -gustbanle ms los del "Ciprs", y esa noche sentase llevada por -fuerzas misteriosas, a cantar su invencible tristeza. - -Montarn asistiendo a la escena, comprendi que si Jarque iba al piano, -Insa aprovechara su descuido para salir sin ser visto, y los sucesos -que un instante haba deseado que no ocurrieran, slo dependeran ya de -la mano de Dios. - -Vi levantarse al jefe y cruzar el saln con su desairada figura, y -por una reaccin de su temperamento verstil, pens que era mejor que -sucedieran las cosas que con tanta audacia haban preparado, para -derrocar el gobierno que execraban. - -Despus de todo Borja era militar y sabra defenderse, y l mismo en su -casa, hallara manera de salvarlo. - -Por encima del frac toc disimuladamente su revlver. - -Estaba dispuesto a jugarse la vida para que la parte del programa -confiada a l, que era apresar a Bayo, se ejecutara con toda perfeccin. - -All cerca, en el patio sombreado por los naranjos, ocho o diez -paisanos, llegados la noche anterior, e introducidos por l mismo en la -casa sin que nadie los viera, aguardaban su seal, mezclados entre el -grupo denso de curiosos que haba invadido el zagun, y se derramaba ya -por las galeras. - -En cuanto sonaron las cuerdas del piano bajo los dedos de Jarque, Insa -sali del saln. - -Envuelto en su capa, a fin de ocultar el frac, con un chambergo en -lugar del sombrero de copa, escurrise hasta la huerta para salir por -la escuela de don Serafn, de modo que los policianos de Jarque, de -guardia frente a la casa de Montarn, no pudieron notar su escapada. - -Syra haba empezado a cantar con una voz extraordinariamente conmovida: - - Si por mi tumba pasas un da - y amante evocas el alma ma, - vers un ave sobre un ciprs; - habla con ella, que mi alma es. - -De pie, al lado de Jarque, su admirable figura de blanco, con pequeo -escote, y al cuello un collar de perlas que parecan desgranar sobre -el hermoso pecho su oriente sedoso y viviente, Syra haca temblar el -corazn de su novio. - -Y si aquella alma encarnada en el ave del ciprs no fuera la de ella -sino la de l, cul sera el destino de la hermosa joven que lo amaba? - -Si l mora, pensaba Borja, ella algn da, cuando lo hubiera olvidado -sera de otro. - -La idea de la muerte que evocaba en su canto se le hizo cruel como -nunca. Pens que podan ser verdad los oscuros presentimientos de Syra. -Mir a su alrededor buscando a los jefes de la oposicin, para ver si -alguien faltaba, y not inmediatamente la ausencia de Insa. - -Vi a Iriondo y a Bayo, en un grupo, conversando de cosas que parecan -absorber toda su atencin, porque se haban retirado al fondo de uno de -los saloncitos. - -Syra segua cantando y era tal la sugestin de su voz, que los -concurrentes se acercaban poco a poco al piano para no perder una nota -de la triste cancin: - - Si t me nombras, si t me llamas, - Si all repites que an me amas,... - -Borja se imagin a Insa corriendo por las oscuras calles para reunir a -su gente. - -Aguzaba el odo y parecale sentir el rumor de pasos de una patrulla, -ahogado por doliente msica, en que temblaba el alma de su novia. - -Aproximse a Jarque arrebatado por el espritu romntico de los -fnebres versos, y le toc en el hombro. - -Jarque lo mir con mirada abstrada y sin pensamiento y sigui haciendo -correr sus dedos sobre el armonioso teclado. - -Por no alarmar a Syra, no se atrevi a insistir y aguard angustiado el -final de la cancin. - -Cuando la nia, con los ojos llenos de lgrimas se volvi hacia l, -despus del ltimo verso, el joven teniente le dijo: - ---Ahora, algo menos triste, los versos de Goyena: "Cuentan los sabios -que la blanca luna..." - -Jarque se haba levantado, porque Syra iba a cantar acompandose ella -misma. - -Cuando la vi sentarse en el pequeo taburete del piano, Borja -aprovech la ocasin para hacer notar al jefe la ausencia de Insa, -indicio grave, sin duda. - -Rpidamente Jarque resolvi lo que deban hacer. - ---Te vienes t conmigo, sin decir palabra. - -Y as, mientras Syra comparaba sus miradas con la fuerza misteriosa de -la luna que mueve las aguas del mar, Jarque y su secretario, salan del -saln, se envolvan en sus capas y se echaban a la calle. - -En la esquina del Cabildo se acerc Jarque a dos de sus agentes de -polica, encargados de vigilar la casa de Montarn: estaban alerta y -fumaban para matar el tiempo. - ---No habis visto a nadie? - ---No, seor jefe. - ---Nadie ha salido del baile? - ---Nadie, seor. - ---Sin embargo, hay una persona que no est all. Os habris dormido. - -Los serenos guardaron silencio. Uno de ellos dijo luego: - ---Por la puerta no ha salido nadie. Si alguien falta puede haberse -escondido en la casa misma o haber salido por los fondos. - -Borja que oa sin decir palabra, mirando hacia la plaza en cuya esquina -estaban, agarr de pronto el brazo de Jarque y le mostr un bulto que -cruzaba furtivamente por el lado opuesto, y que se destacaba entre -los troncos de los parasos, sobre el fondo claro de una casa recin -blanqueada. - -Echaron a correr los dos, con la sospecha de que les interesaba detener -a aquel transente trasnochador. - -Jarque sereno y valiente, sac su revlver para llevarlo presto. -Borja a quien el espadn colgante al cinto le estorbaba al andar, lo -desprendi tomndolo en la mano, pronto a desnudarlo. - -De reojo observaba a Jarque, el cual marchaba gilmente a su lado, -cojeando mucho, pero sin ruido, como si anduviera en puntas de pie. -Frunca el ceo para ver mejor y estiraba el pescuezo, con una ansiedad -de lebrel que persigue su presa. - -Su instinto, ms seguro que su vista, le haca comprender que era Insa -el bulto que al llegar ellos al centro de la plaza desapareci como si -lo hubiera tragado la tierra. - -Y era Insa, en verdad, que haba penetrado en la casa de don Serafn -Aldabas, salvando las tapias de la huerta por el mismo camino que sola -hacer Montarn. - -gil y fuerte como era, saltaba los obstculos apoyndose en los puos, -sin mancharse apenas el frac. - -Tena empeo en volver intacto a la sala del baile, para encargarse -l mismo de apresar a Iriondo, y era necesario que ninguna huella -sospechosa de aquella correra quedara en su traje. - -Al llegar al jardn de la escuela, en la sombra de la galera del Sur, -divis la silueta gentil de Rosarito, que velaba a esa hora, sentada en -la silla hamaca de su padre, pensando o rezando. - ---Sos vos, Francisco?--le dijo la nia acercndosele;--habra tenido -miedo, si en estos das no me hubieras acostumbrado a tus misterios. - -La dulzura de aquella frase en que la nia se asociaba secretamente a -sus empresas, penetr en el corazn turbulento del revolucionario, que -se sinti inundado por una ola de afecto hacia la compaera de su niez. - -sta volva a hablar. l le tom una mano, fra por la emocin, entre -las dos suyas ardientes como si tuviera fiebre. - ---Ha concludo ya el baile? - ---No; si hubieras ido... - ---Esas cosas no son para m--observ ella, y agreg, deseosa de entrar -en el secreto de aquella vida que amaba--por qu has salido? - -Insa queriendo llevarse como un talismn que le diera suerte los votos -de la nia, le contest al odo: - ---La revolucin! Dentro de media hora, seremos dueos del Cabildo. -Piensa en nosotros, Rosarito... - -Ella, que sospechaba la existencia de la conspiracin tembl, sin -embargo, como una copa de cristal sobre la que estalla un trueno. - ---Dios mo!--exclam apretando con sus manos las del joven -revolucionario--Francisco, Francisco! y si no volvieras ms? - ---Volver--respondi l, que tena fe en su estrella. - -Rosarito se sinti ganada por la misma confianza que a l lo animaba, -pero pens que su vida brillante se alejara ms, con el triunfo, de la -humilde existencia de ella. - -Feliz, no obstante, con las cosas que a l le regocijaban, le dese la -victoria y como l sintiera en su mano la caricia tibia de una lgrima -de ella, que lloraba en la sombra, sin que pudiera ver sus ojos azules -anegados en llanto, sabore de nuevo aquella ola de misteriosa dulzura -que lo acercaba a ella. - -Y para templar mejor su espritu la tom en los brazos, la apret -contra su pecho vigoroso, y la bes en los labios, que sonrieron a -travs de las lgrimas, sonrisa que tampoco l vi, y que fu en el -alma solitaria de la nia, como una estrella que se levanta. - - - - -IX - -El pauelo rojo - - -La puerta de la escuela se cerr sin ruido tras aquel bulto negro, que -se perdi inmediatamente entre los parasos de la plaza. - -La gente de Insa aguardaba la seal del ataque en la barraca de Fosco. - -Las chalanas que mandaba Alarcn se haban atrasado, y un da entero se -las esper con temor de que no llegaran a tiempo. - -Fosco vea en aquella tardanza maniobras de Jos Golondrina, cuya -lealtad desconfiaba; pero la verdad era otra. - -Cuando Alarcn y el indio Jos llegaron, arreando la vaca, a la orilla -del arroyo de Leyes, encontraron que las chalanas y la gente haban -desaparecido. - -Era de noche ya y las pesquisas para averiguar el rumbo que hubieran -tomado, se hacan imposibles en el tupido sauzal que les cerraba el -horizonte por todos lados. - -Alarcn, sin decir palabra, intent treparse en uno de los sauces ms -altos, para escudriar el ro, que de una gran anchura all, y lleno de -curvas y de isletas montuosas, apareca en la obscuridad como un charco -de agua quieta y negra. - -Lo detuvo la voz tranquila del indio que deca: - ---Aqu est el gringo Moor. - -De un salto Alarcn se ech al suelo, y el joven le inform en voz baja -como si temiera ser odo, lo que ocurri durante su ausencia. - -Deseoso de arponear algunos sbalos, esa tarde para asarlos en la -hoguera encendida en el montecito de algarrobos, l con un compaero -conocedor de aquellos lugares, cruzaron el ro en una de las canoas de -las chalanas, buscando un sitio donde el baado de la otra orilla era -abundante en pescados. - -Llevaba la fija, arpn terrible con su hierro dentado y su mango de -caa tacuara, que Moor empez a manejar, no bien llegaron al lado -opuesto, ensartando de un golpe recio los sbalos de estrecho lomo que -nadaban a flor de agua entre las altas hierbas acuticas. - -Al cortar as las aguas playas del baado, avanzaron de nuevo hasta el -ro, curvo como una herradura, y a los rayos del sol que caa, vi Moor -a breve distancia, una lancha blanca fondeada contra el sauzal. - -Dile un vuelco el corazn, y se aplan sobre la canoa para no ser -visto, quedando oculto a medias entre las pajas que cubran el baado. - -La embarcacin a la vista tena una chimenea, y por ella conoci que -era la lancha a vapor con que el gobierno vigilaba el puerto y la -laguna y que a esa sazn remontaba los riachos para prevenir toda -intentona por all. - -Por el humo que arrojaba la chimenea sospech el joven suizo que estaba -lista para marchar, ro arriba sin duda, y no esper ms para volver -adonde haba dejado las chalanas. - -A impulso de las palas, que movan echados en el fondo de la canoa, -cruz el baado refulgente como una placa de oro a los rayos del sol -poniente. - -En pocos minutos lleg, y orden a su gente que se embarcara, y con -los largos botadores empezaron a contornear la costa de la isleta de -la Casa de los Cuervos, cuyos sauzales podan ofrecerle un refugio en -alguno de los profundos ramblones que se internaban en ella, como una -baha. - -Y as fu; cuando la lancha del gobierno pas siguiendo el cauce del -arroyo de Leyes frente al lugar en que haban estado fondeadas las dos -chalanas de los revolucionarios, ya stos se hallaban escondidos en -un brazo del riacho, donde no poda entrar el vaporcito, por su mayor -calado, y como el crepsculo empezaba a difuminar el paisaje, ninguno -de sus tripulantes advirti la presencia de las embarcaciones. - -Alarcn apret cordialmente la mano del bravo mocetn que los haba -salvado de aquella sorpresa, aunque en el encuentro, defendindose con -sus hombres, habra podido vencer a los otros. - -Pero era arriesgar el xito de la revolucin, y vala ms eludir todo -incidente, que pudiera anunciar su paso, antes de que estuviera sobre -la ciudad. - -El da estaba perdido, sin embargo; no era prudente echarse a navegar -teniendo prxima la rpida embarcacin, que no tardara en regresar, -porque una legua ms arriba, no hallara agua bastante para su calado. - -Era as preferible aguardar hasta la noche siguiente, en que con mucha -probabilidad habra cesado la infructuosa vigilancia del ro, para -entrar en la ciudad una o dos horas antes del momento fijado para la -revolucin. - -Y fu ese el motivo que dilat un da entero la llegada de las fuerzas -de Alarcn. A eso de las ocho de la noche, casi a la hora del baile, -fondeaban ambas chalanas en el extremo Sur de la calle de la Matriz -doblando, como se llamaba entonces a la calle de San Gernimo. - -En la barraca de Fosco, adonde con infinitas precauciones fueron -refugindose uno a uno los revolucionarios, se reunieron ms de cien, -y aunque no todos bien armados, la aventura pareca tan bien dispuesta -que ninguno dudaba del triunfo. - -A las once de la noche deba Insa ir en su busca, para dirigir el -ataque, pero la sospecha de que el complot no era ya un misterio para -los de la polica, hizo variar un tanto aquel plan. - -Insa se limitara a dar breves instrucciones a su gente reunida en la -barraca de Fosco; encargara a Alarcn la direccin del ataque, y l -regresara a la sala del baile, para ayudar a sus amigos a apresar a -Iriondo y a Bayo en cuanto sonaran los primeros tiros. - -Su presencia en la fiesta, mantendra a Jarque en la duda, sobre -aquellos sucesos que presenta. - -No todo ocurri, sin embargo, como l lo pensara. - -Su breve demora en el patio de la escuela, despidindose de Rosarito, -di tiempo a Jarque y a Borja para llegar a la plaza al mismo tiempo -que l. - -Alcanz a ver, en la noche clara, la silueta de aquellos dos -hombres que aparecan en la calle de la esquina de Montarn, y para -despistarlos, si acaso tenan intenciones de seguirle, corri por el -costado de la plaza, que daba sobre la casa de Iriondo, y dobl hacia -el norte por la calle del Comercio. - -All di vuelta a la manzana, y sigui corriendo como una sombra -impalpable y silenciosa, unas cuantas cuadras hacia el poniente. - -De trecho en trecho se refugiaba en el hueco de algn portal o detrs -de alguna de esas ventanas salientes, en las casas de las gentes -acomodadas y miraba si alguien le segua. - -Todo era silencio en la ciudad tenebrosa, dormida bajo el manto lmpido -de un cielo sin estrellas. - -Un viento suave del Sur traa dispersas armonas de la sala del baile. -Volvi a correr, y cuando las casas de las aceras empezaban a ser ms -raras y pobres, y comenzaban los yuyales y los cercos de ramas de los -suburbios, dobl hacia el Sur, siguiendo la franja sombra de un pencal. - -Los perros, que abundaban all, ladraban a la luna que sala, -destiendo el azul intenso del horizonte. - -Deban de ser las once y media, y en la barraca de Fosco seguramente le -aguardaban impacientes y listos para el combate. - -Fu a echar a correr, a la sombra de los tunales, cuando le pareci -sentir un ruido metlico, como de una espada que se golpea. - -Calle derecha, hacia el norte, alcanz a ver de nuevo las mismas -dos siluetas de la plaza, y comprendi que eran vigilantes que lo -perseguan y haban dado ya con su pista. - -Como no poda correr sin exponerse a ser visto, se meti por entre el -pencal, defendindose con su capa de las espinas y aguard que llegaran. - -Marchaban rpidamente, corriendo a trechos, y pasaron tan cerca del -sitio en que Insa se haba escondido, que los pudo conocer, al uno -porque rengaba al correr, y al otro, porque vi la contera de una -espada asomar por debajo de la capa. - ---El novio de Syra!--pens el revolucionario, recordando con qu -empeo Montarn les rog que ahorraran su vida, si acaso entraba l en -la lucha. - -Ese pensamiento le hizo vacilar, ante el proyecto que como un rayo de -luz se le presentaba en ese instante. Deba seguirles, sin dejarse -ver, y cuando estuvieran cerca de la barranca, saltar sobre ellos y -matarlos, privando as al gobierno de sus mejores servidores. - -No quiso pensar ms, para evitar la compasin que poda nacer en su -alma, recordando la splica de Montarn. Empu su revlver y cruz de -nuevo por debajo de los espinosos cactus y sali a la calle. - -Las dos siluetas se perdan ya a lo lejos, entre las sombras de los -matorrales de la acera, donde crecan algunos corpulentos parasos. - -Jarque y Borja, maravillados de la repentina desaparicin de Insa, se -haban echado a correr, cuando al desembocar una calleja apareci la -mole oscura y chata de la antigua barraca de Fosco. - -Jarque se detuvo y por primera vez se le ocurri que se poda ser el -escondrijo de los revolucionarios. - -Cmo no lo haban pensado antes, sabiendo que el ex-colono de Helvecia -viva en un impenetrable misterio que les haba hecho creer que era -alguna inofensiva mana del hombre viejo? - -Se detuvo, agitado por la carrera, a unos cien pasos de la entrada del -vetusto casern. - ---Que me lleve el diablo si no se ha metido aqu!--dijo con fastidio y -entre dientes. - -Vacil un momento entre avanzar o volverse, para traer un piquete -con que rodear la vasta construccin, que se vea all, reposando -plcidamente bajo los rayos dorados de la luna que ascenda. - -Borja a su lado escudriaba el casero, por si algn indicio les -revelaba lo que queran saber. - -De pronto un terrible empelln lo tumb en tierra, y son un tiro. El -fogonazo lo deslumbr, y cay enredado en su larga capa, y el revlver -que empuaba en la mano izquierda salt a varios pasos de all. Tena -la espada en la derecha, y quiso incorporarse, a tiempo que Jarque, el -cual no pareca herido, gritaba haciendo fuego contra Insa, que se -echaba sobre l. - ---Ah! misera...!--exclam, y la palabra se rompi entre sus dientes -apretados, y cay herido en la frente por otro balazo cuyo estampido -ensordeci a Borja, quien, ciego de furor, arremeti con su espada. - -Insa vi el relmpago del acero y salt como un jaguar; pero la punta -penetr en el flotante pao de su capa, que se desprendi de sus -hombros y cay cubriendo al cuerpo palpitante de Jarque. - ---Rndase, no quiero matarlo--dijo con su voz breve y tranquila -apuntando a Borja, que arranc su espada con violencia y se ech de -nuevo sobre su adversario. - -A la luz de la luna baando la extensa planicie, en cuyo centro se -desarrollaba la sangrienta escena, vease a Insa de frac, la blanca -pechera, sealando el sitio en que deban herirle, y lleno de elegancia -el gesto de su mano que empuaba el revlver apuntando al joven -teniente, que un momento se qued paralizado ante aquella serenidad, -que pareca atarle los brazos. - -En la cercana barraca de Fosco, el rumor de la lucha en la hora -sealada para que estallara la revolucin, despert una extraordinaria -inquietud. - -Los cien hombres all encerrados corrieron a sus armas; los jinetes -montaron en sus caballos asustados por el ruido y el movimiento y -Alarcn y Fosco fueron hasta el portn de madera de la entrada, que -tena rodo el borde de abajo, por donde el perro guardin sacaba el -hocico y ladraba. - -Abrieron cautelosamente y como a cien pasos alcanzaron a ver el fulgor -de la espada cortando el humo del segundo disparo. - -Alarcn reconoci a Insa, comprendi que se bata y corri, seguido de -un grupo de hombres. - -Oy el jefe revolucionario el tropel de su gente que corra, llenando -la noche con el metlico rumor de las armas, y dijo a Borja, que haba -saltado por sobre el cuerpo de Jarque para coger su revlver que -brillaba en tierra a dos pasos de all. - ---No se mueva o lo mato--y aadi con dulzura, sin dejar de -apuntarle,--quiero que viva para su novia. - -El joven teniente sinti la penetrante irona de aquella compasin. - ---Cobarde!--grit--A l lo has muerto a traicin y yo lo voy a -vengar!--y volvi a cargar con su espada sobre la blanca pechera que -atraa sus furiosas estocadas, que el revolucionario esquivaba con -giles movimientos. - -En un salto que di Borja, asent el pie sobre el revlver de Jarque, y -antes que Insa previniera su accin, arroj la espada y alz el arma -del suelo. - -Insa no pestae y de un balazo en el pecho lo ech por tierra. - ---Oh, Dios!--exclam Borja, abriendo los brazos y cayendo de espaldas. -La capa, como una gran ala rota, qued abierta debajo de su cuerpo. Era -de pao azul, pero por su forro de terciopelo rojo, pareca una gran -mancha de sangre, tiendo el pasto verde que alfombraba la planicie. - -Alarcn y sus hombres llegaron en ese momento. Insa con tristeza les -seal el cuadro y les dijo: - ---No quera matarlo, pero l se empe. - -Cogi su revlver sin prisa, como si todo peligro hubiera pasado, y fu -a recoger su capa negra, echada como un manto fnebre sobre el cuerpo -an tibio de Jarque. La sacudi y se envolvi en ella. - -Di sus rdenes precisas; la gente deba marcharse enseguida y atacar -el Cabildo. Un piquete deba al mismo tiempo invadir la casa de -Montarn, adonde l habra llegado ya, para ayudar a sus amigos. - -Y con esas palabras separronse dejando sobre el campo verde los dos -cuerpos inmviles que la luna envolva en su luz impasible. - -Por la acera sombra de la calleja que trepaba la barranca, se adelant -Insa casi corriendo. - -Tan rpida fu la escena, que no le pareca verdad que en unos minutos -hubiera suprimido el mayor de los obstculos con que tropezaban los -planes revolucionarios, aquella implacable vigilancia de Jarque, que -estuvo a punto de desbaratar todo el complot. - -Lleg a la esquina de la calle del Cabildo. - -Era menor el nmero de los curiosos agolpados a la entrada de la casa -de Montarn. El sueo y el fro de la noche, haban ahuyentado a -muchos, y los que an quedaban, yacan dormidos contra los pilares o -en los rincones del zagun, esperando que la fiesta concluyera, para -acompaar, algunos a sus amos, otros a quien quisiera aceptar sus -servicios, alumbrndoles el camino con un farolillo de aceite. - -Los dos vigilantes apostados en la entrada, cabeceaban rendidos de -cansancio y no vieron pasar a Insa, que subi tranquilamente hasta la -sala de baile, llena de la enervante armona de una vieja mazurca. - -En la galera de cristales, donde estaban los msicos, se despoj de su -capa, y fu a entrar al saln, cuando una mano vigorosa lo detuvo por -el brazo. - -No era un gesto afectuoso, ni era violento u hostil; mas Insa se -volvi con ira para ver quin era. - -Hallse con Iriondo, a cuyo lado debi pasar, pero a quien no haba -visto. - -Mirbalo con aquella serena mirada que se impona aun sobre los que por -primera vez se encontraban con l, y podan ignorar su prestigio y su -poder. - -Le solt el brazo y le tom de la mano que Insa no se atrevi a -retirar, para no comprometer sus planes con alguna intempestiva -brusquedad. - ---Hay all--le dijo Iriondo en voz baja, sealando el saln--una nia -que pregunta por su novio, que sali con usted. - -La mayor parte de los farolillos chinescos que iluminaban el patio y -la escalera se haban consumido, y aquel lugar en que estaban los dos -hombres, quedaba en la penumbra, fuera del cuadro luminoso de la puerta. - -Pero Insa alcanz a discernir en el gesto y en la mirada de Iriondo -una sagaz intencin, y respondi exagerando la calma que empezaba a -perder: - ---Yo no he salido con ningn novio, doctor Iriondo. - ---Ha salido solo? - ---Solo. - ---Yo ando siempre as--observ el jefe de los gubernistas, abandonando -la mano de su adversario--sobre todo cuando me dicen que hay peligro en -andar solo. - -Pas un breve momento de silencio. - -Insa no encontraba respuesta que dar, temiendo siempre delatarse y -echaba de menos la serenidad con que pensaba y ordenaba sus ideas en -medio de una batalla. Por qu, pues, no lograba dominar la impresin -que aquel hombre le causaba con sus frases intencionadas? - -Para librarse de la presencia de Iriondo que lo desconcertaba, fu a -entrar al saln, pero l lo detuvo de nuevo, con el mismo gesto sin -violencia, que no poda rechazar. - ---Va a entrar as? No ve cmo est manchada su pechera? - -Insa mir la alba pechera de su camisa y se puso plido. - -Una gran mancha roja ocupaba toda la parte baja, donde se abotonaba el -chaleco. - -Se volvi bruscamente, evitando la luz, y dijo sacando del bolsillo un -pauelo de seda color escarlata: - ---Llevaba aqu el pauelo y al lavarme seguramente lo he mojado y se ha -desteido... - -Haba perdido completamente su calma y la voz le temblaba. - -Con ansia esperaba que sonara el primer tiro frente al Cabildo para -arrojarse contra aquel hombre ms temible por su serenidad que por su -fuerza. - -Iriondo sonrea. - -En este momento apareci en la puerta del saln, por donde se vea el -cuadro brillante del baile, la magnfica figura de Syra. - ---Ah, Insa!--exclam al verle, acercndosele con un apasionado -inters, mientras l se acomodaba con mano trmula, el pauelo rojo -sobre su manchada pechera.--No sali el teniente Borja con usted? - -Insa se estremeci. Una inmensa angustia se pintaba en aquella -hermosa cara, y la voz temblaba como una imploracin. - -Domin violentamente sus nervios, se acerc a la joven que esperaba su -respuesta con una indescriptible ansiedad, y le ofreci el brazo, que -ella no acept, volviendo a preguntarle: - ---No sali con usted, capitn? Verdad que no sali con usted? - -El estampido de una descarga apag brutalmente la armona de la -orquesta. - -Se produjo un remolino en la concurrencia del saln. Sin preocuparse de -su compaera que se haba erguido al rumor de la lucha, y le increpaba -preguntndole por su novio, Insa corri a la galera para arrojarse -sobre Iriondo, mas ste previ su ataque, cerrndole el paso, y en un -ademn siempre mesurado y amistoso, con el brazo izquierdo lo tom por -la cintura, lo llev hacia afuera y tranquilamente le dijo: - ---Explqueme qu es eso. - -Y como Insa quisiera librarse de aquel abrazo, Iriondo con mucha -calma alz su mano derecha en que tena un revlver, se lo puso a dos -pulgadas de la frente, y le volvi a hablar con su palabra serena e -imperiosa: - ---Si se mueve, lo mato. - -A la primera descarga, sucedi un vivo tiroteo, y la calle oscura se -ilumin con la luz de los fogonazos, llenndose a la vez con el humo -acre de la plvora. - -El tropel y la gritera de los que invadieron la casa, y el estrepitoso -tumulto que se alz en el saln, cuyas puertas se cerraron con -violencia, dejando en la sombra la galera de cristales, de donde los -msicos huyeron, permiti a Insa alejar de un manotn el revlver que -le amenazaba. - -Sali el tiro sin herirle y l con su gran fuerza, se zaf del terrible -brazo de Iriondo, mas al echarse atrs buscando su propio revlver en -momentos en que volaban hechos trizas los cristales de la galera, -invadida por una ola de gentes, revolucionarios y gubernistas, -mezclados con los soldados de Jarque que no distinguan a unos de -otros, constat que Iriondo se lo haba sustrado al pasarle la mano -por la cintura. - ---Ah, traidor!--exclam con impotente rabia, sintindose desarmado, y -como a una orden del jefe de los gubernistas, cuya alta figura dominaba -a todos, los soldados se echaron sobre Insa, ste di un empelln -a los que le cerraban el paso, y no pudiendo bajar por la escalera, -atropell la puerta del saln, que se abri con estrpito, cruz el -recinto que era una colosal batahola de hombres que luchaban y damas -que parecan muertas sobre la alfombra, sali al balcn y encaramndose -hasta la balaustrada salt hacia el tejado de la casa vecina, buscando -un sitio por donde echarse a tierra para tomar su puesto en el combate -contra el Cabildo. - - - - -X - -La noche trgica de Syra - - -A la primera descarga, Syra, intensamente plida, con los ojos -dilatados por el terror, se llev la mano al corazn, sintiendo una -gran angustia y se abati sobre un silln, llorando como un nio -castigado. No haba ya remedio!... - -Las dems mujeres, sorprendidas por la revolucin, se agruparon en la -sala del ambig, para escapar de las balas que empezaban a entrar por -las maderas del balcn, destrozando los cristales. Algunos hombres las -atendan, pocos, porque casi todos haban bajado al patio donde el -tumulto era indescriptible. - -En el saln, con sus muebles revueltos y sus puertas cerradas por -Montarn, slo quedaban Cullen y Bayo, sentado ste, plido y ceudo, -comprendindolo todo, pero sin hacer un gesto que pudiera provocar una -violencia, y el otro de pie, a su lado, atento a los movimientos de su -prisionero. - -Por un resto de cortesa, Montarn no se acercaba a su husped -traicionado. Iba hasta el grupo de las mujeres enloquecidas, preguntaba -por doa Celia, desmayada, miraba a su hija llorando, con la cara -escondida y volva a la puerta que de afuera golpeaban de cuando en -cuando, sin lograr abrirla. - -Pensaba en la suerte de Iriondo, apresado seguramente por Insa en la -galera de cristales. - -En la plaza, frente al Cabildo se batan los revolucionarios contra los -policianos que respondan con un vivo tiroteo. Una bala di en la araa -del centro del saln y desprendi un manojo de caireles hechos trizas. - -Montarn mir a su hija, que al sentir el ruido de los cristales rotos -se puso de pie, y muda, dominando una desesperacin que haca dar -gritos a las otras mujeres, corri a la puerta de la galera, en donde -resonaban de nuevo furiosos golpes. - -Su padre abri los brazos para contenerla, pero ella lo rechaz con un -solo ademn que a l le hel la sangre en el corazn. - ---Hija ma!--exclam l, y ella bruscamente como si aquel grito le -volviera el sentido y la esperanza, sintiendo una inmensa necesidad de -consuelo, se volvi a l y se ech llorando sobre su pecho. - -l no habl, porque le acosaba el remordimiento de aquel dolor -silencioso en que haba anegado a su hija. - -Nada saba an de lo que le habra pasado, mas tena el presentimiento -de que la desgracia de ella iba a ser su desgracia. - -Fu en ese momento cuando se oy que en la galera creca el bullicio, -y se sinti desembocar una oleada de gente que Montarn crey amigos -por lo que abri la puerta del saln, apartando suavemente a su hija. - -Y esa maniobra salv a Insa, el cual, acosado por Iriondo, que haba -sabido prevenir su asalto, y vencido por el nmero, cruz como un -relmpago hacia el balcn, a donde Syra lo sigui mezclada entre los -hombres que le perseguan y segura de que l podra decirle dnde -estaba su novio. - -Pero al verle saltar la balaustrada y disparar por los tejados vecinos -hacia la plaza, iluminada por el fogonazo de las descargas quiso -seguirle, como si su esperanza huyera con l, mas alguien la contuvo y -entonces ech a correr, a travs del saln, buscando la escalera del -patio sin detenerse a ver lo que ocurra a su padre y a Cullen rodeados -ya por gentes de la polica, que Iriondo mandaba con voz serena y -ademanes precisos. - -Un poco ms plido, el cabello ms revuelto, la mirada ms brillante, -eso era todo lo que en l se poda notar de extraordinario. Bayo a su -lado, puesto de pie ya, sin decir palabra, apoyaba esas rdenes con sus -gestos. - -Despendose casi por la escalera sembrada de flores desprendidas de -las guirnaldas, lleg Syra al zagun, y como a nadie viera, sali a la -calle y corri hacia la plaza, donde era la lucha. - -Vea las cosas nubladas por el humo acre de la plvora que se le -agarraba a la garganta, y los fogonazos, que brillaban como entre una -neblina, apenas servan para guiarla, con su luz despiadada. Al llegar -a la esquina estuvo a punto de ser envuelta por un pelotn de hombres -que desfilaban a lo largo de las paredes guarecindose de los tiros que -llovan de todas partes. - -Eran revolucionarios y marchaban sobre la casa de Montarn en auxilio -de los amigos. - -Uno de ellos se detuvo al ver a Syra. Fu un segundo no ms, por -mirarle la cara. - ---El teniente Borja?--le pregunt ella juntando las manos. - -Y el revolucionario, que un rato antes haba asistido a la rpida -escena que tuvo lugar a pocos pasos de la barraca de Fosco, le contest -con una torpe sonrisa: - ---All qued, nia! junto al ro. - -Syra no vi el ademn en que le indicaba el Sur y ech a correr hacia -el Oeste buscando el ro, a cuya orilla haba ido por ese lado alguna -vez. - -Pas de nuevo frente a su casa que los revolucionarios invadan, oy -tiros y corri con ansias, sin detenerse, hasta que dej de sentir el -siniestro silbido de las balas, que haba ido persiguindola en su -carrera como una pesadilla. - -Se detuvo un momento para organizar sus ideas. - -Parecale, hundiendo los pies en el colchn de polvo de la calle que -marchaba en sueos, y que ella misma, vestida de blanco con la negra -cabellera desprendida y flotante, no era ms que un fantasma. - -Oanse las descargas en la plaza, y volviendo la cara poda ver el -relmpago que preceda a cada estampido. El silencio de la noche -agrandaba los lejanos rumores de la lucha. Y Syra senta confusamente -al pasar, que puertas y ventanas se abran y cerraban con cautela. - -Por aquella parte las casas eran ms raras y las calles ms estrechas -se dilataban hacia el Salado, bordeadas de pencales impenetrables, por -sus temibles espinas. - -Los canes alborotados por los tiros, aullaban con furia, y al rumor -de los pasos de Syra que volva a correr se arrojaban contra ella sin -salir, no obstante, del cercado de pencas, medrosos tambin ellos en -aquella siniestra noche. - -La luna serena y majestuosa, prendida como un broche de oro en el -lmpido cielo azul, alumbraba con indiferencia la ciudad poblada de -ruidos, y en la calleja estrecha, por donde Syra corra, sus rayos -prolongaban las sombras temerosas de las plantas que se extendan como -garras sobre la acongojada criatura. - -Haba al final de la calle un gran omb que cerraba el paso. Las -lluvias agrietaban all el terreno y el rbol frondoso mostraba sus -gruesas races descarnadas y blancas, que a la luz de la luna parecan -brazos y piernas de muertos ya rgidos. - -Syra se detuvo mirando extraviada aquellas extraas figuras. Pens en -su novio:--"All qued!"--le haban dicho--"junto al ro". - ---Qu ro? Haba un ro por ese lado? Cundo llegara? Si estaba -muerto tena todo el tiempo que quisiera para esperarla. Si estaba vivo -y deseaba decirle algo, y si era posible curarle, restaar su sangre y -vendar sus heridas... oh, Dios! cundo llegara? - -Se apret la cabeza con las manos, sintiendo como martillazos en las -sienes, el latido de sus arterias. - -Comenzaba a desvariar. A ratos pensaba que todo era un sueo, tan -brutal hallaba el cambio de escena. El saln brillante, la luz, la -alegra, la msica, el amor; y luego la noche, con sus sombras y -rumores terribles, y aquella frase que sin duda haba soado: "All -qued!" - -Qu significaba eso? Era acaso una consigna dada al joven militar? -Estaba de guardia junto al ro? Y dnde era el ro? - -Trep la barranca. A la sombra del omb crecan tupidas enredaderas, -entre cuyo matorral brillaban las lucirnagas. Las anchas ramas -cerraban el horizonte, pero subida ya sobre el borde, Syra vi el -campo, extendido como una tela limpia y tersa, hacia el ro Salado, -cuyas aguas no alcanzaban a verse desde all, pero que en las grandes -crecientes lo inundaban. - -De ese lado no haba casas; algunas vacas rumiaban echadas en el pasto. - -Syra se puso a correr de nuevo, con ms miedo al hallarse sola, -parecindole que detrs de ella corra la muerte, para llegar antes a -donde estaba su novio o para avisarle que era tarde ya y que en vano se -fatigaba. - -El campo desenvolva ante ella el terciopelo de su suave y fresco -pastizal, sin una ondulacin, pero sus ojos nada vean de lo que -buscaban. Y segua corriendo, sin nocin de los rumbos, torciendo su -camino hacia el Sur. - -De vez en cuando senta que el suelo ceda bajo sus pies como una -hmeda esponja, y el fro le volva un instante la sensacin de la -realidad; se acercaba a los varillales, que crecan a la margen del -ro, y donde, segn los cuentos de su niez, se guarecan los yacars -en las horas de sol. - -Se apartaba horrorizada de aquellos lugares, y volva a correr sobre el -pao verde del baado, sintiendo el cansancio que pareca romperle los -muslos. - -A dnde iba? Por qu la haban engaado hacindola ir por aquel -desierto buscando su amor? - -Ya no se oan los tiros. La ciudad, cuyas casas blancas se dibujaban a -lo lejos entre las sombras de las calles, se haba vuelto a dormir sin -duda; y ella estaba all, perdida en medio del campo, sin ms compaa -que la fra luz de la luna, que empezaba a nublarse y los estridentes -ladridos de los perros, que se enfurecan al verla correr como un -blanco fantasma. - -En su memoria fatigada se perdan los detalles de las cosas. Slo saba -que buscaba a su novio y deba hallarle muerto o vivo. Cuando caminaba -despacio, el zumbido suave de la brisa anunciadora del alba, le daba -la impresin pavorosa de un lamento, y por no orlo y por llegar ms -pronto a donde l estaba, llamndola sin duda, con la esperanza de que -llegara antes que la muerte, echaba a correr de nuevo. - ---All qued, junto al ro--le haban dicho riendo. - -Por fin el ro que buscaba le cerr el paso. Era all estrecho y -encajonado por una barranca no muy alta, vestida de csped hmedo bajo -el roco de la noche. - -Era el arroyo del Quill, que media legua ms al Oeste se junta con el -Salado. - -A corta distancia, hacia la ciudad, se vea como un escaln una segunda -barranca, ms alta y desnuda, donde se encaramaban las primeras -habitaciones, algunos ranchos, y ms all la masa oscura de la barraca -de Fosco, ceida por sus tapias cubiertas de musgo, y por el bosque -sombro de quietos naranjos y quejumbrosos eucaliptus. - -Syra vi pasar por delante de ella un grupo de hombres en marcha -precipitada hacia el ro. No supo quines eran; habra deseado -preguntarles dnde se hallaba, pero antes que los alcanzara, ellos -haban saltado en una lancha y huan rumbo a la isla, que no tocaron, -sin embargo, siguiendo su costa corriente arriba. - -La nia se qued un rato mirando la embarcacin, que ya no era ms que -una pincelada negra sobre el agua turbia que la corriente llenaba de -arrugas; la noche se torn negra como un antro, nublada la luna por -algunas nubes tormentosas. - -A algunos pasos de all vi una casucha de barro, por cuya puerta -apenas entornada se escapaba un hilo de luz. - -Fu una esperanza para la infeliz que empezaba a sentirse ganada por el -descorazonamiento. Llam a la puerta, y como no le contestaran entr de -golpe. - -Un candil de sebo, puesto sobre el ngulo de una mesa alumbraba un -cuadro siniestro. - -Sobre una msera cama yaca un hombre, rgido, con los ojos cerrados y -la boca crispada en un gesto de dolor, y el pecho desnudo y manchado de -sangre, que pareca negra como la tinta. - -Syra di un grito. Una mujer que lloraba arrodillada a la cabecera de -la cama, alz la cara y vindola dijo con una voz dulce y doliente: - ---Me lo han muerto, nia. Era soldado y estaba de guardia en la plaza; -los revolucionarios lo han herido y ha tenido tiempo de llegar hasta -su rancho para morir junto a m y a sus hijitos. Por qu me lo han -muerto, nia? - -Una chiquela de cuatro aos, silenciosa, con los ojos dilatados por -el miedo, sentada a los pies de la cama, miraba sin comprender la -terrible escena de su padre asesinando y semejante a una madre pequea, -acallaba al hermanito que estaba sobre sus rodillas, gimiendo de rato -en rato, como si hasta l llegara la ola del dolor. - -Syra llorando se arrodill junto a la viuda. - ---Tambin a m, tambin a m!--deca en un sollozo que la sacuda -entera, y no poda concluir la frase.--Hace horas que lo busco, muerto -o vivo: "qued junto al ro", me han dicho rindose y he corrido por la -orilla del ro, buscndolo sin encontrarlo. - -La mujer se par, tom de la mano a Syra, sali hasta la puerta y le -dijo sealndole en el campo un punto ms oscuro que las sombras. - ---All, all! Yo he visto dos hombres! Deben estar muertos a estas -horas. All fueron los primeros tiros... - -Y Syra corri, mientras ella volva adentro a seguir llorando su -prematura viudez. - -Por una desgarradura de las nubes, apareci el disco dorado de la luna -que ba de claridad el campo verde, en el preciso momento en que Syra -llegaba hasta los cadveres de Borja y de Jarque... - -Las gentes que moraban en las casuchas de barro y de paja de aquellos -barrios apartados, en aquella noche sangrienta no oyeron nada ms -pavoroso que el alarido de horror de Syra, rasgando el silencio en que -haba quedado la ciudad. - -Las mujeres se taparon la cara y los hombres se estremecieron, como si -la muerte misma les hubiera llamado por sus nombres, a la puerta de sus -casas. - -En la barraca de Fosco, de donde ste haba hudo en las chalanas -de los revolucionarios, que volvan derrotados, las dos mujeres que -quedaron solas temblaron toda la noche, oyendo, cerca de all, el -lamento de Syra sobre el cuerpo rgido y yerto de su novio. - -Y cuando el alba fra se derram sobre el pueblo disipando las -angustias de la noche, los que andaban en busca de la hija de Montarn, -dieron con ella, sentada, como si an esperase algo, junto al cadver -del teniente Borja. - -Los primeros rayos del sol iluminaban el cuadro. - -Syra al ver llegar aquella gente se incorpor, alta y hermosa, vestida -de blanco, el negro cabello suelto a la espalda, como una onda de dolor. - ---All est el que buscan!--les dijo sealando a Jarque, tendido de -costado, y como dormido entre los pliegues de su capa--ste es mo y -yo soy de l! Ni lo toquen ni me toquen! - -Los que la buscaban, impresionados por el aire de tragedia que haba en -todos sus gestos, se quedaron inmviles, y ella al ver su estupor, se -ech a rer con una risa desgarradora. - ---Me creen loca? No, estoy cuerda y quiero vivir, por su memoria, para -vengarle y vengarme... no slo del asesino, sino de los que pagaron al -asesino... - - - - -XI - -La derrota - - -Fu un salto magnfico. De la balaustrada de la galera que daba a la -calle, en la casa de Montarn, Insa se arroj sobre el tejado vecino. - -Sinti que una teja ceda bajo sus pies, pero era gil como un jaguar y -salv el obstculo. El techo, a dos aguas, caa de una parte sobre la -calle, de la otra, sobre un patio interior, y cubierto de musgo como -estaba, e impregnado de roco, haca peligroso el andar. - -Los que corrieron detrs del revolucionario, detuvironse sorprendidos. -Uno de ellos tena una carabina y le apunt. La distancia era corta y -la noche clara, por lo cual el tiro no poda errarse; pero Insa haba -previsto que le haran fuego, y salvando la cumbrera del techo, se puso -a correr hacia la esquina, guarecindose en el alero inclinado que daba -hacia el patio. - -Ante aquella maniobra que imposibilitaba el tirarle, el hombre de la -carabina trep a la balaustrada y desde ella salt sobre el tejado, -para cazar el fugitivo como a un gato, persiguindolo por las azoteas. -Pero fuese que le estorbara el arma o que no tuviese la agilidad de -Insa, resbal sobre las tejas mojadas por el relente de la noche, y -soltando una maldicin se estrell en la calle. - -El revolucionario alcanz a verlo y seguro de que se limitaran ya a -aguardarlo en la vereda del costado de la plaza, para atraparle cuando -quisiera bajarse por all, busc manera de escurrirse hasta el patio de -la casa en cuyo techo andaba. - -Era un boliche, cuya pieza principal daba a la esquina, con dos puertas -en ngulo recto, que se abran una sobre la calle de la plaza, otra -sobre la calle del Cabildo, separadas por un parante de algarrobo -labrado. - -La gente del boliche, un matrimonio de catalanes sin hijos, tmidos -como liebres, pero acostumbrados ya a las revoluciones, que tenan por -teatro inevitable aquel barrio de la ciudad, al or los primeros tiros, -haban atrancado sus puertas decididos a morir antes que abrir a nadie. - -Insa pudo bajarse al patio solitario, donde un cuzquillo olvidado por -sus dueos, le ladr con furia al principio, y corri luego a lamerle -las manos. - -A cada descarga, el jefe revolucionario senta el vuelco de su corazn. -Ya las cosas se tornaban en favor del gobierno, fracasado el recurso de -la sorpresa con que contaban. Pero aun as, confiaba Insa llegar a -tiempo a la plaza para arrojar sus hombres como una avalancha sobre el -Cabildo y entrar en l apoderndose del gobierno de la ciudad. - -Reconoci de una ojeada el patio donde haba cado. - -Era cuadrado y pequeo, lleno de plantas, que en la sombra afectaban -formas fantsticas. Entre unas enredaderas descubri una puertecilla -que sin duda abra paso a la huerta; la franque y atraves corriendo -un tupido planto de trtago, donde cacareaban las gallinas alarmadas. -Trep sobre la tapia del fondo, que era muy ancha, y comprendi que -caminando sobre ella podra llegar hasta la huerta de la escuela, donde -recogera sus armas y se lanzara a la plaza a ayudar a su gente. - -Agazapndose para no ser visto, corri sobre el filo de la pared que se -desmoronaba al pasar l, y en pocos minutos lleg hasta la escuela. - -En un rincn del patio hall a don Serafn enloquecido de terror, -mientras su hija, en el zagun, no se alejaba de la puerta, lista para -prestar auxilio a quien se lo pidiera, pensando en que poda ser l. - ---Hijo mo!--le grit el anciano al verle llegar, abrazndose a -l--qu es lo que ocurre? - -Con algunas amables palabras le infundi confianza de que all no poda -temer nada, y cambiando su incmodo traje de etiqueta por otro ms -holgado, se envolvi en un poncho de vicua, tom sus armas y corri -hacia la calle. - -En el zagun se cruz con la hija del maestro, que nada le dijo por no -demorarle, mas lo sigui con los ojos angustiados hasta que lleg a la -plaza. - -All le envolvi un tropel de gente en que reconoci a una parte de sus -hombres que empezaban a desorientarse ante la sangrienta resistencia de -los soldados del gobierno, que se batan sin peligro casi, parapetados -en el Cabildo, y bien provistos de armas de fuego con que mantenan a -raya a los asaltantes. - ---Muchachos!--gritles Insa, dndose a conocer.--Al Cabildo! Viva -la revolucin! - -Y su grito como un toque de clarn, vibrante en el intervalo de dos -descargas, reanim el entusiasmo ya decado de los revolucionarios, que -se agruparon a su alrededor haciendo frente de nuevo. - -Los gubernistas comprendieron por qu reaccionaron sus atacantes, y un -capitn que mandaba la tropa organiz un piquete y lo mand a rodear -para tomar a los revolucionarios por la espalda. - -A la aparicin de Insa, sus hombres enardecidos de nuevo, se -tendieron a lo largo del costado sur de la plaza, parapetados detrs -de los rboles y arreci el fuego que hacan, mordiendo con rabia los -cartuchos de sus largos fusiles de chispa, con el spero amargor de la -plvora en la boca. - -Los hombres de a caballo, diezmados en un asalto infructuoso, se -agruparon alrededor de Insa, detrs del quiosco, que les resguardaba -un tanto de las balas del Cabildo. - -Insa tranquilamente les daba instrucciones, porque iban a atacar de -nuevo, lanza en ristre. Temblaban ya las astas en las manos nerviosas -y retian las espuelas de los jinetes, entusiasmados por aquella -voz serena, que apagado el trueno de una descarga, segua explicando -la maniobra, cuando un tiro aislado que pareca venir de la casa de -Iriondo, le cort la palabra. - -Estaba Insa de pie teniendo su caballo de la rienda, porque el montar -l iba a ser seal del ataque. - -Se llev la mano al hombro y dijo: - ---Estoy herido. - -No cay, empero, mas sinti que se le nublaba la vista. - ---Jos, Jos Golondrina!--haba gritado Alarcn al sentir el tiro de -aquella parte, con la sospecha de que l hubiera sido, pues acababa de -verlo correr hacia ese lado. - -El indio llegaba en este momento con la carabina en la mano. Alarcn se -ech sobre l. - ---Quin tir? Vos, miserable? - ---All, all!--contest el indio tranquilamente, sealando la esquina -norte de la plaza que daba sobre la calle del Comercio.--Viene un -piquete. - -Como una respuesta a tal advertencia, la tropa que vena a coparlos por -la espalda les abri un fuego mortfero que desmont a varios jinetes, -sembrando el espanto entre todos. Insa tuvo apenas tiempo de subir -a caballo sostenido por uno de sus hombres. No poda saber si eran -muchos o pocos los que as atacaban, la revolucin estaba perdida. - -Ya no deban atinar sino a salvarse de caer prisioneros para aguardar -tiempos mejores en que la suerte les acompaara. - -Grit:--Alto el fuego! Slvense, muchachos!, ser para otra vez!--y -espole su caballo, que di un salto al arrancar, agitndole violenta y -dolorosamente el brazo roto. - -Todos se desbandaron. Los de a pie corrieron hacia el ro para -embarcarse en las chalanas y pasar a las islas antes que clarease el -da. Los de a caballo tomaron hacia el norte, buscando el camino de -Santa Rosa y de Helvecia, donde estaban sus hogares. - -Ms de treinta quedaron tendidos sobre el pasto verde y suave de la -plaza, que el sol de esa maana hara brillar manchado de sangre. - -La persecucin de los fugitivos no pudo organizarse inmediatamente -porque los caballos de la polica no estaban listos. - -Insa corri entre un grupo de los suyos unas cuantas cuadras, pero fu -quedndose rezagado sin que lo observaran. - -Dolale horriblemente la herida, lo que lo obligaba a ir constantemente -sostenindose el brazo, para que no se le moviera con el traqueteo de -la marcha. - -A los pocos minutos pens que deba volver a la escuela, donde la hija -del maestro lo vendara para que as pudiera huir. - -Volvi, en efecto, siguiendo las calles apartadas y solitarias. - -Rosarito haba visto pasar el tropel de los fugitivos y comprendi que -la revolucin estaba vencida. - -Quines eran los muertos? - -Helada de espanto, temerosa de saber la verdad, permaneca en el -hueco de la puerta sin moverse, acechando todos los ruidos que podan -darle un indicio de lo que ocurra, rezando por los que agonizaban y -temblando de que sus rezos pudieran acompaar el alma del hombre que -amaba, cuando sinti el sordo paso del caballo de Insa, que lleg -hasta la puerta. - -Don Serafn clamaba por su hija desde el rincn en donde se refugi a -los primeros tiros. Pero Rosarito oy la otra voz que la llamaba desde -la calle, y acudi a ella. - ---Todo se ha concludo--le dijo Insa sencillamente--estoy herido, -quers vendarme? - ---Ay!--exclam ella juntando las manos--madre ma del Rosario!--y -corri adentro a buscar un gran pauelo de seda que podra utilizar y -un frasco de rnica. - ---Rosarito! Hija ma!--gema el viejo. - ---Pap, Francisco viene herido!--Perdi el miedo don Serafn con -aquella noticia y corri a la puerta. Y all los dos, a riesgo de -ser sorprendidos por la gente del gobierno, vendaron al jefe de los -revolucionarios que no acept quedarse en la escuela, refugio harto -sospechoso y huy de nuevo, en su excelente caballo, dominando el -dolor de la herida y sintiendo a lo lejos temblar la tierra bajo los -cascos de la caballera del gobierno, que ya se haba lanzado en su -persecucin. - -Todava era de noche, mas el alba no deba estar lejana. - -Insa se encamin hacia el Noroeste de la ciudad, dispuesto a desviarse -de la carretera que generalmente seguan para ir a Santa Rosa, y que a -esa hora deba estar ya ocupada por la polica. - -Quedaba aislado de sus compaeros, pero eso no le importaba; marchara -solo, hasta que no pudiera ms, y si acaso lo venca el dolor o la -fiebre, antes de llegar a Santa Rosa, se refugiara en la estancia -de Cullen cerca de los "Cachos" o se escondera en los impenetrables -sauzales del arroyo de Leyes, donde seguramente encontrara quien lo -ayudara, entre el paisanaje matrero que all merodeaba. - -Llevaba el brazo firmemente vendado y sujeto por un cabestrillo al -cuerpo, lo que le permita galopar, sin grandes sufrimientos y as -march largo rato, mecido por el andar acompasado de su buen caballo. - -Los terrones menudos y flojos del camino se quebraban bajo sus cascos -con un leve crujido, y reinaba un gran silencio, pues hasta los grillos -nocturnos haban callado, ante el alba que llegaba. - -Empez a sufrir de sed, pero como haba ya pasado el ltimo rancho -de la ciudad, sigui galopando con la esperanza de encontrar alguna -vivienda a donde acudir. - -Clareaba ya el da, cuando entre el monte de algarrobos y andubays, a -la vera del camino, vi brillar el fogn de un rancho solitario. - -A aquella distancia de la ciudad, era arriesgado mostrarse a nadie, -pues denunciaba as el rumbo en que marchaba, pero la sed avivada -por un viento tibio del norte, que empezaba a soplar, causbale una -insoportable angustia, y se resolvi a pedir de beber, sin bajarse del -caballo. - -Al acercarse ladrronle los perros, y se asom el dueo del rancho -que tomaba mate en rueda familiar, a la luz de un candil de sebo. Sin -mayores explicaciones, aquel paisano taciturno y corts, fu por el -agua que Insa le pidi, y sobre el caballo mismo inquietado por los -perros, bebi el revolucionario con ansia un agua salobre, pero fresca. - -Y sigui galopando a la luz del da que despertaba ya los maravillosos -rumores de la selva. - -Prestaba odo a todo ruido sospechoso, detenindose a veces, pero no -senta ms que el canto de los pjaros, ms numerosos que nunca en el -otoo que reinaba, y de cuando en cuando el zumbido metlico de las -alas de una perdiz, que se levantaba a su paso. - -El viento norte se haba acentuado, y comenzaba a apretar el calor. - -Insa para librarse de los rayos del sol, comprendiendo que ya se haba -alejado con exceso del camino de Santa Rosa, y que a esa hora las -patrullas del gobierno deban haberse replegado a la ciudad, se intern -en el monte. - -Era tupida la arboleda y los churquis espinosos que nacan al pie de -los speros andubays, le cerraban el paso a cada instante, obligndolo -a buscar los senderitos tortuosos abiertos por la hacienda, hacia los -comederos o las aguadas. - -Algunos toros salvajes mugan sintindole pasar; escarbaban la tierra -con rabia y echaban a andar desdeosos, buscando no al hombre, sino al -rival, que de lejos contestaba a su grito de guerra. - -Las vacas inquietas y curiosas huan, detenindose a trechos y -volviendo la cabeza para mirar al fugitivo, a cuyos ojos el paisaje -apareca cubierto por ese velo de ensueo con que la fiebre parece -envolver las cosas. - -Tena sed, una sed terrible, que le haca marchar con la cabeza baja, -la mirada avizora, buscando en el monte los charcos de agua ftida en -que se abrevaban las vacas. - -Pensaba en sus amigos de Santa Fe, presos sin duda, a esas horas y en -cierta manera deshonrados por la derrota. Senta impulsos de correr, -lleno de saa contra el hombre invencible, que con un solo gesto haba -hecho abortar aquella noche el complot urdido en su contra. - -La fiebre que le martillaba el crneo, naca ms que de su herida, -del dolor y de la vergenza de haber sido afrentado por l con tanta -gentileza. Sus amigos, al menos, no haban sufrido el latigazo de -aquella voz amable que le deca: - ---No v cmo est manchada la pechera de su camisa? - -Ah! La sangre de los muertos por su mano se haba vengado cruelmente -en su orgullo de jefe, derrotado por la sonrisa de un hombre: - ---"Va a entrar as al saln del baile?" - -Apret los ijares de su caballo y se lanz a la carrera por entre el -monte, como cuando en su estancia persegua la hacienda para traerla -al rodeo. Las altas ramas extendidas como zarpas bajbanse a veces y -le obligaban a echarse sobre el cuello de su caballo, para no romperse -el crneo contra ellas. Los matorrales, cuya ramazn flexible cruja -violentamente, cerrbanse tras l, tironendole con sus mil uas el -poncho que flotaba desgarrado a sus espaldas. - -El caballo tena la boca ensangrentada y palpitantes los flancos y -empapados en sudor. - -Insa corra, castigada su alma con los siniestros recuerdos de esa -noche, en que su mano haba derramado sangre inocente, y en su carrera -desatinada sus ojos encendidos por la fiebre, hallaban perfiles -fantsticos y medrosos en todos los detalles del cuadro que le rodeaba. - -Senta una sed tan terrible que una vez pas la mano por el ijar -mojado en sudor de su caballo, y fu a beber. Pero era de un sabor -insoportable aquel lquido acre y tibio. Dnde estaban los charcos en -que beba la hacienda? - -Mir el sol, por entre las copas despeinadas de los algarrobos y torci -bruscamente hacia el Este. Quera llegar a la laguna de Setbal, para -arrojarse con caballo y todo en su onda fresca y beber a sus anchas, -aunque all lo hubieran de prender. - -Los revolucionarios, sin duda, haban tomado por el camino de San Jos -del Rincn. Para reunrseles, l deba seguir la costa, vadear el -Saladillo y la pequea laguna de San Pedro, en la punta norte de la -de Setbal, y alcanzar as el arroyo de Leyes, donde no era imposible -que se cruzara con alguna de sus chalanas, si Alarcn o cualquiera de -sus hombres se haban atrevido a huir por el ro, camino que tena sus -ventajas y sus riesgos. - -Galop como una hora, torturado por la sed, que traa sobre l -infinitas alucinaciones, hacindole creer en cada revuelta del bosque -en un charco fresco de agua; hasta que ralendose la arboleda, divis a -lo lejos la cinta azul y plcida de la hermosa laguna. - -El caballo, sediento como el amo, relinch olfatendola, y sus cascos -herrados llamearon al sol, sobre la llanura, que se desenvolva como un -manto verde, a lo largo de la costa, cortada por el blanco perfil del -camino. - -Al cruzarlo, no vi Insa, alucinado como iba por el agua azulada y -brillante, una nube de polvo que ascenda de la carretera, hacia la -parte del Sur, donde estaba la ciudad. - -Lleg hasta la barranca, no muy alta, y con grietas por donde bajaban -las haciendas, y entr en la laguna hasta que el agua lleg al pecho -del caballo. - -Se quit el sombrero, lo llen de agua y se puso a beber con una -inmensa fruicin, sintiendo la frescura del lquido puro que le -aligeraba la sangre en las venas. - -El caballo beba tambin interminablemente, haciendo sonar las coscojas -del freno y resoplando, a cada espumilla que la corriente le traa -hasta el hocico, cuando de pronto apareci sobre la barranca, cien -metros ms atrs, un grupo de jinetes de rojas bombachas, con sables -que brillaban al sol, y carabinas que alzaban sobre sus cabezas, dando -alaridos de jbilo. - -Insa mir y comprendi. Estaba perdido; eran los policianos del -gobierno, de cuyas manos no poda escapar, porque antes que l volviera -a trepar la barranca, ellos le cerraran el paso. Pens en hacerse -matar, pero la idea de que muerto l, el gobierno quedara triunfante -y tranquilo para siempre, le encendi un spero deseo de vivir para -vengar su derrota. - -Por un lado la laguna, que se extenda ante l como una inmensa tela -azul, ancha de leguas. Por el otro la barranca, las bombachas rojas, la -prisin o la muerte. - -Eligi la laguna, castig a su caballo y se arroj con la insensata -esperanza de llegar a la otra costa, cuyos verdes sauzales se divisaban -en lontananza. - -El caballo manote algunos pasos, perdiendo pie, y luego sin vacilar, -como si hubiera comprendido que era la salvacin de los dos, se dej -hundir hasta el pescuezo, y empez a nadar, soplando, con las narices -a flor de agua, y los ojos fijos en la orilla lejana. Insa tir la -carabina, que hasta entonces llevara a bandolera, y el poncho que se -arrastraba sobre el agua, haciendo peso y con la mano derecha se agarr -a la crn flotante de su caballo. - -Era un tostado, morrudo, de cabeza descarnada y mirada inteligente. -Criado en la estancia de Insa, haba husmeado la querencia del otro -lado de la vasta laguna, y nadaba con fe en sus remos poderosos. - -Los policianos haban conocido a Insa, por el poncho y el caballo, -y para no perder la extraordinaria fortuna que la casualidad les -deparaba, apartronse de la barranca, se extendieron en una lnea -prolongada, y cayeron bruscamente, al galope de sus caballos -enardecidos por sus gritos, sobre el sitio por donde haba bajado Insa -hasta el agua. Pero esos minutos perdidos en la maniobra, con que -quisieron impedir su fuga, permitieron al revolucionario alejarse un -buen trecho de la orilla. - -Los policianos que nunca imaginaron que se arrojara a la laguna, al -ver apenas a flor de agua la cabeza del caballo y los hombros de l, -que se achicaba cuanto poda, le insultaron con rabia. - -Uno de ellos se ech a nado, pero su caballo no aquerenciado en la -otra costa, di unos cuantos respingos, y se volvi. En vano su dueo -le golpe el testuz con el cabo de su rebenque; aquella intentona slo -sirvi para dar tiempo a que el fugitivo ganara unos cien metros ms, y -slo se divisaba ya como un punto negro sobre el agua que se quebraba -en trmulos reflejos a los rayos del sol. - -Entonces el jefe de la patrulla ech pie a tierra y le apunt con su -carabina y tranquilamente, como si se tratara de tirar sobre un pjaro -o sobre un yacar, levant el gatillo. Inclinaba la cabeza sobre el -hombro derecho, para ver mejor, y se haba echado atrs el kep, cuya -visera verde tocaba con el cao reluciente del arma. Era hombre de gran -destreza en su manejo, pero el blanco movible que se alejaba siempre, -y la excitacin de su pulso agitado por la violenta carrera de toda la -maana, le hicieron errar el tiro. La bala se perdi a veinte pasos del -lugar donde se vea a Insa, avanzando siempre hacia el centro de la -laguna. - -Volvi a tirar y fu lo mismo. - ---Pie a tierra!--grit a sus hombres--y fuego sobre l! - -Los veinte soldados que formaban la patrulla, arrodillados al borde de -la barranca, empezaron a ametrallar al fugitivo. Las balas cada vez -picaban ms cerca de l, porque la puntera se afinaba. De pronto se le -vi desaparecer, y slo su caballo sigui nadando. - -Los hombres se incorporaron dando un grito. - ---Una bala en la cabeza! lo hemos muerto, y con las pupilas dilatadas, -siguieron el rastro que en el agua iba trazando el valiente corcel -del caudillo, que nadaba con la misma serenidad que si la otra orilla -hubiera estado a veinte metros. - -Insa haba desaparecido, y los hombres iban a montar ya, seguros de -haberle herido de muerte, cuando surgi de nuevo su cabeza, junto al -cuello del caballo. - ---Maldicin!--rugi el jefe de la patrulla--se escondi para que no -le tirramos! - -En ese minuto de expectativa, el revolucionario se haba puesto fuera -del alcance de las carabinas. - -Siguironle mirando hasta que el punto negro se perdi en la lontananza -del agua, que agitaba el viento. Entonces todos montaron, y volvieron -riendas hacia la ciudad. - ---Se ahogar antes de llegar al medio de la laguna!--dijo uno de ellos -y todos creyeron as. - -Durante una hora, quizs, resisti el joven caudillo la sensacin -violenta que le produca ir a merced de su caballo, con la mano -acalambrada en su larga crn. No poda valerse ms que de la derecha, -porque la otra herida, era un miembro absolutamente intil. - -La frescura del agua le haba adormecido el dolor, pero se entumeca -poco a poco, y senta que el sueo se apoderaba de todo el cuerpo, como -un veneno mortal. - -Si se dorma, estaba perdido. Se soltara de su caballo y se ira al -fondo. Pens que quizs ese trmino a sus padecimientos vala ms que -la lucha por vivir; pero la prodigiosa energa que le haca ser lo que -era le sigui sosteniendo. Lleg, sin embargo un momento, en que aun -luchando contra la terrible modorra que le invada con el fro del -agua y la fiebre de la herida, dej que sus ojos se cerraran, y toda -su fuerza fu impotente para abrirlos, porque se durmi, sintiendo al -principio que su mano segua agarrada a la crn, y luego, que poco -a poco, suavemente, se dejaba invadir ella tambin por la deliciosa -sensacin de abandonarse y descansar. - - * * * * * - -Cuando abri los ojos crey que soaba. - -Una habitacin cuadrada, de piso de ladrillo, de techo bajo, con -tirantes de palma enjalbegados, cubiertos de esas speras totoras de -los baados, impenetrables a la lluvia. - -Una ventana ancha de vidrios pequeos, por donde mirbanse las copas de -unos altos eucaliptus, que el viento balanceaba. - -Y a un lado de la ventana, un algarrobo seco, del cual no se vea ms -que una rama, estirada, como un brazo descarnado, cenicienta y pelada, -y sobre ella, inmviles, como un smbolo de eternidad, dos enormes -pjaros negros cuyas plumas sin brillo les daban un fnebre color de -crespn. - -Insa, que observaba con los ojos muy abiertos, desde una cama blanda y -limpia, aquel cuadro que sin duda le pintaba la fiebre, sinti que la -sangre se le helaba en las venas. - -Siempre la vista de los cuervos, desde la noche que pas en el -cementerio, obsesionado por los ojos de diamantes de aquel que vel -a su lado, devorando la mano de una muerta, le causaba una siniestra -impresin. - -Alguien lo habl. Se volvi para ver quin era y se hall con un -paisano de barba encanecida, que estaba all a su cabecera, con el -sombrero puesto, en mangas de camisa, castigando las botas con la lonja -de un talero. - ---Qu significa esto? Dnde estoy? - -Y el paisano le contest con una hospitalaria sonrisa que dej al -descubierto sus dientes amarillentos y fuertes: - ---En la estancia de doa Carmen de Borja... - ---Carmen de Borja?--repiti l. - ---S, y de la nia Gabriela... - ---Gabriela? - ---Gabriela Borja de Jarque... - ---Ah!--exclam Insa y volvi la cara a la pared, penetrado hasta la -mdula de los huesos por el recuerdo de la noche de la revolucin. - ---Por mal nombre--asent el paisano--le llaman la Casa de los -Cuervos. - - - - -SEGUNDA PARTE - - - - -I - -Por el alma de los muertos! - - -La sombra de la barranca, donde estaba situada la Casa de los Cuervos, -prolongbase hasta el medio del riacho porque el sol se iba entrando. -Los altos eucaliptus, que llegaban hasta el borde mismo, pintaban sus -copas en el agua serena, que corra sin murmullo, royendo suavemente -la greda de la costa, o haciendo estremecer con su caricia las hierbas -acuticas, en la otra banda donde el campo era bajo. - -El sol que traspona ya el bosque, reflejaba un disco trmulo en la -faja del ro, que pronto iba a llenarse de sombra, y Gabriela, sola en -su bote, que la haba llevado corriente arriba, gracias a la vela, en -una de sus excursiones de ensueo, descenda aprovechando la corriente -y siguiendo por un capricho la lnea indecisa que pintaban en el agua -las copas de los rboles, dormidos ante la vecindad de la noche. - -De vez en cuando, con un golpe de timn rectificaba la marcha del bote, -una de cuyas bordas se baaba en el sol dorado de aquella tarde de -otoo. - -La embarcacin era pequea, fina de formas, pintada de blanco, y -llevaba su nombre a proa, en letras negras: "La Espuma". - -De lejos, realmente, atracada a la barranca en los das de marejada, -cuando el agua profunda del riacho se llenaba de espuma, el bote -pareca un copo ms danzando en la resaca arrojada por el viento contra -la costa escarpada de la Casa de los Cuervos. - -"La Espuma" era la compaera de los sueos de Gabriela. - -Cuando se cas, dos aos antes, con aquel espaol que compr el campo -de su padre, ste, que haba de morir poco despus, le pregunt qu -regalo de boda quera que le hiciera; y Gabriela, sabiendo que estaba -pobre, como que era una de las secretas razones que tuvo para casarse, -sin gran amor, para que su padre pudiera conservar el campo, no le -pidi joyas ni vestidos, le pidi un bote para pasear por el ddalo -de arroyos, bordeados de sauces, que hacan el encanto de aquellos -paisajes. - -Pasaban largas temporadas en la estancia y era el bote su gran -distraccin. Lo conduca admirablemente. Tena un par de remos finos -y ligeros, y una velita blanca, que se tenda en una curva quebrada -como el ala de una gaviota, y haca volar el esquife con un apacible -chapoteo del agua, rota por la quilla. - -Cuando muri su padre, Gabriela haca ya seis meses que estaba casada -con Jarque, a quien el gobierno acababa de nombrar jefe de polica. - -Sus ilusiones ajadas por las severas realidades de la vida, no le -pedan nada ya. Slo deseaba acompaar a su madre, doa Carmen Liendo -de Borja, que se haba establecido definitivamente en la Casa de los -Cuervos, para cuidar de los intereses que dejara su marido al morir, -bastante embrollados. - -Jarque le permiti irse con ella, y se qued solo. En su vida prctica, -sin grandes pasiones, absorbido por las preocupaciones polticas, el -amor no ocupaba ningn lugar. Se haba casado framente, llegado a la -mitad de la existencia, para no hacer solo la otra mitad, y de pronto -se encontraba con que el matrimonio era una impedimenta para seguir -las sutiles pesquisas antirevolucionarias en que estaba empeado, las -cuales con frecuencia le tenan noches enteras fuera de su casa. - -De tarde en tarde, cuando sus tareas se lo permitan, haca su viaje -a la Casa de los Cuervos, yendo casi siempre en la lancha a vapor del -gobierno. Visitaba a la familia, acompaado de Carmelo, su cuado, a -quien haba hecho secretario de polica; examinaba la marcha de las -cosas en la estancia, el estado del campo que era suyo, de las vacas, -que algn da seran de su mujer, y se volva a la ciudad, satisfecho -de tener tan equilibradas todas sus pasiones. - -Gabriela tornaba a sus paseos en bote. l le haba regalado una hermosa -escopeta Lefaucheux, y de sus excursiones sola volver con el fondo de -la embarcacin lleno de patos, cazados en los esteros, o de gallinetas -sorprendidas cuando se acercaban a la costa, que el bote rozaba al -pasar sin ruido, como un copo de espuma. - -Haba en la estancia un muchachn de quince aos, hijo adoptivo del -capataz, diestro en los trabajos del campo, sobre todo en las cosas del -ro, pesca y manejo de embarcaciones. l guiaba la canoa que tenan -para las necesidades de la casa. Iba al sauzal a traer lea, y a veces -hasta Santa Fe a buscar provisiones. - -Gabriela sola invitarlo a acompaarla, y l, alto, flaco y flexible -como una varilla, corra al bote, con una gran alegra, porque aquellos -paseos, siguiendo el canal profundo del arroyo de Leyes, o internndose -en los esteros, que desaguaban all, eran su sueo dorado. La nia -tiraba bien, al vuelo o en tierra, y cuando la pieza caa, l como un -perro, iba en su busca, aun cuando tuviera que meterse en el agua hasta -la cintura. - -Cuando el tiempo era bueno, y soplaba viento favorable, se tenda la -vela, que haca crujir el palo, y se daba entera libertad al bote, para -correr a sus anchas sobre el agua del riacho, turbia, con largas vetas -amarillas, hasta la laguna, que era para Gabriela como un mar. - -La joven se sentaba al timn, dejando que Jess dormitara a proa o -espiara la caza. - -Pareca absorta en la maniobra, en el timn con que de trecho en -trecho, de un golpe, enderezaba el esquife; o en la escota de la -vela, tensa a veces, como una cuerda de guitarra, y otras floja e -indecisa, castigando como un ltigo los maderos. Gabriela atenda todo, -pero su pensamiento vagaba en lejanas regiones, ms all del ro, ms -all de la laguna, ms all del mar desconocido, a donde marchaban -inevitablemente, todas las gotas de todos los ros, lo mismo de las -olas que se rompan contra la barranca, que las que ella acariciaba con -su mano pequea, abandonada por encima de la borda. - -Todo iba al mar! y su pensamiento se confunda como una gaviota -perdida en el ocano, persiguiendo la visin de aquellas cosas -sin sentido, que la dejaban triste, como si su vida actual no -correspondiera con sus ideales de antes. - -Gabriela tena veinte aos. El aire y el sol del campo, haban dado un -ligero color trigueo a su tez pursima, que irradiaba su juventud, -como el cristal de un vaso de luz. Y esa luminosidad de su cutis, -atenuaba el contraste que habran producido en su tipo de morena, sus -ojos garzos, como la flor del lino, y sus cabellos castaos, casi -rubios, que al sol parecan vivientes culebras de oro. Esbelta y gil, -vindola remar, con sus brazos firmes, diseando en el ademn la -curva llena del pecho, nadie la hubiera credo propicia para aquellas -fantasas que la llenaban de ensueos. - -Vesta de luto, por su padre, y en la barquilla blanca, que marchaba -la vela sonora al viento, sentada a la popa, con la mirada abstrada, -desinteresada de las cosas prximas, pareca la herona de una -romntica leyenda. - -Su madre preguntbase a veces si aquel matrimonio repentino no haba -tronchado sus ilusiones de nia, y si no estaba all la raz de la -indisimulable melancola que envolva como un velo aquella radiante -juventud. Mas era el yerno tan afable y caballeresco, y estaba la madre -tan lejos ya de la edad en que la fantasa es el motor del alma, que -desechaba el importuno pensamiento, y se quedaba tranquila dejando a su -hija entregada a sus excursiones, mientras ella cuidaba de la casa. - -Era una dama de aspecto severo, en su riguroso luto de viuda, que -enaltaba ms su figura frgil, en apariencia, y austera como la de una -abadesa. - -Blanca, plida, de ojos negros, perspicaces, que descifraban -perfectamente las intenciones de los que la trataban por negocios; -incansable para la menuda labor de ama de casa; madrugadora, siempre -alerta, desde la muerte de su marido, haba concentrado todas las -potencias de su alma, en hacer progresar la fortuna que algn da sera -de sus hijos. - -Tena por el varn, que era el mayor, una pasin que desbordaba en -todas sus palabras. - -Tres o cuatro das antes de esa tarde, haba estado en la Casa de los -Cuervos. Fu con Jarque, al cual la dama not preocupado por causas que -no deca. El joven, en cambio, entusiasmado por su nuevo galn que -luca en la bocamanga de su vistosa chaqueta azul, y en su kep, la -haca parte de sus proyectos de grandeza y de sus ensueos de amor. - -Oh, sus sueos de amor! Doa Carmen tena en el alma impresa la imagen -de Syra, a quien viera poco tiempo antes, cuando fu a la ciudad a -pedir su mano. - -Aquel compromiso que deba celebrarse con una gran fiesta, en casa de -Montarn, alegrbala por l, pero, sin que hubiera podido explicar la -ntima razn de sus recelos, tena el corazn extraamente oprimido -y todo, en su casa, en el campo, en el ro, en el cielo, le traa la -evocacin de los ojos de Syra, apasionados y tristes. - -Esa tarde--la tarde del baile--Gabriela lleg en su bote hasta la -barranca, poco antes de entrarse el sol. - -Vena sola por lo que ella misma tuvo que hacer la maniobra de amarrar -su embarcacin al poste clavado en la costa con ese objeto. La barranca -no era alta, un metro y medio de tierra amarilla, contra la cual el -ro golpeaba sus olas en los das de viento. El terreno suba an -ms al alejarse de la orilla, de tal modo que las casas edificadas a -cien pasos de distancia, estaban a una altura a donde no llegaban las -crecientes. - -El primitivo dueo de la Casa de los Cuervos, para sanear el ambiente, -haba formado al rededor de ella, un bosque de eucaliptus, prolijamente -plantados en hileras. - -Los rboles eran enormes ya, y sus copas se besaban con un melanclico -rumor de hojas, en las noches serenas en que slo soplaba la tenue -brisa de la laguna. - -Arrancaba desde el frente principal de las casas, una avenida de -eucaliptus, los ms gruesos, porque fueron los plantados primeros, que -corran paralelos al riacho. Aquella avenida, envuelta en los reflejos -dorados del sol que se entraba, pareca una vieja pintura. - -Al llegar a ella, Gabriela se detuvo amedrentada, arrimndose a uno de -los troncos, mondados por el otoo, que les arrancaba la corteza en -largos girones. En el fondo vi la alta figura enlutada de su madre, -que se alejaba, a pasos medidos, achicndose su silueta. Luego la vi -volver caminando suavemente, como si sus pies no tocaran la tierra, -alfombrada de las hojas secas, desprendidas por las copas sombras que -se cruzaban en lo alto. - -Vea, como si lo viera por primera vez, las dos prolongadas hileras, -que se estrechaban a lo lejos, de los eucaliptus dormidos sobre el -fondo claro del cielo. La luz del crepsculo suavizaba sus perfiles, -y pona en sus troncos una pincelada de oro, que les comunicaba la -penetrante tristeza de los bosques muertos. - -Haba en el ambiente una gran calma. Slo se oa el grito de las vacas -lecheras que salan del corral, con sus terneros, que a la noche seran -recogidos en los chiqueros. - -Gabriela beba con los ojos la hermosura del paisaje otoal. Su madre -llegse a ella, haciendo crujir levemente la alfombra de hojas secas. -Llevaba las manos blancas, de gran seora, metidas en las mangas de su -traje negro. - ---Vamos a rezar--le dijo. - -A la oracin, en la Casa de los Cuervos, se rezaba el rosario, reunidos -amos y peones. - -Cada da la dama, que coreaba el rezo, deca al empezar por quin deba -de rogarse. - ---Por las almas del purgatorio. - ---Por los caminantes y navegantes. - ---Por los prncipes cristianos. - ---Por los parientes difuntos. - -Y esa vez, cuando todos estuvieron de rodillas, en la pieza que serva -de oratorio, cuyo testero ocupaban una infinidad de cuadros de santos, -presididos por un crucifijo de bronce y una gran estampa de la Virgen -del Carmen, as que se hubieron persignado, se oy en el devoto -silencio, la voz de la dama que deca: - ---Recemos por el alma de los que hoy han de morir. - -Gabriela arrodillada al lado de su madre, sobre una alfombrita que -acolchaba los rojos ladrillos del piso, sinti un escalofro al or -aquello. Vi de nuevo el cuadro de los eucaliptus, tal como le haba -impresionado. - -Ya la noche envolva el campo, y en el silencio de los animales y -las cosas que se dorman, empezaba a orse el susurro de las hojas, -estremecidas por la brisa que despertaba. - -La majada estaba ya en el corral. En el patio grazn uno de los -cuervos, seal de que volaban a pararse sobre el rbol seco en que -pasaban la noche. - -Don Goyo, el capataz, lleg en ese momento a rezar con todos el rosario. - -Era un hombre entrado en aos, a juzgar por las barbas encanecidas. -Rezaba de pie, afirmado contra la pared, cerca de la puerta, por donde -a cada ruido echaba una ojeada al patio. De da usaba botas, como un -signo de la importancia de su cargo; y al anochecer, por economa, -se quedaba descalzo, la bombacha arremangada, con lo que su figura -corpulenta, no muy alta, perda casi todo su prestigio. - -Contestaba al rezo con voz sonora. A su lado su mujer, a Floriana, -pasado el primer misterio del rosario se sentaba a la turca, sobre el -suelo acolchado con su pollera. - -Ms joven que el marido, ms blanca tambin, tena en sus facciones -endurecidas por el trabajo, rastros de antigua belleza. Rezaba -devotamente, y como la perseguan los bostezos, provocados segn el -ama por la cola del diablo que se le entraba en la boca, cada vez que -bostezaba haca sobre la boca abierta la seal de la cruz. - -No tenan hijos; el nico que tuvieron, y que muri casi al nacer, -de haber vivido deba ser de la edad de Carmelo Borja, al cual a -Floriana sirvi de nodriza. - -Por eso el joven teniente, secretario de Jarque, era para la mujer del -capataz como un hijo, que ella idolatraba y colmaba de mimos. - -Una chicuela excesivamente morocha, con el pelo encrespado, que se -mora de sueo, estaba acurrucada en un rincn. - -Tendra diez aos, y serva a la mesa de los seores. - -Era toda la gente de la casa, sin contar a Jess, que no acudi al -rosario, porque andaba afuera lidiando con los terneros. - -En la Casa de los Cuervos se acostaban temprano para estar listos al -alba. - -Esa noche, pasado el primer sueo, Gabriela se despert sobresaltada. -Dorma en la misma pieza de su madre, por tenerle compaa, aunque -muchas veces la dama, andariega y misteriosa, se levantaba a deshora a -rezar, junto a la ventana, mirando al campo por los postigos abiertos, -en las noches fras, o en el corredor de la casa, en el buen tiempo, -mientras la nia temblaba de miedo sintiendo sus pasos y su voz que -salmodiaba. - -Al abrir los ojos vi, por la ancha ventana de cristales pequeos, -el campo baado por la luna, cuya luz plateada blanqueaba como un -esqueleto, las ramas del rbol seco donde dorman los cuervos. - -Una sombra que vi moverse contra los cristales, le hizo incorporarse -en la cama. - ---Jess, mam!--exclam, conociendo que era ella. - -Doa Carmen de Borja no le contest; ni siquiera pareci haber odo. -Gabriela salt del lecho y corri hacia ella que con la frente pegada a -uno de los vidrios miraba al campo. - -La toc en el hombro; no se movi. Le habl de nuevo y entonces ella le -dijo, sealando el rbol donde dorman los cuervos: - ---Mir, Gabriela! - -La joven vi, con inmensa sorpresa, sobre la rama que se extenda -horizontalmente, las figuras encapuchadas y siniestras de tres cuervos. - -De dnde vena el tercero que jams haba rondado las casas? - -Gabriela peg tambin su frente sobre el fro vidrio para mirar mejor, -ansiosa de que aquello que se le antojaba de mal augurio, fuese un -error de sus ojos. Pero la luna, con una infinita serenidad, haca -la noche de una extraordinaria limpidez, y se vean hasta los ms -delicados perfiles de las cosas cercanas. - -Haba tres cuervos, y mientras los miraban, vol uno de ellos, que -revolote desorientado un momento, y atropell la casa, haciendo -temblar con el spero golpe de su ala los cristales de la ventana. - -Gabriela di un grito y corri al fondo de la pieza. - -Cuando volvi a mirar, el cuervo se haba perdido ya detrs de la -cortina de eucaliptus. - ---Recemos, Gabriela--le dijo su madre.--Esta es la noche del baile en -Santa Fe, y yo he tenido siempre miedo de lo que en ella puede ocurrir. - -Y rezaron las dos, la madre con su voz profunda, que no temblaba, y -la nia toda temerosa, sintiendo afuera el rumor de las copas de los -eucaliptus que geman al viento como almas en pena. - - - - -II - -La mala nueva - - -Al otro da el viento soplaba del Norte, llenando el bosque de rumores -de hojas caducas. La maana era tibia y el cielo puro an, por lo cual -Gabriela se decidi a realizar una excursin, que haca mucho ansiaba, -llegar hasta la laguna. - -Esa noche se durmi tarde, despus de la medrosa visin de los cuervos, -y cuando se despert supo que su madre haba salido a recorrer el -campo, en su cochecito de dos ruedas que manejaba ella misma. - -Llam entonces a Jess y lo mand que preparara el bote, para ir lejos. - -Se visti a prisa; meti en una canasta algunas provisiones, agitado ya -su espritu por la perspectiva de la aventura que significaba para ella -aquel paseo, y con su escopeta al hombro, corri al bote, cuya blanca -vela se agitaba alegremente a lo largo del mstil, acariciada por el -viento. - -En cuanto amarr la escota, y se hinch el trapo, "La Espuma" parti -como una gaviota, navegando de costado porque el viento la tomaba de -babor. - -El arroyo de Leyes cambiaba bruscamente de rumbo frente a la Casa de -los Cuervos, de tal manera que corra durante un buen trecho de Oeste a -Este, para rectificar ms adelante la curva, y llegar hasta la laguna -en un cajn derecho de Norte a Sur. - -Gabriela conoca bien el curso del riacho, y saba acortar su camino, -atravesando las caadas, y seguir por los ramblones con su bote ligero -y dcil al timn o al remo. - -Pero esa vez navegaba por el lecho del ro, aprovechando todo el viento -que arrugaba su lomo hinchado por la creciente, que inundaba las islas -bajas y una los esteros en un vasto mar de agua plomiza. - -La cortina de sauces, de fronda espesa, salpicada por las flores -blancas de las enredaderas que trepaban por sus largos troncos -desnudos, impeda ver ms all de la costa. - -Cuando alguna gallineta asomaba por encima de los camalotes o de las -altas carrizas verdes, que acolchaban la barranca, Gabriela abandonaba -el timn, se echaba la escopeta a la cara y haca fuego, casi siempre -con xito, aunque hubiera tirado al vuelo. - -Esa maana, sin embargo, no le entusiasmaba la caza, que le haca -perder tiempo. Quera aprovechar todos sus minutos para llegar lo ms -lejos que pudiera. La boca de la laguna no estaba ms que a tres -leguas, y su bote si el viento no caa, ayudado por la corriente, poda -hacerlas en dos horas. No pensaba en lo penoso que sera la vuelta ro -arriba, y viento en contra quizs. - -Miraba pasar las costas verdes, animadas por la vida alegre de los -pajaritos que en ruidosas bandadas perseguan los insectos en los -carrizales, y aquella visin de alas llenbale el alma con la nebulosa -impresin de un sueo. - -En las curvas del ro, contra la lengua de tierra que avanzaba, -formbase una pequea rompiente, donde la correntada arrojaba las -ramillas y las hojas que traa de lejos, y las blondas de espumas -que vestan sus aguas turbias, batidas contra la costa gredosa, se -condensaban en copos espesos y amarillos, como la manteca, que el bote -cortaba con su proa. - -El viento no la acompa hasta el fin. Cay de golpe, y ella y Jess -tuvieron que empuar los remos, para ayudar a la mano invisible de la -corriente que llevaba el esquife a la deriva. - -Ya se vea el vasto manto azul de la hermosa laguna. A lo lejos, hacia -el poniente, albeaba al sol la cenefa de espuma de la costa, y se -divisaba detrs la pincelada roja de la barranca. - -Gabriela palmote de entusiasmo cuando el cajn del arroyo de Leyes se -abri, de golpe casi, y el bote se encontr como desorientado, lejos de -los sauzales que guiaban su rumbo y sacudido por un oleaje ms fuerte, -que bata sonoramente sus costados. - ---Nia Gabriela!--exclam de pronto Jess, que haba parado de -remar.--Mire all! - ---Qu hay? - ---All, hacia el medio! Mire! un caballo que va cruzando la laguna. - -Gabriela solt los remos y mir, haciendo pantalla de sus manos para -defender los ojos de la spera luz que se reflejaba en el agua. - -Estaban como a trescientos metros del punto que llamaba la atencin del -muchacho. Era un caballo sin duda; chispeaban las gotas que arrojaba -con sus resoplidos cada vez que una ola rompa sobre l. - ---Es extrao--pens la joven que conoca el instinto de los -animales--cmo se ha atrevido a cruzar la laguna, habiendo paso por el -ro? - -El bote corra hacia l, y como el caballo avanzaba, pronto se le pudo -observar mejor; pareca cansado; la orilla, de donde partiera estaba -lejos, apenas se vea, y ya no tena ms remedio que llegar hasta la -otra costa. - -De repente Jess volvi a gritar: - ---Hay un hombre! mire, nia, agarrado a la clina! - -Cuando el bote se acerc ms, Gabriela con el corazn palpitante, grit -al dueo del caballo, ofrecindole pasarlo, y como l no respondiera, -pues pareca muerto o desmayado, aunque su mano crispada no soltaba -la clina, de unos cuantos golpes de remo se puso al lado. El caballo, -un momento pareci desorientarse; mir al bote blanco, sus dos -tripulantes, los remos que batan el agua, y perdi de vista la costa. -Volvi la cabeza, hacia el otro lado, y arranc con ms fuerza. - -Fu entonces cuando Insa, aletargado por la frialdad del agua solt la -crn y se hundi. - -Pero Jess que espiaba la escena con una profunda ansiedad, arrojse -del bote y nadando como un yacar se zambull en el mismo sitio en que -acababa de desaparecer el desconocido, y lo alcanz a sacar. - ---Bravo, Jess!--exclam Gabriela estirndole un remo, de cuya punta -se agarr el muchacho, que resoplaba entre alegre y asustado de su -propia hazaa. - -Ni l, ni ella se haban preocupado de saber si el hombre viva para -sacarle del agua, y cuando a costa de grandes esfuerzos, lograron -izarlo a bordo y vieron que caa como una masa inerte, y que estaba -fro, los dos se pusieron lvidos de espanto: - ---Est muerto! - -El horrible minuto que pasaron entonces al lado de aquel cadver que -haban rescatado, con riesgo de irse a pique! - -Pero Jess, que se haba acercado a l, observ sus narices que -temblaban como si respirara. - ---Est vivo!--grit--est desmayado! mire, nia Gabriela, cmo -respira! - -Sacado del agua, que lo entumeca, renaci la vida en aquel cuerpo -joven y robusto. - -Gabriela empu valientemente los remos. - ---Pronto, Jess! yo voy a remar; dale friegas, lo que tiene es que se -est muriendo de fro, y que ha perdido sangre! - -El bote no era ms que un punto sobre la extensa planicie de agua, -agitada por el viento que empezaba ahora a soplar del Sureste, llenando -de nieblas el da. - -Gabriela quiso saber la hora, pero el sol se haba nublado y el cielo -ceniciento pareca pegado al agua obscura, con largas vetas amarillas, -por la greda del fondo. - -Pasaban algunos camalotes que servan a la nia como punto de mira para -saber si avanzaban hacia la costa, que no se vea ya, borrada por la -neblina. - -Dej los remos un momento y arm la vela, que poda ser til. Jess, -en tanto, con alguna torpeza, pero con un incansable vigor, haca -reaccionar la sangre de los miembros ateridos de Insa. Gabriela se -acord de sus provisiones; tena pan, queso y carne fra, pero ms que -todo habra valido un trago de cognac o de vino; pero no haba en su -canasta. - -Insa permaneca sin sentido; respiraba bien, echado de espaldas sobre -el fondo del bote. Para friccionarlo mejor Jess le abri la camisa, y -su ancho, musculoso pecho, manchado de sangre, se alzaba a comps de la -respiracin. - -La vela se hinch, pero el viento era escaso, y la joven debi empuar -de nuevo los remos, alejndose imperceptiblemente del centro de la -laguna. El caballo de Insa haba desaparecido entre la niebla. - -Una hora larga tard Gabriela en llegar a la desembocadura del arroyo -de Leyes, remando contra la corriente. El sudor le pegaba rizos de -cabello en la frente, enrojecida por la fatiga. - ---Jess, no puedo ms!--dijo al fin, y entreg los remos al muchacho y -ella se sent, rendida, en el banco donde estaba apoyada la cabeza de -Insa, sobre el poncho mojado, una de cuyas puntas le cubra el pecho. - -Gabriela conoca pocas personas en Santa Fe, pero aquellas facciones -varoniles, aquella lnea audaz, casi ofensiva del mentn, que la barba -negra acentuaba con fuerza, no le eran totalmente desconocidas. - -Quin era? Quin poda ser? - -De repente se acord, como si un rayo hubiera hecho una repentina luz -en su memoria. - ---Insa, Insa!--pens, asociando el recuerdo de algunas -conversaciones odas a su marido en la ltima visita. Y se le ocurri -que si aquel hombre estaba all, herido, recogido en forma tan extraa, -era porque en Santa Fe haba estallado esa noche la revolucin, que se -tema, y lo haban vencido. - -Oh, los muertos, las preces por los muertos, que esa noche rezaron en -la estancia y aquella siniestra visin nocturna de los tres cuervos -sobre el rbol seco, a la luz de la luna! Fu un sueo? Fu un -augurio? Fu un episodio sin sentido? - -Una terrible congoja le llen el alma. Desesperada mir la vela que -el hmedo viento del Sureste apenas hinchaba. Deban marchar as, -remontando la corriente del ro a fuerza de remos. Tom una larga -percha que sola servirles en los baados para impulsar el bote, -cuando no podan remar por falta de agua, y trat de ayudar a Jess, -apoyndola en el fondo del ro. Pero all era profundo y el botador se -hundi sin resultado. Se sent de nuevo, resignada a esperar su turno, -una vez que Jess se rindiera de fatiga. - ---Ests cansado, Jess? - ---No, nia! - -Las mrgenes verdes pasaban lentamente, pero como el agua corra con -ms fuerza, la ilusin era de que el bote no avanzaba. - ---Dame los remos, Jess. - ---No, nia; no estoy cansado. Dentro de un rato. - -Deban de ser las doce. Insa, dormido o aletargado, continuaba -inmvil, envuelto siempre en sus ropas mojadas, y haciendo ver que -estaba vivo por el rumor de su respiracin. No estaban ni a la tercera -parte de la distancia a la Casa de los Cuervos cuando Jess solt los -remos. - ---No puedo ms, nia!--dijo con tristeza. Y Gabriela de nuevo comenz -a remar.--La terrible incertidumbre de lo que en Santa Fe poda haber -pasado, aquellos sucesos desconocidos de que aquel hombre desmayado -en el fondo de "La Espuma" poda tener la clave, le daban una -desesperacin que se transmita a sus remos. - ---Se va a cansar--le deca suavemente el muchacho, cuya frente morena -brillaba sudorosa. - -Y as hicieron toda la jornada. - -Haba cerrado ya la noche cuando llegaron a la vuelta del ro, donde -estaba la Casa de los Cuervos. Un farol sobre la barranca les indic el -sitio donde deban atracar. La negrita Encarnacin tena la luz y dijo -a Gabriela cuando la proa del bote toc el fondeadero: - ---Don Goyo y los peones salieron a buscarla, nia. La seora est -llorando. - -Gabriela salt a tierra. - ---Qu hay!--pregunt a Floriana, que al rumor de las voces sali de -las casas. - ---Ah, nia Gabriela! No sabe lo que ha sucedido?--y se ech en tierra -gimiendo como un perro castigado. - ---Qu hay, Floriana! qu hay, Dios mo?--y como aquella masa humana, -tendida en el suelo no tena voz, sino llantos y gritos, corri hacia -las casas, sintiendo crecer la angustia que la haba atormentado y a la -vez sostenido en su ruda jornada. - -Y fu su madre a la que hall en el dormitorio, sentada junto a la -ventana donde esa noche rezaron por el alma de los muertos, la que -le di la noticia que dos mensajeros del gobernador Bayo acababan de -traerle. - -Su madre refera aquellas cosas horribles, sin el ms leve temblor en -la voz. La pieza estaba obscura, pero Gabriela vea lucir sus ojos en -la profunda sombra. - -Cuando lo supo todo, habl ella entre sollozos, y cont su aventura, y -an tuvo fuerzas para decir que el hombre que haba salvado era el jefe -de esa revolucin que enlutaba la casa. - ---Y ese hombre?--pregunt lentamente doa Carmen cuando Gabriela -termin su relato--est en el bote? - ---S. - -Y se abati en su silla, con la frente pegada en los vidrios de la -ventana que daba al campo, donde la niebla, como un tul, esfumaba los -contornos de las cosas. - - - - -III - -La mano suave - - -La arboleda tenebrosa que rodeaba la Casa de los Cuervos pareca en la -noche un inmenso crespn. - -Doa Carmen de Borja llegaba de la ciudad a donde haba dado el ltimo -adis a los restos de su hijo, y donde le contaron lo que se saba de -su muerte. - -Haban pasado tres das ya, y sus labios permanecan plegados; ni -una queja le arrancaba el dolor, ni una imprecacin contra los que -troncharon aquella vida que era el sol de su vejez. - -Al llegar a las casas ladrronla los perros, sin conocerla. Bajse -del caballo que montaba, con gran maestra, y entr al comedor, pieza -vasta, desnuda y sonora bajo los pasos. All estaba su hija que la -esperaba con la ansiedad de conocer detalles de la inmensa desgracia -cada sobre ellas. Pero la madre no habl, y la hija se encerr a -llorar en la nueva alcoba que ocupaba, por haber cedido al inesperado -husped la mejor de la casa. - -En la cena, que fu silenciosa y lgubre, oyndose afuera el medroso -rumor del monte y del ro, y en la cocina el llanto inacabable de -Floriana, doa Carmen interrog a Gabriela por el herido. - ---Tuvo mucha fiebre, y pas sin conocimiento el primer da. Le lav la -herida con agua de cepacaballo, y Jess lo vel por la noche. Ayer de -maana ya conoci y el da fu bueno. A la tarde le volvi la fiebre -que no lo ha abandonado en todo el da de hoy. - ---Es un hombre fuerte--murmur la dama--y es joven. Yo lo conoc -nio--y despus de una pausa:--hay que seguir lavndolo con lo mismo. -Cmo es la herida? - -Gabriela describi el balazo de Insa, a la altura del hombro izquierdo. - ---Tiene adentro la bala? - ---Son cosas que no s--respondi Gabriela pensativa. - -Doa Carmen mand llamar al capataz y le dijo: - ---Maana de madrugada, irs a llamar al cura de San Pedro; sabe de -heridas, y creo que ha sido mdico en su tierra. - -Haba impuesto desde el primer momento la orden ms severa de guardar -el secreto del herido que ocultaban en la casa, porque sin duda la -polica poda enterarse y perseguirlo, y todos desde el capataz a la -negrita Encarnacin, estaban mudos respecto de aquella aventura. - -Don Julin del Monte, el cura de San Pedro, un malagueo alto, fornido, -atezado como un visir, de ojos negros y fogosos, que contrastaban con -la suavidad de sus palabras y las huellas visibles de una edad que -poda estar entre los cincuenta y los sesenta aos, lleg a eso de las -ocho de la siguiente maana. - -Montaba bien, la sotana arremangada, y se cubra la cabeza, que -blanqueaba ya, con un chambergo negro. - -Nadie conoca la historia de aquel andaluz, que sin desmentir su raza, -era reconcentrado y suave, por temperamento o por voluntad, como si -temiera el exceso de las palabras. - -Saban de l que ejerca con celo de apstol su ministerio de prroco, -en una zona extenssima; que amaba los nios, que montaba bien y cazaba -mejor, y eso bastaba para que viviera respetado. - -A la hora en que l lleg, Insa estaba despierto, y haba saludado con -una sonrisa dolorosa a Jess, que a la cabecera de su cama cuidaba su -sueo, mandado por Gabriela. - -Dos das antes, un momento vi el enfermo a la joven, y le qued una -dudosa impresin de vergenza y de dulzura por estar en manos de ella. -Despus, la fiebre que era altsima le priv del conocimiento, pero -esa maana sintindose mejor pregunt por ella a tiempo que ella misma -entraba con el cura. - -Insa quiso incorporarse, mas al esforzar el brazo izquierdo lanz un -grito, se recost de nuevo, cerrando los ojos. - ---El dolor es ms fuerte que yo--murmur sonriendo. - -El cura se le acerc y le estrech la mano: - ---Yo lo conozco de nombre y de fama, seor capitn, y vengo a ver su -araazo. - -Y con mano experta desat las vendas puestas por Gabriela, que -observaba silenciosa, desde los pies de la cama. - -La herida era grande, a la altura del hombro izquierdo; la bala haba -roto la primera costilla y perforado el omplato, pero sin fuerzas para -salir, estaba perdida entre la carne y el hueso, a la espalda. - -El brazo estaba sano, pero falto de apoyo oscilaba como si hubiera sido -lesionado tambin, y a cada movimiento que se le imprima, la cara del -enfermo se crispaba de dolor, mientras sus ojos imploraban disculpas a -Gabriela, que iba alcanzando al cura las cosas que le peda. - -De un tajo rpido con una navaja de barba, abri la carne y extrajo la -bala. - ---Ahora se curar, seor capitn--dijo despus de lavarle prolijamente -con infusiones de hierbas y vendarle bien. - -Insa no respondi; la fiebre volva a apoderarse de l y lo haca -delirar. Durante varios das la temperatura, indicio de una grave -infeccin, fu muy alta, y lo tuvo amodorrado. - -El cura vena de maana, quitaba las vendas, lavaba la herida, ayudado -siempre por Gabriela, y luego se marchaba, a caballo, hasta la orilla -del ro, buscando el vado, que no era frente a las casas, sino ms -lejos, en los sauzales. All Jess lo esperaba con la canoa, porque -el ro estaba crecido y no daba paso a pie; desensillaban el caballo, -que cruzaba a nado, llevado de la rienda, por don Julin desde la -embarcacin, hasta la orilla opuesta donde l mismo ensillaba, y tomaba -al galope el camino de San Pedro. - -Doa Carmen nunca entraba al cuarto del enfermo. - -Enlutada como antes, pero con un pliegue ms hondo de dolor, en la -comisura de los labios, atenda prolijamente todas las cosas que con -l se relacionaban, y sin nombrarlo jams, pareca tenerle a toda hora -presente. - -Al caer la tarde reunanse en el oratorio y rezaban el rosario. - -La dama haca coro, y aplicaba siempre las preces por el alma de los -muertos en la revolucin. No nombraba a su hijo, como si hubiera temido -que le faltara la voz. - -Floriana rezaba plaendo, hasta que una noche doa Carmen le dijo: - ---Yo soy su madre, y no me lamento as. - -La mujer guard silencio desde entonces, pero rezaba arrebozada en su -manto, y su cabeza temblaba con los sollozos incontenibles. - -Un da Gabriela dijo en la mesa: - ---Hoy ha amanecido sin fiebre. - -La madre la mir; pareci que iba a hablar, pero no dijo nada. - ---Sin fiebre y con hambre--agreg sonriendo un poco Gabriela, -ntimamente halagada de aquella curacin que en parte se deba a sus -cuidados. - -Y esa tarde, Insa que dorma tranquilamente por primera vez, quizs, -desde que estaba enfermo, abri los ojos sin sueo ya, y vi a corta -distancia de su cama, sentada en una mecedora, a Gabriela que lea, -velndole. - -No hizo ningn movimiento para que ella no alzara los ojos del libro, y -se puso a examinarla despacio, saboreando su hermosura, ms conmovedora -en su luto y en la tristeza que envolva la casa. Entregado a esa -contemplacin lo sorprendi la mirada de ella, que al volver una -pgina, quiso espiar a su enfermo. Se puso encendida viendo que l la -observaba, quizs haca un largo rato. - ---Hoy no ha venido don Julin;--le dijo, cerrando el libro--ayer lo -encontr ya bastante bien... - ---Don Julin? Quin es don Julin, seorita?--dijo l avergonzado de -que siempre se le hablara de sus dolencias; y luego recordando:--ah, -el cura! lo he visto en medio de la fiebre, y no me acordaba. - ---Ha sido mdico en su tierra y por eso lo llamamos. - ---Tiene buena mano, pero no es a l, sin duda, al que ms debo... - ---A quin entonces?--interrog ella involuntariamente. - ---A usted, seorita... - ---Seora,--corrigi ella suavemente. - ---Ah!--dijo l recordando lo que el primer da que se vi en la Casa -de los Cuervos, le refiri el capataz. - -Y se qued callado, evocando los recuerdos de la noche de la -revolucin, que no haba tenido tiempo de ordenar en su cerebro -fatigado, y que ya le parecan lejanos como un sueo. - -Un pesado silencio se hizo entre los dos. Afuera balaban los terneros, -porque era la hora en que Floriana ordeaba las lecheras. - -Gabriela para escapar de aquella situacin, que sin saber por qu -recnditos motivos la haca callar a ella al mismo tiempo que a l, se -acerc a la ventana, y luego dijo: - ---No s si un vaso de leche al pie de la vaca, le sentara bien. Voy a -preguntarle a mama--y sali. - -El rumor de sus faldas se haba apagado, y l, no obstante lo senta -an, como un apacible zumbido de dulces abejas. - -Tena vergenza, una profunda vergenza de que una mujer tan hermosa -hubiera sido su enfermera en los largos das de fiebre, en que no era -dueo de s mismo. - -Se habra quejado? A cada gesto que haca para cambiar de posicin un -dolor intenso en el hombro le obligaba a apretar los labios para no -gritar, y de todas sus miserias, aquella le pareca la ms vergonzosa. - -Qu idea haban de formarse de l, los que le oyeran quejarse como una -mujer o un nio? - -Un rato despus vino Jess, con un tibio y espumoso vaso de leche, que -el enfermo bebi con desgano, y slo porque el muchacho le dijo: - ---Que lo tome todo, me encarg la nia Gabriela. - -Insa se qued solo, mirando declinar el da, y con el odo atento a -los rumores de afuera, en que a veces vena mezclada la voz de ella. -Cuando la sombra invadi la arboleda, y en la estancia del enfermo se -hizo la noche, vino Gabriela con una lmpara, que le haca resplandecer -el rostro y lucir los ojos garzos. - ---Usted me mima--le dijo l, y ella contest cualquier cosa y se fu -dejndolo con la esperanza de que volvera a sentarse a su lado. - -Mas no volvi: dos o tres veces la sinti hablar en la galera -contigua, o en la pieza de al lado, y fu todo. - -Jess le trajo una taza de caldo que bebi a disgusto por complacerla -secretamente. Volvile la fiebre y pensaba que en aquella casa era un -estorbo su presencia, por lo cual deba partir al alba. Se lo dijo as -al muchacho, que lo mir extraado y llev la nueva a su ama. - -Cuando sta vino, despus de cenar, Insa tena la mirada febriciente -y estaba intranquilo, deseoso de quejarse no de dolor, sino de su mala -suerte, que lo tena all, clavado en el lecho, molestando a personas -a quien no conoca. Algo dijo al ver a Gabriela y ella dulcemente le -replic: - ---No se preocupe de ello, lo cuidamos con gusto y no es molestia. - -Y con su mano pequea y suave le tom el pulso, y le palp la frente, -con lo que l se aquiet. - ---Tiene fiebre; le voy a lavar la herida; como me ha enseado don -Julin. - -Aquietado sbitamente por el halago de aquella mano, Insa se resign a -que ella misma hiciese de enfermera, tratndolo como a un nio que no -puede valerse, y conociendo de cerca su miseria. - -Y mientras ella le aseaba la herida, que iba cerrando aunque -lentamente, l que apelaba a todo su vigor para no exhalar un quejido, -volvi a sentir la vergenza de que delante de la joven en las otras -curaciones que no recordaba, pudiera haberse mostrado flojo. - -Pareci comprenderlo Gabriela, sin que l hablara, y al terminar le -dijo: - ---Es usted un hombre fuerte, seor capitn. Dice don Julin que su -herida es terriblemente dolorosa, y usted no se queja. - -Insa sabore sin contestar la dulzura de aquella palabra, y esa noche -se durmi tranquilo, como si ella velara a su lado, olvidado de todas -las cosas que hacan singularmente penosa su presencia en la Casa de -los Cuervos. - - - - -IV - -La yerra - - -Era eso el amor? - -Su corazn haba dormido tantos aos, que ella pudo creer que el -letargo sera eterno, y he aqu, que en las ms inverosmiles -circunstancias, como en un cuento de nios se prendaba de un hombre. - -Haba mandado ensillar temprano su caballo, para salir al campo a -vigilar ella misma el trabajo de la peonada que recoga la majada, -porque se iba a parar rodeo. Su madre, amaneci con una fuerte jaqueca, -y ella deba sustituirla. - -Sobre el caballo era gil y su talle fino adquira una suprema -elegancia, hija de una larga costumbre. - -Haba tomado la rienda y estaba a punto de saltar, ayudada por Jess, -cuando Insa apareci en la galera. Se levantaba haca una semana y -aunque conservaba el brazo encabestrillado, no pareca un convaleciente. - -Se le acerc y le dijo: - ---Por qu quiere seguir tratndome como enfermo? Si manda que me -ensillen un caballo, puedo serle til en el campo. No sabe que es mi -oficio? - -Gabriela, sin pensar ms, deseosa de complacerle, mand ensillarle un -caballo, y algunos minutos despus, partan los dos, al galope, hacia -el campo. - -No vi la joven aparecer en el cuadro de la puerta que daba al camino, -la sombra figura de doa Carmen de Borja, que al verlos salir juntos, -sinti una llamarada de indignacin subirle al rostro. - ---Oh, Dios mo!--clam llevndose las manos a la cabeza. Reprimi, -sin embargo, su disgusto, y volvi a sus quehaceres, como si para ella -fuera Insa el mismo hombre que era para todos, en la Casa de los -Cuervos, donde se haba ganado las voluntades. - -El galope de los caballos sonaba acompasado. Gabriela cerraba los ojos, -dejndose llevar, y senta llenrsele el corazn de una gran dulzura. - -Era eso el amor? Insa le haba dicho al salir: - ---Ya no es prudente que siga en su casa. Hace tres semanas que soy su -husped, y por mucho misterio que se quiera guardar, no tardar el -gobierno en saber dnde estoy. Dicen que me hace buscar. - ---En nuestra casa, seor capitn, no pensar nunca. - ---Pero lo harn pensar. Yo debo irme ya. He mandado un chasque a -Alarcn. No crea, Gabriela, que es mi gusto... sabe? siento alejarme -de esta casa, que ha sido un puerto para m. - ---Habamos quedado--murmur Gabriela--en que no se acordara ms de eso. - ---No lo digo porque a usted le deba la vida. No le gusta que lo -recuerde, y cumplo mi palabra. Pero es que le debo ms que la vida... - ---Qu es?--pregunt involuntariamente la joven, notando que l se -haba callado. - ---Le debo la primera ilusin, que me ha hecho comprender realmente el -valor de la vida, que tambin le debo... - -El corazn de ella lati con fuerza, agitado sin duda por la carrera -desenfrenada de los dos caballos, que sintiendo suave la brida, volaban -sobre el campo verde. - -Se quedaron en silencio. Cruzaban el monte, chafando la hierba -quebradiza por la helada de esa noche, que haba quemado la punta -de los pastos y llenado de escarcha como azcar en polvo, las ramas -escuetas de los algarrobos y andubays, que despertaban al sol de la -hermosa maana. - -De la ltima lluvia, haba an charcos en las hondonadas del terreno, y -estaban cubiertos de un frgil cristal de hielo, que saltaba en agujas -lucientes, bajo el casco de los corceles. Insa contuvo al suyo. - ---Le hace mal galopar?--pregunt Gabriela, siendo esa su primera -palabra, despus de lo que l le dijera. - ---No, Gabriela; pero quisiera alargar estos minutos que estoy con -usted; y me parece que el galope los acorta. - -Hablaba lentamente, repitiendo las palabras cuando no se oan bien, y -haba una vaga tristeza en el timbre de su voz. - -Por primera vez en su vida apasionada, senta la nostalgia de la paz. -Era una sensacin penetrante y desconocida para l, que le haca desear -que el tiempo no corriera, como si las cosas que haban de venir -hubieran de ser fatalmente tristes. - -Su espritu positivo se haba dejado envolver en la niebla de misterio -que flotaba sobre la Casa de los Cuervos, y su voluntad pareca -enervada. A media noche sola despertarse, y por la ventana, vea -en la misma rama seca a los dos cuervos dormidos, y senta el rumor -inacabable de los eucaliptus, desvelados con el viento de la noche. - -Y pensaba en Gabriela, cuya hermosura era la nica nota luminosa del -cuadro. Pero cmo poda amarla l, que tena sus manos baadas en la -sangre de aquellos dos hombres que cayeron los primeros en la noche de -la revolucin? - -Cuando le asaltaba el horroroso recuerdo, quera huir de la casa, -y siempre era ella en una forma o en otra, con su halago o con sus -razones, la que lo disuada de un propsito que, en verdad, deba -rechazar. - -El gobierno le persegua. Al principio se le di por muerto, y das -enteros recorrieron la laguna y el puerto algunas lanchas, buscando su -cadver. Despus naci la sospecha de que viva, oculto en los sauzales -con los paisanos matreros. Algunas patrullas merodeaban por las islas, -y aun llegaron a la Casa de los Cuervos. Insa oy una tarde el ruido -de los sables en la galera, y la voz tranquila de doa Carmen de Borja -que responda a los hombres, quitndoles toda sospecha de que all -pudiera estar el que buscaban. - -Desde ese da llamle ms la atencin la actitud de la dama para con -l. Ni una sola vez haba entrado en su cuarto durante la gravedad. - -Y despus, cuando l se levant, y sali afuera y pudo asistir a la -mesa y a la oracin, y se multiplicaron las ocasiones de encontrarse, -parecile observar en ella un especial empeo en esquivarle. - -Insa se estremeca pensando que pudiera haber penetrado el horrible -secreto que de noche le desvelaba y le sugera la fuga. Pero si la -madre saba, por qu ignoraba la hija? - ---He mandado un chasque a Alarcn--volvi a decirle Insa, mientras -cruzaban al tranco un alto pajal, que esconda el cuerpo entero de sus -caballos;--es necesario que me vaya, para no comprometerles. Mi gente, -adems... - -Gabriela lo mir; a su corazn que beba la dulzura de aquellas -palabras, en que a travs de las ideas indiferentes se trasluca el -amor, lleg la onda amarga de una sospecha que a menudo le asaltaba: -Insa preparaba una nueva revolucin. - -Las miradas de ambos se encontraron: l vi en sus ojos una llama leal -como un rayo de sol, y se dej vencer por la confianza. - ---Mi gente me espera, porque quiere vengar la derrota. Ser discreta? -Me dicen que en Santa Fe nuestros amigos estn libres, porque no ha -habido pruebas contra ellos, y aunque se les vigila no tardarn en -alzarse de nuevo contra el gobierno. Y yo, usted lo comprende, tengo -que acompaarles... - -Dej de hablar porque en el rostro de ella, animado un momento por -aquella confidencia, que era una prueba de amor, se pint una gran -tristeza. - ---Qu le pasa, Gabriela? - -Haban llegado a la orilla del pajonal, y ella castig su caballo que -parti al galope, seguido por el de Insa. - ---Nada! no me pasa nada--respondi sin mirarlo.--Usted no tiene otro -pensamiento que la revolucin. No sabe el dao que me hace? Piensa -alguna vez en los muertos? - -Como una pualada sinti Insa aquella respuesta. - -As, pues, ella saba lo que sabra la madre? Y aquel secreto que le -roa el alma, prohibindole dejarse mecer por las ilusiones que nacan, -no era ya un secreto? - -Qu iba a hacer? Por qu ella lo haba dejado acercarse, -envolvindole en su gracia que lo embriag como un vino jams gustado? - -Galopaban los dos por la orilla del monte. De cada uno de los charcos -en que se deshaca la escarcha, irradiaba el deslumbrante reflejo -del sol, que se quebraba en los cristales de hielo. El cielo, puro y -desteido, slo hacia el horizonte mostraba un grupo de nubecillas -apelotonadas como un montn de caracoles rosados. - -Gabriela, impresionada por la hermosura de la maana, senta su corazn -pronto a fundirse como aquellas agujas de escarcha. - -Insa marchaba detrs de ella, y como los pjaros enmudecidos por el -fro, callaban ocultos en las isletas abrigadas del monte, cuando -se apagaba el ruido de los cascos de los caballos, por cruzar algn -terreno arenoso, se oa el apacible gemido de la brisa que oreaba las -pajas brillantes de roco. - -Gabriela refren un tanto su aparente fuga, y se dej alcanzar por -Insa, que galop un largo rato a su lado sin decirle palabra. Ella -temblaba porque pareca pesarle ahora lo que haba dicho. - -Intrigada por el silencio de l, volvi la cara y lo mir, y casi -di un grito, porque fu un rayo de luz, y ante sus facciones -descompuestas, tuvo la evidencia de lo que haca tiempo flotaba en su -alma como una sospecha. - -No necesit que l le dijera nada para comprenderlo todo. Lo hubiera -ledo en un libro, y no lo habra visto tan claro como en cada uno de -los gestos que recordaba de l, y que ahora se aclaraban para ella, su -reserva, su miedo al delirio de la fiebre, que poda comprometerle, -su disgusto cada vez que se aluda a la noche de la revolucin en que -murieron su marido y su hermano, a quienes l nunca nombraba, como si -tuviera horror a su memoria. - -Tena la clave de todo, y quiz tambin de aquella inexplicable -esquivez de su madre, que hua de encontrarse con l. - -Ay, Dios! y ella lo haba dejado entrar en su alma. - -Todos los cuadros del campo, los rincones del monte, donde la arboleda -era ms tupida, las caadas llenas de varillas, las azules lagunas en -que beba la hacienda, las barrancas del ro, vestidas de carrizas, los -sauzales de la margen, todo tena para ella una sugestin poderosa, -porque durante aos haba vivido en su amistad sembrando en cada uno de -los pliegues de la naturaleza, un poco de sus sueos de nia. - -Haba pasado aquella poca, y la cruda realidad de su matrimonio sin -poesa y sin amor, haba ajado aquellas impalpables ilusiones que la -envolvieran como un velo de luz. Sin saber cmo, de pronto, por un -golpe teatral, su destino cambiaba, y volva a agitarse en ella la -misma esperanza, a cuyo calor nacieran las ilusiones de antao. Y su -sueo se rompa cruelmente. Cmo poda amar ella a aquel hombre que -tena sus manos teidas en una sangre que le peda venganza?... - -Al volver una isleta del bosque, donde el camino doblaba bruscamente, -los dos, que seguan marchando juntos, sin cambiar una palabra, -entregados a sus pensamientos, hallronse con la punta de la hacienda -que venan arreando los peones. - -Ese da estaba sealado para la yerra. Doa Carmen de Borja marcaba -todas las cras del ao, para que no se confundieran con las de las -estancias vecinas, en muchas de las cuales no se usaba marca ninguna. - -La hacienda de doa Carmen no era muy numerosa. No obstante, un ao -con otro pasaban bajo el hierro enrojecido al fuego, cuatrocientos o -quinientos terneros, que servan para reponer los animales vendidos o -carneados en el ao y para aumentar el capital primitivo. La operacin -era una fiesta, en la que se daban cita desde meses atrs, los peones -del contorno para prestar su ayuda y comer y beber con la abundancia -que caracterizaba esas ruidosas jornadas. - -Reunan la vacada en un vasto corral, de palo a pique, un poste de -andubay clavado contra otro y otro, de tal modo que ni los perros -podan disparar, cuando quedaban dentro, y all uno por uno iban -sacando los terneros, para marcarlos junto a la tranquera. - -Al ver la hacienda que desembocaba, Gabriela se detuvo; Insa camin -algunos pasos y se detuvo tambin; estaba irritado consigo mismo, con -su propio destino, que pareca burlarse de l. - -La joven esper que llegara el capataz, para comunicarle el mensaje de -su madre, y despus cuando hubo pasado toda la hacienda rodeada por los -peones, desfilando lentamente, envuelta en una nube de polvo que se -doraba al sol, siguieron los dos, al tranco, detrs de todos. - -Los mugidos de los toros colricos, por ir mezclados con sus rivales, -el balido de los terneros, que se iban quedando a la trasera, -contestando a las madres que marchaban adelante, los gritos de los -peones, persiguiendo a los animales que se escapaban del montn, los -ladridos de los perros, jadeantes y embravecidos, apagaban las voces, y -les sirvi de pretexto para no hablar. - -Cuando llegaron a las casas no haban cruzado una palabra. - -Ya a la puerta del corral, en una fogata que encendiera Floriana, tres -marcas de hierro con un pequeo mango de hueso en el extremo de la -barra, se estaban calentando. - -Don Julin, convidado a la fiesta, acababa de llegar. Se haba puesto -una sotana vieja, color tabaco en el pecho y en los codos. Quera -estar pronto para ayudar a los peones en su ruda faena. - ---Vamos a marcar terneros, no ms, porque no hay hacienda grande -orejana--le dijo don Goyo, cuando el cura entusiasta le di un vigoroso -apretn de manos. - ---Lo siento, porque tena ganas de desherrumbrarme las coyunturas. - -Abri los brazos poderosos, y su ancho pecho se dilat, absorbiendo una -gran bocanada de aire fro, cargado del viscoso relente de las islas, -que la brisa empezaba a barrer. - -Insa que llegaba en ese instante, lo salud sin bajarse del caballo, y -los dos se quedaron all, mirando los preliminares de la operacin. - -Antes de encerrar la hacienda en la ensenada--nombre que daban al -extenso corral--era necesario apartar las vacas ajenas, que llegaban -confundidas, para no marcar sus terneros como si fueran de la estancia. -Cada uno de los capataces de los campos colindantes, designaba los -animales que le pertenecan y los peones entraban dando gritos, en -el montn, para apartarlos de all, arreando o pechndolos con el -encuentro de sus caballos. - -Insa silencioso, con el ceo fruncido, pensando a ratos en otras -cosas, miraba la escena que no lograba interesarle. - -Las vacas desorientadas, remolineaban entrando de a pequeos grupos en -la ensenada. Haba ms de quince hombres, que corran revoleando los -taleros, y gritando: huaj! huaj!, alarido de guerra que enardeca a -los perros. - -El capataz conversaba con el cura, vigilando la operacin; de cuando -en cuando daba un grito, y espoleaba a su caballo, un tostado fogoso, -mojado en sudor, que volteaba un novillo de un pechazo. - -El espacio en que se paraba el rodeo era amplio, libre de rboles, -para que la gente pudiera correr sin riesgo, roda la hierba en el -sitio en que acostumbraba detenerse la hacienda, visible la tierra -negra, floja y lodosa, por el chapaleo de las pezuas. El contorno era -verde, tapizado de pasto que la helada de esa noche haba ennegrecido a -trechos. A poca distancia, la punta del baado, cubierta de camalotes, -pareca continuar el campo terso y firme, pero cuando algn pen -siguiendo un animal fugado del rodeo, se meta hasta all al galope, de -cada pata del caballo se alzaba un surtidor de agua, que semejaba un -chorro de plata a la luz del sol. - -En las violentas curvas que la faena obligaba a hacer, conforme el -capricho del animal que perseguan, los caballos en su impetuoso galope -se tendan como si fueran a caer de costado. - -En el aparte de la hacienda ajena, una de las vacas de doa Carmen de -Borja huy dando botes, la cola alzada y tiesa, y dos hombres se fueron -tras ella, para volverla al corral. A la distancia en la llanura, sin -trminos de comparacin, sus siluetas comenzaron a achicarse. - -De pronto el animal fugitivo, fatigado quizs, se detuvo en seco, y uno -de los peones, sin tiempo para desviar su montura cay como una tromba -sobre l, y rodaron por tierra. - ---Huaj!--gritaron desde el rodeo al verlo caer, y se oy la -contestacin del paisano que responda de lejos, levantndose y -volviendo a montar: - ---No es nada, hermanos! Siga la farra! - -Por las orillas del rodeo circulaba la yeguada, dando vueltas, oyndose -apenas el ruido del cencerro de la yegua madrina que marchaba adelante, -y detrs de ella, desfilando una a una, toda la manada, los potrillos -al lado de las madres. - -Ms all era la serenidad de la naturaleza, que trabajaba en silencio -la vida de todos, bajo el toldo azul del cielo invernal. - -Insa comparaba esa indiferencia de las cosas, en que durante tantos -aos haba vivido, dejndose penetrar por su belleza tranquila, con -la fiebre de la interna batalla a que de golpe lo haba arrojado el -destino. - -Quin hubiera credo de l aquella repentina pasin que empezaba a -morderle como un can rabioso? - -Y ella? No era ella la misma la verdadera culpable de que l se -sintiera irresistiblemente arrastrado por aquel amor que era como una -burla trgica a todas las nociones de honor que imponan y aceptaban -las gentes? - -La vi llegar al rodeo, acompaando a su madre, que le salud con la -inexplicable esquivez de siempre, ponindose a hablar con el capataz -sobre la yerra que iba a comenzar. - -Gabriela tena los ojos lucientes, como si hubiera llorado, y en el -rostro llevaba la marca del horror, por lo que haba adivinado. Insa -esper, la cabeza agachada, mirando al suelo, que pareca temblar con -el tropel de la hacienda. La joven lleg hasta l, y sencillamente le -dijo: - ---Ha llegado Alarcn. El que usted esperaba para irse. - -Y aquellas sencillas palabras, cayeron en su corazn como una -sentencia. Deba partir; ella se lo deca. - - - - -V - -El secreto - - -En la alta noche, doa Carmen de Borja, sintiendo quieta a su hija, que -dorma en su cuarto y que en un principio haba aparecido intranquila, -se levant sin ruido, fatigada de esa cama en que no poda conciliar el -sueo, y arrebozada en un manto, se lleg hasta el comedor. - -Las tinieblas que reinaban all, el silencio temeroso de su soledad, -roto bruscamente por el crujido de las maderas de algn mueble, la -atmsfera impregnada an con el vaho de la cena, todo le inspir el -deseo de respirar el aire fro y puro de la galera. - -Corri los pasadores de la puerta y sali. - -No haba luna, pero las estrellas dejaban caer sobre la tierra el -discreto resplandor de su luz cenicienta, buscando entre el follaje de -los eucaliptus dormidos, alguna abertura para llegar hasta el suelo. - -Todo reposaba; en los rboles, los raros pjaros que desafiaban el -invierno; las bestias en el campo; las ovejas en el corral; los -perros, alerta el odo para sorprender los rumores sospechosos, que se -agrandaban con el vasto silencio, dorman amontonados, en la cocina; un -cuzquito lanudo, se haba trepado sobre el fogn y roncaba suavemente, -con el hocico pegado a la ceniza tibia del rescoldo. - -Y en la rama de siempre dorman los cuervos que la dama no poda ver, -pues quedaban del otro lado de las casas. - -Aquella calma apacigu sus pensamientos tumultuosos, y le trajo a la -memoria con ms nitidez que en toda la velada la palabra del cura, a -quien esa tarde llam al oratorio, para confiarle su tremenda angustia. - ---Padre!--le haba dicho, arrodillada a los pies de l, que la -escuchaba sentado en un viejo silln de cuero, la cabeza apoyada en la -mano.--Padre! Mi pobre Carmelo ha sido muerto por l; Jarque tambin, -y l, ahora, ama a Gabriela, que no puede saber nada de este horrible -secreto, que me pesa como una lpida. Yo habra querido equivocarme, -pero cada da estoy ms segura de que ella tambin lo ama. Por qu, l -que sabe cul es su crimen, ha venido hasta aqu, y ha turbado la paz -de mi casa con ese amor que es otro crimen? - -Doa Carmen se puso a sollozar, y el cura, con su voz llena y viril, de -maestro que indica la senda, le dijo: - ---El amor puede aduearse del hombre, sin que est en su mano -libertarse. - ---As es; tambin lo pienso yo,--respondi la dama. - ---Saba l que aqu viva la viuda de Jarque? - ---No, padre. Mi hija lo salv, cuando se estaba ahogando y lo trajo -en su bote. Volvi al conocimiento estando ya en esta casa, y yo no -supe quin era el que as recibamos como un husped, digno de nuestra -caridad, sino cuando ya era tarde para cerrarle la puerta. Dos das -pas en la ciudad, preguntando cmo fu la muerte de mi Carmelo; para -algunos era un misterio, pero no falt quien me hiciera el relato. -Cuando volv a mi casa, el horror de cuidar a ese hombre que vea -ensangrentado con la sangre de mi hijo, me hizo egosta y abandon la -tarea a Gabriela, que lo ignoraba todo. Nunca pens en lo que jams -deb descuidar. Ella ha vivido triste, como una viuda, toda su vida; -ha presentido el amor, pero no lo ha gustado, porque su matrimonio -no llenaba su corazn. Y libre, por la muerte de su marido, aquel -hombre a quien haba salvado, que era corts y hermoso, que tena el -prestigio de un soldado valiente, y que empezaba a amarla sin que yo lo -supiera, no poda menos de entrar en el alma de mi hija. Y as fu; yo -he comprendido que si l la quiere, sinceramente, como creo, ella est -embriagada por un amor que es lo que haba soado. - ---Y ella? Ella... puede saber?--pregunt el cura con un ligero -temblor en la voz, porque record que esa maana, en el rodeo, algo -extraordinario revelaban los gestos de Gabriela, cuando se acerc a -Insa. - ---Ella no puede saber--respondi la madre;--si lo hubiera sabido en un -principio, no habra llegado a enamorarse de ese hombre. Y sa es mi -culpa no habrselo dicho. El crimen es de l, que sabindolo se lleg -a ella y la am. Santo Dios! me tiembla el corazn y me parece or, -cada vez que pienso en esto, que mi pobre Carmelo se lamenta de que as -hayamos vengado su sangre. - ---La venganza--murmur el cura--es miseria nuestra. Las almas de los -muertos, que han visto a Dios, no pueden sentirla ni desearla. - ---Y ahora--prosigui doa Carmen--me aflige el presentimiento de las -cosas que pueden ocurrir, si Gabriela, que est enamorada, llega a -saber qu abismo le separa de ese hombre. Yo soy su madre, y le debo -ahora una dicha que antes por motivos egostas no le d. Su padre -quiso casarla, ella consinti, porque era buena y sumisa; y yo, que -deba oponerme, pues conoca su alma, y saba sus sueos, no me opuse, -y tambin consent. Fu su desgracia, quizs por culpa ma. Ahora no -tengo valor para contrariar de nuevo sus ilusiones, y prefiero guardar -para m el horrendo secreto, que conozco sin que nadie sospeche. - -Con sus manos finas y largas, se tap el rostro descompuesto por el -dolor y murmur sofocando el grito de venganza que se alzaba en ella: - ---Oh, mi Carmelo, mi Carmelo! - -Don Julin tena, no obstante su aparente simplicidad, una larga -experiencia que le haca discreto y sagaz en sus consejos, y humano -por encima de todo, en cuanto se lo permitan sus rgidos principios -religiosos y morales. - -Aquello que le confesaba la dama, no era todo misterio para l, que -haba husmeado el secreto que pesaba sobre ella en su propia esquivez, -y en la sombra reserva de Insa, cuando se comentaba la noche de la -revolucin, en que lo hirieron. - -Conoca tambin los sueos de Gabriela, rotos por aquel matrimonio -sin amor, que fragu su padre, y alguna vez haba temido que la -desesperacin entrara en el espritu romntico de la joven, confinada -en el estrecho horizonte de la Casa de los Cuervos. - -Pens tambin que Insa no era en realidad un criminal, sino un -combatiente que se defiende o ataca, sin odio y sin ms propsito que -la victoria para un ideal, y que habra sido injusto equiparar su culpa -a la de un hombre que hubiera muerto al marido para casarse con la -viuda. - ---Cmo llegaron a usted los detalles de la muerte de su hijo y de su -yerno? Quin le cont? Hay muchos que lo sepan?--interrog el cura a -doa Carmen. - -Y ella entonces le hizo el relato. En la noche del entierro en casa de -una parienta, un indio se acerc a contarle con toda reserva lo que sus -ojos haban visto. Nadie ms--le dijo--saba nada de aquello, y nadie -deba saberlo, era el nombre del que haba quitado la vida a Carmelo -Borja y a Braulio Jarque. - ---Y ese indio quin era, y qu inters tena en decrselo a usted y en -callarlo a los otros? - ---Era uno de los revolucionarios, que en los primeros momentos haba -pasado inadvertido, pero que deseaba ganarse mi voluntad para que -yo influyera ante el gobernador, mi pariente, si acaso llegaban a -prenderle. - -No quera huir, porque haba desertado y los compaeros se vengaran; -conoca los secretos de la revolucin; haba presenciado la lucha de -Insa, y estaba resuelto a callar, pero que el capitn no lo castigara -si algn da se saba por l el horrendo secreto. - -La madre sigui acumulando los detalles del relato que el indio le -hiciera, mientras don Julin pesaba en su conciencia el bien y el -mal que poda haber en esconder a todos el secreto que el acaso o la -providencia pona en sus manos, y dejar que las cosas siguieran sin -violencia su curso natural. - -Cuando la dama se alz del reclinatorio en que haba hecho aquella -confesin que revolva todos sus dolores, su corazn estaba sometido a -lo que pudiera ser la voluntad de Dios. - -Pero esa noche la soledad o el silencio, que envolva la casa dormida, -despert de nuevo en ella la rebelin que la palabra del cura haba -apagado. Escuchaba la voz de su hijo muerto, que clamaba por el crimen -que se iba a consumar, permitiendo aquel amor, y todo lo que en ella -haba de humano se sublevaba sintiendo aquel lamento, que turbaba su -sueo. - -Se levant, por eso, y busc la calma de sus nervios pasendose en la -galera, donde la infinita quietud de la noche apenas turbada por el -rumor del agua del ro, volvi la paz a su espritu. - -Y mientras ella paseaba, temblando de fro, creyendo a su hija dormida, -sta incorporada en su lecho, llena de espanto, vea por el postigo -abierto de la ventana pasar y repasar la sombra de su madre. - -La haba sentido salir, y tuvo vergenza de hablarla, porque tambin -su conciencia era como un mar agitado, en que luchaban el nuevo amor, -con todas las fuerzas de su vida naciente, y el sentimiento de aquella -venganza que ella deba ejercer para acallar la voz de los muertos. - -Oh, si su madre supiera--pensaba--que ella estaba a punto de doblarse -como una caa ante el huracn de la pasin! - -Y volva a hostigarla aquella duda: - -Ignoraba su madre lo que ella adivin esa maana? Si ignoraba, por -qu hua de su husped como si le horrorizara su vista? Y si saba, -por qu haba callado, por qu no se lleg hasta ella, para detenerla -al borde de este amor que era un crimen? - -Con los ojos dilatados en la oscuridad, crispadas las manos sobre las -cobijas, estuvo un largo rato dudando si deba saltar de la cama, para -ir hacia su madre y pintarle su tortura. - -A esa misma hora, otro pensamiento haca su misma dolorosa jornada. - -Insa se haba acostado temprano, con el pretexto de su partida que -sera al alba, pero en realidad por no encontrarse ms con Gabriela, -cuyas palabras al anunciarle la llegada de Alarcn le quitaron toda -esperanza. - -Antes pensaba con pena en el momento en que abandonara la Casa de los -Cuervos, para acompaar a sus amigos en la nueva campaa que se iba a -emprender. Y ahora, lo vea llegar como un alivio, y su partida era una -fuga, de aquellos lugares en que se haba encendido la primera ilusin -de su vida. - -Se estremeca de horror ante la evidencia de que ella esa maana ley -en sus ojos la verdad que fu su pesadilla en sus horas de fiebre. -Cmo haba llegado a comprender ella la maldicin que pesaba sobre l? - -Pero haba comprendido en efecto? Saba que era viuda por l, que no -tena hermano por l? - -Revolva en su memoria todos los detalles de ese da, y serenbase -como un lago su alma atormentada, recordando que esa noche, despus de -la cena, al despedirse de Gabriela, mientras sus labios le temblaban, -balbuceando la despedida, ella lo envolvi en una profunda mirada -dolorida, que fu su primera confesin de amor. - -En la insomne noche, parecale que los ojos luminosos dejaban caer -sobre l una apacible luz de perdn, porque haban comprendido que -era su destino, y no su voluntad, el que haba tejido aquella intriga -siniestra. - -Ay! pero a esa intriga deba ella su libertad de amarle! - -Alarcn hasta altas horas de la noche le estuvo relatando, en voz baja, -las circunstancias en que se preparaba la revolucin. - -El gobierno estaba alerta como nunca, y deseoso de tomar represalias -que curasen de raz aquella perpetua zozobra en que le obligaban a -vivir. - -Con la muerte inopinada de Jarque haba perdido todas las pruebas -con que hubiera podido caer sobre los cabecillas. Ni contra Cullen, -ni contra Montarn, ni contra ninguno de los conjurados que en la -noche del baile deban apresar a Iriondo y a Bayo, se pudo probar -nada en concreto. Ellos mismos, al ver cmo Iriondo escap de las -manos de Insa, invirtindose los papeles y teniendo ste que huir, -permanecieron quietos, en una actitud que poda ser sospechosa para -los que posean los hilos de la conjuracin, pero que no tena nada de -hostil contra los hombres del gobierno, que aguardaron en la casa de -Montarn, llena de tropa, el fin de la refriega que se libraba en la -plaza. - -La muerte de Jarque, el adversario ms temible que tenan los -opositores, alentles a vengar cuanto antes aquella derrota, y -sigilosamente, aleccionados por la experiencia de sucesos, en cuanto -recibieron noticias de que Insa viva, empezaron los preparativos de -la nueva revolucin que haba de terminar sangrientamente en la batalla -de los Cachos. - -Oyendo a Alarcn, Insa poda medir el cambio profundo que en esos das -se haba producido en l. Ya esas cosas parecanle sin sentido. - -Qu le importaba a l quin gobernara, si el poder se le presentaba -como la ms estril de las vanidades? - -Pensaba en su drama interior, cuyo desenlace no poda prever y senta -deseos de entrar en la accin, buscando en la lucha el reposo de su -corazn y de su conciencia atormentada. - -Cuando Alarcn se durmi, compar la serenidad de aquel sueo, con -el suyo agitado por la fiebre de ese imposible amor. Y sin embargo, -los ojos de ella, que no podan haberle mentido, le haban hablado de -perdn. - -Faltaba mucho an para el alba, cuando despert a su compaero para que -fuera a ensillar los caballos, que haban dejado en el corral de las -vacas a fin de tenerlos cerca. - -Alarcn haba dormido sobre un apero de montar, y comenz sin ruido a -juntar las caronas, mientras Insa se vesta, precipitadamente, sin -decir una palabra, dejando traslucir en sus gestos la impaciencia de -aquella partida, que era como una fuga en medio de la noche. - -Dominado por su propia voluntad imperiosa, ya no pensaba ms que en sus -amigos, en su deber, en la lucha. - -Su pequea maleta pronta, abri la puerta que daba a la galera, y -sali antes que Alarcn. Encandilado por la luz de adentro, no vi la -sombra huraa de doa Carmen de Borja, que an se paseaba por all, -escabullndose hacia el comedor. - -Lleg hasta el patio, cuya tierra endurecida, apenas mojaba el roco, y -sinti en la avenida de los eucaliptus el spero graznar de los gansos -que advertan su presencia. - -Haca un fro intenso, mas no fu ese fro el que le hizo temblar, -corrindole por la mdula de los huesos. En la sombra siniestra de la -arboleda, a donde haba llegado, ansioso de movimiento, percibi el -susurro de las alas de uno de los cuervos, que pas rozando su cabeza. - -Supersticioso como era tuvo miedo, aunque en la nueva aventura no poda -jugarse ms que la vida, que ya apenas le importaba. Para calmar sus -nervios, sintiendo pasos y creyendo que era Alarcn se ech a rer, -dispuesto a contarle el motivo de su pueril recelo. - -Se volvi, y oy la voz de Gabriela que le hablaba en la sombra donde -apenas se vea su grcil figura. - ---Se v? - ---Oh, Gabriela! por qu ha venido?--respondi l, como un reproche, -estremecido de gratitud hasta el fondo de su alma. - ---No le haba dicho adis--dijo ella con dulzura--y era de mal augurio -dejarlo partir as, como si huyera de la casa. - -Insa se le acerc y le tom la pequea mano temblorosa. - ---Es como una huda, en verdad... - ---Y por qu?--interrog ella, vencida en su largo insomnio por el -amor, y resuelta a guardar su terrible secreto. Con tal que l no -supiera que ella saba de aquel abismo de sangre que les separaba, por -qu no haba de amarlo? Cmo poda l nunca sospechar que ella finga? - -l le contestaba: - ---Para qu haba de quedarme? Ayer le dije que a usted le deba la -primera ilusin de mi vida. Ahora... - ---Ahora qu?--pregunt ella ansiosa, sintiendo que vacilaba y que -temblaban sus manos. - ---Ahora esa ilusin se ha desvanecido. Mi vida no tiene sentido ya; -usted misma ayer me lo dijo, anuncindome la llegada de Alarcn. "Ha -venido el que esperaba para irse". No fu as? - ---Ayer s, ayer fu as;--dijo con reprimida vehemencia la joven.--Hoy -no! hoy no! Por qu se ha de ir? - ---Y por qu haba de quedarme? - -Y ella en un relmpago de voluntad, sintiendo que l no hablara nunca, -desconfiando quizs de que ella hubiese penetrado su secreto: - ---Si yo se lo pidiera...? - ---Oh, Gabriela! - ---Se quedara? - -De nuevo sintise pasar el cuervo, echando sobre sus cabezas un viento -cargado de tufo salvaje. Pero ninguno de los dos tuvo miedo. - -Ella dijo simplemente: - ---Cuando vuelan los cuervos de noche es que alguien se acerca. - -Despus hablaron, y la confesin del escondido amor brot con fuerza, -como una llama que disip en sus corazones el fro y la niebla de las -angustiosas horas pasadas. - -Cuando volvi Alarcn trayendo los caballos, Jess haba llegado con un -farol, y alumbraba el sitio. Empezaron a ensillar. Insa hablaba con -Gabriela, en voz baja, mirando su rostro que la luz rojiza del farol -alumbraba como una de las estampas del oratorio. - -Graznaron otra vez los gansos, y el ladrido de los perros confirm lo -que anunciara uno de los cuervos. Sintise la voz de un hombre que -deca: - ---Manso, Batalln, Cuzco, soy yo, soy yo!--aplacando a los perros que -conocindole dejaron de ladrar. - -Llegse l hasta el grupo, y Gabriela dijo: - ---Es el ovejero. - -Era un viejito descarnado, pequeo, gil an, vestido miserablemente, -con una vieja chaqueta azul de militar y un cuero de oveja sujeto a la -cintura con una huasca. - -Salud con voz apagada y acercndose al capataz, que en ese momento -apareca, le cont en voz baja que esa noche haba llegado al rancho -donde l viva, a una legua de distancia, un hombre que pareca andaba -sobre el rastro del capitn Insa. - ---Cmo es ese hombre?--pregunt Insa oyendo aquello. - ---Aindiado, capitn; quizs indio de veras. - ---Jos Golondrina--murmur Alarcn. - ---Entonces habr que hacerle venir--dijo Insa. - -Alarcn que cinchaba su caballo, dej el corren y se volvi hacia el -capitn. - ---Ser mejor que no sepa donde estamos. - -Lo dijo como para que Insa no ms lo oyera. - -El ovejero continu: - ---Por lo que me ha parecido entender, no es de los revolucionarios, -ms bien del gobierno. Entr en mi rancho, al anochecer; me pidi -carne y le d media pierna de oveja. Me dijo que era poco y me compr -un costillar. Sali para el monte, diciendo que iba a ponerlo en las -alforjas. Yo creo que no era as, y que alguien, que no quera dejarse -ver, lo esperaba all. Tal vez son varios los compaeros; el perro que -tengo ladr toda la noche, estando ya ese hombre en el rancho. Cuando -lo v dormido, me sal, y aqu estoy avisndoles y para lo que gusten -mandarme. - -Hablaba despacio, con voz montona, pero se adivinaba en sus ojos -chispeantes, a pesar de la calma de sus facciones, la sagacidad del -paisano, que lee las intenciones en la cara ms impasible. - -Un momento Insa haba tenido la intencin de quedarse en la Casa -de los Cuervos para ganar mejor aquella alma que se vena a l, y -averiguar si doa Carmen de Borja, huraa con l, se negara a darle su -hija. Mas al or hablar al ovejero comprendi que el gobierno estaba -sobre su pista, y que Jos Golondrina serva sus planes. Tenan, sin -duda, la consigna de llevarle vivo o muerto, y aunque habra sido su -gusto pelear contra la patrulla que sin duda acompaaba al indio, cedi -al pedido de Gabriela que mandaba ya en l, y resolvi huir, dejando -la promesa de volver y llevando la gran esperanza que ella haba -encendido en su corazn. - -Y as, cuando estuvieron ensillados los caballos, bes la mano que -Gabriela le tenda, y con el capataz que haba de guiarles hasta -el vado, en donde estaba la canoa para pasar el ro, crecido an, -partieron al galope, haciendo resonar en la noche la tierra endurecida -por la helada. - -Gabriela sigui con la mirada ansiosa las siluetas que pronto se -perdieron en la sombra. - -Estaba prxima el alba y ya los cuervos revoloteaban desde su rbol -al corral de las ovejas, que empezaban a balar, por el fro de la -madrugada, y al entrar en la galera, sinti Gabriela el susurro de las -alas de uno de ellos que pasaba rozando el muro. - - - - -VI - -Sobre las huellas de Insa - - -A pie, cruzando por los atajos del monte, en la niebla precursora del -alba, lleg or Basilio, el ovejero, al rancho en que viva solo, desde -haca veinte aos. - -De lejos vi la llama del hogar, encendido por su husped de esa noche. -Cuando entr, halllo sentado sobre la osamenta de una cabeza de vaca, -atizando el fuego que arda sobre el suelo de tierra en medio del -rancho. En una "pava" de hierro, ennegrecida por el holln, empezaba a -calentarse el agua para el mate. - ---Buenos das!--se dijeron sin mucha efusin. - -or Basilio sac de un rincn una especie de morral de cuero, donde -guardaba la yerba y el azcar, tom el mate, vaciado de la yerba -vieja, y empez a cebar, tasando con escrpulo, los ingredientes del -rico desayuno. Era sumamente pobre, cuidaba de la majada a un tanto -por ciento en las cras, y slo cuando venda la lana de la esquila, -hacase de algn dinerillo para yerba y azcar. Tabaco no compraba; -cultivbalo l mismo en un cuadrito rodeado de ramillas para librarlo -de algunas gallinas que a esa hora empezaban a esponjarse, ante el da -que llegaba, en una ramadita a la vera del rancho. - -Jos Golondrina, silencioso, sentado en la osamenta, miraba ir y venir -al ovejero que preparaba el mate. Lo vi ponerse en cluquillas al lado -del fuego, y coger la pava, que borbotaba con el hervor del agua, y -brindarle enseguida el primer mate. - ---Srvase! - -El indio, callado siempre, sorbi el contenido del mate, y al devolver -la pequea vasija, lustrada por los aos de uso, dijo a or Basilio con -una leve intencin: - ---Yo soy madrugador, pero ust me gana. - ---As parece,--contest el otro. - ---Esa sendita que se ve entre las pajas, va a la Casa de los -Cuervos?--y sealaba una raya clara trazada en el pastizal. - ---Tiene viaje para all?--interrog el viejo. - -El indio movi la cabeza sin decir nada. - ---Si quiere lo acompao para que no se pierda en el monte. - ---No he de perderme--respondi Jos Golondrina.--Yo soy baqueano de -estos campos, aunque hace aos no vengo. - ---Nunca lo vide por aqu--observ el ovejero, dndole otro mate. - -El indio se puso de pie y sali del rancho. Afuera ya el alba iluminaba -el paisaje con su luz cenicienta. - -Una bandada de patos "siririses", pas silbando por encima del rancho, -y Jos Golondrina se estremeci, porque era un buen cazador al vuelo. - ---Qu tiro se ha perdido--dijo; mas no oy que or Basilio le -contestara nada. De cuando en cuando se miraban los dos, como si el uno -desconfiara del otro. Cuando se encontraba con los pequeos ojuelos -interrogadores del dueo del rancho, bajaba la cabeza, como si algo se -le hubiera cado. - ---Voy a ensillar--dijo, concluyendo el tercer mate, que tom arrimado a -la puerta. - -En ese momento, sobre la ntida raya del horizonte, sobre la infinita -llanura de la isla de enfrente, apareci el disco rojo del sol, y el -inmenso paisaje pareci vibrar herido por su luz. - -El gallo cant batiendo ruidosamente las alas, y escarbando la tierra -dura como una arcilla quemada, frente a la puerta del rancho. - -or Basilio sali con el mate en la mano, para espiar las andanzas de -su husped. Por lo que haba odo esa noche, el personaje no era de -mucha confianza. - -Lo vi cruzar el pajonal, que ondulaba al sol, con reflejos plateados. -A lo lejos, a un tiro de fusil, en la orilla del monte, se vea el -caballo que dejara el indio, maneado y sin freno, para que paciera a su -gusto en la noche, alerta, relinchando al dueo que se le acercaba. - -Jos Golondrina lo enfren, quitle la manea, y mont en pelo, para ir -hasta el rancho, en busca de su apero, que le sirvi de cama. Antes, -sin embargo, se intern en el monte, obscuro an con la sombra alargada -de los rboles. - ---Va a avisar a los compaeros--pens el viejo.--Este hombre anda en -malas andanzas. Que Dios lo ayude. - -Y se meti de nuevo en el rancho, satisfecho de haber llegado a -constatar que el indio no andaba solo. - -Media hora despus, cuatro hombres a caballo, cruzaban el tupido -algarrobal, siguiendo un sendero abierto entre la hierba profusa, por -el paso de hacienda, en direccin a la Casa de los Cuervos. - -Uno de ellos, Jos Golondrina, marchaba adelante de los otros, -sirvindoles de gua. - -Eran dos soldados, sin otro distintivo que la gorra, el sable y -carabina, y un alfrez, jovencito y rubio, como un extranjero, embozado -en una capa de pao azul, con forro de bayeta roja, por debajo de cuyos -bordes apareca la extremidad de la espada. - ---Dicen que es bonita la viuda de Jarque--djole sonriendo uno de los -hombres que marchaba a su lado. - -El alfrez, que vena pensando en ello, alz la voz dirigindose a Jos -Golondrina, que apenas se volvi: - ---Quin la conoce? Vos, indio? - ---No, mi alfrez. - ---Es lstima; podras darme datos. - -Siguieron al trote, distinguindose del ruido sordo de los cascos en la -hierba ennegrecida por la helada de la noche, el ruido de los sables -que se golpeaban. - -Jos Golondrina revolva sus viejas memorias. Pensaba en su tribu, en -su obscuro destino, en su fortuna, si aquel hombre, que iban a buscar -mora. - -Haba hablado con el gobernador Bayo en la ciudad, y sin confiarle el -motivo de su odio, habase hecho el eje de la persecucin del gobierno -contra Insa, de cuya existencia tenan ya indicios seguros. - -En la noche de la revolucin, l, que hiciera fuego sobre su jefe, -debi huir y refugiarse en la primera casa, cuyas tapias pudo saltar, -para escapar a la saa de los milicianos vencedores, que pasaban -sableando a los revolucionarios fugitivos. - -Aquella casa era de los parientes que dieron hospedaje a doa Carmen de -Borja, cuando lleg de la estancia para enterrar a su hijo, que all -se vel. - -En el tumulto de la gente que acudi el primer da, pas el indio -inadvertido, pero despus lo apresaron, y entonces aprovechando la -circunstancia de conocer el secreto de la muerte de Carmelo Borja, por -lo que oyera la noche de la revolucin, logr hablar con su madre, -y revelselo, y en cambio de aquella revelacin que haba de ser la -pesadilla de la infeliz mujer, le pidi que hablara a Bayo en su -nombre, para que le dejaran libre. - -Cuatro das pas en un calabozo, con las piernas en la barra de -grillos, solo, temblando de fro, cuando una maana, el gobernador en -persona, lleg hasta su prisin deseoso de hablarle. - -Sabase de la muerte de Insa, mas no se haba dado an con su cadver, -por lo cual, Jos Golondrina, que era desconfiado y astuto, tuvo la -sospecha de que haba escapado vivo de sus perseguidores, para quienes -la noticia de que haban logrado concluir con el temido caudillo fu -ocasin de un premio. - ---No debe haber muerto--dijo el indio al Gobernador, que le escuchaba -de pie, junto a la barra de grillos.--Si el seor quiere, yo dar con -l. - ---Si est vivo--contest Bayo.--Y si est muerto? - ---Dar lo mismo con su cuerpo. - -El aire sombro e inteligente del preso, interes a Bayo, que lo mand -poner en libertad, y le encarg de la pesquisa. - -Con una patrulla recorri Jos Golondrina el ro, la laguna, los -sauzales de las islas, y lleg hasta la Casa de los Cuervos, cuando -Insa estaba all, luchando an con la muerte. - -Doa Carmen de Borja habl con el indio, disipando su sospecha, y l -la crey porque nunca habra imaginado que aquella mujer que tena los -ojos enrojecidos de llorar a su hijo, escondiera en su misma casa al -matador. - -Algunos das despus Jos Golondrina, de quien el gobernador Bayo no -estaba muy satisfecho, entr en la casa de Montarn, como pen para los -servicios pesados, partir lea, traer agua del ro, cuidar la huerta. -Nadie saba all de dnde vena: cont una historia y le creyeron. - -Era sumiso y callado e inspiraba confianza, y l, poco a poco, -atisbando con astucia, se enteraba de algunos importantes secretos que -a nadie confiaba, mientras no llegara la hora. - -Don Patricio Cullen iba con escasa frecuencia, mas conocase que la -relacin era estrecha y cultivada entre Montarn y l. Jos Golondrina -ms de una vez llev mensajes de ste, que ahorraban una visita. - -A ninguno de los dos les haba desengaado el fracaso. Por el -contrario, su pasin poltica se exacerb ante la derrota, y -aprovechando las nuevas circunstancias, en que la muerte de Jarque -dejaba las cosas, no bien recibieron noticias de que Insa viva, -empezaron a tramar una nueva revolucin. - -Jos Golondrina segua de cerca la conjuracin. As tuvo noticias de -Insa, aunque no lleg a saber cul era su paradero. - -Y fu entonces cuando la astucia del indio le procur el ms eficaz de -sus colaboradores, para aquella empresa de odio que tramaba. - -Syra permaneca en casa de sus padres, aunque en los primeros das -huyera de ella. Mas no tena trato con nadie. Aislada, voluntariamente, -en su cuarto, dejaba correr su vida en una sombra tristeza, llena de -rencor y guardando en su alma apasionada la memoria del muerto, cuya -sangre, en su traje de baile, que sola ponerse a solas, le peda -venganza. - -El indio se enter de la historia de la joven, y vi que podra hacerla -servir admirablemente sus planes, sin que lo advirtiera, y empez a -rondar en su cercana para que le tomara apego. - -As estaban las cosas, cuando un da, Cullen en una visita a Montarn, -dej escapar el nombre de la Casa de los Cuervos, en momentos en que se -acercaba el indio, que les serva el mate. Por el tono de la voz, por -la alarma que pareci causarles el que alguien hubiera odo aquello, -comprendi Jos Golondrina que doa Carmen de Borja le haba engaado -cuando l fu a la Casa de los Cuervos en busca del capitn. - -Y resolvi ir otra vez. Sali esa noche de la casa de Montarn, sin ser -visto, y fu a ver a Bayo, y le prometi de nuevo dar con el paradero -del perseguido caudillo, el nico de los jefes de la revolucin contra -el cual poda hacerse un proceso que cortara para siempre en l la -vocacin revolucionaria. - -Bayo, que viva intranquilo, rodeado de enemigos, contra los cuales no -tena pruebas, acept la propuesta del indio, y mand con l aquellos -tres hombres que pasaron la noche en las cercanas del rancho de or -Basilio. - -El sendero que seguan por entre el monte lleg pronto al baado, que -se extenda a mitad del camino entre el rancho del ovejero y la Casa de -los Cuervos. Cuando llegaron all, se lanzaron al galope, el alfrez y -sus dos hombres adelante, el indio Jos detrs, mirando con ojo experto -los campos y las haciendas que hallaban al paso. - -De pronto di un grito. En el baado, entre la caballada que paca las -hierbas altas y frescas, nacidas en aquel suelo empapado, divis el -caballo de Insa, el mismo en que huy la noche de la revolucin, un -tostado magnfico, de largas clinas, descarnado y musculoso, que su -dueo al partir esa noche haba dejado en la estancia a fin de tenerlo -cerca de la ciudad, para la prxima campaa. - -Crey que era eso seal evidente de que el capitn estaba all, y como -los hombres que galopaban adelante no se hubieran dado cuenta de su -exclamacin, no dijo nada, y llegaron as a la Casa de los Cuervos. - -La irrupcin de aquellos cuatro hombres armados en el patio de los -eucaliptus, provoc grande alarma. Ladraron violentamente los perros, -los sirvientes corrieron adentro, en busca del ama, que sali al rato, -cuando ya el alfrez haba echado pie a tierra ahuyentando los canes a -rebencazos, como dueo y seor de la morada. - -El gesto severo de doa Carmen de Borja le impuso mayor respeto. Habl, -no obstante, con altanera: - ---Venamos en busca de Francisco Insa. - ---Aqu no est--respondi secamente la dama. - ---El gobierno sabe que aqu se esconde. - ---Se equivoca el gobierno. - ---Tiene denuncias, seora. - ---Lo han engaado. - -Apareci Gabriela en ese momento, al lado de su madre, asustada ante -aquella violencia, por la suerte del hombre que amaba, y a quien podan -an perseguir y alcanzar en el campo. - ---Mama! que registren, que pierdan tiempo--dijo hablando al odo a -doa Carmen. - -El alfrez, al ver a Gabriela, haba cambiado de actitud y se -aproximaba almibarado y lleno de disculpas: - ---Quizs sea as, seora; pero esas denuncias lo obligan a proceder en -esta forma, y yo no podra evitarlo. - -Haba llegado hasta la galera, donde estaban ambas mujeres, de pie, -cuando Jos Golondrina, que estudiaba vidamente la cara ansiosa de -Gabriela, se acerc bruscamente, y dijo con sonrisa maligna: - ---Mi alfrez, diga usted que hemos visto el caballo del capitn -comiendo en el baado. - -La joven junt las manos llena de angustia, creyendo que Insa se -hubiera detenido en el monte con algn propsito que no sospechaba, y -hubiera soltado su caballo. - -Pero el indio explic, mirndola siempre con una mirada que le entraba -en el alma como una hoja fra: - ---El tostado malacara; lo acabo de ver yo, que lo conozco bien. - -El indio vi animarse las facciones de Gabriela, y pens que aquella -hermosa mujer habra sido una reina digna para su tribu, si algn da -se cumpla la palabra de la adivina. - ---Mama, que registren--dijo Gabriela. - ---Vos, Jos Golondrina--observ duramente doa Carmen--ya has venido a -mi casa en busca de lo mismo: qu hallaste? - ---Su merced disculpe--respondi el indio, bajando al suelo sus ojos -obscuros y maliciosos;--yo era mandado entonces y ahora. Me dicen que -busque y busco. - -Ech pie a tierra, sonndole el sable y las espuelas de anchas rodajas -de plata. Un poncho de lana gruesa le cubra, arrastrando los flecos. - -El alfrez habra deseado quedar bien con aquella familia por merecer -de Gabriela una buena palabra que algn da le sirviera para tornar a -la casa. Pero aquel indio, mal dispuesto, poda perderle, y se resolvi -a ordenar el registro. - ---Es un nuevo agravio que se me hace--protest doa Carmen de Borja--y -yo me quejar a mi primo el Gobernador. - ---l lo ha ordenado--observ el indio. - ---Miserable!--contestle ella en secreto, de modo que slo l la -oyera--yo te salv de la barra, y es la segunda vez que asaltan mi -casa, por denuncias tuyas. - -El indio sonri y pas la puerta que le abran para comenzar el -registro. - -En el cuarto, frente al rbol de los cuervos donde hasta el da -antes estuviera Insa, hall a Gabriela, que hua del alfrez cuyas -insinuantes miradas le sublevaban. - ---No lo hallarn--dijo la joven con ira--porque no est aqu. - -Jos Golondrina que registraba los rincones, se volvi a ella, y le -dijo espiando su actitud: - ---Mejor para l! - ---Por qu? Yo no lo conozco, pero s que sabra defenderse, porque es -un hombre valiente. - ---Peor para l, entonces, porque tendramos que matarle. - -Gabriela se inmut. - ---Esa es la orden--dijo el indio observando aquella impresin. - ---Oh!--exclam la joven intensamente plida:--Es posible que se den -esas rdenes? - -Jos Golondrina sonri y Gabriela comprendi, por la malevolencia de -su sonrisa, que haba adivinado el secreto de su alma. Se quedaron -silenciosos un instante: ella senta crecer la angustia de su corazn, -ante la mirada penetrante de aquel hombre, mas no se atreva a -alejarse, por miedo de provocar su encono. Habra deseado, por el -contrario, hallar una palabra que aplacara su odio contra el hombre que -ella amaba. - ---Por qu lo persiguen?--se anim a decir. - -El indio no respondi, sigui sonriendo, con amarga irona. - ---Le ha hecho a usted algn mal?--insisti la joven. - -l contest que no, moviendo la cabeza, y sonriendo siempre. - ---Entonces, por qu lo odia y quiere matarle? - -El indio habl despacio, con indefinible tristeza en la voz: - ---Por qu si no lo conoce lo defiende? No comprende que los hombres -que la sigan y la vean como yo, van a odiarlo a l, slo porque usted -parece enamorada? - -Gabriela tembl. Lo amaba tanto en verdad que ya hasta los ojos -extraos adivinaban su amor? - -Jos Golondrina se acerc a ella: - ---No ve, nia, que quien la vea la ha de querer y se ha de poner -celoso de que usted lo defienda? - -Haba desaparecido de sus torvas facciones el gesto que haca -desconfiar de l, y slo se notaba la emocin con que deca algo que -era como una confesin de amor. - -Gabriela, que tema al indio, por Insa ms que por ella, an -aterrorizada por aquella palabra, no quiso alejarse, y oy al indio que -le dijo: - ---Es la tercera ocasin que me llego a esta casa, y no es la primera -vez que la veo. No sabe, nia, que un hombre puede llegar a querer con -slo una vez que encuentre a una mujer? - ---No hable as--respondile Gabriela acercndose a la puerta;--le dir -al alfrez que usted ha venido no a buscar a un revolucionario sino a -conquistar a una mujer. - -Jos Golondrina volvi a sonrer. - ---Tambin l hubiera hecho lo mismo si la hubiera visto como yo -pidiendo perdn por un hombre que no es su marido... - ---Yo no he pedido perdn! - ---Ni su hermano... - ---Yo no he pedido perdn para l que es valiente--protest Gabriela, -temiendo que el indio aludiendo a su marido y a su hermano, quisiera -hacerle saber que conoca quin les haba dado muerte. Se sintieron -pasos en la pieza vecina. - -El indio se le acerc; ella fu a abrir la puerta; pero l con un gesto -la detuvo y le dijo: - ---No tenga miedo de m. - ---No, no tengo,--respondi ella con orgullo--no tengo miedo de nadie! - ---Ni por usted ni por l... - -Oy apenas la palabra, mas se inflam la esperanza de que si ganaba el -corazn de aquel hombre, pudiera proteger mejor la vida de Insa en -peligro. - ---Ni por l--repiti el indio mirndola fijamente, como si con la -respuesta que ella iba a dar con su palabra o con sus acciones, -pendiera toda su suerte. - -Y cuando ella, sin hablar, mostr en sus ojos cunto le complaca -la seguridad que l le brindaba, y cunto amaba al caudillo -revolucionario, el indio se ech a rer con amargura, como si al -aduearse del secreto de ella, se esfumara su propia esperanza. Alarg -la mano obscura y nerviosa y la cogi con fuerza de un brazo. - -Ella grit. l cerr con violencia la puerta que ella abriera, y le -dijo al odo, quemndola con su aliento: - ---Est enamorada, enamorada de l! Qu miseria! No sabe que l...? - -Llena de miedo y de horror Gabriela se ech atrs a tiempo que se abra -la puerta y entraba don Julin, el cura, como un ventarrn atrado por -el grito de ella. - -Sonaron dos bofetadas. - ---Miserable!--rugi el cura. - -El indio, doblegado por aquel brazo hercleo que se abata sobre l, -solt a Gabriela, y se incorpor, con el odio pintado en el rostro -crdeno como un verdugn. - -Le temblaron los labios, descoloridos: no pudo hablar, y slo cuando -sali de la pieza, logr dominar su clera salvaje, y dijo sordamente -volvindose al cura, que atenda a Gabriela, desmayada en el suelo: - ---Ah, la mala mujer! Yo ser la venganza de ellos, y ella ser mi -esclava... Nadie le oy; por toda la casa circulaban los soldados -registrando minuciosamente los ltimos rincones para dar con el -caudillo. - -En el patio, doa Carmen de Borja contestaba con dureza las preguntas -del alfrez. - -Un instante le azot el alma el recuerdo de su hijo muerto por el -hombre sobre cuyos pasos poda ella poner a la justicia que lo -persegua. Pero fu un aletazo negro, como el que en la noche -siniestra de la revolucin, le anunci su desgracia. - -Cuando los soldados partieron desengaados, despus de registrar la -casa, la silueta severa de la dama qued un rato en el mismo sitio, -mirndolos alejarse. - ---Dios mo, qu horror!--exclam entrndose.--Yo lo perdono y ella lo -ama! - - - - -TERCERA PARTE - - - - -I - -En la casa de Bayo - - -Jarque se haba llevado a la tumba el peligroso secreto de don Serafn -Aldabas, en cuya escuela se reunan, los conjurados, para la revolucin -de Marzo. Y a esa discrecin, impuesta por la muerte, debi sin duda el -maestro, el que no se suprimiera la modesta pensin del gobierno, que -le haca vivir. - -Pero los apuros del erario provincial agravronse hacia mediados del -ao 77, y de nuevo empezaron a acumularse los meses impagos, y a ver el -msero don Serafn crecer su deuda en el boliche del cataln. - -Menos mal que a la vuelta de la escuela, en el Caf del Plata, frente -a la plaza 25 de Mayo, tena dos alumnas, a quienes daba lecciones a -domicilio: y si bien sus ganancias no eran gran cosa, su situacin de -maestro otorgbale crdito en el negocio, lo que le permita sacar -al fiado algunos comestibles, en los momentos de apuro, cuando su -Rosarito le sonrea, advirtindole que estaban obligados a vivir de -"mazamorra" hasta que Dios quisiera. - -Ocurra, sin embargo, un fenmeno, causa de hondas preocupaciones para -el inocente maestro de escuela. - -El Caf del Plata era el nidal de los opositores. - -En el buen tiempo, su patio encuadrado por la galera de tejas, -sombreado por hermosos naranjos, que le daban ms carcter nacional -que los malos cromos de la batalla de Caseros, con que su dueo haba -adornado las paredes, congregaba a los enemigos del gobierno, que -buscaban en aquellas tertulias una ocasin de hablar mal contra los -hombres del Cabildo. - -La oposicin al gobierno de don Servando Bayo, detrs del cual se -notaba la mano de hierro, enguantada de seda, del doctor Iriondo, -haba agrupado a las familias ms distinguidas de Santa Fe, en torno -de don Patricio Cullen, y aunque en el grupo figuraran muchos hombres -de convicciones catlicas, predominaba una tendencia contraria, que -justificaba el nombre de "liberales", adoptado por ellos, en la lucha -poltica. - -El gobierno, por su parte, gozaba de grandes prestigios ante el pueblo, -donde se impona la figura de Iriondo, seductora y enrgica. - -Don Serafn haba observado que cuando sus angustias crecan, porque no -le pagaban la pensin, aumentaba su crdito en el Caf del Plata. Ms, -parecale haber observado, tambin, que se agravaron grandemente las -dificultades que experimentaba para cobrar del gobierno, con su entrada -a la casa, aunque era notorio que no iba como conspirador. - -De donde para el maestro surga un formidable problema: aqullos no me -pagan, porque stos me ayudan, o me ayudan stos porque aqullos no me -pagan? - -Cada tarde al entrar al caf, por la sala de la calle que cruzaba -con paso blando y presuroso, como para que si haba algn espa -comprendiera que l no era un conspirador, proponase el mismo -problema, miraba el reloj, buscando la respuesta, y volva a guardarlo, -resignado a su confusin. - -Anclado as de proa y de popa, segua viviendo msera y apaciblemente, -sin otro horizonte que su escuela ni ms ilusiones que sonrer a -Rosarito, cuyos ojos profundos y dulces jams desmentan sus sonrisas. - -Ah, su hija! cmo haba sabido acolchar su miseria para hacrsela -amable. Por ella viva y para ella quera vivir, sin saber bien qu -poda hacer l para hacerla feliz. - -Un da estuvo a punto de penetrar el enigma de su alma inocente. - -Fu cuando se recibi en la ciudad la noticia de la muerte de Insa. -Cmo llor su nia! Al alba del da siguiente, la vi salir enlutada, -en direccin a la iglesia de los jesutas, donde, segn le contaron, -pas una hora rezando ante el altar de la Virgen de los Milagros. - -Cuando volvi, ella le dijo: - ---Tata, no ha muerto; no es verdad que haya muerto. - ---Quin te lo ha dicho? - ---Nadie; lo s yo, que no creer en su muerte mientras no vea su cuerpo. - -Su padre movi la cabeza. - ---Todos lo dicen, sin embargo,--murmur tristemente, deseoso de no -desengaarla ni de halagar su ilusin. - -Por escasa experiencia que tuviera del mundo, sospech que su hija -estaba enamorada, y se llen de pena, porque era justamente ese amor el -ideal que vena cultivando en el secreto de su corazn, como el nico -medio de asegurar el porvenir de su hija. - -Y ahora lo vea hundirse, sin que l hubiera tenido tiempo ni -resolucin de confiarlo a nadie. - -Diez das pasaron as, bajo la angustiosa incertidumbre. La conviccin -de su hija le lleg a contagiar, y tambin l dud de la muerte de su -sobrino, hasta que un da, un mensaje de l, con todo misterio, les -mostr que, en verdad, el corazn de Rosarito no haba mentido. - -Ms tarde se divulg en la ciudad, por otros conductos, lo que ellos -saban, que Insa no haba muerto. - -Hacia fines de Junio, sala una vez del Caf del Plata, despus de su -leccin, cuando en la calle, de noche ya, por la brevedad de los das -de invierno, al arrebozarse en la capa, a fin de librarse del spero -viento del Sur, alguien le tom del brazo y le arrastr en direccin -opuesta a la de su casa. - -Lleno de sorpresa, no distingui en un principio ms que una alta -figura negra, pero conoci quin era en cuanto le habl, despus de -alejarse un trecho del cuadro de luz que pintaba en la vereda el -mezquino farol del caf. - ---Ilustrsimo doctor Zavalla! - ---No me ponga motes, don Serafn, no soy obispo. - ---Seor Cannigo! - ---No soy cannigo! - ---Seor...! - -Alto, gallardo, envuelto en un manteo con forro de seda, caminaba -a prisa, llevando del brazo al endeble maestro que se deshaca en -cortesas ante la inesperada muestra de afecto de uno de los hombres -ms poderosos de la situacin. - -Haban recrudecido extraordinariamente las alarmas revolucionarias, y -los hombres del gobierno comprendan que vivan sobre un volcn. - -Casi a diario llegaban al Cabildo denuncias de que se preparaba un -vasto complot. Don Patricio Cullen haba abandonado repentinamente la -ciudad, dbasele como residente en su estancia "Los Algarrobos", donde -en medio de las colonias extranjeras, de reciente fundacin, estaba el -foco de las fuerzas con que poda contar para todo movimiento. - -El gobierno saba esto; mas lo desazonaba el absoluto misterio que -rodeaba el paradero de Insa, el ms bravo y audaz de los jefes -revolucionarios. - -Sealbase su presencia en su estancia del Norte, y cuando el gobierno -que lo persegua para enjuiciarlo por la revolucin de Marzo, destacaba -una partida en su busca, sabase que haba pasado como una exhalacin a -Entre Ros o rondaba cerca de Santa Fe, al habla con los opositores. - -Haca un mes, sin embargo, que se le haba perdido la pista. No se -tena el ms leve indicio de su paso. Ignorbase si estaba cerca o -lejos, lo cual preocupaba extraordinariamente a los gubernistas. Poda, -y eran sospechas vehementes de la polica, estar oculto en la misma -ciudad, en cuyo caso deba vivir con el arma al brazo, considerando -inminente la revolucin. - -Todas las noches los consejeros del gobierno celebraban su reunin; en -la casa de Iriondo frente a la plaza, algunas veces, o en la casa del -gobernador Bayo, a la vuelta del Cabildo, y all, con todo misterio, -se discutan y se pesaban las informaciones que llevaba el jefe de -polica, don Manuel Echage. - -Hacia la casa de Bayo, donde era la tertulia de esa noche, marchaba -presuroso don Manuel Mara Zavalla, embozado en su lujoso manteo, -debajo de cuyos pliegues elegantes no habra nadie extraado que -apareciera la contera de una espada. - -Al cruzar la plaza, obscura y temerosa, mas no para un hombre de sus -arrestos, tuvo la inspiracin de torcer su camino a fin de pasar por la -vereda misma del Caf del Plata, llevado por la curiosidad de atisbar -algo y aun atrado por el peligro de algn incidente con cualquiera de -sus adversarios. - -Estaban la plaza y la calle solitarias, alumbradas por los cuatro -faroles de las esquinas, que parecan ms bien espesar la obscuridad de -una noche sin estrellas. - -Al enfrentar al caf, en cuyo interior sentase el pacfico -chasquido de las bolas de billar, vi salir a don Serafn Aldabas, -cuyo parentesco y amistad con Insa record al momento, hacindole -interesante el inofensivo personaje. - -Lo tom del brazo y le habl como si de tiempo atrs hubiera estado -buscando la ocasin de encontrarle. - ---Dicen las malas lenguas que es usted opositor, don Serafn. - -El maestro alz los brazos, clamando al cielo. - -Su capa batida por el viento se arranc de sus hombros y cay hacia -abajo. Zavalla se ech a rer, porque le vino a la mente el recuerdo -de Frin, convenciendo a sus jueces de que era una calumnia la -acusacin que le enrostraban. - -Ayudle a arrebozarse de nuevo y sigui caminando a prisa, agarrado a -su brazo. - ---Si es mentira eso, como lo he credo siempre, y si no tiene apuro, -vngase conmigo por un minuto hasta lo del gobernador. Yo tengo que -hablarle del subsidio de su escuela... - ---Oh, seor don Manuel Mara! - ---Y de su hija Rosarito... no es mi ahijada? - ---En efecto, seor don Manuel... - -Llegaban al ancho portal de la casa de Bayo. Subieron los tres -escalones de piedra, y Zavalla, guiando al maestro, entr sin llamar a -una de las piezas laterales del ancho zagun, iluminado apenas por un -gran farol de hierro, pendiente del techo. - -La pieza estaba desierta. Zavalla se sent en el sof, arreglndose -los pliegues de su traje talar, y atrajo al maestro, cuidadosamente -arrebujado. - -Sobre una mesa redonda de mrmol, con rojo pie de caoba, que estaba en -el centro, ardan cuatro velas de esperma en un candelabro de plata. - -En la pieza contigua sentanse voces de hombre. Alguien que hablaba -acaloradamente con voz timbrada y varonil que pareca que pudiera orse -desde la calle a travs de las gruesas maderas de las puertas, al -notar la presencia del recin llegado se call y se asom hasta donde -acababan de buscar asiento Zavalla y don Serafn. - -Era el doctor Pizarro, el ministro de Bayo. - -Salud muy sorprendido al nuevo visitante, y como Zavalla le hiciese -una sea para que los dejara solos, se volvi, mientras don Serafn de -pie formulaba sus salutaciones y sus excusas. Sintise de nuevo su voz, -ms discreta. Escuchbasele con profunda atencin, pues siendo varios -los que all estaban, slo hablaba l, mas sus palabras no se perciban -desde el rincn donde el maestro dedicaba toda su atencin a lo que le -iba diciendo Zavalla. - ---Andan bien sus negocios, don Serafn? Con seguridad que el gobierno -le adeuda algunos meses... - ---Doce!...--suspir el pedagogo. - -Zavalla hizo un gesto de desaprobacin. - ---No est bien eso; pero ya me lo explico: se dicen tan graves cosas de -usted... - -Hizo una pausa llena de intencin, mirando en las pupilas a su -interlocutor, que maquinalmente sac su reloj y se puso a darle cuerda. - ---Son calumnias, seor don Manuel!--exclam con un hilo de voz.--Si no -fueran esas lecciones que doy en el Caf del Plata, me habra muerto de -hambre ya. - ---Bueno, lo creo. Lo esencial es que est vivo hasta ahora. Yo mismo -hablar hoy con el gobernador, para que le paguen el atraso, y le -aumenten la subvencin. - -Don Serafn se acord de Jarque, y sonri con amargura. Con que se la -pagaran sera bastante... - ---Me espera un minuto?--djole de pronto Zavalla, como si acabara de -tener una inspiracin. - -Se levant, dejando sentado al maestro, y fu hacia la pieza vecina, -cuya puerta haban cerrado. - -Don Serafn mir su magnfico reloj. - ---Las siete! qu dir Rosarito de mi tardanza? - -Era tan medida la existencia de Don Serafn, que cinco minutos de -retraso en volver a su casa, alarmaban a la nia, la que sospechaba -toda clase de peligros pendientes sobre aquel hombre bueno y tmido -como un nio. - -Pasado un rato, Zavalla volvi agitando un papel, cuya escritura fresca -tema borronear. - ---Con esto, maana, podr cobrar sus doce meses atrasados. - -Don Serafn di un salto. - ---Los doce meses!--exclam, calculando que al da siguiente sera -poderoso, con aquellos atrasos cobrados de un golpe. - ---S, los doce... Me he engaado? era difcil, porque el erario anda -flojo, pero hice valer un supremo argumento. - -El maestro enarc las cejas, ponindose de pie al lado de su -interlocutor que se agach, murmurndole al odo: - ---Le dije que necesitaba plata para el casamiento. - ---El casamiento? Qu casamiento? - -Zavalla lo mir con una benvola sonrisa. - ---A m, que soy su padrino, me lo oculta? - ---No comprendo!--balbuce don Serafn, echando mano al reloj, como en -todas sus sorpresas. - ---Pero, don Serafn, si ya hay muchos que lo saben, que Rosarito se -casa.. - ---Que Rosarito se casa?--interrog en el colmo de la estupefaccin el -maestro.--Con quin dicen que se casa? - ---Con Insa, con Francisco Insa, que ha venido a eso, a casarse... - -El maestro sonri con tristeza, deshecha su ilusin. - ---No es verdad--dijo sacudiendo la cabeza.--Francisco no ha venido. - -Y entonces Zavalla, simulando una gran sorpresa, exclam: - ---Que no ha venido Francisco? Y entonces dnde est? - -Don Serafn recapacit un segundo, bajo la mirada inquisidora de -Zavalla. - ---En lo de doa Carmen de Borja, respondi. - ---En la Casa de los Cuervos? All estuvo, pero ahora... - ---Ahora, ahora est all. - -Cuando don Serafn, exultante de alegra, lleg un rato despus a su -casa, donde Rosarito le aguardaba con angustia, y le cont la escena, -y le ense el papel que al da siguiente se trocara en dinero y -le refiri lo del comentado noviazgo, ella que lo escuchaba plida, -sospechando alguna intriga, junt las manos: - ---Oh, tata! por qu le dijo dnde estaba Francisco? - -Y slo entonces comprendi el msero don Serafn que haba cado en una -hbil celada, revelando el secreto de que en ese momento dependa la -suerte de la revolucin. - -Insa, en verdad, haba vuelto y haca un mes que se mantena oculto -en la Casa de los Cuervos. Eran contados y fieles los que saban su -paradero, y como aquel sitio fuera registrado vanamente dos veces, el -gobernador, atendiendo a la protesta de su prima doa Carmen de Borja, -haba resuelto que no se la molestase ms, ya que era intil. - -El caudillo, desde all, al habla con los dos o tres que tenan los -hilos del complot, en Santa Fe, preparaba el estallido, que deba -producirse no bien don Patricio Cullen bajara del Norte, con sus -montoneros. - -Rosarito comprendi todo el alcance de la indiscrecin de su padre. -Ella conoca la Casa de los Cuervos, pues el ao antes, en las -vacaciones, Jarque los haba llevado a los dos, por una breve -temporada. - -Sentse junto a la mesa, sobre la cual arda un humoso veln, cuya -vacilante luz dejaba en densa tiniebla los extremos de aquella pieza, -que apareca ms grande con la pobreza de sus muebles, y daba de lleno -sobre su rostro inteligente. - -Su padre la miraba arrepentido y ansioso, esperando la solucin que -ella le sugiriera. - ---Tata--le dijo--si no se le avisa antes de maana, lo habrn puesto -preso. Lo buscan para enjuiciarlo; adems quieren tenerlo en seguro -para impedir la revolucin. - -Don Serafn asinti con la cabeza y continu callado. - ---Esta noche mismo yo me ir a la Casa de los Cuervos, y le avisar -para que huya. - -Se par, y su rostro qued en la sombra, donde lucan sus ojos, como si -estuvieran iluminados por la sola luz de su alma. - ---Vas a ir?--gimi el maestro, que jams se haba separado de su hija. - ---S, tata. Tenemos que salvarlo, y slo yo puedo ir hoy mismo. Algn -canoero me llevar. Antes del alba; saliendo ahora habr pasado la -laguna, y en dos o tres horas ms estaremos en la Casa de los Cuervos. -Ningn piquete que no salga enseguida, podra adelantrseme. Si Dios -me ayuda as lo salvaremos. - -Don Serafn agach la cabeza resignado. La nia se envolvi en su -manto y se fu a la barraca de Fosco donde podran informarle sobre un -canoero de confianza. - -Al pasar frente a Santo Domingo, sonaba el toque de nimas, y -aquellas campanadas lgubres vibraron como si tocaran en su corazn, -anuncindole prximas desgracias. - -Se estremeci de terror, y para vencer su miedo, se santigu y ech a -correr. - - - - -II - -El aviso - - -La tarde cay como un velo ceniciento sobre el campo, cubierto de pajas -sobre el ro dormido, sin una arruga entre las inmviles carrizas, -sobre el alma de la nia, que se llen de tristeza, viendo morir el -ltimo da en que an pudo guardar su ilusin. - -Esa maana, al rayar el alba, haba llegado, en efecto, a la Casa de -los Cuervos, rendida, porque para abreviar la jornada y llegar antes -que nadie, tuvo que ayudar al canoero. - -La travesa de la laguna habanla hecho, siguiendo la costa, con un -buen viento que hinchaba alegremente la vela. - -De cuando en cuando el canoero, sentado en el taco de popa, daba un -golpe de pala para rectificar el rumbo de la embarcacin. sta a veces -tocaba el fondo gredoso, porque no siempre el agua era profunda; a -veces la pala se hunda toda entera, y el canoero se quedaba tranquilo -por un rato. - -Rosarito al pie del mstil, arrebozada en un manto obscuro, temblando -de fro y de ansiedad, miraba la costa, como una faja negra, y la vasta -napa de agua agitada por el viento de la noche, que arrojaba sus olas -negras contra las bordas de la canoa. - -Cuando entraron en el arroyo de Leyes, la vela se desinfl. El viento -calmaba, y all apenas se senta, resguardado el lugar por los tupidos -sauzales de las orillas. - -El canoero dej la pala y tom el botador. - ---Ust, nia, si puede, aydeme con la pala, de proa. - -Fueron las primeras palabras que pronunci. Pareca haber hecho dormido -el viaje hasta entonces. Rosarito obedeci, sin darse cuenta de cul -poda ser el servicio que prestaran sus fuerzas. Pero rem con bro, -desentumecindose con el ejercicio, sintindose luego jadeante, pero -decidida a remar hasta que hubiera llegado, para que aquel hombre no se -descorazonara en la extraa aventura. - -No le haba preguntado por qu viajaba de noche y sola. En aquellos -tiempos de revoluciones, los hombres discretos no pretendan informarse -de las cosas que no les ataan, por raras que le pareciesen. - -Le pagaban bien y aunque era ruda la jornada, no tena derecho de -quejarse, cuando aquella nia se mostraba infatigable y valiente. - -Bogaban cerca de la margen. Las altas hierbas acuticas rozaban la -borda, con un ruido de papeles ajados, y llegaban a poner su caricia -hmeda y fra, por el roco, en la mano de Rosarito, que se estremeca -a su contacto. - -La barca deslizbase dejando una estela en que se quebraba la luz -de las estrellas, que empezaban a dormirse en el cielo, ante la -cercana del alba. El agua chapoteaba contra la costa gredosa, y aquel -ruido montono, mezclado al concierto nocturno de los grillos y de -los camalotes podridos en el barro, iba anegando en somnolencia el -pensamiento de la nia. - -Dej la pala y se sent sobre el taco de proa. El manto que le cubra -la espalda, caa fuera de la borda, mojndose una punta. - ---Estoy cansada--dijo, como una disculpa. - ---Ya me pareca que as haba de ser--contest el canoero dando un -empelln ms fuerte, como para mostrar que la canoa marchaba por l y -no por ella. - -Rosarito se adormeci temblando de fro, al dejar el violento ejercicio. - -Ya no tena miedo, ni del hombre que le acompaaba, ni de la noche que -le envolva, ni de las hierbas hmedas que le besaban la mano al pasar, -con el contacto viscoso de una vbora o de un sapo. Una gran ilusin -se levantaba en su corazn, como el lucero que en ese momento anunciaba -el alba... - -Cuando ella fuera hasta "l" y le dijera que haba hecho aquel viaje -descabellado, sin pensar en peligro ninguno, por anunciarle que deba -huir, l, sin que ella hablara ms, comprendera su amor y adivinara -el temple de su carcter, que la haca digna de ser la mujer de un -caudillo. - -Pero en verdad, comprendera l que ella lo amaba, que lo haba amado -siempre? - -Sinti en los labios el beso de aquella noche triste, en que oyendo las -descargas de los soldados que se batan en la plaza, ella crey morir. -Por qu la haba besado antes de ir al combate si no era para decirle -que tambin l la amaba? - -Su ensueo dur hasta que llegaron a la Casa de los Cuervos, cuando la -ceniza de la escarcha brillaba sobre los campos a la luz de la aurora. - -El canoero, que conoca el lugar, dijo: - ---Aqu es. - -Y Rosarito se levant de golpe, pensando que poda hallar a Insa al -saltar a tierra. - -Todo el campo apareca como sembrado de sal, y ms que en el fro, -mostrbase el invierno en la ausencia de los pjaros, y en el gran -silencio que reinaba sobre la tierra despierta ya. - -Slo en las casas sentase el ruido que haca un pen, martillando un -freno, que se haba doblado; y en la isla de enfrente la algaraba -spera de las gallinetas y de los chajs, que saludaban al nuevo sol -que empezaba a salir. - -Lleg el capataz, al or ladrar los perros, y Rosarito pregunt por -Insa, y tuvo que explicarle de qu se trataba, para que el desconfiado -campesino los hiciera pasar hasta el patio de los naranjos, donde ella -vi los cuervos, que daban nombre a la estancia. Los dos pajarracos, -posados en el suelo, devoraban su racin de la maana, antes de salir -al campo de las ovejas. Al pasar Rosarito se levantaron, y ella sinti -el viento y el tufo que arrojaban sus alas. - -No pens en nada triste, porque all estaba Insa, que la habl, -inmensamente sorprendido de verla. - ---Qu hay? - -Y ella le cont. Y l quiso ver entonces la canoa en que haba venido, -y fueron los dos hasta la orilla del ro, y bajaron la barranca. Ya no -estaba el canoero, que haba ido hasta las casas con el capataz, pero -la pequea embarcacin, con la proa en tierra, pareca reposar de su -larga jornada, junto al bote de Gabriela que se balanceaba en el agua. - -Insa comprendi la suma de valor y de destreza que haba gastado -la nia en su aventura. Se volvi a ella, que estaba a su lado, -estremecida, esperando aquella palabra con que haba venido soando. - -Mas no la dijo. Le apret la mano. - ---Gracias, Rosarito. Voy a salir enseguida, porque ellos no tardarn. - -Subieron hasta las casas, juntos los dos. Rosarito silenciosa y -desencantada; l contndole a grandes rasgos lo que poda decirse de -la revolucin que preparaban, y que estaba fijada para algunos das -despus. - -Recibida con afecto en la Casa de los Cuervos, la hija del maestro -empez a comprender qu sortilegio haba apresado aquella alma errante, -que ella persegua con amor haca tantos aos. - -En pocos minutos se hicieron los preparativos de la fuga. Alarcn -ensill los caballos y cuando todo estaba listo, Rosarito vi a Insa -apartarse con Gabriela, siguiendo la calle de los eucaliptus, sombra -a pesar de los rayos oblicuos del sol que se filtraba por entre sus -troncos; y sus ojos se abrieron a la triste verdad. - -No pudo esconder sus lgrimas, cuando los vi venir. Pens que l la -habra besado, como en aquella noche inolvidable en que l le rob un -beso para que le sirviera de talismn en la batalla. - ---Por qu lloras, Rosarito?--le pregunt l, subiendo a caballo.--No -hay peligro para m; no se ha fundido la bala que ha de matarme... - ---Que Dios te bendiga!--le dijo, como una madre o como una hermana. - -l parti al galope seguido de Alarcn. Gabriela se haba entrado. La -silueta severa de doa Carmen de Borja, que un momento se pintara en -la galera, baada de sol, desapareci como una sombra. - -Cumplida su misin Rosarito pens volverse, mas no la dejaron, -hacindola ver que si la gente del gobierno, que sin duda vigilaba -el ro, la vea pasar en canoa, adivinara que ella haba sido la -mensajera, y expondra a su padre a persecuciones o venganzas. - -Hara mejor en aguardar dos o tres das antes de partir, y entonces se -ira en volanta, lo cual se prestara a menos sospechas. - -Accedi, y esa tarde fu sola hasta la barranca, a despedir el canoero -que se volva, y cuando l parti, ella se qued mirando cmo se -entraba aquel sol que esa maana vi salir, con una extrema ilusin. - -A lo lejos el monte quieto, iba espesando su faja sombra. El grito de -una lechuza, a la puerta de su cueva, rompa el gran silencio, apenas -turbado por el melanclico rumor del ro. - -Sobre las nubes cobrizas de Occidente, el sol pareca un enorme sello -de lacre, que tea el cielo con un reflejo crdeno. - -Callaba el viento, que durante todo el da haba silbado en los duros -espartillos del campo, pero a ratos la brisa del ro, con un fro -aletazo, haca temblar a la nia, que miraba las cosas, poniendo en -cada una un poco de su tristeza. - -Se ech a llorar, sentada en el bote de Gabriela, que pareca una -gaviota dormida. - -No sinti correr el tiempo. Cuando la fueron a llamar era de noche, y -en el rbol seco dorman ya los cuervos. - - - - -III - -El incendio del garzal - - -Aquella zona de la costa, que el ro inunda cuando crece o que -las lluvias anegan, transformndola en un lago inmenso, de escasa -profundidad, deba ser el pasaje de las montoneras revolucionarias, y -el gobierno continuamente destacaba piquetes que la vigilaran. - -La tarea no era fcil. Salindose del camino de Helvecia, que cruzaba -por all, el terreno era liso como un plato, sin monte, sino a lo -lejos, pero cubierto de pajales, tupidos y altos, donde se guareca la -hacienda matrera, y donde poda esconderse perfectamente un hombre a -caballo. - -Acercarse a aquellas isletas sospechosas, con aire de ir a explorarlas, -era exponerse a recibir una bala de un enemigo invisible. - -A fines de Junio del ao 77, los lugares que se inundaron por las -lluvias estaban secos, pues haca tres meses que no llova y se haban -transformado en un escondrijo admirable para el gauchaje alzado, que -merodeaba por aquellos lugares viviendo de rapias y pernoctando en los -pajales misteriosos, llenos de extraos rumores en los das de viento. - -Los mismos soldados del gobierno, en ciertas ocasiones aprovechaban el -fcil escondrijo, ya para hacer noche, ya para observar sin ser vistos, -a los viajeros que podan pasar por el camino. - -Y as fu como Insa y Alarcn, que vadearon el ro buscando el mejor -camino para la estancia de "Los Algarrobos", donde esperaban reunirse -con Cullen, estuvieron a punto de caer en poder de uno de los piquetes -que vigilaban las costas. - -Cuando la partida gubernista los vi pasar por el camino limpio, de -lejos reconoci al caudillo revolucionario, cuyo poncho blanco de -vicua flotaba a sus espaldas como un albornoz. - ---Son ellos!--dijo el jefe.--Vamos, muchachos! - -Crujieron las pajas, tronchadas por los cascos de las cabalgaduras -y surgi sobre el camino la figura salvaje de los seis hombres que -componan la partida, vestidos a medias de militares y a medias de -gauchos. - -Insa y su compaero, que se alejaban al trote, resguardados por un -pequeo monte de chaares, que en aquel sitio obligaba al camino a -hacer un recodo, sintieron el ruido a sus espaldas, y a travs de los -rboles vieron la avalancha de hombres que se lanzaba sobre ellos. - -El pensamiento de echar pie a tierra y contener a balazos a los seis -policianos, fu el primer recurso que se le ofreci al revolucionario. -Pero slo Alarcn tena su carabina. l llevaba su revlver, ineficaz -a esa distancia para un blanco tan movible como el que presentaban sus -adversarios, lanzados al galope. - -Adems, todos ellos, armados de carabinas, habran podido con ms xito -contestar su agresin. - ---Es bueno tu caballo?--pregunt a su compaero que montaba un zaino -obscuro. - ---Es de "Los Algarrobos"--contest simplemente Alarcn, haciendo el -elogio, porque don Patricio Cullen tena en su estancia una cra de -caballos muy acreditada. - ---Castig entonces--djole Insa que montaba su famoso tostado. - -Y los dos, agachados sobre el cuello de sus cabalgaduras, empezaron una -carrera frentica que haba de durar mientras los otros no cejaran en -su persecucin. - -El montecito de chaares les salv del tiroteo que los perseguidores -pudieron dirigirles al sorprenderlos a menos de medio tiro de -rmington; y cuando, ms all, el obstculo desapareci, la distancia -haba aumentado sensiblemente, dificultando la puntera. - -Pronto sintieron el silbido de las balas. - -Insa se ech a rer, espoleando su caballo. - ---No est fundida la que me ha de matar--dijo repitiendo las palabras -que haba dicho a Rosarito. - -Tena fe en su estrella. Alarcn, sin embargo, serio y triste, le -respondi: - ---Toda la noche he sentido graznar a los cuervos. Dicen que eso anuncia -desgracia. - -Pronto dos de los perseguidores, mal montados, fueron quedndose -atrs. Se detuvieron, abandonando la partida, echaron pie a tierra y -hubieran comenzado el fuego en condiciones mejores, si sus propios -compaeros que corran sobre la misma lnea del camino, detrs de los -dos revolucionarios que huan a quinientos metros de distancia, no los -hubieran defendido cubrindolos con sus cuerpos. - ---Que Dios los ayude!--dijo uno, dejando el fusil y ponindose a -arreglar el apero de su caballo, que humeaba sudoroso.--Van bien -montados y no los alcanzaremos. - -La persecucin dur algunos minutos ms. Sobre el camino blanco -brillaba al sol una prolongada nube de polvo, que sealaba el paso de -los hombres. No haba viento y quedaba flotando extenso rato a lo largo -de los pajales verdes. - -El jefe de la partida, sintiendo que su mismo caballo empezaba a -aflojar, y viendo cada vez ms distantes a los dos fugitivos, solt una -maldicin y se detuvo. - ---Alto!--dijo--a esos no los alcanzan ni las balas! Llevan caballos -de la marca de Cullen. - ---O de la de Insa--respondi uno de los soldados--el tostado del -capitn es de su estancia del norte. Yo lo conozco; tiene fama de ser -el mejor parejero de estos pagos... - -Durante algunos minutos, parados en el camino, siguieron con la vista -el pequeo grupo de los revolucionarios, que se iba achicando, hasta -que desapareci entre el polvo del camino y los pajales. - ---Los cuervos han mentido--dijo Insa a Alarcn, conteniendo su -caballo, al notar que sus perseguidores haban renunciado a alcanzarlos. - ---Falta mucho para que se entre el sol--observ Alarcn.--Adems, lo -que no sucede hoy, sucede maana. - ---Ests con miedo? - ---No, mi capitn. - ---No habls entonces de cosas tristes. - -Siguieron al tranco, refrenando sus corceles enardecidos por aquella -media hora de fuga frentica. - -Insa pensaba que la partida que lo haba sorprendido no deba ser la -nica apostada en el camino de "Los Algarrobos", y que siguindolo -corran el riesgo de tropezar con alguna otra de la cual no pudieran -evadirse con tanta fortuna. - -Los caballos hacia el medioda necesitaban descansar. - -Estaban a la altura de Mocoret, lugar aislado, entre el Saladillo -y los baados de la costa del ro San Javier. Llegndose hasta all -podran tomar un camino menos peligroso, a travs del Campo del Medio, -tierra de amigos, que confinaba con la colonia Helvecia, donde Insa -contaba con el mejor ncleo de gente para la revolucin, los colonos -suizos, tiradores eximios, comprometidos a levantarse y a seguir a -Insa, cuando don Patricio Cullen les diera la seal que aguardaban -haca tiempo. - -Insa y su compaero seguan a lo largo del Saladillo tortuoso, -cuya margen escarpada en aquella altura, estaba poblada de bosques -enmaraados, de algarrobos y andubays. Galopaban buscando "los -limpios", y en el profundo silencio que bajo la comba de los rboles -reinaba como un tcito gesto del invierno, no se oa, aparte de las -sordas pisadas de los caballos, ms que el crujido de alguna rama -demasiado seca, desgajndose sobre la tierra cubierta de musgo. - -De pronto grit una lechuza, y Alarcn, que saba interpretar los mil -indicios del monte, se detuvo y dijo en voz baja: - ---Debe de haber algn rancho por aqu. - -Insa asinti y comenzaron a marchar al tranco, prestando odo a cuanto -rumor sospechoso llegaba hasta ellos. - -La lechuza grit de nuevo, y Alarcn ech pie a tierra, se acost y -mir en la direccin de su grito por debajo de los rboles. - ---Hay un rancho--dijo--como a dos cuadras de aqu. - -Volvi a montar. El rancho quedaba entre ellos y el ro. Si haban de -cruzar ste para llegar a Mocoret, les era menester seguir la costa, -buscando un vado. - -Aquella habitacin humana, que no conocan, se les hizo sospechosa. - ---Debe de ser de no ha mucho--murmur Alarcn. - -Caminaron un trecho callados, y luego oyeron ladrar a los perros que -los haban sentido. - ---Pasemos de largo y al galope--dijo Insa. - -Castigaron los caballos y cruzaron a cierta distancia del rancho, que -daba sobre la barranca, a breve trecho del ro. En un corralito de -ramas vieron algunos caballos, pero ni una sola persona se asom a la -puerta, por ms que los perros les ladraron hasta que se perdieron de -nuevo entre el monte. - ---Es raro--pensaba Insa--all haba alguien. Por qu no ha salido? - -Un momento tuvo intencin de volverse, sospechando que el rancho -pudiera servir de refugio a algn espa del gobierno, puesto all en el -vado, por donde pasaban los que iban a Helvecia, a travs del Campo del -Medio. - -Desech tal idea, que le habra demorado, y se acerc a la costa, -buscando un paso, que les permitiera cruzar el cauce del riacho, sin -desensillar y montados. - -No fu difcil hallarlo. Vieron huellas de hacienda que haba pasado, -y enderezaron por all. Los caballos olan el agua resoplando; la -corriente era fuerte, pero escasa la profundidad, y as, minutos -despus galopaban sobre la otra margen, tierras bajas, anegadas por el -ro y por las lluvias y cubiertas de tacuruces, pequeos montculos de -tierra en que anidaban las hormigas, por temor al agua, y de speros -espartillos, en que el viento se arrastraba gimiendo. - -No haba arboleda. La pradera desnuda, color de pizarra, se dilataba -hacia el Este en una vasta zona, en que la vista no hallaba lindes. -Hacia el Norte se divisaba una faja obscura y lejana; eran los montes -de Mocoret, algarrobos enormes, con uno que otro fresco andubay, -abierto como un paraguas sobre un tronco recto y de ruda corteza. - -Faltaba mucho an para que se entrara el sol, cuando llegaron a las -primeras filas de rboles. De all el Campo del Medio no distaba ms -de cuatro leguas, y habran podido alcanzarlo antes de la noche. Pero -los caballos estaban cansados por el largo galope y convena hacerlos -reposar algunas horas, a fin de tenerlos bien y llegar en la madrugada, -disponiendo de todo un da para hablar a la gente de esos contornos. - -Insa conoca a un cuidador de haciendas, que tena un "puesto" por -aquellos lugares de Mocoret, y se dirigieron a su rancho. - -Ellos mismos, en ayunas an, sentan ansia de tomar algunos mates, lo -que les sera suficiente, si no haba otra cosa, pues en ms de una -ocasin haban soportado largas abstinencias, sin otro alimento que -los cimarrones que les brindaban en las miserables chozas de aquellos -campos semidesiertos donde hallaban amigos o conocidos. - -Sobre lo ms alto de la suave lomada, en que creca el monte frondoso y -virgen, en un trozo de campo, limpiado con el hacha, estaba el "puesto" -del paisano cuidador de las haciendas de Mocoret. - -Viva con su corta familia, dos o tres personas, ms aisladas del mundo -que l mismo, porque siquiera l, en los das de fiesta sola llegarse -a caballo hasta la colonia, donde haba carreras o jugadas de taba. - -Un grimilln de perros, que le ayudaban a rejuntar las vacas, cuando -paraba rodeo, salieron al encuentro de los dos viajeros, y a sus -ladridos apareci el paisano en el patio de tierra dura, y luego su -mujer en el umbral de la puerta, con un chicuelo en brazos. - -La luna saldra tarde esa noche, e Insa pas las horas tomando mates -amargos que le cebaba Alarcn, esperando su salida, para marchar de -nuevo, mientras los caballos pastaban atados a un largo lazo, el -pasto fino, an verde, que los rboles frondosos haban librado de las -heladas. - -El puestero tena carne abundante de un novillo sacrificado das antes, -y as pudieron "churrasquear" al amor del fuego, encendido en mitad de -aquel rancho de paja. - -La noche lleg pronto, profunda, sin estrellas y ventosa, del lado del -Sur. Haca fro, y se estaba bien en el interior de la choza, alumbrada -por un pbilo que arda en un plato lleno de pellas de sebo. Mas cuando -contaban con un rato an de reposo, sintieron ladrar los perros, seal -de que alguien llegaba, y poco despus el rumor de algunos jinetes que -invadieron al galope el pequeo patio frente a la puerta cerrada. - -Oyse ruido de armas. - -Insa y Alarcn se miraron. El caudillo revolucionario vi que su -compaero, rpido y silencioso calzaba la puerta por dentro con un -mortero de algarrobo, y con el filoso facn, que le serva para cortar -la carne, se pona a abrir un boquete cortando la paja atada en -"quinchos" con guascas, que formaban la pared del rancho, en el lado -opuesto a la entrada. - -El puestero contestaba en tanto a los que de afuera le hablaban. - ---Abra, amigo! - ---Quines son? - ---Hombres de bien; abra y no tema. - -Sentase rumor de sables que se golpeaban. - ---Me ha pillado dormido--deca el paisano entretanto, comprendiendo que -un minuto que lograra detenerlos en la parte de afuera, sera bastante -para que sus dos huspedes se escaparan. - -Despus ya sabra l cmo arreglarse con los soldados. - -La mujer temblorosa permaneca en un rincn. Insa ayudaba a Alarcn -que cortaba sin ruido los quinchos de paja. - -De afuera sacudieron la puerta, y se oy una voz, ms baja y melosa, -que deca: - ---Abra no ms y no salga que hace fro. - ---Jos Golondrina--murmur Alarcn al odo de su jefe. - -Y era l en efecto. Dos das antes haba salido de Santa Fe con una -partida a la que serva de baqueano para batir las rutas y llevar -noticias de lo que pudieran observar. Haban pernoctado en el rancho, -construido expresamente sobre el vado, donde viva un isleo que era -un espa, y se disponan a seguir por la margen del Saladillo hacia el -norte, cuando esa tarde vieron pasar a Insa y a su ayudante. - -Jos Golondrina dijo al jefe de la partida: - ---Yo conozco estos pagos. Hay un "puesto" en Mocoret, y all han de -parar hasta que descansen los caballos que van sudados. La luna sale -tarde y no se han de ir antes que salga. - -Y el jefe, que conoca la astucia del indio, los dej pasar sin -mostrarse y se prepar para caer sobre ellos cuando estuvieran -"mateando" en el rancho. - -Y ocurri como lo haban previsto. - -Agolpados todos cerca de la puerta, aguardaron que el dueo les -abriese, seguros de coger a Insa y a Alarcn en aquella ratonera. - -Mas la tardanza en ejecutar la operacin tan simple de quitar la -tranca, disgust al jefe de la partida, el cual sospech algo. - ---Abra, canejo!--grit impaciente; y sin esperar ms, volvi su -caballo, ponindolo de ancas contra la puerta, le peg un sofrenn -brusco, y el animal dolorido di tan formidable empelln, que las -maderas crujieron y la puerta cay con marco y todo. - -Los cuatro hombres de la partida, se precipitaron al interior del -rancho, menos Jos el indio, que se qued fuera mirando hacia el monte, -que en la densa obscuridad apareca como una mancha de tinta. - -Vi cruzar dos hombres, y grit: - ---No pierda tiempo, mi jefe; ya no estn ah; all van corriendo, para -ganar el monte! - -Un coro de maldiciones respondi, y un grito de dolor rasg la noche. - -El jefe acababa de ver el ancho boquete abierto en los quinchos de la -pared, que el puestero haba querido en vano disimular, arrojando un -apero. - -Comprendi que lo haban burlado. - -Era un paisano flaco, pequeo, con ojos crueles. - -Mir al puestero que temblaba de miedo, y rpido, como un gato del -monte cay sobre l, y le enterr el facn en el vientre. - -La mujer di un grito, y el pobre hombre cay como un buey fulminado, -mientras la gente de la partida corra hacia el monte, donde se haban -refugiado ya Insa y Alarcn. - -ste llevaba su carabina, mas no convena hacer frente. En la -obscuridad de la noche, no habra podido apuntar; lo mejor era buscar -los caballos que pastaban por all, cortar los lazos y saltar sobre -ellos, que estaban ensillados, con las riendas al pescuezo. - -Cuando penetraron en la sombra del monte, oyeron el grito del indio -Jos, y luego sintieron el tropel de los soldados que corran. - -Pero en pocos segundos haban saltado sobre sus caballos, y huan, como -dos centauros, tendidos sobre el cuello, a travs del bosque, sufriendo -a cada instante el chicotazo de las ramas espinosas que no podan -esquivar. - -Detrs, como una avalancha, partieron sus cinco perseguidores. - -El monte, de grandes algarrobos seculares, era limpio de zarzas, y -podan huir sin grandes tropiezos. De cuando en cuando les disparaban -algn tiro cuya bala se perda silbando, lejos de ellos. - -Y as corrieron, aumentando la distancia, por entre la densa arboleda, -sin riesgo de que pudieran rodearles, hasta que llegaron a un terreno -bajo, donde no haba rboles, y que se extenda en un solo pastizal, -ilimitado, suave y fresco. - -La luna sala, llenando de luz el baado, sobre el cual se dibujaban -ntidamente las siluetas de los dos fugitivos. - -Insa temi que vindoles les hicieran fuego, mas no ocurri eso; sus -perseguidores, llegados a la vasta planicie, abrironse en dos alas, -para rodearlos. - ---Maldicin!--dijo Insa, sintiendo que su caballo cansado, por la -carrera de todo el da, empezaba a aflojar. - ---No importa, mi capitn!--respondile su compaero, que empezaba -tambin a quedarse atrs--si ganamos el garzal, no nos agarrarn en -toda la noche. - -Al frente, en la lnea que seguan, a la luz de la luna, divisbase -el garzal, un inmenso pajonal, en cuyo centro, en una isleta casi -inaccesible de totoras, hierbas altas y fuertes como caas, anidaban -millares de garzas, tuyangos y ocs, toda la fauna acutica de aquellas -regiones, con la seguridad de que hasta all el hombre no era capaz de -llegar. - -Vease que la intencin de sus perseguidores era impedirles alcanzar -este refugio, porque las alas empezaban a cerrarse, y como iban bien -montados, con caballos frescos, no hubiera sido imposible que lograran -su intento, si los caballos de los dos revolucionarios no hubieran -hecho un supremo esfuerzo, ya en el linde del garzal, donde penetraron -a saltos, quebrando las altas totoras, resecas por el invierno. - -Alarcn marchaba adelante; Insa le segua, por la brecha que l -formaba aplastando las caas. De cuando en cuando torca bruscamente -el rumbo, de manera que no pudieran verlos desde afuera. La tupida -cortina de totoras se alzaba como un muralln. Ni aun de da habran -podido seguirles con facilidad sus perseguidores, y a esa hora la tarea -resultaba imposible y expuesta, porque Alarcn, que conservaba su -carabina e Insa su revlver, los habran fusilado a mansalva, antes -que ellos pudieran verles. - -Por eso, cuando minutos despus llegaron los soldados hasta el garzal, -detuvironse indecisos. Haba huellas que podan guiarles, pero ya -entre las caas, altas de cuatro metros, tronchadas en diversas -direcciones por las haciendas que saban refugiarse all, no era -posible en la noche, hallar las verdaderas seales del paso de Insa. - ---Hay que cuidar la parte del Este--dijo el indio Jos.--Por ese lado -han de salir, buscando el camino de Helvecia, a travs del Campo del -Medio. - -Toda la partida, en efecto, continu al galope, por la costa del -inmenso garzal, que pareca un mar de plata, a los rayos de la luna que -fundan todos los perfiles. - -De vez en cuando sentase el vigilante grito de los chajs, que -adivinaban la presencia de los hombres. Algunas brujas, grandes aves -nocturnas, revoloteaban, manchando con sus sombras el cielo azul, -inundado de luz. - -Insa y Alarcn avanzaban siempre hacia el centro del garzal. Cuando -llegaron a los escondidos lugares donde las aves acuticas tenan -sus refugios, a cada paso que daban, encabritbanseles los caballos, -asustados, porque de entre sus patas se alzaban gritando los ocs y -las garzas, que dorman en sus nidos de caas dobladas, cimentadas con -barro, a breve distancia del suelo. - -Un lodo pegajoso, indicio de que durante el verano y el otoo todo el -terreno estaba anegado, haca ms fatigosa la marcha. Los caballos -rendidos, se paraban. Dbanles un resuello, y con las espuelas -ensangrentadas ya, los obligaban a marchar, resoplando, medrosos, ante -aquellas sombras que surgan del suelo bruscamente, y aquel perpetuo -crujido de las caas que estallaban al quebrarse. - -As llegaron al centro, donde haba una laguna, en que los patos -dorman en bandadas inmensas, que se alzaron con un ruido de granizo, -al sentir a los dos hombres. - -El sitio era limpio, alejado casi media legua de la orilla. No haba -totoras, y la tierra cubierta de verdes canutillos, pareca un fresco -tapiz, mas los caballos se negaban a entrar, conociendo que debajo de -los pastos haba un metro de agua. - -Entre las totoras de la orilla, donde el suelo era firme, aunque -barroso y hmedo, se quedaron los dos fugitivos, y echaron pie a tierra -para dejar descansar sus caballos. - ---Por esta noche no hay peligro--dijo Insa, desensillando su caballo, -para soltarlo atado con el lazo que llevaba arrollado. - -Del lomo sudoroso de los animales se alzaba un vaho denso. El fro era -penetrante y pareca caer como una lluvia impalpable y helada, del -cielo limpio, barrido por el viento. - ---Se van a pasmar--dijo Alarcn, cortando un puado de paja seca y -friccionando rudamente la piel humeante de su caballo. - -Insa, silencioso, pensaba en cosas lejanas. La vida tena ahora para -l ms precio, y an envuelto en la emocin de la lucha, senta las -ligaduras que ataban su corazn a la Casa de los Cuervos. - ---Oh! Gabriela, Gabriela!--pens--qu profundamente has entrado en -mi alma! - -Alarcn dej los caballos y se puso a construir una ancha cama, a la -manera de los nidos de las garzas, de totoras entretejidas y dobladas. -No bien estuvo dispuesta una, Insa se tendi sobre ella con el aire de -un hombre rendido, y se envolvi en su blanco poncho de vicua. - -Su compaero sonri adivinando en qu pensaba el caudillo. - ---Yo har la guardia, mi capitn--le dijo. - ---Hasta la media noche--respondi Insa--a esa hora yo te relevar. -Partiremos antes del alba. - -Pero antes de la hora, en el viento que empezaba a soplar con fuerza -del lado Sur, lleg una obscura cortina de humo, clido y acre. - ---Mi capitn, mi capitn!--grit Alarcn. - -Insa salt de su lecho de totoras. - ---Han incendiado el garzal. - -Los caballos empezaban a asustarse. Hacia el Sur sentanse ya los -gritos de las aves sorprendidas por el fuego, pero an no llegaba hasta -ellos el chisporroteo de la llama. - -La columna de humo envolva el garzal, sin levantarse mucho, porque -arriba el viento la desgarraba, y sus blancas volutas, iluminadas por -la luna, se enredaban como banderas entre los haces de totoras. - -En un minuto estuvieron ensillados los dos caballos, que amujaban las -orejas y cavaban la tierra con sus cascos impacientes. - -Cuando Insa iba a saltar, Alarcn dijo: - ---Mi capitn, no monte en el suyo, monte en el mo, y deme su poncho. -As nos confundirn, y podremos escapar con facilidad. - -Insa que fiaba en la sagacidad de su compaero, acept el cambio, y -subi en el otro caballo, mientras Alarcn saltaba sobre el tostado -famoso del caudillo. - -Entre las rachas de humo que se hacan ms espesas, contornearon -la laguna del garzal, sobre la cual revoloteaban millares de aves, -graznando, encandiladas por el incendio, y entraron entre los totorales -de la opuesta orilla, azuzando a sus caballos, ms acostumbrados ya a -romper las caas con el pecho. - -De pronto dijo Insa, detenindose: - ---Si han incendiado el garzal por la parte del Sur, deben cuidar el -Norte. - ---As ha de ser--contest Alarcn. - ---Entonces es preferible buscar camino al naciente. - ---Yo creo, mi capitn, que debemos separarnos. Usted hacia el Norte, yo -hacia el naciente, aunque ellos vigilen por all. Si han incendiado el -Sur, el viento que es pampero, ha de haber hecho correr el fuego por -todo el poniente. - -Y as se apartaron, citndose para el camino de Helvecia. Al -despedirse, Alarcn estir la mano a su jefe. - ---Adis, mi capitn. Aunque me maten, no se olvide de m. - -En la noche, entre el humo y el reflejo del incendio que llegaba ya, el -valiente revolucionario, con el poncho blanco flameando a sus espaldas, -agitado por el viento, pareca un caballero de leyenda. - -Insa tuvo miedo al verle, tan fantstica era su figura en el cuadro -aquel, y tembl recordando sus presentimientos de esa maana. - -Le apret la mano con extraordinaria efusin y se separaron los dos, -Insa hacia el Norte, Alarcn hacia el Este, donde quedaba el camino -del Campo del Medio. - -El jefe senta el incendio a su izquierda, como si el viento, -remolineando, sin direccin fija, hubiera hecho correr la llama por -el contorno de esa parte del garzal, cuyas totoras resecas eran un -admirable pasto para el fuego. - -Corra ms la llama que l, y eran como dos brazos de oro fundido -que le perseguan para estrecharlo antes de que saliera de entre los -totorales. - -Lleg a pensar que habra sido mejor buscar una salida hacia el -naciente, aun defendindose a tiros, porque por all el incendio no -deba haber llegado todava. - -El caballo espoleado con crueldad avanzaba dando botes. A veces caa, -resbalndose sobre las totoras, enredadas al rededor de un nido, en que -algunos polluelos estiraban sus largos pescuezos ansiosos. - -Insa lo hostigaba, sintiendo en la espalda el aire abrasado, y el -pobre animal, lleno de pavor ms que de bros, soplaba con furia y se -alzaba temblando, para marchar rompiendo siempre aquella inmensa malla -de pajas crepitantes y lustrosas. - -Cuando lleg al borde del garzal, cerca ya del baado, una racha de -viento desgarr la cortina de humo, que lo envolva todo, y l pudo ver -hacia el naciente el incendio ms pavoroso como si le hubieran dado -contrafuego. - -Tembl por su compaero. Fu a volver, en su auxilio, por la brecha que -l mismo haba abierto, pero una inmensa columna de humo se alz de -pronto, a un centenar de pasos, de donde l estaba, entre las totoras -que acababa de cruzar, anuncindole que todo aquello no era ms que un -solo brasero. - -El cielo que se haba cubierto de nubes, se enrojeca con vvidos -lamparones, que desgarraban la negrura de la noche con reflejos -sanguinolentos. Altas, muy altas, veanse cruzar las garzas -encandiladas, y graznaban las gaviotas que haban acudido al -espectculo. - -En el horizonte hacia el Este, pintbase ya la barra limpia, color de -oro, anunciadora de la maana. - -Un minuto que perdiera, sera su muerte, pens el revolucionario, -sintiendo los gritos de uno de los hombres, que de lejos a su -izquierda, le haba visto a la luz del incendio, y se echaba a correr -sobre l. - -Espole su caballo, y empez a cruzar el baado, seco en ese tiempo, -pero difcil por la aspereza de la tierra que la hacienda haba -hollado y cubierto de infinitas madejas de camalotes resistentes como -pequeos cordeles. - -Marchaba con honda pena, preocupado por la suerte de Alarcn, que poda -haberse visto envuelto en las llamas, sin camino de regreso hacia la -laguna del garzal, donde habra podido librarse del incendio. - -La luz se hizo, cuando lleg al linde del baado con el monte, y los -cascos del caballo tocaron la anhelada tierra firme. - -Su perseguidor de la izquierda, lo salud con un tiro cuya bala sinti -silbar, y vi entonces a la derecha el grupo de los soldados que se -echaban sobre l, a todo lo que daban sus caballos. - -Y empez de nuevo la carrera, a travs del monte, lleno de silencio y -de sombra, azotndose con las ramas espinosas que se alargaban sobre -l, como para detenerlo a traicin, oyendo el resonante galope que le -persegua como un trueno lejano, y el alarido de los perros, por donde -comprenda que iba menguando la distancia y que su caballo empezaba -a aflojar. Hasta que, de pronto, parecile que todo se anegaba en el -silencio invernal del bosque, y volvi la cara no oyendo ya ni a los -perros ni a los hombres, y observ que haban desaparecido. - -Comprendi que engaados por el cambio de poncho y de caballo, que le -sugiriera Alarcn, crean haber perseguido a ste, y se volvan para -rodear en el garzal incendiado al jefe de los revolucionarios, seguros -ya de no dejarle escapar. - -Alarcn en tanto, quebrando la valla de totoras haba marchado hacia el -Este de la lagunita donde pasaron la noche. - -Estaba seguro de que por esa parte se encontrara con los soldados, y -ese era su oculto propsito. Se hara perseguir, con su poncho blanco, -iluminado por el alba que clareaba ya, y dara tiempo a su jefe para -escapar. - -Mas he aqu que siguiendo su penoso camino, cuando se haba internado -profundamente entre aquellos tupidos y recios pajales, una extensa -faja incendiada le cerr el camino con su vaho de infierno. El viento -era contrario a la llama, pero de vez en cuando algn remolino caa -sobre ella y mesndola en todas direcciones la haca penetrar en rojas -lenguas a travs de las caas secas y sonoras. - -Busc una salida y no hallndola, oblicu hacia el norte, porque la -gran masa de fuego llegaba del sur, arrastrada por el pampero. Y -despus de marchar un rato, un aletazo del viento arroj sobre l una -obscura cenefa de llamas envueltas en el humo spero de los pastos -verdes. - -Tena que volver, y con paciencia, comprendiendo que deba esperar en -medio de la laguna que sus perseguidores cayeran sobre l cuando el -incendio hubiera devastado su inexpugnable refugio, volvi riendas y -empez a desandar su jornada, siguiendo sus propias huellas. - -Y de nuevo la llama que haba avanzado rodeando la laguna le cort el -paso. - -Ni para el Norte, ni para el Sur; ni para la izquierda, ni para la -derecha. Todo estaba incendiado. Quiso cruzar la napa de fuego que -lo separaba de la laguna donde poda salvarse, y el caballo se le -encabrit y volviendo grupas empez a patear las llamas que corran -como millones de culebras de oro. - -Deba morir, y se resign, con ese fatalismo criollo que se allana -mansamente al destino. - -Ya l lo haba presentido, oyendo graznar a los cuervos, y aunque su -jefe no crea, l tena ya la muerte en el alma. - -Haba una isleta libre entre la mar de fuego que avanzaba por todos los -rumbos, se retir al centro, y se puso a mirar con sus ojos azules, -serenos, la llama que llegaba en su busca. Las caas se retorcan -gimiendo, y en la parte hmeda y verde que se hunda en la tierra, -estallaban cohetes que asustaban al caballo. - -Alarcn lo palme en el cuello para aquietarlo. Ech pie a tierra y se -puso a desensillar pensando que era una tristeza que se perdiera aquel -soberbio tostado que se haba hecho tan famoso como su dueo. Quitle -despus el freno, lo enderez hacia el Este, y le di un lonjazo para -que tratara de salvarse huyendo a travs del fuego. - -Pero fu en vano; el animal corri hasta las llamas, tronchando las -totoras; y all bruscamente, volvi el anca, y se puso a dar coces sin -alejarse del fuego que avanzaba sobre l. - -Alarcn agach la cabeza para no verlo. Senta los gritos de los -polluelos que se asaban en los nidos, y arriba, sobre su cabeza, la -protesta de miriadas de garzas blancas y gansos rosados, que volaban -sobre las nubes, asistiendo al incendio de su refugio y de su prole. - -Un rumor como si centenares de carros volaran sobre la llanura -producan las llamas mesadas por el viento, entre las altas caas que -podan ocultar un hombre montado. - -El humo y el calor de horno que le envolva empezaban a desvanecerle. -El fuego estaba a cincuenta pasos de l, y envolva totalmente el sitio -en que su caballo mora pateando siempre al invisible enemigo. - -Comenz a salirle sangre por la nariz, y como de pie no poda respirar, -mir por ltima vez el cielo, manchado de nubes ahumadas y el sol que -ascenda, haciendo huir la noche en el sombro bosque, por donde a esa -hora galopaba su jefe, y se ech en tierra pegando la cara con el barro -fresco, que pudo hallar al pie de las totoras, envuelto en el poncho -blanco de Insa. - - * * * * * - -Cuando al caer la tarde se extingua el inmenso brasero del garzal que -haba ardido todo el da, Jos Golondrina, que acechara ansiosamente -para impedir la fuga del que todos crean que se estaba quemando all -adentro, mont a caballo, y se intern en la llanura cubierta de ceniza -y de matas ennegrecidas que se desmoronaban bajo las pisadas del -caballo. - -De algunos montculos, donde haban estado ms tupidas las totoras, -surgan an haces de chispas, que caan como un polvo de oro sobre el -rescoldo tibio. - -A tres cuadras de la laguna hall el cadver del caballo de Insa, y a -poco ms all, el cuerpo del que crey su rival, con la cara sobre la -tierra blanca de cenizas, como dormido en el profundo silencio de la -tarde. - -Reconoci su poncho blanco de vicua, quemado en parte, su lujoso -apero, sus armas, y ech pie a tierra, y con el taco de su bota pis -el cuello del muerto, que envolva la manta, sintiendo que la carne -calcinada se desmoronaba tambin como aquellos montculos de que estaba -sembrado el garzal. - -Y sus ojos pardos se llenaron de luces, que brillaron un momento, como -los haces de chispas que surgan de entre las matas encendidas an, -cayendo como una lluvia de oro sobre el rescoldo tibio. - -Y pens que ahora poda reinar sobre su tribu reconstituda por l. - - - - -IV - -Yo lo mat, pero voy a morir... - - -Das antes Syra, que rara vez sala desde la muerte de su novio, visit -a las vecinas, en cuya casa sola verse con l. - -Empezaban a encenderse las luces cuando ella termin su visita, y se -march. - -En la calle solitaria a esa hora, encontrse con una negra vieja, hija -de los esclavos de otros tiempos, limonera, que caminaba pegada a las -paredes, estirando una mano seca a los raros transentes. - -Conocala Syra y la socorra en da fijo de la semana. - -La vieja se le acerc, y le dijo en voz baja: - ---Amita! me mandan a buscarla, si quiere ir, en inters del hombre que -llora. - ---Quin te manda? - ---Jos el indio. - ---Dnde est? - ---En el cementerio de San Antonio. - ---Qu quiere de m? - ---No me lo ha dicho. - -Pens Syra un momento, arrimada contra uno de los pilares de su casa, a -la cual haba llegado, y tuvo el presentimiento de que la vieja esclava -deca la verdad, y que las misteriosas palabras con que haba aludido a -su novio muerto, tenan realmente relacin con la extraa cita. - -Observ si alguien ms la haba visto, y creyendo que no, se arreboz -en su chal como una mora, descubriendo los ojos nada ms, y sigui la -calle del Cabildo, hacia el Oeste, para doblar al Norte tres cuadras -ms all. - -El velo ceniciento que el crepsculo haba arrojado sobre la ciudad, se -iba oscureciendo como un denso crespn, y cuando Syra lleg frente a -las tapias del cementerio de San Antonio, cuya capilla abandonada, al -borde de la calle, en aquellos arrabales silenciosos, pareca llena de -las almas de los muertos, era casi de noche, y no vi la silueta del -indio, acurrucado contra la puerta. - ---Nia Syra--le dijo, y ella tembl ante aquella voz que pareca surgir -de la tierra. - -l se par y le murmur al odo. - ---Siempre se acuerda de l? - -Syra lo mir, y vi sus ojos lucientes como los de un gato en la sombra. - ---Qu te importa? - ---Lo has olvidado, entonces? - ---Para eso me has llamado? - ---S, nia, para eso. Quera saber si despus de muerto, iba a seguir -siendo agraviado. - ---Por quin? - ---Si su merced me manda, nia,--dijo con voz sumisa el indio,--yo le -dir; pero si lo ha olvidado ya, y no piensa vengarlo, no quiera saber -lo que iba a contarle. - -Chill una lechuza bajo el alero de la capilla, y su grito glacial -entr en el alma de la joven como un escalofro. Qu poda ser aquello -que el indio le iba a contar? Ella senta pasar los das cargados de -odio, porque en su corazn apasionado, no se aplacaba el amargo anhelo -de vengar aquella sangre que manch su traje de baile y de novia. - ---Qu me vas a contar?--dijo simplemente--yo no lo he olvidado. - ---Pero en su casa s--respondi el indio--en la Casa de los Cuervos, ya -ni su madre lo recuerda, y su hermana est para casarse con el que lo -mat. - -Dijo estas palabras en voz baja, no ms fuertes que el susurro del -spero ciprs que haba al lado de la capilla, mas parecile a Syra que -la voz retumb como un trueno, y mir a su alrededor, por si alguien -haba que pudiera escucharle. - -El camposanto, sembrado de cruces negras, pareca un vasto sudario -arrojado sobre millares de muertos que yacan juntos, marcando con sus -cuerpos el pequeo relieve de los tmulos blancos. - -Ni una luz se vea en ese barrio, de tapias rodas por el tiempo, y de -pencales verdes y espinosos, sealando el linde de las heredades. - -Llegada la noche, aquellos parajes siniestros, adonde Syra no haba -temido acercarse, quedaban librados a los cuervos, a las lechuzas y a -los perros sin amo. - -Los perros ladraban en las noches de luna; las aves callaban, y el -enorme silencio pesaba all durante horas, como una lmina de plomo, -hasta que al toque de nimas, que llegaba de todas las torres de la -ciudad, graznaban las lechuzas y resonaba el eco en la sombra capilla, -cuya puerta sola abrir el viento. - ---No has mentido? - ---No, nia. - ---Vas a jurar? - ---S, por la tierra donde duerme mi madre--dijo l, y Syra crey en su -palabra. - -Esa misma noche habl a Montarn, y le anunci que se ira a la Casa de -los Cuervos a pasar una temporada de campo. - -El repentino capricho pareci explicable y sus padres accedieron a -mandarla en una volanta, que sali dos das despus, cuando ya Rosarito -estaba de vuelta y Jos Golondrina persegua en el garzal a los dos -fugitivos. - -Syra lleg a la Casa de los Cuervos como una amiga, disimulando su -amargura, para saber mejor aquella terrible verdad que le haban -confiado. - -Doa Carmen de Borja, ante aquella joven enlutada, que comparta -su dolor, pero que la miraba con ojos extraos que buscaban su -pensamiento, sinti miedo, temiendo por el secreto de aquel perdn que -haba dado a Insa en el fondo de su alma y que nadie comprendera, si -llegaba a saberse todo lo que ella saba de la muerte de su hijo. - -Y Gabriela tembl por su amor, como si en los ojos fulgurantes de Syra -hubiera ledo una sentencia; y como si ella y su madre se hubieran -puesto de acuerdo, jams nombraban al ausente en quien vivan pensando. - -No nombraban tampoco a los muertos, de quienes parecan haberse -olvidado todos en aquella casa, y cuyo recuerdo Syra haba venido a -avivar, como una cicatriz que duele y se abre. - -A la siesta se reunan las tres mujeres en la galera baada por el -dorado sol de invierno y dejaban correr el tiempo, sin despegar los -labios, como si sus pensamientos se hablaran en silencio. - -Los peones se acercaban a pedir rdenes a la dama, que sola -levantarse, dejando sola a Gabriela y a Syra. - -Gabriela senta los ojos de la hija de Montarn clavados sobre ella. -Sugestionada por aquella persecucin alzaba la frente, y la miraba. -Syra, enlutada como una viuda, le sonrea, sin hablarle, mas su sonrisa -no era amistosa. - -Cuando algn incidente impona la conversacin, los espritus parecan -alejados y las palabras surgan sin cordialidad. - -A veces, sin motivo, se acercaba la mujer del capataz, que rondaba -aquellas escenas, como un perro fiel, husmeando la sangre del amo. - -Gabriela pensaba que a Floriana haba adivinado su secreto, porque -jams mencionaba a Insa, como si tal nombre le amargara los labios; y -si era as, la astucia de aquella mujer podra haber comprendido los -sombros proyectos de Syra, que comparta con ella sola el deseo de -vengar a los muertos. - -Pasaban los das y an Syra ignoraba si en verdad doa Carmen y su hija -conocan que el hombre que albergaran en su casa era el matador de -Carmelo y de Jarque. - -Pero de aquellas escenas de pesado silencio, surga la terrible -sospecha de que ambas lo saban y callaban para no romper el encanto -del amor que naca. - -Una tarde lleg or Basilio el ovejero, y dijo a doa Carmen: - ---En el campo de Mocoret han quemado vivo al capitn Insa. Uno de los -que andaban en su busca de parte del gobierno ha dormido en mi rancho y -me lo ha contado. - -Doa Carmen guard el secreto. Nadie habra podido sospechar la -tormenta de encontradas pasiones que se levant en su alma, porque su -rostro permaneci inmutable. - -Un poco ms de ternura hubo en sus ojos al mirar a su hija; y en el -pliegue de sus labios una fuerza mayor para imponer el silencio a las -expresiones de rencor satisfecho que queran desbordar. - -Pero esa noche todo cambi. A la hora de la cena sintieron llegar un -caballo, que se acerc entre el ladrar de los perros hasta el rbol en -que los cuervos dorman. - -Gabriela corri a mirar y dijo: - ---Insa! - -La madre fu a desengaarla, contndole la historia que le haban -referido, cuando entr el capataz y lo anunci, y luego el mismo -capitn, que lleg con aire de fiesta. - -Sin que nadie lo advirtiera, Syra corri a su cuarto, cuya puerta daba -sobre el corredor y se encerr por no verle. - -Insa se sent a la mesa, y alejados los sirvientes, habl a la madre y -a la hija. - -Haba mandado un chasque a don Julin, a fin de que esa misma noche -llegara a casa de doa Carmen y deba estar al caer. - -Era extrao lo que iba a decir, pero en su vida todo era as, extrao. - -Doa Carmen escuchaba en severo silencio, con los ojos posados sobre el -plato y las manos tiesas sobre el mantel. Tambin en la vida de ella -todo era extrao. - -Insa prosigui: - ---Quiero llevarme, seora, el talismn que ha de darme suerte. La -revolucin va a estallar en el plazo de tres das. Todo est pronto, y -yo vengo a casarme, para que el amor de mi esposa sea mi fortuna en la -batalla. - -Gabriela haba dado un grito. Insa se puso de pie y esper la -respuesta. Doa Carmen baj la cabeza asintiendo, mas no habl. - -Sintise rumor en el patio y todos salieron de la galera. Era don -Julin que llegaba. - ---Ser esta noche?--pregunt la dama a Insa. - ---S, seora--contest l, inclinndose. - -Doa Carmen llam a la mujer del capataz y le dijo lo que haba, a fin -de que preparase el oratorio donde deba de ser la ceremonia. - -En la obscuridad del patio no vi el gesto de horror con que la mujer -se apret la cabeza. - -Insa y Gabriela se paseaban en la galera del lado en que estaban los -cuervos. Uno de ellos, despierto, se espulgaba y sentan el spero roce -de su pico en el negro plumaje. - -En el cuarto de los huspedes doa Carmen atenda a don Julin. -El comedor haba quedado a obscuras, y nadie vi por eso entrar a -Floriana, que se acerc hasta la pieza donde Syra se haba refugiado y -la llam suavemente. - -No le abrieron; quiz no oyeron la seal, que repiti dos veces, sin -resultado. La joven, sin embargo, no dorma; sentanse sus pasos y el -rumor de su ropa. - -Floriana mir por el agujero de la llave, y a la luz escasa de la vela, -vi algo cuyo significado no comprendi. Quin estaba all? Syra o -Gabriela? Quin era la novia que haba venido a buscar el capitn -Insa? Por qu si era Gabriela, Syra se vesta de blanco como si ella -fuese? - -Corri al oratorio a concluir los preparativos de aquella fiesta que le -llenaba el alma de rencores y a poco sinti la voz de don Julin que -entraba con una maleta, en que traa un roquete, una estola y un libro. - -Y luego llegaron todos. Gabriela vestida de negro, tal como estaba; -Insa como si terminada la ceremonia hubiera de partir al combate, doa -Carmen de Borja, plida, como una muerta, plegados los labios para no -quejarse, y los peones, que haban de servir de testigos. - -Se cerr la puerta, para que el viento no apagara las velas que ardan -en dos candelabros iluminando crudamente la imagen de la Virgen rodeada -de flores, y la alta silueta del cura, que hojeaba el libro, para leer -las preces. - ---Falta la nia Syra--dijo Floriana. - -Doa Carmen hizo un gesto para que callara. Don Julin no la haba -odo, y llam a Insa y a Gabriela, y comenz a leer aquella augusta -alocucin, que esa noche pona un horror de tragedia en el corazn de -todos. - -De pronto son una carcajada en el patio, que a Insa le hel la -sangre; se oy el graznar del cuervo despertado por el ruido, y la -puerta del oratorio se abri con violencia, y entr Syra, vestida de -blanco, semejante a una novia, hermosa como una aparicin, con el -cabello suelto, como si no hubiera podido concluir su tocado, con la -frente iluminada, y los ojos ardientes, y la risa en la boca crispada. - -Apart con fuerza a los que le cerraban el paso y corri al altar y -tom a Gabriela de un brazo, y le dijo mostrando una gran mancha de -sangre que tena sobre el pecho, en el albo traje de baile: - ---Yo era su novia, y l lo mat! - -Y todos sintieron correr por sus venas el horror de haber comprendido, -sin que ella dijera ms, lo que significaba aquella sangre, quin era -el muerto y quin era el matador. - -Se abri de nuevo la puerta, y una racha fra de viento apag las -luces, y sintise en el gran silencio que se hizo el aletazo de un gran -pjaro que haba entrado sin que nadie lo viera, y que pugnaba por -hallar la salida. - -Se oy entonces la voz de Insa: - ---Es cierto, es cierto! Yo lo mat! - -Se le vi, en la sombra, acercarse a Gabriela que haba cado desmayada -en brazos de su madre, no se oy el ruido de su beso en la frente de -la joven, pero s la voz de l ms tranquila, hablando desde el umbral -de la puerta, como un adis a la Casa de los Cuervos. - ---Yo lo mat, pero voy a morir. - -No hubo un gesto de nadie para responderle, ni se tendi una mano amiga -para detenerle. - -Sali; se oy el graznar del cuervo, y luego el rumor del galope de un -caballo, que se alejaba por la calle sombra de los eucaliptus. - - - - -V - -La batalla de los Cachos - - -Una maana, el catorce de Junio, Rosarito entr despavorida en el -saln donde su padre estaba dando clase, a una veintena de chiquillos -adormilados. - ---Tata!--dijo simplemente--la revolucin!--a Francisco anoche lo han -muerto, segn dicen. - -Y cay arrodillada en el suelo, llorando y escondindose la cara entre -las manos, mientras los chicuelos aprovechaban el estupor causado en el -maestro por aquella noticia, para desbandarse y huir de la escuela. - -Desde tres das antes viva la gente en Santa Fe aguardando la hora de -la revolucin. Saban, los que estaban en el secreto, que don Patricio -Cullen, desde "Los Algarrobos", bajaba con su gente hacia la ciudad, -sublevando las campaas con ardorosas proclamas. - -Sus montoneros a caballo, mal armados, no habran podido resistir el -empuje de las fuerzas del gobierno, que contaba, como ncleo principal -de su defensa, con el histrico batalln "7 de Abril" al mando del -coronel Raimundo Oroo. Pero saban que Francisco Insa bajaba -simultneamente a encontrarse con Cullen, al frente de los "Suizos", -colonos de Helvecia, y de ms al Norte an, de la Colonia Galense, -de Romang, de Alejandra, donde la causa de los revolucionarios haba -reclutado sus mejores tropas. - -Aquellos extranjeros, tiradores de primer orden, bien armados con -fusiles de precisin, valan mucho ms que las revueltas montoneras que -traa Cullen. - -La revolucin deba estallar en la ciudad, no bien se supiera que -Cullen o Insa llegaban, y hubo un momento en que su triunfo pareci -seguro a los dirigentes de la conspiracin, porque el gobernador Bayo, -ignorante de todo, o confiado en exceso, habase ausentado de la ciudad -para asistir a las fiestas que en esos das celebraban en el pueblo de -San Carlos. - -Montarn con un grupo de revolucionarios se encarg de apresarlo, pero -el gobernador tuvo aviso de que la muerte de Insa que das antes -le comunicaran en secreto no era verdad, y que se le haba visto en -Helvecia, moviendo su gente. - -Esto le oblig a regresar, frustrando el plan de Montarn; y como -se supiera que los revolucionarios avanzaban sobre Santa Fe, se -destac una compaa del batalln "7 de Abril", para que marchara a su -encuentro, dejando el resto de la fuerza para cuidar la ciudad. - -Los soldados del gobierno deban procurar unirse con la gente que desde -San Jos del Rincn llevaba el coronel don Nazario Ocampo, fuerza de -caballera de lnea, muy apreciable, no por su nmero, sino por su -calidad; y con las del coronel don Francisco Romero, que deba cruzar -desde Santa Rosa con quinientos hombres, bien armados, para cortar -la retirada de los revolucionarios, cuando bajasen a lo largo del -Saladillo. - -Ocurri, sin embargo, que el 13 de Junio, al medioda, el jefe de las -tropas del gobierno que marchaban hacia el Norte, recibi noticias -de que Insa haba llegado al paso de los "Cachos", y se preparaba a -vadear el Saladillo, buscando la margen derecha, para seguir el camino -a Santa Fe. - -El coronel Oroo, dudando de aquella nueva, mas deseando prevenir -el ataque si era verdad, destac una compaa de veinte hombres a -caballo, al mando del alfrez don Pedro Vias, para que efectuara un -reconocimiento hasta el mencionado paso. - -Y all, aquel da, al caer de la tarde, se inici la sangrienta batalla -de los "Cachos". - -Insa bajaba, en efecto, con su gente. La margen izquierda que a causa -de las vueltas del Saladillo, quedaba al Norte, estaba anegada por un -repunte del riacho en los ltimos das. - -Los altos pajales podan servirles para acercarse sin ser vistos, hasta -el paso que buscaban, donde haba dos grandes canoas, en que podan -cruzar sin mojar sus ropas ni sus armas. - -No todos venan a caballo; algunos, los suizos en su mayor parte -marchaban a pie, alegremente con sus rifles al hombro, y sus -cartucheras a la cintura. - -Insa triste, buscando la muerte ms que la victoria, haca su jornada -en silencio y sin odio. - -Cuando llegaron al vado, desde la otra orilla, que estaba a un tiro -de carabina, les hicieron una descarga. Era la gente del gobierno, -parapetada detrs de unas pilas de lea cortada, que algunos canoeros -haban amontonado y que servan de admirable trinchera. - -No era fcil saber el nmero de los enemigos, pero Insa di orden de -cruzar el ro, y unos a caballo y otros en canoa empezaron la maniobra, -bajo el fuego de los soldados del "7 de Abril". - -Un grupo de suizos, rodilla en tierra desde los pajales, empez un vivo -tiroteo, protegiendo a los suyos que cruzaban el ro. - -El sol se iba entrando, pero el ojo experto de aquellos excelentes -rifleros, descubra detrs de los montones de lea al enemigo apenas -visible y empezaba a diezmarlo. De cuando en cuando se oa un grito: -un hombre se paraba, abra los brazos y caa y los tiradores rean. - -La primera canoa, llena de hombres, armados de rifles, al llegar a la -mitad del ro se fu a pique acribillada a balazos por los del gobierno -que apuntaban a sus tablas. - -Y entonces se vi a Insa, que en la otra orilla permaneca a caballo, -mandando la maniobra, con un soberbio desdn de la muerte que zumbaba -a sus odos, echar pie a tierra y meterse en el agua empujando la otra -canoa. - -La llev as hasta que el agua le di al pecho, y de un poderoso envin -la arroj hacia el medio, animando a su gente, con aquel absurdo valor -del hombre indiferente a las cosas que puedan ocurrir. - -Vease claramente que los soldados del gobierno lo haban conocido, -no obstante la sombra crepuscular, y que tiraban sobre l, a cuyo -alrededor en el agua, picaban las balas salpicndole el rostro. - -Se volvi a la orilla y mont de nuevo en su caballo y esper el -resultado de aquella maniobra. - -Ya algunos de los suyos,--lanceros que cruzaban a nado, a la par de sus -caballos,--empezaban a llegar a la opuesta orilla, y la segunda canoa -cargada de rifleros, haba pasado de la mitad del ro, cuando se vi -a los del gobierno aprovechar las sombras de la noche para dejar sus -barricadas, abandonando un puesto que no podan sostener. - -Ces el fuego, mas con el ltimo tiro, se vi a Insa que abra los -brazos y caa del caballo, de bruces sobre una mata de chilcas. - -Cuando lo alzaron, sobre unas parihuelas, sonrea, como si hubiera -visto venir lo que anhelaba. - ---Sigan peleando, muchachos--les dijo. - -Cruzaron el ro, y lo llevaron al rancho de un pescador, cercano a la -orilla, y lo dejaron all, porque tuvieron noticia de que la gente -del gobierno acampaba en San Pedro, a cosa de tres leguas, y convena -atacarla antes que recibiera los refuerzos que se esperaban de Santa -Rosa. - -Pero nada pudo hacerse esa noche, porque el enemigo, al llegar ellos -haba abandonado tambin aquel punto, y cuando a la maana siguiente -lleg Cullen con su tropa, se estrell con las fuerzas del coronel -Romero, bien armadas, y no tuvo el apoyo de la caballera con que -contaba, ni de Insa, del cual no hall quien le diera noticias. - -Pelearon rudamente, pero sus montoneros se desbandaron y l tuvo que -huir, por la orilla izquierda del Saladillo, con rumbo a Helvecia. - -Montaba un caballo tordillo, parejero, que no era de su estancia, y -cuyas condiciones no conoca. - -Perseguido de cerca, en los primeros momentos gan larga distancia, -pero pronto conoci que el caballo se le cansaba. - -Su asistente, Juan Flix Lpez, sin apartarse de l, le deca: - ---Castigue, don Patricio; castigue su caballo. - -El jefe de los revolucionarios, comprendiendo que su caballo estaba -rendido bajo su peso, responda: - ---A m me conocen y me quieren. Si caigo en manos de ellos, no tengo -que temer. Vos s; vos debs huir. - -Llegaron as al monte, a la isleta de las Estacas, y all Cullen -comprendi que su caballo no dara ms y se detuvo. - -Una avalancha de gauchos del gobierno dando alaridos, se ech sobre l. - -Salt del caballo uno de ellos; era Jos Golondrina, y lo tom de la -rienda. - ---Bjese!--le dijo,--y como no obedeciera al instante, le tir un -lanzazo y lo derrib. En el suelo, uno de los ms abyectos secuaces -llamado el "Lechuza", lo tom de la barba. - ---A mi padre--alcanz a decirle don Patricio--lo degoll Rozas; no me -maten como a l. Mtenme a balazos. - -Pero "Lechuza" le cort la cabeza, mientras la pequea tropa de gauchos -y de indios se cebaba en su cuerpo cribndolo a lanzazos, lo mismo que -al de su compaero Lpez. - -La muerte de Cullen produjo un inmenso estupor en la ciudad, donde ni -sus adversarios ms encarnizados haban credo que pudiera llegarse a -ese extremo. - -Cuando se recibi la noticia, Rosarito, acompaada de su padre, haba -salido ya en busca de Insa, herido la vspera. - -La campaa tranquila se baaba en el sol de la tarde, indiferente a -aquellas pasiones que manchaban su suelo. - -Don Serafn, acurrucado en un rincn, envuelto en su capa, iba contando -historias anlogas a aquel episodio, que haba visto en su vida. -Rosarito llevaba las riendas del tlbury en que viajaban al trote por -el solitario camino blanco. Ella no oa a su padre; pensaba en las -cosas tristes que rebalsaban en su alma, y tena en los labios la -amargura de una queja. Pensaba que si l haba muerto, lo hallara -donde le haban dicho, velado por Gabriela; que si an viva, l no -volvera a besarla como en la noche de la revolucin, porque su rival -estara presente. - -Saba que no haba esperanza de salvarle. El que les llev la noticia, -enviado por Insa mismo, les haba explicado cmo era la herida y cmo -ni el mismo Insa pensaba vivir. - -As como mand avisarles a ellos, pensaba Rosarito que habra mandado -avisar a la Casa de los Cuervos, no lejana de all. - -Mas cuando llegaron al paso de "Los Cachos", hallaron al caudillo -revolucionario muriendo solo en el ranchito abandonado. - -Estaba tendido en la tierra, sobre un apero, y tena cerrados los ojos. -Como obscureca ya, no conoci en la penumbra a los que llegaban, y -Rosarito, hincada a su lado, le dijo su nombre y le vi sonrer, y le -habl de su amor y de Dios, para endulzarle aquella hora suprema, y -l que en nada crea, sinti su alma iluminada por aquella verdad que -bajaba en tal momento sobre l, y llor con grandes lgrimas clidas. - ---La has llamado?--le pregunt Rosarito, y l hizo seas de que no, y -la mir con profunda ternura, como dicindole que ella refunda en s -sola todas las mujeres que poda amar: su madre, su hermana y su novia. - -Y ella comprendi, y cuando al siguiente da cerr l los ojos para -siempre, tranquilo como si hubiera hallado la verdad y el amor, ella -pens que era su viuda, y llor sobre su cuerpo fro, sintiendo en el -fondo de su dolor, la humilde alegra de saber que por fin l la haba -comprendido. - - - * * * * * - - - Tip. y Enc. NUEVA POCA - San Martn 850--SANTA FE - - - HUGO WAST - La Casa de los Cuervos - - PRIMER PREMIO - EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL - - - NUEVA EDICIN - - - BUENOS AIRES - Agencia General de Librera y Publicaciones - 1571--Rivadavia--1573 - - - - - OBRAS DE HUGO WAST - - NOVELAS - - =Alegre.=--19. millar.--Librera Ollendorff, Pars. - - =Pequeas Grandes Almas.=--11. millar.--Montaner - y Simn, Barcelona. - - =Flor de Durazno.=--27. millar.--Librera Ollendorff, - Pars. - - =Fuente Sellada.=--17. millar.--Librera Ollendorff, Pars. - - =Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--4. millar.--Biblioteca - Patria, Madrid. - - =Fantasas y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada. - - =La Casa de los Cuervos.=--9. millar.--Agencia - General de Librera, Buenos Aires. - - - POESAS - - =Rimas de Amor.=--2. edicin.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada). - - - VARIOS - - =A dnde nos lleva nuestro pantesmo de Estado?=--3. - edicin. - - =El Enigma de la Vida.=--(Estudio biolgico).--Librera - Alfa y Omega, Buenos Aires. - - =Un Pas mal administrado.=--(Estudio econmico).--Arnoldo - Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada). - - - EN PREPARACIN - - =Las bases de la sociologa.= - - =Un Pas mal administrado.=--2. edicin. - - - * * * * * - - - NOTAS DEL TRANSCRIPTOR - -Las palabras en negritas estn indicadas con el =signo igual=. - -Algunas reglas de acentuacin del castellano cuando esta obra fue -publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se -realiz la transcripcin. El criterio utilizado para llevar a cabo esta -transcripcin ha sido el de respetar la ortografa original, salvo en -caso de errores evidentes de impresin y/o puntuacin, los cuales han -sido corregidos. El Transcriptor tambin ha respetado ciertos modismos -empleados por el autor, que son tpicos del castellano que se habla en -ciertas zonas de Argentina. - -El Transcriptor desea aclarar que el autor menciona en el texto un -personaje real de la historia argentina, Rosas, pero en el texto es -mencionado como Rozas. Se ha respetado la ortografa del original. - -El NDICE en la obra original se encontraba al final del -libro. El Transcriptor decidi colocarla al principio de la obra. - - -La cubierta del libro ha sido modificada por el Transcriptor y ha sido -agregada al dominio pblico. - - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS *** - -***** This file should be named 59631-8.txt or 59631-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/9/6/3/59631/ - -Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm -electronic works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the -Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. 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It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit www.gutenberg.org/donate - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works. - -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - diff --git a/59631-h/59631-h.htm b/59631-h/59631-h.htm index ce3e457..9f05e09 100644 --- a/59631-h/59631-h.htm +++ b/59631-h/59631-h.htm @@ -145,43 +145,7 @@ table.toc { <body> -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: La Casa de los Cuervos - -Author: Hugo Wast - -Release Date: May 30, 2019 [EBook #59631] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS *** - - - - -Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 59631 ***</div> <div class="figcenter" style="width: 547px;"> @@ -11173,381 +11137,7 @@ agregada al dominio pblico.</p> -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of La Casa de los Cuervos, by Hugo Wast - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CASA DE LOS CUERVOS *** - -***** This file should be named 59631-h.htm or 59631-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/9/6/3/59631/ - -Produced by Andrs V. Galia, Mara C. Fernndez Q. and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. 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