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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: El casamiento de Laucha - -Author: Roberto Payró - -Release Date: August 17, 2020 [EBook #62952] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - - - - -Produced by Andrés V. Galia, MWS, Sanly Bowitts and the -Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - - - NOTAS DEL TRANSCRIPTOR - -Las palabras en itálicas están indicadas con _guiones bajos_. - -Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano cuando la -presente edición de esta obra fue publicada, en 1906, eran diferentes a -las existentes cuando se realizó la transcripción. Palabras como vió, -fué, dió, lo mismo que la preposición "á", y las conjunciones "é", "ó", -"ú", por ejemplo, en esa época llevaban acento ortográfico. Eso ha sido -respetado. - -El lenguaje utilizado es peculiar al modo de hablar de los argentinos. -Es oportuno agregar que el autor, además, hace hablar a algunos de los -personajes en un lenguaje con expresiones y manerismos que son típicos del -interior de la Argentina. - -Por lo demás, el criterio utilizado para llevar a cabo esta -transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia -Española vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar -el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española. - -Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos. - -La cubierta del libro en la versión HTML fue modificada por el -Transcriptor y ha sido puesta en el dominio público. - -El Índice de capítulos presentado al principio de la obra ha sido -construido por el Transcriptor. - - * * * * * - - - - - ROBERTO PAYRÓ - - EL CASAMIENTO DE LAUCHA - - - [Ilustración] - - BUENOS AIRES - - COMPAÑÍA SUD-AMERICANA DE BILLETES DE BANCO - - Calle Chile, 263 y Cangallo, 557-59 - - 1906 - - - - - ÍNDICE - Pág. - - Introducción 5 - - I 7 - - II 11 - - III 17 - - IV 25 - - V 35 - - VI 43 - - VII 55 - - VIII 67 - - IX 77 - - X 95 - - - - - INTRODUCCIÓN - - -El nombre de Laucha,--apodo y no apellido--le sentaba á las mil -maravillas. - -Era pequeñito, delgado, receloso, móvil; la boca parecía un hociquillo -orlado de poco y rígido bigote; los ojos negros, como cuentas de -azabache, algo saltones, sin blanco casi, añadían á la semejanza, -completada por la cara angostita, la frente fugitiva y estrecha, el -cabello descolorido, arratonado... - -Laucha era, por otra parte, su único nombre posible. Laucha le llamaron -cuando niño en la provincia del interior donde naciera; Laucha -comenzaron á apodarle después, allí donde lo llevó la suerte de su -vida, desde temprano aventurera; por Laucha se le conoció en Buenos -Aires, llegado apenas, sin que á nadie se pudiese atribuir la invención -del sobrenombre, y Laucha le han dicho grandes y pequeños durante un -período de treinta y un años, desde que cumplió los cinco, hasta que -murió á los treinta y seis... - -De sus mismos labios oí la narración de la aventura culminante de su -vida, y, en estas páginas me he esforzado por reproducirla tal como se -la escuché. Desgraciadamente Laucha ya no está aquí para corregirme, -si incurro en error; pero puedo afirmar que no me aparto de la verdad -muchos centímetros. - - * * * * * - - - - - I - - -Pues, señor, después de andar unos años por Tucumán, Salta, Jujuy y -Santiago, ganándome la vida perra como Dios me daba á entender, unas -veces de bolichero, otras de mercachifle, de repente de peón, de -repente de maestro de escuela, aquí en un pueblo, allí en una ciudad, -allá en una estancia, más allá en un ingenio, siempre pobre, siempre -rotoso, algunos días con hambre, todos los días sin plata,--comencé por -fin á temar con que puede ser que me fuera mejor en Buenos Aires, en -donde nunca me podría ir peor, porque esas provincias nunca son buenas -para hombres así, como yo, sin un peso, ni mucha letra menuda, ni mucha -fuerza... ni muchas ganas de trabajar tampoco... Y tanto temí, que al -fin resolví largarme y principié á hacer economías de á centavo--¡yo -que nunca había juntado plata!--hasta que reuní todo lo que necesitaba -para el viaje... lo preciso y nada más. - -No he de contar los milagros y otras vivezas que tuve que hacer para -juntar la platita: ya se lo imaginarán, y de no, poco importa. El caso -es que un día me acomodé en el tren,--claro que en segunda, ¡porque -no había boleto de perro!--llegué hasta Córdoba, subí al Central -Argentino, y en el Rosario me embarqué para Campana en el vapor de la -carrera, porque la cosa salía más barata... Campana era entonces el -puerto de salida y de llegada de los vapores del Paraná, y ahí mismo se -tomaba el tren para Buenos Aires. - -Desembarqué con mi equipaje, que era un poncho grueso de lana, criollo, -de los tejidos á lleno de colorines, y que le había ganado á la taba á -un peón catamarqueño en Tucumán: se lo había hecho la mujer qué sé yo -en qué punta de años... - -¡Ah! ya había volado hasta el último cobre en las comidas y copetines -del viaje, así es que me encontré en Campana con que para seguir á -Buenos Aires tenía que empeñar ó vender alguna prenda... y á no ser el -poncho... Creerán que esto no tiene nada que ver con mi casamiento; -pero esperen un poco... La miseria, como buena vieja brava, hace con el -hombre lo que se le antoja... Á mí me hizo llegar hasta el casorio, ya -verán... - - - - - II - - -Bueno, pues, anduve de tienda en tienda queriendo vender el poncho -y sacar boleto con la platita, pero sin suerte porque no encontraba -ningún aficionado. - ---Esos ponchos no se usan por acá,--me decía uno. - ---Ya tengo demasiados ponchos--me decía otro. - ---No compro ropa usada,--me gritó furioso un tendero gallego que no -tenía más que clavos del tiempo de ñaupa. - -Por fin un bolichero me dió por él cuatro nacionales,--y digo -nacionales porque ya habían cambiado la moneda corriente, tan linda y -tan rendidora. - -El boleto de segunda de Campana á Buenos Aires valía entonces alrededor -de peso y medio ó dos pesos, y no como ahora que cobran cerca de cinco. -Así es que yo estaba bien, al fin y al cabo, gracias al ponchito -catamarqueño... Pero mi maldita suerte, que no me va á dejar en la -pucha vida, quiso que mientras andaba entretenido en el cambalache del -poncho, el tren se mandara mudar sin esperarme... ya ven, no tenía -reloj, y aunque tuviera no me iba á ir sin boleto y sin plata. - -Lo peor es que para ese tiempo no había más que un tren al día, y me -tuve que quedar en Campana, y comer y dormir en un bodegón y posada en -que sabían parar los reseros que llevaban hacienda para el saladero, -que después se hizo frigorífico. La historia me costó peso y medio, -así es que me quedé tecleando. ¡Miren qué polaina! - -Á la noche anduve ronciando la mesa de los reseros, que despuntaban el -vicio al mus. Los ojos se me iban, pero jugaban muy fuerte--cinco pesos -la caja... ¡Figúrense! yo no iba á pedir media caja, está claro... Me -quedé con las ganas y me fuí á dormir. - -Al otro día me clavé en la estación media hora antes que el tren... y -no lo perdí esa vez. Pero ¡vean si no me sobra razón para hablar de mi -suerte perra! Bajé en una estación para tomar una copa, y cuando acordé -el tren iba pita que te pita, ¡á cinco cuadras! - -No, no se me rían: no estaba ni alegrón siquiera, aunque otro pasajero -llevaba un frasco de ginebra marca Llave (que no es como la de ahora) -y de vez en cuando me convidara á pegarle un beso... ¡Bueno, bueno! -sea como sea, el caso es que me quedé en la estación Benavídez, que no -tenía, ¡qué iba á tener! ni sombra de los pobladores que tiene hoy. -Volví bastante tristón á la pulpería de frente al tren, donde había -estado antes, y que era un boliche con cuatro botellas locas, un queso -viejo del país, un pedazo de dulce de membrillo amohosado, y media -docena de salchichones entre una pila de cajas de sardinas... - -Me puse á conversar con el pulpero, y al rato éramos amigotes. Lo -convidé con una copa--porque todavía me quedaban unos centavos,--y -cuando le hablé de lo pobre y apurado que estaba, me dijo que por las -chacras de ahí cerca andaban necesitando peones para el maíz y que era -fácil que me conchabaran si no era muy mulita y no me rendía de estarme -al sol el día en peso. Yo, la verdad, no he nacido sino para trabajos -de escritorio, de ésos de no hacer nada, sentadito á la sombra,--pero -la necesidad tiene cara de hereje, y ese mismo día me conchabé con un -chacarero que, del partido de las Conchas, donde está la estación -Benavídez, me llevó para el Pilar, á recoger maíz. - -¡Qué quieren! Á los dos días ya no podía más, charqueado por el sol, y -trasijado por el trabajo bruto. Le cobré los dos jornales al chacarero, -que me raboneó unos cuantos centavos como buen gringo, me largué á -Belén, que estaba cerquita, á buscar otro acomodo más conveniente, y -ahí fué donde empezó el baile... ó donde siguió, porque ya hacía rato -que había principiado... - -No hice huesos viejos en Belén. Antes de la semana ya me había ido sin -rumbo, y seguí de pueblo en pueblo y de chacra en estancia, alejándome -cada vez más de Buenos Aires, como si en mi perra vida hubiera pensado -ver á los porteños. Válgale á la suerte que juega con el hombre como el -viento con la paja voladora. - - - - - III - - -Una mañanita que estaba en una esquina, muy lejos para el suroeste, -matando el bicho con una copa de caña paraguaya, me puse á conversarle -al patrón, porque yo era el único marchante y él se aburría como yo, -del otro lado de la reja, medio echado de barriga sobre el mostrador -y con la cara muerta de sueño entre las manos. Yo andaba otra vez sin -trabajo y con poquitos cobres en el bolsillo... Es que no me puedo -conformar con que me manden, ni con echar los bofes como una mula... - ---¿Para dónde va ese camino?--le pregunté entre otras cosas al pulpero, -mostrándole con la zurda--en la otra tenía el vaso,--una huella que -agarraba para el sur. - ---Á Pago Chico. Esa huella sigue derechito como unas seis leguas, y va -á dar á la misma estación del ferrocarril del Pago... - -Yo había oído las mentas de ese partido, y me entraron ganas de ir, -por puro gusto: al fin y al cabo, lo mismo era trabajar allí que en -cualquier otra parte, y el mismo gusto tiene una copa de ginebra -legítima. Pero como no tenía caballo ni de dónde sacarlo, y seis leguas -á pie son mucha música, le pregunté al pulpero si no caería alguna -carreta ó algún carro que me llevara. - ---No, amigo, me contestó:--esas huellas son de las tropas que pasaban -antes con lana para Buenos Aires, pero desde hace un año ya no andan, -porque todo se lo lleva el tren. - ---¡Caramba, amigo, qué lástima! - - [Ilustración: --¿Para dónde va ese camino?--le pregunté.] - ---¡Mire qué casualidad!--siguió el pulpero al ratito.--¡No me acordaba, -hombre! Tiene suerte, porque hoy mismo, y cuando más mañana, va á venir -la jardinera del almacén del pueblo que trae surtido para todas las -esquinas del camino al Pago, y para mi casa también. - ---¿Y de ahí? - ---El repartidor lo llevará, si se le hace amigo. - ---¡Oh!, ¿y cómo no? Lo voy á esperar no más, porque de veras que tengo -muchas ganas de conocer Pago Chico. Es un pueblo grande, ¿no? - ---Bastante. - ---¿Y tiene escritorios y tiendas? - ---¡Ya lo creo! - ---¡Magnífico! - -Y me quedé tomando una que otra copita con el pulpero que era un buen -gallego acriollado, hasta que á eso de la diez de la mañana, apareció -sobre un albardón una manchita negra que iba agrandándose despacio -entre el verde del campo. - ---¿Ve eso?--me preguntó el pulpero.--¿Y sabe lo que es? - ---¡Sí, la jardinera! La cuestión será que me quiera llevar el -almacenero... - ---Por eso pierda cuidado, porque es un muchacho bueno y servicial, y á -más, si usted sabe ganarle el lado de las casas, hará lo que quiera con -él... - -Con esta seguridad, y aunque me quedara tecleando la platita, le compré -provisiones para el viaje, salchichón, queso, galleta, cigarros, -fósforos, y... nada más... Aunque también me parece que le pedí dos -cuartas de vino carlón... - -Llegó el repartidor del almacén, y después de unas cuantas copas y un -poco de jarana, no tuvo inconveniente en llevarme, como me había dicho -el pulpero. - -El hombre era conversador, yo nunca he sido manco, así es que la charla -empezó en cuanto salimos de la pulpería... eso sin contar el aperital -de adentro. - -Volvía de vacío, los caballos eran buenos, obscurecía tarde, y de -consiguiente podíamos llegar ese mismo día á Pago Chico. - -Le conté mi vida; él me contó la suya desde que vino de España: siempre -detrás del mostrador, sin salir ni los días de su santo, hasta que lo -hicieron repartidor, y andaba como bola sin manija, trotando en la -jardinera y tardándose dos y tres días para volver al Pago. Cuando le -hablé que buscaba conchabo, me dijo: - ---Si usted quiere trabajar sin deslomarse, ya sé lo que le conviene. Lo -dejaré á una legua de Pago Chico, en la pulpería de doña Carolina, que -allí encontrará en qué pichulear algo. - ---¡Magnífico, amigo! Yo para todo estoy pronto, en tratándose de -trabajar, y más cuando ya casi no me queda ni un centavo, como ahora... - ---Entonces, doña Carolina anda buscando un dependiente que le -convenga... Pero es muy delicada, y una punta han tenido que volverse -sin que los tomase... Por eso ahora ya nadie va. En fin: de todos -modos, usted encontrará trabajo, porque ahí cerquita está el campo de -los Torres, y siempre necesitan peones. - -Almorzamos, sin dejar el trote y galope; yo pesqué un rato -despertándome con los barquinazos; volvimos á charlar, á fumar, á tomar -unos traguitos; por fin, á la tardecita llegamos al destino de que -hablaba el hombre, y nos apeamos. - - - - - IV - - -La casa era bastante grandecita, con negocio de almacén, tienda, y un -poco de ferretería. Tenía también un despacho de bebidas, con gran -reja de fierro adelante del mostradorcito, y sin mesas, ni bancos, ni -menos sillas, para que el paisanaje y el gringaje, no teniendo en qué -sentarse, se largara en cuantito tomaba la tarde ó la mañana. - -Entramos á la ramada, y del otro lado de la reja se nos apareció -una mujer de más de treinta años,--después supe que tenía treinta y -cuatro,--bastante buena moza todavía, alta, muy blanca, de pelo negro y -ojos obscuros. Cuando nos contestó las buenas tardes, conocí que era -italiana. - ---Doña Carolina,--le dijo el repartidor--aquí le traigo un forastero -que anda medio en desgracia, y como el hombre busca trabajo, yo le he -dicho que aquí puede ser que encuentre. ¿Qué le parece? - ---Sí,--contestó la mujer, mirándome con atención;--si se queda por acá, -luego ó mañana no más, han de venir del establecimiento de Torres... Lo -pueden conchabar... - ---Y usted, doña Carolina, ¿por qué no lo toma de dependiente? Es mozo -vivo y capaz de ayudarla. - ---¡Oh, yo!--dijo la gringa suspirando,--ya no pienso en eso. Se me ha -ido la idea. - ---No importa,--le dije,--me quedaré á esperar á los de Torres. Y, -de mientras, sírvanos dos vasos de vino que sea bueno, que estoy -galgueando de sed, y este compañero no le digo nada. - -Tomamos el vino, que era bastante rico, y el repartidor se despidió -porque tenía apuro de llegar al pueblo. Yo me quedé á la espera, -mirando la casa, para matar el tiempo. El almacén estaba regularcito -de surtido, con muchas bebidas, latas de conservas en un estante, -salchichones y tocino colgados del techo, queso y dulce de membrillo -en una vidriera, junto con masas de facturería, caramelos largos, pan -viejo y galleta. - -Había también cosas de ferretería, frenos, facones, cuchillos, tijeras -de esquilar, hachas, lebrillos y cacerolas y una punta de chirimbolos -más, pero del otro lado de la reja, lo mismo que las cosas de tienda, -bramante, zaraza, coleta, ponchos, camisetas, pañoletas, calzoncillos, -chiripás, hilo, canutillo, pañuelos de seda celestes y colorados, y qué -sé yo qué cosas más. - -La casa era un galpón grande con techo de fierro, y al fondo tenía un -cuartito que me pareció el dormitorio de doña Carolina. Afuera, á unas -diez varas y como cuadrando la especie de patio de tierra pisoteada, -que quedaba entre la ramada y el palenque, había otro galpón más chico, -pelado, sin otra cosa que un fogón en el medio, hecho con una llanta -de carro, y lleno de ceniza: no había cama, ni en qué sentarse, pero -era la _comodidad_ de los forasteros que se quedaban á dormir en el -negocio. Eso no es nada para cualquier hombre de campo, que arma cama -con el recado; pero yo, sin más que lo puesto, ni una pilcha para -abrigo, lo iba á pasar muy mal si no llegaban á tiempo los de Torres... - -Me llamó muchísimo la atención no ver á nadie más que á doña Carolina, -ni en las casas, ni en el galpón, ni por ahí cerca. Los animales que -andaban en un pastizal medio alambrado, eran cinco ó seis guachitos y -un overo rosado que, por la pinta, debía ser viejón y manso y de la -silla de doña Carolina. - -Afuera de la ramada había colgado un cuarto de carne, y una nube de -moscas revoloteaban al rededor, mientras que otras, paradas, estaban -acresándolo. Pero de balde miré á todos lados á ver si había gente: no -vi á nadie. - ---¿Cómo puede vivir esta pobre mujer, en tanta soledad?--pensé.--Los -perros no bastan para cuidarla, porque cualquier malevo los achura, y -después á ella, y le roba hasta la última hilacha... ¡Se necesita ser -guapa!... Sólo que la gente haya ido al pueblo... - -Ya me empezaba á interesar la gringa, así es que me volví á las casas y -le pregunté: - ---Perdone, misia Carolina; pero ¿usted está sola aquí, en esta casa? - ---Sí,--me contestó--no somos más que yo, y un viejito que está ahí, en -el bajo del arroyo, cuidando los chanchos. Es el que me ayuda un poco. - ---¡Caramba, señora! ¿Y no tiene miedo de vivir tan retirada del -pueblo, en esta soledad? Porque el viejo poco ha de servir para -compañía... - ---¡Así es, el pobre ya está muy viejo!... Y aunque yo tengo una -escopeta, y soy capaz de usarla, á veces me da miedo... Por eso pensaba -tomar alguno para que me acompañara y me ayudara á despachar... ¡pero, -qué quiere!... - -Al decir esto, me miró muy seria, muy atenta, y después se quedó -callada. - ---¿Y por qué no lo ha hecho?--le pregunté por fin. - ---¡Eh! ¡por qué! por qué... Porque los que querían conchabarse no me -convenían... y como no puedo pagar más que quince pesos al mes... Por -ese sueldo hoy no se acomodan nada más que los que no sirven, aunque se -les dé la casa y la comida... - -Yo, entonces, medio serio, medio riéndome, le dije: - ---¿Y yo también soy de los que no sirven? - ---¡Oh!, ¡usted no!--me contestó mirándome á los ojos. - ---¿Y entonces? ¿no le dijo mi amigo el repartidor?... - ---Sí, son cosas que se dicen, y después... - ---Pues mire, señora, lo que es yo, trabajaría con usted, no digo por -esa plata... hasta por mucho menos... Estoy cansado de andar rodando... -Lo que tiene, que no traigo recomendaciones... ni tengo en el Pago más -conocido que el repartidor... - -Doña Carolina me volvió á mirar un rato, sin abrir la boca, como para -verme las intenciones en la cara. Yo no soy un buen mozo, ya lo sé, -pero tengo algo, algo que me hace simpático, sobre todo á las mujeres. -¿Se ríen? ¡Oh!... pues si yo les contara... El caso es que á doña -Carolina le debí parecer buen muchacho, porque en seguida me dijo: - ---¡Si fuera sólo por eso de las recomendaciones, no importaría, porque -usted no tiene laya de ser mala persona, al contrario!... Pero, ¡qué ha -de querer una colocación así, cuando hasta de peón puede ganar dos ó -tres pesos diarios, cuando menos! - -Le conté entonces que yo era más pueblero que hombre de campo, y que -no me gustaba trabajar al viento y al sol, como tenía que hacerlo para -no morirme de hambre desde que principié á andar en la mala y perdí -lo poco mío que tenía. Le dije que me quitaron un empleíto en Buenos -Aires, por intrigas de un compañero traidor que me quería sustituir; -que después anduve por las provincias del interior, corriendo tierras -y buscando la suerte, pero que todo me salió mal hasta que tuve que -volverme con una mano atrás y otra adelante. En fin, le hice un cuento -de los que no se empardan; y ella me escuchaba con mucho interés y -atención: hasta me parece que lagrimeó un poco... - -En esto, entraron unos carreros á tomar la copa y yo me salí para el -patio. - -Los carreros andaban apurados y se fueron en seguida. Doña Carolina me -chistó: - ---Bueno--me dijo,--si quiere, quédese aquí unos días para probar... - ---¡Qué probar ni qué probar! ¡Si me quedo aquí, será para toda la -vida!--dije entusiasmado. - ---¡Quién sabe!... En fin, le pagaré por ahora los quince pesos, y -después... si los negocios andan bien, veremos... Le daré un poco de -ropa, tiene la comida asegurada, y puede dormir en el galpón, que yo le -prestaré unas jergas para blandura y un ponchito para que se tape. - -Ahí no más cepillé un gato de puro contento. - - - - - V - - -Cuando volví á salir al patio ya era casi noche, y me encontré al viejo -de los chanchos que había vuelto al entrarse el sol. Estaba pitando un -cigarro negro, sentado en una cabeza de vaca, á la puerta del galpón, -por la que se veían las llamaradas de una fogata de leña y un humazo -terrible que no dejaba divisar las paredes. - ---¿Tomando el fresco, paisano?--le pregunté, para entrar en -conversación. - ---Ansina mesmo es, don--me contestó;--demientras se calienta l'agua y -medio si asa el churrasco. ¿Quiere dentrar y prenderle á un verde? - ---Con mucho gusto, amigo don... - ---Cipriano, p'a servirlo,--añadió el viejo, que se sacó el pucho negro -de la boca, mirándolo y remirándolo, como con pena de que se acabara -tan pronto. - -Entramos en el galpón. Al lado del fuego, que ardía con grandes llamas -y chisporroteo de leña verde, echando un humo espeso y agrio que hacía -lagrimear, hervía una inmensa pava, negra de ollín; al lado estaba la -enorme yerbera cuadrada, de palo, mediada de yerba parnanguá, entre -la que se asentaba el mate, una galleta muy bien retobada con vejiga. -Al calor de la llama, se iba asando un pedazo de carne de la que vi -colgada, y ahí no más, cerquita, el porrón de la salmuera. El viejo era -amigo de su comodidad. Entró la cabeza de vaca, yo me senté en otra, y -comenzamos á matear y á menearle taba. - ---¿Y p'ande va, amigo?--me preguntó don Cipriano, brindándome un -amargo.--Porque usted no es del Pago, ¿no? - ---No; no soy del Pago, pero voy á ser--le dije. - ---¡Ajá, está bueno! ¿Y ande piensa trabajar?... si me permite la -pregunta. - ---Aquí mismo. Me quedo á ayudar á la patrona. - ---¡Bien haiga! Falta le hacía á la pobrecita, dende que murió el finao, -aura hará un año p'a la yerra... La mujer no ha di andar sola, dispués -de haber tirao en yunta... Solita, se hace mañera, y no sirve ni p'a -noria. - -Al principio no entendí bien lo que me quería decir el viejo, pero la -agachada era demasiado clara, para que al fin no cayese en cuenta. -Refregándome los ojos que me ardían con el humo, le dije con retintín: - ---¡Sola!... tan sola no vivía, desde que estaba con usted. - ---Se mi hace que l'incomoda la humadera, amigo, y que no ve lo maceta -que mi han puesto los años... ¡Y cómo será cuando tuavía no gastábamos -más leña que la de oveja, ni pitábamos más que naco ó cuerda, y yo era -viejón y duro de coyunturas!... No friegue pues, mocito. - -Yo me eché á reir. El viejo, después de estarse callado un rato, siguió -con los cuentos de la patrona. - ---Dende que murió el finau, que Dios tenga en gloria, doña Carolina -anda como pan que no se vende. ¡Á esa moza--porqu'es moza tuavía,--le -falta algo, está claro! Y la verdá que anqu'es trabajadora y se -levanta al alba, la esquina suele ser de mucho trajín p'a ella sola, -pobrecita... - -Chupó tranquilamente el mate, y después siguió: - ---Y es buenaza la patroncita... Cuando vivía el finau, todo era mimos y -comiditas... - -Aura, rejunta cuanto guacho encuentra y los trata como á hijos... Á -mí, á su lau no me falta nada, y eso que soy un viejo deslomao que no -vale ni una sé di agua... Y hace mucha caridá, y no hay rancho de pobre -por ahí cerca, en que no la quieran como al pan bendito... - --—Me alegro de tener una patrona así,--le dije—-de ese modo me voy á -quedar aquí toda la vida. - -Me miró con una risita fregona, y después de un rato agregó, mientras -encendía un candil de sebo de carnero: - ---¡Mire!... usté, lo que debe hacer, mocito, es endilgarselé derecho -no más, y ronciarla de lo lindo, pero sin faltarle, eso sí... Usté -no me parece lerdo, más que para lo que sea cosa'e sudar, y ella, la -pobre, necesita compañía... Oigalé á este viejo que no ha visto al -ñudo tanta madrugada, y siga su mal consejo, que le ha d'ir bien... Y -aura, vamos á tender el asador y á echarle la salmuera p'a qui acabe de -asarse al rescoldito... ¡Ya verá qué charrusco! También ya no sirvo -p'a otra cosa. - -Saqué el cuchillo y busqué donde afilarlo, pensando en lo que me -había dicho el viejo ño Cipriano, que no dejó de interesarme mucho. -La verdad que allí podían acabar mis penurias, sin hacer mal á nadie, -y principiar una vida tranquila y honrada, con una buena mujer, unos -pesos siempre listos en el bolsillo, trabajo descansado y divertido, -una copita cuando se me antojara, comida abundante, cama blanda... - ---Á naides ha querido conchabar de todos los que han venido á -ofrecerse,--dijo ño Cipriano.--Y si lo ha tomau á usté, es porque ya -tiene más de la mitá del camino andau. ¡Arriejesé sin miedo, mozo! - -Le iba á contestar, cuando oí que doña Carolina me llamaba desde la -ramada: - ---¡Eh! ¡joven, eh! Venga aquí, haga el favor. - -Todavía no le había dicho mi nombre. - -Salí y fuí á la ramada. - ---¡No!,--gritó doña Carolina.--Entre nomás por el patio, que los dos -vamos á comer aquí adentro, en esta mesa. - -Había puesto un mantel limpito, dos cubiertos, una pila de platos, -pan con grasa, queso fresco, una caja de sardinas abierta, y un gran -platazo de nueces y pasas. - ---Aquí se come á lo pobre, y usté dispensará porque no hay cómo hacer -muchas cosas. - ---¡No diga, señora!--le contesté.--Si viera los gofios que he comido -todo este tiempo, y el maíz cocido de las provincias del norte, no -pensaría eso. Muchos días me lo he pasado con una galleta y un traguito -de aguardiente, y otros, sin galleta... - ---¡Pobre mozo!--dijo doña Carolina, que se había puesto tristona, -y medio lagrimeaba, como yo en el galpón con el humo--Pero ahora, -siempre tendrá lo más preciso, porque aquí, gracias á Dios, nunca falta -que comer... - -Y aquella noche, al menos, era verdad, porque comimos sopa de fideos, -las sardinas, una ensalada de carne, asado, el queso, las pasas y -nueces, y qué sé yo, hasta que tuve que decir que no quería más, al -servirme la segunda botella del vino que habíamos probado con el -repartidor... - -¿Á qué contarles la conversación, mientras cenamos, ni lo alegre que me -acosté, ni lo bien que dormí esa noche en un montón de bajeras y cueros -de carnero bien lavados y blandísimos?... ¡¡y hasta con sábanas!! - - - - - VI - - -Me levanté al alba, agarré una escoba y me puse á barrer la ramada y -el corredor de la casa, porque misia Carolina todavía estaba durmiendo -encerrada adentro. - -De repente se me apareció, me quitó la escoba de las manos, como si -estuviese muy enojada, y me dijo: - ---¡No quiero que haga eso! Más bien entre al negocio; arrégleme las -bebidas y después... ¿Sabe escribir? - ---¡Cómo no, señora! y tengo bastante linda letra. - ---Bueno, me alegro. Entonces, me va á poner en limpio la libreta de -cuentas. - ---¡Perfectamente, señora: yo haré todo lo que me mande! Pero tampoco me -incomoda lo de barrer, así es que si usted quiere, puedo hacer las tres -cosas, porque las mañanas son muy largas todavía. - ---¡No, no! Vaya al negocio nomás; yo le iré á ayudar en seguida. - -¿Eh? ¿qué tal? ¿qué me dicen? Me parece que los primeros golpes estaban -bien dados, ¿eh? - -Entré al almacén, tomé mi mañana, más abundante y mejor que de -costumbre, y me puse á arreglar las botellas, que en su mayor parte -eran falsificadas en la licorería de Pago Chico y unas misturas -asquerosas. Al ver esto, se me ocurrió una invención que debía dar muy -buenos resultados. Cuando acabé con las botellas busqué una libreta -nueva, y principié á copiar la vieja toda ajada y mugrienta de tanto -manoseo, llena de garabatos y rayas y borrones. Escribí que era un -primor, y ya estaba acabando cuando entró misia Carolina, que se quedó -embobada al ver mi trabajo y me miró con admiración, casi con susto -de que me le fuera á ir. Para admirarla todavía más, le dije sobre el -pucho: - ---¿Sabe, señora, lo que se me ha ocurrido? Que, como yo sé fabricar -coñac, hacer dos cuarterolas de vino de una sola, falsificar el biter, -el ajenjo, el anís, y todo lo demás, lo mismo que misturar la yerba -buena con la mala sin que se conozca--podemos hacer aquí todas esas -cosas. Usté ganaría muchísimo más que ahora, que está regalando la -platita al licorero falsificador de Pago Chico. - -Misia Carolina abrió tamaños ojos, se rió un poquito, pero no consintió -en seguida. - ---¡Eso es tan difícil! ¡se necesitan tantas cosas! - ---No crea, señora, con poco se hace. - ---No importa, por ahora no; después veremos. ¡Hay tiempo! - -Pero yo ya le había ganado la voluntad y medio se me recostó en el -hombro, para volver á ver la primorosa libreta. - -Tan bien iban las cosas, que esa mañana el almuerzo fué mejor todavía -que la cena de la noche antes, porque, además de puchero, hubo gallina -con arroz, tortilla, mazamorra con leche y dulce de membrillo. La -patrona echaba el resto ó poco menos. - -Entonces principié la vida gorda, las grandes charlas y beberaje con -los marchantes, las jugadas al mus, al truco y á la taba, las payadas -y guitarreos, los viajes de todo un día, hasta el Pago, en el overo -maceta. - ---Diviertasé, divirtasé nomás,--decía misia Carolina,--que para eso es -joven; y mientras no me falte al trabajo... - -La verdad es que la gringa no hablaba del todo así, como he dicho yo. -Se conocía que era italiana, y decía _coven_, _trabaco_... Pero eso -no le hace. Al fin yo me divertía y gozaba sin tener que pensar en -nada. ¿Qué importa la habla entonces? Yo también suelo ser fino cuando -quiero--¡oh! ¿y de no?--pero me gusta que todos me entiendan... - - [Ilustración: Pero yo ya le había ganado la voluntad y medio se me - recostó en el hombro.] - -Bueno, pues: como las cosas iban tan bien, me le animé á la gringa. -Ya hacía tiempo que la andaba pastoreando para eso, pero no hallaba -cómo principiar la declaración y me daba miedo de pegar una rodada... -En fin, aquella tardecita me dije: "Amigo Laucha," (Yo también me he -acostumbrado á lo de Laucha). "Amigo Laucha, lo que es de esta hecha, -que no se te escape". Y así fué nomás... - -Cuando ya estábamos acabando de comer, le busqué la vuelta y le dije: - ---¿Conque desde que enviudó, misia Carolina, ha estado solita... solita -y su alma? - -Le hablé con la voz tembleque y mirándola medio al soslayo. - ---¡Hace más de un año!--y suspiró la gringa. - -Yo aproveché la bolada: - ---¡Qué lástima, tan joven!--y en seguida le soplé, más despacito:--¡Y -tan hermosa! - -Á la verdad, doña Carolina no tenía entonces nada de fea, y era grande -y gorda, como á mí me gustan, puede ser por lo que soy así flacón y -bajito. - ---¡Qué quiere! ¡así son las cosas de la vida!--dijo suspirando otra -vez, y como si no hubiese oído el piropo.--Y sola y mi alma me he de -morir, porque ¿quién me va á querer á mí, vieja y fea como soy?... - -La gringa había esperado para retrucarme el cumplimiento, pero con toda -baquía me dejaba un juego lindazo para mis intenciones... y las de ella. - ---¡Señora!--le contesté, sobre el pucho y muy estirado,--usted -está en una posición mejor que la mía, que si no, y perdone el -atrevimiento,--yo me comprometería á hacerla feliz,--y que se olvidara -del finadito. Y ¿sabe por qué?... porque á gatas la vi, me fué muy -simpática, y hoy ya la quiero de alma... - -Doña Carolina se agachó al plato, como para seguir comiendo--pero no -comió,--y al rato me dijo despacio, como con miedo de que le hiciera -caso á lo que me decía: - ---No hablemos más de esas cosas. - -Yo me quedé callado, porque no había para qué estirar mucho la prima, -y era mejor pasar por corto de genio... Ella fué la que habló primero, -mientras estaba sirviendo el postre: - ---Cuentemé algo de lo suyo,... de su vida--me dijo.--Ya sabe que me -gusta mucho oirlo hablar. - ---¡Mi vida ha sido tan triste hasta ahora, misia Carolina!... Puras -penas no más... He sufrido mucho y no quisiera molestarla con mis -recuerdos... - ---Bueno,--contestó, medio afligida.--No quiero que se vuelva -á entristecer.--Y entusiasmándose, siguió:--Ya no ha de pasar -más penurias, porque no va á estar toda la vida conmigo como un -dependiente... Usté es trabajador, aunque le gusta divertirse á -veces... Lo voy á hacer entrar como socio: ya sabe que en este boliche -se gana platita. ¡Ya ve que todas las noches saco treinta ó treinta -y cinco pesos del cajón, y hay, también, que contar los fiados y las -libretas!... Pero, si usté mismo hace las bebidas, que son lo más caro, -tenemos que ganar mucho más. - ---¡Así es, señora!--le dije con los ojos como patacón. - ---Digamé entonces lo que necesita,--siguió ella,--y yo le daré la -plata, para que se vaya á Chivilcoy, ó al mismo Buenos Aires, si es -mejor, y se traiga todo... - ---¡Mire, doña Carolina, me hace llorar de buena que es! ¡y créame, que -no favorece á un desagradecido! - -É hice la farsa de limpiarme los ojos con un pañuelo de seda -celeste,--¡ah criollo!--que ella me había regalado en los primeros días -y que tenía limpito y muy planchado. Después seguí: - ---¡Bueno, señora! me iré mañana mismo, si le parece, y con doscientos -pesos haré el viaje y compraré las cosas y las misturas que me hacen -falta. Y en un año, no habrá que comprarle al indino del licorero más -que la soda y la cerveza... - ---¡Está bueno! mañana mismo irá. - -Pensé acercármele al ver que le brillaban los ojos, pero en seguida me -pareció que quién sabe si no corcoveaba... - -Yo al fin, soy un poco corto de genio... ¡aunque no tanto!... - - - - - VII - - -Esa noche quedó arreglado y convenido todo lo de la fabricación, y en -buen camino las otras cosas, que por lo visto no le habían disgustado -mucho á la gringa. ¡Ah! ¡me olvidaba! también me dijo: - ---Usté no tiene capital, y aquí en el boliche hay un capitalito de unos -pocos miles de pesos. Pero haremos cuenta que la mitá es de usté, para -no andar con embrollos. - -Yo me largué contentísimo al galpón, donde tenía mi cama, pero aunque -era blandita, casi me pasé toda la noche revolviéndome, sin poder pegar -los ojos. - -Pues en cuantito principió á clarear, ya estaba con los huesos de punta -y con todo aprontado para el viaje... - -Tomé unos cimarrones con ño Cipriano, que dormía en la otra punta -del galpón sobre unas pilchas viejas, y con quien nos habíamos hecho -amigazos. Cuando le conté lo de la sociedad y el viaje, bailando de -gusto, me dijo muy serio: - ---Tenga mucho cuidau, paisano, con lo qui hac'en la ciudá; no vay'á -dejar qu'el asau si arda antes de qu'esté en su punto. Usté va lejos, -pero más lejos van las mujeres... De puro desconfiadas y ladinas, -cuand'uno va, ya están de güelta. ¡No se me descuide, y se me quede di -á pie cuando ya está estribando! - -Me hice el desentendido y me reí, brindándole el mate que cebábamos una -vez cada uno, á lo resero. Después me levanté para irme. - ---Bueno, hasta la vuelta, amigo don Cipriano. - ---Que le vaya bien y hasta la güelta mozo: no se tarde, que el güay -lerdo... ya sabe... - -Me fuí á despedir de la gringa que me dió tres ó cuatro sacudones de -manos, con los ojos aguachentos, monté el sotreta overo que ya había -ensillado, y con su galope de ratón seguí hasta un almacén de al lado -de la estación de Pago Chico. Ahí dejé el mancarrón, muy recomendado, y -me entretuve tomando unas cañitas, porque todavía faltaba rato para el -tren... - -En Buenos Aires compré etiquetas con todos los nombres y todas las -marcas de las bebidas, corchos, lacre, cápsulas de lata, esencias de -todo, y unas damajuanas de aguardiente muy fuerte, que es lo principal -para los licores. No me olvidé tampoco de los polvitos de anilina -para dar color, ni de una punta de yerbas y palos de droguería que -necesitaba. Compré también por si acaso un «Manual del Licorista» y sin -perder tiempo, acordándome del buen consejo de ño Cipriano, me volví á -Pago Chico, y enderecé en seguida para la esquina «La Polvadera», como -le sabían decir á la casa de negocio. - -No se me da la gana decirles, cómo me recibió doña Carolina, pero les -aseguro que no fué mal... ¡No! ¡lo que es eso no! hasta ahí no llegaba -la broma todavía... - -Bueno, pues, al otro día mismo, ya me puse á hacer mis menjunjes, y de -ahí salió anís, coñac, ginebra, guindado, hasta vermouth; rebajé todo -el vino que había (dejando unas damajuanas aparte para nuestro uso) -le eché mucho aguardiente, un poco de anilina, y de cada cuarterola -alcancé á hacer más de dos, como se lo había prometido á mi gringa. -Y todavía me acuerdo que, entusiasmado con el trabajo, hasta inventé -licores, ó más bien dicho, el color, y así hice caña de duraznos azul, -ginebra amarilla como de oro, biter de naranjas, verde y colorado, y un -licorcito muy dulce de vainilla, color violeta claro, que los reseros -sabían llevarle á la novia de regalo, por lo rico, y sobre todo por lo -lindo que era. - -La cosa resultó magnífica, y á los marchantes les gustaban más algunas -bebidas hechas por mí, que las legítimas--puede ser que porque eran más -fuertes.--Y decían al pedirlas: - ---¡Eh, mozo! una caña... de la que toma el patrón, ¡eh! - -Carolina estaba muerta de contenta y un día me dijo: - ---Usté tiene unas manos de ángel (decía _anquel_) y estamos ganando -mucha plata. Y... ¿quiere que le diga? Lo que yo necesitaba era un -joven (_coven_) como usté... Y ahora que lo conozco bien... ya le puedo -prometer que... que vamos á ser felices en todo sentido... - -Yo no había vuelto á hablarle del asunto serio, pero en todo aquel -tiempo, la miraba con ojos de carnero degollado, ronciándola y -pensando: «¡Ya has de caer! ¡ya has de caer, mi vida!» seguro de que no -se me iba á escapar. Y todavía haciéndome el sonso, le salí con esta -agachada: - ---¿Qué quiere decirme, señora, con _felices en todo sentido_? - -La gringa se desentendió, contestándome colorada: - ---Conversaremos esta noche, después de cerrar el negocio... Entonces le -diré la contestación... - -Yo hubiera bailado en una pata, de puro contento. - -Y efectivamente... Cuando acabamos de comer, cerré la puerta de la -ramada--que se cerraba por afuera,--entré al negocio por la del patio, -y me encontré á Carolina que me estaba esperando. - ---Ahora puede decirme--principié despacito, para quitarle los últimos -recelos. - -Pero ya no había necesidad de tantas historias. - ---Bueno, conversemos,--dijo muy seria.--Pero antes digamé la verdad... -¿Usted se casaría conmigo?... - -Le iba á contestar, pero no me dejó. - ---Soy un poco vieja y fea--siguió con una especie de coqueteo que hoy -me da risa--pero lo quiero mucho, y como le dije hoy, podemos ser -felices en todo sentido... La cosa es, que hay que casarse, si no, -_¡niente!_ - -Yo nunca había pensado en semejante cosa, pero comprendí que la gringa -no iba á aflojar ni por un queso, y conseguí ponerle buena cara. - ---¡Oh, misia Carolina! Nunca creí otra cosa, y casarme con usted será -mi felicidá--le dije. - -Se rió muy contenta, y me dió la mano que me apretó mucho, con los -ojos medio llorosos. - ---¡Bueno, bueno!--siguió.--Entonces yo le daré lo que quiera, y si no -tiene inconveniente, mañana mismo se va á Pago Chico, á comprar todo lo -que haga falta para casarnos en cuanto pasen las amonestaciones... - -Y como para ensartarme más de lo que estaba, me dijo que el negocio -no era más que una parte de su fortunita, porque tenía un campito ahí -cerca, arrendado á unos vascos, unos pesitos puestos en Buenos Aires, -en el Banco de Italia, y algunas cositas más que yo vería después. - ---¡Aunque no tuviera en qué caerse muerta, misia Carolina!--le -dije contentísimo.--¡Sería lo mismo para mí, y me casaría con usté -inmediatamente!... ¡Sí! Mañana mismo me voy al Pago, á hacer las -compras, á ver al cura, á buscar los padrinos y mandarme hacer una -ropita decente, porque no me he de casar como un zaparrastroso. - - [Ilustración: Se rió muy contenta y me dió la mano.] - -Y agarrándola por la cintura, como para bailar, le grité: - ---¡Ya verás, m'hijita, qué felices vamos á ser!... - -Pero aunque el negocio me conviniera mucho, yo no dejaba de tener -un poco de vergüenza, por las relaciones y la familia, que no iban -á dejar de saber mi casamiento, porque al fin y al cabo yo no soy -un cualquiera, aunque anduviese más pobre que las ratas... ¡Y se me -ocurrió una idea macanuda! - ---Mirá, hijita--le dije sobre el pucho:--como vos sos viuda y yo soy -un poquito más joven, como no tengo un real ni para remedio, afuera -de lo que vos me das,--será mejor que tratemos de no dar que hablar -á las lenguas largas: ya sabés lo mala y enredadora que es la gente, -sobre todo en Pago Chico. Casémonos, pero sin fiesta, que para fiesta -bastante somos los dos... - ---¿Y de ahí?--me preguntó medio alarmada. - ---¡Mirá! Arreglamos con el cura Papagna la dispensa de las -amonestaciones; viene aquí mismo, nos casa, con algún vecino, ó el -mismo ño Cipriano, y una amiga de confianza, de padrinos, y después, -cuando todo el mundo sepa y se haya acostumbrado, si se nos antoja, -podemos dar cuanta farra se nos dé la gana, sin que nadie se ría de -nosotros, ni ande con habladurías, ni levantadas... - ---¡Hacé lo que querás!--me dijo por fin la gringa, que estaba más -contenta que cuzco recién desatado.--Con tal de que nos case el cura, -y nos eche la bendición adelante de los padrinos, á mí no me importa -nada. ¡Hacé lo que querás!... - - - - - VIII - - -¡Pues, señor! Echo en saco roto una punta de menudencias para contarles -lo del cura, que es realmente divertido, como que á mí mismo me dejó -pasmado, y medio sonso, aunque haya visto tantas cosas raras en la vida. - -Este cura, que era un napolitano cerrado de lo que no hay, hacía poco -que estaba en el Pago, pero por las mentas ya se había puesto riquísimo -y pensaba irse pronto á su tierra. ¡Rico! Díganme, háganme el favor, -cómo puede ponerse rico un cura, en un pueblo de campo, aunque le -lluevan las limosnas y le goteen las velas para los santos, y haga como -el sacristán de Nuestra Señora de la Estrella: «la mitá p'a mí, la mitá -p'a ella». Yo no creía, ni muchos creían tampoco, que el cura Papagna -estuviese regularón siquiera; pero es que era un verdadero pillo, un -gran canalla, un fraile como no he visto otro en todas mis recorridas -por esta tierra, en que he hallado unos muy buenos, otros regular no -más, y otros muy malos... ¡No, lo que es como aquél!... - -El cura Papagna era bajito, gordinflón, muy narigueta, bastante canoso, -con unas manos peludas y como patas de carancho, ¡pero más gruesas, -natural! Andaba siempre con la sotana perdida de lamparones, y la barba -sin afeitar de muchos días, así es que parecía--y era--¡un sucio! Yo -no sé si han notado que hay gente que se diría que no se afeita nunca; -pero entonces ¿cómo es que siempre tienen cortos los pelitos de la -barba?... - -Bueno, pues, cuando salía al campo, á casar y á bautizar, iba en un -bayo tan peludo y tan sucio como él. Por el pueblo poco se le veía, -sino en la misma iglesia y á la hora de la misa, ó cuando había -rosario, novenas, ó qué sé yo. Según decían los comerciantes del Pago, -nunca gastaba un cobre, y hasta vendía las gallinitas y pollitos que le -llevaban de regalo las beatas. Siempre andaba llorando miseria aunque -el cuerpo le destilara grasa por todos lados. ¡Corrían unos cuentos de -él!... Muchos vecinos se habían quejado varias veces al arzobispo, no -me acuerdo bien por qué, pero el arzobispo se hizo la chancha renga, y -el cura Papagna siguió tan suelto de cuerpo en la parroquia, casando, -bautizando, diciendo misa y predicando... ¡Vieran los sermones!... -Era cosa de perecer de risa. No se oían más que las mentas de las -barbaridades y bolazos que largaba medio en napolitano, porque ni -el italiano sabía bien. Cuando fuí á hablar con él, estaba en la -sacristía, sentado cerca de una mesa mugrienta, con las manos cruzadas -sobre la barriga, redonda como un tremendo queso de bola. - ---¿Qué vulite?--me preguntó. - ---Yo, señor cura... venía... venía porque me voy á casar... - ---¡Va bene! ¡va bene! Songo diechi nachonale... ¿É un qui se ne -casa?... Bisoña pagá andichipate pei publicazione... amonestazione... -¿Á mushash é de cá?... ¡Eh!... ¡vedite!... ¡diechi nachonale é poca -roba! - ---¡Espere un poco, señor cura!... Es que yo quisiera la ¿cómo se dice? -¡ah! ¡sí! la despensa de las amonestaciones... - ---¡Allora so tranta! - ---Y que nos casara en casa de la novia... - ---Allora so sesanta... Un pozo fá de meno. - ---¡Oh! por eso no importa, señor cura: se le pagarán los sesenta -pesos... Pero, ¿y cuándo nos podrá casar? - ---Cuanne vulite... ¿E qui é á compromesa? - ---¿La qué, dice? - ---La mushás... - ---¡Ah! ¡Sí! Doña Carolina, la viuda, ¿sabe? la de la pulpería de la -Polvadera... - ---Va bene, va bene. - -Y el cura se quedó un rato callado, como pensando. Después, medio -riéndose, se levantó de la silla, se me acercó, y agarrándome la solapa -de la chapona, me dijo despacito, como para que nadie lo pudiese oir... - -¡Ah! Como me parece que alguno de ustedes no entiende el nápoli, lo voy -á hacer hablar en castilla. - ---¿Pero usté quiere casarse de veras?... ¿en el libro de la -parroquia?--me dijo. - -Al principio no le entendí lo que quería decirme y lo miré azorado. - ---¿Por qué me dice eso?--le pregunté por fin. - ---¿Eh?--me contestó el muy sinvergüenza.--Porque hay algunos que -quieren casarse, sí, pero que no les pongan el casamiento en el -libro... Entonces, yo les hago un certificado en un papel suelto, y se -lo doy para que lo guarden. Entonces... ¿pero no va á decir nada, eh? - ---¡Qué esperanzas, padre! - ---¿De veras? - ---¡Mire: por éstas! - ---Entonces, si la mujer es buena, ellos lo guardan; pero si no es -buena, lo rompen y se mandan mudar si quieren, y la mujer no puede -hacer nada, ¡eh!... Yo tengo permiso para casar así, pero nadie tiene -que saberlo, porque es un secreto de la iglesia... y también es mucho -más caro que el otro casamiento... - -¡Qué iba á tener permiso el cura picarón! Era una historia que había -inventado para _far l'América_, y llenar pronto el bolsillo aunque -se fuera al infierno derechito,--tantas ganas tenía de volverse á su -tierra á comer pulenta y macarrones. - -Pero, después de un rato... la verdá... pensé que no sería malo casarse -así, como él decía, aunque nunca, ni menos entonces, se me había pasado -por la cabeza engañar á la gringa, tan buena y tan cariñosa... El -diablo del cura me tentó, yo no tenía la culpa, al fin y al cabo, y -como lo que era por plata no había que echarse atrás, porque Carolina -tenía bastante, pisé el palito, me pareció que ésa era una gran -seguridad para mí, y le dije al cura: - ---¿Y cuánto sería el gasto de ese modo, padre Papagna? - ---Trechento pesi. - ---¿No puede algo menos?--le pregunté, porque para rebajar siempre hay -tiempo. - ---¡Ni un chentavo!... Y además, usté me va jurar, por el santo Dios y -la santísima Virgen, ¡que no le va á decir nada á nadie, de mientras yo -esté en _cuest'América_!... - ---¡Qué quiere, padre! No puedo darle tanto... Y ni le pago, ni -juro,--añadí, para obligarlo á rebajar. - -Él medio se me asustó, y palmeándome el hombro, comenzó á ver si me -amansaba. Pero no aflojé, ni él tampoco, y así estuvimos un rato largo -regateando. ¡Miren qué negocio para regatear! ¡Hoy mismo me estoy -haciendo cruces!... En fin, cuando me dejó la cosa en ciento cincuenta -pesos, le dije: - ---Bueno, le pagaré y juraré,--pegándole una palmadita en la panza, -porque ya le había perdido el respeto. ¡Y de no! - -Saqué el rollo que me había dado Carolina y me puse á contar. ¡Le -vieran los ojos al fraile! ¡Parecía que se quería tragar la plata! - -Cuando le di los ciento cincuenta, los agarró con sus uñas de carancho, -de medio luto por la mugre, los contó él también, y los volvió á -contar. Se alzó la sotana y se los metió bien al fondo del bolsillo del -pantalón que tenía abajo, como para que no se le escapasen. - -¡Y qué agarrado! Mientras estaba guardándolos, temblaba todo, como si -fuera perlático. ¡Nunca he visto cosa igual!... Después se sosegó un -poco y me dijo: - ---Bueno, ahora vamos á jurar. - -Me llevó á la iglesia por la puerta de la sacristía, me hizo hincar -enfrente del altar mayor, y con mucha seriedad, principió: - ---¿Jura por Dios y por el Santísimo Sacramento y por la Santa Virgen, -no decir nunca á nadie cómo lo he casado, mientras yo esté en Pago -Chico y en América? - ---¡Sí, juro!--contesté fuerte. - ---¡Ponga la mano sobre este libro, que es el Evangelio, y de esta -cruz, y jure otra vez!... ¡Y si falta al juramento, los diablos lo -perseguirán en esta vida, y lo harán arder en la otra!... - -Puse la mano como él decía, y volví á jurar. - ---¡Bueno! ahora levántese, dígame cuándo quiere casarse, y se puede ir -no más. - ---Hoy es jueves. El lunes á la noche, ¿no le parece? - ---¡Benissimo! á la nove, ¿no? - ---Muy bien;... y ¿no tenemos que confesarnos? - ---¡Eh! ¡qué confesarnos, ni confesarnos!... ¡para esta clase de -casamiento no se prechisa!... - - - - - IX - - -Figúrense lo contento que me iría á comprar los muebles, aunque -hubiesen mermado tanto los pesitos que me dió la gringa Carolina. Los -gasté todos y todavía quedé debiendo á nombre de la gringa, para pagar -á los dos ó tres meses; el mueblero no tuvo inconveniente en fiarme, -porque ya se sabía en el Pago que yo era socio de la pulpería y algunos -me la achacaban de querida á la gringa. ¡La gente es tan mala!... - -¡Bueno, pues! nos casamos el lunes que habíamos dicho con el cura, y -salieron de padrinos el viejo ño Cipriano, y una parda medio adivina -que vivía en un ranchito cerca del negocio, y siempre andaba descalza y -de pañuelo colorado en la cabeza. - -Carolina se había encajado un gran traje de seda negra, con pollera de -volados y bata de cadera, y se había puesto una manteleta en la cabeza, -que le pasaba por detrás de las orejas y se ataba debajo de la barba, -unas caravanas larguísimas de oro que le zangoloteaban á los lados de -la cara redonda y colorada, y un tremendo medallón con el retrato del -finadito, de medio cuerpo. Después se puso el mío... - -El cura, que fué en su bayo peludo, sin sacristán ni nada, nos echó sus -jerigonzas, en dos minutos, hizo firmar la partida de casamiento, la -firmó él también, salió al patio conmigo, me dió el papel sin que nadie -lo viera, montó el sotreta, y se largó al trotecito para el pueblo, -gritando: - ---¡Eh! ¡Que siano feliche!... - - [Ilustración: --¡Eh! ¡Que siano feliche!] - -No se quedó á comer como lo había invitado Carolina--y eso que era un -gran tragaldabas,--seguramente porque en el Pago no se fuera á maliciar -la cosa del casorio falluto. - -Pero se llevó un pollo asado, una botella de Chianti y otras cositas -más... - -Carolina, que se pintaba sola para esas cosas, había hecho una -cenita de regular arriba,--y los cuatro,--yo, ella, ño Cipriano y -la parda,--nos sentamos á comer y á chupar en grande. ¡No, si era -chacota!... El viejo se le prendió al vino como guacho hambriento -á leche recién ordeñada. La parda, de consiguiente. Carolina se -puso medio alegrona, y yo... ¡no les digo nada!... Á los postres ño -Cipriano, para rematar la fiesta se le prendió á la caña de durazno y -soltando refranes y dando consejos, se mamó tan fiero, ¡que tuvimos que -llevarlo al galpón entre los tres!... - ---¡Cosas de la vida! ¡Cosas de la vida!--decía la parda, -trastabillando, lagrimeando y babosa con la tranca. - -Al rato se enloqueció del todo, y como ni podía estarse parada, se tuvo -que quedar aquella noche. Al otro día le dijo á Carolina que había -soñado que un ángel bajaba del cielo para venir á bendecirla á ella y á -mí, y que ésa era seña segura de que íbamos á ser lo más felices. Que -también soñó que le regalaban unas gallinitas, y un corte de vestido... -¡Miren la parda ladina!... - -La gringa de puro contenta, porque yo no le había mezquinado aquella -noche,--y si no ¡jueguenlé risa no más! ¡después de andar galgueando -tanto tiempo!--le regaló efectivamente las gallinas y el generito y -hasta me parece que un par de pesos de yapa, con lo que la parda se fué -contentísima, blanqueándole los dientes y relampagueándole los ojos. - -Yo la atajé cerca del palenque, para pedirle que no fuera á decir nada -del casamiento, que tenía que ser cosa muy secreta. - ---¿Y á quién l'he d'ecir?--me contestó,--si pronto vo á dirme del -pago!... - -Y era verdad, porque á los dos meses se fué. - -Pero ¡miren lo que son las cosas! Habíamos empezado tan bien cuando -¡zás-trás! ¡no faltó quien viniera á descomponer el baile! En esta vida -no hay fiesta completa. - -Ño Cipriano, que dejamos tumbado en el galpón, no aparecía aunque el -sol ya estuviese alto. Al principio no nos fijamos, pero Carolina me -preguntó de repente: - ---¿Che, lo has visto al viejo? - ---No, ¿y vos?--le contesté. - ---Yo tampoco. - ---Se habrá ido p'al arroyo con los chanchos. - ---¿Que no ves los chanchos encerrados en el chiquero? ¡quién sabe si -no le ha pasado algo!... - ---Estará durmiendo la mona; pero, no le hace, vamos á ver. - -Fuimos al galpón ¡y qué les cuento! nos encontramos al viejo ño -Cipriano tendido panza arriba, todo como acalambrado, con la cara -color violeta, y frío, helado. Carolina, asustada, comenzó á darle -_fletaciones_, pero ¡qué caray! al divino botón: el pobre viejo con la -mamúa, había cantado para el carnero. La gringa se me puso á llorar -como una Magdalena. - ---Pero ¿qué te da, hijita, para llorar de ese modo?--le pregunté. - ---Es que... ¡es que ño Cipriano era tan bueno! Y además... - ---¿Además, qué? - ---¡Que me parece que tenemos que ser muy desgraciados! ¡Miren qué -casamiento, con un difunto en la casa, desde el primer día!... - ---¡Bah! ¡no seas pava!--le dije, enojado.--¡Ño Cipriano estaba muy -viejo, y cualquier día tenía que estirar la pata!... ¡Eso no quiere -decir nada; ya sabés... muertos no hablan!... ¡Y, fuera de eso, -acordate de lo del ángel y no llorés, sonsa! - -Medio se calmó con lo que le dije, pero ya quedó sentida para siempre, -y asustadiza y tristona. ¡Así son las mujeres, compañeros: llenas de -agüerías! - -Yo tuve que costearme al pueblo, á avisar á la autoridad. Á la tarde se -presentaron el comisario Barraba, el doctor Carbonero, que era médico -de policía, y dos milicos. Después de mucho registrar y molernos á -preguntas, de cómo había sido, y cómo no, se llevaron á ño Cipriano -en un carrito, para abrirlo y ver de qué espichó, y me quedé solo con -Carolina, todavía más triste y asustada. - ---¡Lo van á achurar al pobre!... ¡Qué desgracia!... ¡_Maledetta sorte!_ - -Y volvió á llorar á sollozos. - ---¡Miren, la mujer tan grande y tan pazguata!... Déjese de llanto misia -Carolina, que eso es de criaturas,--le dije en broma.--¡Para lo que va -á sufrir ño Cipriano con que le anden adentro á estas horas! ¡Vaya! -vamos á tratar de divertirnos un poco. Los muertos no quieren andar -estorbando á los vivos, sino que los dejen quietos. Récele si gusta, -pero ahora vamos á ver si comemos, ¡y bien! - -¿No les parece natural? ¡Natural! - -Carolina se sosegó un poco, fué á cocinar, comimos después de cerrar -la pulpería, yo traté de alegrarla con una punta de dichos y hasta -milongas, y tempranito no más nos acostamos... Desde el otro día, -principió la vidorria y la farra, después de enterrar á ño Cipriano que -resultó bien muerto y sin culpa de nadie. - -Los amigos--y ya tenía una punta--caían como moscas á La Polvadera y -yo los obsequiaba lo mejor que podía. - -Carolina se pasaba la vida con las ollas y acomodando la casa. -Nosotros, para matar el tiempo, y menudeándole á las copas, armábamos -jugarretas de truco y taba; después hicimos riñas de gallos, y hasta -dimos bailongos en el patio, entre el palenque y la ramada. - -En la taba y las riñas, el comisario--que me había dado permiso, -aunque el juego estuviera prohibido en toda la provincia,--no se -llevaba más que la mitad de la coima, así es que todo me hubiera salido -perfectamente, si no me da la loca por jugar fuerte á mí también. - -Como siempre perdía, Carolina principió á rezongar. - ---¡Ya decía yo, cuando encontramos al pobre ño Cipriano, que eso había -de traer desgracia! ¡Ya todo empieza á andar mal! ¡Oh, Madona, Madona -mía! - -Y estos lloriqueos y rezongos fueron empeorando, empeorando. La gringa -echó un genio de la gran perra. Se me quería imponer y teníamos un -sin fin de peloteras, pero ¡qué había de poder conmigo, ni qué se -iba á poner mis pantalones, que tengo tan bien puestos!... ¡Á cada -zafarrancho, yo, de gusto, lo hacía peor, cataba una mona, y el vino de -reserva era el que pagaba el pato! - -Por consejo de un amigote, y aunque rabiara la gringa, hice arreglar -bien el camino real, en el retazo que estaba frente á La Polvadera, -que quedó parejito como un billar. Y ahí no más armé carreras los -domingos, también con permiso del comisario Barraba, que sabía á veces -presentarse á cobrar la coima en persona, para que no hubiese barullo, -ni peleas--decía. - -¡Vieran qué lindas farras! Los paisanos caían que era un gusto, y el -beberaje y el fandango duraban desde la mañana hasta ya anochecido, -el cajón se nos llenaba de cobres, y yo tenía negocio y diversión á un -tiempo. - -Pero compré un potrillo zaino, parejero, y ésa fué mi perdición... - -Una suerte perra me perseguía sin darme alce. Agarraba una taba y ¡zas! -culo sin fallar una vez. Al mus siempre había quien se desemporotara -primero y ¡á pagar! Al truco ¡parecía cosa del diablo! los compañeros -me embromaban con que era capaz de perder el envido con treinta y tres -de mano. Si cantaba flor, me echaban el contraflor el resto, y si caía -el bicho de parra, ya podía estar seguro de que el contrario empacaba -el de amansar locos para darme en el mate. Mis gallos, cuando no me -resultaban juidos, tenían que clavar el pico á las primeras de cambio. -«¡Pucha que había sido mulita, amigo!»--me sabían decir los camaradas. -Era una maldición, y yo, como es natural, me calentaba más cada vez y -buscaba el desquite como un toro furioso. - -Y como de uvita á uvita se acaba un parral, los pesos volaban que -era un contento. Pero tenía una gran esperanza, que era el potrillo -zaino, lindo animal, fino de patas, de pescuezo largo y cabeza chica, -delgado, sin ni esto de barriga, voluntario como él solo, y más manso -que el overo rosado de Laguna. Yo mismo le daba de comer, lo bañaba, lo -rasqueteaba, y todas las mañanitas salía á varearlo donde no me vieran. -Y en unas cuantas largadas que hicimos de balde y en secreto con unos -amigos, el pingo resultó de mi flor. ¡Qué parejero! ¡Con él no me -habían de ganar ni por chiripa! - -Carolina á todo esto, viendo que la platita se le iba como el agua de -una tina sin arcos, comenzó á armarme camorra peor que nunca. - ---¡Así no podemos seguir! ¡Estás tirando todo lo que he ganado con mi -_trabaco_, canalla!--me decía medio rabiando, medio llorando. - -Cuando me hacía enojar mucho, yo gritaba también y más fuerte que ella. - ---¡Dejáme en paz! ¡sos una gringa de porra! ¡No me incomodés que te -puede costar muy caro! ¡Calláte la boca, y más que ligero! ¿eh? ¿me has -entendido?... ¡Si no te callás, te va á pesar! - -¡Era que entonces me acordaba de lo del casamiento y del papel que me -había dado el cura, pero sin intención de largarla, pobrecita!... - -Quiso esconder la plata, pero, ¡por donde no la iba á encontrar yo, -cuando me entraban ganas de echar una talladita al monte ó hacer un -truco de cuatro! Y Carolina, al ver que se la había pispado, gritaba y -maldecía primero, y después se metía á llorar en un rincón. - ---¡No es por la plata! ¡no es por la plata! ¡Es que veo que no me -querés y que no pensás en mañana! - ---Dejá, hijita--le contestaba yo entonces, amansado por sus -lloriqueos.--¡Ya verás cómo nos desquitamos! ¡No te aflijás, sonsa! ¡si -hemos de ser muy felices! - ---¡Ah, Madona, Madona mía!--suspiraba la gringa. - -...En cuanto creí que el zaino estaba en punto de caramelo, me apronté -á dar el gran golpe. Lo había tenido tapado, como ya les dije, y no lo -conocían más que dos ó tres amigos, que pensaban jugar fuerte á sus -patas, y que no me iban á descubrir ni por un queso. - -Un domingo por la madrugada agarré y lo tusé desparejo, lo entrepelé, -le llené la cola de barro y abrojos, y lo puse, en fin, que parecía -el último matungo de una chacra de gallegos. Después le puse un apero -viejo, y encargué á un peón de lo de Torres, que tenía comprado, que -á la hora de las carreras cayese montándolo, á la pulpería. El peón se -llevó el parejero. - ---Hoy voy á correr con el zaino,--le dije á Carolina. - ---Dejáte de esas cosas--me contestó.--¡Qué carreras, ni carreras! El -juego es la perdición del cristiano. - ---¡Esta vez estoy seguro de ganar! Al zaino lo he puesto desconocido, -lo van á tomar por un sotreta, ¡y ya verás la ponchada de pesos que nos -ganamos! - ---Prometéme, al menos,--dijo la gringa, aprovechándose al verme -blandito;--prometéme, al menos, que si de esta hecha perdés, no vas á -volver á jugar. - ---¡Mirá, por éstas!--le contesté besando la cruz de los dedos... - - - - - X - - -¡Qué quieren que les diga! Principió á caer gente y La Polvadera se -llenó como la misma plaza de Pago Chico, para un veinticinco de mayo. -Se largaron varias carreras. Corrió el coperío, que no dábamos abasto -para despachar. El paisanaje se calentaba ya de lo lindo, cuando llegó -el peón con mi zaino. - -Había un tal Contreras, que le tenía mucha fe á su crédito, un -tordillo, ligerón, es cierto, pero no gran cosa. Mi parejero no tenía -ni para empezar. - -Contreras era diablón, mal intencionado, peleador de alma atravesada, -y jugaba platales que se agenciaba no sé cómo: dicen que se los daba el -pillo del escribano Ferreiro, para que le guardara las espaldas, y para -que asustara á sus contrarios políticos... ¡con nada! palizas y hasta -puñaladas y tajos si á mal no venía. - ---¡Lindo su tordillo!--le dije, eligiéndolo de ahijado, porque era -hombre de meterle un cien y es lo que me convenía.--¡Lástima que se -haya puesto tan gordo! - ---¿Gordo? ¡No embrome! Está en carnes, compadre, y es capaz de tragarse -al más pintau. Y eso, que venimos de lejos... - -¡Mentira! Hacía una semana que lo tenía descansadito en el Pago, -preparándolo. - ---¡Bah!--le volví á decir para calentarlo más.--En cuanto principian á -echar panza... - -Me miró riéndose para que no le conocieran la rabia. - ---¡No cargue, que no hay quien lave, paisano! Si quiere verle -la panza, tiene que ponerse antiojos. Y, barrigón ó no,--siguió -gritando:--¿á ver quién es el mozo guapo que quiere perder cien pesos? - -Muchos se acercaron y nos rodearon. - ---En ese estau del caballo,--le contesté sobre el pucho, medio -riéndome,--yo le corro con cualquier maceta. - ---¡Oiganlé! ¿Y con cuál? - ---Con este zaino abrojudo, sin ir más lejos. ¿Me lo empriesta, paisano? - ---¡Cómo no!--contestó el peón que lo había llevado.--¡Corra no más! - -Contreras miró con atención el caballo, lo palmeó, lo hizo andar un -poquito. - ---Este mancarrón no es lo que parece,--me dijo.--¡Á mí con l'uña! -Pero... porque no se diga... le corro, ¡bah! - ---¿Por los cien pesos? - ---¡Y entonces! - ---¡Depositemos! - ---¿Depositemos? ¡Avise, compadre!--rezongó, revolviéndome los ojos. - -Yo, sabiendo que aquello quería decir pelea, me callé la boca, -desensillé el zaino, le puse bocado y una jerguita, me saqué el saco y -el chaleco, me hice una vincha con un pañuelo colorado, y ¡ya estuvo! - -El paisanaje, caliente, jugaba á raja cincha. Muchos ofrecían doble á -sencillo contra mi zaino. Yo agarré una punta de paradas, los amigos -que sabían la cosa, de consiguiente. - -El tiro era de dos cuadras. Después de unas cuantas partidas, largamos, -y mi potrillo principió á sacar su ventajita, primero la cabeza, -después un pescuezo, después medio cuerpo, ¡sin castigar!... ¡Contreras -venía á dos rebenques, lonja y lonja!... Claro que el tordillo se le -iba á aplastar, pero estaba ciego de rabia con la fumada... Yo vi mía -la carrera, y por no dar á conocer todo el juego del animalito, lo -llevaba sobre la rienda... Asimismo saqué un cuerpo de ventaja, cuando -¡malhaya! medio matando su tordillo, Contreras me alcanza, le mete -pierna al zaino, que rueda largándome por las orejas y pasa como un -refusilo sin parar hasta la raya. ¡Hijuna!... - -Por suerte yo caí parado, pero, ¡vieran el avispero que se armó! El -paisanaje gritaba, se insultaba, hasta zangoloteaba al juez de la -carrera... Salieron á relucir cuchillos, y si no se mete el comisario -Barraba, la cosa hubiera acabado mal. - -Contreras volvía al tranquito, golpeándose la boca, muy contento... ¡Me -dió una rabia!... - -En cuanto me alcanzó--yo iba á juntarme con los otros frente á la -pulpería, cabrestiando al zaino rengo,--no pude más y le grité: - ---¡Canalla! ¡Tramposo, sinvergüenza! Me has metido pierna, ¡hijuna -gran!... - -Ahí no más se tiró del caballo pelando el fiyingo. Yo me eché atrás -para desenvainar también. - -Á mí no me gustan mucho esas cosas, ¿á que decir? Soy bajito, bastante -delgadón, no tengo gran fuerza, y á más, no entiendo mucho de cuchillo. -Pero el hombre me apuraba, los paisanos habían corrido á ver, y había -que hacer la pata ancha... - -Me tiró dos puñaladas que conseguí atajarme, mal que mal. ¡Pero las -papas quemaban, compañeros!... - ---Á la larga no hay cotejo,--me gritaba Contreras, bailándome alrededor -y con unas risitas calentadoras, como chungueándome. - -Yo ya me encomendaba á la Virgen viendo la cosa mal parada, y el -bárbaro aquél de seguro me achura, si no llega Carolina, corriendo y -chillando, hecha una loca, y no sé cómo, con la desesperación, ¡seguro! -le arranca el cuchillo de la mano. - ---¡Y ustedes lo _decan_, y ustedes lo _decan_!--les gritaba á los -mirones. - - [Ilustración: Me tiró dos puñaladas que conseguí atajarme.] - -Los gauchos nos rodearon, desapartándonos y recién entonces se -acercó el comisario Barraba. Yo había hecho la chambonada de no decirle -la cosa del zaino, y él le jugó al tordillo... ¡Se necesita andar en la -mala!... - -Contreras, y la mayor parte de los paisanos alegaban que el tordillo -había ganado en buena ley, y que la rodada fué porque el zaino -mancarrón, flojo de patas, no era para correr... El juez de la carrera -se desgañitaba al cuete; no le llevaban el apunte, ni á mí, ni á mis -amigos tampoco. - ---¡Qué resuelva el señor Comisario!--gritaron algunos, de repente. - ---¡Sí, eso es!... ¡eso es!--rebuznaron todos los que habían jugado al -tordillo. - -El gran pillo de Barraba dió la sentencia: - ---La carrera es legal. ¡Ha ganau Contreras! - -Contra la fuerza no hay resistencia. - ---Pero, señor comisario...--principié. - ---¡Calláte y pelá! Tenés que pagar á todo el mundo. - -Y tuve que pagar no más, calladito la boca, y ahí se me fueron los -últimos pesos guardaditos... ¡y hasta los del cajón del mostrador!... - -Carolina me miraba con los ojos saltones y de veras que la cosa no era -para menos. - ---¡Mi alma! ¡te debo la vida!--le dije. - ---¡Sí, sí!--contestó medio llorando.--¡Pero no _cugués_, _no cugués_ -más, por Dios! - ---¡Sí, perdé cuidau! - -Y me puse á despachar copas y á chupar yo también, para olvidarme de -tanta pena, y ¡qué quieren! el ginebrón me hizo voracear y empecé á las -convidadas. ¡Miren qué momento para darme corte! - ---¡Eh, paisanos, tomen lo que gusten! - -Y al ratito, no más, dale, otra vuelta y otra... - ---¿Qué gustan servirse, caballeros? - -Carolina se había puesto furiosa. - ---¡Ma!... ¡Ma!...--me decía atorada de rabia. - ---La patrona está llamando á la mama, decía un paisano. - ---¡Ó á la ma... múa del patrón!--retrucó otro. - -¡Después, nunca me pude acordar!--Creo que hubo payada y baile, y que -repartí cuanto había de comer y de chupar en la casa. - -Lo cierto es que la pulpería quedó tecleando. Pero también, ¡qué -farra!... - -Á la otra mañana, me encontré tirado en un zanjón que había junto al -palenque. Se me está haciendo que allí dormí, pero no sé cómo fuí á -parar á semejante cama. ¡Cuando uno agarra uno de esos de P. P. y W.!... - -La gringa estaba encerrada en su cuarto, no me quería abrir ni á cañón, -y según me dijo después, se había pasado la noche llorando desesperada. -Cuando conseguí que me abriera, tanto lloró y suplicó que me ablandé, -y le prometí que aquélla era la _última vez_, y le dije que me iba -á poner á trabajar de veras, como un burro si era necesario, para -desquitarnos de todo lo que habíamos perdido, sin volver á pensar en -jugar, ni en gallos, ni en carreras. - ---¿Te crés que m'he olvidar que te debo la vida?--le dije--porque si no -sos vos, ¡Contreras me achuraba!... - -Pero el hombre propone y Dios dispone... - -¡Bueno! ¿y qué hay con eso? Me parece que no hay que asustarse por -tan poco... Yo no soy el primero que haya olvidado sus juramentos -por seguir sus gustos. Ni el último, tampoco... Así es el hombre, -caballeros, y hasta el más pintado, si no es un hipócrita, confesará -que ha sabido olvidarse muchas veces de sus buenas intenciones,--de las -que no había desembuchado por lo menos--para dar satisfacción á lo que -le tiraba más. - -Esto es sin vuelta. Lo que hay, es que algunos saben pararse á tiempo, -ó tienen maña ó baquía para hacer lo que les da la gana á lo mosca -muerta, sin que nadie diga nada. ¡No, y de no! - -Unos juegan y se maman en los clubs, sin dar que hablar, y pelean en -los duelos, á vista y paciencia de los policianos, y hacen lo mismo que -hice yo, y peor, que, como ellos lo hacen, no parece tan malo y nadie -les saca el cuero... - -En fin, ¡qué tanto servir á usted p'a decir cómo le va!--El caso es, -que el droguis y la jugarreta, me volvieron á agarrar de lo lindo, -y como, de sonso, sabía jugar bastante en trinquis, ¡todo el mundo -me aprovechaba como á una criatura! Así se fué, detrás de la platita -guardada, el campito de Carolina. ¡Pero qué agarrada la de ese día, -santo Dios! La gringa,--¿querrán creer?--hasta me arañó la cara, que -anduve una punta de días medio cebruno... - ---¡Mirá, gringa!--le grité--¡No sabés lo que hacés! ¡El día menos -pensado, ya verás!... - -Le iba á soltar lo de que no estábamos casados, pero caí en cuenta de -que con la rabia era capaz de no firmar la escritura y hasta de echarme -de la pulpería... y ¡como un poste! - ---¡Si yo hubiera sabido!--gritaba la gringa.--¡Si yo hubiera sabido! -_¡porca la...!_ - -Y se agarraba los pelos. Pero firmó... - -¿Á qué decirles que los pesos del Banco de Italia ya se habían ido por -un camino? Quedaba la pulpería... pero casi tan pelada como la misma -palma de la mano... ni un frasco, ni una pilcha. Yo me preguntaba -muchas veces cómo se lo había llevado todo pateta, sin atinar con tanto -bochinche, hasta que caí en la cuenta de que la Carolina, con sus -lloriqueos y rabietas al botón, descuidaba el negocio y lo dejaba ir -barranca abajo... - -Entonces quise remediar yo solo las cosas, compré mucho al fiado, y -principié á medio querer arreglar el boliche... Pero, la verdad: el -ginebrón y las barajas, con la yapa de la taba y los gallos, hicieron -que de repente comenzaran á llover demandas y más demandas, toda una -papelería. El aguacil no hacía más que viajar del Pago á la Polvadera, -como conchabado... Y no teníamos adónde buscar madre que nos envolviera -¡ni el zaino, que de la rodada quedó manco del encuentro!... Entonces -me acordé de lo que sabía decir el viejo ño Cipriano: - ---¿Ande irá el güay?, ¡que nu are! - -La desgracia me había perseguido siempre, ¿por qué me había de dejar -entonces? - -Carolina comprendió que estábamos más fregados que unos atorrantes, -que nos iban á vender la pulpería para cobrarse, que no nos quedaba ni -un cobre, y un día me armó una zafacoca. ¡Cristo santo! ¡ni me quiero -acordar!... Cebada con lo de los arañones, hasta agarró un palo, y -principió á darme de garrotazos... ¡Como que éstas son cruces! ¡Una -paliza!... ¡Á mí!... - -¡Yo, qué quieren! pelé el cuchillo, naturalmente sin intención de -lastimarla; y sólo cuando me vió con él en la mano, se me separó, pero -saltándosele los ojos, y echando espuma por la boca. ¡Nunca la había -visto tan rabiosa!... ¡Parecía una tigra!... - ---¡Canalla! ¡Bandido! ¡Ladrón!... ¿De ese modo te acordás que me debés -la vida? Devolvéme mi plata, ¡_birbante_, _canaglia_! - -Y yo, ¿cómo iba á dejar que siguiera diciéndome esas cosas, y hasta -zurrándome como á una criatura? - ---¡Mirá, Carolina!--le dije sin soltar el cuchillo.--Yo ahora mismo me -mando mudar y para siempre, ¿entendés? ¡Ya no te puedo aguantar más! - -Se le cambió la cara, pero todavía siguió gritando é insultándome. - ---¡Qué! ¿Te pensás ir?, ¡Madona, después de haberme dejado desnuda y -en la calle, canalla, sinvergüenza, ladrón! ¡Ah, no, _per Dio_! sos mi -marido, y tenés que quedarte aquí, á _trabacar_ como yo, _porca la_... - -Yo me reía á carcajadas. - ---¿Y quién te ha dicho que soy tu marido?--le dije--¡Pues no hay tal! -No sos más que mi querida. - ---¡Mentís, canalla! - ---¿Que es mentira? ¡Sí! andá preguntaseló al cura y verás... - ---El cura Papagna... - ---¡Qué! tu nápolis se ha ido hace un mes á _mangiar macaroni_ en tu -tierra... Andá, preguntaseló al nuevo, si hay apunte de tu casamiento -en la iglesia... - -Me miraba con tamaña boca abierta, sin querer creer lo que le decía... -De repente, le pareció que debía ser cierto... Asustada, desesperada, -loca, salió corriendo. Vi que se largaba á pie camino del Pago, en -cabeza, con la ropa de entre casa... Seguro que iría á averiguar... - -Yo saqué los pocos pesos que por casualidad había en el cajón, ensillé -el maceta, ¡y si te he visto no me acuerdo! Agarré para otro lado, -después de hacer pedazos el papel de Papagna, muy tranquilo y segurito -de que no me iban á perseguir... ¡Qué! ¿y se afligen por tan poco?... -Pero fíjense, y verán que era muchísimo mejor para mí... y también para -Carolina... - -¿Que si tengo noticias? Sí. Ayer supe que estaba perfectamente; de -enfermera en el hospital del Pago. - - - Buenos Aires, 1905. - - - - - -End of Project Gutenberg's El casamiento de Laucha, by Roberto Payró - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - -***** This file should be named 62952-0.txt or 62952-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/2/9/5/62952/ - -Produced by Andrés V. 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Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: El casamiento de Laucha - -Author: Roberto Payr - -Release Date: August 17, 2020 [EBook #62952] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - - - - -Produced by Andrs V. Galia, MWS, Sanly Bowitts and the -Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - - -<div class="figcenter" style="width: 793px;"> -<img src="images/cover.jpg" width="793" height="1200" alt="" title="cubierta" /> -</div> - -<div class="tnote"> - <p class="p2 center big1">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p> - -<p>Ciertas reglas de acentuacin ortogrfica del castellano cuando la -presente edicin de esta obra fue publicada, en 1906, eran diferentes a -las existentes cuando se realiz la transcripcin. Palabras como vi, -fu, di, lo mismo que la preposicin "", y las conjunciones "", "", -"", por ejemplo, en esa poca llevaban acento ortogrfico. Eso ha sido -respetado.</p> - -<p>El lenguaje utilizado es peculiar al modo de hablar de los argentinos. -Es oportuno agregar que el autor, adems, hace hablar a algunos de los -personajes en un lenguaje con expresiones y manerismos que son tpicos del -interior de la Argentina.</p> - -<p>Por lo dems, el criterio utilizado para llevar a cabo esta -transcripcin ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia -Espaola vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar -el Mapa de Diccionarios Acadmicos de la Real Academia Espaola.</p> - -<p>Errores evidentes de impresin y de puntuacin han sido corregidos.</p> - -<p>La cubierta del libro en la versin HTML fue modificada por el -Transcriptor y ha sido puesta en el dominio pblico.</p> - -<p>El ndice de captulos presentado al principio de la obra ha sido -construido por el Transcriptor.</p> -</div> - -<hr class="tb" /> - -<div class="chapter"> - - - -<div class="figcenter" style="width: 388px;"> -<img src="images/ilo-titlep.jpg" width="388" height="600" alt="" /> -</div> -<p class="center">ROBERTO PAYR</p> -<h1>EL CASAMIENTO DE LAUCHA</h1> -<p class="center">BUENOS AIRES<br /> -COMPAA SUD-AMERICANA DE BILLETES DE BANCO<br /> -Calle Chile, 263 y Cangallo, 557-59<br /> -1906<br /></p> -</div> - - -<div class="chapter"> -<p class="center p4 big2">NDICE</p> -</div> - -<div class="center"> -<table class="toc1" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0" summary=""> - -<tr> -<td align="left"> </td> -<td align="right">Pg.</td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left">Introduccin</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_5">5</a></td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 3em; ">I</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_7">7</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">II</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_11">11</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.5em; ">III</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_17">17</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.5em; ">IV</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_25">25</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">V</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_35">35</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.4em; ">VI</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_43">43</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.2em; ">VII</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_55">55</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 1.9em; ">VIII</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_67">67</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.4em; ">IX</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_77">77</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">X</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_95">95</a> </td> -</tr> -</table></div> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[Pg 5]</a></span></p> -</div> - -<h2>INTRODUCCIN</h2> - - -<p>El nombre de Laucha,—apodo y no apellido—le -sentaba las mil maravillas.</p> - -<p>Era pequeito, delgado, receloso, mvil; la -boca pareca un hociquillo orlado de poco -y rgido bigote; los ojos negros, como cuentas -de azabache, algo saltones, sin blanco -casi, aadan la semejanza, completada por -la cara angostita, la frente fugitiva y estrecha, -el cabello descolorido, arratonado...</p> - -<p>Laucha era, por otra parte, su nico nombre -posible. Laucha le llamaron cuando nio -en la provincia del interior donde naciera; -Laucha comenzaron apodarle despus, all<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[Pg 6]</a></span> -donde lo llev la suerte de su vida, desde -temprano aventurera; por Laucha se le conoci -en Buenos Aires, llegado apenas, sin que - nadie se pudiese atribuir la invencin del -sobrenombre, y Laucha le han dicho grandes -y pequeos durante un perodo de treinta y -un aos, desde que cumpli los cinco, hasta -que muri los treinta y seis...</p> - -<p>De sus mismos labios o la narracin de la -aventura culminante de su vida, y, en estas -pginas me he esforzado por reproducirla -tal como se la escuch. Desgraciadamente -Laucha ya no est aqu para corregirme, si -incurro en error; pero puedo afirmar que no -me aparto de la verdad muchos centmetros.</p> - -<hr class="r5" /> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[Pg 7]</a></span></p> - -</div> - - - -<h2>I</h2> - - -<p>Pues, seor, despus de andar unos aos -por Tucumn, Salta, Jujuy y Santiago, ganndome -la vida perra como Dios me daba - entender, unas veces de bolichero, otras -de mercachifle, de repente de pen, de repente -de maestro de escuela, aqu en un pueblo, -all en una ciudad, all en una estancia, -ms all en un ingenio, siempre pobre, -siempre rotoso, algunos das con hambre, -todos los das sin plata,—comenc por fin -temar con que puede ser que me fuera mejor -en Buenos Aires, en donde nunca me podra<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[Pg 8]</a></span> -ir peor, porque esas provincias nunca son -buenas para hombres as, como yo, sin un -peso, ni mucha letra menuda, ni mucha fuerza... -ni muchas ganas de trabajar tampoco... -Y tanto tem, que al fin resolv largarme y -principi hacer economas de centavo—yo -que nunca haba juntado plata!—hasta -que reun todo lo que necesitaba para el viaje... -lo preciso y nada ms.</p> - -<p>No he de contar los milagros y otras vivezas -que tuve que hacer para juntar la platita: -ya se lo imaginarn, y de no, poco importa. -El caso es que un da me acomod en el -tren,—claro que en segunda, porque no haba -boleto de perro!—llegu hasta Crdoba, -sub al Central Argentino, y en el Rosario -me embarqu para Campana en el vapor de -la carrera, porque la cosa sala ms barata... -Campana era entonces el puerto de salida y -de llegada de los vapores del Paran, y ah -mismo se tomaba el tren para Buenos Aires.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[Pg 9]</a></span></p> - -<p>Desembarqu con mi equipaje, que era un -poncho grueso de lana, criollo, de los tejidos - lleno de colorines, y que le haba -ganado la taba un pen catamarqueo -en Tucumn: se lo haba hecho la mujer qu -s yo en qu punta de aos...</p> - -<p>Ah! ya haba volado hasta el ltimo cobre -en las comidas y copetines del viaje, as es -que me encontr en Campana con que para -seguir Buenos Aires tena que empear -vender alguna prenda... y no ser el poncho... -Creern que esto no tiene nada que ver con -mi casamiento; pero esperen un poco... La -miseria, como buena vieja brava, hace con el -hombre lo que se le antoja... m me hizo -llegar hasta el casorio, ya vern...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[Pg 10]</a><br /><a name="Page_11" id="Page_11">[Pg 11]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>II</h2> - - -<p>Bueno, pues, anduve de tienda en tienda -queriendo vender el poncho y sacar boleto -con la platita, pero sin suerte porque no encontraba -ningn aficionado.</p> - -<p>—Esos ponchos no se usan por ac,—me -deca uno.</p> - -<p>—Ya tengo demasiados ponchos—me deca -otro.</p> - -<p>—No compro ropa usada,—me grit furioso -un tendero gallego que no tena ms -que clavos del tiempo de aupa.</p> - -<p>Por fin un bolichero me di por l cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[Pg 12]</a></span> -nacionales,—y digo nacionales porque ya -haban cambiado la moneda corriente, tan -linda y tan rendidora.</p> - -<p>El boleto de segunda de Campana Buenos -Aires vala entonces alrededor de peso y -medio dos pesos, y no como ahora que -cobran cerca de cinco. As es que yo estaba -bien, al fin y al cabo, gracias al ponchito catamarqueo... -Pero mi maldita suerte, que no -me va dejar en la pucha vida, quiso que -mientras andaba entretenido en el cambalache -del poncho, el tren se mandara mudar -sin esperarme... ya ven, no tena reloj, y aunque -tuviera no me iba ir sin boleto y sin -plata.</p> - -<p>Lo peor es que para ese tiempo no haba -ms que un tren al da, y me tuve que quedar -en Campana, y comer y dormir en un bodegn -y posada en que saban parar los reseros -que llevaban hacienda para el saladero, que -despus se hizo frigorfico. La historia me<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[Pg 13]</a></span> -cost peso y medio, as es que me qued tecleando. -Miren qu polaina!</p> - -<p> la noche anduve ronciando la mesa de -los reseros, que despuntaban el vicio al mus. -Los ojos se me iban, pero jugaban muy fuerte—cinco -pesos la caja... Figrense! yo no -iba pedir media caja, est claro... Me qued -con las ganas y me fu dormir.</p> - -<p>Al otro da me clav en la estacin media -hora antes que el tren... y no lo perd esa vez. -Pero vean si no me sobra razn para hablar -de mi suerte perra! Baj en una estacin -para tomar una copa, y cuando acord el tren -iba pita que te pita, cinco cuadras!</p> - -<p>No, no se me ran: no estaba ni alegrn -siquiera, aunque otro pasajero llevaba un frasco -de ginebra marca Llave (que no es como la -de ahora) y de vez en cuando me convidara -pegarle un beso... Bueno, bueno! sea como -sea, el caso es que me qued en la estacin -Benavdez, que no tena, qu iba tener! ni<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[Pg 14]</a></span> -sombra de los pobladores que tiene hoy. -Volv bastante tristn la pulpera de frente -al tren, donde haba estado antes, y que era -un boliche con cuatro botellas locas, un queso -viejo del pas, un pedazo de dulce de -membrillo amohosado, y media docena de -salchichones entre una pila de cajas de sardinas...</p> - -<p>Me puse conversar con el pulpero, y al -rato ramos amigotes. Lo convid con una -copa—porque todava me quedaban unos -centavos,—y cuando le habl de lo pobre y -apurado que estaba, me dijo que por las chacras -de ah cerca andaban necesitando peones -para el maz y que era fcil que me conchabaran -si no era muy mulita y no me renda de -estarme al sol el da en peso. Yo, la verdad, -no he nacido sino para trabajos de escritorio, -de sos de no hacer nada, sentadito la sombra,—pero -la necesidad tiene cara de hereje, -y ese mismo da me conchab con un chaca<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[Pg 15]</a></span>rero -que, del partido de las Conchas, donde -est la estacin Benavdez, me llev para el -Pilar, recoger maz.</p> - -<p>Qu quieren! los dos das ya no poda -ms, charqueado por el sol, y trasijado por el -trabajo bruto. Le cobr los dos jornales al chacarero, -que me rabone unos cuantos centavos -como buen gringo, me largu Beln, -que estaba cerquita, buscar otro acomodo -ms conveniente, y ah fu donde empez el -baile... donde sigui, porque ya haca rato -que haba principiado...</p> - -<p>No hice huesos viejos en Beln. Antes de -la semana ya me haba ido sin rumbo, y segu -de pueblo en pueblo y de chacra en -estancia, alejndome cada vez ms de Buenos -Aires, como si en mi perra vida hubiera -pensado ver los porteos. Vlgale la -suerte que juega con el hombre como el viento -con la paja voladora.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[Pg 16]</a><br /><a name="Page_17" id="Page_17">[Pg 17]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>III</h2> - - -<p>Una maanita que estaba en una esquina, -muy lejos para el suroeste, matando el bicho -con una copa de caa paraguaya, me puse -conversarle al patrn, porque yo era el nico -marchante y l se aburra como yo, del otro -lado de la reja, medio echado de barriga sobre -el mostrador y con la cara muerta de -sueo entre las manos. Yo andaba otra vez -sin trabajo y con poquitos cobres en el bolsillo... -Es que no me puedo conformar con -que me manden, ni con echar los bofes como -una mula...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[Pg 18]</a></span></p> - -<p>—Para dnde va ese camino?—le pregunt -entre otras cosas al pulpero, mostrndole -con la zurda—en la otra tena el vaso,—una -huella que agarraba para el sur.</p> - -<p>— Pago Chico. Esa huella sigue derechito -como unas seis leguas, y va dar la -misma estacin del ferrocarril del Pago...</p> - -<p>Yo haba odo las mentas de ese partido, -y me entraron ganas de ir, por puro gusto: al -fin y al cabo, lo mismo era trabajar all que -en cualquier otra parte, y el mismo gusto tiene -una copa de ginebra legtima. Pero como -no tena caballo ni de dnde sacarlo, y seis -leguas pie son mucha msica, le pregunt -al pulpero si no caera alguna carreta algn -carro que me llevara.</p> - -<p>—No, amigo, me contest:—esas huellas -son de las tropas que pasaban antes con lana -para Buenos Aires, pero desde hace un ao -ya no andan, porque todo se lo lleva el tren.</p> - -<p>—Caramba, amigo, qu lstima!</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[Pg 19]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 432px;"> -<img src="images/pag19.jpg" width="432" height="654" alt="p19ilo" /> -</div> -<p class="caption">—Para dnde va ese camino?—le pregunt.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[Pg 20]</a><br /><a name="Page_21" id="Page_21">[Pg 21]</a></span></p> -</div> - -<p>—Mire qu casualidad!—sigui el pulpero -al ratito.—No me acordaba, hombre! Tiene -suerte, porque hoy mismo, y cuando ms maana, -va venir la jardinera del almacn del -pueblo que trae surtido para todas las esquinas -del camino al Pago, y para mi casa tambin.</p> - -<p>—Y de ah?</p> - -<p>—El repartidor lo llevar, si se le hace -amigo.</p> - -<p>—Oh!, y cmo no? Lo voy esperar no ms, -porque de veras que tengo muchas ganas de -conocer Pago Chico. Es un pueblo grande, -no?</p> - -<p>—Bastante.</p> - -<p>—Y tiene escritorios y tiendas?</p> - -<p>—Ya lo creo!</p> - -<p>—Magnfico!</p> - -<p>Y me qued tomando una que otra copita -con el pulpero que era un buen gallego acriollado, -hasta que eso de la diez de la maa<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[Pg 22]</a></span>na, -apareci sobre un albardn una manchita -negra que iba agrandndose despacio entre el -verde del campo.</p> - -<p>—Ve eso?—me pregunt el pulpero.—Y -sabe lo que es?</p> - -<p>—S, la jardinera! La cuestin ser que me -quiera llevar el almacenero...</p> - -<p>—Por eso pierda cuidado, porque es un -muchacho bueno y servicial, y ms, si usted -sabe ganarle el lado de las casas, har lo que -quiera con l...</p> - -<p>Con esta seguridad, y aunque me quedara -tecleando la platita, le compr provisiones -para el viaje, salchichn, queso, galleta, cigarros, -fsforos, y... nada ms... Aunque tambin -me parece que le ped dos cuartas de -vino carln...</p> - -<p>Lleg el repartidor del almacn, y despus -de unas cuantas copas y un poco de jarana, -no tuvo inconveniente en llevarme, como me -haba dicho el pulpero.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[Pg 23]</a></span></p> - -<p>El hombre era conversador, yo nunca he -sido manco, as es que la charla empez en -cuanto salimos de la pulpera... eso sin contar -el aperital de adentro.</p> - -<p>Volva de vaco, los caballos eran buenos, -obscureca tarde, y de consiguiente podamos -llegar ese mismo da Pago Chico.</p> - -<p>Le cont mi vida; l me cont la suya desde -que vino de Espaa: siempre detrs del mostrador, -sin salir ni los das de su santo, hasta -que lo hicieron repartidor, y andaba como -bola sin manija, trotando en la jardinera y tardndose -dos y tres das para volver al Pago. -Cuando le habl que buscaba conchabo, me -dijo:</p> - -<p>—Si usted quiere trabajar sin deslomarse, -ya s lo que le conviene. Lo dejar una legua -de Pago Chico, en la pulpera de doa -Carolina, que all encontrar en qu pichulear -algo.</p> - -<p>—Magnfico, amigo! Yo para todo estoy<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[Pg 24]</a></span> -pronto, en tratndose de trabajar, y ms cuando -ya casi no me queda ni un centavo, como -ahora...</p> - -<p>—Entonces, doa Carolina anda buscando -un dependiente que le convenga... Pero es -muy delicada, y una punta han tenido que -volverse sin que los tomase... Por eso ahora -ya nadie va. En fin: de todos modos, usted -encontrar trabajo, porque ah cerquita est -el campo de los Torres, y siempre necesitan -peones.</p> - -<p>Almorzamos, sin dejar el trote y galope; yo -pesqu un rato despertndome con los barquinazos; -volvimos charlar, fumar, tomar -unos traguitos; por fin, la tardecita llegamos -al destino de que hablaba el hombre, -y nos apeamos.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[Pg 25]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>IV</h2> - - -<p>La casa era bastante grandecita, con negocio -de almacn, tienda, y un poco de ferretera. -Tena tambin un despacho de bebidas, -con gran reja de fierro adelante del mostradorcito, -y sin mesas, ni bancos, ni menos sillas, -para que el paisanaje y el gringaje, no -teniendo en qu sentarse, se largara en cuantito -tomaba la tarde la maana.</p> - -<p>Entramos la ramada, y del otro lado de -la reja se nos apareci una mujer de ms de -treinta aos,—despus supe que tena treinta y -cuatro,—bastante buena moza todava, alta, -muy blanca, de pelo negro y ojos obscuros. -<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[Pg 26]</a></span> -Cuando nos contest las buenas tardes, conoc -que era italiana.</p> - -<p>—Doa Carolina,—le dijo el repartidor—aqu -le traigo un forastero que anda medio -en desgracia, y como el hombre busca trabajo, -yo le he dicho que aqu puede ser que encuentre. -Qu le parece?</p> - -<p>—S,—contest la mujer, mirndome con -atencin;—si se queda por ac, luego maana -no ms, han de venir del establecimiento -de Torres... Lo pueden conchabar...</p> - -<p>—Y usted, doa Carolina, por qu no lo -toma de dependiente? Es mozo vivo y capaz -de ayudarla.</p> - -<p>—Oh, yo!—dijo la gringa suspirando,—ya -no pienso en eso. Se me ha ido la idea.</p> - -<p>—No importa,—le dije,—me quedar esperar - los de Torres. Y, de mientras, srvanos -dos vasos de vino que sea bueno, que -estoy galgueando de sed, y este compaero -no le digo nada.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[Pg 27]</a></span></p> - -<p>Tomamos el vino, que era bastante rico, y -el repartidor se despidi porque tena apuro -de llegar al pueblo. Yo me qued la espera, -mirando la casa, para matar el tiempo. El -almacn estaba regularcito de surtido, con -muchas bebidas, latas de conservas en un -estante, salchichones y tocino colgados del -techo, queso y dulce de membrillo en una -vidriera, junto con masas de facturera, caramelos -largos, pan viejo y galleta.</p> - -<p>Haba tambin cosas de ferretera, frenos, -facones, cuchillos, tijeras de esquilar, hachas, -lebrillos y cacerolas y una punta de -chirimbolos ms, pero del otro lado de la reja, -lo mismo que las cosas de tienda, bramante, -zaraza, coleta, ponchos, camisetas, -paoletas, calzoncillos, chirips, hilo, canutillo, -pauelos de seda celestes y colorados, y -qu s yo qu cosas ms.</p> - -<p>La casa era un galpn grande con techo -de fierro, y al fondo tena un cuartito que me<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[Pg 28]</a></span> -pareci el dormitorio de doa Carolina. Afuera, - unas diez varas y como cuadrando la -especie de patio de tierra pisoteada, que -quedaba entre la ramada y el palenque, haba -otro galpn ms chico, pelado, sin otra -cosa que un fogn en el medio, hecho con -una llanta de carro, y lleno de ceniza: no haba -cama, ni en qu sentarse, pero era la <em>comodidad</em> -de los forasteros que se quedaban - dormir en el negocio. Eso no es nada para -cualquier hombre de campo, que arma cama -con el recado; pero yo, sin ms que lo puesto, -ni una pilcha para abrigo, lo iba pasar muy -mal si no llegaban tiempo los de Torres...</p> - -<p>Me llam muchsimo la atencin no ver -nadie ms que doa Carolina, ni en las -casas, ni en el galpn, ni por ah cerca. Los -animales que andaban en un pastizal medio -alambrado, eran cinco seis guachitos y un -overo rosado que, por la pinta, deba ser -viejn y manso y de la silla de doa Carolina.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[Pg 29]</a></span></p> - -<p>Afuera de la ramada haba colgado un -cuarto de carne, y una nube de moscas revoloteaban -al rededor, mientras que otras, paradas, -estaban acresndolo. Pero de balde -mir todos lados ver si haba gente: no vi - nadie.</p> - -<p>—Cmo puede vivir esta pobre mujer, en -tanta soledad?—pens.—Los perros no bastan -para cuidarla, porque cualquier malevo -los achura, y despus ella, y le roba hasta -la ltima hilacha... Se necesita ser guapa!... -Slo que la gente haya ido al pueblo...</p> - -<p>Ya me empezaba interesar la gringa, as -es que me volv las casas y le pregunt:</p> - -<p>—Perdone, misia Carolina; pero usted est -sola aqu, en esta casa?</p> - -<p>—S,—me contest—no somos ms que -yo, y un viejito que est ah, en el bajo del -arroyo, cuidando los chanchos. Es el que me -ayuda un poco.</p> - -<p>—Caramba, seora! Y no tiene miedo de<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[Pg 30]</a></span> -vivir tan retirada del pueblo, en esta soledad? -Porque el viejo poco ha de servir para compaa...</p> - -<p>—As es, el pobre ya est muy viejo!... Y -aunque yo tengo una escopeta, y soy capaz -de usarla, veces me da miedo... Por eso -pensaba tomar alguno para que me acompaara -y me ayudara despachar... pero, qu -quiere!...</p> - -<p>Al decir esto, me mir muy seria, muy -atenta, y despus se qued callada.</p> - -<p>—Y por qu no lo ha hecho?—le pregunt -por fin.</p> - -<p>—Eh! por qu! por qu... Porque los que -queran conchabarse no me convenan... y -como no puedo pagar ms que quince pesos -al mes... Por ese sueldo hoy no se acomodan -nada ms que los que no sirven, aunque se -les d la casa y la comida...</p> - -<p>Yo, entonces, medio serio, medio rindome, -le dije:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[Pg 31]</a></span></p> - -<p>—Y yo tambin soy de los que no sirven?</p> - -<p>—Oh!, usted no!—me contest mirndome - los ojos.</p> - -<p>—Y entonces? no le dijo mi amigo el repartidor?...</p> - -<p>—S, son cosas que se dicen, y despus...</p> - -<p>—Pues mire, seora, lo que es yo, trabajara -con usted, no digo por esa plata... hasta -por mucho menos... Estoy cansado de andar -rodando... Lo que tiene, que no traigo recomendaciones... -ni tengo en el Pago ms conocido -que el repartidor...</p> - -<p>Doa Carolina me volvi mirar un rato, -sin abrir la boca, como para verme las intenciones -en la cara. Yo no soy un buen mozo, -ya lo s, pero tengo algo, algo que me hace -simptico, sobre todo las mujeres. Se ren? -Oh!... pues si yo les contara... El caso es que - doa Carolina le deb parecer buen muchacho, -porque en seguida me dijo:</p> - -<p>—Si fuera slo por eso de las recomenda<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[Pg 32]</a></span>ciones, -no importara, porque usted no tiene -laya de ser mala persona, al contrario!... Pero, -qu ha de querer una colocacin as, cuando -hasta de pen puede ganar dos tres -pesos diarios, cuando menos!</p> - -<p>Le cont entonces que yo era ms pueblero -que hombre de campo, y que no me gustaba -trabajar al viento y al sol, como tena -que hacerlo para no morirme de hambre -desde que principi andar en la mala y -perd lo poco mo que tena. Le dije que me -quitaron un empleto en Buenos Aires, por -intrigas de un compaero traidor que me -quera sustituir; que despus anduve por las -provincias del interior, corriendo tierras y -buscando la suerte, pero que todo me sali -mal hasta que tuve que volverme con una -mano atrs y otra adelante. En fin, le hice -un cuento de los que no se empardan; y ella -me escuchaba con mucho inters y atencin: -hasta me parece que lagrime un poco...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[Pg 33]</a></span></p> - -<p>En esto, entraron unos carreros tomar la -copa y yo me sal para el patio.</p> - -<p>Los carreros andaban apurados y se fueron -en seguida. Doa Carolina me chist:</p> - -<p>—Bueno—me dijo,—si quiere, qudese -aqu unos das para probar...</p> - -<p>—Qu probar ni qu probar! Si me quedo -aqu, ser para toda la vida!—dije entusiasmado.</p> - -<p>—Quin sabe!... En fin, le pagar por -ahora los quince pesos, y despus... si los -negocios andan bien, veremos... Le dar un -poco de ropa, tiene la comida asegurada, y -puede dormir en el galpn, que yo le prestar -unas jergas para blandura y un ponchito -para que se tape.</p> - -<p>Ah no ms cepill un gato de puro contento.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[Pg 34]</a><br /><a name="Page_35" id="Page_35">[Pg 35]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>V</h2> - - -<p>Cuando volv salir al patio ya era casi -noche, y me encontr al viejo de los chanchos -que haba vuelto al entrarse el sol. Estaba -pitando un cigarro negro, sentado en -una cabeza de vaca, la puerta del galpn, -por la que se vean las llamaradas de una fogata -de lea y un humazo terrible que no -dejaba divisar las paredes.</p> - -<p>—Tomando el fresco, paisano?—le pregunt, -para entrar en conversacin.</p> - -<p>—Ansina mesmo es, don—me contest;—demientras -se calienta l'agua y medio si asa<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[Pg 36]</a></span> -el churrasco. Quiere dentrar y prenderle -un verde?</p> - -<p>—Con mucho gusto, amigo don...</p> - -<p>—Cipriano, p'a servirlo,—aadi el viejo, -que se sac el pucho negro de la boca, mirndolo -y remirndolo, como con pena de -que se acabara tan pronto.</p> - -<p>Entramos en el galpn. Al lado del fuego, -que arda con grandes llamas y chisporroteo -de lea verde, echando un humo espeso y -agrio que haca lagrimear, herva una inmensa -pava, negra de olln; al lado estaba la -enorme yerbera cuadrada, de palo, mediada -de yerba parnangu, entre la que se asentaba -el mate, una galleta muy bien retobada -con vejiga. Al calor de la llama, se iba asando -un pedazo de carne de la que vi colgada, -y ah no ms, cerquita, el porrn de la salmuera. -El viejo era amigo de su comodidad. -Entr la cabeza de vaca, yo me sent en otra, -y comenzamos matear y menearle taba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[Pg 37]</a></span></p> - -<p>—Y p'ande va, amigo?—me pregunt -don Cipriano, brindndome un amargo.—Porque -usted no es del Pago, no?</p> - -<p>—No; no soy del Pago, pero voy ser—le -dije.</p> - -<p>—Aj, est bueno! Y ande piensa trabajar?... -si me permite la pregunta.</p> - -<p>—Aqu mismo. Me quedo ayudar la -patrona.</p> - -<p>—Bien haiga! Falta le haca la pobrecita, -dende que muri el finao, aura har un ao -p'a la yerra... La mujer no ha di andar sola, -dispus de haber tirao en yunta... Solita, se -hace maera, y no sirve ni p'a noria.</p> - -<p>Al principio no entend bien lo que me -quera decir el viejo, pero la agachada era -demasiado clara, para que al fin no cayese -en cuenta. Refregndome los ojos que me -ardan con el humo, le dije con retintn:</p> - -<p>—Sola!... tan sola no viva, desde que estaba -con usted.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[Pg 38]</a></span></p> - -<p>—Se mi hace que l'incomoda la humadera, -amigo, y que no ve lo maceta que mi -han puesto los aos... Y cmo ser cuando -tuava no gastbamos ms lea que la de -oveja, ni pitbamos ms que naco cuerda, -y yo era viejn y duro de coyunturas!... No -friegue pues, mocito.</p> - -<p>Yo me ech reir. El viejo, despus de -estarse callado un rato, sigui con los cuentos -de la patrona.</p> - -<p>—Dende que muri el finau, que Dios -tenga en gloria, doa Carolina anda como -pan que no se vende. esa moza—porqu'es -moza tuava,—le falta algo, est claro! Y la -verd que anqu'es trabajadora y se levanta -al alba, la esquina suele ser de mucho trajn -p'a ella sola, pobrecita...</p> - -<p>Chup tranquilamente el mate, y despus -sigui:</p> - -<p>—Y es buenaza la patroncita... Cuando viva -el finau, todo era mimos y comiditas... -<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[Pg 39]</a></span> -Aura, rejunta cuanto guacho encuentra y los trata como - hijos... m, su lau no me falta nada, y eso que soy un viejo -deslomao que no vale ni una s di agua... Y hace mucha carid, y no -hay rancho de pobre por ah cerca, en que no la quieran como al pan -bendito...</p> - -<p>—Me alegro de tener una patrona as,—le dije—de ese modo me voy -quedar aqu toda la vida.</p> - -<p>Me mir con una risita fregona, y despus de un rato agreg, mientras -encenda un candil de sebo de carnero:</p> - -<p>—Mire!... ust, lo que debe hacer, mocito, es endilgarsel derecho -no ms, y ronciarla de lo lindo, pero sin faltarle, eso s... Ust -no me parece lerdo, ms que para lo que sea cosa'e sudar, y ella, la -pobre, necesita compaa... Oigal este viejo que no ha visto al -udo tanta madrugada, y siga su mal consejo, que le ha d'ir bien... Y -aura, vamos tender -<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[Pg 40]</a></span> -el asador y echarle la salmuera p'a qui -acabe de asarse al rescoldito... Ya ver qu -charrusco! Tambin ya no sirvo p'a otra -cosa.</p> - -<p>Saqu el cuchillo y busqu donde afilarlo, -pensando en lo que me haba dicho el viejo -o Cipriano, que no dej de interesarme mucho. -La verdad que all podan acabar mis -penurias, sin hacer mal nadie, y principiar -una vida tranquila y honrada, con una buena -mujer, unos pesos siempre listos en el bolsillo, -trabajo descansado y divertido, una copita -cuando se me antojara, comida abundante, -cama blanda...</p> - -<p>— naides ha querido conchabar de todos -los que han venido ofrecerse,—dijo o Cipriano.—Y -si lo ha tomau ust, es porque -ya tiene ms de la mit del camino andau. -Arriejes sin miedo, mozo!</p> - -<p>Le iba contestar, cuando o que doa -Carolina me llamaba desde la ramada:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[Pg 41]</a></span></p> - -<p>—Eh! joven, eh! Venga aqu, haga el favor.</p> - -<p>Todava no le haba dicho mi nombre.</p> - -<p>Sal y fu la ramada.</p> - -<p>—No!,—grit doa Carolina.—Entre noms -por el patio, que los dos vamos comer -aqu adentro, en esta mesa.</p> - -<p>Haba puesto un mantel limpito, dos cubiertos, -una pila de platos, pan con grasa, -queso fresco, una caja de sardinas abierta, -y un gran platazo de nueces y pasas.</p> - -<p>—Aqu se come lo pobre, y ust dispensar -porque no hay cmo hacer muchas cosas.</p> - -<p>—No diga, seora!—le contest.—Si viera -los gofios que he comido todo este tiempo, -y el maz cocido de las provincias del norte, -no pensara eso. Muchos das me lo he pasado -con una galleta y un traguito de aguardiente, -y otros, sin galleta...</p> - -<p>—Pobre mozo!—dijo doa Carolina, que -se haba puesto tristona, y medio lagrimeaba,<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[Pg 42]</a></span> -como yo en el galpn con el humo—Pero -ahora, siempre tendr lo ms preciso, porque -aqu, gracias Dios, nunca falta que comer...</p> - -<p>Y aquella noche, al menos, era verdad, -porque comimos sopa de fideos, las sardinas, -una ensalada de carne, asado, el queso, las -pasas y nueces, y qu s yo, hasta que tuve -que decir que no quera ms, al servirme la -segunda botella del vino que habamos probado -con el repartidor...</p> - -<p> qu contarles la conversacin, mientras -cenamos, ni lo alegre que me acost, ni lo -bien que dorm esa noche en un montn de -bajeras y cueros de carnero bien lavados y -blandsimos?... y hasta con sbanas!!</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[Pg 43]</a></span></p> - -</div> - -<h2>VI</h2> - - -<p>Me levant al alba, agarr una escoba y -me puse barrer la ramada y el corredor de -la casa, porque misia Carolina todava estaba -durmiendo encerrada adentro.</p> - -<p>De repente se me apareci, me quit la -escoba de las manos, como si estuviese muy -enojada, y me dijo:</p> - -<p>—No quiero que haga eso! Ms bien entre -al negocio; arrgleme las bebidas y despus... -Sabe escribir?</p> - -<p>—Cmo no, seora! y tengo bastante linda -letra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[Pg 44]</a></span></p> - -<p>—Bueno, me alegro. Entonces, me va -poner en limpio la libreta de cuentas.</p> - -<p>—Perfectamente, seora: yo har todo lo -que me mande! Pero tampoco me incomoda -lo de barrer, as es que si usted quiere, puedo -hacer las tres cosas, porque las maanas -son muy largas todava.</p> - -<p>—No, no! Vaya al negocio noms; yo le -ir ayudar en seguida.</p> - -<p>Eh? qu tal? qu me dicen? Me parece -que los primeros golpes estaban bien dados, -eh?</p> - -<p>Entr al almacn, tom mi maana, ms -abundante y mejor que de costumbre, y me -puse arreglar las botellas, que en su mayor -parte eran falsificadas en la licorera de Pago -Chico y unas misturas asquerosas. Al ver -esto, se me ocurri una invencin que deba -dar muy buenos resultados. Cuando acab -con las botellas busqu una libreta nueva, y -principi copiar la vieja toda ajada y mu<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[Pg 45]</a></span>grienta -de tanto manoseo, llena de garabatos -y rayas y borrones. Escrib que era un primor, -y ya estaba acabando cuando entr -misia Carolina, que se qued embobada al -ver mi trabajo y me mir con admiracin, -casi con susto de que me le fuera ir. Para -admirarla todava ms, le dije sobre el pucho:</p> - -<p>—Sabe, seora, lo que se me ha ocurrido? -Que, como yo s fabricar coac, hacer dos -cuarterolas de vino de una sola, falsificar el -biter, el ajenjo, el ans, y todo lo dems, lo -mismo que misturar la yerba buena con la -mala sin que se conozca—podemos hacer -aqu todas esas cosas. Ust ganara muchsimo -ms que ahora, que est regalando la -platita al licorero falsificador de Pago Chico.</p> - -<p>Misia Carolina abri tamaos ojos, se ri -un poquito, pero no consinti en seguida.</p> - -<p>—Eso es tan difcil! se necesitan tantas -cosas!</p> - -<p>—No crea, seora, con poco se hace.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[Pg 46]</a></span></p> - -<p>—No importa, por ahora no; despus veremos. -Hay tiempo!</p> - -<p>Pero yo ya le haba ganado la voluntad y -medio se me recost en el hombro, para volver - ver la primorosa libreta.</p> - -<p>Tan bien iban las cosas, que esa maana -el almuerzo fu mejor todava que la cena -de la noche antes, porque, adems de puchero, -hubo gallina con arroz, tortilla, mazamorra -con leche y dulce de membrillo. La -patrona echaba el resto poco menos.</p> - -<p>Entonces principi la vida gorda, las grandes -charlas y beberaje con los marchantes, -las jugadas al mus, al truco y la taba, las -payadas y guitarreos, los viajes de todo un -da, hasta el Pago, en el overo maceta.</p> - -<p>—Diviertas, divirtas noms,—deca misia -Carolina,—que para eso es joven; y -mientras no me falte al trabajo...</p> - -<p>La verdad es que la gringa no hablaba del -todo as, como he dicho yo. Se conoca que -era italiana, y deca <em>coven</em>, <em>trabaco</em>... Pero eso -<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[Pg 47]</a></span> - -no le hace. Al fin yo me diverta y gozaba -sin tener que pensar en nada. Qu importa -la habla entonces? Yo tambin suelo ser fino -cuando quiero—oh! y de no?—pero me -gusta que todos me entiendan...</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[Pg 49]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 395px;"> -<img src="images/pag46.jpg" width="395" height="630" alt="p47ilo" /> -</div> -<p class="caption">Pero yo ya le haba ganado la voluntad y medio -se me recost en el hombro.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[Pg 48]</a></span></p> -</div> - -<p>Bueno, pues: como las cosas iban tan bien, -me le anim la gringa. Ya haca tiempo -que la andaba pastoreando para eso, pero no -hallaba cmo principiar la declaracin y me -daba miedo de pegar una rodada... En fin, -aquella tardecita me dije: "Amigo Laucha," -(Yo tambin me he acostumbrado lo de -Laucha). "Amigo Laucha, lo que es de esta -hecha, que no se te escape". Y as fu noms...</p> - - -<p>Cuando ya estbamos acabando de comer, -le busqu la vuelta y le dije:</p> - -<p>—Conque desde que enviud, misia Carolina, -ha estado solita... solita y su alma?</p> - -<p>Le habl con la voz tembleque y mirndola -medio al soslayo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[Pg 50]</a></span></p> - -<p>—Hace ms de un ao!—y suspir la -gringa.</p> - -<p>Yo aprovech la bolada:</p> - -<p>—Qu lstima, tan joven!—y en seguida -le sopl, ms despacito:—Y tan hermosa!</p> - -<p> la verdad, doa Carolina no tena entonces -nada de fea, y era grande y gorda, -como m me gustan, puede ser por lo que -soy as flacn y bajito.</p> - -<p>—Qu quiere! as son las cosas de la vida!—dijo -suspirando otra vez, y como si no -hubiese odo el piropo.—Y sola y mi alma me -he de morir, porque quin me va querer - m, vieja y fea como soy?...</p> - -<p>La gringa haba esperado para retrucarme -el cumplimiento, pero con toda baqua me -dejaba un juego lindazo para mis intenciones... -y las de ella.</p> - -<p>—Seora!—le contest, sobre el pucho y -muy estirado,—usted est en una posicin -mejor que la ma, que si no, y perdone el<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[Pg 51]</a></span> -atrevimiento,—yo me comprometera hacerla -feliz,—y que se olvidara del finadito. Y -sabe por qu?... porque gatas la vi, me fu -muy simptica, y hoy ya la quiero de alma...</p> - -<p>Doa Carolina se agach al plato, como -para seguir comiendo—pero no comi,—y al -rato me dijo despacio, como con miedo de -que le hiciera caso lo que me deca:</p> - -<p>—No hablemos ms de esas cosas.</p> - -<p>Yo me qued callado, porque no haba -para qu estirar mucho la prima, y era mejor -pasar por corto de genio... Ella fu la que -habl primero, mientras estaba sirviendo el -postre:</p> - -<p>—Cuentem algo de lo suyo,... de su vida—me dijo.—Ya -sabe que me gusta mucho -oirlo hablar.</p> - -<p>—Mi vida ha sido tan triste hasta ahora, -misia Carolina!... Puras penas no ms... He -sufrido mucho y no quisiera molestarla con -mis recuerdos...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[Pg 52]</a></span></p> - -<p>—Bueno,—contest, medio afligida.—No -quiero que se vuelva entristecer.—Y -entusiasmndose, sigui:—Ya no ha de pasar ms -penurias, porque no va estar toda la vida -conmigo como un dependiente... Ust es trabajador, -aunque le gusta divertirse veces... -Lo voy hacer entrar como socio: ya sabe -que en este boliche se gana platita. Ya ve que -todas las noches saco treinta treinta y cinco -pesos del cajn, y hay, tambin, que contar -los fiados y las libretas!... Pero, si ust mismo -hace las bebidas, que son lo ms caro, tenemos -que ganar mucho ms.</p> - -<p>—As es, seora!—le dije con los ojos -como patacn.</p> - -<p>—Digam entonces lo que necesita,—sigui -ella,—y yo le dar la plata, para que se -vaya Chivilcoy, al mismo Buenos Aires, -si es mejor, y se traiga todo...</p> - -<p>—Mire, doa Carolina, me hace llorar de -buena que es! y crame, que no favorece -un desagradecido!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[Pg 53]</a></span></p> - -<p> hice la farsa de limpiarme los ojos con -un pauelo de seda celeste,—ah criollo!—que -ella me haba regalado en los primeros -das y que tena limpito y muy planchado. -Despus segu:</p> - -<p>—Bueno, seora! me ir maana mismo, si -le parece, y con doscientos pesos har el viaje -y comprar las cosas y las misturas que me -hacen falta. Y en un ao, no habr que -comprarle al indino del licorero ms que la -soda y la cerveza...</p> - -<p>—Est bueno! maana mismo ir.</p> - -<p>Pens acercrmele al ver que le brillaban -los ojos, pero en seguida me pareci que -quin sabe si no corcoveaba...</p> - -<p>Yo al fin, soy un poco corto de genio... -aunque no tanto!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[Pg 54]</a><br /><a name="Page_55" id="Page_55">[Pg 55]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>VII</h2> - - -<p>Esa noche qued arreglado y convenido -todo lo de la fabricacin, y en buen camino -las otras cosas, que por lo visto no le haban -disgustado mucho la gringa. Ah! me olvidaba! -tambin me dijo:</p> - -<p>—Ust no tiene capital, y aqu en el boliche -hay un capitalito de unos pocos miles -de pesos. Pero haremos cuenta que la mit -es de ust, para no andar con embrollos.</p> - -<p>Yo me largu contentsimo al galpn, donde -tena mi cama, pero aunque era blandita, -casi me pas toda la noche revolvindome, -sin poder pegar los ojos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[Pg 56]</a></span></p> - -<p>Pues en cuantito principi clarear, ya estaba -con los huesos de punta y con todo -aprontado para el viaje...</p> - -<p>Tom unos cimarrones con o Cipriano, -que dorma en la otra punta del galpn sobre -unas pilchas viejas, y con quien nos habamos -hecho amigazos. Cuando le cont lo de -la sociedad y el viaje, bailando de gusto, me -dijo muy serio:</p> - -<p>—Tenga mucho cuidau, paisano, con lo qui -hac'en la ciud; no vay' dejar qu'el asau si -arda antes de qu'est en su punto. Ust va -lejos, pero ms lejos van las mujeres... De -puro desconfiadas y ladinas, cuand'uno va, -ya estn de gelta. No se me descuide, y -se me quede di pie cuando ya est estribando!</p> - -<p>Me hice el desentendido y me re, brindndole -el mate que cebbamos una vez cada -uno, lo resero. Despus me levant para -irme.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[Pg 57]</a></span></p> - -<p>—Bueno, hasta la vuelta, amigo don Cipriano.</p> - -<p>—Que le vaya bien y hasta la gelta mozo: -no se tarde, que el gay lerdo... ya sabe...</p> - -<p>Me fu despedir de la gringa que me di -tres cuatro sacudones de manos, con los -ojos aguachentos, mont el sotreta overo -que ya haba ensillado, y con su galope de -ratn segu hasta un almacn de al lado de -la estacin de Pago Chico. Ah dej el mancarrn, -muy recomendado, y me entretuve -tomando unas caitas, porque todava faltaba -rato para el tren...</p> - -<p>En Buenos Aires compr etiquetas con todos -los nombres y todas las marcas de las bebidas, -corchos, lacre, cpsulas de lata, esencias -de todo, y unas damajuanas de aguardiente -muy fuerte, que es lo principal para los -licores. No me olvid tampoco de los polvitos -de anilina para dar color, ni de una pun<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[Pg 58]</a></span>ta -de yerbas y palos de droguera que necesitaba. -Compr tambin por si acaso un Manual -del Licorista y sin perder tiempo, acordndome -del buen consejo de o Cipriano, -me volv Pago Chico, y enderec en seguida -para la esquina La Polvadera, como le -saban decir la casa de negocio.</p> - -<p>No se me da la gana decirles, cmo me recibi -doa Carolina, pero les aseguro que no -fu mal... No! lo que es eso no! hasta ah -no llegaba la broma todava...</p> - -<p>Bueno, pues, al otro da mismo, ya me puse - hacer mis menjunjes, y de ah sali ans, -coac, ginebra, guindado, hasta vermouth; rebaj -todo el vino que haba (dejando unas -damajuanas aparte para nuestro uso) le ech -mucho aguardiente, un poco de anilina, y de -cada cuarterola alcanc hacer ms de dos, -como se lo haba prometido mi gringa. Y -todava me acuerdo que, entusiasmado con -el trabajo, hasta invent licores, ms bien di<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[Pg 59]</a></span>cho, -el color, y as hice caa de duraznos -azul, ginebra amarilla como de oro, biter de -naranjas, verde y colorado, y un licorcito muy -dulce de vainilla, color violeta claro, que los -reseros saban llevarle la novia de regalo, -por lo rico, y sobre todo por lo lindo que era.</p> - -<p>La cosa result magnfica, y los marchantes -les gustaban ms algunas bebidas hechas -por m, que las legtimas—puede ser que -porque eran ms fuertes.—Y decan al pedirlas:</p> - -<p>—Eh, mozo! una caa... de la que toma -el patrn, eh!</p> - -<p>Carolina estaba muerta de contenta y un -da me dijo:</p> - -<p>—Ust tiene unas manos de ngel (deca -<em>anquel</em>) y estamos ganando mucha plata. Y... -quiere que le diga? Lo que yo necesitaba era -un joven (<em>coven</em>) como ust... Y ahora que lo -conozco bien... ya le puedo prometer que... -que vamos ser felices en todo sentido...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[Pg 60]</a></span></p> - -<p>Yo no haba vuelto hablarle del asunto -serio, pero en todo aquel tiempo, la miraba -con ojos de carnero degollado, roncindola y -pensando: Ya has de caer! ya has de -caer, mi vida! seguro de que no se me iba - escapar. Y todava hacindome el sonso, le -sal con esta agachada:</p> - -<p>—Qu quiere decirme, seora, con <em>felices -en todo sentido</em>?</p> - -<p>La gringa se desentendi, contestndome -colorada:</p> - -<p>—Conversaremos esta noche, despus de -cerrar el negocio... Entonces le dir la contestacin...</p> - -<p>Yo hubiera bailado en una pata, de puro -contento.</p> - -<p>Y efectivamente... Cuando acabamos de -comer, cerr la puerta de la ramada—que se -cerraba por afuera,—entr al negocio por la -del patio, y me encontr Carolina que me -estaba esperando.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[Pg 61]</a></span></p> - -<p>—Ahora puede decirme—principi despacito, -para quitarle los ltimos recelos.</p> - -<p>Pero ya no haba necesidad de tantas -historias.</p> - -<p>—Bueno, conversemos,—dijo muy seria.—Pero -antes digam la verdad... Usted se -casara conmigo?...</p> - -<p>Le iba contestar, pero no me dej.</p> - -<p>—Soy un poco vieja y fea—sigui con una -especie de coqueteo que hoy me da risa—pero -lo quiero mucho, y como le dije hoy, -podemos ser felices en todo sentido... La cosa -es, que hay que casarse, si no, <em>niente!</em></p> - -<p>Yo nunca haba pensado en semejante -cosa, pero comprend que la gringa no iba -aflojar ni por un queso, y consegu ponerle -buena cara.</p> - -<p>—Oh, misia Carolina! Nunca cre otra cosa, -y casarme con usted ser mi felicid—le -dije.</p> - -<p>Se ri muy contenta, y me di la mano<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[Pg 62]</a></span> -que me apret mucho, con los ojos medio -llorosos.</p> - -<p>—Bueno, bueno!—sigui.—Entonces -yo le dar lo que quiera, y si no tiene inconveniente, -maana mismo se va Pago Chico, - comprar todo lo que haga falta para casarnos -en cuanto pasen las amonestaciones...</p> - -<p>Y como para ensartarme ms de lo que -estaba, me dijo que el negocio no era ms -que una parte de su fortunita, porque tena -un campito ah cerca, arrendado unos vascos, -unos pesitos puestos en Buenos Aires, -en el Banco de Italia, y algunas cositas ms -que yo vera despus.</p> - -<p>—Aunque no tuviera en qu caerse muerta, -misia Carolina!—le dije contentsimo.—Sera -lo mismo para m, y me casara con -ust inmediatamente!... S! Maana mismo -me voy al Pago, hacer las compras, ver al -cura, buscar los padrinos y mandarme hacer -una ropita decente, porque no me he de -casar como un zaparrastroso.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[Pg 63]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 420px;"> -<img src="images/pag63.jpg" width="420" height="630" alt="p63ilo" /> -</div> - -<p class="caption">Se ri muy contenta y me di la mano.</p> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[Pg 64]</a></span></p> -</div> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[Pg 65]</a></span></p> -<p>Y agarrndola por la cintura, como para -bailar, le grit:</p> - - -<p>—Ya vers, m'hijita, qu felices vamos -ser!...</p> - -<p>Pero aunque el negocio me conviniera -mucho, yo no dejaba de tener un poco -de vergenza, por las relaciones y la familia, -que no iban dejar de saber mi casamiento, -porque al fin y al cabo yo no soy -un cualquiera, aunque anduviese ms pobre -que las ratas... Y se me ocurri una idea -macanuda!</p> - -<p>—Mir, hijita—le dije sobre el pucho:—como -vos sos viuda y yo soy un poquito ms -joven, como no tengo un real ni para remedio, -afuera de lo que vos me das,—ser mejor -que tratemos de no dar que hablar las -lenguas largas: ya sabs lo mala y enredadora -que es la gente, sobre todo en Pago<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[Pg 66]</a></span> -Chico. Casmonos, pero sin fiesta, que para -fiesta bastante somos los dos...</p> - -<p>—Y de ah?—me pregunt medio alarmada.</p> - -<p>—Mir! Arreglamos con el cura Papagna -la dispensa de las amonestaciones; viene -aqu mismo, nos casa, con algn vecino, el -mismo o Cipriano, y una amiga de confianza, -de padrinos, y despus, cuando todo el -mundo sepa y se haya acostumbrado, si se -nos antoja, podemos dar cuanta farra se nos -d la gana, sin que nadie se ra de nosotros, -ni ande con habladuras, ni levantadas...</p> - -<p>—Hac lo que quers!—me dijo por fin -la gringa, que estaba ms contenta que cuzco -recin desatado.—Con tal de que nos case el -cura, y nos eche la bendicin adelante de los -padrinos, m no me importa nada. Hac lo -que quers!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[Pg 67]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>VIII</h2> - - -<p>Pues, seor! Echo en saco roto una punta -de menudencias para contarles lo del cura, -que es realmente divertido, como que m -mismo me dej pasmado, y medio sonso, -aunque haya visto tantas cosas raras en la -vida.</p> - -<p>Este cura, que era un napolitano cerrado -de lo que no hay, haca poco que estaba en -el Pago, pero por las mentas ya se haba -puesto riqusimo y pensaba irse pronto su -tierra. Rico! Dganme, hganme el favor, -cmo puede ponerse rico un cura, en un<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[Pg 68]</a></span> -pueblo de campo, aunque le lluevan las limosnas -y le goteen las velas para los santos, y -haga como el sacristn de Nuestra Seora de -la Estrella: la mit p'a m, la mit p'a ella. -Yo no crea, ni muchos crean tampoco, que -el cura Papagna estuviese regularn siquiera; -pero es que era un verdadero pillo, un gran -canalla, un fraile como no he visto otro en -todas mis recorridas por esta tierra, en que -he hallado unos muy buenos, otros regular -no ms, y otros muy malos... No, lo que es -como aqul!...</p> - -<p>El cura Papagna era bajito, gordinfln, -muy narigueta, bastante canoso, con unas -manos peludas y como patas de carancho, -pero ms gruesas, natural! Andaba siempre -con la sotana perdida de lamparones, y la -barba sin afeitar de muchos das, as es que -pareca—y era—un sucio! Yo no s si han -notado que hay gente que se dira que no -se afeita nunca; pero entonces cmo es<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[Pg 69]</a></span> -que siempre tienen cortos los pelitos de la -barba?...</p> - -<p>Bueno, pues, cuando sala al campo, casar -y bautizar, iba en un bayo tan peludo y -tan sucio como l. Por el pueblo poco se le -vea, sino en la misma iglesia y la hora de la -misa, cuando haba rosario, novenas, qu -s yo. Segn decan los comerciantes del -Pago, nunca gastaba un cobre, y hasta venda -las gallinitas y pollitos que le llevaban de -regalo las beatas. Siempre andaba llorando -miseria aunque el cuerpo le destilara grasa -por todos lados. Corran unos cuentos de -l!... Muchos vecinos se haban quejado varias -veces al arzobispo, no me acuerdo bien -por qu, pero el arzobispo se hizo la chancha -renga, y el cura Papagna sigui tan suelto de -cuerpo en la parroquia, casando, bautizando, -diciendo misa y predicando... Vieran los sermones!... -Era cosa de perecer de risa. No se -oan ms que las mentas de las barbaridades<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[Pg 70]</a></span> -y bolazos que largaba medio en napolitano, -porque ni el italiano saba bien. Cuando fu - hablar con l, estaba en la sacrista, sentado -cerca de una mesa mugrienta, con las manos -cruzadas sobre la barriga, redonda como un -tremendo queso de bola.</p> - -<p>—Qu vulite?—me pregunt.</p> - -<p>—Yo, seor cura... vena... vena porque -me voy casar...</p> - -<p>—Va bene! va bene! Songo diechi nachonale... - un qui se ne casa?... Bisoa pag -andichipate pei publicazione... amonestazione... - mushash de c?... Eh!... vedite!... -diechi nachonale poca roba!</p> - -<p>—Espere un poco, seor cura!... Es que -yo quisiera la cmo se dice? ah! s! la despensa -de las amonestaciones...</p> - -<p>—Allora so tranta!</p> - -<p>—Y que nos casara en casa de la novia...</p> - -<p>—Allora so sesanta... Un pozo f de meno.</p> - -<p>—Oh! por eso no importa, seor cura: se<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[Pg 71]</a></span> -le pagarn los sesenta pesos... Pero, y cundo -nos podr casar?</p> - -<p>—Cuanne vulite... E qui compromesa?</p> - -<p>—La qu, dice?</p> - -<p>—La mushs...</p> - -<p>—Ah! S! Doa Carolina, la viuda, sabe? -la de la pulpera de la Polvadera...</p> - -<p>—Va bene, va bene.</p> - -<p>Y el cura se qued un rato callado, como -pensando. Despus, medio rindose, se levant -de la silla, se me acerc, y agarrndome -la solapa de la chapona, me dijo despacito, -como para que nadie lo pudiese oir...</p> - -<p>Ah! Como me parece que alguno de ustedes -no entiende el npoli, lo voy hacer hablar -en castilla.</p> - -<p>—Pero ust quiere casarse de veras?... -en el libro de la parroquia?—me dijo.</p> - -<p>Al principio no le entend lo que quera -decirme y lo mir azorado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[Pg 72]</a></span></p> - -<p>—Por qu me dice eso?—le pregunt -por fin.</p> - -<p>—Eh?—me contest el muy sinvergenza.—Porque -hay algunos que quieren casarse, -s, pero que no les pongan el casamiento en -el libro... Entonces, yo les hago un certificado -en un papel suelto, y se lo doy para que -lo guarden. Entonces... pero no va decir -nada, eh?</p> - -<p>—Qu esperanzas, padre!</p> - -<p>—De veras?</p> - -<p>—Mire: por stas!</p> - -<p>—Entonces, si la mujer es buena, ellos lo -guardan; pero si no es buena, lo rompen y se -mandan mudar si quieren, y la mujer no puede -hacer nada, eh!... Yo tengo permiso para -casar as, pero nadie tiene que saberlo, porque -es un secreto de la iglesia... y tambin es mucho -ms caro que el otro casamiento...</p> - -<p>Qu iba tener permiso el cura picarn! -Era una historia que haba inventado para <em>far<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[Pg 73]</a></span> -l'Amrica</em>, y llenar pronto el bolsillo aunque -se fuera al infierno derechito,—tantas ganas -tena de volverse su tierra comer pulenta -y macarrones.</p> - -<p>Pero, despus de un rato... la verd... pens -que no sera malo casarse as, como l deca, -aunque nunca, ni menos entonces, se me -haba pasado por la cabeza engaar la gringa, -tan buena y tan cariosa... El diablo del -cura me tent, yo no tena la culpa, al fin y al -cabo, y como lo que era por plata no haba -que echarse atrs, porque Carolina tena bastante, -pis el palito, me pareci que sa era -una gran seguridad para m, y le dije al cura:</p> - -<p>—Y cunto sera el gasto de ese modo, -padre Papagna?</p> - -<p>—Trechento pesi.</p> - -<p>—No puede algo menos?—le pregunt, -porque para rebajar siempre hay tiempo.</p> - -<p>—Ni un chentavo!... Y adems, ust me va -jurar, por el santo Dios y la santsima Virgen, -<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[Pg 74]</a></span> -que no le va decir nada nadie, de mientras -yo est en <em>cuest'Amrica</em>!...</p> - -<p>—Qu quiere, padre! No puedo darle -tanto... Y ni le pago, ni juro,—aad, para -obligarlo rebajar.</p> - -<p>l medio se me asust, y palmendome el -hombro, comenz ver si me amansaba. Pero -no afloj, ni l tampoco, y as estuvimos -un rato largo regateando. Miren qu negocio -para regatear! Hoy mismo me estoy haciendo -cruces!... En fin, cuando me dej la cosa -en ciento cincuenta pesos, le dije:</p> - -<p>—Bueno, le pagar y jurar,—pegndole -una palmadita en la panza, porque ya le haba -perdido el respeto. Y de no!</p> - -<p>Saqu el rollo que me haba dado Carolina -y me puse contar. Le vieran los ojos al -fraile! Pareca que se quera tragar la plata!</p> - -<p>Cuando le di los ciento cincuenta, los agarr -con sus uas de carancho, de medio luto -<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[Pg 75]</a></span> -por la mugre, los cont l tambin, y los volvi - contar. Se alz la sotana y se los meti -bien al fondo del bolsillo del pantaln que tena -abajo, como para que no se le escapasen.</p> - -<p>Y qu agarrado! Mientras estaba guardndolos, -temblaba todo, como si fuera perltico. -Nunca he visto cosa igual!... Despus -se soseg un poco y me dijo:</p> - -<p>—Bueno, ahora vamos jurar.</p> - -<p>Me llev la iglesia por la puerta de la sacrista, -me hizo hincar enfrente del altar mayor, -y con mucha seriedad, principi:</p> - -<p>—Jura por Dios y por el Santsimo Sacramento -y por la Santa Virgen, no decir nunca - nadie cmo lo he casado, mientras yo -est en Pago Chico y en Amrica?</p> - -<p>—S, juro!—contest fuerte.</p> - -<p>—Ponga la mano sobre este libro, que -es el Evangelio, y de esta cruz, y jure otra -vez!... Y si falta al juramento, los diablos lo -perseguirn en esta vida, y lo harn arder en -la otra!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[Pg 76]</a></span></p> - -<p>Puse la mano como l deca, y volv jurar.</p> - -<p>—Bueno! ahora levntese, dgame cundo -quiere casarse, y se puede ir no ms.</p> - -<p>—Hoy es jueves. El lunes la noche, no -le parece?</p> - -<p>—Benissimo! la nove, no?</p> - -<p>—Muy bien;... y no tenemos que confesarnos?</p> - -<p>—Eh! qu confesarnos, ni confesarnos!... -para esta clase de casamiento no se prechisa!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[Pg 77]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>IX</h2> - - -<p>Figrense lo contento que me ira comprar -los muebles, aunque hubiesen mermado -tanto los pesitos que me di la gringa Carolina. -Los gast todos y todava qued debiendo - nombre de la gringa, para pagar los -dos tres meses; el mueblero no tuvo inconveniente -en fiarme, porque ya se saba en el -Pago que yo era socio de la pulpera y algunos -me la achacaban de querida la gringa. -La gente es tan mala!...</p> - -<p>Bueno, pues! nos casamos el lunes que -habamos dicho con el cura, y salieron de<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[Pg 78]</a></span> -padrinos el viejo o Cipriano, y una parda -medio adivina que viva en un ranchito cerca -del negocio, y siempre andaba descalza y de -pauelo colorado en la cabeza.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[Pg 79]</a></span></p> - -<p>Carolina se haba encajado un gran traje -de seda negra, con pollera de volados y bata -de cadera, y se haba puesto una manteleta -en la cabeza, que le pasaba por detrs de las -orejas y se ataba debajo de la barba, unas -caravanas largusimas de oro que le zangoloteaban - los lados de la cara redonda y colorada, -y un tremendo medalln con el retrato -del finadito, de medio cuerpo. Despus se -puso el mo...</p> - - -<p>El cura, que fu en su bayo peludo, sin -sacristn ni nada, nos ech sus jerigonzas, -en dos minutos, hizo firmar la partida de casamiento, -la firm l tambin, sali al patio -<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[Pg 80]</a></span> -conmigo, me di el papel sin que nadie lo -viera, mont el sotreta, y se larg al trotecito -para el pueblo, gritando:</p> - - -<p>—Eh! Que siano feliche!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[Pg 81]</a></span></p> - -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 419px;"> -<img src="images/pag79.jpg" width="419" height="630" alt="p79ilo" /> -</div> -<p class="caption">—Eh! Que siano feliche!</p> - - -<div class="chapter"> -<p>No se qued comer como lo haba invitado -Carolina—y eso que era un gran tragaldabas,—seguramente -porque en el Pago no -se fuera maliciar la cosa del casorio falluto.</p> -</div> - - -<p>Pero se llev un pollo asado, una botella -de Chianti y otras cositas ms...</p> - -<p>Carolina, que se pintaba sola para esas -cosas, haba hecho una cenita de regular -arriba,—y los cuatro,—yo, ella, o Cipriano -y la parda,—nos sentamos comer y chupar -en grande. No, si era chacota!... El -viejo se le prendi al vino como guacho hambriento - leche recin ordeada. La parda, de -consiguiente. Carolina se puso medio alegrona, -y yo... no les digo nada!... los postres -o Cipriano, para rematar la fiesta se le -prendi la caa de durazno y soltando refranes -y dando consejos, se mam tan fiero, -que tuvimos que llevarlo al galpn entre -los tres!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[Pg 82]</a></span></p> - -<p>—Cosas de la vida! Cosas de la vida!—deca -la parda, trastabillando, lagrimeando y -babosa con la tranca.</p> - -<p>Al rato se enloqueci del todo, y como ni -poda estarse parada, se tuvo que quedar -aquella noche. Al otro da le dijo Carolina -que haba soado que un ngel bajaba del -cielo para venir bendecirla ella y m, y que -sa era sea segura de que bamos ser lo -ms felices. Que tambin so que le regalaban -unas gallinitas, y un corte de vestido... Miren -la parda ladina!...</p> - -<p>La gringa de puro contenta, porque yo no -le haba mezquinado aquella noche,—y si no -jueguenl risa no ms! despus de andar -galgueando tanto tiempo!—le regal efectivamente -las gallinas y el generito y hasta me -parece que un par de pesos de yapa, con lo -que la parda se fu contentsima, blanquendole -los dientes y relampaguendole los ojos.</p> - -<p>Yo la ataj cerca del palenque, para pedir<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[Pg 83]</a></span>le -que no fuera decir nada del casamiento, -que tena que ser cosa muy secreta.</p> - -<p>—Y quin l'he d'ecir?—me contest,—si -pronto vo dirme del pago!...</p> - -<p>Y era verdad, porque los dos meses -se fu.</p> - -<p>Pero miren lo que son las cosas! Habamos -empezado tan bien cuando zs-trs! -no falt quien viniera descomponer el -baile! En esta vida no hay fiesta completa.</p> - -<p>o Cipriano, que dejamos tumbado en el -galpn, no apareca aunque el sol ya estuviese -alto. Al principio no nos fijamos, pero -Carolina me pregunt de repente:</p> - -<p>—Che, lo has visto al viejo?</p> - -<p>—No, y vos?—le contest.</p> - -<p>—Yo tampoco.</p> - -<p>—Se habr ido p'al arroyo con los chanchos.</p> - -<p>—Que no ves los chanchos encerrados en<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[Pg 84]</a></span> -el chiquero? quin sabe si no le ha pasado -algo!...</p> - -<p>—Estar durmiendo la mona; pero, no le -hace, vamos ver.</p> - -<p>Fuimos al galpn y qu les cuento! nos -encontramos al viejo o Cipriano tendido -panza arriba, todo como acalambrado, con -la cara color violeta, y fro, helado. Carolina, -asustada, comenz darle <em>fletaciones</em>, pero -qu caray! al divino botn: el pobre viejo -con la mama, haba cantado para el carnero. -La gringa se me puso llorar como una -Magdalena.</p> - -<p>—Pero qu te da, hijita, para llorar de -ese modo?—le pregunt.</p> - -<p>—Es que... es que o Cipriano era tan -bueno! Y adems...</p> - -<p>—Adems, qu?</p> - -<p>—Que me parece que tenemos que ser muy -desgraciados! Miren qu casamiento, con -un difunto en la casa, desde el primer da!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[Pg 85]</a></span></p> - -<p>—Bah! no seas pava!—le dije, enojado.—o -Cipriano estaba muy viejo, y cualquier -da tena que estirar la pata!... Eso no quiere -decir nada; ya sabs... muertos no hablan!... -Y, fuera de eso, acordate de lo del ngel y -no llors, sonsa!</p> - -<p>Medio se calm con lo que le dije, pero ya -qued sentida para siempre, y asustadiza y -tristona. As son las mujeres, compaeros: -llenas de ageras!</p> - -<p>Yo tuve que costearme al pueblo, avisar -la autoridad. la tarde se presentaron el comisario -Barraba, el doctor Carbonero, que -era mdico de polica, y dos milicos. Despus -de mucho registrar y molernos preguntas, -de cmo haba sido, y cmo no, se -llevaron o Cipriano en un carrito, para -abrirlo y ver de qu espich, y me qued solo -con Carolina, todava ms triste y asustada.</p> - -<p>—Lo van achurar al pobre!... Qu desgracia!... -<em>Maledetta sorte!</em></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[Pg 86]</a></span></p> - -<p>Y volvi llorar sollozos.</p> - -<p>—Miren, la mujer tan grande y tan pazguata!... -Djese de llanto misia Carolina, que -eso es de criaturas,—le dije en broma.—Para -lo que va sufrir o Cipriano con que le -anden adentro estas horas! Vaya! vamos -tratar de divertirnos un poco. Los muertos -no quieren andar estorbando los vivos, -sino que los dejen quietos. Rcele si gusta, -pero ahora vamos ver si comemos, y -bien!</p> - -<p>No les parece natural? Natural!</p> - -<p>Carolina se soseg un poco, fu cocinar, -comimos despus de cerrar la pulpera, yo -trat de alegrarla con una punta de dichos y -hasta milongas, y tempranito no ms nos -acostamos... Desde el otro da, principi la -vidorria y la farra, despus de enterrar o -Cipriano que result bien muerto y sin culpa -de nadie.</p> - -<p>Los amigos—y ya tena una punta—caan<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[Pg 87]</a></span> -como moscas La Polvadera y yo los obsequiaba -lo mejor que poda.</p> - -<p>Carolina se pasaba la vida con las ollas y -acomodando la casa. Nosotros, para matar -el tiempo, y menudendole las copas, armbamos -jugarretas de truco y taba; despus -hicimos rias de gallos, y hasta dimos -bailongos en el patio, entre el palenque y la -ramada.</p> - -<p>En la taba y las rias, el comisario—que me -haba dado permiso, aunque el juego estuviera -prohibido en toda la provincia,—no se -llevaba ms que la mitad de la coima, as es -que todo me hubiera salido perfectamente, si -no me da la loca por jugar fuerte m tambin.</p> - -<p>Como siempre perda, Carolina principi -rezongar.</p> - -<p>—Ya deca yo, cuando encontramos al -pobre o Cipriano, que eso haba de traer -desgracia! Ya todo empieza andar mal! -Oh, Madona, Madona ma!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[Pg 88]</a></span></p> - -<p>Y estos lloriqueos y rezongos fueron empeorando, -empeorando. La gringa ech un -genio de la gran perra. Se me quera imponer -y tenamos un sin fin de peloteras, pero -qu haba de poder conmigo, ni qu se iba - poner mis pantalones, que tengo tan bien -puestos!... cada zafarrancho, yo, de gusto, -lo haca peor, cataba una mona, y el vino de -reserva era el que pagaba el pato!</p> - -<p>Por consejo de un amigote, y aunque rabiara -la gringa, hice arreglar bien el camino -real, en el retazo que estaba frente La Polvadera, -que qued parejito como un billar. Y -ah no ms arm carreras los domingos, tambin -con permiso del comisario Barraba, que -saba veces presentarse cobrar la coima -en persona, para que no hubiese barullo, ni -peleas—deca.</p> - -<p>Vieran qu lindas farras! Los paisanos -caan que era un gusto, y el beberaje y el -fandango duraban desde la maana hasta<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[Pg 89]</a></span> -ya anochecido, el cajn se nos llenaba de -cobres, y yo tena negocio y diversin un -tiempo.</p> - -<p>Pero compr un potrillo zaino, parejero, y -sa fu mi perdicin...</p> - -<p>Una suerte perra me persegua sin darme -alce. Agarraba una taba y zas! culo sin fallar -una vez. Al mus siempre haba quien se desemporotara -primero y pagar! Al truco -pareca cosa del diablo! los compaeros me -embromaban con que era capaz de perder -el envido con treinta y tres de mano. Si cantaba -flor, me echaban el contraflor el resto, -y si caa el bicho de parra, ya poda estar seguro -de que el contrario empacaba el de -amansar locos para darme en el mate. Mis -gallos, cuando no me resultaban juidos, tenan -que clavar el pico las primeras de cambio. -Pucha que haba sido mulita, amigo!—me -saban decir los camaradas. Era una maldicin, -y yo, como es natural, me calentaba<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[Pg 90]</a></span> -ms cada vez y buscaba el desquite como un -toro furioso.</p> - -<p>Y como de uvita uvita se acaba un parral, -los pesos volaban que era un contento. -Pero tena una gran esperanza, que era el potrillo -zaino, lindo animal, fino de patas, de -pescuezo largo y cabeza chica, delgado, sin -ni esto de barriga, voluntario como l solo, y -ms manso que el overo rosado de Laguna. -Yo mismo le daba de comer, lo baaba, lo -rasqueteaba, y todas las maanitas sala varearlo -donde no me vieran. Y en unas cuantas -largadas que hicimos de balde y en secreto -con unos amigos, el pingo result de -mi flor. Qu parejero! Con l no me haban -de ganar ni por chiripa!</p> - -<p>Carolina todo esto, viendo que la platita -se le iba como el agua de una tina sin arcos, -comenz armarme camorra peor que nunca.</p> - -<p>—As no podemos seguir! Ests tirando -todo lo que he ganado con mi <em>trabaco</em>, ca<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[Pg 91]</a></span>nalla!—me -deca medio rabiando, medio llorando.</p> - -<p>Cuando me haca enojar mucho, yo gritaba -tambin y ms fuerte que ella.</p> - -<p>—Dejme en paz! sos una gringa de porra! -No me incomods que te puede costar -muy caro! Callte la boca, y ms que ligero! -eh? me has entendido?... Si no te calls, te -va pesar!</p> - -<p>Era que entonces me acordaba de lo del -casamiento y del papel que me haba dado -el cura, pero sin intencin de largarla, pobrecita!...</p> - -<p>Quiso esconder la plata, pero, por donde -no la iba encontrar yo, cuando me entraban -ganas de echar una talladita al monte - hacer un truco de cuatro! Y Carolina, al -ver que se la haba pispado, gritaba y maldeca -primero, y despus se meta llorar en un -rincn.</p> - -<p>—No es por la plata! no es por la plata!<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[Pg 92]</a></span> -Es que veo que no me quers y que no penss -en maana!</p> - -<p>—Dej, hijita—le contestaba yo entonces, -amansado por sus lloriqueos.—Ya vers cmo -nos desquitamos! No te aflijs, sonsa! si -hemos de ser muy felices!</p> - -<p>—Ah, Madona, Madona ma!—suspiraba -la gringa.</p> - -<p>... En cuanto cre que el zaino estaba en -punto de caramelo, me apront dar el gran -golpe. Lo haba tenido tapado, como ya les -dije, y no lo conocan ms que dos tres -amigos, que pensaban jugar fuerte sus patas, -y que no me iban descubrir ni por un -queso.</p> - -<p>Un domingo por la madrugada agarr y lo -tus desparejo, lo entrepel, le llen la cola -de barro y abrojos, y lo puse, en fin, que pareca -el ltimo matungo de una chacra de gallegos. -Despus le puse un apero viejo, y -encargu un pen de lo de Torres, que te<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[Pg 93]</a></span>na -comprado, que la hora de las carreras -cayese montndolo, la pulpera. El pen se -llev el parejero.</p> - -<p>—Hoy voy correr con el zaino,—le dije -Carolina.</p> - -<p>—Dejte de esas cosas—me contest.—Qu -carreras, ni carreras! El juego es la -perdicin del cristiano.</p> - -<p>—Esta vez estoy seguro de ganar! Al zaino -lo he puesto desconocido, lo van tomar por -un sotreta, y ya vers la ponchada de pesos -que nos ganamos!</p> - -<p>—Prometme, al menos,—dijo la gringa, -aprovechndose al verme blandito;—prometme, -al menos, que si de esta hecha perds, -no vas volver jugar.</p> - -<p>—Mir, por stas!—le contest besando la -cruz de los dedos...</p> - - - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[Pg 94]</a></span></p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[Pg 95]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>X</h2> - - -<p>Qu quieren que les diga! Principi caer -gente y La Polvadera se llen como la misma -plaza de Pago Chico, para un veinticinco de -mayo. Se largaron varias carreras. Corri el -copero, que no dbamos abasto para despachar. -El paisanaje se calentaba ya de lo -lindo, cuando lleg el pen con mi zaino.</p> - -<p>Haba un tal Contreras, que le tena mucha -fe su crdito, un tordillo, ligern, es cierto, -pero no gran cosa. Mi parejero no tena ni -para empezar.</p> - -<p>Contreras era diabln, mal intencionado,<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[Pg 96]</a></span> -peleador de alma atravesada, y jugaba platales -que se agenciaba no s cmo: dicen -que se los daba el pillo del escribano Ferreiro, -para que le guardara las espaldas, y -para que asustara sus contrarios polticos... -con nada! palizas y hasta pualadas y tajos -si mal no vena.</p> - -<p>—Lindo su tordillo!—le dije, eligindolo -de ahijado, porque era hombre de meterle -un cien y es lo que me convena.—Lstima -que se haya puesto tan gordo!</p> - -<p>—Gordo? No embrome! Est en carnes, -compadre, y es capaz de tragarse al ms -pintau. Y eso, que venimos de lejos...</p> - -<p>Mentira! Haca una semana que lo tena -descansadito en el Pago, preparndolo.</p> - -<p>—Bah!—le volv decir para calentarlo -ms.—En cuanto principian echar panza...</p> - -<p>Me mir rindose para que no le conocieran -la rabia.</p> - -<p>—No cargue, que no hay quien lave, pai<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[Pg 97]</a></span>sano! -Si quiere verle la panza, tiene que ponerse -antiojos. Y, barrign no,—sigui -gritando:— ver quin es el mozo guapo que -quiere perder cien pesos?</p> - -<p>Muchos se acercaron y nos rodearon.</p> - -<p>—En ese estau del caballo,—le contest -sobre el pucho, medio rindome,—yo le corro -con cualquier maceta.</p> - -<p>—Oiganl! Y con cul?</p> - -<p>—Con este zaino abrojudo, sin ir ms lejos. -Me lo empriesta, paisano?</p> - -<p>—Cmo no!—contest el pen que lo haba -llevado.—Corra no ms!</p> - -<p>Contreras mir con atencin el caballo, lo -palme, lo hizo andar un poquito.</p> - -<p>—Este mancarrn no es lo que parece,—me -dijo.— m con l'ua! Pero... porque no -se diga... le corro, bah!</p> - -<p>—Por los cien pesos?</p> - -<p>—Y entonces!</p> - -<p>—Depositemos!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[Pg 98]</a></span></p> - -<p>—Depositemos? Avise, compadre!—rezong, -revolvindome los ojos.</p> - -<p>Yo, sabiendo que aquello quera decir pelea, -me call la boca, desensill el zaino, le -puse bocado y una jerguita, me saqu el saco -y el chaleco, me hice una vincha con un pauelo -colorado, y ya estuvo!</p> - -<p>El paisanaje, caliente, jugaba raja cincha. -Muchos ofrecan doble sencillo contra mi -zaino. Yo agarr una punta de paradas, los -amigos que saban la cosa, de consiguiente.</p> - -<p>El tiro era de dos cuadras. Despus de unas -cuantas partidas, largamos, y mi potrillo principi - sacar su ventajita, primero la cabeza, -despus un pescuezo, despus medio cuerpo, -sin castigar!... Contreras vena dos rebenques, -lonja y lonja!... Claro que el tordillo se -le iba aplastar, pero estaba ciego de rabia -con la fumada... Yo vi ma la carrera, y por -no dar conocer todo el juego del animalito, -lo llevaba sobre la rienda... Asimismo<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[Pg 99]</a></span> -saqu un cuerpo de ventaja, cuando malhaya! -medio matando su tordillo, Contreras me -alcanza, le mete pierna al zaino, que rueda -largndome por las orejas y pasa como un -refusilo sin parar hasta la raya. Hijuna!...</p> - -<p>Por suerte yo ca parado, pero, vieran el -avispero que se arm! El paisanaje gritaba, -se insultaba, hasta zangoloteaba al juez de la -carrera... Salieron relucir cuchillos, y si no -se mete el comisario Barraba, la cosa hubiera -acabado mal.</p> - -<p>Contreras volva al tranquito, golpendose -la boca, muy contento... Me di una rabia!...</p> - -<p>En cuanto me alcanz—yo iba juntarme -con los otros frente la pulpera, cabrestiando -al zaino rengo,—no pude ms y le grit:</p> - -<p>—Canalla! Tramposo, sinvergenza! Me -has metido pierna, hijuna gran!...</p> - -<p>Ah no ms se tir del caballo pelando el -fiyingo. Yo me ech atrs para desenvainar -tambin.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[Pg 100]</a></span></p> - -<p> m no me gustan mucho esas cosas, -que decir? Soy bajito, bastante delgadn, no -tengo gran fuerza, y ms, no entiendo -mucho de cuchillo. Pero el hombre me apuraba, -los paisanos haban corrido ver, y -haba que hacer la pata ancha...</p> - -<p>Me tir dos pualadas que consegu atajarme, -mal que mal. Pero las papas quemaban, -compaeros!...</p> - -<p>— la larga no hay cotejo,—me gritaba -Contreras, bailndome alrededor y con unas -risitas calentadoras, como chunguendome.</p> - -<p>Yo ya me encomendaba la Virgen viendo -la cosa mal parada, y el brbaro aqul de seguro -me achura, si no llega Carolina, corriendo -y chillando, hecha una loca, y no s cmo, -con la desesperacin, seguro! le arranca el -cuchillo de la mano.</p> - -<p>—Y ustedes lo <em>decan</em>, y ustedes lo <em>decan</em>!—les -gritaba los mirones.</p> - -<div class="chapter"> -<div class="figcenter" style="width: 423px;"> -<img src="images/pag101.jpg" width="423" height="630" alt="p101ilo" /> -</div> -<p class="caption">Me tir dos pualadas que consegu atajarme.</p> -</div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[Pg 101]</a><br /><a name="Page_102" id="Page_102">[Pg 102]</a><br /> -<a name="Page_103" id="Page_103">[Pg 103]</a></span></p> -</div> - -<p>Los gauchos nos rodearon, desapartndonos -y recin entonces se acerc el comisario -Barraba. Yo haba hecho la chambonada de -no decirle la cosa del zaino, y l le jug al -tordillo... Se necesita andar en la mala!...</p> - - - -<p>Contreras, y la mayor parte de los paisanos -alegaban que el tordillo haba ganado en -buena ley, y que la rodada fu porque el -zaino mancarrn, flojo de patas, no era para -correr... El juez de la carrera se desgaitaba -al cuete; no le llevaban el apunte, ni m, ni - mis amigos tampoco.</p> - -<p>—Qu resuelva el seor Comisario!—gritaron -algunos, de repente.</p> - -<p>—S, eso es!... eso es!—rebuznaron todos -los que haban jugado al tordillo.</p> - -<p>El gran pillo de Barraba di la sentencia:</p> - -<p>—La carrera es legal. Ha ganau Contreras!</p> - -<p>Contra la fuerza no hay resistencia.</p> - -<p>—Pero, seor comisario...—principi.</p> - -<p>—Callte y pel! Tens que pagar todo -el mundo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[Pg 104]</a></span></p> - -<p>Y tuve que pagar no ms, calladito la boca, -y ah se me fueron los ltimos pesos guardaditos... -y hasta los del cajn del mostrador!...</p> - -<p>Carolina me miraba con los ojos saltones y -de veras que la cosa no era para menos.</p> - -<p>—Mi alma! te debo la vida!—le dije.</p> - -<p>—S, s!—contest medio llorando.—Pero -no <em>cugus</em>, <em>no cugus</em> ms, por Dios!</p> - -<p>—S, perd cuidau!</p> - -<p>Y me puse despachar copas y chupar -yo tambin, para olvidarme de tanta pena, y -qu quieren! el ginebrn me hizo voracear y -empec las convidadas. Miren qu momento -para darme corte!</p> - -<p>—Eh, paisanos, tomen lo que gusten!</p> - -<p>Y al ratito, no ms, dale, otra vuelta y -otra...</p> - -<p>—Qu gustan servirse, caballeros?</p> - -<p>Carolina se haba puesto furiosa.</p> - -<p>—Ma!... Ma!...—me deca atorada de -rabia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[Pg 105]</a></span></p> - -<p>—La patrona est llamando la mama, -deca un paisano.</p> - -<p>— la ma... ma del patrn!—retruc -otro.</p> - -<p>Despus, nunca me pude acordar!—Creo -que hubo payada y baile, y que repart -cuanto haba de comer y de chupar en la -casa.</p> - -<p>Lo cierto es que la pulpera qued tecleando. -Pero tambin, qu farra!...</p> - -<p> la otra maana, me encontr tirado en -un zanjn que haba junto al palenque. Se me -est haciendo que all dorm, pero no s cmo -fu parar semejante cama. Cuando -uno agarra uno de esos de P. P. y W.!...</p> - -<p>La gringa estaba encerrada en su cuarto, -no me quera abrir ni can, y segn me -dijo despus, se haba pasado la noche llorando -desesperada. Cuando consegu que -me abriera, tanto llor y suplic que me -abland, y le promet que aqulla era la <em>ltima vez</em>, -y le dije que me iba poner trabajar -de veras, como un burro si era necesario, -para desquitarnos de todo lo que habamos -perdido, sin volver pensar en jugar, ni en -gallos, ni en carreras.</p> - -<p>—Te crs que m'he olvidar que te debo la -vida?—le dije—porque si no sos vos, Contreras -me achuraba!...</p> - -<p>Pero el hombre propone y Dios dispone...</p> - -<p>Bueno! y qu hay con eso? Me parece -que no hay que asustarse por tan poco... Yo -no soy el primero que haya olvidado sus juramentos -por seguir sus gustos. Ni el ltimo, -tampoco... As es el hombre, caballeros, y -hasta el ms pintado, si no es un hipcrita, -confesar que ha sabido olvidarse muchas -veces de sus buenas intenciones,—de las que -no haba desembuchado por lo menos—para -dar satisfaccin lo que le tiraba ms.</p> - -<p>Esto es sin vuelta. Lo que hay, es que algunos -saben pararse tiempo, tienen ma<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[Pg 107]</a></span>a - baqua para hacer lo que les da la gana - lo mosca muerta, sin que nadie diga nada. -No, y de no!</p> - -<p>Unos juegan y se maman en los clubs, sin -dar que hablar, y pelean en los duelos, vista -y paciencia de los policianos, y hacen lo -mismo que hice yo, y peor, que, como ellos -lo hacen, no parece tan malo y nadie les -saca el cuero...</p> - -<p>En fin, qu tanto servir usted p'a decir -cmo le va!—El caso es, que el droguis y la -jugarreta, me volvieron agarrar de lo lindo, y -como, de sonso, saba jugar bastante en trinquis, -todo el mundo me aprovechaba como - una criatura! As se fu, detrs de la platita -guardada, el campito de Carolina. Pero qu -agarrada la de ese da, santo Dios! La gringa,—querrn -creer?—hasta me ara la cara, que -anduve una punta de das medio cebruno...</p> - -<p>—Mir, gringa!—le grit—No sabs lo -que hacs! El da menos pensado, ya vers!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[Pg 108]</a></span></p> - -<p>Le iba soltar lo de que no estbamos -casados, pero ca en cuenta de que con la -rabia era capaz de no firmar la escritura y -hasta de echarme de la pulpera... y como -un poste!</p> - -<p>—Si yo hubiera sabido!—gritaba la gringa.—Si -yo hubiera sabido! <em>porca la...!</em></p> - -<p>Y se agarraba los pelos. Pero firm...</p> - -<p> qu decirles que los pesos del Banco -de Italia ya se haban ido por un camino? -Quedaba la pulpera... pero casi tan pelada -como la misma palma de la mano... ni un -frasco, ni una pilcha. Yo me preguntaba -muchas veces cmo se lo haba llevado -todo pateta, sin atinar con tanto bochinche, -hasta que ca en la cuenta de que la Carolina, -con sus lloriqueos y rabietas al botn, -descuidaba el negocio y lo dejaba ir barranca -abajo...</p> - -<p>Entonces quise remediar yo solo las cosas, -compr mucho al fiado, y principi medio<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[Pg 109]</a></span> -querer arreglar el boliche... Pero, la verdad: -el ginebrn y las barajas, con la yapa de la -taba y los gallos, hicieron que de repente -comenzaran llover demandas y ms demandas, -toda una papelera. El aguacil no -haca ms que viajar del Pago la Polvadera, -como conchabado... Y no tenamos adnde -buscar madre que nos envolviera ni el zaino, -que de la rodada qued manco del encuentro!... -Entonces me acord de lo que -saba decir el viejo o Cipriano:</p> - -<p>—Ande ir el gay?, que nu are!</p> - -<p>La desgracia me haba perseguido siempre, -por qu me haba de dejar entonces?</p> - -<p>Carolina comprendi que estbamos ms -fregados que unos atorrantes, que nos iban -vender la pulpera para cobrarse, que no nos -quedaba ni un cobre, y un da me arm una -zafacoca. Cristo santo! ni me quiero acordar!... -Cebada con lo de los araones, hasta -agarr un palo, y principi darme de garro<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[Pg 110]</a></span>tazos... -Como que stas son cruces! Una -paliza!... m!...</p> - -<p>Yo, qu quieren! pel el cuchillo, naturalmente -sin intencin de lastimarla; y slo cuando -me vi con l en la mano, se me separ, -pero saltndosele los ojos, y echando espuma -por la boca. Nunca la haba visto tan rabiosa!... -Pareca una tigra!...</p> - -<p>—Canalla! Bandido! Ladrn!... De ese -modo te acords que me debs la vida? -Devolvme mi plata, <em>birbante</em>, <em>canaglia</em>!</p> - -<p>Y yo, cmo iba dejar que siguiera dicindome -esas cosas, y hasta zurrndome -como una criatura?</p> - -<p>—Mir, Carolina!—le dije sin soltar el cuchillo.—Yo -ahora mismo me mando mudar -y para siempre, entends? Ya no te puedo -aguantar ms!</p> - -<p>Se le cambi la cara, pero todava sigui -gritando insultndome.</p> - -<p>—Qu! Te penss ir?, Madona, despus<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[Pg 111]</a></span> -de haberme dejado desnuda y en la calle, -canalla, sinvergenza, ladrn! Ah, no, <em>per -Dio</em>! sos mi marido, y tens que quedarte -aqu, <em>trabacar</em> como yo, <em>porca la</em>...</p> - -<p>Yo me rea carcajadas.</p> - -<p>—Y quin te ha dicho que soy tu marido?—le -dije—Pues no hay tal! No sos ms que -mi querida.</p> - -<p>—Ments, canalla!</p> - -<p>—Que es mentira? S! and preguntasel -al cura y vers...</p> - -<p>—El cura Papagna...</p> - -<p>—Qu! tu npolis se ha ido hace un mes - <em>mangiar macaroni</em> en tu tierra... And, preguntasel -al nuevo, si hay apunte de tu casamiento -en la iglesia...</p> - -<p>Me miraba con tamaa boca abierta, sin -querer creer lo que le deca... De repente, -le pareci que deba ser cierto... Asustada, -desesperada, loca, sali corriendo. Vi que se -largaba pie camino del Pago, en cabeza,<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[Pg 112]</a></span> -con la ropa de entre casa... Seguro que ira -averiguar...</p> - -<p>Yo saqu los pocos pesos que por casualidad -haba en el cajn, ensill el maceta, y -si te he visto no me acuerdo! Agarr para -otro lado, despus de hacer pedazos el papel -de Papagna, muy tranquilo y segurito de que -no me iban perseguir... Qu! y se afligen -por tan poco?... Pero fjense, y vern que era -muchsimo mejor para m... y tambin para -Carolina...</p> - -<p>Que si tengo noticias? S. Ayer supe que -estaba perfectamente; de enfermera en el -hospital del Pago.</p> - - -<blockquote> - -<p>Buenos Aires, 1905.</p></blockquote> - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's El casamiento de Laucha, by Roberto Payr - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - -***** This file should be named 62952-h.htm or 62952-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/2/9/5/62952/ - -Produced by Andrs V. 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