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-Project Gutenberg's Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona, by Sófocles
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona
-
-Author: Sófocles
-
-Release Date: October 20, 2020 [EBook #63509]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EDIPO REY; EDIPO EN COLONA ***
-
-
-
-
-Produced by Ramón Pajares Box, Roberto Marabini and the
-Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net
-
-
-
-
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negrita entre
- =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
-
- * Se ha modernizado la ortografía del original impreso y se han
- puesto tildes a las mayúsculas.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- * Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente para no
- interrumpir un párrafo.
-
-
-
-
- TRILOGÍA
- SÓFOCLES
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-LOS GRANDES AUTORES
-
-POEMAS :: NOVELAS :: TEATRO
-
-CADA TOMO CONSTA DE UNAS 300 PÁGINAS, TIRADAS A DOS TINTAS SOBRE
-EXCELENTE PAPEL PLUMA, RICAMENTE ORNAMENTADO POR DISTINGUIDOS ARTISTAS.
-
-En rústica: 3 ptas., tomo. -- Encuadernado: 4’50 ptas., tomo.
-
-
-OBRAS PUBLICADAS
-
- Virgilio.--=La Eneida.=--Traducción de E. de Ochoa. Ornamentación
- de Antonio Saló.
-
- Milton.--=El paraíso perdido.=--Traducción de Juan Mateos, Pbro.
- Ornamentación de Coll Salieti.
-
- Anónimo.--=Romancero del Cid.=--Edición ordenada y revisada por
- Luis C. Viada y Lluch. Ornamentación de Antonio Saló.
-
- Mistral.--=Mireya.=--Traducción de Lorenzo Riber. Ornamentación de
- Antonio Saló.
-
- Dante.--=La divina comedia.=--Traducción de M. Aranda Sanjuan.
- Ornamentación de Antonio Saló.
-
- Homero.--=Iliada.=--Traducción de Manuel Vallvé. Ornamentación de
- Manuel Farriols.
-
- Walter Scott.--=La novia de Lammermoor.=--Traducción de J. Lleonart
- y Carlos Riba Bracons. Ornamentación de Antonio Saló.
-
- Tirso de Molina.--=El bandolero.=--Edición prologada, transcrita y
- revisada por Luis C. Viada y Lluch. Ornamentación de Antonio Saló.
-
- Cervantes.--=Entremeses.=--Edición cuidadosamente revisada por Luis
- C. Viada y Lluch. Ornamentación por J. Junceda.
-
- Beaumarchais.--=El barbero de Sevilla: Las bodas de
- Fígaro.=--Traducción de José Pérez Bojart. Ornamentación de Ramón
- Baixeras.
-
- Shakespeare.--=Hamlet: Romeo y Julieta.=--Traducción de J.
- Roviralta Borrell. Ornament. de Antonio Saló.
-
- Sófocles.--=Edipo Rey: Edipo en Colona: Antígona.=--Trad. de J.
- Pérez Bojart. Ornamentación de J. d’Ivori.
-
-
-EN PRENSA
-
- Goethe.--=Fausto.=--Traducción de J. Roviralta Borrell.
- Ornamentación de Manuel Farriols.
-
-
-
-
- SÓFOCLES
-
- EDIPO REY
- EDIPO EN COLONA
- ANTÍGONA
-
- VERSIÓN CASTELLANA DE
- JOSÉ PÉREZ BOJART
-
- MCMXX
-
- [Ilustración]
-
- ORNAMENTADA POR J. D’IVORI
-
-
- EDITORIAL IBÉRICA
- J. PUGÉS S. EN C. -- BARCELONA
-
-
-
-
-[Ilustración: LOS GRANDES AUTORES
-
-: TEATRO :]
-
-
-
-
-EDIPO REY
-
-
-
-
-PERSONAJES
-
-
- EDIPO
- CREÓN
- EL GRAN SACERDOTE
- TIRESIAS
- YOCASTA
- EL CRIADO DE LAYO
- UN MENSAJERO
- UN OFICIAL DE EDIPO
- EL CORO, compuesto de ancianos tebanos.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO PRIMERO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EDIPO. EL GRAN SACERDOTE. EL CORO
-
-EDIPO
-
-Nuevos retoños del antiguo Cadmo, hijos míos. ¿Qué motivo os obliga a
-venir así a prosternaros en los escalones de este palacio, llevando
-en la mano las ramas reservadas para los suplicantes? El humo del
-incienso, los cantos lúgubres, los lamentos resuenan en toda la ciudad.
-
-No os he enviado a nadie, he venido yo mismo, hijos míos, a informarme
-del motivo de vuestras quejas; sí, Edipo, tan loado en toda Grecia,
-viene a escucharos. Hablad, pues, ¡oh, anciano! ya que a vos os cuadra
-explicaros por ellos. ¿Qué temor, qué esperanza os han reunido en este
-sitio? Contad con el deseo que tengo de auxiliaros. Sería yo insensible
-si no estuviera conmovido por el estado suplicante en que os veo.
-
-EL GRAN SACERDOTE
-
-Vos que reináis sobre mi patria, Edipo, ved cuántos ciudadanos de
-todas edades, prosternados ante vuestros altares, unos en la infancia
-y arrastrándose apenas aún, otros en la fuerza de la juventud; mirad
-esos ancianos que son los pontífices de los dioses; a mí, que soy el
-gran Sacerdote de Zeus. El resto de los tebanos, llevando en la mano
-las ramas de los suplicantes, está prosternado en la plaza pública, o
-en ambos templos de Palas, o sobre la ceniza profética del Ismeno. Ya
-lo veis, Edipo; esta ciudad, tanto tiempo combatida por la tempestad,
-no puede ya levantar su cabeza por cima de las olas ensangrentadas
-que la sumergen. Los gérmenes de los frutos de la tierra se secan en
-los cálices de las flores; los rebaños perecen, y las mujeres ven
-morir en su seno a sus hijos. Un dios cruel, armado de tea terrible,
-una espantosa peste, ha venido a caer sobre esta ciudad y cambia en
-un desierto la antigua morada de los hijos de Cadmo. El negro Hades
-se enriquece con nuestros lamentos y con nuestros lloros. Estas
-gentes y yo, sin embargo, no venimos a imploraros como a un dios;
-mas os consideramos, entre todos los mortales, como el más capaz de
-socorrernos en medio de las vicisitudes de la vida y de las desgracias
-enviadas por los dioses. Vos, llegando a nuestros muros, nos librasteis
-del tributo que el monstruo cruel nos había impuesto, sin que ninguno
-de nosotros os suministrase ni os preparase los medios. Sólo por la
-inspiración de un dios salvasteis nuestra vida en peligro; todos aquí
-lo publican y lo piensan. A vos, pues, poderoso Edipo, a vos venimos,
-como suplicantes, a pedir hoy algún socorro, si habéis oído la voz de
-los dioses o si algún mortal ha podido iluminaros. Hemos visto, a
-menudo, grandes desgracias servir de inspiración a los mortales que
-la experiencia ha hecho hábiles con sus consejos. Venid, ¡oh, el más
-sabio de los hombres! a levantar esta ciudad abatida; venid y sabed
-que esta comarca os nombra hoy su salvador, por reconocer vuestra
-antigua prudencia: aparte de que con razón podríamos ya olvidar
-vuestros primeros beneficios si, tras de habernos sacado del abismo,
-nos dejarais caer de nuevo en él. Levantad, afirmad, pues, esta
-ciudad sobre sus cimientos; ved lo que habéis ya hecho por ella bajo
-favorables auspicios; sed también hoy lo que fuisteis entonces. ¿No es
-mejor para vos, mientras reinéis en esta tierra, reinar sobre hombres
-que sobre muros desiertos? Las murallas, las naves no son nada cuando
-se las despoja de los hombres que las habitan.
-
-EDIPO
-
-Desgraciados hijos, estoy lejos de ignorar el objeto de los votos que
-os traen ante mí. Demasiado sé en qué estado funesto estáis todos
-hundidos; y, no obstante, por desgraciados que seáis, no hay entre
-vosotros quien sea tan infortunado como yo. El dolor de cada uno de
-vosotros sólo tiene un objeto; sólo a vosotros os atañe, mientras que
-mi corazón gime a la vez por la ciudad, por vosotros y por mí. No
-creáis haberme sacado de un profundo sueño; sabed que no hay lágrimas
-que yo no haya vertido ni medios diversos que mi imaginación no haya
-estudiado. El único que he podido encontrar a propósito para socorreros
-lo he puesto en práctica. Al hijo de Meneceo, Creón, con quien me unen
-los lazos de la sangre, le he enviado a Delfos al templo de Apolo, para
-preguntar a este dios lo que debo ordenar, lo que debo hacer por la
-salvación de esta ciudad. Cuento los días, los mido por el tiempo que
-le era necesario, y me aflijo con sus retrasos. ¿Qué hace? Su ausencia
-es mucho más larga de lo que parecía que había de ser. Creed que en
-cuanto llegue me consideraré el peor de los hombres si no ejecuto
-cuanto el dios me haya prescrito.
-
-EL GRAN SACERDOTE
-
-No podéis hablar más a punto; en este momento me anuncian la llegada de
-Creón, que avanza hacia nosotros.
-
-EDIPO
-
-¡Oh soberano Apolo, ojalá, favorecido por la fortuna, vuelva tan
-contento como su rostro parece anunciar!
-
-EL GRAN SACERDOTE
-
-Su corazón está satisfecho; podemos lisonjearnos de ello; de lo
-contrario, no aparecería, como le vemos, llevando en la cabeza una rama
-de laurel cargada de frutos.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, CREÓN
-
-EDIPO
-
-Pronto lo sabremos: vedle junto a nosotros; podemos interrogarle. Hijo
-de Meneceo, querido príncipe, hermano mío, ¿qué nuevas nos traéis de
-parte del dios?
-
-CREÓN
-
-Buenas nuevas; pues lo que pueda haber en ellas de enojoso no es para
-nosotros sino una fuente de dicha, si el resultado es tal como debe
-esperarse.
-
-EDIPO
-
-¿Qué significan esas palabras? No encuentro en ellas motivo de temor;
-pero no veo casi nada que me tranquilice.
-
-CREÓN
-
-¿Deseáis que me explique en medio de todo ese pueblo que nos escucha, o
-queréis entrar en vuestro palacio?
-
-EDIPO
-
-Hablad ante ellos; pues me duelen harto más sus males que los míos.
-
-CREÓN
-
-Os diré, pues, lo que el oráculo de Apolo me ha dicho. Nos ordena, sin
-la menor obscuridad, alejar de esta tierra la fuente de impureza que
-alimentamos y cesar de mantenerla con nuestros males.
-
-EDIPO
-
-¿Qué purificación, qué remedio emplear en nuestra calamidad?
-
-CREÓN
-
-Es necesario desterrar a un hombre, o que la sangre que ha causado las
-desgracias de esta ciudad sea lavada con sangre.
-
-EDIPO
-
-¿Y quién es el mortal de quien hay que vengar la muerte?
-
-CREÓN
-
-Príncipe, tuvimos un rey llamado Layo; reinaba en esta ciudad antes de
-estar sometida a vuestro imperio.
-
-EDIPO
-
-Lo sé porque me lo han dicho; pues mis ojos no le vieron nunca.
-
-CREÓN
-
-Murió; y Apolo, sin la menor obscuridad, nos ordena hoy castigar a sus
-asesinos.
-
-EDIPO
-
-¿En que lugar están y cómo encontrar la huella borrada de crimen tan
-antiguo?
-
-CREÓN
-
-Están en estos muros, el oráculo lo ha declarado. Lo que se busca se
-puede encontrar; lo que se descuida se nos escapa fácilmente.
-
-EDIPO
-
-¿Layo cayó bajo los golpes de los asesinos en su palacio, o fuera de la
-ciudad, o en tierra extraña?
-
-CREÓN
-
-Iba (según se nos ha dicho) a consultar el oráculo; y desde el instante
-en que dejó estos muros no hemos vuelto a verle.
-
-EDIPO
-
-¿No habría alguno de su séquito, algún compañero de su viaje, que
-hubiera sido testigo de su suerte y pudiera servir para darnos indicios?
-
-CREÓN
-
-Todos han muerto. No queda más que uno, a quien el temor hizo huir, y
-que, de cuanto vio, no ha podido nunca referir sino una circunstancia.
-
-EDIPO
-
-¿Cuál es? Un solo trazo puede hacer descubrir muchos otros, si puede
-darnos un ligero asomo de esperanza.
-
-CREÓN
-
-Ha referido que una banda de salteadores había encontrado a Layo, que
-sucumbió al número y pereció.
-
-EDIPO
-
-Pero ¿cómo hubieran los bandidos llegado a ese colmo de audacia si
-alguien no les hubiera seducido a fuerza de oro?
-
-CREÓN
-
-Esa sospecha es verosímil, pero muerto Layo, nadie, en medio de los
-males de la patria, se encargó de vengarle.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué males, muerto el soberano, pudieron impediros sondear esa trama?
-
-CREÓN
-
-La Esfinge, con sus enigmas enmarañados, nos forzó a abandonar lo que
-no podíamos descubrir, para ocuparnos de lo que teníamos a la vista.
-
-EDIPO
-
-Bueno, es de mi empresa remontarme a la fuente de vuestros males y
-descubrirla. No será en vano que Apolo y vos os hayáis tomado el
-cuidado de vengar la muerte de Layo; me veréis, justamente asociado
-a vuestros designios, servir a la vez a los intereses de la patria
-y a los del dios. Porque no solamente por la causa de un rey que
-ya no existe, sino por mi propia causa, haré salir de esta tierra
-el objeto impuro que la ha mancillado. El que haya podido poner la
-mano sobre Layo podría con mano tan osada atentar contra mis días.
-Así encontraré mi propia seguridad en el cuidado que me tomare de su
-venganza. Levantaos, pues, hijos míos; apresuraos, llevaos esas ramas,
-símbolo de los suplicantes. Que se reuna aquí el pueblo tebano; voy a
-emplear todos los medios para calmar sus penas; veremos luego, bajo los
-auspicios del dios, si debemos ser más felices o más miserables.
-
-EL GRAN SACERDOTE
-
-Levantémonos, hijos míos, levantémonos; los socorros que hemos venido a
-pedir aquí, nuestro rey nos los promete; que Apolo, que nos ha enviado
-tal oráculo, nos libre de la peste y conserve nuestra vida.
-
- (_El Gran Sacerdote se retira con los niños y los jóvenes tebanos
- que le acompañan. No quedan en escena sino Edipo y los ancianos que
- componen el Coro._)
-
-EL CORO
-
-Dulce voz de Zeus, que del opulento santuario de Delfos has llegado a
-los muros famosos de Tebas, ¿qué haréis por nosotros? El temor agita
-y consterna nuestro corazón, sobrecogido de respeto ante vos, ¡oh
-benéfico Peán, que reináis en Delos! ¿Cumpliréis vuestro oráculo hoy,
-o en otra sazón señalada por vuestros decretos? Hablad, voz inmortal,
-hija de la feliz esperanza.
-
-Digna sangre de Zeus, ¡oh Palas! a vos os invoco la primera; vos
-también, Artemisa, su hermana, que gustáis de bajar a la tierra y que
-os sentáis en un trono glorioso dentro del recinto; y vos, Apolo,
-ducho en lanzar dardos, venid los tres en nuestra ayuda; si en otro
-tiempo, cuando otros azotes cayeron sobre esta ciudad, alejasteis de
-nosotros la peste, ¡acudid hoy, también, dioses benéficos! Las penas
-que sufrimos no pueden contarse. Todo el pueblo desmaya y sucumbe.
-Los recursos del arte están agotados y no pueden ya ofrecer remedio a
-nuestros males. Los gérmenes de las frutas se han tornado estériles;
-las mujeres no soportan ya los dolores del parto. Más ligera que el
-ave veloz, más destructora que el fuego voraz, la muerte precipita a
-nuestros ciudadanos, uno tras otro, hacia los dominios del dios de los
-infiernos. Tebas todos los días sucumbe a innumerables golpes. Los
-niños (¡cruel espectáculo!) permanecen tendidos sin piedad en el suelo,
-teatro de su muerte. Lejos de ellos, las mujeres y las madres, cuya
-frente está cubierta de cabellos blancos, gimen al pie de los altares y
-piden remate a sus penas. Los himnos dolientes, los gemidos, resuenan
-al par en los aires. Noble y encantadora hija de Zeus, socorrednos,
-haced volver sobre sus pasos el azote destructor, nuevo Ares que,
-sin escudo y sin carcaj, ha venido a combatirnos y nos consume entre
-gemidos y gritos; que vaya, lejos de los límites de nuestra patria,
-al vasto seno de Anfitrite o a las aguas inhospitalarias del mar de
-Tracia. No nos da punto de reposo; si amengua al terminar la noche,
-comienza de nuevo con el día. ¡Oh, Zeus!; oh, dios, que gobiernas a
-tu antojo el rayo, aplástale con él; y tú, dios de Licia, lanza en
-nuestro socorro los dardos invencibles de tu arco de oro. Dirige contra
-él, ¡oh Artemisa! los rayos fulgurantes con que prendes fuego a las
-cimas de los montes licienses; y tú, dios de las vides, dios epónimo
-de esta tierra, tú, cuya frente orna áurea corona, Dionisos, tú, que
-marchas acompañado de las ménades, ven armado de antorchas encendidas a
-perseguir y derrotar a ese dios cruel que los dioses miran con horror.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO SEGUNDO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EDIPO, EL SÉQUITO, EL CORO, EL PUEBLO REUNIDO
-
-EDIPO (_Al Coro._)
-
-Invocáis a los dioses; pero lo que les pedís, socorro, alivio para
-vuestros dolores, lo obtendréis si queréis escucharme, obedecerme
-y someteros a lo que exigen nuestros males. Voy a hablar como
-extraño a lo que el oráculo acaba de hacernos saber, como extraño al
-crimen cometido, del que no puedo descubrir las huellas si no se me
-proporcionan los medios. Ciudadano hace poco tiempo de Tebas, sólo
-me es dable socorreros con la orden que voy a publicar. Cualquiera
-de vosotros que sepa a qué manos pereció Layo Labdácida, le invito a
-desenmascararle. Si el que fué el asesino teme ser denunciado, que
-se anticipe y se acuse; no tiene nada enojoso que temer; el destierro
-será su único suplicio. Si el asesino es extranjero, que quien le
-conozca lo declare y me apresuraré a recompensarle y le guardaré eterno
-reconocimiento. Pero si os obstináis en callar; si, temiendo por un
-amigo o por vosotros mismos, desacatáis mi orden, escuchad lo que voy a
-ordenar contra el culpable. Quiero, sea del rango que sea, que nadie en
-esta tierra sometida a mi imperio le reciba, le hable, le admita en las
-plegarias, los sacrificios y las libaciones consagrados a los dioses;
-que todos los habitantes le echen de sus hogares, como la causa impura
-del azote que nos aflige; pues así el oráculo de Delfos me lo ha hecho
-entender claramente; y quiero, haciendo uso del poder de que estoy
-revestido, servir al mismo tiempo al dios y al rey que ya no existe.
-¡Quiera el cielo que mis imprecaciones contra el culpable ignorado, ya
-haya sido solo, ya haya tenido cómplices, le entreguen a la infamia y
-a todas las privaciones de una vida desgraciada! ¡Quiera el cielo que,
-aun en el caso de que, sin yo saberlo, sea de mi familia, experimente
-todos los males con que mis maldiciones le han amenazado! Pero a
-vosotros, tebanos, os encargo de la ejecución de mis deseos, por mi
-propio interés, por el de Apolo, por el de la patria, que agoniza
-en la esterilidad y el abandono de los dioses. ¡Y aunque los dioses
-no hubieran suscitado contra vosotros ese azote terrible! ¿estaría
-bien, luego de la muerte de un rey tan bueno, dejar su asesinato sin
-expiación y no buscar a los autores? Yo soy soberano del mismo imperio
-donde él reinaba; poseo su lecho, su esposa; he tenido hijos de ella;
-y si él los hubiera tenido lo serían míos. Por tantas razones, pues
-su infortunio ha sido tanto, pretendo vengarle, como vengaría a mi
-padre, y poner todo mi cuidado en descubrir, en detener al asesino de
-ese labdácida que, por Polidoro y Cadmo, desciende del antiguo Agenor.
-A aquellos de vosotros, tebanos, que no obedezcan lo que acabo de
-mandar, pido a los dioses que la tierra no les dé cosecha ni posteridad
-sus mujeres, y que perezcan luego víctimas del azote que nos persigue
-o de un destino aún más deplorable; pero a los que secunden mis
-designios, quiera el cielo que la justicia que combate en nuestro favor
-y todos los dioses les sean siempre favorables.
-
-EL CORO
-
-Obligados por vuestras imprecaciones, ¡oh, Príncipe! hablaremos. No
-hemos matado al rey e ignoramos quién fué su asesino; al dios que os
-envía el oráculo corresponde descubrirlo.
-
-EDIPO
-
-Lo que decís es justo. Pero ¿puede un mortal exigir de los dioses lo
-que ellos le niegan?
-
-EL CORO
-
-Añadiremos a lo dicho una segunda reflexión.
-
-EDIPO
-
-Aunque se os ocurra una tercera, no vaciléis en comunicármela.
-
-EL CORO
-
-El soberano genio de Tiresias sabemos que se acuerda perfectamente con
-el genio supremo de Apolo; dirigiéndose a tal adivino, se podría, oh
-Príncipe, descubrir la verdad.
-
-EDIPO
-
-Lo que me aconsejáis ya lo he hecho; y conforme al consejo de Creón, le
-he enviado dos mensajes. Me sorprende que aún no haya venido.
-
-EL CORO
-
-A la verdad, los rumores que corren de antiguo no merecen crédito.
-
-EDIPO
-
-¿Qué rumores? No quiero dejar de tener ninguno en cuenta.
-
-EL CORO
-
-Se pretende que Layo fué asesinado por no se qué viajeros.
-
-EDIPO
-
-Me lo han dicho; pero no se conoce ningún testigo del crimen.
-
-EL CORO
-
-Por poco accesible que sea el criminal al temor, en cuanto conozca
-vuestras imprecaciones será vencido por ellas.
-
-EDIPO
-
-Quien no ha tenido miedo del crimen, no lo tendrá de las palabras.
-
-EL CORO
-
-Pero he ahí a quien sabrá pronto descubrir al criminal. Os traen al
-adivino inspirado por los dioses, único entre los mortales que lleva en
-su seno la verdad.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, TIRESIAS
-
-EDIPO
-
-Vos, que sometéis a vuestra inteligencia cuanto ignoran los hombres,
-cuanto pueden aprender, cuanto encierran cielos y tierras, Tiresias,
-aunque vuestros ojos no ven, conocéis tan bien como nosotros el mal
-contagioso por que esta ciudad es desolada. Sólo a vos, soberano
-intérprete de los dioses, os miramos hoy como nuestro apoyo y nuestro
-libertador. Porque Febo, si no lo sabéis ya por mis mensajes, nos ha
-respondido que, para salir del abismo en que estamos, no tenemos otro
-recurso que descubrir a los matadores de Layo y condenarles a muerte
-o desterrarlos. Dignaos, por lo tanto, sin escatimar ni consultas ni
-auspicios ni ninguno de los otros medios de adivinación, salvar a
-esta ciudad y a su Príncipe y a vos mismo. Salvadnos de la impureza
-que la muerte de Layo extendió por esta tierra; sólo en vos reposa
-nuestro espíritu. ¡Qué más noble, qué más digna función que emplear sus
-facultades y su poder en provecho de sus conciudadanos!
-
-TIRESIAS (_Aparte._)
-
-¡Oh, qué triste es poseer algunas luces cuando no sirven para nuestra
-felicidad! Harto sé lo que me preguntan, y muero de dolor... ¿Para qué
-habré venido?
-
-EDIPO
-
-¿Qué sucede? ¿Qué abatimiento es ese en que os presentáis a mí?
-
-TIRESIAS
-
-Dejadme volver sobre mis pasos, creedme, sufriréis más fácilmente
-vuestras desgracias y yo las mías.
-
-EDIPO
-
-Esas palabras son injustas y crueles para la patria que os mantiene y
-a la que queréis privar de la explicación que os pido.
-
-TIRESIAS
-
-Sólo veo imprudencia en vuestras palabras, y no quiero ser tan
-imprudente como vos.
-
-EL CORO (_A Tiresias._)
-
-En nombre de los dioses, iluminado como estáis, no nos abandonéis; nos
-prosternamos ante vos para suplicároslo.
-
-TIRESIAS
-
-Estáis todos obcecados. No veis que yo quisiera callarme mis males para
-no descubriros los vuestros.
-
-EDIPO
-
-¿Qué decís? ¡Estáis enterado y no os dignáis ilustrarnos! ¡Queréis
-traicionarnos, queréis perder la ciudad!
-
-TIRESIAS
-
-No quiero afligiros a vos ni a mí. ¿Para qué interrogarme en vano? No
-sabréis nada por mí.
-
-EDIPO
-
-¡Oh, el más malo de los hombres (pues tu obstinación irritaría a un
-corazón de mármol)! ¡No hablarás! Te mostrarás siempre inflexible,
-inconmovible.
-
-TIRESIAS
-
-Me reprocháis la cólera que os inspiro; pero veis la que hay dentro de
-vos, y me condenáis.
-
-EDIPO
-
-¿Y quién podría sin cólera escuchar tus palabras que ultrajan a la
-patria?
-
-TIRESIAS
-
-Lo que tengo que decir se descubrirá por sí mismo, aunque yo quisiera
-ocultarlo en la sombra del silencio.
-
-EDIPO
-
-Lo que debe descubrirse es menester que tú me lo declares.
-
-TIRESIAS
-
-No me explicaré más. Ahora entregáos, si os place, a los más feroces
-movimientos de vuestra ira.
-
-EDIPO
-
-Bien, en el furor que me domina, no disimularé nada de lo que presumo.
-Sabe, pues, que sospecho que eres tú el autor de la conspiración: que
-tú lo has hecho todo menos matar al rey, y que si no hubieras estado
-ciego el crimen hubiera sido tuyo por entero.
-
-TIRESIAS
-
-Y yo os digo, en verdad, que seréis la víctima de vuestro propio
-anatema, y que, en el mismo día, el pueblo y yo no os hablaremos
-más; que os miraremos todos como el objeto impuro cuya presencia ha
-mancillado esta tierra.
-
-EDIPO
-
-¿A qué punto de impudicia has llegado para atreverte a hablarme así? ¿Y
-dónde crees poder desafiar mi venganza?
-
-TIRESIAS
-
-La desafío ya, puesto que llevo en el seno la omnipotente verdad.
-
-EDIPO
-
-¿Quién te enteró de ella? ¿Tu ciencia?
-
-TIRESIAS
-
-Vos mismo; vos, que, a pesar mío, me habéis obligado a explicarme.
-
-EDIPO
-
-¿Qué has dicho? Repite de nuevo para enterarme.
-
-TIRESIAS
-
-¿No me habéis entendido bien o queréis instarme a decir más?
-
-EDIPO
-
-No estoy bastante enterado, es preciso que te expliques otra vez.
-
-TIRESIAS
-
-Digo que sois vos mismo el asesino que buscáis.
-
-EDIPO
-
-No repetirás impunemente dos veces semejantes horrores.
-
-TIRESIAS
-
-¿Seguiré hablando para irritaros más?
-
-EDIPO
-
-Todo lo que quieras, tus discursos no serán menos frívolos.
-
-TIRESIAS
-
-Digo que no conocéis la unión infame que os une con lo más caro para
-vos ni el abismo horrible en que estáis.
-
-EDIPO
-
-¿Piensas lisonjearte mucho tiempo de haber proferido tales palabras?
-
-TIRESIAS
-
-Sí, si la verdad tiene alguna fuerza.
-
-EDIPO
-
-La tiene, sin duda, pero no para ti, a quien una profunda ceguera
-impide a la vez ver, oir y entender.
-
-TIRESIAS
-
-Desgraciado; me ultrajas, pero tales ultrajes los recibirás pronto de
-todos.
-
-EDIPO
-
-En la noche oscura en que estás hundido, no sabrías herirme a mí ni a
-ninguno de los mortales que gozan de la luz.
-
-TIRESIAS
-
-El destino no quiere tampoco que caigáis bajo mis golpes, sino bajo los
-de Apolo que se ha reservado el cuidado de castigaros.
-
-EDIPO
-
-¿De quién parten esas imposturas? ¿De Creón o de ti?
-
-TIRESIAS
-
-Creón no os ha hecho ningún mal; sois vos quien os lo habéis hecho.
-
-EDIPO
-
-¡Oh, riquezas, poder del trono, dones supremos del espíritu que lanzáis
-sobre la vida un resplandor tan peligroso, cuán inevitable es que la
-envidia vele incesantemente en torno vuestro cuando Creón, que empezó
-por tener toda mi confianza y se mostró mi amigo, celoso ahora del
-trono que yo no pedí y que los tebanos me dieron, no tiene otro deseo
-sino echarme de él, y en la secreta trama en que me envuelve, se sirve
-contra mí de este pretendido adivino, de este impostor artificioso,
-de este mendigo abyecto, que no sabe ver sino el oro y es ciego para
-su arte!... Pero dime cómo se explica que seas tan hábil adivino y
-que cuando el monstruo canoro hacía oir aquí sus cantos fúnebres no
-descubrieses medio alguno de libertar de él a tu patria. ¿Había que
-dejar a un extranjero el cuidado de descifrar los enigmas de tal
-monstruo y no debías entonces emplear tus profecías? Y no obstante,
-ni tus aves ni los dioses te hicieron conocer nada. Fué Edipo, fuí
-yo quien, llegando aquí y no sabiendo nada de lo que concierne a tu
-arte, supe vencer al monstruo, no por el vuelo de las aves, sino por la
-penetración de mi mente; y no obstante, hoy querrías echarme del trono,
-en la esperanza de tener siempre libre acceso a él ocupándolo Creón.
-
-Pero espero que tú y tu cómplice tendréis lugar de arrepentiros de
-haber tramado contra mí esta conjura; y ya, si no tuviese en cuenta tus
-años, habrías reconocido por tu suplicio la vanidad de tus esperanzas.
-
-EL CORO
-
-En medio de nuestras conjeturas, oh príncipe, demasiado vemos que
-sólo la cólera ha podido dictar a uno y otro semejante lenguaje. Pero
-dejemos tales palabras inútiles y pensemos sólo en la mejor manera
-posible de cumplir el oráculo.
-
-TIRESIAS
-
-Por muy rey que seáis, Edipo, os responderé como a mi igual, pues no
-soy vuestro esclavo ni lo sería de Creón si llegase a reinar: Apolo es
-el único a quien sigo. Me habéis ultrajado, me habéis reprochado la
-pérdida de los ojos; los vuestros están abiertos, no lo niego; pero
-no veis en qué males estáis hundido, en qué morada vivís, con quién
-habitáis... ¿Sabéis de quién procedéis? Ignoráis que sois el enemigo de
-los vuestros, de los que están entre los muertos y de los que están aún
-sobre la tierra. Las dos furias vengadoras de una madre y de un padre
-os herirán a la vez y os echarán luego de esta comarca; veis ahora
-la luz y no veréis ya sino las tinieblas. ¡Qué ribera, qué antro del
-Citerón no resonará con vuestros lamentos, cuando conozcáis lo que es
-el tempestuoso himeneo en que creísteis hallar un puerto tranquilo! ¡No
-conocéis la cadena de horrores que debe asimilaros a vuestros hijos y
-a vuestros hijos a vos! Ahora, desencadenaos contra Creón y contra mí;
-ya que entre todos los mortales confundidos por el infortunio no habrá
-nunca ninguno tan criminal como vos.
-
-EDIPO
-
-¿Sufriré por más tiempo semejantes ultrajes? Perecerá... Huye sin
-tardanza, huye y sal para siempre de aquí.
-
-TIRESIAS
-
-No hubiera venido si no me hubierais llamado.
-
-EDIPO
-
-No podía imaginar que palabras tan insensatas salieran de tu boca; no
-me hubiera apresurado tanto a llamarte.
-
-TIRESIAS
-
-Os parezco insensato. Era sabio a los ojos de quienes os dieron el ser.
-
-EDIPO
-
-¿Quiénes son? No te vayas... ¿A qué mortales debo el nacimiento?
-
-TIRESIAS
-
-La misma luz alumbrará tu nacimiento y tu muerte.
-
-EDIPO
-
-Es demasiado prolongar palabras enmarañadas y obscuras.
-
-TIRESIAS
-
-¡Érais en otro tiempo tan hábil para penetrar tales enigmas!...
-
-EDIPO
-
-¡Insúltame ahora en las ventajas que son mi gloria!
-
-TIRESIAS
-
-Esas ventajas os han perdido.
-
-EDIPO
-
-¿Qué me importa mi pérdida si he salvado a la ciudad?
-
-TIRESIAS
-
-Me retiro. Niño, conducidme.
-
-EDIPO
-
-Que te conduzca, ya que extiendes a tu paso la turbación y el desorden;
-cuando estés lejos de aquí, no nos importunarás.
-
-TIRESIAS
-
-Salgo; pero al partir diré, sin temer vuestra presencia, cuanto tenía
-que decir, pues no está en vuestro poder el perderme. Os anuncio que el
-asesino que buscáis, que amenazáis y que queréis castigar por la muerte
-de Layo, pasa aquí por un extranjero admitido en el número de nuestros
-ciudadanos; pero que pronto será reconocido por verdadero hijo de
-Tebas, y ese cambio no será para él motivo de alegría; pues ve la luz
-y no la verá más; es rico, y se tornará pobre, y explorando su camino
-con un báculo que le servirá de apoyo, pasará a una tierra extranjera.
-Se juntarán en él el padre y el hermano de sus hijos, el hijo y el
-esposo de la que le dio el ser, el asesino de su padre y el marido de
-su madre. Volved ahora a vuestro palacio y meditad sobre lo que acabáis
-de oir; si podéis llamarme mentiroso decid que no sé nada del arte de
-la adivinación.
-
-EL CORO
-
-¿Quién es aquel a quien el antro profético de Delfos ha denunciado como
-el asesino cuyas manos ensangrentadas cometieron el más horrible de
-los crímenes? En seguida debe, con pie más ligero que los más veloces
-corceles, precipitar su fuga. El hijo de Zeus, armado de relámpagos, se
-apercibe a confundirle y las furias terribles e inevitables siguen los
-pasos del dios. Su voz inmortal acaba de resonar en el Parnaso nevado y
-nos manda seguir por todas partes las huellas del matador desconocido.
-Sin duda, semejante a un toro salvaje, vaga por la espesura de los
-bosques, por las cavernas, por las rocas desiertas; y arrastrando con
-dolor su vida solitaria intenta esquivar los oráculos de Delfos; pero
-esos oráculos, que no mueren nunca, le siguen y vuelan tras él. ¡Con
-qué horribles, con qué espantosos pensamientos el sabio adivino ha
-turbado nuestro espíritu! No podemos ni acogerlos ni rechazarlos; no
-sabemos lo que hemos de decir. Nos abandonamos al vuelo de la esperanza
-sin mirar a los lados ni atrás. ¿Qué motivo de querella ha podido haber
-nunca entre los Labdácidas y el hijo de Polibio? Lo ignoramos y no
-sabemos tampoco en virtud de qué conjeturas, entregándonos a la voz
-que acaba de hacerse oir entre nosotros, podríamos vengar en Edipo la
-muerte de Layo de la que se ignora el autor.
-
-Zeus y Apolo no lo ignoran; conocen todas las acciones de los mortales.
-Pero nada podrá persuadirnos de que un adivino esté más enterado que
-nosotros y que la sabiduría de un hombre le ponga por encima de la de
-otro. No, nunca, sin estar convencidos por el testimonio de nuestros
-ojos, uniremos nuestra voz a la de los acusadores de Edipo. Cuando el
-monstruo alado con rostro de mujer apareció ante él, ¿no dio brillante
-muestra de su sabiduría y de su buena voluntad para nuestra patria?
-Después de tan gran servicio, nuestro espíritu se resiste a no ver en
-él sino un mal hombre.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO TERCERO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-CREÓN, EL CORO
-
-CREÓN (_Al Coro._)
-
-Tebanos, al tanto de las acusaciones graves de que Edipo me ha hecho
-objeto, y no pudiendo soportar tal vergüenza, vengo en vuestra
-busca; como nunca, con mis acciones o con mis palabras, he intentado
-perjudicarle, prepararle la pena que sufre y de que me juzga el autor,
-con tal oprobio sobre mí, desearía poco prolongar mis días; pues no se
-trata de una imputación leve, sino grave en extremo, ya que no tiende
-nada menos que a declararme pérfido con vosotros, con mis amigos y con
-la patria.
-
-EL CORO
-
-Es un ultraje que la violencia de la cólera, más que el sentimiento de
-la verdad, ha lanzado contra vos.
-
-CREÓN
-
-¿Cómo ha podido decir que yo había comprometido al adivino a proferir
-esa mentira?
-
-EL CORO
-
-Lo ha dicho; pero no sabemos con qué fundamento.
-
-CREÓN
-
-¿Su rostro y su actitud no denotaban algún extravío en su espíritu?
-
-EL CORO
-
-No sabemos; pues no hacemos objeto de investigación a nuestros señores.
-Pero he aquí al rey que sale de su palacio.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, EDIPO
-
-EDIPO
-
-¡Vos aquí! ¿Cómo habéis osado presentaros de nuevo? ¿Con qué cara
-osáis acercaros a este palacio, vos que me asesináis, que conspiráis
-abiertamente para arrebatarme el trono? Hablad; en nombre de los
-dioses, decidme si habéis descubierto en mi persona algún indicio
-de flaqueza o de demencia que os haya llevado a emprender esa
-conspiración. ¿Pensabais que yo no me percataría del artificio con
-que habéis envuelto vuestros propósitos y que al descubrirlo no me
-vengaría? ¿No es para vos la más loca de las empresas pretender, sin
-amigos y sin la aquiescencia del pueblo, usurpar un trono que sólo
-puede adquirirse con tesoros y con el apoyo de la multitud?
-
-CREÓN
-
-¿Sabéis ahora lo que habéis de hacer? A cuanto acabáis de decirme
-escuchad lo que he de responder, y cuando estéis enterado, juzgadme.
-
-EDIPO
-
-Vos sois muy hábil para discurrir, y yo muy inhábil para asesorarme por
-vos, en quien he descubierto un enemigo peligroso.
-
-CREÓN
-
-Prestad oído un momento a lo que voy a deciros.
-
-EDIPO
-
-No me digáis que no sois el más pérfido de los hombres.
-
-CREÓN
-
-Si pensáis que la obstinación es un bien, carecéis de prudencia y
-estáis en un error.
-
-EDIPO
-
-Si pensáis poder atacar a un pariente sin que ello os traiga perjuicio,
-no es más pequeño vuestro error.
-
-CREÓN
-
-Lo que decís es justo, lo confieso. Pero dignaos decirme qué injuria
-habéis sufrido de mi parte.
-
-EDIPO
-
-¿No me habíais persuadido de que era preciso enviar por ese famoso
-adivino?
-
-CREÓN
-
-Sin duda, y aún estoy en la misma creencia.
-
-EDIPO
-
-¿Cuánto tiempo hace que Layo...?
-
-CREÓN
-
-¿Qué queréis decir? No adivino...
-
-EDIPO
-
-¿Desapareció y murió a manos de un asesino?
-
-CREÓN
-
-Un largo espacio de tiempo ha transcurrido ya.
-
-EDIPO
-
-¿Y ese adivino era entonces lo que es en su arte?
-
-CREÓN
-
-Era tan hábil y estaba tan en boga como hoy.
-
-EDIPO
-
-¿Y entonces habló de mí?
-
-CREÓN
-
-No, nunca, al menos en mi presencia.
-
-EDIPO
-
-¿Y no hiciste ninguna indagación sobre la muerte de Layo?
-
-CREÓN
-
-La hicimos, sin duda; ¿cómo íbamos a descuidar eso? Pero no pudimos
-averiguar nada.
-
-EDIPO
-
-¿Y cómo tan hábil adivino no dijo entonces lo que hoy dice?
-
-CREÓN
-
-No sé; no me gusta hablar de lo que ignoro.
-
-EDIPO
-
-Pero lo que os atañe no lo ignoraréis al menos, y lo podréis decir.
-
-CREÓN
-
-¿Qué podré decir? Si lo sé, no me negaré a ello.
-
-EDIPO
-
-Que si Tiresias no se hubiera aliado con vos, no me hubiera achacado
-nunca la muerte de Layo.
-
-CREÓN
-
-Vos sabréis si os la achaca; en cuanto a mí, creo justo interrogaros a
-mi vez.
-
-EDIPO
-
-Interrogad; no temo verme convicto de asesinato.
-
-CREÓN
-
-¿Qué? ¿El himeneo no os unió con mi hermana?
-
-EDIPO
-
-No puedo negarlo.
-
-CREÓN
-
-¿No reináis aquí con ella? ¿No participáis de su imperio?
-
-EDIPO
-
-Y todo lo que quiere lo obtiene fácilmente de mí.
-
-CREÓN
-
-¿No soy tratado de igual a igual por vosotros dos?
-
-EDIPO
-
-Y en eso se ve la perfidia de un amigo como vos.
-
-CREÓN
-
-No, si me dais tiempo de explicarme, como yo os lo he dado. ¿Pensáis,
-por de pronto, que nadie preferiría nunca el poder supremo, con mezcla
-de temor, a ese mismo poder tranquilo y libre de inquietud? En cuanto
-a mí, lo que puede halagarme no es tanto tener el nombre de rey como
-tener el poder; y todo hombre prudente pensará como yo. Todo lo que
-puedo desear lo recibo de vos exento de alarmas. Si reinase yo, ¿a
-cuántas acciones no estaría obligado que contradirían mis deseos?
-¿Cómo el goce del trono me sería más agradable que un poder tan sin
-límites, pero sin pena ni inquietud? No hay seducción que pueda hacerme
-preferir cosa alguna a un bien que reúne tantas ventajas. Hoy soy
-buscado por todo el mundo, todos me acarician y me halagan, a mí se
-dirigen los que os necesitan, por mí consiguen lo que piden. ¿Cómo
-podría yo, renunciando a tales dulzuras, ambicionar otras? Con un
-poco de prudencia, un espíritu razonable no llega a ser malo. Nunca
-mi corazón se inclinó a propósitos semejantes y nunca hubiera podido
-unirme con quien fuera capaz de ejecutarlos. Si queréis la prueba de lo
-que os digo, id a Delfos e informaos de si he interpretado fielmente
-la respuesta del oráculo. Si descubrís que he podido aliarme con el
-arúspice y conspirar contra vos en unión suya, pronunciad, si no basta
-una sola para perderme, dos sentencias y añadid mi voto al vuestro;
-pero no me acuséis arbitrariamente y por vagas sospechas, que no es
-justo confundir de un modo ligero a los malos con los buenos y a los
-buenos con los malos. Pensad que privarse de un amigo verdadero es (me
-atrevo a decirlo) privarse de la vida, a la que se tiene tanto apego.
-Pero el tiempo os hará conocer lo que debéis pensar. Sólo el tiempo
-muestra cuál es el hombre justo; un solo día basta para descubrir al
-malo.
-
-EL CORO
-
-Si queréis evitar, oh príncipe, caer en el error, las advertencias de
-Creón no pueden sino seros útiles. La demasiada prevención nos pone en
-peligro de engañarnos.
-
-EDIPO
-
-Cuando un enemigo se dispone a atacarme en secreto, es necesario que, a
-mi vez, yo me disponga a rechazar el ataque. Si permanezco tranquilo,
-si no me apresuro, su plan se ejecuta y mis propósitos son vanos.
-
-CREÓN
-
-En fin, ¿qué queréis? ¿Echarme de esta tierra?
-
-EDIPO
-
-Es demasiado poco; quiero vuestra muerte, y no vuestro destierro.
-
-CREÓN
-
-Cuando me hayáis mostrado qué motivo de malquerencia y de reproche
-podéis tener contra mí.
-
-EDIPO
-
-Me habláis como si no creyeseis en mis amenazas o quisierais
-desafiarlas.
-
-CREÓN
-
-No veo vuestro espíritu conducido por la razón.
-
-EDIPO
-
-Lo está para lo que me atañe.
-
-CREÓN
-
-Lo debe estar también para lo que me concierne.
-
-EDIPO
-
-¡Cómo! ¡Si sois un traidor!
-
-CREÓN
-
-Pero si os engañáis...
-
-EDIPO
-
-Quiero ser obedecido.
-
-CREÓN
-
-No lo seréis si reináis mal.
-
-EDIPO
-
-¡Tebas, Tebas!
-
-CREÓN
-
-No la llamaréis vos sólo: la llamaré yo también en mi socorro.
-
-EL CORO
-
-Príncipes, cesad. He ahí a Yocasta que sale del palacio; viene a punto
-para mediar en vuestra querella.
-
-
-ESCENA III
-
-LOS PRECEDENTES, YOCASTA
-
-YOCASTA
-
-¡Infortunados! ¿Qué combate es ese de palabras imprudentes con que os
-humilláis uno a otro? ¿No os avergonzáis, en medio de las miserias
-públicas, de suscitaros además males domésticos? Entrad en vuestro
-palacio, Edipo; vos, Creón, volved al vuestro. No hagáis de una pequeña
-causa un gran motivo de pena.
-
-CREÓN
-
-Hermana mía, se trata de una suerte cruel que me prepara Edipo, vuestro
-esposo, haciéndome escoger entre estos dos suplicios: el destierro o la
-muerte.
-
-EDIPO
-
-Sí, puesto que le he sorprendido tramando contra mi vida una
-conspiración abominable.
-
-CREÓN
-
-No goce yo más tiempo de la luz, perezca bajo el peso del odio celeste,
-si soy culpable de lo que me acusa.
-
-YOCASTA
-
-En nombre de los dioses, Edipo, creed en su palabra. Considerad el
-juramento que dirige a los inmortales; considerad los deseos de vuestra
-esposa y los de vuestro pueblo.
-
-EL CORO
-
-Que vuestro propio corazón, que la razón, gran príncipe, os fuercen a
-rendiros, os lo suplicamos.
-
-EDIPO
-
-¿Qué exigís de mí?
-
-EL CORO
-
-Respetar a un príncipe ya digno de vuestra consideración y cuyo
-juramento además debe realzarle a vuestros ojos.
-
-EDIPO
-
-¿Sabéis lo que me pedís?
-
-EL CORO
-
-Sin duda.
-
-EDIPO
-
-Explicaos.
-
-EL CORO
-
-No tratar como a un criminal cargado de oprobios a un amigo a quien la
-religión del juramento ha consagrado, cuando no tenéis ninguna prueba
-evidente contra él.
-
-EDIPO
-
-Sabed, pues, que al pedirme esa gracia me pedís a mí mismo o mi
-destierro o mi muerte.
-
-EL CORO
-
-Ponemos por testigo al sol, el más brillante de los inmortales;
-perezcamos abandonados de los dioses y de nuestros amigos, víctimas
-de la suerte más funesta, si semejante pensamiento ha tenido entrada
-en nuestro espíritu. Pero ¡infelices de nosotros! el estado horrible
-de la patria nos desgarra el corazón y sentimos aún aumentar nuestro
-infortunio si la desgracia de vuestras visiones colma nuestros males.
-
-EDIPO
-
-Bien, que escape a mi venganza, que deba yo perecer o verme con
-indignidad expulsado de esta tierra. Sólo por vuestra súplica, no por
-la suya, me dejo conmover. En cuanto a él, esté donde esté, no puede
-ser a mis ojos sino objeto de odio.
-
-CREÓN
-
-No cedéis sino a pesar vuestro: lo veo; pero ese pesar os dolerá cuando
-vuestra cólera haya tenido término. Un carácter como el vuestro lleva
-en sí mismo su propio castigo.
-
-EDIPO
-
-Salid o dejadme.
-
-CREÓN
-
-Salgo sin que me hagáis justicia; pero justificado a los ojos del
-pueblo. (_Sale._)
-
-EL CORO (_A Yocasta._)
-
-¿Por qué, Princesa, demoráis el tornar al rey a su palacio?
-
-YOCASTA
-
-Quisiera saber qué acontecimiento...
-
-EL CORO
-
-Sospechas sin fundamento han surgido y atormentan a quien no las merece.
-
-YOCASTA
-
-Por una y otra parte.
-
-EL CORO
-
-Es muy cierto.
-
-YOCASTA
-
-¿Sobre qué discutían?
-
-EL CORO
-
-Basta ya, a nuestro juicio. Muchas desgracias pesan sobre la ciudad;
-detengámonos donde termina su querella.
-
-EDIPO
-
-¿No veis, hombres prudentes, a lo que conducen esas palabras?
-Abandonáis mis intereses y desgarráis mi corazón.
-
-EL CORO
-
-Os lo hemos dicho ya, oh rey nuestro, estad convencido; mereceríamos
-pasar por insensatos, incapaces de reflexión, si nos separásemos de
-vos, oh príncipe, de vos que habéis levantado nuestra patria y la
-habéis sacado de la situación deplorable a que se hallaba reducida.
-Seguid siendo ahora nuestra guía y salvadnos si os es posible.
-
-YOCASTA
-
-En nombre de los dioses, Edipo, decidme de dónde puede proceder la
-violenta cólera de que estáis animado.
-
-EDIPO
-
-Os lo diré, señora (pues mis consideraciones para vos irían aun más
-lejos): procede de Creón y de la conspiración que ha tramado contra mí.
-
-YOCASTA
-
-¿Tenéis algún evidente motivo de acusación?
-
-EDIPO
-
-Dice que soy yo el matador de Layo.
-
-YOCASTA
-
-¿Lo dice como sabiéndolo por sí mismo o como habiéndose enterado por
-algún otro?
-
-EDIPO
-
-Lo dice por boca de un pérfido adivino que me ha enviado y que se
-complace por doquier en desencadenar su lengua contra mí cuanto le es
-posible.
-
-YOCASTA
-
-Dejad un momento el cuidado que os ocupa; escuchadme y ved hasta qué
-punto el arte de la adivinación es quimérico entre los humanos; os lo
-probaré en pocas palabras. Un oráculo fué enviado a Layo (no diré que
-viniese del mismo Febo, sino de uno de sus ministros). Este oráculo
-anunciaba que su destino le condenaba a perecer a manos de un hijo que
-tendría conmigo, y sin embargo, es público que bandidos extranjeros le
-asesinaron en un sitio donde el camino se divide en tres ramales. En
-cuanto a su hijo, apenas habían transcurrido tres días de su nacimiento
-cuando, atándole los pies, Layo le hizo abandonar, por manos extrañas,
-en una montaña inaccesible. Así el oráculo de Apolo no se realizó; mi
-hijo no fué el asesino de su padre y Layo no murió a manos de su hijo,
-como tanto lo había temido. A esto vinieron a parar todos los vanos
-discursos proféticos. Cesad, pues, de inquietaros. Lo que los dioses
-quieren indagar lo descubren sin trabajo.
-
-EDIPO
-
-¡Qué sorpresa escuchándoos, señora, acaba de turbar mi ánimo y de
-llenarme de confusión!
-
-YOCASTA
-
-¿Qué inquietud os asalta y os hace hablar así?
-
-EDIPO
-
-Creo haberos oído decir que Layo fué asesinado en un camino que se
-divide en tres ramales.
-
-YOCASTA
-
-Sí; pues así se dijo y no ha cesado de repetirse.
-
-EDIPO
-
-¿Y en qué comarca está el lugar donde la muerte se cometió?
-
-YOCASTA
-
-En la Fócida. Dos caminos diferentes que vienen de Delfos y de Daulis y
-convergen en un tercero.
-
-EDIPO
-
-¿Y en qué tiempo ocurrió ese acontecimiento?
-
-YOCASTA
-
-Se hizo público en la ciudad poco antes de que vos subieseis al trono
-de Tebas.
-
-EDIPO
-
-¡A qué me habéis destinado, oh Zeus!
-
-YOCASTA
-
-¿Qué pensamiento os agita, Edipo?
-
-EDIPO
-
-No me interroguéis. Decidme solamente cuál era la estatura y el aspecto
-de Layo, y qué edad representaba.
-
-YOCASTA
-
-Era alto; sus cabellos comenzaban a blanquear y su rostro tenía algún
-parecido con el vuestro.
-
-EDIPO
-
-Triste de mí. ¡Ha sido, pues, sobre mí mismo sobre quien he lanzado
-hace un momento, sin saberlo, mis horribles imprecaciones!
-
-YOCASTA
-
-Príncipe, ¿qué decís? No me atrevo ni aun a miraros.
-
-EDIPO
-
-Mucho me temo que sea el adivino demasiado clarividente. Me aseguraré
-más, si queréis seguir respondiéndome.
-
-YOCASTA
-
-Tiemblo. No obstante, interrogadme y os diré lo que pueda saber.
-
-EDIPO
-
-¿Viajaba sin pompa o iba acompañado de numerosos satélites como cuadra
-a un rey?
-
-YOCASTA
-
-Cinco hombres constituían su séquito; en ese número estaba comprendido
-un heraldo. No llevaba más que un sólo carro.
-
-EDIPO
-
-¡Todo se ha aclarado! ¿Y quién, señora, os trajo la noticia de la
-muerte de Layo?
-
-YOCASTA
-
-Un hombre de su séquito, el único que escapó.
-
-EDIPO
-
-¿Y ese hombre, está ahora en este palacio?
-
-YOCASTA
-
-Ya no está; pues tan luego como regresó y os vio, después de la muerte
-de Layo, tornaros dueño de este imperio, me suplicó, cogiéndome la
-mano, que le enviase al campo y le encargase de la guarda de los
-rebaños para ahorrarle el dolor de ver nunca más esta ciudad. Le envié;
-pues, aunque esclavo, hubiera merecido por adhesión una gracia aun más
-particular.
-
-EDIPO
-
-¿Se le podría mandar llamar en seguida?
-
-YOCASTA
-
-Sin duda... Pero, ¿cuál es vuestro designio haciéndole venir?
-
-EDIPO
-
-Temo en lo profundo de mi corazón, que se me haya dicho demasiado; por
-eso quiero verle.
-
-YOCASTA
-
-Seréis complacido. Pero, señor, ¿me concederéis la gracia de enterarme
-de lo que os atormenta?
-
-EDIPO
-
-Me guardaré bien, señora, de negárosla, en medio del caos de esperanzas
-a que me abandono todavía. Y ¿a quién podría confiarme mejor que a vos,
-en las circunstancias singulares en que me encuentro? Mi padre, que se
-llama Polibio, es de Corinto, mi madre de Doria, y se llama Mérope. Yo
-era considerado en Corinto como el primero de los ciudadanos, antes
-que la suerte diera lugar a un acontecimiento que no deja de ser
-sorprendente, pero que no merecía las inquietudes que me causó. En un
-banquete, un hombre presa de la embriaguez me dijo en el calor del
-vino que yo no era sino un hijo adoptivo que habían dado a mi padre.
-Bajo el peso de tal insulto me costó trabajo contenerme durante el
-resto del día. Pero al siguiente fuí en busca de los autores de los
-míos y les hice oir mis quejas. Se indignaron del ultraje que me había
-hecho el que aventuró semejantes palabras. Su respuesta me dio alguna
-alegría; sin embargo, lo que se me había dicho había penetrado muy
-hondo para no desgarrarme el corazón. Sin saberlo mis padres partí
-en secreto para Delfos. Apolo, a quien consulté, me dejó volver sin
-dignarse responder a las preguntas que yo había venido a hacerle;
-pero me anunció, sin oscuridad, cuanto hay de más horrendo, de más
-deplorable, de más terrible. Me dijo que debía casarme con mi madre;
-que daría el ser a una raza execrable a los ojos de los mortales, que
-sería el asesino de mi padre. Apenas hube oído estas palabras, resuelto
-a abandonar Corinto y a no medir en adelante la distancia a que pudiera
-hallarme de dicha ciudad sino por la de los astros, emprendí la huída
-hacia lugares donde pudiera evitar la realización de los oráculos
-crueles que me habían sido anunciados. Avanzo; me acerco al sitio en
-que decís que Layo fué asesinado, y osaré, señora, deciros la verdad.
-Cuando estuve cerca del lugar donde convergen los tres caminos, un
-heraldo y un hombre como el que habéis descrito, montado en un carro,
-me salieron al paso. El auriga y el mismo anciano quisieron apartarme
-con violencia. En mi cólera, golpeo al guía audaz que me empujaba fuera
-del camino: el anciano que me ve pasar junto al carro aprovecha la
-ocasión y me alcanza con su látigo en medio de la cabeza; en seguida
-recibió un castigo más grande que el golpe que me había dado. Le golpeé
-con el bastón de que mi mano estaba armada y en el mismo momento cayó
-de lo alto de su carro, boca arriba, y rodó por el polvo. Todos sus
-acompañantes perecieron a mis golpes. ¿Si aquel extranjero tiene algo
-de común con Layo, quién fué nunca más desgraciado que yo? ¿Qué mortal
-fué más odiado por los dioses? Ningún ciudadano, ningún extranjero
-podrá ya hablarme ni recibirme en su casa; todos me rechazarán de su
-hogar. ¡Y esta sentencia, estas imprecaciones yo mismo las he lanzado
-sobre mí! ¡Mis manos, estas manos ensangrentadas mancillan el lecho de
-aquel a quien asesinaron! ¿Soy en efecto un criminal? ¿Soy un mortal
-impuro? Yo que estoy obligado a huir para evitar, huyendo, encontrar
-nuevamente a los autores de mis días y poner los pies en mi patria, de
-nuevo me expongo a unirme con mi madre en himeneo incestuoso y a llegar
-a ser el asesino de mi padre, de Polibio, a quien debo la crianza y la
-vida. ¿Quién, ante los males, por un dios cruel acumulados sobre mí,
-podría justificarle? Haced, haced, oh majestad santa de los inmortales,
-que semejante día no luzca nunca para mí; que yo desaparezca de la
-morada de los hombres antes de ver sobre mi frente el estigma de tal
-desgracia.
-
-EL CORO
-
-Lo que acabamos de oir, oh rey nuestro, nos hiela de terror; no
-obstante, conservad aún alguna esperanza.
-
-EDIPO
-
-La única esperanza que me queda, lo mismo que a vosotros, está en ese
-hombre encargado de la guarda de nuestros rebaños.
-
-YOCASTA
-
-¿Qué podéis esperar de su presencia?
-
-EDIPO
-
-Voy a explicároslo. Si confirma exactamente vuestro relato, no temeré
-ya ser criminal.
-
-YOCASTA
-
-¿Qué he dicho yo que pueda ser tan ventajoso para vos?
-
-EDIPO
-
-Que, según los relatos de ese hombre, Layo fué asesinado por bandidos.
-Si persiste en hablar de varios asesinos, no soy yo quien le hice
-perecer, pues uno solo no es posible que parezca varios; pero si no
-designa más que un solo hombre, todo está aclarado y a mí es imputable
-el crimen.
-
-YOCASTA
-
-Ese hombre se explicó bien, no lo dudéis; no le es posible retractarse;
-no soy yo sola quien le ha oído: toda la ciudad ha podido oirle como
-yo. Pero aunque llegase a cambiar de lenguaje, no nos demostraría
-que la muerte de Layo haya justificado el oráculo de Apolo, que
-había anunciado que el príncipe moriría a manos de su hijo. Ese hijo
-infortunado no ha hecho perecer a su padre, sino que él pereció
-antes miserablemente. Así, en este caso, como en cualquier otro que
-sobrevenga, no puedo dar fe a la palabra de un adivino.
-
-EDIPO
-
-Tenéis razón. Con todo, enviad a buscar a ese hombre: no descuidéis eso.
-
-YOCASTA
-
-Voy a enviar por él al punto. Pero entremos. No quiero hacer nada que
-no os sea grato.
-
-EL CORO
-
-¡Concédanos el cielo la dicha de conservar en nuestras palabras y
-acciones la incorruptible pureza, cuyas leyes sublimes nacieron en
-el seno de las regiones celestes! No deben el ser estas leyes a la
-raza de los mortales; el Olimpo solo les dio nacimiento, y el sueño
-del olvido no podrá jamás alcanzarlas. Por ellas Zeus es grande y
-no envejece nunca. La tiranía produce el orgullo, que, locamente
-embriagado de cuanto hay de extravagante, se eleva a las alturas
-escarpadas, donde sus pasos tórnanse vacilantes y poco firmes. Poderoso
-dios, no interrumpamos estos debates esclarecedores, que deben salvar
-a la ciudad; oye los votos que te dirigimos y nunca cesaremos de
-considerarte como nuestro dios tutelar.
-
-Si, sin temor a la justicia, sin respetar las moradas eternas de los
-dioses, algún mortal da rienda suelta a su orgullo en sus palabras o en
-sus actos; si aumenta sus riquezas por medios ilícitos; si persiste en
-su impiedad y se apega insensatamente a deseos que le están vedados,
-que el destino más funesto sea su patrimonio, y la sanción de su
-culpable insolencia. ¿Y quién vendría entonces a defenderle de los
-dardos destinados a horadar su alma? Si semejantes acciones fueran
-honradas, ¿para qué en adelante nuestras danzas sagradas en honor de
-los inmortales? No iríamos ya con nuestros votos al lugar sagrado
-que se llama el centro de la tierra, ni al templo abesiano, ni al de
-Olimpia, donde Zeus es adorado, si los oráculos que han sido publicados
-resultan inútiles para los humanos. ¡Oh, soberano de los dioses, oh
-Zeus, tú que tienes bajo tu imperio el universo, si es cierto que te
-dignas oirnos, no te olvides de ti mismo; no olvides los intereses
-de tu poder inmortal! Ya las predicciones anunciadas a Layo son
-consideradas como nulas; Apolo no tendrá ya honores que pretender: el
-culto de los dioses está destruido.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO CUARTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-YOCASTA, EL CORO
-
-YOCASTA (_Al Coro._)
-
-Cabezas de esta comarca, se me ha venido al pensamiento ir al templo de
-nuestros dioses a ofrecer las guirnaldas y los perfumes que llevo en
-las manos; pues Edipo deja arrebatar su espíritu por mil ideas crueles.
-Ya, como un hombre fuera de sí, juzga del presente por el pasado,
-no escucha sino las palabras que le anuncian algún motivo de temor.
-Intento tranquilizarle, y mis esfuerzos son inútiles. Apolo Licio, a
-vos cuyo altar está aquí cerca, a vos voy a llevar mis votos y mis
-ofrendas. Dignaos favorecernos con vuestros divinos socorros; todos
-temblamos viendo la consternación de que es presa el piloto del estado.
-
-
-ESCENA II
-
-UN MENSAJERO, YOCASTA, EL CORO
-
-UN MENSAJERO (_Al Coro._)
-
-¿Podríais decirme, oh tebanos, dónde está el palacio de Edipo y, sobre
-todo, si lo sabéis, en dónde puede estar el rey?
-
-EL CORO
-
-Extranjero, he ahí su palacio; Edipo está en su casa; esta princesa es
-la madre de los hijos del rey.
-
-EL MENSAJERO
-
-¡El cielo la haga dichosa! ¡Que la ilustre esposa de tal príncipe no
-vea en torno suyo sino corazones felices!
-
-YOCASTA
-
-Extranjero, sed feliz también; merecéis serlo en premio de vuestros
-favorables deseos; pero decidnos qué asunto os trae y qué tenéis que
-hacernos saber.
-
-EL MENSAJERO
-
-Un acontecimiento favorable para vuestra casa y para vuestro esposo.
-
-YOCASTA
-
-¿Qué acontecimiento? ¿De dónde venís?
-
-EL MENSAJERO
-
-Vengo de Corinto; la noticia de que voy a daros parte no puede menos de
-alegraros... y de afligiros a la vez.
-
-YOCASTA
-
-¿Qué noticia es esa y cómo podrá producir efectos tan contrarios?
-
-EL MENSAJERO
-
-Los habitantes del istmo van a nombrar a Edipo rey de la comarca. Así
-se dice.
-
-YOCASTA
-
-¡Cómo! ¿El viejo Polibio no es ya el soberano?
-
-EL MENSAJERO
-
-No lo es ya, pues la muerte le encerró en la tumba.
-
-YOCASTA (_A una de sus mujeres._)
-
-Esclava, corred a anunciar al rey lo que acabáis de oir. (_Aparte._)
-¡Predicciones de los dioses, en lo que habéis quedado! Edipo huyó hace
-tiempo la presencia de Polibio para evitar darle la muerte, y he aquí
-que, previniendo ese golpe fatal, Polibio sucumbe sin morir a sus manos.
-
-
-ESCENA III
-
-LOS PRECEDENTES, EDIPO
-
-EDIPO
-
-Yocasta, cara esposa, ¿para qué me mandáis llamar?
-
-YOCASTA
-
-Escuchad a este extranjero, y ved, luego de oirle, en lo que quedan las
-respetables predicciones de los dioses.
-
-EDIPO
-
-¿De qué país es y qué viene a decirme?
-
-YOCASTA
-
-Es de Corinto; os anuncia que vuestro padre ya no existe, que sus días
-han terminado.
-
-EDIPO
-
-¿Qué decís, extranjero? Explicadme vos vuestro mensaje.
-
-EL MENSAJERO
-
-Sí, ante todo he de confirmaros lo que he dicho: sabed que, en efecto,
-Polibio ha muerto.
-
-EDIPO
-
-¿Se ha conspirado contra su vida, o alguna enfermedad le ha hecho
-perecer?
-
-EL MENSAJERO
-
-El menor accidente basta para precipitar en la tumba un cuerpo
-debilitado por los años.
-
-EDIPO
-
-¿El infortunado, por lo visto, ha sucumbido a una enfermedad?
-
-EL MENSAJERO
-
-Había vivido largos años.
-
-EDIPO
-
-¿Quién podría, señora, en adelante, recurrir al antro profético de
-Delfos, al vano lenguaje de las aves, a esos oráculos que me anunciaban
-que debía matar a mi padre? Muere, desciende a la tumba; y yo, yo estoy
-aquí, no he atentado contra su vida, a menos que el dolor de haberme
-perdido no haya anticipado su muerte; pues sólo de esta manera puedo
-ser su asesino. Así, pues, Polibio, con todos sus frívolos oráculos,
-yace ahora en la morada de los muertos.
-
-YOCASTA
-
-¿No os lo había yo dicho?
-
-EDIPO
-
-Me lo habéis dicho, pero mi corazón no escuchaba sino su temor.
-
-YOCASTA
-
-Desterrad de vuestro espíritu todos esos pensamientos.
-
-EDIPO
-
-¡Cómo! ¿No debo aun temer el lecho de mi madre?
-
-YOCASTA
-
-¿Qué debe temer un mortal a quien sale bien todo lo que depende de la
-fortuna y todo lo que depende de su previsión está oculto en el obscuro
-porvenir? Lo mejor de la vida es dejarse llevar, mientras se puede, por
-el acaso. Cesad de temer vuestra unión incestuosa con la que os dio el
-ser. ¡Cuántos hombres han soñado que compartían el lecho de su madre!
-Los que no se cuidan de esas vanas ideas viven días más felices.
-
-EDIPO
-
-Todo eso sería bueno si la que me dio el ser hubiera cesado de vivir.
-Pero mientras respire no puedo, pese a vuestras razones, evitar el
-temor.
-
-YOCASTA
-
-La muerte de vuestro padre es ya para vos una gran luz.
-
-EDIPO
-
-Es grande, sin duda; pero mientras mi madre viva, tiemblo.
-
-EL MENSAJERO
-
-¿Quién es esa mujer que os inspira tanto temor?
-
-EDIPO
-
-Mérope: la esposa de Polibio.
-
-EL MENSAJERO
-
-¿Y qué puede, que se refiera a ella, alarmaros?
-
-EDIPO
-
-Una predicción terrible, anunciada por los dioses.
-
-EL MENSAJERO
-
-¿Se puede saber o debe ignorarse?
-
-EDIPO
-
-La sabréis: Febo me predijo que yo debía un día casarme con mi madre y
-que mis propias manos harían correr la sangre de mi padre. He aquí lo
-que hace largo tiempo me hizo abandonar Corinto; puedo estar contento
-de ello. ¡Sin embargo es tan dulce gozar de la vista de los que nos han
-dado el ser!
-
-EL MENSAJERO
-
-¡Cómo! ¿Ese temor os hizo dejar nuestros muros?
-
-EDIPO
-
-Quería evitar el ser un día el asesino de mi padre.
-
-EL MENSAJERO
-
-¡Cómo, habiendo venido, oh príncipe, en vuestro servicio, podría yo
-demorar el libraros de tal inquietud!
-
-EDIPO
-
-Beneficio tan grande sería pagado con un gran reconocimiento.
-
-EL MENSAJERO
-
-Eso, en efecto, ha conducido aquí mis pasos: la esperanza de que a
-vuestra vuelta a Corinto yo obtendría alguna gracia de vos.
-
-EDIPO
-
-Me guardaré bien de encontrarme allí nunca con los autores de mis días.
-
-EL MENSAJERO
-
-Hijo mío, bien se ve que ignoráis lo que hacéis...
-
-EDIPO
-
-¿Qué decís, anciano? En nombre de los dioses, dignaos instruirme.
-
-EL MENSAJERO
-
-Si por huir de vuestros padres evitáis el volver a Corinto...
-
-EDIPO
-
-Temo ver a Apolo justificar su oráculo.
-
-EL MENSAJERO
-
-¡Teméis mancillaros con algún crimen viviendo con ellos!
-
-EDIPO
-
-He ahí, anciano, he ahí el motivo eterno de mis temores.
-
-EL MENSAJERO
-
-Ignoráis que vuestros temores no tienen ningún fundamento legítimo.
-
-EDIPO
-
-¿Cómo no van a tenerlo? Siendo yo, en efecto, el hijo de Polibio...
-
-EL MENSAJERO
-
-Es que Polibio no es nada vuestro.
-
-EDIPO
-
-¿Qué decís? ¡Polibio no era mi padre!
-
-EL MENSAJERO
-
-No lo era más que lo soy yo.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué hay de semejante entre el que me dio el ser y el que no es nada
-mío?
-
-EL MENSAJERO
-
-Ni a él ni a mí nos lo debéis.
-
-EDIPO
-
-¿Y por qué me llamaba su hijo?
-
-EL MENSAJERO
-
-Sabed que os recibió de mis manos como un presente que le era caro.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué pudo hacerle querer lo que recibió de mano extraña?
-
-EL MENSAJERO
-
-El dolor de verse sin hijos.
-
-EDIPO
-
-¿Me comprasteis para darme al príncipe, o erais vos mi padre?
-
-EL MENSAJERO
-
-Yo os había encontrado oculto en una garganta del Citerón.
-
-EDIPO
-
-¿Con qué objeto andabais por esa montaña?
-
-EL MENSAJERO
-
-Guardaba rebaños que pacían en aquellos valles.
-
-EDIPO
-
-¿Ibais, pues, errante como un pastor mercenario?
-
-EL MENSAJERO
-
-Sí, hijo mío; pero fuí vuestro salvador.
-
-EDIPO
-
-¿A qué males, a qué peligros estaba yo entregado cuando vos me
-salvasteis?
-
-EL MENSAJERO
-
-Las articulaciones de vuestros pies podrían ser testigos.
-
-EDIPO
-
-¡Oh cielos! ¿Qué males antiguos venís a recordarme?
-
-EL MENSAJERO
-
-Yo os libré de los lazos que herían vuestros pies.
-
-EDIPO
-
-Es verdad; conservo la señal de las indignas mantillas con que fué
-envuelta mi niñez.
-
-EL MENSAJERO
-
-También debéis a vuestro infortunio el nombre que lleváis.
-
-EDIPO
-
-En nombre de los dioses, ¿fueron mis padres los que me dieron ese
-nombre? Explicaos.
-
-EL MENSAJERO
-
-Lo ignoro, pero aquel de quien os recibí debe saberlo mejor que yo.
-
-EDIPO
-
-¡Cómo! ¿Me recibisteis de otro y no fuisteis vos quien me encontró?
-
-EL MENSAJERO
-
-No, no fuí yo. Otro pastor os puso en mis manos.
-
-EDIPO
-
-¿Qué pastor era ese? ¿Podría yo conocerle?
-
-EL MENSAJERO
-
-Era uno de los servidores de Layo.
-
-EDIPO
-
-¿Del último rey de este país?
-
-EL MENSAJERO
-
-Del mismo. Guardaba los rebaños de ese príncipe.
-
-EDIPO
-
-¿Vive todavía? ¿Podría yo verle?
-
-EL MENSAJERO
-
-Habitantes de esta comarca, vosotros debéis saberlo.
-
-EDIPO
-
-¿Hay entre vosotros alguno que conozca al pastor de que habla este
-anciano, y que le haya visto, ya en el campo, ya aquí? Apresuraos a
-decírnoslo: he aquí el momento de descubrirlo todo.
-
-EL CORO
-
-No creemos que ese pastor sea otro que el campesino que vos habéis ya
-deseado ver. Pero Yocasta misma podría decirlo mejor que nadie.
-
-EDIPO
-
-¿Pensáis, señora, que el hombre de que hemos ya deseado la presencia
-sea el mismo a quien se refiere este anciano?
-
-YOCASTA
-
-¿Quién es ese hombre? ¿Y a quién se refiere? Dejad esas vanas
-indagaciones y no os preocupéis de lo que os ha relatado.
-
-EDIPO
-
-No, no se dirá que teniendo semejantes indicios me he descuidado en
-esclarecer mi nacimiento.
-
-YOCASTA
-
-En nombre de los dioses, si os preocupa algo vuestra vida, no persigáis
-tal averiguación. Bastante sufro ya.
-
-EDIPO
-
-Tranquilizaos ya, señora; aunque cambiando de madre por tercera vez,
-se descubriera en mí al esclavo de los esclavos, vuestro rango no se
-degradaría.
-
-YOCASTA
-
-Dejaos persuadir, os lo suplico; no hagáis indagaciones.
-
-EDIPO
-
-No obtendréis de mí que renuncie a conocer la verdad.
-
-YOCASTA
-
-Tengo grandes razones para daros mejores consejos.
-
-EDIPO
-
-Esos consejos me fatigan hace mucho tiempo.
-
-YOCASTA
-
-¡Desgraciado! ¡Haga el cielo que no conozcáis nunca quién sois!
-
-EDIPO
-
-¿Me traerán pronto al pastor? Dejadla complacerse en el orgullo de su
-origen.
-
-YOCASTA
-
-¡Infortunado! He ahí todo lo que puedo deciros y os digo por última vez.
-
-
-ESCENA IV
-
-EDIPO, EL MENSAJERO, EL CORO
-
-EL CORO
-
-¿Por qué, príncipe, por qué la reina ha salido así, cual desgarrada por
-un dolor amargo? Mucho tememos que su silencio anuncie desgracias sin
-cuento.
-
-EDIPO
-
-Que anuncie lo que quiera; no dejo por eso de querer conocer mi
-origen, por humilde que pueda ser. Llena del vano orgullo femenino,
-se avergüenza de mi obscuridad. Pero aunque yo no me considerase sino
-como el hijo feliz de la fortuna, no me creería deshonrado. Sin duda
-la fortuna es mi madre. Los meses y los días, creciendo conmigo, me
-han dado fuerza y magnitud; con semejante destino, no se me verá nunca
-cambiar hasta el punto de querer ignorar quién soy.
-
-EL CORO
-
-Si poseyéramos el arte de la adivinación; si alguna luz viniese a
-alumbrar nuestro espíritu, oh Citerón, lo juramos por el Olimpo, el
-día que luce no transcurriría sin vérsenos, agradecidos a la alegría
-que proporcionas a nuestros amos, celebrarte con nuestros cantos y
-nuestras danzas, como el conciudadano, como el nodrizo, como el padre
-de Edipo. ¡Apolo, dios conservador, seamos gratos a tus ojos! ¿Qué
-dios, hijo mío, os dio el ser? ¿Alguna hija de Febo, sorprendida en
-los bosques por el dios Pan, a quien seduce el apartamiento campesino?
-¿Hermes, quizá? ¿O acaso os recibió Dionisos de manos de las ninfas,
-habitantes del Helicón, de las ninfas que son a menudo las compañeras
-de sus juegos?
-
-EDIPO (_Viendo al pastor que le traen._)
-
-Sí, sin haber visto nunca a ese anciano, puedo hacer alguna conjetura;
-creo adivinar al pastor cuya presencia deseamos hace tiempo; su mucha
-edad concuerda con lo que se ha dicho y con la de este Extranjero.
-(_Señalando al Mensajero venido de Corinto._) Reconozco, además, a los
-que le conducen; están a mi servicio. Pero vosotros (_al Coro_) que le
-habéis conocido antiguamente, debéis saber mejor que yo...
-
-EL CORO
-
-Es él, le reconocemos, estad bien seguro. Era, más que otro alguno,
-adepto a Layo, de quien guardaba los rebaños.
-
-EDIPO
-
-A vos os interrogo ante todo, habitante de Corinto: ¿ese anciano es el
-que queréis designar?
-
-EL MENSAJERO
-
-El mismo que veis.
-
-
-ESCENA V
-
-LOS PRECEDENTES, EL DOMÉSTICO
-
-EDIPO
-
-Y vos, anciano, miradme y responded a lo que os pregunte. ¿Estabais al
-servicio de Layo?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Fuí su esclavo, no comprado, sino criado en su casa.
-
-EDIPO
-
-¿De qué trabajo estabais encargado? ¿Qué empleo era el vuestro?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Casi siempre estuve al cuidado de los rebaños.
-
-EDIPO
-
-¿A qué sitio los conducíais más frecuentemente?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Al monte Citerón y a los campos vecinos.
-
-EDIPO
-
-¿Tenéis alguna idea de haber conocido allí a este hombre?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-¿En qué ocasión? ¿Y de qué hombre me habláis?
-
-EDIPO
-
-Del hombre que aquí veis. ¿No habéis tenido relación con él?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-No la bastante para que mi memoria le recuerde con facilidad.
-
-EL MENSAJERO
-
-No tiene nada de extraño; pero, señor, voy yo a recordarle
-distintamente lo que ha echado en olvido; pues harto sé que no lo
-ignora. Cuando en el monte Citerón conducíamos, él dos rebaños y yo
-uno solo, le veía con frecuencia, durante tres meses enteros, desde el
-fin de la primavera hasta la aparición de la estrella del Norte. Al
-acercarse el invierno, yo tornaba con mi rebaño a mis establos y él
-tornaba con los suyos al de Layo. (_Al Viejo Doméstico._) ¿Lo que digo
-es verdad o no?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Lo que decís es muy cierto, bien que hace mucho tiempo.
-
-EL MENSAJERO
-
-Bien, decid. ¿Os acordáis de que me entregasteis un niño para criarle
-como mi propio hijo?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-¿Qué queréis decir y por qué esas preguntas?
-
-EL MENSAJERO (_Señalando a Edipo._)
-
-Ved, amigo mío, ved al que era entonces de una edad tan tierna.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-El cielo os confunda... ¿No os callaréis?
-
-EDIPO (_Al Viejo Doméstico._)
-
-Basta, anciano; no riñáis a este hombre. Vuestras palabras, no las
-suyas, merecen castigo.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-¿Y cuál es la falta que he cometido, mi generoso amo?
-
-EDIPO
-
-No confesar el niño de que habla.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Habla sin saber nada y fuera de sazón.
-
-EDIPO
-
-Hablarás de buen grado o los castigos te harán hablar.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-En nombre de los dioses, ahorrad a un desgraciado anciano...
-
-EDIPO
-
-Que le aten al instante las manos a la espalda.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-¡Infeliz de mí! ¿Y por qué? ¿Qué queréis saber?
-
-EDIPO
-
-¿Entregaste a este hombre el niño de que habla?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Se lo entregué. ¿Por qué no hallé aquel día el fin de mi vida?
-
-EDIPO
-
-Lo encontrarás si no dices la verdad.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Antes pereceré si la digo.
-
-EDIPO
-
-Este hombre, bien se ve, sólo busca dilaciones.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-No las busco; he dicho que se lo había entregado.
-
-EDIPO
-
-¿De quién lo habías recibido? ¿Era tuyo o de algún otro?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-No era mío; lo había recibido.
-
-EDIPO
-
-¿De qué ciudadanos? ¿De qué casa?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-En nombre de los dioses, no me preguntéis más.
-
-EDIPO
-
-Si tengo que repetirte la pregunta, date por muerto.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Era un niño nacido en casa de Layo.
-
-EDIPO
-
-¿Era un esclavo o un hijo suyo?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-¡Esto es lo que más trabajo me cuesta decir!
-
-EDIPO
-
-Y a mí oir; pero no importa, es necesario que lo oiga.
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Pasaba por hijo de Layo. Pero la reina, que está en el palacio, podría
-mejor que nadie sacaros de dudas.
-
-EDIPO
-
-¿Os entregó ella el niño?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Sí, príncipe.
-
-EDIPO
-
-¿Con qué objeto?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Para que le hiciese perecer.
-
-EDIPO
-
-¡Desgraciada! ¡Una madre!
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Temiendo un oráculo espantoso.
-
-EDIPO
-
-¿Qué decía ese oráculo?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Que el niño debía asesinar a los autores de sus días.
-
-EDIPO
-
-Y entonces, ¿cómo pudisteis entregarlo a este anciano?
-
-EL VIEJO DOMÉSTICO
-
-Tuve piedad, señor, y se lo dí a este extranjero para que lo llevase a
-su patria. Le salvó de sus males para reservarle otros mayores, pues
-si sois, en verdad, quien él dice, ¡ved todo el horror de vuestro
-infortunio!
-
-EDIPO
-
-¡Ay de mí, todo está ya en claro! Luz del día, te miro por última
-vez, yo que he nacido de quien nunca hubiera debido nacer; yo que he
-contraído lazos incestuosos; yo que he vertido la sangre que hubiera
-debido respetar.
-
-EL CORO
-
-¡Razas infortunadas de los mortales! ¡No sois a mis ojos sino vanas
-sombras! ¿Quién entre los hombres ha conocido nunca otra dicha que la
-de parecer un momento feliz, gozar un instante de tal ilusión y caer al
-punto en el abismo? Contemplando tu infortunio, no tenemos en nada la
-felicidad de los mortales, oh desgraciado Edipo, que elevándote todo
-lo alto que le es dable a un mortal, has gozado todos los favores del
-destino; que hiciste perecer al monstruo de faz de doncella armado de
-garras crueles y famoso por sus enigmas; que fuiste para nuestra patria
-una muralla contra la muerte; que mereciste, en fin, ser nombrado
-nuestro rey. Todos los honores te han rodeado en el trono brillante de
-Tebas, y ¿qué hombre en las más grandes desgracias, en las más crueles
-revoluciones de su vida fué nunca más infortunado que tú ahora? ¡Oh,
-famoso Edipo, en qué puerto has abordado como padre, esposo e hijo!
-¡Cómo, infortunado, cómo el lecho paterno ha podido sufrir en silencio
-semejantes horrores! El tiempo, que todo lo ve, te ha descubierto a tu
-pesar; hace justicia, al fin, a ese himeneo execrable, donde el que
-fué engendrado engendró a su vez. Hijo de Layo, hagan los dioses que
-no te veamos nunca. De nuestra voz gimiente, sólo se pueden ya esperar
-acentos de dolor; y para decir verdad, tú nos volviste a la vida y tú
-nos hundes nuevamente en la tumba.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO QUINTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EL CORO, UN OFICIAL DEL PALACIO
-
-EL OFICIAL
-
-¡Vosotros, a quien se reverencia en la comarca! ¡qué horrores vais a
-oir! ¡Qué aflicción va a llenar vuestros corazones, si aún os inspira
-algún interés la casa de los Labdácidas! Nunca las aguas del Istros ni
-del Fasis serán suficientes para lavar cuanto este palacio encierra de
-mancillas y de iniquidades. Unas y otras, sin que las fuerce nadie, van
-a salir a la luz. Los más aflictivos de todos los males son los que el
-infortunado se procura a sí mismo.
-
-EL CORO
-
-¡Oh, los que conocemos son ya harto dolorosos! Para añadirles más, ¿qué
-tenéis que decirnos?
-
-EL OFICIAL
-
-Una palabra bastará para enteraros. La reina ha muerto.
-
-EL CORO
-
-¡Desgraciada princesa! ¿Y cómo ha perecido?
-
-[Ilustración]
-
-EL OFICIAL
-
-Por su propia mano. Las circunstancias más dolorosas de su muerte no
-han llegado hasta mí, pues mis ojos no han podido verlas; pero en la
-medida que mi espíritu pueda sugerírmelo, vais a conocer todo lo que ha
-sufrido. Apenas, en los transportes que la agitaban, hubo franqueado
-el pórtico del palacio, arrancándose los cabellos con ambas manos, se
-dirige a su lecho nupcial: entra, cierra la puerta, llama a Layo, el
-esposo que hace tiempo no existe. Evoca la prenda antigua de su unión,
-el hijo que ha llegado a ser el asesino de su padre y que del seno
-mismo de su madre ha hecho salir una deplorable descendencia; gime
-sobre el lecho funesto donde ha tenido esposo de su esposo e hijos
-de su hijo. Ignoro cómo su muerte ha seguido a sus gemidos; pues los
-gritos de Edipo, que han resonado en mi oído, me han impedido darme
-cuenta de su deplorable fin. Mis ojos se han vuelto hacia el príncipe
-que, corriendo de acá para allá, pedía que se le diese una espada; que
-se le dijese dónde estaba su mujer, no su mujer, sino la que llevó en
-su seno al padre y a los hijos. En su extravío, un dios, sin duda, se
-lo ha hecho saber; pues ninguno de los presentes osaba responderle; lo
-cierto es que, marchando como sobre los pasos de un guía invisible,
-se lanza con gritos terribles contra la puerta, la fuerza, la hunde
-y penetra en la cámara, donde vimos a la reina pendiente del lazo
-fatal que acababa de quitarle la vida. En cuanto la ve, el infortunado
-lanza horribles rugidos y se apresura a desatar el nudo de que pende.
-Apenas cae en tierra (¡espectáculo horrible!) se apodera de los broches
-de oro de sus vestiduras y con ellos se horada los ojos, gritando que
-no la vería más, ni a ella ni al objeto de sus crímenes, ni al objeto
-de sus tormentos; y que en adelante, hundidos en las tinieblas sus
-ojos, confundirían lo que había de esquivar y lo que había de buscar.
-Pronunciando estas palabras, que repitió muchas veces, se levantó los
-párpados y se arrancó los ojos. Una sangre negra corría por su rostro,
-no gota a gota, sino como en lluvia tempestuosa. Ved cómo uno y otro
-han dado rienda suelta a su desesperación; ved cómo ambos esposos han
-mezclado sus dolores y sus males. Con lo que la antigua felicidad,
-que parecía antes digna de ese nombre, no es hoy sino lamentos,
-desesperación, oprobio y muerte; se ha cambiado en cuanto, entre
-nosotros, merece el nombre de infortunio.
-
-EL CORO
-
-Y el desgraciado, ¿qué hace en medio de sus males?
-
-EL OFICIAL
-
-Habla de abrir las puertas, de mostrar a todos los tebanos al
-que asesinó a su padre, al que de su madre... pronuncia palabras
-impuras que no me atrevo a repetir; habla de precipitarse fuera de
-nuestro muro, de que no debía permanecer aquí, bajo el peso de las
-imprecaciones que su boca ha lanzado sobre sí mismo. Pero carece de
-fuerza y de vista; sus males son demasiado grandes para que pueda
-soportarlos. Va a testimoniároslo; abre las puertas del palacio; vais a
-ver un horrible espectáculo que haría sentir compasión al enemigo más
-cruel.
-
-
-ESCENA II
-
-EDIPO, EL CORO
-
-EL CORO
-
-¡Cielos, qué horripilante estado, el más horrible de cuantos se
-hayan nunca ofrecido a nuestros ojos! Desgraciado, ¿qué delirio os
-ha arrebatado, qué demonio ha podido colmar vuestra desgracia con
-males tan crueles? ¡Ay, infortunado! En vano querríamos hablaros,
-interrogaros, miraros, ni siquiera podemos posar en vos nuestra mirada,
-de tal modo nos horroriza vuestro estado.
-
-EDIPO
-
-¡Ay, infeliz de mí! ¿Dónde estoy, en qué sitio resuena mi voz? ¿Dónde
-me has precipitado?
-
-EL CORO
-
-En cuanto hay de más horrible, de más inaudito, de más espantoso.
-
-EDIPO
-
-¡Oh nube de obscuridad extendida sobre mí, nube execrable, indecible,
-invencible, interminable! ¡Ay, cien veces ay, cuánto dolor reunido en
-el aguijón que me ha horadado los ojos y en el recuerdo de mis males!
-
-EL CORO
-
-En medio de tan gran infortunio, son en efecto dos tormentos que
-deplorar, dos tormentos que sufrir.
-
-EDIPO (_Al Coro._)
-
-¡Amigos míos, sois los únicos que me quedan; sólo vosotros no huís
-de un desgraciado privado de la luz; sólo vosotros os apiadáis de
-él! Aunque hundido en las tinieblas, sé quiénes sois, os reconozco,
-reconozco vuestra voz.
-
-EL CORO
-
-¡De qué crueldad os habéis hecho víctima a vos mismo! ¿Cómo habéis
-podido arrancaros así los ojos? ¿Qué demonio os ha inspirado ese furor?
-
-EDIPO
-
-Apolo, amigos míos; Apolo ha querido colmar así mis males. Pero no otro
-que yo me ha herido; sólo he sido yo. ¿Y de qué me hubiera servido ya
-la luz, no quedándome ya que ver sino objetos dolorosos?
-
-EL CORO
-
-¡Oh, es muy cierto!
-
-EDIPO
-
-¿Qué me quedaba, en efecto, que ver, que amar, que oir con algún
-placer? Amigos míos, daos prisa en llevarme fuera de aquí; llevaos
-a este malvado, a este miserable, cargado de imprecaciones, el más
-aborrecido de los dioses.
-
-EL CORO
-
-¡Oh desgraciado, a quien su carácter y sus infortunios han hecho por
-igual infeliz, a quien querríamos no haber conocido jamás!
-
-EDIPO
-
-¡Perezca aquel cuya piedad funesta me libró de los lazos crueles que
-oprimían mis pies y conservó mi vida! Yo hubiera muerto, y no hubiera
-sido para mis amigos y para mí un tan gran motivo de dolor.
-
-EL CORO
-
-¡Cuán menos lamentable nos hubiera parecido vuestra muerte!
-
-EDIPO
-
-No hubiera sido parricida e incestuoso a la faz del universo; y ahora
-heme aquí desgraciado y culpable; vástago de una raza mancillada, padre
-de mis hermanos y marido de mi madre; en fin, si han existido azotes
-espantosos, han caído sobre Edipo.
-
-EL CORO
-
-Sean cuales sean vuestras desgracias, no podemos aprobar el castigo que
-os habéis impuesto. Ese suplicio es más horrible que la muerte.
-
-EDIPO
-
-No escucho sobre eso ni razones ni consejos. ¿Con qué ojos, decidme,
-miraría yo en los infiernos a un padre y una madre cuya muerte se
-debe a mis crímenes? Me he castigado, y mi suerte es más dura que la
-de Yocasta. Me hubiera sido muy grato ver crecer a mis ojos hijos
-queridos; el placer de verles hubiera crecido con ellos, lo confieso;
-pero, después de mis fatales imprecaciones, no había ya para mí ni
-hijos ni patria que yo pudiese ver. Tebas misma y este palacio en que
-he nacido, estos muros, estas torres, estos templos, estas imágenes de
-los dioses, todo estaba vedado a mis miradas. He renunciado al placer
-de verlos al pronunciar la sentencia de destierro contra el enemigo
-declarado de los dioses y de la raza de Layo. Yo soy ese culpable. Mi
-oprobio se ha descubierto. ¿Cómo podría yo gozar de tan amada vista?
-¿Con qué cara osaría mirar todo eso? ¡Si pudiera, además, privarme
-del uso del oído lo mismo que del de la vista! ¡Sordo al par que
-ciego, cerraría esa entrada a nuevos dolores! Es grato en los males
-ahorrarse, o suavizar al menos, su sentimiento. ¡Oh Citerón! ¿Por
-qué me recibisteis en vuestro seno? ¿Por qué no celasteis mi suerte
-al conocimiento de los hombres? ¡Oh Polibio, oh Corinto, oh palacio
-que yo creía la casa de mi padre, qué monstruo, qué mezcla de males
-habéis criado bajo la apariencia de un hijo de rey! Del antiguo
-esplendor, ¿qué queda? ¡El más malo de los hombres, vástago de la raza
-más abominable que hubo nunca! Camino de Daulis, bosques, breñas,
-sendero estrecho sobre quienes cayó la sangre de un padre, que corría
-por mis manos: ¿habéis señalado con huellas imborrables el recuerdo
-de los crímenes que cometí entonces y que debía cometer luego en
-Tebas? Himeneo, funestísimo himeneo, tú me diste la vida, pero tras
-de dármela, hiciste volver a entrar mi sangre en el seno de donde yo
-había salido; y con ello produjiste padres hermanos de sus hijos,
-hijos hermanos de sus padres, esposas madres de sus esposos, y cuanto
-los dioses pueden concebir de abominaciones y de horrores. Basta;
-avergoncémonos de pronunciar lo que es horrible ejecutar. En nombre
-de los dioses, queridos amigos, ocultadme en alguna tierra apartada
-o precipitadme en los abismos del mar para que no profane vuestras
-miradas. Acercaos, prestadme por piedad ese último servicio. Atreveos
-a tocar a un desgraciado. ¿Qué teméis? Mis males no recaerán sobre
-vuestras cabezas; ningún mortal, a no ser yo, puede soportarlos.
-
-EL CORO
-
-Señor, he aquí a Creón, que, conservador en adelante del reino, puede
-solamente escuchar vuestras peticiones y ayudaros con sus consejos.
-
-EDIPO
-
-¡Creón! ¿Qué voy a decirle? Injusto y culpable a sus ojos, ¿puedo
-esperar que me escuche favorablemente?
-
-
-ESCENA III
-
-CREÓN, EDIPO, LAS HIJAS DE EDIPO, EL CORO
-
-CREÓN
-
-No vengo, Edipo, para reirme de vuestros males ni para insultar
-vuestras desgracias. Pero vosotros, tebanos, si no os avergüenzan las
-miradas humanas, respetad al menos la luz pura y fecunda del astro de
-los cielos; guardaos de exponer sin velos a sus miradas este objeto de
-impureza que la tierra y la lluvia sagrada y la claridad del día no
-podrían sufrir. Llevadle en seguida, de nuevo, al interior del palacio.
-Sólo a los parientes cuadra el ver y el oir con una piedad religiosa el
-infortunio de su pariente.
-
-EDIPO
-
-En nombre de los dioses, ya que, contra lo que yo esperaba, venís, oh
-el mejor de los hombres, a acoger al más malo de todos, escuchadme,
-pues por vos y no por mí voy a hablar.
-
-CREÓN
-
-¿Qué deseáis de mí?
-
-EDIPO
-
-Apresuraos a abandonarme en cualquier lugar de la tierra, donde nunca
-pueda tener comercio con mortal alguno.
-
-CREÓN
-
-Hubiera hecho lo que deseáis, no lo dudéis, si no hubiera creído deber
-antes preguntar al dios de Delfos lo que hemos de hacer.
-
-EDIPO
-
-¿Pero no ha manifestado harto su voluntad, que condena a muerte a un
-impío, a un parricida?
-
-CREÓN
-
-Ha pronunciado la sentencia; pero, en la situación en que estamos, es
-mejor interrogarle aun sobre lo que debemos hacer.
-
-EDIPO
-
-¿Sobre un desgraciado como yo queréis interrogarle?
-
-CREÓN
-
-Con tanta más razón, cuanto que vos no dudaréis ya ahora de la verdad
-de sus oráculos.
-
-EDIPO
-
-Bien, ved lo que espero de vos, ved lo que os pido: ya que os conducís
-tan dignamente con vuestros deudos, encargaos de erigir a vuestro
-gusto una tumba a esa infortunada; en cuanto a mí, no permitáis que
-yo respire y permanezca en esta ciudad que fué mi patria; dejadme en
-adelante habitar las montañas, los desiertos de Citerón, que han venido
-a ser mi patrimonio, y donde mi padre y mi madre, estando vivo, habían
-escogido mi tumba; que yo muera como ellos querían hacerme morir; pues
-presiento que no será de enfermedad, ni por otro accidente análogo,
-como pereceré; de otro modo, ¿cómo, en el seno de la muerte, hubiera
-sido conservado si algún desastroso acontecimiento no me esperase?
-Pero que el destino disponga de mí como quiera...; no quiero, Creón,
-recomendar mis hijos a vuestros cuidados; son hombres y, en calidad
-de tales, sabrán atender a su subsistencia donde quiera que estén;
-pero os recomiendo a mis desgraciadas hijas, que, siempre sentadas a
-mi mesa, comían conmigo y compartían todos los platos que se servían
-a su padre. Permitid que las abrace, que deplore mis males con ellas.
-Permitid, príncipe, permitid, hombre generoso, digno de vuestro
-nacimiento, que estrechándolas en mis brazos, goce aún de su presencia,
-como en el tiempo en que podía verlas. Pero ¡grandes dioses! ¿No son
-ellas, no son esas hijas tan queridas las que oigo gemir y llorar cerca
-de mí? ¿Creón, compadecido de mis desgracias, no ha hecho venir ya a
-los más amados de mis hijos? ¿Es verdad?
-
-CREÓN
-
-Vos lo habéis dicho. Yo, previendo el placer que tendríais en
-abrazarlas, os he procurado ese goce.
-
-EDIPO
-
-¡El cielo os haga dichoso; os trate, en recompensa de vuestras
-bondades, más favorablemente que a mí! ¿Dónde estáis, hijas mías? Venid
-aquí, venid a tocar estas manos fraternas que han puesto en este estado
-los ojos de un padre que gozó en otro tiempo de la claridad del día y
-que, amadas hijas, sin saber nada, sin prever nada, os engendró en el
-mismo seno en que él había sido engendrado. ¡Cuánto lloro por vosotras,
-hijas mías, yo que no puedo veros, pensando en la amargura que debe
-acompañaros el resto de vuestra vida! ¿A qué asamblea de tebanos,
-a qué fiesta osaréis dirigir vuestros pasos, sin abandonar luego el
-placer del espectáculo, para regresar bañadas en lágrimas al seno de
-vuestra soledad? Y cuando el tiempo de vuestro himeneo llegue, ¿quién
-será el mortal, hijas mías, bastante atrevido para echar sobre sí
-tantos oprobios como mancharán eternamente a mis deudos y a vosotras?
-Porque ¿qué crímenes no pueden imputarse a vuestro padre? Asesinó a su
-padre, mancilló el lecho nupcial en que había sido concebido y os dio
-la vida en el mismo seno donde la había recibido. He aquí lo que se
-os echará en cara; ¿y qué mortal se atreverá a casarse con vosotras?
-Nadie, hijas mías, nadie; el celibato y la esterilidad serán vuestro
-patrimonio (_A Creón._) Hijo de Meneceo, ya que sólo vos les quedáis
-hoy para hacer con ellas veces de padre (pues la que conmigo les dio el
-ser ha perecido), no las miréis con desdén, que son de vuestra sangre;
-no permitáis que pasen su vida en el abandono y la mendicidad; no
-igualéis, en fin, su infortunio a mis desgracias. Tened piedad de estas
-niñas de tan tierna edad, privadas de todo y sin otra esperanza que
-vos. Generoso mortal, dadme la mano en señal de consentimiento. ¡Qué
-consejos no os daría yo, hijas mías, si fueseis capaces de entenderlos!
-Pero cuanto puedo hoy desearos es que en cualquier lugar en que os
-coloque el destino vuestra vida sea más feliz que la del autor de
-vuestros días.
-
-CREÓN
-
-No vertáis más lágrimas; volved a entrar en vuestro palacio.
-
-EDIPO
-
-Obedezco, aunque con trabajo.
-
-CREÓN
-
-La oportunidad hace el mérito de las cosas.
-
-EDIPO
-
-¿Sabéis con qué condición?
-
-CREÓN
-
-Dignaos explicaros e instruirme.
-
-EDIPO
-
-Que me haréis salir de esta comarca.
-
-CREÓN
-
-A los dioses toca cumplir ese deseo.
-
-EDIPO
-
-Pero soy para ellos un objeto de horror.
-
-CREÓN
-
-Por eso obtendréis lo que pedís.
-
-EDIPO
-
-¿Me lo aseguráis?
-
-CREÓN
-
-Lo que no pienso no me aventuro a decirlo.
-
-EDIPO
-
-Bueno, conducidme.
-
-CREÓN
-
-Venid y dejad a vuestras hijas.
-
-EDIPO
-
-No, no, guardaos de arrancármelas.
-
-CREÓN
-
-Cesad de querer dominar siempre; tal ambición no ha contribuído a la
-felicidad de vuestra vida.
-
-EL CORO
-
-Mirad, tebanos, mirad; ved a Edipo, que descifraba los enigmas
-más arduos y que, llegado al poder, no temía la envidia de sus
-conciudadanos ni las revoluciones de la fortuna; ved en qué océano de
-males ha caído. Aprended así a poner los ojos en los últimos días de la
-vida y a no dar a mortal alguno el título de dichoso, antes que haya
-acabado su existencia sin experimentar infortunios.
-
-
-FIN DE EDIPO REY
-
-
-
-
-EDIPO EN COLONA
-
-
-
-
-PERSONAJES
-
-
- EDIPO
- ANTÍGONA }
- ISMENA } Hijas de Edipo.
- TESEO, rey de Atenas.
- POLINICIO, hijo de Edipo.
- CREÓN
- UN COLONENSE
- UN MENSAJERO
- EL CORO, compuesto de ancianos colonenses.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO PRIMERO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EDIPO, ANTÍGONA
-
-EDIPO
-
-Hija de un anciano ciego, Antígona, ¿a qué lugar, a qué ciudad
-hemos llegado al fin? ¿De qué mano Edipo errante podrá hoy recibir
-algunos pequeños socorros? Pidiendo poco, obteniendo aún menos, estoy
-satisfecho de lo que me dan; mi infortunio, el tiempo y mi valor me
-han enseñado a no desear más. Sin embargo, hija mía, si me encontrases
-un sitio en que me pudiera sentar, ya junto a algún bosque consagrado
-a los dioses, ya en otra parte, condúceme allí, haz reposar allí a tu
-padre, a fin de saber dónde estamos. Extranjeros, debemos interrogar a
-los ciudadanos y hacer lo que nos indiquen.
-
-ANTÍGONA
-
-Desgraciado Edipo, padre mío, si he de dar crédito a mis ojos, advierto
-a lo lejos murallas que circundan una ciudad. El lugar donde estamos
-es sagrado, a juzgar por el laurel, la vid y el olivo, profusos en
-él, y donde los ruiseñores abundan y hacen oir sus cantos melodiosos.
-Descansad sobre esta piedra que el arte no ha pulido. La jornada que
-acabáis de hacer es harto larga para vuestros años.
-
-EDIPO
-
-Ayúdame, hija mía, a sentarme, y guarda a un desgraciado privado de la
-luz del día.
-
-ANTÍGONA
-
-Dado el tiempo que os sirvo, no ignoro los socorros de que tenéis
-necesidad.
-
-EDIPO
-
-¿Puedes, pues, decirme a qué lugares hemos llegado?
-
-ANTÍGONA
-
-La ciudad es Atenas, pero el lugar lo ignoro.
-
-EDIPO
-
-Todos los viajeros nos han hablado de esa ciudad.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Queréis que vaya a preguntar el nombre del lugar?
-
-EDIPO
-
-Sí, hija mía, si en efecto está habitado.
-
-ANTÍGONA
-
-Lo está sin duda, y espero no tener necesidad de cerciorarme, pues veo
-a un hombre no lejos de aquí.
-
-EDIPO
-
-¿Viene hacia aquí o se aleja?
-
-ANTÍGONA
-
-Está aquí mismo, vedle; decidle lo que creáis conveniente.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, UN COLONENSE
-
-EDIPO
-
-Extranjero, por lo que acabo de oir a la persona cuya vista suple a la
-mía, venís aquí muy a propósito para decirnos lo que ignoramos.
-
-EL COLONENSE
-
-Antes de interrogarme, dejad el asiento en que descansáis; estáis en un
-lugar sagrado cuyo acceso no está permitido.
-
-EDIPO
-
-¿Qué lugar es éste? ¿A qué divinidad está consagrado?
-
-EL COLONENSE
-
-Es un lugar que no puede habitarse, al que uno no puede aproximarse;
-está bajo el poder de las divinidades terribles hijas de las tinieblas
-y de la tierra.
-
-EDIPO
-
-¿Qué divinidades? Yo quisiera saber su respetable nombre.
-
-EL COLONENSE
-
-El pueblo aquí las llama las Euménides, que lo ven todo; en otras
-partes les dan otros nombres.
-
-EDIPO
-
-Acójanme con ojos favorables, como su suplicante. Esta tierra será mi
-asilo y yo no saldría ya de ella.
-
-EL COLONENSE
-
-¿Qué anuncian esas palabras?
-
-EDIPO
-
-Todo mi infortunio.
-
-EL COLONENSE
-
-Puesto que es así, no tendré la osadía de arrancaros de este lugar sin
-haber consultado a la ciudad y preguntado lo que debo hacer.
-
-EDIPO
-
-Extranjero, en nombre de los dioses, no desdeñéis a un desgraciado que
-os suplica y que quiere ser enterado por vuestra boca.
-
-EL COLONENSE
-
-Preguntad; no tendréis que quejaros de mi negativa.
-
-EDIPO
-
-¿Cuál es, pues, en fin, el lugar donde estamos?
-
-EL COLONENSE
-
-Os diré todo lo que sé. Este lugar es enteramente sagrado: el venerable
-Poseidón reina en él, lo mismo que el dios a quien deben el fuego los
-humanos, el titán Prometeo. Los campos vecinos se glorían de pertenecer
-a Colona y llevan su nombre. El suelo que pisas se llama el umbral de
-bronce de Atenas. Tales son estos lugares menos célebres en tierra
-extraña que aquí respetables.
-
-EDIPO
-
-¿Están habitados?
-
-EL COLONENSE
-
-Sin duda; y los habitantes han tomado el nombre de su dios.
-
-EDIPO
-
-¿El poder soberano está en manos de uno sólo o de la multitud?
-
-EL COLONENSE
-
-Esta comarca está sometida al rey que reina en Atenas.
-
-EDIPO
-
-¿Quién es el príncipe que reina por la justicia y la firmeza?
-
-EL COLONENSE
-
-Se llama Teseo; Egeo era su padre.
-
-EDIPO
-
-¿Quién de vosotros podría servirnos de mensajero cerca de él?
-
-EL COLONENSE
-
-¿A qué habría que disponerle? ¿Qué habría que decirle?
-
-EDIPO
-
-Que puede ser para él muy ventajoso prestarnos un pequeño socorro.
-
-EL COLONENSE
-
-¿Y qué ventaja puede proporcionarle un hombre privado de la luz?
-
-EDIPO
-
-Nuestras palabras no lo están.
-
-EL COLONENSE
-
-Ved, extranjero, lo que, por vuestro interés, me atrevo a aconsejaros,
-pues a pesar de vuestra miseria, vuestro exterior anuncia un hombre de
-condición distinguida: seguid donde estáis hasta que yo pueda informar
-de lo que me habéis dicho, no a los habitantes de la ciudad, sino a los
-de estos campos. Ellos por sí solos juzgarán si debéis dejar ese lugar
-o si podéis quedaros en él.
-
-
-ESCENA III
-
-EDIPO, ANTÍGONA
-
-EDIPO
-
-Hija mía, ¿ha partido ese extranjero?
-
-ANTÍGONA
-
-Ha partido; estoy sola a la sazón con vos, padre mío, y podéis hablar
-en libertad.
-
-EDIPO
-
-Venerables Euménides, ya que mis pasos se han detenido en vuestra
-morada en cuanto he llegado a esta comarca, no hagáis traición a mis
-deseos y a los de Apolo que, anunciándome todos los males que he
-sufrido, me dijo que tras largo tiempo yo hallaría su término al llegar
-a esta tierra; que mi desgraciada vida acabaría en el momento en que
-yo llegase a la morada de las respetables diosas; que, proporcionando
-gran ventaja a los que me recibieran, atraería una gran desgracia sobre
-quienes me hubieran echado, y que rayos, relámpagos, temblores de
-tierra, me anunciarían el cumplimiento de su oráculo. Tengo motivos
-para creer que un augurio favorable de vuestra parte me ha conducido
-a este bosque; nunca, sin ello, os hubiese yo encontrado aquí las
-primeras, a vosotras que no queréis vino en vuestros sacrificios, yo
-que no puedo tenerlo para subsistencia; nunca me hubiera sentado en
-este asiento tosco y respetable. No desmintáis, oh diosas, las promesas
-de Febo; y si, entregado a los males más crueles que ha padecido nunca
-hombre alguno, creéis que he sufrido ya bastante, oh favorables hijas
-de las antiguas tinieblas, y vos la más ilustre de las ciudades,
-llamada la ciudad de Palas, Atenas; tened piedad de este miserable
-fantasma de Edipo, porque su cuerpo no es nada de lo que fué un día.
-
-ANTÍGONA
-
-Guardad silencio, padre mío; veo algunos ancianos dirigirse aquí, como
-para descubrir donde estáis.
-
-EDIPO
-
-Me callo; pero guía mis pasos fuera del camino. Ocúltame en la espesura
-del bosque, para que pueda oir lo que digan; pues así puedo enterarme
-de lo que debo.
-
-
-ESCENA IV
-
-EL CORO
-
-Ved quién es; dónde está; dónde podemos encontrar a ese desterrado, el
-más audaz de los mortales. Mirad, buscad, llamad por doquier; es un
-anciano errante, fugitivo, extranjero, sin duda, en estos lugares; de
-otro modo, ¿hubiera osado penetrar en ese bosque vedado a los humanos,
-en la morada de las invencibles diosas que nombramos temblando,
-ante las que pasamos, sin osar mirarlas, sin proferir palabra y no
-permitiéndonos sino la voz interior de un pensamiento de buen agüero?
-A ese asilo, no obstante, diz que un hombre impío ha dirigido sus
-pasos. En vano miramos alrededor del bosque. Inquirimos dónde puede
-estar y no podemos descubrirlo.
-
-
-ESCENA V
-
-EDIPO, ANTÍGONA, EL CORO
-
-EDIPO
-
-Aquí estoy, soy yo; porque infiero de vuestras palabras que es a mí a
-quien buscáis.
-
-EL CORO
-
-Dioses, su aspecto es horrible, su voz es espantosa.
-
-EDIPO
-
-¡Os conjuro a ello, no me creáis un hombre que desprecia las leyes!
-
-EL CORO
-
-¡Piadoso Júpiter! ¿Qué anciano es éste?
-
-EDIPO
-
-Éforos de esta comarca, no es un mortal que pueda congratularse de su
-fortuna, como veis; de otra suerte, yo no tendría que recurrir a ojos
-extraños para conducirme, y la fuerza no estaría bajo la guarda de la
-debilidad.
-
-EL CORO
-
-¡Cielos, sin vista y bajo la fuerza de un mal sino desde la niñez,
-seguramente muy lejana! Pero en lo que depende de nosotros, no
-añadiréis a vuestros males los de las imprecaciones a que os exponéis.
-Avanzáis demasiado, anciano infeliz, evitad el entrar en ese bosque
-silencioso, en esa pradera verdeante por donde corre un arroyo cuya
-linfa clara sirve para llenar las cráteras destinadas a las libaciones.
-Basta, retiraos... Poneos a gran distancia. Extranjero desgraciado,
-¿no oís? Si tenéis algo que decirnos, dejad ese asilo vedado a los
-mortales; venid a este lugar abierto a todos y podréis hablarnos. Hasta
-ese momento, callad.
-
-EDIPO
-
-¿Qué tengo que hacer, hija mía?
-
-ANTÍGONA
-
-Conformaros con lo que quieren estas gentes, ceder voluntariamente y
-sin violencia... Dadme la mano.
-
-EDIPO (_A Antígona saliendo del bosque._)
-
-Hela aquí... Extranjeros, voy a dejar este lugar; me abandono a
-vosotros; no me traicionéis.
-
-EL CORO
-
-No, no, anciano, no temáis que nadie ahora os arranque de aquí a pesar
-vuestro.
-
-EDIPO
-
-¿Sigo avanzando?
-
-EL CORO
-
-Acercaos más.
-
-EDIPO
-
-¡Más aún!
-
-EL CORO
-
-Hacedle avanzar, muchacha; ¿no oís?
-
-ANTÍGONA
-
-Seguidme, padre mío, seguidme; por muy débil que estéis, id adonde os
-conduzco... Desgraciado padre, extranjero en una tierra extraña; tened
-valor de evitar lo que el ciudadano odia y de respetar lo que ama.
-
-EDIPO
-
-Condúceme, hija mía, condúceme... no combatamos contra la necesidad;
-vamos adonde el respeto de los dioses nos llama y a donde podamos
-escuchar y ser escuchados.
-
-EL CORO
-
-Deteneos ahí, y guardaos de poner los pies fuera de esa roca que limita
-el camino.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Aquí?
-
-EL CORO
-
-Ahí mismo. Basta.
-
-EDIPO
-
-¿Puedo sentarme?
-
-EL CORO
-
-Subid oblicuamente y colocaos con suavidad en lo alto de la roca.
-
-ANTÍGONA
-
-Ese cuidado me está reservado a mí, padre mío; a mí me toca conduciros
-suavemente y paso a paso. Apoyad vuestro cuerpo cargado de años en la
-mano de una hija querida.
-
-EDIPO
-
-¡Oh destino cruel!
-
-EL CORO
-
-Ahora estáis sentado, infortunado; decidnos cuál es vuestra sangre,
-decidnos quién sois, decidnos cuáles son vuestras desgracias y cuál es
-vuestra patria.
-
-EDIPO
-
-Extranjeros, no tengo patria; pero por favor...
-
-EL CORO
-
-¿Qué decís, anciano?
-
-EDIPO
-
-Por favor, una vez más, no me preguntéis quién soy; no me sigáis
-interrogando.
-
-EL CORO
-
-¿Por qué?
-
-EDIPO
-
-¡Nacimiento funestísimo!
-
-EL CORO
-
-Hablad.
-
-EDIPO (_A Antígona._)
-
-¡Oh hija mía! ¿Qué diré?
-
-EL CORO
-
-Extranjero, ¿cuál es vuestra sangre; quién era vuestro padre?
-
-EDIPO
-
-¡Cielos! Hija mía, ¿qué debo hacer?
-
-ANTÍGONA
-
-Hablad, no podéis resistiros más.
-
-EDIPO
-
-Voy a hablar, pues. ¿Cómo podría permanecer desconocido?
-
-EL CORO
-
-¡Cuánta dilación! ¿Queréis explicaros?
-
-EDIPO
-
-¿Conocéis al hijo de Layo?
-
-EL CORO
-
-¡Cielos!
-
-EDIPO
-
-¿El sobrino de los Labdácidas?
-
-EL CORO
-
-¡Zeus!
-
-EDIPO
-
-¿El desgraciado Edipo?
-
-EL CORO
-
-¡Cómo! ¿Sois vos?
-
-EDIPO
-
-No os asustéis de lo que os digo.
-
-EL CORO
-
-¡Oh, oh!
-
-EDIPO
-
-¡Infortunado!
-
-EL CORO
-
-¡Oh, oh!
-
-EDIPO
-
-Hija mía, ¿qué va a suceder?
-
-EL CORO
-
-Salid, salid de este país.
-
-EDIPO
-
-¿De ese modo cumplís las promesas que me habéis hecho?
-
-EL CORO
-
-No hay castigo de las furias para quien devuelve al ofensor las ofensas
-que ha recibido de él. El engañador merece ser engañado a su vez y
-no debe esperar sino ultrajes en vez de reconocimiento. Dejad, pues,
-ese asiento, salid de esta tierra que habitamos y no atraigáis sobre
-nuestra ciudad nuevas desgracias.
-
-ANTÍGONA
-
-Virtuosos extranjeros, ya que no podéis soportar la presencia de mi
-padre, de este anciano ciego y desgraciado de quien conocéis ya los
-errores involuntarios, tened al menos piedad de una hija infortunada;
-por él, por mi padre, os imploro. Sí, os invoco, os pido, como vuestra
-propia hija, clavando en vuestros ojos mis ojos abiertos a la luz,
-que concedáis a este desgraciado anciano algunos sentimientos de
-consideración; nuestra suerte está en vuestras manos, como en las de un
-dios. Dignaos, dignaos, con un signo de asentimiento, concedernos la
-gracia inesperada que mi voz pide, haciendo hablar en su favor cuanto
-pueda conmoveros más, el nombre de hija, la razón, la necesidad, los
-dioses. ¿Quién, cuando un dios le arrastra, puede evitar el golpe que
-le prepara?
-
-EL CORO
-
-Hija de Edipo; enternecidos por vuestras desgracias, os compadecemos
-igualmente a uno y otro; pero el temor de los dioses nos impide
-cambiar nada de lo que hemos determinado contra vosotros.
-
-EDIPO
-
-¿Qué socorro; qué bien habrá que esperar nunca de una reputación vana
-y una gloria usurpada? He aquí a Atenas, tenida por tan religiosa,
-por la única ciudad celosa de amparar a un extranjero desgraciado,
-por la única capaz de socorrerle. ¿En qué han quedado para mí tales
-virtudes cuando, arrancándome del asiento donde descansaba, me echáis
-de vuestra patria sólo por el temor que os inspira mi nombre? Pues no
-es mi cuerpo quien os lo inspira, ni tampoco mis acciones, dado que
-de las acciones que me echáis en cara soy harto menos el autor que la
-víctima. Si, en efecto, las que conciernen a mi padre y mi madre causan
-vuestra indignación contra mí, por lo que he podido juzgar, ¿de qué
-crimen podía ser realmente culpable, yo que, sin saberlo, no he hecho
-sino devolver lo que se me había hecho sufrir y que hasta si hubiera
-obrado a propósito hubiera podido no pasar por criminal? He llegado,
-sin saberlo, al término a que mi suerte me ha conducido; pero los
-que querían mi pérdida bien sabían lo que hacían conmigo. Así, pues,
-extranjeros, os imploro en nombre de los dioses; salvadme, como me lo
-habéis prometido; y, honrando a los dioses, guardaos de creer que no
-son sino un destino ciego; creed por el contrario que tienen siempre
-los ojos puestos en los justos y en los impíos y que entre los que les
-desafían no hay nadie que pueda eludirles. No empañéis, pues, el brillo
-de la feliz ciudad de Atenas entregándoos a acciones impías; sino,
-fieles a vuestras promesas, defended, proteged a un suplicante que ha
-fiado en vuestra palabra; que el estado horrible en que me presento
-a vuestros ojos no os autorice para rechazarme. Vengo, protegido por
-la religión y los dioses, a reportar un gran favor a esta ciudad; y,
-cuando el que reina en esta tierra, sea quien sea, esté presente,
-lo oiréis, lo sabréis todo; cesad hasta tal momento de usar de rigor
-conmigo.
-
-EL CORO
-
-No podemos evitar, oh anciano, que vuestras razones nos conmuevan,
-tanta hay en vuestras palabras; pero es preciso que los que mandan en
-esta comarca se enteren como nosotros.
-
-EDIPO
-
-¿Y dónde está el que aquí gobierna?
-
-EL CORO
-
-En la ciudad patrimonio de sus padres. El mensajero que nos ha hecho
-venir ha partido en su busca.
-
-EDIPO
-
-¿Creéis que tendrá algún miramiento, alguna consideración para un ciego
-infortunado y que consentirá gustoso en venir?
-
-EL CORO
-
-Sin duda, desde el momento en que oiga vuestro nombre.
-
-EDIPO
-
-¿Y por quién podrá saberlo?
-
-EL CORO
-
-El camino es largo; pero las palabras de los viajeros circulan con
-rapidez. Las oirá; vendrá al punto, no lo dudéis, anciano, pues vuestro
-nombre ha resonado por doquier, aun cuando el sueño gravitase sobre sus
-sentidos. Teseo, despertado por ellas, se apresuraría a venir.
-
-EDIPO
-
-¡Quiera el cielo que venga bajo auspicios favorables, para su patria
-al par que para mí! Pues no hay hombre, por virtuoso que sea, que se
-olvide de su interés.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué debo pensar, por Zeus, padre mío? ¿Qué debo decir?
-
-EDIPO
-
-Cara Antígona, hija mía, ¿qué os sucede?
-
-ANTÍGONA
-
-Veo venir hacia nosotros una mujer montada en un corcel soberbio, un
-casco a la manera tesaliana cubre su cabeza y sombrea su frente... ¿Qué
-creer? Será... No..., mi espíritu no acierta... Yo aseguraría..., pero
-no... No sé qué decir. Desgraciada, no puede ser otra... A medida que
-se aproxima la alegría brilla en sus ojos, me sonríe. ¿Cómo dudar que
-es a Ismena a quien veo?
-
-EDIPO
-
-¿Qué decís, hija mía?
-
-ANTÍGONA
-
-Que es a vuestra hija, mi hermana Ismena, a quien diviso; el sonido de
-su voz puede ahora confirmároslo.
-
-
-ESCENA VI
-
-LOS PRECEDENTES, ISMENA
-
-ISMENA
-
-¡Dulce momento en que puedo ver y oir a un tiempo a un padre y a una
-hermana queridos! ¡Cuántos trabajos para encontraros, cuántos trabajos
-para volver a veros!
-
-EDIPO
-
-Hija mía, ¿sois vos?
-
-ISMENA
-
-¡Oh desgraciado padre!
-
-EDIPO
-
-¡Oh sangre de mi sangre, hija mía!
-
-ISMENA
-
-¡Oh ternuras desgraciadas!
-
-EDIPO
-
-¿Vos aquí, hija mía?
-
-ISMENA
-
-No sin grandes trabajos.
-
-EDIPO
-
-Querida hija, abrazad a vuestro padre.
-
-ISMENA
-
-Mis brazos os estrechan a ambos.
-
-EDIPO
-
-¿A Antígona y a mí?
-
-ISMENA
-
-Unen a tres desgraciados.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué motivo os trae?
-
-ISMENA
-
-Algo que os atañe.
-
-EDIPO
-
-¿Me echabas de menos?
-
-ISMENA
-
-Tenía para vos noticias de que vengo a daros parte, no teniendo conmigo
-otro servidor fiel.
-
-EDIPO
-
-Y vuestros hermanos, ¿dónde están, ellos a quien la juventud habilita
-para los trabajos?
-
-ISMENA
-
-Donde quiera que estén, están en una cruel situación.
-
-EDIPO
-
-¡Cómo recuerdan sus costumbres y su carácter los antiguos usos de
-Egipto, donde los hombres, retirados en el interior de sus casas,
-manejaban el huso, mientras sus mujeres iban a buscar fuera cuanto
-era necesario para la nutrición de sus esposos! Así, hijas mías,
-vuestros hermanos, en lugar de echar sobre sus hombros, como debían,
-los cuidados que pesan sobre vosotras, permanecen tranquilamente
-guardando su casa, al modo de mujeres, mientras una y otra os ocupáis
-por ellos en el alivio de mis males. Una, desde el momento que salió
-de la infancia, y que adquirió la fuerza de la juventud, fugitiva y
-desgraciada conmigo, ha sido el guía de mi vejez; con frecuencia en
-los bosques más salvajes, errante, sin aliento y casi sin vestidos,
-expuesta a los ardores del sol, a las inclemencias del aire, doliente,
-extenuada, prefiere a los festines que hubiera tenido en su hogar la
-felicidad de procurar algún sustento a su padre. Vos, hija mía (_a
-Ismena_), vos habéis ya venido, a hurto de los tebanos, a anunciar a
-vuestro padre lo dicho por los oráculos sobre la suerte de este cuerpo
-infeliz. Me habéis fielmente acompañado al ser echado de mi patria,
-y ahora, Ismena, ¿qué venís a decirme, qué designio os ha sacado de
-vuestra morada? Porque, harto lo sospecho, no habéis venido sin motivo
-y sin alguna terrible noticia que darme.
-
-ISMENA
-
-No os diré, padre mío, cuánto he sufrido buscando el lugar donde
-podíais haberos retirado; no quiero, con un relato aflictivo de mis
-trabajos, sufrir de nuevo su amargura; vengo a informaros de los
-males que amenazan hoy a vuestros dos desgraciados hijos. Parecían al
-principio no tener otro deseo que abandonar el trono a Creón, y no
-mancillar su patria, considerando el estigma de su raza y los males
-horribles caídos sobre vuestra casa; ahora, impelidos por los dioses
-y por un genio perverso, por una ambición funesta, esos infortunados
-se disputan el trono. El más joven ha despojado de él a Polinicio, que
-tenía la ventaja de la edad; le ha echado de su patria. Polinicio,
-según es público, ha elegido a Argos para retiro; allí forma una
-nueva alianza; allí reúne un ejército que interesa en su causa, sea
-para castigar a la ciudad de Cadmo, ya para elevar hasta el Cielo la
-gloria de Argos. No son amenazas prodigadas en vano, padre mío, sino
-preparativos temibles. No sé cuándo los dioses se apiadarán de vuestras
-desgracias.
-
-EDIPO
-
-¿Cómo? ¿Tenéis ya alguna esperanza de que los dioses se dignen parar
-mientes en mí y ocuparse de mi dicha?
-
-ISMENA
-
-Sí, sin duda, padre mío, y varios oráculos lo afirman.
-
-EDIPO
-
-¿Qué oráculos son esos, hija mía? ¿Qué predicen?
-
-ISMENA
-
-Que aquí mismo, en vuestra vida y después de vuestra muerte, los
-pueblos os buscarán para su propia seguridad.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué socorro podría esperarse de un mortal en el estado en que yo
-estoy?
-
-ISMENA
-
-En vos sólo, dicen, residen sus fuerzas.
-
-EDIPO
-
-¿Acaso, porque no soy ya nada, me convierto en un hombre importante a
-sus ojos?
-
-ISMENA
-
-Los dioses os ensalzan después de haberos abatido.
-
-EDIPO
-
-No es fácil ensalzar en la vejez lo que fué abatido en la juventud.
-
-ISMENA
-
-Sabed, sin embargo, que para aprovechar esos oráculos, Creón no tardará
-en venir.
-
-EDIPO
-
-¿Qué quiere hacer, hija mía? Explicadme.
-
-ISMENA
-
-Estableceros cerca de la tierra de Cadmo, para que los tebanos os
-tengan en su poder, sin permitiros, no obstante, franquear los límites
-de su país.
-
-EDIPO
-
-¿Y qué ventaja les reportará dejarme a sus puertas?
-
-ISMENA
-
-Vuestra tumba sería en otra parte un peso funesto que gravitaría sobre
-ellos.
-
-EDIPO
-
-Un dios, sin duda, les ha revelado esos secretos; ¿cómo ellos por sí
-solos hubieran podido penetrarlos?
-
-ISMENA
-
-Por eso quieren llevaros cerca de su ciudad y no permitiros disponer de
-vos.
-
-EDIPO
-
-¿Pero sin duda, se servirán de la tierra de Tebas para cubrir mi cuerpo?
-
-ISMENA
-
-Padre mío; la sangre paterna que vertisteis se opone a ello.
-
-EDIPO
-
-No se opondrá, al menos, a que nunca puedan apoderarse de mí.
-
-ISMENA
-
-He aquí lo que les pesará a los tebanos.
-
-EDIPO
-
-¿Por qué, hija mía?
-
-ISMENA
-
-Por efecto de vuestra cólera, cuando se acerquen a vuestra tumba.
-
-EDIPO
-
-¿Eso que anunciáis, hija mía, por quién lo sabéis?
-
-ISMENA
-
-Por los mismos que venían de consultar al oráculo de Delfos.
-
-EDIPO
-
-¿Es, pues, eso lo que Febo ha pronunciado sobre mí?
-
-ISMENA
-
-Es lo que han referido los que de Delfos han venido a los campos
-tebanos.
-
-EDIPO
-
-¿Alguno de mis hijos ha oído esos relatos?
-
-ISMENA
-
-Los han oído perfectamente uno y otro.
-
-EDIPO
-
-¿Y los pérfidos, no obstante, enterados por el oráculo han antepuesto
-el deseo de reinar al deseo de volver a verme?
-
-ISMENA
-
-Ved lo que no puedo oir sin rubor, y sin embargo, no puedo negar.
-
-EDIPO
-
-¡Que los dioses no extingan nunca el odio fatal que les divide! Si de
-mí dependiese el fin de la guerra que acaba de armar al uno contra el
-otro, ni el que tiene actualmente el cetro lo seguiría poseyendo ni el
-que ha salido de Tebas podría jamás volver a ella. Ambos, en vez de
-protegerme, en vez de retenerme, a mí que era su padre, cuando fuí, con
-tanto oprobio, echado de mi patria, contribuyeron a mi destierro y lo
-confirmaron con un decreto. Diréis que, en verdad, Tebas no hizo sino
-concederme lo que había pedido yo mismo. No, ciertamente, ya que en el
-fatal día en que mi furia me hacía desear la muerte, la lapidación, no
-hubo nadie que quisiera concederme tal gracia. Sólo después de cierto
-tiempo, cuando mis dolores se hubieron aliviado un poco, cuando empecé
-a percatarme de que mi extravío había castigado harto severamente mis
-faltas, sólo entonces sirvieron éstas de pretexto a los tebanos para
-expulsarme indignamente; y no obstante, mis hijos, que podían socorrer
-a su padre, le negaron su ayuda y me vi obligado a partir lejos de mi
-patria, fugitivo y miserable, a sufrir un destierro que una palabra
-de su boca hubiera podido evitarme. Sólo vosotras, hijas mías, en
-la medida que la debilidad de vuestro sexo os lo ha permitido, sólo
-vosotras me habéis proporcionado el sustento, la seguridad y todos los
-socorros que le es dable esperar a un padre, mientras que mis hijos
-no pensaban sino en apoderarse de mi cetro y en reinar en mi lugar.
-Pero nunca me tendrán por defensor, nunca el trono usurpado será una
-ventaja para ellos. He aquí lo que los oráculos, traídos por Ismena,
-me han hecho saber y las antiguas predicciones de Apolo confirman en
-mi pensamiento. Ahora que envíen a buscarme aquí a Creón o a cualquier
-otro de los poderosos de la ciudad: extranjeros, si con las venerables
-diosas que aquí presiden os dignáis prestarme vuestra ayuda, sabed que
-adquiriréis conmigo un poderoso escudo para vuestra ciudad y un azote
-para vuestros enemigos.
-
-EL CORO
-
-¡Bien merecéis, Edipo, tanto vos como vuestras hijas, que nos
-interesemos por vuestras desgracias! Ya que os anunciáis como el
-salvador de esta comarca, vamos a aconsejaros lo que debéis hacer.
-
-EDIPO
-
-Amigos míos, dadme esos consejos hospitalarios; estoy pronto a
-seguirlos.
-
-EL CORO
-
-Comenzad por purificaciones en honor de las diosas de las que habéis
-empezado por invadir la morada y de las que vuestros pies han hollado
-el suelo sagrado.
-
-EDIPO
-
-¿Y de qué modo haré esas purificaciones? Extranjeros, dignaos decírmelo.
-
-EL CORO
-
-Id, por de pronto, con mano respetuosa a esa fuente sagrada, que no se
-agota nunca, por agua pura para vuestras libaciones.
-
-EDIPO
-
-¿Y cómo podré coger tal agua?
-
-EL CORO
-
-Encontraréis cráteras que son obra de un hábil artista. Os las pondréis
-sobre la cabeza, y el asa doble de su abertura...
-
-EDIPO
-
-¿Con qué las cubriré? ¿Con ramas o con lana?
-
-EL CORO
-
-Con el vellón nuevo de un corderillo.
-
-EDIPO
-
-Bien. ¿Qué haré después?
-
-EL CORO
-
-Os volveréis hacia donde se levanta la aurora y haréis vuestras
-libaciones.
-
-EDIPO
-
-¿Las haré con las cráteras de que habláis?
-
-EL CORO
-
-Las haréis con tres vasos primero, y el cuarto lo derramaréis entero.
-
-EDIPO
-
-¿De qué lo llenaré? Acabad de enterarme.
-
-EL CORO
-
-De hidromiel; guardaos de mezclar vino.
-
-EDIPO
-
-Y cuando la tierra esté mojada con tales libaciones...
-
-EL CORO
-
-Tomad en vuestras manos tres veces nueve ramas de olivo y pronunciad
-las plegarias...
-
-EDIPO
-
-¿Qué plegarias? Ardo en deseos de oirlas; son importantes para mí.
-
-EL CORO
-
-«Diosas a quienes llamamos Euménides, recibid con benevolencia digna
-de vuestro nombre a un suplicante que os pide gracia.» Pero vuestra
-plegaria, si la pronunciáis vos mismo o si otro la pronuncia, no lo sea
-en voz alta, para que no pueda ser oída. Retiraos luego lentamente y
-sin volver la cabeza. Si seguís nuestros consejos, nos encontraremos
-confiados junto a vos; de otra suerte, extranjero, tememos mucho por
-vuestra vida.
-
-EDIPO
-
-Ya oís, hijas mías, lo que los habitantes de esta tierra nos
-recomiendan.
-
-ANTÍGONA E ISMENA (_A la vez._)
-
-Lo hemos oído; ordenad. ¿Qué hay que hacer?
-
-EDIPO
-
-En mi doble privación de mis fuerzas y de mis ojos, no puedo ir adonde
-me mandan. Que una de vosotras vaya a cumplir esos deberes por mí;
-pues una sola equivale a mil si su corazón está bien dispuesto. Pero
-una u otra apresuraos y cuidad de no dejarme solo. ¡Qué sería de mí,
-abandonado, sin guía y sin apoyo!
-
-ISMENA
-
-Bien; yo me encargaré de lo tocante a esas libaciones; sólo ignoro el
-sitio adonde he de ir, y eso es lo que deseo saber.
-
-EL CORO
-
-Al otro lado del bosque, de ese bosque que veis. Si necesitáis algún
-otro indicio, los habitantes del lugar podrán proporcionároslo.
-
-ISMENA
-
-Iré, pues, Antígona, mientras vos cuidáis de nuestro padre; cuando los
-autores de nuestros días nos causan alguna molestia, hay que sufrirla y
-olvidarla.
-
-
-ESCENA VII
-
-EL CORO, EDIPO, ANTÍGONA
-
-EL CORO
-
-Es, sin duda, una crueldad despertar vuestros dolores adormecidos por
-el tiempo, extranjero, y no obstante, ardemos en deseos de interrogaros.
-
-EDIPO
-
-¿Sobre qué?
-
-EL CORO
-
-Sobre el deplorable e irremediable infortunio en que os halláis.
-
-EDIPO
-
-En nombre de la hospitalidad que recibo de vosotros, no hagáis abrirme
-mis heridas. Cuanto me ha sucedido es horrible.
-
-EL CORO
-
-Y no obstante, extranjero, ardemos en deseos de oir un relato largo y
-fiel de tales acontecimientos.
-
-EDIPO
-
-¡Ay!
-
-EL CORO
-
-Concedednos ese favor; os lo suplicamos.
-
-EDIPO
-
-¡Ay! ¡Ay!
-
-EL CORO
-
-Atended a nuestra súplica; nosotros hemos atendido a las vuestras.
-
-EDIPO
-
-Los crímenes que me mancillan, el cielo es testigo, han sido
-involuntarios; mi voluntad no ha tenido parte en ellos.
-
-EL CORO
-
-¿Cómo?
-
-EDIPO
-
-Tebas, sin saber el himeneo a que me sometía, me cargó, con sus lazos
-funestos, de una cadena de infortunios.
-
-EL CORO
-
-¿Fué, pues, con vuestra madre, como se dice, con quien contrajisteis
-ese himeneo execrable?
-
-EDIPO
-
-¡Ay de mí! La muerte, extranjeros, no es más terrible que estos
-relatos. Las dos hermanas que veis lo son mías.
-
-EL CORO
-
-¿Qué decís?
-
-EDIPO
-
-Son mis hijas; ambas nacidas de mi crimen.
-
-EL CORO
-
-¡Oh Zeus!
-
-EDIPO
-
-Fueron concebidas en el mismo seno que yo.
-
-EL CORO
-
-¿Son, pues, a la vez, hijas y hermanas de su padre?
-
-EDIPO
-
-¡Ay!
-
-EL CORO
-
-¡Mil veces ay!
-
-EDIPO
-
-Cuanto puede darse de más horrible...
-
-EL CORO
-
-¿Lo habéis sufrido?
-
-EDIPO
-
-Lo he sufrido para recordarlo siempre...
-
-EL CORO
-
-¿Lo habéis cometido?
-
-EDIPO
-
-No lo he cometido.
-
-EL CORO
-
-¿Cómo?
-
-EDIPO
-
-¡Infeliz de mí! Recibí de Tebas lo que nunca hubiera debido aceptar.
-
-EL CORO
-
-¡Desgraciado! ¿Asesinasteis...?
-
-EDIPO
-
-¡Ah! ¿Qué más decís? ¿Qué queréis que os diga?
-
-EL CORO
-
-¿A vuestro padre?
-
-EDIPO
-
-Basta; son nuevos golpes con que desgarráis mi herida.
-
-EL CORO
-
-¿Lo matasteis?
-
-EDIPO
-
-Lo maté... y no obstante no fué...
-
-EL CORO
-
-¿Qué vais a decir?
-
-EDIPO
-
-No fué injustamente.
-
-EL CORO
-
-¿Cómo?
-
-EDIPO
-
-Voy a explicarme; no creí luchar sino con extranjeros. La ignorancia en
-que estaba de mi crimen me purifica a los ojos de la ley.
-
-EL CORO
-
-Mas he aquí a nuestro rey; he aquí a Teseo, a quien vuestro nombre
-atrae junto a vos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO SEGUNDO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EL CORO, TESEO, EDIPO, ANTÍGONA
-
-TESEO
-
-He oído tantas veces, hasta hoy, hijo de Layo, relatar de qué modo
-horrible habéis perdido la vista, que os reconozco sin trabajo, y
-completan mi noción de eso los relatos que me han hecho en el camino.
-Vuestros vestidos, la miseria pintada en vuestro rostro, harto me dicen
-quién sois, desgraciado Edipo. Apiadado de vuestra suerte, quiero
-interrogaros. Decidme qué socorros esperáis de mí y de esta ciudad,
-para vos y para la infortunada que os conduce. Sería necesario que lo
-que pedís fuera muy difícil para que yo no pudiera concedéroslo. Me
-acuerdo demasiado de que, como vos, fuí en otro tiempo extranjero y
-desgraciado. He visto juntarse sobre mi cabeza cuantos males pueden
-asediar a un hombre en una tierra lejana de su patria. ¿Cómo podría yo
-negarme a socorrer a un extranjero tan infortunado como vos? ¿No sé que
-soy mortal y que no tengo más derecho que vos al día venidero?
-
-EDIPO
-
-Teseo, la generosidad de vuestra alma harto se muestra en vuestras
-breves palabras para que yo pueda ahorrarme el hablar largamente.
-Sabéis quién soy, quién fué mi padre, qué patria he dejado; sólo me
-resta deciros lo que deseo, y todo estará dicho.
-
-TESEO
-
-Explicadme lo que queréis; hacédmelo saber.
-
-EDIPO
-
-Vengo a traeros como presente este cuerpo miserable, cuyo aspecto no
-tiene nada que lo haga codiciable; pero las ventajas que os ha de
-proporcionar valen mucho más que los dones de la hermosura.
-
-TESEO
-
-¿Y qué ventaja pensáis proporcionarnos?
-
-EDIPO
-
-No es ahora cuando podéis saberlo; el tiempo os lo enseñará.
-
-TESEO
-
-Y ¿cuándo se manifestará la utilidad de vuestro presente?
-
-EDIPO
-
-Cuando haya muerto y vos me hayáis enterrado.
-
-TESEO
-
-Habláis del término de vuestra vida; ¿habéis olvidado el intervalo que
-os separa de él aún, o no le dais importancia?
-
-EDIPO
-
-Lo tengo muy presente en mi petición.
-
-TESEO
-
-Pero la gracia que me pedís es poca cosa.
-
-EDIPO
-
-¡Tened cuidado! Una gran lucha...
-
-TESEO
-
-¿Qué lucha? ¿Por parte de vuestros hijos o por mi parte?
-
-EDIPO
-
-Vendrán mis hijos a obligarme a volver junto a ellos.
-
-TESEO
-
-Si lo quisieran, haríais mal en huirles.
-
-EDIPO
-
-Pero cuando yo quería seguir a su lado no lo permitieron.
-
-TESEO
-
-¡Hombre imprudente! El resentimiento cuadra mal en el infortunio.
-
-EDIPO
-
-Cuando yo os haya enterado, dadme vuestros consejos; hasta entonces
-suspendedlos.
-
-TESEO
-
-Enteradme. No debo, en efecto, hablar sin previo examen.
-
-EDIPO
-
-Teseo, he sufrido desgracias sobre desgracias.
-
-TESEO
-
-¿Habláis de las antiguas calamidades de vuestra raza?
-
-EDIPO
-
-No, sin duda; todos los griegos han hablado harto de ellas.
-
-TESEO
-
-¿Qué habéis, pues, sufrido por encima de los infortunios ordinarios?
-
-EDIPO
-
-Vedlo. He sido desterrado de mi patria por mis propios hijos; y como
-matador de mi padre, me está vedado tornar a ella.
-
-TESEO
-
-¿Pero cómo os llamarían si quisieran vivir lejos de vos?
-
-EDIPO
-
-La voz de un oráculo les fuerza a ello.
-
-TESEO
-
-¿Qué temor les inspira ese oráculo?
-
-EDIPO
-
-Encontrar en esta tierra su aniquilamiento.
-
-TESEO
-
-¿Y cómo mi patria llegaría a ser para ellos motivo de amargura?
-
-EDIPO
-
-Caro y digno hijo de Egeo, sólo los dioses están exentos de la vejez y
-de la muerte: todo lo demás está bajo el poder invencible del tiempo.
-La fecundidad de la tierra acaba; el vigor del cuerpo desaparece; la
-amistad muere; la enemistad crece en su lugar. El mismo espíritu no
-une siempre a las ciudades ni a los amigos. Lo que les encantaba un
-tiempo después les disgusta, para volver luego nuevamente a gustarles.
-Si la paz reina ahora entre Tebas y vosotros, el tiempo en su curso
-dará origen a una larga serie de días y de noches en que, con fútiles
-pretextos, Tebas destruirá por el hierro la concordia, la armonía
-que os une hoy con ellos. Entonces, dormido en la tumba, mi cuerpo
-helado se hartará de la sangre hirviente de los tebanos, si Zeus es
-siempre el dios supremo y si el oráculo de Apolo no miente. Pero es
-enojoso revelar acontecimientos que están todavía en la obscuridad del
-porvenir. Dejadme, como había comenzado, pediros sólo que me guardéis
-vuestra fe; y si los dioses no me engañan, no diréis que al recibir a
-Edipo en esta tierra habéis recibido un habitante inútil.
-
-EL CORO
-
-Ved, señor, ved las ventajas importantes que nos ha predicho ya y que
-debe asegurar a esta comarca.
-
-TESEO
-
-¿Quién podría desterrar de su corazón la benevolencia que merece este
-infortunado, cuya casa se unió a la nuestra por los derechos de la
-hospitalidad, cuando viene en calidad de suplicante enviado por los
-dioses y nos trae a esta ciudad y a mí un tributo no despreciable?
-Quiero, pues, respetando la orden del cielo, no rechazar sus presentes
-y establecerle en esta comarca si desea permanecer aquí. Habitantes
-de Colona, os cuidaréis de lo que le atañe. Pero, Edipo, si preferís
-seguirme a Atenas, lo dejo a vuestra elección; mis cuidados os
-acompañarán allí.
-
-EDIPO
-
-¡Dígnate, oh Zeus, recompensar tanta bondad!
-
-TESEO
-
-En fin, ¿qué deseáis? ¿Venir a palacio?
-
-EDIPO
-
-Sí, si el destino me lo permitiese; pero es éste el lugar donde debo...
-
-TESEO
-
-¿Qué debéis? Me guardaré bien de oponerme.
-
-EDIPO
-
-Triunfar de los que me han expulsado.
-
-TESEO
-
-Sería un fruto harto precioso de vuestra morada en este país.
-
-EDIPO
-
-Pero hay que cumplir la promesa que me habéis hecho.
-
-TESEO
-
-Fiad en mi palabra, no os haré traición.
-
-EDIPO
-
-No quiero encadenaros con un juramento, como a un hombre vil.
-
-TESEO
-
-Un juramento no sería mejor prenda que mi palabra.
-
-EDIPO
-
-¿Qué haréis, en fin?
-
-TESEO
-
-¿Cuáles son los temores que más os agitan?
-
-EDIPO
-
-Vendrán.
-
-TESEO
-
-Estos ciudadanos velarán por vuestra seguridad.
-
-EDIPO
-
-Cuidad de no abandonarme.
-
-TESEO
-
-Ahorraos el trabajo de enseñarme lo que debo hacer.
-
-EDIPO
-
-La necesidad puede enseñar el temor.
-
-TESEO
-
-El temor no es conocido por mi corazón.
-
-EDIPO
-
-No sabéis qué amenazas...
-
-TESEO
-
-Sé que nadie os sacará de aquí a la fuerza. Se hacen amenazas, la
-cólera estalla en mil palabras insensatas; pero luego que la reflexión
-ha apaciguado el ánimo, todo ese gran aparato se evapora: eso sucederá
-a los hijos de Edipo. Sean cuales sean los fastuosos discursos con que
-se aperciban a confundiros para comprometeros a seguirles, creedme, el
-camino se les antojará sobrado largo y el mar por demás tempestuoso
-para aventurarse; y, sin consultar mis sentimientos para vos, os daría
-nuevas seguridades, puesto que Febo os envía; pero tengo motivos para
-pensar que, en mi ausencia, mi nombre será suficiente para poneros a
-cubierto de todo ataque.
-
-
-ESCENA II
-
-EL CORO, EDIPO, ANTÍGONA
-
-EL CORO
-
-Extranjeros, este lugar célebre adonde habéis llegado, Colona, es
-el asilo más tranquilo y más seguro de esta tierra, famosa por
-sus corceles. Aquí gustan los ruiseñores de hacer oir sus cantos
-quejumbrosos, en la sombra obscura de la hiedra, en el seno de
-los vallezuelos verdeantes o en los bosques sagrados y fértiles,
-inaccesibles a los mortales, impenetrables a la luz y respetados del
-viento y del frío. Aquí gusta Dionisos de pasearse sin cesar, rodeado
-de las ninfas que le criaron. Aquí, bajo el rocío del cielo, se ve
-florecer todos los días el narciso de bellos racimos, útil conforme
-al uso antiguo, para coronar a las dos grandes diosas, y el azafrán
-dorado. Las fuentes fecundas del Céfiro derraman por las praderas
-aguas nunca dormidas; siempre, pródigas de vida, sus linfas puras se
-extienden por el fértil suelo de los campos. El coro de las musas y
-Afrodita, en su carro de oro, se complacen en recorrer estos parajes.
-Pero lo que las comarcas de Asia y la gran isla de Pélopos, habitada
-por los dorios, no deben haber poseído nunca es este árbol sagrado, que
-nace de sí mismo y es el terror de las lanzas enemigas. En esta comarca
-más que en cualquiera otra, florece este árbol precioso, el olivo,
-que se distingue por sus hojas verde pálido y alimenta a los niños.
-Ningún hombre, esté en la juventud o en el declinar de su vida, sería
-bastante imprudente para osar arrancarlo por su mano: hasta tal punto
-Zeus, que preside el olivo sagrado, vela sin cesar, con Palas, por su
-conservación.
-
-Pero en honor de esta metrópoli aún nos queda un elogio que hacer. Nos
-referimos a los presentes que recibe de un gran dios, a los presentes
-que la hacen gloriosa y hábil para criar y conducir corceles y para
-navegar. ¡Hijo de Cronos, soberano Poseidón, tú la has elevado a tal
-grado de gloria, tú hiciste conocer en esta comarca antes que nadie el
-freno que doma a los corceles; por tus lecciones el bajel, a impulsos
-de los remos, se lanza rápido y huye ante las nereidas hectápodas!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO TERCERO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-ANTÍGONA, EDIPO, EL CORO
-
-ANTÍGONA
-
-¡Oh comarca, tanto tiempo celebrada con tanto elogio, he aquí el
-momento de mostrar que lo merecéis!
-
-EDIPO
-
-¿Qué sucede, hija mía?
-
-ANTÍGONA
-
-Creón, seguido de numerosa escolta, llega, padre mío, está cerca.
-
-EDIPO
-
-Queridos y dignos ancianos, de vosotros depende ahora mi salvación.
-
-EL CORO
-
-Tranquilizaos; nosotros respondemos, pues si somos viejos, el vigor de
-esta comarca no ha envejecido aún.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, CREÓN
-
-CREÓN
-
-Generosos habitantes de esta tierra, veo en vuestras miradas que mi
-llegada os produce cierto espanto; cesad de temerme y suprimid toda
-palabra ofensiva; estoy viejo y heme cerca de una ciudad poderosa
-como nunca la hubo en Grecia. Encargado de convencer a este anciano
-(_señalando a Edipo_) de que me siga a los campos tebanos, yo, a
-quien los lazos de la sangre me han hecho más que a nadie deplorar
-sus desgracias, no vengo enviado por un solo hombre, sino por toda
-una ciudad. Desgraciado Edipo, dignaos, por lo tanto, escucharme y
-seguirme. Todo el pueblo tebano os llama con justicia, y yo más que
-todos los tebanos juntos; pues yo, más que todos ellos (si no soy el
-peor de los hombres), debo apiadarme de vuestro infortunio, viéndoos
-bajo el peso de males sin cuento, en comarcas extrañas, errante por
-doquier, a merced de una sola compañera que vele por vuestra vida. ¿A
-qué estado miserable no ha llegado ella misma, ocupada sin tregua en
-cuidaros, en mendigar algún sustento para conservar una existencia
-tan querida? ¡La infortunada, en la flor de la juventud, extraña a
-las dichas del himeneo, expuesta a ser presa del primer raptor! ¡Qué
-desgraciado soy (pues es vano disimular lo que nadie ignora), yo que
-he podido hacer caer tan sangriento oprobio sobre vos, sobre mí, sobre
-mi raza entera! Edipo, en nombre de los dioses de la patria, volved a
-habitar vuestra ciudad, vuestro palacio, la morada de vuestros padres;
-dirigid a esta ciudad en que estáis palabras de reconocimiento, las
-merece; pero venid a honrar, con más justicia, a la que os crió.
-
-EDIPO
-
-Hombre capaz de todo atrevimiento, y que de todo te vales para extender
-sobre tus palabras mendaces el velo de la justicia, ¿qué propósito
-te guía y por qué quieres cogerme en una trampa que sería para mí
-el más duro suplicio? En los primeros accesos del dolor que mis
-malaventuras me hicieron experimentar, cuando deseé dejar mi patria,
-les negasteis tal gracia a mis deseos; y cuando mi alma enfurecida se
-calmó, cuando empezaba a encontrar grato vivir en mi casa, entonces me
-echaste, me desterraste; entonces los lazos de la sangre que invocas
-ahora no te eran tan caros. Hoy que ves a esta ciudad y a todo este
-pueblo concederme su benevolencia, intentas llevarme a mi patria,
-ocultando con palabras lisonjeras la dureza de tu corazón: ¡tanto
-placer encuentras en amar a los que no aceptan tu amistad! ¡Qué! Sí,
-no dignándose concederte nada de lo que tú más desearas, un hombre
-quisiera después colmarte de bienes, cuando tus deseos se hallasen
-satisfechos y el beneficio no tuviera mérito, ¿el gusto que recibirías
-no sería vano y frívolo? He aquí, no obstante, cómo te muestras a
-mis ojos, benéfico en palabras y malo en acciones. Para poner más al
-descubierto toda tu maldad ante los que me escuchan, diré: Vienes con
-el propósito de llevarme contigo, no de restablecerme en mi casa; no
-quieres sino fijarme, por decirlo así, en tu puerta, y de ese modo
-preservar a tu ciudad de los males que la amenazan. No será así; pero
-puedo garantizarte que mi genio vengador habitará allí siempre y mis
-hijos no tendrán como herencia mía sino la tierra necesaria para morir
-en ella. ¿Crees que mi espíritu no penetra mejor que el tuyo en los
-destinos de Tebas? Mucho mejor, sin duda, si he de creer a dioses más
-clarividentes que tú. Apolo y Zeus mismo, que le dio el ser. Al venir
-aquí, tu boca mendaz ha preparado sutiles arengas; pero tu elocuencia
-podría valerte harto más trabajos que ventajas, pues, en fin, siento en
-mi corazón que no has de persuadirme. Vete, pues, y déjame vivir aquí;
-mi vida, aun en el estado en que me encuentro, no será desgraciada,
-puesto que me place.
-
-CREÓN
-
-Pero al hablarme de esa guisa, ¿a quién de nosotros pensáis que vuestra
-situación debe doler más?
-
-EDIPO
-
-Me será muy grata si no llegas a persuadirnos ni a mí ni a los que nos
-escuchan.
-
-CREÓN
-
-¡Infortunado, bien se ve que el tiempo no os ha hecho más prudente y no
-ha alimentado en vuestro corazón sino amargura y enojos para vuestra
-ancianidad!
-
-EDIPO
-
-Eres hábil en el arte de descubrir; pero no sé de ningún hombre justo
-que sepa hablar igualmente bien en pro de todas las causas.
-
-CREÓN
-
-Existe diferencia entre hablar mucho y hablar con oportunidad.
-
-EDIPO
-
-He aquí por qué en lo que hablas se unen la conveniencia y la brevedad.
-
-CREÓN
-
-No sin duda, a los ojos de un espíritu semejante al vuestro.
-
-EDIPO
-
-En nombre de los extranjeros que me escuchan, vete. Guárdate de poner
-la mano sobre mí en la tierra que debo habitar.
-
-CREÓN
-
-También recurro al testimonio de estos extranjeros, no al tuyo; que
-juzguen de qué suerte respondes a las palabras de tus amigos: si nunca
-me apoderase de ti...
-
-EDIPO
-
-¿Y quién osaría arrancarme de los brazos de mis defensores?
-
-CREÓN
-
-Sabré castigarte sin arrancarte de sus brazos.
-
-EDIPO
-
-¿Y cómo esperas ejecutar esa amenaza?
-
-CREÓN (_Cogiendo a Antígona._)
-
-He aquí ya en mis manos a una de tus hijas, que voy a enviar delante de
-mí; no tardaré en apoderarme de la otra.
-
-EDIPO
-
-¡Cielos!
-
-CREÓN
-
-Pronto tendrás nuevos motivos para gemir.
-
-EDIPO
-
-¿Te has apoderado de una de mis hijas?
-
-CREÓN
-
-La otra la seguirá.
-
-EDIPO
-
-¡Ay de mí! ¿Qué haréis, extranjeros? ¿Traicionaréis a un desgraciado?
-¿No echaréis a este impío de la tierra que habitáis?
-
-EL CORO (_A Creón._)
-
-Retiraos, extranjero, retiraos sin tardar. Lo que hacéis y habéis hecho
-es injusto.
-
-CREÓN (_A su séquito._)
-
-Apresuraos a arrastrarla si se niega a seguiros.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ah infeliz! ¿Cómo huiré? ¿Qué dioses o qué mortales se dignarán
-socorrerme?
-
-EL CORO
-
-(_A Creón, que quiere llevarse a Antígona._)
-
-¿Extranjero, qué hacéis?
-
-CREÓN
-
-No quiero tocar al anciano, sino a la que me pertenece.
-
-EDIPO
-
-¡Oh, soberanos de esta comarca!
-
-EL CORO
-
-Extranjero, vuestra acción es injusta.
-
-CREÓN
-
-Es justa.
-
-EL CORO
-
-¿Cómo?
-
-CREÓN
-
-Me llevo a las que son mías.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Oh ciudad!
-
-EL CORO
-
-¿Qué hacéis, extranjero? Poned fin a tal violencia, o experimentaréis
-el poder de nuestros brazos.
-
-CREÓN (_Al Coro._)
-
-Retiraos.
-
-EL CORO
-
-No, nunca, mientras persistáis en tal propósito.
-
-EDIPO (_A Creón._)
-
-Atacarme a mí es atacar a la ciudad entera.
-
-EL CORO (_A Edipo._)
-
-Ved lo que le decimos.
-
-CREÓN (_Al Coro._)
-
-Dejad al punto, dejad a esa muchacha en mis manos.
-
-EL CORO (_A Creón._)
-
-No déis órdenes donde no tenéis poder.
-
-CREÓN
-
-Os digo que la dejéis.
-
-EL CORO
-
-Y nosotros os decimos que os vayáis. ¡Venid, venid, acudid, habitantes
-de esta comarca; nuestra ciudad es atacada, venid, venid!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Desgraciada! ¡Me arrastran! ¡Ciudadanos, ciudadanos!...
-
-EDIPO
-
-Hija mía, ¿dónde estás?
-
-ANTÍGONA
-
-Me arrastran con violencia.
-
-EDIPO
-
-¡Tiende los brazos hacia mí, hija mía!
-
-ANTÍGONA
-
-No puedo.
-
-CREÓN (_A su séquito._)
-
-¿No acabáis de llevárosla?
-
-
-ESCENA III
-
-CREÓN, EDIPO, EL CORO
-
-EDIPO
-
-¡Cuán desgraciado soy!
-
-CREÓN (_A Edipo._)
-
-De hoy en adelante no marcharás sostenido por los dos apoyos de tu
-vejez; y ya que quieres triunfar de tu patria y tus amigos, en nombre
-de los cuales (aunque soy el rey) hago lo que me han ordenado, triunfa
-a tu gusto. Con el tiempo conocerás, me atrevo a creerlo, que al
-resistir a tus amigos y abandonarte a tu cólera, que te fué siempre tan
-funesta, no has hecho ni haces aún sino prepararte nuevas penas.
-
-EL CORO (_A Creón._)
-
-Deteneos, extranjero.
-
-CREÓN
-
-Guardaos de acercaros a mí.
-
-EL CORO
-
-No os perdonamos que no nos hayáis devuelto a la que nos arrebatáis.
-
-CREÓN
-
-Pronto tendréis una indemnización más grande que pedir para esta
-ciudad, pues no me limitaré a las dos hermanas.
-
-EL CORO
-
-¿Qué más haréis?
-
-CREÓN (_Señalando a Edipo._)
-
-Me lo llevaré a él.
-
-EL CORO
-
-¡Cielos! ¿Qué decís?
-
-CREÓN
-
-Lo que será luego ejecutado, si vuestro rey no se opone.
-
-EDIPO
-
-Amenaza insolente. ¿Osarías tocarme?
-
-CREÓN (_A Edipo._)
-
-Guárdate de seguir hablando.
-
-EDIPO
-
-¡No, las Euménides que aquí presiden no vedarán a mi boca pronunciar
-una imprecación contra ti, el más malo de los hombres; contra ti, que
-acabas de arrancarme insolentemente cuanto para mí sustituía a la luz
-de que carezco! ¡Que el sol, que lo ve todo, te dé a ti y a tu raza
-días tan deplorables como los míos y una vejez semejante!
-
-CREÓN
-
-Habitantes de esta tierra, ya veis sus arrebatos.
-
-EDIPO
-
-Nos ven a uno y a otro, y consideran que tomo venganza con palabras
-siendo oprimido con acciones.
-
-CREÓN
-
-No puedo dominar mi cólera, y, aunque solo, aunque debilitado por los
-años, voy a llevármele a la fuerza.
-
-EDIPO
-
-¡Ay infortunado!
-
-EL CORO
-
-¿Con qué pensamientos audaces, extranjero, habéis venido aquí, si
-esperáis ejecutar tales amenazas?
-
-CREÓN
-
-Sí, lo espero.
-
-EL CORO
-
-Si es así, no debemos tener esta ciudad en nada.
-
-CREÓN
-
-Cuando se trata de la justicia, el débil puede vencer al fuerte.
-
-EDIPO (_Al Coro._)
-
-¿Oís lo que osa decir?
-
-EL CORO
-
-No lo ejecutará.
-
-CREÓN
-
-Eso es lo que no sabéis vosotros, y sólo Zeus puede saber.
-
-EL CORO
-
-¡Qué insulto!
-
-CREÓN
-
-Un insulto que hay que soportar.
-
-EL CORO
-
-Ciudadanos, defensores de esta comarca, apresuraos, venid todos...,
-están a punto de franquear nuestros límites.
-
-
-ESCENA IV
-
-LOS PRECEDENTES, TESEO
-
-TESEO
-
-¿Qué gritos he oído? ¿Qué ha pasado? ¿Qué temor os mueve a arrancarme
-de los altares del dios que preside en Colona y a interrumpir mi
-sacrificio? Hablad, decidme por qué se me ha obligado a venir
-precipitadamente.
-
-EDIPO (_A Teseo._)
-
-Amigo mío (¡pues bien reconozco vuestra voz!), acabo de sufrir los más
-crueles ultrajes de ese hombre.
-
-TESEO
-
-¿Qué ultrajes? ¿Quién es su autor? Explicaos.
-
-EDIPO
-
-Ese Creón que veis, ha venido a robarme a mis dos hijas, al único apoyo
-que me quedaba.
-
-TESEO
-
-¿Qué decís?
-
-EDIPO
-
-La desgracia que acabo de sufrir.
-
-TESEO
-
-Volad al punto, corred a los altares donde el pueblo está reunido;
-que deje el sacrificio; que acuda diligente, a pie o a caballo, al
-vértice de ambos caminos; que impida el paso de las dos jóvenes
-princesas; que me evite la vergüenza de ser vencido por la violencia y
-de ser el ludibrio de ese extranjero; apresuraos a llevar a cabo mis
-órdenes; no hubiera yo tardado en castigarle por mi mano si me hubiera
-entregado de lleno al furor que merece; pero las mismas leyes por que
-él acaba de guiarme servirán para juzgarle. (_A Creón._) No saldréis
-de esta comarca sin que hayáis traído y puesto en mis manos a las dos
-princesas, ya que habéis obrado de manera tan indigna de mí, de vuestro
-origen y de vuestra patria. ¡Llegáis a una ciudad que sólo respira
-justicia y no hace nada contra la ley, y, pisoteando los principios
-que la rigen, os atrevéis, en vuestra violencia, a caer sobre vuestra
-presa, a llevárosla y a sojuzgarla! ¿Pensáis habéroslas con una ciudad
-sin ciudadanos y reducida a la esclavitud? ¿No me tenéis en nada?
-Tebas, sin embargo, no hizo de vos un mal hombre; no acostumbra a criar
-ciudadanos injustos; distaría mucho de aprobar vuestra conducta, si
-supiera que venís a llevaros de aquí, con violencia, a desgraciados
-suplicantes, que se amparaban en los dioses y en mí. Nunca, aunque
-hubiera tenido los motivos más justos, hubiera yo ido a vuestra patria
-para hacerle semejante ultraje; y nunca, sin contar con el soberano,
-quienquiera que hubiera sido, habría yo osado llevarme ni violentar a
-nadie. Sé muy bien cómo un extranjero debe conducirse entre ciudadanos.
-Y, no obstante, no teméis deshonrar a vuestra ciudad, que no lo merece.
-Sin duda los años os han turbado la razón. Ya os lo he dicho y os lo
-repito: haced al punto traer a las hijas de Edipo, si no queréis, mal
-que os pese, quedaros aquí. He aquí lo que os prometo y os promete mi
-corazón tanto como mi lengua.
-
-EL CORO
-
-Mirad adonde habéis llegado, extranjero; vuestra sangre anuncia en vos
-un hombre justo y vuestras acciones no muestran sino un mal hombre.
-
-CREÓN (_A Teseo._)
-
-Hijo de Egeo, no ha sido, como pretendéis, creyendo a esta ciudad sin
-ciudadanos ni prudencia como he llevado a cabo mi reciente acción, sino
-no creyendo que nadie aquí pudiera interesarse por mis deudos hasta el
-punto de querer sustentarlos a pesar mío. Pensaba, además, que esta
-ciudad no daría asilo a un hombre impuro, manchado con la sangre de su
-padre; a un hombre que ha sido a la vez hijo y esposo de su madre. Yo
-conocía la sabiduría del areópago, ese ilustre Tribunal que no permite
-a semejantes fugitivos establecerse aquí. En eso me fundaba al caer
-sobre mi presa; y aun así no lo hubiera hecho a no haber Edipo lanzado
-contra mí y mi raza las imprecaciones más terribles. Ante tal ultraje,
-he creído deber devolvérselo; pues la cólera es un sentimiento que
-no envejece y sólo se extingue en la tumba; los muertos no más son
-insensibles. Ahora haced lo que queráis, ya que, pese a la justicia
-de mis razones, la soledad en que me hallo me priva de fuerza y de
-defensa. Con todo, aun haré por devolveros cuantos malos tratos reciba
-de vos.
-
-EDIPO
-
-¡Qué insolente audacia! ¿Y sobre quién cae tal ultraje? ¿Sobre mí,
-desgraciado anciano, o sobre ti, que acabas de reprocharme muertes,
-lazos funestos, horrores en que me he visto envuelto a pesar mío? Eran
-obra de los dioses que vengaban en nuestra raza no sé qué antigua
-ofensa; pero no encontrarás contra mí el reproche legítimo de un solo
-crimen en cuanto he cometido con los míos y conmigo. En efecto, dime
-cómo, porque un oráculo predijo a mi padre que debía morir a manos
-de su hijo; podrías, con justicia, hacerme un reproche a mí, a quien
-mi padre y mi madre no me habían aún dado el ser, a mí que no había
-nacido. ¿Y cómo si, por la fatalidad que parece haberme perseguido,
-combatí con mi padre y le maté, sin saber lo que hacía, cómo, digo,
-puedes reprocharme con fundamento un crimen tan involuntario?
-¡Desgraciado, no te avergüenzas de obligarme a hablar aquí de mi
-himeneo con mi madre, que era tu hermana! ¡Qué himeneo! Lo diré, no
-lo callaré, ya que tu boca impía ha llegado a ese exceso de audacia.
-Sí, me llevó en su seno, me dio la vida ¡infeliz de mí!, y después de
-haberme engendrado, sin conocerme, sin conocerse a sí misma, me dio
-hijos que son su oprobio. Pero bien sé que gustas de tronar contra
-ella y contra mí. Por lo que a mí toca, a mi pesar casé con ella, y a
-mi pesar lo recuerdo. Pero, ni por tal himeneo ni por la muerte de mi
-padre, que te complaces tan a menudo en reprocharme amargamente, seré
-tenido nunca por un hombre perverso. Respóndeme tan sólo, hombre justo,
-¿si alguno viniese de súbito a atacarte, irías a informarte de si el
-agresor era tu padre, o te apresurarías a castigarle? Yo pienso que,
-por poco cara que te sea la vida, te vengarías al punto del culpable,
-sin considerar si eso sería un crimen o no. He aquí, sin embargo, la
-naturaleza de los crímenes a que la mano de los dioses me condujo; son
-tales, que si mi padre levantara la cabeza, no creo que se atreviese
-a reprochármelos; pero tú, que, sin conocer la justicia, no ves en
-tus palabras inconsideradas sino justicia y razón, ¡me reprochas mis
-desgracias delante de este pueblo! Te cuadra mucho, después de eso,
-halagar el gran nombre de Teseo y lisonjear a Atenas a propósito de la
-gloria de sus hijos. En medio de tales elogios, echas en olvido uno
-muy esencial; y es que, si hay en el mundo una ciudad que sepa honrar
-a los dioses, es Atenas la que supera en esa virtud a todas las demás;
-¡y no obstante, vienes a arrancar de su seno a un anciano suplicante
-y, alzando la mano sobre mí, te atreves a robarme a mis hijas! En pago
-de eso, me prosterno ante las diosas aquí presentes; las invoco, las
-conjuro con mis plegarias a que vengan en nuestro socorro y combatan a
-nuestro lado; así sabrás a qué hombres está encomendada la defensa de
-esta ciudad.
-
-EL CORO (_A Teseo._)
-
-Señor, este extranjero es de corazón virtuoso; sus infortunios son
-horribles y le hacen digno de nuestro interés en su defensa.
-
-TESEO
-
-Basta de palabras. ¡Mientras los raptores apresuran su marcha,
-nosotros, sobre quienes cae tal ultraje, permanecemos inactivos!
-
-CREÓN
-
-¿Qué exigís de mí en el abandono en que me hallo?
-
-TESEO
-
-Marchar ante mí por ese camino y conducirme al sitio donde tenéis
-ocultas a las hijas que consideramos como nuestras. Si los raptores
-las arrastran en su fuga, no hay que inquietarse mucho por ello, se
-les seguirá, y no tendrán motivo para dar gracias al cielo de haber
-escapado sanos y salvos de esta tierra. Conducidnos, pues, y pensad
-que habéis llegado a ser nuestra presa persiguiendo a la vuestra. La
-fortuna os ha cogido en la misma trampa que habíais tendido; pues
-la astucia es un mal medio para adquirir y para conservar. Harto se
-adivina en vuestra audaz actitud que no habéis llegado a la ligera ni
-sin apercibiros a hacernos tal ultraje. Os habéis confiado en alguna
-estratagema al poner mano en esta empresa; pero a mí me toca preverla y
-no permitir que una ciudad entera ceda en poder a un solo hombre. ¿Me
-habéis entendido? ¿O pensáis que las palabras que oís y las que oíais
-cuando concebíais vuestros planes son vanas y frívolas?
-
-CREÓN
-
-Mientras yo esté aquí no tendré nada que oponer a cuanto me digáis;
-pero de vuelta a mi patria, sabré lo que he de hacer.
-
-TESEO
-
-Amenazad, pero echad a andar, y vos, Edipo, permaneced tranquilo aquí,
-y creed que, si no muero, no tendré punto de reposo hasta que os haya
-devuelto a vuestras hijas.
-
-(_Salen. Edipo queda solo en escena con el Coro._)
-
-EDIPO
-
-¡Quiera el cielo, oh Teseo, que recojáis el fruto de los cuidados
-generosos y benéficos que os tomáis por nosotros!
-
-
-ESCENA V
-
-EDIPO, EL CORO
-
-EL CORO
-
-¡Quién se hallase donde pronto unos y otros han de encontrarse, han
-de mezclarse y han de hacer resonar la voz de bronce del dios Ares!
-¡Quién se hallase en los campos de Maratón o en las riberas de Eleusis,
-profusamente fulgurantes, donde las venerables diosas inician en
-augustos misterios a los mortales, sobre cuya lengua se posa la llave
-de oro de los Eumólpidas sus ministros! Allí, sin duda, el valiente
-Teseo y las dos muchachas a quienes el himeneo no ha sometido aún a su
-yugo han de hacer resonar por los campos sus penetrantes clamores.
-
-Quizá sea hacia el occidente de la roca blanca, no lejos del burgo de
-Aca, donde los carros y los caballos encontrarán a los raptores. Se les
-despojará de su presa, su perseguidor Ares es terrible, y terrible,
-además, es el valor de los teseidas. Los frenos de los caballos brillan
-por doquier; los adoradores de Palas guerrera y del dios de los
-mares, el hijo querido de Rea, avanzan sobre corceles magníficamente
-engualdrapados.
-
-Entablado el combate, si hemos de dar crédito a nuestros
-presentimientos, los raptores no tardarán en tener que entregar a la
-que ha sufrido tantos ultrajes, a la que un pariente ha tratado de un
-modo tan indigno. Diariamente Zeus castiga de modo semejante. Somos los
-profetas del éxito del combate: ¡quién pudiera, con las alas rápidas de
-la paloma, lanzándose al seno de las nubes, ver con sus propios ojos el
-combate que esperamos! Zeus, soberano del Olimpo, tú que lo ves todo, y
-tú, Palas, su augusta hija, coronad el valor de los que gobiernan esta
-tierra; haced que sus soldados no persigan sin fruto su presa. También
-os suplicamos, Apolo, amigo de la caza, y su hermana, de pies veloces,
-que os complacéis en la persecución de los ciervos ligeros, que vengáis
-ambos en socorro de esta tierra y de sus habitantes.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO CUARTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-EDIPO, EL CORO
-
-EL CORO
-
-Extranjero desgraciado (_A Edipo._), no diréis que somos profetas
-mendaces. Diviso a ambas princesas; tornan, están ya cerca.
-
-EDIPO
-
-¿Dónde están? ¿Dónde están? ¿Qué decís? ¿Qué me habéis anunciado?
-
-
-ESCENA II
-
-TESEO, ANTÍGONA, ISMENA, EDIPO, EL CORO
-
-ANTÍGONA
-
-¡Padre mío, padre mío! ¿Qué dios os concederá el favor de ver con
-vuestros propios ojos al más generoso de los mortales que nos devuelve
-a vuestros brazos?
-
-EDIPO
-
-¡Hijas mías! ¿Estáis aquí, en efecto, ambas?
-
-ANTÍGONA
-
-El brazo de Teseo y de sus valerosos guerreros nos ha salvado.
-
-EDIPO
-
-Venid, hijas mías, venid; abrazad a vuestro padre, dadle este placer de
-que no esperaba ya gozar.
-
-ANTÍGONA
-
-Seréis satisfecho; nuestros deseos responden a los vuestros.
-
-EDIPO
-
-¿Dónde estáis? ¿Dónde estáis?
-
-ANTÍGONA
-
-Henos aquí a una y a otra.
-
-EDIPO
-
-¡Hijas queridas!
-
-ANTÍGONA
-
-¿Las hay que no sean caras al corazón de un padre?
-
-EDIPO
-
-¡Apoyos de mi vejez!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Infortunados sostenes de un infortunado!
-
-EDIPO
-
-Tengo en mis brazos lo que me es más querido. Puesto que mis dos hijas
-están junto a mí, no moriré del todo desgraciado. Hijas mías, apoyaos
-sobre mi pecho, apretad vuestro cuerpo contra el de quien os dio el
-ser; haced olvidar a mi corazón desdichado mi soledad y mis fatigas.
-Decidme cuanto ha sucedido, y decídmelo en pocas palabras, como cuadra
-a vuestra edad.
-
-ANTÍGONA
-
-He aquí a quien nos ha salvado; eso es cuanto os importa saber, padre
-mío, y estas pocas palabras bastan para vos y para mí.
-
-EDIPO (_A Teseo._)
-
-No os asombre, oh príncipe, que cuando mis hijas me son devueltas
-contra toda esperanza, me abandone al placer de abrazarlas. Harto sé
-que a vos, a vos sólo, os debo tan grande beneficio; sólo vos entre
-todos los mortales me habéis conservado a mis hijas. Que los dioses,
-como deseo, os lo premien, a vos y a esta comarca, ya que sólo aquí,
-sólo entre vosotros, he hallado la piedad, la justicia y la verdad.
-Teniéndolo en cuenta, ved con qué palabras quiero responder a vuestros
-beneficios, pues lo que tengo, lo tengo por vos y por ningún otro de
-entre los humanos. ¡Dadme, oh rey, la mano, que pueda yo tocarla, que
-pueda, si me es permitido, besar vuestra frente...! Pero ¿qué digo?
-¿Cómo, ¡infeliz de mí!, me atrevería a tocar a un mortal sin mancilla
-alguna? No os tocaré, no permitiré siquiera que me toquéis; sólo a
-los que han sufrido semejantes desgracias les corresponde compartir su
-peso. Pero vos sed dichoso y conservad para mí en lo futuro la misma
-benevolencia equitativa de que me habéis hoy dado pruebas.
-
-TESEO
-
-En vuestro gozo de recibir a vuestras hijas, no me hubiera sorprendido
-que hubierais dado aún más extensión a vuestras expansiones con ellas,
-y aunque hubierais preferido en ese momento conversar con ellas a
-hacerlo conmigo, no hubiera yo tenido por qué quejarme. Más por las
-acciones que por las palabras, procuro derramar algún resplandor sobre
-mi vida; y doy prueba de ello, pues de cuanto os he jurado, nada he
-dejado de cumpliros, anciano. En efecto, os devuelvo a vuestras hijas,
-a quienes he salvado y librado de los peligros que las amenazaban. No
-encareceré a vuestros ojos el desarrollo del combate: lo sabréis por
-boca de vuestras mismas hijas. Por de pronto, escuchad lo que acabo de
-oir al llegar aquí. La noticia no es muy importante, pero es natural
-que os asombre; no hay acción indiferente y que en absoluto no merezca
-que nos preocupemos de ella.
-
-EDIPO
-
-Hijo de Egeo, ¿qué noticia es esa? Dignaos dármela; ignoro lo que
-podéis haber sabido.
-
-TESEO
-
-Dicen que un hombre, que no es vuestro conciudadano, sino vuestro
-pariente, ha ido a prosternarse y sentarse al pie del altar de
-Poseidón, del altar donde yo sacrificaba cuando he acudido.
-
-EDIPO
-
-¿De dónde viene y con qué fin se ha sentado al pie de tal altar?
-
-TESEO
-
-Lo ignoro. Sólo sé y se me ha dicho que os pide una entrevista muy
-corta.
-
-EDIPO
-
-¿Qué entrevista? Esa actitud de suplicante no anuncia un asunto de poca
-importancia.
-
-TESEO
-
-Dicen que no pide sino hablaros y marcharse.
-
-EDIPO
-
-¿Quién es ese mortal que se presenta aquí como suplicante?
-
-TESEO
-
-¿No tendríais en Argos algún pariente que pudiera pediros tal gracia?
-
-EDIPO
-
-Amigo mío, no vayáis más lejos.
-
-TESEO
-
-¿Qué os pasa?
-
-EDIPO
-
-No me preguntéis nada.
-
-TESEO
-
-Explicaos.
-
-EDIPO
-
-Por lo que acabo de oir, sé quién es el suplicante.
-
-TESEO
-
-¿Y quién puede ser ese hombre, que estoy ya a punto de odiar?
-
-EDIPO
-
-Príncipe, mi hijo, mi detestable hijo, de todos los mortales aquel con
-quien una entrevista me haría sufrir más.
-
-TESEO
-
-¿No podéis escucharle y no hacer sino lo que gustéis? ¿Tan enojoso es
-para vos el oirle?
-
-EDIPO
-
-Sólo su voz sería para el corazón de un padre el más horrible tormento.
-¡No me pongáis en la necesidad de tener para vos tal complacencia!
-
-TESEO
-
-Pero si el derecho de los suplicantes os pone en tal necesidad, tened
-en cuenta los respetos que yo me vería obligado a tener para el dios.
-
-ANTÍGONA
-
-Padre mío, por joven que sea vuestra hija, dignaos atender a sus
-consejos; dejad al príncipe satisfacer los deseos de su corazón y
-las voluntades del dios. Concedednos la gracia de dejar venir aquí a
-mi hermano. Tranquilizaos; cuanto pueda deciros contrario a vuestros
-propósitos no violentará vuestra voluntad. ¿Qué peligro hay para vos
-en escucharle? Se pueden juzgar las intenciones por las palabras.
-Vos, padre mío, le habéis dado el ser, y aunque os hubiera inferido
-los más crueles e impíos ultrajes, no estaría bien que pretendieseis
-devolvérselos. Dignaos recibirle. Otros padres han tenido hijos
-indignos y vivos resentimientos; pero la voz de la amistad tenía sobre
-ellos un poderoso influjo que subyugaba su ira. No recordéis vuestros
-males presentes, sino los que habéis sufrido por culpa de vuestro padre
-y vuestra madre; si los consideráis, estoy segura de que veréis al
-punto el resultado funesto de una cólera cruel. Privado de la luz del
-día, vuestros recuerdos son dolorosos; ceded a nuestras súplicas. Es
-vergonzoso resistir a los que sólo piden justicia, y cuando recibís de
-ellos trato tan dulce, haríais mal en no saber corresponder a él.
-
-EDIPO
-
-Hija mía, vos y Teseo me habéis vencido exigiendo de mí esta
-complacencia que me pesa. Haced lo que os plazca; pero, príncipe, sólo
-os pido que no permitáis, si viene aquí, que nadie pueda hacerse dueño
-de mi destino.
-
-TESEO
-
-Anciano, lo que me habéis pedido una vez, no es preciso que me lo
-pidáis nuevamente. Evito toda vana ostentación, pero si algún dios vela
-por mi conservación, me atrevo a responder de la vuestra.
-
-
-ESCENA III
-
-LOS PRECEDENTES, excepto TESEO
-
-EL CORO
-
-Aquel que, descontento de ver su vida limitada a un corto número
-de días, desea vivir más, padece, en sentir nuestro, una funesta
-obcecación, ya que muy a menudo los días sólo se multiplican para
-acrecentar el dolor en nosotros. El hombre, aun obteniendo más de lo
-que desea, no es más feliz; aun junto a la tumba es insaciable, aun en
-la hora fatal en que no hay ya himeneo, ni cantos, ni danzas; aun en la
-hora, en fin, en que la muerte se presenta.
-
-Hubiera sido mejor para el hombre no haber nacido nunca o no venir
-al mundo sino para volver cuanto antes a la nada de que ha salido. En
-efecto, desde que la juventud llega, trayendo consigo tantas frívolas
-ligerezas, ¿cuál es el hombre que puede escapar a los males que las
-siguen? ¡Cuántas penas se unen en ellas! Las muertes, las sediciones,
-las disputas, los combates y la envidia; la vejez viene a suplantarla,
-la vejez aborrecida, sin fuerza, sin sociedad, sin amigos, en la que
-los males se amontonan sobre los males.
-
-Llegado a ese término, Edipo es desgraciado; no somos los únicos
-que nos quejamos. Lo mismo que una roca, en la costa del Norte, es
-durante la tempestad asediada por las olas que vienen a desplomarse
-sobre ella por doquier, los males horribles, encadenados uno a otro,
-vienen rodando sin tregua a herir al desgraciado Edipo; unas vienen
-de Poniente, otras de Levante; éstos de las regiones del Mediodía,
-aquellos de las nórdicas en que habita la noche.
-
-
-ESCENA IV
-
-EDIPO, ANTÍGONA, ISMENA, POLINICIO, EL CORO
-
-ANTÍGONA
-
-He ahí, padre mío, he ahí, se me figura, al extranjero, que avanza solo
-y sin séquito, los ojos anegados en lágrimas.
-
-EDIPO
-
-¿Quién es?
-
-ANTÍGONA
-
-El que habíamos ya sospechado.
-
-POLINICIO
-
-¿Qué debo hacer, hermanas mías? ¿Debo verter lágrimas sobre mis propias
-desgracias o sobre las de un padre que encuentro aquí con vosotras,
-cargado de años, errante por una tierra extraña, cubierto con esa
-indigna vestimenta, que, envejeciendo con él sobre su cuerpo marchito,
-no es sino un objeto de disgusto y de horror, mientras sus cabellos en
-desorden son juguete del viento, sobre su rostro privado de la luz? Y
-sin duda los alimentos con que mantiene su cuerpo infortunado están en
-armonía con cuanto veo. ¡Desgraciado de mí! He sabido demasiado tarde
-tan deplorable suerte. Soy, lo confieso, el más malo de los hombres,
-pero vengo a ofreceros los socorros que os faltan y que no debéis
-buscar en otra parte. Pensad que el respeto para los suplicantes está
-sentado sobre el mismo trono de Zeus; que lo esté también junto a vos,
-padre mío. Se pueden remediar las faltas, pero no se pueden anular...
-¡Os calláis, padre mío! Dignaos hablarme. ¿Por qué me esquiváis? ¿Por
-qué no me respondéis? ¿Me dejaréis ir así, bajo el peso de vuestro
-desprecio, sin dirigirme ni una palabra, sin explicarme vuestros
-resentimientos? Hijas de Edipo, hermanas mías, intentad conmigo
-arrancar algunas palabras a esa boca muda y cruel, haced que no
-persevere en su silencio y que no me deje ir sin honor, a mí, que soy
-el suplicante de un dios.
-
-ANTÍGONA (_A Polinicio._)
-
-Decid, infortunado, decid qué motivo os trae; pues con frecuencia un
-discurso extenso puede, excitando el interés, el resentimiento, la
-piedad misma, obligar a hablar a quienes se obstinan en callar.
-
-POLINICIO
-
-Me explicaré, pues vuestros consejos merecen ser seguidos. Llamaré
-por de pronto en mi ayuda al dios que yo imploraba cuando el rey de
-esta comarca me ha hecho dejar su altar para venir aquí, dándome la
-seguridad de que podría hablar, escuchar y partir libremente. Ved
-lo que oso esperar de vosotros, extranjeros, y de vosotros, padre y
-hermanas mías. Lo que me trae aquí, padre mío, osaré decíroslo. Estoy
-desterrado de mi patria por haber querido, como primogénito, subir
-al trono de Tebas. En vez de reconocer tal derecho, Eteocles me ha
-echado de mi tierra natal, no triunfando de mí con sus razones, su
-valor o su fuerza, sino atrayendo a su partido a la ciudad entera. La
-furia que os venga fué, lo confieso, la principal causa, según luego
-he sabido por la boca misma de los adivinos; pues apenas llegué a los
-muros de Argos, de la tierra de los dorios, casando con la hija de
-Adrasto, he tenido por confederados a todos los varones principales
-de la comarca, cuyo valor los distinguía entre todos; y formando con
-ellos, contra Tebas, un ejército dividido en siete cuerpos, no tenía yo
-otro propósito que morir por tan justa causa o expulsar de mi patria
-a los autores de mi infortunio, y no obstante ¿por qué he venido?
-Para dirigiros, padre mío, las más humildes súplicas, en mi nombre y
-en el de mis aliados, que, a la cabeza de siete divisiones, de siete
-cuerpos, se han lanzado contra las murallas de Tebas. El primero es
-el valiente Anfiarao, que sobrepuja a todos sus rivales en el arte de
-combatir con la lanza y de interpretar el vuelo de las aves; el segundo
-es el etolio Tider, hijo de Eneo; el tercero es Eteocles, nacido en
-la ciudad de Argos; el cuarto es Hipomedón, a quien su padre Talao
-envió a dicha expedición; el quinto se envanece de destruir en seguida
-de arriba a abajo la ciudad de Tebas; su nombre es Capaneo; el sexto
-ha venido de Arcadia, se llama Partenopeo, y ha tomado ese nombre de
-su madre Atalante, rebelde durante mucho tiempo al yugo del himeneo;
-en fin, yo, que soy vuestro hijo, o que al menos debo el ser a un
-destino funesto, yo a quien llaman vuestro hijo, yo soy quien conduce
-el intrépido ejército de los argivos. Nos reunimos todos, padre mío,
-para pediros de rodillas, en nombre de vuestra propia vida, en nombre
-de vuestras dos hijas, que hagáis ceder vuestra inflexible cólera a
-los deseos que rebosan en mi corazón de castigar a un hermano que
-me ha expulsado, que me ha despojado de mi patria. Si en efecto se
-debe dar fe a los oráculos, aquel de ambos partidos que vos abracéis
-debe, según ellos, ser el vencedor. Me atrevo, pues, a suplicaros,
-por las fuentes sagradas, por los dioses de la patria, que calméis
-vuestros resentimientos y os rindáis a nuestros deseos. Soy, como
-vos, extranjero y despojado de todo. Vos y yo, sometidos al mismo
-destino, no tenemos otro asilo que el obtenido por nuestras súplicas;
-mientras mi hermano (¡infeliz de mí!) reina en su palacio y, entregado
-allí a la molicie, nos insulta a uno y otro con risas burlonas. Si os
-dignáis hacer vuestros mis sentimientos, no tardaría yo en confundirlo,
-sin grandes preparativos ni trabajos. Os llevaré de nuevo a vuestro
-palacio, os restableceré en él, lo mismo que a mí, luego de haberlo
-expulsado. Ved lo que me atrevo a prometer con seguridad si vuestra
-voluntad se une a la mía; pero, sin vos, no tendré siquiera fuerza
-suficiente para salvar mi vida.
-
-EL CORO
-
-En atención a quien os envía ese suplicante, respondedle, Edipo, lo que
-os cuadre decirle, y despedidle luego de vuestra respuesta.
-
-EDIPO
-
-Creed, ciudadanos, creed que a no ser Teseo, el soberano de este país,
-quien me lo ha enviado, exigiendo que le respondiese, nunca el sonido
-de mi voz hubiera herido sus oídos; va, pues, a oir lo que se merece,
-que, sin duda, no llenará su vida de encantos. ¿No fuiste tú, malvado,
-quien en Tebas, poseyendo el trono y el cetro que tu hermano posee
-ahora expulsaste a tu padre, le redujiste a vivir sin patria y a llevar
-estas indignas vestiduras, cuya vista te arranca hoy lágrimas, hoy que
-te ves en las mismas desgracias que yo? Pero esas desgracias no las
-lloraré, las soportaré, conservando en mi corazón mientras viva el
-recuerdo de tu parricidio. Porque tú eres quien me indujiste al estado
-miserable en que vivo, tú quien me expulsaste, tú quien me pusiste en
-el trance de errar así, mendigando por doquier mi pan cotidiano. En
-fin, si yo no hubiera dado el ser a estas dos hijas para mantenerme,
-hubiera muerto y tú hubieras sido mi asesino. Ellas, ahora, me cuidan,
-me mantienen y, por el valor que demuestran padeciendo conmigo, tienen
-harto menos de mujeres que de hombres. Vosotros, hijos ingratos, no
-sois mis hijos. Por eso el dios vengador que te persigue no te mira
-aún con los mismos ojos que te mirará cuando todo ese ejército avance
-hacia los muros de Tebas: pues no derribarás sus murallas, y antes que
-sean destruidas caerás anegado en tu sangre, y tu hermano contigo. He
-ahí las imprecaciones que yo había lanzado contra vosotros dos, y que
-en este momento llamo nuevamente en mi ayuda, para enseñaros a respetar
-a quienes os han dado la vida y a no humillar con vuestro desprecio a
-un padre privado de la luz. No es ese el ejemplo que vuestras hermanas
-os han dado; por lo cual, el palacio, el cetro, que eran vuestros,
-llegarán a ser su patrimonio, si es verdad que la justicia, fiel a las
-leyes eternas, está sentada desde el principio de los tiempos en el
-trono de Zeus. Aléjate, pues, detestable mortal, aléjate, malvado, de
-un padre que reniega de ti. Acompáñente las nuevas imprecaciones que
-contra ti invoco: que nunca puedas triunfar de tu patria por las armas
-ni trasponer de nuevo los muros de Argos, que perezcas a manos de tu
-hermano, inmolando a ese hermano por quien fuiste expulsado. Oye los
-votos que hago: Pido al Tártaro, hoy mi dios tutelar, que te reciba en
-sus tinieblas horribles, llamo en mi socorro a las furias que aquí
-presiden, al dios Ares, que ha encendido en vuestros corazones la
-llama de un odio implacable. Ya me has oído; parte y ve a contar a los
-tebanos y a tus fieles aliados con qué presentes ha premiado Edipo a
-sus dos hijos.
-
-EL CORO
-
-Polinicio, no hay motivo para felicitaros por el éxito de vuestro
-viaje; partid al punto, apresuraos a volver sobre vuestros pasos.
-
-POLINICIO
-
-¡Viaje fatal, deplorable calamidad! ¡Desgraciados compañeros míos!
-¿Es esta esperanza con que partí de Argos? ¡Infeliz de mí! ¿Cómo
-me presentaré ante mis aliados? ¿De qué modo les hablaré? Mudo y
-confundido, tendré que permanecer hundido en mi infortunio. Hermanas
-mías, vosotras que sois sus hijas, vosotras que habéis oído las
-crueles imprecaciones de este padre, en nombre de los dioses, si han
-de cumplirse en vuestro provecho y volvéis a ver vuestra patria, no me
-rechacéis con desprecio, concededme los honores fúnebres y depositad
-mi cuerpo en una tumba. Por grandes que sean las alabanzas que os
-conquisten hoy los cuidados que prodigáis a vuestro padre, no serán
-menos lisonjeras las que obtengáis por los que a mí me dediquéis.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Polinicio, rendíos a mis súplicas!
-
-POLINICIO
-
-¿Qué queréis, cara Antígona? Hablad.
-
-ANTÍGONA
-
-Volved cuanto antes a Argos con vuestro ejército y no expondréis a un
-tiempo vuestra vida y la felicidad de la patria.
-
-POLINICIO
-
-Lo que me pedís no es posible. ¿Cómo merecería yo mandar este ejército,
-otra vez, si mostrase hoy algún temor?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Y para qué habíais de ceder otra vez a vuestros resentimientos? Cuando
-hayáis destruido vuestra patria, ¿qué bien os vendrá de ello?
-
-POLINICIO
-
-Sería vergonzoso huir; verme objeto de las burlas de un hermano menor.
-
-ANTÍGONA
-
-¿No tenéis en cuenta que vuestro furor realiza las profecías de un
-padre que predice que moriréis uno a manos de otro?
-
-POLINICIO
-
-Eso quiere, en efecto; pero eso no es para nosotros una razón que nos
-mueva a ceder.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Infeliz de mí!... ¿Quién después de oir sus predicciones osará
-seguiros?
-
-POLINICIO
-
-Me guardaré bien de anunciar lo que hay en ellas de funesto. Un buen
-general debe decir lo que le favorece, no lo que le perjudica.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Es eso lo que habéis resuelto?
-
-POLINICIO
-
-No me retengáis más, es necesario que yo siga mi camino, aunque mi
-padre y sus furias lo hayan tornado tan temible y tan funesto para mí.
-Que Zeus, hermanas mías, os abra otro, si me concedéis, cuando muera,
-los cuidados que os he pedido, pues no podréis ya dedicármelos en vida.
-Dejadme libre: adiós. Cuando volváis a verme no gozaré ya la luz de los
-cielos.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Infeliz de mí!
-
-POLINICIO
-
-Cesad de suspirar por mi suerte.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Quién viéndoos correr a una muerte que prevéis, hermano mío, podría
-evitar el gemir?
-
-POLINICIO
-
-Moriré si es necesario que muera.
-
-ANTÍGONA
-
-Hermano mío, no; ceded antes bien a mis consejos.
-
-POLINICIO
-
-No me aconsejéis lo que no debo hacer.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Qué desgracia para mí si he de verme privada de vos!
-
-POLINICIO
-
-Los dioses no más lo hacen todo; ellos nos hacen nacer con buena o
-mala suerte. Yo los invoco en favor vuestro y les pido que aparten de
-vosotras todos los males. Bien merecéis veros exentas de ellos.
-
-
-ESCENA V
-
-EDIPO, ANTÍGONA, ISMENA, EL CORO
-
-EL CORO
-
-Nos han llegado las nuevas calamidades, los males terribles anunciados
-por ese anciano ciego, aunque el destino no haya todavía hecho llegar
-su hora; pues la autoridad de los dioses nunca es vana. El tiempo, sólo
-el tiempo lo ve todo; realiza unas cosas hoy y otras mañana. ¡Pero el
-trueno resuena, oh Zeus!
-
-EDIPO
-
-¡Hijas mías, hijas mías! ¿Algún habitante de estos lugares querría
-traerme al virtuoso Teseo?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué razón, padre mío, os hace desear su presencia?
-
-EDIPO
-
-El rayo alado de Zeus me conducirá en breve a los infiernos. Enviad
-cuanto antes en busca del rey.
-
-EL CORO
-
-Escuchad con qué ruido terrible, el dios hace murmurar su rayo.
-Nuestros cabellos se encrespan de espanto, nuestro corazón se hiela,
-los relámpagos aumentan e inflaman los cielos. ¿Cuál será el fin de
-tal presagio? Lo tememos: no en vano tiene lugar; alguna calamidad le
-seguirá... ¡Oh Éter, oh Zeus!
-
-EDIPO
-
-Hijas mías, mi término, predicho por los oráculos, ha llegado: no hay
-ya medio de evitarlo.
-
-EL CORO
-
-¿Cómo lo sabéis? ¿En qué signo lo habéis conocido?
-
-EDIPO
-
-Lo sé y basta. Que se apresuren a traer al soberano de esta comarca.
-
-EL CORO
-
-¡Oh cielos, oid de nuevo resonar en los aires ese ruido terrible!
-¡Sednos propicio, gran dios, sednos propicio! ¡Y si es un signo funesto
-para nuestra patria, que se nos torne favorable! ¡Que la presencia de
-un anciano desgraciado no vuelva contra nosotros nuestros beneficios!
-Zeus, a ti nos dirigimos.
-
-EDIPO
-
-¿Viene Teseo? ¿Podrá, hijas mías, encontrarme con vida aún, con
-conocimiento?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué prenda de vuestra fe queréis dar a su corazón?
-
-EDIPO
-
-Quiero, por los beneficios recibidos de él, darle la útil recompensa
-que mi boca le ha prometido.
-
-EL CORO
-
-Venid, hijo, venid, aunque estéis en la playa, ocupado en hacer un
-nuevo sacrificio en los altares de Poseidón, acudid. Este extranjero
-quiere daros a vos y a la ciudad el justo premio de vuestros
-beneficios. Apresuraos, príncipe, apresuraos.
-
-
-ESCENA VI
-
-LOS PRECEDENTES, TESEO
-
-TESEO (_Al Coro._)
-
-¿Qué gritos son esos que unánimemente hacéis resonar en los aires? He
-reconocido vuestra voz, he reconocido la de este extranjero. ¿Es el
-rayo de Zeus, es la granizada lo que le excita? Se puede conjeturar
-todo entre los horrores de semejante tempestad.
-
-EDIPO
-
-Príncipe, deseo vuestra presencia. Un dios, sin duda, ha conducido aquí
-vuestros pasos.
-
-TESEO
-
-¿Qué ocurre, hijo de Layo?
-
-EDIPO
-
-Que ha llegado el fin de mi vida. No quiero morir sin mostrarme fiel a
-las promesas que os he hecho a vos y a esta ciudad.
-
-TESEO
-
-¿Y en qué fundáis las conjeturas de vuestra muerte?
-
-EDIPO
-
-Los dioses mismos, los dioses, que no engañan nunca, son los heraldos
-que me la anuncian por los signos con que acaban de avisarnos.
-
-TESEO
-
-¿Y cómo, anciano, os lo han manifestado?
-
-EDIPO
-
-Con los frecuentes truenos, con las flechas de fuego que lanza una mano
-invencible.
-
-TESEO
-
-Os creo; pues he visto que sabéis predecir y que vuestros labios
-ignoran la mentira. Decidme, pues, qué hay que hacer.
-
-EDIPO
-
-Lo que voy a haceros saber, hijo de Egeo, es para esta ciudad un
-beneficio perdurable. En breve yo solo y sin guía os conduciré al lugar
-donde debo morir. Guardaos de descubrir a nadie dónde está oculto, ni
-hacia qué lado puede estar, si queréis que sea siempre para vos, contra
-los países vecinos, una defensa superior a una multitud de lanzas y
-broqueles. Quiero evitar el revelárselo a ninguno de estos ciudadanos
-y hasta a mis hijas, pese al amor que les profeso. Sed siempre el
-fiel depositario de este secreto, y cuando lleguéis al fin de vuestra
-vida, no se lo confiéis sino a quien haya de ocupar el primer rango,
-quien a su vez no se lo revelará sino a su sucesor: con lo que haréis
-de esta ciudad un escollo insuperable contra todo esfuerzo de los
-tebanos. ¡Cuántas ciudades, aun estando muy bien gobernadas, se han
-dejado cegar por el orgullo! Pero las miradas de los dioses, aunque
-tardíamente, se posan al fin sobre quien, rechazando las leyes de la
-piedad, se abandona a sus arrebatos. ¡Que el cielo os libre, hijo
-de Egeo, de exponeros a tal desgracia!; pero lo que puedo deciros a
-ese propósito, lo sabéis ya. Vamos, pues, porque la orden de Zeus me
-apremia; marchemos, sin desviarnos, hacia el lugar que me espera. Hijas
-mías, seguidme; yo os guiaré hoy como vosotras habéis guiado a vuestro
-padre. Retiraos, no me toquéis, dejadme a mí encontrar la tumba sagrada
-donde el destino quiere que yo me sepulte en el seno de esta tierra...
-Venid, venid adonde me conducen Hermes y la diosa de los infiernos...
-¡Oh luz, que perdiste la claridad para mí, en este instante vuestros
-rayos alumbran mi cuerpo por última vez; pues estoy en el término de
-mi vida y voy a hundirme en los infiernos! ¡Oh Teseo, el más caro de
-cuantos me han dado hospitalidad, oh tierra, oh ciudadanos, sed por
-siempre felices, y en medio de vuestra dicha recordad mi muerte!
-
-(_Salen._ EL CORO _queda solo._)
-
-EL CORO
-
-¡Diosa invisible, y vos, Hades, soberano de la eterna noche, si nos
-es permitido dirigiros nuestras plegarias, haced, os lo rogamos, que
-ese anciano alcance una muerte apacible, sin angustias, y descanse
-dulcemente en la laguna Estigia, en la región de los muertos donde todo
-se suma! Y vos, extranjero, después de tantos tormentos sufridos sin
-merecerlos, ¡que un dios justo os mire con ojos benignos!
-
-Diosa subterránea, y tú, invencible guardián de los infiernos, monstruo
-horrible a quien nos representan gruñendo y acostado ante las puertas
-de Hades, hijo del Tártaro y de la Tierra, te suplicamos que acojas con
-dulzura al extranjero que va a precipitarse en la morada subterránea de
-los muertos: te invocamos a ti, cuyo sueño dura eternamente.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO QUINTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-UN MENSAJERO, EL CORO
-
-EL MENSAJERO
-
-Ciudadanos: puedo en pocas palabras anunciaros la muerte de Edipo; mas
-para las circunstancias de este acaecimiento unas breves palabras no
-bastan.
-
-EL CORO
-
-¡Ha muerto el infortunado!
-
-EL MENSAJERO
-
-Ha dejado esta vida para siempre.
-
-EL CORO
-
-¿De qué manera? ¿Su fin ha sido al menos dulce? ¿Parecía obra de un
-dios?
-
-[Ilustración]
-
-EL MENSAJERO
-
-De un modo digno de admiración. En efecto, habéis visto vosotros, que
-estabais presentes, cómo ha partido de aquí sin ser guiado por nadie, y
-sirviéndonos de guía a nosotros. Apenas ha llegado al umbral del abismo
-que se arraiga a la tierra por una escalera de bronce se ha detenido
-hacia el sitio donde el camino se divide en varios ramales, cerca del
-profundo cráter donde reposan los monumentos de la eterna amistad que
-Teseo y Pirítoo se juraron en otro tiempo. Se ha sentado a distancia
-igual de la crátera, de la roca tórica, de una tumba de piedra y de un
-peral salvaje cuyo tronco está carcomido por los años. Se ha despojado
-de los repugnantes harapos que le cubrían, y llamando a sus hijas, les
-ha ordenado que le busquen un agua pura para baños y libaciones. Ambas
-han corrido a la colina de la fecunda Deméter que se divisa no lejos de
-allí y han ejecutado presurosas los deseos de su padre. Le han bañado y
-lo han cubierto con vestiduras nuevas, conforme a los ritos prescritos.
-Apenas ha gustado las dulzuras de los servicios que le prestaban;
-apenas todas sus órdenes han sido cumplidas, Zeus ha hecho sonar su
-trueno subterráneo. Las dos muchachas, estremeciéndose al oirlo, se
-han prosternado ante su padre, deshechas en lágrimas, golpeándose el
-pecho y lanzando largos gemidos. Edipo, en cuanto ha oído ese ruido
-espantoso, extendiendo ambos brazos sobre sus hijas: «Hijas mías --ha
-dicho-- no tenéis ya padre; todo ha acabado para mí. No tendréis ya
-que soportar las penosas fatigas que os causaba el cuidado de mi
-subsistencia; eran crueles, lo sé; pero para endulzar los más rudos
-trabajos, os bastaba saber que nadie os amará nunca más que yo. Me
-perdéis hoy, y el resto de vuestra vida va, desde ahora, a deslizarse
-en esa privación amarga.» A estas palabras padre e hijas se han
-abrazado, llorando y sollozando. Al fin, calmado su llanto, y habiendo
-sucedido el silencio a sus gritos, una voz se ha hecho oir de repente,
-llamando a Edipo. El pavor ha sobrecogido a los presentes y el pelo se
-nos ha erizado. La voz del dios se ha oído diciendo: «¡Edipo, Edipo!
-¿Qué nos detiene? Marchemos. Tardas demasiado.» Apenas ha reconocido
-la voz del dios ha invitado a Teseo a acercarse y le ha dicho: «Amigo
-mío, dadme la mano, en prenda de la fe constante que os liga a mis
-hijas; vosotras, hijas mías, dádmela también. Príncipe; prometedme no
-hacerlas nunca daño voluntariamente, sino velar por sus intereses y
-hacer por ellas cuanto podáis.» Teseo, como hombre generoso, le jura,
-conteniendo las lágrimas, cumplir sus deseos. Hecho este juramento,
-Edipo, colocando sus manos trémulas sobre sus hijas, les ha dicho:
-«Hijas mías, es preciso que, con un noble valor, os alejéis de aquí
-y no me pidáis ver ni oir lo que os está vedado. Retiraos al punto;
-que Teseo quede solo y sea testigo de lo que ha de ocurrir.» A tal
-orden, que hemos oído todos, nos hemos retirado, gimiendo y derramando
-lágrimas, detrás de sus hijas. Pero, apenas alejados un poco, hemos
-vuelto la cabeza; Edipo había desaparecido y Teseo, la mano en el
-rostro, se tapaba los ojos, como aterrorizado al aspecto de un horrible
-espectáculo. Luego le hemos visto prosternarse y adorar a la vez la
-Tierra y el Olimpo do residen los dioses. Sólo Teseo entre los mortales
-podría decir de qué guisa ha perecido Edipo; pues ni el rayo ha caído
-sobre él para reducirle a cenizas, ni la tempestad ha venido del seno
-de los mares para arrebatarlo; pero o algún dios se lo ha llevado, o la
-tierra se ha abierto por sí misma para proporcionarle un fácil paso a
-los infiernos. No ha sucumbido, en fin, atormentado por las angustias
-de una enfermedad. Hay menos motivo para llorarle que para admirarle
-entre todos los humanos. Si alguien juzga que he dicho cosas insensatas
-no trataré de persuadirle.
-
-EL CORO
-
-¿Dónde están ahora las dos hijas de Edipo y los amigos que las
-acompañaban?
-
-EL MENSAJERO
-
-Aquí se acercan. Harto las anuncian sus gemidos.
-
-
-ESCENA II
-
-ANTÍGONA, ISMENA, EL CORO
-
-ANTÍGONA
-
-¡Cuán desgraciadas somos! Hoy hemos de llorar, y el resto de nuestra
-vida la sangre a quien se la debemos, la sangre lamentable de un padre
-por quien hemos constantemente padecido trabajos y por quien hasta
-nuestra muerte, nuestros ojos y nuestro corazón han de padecer todavía
-tanto.
-
-EL CORO
-
-¿Qué ha sucedido?
-
-ANTÍGONA
-
-Lo que no podría imaginarse, amigos míos.
-
-EL CORO
-
-¿Ha muerto?
-
-ANTÍGONA
-
-De la manera que vosotros más habríais deseado. ¿Qué otra cosa mejor
-puede desearse? No ha tenido que sufrir el embate de Ares ni el del
-mar, sino que las entrañas de la tierra, abriéndose a la luz, se han
-apoderado de él y han puesto fin a su vida de una manera inesperada.
-¡Ahora una noche funesta se tiende para siempre ante nuestros ojos! ¿En
-qué tierra apartada; sobre qué olas tempestuosas habremos de errar y
-buscar el sustento para conservar una vida insoportable?
-
-ISMENA
-
-¿Quién sabe? ¡Que el dios de los muertos me lleve a su imperio y me
-junte a mi padre! Lo que me resta de vida no es ya nada para mí.
-
-EL CORO
-
-¡Oh las más generosas de todas las hijas!, hay que sufrir con valor
-los males que los dioses os envían; no os dejéis extraviar por vuestro
-dolor; vuestra suerte no es tan deplorable.
-
-ANTÍGONA
-
-Añoro ¡ay! hasta los males que compartía con él; lo que había en
-ellos de más penoso era un placer para mí cuando le sostenía en mis
-brazos. ¡Padre mío, amigo mío, a quien las tinieblas de la tierra ahora
-envuelven, nunca vuestra vejez dejó de serme cara! ¡Que no cese yo
-nunca de amar vuestra memoria!
-
-EL CORO
-
-¿Ha muerto, pues?
-
-ANTÍGONA
-
-Ha muerto como deseaba.
-
-EL CORO
-
-¿Qué decís?
-
-ANTÍGONA
-
-Ha muerto en esta tierra extraña donde deseaba morir. El lecho fúnebre
-donde reposa está cubierto de eterna obscuridad y el duelo en que nos
-deja nos hará verter lágrimas inagotables. Sí, padre mío, para siempre
-mis ojos os han de llorar; no tengo en mi dolor consuelo alguno.
-¡Debíais, ¡ay!, morir en una tierra extraña y dejarme al morir en tan
-triste abandono!
-
-ISMENA
-
-¡Desgraciadas! ¡Privadas una y otra de un padre querido, a qué
-abandono, también a qué estado miserable me veo condenada con vos,
-hermana mía!
-
-EL CORO
-
-Amigas nuestras; puesto que ha acabado tan felizmente su vida, cesen
-vuestras quejas. No hay nadie que escape a la desgracia.
-
-ANTÍGONA
-
-Volvamos sobre nuestros pasos, hermana.
-
-ISMENA
-
-¿Qué pretendéis hacer?
-
-ANTÍGONA
-
-Un deseo me posee.
-
-ISMENA
-
-¿Qué deseo?
-
-ANTÍGONA
-
-Ver la morada subterránea...
-
-ISMENA
-
-¿De quién?
-
-ANTÍGONA
-
-De mi padre. ¡Cuán desgraciada soy!
-
-ISMENA
-
-¿Lo creéis permitido? ¿No veis...?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Cuál es el objeto de vuestro reproche?
-
-ISMENA
-
-¿No veis? Digo...
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué queréis? vuelvo a preguntaros.
-
-ISMENA
-
-Ha muerto sin tumba, sin testigos...
-
-ANTÍGONA
-
-Llevadme allí, y cuando lleguemos quitadme la vida.
-
-ISMENA
-
-¡Desgraciada! ¿Y cómo podría yo soportar el peso de mi vida condenada a
-la indigencia y a la soledad?
-
-EL CORO
-
-Amigas nuestras, no temáis nada.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Dónde huiré?
-
-EL CORO
-
-Habéis ambas, huyendo de vuestro país, evitado los peligros a que
-estabais expuestas.
-
-ANTÍGONA
-
-Yo pienso...
-
-EL CORO
-
-¿Qué?
-
-ANTÍGONA
-
-Cómo volveremos a nuestra patria, y no veo medio alguno.
-
-EL CORO
-
-Dejad de pensar en ello. Sería muy penoso.
-
-ANTÍGONA
-
-Lo es hace mucho tiempo; antes por superar a nuestras esperanzas, ahora
-por superar a nuestras fuerzas.
-
-EL CORO
-
-¡En qué vasto mar de inquietudes habéis caído!
-
-ANTÍGONA
-
-¿Dónde, oh Zeus, dirigiremos nuestros pasos? ¿Hacia qué esperanzas un
-dios favorable me conducirá ahora?
-
-
-ESCENA III
-
-LOS PRECEDENTES, TESEO
-
-TESEO
-
-Hijas mías, cesen vuestros llantos. No cuadra verter lágrimas en una
-ocasión en que esta comarca os demuestra su espíritu benéfico; sería un
-ultraje.
-
-ANTÍGONA (_A Teseo._)
-
-Hijo de Egeo, nos prosternamos ante vos.
-
-TESEO
-
-¿Qué queréis de mí, hijas mías?
-
-ANTÍGONA
-
-Ver con nuestros propios ojos la tumba de nuestro padre.
-
-TESEO
-
-Eso os está vedado.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué decís, soberano de Atenas?
-
-TESEO
-
-Hijas mías, él mismo me ha prohibido dejar nunca a nadie acercarse a
-tal sitio y descubrir a mortal alguno el asilo sagrado donde reposa.
-Sólo permaneciendo fiel a sus órdenes, me ha dicho, puedo poner para
-siempre esta comarca al abrigo de toda desgracia. El genio que vela
-sobre nosotros y Zeus que lo oye todo han escuchado mis juramentos.
-
-ANTÍGONA
-
-Ya que tal fué su voluntad, me someto a ella. Enviadnos a Tebas, que
-podamos prevenir al menos el golpe mortal que dos hermanos intentan
-asestarse.
-
-TESEO
-
-Haré lo que me pedís y todo lo que pueda seros ventajoso y halagar al
-que acaba de descender a las entrañas de la tierra. No me cansaré de
-seros útil.
-
-EL CORO
-
-Suspended, pues, el curso de vuestros gemidos, gustad algún reposo.
-Cuanto el rey os ha prometido se realizará.
-
-
-FIN DE EDIPO EN COLONA
-
-
-
-
-ANTÍGONA
-
-
-
-
-PERSONAJES
-
-
- ISMENA }
- ANTÍGONA } hijas de Edipo.
- CREÓN, rey de Tebas.
- EURÍDICE, esposa de Creón.
- HEMÓN, hijo de Creón.
- TIRESIAS, adivino.
- UN MENSAJERO.
- UN GUARDA.
- UN ESCLAVO.
- CORO, compuesto de ancianos de Tebas.
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-[Ilustración]
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-ACTO PRIMERO
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-ESCENA PRIMERA
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-ANTÍGONA, ISMENA
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-ANTÍGONA
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-Cara Ismena, cara hermana, conocidos os son el número y la extensión
-de los males que nos ha legado Edipo, y hasta qué punto Zeus, durante
-nuestra vida, ha querido abatirnos. Parecía, hasta ahora, que no los
-hubiera tan sensibles, tan crueles, tan afrentosos, que vos y yo no los
-hubiésemos sufrido; y ahora ¿sabéis qué edicto se dice que el Rey acaba
-de hacer publicar por toda Tebas? ¿Lo habéis oído, o ignoráis acaso
-todavía las indignidades que nuestros enemigos preparan contra los que
-nos son amados?
-
-ISMENA
-
-¡Oh cara Antígona! Nada agradable o ingrato acerca del destino de
-nuestros amigos ha llegado a mis oídos desde que en un solo día
-nos vimos privadas de nuestros dos hermanos, muertos a la vez de
-las heridas que se habían causado, y nada nuevo he sabido, feliz
-o siniestro desde el instante en que el ejército de los argivos
-desapareció en la obscuridad de la noche última.
-
-ANTÍGONA
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-Lo sabía; y por eso, deseando tener, secretamente, una conversación con
-vos, os he hecho salir de palacio.
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-ISMENA
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-¿Qué vais a hacerme saber? Parecéis agitada por algún gran designio.
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-ANTÍGONA
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-¡Qué! ¿Creón no ha concedido a uno de nuestros dos hermanos y negado
-al otro los honores fúnebres? Ha hecho, fiel a las leyes y a la
-justicia (según los tebanos publican), enterrar a Eteocles con todos
-los honores caros a los manes; mientras que ha publicado, dicen, la
-orden de no amortajar, de no llorar al desgraciado Polinicio, y de
-abandonarle, sin honores y sin sepulcro, a los áridos pájaros prestos
-a devorar su presa. Ved lo que el generoso Creón, me dicen, debe
-declararos, y también a mí, sí, a mí. Va a venir aquí a confirmar su
-edicto ante los que lo ignoran, y no es una prohibición indiferente,
-pues a quien se atreva a violarla se le condenará a morir lapidado en
-medio de la ciudad. Ved lo que preparan contra vos. Pronto demostraréis
-si sois digna o no de vuestra sangre gloriosa.
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-ISMENA
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-¡Ay, infortunada! Ante tal prohibición, ¿qué debo preferir? ¿Acatarla o
-infringirla?
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-ANTÍGONA
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-¿Queréis trabajar y obrar conmigo?
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-ISMENA
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-¿A qué peligro queréis lanzaros y qué meditáis?
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-ANTÍGONA
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-¿Me prestaréis vuestra mano para enterrar ese cuerpo?
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-ISMENA
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-¿Pretendéis enterrar a aquel para quien toda piedad está vedada?
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-ANTÍGONA
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-Quiero enterrar a mi hermano y al vuestro; sí, al vuestro.
-¿Titubearíais en reconocerlo como tal? No se me reprochará el haberle
-abandonado.
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-ISMENA
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-¡Cómo, desgraciada Antígona! ¿A pesar de la prohibición de Creón?
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-ANTÍGONA
-
-¿Tiene derecho a separarme de los míos?
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-ISMENA
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-Pensad, hermana mía, que nuestro padre, cargado de oprobios y de odio,
-murió luego de haberse arrancado los ojos con sus propias manos, para
-castigarse él mismo por sus crímenes en cuanto los hubo reconocido;
-que, al pronto, aquella reina que, por una doble calamidad, se halló
-a la vez esposa y madre, recurrió al auxilio de un lazo funesto para
-librarse de la vida; que, en fin, dos hermanos infortunados se han
-asesinado el uno al otro y han expirado de la misma muerte. Ahora,
-solas ya en nuestra casa, ved el fin deplorable que nos espera, si,
-rebelándonos contra la ley, nos atrevemos a desafiar las órdenes y el
-poder del soberano. Considerad que no es dado a las mujeres el combatir
-contra los hombres; que los que mandan son más fuertes que nosotras y
-que hay que someterse a su voluntad, aunque fuese aun más rigurosa. Por
-lo que a mí toca, suplicando a los nuestros que me perdonen, si cedo
-a la violencia, será obedeciendo a los que poseen el poder; pues es
-insensato emprender más de lo que se puede ejecutar.
-
-ANTÍGONA
-
-No os importunaré más; y aunque queráis ahora uniros conmigo, no lo
-consentiré; tomad el partido que os cuadre. Por lo que a mí toca,
-enterraré a mi hermano; y tal deber cumplido, moriré gustosa; será
-volver a unirse con su amigo una amiga. Habré hecho una acción justa y
-piadosa, ya que el tiempo que habré de agradarle es más largo que el
-que debo agradar a los vivos; pues voy a unirme a él para la eternidad.
-En cuanto a vos, si os place, despreciad lo que los dioses honran.
-
-ISMENA
-
-Estoy lejos de tal desprecio; pero no me es dable luchar contra la
-voluntad de los ciudadanos.
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-ANTÍGONA
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-Valeos de ese pretexto, mientras yo voy a enterrar a ese hermano
-querido.
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-ISMENA
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-¡Desgraciada hermana, me hacéis temblar!
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-ANTÍGONA
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-No temáis por mí; cuidaos de vos.
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-ISMENA
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-Pero, al menos, no descubráis vuestro designio a nadie.
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-ANTÍGONA
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-No, no, corred a denunciarlo. Más me ofenderéis callándolo que
-publicándolo.
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-ISMENA
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-Es animarse en demasía por un cuerpo inanimado.
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-ANTÍGONA
-
-Pero sé que soy grata a quienes me importa agradar.
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-ISMENA
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-Sí, si lográis vuestro objeto; pero intentáis un imposible.
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-ANTÍGONA
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-Bien; me detendré donde se detengan mis fuerzas.
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-ISMENA
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-Deberíais comenzar por no perseguir lo que no podéis alcanzar.
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-ANTÍGONA
-
-Cuanto más habléis de esa guisa más excitaréis mi odio, y os atraeréis
-la justa enemistad de un hermano; dejadme con mis propósitos sufrir la
-suerte que me espera; nada habrá nunca tan ingrato que me impida morir
-con gloria.
-
-ISMENA
-
-Id, ya que lo queréis; es locura, pero nuestros queridos muertos
-agradecerán vuestro amor.
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-ESCENA II
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-EL CORO (_Entrando en escena._)
-
-EL CORO
-
-Puro y radiante sol, ojo luminoso del día, al fin resurges rutilante de
-una luz más fúlgida que nunca ante la mirada de Tebas, la de las siete
-puertas; ya se reflejan tus rayos en las ondas de Dirceo y haces huir
-en tumulto y miedosamente al argivo con un broquel deslumbrador; al
-ejército que, con formidable aparato, había venido a sitiarnos.
-
-Lleno de ardor a causa de las pretensiones inciertas de Polinicio,
-marchaba, lanzando agudos gritos, al modo del águila que, en pos de su
-presa, descendiendo, desplega sus alas blancas como la nieve.
-
-Una multitud innumerable de armas y de cascos empenachados le seguía.
-
-Se ha detenido ante nuestros muros; ya sus lanzas, ávidas de matanza,
-los rodeaban; parecía a punto de derrocar sus siete puertas, y ha
-desaparecido antes que sus entrañas se hayan saciado de nuestra sangre
-y que los torbellinos de fuego hayan envuelto nuestras torres. De tal
-modo, Ares, favorable a la serpiente que él atacaba, ha resonado en sus
-oídos.
-
-La orgullosa presunción horroriza a Zeus. Este dios ve a los argivos
-corriendo hacia nosotros en grandes oleadas, animados por el ruido de
-sus armas de oro, y lanza sobre uno de ellos el rayo encendido en el
-instante en que se jactaba de entonar sobre nuestros muros el himno de
-la victoria.
-
-El guerrero, la antorcha en la mano, cae bajo el golpe que le ha
-herido; él que, en aquel momento, a impulsos de una osadía loca,
-parecía en su soplo ardiente igualar el soplo de los vientos
-conjurados. Todo ha cambiado al punto de aspecto y el poderoso Marte,
-combatiendo a nuestro lado, ha hecho caer sobre nuestros enemigos los
-males que ellos nos preparaban.
-
-Los siete jefes que se dirigían a nuestras siete puertas, contra otros
-tantos jefes tebanos, nos han abandonado sus armas brillantes, con las
-que alzaremos un trofeo a Zeus triunfador. Sólo ha continuado la liza
-entre esos dos infortunados que, con la misma sangre en las venas han
-enristrado uno contra otro sus lanzas victoriosas y han tenido el mismo
-destino.
-
-Pero la victoria, que inmortaliza los nombres, ha venido a Tebas y ha
-hecho suceder la alegría a los dolores. Dejad al fin, ¡oh tebanos!,
-de pensar en los combates y vamos, en coros durante la noche entera,
-a rodear los altares de los dioses. Que Dionisos, animando a todos,
-presida nuestra fiesta.
-
-Pero he aquí a Creón, el hijo de Meneceo, el nuevo soberano que acaba
-de darnos el favor de los dioses; avanza y medita, sin duda, algún
-designio, puesto que una orden general de su parte nos ha reunido aquí
-a todos para constituir este consejo de ancianos.
-
-
-ESCENA III
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-CREÓN, EL CORO
-
-CREÓN
-
-Ancianos; los dioses han salvado, al fin, del naufragio a esta ciudad,
-a quien una furiosa tempestad combatía; sólo a vosotros entre todos los
-ciudadanos, he querido reunir aquí. Sé el respeto que os ha inspirado
-siempre el cetro de Layo; sé, además, hasta qué punto, mientras Edipo
-ha reinado y aun después de su muerte, habéis permanecido fieles a sus
-hijos. Pero desde el momento en que, en el mismo día, y vencedores y
-vencidos por un doble destino, se han degollado el uno al otro con sus
-manos sanguinarias, el poder y el trono me pertenecen en virtud de los
-derechos de la sangre.
-
-No hay nadie de quien pueda conocerse bien el alma, el genio, el
-carácter, si aún no se ha visto ponerse a prueba en la práctica del
-poder y de las leyes. En cuanto a mí, considero y he considerado
-siempre un mal hombre a quien, encargado del gobierno de un Estado,
-lejos de atenerse, naturalmente, a los mejores principios, permite al
-temor que ate su lengua; y no puedo por menos de despreciar a quien
-antepone al de la patria el interés de sus amigos. Zeus, que todo lo
-ve, es testigo de que no celaría yo nunca los males que viniesen a
-amenazar la tranquilidad de mis conciudadanos y nunca el enemigo del
-Estado podrá ser mi amigo, convencido de que de la salud de la patria
-dimana la nuestra y de que no se echan de menos amigos cuando la nave
-del Estado navega sin riesgo. He aquí en virtud de qué principios
-quiero aumentar la prosperidad de este imperio, y de ahí las órdenes
-que acabo de publicar respecto a los dos hijos de Edipo. Quiero que
-Eteocles, que se distinguió por su valor y combatió y murió por su
-patria, repose en una tumba y reciba los honores que se rinden a
-los manes de los grandes hombres; mas por lo que toca a su hermano
-Polinicio, que, expulsado de su patria, sólo tornó con el deseo de
-entregar a las llamas sus muros y sus coliseos, de saciarse de nuestra
-sangre y de reducirnos a la esclavitud, he hecho publicar por toda
-la ciudad la prohibición de enterrarle y de llorarle. Que su cuerpo
-insepulto sirva de presa a la avidez de los perros y de los buitres;
-he aquí mis deseos y mis órdenes. Nunca el crimen obtendrá de mí los
-honores debidos sólo a la virtud; pero a quien haya mostrado celo por
-mi patria le honraré fielmente durante su vida y luego de su muerte.
-
-EL CORO
-
-¡Oh hijo de Meneceo, loada sea la suerte que reserváis al amigo y al
-enemigo del Estado! En vuestras manos está la disposición de las leyes,
-a las cuales todos, muertos o vivos, nos hallamos sometidos.
-
-CREÓN
-
-Velad, pues, por la ejecución de lo que acabo de publicar.
-
-EL CORO
-
-Dignaos imponer ese deber a otros más jóvenes.
-
-CREÓN
-
-Los que han de guardar el cuerpo de Polinicio están ya en su puesto.
-
-EL CORO
-
-¿Qué cuidado, os queda, pues, que encomendarnos?
-
-CREÓN
-
-El de manteneros inflexibles con quienes desobedezcan mis leyes.
-
-EL CORO
-
-No hay nadie tan insensato que se busque la muerte.
-
-CREÓN
-
-Ese sería, en efecto, el precio de la desobediencia. Pero muchas veces
-la esperanza de lucro ha llevado a la muerte a los hombres.
-
-
-ESCENA IV
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-CREÓN, UN GUARDA, EL CORO
-
-EL GUARDA
-
-Señor; no os diré que he venido volando hacia aquí; pues, a impulsos de
-los distintos pensamientos que me han afligido en el camino, he vuelto
-muchas veces sobre mis pasos. Ya me decía el corazón: «¡Desgraciado!,
-¿por qué correr al castigo que te espera?» Ya: «¡Infortunado!, ¿qué
-te detiene? Si se entera Creón de lo ocurrido por otro que tú, ¿a qué
-suplicio estás destinado?» Tan distintos impulsos no me permitían
-avanzar sino con lentitud. No hay camino tan corto que no lo prolonguen
-semejantes incertidumbres. En fin, me he decidido y he venido. Voy a
-hablar, aunque no pueda explicaros nada, pues al cabo, vengo confiado
-en que no he de sufrir sino lo que ha sido ordenado por el destino.
-
-CREÓN
-
-¿De qué procede la turbación en que te veo?
-
-EL GUARDA
-
-Hablaré de lo que me atañe, porque yo no he cometido el crimen e ignoro
-el autor. Sería una injusticia castigarme a mí.
-
-CREÓN
-
-En verdad, te tomas cuidados y andas con precauciones que me indican
-debes de tener alguna noticia que darme.
-
-EL GUARDA
-
-Con enojosas noticias es difícil apresurarse.
-
-CREÓN
-
-Acaba de explicarte y, concluído tu mensaje, déjame.
-
-EL GUARDA
-
-Obedezco: Acaban de inhumar el cuerpo; lo han cubierto de tierra; han
-cumplido los ritos acostumbrados y han desaparecido.
-
-CREÓN
-
-¿Qué dices? ¿Quién ha tenido tal audacia?
-
-EL GUARDA
-
-No sé por qué la tierra en aquel sitio no parecía removida ni excavada.
-Estaba intacta y sólida y se diría que no había sido ni aun surcada por
-las ruedas de un carro; nada podía, en suma, servir de indicio contra
-el autor del crimen. Cuando aquel de nosotros que hacía la guardia al
-despuntar la aurora nos lo ha dicho, este acontecimiento se nos ha
-antojado un prodigio inconcebible. El cuerpo había desaparecido; no
-estaba amortajado; sólo estaba cubierto de un poco de tierra, como para
-impedir el crimen de impiedad. Ningún vestigio de perro hambriento o
-de animal feroz que hubiera acudido a devorarle se veía en derredor.
-Al pronto las palabras injuriosas se cruzan entre nosotros; un guarda
-acusa a otro; estábamos a pique de venir a las manos; nadie había allí
-que lo impidiese; cada uno era culpable y ninguno parecía serlo, no
-convicto por faltar pruebas. Estábamos todos dispuestos a tomar el
-hierro rojo entre las manos, a andar sobre el fuego y a jurar por los
-dioses que no éramos culpables del crimen y que ni siquiera teníamos
-el menor conocimiento del proyecto ni de la ejecución. En fin, cuando
-no nos quedaba ya esperanza de descubrir nada, uno de nosotros propuso
-algo, que, helándonos de miedo, nos hizo a todos bajar los ojos; pues
-no podíamos oponer nada a ello ni sabíamos cómo ejecutarlo sin peligro.
-Era no ocultar nada y descubriros todo lo sucedido. Sin embargo, la
-proposición prevaleció y a mí, ¡desgraciado! me eligió la suerte para
-desempeñar tan hermosa comisión. Por eso me encuentro aquí, mal de mi
-grado, y también, sin duda, mal del vuestro; pues no es un medio de
-agradar el llevar noticias enojosas.
-
-EL CORO
-
-Señor; nuestro espíritu dubitante piensa si ese acontecimiento no será
-obra de los dioses.
-
-CREÓN (_Al Coro._)
-
-Cesen esos discursos que excitarían mi cólera y no harían sino mostrar
-en demasía vuestra vejez y vuestra sinrazón. ¿Quién podría soportar
-el oíros decir que los dioses se han dignado cuidarse de ese asunto?
-¿Acaso, apresurándose a honrarle como a un bienhechor de la patria, han
-inhumado por sí mismos al impío que venía a quemar sus templos y sus
-estatuas, a destruir su país y sus leyes? ¿Habéis visto nunca que los
-dioses honren a los malos? No, no; pero he aquí lo que me preparaban
-los descontentos, que, sacudiendo la cabeza en secreto, murmuran hace
-mucho tiempo contra mí, y que, humillando con pesar la frente bajo el
-yugo, sólo tienen para mí odio. Son ellos, bien lo sé, quienes, con la
-esperanza de las recompensas, han seducido a los autores del crimen;
-pues entre todos los inventos humanos, ninguno tan funesto como el
-dinero. El dinero trastorna las ciudades y las despuebla; desnaturaliza
-los corazones virtuosos y los arrastra a las acciones indignas; él ha
-enseñado a los hombres todas las perfidias y todas las iniquidades.
-Pero los que, ganados por el vil metal, hayan cometido el delito, han
-trabajado por su suplicio, que vendrá con el tiempo. Sí, si es verdad
-que honro, que respeto todavía a Zeus, estad seguros, os lo juro, de
-que si no me descubrís, si no ponéis ante mis ojos al culpable, una
-simple muerte no será bastante para vuestro castigo. Será menester,
-que, suspendidos vivos en el aire, me hagáis reparación de semejante
-ofensa, para que de hoy en adelante conozcáis mejor hasta dónde debe
-llegar vuestro medro, cuál debe ser su límite, y aprendáis, en suma,
-que no hay que permitírselo todo a vuestra codicia.
-
-EL GUARDA
-
-¿Puedo hablar más, o vuelvo sobre mis pasos?
-
-CREÓN
-
-¿No te has percatado de lo que me ofenden tus discursos?
-
-EL GUARDA
-
-¿Hieren vuestro oído o vuestro corazón?
-
-CREÓN
-
-¡Cómo! ¿Preguntas cuál es el asiento de mi enojo?
-
-EL GUARDA
-
-El culpable ha herido vuestro corazón; yo no he hecho más que ofender
-vuestro oído.
-
-CREÓN
-
-Eres un importuno charlatán.
-
-EL GUARDA
-
-Pero soy inocente del crimen.
-
-CREÓN
-
-Serás capaz de exponer tu vida por el dinero.
-
-EL GUARDA
-
-La sospecha es una gran desgracia, cuando carece de fundamentos.
-
-CREÓN
-
-Suéltanos ahora máximas. Pero si no me traéis al culpable, veréis cómo
-las ganancias ilícitas son origen de tormentos.
-
-EL GUARDA
-
-¡Ojalá sea descubierto! (_Aparte._) Pero séalo o no (que eso la fortuna
-lo decidirá), no creo que volváis a verme por aquí. Contra toda
-esperanza, y pese a mis temores, heme a salvo; debo darles gracias a
-los dioses.
-
-EL CORO
-
-El universo está lleno de prodigios; pero no hay nada más prodigioso
-que el hombre. Él, dando alas a la nave, vuela, merced a los vientos
-impetuosos, por cima de las olas mugientes, y franquea el mar que
-hierve en espumas a su paso; él se vale de los caballos para desgarrar
-todos los años con el arado el seno de la tierra, de esa divinidad
-suprema, incorruptible e incansable.
-
-El hombre, fecundo en recursos, aprisiona igualmente en los pliegues de
-sus redes a la raza imprudente de los pájaros y a los animales feroces
-y a los habitantes del mar. Doma con su industria a los más fieros
-pobladores de los bosques y somete al yugo al corcel de crecida crin y
-al toro de las montañas que parecía indomable.
-
-Ha aprendido el arte de la palabra y el conocimiento de los vientos
-y el poder de las leyes sobre las ciudades; ha sabido resguardar
-su morada de las inclemencias del frío y de la humedad. Lo ha
-sondeado todo con su experiencia y encuentra recursos para todos los
-acaecimientos de la vida; conoce el arte de librarse de las dolencias
-más crueles; la muerte es el único mal de que no puede preservarse.
-
-Los recursos de su industria no responden siempre a sus esperanzas;
-pues si por éstas llega al bien, también es conducido al mal. Sólo es
-honrado en su patria aquel que sabe respetar las leyes de su país y
-la justicia de los dioses. El que lleva su audacia hasta desafiarles
-deja de ser ciudadano. No tenga yo hogar ni pensamiento comunes con
-él. Pero... ¿qué prodigio me confunde? ¿Cómo podré negarles crédito
-a mis ojos y no reconocer a Antígona? ¡Desgraciada hija de un padre
-infortunado!, ¿sois vos quien ha desacatado las órdenes del rey;
-quien ha sido sorprendida en la comisión de esa imprudencia; quien es
-conducida hacia aquí?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO SEGUNDO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-ANTÍGONA, EL GUARDA, EL CORO
-
-EL GUARDA (_Llevando a Antígona._)
-
-¡Sí, vedla, la que ha cometido el crimen! Inhumaba a Polinicio; la
-hemos detenido. Pero, ¿dónde se encuentra Creón?
-
-EL CORO
-
-Vedle que sale, a punto, de su palacio.
-
-
-ESCENA II
-
-LOS PRECEDENTES, CREÓN
-
-CREÓN
-
-¿Qué es eso? ¿Qué feliz suceso venís a anunciarme?
-
-EL GUARDA
-
-Señor; no hay nada que los hombres deban afirmar con juramentos.
-A menudo el primer pensamiento es desmentido por el que le sigue.
-Asustado con vuestras amenazas, había yo hecho propósito de no parecer
-por aquí más; pero, ¿hay felicidad comparable a la que sale a nuestro
-paso contra toda esperanza? Pese a mis juramentos, torno y os traigo
-a esta joven princesa, a quien he sorprendido rindiendo al muerto
-los honores de la sepultura. No se necesita, por esta vez, consultar
-la suerte, soy yo el favorecido. Yo sólo la traigo; nadie más tiene
-esa gloria. Ahora, señor, tratadla como lo creáis oportuno; juzgad,
-interrogadla; en cuanto a mí, libre y exento de todo deber, es justo
-que no me vea bajo el peso de vuestras sospechas.
-
-CREÓN
-
-¿De qué manera, en qué lugar te has apoderado de ella para traérmela?
-
-EL GUARDA
-
-Inhumaba el cuerpo; ya lo sabéis todo.
-
-CREÓN
-
-Pero, ¿te has fijado en lo que dices? ¿No te engañas?
-
-[Ilustración]
-
-EL GUARDA
-
-La he visto en la tarea de inhumar a ese príncipe cuya sepultura habéis
-prohibido. ¿Hay aún algo no claro o equívoco en lo que digo?
-
-CREÓN
-
-¿Y cómo ha sido vista? ¿Cómo ha sido detenida?
-
-EL GUARDA
-
-Ved en qué forma ha sucedido todo. Apenas habíamos tornado a nuestro
-puesto, cuando, intimidados por vuestras severas amenazas, apartamos
-con cuidado la tierra que cubría el cuerpo de Polinicio; dejamos
-al aire el cuerpo ensangrentado y medio corrompido; fuimos luego a
-sentarnos cabe una de las eminencias vecinas, al abrigo del viento,
-para evitar la infección que exhalaba. Nos excitamos unos a otros con
-las palabras más punzantes a cumplir con nuestro deber, sin escatimar
-esfuerzo alguno. Hemos permanecido en tal forma hasta el momento en que
-el disco brillante del sol, elevándose entre los aires, los incendiaba
-con su fuego. De súbito, un azote celeste, un ciclón impetuoso, alzando
-de la tierra torbellinos de polvo, ha invadido, cegador, el campo;
-hemos resistido todo el ímpetu de la tempestad. Apenas se ha aplacado,
-esta joven princesa se ha presentado a nuestra vista; lanzaba gritos
-agudos, semejantes a los del ave que ve su nido despojado de los
-polluelos que había criado en él. Sí, de tal manera ante el cadáver
-descubierto, hacía resonar el aire con sus quejas y sus imprecaciones
-contra los autores de tal ultraje; y, de pronto, cubriendo al muerto
-de tierra seca, le rocía por tres veces con libaciones derramadas del
-seno brillante de un vaso de bronce. Al punto volamos hacia ella, y
-todos a la vez nos apresuramos a cogerla; no ha dado muestra alguna
-de espanto; interrogada por nosotros sobre el hecho actual y sobre el
-precedente, ha confesado ambos, y tal confesión me es a un tiempo
-grata y dolorosa. Pues si nada es tan dulce como librarse de los males
-que a uno le amenazan, es aflictivo el exponer a ellos a quienes se
-ama. Pero nada debe serme más caro que mi propia conservación.
-
-CREÓN (_A Antígona._)
-
-¡Qué! Vos, que no levantáis los ojos del suelo, ¿no negáis el delito de
-que se os acusa?
-
-ANTÍGONA
-
-Al contrario; lo confieso y estoy lejos de negarlo.
-
-CREÓN (_Al guarda._)
-
-Vaya; endereza tus pasos adonde te plazca; no tienes nada que temer. Y
-vos habladme sin rodeos. ¿Conocíais la prohibición que yo había hecho?
-
-ANTÍGONA
-
-La conocía. ¿Podía ignorarla? Era pública.
-
-CREÓN
-
-¿Y cómo habéis osado desafiar esa ley?
-
-ANTÍGONA
-
-Porque ni Zeus ni la justicia, conciudadana de los dioses infernales,
-ninguno de los dioses que han dado leyes a los hombres, la habrían
-promulgado y yo no pensaba que vuestros mandatos debiesen tener tanta
-fuerza, que hiciesen prevalecer la voluntad de un hombre sobre la de
-los inmortales, sobre esas leyes que no están escritas y que no podrían
-ser borradas. No son de hoy ni de ayer esas leyes; son de todos los
-tiempos, y a nadie le es dable decir cuándo nacieron. ¿No debía yo,
-pues, sin temor a mortal alguno, someterme a las órdenes de los dioses?
-Sabía que había de morir. ¿Hubiera podido ignorarlo, aunque vos no
-hubieras dictado el mandato? Si mi muerte es prematura, no es sino un
-gran bien a mis ojos. ¿Y quién podría, en el abismo de males en que
-estoy, no mirar la muerte como una felicidad? Así, pues, suerte tal no
-puede ser a mis ojos una pena; más lo hubiera sido para mí, y harto
-dura, si yo hubiera dejado insepulto a un hermano concebido en el mismo
-seno que me llevó a mí. Eso es lo que me hubiera desesperado; lo demás
-no me aflige. Si después de esto tacháis mi conducta de locura, tal
-acusación bien podrá ser la acusación de un insensato.
-
-EL CORO
-
-En ese carácter inflexible se reconoce la sangre del inflexible Edipo;
-no ha aprendido a ceder ante la desgracia.
-
-CREÓN (_Al Coro._)
-
-Sabed que esas almas tan altivas son fácilmente abatidas. Ved el
-hierro, a pesar de su gran dureza, cómo se quebranta y se ablanda
-en el fuego. ¿El menor freno no basta para domar a los más fogosos
-corceles? Tanto orgullo mal cuadra a quien es esclavo de sus deudos.
-No es bastante el haber violado mis leyes: osa desafiarme y añade un
-segundo ultraje al primero, gloriándose de lo que ha hecho. En verdad
-sería preciso que yo cesase de ser hombre y que ella lo llegase a ser
-para que yo la permitiese gozar impunemente así del poder que usurpa...
-Sí, aunque sea sobrina mía; aunque fuera más parienta aún, ella y su
-hermana no se librarían de la suerte más terrible; pues su hermana, sin
-duda, es igualmente culpable del atentado. Que la hagan venir. La he
-visto hace un momento fuera de sí y sin poder ya dominarse. Un corazón
-que rumia un crimen en la sombra del misterio llega a ser fácilmente su
-propio delator. ¡Cuánto aborrezco a quienes, sorprendidos en medio del
-crimen, quieren vestirlo de bellos colores!
-
-ANTÍGONA
-
-¿Deseáis algo más que mi muerte?
-
-CREÓN
-
-No, nada; en cuanto haya visto vuestra muerte, estaré satisfecho.
-
-ANTÍGONA
-
-¿Qué esperáis? ¿De qué os sirven discursos inútiles que no pueden más
-que indignarme lo mismo que los míos no pueden más que disgustaros?
-¿Qué gloria más halagadora me es dable esperar que haber inhumado a mi
-hermano? ¿De qué elogios no me harían objeto los que nos escuchan, si
-el temor no atase su lengua? Pero una gran ventaja de la tiranía es el
-poder impunemente decir y hacer lo que le place.
-
-CREÓN
-
-¿Pensáis ser vos sola más clarividente que todos los tebanos?
-
-ANTÍGONA
-
-Ven como yo; pero enmudecen ante vos.
-
-CREÓN
-
-¿No os avergonzáis de conduciros de otro modo que ellos?
-
-ANTÍGONA
-
-No hay por qué avergonzarse de honrar a quienes llevan en sus venas la
-misma sangre que nosotros.
-
-CREÓN
-
-¿Qué? El que ha muerto por su patria, ¿no era también vuestro hermano?
-
-ANTÍGONA
-
-Lo era; y de padre y madre.
-
-CREÓN
-
-¿Y qué honores impíos le rendís, entonces?
-
-ANTÍGONA
-
-No espero tal testimonio de sus manes.
-
-CREÓN
-
-Le honráis al igual que un impío.
-
-ANTÍGONA
-
-Polinicio era hermano y no esclavo de Eteocles.
-
-CREÓN
-
-Venía a asolar su patria; el otro combatía defendiéndola.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Qué importa! Plutón nos prescribe esta ley.
-
-CREÓN
-
-¿Cuál? ¿La de tratar igualmente el crimen y la virtud?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Y quién sabe si vuestras distinciones son admitidas entre los muertos?
-
-CREÓN
-
-Los enemigos, después de la muerte, no se hacen amigos.
-
-ANTÍGONA
-
-Yo me asocio para amar, y no para aborrecer.
-
-CREÓN
-
-¡Bueno, id a los infiernos a amar a quien gustéis! En cuanto a mí,
-mientras respire, no me dominará una mujer.
-
-EL CORO
-
-Ved a la tierna Ismena alarmada por su hermana, deshecha en lágrimas
-ante la puerta del palacio; una nube de dolores extendida sobre sus
-ojos altera su rostro enrojecido; las lágrimas resbalan por sus
-mejillas delicadas.
-
-
-ESCENA III
-
-LOS PRECEDENTES, ISMENA
-
-CREÓN
-
-Venid vos, que, rastrera al modo de víbora, perseguís, en secreto,
-hartaros de mi sangre. Yo no sabía que alimentaba en mi casa a dos
-enemigas, a dos azotes de mi imperio; venid, y decidme: ¿Habéis tenido
-parte también en la sepultura de Polinicio o juráis que ignorabais tal
-acción?
-
-ISMENA
-
-¡Tal acción! Yo la he hecho; y si mi hermana no me veda decirlo, lo
-mismo que en el crimen, debo tener parte en la pena.
-
-ANTÍGONA
-
-La justicia os lo prohibe; no habéis consentido y he obrado sin vos.
-
-ISMENA
-
-Pero cuando os veo desgraciada, no titubeo ya en asociarme a vuestros
-males.
-
-ANTÍGONA
-
-El infierno y los que lo habitan saben a quién la acción le
-corresponde. No sé amar a aquellos en quienes la amistad sólo está en
-las palabras.
-
-ISMENA
-
-No me privéis del honor de morir con vos y de haber cumplido los
-últimos deberes para con mi hermano.
-
-ANTÍGONA
-
-Guardaos de morir conmigo y de atribuiros un honor en que no habéis
-tenido parte. Mi muerte sola debe bastar.
-
-ISMENA
-
-Separada de vos, ¿cómo podré amar la vida?
-
-ANTÍGONA
-
-Preguntádselo a Creón, de quien sois tan devota.
-
-ISMENA
-
-¿Por qué afligirme con esa burla amarga? ¿De qué os servirá?
-
-ANTÍGONA
-
-No sin dolor me la he permitido contra vos.
-
-ISMENA
-
-¿Qué otro medio me será ahora dado de serviros?
-
-ANTÍGONA
-
-Conservad vuestra vida; no os envidio esa ventaja.
-
-ISMENA
-
-¡Qué desgraciada soy! ¿No me será posible participar de vuestro
-destino?
-
-ANTÍGONA
-
-Habéis preferido vivir, y yo morir.
-
-ISMENA
-
-No será porque mis palabras no os lo hayan anunciado.
-
-ANTÍGONA
-
-Alabáis la sapiencia de vuestras palabras y yo de las mías.
-
-ISMENA
-
-¡El crimen fué igual entre nosotras!
-
-ANTÍGONA
-
-Calmaos y vivid. Mi alma murió hace mucho tiempo, y sólo ya puede ser
-útil a los muertos.
-
-CREÓN
-
-No temo decirlo: ambas hermanas son insensatas. Una lo fué siempre, la
-otra se acaba de volver.
-
-ISMENA
-
-En los males extremos, señor, no hay espíritu que permanezca en su
-estado habitual y que no salga de él con violencia.
-
-CREÓN
-
-Es lo que os ha ocurrido a vos; que habéis optado por sufrir, con una
-mujer indigna, un demasiado digno trato.
-
-ISMENA
-
-Sola y lejos de ella, ¿qué será para mí la vida?
-
-CREÓN
-
-Cesad de hablar de ella. Miradla como si no existiese.
-
-ISMENA
-
-¡Harán morir a la que el himeneo debía unir a vuestro hijo!
-
-CREÓN
-
-Puede encontrar en otra parte otros lazos que anudar.
-
-ISMENA
-
-Pero no tan adecuados.
-
-CREÓN
-
-No quiero que malas mujeres se unan a mis hijos.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Oh carísimo Hemón, con qué desprecio te sacrifica un padre!
-
-CREÓN
-
-Basta ya de vos y de vuestro himeneo; es demasiado importunarme.
-
-ISMENA
-
-¿Podríais privar a vuestro hijo de aquella a quien ama?
-
-CREÓN
-
-El infierno pondrá fin a tales amores.
-
-ISMENA
-
-¿Su muerte parece, pues, resuelta?
-
-CREÓN
-
-Vos lo habéis dicho, y yo lo he mandado; no más dilaciones. ¡Guardas!,
-que se las lleven al palacio y que de ahora en adelante, estas dos
-mujeres dejen de ser libres; los más bravos han recurrido a la fuga al
-ver la muerte aproximarse.
-
-
-ESCENA IV
-
-EL CORO, CREÓN
-
-EL CORO
-
-¡Dichosos aquellos, cuya vida pasa sin que experimenten infortunio!
-Pues tan pronto como la mano de los dioses se deja caer sobre una casa
-las malandanzas se suceden y vienen en tropel a abatirle, al modo de
-las olas marinas que, ennegrecidas por la tempestad y empujadas por los
-vientos impetuosos de la Tracia, se alzan del fondo de sus abismos,
-ruedan hacia la costa y mugen en las lejanas orillas donde van a
-estrellarse.
-
-De tal manera en la casa expirante de los Labdácidas, vemos sobre
-antiguas desgracias acumularse desgracias nuevas. Una generación sucede
-a otra, sucediéndose sus males. Un dios la hiere sin darle tregua. Aún
-brillaba alguna claridad sobre la última raíz del trono de Edipo; y he
-aquí que la ceniza de los muertos, el extravío del espíritu y la furia
-que turba la razón han eclipsado dicha luz.
-
-¡Qué hombre en su orgullo, oh Zeus, podría lisonjearse de poner coto
-a tu poder, a tu poder a quien el sueño, al que todo cede, y el
-infatigable correr del tiempo no sobrepujarán jamás! No accesible a
-las huellas de la vejez, habitas con tu omnipotencia en el seno de
-la claridad resplandeciente del Olimpo; el presente, el pasado, el
-porvenir están sometidos a tu voluntad. Suerte semejante no existe para
-el hombre. No hay mortal cuyos días estén enteramente libres de dolores.
-
-La esperanza activa y ligera viene con frecuencia a consolar a los
-hombres; con frecuencia también los entretiene con vanos deseos que los
-engañan: en el seno de la ignorancia donde viven se desliza en sus
-corazones cuando ya sus pies van a tocar los carbones ardientes. Porque
-es una máxima conocida entre los sabios, que cuando un dios nos conduce
-a la desgracia, el mal toma a nuestros ojos los colores del bien. La
-vida tiene pocos momentos libres de dolor.
-
-Pero ved a Hemón, el menor de vuestros hijos. Desesperado al ver su
-amor frustrado, viene sin duda a deplorar la suerte de Antígona, que
-debía ser su esposa.
-
-CREÓN
-
-Eso lo sabremos pronto, mejor que los mismos adivinos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO TERCERO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-CREÓN, HEMÓN, EL CORO
-
-CREÓN
-
-Hijo mío, al tanto de la suerte de la esposa que os estaba destinada,
-¿venís a hacer estallar vuestras iras contra vuestro padre o,
-cualquiera que sea el partido que yo haya tomado, soy siempre vuestro
-amigo?
-
-HEMÓN
-
-Padre mío, os soy afecto. Vos, obrando conforme a principios sabios, me
-serviréis de modelo. No hay himeneo para mí preferible a la felicidad
-de verme guiado por vuestra sabiduría.
-
-CREÓN
-
-Sí, hijo mío; preferir a todo la voluntad de vuestro padre: he aquí
-el principio y la regla que debéis llevar siempre en vuestro corazón.
-Un padre no desea poseer en su casa hijos sumisos sino para verles,
-compartiendo su amistad para sus amigos, hacerles a sus enemigos
-cuantos males merezcan. Porque, quien no ha dado el ser sino a hijos
-indiferentes a sus intereses no ha engendrado sino tormentos para él
-y motivos de alegría para sus enemigos. No vayáis, pues, hijo mío,
-arrebatado por el amor de una mujer, a abjurar de tales sentimientos;
-considerad cuán fríos son los abrazos de una esposa indigna que
-comparte vuestro lecho. ¿Y qué llaga más honda que las caricias de un
-amigo pérfido? Rechazad a esa mujer como a una culpable enemiga, y
-dejadla buscar en los infiernos otro himeneo; pues ya que, sólo ella
-en la ciudad, ha osado desobedecer mis leyes, me mostraré fiel a esas
-leyes haciéndola morir. En vano invocaría en nombre de Zeus la sangre
-que me une con ella. Si los que la naturaleza me da por parientes son
-indignos, iré a buscar otros en las familias extrañas. Pues quien es
-hombre de bien en su casa se muestra igualmente buen ciudadano en el
-Estado. No puedo menos de mirar con indignación a quien pretende violar
-las leyes o imponerse a los que gobiernan. En las grandes cosas, como
-en las pequeñas, en las justas como en las injustas, hay que obedecer
-a quien el Estado ha elegido para mandar. Mandará bien quien ha sabido
-obedecer, y un día de batalla se podrá contar con su bravura y su
-fidelidad. La anarquía es el mayor de los males; pierde a las familias,
-destruye los Estados, lleva a los ejércitos a la derrota; la obediencia
-es la salvación de los que siguen sus reglas. Sostengamos, pues, con
-firmeza los principios del buen gobierno y no permitamos que una mujer
-nos subyugue. Más vale, si es preciso, ceder al poder de un hombre que
-dejarse vencer por una mujer.
-
-EL CORO
-
-Si la edad no obscurece nuestra razón, parécenos que habláis
-prudentemente en eso que decís.
-
-HEMÓN
-
-Padre mío, los dioses dan a los hombres la prudencia, que es el más
-precioso de todos los tesoros. Yo no podría, no sabría siquiera
-adelantar que haya nada reprensible en vuestras palabras, pero creo
-que también algún otro puede hablar razonablemente; así, pues, habéis
-de saber que mi naturaleza me inclina a observar lo que cada uno,
-a propósito de vos, puede decir, hacer o vituperar; pues vuestro
-aspecto, temible a los ojos de vuestro pueblo, ahoga palabras que no
-escucharíais con gusto. Yo, en la obscuridad, puedo oir cuanto se
-murmura, cuanto Tebas lamenta la suerte de esta joven princesa que,
-considerada culpable por la más gloriosa de las acciones, va a perecer
-de una muerte indigna. ¡Qué! ¿La que no ha podido sufrir que el cuerpo
-ensangrentado de un hermano siguiera siendo presa de las aves y de los
-perros voraces, no merece los honores más distinguidos? Tales son los
-discursos que la voz pública propaga en secreto. En cuanto a mí, padre
-mío, nada es a mis ojos preferible a la prosperidad de vuestro reino.
-¡Qué ornamento, en efecto, más halagador para un hijo que la gloria de
-un padre, y para un padre que la gloria de un hijo! No os obstinéis,
-pues, en creer que sólo vuestros discursos y no los de los demás son
-conformes a la razón; pues si hay hombres que piensan poseer ellos
-solos la sabiduría, la elocuencia, el valor, al analizarlos, el vacío
-de su alma se deja advertir. Para todo hombre sabio no es una vergüenza
-instruirse y ceder a la instrucción. Ved cuántos árboles, para salvar
-sus ramas, ceden a los torrentes agrandados por las tempestades; los
-que resisten son desarraigados. El piloto que dejando su vela tendida
-quiere hacer cara al viento, ve pronto su batel volcado tornarse
-juguete de las aguas. Calmad, pues, vuestra cólera y dejaos rendir,
-si, pese a mis pocos años, alguna prudencia ha penetrado en mi corazón
-(dichoso el que puede poseer todas las luces de la razón), si tengo
-algún saber (pues es frecuente a mi edad carecer de él); pensad que es
-bueno dejarse ilustrar por consejos razonables.
-
-EL CORO
-
-Señor, si sus razones son buenas, os conviene ceder a ellas; vos,
-príncipe, ceded a las del rey si son mejores. Porque habéis uno y otro
-hablado bien sabiamente.
-
-CREÓN
-
-¡Cómo! ¿A la edad que tengo recibiré de un hombre de sus años lecciones
-de prudencia?
-
-HEMÓN
-
-¿Qué importa mi juventud? No veáis mi edad; ved mis consejos.
-
-CREÓN
-
-¡Qué consejos, honrar a los que desobedecen las leyes!
-
-HEMÓN
-
-Yo no os invitaría a honrar a los malos.
-
-CREÓN
-
-¿Antígona no merece ese nombre?
-
-HEMÓN
-
-No es eso al menos lo que dicen todos los tebanos.
-
-CREÓN
-
-¿Los tebanos me dictarán las órdenes que debo dar?
-
-HEMÓN
-
-Considerad que habláis como un rey recientemente elevado al trono.
-
-CREÓN
-
-¿Qué otro que yo debe mandar aquí?
-
-HEMÓN
-
-Pero el Estado no se ha hecho para un solo hombre.
-
-CREÓN
-
-¿El Estado no se considera que pertenece a quien gobierna?
-
-HEMÓN
-
-Sí, muy bien. Pero ¿si el país está desierto reinaréis, pues, solo?
-
-CREÓN
-
-Se ve bien claro que combate por una mujer.
-
-HEMÓN
-
-Si tal nombre os cuadra; pues son vuestros intereses los que me ocupan
-por cima de todo.
-
-CREÓN
-
-¡Malvado! ¡Te atreves a acusar a tu padre!
-
-HEMÓN
-
-Cuando le veo hacer acciones injustas.
-
-CREÓN
-
-¿Es una injusticia sostener mis derechos?
-
-HEMÓN
-
-Es sostenerlos mal pisotear las leyes de los dioses.
-
-CREÓN
-
-¡Corazón pérfido y digno de ser subyugado por una mujer!
-
-HEMÓN
-
-No me veréis, al menos, vencido por inclinaciones vergonzosas.
-
-CREÓN
-
-Todas tus palabras no son sino por ella.
-
-HEMÓN
-
-Son por vos, por mí, por los dioses de los infiernos.
-
-CREÓN
-
-No soportaré nunca que te cases con ella. Morirá.
-
-HEMÓN
-
-Si muere, su muerte será seguida de otra.
-
-CREÓN
-
-¡Cómo! ¡Tu audacia llega hasta amenazarme!
-
-HEMÓN
-
-¿Es amenazaros combatir sentimientos mal fundados?
-
-CREÓN
-
-Tú aprenderás a tu costa a ser mejor fundado en los tuyos.
-
-HEMÓN
-
-Si no fuerais mi padre, yo diría que los vuestros son opuestos a la
-razón.
-
-CREÓN
-
-Vil esclavo de una mujer, cesa de fatigarme con tus palabras.
-
-HEMÓN
-
-Queréis hablar y no escuchar nada.
-
-CREÓN
-
-Sin duda; pero te lo juro por el Olimpo, no me importunarás impunemente
-con tus reprimendas. (_A sus guardas._) Que traigan a esa mujer odiosa
-y que expire pronto ante los ojos de su amante.
-
-HEMÓN
-
-No expirará ante mis ojos, guardaos de creerlo; pero vuestros ojos no
-me verán más: os dejaré entregado a vuestros furores, con los amigos
-que os halagan.
-
-
-ESCENA II
-
-EL CORO, CREÓN
-
-EL CORO
-
-Señor, el príncipe ha salido arrebatado de cólera; en un corazón tan
-joven, la desesperación es temible.
-
-CREÓN
-
-Aunque se proponga, aunque haga más de lo que podría hacer un hombre en
-la madurez de la edad, no librará a las dos hermanas del destino que
-les espera.
-
-EL CORO
-
-¿Queréis hacerles perecer a ambas?
-
-CREÓN
-
-No; tenéis razón. Debo no castigar a la que no ha sido culpable.
-
-EL CORO
-
-¿Y qué suplicio destináis a su hermana?
-
-CREÓN
-
-La haré conducir a un lugar desierto, allí la encerraré viva en el
-antro profundo de una roca, con el alimento preciso, para servir de
-expiación e impedir que la ciudad sea mancillada con su muerte. Que
-invoque entonces el poder de Hades, única deidad a quien venera; quizás
-logre librarse de la muerte, o, por lo menos, aprenderá entonces que es
-vano trabajo honrar las cosas de los infiernos.
-
-
-ESCENA III
-
-EL CORO
-
-¡Amor, indomable Amor, tú que ora reposas muellemente sobre ricos
-tapices y sobre las mejillas tiernas de una muchacha, ora, trasponiendo
-los mares, vas a visitar la cabaña solitaria del pastor! Ni los dioses
-inmortales, ni los hombres cuya vida es tan breve, pueden evitar
-tu poder. Quien te padece se torna furioso. Tú haces injustos los
-corazones de los hombres virtuosos y les arrastras hacia el crimen;
-excitas las querellas y llevas el desorden al seno de las familias; una
-mirada encantadora de una joven beldad triunfa del poder de las leyes;
-esos triunfos no son más que un juego para la invencible Afrodita.
-
-Nosotros mismos en este momento, infieles a las órdenes del rey, no
-podemos contener las lágrimas de que nuestros ojos están inundados, al
-ver a la princesa Antígona adelantarse hacia ese lecho que será para
-ella un lecho eterno.
-
-
-ESCENA IV
-
-EL CORO, ANTÍGONA
-
-ANTÍGONA
-
-¡Oh mis conciudadanos, ved a Antígona comenzar su postrer viaje y
-lanzar al astro del día sus últimas miradas! ¡No lo veré más! El dios
-de los infiernos que lo sepulta todo, va a conducirme viva a las
-orillas del Aqueronte, antes que haya sido sometida a las leyes del
-himeneo, antes que los epitalamios hayan resonado para mí; el Aqueronte
-va a ser mi esposo.
-
-EL CORO
-
-¡Qué elogio, qué gloria no ganaréis al penetrar en el asilo de los
-muertos, vos, que sin ser herida por una enfermedad funesta, sin haber
-caído bajo la cuchilla, descendéis libre y viva a la morada de Plutón!
-
-ANTÍGONA
-
-En los campos de Frigia, sobre la cima del monte Sípilo, sé cómo en
-otro tiempo la hija de Tántalo sufrió el destino más funesto, y cómo
-una roca, elevándose en torno suyo, la envolvió por todas partes con la
-flexibilidad de la hiedra. Hoy, diz que nubes eternas cubren su cabeza,
-que parece fundirse en torrentes, y su rostro está inundado de lágrimas
-que no se secan nunca. Una suerte semejante, un lecho igual me está
-reservado.
-
-EL CORO
-
-Niobe era diosa e hija de un dios; pero todos nosotros no somos sino
-mortales, hijos de una raza mortal. ¿Qué, sin embargo, más glorioso
-para vos, que oir decir que, al rematar el curso de vuestra vida,
-tenéis algo de común con los dioses?
-
-ANTÍGONA
-
-¿Por qué esa ironía amarga? En nombre de los dioses de mi país, ¡por
-qué insultarme cuando existo aún y no he desaparecido de la tierra!
-¡Oh patria mía, oh afortunados ciudadanos! fuentes de Dirceo, bosque
-sagrado de esta ciudad tan famosa por sus carros, yo os pido que me
-digáis por qué leyes, privada de los llantos de mis amigos, voy a
-sepultarme en un calabozo que debe ser mi tumba. ¡Desgraciada de mí! No
-habitaré ni entre los hombres ni entre las sombras, no estaré ni entre
-los vivos ni entre los muertos.
-
-EL CORO
-
-Arrebatada por un exceso de valor, os habéis estrellado contra el trono
-de la justicia y sufrís todavía el castigo de los crímenes de vuestro
-padre.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Renováis el más sensible de mis tormentos al recordar las desgracias
-por demás famosas del autor de mis días y las calamidades de la casa de
-los Labdácidas! ¡Himeneo funesto de mi madre, abrazos incestuosos que
-unisteis a un padre desgraciado y a una madre infortunada, a vosotros
-debo mi desgraciadísima existencia!
-
-Cargada de imprecaciones, privada de las dulzuras del himeneo, voy a
-reunirme con aquellos a quienes debo el nacimiento. ¡Oh hermano mío!
-qué malhadadas nupcias has conseguido; pues muerto ya me has quitado a
-mí la vida.
-
-EL CORO
-
-Es una virtud, sin duda, honrar a los muertos; pero hay que respetar
-el poder supremo en cualquier mano que esté depositado. La altivez de
-vuestro carácter os ha perdido.
-
-ANTÍGONA
-
-Sin amigos, sin esposo y sin ser llorada ¡triste de mí!, avanzo por
-el sendero de muerte que se me ha abierto. ¡Infortunada! No me será
-ya permitido ver ese sol, ese ojo sagrado del día. Mi muerte no será
-honrada por las lágrimas ni los lamentos de mis amigos.
-
-
-ESCENA V
-
-CREÓN, ANTÍGONA, EL CORO
-
-CREÓN
-
-(_A los guardas que acompañan a Antígona._)
-
-¿Qué esperáis? ¿No sabéis que esas quejas, esas lamentaciones que
-preceden a la muerte no acabarían nunca si pudieran servir para
-retardarla? Que se la lleven cuanto antes, que la encierren en una
-tumba, como yo he ordenado; que la dejen sola en esa morada solitaria;
-ora deba morir en ella, ora deba conservar la vida, no habitará al
-menos con nosotros y nuestras manos no serán mancilladas con su muerte.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Oh tumba, oh lecho nupcial, oh morada subterránea que no dejaré
-nunca! En vuestro seno me reuniré a la multitud de los de mi sangre,
-a quienes Proserpina ha recibido entre los muertos. La última de
-todos y la más miserable, desciendo a los infiernos, con muerte más
-terrible que la suya, antes del término marcado por el destino; pero,
-al bajar a ellos, abrigo la esperanza de que mi presencia será cara
-a mi padre, así como a vuestros ojos ¡oh madre mía! y a los vuestros,
-hermano mío, también, ya que mi mano, después de vuestra muerte, no
-ha olvidado ni los cuidados, ni las abluciones ni las ofrendas que yo
-os debía. Ved, no obstante, mi caro Polinicio, el premio que recibo
-por los deberes con que he cumplido; pero, al menos, los corazones
-virtuosos me habrán aplaudido. En efecto, si yo hubiera sido madre y
-hubiera perdido un hijo, si hubiera tenido que llorar a un esposo,
-nunca contra la voluntad de la patria, hubiera puesto en práctica nada
-semejante. ¿Y qué razón me hubiera dispensado de ello? Que después de
-la muerte de un esposo, otro puede reemplazarle; que el nacimiento de
-un hijo puede indemnizarnos del que hemos perdido; pero cuando los
-autores de nuestros días yacen en la tumba, no nos es dado ya contar
-con el nacimiento de un hermano. Ahí tienes por qué sentimientos, caro
-Polinicio, te he preferido a todo, me he atrevido a todo y no he tenido
-miedo de pasar por rebelde a los ojos de Creón. Ven, pues, recíbeme en
-tus brazos, conduce a tu hermana, que, sin haber experimentado ni las
-dulzuras del himeneo, ni la ternura de un esposo, ni los placeres de
-la maternidad, sola y privada de amigos, desciende viva a la morada
-de los muertos. ¿Qué crimen he cometido contra los dioses? Pero ¡ay
-de mí! ¿de qué me sirve dirigir los ojos al cielo? ¿Qué socorro puedo
-implorar, cuando, en premio de mi piedad, soy tratada como impía? Si
-los que me han condenado son gratos a los dioses, me confieso criminal
-y les perdono mi suplicio. Pero si son ellos culpables, que no sufran
-más males que los que me hacen injustamente sufrir.
-
-EL CORO (_A Creón._)
-
-Antígona es aún presa de los mismos vientos furiosos que agitaban su
-alma.
-
-CREÓN
-
-Les puede costar caro a los que la conducen con tanta lentitud.
-
-ANTÍGONA
-
-¡He ahí mi definitiva sentencia de muerte!
-
-CREÓN
-
-No acaricies la idea de que quede sin ejecución.
-
-ANTÍGONA (_Llevada por los guardas._)
-
-Muros de Tebas, patria mía, dioses de mi país, todo se acabó, me
-arrastran; ved a vuestra reina sola y abandonada, con qué ultraje la
-abaten y de qué manos lo recibe, por haber sido fiel a los deberes de
-la piedad.
-
-EL CORO
-
-En una prisión de bronce, Dánae, en otro tiempo, fué privada de la luz
-del día y se vio luego encerrada en una especie de tumba, remedo, para
-ella, de un lecho nupcial, y, no obstante, hija mía, era de ilustre
-origen y llevaba en su seno los gérmenes de fecundidad que Zeus había
-derramado sobre ella en lluvia de oro. Pero tal es el poder terrible
-del destino; ni las riquezas, ni las armas, ni las torres, ni las
-negras naves movidas por el remo pueden evitar su carrera.
-
-Encadenado con lazos de piedras el violento hijo de Drías, el rey de
-los Hedonios, sufrió la cólera terrible de Dionisos; así se amortiguó
-la impetuosidad de su locura. Reconoció al dios que en tal locura
-había ultrajado con insolentes palabras cuando turbó las orgías de las
-bacantes, hizo apagar sus antorchas y sublevó a las musas que aman la
-armonía.
-
-Cerca de las rocas Cianeas, no lejos del Bósforo, que une los dos
-mares hacia las orillas del Salmidero, el dios Ares, desde el fondo
-de su templo, elevado por los tracios, vio el deplorable infortunio
-de los dos hijos de Fineo, cuando aquella mujer cruel, pinchando sus
-ojos con manos sangrientas armadas de husos punzantes los arrancó de
-aquellas cuencas que clamaban venganza. Desgraciados y devorados por
-la pena, lloraban la funesta suerte de su madre y su funesto himeneo
-en que fueron engendrados. Y sin embargo de que su linaje se remontaba
-a los antiguos Erectridas, y como hija de Boreas y descendiente de
-dioses, había crecido en lejanas grutas entre las tempestades que su
-padre conmueve, e igualaba en velocidad el correr de los caballos sin
-resbalar sobre la helada superficie, el poder de las ancianas Parcas
-llegó también hasta ella, hija.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO CUARTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-TIRESIAS, CREÓN, EL CORO
-
-TIRESIAS
-
-Jefes de los tebanos, vengo aquí guiado por otros ojos que los míos,
-pues un ciego no puede andar sino con su conductor.
-
-CREÓN
-
-¡Respetable anciano, oh Tiresias! ¿Qué hay de nuevo?
-
-TIRESIAS
-
-Lo vais a saber, pero obedeced al adivino.
-
-CREÓN
-
-No me he apartado nunca de vuestros consejos.
-
-TIRESIAS
-
-Por eso conducís con mano feliz el timón de esta ciudad.
-
-CREÓN
-
-Las ventajas que he obtenido lo atestiguan.
-
-TIRESIAS
-
-Pensad ahora que estáis en el sendero más resbaladizo de la fortuna.
-
-CREÓN
-
-¿Qué sucede? Vuestras palabras me hacen temblar.
-
-TIRESIAS
-
-Lo sabréis cuando hayáis oído los indicios que mi arte me ha
-proporcionado. Retirado en el antiguo asilo donde acostumbro a observar
-el vuelo de multitud de aves que allí se congregan, he oído a algunas
-que, con furor, lanzaban gritos salvajes que yo no conocía, y que
-con sus garras ensangrentadas se destrozaban unas a otras (yo lo he
-advertido fácilmente por el ruido espantoso de sus alas). Lleno de
-temor, he querido examinar las víctimas que estaban sobre el fuego de
-los altares; pero la llama no brillaba ya: las carnes, punto menos
-que reducidas a cenizas, estaban cubiertas de una especie de moho
-que humeaba y burbujeaba a intervalos; las partes superiores de las
-entrañas estaban esparcidas, y los muslos de las víctimas se hallaban
-separados de la grasa que los envolvía. He aquí los presagios funestos
-que este niño me ha comunicado para los misterios de mi arte; pues este
-niño me guía como yo guío a los demás; y he aquí lo que yo añado. La
-detención que habéis llevado a cabo ha puesto la ciudad en peligro. Los
-altares, los fuegos sagrados están llenos de las carnes ensangrentadas
-del desgraciado hijo de Edipo, que las aves y los perros llevan allí
-de todas partes. Los dioses no reciben ya ni nuestras plegarias, ni
-nuestro incienso, ni el humo de nuestros sacrificios. Las aves, hartas
-de sangre humana, no dejan oir sino gritos funestos. Pensadlo, hijo
-mío, el error es común a todos los mortales; pero cuando un hombre se
-engaña, es sabio, es feliz si remedia el mal que le ha sorprendido y si
-no permanece inconmovible. La presunción nos condena a la ignorancia.
-Cesad, pues, de perseguir a un muerto, no hiráis a quien ya no existe.
-¿Qué valor hay en triunfar de un cadáver? Mi corazón no quiere más que
-vuestro bien, y mi boca os lo muestra: cuando los consejos nos son
-útiles es grato el escucharlos.
-
-CREÓN
-
-Anciano, no cesáis, ni vos ni vuestros semejantes, de lanzar vuestros
-dardos contra mí; no es nuevo que me vendáis y traicionéis; pero aunque
-la codicia os procurase todo el oro de la India y las riquezas de los
-sardos, no conseguiréis nunca inhumar a Polinicio, aunque las águilas
-de Zeus fueran hasta su trono a llevar los pedazos sangrientos de su
-cadáver; el temer tal mancilla no podría obligarme a dejarlo inhumar.
-Bien sé que no está en el poder de los mortales mancillar a los dioses.
-Anciano, los hombres más hábiles se exponen a fracasos vergonzosos
-cuando el cebo de la ganancia les inspira vergonzosas palabras.
-
-TIRESIAS
-
-¡A quién le es posible concebir...!
-
-CREÓN
-
-¿Qué? ¿Qué anuncia aún ese exordio?
-
-TIRESIAS
-
-¡Cuán por encima la prudencia está de las riquezas!
-
-CREÓN
-
-Tanto más, a mi juicio, cuanto que la imprudencia es el mayor de los
-males.
-
-TIRESIAS
-
-Y ese es el mal de que estáis ahora atacado.
-
-CREÓN
-
-No quiero devolver a un adivino injurias por injurias.
-
-TIRESIAS
-
-Sois vos quien me ultrajáis, acusando mis predicciones de falsedad.
-
-CREÓN
-
-El amor al oro domina en la raza de los adivinos.
-
-TIRESIAS
-
-Y el amor a los provechos vergonzosos en la de los tiranos.
-
-CREÓN
-
-¿Sabéis con quien habláis?
-
-TIRESIAS
-
-Lo sé, pues a mí me debéis el trono y la salvación de la ciudad.
-
-CREÓN
-
-Poseéis las luces de un hábil adivino; pero os complacéis en la
-injusticia.
-
-TIRESIAS
-
-Me forzaréis a descubrir lo que mi corazón quisiera ocultar.
-
-CREÓN
-
-Descubridlo, pero que el interés no os haga hablar.
-
-TIRESIAS
-
-¿Os parezco, pues, muy interesado?
-
-CREÓN
-
-Sabed que no me engañaréis.
-
-TIRESIAS
-
-Sabed, a vuestra vez, que antes que el carro del sol haya recorrido
-muchas veces su carrera, un fruto de vuestra sangre compensará con su
-muerte el destino de la que encerráis viva, indignamente, en una tumba,
-y del que, habiendo muerto, retenéis al dios de los muertos privándole
-de la sepultura y de los funerales. Es un poder que usurpáis y que
-ni los dioses del cielo tienen; y para castigaros, las furias de los
-infiernos y los dioses, esos vengadores a quienes ningún crimen escapa,
-se aperciben a sorprenderos y os destinan una suerte parecida. Ved
-ahora si la venalidad ha dictado mi lenguaje. Dentro de poco hombres
-y mujeres harán resonar aquí sus lamentos. En todas partes donde los
-huéspedes de los bosques, los perros y las aves hayan llevado los
-trozos inmundos del cuerpo de Polinicio; en todas partes donde los
-altares hayan sido mancillados por este olor impuro, las ciudades,
-tornadas vuestras enemigas, se sublevarán contra vos. Ved (ya que me
-habéis forzado a ello), ved si, como un arquero hábil, he sabido
-enderezar todos mis dardos al fondo de vuestro corazón; no podréis
-evitar que os hieran. Niño, guía mis pasos. Que aprenda en adelante a
-hacer objeto de su cólera a gente más joven, a regular su espíritu y a
-moderar su lengua.
-
-
-ESCENA II
-
-EL CORO, CREÓN
-
-EL CORO
-
-¡Ah, príncipe, qué horribles predicciones ha dejado flotando aquí
-al irse! Durante el curso de los años que han cambiado el color de
-nuestros cabellos, hemos reconocido por demás la verdad de los oráculos.
-
-CREÓN
-
-Y yo también la reconozco; siento mi alma turbada. Es horrible para
-mí ceder, y sin embargo, si le resisto, corro el riesgo de ver
-incesantemente mi corazón herido por el infortunio.
-
-EL CORO
-
-Consultad la prudencia, hijo de Meneceo.
-
-CREÓN
-
-¿Qué hay que hacer? Hablad, obedeceré.
-
-EL CORO
-
-Id, sacad a la princesa de su prisión subterránea y haced levantar una
-tumba a Polinicio.
-
-CREÓN
-
-¿Son esos los consejos que me dais y las complacencias que he de tener?
-
-EL CORO
-
-No perdáis un momento; la venganza de los dioses viene con paso ligero
-a desplomarse sobre los culpables.
-
-CREÓN
-
-¡Con qué trabajo me determino, cuánto me cuesta renunciar a mi primera
-resolución! Pero hay que ceder a la necesidad.
-
-EL CORO
-
-Id, pues, y no encarguéis de ese cuidado a otro que vos mismo.
-
-CREÓN
-
-Corro. Esclavos, presentes o ausentes, volad, hacha en mano, hacia la
-caverna designada; yo hice echar allí a Antígona, yo quiero sacarla.
-Nuevos sentimientos me animan. Temo que haya peligro en cambiar las
-leyes establecidas. (_Sale._)
-
-EL CORO
-
-¡Oh tú, a quien se adora bajo diferentes nombres, tú, gloria y honor
-de la hija de Cadmo, hijo del trueno, tú, que te complaces en los
-campos de la fértil Italia; tú, que, en los brazos de Ceres, te dignas
-proteger la ciudad de Eleusis, abierta a todos los mortales, Dionisos;
-tú, que habitas la metrópoli de las bacantes, la ciudad de Tebas,
-edificada en las orillas del Ismeno, donde fueron sembrados los dientes
-de un dragón cruel; tú, que miras el espeso humo de los sacrificios
-que se eleva sobre la montaña de dos cimas, de donde se derraman las
-aguas de Castalia y que las ninfas de Coricia, las bacantes gustan
-de recorrer; tú, que de las montañas de Nisa, de la que la hiedra
-corona los lugares más escarpados y donde las pendientes suaves están
-cubiertas de verdes viñas, vienes a visitar los muros de Tebas al
-ruido de los himnos inmortales que se cantan en tu honor! Tú amas a
-esta ciudad entre todas las otras; y tu madre, víctima del rayo, no la
-amaba menos. Hoy que un peligro inminente amenaza a esta ciudad, ven,
-franquea en nuestro socorro las laderas del Parnaso o cruza el estrecho
-donde gimen las olas.
-
-Tú, que presides el coro de los astros fulgurantes y la armonía de los
-himnos nocturnos, hijo de Zeus, ven a ofrecerte a nuestros ojos con las
-hijas de Naxos, las tíadas que marchan tras de ti y que, en su divino
-furor, danzan durante el curso de la noche en honor de su soberano.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-ACTO QUINTO
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-UN MENSAJERO, EL CORO
-
-EL MENSAJERO
-
-Conciudadanos de Cadmo, habitantes de los muros de Amphyon, no hay
-para los mortales ningún estado en la vida que yo quisiera envidiar o
-lamentar; la fortuna, sucesivamente, derriba al hombre feliz y levanta
-al infortunado. Estos acontecimientos están por cima de la ciencia
-de los adivinos. ¡Cuán digno de envidia se me figuraba Creón! Había
-salvado la tierra de Cadmo; había heredado el gobierno supremo de toda
-la comarca; gozaba de su poder y de la gloria de tener hijos generosos.
-Ahora todo ha desaparecido, pues cuando la alegría abandona a los
-mortales, su vida no es ya nada a mis ojos, sólo son ya cadáveres
-animados. Creón, si queréis, posee en su palacio inmensas riquezas,
-puede vivir revestido de todo el fausto de su rango; pero si, en medio
-de todos esos bienes, la felicidad se le escapa, yo no daría una sombra
-de humo por tantas ventajas sin gusto.
-
-EL CORO
-
-¿Qué desgracia ocurrida a nuestros amos venís a anunciarnos?
-
-EL MENSAJERO
-
-Han muerto, y los que aún viven han causado su pérdida.
-
-EL CORO
-
-¿Quién ha herido? ¿Quién ha muerto? Explicaos.
-
-EL MENSAJERO
-
-Hemón ya no existe: ha muerto por su mano.
-
-EL CORO
-
-¿Por la suya o por la de su padre?
-
-EL MENSAJERO
-
-Por la suya propia, arrebatado de furor contra su padre por la muerte
-de Antígona.
-
-EL CORO
-
-¡Oh Tiresias, qué bien habéis profetizado!
-
-EL MENSAJERO
-
-En una desgracia tan grande, pensemos al menos en prever lo demás.
-
-EL CORO
-
-He ahí a la esposa de Creón, la desgraciada Eurídice, a quien el acaso
-conduce o que sale de su palacio enterada de la muerte de su hijo.
-
-
-ESCENA II
-
-EURÍDICE, EL MENSAJERO, EL CORO
-
-EURÍDICE
-
-Ciudadanos, he oído vuestra voz en el momento en que yo salía para
-ir a orar al templo de Palas; al abrir la puerta, el rumor de alguna
-desgracia doméstica ha venido a herir mi oído; el temor me ha
-sobrecogido y he caído casi desvanecida en brazos de mis mujeres.
-¿Qué decís? Repetídmelo. He sufrido ya males para tener la fuerza de
-escucharos.
-
-EL MENSAJERO
-
-Mi querida ama, os diré lo que he presenciado, no disfrazaré la verdad.
-¿De qué me serviría suavizarla? Pronto sería cogido en mentira; la
-verdad no perece nunca. Había yo seguido los pasos del rey hasta en
-medio del campo donde estaba aún el cadáver infortunado de Polinicio,
-que los perros devoraban. Dirigimos nuestras plegarias a Perséfone
-y a Hades; les pedimos que calmasen su iracundia; derramamos sobre
-Polinicio las aguas lustrales; reunimos sus lamentables restos sobre
-ramas recién cortadas y nos servimos de la misma tierra del campo para
-levantarle una tumba piramidal; luego nos dirigimos hacia la roca donde
-la princesa ha hallado el tálamo que había de unirla a la muerte. De
-pronto, en el fondo de aquella tumba privada de obsequios, uno de
-nosotros oye resonar dolorosos gemidos; se lo participa al rey, que,
-acercándose más, no tardó él mismo en distinguir aquellos acentos
-quejumbrosos sin conocer la causa. Sin embargo, lanzando un grito
-lamentable: «¡Ay de mí --dijo--, mis presentimientos serían verdaderos!
-¿Me llevarán mis pasos a la mayor de las desgracias? La voz de mi hijo
-ha resonado en mi oído. Esclavos, corred, volad a la tumba de Antígona;
-acercaos a la piedra que la cierra; penetrad en la abertura que forma
-la entrada; decidme si es la voz de mi hijo, o si algún dios me ha
-engañado.» Ejecutamos las órdenes de nuestro amo enloquecido; vimos a
-Antígona colgada de la bóveda del subterráneo; su cinturón era el nudo
-que había corrido en torno de su cuello. Hemón la oprimía en sus brazos
-por la cintura, deplorando la pérdida de sus amores, la crueldad de su
-padre y el destino de su amante. Creón, ante tal espectáculo, avanza,
-y lanzando gritos, gemidos horribles: «Hijo mío, ¿qué hacéis? ¿Dejáis
-extraviarse vuestro espíritu? ¿A qué desesperación os entregáis?
-Salid, hijo mío, salid, os lo suplico yo.» Pero Hemón, lanzándole una
-mirada fiera y llena de horror, sin responder nada saca su espada
-de dos filos. Creón huye y esquiva sus golpes. Volviendo luego su
-cólera contra sí propio, el infortunado hunde su espada en su seno,
-y, conservando todavía su amor, estrecha a Antígona entre sus brazos
-moribundos, lanza los últimos suspiros y enrojece con su sangre, que
-sale con sus sollozos, las mejillas lívidas de su amante. Así, estos
-dos esposos, reunidos en la morada de los muertos, están acostados uno
-junto a otro, para enseñar a los humanos que la imprudencia es el más
-funesto de todos los males.
-
-
-ESCENA III
-
-EL MENSAJERO, EL CORO
-
-EL CORO
-
-¡Cielos! ¿Qué debemos pensar? La reina ha desaparecido sin que palabra
-alguna salga de su boca.
-
-EL MENSAJERO
-
-Mi asombro es igual al vuestro. Me inclino a creer que habiendo oído
-la desgracia de su hijo, temerá dejar estallar sus lamentos a los ojos
-de los tebanos, y que habrá ido con su dolor al palacio, para poder
-abandonarse a él en medio de sus mujeres. Conoce demasiado la prudencia
-para hacer nada que...
-
-EL CORO
-
-No sabemos; un excesivo silencio se nos antoja temible. Los gritos
-inmoderados no tienen enojosos efectos.
-
-EL MENSAJERO
-
-Pronto veremos, entrando en el palacio, si su corazón medita en secreto
-algo funesto. Un silencio sobrado profundo debe alarmar.
-
-
-ESCENA IV
-
-EL CORO
-
-Ved al rey, que avanza llevando en sus manos, si tal puede decirse, un
-monumento, no de las faltas ajenas, sino de las suyas propias.
-
-
-ESCENA V
-
-EL CORO, CREÓN
-
-CREÓN
-
-¡Oh por demás crueles y por demás funestos extravíos de mi espíritu
-culpable! ¡Ved, tebanos, entre los de la misma sangre, el asesino y la
-víctima! ¡Oh deplorable prisión, oh hijo mío, hijo mío! En la primavera
-de tu vida has perecido de una muerte prematura, no por tu imprudencia,
-sino por la mía.
-
-EL CORO
-
-¡La justicia se ha mostrado bien tarde a vuestros ojos!
-
-CREÓN
-
-¡La conozco al fin por mis desgracias! Armado de una maza terrible, un
-dios ha golpeado mi cabeza, me ha precipitado en abismos espantosos, y
-de un puntapié ha derribado el edificio de mi dicha. ¡Cuántos, cuántos
-tormentos reservados a los mortales!
-
-
-ESCENA VI
-
-LOS PRECEDENTES, UN ESCLAVO
-
-EL ESCLAVO
-
-¡Amo mío, además de las desgracias que habéis sufrido, que tenéis ante
-los ojos, que lleváis con vos, os queda todavía algo muy doloroso que
-encontrar en vuestra casa!
-
-CREÓN
-
-¿Qué males pueden añadirse al horror de los que sufro?
-
-EL ESCLAVO
-
-La madre del hijo que lloráis, la reina, ha muerto; madre infortunada,
-expira herida por un golpe mortal.
-
-CREÓN
-
-Insaciable abismo de Hades, ¿por qué quieres consumar mi pérdida? Y tú,
-que vienes a traerme tan funestas nuevas, ¿qué has dicho?
-
-EL CORO
-
-¡Desgraciado! Vienes a hacer morir de nuevo a un muerto.
-
-CREÓN
-
-¿Qué dices? ¿Qué acontecimientos vienes a noticiarme? ¡La muerte de mi
-mujer después de la de mi hijo!
-
-EL ESCLAVO
-
-Podéis juzgar por vuestros ojos. La reina no había aún llegado al
-interior del palacio.
-
-CREÓN
-
-¡He ahí un nuevo objeto de dolor! ¿A qué destino, oh dioses, estoy
-llamado aún? ¡Desgraciado! Tengo en mis brazos a mi hijo, que acaba
-de expirar; tengo ante mis ojos el cuerpo ensangrentado de mi esposa.
-¡Madre infortunada, hijo mío!
-
-EL ESCLAVO
-
-Ha comenzado por deplorar la muerte ilustre y prematura de su primer
-hijo y el destino de Hemón; luego ha prorrumpido en imprecaciones
-contra vos, a quien consideraba como el asesino de su hijo, e
-hiriéndose con un hierro agudo, ha caído a los pies del altar, cerrando
-los ojos a la luz.
-
-CREÓN
-
-¡Cielos! ¡Oh dioses! ¡Mi alma está confundida de horror! ¡Y que no me
-hundan una espada en el seno! ¡Infortunado, he caído en un abismo de
-calamidades!
-
-EL ESCLAVO
-
-Os miraba al morir como único autor de tantos males.
-
-CREÓN
-
-¿Pero de qué manera ha acabado sus días?
-
-EL ESCLAVO
-
-Hiriéndose a sí misma en cuanto ha sabido el deplorable destino de su
-hijo.
-
-CREÓN
-
-Sólo yo entre los mortales, sólo yo la causa de tantas desgracias.
-¡Infortunado, yo te he dado la muerte! Esclavos, apartadme de estos
-lugares, llevadme cuanto antes como si no viviera ya, como si no fuera
-ya nada.
-
-EL CORO
-
-Lo que pedís es una ventaja para vos, si la hay en los males. Para
-abreviar los que se tienen a la vista, el mejor partido es huir de
-ellos.
-
-CREÓN
-
-Que aparezca, que venga, pues, el momento deseado que ha de rematar mi
-existencia; que venga, que no vea yo más la luz del día.
-
-EL ESCLAVO
-
-Tales votos son para el porvenir; mas para el presente, ¿qué hay que
-hacer? A los que atañe ese cuidado les toca ocuparse de él.
-
-CREÓN
-
-Sólo pido la muerte, no deseo otra cosa.
-
-EL ESCLAVO
-
-Cesad de desear; no es dado a los mortales evitar el infortunio que les
-reserva el destino.
-
-CREÓN
-
-¡Llevadme, llevaos a este insensato que, a su pesar, te ha hecho
-perecer, hijo mío, lo mismo que a vos, cara esposa! ¡Infortunado! No sé
-ya dónde dirigir mis ojos y mis pasos: todo ha huído de mis manos; y
-una desgracia superior a mis fuerzas se ha desplomado sobre mi cabeza.
-
-
-ESCENA VII
-
-EL CORO
-
-¡Cuán preferible es la prudencia a la fortuna! Hay que guardarse
-de ofender a los dioses. La escandalosa vanidad de los hombres
-presuntuosos les atrae con frecuencia crueles suplicios que les enseñan
-demasiado tarde a conocer la prudencia.
-
-
-FIN DE ANTÍGONA
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- EDIPO REY Págs.
-
- Acto I. 7
-
- Acto II. 17
-
- Acto III. 31
-
- Acto IV. 51
-
- Acto V. 71
-
-
- EDIPO EN COLONA
-
- Acto I. 87
-
- Acto II. 117
-
- Acto III. 127
-
- Acto IV. 145
-
- Acto V. 165
-
-
- ANTÍGONA
-
- Acto I. 179
-
- Acto II. 195
-
- Acto III. 211
-
- Acto IV. 225
-
- Acto V. 233
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona, by Sófocles
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EDIPO REY; EDIPO EN COLONA ***
-
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-works. See paragraph 1.E below.
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-
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-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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-WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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-
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-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
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-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
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-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
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-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
-
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
-
-
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-
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-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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- Edipo rey - Edipo en Colona - Antígona, by Sófocles&mdash;A Project Gutenberg eBook
- </title>
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-<body>
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-<pre>
-
-Project Gutenberg's Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona, by Sófocles
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona
-
-Author: Sófocles
-
-Release Date: October 20, 2020 [EBook #63509]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EDIPO REY; EDIPO EN COLONA ***
-
-
-
-
-Produced by Ramón Pajares Box, Roberto Marabini and the
-Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#tnote">Nota de transcripción</a></p>
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <h1 class="faux">Edipo rey - Edipo en Colona - Antígona</h1>
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-
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-<div class="screenonly">
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- <div class="figcenter">
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-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <p class="fs175 ti0">TRILOGÍA</p>
- <p class="fs150 g0 ti0">SÓFOCLES</p>
- <div class="figright mt2">
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- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span></p>
-<p class="centra fs150 g0 ws1" id="LOS_GRANDES_AUTORES">LOS GRANDES
-AUTORES</p>
-
-<p class="centra fs120 ws1 u mt05">POEMAS : : NOVELAS : : TEATRO</p>
-
-<p class="ti0 ws1 mt05"><b>CADA TOMO CONSTA DE UNAS 300 PÁGINAS,
-TIRADAS A DOS TINTAS SOBRE EXCELENTE PAPEL PLUMA, RICAMENTE ORNAMENTADO
-POR DISTINGUIDOS ARTISTAS.</b></p>
-
-<p class="centra ws1 mt05"><b>En rústica: 3 ptas., tomo. —
-Encuadernado: 4’50 ptas., tomo.</b></p>
-
-<p class="ti0 u mt05">OBRAS PUBLICADAS</p>
-
-<div class="anun">
-
-<p>Virgilio.—<b>La Eneida.</b>—Traducción de E. de Ochoa. Ornamentación
-de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Milton.—<b>El paraíso perdido.</b>—Traducción de Juan Mateos, Pbro.
-Ornamentación de Coll Salieti.</p>
-
-<p>Anónimo.—<b>Romancero del Cid.</b>—Edición ordenada y revisada por
-Luis C. Viada y Lluch. Ornamentación de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Mistral.—<b>Mireya.</b>—Traducción de Lorenzo Riber. Ornamentación
-de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Dante.—<b>La divina comedia.</b>—Traducción de M. Aranda Sanjuan.
-Ornamentación de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Homero.—<b>Iliada.</b>—Traducción de Manuel Vallvé. Ornamentación de
-Manuel Farriols.</p>
-
-<p>Walter Scott.—<b>La novia de Lammermoor.</b>—Traducción de J.
-Lleonart y Carlos Riba Bracons. Ornamentación de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Tirso de Molina.—<b>El bandolero.</b>—Edición prologada, transcrita
-y revisada por Luis C. Viada y Lluch. Ornamentación de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Cervantes.—<b>Entremeses.</b>—Edición cuidadosamente revisada por
-Luis C. Viada y Lluch. Ornamentación por J. Junceda.</p>
-
-<p>Beaumarchais.—<b>El barbero de Sevilla: Las bodas de
-Fígaro.</b>—Traducción de José Pérez Bojart. Ornamentación de Ramón
-Baixeras.</p>
-
-<p>Shakespeare.—<b>Hamlet: Romeo y Julieta.</b>—Traducción de J.
-Roviralta Borrell. Ornament. de Antonio Saló.</p>
-
-<p>Sófocles.—<b>Edipo Rey : Edipo en Colona : Antígona.</b>—Trad. de J.
-Pérez Bojart. Ornamentación de J. d’Ivori.</p> </div>
-
-<p class="ti0 u mt05">EN PRENSA</p>
-
-<div class="anun">
-
-<p>Goethe.—<b>Fausto.</b>—Traducción de J. Roviralta Borrell.
-Ornamentación de Manuel Farriols.</p>
-
-</div>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
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- alt="Portada del libro" />
- </div>
- <p class="fs120 ws1 mt1">SÓFOCLES</p>
- <p class="fs175 red g1 ws1 mt05">EDIPO REY<br />
- EDIPO EN COLONA<br />
- ANTÍGONA</p>
- <p class="g1 ws1 mt1"><span class="allsmcap">VERSIÓN CASTELLANA DE</span><br />
- JOSÉ PÉREZ BOJART</p>
- <p class="fs120 g3 mt1">MCMXX</p>
-
- <div class="figcenter mt1">
- <img style="width: 5em; height: auto;"
- src="images/i_005.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
- </div>
-
- <p class="fs90 ws1 mt1"><span class="smcap">Ornamentada por J. d’Ivori</span></p>
- <hr class="tir" />
- <p class="g2 ws1 mt1">EDITORIAL IBÉRICA</p>
- <p class="fs85 g1 ws1"><span class="smcap">J. PUGÉS S. en C. — Barcelona</span></p>
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="tit pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 14em; height: auto;"
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- alt="Logotipo de la colección" />
- </div>
- <p class="ws1 mt05">LOS GRANDES AUTORES</p>
- <p class="ws1">: TEATRO :</p>
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch1">
- <hr class="chap" />
- <h2 class="nobreak g1" title="EDIPO REY"><span class="pagenum"
- id="Page_5">p. 5</span>EDIPO REY</h2>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span></p>
- <p class="centra fs130 g2">PERSONAJES</p>
-</div>
-
-<ul class="pers">
- <li>EDIPO</li>
- <li>CREÓN</li>
- <li>EL GRAN SACERDOTE</li>
- <li>TIRESIAS</li>
- <li>YOCASTA</li>
- <li>EL CRIADO DE LAYO</li>
- <li>UN MENSAJERO</li>
- <li>UN OFICIAL DE EDIPO</li>
- <li>EL CORO, compuesto de ancianos tebanos.</li>
-</ul>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_007.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO PRIMERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO. El GRAN SACERDOTE. El Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Nuevos retoños del antiguo Cadmo, hijos míos. ¿Qué motivo os
-obliga a venir así a prosternaros en los escalones de este palacio,
-llevando en la mano las ramas reservadas para los suplicantes? El humo
-del incienso, los cantos lúgubres, los lamentos resuenan en toda la
-ciudad.</p>
-
-<p>No os he enviado a nadie, he venido yo mismo, hijos míos, a
-informarme del motivo de vuestras quejas; sí, Edipo, tan loado en toda
-Grecia, viene a escucharos. Hablad, pues, ¡oh, anciano! ya que a vos
-os cuadra ex<span class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span>plicaros
-por ellos. ¿Qué temor, qué esperanza os han reunido en este sitio?
-Contad con el deseo que tengo de auxiliaros. Sería yo insensible si no
-estuviera conmovido por el estado suplicante en que os veo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Gran Sacerdote</p>
-
-<p>Vos que reináis sobre mi patria, Edipo, ved cuántos ciudadanos de
-todas edades, prosternados ante vuestros altares, unos en la infancia
-y arrastrándose apenas aún, otros en la fuerza de la juventud; mirad
-esos ancianos que son los pontífices de los dioses; a mí, que soy el
-gran Sacerdote de Zeus. El resto de los tebanos, llevando en la mano
-las ramas de los suplicantes, está prosternado en la plaza pública, o
-en ambos templos de Palas, o sobre la ceniza profética del Ismeno. Ya
-lo veis, Edipo; esta ciudad, tanto tiempo combatida por la tempestad,
-no puede ya levantar su cabeza por cima de las olas ensangrentadas
-que la sumergen. Los gérmenes de los frutos de la tierra se secan en
-los cálices de las flores; los rebaños perecen, y las mujeres ven
-morir en su seno a sus hijos. Un dios cruel, armado de tea terrible,
-una espantosa peste, ha venido a caer sobre esta ciudad y cambia en
-un desierto la antigua morada de los hijos de Cadmo. El negro Hades
-se enriquece con nuestros lamentos y con nuestros lloros. Estas
-gentes y yo, sin embargo, no venimos a imploraros como a un dios;
-mas os consideramos, entre todos los mortales, como el más capaz de
-socorrernos en medio de las vicisitudes de la vida y de las desgracias
-enviadas por los dioses. Vos, llegando a nuestros muros, nos librasteis
-del tributo que el monstruo cruel nos había impuesto, sin que ninguno
-de nosotros os suministrase ni os preparase los medios. Sólo por la
-inspiración de un dios salvasteis nuestra vida en peligro; todos aquí
-lo publican y lo piensan. A vos, pues, poderoso Edipo, a vos venimos,
-como suplicantes, a pedir hoy algún socorro, si habéis oído la voz de
-los dioses o si algún<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span>
-mortal ha podido iluminaros. Hemos visto, a menudo, grandes desgracias
-servir de inspiración a los mortales que la experiencia ha hecho
-hábiles con sus consejos. Venid, ¡oh, el más sabio de los hombres! a
-levantar esta ciudad abatida; venid y sabed que esta comarca os nombra
-hoy su salvador, por reconocer vuestra antigua prudencia: aparte de
-que con razón podríamos ya olvidar vuestros primeros beneficios si,
-tras de habernos sacado del abismo, nos dejarais caer de nuevo en él.
-Levantad, afirmad, pues, esta ciudad sobre sus cimientos; ved lo que
-habéis ya hecho por ella bajo favorables auspicios; sed también hoy lo
-que fuisteis entonces. ¿No es mejor para vos, mientras reinéis en esta
-tierra, reinar sobre hombres que sobre muros desiertos? Las murallas,
-las naves no son nada cuando se las despoja de los hombres que las
-habitan.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Desgraciados hijos, estoy lejos de ignorar el objeto de los votos
-que os traen ante mí. Demasiado sé en qué estado funesto estáis todos
-hundidos; y, no obstante, por desgraciados que seáis, no hay entre
-vosotros quien sea tan infortunado como yo. El dolor de cada uno de
-vosotros sólo tiene un objeto; sólo a vosotros os atañe, mientras que
-mi corazón gime a la vez por la ciudad, por vosotros y por mí. No
-creáis haberme sacado de un profundo sueño; sabed que no hay lágrimas
-que yo no haya vertido ni medios diversos que mi imaginación no haya
-estudiado. El único que he podido encontrar a propósito para socorreros
-lo he puesto en práctica. Al hijo de Meneceo, Creón, con quien me unen
-los lazos de la sangre, le he enviado a Delfos al templo de Apolo, para
-preguntar a este dios lo que debo ordenar, lo que debo hacer por la
-salvación de esta ciudad. Cuento los días, los mido por el tiempo que
-le era necesario, y me aflijo con sus retrasos. ¿Qué hace? Su ausencia
-es mucho más lar<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>ga
-de lo que parecía que había de ser. Creed que en cuanto llegue me
-consideraré el peor de los hombres si no ejecuto cuanto el dios me haya
-prescrito.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Gran Sacerdote</p>
-
-<p>No podéis hablar más a punto; en este momento me anuncian la llegada
-de Creón, que avanza hacia nosotros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh soberano Apolo, ojalá, favorecido por la fortuna, vuelva tan
-contento como su rostro parece anunciar!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Gran Sacerdote</p>
-
-<p>Su corazón está satisfecho; podemos lisonjearnos de ello; de lo
-contrario, no aparecería, como le vemos, llevando en la cabeza una rama
-de laurel cargada de frutos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pronto lo sabremos: vedle junto a nosotros; podemos interrogarle.
-Hijo de Meneceo, querido príncipe, hermano mío, ¿qué nuevas nos traéis
-de parte del dios?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Buenas nuevas; pues lo que pueda haber en ellas de enojoso no es
-para nosotros sino una fuente de dicha, si el resultado es tal como
-debe esperarse.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué significan esas palabras? No encuentro en ellas motivo de
-temor; pero no veo casi nada que me tranquilice.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span></p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Deseáis que me explique en medio de todo ese pueblo que nos
-escucha, o queréis entrar en vuestro palacio?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hablad ante ellos; pues me duelen harto más sus males que los
-míos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Os diré, pues, lo que el oráculo de Apolo me ha dicho. Nos ordena,
-sin la menor obscuridad, alejar de esta tierra la fuente de impureza
-que alimentamos y cesar de mantenerla con nuestros males.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué purificación, qué remedio emplear en nuestra calamidad?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Es necesario desterrar a un hombre, o que la sangre que ha causado
-las desgracias de esta ciudad sea lavada con sangre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y quién es el mortal de quien hay que vengar la muerte?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Príncipe, tuvimos un rey llamado Layo; reinaba en esta ciudad antes
-de estar sometida a vuestro imperio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo sé porque me lo han dicho; pues mis ojos no le vieron nunca.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span></p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Murió; y Apolo, sin la menor obscuridad, nos ordena hoy castigar a
-sus asesinos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿En que lugar están y cómo encontrar la huella borrada de crimen tan
-antiguo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Están en estos muros, el oráculo lo ha declarado. Lo que se busca se
-puede encontrar; lo que se descuida se nos escapa fácilmente.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Layo cayó bajo los golpes de los asesinos en su palacio, o fuera de
-la ciudad, o en tierra extraña?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Iba (según se nos ha dicho) a consultar el oráculo; y desde el
-instante en que dejó estos muros no hemos vuelto a verle.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿No habría alguno de su séquito, algún compañero de su viaje,
-que hubiera sido testigo de su suerte y pudiera servir para darnos
-indicios?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Todos han muerto. No queda más que uno, a quien el temor hizo
-huir, y que, de cuanto vio, no ha podido nunca referir sino una
-circunstancia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Cuál es? Un solo trazo puede hacer descubrir muchos otros, si puede
-darnos un ligero asomo de esperanza.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span></p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Ha referido que una banda de salteadores había encontrado a Layo,
-que sucumbió al número y pereció.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pero ¿cómo hubieran los bandidos llegado a ese colmo de audacia si
-alguien no les hubiera seducido a fuerza de oro?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Esa sospecha es verosímil, pero muerto Layo, nadie, en medio de los
-males de la patria, se encargó de vengarle.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué males, muerto el soberano, pudieron impediros sondear esa
-trama?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>La Esfinge, con sus enigmas enmarañados, nos forzó a abandonar lo
-que no podíamos descubrir, para ocuparnos de lo que teníamos a la
-vista.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Bueno, es de mi empresa remontarme a la fuente de vuestros males
-y descubrirla. No será en vano que Apolo y vos os hayáis tomado el
-cuidado de vengar la muerte de Layo; me veréis, justamente asociado
-a vuestros designios, servir a la vez a los intereses de la patria y
-a los del dios. Porque no solamente por la causa de un rey que ya no
-existe, sino por mi propia causa, haré salir de esta tierra el objeto
-impuro que la ha mancillado. El que haya podido poner la mano sobre
-Layo podría con mano tan osada atentar contra mis días. Así encontraré
-mi propia seguridad en el cuidado que me tomare de su venganza.
-Levantaos, pues, hijos míos; apresuraos, lle<span class="pagenum"
-id="Page_14">p. 14</span>vaos esas ramas, símbolo de los suplicantes.
-Que se reuna aquí el pueblo tebano; voy a emplear todos los medios
-para calmar sus penas; veremos luego, bajo los auspicios del dios, si
-debemos ser más felices o más miserables.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Gran Sacerdote</p>
-
-<p>Levantémonos, hijos míos, levantémonos; los socorros que hemos
-venido a pedir aquí, nuestro rey nos los promete; que Apolo, que nos ha
-enviado tal oráculo, nos libre de la peste y conserve nuestra vida.</p>
-
-<blockquote>
-
-<p>(<i>El Gran Sacerdote se retira con los niños y los jóvenes tebanos
-que le acompañan. No quedan en escena sino Edipo y los ancianos que
-componen el Coro.</i>)</p>
-
-</blockquote>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Dulce voz de Zeus, que del opulento santuario de Delfos has llegado
-a los muros famosos de Tebas, ¿qué haréis por nosotros? El temor agita
-y consterna nuestro corazón, sobrecogido de respeto ante vos, ¡oh
-benéfico Peán, que reináis en Delos! ¿Cumpliréis vuestro oráculo hoy,
-o en otra sazón señalada por vuestros decretos? Hablad, voz inmortal,
-hija de la feliz esperanza.</p>
-
-<p>Digna sangre de Zeus, ¡oh Palas! a vos os invoco la primera; vos
-también, Artemisa, su hermana, que gustáis de bajar a la tierra y que
-os sentáis en un trono glorioso dentro del recinto; y vos, Apolo,
-ducho en lanzar dardos, venid los tres en nuestra ayuda; si en otro
-tiempo, cuando otros azotes cayeron sobre esta ciudad, alejasteis de
-nosotros la peste, ¡acudid hoy, también, dioses benéficos! Las penas
-que sufrimos no pueden contarse. Todo el pueblo desmaya y sucumbe.
-Los recursos del arte están agotados y no pueden ya ofrecer remedio a
-nuestros males. Los gérmenes de las frutas se han tornado estériles;
-las mujeres no soportan ya los dolores del parto.<span class="pagenum"
-id="Page_15">p. 15</span> Más ligera que el ave veloz, más destructora
-que el fuego voraz, la muerte precipita a nuestros ciudadanos, uno tras
-otro, hacia los dominios del dios de los infiernos. Tebas todos los
-días sucumbe a innumerables golpes. Los niños (¡cruel espectáculo!)
-permanecen tendidos sin piedad en el suelo, teatro de su muerte.
-Lejos de ellos, las mujeres y las madres, cuya frente está cubierta
-de cabellos blancos, gimen al pie de los altares y piden remate a sus
-penas. Los himnos dolientes, los gemidos, resuenan al par en los aires.
-Noble y encantadora hija de Zeus, socorrednos, haced volver sobre sus
-pasos el azote destructor, nuevo Ares que, sin escudo y sin carcaj, ha
-venido a combatirnos y nos consume entre gemidos y gritos; que vaya,
-lejos de los límites de nuestra patria, al vasto seno de Anfitrite o a
-las aguas inhospitalarias del mar de Tracia. No nos da punto de reposo;
-si amengua al terminar la noche, comienza de nuevo con el día. ¡Oh,
-Zeus!; oh, dios, que gobiernas a tu antojo el rayo, aplástale con él; y
-tú, dios de Licia, lanza en nuestro socorro los dardos invencibles de
-tu arco de oro. Dirige contra él, ¡oh Artemisa! los rayos fulgurantes
-con que prendes fuego a las cimas de los montes licienses; y tú, dios
-de las vides, dios epónimo de esta tierra, tú, cuya frente orna áurea
-corona, Dionisos, tú, que marchas acompañado de las ménades, ven armado
-de antorchas encendidas a perseguir y derrotar a ese dios cruel que los
-dioses miran con horror.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_017.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO SEGUNDO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, el séquito, el Coro, el Pueblo
-reunido</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Invocáis a los dioses; pero lo que les pedís, socorro, alivio para
-vuestros dolores, lo obtendréis si queréis escucharme, obedecerme
-y someteros a lo que exigen nuestros males. Voy a hablar como
-extraño a lo que el oráculo acaba de hacernos saber, como extraño al
-crimen cometido, del que no puedo descubrir las huellas si no se me
-proporcionan los medios. Ciudadano hace poco tiempo de Tebas, sólo
-me es dable socorreros con la orden que voy a publicar. Cualquiera
-de vosotros que sepa a qué manos pereció Layo Labdácida, le invito
-a desenmascararle. Si el que fué el asesino teme ser de<span
-class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>nunciado, que se anticipe y
-se acuse; no tiene nada enojoso que temer; el destierro será su único
-suplicio. Si el asesino es extranjero, que quien le conozca lo declare
-y me apresuraré a recompensarle y le guardaré eterno reconocimiento.
-Pero si os obstináis en callar; si, temiendo por un amigo o por
-vosotros mismos, desacatáis mi orden, escuchad lo que voy a ordenar
-contra el culpable. Quiero, sea del rango que sea, que nadie en esta
-tierra sometida a mi imperio le reciba, le hable, le admita en las
-plegarias, los sacrificios y las libaciones consagrados a los dioses;
-que todos los habitantes le echen de sus hogares, como la causa impura
-del azote que nos aflige; pues así el oráculo de Delfos me lo ha hecho
-entender claramente; y quiero, haciendo uso del poder de que estoy
-revestido, servir al mismo tiempo al dios y al rey que ya no existe.
-¡Quiera el cielo que mis imprecaciones contra el culpable ignorado, ya
-haya sido solo, ya haya tenido cómplices, le entreguen a la infamia y
-a todas las privaciones de una vida desgraciada! ¡Quiera el cielo que,
-aun en el caso de que, sin yo saberlo, sea de mi familia, experimente
-todos los males con que mis maldiciones le han amenazado! Pero a
-vosotros, tebanos, os encargo de la ejecución de mis deseos, por mi
-propio interés, por el de Apolo, por el de la patria, que agoniza
-en la esterilidad y el abandono de los dioses. ¡Y aunque los dioses
-no hubieran suscitado contra vosotros ese azote terrible! ¿estaría
-bien, luego de la muerte de un rey tan bueno, dejar su asesinato sin
-expiación y no buscar a los autores? Yo soy soberano del mismo imperio
-donde él reinaba; poseo su lecho, su esposa; he tenido hijos de ella;
-y si él los hubiera tenido lo serían míos. Por tantas razones, pues su
-infortunio ha sido tanto, pretendo vengarle, como vengaría a mi padre,
-y poner todo mi cuidado en descubrir, en detener al asesino de ese
-labdácida que, por Polidoro y Cadmo, desciende del antiguo Agenor. A
-aquellos de vosotros, tebanos, que no obedezcan<span class="pagenum"
-id="Page_19">p. 19</span> lo que acabo de mandar, pido a los dioses que
-la tierra no les dé cosecha ni posteridad sus mujeres, y que perezcan
-luego víctimas del azote que nos persigue o de un destino aún más
-deplorable; pero a los que secunden mis designios, quiera el cielo que
-la justicia que combate en nuestro favor y todos los dioses les sean
-siempre favorables.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Obligados por vuestras imprecaciones, ¡oh, Príncipe! hablaremos. No
-hemos matado al rey e ignoramos quién fué su asesino; al dios que os
-envía el oráculo corresponde descubrirlo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo que decís es justo. Pero ¿puede un mortal exigir de los dioses lo
-que ellos le niegan?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Añadiremos a lo dicho una segunda reflexión.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Aunque se os ocurra una tercera, no vaciléis en comunicármela.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>El soberano genio de Tiresias sabemos que se acuerda perfectamente
-con el genio supremo de Apolo; dirigiéndose a tal adivino, se podría,
-oh Príncipe, descubrir la verdad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo que me aconsejáis ya lo he hecho; y conforme al consejo de Creón,
-le he enviado dos mensajes. Me sorprende que aún no haya venido.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>A la verdad, los rumores que corren de antiguo no merecen
-crédito.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Qué rumores? No quiero dejar de tener ninguno en cuenta.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Se pretende que Layo fué asesinado por no se qué viajeros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me lo han dicho; pero no se conoce ningún testigo del crimen.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Por poco accesible que sea el criminal al temor, en cuanto conozca
-vuestras imprecaciones será vencido por ellas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Quien no ha tenido miedo del crimen, no lo tendrá de las
-palabras.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Pero he ahí a quien sabrá pronto descubrir al criminal. Os traen al
-adivino inspirado por los dioses, único entre los mortales que lleva en
-su seno la verdad.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, TIRESIAS</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vos, que sometéis a vuestra inteligencia cuanto ignoran los
-hombres, cuanto pueden aprender, cuanto encierran cielos y tierras,
-Tiresias, aunque vuestros ojos no ven, conocéis tan bien como nosotros
-el mal contagioso por que esta ciudad es desolada. Sólo a vos,
-soberano intérprete de los dioses, os miramos hoy como nues<span
-class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span>tro apoyo y nuestro
-libertador. Porque Febo, si no lo sabéis ya por mis mensajes, nos ha
-respondido que, para salir del abismo en que estamos, no tenemos otro
-recurso que descubrir a los matadores de Layo y condenarles a muerte
-o desterrarlos. Dignaos, por lo tanto, sin escatimar ni consultas ni
-auspicios ni ninguno de los otros medios de adivinación, salvar a
-esta ciudad y a su Príncipe y a vos mismo. Salvadnos de la impureza
-que la muerte de Layo extendió por esta tierra; sólo en vos reposa
-nuestro espíritu. ¡Qué más noble, qué más digna función que emplear sus
-facultades y su poder en provecho de sus conciudadanos!</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Tiresias</span> (<i>Aparte.</i>)</p>
-
-<p>¡Oh, qué triste es poseer algunas luces cuando no sirven para
-nuestra felicidad! Harto sé lo que me preguntan, y muero de dolor...
-¿Para qué habré venido?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué sucede? ¿Qué abatimiento es ese en que os presentáis a mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Dejadme volver sobre mis pasos, creedme, sufriréis más fácilmente
-vuestras desgracias y yo las mías.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Esas palabras son injustas y crueles para la patria que os mantiene
-y a la que queréis privar de la explicación que os pido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Sólo veo imprudencia en vuestras palabras, y no quiero ser tan
-imprudente como vos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Tiresias.</i>)</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, iluminado como estáis, no nos abandonéis;
-nos prosternamos ante vos para suplicároslo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>Tiresias</p>
-
-<p>Estáis todos obcecados. No veis que yo quisiera callarme mis males
-para no descubriros los vuestros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decís? ¡Estáis enterado y no os dignáis ilustrarnos! ¡Queréis
-traicionarnos, queréis perder la ciudad!</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>No quiero afligiros a vos ni a mí. ¿Para qué interrogarme en vano?
-No sabréis nada por mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh, el más malo de los hombres (pues tu obstinación irritaría a
-un corazón de mármol)! ¡No hablarás! Te mostrarás siempre inflexible,
-inconmovible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Me reprocháis la cólera que os inspiro; pero veis la que hay dentro
-de vos, y me condenáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y quién podría sin cólera escuchar tus palabras que ultrajan a la
-patria?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Lo que tengo que decir se descubrirá por sí mismo, aunque yo
-quisiera ocultarlo en la sombra del silencio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo que debe descubrirse es menester que tú me lo declares.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>No me explicaré más. Ahora entregáos, si os place, a los más feroces
-movimientos de vuestra ira.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>Edipo</p>
-
-<p>Bien, en el furor que me domina, no disimularé nada de lo que
-presumo. Sabe, pues, que sospecho que eres tú el autor de la
-conspiración: que tú lo has hecho todo menos matar al rey, y que si no
-hubieras estado ciego el crimen hubiera sido tuyo por entero.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Y yo os digo, en verdad, que seréis la víctima de vuestro propio
-anatema, y que, en el mismo día, el pueblo y yo no os hablaremos
-más; que os miraremos todos como el objeto impuro cuya presencia ha
-mancillado esta tierra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿A qué punto de impudicia has llegado para atreverte a hablarme así?
-¿Y dónde crees poder desafiar mi venganza?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>La desafío ya, puesto que llevo en el seno la omnipotente verdad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién te enteró de ella? ¿Tu ciencia?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Vos mismo; vos, que, a pesar mío, me habéis obligado a
-explicarme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué has dicho? Repite de nuevo para enterarme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>¿No me habéis entendido bien o queréis instarme a decir más?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>Edipo</p>
-
-<p>No estoy bastante enterado, es preciso que te expliques otra vez.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Digo que sois vos mismo el asesino que buscáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No repetirás impunemente dos veces semejantes horrores.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>¿Seguiré hablando para irritaros más?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Todo lo que quieras, tus discursos no serán menos frívolos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Digo que no conocéis la unión infame que os une con lo más caro para
-vos ni el abismo horrible en que estáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Piensas lisonjearte mucho tiempo de haber proferido tales
-palabras?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Sí, si la verdad tiene alguna fuerza.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La tiene, sin duda, pero no para ti, a quien una profunda ceguera
-impide a la vez ver, oir y entender.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Desgraciado; me ultrajas, pero tales ultrajes los recibirás pronto
-de todos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>Edipo</p>
-
-<p>En la noche oscura en que estás hundido, no sabrías herirme a mí ni
-a ninguno de los mortales que gozan de la luz.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>El destino no quiere tampoco que caigáis bajo mis golpes, sino bajo
-los de Apolo que se ha reservado el cuidado de castigaros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De quién parten esas imposturas? ¿De Creón o de ti?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Creón no os ha hecho ningún mal; sois vos quien os lo habéis
-hecho.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh, riquezas, poder del trono, dones supremos del espíritu que
-lanzáis sobre la vida un resplandor tan peligroso, cuán inevitable es
-que la envidia vele incesantemente en torno vuestro cuando Creón, que
-empezó por tener toda mi confianza y se mostró mi amigo, celoso ahora
-del trono que yo no pedí y que los tebanos me dieron, no tiene otro
-deseo sino echarme de él, y en la secreta trama en que me envuelve,
-se sirve contra mí de este pretendido adivino, de este impostor
-artificioso, de este mendigo abyecto, que no sabe ver sino el oro y es
-ciego para su arte!... Pero dime cómo se explica que seas tan hábil
-adivino y que cuando el monstruo canoro hacía oir aquí sus cantos
-fúnebres no descubrieses medio alguno de libertar de él a tu patria.
-¿Había que dejar a un extranjero el cuidado de descifrar los enigmas de
-tal monstruo y no debías entonces emplear tus profecías? Y no obstante,
-ni tus aves ni los dioses te hicieron conocer nada. Fué Edipo, fuí yo
-quien, llegando aquí y no sa<span class="pagenum" id="Page_26">p.
-26</span>biendo nada de lo que concierne a tu arte, supe vencer al
-monstruo, no por el vuelo de las aves, sino por la penetración de mi
-mente; y no obstante, hoy querrías echarme del trono, en la esperanza
-de tener siempre libre acceso a él ocupándolo Creón.</p>
-
-<p>Pero espero que tú y tu cómplice tendréis lugar de arrepentiros
-de haber tramado contra mí esta conjura; y ya, si no tuviese en
-cuenta tus años, habrías reconocido por tu suplicio la vanidad de tus
-esperanzas.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En medio de nuestras conjeturas, oh príncipe, demasiado vemos que
-sólo la cólera ha podido dictar a uno y otro semejante lenguaje. Pero
-dejemos tales palabras inútiles y pensemos sólo en la mejor manera
-posible de cumplir el oráculo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Por muy rey que seáis, Edipo, os responderé como a mi igual, pues
-no soy vuestro esclavo ni lo sería de Creón si llegase a reinar: Apolo
-es el único a quien sigo. Me habéis ultrajado, me habéis reprochado la
-pérdida de los ojos; los vuestros están abiertos, no lo niego; pero
-no veis en qué males estáis hundido, en qué morada vivís, con quién
-habitáis... ¿Sabéis de quién procedéis? Ignoráis que sois el enemigo
-de los vuestros, de los que están entre los muertos y de los que están
-aún sobre la tierra. Las dos furias vengadoras de una madre y de un
-padre os herirán a la vez y os echarán luego de esta comarca; veis
-ahora la luz y no veréis ya sino las tinieblas. ¡Qué ribera, qué antro
-del Citerón no resonará con vuestros lamentos, cuando conozcáis lo que
-es el tempestuoso himeneo en que creísteis hallar un puerto tranquilo!
-¡No conocéis la cadena de horrores que debe asimilaros a vuestros hijos
-y a vuestros hijos a vos! Ahora, desencadenaos contra Creón y contra
-mí; ya que entre todos los mor<span class="pagenum" id="Page_27">p.
-27</span>tales confundidos por el infortunio no habrá nunca ninguno tan
-criminal como vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sufriré por más tiempo semejantes ultrajes? Perecerá... Huye sin
-tardanza, huye y sal para siempre de aquí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>No hubiera venido si no me hubierais llamado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No podía imaginar que palabras tan insensatas salieran de tu boca;
-no me hubiera apresurado tanto a llamarte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Os parezco insensato. Era sabio a los ojos de quienes os dieron el
-ser.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quiénes son? No te vayas... ¿A qué mortales debo el nacimiento?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>La misma luz alumbrará tu nacimiento y tu muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Es demasiado prolongar palabras enmarañadas y obscuras.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>¡Érais en otro tiempo tan hábil para penetrar tales enigmas!...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Insúltame ahora en las ventajas que son mi gloria!</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Esas ventajas os han perdido.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Qué me importa mi pérdida si he salvado a la ciudad?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Me retiro. Niño, conducidme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que te conduzca, ya que extiendes a tu paso la turbación y el
-desorden; cuando estés lejos de aquí, no nos importunarás.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Salgo; pero al partir diré, sin temer vuestra presencia, cuanto
-tenía que decir, pues no está en vuestro poder el perderme. Os anuncio
-que el asesino que buscáis, que amenazáis y que queréis castigar por
-la muerte de Layo, pasa aquí por un extranjero admitido en el número
-de nuestros ciudadanos; pero que pronto será reconocido por verdadero
-hijo de Tebas, y ese cambio no será para él motivo de alegría; pues
-ve la luz y no la verá más; es rico, y se tornará pobre, y explorando
-su camino con un báculo que le servirá de apoyo, pasará a una tierra
-extranjera. Se juntarán en él el padre y el hermano de sus hijos, el
-hijo y el esposo de la que le dio el ser, el asesino de su padre y el
-marido de su madre. Volved ahora a vuestro palacio y meditad sobre lo
-que acabáis de oir; si podéis llamarme mentiroso decid que no sé nada
-del arte de la adivinación.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Quién es aquel a quien el antro profético de Delfos ha denunciado
-como el asesino cuyas manos ensangrentadas cometieron el más horrible
-de los crímenes? En seguida debe, con pie más ligero que los más
-veloces corceles, precipitar su fuga. El hijo de Zeus, armado de
-relámpagos, se apercibe a confundirle y las furias terribles e<span
-class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> inevitables siguen los pasos
-del dios. Su voz inmortal acaba de resonar en el Parnaso nevado y nos
-manda seguir por todas partes las huellas del matador desconocido. Sin
-duda, semejante a un toro salvaje, vaga por la espesura de los bosques,
-por las cavernas, por las rocas desiertas; y arrastrando con dolor
-su vida solitaria intenta esquivar los oráculos de Delfos; pero esos
-oráculos, que no mueren nunca, le siguen y vuelan tras él. ¡Con qué
-horribles, con qué espantosos pensamientos el sabio adivino ha turbado
-nuestro espíritu! No podemos ni acogerlos ni rechazarlos; no sabemos lo
-que hemos de decir. Nos abandonamos al vuelo de la esperanza sin mirar
-a los lados ni atrás. ¿Qué motivo de querella ha podido haber nunca
-entre los Labdácidas y el hijo de Polibio? Lo ignoramos y no sabemos
-tampoco en virtud de qué conjeturas, entregándonos a la voz que acaba
-de hacerse oir entre nosotros, podríamos vengar en Edipo la muerte de
-Layo de la que se ignora el autor.</p>
-
-<p>Zeus y Apolo no lo ignoran; conocen todas las acciones de los
-mortales. Pero nada podrá persuadirnos de que un adivino esté más
-enterado que nosotros y que la sabiduría de un hombre le ponga
-por encima de la de otro. No, nunca, sin estar convencidos por
-el testimonio de nuestros ojos, uniremos nuestra voz a la de los
-acusadores de Edipo. Cuando el monstruo alado con rostro de mujer
-apareció ante él, ¿no dio brillante muestra de su sabiduría y de su
-buena voluntad para nuestra patria? Después de tan gran servicio,
-nuestro espíritu se resiste a no ver en él sino un mal hombre.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_031.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO TERCERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, el Coro</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Tebanos, al tanto de las acusaciones graves de que Edipo me ha
-hecho objeto, y no pudiendo soportar tal vergüenza, vengo en vuestra
-busca; como nunca, con mis acciones o con mis palabras, he intentado
-perjudicarle, prepararle la pena que sufre y de que me juzga el autor,
-con tal oprobio sobre mí, desearía poco prolongar mis días; pues no se
-trata de una imputación leve, sino grave en extremo, ya que no tiende
-nada menos que a declararme pérfido con vosotros, con mis amigos y con
-la patria.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>El
-Coro</p>
-
-<p>Es un ultraje que la violencia de la cólera, más que el sentimiento
-de la verdad, ha lanzado contra vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Cómo ha podido decir que yo había comprometido al adivino a
-proferir esa mentira?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Lo ha dicho; pero no sabemos con qué fundamento.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Su rostro y su actitud no denotaban algún extravío en su
-espíritu?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No sabemos; pues no hacemos objeto de investigación a nuestros
-señores. Pero he aquí al rey que sale de su palacio.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, EDIPO</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Vos aquí! ¿Cómo habéis osado presentaros de nuevo? ¿Con qué cara
-osáis acercaros a este palacio, vos que me asesináis, que conspiráis
-abiertamente para arrebatarme el trono? Hablad; en nombre de los
-dioses, decidme si habéis descubierto en mi persona algún indicio
-de flaqueza o de demencia que os haya llevado a emprender esa
-conspiración. ¿Pensabais que yo no me percataría del artificio con
-que habéis envuelto vuestros propósitos y que al descubrirlo no me
-vengaría? ¿No es para vos la más loca de las empresas pretender, sin
-amigos y sin la aquiescencia del pueblo, usurpar un trono que sólo
-puede adquirirse con tesoros y con el apoyo de la multitud?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>Creón</p>
-
-<p>¿Sabéis ahora lo que habéis de hacer? A cuanto acabáis de decirme
-escuchad lo que he de responder, y cuando estéis enterado, juzgadme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vos sois muy hábil para discurrir, y yo muy inhábil para asesorarme
-por vos, en quien he descubierto un enemigo peligroso.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Prestad oído un momento a lo que voy a deciros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No me digáis que no sois el más pérfido de los hombres.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Si pensáis que la obstinación es un bien, carecéis de prudencia y
-estáis en un error.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Si pensáis poder atacar a un pariente sin que ello os traiga
-perjuicio, no es más pequeño vuestro error.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Lo que decís es justo, lo confieso. Pero dignaos decirme qué injuria
-habéis sufrido de mi parte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿No me habíais persuadido de que era preciso enviar por ese famoso
-adivino?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sin duda, y aún estoy en la misma creencia.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Cuánto tiempo hace que Layo...?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué queréis decir? No adivino...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Desapareció y murió a manos de un asesino?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Un largo espacio de tiempo ha transcurrido ya.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y ese adivino era entonces lo que es en su arte?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Era tan hábil y estaba tan en boga como hoy.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y entonces habló de mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No, nunca, al menos en mi presencia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y no hiciste ninguna indagación sobre la muerte de Layo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>La hicimos, sin duda; ¿cómo íbamos a descuidar eso? Pero no pudimos
-averiguar nada.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y cómo tan hábil adivino no dijo entonces lo que hoy dice?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>Creón</p>
-
-<p>No sé; no me gusta hablar de lo que ignoro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pero lo que os atañe no lo ignoraréis al menos, y lo podréis
-decir.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué podré decir? Si lo sé, no me negaré a ello.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que si Tiresias no se hubiera aliado con vos, no me hubiera achacado
-nunca la muerte de Layo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Vos sabréis si os la achaca; en cuanto a mí, creo justo interrogaros
-a mi vez.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Interrogad; no temo verme convicto de asesinato.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué? ¿El himeneo no os unió con mi hermana?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No puedo negarlo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿No reináis aquí con ella? ¿No participáis de su imperio?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y todo lo que quiere lo obtiene fácilmente de mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿No soy tratado de igual a igual por vosotros dos?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span>Edipo</p>
-
-<p>Y en eso se ve la perfidia de un amigo como vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No, si me dais tiempo de explicarme, como yo os lo he dado.
-¿Pensáis, por de pronto, que nadie preferiría nunca el poder supremo,
-con mezcla de temor, a ese mismo poder tranquilo y libre de inquietud?
-En cuanto a mí, lo que puede halagarme no es tanto tener el nombre de
-rey como tener el poder; y todo hombre prudente pensará como yo. Todo
-lo que puedo desear lo recibo de vos exento de alarmas. Si reinase yo,
-¿a cuántas acciones no estaría obligado que contradirían mis deseos?
-¿Cómo el goce del trono me sería más agradable que un poder tan sin
-límites, pero sin pena ni inquietud? No hay seducción que pueda hacerme
-preferir cosa alguna a un bien que reúne tantas ventajas. Hoy soy
-buscado por todo el mundo, todos me acarician y me halagan, a mí se
-dirigen los que os necesitan, por mí consiguen lo que piden. ¿Cómo
-podría yo, renunciando a tales dulzuras, ambicionar otras? Con un
-poco de prudencia, un espíritu razonable no llega a ser malo. Nunca
-mi corazón se inclinó a propósitos semejantes y nunca hubiera podido
-unirme con quien fuera capaz de ejecutarlos. Si queréis la prueba de lo
-que os digo, id a Delfos e informaos de si he interpretado fielmente
-la respuesta del oráculo. Si descubrís que he podido aliarme con el
-arúspice y conspirar contra vos en unión suya, pronunciad, si no basta
-una sola para perderme, dos sentencias y añadid mi voto al vuestro;
-pero no me acuséis arbitrariamente y por vagas sospechas, que no es
-justo confundir de un modo ligero a los malos con los buenos y a los
-buenos con los malos. Pensad que privarse de un amigo verdadero es
-(me atrevo a decirlo) privarse de la vida, a la que se tiene tanto
-apego.<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> Pero el tiempo
-os hará conocer lo que debéis pensar. Sólo el tiempo muestra cuál es el
-hombre justo; un solo día basta para descubrir al malo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Si queréis evitar, oh príncipe, caer en el error, las advertencias
-de Creón no pueden sino seros útiles. La demasiada prevención nos pone
-en peligro de engañarnos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cuando un enemigo se dispone a atacarme en secreto, es necesario
-que, a mi vez, yo me disponga a rechazar el ataque. Si permanezco
-tranquilo, si no me apresuro, su plan se ejecuta y mis propósitos son
-vanos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>En fin, ¿qué queréis? ¿Echarme de esta tierra?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Es demasiado poco; quiero vuestra muerte, y no vuestro destierro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Cuando me hayáis mostrado qué motivo de malquerencia y de reproche
-podéis tener contra mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me habláis como si no creyeseis en mis amenazas o quisierais
-desafiarlas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No veo vuestro espíritu conducido por la razón.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo está para lo que me atañe.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>Creón</p>
-
-<p>Lo debe estar también para lo que me concierne.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cómo! ¡Si sois un traidor!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Pero si os engañáis...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Quiero ser obedecido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No lo seréis si reináis mal.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Tebas, Tebas!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No la llamaréis vos sólo: la llamaré yo también en mi socorro.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Príncipes, cesad. He ahí a Yocasta que sale del palacio; viene a
-punto para mediar en vuestra querella.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, YOCASTA</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¡Infortunados! ¿Qué combate es ese de palabras imprudentes con que
-os humilláis uno a otro? ¿No os avergonzáis, en medio de las miserias
-públicas, de suscitaros además males domésticos? Entrad en vuestro
-palacio, Edipo; vos, Creón, volved al vuestro. No hagáis de una pequeña
-causa un gran motivo de pena.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_39">p.
-39</span>Creón</p>
-
-<p>Hermana mía, se trata de una suerte cruel que me prepara Edipo,
-vuestro esposo, haciéndome escoger entre estos dos suplicios: el
-destierro o la muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Sí, puesto que le he sorprendido tramando contra mi vida una
-conspiración abominable.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No goce yo más tiempo de la luz, perezca bajo el peso del odio
-celeste, si soy culpable de lo que me acusa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, Edipo, creed en su palabra. Considerad el
-juramento que dirige a los inmortales; considerad los deseos de vuestra
-esposa y los de vuestro pueblo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Que vuestro propio corazón, que la razón, gran príncipe, os fuercen
-a rendiros, os lo suplicamos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué exigís de mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Respetar a un príncipe ya digno de vuestra consideración y cuyo
-juramento además debe realzarle a vuestros ojos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sabéis lo que me pedís?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Sin duda.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_40">p.
-40</span>Edipo</p>
-
-<p>Explicaos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No tratar como a un criminal cargado de oprobios a un amigo a quien
-la religión del juramento ha consagrado, cuando no tenéis ninguna
-prueba evidente contra él.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Sabed, pues, que al pedirme esa gracia me pedís a mí mismo o mi
-destierro o mi muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ponemos por testigo al sol, el más brillante de los inmortales;
-perezcamos abandonados de los dioses y de nuestros amigos, víctimas
-de la suerte más funesta, si semejante pensamiento ha tenido entrada
-en nuestro espíritu. Pero ¡infelices de nosotros! el estado horrible
-de la patria nos desgarra el corazón y sentimos aún aumentar nuestro
-infortunio si la desgracia de vuestras visiones colma nuestros
-males.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Bien, que escape a mi venganza, que deba yo perecer o verme con
-indignidad expulsado de esta tierra. Sólo por vuestra súplica, no por
-la suya, me dejo conmover. En cuanto a él, esté donde esté, no puede
-ser a mis ojos sino objeto de odio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No cedéis sino a pesar vuestro: lo veo; pero ese pesar os dolerá
-cuando vuestra cólera haya tenido término. Un carácter como el vuestro
-lleva en sí mismo su propio castigo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_41">p.
-41</span>Edipo</p>
-
-<p>Salid o dejadme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Salgo sin que me hagáis justicia; pero justificado a los ojos del
-pueblo. (<i>Sale.</i>)</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Yocasta.</i>)</p>
-
-<p>¿Por qué, Princesa, demoráis el tornar al rey a su palacio?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Quisiera saber qué acontecimiento...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Sospechas sin fundamento han surgido y atormentan a quien no las
-merece.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Por una y otra parte.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Es muy cierto.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Sobre qué discutían?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Basta ya, a nuestro juicio. Muchas desgracias pesan sobre la ciudad;
-detengámonos donde termina su querella.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿No veis, hombres prudentes, a lo que conducen esas palabras?
-Abandonáis mis intereses y desgarráis mi corazón.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span>El
-Coro</p>
-
-<p>Os lo hemos dicho ya, oh rey nuestro, estad convencido; mereceríamos
-pasar por insensatos, incapaces de reflexión, si nos separásemos de
-vos, oh príncipe, de vos que habéis levantado nuestra patria y la
-habéis sacado de la situación deplorable a que se hallaba reducida.
-Seguid siendo ahora nuestra guía y salvadnos si os es posible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, Edipo, decidme de dónde puede proceder la
-violenta cólera de que estáis animado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Os lo diré, señora (pues mis consideraciones para vos irían aun más
-lejos): procede de Creón y de la conspiración que ha tramado contra
-mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Tenéis algún evidente motivo de acusación?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Dice que soy yo el matador de Layo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Lo dice como sabiéndolo por sí mismo o como habiéndose enterado por
-algún otro?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo dice por boca de un pérfido adivino que me ha enviado y que se
-complace por doquier en desencadenar su lengua contra mí cuanto le es
-posible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Dejad un momento el cuidado que os ocupa; escuchadme y ved hasta qué
-punto el arte de la adivinación<span class="pagenum" id="Page_43">p.
-43</span> es quimérico entre los humanos; os lo probaré en pocas
-palabras. Un oráculo fué enviado a Layo (no diré que viniese del mismo
-Febo, sino de uno de sus ministros). Este oráculo anunciaba que su
-destino le condenaba a perecer a manos de un hijo que tendría conmigo,
-y sin embargo, es público que bandidos extranjeros le asesinaron en un
-sitio donde el camino se divide en tres ramales. En cuanto a su hijo,
-apenas habían transcurrido tres días de su nacimiento cuando, atándole
-los pies, Layo le hizo abandonar, por manos extrañas, en una montaña
-inaccesible. Así el oráculo de Apolo no se realizó; mi hijo no fué el
-asesino de su padre y Layo no murió a manos de su hijo, como tanto
-lo había temido. A esto vinieron a parar todos los vanos discursos
-proféticos. Cesad, pues, de inquietaros. Lo que los dioses quieren
-indagar lo descubren sin trabajo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Qué sorpresa escuchándoos, señora, acaba de turbar mi ánimo y de
-llenarme de confusión!</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué inquietud os asalta y os hace hablar así?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Creo haberos oído decir que Layo fué asesinado en un camino que se
-divide en tres ramales.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Sí; pues así se dijo y no ha cesado de repetirse.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y en qué comarca está el lugar donde la muerte se cometió?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>En la Fócida. Dos caminos diferentes que vienen de Delfos y de
-Daulis y convergen en un tercero.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_44">p.
-44</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Y en qué tiempo ocurrió ese acontecimiento?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Se hizo público en la ciudad poco antes de que vos subieseis al
-trono de Tebas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡A qué me habéis destinado, oh Zeus!</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué pensamiento os agita, Edipo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No me interroguéis. Decidme solamente cuál era la estatura y el
-aspecto de Layo, y qué edad representaba.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Era alto; sus cabellos comenzaban a blanquear y su rostro tenía
-algún parecido con el vuestro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Triste de mí. ¡Ha sido, pues, sobre mí mismo sobre quien he lanzado
-hace un momento, sin saberlo, mis horribles imprecaciones!</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Príncipe, ¿qué decís? No me atrevo ni aun a miraros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Mucho me temo que sea el adivino demasiado clarividente. Me
-aseguraré más, si queréis seguir respondiéndome.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Tiemblo. No obstante, interrogadme y os diré lo que pueda saber.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_45">p.
-45</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Viajaba sin pompa o iba acompañado de numerosos satélites como
-cuadra a un rey?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Cinco hombres constituían su séquito; en ese número estaba
-comprendido un heraldo. No llevaba más que un sólo carro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Todo se ha aclarado! ¿Y quién, señora, os trajo la noticia de la
-muerte de Layo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Un hombre de su séquito, el único que escapó.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y ese hombre, está ahora en este palacio?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Ya no está; pues tan luego como regresó y os vio, después de la
-muerte de Layo, tornaros dueño de este imperio, me suplicó, cogiéndome
-la mano, que le enviase al campo y le encargase de la guarda de los
-rebaños para ahorrarle el dolor de ver nunca más esta ciudad. Le envié;
-pues, aunque esclavo, hubiera merecido por adhesión una gracia aun más
-particular.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Se le podría mandar llamar en seguida?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Sin duda... Pero, ¿cuál es vuestro designio haciéndole venir?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Temo en lo profundo de mi corazón, que se me haya dicho demasiado;
-por eso quiero verle.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_46">p.
-46</span>Yocasta</p>
-
-<p>Seréis complacido. Pero, señor, ¿me concederéis la gracia de
-enterarme de lo que os atormenta?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me guardaré bien, señora, de negárosla, en medio del caos de
-esperanzas a que me abandono todavía. Y ¿a quién podría confiarme mejor
-que a vos, en las circunstancias singulares en que me encuentro? Mi
-padre, que se llama Polibio, es de Corinto, mi madre de Doria, y se
-llama Mérope. Yo era considerado en Corinto como el primero de los
-ciudadanos, antes que la suerte diera lugar a un acontecimiento que no
-deja de ser sorprendente, pero que no merecía las inquietudes que me
-causó. En un banquete, un hombre presa de la embriaguez me dijo en el
-calor del vino que yo no era sino un hijo adoptivo que habían dado a mi
-padre. Bajo el peso de tal insulto me costó trabajo contenerme durante
-el resto del día. Pero al siguiente fuí en busca de los autores de
-los míos y les hice oir mis quejas. Se indignaron del ultraje que me
-había hecho el que aventuró semejantes palabras. Su respuesta me dio
-alguna alegría; sin embargo, lo que se me había dicho había penetrado
-muy hondo para no desgarrarme el corazón. Sin saberlo mis padres partí
-en secreto para Delfos. Apolo, a quien consulté, me dejó volver sin
-dignarse responder a las preguntas que yo había venido a hacerle;
-pero me anunció, sin oscuridad, cuanto hay de más horrendo, de más
-deplorable, de más terrible. Me dijo que debía casarme con mi madre;
-que daría el ser a una raza execrable a los ojos de los mortales,
-que sería el asesino de mi padre. Apenas hube oído estas palabras,
-resuelto a abandonar Corinto y a no medir en adelante la distancia
-a que pudiera hallarme de dicha ciudad sino por la de los astros,
-emprendí la huída hacia lu<span class="pagenum" id="Page_47">p.
-47</span>gares donde pudiera evitar la realización de los oráculos
-crueles que me habían sido anunciados. Avanzo; me acerco al sitio en
-que decís que Layo fué asesinado, y osaré, señora, deciros la verdad.
-Cuando estuve cerca del lugar donde convergen los tres caminos, un
-heraldo y un hombre como el que habéis descrito, montado en un carro,
-me salieron al paso. El auriga y el mismo anciano quisieron apartarme
-con violencia. En mi cólera, golpeo al guía audaz que me empujaba fuera
-del camino: el anciano que me ve pasar junto al carro aprovecha la
-ocasión y me alcanza con su látigo en medio de la cabeza; en seguida
-recibió un castigo más grande que el golpe que me había dado. Le golpeé
-con el bastón de que mi mano estaba armada y en el mismo momento cayó
-de lo alto de su carro, boca arriba, y rodó por el polvo. Todos sus
-acompañantes perecieron a mis golpes. ¿Si aquel extranjero tiene algo
-de común con Layo, quién fué nunca más desgraciado que yo? ¿Qué mortal
-fué más odiado por los dioses? Ningún ciudadano, ningún extranjero
-podrá ya hablarme ni recibirme en su casa; todos me rechazarán de su
-hogar. ¡Y esta sentencia, estas imprecaciones yo mismo las he lanzado
-sobre mí! ¡Mis manos, estas manos ensangrentadas mancillan el lecho de
-aquel a quien asesinaron! ¿Soy en efecto un criminal? ¿Soy un mortal
-impuro? Yo que estoy obligado a huir para evitar, huyendo, encontrar
-nuevamente a los autores de mis días y poner los pies en mi patria, de
-nuevo me expongo a unirme con mi madre en himeneo incestuoso y a llegar
-a ser el asesino de mi padre, de Polibio, a quien debo la crianza y la
-vida. ¿Quién, ante los males, por un dios cruel acumulados sobre mí,
-podría justificarle? Haced, haced, oh majestad santa de los inmortales,
-que semejante día no luzca nunca para mí; que yo desaparezca de la
-morada de los hombres antes de ver sobre mi frente el estigma de tal
-desgracia.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>El
-Coro</p>
-
-<p>Lo que acabamos de oir, oh rey nuestro, nos hiela de terror; no
-obstante, conservad aún alguna esperanza.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La única esperanza que me queda, lo mismo que a vosotros, está en
-ese hombre encargado de la guarda de nuestros rebaños.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué podéis esperar de su presencia?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Voy a explicároslo. Si confirma exactamente vuestro relato, no
-temeré ya ser criminal.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué he dicho yo que pueda ser tan ventajoso para vos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que, según los relatos de ese hombre, Layo fué asesinado por
-bandidos. Si persiste en hablar de varios asesinos, no soy yo quien
-le hice perecer, pues uno solo no es posible que parezca varios; pero
-si no designa más que un solo hombre, todo está aclarado y a mí es
-imputable el crimen.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Ese hombre se explicó bien, no lo dudéis; no le es posible
-retractarse; no soy yo sola quien le ha oído: toda la ciudad ha
-podido oirle como yo. Pero aunque llegase a cambiar de lenguaje, no
-nos demostraría que la muerte de Layo haya justificado el oráculo
-de Apolo, que había anunciado que el príncipe moriría a manos de
-su hijo. Ese hijo infortunado no ha hecho perecer a su padre, sino
-que<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> él pereció
-antes miserablemente. Así, en este caso, como en cualquier otro que
-sobrevenga, no puedo dar fe a la palabra de un adivino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Tenéis razón. Con todo, enviad a buscar a ese hombre: no descuidéis
-eso.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Voy a enviar por él al punto. Pero entremos. No quiero hacer nada
-que no os sea grato.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Concédanos el cielo la dicha de conservar en nuestras palabras y
-acciones la incorruptible pureza, cuyas leyes sublimes nacieron en
-el seno de las regiones celestes! No deben el ser estas leyes a la
-raza de los mortales; el Olimpo solo les dio nacimiento, y el sueño
-del olvido no podrá jamás alcanzarlas. Por ellas Zeus es grande y
-no envejece nunca. La tiranía produce el orgullo, que, locamente
-embriagado de cuanto hay de extravagante, se eleva a las alturas
-escarpadas, donde sus pasos tórnanse vacilantes y poco firmes. Poderoso
-dios, no interrumpamos estos debates esclarecedores, que deben salvar
-a la ciudad; oye los votos que te dirigimos y nunca cesaremos de
-considerarte como nuestro dios tutelar.</p>
-
-<p>Si, sin temor a la justicia, sin respetar las moradas eternas de
-los dioses, algún mortal da rienda suelta a su orgullo en sus palabras
-o en sus actos; si aumenta sus riquezas por medios ilícitos; si
-persiste en su impiedad y se apega insensatamente a deseos que le están
-vedados, que el destino más funesto sea su patrimonio, y la sanción
-de su culpable insolencia. ¿Y quién vendría entonces a defenderle de
-los dardos destinados a horadar su alma? Si semejantes acciones fueran
-honradas, ¿para qué en adelante nuestras danzas sagradas en honor de
-los inmortales? No<span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>
-iríamos ya con nuestros votos al lugar sagrado que se llama el centro
-de la tierra, ni al templo abesiano, ni al de Olimpia, donde Zeus es
-adorado, si los oráculos que han sido publicados resultan inútiles
-para los humanos. ¡Oh, soberano de los dioses, oh Zeus, tú que tienes
-bajo tu imperio el universo, si es cierto que te dignas oirnos, no te
-olvides de ti mismo; no olvides los intereses de tu poder inmortal!
-Ya las predicciones anunciadas a Layo son consideradas como nulas;
-Apolo no tendrá ya honores que pretender: el culto de los dioses está
-destruido.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: auto; height: 8em;"
- src="images/i_050.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_051.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO CUARTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">YOCASTA, el Coro</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Yocasta</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Cabezas de esta comarca, se me ha venido al pensamiento ir al templo
-de nuestros dioses a ofrecer las guirnaldas y los perfumes que llevo
-en las manos; pues Edipo deja arrebatar su espíritu por mil ideas
-crueles. Ya, como un hombre fuera de sí, juzga del presente por el
-pasado, no escucha sino las palabras que le anuncian algún motivo de
-temor. Intento tranquilizarle, y mis esfuerzos son inútiles. Apolo
-Licio, a vos cuyo altar está aquí cerca, a vos<span class="pagenum"
-id="Page_52">p. 52</span> voy a llevar mis votos y mis ofrendas.
-Dignaos favorecernos con vuestros divinos socorros; todos temblamos
-viendo la consternación de que es presa el piloto del estado.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Un mensajero, YOCASTA, el Coro</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Un Mensajero</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>¿Podríais decirme, oh tebanos, dónde está el palacio de Edipo y,
-sobre todo, si lo sabéis, en dónde puede estar el rey?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Extranjero, he ahí su palacio; Edipo está en su casa; esta princesa
-es la madre de los hijos del rey.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¡El cielo la haga dichosa! ¡Que la ilustre esposa de tal príncipe no
-vea en torno suyo sino corazones felices!</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Extranjero, sed feliz también; merecéis serlo en premio de vuestros
-favorables deseos; pero decidnos qué asunto os trae y qué tenéis que
-hacernos saber.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Un acontecimiento favorable para vuestra casa y para vuestro
-esposo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué acontecimiento? ¿De dónde venís?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Vengo de Corinto; la noticia de que voy a daros parte no puede menos
-de alegraros... y de afligiros a la vez.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_53">p.
-53</span>Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué noticia es esa y cómo podrá producir efectos tan contrarios?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Los habitantes del istmo van a nombrar a Edipo rey de la comarca.
-Así se dice.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿El viejo Polibio no es ya el soberano?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>No lo es ya, pues la muerte le encerró en la tumba.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Yocasta</span> (<i>A una de sus mujeres.</i>)</p>
-
-<p>Esclava, corred a anunciar al rey lo que acabáis de oir. (<i>Aparte.</i>)
-¡Predicciones de los dioses, en lo que habéis quedado! Edipo huyó hace
-tiempo la presencia de Polibio para evitar darle la muerte, y he aquí
-que, previniendo ese golpe fatal, Polibio sucumbe sin morir a sus
-manos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, EDIPO</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Yocasta, cara esposa, ¿para qué me mandáis llamar?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Escuchad a este extranjero, y ved, luego de oirle, en lo que quedan
-las respetables predicciones de los dioses.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De qué país es y qué viene a decirme?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_54">p.
-54</span>Yocasta</p>
-
-<p>Es de Corinto; os anuncia que vuestro padre ya no existe, que sus
-días han terminado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decís, extranjero? Explicadme vos vuestro mensaje.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Sí, ante todo he de confirmaros lo que he dicho: sabed que, en
-efecto, Polibio ha muerto.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Se ha conspirado contra su vida, o alguna enfermedad le ha hecho
-perecer?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>El menor accidente basta para precipitar en la tumba un cuerpo
-debilitado por los años.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿El infortunado, por lo visto, ha sucumbido a una enfermedad?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Había vivido largos años.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién podría, señora, en adelante, recurrir al antro profético de
-Delfos, al vano lenguaje de las aves, a esos oráculos que me anunciaban
-que debía matar a mi padre? Muere, desciende a la tumba; y yo, yo estoy
-aquí, no he atentado contra su vida, a menos que el dolor de haberme
-perdido no haya anticipado su muerte; pues sólo de esta manera puedo
-ser su asesino. Así, pues, Polibio, con todos sus frívolos oráculos,
-yace ahora en la morada de los muertos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_55">p.
-55</span>Yocasta</p>
-
-<p>¿No os lo había yo dicho?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me lo habéis dicho, pero mi corazón no escuchaba sino su temor.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Desterrad de vuestro espíritu todos esos pensamientos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿No debo aun temer el lecho de mi madre?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Qué debe temer un mortal a quien sale bien todo lo que depende de
-la fortuna y todo lo que depende de su previsión está oculto en el
-obscuro porvenir? Lo mejor de la vida es dejarse llevar, mientras se
-puede, por el acaso. Cesad de temer vuestra unión incestuosa con la
-que os dio el ser. ¡Cuántos hombres han soñado que compartían el lecho
-de su madre! Los que no se cuidan de esas vanas ideas viven días más
-felices.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Todo eso sería bueno si la que me dio el ser hubiera cesado de
-vivir. Pero mientras respire no puedo, pese a vuestras razones, evitar
-el temor.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>La muerte de vuestro padre es ya para vos una gran luz.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Es grande, sin duda; pero mientras mi madre viva, tiemblo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span>El
-Mensajero</p>
-
-<p>¿Quién es esa mujer que os inspira tanto temor?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Mérope: la esposa de Polibio.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¿Y qué puede, que se refiera a ella, alarmaros?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Una predicción terrible, anunciada por los dioses.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¿Se puede saber o debe ignorarse?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La sabréis: Febo me predijo que yo debía un día casarme con mi madre
-y que mis propias manos harían correr la sangre de mi padre. He aquí lo
-que hace largo tiempo me hizo abandonar Corinto; puedo estar contento
-de ello. ¡Sin embargo es tan dulce gozar de la vista de los que nos han
-dado el ser!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿Ese temor os hizo dejar nuestros muros?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Quería evitar el ser un día el asesino de mi padre.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¡Cómo, habiendo venido, oh príncipe, en vuestro servicio, podría yo
-demorar el libraros de tal inquietud!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Beneficio tan grande sería pagado con un gran reconocimiento.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>El
-Mensajero</p>
-
-<p>Eso, en efecto, ha conducido aquí mis pasos: la esperanza de que a
-vuestra vuelta a Corinto yo obtendría alguna gracia de vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me guardaré bien de encontrarme allí nunca con los autores de mis
-días.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Hijo mío, bien se ve que ignoráis lo que hacéis...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decís, anciano? En nombre de los dioses, dignaos instruirme.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Si por huir de vuestros padres evitáis el volver a Corinto...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Temo ver a Apolo justificar su oráculo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>¡Teméis mancillaros con algún crimen viviendo con ellos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>He ahí, anciano, he ahí el motivo eterno de mis temores.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Ignoráis que vuestros temores no tienen ningún fundamento
-legítimo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Cómo no van a tenerlo? Siendo yo, en efecto, el hijo de
-Polibio...</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>El
-Mensajero</p>
-
-<p>Es que Polibio no es nada vuestro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decís? ¡Polibio no era mi padre!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>No lo era más que lo soy yo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué hay de semejante entre el que me dio el ser y el que no es
-nada mío?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Ni a él ni a mí nos lo debéis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y por qué me llamaba su hijo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Sabed que os recibió de mis manos como un presente que le era
-caro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué pudo hacerle querer lo que recibió de mano extraña?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>El dolor de verse sin hijos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Me comprasteis para darme al príncipe, o erais vos mi padre?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Yo os había encontrado oculto en una garganta del Citerón.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_59">p.
-59</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Con qué objeto andabais por esa montaña?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Guardaba rebaños que pacían en aquellos valles.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Ibais, pues, errante como un pastor mercenario?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Sí, hijo mío; pero fuí vuestro salvador.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿A qué males, a qué peligros estaba yo entregado cuando vos me
-salvasteis?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Las articulaciones de vuestros pies podrían ser testigos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh cielos! ¿Qué males antiguos venís a recordarme?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Yo os libré de los lazos que herían vuestros pies.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Es verdad; conservo la señal de las indignas mantillas con que fué
-envuelta mi niñez.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>También debéis a vuestro infortunio el nombre que lleváis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, ¿fueron mis padres los que me dieron ese
-nombre? Explicaos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span>El
-Mensajero</p>
-
-<p>Lo ignoro, pero aquel de quien os recibí debe saberlo mejor que
-yo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿Me recibisteis de otro y no fuisteis vos quien me
-encontró?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>No, no fuí yo. Otro pastor os puso en mis manos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué pastor era ese? ¿Podría yo conocerle?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Era uno de los servidores de Layo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Del último rey de este país?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Del mismo. Guardaba los rebaños de ese príncipe.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Vive todavía? ¿Podría yo verle?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Habitantes de esta comarca, vosotros debéis saberlo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Hay entre vosotros alguno que conozca al pastor de que habla este
-anciano, y que le haya visto, ya en el campo, ya aquí? Apresuraos a
-decírnoslo: he aquí el momento de descubrirlo todo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No creemos que ese pastor sea otro que el campesino que vos habéis
-ya deseado ver. Pero Yocasta misma podría decirlo mejor que nadie.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_61">p.
-61</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Pensáis, señora, que el hombre de que hemos ya deseado la presencia
-sea el mismo a quien se refiere este anciano?</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¿Quién es ese hombre? ¿Y a quién se refiere? Dejad esas vanas
-indagaciones y no os preocupéis de lo que os ha relatado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No, no se dirá que teniendo semejantes indicios me he descuidado en
-esclarecer mi nacimiento.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, si os preocupa algo vuestra vida, no
-persigáis tal averiguación. Bastante sufro ya.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Tranquilizaos ya, señora; aunque cambiando de madre por tercera vez,
-se descubriera en mí al esclavo de los esclavos, vuestro rango no se
-degradaría.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Dejaos persuadir, os lo suplico; no hagáis indagaciones.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No obtendréis de mí que renuncie a conocer la verdad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>Tengo grandes razones para daros mejores consejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Esos consejos me fatigan hace mucho tiempo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_62">p.
-62</span>Yocasta</p>
-
-<p>¡Desgraciado! ¡Haga el cielo que no conozcáis nunca quién sois!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Me traerán pronto al pastor? Dejadla complacerse en el orgullo de
-su origen.</p>
-
-<p class="rol smcap">Yocasta</p>
-
-<p>¡Infortunado! He ahí todo lo que puedo deciros y os digo por última
-vez.</p>
-
-
-<h4>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, El mensajero, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Por qué, príncipe, por qué la reina ha salido así, cual desgarrada
-por un dolor amargo? Mucho tememos que su silencio anuncie desgracias
-sin cuento.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que anuncie lo que quiera; no dejo por eso de querer conocer mi
-origen, por humilde que pueda ser. Llena del vano orgullo femenino,
-se avergüenza de mi obscuridad. Pero aunque yo no me considerase sino
-como el hijo feliz de la fortuna, no me creería deshonrado. Sin duda
-la fortuna es mi madre. Los meses y los días, creciendo conmigo, me
-han dado fuerza y magnitud; con semejante destino, no se me verá nunca
-cambiar hasta el punto de querer ignorar quién soy.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Si poseyéramos el arte de la adivinación; si alguna luz viniese a
-alumbrar nuestro espíritu, oh Citerón, lo ju<span class="pagenum"
-id="Page_63">p. 63</span>ramos por el Olimpo, el día que luce no
-transcurriría sin vérsenos, agradecidos a la alegría que proporcionas a
-nuestros amos, celebrarte con nuestros cantos y nuestras danzas, como
-el conciudadano, como el nodrizo, como el padre de Edipo. ¡Apolo, dios
-conservador, seamos gratos a tus ojos! ¿Qué dios, hijo mío, os dio el
-ser? ¿Alguna hija de Febo, sorprendida en los bosques por el dios Pan,
-a quien seduce el apartamiento campesino? ¿Hermes, quizá? ¿O acaso os
-recibió Dionisos de manos de las ninfas, habitantes del Helicón, de las
-ninfas que son a menudo las compañeras de sus juegos?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>Viendo al pastor que
-le traen.</i>)</p>
-
-<p>Sí, sin haber visto nunca a ese anciano, puedo hacer alguna
-conjetura; creo adivinar al pastor cuya presencia deseamos hace tiempo;
-su mucha edad concuerda con lo que se ha dicho y con la de este
-Extranjero. (<i>Señalando al Mensajero venido de Corinto.</i>) Reconozco,
-además, a los que le conducen; están a mi servicio. Pero vosotros (<i>al
-Coro</i>) que le habéis conocido antiguamente, debéis saber mejor que
-yo...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Es él, le reconocemos, estad bien seguro. Era, más que otro alguno,
-adepto a Layo, de quien guardaba los rebaños.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>A vos os interrogo ante todo, habitante de Corinto: ¿ese anciano es
-el que queréis designar?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>El mismo que veis.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA V"><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>ESCENA V</h4>
-
-<p class="rol smcap">Los precedentes, el DOMÉSTICO</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y vos, anciano, miradme y responded a lo que os pregunte. ¿Estabais
-al servicio de Layo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Fuí su esclavo, no comprado, sino criado en su casa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De qué trabajo estabais encargado? ¿Qué empleo era el vuestro?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Casi siempre estuve al cuidado de los rebaños.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿A qué sitio los conducíais más frecuentemente?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Al monte Citerón y a los campos vecinos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Tenéis alguna idea de haber conocido allí a este hombre?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>¿En qué ocasión? ¿Y de qué hombre me habláis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Del hombre que aquí veis. ¿No habéis tenido relación con él?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>El
-Viejo Doméstico</p>
-
-<p>No la bastante para que mi memoria le recuerde con facilidad.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>No tiene nada de extraño; pero, señor, voy yo a recordarle
-distintamente lo que ha echado en olvido; pues harto sé que no lo
-ignora. Cuando en el monte Citerón conducíamos, él dos rebaños y yo
-uno solo, le veía con frecuencia, durante tres meses enteros, desde el
-fin de la primavera hasta la aparición de la estrella del Norte. Al
-acercarse el invierno, yo tornaba con mi rebaño a mis establos y él
-tornaba con los suyos al de Layo. (<i>Al Viejo Doméstico.</i>) ¿Lo que digo
-es verdad o no?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Lo que decís es muy cierto, bien que hace mucho tiempo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Bien, decid. ¿Os acordáis de que me entregasteis un niño para
-criarle como mi propio hijo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>¿Qué queréis decir y por qué esas preguntas?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Mensajero</span> (<i>Señalando a Edipo.</i>)</p>
-
-<p>Ved, amigo mío, ved al que era entonces de una edad tan tierna.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>El cielo os confunda... ¿No os callaréis?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>Al Viejo Doméstico.</i>)</p>
-
-<p>Basta, anciano; no riñáis a este hombre. Vuestras palabras, no las
-suyas, merecen castigo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span>El
-Viejo Doméstico</p>
-
-<p>¿Y cuál es la falta que he cometido, mi generoso amo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No confesar el niño de que habla.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Habla sin saber nada y fuera de sazón.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hablarás de buen grado o los castigos te harán hablar.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, ahorrad a un desgraciado anciano...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que le aten al instante las manos a la espalda.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>¡Infeliz de mí! ¿Y por qué? ¿Qué queréis saber?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Entregaste a este hombre el niño de que habla?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Se lo entregué. ¿Por qué no hallé aquel día el fin de mi vida?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo encontrarás si no dices la verdad.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Antes pereceré si la digo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_67">p.
-67</span>Edipo</p>
-
-<p>Este hombre, bien se ve, sólo busca dilaciones.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>No las busco; he dicho que se lo había entregado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De quién lo habías recibido? ¿Era tuyo o de algún otro?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>No era mío; lo había recibido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De qué ciudadanos? ¿De qué casa?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, no me preguntéis más.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Si tengo que repetirte la pregunta, date por muerto.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Era un niño nacido en casa de Layo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Era un esclavo o un hijo suyo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>¡Esto es lo que más trabajo me cuesta decir!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y a mí oir; pero no importa, es necesario que lo oiga.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Pasaba por hijo de Layo. Pero la reina, que está en el palacio,
-podría mejor que nadie sacaros de dudas.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_68">p.
-68</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Os entregó ella el niño?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Sí, príncipe.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Con qué objeto?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Para que le hiciese perecer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Desgraciada! ¡Una madre!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Temiendo un oráculo espantoso.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decía ese oráculo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Que el niño debía asesinar a los autores de sus días.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y entonces, ¿cómo pudisteis entregarlo a este anciano?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Viejo Doméstico</p>
-
-<p>Tuve piedad, señor, y se lo dí a este extranjero para que lo llevase
-a su patria. Le salvó de sus males para reservarle otros mayores, pues
-si sois, en verdad, quien él dice, ¡ved todo el horror de vuestro
-infortunio!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay de mí, todo está ya en claro! Luz del día, te miro por última
-vez, yo que he nacido de quien nunca hubiera<span class="pagenum"
-id="Page_69">p. 69</span> debido nacer; yo que he contraído lazos
-incestuosos; yo que he vertido la sangre que hubiera debido
-respetar.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Razas infortunadas de los mortales! ¡No sois a mis ojos sino vanas
-sombras! ¿Quién entre los hombres ha conocido nunca otra dicha que la
-de parecer un momento feliz, gozar un instante de tal ilusión y caer al
-punto en el abismo? Contemplando tu infortunio, no tenemos en nada la
-felicidad de los mortales, oh desgraciado Edipo, que elevándote todo
-lo alto que le es dable a un mortal, has gozado todos los favores del
-destino; que hiciste perecer al monstruo de faz de doncella armado de
-garras crueles y famoso por sus enigmas; que fuiste para nuestra patria
-una muralla contra la muerte; que mereciste, en fin, ser nombrado
-nuestro rey. Todos los honores te han rodeado en el trono brillante de
-Tebas, y ¿qué hombre en las más grandes desgracias, en las más crueles
-revoluciones de su vida fué nunca más infortunado que tú ahora? ¡Oh,
-famoso Edipo, en qué puerto has abordado como padre, esposo e hijo!
-¡Cómo, infortunado, cómo el lecho paterno ha podido sufrir en silencio
-semejantes horrores! El tiempo, que todo lo ve, te ha descubierto a tu
-pesar; hace justicia, al fin, a ese himeneo execrable, donde el que
-fué engendrado engendró a su vez. Hijo de Layo, hagan los dioses que
-no te veamos nunca. De nuestra voz gimiente, sólo se pueden ya esperar
-acentos de dolor; y para decir verdad, tú nos volviste a la vida y tú
-nos hundes nuevamente en la tumba.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_071.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO QUINTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, un OFICIAL del Palacio</p>
-
-<p class="rol smcap">El Oficial</p>
-
-<p>¡Vosotros, a quien se reverencia en la comarca! ¡qué horrores vais a
-oir! ¡Qué aflicción va a llenar vuestros corazones, si aún os inspira
-algún interés la casa de los Labdácidas! Nunca las aguas del Istros ni
-del Fasis serán suficientes para lavar cuanto este palacio encierra de
-mancillas y de iniquidades. Unas y otras, sin que las fuerce nadie, van
-a salir a la luz. Los más aflictivos de todos los males son los que el
-infortunado se procura a sí mismo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span>El
-Coro</p>
-
-<p>¡Oh, los que conocemos son ya harto dolorosos! Para añadirles más,
-¿qué tenéis que decirnos?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Oficial</p>
-
-<p>Una palabra bastará para enteraros. La reina ha muerto.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Desgraciada princesa! ¿Y cómo ha perecido?</p>
-
-<div class="figcenter mt1">
- <img style="width: 28em; height: auto;"
- src="images/i_073.jpg"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="rol smcap mt1">El Oficial</p>
-
-<p>Por su propia mano. Las circunstancias más dolorosas de su muerte
-no han llegado hasta mí, pues mis ojos no han podido verlas; pero
-en la medida que mi espíritu pueda sugerírmelo, vais a conocer todo
-lo que ha sufrido. Apenas, en los transportes que la agitaban, hubo
-franqueado el pórtico del palacio, arrancándose los cabellos con ambas
-manos, se dirige a su lecho nupcial: entra, cierra la puerta, llama a
-Layo, el esposo que hace tiempo no existe. Evoca la prenda antigua de
-su unión, el hijo que ha llegado a ser el asesino de su padre y que
-del seno mismo de su madre ha hecho salir una deplorable descendencia;
-gime sobre el lecho funesto donde ha tenido esposo de su esposo e hijos
-de su hijo. Ignoro cómo su muerte ha seguido a sus gemidos; pues los
-gritos de Edipo, que han resonado en mi oído, me han impedido darme
-cuenta de su deplorable fin. Mis ojos se han vuelto hacia el príncipe
-que, corriendo de acá para allá, pedía que se le diese una espada; que
-se le dijese dónde estaba su mujer, no su mujer, sino la que llevó en
-su seno al padre y a los hijos. En su extravío, un dios, sin duda, se
-lo ha hecho saber; pues ninguno de los presentes osaba responderle; lo
-cierto es que, marchando como sobre los pasos de un guía invisible,
-se lanza con gritos terribles contra la puerta, la fuerza, la hunde
-y <span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>penetra en la
-cámara, donde vimos a la reina pendiente del lazo fatal que acababa
-de quitarle la vida. En cuanto la ve, el infortunado lanza horribles
-rugidos y se apresura a desatar el nudo de que pende. Apenas cae en
-tierra (¡espectáculo horrible!) se apodera de los broches de oro
-de sus vestiduras y con ellos se horada los ojos, gritando que no
-la vería más, ni a ella ni al objeto de sus crímenes, ni al objeto
-de sus tormentos; y que en adelante, hundidos en las tinieblas sus
-ojos, confundirían lo que había de esquivar y lo que había de buscar.
-Pronunciando estas palabras, que repitió muchas veces, se levantó los
-párpados y se arrancó los ojos. Una sangre negra corría por su rostro,
-no gota a gota, sino como en lluvia tempestuosa. Ved cómo uno y otro
-han dado rienda suelta a su desesperación; ved cómo ambos esposos han
-mezclado sus dolores y sus males. Con lo que la antigua felicidad,
-que parecía antes digna de ese nombre, no es hoy sino lamentos,
-desesperación, oprobio y muerte; se ha cambiado en cuanto, entre
-nosotros, merece el nombre de infortunio.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Y el desgraciado, ¿qué hace en medio de sus males?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Oficial</p>
-
-<p>Habla de abrir las puertas, de mostrar a todos los tebanos al
-que asesinó a su padre, al que de su madre... pronuncia palabras
-impuras que no me atrevo a repetir; habla de precipitarse fuera de
-nuestro muro, de que no debía permanecer aquí, bajo el peso de las
-imprecaciones que su boca ha lanzado sobre sí mismo. Pero carece de
-fuerza y de vista; sus males son demasiado grandes para que pueda
-soportarlos. Va a testimoniároslo; abre las puertas del palacio; vais a
-ver un horrible espectáculo que haría sentir compasión al enemigo más
-cruel.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA II"><span class="pagenum" id="Page_76">p.
-76</span>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cielos, qué horripilante estado, el más horrible de cuantos se
-hayan nunca ofrecido a nuestros ojos! Desgraciado, ¿qué delirio os
-ha arrebatado, qué demonio ha podido colmar vuestra desgracia con
-males tan crueles? ¡Ay, infortunado! En vano querríamos hablaros,
-interrogaros, miraros, ni siquiera podemos posar en vos nuestra mirada,
-de tal modo nos horroriza vuestro estado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay, infeliz de mí! ¿Dónde estoy, en qué sitio resuena mi voz?
-¿Dónde me has precipitado?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En cuanto hay de más horrible, de más inaudito, de más espantoso.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh nube de obscuridad extendida sobre mí, nube execrable,
-indecible, invencible, interminable! ¡Ay, cien veces ay, cuánto dolor
-reunido en el aguijón que me ha horadado los ojos y en el recuerdo de
-mis males!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En medio de tan gran infortunio, son en efecto dos tormentos que
-deplorar, dos tormentos que sufrir.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>¡Amigos míos, sois los únicos que me quedan; sólo vosotros no
-huís de un desgraciado privado de la luz;<span class="pagenum"
-id="Page_77">p. 77</span> sólo vosotros os apiadáis de él! Aunque
-hundido en las tinieblas, sé quiénes sois, os reconozco, reconozco
-vuestra voz.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡De qué crueldad os habéis hecho víctima a vos mismo! ¿Cómo habéis
-podido arrancaros así los ojos? ¿Qué demonio os ha inspirado ese
-furor?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Apolo, amigos míos; Apolo ha querido colmar así mis males. Pero no
-otro que yo me ha herido; sólo he sido yo. ¿Y de qué me hubiera servido
-ya la luz, no quedándome ya que ver sino objetos dolorosos?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh, es muy cierto!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué me quedaba, en efecto, que ver, que amar, que oir con algún
-placer? Amigos míos, daos prisa en llevarme fuera de aquí; llevaos
-a este malvado, a este miserable, cargado de imprecaciones, el más
-aborrecido de los dioses.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh desgraciado, a quien su carácter y sus infortunios han hecho por
-igual infeliz, a quien querríamos no haber conocido jamás!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Perezca aquel cuya piedad funesta me libró de los lazos crueles que
-oprimían mis pies y conservó mi vida! Yo hubiera muerto, y no hubiera
-sido para mis amigos y para mí un tan gran motivo de dolor.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>El Coro</p>
-
-<p>¡Cuán menos lamentable nos hubiera parecido vuestra muerte!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No hubiera sido parricida e incestuoso a la faz del universo; y
-ahora heme aquí desgraciado y culpable; vástago de una raza mancillada,
-padre de mis hermanos y marido de mi madre; en fin, si han existido
-azotes espantosos, han caído sobre Edipo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Sean cuales sean vuestras desgracias, no podemos aprobar el castigo
-que os habéis impuesto. Ese suplicio es más horrible que la muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No escucho sobre eso ni razones ni consejos. ¿Con qué ojos, decidme,
-miraría yo en los infiernos a un padre y una madre cuya muerte se
-debe a mis crímenes? Me he castigado, y mi suerte es más dura que la
-de Yocasta. Me hubiera sido muy grato ver crecer a mis ojos hijos
-queridos; el placer de verles hubiera crecido con ellos, lo confieso;
-pero, después de mis fatales imprecaciones, no había ya para mí ni
-hijos ni patria que yo pudiese ver. Tebas misma y este palacio en que
-he nacido, estos muros, estas torres, estos templos, estas imágenes de
-los dioses, todo estaba vedado a mis miradas. He renunciado al placer
-de verlos al pronunciar la sentencia de destierro contra el enemigo
-declarado de los dioses y de la raza de Layo. Yo soy ese culpable. Mi
-oprobio se ha descubierto. ¿Cómo podría yo gozar de tan amada vista?
-¿Con qué cara osaría mirar todo eso? ¡Si pudiera, además, privarme del
-uso del oído lo mismo que del de la vista! ¡Sordo al par que ciego,
-cerraría esa entrada a nuevos dolores! Es grato en los males ahorrarse,
-o suavizar al<span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span> menos, su
-sentimiento. ¡Oh Citerón! ¿Por qué me recibisteis en vuestro seno? ¿Por
-qué no celasteis mi suerte al conocimiento de los hombres? ¡Oh Polibio,
-oh Corinto, oh palacio que yo creía la casa de mi padre, qué monstruo,
-qué mezcla de males habéis criado bajo la apariencia de un hijo de rey!
-Del antiguo esplendor, ¿qué queda? ¡El más malo de los hombres, vástago
-de la raza más abominable que hubo nunca! Camino de Daulis, bosques,
-breñas, sendero estrecho sobre quienes cayó la sangre de un padre,
-que corría por mis manos: ¿habéis señalado con huellas imborrables el
-recuerdo de los crímenes que cometí entonces y que debía cometer luego
-en Tebas? Himeneo, funestísimo himeneo, tú me diste la vida, pero tras
-de dármela, hiciste volver a entrar mi sangre en el seno de donde yo
-había salido; y con ello produjiste padres hermanos de sus hijos,
-hijos hermanos de sus padres, esposas madres de sus esposos, y cuanto
-los dioses pueden concebir de abominaciones y de horrores. Basta;
-avergoncémonos de pronunciar lo que es horrible ejecutar. En nombre
-de los dioses, queridos amigos, ocultadme en alguna tierra apartada
-o precipitadme en los abismos del mar para que no profane vuestras
-miradas. Acercaos, prestadme por piedad ese último servicio. Atreveos
-a tocar a un desgraciado. ¿Qué teméis? Mis males no recaerán sobre
-vuestras cabezas; ningún mortal, a no ser yo, puede soportarlos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Señor, he aquí a Creón, que, conservador en adelante del reino,
-puede solamente escuchar vuestras peticiones y ayudaros con sus
-consejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Creón! ¿Qué voy a decirle? Injusto y culpable a sus ojos, ¿puedo
-esperar que me escuche favorablemente?</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA III"><span class="pagenum" id="Page_80">p.
-80</span>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, EDIPO, las Hijas de EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No vengo, Edipo, para reirme de vuestros males ni para insultar
-vuestras desgracias. Pero vosotros, tebanos, si no os avergüenzan las
-miradas humanas, respetad al menos la luz pura y fecunda del astro de
-los cielos; guardaos de exponer sin velos a sus miradas este objeto de
-impureza que la tierra y la lluvia sagrada y la claridad del día no
-podrían sufrir. Llevadle en seguida, de nuevo, al interior del palacio.
-Sólo a los parientes cuadra el ver y el oir con una piedad religiosa el
-infortunio de su pariente.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>En nombre de los dioses, ya que, contra lo que yo esperaba, venís,
-oh el mejor de los hombres, a acoger al más malo de todos, escuchadme,
-pues por vos y no por mí voy a hablar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué deseáis de mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Apresuraos a abandonarme en cualquier lugar de la tierra, donde
-nunca pueda tener comercio con mortal alguno.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Hubiera hecho lo que deseáis, no lo dudéis, si no hubiera creído
-deber antes preguntar al dios de Delfos lo que hemos de hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Pero no ha manifestado harto su voluntad, que condena a muerte a un
-impío, a un parricida?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Ha pronunciado la sentencia; pero, en la situación en que estamos,
-es mejor interrogarle aun sobre lo que debemos hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sobre un desgraciado como yo queréis interrogarle?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Con tanta más razón, cuanto que vos no dudaréis ya ahora de la
-verdad de sus oráculos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Bien, ved lo que espero de vos, ved lo que os pido: ya que os
-conducís tan dignamente con vuestros deudos, encargaos de erigir a
-vuestro gusto una tumba a esa infortunada; en cuanto a mí, no permitáis
-que yo respire y permanezca en esta ciudad que fué mi patria; dejadme
-en adelante habitar las montañas, los desiertos de Citerón, que han
-venido a ser mi patrimonio, y donde mi padre y mi madre, estando
-vivo, habían escogido mi tumba; que yo muera como ellos querían
-hacerme morir; pues presiento que no será de enfermedad, ni por otro
-accidente análogo, como pereceré; de otro modo, ¿cómo, en el seno de
-la muerte, hubiera sido conservado si algún desastroso acontecimiento
-no me esperase? Pero que el destino disponga de mí como quiera...; no
-quiero, Creón, recomendar mis hijos a vuestros cuidados; son hombres
-y, en calidad de tales, sabrán atender a su subsistencia donde quiera
-que estén; pero os recomiendo a mis desgraciadas hijas, que, siempre
-sentadas a mi mesa, comían<span class="pagenum" id="Page_82">p.
-82</span> conmigo y compartían todos los platos que se servían a su
-padre. Permitid que las abrace, que deplore mis males con ellas.
-Permitid, príncipe, permitid, hombre generoso, digno de vuestro
-nacimiento, que estrechándolas en mis brazos, goce aún de su presencia,
-como en el tiempo en que podía verlas. Pero ¡grandes dioses! ¿No son
-ellas, no son esas hijas tan queridas las que oigo gemir y llorar cerca
-de mí? ¿Creón, compadecido de mis desgracias, no ha hecho venir ya a
-los más amados de mis hijos? ¿Es verdad?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Vos lo habéis dicho. Yo, previendo el placer que tendríais en
-abrazarlas, os he procurado ese goce.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡El cielo os haga dichoso; os trate, en recompensa de vuestras
-bondades, más favorablemente que a mí! ¿Dónde estáis, hijas mías?
-Venid aquí, venid a tocar estas manos fraternas que han puesto en este
-estado los ojos de un padre que gozó en otro tiempo de la claridad
-del día y que, amadas hijas, sin saber nada, sin prever nada, os
-engendró en el mismo seno en que él había sido engendrado. ¡Cuánto
-lloro por vosotras, hijas mías, yo que no puedo veros, pensando en
-la amargura que debe acompañaros el resto de vuestra vida! ¿A qué
-asamblea de tebanos, a qué fiesta osaréis dirigir vuestros pasos, sin
-abandonar luego el placer del espectáculo, para regresar bañadas en
-lágrimas al seno de vuestra soledad? Y cuando el tiempo de vuestro
-himeneo llegue, ¿quién será el mortal, hijas mías, bastante atrevido
-para echar sobre sí tantos oprobios como mancharán eternamente a mis
-deudos y a vosotras? Porque ¿qué crímenes no pueden imputarse a vuestro
-padre? Asesinó a su padre, mancilló el lecho nupcial en que había sido
-concebido y os dio la vida en el mismo seno donde la había recibido.
-He aquí lo<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> que se os
-echará en cara; ¿y qué mortal se atreverá a casarse con vosotras?
-Nadie, hijas mías, nadie; el celibato y la esterilidad serán vuestro
-patrimonio (<i>A Creón.</i>) Hijo de Meneceo, ya que sólo vos les quedáis
-hoy para hacer con ellas veces de padre (pues la que conmigo les dio el
-ser ha perecido), no las miréis con desdén, que son de vuestra sangre;
-no permitáis que pasen su vida en el abandono y la mendicidad; no
-igualéis, en fin, su infortunio a mis desgracias. Tened piedad de estas
-niñas de tan tierna edad, privadas de todo y sin otra esperanza que
-vos. Generoso mortal, dadme la mano en señal de consentimiento. ¡Qué
-consejos no os daría yo, hijas mías, si fueseis capaces de entenderlos!
-Pero cuanto puedo hoy desearos es que en cualquier lugar en que os
-coloque el destino vuestra vida sea más feliz que la del autor de
-vuestros días.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No vertáis más lágrimas; volved a entrar en vuestro palacio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Obedezco, aunque con trabajo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>La oportunidad hace el mérito de las cosas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sabéis con qué condición?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Dignaos explicaros e instruirme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que me haréis salir de esta comarca.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>Creón</p>
-
-<p>A los dioses toca cumplir ese deseo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pero soy para ellos un objeto de horror.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Por eso obtendréis lo que pedís.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Me lo aseguráis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Lo que no pienso no me aventuro a decirlo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Bueno, conducidme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Venid y dejad a vuestras hijas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No, no, guardaos de arrancármelas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Cesad de querer dominar siempre; tal ambición no ha contribuído a la
-felicidad de vuestra vida.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Mirad, tebanos, mirad; ved a Edipo, que descifraba los enigmas
-más arduos y que, llegado al poder, no temía la envidia de sus
-conciudadanos ni las revoluciones de la fortuna; ved en qué océano de
-males ha caído. Aprended así a poner los ojos en los últimos días de la
-vida y a no dar a mortal alguno el título de dichoso, antes que haya
-acabado su existencia sin experimentar infortunios.</p>
-
-
-<p class="telon smcap">Fin de EDIPO REY</p>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch2">
- <hr class="chap" />
- <h2 class="nobreak g1" title="EDIPO EN COLONA"><span
- class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span>EDIPO EN COLONA</h2>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span></p>
- <p class="centra fs130 g2">PERSONAJES</p>
-</div>
-
-<table class="reparto" summary="Reparto de la obra.">
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">EDIPO</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">ANTÍGONA</td>
- <td rowspan="2" class="keyr">&nbsp;</td>
- <td rowspan="2" class="tdl">&nbsp;Hijas de Edipo.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">ISMENA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">TESEO, rey de Atenas.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">POLINICIO, hijo de Edipo.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">CREÓN</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">UN COLONENSE</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">UN MENSAJERO</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">EL CORO, compuesto de ancianos colonenses.</td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_087.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO PRIMERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes">EDIPO, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hija de un anciano ciego, Antígona, ¿a qué lugar, a qué ciudad
-hemos llegado al fin? ¿De qué mano Edipo errante podrá hoy recibir
-algunos pequeños socorros? Pidiendo poco, obteniendo aún menos, estoy
-satisfecho de lo que me dan; mi infortunio, el tiempo y mi valor me
-han enseñado a no desear más. Sin embargo, hija mía, si me encontrases
-un sitio en que me pudiera sentar, ya junto a algún bosque consagrado
-a los dioses, ya en otra parte, condúceme allí, haz reposar allí a tu
-padre, a fin de saber dónde estamos. Extranjeros, debemos interrogar a
-los ciudadanos y hacer lo que nos indiquen.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_88">p.
-88</span>Antígona</p>
-
-<p>Desgraciado Edipo, padre mío, si he de dar crédito a mis ojos,
-advierto a lo lejos murallas que circundan una ciudad. El lugar
-donde estamos es sagrado, a juzgar por el laurel, la vid y el olivo,
-profusos en él, y donde los ruiseñores abundan y hacen oir sus cantos
-melodiosos. Descansad sobre esta piedra que el arte no ha pulido. La
-jornada que acabáis de hacer es harto larga para vuestros años.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Ayúdame, hija mía, a sentarme, y guarda a un desgraciado privado de
-la luz del día.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Dado el tiempo que os sirvo, no ignoro los socorros de que tenéis
-necesidad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Puedes, pues, decirme a qué lugares hemos llegado?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>La ciudad es Atenas, pero el lugar lo ignoro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Todos los viajeros nos han hablado de esa ciudad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Queréis que vaya a preguntar el nombre del lugar?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Sí, hija mía, si en efecto está habitado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Lo está sin duda, y espero no tener necesidad de cerciorarme, pues
-veo a un hombre no lejos de aquí.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_89">p.
-89</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Viene hacia aquí o se aleja?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Está aquí mismo, vedle; decidle lo que creáis conveniente.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, un COLONENSE</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Extranjero, por lo que acabo de oir a la persona cuya vista suple a
-la mía, venís aquí muy a propósito para decirnos lo que ignoramos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Antes de interrogarme, dejad el asiento en que descansáis; estáis en
-un lugar sagrado cuyo acceso no está permitido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué lugar es éste? ¿A qué divinidad está consagrado?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Es un lugar que no puede habitarse, al que uno no puede aproximarse;
-está bajo el poder de las divinidades terribles hijas de las tinieblas
-y de la tierra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué divinidades? Yo quisiera saber su respetable nombre.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>El pueblo aquí las llama las Euménides, que lo ven todo; en otras
-partes les dan otros nombres.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_90">p.
-90</span>Edipo</p>
-
-<p>Acójanme con ojos favorables, como su suplicante. Esta tierra será
-mi asilo y yo no saldría ya de ella.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>¿Qué anuncian esas palabras?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Todo mi infortunio.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Puesto que es así, no tendré la osadía de arrancaros de este lugar
-sin haber consultado a la ciudad y preguntado lo que debo hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Extranjero, en nombre de los dioses, no desdeñéis a un desgraciado
-que os suplica y que quiere ser enterado por vuestra boca.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Preguntad; no tendréis que quejaros de mi negativa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Cuál es, pues, en fin, el lugar donde estamos?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Os diré todo lo que sé. Este lugar es enteramente sagrado: el
-venerable Poseidón reina en él, lo mismo que el dios a quien deben el
-fuego los humanos, el titán Prometeo. Los campos vecinos se glorían de
-pertenecer a Colona y llevan su nombre. El suelo que pisas se llama el
-umbral de bronce de Atenas. Tales son estos lugares menos célebres en
-tierra extraña que aquí respetables.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_91">p.
-91</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Están habitados?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Sin duda; y los habitantes han tomado el nombre de su dios.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿El poder soberano está en manos de uno sólo o de la multitud?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Esta comarca está sometida al rey que reina en Atenas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién es el príncipe que reina por la justicia y la firmeza?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Se llama Teseo; Egeo era su padre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién de vosotros podría servirnos de mensajero cerca de él?</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>¿A qué habría que disponerle? ¿Qué habría que decirle?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que puede ser para él muy ventajoso prestarnos un pequeño
-socorro.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>¿Y qué ventaja puede proporcionarle un hombre privado de la luz?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_92">p.
-92</span>Edipo</p>
-
-<p>Nuestras palabras no lo están.</p>
-
-<p class="rol smcap">El colonense</p>
-
-<p>Ved, extranjero, lo que, por vuestro interés, me atrevo a
-aconsejaros, pues a pesar de vuestra miseria, vuestro exterior anuncia
-un hombre de condición distinguida: seguid donde estáis hasta que yo
-pueda informar de lo que me habéis dicho, no a los habitantes de la
-ciudad, sino a los de estos campos. Ellos por sí solos juzgarán si
-debéis dejar ese lugar o si podéis quedaros en él.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes">EDIPO, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hija mía, ¿ha partido ese extranjero?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ha partido; estoy sola a la sazón con vos, padre mío, y podéis
-hablar en libertad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Venerables Euménides, ya que mis pasos se han detenido en vuestra
-morada en cuanto he llegado a esta comarca, no hagáis traición a mis
-deseos y a los de Apolo que, anunciándome todos los males que he
-sufrido, me dijo que tras largo tiempo yo hallaría su término al llegar
-a esta tierra; que mi desgraciada vida acabaría en el momento en que
-yo llegase a la morada de las respetables diosas; que, proporcionando
-gran ventaja a los que me recibieran, atraería una gran desgracia
-sobre quienes me hubieran echado, y que rayos, relámpagos, temblores
-de tierra, me anunciarían el cumplimiento de su oráculo.<span
-class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span> Tengo motivos para creer que
-un augurio favorable de vuestra parte me ha conducido a este bosque;
-nunca, sin ello, os hubiese yo encontrado aquí las primeras, a vosotras
-que no queréis vino en vuestros sacrificios, yo que no puedo tenerlo
-para subsistencia; nunca me hubiera sentado en este asiento tosco y
-respetable. No desmintáis, oh diosas, las promesas de Febo; y si,
-entregado a los males más crueles que ha padecido nunca hombre alguno,
-creéis que he sufrido ya bastante, oh favorables hijas de las antiguas
-tinieblas, y vos la más ilustre de las ciudades, llamada la ciudad de
-Palas, Atenas; tened piedad de este miserable fantasma de Edipo, porque
-su cuerpo no es nada de lo que fué un día.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Guardad silencio, padre mío; veo algunos ancianos dirigirse aquí,
-como para descubrir donde estáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me callo; pero guía mis pasos fuera del camino. Ocúltame en la
-espesura del bosque, para que pueda oir lo que digan; pues así puedo
-enterarme de lo que debo.</p>
-
-
-<h4>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ved quién es; dónde está; dónde podemos encontrar
-a ese desterrado, el más audaz de los mortales. Mirad,
-buscad, llamad por doquier; es un anciano errante, fugitivo,
-extranjero, sin duda, en estos lugares; de otro
-modo, ¿hubiera osado penetrar en ese bosque vedado
-a los humanos, en la morada de las invencibles diosas
-que nombramos temblando, ante las que pasamos, sin
-osar mirarlas, sin proferir palabra y no permitiéndonos<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>
-sino la voz interior de un pensamiento de buen agüero?
-A ese asilo, no obstante, diz que un hombre impío ha
-dirigido sus pasos. En vano miramos alrededor del bosque.
-Inquirimos dónde puede estar y no podemos descubrirlo.</p>
-
-
-<h4>ESCENA V</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, ANTÍGONA, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Aquí estoy, soy yo; porque infiero de vuestras palabras que es a mí
-a quien buscáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Dioses, su aspecto es horrible, su voz es espantosa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Os conjuro a ello, no me creáis un hombre que desprecia las
-leyes!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Piadoso Júpiter! ¿Qué anciano es éste?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Éforos de esta comarca, no es un mortal que pueda congratularse de
-su fortuna, como veis; de otra suerte, yo no tendría que recurrir a
-ojos extraños para conducirme, y la fuerza no estaría bajo la guarda de
-la debilidad.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cielos, sin vista y bajo la fuerza de un mal sino desde la
-niñez, seguramente muy lejana! Pero en lo que<span class="pagenum"
-id="Page_95">p. 95</span> depende de nosotros, no añadiréis a vuestros
-males los de las imprecaciones a que os exponéis. Avanzáis demasiado,
-anciano infeliz, evitad el entrar en ese bosque silencioso, en esa
-pradera verdeante por donde corre un arroyo cuya linfa clara sirve para
-llenar las cráteras destinadas a las libaciones. Basta, retiraos...
-Poneos a gran distancia. Extranjero desgraciado, ¿no oís? Si tenéis
-algo que decirnos, dejad ese asilo vedado a los mortales; venid a
-este lugar abierto a todos y podréis hablarnos. Hasta ese momento,
-callad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué tengo que hacer, hija mía?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Conformaros con lo que quieren estas gentes, ceder voluntariamente y
-sin violencia... Dadme la mano.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>A Antígona saliendo
-del bosque.</i>)</p>
-
-<p>Hela aquí... Extranjeros, voy a dejar este lugar; me abandono a
-vosotros; no me traicionéis.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No, no, anciano, no temáis que nadie ahora os arranque de aquí a
-pesar vuestro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sigo avanzando?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Acercaos más.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Más aún!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Hacedle avanzar, muchacha; ¿no oís?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_96">p.
-96</span>Antígona</p>
-
-<p>Seguidme, padre mío, seguidme; por muy débil que estéis, id adonde
-os conduzco... Desgraciado padre, extranjero en una tierra extraña;
-tened valor de evitar lo que el ciudadano odia y de respetar lo que
-ama.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Condúceme, hija mía, condúceme... no combatamos contra la necesidad;
-vamos adonde el respeto de los dioses nos llama y a donde podamos
-escuchar y ser escuchados.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Deteneos ahí, y guardaos de poner los pies fuera de esa roca que
-limita el camino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Aquí?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ahí mismo. Basta.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Puedo sentarme?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Subid oblicuamente y colocaos con suavidad en lo alto de la roca.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ese cuidado me está reservado a mí, padre mío; a mí me toca
-conduciros suavemente y paso a paso. Apoyad vuestro cuerpo cargado de
-años en la mano de una hija querida.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh destino cruel!</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>El
-Coro</p>
-
-<p>Ahora estáis sentado, infortunado; decidnos cuál es vuestra sangre,
-decidnos quién sois, decidnos cuáles son vuestras desgracias y cuál es
-vuestra patria.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Extranjeros, no tengo patria; pero por favor...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué decís, anciano?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Por favor, una vez más, no me preguntéis quién soy; no me sigáis
-interrogando.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Por qué?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Nacimiento funestísimo!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Hablad.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>A Antígona.</i>)</p>
-
-<p>¡Oh hija mía! ¿Qué diré?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Extranjero, ¿cuál es vuestra sangre; quién era vuestro padre?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cielos! Hija mía, ¿qué debo hacer?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Hablad, no podéis resistiros más.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_98">p.
-98</span>Edipo</p>
-
-<p>Voy a hablar, pues. ¿Cómo podría permanecer desconocido?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cuánta dilación! ¿Queréis explicaros?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Conocéis al hijo de Layo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cielos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿El sobrino de los Labdácidas?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Zeus!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿El desgraciado Edipo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿Sois vos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No os asustéis de lo que os digo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh, oh!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Infortunado!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh, oh!</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_99">p.
-99</span>Edipo</p>
-
-<p>Hija mía, ¿qué va a suceder?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Salid, salid de este país.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De ese modo cumplís las promesas que me habéis hecho?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No hay castigo de las furias para quien devuelve al ofensor las
-ofensas que ha recibido de él. El engañador merece ser engañado a su
-vez y no debe esperar sino ultrajes en vez de reconocimiento. Dejad,
-pues, ese asiento, salid de esta tierra que habitamos y no atraigáis
-sobre nuestra ciudad nuevas desgracias.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Virtuosos extranjeros, ya que no podéis soportar la presencia de mi
-padre, de este anciano ciego y desgraciado de quien conocéis ya los
-errores involuntarios, tened al menos piedad de una hija infortunada;
-por él, por mi padre, os imploro. Sí, os invoco, os pido, como vuestra
-propia hija, clavando en vuestros ojos mis ojos abiertos a la luz,
-que concedáis a este desgraciado anciano algunos sentimientos de
-consideración; nuestra suerte está en vuestras manos, como en las de un
-dios. Dignaos, dignaos, con un signo de asentimiento, concedernos la
-gracia inesperada que mi voz pide, haciendo hablar en su favor cuanto
-pueda conmoveros más, el nombre de hija, la razón, la necesidad, los
-dioses. ¿Quién, cuando un dios le arrastra, puede evitar el golpe que
-le prepara?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Hija de Edipo; enternecidos por vuestras desgracias, os compadecemos
-igualmente a uno y otro; pero el<span class="pagenum" id="Page_100">p.
-100</span> temor de los dioses nos impide cambiar nada de lo que hemos
-determinado contra vosotros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué socorro; qué bien habrá que esperar nunca de una reputación
-vana y una gloria usurpada? He aquí a Atenas, tenida por tan religiosa,
-por la única ciudad celosa de amparar a un extranjero desgraciado,
-por la única capaz de socorrerle. ¿En qué han quedado para mí tales
-virtudes cuando, arrancándome del asiento donde descansaba, me echáis
-de vuestra patria sólo por el temor que os inspira mi nombre? Pues no
-es mi cuerpo quien os lo inspira, ni tampoco mis acciones, dado que
-de las acciones que me echáis en cara soy harto menos el autor que la
-víctima. Si, en efecto, las que conciernen a mi padre y mi madre causan
-vuestra indignación contra mí, por lo que he podido juzgar, ¿de qué
-crimen podía ser realmente culpable, yo que, sin saberlo, no he hecho
-sino devolver lo que se me había hecho sufrir y que hasta si hubiera
-obrado a propósito hubiera podido no pasar por criminal? He llegado,
-sin saberlo, al término a que mi suerte me ha conducido; pero los
-que querían mi pérdida bien sabían lo que hacían conmigo. Así, pues,
-extranjeros, os imploro en nombre de los dioses; salvadme, como me lo
-habéis prometido; y, honrando a los dioses, guardaos de creer que no
-son sino un destino ciego; creed por el contrario que tienen siempre
-los ojos puestos en los justos y en los impíos y que entre los que les
-desafían no hay nadie que pueda eludirles. No empañéis, pues, el brillo
-de la feliz ciudad de Atenas entregándoos a acciones impías; sino,
-fieles a vuestras promesas, defended, proteged a un suplicante que ha
-fiado en vuestra palabra; que el estado horrible en que me presento
-a vuestros ojos no os autorice para rechazarme. Vengo, protegido por
-la religión y los dioses, a reportar un gran favor a esta ciudad;
-y, cuando el que reina en<span class="pagenum" id="Page_101">p.
-101</span> esta tierra, sea quien sea, esté presente, lo oiréis, lo
-sabréis todo; cesad hasta tal momento de usar de rigor conmigo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No podemos evitar, oh anciano, que vuestras razones nos conmuevan,
-tanta hay en vuestras palabras; pero es preciso que los que mandan en
-esta comarca se enteren como nosotros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y dónde está el que aquí gobierna?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En la ciudad patrimonio de sus padres. El mensajero que nos ha hecho
-venir ha partido en su busca.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Creéis que tendrá algún miramiento, alguna consideración para un
-ciego infortunado y que consentirá gustoso en venir?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Sin duda, desde el momento en que oiga vuestro nombre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y por quién podrá saberlo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>El camino es largo; pero las palabras de los viajeros circulan con
-rapidez. Las oirá; vendrá al punto, no lo dudéis, anciano, pues vuestro
-nombre ha resonado por doquier, aun cuando el sueño gravitase sobre sus
-sentidos. Teseo, despertado por ellas, se apresuraría a venir.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Quiera el cielo que venga bajo auspicios favorables, para su patria
-al par que para mí! Pues no hay hombre, por virtuoso que sea, que se
-olvide de su interés.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>Antígona</p>
-
-<p>¿Qué debo pensar, por Zeus, padre mío? ¿Qué debo decir?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cara Antígona, hija mía, ¿qué os sucede?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Veo venir hacia nosotros una mujer montada en un corcel soberbio, un
-casco a la manera tesaliana cubre su cabeza y sombrea su frente... ¿Qué
-creer? Será... No..., mi espíritu no acierta... Yo aseguraría..., pero
-no... No sé qué decir. Desgraciada, no puede ser otra... A medida que
-se aproxima la alegría brilla en sus ojos, me sonríe. ¿Cómo dudar que
-es a Ismena a quien veo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué decís, hija mía?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Que es a vuestra hija, mi hermana Ismena, a quien diviso; el sonido
-de su voz puede ahora confirmároslo.</p>
-
-
-<h4>ESCENA VI</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, ISMENA</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Dulce momento en que puedo ver y oir a un tiempo a un padre y a una
-hermana queridos! ¡Cuántos trabajos para encontraros, cuántos trabajos
-para volver a veros!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hija mía, ¿sois vos?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_103">p.
-103</span>Ismena</p>
-
-<p>¡Oh desgraciado padre!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh sangre de mi sangre, hija mía!</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Oh ternuras desgraciadas!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Vos aquí, hija mía?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>No sin grandes trabajos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Querida hija, abrazad a vuestro padre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Mis brazos os estrechan a ambos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿A Antígona y a mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Unen a tres desgraciados.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué motivo os trae?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Algo que os atañe.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Me echabas de menos?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_104">p.
-104</span>Ismena</p>
-
-<p>Tenía para vos noticias de que vengo a daros parte, no teniendo
-conmigo otro servidor fiel.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y vuestros hermanos, ¿dónde están, ellos a quien la juventud
-habilita para los trabajos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Donde quiera que estén, están en una cruel situación.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cómo recuerdan sus costumbres y su carácter los antiguos usos de
-Egipto, donde los hombres, retirados en el interior de sus casas,
-manejaban el huso, mientras sus mujeres iban a buscar fuera cuanto
-era necesario para la nutrición de sus esposos! Así, hijas mías,
-vuestros hermanos, en lugar de echar sobre sus hombros, como debían,
-los cuidados que pesan sobre vosotras, permanecen tranquilamente
-guardando su casa, al modo de mujeres, mientras una y otra os ocupáis
-por ellos en el alivio de mis males. Una, desde el momento que salió
-de la infancia, y que adquirió la fuerza de la juventud, fugitiva y
-desgraciada conmigo, ha sido el guía de mi vejez; con frecuencia en
-los bosques más salvajes, errante, sin aliento y casi sin vestidos,
-expuesta a los ardores del sol, a las inclemencias del aire, doliente,
-extenuada, prefiere a los festines que hubiera tenido en su hogar la
-felicidad de procurar algún sustento a su padre. Vos, hija mía (<i>a
-Ismena</i>), vos habéis ya venido, a hurto de los tebanos, a anunciar a
-vuestro padre lo dicho por los oráculos sobre la suerte de este cuerpo
-infeliz. Me habéis fielmente acompañado al ser echado de mi patria,
-y ahora, Ismena, ¿qué venís a decirme, qué designio os ha sacado de
-vuestra morada? Porque, harto lo sospecho, no habéis venido sin motivo
-y sin alguna terrible noticia que darme.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_105">p.
-105</span>Ismena</p>
-
-<p>No os diré, padre mío, cuánto he sufrido buscando el lugar donde
-podíais haberos retirado; no quiero, con un relato aflictivo de mis
-trabajos, sufrir de nuevo su amargura; vengo a informaros de los
-males que amenazan hoy a vuestros dos desgraciados hijos. Parecían al
-principio no tener otro deseo que abandonar el trono a Creón, y no
-mancillar su patria, considerando el estigma de su raza y los males
-horribles caídos sobre vuestra casa; ahora, impelidos por los dioses
-y por un genio perverso, por una ambición funesta, esos infortunados
-se disputan el trono. El más joven ha despojado de él a Polinicio, que
-tenía la ventaja de la edad; le ha echado de su patria. Polinicio,
-según es público, ha elegido a Argos para retiro; allí forma una
-nueva alianza; allí reúne un ejército que interesa en su causa, sea
-para castigar a la ciudad de Cadmo, ya para elevar hasta el Cielo la
-gloria de Argos. No son amenazas prodigadas en vano, padre mío, sino
-preparativos temibles. No sé cuándo los dioses se apiadarán de vuestras
-desgracias.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Cómo? ¿Tenéis ya alguna esperanza de que los dioses se dignen parar
-mientes en mí y ocuparse de mi dicha?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Sí, sin duda, padre mío, y varios oráculos lo afirman.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué oráculos son esos, hija mía? ¿Qué predicen?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Que aquí mismo, en vuestra vida y después de vuestra muerte, los
-pueblos os buscarán para su propia seguridad.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_106">p.
-106</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué socorro podría esperarse de un mortal en el estado en que yo
-estoy?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>En vos sólo, dicen, residen sus fuerzas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Acaso, porque no soy ya nada, me convierto en un hombre importante
-a sus ojos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Los dioses os ensalzan después de haberos abatido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No es fácil ensalzar en la vejez lo que fué abatido en la
-juventud.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Sabed, sin embargo, que para aprovechar esos oráculos, Creón no
-tardará en venir.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué quiere hacer, hija mía? Explicadme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Estableceros cerca de la tierra de Cadmo, para que los tebanos os
-tengan en su poder, sin permitiros, no obstante, franquear los límites
-de su país.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y qué ventaja les reportará dejarme a sus puertas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Vuestra tumba sería en otra parte un peso funesto que gravitaría
-sobre ellos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_107">p.
-107</span>Edipo</p>
-
-<p>Un dios, sin duda, les ha revelado esos secretos; ¿cómo ellos por sí
-solos hubieran podido penetrarlos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Por eso quieren llevaros cerca de su ciudad y no permitiros disponer
-de vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Pero sin duda, se servirán de la tierra de Tebas para cubrir mi
-cuerpo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Padre mío; la sangre paterna que vertisteis se opone a ello.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No se opondrá, al menos, a que nunca puedan apoderarse de mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>He aquí lo que les pesará a los tebanos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Por qué, hija mía?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Por efecto de vuestra cólera, cuando se acerquen a vuestra tumba.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Eso que anunciáis, hija mía, por quién lo sabéis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Por los mismos que venían de consultar al oráculo de Delfos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_108">p.
-108</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Es, pues, eso lo que Febo ha pronunciado sobre mí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Es lo que han referido los que de Delfos han venido a los campos
-tebanos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Alguno de mis hijos ha oído esos relatos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Los han oído perfectamente uno y otro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y los pérfidos, no obstante, enterados por el oráculo han
-antepuesto el deseo de reinar al deseo de volver a verme?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Ved lo que no puedo oir sin rubor, y sin embargo, no puedo negar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Que los dioses no extingan nunca el odio fatal que les divide! Si
-de mí dependiese el fin de la guerra que acaba de armar al uno contra
-el otro, ni el que tiene actualmente el cetro lo seguiría poseyendo ni
-el que ha salido de Tebas podría jamás volver a ella. Ambos, en vez de
-protegerme, en vez de retenerme, a mí que era su padre, cuando fuí, con
-tanto oprobio, echado de mi patria, contribuyeron a mi destierro y lo
-confirmaron con un decreto. Diréis que, en verdad, Tebas no hizo sino
-concederme lo que había pedido yo mismo. No, ciertamente, ya que en el
-fatal día en que mi furia me hacía desear la muerte, la lapidación,
-no hubo nadie que quisiera concederme tal gracia. Sólo después de
-cierto tiempo, cuando mis dolores se hubieron aliviado un poco, cuando
-empecé a perca<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>tarme
-de que mi extravío había castigado harto severamente mis faltas, sólo
-entonces sirvieron éstas de pretexto a los tebanos para expulsarme
-indignamente; y no obstante, mis hijos, que podían socorrer a su padre,
-le negaron su ayuda y me vi obligado a partir lejos de mi patria,
-fugitivo y miserable, a sufrir un destierro que una palabra de su
-boca hubiera podido evitarme. Sólo vosotras, hijas mías, en la medida
-que la debilidad de vuestro sexo os lo ha permitido, sólo vosotras me
-habéis proporcionado el sustento, la seguridad y todos los socorros
-que le es dable esperar a un padre, mientras que mis hijos no pensaban
-sino en apoderarse de mi cetro y en reinar en mi lugar. Pero nunca me
-tendrán por defensor, nunca el trono usurpado será una ventaja para
-ellos. He aquí lo que los oráculos, traídos por Ismena, me han hecho
-saber y las antiguas predicciones de Apolo confirman en mi pensamiento.
-Ahora que envíen a buscarme aquí a Creón o a cualquier otro de los
-poderosos de la ciudad: extranjeros, si con las venerables diosas que
-aquí presiden os dignáis prestarme vuestra ayuda, sabed que adquiriréis
-conmigo un poderoso escudo para vuestra ciudad y un azote para vuestros
-enemigos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Bien merecéis, Edipo, tanto vos como vuestras hijas, que nos
-interesemos por vuestras desgracias! Ya que os anunciáis como el
-salvador de esta comarca, vamos a aconsejaros lo que debéis hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Amigos míos, dadme esos consejos hospitalarios; estoy pronto a
-seguirlos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Comenzad por purificaciones en honor de las diosas de las que habéis
-empezado por invadir la morada y de las que vuestros pies han hollado
-el suelo sagrado.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_110">p.
-110</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Y de qué modo haré esas purificaciones? Extranjeros, dignaos
-decírmelo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Id, por de pronto, con mano respetuosa a esa fuente sagrada, que no
-se agota nunca, por agua pura para vuestras libaciones.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y cómo podré coger tal agua?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Encontraréis cráteras que son obra de un hábil artista. Os las
-pondréis sobre la cabeza, y el asa doble de su abertura...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Con qué las cubriré? ¿Con ramas o con lana?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Con el vellón nuevo de un corderillo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Bien. ¿Qué haré después?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Os volveréis hacia donde se levanta la aurora y haréis vuestras
-libaciones.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Las haré con las cráteras de que habláis?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Las haréis con tres vasos primero, y el cuarto lo derramaréis
-entero.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_111">p.
-111</span>Edipo</p>
-
-<p>¿De qué lo llenaré? Acabad de enterarme.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>De hidromiel; guardaos de mezclar vino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Y cuando la tierra esté mojada con tales libaciones...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Tomad en vuestras manos tres veces nueve ramas de olivo y pronunciad
-las plegarias...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué plegarias? Ardo en deseos de oirlas; son importantes para
-mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>«Diosas a quienes llamamos Euménides, recibid con benevolencia digna
-de vuestro nombre a un suplicante que os pide gracia.» Pero vuestra
-plegaria, si la pronunciáis vos mismo o si otro la pronuncia, no lo sea
-en voz alta, para que no pueda ser oída. Retiraos luego lentamente y
-sin volver la cabeza. Si seguís nuestros consejos, nos encontraremos
-confiados junto a vos; de otra suerte, extranjero, tememos mucho por
-vuestra vida.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Ya oís, hijas mías, lo que los habitantes de esta tierra nos
-recomiendan.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Antígona e Ismena</span> (<i>A la
-vez.</i>)</p>
-
-<p>Lo hemos oído; ordenad. ¿Qué hay que hacer?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>En mi doble privación de mis fuerzas y de mis ojos, no puedo
-ir adonde me mandan. Que una de vosotras<span class="pagenum"
-id="Page_112">p. 112</span> vaya a cumplir esos deberes por mí; pues
-una sola equivale a mil si su corazón está bien dispuesto. Pero una
-u otra apresuraos y cuidad de no dejarme solo. ¡Qué sería de mí,
-abandonado, sin guía y sin apoyo!</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Bien; yo me encargaré de lo tocante a esas libaciones; sólo ignoro
-el sitio adonde he de ir, y eso es lo que deseo saber.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Al otro lado del bosque, de ese bosque que veis. Si necesitáis algún
-otro indicio, los habitantes del lugar podrán proporcionároslo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Iré, pues, Antígona, mientras vos cuidáis de nuestro padre; cuando
-los autores de nuestros días nos causan alguna molestia, hay que
-sufrirla y olvidarla.</p>
-
-
-<h4>ESCENA VII</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, EDIPO, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Es, sin duda, una crueldad despertar vuestros dolores adormecidos
-por el tiempo, extranjero, y no obstante, ardemos en deseos de
-interrogaros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Sobre qué?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Sobre el deplorable e irremediable infortunio en que os halláis.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_113">p.
-113</span>Edipo</p>
-
-<p>En nombre de la hospitalidad que recibo de vosotros, no hagáis
-abrirme mis heridas. Cuanto me ha sucedido es horrible.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Y no obstante, extranjero, ardemos en deseos de oir un relato largo
-y fiel de tales acontecimientos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Concedednos ese favor; os lo suplicamos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay! ¡Ay!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Atended a nuestra súplica; nosotros hemos atendido a las
-vuestras.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Los crímenes que me mancillan, el cielo es testigo, han sido
-involuntarios; mi voluntad no ha tenido parte en ellos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Tebas, sin saber el himeneo a que me sometía, me cargó, con sus
-lazos funestos, de una cadena de infortunios.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Fué, pues, con vuestra madre, como se dice, con quien contrajisteis
-ese himeneo execrable?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_114">p.
-114</span>Edipo</p>
-
-<p>¡Ay de mí! La muerte, extranjeros, no es más terrible que estos
-relatos. Las dos hermanas que veis lo son mías.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué decís?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Son mis hijas; ambas nacidas de mi crimen.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh Zeus!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Fueron concebidas en el mismo seno que yo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Son, pues, a la vez, hijas y hermanas de su padre?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Mil veces ay!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cuanto puede darse de más horrible...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Lo habéis sufrido?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo he sufrido para recordarlo siempre...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Lo habéis cometido?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_115">p.
-115</span>Edipo</p>
-
-<p>No lo he cometido.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Infeliz de mí! Recibí de Tebas lo que nunca hubiera debido
-aceptar.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Desgraciado! ¿Asesinasteis...?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ah! ¿Qué más decís? ¿Qué queréis que os diga?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿A vuestro padre?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Basta; son nuevos golpes con que desgarráis mi herida.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Lo matasteis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo maté... y no obstante no fué...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué vais a decir?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No fué injustamente.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_116">p.
-116</span>Edipo</p>
-
-<p>Voy a explicarme; no creí luchar sino con extranjeros. La ignorancia
-en que estaba de mi crimen me purifica a los ojos de la ley.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Mas he aquí a nuestro rey; he aquí a Teseo, a quien vuestro nombre
-atrae junto a vos.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: auto; height: 6em;"
- src="images/i_116.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_117.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO SEGUNDO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, TESEO, EDIPO, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>He oído tantas veces, hasta hoy, hijo de Layo, relatar de qué modo
-horrible habéis perdido la vista, que os reconozco sin trabajo, y
-completan mi noción de eso los relatos que me han hecho en el camino.
-Vuestros vestidos, la miseria pintada en vuestro rostro, harto me dicen
-quién sois, desgraciado Edipo. Apiadado de vuestra suerte, quiero
-interrogaros. Decidme qué socorros esperáis de mí y de esta ciudad,
-para vos y para la infortunada que os conduce. Sería necesario que lo
-que pedís fuera muy difícil para que yo no pudiera concedéroslo. Me
-acuerdo demasiado de<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>
-que, como vos, fuí en otro tiempo extranjero y desgraciado. He visto
-juntarse sobre mi cabeza cuantos males pueden asediar a un hombre en
-una tierra lejana de su patria. ¿Cómo podría yo negarme a socorrer a
-un extranjero tan infortunado como vos? ¿No sé que soy mortal y que no
-tengo más derecho que vos al día venidero?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Teseo, la generosidad de vuestra alma harto se muestra en vuestras
-breves palabras para que yo pueda ahorrarme el hablar largamente.
-Sabéis quién soy, quién fué mi padre, qué patria he dejado; sólo me
-resta deciros lo que deseo, y todo estará dicho.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Explicadme lo que queréis; hacédmelo saber.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vengo a traeros como presente este cuerpo miserable, cuyo aspecto
-no tiene nada que lo haga codiciable; pero las ventajas que os ha de
-proporcionar valen mucho más que los dones de la hermosura.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Y qué ventaja pensáis proporcionarnos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No es ahora cuando podéis saberlo; el tiempo os lo enseñará.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Y ¿cuándo se manifestará la utilidad de vuestro presente?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cuando haya muerto y vos me hayáis enterrado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Habláis del término de vuestra vida; ¿habéis olvidado el intervalo
-que os separa de él aún, o no le dais importancia?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_119">p.
-119</span>Edipo</p>
-
-<p>Lo tengo muy presente en mi petición.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Pero la gracia que me pedís es poca cosa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Tened cuidado! Una gran lucha...</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué lucha? ¿Por parte de vuestros hijos o por mi parte?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vendrán mis hijos a obligarme a volver junto a ellos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Si lo quisieran, haríais mal en huirles.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pero cuando yo quería seguir a su lado no lo permitieron.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¡Hombre imprudente! El resentimiento cuadra mal en el infortunio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cuando yo os haya enterado, dadme vuestros consejos; hasta entonces
-suspendedlos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Enteradme. No debo, en efecto, hablar sin previo examen.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Teseo, he sufrido desgracias sobre desgracias.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_120">p.
-120</span>Teseo</p>
-
-<p>¿Habláis de las antiguas calamidades de vuestra raza?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No, sin duda; todos los griegos han hablado harto de ellas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué habéis, pues, sufrido por encima de los infortunios
-ordinarios?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vedlo. He sido desterrado de mi patria por mis propios hijos; y como
-matador de mi padre, me está vedado tornar a ella.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Pero cómo os llamarían si quisieran vivir lejos de vos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La voz de un oráculo les fuerza a ello.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué temor les inspira ese oráculo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Encontrar en esta tierra su aniquilamiento.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Y cómo mi patria llegaría a ser para ellos motivo de amargura?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Caro y digno hijo de Egeo, sólo los dioses están exentos de la
-vejez y de la muerte: todo lo demás está bajo el<span class="pagenum"
-id="Page_121">p. 121</span> poder invencible del tiempo. La fecundidad
-de la tierra acaba; el vigor del cuerpo desaparece; la amistad muere;
-la enemistad crece en su lugar. El mismo espíritu no une siempre a las
-ciudades ni a los amigos. Lo que les encantaba un tiempo después les
-disgusta, para volver luego nuevamente a gustarles. Si la paz reina
-ahora entre Tebas y vosotros, el tiempo en su curso dará origen a una
-larga serie de días y de noches en que, con fútiles pretextos, Tebas
-destruirá por el hierro la concordia, la armonía que os une hoy con
-ellos. Entonces, dormido en la tumba, mi cuerpo helado se hartará
-de la sangre hirviente de los tebanos, si Zeus es siempre el dios
-supremo y si el oráculo de Apolo no miente. Pero es enojoso revelar
-acontecimientos que están todavía en la obscuridad del porvenir.
-Dejadme, como había comenzado, pediros sólo que me guardéis vuestra fe;
-y si los dioses no me engañan, no diréis que al recibir a Edipo en esta
-tierra habéis recibido un habitante inútil.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ved, señor, ved las ventajas importantes que nos ha predicho ya y
-que debe asegurar a esta comarca.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Quién podría desterrar de su corazón la benevolencia que merece
-este infortunado, cuya casa se unió a la nuestra por los derechos de
-la hospitalidad, cuando viene en calidad de suplicante enviado por los
-dioses y nos trae a esta ciudad y a mí un tributo no despreciable?
-Quiero, pues, respetando la orden del cielo, no rechazar sus presentes
-y establecerle en esta comarca si desea permanecer aquí. Habitantes
-de Colona, os cuidaréis de lo que le atañe. Pero, Edipo, si preferís
-seguirme a Atenas, lo dejo a vuestra elección; mis cuidados os
-acompañarán allí.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_122">p.
-122</span>Edipo</p>
-
-<p>¡Dígnate, oh Zeus, recompensar tanta bondad!</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>En fin, ¿qué deseáis? ¿Venir a palacio?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Sí, si el destino me lo permitiese; pero es éste el lugar donde
-debo...</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué debéis? Me guardaré bien de oponerme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Triunfar de los que me han expulsado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Sería un fruto harto precioso de vuestra morada en este país.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Pero hay que cumplir la promesa que me habéis hecho.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Fiad en mi palabra, no os haré traición.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No quiero encadenaros con un juramento, como a un hombre vil.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Un juramento no sería mejor prenda que mi palabra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué haréis, en fin?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_123">p.
-123</span>Teseo</p>
-
-<p>¿Cuáles son los temores que más os agitan?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Vendrán.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Estos ciudadanos velarán por vuestra seguridad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Cuidad de no abandonarme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Ahorraos el trabajo de enseñarme lo que debo hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La necesidad puede enseñar el temor.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>El temor no es conocido por mi corazón.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No sabéis qué amenazas...</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Sé que nadie os sacará de aquí a la fuerza. Se hacen amenazas, la
-cólera estalla en mil palabras insensatas; pero luego que la reflexión
-ha apaciguado el ánimo, todo ese gran aparato se evapora: eso sucederá
-a los hijos de Edipo. Sean cuales sean los fastuosos discursos con que
-se aperciban a confundiros para comprometeros a seguirles, creedme, el
-camino se les antojará sobrado largo y el mar por demás tempestuoso
-para aventurarse; y, sin consultar mis sentimientos para vos, os daría
-nuevas seguridades, puesto que Febo os envía; pero tengo motivos para
-pensar que, en mi ausencia, mi nombre será suficiente para poneros a
-cubierto de todo ataque.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA II"><span class="pagenum" id="Page_124">p.
-124</span>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, EDIPO, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Extranjeros, este lugar célebre adonde habéis llegado, Colona,
-es el asilo más tranquilo y más seguro de esta tierra, famosa por
-sus corceles. Aquí gustan los ruiseñores de hacer oir sus cantos
-quejumbrosos, en la sombra obscura de la hiedra, en el seno de
-los vallezuelos verdeantes o en los bosques sagrados y fértiles,
-inaccesibles a los mortales, impenetrables a la luz y respetados del
-viento y del frío. Aquí gusta Dionisos de pasearse sin cesar, rodeado
-de las ninfas que le criaron. Aquí, bajo el rocío del cielo, se ve
-florecer todos los días el narciso de bellos racimos, útil conforme
-al uso antiguo, para coronar a las dos grandes diosas, y el azafrán
-dorado. Las fuentes fecundas del Céfiro derraman por las praderas
-aguas nunca dormidas; siempre, pródigas de vida, sus linfas puras se
-extienden por el fértil suelo de los campos. El coro de las musas y
-Afrodita, en su carro de oro, se complacen en recorrer estos parajes.
-Pero lo que las comarcas de Asia y la gran isla de Pélopos, habitada
-por los dorios, no deben haber poseído nunca es este árbol sagrado, que
-nace de sí mismo y es el terror de las lanzas enemigas. En esta comarca
-más que en cualquiera otra, florece este árbol precioso, el olivo,
-que se distingue por sus hojas verde pálido y alimenta a los niños.
-Ningún hombre, esté en la juventud o en el declinar de su vida, sería
-bastante imprudente para osar arrancarlo por su mano: hasta tal punto
-Zeus, que preside el olivo sagrado, vela sin cesar, con Palas, por su
-conservación.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span>Pero en honor de
-esta metrópoli aún nos queda un elogio que hacer. Nos referimos a los
-presentes que recibe de un gran dios, a los presentes que la hacen
-gloriosa y hábil para criar y conducir corceles y para navegar. ¡Hijo
-de Cronos, soberano Poseidón, tú la has elevado a tal grado de gloria,
-tú hiciste conocer en esta comarca antes que nadie el freno que doma a
-los corceles; por tus lecciones el bajel, a impulsos de los remos, se
-lanza rápido y huye ante las nereidas hectápodas!</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: 6em; height: auto;"
- src="images/i_125.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_127.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO TERCERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">ANTÍGONA, EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Oh comarca, tanto tiempo celebrada con tanto elogio, he aquí el
-momento de mostrar que lo merecéis!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué sucede, hija mía?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Creón, seguido de numerosa escolta, llega, padre mío, está
-cerca.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_128">p.
-128</span>Edipo</p>
-
-<p>Queridos y dignos ancianos, de vosotros depende ahora mi
-salvación.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Tranquilizaos; nosotros respondemos, pues si somos viejos, el vigor
-de esta comarca no ha envejecido aún.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Generosos habitantes de esta tierra, veo en vuestras miradas que mi
-llegada os produce cierto espanto; cesad de temerme y suprimid toda
-palabra ofensiva; estoy viejo y heme cerca de una ciudad poderosa
-como nunca la hubo en Grecia. Encargado de convencer a este anciano
-(<i>señalando a Edipo</i>) de que me siga a los campos tebanos, yo, a
-quien los lazos de la sangre me han hecho más que a nadie deplorar
-sus desgracias, no vengo enviado por un solo hombre, sino por toda
-una ciudad. Desgraciado Edipo, dignaos, por lo tanto, escucharme y
-seguirme. Todo el pueblo tebano os llama con justicia, y yo más que
-todos los tebanos juntos; pues yo, más que todos ellos (si no soy el
-peor de los hombres), debo apiadarme de vuestro infortunio, viéndoos
-bajo el peso de males sin cuento, en comarcas extrañas, errante por
-doquier, a merced de una sola compañera que vele por vuestra vida. ¿A
-qué estado miserable no ha llegado ella misma, ocupada sin tregua en
-cuidaros, en mendigar algún sustento para conservar una existencia
-tan querida? ¡La infortunada, en la flor de la juventud, extraña a
-las<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> dichas del
-himeneo, expuesta a ser presa del primer raptor! ¡Qué desgraciado soy
-(pues es vano disimular lo que nadie ignora), yo que he podido hacer
-caer tan sangriento oprobio sobre vos, sobre mí, sobre mi raza entera!
-Edipo, en nombre de los dioses de la patria, volved a habitar vuestra
-ciudad, vuestro palacio, la morada de vuestros padres; dirigid a esta
-ciudad en que estáis palabras de reconocimiento, las merece; pero venid
-a honrar, con más justicia, a la que os crió.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hombre capaz de todo atrevimiento, y que de todo te vales para
-extender sobre tus palabras mendaces el velo de la justicia, ¿qué
-propósito te guía y por qué quieres cogerme en una trampa que sería
-para mí el más duro suplicio? En los primeros accesos del dolor que mis
-malaventuras me hicieron experimentar, cuando deseé dejar mi patria,
-les negasteis tal gracia a mis deseos; y cuando mi alma enfurecida se
-calmó, cuando empezaba a encontrar grato vivir en mi casa, entonces me
-echaste, me desterraste; entonces los lazos de la sangre que invocas
-ahora no te eran tan caros. Hoy que ves a esta ciudad y a todo este
-pueblo concederme su benevolencia, intentas llevarme a mi patria,
-ocultando con palabras lisonjeras la dureza de tu corazón: ¡tanto
-placer encuentras en amar a los que no aceptan tu amistad! ¡Qué! Sí,
-no dignándose concederte nada de lo que tú más desearas, un hombre
-quisiera después colmarte de bienes, cuando tus deseos se hallasen
-satisfechos y el beneficio no tuviera mérito, ¿el gusto que recibirías
-no sería vano y frívolo? He aquí, no obstante, cómo te muestras a
-mis ojos, benéfico en palabras y malo en acciones. Para poner más al
-descubierto toda tu maldad ante los que me escuchan, diré: Vienes con
-el propósito de llevarme contigo, no de restablecerme en mi casa;
-no quieres sino fijarme, por<span class="pagenum" id="Page_130">p.
-130</span> decirlo así, en tu puerta, y de ese modo preservar a
-tu ciudad de los males que la amenazan. No será así; pero puedo
-garantizarte que mi genio vengador habitará allí siempre y mis hijos no
-tendrán como herencia mía sino la tierra necesaria para morir en ella.
-¿Crees que mi espíritu no penetra mejor que el tuyo en los destinos de
-Tebas? Mucho mejor, sin duda, si he de creer a dioses más clarividentes
-que tú. Apolo y Zeus mismo, que le dio el ser. Al venir aquí, tu boca
-mendaz ha preparado sutiles arengas; pero tu elocuencia podría valerte
-harto más trabajos que ventajas, pues, en fin, siento en mi corazón que
-no has de persuadirme. Vete, pues, y déjame vivir aquí; mi vida, aun
-en el estado en que me encuentro, no será desgraciada, puesto que me
-place.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Pero al hablarme de esa guisa, ¿a quién de nosotros pensáis que
-vuestra situación debe doler más?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Me será muy grata si no llegas a persuadirnos ni a mí ni a los que
-nos escuchan.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Infortunado, bien se ve que el tiempo no os ha hecho más prudente y
-no ha alimentado en vuestro corazón sino amargura y enojos para vuestra
-ancianidad!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Eres hábil en el arte de descubrir; pero no sé de ningún hombre
-justo que sepa hablar igualmente bien en pro de todas las causas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Existe diferencia entre hablar mucho y hablar con oportunidad.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_131">p.
-131</span>Edipo</p>
-
-<p>He aquí por qué en lo que hablas se unen la conveniencia y la
-brevedad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No sin duda, a los ojos de un espíritu semejante al vuestro.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>En nombre de los extranjeros que me escuchan, vete. Guárdate de
-poner la mano sobre mí en la tierra que debo habitar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>También recurro al testimonio de estos extranjeros, no al tuyo; que
-juzguen de qué suerte respondes a las palabras de tus amigos: si nunca
-me apoderase de ti...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y quién osaría arrancarme de los brazos de mis defensores?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sabré castigarte sin arrancarte de sus brazos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Y cómo esperas ejecutar esa amenaza?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Cogiendo a
-Antígona.</i>)</p>
-
-<p>He aquí ya en mis manos a una de tus hijas, que voy a enviar delante
-de mí; no tardaré en apoderarme de la otra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cielos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Pronto tendrás nuevos motivos para gemir.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_132">p.
-132</span>Edipo</p>
-
-<p>¿Te has apoderado de una de mis hijas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>La otra la seguirá.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay de mí! ¿Qué haréis, extranjeros? ¿Traicionaréis a un
-desgraciado? ¿No echaréis a este impío de la tierra que habitáis?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Creón.</i>)</p>
-
-<p>Retiraos, extranjero, retiraos sin tardar. Lo que hacéis y habéis
-hecho es injusto.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>A su séquito.</i>)</p>
-
-<p>Apresuraos a arrastrarla si se niega a seguiros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Ah infeliz! ¿Cómo huiré? ¿Qué dioses o qué mortales se dignarán
-socorrerme?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p class="centra">(<i>A Creón, que quiere llevarse a Antígona.</i>)</p>
-
-<p class="mt05">¿Extranjero, qué hacéis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No quiero tocar al anciano, sino a la que me pertenece.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Oh, soberanos de esta comarca!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Extranjero, vuestra acción es injusta.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_133">p.
-133</span>Creón</p>
-
-<p>Es justa.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Me llevo a las que son mías.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Oh ciudad!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué hacéis, extranjero? Poned fin a tal violencia, o
-experimentaréis el poder de nuestros brazos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Retiraos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No, nunca, mientras persistáis en tal propósito.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>A Creón.</i>)</p>
-
-<p>Atacarme a mí es atacar a la ciudad entera.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Edipo.</i>)</p>
-
-<p>Ved lo que le decimos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Dejad al punto, dejad a esa muchacha en mis manos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Creón.</i>)</p>
-
-<p>No déis órdenes donde no tenéis poder.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Os digo que la dejéis.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_134">p.
-134</span>El Coro</p>
-
-<p>Y nosotros os decimos que os vayáis. ¡Venid, venid, acudid,
-habitantes de esta comarca; nuestra ciudad es atacada, venid, venid!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Desgraciada! ¡Me arrastran! ¡Ciudadanos, ciudadanos!...</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hija mía, ¿dónde estás?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Me arrastran con violencia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Tiende los brazos hacia mí, hija mía!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No puedo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>A su séquito.</i>)</p>
-
-<p>¿No acabáis de llevárosla?</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Cuán desgraciado soy!</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>A Edipo.</i>)</p>
-
-<p>De hoy en adelante no marcharás sostenido por los dos apoyos de tu
-vejez; y ya que quieres triunfar de tu patria y tus amigos, en nombre
-de los cuales (aunque<span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span>
-soy el rey) hago lo que me han ordenado, triunfa a tu gusto. Con el
-tiempo conocerás, me atrevo a creerlo, que al resistir a tus amigos y
-abandonarte a tu cólera, que te fué siempre tan funesta, no has hecho
-ni haces aún sino prepararte nuevas penas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Creón.</i>)</p>
-
-<p>Deteneos, extranjero.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Guardaos de acercaros a mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No os perdonamos que no nos hayáis devuelto a la que nos
-arrebatáis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Pronto tendréis una indemnización más grande que pedir para esta
-ciudad, pues no me limitaré a las dos hermanas.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué más haréis?</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Señalando a
-Edipo.</i>)</p>
-
-<p>Me lo llevaré a él.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cielos! ¿Qué decís?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Lo que será luego ejecutado, si vuestro rey no se opone.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Amenaza insolente. ¿Osarías tocarme?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span><span
-class="smcap">Creón</span> (<i>A Edipo.</i>)</p>
-
-<p>Guárdate de seguir hablando.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡No, las Euménides que aquí presiden no vedarán a mi boca pronunciar
-una imprecación contra ti, el más malo de los hombres; contra ti, que
-acabas de arrancarme insolentemente cuanto para mí sustituía a la luz
-de que carezco! ¡Que el sol, que lo ve todo, te dé a ti y a tu raza
-días tan deplorables como los míos y una vejez semejante!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Habitantes de esta tierra, ya veis sus arrebatos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Nos ven a uno y a otro, y consideran que tomo venganza con palabras
-siendo oprimido con acciones.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No puedo dominar mi cólera, y, aunque solo, aunque debilitado por
-los años, voy a llevármele a la fuerza.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Ay infortunado!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Con qué pensamientos audaces, extranjero, habéis venido aquí, si
-esperáis ejecutar tales amenazas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sí, lo espero.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Si es así, no debemos tener esta ciudad en nada.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_137">p.
-137</span>Creón</p>
-
-<p>Cuando se trata de la justicia, el débil puede vencer al fuerte.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>¿Oís lo que osa decir?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No lo ejecutará.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Eso es lo que no sabéis vosotros, y sólo Zeus puede saber.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Qué insulto!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Un insulto que hay que soportar.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ciudadanos, defensores de esta comarca, apresuraos, venid todos...,
-están a punto de franquear nuestros límites.</p>
-
-
-<h4>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, TESEO</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué gritos he oído? ¿Qué ha pasado? ¿Qué temor os mueve a
-arrancarme de los altares del dios que preside en Colona y a
-interrumpir mi sacrificio? Hablad, decidme por qué se me ha obligado a
-venir precipitadamente.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span><span
-class="smcap">Edipo</span> (<i>A Teseo.</i>)</p>
-
-<p>Amigo mío (¡pues bien reconozco vuestra voz!), acabo de sufrir los
-más crueles ultrajes de ese hombre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué ultrajes? ¿Quién es su autor? Explicaos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Ese Creón que veis, ha venido a robarme a mis dos hijas, al único
-apoyo que me quedaba.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué decís?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>La desgracia que acabo de sufrir.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Volad al punto, corred a los altares donde el pueblo está reunido;
-que deje el sacrificio; que acuda diligente, a pie o a caballo, al
-vértice de ambos caminos; que impida el paso de las dos jóvenes
-princesas; que me evite la vergüenza de ser vencido por la violencia
-y de ser el ludibrio de ese extranjero; apresuraos a llevar a cabo
-mis órdenes; no hubiera yo tardado en castigarle por mi mano si me
-hubiera entregado de lleno al furor que merece; pero las mismas leyes
-por que él acaba de guiarme servirán para juzgarle. (<i>A Creón.</i>) No
-saldréis de esta comarca sin que hayáis traído y puesto en mis manos
-a las dos princesas, ya que habéis obrado de manera tan indigna de
-mí, de vuestro origen y de vuestra patria. ¡Llegáis a una ciudad que
-sólo respira justicia y no hace nada contra la ley, y, pisoteando los
-principios que la rigen, os atrevéis, en vuestra violencia, a caer
-sobre vuestra presa, a llevárosla y a sojuzgarla! ¿Pensáis habéroslas
-con una ciudad sin ciudadanos y<span class="pagenum" id="Page_139">p.
-139</span> reducida a la esclavitud? ¿No me tenéis en nada? Tebas, sin
-embargo, no hizo de vos un mal hombre; no acostumbra a criar ciudadanos
-injustos; distaría mucho de aprobar vuestra conducta, si supiera que
-venís a llevaros de aquí, con violencia, a desgraciados suplicantes,
-que se amparaban en los dioses y en mí. Nunca, aunque hubiera tenido
-los motivos más justos, hubiera yo ido a vuestra patria para hacerle
-semejante ultraje; y nunca, sin contar con el soberano, quienquiera
-que hubiera sido, habría yo osado llevarme ni violentar a nadie. Sé
-muy bien cómo un extranjero debe conducirse entre ciudadanos. Y, no
-obstante, no teméis deshonrar a vuestra ciudad, que no lo merece.
-Sin duda los años os han turbado la razón. Ya os lo he dicho y os lo
-repito: haced al punto traer a las hijas de Edipo, si no queréis, mal
-que os pese, quedaros aquí. He aquí lo que os prometo y os promete mi
-corazón tanto como mi lengua.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Mirad adonde habéis llegado, extranjero; vuestra sangre anuncia
-en vos un hombre justo y vuestras acciones no muestran sino un mal
-hombre.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>A Teseo.</i>)</p>
-
-<p>Hijo de Egeo, no ha sido, como pretendéis, creyendo a esta ciudad
-sin ciudadanos ni prudencia como he llevado a cabo mi reciente acción,
-sino no creyendo que nadie aquí pudiera interesarse por mis deudos
-hasta el punto de querer sustentarlos a pesar mío. Pensaba, además, que
-esta ciudad no daría asilo a un hombre impuro, manchado con la sangre
-de su padre; a un hombre que ha sido a la vez hijo y esposo de su
-madre. Yo conocía la sabiduría del areópago, ese ilustre Tribunal que
-no permite a semejantes fugitivos establecerse aquí. En eso me fundaba
-al caer sobre mi presa; y aun así no lo hubiera hecho a no haber
-Edipo lanzado contra mí y mi<span class="pagenum" id="Page_140">p.
-140</span> raza las imprecaciones más terribles. Ante tal ultraje,
-he creído deber devolvérselo; pues la cólera es un sentimiento que
-no envejece y sólo se extingue en la tumba; los muertos no más son
-insensibles. Ahora haced lo que queráis, ya que, pese a la justicia
-de mis razones, la soledad en que me hallo me priva de fuerza y de
-defensa. Con todo, aun haré por devolveros cuantos malos tratos reciba
-de vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Qué insolente audacia! ¿Y sobre quién cae tal ultraje? ¿Sobre mí,
-desgraciado anciano, o sobre ti, que acabas de reprocharme muertes,
-lazos funestos, horrores en que me he visto envuelto a pesar mío?
-Eran obra de los dioses que vengaban en nuestra raza no sé qué
-antigua ofensa; pero no encontrarás contra mí el reproche legítimo
-de un solo crimen en cuanto he cometido con los míos y conmigo. En
-efecto, dime cómo, porque un oráculo predijo a mi padre que debía
-morir a manos de su hijo; podrías, con justicia, hacerme un reproche
-a mí, a quien mi padre y mi madre no me habían aún dado el ser, a
-mí que no había nacido. ¿Y cómo si, por la fatalidad que parece
-haberme perseguido, combatí con mi padre y le maté, sin saber lo que
-hacía, cómo, digo, puedes reprocharme con fundamento un crimen tan
-involuntario? ¡Desgraciado, no te avergüenzas de obligarme a hablar
-aquí de mi himeneo con mi madre, que era tu hermana! ¡Qué himeneo!
-Lo diré, no lo callaré, ya que tu boca impía ha llegado a ese exceso
-de audacia. Sí, me llevó en su seno, me dio la vida ¡infeliz de mí!,
-y después de haberme engendrado, sin conocerme, sin conocerse a sí
-misma, me dio hijos que son su oprobio. Pero bien sé que gustas de
-tronar contra ella y contra mí. Por lo que a mí toca, a mi pesar casé
-con ella, y a mi pesar lo recuerdo. Pero, ni por tal himeneo ni por la
-muerte de mi padre, que te complaces tan a menudo en reprocharme<span
-class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> amargamente, seré tenido
-nunca por un hombre perverso. Respóndeme tan sólo, hombre justo, ¿si
-alguno viniese de súbito a atacarte, irías a informarte de si el
-agresor era tu padre, o te apresurarías a castigarle? Yo pienso que,
-por poco cara que te sea la vida, te vengarías al punto del culpable,
-sin considerar si eso sería un crimen o no. He aquí, sin embargo, la
-naturaleza de los crímenes a que la mano de los dioses me condujo; son
-tales, que si mi padre levantara la cabeza, no creo que se atreviese
-a reprochármelos; pero tú, que, sin conocer la justicia, no ves en
-tus palabras inconsideradas sino justicia y razón, ¡me reprochas mis
-desgracias delante de este pueblo! Te cuadra mucho, después de eso,
-halagar el gran nombre de Teseo y lisonjear a Atenas a propósito de la
-gloria de sus hijos. En medio de tales elogios, echas en olvido uno
-muy esencial; y es que, si hay en el mundo una ciudad que sepa honrar
-a los dioses, es Atenas la que supera en esa virtud a todas las demás;
-¡y no obstante, vienes a arrancar de su seno a un anciano suplicante
-y, alzando la mano sobre mí, te atreves a robarme a mis hijas! En pago
-de eso, me prosterno ante las diosas aquí presentes; las invoco, las
-conjuro con mis plegarias a que vengan en nuestro socorro y combatan a
-nuestro lado; así sabrás a qué hombres está encomendada la defensa de
-esta ciudad.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Teseo.</i>)</p>
-
-<p>Señor, este extranjero es de corazón virtuoso; sus infortunios son
-horribles y le hacen digno de nuestro interés en su defensa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Basta de palabras. ¡Mientras los raptores apresuran su marcha,
-nosotros, sobre quienes cae tal ultraje, permanecemos inactivos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué exigís de mí en el abandono en que me hallo?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_142">p.
-142</span>Teseo</p>
-
-<p>Marchar ante mí por ese camino y conducirme al sitio donde tenéis
-ocultas a las hijas que consideramos como nuestras. Si los raptores
-las arrastran en su fuga, no hay que inquietarse mucho por ello, se
-les seguirá, y no tendrán motivo para dar gracias al cielo de haber
-escapado sanos y salvos de esta tierra. Conducidnos, pues, y pensad
-que habéis llegado a ser nuestra presa persiguiendo a la vuestra. La
-fortuna os ha cogido en la misma trampa que habíais tendido; pues
-la astucia es un mal medio para adquirir y para conservar. Harto se
-adivina en vuestra audaz actitud que no habéis llegado a la ligera ni
-sin apercibiros a hacernos tal ultraje. Os habéis confiado en alguna
-estratagema al poner mano en esta empresa; pero a mí me toca preverla y
-no permitir que una ciudad entera ceda en poder a un solo hombre. ¿Me
-habéis entendido? ¿O pensáis que las palabras que oís y las que oíais
-cuando concebíais vuestros planes son vanas y frívolas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Mientras yo esté aquí no tendré nada que oponer a cuanto me digáis;
-pero de vuelta a mi patria, sabré lo que he de hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Amenazad, pero echad a andar, y vos, Edipo, permaneced tranquilo
-aquí, y creed que, si no muero, no tendré punto de reposo hasta que os
-haya devuelto a vuestras hijas.</p>
-
-<p class="centra mt05">(<i>Salen. Edipo queda solo en escena con el
-Coro.</i>)</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Quiera el cielo, oh Teseo, que recojáis el fruto de los cuidados
-generosos y benéficos que os tomáis por nosotros!</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA V"><span class="pagenum" id="Page_143">p.
-143</span>ESCENA V</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Quién se hallase donde pronto unos y otros han de encontrarse, han
-de mezclarse y han de hacer resonar la voz de bronce del dios Ares!
-¡Quién se hallase en los campos de Maratón o en las riberas de Eleusis,
-profusamente fulgurantes, donde las venerables diosas inician en
-augustos misterios a los mortales, sobre cuya lengua se posa la llave
-de oro de los Eumólpidas sus ministros! Allí, sin duda, el valiente
-Teseo y las dos muchachas a quienes el himeneo no ha sometido aún a su
-yugo han de hacer resonar por los campos sus penetrantes clamores.</p>
-
-<p>Quizá sea hacia el occidente de la roca blanca, no lejos del burgo
-de Aca, donde los carros y los caballos encontrarán a los raptores. Se
-les despojará de su presa, su perseguidor Ares es terrible, y terrible,
-además, es el valor de los teseidas. Los frenos de los caballos brillan
-por doquier; los adoradores de Palas guerrera y del dios de los
-mares, el hijo querido de Rea, avanzan sobre corceles magníficamente
-engualdrapados.</p>
-
-<p>Entablado el combate, si hemos de dar crédito a nuestros
-presentimientos, los raptores no tardarán en tener que entregar a la
-que ha sufrido tantos ultrajes, a la que un pariente ha tratado de un
-modo tan indigno. Diariamente Zeus castiga de modo semejante. Somos los
-profetas del éxito del combate: ¡quién pudiera, con las alas rápidas de
-la paloma, lanzándose al seno de las nubes, ver con sus propios ojos el
-combate que esperamos! Zeus, soberano del Olimpo, tú que lo ves todo, y
-tú, Palas, su augusta hija, coronad el valor de los que gobiernan esta
-tierra; haced que sus soldados no persigan sin fruto su presa. También
-os suplicamos, Apolo, amigo de la caza, y su hermana, de pies veloces,
-que os complacéis en la persecución de los ciervos ligeros, que vengáis
-ambos en socorro de esta tierra y de sus habitantes.</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_145.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO CUARTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Extranjero desgraciado (<i>A Edipo.</i>), no diréis que somos profetas
-mendaces. Diviso a ambas princesas; tornan, están ya cerca.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Dónde están? ¿Dónde están? ¿Qué decís? ¿Qué me habéis
-anunciado?</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA II"><span class="pagenum" id="Page_146">p.
-146</span>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">TESEO, ANTÍGONA, ISMENA, EDIPO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Padre mío, padre mío! ¿Qué dios os concederá el favor de ver con
-vuestros propios ojos al más generoso de los mortales que nos devuelve
-a vuestros brazos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Hijas mías! ¿Estáis aquí, en efecto, ambas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>El brazo de Teseo y de sus valerosos guerreros nos ha salvado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Venid, hijas mías, venid; abrazad a vuestro padre, dadle este placer
-de que no esperaba ya gozar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Seréis satisfecho; nuestros deseos responden a los vuestros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Dónde estáis? ¿Dónde estáis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Henos aquí a una y a otra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Hijas queridas!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Las hay que no sean caras al corazón de un padre?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_147">p.
-147</span>Edipo</p>
-
-<p>¡Apoyos de mi vejez!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Infortunados sostenes de un infortunado!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Tengo en mis brazos lo que me es más querido. Puesto que mis dos
-hijas están junto a mí, no moriré del todo desgraciado. Hijas mías,
-apoyaos sobre mi pecho, apretad vuestro cuerpo contra el de quien os
-dio el ser; haced olvidar a mi corazón desdichado mi soledad y mis
-fatigas. Decidme cuanto ha sucedido, y decídmelo en pocas palabras,
-como cuadra a vuestra edad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>He aquí a quien nos ha salvado; eso es cuanto os importa saber,
-padre mío, y estas pocas palabras bastan para vos y para mí.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Edipo</span> (<i>A Teseo.</i>)</p>
-
-<p>No os asombre, oh príncipe, que cuando mis hijas me son devueltas
-contra toda esperanza, me abandone al placer de abrazarlas. Harto sé
-que a vos, a vos sólo, os debo tan grande beneficio; sólo vos entre
-todos los mortales me habéis conservado a mis hijas. Que los dioses,
-como deseo, os lo premien, a vos y a esta comarca, ya que sólo aquí,
-sólo entre vosotros, he hallado la piedad, la justicia y la verdad.
-Teniéndolo en cuenta, ved con qué palabras quiero responder a vuestros
-beneficios, pues lo que tengo, lo tengo por vos y por ningún otro de
-entre los humanos. ¡Dadme, oh rey, la mano, que pueda yo tocarla, que
-pueda, si me es permitido, besar vuestra frente...! Pero ¿qué digo?
-¿Cómo, ¡infeliz de mí!, me atrevería a tocar a un mortal sin mancilla
-alguna? No os<span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> tocaré,
-no permitiré siquiera que me toquéis; sólo a los que han sufrido
-semejantes desgracias les corresponde compartir su peso. Pero vos
-sed dichoso y conservad para mí en lo futuro la misma benevolencia
-equitativa de que me habéis hoy dado pruebas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>En vuestro gozo de recibir a vuestras hijas, no me hubiera
-sorprendido que hubierais dado aún más extensión a vuestras expansiones
-con ellas, y aunque hubierais preferido en ese momento conversar
-con ellas a hacerlo conmigo, no hubiera yo tenido por qué quejarme.
-Más por las acciones que por las palabras, procuro derramar algún
-resplandor sobre mi vida; y doy prueba de ello, pues de cuanto os he
-jurado, nada he dejado de cumpliros, anciano. En efecto, os devuelvo a
-vuestras hijas, a quienes he salvado y librado de los peligros que las
-amenazaban. No encareceré a vuestros ojos el desarrollo del combate: lo
-sabréis por boca de vuestras mismas hijas. Por de pronto, escuchad lo
-que acabo de oir al llegar aquí. La noticia no es muy importante, pero
-es natural que os asombre; no hay acción indiferente y que en absoluto
-no merezca que nos preocupemos de ella.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hijo de Egeo, ¿qué noticia es esa? Dignaos dármela; ignoro lo que
-podéis haber sabido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Dicen que un hombre, que no es vuestro conciudadano, sino vuestro
-pariente, ha ido a prosternarse y sentarse al pie del altar de
-Poseidón, del altar donde yo sacrificaba cuando he acudido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿De dónde viene y con qué fin se ha sentado al pie de tal altar?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_149">p.
-149</span>Teseo</p>
-
-<p>Lo ignoro. Sólo sé y se me ha dicho que os pide una entrevista muy
-corta.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Qué entrevista? Esa actitud de suplicante no anuncia un asunto de
-poca importancia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Dicen que no pide sino hablaros y marcharse.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién es ese mortal que se presenta aquí como suplicante?</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿No tendríais en Argos algún pariente que pudiera pediros tal
-gracia?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Amigo mío, no vayáis más lejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué os pasa?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>No me preguntéis nada.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Explicaos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Por lo que acabo de oir, sé quién es el suplicante.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Y quién puede ser ese hombre, que estoy ya a punto de odiar?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_150">p.
-150</span>Edipo</p>
-
-<p>Príncipe, mi hijo, mi detestable hijo, de todos los mortales aquel
-con quien una entrevista me haría sufrir más.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿No podéis escucharle y no hacer sino lo que gustéis? ¿Tan enojoso
-es para vos el oirle?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Sólo su voz sería para el corazón de un padre el más horrible
-tormento. ¡No me pongáis en la necesidad de tener para vos tal
-complacencia!</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Pero si el derecho de los suplicantes os pone en tal necesidad,
-tened en cuenta los respetos que yo me vería obligado a tener para el
-dios.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Padre mío, por joven que sea vuestra hija, dignaos atender a sus
-consejos; dejad al príncipe satisfacer los deseos de su corazón y
-las voluntades del dios. Concedednos la gracia de dejar venir aquí a
-mi hermano. Tranquilizaos; cuanto pueda deciros contrario a vuestros
-propósitos no violentará vuestra voluntad. ¿Qué peligro hay para vos
-en escucharle? Se pueden juzgar las intenciones por las palabras.
-Vos, padre mío, le habéis dado el ser, y aunque os hubiera inferido
-los más crueles e impíos ultrajes, no estaría bien que pretendieseis
-devolvérselos. Dignaos recibirle. Otros padres han tenido hijos
-indignos y vivos resentimientos; pero la voz de la amistad tenía
-sobre ellos un poderoso influjo que subyugaba su ira. No recordéis
-vuestros males presentes, sino los que habéis sufrido por culpa de
-vuestro padre y vuestra madre; si los consideráis, estoy segura
-de<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span> que veréis al
-punto el resultado funesto de una cólera cruel. Privado de la luz del
-día, vuestros recuerdos son dolorosos; ceded a nuestras súplicas. Es
-vergonzoso resistir a los que sólo piden justicia, y cuando recibís de
-ellos trato tan dulce, haríais mal en no saber corresponder a él.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hija mía, vos y Teseo me habéis vencido exigiendo de mí esta
-complacencia que me pesa. Haced lo que os plazca; pero, príncipe, sólo
-os pido que no permitáis, si viene aquí, que nadie pueda hacerse dueño
-de mi destino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Anciano, lo que me habéis pedido una vez, no es preciso que me lo
-pidáis nuevamente. Evito toda vana ostentación, pero si algún dios vela
-por mi conservación, me atrevo a responder de la vuestra.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes"><span class="smcap">Los precedentes</span>, excepto
-TESEO</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Aquel que, descontento de ver su vida limitada a un corto número
-de días, desea vivir más, padece, en sentir nuestro, una funesta
-obcecación, ya que muy a menudo los días sólo se multiplican para
-acrecentar el dolor en nosotros. El hombre, aun obteniendo más de lo
-que desea, no es más feliz; aun junto a la tumba es insaciable, aun en
-la hora fatal en que no hay ya himeneo, ni cantos, ni danzas; aun en la
-hora, en fin, en que la muerte se presenta.</p>
-
-<p>Hubiera sido mejor para el hombre no haber nacido<span
-class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> nunca o no venir al
-mundo sino para volver cuanto antes a la nada de que ha salido. En
-efecto, desde que la juventud llega, trayendo consigo tantas frívolas
-ligerezas, ¿cuál es el hombre que puede escapar a los males que las
-siguen? ¡Cuántas penas se unen en ellas! Las muertes, las sediciones,
-las disputas, los combates y la envidia; la vejez viene a suplantarla,
-la vejez aborrecida, sin fuerza, sin sociedad, sin amigos, en la que
-los males se amontonan sobre los males.</p>
-
-<p>Llegado a ese término, Edipo es desgraciado; no somos los únicos
-que nos quejamos. Lo mismo que una roca, en la costa del Norte, es
-durante la tempestad asediada por las olas que vienen a desplomarse
-sobre ella por doquier, los males horribles, encadenados uno a otro,
-vienen rodando sin tregua a herir al desgraciado Edipo; unas vienen
-de Poniente, otras de Levante; éstos de las regiones del Mediodía,
-aquellos de las nórdicas en que habita la noche.</p>
-
-
-<h4>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, ANTÍGONA, ISMENA, POLINICIO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>He ahí, padre mío, he ahí, se me figura, al extranjero, que avanza
-solo y sin séquito, los ojos anegados en lágrimas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Quién es?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>El que habíamos ya sospechado.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_153">p.
-153</span>Polinicio</p>
-
-<p>¿Qué debo hacer, hermanas mías? ¿Debo verter lágrimas sobre mis
-propias desgracias o sobre las de un padre que encuentro aquí con
-vosotras, cargado de años, errante por una tierra extraña, cubierto
-con esa indigna vestimenta, que, envejeciendo con él sobre su cuerpo
-marchito, no es sino un objeto de disgusto y de horror, mientras sus
-cabellos en desorden son juguete del viento, sobre su rostro privado
-de la luz? Y sin duda los alimentos con que mantiene su cuerpo
-infortunado están en armonía con cuanto veo. ¡Desgraciado de mí! He
-sabido demasiado tarde tan deplorable suerte. Soy, lo confieso, el más
-malo de los hombres, pero vengo a ofreceros los socorros que os faltan
-y que no debéis buscar en otra parte. Pensad que el respeto para los
-suplicantes está sentado sobre el mismo trono de Zeus; que lo esté
-también junto a vos, padre mío. Se pueden remediar las faltas, pero no
-se pueden anular... ¡Os calláis, padre mío! Dignaos hablarme. ¿Por qué
-me esquiváis? ¿Por qué no me respondéis? ¿Me dejaréis ir así, bajo el
-peso de vuestro desprecio, sin dirigirme ni una palabra, sin explicarme
-vuestros resentimientos? Hijas de Edipo, hermanas mías, intentad
-conmigo arrancar algunas palabras a esa boca muda y cruel, haced que no
-persevere en su silencio y que no me deje ir sin honor, a mí, que soy
-el suplicante de un dios.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Antígona</span> (<i>A Polinicio.</i>)</p>
-
-<p>Decid, infortunado, decid qué motivo os trae; pues con frecuencia
-un discurso extenso puede, excitando el interés, el resentimiento, la
-piedad misma, obligar a hablar a quienes se obstinan en callar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Me explicaré, pues vuestros consejos merecen ser seguidos.
-Llamaré por de pronto en mi ayuda al dios que<span class="pagenum"
-id="Page_154">p. 154</span> yo imploraba cuando el rey de esta comarca
-me ha hecho dejar su altar para venir aquí, dándome la seguridad de que
-podría hablar, escuchar y partir libremente. Ved lo que oso esperar
-de vosotros, extranjeros, y de vosotros, padre y hermanas mías. Lo
-que me trae aquí, padre mío, osaré decíroslo. Estoy desterrado de mi
-patria por haber querido, como primogénito, subir al trono de Tebas.
-En vez de reconocer tal derecho, Eteocles me ha echado de mi tierra
-natal, no triunfando de mí con sus razones, su valor o su fuerza,
-sino atrayendo a su partido a la ciudad entera. La furia que os venga
-fué, lo confieso, la principal causa, según luego he sabido por la
-boca misma de los adivinos; pues apenas llegué a los muros de Argos,
-de la tierra de los dorios, casando con la hija de Adrasto, he tenido
-por confederados a todos los varones principales de la comarca, cuyo
-valor los distinguía entre todos; y formando con ellos, contra Tebas,
-un ejército dividido en siete cuerpos, no tenía yo otro propósito que
-morir por tan justa causa o expulsar de mi patria a los autores de mi
-infortunio, y no obstante ¿por qué he venido? Para dirigiros, padre
-mío, las más humildes súplicas, en mi nombre y en el de mis aliados,
-que, a la cabeza de siete divisiones, de siete cuerpos, se han lanzado
-contra las murallas de Tebas. El primero es el valiente Anfiarao, que
-sobrepuja a todos sus rivales en el arte de combatir con la lanza y
-de interpretar el vuelo de las aves; el segundo es el etolio Tider,
-hijo de Eneo; el tercero es Eteocles, nacido en la ciudad de Argos; el
-cuarto es Hipomedón, a quien su padre Talao envió a dicha expedición;
-el quinto se envanece de destruir en seguida de arriba a abajo la
-ciudad de Tebas; su nombre es Capaneo; el sexto ha venido de Arcadia,
-se llama Partenopeo, y ha tomado ese nombre de su madre Atalante,
-rebelde durante mucho tiempo al yugo del himeneo; en fin, yo, que soy
-vuestro hijo, o que al menos debo el ser a un destino funesto, yo a
-quien llaman vues<span class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span>tro
-hijo, yo soy quien conduce el intrépido ejército de los argivos. Nos
-reunimos todos, padre mío, para pediros de rodillas, en nombre de
-vuestra propia vida, en nombre de vuestras dos hijas, que hagáis ceder
-vuestra inflexible cólera a los deseos que rebosan en mi corazón de
-castigar a un hermano que me ha expulsado, que me ha despojado de mi
-patria. Si en efecto se debe dar fe a los oráculos, aquel de ambos
-partidos que vos abracéis debe, según ellos, ser el vencedor. Me
-atrevo, pues, a suplicaros, por las fuentes sagradas, por los dioses
-de la patria, que calméis vuestros resentimientos y os rindáis a
-nuestros deseos. Soy, como vos, extranjero y despojado de todo. Vos y
-yo, sometidos al mismo destino, no tenemos otro asilo que el obtenido
-por nuestras súplicas; mientras mi hermano (¡infeliz de mí!) reina en
-su palacio y, entregado allí a la molicie, nos insulta a uno y otro
-con risas burlonas. Si os dignáis hacer vuestros mis sentimientos, no
-tardaría yo en confundirlo, sin grandes preparativos ni trabajos. Os
-llevaré de nuevo a vuestro palacio, os restableceré en él, lo mismo que
-a mí, luego de haberlo expulsado. Ved lo que me atrevo a prometer con
-seguridad si vuestra voluntad se une a la mía; pero, sin vos, no tendré
-siquiera fuerza suficiente para salvar mi vida.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En atención a quien os envía ese suplicante, respondedle, Edipo, lo
-que os cuadre decirle, y despedidle luego de vuestra respuesta.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Creed, ciudadanos, creed que a no ser Teseo, el soberano de este
-país, quien me lo ha enviado, exigiendo que le respondiese, nunca el
-sonido de mi voz hubiera herido sus oídos; va, pues, a oir lo que se
-merece, que, sin duda, no llenará su vida de encantos. ¿No fuiste tú,
-malvado, quien en Tebas, poseyendo el trono y el cetro que tu<span
-class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span> hermano posee ahora
-expulsaste a tu padre, le redujiste a vivir sin patria y a llevar
-estas indignas vestiduras, cuya vista te arranca hoy lágrimas, hoy que
-te ves en las mismas desgracias que yo? Pero esas desgracias no las
-lloraré, las soportaré, conservando en mi corazón mientras viva el
-recuerdo de tu parricidio. Porque tú eres quien me indujiste al estado
-miserable en que vivo, tú quien me expulsaste, tú quien me pusiste en
-el trance de errar así, mendigando por doquier mi pan cotidiano. En
-fin, si yo no hubiera dado el ser a estas dos hijas para mantenerme,
-hubiera muerto y tú hubieras sido mi asesino. Ellas, ahora, me cuidan,
-me mantienen y, por el valor que demuestran padeciendo conmigo, tienen
-harto menos de mujeres que de hombres. Vosotros, hijos ingratos, no
-sois mis hijos. Por eso el dios vengador que te persigue no te mira
-aún con los mismos ojos que te mirará cuando todo ese ejército avance
-hacia los muros de Tebas: pues no derribarás sus murallas, y antes que
-sean destruidas caerás anegado en tu sangre, y tu hermano contigo. He
-ahí las imprecaciones que yo había lanzado contra vosotros dos, y que
-en este momento llamo nuevamente en mi ayuda, para enseñaros a respetar
-a quienes os han dado la vida y a no humillar con vuestro desprecio a
-un padre privado de la luz. No es ese el ejemplo que vuestras hermanas
-os han dado; por lo cual, el palacio, el cetro, que eran vuestros,
-llegarán a ser su patrimonio, si es verdad que la justicia, fiel a las
-leyes eternas, está sentada desde el principio de los tiempos en el
-trono de Zeus. Aléjate, pues, detestable mortal, aléjate, malvado, de
-un padre que reniega de ti. Acompáñente las nuevas imprecaciones que
-contra ti invoco: que nunca puedas triunfar de tu patria por las armas
-ni trasponer de nuevo los muros de Argos, que perezcas a manos de tu
-hermano, inmolando a ese hermano por quien fuiste expulsado. Oye los
-votos que hago: Pido al Tártaro, hoy mi dios tutelar, que te reciba
-en sus tinie<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>blas
-horribles, llamo en mi socorro a las furias que aquí presiden, al
-dios Ares, que ha encendido en vuestros corazones la llama de un odio
-implacable. Ya me has oído; parte y ve a contar a los tebanos y a tus
-fieles aliados con qué presentes ha premiado Edipo a sus dos hijos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Polinicio, no hay motivo para felicitaros por el éxito de vuestro
-viaje; partid al punto, apresuraos a volver sobre vuestros pasos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>¡Viaje fatal, deplorable calamidad! ¡Desgraciados compañeros míos!
-¿Es esta esperanza con que partí de Argos? ¡Infeliz de mí! ¿Cómo
-me presentaré ante mis aliados? ¿De qué modo les hablaré? Mudo y
-confundido, tendré que permanecer hundido en mi infortunio. Hermanas
-mías, vosotras que sois sus hijas, vosotras que habéis oído las
-crueles imprecaciones de este padre, en nombre de los dioses, si han
-de cumplirse en vuestro provecho y volvéis a ver vuestra patria, no me
-rechacéis con desprecio, concededme los honores fúnebres y depositad
-mi cuerpo en una tumba. Por grandes que sean las alabanzas que os
-conquisten hoy los cuidados que prodigáis a vuestro padre, no serán
-menos lisonjeras las que obtengáis por los que a mí me dediquéis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Polinicio, rendíos a mis súplicas!</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>¿Qué queréis, cara Antígona? Hablad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Volved cuanto antes a Argos con vuestro ejército y no expondréis a
-un tiempo vuestra vida y la felicidad de la patria.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_158">p.
-158</span>Polinicio</p>
-
-<p>Lo que me pedís no es posible. ¿Cómo merecería yo mandar este
-ejército, otra vez, si mostrase hoy algún temor?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Y para qué habíais de ceder otra vez a vuestros resentimientos?
-Cuando hayáis destruido vuestra patria, ¿qué bien os vendrá de ello?</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Sería vergonzoso huir; verme objeto de las burlas de un hermano
-menor.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿No tenéis en cuenta que vuestro furor realiza las profecías de un
-padre que predice que moriréis uno a manos de otro?</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Eso quiere, en efecto; pero eso no es para nosotros una razón que
-nos mueva a ceder.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Infeliz de mí!... ¿Quién después de oir sus predicciones osará
-seguiros?</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Me guardaré bien de anunciar lo que hay en ellas de funesto. Un buen
-general debe decir lo que le favorece, no lo que le perjudica.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Es eso lo que habéis resuelto?</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>No me retengáis más, es necesario que yo siga mi camino, aunque
-mi padre y sus furias lo hayan tornado<span class="pagenum"
-id="Page_159">p. 159</span> tan temible y tan funesto para mí. Que
-Zeus, hermanas mías, os abra otro, si me concedéis, cuando muera, los
-cuidados que os he pedido, pues no podréis ya dedicármelos en vida.
-Dejadme libre: adiós. Cuando volváis a verme no gozaré ya la luz de los
-cielos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Infeliz de mí!</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Cesad de suspirar por mi suerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Quién viéndoos correr a una muerte que prevéis, hermano mío, podría
-evitar el gemir?</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Moriré si es necesario que muera.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Hermano mío, no; ceded antes bien a mis consejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>No me aconsejéis lo que no debo hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Qué desgracia para mí si he de verme privada de vos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Polinicio</p>
-
-<p>Los dioses no más lo hacen todo; ellos nos hacen nacer con buena o
-mala suerte. Yo los invoco en favor vuestro y les pido que aparten de
-vosotras todos los males. Bien merecéis veros exentas de ellos.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA V"><span class="pagenum" id="Page_160">p.
-160</span>ESCENA V</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EDIPO, ANTÍGONA, ISMENA, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Nos han llegado las nuevas calamidades, los males terribles
-anunciados por ese anciano ciego, aunque el destino no haya todavía
-hecho llegar su hora; pues la autoridad de los dioses nunca es vana.
-El tiempo, sólo el tiempo lo ve todo; realiza unas cosas hoy y otras
-mañana. ¡Pero el trueno resuena, oh Zeus!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¡Hijas mías, hijas mías! ¿Algún habitante de estos lugares querría
-traerme al virtuoso Teseo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Qué razón, padre mío, os hace desear su presencia?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>El rayo alado de Zeus me conducirá en breve a los infiernos. Enviad
-cuanto antes en busca del rey.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Escuchad con qué ruido terrible, el dios hace murmurar su rayo.
-Nuestros cabellos se encrespan de espanto, nuestro corazón se hiela,
-los relámpagos aumentan e inflaman los cielos. ¿Cuál será el fin de
-tal presagio? Lo tememos: no en vano tiene lugar; alguna calamidad le
-seguirá... ¡Oh Éter, oh Zeus!</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Hijas mías, mi término, predicho por los oráculos, ha llegado: no
-hay ya medio de evitarlo.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_161">p.
-161</span>El Coro</p>
-
-<p>¿Cómo lo sabéis? ¿En qué signo lo habéis conocido?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo sé y basta. Que se apresuren a traer al soberano de esta
-comarca.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh cielos, oid de nuevo resonar en los aires ese ruido terrible!
-¡Sednos propicio, gran dios, sednos propicio! ¡Y si es un signo funesto
-para nuestra patria, que se nos torne favorable! ¡Que la presencia de
-un anciano desgraciado no vuelva contra nosotros nuestros beneficios!
-Zeus, a ti nos dirigimos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>¿Viene Teseo? ¿Podrá, hijas mías, encontrarme con vida aún, con
-conocimiento?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Qué prenda de vuestra fe queréis dar a su corazón?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Quiero, por los beneficios recibidos de él, darle la útil recompensa
-que mi boca le ha prometido.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Venid, hijo, venid, aunque estéis en la playa, ocupado en hacer un
-nuevo sacrificio en los altares de Poseidón, acudid. Este extranjero
-quiere daros a vos y a la ciudad el justo premio de vuestros
-beneficios. Apresuraos, príncipe, apresuraos.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA VI"><span class="pagenum" id="Page_162">p.
-162</span>ESCENA VI</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, TESEO</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Teseo</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>¿Qué gritos son esos que unánimemente hacéis resonar en los aires?
-He reconocido vuestra voz, he reconocido la de este extranjero. ¿Es el
-rayo de Zeus, es la granizada lo que le excita? Se puede conjeturar
-todo entre los horrores de semejante tempestad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Príncipe, deseo vuestra presencia. Un dios, sin duda, ha conducido
-aquí vuestros pasos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué ocurre, hijo de Layo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Que ha llegado el fin de mi vida. No quiero morir sin mostrarme fiel
-a las promesas que os he hecho a vos y a esta ciudad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Y en qué fundáis las conjeturas de vuestra muerte?</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Los dioses mismos, los dioses, que no engañan nunca, son los
-heraldos que me la anuncian por los signos con que acaban de
-avisarnos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Y cómo, anciano, os lo han manifestado?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_163">p.
-163</span>Edipo</p>
-
-<p>Con los frecuentes truenos, con las flechas de fuego que lanza una
-mano invencible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Os creo; pues he visto que sabéis predecir y que vuestros labios
-ignoran la mentira. Decidme, pues, qué hay que hacer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Edipo</p>
-
-<p>Lo que voy a haceros saber, hijo de Egeo, es para esta ciudad un
-beneficio perdurable. En breve yo solo y sin guía os conduciré al lugar
-donde debo morir. Guardaos de descubrir a nadie dónde está oculto, ni
-hacia qué lado puede estar, si queréis que sea siempre para vos, contra
-los países vecinos, una defensa superior a una multitud de lanzas y
-broqueles. Quiero evitar el revelárselo a ninguno de estos ciudadanos
-y hasta a mis hijas, pese al amor que les profeso. Sed siempre el
-fiel depositario de este secreto, y cuando lleguéis al fin de vuestra
-vida, no se lo confiéis sino a quien haya de ocupar el primer rango,
-quien a su vez no se lo revelará sino a su sucesor: con lo que haréis
-de esta ciudad un escollo insuperable contra todo esfuerzo de los
-tebanos. ¡Cuántas ciudades, aun estando muy bien gobernadas, se han
-dejado cegar por el orgullo! Pero las miradas de los dioses, aunque
-tardíamente, se posan al fin sobre quien, rechazando las leyes de la
-piedad, se abandona a sus arrebatos. ¡Que el cielo os libre, hijo
-de Egeo, de exponeros a tal desgracia!; pero lo que puedo deciros a
-ese propósito, lo sabéis ya. Vamos, pues, porque la orden de Zeus me
-apremia; marchemos, sin desviarnos, hacia el lugar que me espera. Hijas
-mías, seguidme; yo os guiaré hoy como vosotras habéis guiado a vuestro
-padre. Retiraos, no me toquéis, dejadme a mí encontrar la tumba sagrada
-donde el destino quiere que yo me sepulte en el<span class="pagenum"
-id="Page_164">p. 164</span> seno de esta tierra... Venid, venid adonde
-me conducen Hermes y la diosa de los infiernos... ¡Oh luz, que perdiste
-la claridad para mí, en este instante vuestros rayos alumbran mi cuerpo
-por última vez; pues estoy en el término de mi vida y voy a hundirme
-en los infiernos! ¡Oh Teseo, el más caro de cuantos me han dado
-hospitalidad, oh tierra, oh ciudadanos, sed por siempre felices, y en
-medio de vuestra dicha recordad mi muerte!</p>
-
-<p class="centra mt05">(<i>Salen.</i> <span class="smcap">El Coro</span>
-<i>queda solo.</i>)</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Diosa invisible, y vos, Hades, soberano de la eterna noche, si nos
-es permitido dirigiros nuestras plegarias, haced, os lo rogamos, que
-ese anciano alcance una muerte apacible, sin angustias, y descanse
-dulcemente en la laguna Estigia, en la región de los muertos donde todo
-se suma! Y vos, extranjero, después de tantos tormentos sufridos sin
-merecerlos, ¡que un dios justo os mire con ojos benignos!</p>
-
-<p>Diosa subterránea, y tú, invencible guardián de los infiernos,
-monstruo horrible a quien nos representan gruñendo y acostado ante
-las puertas de Hades, hijo del Tártaro y de la Tierra, te suplicamos
-que acojas con dulzura al extranjero que va a precipitarse en la
-morada subterránea de los muertos: te invocamos a ti, cuyo sueño dura
-eternamente.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: auto; height: 6em;"
- src="images/i_164.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_165.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO QUINTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Un MENSAJERO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Ciudadanos: puedo en pocas palabras anunciaros la
-muerte de Edipo; mas para las circunstancias de este
-acaecimiento unas breves palabras no bastan.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Ha muerto el infortunado!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Ha dejado esta vida para siempre.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>El Coro</p>
-
-<p>¿De qué manera? ¿Su fin ha sido al menos dulce?
-¿Parecía obra de un dios?</p>
-
-<div class="figcenter mt1">
- <img style="width: 28em; height: auto;"
- src="images/i_167.jpg"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="rol smcap mt1">El Mensajero</p>
-
-<p>De un modo digno de admiración. En efecto, habéis visto vosotros,
-que estabais presentes, cómo ha partido de aquí sin ser guiado por
-nadie, y sirviéndonos de guía a nosotros. Apenas ha llegado al umbral
-del abismo que se arraiga a la tierra por una escalera de bronce se ha
-detenido hacia el sitio donde el camino se divide en varios ramales,
-cerca del profundo cráter donde reposan los monumentos de la eterna
-amistad que Teseo y Pirítoo se juraron en otro tiempo. Se ha sentado
-a distancia igual de la crátera, de la roca tórica, de una tumba de
-piedra y de un peral salvaje cuyo tronco está carcomido por los años.
-Se ha despojado de los repugnantes harapos que le cubrían, y llamando
-a sus hijas, les ha ordenado que le busquen un agua pura para baños y
-libaciones. Ambas han corrido a la colina de la fecunda Deméter que se
-divisa no lejos de allí y han ejecutado presurosas los deseos de su
-padre. Le han bañado y lo han cubierto con vestiduras nuevas, conforme
-a los ritos prescritos. Apenas ha gustado las dulzuras de los servicios
-que le prestaban; apenas todas sus órdenes han sido cumplidas, Zeus ha
-hecho sonar su trueno subterráneo. Las dos muchachas, estremeciéndose
-al oirlo, se han prosternado ante su padre, deshechas en lágrimas,
-golpeándose el pecho y lanzando largos gemidos. Edipo, en cuanto ha
-oído ese ruido espantoso, extendiendo ambos brazos sobre sus hijas:
-«Hijas mías —ha dicho— no tenéis ya padre; todo ha acabado para mí. No
-tendréis ya que soportar las penosas fatigas que os causaba el cuidado
-de mi subsistencia; eran crueles, lo sé; pero para endulzar los más
-rudos trabajos, os bastaba saber que nadie os amará nunca más que yo.
-<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span>Me perdéis hoy, y el
-resto de vuestra vida va, desde ahora, a deslizarse en esa privación
-amarga.» A estas palabras padre e hijas se han abrazado, llorando y
-sollozando. Al fin, calmado su llanto, y habiendo sucedido el silencio
-a sus gritos, una voz se ha hecho oir de repente, llamando a Edipo. El
-pavor ha sobrecogido a los presentes y el pelo se nos ha erizado. La
-voz del dios se ha oído diciendo: «¡Edipo, Edipo! ¿Qué nos detiene?
-Marchemos. Tardas demasiado.» Apenas ha reconocido la voz del dios
-ha invitado a Teseo a acercarse y le ha dicho: «Amigo mío, dadme la
-mano, en prenda de la fe constante que os liga a mis hijas; vosotras,
-hijas mías, dádmela también. Príncipe; prometedme no hacerlas nunca
-daño voluntariamente, sino velar por sus intereses y hacer por ellas
-cuanto podáis.» Teseo, como hombre generoso, le jura, conteniendo las
-lágrimas, cumplir sus deseos. Hecho este juramento, Edipo, colocando
-sus manos trémulas sobre sus hijas, les ha dicho: «Hijas mías, es
-preciso que, con un noble valor, os alejéis de aquí y no me pidáis
-ver ni oir lo que os está vedado. Retiraos al punto; que Teseo quede
-solo y sea testigo de lo que ha de ocurrir.» A tal orden, que hemos
-oído todos, nos hemos retirado, gimiendo y derramando lágrimas, detrás
-de sus hijas. Pero, apenas alejados un poco, hemos vuelto la cabeza;
-Edipo había desaparecido y Teseo, la mano en el rostro, se tapaba los
-ojos, como aterrorizado al aspecto de un horrible espectáculo. Luego
-le hemos visto prosternarse y adorar a la vez la Tierra y el Olimpo
-do residen los dioses. Sólo Teseo entre los mortales podría decir de
-qué guisa ha perecido Edipo; pues ni el rayo ha caído sobre él para
-reducirle a cenizas, ni la tempestad ha venido del seno de los mares
-para arrebatarlo; pero o algún dios se lo ha llevado, o la tierra
-se ha abierto por sí misma para proporcionarle un fácil paso a los
-infiernos. No ha sucumbido, en fin, atormentado por las angustias de
-una enfermedad. Hay<span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>
-menos motivo para llorarle que para admirarle entre todos los
-humanos. Si alguien juzga que he dicho cosas insensatas no trataré de
-persuadirle.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Dónde están ahora las dos hijas de Edipo y los amigos que las
-acompañaban?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Aquí se acercan. Harto las anuncian sus gemidos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">ANTÍGONA, ISMENA, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Cuán desgraciadas somos! Hoy hemos de llorar, y el resto de nuestra
-vida la sangre a quien se la debemos, la sangre lamentable de un padre
-por quien hemos constantemente padecido trabajos y por quien hasta
-nuestra muerte, nuestros ojos y nuestro corazón han de padecer todavía
-tanto.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué ha sucedido?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Lo que no podría imaginarse, amigos míos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Ha muerto?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>De la manera que vosotros más habríais deseado. ¿Qué otra cosa mejor
-puede desearse? No ha tenido que<span class="pagenum" id="Page_171">p.
-171</span> sufrir el embate de Ares ni el del mar, sino que las
-entrañas de la tierra, abriéndose a la luz, se han apoderado de él y
-han puesto fin a su vida de una manera inesperada. ¡Ahora una noche
-funesta se tiende para siempre ante nuestros ojos! ¿En qué tierra
-apartada; sobre qué olas tempestuosas habremos de errar y buscar el
-sustento para conservar una vida insoportable?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Quién sabe? ¡Que el dios de los muertos me lleve a su imperio y me
-junte a mi padre! Lo que me resta de vida no es ya nada para mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh las más generosas de todas las hijas!, hay que sufrir con valor
-los males que los dioses os envían; no os dejéis extraviar por vuestro
-dolor; vuestra suerte no es tan deplorable.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Añoro ¡ay! hasta los males que compartía con él; lo que había en
-ellos de más penoso era un placer para mí cuando le sostenía en mis
-brazos. ¡Padre mío, amigo mío, a quien las tinieblas de la tierra ahora
-envuelven, nunca vuestra vejez dejó de serme cara! ¡Que no cese yo
-nunca de amar vuestra memoria!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Ha muerto, pues?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ha muerto como deseaba.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué decís?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ha muerto en esta tierra extraña donde deseaba morir. El lecho
-fúnebre donde reposa está cubierto de eterna<span class="pagenum"
-id="Page_172">p. 172</span> obscuridad y el duelo en que nos deja nos
-hará verter lágrimas inagotables. Sí, padre mío, para siempre mis ojos
-os han de llorar; no tengo en mi dolor consuelo alguno. ¡Debíais,
-¡ay!, morir en una tierra extraña y dejarme al morir en tan triste
-abandono!</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Desgraciadas! ¡Privadas una y otra de un padre querido, a qué
-abandono, también a qué estado miserable me veo condenada con vos,
-hermana mía!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Amigas nuestras; puesto que ha acabado tan felizmente su vida, cesen
-vuestras quejas. No hay nadie que escape a la desgracia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Volvamos sobre nuestros pasos, hermana.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Qué pretendéis hacer?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Un deseo me posee.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Qué deseo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ver la morada subterránea...</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿De quién?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>De mi padre. ¡Cuán desgraciada soy!</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_173">p.
-173</span>Ismena</p>
-
-<p>¿Lo creéis permitido? ¿No veis...?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Cuál es el objeto de vuestro reproche?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿No veis? Digo...</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Qué queréis? vuelvo a preguntaros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Ha muerto sin tumba, sin testigos...</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Llevadme allí, y cuando lleguemos quitadme la vida.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Desgraciada! ¿Y cómo podría yo soportar el peso de mi vida
-condenada a la indigencia y a la soledad?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Amigas nuestras, no temáis nada.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Dónde huiré?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Habéis ambas, huyendo de vuestro país, evitado los peligros a que
-estabais expuestas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Yo pienso...</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_174">p.
-174</span>El Coro</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Cómo volveremos a nuestra patria, y no veo medio alguno.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Dejad de pensar en ello. Sería muy penoso.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Lo es hace mucho tiempo; antes por superar a nuestras esperanzas,
-ahora por superar a nuestras fuerzas.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡En qué vasto mar de inquietudes habéis caído!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Dónde, oh Zeus, dirigiremos nuestros pasos? ¿Hacia qué esperanzas
-un dios favorable me conducirá ahora?</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, TESEO</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Hijas mías, cesen vuestros llantos. No cuadra verter lágrimas en una
-ocasión en que esta comarca os demuestra su espíritu benéfico; sería un
-ultraje.</p>
-
-<p class="rol" ><span class="smcap">Antígona</span> (<i>A Teseo.</i>)</p>
-
-<p>Hijo de Egeo, nos prosternamos ante vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>¿Qué queréis de mí, hijas mías?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_175">p.
-175</span>Antígona</p>
-
-<p>Ver con nuestros propios ojos la tumba de nuestro padre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Eso os está vedado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Qué decís, soberano de Atenas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Hijas mías, él mismo me ha prohibido dejar nunca a nadie acercarse
-a tal sitio y descubrir a mortal alguno el asilo sagrado donde reposa.
-Sólo permaneciendo fiel a sus órdenes, me ha dicho, puedo poner para
-siempre esta comarca al abrigo de toda desgracia. El genio que vela
-sobre nosotros y Zeus que lo oye todo han escuchado mis juramentos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ya que tal fué su voluntad, me someto a ella. Enviadnos a Tebas, que
-podamos prevenir al menos el golpe mortal que dos hermanos intentan
-asestarse.</p>
-
-<p class="rol smcap">Teseo</p>
-
-<p>Haré lo que me pedís y todo lo que pueda seros ventajoso y halagar
-al que acaba de descender a las entrañas de la tierra. No me cansaré de
-seros útil.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Suspended, pues, el curso de vuestros gemidos, gustad algún reposo.
-Cuanto el rey os ha prometido se realizará.</p>
-
-
-<p class="telon smcap">Fin de EDIPO EN COLONA</p>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch3">
- <hr class="chap" />
- <h2 class="nobreak g1" title="ANTÍGONA"><span class="pagenum"
- id="Page_177">p. 177</span>ANTÍGONA</h2>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span></p>
- <p class="centra fs130 g2">PERSONAJES</p>
-</div>
-
-<table class="reparto" summary="Reparto de la obra.">
- <tr>
- <td class="tdl">ISMENA</td>
- <td rowspan="2" class="keyr">&nbsp;</td>
- <td rowspan="2" class="tdl">&nbsp;hijas de Edipo.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">ANTÍGONA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">CREÓN, rey de Tebas.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">EURÍDICE, esposa de Creón.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">HEMÓN, hijo de Creón.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">TIRESIAS, adivino.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">UN MENSAJERO.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">UN GUARDA.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">UN ESCLAVO.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="3" class="tdl">CORO, compuesto de ancianos de Tebas.</td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_179.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO PRIMERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes">ANTÍGONA, ISMENA</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Cara Ismena, cara hermana, conocidos os son el número y la extensión
-de los males que nos ha legado Edipo, y hasta qué punto Zeus, durante
-nuestra vida, ha querido abatirnos. Parecía, hasta ahora, que no los
-hubiera tan sensibles, tan crueles, tan afrentosos, que vos y yo no los
-hubiésemos sufrido; y ahora ¿sabéis qué edicto se dice que el Rey acaba
-de hacer publicar por toda Tebas? ¿Lo habéis oído, o ignoráis acaso
-todavía las indignidades que nuestros enemigos preparan contra los que
-nos son amados?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_180">p.
-180</span>Ismena</p>
-
-<p>¡Oh cara Antígona! Nada agradable o ingrato acerca del destino
-de nuestros amigos ha llegado a mis oídos desde que en un solo día
-nos vimos privadas de nuestros dos hermanos, muertos a la vez de
-las heridas que se habían causado, y nada nuevo he sabido, feliz
-o siniestro desde el instante en que el ejército de los argivos
-desapareció en la obscuridad de la noche última.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Lo sabía; y por eso, deseando tener, secretamente, una conversación
-con vos, os he hecho salir de palacio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Qué vais a hacerme saber? Parecéis agitada por algún gran
-designio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Qué! ¿Creón no ha concedido a uno de nuestros dos hermanos y
-negado al otro los honores fúnebres? Ha hecho, fiel a las leyes y a la
-justicia (según los tebanos publican), enterrar a Eteocles con todos
-los honores caros a los manes; mientras que ha publicado, dicen, la
-orden de no amortajar, de no llorar al desgraciado Polinicio, y de
-abandonarle, sin honores y sin sepulcro, a los áridos pájaros prestos
-a devorar su presa. Ved lo que el generoso Creón, me dicen, debe
-declararos, y también a mí, sí, a mí. Va a venir aquí a confirmar su
-edicto ante los que lo ignoran, y no es una prohibición indiferente,
-pues a quien se atreva a violarla se le condenará a morir lapidado en
-medio de la ciudad. Ved lo que preparan contra vos. Pronto demostraréis
-si sois digna o no de vuestra sangre gloriosa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Ay, infortunada! Ante tal prohibición, ¿qué debo preferir?
-¿Acatarla o infringirla?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_181">p.
-181</span>Antígona</p>
-
-<p>¿Queréis trabajar y obrar conmigo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿A qué peligro queréis lanzaros y qué meditáis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Me prestaréis vuestra mano para enterrar ese cuerpo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Pretendéis enterrar a aquel para quien toda piedad está vedada?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Quiero enterrar a mi hermano y al vuestro; sí, al vuestro.
-¿Titubearíais en reconocerlo como tal? No se me reprochará el haberle
-abandonado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Cómo, desgraciada Antígona! ¿A pesar de la prohibición de Creón?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Tiene derecho a separarme de los míos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Pensad, hermana mía, que nuestro padre, cargado de oprobios y
-de odio, murió luego de haberse arrancado los ojos con sus propias
-manos, para castigarse él mismo por sus crímenes en cuanto los
-hubo reconocido; que, al pronto, aquella reina que, por una doble
-calamidad, se halló a la vez esposa y madre, recurrió al auxilio de
-un lazo funesto para librarse de la vida; que, en fin, dos hermanos
-infortunados se han asesinado el uno al otro y han expirado de la
-misma muerte. Ahora, solas ya en nuestra casa, ved el fin deplorable
-que nos espera, si, re<span class="pagenum" id="Page_182">p.
-182</span>belándonos contra la ley, nos atrevemos a desafiar las
-órdenes y el poder del soberano. Considerad que no es dado a las
-mujeres el combatir contra los hombres; que los que mandan son más
-fuertes que nosotras y que hay que someterse a su voluntad, aunque
-fuese aun más rigurosa. Por lo que a mí toca, suplicando a los nuestros
-que me perdonen, si cedo a la violencia, será obedeciendo a los que
-poseen el poder; pues es insensato emprender más de lo que se puede
-ejecutar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No os importunaré más; y aunque queráis ahora uniros conmigo, no
-lo consentiré; tomad el partido que os cuadre. Por lo que a mí toca,
-enterraré a mi hermano; y tal deber cumplido, moriré gustosa; será
-volver a unirse con su amigo una amiga. Habré hecho una acción justa y
-piadosa, ya que el tiempo que habré de agradarle es más largo que el
-que debo agradar a los vivos; pues voy a unirme a él para la eternidad.
-En cuanto a vos, si os place, despreciad lo que los dioses honran.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Estoy lejos de tal desprecio; pero no me es dable luchar contra la
-voluntad de los ciudadanos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Valeos de ese pretexto, mientras yo voy a enterrar a ese hermano
-querido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Desgraciada hermana, me hacéis temblar!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No temáis por mí; cuidaos de vos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_183">p.
-183</span>Ismena</p>
-
-<p>Pero, al menos, no descubráis vuestro designio a nadie.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No, no, corred a denunciarlo. Más me ofenderéis callándolo que
-publicándolo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Es animarse en demasía por un cuerpo inanimado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Pero sé que soy grata a quienes me importa agradar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Sí, si lográis vuestro objeto; pero intentáis un imposible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Bien; me detendré donde se detengan mis fuerzas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Deberíais comenzar por no perseguir lo que no podéis alcanzar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Cuanto más habléis de esa guisa más excitaréis mi odio, y os
-atraeréis la justa enemistad de un hermano; dejadme con mis propósitos
-sufrir la suerte que me espera; nada habrá nunca tan ingrato que me
-impida morir con gloria.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Id, ya que lo queréis; es locura, pero nuestros queridos muertos
-agradecerán vuestro amor.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA II"><span class="pagenum" id="Page_184">p.
-184</span>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>Entrando en
-escena.</i>)</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Puro y radiante sol, ojo luminoso del día, al fin resurges rutilante
-de una luz más fúlgida que nunca ante la mirada de Tebas, la de las
-siete puertas; ya se reflejan tus rayos en las ondas de Dirceo y haces
-huir en tumulto y miedosamente al argivo con un broquel deslumbrador;
-al ejército que, con formidable aparato, había venido a sitiarnos.</p>
-
-<p>Lleno de ardor a causa de las pretensiones inciertas de Polinicio,
-marchaba, lanzando agudos gritos, al modo del águila que, en pos de su
-presa, descendiendo, desplega sus alas blancas como la nieve.</p>
-
-<p>Una multitud innumerable de armas y de cascos empenachados le
-seguía.</p>
-
-<p>Se ha detenido ante nuestros muros; ya sus lanzas, ávidas de
-matanza, los rodeaban; parecía a punto de derrocar sus siete puertas,
-y ha desaparecido antes que sus entrañas se hayan saciado de nuestra
-sangre y que los torbellinos de fuego hayan envuelto nuestras torres.
-De tal modo, Ares, favorable a la serpiente que él atacaba, ha resonado
-en sus oídos.</p>
-
-<p>La orgullosa presunción horroriza a Zeus. Este dios ve a los argivos
-corriendo hacia nosotros en grandes oleadas, animados por el ruido de
-sus armas de oro, y lanza sobre uno de ellos el rayo encendido en el
-instante en que se jactaba de entonar sobre nuestros muros el himno de
-la victoria.</p>
-
-<p>El guerrero, la antorcha en la mano, cae bajo el golpe que le
-ha herido; él que, en aquel momento, a im<span class="pagenum"
-id="Page_185">p. 185</span>pulsos de una osadía loca, parecía en su
-soplo ardiente igualar el soplo de los vientos conjurados. Todo ha
-cambiado al punto de aspecto y el poderoso Marte, combatiendo a nuestro
-lado, ha hecho caer sobre nuestros enemigos los males que ellos nos
-preparaban.</p>
-
-<p>Los siete jefes que se dirigían a nuestras siete puertas, contra
-otros tantos jefes tebanos, nos han abandonado sus armas brillantes,
-con las que alzaremos un trofeo a Zeus triunfador. Sólo ha continuado
-la liza entre esos dos infortunados que, con la misma sangre en las
-venas han enristrado uno contra otro sus lanzas victoriosas y han
-tenido el mismo destino.</p>
-
-<p>Pero la victoria, que inmortaliza los nombres, ha venido a Tebas y
-ha hecho suceder la alegría a los dolores. Dejad al fin, ¡oh tebanos!,
-de pensar en los combates y vamos, en coros durante la noche entera,
-a rodear los altares de los dioses. Que Dionisos, animando a todos,
-presida nuestra fiesta.</p>
-
-<p>Pero he aquí a Creón, el hijo de Meneceo, el nuevo soberano que
-acaba de darnos el favor de los dioses; avanza y medita, sin duda,
-algún designio, puesto que una orden general de su parte nos ha reunido
-aquí a todos para constituir este consejo de ancianos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Ancianos; los dioses han salvado, al fin, del naufragio a esta
-ciudad, a quien una furiosa tempestad combatía; sólo a vosotros entre
-todos los ciudadanos, he querido reunir aquí. Sé el respeto que os ha
-inspirado siempre el cetro de Layo; sé, además, hasta qué punto,<span
-class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> mientras Edipo ha reinado
-y aun después de su muerte, habéis permanecido fieles a sus hijos.
-Pero desde el momento en que, en el mismo día, y vencedores y vencidos
-por un doble destino, se han degollado el uno al otro con sus manos
-sanguinarias, el poder y el trono me pertenecen en virtud de los
-derechos de la sangre.</p>
-
-<p>No hay nadie de quien pueda conocerse bien el alma, el genio, el
-carácter, si aún no se ha visto ponerse a prueba en la práctica del
-poder y de las leyes. En cuanto a mí, considero y he considerado
-siempre un mal hombre a quien, encargado del gobierno de un Estado,
-lejos de atenerse, naturalmente, a los mejores principios, permite al
-temor que ate su lengua; y no puedo por menos de despreciar a quien
-antepone al de la patria el interés de sus amigos. Zeus, que todo lo
-ve, es testigo de que no celaría yo nunca los males que viniesen a
-amenazar la tranquilidad de mis conciudadanos y nunca el enemigo del
-Estado podrá ser mi amigo, convencido de que de la salud de la patria
-dimana la nuestra y de que no se echan de menos amigos cuando la nave
-del Estado navega sin riesgo. He aquí en virtud de qué principios
-quiero aumentar la prosperidad de este imperio, y de ahí las órdenes
-que acabo de publicar respecto a los dos hijos de Edipo. Quiero que
-Eteocles, que se distinguió por su valor y combatió y murió por su
-patria, repose en una tumba y reciba los honores que se rinden a
-los manes de los grandes hombres; mas por lo que toca a su hermano
-Polinicio, que, expulsado de su patria, sólo tornó con el deseo de
-entregar a las llamas sus muros y sus coliseos, de saciarse de nuestra
-sangre y de reducirnos a la esclavitud, he hecho publicar por toda
-la ciudad la prohibición de enterrarle y de llorarle. Que su cuerpo
-insepulto sirva de presa a la avidez de los perros y de los buitres;
-he aquí mis deseos y mis órdenes. Nunca el crimen obtendrá de mí
-los honores debidos sólo a la virtud; pero a quien haya mos<span
-class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span>trado celo por mi patria le
-honraré fielmente durante su vida y luego de su muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh hijo de Meneceo, loada sea la suerte que reserváis al amigo y al
-enemigo del Estado! En vuestras manos está la disposición de las leyes,
-a las cuales todos, muertos o vivos, nos hallamos sometidos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Velad, pues, por la ejecución de lo que acabo de publicar.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Dignaos imponer ese deber a otros más jóvenes.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Los que han de guardar el cuerpo de Polinicio están ya en su
-puesto.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué cuidado, os queda, pues, que encomendarnos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>El de manteneros inflexibles con quienes desobedezcan mis leyes.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No hay nadie tan insensato que se busque la muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Ese sería, en efecto, el precio de la desobediencia. Pero muchas
-veces la esperanza de lucro ha llevado a la muerte a los hombres.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA IV"><span class="pagenum" id="Page_188">p.
-188</span>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, un GUARDA, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Señor; no os diré que he venido volando hacia aquí; pues, a impulsos
-de los distintos pensamientos que me han afligido en el camino,
-he vuelto muchas veces sobre mis pasos. Ya me decía el corazón:
-«¡Desgraciado!, ¿por qué correr al castigo que te espera?» Ya:
-«¡Infortunado!, ¿qué te detiene? Si se entera Creón de lo ocurrido por
-otro que tú, ¿a qué suplicio estás destinado?» Tan distintos impulsos
-no me permitían avanzar sino con lentitud. No hay camino tan corto que
-no lo prolonguen semejantes incertidumbres. En fin, me he decidido y he
-venido. Voy a hablar, aunque no pueda explicaros nada, pues al cabo,
-vengo confiado en que no he de sufrir sino lo que ha sido ordenado por
-el destino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿De qué procede la turbación en que te veo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Hablaré de lo que me atañe, porque yo no he cometido el crimen e
-ignoro el autor. Sería una injusticia castigarme a mí.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>En verdad, te tomas cuidados y andas con precauciones que me indican
-debes de tener alguna noticia que darme.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Con enojosas noticias es difícil apresurarse.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_189">p.
-189</span>Creón</p>
-
-<p>Acaba de explicarte y, concluído tu mensaje, déjame.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Obedezco: Acaban de inhumar el cuerpo; lo han cubierto de tierra;
-han cumplido los ritos acostumbrados y han desaparecido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿Quién ha tenido tal audacia?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>No sé por qué la tierra en aquel sitio no parecía removida ni
-excavada. Estaba intacta y sólida y se diría que no había sido ni aun
-surcada por las ruedas de un carro; nada podía, en suma, servir de
-indicio contra el autor del crimen. Cuando aquel de nosotros que hacía
-la guardia al despuntar la aurora nos lo ha dicho, este acontecimiento
-se nos ha antojado un prodigio inconcebible. El cuerpo había
-desaparecido; no estaba amortajado; sólo estaba cubierto de un poco de
-tierra, como para impedir el crimen de impiedad. Ningún vestigio de
-perro hambriento o de animal feroz que hubiera acudido a devorarle se
-veía en derredor. Al pronto las palabras injuriosas se cruzan entre
-nosotros; un guarda acusa a otro; estábamos a pique de venir a las
-manos; nadie había allí que lo impidiese; cada uno era culpable y
-ninguno parecía serlo, no convicto por faltar pruebas. Estábamos todos
-dispuestos a tomar el hierro rojo entre las manos, a andar sobre el
-fuego y a jurar por los dioses que no éramos culpables del crimen y
-que ni siquiera teníamos el menor conocimiento del proyecto ni de la
-ejecución. En fin, cuando no nos quedaba ya esperanza de descubrir
-nada, uno de nosotros propuso algo, que, helándonos de miedo, nos hizo
-a todos bajar los<span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span>
-ojos; pues no podíamos oponer nada a ello ni sabíamos cómo ejecutarlo
-sin peligro. Era no ocultar nada y descubriros todo lo sucedido. Sin
-embargo, la proposición prevaleció y a mí, ¡desgraciado! me eligió la
-suerte para desempeñar tan hermosa comisión. Por eso me encuentro aquí,
-mal de mi grado, y también, sin duda, mal del vuestro; pues no es un
-medio de agradar el llevar noticias enojosas.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Señor; nuestro espíritu dubitante piensa si ese acontecimiento no
-será obra de los dioses.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Cesen esos discursos que excitarían mi cólera y no harían sino
-mostrar en demasía vuestra vejez y vuestra sinrazón. ¿Quién podría
-soportar el oíros decir que los dioses se han dignado cuidarse de ese
-asunto? ¿Acaso, apresurándose a honrarle como a un bienhechor de la
-patria, han inhumado por sí mismos al impío que venía a quemar sus
-templos y sus estatuas, a destruir su país y sus leyes? ¿Habéis visto
-nunca que los dioses honren a los malos? No, no; pero he aquí lo que
-me preparaban los descontentos, que, sacudiendo la cabeza en secreto,
-murmuran hace mucho tiempo contra mí, y que, humillando con pesar la
-frente bajo el yugo, sólo tienen para mí odio. Son ellos, bien lo
-sé, quienes, con la esperanza de las recompensas, han seducido a los
-autores del crimen; pues entre todos los inventos humanos, ninguno
-tan funesto como el dinero. El dinero trastorna las ciudades y las
-despuebla; desnaturaliza los corazones virtuosos y los arrastra a las
-acciones indignas; él ha enseñado a los hombres todas las perfidias
-y todas las iniquidades. Pero los que, ganados por el vil metal,
-hayan cometido el delito, han trabajado por su suplicio, que vendrá
-con el<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> tiempo. Sí,
-si es verdad que honro, que respeto todavía a Zeus, estad seguros,
-os lo juro, de que si no me descubrís, si no ponéis ante mis ojos al
-culpable, una simple muerte no será bastante para vuestro castigo. Será
-menester, que, suspendidos vivos en el aire, me hagáis reparación de
-semejante ofensa, para que de hoy en adelante conozcáis mejor hasta
-dónde debe llegar vuestro medro, cuál debe ser su límite, y aprendáis,
-en suma, que no hay que permitírselo todo a vuestra codicia.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>¿Puedo hablar más, o vuelvo sobre mis pasos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿No te has percatado de lo que me ofenden tus discursos?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>¿Hieren vuestro oído o vuestro corazón?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿Preguntas cuál es el asiento de mi enojo?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>El culpable ha herido vuestro corazón; yo no he hecho más que
-ofender vuestro oído.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Eres un importuno charlatán.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Pero soy inocente del crimen.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Serás capaz de exponer tu vida por el dinero.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>La sospecha es una gran desgracia, cuando carece de fundamentos.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_192">p.
-192</span>Creón</p>
-
-<p>Suéltanos ahora máximas. Pero si no me traéis al culpable, veréis
-cómo las ganancias ilícitas son origen de tormentos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>¡Ojalá sea descubierto! (<i>Aparte.</i>) Pero séalo o no (que eso la
-fortuna lo decidirá), no creo que volváis a verme por aquí. Contra toda
-esperanza, y pese a mis temores, heme a salvo; debo darles gracias a
-los dioses.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>El universo está lleno de prodigios; pero no hay nada más prodigioso
-que el hombre. Él, dando alas a la nave, vuela, merced a los vientos
-impetuosos, por cima de las olas mugientes, y franquea el mar que
-hierve en espumas a su paso; él se vale de los caballos para desgarrar
-todos los años con el arado el seno de la tierra, de esa divinidad
-suprema, incorruptible e incansable.</p>
-
-<p>El hombre, fecundo en recursos, aprisiona igualmente en los pliegues
-de sus redes a la raza imprudente de los pájaros y a los animales
-feroces y a los habitantes del mar. Doma con su industria a los más
-fieros pobladores de los bosques y somete al yugo al corcel de crecida
-crin y al toro de las montañas que parecía indomable.</p>
-
-<p>Ha aprendido el arte de la palabra y el conocimiento de los vientos
-y el poder de las leyes sobre las ciudades; ha sabido resguardar
-su morada de las inclemencias del frío y de la humedad. Lo ha
-sondeado todo con su experiencia y encuentra recursos para todos los
-acaecimientos de la vida; conoce el arte de librarse de las dolencias
-más crueles; la muerte es el único mal de que no puede preservarse.</p>
-
-<p>Los recursos de su industria no responden siempre a sus esperanzas;
-pues si por éstas llega al bien, también es conducido al mal. Sólo
-es honrado en su patria aquel<span class="pagenum" id="Page_193">p.
-193</span> que sabe respetar las leyes de su país y la justicia de
-los dioses. El que lleva su audacia hasta desafiarles deja de ser
-ciudadano. No tenga yo hogar ni pensamiento comunes con él. Pero...
-¿qué prodigio me confunde? ¿Cómo podré negarles crédito a mis ojos y no
-reconocer a Antígona? ¡Desgraciada hija de un padre infortunado!, ¿sois
-vos quien ha desacatado las órdenes del rey; quien ha sido sorprendida
-en la comisión de esa imprudencia; quien es conducida hacia aquí?</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: 6em; height: auto;"
- src="images/i_193.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_195.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO SEGUNDO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">ANTÍGONA, El GUARDA, el Coro</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El guarda</span> (<i>Llevando a
-Antígona.</i>)</p>
-
-<p>¡Sí, vedla, la que ha cometido el crimen! Inhumaba a Polinicio; la
-hemos detenido. Pero, ¿dónde se encuentra Creón?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Vedle que sale, a punto, de su palacio.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA II"><span class="pagenum" id="Page_196">p.
-196</span>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué es eso? ¿Qué feliz suceso venís a anunciarme?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Señor; no hay nada que los hombres deban afirmar con juramentos.
-A menudo el primer pensamiento es desmentido por el que le sigue.
-Asustado con vuestras amenazas, había yo hecho propósito de no parecer
-por aquí más; pero, ¿hay felicidad comparable a la que sale a nuestro
-paso contra toda esperanza? Pese a mis juramentos, torno y os traigo
-a esta joven princesa, a quien he sorprendido rindiendo al muerto
-los honores de la sepultura. No se necesita, por esta vez, consultar
-la suerte, soy yo el favorecido. Yo sólo la traigo; nadie más tiene
-esa gloria. Ahora, señor, tratadla como lo creáis oportuno; juzgad,
-interrogadla; en cuanto a mí, libre y exento de todo deber, es justo
-que no me vea bajo el peso de vuestras sospechas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿De qué manera, en qué lugar te has apoderado de ella para
-traérmela?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Inhumaba el cuerpo; ya lo sabéis todo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Pero, ¿te has fijado en lo que dices? ¿No te engañas?</p>
-
-<div class="figcenter mt1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span></p>
- <img style="width: 28em; height: auto;"
- src="images/i_197.jpg"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="rol smcap mt1"><span class="pagenum" id="Page_199">p.
-199</span>El guarda</p>
-
-<p>La he visto en la tarea de inhumar a ese príncipe cuya sepultura
-habéis prohibido. ¿Hay aún algo no claro o equívoco en lo que digo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Y cómo ha sido vista? ¿Cómo ha sido detenida?</p>
-
-<p class="rol smcap">El guarda</p>
-
-<p>Ved en qué forma ha sucedido todo. Apenas habíamos tornado a nuestro
-puesto, cuando, intimidados por vuestras severas amenazas, apartamos
-con cuidado la tierra que cubría el cuerpo de Polinicio; dejamos
-al aire el cuerpo ensangrentado y medio corrompido; fuimos luego a
-sentarnos cabe una de las eminencias vecinas, al abrigo del viento,
-para evitar la infección que exhalaba. Nos excitamos unos a otros con
-las palabras más punzantes a cumplir con nuestro deber, sin escatimar
-esfuerzo alguno. Hemos permanecido en tal forma hasta el momento en que
-el disco brillante del sol, elevándose entre los aires, los incendiaba
-con su fuego. De súbito, un azote celeste, un ciclón impetuoso, alzando
-de la tierra torbellinos de polvo, ha invadido, cegador, el campo;
-hemos resistido todo el ímpetu de la tempestad. Apenas se ha aplacado,
-esta joven princesa se ha presentado a nuestra vista; lanzaba gritos
-agudos, semejantes a los del ave que ve su nido despojado de los
-polluelos que había criado en él. Sí, de tal manera ante el cadáver
-descubierto, hacía resonar el aire con sus quejas y sus imprecaciones
-contra los autores de tal ultraje; y, de pronto, cubriendo al muerto de
-tierra seca, le rocía por tres veces con libaciones derramadas del seno
-brillante de un vaso de bronce. Al punto volamos hacia ella, y todos a
-la vez nos apresuramos a cogerla; no ha dado muestra alguna de espanto;
-interrogada por nosotros sobre el hecho actual y sobre el precedente,
-ha<span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> confesado ambos, y
-tal confesión me es a un tiempo grata y dolorosa. Pues si nada es tan
-dulce como librarse de los males que a uno le amenazan, es aflictivo el
-exponer a ellos a quienes se ama. Pero nada debe serme más caro que mi
-propia conservación.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>A Antígona.</i>)</p>
-
-<p>¡Qué! Vos, que no levantáis los ojos del suelo, ¿no negáis el delito
-de que se os acusa?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Al contrario; lo confieso y estoy lejos de negarlo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al guarda.</i>)</p>
-
-<p>Vaya; endereza tus pasos adonde te plazca; no tienes nada que temer.
-Y vos habladme sin rodeos. ¿Conocíais la prohibición que yo había
-hecho?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>La conocía. ¿Podía ignorarla? Era pública.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Y cómo habéis osado desafiar esa ley?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Porque ni Zeus ni la justicia, conciudadana de los dioses
-infernales, ninguno de los dioses que han dado leyes a los hombres, la
-habrían promulgado y yo no pensaba que vuestros mandatos debiesen tener
-tanta fuerza, que hiciesen prevalecer la voluntad de un hombre sobre
-la de los inmortales, sobre esas leyes que no están escritas y que no
-podrían ser borradas. No son de hoy ni de ayer esas leyes; son de todos
-los tiempos, y a nadie le es dable decir cuándo nacieron. ¿No debía yo,
-pues, sin temor a mortal alguno, someterme a las órdenes de los dioses?
-Sabía que había de morir. ¿Hu<span class="pagenum" id="Page_201">p.
-201</span>biera podido ignorarlo, aunque vos no hubieras dictado el
-mandato? Si mi muerte es prematura, no es sino un gran bien a mis ojos.
-¿Y quién podría, en el abismo de males en que estoy, no mirar la muerte
-como una felicidad? Así, pues, suerte tal no puede ser a mis ojos una
-pena; más lo hubiera sido para mí, y harto dura, si yo hubiera dejado
-insepulto a un hermano concebido en el mismo seno que me llevó a mí.
-Eso es lo que me hubiera desesperado; lo demás no me aflige. Si después
-de esto tacháis mi conducta de locura, tal acusación bien podrá ser la
-acusación de un insensato.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En ese carácter inflexible se reconoce la sangre del inflexible
-Edipo; no ha aprendido a ceder ante la desgracia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Creón</span> (<i>Al Coro.</i>)</p>
-
-<p>Sabed que esas almas tan altivas son fácilmente abatidas. Ved el
-hierro, a pesar de su gran dureza, cómo se quebranta y se ablanda
-en el fuego. ¿El menor freno no basta para domar a los más fogosos
-corceles? Tanto orgullo mal cuadra a quien es esclavo de sus deudos.
-No es bastante el haber violado mis leyes: osa desafiarme y añade un
-segundo ultraje al primero, gloriándose de lo que ha hecho. En verdad
-sería preciso que yo cesase de ser hombre y que ella lo llegase a ser
-para que yo la permitiese gozar impunemente así del poder que usurpa...
-Sí, aunque sea sobrina mía; aunque fuera más parienta aún, ella y su
-hermana no se librarían de la suerte más terrible; pues su hermana, sin
-duda, es igualmente culpable del atentado. Que la hagan venir. La he
-visto hace un momento fuera de sí y sin poder ya dominarse. Un corazón
-que rumia un crimen en la sombra del misterio llega a ser fácilmente su
-propio delator. ¡Cuánto aborrezco a quienes, sorprendidos en medio del
-crimen, quieren vestirlo de bellos colores!</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_202">p.
-202</span>Antígona</p>
-
-<p>¿Deseáis algo más que mi muerte?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No, nada; en cuanto haya visto vuestra muerte, estaré satisfecho.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Qué esperáis? ¿De qué os sirven discursos inútiles que no pueden
-más que indignarme lo mismo que los míos no pueden más que disgustaros?
-¿Qué gloria más halagadora me es dable esperar que haber inhumado a mi
-hermano? ¿De qué elogios no me harían objeto los que nos escuchan, si
-el temor no atase su lengua? Pero una gran ventaja de la tiranía es el
-poder impunemente decir y hacer lo que le place.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Pensáis ser vos sola más clarividente que todos los tebanos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Ven como yo; pero enmudecen ante vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿No os avergonzáis de conduciros de otro modo que ellos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No hay por qué avergonzarse de honrar a quienes llevan en sus venas
-la misma sangre que nosotros.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué? El que ha muerto por su patria, ¿no era también vuestro
-hermano?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_203">p.
-203</span>Antígona</p>
-
-<p>Lo era; y de padre y madre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Y qué honores impíos le rendís, entonces?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No espero tal testimonio de sus manes.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Le honráis al igual que un impío.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Polinicio era hermano y no esclavo de Eteocles.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Venía a asolar su patria; el otro combatía defendiéndola.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Qué importa! Plutón nos prescribe esta ley.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Cuál? ¿La de tratar igualmente el crimen y la virtud?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Y quién sabe si vuestras distinciones son admitidas entre los
-muertos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Los enemigos, después de la muerte, no se hacen amigos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Yo me asocio para amar, y no para aborrecer.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_204">p.
-204</span>Creón</p>
-
-<p>¡Bueno, id a los infiernos a amar a quien gustéis! En cuanto a mí,
-mientras respire, no me dominará una mujer.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ved a la tierna Ismena alarmada por su hermana, deshecha en lágrimas
-ante la puerta del palacio; una nube de dolores extendida sobre sus
-ojos altera su rostro enrojecido; las lágrimas resbalan por sus
-mejillas delicadas.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, ISMENA</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Venid vos, que, rastrera al modo de víbora, perseguís, en secreto,
-hartaros de mi sangre. Yo no sabía que alimentaba en mi casa a dos
-enemigas, a dos azotes de mi imperio; venid, y decidme: ¿Habéis tenido
-parte también en la sepultura de Polinicio o juráis que ignorabais tal
-acción?</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Tal acción! Yo la he hecho; y si mi hermana no me veda decirlo, lo
-mismo que en el crimen, debo tener parte en la pena.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>La justicia os lo prohibe; no habéis consentido y he obrado sin
-vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Pero cuando os veo desgraciada, no titubeo ya en asociarme a
-vuestros males.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_205">p.
-205</span>Antígona</p>
-
-<p>El infierno y los que lo habitan saben a quién la acción le
-corresponde. No sé amar a aquellos en quienes la amistad sólo está en
-las palabras.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>No me privéis del honor de morir con vos y de haber cumplido los
-últimos deberes para con mi hermano.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Guardaos de morir conmigo y de atribuiros un honor en que no habéis
-tenido parte. Mi muerte sola debe bastar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Separada de vos, ¿cómo podré amar la vida?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Preguntádselo a Creón, de quien sois tan devota.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Por qué afligirme con esa burla amarga? ¿De qué os servirá?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>No sin dolor me la he permitido contra vos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Qué otro medio me será ahora dado de serviros?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Conservad vuestra vida; no os envidio esa ventaja.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡Qué desgraciada soy! ¿No me será posible participar de vuestro
-destino?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_206">p.
-206</span>Antígona</p>
-
-<p>Habéis preferido vivir, y yo morir.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>No será porque mis palabras no os lo hayan anunciado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Alabáis la sapiencia de vuestras palabras y yo de las mías.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¡El crimen fué igual entre nosotras!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Calmaos y vivid. Mi alma murió hace mucho tiempo, y sólo ya puede
-ser útil a los muertos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No temo decirlo: ambas hermanas son insensatas. Una lo fué siempre,
-la otra se acaba de volver.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>En los males extremos, señor, no hay espíritu que permanezca en su
-estado habitual y que no salga de él con violencia.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Es lo que os ha ocurrido a vos; que habéis optado por sufrir, con
-una mujer indigna, un demasiado digno trato.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Sola y lejos de ella, ¿qué será para mí la vida?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Cesad de hablar de ella. Miradla como si no existiese.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_207">p.
-207</span>Ismena</p>
-
-<p>¡Harán morir a la que el himeneo debía unir a vuestro hijo!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Puede encontrar en otra parte otros lazos que anudar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>Pero no tan adecuados.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No quiero que malas mujeres se unan a mis hijos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Oh carísimo Hemón, con qué desprecio te sacrifica un padre!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Basta ya de vos y de vuestro himeneo; es demasiado importunarme.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Podríais privar a vuestro hijo de aquella a quien ama?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>El infierno pondrá fin a tales amores.</p>
-
-<p class="rol smcap">Ismena</p>
-
-<p>¿Su muerte parece, pues, resuelta?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Vos lo habéis dicho, y yo lo he mandado; no más dilaciones.
-¡Guardas!, que se las lleven al palacio y que de ahora en adelante,
-estas dos mujeres dejen de ser libres; los más bravos han recurrido a
-la fuga al ver la muerte aproximarse.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA IV"><span class="pagenum" id="Page_208">p.
-208</span>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Dichosos aquellos, cuya vida pasa sin que experimenten infortunio!
-Pues tan pronto como la mano de los dioses se deja caer sobre una casa
-las malandanzas se suceden y vienen en tropel a abatirle, al modo de
-las olas marinas que, ennegrecidas por la tempestad y empujadas por los
-vientos impetuosos de la Tracia, se alzan del fondo de sus abismos,
-ruedan hacia la costa y mugen en las lejanas orillas donde van a
-estrellarse.</p>
-
-<p>De tal manera en la casa expirante de los Labdácidas, vemos sobre
-antiguas desgracias acumularse desgracias nuevas. Una generación sucede
-a otra, sucediéndose sus males. Un dios la hiere sin darle tregua. Aún
-brillaba alguna claridad sobre la última raíz del trono de Edipo; y he
-aquí que la ceniza de los muertos, el extravío del espíritu y la furia
-que turba la razón han eclipsado dicha luz.</p>
-
-<p>¡Qué hombre en su orgullo, oh Zeus, podría lisonjearse de poner
-coto a tu poder, a tu poder a quien el sueño, al que todo cede, y el
-infatigable correr del tiempo no sobrepujarán jamás! No accesible a
-las huellas de la vejez, habitas con tu omnipotencia en el seno de
-la claridad resplandeciente del Olimpo; el presente, el pasado, el
-porvenir están sometidos a tu voluntad. Suerte semejante no existe
-para el hombre. No hay mortal cuyos días estén enteramente libres de
-dolores.</p>
-
-<p>La esperanza activa y ligera viene con frecuencia a consolar a los
-hombres; con frecuencia también los entretiene con vanos deseos que los
-engañan: en el seno<span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>
-de la ignorancia donde viven se desliza en sus corazones cuando ya sus
-pies van a tocar los carbones ardientes. Porque es una máxima conocida
-entre los sabios, que cuando un dios nos conduce a la desgracia, el mal
-toma a nuestros ojos los colores del bien. La vida tiene pocos momentos
-libres de dolor.</p>
-
-<p>Pero ved a Hemón, el menor de vuestros hijos. Desesperado al ver su
-amor frustrado, viene sin duda a deplorar la suerte de Antígona, que
-debía ser su esposa.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Eso lo sabremos pronto, mejor que los mismos adivinos.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: 6em; height: auto;"
- src="images/i_209.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_211.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO TERCERO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, HEMÓN, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Hijo mío, al tanto de la suerte de la esposa que os estaba
-destinada, ¿venís a hacer estallar vuestras iras contra vuestro padre
-o, cualquiera que sea el partido que yo haya tomado, soy siempre
-vuestro amigo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Padre mío, os soy afecto. Vos, obrando conforme a principios
-sabios, me serviréis de modelo. No hay himeneo para mí preferible a la
-felicidad de verme guiado por vuestra sabiduría.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_212">p.
-212</span>Creón</p>
-
-<p>Sí, hijo mío; preferir a todo la voluntad de vuestro padre: he aquí
-el principio y la regla que debéis llevar siempre en vuestro corazón.
-Un padre no desea poseer en su casa hijos sumisos sino para verles,
-compartiendo su amistad para sus amigos, hacerles a sus enemigos
-cuantos males merezcan. Porque, quien no ha dado el ser sino a hijos
-indiferentes a sus intereses no ha engendrado sino tormentos para él
-y motivos de alegría para sus enemigos. No vayáis, pues, hijo mío,
-arrebatado por el amor de una mujer, a abjurar de tales sentimientos;
-considerad cuán fríos son los abrazos de una esposa indigna que
-comparte vuestro lecho. ¿Y qué llaga más honda que las caricias de un
-amigo pérfido? Rechazad a esa mujer como a una culpable enemiga, y
-dejadla buscar en los infiernos otro himeneo; pues ya que, sólo ella
-en la ciudad, ha osado desobedecer mis leyes, me mostraré fiel a esas
-leyes haciéndola morir. En vano invocaría en nombre de Zeus la sangre
-que me une con ella. Si los que la naturaleza me da por parientes son
-indignos, iré a buscar otros en las familias extrañas. Pues quien es
-hombre de bien en su casa se muestra igualmente buen ciudadano en el
-Estado. No puedo menos de mirar con indignación a quien pretende violar
-las leyes o imponerse a los que gobiernan. En las grandes cosas, como
-en las pequeñas, en las justas como en las injustas, hay que obedecer
-a quien el Estado ha elegido para mandar. Mandará bien quien ha sabido
-obedecer, y un día de batalla se podrá contar con su bravura y su
-fidelidad. La anarquía es el mayor de los males; pierde a las familias,
-destruye los Estados, lleva a los ejércitos a la derrota; la obediencia
-es la salvación de los que siguen sus reglas. Sostengamos, pues, con
-firmeza los principios del buen gobierno y no permitamos que una mujer
-nos subyugue. Más vale, si es preciso, ceder al poder de un hombre que
-dejarse vencer por una mujer.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_213">p.
-213</span>El Coro</p>
-
-<p>Si la edad no obscurece nuestra razón, parécenos que habláis
-prudentemente en eso que decís.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Padre mío, los dioses dan a los hombres la prudencia, que es el
-más precioso de todos los tesoros. Yo no podría, no sabría siquiera
-adelantar que haya nada reprensible en vuestras palabras, pero creo
-que también algún otro puede hablar razonablemente; así, pues, habéis
-de saber que mi naturaleza me inclina a observar lo que cada uno,
-a propósito de vos, puede decir, hacer o vituperar; pues vuestro
-aspecto, temible a los ojos de vuestro pueblo, ahoga palabras que no
-escucharíais con gusto. Yo, en la obscuridad, puedo oir cuanto se
-murmura, cuanto Tebas lamenta la suerte de esta joven princesa que,
-considerada culpable por la más gloriosa de las acciones, va a perecer
-de una muerte indigna. ¡Qué! ¿La que no ha podido sufrir que el cuerpo
-ensangrentado de un hermano siguiera siendo presa de las aves y de los
-perros voraces, no merece los honores más distinguidos? Tales son los
-discursos que la voz pública propaga en secreto. En cuanto a mí, padre
-mío, nada es a mis ojos preferible a la prosperidad de vuestro reino.
-¡Qué ornamento, en efecto, más halagador para un hijo que la gloria de
-un padre, y para un padre que la gloria de un hijo! No os obstinéis,
-pues, en creer que sólo vuestros discursos y no los de los demás son
-conformes a la razón; pues si hay hombres que piensan poseer ellos
-solos la sabiduría, la elocuencia, el valor, al analizarlos, el vacío
-de su alma se deja advertir. Para todo hombre sabio no es una vergüenza
-instruirse y ceder a la instrucción. Ved cuántos árboles, para salvar
-sus ramas, ceden a los torrentes agrandados por las tempestades; los
-que resisten son desarraigados. El piloto que dejando su vela tendida
-quiere hacer cara al viento, ve pronto su<span class="pagenum"
-id="Page_214">p. 214</span> batel volcado tornarse juguete de las
-aguas. Calmad, pues, vuestra cólera y dejaos rendir, si, pese a mis
-pocos años, alguna prudencia ha penetrado en mi corazón (dichoso el que
-puede poseer todas las luces de la razón), si tengo algún saber (pues
-es frecuente a mi edad carecer de él); pensad que es bueno dejarse
-ilustrar por consejos razonables.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Señor, si sus razones son buenas, os conviene ceder a ellas; vos,
-príncipe, ceded a las del rey si son mejores. Porque habéis uno y otro
-hablado bien sabiamente.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Cómo! ¿A la edad que tengo recibiré de un hombre de sus años
-lecciones de prudencia?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>¿Qué importa mi juventud? No veáis mi edad; ved mis consejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Qué consejos, honrar a los que desobedecen las leyes!</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Yo no os invitaría a honrar a los malos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Antígona no merece ese nombre?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>No es eso al menos lo que dicen todos los tebanos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Los tebanos me dictarán las órdenes que debo dar?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_215">p.
-215</span>Hemón</p>
-
-<p>Considerad que habláis como un rey recientemente elevado al
-trono.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué otro que yo debe mandar aquí?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Pero el Estado no se ha hecho para un solo hombre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿El Estado no se considera que pertenece a quien gobierna?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Sí, muy bien. Pero ¿si el país está desierto reinaréis, pues,
-solo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Se ve bien claro que combate por una mujer.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Si tal nombre os cuadra; pues son vuestros intereses los que me
-ocupan por cima de todo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Malvado! ¡Te atreves a acusar a tu padre!</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Cuando le veo hacer acciones injustas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Es una injusticia sostener mis derechos?</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Es sostenerlos mal pisotear las leyes de los dioses.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_216">p.
-216</span>Creón</p>
-
-<p>¡Corazón pérfido y digno de ser subyugado por una mujer!</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>No me veréis, al menos, vencido por inclinaciones vergonzosas.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Todas tus palabras no son sino por ella.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Son por vos, por mí, por los dioses de los infiernos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No soportaré nunca que te cases con ella. Morirá.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Si muere, su muerte será seguida de otra.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Cómo! ¡Tu audacia llega hasta amenazarme!</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>¿Es amenazaros combatir sentimientos mal fundados?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Tú aprenderás a tu costa a ser mejor fundado en los tuyos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>Si no fuerais mi padre, yo diría que los vuestros son opuestos a la
-razón.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Vil esclavo de una mujer, cesa de fatigarme con tus palabras.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_217">p.
-217</span>Hemón</p>
-
-<p>Queréis hablar y no escuchar nada.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sin duda; pero te lo juro por el Olimpo, no me importunarás
-impunemente con tus reprimendas. (<i>A sus guardas.</i>) Que traigan a esa
-mujer odiosa y que expire pronto ante los ojos de su amante.</p>
-
-<p class="rol smcap">Hemón</p>
-
-<p>No expirará ante mis ojos, guardaos de creerlo; pero vuestros ojos
-no me verán más: os dejaré entregado a vuestros furores, con los amigos
-que os halagan.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Señor, el príncipe ha salido arrebatado de cólera; en un corazón tan
-joven, la desesperación es temible.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Aunque se proponga, aunque haga más de lo que podría hacer un hombre
-en la madurez de la edad, no librará a las dos hermanas del destino que
-les espera.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Queréis hacerles perecer a ambas?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No; tenéis razón. Debo no castigar a la que no ha sido culpable.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span></p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Y qué suplicio destináis a su hermana?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>La haré conducir a un lugar desierto, allí la encerraré viva en el
-antro profundo de una roca, con el alimento preciso, para servir de
-expiación e impedir que la ciudad sea mancillada con su muerte. Que
-invoque entonces el poder de Hades, única deidad a quien venera; quizás
-logre librarse de la muerte, o, por lo menos, aprenderá entonces que es
-vano trabajo honrar las cosas de los infiernos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA III</h4>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Amor, indomable Amor, tú que ora reposas muellemente sobre ricos
-tapices y sobre las mejillas tiernas de una muchacha, ora, trasponiendo
-los mares, vas a visitar la cabaña solitaria del pastor! Ni los dioses
-inmortales, ni los hombres cuya vida es tan breve, pueden evitar
-tu poder. Quien te padece se torna furioso. Tú haces injustos los
-corazones de los hombres virtuosos y les arrastras hacia el crimen;
-excitas las querellas y llevas el desorden al seno de las familias; una
-mirada encantadora de una joven beldad triunfa del poder de las leyes;
-esos triunfos no son más que un juego para la invencible Afrodita.</p>
-
-<p>Nosotros mismos en este momento, infieles a las órdenes del rey, no
-podemos contener las lágrimas de que nuestros ojos están inundados, al
-ver a la princesa Antígona adelantarse hacia ese lecho que será para
-ella un lecho eterno.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA IV"><span class="pagenum" id="Page_219">p.
-219</span>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, ANTÍGONA</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Oh mis conciudadanos, ved a Antígona comenzar su postrer viaje
-y lanzar al astro del día sus últimas miradas! ¡No lo veré más! El
-dios de los infiernos que lo sepulta todo, va a conducirme viva a las
-orillas del Aqueronte, antes que haya sido sometida a las leyes del
-himeneo, antes que los epitalamios hayan resonado para mí; el Aqueronte
-va a ser mi esposo.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Qué elogio, qué gloria no ganaréis al penetrar en el asilo de
-los muertos, vos, que sin ser herida por una enfermedad funesta, sin
-haber caído bajo la cuchilla, descendéis libre y viva a la morada de
-Plutón!</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>En los campos de Frigia, sobre la cima del monte Sípilo, sé cómo en
-otro tiempo la hija de Tántalo sufrió el destino más funesto, y cómo
-una roca, elevándose en torno suyo, la envolvió por todas partes con la
-flexibilidad de la hiedra. Hoy, diz que nubes eternas cubren su cabeza,
-que parece fundirse en torrentes, y su rostro está inundado de lágrimas
-que no se secan nunca. Una suerte semejante, un lecho igual me está
-reservado.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Niobe era diosa e hija de un dios; pero todos nosotros no somos sino
-mortales, hijos de una raza mortal. ¿Qué, sin embargo, más glorioso
-para vos, que oir decir que,<span class="pagenum" id="Page_220">p.
-220</span> al rematar el curso de vuestra vida, tenéis algo de común
-con los dioses?</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¿Por qué esa ironía amarga? En nombre de los dioses de mi país, ¡por
-qué insultarme cuando existo aún y no he desaparecido de la tierra!
-¡Oh patria mía, oh afortunados ciudadanos! fuentes de Dirceo, bosque
-sagrado de esta ciudad tan famosa por sus carros, yo os pido que me
-digáis por qué leyes, privada de los llantos de mis amigos, voy a
-sepultarme en un calabozo que debe ser mi tumba. ¡Desgraciada de mí! No
-habitaré ni entre los hombres ni entre las sombras, no estaré ni entre
-los vivos ni entre los muertos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Arrebatada por un exceso de valor, os habéis estrellado contra el
-trono de la justicia y sufrís todavía el castigo de los crímenes de
-vuestro padre.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Renováis el más sensible de mis tormentos al recordar las
-desgracias por demás famosas del autor de mis días y las calamidades
-de la casa de los Labdácidas! ¡Himeneo funesto de mi madre, abrazos
-incestuosos que unisteis a un padre desgraciado y a una madre
-infortunada, a vosotros debo mi desgraciadísima existencia!</p>
-
-<p>Cargada de imprecaciones, privada de las dulzuras del himeneo, voy
-a reunirme con aquellos a quienes debo el nacimiento. ¡Oh hermano mío!
-qué malhadadas nupcias has conseguido; pues muerto ya me has quitado a
-mí la vida.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Es una virtud, sin duda, honrar a los muertos; pero hay que
-respetar el poder supremo en cualquier mano que<span class="pagenum"
-id="Page_221">p. 221</span> esté depositado. La altivez de vuestro
-carácter os ha perdido.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>Sin amigos, sin esposo y sin ser llorada ¡triste de mí!, avanzo por
-el sendero de muerte que se me ha abierto. ¡Infortunada! No me será
-ya permitido ver ese sol, ese ojo sagrado del día. Mi muerte no será
-honrada por las lágrimas ni los lamentos de mis amigos.</p>
-
-
-<h4>ESCENA V</h4>
-
-<p class="quienes smcap">CREÓN, ANTÍGONA, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p class="centra mt05">(<i>A los guardas que acompañan a Antígona.</i>)</p>
-
-<p class="mt05">¿Qué esperáis? ¿No sabéis que esas quejas, esas
-lamentaciones que preceden a la muerte no acabarían nunca si pudieran
-servir para retardarla? Que se la lleven cuanto antes, que la encierren
-en una tumba, como yo he ordenado; que la dejen sola en esa morada
-solitaria; ora deba morir en ella, ora deba conservar la vida, no
-habitará al menos con nosotros y nuestras manos no serán mancilladas
-con su muerte.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡Oh tumba, oh lecho nupcial, oh morada subterránea que no dejaré
-nunca! En vuestro seno me reuniré a la multitud de los de mi sangre,
-a quienes Proserpina ha recibido entre los muertos. La última de
-todos y la más miserable, desciendo a los infiernos, con muerte más
-terrible que la suya, antes del término marcado por el destino; pero,
-al bajar a ellos, abrigo la espe<span class="pagenum" id="Page_222">p.
-222</span>ranza de que mi presencia será cara a mi padre, así como a
-vuestros ojos ¡oh madre mía! y a los vuestros, hermano mío, también, ya
-que mi mano, después de vuestra muerte, no ha olvidado ni los cuidados,
-ni las abluciones ni las ofrendas que yo os debía. Ved, no obstante,
-mi caro Polinicio, el premio que recibo por los deberes con que he
-cumplido; pero, al menos, los corazones virtuosos me habrán aplaudido.
-En efecto, si yo hubiera sido madre y hubiera perdido un hijo, si
-hubiera tenido que llorar a un esposo, nunca contra la voluntad de la
-patria, hubiera puesto en práctica nada semejante. ¿Y qué razón me
-hubiera dispensado de ello? Que después de la muerte de un esposo, otro
-puede reemplazarle; que el nacimiento de un hijo puede indemnizarnos
-del que hemos perdido; pero cuando los autores de nuestros días yacen
-en la tumba, no nos es dado ya contar con el nacimiento de un hermano.
-Ahí tienes por qué sentimientos, caro Polinicio, te he preferido a
-todo, me he atrevido a todo y no he tenido miedo de pasar por rebelde
-a los ojos de Creón. Ven, pues, recíbeme en tus brazos, conduce a tu
-hermana, que, sin haber experimentado ni las dulzuras del himeneo,
-ni la ternura de un esposo, ni los placeres de la maternidad, sola y
-privada de amigos, desciende viva a la morada de los muertos. ¿Qué
-crimen he cometido contra los dioses? Pero ¡ay de mí! ¿de qué me
-sirve dirigir los ojos al cielo? ¿Qué socorro puedo implorar, cuando,
-en premio de mi piedad, soy tratada como impía? Si los que me han
-condenado son gratos a los dioses, me confieso criminal y les perdono
-mi suplicio. Pero si son ellos culpables, que no sufran más males que
-los que me hacen injustamente sufrir.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">El Coro</span> (<i>A Creón.</i>)</p>
-
-<p>Antígona es aún presa de los mismos vientos furiosos que agitaban su
-alma.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_223">p.
-223</span>Creón</p>
-
-<p>Les puede costar caro a los que la conducen con tanta lentitud.</p>
-
-<p class="rol smcap">Antígona</p>
-
-<p>¡He ahí mi definitiva sentencia de muerte!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No acaricies la idea de que quede sin ejecución.</p>
-
-<p class="rol"><span class="smcap">Antígona</span> (<i>Llevada por los
-guardas.</i>)</p>
-
-<p>Muros de Tebas, patria mía, dioses de mi país, todo se acabó, me
-arrastran; ved a vuestra reina sola y abandonada, con qué ultraje la
-abaten y de qué manos lo recibe, por haber sido fiel a los deberes de
-la piedad.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>En una prisión de bronce, Dánae, en otro tiempo, fué privada de la
-luz del día y se vio luego encerrada en una especie de tumba, remedo,
-para ella, de un lecho nupcial, y, no obstante, hija mía, era de
-ilustre origen y llevaba en su seno los gérmenes de fecundidad que
-Zeus había derramado sobre ella en lluvia de oro. Pero tal es el poder
-terrible del destino; ni las riquezas, ni las armas, ni las torres, ni
-las negras naves movidas por el remo pueden evitar su carrera.</p>
-
-<p>Encadenado con lazos de piedras el violento hijo de Drías, el rey de
-los Hedonios, sufrió la cólera terrible de Dionisos; así se amortiguó
-la impetuosidad de su locura. Reconoció al dios que en tal locura
-había ultrajado con insolentes palabras cuando turbó las orgías de las
-bacantes, hizo apagar sus antorchas y sublevó a las musas que aman la
-armonía.</p>
-
-<p>Cerca de las rocas Cianeas, no lejos del Bósforo, que une los dos
-mares hacia las orillas del Salmidero, el dios<span class="pagenum"
-id="Page_224">p. 224</span> Ares, desde el fondo de su templo, elevado
-por los tracios, vio el deplorable infortunio de los dos hijos de
-Fineo, cuando aquella mujer cruel, pinchando sus ojos con manos
-sangrientas armadas de husos punzantes los arrancó de aquellas cuencas
-que clamaban venganza. Desgraciados y devorados por la pena, lloraban
-la funesta suerte de su madre y su funesto himeneo en que fueron
-engendrados. Y sin embargo de que su linaje se remontaba a los antiguos
-Erectridas, y como hija de Boreas y descendiente de dioses, había
-crecido en lejanas grutas entre las tempestades que su padre conmueve,
-e igualaba en velocidad el correr de los caballos sin resbalar sobre la
-helada superficie, el poder de las ancianas Parcas llegó también hasta
-ella, hija.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/i_224.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_225.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO CUARTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">TIRESIAS, CREÓN, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Jefes de los tebanos, vengo aquí guiado por otros ojos que los míos,
-pues un ciego no puede andar sino con su conductor.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Respetable anciano, oh Tiresias! ¿Qué hay de nuevo?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Lo vais a saber, pero obedeced al adivino.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_226">p.
-226</span>Creón</p>
-
-<p>No me he apartado nunca de vuestros consejos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Por eso conducís con mano feliz el timón de esta ciudad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Las ventajas que he obtenido lo atestiguan.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Pensad ahora que estáis en el sendero más resbaladizo de la
-fortuna.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué sucede? Vuestras palabras me hacen temblar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Lo sabréis cuando hayáis oído los indicios que mi arte me ha
-proporcionado. Retirado en el antiguo asilo donde acostumbro a observar
-el vuelo de multitud de aves que allí se congregan, he oído a algunas
-que, con furor, lanzaban gritos salvajes que yo no conocía, y que
-con sus garras ensangrentadas se destrozaban unas a otras (yo lo he
-advertido fácilmente por el ruido espantoso de sus alas). Lleno de
-temor, he querido examinar las víctimas que estaban sobre el fuego
-de los altares; pero la llama no brillaba ya: las carnes, punto
-menos que reducidas a cenizas, estaban cubiertas de una especie de
-moho que humeaba y burbujeaba a intervalos; las partes superiores
-de las entrañas estaban esparcidas, y los muslos de las víctimas se
-hallaban separados de la grasa que los envolvía. He aquí los presagios
-funestos que este niño me ha comunicado para los misterios de mi arte;
-pues este niño me guía como yo guío a los demás; y he aquí lo<span
-class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span> que yo añado. La detención
-que habéis llevado a cabo ha puesto la ciudad en peligro. Los altares,
-los fuegos sagrados están llenos de las carnes ensangrentadas del
-desgraciado hijo de Edipo, que las aves y los perros llevan allí de
-todas partes. Los dioses no reciben ya ni nuestras plegarias, ni
-nuestro incienso, ni el humo de nuestros sacrificios. Las aves, hartas
-de sangre humana, no dejan oir sino gritos funestos. Pensadlo, hijo
-mío, el error es común a todos los mortales; pero cuando un hombre se
-engaña, es sabio, es feliz si remedia el mal que le ha sorprendido y si
-no permanece inconmovible. La presunción nos condena a la ignorancia.
-Cesad, pues, de perseguir a un muerto, no hiráis a quien ya no existe.
-¿Qué valor hay en triunfar de un cadáver? Mi corazón no quiere más que
-vuestro bien, y mi boca os lo muestra: cuando los consejos nos son
-útiles es grato el escucharlos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Anciano, no cesáis, ni vos ni vuestros semejantes, de lanzar
-vuestros dardos contra mí; no es nuevo que me vendáis y traicionéis;
-pero aunque la codicia os procurase todo el oro de la India y las
-riquezas de los sardos, no conseguiréis nunca inhumar a Polinicio,
-aunque las águilas de Zeus fueran hasta su trono a llevar los pedazos
-sangrientos de su cadáver; el temer tal mancilla no podría obligarme
-a dejarlo inhumar. Bien sé que no está en el poder de los mortales
-mancillar a los dioses. Anciano, los hombres más hábiles se exponen
-a fracasos vergonzosos cuando el cebo de la ganancia les inspira
-vergonzosas palabras.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>¡A quién le es posible concebir...!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué? ¿Qué anuncia aún ese exordio?</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_228">p.
-228</span>Tiresias</p>
-
-<p>¡Cuán por encima la prudencia está de las riquezas!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Tanto más, a mi juicio, cuanto que la imprudencia es el mayor de los
-males.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Y ese es el mal de que estáis ahora atacado.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>No quiero devolver a un adivino injurias por injurias.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Sois vos quien me ultrajáis, acusando mis predicciones de
-falsedad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>El amor al oro domina en la raza de los adivinos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Y el amor a los provechos vergonzosos en la de los tiranos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Sabéis con quien habláis?</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Lo sé, pues a mí me debéis el trono y la salvación de la ciudad.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Poseéis las luces de un hábil adivino; pero os complacéis en la
-injusticia.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_229">p.
-229</span>Tiresias</p>
-
-<p>Me forzaréis a descubrir lo que mi corazón quisiera ocultar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Descubridlo, pero que el interés no os haga hablar.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>¿Os parezco, pues, muy interesado?</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sabed que no me engañaréis.</p>
-
-<p class="rol smcap">Tiresias</p>
-
-<p>Sabed, a vuestra vez, que antes que el carro del sol haya recorrido
-muchas veces su carrera, un fruto de vuestra sangre compensará con su
-muerte el destino de la que encerráis viva, indignamente, en una tumba,
-y del que, habiendo muerto, retenéis al dios de los muertos privándole
-de la sepultura y de los funerales. Es un poder que usurpáis y que
-ni los dioses del cielo tienen; y para castigaros, las furias de los
-infiernos y los dioses, esos vengadores a quienes ningún crimen escapa,
-se aperciben a sorprenderos y os destinan una suerte parecida. Ved
-ahora si la venalidad ha dictado mi lenguaje. Dentro de poco hombres
-y mujeres harán resonar aquí sus lamentos. En todas partes donde los
-huéspedes de los bosques, los perros y las aves hayan llevado los
-trozos inmundos del cuerpo de Polinicio; en todas partes donde los
-altares hayan sido mancillados por este olor impuro, las ciudades,
-tornadas vuestras enemigas, se sublevarán contra vos. Ved (ya que
-me habéis forzado a ello), ved si, como un ar<span class="pagenum"
-id="Page_230">p. 230</span>quero hábil, he sabido enderezar todos
-mis dardos al fondo de vuestro corazón; no podréis evitar que os
-hieran. Niño, guía mis pasos. Que aprenda en adelante a hacer objeto
-de su cólera a gente más joven, a regular su espíritu y a moderar su
-lengua.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Ah, príncipe, qué horribles predicciones ha dejado flotando aquí
-al irse! Durante el curso de los años que han cambiado el color
-de nuestros cabellos, hemos reconocido por demás la verdad de los
-oráculos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Y yo también la reconozco; siento mi alma turbada. Es horrible
-para mí ceder, y sin embargo, si le resisto, corro el riesgo de ver
-incesantemente mi corazón herido por el infortunio.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Consultad la prudencia, hijo de Meneceo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué hay que hacer? Hablad, obedeceré.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Id, sacad a la princesa de su prisión subterránea y haced levantar
-una tumba a Polinicio.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_231">p.
-231</span>Creón</p>
-
-<p>¿Son esos los consejos que me dais y las complacencias que he de
-tener?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No perdáis un momento; la venganza de los dioses viene con paso
-ligero a desplomarse sobre los culpables.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Con qué trabajo me determino, cuánto me cuesta renunciar a mi
-primera resolución! Pero hay que ceder a la necesidad.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Id, pues, y no encarguéis de ese cuidado a otro que vos mismo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Corro. Esclavos, presentes o ausentes, volad, hacha en mano, hacia
-la caverna designada; yo hice echar allí a Antígona, yo quiero sacarla.
-Nuevos sentimientos me animan. Temo que haya peligro en cambiar las
-leyes establecidas. (<i>Sale.</i>)</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh tú, a quien se adora bajo diferentes nombres, tú, gloria y
-honor de la hija de Cadmo, hijo del trueno, tú, que te complaces en
-los campos de la fértil Italia; tú, que, en los brazos de Ceres, te
-dignas proteger la ciudad de Eleusis, abierta a todos los mortales,
-Dionisos; tú, que habitas la metrópoli de las bacantes, la ciudad de
-Tebas, edificada en las orillas del Ismeno, donde fueron sembrados
-los dientes de un dragón cruel; tú, que miras el espeso humo de los
-sacrificios que se eleva sobre la montaña de dos cimas, de donde se
-derraman las aguas<span class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span> de
-Castalia y que las ninfas de Coricia, las bacantes gustan de recorrer;
-tú, que de las montañas de Nisa, de la que la hiedra corona los lugares
-más escarpados y donde las pendientes suaves están cubiertas de verdes
-viñas, vienes a visitar los muros de Tebas al ruido de los himnos
-inmortales que se cantan en tu honor! Tú amas a esta ciudad entre todas
-las otras; y tu madre, víctima del rayo, no la amaba menos. Hoy que
-un peligro inminente amenaza a esta ciudad, ven, franquea en nuestro
-socorro las laderas del Parnaso o cruza el estrecho donde gimen las
-olas.</p>
-
-<p>Tú, que presides el coro de los astros fulgurantes y la armonía de
-los himnos nocturnos, hijo de Zeus, ven a ofrecerte a nuestros ojos
-con las hijas de Naxos, las tíadas que marchan tras de ti y que, en
-su divino furor, danzan durante el curso de la noche en honor de su
-soberano.</p>
-
-<div class="figright mt2">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/i_232.jpg"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 32em; height: auto;"
- src="images/i_233.jpg"
- alt="Ilustración de cabecera de acto" />
- </div>
- <h3>ACTO QUINTO</h3>
-</div>
-
-
-<h4>ESCENA PRIMERA</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Un MENSAJERO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Conciudadanos de Cadmo, habitantes de los muros de Amphyon, no hay
-para los mortales ningún estado en la vida que yo quisiera envidiar o
-lamentar; la fortuna, sucesivamente, derriba al hombre feliz y levanta
-al infortunado. Estos acontecimientos están por cima de la ciencia
-de los adivinos. ¡Cuán digno de envidia se me figuraba Creón! Había
-salvado la tierra de Cadmo; había heredado el gobierno supremo de toda
-la comarca; gozaba de su poder y de la gloria de tener hijos generosos.
-Aho<span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span>ra todo ha
-desaparecido, pues cuando la alegría abandona a los mortales, su vida
-no es ya nada a mis ojos, sólo son ya cadáveres animados. Creón, si
-queréis, posee en su palacio inmensas riquezas, puede vivir revestido
-de todo el fausto de su rango; pero si, en medio de todos esos bienes,
-la felicidad se le escapa, yo no daría una sombra de humo por tantas
-ventajas sin gusto.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Qué desgracia ocurrida a nuestros amos venís a anunciarnos?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Han muerto, y los que aún viven han causado su pérdida.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Quién ha herido? ¿Quién ha muerto? Explicaos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Hemón ya no existe: ha muerto por su mano.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¿Por la suya o por la de su padre?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Por la suya propia, arrebatado de furor contra su padre por la
-muerte de Antígona.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Oh Tiresias, qué bien habéis profetizado!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>En una desgracia tan grande, pensemos al menos en prever lo
-demás.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_235">p.
-235</span>El Coro</p>
-
-<p>He ahí a la esposa de Creón, la desgraciada Eurídice, a quien el
-acaso conduce o que sale de su palacio enterada de la muerte de su
-hijo.</p>
-
-
-<h4>ESCENA II</h4>
-
-<p class="quienes smcap">EURÍDICE, el MENSAJERO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">Eurídice</p>
-
-<p>Ciudadanos, he oído vuestra voz en el momento en que yo salía
-para ir a orar al templo de Palas; al abrir la puerta, el rumor de
-alguna desgracia doméstica ha venido a herir mi oído; el temor me ha
-sobrecogido y he caído casi desvanecida en brazos de mis mujeres.
-¿Qué decís? Repetídmelo. He sufrido ya males para tener la fuerza de
-escucharos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Mi querida ama, os diré lo que he presenciado, no disfrazaré la
-verdad. ¿De qué me serviría suavizarla? Pronto sería cogido en mentira;
-la verdad no perece nunca. Había yo seguido los pasos del rey hasta en
-medio del campo donde estaba aún el cadáver infortunado de Polinicio,
-que los perros devoraban. Dirigimos nuestras plegarias a Perséfone
-y a Hades; les pedimos que calmasen su iracundia; derramamos sobre
-Polinicio las aguas lustrales; reunimos sus lamentables restos sobre
-ramas recién cortadas y nos servimos de la misma tierra del campo
-para levantarle una tumba piramidal; luego nos dirigimos hacia la
-roca donde la princesa ha hallado el tálamo que había de unirla a la
-muerte. De pronto, en el fondo de aquella tumba privada de obsequios,
-uno de nos<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>otros oye
-resonar dolorosos gemidos; se lo participa al rey, que, acercándose
-más, no tardó él mismo en distinguir aquellos acentos quejumbrosos sin
-conocer la causa. Sin embargo, lanzando un grito lamentable: «¡Ay de mí
-—dijo—, mis presentimientos serían verdaderos! ¿Me llevarán mis pasos a
-la mayor de las desgracias? La voz de mi hijo ha resonado en mi oído.
-Esclavos, corred, volad a la tumba de Antígona; acercaos a la piedra
-que la cierra; penetrad en la abertura que forma la entrada; decidme
-si es la voz de mi hijo, o si algún dios me ha engañado.» Ejecutamos
-las órdenes de nuestro amo enloquecido; vimos a Antígona colgada de
-la bóveda del subterráneo; su cinturón era el nudo que había corrido
-en torno de su cuello. Hemón la oprimía en sus brazos por la cintura,
-deplorando la pérdida de sus amores, la crueldad de su padre y el
-destino de su amante. Creón, ante tal espectáculo, avanza, y lanzando
-gritos, gemidos horribles: «Hijo mío, ¿qué hacéis? ¿Dejáis extraviarse
-vuestro espíritu? ¿A qué desesperación os entregáis? Salid, hijo mío,
-salid, os lo suplico yo.» Pero Hemón, lanzándole una mirada fiera y
-llena de horror, sin responder nada saca su espada de dos filos. Creón
-huye y esquiva sus golpes. Volviendo luego su cólera contra sí propio,
-el infortunado hunde su espada en su seno, y, conservando todavía
-su amor, estrecha a Antígona entre sus brazos moribundos, lanza los
-últimos suspiros y enrojece con su sangre, que sale con sus sollozos,
-las mejillas lívidas de su amante. Así, estos dos esposos, reunidos
-en la morada de los muertos, están acostados uno junto a otro, para
-enseñar a los humanos que la imprudencia es el más funesto de todos los
-males.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA III"><span class="pagenum" id="Page_237">p.
-237</span>ESCENA III</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El MENSAJERO, el Coro</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cielos! ¿Qué debemos pensar? La reina ha desaparecido sin que
-palabra alguna salga de su boca.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Mi asombro es igual al vuestro. Me inclino a creer que habiendo oído
-la desgracia de su hijo, temerá dejar estallar sus lamentos a los ojos
-de los tebanos, y que habrá ido con su dolor al palacio, para poder
-abandonarse a él en medio de sus mujeres. Conoce demasiado la prudencia
-para hacer nada que...</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>No sabemos; un excesivo silencio se nos antoja temible. Los gritos
-inmoderados no tienen enojosos efectos.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Mensajero</p>
-
-<p>Pronto veremos, entrando en el palacio, si su corazón medita en
-secreto algo funesto. Un silencio sobrado profundo debe alarmar.</p>
-
-
-<h4>ESCENA IV</h4>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Ved al rey, que avanza llevando en sus manos, si tal puede decirse,
-un monumento, no de las faltas ajenas, sino de las suyas propias.</p>
-
-
-<h4 title="ESCENA V"><span class="pagenum" id="Page_238">p.
-238</span>ESCENA V</h4>
-
-<p class="quienes smcap">El Coro, CREÓN</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Oh por demás crueles y por demás funestos extravíos de mi espíritu
-culpable! ¡Ved, tebanos, entre los de la misma sangre, el asesino y la
-víctima! ¡Oh deplorable prisión, oh hijo mío, hijo mío! En la primavera
-de tu vida has perecido de una muerte prematura, no por tu imprudencia,
-sino por la mía.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡La justicia se ha mostrado bien tarde a vuestros ojos!</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡La conozco al fin por mis desgracias! Armado de una maza terrible,
-un dios ha golpeado mi cabeza, me ha precipitado en abismos espantosos,
-y de un puntapié ha derribado el edificio de mi dicha. ¡Cuántos,
-cuántos tormentos reservados a los mortales!</p>
-
-
-<h4>ESCENA VI</h4>
-
-<p class="quienes smcap">Los precedentes, un ESCLAVO</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>¡Amo mío, además de las desgracias que habéis sufrido, que tenéis
-ante los ojos, que lleváis con vos, os queda todavía algo muy doloroso
-que encontrar en vuestra casa!</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_239">p.
-239</span>Creón</p>
-
-<p>¿Qué males pueden añadirse al horror de los que sufro?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>La madre del hijo que lloráis, la reina, ha muerto; madre
-infortunada, expira herida por un golpe mortal.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Insaciable abismo de Hades, ¿por qué quieres consumar mi pérdida? Y
-tú, que vienes a traerme tan funestas nuevas, ¿qué has dicho?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Desgraciado! Vienes a hacer morir de nuevo a un muerto.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿Qué acontecimientos vienes a noticiarme? ¡La muerte de
-mi mujer después de la de mi hijo!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>Podéis juzgar por vuestros ojos. La reina no había aún llegado al
-interior del palacio.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡He ahí un nuevo objeto de dolor! ¿A qué destino, oh dioses, estoy
-llamado aún? ¡Desgraciado! Tengo en mis brazos a mi hijo, que acaba
-de expirar; tengo ante mis ojos el cuerpo ensangrentado de mi esposa.
-¡Madre infortunada, hijo mío!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>Ha comenzado por deplorar la muerte ilustre y prematura de su
-primer hijo y el destino de Hemón; luego<span class="pagenum"
-id="Page_240">p. 240</span> ha prorrumpido en imprecaciones contra
-vos, a quien consideraba como el asesino de su hijo, e hiriéndose con
-un hierro agudo, ha caído a los pies del altar, cerrando los ojos a la
-luz.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Cielos! ¡Oh dioses! ¡Mi alma está confundida de horror! ¡Y que no
-me hundan una espada en el seno! ¡Infortunado, he caído en un abismo de
-calamidades!</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>Os miraba al morir como único autor de tantos males.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¿Pero de qué manera ha acabado sus días?</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>Hiriéndose a sí misma en cuanto ha sabido el deplorable destino de
-su hijo.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sólo yo entre los mortales, sólo yo la causa de tantas desgracias.
-¡Infortunado, yo te he dado la muerte! Esclavos, apartadme de estos
-lugares, llevadme cuanto antes como si no viviera ya, como si no fuera
-ya nada.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>Lo que pedís es una ventaja para vos, si la hay en los males. Para
-abreviar los que se tienen a la vista, el mejor partido es huir de
-ellos.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Que aparezca, que venga, pues, el momento deseado que ha de rematar
-mi existencia; que venga, que no vea yo más la luz del día.</p>
-
-<p class="rol smcap"><span class="pagenum" id="Page_241">p.
-241</span>El Esclavo</p>
-
-<p>Tales votos son para el porvenir; mas para el presente, ¿qué hay que
-hacer? A los que atañe ese cuidado les toca ocuparse de él.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>Sólo pido la muerte, no deseo otra cosa.</p>
-
-<p class="rol smcap">El Esclavo</p>
-
-<p>Cesad de desear; no es dado a los mortales evitar el infortunio que
-les reserva el destino.</p>
-
-<p class="rol smcap">Creón</p>
-
-<p>¡Llevadme, llevaos a este insensato que, a su pesar, te ha hecho
-perecer, hijo mío, lo mismo que a vos, cara esposa! ¡Infortunado! No
-sé ya dónde dirigir mis ojos y mis pasos: todo ha huído de mis manos;
-y una desgracia superior a mis fuerzas se ha desplomado sobre mi
-cabeza.</p>
-
-
-<h4>ESCENA VII</h4>
-
-<p class="rol smcap">El Coro</p>
-
-<p>¡Cuán preferible es la prudencia a la fortuna! Hay que guardarse
-de ofender a los dioses. La escandalosa vanidad de los hombres
-presuntuosos les atrae con frecuencia crueles suplicios que les enseñan
-demasiado tarde a conocer la prudencia.</p>
-
-
-<p class="telon smcap">Fin de ANTÍGONA</p>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span></p>
- <h2 class="nobreak g2">ÍNDICE</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table class="toc" summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl g1"><a href="#Ch1">EDIPO REY</a></td>
- <td class="tdru">Págs.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_1">Acto I</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch1_1">7</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_2">Acto II</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch1_2">17</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_3">Acto III</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch1_3">31</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_4">Acto IV</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch1_4">51</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_5">Acto V</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch1_5">71</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl g1 pt1"><a href="#Ch2">EDIPO EN COLONA</a></td>
- <td>&nbsp;</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_1">Acto I</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch2_1">87</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_2">Acto II</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch2_2">117</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_3">Acto III</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch2_3">127</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_4">Acto IV</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch2_4">145</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_5">Acto V</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch2_5">165</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl g1 pt1"><a href="#Ch3">ANTÍGONA</a></td>
- <td>&nbsp;</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_1">Acto I</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch3_1">179</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_2">Acto II</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch3_2">195</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_3">Acto III</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch3_3">211</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_4">Acto IV</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch3_4">225</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_5">Acto V</a>.</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch3_5">233</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap0" />
-
-
-<div class="chapter pt3">
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.</li>
-
- <li>Se ha modernizado la ortografía del original impreso y se han
- puesto tildes a las mayúsculas.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
-
- <li>Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente para no
- interrumpir un párrafo.</li>
- </ul>
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Edipo rey; Edipo en Colona; Antígona, by Sófocles
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EDIPO REY; EDIPO EN COLONA ***
-
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-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
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-harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
-that arise directly or indirectly from any of the following which you do
-or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
-work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
-Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
-
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
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- Dr. Gregory B. Newby
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-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
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-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
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-increasing the number of public domain and licensed works that can be
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-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
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-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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-
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-
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-
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-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-
-
-</pre>
-
-</body>
-</html>
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+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_127.jpg b/old/63509-h/images/i_127.jpg
deleted file mode 100644
index c525c36..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_127.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_145.jpg b/old/63509-h/images/i_145.jpg
deleted file mode 100644
index 44a25f3..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_145.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_164.jpg b/old/63509-h/images/i_164.jpg
deleted file mode 100644
index 71a00fb..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_164.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_165.jpg b/old/63509-h/images/i_165.jpg
deleted file mode 100644
index 31c0110..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_165.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_167.jpg b/old/63509-h/images/i_167.jpg
deleted file mode 100644
index 13b39dd..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_167.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_179.jpg b/old/63509-h/images/i_179.jpg
deleted file mode 100644
index 2d5bf31..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_179.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_193.jpg b/old/63509-h/images/i_193.jpg
deleted file mode 100644
index 728880f..0000000
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_195.jpg b/old/63509-h/images/i_195.jpg
deleted file mode 100644
index de4af89..0000000
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_197.jpg b/old/63509-h/images/i_197.jpg
deleted file mode 100644
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_209.jpg b/old/63509-h/images/i_209.jpg
deleted file mode 100644
index 1310efe..0000000
--- a/old/63509-h/images/i_209.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_211.jpg b/old/63509-h/images/i_211.jpg
deleted file mode 100644
index 85db472..0000000
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+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_224.jpg b/old/63509-h/images/i_224.jpg
deleted file mode 100644
index fcd293a..0000000
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+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_225.jpg b/old/63509-h/images/i_225.jpg
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index 55158f9..0000000
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_232.jpg b/old/63509-h/images/i_232.jpg
deleted file mode 100644
index a205f4d..0000000
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/i_233.jpg b/old/63509-h/images/i_233.jpg
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index 76a2283..0000000
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Binary files differ
diff --git a/old/63509-h/images/title.jpg b/old/63509-h/images/title.jpg
deleted file mode 100644
index 8486d48..0000000
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Binary files differ